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                    <text>EL Mu NDO
Jlño X-tomo n-núm. 16

ILUSTRADO

mtxico, Octubre

1s d~ 1903,

Director: LIC. RAr'AU RfYt~ ~PINDOLA.

Subscripcid• musual for,nu Sl.50
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Estudio Fotográfico
(" Am.erioan Photo Art.") ·

�Domingo 18 de Octubre de 1903.

iQui17ce Verde Nilo!
Si en estas épocas de desencanto, de desilusi6n y de escepticismo, hubiéramos de encontrar el refugio que han elegido las esperanzas
dulces y las ilusiones lisonjeras, no iríamos á
bus,,arlo en los floridos bosquecillos en donde
antes cazaba corazones el Amor, ni en los templos suntuosos en que las hoy caídas divinidades se hacían incensar y adorar, ni menos
aún en el fondo de esas frías y obscuras cavernas en que se han hundido las meditaciones y
las reflexiones de los Hámlets y de los Manfredos.
No; la ilusi6n tenaz y siempre irreductible;
el ensueño testarudo, nunca hastiado de desengafio; la fe cie~a y rectilínea, jamás convencida por la raz6n, n i desvendada por lamano brusca de la realidad, ni confusa ni derrotada por la experiencia, no encuentran ya
asilo en los faquirismos hi pn6ticos del vidente, n i en las luminosas fantasías del poeta, ni
en los ardores volcánicos del enamorado. Para encontrar esa fe testaruda de los antiguos
fanáticos, esa esperanza terca de los viejos
creyentes y esa certidumbre sorda de los añejos apóstoles, hay que registrar, no espíritus
de filósofos, ni imaginaciones de bardos ni
corazones de trovadores, sino pum y simplemente almas de jugadores y lucubraciones de
p royectistas de ruleta.
Porque, en efecto, una vez declarada por
Brunetiere la bancarrota de la ciencia, y codificadas por Nordau las grandes mentiras de
la Filosofía, del Derecho, de la 1-'olítica y de
la Verdad misma, los únicos hombres lógicoa,
cons~cuentes consigo mismos, sensatos y eminentemente prácticos, son los que en lugar de
prever eclipses, pronostican ((contrajudías», y
en vez de calcular trayectorias, saben ((tantear»
en su oportunidad una buena ((camonina.i,. Y
como es natural, á la fe en la tradición y en
la revelación, ha acabado, y con razón, por
substituirse una fe, comparable, en lo aventurado y lo fortuitÓ,después de una corta etapa en
lo racional, lo demostrable y lo experimental.
Por manera que hoy no hay que buscar creyentes fuera de ese mundo especial que frecuenta los garitos; y si abunJa quien dude de
Newton, de Torricelli y de Pascal, no abunda
menos quien crea firme y ciegamente en los
axiomas indiscutibles de: ((Nunca viene el as
pal rey"; 6, ((De dos de un color, á la mayor";
6, «Sota de patas, dos seguro,•.
Que tales axiomas inspiren fe, no debe sorprender á nadie, tanta así es su evidencia intrínseca; y por eso vemos cuánta gente sacrifica fortuna, dig1iidad, libertad personal y fe.
licidad doméstica al culto de esos grandes
principios. Tales así los mártires y tales así
los fanáticos indios, por tantos títulos dignos
de admiración.
Pues bien, hay mejor aún. Si los ap6stoles
delc&lt;albur" y los asiduos del&lt;cmonte&gt;1tienen apotegmas incontrovertibles y axiomas matemáticos que infaliblemente los conducen, como
á los anacoretas, al desierto social y moral, á
la abstinencia suya y de los suyos y al menosprecio público, los jugadores dt ruleta son aún
más «meritoriosos y gloriosos", porque van al
mismo Calvario de angustias y al mismo Tabor de oprobio y de miseria, sin el guía infalible y la norma segura de lo:1 grandes principios de Birján.
El ruletista, en efecto, no es una locomotora entre dos rieles; es un ave libre y poderosa
con todo el espacio al frente y to&lt;la la fuerza
en sus alas. Lo que el jugador de ruleta necei:ita, no es recordar 6 invocar un axioma previamente establecido, sino saber ,,tantearsei,.
Imposible averiguar, dado que vino el 36 colorado, si su sucesor será el 4 negro 6 el 18
fre~a machucada. La sabiduría de las naciones nada ha establecido á este respecto. Pero,
en cambio, el «tanteo)) es todo; el "tanteoN, es
decir, la proporci6n y el monto de las apuestas sucesivas.
Y de más á más, la cuesti6n del "tanteo", como todas las grandes cosas, es el huevo de
Col6n. ¿En qué consiste, en resumidas cuen-

EL MUNDO !LUSTRADO

tas, c&lt;el tanteo&gt;1? Pues pura y simplemente en
esto: si se ha perdido u na ccparada&gt;1 de «á peso", en ganar otra de lÍ dos . . De manera que,
en punto á ruleta, todo consiste en apostar en
forma y modo de perder las apuestas cortas y
de ganar las grandes, procurando que unas y
otras sean en lo posible, en número igual.
Supong~mos que mis lectores, 6 alguno de
ell()S han perdido diez apuestas de á peso:
pues' con ganar una de á veinte, ancha es
Castilla! Yo he visto este caso y es plenamente demostrativo: un amigo mío, hombre de
experie!\cia, de convicciones y de recursos,
fundado en cálculos previos cede tanteo» de una
rigurosa exactitud, buscaba el 15 ver&lt;le Nilo,
que estaba seguro de ccver venir" tarde 6 temprano, previsión que nadie pudo, científicamente, rebatirle. Como era pudiente, puso
una onza al 15 y la perdió; sonrib como quien
ve realizados sus propósitos, y volvió á poner
otra onza y la volvió á perder, y otra, y otra
y otra...... y pierde, y pierde y pierde!. ..
Todos sudábamos la gota gorda; aquello era
la ((degringolade" del Pactolo, la bancarrota de
la Ciencia, que diría Brunetierel Nuestro amigo sonreía ... De repente, en el momento oportuno, con ese golpe de vista Napole6nico que
decide de las grandes batallas y en el momento en que él comprendió que el quince verde
Nilo iba á venir, con una aterradora sangre
f,ín., con una terrificante serimidad olímpica,
con el aplomo y la seguridad de quien ehtá
seguro de triunfar, y á mayor abundamiento,
con cierto dejo y cierta coquetería Íl la Jácome, puso veinte onzas al 15 verde Nilo y preguntó al banquero:
-¿.Pueden jugar?
-Juegan-le respondieron secamente.
Todos palidecimos..... Giró la ruleta; el...
¡qué se yo c6mo se llama!, lanz6 la bola ..... .
una sucesión de saltos, de choques, de cabriolas de aquel cliablillo rojo ..... Brincaba de una
á otra casilla, tropezaba con los tabiques que las
separaban, giraba, coqueteaba, atormentaba,
y, entre tanto, mi amigo, seguro de sí mismo,
enrollaba un billete de cien, lo encendía en
una bujía del candelabro más próximo, y con
él ardiendo, encendía su puro.
Yo lo miraba y lo admiraba. Plinio, ante
la erupción del Vesubio que sepult6 á Pompeya y á Herculano; Nelson, en su barrica de
salvado; Napole6n, ante el sol de Austerlitz,
me parecían mezquinos y raquíticos. ¡Oh, la
previsión) El razonamiento se ofusca y empequeíitce ante ella. Yo hubiera querido ver
á Laplace, y á L::grange y ,i Léibnitz con todos sns cálculos frente aquel golpe de veinte
onzas rle oro.
-¡Quince verde Nilo!-anunció con voz
lúgubre y sofoca.da el... el. .. ¡como se llame!
Mi amigo sonrió, ó mejor dicho, continu6
sonriendo.
- ¿Gané?-preguntó con refinamiento de
duda.
Era un genio. Después vino ámenos.
Un día tuve que darle una peseta para que
se desayunara ...... y lo perdí de vista.
No volví á verlo hasta años después que
compré en cuatro rea.lee, al «Pe16n&gt;&gt;, mozo de
anfiteatro de la Escuela &lt;le Medicina, un cadáver para preparar mi examen de anatomía topográfica. El cad{wer era. el de mi amigo; el
genio de la ruleta qu&amp;, sabe Dios cómo y por
qué, fué á morir al hospital.
:Mi primer impulso fué respetar sus restos y
co~tearle un modesto entierro; pero quise ante
todo cerciorarme de si, como lo preveía hacía
tiempo, mi hombre era U\l gran cerebro y un
gran corazón. Como cerebro, la autopsia no
me ilustr6 gran cosa. En cambio, quedé satisfecho de su corazón. Era muy grande, muy
grande ...... ! Lo tenía horriblemente hipertrofiado.

LOS COLABORADORES
Los clarines convocan al pueblo para Ja
guerra y á su llamamiento se incorporan al
ejército nacional el arisco habitante de los
ventisqueros y el humilde jornalero de la llanura; el indómito serrano y el generoso costeíio. Los empuja la madre y los alienta la esposa 6 la amante.
Pocos de ellos vuelven; unos desaparecen en
la barranca 6 en el panta.no; otros caen bajo la."
balas enemigas; muchos quedan mutilados· y
ctüntos con la sangre envenenada y la raz6n
perdida por la influencia deletérea del clima
en nuestras zonas tórrirlas.

***

Recbinati las articulaciones de acero. La11
gigantescas poleas se retuercen quejándose de
la presión de las bandas, y los volantes, girando vertiginosamente, arrancan suspiros al aire
que hienden. De improviso, entre los crujidos
de la madera, los gritos del fierro y los ayes
del viento, breve y desgarrador alarido humano interrumpe aquel salmo del trabajo.
Al día siguiente es sepultado el cuerpo heclw pedazos de un infeliz operario; una placa
de madera que pronto será destruída. por el
tiempo, señala aquella tumha .... .. Y las máquinas, entre ta11to, siguen fabricando varillas
doraclas para lechos de amor; bronces resplandecientes para los palacios y las catedrales·
monumentos soberbios para los preferidos &lt;l~
Dios 6 de la Fortuna.

EL MUNDO ILUSTRADO

aldea,. consumido aún por la fiebre 6 por la
anemia, y á tantos que yacen olvidados en el
hoya.neo abierto á gran prisa y mal cerrado
con t res 6 ,cuatro paletadas de tierra. ¡Quién
recuerda a la madre desamparada á la hija
huérfana, á la viuda ó á la novia, que allá en
la montaña, en el llano y en la costa besnrt
con efusión un retrato y lo exhiben co;, orgullo, pensando que todos saben la historia y
todo el mundo piensa en quien ellas adoraron!
Para estos pobres seres no hay aleluyas ni
magníficats.
Pero la Patria siquiera levanta monumentos
á los héroes anónimos que sucumbieron en la
g!1err~. La ~Ol:ágine. industrial y mercantil,
solo tiene victimas ignoradas cuya memoria
no perpetúan ni historias ni e~tatuas.
Por esto fué ~an si~1pí~tica ~~ nota que apuntamos en la última d1stnbuc10n de premios de
la Exposición de París: el reparto de recompensas á los colaboradores.
. El solda?º humilde, el minero inválido, el
1ml?resor ~~ego, el pobre jornalero que muere
d e msolac1on, labrando la tierra para el sust~nto :i,jeno, son los colaboradores en todas las
v1cto~as de los grandes hombres, en todas las
excelsitudes .de la Ciencia, en todos los ava:~ces de la soeledad.

Gran incendio en llérida

Como fantasmas ó fuegos fatuos, se delizan
por. las negras crujías del socavón y lai, resbaladizas escaleras de muescas los mineros que
'
van a, roen per el suelo y á arrancarle
sus músculos de plata y oro; á desgarrar sus entrañas
de carbón de piedra para fundir éstos ó sus
macizas carnes de sanguíneo cuarzo de cinabrio, para apartar aquellos preciosos metales
con que se hacen las coronas; con que la bella dama se engalana y fascina; con q ue el caballero compra sus placeres.
Hay un derrumbe y los barreteros que entraron cantando alegres su monótono y triste
"Alabado•, salen con lágrimas en los ojos rezando la "oración de difuntos» por sus co~pañ~ros á quie~es dejan .... .. allí, en las profundidades té~ncas de la tierra, devorados por
ella en castigo de haberla herido y violado.

***
Sólo se oye en el taller un cuchicheo mewlico: el de la letra que los ágiles dedos del cajista van rápidos enfilando en el reluciente
componedor.
. ¡Cuántos de esos obreros, tan inteligentes é
mstruíd,os generalmente, agonizan al llegar
ape11as a la edad madura sumidos en la. noche eterna y angustiosa d~ la ceguera· ó como
. de las minas de mercurio,' con
'
e 1 operar10
la
~spa.lda _rrematurameute encorvada, semPjan
1ro01ca rnterrogaciún á la justicia di ri nal

·· ·· ······ ······ ··················· ·············· ·········

***
Yuelve el general victorioso; lo aclnman Ja.q
tt~rbas, resuenan las m6sicas y lo felicitan pto•
¡.Hos y extraíios; el industrial enri(Juece, es
condecorado, esenia altos puestos políticos; al
duefio de minai,. que drsconoce el sabor del
agua, le hastía el del ((champagne" y Je lasti•
ma el :pavimento no alfombrado; a rroja con
desprecio la noble señora el collar de oro1 por·
que ha visto uno de diamantes; y al autor del
hbro lo colman de lisonjas el p6blico y la
prensa.
_.. .• ~It~itart fa~r~canle1 ~anquero,.d.ama, autor,
reciten honores· acumulan riquezas· s6lo ven
. y amor para
'
'
so~r1s~
ellos en las mujeres;
6 ad•
mirac16n y respeto en los hombres.
Y cuán pocos hay que mirando al vencedor
en las luchas de la vida moderna recuerdan
a~ soldado gue se ahog6 en el lod~ 6 se precip1t6 en la sima, al que vaga en la ciudad 6 la

babfan sido ya devoradas por el fuego, contándose entre ellas la cristalería del señor P.
Narváez Pérez; la ferretería "La Balanza", un
gran almacén de materiales, propiedad del
señor Agustín V. Castillo una botica una pa, y 1a Droguería del
' Bazar. '
nadena

ESOR)!E~ PÉRDIDAS

. Con abundancia de datos habló «El ImparCial", en días pasados, acerca de un terrible incendio ~currido en la ciudad de Mérida el dos
del corriente, y que ha llamado la atención de
todo el paÍR por las enormes pérdidas gne

'i

t

... ?

JuLio Pouu.T.
Octubre de 1903.

***
La co~sternación que produjo en la sociedad mendana el terrible siniestro fuf verdadernmente espar.to~a: los mora&lt;lorefl de los
edificio~ .cercanos salían á las c11lles implorando aux1ho, temerosos de morir entre las llamas 6 bajo las paredes de sus habitaciones y
en los cruceros vecinos al lugar del sucesd se
agolpaba una muchedumbre dolorosamente
impresionada por las terribles escenas que se
desarrollaban á su vista. Los pal'lajeros del Hotel del Bazar, al darse cuenta de que las llamas invadían los escaleras y los corredores
abandonaron sus cuartos, descolgándose uno~
por los balcones, y saliendo otros por las puertas, casi asfixiados por el humo.
Las antoridades hicieron cuanto estuvo de
su parte para contener el fuego y para socorrer en aquellas aflictivas circunstancias á todos los que se encontraban en peligro. Lo primero no pudo lograrse, desgraciadamente
pues como ~ntes decimos, Mérida carece del¿
más nece~ario para ello: el agua es muy escasa, Y debido á esto, no ha podido establecerse
allí un cuerpo de bomberos.

***

EL MENDIGO
:.\Iérida.-A,enida del Bazar.

***

Domingo 18 de Octubre de 1903.

Hay algo tenebroso en el que implora
Con fulgores de rabia en la mirada
Y al retirar su mano descarnada '
Sin la limosna, se estremece y ll¿ra ..... .
Acaso la visión abrumadora
Del m,artirio de una hija idolatrada,
Que solo espera una caricia helada
Cuando el ansia del hambre la devora!
O tal vez el reproche de amargura
Que su rge del dolor y la miseria
A ese Dios de bondad y de dulzura

'

Porque,no arranca de la exangüe arteria
Del cornzon, el soplo de ternura
Que late sin piedad en Ja materia!
CLARO On!'\CURo.

Hac~d que lo justo sea fuerte Y que lo fuerte sea Justo.
·

En cuanto al valor de los edificios y mercancías destrufdos por el fuego, perFonas

o~~ionó á algunos de los principales estableC1m 1ento~ mercantil.e~ de aquella plaza.
L~s primeras noticias que se recibieron en
l\1éx1co con relaci6n al siniei,tro, eran de tal
manera !1-larmantes, que muchos yuc:1.tecos
aquí resi~entes, se apresuraron á pedir por
telégrafo informes precisos sobre el número de
casas destruida~ por el fuego y sobre los accidente• que pudieran. sobrevenir, tratándose de
una poblac16n que, como. Mérida, no contaba
co°: los recursos necesarios para conjurar el
peligro ?e ser en gran parte, si no totalmente,
consumida por el voraz elemento.
L~ ª°:siedad dominante entre Jo¡¡ yucatecos
era_J~1,;t1ficada, pues cuatro horas después de
rec1b1rse la noticia de que la Ferretería del
Ba_zar. se encontraba ardiendo, y de que los
ed1~c10s cercanos e!'taban próximos á ser invadidos por las llama!', se recibit&gt;ron nuevos
telegrall?a~ que hacían suponer, desde luego,
que el sm1ei-tro alcanzaba las proporciones de
una verdadera catástrofe.
Casi todas las casas de la calle del Bazar
Edificios destruidos en l\férlda por el incendi'Q.

bien i1~Iormadas le, hacen ascender á cerca de
dos ~1ll?nes de pesos. La mayor parte de las
negociaciones que sufrierou pérdidas est'
aseguradae.
,
an

P AISAJE
El negro vientre de Ja tierra amiga
d~sgarran los arados bienhechores·
nerte el sol sus aljabns de fulgore~
sobre los granos que darÍln la espign.
Sin que les acobarde la fatiga
Y envueltos ele la siesta en los vapore!'
c.on ruda. mano van los labradores
'
libertando l0s surcos de la ortiga.
El suelo hierve al amoroso beso
del. astro rey, y su testuz al peso
fatigoso del yugo, el buey inclina.
Fuego de horno en el campo se derrama
y una dorada y deslumbrante llama
las blar1cas flores del jaral calcina.
JER6NIMO

J.

m

REINA.

�Domingo 18 de Octubre de 1903-

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO lLUSTRA.DO

Domingo 18 de Octubre de 1903,

Soltmnt novtnario tn la toltgtata
EL DÍA DE LOS MINEROS

Para celebrar el aniversario de la coronaci6n
de la Virgen de Guadalupe, alla(unas agrupaciones de industriales, comerciantes y profesionistas, organizaron un solemne novenario
que di6 principio en la Cole11:iata el día 3 del
corriente con una brillante función religiosa.
Durante los días sefialados para la serie de
festividades que acaban de efectuarse, el santuario se vió concurrido por incontable número de devotos, y las calles, donde-como es
de rigor en esta clase de fiestas-se advertía
un movimiento inusitado, invadidas por una
muchedumbre ansiosa de divertirse á sus anchas con los pintorescos y típicos grupos que

y aquél se hizo notar por un esplendor verdaderamente extraordinario.
Las fotografías que publicamos fueron tomadaE el domingo, y representan, entre otros
asuntos, el interior del templo en los momentos en que allí se verificaba la misa que costearon los mineros y
que fué, sin duda, una
de las más 110tables
del novenario. El altar mayor estuvo ese
día adornado con guías
de camelias, crisántemos y azalea-1, distinguiéndose, á uno y otro
lado del pn·sbi terio,
los estandarh3 de las
distintas corporaciones

ella el s~fior _Arzo~ispo Alarcón y e~tuvo muy
coocurnda. fernnnada la ceremonia de la misa el Prelado bendijo las flores que presentara~ los fieles, según la autorización especial
que para ello recibi6 del Papa Le6n XIII el
año pasado.

El tren

de obreros que asistieron á la ceremonia.
En la nave central
se encontraban numerosas familias de la
buena sociedad, entre
.
las cuales recordamos
-~~
"-. ~.
á las de Teresa, Pesado, Olmedo, Segura,
Zaldí var, Quin tanilla,
Gorostiaga, Trueba, y
E.l Novenario en la Colegiata. -Espera¡ndo los tnenes en el Zócá' o.
Valleto. Entre los concurrentes se encontraba, además, una comisión
caracterizan á nuestras más animadas verbe&lt;le barreteros. La parte musical. cuya direcnas populares.
c-ión estuvo á cargo del maestro Jordá, fué
~El novenario, dispuesto sin omitir gasto alju¡;taroente elogiada.
guno, re1rnltó magnífico, tanto por lo que ve
En cuanto á la funci6n del día 12, que ceal servicio religioso, como por lo que se refiere
rró la serie de fes ti vidades religiosas, ofició en
á la concurrencia: esta fué selecta y escogida,

-~...

---

d,e

los invita,dos.

EL ABCA
A penas oy6 el ruido de las muletas, abri6

Lucas completamente los ojos turbios y ardientes, que dirigió hacia la puerta, en cuyo
umbral iba á aparecer su hermano. Toda su
cara, enflaquecida por el padecer, devorada
por la calentura, llena de granos rojizos, adquirió en el acto expresi6n de dureza casi fu-.
ribunda. Asi6 convulsivamente las manos de
su madre, gritando con bronca y entrecortada
voz:
-¡Echale, échale! ¡No quiero verle! ¿oyes?
No quiero verle nunca, nunca, ¿oyes?
Ahogábansele las palabras en la garganta.
Sofocado por un acceso de tos, apretaba ner•
viosamente las manos de su madre y abríase-

le la camisa á cada esfuerzo del palpitante pecho. Tenía la boca hinchada, y en la barbilla
una especie de costra formada por granos secos ya, que á cada esfuerzo se resquebrajaba y
echaba sangre.
Su madre procuraba apaciguarle.
-No, hijo mío, no le verás más. Harás lo
que quieras. Le echaré, le echaré. La casa es
tuya, hijo, toda tuya. ¿Me entiendes?
El le tosía en la cara.
. -:-1Ah?rª,. en seguida!-repetía con feroz
msistencia, mcorporándose en la cama empujando á su madre hacia la puerta.
'
-Sí, hijo mío, ahora, en seguida.
Daniel se present6 en la puerta sostenido
por las muletas. Era un desdichado con una
cabeza muy grande y muy pesada. Tenía él
pelo tan rubio, que parecía blanco. Los ojos
eran de dulce mirar, como de cordero azules
con pestafias de color claro.
'
'
Entró ~in decir nada, porque la parálisis le
había qmtado el habla. Pero vi6 los ojos de
su hermano fijos en él con cruel energía y se
detuvo en mitad del cuarto, apoyado en las
muletas, perplejo, sin atreverse á dar un paso.
Le temblaba visiblemente la pierna derecha
corta y torcida.
'
Lucas le dijo á su madre:
-¿Qué viene á hacer aquí el tullido ese?
¡Echalel Quiero que le eches. ¿Oyes? ¡En seguida!
Comprendió Daniel y mir6 á su madrastra
que ~e levantaba ya. Le dirigió tan suplicante mirada., que no se atrevió ella á hacerle nada. Y entonces, sujetando una de las muletas
con el sobaco, hizo con l&lt;t mano libre un ade~án de desesperaci6n y dii-;gió hambrienta
o¡eada al arca del pan que estaba en un rincón. Aquella mirada decía: «Tengo hambre&gt;:.
-¡No, no! No le des nada-empezó á chillar Lucas, _agitándos~ en la cama, imponien•
do á la mu¡er el capricho de su odio. - ¡Nada!
¡Echale fuera!

Llegada d&lt;l la concurrencia al Santuario

Daniel dejaba caer la cabeza sobre el pecho.
Temblaba y tenía los ojos llenos de lágrimas.
Cuando su madrastra le puso una mano en el
hombro y le empuj6 hacia la puerta rompió
en sol}ozos, pero se dej6 llevar.
'
Oyo en segui~a.cerrar la puerta y se quedó
en la meseta, gimiendo con violento y continuo sollozar.
L~cas le dijo á su madre con rabioso acento:
-¿Lo oyes? Lo hace adrede para ponerme
peor.
El sollozo del hermano continuaba, entrecort.:i-_do de_ cuando en cuando por extraño
grumdo, tris~e como el estertor de una bestia
de carga moribunda.
-:¿,No 10 oyes? ¡Anda Y échale escaleras
a ba¡o
La mujer se levant6 de un brinco corri6 á
la puerta y se fué sobre el mudo 1:vantando
las ás~eras manos, acostumbrad~s al gol
al castigo.
pe Y
Lucas, a poyado en los codos decía.
-¡MáP, más!
'
·
Callóse Daniel, golpeado. Baj6 á la calle
EL NOVENARIO EN LA COLEGIATA.-Llegalda de los invitados.

EL NOVENARIO EN LA COLEGIATA.- As,pecto de 'la nave oen.tral y del ailtar mayor.

abogando el llanto. Tenía hambre porque llevaba dos días casi sin comer. Co~tábale trabajo arrastrar las muletas.
Pas6 una turba de granujas corriendo detrás
de una cometa que se elevaba cabeceando.
Unos tropezaron con él, diciéndole:
-¡Eh! ¡Tullido!
Otros le escarnecían, gritando:
-¡Corre, caballo!
Otros, aludiendo á
la cabezota, le preguntaban con mofa:
-¿A cómo la libra
de ésa&gt; tullido?
Otro, más cruel, le
hizo caer una muleta
y salió corriendo. El
mudo se tambaleó, cogió después trabajosamente la muleta y ech6
á andar. Gritos y risas
de chiquillos se perdieron hacia el río. La
cometa, semejante á
un ave de país fabuloso, se eleva en el cielo suavemente sonrosado. En el muelle
cantaban á coro gru{)OS de soldados. Era
pasada la Pascua y hacía buen tiempo.
de Guadalupe.
Daniel, que sentía
en las entrafias los
mordiscos del hambre, dijo para sí:
-Voy á pedir limosna.
~I horno del panadero impregnaba el aura
primaveral &lt;le g_rato olor á pan reciente. Pas6
un hombre vestido de blanco con una tabla en
la cabeza, en la cual tabla había hileras de
~orados panes, humeantes aún. Dos perros
iban detrás del hombre, levantando el hocico
Y meneando el rabo.
Daniel temió desfallecer de inanición y pen~~:

dej3:ba pasar débil perfume de incienso y de
ben¡uí. De cuando en cuando vertía el 6rgano torrentes de notas.
Daniel s~nti6 humedecérsele los ojos con
nuevas lágrimas, y pronunci6 con el coraz6n
esta ardiente plegaria:
-¡Sefior, Dios mfo, auxiliadmel
Lan_z6 un acorde el órgano, que hizo vibrar
como mstrume::itos los pilare!!· después alegres notas claras. Resoo6 lavo~ de los so~hantres. Devotos y devotas, de dos en dos 6 de
tres ~n tres, entraban por la única puerta.
Damel aún no se atrevía á tender la mano.
Cerca de _él empezó á gemir un mendigo:
-¡Una limosna por Dios!
Ayergonz6se el ~udo entonces.
V16 á su madrastra entrar en la iglesia muy
arropada.en un manto negro. Y pens6:
, -¿ Y si yo me fuera á casa ahora que no esta la madrastra?
Tan imperioso era el tormento del hambre
que no esper6 más. Iba que volaba con su~
~?letas, er;. demanda del pan. Al pasar le
di¡o una mujercilla riéndose:
'
-:¿Vas á ganar el primer premio de carrera
tulhdo?
'
. En un per!9uete lleg6 á casa, jadeante, palpitante. Sub10 la escalera con sigilo tomando
grandes precauciones. Buscó á tientas la llave
en un hueco de la pared, donde solía dejarla
su madra~tra ~uando salía. Di6 con ella, y antes de abm muó por la cerradura. Lucas parecía que dormía en la cama
Daniel pens6:
'
·
-:~Si yo pudiera coger pan sin despertarle!
D10 yuelta á la llave, despacito, despacito
contemendo el aliento, temiendo despertar ~
su hermano con los latidos de su coraz6n

,

. - Tendré que pedir limosna; si no, memoriré de hambre.
Caía ~enta~ente el crepúsculo. Cruzaban
por el Cielo d1áfan~ multitud de cometas que
se balanceaban, ba¡ando ya hacia el suelo. Las
campanas_ esparcían por la atm6sfera profundo y contmuo zumbido.
. Daniel decidi6 irse á la puerta de la iglesia.
Y apá se fué, casi á rastras.
La iglesia ei,taba abierta. En el fondo el
ª~¡ar mayor, iluminado por temblorosas l~ceci las, parecía una constelaci6n. La puerta

En 1111 Colegiata.-Sadlda de un grupo
de

concurnentes.

�'
Aquellos latido!" le parecía que llenaban la
casa de ensordecedor estrépito.
-¿Y si se despierta?-pensaba Daniel, temblando basta los tuétanos cuando se abri6
la puerta.
Pero el hambre 1e hacía audaz. Entr6 movjendo cuidadosamente las muletas, sin dejar
de mirar á su hermano.
-¿Y si se despierta?
El hermano, tumbado boca arriba, respiraba al dormir penosamente. De cuando en cuando le brotaba de los labios ligero silbido. La
única vela que había encendida en una mesa,
proyectaba en la pared larg!is sombras movedizas.
Llegado junto al flrca, par6se Daniel para
vencer el miedo. Mir6 al durmiente, y después, sujetando con los sobacos ambas mule-

tas, trat6 de levantar la tapa. El arca di6 un
crujido seco.
Lucas abri6 los ojos sobresaltado, vi61o que
bacía su hermano y empez6 á darle voces,
moviendo las manos como un energúmeno.
-¡ Ladr6n, ladrón! ¡Socorro!
Pero el furor le ahogaba. Y mientras su
hermano, encorvado encima del arca, cegado
por la gazuza, buscaba con trémula mano un
pedazo de pan, salt6 de la cama y se arroj6 sobre él para impedirle que lo sacara.
-¡Ladrón, ladr6n!-gritaba enfurecido.
Baj6 furiosamente la tapa, cogiendo el cuello á Daniel, que se agitaba desesperadamente, como víctima cogida en el lazo. Pero Lucas inutilizaba los eefuerzoe del cautivo; había
perdido la conciencia de lo que bacía y se
echaba con todo su peso encima de la tapa,

Domingo 18 de Octubre de 1903,

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDv ILUSTRADO

Domingo 18 de Octubre de 1903-

como para degollar á su hermano. Crujía la
tapa, penetraba en la carne viva del cogote
aplastaba los vasos del cuello, trituraba ven~
y nervios, tanto, que al fin colg6 un cuerpo .
inerte fuera del arca, cuerpo que no daba la
menor señal de vida.
Entonces, al ve1 al tullido asesinado loco .
pavor invadi6 el alma del fratricida.
'
Atraves6 dos 6 tres veces, tambaleándose
el cuarto, que llenaba de espantos la luz de ~
vel3:, cogi6 á pufi~~os las mantas, se las echó .
encima, se envolv10 en ellas de pies á cabeza
se tap6 basta la cara y se ocult6 después d~
bajo de la cama. En medio del silencio rechinaba su dentadura, como la lima mordien-do acero.
GABRIEL

D' ANNUNZIO.

1

En la Preparat oria
LAS CLASES DE DIBUJO

En días pasados se efectuaron en la Escuela Nacional Preparatoria las pruebas prácticas y orales que, conforme á las bases respectivas, debían presentar las personas inscritas
como opositores para cubrir las vacantes de
dos profesores titulados de dibujo y dos adjuntos.
La primera prueba consisti6 en dos apuntes
del natural que debían hacerse en dos horas,
siendo uno de ellos el de un hombre del pueblo, con su traje característico, y otro el de
una pistola de chispa. La segunda consisti6
en la ejecuci6n de cuatro dibujos, en el término de 12 horas: tres totalizados y uno acabado.

Para los totalizados siryjeron de modelos
una cabeza de viejo, un grupo de libros y un
maniquí con paños, y para el acabado, un
hombre desnudo. El estudio de desnudo fué
ejecutado en seis horas.
El Jurado calificador, después de examinar
con todo detenimiento los distintos dibujos y
de recibir las pruebas orales correspondientes,
acord6 que era de nombrarse profesores titulares á los señores José María Villasana y José M. Ibarrarán, y adjuntos á los señores Juan
Stano y Juan M. Pacheco.
El Jurado estuvo integrado por los sefiores
Doctor Manuel Flores, Director de la Escuela·
An!,&lt;mio Fabrés, Germán Gedovius, Antoni~
Rmz, José M. Rodríguez y Cos y Antonio
Becerra Díaz.
En_ este_ número publicamos los principales
trabaJOS eJecutados por los profesores titulados
y por los adjuntos, así ~orno los que present6

.¡

el señor J .. Í:; Rosas, que tom6 también parteen la oposic10n.

1
&lt;,-

I

FRINE
Orillas de la mar. La gente griega
festeja á Ceres con ardor pagano
y á la holganza y al júbilo se en'trega
con su tirso de espigas en la mano.

\

La tarde arrulla al mar: como divina
canéfora que el éter embalsama
va en los rizos cahel1os de la oddina
deshojando sus pétalos de llama.

Dibujo de Sta.no.

Desángranse en la linfa astros heridos
la espuma es fleco de ámbar en la rib~

'

Dibujo de Pacheco

y fulgura~ los pétalos, prendidos
en los quiebres de la onda fugitiva

•

•

Se escucha un ronco rezongar de fragua
sopla el trit6n su caracol sonoro
'
y la sirena, alegre, echa á flor d~ agua
t:iu cola azul lentejueleada en oro.
Oteando el sendero, la cabeza
Pan e~tre el verde de la fronda asoma:
y se siente en la gran Naturaleza
como un inmenso arrullo de paloma.
-:--~allad!. .. -Y el entusiasmo arde sus bellos
cmos en sus olímpicas capillas.
En los ~úmedos ojos hay destellos,
Y eru pc10nes de sangre en las mejillas.

Y, enarcando sus brazos en guirnalda
el broche suelta de sus rizos bellos· '
Y echa á rodar sobre la nívea espaÍda
la negra ondulaci6n de sus cabellos.

y, ante la excelsa desnudez helena

se enciende el ojo sofiador de Apel~s.
Y mañana, ele un alba en el comienzo
cual si de efluvios de Friné se hiciera'
va á nacer «Anadi6mena» en el lienzo'
y «Afrodita de Gnido» en la cantera! '
SANTIAGO ARGÜELLO H.

Prosternada cay6 la gente griega,
de! ensueño en las místicas escalas
baJo un hondo_ silencio que despliega,
como un velario de éxtasis, las alas.
Entre esa muchedumbre de ansias llena
Praxíteles empuña sus cinceles·
'

'

La verdad es uña; las opiniones son varias
Y pueden engañar.

•

•·

Es que llega Friné!-Pasa la helena:
buscando el mar, su vista se dilata•
y ha susurros de linfa por la arena'
la cauda de su túnica escarlata.
Aproxímase al mar, llega á la playa.
Y, ~on gesto de Kipris Philomeda, '
quiere ser una linfa de la Acaya
Y con el traje de las ninfas queda.
La tÚ:nica se arranca, el broche suelta,
le quita el nudo al cintur6n le quita
la estema rica á la cintura e'sbelta·
la red de gasa en donde el seno b~bita.
Y la sandalia, cárcel primorosa;

'

Y, del pecho, la banda, que circula;
y hasta el leve estrofi6n azul y rosa
y hasta la cinta que en el muslo on'dula.
- ¡Anadi6mena!-claman.-¡Es la D 1
Y hay, en -yerdad, deslumbre sobrehu:~-~~ ..
en esa hostia de carne que blanquea
en la patena azul del oceano.

y ella entr~a_bre sus labios, y se irisa
su rostro d1vrnal de luz impreso·
Y se asoma una plácida sonrisa '
en la cárcel de púrpura del beso.

\.
,..,
Dibujos de Rosas.

Dibujo de Villasana.

Dibujo de

Ibarrarl!.n.

�Domingo 18 de Octubre de 1903,

EL MUNDO ILUSTRADO

IDL MUNDO ILUSTRADO

Notas extranjeras

instituciones financieras en las que ha reposado por cincuenta años el Imperio británico.
Bálfour trabaja por hacer la gestión de su ministerio más útil al país y á la corona. Ambos
son hombres de fuerza considerable en el campo político.

Lo• llnchamlento&amp;.-Una carta de RÓo&amp;evelt.-Temore&amp; de guerra.-Delfour y
Ghamberlaln.

***

El Presidente Róosevelt es un hombre-en
toda la extensión de la palabra -que se ha distinguido siempre por su carácter franco y leal.
Para un soldado de corazón que ama á su patria hasta el grado que Róosevelt ha demostrado ~on hechos amar á la Uni6n Americana; para un político de altos vuelos, como lo es también, y para un estadista sagaz, no habían de
pasar inadvertidos los excesos cometidos por
las multitudes, en contra de criminales negros.
Parece que, como los suicidios entre nosotros,
los linchamientos son en los Estados Unidos
contagiosos. La prensa nos informa un día de
que un negro ha cometido un delito repug•
nante, ha sido aprehendido por un grupo de
vengadores del pueblo mismo y ha sido colgado en el primer poste de teléfono habido á la
mano. Hasta aquí solamente se ve una manifestación del odio de razas. A los pocos días
se observa que los linchamientos aumentan, que los ejecutores populares, ilegales
por completo, se van extendiendo y aplican
la pena á delitos notoriamente desemejantes.
El Presidente Róosevelt ha escrito una carta
llena de buen sentido y de claras verdades.

Un personaje extraño, medio loco, medio
soñador, algo desequilibrado y muy rico, ha
llamado la atención recientemente por una
descabellada intentona de captura, nada menos que del Desierto del Sabara, en el que,
según decía, se iba á coronar Emperador.
Emitió estampillas postales, billetes de banco, dió títulos y condecoraciones y se encuentra ahora huyendo de la persecución que se le
hace por no haber cumplido con ciertas fórmulas en su campaña de conquista.
El Gobierno francés, después de la descabellada tentativa de Lebaudy, tuvo que enviar
un buque de guerra para rescatar á los marineros que dej5 abandonados en el Sahara en
tristes condiciones este «Emperador por su
propia voluntad».
En Macedonia sigue la guerra, por desgracia para sus habitantes, que ya han sufrido decepciones bien grandes. La ciudad de Kushevo, cuya vista damos, ha sido destruída por
completo, arrasada recientemente, y de sus
40,000 habitantes unos han sido muertos y
otros se hallan fugitivos en territorio búlgaro.

ChaiIIlberla!n y Badfour.

***

El Gobernador del Estado de Ohío comenzó
una recia campaña encaminada directamente á reprimir los linchamientos, que eran ya
demasiado numerosos. El Presidente Róosevelt le felicita cordialmente por ello, y en su
carta expresa la opinión de que los linchamientos, además de ser una forma de agresión
á la ley y á la justicia, y no de las formas insignificantes, es el síntoma de la decadencia
de una raza, y es capaz de llevará la anarquía,
á la tiranía, á los peores abismos á una nación en la que no se reprimiera con mano de
hierro.
El Juez Bréwer, de la Suprema Corte de
Justicia, viene en apoyo de las ideas emitidas
por el Presidente Róosevelt con otra carta que
ha causado honda sensación. El Juez Bréwer
afirma que el linchamiento es un acto de violencia repugnante y se pregunta la m~jor manera de reprimirlo, siempre dentro de la ley
y de la justicia.
El Pr~sidente Róosevelt ha contestado á la
pregunta con gran talento y gran sentido práctico. Es evidente que si en las 24 horas que
siguen inmediatamente á la comisión de un
delito, la justicia castiga al culpable, cuando
se quiera inducirá alguien á que linche á otro
criminal, no verá la razón de ser de esta violencia. Si las multitudes linchan á los criminales de la peor especie, es porque temen que
escapen al ca.'!tigo. Hacer rápida la ejecución

~-

***

de la ley, hacer la administración de justici&amp;. inmediata: he aquí la fórmula mejor
para reprimir estos delitos.
El Juez Bréwer es algo más radical en su
manera de pensar, pues afirma que, precisamente para que no se tarden, en los mil y un
trámites judiciales, las ejecuciones de los grandes criminales, se debe suprimir la apelación
en materia criminal.

El Juez Bréwer.

Domingo 18 de Octubre de 1903,

La atmósfera política se encuentra densamente nublada en el Oriente, y no parece sino
que la guerra se viene encima á paso rápido.
Los «americanos de Asia», como se ha llamado á los japoneses, son un pueblo fuerte, que
acaba de despertar á la vida civilizada y que
se considera quizá más fuerte de lo que es,
después de la victoria que obtuvieron sus armas sobre las del caduco celeste imperio.
Los rusos, por su parte, forman una conglomeración humana formidable, que tiende
á esparcirse, con la clara y natural tendencia
de todos los pueblos para los cuales el territorio que habitan llega á ser estrecho por amplio que en si pueda parecer. Rusia quiere tener salida hacia el mar de China, que haga
valer el Ferrocarril Transiberiano.

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LA CONQUISTA DEL SAHARA.-Los oficiales superdores de Leln111dy.

Estos dos deseos de dos pueblos fuertes, estas opuestas miras de los dos gobiernos, son
la causa de la fricción molesta que existe y
que ya se teme seriamente que los lleve á la
guerra. Rusia cuenta con una formidable escuadra de noventa buques en Vladivostock y
Port Arthur.
Las notas últimas son de aquellas que frecuentemente se envían á los periódicos de
gran circulación, solamente por ser sensacionales; pero no cabe duda de que la reunión
de tan opuestos intereses en la Península de
Corea, puede ser causa de una conflagración
1
sangrienta.

El ave ·inmortal
En los muros del templo alejandrino
Cinceló un escultor una poesía,
'
Y el tiempo que á las moles desafía
Derrumbó el monumento peregrino.
De los escombros, con volar divino
Alzó intacta la estrofa su harmonía
Y forma que tan frágil parecía
'
Superó á la del templo diamantino.
Grabóse luego en otros monumentos
Y miró deshacerse sns cimientos
De los que libre se elevó vibrando.
Y de las ruinas de cualquier grandeza
Como alondra inmortal de Ja belleza
'
La poesía se alzará cantando.
'
SALy ADOR RUEDA.

***

El Ministerio Bálfour ha sufrido en Londres una sacudida formidable á consecuencia
de la cual perc;onajes del alto valer del Ministro Chámberlain han caído de su puesto.
Los nuevos ministros, laboriosamente escogí•
dos por el Rey Eduardo en persona, entre los
más idóneos de sus servidores de alto rango,
han comenzado á trabajar en resolver un problema fiscal y econ6mico cuya solución no se
anticipa.
Chámberlain entretiene sus ocios actunlmente, haciendo una campaña de zapa á las

EN LA C ELDA
No al rígido cilicio se doblega
Del torso escultural la línea pura
Ni ha podido el sayal que la tort;ra
De su seno vencer la comba griega.
.~ola á los pies del Nazareno ruega,
FiJa en El con angélica dulzur,¡,:
Ella que le ofrendara. su hermosura
Ciega de fe, de misticismo ciega. '
Y al contemplar del Redentor la frente
Que parece inclinarse pensativa
Cruza amorosa imagen por su U::ente.
Y al recuerdo importuno que se aviva
Avergonzada ante Jesús se siente
'
Y le oculta una lágrima furtiva!
ALFONSO VILLEGAS ARANGO.

DECLAMATORIA

:::s-+

BELLAS

La ciudad~ Kuahevo destruida por los turcos.

ARTES.-¡ Si no vendrá.!. ...

El bardo melenudo y decadente
Se pasó sutilísima y ligera
La mano por la blonda cabellera
Y se la alborotó sobre la frente. '
Plegó después el labio sonri:ente·
Volvi6 los ojos á la azul esfrra · '
Y con voz melodiosa y plañid~ra
Rompió el silencio de la absorta gente...
Y dijo sus estrofas. Nadie pudo
Sorprender los obscuros simbolismos
Ni salió nadie del asombro mudo. '
De repente estallaron las palmadas·
Pero sonaron los aplausos mismos '
Como si hubieran sido bofetadas ......
JosÉ S. CaocANO.

�ElL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 18 de Octubre de 1903.

Domingo 18 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

En la Preparatoria.-La Ultima oposición

el nifio había entreabierto los ojos y se percibía en sus labios una débil sonrisa . .... .
Mme. d' Arbelles creyó que después de haber vencido al sufrimiento, iba á morir de
alegría!
La respiración fatigosa había desaparecido,
el silbido estridente de la garganta se apaciguaba y una calma súbita sucedió á la terrible agonía de la noche!
Poco tiempo después, el niño recupera sus
fuerzas, y estando la curación completamente
asegurada, el médico no visita la casa más que
de tarde en tarde ..... .

IV
Una mañana, durante este tiempo, Mme.
d' Arbelles fué llamada á pasar con urgencia al
domicilio del Doctor.
Había una comunicación que entregarle.
Cuando ella llegó, el Doctor estaba muerto,
tendido sobre su lecho.
Catalina, su anciana criada, le entregó una
carta.
Ella leyó lo siguiente:
«Señora:

T

/1

Estudio de Viltasana.

ABNEGACION
I
Toda la noche, el nifío ha estado sofocado.
Un sonido ronco se escapa de su oprimido
pecho y, en d silencio de las tinieblii.s que se•
para la pálida claridad de una veladora, este
sonido asciende, lúgubre y terrible, como el
toque á agonía de los moribundos
En la visita de la noche, el doctor ha aplicado las inyecciones de suero antidiftérico;
pero ya sea porque la operación baya sido un
poco tardía, ya porque el temperamento del
enfermito se revelara contra el efecw deseado,
ninguna mejoría l:lensible se ha efectuado
aún.
Y á los primeros albores del alba, Mme.
d' Arbelles se tiende hacia la cabecera del lecho de su hijo, llena de angustia, velando sobre este único querubín, que la muerte cruel
parece ya haber tocado con sus dedos ......
¿Quién reconoce en ella, en estos momentos, á la reina adulada de los salones parisienses, á aquella á quien llamaban ccla encanta.dora Mme. d' Arbelles»?
Pálida, con los ojos irritados y ojerosos por
1a excitación, parece que vive en una horrible
pesadilla.
¡Su hijo en agonía!. .....
El coquetismo mundan~ ha desaparecido;
no se ve en ella más que a la madre dolorosa
.que se retuerce de desesperación. .
M. d' Arbelles la contempla, lleno de piedad;
luego, desesperado, recorre de extremo á extremo la alcoba, con el corazón oprimido, evitando manifeshr su pesar y mordiéndose el
bigote, lo que demuestra en él una gran preo-cupación y un profundo sentimiento.
Solitario, dando aún una nota más sombría
á este cuadro tan lastimero, hace oír su tictac
regularizado el balancín del péndulo que mide los minutos, ¡convertidos en siglos junto al
.querido enfermo!

"Hace ya largo tiempo que yo la amo. Pero yo no podía, no debía hacer la revelación
de mi amor. D' Arbelles es un amigo de mi
juventud, y vos, vos sois una honrada señora ... .
«Si yo os revelo hoy mi secreto, f'S porque
vos no tenéis nada de que se os pueda culpar.
«Atendiendo á vuestro niño, que he salvado contra los gérmenes de la terrible enfermedad, hoy muero víctima de ella.
«P~ro yo no siento nada, puesto que ha sido m1 amor para vos el que me dictara mi
~ebe~: yo quise devolver el hijo á RU madre,
1magmando que, en esta resurrección una
parte de mi alma pasaría á la vuestra! '
«Depositad flores sobre mi tumba besándolas con fervor: se dice que los b;sos de las

Estudio &lt;le ilbarrarAn.

El sol se eleva sobre el horizonte, y su luz
de púrpura vierte reflejos de incendio sobre
los vidrios de las ventanas herméticamente cerradas.
Suenañ las nueve; esperan al médico, y cada segundo de retardo aumenta la impaciencia del padre y de la madre.
Esta va, de minuto en minuto, hacia la
puerta á escuchar.
¡Se oye un toque al fin! ......

II
El médico entra en la alcoba, y de una ojeada examina la situación, que en casi nada se
ha modificado.
Este es un boro bre joven aún, el Doctor Pierre M:archal, de bello semblante, ojos soberbios y presencia aristocrática. Ya hoy es de
renombre. Sus trabajos anatómicos, sus investigaciones experimentales y su reciente nombramiento de profesor de la Facultad, lo han
puesto «de moda». Mañana quizás, será citado como un príncipe de la ciencia, será célebre.
Acto continuo, sin vacilar, se dirige al enfermito.
Mme. d' Arbelles lo observa.
¡Oh! vosotrosquetenéis hijo!', vosotros que
habéis gustado de la poderosa sonrisa de estos
seres adorables, sin duda comprenderéis la
triste ansiedad de esta madre!
Mme. d' Arbelles siente que se nublan sus
ojos; los sollozos la ahogan.
¡Acaba de comprender que es en vano abrigar esperanza!
Y necesita conservar toda su energía para
no caer quebrantada, vencida, anonad~da.
Pero mientras tanto, el doctor se acerca á
ella, le toma las manos y con voz firme le
dice:
-¡Se puede intentar el último esfuerzo!
Estas palabras fueron suficientes. Mme.
d' Arbelles se incorpora, un relámpago hiere

celadas de sus oros. y al bañar de luz el
ámbito inmenso del vacío, se arrellana con
muelle despreocupación en un océano de purpurinas nubes, cual un rey que muriese entre
deslumbres de oropeles y fulgideces de matices.
La naturaleza asiste impasible-parece taciturna-á la agonía del principe oe los astros.
El bo&lt;;que lejano envía leves rumores. Allí. los
pájaros se adormecen sin gorjeos. Las uro brías
arboledas crujen débilmente y á intervalos. Al
soplo del céfiro, como quejas comprimidas de
un titán, y del lago que besan espesos ramajes,
emergen, gangosos, los cantos monótonos de
las ranas.
El mar solemne y majestuoso como siempre, manda de vez eh cuando desde el horizonte una carga de olas que se debilita á medida que se aleja de su punto de arranque. Y
la mente calenturienta forja una alondra solitaria elevándose á una altura inconmensurable en alas del líquido elemento, para descender muy luego y sepultarse en las entrañas
del coloso que ruge y brama como á un formidable mandato apocalíptico.
Toca á su fin la tarde. El universo se vela
con el dominio del crepúsculo. Las golondrinas pasan en dirección al bosque, rozando el
agua con sus alas y lanzando gritos desapacibles. Escasas estrellas aparecen en lo alto cual
temblantes pupilas luminosas, y mientras una
honda melancolía se esparce por doquier, el
monarca de los espacios se hunde en el seno
del océano, silencioso y rojo.
LUIS GARZÓN FUNES.

mujeres reviven el corazón de los muertos á
través de sus cálices embalsamados .... . .
"Soy dichoso muriendo por vos ......-Dr.
Pierre Marchal».
Hondamente conmovida, próxima á ser presa de una fiebre devoradora, Mme. d' Arbelles
vuelve de su estupor.
·
Su marido la observaba; ella le alargó la
carta del Dodor.
Después de haberla rápidamente recorrido:
-¡Caro y noble amigo!-exclamó d' Arbelles efijugando una lágrima.-¡Era tan honrado como tú lo eres!. ..... ¡Que su última voluntad sea cumplida: llevaréis las flores á su
tumba como un recuerdo!
Cualquiera podrá observar, varias veces al
mes, en el cementerio del Pere-Lachaise, á
una joven elegante y bella que se arrodilla
delante de uua tumba, mientras un gracioso
niño riega sobre la losa pensamientos y violetas, que resaltan sobre el fondo verde y melan. cólico de los cipreses y de los sauces llorones.
La hermosa. joven no se retira jamás sin haber posado sus labios sobre un pensamiento.
De aquellos que la miran, los unos murmuran:
- Es una loca.
-¡ Lo ama bastante!-piensan los otros.
Estos son los que tienen razón.

G. MoussAT.

ACUARELA
El ciel0 está bruñido de gris. En frente, el
mar enorme bate sus olas contra las riberas
como en un insaciable deseo de arruinar, y á
un costado, semiperdidas entre las lejanías y
la bruma, las rocas acantiladas recuerdan vagamentede!!pojos informe11 de edificios derrumbados.
El sol ha. hecho un buen trecho de su marcha del cenit al ocaso, dejando tras sí las pin-

Cuando la pobreza toca la puerta, el amor
brinca por la ventana.

*

La verdadera y única riqueza de lús pueblos es la sobriedad; el lujo es la pobreza de
los magnates.

*

La felicidad verdadera cuesta poco; si es
cara, fio es de buena especie.

En 10 Preparatoria.-La Ultima Opasición

sus ojos. La horrible visión de la muerte
olvida; parf'cc &lt;lesa parecer delante de un ra
de esperanza.
-¡ Es necesario salvarle!-ba murm
el doctor.
F.ste manda se llame con urgencia á
médico ayudante y, cuando á pocos in
tes se presPnta, le indica todos los instrum
tos que ha de sacar de su estuche.
Es la traqueotomía la que va á practicar,
El niño no respira más que muy débilm
te; rn carita se ha puesto morada; todo
cuerpecito se debate convulsivamente bajo
terrible mal que le oprime la garganta y
le estrangula como un asesino.
-Señora-dijo el Doctor Marcha} con
extraña sonrisa,-yo opino que nos de
abandonar por unos instantes; mi colega y
d' Arbelles me ayudarán.
La pobre madre, afligida y con los ojosll
de lá¡?rimai-, implora con todo el corazón.
-¡Por todo lo más querido que tengo en
mundo!-añadió entonces el médico,
convencida que yo os lo resucitaré: valor
confianza!
Mme. d' Arbelles, después de haber de
tado un largo beso eobre la frente del n"
desapareció detrás de una espesa tapi
que separaba su cámara de la del enfe

III
Mientras tant•&gt;, la operación ha termina
El Doctor, después de haber sajado la
quearteria, provisto de un estrecho tubo
metal, había extraído las mucosidades q
obstruían la entrada del canal; el aire, pe
trando por el orificio abierto, proporcio
poco á poco la vida á los pulmones, á la
que el descanso tan buscado para el pequ
ser.
El Doctor exclamó al fin, dirigié1,dose á
d' Arbelles:
-Amigo, podéis llamará la mamá ..... .
Cuando ésta hubo aparecido en la aleo

Estudio de Stano.

Estudio de Pacheco.

�Domingo 18 de Octubre de 1903,

EL MUNJ)O ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTl..ADO

EL PRIMER VIOLIN
CUBNTO CINOARO

En el coraz6n de las viejas selvas de Transilvania en las soledades misteriosas de la
floresta de pinos seculares, vive!1 familias de
pobres leñadQres cuy? e~caso Jo.rnal apenas
basta para evitar su miseria. Su vICla es de una
monotonía desesperante; los días se suceden

desbal'ltados en la que había nacido y de la
que segúu las probabilidades todai,, nunca habrí¡ de salir. Macha era hermosa, muy hermosa, con unas trenzas rubias del color del
más puro oro, y con un rostro apac~ble y cáhdido. Dos grandes ojos color de pizarra, nu-

cha, •tue cada día era má!'I hermosa. Solamente la wadre sabía el porqué de sus cambios·
solamente ella adivinaba la transformaci6~
que lentamente iban 103 años efectuando en su
alma.

***

Desde el linde del bosque donde la cabafia
estaba, se distinguían las piedras del castillo
regional. Las flamas de mil incendios habían
lamido los arquitrabes, y el poi vo de miles de
afíos había cegado lentamente el foso. El castillo estaba deshabitado desde hacía muchos
años. El viejo señor feudal había muerto,
mientras el heredero se divertía en la ciudad,
y solamente se sabía que era muy joven éste,
rn uy rico, pues poseía algunos castillos, y que
el rey le apreciaba en mucho.
Una tarde de otoño, cuaudo Macha iba ála
alquería para surtirse de los alimentos que
después habría de llevar á sus hermanos al
sitio donde ese día trabajaban, se sorprendi6
de ver que en la torre del homenaje, en lam'8
alta del castillo, flotaba una banda &lt;le seda de,
colores en la que se leía un lema. Días d
pués, cuando marchaba por el estrecho sen
dero Macha, llevando á su padre y á sus h
manos el alimento frugal que había de sostenerles en la ruda jornada de trabajo, el bosq
silencioso basta entonces, lleno s6lo de l
rumores conocidos y &lt;le los golpes del hac
de un leñador, se pobl6 súbitamente de v
y de gritos. Macha se ocult6 temblorosa, ·
explicarse la causa de su emoci6n, en un hut.i:
co de un gran árbol.
Por el sendero avanzaba, erguido en la m
tura de un hermoso caballo blanco, un jov
ricamente vestido. Su cabellera flotaba al vien
en procesi6n in~erminable y tedi_osa, sin que
el placer, eri mnguna de sus mil for~as, se
digne visitar á los humildes tra~aJado~es,
siempre solos entre los árb_oles .m1lenar1os,
siempre solos entre en el s1lenc10 pavoroso
de los senderos intrincados y peligrosos del
bosque.
.
El viajero que en la noche, perdido, sl: ª?erca sin pensarlo á una de las modestas viviendas de leñadores, quedará agradablemente sorprendido al escuchar las notas quejumbrosas
de un violín. Los cínga1os, de largas cabelleras negras y de trajes abigarr~dos y sucios saben sacar de él harmonías mefables y
ron~os gritos, casi humanos, de dolor y de
celo. Es el único placer de las familias de los
lefiadores ; y no debe sorp_render. á nadie esto,
si sabe la «leyenda del primer v10lím ~1:1e de
padres á hijos se conserva entre las trad1c1ones
populares que forman la historia de los moradores de Transilvania.

***

Una familia de campesinos vivía en uno
de los claros del bosque hace ya algunos siglos. El padre, la madre, cuatro hermanos y
una hermosísima doncella, que se llamaba
Macha componían esta familia.
Era~ muy pobres. La hija y la madre cocían los alimentos sencillos de la familia, mientras el padre y los cuatro mozos, el hacha al
hombro, desaparecían en el milenario bosque
de pinos. Cada uno de ellos atacaba su árbol,
y cuando ya solamente un fragmento insignificante sostenía el tronco, el más ágil de los
hermanos trepaba hasta la cumbre, amarraba
en ella un cordel, y el padre, dirigiendo la
maniobra daba los últimos hachazos, mientras los c~atro hermanos tiraban de la cuerda.
El árbol se bamboleaba, sus ramas chocaban en
la cúpula de verdura con las ramasdE: los demás
árboles, y, finalmente, caía al suelo, con gran
ruido que retumbaba en todo el bosque. Después venía la labor dura y difícil, el desgajamiento de las ramas, basta que el blanco tronco del pino era enviado por los torrentes hacia el valle.
Macha parecía feliz en la cabafia de troncos

blados, entre cejas
larguísimas, c o m pletaban su linda fisonomía. Pero no
era buena Macha.
Sus hermanos y
su padre la querían
mucho. La mimaban y siempre tenían para ella una
buena palabra. Por
ella se arriesgaha el
menor, Constan tiüo, á ir á la ciudad
en busca de golosinas; por ella los demás hermanos trabajaban uua hora
más, después de que
todos los trabajadores se rendían á la
dura faena,para poder llevarla un regalo el domingo; por
ella el padre se privaba de fumar una
buena pipa, para
que sus basquiñas y
sus corpiños fueran
la envidia de las demás muchachas.
Pocoápoco,mientras la juventud llegaba á pasos lentoe,
el carácter de Macha se hacía soñador, áspero para con
los suyos, incomprensible.
Los hermanos,
primero, creyeron
que estuviera enferma. El padre se
entristeci 6 y se iri itó, y alternativamente fué brusco y
tierno para con Ma-

to, apenas eostenida por un birrete cuya lar~a
pluma ondeaba. Sus ropas eran de un luJo
extremo. En las manos llevaba un halc6n.
Detrás venían millares de perros que galopaban, azuzados por el amo.
.
:Macha quedó deslumbrada por breves mstantes. Un ensueño inefable la adormeci6 e!1
el sitio mismo. Su alma se abri6 á desconocidos placeres. Aquel hombre era distinto de
todos los que ella había conocido hasta entonces. Aque~ hombre debería tener palabras y
pensamientos distintos, como diversos eran
sus vestidos. Macha quedó como en un éxtasis.
Un día se atrevi6 á ofrecerle una'3 flores.
Después le di6 agua, cuando el bei;moso caballero, cansado de recorrer la sel va, lleg6 desfallecido á la fuente del bosque. Pero el caballero no prestaba mayor atenci6n á la muchacha que á alguno de sus perros.
.
Y Macha desfallecía de amor. Después vino el invierno, largo y frío, las cacerías se
suspendieron y ~facha fué varias veces á la
p.oterna del viejo castillo. Pero el bello señor
estaba encerrado en sui, habitaciones. l\lacha
no pudo verlo. El invierno fué muy largo para la muchacha enamorada del castellano.
La primavera vino al fin. Una tarde, Macha que había inventado una canci6n, esper6 'como lo hacía diariamente, en el mismo
sitio donde antes había visto pasar al caballero. Este lleg6 con sus lacAyos, sus monteros,
sus perros; pero no vi6 á Macha, que, acompañándose de un tamboril, cantaba su primera canci6n de amor. Macha llor6 largamente,
porque comprendió que el caballero no la amaría.
La noche la sorprendi6 en el mismo sitio.
La luna estaba en menguante y los viejos árboles fingían monstruos desesperados en la
sombra, mientras la enamorada infeliz se retorcía de rabia, de amor, de celos, de impotencia. Le vino la idea de llamar en su auxilio al Demonio.
No había acabado de pensarlo, cuando del
tronco de un árbol viejo, herido de muerte por
el rayo y medio devorado ya por los insec:tos,
surgió un ente original, todo vestido de rojo,
con una gran cresta de gallo sobre su cabeza,
que le d ijo:
-Me has llamado. ¿Qué me quieres?
- Amo á un hombre que no me ama-le
contestó Macha.
El Perverso ri6 con una carcajada que resonó lúgubre entre la selva, toda solitaria y toda llena de miedos v de sombras.
-Quiero ayudarte-le di~o,-quiero hacerte un favor. Toma este espejo y cuando el
hombre que amas se haya visto en él, te amará ..... .
Macha corri6 desalada, hasta llegar á su
choza.. Toda la noche estuvo pensando en c6mo haría que el caballero se viera en el espejo encantado. Finalmente, cuando ya el sol
doraba el polvo del horizonte, se levantó, sin
haber dormido un solo momento, sali6 precipitadamente y se dirigi6 al castillo. Los monteros estaban listos para ealir, los perros ahullaban en el patio. Macha esperó.
Cuando el caballero salía, la mucha.cha enamorada le sali6 al encuentro y le presentó el
espejo. Curiosamente lo tomó el jinete. Pero
en cuauto lo hubo sostenido en sus manos, lo
arrojó colérico exclamando:
-¡ i1aldici6n! ¡maldici6n ! Es ésta obra del
Demonio. ¡Es mi misma imagen la que veo
en el agua dormida de este talismán maléfico!. .. . ..
Macha quedó en el sitio, desolada.
En cuanto se encontró en la selva, clamó
nuevamente al Diablo. La :figura roja y ágil
del Pe1verso cayó como una gota de agua en
su camino.
-Cálmate-orden6 el Dei:nonio. - Y a que
te has visto tú, ya que él también se ha visto
en ese espejo, los dos sois míos. Yo haré que
te ame el castellano; pero quiero en cambio la
vida de tu padre.
-Jamás-replicó Macha.-Mi padre no será tuyo.
-Como gustes. - Y así diciendo, desapareció rápidamente el Maligno.

Domingo 18 de Octubre de 1903,

***

P.;ro días después,
Macha, siempre triste,
espiaba. las rápidas carreras del hermoso se
fíor, y vi6 que en su
compafi.Ía iba una dama muy hermosa, tan
bien vestida como él.
Más ricamente quizá.
Los celos mordieron
su coraz6n. Una. nube
ofuscó su pensamiento.
-A mí el Maligno,
á mí. - E l Demonio
apareció en una mata
de flores, sonriendo
sarcásticamente.
-¿Estás decidida?
Podemos en un día
arreglar todo. Cede, y
tu amante será mañana el hombre que amas.
Sin decir una palabra, enloquecida por
la súbita visi6n que
ante sus ojos había pasado, Macha se encamin6 al sitio donde
su padre trabajaba,
guiando al Demonio.
Apenas éste se acerc6,
el pobre viejo dej6 su
hacha y se sent6 fatigado en un árbol. Pero no parecía ver ni á
Macha ni al Diablo,
que lentamente se acerc6, tomándole por
los pies. En un rápido movimiento lo hizo pasar por encima de
su cabeza. Cuando hubo dado algunas vueltas, solamente quedaba en sus manos una especie de caja alargada y vacía, una caja sonora.
-Toma__:dijo el Perverso á Macha.-Este
será el instrumento que te consiga el amor del
hombre que tanto adoras. Pero le faltan las
cuerdas.
-¿C6mo he de hacer para conseguirlas?preguntó la infeliz enamorada.
-Necesito á tus cuatro hermanos-contestó el Demonio.
Macha no sabía bien lo que pensaba. El Demonio la poseía de cierto. Sin una palabra
más, avanz6 hasta el sitio donde sus cuatro
hermanos reposaban, dormidos. Con un gesto
rápido los señaló al Perverso.
Este tom6 uno por uno á los cuatro le:fiadores y con ellos hizo cuatro delgadas cuerdas.
Las at6 al instrumento que había hecho con
el cuerpo del leñador padre y lo tendi6 á l\facha.
Pero ésta no pudo hacer de manera que
produjeran el menor sonido. La caja y las
cuerdas quedaban completamente mudas.
-Falta algo-díjole el Maligno. -Para que
tu amante se conmuevá, precisa que cantes
ante él la canci6n que en su hoñor has compuesto; pero me hacen falta los cabellos de tu
madre.
Una ráfaga de raz6n cruz6 el cerebro acalorado de Macha. Crey6 que el Demonio se burlaba de ella y resueltamente se negé, á complacerle.
-Como quieras-repiti6 el Perverso. -Pero, yo, en tu lugar, tendría menos escrúpulos.
Mira:
La selva se incendi6 de reflejos. Ante los
at6nitos ojos de Macha apareci6 el hermoso
caballero, rodeado de una servidumbre discreta. Una dama hermosísima estaba á su lado.
No se escuchaban sus palabras, en las queparecía que iba su alma entera. Pero la hermosa sonreía y en sus labios vagaba una frase de
amor.
Macha estaba loca. Si.I! hal&gt;lar,_co1110 si_em_pre, avanzó rápidamente hasta el punto donde la cabaña se levantaba. Allí la pobre ma-

dre preparaba los alimentos para el marido y
para 'los hijos. De un solo golpe, el Demonio
abatió á la infeliz, que cayó sin hacer un solo
gesto. Con sus cabellos ( que tendi6 en un
fragmento de madera) hizo un arco.
Entonces Macha se apoder6 violentamente
del instrumento diáb6lico y corri6 hacia el castillo á cerciorarse de su virtud.
Apenas hubo comenzado la canci6n del
amor, acompañándose del instrumento, cuando el hermoso caballero salió rápidamente,
atraves6 el puente levadizo y se arrodilló ante
Mnr.ha, jurándole amor eterno.
Ebria de dicha, la muchacha se dej6 conducir al interior del rico palacio. En ese momento había olvidado todo: su padre, sus hermanos, su madre, todo se desvanecía en el
inefable ensuefio de amor que se realizaba.

***
¿Fueron felices los amantes? La tradición
cuenta que, cuando en sus bodas los dos se entregaban al frenesí de una pasi6n desencadenada, en el exterior unos pobres cíngaros perecían de frío y de cansancio. Súbitamente
una flama coron6 la torre del homenaje, y los
muros del castillo crujieron bajo el peso de
una lluvia de fueg~. Los cíngaros, al pasar,
en el puente levadizo se habían encontrado
un raro instrumento que gemía, que hablaba,
que cantaba, que reía.
Y era porque en la caja del violín y en sus
cuerdas y en su arco; iban la vida entera de
un padre, el amor inmenso de una madre, y
el eterno grito de pasión de una muchacha
enamorada.

�Domingo 18 de

Octubre

de 1903-

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 18 de

Octubre

de 1303-

Impresiones de Estética
I.A ,\\USICA
Hay horas profundas en que sentimos el espír~tu ~bierto á toda impresión de belleza, apto, de una manera extraordmana, para recibir la
visita sagrada de las ideas. Entonces el alma, trémula como el ala de
una mariposa, percibe los matices de las más sutiles sensaciones y el
significado de las más extraña1:1 músicss, y gozamos singularmente de esa casta alegría que sólo pueden proporcionar los placeres espirituales, abandonándonos al encant9 de la poesía de las cosas. Por
que, en verdad, que aun á las más groseras formas de la materia
llega el hálito perfumado del ensueño, y que en todo cerebro humano han brillado, más ó menc,s intensamente, las luces de la fantasía.
En horas así, la música llega á producirnos una embriaguez inefable. Los sonidos nos adormecen con sus voluptuosas caricia~, y se
llena nuestro corazón de dulces quimeras. El poder de la harmonía
se manifiesta entonces en toda su plenitud y esclaviza nuestro pensamiento.

***

AMALIA DE ROMA EN TRAJE

DE CHINA POBLANA. (Fot. Na.pole6n.)

...... En una noche de honda nostalgia, cerca del monótono mar
turbulento, escuchamos hace algunos años, una formidable sinfonía
de Wiígner, el enorme viejo divino, á quien las almas de los artistas
rinden culto. Era, al principio, una verdadera tempestad melódica,
de relámpagos y de truenos y de terribles estruendos, que nos hizo
soñar con gigantescos derrumbamientos de montafías, con huracanes que arrancaban de las cumbres las rocas negras y de los bosques
los árboles milenarios ..... .
Después, bajo la obsesión de la estupenda harmonía, vimos pa•
sar, á la cárdena luz de un incendio, ejércitos en fuga, en el trágico
terror de la batalla. Oímos el ronco retumbo de las baterías, el ruido
de las armaduras y el galope de los corceles. Contemplamos los estandartes y los uniformes, las espadas homicidas fulgurando en el
aire y los cadáveres ensangrentados sobre la tierra muda .... .
De improviso, la tormenta musical se convirtió en una melodía
dulcísima, maravillosamente triste é impregnada de una melancolía
sobrehumana..... .
. . . . . . y en un esquife fantástico erramos entonces, bajo el rayo de
la luna, en un lago de aguas sonoras, oyendo el cantar de las sirenas,
viendo temblar sobre las ondas al loto de pétalos marmóreos.... Luego vagamos por una campiña florecida de violetas, esperando á la

C OQUETER IA
amada que nos dió una cita á la hora en que
muere el crepú~culo; ó emprendemos al primer f~lgor ~atmal, un viaje misterioso hacia
uua ribera ignota ..... .
. Y es así como el poder de la música se mamfiesta á veces en nosotros lanzándonos en
pleno ensuefio de ilusi6n y 'de poesía.
FROILÁN TuRCIOS.

Puente sobre el río Tenexapa. (Puebla.)

Inanguraeió1: de un puente
El día_ 8 del actual quedó abierto al servicio
del púbhco un nuevo puente de mampostería
c~nstrufdo sobre el río Tenexapa, en el Distrito de Zacapoaxtla (Estado de Puebla).
A la inauguración, que ameniz6 un cuarte-

(Colecoi6n Pe!1iandini.)

to, concurrieron algunos vecinos caracteriza- '
dos de las poblaciones inmediatas al lugar y
un gran _número d_e trabajadores de las haciendas del rumbo.
Jtl pue_nte es d~ co9strt1Cción sólida, y tiene
mas de cinco metros de anchura:·

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Octubre de 1903.

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EN_NUESTRA CASA
EL CU ARTO DEL ENFERMO

4.-Monogramas para mantelería.

Mucho deseo, amigas mías, que
los consejos que voy á daros no les
utilicéis por el momento; mas des•
graciadameote, en una época. 6 en
otra., rara es la familia. que no tiene que cuidar algún enfermo; cuan•
do menos lo esperamos, nos acechan
Y nos hieren los males; entonces las
esposas é hijas cariñosas mitigan
lc;s sufrimientos del enfermo con sus
atenciones y cuidados, sobre todo
con una esmerada limpieza, por ser
uno de los mejores remedios; bien
puede decirse que en nuestras femo·
ninas manos está el reposo, el va·
lar y hasta. la vida del que sufre Y
tanto nos interesa; pero el cariño y
la buena voluntad no bastan, ni el
saber cuidar enfermos es cosa que
de repente se improvisa: requiere
mucha reflexión y es preciso aprender.
Las diversas enfermedades exigen
distintos cuidados, pero hay a.lgu•
nos que siempre son idénticos; el
primero y más importante es el

5.-Traje de paseo, capota y saco de abrigo,

arreglo del cuarto del enfermo, pues
la alegría, la ventilación y la limpieza influyen considerablemente
en su curación, por lo que no debéis
dudar en llevar al enfet·mo á la me•
jor habitación y más tranquila de
la casa, á no ser que estuviera tan
grave que hubiera peligro en transladarle.
Antes quitaréis la alfombra y to•
das las colgaduras, tan difíciles de
limpiar, y de ningún modo debe re•
moverse el polvo microbiano en el
cuarto del enfermo; si el mal ha sido tan repentino que no ha dado
tiempo de tomar esta precaución,
no permitáis nunca que se barra la
alfombra, pero cuidaréis de que se
pase un pallo humedecido con agua
y vinagre. Los cepillos ml)cánicos
pueden emplearse alguna vez, pero
las menos posibles.
El aspecto de una habitación de
enfermo debe ser muy alegre, sobre
todo en caso de enfermedad crónica. Si es posible, las paredes deben
estar pintadas de color claro y
adornadas con algunos cuadros boIl:itos; estos detalles influyen pode•
rosa.mente en el ánimo del enfermo,
y le sostienen en un estado satis•
factorio que ayuda mucho al médi•

�EL MUNiDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Octubre de 1903.
co, á las medicinas y á. la. naturaleza..
Suprimid toda. la. tapicería; en
los crista.les poned bonitos visillos,
y una. alfombrita á los pies de 1a cama. y alguna. otr-a, también pequeña.,
es lo único que puede tolerarse; en
cambio multiplicad las mesitas,
cubl'iéndolas con hule blanco, 6 en
su defecto, una servilleta 6 mantelillo muy limpio, que renovaréis todos los días.
Estas mesitas os serán muy útiles
para dejar las medicinas, las tazas
de tisanas, los remeilios urgentes y
á veces ciertos instrumentos de cirugía.

Es indispensable conocer las reglas de la antisepsia á fin de ayudar al médico, y no obligarle á que
esté inspeccionando constantemente; importa mucho también tener
con los enfermos prontitud y decisión en los movimientos; su estado
nervioso es generalmente irritable
y los que va.o y vienen á su alrededor suelen exasperarles, por lo que
se debe tener á mano cuanto pueda.
necesitarse: la medicina que tiene
que tomar, la cuchara de plata en
un recipiente de a.gua. fresca. y clara, el mantelillo para secarle la boca, la taza 6 vaso con los bordes
muy limpios, el termómetro para
tomar la temperatura del enfermo y
que a.ntes de ponérsela, se sacude con
un fuerte golpe, á fin de que se ponga á los 35Q, y de este modo saber
exactamente la temperatura del enfermo; el pañuelo ligera.mente rociado con agua de Colo nia, para
refrescar las sienes 6 los labios. Si
bg,y necesidad dt.bielo, se conserva

Domingo 11 Jle O9tubre de 1903.

EL MUNDv ILUSTRADO

en una. copa. recubierta. con frq,aela.
gruesa, 6 mejor a.úa, entre serrín.
Siempre á mano y muy bien arregla.do, el infiernillo para. calentar
la tisana recomenda.da y cuando
ha,ga. falta.
Colgad en la pared un termómetro para. fijar la tempera.tura del
cuarto, que será de 16Q
La habitación del enfermo debe
airearse á menudo, á no ser que el
médico lo prohiba. en absoluto;
cuando las venta.nas pueden abrirse por la parte de arriba, no hay
ningún peligro, pero esto, aunque
tan necesario, suele ser muy raro;
generalmente las ventanas se a.brea
en ~oda. su altura., por lo que hay
que rodear la. cama del enfermo de
un biombo eleva.do, para preservarle del aire demasiado directo, y
consultar antes la. temperatura exterior; la humedad, sob1·e todo, es
perjudicial á los enfermos, poi· lo
que ha.y que cuidar mucho de que
los paños y la ropa con que se le
muda, esté bien seca., y lo mejor es
calentarla siempre antes de mudarle; es tan necesaria la limpieza., que
á no ser ea ciertas enfermedades
agudas, que ya lo prohibe el médico, la cama del enfermo debe mudarse todos los días; con un poco
de precaución y destt-eza, la sábana
de encima puede variarse sin mo
!estar al enfermo; se enrolla. y una
persona á cada lado de la cama la
va subiendo, empezando por los
pies; después de colocada, se tira
poco á poco de la sucia., sin molestar nada al enfermo; en cuanto á la
ropa. que tiene puesta., hay que oír
al médico, en caso de enfermedad
grave, aunque la limpieza siempre
es buena; por lo tanto, muda.die lo
más frecuentemente que se pueda, y
si la. enfermedad lo permite, todos
los días.

Tratad de que el enfer.no no se
entregue á la. tristeza y desanimación. tan frecuentes cuando hay sufrimientos físicos; presentadle el
a.gua para su limpieza., fresca y perfumada: su ropa, muy blanca; cuidadla el cabello, peinándolo con
esmero, y si no pudierais emplear
el peine, cepilladle ligeramente.
Tened cierta coquetería. para
vuestras queridas enfermas, si cuidáis á una madre, una hermana. 6
una niña; no las suprimáis las cintas ni los encajes, á fin de adornarlas lo mejor posible y quitar á la
enfermedad su carácter triste y un
poco repugnante, que desaparece
bajo esos esmerados y minuciosos
cuidados.
También os aconsejo que rengáis
dobles colchones y mantas, para
cambiarlos y ponerlos al aire alternativamente; esta precaucióL es indispensable para los niños y los
viejos, y en caso de ciertas enfermedades graves, para todas las edades, porque de lo contrario, suelen
presentarse delirios inconscientes.
Vuestra obligación 6 la de la en·
fermera, si tenéis necesidad de ella,
es cuidar de todo. La. enfermera ha
de tener los cabellos muy arregla.dos, las manos perfectamente limpias y el delantal sin una sola
mancha.
Cuando se da algo á beber al enfermo, se desliza entre su ropa una
s.,rvilleta 6 pañuelo grande; así se
preservan las ropas y sábanas,
además de evitar al paciente la contrariedad y la. fatiga de mudarle

entt-e el día 6, peor aún, á'media noche.
Con las medicinas debe tenerse
especial cuidado; se colocarán en

cerles tomar las medicinas, y en estos casos se necesita. mue-ha paciencia de parte de la enfermera y además un tino especial, 6 lo que llamamos vulgarmente &lt;mucha maña&gt;.
Los progresos de la farmacopea
hacen más cómoda la absorción de
las medicinas; pero así Y todo, aun
hay algun as muy amargas .Y desagradables; procurad no mo¡a.r con
ellas los labios del enfe1·mo y apretarle las narict!s con vuestros dedos preparando antes algo para
que' se enjuague la boca sin soltarle las narices, y de este modo ni el
olfato ni el paladar percibirán el
mal olor y el mal gusto de la medicina.
Estas precauciones son indispensables con los niños, que generalmente no se dejan convencer con
razones; también es muy bueno para quitar el mal sabor de la medicina, mascar un poco de pan y tragarlo.
Completad el mobiliario del cuarto con una &lt;Cbaise-longue&gt; 6 un sillón muy cómodo para la enfermera.· una cama de las que se doblan
es ;iempre muy útil, bien para transladar á ella al enfermo mientras se
le hace la suya, 6 bien para que
descanse algunos ratos la persona

le &lt;preguntó&gt; inocentemente si había. sido herido en la misma batalla.
El sordomudo hizo un signo afirmativo y en un pedazo de papel escribió quehabíacombatidoen AbbaCarima aliado de José Barassi, de
Bardello, y que éste, herido mortalmente, le había encargado llevar
á su madre la última. despedida.

Al comprender este extraño relato los buenos aldeanos no pudiero'n contener las lágrimas; únicamente el sordomudo conservaba
una sonrisa inexplicable, que asombraba á. los p1·esentes.
Pero el estupor de éstos aumentó
considerablemente cuando el sordomuelo se puso á referir cosas de la
aldea, citando nombres de personas

-Sí, yo soy José Ba.rassi, á quien
habéis creído muerto, y be acudido
á esta estratagema para evi¡ar la
emoción que mi regreso ha.bría producido á mi pobre madre.
Podemos figurarnos las exclamaciones de asombro, las lágrimas de
ca.riño que acogieron estas palabras. La anciana madre, á quien
no babia aband0nado el recuerdo
de su hijo, parecía lo0a de alegría.
Reanudando Barassi su relato,
explicó que había errado. °:1u~ho
tiempo por los arenales ab1sm10s,
conservando aún un fusil y b&amp;.yoneta, nutriéndose de raíces y durmiendo debajo de los árboles. Poco á
poco sus ropas se fueron deshila·
ch ando, hasta que quedó completa•
mente desnudo. En esta situación,
encontró un día una negra que se
compadeció de su infortunio, le cuic'ló, le dió una capa y, después de innumerables dificultades, le guió hasta el mar. ¿Cuánto tiempo duró esta aventura\' No puede decirlo, pero sin duda permaneció en Abisinia durante más de tres años.
Logró por fin embarcarse en un
buque inglés, en donde sirvió de
ayuda de cocina y navegó mucho
tiempo por lejanos mares.
Por último llegó á Grecia, se embarcó en un buque que sedaba á la
vela hacia Italia y llegó á Gaeta.
Desde allí, á pie y mendigando, había podido regresar á su aldea.
La población de Bardello le festejó mucho, y de todas 1as aldeas
próximas acudieron visitantes deseosos de contemplar las facciones
del sobreviviente de la batalla de
Abba-Carima y de estrecb&amp;.rle la
mano ....
LUlS PEDROStiO.

FUEGO Y NIEVE

orden, y se las pondrá un rótulo
con letra. muy clara, para evitar t-0do error y confusión.
Deben retirarse á la farmacia portátil todas las medicinas que no se
usan á diario y las que tienen base
venenosa., para no a~umu•
lar pociones y evitar toda
duda. y peligro.
Os repito que hay que te·
ner muy en cuenta la. impaciencia del enfermo y obrar
siempre con exactitud y rapidez; los ha.y tan difíciles,
que no hay medio de ha-

que le cuida. Adornad la habitación con algunas plantas verdes 6
flores sin perfumes; pero así y todo,
retiradlas de noche.
No olviiléis un reloj, porque es
de absoluta necesidad para administrar los remedios, y ya. veréis
eómo todas estas inteligentes precauciones facilitan vuestra tarea y
endulza.o los sufrimientos físicos Y
morales de vuestros queridos enfermos.

Fueron á. buscar inmediatamente
á la madre de Barassi, y el sordomudo confirmó su relato á la pobre

anciana y á los que la acompañaban escribiendo siempre con el lápiz ~n pedazos de papel, y añadió
detalles precisos respecto á 13: desastrosa jornada de Abba.-Carima.
Según decía, 6 mejor, según es:
cribía, él y su compañero ~arassi
pudieron escapar, al termrna.r la
batalla, á una furiosa carga de ll!'s
bordas abisinias, ocultándose ba¡o
un montón de cadáveres, y Barassi
murió al poco rato, diciéD:dole: &lt;Si
regresas alguna. vez á Ita ha, acuérdate de decirle á mi madre que huhubiera mue1 to más dichoso si hubiera. podido abrazarla. por última
vez . ... &gt; Ea cuanto á él, pudo alejarse protegido por la obscurida_d
de la noche abandonando (L un amigo que ya ~o necesitaba ningún auxilio.
Pero las terribles peripecias que
ha.hía. pasado le habían hecho volver sordo y mudo.

y circunstancias. particulares que el
soldado Ba.rassi podía conocer, pero que era extraño explicara un fo.
rastero. Paulatinamente una duda angu~tiosa invadía á los presentes. Este desgraciado, ¿no sería.
el mismo Barassi, en vez de su compañero?
Sin embargo, ni la. madre, ni las
herma.nas ni los parientes lo habían conocido.... Siete años de
ausencia habían borrado de su me·
moría la imagen del ausente-de todos menos de la. de aquella que había sido su novia. antes de marchar
con el regimiento. Hacía. cinco años
que estaba. casa.da. y ahora. era.mujer ca.sera y tenía hijos Cuando
llegó hasta ella la noticia de la extraña. arriba.da del sordomudo á
la aldea., corrió á verle, y por poco
cae desvanecida..-iEs el, el &lt;Ileppino&gt;, es Bara.ssi! .... -Exclamó desesperada.
Entonces el joven se turbó, le saltaron las lágrimas de los ojos, y
no pudiendo resistir más, exclamó:

Amor eterno, sin calma,
juramos con ansia loca:
tú jurabas con la. haca;
yo juraba con el alma;
por eso siempre indecisa
rechazabas mis antojos,
con lágrimas en los ojos
y en los labios la sonrisa..
Y yo, que en mis desvaríos
y en mis amantes excesos
sentía helados tus besos
y quemadores los míos,
decía buscando luego
consuelo á mis penas leve:
&lt;Esa mujer es de nieve.
La nieve se funde al fuego.&gt;
Nuestra. condición mudando
fueron los días corriendo:
la nieve se iba fundiendo
6 el fuego se iba a.pagando;
y si al unirse buscaban
olvido á mutuos agravios,
ya sentía yo en mis labios
otros labios que quemaban.
Hoy la ilusión y el hastío
en ti y en mí se han trocado;
tú lloras como he llorado,
yo como reíste río;
y cuando los besos pasan
á ser por el labio impresos,
creo que hielan mis besos
6 que tus besos abrasan,
y en vano te martirizas
por nnir en los amores
de tu nieve los vapores,
de mi fuego las cenizas.

Historia Romántica
Hace pocos días llega9a. á Bardello, pequeña aldea próxima. _á Va.rece, un pobre diablo, harapiento,
que llevaba. en el pecho un cartelón,
en el cual se leía: &lt;Haced caridad á
un pobre sordomudo, herido en
1896&gt;. Una. aldea.na, llamada Jose·
fina. Barassi, que permanecía_ en la
aldea. mientras las demás se iban á
las labores del campo, se le acercó,
y recordando que en la batalla de
Abba-Carima había muerto un hermano suyo en 1Q de marzo de 1896,
6.-Capotas, e1&gt;rbatas y modelos de tejidos.

-

7.-Formas para sombreros, y modelos de tejido y de bordado.

IGNACIO MENDIZÁBAL.

�Domingo 11 de Octubre de l:íO:!.

EL MUNDO ILUSTRADO

-Al contrario, soy la mujer más
feliz del mundo.
-Estoy á las órdenes de usted,
señora.

EL APRENDIZAJE
I
-¡Qué feliz soy, Carl os !
Asomada á una ventana, la marquesa de R.... recostó su rnbia
cabeza sobre el hombro de su marido.
-¿De ver11.s, Genoveva?
-¡Ya lo creo! Me encanta todo
cuanto procede de ti.
-Exageras, bija mía, exageras.
-;,Pot· qué te muestras tan escéptico cuando hablas de nuestra ventura conyugal1
-Porque la mujer es un ser muy
complicado, sumamente difícil t'e
comprender.
- Déjate de tonterías y dame un
beso.
-Te juf'o que también me considero en extremo dichoso.
Y era la pura verdad. Hacía tres
afios que Genoveva y Carlos habían contraído matrimonio, sin que
ni una sola nubE' hubiese eclipsado
su felicidad ni obscurecido su vida
alegre y sosegada.

V

II
Un día que macla.me R .... asistió
cop una de sus primas á una venta benéfica, á la que había acudido
todo París, notó la presencia de
una mujer morena, hermosa y elegante que detrás de un mostrador
vendía objetos de diversas clases á
sus muchos amigos y admiradores.
- ¡Qué mujer tan bonita!-exclamó la marquesa de R .... -¡,Qui~n
es?
- Luisa Ver-neuil, la nueva estrella de la Comedia Francesa.
Precisamente al lado de Genoveva hablaba de la actriz un grupo
de caballeros.
-Es una mujer encantadora-exclamó uno de ellos-y de una conducta irreprochable.
- Será ahora- dijo otro.
-¿Qué quiere usted decir con eso?
-¿No saben ustedes que ha tenido en su vida un drama por demás
interesaott.?
-¡No lo creo!
-Sí, señor, una pasión por un
hornbt·e que también estaba loco
por ella.
-¡Es singular!
-Hace cuatro años que se ver ificó la ruptura.
-¿Y quién era ese mortal afortunado?
-El marqués de R. ...
Genoveva se puso pálida; pe1·0
serenándose luego rápidamente, á
pesar del golpe que acababa de recibir, salió del salón en unión de
su compañera.
Sin embargo, al llegará la puerta, se volvió y miró atentamente {~
Luisa Verneuil.

8.-Trajecito infantil.

seaba aprender el arte del teatro,
ese arte tan hermoso y tan útil.
-;.Util pat·a usted, señora'I
-La vida tiene dramas imprevistos,. contra los cuales hay que prevemrse.
Luisa Verneuil miró con sorpresa á la recién llegad a.
-¿Ha sufrido usted mucho?-le
preguntó.

La profesora no t&lt;'nía más que
alabanias para su discípula. Madarne Perrín acudía diariamente á
casa de la actriz, con objeto de ganar su confianza para averiguar el
secreto de su vida íntim a.
Al fin se estableció una profunda
simpatía entre aquellas dos mujeres.
Genoveva, no obstante, no podía
alejar de su corazón la idea de que
su marido había amado á aquella
mujer antes que á ella.
Un día, después de la acostumbrada lección, al notar la acentuad a tristeza de 1a actriz, le suplicó
que le confiara la causa de sus sinsabores.
- ¿,Para qué? ¡mis penas no pueden interesar á nadie!
-Sin embargo ....
-Sí; usted es quizás la única mujer que podría comprenderme ....
¡,Pero á qué hablarla del luto que
llevo en el alma?
-,:.Qué luto es ése?
-Un luto muy doloroso por la
muerte de un ser que existe, de una
te1·ou1·a que era el enea.oto de mi vida. Amaba á un hombre generoso,
pero débil ; bueno, pero sumamente
exaltado; celoso, y tal vez demasiado cándido y sensible.
-¡Corno yo!-pensaba Genoveva.
Ese hombre no supo comprenderme y me hizo sufrir de un modo extraord inario.
-¿ Y qué ha sido de él?
- Se casó y dicen que es feliz. Lo
creo, porque era un hombre leal y
porque yo le enseñé á conocet· y
apreci ar debidamente el corazón de
la mujer. Estoy segura de que ante
su nueva compañera no será víctima de los arrebatos y de las debilidades que antes le dominaban. Hizo conmigo su aprendizaje.

.................................

it "Sf!!t;!!,:1,.~A.~!~...~~lA i!
8~• Franci,co_! ~~Angeles

f

•
:

:

~

~~"t,,_;;~

.

~

III
¡Conque Carlos había amado á
otra mujer antes que á ella! ¡Qué
de1·rumbamiento de ilusiones! ¡Qué
abismo entre ellos desde aquel momento!
Genoveva no dijo una palabra ,í
su marido, deseosa de estudiar á
aquel hombre que le había hecho
creer que su corazón no había palpitado más que por ella.
Después de haber derramado
ocultamente algunas lágrimas, Genoveva se enjugó los ojos.
-¡Qué importa!-exclamó.-Eso
pertenece al pasado, y ahora no
me ama más que á mí.
Pero en el fondo de su alma subsistía una curiosidad, subsistía el
deseo de conocerá aquella mujer y
de averiguar el secreto de la pasión
que había profesado á su marido.
Y un día, a rmándose de va.101·, se
dirigió á casa de la actriz.
IV
-Anuncie usted á madame... Perrín- dijo Genoveva al ayuda de
cámara-y dígale que vengo con
objeto de tomar lecciones.
La ma1·quesa de R. ... fué introducida en una sala, en la que esperó breve rato.
Al fin se presentó la actriz.
Me.dame Penín le explicó el objeto de su visita y le dijo que de-

..i
:

Luisa Verneuil estaba en lo cierto.
-Pues en ese caso-pensaba Genoveva, -he labrado mi felicidad á
costa de la dicha de esa mujei·.
. En el momento de separar~e para
siempre de I a actriz, Genoveva
acer:&lt;?ó ií ella , la cogió de Ja manose
11; dr¡o con voz agitada por la emdc1ón:
-¡Teng-o que ped irle á usted mil
perdones!
--¡.Perdonarla yo á usted? . A santo de qué"?
c.
- El hombre de quien usted me
hablaba hace un instante ha sabi
d? hacer dichosa á su c~mpañera:
s10 duda porque al hacerla sufrirá
usted, comprendió Jo que hay de
bueno. y de santo E'n el corazón de
la mu¡er. He venido deseos a de conocerla á usted, queriendo odiarla
Y ahora comprendo que le debo ¡{
usted gran parte de mi felicidad
Soy la marquesa de R....
·
Y Luis~ ':erneuil contestó á Ge,
noveva sin inmutarse y con la más
asombrosa frialdad:
-¡Ya lo sabía!
H. DE FORGE

Una vez renovadas las fuerzas
l os_ enfermos pueden dormir tran~
quilos y no temer á los ataques
de la insidiosa tisis y de otras eufermedades. Para reconstituir el
organis~o y purificar la sangre, el
uso contmuo de la Emulsi6n de
Scott de aceite de hígado de bacalao es el gran recurso. Sírvanse nuestros lectores enterarse de
lo que dice sobre el asunto el Dr.
D_. Luis A. Díaz y Díaz, de la
Cmdad de México:
«Me es grato manifestará Vds.
que los resultados obtenidos con
1~ Emul~i6n de Scott en mi práctica médica, han sido enteramen
te satisfactorios tratándose de enfermos á quienes les ha sido necesario reparar sus fuerzas 6 en
convalecientes de enfermedadades cr6n_icas, que tanto destruyen
e_l ? rgamsmo, como la escrófula,
tisis, etc., etc.;,

EL TESTAMENTO

Dd 11.mo. Sr. Jlrzobisp0 'fttban.
Los bienes fueron valuados
en $125,000

La mayor parte de lo testado consistia en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mutua",
Compañía de Seguros sobre la
vida, de Nueva York.
ITace pocos u1as que se practicó la
upertura del testamento del llustrlsfmo Sr Arzobispo D. Patricio A. Feehan
en la ciudad de Chfcago, Ifllnole.
La fortuna del distinguido prelado asc~ndl6 tl. cerca de $125,000 oro americano; y segfío el Inventarlo que se ha
publicado, los bienes que dejó fueron
como sigue:

•

:•t

Se reservan camas en Carro Pullman para todos los puntos
los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Línea de Santa Fe son renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios 'y otros informes, dirigirse á
w. s. FARNSWORTH.-Agente General.

♦ en

¡

i.................................
ta. San FPanolsoo,, Núm. B,, NIIJxloo,,

a. F.

Dos pólizas de "La Mu.
tua,'' Compnilla de Segu,·os sobre fa Vida de
Nueva York, por $25,000
oro cada una, 6 sean. . $ 50,000 oro.
Dividendos acumulados sobre una de fas pólizas
9,329 oro.
Otra póliza de seguro. . . 14,000 oro.
Acciones ~n efectivo y en
Bancos. . . . . . . . 117,000 oro.
Entre fas d'fsposlcfones del seílor Arzobispo, eo su testamento, se hicieron
éstas:
A su hermana, señorita Kate Feehnn,
que estuvo siempre con él hasta su
muerte, $40,000 oro en bonos y $25,000
oro en una de fas pólizas de seguro:
tl. fa seílora Ana A. Feehan, viuda del
sei1or doctor Eduardo L. Feehan, her•
mano del seílor Arzobfspo, $:.!5,000 oro
de otra de fas pólizas, y ~5,000 oro en
efectivo ; (L la Academia de Sao Pa t ricio de Chlcago, de la que es preceptora
su hermana, Madre Maria Catalina,
$10,000 oro de fa tíltlma póliza; ll. la
escuela ''Santa Maria'• de ensef!nnza
practica para varones, de Feehanvflle,
Ilflnols, que e1·a fa Institución por la
que mll.s se Interesaba el sef!or Arzobispo, se entregaron los $4,000 restantes de la l\fllma póllza.

ElL MUNDo ILUSTRADO

Domingo 18 de Octubre de 1903.

El martirio dt sor Bibiana
Dos años hacía que sor Bibiana
alimentaba secretamente aspiraciones quimé ricas é indefinidas, cuando se supo en el convento que algunas hermanas dejaría.o la vida contemplativa por la acti va, y saldrían
á practicar la virtud en un hospitalillo, cuidando enfermos y asistiendo moribundos.
Fundado tal establecimiento por
sacerdotes, sin más recursos que la
caridad pública, el obispo, asociándose á la buena obra, les ofrecía el
personal de enfermeras, reclutado
en los monasterios.
Sor Bibiana se brindó gozosa.
Al fin encontraba un camino que
recorrer: la deseada senda de espinas que á su corazón parecía de
flores.
No obstante, al año de asistir enfermos en el hospital, empezó á extinguirse el entusiasmo de sor Bibiana.
No era que las vigilias y las fatigas rindiesen su cuerpo; era que
lo invariable, constantemente obscuro de la labor, abrumaba su espíritu.
Volvían á acosarla las mismas
ansias que en el convento; vol vía á
sollar con algo que tampoco en el
hospital encontraba. La senda de
espinas no subía enroscándose hacia la cima de enhiesto monte, se
desarrollaba uniforme,sin interrupción, por una planicie árida.
Lo que hacía ella, sor B ibiana,
igual podría hacerlo una sirvienta,
una lega de esas que, como máquinas, funcionan sin sentir verdadero
impulso de heroico sacrificio.
Mudar apósitos, doblar ropa
blanca, acercar á los labios del enfermo la taza de caldo ó el vaso de
limonada refrescante, parecíanle ya.
á sor Bibiana, adquirido el hábito,
quehaceres caseros que se cumplen
por rutina, con el alma á cien leguas
y el pensamiento adormecido.
La repetición del acto embotaba
la fina percepción y gastaba el celo
de sor Bibiana; sólo el sentimiento
del deber la sostenía, y á cada. order. de la superiora, obedecida estrictamente, pero sin ilusión, una
voz, la voz tentadora de antes, le
murmuraba allá dent ro:
-Hay más, Bibiana .... Hay algo
más.
Ocurrió que por aquel tiempo vino á ingresar en el hospital un enfermito, del cual las hermanas,
aunque tan hechas á ver dolores Y
males, se compadecieron profundamente.
Era un nifio de cinco años, con
todo el brazo devorado por una
horrible quemadura, atribuída á
neglig-encias, intencionadas quizás,
de la indiferente madrast ra, que no
había venido á verle ni una vez,
abandonándole como pajarillo que
el temporal lanzó del nido al pie del
árbol.
Rubio y lindo, demacrado por
tanto sufrir, el niíio atrajo á las
hermanas en rededor de la cama
donde gemía: eran mujeres, bajo el
sayal latía su seno, que pudo haber
sido de madre, y las traspasaba de
lástima tanta inocencia desamparada y to1·turada cruelmente.
Degenerada la llaga en mortal
h1cera, amenazando la gangrena,

,.
' \.,\,,,)

/~.,&gt;
).

. .:_,
~

~ ~

,, ..

.r

.

1.-Elegantes vestidos de visita.
era· preciso cortarle el br azo entero
á, la criatura.
Tenían las hermanas húmedos los
ojos y descolorida la faz cu~ndo el
médico dispuso que se tr_a¡ese _lo
necesario para proceder 10med1a-

ta.mente á l a operaci ón, y la superiora, enternecida, con voz de abuela á la cabecera de un nietecillo,
preguntó si no había medio de salvar al enfermo sin aquella carnicería espantosa.

- Hav un medio . ... -contestó el
doctor,:_pero..... ¡Si este niño tuviera madre! Porque una madre
únicamente.. . Ya ve usted, era preciso cortarle á. una persona sana y
fuerte un trozo de carne, para in-

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 4 de Octubre de _1903.

EL STRADIVARIUS
I
Mr. Lebonnat'd, primer violín en
los conciertos del Conse1·vatorio, se
dirigía cierta maíl.ana á casa, de su
bija Ana, casada con 1fr. Deroy,
modesto empleado de Hacienda, en
busca de noticias de su nietecita
Paulina.
La niña, preciosa criatura de seis
años estaba enferma bacía dos meses. devorada por la anemia.
Cuando Mr. Lebonnard hubo llegado al quinto piso de la casa del
bulevar Aragó, donde vivía su
bija, se detuvo para tomar aliento
antes de ll&lt;\mar, y se quedó dolorosamente impresionado al oír la
voz del médico:
-Ya sabe usted, señor, lo que
le tengo dicho. Esa nil'ia se marchita en el clima de París, y necesita mucbc; aire y mucho sol. Lo
mejor sería llevarla al Mediodía,
á Niza .... Con que pasara dos meses á las orillas del mar, estaba
completamente curada. Es preciso
que á toda costa bagan ustedes un
sacrificio. De lo contrario, no res pondo de la niña.
Salió el médico, y acto continuo
entró Mr. Lebonnard.
-¡Conque, según parece, eso anda mal!-dijo el abuelo de Paulina.
-¡Vaya con tu médico! Habla de
ir á Niza., como si se tratara de ir
á un pueblo de las inmediaciones
de París! ¡Todos son lo mismo!
Francamente, los médicos no deberían asistir más que á príncipes
rusos y á tenores italianos. Voy á
ve1· á Paulina y vuelvo en seguida.
Tengo que decfrte una cosa muy curiosa.

II
Mr. Lebonnard estaba en la sala
sentado junto á Mad. Deroy, y hablaba con animación:
-Figú r ate, hija mía, que días
atrás recibí la visita de un inglés
que deseaba. comprarme .... ¿qué
dirías? .... ¡nada menos que mi
violín, mi Stradivarius! .. Me ofrecía por él diez mil francos! Le desp.:,dí diciéndole: &lt;Aunque llenara
usted esta habitación de guineas y
de medias coronas con la efigie de
Su Majestad la Reina Victoria, no
le daría mi violín, esa joya fabricada en 1102, en Cremona, por el
propio Antonio Stradiva.rius.
-Ya veo la escena-dijo Ana,
sonriéndose melancólicamente. ¡Aviado estaba el inglés con un fanático como tú! Aunque te ofrecieran las minas de Golconda, no te
desprenderías de tu violín.
-¡Pues es clar o! Pero son 1-as
tres y tengo que irme al ensayo.
Recuerdos á tu marido y cuida mucho á Paulina. El domingo vend1·é
á almorzar con vosotros y traeré
una langosta. ¡Vaya, adiós, hija
, 1
mia
.....
Y uniendo la acción á la pal abra,
Mr. Lebonnard, todavía muy ágil,
á pesa1· de sus sesenta y cinco años,
bajó á toda prisa la escalera, temeroso de faltar al cumplimiento de
su deber.

8.-Modelo de pint ura y tejido.

inducirle á que se desprendiera de
aquel objeto maravi;loso y extraordinario que constituía todas las
ilusiones del anciano.
Y la desventurada madre, persuadida de que era preciso renunciar á aquella espe1·anza, entrevista por un instante, dió rienda suelta á su llanto.

IV
Paulina no mejoraba; Mad . Deroy y su marido esLaban desolados.
Llegó el domingo y Mr. Lebonnard se presentó á la hora de almorzar.
Estaba, al parecer, muy contento, y antes de sentarse á la mesa
dijo á sus hijos:
-Vais á tratarme de gorrón. Os
había prometido una langosta y
no la traigo. Pero, en cambio, os
daré una noticia que va á colmaros
de alegría. Figuraos g ue se me ha
ocurrido la idea de que vendiendo
el Stradivarius, podría permitil'me

el lujo de pagar el viaje de Paulina á Niza.. Por consiguiente, con
el violín bajo el brazo,corrí en busca del inglés, á quien encontré en el
hotel Brístol. Y el asuntó marchó
á peñir de boca. Como el milord se
mostraba sorprendido por el brusco cambio operado en mí, saqué de
uno de los bolsillos de mi gabán el
retrato de Paulina y se lo enseñé.
«Caballero-le dije,-si le vendo á
usted el violín, es porque con el dinero que va usted á darme pienso
salvar la vida de mi nieta, cuyo
estado de salud exige un vi.aje al
Mediodía.&gt; ¿Y sabéis lo que me
contestó el demonio del inglés?
Pues bién, me miró cara á cara y
me contestó: &lt;Señor Lebonnard, no
soy tan mala persona como pudiera usted suponer. Hagamos el trato que voy á proponerle. Le regalo á usted cinco mil francos, con
una condición. Tiene usted sesenta y cinco años, y yo treinta y cuatro. Lógicamente se moriI-á usted
antes que yo. Si, como espero, me
precede usted en el otro mundo, be-

Toluca, M:éx., agosto 21.
La Presidencia del ConsPjo Huperior de Salubridad de T oluca
Esta.do de l\Iéxico, ocupad a po~
e~ Dr. Juan N. Campos, revistió,
sm duda, de peso, autorización é
interés á las siguientes pa labras
firmadas por ese facultativo:
"Con buen éxito y en gran escala he venido haciendo uso durante muchos años de la excelente preparací6n denominada Emulsi6n de Scott, notando que en
muchas enfermedades, como en
la tuberculosis, escr6fula, etc., y
sobre todo en la infancia, da resultados superiores á los qu e se
obtendrían con cualquier a otra
preparaci6n de su género.»

Los bienes fueron valuados
en $125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en " La Mutua",
Compañía de Seguros sobre la
vida, de N ueva York.
Ilace pocos u1as que se practicó la
apertura del testamento del I lustrlslmo Sr Arzobispo D. Patricio A. Feeban
en la ciudad de Cblcago, Illinols .
La fortuna del distinguido prelado ascendió ll. cerca de $125,000 oro ame·
ricano; y segñn el Inventarlo que se ha
publicado, los bienes que dejó !ueroo
como sigue:
Dos pólizas de "La Mutua,' ' Compaiíla de Seguros sobre la Vida, de
Nueva York, por $25,000
oro cada una, ó sean. . ~ r;o,ooo oro.
Dividendos acumulados so!l,3:!!J oro.
bre una de las pólizas
Otra póliza de seguro. . . 14,vvO oro.
Aceioues en efectivo y en
Bancos . . . . . 'r" . 117,000 oro.

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ta. Ban F,-anol•oo, llflm. B, Wltbc/oo,

a. F .

································~

á r iesgo de hacer suponer al otro
que sus argumentos son incontestables. Naturalmente, este silencio
tiene que ser cortés, discreto, no el
silencio odioso de los matrimonios
mal avenidos, que es un silencio de
disgusto y aborrecimiento. Pero si
el marido y la mujer son de genio
vivo y no pueden evitar las discusiones acaloradas, entonces deben
ponerles término inmediatamente;
auu más: deben separarse é ir, él á
fumar un cigarro en la biblioteca ó
en el jardín, ella á tocar el piano ó
á segui1· una novela., hasta que am·
bos hayan olvidado toda la cuestión.
Un error en que incurren muchos
casados, es evitar toda conversación sobre asuntos de dinero. Pero
ni la pareja más eni,.morada puede
vivir sólo de amor y del aire que
respira; no es dado á todas ellas,

Un solo agravio puede destruir
una larga a.mistad, á semejanza de
una cadena que para romperse Je
basta con que se le quiebre un eslabón.

Dtl 11.mo. Sr. Jlrzobispo fttbn.

1

r

AUGUSTO FAURE.

EL TEST AMENTO

III
Madame Deroy pensaba que con
los t1·es mil francos de sueldo de su
marido y las pocas economías que
había en la casa, no era posible enviar á Paulina á Niza.
Había que renuncia1· á semejantt&gt;
propósito.
Y la pobre mad1·e se echó á llorar, en la creencia de que su adornda hija moriría quizás ¡.ior falta
de un rayo de sol.
De pronto se estremeció.
La historia del Stradivarius oprimía su pensamiento. Aquellos diez
mil francos ofrecidos por el inglés
á Mr. Lebonnard, eran una tabla
de salvación. Significaba.o el viaje
de Paulina á Niza. ¡Diez mil francos! Indudablemente, el inglés debía estar loco; pe1·0 aquella demencia bienhechora podía salvar la vida de su hija.
Sí, pero•. ,. ¿se preshría :M.r. Lebonnard á vender su violín? En su
pasión de artista y dominado por
su fanatismo, no habría medio de

redo el Stradivarius, que me legará usted en ~u te.staID:ento. En el
caso contr~rio, mis exigencias quedan destruidas por sí m ismas · se
queda usted con los cinco mil f; anco.s, con la obligación de tocar en
mis funerales el &lt;Ave María&gt; de
nuestro di vinolGounod. ¿Le conviene á usted el trato?&gt;
¡Vaya una pregunta! Como podéis figuraros, inmediatamente quedó a1·rreglado el asunto.
Madame Deroy estaba loca de
alegría.
-Y:-afiadió ~r. Lebonnard con
ID:ªh.c10sa sonrisa-tengo la conv1cc1ón de que be hecho un excelente negocio y de que tocaré el &lt;Ave
María&gt; de Gounod, en el entierro
del inglés. Y ahora, hijos míos, á
la ~esa, porque tengo un hambre
ca.moa.
Después de almorzar haréis el
equipaje. Esta misma tarde me llevo á Paulina á Niza, y dentro de
dos ó tres meses os la devolveré
completamente curada. iA la mesa
hijos míos, á la mesa!
'

Ent1·e las d"isposlclones del senor Arzobispo, en su testamento, se hicieron
éstas:
A su hermana, sellorlta Kate Feeban,
que estuvo siempre con él basta sn
muerte, $40,000 oro en bonos y $25,000
oro en una de las pólizas de seguro:
r, la seilora Ana A. Feeban, viuda del
señor doctor Eduardo L. Feehan, her•
mano del seilor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pólizas, y i5,000 oro en
efectivo ; A la Academia de San Patricio de Chlcago, de la que es preceptora
su hermana, Madre Maria Catalina,
$10,000 oro de la Qltima póllza; A la
escuela • 'Santa Mar!a' ' de ensenanza
p~ctlca para varones, de Feebanvllle,
Illlnols, que era la lnstltuc!0n por la
que mlls se Interesaba el sef!or Arzobispo, se entregaron los $4,000 restantes de la 111tlma póliza.

Domingo 11 de Octubre de 1903.

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Rtfltxionts al azar
sobrt ti matrimonio
Hubo un tiempo, que yo mismo
recuerdo, en que, tanto los hombres
como las mujeres, usaban anillos
de compromiso. En mi opinión, esta costumbre era linda. El anillo
de compromiso deberían usarlo el
marido y la mujer, no sólo como recordativo constante de la fe jurada, sino ta.m bién como un talismá u;
debería se1· una joya querida, dada
al marido por la mujer, así como á
la. mujer por el marido, é imprimiendo en ella en uno y otro caso
un beso ardiente de amor.
El anillo ele compromiso es una
joya tan preciosa para las mujeres
amantes, que be sabido de algunas
que se enloquecie1·on al perderlo.
;,Cómo no ha de ser también inapreciable para el hombre que ama á su
mujer '?
Siem1ll'e que dos personas que
hacen vida común no son de la misma opinión ó del mismo gusto, tiene que haber concesiones por parte
del uno ó del otro ó de Jo contrario ocurrid u11 co~fiicto. En el lenguaje conyugal, «concesión&gt; equivale á «dc·ber&gt;. H ;, y que hacer coneesiones hasta en la co11versación
dia1·ia, y d, ben evitarse siempre, Y
con el mayor cuidado, las discusiones largas. Las discusiones son,~ o ,·
lo general. inútiles: nunca llevan el
convencinü~nto, y pueden hacer co1·rer á uno u11 grave riesgo: el de
que ¡,ierda el dominio de sí mismo.
Con el deseo vehemente de probar
que tiene razón, el hombre deja esc,apar palabras que después lamenta haber pronunciado, traiciona
P.e usamientos que siempre ha quer~do reserv a r, y cuando la discu sión termina, esas palabras quedan
Y el dafio está hecho.
En cuanto una discusión toma un
giro demasiado vivo, uno de los
dos debe tener bastante dominio de
sí para dejar de echar más leña al
fuego; debe quedarse callado, aun

1.

1.- Trajes de paseo y sombreros de la estaci6n.

sino á mu.v pocas, por cierto, el
gastar sin llevar cuenta. El marido y la mujer son dos amigos, dos
socios que deben reunirse constantemente en «petit comité&gt;, para tratar de todos los asuntos de interés
pecuniario y equilibrar su presupuesto de gastos é ingresos. Una
vez á l a semana, por lo menos, deben dedicar una hora á esto, mano
á mano, como dos grandes amigos.
De ese modo, con la confianza mutua, cada cual alentará al otro á
pensar en el porvenir, y poco tí. poco llegarán á encnntrarse en posesión del mícleo de una pequeña fortuna., que iní inspirándoles un interés cada vez mayor, y que un buen
día resultará ser, para sorpresa de
ambos, bastante abultada y productora de un interés que acrecienta conside1•ablemente la renta ele
que disponen.
Una mujer casada no debería
consentir nunca en recibir tanto á
la semana para los gastos domésticos, tanto al mes para sus vestidos,
y ser tratada, por decirlo así, como
un dependiente de su marido. Ella
es la que debería resol ver, teniendo
en cuenta la situación económica, si
puede permití rse comprarse dos
sombreros ó uno solo. Ni la i11clicación de esto, ni mucho menos la
orden, deberían partfr del marido,
sino de ella.
l\Ie gusta el sistema francés, en el
que el hombre consulta á la mujer
sobre todas las cuestiones importantes ele carácter económico, como
la inversión de los ahorros, etc.
Pero esto es porque, desde el día de
su casamieuto, el marido francés se
pone á instruir {L la mujer en los
detalles de su profesión ó negocio.
y en las especulaciones mejores y
más seguras de la época; y siempre
é inmediatamente la nombra su ministro de hacienda [en la masa del
pueblo, á lo menos]; y, no vacilo
absolutamente eu asegu1·arlo, por
eso la fortuna de Fran~ia es estable y sólida. En efecto, gracias
á la in fluencia de la m uje1·, las familias francesas han in ve1·tido su
dine1·0 en los títulos más seguros

�Domingo 11 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

del gobierno. En tanto que pul'den
trabajar, se contentan con un interés muy pequeño, con tal de tener
la seguridad completa. de que, cuando llegue el momento del descanso,
ese ci,.pital estará allí para sostenerlas, si no en la. opulencia, á lo
menos en la comodidad y en entera
independencia.
Cuando marido y mujer no tuvieran nada. mejor que hacer, deberían
entretenerse en idear toda clase de
planes para el porvenir, proyectando viajes á países remotos, haciendo castillos en el aire, suponiendo
que compran casas de campo, consultándose el uno al otro para resol ver cómo deben amueblarlas y
cómo van á disponer el terreno adyacente. Estos planes son como barricadas .... engañan el porvenir;
además, entretienen y nada cuestan. Y ¿,quién sabe? Quizá, entre
tantos, baya uno predilecto que se
pueda realizar positivamente. ¿Qué
sucede entonces? Los planes son
hermanos de las caricias; unos y
otras marchan de la mano; son los
placeres gratuitos de la dulce intimidad.
Los recién casados deberían evitar ser demasiado extremosos, no
sólo en público, sino también en privado, sobre todo durante los primeros años. Deberían tener siempre
presente que entran en el estado
matrimonial con cierto capital de
amor, y que no deben derrochar
ese capital, sino vivir de su interés
únicamente.
Hay parejas jóvenes que sienten
muy á menudo la necesidad de manifestar su amor con exageradas
pruebas de ternura, tales como la
de propinarse mutuamente nomb1·es
de pájaros ó de cuadrúpedos domésticos t·egalones, de cubrirse de besos y de darse palma.ditas en la cara. La exagerada frecuencia de estos actos produce una reacción, y á
menudo, una leve sensación de enervamiento que no debe1 ía r esultar
nunca de las caricias. Además, como esas manifestaciones exteriores
tienen que ir disminuyendo en número y fuerza, hay peligro de que
lleguen á convertirse entonces en
un signo ó prueba de decaimiento
del cariño.
En público, tales demostraciones
son ridículas y vulgares; ponen en
una situación molesta á los que las
presencian, y éstos sen ríen y se burlan, y basta dicen: &lt;Pronto se les
pasará&gt;.
MAXO'RELL.

Al contemplar tu ca.riño
tan helado y tan sin vida
pienso que flor trasplant~da
tiene las hojas marchitas.

~

CARTA DE UNA PARISIENSE
Jaldas cortas v ~1sos. - €uguas.- "t1seu«".
-modo dt componer ti cr«p6n lnglk

Permitidme que os hable de la
falda corta, porque es problema
siempre importante para una señora que va á encargar una falda á
su modista, un tt-aje debería decir,
porque la falda de vestir se hace
larga y eso no ofrece la menor duda.

2.-Trajes de paseo, peinado, sombrero y abrigo infantil.

Así, pues,la primera pregunta que
dirige la modista es ésta.:
-¿Quiere la falda corta.?
¿Que responderá? es un caso du·
doso, po1·que si la falda larga es
más linda, en cambio la corta es
mucho más cómoda para. llevar.
Sin embargo, no hay que ocultarlo: la falda corta ha dejado de ser
una excepción; se ve sin a.sombro
que mucho se usa en los trajes de
hilo que se llevan este verano.
Entendemos como corta la falda
que to:¡ue dos ó tres centímetros por
tierra; era, por lo demás, la longi·
tud corriente hace unos quince años
para todos los trajes y los de más
vestir.
Parece que se vuelve á ella suavemente. De todos modos, una señora algo gruesa, una mamá que
ya no es muy joven, no se singularizará adoptando esta longitud de
falda, porque se ve mucho más
corta aún, por ejemplo, la falda
que no pasa del tobillo y que es muy
cómoda para los largos paseos á
pie y para la vida activa al aire libre.
Pero ¿sabéis lo que es el refinamiento del refinamiento y que se
usa mucho actualmente?
Es tener dos faldas para cada traje: una muy larga, que se arrastra,
á la cual un corte algo complicado
ó una sobria. ornamentación da cierto refinamiento; otra, francamente corta, lisa, cuyo
único objeto debe ser dejar
la mayor libertad de movimientos.
La misma chaqueta ó el
mismo bolero sirven indiferentemente á las dos faldas. Y la ventaja resultante de esta combinación, es
real en las numerosas circusta.ncias en que se debe
limitar el equipaje a lo necesario sin viajar, no obs-

tante, c9mo turista de_sprendida. de
todo cU1dad9 de apanencia: al pas:i-r por tal ci~d:i,d, ha.y la obli a,ción de una v1s1ta, ó en tal hor[ el
recreo de algunas horas en el oasino; la falda corta es entonces reemplazada en el acto por la falda larga, que s~ pone generalmente sin
emplear t1em]?O en cambiar de blusa; y el cambt? os viste en un abrir
y c~rrar de o¡os, de un modo convemente.
Las se~oras diestras saben arreglarse bien y sacar partido de todo. Conviene enseñar á las niiias
desde el principio á poner todo en
obra para estar siempre á la altura
de las circunstancias.
Es la verdadera escuela que 88
debe seguir y que las madres juiciosas saben inculcar á sus bijas
desde su más tierna edad.
'
Os haré notar que con las fa.Idas
cortas hay que ir muy bien calza.da
con tac?nes semi altos, empeine;
proporcionados á la longitud efectiva del pie, y con puntas redondeadas.
Un pie con tscón plano que perfila su lar~a punta debajo de una falda corta, en excursión ó viaje carece de gracia y es hasta l'idículo
visto en silueta.
Fijaos también en la importancia
de las enaguas, no con la falda
completamente corta bajo la cual
con frecuencia se lleva un calzón
de raso negro, sino con la faldasemicorta, que no se aleja del suelo
sino dos ó tres centímetros, cuand~
más.
No es fácil, en verdad, combinar
una enagua cuyas ventajas prác\icas no excluyen cierta nota de eh,gancia; aparte del tafet,án, de una
solidez siempre problemática., por
caro que sea, y de todos modos nunca muy duradero, no hay para la
estación estival sino las telas de
hilo, los cefiros, los cuales es necesario lavar ó al menos planchar
ti:ecuentemente; todas estas operaciones son costosas tan pronto como se sale fuera de casa, y muchas
señoras educadas en ideas de lim·
pieza, nunca quisieran ponerse uoa
enagua arrugada sin hacerla planchar.
Así, pues, he aquí lo que se ha
ideado este añc, para los viajes de
campo. Son unas graciosas ena•
guas que se pueden hacer sin gran
gasto con los &lt;tussors&gt; nuevos, muy
de moda.
Se encuentran en tonos claros y

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Octubre de 1903.
cinco centímetros del suelo por dela.nt~ y unos sesenta por detrás, para si.mular un volante, ondulante y
gracioso, á consecuencia de la amplitud que sueltan.
Detrás un inmenso pliegue Wateau acompaña la cola semilarga.
Sobre los hombros un gran cuelloesclavina, de forma cuadrada,
cuyas puntas colgantes acompaflan
al brazo, bordado alrededor por
un festón decot·doncillo grueso azul
pastel.
Como mangas ó más bien como
semima.ngas, un cuadrado de telas
surcado de pliegues y orlado por
un festón azul.
En el centro, se quita un redondel para dejar pasar el brazo, y esta manga original está montada
como para que una punta de la tela caiga justamente encima del brazo, es decir, contrariando la punta
del cuello.

~~

-r~~~

,,,_
/

***

Y a que os estoy hablando de cosas prácticas para la &lt;toilette&gt;, he
aquí un sencillo medio de componer
y arreglar como nuevo el crespón
inglés.
En la estación húmeda, los grandes velos de luto se ajan muy pronto, lo mismo que todas las guarniciones de este tejido.
Se coloca el crespón entre ctos
franelas, puesto el conjunto sobre
el tupido cobertor de planchar, y
por encima ~e pasa un lienzo mojado.
Bastará planchar este último con
una plancha muy caliente hasta que
esté bien seco. El crespón saldrá
como nuevo con esta sencilla operación.
Otra receta útil, si volvéis á casa
un día de lluvia con los bajos del
traje mojados: en vez de ponerlo
cerca del fuego, sobre todo si es de
seda, colgadlo y enjugad el agua
con un trapo muy seco, y colocando
debajo una almohadilla de lienzo,
estirad suavemente la tela.
La operación sale «á merveille&gt;.
BARONEí,A LTYET.

Dios, con rodear de espinas
las rosas de los rosales,
nos enseñó que lo bueno
se logra á fuerza de sangre.
suaves: rosa, azul, verde pálido;
hasta hay encarnadas cuyo brillo,
mur atenuado, se armoniza con to•
dos los matices claros y oscuros de
los trajes.
En cuanto al ctussor&gt; crudo, no
aconsejaría yo su empleo en esta
circunstancia, pues ese color aplica.do á los visos hasta con encajes
y_guipures, no tiene ninguna elegancia; sería entonces caer en la vulgaridad de la enagua económica de
ctussor&gt; que hace años se ve en todas las tiendas de novedades.
La ventaja de estos ctussors&gt; sobre el tafetán, es la de ser muy fuertes y poder lavarse en caso necesario &lt;como un pañuelo de bolsillo&gt;.
Sobre los tejidos ligeros, cbaconás, cefiros, percal, etc., tienen I a
superioridad de ser mucho más resistentes, de no arrugarse y de proporcionar más abullonado, sin
amontonarse en pliegues falsos con
el uso.
Una manera de ejecución muy
sencilla y que da buen resultado es
la siguiente: el cuerpo de la enagua
cortado con una costura. delante y
otra detrás, como una.falda ordinaria, sobre unos dos metros y medio
de e vuelta.&gt;, y terminado por un volantito barredera, dobladilla.do, pasado en el borde y en falso.
Un primer volante sesgado, enjaretado con tres hileras de voladitos de unos doce centímetros de ancho y en cuvo borde se coloca un
volante semejante, pero éste más
ampliamente enjaretado arriba, calado con uno ó varios entredoses
cle guipur ó de encaje, mucho más
fuertes y prácticos que un encaje
puesto en el bordo del volante, que
se engancha y se desgarra,
Contar para el primer volante
unos cuatro metros y medio de vuel~a, .Y seis y medio al menos para el
U!t1mo. Poner en proporción l a Ion·
g1tud general con la altura del tobillo; observar que para dar una.
perspectiva de r edondeado exacto,
1~ línea de una enagua debe subir
siempre ligeramente por detrás sin

caer á los lados; y para asegurarse
de ello, probar siempre, en último
lugar, la enagua con una. falda larga, que se levanta con la mano para figurar el efecto de la marcha.
¡Cuántas veces, en efecto, una
enagua que nos satisfacía en la
prueba por su vuelo, nos ~ar_eceen
la ca.lle, desigual, con movimientos
pesados que nos golpean los talones!
No me cansaré de recomendar á
mis queridas lectoras, que no dudo
son señoras de gusto, tengan mucho cuidado con la ropa interior.
Esos ligeros detalles que pueden
pasar inadvertidos á los ojos del
común de los mortales, denotan, sin
embargo, á la mujer bien nacida y
educada.
La enagua, sea cual fuere I a tela,
debe ser limpia y tan elegante como
sea posible.
Si no tenéis una criada que pueda componer un_ desgarr?º.• una
guarnición descosida, no de¡éisnunca semejante desorden; haced vosotras mismas la. compostura.
Otra cosa hay que evitar y es ponerse una enagua ó viso oscuro con
un traje de tela cl~ra. Hacer lo C&lt;?D·
trario será lo me¡or; nada más llndo y elegante que divisar bajo un
simple traje ctailleur&gt; de paño negro por ejemplo, un frufrú de foulard rosa ó azul celeste, todo guarnecido de encajes.
Se obtienen efectos encantadores
con volantes de muselina blanca,
adornados con encajes prendidos á
un viso de tafetán claro por un en·
tredós estrecho por el cual se pasa
una cinta.
El mismo enkedós se veen el cuerpo del viso, de modo que para hacerlo lavar, no hay más que sacar
la cinta del entredós.
Esto es muy práctico y muy empleado por las se_ñoras razonables.
En invierno, el viso más cómod~ de
llevar es de raso negro, gu&lt;\rnec1do
en los bajos por un ancho volante
de tul cruzado por cintas de color.

Se encuentran aquí estos volantes
ya preparados en las tiendas.
Como es de suponer, estos visos
negros no sientan bien sino contrajes oscuros y de poco vestir. El pekín blanco y nPgro con volante de
muselina de seda guarnecido de
aplicaciones de Chantilly negro, se
lleva mucho con todos los trajes.
He visto últimamente en la expo·
sición de un ajuar de novia, una
variedad encantadora de lo que llamamos cliseuses&gt;.
Son casaquillas muy cortas que
se usan en el lecho, para no tener
frío en los brazos mientras se tienen fuera de la. cobija para sostener el libro que se lee.
Se cortan en redondo por del ante,
y como longitud, no exceden de las
caderas.
Algunas estaban hechas de organdi blanco ó cplumetis&gt;, forrado de
raso flexible de color, guarnecidas
alrededor por un ancho encaje.
El mismo encaje se ve en el borde
del ancho cuello, muy doblado para
no estorbar, y en la parte inferior
de las mangas, que son muy anchas
de hombros para poder ponérselas
fácilmente y no molestar los movimientos.
Un abullonado de cinta acompa·
ñaba los delanteros.
Para el tiempo frío, las había muy
lindas, de raso flexible a.colchado
por dentro, y hasta más ordinarias,
también de buen aspecto, de lanilla
de los Pirineos, con rayas azules ó
rosadas sobre fondo blanco.
Además,había en ese ajuar un lindo peinador de mucha originalidad.
Era todo de tela de hilo, color natural, lo que la ha.ce poco susceptible; se pliega, sin embargo, por los
detalles de su ornamentación, á todas las exigencias de la elegancia
más minuciosa.
Era de una sola pieza de arriba
abajo. Unos pliegues alterna.dos
desiguales, separados por entredoses de bordado inglés, lo cortan de
distancia en distancia.
Los pliegues se detienen á veinti-

3.-Vestidos para calle y abrigo para niña.

�Domingo 11 de Octubre de 1903.

.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Octubre de 1903.

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EN_NUESTRA CASA
EL CU ARTO DEL ENFERMO

4.-Monogramas para mantelería.

Mucho deseo, amigas mías, que
los consejos que voy á daros no les
utilicéis por el momento; mas des•
graciadameote, en una época. 6 en
otra., rara es la familia. que no tiene que cuidar algún enfermo; cuan•
do menos lo esperamos, nos acechan
Y nos hieren los males; entonces las
esposas é hijas cariñosas mitigan
lc;s sufrimientos del enfermo con sus
atenciones y cuidados, sobre todo
con una esmerada limpieza, por ser
uno de los mejores remedios; bien
puede decirse que en nuestras femo·
ninas manos está el reposo, el va·
lar y hasta. la vida del que sufre Y
tanto nos interesa; pero el cariño y
la buena voluntad no bastan, ni el
saber cuidar enfermos es cosa que
de repente se improvisa: requiere
mucha reflexión y es preciso aprender.
Las diversas enfermedades exigen
distintos cuidados, pero hay a.lgu•
nos que siempre son idénticos; el
primero y más importante es el

5.-Traje de paseo, capota y saco de abrigo,

arreglo del cuarto del enfermo, pues
la alegría, la ventilación y la limpieza influyen considerablemente
en su curación, por lo que no debéis
dudar en llevar al enfet·mo á la me•
jor habitación y más tranquila de
la casa, á no ser que estuviera tan
grave que hubiera peligro en transladarle.
Antes quitaréis la alfombra y to•
das las colgaduras, tan difíciles de
limpiar, y de ningún modo debe re•
moverse el polvo microbiano en el
cuarto del enfermo; si el mal ha sido tan repentino que no ha dado
tiempo de tomar esta precaución,
no permitáis nunca que se barra la
alfombra, pero cuidaréis de que se
pase un pallo humedecido con agua
y vinagre. Los cepillos ml)cánicos
pueden emplearse alguna vez, pero
las menos posibles.
El aspecto de una habitación de
enfermo debe ser muy alegre, sobre
todo en caso de enfermedad crónica. Si es posible, las paredes deben
estar pintadas de color claro y
adornadas con algunos cuadros boIl:itos; estos detalles influyen pode•
rosa.mente en el ánimo del enfermo,
y le sostienen en un estado satis•
factorio que ayuda mucho al médi•

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>MALAS
DIGESTIONES,
ACEDIAS, VOMITOS,
DILATACION
DEL ESTOMAGO,
DIARREAS
EN LOS NIÑOS,
ESTREl'I /MIENTO,
DISPEPSIA,
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con tapa nueva de patente. No es
arer,oso. ~o se desperdicia.

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En Frascos.

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DEL DR. TORREL, DE PARÍS.

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Unica preparación que evita la caida prematura del pelo, lo aumenta, suaviza y hermosea, á la vez que le comunica un aroma agradable.
Su acción antiparasitaria y antiséptica, unida á un notable poder excitante del folículo piloso, hace nacer el
pelo en las afecciones decalvantes del cuero cabelludo y
evita la caspa.
Una cabellera abundante y bien cuidada, es, sin duda
alguna, el ornato mejor de la mujer; el PETROL proporciona el medio más eficaz para eonservar este bellísimo
atributo.
El uso del

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f
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PRTROL DIIL. Dr. TORRRL, DR PARIS,

evita la calvicie prematura, que tanto afea y comunica al
hombre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado.
D~ VEIITA EII LAB DROQUERIAS Y ~ARNIAOIAB.

llil6cras rtJ'9estivas 9 e:Rntisépticas
Del Dr.B'UCHABD de París.
DE VENTA EN TODAS LAS DROGUERIAS y

BOTICAS.

CURIOSIDAD
("..i\..merlcan Phete Art. l tudio.")

�Domingo 11 de Octubre de l:!03.

EL MUNDO ILUSTRADO

-

viejc,s tenemos necesidad de descanso y h
En todo tiempo se ha zonsiderado IÍ la.genhecho perfectamente en tomarme unos cu e
te literaria muy irascible. Hoy las formas de
tos
días de vacac~on~s. No tengo noticias
lenguaje han perdido su antigua violencia; peellos, pero eso significa que siguen divirtié
ro empujados por su amor propio, nuestros
Es notorio-dice Federico Loliée en la "Redose á sus anchas. Si ocurriera algo de p
autores se lanzan entre sí amenidades encan·
vue Bleue»-que de tiempo inmemorial los
cular,
mi hija me escribiría en seguida ª ·
tadoras. «Sainte Beuve es un mendruguero»-obrflros del pensamiento tienen el flaco de
Estas reflexiones fueron interrumpidas
decía Beranger.-«Si me comparáis con ese
Cl'eerse el centro del mundo. Los ha habido,
una voz que gritaba detrás de madame~r
negro-decía Balzac hablando de Alejandro
sin embargo, modestísimos, al menos en apaLourmel:
eDumás,-dejo la conversaci6n».
riencia y á juzgar por sus escritos, como S6-¡Buenos
días,
mamá!
La palma de la irrespetuosidad se la lleva
crates, San Agustín, San Antonio de Padua,
. La bue~a se!iora se volvió sorprendida
Barbey d' Aurevilly; para él no hay antiguos
San Francisco de Sales, Espinosa, Descartes,
v1ó á su h1Ja y a su yerno, que acababan /
ni modernos que no merezcan una frase dessalir del hotel.
e
Léibnitz, Rousscau, Lesage, etc.
defiosa: «Este tonto de Goethe», «ese bendito
Pero dejemos á un lado á estos escritores y
Madame de Lourmel trató de correr á BU
de La Bruy~re», «ese gotoso de Le Sage», «~se
vengamos á los de nuestros días, á los que nos
encuentro, pero tuvo que detenerse temerosa
patitrist6n de Leopardi»; así trata á las glorias
son más 6 menos directamente conocidos, pad~ que le diera. un síncope. Con la ~oz alteraconsagradas, y no hay que decir cómo tratará
ra apreciar mejor su moderaci6u. ¿Iremos á
da
por la angustia, preguntó:
á los demás: Julio Sandeau es para él un nopedir á Chateaubriand alguna lecci6n de mo-¿Hay al~_una novedad en casa? ¿Están envelista que se ha equivocado de sexo, una suadestia? "Ved-nos dice en su prefacio-cómo
fermos los mnos?
ve cataplasma para los que !levan viseras verme humillo ante Dios, ante la Naturaleza, an-No, mamá, los hemos dejad-O en
des· 1\Iignet, un Salvandy flaco, cuyo más claro
te mí mismo». Pero hay que leer entre líneas:
mi suegra.
mé:ito es el haber sido condiscípulo de Thiers;
cVed cuán grande soy; excedo á mis contem-¿Os pasa algo extraordinario?
Thiers, la unidad coronada; Feuillet, un subporáneos en cien codos, y si me porn~o á su
-Nada absolutamente.
1\Iusset, bueno á lo sumo para distraer almas
nivel, es s6lo por no avergonzarles demasiado».
Elisa y su marido se echaron á reír, y ende modistas; Cousín, un pobre. bastardo de
¿Y Lamartine? Su imperturbable majestad y
tonces madame de Lourmel se tro.nquiliz6 por
Hégel; 1\Iontalembert, un escritor pesado, insu afici6n á la lisonja, recuerdan la anécdota
completo y les abrazó tiernamente.
correcto y terroso; Sacy, un vago despluma.de Royer-Collard: «Cuando se acaba de oír á
-¡Cuánto me alegro de que hayáis venido
dar de sílabas, lo infinitamente pequefio en lo
Lamartine y se le felicita por 1m magnífico
á vermel--exclam6 la anciana.
seco; Leconte de Lisie, un tatuador de imá~ediscurso, no se está seguro de que no os diga
-Pues si te alegras-contestó Elisa -¿por
nee indias en la poesía; la «Revue des Deux
al oído: No os sorprenda eso, porque aquí,
qué estás tan pálida y temblorosa?
'
)Iondei5», un campo de nabos; la Academia,
entre nosotros, yo soy el Padre }~terno».
-Porque cu.ando os he visto, he creído que
una SalpMriere de Ministros caídos y de parNadie, sin embargo, llega á Víctor Hugo,
os había ocurrido alguna desgracia.
lamentarios inválidos. Y así sucesivamente.
que escribía en 1831 en el plinto de una esta-¡Qué cosas tienes, mamá!
Filarete
Charles
no
le
va.
en
zaga,
aunque
tua de Napole6n: teAcabar con la pluma lo que
Pablo Darc y su mujer se sentaron al lado
ha dejado sus dardos para sus«)!emorias» p6sno ha podido ejecutar la espada, gobernar el
de
madame de Lourmel y se pusieron á hablar
turoas. Los «Cuadernos» de Sainte Beuve
mundo y no tener Waterloo». Vive en plena
de sus proyectos.
abundan también en notas incisivas. «No esapoteosis, dando á sus palabras y á sus actos
-Hace tiempo--dijo Pablo-que dese!batoy contento-declaraba un día-sino cuando
un carácter sagrado, llegando al punto de remos irá almorzar á la cumbre de la Pun
he
dtiscubierto
el
lado
débil
6
el
punto
flaco
coger los recortes y raspaduras de sus ufias,
Negra, donde hay un magnífico hotel. E.a
de un gran hombre». A Balzac lo coloca en lo
para que sirvan de fetiches á los poetas futuexcursi6n de moda este verano.
más
bajo
de
la
literatura
de
pacotilla;
á
Couros; dirige al Ser Supremo carteles de desafío,
- ¿Y cuánto tiempo vais á estará mi lad
sín le llama Fed6n-Sca.pín, y ni siquiera pery en un momento de irritaci6n, le amenaza con
-Todo el día y toda la vela.da. Empren
dona al buen Nodier, á quien tanto había eloir él, Rugo, á lanzarle del cielo.
remos la marcha mañana al amanecer
giado
en
sus
«Crónicas»;
Guizot,
á
quien
tan
¿Qué pensar de tales extremos? Pero ahí estestó Elisa.
alto había colocado, no es más que la ligereza,
tá Sténdhal, que tantas veces ha empleado su
- Pero ¿por qué os vais tan pronto?
la
insuficiencia
y
la
falsedad
andando,
y Thiers
ironía en ridicularizar la vanidad. La vani-Porque tenemos que ir á visitar á los V
cel
más
espiritual
de
los
mamarrachos».
No
dad, sin embargo, le impulsa también, y él,
sal!, quienes residen ahora en su quinta
parece sino que Sainte Beuve había dejado
que se burlaba de la afectaci6n, se tefiia las
Chalex.
para
sus
últimas
páginas
todo
el
ahorro
menpatillas á los cincuenta y cinco afios, y lleva-Me han dicho-repuso madame Lourm
tal de una vida de rencor.
ba tupé postizo.
-que la ascensión es peligrosa puestoquet.c►.
La
fiesta
es
completa
en
el
«üiario»
de
los
Y todos son lo mismo. Cousín, dice Saintedavía hay mucha nieve en la ~ontafia. Ad
Goncourt. Jamás se ha visto tan al desnuBeuve, está siempre subido en el Capitolio.
más, el tiempo está inseguro y me pareceq
do
el
amor
propio
febril
del
literato,
aguLa fatuidad de Augusto Comte y Saint Sim6n,
va á estallar una tormenta. ¡Aplazad la ex
zado por los celos del pr6jimo. Tenían la rees prodigiosa. Proudh6n tiene accesos de hudición
para más tarde!
putación
conquistada
en
buena
lid,
y
no
les
mildad fingida, menos soportables que sus sa-¡Imposible, mamá! Pasado mañana ha
bastaba. Les hacía dafio, aun triunfando ellos,
lidas de orgullosa franqueza. Alfredo de Vigny
baile eu casa de los Vassall y no podemos
el triunfo de los demás, y se revuelven airacreía que no había nada superior á su pe1sotar á la fiest.3.
dos contra todo lo que brilla, así se llame Edna, y que la literatura franceP-a. empezaba en
En vista de que la anciana insistía en
mundo About, Teófilo Gautier, Taine, Renán,
él; en su discurso de recepci6n en la Acadeempefio,
Pablo Darc puso término al asun
6
Pablo
de
San
Víctor.-«¡Ytodossomosasí!»
mia, declaraba que el público había ido allí
diciendo:
-decía
Enrique
Becque.
para contemplarle. BarbPy d' Aurevilly, oyen-Estamos cansa.dos y necesitamos qui
Hay que confesarlo: el egotismo violento
do decir en un salón á un joven que no había
nos
el polvo del camino. Ahora vamos á nu
impera
en
nuestras
costumbres
literarias.
Y
encontrado en el mundo más que dos hombres
en
verdad,
el
orgullo
literario
es
inevitable;
tro
cuarto
y nos reuniremos á la hora de
de genio, se volvi6 hacia él preguntándole:
hasta puede decirse que tiene su papel obligamer.
«¿Quién es el otro?»
do en el juego de la producción. Sin las satisCuando la madre de Elisa estuv8 sola an
Hay que reconocer que sobre los literatos de
facciones verdaderas ó falsas que proporciona,
las nubes que cubrían el cielo y obscur
los dos últimos siglos ha pasado un vértigo
el trabajo de los autores en general equivalel lago, r ~cord6 las variadas desgracias oc
epidémico, y que la infatuaci6n es la nota dodría á un suplicio lento. Hay límites, sin emdas en la peligrosa expedición á la Punta N
minante de nuestra edad intelectual. Y no hebargo,
que
no
deben
traspasarse,
si
no
se
quiegra.
El proyecto de su hija y de Pablo la
mos hablado de las mujeres, ni de Dumás hire caer de las alturas del amor propio que escaba de quicio.
jo, para quien era una verdadera necesidad vitimula y ennoblece, á los abismos del amor
Durante la comida volvió á la carga ... P
tal el recibir incienso; ni de Edmundo de
propio que cubre de ridículo al envidioso, emel yerno se burl6 de los temores de su su
Goncourt, que sudaba la vanidad por todos
pañando su gloria, si la tiene.-F. ARAUJO.
y dijo con resolución:
sus poros, ni de Guy de Maupassant, que nada
-Partiremos mañana al amanecer en el p
hubiera perdido con no repetir tantas veces que
mer vaporcito que salga.
era el primer escritor de su siglo; ni de Pedro
-El tiempo está muy reyuelto-repiti6
Lotí, que en plena sesi6n académica se alabadame de Lourmel,-y si estalla la tormenta,
ba de no haber leído nada ni aprendido nada,
partiréis.
debiéndoselo todo á sí mismo; ni de Riche·-Realizaremos 11uestro propósito, paae
pín, que es un prodigio de reclamo; ni de Verque
pase. Nuestra resolución es irrevocab
l\Iadame
de
Lourmel
está
tomando
el
fresco
laine, cuya reputaci6n es más debida á su ex-Os acompañare hasta el barco.
en la terraza del hotel, sentada en amplia y
hibici6n diogénica que á sus versos; ni á cier- De ningún modo, mamá-exclam6 E·
mullida butaca. Ante sus ojos se extiende el
to tenebroso poeta del Norte, á quien no le
- eso te obligaría á levantarte muy temp
verde césped basta el lago azul.
parece excesivo que le pongan por encima de
y retrasaría nuestra marcha.
Cantan los pajarillos, las rosas perfuman el
Shákespeare.
- Si le parece á usted bien -dijo Pablo,
aire y la anciana se considera dichosa.
La exageraci6n del personalismo se ex prosa
nos despideremos esta misma noche cuan
-He hecho bien-pensaba- en salir de
de mil modos; pero la manifestación caractenos vayamos á acostar.
París, dejando allí á mi hija y á mi yerno.
ríctica es el afán de autobiografiarse. Los cuaCuando después de haber permanecido
Les quiero mucho, pero son demasiado aficiodernos confidenciales y las memorias llueven
go rato en el salón, dieron las diez, Elisa
nados á fiestas y jolgorios y todas esas cosas
de todas partes. Uno nos cuenta c6mo se hizo
Pablo se levantaron para despedirse de m
me aburren de un modo extraordinario. Cuanperiodista, ó cómo se casó; otro, la varia suerdo
no
hay
convidados
en
casa,
mi
hija
Elisa
me de Lourmel.
te de sus libros; Coppé, la historia de sus ga-¿Pero no habría medio de aplazar ea&amp;
y mi yerno Pablo Darc, el autor en boga estos; Cladel, la de sus perros, y no sé quién la
tán en un baile ó en un teatro. Nosot10; los
censi6n?-dijo la anciana.
de sus gallinas.

ta modtstia dt los littratos

ªd;
rÜ"

EL MUNDO ILUSTRADO

¡Qu_e pesada eres, mamá! ¿No ves que es
cosa dec1d1da?
Cuando estuvo en su cuarto madame de
Lourmel se ~costó; pero no pudo conciliar el
sueño. Imaginaba todo cuanto de lf'rrible po~:Ha ocurrir_ en _la ascensi6n y estuvo á punt0 de
1r á la hab1tac1ón de sus hijos para suplicarles
nuevamente que no partiesen. Pero desconocía
el n_úmero del cuarto y, en medio de la noche
nadie hubiera podido indicárselo.
'
La pobre sefiora se lev9nt6 y a.bri6 la ventana. ~l alb~ rasgaba los negros nubarrones,
á lo leJos rug1a el trueno y comenzaba á llover.
Madame de Lourmt:l no podía divisar desde
la ventana la puerta de salida del hotel, situada en la otra fachada, y tenia que contentarse
con ver la salida de los vapores.
Apareció el primero de ellos con rumbo a
Chatex.
De lejos, ~i pesar de las lágrimas que inundaban sus OJOS, la pobre madre distinguió en
1~ ~opa d~s eleg~ntes siluetas. Su corazón palpito con v10lenc1a, y el barco se alejó rápidamente hasta perderse de vista.
. ,Calad:i,,hasta. los huesos y temblando de emoc10n, deJose caer en una butaca situada ante
un~ mesa y escribió un telegrama1 con contes~c1ón pagada, dirigido al hotel de la Punta
Negra, p~r'.1- que le comunicaran la llegada de
los dos v1aJeros.
. Llam6, di?, el telegrama y, para mat.-ir el
tie~po, ~br~o el periódico de la localidad y
layo los s1g~nente~ ~ítulos: •Ascensiones peligrosas». _«C1~co v1aJeros desaparecidos».
. El_ per1ó_d1co se le cay6 de las manos y la
mfehz muJer se echó á temblar al ver que estallaba furiosa la tempestad.
- ¡Pobres hijos míos!-exclam6 la infortunada madre.-¡Pobres hijos míos!
Y cerr6_ los ojos para no ver nada del terrible ~tachsmo; pero las lágrimas la obligaron
á abrirlos.
A los pocos momentos le entregaron la con-

testa?i6n á su telegrama, concebida en ei;tos
térmmos:
•No ha llegado ning(m viajero procedente
de Chatex. Témense desgracias. -Prepáranse
socorros•.
Madame de Lourmel se levantó como una
loca y se lanzó hacia la puerta, tal vez para
telegrafiar de nuevo, tal vez para buscar un
guía que la acompañara.
Al verse en el corredor, tuvo que apoyarse
en la pared para no desplomarse en el suelo
De prol?t?, vió á ~u bija, que, alegre y sonrien~
te, se dirigía hacia ella.
_-¿T~ aquí? . ¡Conque no habéis partido!exclam? la anc1ana.-¡Dios sea loado!
-¿Como íbamos á salir con un tiempo como
éste? Además, estábamos tan cansados que
nos hemos despertado demaeiado tarde. Pero,
¿qué te pasa mamá? ¿Por qué nos miras de ese
modo?
. lfadame de Lourmel estaba como si se hubiese acab~do de despertar tras de una espantosa pesadilla.
-¡Lo que pasl,\! ¡Ah! ¡No podéis comprenderlo!
Y. col!lo la infeliz seguía llorando sin dar
exphcac1on~s y la gente pasaba por el corredor y la~ m1raba con curiosidad, Elisa y Pablo cogieron á madame de Lourmel y la llevaron á su cuarto, medio desmayada.
· -Eso no está bien, mamá-dijo la hija -y
n~ sabe uno cómo darte gusto. Te hemo; sacnficado nu~stra excursión y nos recompensas con lágrimas y sollozos. ¿No te alegras de
vernos?
-Sí-contestó macla.me de Lourmel, deján~ose caer ~n una butaca,-pero no me volváis
a proporcionar otra alegría como ésta.
-¿Por qué?
-~orque me costaría la vida.
Ehsa Y. ~ablo se miraron como sorprendid?s y repitieron uno después del otro encogiéndose de hombros:
'
-¡Qué cosae tan raras tiene usted, i:eñora!

Amor de Madre

La3 reformas al teatro Arbeu.-Aspecto del salón.

Domingo 11 de Octubre de 1903.

-Sí, mamá, ¡qué rarezas tan grandes tienes!
CA RLos FoLEY.

BBil!l'DIS
En el vivac br!ndahan. Con voz fuerte
exclamó un adalid de audaz mirada:
-¡ De cara al sol, anhelo que la muerte
me sorprenda en los brazos de mi amada!
. Y al acercar el vaso hasta su boca
risueña, ! como el vino, purpurina.;
8~ le cayo.•• Y al dar sobre una roe,'\
\'lbró una carcajada cristalina!
'
?tr,&gt;, a~ oírlo, soll~zó de hinojos:
-:-1~h, brindo J&gt;º~ m1 madrel .... -Y al acaso
"erheron_ una lagrima sus ojos
que á umrse fué con el licor del vaso.
Al leva~ta~lo, i_mprovisó unas preces,
de su patna mfehz por el destino ......
Y no pudo beber cual otras·veces·
· · · · · .á un camarada le ofreció aq~el vino.
Este, al tomarlo, le mostr6 sombrío
el vaso con su mano vacilant~·
'
Y "él».····· vió en el fondo del ~ristal vado
algo que fulguraba ...... ¡era un diamante!'. ...
JcAx DuzAx.
Nunca nos falta dinero para nuestros caprichos; lo que P&lt;;&gt;nemoi; á discusi6n es f:l precio
de las cosas útiles y necesarias.

*

Los vicios de nuestros vecinos, así como sus
males, nos vuelven más ligeros los nuestros.

*

,·ale más leerá un hombre que diez libio,.

�EIL :MUNDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Octubre de 1903.

mL MUNDO ILUS'l'RADO

Domingo 11 de Octubre de 1903.

poesía, el señor Luis G. Urbina. El poeta
fué aplaudido por la concurrencia.
La fiesta, que ha dejado muy buenos recuerdos en el público, terminó poco antes de la
una de la tarde.

***
Ofrecemos á nuestros lectores, entre oíras
fotografías, una que representa el escenario en
l?s momentos en que se efectuaba el acto ofiCial, y otra en que puede verse el aspecto que
d~spués de las importantes reformas que se l~
h1c1eron, presenta el salón del Teatro Arbeu.

PENSAMIENTOS
Se sirve á lo ideal
haciendo el bien descubriendo la v~rdad
realizando lo bello.~
RENÁN.

*

Carece de sentido la
palabra «utopia": el
mundo se compone de
utopías realizadas· la
utopia de hoy e~ la
realidad de mañana.
-PASSY.

SIN NOMBRE
(VERSOS SENCILLOS)
Yo sé de una estrella pura
que surgió en la noche negra ..... .
y sé que al rayar el día,
ou lumbre perdió la estrella.
Yo sé de un coraz6n libre
nacido en esclavo pecho .. . .. .
y de una cárcel abit,rta
para que saliera un p reso .. . .. .

1903.
EL

*

En poesía, el número de los hábiles supera en m ucho al de los
inspirados. -PRUDHOMME.

*

La investigación de
la verdad es como una
caza en que la pieza que
Llegada de la concurrencia al Arbeu.
se persigue vale menos
que el placer de perseguirla. -VALTOUR.
TROVA

*

La noche acrecienta el dolor: envuelve en
negro lo negro. -FEUILLET.

¿Xiña, esa sombra que cual leve gasa
Fluctúa en ese abismo d~ tristeza
'
D!me: ¿es la noche que se extingue y pasa?
Dime: ¿es la noche que á reinar empieza?

Es la convalecencia *
c_omo una segunda ju-

Sé que una paloma blanca
para morir hizo el nido .. .. . .
y que hay una sepultura
donde yace un h ombre vivo.

ventu~, pues qu~ constituye una progresiva y
paulatina conqmsta de la vi&lt;la.-RADOT.

Yo sé de un n uevo Jesús
despertando á un nuevo Lázaro ..... .
y sé de una injuria, y sé
de una cruz y de un CalvaTio ... .. .

, Nu~stras 703tumbres imponen el disimulo
a,Ias Jovenc1t~s y la coquetería á las jóvenes;
s?lo á las ancianas les está permitido ser sencillas y naturales. -KARR.

Y sé que al bafiar el mundo
la 1,angre de un hombre bueno
el Od_io ~e volvió lágrima,
'
la lnJuna se volvió beso!
DULCE MARIA BORRERO.

Es 1~ vida un viaje cuyo itinerario no conoce nadie antes de haber recorrido las etapas.
-VALTOUR.

*

Y ese fulgor que, en armonioso enlace
C?n esa sombra, me fascina y hiere,
D~me: ¿es la aurora que se eleva y nace?
Dime: ¿es la tarde que se apaga y muere?

*

~ii~ntras esto á mi amada repetía,
-:¿Donde ves eso?- ella me decía
V1éndom~ inm6vil á sus pies, de hinojos;
M~s yo, sm ~esponderla, proseguía
l\fuando al Cielo de sus tristes ojos!

*

Si rindiesen menos culto á la exterioridad
! u n poco más á la ilustración, serían las muJeres mucho más respetables. - ArvEn.

JULIO FL6REZ.

FESTIVAL EN ARBEU.-Llegada del señor Presidente de la República

Soltmnt Jtsti~al tn Jlrbtu
Distribución dt Rtcomptnsas
ba en todas las clases -sociales, altamente simpática y muy lucida, pues aparte de que los
números del programa, tanto musicales como
literarios, estuvieron encomendados á personalidades ventajosamente conocidas en los círculos artísticos, la concurrencia fué numerosísima y la animación que reinaba en el teatro
no decayó un solo momento.
A las diez de la mafiana, hora en que las
distintas localidades se encontraban ya ocupadas por distinguidas familias de nuestra sociedad, se presentó en
el pórtico el sefior Presidente de la República. Uba guardia de
cincuenta hombrescon
bandera y música, hizo al Primer Magistrado los honores co-·
rrespondientes á su alta investidura, y una
comisión formada por
el Subsecretario de Fomento, Ingeniero Don
Andrés Aldasoro, y por
cuatro jefes de sección
de la Secretaría, lo recibió para conducirlo
hasta el sitio que en el
escenario le estaba reservado. En el lugar
de honor tomaron asiento, además del sefior Presiden te, los
miembros de su Gabinete, y á uno y otro
lado del foro, las diversas personas nomLlegade. de la concurrencia al teatro.

Como lo anunciamos en nuestro número anterior, el domingo último, por la mafiana, se
efectu6 en el Teatro Arbeu la solemne distribución de recompensas á los expositores mexicanos que concurrieron, en 1900, al Gran
Certamen Internacional de l'arfo.
La fiesta, que vino á patentizar una vez
más los adelantos que al amparo de una Administración honrada y progresista ha realizado el país, resultó, como era de esperarse
del entusiasmo que por asistirá ella domi na-

bradas por los Gobiernos de los Estados
para recibir los premios correspondientes _á
sus respectivas comprensiones; el señor Prest·
dente del Senado y el de la Cámara de Dipu•
tados, la Comisión Mexicana en el Certamen
de San Luis Missouri y algunos otros fund~
narios y empleados públicos. Los SPfiores Mt·
nistros extranjeros y sus familias ocu,aron las
plateas principales.
La ceremonia dió principio con la obertura
«Patrie», de Bizet, magistralmente ejecutada
por la orquest!\ del Conservatorio, y tras un
discurso primorosamente escrito que pronun•
ció el poeta Amado Nervo, conquistándose
muchos aplausos, se procedió por el señor General Díaz á la distribución de recoropens8! á
los expositores. Entre la lista de los pre?J1a•
dos figuraba el sefior Presidente, que enVI6 ~
Certamen un proyecto de cuarteles con COCl·
nas especiales que permiten hacer más económicamente y en mejores condicion es la pre·
paración de los alimentos que se distribuyen
á la tropa. El Primer Magistrado, al oír 811
nombre, se puso en pie, y al recibir del seftor
Ministro de Fomento el premio que le corres·
pon día, hizo llamará los señores Capitnn San·
ta Cruz á Ingeniero Olivier, para cederles, ce;¡
mo á sus colaboradores que habían sido en
proyecto, la recompensa que acababa de obtelner.
Este hermoso rasgo del sefior General Díal
impresionó profundamente al público. La corr
rrencia, puesta en pie, aclamó al SupreDl
Mandatario.
La sefiora Amalia de Roma cantó en 8
da «Il Baccio» de Arditi; y hecho el reparto
medallas y diplomas entre los exposi~ores
los Estados, ocupó la tribuna, para recitar

Aspecto del escenario del Arbeu durante 1a ceremcma.-El
.
,
_
seuor
Presidente

Y

sus secretarlos de Estado

�Domingo 11 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUST.L.ADO

j

nutvo Substcrttario dt 6utrra
En substitución del señor General Luis C. Curiel, ha sido nombrado por el Ejecutivo Subsecretario de Guerra y Marina el señor General José :M. Mier.
El nuevo Subsecretario, que cuenta en su abono con una meritori_a
hoja de servicios, tuvo á sus órdenes, por más de diez ª~?s, el 2~ Regimiento de Caballería; fué después Jefe de la Zona Mihtar que comprendía los Estados de Oaxaca y Chiapas, y removido de este cargo,

•I

Domingo 11 de Octubre de 1903.

consultar acad~micos. en la lengua inglesa,
para que resolvieran Ciertos puntos relacionad~s con el habla especial que en tiempos de
Ricardo II se estilaba. Así es que, si bien es
cierto que se ha corregido en algo la versión
original, en cambio se ha llegado á un extremo nunca visto anteriormente en el sentido
de la corrección y pulcritud de la obra.
El éxito ha sido de los más ruidosos en
parte debido al inmortal talento de Shákespeare, que se impondrá siempre, y en parte á los
cuidados nimios de la empresa.

***

Una escena de "Richall'd II".

Sr.

General J osé MaTfa Mier.

se le confió más tarde el de Magistrado del Tribun1&gt;.l Superior de Justicia Militar.
Por último, el señor General Mier desempeñó durante algún tiempo,
con notable eficacia, la Jefatura del Departamento de Caballería del
Ministerio de Guerra, que dejó para hacerse cargo de la Oficialía Mayor del mismo Ministerio.
El nombramiento hecho últimamente á favor del distinguido militar, ha sido muy bien
recibido.

ella, y que, fuera de los elementos artísticos, ha procurado que decoraciones, trajes y demás detalles, sean de una corrección tal, que no
puede menos que ser apreciada por el público.
La famosa obra de Shákespeare tiene por protagonista un perso•
naje de muy complicada psicología. El actor que interprete esta ~role•,
debe ser un hombre de talento; pero seguramente que el éxito solo sería mediano y di,bido sólo al talento enorme de Shákespeare, si no se
cuidara de los dftalles de la «mise en sc~ne».
«Rícbard II» ha sido una obra de trabajo y de aliento. Ha habido
precisión de consultar personalidades de las más conspicuas en el !r•
te, á fin de conseguir la unidad completa y harmónica en decoraciones, trajes de los personajes etc., etc. Se ha ido basta el extremo de

Renán, el célebre, universalmente célebre
autor de la «Vida de Jesúsi,, tiene ya su estatua. Las fiestas de la inauguración del monumento han sido muy sonadas. La cuestión
política, que en estos momentos conmueve á
Francia hasta la médula, ha sido causa de que
se manche la tranquilidad ele la ceremonia
conmemorativa con ciertos incidentes de mal
género, que en nada tenían que ver ni con
Renán, ni con la obra de tan potente pensador francés.
La estatua se encuentra en el mejor sitio de
Treguiers, pequeña aldea en la que vivió el
célebre escritor y filósofo, y en la cual aún se
encuentra el viajero la casa que habitó por
muchos años. Es esta casa una de hs grandes
curiosidades, y año por año, una reverente procesión de personas que aman al maestro se
'
presentan a, sus puertas para ver el pequeño
jardín, la estancia misma en que Renán escribía tan admirablemente, y desde cuya ventana se descubre un panorama admirable, que
muchas veces ha de haber sido el punto de
contemplación del escritor, en sus largas veladas de estudio.
Por desgracia, llovió bastante y la persistente llovizna fué causa de que en algo desluciera la ceremonia.
Además de la lluvia, que siempre molestó
impidiendo que se reunieran en Treguiers to~
dos los que, de no haber sido tan malo el tiempo, hubi~ran hecho la pertlgrinación, un grupo de furiosos se propuso desahogar sus iras en
contra del Ministro Combes. Quizá baya sido
una insinuación de algún descarriado· pe10 el
efecto que causó la actitud de alguno~ de los
campesinos, fué muy desagradable, pues en
lugar de observar la debida compostura mientras los oradores ocupaban la tribuna, vociferaron en contra de Combes y de su política.
El momento era de lo más inoportuno por
cierto. Se escuchll.ron algunos siseos, y la fuerza armada tuvo la necesidad de armar las bayonetas y de impedir que un grupo de energúmenos asaltaran la tribuna oficial en los
momentos en que los oradores la ocupaban.
Salvo estos desagradables incidentes, la celebración resultó digna de Re11án. Ya los que
vayan en piadosa peregrinación á. la casa del
maestro, no preguntarán, si son extranjeros
con cierto asombro: ¿dónde está la estatuad~
Renán?

La manifestación contra Combes en Treguiers.-La fuerza armada rechaza

iOH SANCHO!
&lt;No ha muerto Don Quijote... &gt;
Tú no ha" muerto tampoco! Entre la inquieta
Y abigarrada multitud del día
Vi, Sancho, destacarse tu silu~ta
En medio de estruendosa algarabía;
Mas_¡cuán cambiado estás! ¡cuán elegante!
¿Qmén será el que al mirarte te reproche?
Has trocado la albarda por el guante
Y olvidando el rocín, andas en coch~.
Dejando á un lado el exterior ropaje
Arreo vistes hoy de caballero...... '
¿Quién pudiera, ¡oh buen Sancho! en ere traje
Descubrir al enantes escudero? '
Sólo tu ruin espíritu no muda;
Hoy como ayer, encarnas la materia.
¿Qué es á tus ojos esta amarga y ruda
Batalla del dolor?...... Sólo una feria.
Eres el mismo! ...... Aún brota de tus labios
Tu bonachona y fuerte carcajada.
¡Con qué orgullo paseas entre sabios
Tu figura burguesa y desgarbada!

á

los manifestantes.

¡Con qué donaire vas por los salones
Cuyas alfombras con soberbia pisas
Conmoviendo, al pasar los corazon~s
Y conquistando por do'quier sonrisas!
Y en tanto que Quijote en la pelea
Rueda entre el polvo con la albarda rota
Invocando á la hermosa Dulcinea
'
Y soñando con la ínsula remota,
Pasas tú por el mundo, que se inclina
Al mirarte surgir en el proscenio·
Que en esta edad bizarra y pereg~ina
Sólo alumbra uua luz: la de tu genio!
¡Oh manchegos! ¡Oh bravos paladines
Que marcháis por el áspero camino
Al compás de los bélicos clarines
Desafiando las iras del destino! '
Cesó vuestra misión ...... Os maravilla?
Colgad la espada del ruinoso muro
Y en Sancho, el escudero sin mancilla
Saludad á los héroes del futuro!
'
¿Qué importa el Ideal? ...... l\Iustio y herido
Como vosotros-al tremenrlo embate
'
De la lucha tenaz-quedó tendido
Sobre el polvo revuelto del combate ......
RICARDO NIETO.

***

Se preparan actualmente en París fiestas
reales, fiestas de las que dejan hondos recuerdos en la ciudad y en el país entero en celebración de la visita del Rey de Italia, S. 1\1.
Víctor Manuel, á la capital gala.
Es este año uno de los que mayor número
de visitas de este género se han efectuado.
Sopla por Europa cierto vientecillo de confraternidad internacional.
La cuestión de Oriente, la cuestión de Mandc~uria y las demás «cuestionesii de esta especie, pasan por cierta crisis que ha siclo, según
l~s sig~os palpables, muy favorable á la aproximac~on amistosa de las grandes potencias
entre sí. El Rey Eduardo, á quien ya dan sus
conterráneos el título de «El Pacificadorii fué
el que primero pensó en aprovechar la ¡'nnegable influencia de las visitas internacionales
y visitó, sucesivamente, las cortes de Lisbo~
y de Roma, y la capital de la República de
Francia. Después, el Presidente Loubet lepagó la visita en Londres. Anteriormente el Rey
Carlos de Portugal había estado en Londres
donde fué bien recibido.
'
Las fiestas en honor de Víctor Manuel II
prometen ser muy suntuosas

Crónica extranjera
LA &lt;REPRISE&gt; DEL &lt;REY RICARDO Il&gt;. -LA ESTATUA DE RENÁN.-VISITAS DE REYES.

Parece que sopla buen viento, especialmehte en Londres, á las «reprises» de obras célebres, y muy especialmente á las del inmortal
Shákespeare; pues, hasta la fecha, van ya cuatro obras de las del ilustre autor que se han
puesto en escena, cvn aplauso de los londinenf'es.
Hace ya un año que comenzaron en los teatros más correctos de Londres las «reprises»
de obras que anteriormente habían sido de
gran efecto, y entre ellas recordamos que una
de las que mejor resultado financiero dieron á
la empresa, lo mismo que hoy ha sucedido
con «Richard lb, fué la conocida «Batalla de
Damas», puesta en escena en Háymarket.
Ahora es «Richard II» el éxito mayor de la
temporada, y á fe que lo merece, si hemos de
creer á los cronistas de la prensa metropolitana inglesa. Parece que la empresa que ha presentado la obra ha tenido un gran cuidado coh

La.

plaza &lt;le Treguiers, (Francia), al descubrirse e.l mon'Umento de Ren!ín.

Nuestro pafs.-Puen.te Zaragoza sobre el

rfo

Maot!latl!ín (Puebla).

�Domingo 11 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
filL MUNDO ILUSTRADO

J.

algunas estrellas mortecinas. Un raposo que
viene huido de la aldea, atraviesa corriendo el
sendero. Oyese lejano el ladrido de los perros
y el canto de los gallos... Lentamente el sol
comienza á dorar la cumbre de los montes·
brilla el rocío sobre la hierba; revolotean e~
torno de los árboles, con tímido aleteo los
pájaros nuevos que abandonan el nido po~ vez
primera; ríen los arroyos, murmuran las arboledas, y aquel camino de verdes orillas triste y desierto, despiértase como viejo c¡mino
de ge6rgicas. Rebaños de ovejas suben por la
falda del monte; mujeres cantando vuelven de
la fuente; un aldeano de blancas guedejas pica la yunta de sus bueyes, que se detienen
mordisqueando en los vallados: es un viejo
patriarcal; desde larga distax.cia deja oír su
voz:
-¿Vais para la feria de Barbanz6n?
•-Vamos para San Amedio buscando amo
para el rapaz.
-¿Qué tiempo tiene?
-El tiempo de ganarlo. NueYe años hizo
por el mes de Santiago.
Y la abuela y el nieto van anda, anda, anda .....
Bajo aquel sol amable que Iuce sobre los
montes, cruza por los caminos la gente de las
aldeas: Un chalán asoleado y hrioso trota con
alegre fanfarria de espuelas y de herraduras;
viejas labradoras de Cela y de Lestrove vau
para la feria con gallinas, con lino, c011 centeno. Allá, en la hondqm.da, un za~al alza los
brazos y vocea para asustar á las cabras, que
Ae gallardean encaramadas en los peñascales.
La abuela y el nieto se apartan para dejar paso al señor arcipreste de Lestrove, que se dirige á predicar en una fiesta de aldea:
-¡Santos y buenos días nos dé Dios!
El señor arcipreste refrena su yegua, de an•
dadura mansa y doctoral.
-¿Vais de feria?
-¡ Los pobres no tenemos qué hacer en la
ferial Vamos á San Amedio buscando amo
para el rapaz.
-¿Ya sabe la doctrina?
-Sabe, AÍ, señor. La pobreza no quita el
ser cristiano.
Y la abuela y el nieto "3.n anda, anda, anda ..... .
En una lejanía de niebla azul divisan los
cipreses de San Amedio, que se alzan en torno del santuario. obscuros y pensativos, con
las cimas mustias, ungidas por un reflejo do-

rado y matinal. En la aldea ya están abiertas
todas las puertas, y el humo indeciso y blanco que sube de los hogares, se disipa en la luz
como salutaci6n de paz. La abuela y el nieto
llegan al atrio. Sentado en la puerta, un ciego p ide limosna y levanta al cielo los ojos
que parecen dos ágatas blanquecinas.
'
-¡Santa Lucía bendita vos conserve la
amable vista y salud en el mundo para ganarlo!. .. ¡Dios vos otorgue que dar y que tener!. ..
¡Salud y suerte en el mundo para ganarlo!. ..
¡Tantas buenas almas del Señor como pasan
no dejarán al pobre un bien de caridad!... '
Y el ciego tiende hacia el camino la palma
seca y amarillenta. La vieja se acerca con su
nieto de la mano y murmura tristemente:
-¡Somos otros pobres, hermano! ..... Dijéronme que buscabas un criado.
- Dijéronte verdad. Al que tenía enantes
abriéronle la cabeza en la romería de Santa
Baya de Cela. E~tá que loquea ...
-Yo vengo con mi nietú.
-Vienes bien.
. E l ciego extiende los brazos palpando en e!...

a1n,.

-Llégate, rapaz.
La abuela empuja al niño, que tiembla co~º. una oveja acobardada y mansa, ante aquel
VIeJ0 hosco, envuelto en un roto capote de sold:1-do. La mano amarillenta y pedigüeña del
ciego se pofla sobre los hombro3 del niño anda á tientas por la espalda, corre á lo largo de
las piernas.
-¿Te cansarías de andar con las alforjas á
cuestas?
-No, señor; estoy hecho á eso.
-Para llenarlas hay que correr muchas
puertas. ¿Tú conoces bien los caminos de las
aldeas?
-Donde no conozca, pregunto.
-En las romerías, cuando yo eche una copla, tú tienes de rei,ponderme con otra. ¿Sabrás?
-En aprendiendo, sí, señor.
-Ser criado de ciego, es acomodo que muchos quisieran.
-Sí, señor, sí.
- Puesto que has venido, vamos hasta el
P~zo de Cela. Allí hay caridad. En este paraJe no se recoge una triste limosna.
El ciego se incorpora entumecido, y apoya
la ma?o en el hombro del niño, que contempla tristemen te el largo camino y la campiña
verde y ~úmeda, que sonríe e~ la paz de la

Un Cadete de Cazcuña.-(Fot. Va11eto)

c.umz.\.

¡DIA.LPOC.&amp;DO!
La vieja más vieja de la aldea, camina con
su nieto de la mano por un sendero de verdes
orillas, triste y desierto, que parece aterido
bajo la luz Jel alba. Camina encorvada y suspirante, dando consejos al niño, que llora en
sileacio.
-Ahora que comienzas á ganarlo, has de
ser humildoso, que es ley de Dios.
-Sí, señora, sí...
-Has de rezar por quien te hiciere bien y
por el alma de sus difuntos.
-Sí, señora, sí. ..
-En la feria de San Gundián, si logras reunir para ello, has de comprarte una capa de
juncos, que las lluvias son muchas.
-Sí, señora, sí...
-Para caminar por las veredas, has de descalzarte los zuecos.
-Sí, señora, sí...
Y la abuela y el nieto van anda, anda, anda ..... .
La soledad del camino hace más tristt aquella salmodia infantil, que parece un voto de
humildad, de resignaci6n y de pobreza hecho
al comenzar la vida. La vieja arrastra peno•
samente las madreñas, que choclean en las piedras del camino, y suspira bajo el manteo que
lleva echado por la cabeza. El nieto llora y
tiembla de frío: va vestido de harapos; es un
zagal albino, con las mejillas asoleadas y pecosas; Ueva trasquilada sobre la frente, como
un siervo de otra edad, la guedeja lacia y pálida, que recuerda las barbas del maíz.
En el cielo lívido del amanecer, aún brillan

Domingo 11 de Octubre de 1903.

DE ESTUDIO.-J. M. Pacheco¡.

mañana, con el caserío de las aldeas disperso
y los molinos lejanos, desapareciendo bajo el
emparrado de las puertas, y las montañas azules y la nieve en las cumbres. A lo largo del
camino, un zagal anda encorvado segando
hierba, y la vaca de trémulas y rosadas ubres,
pace mansamente arrastrando el ronzal. E l
ciego y el nifio se alejan lentamente, y la abuela murmura enjugándose los ojos:
-¡Malpocado, nueve años y gana el pan
qu€ come!... ¡Alabado sea Dios!. .....

R.

DEL VALLE INCLÁN.

POE SÍA PURA
Un lago en que remar por la mañana
un bosque en que dormir durante el dí;
y á la noche la hermosa castellana
'
que abre á su trovador la celosía.
RumoreA apagados en alfombras
la luna reflejada en nuestros ojos '
peligros en la luz, miedo en las s~mbras
dicha en el alma, y en la faz sonrojos. '
Luego la envidia, cuyo agudo diente
clava en los corazones el deseo
y al despuntar la aurora transparente
el beso de Julieta y de Romeo.
'

sde la falda del Ajusco.
El Valle de

Y después, otra noche, un grito vago,
un espectro que avanza mudo y frío
y un cadáver flotante sobre el lago .. '. ...
¡ay! ¿por qué ese cadáver no es el mío?
MANUEL DEL PALACIO.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Octubre ,de 1903.

ESCRÚPULOS
se ~treviera á ir por la calle en tal guisa? Misteno.
Por algunos meses la historia corrió de boca en boca. Apenas el infeliz llegaba á la Universidad, comenzaban las voces: ¿qué has hecho de los pantalones? ¿Quién da raz6n de los
pantalones de Scbmidt? El desgraciado sufría
horriblemente; pero jamás una sola palabra
nos di6 la clave de tan misterioso asunto.

***

Jlmglo dtl 1'r111&lt;k """ "€1 m••do TIHtl'ado."

La cosa pasaba en Copenhague, en la época
en que bacía yo mis estudios en la Universidad. Habitaba entonces una gran recámara,
única pieza. de :ni domicilio, en el séptimo piso de una casa de vecindad. Como solamente
el tejado quedaba por encima de mi cuarto, el
calor en los meses de verano era insoportable,
y en el invierno mi babitaci6n era una nevera; la8 ratas, que en gran número habitaban
el edificio, tenían un consejo nocturno, generalmente en mi ropero; había, como en el Arca. de Noé, un par de animales y de aves de
cada especie; pero fuera de estos ligerísimos
inconvenientes, mi habitaci6n era de lo mejor
que un estudiante ha tenido nunca. Mis vecinos me tenían envidia.
La casa alojaba á muchos de mis compañeros de escuela v á otros estudiantes de distinta. facultad. Precisamente enfrente de mi puerta. estaba la de un vecino, muchacho aún, lo
más extrafio que pueda darse. Era un hombrecillo de escasa estatura; de largos, muy
largos cabellos, que cuidaba, y peinaba y relujaba constantemente; de ojillos grises insignificantes; siempre metido en un pantal6n de
color de pasa, y cubierta. la cabeza con un sombrero tirolés bastante grande para el cráneo
que tenía que proteger. Este personaje era
muy tímido, exageradamente tímido. Creo
que hacía más de un año que vivía en la misma casa y nunca había yo logrado que me dirigiera la palabra.
Apena¡.¡ si cuando nos encontrábamos en la
escalera cambiábamos un saludo, tocándonos
el sombrero. Cierto día, por mi desgracia,
quise ver de interesar al extraño personaje, y fui
á hacerle una visita. Un rayo que hubiera caído en su cuarto. seguramente que no le causa
tan desastroso efecto.
Se puso pálido; entre dientes tartamude6
alguna excusa imposible. Se alis6 con los dedos la gran melena. Y d..spués, dirigiéndome
miradas recelosas, trat6 de enderezar una silla
de tres pies; quiso hacer desaparecer los restos
de un almuerzo, que estaban sobre el humilde
lecho, y poco falt6 para (lUe se cayera. Hube

Llegaroh las vacaciones de Pascua y me retiré de la poblaci6n á pasar algunos días en el
cam_P?, ei: la casa de una señora amiga de mi
famiha, vmda de un coronel, anciana de buen
humor, algo cáustica, pero muy divertida.
Cierto día, después de almorzar, estando en
la «veranda» de la casa, la sefiora me dijo:
- - Si me prometes que serás discreto te puedo referir una. gran historia.
'
Mis promesas la tranquilizaron. Ademú,
tenía grandes gana.e, que á primera vista se le
conocían, de contar su divertida historia.
Y me dijo:
«-En eroa casita de enfrente, la que tiene el
tejado rojo, vive una honrada familia, de la
que es jefe el Profesor Müller, catedrático de
matemáticas en la Cniversidad. La señora
Müller y cinco señoritas forman la familia
completa.
«La casa está siempre imla. Pocas relaciones
deben tener los Müller. Y de las señoritas, todas necesitan ya un marido. Las cinco son j6venes, es cierto; pero nada honitas. Además,

de asistirle, y nuestras relaciones, como se
comprende, quedaron ahí. Jamás volví á su
cuarto.
Lo cierto es que nadie podía decir algo malo de nuestro original vecino, ni sospecharlo
siquiera. En la mañana salía á sus clases, comía en una silla que Je servía de mesa, lo que
compraba en la casa del carnicero más cercana. Siempre almorzaba cosas frías, que traía
él mismo en un papel. A las diez de la noche,
su puerta. estaba cerrada á «piedra y lodo•, su
lámpara apagada, y se podían escuchar los sonoros ronquidos del estudiante dormido.
La originalidad de su conducta di6 el resultado preciso que dan siempre casos como
éste: los vecinos nos preocupamos, hicimos
investigaciones minuciosas acerca de su vida,
sus antecedentes y sus costumbres actuales.
El resultado fué también el que siempre dan
estos procesos de casa de vecindad. Nuestro
hombre se llamaba Schmidt, era muy honorable, había conquistado el primer grado en
su carrera y tenía 29 afio11 de edad. Pero era
un tímido, uno de esos tímidos que jamás logran tener una. sola idea recta. que dudan de
todo, que constantemente se encuentran titubeando basta en los más sencillos asuntos de
la existencia. Por lo demás, nadie, absolutamente nadie, ni la portera de la casa, ni las
sefioritas costureras que habitaban una vi vienda del cuarto piso, tenían nada que decir de
Schmidt. No tenía historia, no tenía aventuras, casi no tenía nombre.
Físicamente, era Schmidt un muchacho
igual á cualquiera. Cara vulgar, ojos grises
incoloros, imberbe, limpio, aunque desdeñoso de los mandatos de la moda. Por lo expuesto, fácil es comprender que nunca había de
llegar Scbmidt á ser héroe de una aventura.
¿Nunca? No; el pobre hombre debería, en
pocos meses más, ser la vfotim a de una serie
no cuentan con dote, porque el sefior Müller
de epigramas, de sátiras en prosa y en verso,
es pobre y no las puede dar nada para que se
de hablillas de todos géneros, de cuchufletas
casen.
y de bromas.
«La soledad en que tan digna familia vive,
Su aventura, la gran aventura, fué suficienes
el tema de las conversaciones del vecindatemente grave para que todo el barrio, no ya
rio;
¿qué esperan para trabar rel.aci?nes con
la casa, hablaran de ella durante algunos melos demás y para ver de colocar s1qu!era á ~'!'
ses. Nada hubo ni m~s risible, ni más extrade las sefioritas Müller? Nunca reciben V181·
ño ni más incomprimsible que la aventura
tas.
las
del infeliz Schmidt.
«Considera nuestro asombro cuando en
Al fin de las vacaciones, cuando los cursos
vacaciones precisamente de~ ~ño P.asado, en la
del afio escolar nuevo iban ya á comenzar el
casa de los Müller aparec10 u~ J?Ve~. P~
sefior Schmidt, el respetable, tímido inm;cucosa es cierto un hombrecillo ms1gnificante,
lado sefior Scbmidt, había sido pesc'ado en la
pero' que pare~ía buen amigo de los Müller, '1
madrugada de una noche muy fría, en la casobre
todo ... que podría ser el marido fu~oro
lle, tratando de llegar á su domicilio sin ser
de
alguna
de las cinco atribuladas ~en.ont¡:.
visto. Yo menos que nadie podría dudar del
«Era
el
huésped
un tímido, un tímido de
caso, porque precisamente esa noche no había
de
peor
especie;
pero
la bondadosa interv~dormido en mi cuarto, y cuando en las primeci6n
de
mamá
Müller
sabía arreglar muy::
ras horas de la madrugada llegaba á la casa
todo. Se llamaba nuestro hombre.. • ponga
pude verá Scbmidt... sin pantalones.
'
Cristián.
.
alablll
El infeliz iba descalzo, sin pantalones con
No hice más que oír las anteriores J,
el calzado en la mano, cubierto por un~ coly mi asombro debe de haberme d,elatado, Porcha de género amarillo, rameada; sin sombreq ue mi digna amiga me pregunto:
ro, con la hermosa melena descuidada los
. 1·, ?
-¿Conoces acaso á.. . Cris mn. , boDl·
ojos dilatados por el espanto: ¿de d6nde ;enía
- ¿Cómo queréis que conozca yo ª
caen tales fachas?
bre que se llama como todo el mun Z~era
Sin pantalones ... Los hermosos pahtalones
yas señas particulares son las de cf d~ hode color de pasa, «pantalones de Schmidt», coque pasa? No·1 no conozco al hnéspe
mo les llamábamos en nuestros conciliábulos
nora.ble señor Profesor Müller. . . .
los estudiantes, los pantalones honestos del
Tranquilizada, continu6 su histo~ia. 'bi•
licenciado, ¿en qué naufragio espantoso ha«-Nuestro licen · do era muy bien rect
bían desaparecido, para que su tímido duefio

~i°

amiga-no estaba, sin embargo, muy tranquila. Su coraz6n de madr~ algo recelaba. Así es
que no podía dormir bien. Buscando el fresco,
sali6 de su recámara y en la mesa de sala encontr6 una carta que á la letra decía: «Mis caros amigos: Mi bien amada Mariana: He me·
ditado muy largamente. No puedo vencer mis
escrúpulos. Vos, Mariana, sois muy superior
á mí. Valgo muy poco, lo comprendo, y no
quiero hacer la d&amp;igracia etPrna de una mujer
de tan altos sentimientos. Mi espíritu es limitado; pero es incapaz de cometer un acto incorrecto. Mis escrúpulos valen más y me dominan. Mafia.na, antes de que amanezca, saldré
J
de esta hospitalaria casa, y trataré de olvida/
ros. Olvidadme todos. oh mis amigos. -Cristián."
do, como se comprende. Escuchaba respetuo«La digna sefiora Müller. olvidando que essamente las sabias disertaciones del catedrátitaba en camisa, di6 voces: ,c"Mariana... Julia ...
co. La sefiora Müller decía «que era un sujeto
Rosa ... Isabel... Amelia... Mariana ... ana•. Las
de· muy bonita instrucci6n y de sentimientos
cinco doncellas en pocos momentos estuvieron
nobles.» Las sefioritas, en coro, le agasajaban,
reunidas. «¿Qué pasa?» interrogaban ansiosas.
eocontrát'.ldole «muy distinguido y modesto•.
,Que se va, decía mamá Müller i;ofocándoYa la. señora Müller consideraba establecida á
se, que no se quiere casar, que es de'llasiado
la:mayor de las sefioritas, Mariana.
tímido y te encuentra superior á él, Mariana...•
•~- «El privilegio de Mariana no fué discutido
«Súbitamente, una res&lt;'luci6n heroica hizo
siquiera por las demás. Era la mayor, fric,aba
que saliera corriendo la gruesa mamá Müller
en los treinta años y debería aprovechar la
en los momentos en que llegaba el digno prooportunidad que se presentaba en la figura tífesor.
mida y desgarbada de ... Cristián. El Profesor
«Cristián, preocupado por los incidente!! del
y su consorte se comunicaban sus confidendía, no estaba dormido, pero apenas se di6
cias. La señora crey6 conveniente dirigir las
cuenta de la entrada de mamá Müller, en camaniobras que habían de llevará. Cristián basmisa, demudada. indignada. La sefiora Müller
ta el altar, en compañía de la soñadora Madirigi6 una. rápida mirada en derredor y salió
riana.
cerrando la puerta con estrépito.
«La!" vacaciones terminaban y nuestro hom«Al levantarse, antes de que saliera el sol,
bre no se dt:cidía. Las oportunidades eran
Cristián vi6, con asombro, que no estaban sus
diarias. Como por casualidad, encontraba
pantalones en el sitio donde los había dejado.
siempre sola á Mariana. En sus paseos al camMal ardid, porque cuando la digna señora
po, era Mariana siempre la que «estaba canMüller fué al cuarto del huésped, éste, sin
sada y se quería quedar en casa», cuando el
pantalones, había desaparecido» ...... ·
estudiante permanecía en ella. Por fin, cierta
tarde, Cristi{m e~taba en el jardín; Mariana
***
Tomé entonces la palabra:
lleg6, por casualidad siempre, y se sent6 á. su
-La historia es buena, pero le falta un filado.
nal que yo puedo referiros. Y conté á mi bue«A pesar de su inquietud, Cristián era homna amiga c6mo Scbmidt había dejado el cambre. Alguna frase dijo, de esas que nada sigpo y corrido, á campo travieso, para llegar á
nifican. Pero, por casualidad siempre, la fa.
su cuarto de eoltero. ¡Había dejado sus panmilia entera apareci6 en esos momehtos. La
talones para salvar su libertad ...... ! ¡Afortuseñora Müller avanz6, digna y sonriente; el
nado Schmidtl-R. RfarusAT.
profesor sonreía también. Las sefioritas hacían
coro.
«En mis brazo!.', yerno mío,• dijo la sefiora
Müller teatralmente, y Cristián se precipit6
confuso sobre el Yoluminoso pecho de mamá.
Müller. En seguida vinieron los abrazos de
toda la familia. Mariana e¡¡taba también ruborizada, es cierto, pero feliz.
«En la noche hubo un platillo extra, en celebración del acontecimiento, y el Profesor
Müller habló acerca de la manera de ganarse
el doctorado que faltaba 6. Cristián. «Ahora.dijo-hay que estudiar, para conseguir el grado; después establecerse buscando un empleo
y ... casarse».

***

«-La sefiora l\Iüller-continu6 mi buena

ta lnmattrtalidad dd 6ran Jlrtt
Nuestro oído, gracias al ejercicio extraordinario del entendimiento por el desarrollo artístico de la música moderna, se ha vuelto cada. vez más intelectual. Lo que hace que soportemos acentos mucho más fuertes, mucho
más ruido, si PS que estamos mucho más ejercitados á cometer «en él el significado,,&gt;que
nuestros padres. En realidad, todos nuestros
sentidos, por lo mismo que indagan primeramente el significado, por consiguiente, «lo que
quiere decir» y no ya «lo que es.", se han embotado algo¡ a~í vemos que dicho embotamiento traici6nase, por ejem,,_.¿,,; j~·-;; . ~ . · t-:-,.plo, en el reino absoluto del
~ .;:: . • . • : ? '½. ~ ~....
temperamento de los sonidos; pu~s ~i ~ay oídos que
' ,.
_ --~ :.JS:- -.t.hacen d1stmciones un poco
--~
finas, por ejemplo, entre el
«do sostenido» y el «re bemol,» pertenecen á las ex-

·)r,.,., . . · ., "-;:/ .,

Domingo 11 de Octubre ,de 1903.

cepciones. Desde tal punto de vist11 1 nuestro oído se ha vuelto grosero. Además,la faz repelente del mundo, originariamente hostil á los sentidos, ha sido conquistada por la música; su
dominio de potencia, principalmente para la
expresión de lo sublime, de lo terrible, de lo
misterioso, se ha ensanchado asombrosamente con ello: nuestra música concede ahora
la palabra í1 cosas que antaño no tenían lenguaje. Del mismo modo, algunos pintores
han vuelto al ojo más intelectual y han avanzado mucho más allá de lo que antes ee llamaba placer de los colores y de las formas.
Aquí también, la faz del mundo que pasaba
en un principio por repelente, ha sido conquistada por la inteligencia artística. ¿Cuál es
la consecuencia de todo ello? Más susceptibles
de pensamiento vuélvenRe el ojo y el oído,
más se aproximan á los límites en que se
vuelven inmateriales; el placer se aloja en el
cerebro, los mismos 6rganos sensitivos vuélvense flojos y débiles; lo simb6lic:o toma de
más en más el sitio del ser, y ai;í llegamos
por esa vía á la barbarie tan seguramente como por cualquiera otra.
Mientras tanto, puede decirse todavía: el
mundo es más feo que antes, pero significa un
mundo más bello de lo que era antes. Pero
más se esparce y volatiliza el perfume de ámbar de ese significado, más escasos t6rnanse
los que aún le comprenden; y los demás se
detienen por fin en la fealdad, y tratan de gozar directamente de ella, en lo que necesariamente fracasarán siempre.
Existe así en Alemania una doble corriente
de desarrollo musical: aquí un grupo de personas de pretensiones cada vez más elevadas,
mús delicadas, que se preguntan siempre de
mes en mes «lo que quiere decir aquello,» y
allí la inmensa mayoría de cada año, más incapaz de comprender el elemento significativo,
aun bajo la forma de la fealdad material, y
que por esa misma razon aprende á percibir
de la música, con placer sin cesar creciente,
lo que tiene en sí de feo y repugnante, es decir, de rastreramente material.

.-.

FEDERICO NIETZSCHE.

Coquetería: manera de decir «sh con los ojos
y «no» con los labios. -CHERBULIEZ.

*
En el peligro, las multitudes no se dan cuenta. de nada y se aturden con todo. -VALTOUR.

TEMPORADA DE OPERA
Grande es el entu~iasmo que reina en el público con motivo de la temporada de 6pera
que se inaugurará el martes en Arbeu y
para la cual han sido contratados por la Empresa Ettore, Drog y Compañía, artistas de
indiscutible mérito y de reputaci6n adquirida
en los principales teatros europeos.
El cuadro, completo como pocas veces se
habrá visto en la capital, cuenta con figuras tan notableR &lt;;º~º la Te~razzini, soprano
cuya carrera artistJca ha sido una s~rie de
triunfos, y como Colli, tenor ventajosamente
conocido en Europa por sus excelentes facultades. Al lado de estos arti¡..tas se encuent~an Carusso.u, barítono que por'primera vez
vie~e .á ~léxico y que goza en el extranjero de
env1d1able iama; la de Roma, tan aplaudida.
de nuestro público, y Bellatti, cantante cuya
delicada labor le ha conquistado aquí muchos
aplausos.
Entre los retratos de los artistas ya citados
damos á conocer en este número los de las se~
ñoras María Grisi y Guillermina l\Iaccari
sopranos; María Pozzi y Amalia Belloni, m'ez~
zo-s~pranos; lo~ de los señores Luis Longobardi, tenor; Luis l\Iazzoleni barítono· Rossi y
Césari, IDajos, y Eduardo Lebegott, m~estro de
coros.
Es indudable que con tan buenos elementos, 11!- pr6xima temporada alcanzará magnífico éxito.

�Domingo 11 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

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Domingo 11 de Octubre -de 1903.

�EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 11 de Octubl.'9 de 1903.

amor c:isi divino; pintando su pasi6n, superior á los accidentes del tiempo.
Sublimábase su cariño, llegan.do á esas alturas en que parece desprenderse de la tierra
para volar á donde no hay materia ruin que
lo esclavice ni lazos terrenos que lo aten y
mantengan.
En aquellos instantes, ni aun en que existiera nada de bajo ni de ruin pensaba. El mundo lo veía hermoso, hermosísimo y puro al
través de la mirada radiante de su Elena.

EN EL MUSEO NACIONAL
En los aparadores del Museo Nacional han
sido colocados algunos trajes de sefiora que
pertenecieron á la familia Mier y Celis, y que,
tanto por su corte como por los bordados que
los adornan, constituyen una verdadera curiosidad.
Los vestidos, que recuerdan la época de
Iturbide por la forma especial del escote, del
talle y de la falda, se conservan en perfecto
estado, distinguiéndose entre todos, por su riqueza, uno que aparece totalmente cubierto
con piedras de distintos colores y lentejuelas.
Juntamente con estos trajes, se exhibe en el
Museo un hermoso tibor de porcelana, que
ostenta multitud de figuras chinas y que perteneció á la misma familia.

Amaba en ella y por ella, la Humanidad, toda, todos los seres, toda la creaci6n y á su
Hacedor excelso, bueno y grande. Nada había en él de material entonces; ni un pensamiento, ni una reminiscencia fugitiva. Amaba: amaba en el sentido más alto del término;
amaba con el amor que hace en el hombre, ese
«compuesto de ángel y de bestia,&gt;, morir la bestia y surgir inmortal y vencedor al ángel.. ....
Lms RonRÍGuEz EMBIL.

FRAGMENTOS
Cuando iba á ver á su novia, aún con el sabor de los besos de Flora en los labios, se avergonzaba y maldecía interiormente, creyéndose
un embaucador miserable, casi un criminal.
Al estar al lado de Elena, al verla sonreírle tan
pura y amorosa, sentía que la amabi;., que la
amaba con toda su alma, como nunca había
amado ni amaría á mujer alguna en él mundo. Entonces la hablaba, la decía mil frases
de infinita ternura, casi llenas de mística unci6n; hubiera querido poder adorarla como á
un serafín, de rodillas; y se enternecía mirando con arrobamiento los negroe ojos inocentes
de la nifia, su boquita juguetona y coqueta
que nunca había mentido, sus cabellos castaños y perfumados, algunas hebras de los cuales, con artístico y encantador descuido, se escapaban sueltos por encima de su hechicera
cabecita ó rozaban piscarescamente la frente
de princesa de su ídolo ..... .

Ddmlngo 11 de Octubre de 1903.

EL MUNlDO ILUSTRADO

Museo Nacional.- TTajes de la

En aquellas horas, Pablo Alfonso se olvidaba del mundo entero, de sus miserias, de sus
bajezas todas. No había nada, nada en la creación, sino Elena sonriéndole, diciéndole que
le amal:&gt;a, y él. De su imaginaci6n se borraba
por completo &lt;Cla otra», y al pensar que era
suyo aquel tesoro que tenía delante, se asustaba de lo inmenso, de lo inefable de su dicha.
¿Quién era él para merecer felicidad tan cumplida? ¿Qué había hecho? Y se prometía, para pagar en Jo posible aque1la deuda incance-

época de Iturbiode.

lable de dicha, dedicar todos los minutos, todos los segundos de su existencia á la dicha
de la que sería su esposa, idolatrarla, mimarla, llevarla apoyada en su brazo por toda la vida, cuidando de que fio la molestara en lo más
mínimo ni aun el aire celoso rozando con demasiada fuerza su rostro angelical, ni los guijarros del camino osando tocar irrespetuosos
sus ideales y sin par piececitos.
Exaltadas todas sus fuerzas sentimentales,
hablaba, hablaba imaginando una vida de

BELLA.S ABTES.-En el Jard1n.
Museo Naic!onal.-U.n &lt;tibor chino.

Museo Na,ciona.1.- Tra.jes de 1a época de Iturbide.

La cuna del talento es el coraz6n. Allí la
pusieron sus padres: la imaginación y el sentimiento. La primera le di6 forma, vivacidad
y luz. El segundo, delicadeza y lágrimas.

*
Ser bello, es tener una soberbia panoplia
colgada efi la pared; ser encantador, es llevar
consigo mismo sus armas y saber servirse de
ellas.

�EL Mu NDO
Jlño X-tomo n-núm. 16

ILUSTRADO

mtxico, Octubre

1s d~ 1903,

Director: LIC. RAr'AU RfYt~ ~PINDOLA.

Subscripcid• musual for,nu Sl.50
ldem,
ldem. ea la cai,ital $1,JJ
Oerente: LUI~ RtTt~ ~PINDOU

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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Domingo 4 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 4 de Octubre de 1903.

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4.- Traje de casa y paseo.

ta Pluma, la mano y la fabtza
No recuerdo en qué lugar,
ni á qué fin ni en qué ocasión
se b ailaron en un rincón,
'
reunidas al azar,
mm pluma muy usada,
pot· el sarro ennegrecida,
una mano desprendida
y una cabeza cortada.
Comprarlas quiso un inglés
y á verlas se aproximó
y pensativo quedó
'
oyendo hablar á las tres.
En su cartera apuntando
fué sus frases una á una;
cartera que, el tiempo andando
á_ mí llegó por fortuna,
'
srn saber cómo ni cuándo.
LA PLUMA

-Olvidada duermo aquí;
pero aunque en el polvo estoy
no me quita lo que soy
'
la gloria de lo que fuí.
Yo la historia enriquecí
los misterios aclaré,
'
las luces multipliqué,
y de la. nada en lo obscuro
brotaron á mi conjuro
amor, entusiasmo y fe.
LA JIIANO

-Mucho te enorgulleciste
y yo tu poder no acato,
que sólo de mi mandato
dócil instrumento fuiste
y de mí marchaste en pos.
¿Quién vale más de las dos?
¿Cuál debe ser más sagrada?

;.La pluma por mi guiada
ó yo movida por Dios. '
LA CABEZA

-Callad, vuestro orgullo vano
yo desharé como espuma:
¿.Qué fuera srn mí la pluma?
;.9né, sin mí, fuera la mauo,
srn el soplo soberano
del genio que alienta en mí?
¿A_qué vinierais aquí?
¿,Oibfmtarais, ni aun delejos
d~ mis glorias los reflejos
'
DI la ventura que os dí"?
EL INGLÉS

-Dice la cabeza bien
Y sus razones son grav~s
que µ.lumas tienen las av~s
Y el cerdo manos también.
pe!'º cabe~a en que ardiente
brille del rngenio el sol
¿qui~n la tiene? ¿Mucb~ gente?
Los rngleses sola.mente
Y acaso algún español'.
Lector, quienquiera. que seas
de cuantas cabezas veas
'
pocas hallarás vacías· '
pero diez tienen ideas '
Y noventa, tonterías. '
EDUARDO DEL PALACIO.

[a Uida dd Ocio
Qué dichoso destino
el del mortal que de seguir no cura.
el mundano camino
Y que labrar procUJ!a
•
un templo solitario á su ventura'.
Que mira indife1·ente
cuant? le cei·ca en el esquivo snelo
que DI honda pena siente
'
por el extraño duelo
ni en el ajeno bien h¡lla consuelo.
_¿(;lué aguardo yo del mundo
v~vien~o loco entre su ruido ~ao-o
st á mt anhelo profundo
"' '
ha d_e ofrecer en pago
glorias fugaces 6 mentido halago?
¡Oh blanda, ociosa vida'
IBh tresagio del goce de ~tra esfe
ama. combatida
ra'
torna por vez postrera
·
á tu lado de calma placentera.
. No vana ciencia quiero,
~i dó se oculta el bien al cabo ianoG9-ué más saber espero
"ro·
si sé que l .. que adoro
'
de amores para- mí guarda un tesoro?
Uno luche y padezca
·
en pes corriendo del laurel ansiado·
ora el otro encanezca
'
c_o n e~ peso abrumado
hsonJero, más grave, del Estado.
Aquel lea y maldiga.
e1 libro que su duda no resuelve
6 el curso al astro siga
'
que al horizonte vuelve
ó quiera el velo alzar que á Dios
envuelve.

Consúmanse estudiando
Y en vigilia. tenaz les baile el día·

Y yo en el sueño blando

'
pase la noche fría
reclinado en tu seno, Laura. mía.
Despiérteme tu beso
cua.nd o ~l cenit el sol haya subido,
Y, de ocio en el exceso
ele tu cintura asido
'
vay ª á sentarme en el cojín mullido .
Allí apure, delante
ªi
l_a. alta estufa, entre abriaad a ro•
e hco1· excitante
"'
pa

que e~ la chinesca copa
'
el Asia ofrece á la gastada Europa.
Y dé al aura liviana
por que á las horas á 'volar coad·
la planta americana
yuvl',
que en amorosa. nub¡,
á figurar las esperanzas sube.
5.- Variada colección de trajes de paseo.

Así trascurra el día
Y otro venga con él sie:npre conteo·

téngase su alegría,
to:
no entera,, el que, sediento,
en el festín se arroja tur bulento.
Yo_ libre de pesa.res,
e~ ocio adoro en plácido retir o
srn .ambición ni azares,
'
Y. aire puro respiro
srn exhalar ponzoña en mi suspiro.
Y cuando el mundo rueda
e°: n~gro torbellino de rencores,
m1 vida ociosa. y leda
·
huy a, Laura., entre llores,
ocupada tan sólo en tus amores.
EUGENIO SELLÉ~.

ta rdorma dd traj~ Jtm~nino
Pocas cosas hay que cambien con
más frecuencia que las modas de los
trajes femeninos, y, sin embargo,
en virtud de un fenómeno bastante
inexplicable, ca.da creación nueva
de esta moda se impone inmediata•
mente á nuestros ojos. Hoy día,
cl!'si no se puede creer que baya habido un tiempo en que el miriñaque
Y otros accesorios por el estilo pa•
r ecían indispensables; 6, para no
remontarnos tan lejos, que la cho·
carrera invención de los tontillos
h aya sido aceptada, hace veinte
años, por la generalidad de las ele·

gantes. Con casi todos los detalles
del traje femenino pasa. lo mismo:
son efímeros, y, mientras duran,
uno los creería. eternos. Ha.y algo
de lo ridículo, de lo imposible, en
la. moda de ayer y en la de mañana¡
hay una especie de necesidad en la
moda. de hoy.
No se debe perder de vista esta
doble observación cuando se quie·
ra.n presagiar los cambios que el
porvenir ha. de imponer al traje de
las mujeres. Prepárense ustedes
para aguant~r protestas, y también
burlas, si se les ocurre insinuar
que una pieza dada de la. vestimen·
ta actual ha de llegará abolirse un
día, ó á transformarse radica.lmen·

te. Un escritor a.migo pasó por esto
no ha mucho. Dedicó á estas roo'.
destas profecías un capítulo entero
de un libro que apareció el afio pa·
sado. Al final de ese capítulo el
autor llegaba á la hipótesis de 'un
vestido más holgado, más sencillo,
más uniforme .... Pueden imaainar·
se ustedes si recibiría. el hombre
cartas en las que se le bacía saber
que no entendía. jota de la. cuestión,
que estaba divagando.
Ahora bien: no ha transcurrido
aún un año Jesde entonces, y ya se
nos dice que la. reforma del traje
femenino está en vías de realizarse
en casi todos los países del Norte...
¿Se sonríen ustedes? ¿No creen que

las mod1:,,s holandesas lleguen á im·
ponerse en París? ¡Tengan cuidado!
Ha caído en mis manos un la.rao
artículo reciente, de una. de las p:rsonas más calificadas para. hablar
seria.mente de cintas y de moños 1 de
Mme. de Broutelles: no se trata a.b·
solutamente de copiar costumbres
de La_ Haya. ó de Dresde; se nos
anuncia, se nos demuestra un &lt;tra·
je reforma&gt; nacional, bien francés,
un traje reforma refinado, traído á
f'.arís. Croquis, patrones, comenta•
rios, na.da falta .... La sobria ves·
timenta del porvenir aparece allí al
lado, frente á frente, de los famosos
trajes modernos de Mlles. Toutáin,
Lender, Adiny .... Y esta intrusión

�EL MUNIDO ILUSTRADO

Domingo 4 de Octubre de 1903.
evoca. el contraste que hicieron en
la corte de Luis XVI, entre los señores vestidos de oro, de terciopelos
y de encajes, la levita flotante, el
calzón.neg-ro y el sombrero sencillo
de Franklin.

***
Mi proyecto no es describir aquí
en detalle lo que se llama el traJe
reforma. Envío al lector, sobre este particular, á las publicaciones
especiales de la moda. Lo que interesa á la historia de las costumbres
es poner en claro las causas de esta
tentativa, y prever sus probabilidades de triunfo.

La ca.usa primera hay que buscarla en el cuidado que los médicos
se toman, de unos aí'ios á esta parte, por 1a higiene femenina. &lt;N uestros corsés-dice Mme. de Broutelles- comprimen el estómago, el
hígado, el corazón, los pulmones;
nuestras faldas barren el polvo y
levantan los microbios .... El corsé
traba los movimientos. La mujer
que usa corsé, sufre un malestar
vago que perjudica su trabajo. Con

Eso es lo que confiesan las interesadas. Se ve que es el corsé la
pieza más desacreditada, más amenazada, del traje actual: también
esa pieza es su armazón central,
esencial. Los reformistas de Holanda, de Alemania y de Francia, están
de acuerdo en su supresión. Aun en
el caso de que se aplazara la revolución del traje femenino, no se puede asegurar que el corsé sobreviva,
por lo menos en su forma actual.
Será menester que se humanice, que
se suavice, que se resigne á no ser
más que un simple corpiño, 6, como
le llama púdicamente el periódico
de modas donde lo veo dibujado,
un «sostén del cuello&gt;. Los puntos
de apoyo de este sostén estarían en
los hombros, y nunca en la cintura.
El primer artículo de la Constitución reformista es la liberación del
talle femenino.
Para evitar la opresión de los
cordones alrededor de la cintura,
la reformista adoptará la combinación que liga el calzón á. la camisa
y que hace descansar sobre los hombros el peso de esta pieza de ropa
blanca. Encima de la combinación
se colocará el corpiño. A partir de
este punto, dos escuelas solicitan á
la neófita. O prenderá directamente
de los botones del corpiño el viso 6
el pantalón que, en el estilo moderno, es la única prenda interior, y
este sistema tiene el inconveniente
de subir el talle á la ID'anera de los
vestidos Imperio; 6, imitando á sus
rivales del sexo fuerte, disimulará
debajo ¿le la camisa de vista un lin·
do par de tirantes. encargados de
sostener el viso 6 el pantalón, y
después la pollera. En uno y otro
caso, no hay cordón que oprima la
cintura; todo el traje se apoya sobre los hombros, dejando libres los
movimientos del torso y de los brazos.
En resumen, el primer sistema
(holandés-alemán) da al traje de la
mujer un aspecto de ropa interior.
El segundo sistema (francés) da por
resultado un traje «de sastre&gt; un
poco suelto.
La comodidad de cualquiera de
estos dos sistemas es indiscutible.
Sobre su elegancia es sobre lo que
podrán hacerse objeciones. Y éste
es el punto que hay que dilucidar.

muy sencillo; precisamente, por la
forma &lt;tailleur&gt; 6 por la forma.
&lt;princesa&gt;. El gusto de los atavíos
complicados no es de ninguna ma·
nera innato en ellos: no lo adquieren sino á la larga, á fuerza de
asistir á la exposición permanente
del lujo femenino que ofrece la sociedad parisiense. Además, para
muchos de ellos, esta. educación suntuaria. no es más que un ejercicio
de vanidad.
No hay uno en diez hombres que,

si se pone á mirar atentamente los
trajes de las mujeres, reciba de ellos
más impresión que la de una mancha confusa. Hagan la prueba, señoras: pidan á sus íntimos que las
describan el traje que ustedes lle-

elicorsé a.justa.do no puede levantar
los brazos. Obligada cQmo está á
recogerse el vestido para preservarlo del polvo 6 del barro, se siente
molesta. en cuanto tiene que llevar
el paquete más insignificante, y se
fatiga en seguida. cuando anda. á
pie. En fin, la complicación de nuestro traje nos obliga á emplear en
nuestra &lt;toilette&gt; demasiado tiempo&gt;.

peque en lo ridículo de los encajes
falsos, de las pieles falsas, en todo
el fraude deplorable y conmovedor
del lujo económico.
Uno de los grandes beneficios
&lt;mora.les&gt; de la uniformidad en la
vestimenta masculina, es que el ka•
je de ci!lcuenta francos no se siente
mal al lado del traje de cincuenta
1uises. El de cincuenta francos piensa con sinceridad: «Soy igual á este compañero .... &gt;
¡Cuántas magulladuras se evitarán á. los pobres corazones femeninos el día en que la obsesión de los
trajes inaccesibles no sea ya un
martirio para las mujeres! ....
MARCEL PREVOST.

I

(

_.,,,

-,ti&gt;:'
~-

***
No nos paguemos de bellas palabras, y pidamos á las portadoras
de corsés una respuesta franca:
&lt;¿Para quién se visten ustedes?&gt;...
Si responden que es para ellas mismas 6 para las otras mujeres, téngase por cierto que no son sinceras
6 que se analizan mal. La prueba
es que, en las situaciones, en los
centros donde no tiene la preocupación de ser notada, ni honestamente
siquiera, por el otro sexo, la mujer
pierde inmediatamente el gusto para arreglarse .... De modo que, detrás de las objeciones estéticas que
suscita el &lt;traje reforma&gt;, hay este
temor supremo: vestidas así, nuestros novios, nuestros maridos nos
sacrificarían inmediatamente á las
mujeres que se arreglan por el estilo antiguo&gt; ....
Pues .... sinceramente, este temor
me parece quimérico. La preferencia secreta 6 declarada., de los hombre's está por los trajes de dibujo

el traje reforma vestido únicamente
por desheredadas de la belleza y de
la elegan.cia. Yo me niego, por mi
parte, á Juzgarlo, y, sobre todo á
condenarlo, mientras no lo h~ya
visto adaptado á la gracia erudita
de nuestras p~i~cesas de la moda.
En estas condiciones, el traje reforma cos~ará evidentemente muy caro, casi tan caro como las complicadas vestimentas de hoy día. Pero
~f~ecerá la ventaja de poder ser
imitado con poco gasto, sin que 88

..-_

Domingo 4 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

exoHcadón dt

nutstros grabados.

En la primera plana del presente
número publicamos una variada y
vistosa colección de trajes de paseo casa y visita. Nuestras lector~s podrán darse cuenta, en vista de los grabados ~ que nos referimos de las evoluciones que lentamente va sufriendo la moda y que
en la época actual se han singularizado en vista de la llegada de
una nu~va estación.
Comenzando por el orden de colocación en que se hallan los grabados podrá verse que el primero,
cuya blusa es de estilo torero, consta de una falda enteramente lisa y
que sólo lleva en su parte inferior,
aunque el grabado no lo represente una ligera aplicación de pasam~nería. La blusa es muy elegante y de buen gusto. Recamada en
las solapas y llevando en éstas hermosas aplicaciones también de pasamanería, ostenta un bonito canesú de gasa. Las mangas han sufri·
do ya algunas transformaciones,
pues en su parte final llevan colgaduras de seda y enea.je.
El segundo vestido, ne paseo, se
confecciona con tela á cuadros y
en la blusa se coloca una espiguilla á manera de corbata., lo cual es
una originalidad, pues los modelos anteriores no presentaban esta
innovación. El tercer traje, tam•
bién de paseo, se confecciona con
tela de lana de color claro, y la
blusa, lo mismo que la falda, se ta·
blea en toda su extensión con me·
nudos pliegues. En el centro de la
blusa y al rededor de los hombros,
está el adorno principal de este
vestido, que consiste en una gran
aplicación de la misma. tela, ribe·
tea.da con cintilla maravillosa de
color oscuro.
Finalmente, los dos últimos tra·
jes de nuestro grabado, propios
para casa y visita, son toreros y
de estilo moderno. Ambos se confeccionancon ricas telas de seda, y,
en relación con la calidad de estas
telas, deben ser los adornos de
encaje inglés finísimo.

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ESPERANZA.

EN LA NOCHE
va.bao la última vez que se vieron...
En cambio, los recuerdos más d~finidos que conservan nuestros OJOS
inexpertos y descuidados, son precisamente tal cual aparición de un
dibujo neto, de un color unido: en
el estribo de un vagón, en la cubierta de un vapor, la silueta de una
viajera; 6, en una visita matinal,
de sorpresa, la libre gracia de un
cuerpo femenino, sencillamente vestido, en traje de casa.
He ahí por qué pienso que las
jóvenes reformistas no tendrían nada que temer de sus rivales, bien
entendido que á condición de que
no renunciaran á agradar. Por favor, no vayan á imaginarse ustedes

Al fin los fatigados párpados se
bajaron c&lt;?n len~itud,. velando l_as
pupilas tristes, mfimtamente tristes de la pobre desvelada, y entonces' ella so!!ó que deslizándose con
pena llegaba.á las puertas del templo del Destino y penetraba basta
el pie de un altar, y que cuando
tendiendo hacia la divinidad implacable sus manos temblorosas,
había pedido algo con 9ue _llenar
el inmenso vacío que la ilusión, la.
esperanza y la nostalgia de los pa·
sados días, habían dejado en su alma la voz severa de Aquél había. le ~ontestado: «De recuerdos&gt;; Y
despertó con un nombre querido
en sus labios, pálidos y seco~ como
pétalos de flor que se marchita.
DOLORES.

por que América surgiera
del genio que la soñó.
FÜése efbravo genovés, ,....._
marino y sabio profundo,
y al tornar, rindió á sus pies
nada menos que otro mundo ....
Aquí termina mi cuento,
pero sucede, Isa.bel,
que, sin ser ése mi intento,
sobra á mi cuento pa.peL
Como la pluma al vagar
fantasear al numen deja,
me ocurre una moraleja;
aquí la voy á estampar:
Tú en el mar de la ilusión,
con ~l a.mor por bajel,
has conquistado, Isabel,
otro mundo, .... un corazón!
RAFAELESTEVES

BUROZ.

CUBITO DE A.LBDII
.--Voy á contarte, Isabel,
en pocos versos no más,
un cuento, si no es infiel
mi memoria:
Tú sabrás
que hubo un 1?ravo genovés,
marino y sab10profundo,
que dijo:--Le falta al Mundo
todo un continente.
Pues
Llegó al Trono de una dama
que ostentaba un~ Co:ona,
á quien hoy la Historia abona
por su gloria y por su fama.
y aquella Reina hechicera
un gran hecho realizó
6.- Corbatas, bordados, :vestidos de casa y delantales.

7.-Trajes de paseo, vestidos para niños y modelos de bordados.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 4 de Octubre de _1903.

EL STRADIVARIUS
I
Mr. Lebonnat'd, primer violín en
los conciertos del Conse1·vatorio, se
dirigía cierta maíl.ana á casa, de su
bija Ana, casada con 1fr. Deroy,
modesto empleado de Hacienda, en
busca de noticias de su nietecita
Paulina.
La niña, preciosa criatura de seis
años estaba enferma bacía dos meses. devorada por la anemia.
Cuando Mr. Lebonnard hubo llegado al quinto piso de la casa del
bulevar Aragó, donde vivía su
bija, se detuvo para tomar aliento
antes de ll&lt;\mar, y se quedó dolorosamente impresionado al oír la
voz del médico:
-Ya sabe usted, señor, lo que
le tengo dicho. Esa nil'ia se marchita en el clima de París, y necesita mucbc; aire y mucho sol. Lo
mejor sería llevarla al Mediodía,
á Niza .... Con que pasara dos meses á las orillas del mar, estaba
completamente curada. Es preciso
que á toda costa bagan ustedes un
sacrificio. De lo contrario, no res pondo de la niña.
Salió el médico, y acto continuo
entró Mr. Lebonnard.
-¡Conque, según parece, eso anda mal!-dijo el abuelo de Paulina.
-¡Vaya con tu médico! Habla de
ir á Niza., como si se tratara de ir
á un pueblo de las inmediaciones
de París! ¡Todos son lo mismo!
Francamente, los médicos no deberían asistir más que á príncipes
rusos y á tenores italianos. Voy á
ve1· á Paulina y vuelvo en seguida.
Tengo que decfrte una cosa muy curiosa.

II
Mr. Lebonnard estaba en la sala
sentado junto á Mad. Deroy, y hablaba con animación:
-Figú r ate, hija mía, que días
atrás recibí la visita de un inglés
que deseaba. comprarme .... ¿qué
dirías? .... ¡nada menos que mi
violín, mi Stradivarius! .. Me ofrecía por él diez mil francos! Le desp.:,dí diciéndole: &lt;Aunque llenara
usted esta habitación de guineas y
de medias coronas con la efigie de
Su Majestad la Reina Victoria, no
le daría mi violín, esa joya fabricada en 1102, en Cremona, por el
propio Antonio Stradiva.rius.
-Ya veo la escena-dijo Ana,
sonriéndose melancólicamente. ¡Aviado estaba el inglés con un fanático como tú! Aunque te ofrecieran las minas de Golconda, no te
desprenderías de tu violín.
-¡Pues es clar o! Pero son 1-as
tres y tengo que irme al ensayo.
Recuerdos á tu marido y cuida mucho á Paulina. El domingo vend1·é
á almorzar con vosotros y traeré
una langosta. ¡Vaya, adiós, hija
, 1
mia
.....
Y uniendo la acción á la pal abra,
Mr. Lebonnard, todavía muy ágil,
á pesa1· de sus sesenta y cinco años,
bajó á toda prisa la escalera, temeroso de faltar al cumplimiento de
su deber.

8.-Modelo de pint ura y tejido.

inducirle á que se desprendiera de
aquel objeto maravi;loso y extraordinario que constituía todas las
ilusiones del anciano.
Y la desventurada madre, persuadida de que era preciso renunciar á aquella espe1·anza, entrevista por un instante, dió rienda suelta á su llanto.

IV
Paulina no mejoraba; Mad . Deroy y su marido esLaban desolados.
Llegó el domingo y Mr. Lebonnard se presentó á la hora de almorzar.
Estaba, al parecer, muy contento, y antes de sentarse á la mesa
dijo á sus hijos:
-Vais á tratarme de gorrón. Os
había prometido una langosta y
no la traigo. Pero, en cambio, os
daré una noticia que va á colmaros
de alegría. Figuraos g ue se me ha
ocurrido la idea de que vendiendo
el Stradivarius, podría permitil'me

el lujo de pagar el viaje de Paulina á Niza.. Por consiguiente, con
el violín bajo el brazo,corrí en busca del inglés, á quien encontré en el
hotel Brístol. Y el asuntó marchó
á peñir de boca. Como el milord se
mostraba sorprendido por el brusco cambio operado en mí, saqué de
uno de los bolsillos de mi gabán el
retrato de Paulina y se lo enseñé.
«Caballero-le dije,-si le vendo á
usted el violín, es porque con el dinero que va usted á darme pienso
salvar la vida de mi nieta, cuyo
estado de salud exige un vi.aje al
Mediodía.&gt; ¿Y sabéis lo que me
contestó el demonio del inglés?
Pues bién, me miró cara á cara y
me contestó: &lt;Señor Lebonnard, no
soy tan mala persona como pudiera usted suponer. Hagamos el trato que voy á proponerle. Le regalo á usted cinco mil francos, con
una condición. Tiene usted sesenta y cinco años, y yo treinta y cuatro. Lógicamente se moriI-á usted
antes que yo. Si, como espero, me
precede usted en el otro mundo, be-

Toluca, M:éx., agosto 21.
La Presidencia del ConsPjo Huperior de Salubridad de T oluca
Esta.do de l\Iéxico, ocupad a po~
e~ Dr. Juan N. Campos, revistió,
sm duda, de peso, autorización é
interés á las siguientes pa labras
firmadas por ese facultativo:
"Con buen éxito y en gran escala he venido haciendo uso durante muchos años de la excelente preparací6n denominada Emulsi6n de Scott, notando que en
muchas enfermedades, como en
la tuberculosis, escr6fula, etc., y
sobre todo en la infancia, da resultados superiores á los qu e se
obtendrían con cualquier a otra
preparaci6n de su género.»

Los bienes fueron valuados
en $125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en " La Mutua",
Compañía de Seguros sobre la
vida, de N ueva York.
Ilace pocos u1as que se practicó la
apertura del testamento del I lustrlslmo Sr Arzobispo D. Patricio A. Feeban
en la ciudad de Cblcago, Illinols .
La fortuna del distinguido prelado ascendió ll. cerca de $125,000 oro ame·
ricano; y segñn el Inventarlo que se ha
publicado, los bienes que dejó !ueroo
como sigue:
Dos pólizas de "La Mutua,' ' Compaiíla de Seguros sobre la Vida, de
Nueva York, por $25,000
oro cada una, ó sean. . ~ r;o,ooo oro.
Dividendos acumulados so!l,3:!!J oro.
bre una de las pólizas
Otra póliza de seguro. . . 14,vvO oro.
Aceioues en efectivo y en
Bancos . . . . . 'r" . 117,000 oro.

♦
♦
Se reservan camas en Carro Pullman para todos los puntos
en los Esta.dos Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,soñ renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á
w. s. FARNSW0RTB.-Agente General.

ta. Ban F,-anol•oo, llflm. B, Wltbc/oo,

a. F .

································~

á r iesgo de hacer suponer al otro
que sus argumentos son incontestables. Naturalmente, este silencio
tiene que ser cortés, discreto, no el
silencio odioso de los matrimonios
mal avenidos, que es un silencio de
disgusto y aborrecimiento. Pero si
el marido y la mujer son de genio
vivo y no pueden evitar las discusiones acaloradas, entonces deben
ponerles término inmediatamente;
auu más: deben separarse é ir, él á
fumar un cigarro en la biblioteca ó
en el jardín, ella á tocar el piano ó
á segui1· una novela., hasta que am·
bos hayan olvidado toda la cuestión.
Un error en que incurren muchos
casados, es evitar toda conversación sobre asuntos de dinero. Pero
ni la pareja más eni,.morada puede
vivir sólo de amor y del aire que
respira; no es dado á todas ellas,

Un solo agravio puede destruir
una larga a.mistad, á semejanza de
una cadena que para romperse Je
basta con que se le quiebre un eslabón.

Dtl 11.mo. Sr. Jlrzobispo fttbn.

1

r

AUGUSTO FAURE.

EL TEST AMENTO

III
Madame Deroy pensaba que con
los t1·es mil francos de sueldo de su
marido y las pocas economías que
había en la casa, no era posible enviar á Paulina á Niza.
Había que renuncia1· á semejantt&gt;
propósito.
Y la pobre mad1·e se echó á llorar, en la creencia de que su adornda hija moriría quizás ¡.ior falta
de un rayo de sol.
De pronto se estremeció.
La historia del Stradivarius oprimía su pensamiento. Aquellos diez
mil francos ofrecidos por el inglés
á Mr. Lebonnard, eran una tabla
de salvación. Significaba.o el viaje
de Paulina á Niza. ¡Diez mil francos! Indudablemente, el inglés debía estar loco; pe1·0 aquella demencia bienhechora podía salvar la vida de su hija.
Sí, pero•. ,. ¿se preshría :M.r. Lebonnard á vender su violín? En su
pasión de artista y dominado por
su fanatismo, no habría medio de

redo el Stradivarius, que me legará usted en ~u te.staID:ento. En el
caso contr~rio, mis exigencias quedan destruidas por sí m ismas · se
queda usted con los cinco mil f; anco.s, con la obligación de tocar en
mis funerales el &lt;Ave María&gt; de
nuestro di vinolGounod. ¿Le conviene á usted el trato?&gt;
¡Vaya una pregunta! Como podéis figuraros, inmediatamente quedó a1·rreglado el asunto.
Madame Deroy estaba loca de
alegría.
-Y:-afiadió ~r. Lebonnard con
ID:ªh.c10sa sonrisa-tengo la conv1cc1ón de que be hecho un excelente negocio y de que tocaré el &lt;Ave
María&gt; de Gounod, en el entierro
del inglés. Y ahora, hijos míos, á
la ~esa, porque tengo un hambre
ca.moa.
Después de almorzar haréis el
equipaje. Esta misma tarde me llevo á Paulina á Niza, y dentro de
dos ó tres meses os la devolveré
completamente curada. iA la mesa
hijos míos, á la mesa!
'

Ent1·e las d"isposlclones del senor Arzobispo, en su testamento, se hicieron
éstas:
A su hermana, sellorlta Kate Feeban,
que estuvo siempre con él basta sn
muerte, $40,000 oro en bonos y $25,000
oro en una de las pólizas de seguro:
r, la seilora Ana A. Feeban, viuda del
señor doctor Eduardo L. Feehan, her•
mano del seilor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pólizas, y i5,000 oro en
efectivo ; A la Academia de San Patricio de Chlcago, de la que es preceptora
su hermana, Madre Maria Catalina,
$10,000 oro de la Qltima póllza; A la
escuela • 'Santa Mar!a' ' de ensenanza
p~ctlca para varones, de Feebanvllle,
Illlnols, que era la lnstltuc!0n por la
que mlls se Interesaba el sef!or Arzobispo, se entregaron los $4,000 restantes de la 111tlma póliza.

Domingo 11 de Octubre de 1903.

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Rtfltxionts al azar
sobrt ti matrimonio
Hubo un tiempo, que yo mismo
recuerdo, en que, tanto los hombres
como las mujeres, usaban anillos
de compromiso. En mi opinión, esta costumbre era linda. El anillo
de compromiso deberían usarlo el
marido y la mujer, no sólo como recordativo constante de la fe jurada, sino ta.m bién como un talismá u;
debería se1· una joya querida, dada
al marido por la mujer, así como á
la. mujer por el marido, é imprimiendo en ella en uno y otro caso
un beso ardiente de amor.
El anillo ele compromiso es una
joya tan preciosa para las mujeres
amantes, que be sabido de algunas
que se enloquecie1·on al perderlo.
;,Cómo no ha de ser también inapreciable para el hombre que ama á su
mujer '?
Siem1ll'e que dos personas que
hacen vida común no son de la misma opinión ó del mismo gusto, tiene que haber concesiones por parte
del uno ó del otro ó de Jo contrario ocurrid u11 co~fiicto. En el lenguaje conyugal, «concesión&gt; equivale á «dc·ber&gt;. H ;, y que hacer coneesiones hasta en la co11versación
dia1·ia, y d, ben evitarse siempre, Y
con el mayor cuidado, las discusiones largas. Las discusiones son,~ o ,·
lo general. inútiles: nunca llevan el
convencinü~nto, y pueden hacer co1·rer á uno u11 grave riesgo: el de
que ¡,ierda el dominio de sí mismo.
Con el deseo vehemente de probar
que tiene razón, el hombre deja esc,apar palabras que después lamenta haber pronunciado, traiciona
P.e usamientos que siempre ha quer~do reserv a r, y cuando la discu sión termina, esas palabras quedan
Y el dafio está hecho.
En cuanto una discusión toma un
giro demasiado vivo, uno de los
dos debe tener bastante dominio de
sí para dejar de echar más leña al
fuego; debe quedarse callado, aun

1.

1.- Trajes de paseo y sombreros de la estaci6n.

sino á mu.v pocas, por cierto, el
gastar sin llevar cuenta. El marido y la mujer son dos amigos, dos
socios que deben reunirse constantemente en «petit comité&gt;, para tratar de todos los asuntos de interés
pecuniario y equilibrar su presupuesto de gastos é ingresos. Una
vez á l a semana, por lo menos, deben dedicar una hora á esto, mano
á mano, como dos grandes amigos.
De ese modo, con la confianza mutua, cada cual alentará al otro á
pensar en el porvenir, y poco tí. poco llegarán á encnntrarse en posesión del mícleo de una pequeña fortuna., que iní inspirándoles un interés cada vez mayor, y que un buen
día resultará ser, para sorpresa de
ambos, bastante abultada y productora de un interés que acrecienta conside1•ablemente la renta ele
que disponen.
Una mujer casada no debería
consentir nunca en recibir tanto á
la semana para los gastos domésticos, tanto al mes para sus vestidos,
y ser tratada, por decirlo así, como
un dependiente de su marido. Ella
es la que debería resol ver, teniendo
en cuenta la situación económica, si
puede permití rse comprarse dos
sombreros ó uno solo. Ni la i11clicación de esto, ni mucho menos la
orden, deberían partfr del marido,
sino de ella.
l\Ie gusta el sistema francés, en el
que el hombre consulta á la mujer
sobre todas las cuestiones importantes ele carácter económico, como
la inversión de los ahorros, etc.
Pero esto es porque, desde el día de
su casamieuto, el marido francés se
pone á instruir {L la mujer en los
detalles de su profesión ó negocio.
y en las especulaciones mejores y
más seguras de la época; y siempre
é inmediatamente la nombra su ministro de hacienda [en la masa del
pueblo, á lo menos]; y, no vacilo
absolutamente eu asegu1·arlo, por
eso la fortuna de Fran~ia es estable y sólida. En efecto, gracias
á la in fluencia de la m uje1·, las familias francesas han in ve1·tido su
dine1·0 en los títulos más seguros

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 27 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

boga.res, dignos émulos de los de
la. Eda.d de Oro, en los que en otro
tiempo no se acaparaban tesoros
ruines y se pensaba más cuerdamente en lo que somos, despojados
del aliento vital que nos anima.
Los ignorantes -á 1 o menosde las épocas bárbaras que pasaron, discurrían con criterio más
espiritualista; pensaban en la muerte, y temblaban ante la. idea de ser
sorprendidos por ella 1 rindiendo
culto imouro al escándalo, á la avaricia. ó al crimen!
J. SANTIAGO E_$PINOSA [CIIILENO].

SE M0RIA..... .
En la tarde silente
Se moría la hermosa
Y su voz dolorosa.
En l a tarde expiró ..... .
Como Belkiss murieote,
Con su voz cadenciosa.,
Ella., en rima harmoniosa,
Su agonía. cantó :
&lt;La. tristeza. me mata
Cual veneno sutil.
Y a. no soy la. gentil
Que a.doró el amador.
Por mi faz de mar.fil
Tristes perl as desata
El recuerdo: la. grata.
Embriaguez de mi amor.

¡Oh mi amado! la muerte
Me acaricia , bien mío ....
Y a. siento el roce frío
De la sierpe . .. . Amor! ven!
Baña helado rocío
Mi floral cuerpo inerte .. ..
Ven; con tu brazo fuerte
La caricia detén!
Oh amado! cuán leja.na
La hora, dulce hora
En que con luz de aut·ora
Amor me iluminó.
Oía. en la. mañana
Mucha fibra. sonora
Y en el lecho de F,ora
Mi a.lma virgen vibt·ó.
En la selva florida.
Decía Primavera
La. cadencia. primera
Del a.mor de su Abril.
Campo de lirios era
Mi a.lbo seno; mi vida,
Dulce fuente impelida
Por tu aliento sutil.

8.-Sombrero de la estación.

Y su voz dolorosa.
En la ta1·de expiró ....
Y cual Belkiss muriente,
Con su voz cadenciosa,
Ella, en rima. harmoniosa,
Su agonía cantó.
:J. t. Jlrttaza ea1atrua.

Fábulas en prosa
El tUtrPO y la sombra
El cuerpo estaba muy disgustado
de la compai'lía de la. sombra. Caminaba hacia el sol, y la sombra le
seguía; volvía la. espalda al sol
cuando andaba, y la. sombra iba delante. Se paraba, y la sombra taro-

bién se detenía. U o día no pudo más
y dijo á la sombra con tono descortés:
-Retírate de una vez. Quiero estar solo.
-Nopuedodejarte; tengo obligación de ir contigo donde vayas.
-Me retiraré de ti.
-No lo conseguirás; soy tu compai'lera de cadena en este mundo.
-Saldré a.l sol cuando éste caiga
sobre mí verticalmente desde el cenit.
-Y estaré bajo tus plantas.
-Pasearé siempre en el crepúsculo.
-Yteseguirédisimuladamente en
la penumbra.
-Cerraré de noche mis puertas y
ventanas y no encenderé luz en mi
alcoba.
-Entonces serás mío por completo y te estrecharé tan íntimamente,
que no habrá un solo punto de tus
formas libres de mi abrazo.
-Mema.taré.
- Y me acostaré al lado de tu cadáver; y si te entierran, te envolveré en el sepulcro; y cuando exhumen tus restos, me dividiré en tantas
partes como ellos; y rodaré con tu
cráneo y haré guardia á tus últimos
despojos mientras existan sobre la
tierra..
-¿Y mi alma?
-Esa te abandonará para irse al
mundo de la luz; tú eres esclavo de
la sombra.

CAUSAS Y EFECTOS.
Cuando dormida
te contemplaba,
y tu albo seno
se levantaba,
fiel testimonio
de vida cierta,
decía yo triste:
-¿Si estará muerta? ... .
Fúnebre lecho
alzóse un día.
Allí arrojada
te vi, alma mía!

f·-~Siii¡-;E,:,·¡¡·¡joR··¡u;A··
ADenver, ;Kansas Cíly, St. Louis, Chicago, 1'ew York,
San Francisco y Los Angeles

Como níveos corderos,
Revestidos de flores,
Bebieron tus amores
Agua de rosa. y miel.
Y y a. sin sed ni ardores,
Al perderse ligeros,
Sus balidos postreros
Me decían: es él! ....

:J. s. dt eastro.
OJOS NEGROS
Ojos negros como el broche
De una noche singular
Ojos de color de noche'·
Ojos donde hay un der~oche
De lumbre crepuscular.
Ojos de mirar ardientes
C~ya. pupila enamora:
ÜJOS tao resplandecientes
Cual l_as luces refulgentes
De pr1mavPral aurora.
Color de ébano, luz clara·
Red de pestañas oscuras '
C~mo mi amor las soñara,
ÜJOS de luz que eclipsara
A la luz de las alturas.
Ojos que brillan airados
En fondo color de Za.Ha
Por l~s que están enojados
Los OJOS enamorados
De las vírgenes de Italia.
Ojos cuya. lumbre ciega
Cuya luz que en amorbafta
Y a\ o:iás altiv~ doblega,
Env1d1a la muJer griega
Y las mujeres de España.
Miradme, ojos hechiceros
Y dadme así la. fortuna
'
Negros ojos altaneros '
Ojos que sois dos luce~os
En una. noche de luna!
MEANY Y MEANY.

ESCARLATA
Ayer, cuando el crepúsculo moría
y PI cielo, lentamente
'
de luminosos astros se cubría
los recuerdos cantaron en mi m'eote
Y queriendo soñar, de mi ventana'
trémulo cas~, descorrí el postigo, '
y evoqué m1 ventura. ta.o lej ana,
que no me a.legra., porgue está .contigo!

Un rayo del crepúsculo, indiscret.o,
llegó basta mí, como si así quisiera
revelar á mi espíritu el secreto
de un muerto amor . . ..
y tan hermoso era,
que atónito quedóse y deslumbrado
mi corazón, que al evocarte á. solas,
se halló súbitamente iluminado,
como si en él se hubiese deshojado
un ramo de encendidas amapolas!.
JUAN DUZÁN.

EL TEST AMENTO

Dtt 11.mo. sr. Jlriobts,o 'fttbal.
Los bienes fueron valuados
en $125,000

Y, enferma de tristeza,
En mi lenta agonía
Cual pebete encendía
Pa.ra. ti el corazón. . .
Y vida., a.lma y belleza
Mi fiebre te ofrecía. ....
¡Ta.l fué la. ofrenda mía
Oh! mi rey Sa.lomóu!&gt;

La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mutua",
Compañía de Seguros sobre la
vida, de Nueva York.

•••
Y en la tarde silente
Se moría. la. hermosa

México, D. F. , julio 8.
«Hace más de veinte afios»-escribe el Dr. Francisco F. Huacuja- «que uso la Emulsi6n de Scott
de aceite de hígado de bacalao
con hipofosfitos de cal y de sosa,
y nunca ha dejado de darme mag11íficos resultados, tanto en enfermos escrofulosos, como en los
tuberculosos. Sobre todo, en los
niíios pequeños hago uso de tan
buena preparaci6n, por ver la facilidad con que éstos la captan,
llegándola á tomar hasta con deleite, y he visto que lloran cuando no se les da más cantidad.
«En cuanto á su aspecto como
preparaci6n farmacéutica»-termina el Dr. Huacuja, - «me párece
inmejorable, pues es la Emulsi6n
mejor preparada que conozco.,,

Besé tus labios
conchas de hiel~
Y exclamé ufano····
- ¡Duerme!. .. . y~·~elo.

Se reservan camas en Carro Pullman para todos los puntos
en los Estados U nidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Línea de Santa Ft,soñ renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á

w. s. FA.RNSWORTB.-Agente General.
ta. San Franolaoa* Núm. 8 1 Wltbc/001

a. F.

································~

nace pocos ~,as que se practicó la
apertura del testamento del Ilustrlslmo Sr Arzobispo D. Patricio A. FeebU
en la ciudad de Chlcago, Jlllnoll .
La fortuna del distinguido prelado ucendl6 ll. cerca de $125,000 oro americano; y seg&lt;in el Inventarlo que se b&amp;
publicado, los bienes que dej6 fueron
como sigue:
Dos p611za.s de "La l\lu.
tua,' ' Compo.llfa de Se•
guros sobre la Vida, de
Nueva York, por $25,000
oro cada una, 6 sean. . $ 50,000 oro.
Dividendos acumulo.dos sobre una de las pólizas
9,329 oro.
Ot ra póliza de seguro. . . 14,W0 oro.
Acciones en efectivo y en
Bancos . . . . . . . . 37,000 oro.
Ent re las d'lsposlclones del sellor Arzobispo, en su testamento, se hicieron
éstas:
A su hermana, señorita Kate ~'eeban,
que estuvo siempre con él hasta su
muerte, $40,000 oro en bonos y $25,000
oro en una de las pólizas de seguro ;
ll. la sellora Ana A. Feehan, viuda del
seiior doctor Eduardo L. Feeban, ber•
mano del sellor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pólizas, y $5,000 oro en
efectivo ; ll. la Academia de San Patricio de Cblcago, de la que es preceptora
su hermana, Madre Maria Catalloa,
$10,000 oro de la llltlma póliza; A la
escuela ' 'Santa Maria'' de ensellaoza
práctica para varones, de Feebanvllle,
Jlllnols, que era la lnstltucl6n por la
que mlis se Interesaba el selior Arzobispo, se entregaron los $4,000 restan·
tes de la llltlma p6Jlza.

1.-Colección de trajes de visita, paseo y casa.

Do:mingo 4 de Octubre ele 1903.

�Domingo 4 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 4 de Octubre de 1903.

CELIA
I
Celia. era una preciosa muchacha.,
rubia como el oro, que traba.jaba
para vivir, consagra.da. á la. elaboración de flores artificiales.
Huérfana. de padre y madre, cuantos la veían se enamoraban de ella.
Dos hombres la amaban, al parecer, con delirio: un poeta, llamado Fabio, y un oficial del ejército,
llamado Esteban. Aunque rivales,
los dos es~aban unidos por una
amistad fraternal.
Uno y otl'o vivían en la misma
casa que Celia; el poeta en el cuarto
de encima, y en el de abajo el oficial. La habitación de Celia estaba en el piso tercero, la. de Fabio
en el cuarto y la de Esteban en el
segundo.
El principal estaba ocupa.do por
un banquero entrado en a.fios, llamado Isaac Góldsmith, un judío
muy feo, panzudo y nada. simpático, que también estaba enamora.do
de Celia, á la que nunca había dirigido la palabra..
La muchacha se reía de su fealdad, de su vientre y de sus gafas
de oro.
II

EL MUNDO ILUSTRADO

· vez. Ustedes dos me aman, y 'i!eseo
decidirme por el uno ó por el otro,
á fin de otorgar mi blanca mano al
preferido. Mafia.na. comeré con uno
de ustedes en el domicilio del elegido.
Los dos palidecieron, y Celia prosiguió en estos términos:
-No tengo motivo alguno que
me induzca á. pt•eferir á Fa.bio ó á
Esteban, pues los dos me son igualmente simpáticos. A ustedes toca
decidir. Que ca.da cua.l baga valer
sus derechos y pinte su pasión del
mejor modo que pueda. See;ún la
elocuencia. de que ustedes hayan
hecho gala en la carta &lt;¡ue han de
dirigirme á la hora de comer, subiré á casa de Fabio ó bajaré á casa
de Esteban. Hasta ese momento no
podré concederles la entrevista. que
de mí solicitan. Mafia.na tempra·
nito me enviarán ustedes sus car·
tas. Las leeré y resolveré lo que
mejor me parezca.
Acto continuo se retiró Celia á
su habitación, dejando estupefactos
al poeta y al militar.
IV
Fa.bio y Esteban se dirigieron á
sus respectivos cuartos y se pasaron toda la noche esr-ribiendo.
Emborronaron infinidad de
pliegos de papel, sobre todo
Fabio, el cual hizo un con-

sumo extraordinario de dicho ar·
tículo.
Al día siguiente, en el momento
en que Celia salía de su habitación,
encontró junto á su puerta al poeta, el cual le entregó su carta sin
decir una palabra y se alejó precipitadamente.
El documento consistía. en una
interminable t irada de versos, de
la. que renunciamos á. dar una idea
á nuestros lectores.

ta., retiróse el militar sin proferi
una sola palabra..
r
VI
. En el Ill:omento en que la. florista.
iba á. sa.hr á la. calle, l a. portera
entregó á Celia. una tercera carta
No es posible describir la. ansia'
dad horrible con que pasaron ei
día Fabio y Esteban.
A las seis de la tarde salieron de

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Celia se levantaba diariamente
á. las seis y media. de la maña.na. y
á las siete salía á entregar sus flores á. sus aristocráticas parroquia.nas. A las nueve regresaba á. su
domicilio, donde traba.jaba hasta
la hora de comer.
Había conocido á Fa.bio y á ll,steba.n al subir ó bajar la escalera
y allí se entretenía á veces hablan:
do con ellos. Al fin el poeta y el
~ficial le declara.ron su amor, y Ceha les escu?hó á. los dos con igual
compla.cena1a.. Los tres llega.ron á
ser muy buenos amigos. ·
Pero no se podía averiguar si prefería á. Fabio
ó á Esteban. Y hasta
es posible que no lo supiera ella misma.
Los dos la esperaban
á su regreso, bajando
de su casa el poeta y
subiendo algunos escalones el oficial.
Charlaban un rato con
ella., y una. vez terminada la estrevista, cada
cual se dirigía á su respectivo domicilio.
Fabio decía para sí:
-Me parece que está
más amableconmigoque
con Esteban, Sin embargo, no debo fiarme
de él.
Y Esteban, por su parte, pensaba.:
-Creo que me prefiere á Fa.bio. No obstante, debo estar muy sobre.aviso.
En realidad, Celia se
había mantenido en el
fiel de la balanza. con
r especto á sus dos a.doradores, si bien semostraba algo más complaciente con el poeta que
con el oficial.
III
A veces, cuando el militar había cobra.do su
paga., cuando el poeta
había recibido el importe de sus versos y cuando la. florista había. tenido un buen ingreso,
comían juntos los tres,
siempre en casa de Ce-

3.-Vesti dos de casa y visita.

2, -TraJes de reuni6n.

lia..

A pesar de las respetuosas súplicas de Fa.bio y de Esteban, jamás
consintió Celia en comer sola.mente con
uno de ellos.
Un día. le dijeron
los dos galanes:
- ¿Quiereusted,Celia, que comamos maña.na. juntos?
La florista. guardó
silencio durante un
rato, y después dijo:
-Acabemos de una.

V

A los pocos momentos en contró la florista. en la.escalera. á Esteban, el cual, á su
vez, le entregó la consabida.
carta, que, escrita. en prosa
formaba. nota.ble contras~
con la poética. misiva de Fa.bio. Pero Esteban había agregado á su carta. un precioso
ramo de flores.
Celia. cogió el ramo y la.
carta., y lo mismo que el poe-

•

sus respectivas habitaciones y , por
primera. vez en su vida, se cruzó en·
tre ellos una. mirada de odio.
Al poco tiempo se presentó Celia.,
elegantísima.mente vestida. Los dos
enamorados se dirigieron hacia.
ella.
-¿Qué ha resuelto usted ?-la pre·
gunta.ron los dos á la. vez con acen·
to tembloroso.
-Sus versos, amigo Fa.bio-con·
testó Celia-son bellísimos, por más
que yo no entienda. el lenguaje que
usted emplea. Sus rosas, amigo

Esteba n, son una preciosidad; pero
su estilo no me ha gustado ni me
han convencido sus razonamientos.
Por consiguiente, no puedo elegir
entre ustedes.
-¿Pues á dónde va usted, vestida.
de ese modo?
.-A casa de una persona que tam·
b1én me ha escrito esta mañana,
proponiéndome si quiero ser su es·
posa.
Celia enseñó á sus dos a.dorado·
res la. carta en cuestión y les hizo

leer la firma del banquero Isaac
Góldsmitb.
Fabio y Esteban inclina.ron la ca•
beza. sin decir una palabra., Y ~ lia. bajó lentamente la esca.lera. sm
volver siquiera l a cabeza..
J.UIS GRAMONT.

FELINA
Del diván donde reposa.
Mi gatita pendenciera.,
En actitud belicosa.
Se ls.nza, ura.íl.a. y ligera,
Tras la frágil mariposa.;
La a.ceoha., se acerca luego,
Pa.,ra. inspirarla confianza,
Paso á paso, con sosiego;
Al .fin sobre ella se Jaeza
Y se hace que no la alcanza.,
Por que no se a.cabe el juego.

O si a.ca.so, por cautela,
Le da. con mucho cuidado
Un golpe que no le duela,
Y el insectillo, asustado,
Bate sus a.las y vuela ....

¡Mariposa., ten prudencia:
Ve que hay gatitas muy malas;
Lo digo por experiencia.,
Y habrá alguna, sin conciencia.,
Que te destroce las alas .... !
FÉLIX CALLEJAS.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 4 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 4 de Octubre de 1903.

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4.- Traje de casa y paseo.

ta Pluma, la mano y la fabtza
No recuerdo en qué lugar,
ni á qué fin ni en qué ocasión
se b ailaron en un rincón,
'
reunidas al azar,
mm pluma muy usada,
pot· el sarro ennegrecida,
una mano desprendida
y una cabeza cortada.
Comprarlas quiso un inglés
y á verlas se aproximó
y pensativo quedó
'
oyendo hablar á las tres.
En su cartera apuntando
fué sus frases una á una;
cartera que, el tiempo andando
á_ mí llegó por fortuna,
'
srn saber cómo ni cuándo.
LA PLUMA

-Olvidada duermo aquí;
pero aunque en el polvo estoy
no me quita lo que soy
'
la gloria de lo que fuí.
Yo la historia enriquecí
los misterios aclaré,
'
las luces multipliqué,
y de la. nada en lo obscuro
brotaron á mi conjuro
amor, entusiasmo y fe.
LA JIIANO

-Mucho te enorgulleciste
y yo tu poder no acato,
que sólo de mi mandato
dócil instrumento fuiste
y de mí marchaste en pos.
¿Quién vale más de las dos?
¿Cuál debe ser más sagrada?

;.La pluma por mi guiada
ó yo movida por Dios. '
LA CABEZA

-Callad, vuestro orgullo vano
yo desharé como espuma:
¿.Qué fuera srn mí la pluma?
;.9né, sin mí, fuera la mauo,
srn el soplo soberano
del genio que alienta en mí?
¿A_qué vinierais aquí?
¿,Oibfmtarais, ni aun delejos
d~ mis glorias los reflejos
'
DI la ventura que os dí"?
EL INGLÉS

-Dice la cabeza bien
Y sus razones son grav~s
que µ.lumas tienen las av~s
Y el cerdo manos también.
pe!'º cabe~a en que ardiente
brille del rngenio el sol
¿qui~n la tiene? ¿Mucb~ gente?
Los rngleses sola.mente
Y acaso algún español'.
Lector, quienquiera. que seas
de cuantas cabezas veas
'
pocas hallarás vacías· '
pero diez tienen ideas '
Y noventa, tonterías. '
EDUARDO DEL PALACIO.

[a Uida dd Ocio
Qué dichoso destino
el del mortal que de seguir no cura.
el mundano camino
Y que labrar procUJ!a
•
un templo solitario á su ventura'.
Que mira indife1·ente
cuant? le cei·ca en el esquivo snelo
que DI honda pena siente
'
por el extraño duelo
ni en el ajeno bien h¡lla consuelo.
_¿(;lué aguardo yo del mundo
v~vien~o loco entre su ruido ~ao-o
st á mt anhelo profundo
"' '
ha d_e ofrecer en pago
glorias fugaces 6 mentido halago?
¡Oh blanda, ociosa vida'
IBh tresagio del goce de ~tra esfe
ama. combatida
ra'
torna por vez postrera
·
á tu lado de calma placentera.
. No vana ciencia quiero,
~i dó se oculta el bien al cabo ianoG9-ué más saber espero
"ro·
si sé que l .. que adoro
'
de amores para- mí guarda un tesoro?
Uno luche y padezca
·
en pes corriendo del laurel ansiado·
ora el otro encanezca
'
c_o n e~ peso abrumado
hsonJero, más grave, del Estado.
Aquel lea y maldiga.
e1 libro que su duda no resuelve
6 el curso al astro siga
'
que al horizonte vuelve
ó quiera el velo alzar que á Dios
envuelve.

Consúmanse estudiando
Y en vigilia. tenaz les baile el día·

Y yo en el sueño blando

'
pase la noche fría
reclinado en tu seno, Laura. mía.
Despiérteme tu beso
cua.nd o ~l cenit el sol haya subido,
Y, de ocio en el exceso
ele tu cintura asido
'
vay ª á sentarme en el cojín mullido .
Allí apure, delante
ªi
l_a. alta estufa, entre abriaad a ro•
e hco1· excitante
"'
pa

que e~ la chinesca copa
'
el Asia ofrece á la gastada Europa.
Y dé al aura liviana
por que á las horas á 'volar coad·
la planta americana
yuvl',
que en amorosa. nub¡,
á figurar las esperanzas sube.
5.- Variada colección de trajes de paseo.

Así trascurra el día
Y otro venga con él sie:npre conteo·

téngase su alegría,
to:
no entera,, el que, sediento,
en el festín se arroja tur bulento.
Yo_ libre de pesa.res,
e~ ocio adoro en plácido retir o
srn .ambición ni azares,
'
Y. aire puro respiro
srn exhalar ponzoña en mi suspiro.
Y cuando el mundo rueda
e°: n~gro torbellino de rencores,
m1 vida ociosa. y leda
·
huy a, Laura., entre llores,
ocupada tan sólo en tus amores.
EUGENIO SELLÉ~.

ta rdorma dd traj~ Jtm~nino
Pocas cosas hay que cambien con
más frecuencia que las modas de los
trajes femeninos, y, sin embargo,
en virtud de un fenómeno bastante
inexplicable, ca.da creación nueva
de esta moda se impone inmediata•
mente á nuestros ojos. Hoy día,
cl!'si no se puede creer que baya habido un tiempo en que el miriñaque
Y otros accesorios por el estilo pa•
r ecían indispensables; 6, para no
remontarnos tan lejos, que la cho·
carrera invención de los tontillos
h aya sido aceptada, hace veinte
años, por la generalidad de las ele·

gantes. Con casi todos los detalles
del traje femenino pasa. lo mismo:
son efímeros, y, mientras duran,
uno los creería. eternos. Ha.y algo
de lo ridículo, de lo imposible, en
la. moda de ayer y en la de mañana¡
hay una especie de necesidad en la
moda. de hoy.
No se debe perder de vista esta
doble observación cuando se quie·
ra.n presagiar los cambios que el
porvenir ha. de imponer al traje de
las mujeres. Prepárense ustedes
para aguant~r protestas, y también
burlas, si se les ocurre insinuar
que una pieza dada de la. vestimen·
ta actual ha de llegará abolirse un
día, ó á transformarse radica.lmen·

te. Un escritor a.migo pasó por esto
no ha mucho. Dedicó á estas roo'.
destas profecías un capítulo entero
de un libro que apareció el afio pa·
sado. Al final de ese capítulo el
autor llegaba á la hipótesis de 'un
vestido más holgado, más sencillo,
más uniforme .... Pueden imaainar·
se ustedes si recibiría. el hombre
cartas en las que se le bacía saber
que no entendía. jota de la. cuestión,
que estaba divagando.
Ahora bien: no ha transcurrido
aún un año Jesde entonces, y ya se
nos dice que la. reforma del traje
femenino está en vías de realizarse
en casi todos los países del Norte...
¿Se sonríen ustedes? ¿No creen que

las mod1:,,s holandesas lleguen á im·
ponerse en París? ¡Tengan cuidado!
Ha caído en mis manos un la.rao
artículo reciente, de una. de las p:rsonas más calificadas para. hablar
seria.mente de cintas y de moños 1 de
Mme. de Broutelles: no se trata a.b·
solutamente de copiar costumbres
de La_ Haya. ó de Dresde; se nos
anuncia, se nos demuestra un &lt;tra·
je reforma&gt; nacional, bien francés,
un traje reforma refinado, traído á
f'.arís. Croquis, patrones, comenta•
rios, na.da falta .... La sobria ves·
timenta del porvenir aparece allí al
lado, frente á frente, de los famosos
trajes modernos de Mlles. Toutáin,
Lender, Adiny .... Y esta intrusión

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>Cárlos Manuel Dnrán.

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diendo Ca.tálo•
gos.

'a

~~~

Esta, es laúni-~
ca. casa, que da. ~
mayor atención á, sus
clientes y que no tiene competidores en el
precio.
Vende sólo á, l o s ' a
comerciantes.
......

UNA MUSETA
"American Photo Art."

,.

�Domingo 4 de Octubre de 1903.

Vicios de nuestro carácter
En esta época por que atravesamos, toda de
lucha por la vida, de selecci6n natural y de
supervivencia del más apto; época feliz en la
que por cada vacante hay cien candidatos, y
mala sea la comparaci6n, para cada hueso hay
cien perros, el talento, la aptitud, el vigor, la
aplicaci6n, son las armas mejores para alcanzar el triunfo, y las sendas más amplias y rectas para llegar á la meta.
Dentro de los regímenes modernos en que
no existen privilegios por ministerio de la ley,
ni posiciones heredada8, ni castas cerradas;
ante la puerta abierta á todos, sin distinci6n
de clases, para llegar á los honores, las riquezas, el prestigio y la posici6n social, sólo el
talento efectivo, el mérito real y la laboriosidad infatigable, son bastantes á hacer salir á.
los hombres de la nada, y á presentarlos engrandecidos y dignificados á la admiración y
al respeto de sus semejantes.
De una manera general así es y así pasa.
La posición, la riqueza 6 el prestigio conquistados son, de cien casos en noventa la
medida del yalor intrínseco moral, intelectual
6 físico, de quien los ha alcanzado, y á juzgar por la regla y no por las excepciones, el
régimen de la libre competencia es el más
equitativo, porque, en definitiva, hace justicia al mérito, y resulta más estimulador
ya que en general alienta y recompensa el es:
fuerzo humano y acrecienta su energía por
medio de una educación intensiva de la actividad inteligente.
La masa de las gentes, entre nosotros, piensa de otro modo, y juzgando de la validez del
principio por el examen de las excepciones que
ofrece; haciendo una estimación defectuosa
de lo que es el verdadero mérito, y creyendo
aunq_ue sin decirlo, que el mérito es uno y n¿
múltiple, ha acabado por invertir los términos y por creer que es precisamente al incapaz á quien sonríe la fortuna, y que es al merecedor á quien vuelve la espalda la veleidosa
divinidad.
Este error tan común nos hace intolerantes
con el sabio, el rico 6 el poderoso injustos
con el paciente y el constante, i~exorables
con el triunfador y envidiosos de todo lo que
brilla, descuella y se impone.
¿Quién en México reconoce dotes virtudes
é inteligrncia al empefiero ó al abarrotero?
Pase reconocerlas en tanto no arriban no prosperan y no nos salpican en las calÍes con el
lodo que huellan sus troncos de caballos· pero una vez enriquecidos á fuerza de labo; de
energía, de habilidad y de audacia merca'ntiles, lo único que sabemos es apellidarlos idiotas, picaros 6 á lo más, afortunados.
Mientras nuestros amigos y conocidos no
llegan á ser diputados, senadores, gobernador~s d_e Estado! altos empleados públicos, capitalistas ó miembros de academias ó sociedades científicas, llevamos nuestra deferencia
basta recoliocerles capacidad honradez ó instrucción; pero no bien sube~ un peldaño de
la escala, levantamos las manos al cielo fingimos escándalo y no cesamos de pregu'ntarnos á qué puede deberse que hombres sin mérito, sin servicios, sin cualidades, ignorantes
como carpas y malos como la peste, progresen, prosperen, se engrand~zcan, en tanto que
otros, verdadera~ente mentoriosos (por hipocresía no nos citamos á nosotros mismos)
permanecen obscuros, ignorados y posterga:
dos.
No tengo idea de que la exaltación de un
hombre sea bien acogida entre nosotros y
contadas son las personas, tal vez en la actualidad no pasen de una, que llegan á convencer á sus conciudadanos, del talento 6 de
los virtudes que las adornan.
Hay, sin embargo, una manera de hacerse
respetar y considerar, y de reconquistar la estima de sus semejantes: venir á menos caer
del pedestal, desprestigiarse 6 fracasar. '
Dentro de la expansibilidad natural de nuestro ca~ácter y dadas cierta generosidad y cierto desmterés que nos son característicos, ¿cómo

EL MUNDO ILUSTRADO

LA CODORNIZ

comprender ese feo vicio nuestro y esa tendencia que tanto desdice del tipo caballeresco
que parece ser nuestro bello ideal moral? ¿CóLlamábase Elena de Naires, y, en plena · .
mo, nosotros, que sentimos nudo en la garventud y en plena belleza, minábala sorda JU
ganta y angustia en el pecho á la noticia del
te la tisis.
menmal ajeno; cómo, nosotros, entusiastas y casi
Los médicos la enviaron al Mediodía
delirantes por todo lo que brilla, descuella y
las primeras heladas, abandonó con su ·'my' ,á
se impone, sentimos tan fácilmente la envido, Rogelio de Naires, que la adoraba su handia y lamentamos tanto el bien de los demás?
' insta.
ermoso mºdo campestre de Av~lles, para
Este vicio es de origen atávico, en parte, y
la~se en Bauheu, en las rnmediaciones d
en parte también de origen educativo. Atávifüa
e
co, sí, del lado andaluz de nuestra ascenden.
El_
cambio
de_
cl~~a
y
la
suavidad
de
ai
cia. Nada hay, en decto, más celoso, más eneJerc1eron al prmcipio una acción saludahl'8
vidioso, más cáustico en la crítica y más sisen el estado de la enferma.
temático en ella, caiga quien cayere, que el
El enamorado esposo estaba encantado
andaluz, que hereda á su vez todos los vicios
bende_cía la mágica influencia de aquella ti y
y todas las gracias de sus antecesores morra milagrosa.
eriscos.
Pero
_El~na
no
se
equivocaba,
pues
su
cruel
Pero la educaci6n ha fortalecido, en lugar
presentimiento le revelaba, sin duda, los ~rde atenuarla, esa propensi6n. La educaci6n,
fidos progresos de la dole1,cia.
la social principalmente, no ha vigorizado en
Con efecto, ~l mal seguía su marcha y connosotros el sentimiento del deber sino el afán
ducía
á la Pª?iente hacia un fatal desenlace,
del aplauso y de la gloria.
'
Sólo Rogeho no notaba la alteración en la
. No sabemos encontrar en la propia conciensalud de _su_ esposa, confiado en el próximo
cia la recompensa de nuestras virtudes y la
restablecumento. Marido y mujer daban larcompensación de nuestros eacrificios. Nos son
gos paseos por los floridos senderos durante
forzosas las aclamaciones, los lauros, los himlos cuales daba el esposo rienda s~elta 6. aua
nos triunfales, las lisonjas de la multitud.
ensueños de esperanzas.
Cuando nos faltan esas compensaciones, nos
Sin embargo, cuando llegaron los calores da
creemos defraudados, burlados, robados. Haabril, 1~ ?ebilidad de Elena se acrecentó de un
bíamos bregado, luchado, vencido, no para
modo visible.
retirarnos á la Cincinato, sino para ser arrasLa infeliz no tenía fuerzas para andar y únitrados como César en el carro triunfal. Tenecarne~te daba vueltas por el jardín, entre lot.l
mos corazón y propensiones de soprano ligera
naranJos, cuya robusta florescencia surgía por
ó de bailarina estrella, vivimos del «bravo »
todas partes con crueles ironías.
del «bis» y de las &lt;(llamadas á la escen~»
En cierta ocasión oyeron Elena y Roge ·
y cobramos en proporción; los ramilletes de
u°: característico canto de ave, tres notas:
la galería son nuestra alfombra· con los lauprimera prolongada, y bre,es las otras dos.
ros de nuestros triunfos hace'mos nuestro
-¿Oyes?, dijo Elena-es el canto de la
lecho de delicias y nuestro pedestal de glodorniz, el mismo que solíamos oír en los
ria, y sentimos envidias histéricas de prima
pos de Avelles.
donna y rencores insaciables de comprimaria
-Sí, contestó Rogelio-el mismo que vol,:
cuando alguien, sea quien fuere, grande ó peveremos á escuchar alli en agosto.
queño, merecedor ó indigno, nos roba una
-No-repusoElena,-porque no podrhol
palmada, un pétalo de flor ó una hoja de
v_er á nuestro castillo. Estoy condenada 6.molaurel.
nr y aquí exhalaré el último suspiro. Lo a6,
Felices los que no saben sentir envidia! Y
porque ayer oí que el médico lo decía al d
de_sgraciados los que la sienten. Hay un sentipedi~se. No lo niegues, porque estaba yo •
miento más grande, más noble y más pródigo
condida tras de una puerta.
en goces íntimos y en felicidad inefable: la
Rogelio trató de protestar contra aque
admiración. Quien no sabe admirar, no puepalabras y cu~rió de besos á su compañera.
de ser feliz ni es digno de vivir.
-Sí-añadió Elena,-me moriré pronto,
te volverás á Avelles, y después de haberm
llorado por espacio de algún tiempo me oM•
darás y te consolarás con otra...... '
-Te juro..... .
-No, Rogelio, ~o m? jures nada. Oye
canto de la codormz baJO los olivos. Cuan
vuelva á cantar en la pr6xima primavera,
no te acordarás de mí.

CRUZANDO LA BARRA
(DE LORD TENNYSON)

Declina el sol bajo la gris techumbre
Donde la estrella de la tarde brilla
La voz del hado sin piedad me no~bral
Quizá silencie su gemir la orilla
·
Cuando la deje por el mar de sombra.
Mas la corriente dormitar parece
Cuando susurra el viento vagabundo
Sobre la espuma que la linfa adorna
Y la ola del piélago profundo
'
Su origen busca y al misterio torna.
Un crepúsculo gélido y brumoso
Y los sones del viejo campanario
Luego el espacio de tinieblas vist~I
Quizá cuando me embarque solita~io
No haya un adiós apasionado y trist~.
Y s~ mis Tiempos y Lugares dejo
A los impulsos de tenaz corriente
Espero ver al Celesti'l.l Piloto
'
Cuando la barra lóbrega y silente
Cruce y me aleje por el mar ignoto.
JUAN

E. ARCIA.

Domingo 4 de Odubl'e de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

so, del mismo modo que
vuelve á encender una antorcha mal apagada agitándola al aire.

lo~ países que us~n plata y los que tienen pat1 on ?ro, y estudiar los medios de dar fijeza al
cambio entre unos y otros. Se tn,.tó también
de la conveniencia de dotar á China de una
moneda de valor estable.
.
Según se _ve en el informe que rindieron y
q~e. ha pubhcado &lt;cEl ~:1_undo» diario, los comisionados_fueron recibidos muy bien por todos l?s gobiernos de Europa, y el éxito de sus
trabaJOS fué bastante satisfactorio.

*
¡Ah! el hombre, ser il6gico, inconsistente y complicado, es tan impotente
para prolongar su dolor come para prolongar su placer!
El río de la vida, donde
todo se sumerge, se aniquila y se pierde, arrastra con
la misma velocidad en su
corriente nuestros esfuerzos
y nuestrasdebilidades,nuestros goces y nuestros sufrimientos.
Al año Biguiente en el
mes de abril, en el 'camino
que conduce de Beaulieu á
San Juan, paseábase Roge•
lío, llevando del brazo á
una preciosa rubia, hermosa y elegante, cuyos ojos garzos le provocaban la adorable embriaguez del amor naciente.
:Mientras Rogelio, consagrado exclusivamente á
las delicias del momento actual, no se acordaba ya de
la pobre muerta, oy6 de
nuevo el canto de la codorniz, ese llamamiente al amor
que las aves de paso lanzan
periódicamente al espacio.
.,Rogelio se detuvo y sintio un escalofrío que lo hizo e~tremecer de pies á cabeza. Parecíale ver
surgir ante sus ojos el fantasma de Elena
murm_urándole con triste voz: «¡Acuérdate:
Rogeho; ac0:érdate de tus palabras!»
-¿Qué tienes?-preguntó la rubia á su
amante.-¿En qué piensas?
-Nada, hermosa mía- le contestó· -la
brusca traslación del sol á la sombra ~e ha
producido una sensaci6n de frío .. ...... .
Habíase realizado la predicción de Elena·
habíase consumad.? el cri;11en del olvido, y eÍ
canto de la codorniz llevabase consigo á través de los olivares, el juramento hecho á la
muerta.

ta Batalla de flores
En los flancos, jardines y marina
Y por ~l centro, heraldos y tambore~
precediendo al ejército de flores
'
que combate en la gloria vespertina.
Nardo Y hortensia, dalia y clavellina
lan_zan el proyectil de sus colores,
Y tien~e, entre los múltiples fulgores,
su ~o~icroma red la serpentina.
Lmos humanos pasan en carruajes
con pétalos y aromas en los trajes
las reinas siendo en la floral bataÚa.
Y entre tantas, triunfante cual ning~na
la del negr? mirar suspira y calla
'
en el boscaJe azul de la tribuna·
naciéndole en el rostro, que arr~bola,
como en campo de armiño, una amapola.
MANUEL

1903.

PICHARDO.

Sr. Enrique C. Creel.

ANDRÉS THEURIET.

Sr. Luis Camacho.

El señor Senador Don Jtgustin del Rio

*
. ,Según su propio pre.sentimiento, Elena m
no_ en su qumta del Mediodía, y Rogelio, h
chido de dolor, regres6 á Avelles acom
fiando el cadáver de su esposa qu'e fué en
rrado en el jardín del castill¿_
Durante los primeros meses que se sucedi
ron, el pobre viudo no sali6 de las ce
de su casa, consagrado exclusivamente al
cuerdo de la que fué su amil.dísima conso
. La soledad en que vivía le era tan n
ria como dolorosa.
. Sentía la nostalgia de las caricias de o
tiempos, y la al~gría de los campos despe
en él una necesidad de amar que casi llega
á avergonzarle.
Hallábase una tarde de agosto asomado
una ventana, cuando de pronto oyó en los
brados ~as tres notas de la codorniz; y aq
llamamiento de las aves de paso le obligb
reconcentrarse en sí mismo
'
. ~xaminóse escrupulosa~ente y se sorp
dio del sesgo que en algunas semanas bab
tomado sus ideas.
.
. Avergonzado de las preocupaciones que
distraían de sus pen~s, comprendió que la
ledad es mala conseJera y resolvió viajar.
Esperaba que el movimiento evivaría sud
lor, conservándolo así más puro y roís in

s.

Sr. Eduar1lo Meade.

ta tomtsión monetaria
Publicamos en este número
l?s retratos de los Sres. D. Enrique C. Cree!, D. Luis Camacho Y D. Eduardo Meade
.
qmenes,
como saben nuestros'
lectore~, fueron enviados por
el Gobierno mexicano á Europa, á una comisión especial.
Los mencionados caballeros
competentes todos en asunto;
de finanzas, se unieron á una
comisión de los Estados Unidos, para recorrer las capitales
de Europa y conferenciar con
los comisionados de cada uno
de los gobiernos interesados en
el comercio de Oriente.
El objeto de esta misi6n fué
e_n general, el de poner de re~
lleve ante los gobiernos europeos, la desventaja que para
tod?s ~os países tiene la gran
oscilac16n en los cambios entre

Vfo_ti~a de una antigua enfermedad de·ó
de existir el día 25 por la mañana en '
J
b bºta ., d 1
,
su casa
a i c10n e a Avenida de Bucareli, el señor
Senador
d
t DonhAgustfo
- del Río, cabal!ero que
. uran e mue os anos desempeñó cargos m
importantes en la Administración pública uy
que contaba en la buena
sociedad
mex·icana
' y
.
.
con mue.h a_s Y merecidas simpatías.
La noticia de la muertt&gt; del señor del R{
cau~ó en México, por lo tanto, una impresió~
muJ _doloroea. Su casa se vió visitada
multitud de personas distinguidas que se a pr~~
suraron á hace~ P!esentes á la familia dei finado sus sen!imientos de condolencia ' el
lecho mortuorio, c?locado eñ la capilla a~d1ente, quedó, en un mstante, casi cubierto o
las c~ronas depositadas ante él por los d
r
Y amigos del señor del Río.
eu os
Los,funerales se efectuaron el día 26 en el
Paateon d~ Dolores, concurriendo al acto l
se~~r Presidente de la República, los señor:"
.
~
)Mimstros de Gobernaci6n y Comun·icaciones
os representantes de las Cámaras Legislativa~
~!~brados para ello, y numerosos partícula-

a

Al morir, el señor del Río desempeñaba el
cargo de Tesorero del Congreso General.

�-

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 4 de Octubre de 1903.

memorativas que el Ministerio de F?mento
francés acordó distribuir entre los Jurados
de los distinlos grupos en que estuvo dividido el certamen.
El total de recompensas que alcanzó nuestro país en la Exposición, asciende á 1,092
premios, cantidad que se descompone como
sigue: 34 grandes premios, 115 medallas de
oro, 243 medallas de plata, 343 medallas de
bronce y 357 menciones honoríficas.
El grupo que obtuvo mayor número de premios, fué el de Agricultura. Las recompensas
otorgadas ascienden á 210, contándose entre

SOLEMNE DISTBIBUCION DE PBEIIIOS
EL TEATRO ARBEU

Hoy por la mañana, según está anunciado,
se efectuará en el Teatro Arbeu la solemne
distribución de premios entre los expositores
de los Estados, Distrito Federal y Territorios
de la República que concurrieron al gran certamen internacional de París de 1900.
El loeal, recientemente reparado y decorado, no lucirá en este día ningún adomo especial; pues se ha creído, y con razón, que cual-

En el camino, cerca de un estanque
,
t h b
, Be encont ro con ~ ro om re que también lloraba.
Le pregunto qué tenía.
El hombre refirió que se le había enea
do de llevar á la ciudad un saco lleno de rga.
que se había dormido cerca del estanqu:ro,
que, durante su suefio, el saco había caídoJ
agua.
Entonces, el mujik le preguntó por qué no
se echaba á nado para buscar su oro.
-Me asusta el agua- contestó el hombre.
No sé nadar. Daría con gusto veinte pie7.a1
de oro al que me sal)ara lo caído.
El mujik pareció alegrarse· pensó:
.-Dio~ quiere resarcirme 'de la pérdida de
mis bestias.
Se desnudó y entró en el estanque; nohall6
nada.
Cua1:1do salió del agua, su ropa había deeaparec1do.
Aquel hombre, que era el otro ladrón habíasela robado.
'
LEÓN TOLSTOY.

En

ti

Jardin.

Con el cauto terror de un bandolero
adelanto á la luz de las estrellas
'
por un vergel de plantas las más bellas
pisando leve el cándido sendero.
'
A rastras, escondido entre el romero
en las zarzas dejando de mi huellas '
arribo hasta las tapias, ¡ay! aquella~
donde mi amor reside prisionero.

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\ll\bn UI' 111 1-0,11 ,·10

Trepo después allí, desesperado,
por la abrupta muralla, en ansia loca
mudo, trémulo, ardiente, ensangrent¡do;
No bien mi mano la ventana toca
cuando siento el ambiente perfumado
de la estancia ¡y el beso de tu boca!
EDMUNDO DE .uncrs.
Exposición de Parts.- Los diplomas.

quier compostura, por insignificante que fuera, bastaría para que el público no se formara
idea completa de las importantes obras que
se han llevado á cabo para hacer de ese teatro
uno de los mejores y más bien acondicionados
de la capital. Dejando para otra vez la descripción detallada de esas obras, sólo diremos
que, tanto en el patio y en los palcos, como en
el escenario, se ha operado una verdadera
transformación, haciéndolos mucho más cómodos y elegantes. Los que conocieron el antiguo salón, no podrán menos que sorprenderse al ver el estado en que ahora se encuentra.
En cuanto á la fiesta que va á celebrarse es1

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Placas

conmemorativas.- Anverso y reverso.

ta mañana y que presidirá el Primer Magistrado de la Nación, el programa se compone
de un discurso y una poesía, encomendados
respectivamente á los señores Amado Nervo y
Luis G. Urbina, y de algunos números de música cuyo desempeño estará á cargo de la orquesta del Conservatorio. La aplaudida artista Amalia da Roma cantará un vals de Arditi.
En este número publicamos fotografías de
los diplomas y medallas que serán entregados
á los expositores, así como de las placas con-

éstas 10 grandes premios y 2 medallae de oro.
Es indudable que la alta significación de la
fiesta atraerá al Teatro Arbeu un público numerosísimo.

El progreso alcanzado por los hombres,
es más que su pensamiento bajo múltipl
modalidades, formas, necesidades y fines.

LOS TRES LADRONES
un mujik llevaba al mercado de la ciudad,
para venderlos, un macho cabrío y un pollino. Un cencerro pendía del cuello del primero.
Tres ladrones vieron al mujik; uno de ellos
dijo:
-Voy á robarle el macho cabrío sin
que lo note.
Otro ladrón dijo:
- Después, yo ie robaré el asno.
-Tampoco es difícil-dijo el tercer
ladrón.-Yo le robaré toda la ropa que
lleva puesta.
El primer ladrón se acercó furtivamente al macho cabrío, quitóle su cencerro, que ató á la cola del asno, y se
lo llevó.
En una vuelta del camino, el mujik
notó que le faltaba el macho cabrío.
Púsose á buscarle.
Entonces, elsegundo ladrón salió al encuentro del mujik y pregunt6le qué buscaba. El
mujik le respondió que le habían robado un
macho cabrío.
-Le he visto-replicó el ladrón.-Hace
un momento pasa.ha por el bosque un hombre
que conducía un animal como el que dices;
aún puedes alcanzarle.
El mujik corrió en busca de su macho cabrfo; el ladrón, encargado de tener cuidado
del asno, poco tardó efi huir con él.
Cuando el mujik se volvió y se encontró
también sin asno, echándose á llorar marchó
sin ver hacia dónde.
'

Las medalla.s.-Anverso y reverso.

"""""""'"""'"""'"""'======....,======...,,====_:EL::,.,,M:,:U~ND~O:;;,.,,~IL~U::S~T~RA~D~O::..,=========~Do~m~in~g~o.,,:,4 de Octubre de 1903.

LA SOLTERONA
En una de las callejuelas muertas en que
cubos macizos de seis pisos aplastan con su
sombra á las minúsculas casitas con jardincillos, en uno de esos c~llejones de antaño que
huelen á sótano y tienen, en París un aire
indecible de provincia, residía la sefi~rita Ursula.
. Su h.a bi~ción, de tree piezas, daba á los jardmes, _Jardmes. de pob~es enrejados verdes y
raquíticos follaJes, glorietas económicas donde hay siempm sombra, por la razón de que
no se ve nunca el sol.
Una vaquería prolongaba, á la izquierda su
alero largo, y exhalaba por las aberturas ¿lores de establo.
Algo más lejos, en un recinto del tamaño
de un pañuelo de bolsillo, unas gallinas picoteaban y un gran gallo, erguido sobre sus espolones, lanzaba su canto sonoro.
-Como si fuera el campo-decía la señorita Ursula, con cierta afectación, bajando los
párpados y con un mohín en la boca, actitud
q~e, ella consideraba .di~tinguida y que se infhgia como el cumplimiento de un rito.
Nadie en efecto, se fijaba en la corrección
tanto como la señorita Ursula y ninguno la
aplicaba más escrupulosaqient~.
Levantarse, saluüar, andar, hablar no eran
. actos naturales; debía mezclarse
'
'
á sus OJOS,
en ellos algo de formalismo, una especie de
gracia convencional y austera.
Sus reverencias á la antigua moda las hacía
retrocediendo; cuando le tendían la mano
sólo alargaba el extremo de sus dedos fríos'·
cru~r las piernas le hubiera parecido incon~
vemente.
La señorita Ursula tenía la tiesura de una
maestra de buenos modales para grabados de
modas.
En aquel momento, sentada en un viejo sillón ver1e. de Utrecht, se mantenía rígida como en visita, y su rostro, voluntariamente sin
e:rpres~ón, parecía indicar que aun sola consigo misma, observaba la dignidad que se debe á si propia lo mismo que á los demás.
El reloj producía un tranquilo tictac. So•
bre un almohadón reposaba Minouche, la
gata.

Los dos pescados colorados giraban melancólicamente en su pecera.
No se oía, en el barrio desierto, ningún ruido. Era una tarde de domingo.
_ ~sos días, la infatigable actividad de la senonta :i;rs;ila holgaba. Descansaba de sus giras caritativas á los cuatro puntos cardinales
de París, porque, durante toda la semana, una
gran dama la empleaba en investigar, comprobar demandas de socorros y llevar limosnas á
los desgraciados.
Provi~en?ia anónima y dispensadora oculta, la E~nonta Ursula viajaba en ómnibus de
suburb~os, trepaba á los pisos negros y fétidos,
volvía a su casa, después de haber corrido de
la mañana á la noche, mo1ida pero satisfecha.
'
Profundamente buena, y tan buena que los
q~e la conocían no se fijaban en sus ligeras ridic.ule?es, se consolabd. de su vida mediocre,
solitaria, .descolorida, pensando que era útil á
8 ~ 8 semeJantes, y que al trasmitir la caridad
ªJena, tenía con la ilusión de la riqueza los
goces de és~a, sin la responsabilidad.
'
Ese dommgo, como todos los domingos se
había puesto ~n traje de seda obscuro y ~na
gorra de encaJe sobre sus cabellos grises.
. Esta?ª concentrada, tan inmóvil con sus
OJOS baJos, que hubiera sido difícil adivinar si
pensaba ó dormitaba.
Pero. no dormía, pues le hubiera parecido
reprensible; no se duerme de día sobre todo
en su salón. Tampoco pensaba pues bastante
lo hacía durante seis días, c~n los registros
q.ue debía llevar, las notas que tomar, impres10nes y recuerdos que fijar mentalmente.
Saboreaba, pues, el reposo dominical. Se
mecía en el vacío, el silencio y el aburrimiento, no soñaba en nada aletargada en la nada
con los ojos abiertos. '
'

***
Sonó la campanilla de

la habitación. Fué
tan imprevisto, porque nadie iba á ver nunca
á la señorita Ursula el domingo que Minouche, la gata, se sobresaltó y los' pescados encarnados se detuvieron atónitos en su pecera.
¿Se habría equivocado alguien? No, porque
seguían llamando.
La señorita Ursula se turbó: ¿sería un telegrama?; pero ¿de quién?
¿Una mala noticia?; pero ¿de dónde?
Fué á abrir. Era una vecina, la sefiora Buchard, madura, pero buena moza aúu con su
traje grie. Llevaba de la mano un niño mofletudo, con rizos rubios.
¿Una visita? ¡qué amable era! ¡Y qué hermoso niño! Les hizo entrar. Y su mano señalaba sillas, con nobleza.
Pero la señora Bucbard, tan pronto como
se sentó, confesó, no sin asomo de turbación
que su venida era interesada.
'
Invitada á ir á comer al campo con ami~as,. en jira de recreo, y con el te~or de que
el mño-Loulou se llamaba-se fatigara había pensado... entre vecinos... rogar á l~ señorita Ursula que lo cuidara y lo tuviera y entretuviera mientras tanto; pero, sin duda la
distinción de la solterona, lo serio de los sillones rígidos, y las alfombritas sobre las cuales
había que poner los pies, la intimidaban,
porque confusa, después de haber tartamudeado estas explicaciones, se levantó, excusándose de la indiscreción; aparte de todo
b~en podía llevar _á Loulou, por más que lo~
mños en esas partidas de recreo.... y adea:iás
el agua ..... .
--No importa. Confíemelo usted-dijo la
señorita Ursula con bondad;-estoy segura de
que seremos muy buenos amigo!:!.
Pero no e~taba tan segu~a como decía, por
no:hab~r cmdado ~unca mños, y sí vagamente mqmeta po~ ~a idea de los peligros quepodía correr el nmo: caídas, contusiones, empachos, etc.

-Entonces, ¿de veras no le incomodará á
usted? ¡Qué amable es usted!
La señora Buchard salió y la señorita Ursula se quedó sola en presencia del bebé un
p~rsonaje, con. ~us veinte meses, sus pocos
dientes, su nar1c1ta remangada y sus mejillas
de manzana.
Loulou la miraba fijamente y la solterona
perdía su seguridad al conocer que su continente aristocrático, su tiesura toda su distinción reconocida, no ejercían i~fluencia alguna
sobre ese sefiorito, inexperto en buenos modales y con tan poca costumbre del mundo que
cuando ella quiso adelantarse para pone;lo en
sus rodillas, él retrocedió con una mueca de
angustia.
-¡Mamál-llamó, pronto á llorar.
El corazón de la solterona se conmovió dolorosamente. ¡Pobre niño! le causaba miedo.
¡Con ~l que ~o fuera á gritar y á odiarla!
-Mira-diJo con su más dulce voz -vamos
á hacer jugar á la gata.
'
Y tomando de su canastilla de labor una pelota de lana, cosa inaudita, contraria á la prudente economía tanto como á la limpieza la
lanz?, al piso, donde :Minouchc la atrap6, la
arr0JO de un zarpazo y la volvió á tomar de un
salto, desh_aciéndola casi con sus garras.
-También nosotros vamos á jugar.
~e apoderó de la mano del nifio, que ya no
resistía mucho. ¡Oh dulzura de esa manecita tibia, el contacto de ese cuerpo endeble
tanta debilidad y tanta vida!
'
'
- ¡Mira qué lindos pescados encarnados!
Y como éstos, quietos é inertes, la contemp_laban con un~ especie de estupidez, la señori~a Ursula! á nesgo de mojar la filoseda de sus
mitones, hizo un acto extrardinario: azotó el
agua con los dedos, el agua venerable é inmóvil que no renovaba sino en fechas inflexibles
en proporciones infalibles, con lentitud pru~
dente.. Los peces rojos, indignados, saltaron
frefiéticamente, y Loulou encantado alargó
la mano hacia ellos.
'
'

�Domingo 4 de Octubre de 1903.

Ahora, domesticado, estaba muy quieto, en
brazos de la sefiorita r rsula, que le ensefi6
muchos juegos.
Enternecida hasta casi llorar, la sefiorita
Ursula contemplaba al niño, alternativamente serio y risueño, que pedfa ¡más! y 1más! 6
decidiendo que ya tenia bastante, ya voluntarioso como un hombre.
Sentía una sorda. emoci6n, inexplicable y
desconocida, en sentir estremecerse contra ella
el flexible cuerpo, las piernas desnudas, la
carne de leche.
Pasaron horas, interrumpidas por peripecias, 16.grimas, risas, rabietas del niño, bizcochos con leche, la gata, celosa, á la que hubo
que echar á la puerta, hombrecitos de papel
recortados con tijeras, juego al escondite, en
que la solterona. thorror! estuvo á punto de derribar la. puerta.
Y trascurri6 tan bien el tiempo, que el nifi.o,
dormido, reposaba hacía. mucho, envuelto en
un chal, sobre el lecho de la solterona, cuando, á las once de la noche, llam6 la sefiora
Buchard, discretamente, á la puerta.
La sefi.orita Ursula no oy6 las palabras de
gratitud. S6lo tenia ojos para el dulce rostro
y el hermoso cuerpecito: una matern:da.d tardía, llena de todos los pesares, todas las desilusiones, todos los sufrimientos, todo lo incompleto de la vida, se despertaba en ella.
Nunca había conocido el dolor y la alegría.
de ser madre: nunca los conocería.
Y, cuando eRtuvo sola, llor6.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUND0 ILUSTRADO

¡Ah! Los días que han pasado
llenos de sombras están,
y en pos del bien anhelado
del coraz6n es imán
'
el pasado!

Pero cuando se corren «cincuenta kil6metros
por hora», por algún camiuo polvor~e~to, la
sombrilla 1ohl la sombrilla. está prohibida.
No queda más que el velo, espeso como un
sudario 6 las máscaras diversas que los sastres
•sporti~os» han procurado crear, cuidán~ose
únicamente de hacerlas eficaces y prácticas,
sin preocuparse en manera alguna. por la belleza.
Hay que creer que ambos términos eran ~ncompatibles, puesto que, con _raras excepciones, los inventores no han evitado la extravagancia. sino para caer en la fealdad.
Este imagina. una especie de armadura de
tela verdadera lente en la que los ojos apare.
cen ' cubiertos por enormes antiparras
convexas, mientras que una capucha cubre la cabeza y protege los cabellos contra el polvo.
Otro, conservando las disformes antiparras,
cubre la cabeza entera de tisú, abriendo a.bajo

A mi pesar te recuerdo,
si en el mar de la amargura,
como un náufrago, me pierdo;
y si río ... ... me tortura
tu recuerdo!
Yo pensé que en el olvido
pudiera el alma arrojarte
desde tu caliente nido,
¡mas aunque quiero olvidarte......
no te olvido!
FERNANDO DE ZA y A~.

extraños y consiente difícilmente en ocultar
sus rasgos y afearse de esa manera, por lo cual
estima mucho más el velo, que deja su completa apariencia al rostro.
Los burlones, de seguro que se complacerin
en recordar este corto diálogo, atribuído i m
francés y un inglés-creo que diplomáticoe,en el momento de firmar un tratado de pu
en el que Napole6n reclamaba una indemnizaci6n considerable:
-Es asombroso que os atreváis á reclamar
dinero-decía el inglés;- nosotros batallamoa
solamente por la gloria.
-¡Qué queréis, milord-contest6 el otro,se pelea siempre por lo que no se tiene!

PAUL y VICTOR MARGUERITTF..

ta moda y d automooilismo
NUEVAS ELEGANCIAS

La extravagancia, la fealdad, mejor dicho,
la fealdad misma de ciertos trajes 6 accesorios
creados para el uso de las "chauffeuses», deberían alejar para siempre de las lindas cabezas de todas las mujeres bonita11, la idea de
practicar el sport del autom6vil.. .... si es que
alguna cosa fuese capaz de repugnar á una
mujer cuando se trata de gustar de un placer
6 simplemente de obsequiar las exigencias de
la moda.

Ecos de las fiestas patrias
Con motivo del aniversario de la Independencia, la autoridad política de Sombrerete,
Zacatecas, organiz6 un combate de flores para
la tarde del día 16, y algunos otros festejos, que
resultaron muy l ucidos.
En la fiesta floral tomaron parte las familias más distinguidas de la poblaci6n, concurriendo á ella numerosísimas personas de todas las clases sociales.
Entre los concurrentes llamaron la atenci6n
los alumnos de la EscuelaJuárez, que vestían
el uniforme del Ejército, y que á 1~ voz de
mando de sus profesores, efectuaban distintos
ejercicios militares. El grupo fué aplaudido por la precisi6n y desenvoltura con que
marchaba.
La serie de festejos efectuados en Sombrerete, termin6 con una velada literariomm,ical
que se di6 en la Escuela Oficial de Xiñas.
En Ciudad Guerrero, Chihuahua, se cele-

Aspecto del terreno, después de la voladura de la fortificación.

braron también, con el mayor entusiasmo, las
fiestas de la Patria, contándose entre los números del
programa. un simulacro de
defensa y a.taque de un fuerte por el Bata.ll6n infantil
«Guerrero,, v un destacamento del 18? de Infantería.
Las fortificaci6n tenía 20
metros de longitud por dos
de latitud y estaba rematada por dos torreones almenados. Tanto los niños como la tropa del 18?, demostraron durante el simulacro su buena instrucci6n en
el manejo de las armas y
una exactitud y destreza
verdaderamente notables en
los distintos movimientos
que ejecutaron. Los niños,
que simulaban estar heridos
6 muertos, eran llevados á
un "puesto de socorros»,
donde se les obsequiaba con
dulces y juguetes.
Al terminar el ataque y
defensa dt:l fuerte, la enorme obra de mampostería
que lo formaba, fué volada

MIOSOTIS

con poner alrededor de su cachucha un velo
más 6 menos opaco, atado con gusto. El rostro queda así enteramente oculto; pero al menos no se deforma ni aparece grotesco y queda
perfectamente protegido contra la intemperie.
Si ha de creerse á los peri6dicos ingleses
bastante provincia.listas, sin duda la «cha.uf~
feuse» de Ultra.mancha repugna estos medios

SOM'BRERETE.-Un grupo de alumnos de la Escuela "JuA.rez."

......

de la nariz una disforme abertura que da á la
paciente--si así puede de~irse-el aspecto de
no sé qué pájaro fantástico, algo así entre un
loro y una arpía.
Algún otro, creyendo hacerlo mejor, ha procuri.do conservar á la máscara cierta apariencia de vida, modelírndola, esmaltándola, sin
conseguir, por torpeza, atenuar la impresi6n
penosa é irritan le que produce siempre un rostro disfrazado de esa manera.
Por último, hay quien-y esto como un esfuerzo hacia la elegancia-ha engastado sencillamente los enormes anteojos de letrado
chino, en ufi vf'lo de encaje.
Un gran número de apasionadas por el automovilismo, desdefian semejantes invenciones complicadas y bárbaras, y se contentan

Hay que creer, en el caso de que tra
que las sportwomen francesas están de
suerte seguras de su superioridad en cu
nes de elegancia y de tal manera confiadaa
sus encantos, que no vacilan en sacrificar
parte de ellos, á cambio de un placer dem
do vivo, preocupándose únicamente del.
cer que experimentan en correr los camt
reales á gran velocidad, y sin cuidarse
efecto que producen ante los transeúntes.
Sepultar, disimular un talle fino y gracioso
entre los pliegues flotantes de un horrible guardapolvo· hundirse en pesados y vulgares abrigos; arAesgarse hasta á soportar la capa de
cuero rígido y mal oliente, todo eso es nada.
Lo que hay que ver son los aparatos que
se confeccionan en París para df'fender de
las injurias del viento y de los mordiscos del
sol los rostros que, no ha mucho tiempo, no
se 'hubiesen atrevido á afrontar el mediodía
en el campo, tan s6lo por no ocultar sus encantos bajo un velillo un poco espeso.
Y aun en ese caso, la. elegante poseía el recurso de la sombrilla, que, manejada por manos hábiles, es casi tan graciosa como su abanico.

Domingo 4 de Octubre de 1903.

Desde que tu amor me f&lt;1lta,
tengo el cielo de enemigo,
y á mi redor todo salta.
para imponerme el castigo
de mi falta.
La dulce fe no me guía
ni la esperanza me alienta,
ni escucho la melodía
de tu voz, que en la tormenta
fué mi guía.

Monumento A. Renán.

con una &lt;'.argo de p6lvora. En las fotografías
que publicamos pueden verse, tanto el ai.pecto general de la fortificación, como el que presentaba el campo después de la voladura.

monumento á Ernesto Rtnán
Acaba de inaugurarse solemnemente en Treguier (Francia), tierra natal de Ernesto Renán, la estatua de este fil6sofo.
Empeñosamente procur6 el escultor, M.
Juan Boucher, ponerles á la vista á los
conterráneos de aquél, el Renán que conocieron, tal como volvi6 n su tierra casi á la edad
de sesenta afios.
Aparece el filósofo sentado en un banco rústico, con bast6n en la mano, y cerca de él su
sombrero, un fieltro grande. A espaldas suyas se levanta la diosa de la Sabiduría con
quien él sofí.aba: Palas Atenea, á quien invocó en las páginas perdurablemente admirables de la «Plegaria en el Acr6polis».
El monumento fué fundido en París.

�Domingo 4 de Oetubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

tos Sobtranos dtl Hogar
Niños y Niñas

LA INSURRE(CION EN IIACRD0!1A
LA DINAMITA EN ACCIÓN

Por los abundantes despachos cablegráficos
que acerca de los sucesos de Macedonia han
publicado «El Imparcial» y «El Munqo&gt;•, habrán visto nuestros lectores que lejos de desvanecerae el temor de que la insurrecci6n contra el Sultán se extienda y cobre nuevos bríos,
son más remotas cada. vez las probabilidades

de que el movimient6 llegue á ser sofocado
por la Sublime Puerta.
Los rebeldes, dispuestos á sacrificarlo todo
por una causa que sin duda consideran santa,
ensanchan cada día sus dominios; organizan
centros de propaganda para atraerse adeptos,
y en su empefio de resultar á la postre vencedores, ocurren á cuantos medios están á su
alcance para causar al enemigo la mayor suma de males posible.
Entre estos medios, está el empleo de bombas de dinamita eu la voladura de trenes y de
puentes que puedan facilitar á los turcos la
rápida. movilizaci6n de sus tropas.

El grabado que publicamos repres1:mta el
carro comedor de un convoy destruído en parte por los insurrectos. La voladura causó la
muerte de algunos pasajeros.
Un despacho fechado en Sofía el 29 de septiembre, anuncia que la rebelión ha sido pro·
clamada en todos los departamentos de ~ ~ce•
donia que permanecían en paz. Estas noticias,
que indudablemente llamarán la atención del
mundo entero, demuestran que no está aún
cercano el fin de la guerra y que tendremos
todavía que lamentar sucesos ta.n atroces como los que últimamente se han ·registrado en
los Balkanes.

La familia cristiana, fundamento y base de
la sociedad moderna ( que podrá no ser cristiana, pero siempre tiene los caracteres esenciales de aquélla), se basa en la existencia de
los nifi.os. Los nifi.os forman el anhelo sempiterno y la constante preocupaci6n de los padres. No tener niños es algo muy semejante
á no tener tranquilidad.
De cualquier manera que sea, en los hogares humildes, como en los hogares soberbios,
entre gent.1 de poca ilustración, lo mismo que
en las clases profesionales, el nifio forma el
complemento de la felicidad doméstica. Para
juzgar hasta qué extremo el vacío que deja
una de estas pequefias naturalezas frágiles es
sensible, bastará fijar un momento la atenci6n en el rostro de una madre que acaba de
perder al pequeño, y en la manera de ser de
un padre en circunstancias semejantes.
Evidentemente que hay mucho de falso, de
convencional, de ridículo, si se quiere, en el
amor moderno, lo mismo que en su consagraci6n, sea al pie de los altares ó ante la mesa
de un juez del registro civil; pero si existe es.to y no lo vemos; si se olvida constantemente
la parte ineludible y tosca que abate el nivel
de la pasi6n humana, es, s6lo, porque el na-

cimiento de un nifi.o santifica todo; endulza
todo; ah,gra todo.
Y basta ver un hogar en el que falta la risa
franca de un pequeño, basta Pscuchar las quejas de una esposa que no es madre, para calcular hasta qué limite el lazo de unión que
forma un niño es estrecho y fuerte. Es éste
uno de los milagros de equilibrio en los cuales se funda la sociedad en que vivimos. Dos
personas llenas de malas pasiones-por el solo
hecho de pertenecerá la raza humana,-que
en poco tiempo llegarían á considerar la vida
en común como absolutamente imposible,
cambian en un ,;egundo de opini6n, se tornan
tolerantes; de ariscos que eran, olvidan, benévolamente, sus defectos más graves, se ven
con cariño, cuando días antes se herían con
miradas de odio profundo. El milagro lo ha
hecho el nacimiento de un nifio.
El instinto, ya que no el raciocinio, que en
estos casos poco valA y poco significa, lleva,
como de la mano, á la mujer hacia la maternidad. El instinto trasforma á la chicuela vana y alocada, en la madre tierna, abnegada,
devota. Pronto recuerda la esposa cómo arrullaba t. la muñeca en los años de su infancia.
El arte de ser buena madre no se aprende, se
sabe, por razón del sexo mismo.
Pero si un niño, con su sola presencia, llena de rumores alegres el hogar más pobre; si
una criatura ilumina con sus grandes miradas
ingenuas, hasta los más tenebrosos cubiles de
la fiera humana, en sus más atrasados representantes; si es necesario, absolutamente preciso para un hogar, el barboteo de una vocecilla infantil, la enfermedad que nada respets, el crup, el sarampión, la viruela, tornan
instantáneamente el cuadro. La intranquilidad más angustiosa se instala cerca de la cuna del nifio enfermo. El padre olvida sus negocios, se vuelve un pequeño que llora con el
médico y que cree en supercherías; la madre
olvida todo, menos que su hijo se muere. Hay
como una súbita irrupr.ión de miedo en el
hogar, así sea pequeña y pasajera la enfermedad del niño.
Y esto, que sucede siempre y que sirve para afianzar más y más los vínculos de la fa.
milia, es intolerable cuando se prolonga por
meses y por años. Un niño enfermo crónicamente, es algo muy difícil de concebir, algo
que choca r.on nuestros sentimientos innatos
de justicia. Algo que no es dable analizar, pero que se siente muy hondo.
Fácil será evitarlo. Lo más sublime de la
misi6n de una madre, es precisamente que
ella, y nadie como ella, puede responder de
la salud de su h;jo¡ como ella, y nadie más
que ella, puede formar el pequeño corazón y
la pequeña inteligencia en los momentos en
que se abre á todos los vientos y es capaz de
todos los contagios. De no ser por la ma-

Domingo 4 de Oetubre de 1903.

ternidad, el amor humano sería inmundo.
Y la maternidad no reside solamente en el
hecho de dar á luz un pequeño, no. Mayor
suma de abnegación y de cuidados se precisan para los meses subsecuentes. La madre
está llamada para echar los cimientos sobre
los cuales se edificará, más tarde, el edificio
entero de la felicidad ó de la desgracia del hijo. Creo firmemente que es de esta época difícil é inevitable, de la que data siempre el
cariño agradecido de los hijos hacia los padres, y el cuidadoso y previsor cariño de los
padres hacia los hijos.
L:i, infancia llena con sus alegrías el hogar
moderno. En el hogar está el trono de los niños¡ es de ellos la casa, por ellos se adorna,
para ellos se hace confortable. Un hogar sin
nifi.os, será siempre algo absurdo, muy difícil
de entender.
Nuestras ilustraciones hablan por sí solas.
Hasta en el llanto algo hay que hace adorable al niño. Basta con el hecho de que no sea
un hombre ni una mujer, para que merezca
nuestro amor y nuestra protección sincera. Si
en algo se distingue un hombre salvaje de un
hom~re civilizado, es, precisamente, en que el
salvaJe ahandona y mata á los pequeños, porque son débiles, mientras el hombre civilizado los ama y los protege por la misma raz6n:
porque son débiles.
NEMO.

Fotograffas de Arriaga,

�Domingo 4 de Octubre de 1903.

ARTISTAS
Artistas que amáis de coraz6n el arte, cerrad ante vosotros las puertas de lo pasado;
pensad y vivid en medio de los pueblos que
rugen á vuestro alrededor como las olas del
Océano.
La humanidad sufre y está en perpetua lucha; en lugar de inmortaliza: á los h~roes que
sucumbieron en la guerra, mmortahzad con
vuestros pinceles ~ los mli_rtires de ~uestr~s
sangrientas revoluciones. Pmtad med10 t~ndida en el sepulcro á esa misma humamdad;
pintadla cubier~ aún con los viejos h3:rapos
de la aristocracia y de la monarquía; pmtadla cayendo de nuevo en su ensangrenta~o
ataúd á impulso de las lanzas de la barbarie;
pintadla agonizando, llen? ~e podre e! coraz~n,
de úlceras el cuerpo, de tmieblas el alma; pmtadla muerta ya, hasta que, animada otra vez
por el espíritu del que volvi6 la vida á Lázaro, rompa sus ataduras y renazca 3:l m?ndo,
rejuvenecida por el amor y por la ciencia.
Sed constantemente los cantores de vuestro
siglo; sed, si es que sois artistas, sus profe~s.
Contad uno á uno los suepiros de esta sociedad y reproducid los tormentos que los arrancan de su pecho lacerado; removed el fondo de
as miserias de los pueblos y hacedlo aparecer

EL MUNDO ILUS'DRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

á la superficie, para que se estremezcan sus
autores ante su propia obra¡ recoged los votos
y las aspiraciones de los que sufr_en, y apenas
entreveáis el alba de la regeneraci6n, alegraos
y derramad su rocío sobre ~antos corazon~s
abrasados por la desesperaci6n y el sufrimiento.
á .
Dejaos impresiunar por ePe valle de l gngrimas que llamamos mundo; cuando no quepa el dolor en vuestra alma, sim bolizadlo en
los seres que os rodean, ver~dle _á raudales
sobre vuestros cuadros y seréis artistas. Habréis comprendido el mundo y el mundo os
comprenderá; crecerá ~e día en. día vuestra
inspiraci6n y la pcstendad no mirará con desprecio vuestras obras, porque v?rá_ en ellas
vuestros sentimientos, los sentimientos de
vuestra época.
Si s6lo pintáis lo presente, reconocerá eternamente en vosotros á los artistas del siglo
XIX¡ si llegáis, además, á encer~ar lo futu~o
en el círculo de vuestras producciones, seréis
tenidos eternamente como artistas y como precursores. Está abierto ante vosotros un mundo de que podréis hacer brotar torrentes de
poesía; acercaos á él llenos de fe en el porvenir y lo haréis brotar de entre rocas abrasadas
por un sol de veinte siglos.

Domingo 4 de Octubre de 1903.

RIMA

UN COJÍN ARTÍSTICO
Cuando ella pasa junto á mí temblando,
vuelvo atrás la cabeza,
y extático me quedo contemplando
su adorada belleza.
Tornan á mi recuerdo las historias
de los pasados días,
y se desprenden ¡ay! de mis memorias
hojarascas sombrías... •·•

Para ser remitido á la Exposici6n de ~an Luis Missouri, fué entregado á la Secretaría de Fomento por una señorita de nacionalidad espafíola, un hermosísimo cojín de seda, con el que será obsequiado S. M.
Alfonso XIII.
El artístico cojín, valuado en dos mil pesos oro, tiene en el centro,
bordadas con verdadero primor, las iniciales del Rey, y en las esqui-

Prosigo mi camino silencioso,
pensativo me quedo,
y su recuerdo dulce y amoroso
me estremece de miedo.

y entonces me pregunto entristecido,
llorando mis dolores:
-¿Por qué tan presto de mi pobre nido
se van los rmse:fi.ores?
-¿Por qué de la que quiero en este mundo
un mármol me separa?
-Porque hay en ti un abismo.muy profundo
6 es tu alma muy rara!. .....
JOSÉ

M.

de nácar, vestiduras con broches de zafiros, cimeras de esmeraldas en
los cascos, cinturones de turquesas, sedas de azul claro bordadas de
oro y cuajadas de perlas.
¿Con qué comparar aquel cielo de ardiente blancura~ Cuando una
mujer joven y hermosa, floreciente de salud y estremecid~ de placer,
ataviada ya para su boda, sujeta su:i cabellos ~on la perneta de oro,
se adorna con sus collares ele perlas y sus pendientes de rubíes; cua~do todas sus alhajas reflejan sus luces en su carne sonrosada y 1;&gt;alpitante entonces rodea su frente con velo blanco; pero su rostro lo munda d~ luz, y la gasa en que parece ocultarse forma un nimbo que la ilumina.
Así, este mar, bajo su cielo esplendoroso, en su riq~~za de clari~ad
hirviente, y ya alejadas las nubes lívidas, aparece debc1oso y subhm_e
como el himeneo divino de un grande hom~re tras la noche largu~~ima de su desesperaci6n. También su amada tiembla ruborosa, tambien
es demasiado bella, y despierta en nosotros, por simpatía, lo que él por
su mérito.
Ante él como ante ella deja de oírse 6 de verse una cosa aislada,
un ser li~itado, un fragdiento de la vida, es el coro univers3:l de los
vivos, del que se oyen los cánticos de al?gría y las lamentaciones de
dolor es el alma excelsa cuyos pensannentos somos nosotros; la natural~za entera, quebrantada por las necesidades que la mutilan 6 la
destruyen, pero palpitante en el seno de sus funerales y elevando
siempre al cielo, entre la mirada de muert?s que la ~ubre~, sus.manos
cargadas de generaciones nuevas, con el grito sordo, indecible, siempre
sofocado, renacie.ndo siempre, del deseo no satisfecho.

CARBONELL.
HIPO LITO

1903.

T AINE.

F . PI Y l',lARGALL.

MOVILIDADES
Mi cabeza temblaba sobre tu hombro risueño
Cual la flor de un.a planta floresta!: con halago
Repasamos las horas virginales de nn sueño
Tristemente adorable; y en tus ojos un vago
Desamor delineaba silencioso diseño
Sobre el fondo dormido ele las aguas del lago:
A tu talle de virgen se enroscaba el ensueño
Como al astro divino los delirios del mago.
Fué un ayer hechicero, y á través de la au~encia
Tus hechizos me llaman en fl.auteada cadencia
De sonrisas y cantos, de suspiros y besos;
Pero estamos tan solos ...... y el edén tan lejano,
Que olvidé los perfiles de tu rostro lozano
Y el albor apacible de tus ojos traviesos.

INDIOS KIKAPOOS

El doctor" Nutenua.

Un .i:Gkapoo.

Hace pocos días se encuentran en México,
con motivo de algunos negocios que interesan
á la tribu á que pertenecen, dos indios kikapoos que, por lo extrafio de su indumentaria
y lo típico de sus costumbres, han despertado
en el público una verdadera curiosidad.
En sus paseos por las calles y plazas, los in.
dios se ven continuamente rodeados por grupos de gente del pueblo, que no se cansa de
admirar su manera de vestir y que á todo
trance procura imponerse de todo aquello que
se relaciona con ambos «personajes,,.
A prop6sito de esta nota, que la prensa ha
consignado de mil maneras, publicamos nosotros unas fotografías de hombres y mu~eres
kikapoos, así como el retrato de El Conejo,
comanche habilísimo en el manejo de la carabina, que reside en Múzquiz, Coahuila. Entre los primeros figura el ,,Doctor» Nutenua,
que goza entre la tribu de grande estimaci6n.
Por lo regular, los kikapoos se dedican á los
trabajos agrícolas, que les proporcionan los
recursos suficientes para su subsistencia, y viven, desde hace muchos ~ños, sometidos por
completo á la obediencia de las autoridades.

Mujeres kikapoos.

VILLlERS DE L'L,LE ADAII!.

Cojfn que será. obsequiado al Rey de España.

nas inferiores las armas de España. La suma de trabajo y de paciencia
que representan los bordados es incalculable, pues como fácilmmte
puede observarse en nuestro grabado, no hay detalle, por pequeño que
sea, que no acuse en su ejecucil,n una labor tan difícil como dilatada.
En opini6n de los conocedores, el cojín es una de las labores manuales más notables que se han hecho en México de algunos años á esta parte.

€1 des~o y la fantasía
FRAGMENTO

················································ ··· ··················· ·····················
Potencias invencibles del deseo y de la fantasía. Por mucho que se
las combata, jamás perecen. Treinta afios de negocios, de números,
de experiencia se han amontonado en el manantial; ya se le creía seco, y de repente, al contacto de un alma grande, brota de nuevo tan
rico como el primer día; el dique se ha roto, y los materiales pesados,
compactos, que impedían la salida, arrastrados por la irrupci6n, sirven
para aumentar la fuerza de la corriente.
Por un caso extrafio, yo vol vía á ver en aquel momento los paisajes de
la India, únicos dignos, por su violencia y sus contrastes, de suministrar imágenes para tal música.
Al soplar los monzones, las músicas acumuladas forman una muralla monstruosa de humo, que invade todo el cielo y el mar; sobre aquella masa negra vuelan á millares las gaviotas, y la obscuridad formidable, tachonada de alas blancas, avanza hacia la tierra, devorando el
espacio y ocultando los cabos en su vapor densísimo. Los buques entonces se internan en el mar.
Uno de los últimos días claros y buenos, vi desde lejos las Maldivias, doce mil islas pequeñas de coral en un mar de diamante; casi todas están desiertas; el agua duerme en sus senos 6 marca una franja de
plata en sus arrecifes. El sol arroja allí á pufiados sus flechas de fuego;
en las revueltas de los canales brotan corrientes de oro fundido de
entre las dos oblicuas.
La extensa llanura líquida, sembrada de remolinos, parece un metal que sale de la forja, adornado de arabescos; millones de relámpagos
brillan en su superficie, como en las in&lt;.:rustaciones de una coraza; se
diría que es el tesoro de un rajá, armas y joyas, puñales con mangos

Person•ades de zarzue,a.-El lego de los Madgyares.-(Fot. Arriaga) .

�Domingo 4 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUST RADO

El t,ojalattro dt talmacb
Hace años, muchos affos, vivía.el Hojalatero de
Talmach, que subsistía de su trabajo. consistente
en hacer filtros y colocarlos á. domicilio. Y cierto
día pasaba por un sitio donde las aguas habían formado un pantano en el ca.mino. Iba á.
una casa lejana á. colocar una destiladera que le
habían enci.rgado; pero el camino se le hacía
largo, muy largo. A cada paso que daba, se hun-

día en el fango, y al sacar unlpie, se le atoraba
el otro. Era de buen genio el Hojalatero de Talma.ch; pero acabó por fastidiarse y decir: «Que el
diablo me lleve si vuelvo á pasar por el mismo
sitio en mi vida.&gt;.
Procuró salir del atolladero. Llegó á. la ca.sa
donde ya esperaba.n la destilader a, la colocó y
le pagaron tres chelines por su obra.
En el camino de vuelta á. su casa, encontró á.
un viejo, de traza miserable, que le contó una
larga historia de padecimientos y de dolores, le
dijo que se encontraba sin dinero, con hambre y
enfermo, y te1·minó por pedirle alguna limosna.
El Hojalatero de Talmacb metió mano á. su bolsillo, sacó uno de los tres chelines que había ganado momentos antes y se lo dió al pobre, que
se retiró bendiciéndole.
.Media milla má.s a.delante, otro viejo, semejante al primero, pero más miserable aún, se
presentó; refirió su historia de grandes dolores
y de gran miseria, se quejó amargamente de la.
suer te y terminó por pedir al Hojalatero de Talma.ch que. le diera. una. limosna. Era de buen genio nuestro hombre; llevó la mano á. la bolsa.,
sacó otro chelín y se lo dió al anciano, pensando que con un chelín que le quedaba. podrían comer él y su mujer.

Perolá. la media milla de ca.mino, otro viejo se
pl'esentó demandando al Hojalatero de Talma.ch
una limosna.. Era buen hombre el Hoja.latero,
consideró el esta.do de miseria en que se encontraba el mendigo y le dijo:
-Bueno, me queda sola.mente un cbelíndetres
que me pagaron por un trabajo que acabo deba.car en la. casa. de un propietario rico. Pero dividiré de buena gana contigo el dinero, porque me
parece que de veras estás muy necesita.do.
-No-le contestó el mendigo número tres,-no
bagas tal. Ante Dios te juro que cualquier cosa
que sea menos que un chelín, me servirá dll muy
poco y no vale la pena de que bagas el sacrificio, si no ha. de traerme beneficio de ningún gé•
nero.
El Hojalatero metió por tercera vez la mano
en el bolsillo, sacó el tercer chelín de los que le
habían pagado y se lo entregó al pobre.

***

cuarto de un enfermo. fíjate en la cabecera ó en
los pies de la cama. Yo siempre estaré allí para
advertirte. Si me encuentro en la cabecera, es
que debe morir el paciente, y entonces te retiras;
pero si est-0y por la parte de los pies, le das las
gotas y sanará desde luego.

A los pocos días, la esposa del Hojalatero de
Talma.ch tuvo un niño. Y cuando ya tenía ocho
días, lo tomó en brazos su padre y salió de su ca•
sa buscando un podrino que quisiera bautizar á
la criatura. El primer hombre que encontró en su
camino era un rico propietario, que le dijo:
-¿Quieres que sea yo el padrino de tu hij o y
compadre tuyo?
-No; tú eres un hombre rico, pero de mal corazón, y solamente quieres que sea yo tu compadre para explotarme en mi trabajo. Y siguió
adelante, esperando encontrar pronto un compadre en el camino.
Después encontró á la Muerte, que le dijo:
-Sé que buscas un padrino para que lleve á
bautizar á. tu hijo y yo quiero hacerlo. Creo que
te convendrá. encompadrar conmigo.
-Sí-le contestó el Hojalatero,-tú eres la única franca y buena para con los hombres y me
conviene que seas mi comadre.
Y volviendo al pueblo, la Muerte llevó á bautizar á la criatura y hubo fiesta en la casa del
Hojalatero y se divirtieron mucho los invitados,
porque la Muerte estaba de muy buen humor, y
toda la noche estuvo cantando y tocando en el
clavicordio que un vecino había presta.do para
la fiesta del bautizo.
Cua_ndo ya era tarde, la Muerte llamó aparte
al Ho¡alatero y le dijo: «Es preciso que te deje,
porque tengo mucho que trabajar, por lo que he
descansa.do en tu fiesta. Pero no quiero irme sin
darte un regalo, que servirá. para que hagas la
fortuna de mi ahijado. Toma este pequeño f rasco de vidrio y cuídalo mucho. Cou unas ('uantas
gotas de este líquido que le pongas en la boca,
sanará c~alquier hombre, alto ó bajo, r ico ó pobre, á quien asistas como médico, con la única
condición de que no sea su última enfermedad.
-¿Pero cómo podré saber que es su última
enfermedad?
-Tienes razón. Mira, siempre que entr es al

***
El Hojalatero de Talmacb puso un letrero en
su casa en el que anunciaba que había aprendido á curar y que era ya un médico. Afluyeron
los enfermos, porque muchas ocasiones salvó la
vida de los que aparecían como incurables. Y
sobre todo, porque siempre era su diagnóstico
seguro, y cuando decía que una persona se moría, se moría de cierto.
Ganó mucho dinero y compró una casa que la
hiio transportar, pagando muy caro, al sitio
donde siempre había tenido su cabaña. Pero sucedió que la fama había corrido por todo el rei•
no, y el Rey estaba enfermo y los médicos no
acertaban á curarle. Mandó que fuera el Hojalater o y le dijo:
-Buen hombre, me han contado que sabes
cur ar muy bien, y quiero que me cures, por que
mis médicos no han podido hacerlo.
El Hojalatero se fijó en que la Muerte estab a á
l a cabecera de la cama, y le hacía seBas de que
no debía darle a l Rey las gotas mágicas .

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tro&gt; ni una «Ave .María&gt; en cuarenta ailos y
cuarenta meses.
Y la Muerte se desesperó y maldijo. y nada
de raro tenía.

***
Por cien ailos el Hojalatero de Talmach siguió
curando con las gotas del frasco, que nunca se
agotaba. La Muerte Je perseguía; pero nunca
lugraba engañarle. Una noche vol vía el Hojalatero á su c11 sa, y se encontró con un joven que
se quejaba. amargamente.
- Yo soy el Hojala.te1·0 de Talma.ch, le dijo, y
puedo curarte de tus males.
-¡Ay hermano! le contestó el muchacho, yo
he muerto hace trescientos años, y solamente peno porque no hay una alma caritativa que quiera hacerme la caridad de rezar poi· mí un «Padre Nuestro&gt; y una. «Ave María&gt;.
Como era de buena alma el Hojalatero, sin
decir nada rezó l as oraciones. Al terminar de
hacerlo, el muchacho se transformó en la Muerte, que le dijo:
-Has rezado ya y me perteneces.
Nada tuvo que decir el Hojalatero. La Muerte le llevó á. su lado, primero al Cielo. San Pedro, que les abrió, preguntó el nombre del Hojalatero, consultó su gran libro y le dijo:
-De ninguna manera puedo admitirá un hombre que, puesto á escoger tres cosas, no escogió
primero la. bendición de Dios. Fuera!
Bajaron al Infierno; pero a.penas el Diablo
vió al Hojalatero, dió grandes alaridos, acordándose de los golpes de la herrería., y cerró su
puerta dis:iendo que nunca lo admitiría.
Volvieron al ca.mino de la Tierra. Pensaba
la Muerte qué haría con aquel hombre á quien
na.die quería recibir. Finalmente le pregunto qué
era lo que deseaba.
-Puesto que tú me has acompañado y me has
obligado á. seguirte, dijo el Hojalatero, deseo
que me hagas de nuevo un hombre y que nunca
te acuerdes de mí, por los siglos de los siglos.
Y la Muerte así lo hizo. Pero pocos siglos habían pasado cuando ya el Hojalatero de Talmach se ha.b,a convertido en una ruina, capaz
de dar compasión á la misma Muerte. El Tedio
nació de él. Y buscó á la Muerte suplicándole
que le llevara.
-No puedo hacerlo-Je contestó;-tú mismo
me has pedido que siempre sea tu vida respetada, y lo he prometido. De hoy en adelante, siempre hCOmpañarás á los hombres.
~ es por ~sto 9ue, en los banquetes, en los
bailes, en la iglesia, en la calle, dondequiera,
en todos los siglos de los siglos, que el hombre
se congrega, siempre el Hojalatero deTalmach,
convertido en el Tedio, que nunca puede morir,
p_o rque la Muerte le rechaza, acompaña. á. los
circunstantes y se encuentra en el corazón mismo de todos.
Arre¡lo del inglés para "El Mundo Ilustrado"

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•

Domingo 4 de Octubre de 1903.

Dió entonces las gotas famosas al Rey, que se
levantó luego y le elogió mucho, dándole un
costal lleno de o~za.s de oro, con su sello, que
valía cada una cien chelines de plata.
Pero cuando más contento se retiraba el Hojalatt:ro de Talma.ch, la Muerte, muy indignada,
~e sa.hó al encuentro en un solar solitario, y le diJO que había quebrantado el pacto. Que le había
prometido que curaría. con las gotas del frasco;
pero que siempre que ella estuviese á. la cabecera de los enfer mos, los dejaría. tranquilos. Que,
por consecuencia, debería él mismo perecer.
. -Tienes razón que te sobra, COLltestó el Ho¡alatero; solamente te pido, por favor, que vaya~os á. mi casa para morir en ella., porque es
meior a.sí, y no que me muera. en el ca.mino.
Consintió la l\Iuerte y llegaron juntos á la casa. El manzano mágico estaba cubierto de manzanas apetitosas.
-Mira, comadre, dijo el Hojalatero á la Muerte: mientras saludo á mi mujer, para. que no se
asuste, hazme el favor de cortar una manzana,
que la boca se me ha.ce agua. solamente de verlas.
La Muerte cc,gió uno de los frutos y quedó,
en ese momento, pegada al árbol, y solamente
la voluntad del Hojalatero podría haberla. sepa.r1:1,do, por lo que éste la dejó pegada. por cuarenta años.

co en uno de los yunques, en el más grande que
había en el taller.
-Al venir en el camino -dijo,- he notado que
algo se mueve en mi saco, algo que no puede ser
bueno. Así es que si me hacen el favor mis buenos amigos, deben tomar cada uno un mar tillo
grande y dar recio sobre mi saco en el yunque,
hasta que lo que se mueve haya muerto.
Los herreros eran seis y todos muy fuertes.
Cogieron sus martillos de trabajo y comenzaron
á dar recios golpes. El Diablo chillaba más y
mejor ; pero no podía salir del saco sin que el
Hojalatero de Talma.ch en persona lo sacara de
ahí.
Cada~ vez que el martillo, con un bonito compás, caía sobre el yunque1 el Diablo daba una
gran voz; y mientras mas gritaba, más fue rte
pegaban los herreros, alarmados con la voz des•
conocida del Demonio.
Cuando se cansó de gritar, prometió al Hoj alatero que no le haría mal si le soltaba. E l Hojalatero consintió y el Diablo salió en forma de
una fuerte llama1·ada de fuego.

En ese momento las vestiduras del mendigo cayeron, una viva luz le iluminó y el Hojalatero
vió que tenía ante sí una persona lujosamente
vestida. y de facciones muy agradables.
-Yo soy un á.ngel-ledijo- quehesidoenviado por Dios á. ver si es cierto, como se dice, que
tienes muy buen corazón. Te be seguido por todo el camino y me be convencido de que eres caritativo en demasía; porque sé bien que tu mujer
te espera para comprar la cena, porque nada
queda en tu bogar para comer. Dios me autoriza para que, en premio de tu buen corazón, te
haga yo tres gracias. Pídeme tres cosas y te serán desde luego concedidas.
Por un momento, el Hojalatero de Talmacb pensó cuáles eran las cosas que más podrían servirle. Se acordó de que había tenido muchas molestias y no pocos dolores á. consecuencia de que
los vecinos aprovechaban sus descuidos para.
robar los objetos que dejaba en su bolsa, en la
que acostumbraba llevar sus utensilios de trabajo. Así es que pidió, por primera gracia, egue
todo aquello que él pusiera en su bolsa de trabajo, sola.mente pudiera salir cuando él, personalmente, quisiera. sacarlo de ahí, y no en otra
circunstancia&gt;.
Una vez concedido por el ángel, el Hojalatero
pensó cuál sería la segunda de sus peticiones.
Se acordó de que tenía en su pequeffo jardín un
gran manzano y deque nunca podía coger la fruta, porque antes de que madurara, los muchachos de Talmach la robaban. Y pidió por segunda gracia «que todo aquel que tocara su manzano se quedara prendido á. él basta que personalmente fuera. á. ponerle en libertad.&gt; Le fué concedido.

Y por tercera gracia pidió cque su canasta la
que le servía á. su mujer para ir al mercado ~na
vez que estuviera llena de provisiones n~nca
jamás, se vaciara por completo&gt;. Le f;é conce'.
dido también.
-Pero-le dijo el ángel-creo que has hecho
mal, porque lo primero que deberías haber pedido, era la bendición de Dios.
-Seguramente que hubiera sido bueno-contestó;-pero no por estar bendito, dejarían de
robarme mis útiles de trabajo, ni dejarían de comerse mis manzanas, ni dejaría de tener días de
poco comer, aunque mi hambre y la de mi mujer
fueran muy grandes.
_El ángel movió la cabeza y desapareció en el
viento.
Diez días después, sin acordarse ya de su juramento, el Hojalatero de Talma.ch fué llamado
á componer el filtro que había colocado la tarde
en qne le fueron concedidas las tres gracias
Pasaba por e~ mismo pantano y se cansaba. y~
de sacar un pie, para que se le enterrara. más el
otro, cua.n~o el Dia~~? se le apareció y le dijo:
- Hace die~ días d1Jiste que &lt;si volvías á. pasar
por este camrno, te debería llevar el Diablo&gt; y
aquí ~stoy para recordarte tu juramento.
'
. - Tienes razón, ahora me acuerdo de que es
cierto.. Estoy á. tus órdenes. Y siguieron ¡untos
el ca~mo, hasta ll~gar á las cercanías del pueblo, Junto á las primeras casas, donde el Hojalatero de Talma.ch le dijo al Diablo:
- Todos los vecinos del pueblo me conocen y
me daría vergüenza que me vieran pasar en tu
compañía. .Mientras llego á. donde me necesitan
hazme el favor de hacerte pequeñito para que~
l?~eda yo ocul~a1· en mi saco, donde llevo mis
ut1les de traba.Jo. Así me vigilas y nadie puede
verte.
El Di~blo no tuvo inconveniente en hacerlo.
Se re~u¡o al 'tamaño de un pedacito de plomo, y
el Ho¡ al a tero lo colocó entre .los demás que llevaba en su saco, llegándose así á. la ciudad
•-~n ella había un banco de herrar cuy~s ~aba¡adores eran buenos amigos del Hojalatero de
Talma.ch. Este llegó á la fragua y colocó su sa-

EL MUNDO ILUSTRADO

E

-Lo siento mucho, Majestad, dijo; pero es
absolutamente imposible que aplique yo mi ciencia á. vuestro caso. Es inútil todo.
-Cómo se entiende-dijo irritado el Rey ante
l a idea de que debería morir. - Curas á los mendigos y á los que nada te pagan, y no me has de
curar á mí. Te advierto que del Palacio no sales si antes no me has curado por completo, y
gue haré que te maten á. palos si no cumples con
este deseo mío, que es obligación tuya.
El Hojalatero estaba muy intrigado. Reflexionó sobre su situación por espacio de algunos
minutos, y dijo al fin:
-Que salga todo el mundo de la cámara, menos el Rey, yo y cuatro soldados bien fuertes.
Se hizo así, y antes de que la Muerte pudiera
protestar, el Hojalatero ordenó que los soldados
cogieran la cama y la invir tieran, esto es, que
pusieran la cabecera en donde primero estaban
los pies, y viceversa.
Entonces la Muerte quedaba en los pies y no
en la cabecera.

Y en este tiempo fué y dió las gotas, y como
nunca estaba la Muerte en la cabecera, nunca se
morían los enfermos, y los panteones quedaron
vacíos y el Hoja.la.tero de Talma.ch se hizo muy
rico.
Cuarenta años después el Hojalatero volvió, y
la Muerte, que se cansaba de estar pegada á la
manzana, le dijo:
-Te doy cuarenta años de vida si me sueltas.
El Hoja.latero consintió en ello, y en esos cuarenta años los panteones se llenaron, pues la
Muerte estuvo muy ocupada haciendo todo el trabajo que faltaba en la Tierra, por su forzosa
inactividad anterior. Pasados los cuarenta años,
filé á ver al Hojalatero y le dijo:
-Ha. llegado el tiempo. Ven conmigo.
-Tienes razón que te sobra. Solame::.te te pido que me dejes despedir de mi mujer y de mis
hijos. Mira: está ardiendo este cabo de vela, sólo te pido que me dejes libre hasta que se haya
terminado.
La Muerte vió que el cabo, que era muy pequeilo, solamente ardería unos cuantos minutos,
y no tuvo inconveniente en dar el permiso que
el compadre le pedía.
Cuando lo hubo dado, el Hojalatero sopló el
cabo de vela y lo enterró á cien pies debajo del
suelo. Y la. Muerte tuvo que trabajar otros cuarenta ailos buscando el sitio donde estaba el
cabo.
Cuando lo encontró, lo encendió desde luego;
cuando se hubo terminado, buscó al Hojalatero de Talma.ch y le dijo:
-He cumplido mi palabra. Ya se acabó el cabo de vela y vengo por ti.
- Me parece razonable-le contestó el Hojala.tero. - No tengo más que pedil'te sino que me dejes decir un «Padre Nuestro&gt; y una &lt;Ave María,&gt; porque en los últimos doscientos ó doscientos cincuenta affos, he descuidado un poco
mi alma.
-También me parece razonable, dijo la Muerte. Justo es qua te permita yo, ya que eres mi
compadre, que te pongas en gracia..
-Bueno; pues ahora no rezo un «Padre Nues-

JII [ago teman
Nada iguala el encanto, la pureza
De tus aguas azules y dormidas,
Oh lago de las márgenes floridas,
Inexhausto raudal de la belleza!
En ti Byron reclina la cabeza

Y soñando en tus playas escon&lt;lidas
Dulce bálsamo brinda á sus heridas '
El otoño en su lánguida tristeza.
Tus crepúsculos de oro son divinos!
El sol deja en tus cielos opalinos
Los dibujos fantásticos de Goya ......
La existencia, á tu lado es sueño breve·
Y ascendiendo, cual águil~s de nieve
'
Te saludan los Alpes de Saboyal
'
LEOPOLDO DiAz.
Ginebra, junio de 1903.

�Domingo 4 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRA.DO

A juzgar por lof' rendimientos que dejó ála
empresa la corrida de inauguraci6n-S6,000
en números redondos,-es indudable que en
lo sucesivo obtendrá muy buenas gauancias
pues para ello cuenta con u~ público, en s~
mayoría compuesto de americano~, muy poco
exigente en todo lo que se relaciona con la
faena de los diestros y con las buenas condiciones del ganado.
.
.
Publicamos además de una vista exterior
de la Plaza y de otras del interior, el retrato
del señor Ingeniero Pani.

NUEVA PLAZA DE TOROS
Con una corrida que se efectu6 el domingo
20 del pasado, fué inaugurada en Ciudad Juárez una magnífica plaza de toros que se levanta en la calle del Comercio y que, tanto
por su buena distribuci6n, como por la clase
de materiales con que fué construída, puede
coMiderarse como la mejor de la República.
La plaza, un poco más reducida gue la
«México&gt;&gt; la de Puebla y la de Moreha, está
hecha, p~ede decirse, á perpetuidad; sus ~mplias y bien dispuestas graderías son macizas
y están revestidas con cemento, y las lumbrera!! que protege una hermosa arquería, son,
en 'cuanto á comodidad y elegancia, una verdadera obra maestra. Al rededor del edificio
y para aprovechar loR huecos que d~ja_ron las
gradas, se construyeron algunas vivien?as,
que producen á la empresa un_a r~nta considerable. El costo total del edificio se eleva á
$47,600.
La fabricaci6n de la nueva plaza estuvo encomendada al señor Ingeniero Camilo Enrique
Pani hombre muy estimado en la Frontera Y
parti~ularmente en Ciudad Juárez, do~de_ ha
construído con éxito otros muchos edifici_os.
A este ir.teligente Ingeniero se debe también
la construcci6n de la plaza de toros de Aguascalie::ites.

uusos sencillos
Yo pienso cuando me alegro
cual un escolar sencillo,
en el canario amarillo
que tiene el ojo tan negro.
Yo quiero, cuando me muera,
sin patria, pero sin amo,
tener en mi losa un ramo
de flores y una bandera.
JosÉ

MARTL

Domingo

4,

de Octubre de 1903.

ceesfibradora "Ruiz @sorio"
UN INVENTOR YUCATECO
El creciente progreso que alcanza el Estado
de Yucatán, debido muy especialmente á la
considerable alza del precio del henequén su
principal y puede decirse única produc~i6n
en los mercados extranjeros, ha impulsado e!!.
los hijos de la Península grandes alientos para lograr no s61o alto grado de cultura social,
sino lo que efitraña carácter singular digno de
todo encomio: proporcionar á los labradores
de sus campos mayor número de facilidades
en el trabajo, procurando economías de importancia á los capitalistas y útiles de notoria
significaci6n á la industria.
Uno de los yucatecos que en estos últimos
tiempos se ha distinguido más por su espíritu
progresista y por su empeño de facilitar las
rudas faenas del campo, es el señor Don Tomás Ruiz Osorio, quien á sus dotes de hombre laborioso, ha sabido unir conocimientos
muy estimables en mecánica, á la cual ha consagrado, desde los primeros años de su juventud, una existencia que está siendo fecunda en
bienes para el jornalero, necesitado más que
otro alguno en aquella regi6n de la costa, de
medios que amengüen la dureza de su cuotidiana tarea.

*

Don Tomás Ruiz Osorio consagr6se, años
ha, con decisi6n verdaderamente inquebrantable, á buscar el medio de que el filamento del
henequén obtenido por máquinas más 6 menos complicadas y que entre sus cuchillas desfibradoras dejaban gran parte de los productos
de ese riquísimo agave, resultara de más pingües ganancias para el hacendado. A esto tendieron su perseverancia y su labor continua
que han rendido el fruto deseado, con la in-

tremo rudimentarios de que
se valieron por mucho tiempo. Y con sobrada raz6n de
unos y otros. Más que el
valor de cada máquina, el
hacendado se encontr6siempre en la necesidad de aumentar con grandes cantidades las partidas de egresos, para atender á la com postura continua de las desfibradoras que servían en
sus fincas, y el jornalero sentía profundo temor y retardaba su trab11jo, porque en
la máquina veía no una
amiga que lo ayudara eficazmente, sino un enemigo
pronto á mutilar sus brazos,
y, las más de las veces, á
causarle la muerte entre las
afiladas ruedas.
La máquina del señor
Ruiz Osorio puede ser manejada por un jornalero cualquiera, aunque carezca de
los más rudimentarios conocimientos de mecánica,
pues su inventor ha conseguido alejiu de su aparato
toda complicaci6n que pudiera servir de estOl'bo á los
trabajadores y de pérdida
de tiempo; no necesita de
que el propietario recurra á
los servicios de loe especialistas en el ramo, ya que si
Sr. Tomás Ruiz Osorio.

La desflbradora "Ruiz Csorio."

C. Juárw.-El redondel y los tendidos

~- -·

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Aspecto de la Plaza durante la corrida.

~

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......

--

.............

....,..

venci6n de la má,luina desfibradora que lleva
el nombre de su autor.
No nos pondremos á referir las ventajas que
este elemento, á todas luces utilísimo, proporciona á los propietarios y jornaleros yucatecos,
porque no es nuestro objeto más que presentar nuevo testimonio de que la constancia y el
trabajo todo lo vencen y á todos benefician.
Baste decir que la desfibradora inventada por
el señor Ruiz Osorio, ha merecido la aceptaci6n
general de los interesados un el cultivo y explotaci6n del henequén, como á las claras lo
pregonan el número de máquinas vendidas é
instaladas en las fincas de campo y el convencimiento engendrado ya de que otra alguna de
su clase puede competir con la del inventor
yucateco, en economía de tiempo y de dinero.
Las desfibradoras de henequén hasta hoy
conocidas y que, en su mayoría, demandan
fuP.rte capital-pues tan s6lo para su iustalaci6n hay que levantar edilicios adecuados y
muy costosos,-han siclo siempre miradas con
prevenci6n por los hacendados y hasta con temor por los peones de las haciendas, que preferían á las ventajas que estas máquinas pudieran rendirles, los antiguos aparatos en ex-

en la labor pierde alguno de los elementos que
la componen, puede ser substituido inmediatamente por el mismo encargado de atender á
su movimiento; y, además, al desfibrar las hojas de.la planta, no destroza el filamento y produce, en consecuencia, mayores rendimientos
al industrial.
No sin grandes obstáculos ha resultado vencedor el señor Ruiz Osorio en esta lid del trabajo, pues la competencia amonton6 á su paso
todo género de dificultades que, si en verdad
no hicieron vacilar la firmeza de su espíritu
retardaron la hora del triunfo, que por est~
motivo es aún más digno de estimación.
El éxito que ha coronado los esfuerzos del
inventor yucateco y el agradecimiento de las
clases acaudalada y proletaria de su E4&gt;tado
natal, son el mejor lauro que ha podido obtener en esta lucha benefactora para la industria del país.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 27 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Furiosa, hizo tomar las grietas y
calafatear los intersticios, creyéndose á salvo de atrevimientos y demasías; mas no contaba con lo ducho que es en tretas y picardigüelas
el Amor.
El muy maldito se disolvió en los
átomos del aire, y, envuelto en ellos,
se le metió en la boca y en los pulmones, de modo que se pasó el día
respirándole, exalti,.da, loca, con
una fiebre muy semejante á la que
causa la atmósfera saturada de oxígeno.
Ya fuera de tino y desesperada de
no poder tener á raya al malvado
Amor, Eva comenzó á pensar seriamente en la manera de librarse de
él definitivamente, á toda costa, sin
parar en medios ni tropezar en escrúpulos.
Entre el Amor y Eva la lucha.era
á muerte, y no importaba el cómo
se vencía, sino sólo obtener la. victoria.
Eva se conocía bien, no porque
fuese muy reflexiva, sino porque
poseía un instinto sagaz y certero;
y conociéndose, sabía que era capaz
de engatuzar con maulas y zalamerías al mismo diablo, que no a.l
Amor, de suyo Inflamable y fácil de
seducir.
Prupúsose, pues, engañar al
Amor, y desembarazarse de él sobre
seguro y traicionera.mente, asesinándole.
P1·eparó sus redes y anzuelos, y
poniendo en ellos cebos de flores y
de miel dulcísima, atrajo al Amor
haciéndole graciosos guiños y dirigiéndole sonrisas de embriagadora
ternura y palabras entre graves y
mimosa~, ae notas más melodiosas
que las del agua cuando se destrenza sobre guijas ó cae suspirando en
morisca fuente.
Y el Amor acudió volando, alegre, gallardo, feliz, aturdido y confiado cvmo un niño, impetuoso y
engreído como mancebo, plácido y
sereno como varón granado y vigoroso.
. Eva lo cog~ó en su regazo; acaric1óle con fehoa dulzura; sirvióle
golosinas; lo arrulló para que se
durmiese tranquilo, y así que le vió
calmarse recostando en su pecbo la
cabeza, se preparó á estrangularle
apretánllole la garganta con rabia.
Un sentimiento de pena y lástima
la cootu vo breves instantes, sin embargo. ¡Estaba tan lin.do, tan divinamente hermoso el condenado
Amor aquel! Sobre sus mejillas de
nácar, palidecidas por la felicidad
caía una. lluvia.de rizos de oro,
nos como las mismas hebras de luz,

No se podrá decir que la infeliz
Eva omitió ningún medio lícito de
zafarse de aquel tunantuelo de Amor
que la. perseguía. sin dejarla punto
de reposo.
Empezó ponie1:1do tierra en medio,
viajando, para poner el hechizo que
sujeta al alma. á los lugares donde por primera vez se nos aparece
el Amor. Precaución inútil, tiempo
perdido, pues el pícaro rapaz se subió á la zaga del coche, se agazapó
bajo los cojines del tren,ya más adelante se deslizó en el saquillo de
mano, y, por último, en los bolsillo'! de la viajera.
En cada punto donde Eva. se detenía., sacaba. el Amor su cabecita.
maliciosa. y la decía con sonrisa picaresca y confidencia.):
-No me sepa.ro de ti. Vamos juntos.
Entonces Eva, que no se dormía,
mandó construir una altísima torre
bien resguardada con cubos, bastiones, fosos y contrufosos, defendida por fuertes guardias, y cerrada, día y noche, con rastrillos y
macizas puertas de roble, chapeadas y claveteadas de hierro. Pero
al abrir la ventana. una. noc:he que
se asomó agobiada de tedio, á mirar el campo y á gozar la apacible
y melancólica luz de la. luna, el rapaz se coló en la estación; y aun
cuando le expulsó de ella, colocó
rejas dobles con agudos pinchos y
se encarceló voluntaria.mente, sólo
consiguió Eva que el Amor entrase
por la.s hendiduras de la pared, por
los canalones del tejado 6 por el
agujero de la llave.

Cuando el noble león tomó posesión de sus dominios, pensó cuerdamente que le convendría casarse,
y llamando al águila viajera, le
dijo:
-Veloz mensajera: tú qne traspasas los montes y los ríos; tú que incansable te ciernes en las alturas y
desciendes rápida. por los valles
llevada por el viento de tus potentes alas, recorre todas las regiones
de mis estados. lasque se extienden
al levante y que el sol alumbra con
la púrpura de las alboradas, las
que en el brumoso poniente baña.o
sus playas en el verde océano, las
que se envuelven en las melancólicas nieblas del helado Norte y las
que el sol radiante del mediodía
· alumbra con su rayo abrasador, y
avisa. á mis súbditos que el rey ofrece su mano á la. joven que posea la
más bella de las virtudes.
Y el águila hendió los afres esparciendo la buena nueva.
Y vinieron la cigüeña., desde las
remotas llaouri.s del oriente; lagolondrina, desde los países abrasados por el sol de los trópicos; la
alondra, desde las regiones que se
envuelven en el manto delas nieblas
invernales, y dejaron los bosques y
los valles la corneja, la urraca., la
paloma . ... . .
Y una vez en presencia del noble
león, empezaron á exponer sus respectivas virtudes.
-Yo-dijo la. cigüeíia-oo puedo
menos de declarar que la virtud ddmioante en mí es la. bondad. Ese
sentimiento delicado que es la base
de los afectos más puros y ca.paz
por sí solo de remediar todos los
males de la humanidad, lo poseo en
alto grado y gobierna todas las acciones de mi vida. Es ésa, pues, la
virtud que me vanaglorio de poseer.
-El desinterés es mi mejor cualidad-continuó la a.loodra;-creo que
es la virtud de más precio, y si ella
fuese la. norma de las gentes, como
lo es mía, el mundo sería feliz.
-No lo creo yo así-interrumpió
la golondrioa;-yo opino que la. grao
virtud es la sinceridad [ virtud que
yo poseo, por ciertoJ, y si ella. fuese cultivada por la humanidad, to·
dos vivida.o contentos de sí mismos
y satisfechos de sus semejantes.
-Sobre todas esas virtudes hay
una muy principal que ustedes han
olvidado-dijo la comeja;-bablo
de la inteligencia. Si ustedes poseyeran esa. virtud en un grado tan
a}to como yo la poseo, se encont~anan dotadas de todas las otras virtudes, y juzgada.o con altura. todi.s
las cosas; es, á mi parecer, la. mejor virtud, la virtud de las vfrtu.des.
Y siguiendo este tono, el resto de
la asamblea continuó hablando de ~:X::X:X::X::JCX::X::X:::X::JCX::X::X::X::XCC:X::X:X::XC~~X~~~~X::X:X:::X::JCX::X::X:::X::JCX::X::X::::&gt;
sus respectivas virtudes y encomians.-Dos elegantes abrigos de otoño.
do su trascendencia.
-¿Y tú qué dices·t-preguntóle el
león á la. paloma, que hasta entonquejas?-respondió el rosal. -SinPero la paloma no contestó, porsu favor. No habló de sus virtudes,
ces no había hablado.
gular delicadeza la tuya. Sufres con
que era muda..
porque,
poseyéndolas
todas,
cr~yó
La blanca paloma bajó los ojos
calma que te manchen con la suela
inútil
elogiarlas,
llevada
por
el
msJULIO
F.
Rm;L.
Y permaneció callada.
del calzado, y te ofende que caigan
tinto general de las gentes, que ol-¡ Bienl-dijo el león- la. cigüeña
sobre ti hojas de rosa. delicadas y
vidan
sus
propias
virtudes
p~ra
habló de su bondad; la golondrina.
aromáticas.
alabarse de las que les faltan. EhJo,
de su sinceridad; la alondra, de su
ta
falsa
dtllcadtza
pues
por
esposa
á
la.
paloma,.
porJOSÉ F. BREMÓN,
desinterés, y siguiendo el mismo
que 'su mayor virtud es la discrerumbo, los demás han alabado sus
ción, virtud que reasume todas las
-¡Sucio! ¿no ves que m~ estás
respectivas virtudes, abundando en
manchando y me pones perd1da.?luengos elogios para consigo misotras.
~
1 a le
1
y
dirigiéndose
,.
a
pa
om
•
djjo al rosal la. calle enarenada. de
mos. Onicameote la. paloma,llevada
dijo:
J
í
por su discreción, ha. dejado de haun jardín.
-¿No
es
verdad,
pa
om~
m
a,
-¿No te pisan las gentes y no te
cer su apología., y esto, lejos de ser
que
piensas
del
mismo
modo.
un mal para ella, habla mucho en

--

y de su boca. purpúrea, risueña aún,
de entre la doble sarta de pií'loues
mondados de sus dientes, salía un
soplo aromático, igual, puro. Sus
azules pupilas entreabiertas y hú·
medas, cooservalJan la languidez
dichosa tle sus últimos instantes; y .
plegadas soore su cuerpo de heléoi·
cas proporciones, sus alas colorde
rosa. parecían pétalos a1Tancados.
ll:va. notó ganas de llorar .. . .. No
había remedio: tenía que asesinarle
si quería vivir digna., respetada,
libre..... Y cerra.nao los ojos para
no ver al muchacho, apretó las manos enérgicamente, largo, largo
tiempo, -horrorizada del estertor
que oía, del quejido sordo y Júgu•
bre exhalado por el Amor agoni•
zaote.
Al fin Eva soltó á su víctima y la
contempló... El Amor estaba muer~
to, tan muerto como mi abuela: 01
respiraba. ni se rebullfa.
Y al punto mismo que se cercio·
raba de esto, la asesina percibió uo
dolor terrible, extraí'lo, ioexplica·
ble; algo como una. ola de sangre
que ascendía á su cerebro, y como
un arco de hierro que comprimía
gradualmente su pecho, asfixiándo·
la. Comprendía lo que sucedía ... •
El Amor, á quien creía tener eo
brazos, estaba más adentro, en su
mismo corazón, y Eva, al asesinar·
le, se había sutcidado.
EM1LIA PARDO BAZÁN.

4.-Veatldos de l,1 eatacl6n

Domingo 27 de Septiembre ,de 1903.

ta más \11rtuosa

fi:

El Jlmor asesinado

EL MUNDO ILUSTRADO

=

�EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 27 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

S252S'2.5c5m

PANTEON DE ALDEA
I
La. poética. perspectiv a. de una
apacible tarde otoñal, me sacó un
día. de mi gabinete solitario en busca de auras. vivifica~ora.s que refrescaran m1 somnoliento cerebro
Jugueteaban en la campiña ¡"
sutiles mariposas y no se escuchaba. más rumor que el monótono
zumbar de uno que otro inofensivo
abejorro, perdido entre la exube- ,
ra.nte verdura. y silvestres jardines
del dilata.do, fértil y hermoso valle.
Cual si me empujara. iavisible
mano, ca.minaba., ca.minaba. sin Raher á dónde.
La lectura. de una novela de Edga.rd Poe, de que había. disfrutado
momentos antes, me mantenia. suspenso, a.nona.da.do, vagando de acá
para allá, al través de un mundo
lóbrego de raquíticos espectros y
de siniestras visiones . ...
La hipnotización fatídica. produ·
cida. por aquella. lectura. fantástica
había sido completa. Sentía a.vi'.
dez de sensaciones extra.ñas, de contemplaciones lúgubres, de espectáculos quiméricos; sed devoradora
de perfumes indefiaibles, de paisajes sombríos; de coloquios íntimos
con seres de más allá de las tumbr.s ....
A la verdad, mi espíritu desfallecía. delirando.
De pronto, una. losa. marmórea vi•
no á recordarme que v ivía aún.
El suave y helado contacto de la
lápida. de un sepulcro, era la que
me había vuelto a.! perfecto conocí- ,
miento de la vida. real.
II
De hinojos, echado sobre una
tumba derruida., besaba. maquin.al•
mente con mis labios el polvo sagrado de un Camposanto.
¿Quién me había. llevado allí?
¿Qué objeto me guiaba.? ¿Soi!aba
acaso? Lo ignoraba.. Lo cierto era
que nadie había. allí más que yo, y
que estaba sitia.do por cuatro alt\S
y l!'ruesa.s murallas.
El silencio más profun do reinaba. en aquel bendito a.silo de la p~
eterna, y nada había que no fuera
la. más elocuente confirmación de
la bíblica. sentencia.: &lt;Polvo eres y
en polvo te convertirás&gt;.
¡Qué ideas, á cual más a.marga.,
cruzaban, á la. manera de errantes
mariposas en derredor de una.luz,
por mi mente, agitada. entonces oo•
mo rugiente marea.!
Sitio predilecto de la meditación,
aquel humilde panteón de a.Idea
traía á mi recuerdo muchos y muy
tristes pensamientos: la memoria
querida. de un padre inolvidable
'.fallecido cuando su hijo único ,no
había. dejado aún la. prisión de la
cuna.; de una. esposa. que perdió para siempre á su esposo; de una
hermana. que vió morir en el apo·
geo de su juventud a.l hermano ~e
su alma., y,por último, la. desapar1•
ción de una. cándida. virgen, ofren~
da con que la. tierra. quiso conquis•
ta.rse los favores y simpa.tías del
cielo.
Sentía aún en los labios el per·
fume ite la láctea esencia. maternal,
cuando tuve el dolor inmenso, in·
compara.ble, de perder a.l que la
existencia. me diera.
Muchos años han pasado; otros
tantos habrán de transcurrir, tal
vez, sin que su recuerdo querido
( religiosa.mente da.do á conocer,
como una. tierna. plegaria., por la
voz balbuceante de uua. madre amo·
rosa. é inconsolable) se exti.nga del
corazón.
La memoria. de aquellos q~e _nos
dieron el ser debe borrarse ua1ca·
mente con la muerte de los buenos
hijos.
Si son los padres á quienes todo
debemos, para ellos eea.n también
todos nuestros desvelos.
¡Felices los hijos que saben ser·
vir y honrar á los autores de sus
días!

....

,

·····-··· ····· ··· ··· .. ·· ·······

El sepulcro, con sus oscuras fa.u·
ces abiertas, muéstranos cuán de·
lezna.ble es la vida.: llama. fuga.zq!le
el más ligero soplo des'va.nece, cb1s·
pa. lúcida de \ln cere°Qro loco, que

6.-Modelo de bordado al pqnto,

·ve lo que las rosas del lfrico fra.n~s: c¡el espacio de una maña.na.!&gt;

III
De improviso, la. silueta. de una
roujer se desliza. rápida. por el sinuoso matorral que cubr:e un apretado cúmulo de mortuorios lechos.
Es la de una._ioven a.l parece~ b~llísima, vir~ma.l, como el cáhz d1·
roiauto d~ la. campánula., escul~ura.l
y fantástica. como esas ?reac1ones
del Dante; apenas cubiertas ~us
impalpables fot·ma.s con una. túmca
transparent!:l de tenues y flotantes
pliegues.
.
.
.
•Qué vos m1ster1osa. pudo a.nunar
la~ yertas cenizas de esa. ha.da mis·
teriosa. de ultra.tumba., arrebata.da.
tal vez a.l afecto sin límites de rendidos amantes?
¿O será la. musa del trovador
pastoril que, en los albores de l a.
ca.liada noche, a.Iza. la fría. losa de
su sepulcro para. referirnossuscuitas·? Quizií. la. hija ingrata., una. som·
bra. va.O'&amp;, tal vez na.da., va.na. ilusión risueña. quimera., fugaz mentira.' . . . ? No sé qué desconocido é
iadefinible deleite me inspiraba. la.
escena. misteriosa. del panteón.
Las frases de a.mor de una. con·
quista perdida.; los sus~iros, los
ayes de vehemente angustia. de una
madre idolatrada.; todos esos rumo·
res iainteligibles de vocablos y de
iaterjecciones acudían en confuso
tropel á mi mente, á mostrarme, con
la meridiana. cla.rida.d de la eviden·
cia, la fragilidad del edificio huma.no condena.do á desplomarse con
en~ordecedor estrépito a.l menor
impulso adverso del destino, ciego
é iaexorable.
Las cruces enmohecidas ó despedazadas, los ataúdes roídos por la
acción del tiempo, los huesos de
los hombres, niños y mujeres que
de;aron de serlo; en u~a palabra,
la materia., en lucha. abierta. con la.
materia., hace del Camposanto el
coliseo más interesante y lleno de
oubulosida.des mora.les.
¿Quién no se abisma., quién no se
siente sobrecogido de espanto, ante ese negro ca.os de lobreguez_infinita, refugio eterno de las víctimas
de la muerte?
Y no obstante, vemos ú nuestros
más caros amigos descender·a.lfa.ngo para cal umn i a.rnos; miramos a.l •
zarse la. maldad en su solio de reputaciones vulnera.das; oscurecer
el talento,ma.ncilla.r la virtud, pros·
tituir la. honradez, divinizar el vi·
cio, En tudas partes el hombre perecedero, dando libre desahogo á
sus instintos anima.les, creyéndose
inmortal y árbitro absoluto de los
destinos sociales.
¡Cuánta idea fecunda a.nula.da.,
cuánta. inocencia. perdida., qué de
males, minando los cimientos de la.
vieja monarquía. social!
Acepta.das como verdades dignas
de fe las más repugnantes pa.sio·
nes, na.die piensa. hoy que algún día
habrá de bajar á la. tierra quehue·
lla con tanta. soberbia, y confundir
sus restos con la. infecta muche•
dumbre ele los gusa.nos.
El a.sombroso incremento que día
á día. toma la. corrupción, las le·
pras sociales, nos asustan y nos
hacen temblar por el porvenir de
la humanidad.
Nádie piensa. en un «más a.llá&gt;.
Hombres, mujeres, jóvenes y ancianos, ricos y pobres, nadando _en
1~ impudicia. y teniendo .los OJ?S
fi¡os en los bienes materiales, sm
parar mientes en que, como el peregrino que levanta. su ligera. tienda, todo lo que nos rodea. nos aban·
dona.: riquezas, techo paternal,
amigos, la. esposa., el protector compasivo ó la. madre solícita. que con
sus salud a.bles consejos, besos y caricias nos hiciera hombres, indicán·
donos como patria el mundo, como
timbre de orgullo el honor, y como
haber cuantioso é in a.gota.ble, el trabajo.
En la ciudad y en la aldea., en ~l
pueblo más ha.bita.do como en el v1llo1rio incipiente1 el cementerio-ó
&lt;la. ciudad de la.s tumba.s&gt;, como lo
ha denomina.do alguien-ocupa. un
lugar solitario: viva.imagen del respeto universa.!.
La. virtud, liberta.dora horoica.
del espíritu, representada. por la. silueta fugitiva. del panteón de aldea.,
huye despavorida, siendo difícil encontrarla. ni a.un en el seno de esos

7.-0tro modelo de bordado.

Domingo 27 de Septiembre ·de 1903.

�Domingo 27 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

boga.res, dignos émulos de los de
la. Eda.d de Oro, en los que en otro
tiempo no se acaparaban tesoros
ruines y se pensaba más cuerdamente en lo que somos, despojados
del aliento vital que nos anima.
Los ignorantes -á 1 o menosde las épocas bárbaras que pasaron, discurrían con criterio más
espiritualista; pensaban en la muerte, y temblaban ante la. idea de ser
sorprendidos por ella 1 rindiendo
culto imouro al escándalo, á la avaricia. ó al crimen!
J. SANTIAGO E_$PINOSA [CIIILENO].

SE M0RIA..... .
En la tarde silente
Se moría la hermosa
Y su voz dolorosa.
En l a tarde expiró ..... .
Como Belkiss murieote,
Con su voz cadenciosa.,
Ella., en rima harmoniosa,
Su agonía. cantó :
&lt;La. tristeza. me mata
Cual veneno sutil.
Y a. no soy la. gentil
Que a.doró el amador.
Por mi faz de mar.fil
Tristes perl as desata
El recuerdo: la. grata.
Embriaguez de mi amor.

¡Oh mi amado! la muerte
Me acaricia , bien mío ....
Y a. siento el roce frío
De la sierpe . .. . Amor! ven!
Baña helado rocío
Mi floral cuerpo inerte .. ..
Ven; con tu brazo fuerte
La caricia detén!
Oh amado! cuán leja.na
La hora, dulce hora
En que con luz de aut·ora
Amor me iluminó.
Oía. en la. mañana
Mucha fibra. sonora
Y en el lecho de F,ora
Mi a.lma virgen vibt·ó.
En la selva florida.
Decía Primavera
La. cadencia. primera
Del a.mor de su Abril.
Campo de lirios era
Mi a.lbo seno; mi vida,
Dulce fuente impelida
Por tu aliento sutil.

8.-Sombrero de la estación.

Y su voz dolorosa.
En la ta1·de expiró ....
Y cual Belkiss muriente,
Con su voz cadenciosa,
Ella, en rima. harmoniosa,
Su agonía cantó.
:J. t. Jlrttaza ea1atrua.

Fábulas en prosa
El tUtrPO y la sombra
El cuerpo estaba muy disgustado
de la compai'lía de la. sombra. Caminaba hacia el sol, y la sombra le
seguía; volvía la. espalda al sol
cuando andaba, y la. sombra iba delante. Se paraba, y la sombra taro-

bién se detenía. U o día no pudo más
y dijo á la sombra con tono descortés:
-Retírate de una vez. Quiero estar solo.
-Nopuedodejarte; tengo obligación de ir contigo donde vayas.
-Me retiraré de ti.
-No lo conseguirás; soy tu compai'lera de cadena en este mundo.
-Saldré a.l sol cuando éste caiga
sobre mí verticalmente desde el cenit.
-Y estaré bajo tus plantas.
-Pasearé siempre en el crepúsculo.
-Yteseguirédisimuladamente en
la penumbra.
-Cerraré de noche mis puertas y
ventanas y no encenderé luz en mi
alcoba.
-Entonces serás mío por completo y te estrecharé tan íntimamente,
que no habrá un solo punto de tus
formas libres de mi abrazo.
-Mema.taré.
- Y me acostaré al lado de tu cadáver; y si te entierran, te envolveré en el sepulcro; y cuando exhumen tus restos, me dividiré en tantas
partes como ellos; y rodaré con tu
cráneo y haré guardia á tus últimos
despojos mientras existan sobre la
tierra..
-¿Y mi alma?
-Esa te abandonará para irse al
mundo de la luz; tú eres esclavo de
la sombra.

CAUSAS Y EFECTOS.
Cuando dormida
te contemplaba,
y tu albo seno
se levantaba,
fiel testimonio
de vida cierta,
decía yo triste:
-¿Si estará muerta? ... .
Fúnebre lecho
alzóse un día.
Allí arrojada
te vi, alma mía!

f·-~Siii¡-;E,:,·¡¡·¡joR··¡u;A··
ADenver, ;Kansas Cíly, St. Louis, Chicago, 1'ew York,
San Francisco y Los Angeles

Como níveos corderos,
Revestidos de flores,
Bebieron tus amores
Agua de rosa. y miel.
Y y a. sin sed ni ardores,
Al perderse ligeros,
Sus balidos postreros
Me decían: es él! ....

:J. s. dt eastro.
OJOS NEGROS
Ojos negros como el broche
De una noche singular
Ojos de color de noche'·
Ojos donde hay un der~oche
De lumbre crepuscular.
Ojos de mirar ardientes
C~ya. pupila enamora:
ÜJOS tao resplandecientes
Cual l_as luces refulgentes
De pr1mavPral aurora.
Color de ébano, luz clara·
Red de pestañas oscuras '
C~mo mi amor las soñara,
ÜJOS de luz que eclipsara
A la luz de las alturas.
Ojos que brillan airados
En fondo color de Za.Ha
Por l~s que están enojados
Los OJOS enamorados
De las vírgenes de Italia.
Ojos cuya. lumbre ciega
Cuya luz que en amorbafta
Y a\ o:iás altiv~ doblega,
Env1d1a la muJer griega
Y las mujeres de España.
Miradme, ojos hechiceros
Y dadme así la. fortuna
'
Negros ojos altaneros '
Ojos que sois dos luce~os
En una. noche de luna!
MEANY Y MEANY.

ESCARLATA
Ayer, cuando el crepúsculo moría
y PI cielo, lentamente
'
de luminosos astros se cubría
los recuerdos cantaron en mi m'eote
Y queriendo soñar, de mi ventana'
trémulo cas~, descorrí el postigo, '
y evoqué m1 ventura. ta.o lej ana,
que no me a.legra., porgue está .contigo!

Un rayo del crepúsculo, indiscret.o,
llegó basta mí, como si así quisiera
revelar á mi espíritu el secreto
de un muerto amor . . ..
y tan hermoso era,
que atónito quedóse y deslumbrado
mi corazón, que al evocarte á. solas,
se halló súbitamente iluminado,
como si en él se hubiese deshojado
un ramo de encendidas amapolas!.
JUAN DUZÁN.

EL TEST AMENTO

Dtt 11.mo. sr. Jlriobts,o 'fttbal.
Los bienes fueron valuados
en $125,000

Y, enferma de tristeza,
En mi lenta agonía
Cual pebete encendía
Pa.ra. ti el corazón. . .
Y vida., a.lma y belleza
Mi fiebre te ofrecía. ....
¡Ta.l fué la. ofrenda mía
Oh! mi rey Sa.lomóu!&gt;

La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mutua",
Compañía de Seguros sobre la
vida, de Nueva York.

•••
Y en la tarde silente
Se moría. la. hermosa

México, D. F. , julio 8.
«Hace más de veinte afios»-escribe el Dr. Francisco F. Huacuja- «que uso la Emulsi6n de Scott
de aceite de hígado de bacalao
con hipofosfitos de cal y de sosa,
y nunca ha dejado de darme mag11íficos resultados, tanto en enfermos escrofulosos, como en los
tuberculosos. Sobre todo, en los
niíios pequeños hago uso de tan
buena preparaci6n, por ver la facilidad con que éstos la captan,
llegándola á tomar hasta con deleite, y he visto que lloran cuando no se les da más cantidad.
«En cuanto á su aspecto como
preparaci6n farmacéutica»-termina el Dr. Huacuja, - «me párece
inmejorable, pues es la Emulsi6n
mejor preparada que conozco.,,

Besé tus labios
conchas de hiel~
Y exclamé ufano····
- ¡Duerme!. .. . y~·~elo.

Se reservan camas en Carro Pullman para todos los puntos
en los Estados U nidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Línea de Santa Ft,soñ renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á

w. s. FA.RNSWORTB.-Agente General.
ta. San Franolaoa* Núm. 8 1 Wltbc/001

a. F.

································~

nace pocos ~,as que se practicó la
apertura del testamento del Ilustrlslmo Sr Arzobispo D. Patricio A. FeebU
en la ciudad de Chlcago, Jlllnoll .
La fortuna del distinguido prelado ucendl6 ll. cerca de $125,000 oro americano; y seg&lt;in el Inventarlo que se b&amp;
publicado, los bienes que dej6 fueron
como sigue:
Dos p611za.s de "La l\lu.
tua,' ' Compo.llfa de Se•
guros sobre la Vida, de
Nueva York, por $25,000
oro cada una, 6 sean. . $ 50,000 oro.
Dividendos acumulo.dos sobre una de las pólizas
9,329 oro.
Ot ra póliza de seguro. . . 14,W0 oro.
Acciones en efectivo y en
Bancos . . . . . . . . 37,000 oro.
Ent re las d'lsposlclones del sellor Arzobispo, en su testamento, se hicieron
éstas:
A su hermana, señorita Kate ~'eeban,
que estuvo siempre con él hasta su
muerte, $40,000 oro en bonos y $25,000
oro en una de las pólizas de seguro ;
ll. la sellora Ana A. Feehan, viuda del
seiior doctor Eduardo L. Feeban, ber•
mano del sellor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pólizas, y $5,000 oro en
efectivo ; ll. la Academia de San Patricio de Cblcago, de la que es preceptora
su hermana, Madre Maria Catalloa,
$10,000 oro de la llltlma póliza; A la
escuela ' 'Santa Maria'' de ensellaoza
práctica para varones, de Feebanvllle,
Jlllnols, que era la lnstltucl6n por la
que mlis se Interesaba el selior Arzobispo, se entregaron los $4,000 restan·
tes de la llltlma p6Jlza.

1.-Colección de trajes de visita, paseo y casa.

Do:mingo 4 de Octubre ele 1903.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 20 de •Septiembre de 1903.

ALGO DE COCINA

esté cocido de un lado con la h .
de un cuchillo, y de u~ solo go1ºlª
se voltea para que se cueza del ot:!
se saca en seguiJa. y se coloca en u~
frutero ó plato de postres y se c
bre ~on una ~igera capa de merm~:
la.da, se contrnúa de la misma
n ~ra h a.cien
· d o panecillos hasta reumanir 20 ó 25; se van colocando unos
sobre otros, siempre recubiertos de
mermeladf!,, procurando terminar
con panecillo para que el todo resulte en forma de cúpula; este último no se c_ubre de mermelada, sino
que se salpica, como todo de azúcar
fina Y se sirve caliente. '

POTAJE Á LA CAMARINI
Se limpian y rehogan hígados de
gallina, que, siendo de un tamaño
regular, puede calcularse uno por
cada persona. Se lava con esmero
buena cantidad de apio, zanahorias,
una col tierna, nabos y puerros;
después de bien escurrido, se pica
todo muy menudito y se pone en una
cacerola con bastante manteca, sal
y pimienta, dejándolo cocerá fuego
moderado; cuando esté bien cocido,
se añaden los hí¡rndos, también pi•
caditos, teniendo cuidado de que no
se endurezcan.
Se pondrán á cocer aparte macarrones de un grueso regular y se
rallará queso parmesano. Un poco
antes de la hora de comer se escurren bien los macarrones, y en una
sopera que resista la lumbr;i y untada de manteca, se colocará una
capa de macarrones, otra del puré
que se ha hecho con las legumores
é hígados de aves (sin pasar por
ta.miz este puré), y en seguida. una
capa del queso rallado, y además,
algunos trocitos de manteca; se repite esta misma operación hasta. que
se concluya la. cantidad prepara.da,
pero cuidando de terminar con la
capa de queso, y entonces se pondrá la sopera á fuego lento, dejando que cueza algún tiewpo y sirviéndolo muy caliente.
POLLOS CON ALCACHOFAS!
Se trincha el pollo en crµdo, se
sazona con sal y pimienta y se rehoga. con manteca en una cacerola
que se tendrá á fuego vivo, para.
que el ave adquiera un bonito color:
pero teniendo cuidado de que no se
queme la manteca.. Cuando esté bien
dorado, se escogen tres alcachofas

á la lumbre, pero sin dejarlos que
lleguen á cocer.
Para servirlos los colocaréis en
una fuente redonda, formando corona, alternando con hígados de ganso rehogados en manteca; el centro
de la fuente se rellena con tt·ufas, y
se echa la salsa muy caliente sobre
los filetes.

mas de huevo con 150 6l'ramos de
azúcar en polvo; se añaden 150
gramos de manteca de vaca disuelta y templada, doscientos cincuenta gramos de harina y un litro de
leche también templada. Con esta

L.a moda en el Invierno

PASTA DE HfGADQS DE PATO
En una cacerola de barro que resista. bien el fuego, se ponen finas
lonchas de tocino, torrándola. completamente; se prepara un relleno
bien trufado con tiras de tocino en
el interior, de manera que resulte
en medio un hueco bastante grande.
Los hígados de pato (muy frescos
poi· supuesto) se cuecen en vino de
Madera, con trufas cortadas en redondelitos; hígados y trufas se ponen en la cace1·ola y se cubren con
una capa de relleno en forma de co·
berte1·a, terminando con una gran
loncha de tocino, y se deja cocer
lentamente en el horno durante unu.
hora. Si se dispone de hío-ados de
ganso, la pasta, ó doie gra:&gt;, resultará mucho más refinada.
UN BUEN POSTRE
Se baten en una cacerola seis ye-

S.-Prendas de ropa para niñoL

pasta. líquida se mezclan las seis
claras de los seis huevos, batidas á
nieve muy dura; se tendrá á la lumbre una sartén peq neña, untada muy
ligeramente de manteca con un pincel; se echa una cucharada. de la
pasta en la sartén, extendiéndola en
el fondo para que forme una capa
delgada, y en ci.anto este panecillo

México, D. F., mayo 6.
Cumplo con un deber de justicia-dice el Dr. Juan Collantes
-manifestando que en gener11l
han sido satisfactorios los resultados que he obtenido siempre
que he prescrito la Emulsión de
Scott, habiendo notado en particular, que en aquell~s er.fermos en quienes, con perseverancia y e?U1ctitud para las horas y
las dosis, la he usado algún tiempo, he obtenido siempre un aumento en sus fuerzas, un notable
mejoramiento en su nutrición y
pueJo afíadir, la desaparición' os:
tensible de sus padecimientos.
Como regla general, la he aconsejado en los casos de bronquitis
sobrevenidos en enfermos débiles y de constituciones estrumosas; en los niños con manifestaciones escrofulosas, y en los convalecientes que indican un estado de miseria fisiológica.

EL TESTAMENTO

Dtl 11.mo. Sr. Jlrzoblspo J«baa.
Los bienes fueron valuados
en $125,000
La mayor parte de lo testado consistia en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La M utua"
Compañia de Seguros sobre la'
vida, de Nueva York.

para ca.da pollo, no utilizando más
que los cogolfos; las hojas pueden
servir para algún otro plato del almuerzo de familia; después de bien
limpias y lavadas en a.gua salada
hirviendo y acidulada con jugo de
limón 6 un chorrito de vinagre, se
cuecen; en seguida. se las quita. el
agua., escurriéndolas bien, y se juntan al ave para dorarlas ligeramente; en cuanto empiezan á tomar color, se echa sobre todo un vaso de
vino blanco, cui.nto más bueno, mejor, y se deja cocer unos minutos,
echando en seguida un poco de jugo
de carne, un poquito de perejil picado y jugo de limón. Se coloca
todo en una fuente y se sirve muy
caliente.
FILETES

Á

Hace pocos u,as que se practic6 la
upertura del testamento del Ilustr!slmo Sr Arzobispo D. Patricio A. Feehan
en la ciudad de Chlcago,
llllnols.
La fortuna del distinguido prelado aecendl6 O. cerca de $125,000 oro americano; Y seglln el Inventarlo que se ha
publicado. los bienes que dej6 fuerou
como sigue:

LA MAGNY

Se escogen buenos filetes de carne, se lirn pian con esmero y se parten en trozos regulares; después de
golpearlos ligera.mente y espolvorearlos con sal y pimienta, se les
pone en una sartén con manteca y
se les deja cocerá fuego vivo, volviéndolos de cuando en cuando; una
vez que estén bien fritos, se les quita la grasa, que se reemplaza por
un poco de vino de Madera, con el
que darán un hervor muy vivo para
que el vino se consuma en seguida;
y al quedarse en seco los filetes, se
echa en la sartén un poco de pimentón y otro poco de buen caldo; en
esta salsa se les tiene unos minutos

Dam.ingo 27 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

•
Se reservan camas en Carro .Pullman para todos los puntos
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Lín~.ª d~ _Santa. Fe,soñ renombrados en el mundo
entero. Para pree1os, 1tmerar10s y otros informes, dirigirse á

w. s. FARNSWORTH.-Agente General.
la. San F,-ano/•001 lliím. 81 ltll1Jxloo1 a. F.

••••••••••••••••••••••••••••••••••
lt

Dos p6llzas de '·La Mutua,'• Compaf!!a de Se•
guros sobre la Vida, de
Nueva York, por $25,000
oro cada una, 6 sean. . $ 50,000 oro.
Dividendos acumulados sobre una de las p6llzas
9,329 oro.
Ott·a p61lza de seguro. . . 14,vvO oro.
Acciones en efectivo y en
Bancos. . . . . . . . 37,000 oro.
Bntre las d'lsposlclones del sefior Arzobispo, en su testamento, se hicieron
éstas:
A su hermana, sei'iorlta Kate Feeban,
que estuvo siempre con él hasta su
muerte, $40,000 oro en bonos y $25,000
oro en una de las p6llzas de seguro :
1\ la sefiora Ana A. Feeban, viuda del
sefior doctor Eduardo L. Feehan, hermano del sei'ior Arzobispo, $25,0VO oro
de otra de las pólizas, y ~5,000 oro en
efectivo; 1\ la Academia de San Patricio de Chlcago, de la que es preceptora
su hermana, Madre Marra Catalina,
$10,000 oro de la 1'.iltlma p6llza; A la
escuela • 'Santa Maria' ' de ensei'ianza
práctica para varones, de Feebanvllle,
Illlnols, que era la lnstltuc16n por la
que ml!.s se Interesaba el sei'ior Arzobispo, se entregaron los $4,000 restantes de la 1'.iltlma p6llza.

El verano se ausenta. Parte con
él su cortejo de aires huracanados,
polvaredas y nubes grises quE' tristemente encapotan el cielo. El firmamento de nuestra patria y, especialmente,el de nuestro Valle de México, lucirá el azul mate, el verdadero «azul celeste&gt; que nosotros
siempre hemos visto con indiferencia pero que los extranjeros contem'plan con admiración. Son tan
pocos los países del mundo cuyas
bóvedas celestes ostentan un azul
tan puro y tan uniforme como el
nuestro, que con razón se deleitan
los extranjeros contemplándolo.
Con el verano que partE', parten
también algunas modas. He dicho
mal: no parten precisamente las
modas, sino algunos det~lles d~é3tas los detalles que particularizan
la.s'estaciones del año. No.vendrán
ya los trajes de colores grises, los
sombreros de encaje y seda y los
abrigos ligeros de sutil blonda; llegarán los vestidos oscuros, muy
oscuros, casi negros; los ~ombreros de fieltro y lana y las ricas capotas de paño irlandés con sus anchos cuelloshomhreras, sus grandes botonaduras de concha nácar
y sus dimensiones algo exageradas,
wuy exageradas, ~u diéramos decir,
puesto que las r1ca1.- capotas cubran el cuerpo todo de las damas.
La moda invernal es muy elegante: en Europa, suspira _la f!,ristocracia por la llegad a del m v1er1;1O, para tener oportunidad de lu~1r toda
la inventiva toda. la gracia, todo
el «chic&gt; de Íos artistas del vestuario. En Europa hay razón de qu_e
eso sea pues los fríos son crudis1mos y 1~ estación de invierno . se
prolonga demasiado. En ~éx1co
no sucede otro tanto, pero sm embargo nuestras damas elegantes
hacen 'un derroche de lujo y de b~en
tono, en la conf,,cción de tra:ll3s,
abrigos y sombreros.
.
La piel de nutria , tan rica y tan
estimada, no tiene lugar de ser en
nuestro país. Comprendo que éste
es un factor negativo para E'l mayor lucimiento de las da.mas, pues
en Europa y en los Estados Unidos,
la piel de nutria constituye, en la
estación de invierno, un element?
precioso para la confección d_e ab_r1gos adornos de trajes y apl1cac1Ones 'de sombreros. En los últimos
figm·ines del Viejo Mundo, ~omienza ya á iniciarse el camb10 lento
de la moda pues los grabados marcan ya los 'preparativos de una reforma en el vestuario. Como para
nosotras es muy anticipada esta
moda trato solamente por a.hora
de se'Jeccionar los trajes, formar
con ellos una variada colección Y
ofrecer é,ta., con toda galantería, _á
mis simpáticas lectoras. Y a veréis
dentro de pocos días, en estas ~á-.
ginas, la. bonita colección de traJes
que he formado, y espero que con
eUa quedaréis complacidas Y la
adoptaréis como modelo para vuestras confecciones. Sólo debo advertiros que los modelos á que me
refiero dan á conocer una nueva. tela., reciente creación de los talleres
~ranceses y alemanes, rica en dibuJOS y de &lt;estilo japonés&gt;, según la
han bautizado sus inventores. Esta
tela, de gran consistencia, es de al-

1.-Trajes de paseo.

ta lana y muy «abrigadora&gt;. Constituye una verdadera novedad.
MARÍA LUISA.

i:a t~tatua dd matstro
Que baya. quien se marche de un
pueblo porque Je levan~an 1;1na. estatua., es caso extraor~m.ari_o.
Que el objeto de Ja d1strnción sea
un maestro de escuela., es más extraordinario todavía.

El lance ocurrió de la manera siguiente: Lleg/&gt; al lugar de Cumbres
del Fresno, perteneciente en lo antiguo á una encomienda de Santiago un maestro de escuf&gt;la de no
mJcbas letras, aunque sí de bastantes años; no hay que decir si
pobre, diciendo el. oficio; duro de
genio y amigo de disputar. En suma, un pedantón que no cayó en
gracia á la. gente.
La primera arremetida la tuvo
con el alcalde, y de ahí ya se sabe
Jo que vendría.
La. segunda la tuvo con los discípulos, y con harta razón por su

parte pues averiguado el caso.quedó ta~ claro como el sol que Periquillo el «Zorzal&gt;, que e1•a la pellica del diablo, hizo fiesta inaugm·al
metiendo dos castañas restallonas,
sin morder ni rajar, en el brasero
del maestro, 4 punto qu~ teniéndolo entre los pies, por hacer demasiado frío, enseiiaba la tabla de
multiplici.r á los mayores.
Las dos bombas esta.liaron juntas rociando de candela y ceniza
un ~ás que mediano espacio, y con
el súbito sobre¡¡aJto y turbación, el
digno profesor dió un brinco tal,
que rasgó el techo con el gol'!'o.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 27 de Septiembre de 1903.
Abierta información, y hallado el
culpable, &lt;incontinenti&gt; le fué apli- •
ce.do el castigo con unas buenas
disciplinas de cinco ramales que 01
maestro sabía esgrimir con verde.·
dera suficiencia.
Acaso con este. severa reprensión
hubiese podido conquistar el general aprecio, pues en el lugar era
unánime la opinión de que la letra
con sangre entra; y pol' lo que toca
á Periquillo, no habría quien dejase de recetarle sus tres ó cuatro pa·
lizas diarias para su completa regeneración moral.
Hijo de viuda pobre, crecía como
un espino majoleto, libre y empecatado, esperando el día en que lo
echasen á guardar cabras ó cerdos.
-Madre, pa eso, lo mismo da
que aprenda como que no. Me parece que voy á enseñar la tabla de
multiplicar á los guarretes.
Y con arreglo á esta filosofía
pueril, Periquillo asistía á la escuela porque no pod(a pasar por
otro punto, pero haciendo lo posible por no aprender cosa alguna.
¡Y en algo se había de entretener!
Una tarde, ya bien entrado el invierno, el maestro se quedó con las
ganas de dar lección-si alguna tuviera,-pues abierto el &lt;templo de
Minerva,&gt; preparado el brasero, á
salvo ya de toda acción explosiva.
merced á cierta discreta alambre·
ra, y apercibidos papel, plumas y
a lgodones con lo demás necesario,
pasó el tiempo sin que l a turba i nfantil apareciese. Aquélla fué una
&lt;rabona&gt; colectiva, que hoy se le
diría huelga pacífica de escolares.
La organizaron Periquillo el &lt;Zorzal&gt;, Tomasillo el de la &lt;Coja&gt; y
&lt;Celipe&gt;, el hijq_ del barbero. Delante de la escuela hay una plaza
que parece prado, con unos olmos
muy copudos, sitio asaz aparente
para el juego de la rayuela, del
trompo, y en general, para toda
clase de juegos, según las estat:iones.
Allí se fueron congregando en espera del maest1•0.
-Amos de &lt;r abona ?&gt;-dijo Celipe,
que era bizco y pecoso, y más malo que la quina.
-¿Y ánde nos metemos?
-En el casta.fiar. Echamos la
tarde de rebusco. Yo sé un sitio
que si no &lt;andar a&gt; por allí el guarda del molino, nos ponemos la barriga así-dijo Periquillo, experto
rebuscador de todo linaje de frutos
naturales y civiles.
-¡Ea! al avío! Hoy no hay escuela.

-Que se quede el«Calvo&gt; conlas
disciplinas.
-¿Veis este palitroque? ¿Veis
aquel medio cánto.1·0 que asoma por
la ventana de la escuela?-exclamó
&lt;Celipe&gt;.-Güeno, pues esto es la
escopeta y aquél el maestro... ¡pum!
castañazo.
Y con esa hipótesis balística desahogó sus rencores.
--¿ Y si nos pega?-se atrevió á
d€CÍ1' uno de los cbic-os.
-¡Ay qué gracia tiene el gu1·ripato ! ¡ Si nos pega l ¡Si nos pega,
no arrascamos!
Y confortados los párvulos con
la fanfarria de los mayores, echa.ron juntos hacia el extenso casta.fiar. El viento mansurrón y frío parecía gemir entr e las ramas peladas
de los casta.fios; el suelo estaba cubierto por una gruesa capa de hojas secas, que hacían un son de cosas tristes al ser removidas por el
pataleo de los chicos. El cielo lívido cobijaba el paisaje invernal con
su tono gris de abrumadora monotonía ....
Allí jugaron; se revolcaron como
animalillos sueltos;buscaron lacastafia olvidada entre las hojas, enterrada á la vera de los zarzales;
se punzaron las carnes con los er izos secos; se desgarr aron los calzones con las púas de los troncos.
En esto empezó á nevar. Los copos caían con airosa ondulación y
se deshacían sin ruido sobre las
hojas y l a .. ramas.
-¡Esto es nieve!
- Amonos á l a plaza pa hacer la
bola.
-¡Ea, á la bola! Ahora sí que
jugamos.
Y- ágiles como pájaros en bandada, salieron del castañar y tomaron la vuelta del pueblo.
La tari[e se iba obscureciendo con
l a. nevada; los copos llenaban el
aire, y la alfombra blanca tendida
sobre el campo crecía,cada vez más
blanda, cada vez más espesa ....
Los olmos de la pl aza. se iban ensabanando con a~uella nieve tan
pura, tomando aspecto de grandes
fantasmas, de gigantes esqueletos
de razas perdidas ....
-¡Aquí, recontral-gritó Periquillo-¡Venga tela; me jago tiestos, y vais á ver una cosa del otro
mundo!
Parecía inspirado; alguna súbita
concepción de artista le punzaba
en los sesos, le brillaba en los ojos.
-¡Nieve!-pidió en tono de mando.
Y no se lo dijo á sordos. En po -

2. -Vestidos de casa y paseo.

Domingo 27 de Septiembre de 1903.

E L MUNDO ILUSTRADO

maestr o Ciruela! Asín tenía de es•
tar pa que se le baje el argullo .. . .
Después fué un jubileo; todo el
vecindario quiso ver la car icatura,
y el propio maestro, llevado porla
natural curiosidad de ver qué bacía la gente, fué .... y se vió, y se
reconoció, con una amargura afrentosa, con wdo el ?º!ºr ctel ultraje.
No lo pudo res1st1r, y como no
había esperanza de paga, se marchó del pueblo escupiendo rencores.
. .
Al cerr arse la escuela, Per1qu1llo
se fué á guardar cabras y cerdos,
único fi n par a que fué creado.
En un mismo día perdió aquell a
gente u n maestro y un escult_or.
Por lo que toca. á éste, ¡qmén sabe! Acaso fuera una glol'ia perdida. . .. .
JOSF; NOGALES.

LOS JUGUETES
¿Los juguetes, tendrán alma?
¡Qué ironía!
A esa pregunta, con calma
se responderá algún día ....
Mir ad bien esa pastora
desde aquí,
¡esa, sin duda, me ado1·a,
muriéndose está por mí!
¡Ved aquel viejo! En ver dad
que muy bien
a.par ece. por su edad,
mayor que Matusalén.
¿Y aquel gallardo teno1·
de opereta?
¡Ni más dulce, ni mejor,
otro existe en el planeta!
Sobre mi mesa pl antado
vive un can,
debe estar desesperado,
¡sin un hueso, sin un pan!
¡Qué lindo aquel mosquete1·0!
¡Qué arrogante!
¡Con la mano en el acero
y la faz amenazante!
Un juguete me enajena.
mucho á mí:
¡es aquella Magdalena
q ue está despeinada allí!
cos minutos le amontona.ron cuanta
quería. Periquillo comenzó á mo•
delar la estatua hermética, el gran
busto asentado sobre una mole
blanoa que apelmazaban entre todos.
Poco á poco fué saliendo de entre sus manos amoratadas, á lasque
nn ciego i nstinto guiaba entre la
nieve, la ancha cara, con su abultado frontal y su enérgica mandíbula. -¡Je, jel-gritaban los entusiasmados compafieros del escultor.
De un hábil manotazo de filo quedó
abierta la boca, y con tres bellotas
la proveyeron de dentadura. En el
hueco de los ojos asentó Periquillo
dos elegantes bongos agujereados
en guisa de gafas, y con una sim·
ple coronilla de hojas secas compuso la melena lacia y amarillenta
que flotaba al viento .... Con dos
palos que sir vieron de armazón,
moldeó luego los robustos brazos;
en la una mano, que parecía un puñón, aferraron improvis11odas disciplinas, para cuyos ramales, cinco
exa..;tamente, cedieron gratuitamente s us tirantes de orillo algunos de
aquellos sefiores. De la otra salía
un índice colosal en actitud de reprender severamente ó de enseñar
profundas ver dades.
-Falta el gorro; ¡á. ver, buscar!
Y á poco que buscaron hallaron
un cesto de mimbres roto, que vino
pintiparado. Con el trozo de un
ataharre abandonado formaron la
bufanda,y con-un erizo seco, abierto del todo, puso Periquillo el clásico bigote, ancho, corto, punzante, tostado por las colillas bien y
lealmente apuradas.
El holgorio de la gente menuda
no tuvo límites. La pobre estatua
tuvo que sufrir mil aP,óstrc,f.is é
impertinencias, sin deshacer un
punto aquel gesto de ridícula majest11,d, de severidad acre y risible
que el escultor había acertado á.
darle.

Los que venían óel campo se pa·
raban bajo los olmos á ver e.que·
lo.-Mira, ¡condenao! propio al
maestro.
-Este es el maestro, q ue sa llenao de jarina.
-Anda, y cómo gasta fantesía el

llll l l llll ll l l ll l lll l lll ll l l lll l llll l l l l l l ll ll 111111111111111111111111111111111111111111111111 1111111111111111111.·ll l: IIIIIIIII 1111111111111 llllmttff

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Ulllllllllllllllllllll llll l l ll l l l l llll ll 1111111111111111 '.I 1_11111111111111 I . 6 de trajecitos infantiles.a.-Trajes de v 1111ta y co ecc1 n

•

¡Un acróbata en mi.casa!
No lo aprecio,
porque la vida sepas~
oscilando en el trapee o ....
Aquella es una jauría:
siempre allí
persiguieod_o noche y día
á invisible Jabalí . ...
Aquel otro es don Quijote:
gallardea
de su Rocinante al trote
y en busca de Dulcinea.
Ofelia y Hámlet-los dosallí están;
¡parecen decirse adiós
mir ándose con afán!
Hay otro en que estoy fijando
mis miradas:
¡Lady Macbeth procurando
lavar sus manos manchadas!
¡Ved aquel espadachín!:
no está mal,
porque á su contrario, al fin,
le abrió en el pecho un ojal.
Hay otro que está adornando
un rincón:
es un loco, apuñaleando
de una ingrata el corazón!
A veces yo me figuro
que respiran,
y que merced á un co~juro,
sé me acercan y me miran ... .
Pero al que yó más respeto,
es á aquél:
representa un esqueleto
perseguido por Luzbel!
De noche, si me desvelo
-¡cosa rara!le arrojo encima un .. . . nañuelo:
¡tanto horror me da su cara!
¿Los juo-uetes tendrán alma?
¡Qué ironía!
A esa pregunta, con calma
se responcterá algún día.
BONIFACIO BYRNE,

...

�Domingo 27 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Furiosa, hizo tomar las grietas y
calafatear los intersticios, creyéndose á salvo de atrevimientos y demasías; mas no contaba con lo ducho que es en tretas y picardigüelas
el Amor.
El muy maldito se disolvió en los
átomos del aire, y, envuelto en ellos,
se le metió en la boca y en los pulmones, de modo que se pasó el día
respirándole, exalti,.da, loca, con
una fiebre muy semejante á la que
causa la atmósfera saturada de oxígeno.
Ya fuera de tino y desesperada de
no poder tener á raya al malvado
Amor, Eva comenzó á pensar seriamente en la manera de librarse de
él definitivamente, á toda costa, sin
parar en medios ni tropezar en escrúpulos.
Entre el Amor y Eva la lucha.era
á muerte, y no importaba el cómo
se vencía, sino sólo obtener la. victoria.
Eva se conocía bien, no porque
fuese muy reflexiva, sino porque
poseía un instinto sagaz y certero;
y conociéndose, sabía que era capaz
de engatuzar con maulas y zalamerías al mismo diablo, que no a.l
Amor, de suyo Inflamable y fácil de
seducir.
Prupúsose, pues, engañar al
Amor, y desembarazarse de él sobre
seguro y traicionera.mente, asesinándole.
P1·eparó sus redes y anzuelos, y
poniendo en ellos cebos de flores y
de miel dulcísima, atrajo al Amor
haciéndole graciosos guiños y dirigiéndole sonrisas de embriagadora
ternura y palabras entre graves y
mimosa~, ae notas más melodiosas
que las del agua cuando se destrenza sobre guijas ó cae suspirando en
morisca fuente.
Y el Amor acudió volando, alegre, gallardo, feliz, aturdido y confiado cvmo un niño, impetuoso y
engreído como mancebo, plácido y
sereno como varón granado y vigoroso.
. Eva lo cog~ó en su regazo; acaric1óle con fehoa dulzura; sirvióle
golosinas; lo arrulló para que se
durmiese tranquilo, y así que le vió
calmarse recostando en su pecbo la
cabeza, se preparó á estrangularle
apretánllole la garganta con rabia.
Un sentimiento de pena y lástima
la cootu vo breves instantes, sin embargo. ¡Estaba tan lin.do, tan divinamente hermoso el condenado
Amor aquel! Sobre sus mejillas de
nácar, palidecidas por la felicidad
caía una. lluvia.de rizos de oro,
nos como las mismas hebras de luz,

No se podrá decir que la infeliz
Eva omitió ningún medio lícito de
zafarse de aquel tunantuelo de Amor
que la. perseguía. sin dejarla punto
de reposo.
Empezó ponie1:1do tierra en medio,
viajando, para poner el hechizo que
sujeta al alma. á los lugares donde por primera vez se nos aparece
el Amor. Precaución inútil, tiempo
perdido, pues el pícaro rapaz se subió á la zaga del coche, se agazapó
bajo los cojines del tren,ya más adelante se deslizó en el saquillo de
mano, y, por último, en los bolsillo'! de la viajera.
En cada punto donde Eva. se detenía., sacaba. el Amor su cabecita.
maliciosa. y la decía con sonrisa picaresca y confidencia.):
-No me sepa.ro de ti. Vamos juntos.
Entonces Eva, que no se dormía,
mandó construir una altísima torre
bien resguardada con cubos, bastiones, fosos y contrufosos, defendida por fuertes guardias, y cerrada, día y noche, con rastrillos y
macizas puertas de roble, chapeadas y claveteadas de hierro. Pero
al abrir la ventana. una. noc:he que
se asomó agobiada de tedio, á mirar el campo y á gozar la apacible
y melancólica luz de la. luna, el rapaz se coló en la estación; y aun
cuando le expulsó de ella, colocó
rejas dobles con agudos pinchos y
se encarceló voluntaria.mente, sólo
consiguió Eva que el Amor entrase
por la.s hendiduras de la pared, por
los canalones del tejado 6 por el
agujero de la llave.

Cuando el noble león tomó posesión de sus dominios, pensó cuerdamente que le convendría casarse,
y llamando al águila viajera, le
dijo:
-Veloz mensajera: tú qne traspasas los montes y los ríos; tú que incansable te ciernes en las alturas y
desciendes rápida. por los valles
llevada por el viento de tus potentes alas, recorre todas las regiones
de mis estados. lasque se extienden
al levante y que el sol alumbra con
la púrpura de las alboradas, las
que en el brumoso poniente baña.o
sus playas en el verde océano, las
que se envuelven en las melancólicas nieblas del helado Norte y las
que el sol radiante del mediodía
· alumbra con su rayo abrasador, y
avisa. á mis súbditos que el rey ofrece su mano á la. joven que posea la
más bella de las virtudes.
Y el águila hendió los afres esparciendo la buena nueva.
Y vinieron la cigüeña., desde las
remotas llaouri.s del oriente; lagolondrina, desde los países abrasados por el sol de los trópicos; la
alondra, desde las regiones que se
envuelven en el manto delas nieblas
invernales, y dejaron los bosques y
los valles la corneja, la urraca., la
paloma . ... . .
Y una vez en presencia del noble
león, empezaron á exponer sus respectivas virtudes.
-Yo-dijo la. cigüeíia-oo puedo
menos de declarar que la virtud ddmioante en mí es la. bondad. Ese
sentimiento delicado que es la base
de los afectos más puros y ca.paz
por sí solo de remediar todos los
males de la humanidad, lo poseo en
alto grado y gobierna todas las acciones de mi vida. Es ésa, pues, la
virtud que me vanaglorio de poseer.
-El desinterés es mi mejor cualidad-continuó la a.loodra;-creo que
es la virtud de más precio, y si ella
fuese la. norma de las gentes, como
lo es mía, el mundo sería feliz.
-No lo creo yo así-interrumpió
la golondrioa;-yo opino que la. grao
virtud es la sinceridad [ virtud que
yo poseo, por ciertoJ, y si ella. fuese cultivada por la humanidad, to·
dos vivida.o contentos de sí mismos
y satisfechos de sus semejantes.
-Sobre todas esas virtudes hay
una muy principal que ustedes han
olvidado-dijo la comeja;-bablo
de la inteligencia. Si ustedes poseyeran esa. virtud en un grado tan
a}to como yo la poseo, se encont~anan dotadas de todas las otras virtudes, y juzgada.o con altura. todi.s
las cosas; es, á mi parecer, la. mejor virtud, la virtud de las vfrtu.des.
Y siguiendo este tono, el resto de
la asamblea continuó hablando de ~:X::X:X::X::JCX::X::X:::X::JCX::X::X::X::XCC:X::X:X::XC~~X~~~~X::X:X:::X::JCX::X::X:::X::JCX::X::X::::&gt;
sus respectivas virtudes y encomians.-Dos elegantes abrigos de otoño.
do su trascendencia.
-¿Y tú qué dices·t-preguntóle el
león á la. paloma, que hasta entonquejas?-respondió el rosal. -SinPero la paloma no contestó, porsu favor. No habló de sus virtudes,
ces no había hablado.
gular delicadeza la tuya. Sufres con
que era muda..
porque,
poseyéndolas
todas,
cr~yó
La blanca paloma bajó los ojos
calma que te manchen con la suela
inútil
elogiarlas,
llevada
por
el
msJULIO
F.
Rm;L.
Y permaneció callada.
del calzado, y te ofende que caigan
tinto general de las gentes, que ol-¡ Bienl-dijo el león- la. cigüeña
sobre ti hojas de rosa. delicadas y
vidan
sus
propias
virtudes
p~ra
habló de su bondad; la golondrina.
aromáticas.
alabarse de las que les faltan. EhJo,
de su sinceridad; la alondra, de su
ta
falsa
dtllcadtza
pues
por
esposa
á
la.
paloma,.
porJOSÉ F. BREMÓN,
desinterés, y siguiendo el mismo
que 'su mayor virtud es la discrerumbo, los demás han alabado sus
ción, virtud que reasume todas las
-¡Sucio! ¿no ves que m~ estás
respectivas virtudes, abundando en
manchando y me pones perd1da.?luengos elogios para consigo misotras.
~
1 a le
1
y
dirigiéndose
,.
a
pa
om
•
djjo al rosal la. calle enarenada. de
mos. Onicameote la. paloma,llevada
dijo:
J
í
por su discreción, ha. dejado de haun jardín.
-¿No
es
verdad,
pa
om~
m
a,
-¿No te pisan las gentes y no te
cer su apología., y esto, lejos de ser
que
piensas
del
mismo
modo.
un mal para ella, habla mucho en

--

y de su boca. purpúrea, risueña aún,
de entre la doble sarta de pií'loues
mondados de sus dientes, salía un
soplo aromático, igual, puro. Sus
azules pupilas entreabiertas y hú·
medas, cooservalJan la languidez
dichosa tle sus últimos instantes; y .
plegadas soore su cuerpo de heléoi·
cas proporciones, sus alas colorde
rosa. parecían pétalos a1Tancados.
ll:va. notó ganas de llorar .. . .. No
había remedio: tenía que asesinarle
si quería vivir digna., respetada,
libre..... Y cerra.nao los ojos para
no ver al muchacho, apretó las manos enérgicamente, largo, largo
tiempo, -horrorizada del estertor
que oía, del quejido sordo y Júgu•
bre exhalado por el Amor agoni•
zaote.
Al fin Eva soltó á su víctima y la
contempló... El Amor estaba muer~
to, tan muerto como mi abuela: 01
respiraba. ni se rebullfa.
Y al punto mismo que se cercio·
raba de esto, la asesina percibió uo
dolor terrible, extraí'lo, ioexplica·
ble; algo como una. ola de sangre
que ascendía á su cerebro, y como
un arco de hierro que comprimía
gradualmente su pecho, asfixiándo·
la. Comprendía lo que sucedía ... •
El Amor, á quien creía tener eo
brazos, estaba más adentro, en su
mismo corazón, y Eva, al asesinar·
le, se había sutcidado.
EM1LIA PARDO BAZÁN.

4.-Veatldos de l,1 eatacl6n

Domingo 27 de Septiembre ,de 1903.

ta más \11rtuosa

fi:

El Jlmor asesinado

EL MUNDO ILUSTRADO

=

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>t

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EL Mu NDo rLu STRAD o

La fiesta de los Italianos
UN GRUPO DE CONCURRENTES A LA KERMESSE DEL DIA 20

�:Domingo 27 de Septlembre de 1903.

1a renuncia da Chambarlaina
Un bOmbrt popular
Hace algunas semanas que en la prensa
inglesa, primero, y después en toda la prensa
del mundo, se podían encontrar frecuentemente articulos en los cuales se habli,.ba, con
pasión más ó menos disimulada, de «ciertas
reformas, poco conocidas en detalle; pero que
convertirían á Inglaterra y á sus colonias ei:!
una especie de «Zollverein)) británico cerrado
por completo al comercio internacional.»
El proyecto citado era el coronamiento de
una larga época de labor, llevada á cabo con
singular éxito, cou rapidez inusitada y con
una suerte estupenda, por uno de los más célebres hombres de estado modernos, por el
Ministro de las Colonias, José Chamberlaine.
Desde mediados del siglo XIX la Gran Bre-

gestión gu bernati va. El H?n?rable José Cham·
berlaine fué nombrado Ministro de las Colonias. Pocos habrá que hayan trabajado_ tanto
y tan tenazmente en bien de la ex~ans1ón territorial de la Gran Bretaña como el. La gu~rra alglo-bóera ha sido atribuida á este ministro. El pensó en que «la cruz británica»,
habría de extenderse en el Continente Negro
desde el Océano Indico hasta el Atlántico,
desde el Cabo de Buena Esperanza hasta Egi p·
to; según dicen algunos polít~cos, dt&gt;bía arrasar y destruir cuanto se opu~1~ra á su trazo.
Vino después el famoso viaJe á bordo del
más elegnnte de los cruceros de la marina
real el viaje á Africa, durante el que pronunció ¿lgunos de sus discursos_más notables, y
recorrió las humeantes rumas de las dos
repúblicas recién extintas. La glori.a ?e Chamberlaine fué confirmada en este viaJe. A su
vuelta á Londres, el pueblo le aclamó.
Hoy se ha encontrado súbitamente detenido en la realización precisamente de los proyectos que habrían de coronar su obra. La
eola «clave» faltaba al arco tendido por Charo·
berlaine. Su renuncia ha sido brusca y ha
resonada en el orbe. En Londres se encuentra el exministro de guerra americano Elihu
Root, también un retirado.

PROMETEO
[FRAGMENTO]
Sobre negros corceles de gra!lito,
á cuyo paso ensordeció la tierra,

hollando montes, revolviendo mares,
al viento el rojo pabellón de guerra
tefiido con la Iuz de cien volcanes,
fueron en horas de soberbia loca,
á escalar el Olimpo los Titanes.

El ex-ministro Cha.mberlainie.

tafia ha sido el ejemplo que todos los economistas citan, de un país en el que el régimen
de libre cambio ha producido mejores frutos.
El comercio de Inglaterra ha sido suficiente,
y con mucho, para sostener una marina mercante que, sin género de dudas, es la mayor y
más bien organizada del mundo.
Y precisamente cuando se creía que el sistema librecambista se afirmaba más y más
en Inglaterra; cuando no eran poc·os los pueblos que tomaban este ejemplo, y á él se atenían para su legislación comercial, los proyectos de reforma fiscal del ministro Chamberlaine intentan hacer de la Gran Bretafia
el tipo de las naciones neta y rigurosamente
pro(eccionistas. El cambio era brusco; radical; inesperado.
La prensa inglesa sefiala ese cambio como
la causa de la renuncia del ministro Chamberlaine. La excitación que ha causado en la
Gran Bretafia la ñoticia de que este personaje se retira á la vida privada, es comparable
sólo con el encarnizamiento con que en días
pasados se combatían sus proyectos de reforma fiscal. Desde los s~mples súbditos hasta
los serios lores de las cámaras, todos se han
sentido impresionados por la brusca renuncia
de este estadista gigante.
Porque pocos, quizá ninguno, son los que
en el presente siglo han representado en Inglaterra el espíritu imperialista con la pasión,
con la entera y absoluta dedicación con que
lo ha hecho Chamberlaine; alguien ha dicho
que era, no un imperialista, sino el imperialismo personificado. Lo ha demostrado así
con sus ar.tos.
Cuando el tercer gabinete que presidió Lord
Sálisbury (y el último de ellos también), cayó, Bálfour rEluni6 en un grupo á los ministros que hasta hoy le han acompafiado en su

EL MUNDO ILUSTRADO

lllL MUNDO ILUSTRADO

Ya tocaban la cumbre inacce!:!ible
dispersando nublados y aquilones,
ya heridos de pavor los astros mismos
en confusión horrible,
como yertas pavesas descendían
de abismos en abi:smos;
y el Tiempo, que dormía
en los senos del báratro profundo,
se despertó creyendo que llegaba
la hora final del mundo!
El cielo estaba mudo;
y la turba frenética avanzaba
con ronca vocería,
cuando Jove asom6: vibró en su mano
el rayo de las cóleras sangrientas,
rugió eh su voz el trueno del estrago
y encadenó á su carro l:is tormentas!
Temblaron los jinetes
t&gt;n los negros corceles de granito;
redoblaron su saña
arrojando á los pórticos del cielo
con insultante grito
pedazos de montafia,
y volcaron los mares
para apagar en la soberbia cumbre
los rojos luminares.
Pero J ove, iracundo,
blandió sobre sus frentes altaneras
el hacha del relámpago que hiere
como á una vieja selva las eeferas:
á eu golpe profundo,
vacilaron montañas y titanes;
y bajó el torbellino,
heraldo de su gloria,
con la negra cimera de huracanes,
á anunciar á los mundos la victoria!
Rodó la turba impía
en espantoso vértigo á la tierra;
no volverá á flamear en las alturas
su pabellón de guerra
teñido con la luz de cien volcanes.
Cayeron los titanes
del abismo en las lóbregas entrn.fias:
y Jove, vengativo,
convirtió los corceles de granito
en salvajes é inmóviles montañas!
OLEGAR!O V. ANDRADE.

Domingo 27 de Septiembre de 1903.

En ti siltndo dd crtpúsculo•••.
Por las estrechas y perfumadas avenidas
del jardín, iba lentamente, lentamente lapobre cieguecita.
'
Vestida toda de blanco y con el rubio cabello destrenzado sobre sus espaldas, iba pensativa, adivinando por su perfume las flores
que arrancaba á su paso, para luego deshojarlas .....
A su alrededor los árboles mecidos por el
viento de la tarde sollozaban .... sollozaban ...
Y arriba, en el cielo, morían los últimoe
destellos del sol que se ocultaba ......
-¡Eugenia, Eugenia!, murmuró de pronto
una voz en el silencio del crepúsculo ......
-Aquí estoy, le contestó ... y se abrazaron
entre las flores.
-Estás pálida y triste como un lirio, Eugenia mía. ¿Qué tiene tu alma?
Y cogidas por el talle en amoroso abrazo, caminaron lánguiclamente bajo la larga sombra
de los eucaliptos.
-Sí, a.miga mía, dijo la cieguecita.... El
misterio ha venido á albergar en mi alma. Las
densas tinieblas de mi noche ilumínanse á veces por el tenue fulgor de una estrella ... Hoy
he creído ver el azul de ese cielo que nunca
vieron mis pupilas, ese azul que tanto a.man
los poetas y las aves .... ..
El perfume de las flores me ero briaga como
delicioso nepente .........
¡Y aquella música! ¡oh, aquella música de
su violonchelo, cómo olvidarla ... si ella es el
misterio de mi alma .. . lago de ensuefios, don•
de flota la barca de mi tristeza!
-¿Qué tenía aquella música? ¿por qué ll~
raba? dijo casi solloºzando. .....
.
-Sí, Niní, mi alma está enferma, enferm
por la ausencia de otra alma ......
Y bajo la ausencia de aquel crepúsculo,
pobre cieguecita siguió llorando ... llorando..•

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Página de álbum

DIA DE PRIMAVERA

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~~~
gpDf;]~

*

Cada uno de los siglos extiende su triste
gloriosa sombra hasta el siglo que le sigue.
E. DRUMONT.

~~

~~~

*

Cuando todo lo hemos puesto de nu
parte para alcanzar la victoria, no merecem
censura alguna si á la postre salimos derrota:
dos.-CARNOT.

*

L) ~~

~

Dormir demasiado, es hacerle un robo á
vida.-G. :M. VALTOUR.

·-·

Madre Melancolía
Madre Melancolía, pon tu sello sagrado
sobre las cosas tristes que obscurecen la vida.
Pon tu aliento de nardo sobre la roja herida
que abrieron en los hombres el dolor y el pecad
Enséñale al Poeta tu alcázar encantado
donde el canto resuena. de la ilusión per dida,
y la torre en que mora. la. quimera florida,
viajera del remoto crepúsculo dorado.
Madre :Wrnlancolía, leve como la espuma,
honda como el abismo del piélago salobre,
el soplo de tus alas al ensueño perfuma.
Llega. bajo los pliegues del vagabundo vlen
á dejar el misterio de tu caricia, sobre
las almas dolorosas de hastío y de t9rmento,

FROILÁN TURCIOS,

~

'

El ocioso se ocupa tan sólo en matar el tie
po, sin parar mientes en que es el tiempo qui
nos mata á nosotros. -G. M. VALTOUR.

*

'

~

RAFAEL ANGEL TROVO.

Cada quien se forja ilusiones según sus n
cesidades é intereses.-J. L1sEROL.

',~

.

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.

•~

Cerca del blanco tronco de la baya estaríais vos, señorita, con vuestro sombrero blanco, vuestro vestido blanco y vuestra alma
blanca. Yo tendría mi negro dolor. Procuraría haceros soñar dulces suefios, y el laúd
no tendría para vos sino dulces sonidos.
Sí-decía ella;-mas esa c,villa» italiana ¿no
será la morada de la más infeliz de las mujeres? Los árboles sombríos forman un misterioso recinto de duelo. El agua de los arroyos
parece monologar extrañas historias de amo•
res difuntos. El crepúsculo inunda con su tenue tinta de melancolía todo el paisaje. El
anciano que contempla meditabundo las linfas, parece la encarnación de un triste pasado. Los mismos niños que juegan cerca de
la. «villa», no alcanzan á hacer que
mi alma encuentre una sola nota
de alegría.
-Nuestra alma á veces
contagia con sus males el
alma de los demás.
RUBÉN DARIO.

.

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�Domingo 27 de ·Septiembre ,de 1903.

EL BAILE lNFANTlL
Publicamos en esta página los retratos de
las nifias Carmen Benavides y Carmen Rosales concurrentes a.l baile infantil de fantasía
qu~ se efectu6 en el Teatro Hidalgo el día 16
por la tarde.
.
.
La pequeña pareja, que se hizo aplaudir
por la desenvoltura con que baila1?a el j_arabe
y por la gracia con que vestía e.l traJe nacional,
fué indudablemente la que más llamó la atenció~. A instancias del público, las nifias ~uvieron que repetir, hasta rendirse,. el típico
baile haciéndolo en el foro y á la vista de toda l; concurrencia que las ovacionaba.
Las nifias Benavides y Rosales son alumnas
de la Escuela Superior núm. 2.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 2?

de Septiembre de 1903.

diera hacer hervir en mis venas hela&lt;l3:~ mi
vieja sangre de víbora, haciéndome salir de
esta vaga 8omnolencia en que me encuentro!
TE6FILO GAUTHIER.

LA GITANILLA
Maravillosamente danzaba. Los diamantes
negros de sus pupilas vertían su destello;
era bello su rostro, era un rostro tan bello
como el de las gitanas de don Miguel Cervantes.
Ornábase con rojos claveles detonantes
la redondez obscura del casco del cabello,
y la cabeza firme sobre el bronce del cuello
tenía la fa.tina de las horas errantes.

ODIO Y :AMOR
Aborrezco á todo el mundo en maea, y en
todo este montón apenas juzgo á uno 6 dos
dignos de ser odiados ~spe~ialmente.
Odiar á alguno es mqu~e~rse por él. tanto
como si se le amara· es distmguule, aislarle
de la multitud; es h¡llarse en violento estado
por su causa; es pensar en él de día y de noche· es morder la almohada al
pen~ar que existe. ¿Qué más
se hace por uno á quien se ama?
Las penas y trabajos que se
toman para dafiar á un enemigo, ¿se sufririan ac~so para
complacer á una muJl'lr amada? Lo dudo. Para odiar bien
á alguno es preciso amará otro.
Todo gr~n odio sirve de contrapeso á un gran amor.
Mi odio es, como mi amor,
un sentimiento confuso y general que desea cifrarse en algo y no puede conseguirlo. Tengo dentro de mí un tesoro de odio y at.1or, del cual no sé qué hacer y que me pesa horriblemente. Si no puedo desahogarme de uno 6 de otro, 6 de ambos á la vez reventaré seguramente, como
esos sacos u:nos de dinero que se descosen ó
se derraman.
¡Oh! ¡Si pudiera aborre~er á alguien_! Si
uno de esos hombres estúpidos entre quienes
vivo, llegara á insultarme de modo que pu-

Baile infantil.-La niña Carmen

Benavides.

y crueles. Es el canto del amor y del odio, de
la vida y de la muerte!
Los hombres rascan locamente sus guitarraa,
las mujeres cantan, se retuercen, se acercan,
se alejan, golpean cou el tac6n las tablas, sacuden sus faldas. ¡Olé! Y las castañetas con
furor se ponen de su parte. ¡Olé! 11.. .... Atención, bello caballero, esas castañetas hacen un
ruido 16gubre como dos huesosdemuertoque
se chocaran. ¡Olé!. ..... Atención, en la liga de
la hermosa brilla un puñal,y detrás de la capa
del guitarrista está oculta la larga navaja presta á clavarse en tu pecho si cedes á los halagos de la mujer que te quiere............. ..
Baile inf8l0Jtil.-La. niña Carmen R&lt;?sales.

Las guitarras decían en sus cuerdas sonoras
las vagas aventuras y las errantes horas,
volaban los fandangos, daba el clavel fragancia.;
La gitana, embriagada. de lujuria y carillo,
sintió cómo caía dentro de su corpiño
el bello luis de oro del artista. de Francia.

En Sierra Morena.
GIULIO

D' AsPREl\IONT.

ta ttgad6n dt mtxico tn Btlgica

RUBÉN DARIO.

M1JSI CA ESP AÑOLA

Baile infamtll.-Fin de un j8Jl'abe.

Enérgicamente, con mano segura y vibrante, los espafioles de ojos feroces en el fondo de
las 6rb1tas sombrías, puntean la guitarra, en
tanto las mujeres de negras pupilas cantan, se
cimbran, se echan hacia atrás, marcan con un
golpe de caderas seco y nítido el celo brutal.
Sus cantos dulces y apasionados, terribles y
ardorosos, suplicantes como la plegaria, ó provocantes como el deseo insaciable, les embriagan. Verdaderas vírgenes, verdaderas Mesalinas, verdaderas Judits, esas mujeres encarnan de una manera sorprendPnte esta música
que, acompañada de danzas, ya castas, ya obscenas, pero siempre turbadoras, es una comedia 6 una tragedia pavorosa. Es ésta la más
singular mezcla de reminiscencias de himnos
religiosos, de cantos árabes, eróticos y lánguidos, de cantos gitanos, de gritos de rebelión y
de venganza. En estas melodías se desenvuelve toda la historia de la antigua Iberia y al
mismo tiempo, se revela el alma de est/ extraordinario pueblo espafiol en que el sentimiento de la más caballeresca piedad, del amor
más tierno y romancesco, se unen á las pasiones más vivas, á las venganzas más rudas

Damos á conocer en es~ número algunas
fotografías del edificio que ocupa en Bruselaa
la Legación de México en Bélgica y Holanda.
La simple vista de esas fotografías, bastad
para que los lectores de «El Mundo Ilustrado» se formen una idea de la suntuosidad y
elegancia con que están decorados los salones
de la Legación. Esta está situada en el námero 48 de la calle Béliard, y consta de va•
rios departamentos, entre lof:l cuales se distingue ¡:-or la riqueza con que está amuebla·
da. la sala de recepciones. En el &lt;cdetalle" que
reproducimos, y en que aparece retratada la
niña Enriqueta, hija del Sr. Ministro, Lic. D.
Emilio Pardo, pueden verse algunos de los
objetos de arte que la decoran.
El despacho del Sr. Lic. Pardo y la sala de
música, están igualmente amueblados con el
lujo y esplendidez que corresponde al repre·
sentante oficial de nuestro país en la cultísi•
ma naci6n de los belgas. ·
La residencia diplomática tiene una puerta
de salida hacia la calle de Marie Bourgogne.
Entre nuestros grabados figuran, tanto esta
parte del edificio como el vestíbulo que da
acceso á los salones.

Legación d.e Ml1xico en B6l¡ioa.-ll:1 vieetlb•.110.-Vn deta.U• del alón l)r1nc1pal.-Puert&amp; de Allida por 1a. calle Maria Bourco¡pw,

�E L MIEDO
Ese largo y angustioso escalofrío que parece mensajero de la muerte, el verdadero escalofrío del miedo, s6lo lo he sentido una vez.
Fué hace muchos años, efi aquel hermoso tiempo de los mayorazgos, cuando se hacía informaci6n de nobleza para ser militar. Yo acababa de obtener los cordones de Caballero Cadete. Hubiera preferido entrar en la Guardia
de la Real Persona, pero mi madre se oponía,
y siguiendo la tradici6n familiar, fuí granadero en el Regimiento del Rey. No recuerdo con
certeza los afios que hace, pero entonces apenas me apuntaba el bozo, y hoy ando cerca de
ser un viejo caduco.
Antes de entrar en el regimiento, mi madre quiso echarme su bendici6n. La pobre sefiora vivía retirada en el fondo de una aldea,
donde estaba nuestro Pazo solariego, y allá fuí
sumiso y obediente. La misma tarde que llegué, mand6 en busca del Prior de Brandeso
para que viniese á confesarme en la capilla del
Pazo. Mis hermanas María Isabel y María
Fernanda, que eran unas niñas, bajaron á coger rosas al jardín, y mi madre llen6 con ellas
los :floreros del altar. Después me llam6 en
voz baja para darme su devocionario y decirme que hiciese examen de conciencia.
-Vete á la tribuna, hijo mío ... Allí estarás
mejor......
La tribuna señorial estaba al lado del Evangelio, y comunicaba con la biblioteca. La ca-

Legación de México en Bélgica.-Despa.cho del señor Ministro.

pilla era húmeda, tenebrosa, resonante. Sobre
el retablo campeaba el escudo concedido por
ejecutorias de los Reyes Cat6licos al señor de

1

. ,.1-ll~ •
l,

Legación die México en

.

Bélgioa..-Entra.da al salón de m11sica.

Domingo 27 de Septiembre ,de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 27 de Septiembre de 1903.

Bradamin, Ped.ro Aguiar de Tor, llamado el
Chivo y también el«Viejo». Aquel caballero
estaba enterrado á la derecha del altar, el sepulcro tenía la P.statua orante de un guerrero.
La lámpara del presbiterio alumbraba día y
noche ante el retablo, labrado como joyel de
reyes: los áureos racimos de la vid evangélica
parecían ofrecerse cargados de fruto. El santo
tutelar era aquel piadoso Rey Mago que ofreci6 mirra al Niño Dios: su túnica de seda bor•
dada de oro, brillaba con el resplandor devoto de un milagro oriental. La luz de la lámpara, entre las cadenas de plata, tenía tímido
aleteo de pájaro prisionero, como si se afanase pq,r volar hacia el Santo.
Mi madre quiso que fuesen sus manos las
que dejasen aquella tarde á los pies del Rey
Mago los floreros cargados de rosas, como
ofrenda de su alma devota. Después, acompañada de mis hermanas, se arrodill6 ante el
altar. Yo, desde la tribuna solamente, oía el
murmullo de su voz, que guiaba moribunda
la8 avemarías; pero cuando á las niñas les to•
caba responder, oía todas las palabras rituales
de la oraci6n.
La tarde agonizaba y los rezos resonaban en
la silenciosa obscuridad de la capilla, hondos,
tristes y augustos, como un eco de la Pasi6n.
Yo me adormecía en la tribuna. Las niiias
fueron á sentarse en las gradas del altar ; sus
vestidos eran albos como el lino de los pafios
litúrgicos. Ya s6lo distinguía una sombra que
rezaba bajo la lámpara del presbiterio; era mi
madre: sostenía entre susmanos un libro abier•
to y leía con la cabeza inclinada. De tarde en
tarde, el viento mecía la cortina de un alto
ventanal; yo entonces veía en el cielo, ya obscuro, la faz de la luna, pálida y sobrenatural,
como una diosa que tiene su altar en los boa·
ques y en los lagos.
Mi madre cerró el libro dando un suspiro,
y de nuevo llam6 á las niñas. Vi pasar sus
sombras blancas á través del presbiterio y columbré que se arrodillaban á los lados de mi
madre. La luz de la lámpara temblaba con un
débil resplandor sobre las manos que volvían
á sostener abierto el libro. En el silencio, la
voz leía piadosa y lenta. Las nifias escucha•
ban, y adiviné sus cabelleras sueltas sobre la
albura del ropaje, y cayendo á los lados del
rostro iguale~, tristes y nazarenas. Habfame
adormecido, y de pronto me sobresaltaron los
g::itos de mis_he~manas. Miré y las vi en m~d10 del presbiterio abrazadas á mi madre. Gn·
taban despavoridas. Mi madre las asió de la
mano ! huyeron las tres. Bajé presuroso. Iba
á seguirlas, y quedé sobrecogido de terror. En
el sepulcro del guerrero se entrechocaban loe
huesos del esqueleto. Los cabellos se erizaron
en su frente. La capilla había quedado en el
mayor silencio, y oíase distintamente el hueco

y medroso rodar de la calavera sobre su almohada de piedra. Tuve miedo como no lo he
tenido jamás, pero no quise que mi madre y
mis hermanas me creyesen cobarde, y permanecí inmóvil en medio del presbiterio, con los
ojos fijos en la puerta entreabierta. La luz de
la lámpara oscilaba. En lo alto mecíase la
cortina de un ventanal, y las nubes pasaban
sobre la luna, y las estrellas se encendían y se
apagaban como nuestras vidas. De pronto, allá
lejos, resonó festivo ladrar de perros y música
de cascabelf,s. Una voz grave y eclesiástica
llamaba:
-¡Aquí, Cara bel! ¡Aquí, Capitán! ...
Era el Prior de Biandeso, que llegaba para
confesarme. Después oí la voz de mi madre
trémula y asustada, y percibí distintamente la
carrera retozona de los perros. La voz grave
y eclesiástica se elevaba lentamente, como un
canto gregoriano:
-Ahora veremos qué ha sido ello..... Cosa
del otro mundo no lo es, seguramente ... ¡Aquí,
Carabell... ¡Aquí, Capitán! ...
Y el Prior de Brandeso, precedido de sus
lebreles, apareció en la puerta de la capilla:
-¿Qué sucede, señor Graua&lt;lero del Rey?
Yo repuse con la voz ahogada:
--Señor Prior, he oído temblar el esqueleto
dentro del sepulcro! ...
El Prior atravesó lentamente la capilla. Era
un hombre arrogante y erguido. En sus años
juveniles también había sido Granadero del
Rey. Llegó hasta mí, sin recoger el vuelo de
sus hábitos blancos, y afirmándome una mano en el hombro y mirándome la faz descolorida, pronunció gravemente:
-¡Que nunca pue,ia decir el Prior de Brandeso que ha visto temblar á un Granadero del
Rey! .. ....
No levantó la mano de mi hombro y permanecimos inmóviles, contemplándonos sin ha- .
blar. En aquel silencio oímos rodar la calavera del guerrero. La mano del Prior no tembló. A nuestro lado los perros enderezaban las
orejas con el cuello espeluznado. De nuevo
oímos rodar la calavera sobre su almohada de
piedra. El Prior me sacudió:
- ¡Señor Granadero del Rey, hay que saber
si son trasgos ó brujas! ......
Y se acercó al sepulcro y asió las dos anillas
de bronce empotradas en una de las losas,
aquella que tenía el epitafio. Me acerqué temblando. El Prior me mir6 sin desplegar los
labios. Yo puse mi mano sobre la suya en una
anilla y tiré. Lentamente alza"llos la piedra.
El hueco negro y frío quedó ante nosotros. Yo
vi que la árida y amarillenta calavera aún se
movía. El Prior alargó un brazo dentro del
sepulcro para cogerla. Después, sin una palabra y sin un gesto, me la entregó. La recibí

temblando. Yo estaba en medio del presbiterio y la luz de la lámpara caía sobre mismanos. Al fijar los ojos, la sacudí con horror. Tenía entre ellas un nido de culebras que se desanillaron silbando, mientras la calavera rodaba con hueco y liviano son, todas las gradas
del presbiterio. El Prior me miró con sus ojos
de guerrero, que fulguraban bajo la capucha,
como bajo la visera de un casco.
-Señor Granadero del Rey, no hay absolución ... ¡Yo no absuelvo á los cobardes!. ..
Y salió de la capilla arrastrando sus hábitos
talares. Las palabras del Prior de Brandeso
resonar0n mucho tiempo en mis oídos. Resuenan aún. ¡Tal vez por ellas, he sabido más
tarde sonreír á la muerte como á una mujer! ......
R. DEL VALLE-INCLÁ.N.

de armas de México y de Italia, destacándose
entre haces de banderas. En el interior, y
frente á la entrada, se colocó una estatua, imitando mármol, que representaba á la Patria
redimida, y en las callecillas del parque, festones y lienzos de los colores nacionales, que
ofrecían, en conjunto, un hermoso golpe de
vista.
Los puestos, e11tre los cuales se distinguieron por su decorado los de confetti y aguas
minerales, estaban atendidos por grupos de se-

tas fitstas dtl 10 dt stptitmbrt
Con una funci6n que se verificó el 19 por la
noche en el Circo Orrin, y con una brillante
kermesse efectuada en el Tívoli del Elíseo, el
día eiguiente, celebr6 la colonia italiana, en
este año, el aaiversario de la ocupación de Roma por Víctor Manuel.
Las simpatías con que cuentan en México
los italianos y lo glorioso de la fecha que se
conmemora, fueron, sin duda, parte muy principal para que las fiestas alcanzaran un lucimiento extraordinario, pues tanto á la tienda
de Villamil como al Tívoli, concurrieron multitud de familias y caballeros distinguidos,
contándose entre éstos los miembros del Cuerpo Diplomático, altos funcionarios de la Administración Pública y numerosos particulares.
A la función teatral, cuyo programa se cubri6 con «Tosca&gt;&gt; y con algunos trozos musicales ejecutados por la orquesta que dirige el'

La estatua de la Patria.

ñoras y señoritas, tanto italianas como mexicanas. Entre los concurrentes había algm\as
damas y niños que se presentaron vistienklo
graciosos trajes regionaltis.
· ·
La kermesse, que amenizó la banda del l4C?
Batallón, se prolongó hasta después de media
noche.

CROMO ANTIGUO
SONETILLOS

I

La Kermesse.-Un grupo de dailila.S.

maestro Polacco, asistió el señor Presidente de
la República en compañía de . su distinguida
esposa, la señora Romero Rubio de Díaz, y de
su hija la señora Amada Díaz de de la Torre. El
Primer Magistrado fué recibido en el vestíbulo por una comisión especial que enc&amp;bezaba
~·
el señor Ministro de Italia, Cúnde de Vinci,
:;
y al presentarse en el palctrde honor, el pti- - ·• .... blico le tributó una entusiasta ovación.
El desempeño de «Tosca» fué correcto, y la
concurrencia quedó complacida. Al concluir
1a funci6n, la orquesta tocó el Himn'.&gt; Nacional Mexicano, escuchándose entonces en el
teatro ¡vivas! á Italia y á México y á los gobernantes de las dos naciones hermanae..
El adorno del Circo, consistente en guías de
flores, banderas y plantas exóticas, era de muy
buen gusto.

***

Por lo que ve á la kermesse, no cabe duda
que la Junta organizadorll puso todo cuanto
estaba de su parte para hacerla digna de llamar la atención.
La puerta principal lucía un primoroso
La fiesta del 20 de Septlembre.-Adorno de la entrada adorno de flores naturales, que simulaba una
al TfvoL.
portada en cuyos remates se veían los escudos

Tras de las altas techumbres
De los castillos feudales,
En las tierras imperiales
Se ven las lejanas cum brea;
En rejas llenas de herrumbres
Cuelgan los viejos rosales
Y cruzan: por los umbrales
Las antiguas servidumbres.
Junto á los tiernos arbustos
Do anidan los calípedes
Crecen los pinos robustos,
Y se alzan las azoteas
Con sus húmedas paredes
Dominando ras a.ldPas.

II
En el jardín de un castillo,
De un castillo frío y severo,
Bajo del invernadero
Hay un rosal amarillo;
Y por el verde pasillo,
Con paso suave y ligero,
Va un extraño jardinero,
Un jardinero sencillo:
Es la joven princesita,
Adornada de rubíes,
Que rompe Una margarita
Sobre el traje de tisúe!!I,
Mientras bajan los bambúes
A besar los alelíes.
FÉLIX CALLEJAS.

�Domingo 27

de Septiembre de

EL MUNDO ILUSTRADO

1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

La lucha contra el alcoholismo
CONFERENCIAS CIENTÍFICAS

Han demostrado las estadísticas que con
gran cuidado se van recopilando en Francia,
que una de las causas más dignas de teherse
en cuenta por su influencia notoria en la degeneración de la raza y en el decrecimiento de
la natalidad, es el alcoholismo.
Como un Proteo diabólico. el alcohol está
envolviendo en sus redes :i la humanidad,
amenazando seriamente el porvenir de la especie humana, al gr'l.do de que, según cálculos
bien fundados, se puede asegurar «que en los
individuos alcohólicos, la especie se extingue

mejor parte de la campafia. Está demostrado
que por mayores que sean los esfuerzos desplegados por los gobiernos, nunca pueden los
resultados compararse á los que se alcanzaran
por la iniciativa particular.
Es por este, que la ccSalvation Army)&gt; l sociedades análogas en Europa, han merecido la
aprobación y han alcanzado el apoyo de los
ricos y de los gobernantes. Pero no por ~llo
debe dejarse de mano la lucha, y los gobrnrnos de Europa ponen de su parte todo lo que
pueden para alcanzar el mejor éxito en ~ste
sentido. Lo mismo ha hecho nuestro gobierno. Los medios son muchos; pero está demostrado que jamás se podrá conseguir que un
ebrio deje de serlo, si no es por la reclusión
completa y el aislamiento. Las enseñanzas antialcohólicas son de utilidad mayor, especialmente si se acompañan de demostraciones

cia)&gt;, en el recinto limitado de una celda pe
tenciaria, cuando se le lleva á la cátedra
cuentra cierta variedad agradable, que rom
la monotonía de su existencia. Después de
cátedra, tiempo bastante tiene para refle ·
nar acerca de las verdades que se le han ine
cado. El éxito es muy frecuente.
·
Pero como la ley exige que siempre 88
cuentren aislados los reclusos, sería muy
cil evitar el que se comunicaran entre sí en
caso de que se les llevara á una cátedra
una pieza, por amplia que se la quiera su
ner. Precisaba encontrar un medio nuevo
éste es el que se ha generalizado ya en loe p
sidios de Europa. En un anfiteatro amplio
fabrican pequeñas celdas, especie de pai
cubiertos en los qm. solamente un hombre
ne cabida; ve claramente al profesor y la 111
sa de las experiencias, escucha la voz del
tro; pero no puede ni ver, ni menos entend
se con los demás presidiarios.
Es ésta una de las múltiples formas en q
se hace la campaña antialcohólica, que p
sa llevar á cabo sostenida y enérgicamente.
mal es grave; los remedios deben ser h
cos.

Domingo 27

de Septiembre de

EN EL POLIGONO DE SAN LAZARO

NEMO.

PIEDRAS PRECIOSAS.
Fuera más propio y galante
Que, en vez de un pobre decir,
Yo te diera en este instante:
Para tu mano un diamante,
Para tu pecho un zafir.

Pruebas de los cañones B ~ y

St.Ch-amond -Mond:na,gón, reformados.-El señor General Dfaz observando

¿Que no soy rico?-Te inquietas
Porque en la raz6n no estás.
¡Oh chiquilla! Los poetas
Tenemos minas secretas
Que no se agotan jamás.
Cada lágrima que brota
De mi nuevo padecer,
Es un diamante, una gota
De luz que radia en la ignota
Desolación de mi ser.
¿Qué es un zafiro?-Un zafiro
Es un ensuefio de amor
En vago y perpetuo giro.
Un zatiro es un suspiro
Que cristaliza. el dolor.
¿Comprendes ya que te inquietas
Porque en la razón no estás?
¡Sí, chiquilla!-Los poetas
Tenemos minas secretas
Que no se agotan jamás.
ANDRÉS MATA.

tas últimas prutl!as mmtarts.

Una conferencia anitiailcoh6l!ca.

á la tercera generación». Esto quiere decir que
si la humanidad entera, rn estos momentos
estuviera bajo la influencia morbosa del aleo~
bol, dentro de cincuenta afios no existiría
hombre alguno sobre el haz de la tierra.
Se comprende que los gobiernos se hayan
preocupado hondameüte por la causa de despoblación que radica en la absorción del alcohol. Las sociedades modernas llevan un cáncer que las roe, un mal infiltrado tan hondo
que son legítimos los medios más radicales'
cualesquiera quesean, queseempleen para ma~
tar el germen de disolución y de ruina que fermenta en la sangre de nuestros coetáneos. Evidentemente que en la lucha que hay que emprender, sería de desearse que fuera la iniciativa particular la que tomara por su cuenta la

prácticas, concluyentes, que hablen á los ojos
de los oyentes.
. De aquí la f?ncla~i6n de una cátedra especial en l_as pemtenc1arías de Francia, en la que
un médico está encargado de explicará los reclusos todo lo que puede, todo lo que hace y
todo lo que destruye el alcohol. La demostración se acompafia de experiencias en el momento mismo de la cátedra. Los resultados
han sido notablemente buenos.
Entre los presos, recluídos conforme á las
enseñanzaR de la criminalogía moderna en
c~ldas únicas, en los que siempre exist; ya
cierto germen favorable en todo al desarrollo
del alcoholismo, las enseñanzas antialcohólicas tienen una gran aplicación. El hombre recluído, solo, ccconsigo mismo y con su concien-

Cañón de montaña, sistema Bange, reformado.

Hace pocos días que en presencia del
Presidente de la República y del Sr. Mini
de la Guerra, se efectuaron, en el Polígono
San Lázaro, las pruebas de los caíiones
ge y St. Chamond- Mondragón, reform .
por el distinguido artillero mexicano, B
dier Don Manuel Mondragón.
Las experiencias tuvieron un éxito sa
factorio y fueron suficientes, por sí. s.o
para comprobar las magníficas cond1c10
que distinguen á las nuevas bocas de fu
En otra ocasión hemos explicado en qué
sisten las reformas introducidas en los
cañonee, y cuáles son las ventajas que o
cen para el combate.
Las pruebas se vieron concurridas por n
merosos jefes y oficiales del ejército Y por
gunos particulares.

Un disparo con el cañ611 Mondrag6n.

boS

erectos de un disparo.

1903.

�Domingo 27 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

ir en pos de _la _dicha a~soluta, desconocemos que
no puede ex1st1r en la tierra, porque no existe la
verdad absoluta en que debiera fundarse, como
no existe la forma eterna; y la ventura humana
deseada bajo tantos aspectos é incesantemenUl
variable, al igual de todas las formas, no es sino una. dorada mentira.
Pero ya que tormento ineludible y perpetuo del
hombre es y será correr tras lo que imagina. símbolo de felicidad, aunque muchas veces sea. doloroso, negro 6 a.margo, yo he vinculado mi dicha. en mi venganza. Triste felicidad de un instante que no compensará los agravios.
-Yo, en cambio, he vinculado mis esperanzas
y mi ventura en ti, que eres lo dulce, lo bello, lo
blanco; que convidas al amor, al placer y á la.
vida, exclamé en un rapto de apasionada ternura. al verá Iné~ transfigurarse en sibili,. fascinadora., bajo el dominio de sus propios pensamientos, que había. expresado con arrebatadora elocuencia.
Reclina.da. en mi hombro, deslizáronse sus lágrimas al lago. Esas gotas, brillantes como estrellas fugitivas, ¿endulzarían las aguas 6 las
amargaron? . . ..

***

,

€1 Sitio dt la Tsla dt mtxtala
Episodio blstórtco dt la tiutrra dt Tndt~ndtnda
(coxcLUYE)

II
El General Brigadier José de la Cruz, autot·
del bando de Huicha.pan que condenaba á muerte á todo paisano aprehendido fuera de las po blaciones con armas de cualquier especie y á
«quienes tuviesen el menor comercio con algún
rebelde, aunque fueren sus padres, hijos 6 hermanos&gt;· autor también del bando expedido en
Guadal~ja.ra, por el cual se previno que todos
los habitantes de la ciudad y la provincia, usaran en el sombrero, &lt;aunque fuese de palma&gt;,
ur.a divisa roja (color de sangre), en señal de su
adhesión á la monarquía; que á juzgar por sus
partes periódicos, ganaba al mes un número
mayor de batallas que el Cid y Napoleón en toda su vida; que para. insta.lar como autoridad
política á un individuo, vacilaba por temor de
que éste no se atreviera. á fusilar diaria.mente á
diez hombres; que, por último, aun cuando en
puntos de guerra fué sanguinario y cruel, como
gobernante 6 magistrado, en su carácter de Comandante General de la Nueva Ga.licia y Presidente de su Real Audien:iia, entre muchos actos
de ironía desapiadada., tuvo rasgos de generosidad y nobleza; este General español, uno de los
tres virreyes que, según decía Calleja al retirar·
se para. Europa., quedaban en Nueva. España.(*),
irritóse vivlenta.mente de que en el territorio tan
vasto de su jurisdicción-que además de la Nueva Galicia comprendía las intendencias de Guanajua.to y Michoa.cán-pudiera sostenerse en
abierta y victoriosa campaña contra sus tropas,
la guerrilla de Encarnación Ros~s;y colmada su
indignación por el desastre de Lmares, se apercibió para mandar á éste refuerzos.
Llega.da tal noticia á nuestros caudillos Rosas
y Santa Anna, se r,mnieron en Consejo de Guerra. con el presbítero Don Marcos Casr.ellanos y
con Don Luis Macias, duoñ.o de la. hacienda de
«La Palma&gt;, y por indicación del tercero, determina.ron concentrar sus fuerzas en la isla de
(•) Cuando el Gral. Calleja se retiraba del Gobierno colonial dec!a á sus amigos de Veracruz que dejaba tres virrey,is en Nueva España: Apodaca en México, Arredondo en
,Monterrey, y_ Cruz en Guadalajara, y por semejante expre.sión proferida por quien conoctoa perfectamente las condiciones del pa!s, se puede comprender hasta qué punto habla
llegado el influjo de este último en el extenso reino de la
Nueva Galicia, cuando se Je consideraba independien,e del
gobierno virreinal por persona tan competente.-"Apuntes
históricos sobre la guerra de independencia en Jalisco'',,_interesante librito del distinguido escritor jalisciense .1.,ic.
Luia Pérez Verdia,

Domingo 27 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Mexca.la., situada. como á. una. legua al septentrión de la costa en la laguna. de Cha.pala.
A fines de diciembre, veinte canoas nos condujeron á Mexcala, y desde luego, confiado el mando militar de la plaza á Macias, el padre Castellanos se ocupó en los trabajos para la fortificación, que consistió en dos fuertes murallas y varias otras obras.
Ardua. labor sería. la. de enumerar los hechos
de armas que se efectuaron durante nuestro largo asedio. En todas las crisis de la humanidad
ha. surgido siempre un hombre extraordinario
para salvar á. una. nación 6 á un grupo, y así
como en la guerra. general de Independencia de
México so brasa.lió Morelos, en Mexca.la. fué nuestro héroe y jefe supremo Castellanos, excura. de
O!otlán, á quien se encargó la dirección de la
defensa. por la muerte de Don Luis Macias.
Estimulado Linares con el auxilio recibido y
por su afán de represalia, desplegó sin misericordia ni límite su ferocida.d,y encolerizado porque los vecinos de Tizapán proporciona.ron al
gunos socorros á los independientes, mandó exterminar á los habitantes del pueblo y arrasar
éste, cuy as ruinas sirviéronle en breve de sepulcro.
No terminábamos aún la fortificación de la isla., cuando el jefe peninsular, pretendiendo hacer un reconocimiento de nutlstro propugnáculo,
se retiró de la. orilla. del lago, embarcado en una.
canoa. grande y seis pequeñas que, llenas de tropa, lo seguían. Apenas visto por los insurgentes,
atacáronle éstos en cuatro canoas, volcáronle
dos de sus barcas, captura.ron otras, le mataron
á muchos de sus oficiales y á sesenta. soldados,
y, finalmente, hechos prisioneros el mismo Linares y su sobrino el Subteniente Pablo Bustamante, éste y catorce individuos de tí-opa fueron
luego fusilados.
Sólo comparable éon la propia inquina que el
Comandate realista había manifestado en todos
sus actos, fué la que reveló Inés al tratarse de
la suer~ ~e aquél: instó con energía para que se
la permitiese tomar parte en el Consejo de Guerra, y ~a ª1:1 ~ste, fué ella quien con mayor vehemencia. pidió la. muerte del reo en la. más ignominiosa. forma, y así se decretó.
No podía yo mirar sin pena. la ejecución de ese
hombre, hombre al fin, prójimo mío· pero aumentaba. mi aflicción el gozo inmoder¡do y cruel
q.ie, sin disimulo, aparecía en el semblante de
Inés, y a.un en sus acciones; á tal grado que si
no la hubiera yo contenido, ella habría tir~do
de la cuerda. con que fué a.horca.do Linares y hu0

biese hecho al cadáver el último ultraje: escupir
sobre él.
Se estrellaron, sin embargo, contra la volun•
ta.d de aquella mujer incomprensible todos mis
esfuerzos para obligarla á retirarse del patíbulo, frente al cual permanecimos hasta que, ya
entrada. la noche, se nos trajo !'a.orden terminan•
te de Rosas para. que regresáramos á la isla.
Arrodillóse entonces Inés ante el cuerpo y murmuró conmovida algunas frases. Creí que rezaba
por el ajusticia.do, y cuando estuvimos en la canoa, insinué algo á mi compañera. sobre la sin•
gularida.d de su conducta, al implorar la bon·
dad de Dios en el otro mundo hacia el mismo
ser para. quien ella. no había. tenido piedad en la
tierra. Con ardor inusitado, con relámpagos si•
niestros en la mirada y enternecimiento al fin que
se deshizo en llanto, prorrumpió:
.
-No oraba. por él, ni oraba siquiera; me dir1•
gía á mi madre y le ofrecía en holocausto á su
verdugo, pues Linares, porque no supo conservar
'Í. una mujer que huyó con mi padre, asesinó á ésMi,
y no sa.tisfec~o aún su rencor, intentaba desbon:
rar la memoria de su rival en la persona de mi
madre, quien, para. evitarlo, se arrojó por la
ventana y murió.
Esto se lo había escrito el cura Salcedo, confi•
dente de Don Alonso y víctima también del mis•
mo verdugo.
Exaltada la joven por sus resentimientos, parecía. deleitarse con el recuerdo de su venganza,
no co~pleta aún, según dijo, porque le fal~aba
cumphrla en el cura. Alvarez, que proporc1?nó
sus tropas á Linares para el asalto de la ha.cien·
da, pues aquél vino de Guadal aja.re., solo y subrepticiamente. Quise hacer á Inés algunas relle•
xiones procurando demostrarle la nobleza del
perdón 6, en muchos casos, la. felicidad del ol·
vido.
-La. felicidad no existe, contestó con rudo
acento que poco después declinó en tono ríspido
de desolación, tierno á veces, sin embargo. Como el agua se descompone en mil Golores, la. que
llamamos felicidad tiene igualmente mil matices,
según es el prisma á través del cual se ve. Unos
la buscan en el amor y otros en los honores;
aquél la cifra en el olvido y éste en el recuerdo;
ora. se la hace consistir en la. devoción, ora en la
piedad, y no falta quienes 111. persigan en el fon·
do de una botella. de vino, en las figuras de 1;1n~
baraja 6 en las ca.ricias vena.les de una. mu1er,
muchos pretenden alcanzarla. haciendo el m~l .
sus semeja.ntes, y muy pocos en hacer el bien,
pero, en último término, na.die la. encuentra; al

Cerca de cuatro años transcurrieron. En este
período numerosos habían sido los comba.tes. A
Alvarez, nuestros indios, en el puerto de la Peña., le arrebataron gran cantidad de parque y
armas, y en Tlacbichilco, Sa.nta.Anna, después de
reñida pelea., obtuvo completa victoria.. En junio
de 1813, reunidos por el gobierno colonial formiil a.bles a.prestos de guerra., entre los cuales se
contaban cuatrn lanchas cañoneras, una falúa. y
dos grandes canoq,s unidas entre sí por una. cadena., tripula.das estas embarcaciones por más de
seiscientos hombres, á quienes dirigían el Coronel Pedro Celestino Negrete y el Comandante de
Marina español, de brillantes antecedentes, Don
Felipe García., fué ataca.da nuestra fortaleza..
Con admira.ble empuje y valor por ambas partes, se entabló la. lucha, en que al fin sucumbieron bajo lluvia de piedras arrojadas desde la
isla, García y muchos de sus solda.dos; Negrete
perdió dos dedos de la mano izquierda. y tuvo
quo dejar en nuestro poder las dos canoas encadena.das, una caja de parque y un cañón. El resto de la. flotilla se retiró en completo desorden.
A l tener conocimiento de este nuevo desastre,
Cruz acordó cambiar el plan de campaña. bloqueando rigurosamente la isla, en vez de volver
á pretender tomarla por asalto.
Desde entonces, invertida la actitud de los
adversarios, fueron Rosas y Santa. Anna quienes acometían á los destacamentos rea.listas, á
fin de apoderarse de algún botín de guerra. é introducir el sustento necesario para los sitiados.
En marzo de 1814, el mismo Cruz, á la sazón
ya. Mariscal1 se presentó en Tlalchichilco, é impaciente, dio orden para hacer un reconocimiento, que no se atrevieron á ejecutar el Coronel
José Navarro, jefe del bloqueo, y el Teniente de
fraga.ta Manuel de Murga.
A principios de 1815, era. ya. poderosa. la escuadrilla realista entre cuyas embarcaciones mirábase hasta una goleta. con capacidad para 200
tripulantes; pero á pesar de todo, en enero quitamos á los enemigos la fa.lúa. &lt;Fernando en su
Trono&gt;, que no pudieron rescatar en comba.te encarnizado, con tal fin emprendido.

En agosto de 1816, Santa Anna derrotó á un
fuerte destacamento del gobierno en Corral de
Piedra; pero al día siguiente, sus tropas, que habían queda.do al ma.nclo de otro jefe mientras
aquél conferenciaba en la isla con Castellanos,
fueron sorprendidas y destrozadas, pereciendo
trescientos de nuestros hombres y más de cien de
los contrarios, de manera que fué para éstos un
triunfo car o.
En noviembre de ese mismo año (1816), k , resistencia. llegó por fin á ser imposible: no rindieron
nuestro espíritu el miedo 6 la codicia.; ni vencieron nuestro cuerpo el hambre y el cansancio; pe·
ro nuestras filas compactas de gladiadores sere•
nos ante las balas del ad versa.río, se disgregaban bajo el golpe certeroé inexorable de la. peste
que las diezmaba y huhierahecbo desaparecer en
breve. La heroicidad tiene sus límites y era impotente para luchar contra. ese impla.ca.ble enémigo.
Por consiguiente, Santa Anna, al recibir nuevas
proposiciones de indulto que le hizo Cruz por
medio de un emisario, consintió en tener una entrevista con aquél para tratar del asunto.

***
Durante esos cuatro años, mis sentimientos y
el estado de mi ánimo babíanse modificado por
completo. Al día. siguiente de la. ejecución de Linares, Inés, que la víspera, en la. canoa, sólo había contestado mi explosión de amor con su tris•
te soncisa, me ofreció con extraordinaria dulzura.
que seria mi esposa al terminar l a. lucha, si en
ésta no perecíamos, exponiendo que me aplazaba para entonces, porque fuera. una ingratitud
abandonar á nuestros compañeros y amigos en
la. difícil posición que guardaban; además, insinuóme que quizá para. entonces, libre su alma. de
enconos, podría. corresponder á mi ternura.
El corazón huma.no es, por lo común, fácilmente accesible para. lo doloroso, y rebelde á lo agra.•
dable: el placer, si es fuerte, lo mata., y si no,
a.penas lo conmueve; el pesar lo envenena, muchas veces para. siempre, y forjados de tal manera, siempre tememos el mal y raramente confiamos en que sobrevenga el bien. Así, que apenas
repuesto de la profunda sacudida que me produjeron aquel111,s palabras, comencé á cavilar sobre
el móvil que retuviera en la isla á mi amada,
porque no me convencían sus explicaciones; y lo
que hacía tiempo era leve espina, fué entonces
dardo punzante; pues al calor de los celos, mi
sospecha se convirtió en realidad: Rosas amaba
á Inés.
Resignado, no obstante, me abstuve de proferir cualquier palabra de reproche; pero tampoco
la dije de a.mor, aun cuando estaba. persuadido de
que Rosas jamás confesaría. su pasión y de que
Inés no la correspondía. Dió término á esta situación un hecho que na.da tuvo de inesperado:
el de haber sido yo herido gravemente en una. de
las numerosas acciones de guerra en que tomé
parte, la de Corral de Piedra. Transporta.do á la.
isla, hubo de volverme Inés los servicios que le
presté en ca.so idéntico, y al sondear mi pecho
desgarra.do por una bala, vió que me desvanecía;
angustiada., olvidando todos los escrúpulos que
antes la. detuvieran, puso su rostt-o contra. el mío,
y yo, sintiéndome morir en aquel instante, al
darme Inés su primer beso, imaginé que lanzaba
mi último suspiro ....
Desde ese día transformóse el Capitán Juanito en &lt;La. Capitana&gt;. Se hizo pública nuestra.

historia, y el padre Castellanos, en compañía. de
Rosas, vino á anunciarme que él bendeciría.
nuestro enlace. Encarnación me estrechó la mano en silencio: esta. sencilla. muestra. de afecto y
una mirada. suya, fueron para mí la. más segura
prenda de su lealtad.
No cica.trizaban aún mis heridas, cuando se
me comunicó la. sumisión de la isla. El suceso,
que significaba la próxima realización de mis
anhelos personales, acongojó, sin embargo, mi
espíritu, tanto más cuanto que con tal noticia
me llegó la de la. desaparición de Rosas. Pronto
tuve la. triste explicación de este hecho, al recibir una. carta. 9-ue simplemente decía.: «Sean usted y Doña Ines felices. Acuérdense de mí.-En•
carnación.&gt; El portador del pliego, tartamudeando de emoción, logró difícilmente bacer comprender su relato. El bravo guerrillero, después de
entregarle ese papel, habíale ordenado que le
ayudara á conducir hasta el lugar más escarpado de la. playa., uno de los cañones que la defendían. Atóse Encarnación á la pieza, é instantes
después, con sus fuerzas de atleta, la. empujó hacia el agua. y rodó con ella ....
Consumada. la capitulación en las condiciones
más honrosas para los sitiados-condiciones que
por cierto cumplió religiosamente Cruz,-á Santa Anna se le reconoció el grado de Teniente Coronel y se le nombró Gobernador de la. isla., y á
Castellanos, que tenía entonces setenta y cinco
años de edad, se le colmó de honores, aun cuando ni uno ni otro, para someterse á la. paz que se
les exigía, necesitaban otra liga. que su palabra
de honor.

***
Hacina.miento de piedras ennegrecidas en que
serpeaban los reptiles y crecían los jaramagos,
fué todo lo que encontramos de la hacienda. de
Santa María. La solicitud piadosa de algunas
pobres gentes había. erigido con escombros un
pedestal y sobre éste una cruz, en el mismo lugar
en que murió la madre de Inés; cerraban el estrecho recinto algunas palmeras flabeliformes
que parecían puestas allí por la. naturaleza para
defender y asombrar el monumento, y con el
susurro de sus bojas elevar al cielo incesante y
misteriosa plegaria.
En aquel sitio fué improvisada una capilla pa.•
ra celebrar nuestro matrimonio. No falta.ron
azahares con que adornar la frente de la desposa.da; pero antes de cortarlos, fuimos á depositar flores y convólvulos ante una cruz de madera que en memoria de Encarnación Rosas plantamos por nuestras propias manos, en el cementerio, frente á la. tumba de Linares.
Algunos años más tarde, las enredaderas habían unido la. cruz y el sepulcro.
Al ver esto, dije á Inés:
-El tiempo es el olvido.
-El a.mor que todo olvida y perdor;a. todo, es
la felicidad-contestó ella., rodeando mi cuello
cariñosamente con su brazo.
Y así unidos, caímos de rodillas y rezamos á
la vez por el mártir y por el verdugo.
JULIO POULAT.

1903.

CRISANTEMA
Marchita ya desde que naces, mueres
En pulido tibor de fría estancia,
Y te cantan poetas sin sustancia
Y te buscan ridículas mujeres.
¡Oh, qué infeliz! mas qué insensata eres
Soñándote la flor de la elegancia!
¡Mísera flor, sin jugo ni fragancia,
Que ser la reina de las flores quieres!
Vástago no eres tú de Prima.vera:
¿No de ti se rió la esbelta diosa
Cuando te vió venir, la vez primera?. .... .
¿Cómo usurpar pretendes, ambiciosa,
Con esa alborotada cabellera,
El regio trono á la elegante rosa!

E.

FERNÁNDEZ GRANADOS.

SCHEBZO
Solos y juntos un día,
Ella me dijo: alma mfa,
Eterno y tuyo es mi amor
Y siempre tuya he de ser:
Que estoy unida á tu ser
Como al arbusto la flor...... .
Mas vino el siguiente día;
La que me dijo: alma mía,
Eterno y tuyo es mi amor
Y siempre tuya. he de ser,
Se desprendió de mi ser
Cual del arbusto la flor .. . .. .
F'ERNANGRA.NA.,

�Damingo 27 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

:mL MONDO tLUSTRA:t&gt;O

Gusto de ver en los alcores
á los cabritos trisca.dores
que retozando tronzan flores .
Gusto de ver á la zancona
y aleve araña, juguetona
tender su fina red nipona,
por atrapar zumbón mosquito
que lanza un grito con su pito
y con su pito lanza un grito.
Tengo un magnífico palacio,
un ideal y azul espacio:
las odas clásicas de Horacio.
De La Fontaine soy noble amiga
aunque en su fil.bula castiga
'
mi orgullo al lado de la hormiga.
Mas Longo me hizo venturosa:
de Cloe púbera. y hermosa
me dió los senos nieve y rosa.
Súbito un pájaro canalla
en una brusca trova. estalla
y á la cantora. grita.:-¡Calla!
Pues es monótono tu canto,
y lo repites tanto y tanto,
asaz aumentas mi quebranto.
Eres moder11a poetisa
y tus estrofas causan risa
aleteando con la brisa.
No tienen gota. de fragancia,
ni luz, ni ritmo, ni elegancia,
aunque presumas ser de Francia.
Calla. Las aves no sufrimos
que estés rehilando tus. opimos
tardos tercetos monorrimos.
Y terqueando la cigarra,
la. voz del pájaro desgarra
con el bordón de su guitarra.:
Yo soy la musa del estío
y ebria de sol y de rocío,
canto en las márgenes del río.

EL MANTON DE MANILA
-Abre ese balcón, que entre lo que más·falta me hace-díjole á la Niña de los Lunares
Antonio el Garibaldino, al par que se oprimía
con ambas manos el dolorido pecho.
Y abrib la Niña el balcón de par en par, como su marido le indicara, y un torrente de sol
penetró en la estancia, embelleciendo el modestísimo mobiliario.

las colgaduras de colores vivísimos que brillaban al sol en balcones y ventanas; las casetas
de madera rematadas por vistosos gallardetes,
y las pintorescas buñolerías delante de las cuales tentaban al transeúnte á gustar la masa en
su punto, entre guiños picarescos y con su
charla zalamera, algunas gitar,as de juveniles
hechizos, de aterciopelados ojos, tez de bronce y típica indumentaria.
Y absorto en sus poco risueñas meditaciones,
dejó poco á poco el Garibaldinode verla brillante perspectiva y de oír el sonoro repiquetear

Un matrimonio feliz:

ESTUDIO FOTOGRAFICO

(American Photo Art.-S81Il Diego, 6).

tandón d~ la ttgarra
Dt "Jllm de la montaña."

En mi estridente monocordio,
y no en el dulce cl_avicordio, .
rompo de un cántico el exordio:
Yo soy la musa del estío
y, ebria de sol y de rocío,
canro en las márgenes del río.
En los ardores de la siesta,
rimo mis notas con la orquesta
que alada trina en la floresta.
Cuando corusca Febo estivo
-ojo de sátiro lascivoy del cenit llueve oro vivo,
¡cuál me deleitan los sonoros
graves bramido11 de los toros
cuya nariz hincha sus poros,
y que en tropel ansiosamente
llegan á la húmeda corriente
por aplacar su sed ardiente!
Gusto de ver los animales
de las comarcas tropicales
y que el calor torna sensuales:
pláceme ver á la. ventruda
neo-ra tarántula velluda
qu'e 1 para herir, falaz se escuda;
á las hidrópicas iguanas,
cabe las límpidas fontanas,
frescor de eglógicas sabanas;
á los bicornes alacranes
-que son .i::astrero~ dioses Panes-y á lagarti¡as y caimanes.
Gusto cantar con el auxilio
de Coridón, héroe de idilio,
&lt;formósum pástor&gt; de Virgilio.

Respir6 con ansia y fruición Antonio el aire
de la calle, y exclamó, disponiéndose á encender de nuevo el cigarro que el reciente acceso
de tos le hiciera colocar al borde de la mesa.
-Chavó, Niña mía, y si tosiendo se ganaran dineros, me reía yo de los amos del Martinete.
-Pos si toses tanto, es casi porque te da la
repotente gana, que le duele al médico la bo~
de aconsejarte que no fumes; pero tú, como s1
ná, como si se lo aconsejaran al monumento
de Torrijos.
-Tiees toas la razón, pero es que yo ya estoy desesperadito, es que seis meses tosiendo
y con el cuerpo acalenturao, es pa quemarle á
cualisquiera la Santa Bárbara... pero hablando de otra cosa; ¿se puee saber por qué se ha
alevantao hoy con el perfil en corso la prenda
que yo más estimo?
-1Tomal ¿Por qué querrás tú que sea? ¡Porque cá golpe de tos que te da, es un crugío que
me pegan!
- Y por algo más que yo sé... pero cómo
darte gusto, si cá uno de esos mantones vale
más que una túnica pa la Virgen.
-¡Vamos, hombre, déjate de soñar á dormivela! ¡Buenos estamos pa mantones!
-Es que esta noche hay velá en el barrio y
que toas tus amigas sacarán á relucir sus capotes de paseo. ¡Y feílla que estarías tú con
el que trajo ayer á la venta Ja señá Paca, la
vendedora de la Goleta!
-¡Sí que es bonito el pícaro mant6nl Blanco y granate y con flecos de á tercia.... ¡Pero
treinta duros!
-Sí que eso pa nosotros es como si fuera la
estrella Polar. ¡Pero poco ancho que te llevaría yo esta noche adorná con él y matando
gentes con tu cuupecito garboso y con tu carita morena!

***

Dos ó tres horas después, sentado Antonio
en uno de los bancos del Pasillo de Santo Domingo, contemplaba con profunda melancolía
los bandurrios de mozas y mozos que discurrían á su alrededor en animado bullebulle;
Sr. Joaqu1n Hernández.

Sra. Librada Romo de Hernández,

contra el mástil su pecho, enfermo y dolorido,
y &lt;lió comienzo la tremenda lucha.
Esta fué larga y terrible; faltábale al «Ganbaldino1&gt; aire en los pulmones y vigor en los
músculos, pero era preciso triunfar, era preciso llegar arriba, á lo más alto, allá donde bajo el radiante azul del cielo él veía ondular,
no la bandera rojo y gualda, sino el mantón
blanco y granate y de larguísimos flecos que
tan locamente ansiaba él arrojar sobre los curvos hombros de la mujer querida.
Y entre momentáneos desmayos y nerviosas reacciones, lleg6 Antonio, por fin, al extremo del mástil, y pudieron oír y ver los á sus
pies congregados, su estridente grito de victoria al arrancar con mano crispada la vistosa
bandera, y cómo resbalaba rápido y casi inerte hasta caer en brazos del de los Melones,
entre las delirantes aclamaciones de la a.pifiada muchedumbre.
-¿Qué es lo que has hecho?-preguntóle
Juan, mirando asustado el rostro lívido y descompuesto de su amigo.
-Ná ...... -repúsole éste con voz ahogada y
desfallecida -ná, y ahora... ahora vente conmigo, que vamos á buscar á la señá Paca, la
vendedora de la Goleta.

III

Ju AN B. DELGADO.

Publicamos en este número los retratos del
sefior Joaquín Hernández y de la señora Librada Romo de Hernández, cónyugei, de 901
de 76 años respectivamente, que el dfa 8 déf
actual celebraron en la capilla de Merced de
las Huertas sus bodas de oro. La ceremonia
resultó altamente simpática, y á ella concurrieron casi todos los descendientes del feliz
matrimonio, que abmzan el número de noventa.
Terminada la ceremonia religiosa, que con•
sistió en la celebración de la misa, los esposoe,
acompañados de su familia, asistieron á un
banquete que en su honor se había dispuest&amp;
y que fué para cien cubiertos.
Raros serán los matrimonios que, como el
que nos ocupa, cuenten con una historia tan
envidiable de tranquilidad y de goces. Todos
los miembros de la numerosa familia Hernán•
dez viven muy unidos entre sí, y protegen con
verdadera solicitud á em, a::icianos padres.

Domingo 27 de Septiembre de 1908.

de las campanas, el vocear de los vendedores
y el confuso hablar y reír de las gentes, cuando deteniéndose junto á él, preguntóle con cariñoso acento Juanico el de los Melones:
-¿En qué estás pensando, «chavó1&gt;, en la
pesca-del atún ó en el celo de las tórtolas?
-En lo bien que me sentaría una pufialá
en el sitio que yo dijera-repúsole aquel con
voz sorda, al par que miraba lo bien que le
caía su mantón de las grandes rnlemnidades
á Pepa, la Bonita del Altozano.
-Vamos, hombre, déjate de pufi.alás y vámonos á v!lr quifo es el pajarraco que se lleva
en el pico los treinta duros de la cucaña.
-¿Treinta duros es el premio?-preguntóle
Antonio á Juan, al par que un destello iluminaba sus entristecidos ojos.
-¡Treinta justos y cabales!
Y cogiéndolo del brazo, arrastr6 Juan á su
amigo hacia el sitio donde debía tener lugar
el arriesgado espectáculo.

II
No era fácil empresa sin duda escalar el altíslmo mástil en cuyo extremo hacía el viento ondular vistosísima bandera, y ya habfon
resbalado, acogidos por la resonante rechifla.
de los espectadores, Pepe Tarugo, un jayán
bronceado y de recia musculatura, y Periquito la Anguila, un chaval que justificaba sobradamente el mote, cuando exclamó Tofiuelo el
Tarambana disponiéndose á probar fortuna:
-Camará, si pa llegar arriba sa menester
ser de la familia de las palomas mensajeras.
Y ya se dirigía hacia el mástil, cuando Antonio el «Garibaldino1&gt;, arrancándose bruscamente de la mano de Juan, que intentaba detenerlo, salt6 al espacio libre y llegó rápido
al mástil, que ciñó decidido con los enflaquecidos brazos.
-Pero, camará, has perdío la «chaveta»?pregunt61e Juan lleno de asombro.
-Que no vayas á fundar un asilo con esos
«parneses»-le gritó el rcTarambana&gt;&gt; con acento de zumba.
Y Antonio, sombrío y silencioso, apretó

Terminada la fúnebre tarea, sentóse Juan al
lado del muerto, húmedos los ojos y tristísima la mirada.
Y cuando momentos después el señor Paco
el Tallista, que acababa de saber la terrible
desgracia, penetró con rostro conmovido y sudoroso y jadeante en la habitación, pudo ver
á la Nifia que, con el pelo en magnífico desorden y enrojecidos los hermosísimos ojos, apenas si oía los inútiles consuelos de las amigas y parientes, que pretendían amordazar en
ella el dolor que desbordábasele en abrasadoras lágrimas y en irresistibles sollozos.
Y también pudo ver el señor Paco á Antonio el Garibaldino, la flor y nata de sus oficiales, dentro de la humilde caja de pino, forrada de bayeta, colocada sobre el desnudo suelo,
destacándose á los rientes rayos del sol matutinal, con su semblante afilado, de color de
marfil viejo, entornados los rasgadísimos ojos,
entreabiertos los finos labios, en los que aún
se notaban vestigios de la safigi-e vertida, y luciendo á modo de extravagante y brillantísima mortaja aquel mantón de Manila blanco
y granate y de larguísimos flecos, adornado
con el cual ya no podría nunca lucirla de los
Lunares, en las veladas del Per.chel, su cuerpecito garboso ni su carita morena.
ARTl'RO REYES.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 27 de S~tl.embre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

LA GENERACIÓN ESPONTÁNEA
EL OB.IGEJI DE LA VIDA
Los alquimistas, que en las solitarias t~rres de los castillos medioevales, ardían los embrujados hornos aterronzadores Y preguntaban, con
tenacidad solamente comparable con su mala suerte, á la Naturaleza
sus secretos más hondos, creían firmemente. en la generación espon.
táne&amp;. como creían también en la transmutac16n de los metales. Elaecreto de la existencia el famoso «elíxir de larga vidai&gt;, y la trasmutaci6n de los metales i~nobles en metales superiores, «la piedra filosofal,
consumía inútilmente las existencias de los pocos hombres que, de pen.
sar de manera menos fantástica, podrían haber prestado útiles servicios á la gran causa de la humanidad.
·..
La generación espontánea, especialmente, fué un credo
...
científico hasta los afios en que el ilustre Pasteur, casi un con}:·" •·' ,. ·•
temporá~eo nuestro, comenz6 sus admirables estudios acerca:
· · --··
de las enfermedades de las vides y del ganado. Partió Pasteur
~_,,_,. _•·· ··
de ciertos principios perfectamente fundados, basta llegar 6s
."f'.'""-'-"'"....-• ~
conclusiones inesperadas, es cierto, pero de alcance tal, que
-:-~;.:;::...: - ·
la ciencia entera se resintió de su violento empuje. La gene-. :,~ ~:: ·--:::
raci6n espontánea pas6 á la categoría de un mito, de una t..
· ~ - : -,·yenda, de una inconcebible mentira. Los descubrimientoe

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Pero la ciencia jamás ha llegado á saber, de cierto, cuál ea
el origen de la vida. Los admirables estudios de Darwin fun-

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Domingo 27 de Septiembre de 190l.

corriente eléctrica de intensidad y de carácter
especiales, se ve-afirma el Doctor Líttlefield
- que los cristales se van modificando suficientemente aprisa para que se pueda ver el proceso todo. Lentamente se forma en el seno del
cristal un «vacúolo», 6 espacio vacío, eu el que
se ven corrientes de líquido. El vacúolo se ensancha, se cubre de una envoltura especial, se
fo rma en su centro un núcleo. Desde este momento es una «celdilla», y la mezcla en la que
nada, se transforma, y es, en el interior de la
celdilla, un verdadero «protoplasma». El milagro está hecho.
La celdilla que se forma es una «trilobita1,.
Las trilobitas se encuentran en los terrenos
geol6gicos precursores de aquel en que vivieron los anima!es primitivos. Se sabe que la
Tierra, después de producir vegetales enormes,
monstruosos, comenz6 á poblarse de animales,
primero sencillísimos, poco á poco más complicados, á medida que las edades transcurrían,
hasta llegar al hombre. Las &lt;&lt;trilobitas» forman
los primeros rudimentos de vida organizada
en la forma animal.
Las «trilobitas» que el Doctor Líttlefield obtiene, se reproducen, viven, se multiplican,
como se las deje en un sitio á prop6sito. Son,
por ende, organismos animales, verdaderos
gérmenes de vida.
El paso serfa enorme, en el sentido del progreso, de quedar debidamente demostrada la
verdad de los experimentos de Líttlefield. Hay
que desear que no se haya equivocado en FU
experiencia interesantísima.

2

1111

1
dan la teoría de la evoluci6n
de las especies. Se buscay se encuentra-la serie animal que ha de formar la cadena que una al hombre con
el "protozoario»; pero, al llegar á los organismos unice1ulares, la investigaci6n se
detiene, y la Naturaleza
guarda celosamente su secreto.
Nos dicen loe análisis que
tres 6 cuatro cuerpos simples, que en los laboratorios
de química se conocen bien,
forman, por su uni6fi en
ciertas proporciones, la cé1ula primitiva. En las excavaciones de los ge6logos se
van encontrando los animaI La mezcla del Dr. Littlefied, vista al microscopio.-II Cristales
les todos que forman la serie
sal marina; inertes, minerales.- III Cristalización bajo acción de la
rriente eléctrica. - IV Los cristales se modifican á la vista, toman los e
inin terrumpida que sofi6
rácteres de una celdilla viva.- V Un paso más hacia la formación del e
Darwin. Solamente atrás de
mento organizado, vivo.- VI La ctrilobita&gt; completamente formada
la celdilla !le extiende el .viva.
abismo, la nada, el misterio.
¿Se resolverá el problema?
Existe ya un médico de fama, serio y honrado, el Doctor Líttlefield, qué acaba de asegurar, a~
sociedades científicas de renombre, que ha salvado este abismo; que ha descubierto la esencia del m
terio; que ha «creado» la celdilla animal, viva,. fundamental.
.. .
Dice el Doctor Líttlefield que ha hecho repetidas veces las experiencias y que en todas ellas ha o
tenido resultados enteramente iguales, que se encargará de discutir, de comprobar 6 de rechazar u
comisi6n especial.
La experiencia creadora ( que de ser cie
sería la experiencia más memorable hecha
el hombre) es bien sencilla. Consiste so .
mente en lo siguiente: en un vidrio de rel~
absolutamente limpio, estéril, se coloca de
minada cantidad de sal marina-el «cloru
de sodio» de los químicos,-adicionada de oi
ta proporci6n de alcohol, amoníaco y
harina, en cu y os
cuerpos se encuentran los elementos
todos que forman una celdilla animal, un «protozoario,,, es decir, oxígeno, hidr6geno, carbono y ázoe.
Se encuentran, por lo tanto, en el vidrio de reloj,
los elementos indispensables para la formaci6n de un
ser vivo (infinitamente pequeño, es cierto, pero
siempre vivo). Esel«barro» de que hablan los legen,darios textos bíblicos, y solamente falta el «soplo vivificador. »
Si se deja la mezcla reposar, se forman cristales
cúbicos de cloruro de sodio, perfectamente caracterizados. Pero si se hace pasar por el líquido mezclado, puesto bajo el objetivo de un microscopio, una

ta 6tndarmtria 'fiscal
La Secretaría de Hacienda, por conducto
de la Dirección General de Aduanas, ha dispuesto la adopci6n de un uniforme especial
para los individuos que presten sus servicios
en la Frontera, como miembros de la Gendar•
mería Fiscal.
Los uniformes son de pafio azul, y constan
de pantalón de montar, chaleco, chaqueta y
sombrero ancho; teniendo en las vueltas de
las mangas los distintivos correspondientes ií.
las clases de &lt;oabos, gendarmes, etc.
El grupo de gendarmes que hoy publicamos, pertenece á la 1~ Zona, única que cuenta en la actualidad con los uniformes de nuevo modelo. El personal de las Zonas 2~, 3'.t y
4~ se uniformará á la mayor brevedad posible, á fin de que todos los que lo integran
puedan ser identificados en cualquier momento en que las necesidades del servicio lo reclamen.

CARROS ALEGÓRICOS
Como uno de los números del programa
acordado para la celebraci6n de la Independencia, se efectu6 el día 16 por la mañana,
en Mixcoac, un desfile de carros aleg6ricos,
en cuya organizaci6n iomaron parte las autoridades locales y algunos vecinos de la poblaci6n.
Los carros, en número de cinco, representaban la América, el Comercio, la Floricultura, la Agricultura y la Industria, distinguiéndose entre todos, tanto por la originalidad de
su composici6n, como por lo hermosísimo de
su decorado, el segundo y el tercero. E l del
Comercio, adornado, casi en su totalidad, con
flores naturales, llevaba en la parte superior un corazón formado con telas de seda
de los colores nacionales y españoles. Una
esfera de gran tamafio completaba la composición, realzando notablemente su belleza.
El de la Floricultura semejaba una mezquita árabe tapizada de flores de distintas clases.
En el centro del 0arro iba una graciosa sefiorita que representaba á la diosa Flora.
Al frente de los carros desfilaron los alumnos de las escuelas oficiales de la Municipalidad y una numerosa cabalgata.
Para algunas mujeres, la conciencia es un
corsé que se estrecha 6 se ensancha á beneplácito de la duefia.-J. LISE ROL.
Mixcoac.-Ca.rro de fa Horticultura.

�Cárlos Manuel Dnrán.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 20 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

*

Domingo 20 de Septiembre de 1903.

rosos sacrificios? ¿Y si pecaba contra
las reglas monásticas escandalizando la.
moral huma.na., deja.ría ella, por esto, de
ser la atenta. servidora y la fiel prometí·
da. de su divino a.migo?
Y el encanta.miento continuó. La mentira. de la. Herma.na Lucila mantuvo fascinado al pobre joven hasta. en su supremo instante, en que con a.paga.da. voz
murmuró agonizando:
- Dadme un beso, Hermana. Lucila..
Ella, i nclinándose sobre él, a.sí lo hizo.
Y fué con aquel delicioso beso estampado sobre su boca,
que el desgraciado
joven exhaló su último a.liento.
Y solamente entonces, aquella angelical criatura acudió
á buscar la absolución de su culpa..

Las alas blancas*se* habían fugado sin
que nada pudiese retenerlas; y rápidas
volaron hacia la calle, donde labora vespertina se acercaba, yendo á posarse sobre las losas de una iglesia.
Aquella ofensiva. declaración no había
inquietado el corazón de. la Hermana. Lucila; pero sí profanado el recinto donde
la religiosa se resguardaba de las tentaciones humanas.
Iba en busca de un sacerdote para confesarse y_puri~carse del ultraje .... Pero
el confesionario estaba vacío desierta
la iglesia, y la noche cercana.'
La pobre Hermanita se encontraba
aislada, sin guía, sin adoyo en el trastorno de su
conciencia. Ella no podía
volver al convento con esa
mancha. ....
¡María Santísima, iluminadmel ¡Jesús, dirigid mis
pasos,ya que me encuentro
sola en tu presencia.!
Durante largo t iempo la
Herma.nita permaneció allí,
prosternada en espera de
la protección divina que
descendería sobre ella..
Las alas blancas cruzaban de nuevo la calle. ¿A
dónde se dirigía.!l en la
obscuridad de la noche'?
Impulsadas por brisa misteriosa, ellas tornaban á la
casa de donde poco antes
habían volado. Cerca de la
puerta cesaron tle agitarse, manteniéndose inmóviles en la. sombra.
La Hermana Lucila contemplaba la fachada; vislumbrábanse luces tras las
,
ventanas, no la claridad
.
de tranquilas lámparas, sino ~esplandores mquietos y agitados. Soplo siniestro mvadfa esta morada. Abl'ióse la puerta dando
paso á un hombre, en el que la Hermana Lucila reconoció al médico.
-¿Sigue peor el enfermo? pl'eguntó ella adelantándose hacia él.
'
-Ah! ¿sois vos, Hermana? El pobre muchacho está perdido; una violenta emoción ha roto sin duda
sus delicadas fibras .... Acaso su existencia no se
plolongará más de quince días .... No nos resta más
que dulcificar su fin.

JUAN lllADELINE,

explicadón dt

nutstros grabados.

Núm. !.-Representa nuestro grabado una bonita colección de trajes de paseo campestre y un vestí·
dito infantil. Los trajes para señoritas á que se refieren estos figurines, se confeccionan con telas de
colores claros y uniformes. Dos de
estos trajes llevan cuelloshombreras con aplicaciones de encaje, y el
tercero-el del centro-imita en su
corpiño un torero, aunque sin ser-

lo, biendefinido. Las faldas son Ji.
sas. y sólo en su longitud llevan
aplicaciones de pasamanería. El
vestidito infantil luce un abrigo de
anchas solapas y cuello doblado,
y de doble fila de botones.
ESPERANZA.

Lo que sobra.
Yo no sé cómo se llama,
Ni me importa nada, un tal
Que fué á la estación central

A expedir un telegrama.
Sólo sé que el tal, con suma
Presteza y estilo gráfico,
Puso el parte telegráfico
Así, al correr de la pluma:
«Don Cayetano Solar,
Farmacéutico. -Algodor,
Te a.visamos, gran dolor,
Padre acaba de expirar.
Ven á Madrid al momento
Arreglar disposiciones;
Heredamos seis millones;
Martes abre testamento.&gt;
Y firmando l a receta.
Saca el precio del bolsillo
De un telegrama sencillo,

.,
Erguida y llena de gravedad, resolvió la
Hermana Lucila traspasar de nuevo el dintel en donde ella había posado su planta
una tarde, á la. hora crPpuscular; y ascendió la escalera que conducía al aposen·
to del moribundo; y todo el .encanto de su
gracia y de su sonrisa se esparció nueva•
mente en aquel recinto.
-¿Sois vos? dijo cuando estuvieron solos
¿sois vos la que habéis vuelto? ¿Luego m~
habéis perdonado'?
Ella inclinó sobre aquel sufrimiento su
d~lce rostro, y con delicada castidad imprimió un beso sobre los párpados del joven.
-Oh! Herma.na Lucila. ... . Herma.na Lucila, ¿por ventura me amáis también vos?
-Yo os amo, dijo ella.

***

La piadosa. mentira produjo un efecto maravilloso en el enfermo.
Por la ventana abierta entraba. el esplendor de la. pdmavera. Mas no era esa luz la
que lo fascinaba, sino la que emanaba aquella criatura encantadora.
La Herm.ana. Lucila. no rechazó ya las palabras ardientes; ella las acogió, no por corresponder á su amor, pero sí para dulcificar su sufrimiento.
-Dadme vuestras manos, Hermana Lucila, otorga.dme vuestras mira.das ellas me
devuelven la vida.
'
Y puso al servicio del agonizante no solamente toda la gracia y toda la dehcadeza
de que ella. disponía, sino tal vez hasta su
salvación eterna.
Pues ella era la prometida de Cristo y no
d~bía dar oído á las protestas amorosas de
nm~ún hombre: Mas no era amor, sino compasión, el móvil de sus acciones y
donde hay compasión hay·siempre
algo de Cristo.
¿Su piedad debía detenerse en la
asistencia del enfermo? ¿Y prodi1tándole más ternura á fin de dulcificar sus últimos momentos, traicionaría ella sus juramentos y la sublime misión á la cual se había consagrado:
¿~o demostraría esto, por el contrario, una excelsa piedad, una muy
alta caridad, y más nobles y gene-

""
5.- Modelo d e bordados para aplicaciones.
4.-Vestidos de paseo y reunión

es decir, una peseta.
-Aquí hay palabras de más,
Dice uno de los que cobran;
O hay que quitar las que sobran,
O hay que pagar algo más.
Y el hijo, desconsolado
Leyendo en acento quedo,
Y contando con el dedo
Las palabras que ha estampado,
Dice por fin:-Sí, señor,
Sobran dos; da el telegrama:
Y tras una. pausa exclama:
-Quítele usted, &lt;gran dolor.&gt;
EUSEBIO BLASCO.

�Domingo 20 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Un Angel y el Demonio, á Eva un día
contemplan con amor.
«Y ¿qué opináis. decid, de esa obra mía?&gt;
les preguntó el Seño,;-.

xxxxx

XX■■■

X

X

a
a

XXX

■XXX

Cuando su viva sed siente aplaca.da
la hermosura. retira., indiferente
'
el cristal, de su boca de grnnad~.

X

Jl... ■XX
- ■■

X
X

■

•X

••••
■ ■XX

( ■XXX

•••

Tórna.se triste e~ vaso, antes rYente,
y pOt' su faz, de meblas empa!'lacla.
se desliza una lágrima. luciente. '

IV

«¡Sentir sin comprendei:! ¡Perpetua ilusa
que go'l.a en delirar!
Que tiene ,sin razón, la. ciencia infusa
del arte de engañar!

■

■■ x~xxx

••

_.

•

x■
XX■

Suspiran los ardientes ruiseñores
llena la luna el mar, valles y lomas'
y, en .álamo"'frondoso, dos palom as '
cambian roncos arrullos gemidores.

«Uniendo á la inconstancia la hermosura &gt;
el Demonio añadió;
'
«Creed, Seño1·, vuestra mejor hechura
vale menos que yo.&gt;

~~~W---~
■XXaL

■XKX■
■ ■xx■
-■■&gt;:xx■

::!:~~;E
J
■--■xxx■b,
■---■xx■
-■--■xx ■

La bella viste encajes, raso y llores ·
y, cual rocío en las fragantes poma&amp;•

--■■XXX ■
-■■XXX■

en su pecho gentil lleno de aromas '
lanza un collar de perlas sus fulgo r es.

c:Da mujer&gt;, siguió el Angel, c:de tal modo
desafía el doJor,
que, aunque débil su fe, se arriesga á todo
por servir al amor.

Un dichoso amador, en tierno lazo
á la beldad fascinador a oprime
'
besándola en su labio de escarl~ta.

c:De la santa piedad bija quer ida
ni siente ni hace el mal,
'
y próvida, trasmite con la vida
la sed de lo ideal.

Y, á la presión del venturoso abrazo
roto el collar de perlas, dulce uime
'
y en lágrimas radiantes se des"ata.

c:La mujer es tan buena (enardecido
el Angel concluyó),
que, aunque soy en el cielo un elegido
ella es mejor que yo.&gt;
'

Tú, dotada de espíritu sublime
'
y de gran corazón,
Blanca, entt·e· el Angel y el Demonio dime:
¿quién tiene más 1·azón•t
'
RA~IÓX TlE CA)! 1'0,UIOR.

€1 Po~ma a~ las [ágrimas.
Las tembladoras gotas rutilantes
con que ciíler a el agua cristalina
su inmaculada frente al abastrina
fingen regia corona de diamantes'.
A la luz cegador a que desprende
su desnu~ez triunfante y deliciosa,
en gentílico amor todo se enciende.
Da en su cabello el sol besos de oro

y e) mar, abandonado por la hermosa'
vierte á sus blancos pies amargo lloro'.

V

III
La beldad, sonrosada como el día
esparcido el raudal de su cabello '
por la mórbida espalda y níveo cuello
llega al a1·royo de la verde umbría. '

Vierte el mustio rosal llanto encendido;
e.el vaso rueda lágrim'a luciente;
llora el collar de perlas refulgente,
y llora el mar, y estalla su rugido.
Llora también el amador rendido:
que la beldad de inmaculada frente
es estatua de mármol esplendente ....
y en el _mármol jamás vibró un latido.
Todo tiene una. lágrima ó l amento,
todo .... menos la bella seductora,
causa de tanto mal y hondo tormento.
que, arrogante, impasible y triunfadora,
Responde á los dolores dando al viento
su risa, más a.legre que l a auror a.
J\JANUEL REI NA,

Por ameno jardín, que el sol colora
camina placentera y diligenoo,
'
cuando su limpia falda trasparente
prende un rosai con rama punzadora.
Dichoso acariciando á la hermosura
se estremece el rosal, como una llama '
al romper la beldad su ligadura.
'
Pét alos rojos llueven de la rama ....
Es que el rosal, perdida .su ventura,
llanto de sangre por la infiel derrama.

II
Esplendores magníficos, brillantes
curvas de plata y majestad divina
muestra su cuerpo escultural de ondina
al salir de los olas murmura.ates.
'

■■■aaa

XX

■XXX

Mirando de Eva la gentil cabeza,
dijo el Demonio así:
-La mujer, á pesar de su belleza,
es inferior á mí.

I
Una blanca beldad fascinadora
de rubia trenza y seno floreciente
de ojos azules como tersa fuente '
y risa más alegre que la aurora:

~--

......

.,,

Un vaso llena en la corriente fría ·
y al rozarlo después su labio bello '
tiembla. el vaso, feliz; lanza u n des~llo
y campo y sol refleja en su alegr ía.
'

CABEZA Y CORAZÓN.

Domingo 20 de Septiembre de 1903.

E L MUNDO ILUSTRADO

6.-Blusa de calle, traje d e JOC
· k ey, cortina de alcoba y mueblecito "art nouveau."
7.-Modelo de tejido,
e

•

�EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 20 de •Septiembre de 1903.

ALGO DE COCINA

esté cocido de un lado con la h .
de un cuchillo, y de u~ solo go1ºlª
se voltea para que se cueza del ot:!
se saca en seguiJa. y se coloca en u~
frutero ó plato de postres y se c
bre ~on una ~igera capa de merm~:
la.da, se contrnúa de la misma
n ~ra h a.cien
· d o panecillos hasta reumanir 20 ó 25; se van colocando unos
sobre otros, siempre recubiertos de
mermeladf!,, procurando terminar
con panecillo para que el todo resulte en forma de cúpula; este último no se c_ubre de mermelada, sino
que se salpica, como todo de azúcar
fina Y se sirve caliente. '

POTAJE Á LA CAMARINI
Se limpian y rehogan hígados de
gallina, que, siendo de un tamaño
regular, puede calcularse uno por
cada persona. Se lava con esmero
buena cantidad de apio, zanahorias,
una col tierna, nabos y puerros;
después de bien escurrido, se pica
todo muy menudito y se pone en una
cacerola con bastante manteca, sal
y pimienta, dejándolo cocerá fuego
moderado; cuando esté bien cocido,
se añaden los hí¡rndos, también pi•
caditos, teniendo cuidado de que no
se endurezcan.
Se pondrán á cocer aparte macarrones de un grueso regular y se
rallará queso parmesano. Un poco
antes de la hora de comer se escurren bien los macarrones, y en una
sopera que resista la lumbr;i y untada de manteca, se colocará una
capa de macarrones, otra del puré
que se ha hecho con las legumores
é hígados de aves (sin pasar por
ta.miz este puré), y en seguida. una
capa del queso rallado, y además,
algunos trocitos de manteca; se repite esta misma operación hasta. que
se concluya la. cantidad prepara.da,
pero cuidando de terminar con la
capa de queso, y entonces se pondrá la sopera á fuego lento, dejando que cueza algún tiewpo y sirviéndolo muy caliente.
POLLOS CON ALCACHOFAS!
Se trincha el pollo en crµdo, se
sazona con sal y pimienta y se rehoga. con manteca en una cacerola
que se tendrá á fuego vivo, para.
que el ave adquiera un bonito color:
pero teniendo cuidado de que no se
queme la manteca.. Cuando esté bien
dorado, se escogen tres alcachofas

á la lumbre, pero sin dejarlos que
lleguen á cocer.
Para servirlos los colocaréis en
una fuente redonda, formando corona, alternando con hígados de ganso rehogados en manteca; el centro
de la fuente se rellena con tt·ufas, y
se echa la salsa muy caliente sobre
los filetes.

mas de huevo con 150 6l'ramos de
azúcar en polvo; se añaden 150
gramos de manteca de vaca disuelta y templada, doscientos cincuenta gramos de harina y un litro de
leche también templada. Con esta

L.a moda en el Invierno

PASTA DE HfGADQS DE PATO
En una cacerola de barro que resista. bien el fuego, se ponen finas
lonchas de tocino, torrándola. completamente; se prepara un relleno
bien trufado con tiras de tocino en
el interior, de manera que resulte
en medio un hueco bastante grande.
Los hígados de pato (muy frescos
poi· supuesto) se cuecen en vino de
Madera, con trufas cortadas en redondelitos; hígados y trufas se ponen en la cace1·ola y se cubren con
una capa de relleno en forma de co·
berte1·a, terminando con una gran
loncha de tocino, y se deja cocer
lentamente en el horno durante unu.
hora. Si se dispone de hío-ados de
ganso, la pasta, ó doie gra:&gt;, resultará mucho más refinada.
UN BUEN POSTRE
Se baten en una cacerola seis ye-

S.-Prendas de ropa para niñoL

pasta. líquida se mezclan las seis
claras de los seis huevos, batidas á
nieve muy dura; se tendrá á la lumbre una sartén peq neña, untada muy
ligeramente de manteca con un pincel; se echa una cucharada. de la
pasta en la sartén, extendiéndola en
el fondo para que forme una capa
delgada, y en ci.anto este panecillo

México, D. F., mayo 6.
Cumplo con un deber de justicia-dice el Dr. Juan Collantes
-manifestando que en gener11l
han sido satisfactorios los resultados que he obtenido siempre
que he prescrito la Emulsión de
Scott, habiendo notado en particular, que en aquell~s er.fermos en quienes, con perseverancia y e?U1ctitud para las horas y
las dosis, la he usado algún tiempo, he obtenido siempre un aumento en sus fuerzas, un notable
mejoramiento en su nutrición y
pueJo afíadir, la desaparición' os:
tensible de sus padecimientos.
Como regla general, la he aconsejado en los casos de bronquitis
sobrevenidos en enfermos débiles y de constituciones estrumosas; en los niños con manifestaciones escrofulosas, y en los convalecientes que indican un estado de miseria fisiológica.

EL TESTAMENTO

Dtl 11.mo. Sr. Jlrzoblspo J«baa.
Los bienes fueron valuados
en $125,000
La mayor parte de lo testado consistia en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La M utua"
Compañia de Seguros sobre la'
vida, de Nueva York.

para ca.da pollo, no utilizando más
que los cogolfos; las hojas pueden
servir para algún otro plato del almuerzo de familia; después de bien
limpias y lavadas en a.gua salada
hirviendo y acidulada con jugo de
limón 6 un chorrito de vinagre, se
cuecen; en seguida. se las quita. el
agua., escurriéndolas bien, y se juntan al ave para dorarlas ligeramente; en cuanto empiezan á tomar color, se echa sobre todo un vaso de
vino blanco, cui.nto más bueno, mejor, y se deja cocer unos minutos,
echando en seguida un poco de jugo
de carne, un poquito de perejil picado y jugo de limón. Se coloca
todo en una fuente y se sirve muy
caliente.
FILETES

Á

Hace pocos u,as que se practic6 la
upertura del testamento del Ilustr!slmo Sr Arzobispo D. Patricio A. Feehan
en la ciudad de Chlcago,
llllnols.
La fortuna del distinguido prelado aecendl6 O. cerca de $125,000 oro americano; Y seglln el Inventarlo que se ha
publicado. los bienes que dej6 fuerou
como sigue:

LA MAGNY

Se escogen buenos filetes de carne, se lirn pian con esmero y se parten en trozos regulares; después de
golpearlos ligera.mente y espolvorearlos con sal y pimienta, se les
pone en una sartén con manteca y
se les deja cocerá fuego vivo, volviéndolos de cuando en cuando; una
vez que estén bien fritos, se les quita la grasa, que se reemplaza por
un poco de vino de Madera, con el
que darán un hervor muy vivo para
que el vino se consuma en seguida;
y al quedarse en seco los filetes, se
echa en la sartén un poco de pimentón y otro poco de buen caldo; en
esta salsa se les tiene unos minutos

Dam.ingo 27 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

•
Se reservan camas en Carro .Pullman para todos los puntos
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Lín~.ª d~ _Santa. Fe,soñ renombrados en el mundo
entero. Para pree1os, 1tmerar10s y otros informes, dirigirse á

w. s. FARNSWORTH.-Agente General.
la. San F,-ano/•001 lliím. 81 ltll1Jxloo1 a. F.

••••••••••••••••••••••••••••••••••
lt

Dos p6llzas de '·La Mutua,'• Compaf!!a de Se•
guros sobre la Vida, de
Nueva York, por $25,000
oro cada una, 6 sean. . $ 50,000 oro.
Dividendos acumulados sobre una de las p6llzas
9,329 oro.
Ott·a p61lza de seguro. . . 14,vvO oro.
Acciones en efectivo y en
Bancos. . . . . . . . 37,000 oro.
Bntre las d'lsposlclones del sefior Arzobispo, en su testamento, se hicieron
éstas:
A su hermana, sei'iorlta Kate Feeban,
que estuvo siempre con él hasta su
muerte, $40,000 oro en bonos y $25,000
oro en una de las p6llzas de seguro :
1\ la sefiora Ana A. Feeban, viuda del
sefior doctor Eduardo L. Feehan, hermano del sei'ior Arzobispo, $25,0VO oro
de otra de las pólizas, y ~5,000 oro en
efectivo; 1\ la Academia de San Patricio de Chlcago, de la que es preceptora
su hermana, Madre Marra Catalina,
$10,000 oro de la 1'.iltlma p6llza; A la
escuela • 'Santa Maria' ' de ensei'ianza
práctica para varones, de Feebanvllle,
Illlnols, que era la lnstltuc16n por la
que ml!.s se Interesaba el sei'ior Arzobispo, se entregaron los $4,000 restantes de la 1'.iltlma p6llza.

El verano se ausenta. Parte con
él su cortejo de aires huracanados,
polvaredas y nubes grises quE' tristemente encapotan el cielo. El firmamento de nuestra patria y, especialmente,el de nuestro Valle de México, lucirá el azul mate, el verdadero «azul celeste&gt; que nosotros
siempre hemos visto con indiferencia pero que los extranjeros contem'plan con admiración. Son tan
pocos los países del mundo cuyas
bóvedas celestes ostentan un azul
tan puro y tan uniforme como el
nuestro, que con razón se deleitan
los extranjeros contemplándolo.
Con el verano que partE', parten
también algunas modas. He dicho
mal: no parten precisamente las
modas, sino algunos det~lles d~é3tas los detalles que particularizan
la.s'estaciones del año. No.vendrán
ya los trajes de colores grises, los
sombreros de encaje y seda y los
abrigos ligeros de sutil blonda; llegarán los vestidos oscuros, muy
oscuros, casi negros; los ~ombreros de fieltro y lana y las ricas capotas de paño irlandés con sus anchos cuelloshomhreras, sus grandes botonaduras de concha nácar
y sus dimensiones algo exageradas,
wuy exageradas, ~u diéramos decir,
puesto que las r1ca1.- capotas cubran el cuerpo todo de las damas.
La moda invernal es muy elegante: en Europa, suspira _la f!,ristocracia por la llegad a del m v1er1;1O, para tener oportunidad de lu~1r toda
la inventiva toda. la gracia, todo
el «chic&gt; de Íos artistas del vestuario. En Europa hay razón de qu_e
eso sea pues los fríos son crudis1mos y 1~ estación de invierno . se
prolonga demasiado. En ~éx1co
no sucede otro tanto, pero sm embargo nuestras damas elegantes
hacen 'un derroche de lujo y de b~en
tono, en la conf,,cción de tra:ll3s,
abrigos y sombreros.
.
La piel de nutria , tan rica y tan
estimada, no tiene lugar de ser en
nuestro país. Comprendo que éste
es un factor negativo para E'l mayor lucimiento de las da.mas, pues
en Europa y en los Estados Unidos,
la piel de nutria constituye, en la
estación de invierno, un element?
precioso para la confección d_e ab_r1gos adornos de trajes y apl1cac1Ones 'de sombreros. En los últimos
figm·ines del Viejo Mundo, ~omienza ya á iniciarse el camb10 lento
de la moda pues los grabados marcan ya los 'preparativos de una reforma en el vestuario. Como para
nosotras es muy anticipada esta
moda trato solamente por a.hora
de se'Jeccionar los trajes, formar
con ellos una variada colección Y
ofrecer é,ta., con toda galantería, _á
mis simpáticas lectoras. Y a veréis
dentro de pocos días, en estas ~á-.
ginas, la. bonita colección de traJes
que he formado, y espero que con
eUa quedaréis complacidas Y la
adoptaréis como modelo para vuestras confecciones. Sólo debo advertiros que los modelos á que me
refiero dan á conocer una nueva. tela., reciente creación de los talleres
~ranceses y alemanes, rica en dibuJOS y de &lt;estilo japonés&gt;, según la
han bautizado sus inventores. Esta
tela, de gran consistencia, es de al-

1.-Trajes de paseo.

ta lana y muy «abrigadora&gt;. Constituye una verdadera novedad.
MARÍA LUISA.

i:a t~tatua dd matstro
Que baya. quien se marche de un
pueblo porque Je levan~an 1;1na. estatua., es caso extraor~m.ari_o.
Que el objeto de Ja d1strnción sea
un maestro de escuela., es más extraordinario todavía.

El lance ocurrió de la manera siguiente: Lleg/&gt; al lugar de Cumbres
del Fresno, perteneciente en lo antiguo á una encomienda de Santiago un maestro de escuf&gt;la de no
mJcbas letras, aunque sí de bastantes años; no hay que decir si
pobre, diciendo el. oficio; duro de
genio y amigo de disputar. En suma, un pedantón que no cayó en
gracia á la. gente.
La primera arremetida la tuvo
con el alcalde, y de ahí ya se sabe
Jo que vendría.
La. segunda la tuvo con los discípulos, y con harta razón por su

parte pues averiguado el caso.quedó ta~ claro como el sol que Periquillo el «Zorzal&gt;, que e1•a la pellica del diablo, hizo fiesta inaugm·al
metiendo dos castañas restallonas,
sin morder ni rajar, en el brasero
del maestro, 4 punto qu~ teniéndolo entre los pies, por hacer demasiado frío, enseiiaba la tabla de
multiplici.r á los mayores.
Las dos bombas esta.liaron juntas rociando de candela y ceniza
un ~ás que mediano espacio, y con
el súbito sobre¡¡aJto y turbación, el
digno profesor dió un brinco tal,
que rasgó el techo con el gol'!'o.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 13 de Septiembre de 1903.

&lt;No te apures-le decía en sus
cartas:-si tú no consigues ahí nada; si pierdes toda probabilidad de
lograr lo que deseas, vente acá;
tengo algún dinerillo y con él podremos hacer los gastos de la boda
y buscar tú alguna colocación.&gt;
Pero á Leonardo se le había despertado la ambición.
-¡Tornará la pa.tria-pensa.bata.n pobre, tan miserable como cuando la abandoné! No se reirían todos poco de mí!
Y el amor propio era más poderoso que el amor á Rosa, y le inducía á proseguir sus estériles esfuerzos para mejorar de fortuna y de
condición.

IV
Así trancurrieron algunos años;
durante dos ó tres, la triste plan•
chadora. no tuvo siquiera el consuelo de ver los garra.patos del que
amaba cada vez con mayor ternura.
En varias ocasiones había desecha.do proposiciones de matrimonio, más ó menos ventajosas: un
za.patero bastante acomodado había pretendido su mano; el dueño
de un café muy concurrido quiso
también toma.ria. por esposa, apreciando sus dotes de laboriosidad y
recato; pero ¡faltar ella á su compromiso! ¡Casarse como no fuera
con Leonardo! Ni un solo momento le ocurrió semejante pensamiento; sería mujer del emigrado ó moriría. soltera.
En.balde sus amigas, enteradas
de lo que ocurría, después de cen ·
surar su proceder, la aconsejaban
aceptase las proposiciones de sus
dos adoradores; la joven, aunque
había cesado de serlo, rechazaba.
ta.les cónsejos, indignándose al oírlos.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Poco á poco la iglesia se fué llenando de curiosos y desocupa.dos,
atraídos por la pompa desplegada
para solemnizar la ceremonia..
-¿Quienes serán los cónyuges?
- preguntábanse unos á otros.
Los comentarios eran infinitos;
las suposiciones eran diferentes y
opuestas.
Asegut·aban unos que se trataba.
de un marqués opulentísimo, que
daba su mano á una señorita ilustre; otros suponían ser el n(lvio un
banquero muy conocido en el distrito por su caudal y su luio; en fin,
no faltaba quien pretendiese que el
futuro era un industrial famoso por
su lujo y boato.
Pero cuando á las nueve, poco
más ó menos, se abrieron las puertas y apareció la nuprial pareja,
todos quedaron atónitos, asombrados.
Los conkayentes eran dos ancianos: ella con el abundante cabello
enteramente blanco, aunque conservando el semblante restos de pe·
regrina hermosura; él enteramente
desprovisto de pelo, y llevando en
el rostro las huellas de largos trabajos y penalidades.
Los futuros esposos vestían trajes populares; pero ostentaban valiosas alhajas: ella, pendientes de
perlas y brillantes; él, gruesa cadena de reloj y magníficos botones d'e
perlas en la camisa.
Los padrinos pertenecían á la
misma clase que los novios: parecían gente rica, aunque humilde.
Pronto circularon entre los presentes los nombres de los esposos:
ella se llamaba Rosa Alvarez; él
Leonardo Sánchez; la una era plancha.dora; &lt;retirada&gt;; el otro hacía
apenas un mes que había regresado de América con un capital de
consideración, debido á haberletocado el premio grande en la lotería.
He ahí la verdad: Leonardo, á
pesar de su laboriosidad, de su
honradez, no había conseguido r;ealizar sus modestas aspiraciones,
cuandu una tarde le ocurrió tomar

9.-Abrigo con esclavina y espalderos de trajes de paseo,

un billete entero para el próximo
sorteo, creyendo volverse loco al
saber pocos días despu_és que podía cobrar cincuenta mil duros.
No pensó entonces s~no en.~rnar
á la patria; en cumplir r~hg1osamente sus promesas, sus Juramentos.
ó .
Animado de tan nobles prop sitos, hizo un viaje rápido y teliz;
llegó á. Madrid, fué en seguida á
casa. dA Rosa., y le pareció que l_a.
encontraba tan joven y tan hechicera como antes.
En el contrato matrimonial constaba que la novia tenía sesenta
años, y el que iba á ser &lt;cornoañero de su vida&gt;, cuatro más.
Imagínese si la. ce!'emonia nupcial llamaría la atención de losque
la presenciaban, y si después . se
harían comentarios svbre &lt;la. ¡uventud&gt; de ambos consortes.
Lo que sabían poquísimos era.que
debían admirar ca.so tan extraordinario de consecuencia y de formalidad, digno de servir de ejem-

plo á la generación presente, que
no se distingue por semejantes dotes y circunstancias.
RAMON DE NA VAR RETE.

Mi cariño es como un mar:
Es muy hondo y es inmenso,
A veces tiene borrascas
Y á veces está sereno.
Cada lágrima que viertes
Es cual gota de rocío,
Que va á refrescar las flores
Del jardín de mi cariño.

México, D. E., mayo 8.
La primera médica Cirujana de
la Escuela de Mé:xico, Doctora
Matilde P. Montoya, ha escrito y
firmado lo siguiente, que bi.en merece ser leído:
«En esta epoca y en este país,
en donde tanto abundan los nifios escrofulosos y débiles, difícilmente habrá un médico que
no recete todos los días la
Emulsión de Scott, que por el
aceite de bacalao y los hipofosfitos que contiene, se considera como uno de los más preciosos remedios de la terapéutica infantil.

EL TESTAMENTO

Dtl 11.mo. Sr. Jlrioblspo JttbaL
♦-

Los bienes fueron valuados
en $125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en " La Mutua",
Compañia de Seguros sobre la
vida, de Nueva York.
Hace pocos ~,as que se practicó la
11pertura del testamento del Ilustr1slmo Sr Arzobispo D. Patricio A. ll'eehaD
en la ciudad de Chlcago, Illlnola.
La fortuna del distinguido prelado ascendió 11 cerca de $125,000 oro americano ; y segnn el Inventarlo que se ha
publicado. los bienes que dej6 tueroo
como sigue:

V·
Ha poco más de dos meses, laparroquia del barrio de Maravillas
ofrecía un aspecto inusitado: en to•
dos los altares había luces y flores;
el mayor estaba ma.g-níficamente
ilumina.do; se iba á celebrar una
boda de rumbo, y según decían el
sacristán y los monaguillos ácuantos les preguntaban, el casamiento
era entre un hombre muy rico y
&lt;una señora&gt; muy conocida y esti·
mada.

Dos pólizas de '·La Mutua,' ' Compall!a de Seguros sobre la Vida, de
Nueva York, por $25,000
oro cada una, 6 sean. . $ 50,000 oro.
Dividendos acumulados sobre una de las pólizas
9,329 oro.
Otra póliza de seguro. . . 14,llllO oro.
Acciones en efectivo y eu
Bancos . . . . . . . . 37,000 oro.
Ent re las d1sposlclones del sef!or Arzobispo, en su testamento, se hicieron
éstas :

Se reservan camas en Carro .Pullman para todos los puntos
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,soñ renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á

w. s.

F.A.RNSWORTH.-Agente General.

ta. San FPanolaoo!I llflm. B!I llllthc/oo!I

a. #.

••••••••••••••••••••••••••••••••••

A su h ermana, se!lorita Kate Feehan,
que estuvo siempre con él hasta su
muerte, $40,000 oro en bonos Y $25,000
oro en. una de las pólizas de seguro:
11 la seliora Ana A. Feehan, viuda del
sef!or doctor Eduardo L. Feehan, hermano del seilor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pólizas, y $5,000 oro en
efectivo ; 11 la Academia de San Patricio de Chicago, de la que es preceptora
su hermana Madre Marfa Catalina,
$10,000 oro' de la O.ltima póliza; ll la
escuela • 'Santa Marta'• de ensef!anza
pnl.ctica para varones, de Feehanvllle,
Illinois, que era la lnstltuc16n por la
que ml1s se Interesaba el sef!or Arzobispo, se entregaron los $4,000 restan·
tes de la O.ltlma póliza.

1.-Trajes para paseos campestres

Domingo 20 de Septiembre de 1903.

�Domingo 20 de SeptiembTe de 1903.

Ios sombreros tn los teatros
Tema de muchos artículos y de
muchas conversaciones ha sido, y
lo seguirá siendo, el empleo de los
sombreros en el teatro ó espectáculos de determinada naturaleza.
Quiero terciar oo el asunto, no para
emitir mi opinión, que por cierto
nada vale, sino para sintetizar en
breves frases el pro y el contra de
tan debatida cuestión. Ante todo,
manifestarl, á mis lectoras que voy
á referirme únicamente al público
mexicano, pues por lo que hace al
europeo, ya los cronistas están convencidos de que es un poco ino-obernable y voluntarioso.
"
Hace algúa tiempo, dos años poco ~ás á menos, la precsa de la
Capital, y en su seguimiento la de
toda la República, tomaron con
verdadero calor la cruzada contra
el empleo de los sombreros femeninos en_ los teatros y á fe que el
asunteJo se prestó á mucho: sobre
él ~e e~cribieron artículos jocosos,
editoriales de carácter «tendencioso&gt;, crónicas literarias de ni!lgún
valer, y aún recuerdo haber leído
un artículo indigesto y cansadísimo que quería darle al asunto un
sesgo filosófico. Todo esto quedó convertido en palabras, palabras y más palabras. No se obtuvo resultado práctico, y en vista de
ello, los periodista~ nos dejaron
descansar un poco con sus bromas
ligeras y algunas de mal gusto.
Yo, que me intereso por todo lo
q~e á las mujeres concierne, diré á
mis lectoras que en ningún país del
mundo se ha logrado obligar á las
damas á la privación de los sombreros en los ~atros. Es claro que en
representaciones de determinado
gén_ero_, ta!es como óperas, veladas
de rnvitaciÓ!l, etc., ninguna seffora
se atrevería á. presentarse sin la.cabeza descubierta; pero en las zarzuel~s, circo~, comedias, etc., vespertrnas, ~mcame~te vespertinas,
hay que fi¡ars~ bien, las mujeres
podemos atav_iarnos como mejor
n?s plazca, sin temor del ridículo
i;ii mucho menos de la cui·silería.
Po~ r egla general, en las representaciones nocturnas, es de mal gusto
presentarnos luciendo un sombrero
«1 ast fashion&gt;; pero cuando esta
p_renda no es de exageradas dimens10nes, resulta bien vista y aun elegante.
Hay que hablar con toda fran6ueza: el ataque rudísimo que en
pocas pasadas se nos vino encima
Y que probablemente se reanudará
fiarte del s~xo masculino, poco ga:
ante por cierto en esta ocasión que
antepone á los principios más :udi-

i,
-; .. .\_
.

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\ --~.-"!'
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~e';)tarios de la cortesía, los principios, un poco reprochables por
cierto, de la poltronería y la comodidad. Si los caballeros tratan de
presenciar los espectáculos teatrales basta en sus detalles más mínimos, y quieren para ello estar con
todas las comodidades apetecibles,

Domingo 20 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

busquen la manera delog1·arlo, sin
tratar de que nosotras, que como
uno de los principales goces tenemos el de la elegancia, aun cuando
ésta sea un poco vanidosilla nos
sacrifiquemos por complac~rlos
cuando todas las consideraciones
amabilidades deben estar de su

y

edad, y á consecuencia de una pulmonía, se le había declarado la tisis. El se hallaba arriba en su cuarto, con r?stro e~f:laquecido y brillantes o¡os, sufriendo bajo las cortinas de su lecho. La. sombra de este cuarto abrumaba á todos los habitantes de la casa, donde los ojos
ansiosos no tenían para alumbrarse más que el pálido resplandor de
una lamparilla nocturna.
La Hermanita llegada á la hora
del crepúsculo. al punto transformó
el ambiente. Parecía traer consigo
una ráfaga de aire puro, un rayo
de luz y un vago perfume de primavera.
Ella iba y venía, preparaba las
pociones, arreglándolo todo con
gracia encantadora. Felipe contemplaba á la Hermanita azul con arrobamiento.
-¿.Cómo os llamáis?
-La Hermana Lucila.
Al pronunciar ella su nombt·e pareció iluminarse el aposento. '
-No os apartéis de mí, Hermana
Lucila, me siento mejor cuando estáis al lado mío.
Ella se sentó cerca del enfermo,
colando sobre las enflaquecidas manos y la ardorosa frente de éste,
las delicadas suya.s, mirándolo al
mismo tiempo con apacible sonrisa.
Una sensación desconocida se
apoderó del joven bajo el poder de
este encanto. No era una fantástica visión, sino nna figura real y
efectiva la que acudía á aliviar su
sufrimiento y á comunicarle vida
al contacto de sus manos.
Ellos permaneciei·on silenciosos.
Nadie vino á turbarla calma de este idilio. Pero una tarde Felipe dijo en voz baja:

-Tenéis bonitas manos y bellos ojos, Het·mana
Lucila.
Las manos temblaron y se evadieron, y bajo los
párpados, súbitamente abatidos, la mirada pareció
también querer escapar.
-Señor Felipe, si repetís cosas semejantes, me veré en la forzosa necesidad de partir.
El se puso muy pálido y cerró los ojos.
Ella desde entonces evitaba, en todo lo que podía,
el roce de sus vestidos y el contacto de sus manos,
que eran de aquellas que comunican ternura doquiera que se posan.
Al día siguiente él la llamó:
-Hermana Lucilal
Ella se aproximó.
-¿.Está usted enojada?
-Psit! .... Tranquilícese y tome
su alimento.
Mas, al acercar la taza, ella acercó también la mano que la sostenía
y Felipe impl'imió sobre ésta un
beso.

parte. Próximamente me referiré á
artículos que sobre el particularba
publicado la prensa europea y la
norteamericana, en los cuales toda
la razón está de nuestra parte.
:MARÍA LUISA.

LA HERMANA DE LA CARIDAD
La hermanita llegó una tarde á la hora del crepúsculo.
Ella apareció en el umbral de la puerta, llevando por todo
bagaje una estrecha y negra caja de madera. Oyóse una melodiosa voz:
-Soy la. enfermera enviada por nuestra superiora.
Y entró deslizándose suavemente por la sombra de la antecámara. La lámpara, traída al punto, iluminó un rost1·0 juvenil, de tez pura, grandes ojos claros y fresca boca de bl_a.';lca
dentadura. Fué ésta para la triste casa como una aparición
del auxilio divino, como una linda luz que, apagada durante
mucho tiempo, se encendie1·a súbitamente c~:,n su vigor perdido,y como el renacimiento de unir cosa olvidada, de una sonrisa.
-Conducidme cerca de mi enfermo.
Ella entró en el triste aposento de Felipe y con dulce sonrisa se acercó á la silla de extensión donde él estaba envuelto
en cobertores é inclinándose gentilmente, apoyó con suavidad su pequefla mano en la del joven.
-Os devolveremos la salud, dijo ella.
Oh! qué mirada. la que didgió la madre á aquella que t_raía
consigo la esperanza'. Y esa noche, en el comedor, que no_r~unía en torno de los insípidos manjares sino ca.ras ail!i-ust1adas y profundo silencio lleno de inquietud, los rostros todos
estaban serenos, los vasos sonaban con más cla.ridad,
la intimidad se extendió con una dulce confianza, Y la
comida, por vez prímera desde hacía mucho tiempo, fué
casi alegre. De tal modo que al llegar á los postres,
dijo el padre:
-Beberemos una botella de champaña, Hermana, para festejar vuestra llegada.
-Con mucho gusto.
Ella aceptó sin gaz:moñería. Las reglas de s~ orden
eran bastante tolerantes, y en su naturaleza _misma no
había un átomo de rigidez ni de unción monástica. Aquella. cofia de tosco género y aquella tela az~l de su vestido cubrían un ser en la primavera de la vida.

***

Ha.cía dos meses que á. Felipe, á los veintidós años de
2.-Vestidos de visita y paseo,

3.-Trajes de calle y casa.

La Hermana Lucila volvió á colocar bajo su brazo su cajita de
madera negra. Ella se disponía á
marchar al punto de la casa donde
acababa de ser ofendida .... Pero
la madre la esperaba en la puerta
y con mirada suplicante le atajaba
el paso:
-Nosoti·os no podemos prescindir de vos aquí. ... y vuestra. partida lo mataría.
Pobre madre! no se le ocurría estar celosa de la extranjera que le
había usurpado el puesto cerca de
su hijo. Ella apartaba sus miradas de aquella peligrosa intimidad.
Bastá.bale la esperanza de que él
pudiera vivir y ser feliz.
-Por favor, no partáis.
La Hermana Lucila dejó su caja
de madera negra y, con aspecto imponente y rostro austero, volvió al
cuarto del paciente. Pero en esta
vez la sonrisa había desaparecido
de sus labios.
La primavera se anunciaba en
las campánulas de las lilas. Los
médicos permitiel'On á Felipe que
saliese á la terraza. Instalado en
su silla de extensión y rodeado de
cojines, él ponía á la luz sus enflaquecidas manos, como si quisiera
atraerla y envolverse en ella.. .. .
El cielo ostentaba una profunda
limpidez. Había solamente apagadas líneas de pequeñas nubecillas
blancas que danzaban muy elevadas en el espacio, acaso la blanca
vestidura de los ángeles tendida
sobre invisibles cuerdas.
Felipe y la Hermana Lucila permanecian allí el uno cet·ca del otro,
envueltos en la tibieza de la atmósfera y en el aliento que despedían
los jardines de ahril. Por encima
del muro de la terraza, una acacia
extendía sus ramas, que, al agitarlas el viento, cubrían el suelo con
los rojos pétalos de sus flores.
Y fué en un mediodía y en una
hora de apacible luz que el joven
se atrevió á declarársele:
-Hermana Lucila ..... .
La cofia se inclinó con un batir
de alas.
-Yo os amo.
Las alas de la cofia se agitaron
bruscamente, así como las de un
pájaro herido.

�Domingo 20 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

*

Domingo 20 de Septiembre de 1903.

rosos sacrificios? ¿Y si pecaba contra
las reglas monásticas escandalizando la.
moral huma.na., deja.ría ella, por esto, de
ser la atenta. servidora y la fiel prometí·
da. de su divino a.migo?
Y el encanta.miento continuó. La mentira. de la. Herma.na Lucila mantuvo fascinado al pobre joven hasta. en su supremo instante, en que con a.paga.da. voz
murmuró agonizando:
- Dadme un beso, Hermana. Lucila..
Ella, i nclinándose sobre él, a.sí lo hizo.
Y fué con aquel delicioso beso estampado sobre su boca,
que el desgraciado
joven exhaló su último a.liento.
Y solamente entonces, aquella angelical criatura acudió
á buscar la absolución de su culpa..

Las alas blancas*se* habían fugado sin
que nada pudiese retenerlas; y rápidas
volaron hacia la calle, donde labora vespertina se acercaba, yendo á posarse sobre las losas de una iglesia.
Aquella ofensiva. declaración no había
inquietado el corazón de. la Hermana. Lucila; pero sí profanado el recinto donde
la religiosa se resguardaba de las tentaciones humanas.
Iba en busca de un sacerdote para confesarse y_puri~carse del ultraje .... Pero
el confesionario estaba vacío desierta
la iglesia, y la noche cercana.'
La pobre Hermanita se encontraba
aislada, sin guía, sin adoyo en el trastorno de su
conciencia. Ella no podía
volver al convento con esa
mancha. ....
¡María Santísima, iluminadmel ¡Jesús, dirigid mis
pasos,ya que me encuentro
sola en tu presencia.!
Durante largo t iempo la
Herma.nita permaneció allí,
prosternada en espera de
la protección divina que
descendería sobre ella..
Las alas blancas cruzaban de nuevo la calle. ¿A
dónde se dirigía.!l en la
obscuridad de la noche'?
Impulsadas por brisa misteriosa, ellas tornaban á la
casa de donde poco antes
habían volado. Cerca de la
puerta cesaron tle agitarse, manteniéndose inmóviles en la. sombra.
La Hermana Lucila contemplaba la fachada; vislumbrábanse luces tras las
,
ventanas, no la claridad
.
de tranquilas lámparas, sino ~esplandores mquietos y agitados. Soplo siniestro mvadfa esta morada. Abl'ióse la puerta dando
paso á un hombre, en el que la Hermana Lucila reconoció al médico.
-¿Sigue peor el enfermo? pl'eguntó ella adelantándose hacia él.
'
-Ah! ¿sois vos, Hermana? El pobre muchacho está perdido; una violenta emoción ha roto sin duda
sus delicadas fibras .... Acaso su existencia no se
plolongará más de quince días .... No nos resta más
que dulcificar su fin.

JUAN lllADELINE,

explicadón dt

nutstros grabados.

Núm. !.-Representa nuestro grabado una bonita colección de trajes de paseo campestre y un vestí·
dito infantil. Los trajes para señoritas á que se refieren estos figurines, se confeccionan con telas de
colores claros y uniformes. Dos de
estos trajes llevan cuelloshombreras con aplicaciones de encaje, y el
tercero-el del centro-imita en su
corpiño un torero, aunque sin ser-

lo, biendefinido. Las faldas son Ji.
sas. y sólo en su longitud llevan
aplicaciones de pasamanería. El
vestidito infantil luce un abrigo de
anchas solapas y cuello doblado,
y de doble fila de botones.
ESPERANZA.

Lo que sobra.
Yo no sé cómo se llama,
Ni me importa nada, un tal
Que fué á la estación central

A expedir un telegrama.
Sólo sé que el tal, con suma
Presteza y estilo gráfico,
Puso el parte telegráfico
Así, al correr de la pluma:
«Don Cayetano Solar,
Farmacéutico. -Algodor,
Te a.visamos, gran dolor,
Padre acaba de expirar.
Ven á Madrid al momento
Arreglar disposiciones;
Heredamos seis millones;
Martes abre testamento.&gt;
Y firmando l a receta.
Saca el precio del bolsillo
De un telegrama sencillo,

.,
Erguida y llena de gravedad, resolvió la
Hermana Lucila traspasar de nuevo el dintel en donde ella había posado su planta
una tarde, á la. hora crPpuscular; y ascendió la escalera que conducía al aposen·
to del moribundo; y todo el .encanto de su
gracia y de su sonrisa se esparció nueva•
mente en aquel recinto.
-¿Sois vos? dijo cuando estuvieron solos
¿sois vos la que habéis vuelto? ¿Luego m~
habéis perdonado'?
Ella inclinó sobre aquel sufrimiento su
d~lce rostro, y con delicada castidad imprimió un beso sobre los párpados del joven.
-Oh! Herma.na Lucila. ... . Herma.na Lucila, ¿por ventura me amáis también vos?
-Yo os amo, dijo ella.

***

La piadosa. mentira produjo un efecto maravilloso en el enfermo.
Por la ventana abierta entraba. el esplendor de la. pdmavera. Mas no era esa luz la
que lo fascinaba, sino la que emanaba aquella criatura encantadora.
La Herm.ana. Lucila. no rechazó ya las palabras ardientes; ella las acogió, no por corresponder á su amor, pero sí para dulcificar su sufrimiento.
-Dadme vuestras manos, Hermana Lucila, otorga.dme vuestras mira.das ellas me
devuelven la vida.
'
Y puso al servicio del agonizante no solamente toda la gracia y toda la dehcadeza
de que ella. disponía, sino tal vez hasta su
salvación eterna.
Pues ella era la prometida de Cristo y no
d~bía dar oído á las protestas amorosas de
nm~ún hombre: Mas no era amor, sino compasión, el móvil de sus acciones y
donde hay compasión hay·siempre
algo de Cristo.
¿Su piedad debía detenerse en la
asistencia del enfermo? ¿Y prodi1tándole más ternura á fin de dulcificar sus últimos momentos, traicionaría ella sus juramentos y la sublime misión á la cual se había consagrado:
¿~o demostraría esto, por el contrario, una excelsa piedad, una muy
alta caridad, y más nobles y gene-

""
5.- Modelo d e bordados para aplicaciones.
4.-Vestidos de paseo y reunión

es decir, una peseta.
-Aquí hay palabras de más,
Dice uno de los que cobran;
O hay que quitar las que sobran,
O hay que pagar algo más.
Y el hijo, desconsolado
Leyendo en acento quedo,
Y contando con el dedo
Las palabras que ha estampado,
Dice por fin:-Sí, señor,
Sobran dos; da el telegrama:
Y tras una. pausa exclama:
-Quítele usted, &lt;gran dolor.&gt;
EUSEBIO BLASCO.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Estómagd

[L MUNDO [LUSTRADO

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LAS FIESTAS PATRIAS
EL SE5;OR PRESIDl&lt;:NTE DE LA REPUBLICA PRESENCIANDO EL DESFILE DE LAS TROPAS, DESDE E L BALCON PRINCIPAL DE PALACIO.

�Domingo 20 de Septiomb:re &lt;le 1903.

DÍAS DE REGOCIJO
EL ANI\'ERSARIO DE LA J)&lt;OEPEXDENCIA

•

La. semana. última. ha sido de regocijo y entusiasmo. Por una. coincidencia, se celebran
al mismo tiempo las glorias de la Independencia Nacional, y el aniversario del natalicio
del Sefior Presidente, y, además, como una
consecuencia forzosa de los acontecimientos,
de los méritos del Gobernante y del afecto que
el pueblo siente por él, sus fiestas han llegago á ser tan populares como las otras.
En ellas toman parte todos lo~ elementos
sociales del país. Si los salones de la Presidencia se llenan de grupos respetables, de representantes de las clases más cultas, de los
elementos extranjeros, de los funcionarios; las
vías públicas, los sitios de reunión, se llenan
de aclamaciones, de vivas, de aplausos frenéticos; cuando aparece el señor General Díaz,
en todas partes del país, donde hay un grupo de mexicanos, se dedica una manifestación
en honor suyo.
En este afio, unas y otras fiestas han superado en esplendor á las de los anteriores, no
sólo en la capital sino en muchas otras poblaciones de la República. Es natural. Para
el lucimiento de las fiestas, se necesita no solamente que el patriotismo llene de entusiasmo los corazones; que el recuerdo de lM glorias patrias haga desbordar el regocijo; que el
culto á los héroes reuna á todos los hijos de
la misma nación y en torno del altar de la.
Patria; es preciso también que haya bienestar
que haya. medios suficientes para dar brillo á
estas manifestaciones.
Epocas ha habido, en que el pueblo mexicano, afligido por grandes calamidades, en
crueles y tristes circunstancias, no ha tenido
cómo dar lustre á las fiestas de la patria.
Nuestros veteranos recuerdan bien que, en
tiempos aciagos y dolorosos, hubo veces en
que los días gloriosos de septiembre, llenos de
recuerdos se pasaban eu los camp9mentos, sin
fuego con que calentarse, sin lecho bajo que
abrigarse ...... muchas veces sin reposo y sin
pan, después de una lucha encarnizada! En
aquellos días, en el campamento no había
más señal de fiesta, que la lJ.renga del jefe á
sus valerosos subordinados; no había más estruendo que el de los vivas á la patria, muchas veces ni siquiera se podía. hacer una salva de fusilería, porque la pólvora era escasa
y había que reservarse para rechazar al enemigo que se aproximaba.
Nosotros estamos lejos deaquellos días. Hoy
podemos, gracias á los beneficios de la paz,
congregarnos donde y como nos place; gracias á la prosperidad creciente, podemos dar
brillo á nuestras fiestas y llenar el aire con el
estallido de los cohetes, con los ecos de las
fanfarrias y con los acordes de nuestros cantos.
Ahora, nosotros, no debemos olvidar por
cuantas viscisitudes hemc,s debido pasar para
llegar á este grado de bienestar, y cuando rindamos culto á la patria, recordar no sólo sus
glorias, sino también sus desgracias. Así podemos tener las unas siempre vivas, y evitar
para siempre las otras.

En la eumbrt dtl Olimpo.
Noche de primavera, apacible, argéntea,
embalsamada con el hálito de los jazmines,
humedecida por suave rocio. La luna ll1ma se
alza sobre el Olimpo, y la cana cima. del monte se ilumina con luz triste, verdosa, pálida.
Hacia el valle de Tempé se dibujan las hondas penumbras de los matorrales de alhefias,
ó aligustn,s, donde tiembla el canto de los
ruisefiores, donde palpitan plegarias y quejas,
súplicas y suspiros amorosos. Semejante á mú-sica lejana de flautas y caramillos, todas las
voces de las cosas, todos los murmullos del
misterio llenan el @ilencio nocturno, como
una lluvia espesa ocupa el espacio, formando
una cortina de lágrimas¡ .... .. después van ex-

EL MUNDO ILUSTRADO

tinguiéndose, trocándose en arroyo de aguas
vivas y mansas.
Poco á poco todo ruido se extingue, y el
silencio es tan grande, que parece oírse el
blando rumor de las nieves que se deshacen
en las cumbres al cálido aliento de mayo.
¡Noche de ambrosía! ¡Noche mágica! ¡Noche primaveral!
En aquella noche, los dos apóstoles Pedro
y Pablo se sentaron como jueces en la alta
meseta, para sentenciar á los dioses viejos del
paganismo. Sobre sus cabezas, radiantes nimbos bañaban de luz la nieve de sus cabellos,
sus fruncidos entrecejos, sus ojos severos y
graves. Más allá, á la sombra de las hayas,
la blanca muchedumbre de los dioses abandonados y perdidos, aguardaba con angustia
la sentencia definitiva.
Pedro alzó la mano, y á esta sefia, el dios
que mandaba en las nubes, Zeus y Nefelegeretes, se adelant6 primero y marchó hacia los
Apóstoles, aún formidable, inmenso todavía,
como el coloso que Fidias labró en mármol,
pero ya decrépito y achacoso. Siguiendo sus
pasos, se arrastraba un águila vieja y alicortada. Azulados, carcomidos de herrumbre,
consumido su fuego, los rayos vengadores se
escapaban de la diestra de aquel que fué padre de l~s dioses y de los hombres.
Pero cuando se vió frente á los Apóstoles,
su pecho gigantesco se hinch6 con la seguridad de su omnipotencia. Y alzando la cabeza
con orgullo, fijó en el viéjo pescador de Galilea sus di vinos ojos llenos de luz, fulgurantes
de soberbia, soltando relámpagos de furor.
Y entonces, ante la furia del Sefior, servilmente atemorizado el Olimpo, tembló en sus
cimientos, las hayas movieron medrosas sus
troncos, el canto de los ruisefiores se extingui6, y la luna, por cima de las nieves, perdió
su blancor de plata y quedó trrnsparente como la tela que Aracné tejía...... Del rorvo pico del águila sali6 un último y temeroso graznido. El rayo vengador, atizado de súbito se
retorció á los piés de Zeus, alz6 su cabeza' de
llamas, Ciepitante y silbadora, como una serpiente pronta á lanzar su mortal veneno ..... .
Pedro puso el pie sobre los llameantes zigzags
d~l rayo y los forzo á soterrarse. Luego, dirigiéndose al Señor de las nubes, dijo:
-Maldito y reprobado seas por toda la
eternidad.
Incontinenti, el dios empalideció, desmayóse, y murmurando con sus labios negruzcos «¡ananké! ¡anankéf,, [¡fatalidad! ¡fatalidad!], hundióse en las entrafias de la tierra.
Al punto surgió entre los Apóstoles otro
dios de rizada cabellera: Poseidón, 6 Neptuno ...... Traía la negra noche en las pupilas y
un mellado tridente en la mano.
-Ya no serás tú-le dijo Pedro-quien
pueda _á si; antojo embravecer ó aplacar las
olas, m qmen guíe las naos errantes hacia la
paz de los puertos. No serás tú, no sino la
(cMaris Stella,» la Santísima Estrella del mar.
Y al oír esto el dios, atravesado por un dolor repentino, mugió y se disipó entre neblina vaporosa. En pos de él, la cóncava cítara.
en la mano, se alzó A polo, el dios de las flechas de plata, y avanzó hacia los Santos Hombres. Tras él .seguían lentamente, como un
bando de blancas palomas, las nueve musas.
Llenas de temor, paráronse ante sus jueces
agitados los alientos, los corazones vacíos d~
esperanza. Vdlvió la vista hacia Pablo y con
voz parecida á la música de los astro~ cantó
el radiante Apolo:
.
'
-No me hagas perecer, Sefior, Señor, defiéndeme . Pronto tendrías que volverme á la
vida...... Yo soy la flor y la alegría del alma
hi;n:iana. Y? soy la_ luz y la nostalgia de lo
D1vmo. MeJor que nmgún ser vivo sabes Sefior, que el canto de la tierra no v~lará aÍ cielo si se quiebran sus alas. ¡Santos Hombres
no hagáis que perezca la Poesía ..... . 1
'
Hubo una pausa. Pedró alzó sus miradas á
las estrellas. Pablo cruz6 las manos sobre el
pufio de su espada, apoy6 en ellas la frente
y permaneció abismado en sus ensuefios.
Luego se ~evant6. Traz6 el signo de la cruz
sobre la radiante cabeza del dios, y dijo:
-Que viva, pues, la Poesía.
Apolo se sent6, sin dejar la cítara, á los

EL MUNDO ILUSTRADO

piés del Apóstol. Las luces de la noche brillaron más intensas, los jazmines despidieron
más penetrante su perfume, las fuentes leja.
nas rieron con más alegría.
Juntas, como una nidada de cisnes blan.
cos, con las voces aún temblorosas de miedo,
las musas comenzaron á cantar dulcemen
palabras cual jamás las oyó el alto Olimpo
«Santa Madre de Dios, ampáranos con' tu
manto glorioso ..... .
(&lt;No rechaces nuestras súplicas..... .
(&lt;Líbranos de los peligros que nos acechan
«Virgen gloriosa! ...... »
...
Así cantaban, sentadas en el césped I
ojos en el cielo, las nueve musas, como n~evt
blancas y pías religiosas de un convento.
Pasaron después los demás dioses ...... p
en voleo impetuoso el cortejo de Baco salv
je, desenfrenado, coronado de pámpan~e y
hiedra, empuñando tirsos y cítaras lanzan
gritos de delirio, de uesesperaci6~ de I
ra ..... para hundirse en el abismo ;in fon
Después surgi6 ante Pablo y Pedro otra •
vinidad. Altiva, arrogante, amarga sin es
rar preguntas, sin escuchar la sentencia,
bló, con sonrisa deE&gt;preciativa en los labioa:
-Yo soy Palas Atenea: no os pido la vi
porque no soy más que un fantasma. U ·
me escuch6 y me adoró hasta llegar á la
jez. Telém9:co, hasta el día en que sus m ·
Has se cubrieron de barbas. Vosotros miem
no sois capaces de arrebatarme mi inmo
dad, porque soy imp-!!recedera... .. . Pero,
cambio, sabed que nunca he sido más que
sombra vana, qu~ no soy sino som•ra, y
bra seré por los siglos de los siglos.
Por fin le llegó el turno lí. Ella: á E
Venus Afrodita, la diosa del amor la mú
lla, la más fervientemente adorad~.
Suave, inefable, emocionada se acerc6.
jo su pecho de nieve su coraz6n palpitaba ri
do, desatinado como el de un ave· sus la
rojos tem~laban como los de un ~ifio que
me el castigo. Y cayendo á los pies de
Santos Hombres, tendi6 hacia ellos sus
zos divinos é implor6 humildemente llena
pavor:
-S?y culpable.. .. soy criminal... ...
¡oh Dios mío! soy la Felicidad humana. 1
seri_c~rdial ¡Sefior, perdonadme! ¡Soy toda
Felicidad humanaL. .... ¡la única!. .....
Y su voz se apagó entre sollozos.
Pedro la contempló, y sobre sus cabelloa
oro pos6 la mano venerable. Pablo a
del suelo u~ ~amo ~e azucenas, lo puso en
nos de la divma criatura, y dijo :
. -H~ ?e ser como este cáliz...... ; pero
v1rás, vivirás, Felicidad humana.
En esto se hizo de día. En lo alto de
cimas rocosas, el alba sonrosada apunt6.
lla:ron los ~uisefiores. Los jilgueros, loe
dales, los_pmzones y las cogujadas, sacan
sus cabecitas perezosas de entre el abrigo
sus alas, sacudieron los plumajes cargad08
rocío, y cantaron alegremente:
-Ya_ está aquí, aquí, aquí la Aurora....
, La Tierra se dP.sperezó sonriendo y d
to gozosa, pues le habían quedado la P
y el Amor.

Domingo 20 de Septiembre de 1903.

Las fiestas 'de la Patria
Inusitada animación tn la ciudad.
Brillantt dtsfilt militar.
De intento retardamos la aparición del presente número dP EL MUNDO !LUSTRADO, para
ofrecerá nuestros lectores, tan completa como
fuera posible, la información gráfica relativa á
las brillantes fiestas con que se ha celebrado
en México, en esta vez, el aniversario de la Independencia Nacional.
Sea que á ello contribuyera en gran parte el
buen tiempo que hemos tenido en estos días,
6 que el entusiasmo por conmemorar dignamente aquel glorioso suceso, sea mayor á medida que el tiempo transcurre; es el caso que
pocos, muy pocos, han sido los afios en que el
regocijo popular se manifü:ste de manera
tan clara y en que las fiestas revistan el extraordinario lucimiento que en esta ocasión.
Sin detallar uno por uno los actos efectuado:;, porque ya ((El Imparcial" ha hecho lacrónica completa Je todo,-1, apuntamos en seguida algunas notas, refiriéndonos al mismo tiempo á ias demostraciones de simpatía de que
fué objeto el señor Presitlente de la República,
con motivo de su cumplen.fios.
EN PALACCO

El Círculo de Amigos del Sefior General
Díaz, (cLa Unión Liberal» y la Colonia Oaxaqueña, fueron, entre todas las corporaciones,
las que primero se presentaron en Palacio á
ofrecer sus respetos al ilustre gobernante. La
recepci6n de los tres distintos grupos se verificó el día 14 por la tarde, sucesivamente, llevando la voz á nombre del (cCirculo,, el señor
Lic. Don Alfredo Chavero; por (e La Unión Liberal», el sefior Diputado Don Trinidad García, y por la Colonia Oaxaquefia, el sefior Lic.
Don Benito Juárez. Los discursos cambiados

La iluminación de Prulacio en los d!as de la Patria.

entre los oradores y el sefior General Díaz, fueron muy afectuosos.
Al terminar el discurso con que el Primer
Magistrado correspondí(, al que le dirigiera el
sefior Lic. Juárez, los oaxaqueños desfilaron
frente á él para estrechar carifiosamente su
mano. Hombres, mujeres y nifios pobremente
vestidos, que se encontraban entre los manifestantes, desfilaron también ante el Caudillo,
y hubo ancianos que para significarle su reco-

LUMEN
No te sorprendan los matices rojos
De los negros diamantes de Bahía;
En la noche profunda de tus ojos
Perpetuamente resplandece el día.
¿Que no hay luz tan hermosa ni tan p
Como la luz que en el espacio vaga?
La hoguera que en los trópicos fulgura,
Tras el nublado de Spitzberg se apaga.
Una mirada tuya, una tan s6lo,
En los piélagos árticos podría.,
Fundir la nieve, constelar el polo,
¡Y brillar en la tierra todavía!
ANDRÉS MATA.

La Catedral !luminada.-Fuegos artificiales.

nocimiento 6 su carifio, lo estrecharan entre
sus brazos. El sefior General Díaz, hondamente impresionado, correspondía con frases de verdadero afecto á aquellas significativas demostracionrs. Los que presenciaron estas
escenas, no pudieron menos de conmoverse.
El mismo día, el Primer Magistrado recibió
las felicitaciones de una Comisión de Tlaxcala, de un grupo de norteamericanos y del General Snyman, jefe de la colonia bóera que va

�EL MUN't&gt;O ILUSTRADO

Dbttlingo 20 de Septiembre de 1903.

Doml~go 20 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

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,:
¡

Llegada del Sr. Presidente á. las tribunas.

á establecerse en el país, y el 15 por la mañana la del Ejército y la del Cuerpo DiplomátiEl señor General Don Francisco Z. Mena,
Secretario de Guerra y Marina, á quien acompañaban numerosos jefes y oficiales, de gran
uniforme pronunció un breve discurso, que le
fué conte;tado por el señor Presidente con palabras que denotan la alta estima en que tiene
á la clase militar.
A nombre del Cuerpo Diplomático, habló el
sefior Embajador de los Estados Unidos, General Clayton. La respuesta del señor Presidente fué muy cordial.
Durante la mañana, el Primer Magistrado
recibió, además, á las comisiones de ·1os Ministerios, del Consejo de Gobierno y de otras
corporaciones que estuvieron en Palacio á felicitarlo.

co:

EL GRITO

Bellísimo era el aspecto que presentaba por
la noche la Plaza de la Constitución. Iluminado con millares de focos eléctricos y ,,on farolillos de cristal, el «Zócalo», como generalmente le llamamos, parecía, visto de lejos, incendiarse. La fachada del Palacio Nacional, la
Diputación y la Basílica ostentaban multitud
de luces, y pocos eran los edificios particulares que no se veían adornados.
La concurrencia, tan numerosa como nunca, apenas podía moverse en la pla_za, y por
todas partes se desbordaba el entusiasmo. A
la hora del ((Grito,» cuando el pueblo se había
ya divertido á sus anchas con los fuegos artificiales y con la música de la gran serenata,
el regocijo subió de punto: el Sr. Pr~sidente
apareció en el balcón central de Palac10, y un
grito unánime hendió el aire saludando á los
héroes de 1810 y al héroe de la Paz, 9-ue ~acía vibrar en aquellos momentos la b1stónca
campana de Dolores. La muchedumbre fué

:,

Paso de la Artillería por la Glorieta de Cuauhtemoc.

poco á poco dispersándose, y la animación,
siempre en aumento, se desbordó para invadir basta los más apartados barrios de la metrópoli, donde se improvisaban bailes al aire
libre y se cantaban canciones populares.
EN LA REFORMA.

El 16 por la mafiana se efectuó en el Parque «Porfirio Díazi, el
acto oficial indicado
en el programa. Desde el Zócalo basta la
glorieta de Cuauhtemoc, siguiendo la línea de Plateros y S.
Francisco, los edificios mercantiles y las
casas de particulares
estaban vistosamente
adornados con banderas y piezas florales, en su mayoría.
El conjunto presentaba un hermosísimo
gol pe de vista.
En el Parque se levantó una amplia tribuna destinada al Sr.
Presidente, á su comitiva y á los invitados, quedando formados, á lo largo de
E'1 Sr.
la calzada, los distintos cuerpos militares que debían hacer los honores al Jefe
Supremo del Ejército. Antes de que diera principio el acto oficial, el Sr. Presidente acompañado por el Sr. Ministro de la Gu~rra pasó revista á las tropas, dirigiéndose desp~és á
las tribunas para hacer entrega de una nueva
bandera al primer batallón de infantería.

Terminada esta ceremonia, que result6m
imponente, ocupó la tribuna el Sr. Lic.
Jenaro Raigosa, y con frases que le conq
taron muchos aplausos, analizó desde el p
to de vista filosófico el movimiento ins
cional de Dolores, puntualizando sus ca
y tendencias. El Sr. Juan de Dios Peza
tó en seguida una poesía, y el Primer
trado impuso á un grupo de Jefes y Ofici
las condecoraciones que les han sido últi

_(

'l

La tribuna de honor.

En la partf de las tribunas destinada al
público vimos á algunas familias pertenecientes á nuestra buena sociedad, y á caballeros y damas distinguidos de las colonias
extranjeras.
En las banquetas había numerosos grupos
de todas las clases sociales.

EL DESFILE.

A la hora en que terminó la ceremonia, las
calles que debía recorrerelcuerpo de Ejército,
cuyo mando quedó encomendado al Sr. General Don Ro;alino Martínez, Comanfante
de la Plaza, se encontraban literalmente hen-

G~meral R~lno Martinez.

mente conferidas. Al lado del Sr. Gen
Díaz tomaron asiento, en la tribuna de ho
los Sres. Secretarios de Estado, los miemb
del Cuerpo Diplomático, comisiones de
Cámaras y distintos funcionarios de la Ad
nistración pública.
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Aspecto de la esquina de

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Plateros y el Empedradi!lo, momentos anbes del desfile.

Perspectiva de las tribunas.

chidas de gente. 'Las aceras se veían llenas de
espectadores, y por en medio de las calles discurría una compacta muchedumbre, ansiosa
de hallar sitio á. propósitv para estacionarse.
En los balcones y en los zaguanes, las fami~
lias esperaban el paso de la gran columna y
de la comitiva presidencial. En los momen-

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 20 de Septiembre de 1903.

--

***

tos niños mártires dt thapulttP«
8 DE

SEPTIEMBRE DE

1!)03

I
Como renuevos cuyo,; a.liiios
Un viento helado marchita. en flor,
As( cayeron los hProes niilos
Ante las balas del invasor!

***

La infa.nterfa.

perdonando en tu triunfo á quien la muerte
dió á tu padre infeliz, y ~e e~ta suerte
venciéndote dos veces á t1 mismo,
Ven únete á esos niiios como hermano
ma.y'or pues que su gloria. fué tu gloria.,
y llév¡los contigo de la mano
hacia el solio de Jove soberano ....
y á, las puertas de bronce de la. Historia!

tos en q~e ésta lle~6 á San Francisco, un aplau.
so un~mme saludo al Sr. Presidente y de lo
alto de los edificios cay6 sobre aquel' mar de
cabezas que se_ agitaba e~ la vía, una lluvia de
flores, confetti y serpentmas. Los vivas lanr.ados al egregio gobernante se escuchaban por
dondequiera, y en el momento en que el s11•
premo Magistrado apareció en el balcón central de Palacio, el regocijo del pueblo no tuvo
límites. La ovación que se le tributó fué ruidosísima.
Antes de las doce comenz6 á desfilar el cuerpo de Ejército. Este estaba formado por una
sección de vanguardia, una división de infan.
tería, un regimiento de artillería, una divisi6n
de caballería, dos baterías ligeras, los trenes
del parque de Ingenieros y del servicio de ambulancia, y un escuadrón del 3er. Regimiento, como extrema retaguardia.
El paso del numeroso cuerpo de Ejército
por las calles principales de la ciudad llam6
y con justicia, la atención de todos los que)~
presenciaron; pues tanto unos como otros 101
distintos batallones y regimientos, se hici~ron
aplaudir por la precisión de su marcha y lo
correcto de las conversiones. En una palabra,
el desfile ha venido á. comprobar los esfuerzoe
que el Gobierno hace para mantener á la tropa á un alto grado de instrucción y disciplina.
En el grabado á dos planas, C\ ue publicam01
en otro lugar, puede verse el aspecto que ofrecía la esquina de Plateros y el Empedradillo
en el mornento en que llegaba al Zócaloelcoche del señor Presidente. El polvo que se levantó al paso de los carruajes y de la escolta.
impide que se distingan con toda claridad loa
edificios.

Ahí fué .... Los sabinos la. cimera.,
con sortijas de plata, remPcía.n;
cantaba nuestra eterna primavera.
su himno al sol, era. diáfana. la. esfera,
perfumaba la flor .... y ellos morían!
Ahí fué .... los volcanes en sui. viejos
albornoces de nieve se envolvían,
refilando sus moles á lo lejos;
era el Valle una. fiesta de reflejos,
de frescura, de luz . ... y ellos moría.o!
Ahí fué: saludaba. a.l 10undo el cielo
y a.l di vino saludo respondía.o
los árboles, la brisa., el arroyuelo,
los nidos con el trino del polluelo,
las rosas con su olor .... y ellos morían!
Moría.o cuando apenas el enhiesto
botón daba. sus pétalos precoces,
privilegia.dos por la. suerte en esto,
que los que a.man los dioses mueren presto
y ellos eran amados de los dioses!
Sí, los dioses la. linfa. bullidora
cegaba.o de esos puros manantiales,
espejos de las hadas y de Flora.,
y juntaban la noche con la aurora
como pasa. en los climas boreales!
Los dioses nos robaban el tesoro
de esas almas de niiios, que se abrían
á, la. vida y al bien cantando en coro!

.-.

El «Círculo de Amigos del Sefior General
Díaz)) organiz6, en celebración del natalicio del
Supremo Magistrado, un festival infantil que
se verificó el día 15 por la tarde en el Frontón
de la calle de Iturbide, y que se vió concurrido por multitud de niños y niñas, alumnos de
las escuelas oficiales y de la casa «Amiga de
la Obrera.»
Cerca de las cuatro de la tarde y cuando
las amplias graderías del frontón se encontraban llenas de chicuelos, dió J.,riiicipio la simpática fiesta con el Himno á Hidalgo, que cantaron en coro 500 alumnos de ambos sexos y
que fué muy aplaudido. A esta parte del programa siguieron algunas recitaciones y números de canto, entonándose por todos los niños,
para concluir, el Himno Nacional.
Festival infa'llti.1:.-.As-pecto de la grader1a destinada á las niñas.
cadiós!&gt;-murmura-y se extinguió la llama
de la fe, y aunque todo dice: cama!&gt;
responde el corazón: &lt;si ya no puedo .... &gt;
«Cuando sólo escuchamos dondequiera.
del tedio el gran monologar eterno
y en vano desparrama Primavera
su f\órido caudal en la pradera.,
porque dentro llevamos el invierno,&gt;
«Bien está .... Ma.s partir en pleno día,
cuando el sol glorifica. la jornada,
cuando todo en el pecho ama. y confía
y la Vida, Julieta enamorada.,
nos dice: «No te vayas todavía!&gt;
«Y forma la. ilusión mundos de encajes,
y los troncos de savia. están henchidos,
y las frondas perfuman los boscajes,
y los nidos salpican los frondajes
y la.s a.ves arrullan en los nidos.&gt;
Es cruel. ... ¿Mas entonces, por qué ahora.
muestra ga.la.s el bosque y luce a!ii'los?
Por qué canta el clarín con voz sonora?
Por qué na.die está triste, na.die llora.
delante del recuerdo de esos niíios?
Porque más que la. vida, bien pequeño,
porque más que la gloria., que es un sueiio,
porque más que el a.mor, va.le de fijo
la divina. oblación, y en una. losa
este bello epitafio: &lt;Aquí reposa;
dió su sangre á la Patria, era. buen hijo!&gt;

III
Como renuevos cuyos alifl.os
Un viento helado marchita. en flor,

Así cayeron los héroes niiios
Ante las balas del Invasor!

IV
Como renuevos cuyos a.liños
Un viento helado marchita en flor,
Así cayeron los héroes niños
Ante las balas del Invasor!
Seiior, en cuanto á ti, dos veces bravo,
que aquí defiendes el bollado suelo
tras haber defendido el suelo esclavo,
y hoy en el sitio dormirás al cabo
donde el águila. azteca posó el vuelo!
Seiior, en cuanto á, ti, que, noble y fuerte,
llegaste del perdón al heroísmo,
El n!fio Porfirio Dfaz y Raigosa.

Entre las damas concurrentes al festival, se
encontraban las sefioras Carmen Romero Rubio de Díaz, Amada Díaz de de la Torre, Sofía
Romero Rubio de Elízaga y Luisa Raigosa de
Díaz,con su hijito Porfirio, que portaba un gracioso traje de charro. Además, asistieron las
señoras de Chavero, de Saavedra, de García
Vélez, y un grupo de sefioritas distinguidas.
Entre los caballeros se hallaban los sefiores
Ingeniero Miguel F. Martínez, Director de Instrucción Primaria, Líes. Alfredo Chavero y
Carlos Saavedra, Doctor Constancio Pefia Idiáquez y alguno!! otros.
Antes de retirarse del frontón, la señora Romero Rubio de Díaz distri buy6 entre cien al umnos de la «Amiga de la Obrera&gt;, y de las Escuelas Nacionales, juegos de ropa. Los niños fueron obsequiados por la Junta Organizadora
con dulces, refrescos y juguetes.

Septiewbre estaba. en .flor .... y ellos morían!

II
Como renuevos cuyos aliños
Un viento helado me.rebita. en flor,
Así cayeron los héroes niíios
Ante las balas del invasor!

***

(*) &lt;Perlas Negras.&gt;

_,.. , .

Descansa. juventud, ya. sin anhelo,
serena. como un dios, bajo las flores
de que es pródigo siempre nuestro suelo;
descansa bajo el palio de tu cielo
y el santo pabellón de tres colores!
Descansa y que !iricen tus hazailas
las voces del terral en los palmares
y las voces del céfiro en las ca.ñas,
las voces del pinar en las monta.ñas
y la voz de las ondas en los mares!
Descansa., y que tu ejemplo persevere,
que el a.mor al derecho siempre a.vive,
y i,ueen tanto que el pueblo que te quiere
murmura en tu sepulcro: &lt;Así se muere!&gt;
La fama cante en él: «Así se vive!&gt;

0

Los rurales.

AllfADO NERVO.

FESTIVAL INFANTIL

··Ahí ·f;;él Í~· ~~íI;n·~ -~~~ ·d~ ·¿;~; · ·· ·· ··· ····••

&lt;No fué su muerte conjunción febea. (*]
Ni puesta. mel a.ncólica. de Día.na.,
Sino eclipse de Vésper, que recrea.
los cielos con su luz y pa.rpa.dea.
y cede a.nte el fulgor de la. ma.iia.na ....
&lt;Morir cuando la. tumba. nos recla.ma.,
cuando la dicha, suspirando quedo

Domingo 20 de Septiembre de 1903.

Festival infanti!.-Los alumnos de las escuelas oficiales.

�la República y de su Comitiva á la Plaza de la Constit ución.
LAS FIESTAS DE LA PATRIA.-L! egada del Señor Presi(tlllll

(Fot. de

El M,undo IQustrado.)

�Domingo 20 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

==

Domingo 20 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL EREMITA
En qué piensa ese pálido eremita,
que el ceño frunce de su frente grave?
¿Es un hondo problema el que medita?
¿Acaso busca la escondida llave
de una fuente cuya agua milagrosa
de nuestras almas la pureza lave?
¿O es acaso una esencia poderosa
que en breve sane el coraz6n herido,
lo que busca su mente bondadosa?

·:·-·:•.

Algo busca ese espíritu abstraído,
algo que un dedo celestial enseña
y que se halla en el éter suspendido.
¡Fantasmas son que su piedad diseña!
Para alumbrar nuestros cansados paso8
nunca hallará la claridad que sueña .... '..
Como enseñando los sombríos trazos
de la Pobreza, que su cuerpo azota,
muestra marchitos sus nervudos brazos,

·,:.

flácido el pecho que el dolor no agota
ceñido el vientre, la mirada triste
'
y el pie desnudo en la sandalia rota.
Oh pálido t-remita que encendicite
tu alma con fuego de un amor sagrado:
s6lo en tu coraz6n la paz existe;
Yiviendo solitario y apartado,
con el alma en el cielo suspendida,
del Mal y del Dolor te has libertado;
pues en la árida senda de la vida
donde el clamor de nuestras-voces suena,
quedando va de nuestra planta herida
u Ha gota de sangre en cada arena.
Luis

ANDRÉS Zu~IGA.

Muerte d e u n M agistrado

Sr. Lic. Luis Garcta Mézquita, Gobernaidor de Campeohe.

Nuevo Gobernador de Campeche
Publicamos en este número el retrato del
señor Lic. Don Luis García Mézquita, Gobernador electo de Campeche, para el período
constitucional que ¡;,e inici6 el día 16 del actual
y terminará en igual fecha de 1907.
Las fiestas que en honor del señor Lic. García prepararon sus amigos, resultaron dignas
de la persona á quien estaban dedicadas, pues
todos los campechanos tomaron empeño especial en que tuvieran lucimiento.
Sin temor de equivocarnos, podemos afirmar que en pocas ocasiones ha estado la opini6n pública tan acorde, como lo estuvo en
Campeche, al proponer el "Círculo Liberal
Campechano» la candidatura del señor Lic.
García.
Hombre de orden, de avanzadas ideas, de
limpios antecedentes, con una vida pública
ejemplar, habiendo ocupado, tanto en el Estado de Yucatán como en el de Campeche, diversos puestos de impor tancia y distinguiéndose
en todos ellos por su apego á la ley y á la justicia, su candidatura se acogi6 con gran entusiasmo, y las manifestaciones de simpatía y de
adhesi6n de que fué objeto durante el periodo
electoral, fueron de verdadera importancia.
Durante más de un afio ha estado al frente
del gobierno, con el carácter de interino, y su
benéfica influencia se ha hecho sentir en todos
los ramos de la Administraci6n pública, logrando captarse el amor del pueblo que gobierna.
El pesimista pierde en estudiar los males
imaginarios, el tiempo que podría emplear en
combatir los verdaderos.

No hay una acci6n, por trivial que parezca,
que no arrastre consigo una serie de consecuencias; lo mismo que no hay un cabello, por delgado que sea, que no proyecte su sombra.

El día 14 por la mañana muri6 en su casa
habitaci6n de la 8~ de las Artes. el señor Lic.
Don Andrés Horcasitas, Magist"rado de la Su•
prema Corte de Justicia de la Naci6n.
La muerte del sefior IIorcasitas. que fué rew
p1mtina, ha producido en los círculos oficial
una dolorosa impresi6n; pues aparte de que
finado era uno de los miembros más laboriosos é ilu!'trados del primer Tribunal de la Re-

RIMA GALANTE.
Tu mano pálida y fina
que á la dulce mandolina
tan finas notas arranca,
por lo temblorosa y leve
parece una flor de nieve
6 una libélula blanca.
Y bajo tus dedos ágiles
sollozan los ritmos frágiles
de una frágil serenata;
mientras la luna en el cielo
hila en su rueca de hielo
un largo hilo de plata.
Y Chopín, Schúbert, Beethoven,
vierten en mi alma de joven
su raro filtro sonoro;
mientras tus dedos traviesos
atan las notas cual besos
en un mágico hilo de oro.
Y una gigante amatista
brilla en tu mano de artista
con una lumbre tan vaga,
que tu mano temblorosa
con esa piedra preciosa
es la mano de una maga.
A. _FERNÁNDEZ GARCÍA,

Sr. :\lngistrado D. Andrós Horcasita.s-

pública, su probidad y su talento le bab
conquistado muchas simpatías.
Los funerales del distinguido Magistrado
efectuaron el día 15 en el Pante6n Fran
concurriendo á ellos los altos funcionarioe.
Poder Judicial y un gran número de parü
lares.

PIO X
[ DE U~A }"OTOGRAFIA TOMAD.A EN EL
, y ATICANO EL

14

DE AGOSTO ULTIMO]

)/~.

�Domin~ 20 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

!

I

Episodio blstórlco dt la 6utrra dt Tndeptndtnda
I
A)lA"'Tg Y HÉROE

Jalisco, región bendita en que las flores regocijan el ánimo y en que frutas y campos de todos los colores alegran el paisaje; que en las
costas deshabitadas del Pacífico, ofreces como
puertos de salvación las radas magníficas de
Chamela y las Peñas, y como refugio misterioso
de druidas, los bosques de Zihuatlán; que ostentas en Magdalena fragantes y níveos tapices
de nardos, y en Atotonilco el Alto, deliciosos
nidos para amures reales, entre frondas impenetrables de naranjos, cuyo azahar incensaría el
ambiente, mientras los arroyos de cristal sonoro cantaran himnos nupciales; que con orgullo
exhibes tu lago de Chapa.la, marecito incomparablemente hermoso, en cuyas riberas deseara
yo, como Voltaire junto al la_go de Ginebra, _q~e
se deslizaran serenos los últ1mcs años dem1 v1·
da; si todos éstos no fueran títulos bastantes para quererte, amáratecon amor inextinguible, sólo por el azul límpido de tu cielo y por ese otro
cielo tuyo, cielo negro de tempestad y de pasión:
los ojos de tus mujeres.
y tú, lago de Chapala, que has adormecido en
mi alma, por breves horas, todos los afectos ú
odios, y borrado todos los recuerdos; que, hoy,
después de muchos años de brega mundana, incesante y acerba, al volverá verte me permites
alejar el espíritu de la tiena para elevarlo á
Dios, trayendo á mi memoria las olvidadas ple
garias del bogar paterno; que á veces murmuras á mi oído los nombres amados, y reflejando
una tras otra, e9- los cambiantes de tus volubles
ondas las constelaciones del espléndido firmamento: parece que arrebatas de mi alma y hundes en tus pliegues de luz y abismo, una á una,
todas las ilusiones que forjé en lo pasado y todas las esperanzas que conservo pat·a lo futuro;
tú, lago querido mio, que hoy en vías á mi ardorosa frente el perfume de tus playas y el beso
fresco de tus auras: ¡cuántas veces en otros
tiempos tornaste en púrpura de sangre humana,
el &lt;rlauco transparente de tus aguas! Eres el testig'o secular é imperecedero de grandiosa e~opey a; y si en tu dulce murmullo cantas el epitafio
glorificador de tus héroes, el magníficat armonioso de la Paz, cuando desmoronas el acantilado y sumerges las naves con estruendo pavoroso, es que repites, inconsciente, el himno terrible
de la guerra, en remembranza de otras épocas,
como yo también, á tus orillas, he iecitado las
oraciones del niño.

..

.. *
Entre papeles viejos me encuentro una larga
carta referente al sitio de la i~la de Mexcala y á
un drama íntimo relacionado con ese brillante
episodio de nuestra _Historia Nacional. En seguida extracto ei,te 10teresaote documento:
&lt; .... La guerra de Independencia hállase en
su prólogo sangriento.
En meuio de este conflicto nacional, comenzó
á desanollat·se en mi alma otro conflicto, aunque no cruento, quizá más cruel. Mi vida modesta y mooó~ona. de labl'iego, apenas ya interrumpida por las frecuentes irrupcion\js de los
bandos beligerantes, á los cuales había llegado
á acostumbrarme, y rui espíritu, abstraído "º la
consideración de la guerra, viéronse turbados
por dulce y profunda. sensa_ción que, embelefi:ándome, alejó de mi cualesqutera otros pensamientos y anhelos.
Estaba yo enamorado, y el objeto de mi cariño era Inés, bija del propietario de la contigua
hacienda de Santa María, la &lt;altiva castellana,&gt;
según la llamábamos afectuosamente en el pueblo, por su adusto s~mblante y su_ gentil continente; mas, en realidad, era altiva: todos los

días cruzaba las calles, jinete en brioso alazán,
con su escopeta cruzada en la espalda y. el fuete
en la mano· seguíala únicamente esbelto galgo,
y sólo se c~oocía el timbre de su voz por haberla oído llamar al pert·o, pues nunca se dió el
caso de que nos dirigiera la palabra á alguno
de los vecinos- Esta sobflrbia le había concitado algunos malquerientes; sus ~r~suntas riquezas habían le creado muchos cod1c1osos; pero su
hermosura provocaba la admiración general.
El padre de Inés h~b_ía sido ~sesinado pocos
meses antes en un v1aie á Tepic: unos decían
que las tropas del gobierno lo sorprendieron.al
iotroducit- un fuerte contrabando, y que al resistir sucumbió; otros, que los insurrectos )o m~taroo porque, apresado por éstos, no qmso gritar «Viva Méxic0 independiente;&gt; y tres ó cuatro lenguas tildadas de venenosas, aseguraban
tener motivos para creer que el caballero había
sido asesinado en una emboscada que le puso
un jefe militar realista con cuya esposa tenía
r elaciones. Por ciertos hechos y detalles que yo
conocía, consideraba exacta la última versión;
pero la viuda y la hija del hacenda.do, aceptaron ó aparentaron aceptar la segunda de esas
explicaciones, única de la cual no tenían que
sonrojarse; y por consiguiente, se declararon
mortales enemigas de cuanto oliese á Independencia.

..**
Nunca exhaustos los graneros de la· hacienda para auxiliará los soldados del Virrey, cerrába.nse en cambio con estrépito las puertas de
la casa y erizábaose las azoteas de cañones
de armas de fuego en cuanto se· anunciaba la
aparición de alguna guerrilla insurgente.
A pesar de estas y otra multitud de manifestaciones hostiles á la causa nacional, nadie jamás
se hubiera atrevido á atacar la finca, á exigir ó
tomar una cabeza de ganado, ó á arrancar una
boja de las milpas, porque esas dos mujeres solas, casi tan hermosas la madre como la joven,
infundían respeto sin límites á cuantos las conocían, y verdadera veneración á quienes de ellas
recibían el sustento, solícitos, por tanto, para
cuidarlas; como que la primera acción de esas
damas al morir Don Alonso, el jefe de la familia, fué condonar las deudas de sus sirvientes y
medieros; la. segunda, reconstruir la capilla de
la hacienda, abandonada basta entonces por el
occiso;y por último, dar asilo al cura de una población vecina para protegerlo contra las tropas del gobierno, que lo detestaban por haber
siempre defendido á los indios y aun haberse
declarado partidario de su manumisión. Pero
lo que las salvaba era su caridad: si la niña no
hablaba con nadie, la bella matrona iba por todas partes prodigando consuelo y socorros; nadie que acudiet·a á ellas en demanda de algún
beneficio quedó desairado,y muchos perseguidos
por causas políticas, tuvieron ocasión de admirar la gran influencia de estas damas, á quienes
debieron la libertad ó la vida.
En tal esta.do las cosas, una noche de octubre
de 1812 escuché, primeramente con indiferencia,
tocar á rebato las campana,,y luego, consternado, el ruido atronador de tres ó cuatro descargas de armas de fuego. Me asomé, como tenía
por costumbre, á la ventana y, aterrorizado, vi
,u·der pavorosa.mente la hacienda de Santa María. No he logrado hasta ahora saber cómo llegué al lugar del iocendio,y sólo recuerdo confusamente que a.l detenerse con violencia y contra
todos mis esfuerzos el caballo en que poco antes
sentía.me arrebatado vertiginosamente, miré tendida en el suelo á Inés, entre un círculo formado por veinte ó treinti. indígenas.
-;.Qué ocurre'?
-Patrón, llévesela; usted que está montado,
prorrumpieron varios hombres á la vez. Ahí
vienen los ... _..... .
No escuché más; con la estupenda fuerza del
amor y del espanto, a.lcé entre mis brazos el
cuerpo inerte, y espoleando sin misericordia á

Domin~ 20 de Septiembre d:e 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

mi cabalgadura, desapare~ieron en breve de mi
vista la hacienda, convertida en colosal hoguera; los caseríos que la rodeaban, llanuras, zarzales, cerros y montañas.
Detuvo por fin, esta desenfrenada carrera el
grito este'ntóreo de ¡Quien vive! Paré el caballo
y cayó muerto.
Apoderóse de mí hondo so_bresalto cuando
pude distinguir los seres y ob¡etos que me rodeaban. A mis pies, límpida y caudalosa corriente, y casi t9ca':1do la~ aguas con su ropaje
negro, á una mu¡er mmóv1l; ante mí, á un hombre vestido como los rancheros acomodados del
rumbo con un fusil en la mano derecha, y en
actitud de agresión; detrás de él, á 200 ó 300 indígenas aglotUerados en cu_clillas al derredor de
varias hogueras,y otros ba¡o los árboles, agazapados ó dormid~s, y cubi~r~os con su característico sarape ro Jo ó su or1g10al y acostumbrada
capa china de hojas de palmera. Alto, moreno,
de recia musculatura, fisonomía franca y ooble,el
individuo que tenía yo enfrente, d!lscansó su !I-rroa en tierra y se quedó contemplándome, quizá
más asombrado que yo.
-¡Usted, Don Pedro, por aquí! ........ exclamó.
.
? U
-¿Y Usted, Encarnación _Rosas .. ....._. . . na
penosa idea que asaltó á m1 mente, me 1tnp1di6
terminar. Este humilde hijo de un pescador que
con tanto denuedo como habilidad había contri·
buído en gran parte á la derrota del realista
Recacho y tenia desde entonces en jaque á las·
fuerzas del Gobierno; este antiguo y honrado
vecino de mi aldea, labrador infatigable á quien
solamente pudo lanzar al combate un amor
acendrado, más singular y concreto que el de la
patria, el del terruño, hacia el cual ~ué _tan gran•
de su cariño, que nunca de él con~1gmeron ale·
jarlo ni las encarniza.das persecuciones de que
era ob¡eto ni el deseo, tan común en los hombres de gu~rra, de ensanchar su victorios~ esfera
de acción· este noble soldado de la h bertad,
¿habría sido acaso el jefe de los asaltantes é incendiarios de Santa María'?
Impaciente le pregunté desde luego; pero al
mirarlo sorprendido, alejé del alma toa a sospecha y referí los sucesos. Indignado, Encarna·
ción, inmediatamente y con voz ronca y son~ra,
dió á sus hombres la orden de ponerse en pie Y
alistarse para caminar. ¡Espectáculo subl~e!:
ni uno de esos pobres soldados que, des~rov1stos
de armas, de uniformes y con frecuencia hasta
de alimentos, se habían laoza,do á una guerra
desventajosa y sin cuartel, ni uno de ellos pro·
testó contra el mandato inhumano de abando•
nar el reposo ganado á costa de ruda jornada,
y cinco minutos después, todos se hallaban formarlos en fila y apercibidos, no solamente para
la marcha, sino aun para. la lucha.
Nos dedicamos Encarnación y yo á procurar
que Inés volviera en sí, lo cual obtuvimos en
breve. Abrió la joven los ojos y nuevamente los
cerró, maravillada, sin duda, de la escena.. q_ue
probablemente imaginósele pesadilla ó dellr10.
Hubo necesidad de apremiarla para que ~e levantase y volviera á la realidad, lo cual hizo.al
fin con muestras de intensa pesadumbre. En vis·
ta de sus lastimeros sollozos y del terror conque
nos examinaba, tratamos de consolarla Y cal·
mar su inquietud, haciéndole presente que éramos
sus amigos y deseábamos partil' cuanto antes
para salvar á su madre. Meneó tristemente la
cabeza y prorrumpió entre amargo llanto: cMi
madre ya no existe; iremos á rescatar su cadá·
ver. Al padre se lo llevaron&gt;.
Dispuso Rosas que cuatro . de sus hom~res
transportaran á la dama en una camilla for¡ada
á toda prisa con ramas y yerbas. Al amanecer
nos encontramos ante lo que fué l a. hacienda. de
Santa.Maria: montón de escombros humeantes, Y
al frente de ellos, sobre alto lecho de musgo cu·
bierto con paños negros, como tétrica protesta
al cielo contra las iniquidades huma.nas, el cuerpo de la infortunada viuda, con el cráneo hecho
pedazos. Inés se arrojó sobre él, besó la~ ma~os
yertas, y con una de ellas entre la suya 1zquier-

da, extendió-imponente y majestuosa-la diestra.:
-¡Por las cenizas de mi padre y las tuyas, juro vengarte, madre mía! En ese momento un indio que llegó aceleradamente, le entregó un pliego. Era del pobre cura que las acompañaba,
y lo había éste escrito minutos antes de ser fusilado á algunas leguas del lugar en que nos encontrábamos.
No tardó Inés en adquirir trágica serenidad y
luego comenzó á disponer lo necesario para el entierro, que se efectuó ese mismo día en la tarde.
La pobre niña carecía de un asilo. Trémulo de
emoción le ofrecí mi casa, y quizá hasta. ese instante se fijó ella en mí.
-¿.Fué usted quien me salvó anoche; es cierto?
-Sí, señorita.
- Deberé á usted mi obra de justicia. Sé quién
es usted; lo be visto muchas veces observarme
furtivamente tras las cortinas de su casa. He llegado á imaginarme que estaba usted 6 está enamorado de mí. Pero no importa. Yo no le ofrezco amor, porque hasta hoy no he querido sino á
mis padres y desde hoy no quiero más que castigar á sus asesinos. Si usted me ayuda, seré yo
su premio, antes del premio mio, que será la
muerte.
Incliné la cabeza; tomé á Inés una mano y la
llevé á mi albergue- Mandóme llamar a.l día siguiente, y al verla, dí un paso atrás. Hallábase
vestida de ranchero, con una carabina tercia.da
en la espalda y una espada al cinto.
Poco después llegaron Eocarna&lt;lión Rosas y
sus bombr9s. Junto al jefe, uno de sus ayudantes tenía del cabestro con dificultad a.l magnífico
alazán de Inés, quien lo montó con tanta rapidez como gallardía.
&lt;•••••••••••• • •••••• C • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • o oooooo•••• • •••••

Desde entonces fué nuestra vida serie inenarrable de luchas contra los realistas, y nunca vi
más tremenda saña y más intrépido valor que el
de nuestro compañero Juanito, nombre bajo el
cual se dió á conocer 1 nés, Infundía.me asombro
su fortaleza; pero admiraba., sobre todo, su sangre fría. Unicamente la mi.ré presa de furor desatentado cuando nos retirábamos del pueblo de
San Pedro Ixican, al que las tropas virreinales
prendieron fuego; pero .... ¡con qué alegr~a feroz revolvió al combate cuando se nos reumeron
las fuerzas de José Santa Anna! Eran mortales,
sin remisión, los golpes que ella asestaba. Eran
sus frases rudas latigazos que nos enardecían
el alma, alaridos de clarín que nos agrupaban
para la defensa ó el impetuoso ataque, y gritos
de rabia y desesperación que nos enrojedan y
empujaban á la matanza. Unicamente nuestro
caudillo, con su mira?-ª de águila real-que desde las altu1·as en que vive, todo lo ve_ peque!l.o-y
con su voz imperiosa, que nos domml!-ba, po~ía
contener á ese inquieto recluta, de q,men h?b1eran reído atónitos sus camaradas si lo hubiesen
observado llorar amargamente, sobre mi hombro, minutos después.
Porque no sé á impulso de qué reacci~n tan
irresistible como angustiosa, aquella muJer, de
ánimo tao varonil en.la pelea, caía siempre agobiada de remordimientos y pesadumbre, después
de una batalla, de una simple escaramuza. Cuántas veces vi desprenderse de su rostro requema·

do lágrimas color de rosa: teñidolas babia la
sangre de los heridos por la propia mano de
ella.
Era Juanito el mejor tirador de la. guerrilla y
el maestro de los abnegados indios que formaban ésta y sólo conocían el manejo del machete,
el palo ó la honda. ¡Con este armamento primitivo, cuántas victorias, sin embargo, alcanzamos!. ...
La derrota del Capitán José M. Iñiguez á la
orilla del lago de Cha.pala; la del Comandante
de la Barca, José Antonio Serrato, er. San Pedro Ixican y la del mismo jefe y el Comandante
de Poncitlán, Rafael Hernández, nos proporcionaron cantidad suficiente de armas de fuego y municiones para hostilizar en el mismo Poncitlán al
curaAlvarez, hasta que obligado á efectuar una
salida, hicimos pedazos á sus tropas, y dejando
en nuestro poder á muchos prisioneros, cien fusiles y dos cañones, herido gravemente en el
cuello, tuvo que emprender la fuga.
Una bala hizo caer también á Inés en esta acción, y para indecible tormento mio, hube de ser
yo quien tuviera que aplicarle los vendajes en
pleno pecho. Al desabrochar, trémulo é inquieto,
su corpiño, habría.se dicho que ella era el hombre fuerte y yo la débil mujer, agonizante: así la
imaginé en los primeros momentos, y al abrir la
ancha herida para reconocerla, dilaté la mía incurable del alma. La joven, con amarga sonrisa, me estrechó la mano, murmurando &lt;no es
nada,&gt; y y o me sentía morir de pena y de deseo á
la vez, al ver y tocar su blanco y turgente seno-¿Temes que no llegue á realizar mi promesa'?
-me dijo con voz apagada y triste.-Seré tuya
en este momento.
Rechacé avergonzado la oferta, y si basta entonces había procurado huir de cualquiera manifestación de amor, desde aquel punto me esforcé en tratar á mi compañera aparentando la
mayor indiferencia, ó por lo menos un cariño simplemente fraternal.
Pocos días después nos reunimos con nuestra
guerrilla, cuyos j1:fes ornaban ya su frente con
laureles de nuevo triunfo logrado sobre las tropas del Teniente Coronel Angel de Linares, á
quien habían mandado de Guadalajara para
combatirnos.
Con secreta_ complacencia advertí que Inés había cobrado mayor gracia y belleza; la blanca y
pálida tez de su rostro habíase tornado en morena y sonrosada, y desapareció la altanería de
su mira.da, que únicamente relampagueaba en los
supremos instantes de la lucha ó cuando alguien
relataba ante ella el incendio de algún caserío ó
una hacienda-costumbre creada en aquellos
rumbos por el cura Alvarez, quien solía asimismo quemar á sus prisioneros, por lo cual se le
titulaba «El Cbicharronero&gt;, y la cual bárbara
costumbre imitaron desgraciadamente otros jefes
realistas.-Las formas de mi amada ofrecían
también contornos más vigorosos, y su armoniosa voz, sólo ronca en la batalla, había adquirido cierta dulcísima limpidez sonora y grave; voz
desbordante· de dolor, pero llena de entereza.
Mi adoración crecía.
JULIO POULAT.

{Concluirá.)

EN EL BAÑO.
Un horno hirviente en el extenso llano;
un ascua gigantesca en el camino;
y parece vivir el campesino
junto á la roja fragua de Vulcano.
Hierve el agua en el férvido oceano;
hierve el polvo que huella el beduíno;
la esbelta palma y el agresto pino
buscan los besos de la brisa, en vano.
Debajo de los árboles, la siesta
duerme el ganado, cuya piel trasuda;
el sol canicular abrasa y tuesta;
la virgen en su alcoba se desnuda,
y recordando una figura apuesta,
se unde en el bafio, pensativa y muda.

B.

BYRNE.

EL RASERO
En el muro conventual
trazaron con un carb6n
el perfil de un coraz6n
de tamaño natural.

Y al transitar por allí,
la ensimismada Isabel
dijo, fijándose en él:
-¡No hay corazones asil
Supe aquello y me extrañ6,
porque estaba demostrado
que era mayor que el pintado
el que le ofrecía yo.
Mas, repasando en la mente
fechas, sucesos y nombres
del sinnúmero de hombres
que la amaron locamente,
vi que la pobre Isabel,
injusta cuando sufría,
los corazones medía
con un coraz6n infiel.
FRANCISCO DIAZ SILVEIRA.

1903.

*
Hay cosa-s que frecuentemente nos desagradan porque son excelentes: humillan dema&lt;.iado nuestra mediocridad.

�Domingo 20 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Estamos muy lejos ya de aquella época en la
que solamente se robaba á mano ar1;l)ada en
las e!trechas er.crucijadas de los ca.mi.nos.. La
luz eléctrica, la policía, los bancos, 1mpHlen
JI propósito dt los J;umbtrt. - Bribones
las brutales maniobras de los atracadores; pedt boy y dt antaño.
ro la misma organización financ)era del comercio moderno, permite, en cambio, los fraudes
de alta combinación, la estafa de vuelos
La causa de los Humbert ha termina~,º,
elevados las pláticas de herencias falsas. El
por hoy, cuando menos, de llam_ar 13: atenc1on
robo, en' sus múltiples formas, es un Proteo
pública, no solamente de Francia, s1~0 de !:&lt;&gt;·
diabólico, que encuentra en nue~tros dí_as anda Europa y de todo el mundo, podna decircho espacio en que ejercer sus mdustrias rese sin hipérbole. La «Gran Teresa_,» después
probadas.
.
de defenderse hábilmente en los &lt;CAs1sses," desEvidentemente que dondequiera que hapués de increpar duramente á sus acusad?r~s
yan existido ricos, á la vez que homb~es &lt;le
y de tratar de embrollar al juez que pres1d1a
escasa conciencia, puede haber florecido _la
1os debates ha sido llevada, enferma, quenegra planta del hurto. Apoderarse del~ aJe ·
brantada, ;encida, física y moralmente agono es lo primero que piensa
el homhre pobre, cuyos .
principios dA moralidad son
escasoa. Pero, entre los robos de antaño y los de ogaño media un abismo de ci,
'
·
vili:,:ación,
un enorme ~1)ISmo de progreso material y
moral.
Para convencerse &lt;le ello,
bastará pensar por un momento que en el año del Señor de 1740, aparecen los
Humbert en París mi¡,mo;
cuentan ~us estupendas historias de herencias misteriosas y de millonarios invisibles y omnipresentes. El
más rudo fiasco, el más sonoro fracaso hubiera sido el
pronto coronamiento &lt;le la
obra de paciente labor y de
maligna intelige~cia que
hoy ha hecho el renombre,
poco envidiabe, de la «Gran
Teresa,» y ha dado margen
á la curiosidad de todo el
orbe.
Si por el contrario, buscam¿s en los siglos anteriores algún delito de imp?rtahcia, dentro del ~enénco
grupo del robo; s1 pen~mos, por ejemplo, en la historia del fraude «del Collar
~*
de la Reina,» que un deli:· - ~ ~ :l~_ . - :
cioso novelista· incluyó en
sus obras, y si suponemos
Teresa Humbert despidtén.dose de su esposo, antes de ser conducida
que son sus autores nuesá. la prisión.
tros contemporáneos, fácilmente comprendnemos que en este siglo XX,
tada, á los establecimientos de corrección. pelos métodos que en el _si~lo XVI!If?~ron manitenciaria en los que tendrá que pasar cinco
ravillosos por sus preliminares, m~r1ga Y ~esaños, siempre que en !!egunda i,?stancia_no se
enlace serían absolutamente pueriles, necios,
modifique la pena que á_ella y as~ m~r~dotontos.'
el infeliz Federico, -les impuso la Justicia popular.
A la vez que en Francia termina de este modo la epopeya canal~esca de los H~mbert, y
se desvanece en el viento el fantástico Castillo de Marcotte, y los millones de los qráwdford pasan á la historia de las conseJas, en
Inglaterra-en 1:,&lt;&gt;ndres-comparece por vez
primera ante su Juez un ho~bre que! por espacio de algunos afios, ha s1~0 considerad~,
no solamente como un financiero honrado, sino como un patriota hritá~ico, á curas recepciones se dignaba concurrir el Presidente del
Consejo.
.
Whitacxer Wright, que así se llama el brillante estafador británico ha despilfarrado
cerca de 25.000,000 de pesos que juntó por
medio de una sociedad anónima que habría
de explotar grandes min_as d~ diamantes y d_e
oro en las nuevas colomas mglesas del Afnca Austral. Financiero notable y de alto~ vuelof', quiso hacer con el din~r? d_e la s_o?1~da?
an6nima que fundara, eqmhbnos d1hc1Hs1mos para salvar su créd_ito hondamei:ite comprometido en especulaciones desgracrndas, Y
cayó al fraude vulgar; después de haber conservado su renombre y su fama años enteros.

LAS GRANDES ESTAFAS

-

.,.

Domingo 20 de Septlambre de 1903.

***

El mundo marcha y los ladrones creen debido marchar al unísono de los hombres honrados. Si el telégrafo, por ejemplo también,
facilita los cambios comerciales, es un elemento aprovechable para el ladrón, y es uno
de los medios que vemos empleados por nuestros más egregios aficion_ados á lo ajt:no. Edi•
son inventa la luz eléctrica, y los ladrones parisienses (según últimamente conta~on loa
diarios metropolitanos) son rnrpr~1'.u1dos en
el interior de u_n bf.nco, c_uando u_t}hzapan la
corriente eléctrica en la útil operac1on de forzar
la caja fuerte.
Hemos olvidado ya, y lo han olvidado
nuestros padres, que «Río Frío» es un sitio
peligroso. Los_ últimos asalta~tes han pagado
con su sangre impura sus acc10nes; pero surge ya una nueva generación de bombr~s adaptados moralmente al molde que se exige para
un ladrón 1 que como fruto legítimo de nuestro adelan tado 'siglo, son hábiles en su reprobado oficio inteligentes en sus descaradas
maniobras 'audaces, ((progresistas.»
Debemo~ estar agrad~cidos á la natural
idiosincracia de nuestra raza; pues, de no ser
por esto que es seguramente un favorable
factor y~ hubiera ech3.do hondas raíces entre
nosot;os la generación satánica de los Hum•
bert y demás «Príncipes del Hurto.»
NEMO.

ta rtvoludón tn mactdonia
Explicamos en nuestro número anterior
cuáles son las causas á que obedece la rebeli6n
de Macedonia y el sistema ~d~ptado por ~l
Sultán de Turquía para reprimir ~n movimiento que puede acarrear á la Subhme Puerta muchos y grandes trastornos.
En estas páginas damoe á conocer á los lectores de EL MUNDO ILUSTRADO un grabado en
que aparecen los insurrectos fabricando bombas de dinamita y otro que representa un
campamento reb~lde en el instante en que
l,&gt;s jefes arengan á sus tropas.
Cuando los boro bres hacen el bien por ostentación pierden el mérito; la sociedad de
todos modos siempre tiene el provecho.

*

El tiempo es dinero ~ara el homb~e_de negocios, pero para la muJer es ~ún mas. es la
paz, el bienestar y la prospendad del hogar.

*

Los críticos juzgan el presente, pero el porvenir juzga á los críticos.

***

Los Humbert, por una parte, y Wright, por
otra son los dos tipos de lo que en nuestros
días' puede hacer el ladrón de altos vuelos.

EL MUNDO ILUSTRADO

La revolución en Maoodonia.-Los Jefes iinsurrrectos arenga.ndo á. sus tropas.

La revolución en Maoodonia.-Un grupo de rebeldes fabricando boror').S de dinamita.

MÚSICAS
Mejor que por la. palabra, es
por el canto que el alma humana se manifiesta. No hay tribu,
por salvaje quesea, quenotenga siquiera. algunas notas con
las cuales expresar su alegría
ó su tristeza. ....
MÚSICA HÚNGARA

¡Oh esta música húngara! Esta música formada de largas, profundas ondas musicales,
verdaderas olas que se elevan, se empujan, se
rompen. Al principio, dulces, lánguidas y lentas como las olas de un gran océano, aumentan en seguida, entrecortadas por pequeños
saltos bruscos, como el ovejeo espumoso de la
mar, y luego, siempre más fuertes, crescendo,
más fuertes, más rápidas, empujándose, apresurándose, aumentando en vigor y amplitud
hasta el máximum, hasta el furor, hasta el
paroxismo, sin tregua ...... sin reposo. Y siempre, desde el comienzo hasta el fin, dominadas por una nota dolorosa como un grito de
desesperación, como el rugido lúgubre del
viento sobre la inmensidad de los mares y de
los océanos, ese grito siempre el mismo, siempre igual, que se oye siempre, y que siempre
os parece nuevo, portador de nuevos dolores,
de nuevas agonías, de nuevos terrores, de emociones nuevas. Y esta música que, al principio, os mece con ensueños de deliciosas voluptuosidades vagas, muy vagas, poco á poco os
excita los nervios, hace vibrar cada fibra de
nuestro cuerpo y de nuestra alma, hasta la
exasperación, ha~ta el dolor, la tortura terrible del deseo insatisfecho. Pues en esos sueños voluptuosos, jamás podréis fijar vuestra
imaginación, vuestro deseo, en un ser ó en
una ficción. Como las ondas de la música, todo es vago. Las imágenes pasan ante vos, lentas y dulces, para sucederse en seguida violentas, lascivas, excitantes, exasperantes, fugaces,
confundiéndose sin jamás dejarse aprisionar,
deteniéndose un instante como fatigadas, y
luego fugaces, fugaces, huyendo de nuevo para ceder lugar á otras que llegan, se detienen,

vacilan, parecen entregarse á vos y luego huyen, huyen ellas también; ¡cuerpos de mujeres flexibles y ,lulces! ¡Cuerpos voluptuosos,
escenas de amor y de locura! Todo está allí,
todo os pertenece!. ..... Ya no hay nada......
todo ha huído. Nada os pertenece.
Los arcos se han callado, y los ojos entreabiertos, respiráis fatigosamente, extenuado,
concluido, agotado.
¡Oh música que hieres, música erótica que
das al hombre las mismas sensaciones, los mismos espasmos que las más perseguidas caricias de mujeres amadas, los labios contra los
labios...... Estertor amoroso, gritos de dolor
voluptuosos! Música qu,;i quiebra la espina
dorsal y agota el cerebro como la más perfecta
de las cortesanas; pero que, de pronto, os deja sin otra satisfacción que el deseo de escucharla sin cesar recomenzada; esta música que
os agota siempre más y más, sin satisfacer
nunca el más pt:queño de vuestros deseos, que
se exasperan cada vez más atrozmente, más
dolorosamente.
En Budapest, 1899.
MÚSICA ITALIANA

Así debió ser que en el país de la luz, del
cielo azul, de las flores de naranjo, naciera y
prosperara la música del amor y de la vida.
Y esta música de hecho fué la compafiera fiel
y la amada de los hombres, la proclamatriz de
la libertad y de la victoria, la consolatriz rle
las desgracias y de las derrotas, la expresión
de la existencia de una nación, la vibración de
todos los sentimientos y de todas las pasiones
de un pueblo. Es, sobre todo en Italia, donde
nacieron esos cantos ya dulces y lánguidos, ya
alegres y chispeantes, ya fogosos y belicosos
que trazan y marcan, ora la vida privada de los
hombres, ora los acontecimientos públicos del
país.
En Italia todo nace, todo muere con cantos.
Alegrías, tristezas, glorias, dichas. reveses
Italia canta todo y siempre. El &lt;Clazzarone:,
canta extendido sobre la arena á los rayos de
la luna blanca; sobre las ondas tempestuosas
de los mares lejanos, el marino canta su canción nativa; el obrero tararea trabajando y pe-

nando, y es en medio de cantos que se realizaron los principales acontecimientos nacionales
de la .hnínsula.
Los grandes compositores italianos no son
sino el perfeccionamiento, el refinamiento, la
quinta esencia del alma musical y de las sensaciones del pueblo con los cuales están en
continua comunión y en perfecto acuerdo.
Pues el alma italiana ruP.ga con Mercadante y
Palestrina, llora con Bellini y Petrella, ríe
con Cima.rosa, Donnizzeti y Rossini, lucha y
combate con Verdi, medita con Cherubini y
Perosi. Ma.Q, para el amor, no tiene necesidad
de maestros, ella canta con todas las «canzone»
que hace florecer en los labios de los simples
pescadores, de los gondoleros ó del ccpopolino».
Y los nuevos, los jóvenes, los brillantes, tales
como Boito, Mascagni, Leoncavallo, Puccini
y otros, no hacen sino expresar en rns composiciones el estado de alma incierto, tímido,
pero lleno de vuelo y de esperanza, de una nación que renace, que ha sido engañada, maltratada, explotada, pero que con altivez, levanta
la cabeza, sonriendo á nn porvenir de felicidad que ansía, que espera y que vendrá. ¿La
Stella de Italia no brilla siempre, aun en los
más terribles, más sombríos momentos?
Y el pueblo canta, canta y olvida, olvida
las tristezas, las miserias, las decepciones no
viendo sino lo bello, el cielo azul, la mar a~ur,
las flores, el amor, las ilusiones. Canta pobre
pueblo, canta, ama y sueña ...... y déjate engañar.
A bordo del &lt;Cóndor&gt;, estrecho de Messina, 1898.

Gruuo D' AsPRE~IONT.

Cada cual se imagina voluntariamente que
la regla está hecha para todo el mundo y la
excepción para sí.
'1'

La experiencia es la sabiduría práctica y
emanada de un juicio claro.

*
El sacrificio es una conclici6n esencial del
bienestar y de la felicidad.

�t

'

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 2, No 12, Septiembre 20</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 13 de Septiembre -de 1903.
rOiales tan numerosos, no lo niego; pero, seguramente, no hay otra
en que el culto á nuestra leyenda
baya da.do tan buenos resultados.
-¿.Qué resultados?
El rector se inclinó hacia nosotros, y como aún quedaba sidra
0;ora.da en el fondo del jarro, la ver·
tió_ en los vasos y continuó en voz
baJa.:
-Lo bonito de las leyendas es
que se prestan á toda clase de interpretaciones ... para los que creen
en ellas. Mis feligreses la han tomado al revés.-¿Al revés?-preguntamos.-Sí; aparentan creer que
el mal muchacho no murió por la
mue:te del rosal, sino que el rosal
~ur1ó por su mu~rte sin descendencia., solo y arrumado-menos que
na.da, como dijo su padre. Y para
que los rosa.les vivan á toda. costa
no ha.y, buenos seffores, escuche¿
esta. maravilla, ¡pues en esto sola.mente ha.y maravilla!. . .. y es que
desde hace diez áí'los, que yo sepa
. . . . no ha.y aquí ni una. solterona.
que ha.ya quedado para vestirimágenes, como decimos nosotros, ni
un solterón . . . . ¿comprenden ustedes? en la aldea de las rosas aldea
única., convengan en ello a.b~ra que
comprenden la sonrisa. del cochero
que les ha traído y de Francisca. su
prometida. .. ..
-¡Eh!-dijo uno de nosotros e~ preciso enviar la receta. á M.
P10t.
Pero sea que el buen rector ignorase lo que la. imaginación del ilustre senador tiene de pueril y a.gra.d a.ble á !a. vez, sea que creyera. ha.her explica.do clara.mente la origi·
na.lida.d de su aldea, semejante, sin
embargo, á todas las aldeas del territorio normando, se levantó y se
despidió de nosotros con a.grada.ble afabilidad.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 13 de Septiembre de 1903.

TÚ Y Y O.

1:º

vivo entre sombras
y tu entre esplendores· '
yo tengo dolores
'
tú tienes placer. '
A ti te acarician
ensueí'los de gloria
á mí la memoria '
me ofusca el pesar.

,Y? vivo gimiendo,
tu vives contenta,
yo soy la tormenta.,
la calma eres tú.
Tú eres el ritmo
de vt&gt;rso armonioso;
yo soy el sollozo
de intenso dolor.
fume; los egipcios eran extra.ordinariamente aficiona.dos á toda
suerte de prepara.dos olorosos y contaban entre sus sacerdotes
con hábiles confeccionadores de tales compuestos; los hebreos
cultiva.ron á su vez esta industria., que importa.ron de Egipto; de
los cartagineses y fenicios sabemos que traficaban también en
perfumería; y, por fin, entre los griegos y los romanos llegó á
ser cosa corriente el empleo de grasas y aceites aromáticos para
ungirse el cuerpo, y el uso de toda clase de menjurges olorosos.
En cambio, en la Europa de la Edad Media fué, en general,
escaso el uso de perfumes; pero éste fué creciendo luego paulatinamente, basta alcanzar gran boga en el siglo XVIII, especialmente en Francia, donde goza.ron de grande estima las pieles de
España para la fabricación de guantes, bolsas y otros
objetos, y donde se dictaron numerosas ordenanzas relacionadas con la industl'ia. de cueros perfumados. Desde entonces ha habido en esto, como en todo, sus corresponJientes modas, no sólo en la elección de los perfumes, sino en su mayor ó menor consumo: pero, en conjunto, éste se ha ido generalizando de día en ~ía Y
mantiene una importantísima industria en Francia., en
Inglaterra., que se distingue por la finura de sus productos, en Alemania, en Rusia, y basta en España, donde
la producción, en estos últimos años, ha aumentado
considerablemente.
Las substancias aromáticas propia.mente dichas proceden, en su mayor parte, del reino vegetal, por más que
algunas, como el almizcle, se deriven de la secreción de
un animal, y por más que en la industria. de la perfumería se utilicen á veces substancias, por cierto nada limpias, de ratones ú otros animales, para obtener determi-

Yo soy hoja seca,
tú lirio entreabierto
yo soy el desierto, '
el o a.si eres tú.

A mí ya me cansa,
me pesa la vida,
y á ti te convida
la tuya á gozar.

Olt11ar10 u. Jladradt.

Detrás de las cortinillas de in·
rlia.na. se dibujó su silueta. sobre el
fondo de la ba.18a comunal. Y en
la sala gi::a.nde, fresca y si!fmciosa,
permanecimos nosotros, calla.dos
como baffados en una atmósfer~
de paz y de quietud.
Nos faltaban recorrer tres kilómetros á ~ie para llegar á la ciu•
dad. Partimos, pero partimos con
pesar de abandonar una aldea tan

bonita, a.Idea apega.da. á la conservación dl:l una raza por una insignificante historia., á la cual los
campesinos aparentaban dar crédito sin creer en ella: la aldea en
que las leyendas florecen naturalmente, aun en el dintel de las viejas
casas de madera, como las rosas.
ALBERTO DorssrÉRE.

Tienen las mujeres
En todos los casos,
valor y denuedo;·
y nos vuelven locos
y hacen del más listo
juguete ligero.
Rompen corazones,
maltratan y hieren
sin pizca de miedo;
y al mirar las lágrimas
de los tristes ojos,
nunca sienten duelo.

-.. -! ..

LOS PERFUMES
SU EMPLEO EN LOS PUEBLOS ANTIGUOS.-AROMAS NATURALES.-LA MÚSICA DELOS PERFUMES,

.\

Ignoro, amigo lector, si eres ó no aficiona.do á los perfumes; pero de mí sé decirte que la costumbre de usar d~
ellos dentro de los debidos límites, no me parece _defecto ~i •¡.
contrariedad en la vida, y antes la reputo de cualidad envidiable y positivo beneficio.
. .
Declaro, pues, sin ambages, qi;e gusto de recrear mi_s o¡os L.:======~'I
con las bellezas del color y la línea; que ena.mor_an mi oído
las creaciones de la música y los vagos murmurios del mar
.
Y, de la selva.; que pala.deo con delicia manj_ares delica.d_os Y exquisitos vinos; que me apetece el tl\cto suavísimo del _terc1opel_o Y la
seda, y que me hechiza de igual modo un perfum':ldiscreto, piadoso
a.migo y generoso ha.lago de mi olfato.
•
.
El uso ordinario de substac.cias aromáticas resulta ser ca.si tan
antiguo como el hombre. En los pueblos primitivos las vemos empleadas en las ceremonias del culto, especialmente quemándolas
ante los altares, de donde deriva sin duda alguna la palabra. per·

na.dos matices olorosos. La química, por su parte, y
hasta a.hora con v11,riada fortuna., ha trata.do de producir perfumes, sintéticos reconstituyendo científicamente
los de tales ó cuales flores; mas de otro lado ha conseguido la. obtención de esencias artificiales que imitan las
de la grosella, el limón, la piffa y otras frutas, y que se
emplean frecuentemente en toda suerte de trabajos de
repostería, y otras muchas, como la nerolina, el terpino] ó la del salicilato de metilo ( ácido salicílico tratado por el sulfúrico en presencia de alcohol metílico],
que ha logrado ponerse en moda entre los yanquis; mas
na.da, hasta hoy día, ha conseguido igualar siquiera. la
suavidad y frescura. de los aromas na.tura.les.

***

-··-·

. --·-· -··-

... ·;~Mod11lo1 de bordados y pinturas.

6.-Bordado de punto y colecc16n de trajee para nli'loa.

Estos han sido objeto de distintas clasificaciones,
agrupándolos en diez y_ocho clases_, denominad!Ls, respectivamente, rosada, Jazmínea, violácea., almizclada.,
balsámica, ambarada., herbácea, etc., según el prototipo
de ca.da una, al que se han referido los demás tipos secundarios; pero la clasificación más nota.ble en la materia. es la que hizo Delpino en 1873.

�Domingo 13 de Septiembre de 1903.
Del pino, .fijándose en la atracción
ó en la repulsión que el olor de las
diversas flores inspira al hombreó
á la mayoría de los insectos, dividió aquellos olores en dos grandes
tipos: &lt;simpáticos,&gt; y los cidiopáticos&gt;, ó «antipáticos;&gt; subdividió
los primeros en 17 clases de perfumes, llamadas &lt;suaves,&gt; como la
vainilla, y en cuatro clases denominadas &lt;frutales,&gt; como la magnolia, y subdividió luego los olores idiopáticos en &lt;fétidos,&gt; como
el del ajo, y «nauseabundos,&gt; como
el de ciertas flores que despiden olor
mefítico.
No ha faltado tampoco quien en
terreno parecido haya llegado á
idear una &lt;música de los perfumes&gt;
con su correspondiente ella.ve de
sol&gt;-que empieza por &lt;fa&gt; [hortensia] y sigue &lt;mi&gt; (verbena), ere&gt;
(limón), cdo&gt; (piña], etc. ;-y su
&lt;llave de fa,&gt; uonde el &lt;re&gt; es la
vara de José, el &lt;do&gt; la rosa, el&lt;si&gt;
la canela, el da&gt; el tolú, y así sucesivamente. Supone el autor que,
con sujeción á sus &lt;solfas,&gt; pueden
obtenerse verdaderos &lt;acordes olorosos,&gt; que lo mismo suenen bien
en el tímpano, arreglados al piano,
que «den&gt; agradablemente en la pituitaria traducidos al arte de la
perfumería; y, si la cosa cuaja y e l
género prog1·esa, será de olor el día
que se nos regale con una tt'á.nscripción aromática del «Septimiuo&gt;
de Beethoven ó el «Parsifal&gt; de
Wágner.
En esfe1·a acaso más modesta,
pero desde luego más positiva, se
ha observado que, á la manera como muchas fio1·es abren más 6 menos sus cálices según la ho1·a del
día, el aroma que exhalan se hace
también más ó menus peuett-ante,
según la posición del sol; y la influencia del color de la luz es, además, en este punto tan marcada, que
ciertas flores, colocadas bajo campanas de vidrios decolo1·es, aumentan ó disminuyen en gran modo su
potencia odorí.fica. En términos generales, según los experimentos de
l!'lammarión, parece que la luz roja
es la que en mayor grado la acrecienta.
Aunque la naturaleza química del
principio aromático de las distintas flores es muy diversa en11re sí,
la naturaleza física de sus esencias
respectivas se parece bastante. En
general, éstas son siempre solubles
en alcohol y se obt,ienen, ó exprimiendo las flores por medio de una
prensa, ó por «destilación,&gt; ó por
«maceración 6 por «absorción.&gt;
Empleando el primer procedimiento el líquido obtenido contiene una
p~rte de agua y re~iduos que es
preciso depurar, valiéndose de un
filtro y dejando luego en t•eposo la
mezcla, á fin de que el aceite esencial, según sea más ó menos denso
que el agua, se deposite ene! fondo
del recipiente ó quede en la superficie con lo cual se facilita el separa~lo puro, bien por decantación,
bien por medio de apa1·atos apropiados al caso. La destilación consiste en calentar con agua dentro de
un alambique las substancias aromáticas cuya esencia se quiere recoger y se recoge, en efecto, con el
vapor del agua, que luego se liquida.
Cuando se trata de esencias que
no resisten altas temperaturas, debe recurrirse á la «maceración,&gt;
valiéndose de grasa de riñones de
buey con grasa de cerdo clarificadl\,S, ó bien de aceite de olivas, lo
cual se pone al bañomaría, en el
que se van echando las flores cuya
esencia se busca, hasta obtener la
saturación del líquido; y, esto conseguido, por medio de ciertos aparatos se separa la esencia. de la
grasa.. Por último, cuando es preciso operar en frío, se sigue un procedimiento análogo valiéndose de
aceite, parafina ó vaselina; y tratando la grasa. así perfumada. por
el alcohol, se obtienen luego espíritus aromáticos muy concentrados.
De todas sueL"tes, el agua y los demás residuos que resultan empleando estos distintos sistemas, tienen
también generalmente un valor en
el comercio, y a que conservan siempre un aroma mayor ó menor.
El rendimiento de esencia pura de
las plantas olorosas es en extremo
escaso: un kilogramo de hojas d3

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Historia que parece novela
I
Cuarenta años ha era Rosa Al varez la muchacha más linda y más
honrada del barrio de Maravillas.
Había quedado huérfana de padre y madreen temprana edad, dándole excelente educación moral y
cristiana una tía suya., que acababa de bajar también al sepulcro
cuando comienza esta narración.
Estaba, pues, sola en el mundo
la pobre doncella., sin más recursos
que su trabajo, sin másdefensaque
su propia virtud.
Esta era, empero, suficiente para
tener á raya á los ociosos y á los
libertinos, que no tardaron en per·
seguirla, viéndola. de todo punto
desampara.da.
Rosa. habitaba 11na gua.1·dil la en
un gran edificio de la calle de Fuen·
carral, cuyo primer piso servía. de
vivienda á un personaje político
importante,siendo ayuda de cámara
suyo un mucha.cho de cortos año$,
pero de arrogante figura, llamado
Leonardo Sánchez.
Los dos vecinos se encontraban
frecuentemente en el portal y en la
escalera, cambiando pdmero un sa.ludo, después algunas pal abra,;
más tarde conversación detenida,
en la que el mancebo acabó por declararle sus sentimientos, no mal
acogidos por la humilde planch11.dora-porque éste era el oficio de
la huédana, aprendido de su tía,
qPe debía á él sus únicos medios de
subsistencia, y lo enseñó cuidadosamente á la. querida sobrina.
Conse.rvó, pues, Rosa la par1·0quia de la difunta, y la aumentó
algo, merced á la perfección con
que desempeñaba el trabajo, siendo igualmente hábil para las ca.mi·
sas masculinas que para los cuellos, mangas y demás adornos femeninos.
Un día con otro ganaba Rosa
hasta dos pesetas, siendo lo suficieute para todas sus necesidades,
y hasta para a.horrar un par de duros al mes.
Leonardo era también listo y formal, habiendo conseguido el afecto
de su amo, exministro de Fomento, y aspiranoo á un gran destiuo
en la Isla de Cuba, donde se prowet(a hacer un buen capital en poco tiempo.
No tardó en ver re&gt;1.lizados sus
deseos, y entonces exigió desu ayu-

da de cámara que le acompañase á
la H;a_bana, puesto que carecía de
fa.milla y estaba. satisfecho de la
actividad y diligencia del sirviente.
-Al]( te proporci0naré un destinillo; tú eres trabajador y juicio.so,
y en pocos años, en pocos meses,
habrás hecho algunos ahorros que
te permitirán, al regresar á España, hacer una vida cómoda é independiente.
Leonardo participó á Rosa las
proposiciones de su amo, manifestándose dispuesto á aceptarlas.
Rosa lloró mucho; pero su entendimiento y su conciencia la inducían á no oponerse á los planes del
que le había jura.do amor eterno.
-Un par de años se pasan pronto -decía aquél por:,. consolarla:estoy tan seguro de tu constancia,
de tu fidelidad, como tú puedes estarlo de las mías.
El señor me aprPcia mucho y
cumplit-á cuanto me ha prometido;
y al cabo de ese tiempo vol veré de
Amédca. con un capitalito que nos
permitirá establecer un comercio
cualquiera y vivir con cierto des·
ahogo.

Domingo 13 de Septiembre de 1903.

mil reales-decía,-regresaré á Es·
paña y nos casaremos.&gt;
Pero ¡a.y! tantas y tan risueñas
esperanzas se desvanecieron trágicamente: la horrible fiebre amarilla, que tantas víctimas hace eü
aquellas regiones, dejó sin vida en
breve plazo á D. Luis de :Mendoza;
y faltándole su protección, no tardó en ser despojado de su modesto
empleo el iü.feliz Leonardo.
Encontróse éste en un país extra·
ño, sin relaciones, sin más recursos
que sus quinientas pesetas, cuya
mayor parte emplearía en los gastos del regreso á Madrid.
La situación sería entonces la
misma de antes: tornaría á buscar
acomodo; á vivir con un salario
mezquino, que no le permitiría. lle·
var á cabo sus deseos.
Después dereflexiona.rmucho, tomó una resolución difinitiva: la de
permanecer algún tiempo en América; tratar de hacer fortuna, i.JI{
donde esto parece tan fácil.

II
Rosa no se atrevió á resistir á
los deseos, á la voluatad de su novio; viéndole ausentarse llena de
ama.1·gura. aunque con plena confianza en sus promesas y ju1·amentos.
Consolába.nla las epístolas de
Leonardo, quien desde el principio
la es(lribía todos los correos.
Pronto supo que D. Luis de Mendoza, el amo de aquél, había cumplido fielmente lo ofrecido: el ayuda de cámara., siu dejar de serlo,
desempeñaba las funciones de ordenanza en la oficina de su señor,
disfrutando un sueldo regular, cuya mayor parte depositaba en Ca·
Ja de Ahorros: al cabo de pocos
meses, éstos representa.bao Ia suma
de quinientas pesetas.
«En cuanto tenga. siquiera veinte

Sus tentativas fueron infructuosas: sin amigos, sin pro!Rctores, no
consiguió nada, gastando en pocos
meses sus misera.bles economías.
Vióse obligado á ponerse :í servir de nuevo, no renunciando por
eso á la esperanza de obtener ventajosa colocación eu alguna oficina
ó en un ingeaio.
Mientras tanto Rosa. continuaba
planchando, sin desconfiar un mo·
mento de ver realiza.do el sueño
acariciado por los dos.
Las cartas de Leonardo veuían á
menudo á destruir sus ilusiones y
á hacerla derramar abundantes lágrimas: de nada le servían su asiduillad ni su honradez; de nada. los
buenos servicios que prestaba á sus
amos: éstos, por esta causa quizá,
no querían pdvarse de ellos, y le
entretenían con promesas aunca.
cumplidas.
Así trascurrían los meses y los
años, siendo el únic'o consuelo d,;
los amantes su recíproca constancia.

III
La. correspondencia ent1 e Rosa y
Leonardo no se interrumpía: unas
veces era frecuente, otras se retrasaba.
Ya el mozo, que se iba hacienco
viejo, escribía- lleno de esperanzas,
que se convertían poco después en
ilusiones; ya hablaba de sueños
venturosos, pronto desvanecidos;
ya un la1•go silencio llenaba de inquietud á su ama.da, creyéndole
producido por algún suceso infausto, por la muerte quizás.
Pero al cabo de cierto tiempo llegaba una misiva explicando aquel
silencio, atribuyéndolo á ocupaciones perentorias, á imperiosos
deberes.
.
Rosa tenía tanta fe en el cariño
del ausente, que sus temores no se
convertían en dudtts jamás.
Entretanto continuaba su existencia al!'itada y trabajosa; felizmente
su salud no se resentía. de aquella
la.bo1· constante; babia adquirido
fama de hábil, y su parroquia aumentaba diariamente; á veces, P"·
ra. curnplit• sus compromisos, tenía
que velar hasta las altas horas de
la noche; á veces carecía de clPscanso aun los domingos.
Pero poco á poco, lentamente. iba
juntando en una hucha lo que le
sobraba. de sus gastos indisµeusables.
Porque no se permitía cosa alguna superflua; cubiertas sus modestas necec;idades, el resto lo destinaba al ponrenir.
En ocasiones se lo había escrito
á Leona1·do:

7.- Vestidos de calle y reunión:
rosa, por ejemplo, únicamente da
cuatro gramos de es.encía pura; y
a.sí se explic11. que un kilogramo de
esta esencia llegue á valer dos mil
francos; pero ha.y que tener en cuenta los muchísimos litros de «perfume&gt; que se preparan con pocos gramos de &lt;esencia&gt;.
Hasta aquí paréceme haber hablado ya bastante de la materia en
su aspecto económico, y creo que
ahora vi,,le la pena de decir algo de
su aspecto higiénico. ¿Qué nos dice
la ciencia en este punto?
Todo perfume es un excitante del
sistema nervioso, que provoca luego, naturalmente, una depresión
correlativa; su acción tiene C'ierto
parecido con el alcohol, en cuanto
acarrea en ocasiones náuseas vahidos y otras perturbaciones' nerviosas que pueden llegará ser graves, sobre todo á fuerza. de repetir-

se la causa; el aroma. dela violeta
el del lirio silvestre, el del alhelí
e~ del clavel, so!l altamente pernic10sos y constituyen verdaderas·
causas de neurostenia; pero en cambio, la mayoría de los perf~mes son
verdaderos antisépticos y en momentos d~dos pueden ejercer de eficaces tómcos para el organismo.
De aquí, pues, deduciremos lógicamente que el uso moderado de los
perfumes no puede dañarnos en circunstancias normales, mas deberemos huir de ellos siempre que su
naturaleza harto excitante ó un estado anormal de nuestro organismo así no los aconseje. Los a.tacados de mareo en el mar, por ejemplo,. notan el inusitado fenómeno de
sentir verdadera.repugnancia hacia
determina.dos aromas que momentos
antes enc~ntra.dan agr11,dables, lo
cual no deJa de ser a.Ita.mente sig•
nificati vo.

y

Perfumémonos, pues, entre el jabón, el cosmético, el agua de tocacador y los distintos preparados
olorosos que usamos á diario, y
procuremos, no sólo ca.finar,&gt; sino
mantenernos además en un discreto
cpianíssimo.&gt;
El grave peligro que hay queevitar á toda costa es que el olfato
propio, embotado por el uso, caiga
en el exceso, que es daño material
Y daño estético. Se llama perfume
á lo que acaricia. delicadamente el
olfato, y olor al que lo hiere bruscamente: un perfumees siempre bien
recibido; mas un 0101·, cuando no
ofende, cansa.
D. RODRÍGUEZ.

s.-Trajes de casa y para niños.

�Domingo 13 de Septiembre de 1903.

&lt;No te apures-le decía en sus
cartas:-si tú no consigues ahí nada; si pierdes toda probabilidad de
lograr lo que deseas, vente acá;
tengo algún dinerillo y con él podremos hacer los gastos de la boda
y buscar tú alguna colocación.&gt;
Pero á Leonardo se le había despertado la ambición.
-¡Tornará la pa.tria-pensa.bata.n pobre, tan miserable como cuando la abandoné! No se reirían todos poco de mí!
Y el amor propio era más poderoso que el amor á Rosa, y le inducía á proseguir sus estériles esfuerzos para mejorar de fortuna y de
condición.

IV
Así trancurrieron algunos años;
durante dos ó tres, la triste plan•
chadora. no tuvo siquiera el consuelo de ver los garra.patos del que
amaba cada vez con mayor ternura.
En varias ocasiones había desecha.do proposiciones de matrimonio, más ó menos ventajosas: un
za.patero bastante acomodado había pretendido su mano; el dueño
de un café muy concurrido quiso
también toma.ria. por esposa, apreciando sus dotes de laboriosidad y
recato; pero ¡faltar ella á su compromiso! ¡Casarse como no fuera
con Leonardo! Ni un solo momento le ocurrió semejante pensamiento; sería mujer del emigrado ó moriría. soltera.
En.balde sus amigas, enteradas
de lo que ocurría, después de cen ·
surar su proceder, la aconsejaban
aceptase las proposiciones de sus
dos adoradores; la joven, aunque
había cesado de serlo, rechazaba.
ta.les cónsejos, indignándose al oírlos.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Poco á poco la iglesia se fué llenando de curiosos y desocupa.dos,
atraídos por la pompa desplegada
para solemnizar la ceremonia..
-¿Quienes serán los cónyuges?
- preguntábanse unos á otros.
Los comentarios eran infinitos;
las suposiciones eran diferentes y
opuestas.
Asegut·aban unos que se trataba.
de un marqués opulentísimo, que
daba su mano á una señorita ilustre; otros suponían ser el n(lvio un
banquero muy conocido en el distrito por su caudal y su luio; en fin,
no faltaba quien pretendiese que el
futuro era un industrial famoso por
su lujo y boato.
Pero cuando á las nueve, poco
más ó menos, se abrieron las puertas y apareció la nuprial pareja,
todos quedaron atónitos, asombrados.
Los conkayentes eran dos ancianos: ella con el abundante cabello
enteramente blanco, aunque conservando el semblante restos de pe·
regrina hermosura; él enteramente
desprovisto de pelo, y llevando en
el rostro las huellas de largos trabajos y penalidades.
Los futuros esposos vestían trajes populares; pero ostentaban valiosas alhajas: ella, pendientes de
perlas y brillantes; él, gruesa cadena de reloj y magníficos botones d'e
perlas en la camisa.
Los padrinos pertenecían á la
misma clase que los novios: parecían gente rica, aunque humilde.
Pronto circularon entre los presentes los nombres de los esposos:
ella se llamaba Rosa Alvarez; él
Leonardo Sánchez; la una era plancha.dora; &lt;retirada&gt;; el otro hacía
apenas un mes que había regresado de América con un capital de
consideración, debido á haberletocado el premio grande en la lotería.
He ahí la verdad: Leonardo, á
pesar de su laboriosidad, de su
honradez, no había conseguido r;ealizar sus modestas aspiraciones,
cuandu una tarde le ocurrió tomar

9.-Abrigo con esclavina y espalderos de trajes de paseo,

un billete entero para el próximo
sorteo, creyendo volverse loco al
saber pocos días despu_és que podía cobrar cincuenta mil duros.
No pensó entonces s~no en.~rnar
á la patria; en cumplir r~hg1osamente sus promesas, sus Juramentos.
ó .
Animado de tan nobles prop sitos, hizo un viaje rápido y teliz;
llegó á. Madrid, fué en seguida á
casa. dA Rosa., y le pareció que l_a.
encontraba tan joven y tan hechicera como antes.
En el contrato matrimonial constaba que la novia tenía sesenta
años, y el que iba á ser &lt;cornoañero de su vida&gt;, cuatro más.
Imagínese si la. ce!'emonia nupcial llamaría la atención de losque
la presenciaban, y si después . se
harían comentarios svbre &lt;la. ¡uventud&gt; de ambos consortes.
Lo que sabían poquísimos era.que
debían admirar ca.so tan extraordinario de consecuencia y de formalidad, digno de servir de ejem-

plo á la generación presente, que
no se distingue por semejantes dotes y circunstancias.
RAMON DE NA VAR RETE.

Mi cariño es como un mar:
Es muy hondo y es inmenso,
A veces tiene borrascas
Y á veces está sereno.
Cada lágrima que viertes
Es cual gota de rocío,
Que va á refrescar las flores
Del jardín de mi cariño.

México, D. E., mayo 8.
La primera médica Cirujana de
la Escuela de Mé:xico, Doctora
Matilde P. Montoya, ha escrito y
firmado lo siguiente, que bi.en merece ser leído:
«En esta epoca y en este país,
en donde tanto abundan los nifios escrofulosos y débiles, difícilmente habrá un médico que
no recete todos los días la
Emulsión de Scott, que por el
aceite de bacalao y los hipofosfitos que contiene, se considera como uno de los más preciosos remedios de la terapéutica infantil.

EL TESTAMENTO

Dtl 11.mo. Sr. Jlrioblspo JttbaL
♦-

Los bienes fueron valuados
en $125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en " La Mutua",
Compañia de Seguros sobre la
vida, de Nueva York.
Hace pocos ~,as que se practicó la
11pertura del testamento del Ilustr1slmo Sr Arzobispo D. Patricio A. ll'eehaD
en la ciudad de Chlcago, Illlnola.
La fortuna del distinguido prelado ascendió 11 cerca de $125,000 oro americano ; y segnn el Inventarlo que se ha
publicado. los bienes que dej6 tueroo
como sigue:

V·
Ha poco más de dos meses, laparroquia del barrio de Maravillas
ofrecía un aspecto inusitado: en to•
dos los altares había luces y flores;
el mayor estaba ma.g-níficamente
ilumina.do; se iba á celebrar una
boda de rumbo, y según decían el
sacristán y los monaguillos ácuantos les preguntaban, el casamiento
era entre un hombre muy rico y
&lt;una señora&gt; muy conocida y esti·
mada.

Dos pólizas de '·La Mutua,' ' Compall!a de Seguros sobre la Vida, de
Nueva York, por $25,000
oro cada una, 6 sean. . $ 50,000 oro.
Dividendos acumulados sobre una de las pólizas
9,329 oro.
Otra póliza de seguro. . . 14,llllO oro.
Acciones en efectivo y eu
Bancos . . . . . . . . 37,000 oro.
Ent re las d1sposlclones del sef!or Arzobispo, en su testamento, se hicieron
éstas :

Se reservan camas en Carro .Pullman para todos los puntos
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,soñ renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á

w. s.

F.A.RNSWORTH.-Agente General.

ta. San FPanolaoo!I llflm. B!I llllthc/oo!I

a. #.

••••••••••••••••••••••••••••••••••

A su h ermana, se!lorita Kate Feehan,
que estuvo siempre con él hasta su
muerte, $40,000 oro en bonos Y $25,000
oro en. una de las pólizas de seguro:
11 la seliora Ana A. Feehan, viuda del
sef!or doctor Eduardo L. Feehan, hermano del seilor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pólizas, y $5,000 oro en
efectivo ; 11 la Academia de San Patricio de Chicago, de la que es preceptora
su hermana Madre Marfa Catalina,
$10,000 oro' de la O.ltima póliza; ll la
escuela • 'Santa Marta'• de ensef!anza
pnl.ctica para varones, de Feehanvllle,
Illinois, que era la lnstltuc16n por la
que ml1s se Interesaba el sef!or Arzobispo, se entregaron los $4,000 restan·
tes de la O.ltlma póliza.

1.-Trajes para paseos campestres

Domingo 20 de Septiembre de 1903.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Siglo XVIII</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Abrigo</name>
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                    <text>Domllllgo 6 de Septiembre de 1903.

LA GRATITUD

•

Era el Sr. Juan un hombre robusto y fuerte, de edad indefinible
y si por su rostro alterado y rugoso se hubiese querido juzgar sus
años, podía haberse creído á la vez
que contaba cuarenta, ochenta 6
cien aílos.
Vivía solo, en una. casa vieja y
fea, que llena de grandes grietas en
sus débiles muros, amenazaba la rá·
pida descomposición de su inorgánico cuerpo.
Allá, en su juventud, fué un po·
bre obrero que á fuerza de grandes
sacrificios y nutriendo de escasa
alimentación su fuerte organismo,
logró, según se decía en el pueblo,
reunir unos dineros, que la fantasía popular hacía subirá inmensas
cantidades, y de aquí que gozase en
él fama de rico.
Con él llevaba siempre un her·
moso perro de talla gigantesca
que denotaba ser extremadamente
dócil; al retirarse á descansar, dormía á los pies de su lecho; en las
comidas, que eran escas&amp;.s y de pobres manjares, elegía lo mejor de
los alimentos, dándoselos en la boca al inteligente animal, que los engullía con gran presteza; tal era el
cariíIO que se tenían, que jamás se
separaban.
'renia en el perro un extraño confidente á quien contaba los sucesos
más interesantes del pueblacho; y
el animal, pendiente de sus labios, le
escuchaba atento, fija en él su mirada, como si entendiese tal vez lo
que su dueño le decía.
Si bondadoso era el señor Juan
con los animales, más aún lo era
con sus vecinos, á los que, en época
de escasa recolección, jamás negó
sus favores. El año anterior fué
de prueba para los labradores.
La sequía agotó sus plantaciones, y sus siembras, de fuertes y lozanas que hubieran sido, se quedaron en el más completo estado de
raquitismo que imaginarse puede.
El clamor de los labradores era
aterrador, grande, inmenso. Ante
aquellas numerosas familias ham•
brientas y furiosas, se conmovió el
buen corazón del señor Juan. Así,
brindó pequeñas cantidades metá·
licas, que fueron acogidas con gran
júbilo por parte de todos.
Extendióse la voz por el pueblo,
y como hormigas que van buscando un grano que aumente sus provisiones, al igual en número acudieron los labradores á casa del
señor Juan. Un coro de cientos de
voces entonaba himnos y alabanzas en honor del señor Juan, y la
gratitud de los labradores en aquel
entonces con nada podía compararse. Como á imagen adornrla le
rendían culto fervoroso.
-¡Gloria al amigo de los pob1·es!
¡Bendigámosle! ¡Vios se lo aumente!
Y así por el estilo, mil y miles
de exclamaciones lanzadas por los
labriegos, ciegos por su bienhechor.
Transcurrieron unos años. Ahora ya, aunque no todos, habfan pagado los préstamos, y el sPftor Juan
era mirado con indiferencia por el
olvidadizo pueblo.
Una noche, dormía el anciano con
el sueño del justo, cuando se despertó ahogado por un humo acre y
espeso que poco á poco iba invadiendo la habitación en que se hallaba. Momentos después oyó crujir de maderos y techos que s~
derrumbaban con gran estrépito;
inconscientemente levantóse de la
cama, y dirigiéndose hacia la pue,.
ta, la abrió intentando tal vez cono•
cer lo que pasaba, cuando una 111mensa llamarada intensamente roJa
subió por las escaleras con la v~locida.d del rayo; sobrecogido,lleno
de espanto, retrocedió hacía el fundo de la habitación; y ya allí, se
dió cuenta en su mente de lo que
ocurría; llamó á su per1·0, y abrieudo una pequeña ventana, se lanzaron los dos á la calle.
A la maílana siguiente contemplaba el seño1· Juan las cenizas de
aquella que fué su casa.; en ella
qnedaban los frutos conquistados
en sus juveniles años. ¡Ah! He hecho bien á muchos; ya me protegerán, dijo el viejo con voz lastimo-

EL MUNDO ILUSTRADO

sa, triste, como quien exhala un
gemido, á la vez que dos gruesos
lagrimones surcaban su tez. De
puerta en puerta, imploró la caridad de aquellos á quien favoreció,
y ahora corría la voz como regue·
ro de pólvora entr-e el vecindario.
¡Que viene el St:ñor Juan pidiendo!
exclamaban; y las puertas se cerraban ante sus ojos.
¡Oh! La gratitud de los hombres.
¡Pobre viejo solo en el mundo!
¿Solo? No, su perro le seguía.
SATURNINO PEREZ.

CANTILENA.
Febo se retiraba,
casi expiraba el día,
y la noche llegaba;
su fresca lozauía
marchitaba la rosa,
mustio quedaba el prado,
y el ave sonurosa,
dormida y silenciosa
en el olmo acopado,
cuando mi ninfa hermosa
salió á la fresca vega.
Y de sus ojos bellos
á la lumbre radiante,
y al esplendor brillante
de sus lindos cabellos,
de nuevo se despliega
la rosa ya adormida,
cobrando olor y vida;
torna el florido prado,
que ya estaba enlutado,
á matizar sus flores,
y á esparcir mil olores;
y las ya unidas aves,
dulcea trinos suaves
cantan muy dulcemente,
y vuelve de repente
á comenzarse el día:
que al ver á mi señora,
juzgaron que venía.
nuevamente la Aurora.

EL MUNDO ILUSTRADO

CANTARES.
DE ARRIBA ..... .

Allá en los montes están,
Robustos, como gigantes,
Y arden como pensamientos
En sus frentes, los volranes.
Entre montaña y montaña
'rendidos están los valles ....
Poi· ellos corren los ríos
Que en la enhiesta cumbre nacen ...
En la montaña está el fuego
Que luz y vigor esparce;
Arriba flotan las nubes
Que en arroyos se deshacen ....
Así se levanta el hombre
Que bien en torno reparte ....
¡Como la1S altas montañas
Se elev~n sobre los valles!
VENGANZA.

Has hablado mal de mí
Y me llegaste á ofender,
Compañero de mi vida,
Pero yo me vengaré.
Mira con mucho cuidado
En dónde pones los pies,
Que alguna vez te caerás
Y yo te levantaré.
Huye muy lejos de mí,
Que mi venganza es cruel. ...
Ancha es la herida del mal,
Pero es honda la del bien.
A. SÁNCHEZ RAMÓN.

RASTRO Y ALAS

EL DUQUE DE RIVAS.

Como un cartucho que la capri•
chosa naturaleza hubie1·a formado
de las hojas para llenarlo de rocío,
estaba un gusano sobre el gajo rugoso de una vid. El gusano había
recorrido durante el áía su dominio y reposaba. Su cuerpo blan·
do, verde, con sortijas punteadas
de un vivo color de leche, se bailaba tendido largo á largo. De p1·on.
to, en la ca.qeza apareciel'On dos a.o.
tenas, que volvieron á esconderse.

♦

t
♦

ii
tf

So'"""'"' eam"' en 0mo l'ulho= para todo, Jo, ponoo,

"n los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comodores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,soii renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á

i

w. s.

FARNSW0RTH.-Agente General.

ta. San Francl•oo11 lliín_,. B, llllf11cloo11

a. 1.

·······························•··

El cuerpo . se ~stremeció. Parecí
una respiración. Luego asorn:
ron otra vez,se dirigieron horizo
talmente hacia adelante y la m nire1•a t·mosa avanzó sus 'cuatro a 1
llos posteriores, levantando un
co en ~l centro. Y entonces los cu1t~o amllos anteriores siguieron h1c1a adelante. El gusano caminó. Detrás de su marcha quedaba un hilo
ar~entado. ¡Aquel repugnante ser
deJeba rastro! ¡Y subía! . . Sucedió
que un rayo de sol que a.tra.vesab&amp;
el dosel .formado por las hojas, vino á herirle. Y entonces se detuvo
Cas_ualmente cerca de él colgaba un
ra01mo nac~rado de uvas, donde
rebullí.an millares de insectos peq ueñísimos. El gusano se detuvo
C?ntemp!ándolos. Eran una especie de minúsculas mosquitas, pero
eran tantas, que, entre todas con
las al.as, pro~ucían un suaví~iJno
zumbido musical. ¡Cosa ex.tralla!
La oruga arrugó su piel como al
t1;1era un gesto que pudiera traducirse por estas palabras: ¡Oh, alin
hay seres despreciables con alas'
Y luego siguió su marcha ba~tÍ
un escondrijo húmedo dond~ yacía
enr&lt;;&gt;scado otro gusano. El reconoció que era su compañero y ,
s1;1 lado, hecho un espiral, se' recogió ....
Y por el dosel de las hojas ern,
pezó á temblar un rayo de sol.. ..

Doml.ngo 13 de Septiembre de 1903.

ªª'

!r:

JosE MARIA VELEz.

Calima.ya, Méx., julio 14.
El Dr. José de la Serna dice que
opina lo siguiente:
''Siendo el aceite de híg~do de
bacalao un maravilloso alimento
fácilm~nte asimilable, que exci~
el apetito y estimula las funcioms de nutrici6n, y hallándose dicho aceite en la Emulsión de ScoU
perfectamente mezclado con 108
hipof?~fitos de. cal y sosa, la preparac1on menc10nada resulta emi•
nentemente útil en todas las en•
fermedades en que predomina la
miseria fisiológica principalmente en la escrófula 'y tuberculosis.
En esta última enfermedad es sin
comparación superior á todas las
deruás preparaciones, y, por mi
parte, la u~o con muy buenos resultados en los niños y en la convalecencia de enfermedades agudas.''

EL TESTAMENTO
Dtl 11.110. Sr. Jlrzoblspo·Jetbal.
Los bienes fueron valuados
en $125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mutua",
Compañía de Seguros sobre la
vida, de Nueva York.
Hace pocos u1as que se practicó la
,ipertura del testamento del Ilustrfslmo Sr. Arzobispo D. Patricio A. FeehlD
en la ciudad de Chlcago, Illlnole.
La fortuna del distinguido prelado ascendió a. cerca de $125,000 oro americano ; y .según el Inventarlo que se ha
publicado, los bienes que dejó fueron
como sigue:
Dos pólizas de "La Mutua,' ' Compañta de Seguros sobre la Vida, de
Nueva York, por $25,000
oro cada una, 6 sean . . $ 50,000 oro.
Dividendos acumulados sobte una de las pólizas
9,329 oro.
Otra p0liza de seguro. . . 14,000 oro.
Acciones en efectivo y en
Bancos. . . . . . . . 37,000 oro.
Entre las &lt;tisposlclones del sellor Ar·
zoblspo, en su testamento, se hicieron
éstas:
A s u hermana, seiiorita Kate FeebaD,
que estuvo siempre con él basta su
muerte, $40,000 oro en bonos y $25,000
oro en una de las pólizas de seguro:
!l. la seilora Ana A. Feehan, viuda del
.sellor doctor Eduardo L. Feeban, her•
mano del sellor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pólizas, y ~5,000 oro eD
efectivo ; a. la Aeademla de San Patrl•
clo de Chlcago, de la que es preceptor&amp;
su hermana Madre Marra Catallna,
$10,000 oro' de la llltlma póliza ; A la
escuela • 'Santa Maria'' de ensellanza
práctica para varones, de Feebanvllle,
Illlnols, que era la 1.nstltucl6n por la
que m!l.s se Interesaba el seiior Arz0 •
blspo, se entregaron los $4,000 restan·
tes de la llltlma póliza.

E1pllcad6n dt

-----~:::--~~

Htstros grabados
Núm. l. Traje de paseo, para señoritas,confeccionado con tela de
medio tono y adornado
en la blusa con un ancho cuellohombreras de
enea.je. Las mangas, de
hechura moderna y es·
tilo japonés, llevan en
sus extremidades inferiores una aplicación
de encaje semejante al
del cuello. Los puílos,
muy estrechos, también
llevan ig-uales aplicaciones. La fa.Ida se tablea en pequeños pliegues y en toda su longitud, y en la parte inferior sólo lleva como
adorno una aplicación
de encaje semejante á
los anteriores. El conjunto del vestido es ele•
gante y de buen gusto. Por lo que hace á
los sombreros que aparecen en nuestro gra·
bado ambos son propios pMa la actual es·
tació~ de otoño. y se confeccionan con fi?·
res de lienzo y gasas. Las formas de pa¡a
pueden variar á elección de las interesadas,
que siempre deben procurarse aquellas for·
mas que sienten bien con la estatura de las
personas, estilos de peinado que us~n.y traje que lleven, según sea éste de v1s1ta, de
paseo ó de teatro.
Núm. 2. Representa nuestro grabado dos
trajes para niñas de 14 á 15 años. ]~tos vestidos se confeccionan con telas propias para
la estación, y el corte debe ser adecuado á
las estaturas, pues en uno la falda se lleva
con un pliegue inferior, y en el .otro con dos.
Los corpiños pueden confecc1onarse á.".º.
!untad, pero sujetándose en sus genera.h?a·
des á los modelos respectivos. Un corp1ílo
lleva ancho cuellohombreras, y el otro se
adorna con aplicaciones de cintas coloca·
da! longitudinalmente.
.
Nún. 3. Trajes de duelo para señoras JÓ·
'Venes. El primero de falda lisa y saco suel·
· to, tableado, debe emplearse con toca de
crespón. Las bandas de este crespón se usan
muy largas, pues á veces tocan el suelo. En
la mayor parte de las veces deben llevarse
recogidas con la mano derecha. El segundo
modelo es propio para un luto algo avanzado y consta de falda lisa y corpiño de hge·
ros pliegues y pasamanerías negras.

~

ESPERANZA.

--------------11usión... infantil
Una mañana de invierno,de aquel invierno
de 1890 en el que se heló el Sena, un rayo de
sol suave y triste, de un sol frío, entró en
la elegante alcoba de María, mi leal amiguita, acababa de cumplir nueve años; á esa
edad las niñas, en Europa, son todavía candorosas ....
El rayo de sol penetró por ent1·e las c&lt;;&gt;r·
tinas semicorridas, saltó sobre la camita
de la niña, se miró al espejo y jug.ueteó en
el suelo ... La nii'ia seguía con los OJOS. gran·
des y abiertos el curso fugaz y caprichoso
del rayito de sol... .
Decidió encerrar, guardar, conser_var la
nií'la de pupilas ras~adas aquel ray1to de
sol, y, levantándose ¡ubilosa, tomó un fras-

co de suave perfume que
yo le había regalado,
lo vació en cual1uier
1
~
parte, creo que enel i;ue\
lo, y con graciosísimo
afán se apresuró á em·
bocar en el lindo frasco
el rayo tentador. Luchó largo t,iempo,y después de algunas burlitas del rayito, que se
deslizaba á lo largo del
brazo, del cuello y del
seno de la niña y pasaba por sus labios be·
sándolos alegremente,
la criatura logró &lt;ence·
rra.r&gt; á su perseguido;
tapó inmediata y cuidadosamente su lindofrasco.
-1Ya. está dentro! 1Y
es el rayo de sol más
bonito que he vistolexclamó María.
-¿Para qué lo quieres?-le dije.
-Para tenerlo en los
días que el frío sea muy
grande y esté muy obs•
cura esta casa.
Guardó en su armario el frasco &lt;que ha•
hía llenado&gt; de alegría y de luz, y como un
reproche á mi sonrisa de burla, díjome:
-¡Ya verás ... ya verás!
Y vinieron días sin sol. El primer día la
niña nada hizo; el segundo, tampoco. Se supo abstener de tocar•su tesoro. Pero al
tercero, fué día obscurísimo y mi amiguita
se lanzó sobre su a.rmario, sacó el frasco
donde &lt;guardaba&gt; luminosas esperanzas..•.
y lo abrió ....
Del frasco también se había ido la viva
luz del sol. ...
María lloró la primera decepción de su
vida.
Con los ojos llenos de lágrimas me dijo:
-¿Por qué se ha escapado el rayito de
sol que yo quería tanto y con el que iba hoy
á estar tan contenta?
-Por eso. Porque ibas á estar muy con·
tenta. Porque ésa era tu dicha, y la dicha
es tan fugaz como un rayito de sol; y como
la luz, cuando queremos coger y retener la
dicha, se nos escapa de entre las manos.
-Pero yo lo babia.cogido y encerrado·:·
No quise dejar mayor germen de esc~pticismo en aquel corazón lleno de credulidad
.... pero sentí mi alma casi amargada, viendo en aquel minúsculo episodio del frasco
y 1s. niíla otra prueba, entre mil que he observado, de que &lt;la ilusión&gt; es la que con·
cibe, aviva, engendra., sustenta y hace crecer
la felicidad.
FRANCISCO HERMIDA.

MADRIGAL.
Ibas á suspirar, dulce embeleso,
y yo que muero si tu encanto admiro,
cerré tus labios con mi ardiente beso
y se adurmió en tu pecho ese suspiro.
Tu seno como un lirio se agitaba
á la brisa de amor que difundía
cálido el beso en que mi ser te daba;
y al sentir que mi vida se exhalaba.,
-Quién el suspiro tuyo
pudiera ser-me dije conmovido, - .
y allá en tu corazón, como en un 01do,
adormirse de un ósculo al arrullo,
al perpetuo rumor de su 1atido !
1.-Traje d e paseo Y sombrero de laestación.

H. RODRÍGUEZ.

•

�EL MUNDO ILUSTRADO
E L WJNDO ILUSTRADO

Domingo H de Septiembre de 1903.

LA CAJA DE ORO
Siempre la. había visto sobre su
mesa a.l alcance de su mano bonita, que á veces se entretenía en acariciar la tapa suavemente; pero no
me era posible averiguar lo que encerraba aquella caja de filigrana de
oro con esmaltes finísimos, porque
apenas intentaba apoderarme d~l
juguete,su dueña lo escondía. precipitada y nerviosamente en los bol sillos de la bata ó en lugares todavía más recóndito$,dentro del seno,
haciéndola así inaccesible.
y cuando más lo ocultaba su dueña, mayor era mi. afán por enter~rme de lo que la caJa contenía. ¡Misterio irritante y tentador! ¿Qué
guardaba el artísticv chirimbolo?
¿Bombones? ¿Polvos de arroz?
¿Esenciás? Si encerraba. alguna de
estas cosas tan inofensivas, ¿á qué
venía. la ocultación? ¿Encubría un
retrato, una H0r seca, pelo? Imposible: ta.les prendas, ó se llevan mucho más cerca ó se custodian mucho más lejos: 6 descansan sobre el
corazón ó se archivan en un secreter bien cerrado, bien seguro ....
No eran despojos de amorosa. historia. los que dormían én la cajita
de oro esmaltada de azules quimeras, fa.~tásticas rosas y volutas de
verde opaca.oto.
.
Califiquen como gusten m1 conducta. los inca.paces de segui1· la
pista á una historia, tal vez á una
novela. Llámenme enhorabuena. in·
discreto, antojadizo, y por contera,
entrometido y •fisgón impertinente.
Lo cierto es que l a ca.jita. me volvía. tar umba., y, agota.dos los medios lega.les, puse en juego los ilícitos y heroicos . . . . Mostréme perdida.mente enamora.do de la. dueña.,
cuando sólo lo estaba de la. cajita.
de oro· cortejé en apariencia. á una
mujer,'cuando sólo ?ortej_ab~ á un
secreto; hice como s1 pers1gu1ese la.
dicha .... cuando sólo perseguía la.
satisfacción de la curiosidact. Y la
suerte, que a.ca.so me negaría. 1a.
victoria, si la. victoria realmente
me importase, me la concedió ... .
por lo mismo que al concedérmela.
me echaba encima un remordimiento.
No obstante, después demi triunfo la. que ya. me entregaba cuanto
entregaba la voluntad rendida., defendía. aún, con invencible obstinación, el misterio de la. ca.jita de
oro. Un día tras otrti, con zalameras coqueterías ó repe~tin9:s y me~
lancólicas reservas, d1scut1endo o

bromeando, apurando los ardides
de la. ternura. ó las amenazas del
desamor, supJici,.nte ó enoja.do, la.
dueña de la ca.jita persistió en negarse A que yo me enterase de su
contenido, como si dentro del lindo
objeto existiese la prueba. de algún
crimen.
Repugnába.me emplear la. fuerz,a. y
proceder como procedería un patán,y, además, exaltado y ami amor
propio (á falta de otra exaltación
más dulce y profunda.), quise deber
al cariño y sólo al ca.dño de la hermosa la clave del enigma. Insistí,
porfié, me sob1·epujé á mí mismo;
desplegué todos los recursos, y como el artista que cultiva por medio
de I as reglas la inspiración, llegué
á tal grado de maestría en la. comedia. del sentimiento, que logré arrebatar al auditorio. Un día que algunas .fingidas lágrimas acredita.ron mis celos, mi persuasión de que
la ca.jita encerraba la imagen de algún rival, de alguien que aún me
disputaba el alma de aquella. mujer,
la vi demudarse, temblar, palidecer, echarme al cuello los brazos,
y exclamar por fin, con sinceridad
que me avergonzó:
-¡Qué no haría. yo por ti! Lo
has querido que sea. Ahora. mismo
verás lo que hay en la caja.
Apretó un resorte, la tapa de la
caja se alzó y divisé en el fondo
unas cuantas bolitas tamafl.as como
grisa.ntes, blanquecinas, secas. Miré sin comprender, y ella, reprimiendo un gemido, dijo solemne·
mente:
-Esas píldoras me las vendió un
curandero que realizaba curas ca.si milagrosas en la. gente de mi aldea. Se las pagué muy caras, y me
aseguró que al tomarme una al sentirme enferma, tengo asegurada la
vida. Sólo que me advirtió que si
las apartaba. de mi ó las enseñaba.
á alguien, perdían su virtud. Ser á
superstición, lo que quieras, lo cierto es que he seguido 1a prescripción
del curandero, y no sólo se me quita.ron achaques que padecía, pues
soy muy débil, sino que he gozado
salud envidiable. Te empeñaste en
a.veriguar .... lo conseguiste. Para
mi vales tú más que la salud y que
la vida. Y a no tengo panacea., y a
mi remedio ha perdido su eficacia:
sírveme de remedio tú; quiéreme
mucho, y viviré.
Quedéme frío. Logrado mi empeño, no encontraba dentro de la cajita sinu el desencanto de una supercher ía y el cargo de conciencia
del daño causado á la persona. que

3.-Trajes de duelo,

La Aldea de las Rosas

2. T raj es para niñas de 13 á 15 añor..

al fin me amaba. Mi curiosidad,
corno todas las curiosidades, desde
la falta del Paraíso hasta. la no menos funesta de la conciencia contemporánea. llevaba en sí misma su
castigo y su maldición. Daría entonces algo bueno por no haber
puesto en la cajita. los ojos. Y tan
arrepentido, que me creí enamora.do, cayendo de rodillas á los pies
de la mujer que sollozaba: tartamudeé.
-No tengas miedo . . . T«&gt;do eso
es una. farsa, un indigno embuste
. ... El curandero mintió .... Vivirás, vivirás mil años .... Y aunque
•hubiesen perdido su virtud las píldoras, ¿qué? Nos vamos á la aldea
y comprarnos otras .... Todo mi
capital le doy al curandero po1·
ellas.
Me estrechó, y sonriendo en medio de su angustia., balbuceó á mi
oído:
-El curandero ha muerto.
Desde entonces, la dueña de la.
cajita-que ya no la ocultaba. ni la
miraba siquiera., dejándola cubrirse de polvo en un rincón de la estantería, forrada de felpa azul-empezó á decaer, á com,umirse, pre-sentando todos los síntomas de una
enfermedad de languidez refractaria á los remedios. Cualquiera.que
no me tenga por un monstruo, supondrá que me instalé á su cabecera y la. cuidé con caridad y a.bne·
gación. Caridad y abnegación, digo, porque otra cosa no había en
mí para aquella criatura de quien
había sido involuntario verdugo.
Ella se moría, quizás de pasión de
ánimo, quizás de aprensión, pero
por mi culpa; y yo no podía ofrecerla, en desquite de la vida que le
había robado, lo qne todo lo compensa., el don de mí mismo, incondicional, absoluto. Intenté engaB.arla santamente para hacerla dichosa, y ella, con tardía lucidez,

adivinó mi indiferencia y mi dlsi·
mu lado tedio, y ca.da vez se iooli·
nó más hacia el sepulcro.
Y al fin cayó en él, sin que oi los
recursos de 1a ciencia ni mis out•
dados consiguiesen sal varla. De
cuantas memorias quiso legarme su
afE&gt;cto, sólo recogí la caja de oro.
Aún contenía las píldoras, y cierto
dfa se me ocurrió que las analizaRe
un químico a.ro igo 10ío, pues aún
no se daba por satisfecha mi mal·
dita curiosidad. Al preguntar el
resultado del análisis, el químico
se echó á reír:
-Ya podrá usted figurarse-dijo
-que las píldoras er a n de migas de
pan. El curandero (¡si sería. listo!)
mandó que no las viese . .. . nadie,
para que á nadie se le ocu~riese
analizarl as. ¡El maldito a.oá hslslo
seca todo!
EM ILIA PARDO BA7..ÁN.

DE HEI!1E.
Graciosa pescadorcill a,
tu barca de audaces remos
atraca. á esa mansa o rilla,
y mano á mano hablaremos
sin temor y sin mancill a.
En mi pecho reclin ar
bien puedes tú la cabeza,
¿.no fias sin vacilar
en la bonanza ó fierE&gt;za
del alborotado mai·'?
Mi coraz~n, dulce bien,
es un mar inmenso Y hondo,
tie ne su eterno vaivén,
sus escollos, y también
blancas pel'las en el fon do.

teoltoro tJoreaft.

E ra una. aldea como lamayoría de las aldeas que adornan el territorio normando.
Una ca.t•retera blanca.que pasa á tr aves de los monótonos
prado s y desemboca de repente en un a doble valla de saúcos, det r ás de los c_ua.les hay
una serie de huertecitos llenos
de frondosos manzanos, en
donde se a.lineaban en re¡¡etición rectilínea. las mismas casas de madera. con el techo de
bálago . ... Así formada la
aldea, que se agru_Pa ~lred~dor de una relluc1da 1gles1a.
de pobre aspecto, al nivel
de l a balsa comunal, el cochero la nombró, sonriendo
mister iosamente, la aldea de
las rosas.
Aunque desde Jo alto de la
diligencia habíamos visto la
semej a nza de los trepadores
rosales que cubrían las paredes de las casas y que daban
á l a. a.Idea un aspecto uniforme la dE&gt;nominación nos extr~üó mucbo, y la sonrisa.
del cochero que la acentuaba. ... ,
Tres kilómetros fa. l taba.o
para llegar á la aldea, y nos
decidimo~ á recorrerlos á pie,
á fin de desentumecer las piernas ....
Nos detuvimos en la posa.da. de los relevos. . . . El cochero dijo: «¡Hasta más ver,
señores!&gt; hizo chasquear el
látigo, dirigió un saludo á la
criada del mesón que estaba
pl&amp;.ntada en la puerta., y desapareció la diligencia. entre
una. nube de blanco polvo de
la carretera.
.... En l a sala grande del parador , desnuda, fresca y si·
lenciosa, estábamos solos...
La criada arrastraba los pies
de una manera perezosa y pasaba y repasaba maquinalmente el paño por encima de
las mesitas de madera. Nosotros preguntamos diskaídamente:-¿Así, pues, es ésta la.
aldea de las rosas·t-Pero sí,
seño res .... &gt; Y se ruborizó
suavemente y se sonrió, exacta.me nte como lo babia hecho
el cochero. -¿Puede usted decirnos el porqué de este título'! Pareció quedar sorprendida y contestó, creyendo era burla.:-¿Por qué? ¡Vaya! probablemente lo sabrán
ustedes. Se encogió de hombros y añadió:- He ahí justamente al señor rector que
se lo dirá.
El párr oco entró en la sala
fresca y desnuda .... Su bondadosa. y jovial fisonomía se
puso sonriente al oír estas palabras, de l as cuales adivinó
el se ntido.... Saludó; saludamos . .. . -¿El sacristán ha
deja.do la llave, FranciscarSi, señor rector .. . . Después
de un instante de vacilación,
cordi al y francamente se dir igió á nosotl'os:- ¿Estos señores serán forasteros y les
interesa el apodo de nuestra
aldea?-Singularmente, seño1·
rector, es la sonrisa especial
del cochero que nos ha. traído, y de esta. linda muchacha
.. . . que pa1·ecen hacer de ello
un misterio.
-¡Oh!-dijo el buen sacerdote,sentándose familiarmente, a r reglando los pliegues de
la sota.na y abanicándose oon
el pañuelo .... -Si eso les inter esa, se lo puedo muy bien
..-plica.r ....
- Con mucho gusto-nos apr esuramos á contestar.-Ev i dentemente-comenzó no es sola.mente en nuestra
aldea que las casas estén cubiertas de rosales, pues la
moda. es muy corriente en país
norma ndo. . . . Pero lo que
puedo asegu1 ar es que no hay
otra en donde sea. seguida con
una regula.riuad tan perfecta,
t an conmovedora y sobre todo ... . por el mismo motivo
•· •. -¿Un motivo?-Si, a.qui
es r egla., señores, y vean el

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4. -Trajes de v isita y paseo.

Domingo 13 de Septiembre de 1903.
po1·qué: la aldea cuenta con
cincuenta. y tres hogares. Cincuenta y dos casas están ha.bitadas, una sóla hay vacía
. ... desde . ... ¡Oh! .... desde
hace más de veinte años, que
yo sepa, y es la única que no
tiene rosal en la fachada ....
-¿Es una leyenda, pues·?-Si,
sei'lores una leyenda.... ¿Y
ustedes no creerán tal vez en
las leyendas?-dijo maliciosamente
Se volvió, dirigiéndose á
la criada, que había vuelto á
entrar en la. sala desnuda y
silenciosa, con un jarro de sidra fresca y vasos.-Las leyendas, por otra parte-dijo
-no son realmente hermosas
más que para los que creen
en ellas . . .. ¿verdad, Francisca·?- Seguramente, señor
rector.-Y F1·ancisca cree en
ella como todas las novias y
todos los novios de la aldea . . .. &gt; La dorada sidra espumeaba en los vasos. El rector, según costumbre, levantó el va,;o y dijo: «¡A su salud, señores!&gt; Lo vació, lo
dejó encima de la mesa, al la.do del breviario y continuó:
«Había una vez un mal muchacho, pet·ezoso para el trabajo y aficionado á recorrer
las tabernas del contorno.
Causaba la desesperación de
su familia, pero no habían
logrado corregirle, pues todos los castigos resultaban
inútiles.-Hijo mío-le dijo
u~ día el bueno de su padre,
-ignoro lo que te reserva el
porvenir, y tawpoco debeo sabedo . . . . ¡tengo tantos y tantos temores!.... Soy viejo y
pronto dejaré de existir. Te
dejaré doce mojadas de tiert' S.S que me dejaron mis padres, y la casa, que es nuestra desde hace cuatro generaciones. He hecbo lo que habían hecho. Haz lo mismo.&gt;
El anciano hablaba. de este
modo en el dintel de la puerta.. Era. en prima.vera y, al
hablar, su mano acariciaba
las ramas del rosal que adornaba la fachada. Y con otro
tono de voz, sin reproche y
sin amargura, añadió: «Mira hijo mío . . .. este rosal tiene tanto apego al terruño como los viejos; es así algo como su imagen .... y, desde el
corazón de la tierra, cada primavera y en cada ca.pullo está el corazón de uno de nuestros abuelos que cada. año
vuelve á florecer. ¡Pues bien!
el día en que por falta de cuidados dejaras mo1·ir el rosal,
nuestra raza se extinguirá. ..
te verás desterrado del suelo
de tus antepasados y serás
menos que nada ... . ¡Adiós!&gt;
Y el buen hombre murió algún tiempo después,en la época en t,.ue las rosas están ya
ajadas. El malmuchacbocontinuó, sin hacer caso de los
consejos paternales, llevando la. mala vida de antes. La
gente se apartaba de su lado,
las muchachas le rechazaban.
El rosal, falto de cuidados,
se puso mustio y se convirtió
en madera seca. Y el mal muchacho, de quien se apartaba
la gente de la aldea, y á quien
habían rechazado las mucha.chas casaderas, murió sin
descendencia, solo y arruina.do - menos que nada.&gt; - El
buen rector, de fisonomía jovial, tosió y continuó, acariciando su vaso vacío: «Desde
aquella. fecha, stñores, de cincuenta y tres hogares, no hay
más que cincuenta y dos ha.bita.dos en la. aldea; pero para estos cincuenta y dos es
una lección pe'rmanente la. casa. vacía.. He a.qui por qué la
aldea está orgullosa. de su leyenda. Por otra parte, en las
ramas tutelares suspenden las
niflas los corazones y allí van
á recogerlos los muchachos
... . No hay un solo aldeano
que no cuide de su rosal como
de su propia existencia.. Los
cuidan con mimo, y sus cuidados son recompensados. En
fin, puede haber aldeas con,

•

�Domingo 13 de Septiembre -de 1903.
rOiales tan numerosos, no lo niego; pero, seguramente, no hay otra
en que el culto á nuestra leyenda
baya da.do tan buenos resultados.
-¿.Qué resultados?
El rector se inclinó hacia nosotros, y como aún quedaba sidra
0;ora.da en el fondo del jarro, la ver·
tió_ en los vasos y continuó en voz
baJa.:
-Lo bonito de las leyendas es
que se prestan á toda clase de interpretaciones ... para los que creen
en ellas. Mis feligreses la han tomado al revés.-¿Al revés?-preguntamos.-Sí; aparentan creer que
el mal muchacho no murió por la
mue:te del rosal, sino que el rosal
~ur1ó por su mu~rte sin descendencia., solo y arrumado-menos que
na.da, como dijo su padre. Y para
que los rosa.les vivan á toda. costa
no ha.y, buenos seffores, escuche¿
esta. maravilla, ¡pues en esto sola.mente ha.y maravilla!. . .. y es que
desde hace diez áí'los, que yo sepa
. . . . no ha.y aquí ni una. solterona.
que ha.ya quedado para vestirimágenes, como decimos nosotros, ni
un solterón . . . . ¿comprenden ustedes? en la aldea de las rosas aldea
única., convengan en ello a.b~ra que
comprenden la sonrisa. del cochero
que les ha traído y de Francisca. su
prometida. .. ..
-¡Eh!-dijo uno de nosotros e~ preciso enviar la receta. á M.
P10t.
Pero sea que el buen rector ignorase lo que la. imaginación del ilustre senador tiene de pueril y a.gra.d a.ble á !a. vez, sea que creyera. ha.her explica.do clara.mente la origi·
na.lida.d de su aldea, semejante, sin
embargo, á todas las aldeas del territorio normando, se levantó y se
despidió de nosotros con a.grada.ble afabilidad.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 13 de Septiembre de 1903.

TÚ Y Y O.

1:º

vivo entre sombras
y tu entre esplendores· '
yo tengo dolores
'
tú tienes placer. '
A ti te acarician
ensueí'los de gloria
á mí la memoria '
me ofusca el pesar.

,Y? vivo gimiendo,
tu vives contenta,
yo soy la tormenta.,
la calma eres tú.
Tú eres el ritmo
de vt&gt;rso armonioso;
yo soy el sollozo
de intenso dolor.
fume; los egipcios eran extra.ordinariamente aficiona.dos á toda
suerte de prepara.dos olorosos y contaban entre sus sacerdotes
con hábiles confeccionadores de tales compuestos; los hebreos
cultiva.ron á su vez esta industria., que importa.ron de Egipto; de
los cartagineses y fenicios sabemos que traficaban también en
perfumería; y, por fin, entre los griegos y los romanos llegó á
ser cosa corriente el empleo de grasas y aceites aromáticos para
ungirse el cuerpo, y el uso de toda clase de menjurges olorosos.
En cambio, en la Europa de la Edad Media fué, en general,
escaso el uso de perfumes; pero éste fué creciendo luego paulatinamente, basta alcanzar gran boga en el siglo XVIII, especialmente en Francia, donde goza.ron de grande estima las pieles de
España para la fabricación de guantes, bolsas y otros
objetos, y donde se dictaron numerosas ordenanzas relacionadas con la industl'ia. de cueros perfumados. Desde entonces ha habido en esto, como en todo, sus corresponJientes modas, no sólo en la elección de los perfumes, sino en su mayor ó menor consumo: pero, en conjunto, éste se ha ido generalizando de día en ~ía Y
mantiene una importantísima industria en Francia., en
Inglaterra., que se distingue por la finura de sus productos, en Alemania, en Rusia, y basta en España, donde
la producción, en estos últimos años, ha aumentado
considerablemente.
Las substancias aromáticas propia.mente dichas proceden, en su mayor parte, del reino vegetal, por más que
algunas, como el almizcle, se deriven de la secreción de
un animal, y por más que en la industria. de la perfumería se utilicen á veces substancias, por cierto nada limpias, de ratones ú otros animales, para obtener determi-

Yo soy hoja seca,
tú lirio entreabierto
yo soy el desierto, '
el o a.si eres tú.

A mí ya me cansa,
me pesa la vida,
y á ti te convida
la tuya á gozar.

Olt11ar10 u. Jladradt.

Detrás de las cortinillas de in·
rlia.na. se dibujó su silueta. sobre el
fondo de la ba.18a comunal. Y en
la sala gi::a.nde, fresca y si!fmciosa,
permanecimos nosotros, calla.dos
como baffados en una atmósfer~
de paz y de quietud.
Nos faltaban recorrer tres kilómetros á ~ie para llegar á la ciu•
dad. Partimos, pero partimos con
pesar de abandonar una aldea tan

bonita, a.Idea apega.da. á la conservación dl:l una raza por una insignificante historia., á la cual los
campesinos aparentaban dar crédito sin creer en ella: la aldea en
que las leyendas florecen naturalmente, aun en el dintel de las viejas
casas de madera, como las rosas.
ALBERTO DorssrÉRE.

Tienen las mujeres
En todos los casos,
valor y denuedo;·
y nos vuelven locos
y hacen del más listo
juguete ligero.
Rompen corazones,
maltratan y hieren
sin pizca de miedo;
y al mirar las lágrimas
de los tristes ojos,
nunca sienten duelo.

-.. -! ..

LOS PERFUMES
SU EMPLEO EN LOS PUEBLOS ANTIGUOS.-AROMAS NATURALES.-LA MÚSICA DELOS PERFUMES,

.\

Ignoro, amigo lector, si eres ó no aficiona.do á los perfumes; pero de mí sé decirte que la costumbre de usar d~
ellos dentro de los debidos límites, no me parece _defecto ~i •¡.
contrariedad en la vida, y antes la reputo de cualidad envidiable y positivo beneficio.
. .
Declaro, pues, sin ambages, qi;e gusto de recrear mi_s o¡os L.:======~'I
con las bellezas del color y la línea; que ena.mor_an mi oído
las creaciones de la música y los vagos murmurios del mar
.
Y, de la selva.; que pala.deo con delicia manj_ares delica.d_os Y exquisitos vinos; que me apetece el tl\cto suavísimo del _terc1opel_o Y la
seda, y que me hechiza de igual modo un perfum':ldiscreto, piadoso
a.migo y generoso ha.lago de mi olfato.
•
.
El uso ordinario de substac.cias aromáticas resulta ser ca.si tan
antiguo como el hombre. En los pueblos primitivos las vemos empleadas en las ceremonias del culto, especialmente quemándolas
ante los altares, de donde deriva sin duda alguna la palabra. per·

na.dos matices olorosos. La química, por su parte, y
hasta a.hora con v11,riada fortuna., ha trata.do de producir perfumes, sintéticos reconstituyendo científicamente
los de tales ó cuales flores; mas de otro lado ha conseguido la. obtención de esencias artificiales que imitan las
de la grosella, el limón, la piffa y otras frutas, y que se
emplean frecuentemente en toda suerte de trabajos de
repostería, y otras muchas, como la nerolina, el terpino] ó la del salicilato de metilo ( ácido salicílico tratado por el sulfúrico en presencia de alcohol metílico],
que ha logrado ponerse en moda entre los yanquis; mas
na.da, hasta hoy día, ha conseguido igualar siquiera. la
suavidad y frescura. de los aromas na.tura.les.

***

-··-·

. --·-· -··-

... ·;~Mod11lo1 de bordados y pinturas.

6.-Bordado de punto y colecc16n de trajee para nli'loa.

Estos han sido objeto de distintas clasificaciones,
agrupándolos en diez y_ocho clases_, denominad!Ls, respectivamente, rosada, Jazmínea, violácea., almizclada.,
balsámica, ambarada., herbácea, etc., según el prototipo
de ca.da una, al que se han referido los demás tipos secundarios; pero la clasificación más nota.ble en la materia. es la que hizo Delpino en 1873.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Et

CONflDfNCIAS

Jlño X-tomo n-núm. 11

MUNDO ILUSTRADO
mtx1co, Stptitmbrt u dt 1901.

Cierente: LUIS Rtns SPINDOLA

Director: LIC. RAl'AIL RtYfS SPINDOLA.

EA usted franco. ¿Cree usted i:unceramente que su salud es buena? ¿Tiene 1a
profunda convicción de que cumple de una mar.era regular é irreprochable
con todas las funciones que por su salud, ocupación ó estado, le ha conferido
la naturaleza? ¿No ha sentido jamás ninguna molestia que perturbe sus aptitudes? Reflexione seriamente sobre esto, pues en infinidad de ocasiones no dará u8 ted importancia á muchos pequeños síntomas, que pueden ser fecunda-

,

mente de graves resultados.
Usted sabe que muchas enfermedades, sobre todo las que obran por consunción de una manera lenta, tienen ~~mejantes,sino iguales,los primeroi:: síntomas,
.1e. tal

S.bKrlpci6n measa1I for•au S1.50
ldem,
ldem. H la c1pilll $1.JS

modo, que la

Anemia, Tuberculosis,
Neurastenia, etc.
son difíciles de diagnosticar en sus principios.
Comunes á estas enfermedades son una variedad de síntomas molestos que seguramente habrá ueted sentido alguna vez ó cuando
menos en parte.
El imsomnio, la jaquecas frecuentes, los puntos negros que flotan ante la vista, la inapetencia, sensación de pesadez y malestar al levantarse, torpeza en los movimientos, suefío ó pereza inmotiYados mal humor, desarreglo en las digestestiones, falta ó pérdida de la memoria, imposibilidad para dedicarse á los asuntos que requieren intervención de la inteligencia, dolores vagos sin causa aparente, debilitamiento ó pérdida de las funciones sexuales, etc.
Todo este cuadro de síntomas, unidos á otros much 0 s que sería largo enumerar, puede decirse que forman el cuadro clínico de la mayor parte de las enfermedades consuntivas, sumamente extendidas y tanto más graves, cuanto que con su insidioso principio, pasan en
la mayoría de los casos inadvertidos y sólo manifiestan sus perniciosos efectos, cuando han hecho progresos formidables que si no imposible es muy difícil detener.
Probablemente usted habrá sentido algunos de estos achaques á los que quizá no habrá dado importancia, pues en algunos casos la
Naturaleza triunfa y la huella que dejan es tan lijera que nadie se preocupa por sus resultados.
Convendrá usted, pues esto es indudable, que repetidos estos desequilibrios orgánicos, poco á poco minan su salud, y cuando usted
justamente alarmado desea recobrar esa salud, ó no puede conseguirlo, ó si llega á lograrlo, es solamente á costa de grandes y laboriosos
sacrificios.
Si al primer achaque, á la primera molestia, ustrd, como hombre pensador se preocupa de su. estado y desea verse libre de funestas consecuencias, recuerde lo que á este respecto dicen los médicos más afamados. Torne sin pérdida de tiempo el

Del Doctor

LATOUR BAUMETZ,
que sin ~olesti~ ~e !lingú~ género, devolverá á su organismo_ e~ ~ompleto vigor y la plena salud que había perdido.
Temendo facil remedio todos los males que forman el prmc1p10 de las variadas enferdades á que está sujeta la Naturaleza humana,
en lamano de usted está el arma que debe servir para combatirlas; cúlpese á sí mismo si no aprovecha la oportunidad de hacerlo.
No siendo el

Vino de San Ger01án
una prepaaci6n
empírica, . sino que está ajustada
á. los más rigurosos principios &lt;le la cienci·a y que h a s1"do no solamen.t e a pro bad a smo
·
.
.
prescrita por los más emmefites .y conocidos médicos, puede ueted tamarla sin temor, recomen d arl a á sus amigos,
·
d ar1a a, su fami·¡·ia
con absoluta confianza dvnde qmera que haya un dolor que aliviar ó una 1mferrnedad que combatir.

DE VENTA EN TODAS LAS DROGUERIAS Y BOTICAS
Stñor 0tntral Don Porfirio Díaz,
Pmldttttt dt lil ~tpúbllc,.

�Domingo 13 de Septiembre de 1903.

Do.mingo 13 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO.

La guerra de Crimea. [para no tomar la cuesfina con el espiritualismo y el estoicismo. Petión desde tiempos inmemoriales] di6 fin á la
ro un datidy no puede ser nunca_ un hom_b~e
desastrosa campaña cuyo centro de acción fué
vulgar. Si llegare á cometer un cr~men, q~nzas
el sitio que ha servido para bautizarla, la
no se sentiría degradado; pero s1 ese crimen
península de Crimea. Se constituyeron, menaciere de una causa trivial, el deshonor sería
diante el tratado de Berlín, los pequeños EsEl martes próximo, 15 de septiembre, celeirreparable. Que el lector no se escandalice de
tados del Norte de Turquía, seccionando los
lebra el país el natalicio del Sefior General
eiia gravedad en lo frívolo, y que recuerde que
«vilayetos» y apartándolos de la soberanía turhay una grandeza en todas las locuras, una
Don Porfirio Díaz, Presidente de la República.
ca, si bien mediante ciertas restricciones en su
fuerza en todos los excesos. ¡Extrafio espiriindependencia.
«El )fondo Ilustrado» anticipa su respetuotualismo! Para los que son á la vez sacerdotes
De entonces dats. la actual rebelión. Antey víctimas del dandismo, todas las condiciosa felicitación al ilustre Gobernante, hacienriormente, casi desde que los turcos se posene" complicadas á 111.s cuales se someten, dessionaron de Constantinopla, las poblaciones
do votos por su prosperidad personal.
de el vestir irreprochable á toda hora del día
cristianas, debeladas, han pretendido sacudir
y de la noche, hasta los peligrosos juegos de
bruscamente el yugo opresor de la banderade
sport, no son sino una gimnástica. propia pala media luna. Pero nunca como hoy la rebera fortificar la voluntad y disciplinar el alma.
lión ha tomado caracteres ele seriedad que -la
En verdad, no estaría completamente equivohacen difícil de aplacar y peligrosa para la
cado si considerase el dandismo como una esexistencia misma del Im¡:,erio otomano.
pecie de religi6n. La regla monástica más riBoris Saratoff, el «léader» que cuenta con
gurosa.. la orden irresistible del «Viejo de la
robre rico, ocioso, y que aun desenmayores amigo!! y con prestigio más grande,
)Iontafia»
que
impone
el
suicidio
á
sus
discítado, no tenga otra ocupaci6n sino la
es el que levanta hoy la bandera ele la rebeli6n,
pulos fervientes, no han sido más despóticas
de correr en pos de la felicidad; el
en las montuosas regiones ele Macedonia y de
ni
más
obedecidas
que
esta
doctrina
de
la
elehombre educado en el lujo y acostumbrado,
Albania. Es un hombre fuerte, formidable
gancia y de la originalidad, que ordena tam•
desde su juventud, á la obediencia de los deodiadQr de la religi6n y de la administración
bién
á.
sus
ambiciosos
y
humildes
sectarios,
más hombres; el que, en fin, ni) tenga otra ocuturcas; querido por los suyos, temido por 1011
hombres á menudo llenos de ardor, de pasión,
pación que la elegancia, presentará siempre y
enemigos. Y lleva la bandera de la independe
coraje,
de
energía
contenida,
la
terrible
f6ren cada momento, una fisonomía distinta y
dencia de su país, ayudado en los combates,
mula: «Perinde ac cadáver!•
completamente singular. El dandismo es una
eH los vivacs, en los campamentos, por una
Que
esos
homhres
se
hagan
llamar
refinados,
institución vaga, tri.n bizarra como el duelo;
mujer, una .nueva. Juana de Arco, búlgara,
«incroyiibles,• «bellos,» «liones» ó dandys, tomuy antigua, puesto que César, Cat~li~a, ~1que· se cree enviada por la divinidad para indos
provienen
del
mismo
origen;
todos
particibiades, nos ofrecen modelos extraordmanos
depender á su pueblo.
ci pa.n del mismo carácter de oposición y de
en su género; muy general, puesto que ChaEsta parte de la historia. de la insurrección
rebeldía; todos son representantes de lo que
teaubriand la encontró en las florestas y al
en los Balkanes es muy novelesca y á propóha.y
de
mejor
en
el
orgullo
humano,
de
esta
borde de los lagos &lt;lel Nuevo ~Iundo. El dansito para influir en la imaginaci6n de a.qutllos
necesidad, muy rara hoy, de combatir y desdismo que es una institución fuera de las lepueblos, perdidos en las montañas, medio citruir
la
trivialidad.
De
ello
nace,
en
los
dnnyes, tiene leyes rigu~osas á las qu~ están somevilizados, fácilmente impresionables por tales
dys, esta actitud altanera de e2sta provocadotidos todos sus súbditos, cualesquiera que sean
episodios en la vida de sus jefes.
ra,
aun
en
su
frialdad.
El
dandismo
aparece
el arctor y la independencia de su carácter.
Contra los rebeldes [ que como pasa siemespecialmente en las épocas transitorias en que
Los novelistas ingleses que, más que otros,
pre, conocen admirablemente "las montal'laa
la
democracia
no
es
todavía
todopoderosa,
en
han cultivado la novela de «high life,» y los
nativas y son valientes hasta la temeridad]
que la aristocracia. no está. sino parcialmente
france:-1es, que han querido en especial escriel Sultán Abdul Hamid lanza sus fuerzas. Los
vacilante
y
envejecida.
En
la
turbación
de
esas
bir novelas &lt;le amor, han tenido el cu~dado, y
verdaderos soldados turcos están pésimamen•
épocas, algunos hombres desorientados, decepcon mucho juicio, de dotar á sus personajes
te organizados, y ha siclo preciso que oficiales
cionados,
desocupados,
pero
ricos
de
fuerza
de fortunas suficientemente vastas para pagar
alemanes vayan á instruirlos, para que siquienativa,
pueden
concebir
el
proyecto
.de
funsin vacilación todas sus fantasíae, y los han
ra presentaran en algo el aspecto de un batadar una nueva especie de aristocracia, tanto
dispensado de toda profesión. Estos seres no
ll6n 6 de un escuadrón. Pero estas tropas,
más
difícil
de
romper
cuanto
que
eatará
basatienen otros empleos sino cultivar la idea de
amén de que son escasas, se utilizan más bien
da sobre las facultades más preciosas é indeslo bello en su persona, de satisfacer sus pasioen las grandes ciudades, ó para. las expediciotructibles,
sobre
los
dones
celestes
que
el
tranes, de sentir y de pensar. Poseen así á su
nes de confianza. Quedan para reprimir la rebajo
y
el
dinero
no
pueden
conferir.
El
danantojo y en amplia medida, el tiempo y el dibelión los ..bashibasucks.-, conocidos también
dismo
es
el
último
resphmdor
de
heroísmo
en
nPro, l:lin los cuales la fantasía, reducida al
por el significativo nombre de «dis.blos nela.a
decadencias;
y
el
tipo
del
dandy,
enconestado de un ensueño pasajero, no puede tragros».
trado
por
el
viajero
en
la
América
del
Norte,
ducirse en acción. Es desgraciadamente cierDe las montañas del Turkestá.n, en la reno destruye de ninguna manera esta idea; pues
to q,fo sin el ocio y el dinero, el amor no puegión
que menos ciYilizada se encuentra, es de
nada
impide
suponer
que
las
tribus
que
llade ser sino una orgía plebeya, 6 el cumplidonde
el Ministerio de Guerra de Constanti•
mamos
«salvajes»
sean
los
despojos
de
grandes
miento de un deber conyugal. En lugar de un
nopla
envía
á buscar sus tropas auxiliares. Se
civiliw.ciones
desaparecidas.
El
dandismo
es
capricho ardiente y sofiador, conviértese en
saca de su terruño á los bashies, sin instrucun sol poniente: como el astro que declina es
repugnante «utilidad.»
ci6n de ningún gfnero, sin antecedentes miliadmirable, sin calor y lleno de melancdlía.
Si hablo del amor á propósito del dandismo,
tares, hasta sin saber siquiera. el idioma de
Pero ¡a.y! la marea montante de la democracia
es porque el amor es la ocupación natural de
Turquía. Ellos hablan un bárbaro dialecto, en
que
invade
y
nivela
todo,
ahoga
día
por
día
á.
los ociosos. Pero el dandy no apunta al amor
el que se pueden encontrar restos de cuantoe
estos últimos representantes del orgullo humacomo á un fin especial. Si he hablado del dineidiomas se han hablado en el Asia Central,
.
no,
y
vierte
olas
de
olvido
sobre
las
huellas
de
ro, es porque es indispensable á las personas
desde hace siglos largos.
esos prodigiosos ensimismados. Los dandys
que hacen un culto de sus pasiones; pero el
Estos «diablos negros» no reciben paga ni
dandy no -aspira al dinero como á una cosa . se hacen cada vez más raros en Francia en
soldada. alguna. Se conforman con los botines
tanto que en Inglaterra el estado social la
esencial: podría bastarle un crédito indefinido;
que la guerra de montañas les proporcion~
constitución (la verdadera constitución, la que
el dandy abandona esta grosera pasión á la
La consecuencia lógica do tan curiosa organise expresa en las costumbres) dejan por largo
gente vulgar.
zación es que, cuando los basucks han dejado
tiempo
todavía
un
sitio
para
los
herederos
de
El dandismo no es, como muchas persode pelear algunas semanas, hay que dejarloe
Shéridan, de Brúmme), de Byron, si es que
nas parecen creerlo, un gusto inmoderado por
que roben más, en la primera poblaci6n que
aún se presenta algmen que fuese digno de
el traje y la elegancia material. Estas cosas no
visitan, porque más se les debe, y hay quepasubstituirlos.
son para el perfecto dandy sino un símbolo
CHARLES BAUDELAIRE.
garles de manera tan original.. ...... .
de la superioridad aristocrática de su espíritu,
Así, á sus ojos, seducido ante todo por la «distinción," la perfección del vestido consiste en
En el grabado que publicamos en otro lugar,
la simplicidad abiioluta que es, en efecto, la
mejor manera de distinguirse. ¿Qué es entonverán nuestros lectores un campa.mento de reces esta pasión que, convertida en doctrina,
beldes en las montafias de Macedonia.
CAUSAS DEL MOVIMIENTO.-BASHIBASUCKS
ha hecho adeptos dominadores, esta instituY ALBANESES.
ci6n no escrita que ha formado una casta tan
Buestra primera plana
altiva? Es, ante todo, la necesidad ardiente de
La ca?sa de los cristianos en las provincias
hacerse una originalidad, contenida en los limites exteriores de las conveniencias. Es una
septentrionales de Turquía, gana terreno diaFl retrato del Sefior General Don ,Porfirio
ria.mente, y, á no ser por las difíciles cuestioespecie dt. culto de sí mismo, que puede soDíaz, que publicamos en primera plana, l!8 el
nes de diplomacia que en ella se sintetizan y
breven.ir á la persecución de la dicha que proúltimo que se ha hecho, y ningún periódico,
condensan, fácil fuera que á la hora actual
porciona otra perl:iona, la mujer, por ejemplo;
hasta hoy, lo ha dado á conocer.
que puede sobrevivir aun á todo lo que sellaalguna de las grandes potencias que dirigen eÍ
moviti:üento político en el Yiejo )Iundo, hubieman ilusiones. Un dandy puede ser un homLa pequefíez del espíritu se hace sentir, sora ya impuesto su voluntad para df'jar, de una
bre desencantado, puede ser un hombre que
bre todo, en las grandes cosas.
sufre; pero, en este último caso, sonreirá cobuena vez_, resueltos los c~mplexos problemas
que constituyen lo que, diplomáticamente se
mo el lacedemonio bajo la mordedura del
*
conoce, desde hace afios, con el nombre d~ la
La nobleza del hombre procede de la virtud,
zorro.
«Cuestión de Oriente».
Vese que, en cierto modo, el dandismo cony no del nacimiento.
·

FELICITACIÓN

+++++~+i-+t
EL DANDY

Tus resto~ del General Bravo
en Ronor ~el Riroe. -~olemnes ceremonias
En el último número de «El Mundo Ilustrado» consignamos In. noticia de que el domingo seis, por la tarde, serían recibidos
en México !os restos del magnánimo insurgente Don Nicolás Bravo, que el Gobierno
mandó exhumar del templo parroquial ele
Chilpancingo, donde se encontraban depositadoe.
Ampliando nuestra informaci6n relativa á
este asunto, hacemos en seguida una breve reseña del acto de la exhumación y de los honores que, tanto en Chilpancingo como en Iguala y en México, se han tributado al ilustre
patriota.
La exhumaci6n, que se verificó el día 30
fu6 hecha en presencia del sefior Gobernado~.
interino de Guerrero, Lic. Silviano Saavedra,
del representante especial del Gobierno de la
Unión, del Jefe de las armas en aquella plaza
y de un gran número de particulares, así co:
mo de empleados del Estado y de las oficinas
federales.
Abierta la caja mortuoria, se procedió á recoger los restos para depositarlos en la urna
en que debían ser traídos á la capital, encoutrándose, con sorpresa de todos los concurrentes, que no obstante e1 tiempo transcurrido
desde la muerte del héroe ha~ta el día &lt;le la
exhumación, algunas partes del uniforme se
conservaban ·sin el deterioro que era de suponerse. La urnafuéconducida en hombros por
los mismos caballeros encargados del ar;eglo
de la exhu::.1ación, á. la sala de Cabildos que
estaba convertida en capilla ardiente, ·:/ una
vez allí, el sefior Don Francisco Parra con el
carácter de orador oficial, pronunció Ún discurso enalteciendo los méritos de Bravo como caudillo de la Independencia.
Los funcionarios de la Administraci6n Pública y los empleados hicieron, turnándose cada media hora, guardia de honor á los restos,
y por la noche hubo una solemtle velada fú-

nebre en que tomaron parte los alumnos de las
escuelas oficia.les.

***

El día primero los restos fueron transladados á Iguala, custodiándolos, como comisiona-

tu6 otra fiesta en honor del patriota, notándose en todas las calles inusitada animación. En
la mañana. del sábado cinco, los sefiores
Doctor Don Consta.ocio Peña Idiáquez, Ingeniero Don Ignacio L. de la Barra y Licen-

CHILPANCIXGO.-La exhumación de los restos.

dos del Gobierno de Guerrero, los sefiores Diputados á la Legislatura. local Francisco J.
Meléndez é Isaac Alarcón. En Iguala se efec-

ciado Fidencio Hernández, nombrados por la
Secretaría de Gobernación para recibir los restos en la ciudad mencionada, se hicieron car-

y

ta tnsuntcdón tn los Balkants.

*

CHILPANCINGO-Cond ucción de los restos al Salón de Cabildos.

CHILPANCINGO:-La guardia de honor.

�Dommgo 13 de Septiembre de 1903.

-

EL MUNDO ILUSTRADO

DomJmgo 13 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

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Bajando la urna.

Lo.s estandartes ,de las Sociedades Mutualistas.

das de Buenavista á la Diputación y de allí
hasta Chapultepec, en un carro de artillería,
sencilla y elegantemente decorado.

***
La ceremouia efectuada en el Bosque el 8

por la mañana, con el doble objeto de tributar
al General Bravo los homenajes á que se hizo

acreedor como caudillo de la Independencia, y
de honrar la memoria de lüs cadetes que murieron en defensa de la Patria el 13 de Septiembre de 1847, super6 con mucho en lucimiento
á las celebradas en años anteriores. La tribu-

na monumental, que protegía un amplio toldo y que estaba decorada con multitud de flores, banderas y atributos de guerra, fué
insuficiente para contener la extraordinaria
concurrencia que asistió al acto.

En la plataforma, frente al lugar en que
tomaron asiento el Primer Magistrado de la
Naci6n y los sefiores ·Ministros de Guerra, Fomento, Justicia, Gobernación y Comunicaciones, y Subsecretarios de Relaciones y de Ha-

cienda, se levantó uu sencillo monumento
adornado con palmas y laureles, y sobre la columna que lo componía, medio cubierta por
un lienzo de los colores nacionales, se puso la
urna que guarda las cenizas del vencedor del

Palmar. Una estatua de la Historia, colocada
al pie del monumento, realzaba la belleza del
conjunto.
El programa consistió en algunas piezas de

Aspecto del frente del Palado Municlpail al organizarse el desfile rumbo á. ChapuJtepec.

música que ejecutaron las bandas de Estado

•

.(i

LOS RESTOS DEL GEJNERAL BRA VO.-Llegada d el cortejo al Palacio M'lllli~aJ.

go de ellos, depositándolos á bordo del tren
especial en que llegaron á México. El carro en

Presidente del Ayuntamiento, los Regidores y
los delegados de las sociedades mutualistas

que se puso la urna estaba convenientemente
adornado, y durante el viaje, una escolta del

la noche. . A las 12 y treinta IJegó por fin el

24º Batallón hizo guardia ante los restos.
De la estación de Buenavista, donde esperaban la llegada del convoy numerosas personas y agrupaciones, ls urna fué conducida

tren, y en vista de lo avanzado de la hora, se
dispuso que los restos permanecieran en el carro hasta las ocho de la ma:fiana del lunes, en
que, como dijimos, fueron transladados al Pa~

el lunes al salón de Cabildos del Ayuntamien-

lacio Municipal.

to. Sabido es que un accidente ferroviario im-

pidió que el tren especial entrara en la estación el día y hora fijados -el domingo á las 6
de la tarde,-y que, con este motivo, hubo

neceeidad, á últim ahora, de modificar el programa. Los sefiores Gobernador del Distrito,

permanecieron en el andén hasta muy entrada

***

Al recibirse alJí los restos, hizo uso de la palabra, á nombre del Cabildo, el Concejal Lic.
José R. Azpe, organizándose después la comitiva que debía acompafiarlos hasta el Colegio

'

Militar, donde estuvieron depositados en un.o
de los principales salones, convertido en capt•
IJa ardiente. El cortejo, formado por las autoridades superiores del Distrito, el Ayuntamiento, las comisiones de las Cámaras Y de
las sociedades mutualistas, era muy numeroso.

Al IJegar al Colegio, el sefior General Sebal'
tián Villarreal, como Jefe de la División qlll
hacía los honores al General Bravo, ent
los restos al sefior General Villegas, Jefe del
establecimiento, quien contestó á las f
que aquél le dirigiera, con un breve, pe~o sen•
tido discurso.
. Las cenizas del héroe suriano fueron

La urna es ,conducida al Sal6n de Cabil¡:los,

lill &lt;leofilG -

Paton!.

�Domingo 13 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Dómlngu 13 de Septiembre de 1903.

Mayor y Zapadores, unidas; en dos discursos:
uno que pronunci6 el sefior Lic. Alfredo Chavero, y otro que estuvo encomendado al seflor
Coronel Joaquín Beltrán, y en una poesía recitada por el poeta Amado Xervo. A nombre
del Colegio )Iilitar, habló el Teniénte )Ianuel
Caballero. Los oradores fueron muy aplaudidos.
Además, un grupo de alumnas de la Escuela de Artes y Oficios cant6 el Himno á los héroes de Chapultepec, y otro, de alumnos de
las escuelas nacionales primaria!'I, el Himno
Nacional, que todos los concurrentes escucharon de pie y con la cabez,i cle~cubierta. Tanto
ante la urna como ante el monumento erigido
á los cadetes mártires en el Bosque, i:c depositaron hermosas coronas, siendo el primero
en llevar la suya el señor General Díaz.
El señor Presidente de la República fué ovacionado por la .muchedumbre que invadía el
Bosque, lo mismo {t su llegada que al emprender su regreso á la ciudad.

franja de tierra se pierde en el horizonte. En
la casita de paredes blancas ya no penetran
los rayos solares. Las sombras, esas avanzadas &lt;le la noche, se van acercando, y en el cielo todo azul van apareciendo milláres de lu- .
ce~os que titilan como si tuviesen frío, como

to ora precipitado, y continúa hilando, hiland~ maquinalmente copos de algod6n blanco
blanco como la cabellera de la abuelit,,1, que~
fué para no volver.
¿.En qué piensa con la vista fija en la rueda
que gira y gira sin cesar, con su ruido monó-

***

La urna que guarda las cenizas de Bravo,
fué depo!c&lt;ita&lt;la el miércoles en la capilla de
Catedral donde se conservan los restu!i de otros
héroes de la independencia.

LA HILANDERA

aventuraR amorosas cuando ya era una mujercita formal.
Ella no quería que él, el bien amado, se fuera; no quería que la dejara !-'Ola en aquella casa, nido de sus recuerdos; sin su amor, sin sus
caricias, sin sus consuelos, ¡ahora que tanto los
necesitaba! Todo esto se lo rog6 con los ojos
llenos de lágrimas y el pecho preñado de suspiros; quiso formar con sus débiles brazos de
nifia una cadena de hierro que le sujetara, que
le detuviera para siempre, cerca, muy cerca
de ella ...... Pero todo fué inútil. ..... el rey necesitaba de sus servicios, y un buen francés
nunca, por nada ni por nadie, deja de ofrecer
al rey sus brazos y AU vida. Y se fué ... lloran•
do, él también, corrier:do, E-in volver la cara,
y dejándola como despedida sobre sus labios
trémulos un beso de amor, el primero, tal vez
el último, y cuyo calor aún le quema y le hace sentir los calosfríos de la pasi6n.
En todo eso piensa la nifla de cabellos rubios y ojos azuleR; en todo eso piensa, ora con
exaltaciones de desesperada, ora con languideces de neurótica, mientra'l que, triste y llorosa, sentada. junto á la rueca, continúa hi•
}ando, hilando maquinalmente el copo de algodón blanco, blanco como sus ilusiones, blanco como la cabellera de la abuelita que se fué
para no volver más.

--

....

Las fiestas de Covadonga

(LA FILEUSE)

TraJts rtglonalts.- Jlnlmada romtrla.
On::-oo A

HAFF

Atardece. Los últimos rayos del sol invernal, antes de perderse en las lejanías del horizonte, penetran por la venta.na abierta y van
á acariciar la cabecita rubia de la hilandera.
El campo, tomando ese color venliazulado de
los crepúsculos de diciembre, se ensombrece
poco á pocn, {t medid'\ que el sol va desapareciendo lentamente, como d marino que desde
el puente del buque se despide de su novia y
no quiere dejar de verla hasta que la obscura

El Salón de Cabildos de )léxico, con ,ertldo en capilla ardiente.

si hasta ellos llegasen las ráfagas heladas que
vienen del Nordeste.
Y, en tanto, la hilandera, la niña de cabellos rubios corno lali espigas de los trigales, y
de ojos azules como el cielo hermoso de su
querida Provenza, sigue en medio de la obscuridad que la rodea, sentada junto á su rueca, á la que imprime un movimiento, ora len-

tono y acompasa&lt;io? PienRa ... en lo que puede pensar una muchacha á los dieciocho afios:
en él, siempre en él, ¡l}n (1, que Re fu(, dejánla sola, abandonada, cuando aún estaba caliente el viejo sill6n de vaqueta y clavos dorados, en el que se sentaba todos los días la
abuelita para hacer calceta 6 para contarle
cuentos de hadaR, cuando era pequeñita, y

La colonia espafiola, que tanto se distingue
por el extraordinario empefio que despliega en
promover todo aquello que redunda en mayor
gloria de su Patria, organiz6 en esta ocasión,
con motivo del ani ver!-'ario de Covadonga, una
série de luciJísimas fiestas que la crónica de
la semana ha recogido para consignarlas como una de sus notas más brillantes.
Los afanes de la Junta especial encargada
de la organizaci6n de las fiestas, fueron coronados por un éxito tan merecido como completo, pues no de otra manera puede calificarse el que obtuvo con el concurso de trajes regionales y la gran romería que se efectuaron
en el Tívoli del Elíseo, y el que alcanz6 con
la función religio~a celebrada el miércoles en
Santo Domingo. A decir verdad, pocas, muy
pocas son las festividades de esta naturaleza
q~e han tenido entre nosotros igual lucimiento.

..

.*
. El_Tívoli, desde su fachada, adornado con
multitud de piezas. florales, dominando en
ellas los colores amarillo y rojo; guías de fo-

El cortejo en el Colegio Militar.

La cap111&amp; ardiente.

EN CIIAPULTEPEC.-La concurrencia.

LA.S FIESTAS DlD OOVA.DONGA..-Aspecto de una calle del •.rtvoli.

Baje prendidas á los muros y á los árbole11, y
arcos en cuya composici6n entraban desde la
hermosa gardenia hasta el humilde nomeolvides; escudos y banderas distribuídos aquí y
allá; y en las callecillas del parque, que sombrean los fresnos, un intermínable desfile de
gente dispuesta á reír, á cantar, á bailar, á entregarse al regocijo que invadía los corazones,
desbordándose á torrentes.
c(Manolas,» «asturianas,» «sevillanas » «catalanes,» «vizcaínos,,-un enjambre de' chicuelos vestidos á la usanza de las divel'Bas provincias españolas-animaba aquel hermoeo cuadro con un toque esencialmente pintoresco.
l'no por uno, los nifios fueron presentados
ante _el Jurado Calificador, y éste procedió en
segmda á hacer entrega de los premios-consistentes en jugue_te~ y o~jetos de arf.e-á aquellos que n:iás se distmgmeron por la.:propiedad
y elegancia con que vestían.
La ni fia Cristina Sánchez J uárez, que se hizo acreedora á una recompenea, la cedi6 galantemente para que se adjudicara á otra niña
que la ~ereciera, y _al~unos chicuelos siguieron su ~Jemplo, haciéndose aplaudir de la con.
currencia por aquel raf.'go de desprendimien- ·
to. Los nifios y nifias premiadoR fueron: Constantino Haza_-Peralta, Carmen Romero, Jose:fi~a C~rr~ndi, Joeé y Federico Breimberger,
Pilar Nonega, Carmen Rodríguez Miguel Bustamante y Dominica G6mez, Me{cedes Pache-

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DomJngo 13 de Septiembre da 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 13 de Septiembre de 1903.

EN MEMORIA DE LEON XJIJ

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SolemnPs honras fúnebres en Catedral.- El Catafalco.
Fot. de "El Mundo Ilustrado."

�Domingo 13 de Septiembre de 1903.

""'
su parte para lograr que las ~estas tuvieran un
éxito sin precedente, ofreció el lunch al señor General Díaz, c0n frases que revelan el
carifio que los españoles profesan á nuestra
Patria y á su ilustre Presidente. El señor Sánchez Ramos terminó su brindis con un saludo al Cuerpo Diplomático, cuyos miembros se
encontraban reunidos en aquel lugar, y con
un ¡viva! al señor General Díaz, que secundaron todos aplaudiéndolo.
.
El señor Presidente contestó, emocionado, á
las frases del señor Sánchez Ramos, elogiando
las cualidades que distinguen á la Colonia española, y después_ brindó el señor Embajador
de los Estados Umdos, General Clayton, pllra
dar gracias á la Junta organizadora, y celebrar
los progresos que han realizado aquí los esp!lñoles.

co, Lupe Rodríguez, Diógenes, Sói,rates y
Cleopatra de Lassé, Yalentín y Elena Sánchez, Mariano Yiamonte y Antonio Castillo.
Entre los demás chicuelos que entraron al
concurso, la Junta repartió bonitos juguetes.

** *
De los numerosos puestos que había en el
Tívoli, ya que no es posible hacer una descripción detallada de todos elloe, puede decirse que, en su mayoría, llamar011 la atención del
público, y con justicia. Había algunos verdaderamente notables por la originalidad de su
forma y por lo suntuoso del adorno, y mucho
contribuyeron, no &lt;'abe duda, al esplendor de
la fi€sta.
Las «jotas» y las «seguidillas» se ·s ucedían

Domingo 13 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

El Tívoli, durante todo el martes, se vió
concurridísimo.

***
Por lo que ve á la función religiosa, el templo de Santo Domingo, nuevamente decorado,
ofrecía un hermoso golpe de vista. Multitud
de focos incandescentes distribuidos en los
cornisamentos, columnas y entrepaños, y hermosas guirnaldas de flores azules y blancas,
que pendían de los arcos y de los capiteles,
constituyeron el adorno.
En el tabernáculo se colocó una imagen de la Virgen de
Covadonga que lucía, entre otras alhajas, uha
riquísima corona de oro, y á uno y otro lado
del presbiterio, se pusieron tiestos con plantas
de ornato.
La parte musical de la l\1isa, que fué muy
selecta, estuvo encomendada á la hábil dirección del maestro Jordá. La orquesta se componía de veintiséis ejecutantes.
A la solemne misa concurrieron el señor
~Iinistro de España y su esposa la señora
Marquesa de Prat, los miE,mbros del Cuerpo
Diplomático, el señor Arzobispo Alarcón y
muchas familias y caballeros de la alta sociedad mexicana y de la Colonia ibera.
Por último, diremos que la función efectuada el lunes en el Principal, como uno de los
números del programa, resultó muy lucida.
En otro lugar publicamos instantáneas de la
corrida que se verificó el domingo en la Plaza
«México.»

:

.~

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1-

..

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-~....
·-

--

"Baturros."

Constantino Haza (Primer Premio).

Ruinas dd coraxón

sin intnrupción, y por todas partes el entusitsmo'rayaba en delirio. A la hora en que se
desató la lluvia, el lunes, los concurrentes se
refugiaron en los salones dispuestos para el
caso, y allí se reanudaron los bailes en medio
de la más franca animación.

(Traducción de Domingo Estrada.)
Era mi corazón en otro tiempo
como una bella construcción romana,
formada de granitos y de pórfidos,
de ricos mármoles y de piedras raras ..... .
l\Ias pronto las pasiones tumultuosas
en él entraron con salvaje saña,
cual una horda de bárbaros, blandiendo
la roja antorcha ó la cortante espada.

***

El martes por la tarde, el señor Presidente
de la República hizo una visita al Tívoli,
siendo obsequiado, en uno de los principales
salone!I, con un magnífico lunch. El señor Don
José Sánchez Ramos, que, como Presidente de
la Junta de Covadonga, puso cuar,to estaba de

"Catalanes."

Y en ruinas se torn6 ...... ! Buhos infaustos
hubo, no más, y víboras extrañas:
y ni un humano ruido .... .. se agostaron
los lirios y las rosas perfumadas;
se vieron por doquier restos informes
de frisos, de columnas y de estatuas ..... .
y aun las sendas por fin desparecieron
por arbustos maléficos borradas.
Allí quedé yo solo, largo tiempo
ante el desastre, con sonrisa amarga,
días sin sol pasando, y tristes noches
en que ni un astro para mí brillaba ..... .
l\Ias tú viniste al fin, joven y hermosa,
blanca, inocente, por la luz bañada ..... .
y entonces yo, para formarte un nido,
lleno de fe, de fuerza y de esperanza,
con los escombros del palacio viejo
me puse á levantar nuestra cabaña.
FRANc1sco CoPÉE.

La Romerfa.-Aspecto

de

la calle central del Trvoli.

.... .

JO"LIETA
Noches azules de Verona ...... Errantes
Suspiros de la plácida arboleda,
Temblorosas campánulas rle seda
Como besos de labios palpitantes.
Serenata de 'irpegios tremulantes,
Que de sonoros bandolines rueda.
Chocar de aceros ...... Y en la brisa leda
Lamento'&gt; quejumbrosos y distantes.
Suelto el cabello, exangüe, pavorosa,
De Montesco la virgen prometida
Como yacente tumular reposa.
Y al moribundo resplandor de un cirio,
En su blanco sarcófago te,1dida,
Parece un alma errante sobre un lirio.
LEOPOLDO
La Romerfa.-Puestos de con:fetti y ctgarroe,

DIAZ.

Tribuna del Jurado Callde&amp;dor.-GruPo de vendedoras.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 13 de Septiembre de 1903.

EN CATEDRAL
tas bonras fúntbrts dt l:tón XTil.
Como estaba dispuesto, el día cuatro del actual se efectuaron en la Basílica Metropolitana las solemnes honras fúnebres que en memoria del Papa Le6n XIII organizó la Mitra
de México.
Las honras, preparadas con más de un mes
de anticipaci6n, harán época entre las más notables ceremonias que se hayan celebrado de
t.rnchos afios á esta parte, no sólo por lo escogido y numeroso de la concurrencia que asisti6 á ellas, sino también, y muy especialmente, por la severidad y elegancia con que fué
decorado el recinto, y por la brillantez y suntuosidad del servicio religioso.
Grandes paños negros con flecos de seda cubrían el interior de la Basílica, partiendo de
la cúpula, en forma de pabell6n, cuatro enormes fajas que remataban en los capiteles, dando sombra al hermoso catafalco-obra de Tolsa-levantado bajo la atreYida cúpula Los
altares mayores desaparecieron bajo un grueso cortinaje, colocándose únicamente, en lugar
del que ve al coro, un dosel de brocado en cuyo fondo se destacaba una buena escultura de
Cristo en la cruz.
Frente al trono que ocup6 el señor Arzobispo, se pusieron los sitiales destinados á los señores Obispos de Puebla y de Cuernavaca y
á los miembros del Cabildo Eclesiástico que
concurrieron á la ceremonia, y á lo largo de
la crujía bs asientos necesarios para los curas
de las distintas parroquias de la capital, para
los demás sacerdotes invitados y para los seminaristas.
Cerca de las nueve de la mañana dió principio la «Vigilia,» úficiando de pontifical el señor Alarc6n, y concluída ésta, comenzó la
Misa de Réquiem, durante la cual fué asistido
el prelado por el Doctor Don Manuel Herrera, como Diácono, y por el Doctor Don Francisco Labastida, como Subdiácono. Los asistentes al trono eran el Arcediano Don Vito
Cruz y el Canónigo Don Emeterio Valverde.
La parte musical, que tanto llamó la aten_

ción del público por lo selecto de las ~bras.~scogidas, estuvo encomendada á la direc~1on
del maestro de capilla, sefior Camacho, siendo más de cincuenta ejecutantes los que componían la orquesta, y más de veinte los que
tuvieron á su cargo los números de canto. Como un detalle curioso, diremos que el sefior
Camacho dirigió también la parte musical de
las honras de Pío IX en 1878, y que cuatro
de los profesores de orquesta que ahora prestaron sus servicios, los prestaron igualmente
en las solemnísimas exequias de aquel Papa.
La ejecución del "Dómine&gt;&gt; de Mercadante
en la «Vigilia;» del ,,Introito» y ccSecuentia» de
Rossi, en la Misa, y del «responso&gt;, de Carcamo,
fué, en opini6n de los inteligentes, la nota más
saliente de las honras.
En cuanto á la oración fúnebrE&gt;, que pronunci6 Monsefior Solé, Canónigo de Guadalupe,
caus6 buena impresión entre los fieles, mereciendo de parte de los eclesiásticos una aprobación general.
Las Vísperas, que se verificaron el tres por la
tarde, resultaron también muy solemnes. Durante el acto se tocaron selectas obras de música sagrada, pronunciando la oración en latín
el señor Doctor Don Antonio Paredes.

***
Acerca del catafalco, proyectado por el insigne arquitecto Don I\Januel Tolsa, agregaremos unas cuantas palabras. La obra, que se
emple6 por primera vez en las exequias de
Pío IX, consta de tres cuerpos y está rematada por una estatua de gran tamaño, que representa la Religión.
De estos tres cuerpos, el primero afecta la
forma de un plinto almohadillado, de cuatro
caras, ó costados. En cada uno de éstos hay
una puerta adintelada con jambas y frontones curvos, y á uno y otro lado grandes lápidas, imitando mármol, con inscripciones en
latín. Cuatro pebeteros distribuídos en los ángulos del plinto, completan este cuerpo.
El segundo consta de cuatro pirámides cua?rangulares y oblicuas, que afectan, en conJUnto, la forma de un tronco de pirámide recta, también cuadrangular. Dos columnas jónicas que se levantan en cana uno de los claros

· Domlillgo 13 de Septiembre de 1903.

que dejan entre sí las pirámides oblicuas, sostienen el cornisamento. En el fondo, bajo la
bóveda que sustenta el último cuerpo, fle ve
una urna en que se supone están depositados
los restos del Pontífice.
El tercer cuerpo, que no es sino el complemento de la pirámide que arranca del plinto,
tiene en tres de sus lados un tablero en que se
lee una inscripción alusiva al acto, y en el otro
las armas pontificales. Descansando sobre la
cúspide, se levanta la estatua. Todo el monumento fué pintado de manera que á la simple
vista apareciera como construí do con materiales tan suntuosos como el granito, el ágata y
el mármol.
Las fotografías que hoy publicamos servirán para que todos aquellos de nuestros lectores que no hayan tenido ocasión de concurrir
á las honras, se formen una idea del extraordinario lucimiento de la ceremonia.

El fuego y el agua.
I
Amo el fuego-«el hermano fuego», -cuya
lengua de oro dice terribles palabras; que brilla en la tierra y en el espacio; en las pupilas
de los astros y en los cráneos abiertos en el
aire como sangrientas bocas devoradoras ......
Amo el fuego, espíritu sutil y profundo que
da vida al Universo; que alegra al hogar; que
purifica lo que toca; que crea y destruye; que
vibra en los objetos y en las cosas y pone su
ritmo cálido en la sangre de los héroes, en el
cerebro de los pensadores y en el corazón de
los poetas.
Amo el fuego, dulce en la mirada de las
vírgenes y trágico sobre el horror de los incendios, pero siempre poderoso elemento que
mueve las energías humanas, creador de los
gérmenes y de los fecundos espasmos, alma de
las caricias, padre de los besos.
Amo el fuego, tesoro de la juventud, gloria
del día, bello y fúlgido en el esplendor de los
ocasos escarlatas.
Amo el fuego, vencedor del hierro en el bra-

EN CATEDRAL.-El altar miayor y la nave central.

Amo el agua, ya baje de las nubes en las
sero de las fraguas; resorte de maravillosas innoches
de tormenta 6 en las claras maiíanas
dustrias; que corre por el mundo cual río de
tiemblen sus gotas c~mo luminosos diamantes
luz, y abrasa con su hálito los seres y lat:1 coen los cálices de los lirios marmóreos.
sas.
Amo á la cchermana agua», eterna vencedoAmo el fuego, flor de pudor y de castidad
ra
del «hermano fuego" ... Ella tiene una :tmarsobre las carnes mórbidas de las doncellas;
gura divina cuando-al ru?o impulso del ~olor
que enrojece los ásperos rostros de los guerreinmortal-sale por los OJOS en una lluvia de
ros é impulsa á los hombres de hierro á la
lágrimas heladas.
gloria ó á la muerte, y transforma en sagrada
FROILAN ToRmos.
ceniza los cadáveres amados.
Amo el fuego&gt; cuya lengua de oro dice terribles palabras.
II
Tambifn amo á la «hermana agua», que en
las noches lunares dice sus secretos en el surPublicamos en este número el retrato del
tidor; que tiene el alma cristalina; que es dulseñ.or
Doctor A. Butr6n, uno de los médicos
ce y acerba; que se deshace en ondas melodiomás ventajosamente conocidos en nuestro país.
sas en los lagos azules, y en los mares irritaLos servicios que el señor Doctor Butrón ha
dos se eleva en negras montañas á los altos
prestado á la salubridad pública en el tiempo
cielos; que tiene una voz y una canción; que
que lleva de ejercer la medicina, son muchos
gime y llora y despeina su cabellera de espuy muy importantes. Para. no citar más que los
mas sobre las anchas playas.
principales, diremos que en 1883, como MaAmo el agua, que da vida á los seres y á las
yor Médico Cirujano, combatió con éxito la
rosas y á todo lo que se estremece y palpita
epidemia de fiebre amarilla que se desarroll6
sobre la tierra, y que es también engendradoen Mazatlán, y que en Acapulco--puerto donra de la muerte.
de estableció su residencia después de la exAmo el agua misteriosa, muerta en los estinción de aquella plaga-desempefí.6 durante
tanques, en el silencio nocturno, á la sombra
once años, con notable eficacia, el cargo de
de los sauces; ó que dice, con su monótona
Médico Sanitario. A su trabajo personal y á
lengua metálica, cosas tristes de melancolía y
sus
vastos conocimientos en la materia, se dede pena.
bió, cuando el c6lera que diezmaba á HamAmo el agua vibrante y alegre al resbalar
burgo el año de 1892 constituía una terrible
sobre los guijarros, en pleno mediodía, que
amenaza para nuestras costas, la formaci6n
se desprende &lt;le las cumbres de las rocas, fordel primer reglamento de Sanidad Marítima
mando luminosas cabelleras de plata; que reque la Secretaría de Gobernación aprobó y pufulge al sol y se pierde en los verdes boscajes
so en vigor en todos los puertos mexicanos, encomo enorme serpiente, y que se derrama de
tretanto se expedía el que, con el carfoter de
los cielos obscuros para nutrir y dar vida á la
definitivo, se preparaba y en el cual cooperó
tierra maternal.
de manera muy directa el Doctor Butrón. La
Amo el agua, que impulsa las fábricas coley sobre derechos sanitarios, hoy vigente, fué
losales y ayuda al campesino en la ruda tarea
también, en parte, fruto de sus detenidos esde la siembra; que se incolora en el diáfano
vaso, verde en el estanque poblado de lotos y
tudios y observaciones.
En 1886, por iniciativa suya y con el auxide nenúfares, azul en la lejanía de los horizontes marinos.
lio del Gobierno Federal y de los vecinos de

EL SR. DR. A. BUTRON

EN CATEDRAL.-Aspecto de la crug1a durante las honras.

Acapulco, c,mstruy6 el lazareto de la isla
de la Roqueta, considerado como el primero
en su género en la República, por las m~gnificas condiciones en que se encuentra para el
servicio. El Hospital J uárez, de Acapulco, fué
también construido por el Doctor Butrón, conforme á un plan rigurosamente científico y
moderno.

***

Cuando, en diciembre de 1902, la Secretaría
de Gobernación declaró que la enfermedad
reinante en l\Iazatlán era la peste bubónica,
el Doctor Butrón ofreci6 al señor Presidente
de la República ir á prestar, gratuitamente,
sus servicios. El señor General Díaz crey6
oportuno utilizar esos servicios, siempre que el
distinguido facultativo recibiera en cambio los

Sr Dr. A. Butrón.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 13 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 13 de Septiembre de 1903.

Por último, el Dr. Butrón es~bleció_, en
«Pozolen,rancho poco distante de Villa_Umor_i,
una estación sanitaria modelo, para impedir
que la peste se propagara á otros Jugare~. ~a
estación, ajustada en ~odo á las p~escr1pc10nes del Consejo Superior _d~ Sal_ubndad, fué
una de las que más se d1stmgu1eron por su
perfecto servicio.

***

En junio próximo pasado, y P?r orden del
mismo Consejo, pasó el Dr. Butrc,n á ~Ianzanillo, acompafiado del Sr. Dr. Cano_b?]º, para desempefiar una importante com1s10n, que
llevó á feliz término. A su regreso á esta capital1 en julio próximo pasado, tuvo el Dr. Butrón la honra de recibir las felicitaciones del
Sefíor Presidente ele la República, del Señ~r
Ministro de Gobernación y del Señor Dr. L1céaga disponiendo el Sr. Secretario de Gobern¡ción que, juntamente con el Si:, Dr. N.
del Río, pasara al Puerto de Tampico par.a
emprender una activa campaña contra la epidemia de Fiebre Amarilla que allí se presentó
últimamente. Según sabemos, las medidas
dictadas hasta ahora han sido suficientes pa•
ra que la epidemia ..;aya desapareciendo rápidamente.
Es indudable que el Dr. Butrón alcanzará
en esta vez un éxito tan completo como el que
obtuvo en Sinaloa en su campafía contra la
peste bubónica.

La opinión que se tiene con respecto á la
vida, depende sobre todo del uso que se ha
hecho de ella .

ELMERCADO DEL AMOR
Una vez fuí al mercado del ar,nor y quise
comprar un corazón que me pareció puro.
-Doy mil besos por él, dije.
. .,
En los rojos iabios de la dueña se dibuJo
una sonrisa de desdén.
--¿Es poco? Os doy todo mi carifio.
Igual sonrisa en los labios de la bella.
-¿Poco aún? Pues bien, os ofrezco por él
un pufiado de diamantes de Golconda.
-V uestro es.
-¡No!. ..... ¡gracias! Guardadlo para el primer imbécil que pase.
Y me alejé pensando que en el mercado del
amor, lo que cuesta más es lo que vale menos.
CASillHRO PRIETO.

Instant!'tneas de la Romerfa de Covadonga.

La coITlda de Covadonga.-Después de un
lance de capa.

Cervera después de estoquear el pri roer toro.

UMBRA
La noche quieta y fría; junto al muro
donde la faz de la tragedia oscila,
el fulgor de un acero que vigila
y la luz de un relámpago inseguro.

honorarios que le correspondían, y con esta
condición recibió del Consejo Superior de Salubridad la orden rle partir rumbo al puerto
infestado. Allí, como lo dijo muy bien el señor Doctor Licéaga en su informe que sobre
la epidemia presentó á la Academia de :Medicina el 26 de julio próximo pasado, el Doctor
Butrón tuvo oportunidad de demostrar una
vez más sus vastos conocimientos y su laudable celo en el :iesempeño de su misión.
De Oso, donde combatió siempre con muy

buenos resultados la terrible plaga, pasó á Villa
Unión, lugar invadido también por la peste.
El éxito que alcanzó allí, secundado eficazmente por el Doct,&gt;r Carvajal, fué extraordinario,
pues mientras en Mazatlán la mortalidad se
elevó al 66 por ciento, en Villa Un:ón ap·e nas
llegó al 9 por ciento. El tratamiento seguido
en la curación de los enfermos, fué la apli•
cación de inyecciones intravenosas de suero de
Yersín, á dosis altas, de 40 á 80 centímetros
cúbicos al día; tratamiento que, por lo difícil

y por el peligro que ofrece de que el médico pueda contraer la enfermedad. sólo fué
puesto en práctica en Villa Unión. Otro de los
hechos que hablan muy alto en favor de los
D?ctores. But;ón y Carvajal, fué que llegaron
á mmumzar a todos los habitantes del lugar
y de los ranchos cercanos, con las vacunas
Haffkine y Be&lt;;lrreska. Este hecho ha sido
calificado, por el mismo señor Doctor Licéaga,
como sin precedente en la historia de las epidemias pestosas.

•

Un soplo de montaña; helado y puro,
bajo la reja funeral vacila,
que sólo deja libre á la pupila
el catafalco del espacio obscuro.

La insuITección en los Balkanes.-Un "alto" de los rebeldes.

Olvido hasta el dogal que me retiene,
y tu recuerdo acariciante viene
la pena á iluminar que me consume.
Que al evocarte, pudorosa y bella,
en mi Getzemaní flotá una estrella
y en mi sombra polar tiembla un perfume.
E!IIILIANO HERNÁNDEZ.

El "Serrallo" al recibir una vara.

,

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 6 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

.¡

til de los hijos del crimen y del infortunio; en una palabra, de los
desheredados de los hombres.
J. CRUZ RIVERA.

Domingo 6 de Septiembre de 1903.

&gt; -:~

LA CIGAB.B.A.
En los campos andaluces
que embelesaron mi infancia,
me enseñó desde pequeño
á cantar una cigarra.
Abierta a.l sol y á los ruidos
como una esponja mi alma,
bebió por sus lindos &lt;poros&gt;
cuanto en la tierra se guarda.
Sentí músico mi oído,
&lt;gustó&gt; el color mi mirada,
y en las líneas de las rocas
adiviné las estatuas.
Mi espíritu confundido
con mares, cielos y plantas,
llegué á dudar si yo fuera.
trozo de cuantv miraba.
Pájaro en medio del viento,
burbuja. en medio del agua,
molécula. en dura. piedra,
botón abierto en la rama,
era. mi ser todo á un tiempo,
y de un r11cirno colgada.,
una. cigarra ardorosa.
me decía: «¡canta., canta!&gt;

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10.-Ropa interior y blusa para casa.

Cantar? cómo? con qué cuerdas?
Entre las trémulas callas,
del viento gárrulo oyf'ndo
las melodiosas palabras,
y viendo rodar del río
el tropel de ondas perladas,
preguntaba tembloroso:
¡cantar! ¿y cómo se canta.?
Dondequj.t'ra, en torno mío,
bella canción preludiaban,
desde la tromba en el roble
hasta el insecto en la mata.
Opera para mí solo
era la tie1·ra acordada.,
y yo estaba en la gran fiesta
sin voz, sin nota y sin arpa.
Y entre el sonoro concierto,
desde el verdor de una parra.,
la cigarra abrasadora
me decía: «¡canta, canta!&gt;,

á oír su bella. palabra.
Los dáctilos de Virgilio
con voz ardiente declama,
y sudan de las estrofas
miel y resinas preciadas.
A Anacrl!onte interpreta.
y recita. sus estancias,
que llevi.n el sol heleno
y zumo de verdes pámpanas.
Tiene la sa.l&gt;ia. doctora
en una cepa su cátedra.,
en una cepa de Chipre
en andaluza injertada.
Y desde el claro racimo,
siempre redobla. mis ansias
con sus ardientes canciones
diciéndome: &lt;¡canta, canta!&gt;

Desde entonces me alecciono
ue mi &lt;maestra&gt; en las &lt;aulas,&gt;
y acudo en las rojas siestas

Versada. en letras !atinas,
las griegas entiende y habla,
y en la gran Naiuraleza
tiene su templo y su ara.
Yo la sigo en la vendimia

tras de las cestas colma.das,
qne en los pe.seros se tienden,
donde el calor las abrasa.
Yo sorprendo lo que dice
á los nidos en las ramas,
á la hormiga en su granero
y á la abeja entre la.s matas.
Cuando á. la tierra desciende
el sol en olas de llamas,
«¡fermentad!&gt; á. las bocegas
dice con voz abrasada.
Los sarmientos se retu&lt; rJen
al ronco son de su arpa,
y yo entretanto la escucho
que me dice: «¡canta, cantal&gt;

Con ella canto, y entiendo
el ritmo de su pentágrama;
ella es la. encendida. musa
que bal'la. en sol mis estancias.
Artista. que el arte adora.,
por la belleza se afana,
y las cuerdas de su lira
á ningún interés ata.
El gran crisol donde hierven
vidas de seres y plantas,
Na tu raleza. creadora,
es el portento á quien ama.
El fuego engendró su cuerpo
en una espig-a dorada,
y por lo ardiente parece
sol que en estío se cuaja.
Nunca se rompan tus élitros,
artista sublime y sabia,
y al son del arpa. que toco
¡canta tu música, canta!
SALVADOR RUEDA.

**
Tomad la. hija.*de
una buena ma-

dre, si queréis buena esposa.

Núm. l. :_Trajes de casa y visita.,
estilo reforma, co?feccionados, el
primero con tela hgera, color claro, y el segundo con tela más ~onsistente color oscuro. En el primero luce~ como únicos adornos pe·
queñas aplicaciones de_ cinta color
neuro ribeteados con crnta. muy a.ngo~ta,' de un col~r más cla1·0. Lo_s
pliegues del traJe parten de la mitad del corpido y llegan hasta cerca de la parte inferior de 19: f~ld9:,
desde donde el vestido contmua. h·
so. Un cuellohombre1·as de peque·
ñas d11nensiones cubre la parte ~uperior del corpiño,y las mangas, de
es,ilo moderno, se hacen tenn1uar
por angostos ¡,uños.
El segundo traJe, también de estilo reforma, no presenta en su confección novedades dignas de a.no
ta.rse.
.
Núm. 2.-Elegante traJe de paseo de estilo enteramente moderno
y n~table por su elegancia y bueu
gusto. Trajes como éste pl'lvan en
1as grandes poblaciones euro¡&gt;eas
y son apreciadísimos por las damas portadoras d~I chic y del bue_n
tono. La confección de esoo vest~do aun cuando no es muy compl1·
cada, requierl'I estricta aLt&gt;oción pa.·
raque eu todos sus detalles sa1ga
semeJante al modelo. En las mangas, particularmente, deb? por,e~·se
gran cuidauo para. que caigan bien
y no formen pliegue~ de ~al gusto
que alterarían la umforrn1dad. He·
corn..ndamos á nuestras lectoras este traje.
.;

Núm. 3.-Traje de calle, estilo
sastre, propio para sel'loritas. La
blusa cerrada enteramente y con
un lig~ro entable en la cintura, lleva
dos grandes solapas que en la parte superior se abren á manera de
cuellobornbreras. Las mangas, de
estilo japonés, luc_en ~n pequeña
adorno en su parte rnfer1or, forma.do con cinta ma1·avillosa é igual á
la que constituye los adornos d~I
cuello. La falda es enteramente h
sa, y lleva. por únicos ~do~nos, en
su parte inferior, aplicaciones d_e
cinta formando rectángulos obhcuos de lados salientes. El conjunto de este vestido es muy agradable y constituye una verdadera novedad.
ESPERANZA.

Traj.alto1 lnf1ntllN,

que me inspiró ese caril'I~ .
que es tan súbito en un v1eJO.
-Hola., ¿tú eres el pastor? ?
-Sí señor; ¿y qué se ofrece.
'
-¿Tienes
pa.d res..,
-No, ~el'lor._;
_•Cuántos años tienes•
e,
·Trece!
1
•
?
-¡.Y cuánto ganas, amigo.
-Un duro.
-¿Al día?
-¡Anda, ma.ño!
- ·Un duro alrnes?
e,
-¡Que no, digo!
Un duro «al año!&gt;
II

Le dejé que se marchara.
y en el monte me senté,

UN DURO AL AÑO
I
Monte arriba, cara al viento,
buscando reposo y calma,
íbarne yo muy contento
dándole descanso al alma;
y cuando á lo alto llegu~,
y al dar la vuelta á la.cima,
un rebaño me encon_tré
que se me venía encima.

Avanzaban las ovejas
.
marchando al paso _tranquilas,
y pasaba.e las pareJas
al sonar de las esqupas;
y á los últimos relleJ_os
de los rayos ve~pertt~os,
las vi perderse á lo l_eJos
por los ásperos camrnos.
Detrás de ellas. lentam~nte,
dando al aire una canción,
y sacando indiferente
su mendrugo del zurr? n,
venía un pastor, U? mño,
un imberbe zagaleJo,

y avergonzado, la. cara.
e~ las manos oculté.
Pasaron por mi memoria
tem¡&gt;los, palacios y re_yes,
los aplausos y la. gloria,
los discursos y las leyes,
los millones del banquero,
1as fiestas del potentado,
réditos del usurero,
ladrones en despoblado,
fortunas mal heredadas
en el tapete perdidas,

�Domingo 6 de Septiembre de 1903,

EL MUNDO ILUSTRADO

cortesanas celebra.das
de ricas galas prendidas,
los que del lujo se ufanan,
tantas glorias, tanto daño ....
y en tanto ha.y seres que ganan ..••
¡Un duro al a.ilo!

por lucir tu blancura?
¡Qué necia eres!
Cuantos pasaron
con desdén ó por sor~a.
tu gracia. bollaron.

III
¡Un duro! ¡Oh Dios! ¡Cuántas veces
lo habré derrochado yo
en miles de pequeñeces
que mi gust-0 me pidió!
En comer, sin tener ganas;
en caprichos, en favores,
en vanidades huma.nas,
en guantes, coches y flores,
en un rato de placer,
en un libro sin valor,
en a.postar, en beber,
en humo, en un buen olor .. ..
y ese duro que se olvida
en cuanto cnrrer se deja,
era. un a.ilo de la. vida.
de aquel niilo que se a.leja. ... .
y vi que somos peores
todos los se1·es huma.nos;
unos, falsos soñadores,
otros, falsos puritanos,

Mis consejos escucha
oi!!a inocente.
'
Pues ~u inocencia es mucha
piensa en la. fueute
'
piensa. en el nido '

ya. convertido en terrible
ángel exterminador,
y entre terrenos de Java.,
gritará de su alto escaño:
-&lt;¡Yo soy aquel que ganaba
¡Un duro al año!&gt;
V

ya. a.teo,s ó ya. creyentes,
todos en el daño iguales,
resol viendo diligentes
grandes problemas sociales,
y hay seres que en esa. edad
que ignora su p1·opio engaño,
deben á. la humanidad ... .
¡Un duro al año!

Así, á mis solas, decía,
solo, en la cumbre del monte,
mientras el sol se escondía
en el rojizo horizonte.
En la sombra se ocultaban
lenta.mente las a.Ideas,
y en la. ciudad humeaban
las fabriles chimeneas.
Veíanse allá. las cruces
de las santas catedrales,
y los rayos de las luces
&lt;le las fie¡,tas mundana.les.
Allí vi l'eo reunidos

LEJOS DEL LODO
[DOLORA]

Para se.her que el mundo
lo sabe todo,
coge del lodo in,uuodo
pizca ele Jodo:

.,..

..
.,.,
1

y!en la nieve, que llora
su aJ I.Jor perdido.
Tus miradas escondl',
también tus pa~os:
que ignore el mundo el dónde
de tus fracasos;
mas huye de ellos,
pues lo dirá cada uno
de tus ca.be los.

IV
¡No! Mientras del frío Enero
en una. espantosa. noche
mi prójimo, por dinero
me lleve á mi casa. en coche;
mientras de la. mina. obscura
saque el carbón ta.ata. gente,
pasando tanta amargura
para. que yo me ca.liante;

miles de seres humanos;
allí reza.o compungidos
los que se llaman cristianos,
entre el ruido y movimiento
de las modernas ciudades,

verás tu vida.
andar de boca. en boca,
ni!!a queri'da.
Nido de carretera.,
s iquiera en alto,
no faltará un cualquiera
que le dé a.salto:
y ya. caído,
á qué l lorar el ave
sobre su nido':'

mientras de Ia alegre fiesta
salga yo, que siento y creo,
y a.l pobre que me molesta
le mande airado á paseo;
mientras derroche la moda,
y se gasten grande ó chico
mil duros en una boda,
mil en entierros del rico,
y hasta. el sol desigual sea.
en dar al hombre sus rayos,
y haya. niílos con librea
que me sirva.o de lacayos,
ni creo en leyes humanas
ni en el que las bombas tira ....
palabras, palabras vanas,
mentira, todo mentil·a!
No hay á las penas consuelos,
¡sufrir y siempre sufrir!
El Cristo se fué á los cielos,
pero volverá á venir!
Su reino será de espante-,
sus leyes muy diferentes,
¡y allí se ha de ver el llanto
y el rechinar de los dientes!
Y ba. de subirá mil codos
más alto, el nuevo diluvio,
y en él mol'iremos todos;
y más alto que el Vesubio
nos ha de ver impasible,
&lt;ese niilo,&gt; ese pastor,

.,.,
.,
::

resumen triste y crüento
de las necias vanidades ....
y allá perdido en la plana.,
cantando, tras su rebiiño,
iba aquel niño, que gana
¡Un duro al año!
EUSEBIO BLASCO.

Si al borde del camino
la fuente mana.,
¿cuál será su destino?
¡Pobre fontana!
Ser del viajero,
del animal inmundo
y el reptil fie1·0.
Nieve, la. nieve pura,
¿la plaza.quieres

11
.,

•

•

•••

....
.,
.,..,....:1,
1
1
1

.,
¡,

Huya tu pie del lodo,
del lodo inmundo:
mira que, al cabo, todo
lo sabe el mundo;
y así tu vida
no irá de boca en boca,
niña querida.
€1 eantor de 6uadarrna.

.,
::.,
.,.,
.,.,
.,
.,:i
.,.,:1
.,

.,

..
.,.......,
.••..••
...,
,

-••
••
••
.,••

PABENTESIS.

••
••

"!!

Después de la injuria. aquella
que, por brillar con luz pura,
desde su guarida oscura
laoz6 la Envidia á. la. Estrella;
Después de la injuria aquella.•••
¡vive aún la Envidia oscura,
y en el cielo, con luz pura,
sigue brillando la Estrella ....
Y. GIRO.

14.-Monogramas para mantelería.

13.-0tros modelos de tejidos y bordados.

.,
.,:1
.,
.,.,
.,
.,

•

�Domllllgo 6 de Septiembre de 1903.

LA GRATITUD

•

Era el Sr. Juan un hombre robusto y fuerte, de edad indefinible
y si por su rostro alterado y rugoso se hubiese querido juzgar sus
años, podía haberse creído á la vez
que contaba cuarenta, ochenta 6
cien aílos.
Vivía solo, en una. casa vieja y
fea, que llena de grandes grietas en
sus débiles muros, amenazaba la rá·
pida descomposición de su inorgánico cuerpo.
Allá, en su juventud, fué un po·
bre obrero que á fuerza de grandes
sacrificios y nutriendo de escasa
alimentación su fuerte organismo,
logró, según se decía en el pueblo,
reunir unos dineros, que la fantasía popular hacía subirá inmensas
cantidades, y de aquí que gozase en
él fama de rico.
Con él llevaba siempre un her·
moso perro de talla gigantesca
que denotaba ser extremadamente
dócil; al retirarse á descansar, dormía á los pies de su lecho; en las
comidas, que eran escas&amp;.s y de pobres manjares, elegía lo mejor de
los alimentos, dándoselos en la boca al inteligente animal, que los engullía con gran presteza; tal era el
cariíIO que se tenían, que jamás se
separaban.
'renia en el perro un extraño confidente á quien contaba los sucesos
más interesantes del pueblacho; y
el animal, pendiente de sus labios, le
escuchaba atento, fija en él su mirada, como si entendiese tal vez lo
que su dueño le decía.
Si bondadoso era el señor Juan
con los animales, más aún lo era
con sus vecinos, á los que, en época
de escasa recolección, jamás negó
sus favores. El año anterior fué
de prueba para los labradores.
La sequía agotó sus plantaciones, y sus siembras, de fuertes y lozanas que hubieran sido, se quedaron en el más completo estado de
raquitismo que imaginarse puede.
El clamor de los labradores era
aterrador, grande, inmenso. Ante
aquellas numerosas familias ham•
brientas y furiosas, se conmovió el
buen corazón del señor Juan. Así,
brindó pequeñas cantidades metá·
licas, que fueron acogidas con gran
júbilo por parte de todos.
Extendióse la voz por el pueblo,
y como hormigas que van buscando un grano que aumente sus provisiones, al igual en número acudieron los labradores á casa del
señor Juan. Un coro de cientos de
voces entonaba himnos y alabanzas en honor del señor Juan, y la
gratitud de los labradores en aquel
entonces con nada podía compararse. Como á imagen adornrla le
rendían culto fervoroso.
-¡Gloria al amigo de los pob1·es!
¡Bendigámosle! ¡Vios se lo aumente!
Y así por el estilo, mil y miles
de exclamaciones lanzadas por los
labriegos, ciegos por su bienhechor.
Transcurrieron unos años. Ahora ya, aunque no todos, habfan pagado los préstamos, y el sPftor Juan
era mirado con indiferencia por el
olvidadizo pueblo.
Una noche, dormía el anciano con
el sueño del justo, cuando se despertó ahogado por un humo acre y
espeso que poco á poco iba invadiendo la habitación en que se hallaba. Momentos después oyó crujir de maderos y techos que s~
derrumbaban con gran estrépito;
inconscientemente levantóse de la
cama, y dirigiéndose hacia la pue,.
ta, la abrió intentando tal vez cono•
cer lo que pasaba, cuando una 111mensa llamarada intensamente roJa
subió por las escaleras con la v~locida.d del rayo; sobrecogido,lleno
de espanto, retrocedió hacía el fundo de la habitación; y ya allí, se
dió cuenta en su mente de lo que
ocurría; llamó á su per1·0, y abrieudo una pequeña ventana, se lanzaron los dos á la calle.
A la maílana siguiente contemplaba el seño1· Juan las cenizas de
aquella que fué su casa.; en ella
qnedaban los frutos conquistados
en sus juveniles años. ¡Ah! He hecho bien á muchos; ya me protegerán, dijo el viejo con voz lastimo-

EL MUNDO ILUSTRADO

sa, triste, como quien exhala un
gemido, á la vez que dos gruesos
lagrimones surcaban su tez. De
puerta en puerta, imploró la caridad de aquellos á quien favoreció,
y ahora corría la voz como regue·
ro de pólvora entr-e el vecindario.
¡Que viene el St:ñor Juan pidiendo!
exclamaban; y las puertas se cerraban ante sus ojos.
¡Oh! La gratitud de los hombres.
¡Pobre viejo solo en el mundo!
¿Solo? No, su perro le seguía.
SATURNINO PEREZ.

CANTILENA.
Febo se retiraba,
casi expiraba el día,
y la noche llegaba;
su fresca lozauía
marchitaba la rosa,
mustio quedaba el prado,
y el ave sonurosa,
dormida y silenciosa
en el olmo acopado,
cuando mi ninfa hermosa
salió á la fresca vega.
Y de sus ojos bellos
á la lumbre radiante,
y al esplendor brillante
de sus lindos cabellos,
de nuevo se despliega
la rosa ya adormida,
cobrando olor y vida;
torna el florido prado,
que ya estaba enlutado,
á matizar sus flores,
y á esparcir mil olores;
y las ya unidas aves,
dulcea trinos suaves
cantan muy dulcemente,
y vuelve de repente
á comenzarse el día:
que al ver á mi señora,
juzgaron que venía.
nuevamente la Aurora.

EL MUNDO ILUSTRADO

CANTARES.
DE ARRIBA ..... .

Allá en los montes están,
Robustos, como gigantes,
Y arden como pensamientos
En sus frentes, los volranes.
Entre montaña y montaña
'rendidos están los valles ....
Poi· ellos corren los ríos
Que en la enhiesta cumbre nacen ...
En la montaña está el fuego
Que luz y vigor esparce;
Arriba flotan las nubes
Que en arroyos se deshacen ....
Así se levanta el hombre
Que bien en torno reparte ....
¡Como la1S altas montañas
Se elev~n sobre los valles!
VENGANZA.

Has hablado mal de mí
Y me llegaste á ofender,
Compañero de mi vida,
Pero yo me vengaré.
Mira con mucho cuidado
En dónde pones los pies,
Que alguna vez te caerás
Y yo te levantaré.
Huye muy lejos de mí,
Que mi venganza es cruel. ...
Ancha es la herida del mal,
Pero es honda la del bien.
A. SÁNCHEZ RAMÓN.

RASTRO Y ALAS

EL DUQUE DE RIVAS.

Como un cartucho que la capri•
chosa naturaleza hubie1·a formado
de las hojas para llenarlo de rocío,
estaba un gusano sobre el gajo rugoso de una vid. El gusano había
recorrido durante el áía su dominio y reposaba. Su cuerpo blan·
do, verde, con sortijas punteadas
de un vivo color de leche, se bailaba tendido largo á largo. De p1·on.
to, en la ca.qeza apareciel'On dos a.o.
tenas, que volvieron á esconderse.

♦

t
♦

ii
tf

So'"""'"' eam"' en 0mo l'ulho= para todo, Jo, ponoo,

"n los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comodores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,soii renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á

i

w. s.

FARNSW0RTH.-Agente General.

ta. San Francl•oo11 lliín_,. B, llllf11cloo11

a. 1.

·······························•··

El cuerpo . se ~stremeció. Parecí
una respiración. Luego asorn:
ron otra vez,se dirigieron horizo
talmente hacia adelante y la m nire1•a t·mosa avanzó sus 'cuatro a 1
llos posteriores, levantando un
co en ~l centro. Y entonces los cu1t~o amllos anteriores siguieron h1c1a adelante. El gusano caminó. Detrás de su marcha quedaba un hilo
ar~entado. ¡Aquel repugnante ser
deJeba rastro! ¡Y subía! . . Sucedió
que un rayo de sol que a.tra.vesab&amp;
el dosel .formado por las hojas, vino á herirle. Y entonces se detuvo
Cas_ualmente cerca de él colgaba un
ra01mo nac~rado de uvas, donde
rebullí.an millares de insectos peq ueñísimos. El gusano se detuvo
C?ntemp!ándolos. Eran una especie de minúsculas mosquitas, pero
eran tantas, que, entre todas con
las al.as, pro~ucían un suaví~iJno
zumbido musical. ¡Cosa ex.tralla!
La oruga arrugó su piel como al
t1;1era un gesto que pudiera traducirse por estas palabras: ¡Oh, alin
hay seres despreciables con alas'
Y luego siguió su marcha ba~tÍ
un escondrijo húmedo dond~ yacía
enr&lt;;&gt;scado otro gusano. El reconoció que era su compañero y ,
s1;1 lado, hecho un espiral, se' recogió ....
Y por el dosel de las hojas ern,
pezó á temblar un rayo de sol.. ..

Doml.ngo 13 de Septiembre de 1903.

ªª'

!r:

JosE MARIA VELEz.

Calima.ya, Méx., julio 14.
El Dr. José de la Serna dice que
opina lo siguiente:
''Siendo el aceite de híg~do de
bacalao un maravilloso alimento
fácilm~nte asimilable, que exci~
el apetito y estimula las funcioms de nutrici6n, y hallándose dicho aceite en la Emulsión de ScoU
perfectamente mezclado con 108
hipof?~fitos de. cal y sosa, la preparac1on menc10nada resulta emi•
nentemente útil en todas las en•
fermedades en que predomina la
miseria fisiológica principalmente en la escrófula 'y tuberculosis.
En esta última enfermedad es sin
comparación superior á todas las
deruás preparaciones, y, por mi
parte, la u~o con muy buenos resultados en los niños y en la convalecencia de enfermedades agudas.''

EL TESTAMENTO
Dtl 11.110. Sr. Jlrzoblspo·Jetbal.
Los bienes fueron valuados
en $125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mutua",
Compañía de Seguros sobre la
vida, de Nueva York.
Hace pocos u1as que se practicó la
,ipertura del testamento del Ilustrfslmo Sr. Arzobispo D. Patricio A. FeehlD
en la ciudad de Chlcago, Illlnole.
La fortuna del distinguido prelado ascendió a. cerca de $125,000 oro americano ; y .según el Inventarlo que se ha
publicado, los bienes que dejó fueron
como sigue:
Dos pólizas de "La Mutua,' ' Compañta de Seguros sobre la Vida, de
Nueva York, por $25,000
oro cada una, 6 sean . . $ 50,000 oro.
Dividendos acumulados sobte una de las pólizas
9,329 oro.
Otra p0liza de seguro. . . 14,000 oro.
Acciones en efectivo y en
Bancos. . . . . . . . 37,000 oro.
Entre las &lt;tisposlclones del sellor Ar·
zoblspo, en su testamento, se hicieron
éstas:
A s u hermana, seiiorita Kate FeebaD,
que estuvo siempre con él basta su
muerte, $40,000 oro en bonos y $25,000
oro en una de las pólizas de seguro:
!l. la seilora Ana A. Feehan, viuda del
.sellor doctor Eduardo L. Feeban, her•
mano del sellor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pólizas, y ~5,000 oro eD
efectivo ; a. la Aeademla de San Patrl•
clo de Chlcago, de la que es preceptor&amp;
su hermana Madre Marra Catallna,
$10,000 oro' de la llltlma póliza ; A la
escuela • 'Santa Maria'' de ensellanza
práctica para varones, de Feebanvllle,
Illlnols, que era la 1.nstltucl6n por la
que m!l.s se Interesaba el seiior Arz0 •
blspo, se entregaron los $4,000 restan·
tes de la llltlma póliza.

E1pllcad6n dt

-----~:::--~~

Htstros grabados
Núm. l. Traje de paseo, para señoritas,confeccionado con tela de
medio tono y adornado
en la blusa con un ancho cuellohombreras de
enea.je. Las mangas, de
hechura moderna y es·
tilo japonés, llevan en
sus extremidades inferiores una aplicación
de encaje semejante al
del cuello. Los puílos,
muy estrechos, también
llevan ig-uales aplicaciones. La fa.Ida se tablea en pequeños pliegues y en toda su longitud, y en la parte inferior sólo lleva como
adorno una aplicación
de encaje semejante á
los anteriores. El conjunto del vestido es ele•
gante y de buen gusto. Por lo que hace á
los sombreros que aparecen en nuestro gra·
bado ambos son propios pMa la actual es·
tació~ de otoño. y se confeccionan con fi?·
res de lienzo y gasas. Las formas de pa¡a
pueden variar á elección de las interesadas,
que siempre deben procurarse aquellas for·
mas que sienten bien con la estatura de las
personas, estilos de peinado que us~n.y traje que lleven, según sea éste de v1s1ta, de
paseo ó de teatro.
Núm. 2. Representa nuestro grabado dos
trajes para niñas de 14 á 15 años. ]~tos vestidos se confeccionan con telas propias para
la estación, y el corte debe ser adecuado á
las estaturas, pues en uno la falda se lleva
con un pliegue inferior, y en el .otro con dos.
Los corpiños pueden confecc1onarse á.".º.
!untad, pero sujetándose en sus genera.h?a·
des á los modelos respectivos. Un corp1ílo
lleva ancho cuellohombreras, y el otro se
adorna con aplicaciones de cintas coloca·
da! longitudinalmente.
.
Nún. 3. Trajes de duelo para señoras JÓ·
'Venes. El primero de falda lisa y saco suel·
· to, tableado, debe emplearse con toca de
crespón. Las bandas de este crespón se usan
muy largas, pues á veces tocan el suelo. En
la mayor parte de las veces deben llevarse
recogidas con la mano derecha. El segundo
modelo es propio para un luto algo avanzado y consta de falda lisa y corpiño de hge·
ros pliegues y pasamanerías negras.

~

ESPERANZA.

--------------11usión... infantil
Una mañana de invierno,de aquel invierno
de 1890 en el que se heló el Sena, un rayo de
sol suave y triste, de un sol frío, entró en
la elegante alcoba de María, mi leal amiguita, acababa de cumplir nueve años; á esa
edad las niñas, en Europa, son todavía candorosas ....
El rayo de sol penetró por ent1·e las c&lt;;&gt;r·
tinas semicorridas, saltó sobre la camita
de la niña, se miró al espejo y jug.ueteó en
el suelo ... La nii'ia seguía con los OJOS. gran·
des y abiertos el curso fugaz y caprichoso
del rayito de sol... .
Decidió encerrar, guardar, conser_var la
nií'la de pupilas ras~adas aquel ray1to de
sol, y, levantándose ¡ubilosa, tomó un fras-

co de suave perfume que
yo le había regalado,
lo vació en cual1uier
1
~
parte, creo que enel i;ue\
lo, y con graciosísimo
afán se apresuró á em·
bocar en el lindo frasco
el rayo tentador. Luchó largo t,iempo,y después de algunas burlitas del rayito, que se
deslizaba á lo largo del
brazo, del cuello y del
seno de la niña y pasaba por sus labios be·
sándolos alegremente,
la criatura logró &lt;ence·
rra.r&gt; á su perseguido;
tapó inmediata y cuidadosamente su lindofrasco.
-1Ya. está dentro! 1Y
es el rayo de sol más
bonito que he vistolexclamó María.
-¿Para qué lo quieres?-le dije.
-Para tenerlo en los
días que el frío sea muy
grande y esté muy obs•
cura esta casa.
Guardó en su armario el frasco &lt;que ha•
hía llenado&gt; de alegría y de luz, y como un
reproche á mi sonrisa de burla, díjome:
-¡Ya verás ... ya verás!
Y vinieron días sin sol. El primer día la
niña nada hizo; el segundo, tampoco. Se supo abstener de tocar•su tesoro. Pero al
tercero, fué día obscurísimo y mi amiguita
se lanzó sobre su a.rmario, sacó el frasco
donde &lt;guardaba&gt; luminosas esperanzas..•.
y lo abrió ....
Del frasco también se había ido la viva
luz del sol. ...
María lloró la primera decepción de su
vida.
Con los ojos llenos de lágrimas me dijo:
-¿Por qué se ha escapado el rayito de
sol que yo quería tanto y con el que iba hoy
á estar tan contenta?
-Por eso. Porque ibas á estar muy con·
tenta. Porque ésa era tu dicha, y la dicha
es tan fugaz como un rayito de sol; y como
la luz, cuando queremos coger y retener la
dicha, se nos escapa de entre las manos.
-Pero yo lo babia.cogido y encerrado·:·
No quise dejar mayor germen de esc~pticismo en aquel corazón lleno de credulidad
.... pero sentí mi alma casi amargada, viendo en aquel minúsculo episodio del frasco
y 1s. niíla otra prueba, entre mil que he observado, de que &lt;la ilusión&gt; es la que con·
cibe, aviva, engendra., sustenta y hace crecer
la felicidad.
FRANCISCO HERMIDA.

MADRIGAL.
Ibas á suspirar, dulce embeleso,
y yo que muero si tu encanto admiro,
cerré tus labios con mi ardiente beso
y se adurmió en tu pecho ese suspiro.
Tu seno como un lirio se agitaba
á la brisa de amor que difundía
cálido el beso en que mi ser te daba;
y al sentir que mi vida se exhalaba.,
-Quién el suspiro tuyo
pudiera ser-me dije conmovido, - .
y allá en tu corazón, como en un 01do,
adormirse de un ósculo al arrullo,
al perpetuo rumor de su 1atido !
1.-Traje d e paseo Y sombrero de laestación.

H. RODRÍGUEZ.

•

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 30 de Agosto de 1903.
ascendían los escrúpulos morales
del sacerdote.
Y, sin embargo, él era injusto con
San Lucas, á cuya advocación pertenecía su parroquia. No quiere esto decir que desdeñase al evangelista, sino que sus predilecciones
eran evidentes para las &lt;Animas
del Purga.torio.&gt;
Cuando algún feligrés le encargaba una función de iglesia, le inducía á que fuese en sufragio de las
Animas; no había boda, ni bautizo
r.i entierro de que las Animas dejasen de sacar partido pot· consejo
del cura; él oficiaba con preferencia
en el altar de las Animas; la mayor
cantidad de aceite y las velas más
gordas, ardían en las lámparas y
candelabros de las Animas; ¡qué de
responsos, qué de flores, qué de
novenas y triduos por las Animas
b9nditas del Purgatorio! ¿Obedecería esto quizá á su doctrina de amar
á los débiles sobre los fuertes'I ¿Era
tal vez un poco monomaniaco el señor cura.?
El célebre aboga.do de la población, con tener cierta tacha de incrédulo, decía que en aquello había
algo de egoísmo, porque el cura de
San Luca.s era él propio un «ánima
bendita.&gt;
Ello es que, aparte de esta casi
chochez, el cura disfrutaba de todos
los prestigios de la bondad. Dirimía
contiendas de familia, cortaba p leitos incipientes, acercaba corazones
dispersos, y en más de una ocasión le debieron sus conciudadanos
hasta resolver cuestiones de orden
público. Lo que no arreglaba el
cura de San Lucas, no lo arregl aba
na.die.
Sobre todo, en asuntos religiosos
era una potencia. Ya podían darle
moribundos impenitentes ó simplemente fríos: él los calentaba y pet··
suadía con su sencilla oratoria en
términos dequenoseleescapabaninguno. Ese mismo abogado á quien se
aludió antes, doceañista y casi ateo,
aunque hombre de rectitud y de fibra, enfermó una vez con peligro
de muerte. El cura de San Lucas se
presentó desde luego en su casa con
la pretensión de hablarle á solas.
-¿Viene usted á fastidiarme?-le
dijo trabajosamente el enfermo.
-Al contrario-respondió el cura:-vengo á facilitarle á usted que
haga lo que se le antoje, evitando
que otro le moleste con sus visitas.
-¿Y cómo es ello?
- Pues nada: usted seguirá creyendo lo que quiera, pero como de
seguro no quiere el escándalo, impropio de un hombre de las condiciones de usted, ahora salgo y digo
que se ha confesado; voy á laparroquia por la Eucaristía y usted
la recibe ó no, para mí es lo mismo;
el pueblo aplaude y los devotos se
trnnquilizan: ¿qué va usted perdiendo en esto?
-¡Pero, señor cut·a!-exclamó el
paciente incorporándose en la cama
con ademán airado:- ¿por quién me
toma usted á mí? ¿Me cree usted capaz de una superchería semejante?
Primero me allano á que haga usted
de mí lo que quiera.
-Pues ¡de rodillas, penitente!gritó el sacerdote con voz de mando-y á depositar en mi oído sus
culpas y su arrepentimiento.
Debió decir el cura estas palabras con tan eficaz energía, que el
enfermo se abrazó á su cabeza permaneciendo largo rato en comunicación con él. En seguida fué absuelto, y poco más tarde trájole el
párroco solemnemente la sagrada
Forma, que el moribundo recibió
contrito, entre el asombro de cuantos le rodeaban.
Al salir del aposento, y antes de
entonar el -&lt;Te Deum laudamus&gt; del
ritual, hubo quien le oyó decir al
cura:
-¡Pues no hubie1·a faltado otra
cosal
Ci,,mpañas de esta especie se le
presentaban al bondadoso sacerdote todos los días. Habíalas de diferentes clases, como, por ejemplo, la
que le promovió una antigua sirvienta de la mayordoma de Animas
de la parroquia. Era esta última
una mujer entrada en años, de sangre azul y tostados pergaminos,
más rica de vanidad que de bienes,
autoritaria y casi despótica con sus
inferiores.

Domi,ngo 6 de 1:lept!embre de 1903-

EL MUNDO ILUSTRADO

El cargo que desempeñaba en la
iglesia la hacía grande amiga del
párroco, aunque con la distancia
propia de quien venera al ungido
muy por encima del hombre. La
viuda del mayorazgo1 que así se le
decía en la poblacion, echaba de
menos que el señor cura no fuera
&lt;de clase;&gt; pero aun así, las Animas
benditas y las mutuas virtudes les
unfan en una especie de sagrado
consorcio.
Sucedió, pues, en casa de esa señora, que al cabo de más de cuarenta años de servirla lealmente, puso
en la calle á la que cuando niña le
dió el pecho y que durante casi medio siglo fué, más que su sirvienta,
su esclava.
Era de ver la pobre vieja asida á
las manos del cura cubriéndolas de
besos y de lágrimas implorar con
ayes angustiosos su protección en
aquella catástrofe.
El cura, impresionado, en efecto,
corrió casa de la mayorazga á poner paz; pero ellá con malos modos
le salió al encuentro diciéndole:
-¿Viene usteJ ya á tomar parte
en los chismes de esa bribona'?
Porque todo el que va á hacer un
bien en casa ajen a es ordinariamen •
te mal recibido. El cura, sin embargo, que conocía á la señora, replicó con calma:·
-Ni esa infeliz mujer es una bribona, ni los dolores del corazón
pueden ser chismes.
-Pues yo soy dueña de mi casa
y hago en ella lo que quiero.
-Es que el dueño de una casa no
está autorizado para hacer en ella
lo que quiera, sino lo que deba.
¿Por qué despide usted á esa anciana\&gt;
-Por ladrona.
-¡Imposible! ¡Ella robar! ¿Qué
es lo que ha robado"?
-Cinco duros en oro de ese cajón.
-¿Y nada más?
-Nada más.
-¿Es la primera. vez?
-La primera, que yo sepa, en
cuarenta años.
- Pero ¿no me tiene usted dicho,
señora., que nunca ha cobrado su
salario entero, y que le guarda usted casi un capital? ¡Cómo se com•
pt·ende entonces! ....
-No se ven!la usted con argumentos especiosos, señor cura, está
confesa y convicta.

EL TEST AMENTO

Dtl 11.mo. Sr. Jlrzoblspo 'fttban.

El sacerdote se dirigió en ademán
interrogante á la pobre vieja, que
de rodillas y anegada en llanto se
asía á los vestidos de su señora, y
la oyó expresar confusamente estas
palabras:
-¡Tiene razón, tiene razón!
-Pues ahora- dijo el cura revistiéndose de ese carácter que empleaba en casos difíciles-ya no me conformo con lo que aquí se ha hablado; necesito explicaciones concretas. ¡Ya. no soy amigo, no soy clérigo; soy juez!
La viuda del mayorazgo, sobrecogida por tan severa actitud, se
prestó á referir lo que había ocurrido.
Aquella •vieja estúpida tenía un
nieto á quien había dado en amar
como si el muy bribón se lo mereciese. Todas las cantidades que deducía de sus ahorros eran para el
nieto, el cual se hizo haragán, pendenciero, vicioso y endemoniado.
En tal situación le tocó la quinta,
y aun quería la abuela gastar seis
mil reales en redimirle la suerte;
pero la señora se opuso, negándole
el dinero. Consideraba ella preferible que lo domaran en el se1·vicio
del Rey, y, si esto se conseguía, á
la vuelta encontraba un capital para hacerse hombre. ¡Los disgustos
que le proporcionó el mozo mientras tanto! Llegó la hora de entrar
en caja, y el quinto exigió con malos
modos cinco duros para el viaje.
La señora l&lt;Js negó también, porque
temía que se gastaran en la taberna y se le declarase prófugo. Había
que dejarlo irá palo seco. La vieja lloró mucho: ¡era naturall Lo
que no lo era tanto es que con abuso de confianza sustrajese del cajón
de una cómoda, que sólo ella podía
abrir, la moneda de oro que le entregó al nieto.
Concluido el relato que se extrae•
ta, el cura condujo á la señor a á un
gabinete próximo, cuya puerta cerró, y con tono solemne dijo:
-Hay que perdona.r á esa mujer.

-¡Perdonarla!
--Sí, perdonarla. ¿Me tiene usted
por ho.nbre honrado"?
~Como no hay otro.
-¿Me considera usted capaz d
,una acción semejante?
e
-Primet:o dudaría de mí propia,
;-Pues bien, señor a, yo llevo conm1_¡l"O na_ torcedor queme amarga 1
existencia.
a
- ¿Cuál?
-Una vez me encontraba en tan
gra~de apuro de di_nero, que saqué
mecha oo~a del ceptllo de las &lt;Animas benditas.&gt;
JOSÉ DE CASTRO y

SERRANO,

CANTARES.
Hay quien se empeña en querer
y en vez de querer olvida,
¡yo me empeñé en olvidarte
y te amo más cada día!
A todos lados se inclina
esa flor que besa el viento,
¡es mudable como tú,
igual que tus pensamientos!
N. D. DE ESCOBAR.

México, D. F., julio 30.-El
Doctor Urrutia, Médico Cirujano
de la Escuela Práctica y dela Escuela de 1\Iedicina de México, ha
firmado lo siguiente:
«La Eruulsi6n que lleva el nom•
bre de Scott ( únicamente preparada por los Sres. Scott y Bowne)
es una preparación que llena los
requisitos de la ciencia, y á laque
deben la vi&lt;la muchos de los en•
fermos de mi clientela. »

;· ·······..........................

"S~!.t;,!!,:,,.~A~!!~•.~~!A ii
San Fr11nri,r.n v:n11 ,lng~leR

.

-~

!

- lit¡

♦

Los bienes fueron valuados
en $125,000

i

La mayor parte de lo testado con•
sistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en " La Mutua"
Companía de Seguros
sobre la vida, de Nueva York,
Hace pocos dlas que se practico la
apertura del testamento del llnstrlsl·
mo Sr. Arzobispo D. Patricio A. Feehan
en la ciudad de Chlcago, Illinols.
La fortuna d'el distinguido prelado 1111cendlO A cerca de $125,000 oro ame•
rlcano; y segQn el Inventarlo que se ba
publicado, loe bienes que dejó fueron
como sigue:
Dos pOllzas de • 'La Mutua.' • Compa!Ua de
guros sobre la Vida, de
Nueva York, por $25,1,00
oro cada una, 6 sean. . $ 50,000 oro.
Dividendos acumulados sobre una de las pOllzas ll,329 oro.
Otra póliza de seguro. . . 14,000 oro.
Acciones en efectivo y en
Bancos. . • . . . . . 37,000 oro.
Entre las disposiciones del selior Arzobispo, en su testa.mento, se blcleron
sta.s:
A su hermana, seilorlta Kate Feehan,
que estuvo alempre con él hasta su
muerte, $40,000 oro en bonos y $25,00U
oro .:e una de las pólizas de seguro;
A la sellora Ana A. Feeha.n, viuda del
sellor doctor Eduardo L. Feeban, ber•
mano del eellor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pOllzas, y $5,000 oro en
efectivo; a. la Academia de Mn Patrl·
clo •e Chlcago, dé la que es preceptora
en hermana, Madre Maria Catalina,
$10,000 oro de la 1\ltlma póliza; A 111
escuela • 'Santa Marta·' de enseñanza
prll.ctlca para varones, de Feehanvllle,
llllnols, que era 111. lnstltucl6n por la
que mú ee Interesaba el sMor l rzoblspo, se entre¡raron los $4,000 resta•J·
. . la Qltlma p6llsa.

2.-T raje de paseo.
1.-Trajes de casa y visita,

El tertamen de modas.

1
♦

tie re:;ervan l;allia&lt;I eu (Jarro .Pullman para todos los puntos
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Com'.)dores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,soñ renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á
w. s. FARNSWORTH.-Agente General.
ta. San F,.anol•oo, Núm. B, Nléxloo,

a. 11-.

•••••••••••••••••••••••••••••••••

La gran Exposición de Modas de
San Petersburgo, se ha transferido
para el mes de ener? del_ 3:ño entrante, según regia d1sposic1ón_ de
la Czarina. Parece ser que la real
orden ha traído algunos tt·astornos
para los exposito res, que habían ya
desembolsado buenas sumas para
la confección de prendas femenin~s.
Sea lo que fuere, la orden supert0r
es terminante, y de nada habrán de
servir las protestas que se levanten,
pues lo ordenado, ordena~o está Y
nadie habrá de contraventrlo.
Aunque no ha habido ~xpli&lt;:a~iones aclaratorias de la dtsposic1ón,
todo hace suponer que ésta obedece
á los empeiios de una encumbrada
Duquesa de la Corte rusa. Esta no·
ble, según las malas lenguas, está

en combinación con uno de los principales talleres moscovitas. de modas v como la Duquesa priva con
su ;o·beran a, consiguió ~e ésta que
la Exposición se transfiriera hasta
que el taller termine su co~ting".nte,
un contingente soberano, r1quísuno,
elegante, abrumador ....
¡Ah! Las finanzas no. se divor0;ian
ni de aquello que pudtera C?~side•
rar se como mer amente esp1ntual.
La evolución civilizadora de la humunidad es uoa vorágine en cuy a
sima cae todo lo que de alguna manera preocupa á los hombt·es. Y
cumo las finanzas ocupan lugar
principalísimo en esta&amp; preocupaciones, na.da tiene de raro que 18:s
finanzas evolucionen á p~sos gigantescos y arrastren co~sigo todo
aquello que jamás h8: tenido ~arácter comercial. No quiere decir esto

que las exposiciones dejen de ser
eminentemente comerciales; per o sí
bncemos constar que hace algunos
años. cuanéto en las cortes europeas
se han celebrado conrursos de modas femeninas. las utilidades pecuniarias ocupaban un lugar secundario, pues lo principal era dar á
conocer al mundo elegante las poderosas facultades de la inventiva.
Como el plazo se alarga para la
Exposición de Sa.n Petersburgo,
puede y debe suponerse que el Certamen resultará má~ brillante, pues
sus elementos se mnltiplicará~, .Y el
contingente de los talleres parisienses alemanes, italianos, ingleses,
etc.' se ha.rá pasar por el crisol de
la ~ás severa crítica, para qne alcance un grado irreprochable de
perfección.
Pronto veréis en estas páginas,

lectoras roías, los modelos que ha_n
sido aprobados y que, po~ co~stguiente, ocuparán l ue-ar di stmgu1do
en la Exposición. H_a1;&gt;rá de todo :
trajes de paseo, de vi_s1ta, de casa,
de reunión, de recepc1ón, de katro,
de sport, de dueloi sombreros para
niñas, para sefi:0r1tas, Pª:ª señ_oras · tocas de vrndez, matmés, llstoo~s, guantes, calzado, joyas, etc.,
etc. En una palabra, el Certamen
será tan vaisto, abarcará tanto Y
tao to, que difícilmente habrá perso:
na que en su guard_arr?Pª cuente Dl
siquiera con la v1gés1ma parte de
Jo que en San Petersburgo habrá de
presentarse. Se cabulan en más de
dos mil las prendas de ropa que
habrán de exhibirse, aparte de las
cpetites choses&gt; 9u1: n~ debe';! mencionarse por su msigmficancia.
Pronto estarán en mi poder esos

�Domingo G de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

r:om::i:;o G de Sep-,iembre de 1903-

===

EL MUNDO ILUSTRADO

modelos y en seguida. los da.remos :í.
conQCer en estas páginas, para complacencia. de nuestra.s lectoras, pues
creo que todas pasaréis un agrada.·
ble rato con examinarlos minuciosamente, estudiarlos con detenimiento, y formar un juicio exacto
de la. evolución que sufrirá. con ese
Certamen la indumentaria femenina..
MARÍA LUISA.

SACRIFICIO
La luz de la. tarde agoniza, penetrando por la estancia de una humilde buhardilla. Sobre duro jer•
gón de mal espa.rto se ve sentada.
una. mujer que oprime contra su
pecho un niño famélico, como si
quisiera con el calor de su seno
apagar el hambre devoradora. que
sentía a.quella. criatura., que de vez
en cuando levantaba. su dora.da cabecita., y fijando su vista. en la ele
su llorosa. madre, se escapaba.o de
sus labios secos y amoratados por
la. neceslda.d, estas terribles palabras: ¡pe.o .... ! ¡quiero pan .... !
Entretanto, y en otro rincón de
aquelh~ desta.rtalada. estancia, un
a.nciano, postrado sobre unos i·estos de sucio colchón, presa de terrible fi-'bre que le martiri,:a, lucha.
entre la vida y la muerte. pidiendo
en sus constantes delirios ser arrebatado ya. de este inundo, para,ter·
minar con su vida las penas y sufrimientos que tenían postrado su
cuerpo y rendida su alma.
Por último, y como marco de aquel'
terrible y doloroso cuadro, un pÓbre hombre, 'joven aún, pues apen:i.s
cuenta veintiséis años, vestido con
el humilde tt-aje de los hijos del trabajo, cubriendo con las mn.nos su
dema.:rado rostro y como no queriendo presenciar el desenlac• de
aquel terrible drama, llora ama.r·
ge.mente, rogando unas veces y maldiciecdo otras, mientras que por su
calenturienta imaginación cruzaban
distintas y encontradas ide:i.s que le
tienen petrificado en el dintel de la
pequeña pue1·ta que daba entrada á.
aquella pequeña sucursal del Purgatorio. ¡Y cómo no llorar! ¡Y &lt;'Ó·
mo no jurar! ¡ Si hacía veintiocho
horas que no había entrado un pedazo de pan en aquella estancia!
¡Si eran su esposa, su hijo y su pe.-

4.-Traje de casa.

ii

ü

1

1
it

u

dr!' los quP desfallecían de hambre
y de miseria!
El era el único amparo y sostén
de su familia: bacía un mes que se
encontraba sin trabajo; en vano recurría. á quien podía proporcionárselo, y irastados ya los pequeños
ahorros, fruto ele ~us privaciones,
en la enfermedacl de su padre y en
1as perPntorias necesidades de aquel
bumildísimo hogar, recurrió al último extremo, il' empeñando las ¡,ocas
y pobres ropas que tenían, habiendo llevado al usurero el día anterior
1as últimas y más preciadas prendas para ellos. Pero aquello también se acabó, y al pobre Juan, que
así se llamaba aquel desgraciado,
no le quedaba más que un recurso:
llamar de puerta en puerta, implorando la caridad pública para encontrar un pedazo de pan con que
mitil!'ar siquiera el hambre que sentían los cuatro. Lo pensó, y así lo
bizo.
-Espera le dijo á su mujer,oue pronto vnelvo. - Y abrazando
á su bijo:- Ahora te traeré panbalbuceó á su oído, mientras por
sus mejillas corrían abundantes lágrimas.
Y dirigiendo una lastimera mirada á. su padre, bajó, mejor dicho,
rodó a ,uellas escaleras, y tambaleándose recorrió I as aceras de la
ciudad, implorando una limosna
por amor de Dios.
Maquinalmente tal vez, ó por pedantería quizás, todo, menos por
caridad, un gomoso de esos que á
la caída de la tarde abundan en las
grandes capitales, alar,:ró dos monedas de diez céntimos áJuan, quien
se apresuró á.comprarua panecillo,
y ávido de llevarlo á su case, subió
volando aquellas pesadas escaleras
que poco antes bajara con el alma
angustiada. Porel caminnhabíaya
h echo el i·eparto; así es que alargo.o.

do un, pedaz_o á María sn espo~a,
oLro _l~ su h1Jo, se acercó á su ¡,udri
y m11tan11u et trozo que le curres~
¡,o.,día tu un 1wquPi1O perolito de
agua t t'mplada, porque ni cui Lón
t·osta?a y a para hacel'la hervit• le,·uuto la cul&gt;eza. ctel anciano, q~ien
ea un abnr y cei·rnr de ojos devoró
lo que ??u t,~nt1Holicituu le presentó bU h1¡0. ¡ ral era el hamlJt e que
sentía! Al poco rato un sueilo, al
pan ce~ reparador, engailaba aquel
1:mfe1·1111zo cuerpo.
-¡,Y tú no comes_, Juan mío'?-Je
preguntó María, viendo que su esposo gua,·daba en el bolsillo el último testo del panecillo.
Acrcó~e Juan á su esposa, y sea•~odose· sobre el duro esparto, Ja
dtJO muy quedo, pa1·a que no pudier,~ u.percibirse E:l viejo por si des¡,ertaba:
- Tengo un hambre de veintiocho
borns como la teníais vosot1·os hace poco; pero ya lo sabes, mi padre
IJSLIÍ. allí, y más falta le hace á él·
quiero cumplir hasta el fin con ei
sagrado deber de un hijo, y mienti-u.s yo pueda, mi padre no morirá
de hambre.
-l'uro morirá él y mol'iremos todos llObOtl'OS - replicó Marí11 mientras no hagas lo que tehedi~ho
huce y a mús de quince días, mientras no cojas á tu padre y lo conduzcas al Asilo.
-¡;\laría, por Dios!-dijo Juan,no me tortures más de esa manera·
y~ se apiadu.rá D_ios de nosotros;
mira, mañana. mismo comienzo á
ganur nuevo jornal¡ ya te be dicho
que lle encontrado trabajo, y, mal
que I.Jien, p&lt;.,dremos seguir tiranrto,
y creo que ya. no llegue otro día como el de hoy.
-Desengáñate, Juan, desengáilate; trnbajarlí.s mañana y te matarás
trabajando una semana, un mes,
seis. y siempre esta.rewos lo mismo:
la. nliberia uo S.3 apa1·tará nunca de
los umbrales de nuestra pobre mo1·ada1 porque tu jol'Dal escuo no
basta para atenderá la curación de
tu padi·e. Piensa que tu.mbién tienes
un hijo, y con él, contraído el deber
ue munLtoerlo, y no dejai·le perecer
dehambrecomohoy, porque,ya ves,
este íu1gd está más muei·to que vivo. Y todo por no hacerme caso,
Lodo por no llevará tu padre al
Asilo, doude estará mejor cuidado,
, onde no le ra.ltarán los alimentos,
donde ....

á Juan de su letargo, y cuando éste
se disponía á darle el mendrugo
que guardaba para sí, oyó la temblorosa voz de su padre que decía:
-Juan, hijo mío, ¡,dónde estií.s?
¿No tienes una sopita?
.
Y partiendo en dos su ración,
puso en las manecit&amp;s de su hijo un
pedazo, mienti·as que el otro lo volvió á. migar para darlo, como_ la
ración anterior, á su padre, quien
al tomar los primeros bocados, prorrumpió en amargos sollozos. , .
-¿Qué tenéis? ¿Por qué llorais,
padre rnío?-le di¡o Juan besánd~le en la frente y juntando sus lágri·
mas á. 1as del t~nciano.
-Porque be tenido un sueño horrible, ó delirio, no lo sé-repuso
el viejo,-pero te veía acompañado
de cuatro hombres que conducían
uoa. camilla pat·a llevu.rme al Asilo,
porque, cansado ya de mí, me abandonaste, y yo buscaba tu cariño...
tus cuidados .... pero en vano.
-;Padre mío!
-Espera, no me interrumpas; allí
en aquel asilo, falto de tus consue•
los para mayor castigo pa-,é much~s años no recuei•do el número,
y una d~ aquellas intermina.bl&lt;•s
noches vi que ocupaba la. cu~a al
lado de la. mía, un bombrE ¡oven
aún. Al amanecer aquel nuev~ día,
reconocí aquel compuiie,·o de_rnfoi·tunio. ¡ Era mi Juan! ¡e,·as tu, h1Jo
de mi alma!, lÍ. quien _habín co_adu•
citlo la noche anterior tu mism!)
hijo imitando lo que años auws hicist~ tú conmigo! ¿Sería aquello
una terrihle herencia que queual.Ja
de padi·es á hijos':' Nv puede ser,
porque no pued~ se~ ~ampoco que
aquel Juan de m1 deltrio fuei·as tú ,
¿ verdad hijo mío':'...... ¿Pet·o, por
qué lloras':' ¿,Por qué no me cont.estas·? ¿Por quó no me dices que todv
ha sido un sueño':'
Por toda contestación, Jua.n abrazó á su padre con tal fuenr.a, con
tal frenesí, que lo abogó coutra su
seno ca.yenuo ambas cabezas despJo0::ado.s sobre la sucia almohada,
mientras que en aquel momento be
oía una voz infantil que exclamaba:
-¡Pan! .... ¡Papá! .... ¡Mamá!...
¡Quiero más pan!
·

1

'

··· ····· ·········

Al día siguiente el Ju1.gado levantaba los cadáveres del anciano Y de
Juan, mientras que á. la puerta esperaba un coche celular para conducirá un manicomio á la pobre
María, á quien á duras_ penas pudieron arrancarle el mño, que de
paso dejaron los agentes de ~a. autoridad en la Inclusa, Hotel rnfan-

?.-Vestido de reunión.

6.-Traje de casa.

.

.

-

:»:?::~
/

5.-Vestido de paseo

-Buscará en vano el cariilo de
su hijo- le replicó Juan,-y al vei·
que no le encuentra á _su.lado, ~orirá de pena y de sentimient-0 vien·
do que yo le he abandonado en ~l
lecho de un Asilo, cuando ya s~ vi•
da se acaba, cuando más falta tiene
de mí, que no me be separado de él
un solo instante. No, María, perdóname. Sería un grandísimo remordimiento para mí.
..
-Pues, haz lo que quieras-d1¡O
entonces María;-pero yo_ tampoco
puedo consentir que sacrifiques la
vida de tu hijo por la de tu padre;
cuida.le enhorabuena, recoge su
posti·er suspiro, que no otra cosa
ya creo que puedas hacer por él, Y
perdóname que yo sea la q_ue -~usque en el Asilo pan para mi b1¡0 y
alimento para mí, que ya no puedo
más!_ y pretendiendo incorporarse le faltaron las fuerzas, cayendo
de'splomada. sobre el jergón, pr:esa
de uno de esos ataques que se sien·
ten por desfallecimiento, cuando el
estómago está vacío y la cabeza de·
jade funcionar.
Juan se sentía desfallecer por momentos contemplando el horroroso
cuadro' que á su vista se pre~eutaba luchando en su alma el dilema
bo~rible de mandar á su padre al
Asilo á terminar sus días, porque
los cuidados que su enfi:rmedad i·equería le robaban el tiempo para
ganar el mísero jornal, q~e no baJ'
taba á cubrir las nect&gt;s1dades e
todos ó dejar al anciano lanzar el
últim~ suspiro en sus brazos,. ex•
puesto ñ. que su hijo su~umbiera
también por falta ue alimento Y
cuidados.
-¡Pan!. ... ¡papá, da.me panlbalbuceó el pequell:o, despertando

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9.-Miltin6e con eneajea,
s .-Manteleta abrigo de paaeo,

�Domingo 6 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

.¡

til de los hijos del crimen y del infortunio; en una palabra, de los
desheredados de los hombres.
J. CRUZ RIVERA.

Domingo 6 de Septiembre de 1903.

&gt; -:~

LA CIGAB.B.A.
En los campos andaluces
que embelesaron mi infancia,
me enseñó desde pequeño
á cantar una cigarra.
Abierta a.l sol y á los ruidos
como una esponja mi alma,
bebió por sus lindos &lt;poros&gt;
cuanto en la tierra se guarda.
Sentí músico mi oído,
&lt;gustó&gt; el color mi mirada,
y en las líneas de las rocas
adiviné las estatuas.
Mi espíritu confundido
con mares, cielos y plantas,
llegué á dudar si yo fuera.
trozo de cuantv miraba.
Pájaro en medio del viento,
burbuja. en medio del agua,
molécula. en dura. piedra,
botón abierto en la rama,
era. mi ser todo á un tiempo,
y de un r11cirno colgada.,
una. cigarra ardorosa.
me decía: «¡canta., canta!&gt;

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10.-Ropa interior y blusa para casa.

Cantar? cómo? con qué cuerdas?
Entre las trémulas callas,
del viento gárrulo oyf'ndo
las melodiosas palabras,
y viendo rodar del río
el tropel de ondas perladas,
preguntaba tembloroso:
¡cantar! ¿y cómo se canta.?
Dondequj.t'ra, en torno mío,
bella canción preludiaban,
desde la tromba en el roble
hasta el insecto en la mata.
Opera para mí solo
era la tie1·ra acordada.,
y yo estaba en la gran fiesta
sin voz, sin nota y sin arpa.
Y entre el sonoro concierto,
desde el verdor de una parra.,
la cigarra abrasadora
me decía: «¡canta, canta!&gt;,

á oír su bella. palabra.
Los dáctilos de Virgilio
con voz ardiente declama,
y sudan de las estrofas
miel y resinas preciadas.
A Anacrl!onte interpreta.
y recita. sus estancias,
que llevi.n el sol heleno
y zumo de verdes pámpanas.
Tiene la sa.l&gt;ia. doctora
en una cepa su cátedra.,
en una cepa de Chipre
en andaluza injertada.
Y desde el claro racimo,
siempre redobla. mis ansias
con sus ardientes canciones
diciéndome: &lt;¡canta, canta!&gt;

Desde entonces me alecciono
ue mi &lt;maestra&gt; en las &lt;aulas,&gt;
y acudo en las rojas siestas

Versada. en letras !atinas,
las griegas entiende y habla,
y en la gran Naiuraleza
tiene su templo y su ara.
Yo la sigo en la vendimia

tras de las cestas colma.das,
qne en los pe.seros se tienden,
donde el calor las abrasa.
Yo sorprendo lo que dice
á los nidos en las ramas,
á la hormiga en su granero
y á la abeja entre la.s matas.
Cuando á. la tierra desciende
el sol en olas de llamas,
«¡fermentad!&gt; á. las bocegas
dice con voz abrasada.
Los sarmientos se retu&lt; rJen
al ronco son de su arpa,
y yo entretanto la escucho
que me dice: «¡canta, cantal&gt;

Con ella canto, y entiendo
el ritmo de su pentágrama;
ella es la. encendida. musa
que bal'la. en sol mis estancias.
Artista. que el arte adora.,
por la belleza se afana,
y las cuerdas de su lira
á ningún interés ata.
El gran crisol donde hierven
vidas de seres y plantas,
Na tu raleza. creadora,
es el portento á quien ama.
El fuego engendró su cuerpo
en una espig-a dorada,
y por lo ardiente parece
sol que en estío se cuaja.
Nunca se rompan tus élitros,
artista sublime y sabia,
y al son del arpa. que toco
¡canta tu música, canta!
SALVADOR RUEDA.

**
Tomad la. hija.*de
una buena ma-

dre, si queréis buena esposa.

Núm. l. :_Trajes de casa y visita.,
estilo reforma, co?feccionados, el
primero con tela hgera, color claro, y el segundo con tela más ~onsistente color oscuro. En el primero luce~ como únicos adornos pe·
queñas aplicaciones de_ cinta color
neuro ribeteados con crnta. muy a.ngo~ta,' de un col~r más cla1·0. Lo_s
pliegues del traJe parten de la mitad del corpido y llegan hasta cerca de la parte inferior de 19: f~ld9:,
desde donde el vestido contmua. h·
so. Un cuellohombre1·as de peque·
ñas d11nensiones cubre la parte ~uperior del corpiño,y las mangas, de
es,ilo moderno, se hacen tenn1uar
por angostos ¡,uños.
El segundo traJe, también de estilo reforma, no presenta en su confección novedades dignas de a.no
ta.rse.
.
Núm. 2.-Elegante traJe de paseo de estilo enteramente moderno
y n~table por su elegancia y bueu
gusto. Trajes como éste pl'lvan en
1as grandes poblaciones euro¡&gt;eas
y son apreciadísimos por las damas portadoras d~I chic y del bue_n
tono. La confección de esoo vest~do aun cuando no es muy compl1·
cada, requierl'I estricta aLt&gt;oción pa.·
raque eu todos sus detalles sa1ga
semeJante al modelo. En las mangas, particularmente, deb? por,e~·se
gran cuidauo para. que caigan bien
y no formen pliegue~ de ~al gusto
que alterarían la umforrn1dad. He·
corn..ndamos á nuestras lectoras este traje.
.;

Núm. 3.-Traje de calle, estilo
sastre, propio para sel'loritas. La
blusa cerrada enteramente y con
un lig~ro entable en la cintura, lleva
dos grandes solapas que en la parte superior se abren á manera de
cuellobornbreras. Las mangas, de
estilo japonés, luc_en ~n pequeña
adorno en su parte rnfer1or, forma.do con cinta ma1·avillosa é igual á
la que constituye los adornos d~I
cuello. La falda es enteramente h
sa, y lleva. por únicos ~do~nos, en
su parte inferior, aplicaciones d_e
cinta formando rectángulos obhcuos de lados salientes. El conjunto de este vestido es muy agradable y constituye una verdadera novedad.
ESPERANZA.

Traj.alto1 lnf1ntllN,

que me inspiró ese caril'I~ .
que es tan súbito en un v1eJO.
-Hola., ¿tú eres el pastor? ?
-Sí señor; ¿y qué se ofrece.
'
-¿Tienes
pa.d res..,
-No, ~el'lor._;
_•Cuántos años tienes•
e,
·Trece!
1
•
?
-¡.Y cuánto ganas, amigo.
-Un duro.
-¿Al día?
-¡Anda, ma.ño!
- ·Un duro alrnes?
e,
-¡Que no, digo!
Un duro «al año!&gt;
II

Le dejé que se marchara.
y en el monte me senté,

UN DURO AL AÑO
I
Monte arriba, cara al viento,
buscando reposo y calma,
íbarne yo muy contento
dándole descanso al alma;
y cuando á lo alto llegu~,
y al dar la vuelta á la.cima,
un rebaño me encon_tré
que se me venía encima.

Avanzaban las ovejas
.
marchando al paso _tranquilas,
y pasaba.e las pareJas
al sonar de las esqupas;
y á los últimos relleJ_os
de los rayos ve~pertt~os,
las vi perderse á lo l_eJos
por los ásperos camrnos.
Detrás de ellas. lentam~nte,
dando al aire una canción,
y sacando indiferente
su mendrugo del zurr? n,
venía un pastor, U? mño,
un imberbe zagaleJo,

y avergonzado, la. cara.
e~ las manos oculté.
Pasaron por mi memoria
tem¡&gt;los, palacios y re_yes,
los aplausos y la. gloria,
los discursos y las leyes,
los millones del banquero,
1as fiestas del potentado,
réditos del usurero,
ladrones en despoblado,
fortunas mal heredadas
en el tapete perdidas,

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, De las Damas, 1903, Año 10, Tomo 2, No 10, Septiembre 6</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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�Domingo 6 de Septiembre de 1903,

EN LA INDIA
Con los teósofos de Madrás.
«Un cielo sin Dios personal, una inmortalidad sin alma precisa, una purificación sin plegaria.» ......
La fórmula enunciada, como una conclusión suprema, continúa resonando para mí
lúgubremente, en medio del silencio, después
de la conversación. La tristeza del crepúsculo
impregna la vivienda, solitaria en el campo,
al borde del río, entre palmeras y grandes flores extrañas.
En las vidrieras, esclareciendo aún la fría
biblioteca donde estamos, extínguense poco
á poco diminutas imágenes transparentef', que
representan en partículas de vidrio colorido
todos los emblemas de la fe humana, reunidos allí como en un museo mortuorio: la cruz
del Crifto, el sello de Salomón, el triángulo de
Jebová, el loto de Cakya-~fouui, la orquilla
de Yichnou, los símbolos &lt;le Dios.
Es ésta la casa de los teósofos de MadráR, de
los cuales me habían narrado cosas maravillosas. Aunque no creyendo nada de ellai;, he
venido, sin embargo, como último recurso, á
demandarles un poco de esperanza. Y he aquí
lo que me ofrecen: ¡el método ¡?!acial de un
budismo ya conocido, la luz sola de mi propia razón!. .....
-¿La oración?-me dicen.-¿Quién la escucharía? ...... El hombre se halla solo frente
á su responsabilidad. Evocad en vuestra memoria las leyes de Manón: «El hombre nace
solo, vive solo, muere solo; solamente la justicia le sigue» ...... ¿Quién, pues, oiría la plegaria? ¿A quién rc,garíais, «puesto que sois
Dios?» Preciso que os «recéis á vos mismo,,,
vuestras obras.
Así, hay un silencio entre nosotros uno de
los más desol~d?s silencios que haya'n jamás
atrayesado mi vida. Y en medio de aquel silencio, una por una, con imperceptible rumor
de caída en el vacío, paréceme que mis postreras vagas creencias, se deshojan al soplo de
mis interlocutores, implacables en su razonamiento, satisfechos en sus conclusiones.
~o obstante, son hospitalarios aquellos dos
hombres que me escuchan. El primero, un
europeo, . cans3:do de nuestras agitaciones y
nue~tras ~ncertldumbres, refugiado en aquel
desligamiento que antes predicara el gran Buda, y convertido aquí en jefe de la ::iociedad
Te?sófica; el otro, un indostánico que conqUistó los más altos certificados &lt;le condición
en nuestras universid~des de Europa, regresando luego á las Indias, no sin desdén por
nuestros .fil6sofos occidentales.
-A.firmáis-replic5-tener la prueba absolut.3: de_ q_ue al~o de nosotros, un poco de nuest:a md1v1duahdad transitoria, resiste «por un
tiempo» al choque de la muerte. ¿Podéis, al
menos, darme ~~ prueba absoluta? ¿Podéis
mostrarme, summ1strarme una evidencia?....
. -Os lo proba:emos-responden-por medio del razonamiento; pero pruebas visibles
delante de vos, evidencias, no...... Para mira~
aparecer á los que se llaman muertos-pues
n.o hay ~uertos,~se requieren sentidos especiales, circunstancias, temperamentos particulares. Pero cree~, por nuestro holJor y de
otros ta1;1tos ese1~c~almente dignos de fe, que
hemos visto ap3:r1c1ones y hemos consignado
los detalles. Mirad: poseemos aquí en esta
biblioteca, libros que lo relatan ..... '. Cuando
mañana OJ e~tablezcáis entre nosotros los leeréis......
'
¿Valía la pena de venir á las Indias al viejo hogar inicial de las religiones huma~as, para encontrar tan solamente esto? En los templos, un brahamanismo entenebrecido &lt;le idolatría; aquí, una especie de positivismo reeditado de Uakya-Mouni, y los libros de espiritistas que han recorrido el mundo entero!. ....
Después ,le o.tro ~ilencio, pido, desorienta~º, c?n .la conc~enc1a .de que voy á descender
a cur10s1da~es .mfantiles; pido, casi tímidaroen te, me muiquen á los fakires esos fakires
de la India, reputados de prodigi¿sos, que tienen «poderes»y,hacen semimilagros, para obte-

ner algo extraordinario, algo suprafísico, extrahumano.
El indostánico, sentado frente á mí, alza al
techo sus ojos de asceta, un gesto contrae su
rostro, fino y duro, su máscara dantesca, encuadrada por un turbante bh!nc?:
-¿Fakires?-contesta. -¿F ak1res?....... Ya
no hay fakirf'S ......
Oigo así, de boca de ~n hom~re de alta competencia en esta materia especial, la condenación sin rPcnrso &lt;le toda esperanza de hablar
algo maravilloso sobre ll:'. tierra.
,
- ¿Ni en Benaré~?-d1J~ con temor. -Cre1a
que en Benarés ...... Me afirmaron .....
Vacilo al pronunciar el nombre de Benarés,
pues es mi última jugada, y si allí tarnpoco
encuentro nada......
-Entendámonos. Fakires mendicantes, fakires contori;ionistas ó anestesiados, quedan
muchos y no tenéis nPcesidad de nosotros para hallarlos. Pero ((videntes,» Iakires «con poderes,,, yo conocí los últimos...... A este respecto, también creed en nuestra palabr~: h~n
existido. Pero el siglo que acaba de extrngmrse los ha visto desaparecer. El viejo espíritu
fakíreo de la India ha muerto. Somos una raza que declina al contacto de las razas mús
materialmente activas del occi&lt;lente, las cuales
á su turno declinarfo. Nos resignamos á esta
decadencia, pues es la ley.... Sí, hemos tenido fakires, y ved, precisamente, delante de vos,
manuscritos consagrados á ellos ......
En las vidrieras, \odos los símbolos muertos de las religiones humanas se imprecisan.
Cae la noche, envolviendo la severa biblioteca, donde ya flota la tristeza de lo negro.
Vine á Madrás con la intención de detener•
me largo tiempo entre estos teósofos; debía
instalarme en la mañana del día siguiente en
su casa, y ahora he resuelto abandonarlos la
misma noche, para no vol ver más. ¿Para qué
encerrarme en esd austero asilo de la nada y
del vacío? Mejor proseguir, como toda mi vida, alegrando mis ojos con cosas de este mundo, las cuales, aunque pasajeras, son siquiera
reales por un instante.
Y luego, ¿qué beneficio puede traerme su
prueba, su prueba de inmortalidad, como ellos
la conciben? Para los que han amado verdaderamente, la idea de la destrucción de la carne
es ya una tortura. ¿Qué haríamos, pues, yo
y mis semejantes, de esa inmortalidad que á
éstos les satisface? No, me es necesario, como
en el sueño de loa cristianos, la continuación
de mi ser, integral, intensa, consciente y separatla; capaz de encontrará los que amo y de
seguir amándolos. Sin ello, ¿para qué otra cosa·? .........
Cuando emprendo el camino de la ciudad,
es la hora del gran alboroto de los cuervos
que cantan al unísono á la munte, en el mo'.
mento d~ agruparse en las ramas para dormir.
La doctrma d~ los que acabo de dejar, paréceme tan pueril y vana como las éstatuítas del
dios de cabeza de elefante, puestas á lo largo
de la ruta, y que contemplo en el crepúsculo
bajo los ¡,!átanos y las palmeras.
'
Por la noche envío á los teósofos mi carta
de excusa, de agradecimiento desencantado
diciéndoles q~e.volveré -~l día siguiente, pe'.
ro para una v1s1ta de ad10s definitivo por haber decidido ausentarmP cuanto ante~ de Madrás.
. ~ al dormirme, ~·eo en sutüo!", en medio de
s101estras .d.eform~c1ones_ de yiejas viviendas,
caras á m1 mfanc1a, las 1mágmes4\&gt;álidas descom ¡,uestas, «por siempre muertas,» de l~s seres que más he amado. Como en otra noche
en Jerusalén, cuando se derrumbaron irremi'.
siblem.ente m~s cree?cias primeras, sueños de
una tristeza sm límites, de un indecible horror, se suceden hasta la mañana, hasta el momento en que un cuervo me despierta, cantando ~ la muerte, sobre mi ventana, ante el sol
naciente.
. Pero, al. medio día, cuando regreso á despedirme, el Jefe d~ los te6sofos, que ha leído y
comprendido mi carta, u,e recibe con una dulzura .ª~e~tl~osa, por mí. no esperada.
- , C:nst1auol-me dice, apretándome un rato la mano.-¡ y yo q~e os creía ateo! Me equiv.oq?é al ofreceros la rnterpretación más matenahsta de los preceptos que Buda nos ha le-

Domingo 6 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

gado. Es por allí por donde de ordinario 118
principia ...... A una alma como la vuestra, Je
es menester el brn hamanísmo exotérico,
1
nuestros amigos de Benarés lo poseen mejor
que nosotros. AIIÍI, en cierta forma, encontraréis la oración y el «volverse á ver;,, pero no.;
basta orar; se os enseñará que es preciso me,
recer también. «Bu!-cad y encontraréis.» Yo
he buscado durante ruarenta años; tened vae
valor y buscad aún. Trntar de reteneros enbt
nosotros, ¡oh! ¡nol Iu. La enseñanza de nuee,
tra casa no es la que os conviene. Y ade
-agreg6 sonriendo, -no ha llegado vuestra
hora; la tierra todavía os retiene con lazos terribles.
--Quizá.
-Buscáis; pero tenéis miedo de encontrar.
-Quizá.
- ¡Os hablamos de renunciamiento, y que,¡
réis vivir! ...... Continuad, pues, vuestro ·
je; id á verá Delhi y á Agra, á todo lo q
anheléis, á todo Jo que os llama y di\'ie
¡Prometedme tan sólo que, antes de abandonar la India, rtpos11réis en casa de nues
amigos de Benarés. E starán por nosotros p
venidos y «os eFperarán» ......
El indostánico que vi ayer ha entrado
silencio. También él me mira con una son·
de compasión muy dulce. Y de pronto,
cerne que se agigantan misteriosamente d
tiles é impenetrables estos dos ascetas PX
jeros de tan distinto origen. Por lo dm1ás,
bondad y la paz radian en sus ojos, y sin co
prender bien su cambio súbito, me inclino
un confiado agradecimiento ......
Detenerme antes de abandonar la India
casa de sus amigos de Benarés: ¡oh! sí,
siento gustoso, con no sé qué presentimien
de quelaatm6sfera psíquica, allá será para
mejor.
Lo dejaré para el fin; haré retardarse así
más posible, la prueba decisiva, un tanto
barde, en la alternativa de estos dos mied
quedar decepcionado para siempre, ó «en
trar)), y entonces, quizá, aquella será la
nueva, el término de todos los mira.jea, a
deliciosos ..... .
PIERRE LoTI.

ESCAMELA.
I
Esplende Ocaso en púrpura radiante,
Incendia el sol pradera y caserío,
Y en el césped cuajado de rocío
Es cada gota trémulo diamante.
Raudo, al través del cafetal sonante
Huye el turbi6n con ímpetu bravío,
Y en los cantiles, desbordado el río,
Se despeña rugiendo amenazante.
En los espinos pródigos de aroma,
Querellosa la tórtola zurea,
Iris risueña en el Oriente asoma,
Céfiro blando la campiña orea,
Y, airón gentil de la cercana loma,
El bambú sus penachos balancea!

OJO DE AGUA.
II
Circuída de glaucos carrizales,
A la sombra de lánguida sauceda,
Límpida y mansa tu corriente leda
Desata silenciosa sus raudales.
¡Qué muelles en tu margen los gramal
Qué vívida y fecunda tu arboleda,
Y qué sonora la joyante seda
Del suntuoso brial de 't us maizales!
En tu retiro que al amor convida,
Qué gratos el ensuefio y el reposo
Al borde de tu linfa adormecida,
Cuando en los picos de tu monte umb
Rasga la tarde de carmín vestida
La fimbria de su peplo luminoso.
RAFAEí, DELGADO,

El 6ral. D. nitolás .Bravo
trasladón clt tos r«tos cltl Mrot á la fapital.
1, minuirian mucho el crédito de la causa que
"&lt;lefendia, y que observando una conducta
« contraría á. la del virrey, podría yo conseguir
« mejores resultados, cosa que me halagaba
mas que mi primera resolucion; pero se me
" presentaba para llevarla á efecto, la dificul« tad de no poder cubrir mi responsabilidad
"de la. órden que babia recibido, en cuyo
1, asunto me ocupé toda la noche, hasta las
"cuatro de la mafiana que me resolví á perdo" narlos, de una manera que se hiciera públi&lt;c ca y surtiera todos los efectos en favor de la
"causa de la Independencia: con este fin« continúa-me reservé esta disposicion bac;;ta
« las ocho de la mafia.na que mandé formar la
"tropa con todo el aparato que se requiere en
« estos casos para una ejecucioh: salieron los
« presos, que hice colocar en el centro, en don« les manifesté quel virrey Venegas los babia
« expuesto á perder la vida aquel mismo dia
« por no haber admitido la propue¡;ta que sel;
« hizo en favor de todos por la existencia de
1, mi padre, á quien había mandado dar garre« te en la capital; que yo, no queriendo corres" ponder á semejante conducta, había dispues" to, no sólo el perdonarles la vida en aquel
11 momento, sino darles una entera libertad
,1 para que marchasen á donde les conYiniera:
« á esto-agrega-respondieron llenos de gozo
"que nadie se queria ir, que todos quedaban
« al servicio de mi division, lo que verificaron
« á excepcion de cinco comerciantes de Vera'' cruz, que por las atenciones de sus intereses
"se les extendieron pasaportes para aquella
« ciudad.»
La nobilísima acci6n de Don Nicolás Bravo, que elogiaron basta sus mismos enemigos, le ha conquistado un nombre imperecedero en la historia.
AL
Después &lt;le este episodio, verdaderamente
MACNÁNIMO GRAL.
sublime, Bravo sígui6 luchando sin descanso
NICOLÁS BRAVO.
por la libertad de la patria, hasta que el 22 de
IO DU11RE,1886.
diciembre
de 181 í, en que cay6 prisionero en
*
*4
manos del realista Armíjo. Trasladado primero
Sería imposible para nosotros que no disá Cuernavaca, y después á México, se le puso
ponemos del espacio suficiente para ello, naen la cárcel de Corte, y en ella permaneció
rrar uno por ~~o los h~chos de armas en que
hasta 1820, sin quejarse nunca del inhumano
Bravo .se cubr10 de gloria. Bástenos decir que
tratamiento á que se le sujetaba por sus verpoco tiempo después de dispersarse los defendugos.
sores de Cuautla por distintos rumbos volvio'
«Bravo efi la cárcel de Corte por más de dos
r. u111rse
•
'
.t
a' l\Iore1os, que había establecido
su
años-dice
Alamán,-con una barra de gricuartel gen~ral en Tehuacán, y que á la cabellos
en
los
pies, sacándole del calabozo en
za de una, importante expedici6n marchó á
hombros
algún
rato á tomar el sol en el paSan .A~ustin del Palmar, en agosto de J 812,
tio, confiscada su hacienda de Chichihualco
como Jefe de las fuerzas que debían operar
teniendo su familia que subsistir á expensa~
contra el enemigo
de la liberalidad de
en la provincia de
un espafiol, D. AnVeracruz.
tonio Zubieta, se
Durante esta exocupaba en hacer
pedición, Don Nicigarreras, que acolás di6 pruebas
dornaba curiosade las excepcionales
mente con papeles
dotes que lo distinde colores, para saguían como soldado
car de su venta un
geñeroso é intrépipequefio auxilio pado. Con seiscientos
ra comprar tabaco
hombres ocup6 el
cerro del Calvario
y chocolate: en las
Monumento erigido A la memoria del Gral Bravo en Chilpancingo.
inmediato al Palvisitasdepresos que
mar, el 19 del misel virey hacía con
la Audiencia en las
mo mes y afio, para atacar desde allí al readel indulto ofrecido, con esta condición, á
pascu~s y Semana Santa, nunca pidió nada,
lista Labaqui, que conducía un convoy á PueDon Leonardo.
y
el .~1rey, que una de estas ocasiones lo sobla y que, al notar la presencia de los insurMorelos comunicó á Bravo la infausta notic?rr10 con una onza de oro, solía decir que
gentes, se había fortificado en las calles del
cia de l~ ejecución, ordenándole que en justa
siempre que veía á Bravo le parecía verá un
pueblo. El combate que se trabó entre am has
represa]!ª pasara á cuchillo á los prisioneros
monarca destrona~o. ¡Tanta fué la dignidad
fuer.zas fué reñidísimo, y muerto el jefe de los
que tuviese en su poder, y en obsequio de escon que supo sufm la de~gracial)) El regalo
reahsta.s, Bravo consumó la derrota del enemita orden mandó ponerlos inmediatamente en
d.e una onza de oro á aquel hombre cuya hng.o, ,haciendo doscientos prisioneros, que remicapilla.
Clenda tenía confiscada el mismo Virrey -cotió a un lugar seguro, para marchar á Tehua«En la noche- dice el magnánimo insurgenmo observa otro historiador -más que co
cán en persona, y ofrecer á ::\Iorelos como
« te en una carta que años después dirigió á
un rasgo ~e desprendimitn'to, aparece co:~
prueba de su victoria, la espada que L~ba.qui
« Don Lucas Alarnán,-no pudiendo tomar el
una sangrienta burla.
portaba aquel día.
« sueño en toda ella, me ocupé en reflexionar
Puesto en libertad, Bravo volvió á empufiar
A su regreso de Tehuacán, el vencedor del
« que las represalias que iba yo á ejecutar dislas armas en pro de la Independencia, y con-

Hoy por la tarde, según está 1munciado, serán recibidos en la estación de Buena.vista los
restos del patriota insurgente Don Nicolás
Bravo, que el Gobierno mantl6 exhumar del
templo parroquial de Chilpancingo, donde se
encontraban, para depositarlos en la capílla
en que, juntamente con los de Hidalgo, se conservan los de otro¡, héroes de la Independencia de México.
La translación de los restos de J{ravo á la
capital, y los honores que á su llegada van
á tributarse al ilustre insurgente, son de e!'tricta justicia, pues nadie ignora la fe inquebrantable con que el caudillo abrazó la causa del
pueblo, ni los eminentes servicios prestados
por él á una revolución llamada á producir en
lo futuro tantos y tan benéficos frutos para el
país.
Al lado de su padre, Don Leonardo Bravo
y de sus tíos Don Miguel, Don Víctor y Do1~
Máximo. Don Nicolás a parece por primera vez
en nuestra Historia, combatiendo en la hacienda de Chichihualco-propiedad de su familia,-contra un comandante realista· se pone á las órdeneo de Morelos muy poco después
de haberse levantado contra el Gobierno español, y tal es el brío que despliega en el campo
de batalla y tales sue hazañas que en agosto
de 1811, el mismo l\forelos lo ~oloca con Don
Hermenegildo Galea.na, alfrente de la.guarnición de Tixtla.
Al terminar la famosa expeclici6n de Morelos por el Valle de Toluca, que dió por re~ultado la toma de Tenancingo, Bravo marchó
a Cuautla, donde comenzaban á reunirse los
distint?s jefes que durante setenta y dos días
defendieron la plaza con una heroicidad sin
ejemplo, y allí, al lado de aquel genio de la
guerra que tanto pavor infundía á los nialistas, supo hacerse notable por su arrojo á toda
prueba y su pericia indiscutible.

Palmar recibió en Medellín la noticia de que su
padre, hecho prisionero en la hacienda de San
Gabriel, á rafa del sitio de Cuautla, había 8ido
villanamente ejecutado por los realistas [13 de
septiembre de 1812], después de intentar inútilmente que él depusie1a las armas á cambio

e(

�DomLngo 6 de Septiembl'e de 1903-

EL MUNDO ILUSTRADO

A su alrededor se cuchich
ba, su suspiraba, todos esta
tristes al parecer. ¿Por qué? Di
veces por hora Catalina lo p
guntaba tímidamente, con su v
gastada:
Pero, ¿quién
viejas?
--¿Y Pedrito? continuaba
guntando cada vez que su ni
ponfa carbón en el calentador
Al fin, Anita ~e dijo, apart
do un poco los OJOS:
***
-Pedro está en la ciudad.
Los restos de Bravo serán llese
atormente usted. Ha ido á
vados de Buenavista al Palacio
á su padrino.
Municipal; de allí á Chapulte. -¿A monseñor?
pec, donde se expondrán e~, una
-Sí.
capilla ardiente, y, por último,. á
-¿Para qué? ¿Para entrar
Catedral. Durante la ceremoma
e1 Seminario? Así, pues, ¿conai
cívica del día 8, la urna que guarte en ser sacerdote?
da las cenizas del héroe, estará
-Creo que sí.
colocada en un túmulo, en la gran
En el ojo derecho de Cata ·
tribuna donde debe efectuarse la
el que estaba todavía útil a
citada ceremonia.
En este número publicamos un
ció una lágrima de placer'.
retrato de la Sra. Adelaida Bra-¡Tanto mejor! murmur6
vo única descendiente directa de
su voz débil.
D~n Nicolás, que vive; un dibuY todo el día soñó con un
jo del monumento erigido al pamoso obispo, con mitra dora
triota en Chilpancingo, y fotograen alguna catedral sonora.
fías de objetos que pertenecieron
¡Qué magnífico prelado! ¿
al héroe y que conserva la misma
obispo? ¡No! ¡Arzobispo! ¡
señora.
nal! ¿A qué no llegaría? Y
zás cuando fuera cardenal, se
naría aún hablar de ella á
en sus oraciones omnipoten
Aquella tarde de invierno á
cinco, cuando comenzaba Á
targarse en su sillón Ca ·
En su sillón Imperio, en que
creyó oír el ruido de' un
dos cisnes de cobre dorado se mique se detenía delante de la
raban hacía cien años, Catalina
Sra. A~elaida Bravo.
Quiso mirar por los vidrios,
pensaba, con las manos juntas
ro sólo vió dos grandes fahales amarillos.
entrara en el Seminario. El pobrecillo no tesobre las rodillas.
nía un centavo. ¿Qué sería de él en el muntonces alarg6 el oído derecho, el único que
¿En qué podría pensar la vieja Catalina, tan
do, con un nombre como el suyo?
aú n sensible á los ruidos de este mundo1
vieja, quizás, como su Sillón Imperio, el de
Pero, siendo sacerdote ... ¿Y tendría vocamaquinalmente SP, movió algo su mandíb
los cisnes de cobre dorado?
ción religiosa? ¿Se inclinaban los hermosos
como si escuchara con la boca.
En Pedrito, su último nieto, un h ermoso
adolescente de rizos castaños, cuyo contacto
ojos de él hacia las alturas celestes?
_¿Qué oyó &amp;ntonces? Un ruido de palab
Aquella mañana, Catalina estaba muy triscomunicaba á &gt;&lt;U corazón todo el antaño lleno
gritos, sollozos. .. Y todo el mundo sali6
te, en su sillón Imperio. Con su ojo derecho,
de sol.
rriendo. ¿Qué pasaba? ¡Si hubiera podido
Sin duda, la vieja Catalina pensaba tamel único que veía aún algo-pues el otro esvantarsel Pero sus piernas estaban mu
bién en su hijo Juan,
ya. No había dado
en su nieta Anita, en
paso hacía cinco a
otros, salidoe de ella,
-¡Anital ¡Juan!
y cuyos cabellos se poroó asustada. ¿
nían grises ya bajo la
hay? ¿Ha tenido
eRcarcha de otoño; pePedro?
ro el roble que va á
Ninguna respu
morir debe inclinaree
Todos la habían a
especialmente sobre la
donado y estaban
última bellota que gerra.
mina entre sus raíces;
Y la gran puerta
y por esto toda el alma
cerró violentament.e,
de Catalina fie inclinacerrojo rechinó;
ba sobre el último regolpes vigorosos
toño, sobre ese Pedro
dieron las bojas,
tan mimado, tan adosi alguien intentan.
rado, en q men ella sentrar á vi va fuerza.
tía aún vagamente cantar su juventud, como
Juan se present6,
un pájaro fiel que no
guido de Anita y
hubiera cambiado sino
todos los miembroR
de rama.
la familia. Su
Cada vez más, á meestaba descompu
dida que ella se acerMiró á la abuela y
caba á ese muro negro
demás también. Y
ante el cual todos troojos parecían llen
piezan, Catalina pende terror.
saba en el muchacho;
En efecto, Pedro
para él su cerebro había
llegado recie
ría mover su último
mente
pero entre
pensamiento, como un
genda~mes.
Rabí~
fuego fatuo fosforesRopón, "fajero" y tirantes con fué bautizado el Gral. Bravo.
gado
y
robado
ve
cente; y en él peñsamil
francos
en
casa
ría otra vez, allá arriba, con una sonrisa que
taba inutilizado,-miraba por los vidrios con
un banquero unos días antes y la justicia
Dios enviaría al querido Pedro transformauna expresión de angustia afligida: la d~ no
n~a
á registrar la casa.
'
da en dicha, en esperanza en toda clase de
reconocer nunca á Pedro entre las persunas
¿Es Pedro? repetía Catalina, cuyas Ill
prosperidades.
'
que entraban á la casa.
temblaban algo más que de costumbre so
¿Qué sería de Pedrito? ¿Sería general co¿Por qué no volvía? ¿Dónde había ido?
los brazos del sil16n.
mo su tío Francisco, ó bien obispo codio su
¡Cuántos _días habían pasado sin poderle beJuan vaciló. ¿Podía decir la verdad'l 1
padrino?
'
sar _los OJOS con sus temblorosos é insensibles
~a _confesión equivaldría á la muerte para
Muy bajo, Catalina oraba para que Pedro
labios!
v1eJa Catalina; sería cien veces más dolo

suma&lt;la ésta, siguió tomando una
parte muy activa en los suceso:i
que se desarrollaron en el país
hasta el año de 1847, en que, como jefe del Colegio Militar, luchó contra los invasores norteamericanos. Siete años después,
el 22 de abril de 1854, murió en
Chilpancingo, su ciudad natal,
donde era generalmente estimado.

€1 btSO dt ]uan.

EL MUNDO ILUSTRADO

que la muerte. ¡Estaba tan orgullosa de su
Pedro!
-Es él, ¿no es verdad? preguntó ella, otra
vez, obstinada. ¿Le ha pasado algo?
--¡No! respondió ,Juan acercándose.
-Entonces..... ese coche..... ¿Quizás es, el
obispo?

El lirio dt las aguas.
Mira lo que te trae mi mensajero: es una
flor de blancos pétalos, una flor brotada en el
silencio del agua, donde perdida en el ensueño, flota solitaria.
Ponla sobre tu pecho:
pero préndela bien, pues
sus pétalos tienen aún
encerrados en sus corolas
las vaguedades del abismo, del misterio, del silencio ... .. ... .
Cuídate de los engaños
&lt;le! agua, no te dejes tur1,ar por el ensueño.
Las sirenas parecen dorrn ir ..... .
Los lirios se balancean
1-ohre el abismo.
Niña,sabes ocultar mal
tus deseos. Cuídate de las
vaguedades del misterio
...... Las sirenas parecen
dormir.... .. Los lirios se
halancean sobre el abisrno.
ExRIQ,UE IBSEN.

Domingo 6 de Septiembre de 1903.

FLOR NEGRA
Yo tengo como el mar horas serenas
en que pierde mi espíritu su brío
y se aduerme en la carne como el río
i;obre su luengo tálamo de arenas;
Horas en que la sangre de mi venas
blandamente circula, en que el Hastío,
como siniestro cárabo sombrío,
huye de la guarida de mis penas!
¡Ah!. .. si entonces, acaso venturoso,
un instante me ves y una sonrisa
desarruga mi labio casi inerte,
Es porque aquellas horas de reposo,
que pasan para mi sit,mpre de prisa,
tienen algo del sueño de la muerte!
JULIO FLóREZ.

EL COLLAR
Contemplaba el orfebre con fijeza,
Los rubíes del collar, que parecían
Rojas constelaciones que esparcían
La :flamescente luz de la riqueza.

Es una pregunta ' curiosa la de si una nación
Viéndolos, meditaba en la tristeza
puede llegar á ]a maduDe los pobres que de hambre se morían;
rez. Por mi parte, la conY en las que á trueque dt&gt; un collar, darían
testaría afirmativamente
Su hono1·, su juventud y su belleza.
si fuera posible que todos
Peto, bastón y banda de General, pertenecientes á. D. Nicolá.s Bravo. los hombres naciesen de
Acerc6se á la fragua crepitante,
Y
al avivar el fuego, su Eemblante
treinta
años.
l\Ias
como
la
juventud
ha
de
ser
-Es verdad: el obispo le acompafia. Y coBe tiñ6 de arreboles carmesíes.
eternamente inconsiderada, y medrosa. la vemo usted está vestida de casa... Venga usted
jez, nace de ahí'. que el hombre propiamente
pronto. Le pondremos su hermoso traje de
Sus dedos el collar despedazaron,
maduro se ve en aprietos entre ellas, y tieterciopelo negro.
Y al caer en la lumbre, se trocaron
ne que contentarse con avanzar ingeniándose
En lágrimas de sangre los rubíes.
de un modo singular para conseguirlo.
*
.JUAN DL"ZAN,
GoETRE.
Los golpes redoblaban en la puerta, porque
se había corrido efectivamente el cerrojo para retardar en lo posible la entrada de los magistrados en la casa.
Juan tom6 'á su madre en brazos y se dirigió rápidamente al cuarto cercano.
-¿Conque es el obispo·? murmuraba la vieja,conmovida. ¿Y Pedro consiente? ¿Quiere ser
sacerdote?
-Sí, respon&lt;lió Juan con voz contenida.
Y, lleno de compasión por la abuela le besó el cuello mientrllS la llevaba, ese' pobre
cuello arrugado en que cada año parecía ha" '- .
ber dejado un golpe de uña.
""'"·'".:, ...,C $,,\c1,.._"\
-¡Cuidado, Juan! ¡ho tan fuerte! ¡Me....
ú.);, 9(,,.,.c..,. ÓOHH'
ahogas!
¿Qué pasó entonces en el cerebro del hijo?
¿Qué idea sombría, desesperada, misericordiosa, brotó en él de pronto?
No retiró sus labios; no interrumpi6 el beso insistente. Al contrario besó más fuerte.
Por bien que haya. sido vestida una menti-¡Ah! creyó oír aún, co~fusamente.
iHAS VENCIDO!
ra, concluye siempre por ser descubierta.
Y cuando hubo colocado á la abuela en el
lecho, notó que estaba muerta.
*
Un golpe de lengua es peor que un golpe de
-¡"Padre! dijo Anita palideciendo ... Usted
Si es verdad, si es verdad, si no lo niego!. ..
la ha ax ...•••
lanza.
La culpa de ese ayer fué toda mía,
- Tal vez, respondió él con los ojos llenos
y mi locura me arrojó aquel día
de lágrimas. ¡La quería yo tanto 1
al proceloso mar donde navego.
Y entonces creyó poder dejar entrar á los
magistrados.
¡No llegué á comprenderte! ¡Estaba ciego!
Besé la mano infame que me hería,
JUAN FAM~AU.
y el amor que tu pecho me ofrecía
lo acaricié para olvidarlo luego.
Dichas propias dejé por las ajenas
'
mi calvario de dudas y de pe~as.

y preferí'. á vivir desengañado

¡~a me t~enes vencido! ¡Ya has triunfado!
¡Qmén pudiera con sangre de sus venas
borrar todo el error de aquel pasado!
NARCISO DIAZ DE ESCOBAR.

*
Caja de navajas de barba del Gral. Bravo

Muchas gentes saben elevarse muy pocas
saben hundirse.
'

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 6 de Septiembre de 1903.

PÍO X Y SU FAMILIA
Las primeras noticias biográficas del Papa
Pío X, publicadas al día. siguiente de su _elección hablaban de lo hnmil&lt;le de i::n origen.
Los datos que desde entonce!'\ se han recogido
acerca de eus pariente", confirman el aser!o,
pues la familia del Papa ef', por excelencia,
una familia "plebeya».
Los ascendientes de Giuseppe Sarto fueron
campesi1,os veneciano!'!. Su padre_ e!·a un.Jnsignificante empleado de la admm1strac10n;
era guarda mnnicipaldeRier&lt;a, pecp1eñaaldea
de la provincia de Trevif'a. Su madre, á la cual
se asemeja físicamente de una manera notable,
era. costurera. Tuvo la dicha ele Yer á su hijo
Cardenal , y la emoción que C'Xperimentó
, 1 . entonces, apresuró, según se dice, los u timos
días de su vida. Murió en 18()-! en Ali pueblo
natal, de donde nnnca sn.lió.

INSOMNIO.
Tú eres un lirio místico, que has abierto tu corola en mi alma.
Por ue la has llenado de santos ~rom!l's·
Porque tu blancura la ha hecho irradiar.
Portue tu pureza la ha iluminado con las tres
estrellas blancas de tus pétalos, la Fe, la Esperanza y ]a Caridad.
b' to
B~adito seas, oh liiio místico que has a ier
en mi alma tu corola.
.
.
d
Tú eres la luz del ideal escondida en e1 cie1O d
miPorque
vida. has desgarrado las somb ras d e ese CJe
· ¡ 0 llenándolo con tu el aridad,. placenter!!' Y suave.
Porque has formado con chispas de virtud Y de
pasión tu vía láctea.
'd d
¡
Porque has fundido en tu llama la cast1 a Y e
amor.
.
h fl
·
Porque tu beso lummoso ha hec o orecer m1
pensamiento.
.
b ·11
Bendita bendita. seas, ¡oh luz idea1 que r1 as
en el cielo' de mi vida!
Tú eres el ángel que vela á las puertas de mi
corazón .
• d
Porque tu espada no es de fuego, sino ~ amor.
Porque tus alas, nevadas como la E~ca.r1stía, se
tienden sobre él con cariñosa pr?tecc1~n. .
Porque las has agitado en m1 conciencia, haciendo crear en ella algo del plumón sagrado que
las forma.
Porque el evangelio que tú enseñas santifica y
eleva.
•
tá f
Porque el rosario de tu_s oraciones e~
ormado con lágrimas que la piedad hace brillar como
diamantes.
Bendito, bendito seas, ¡oh ángel custodio de mi corazón!

** *

'ffi'

¡Lirio! ¡Luz! ¡Angel!
¡Eres puro, eres brillante, eres a.lado!
Yo quiero tus pétalos para coronar mi espíritu.
Yo quiero tu fuego para transfigurarme.
y 0 quiero tus alas para remontar el vuelo...
y en la t'egión del ideal á que aspiro, ¡oh lmo!
¡oh luz!, ¡oh ángel!, si lo primero,. seré. el. rocío
de tu corola; si lo segundo, seré la 1rradiac1ón de
tu llama; si lo último, seré tu corazón.
JERÓNIMO J. REINA.

El matrimonio Paro!In ~SaTto y su familia.

Margarita Sanson, madre de Pio X.

Las buenas gentes contaban con insignifi&lt;'antes bienes de fortuna: en una de las calles
rle la ciudad, empe&lt;lradacon guijarroR, tenfan
una caAa de un rnlo pii-o, de tejas roja:-; en la
campiña, algunas tiel'raf'. Con esto y con el
pequeño Rueldo que cfo,frutaba el padre, contfl ban para la snhsistencia de seis hijos: dos
niños y cuatro niñaR,

S.1rto; la otra er&lt;tá cMnda con un hostelero de
Grar.ifls R la protecc:ión del cura de RieFa, el
nharl Tito ToRarni, C'l joven Giuseppe SRrto
RirFrt, llamn&lt;lo Parolin. Son dueños de un
hotd "Las Dos Ji:,ipaclaR» y de un "emporio,»
pudo continuar Ans ef'tndioi- en la e,cneln. de
mitncl nha&lt;'erín y mitnd bftzn.r. En FIUB faeCastclfranco, &lt;londe PU!-1 triunfoi- le valieron
nns i:on nyudn&lt;loi;, por l'U hija y FUS hijos. Se
huenaf" prote&lt;'ciones, ta leR como la de 1\[onseíior Farina, Obisro &lt;le Tre,•if:fl, y
!a dPI C,irdenal M6nico, ,:u compatriota, i\. quien mftR tar&lt;le bahía
de sncedcr en la.silla patrinr&lt;'nl de
Venecia.
El hPrmano y las hPrmn naA del
Para. Pío X, viven n{111. Doi:, ele
i"llR hermnnas @on flolternf', lni- llnmó !i. su lado cuando fné OhiRpo
de Mantna, y m/Ís tarde lo Piguieron á Yenecia. Se dice que dentro de poco irán á Roma. para entrar !Í un convento, á fin de eRtnr
cerca de su hermano. Haflta. la fecha no han cambiado sns trajes
&lt;le campesinas por los atavíos mo&lt;lernos de las grandes ciucladefl.
:No usan f'ombreros y llevnn la
caheza cuhierta con el velo traCasa en que nació P!o X, en Riesa (Italia.)
dicional de lns obreras del pueblo veneciano.
Una. de lfls otraR hermanas &lt;lel P 1pn ei:tá cave, en una de las fotografías que publicamo!l,
E&lt;ada con el l:'acristán de la iglesia de Salzano,
el despacho de la. abacería, con sus cacerode donde en épocas p11fadas fué cura Giuseppe
las de fondo brillante, numerosos candeleros
y lámparas y mesas de pino blanco. Los hijos
en el bazar, atienden á la clientela.
'
En cuanto_ al hermano del Papa, Angel Sarto, f,ué antenormente soldado austriaco, y se
gloria de haber votado entonces Ja anexión de
Venecia á Italia. Después comerció en recauderías y en abarrotes y actualmente es empleado de correos en Asola, cerca de Mantna.

***

Publicamos, además, en este número un dibujo en que aparece Pío X dando la .b endición
al pueblu desde la ,doggian de San Pedro y
o_tro que rep~esenta al Pontífice llevado e~ la
silla gestat?na al tropo I_&gt;Ontifical, el día de
su coronación.

·-·

Los lib~os destinados á la enseñanza deben
ser atrac_tn·os, para lo cual es menester que
sus J?águias coi1tengan lo más placentero y
accesible del saber y ele la ciencia.

*
La alegría es el bne11 tiempo del corazón
Da al a_lrna la armonía, porque es un etern¿
canto srn palabras.

�Dom~ngo 6 de Septiembre de 1903-

EL MUNDO ILUSTRADO

Domiingo 6 .de.Sep-tiembre ele 1903.

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S.S. PIO X
COPIA DEL PRIMER RETRATO QUE SE HA Hl~CHO DEL PONTÍPICE 1

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DESPUÉ::i DE SU ELECCI6N .

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 6 de SE&gt;ptiembre de 1903-

EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 6 de Septiembre de 1903-

formas son voluptuosas como la caricia de un salvaje y se rebelan indóciles contra el dique de su sencillez inocente. Me ama
con fiereza. Me ama con fiereza, como una leona; y yo ...... lo
confieso ... ... yo la amo con fiereza también.»
Y dijo Mario:
«Mi novia es bella como Rodopisa, y hermosa como Citerea.
Su tez fina como los labios de un lirio, palidecen en 1a sien
con u~ suave tinte de violeta, se polvorea en las mrjillas de
sonrosado múrice, en la cintura se oscurece como bnjo la presión de una sierpe invisible, y en todo el cuerpo divino parece
bañada y enjugada con leche y miel.
«Su cabellera es una explosión del alba en el cielo de diciem•
bre. Su cuello es una maravilla del torno. Su seno es una almohada gemela y mórbida hecha para que Re recline sobre ella
la frente de un dios. Su mirada parece venir de otro mundo y
anunciar otras dichas, su mirada sumerge en un lago de amor
Ella se esfuma entre las nubes y se destaca en un horizonte siempre lejano. Vive en el palacio de mis sueños. La amo, y no la
tendré jamá8, porque ella no quiere que deje de amarla, al poseerla ...... ,,

MARIPOSAS.
Era un ardiente día de Primavera. Por la ventana del «chalet» en
que nos hallábamos, veíamos, á la izquierda, el ancho camino bautizado por la primera lluvia; á la derecha, un prado en flor, cortado
por arbustos y céspedes tiernos.
.
.
.
"Cna. bandada de mariposas, como un enJambre de abeJaS gigantes, surgi6 de ent~e las ftorei&gt;1 ~ibujó sobr~ el aire. diáfano ~na reu ue
mallas imperceptibles, se agito ~on la rapidez de una lluvia de estrellas, &lt;lisip6se un tanto y, reur_n fndose de ~uevo, cayeron como rendidas por la muerte, er. el cammo, á la orilla de un charco de agua
turbia.
Sosegadas quietas sobre la tierra roja, parecían pastillas de colo'
'
.
res abi"arrados
bordeando
una pa1eta cetrrna.
Abso~tas inm6viles sobre el lodo, levantaban al cielo sus alitas,
simbólicas 1de inmortalidad; sus alit:is, cubiertas de polvo tenue,
irisado de mil matices, como un rayo miará través &lt;le la neblina.
Sobre los pétalos vivientes se bosquejaban signos extraños, Jíne~s
y sombras, misteriosos hieroglíficos tornasolados de no sé qué escntura desconocida.

***

En el recinto en donde estábamos entró en agitado tumulto,
inquieto y alocado, el enjambre de mariposas.
Yo estaba melancólico y pensativo. Sobre la frente de Mario se posó una maripoi&lt;a de oro, y sobre mi frente vino á descansar, tímida y tem blorosa, una mariposa negra.

***
Dejé de contemprarlas y recorrí con la mirada el grupo &lt;le mis
amigos. Callaban por un momeilto.
Después hablaron y sus voce:s EOnoras hicieron ~ibrar en el aire
un soplo de vida humana. Hablaron los tres, sucef:'1vamente.
Yo me contenté con escuchar.
Todos eran jóvenes y bueno!:'.
Corría por sus venas la i,avia rica que da. al e8pírilu el júbilo de
vivir, &lt;le vivir y amar.
Roberto, el fornido y gallardo, hnbló de esta manera:
«Mi novia P.S elegante y afroi::a como una reina. Su blnnca frente fué hecha para cefiir diademas ó coron11R. Sus labios son IJiienos
para la sonrisa, buenos pnra. el desdén. El oro de los cahel los compite con el oro de las pupilaR, que lucen en el verdor del iris cumo
el reflejo de una estrella sobre el mar.
«Sus manos, finas y nristocráticas, parecen dos lirios ulancos, cuyos pétalos empiezan á colorenrse de rof'a.
1,Su pie es arqueado como la hoz de la luna,y su talle, flexible y cadencioso como la mú:,.ica de un vals.
,,Su majestuosa figura se proyecta soure orientale!'\ tapices y regias alfombras y rnmultiplica en biselados cristales &lt;le Venecia. Vive
en un palacio, y cuando sale, hasta las flores recién abiertas palidecen de enYidia.
:,l\1e quiere, porque entre todos sns adoradores, yo soy quien la amo
meno!".»
Andrés repuso:
«Mi novia es modeeta como una silvestre clavellina. Su tez es tri-

Agosto, 1903.

FERNANDO DE ZAYAS.

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P!o X bendiciendo al mundo católh'o desde la "loggia" de San Pedro
después de su elecc16n.

gueíia como el ocaAo, su boca es una fruta roja abierta por rl pico de
un pájaro, sus cabellos son ele negro mate como la leña del horno recién quemado, flUS ojus son oscuros y brillantes, como negras uva!'.
Sus manos, pequeñas y toscas como las de una pescadora siciliana. Sus

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Sr. Gral. D. RosaJino Martinez.

NOTA MILITAR
Por licencia concedida al señor GP1wral Don Jesú~ Alonso
Flor~s, Comand11nte Militar de la Plnzn, se ha hecho cnri;to de
este 1m~ortan!e p~w~to el señor General Don Romlino Martíiwz,
que hacia algun tiempo se encontraba nl frent~ de la de \Tpracruz.
El señor _General Martínrz, cuyo rrtr11to damos á conocer, es
uno d_e los Jefes más ameritados del Ejército cuenta con treinta Y c1~co años de servicios prei;tados al paü,,' lo mismo en épocas aCiagas qu~ en la era de paz que atravesamoi:i, y posee,
en_tre otras cualidades, la de ser en extremo celoso del cumplimiento de sus deberes.
Interinamente substituye aJ Feilor General Martínez en
Veracruz, el Jefe del 17&lt;? Batallón, Coronel Joaquín I\Iaass.'

conducido en la tilla geatatorla al trono pontltlc&amp;l.

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LA CORONACION DEL P.APA.-Plo X

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�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 6 de Septiembre de 1903-

EL MUNDO ILUSTRADO

Do:nf.ngo 6 de Septiembre lle 1903-

ta fiesta '1t los Remt'1ios.
En lüs Remedios, punto cercano á San Bartolo Naucálpam, se efectuó el día primero hi
solemne función religiosa que anualmente organiza el cura del Santuario allí establecido
y á la cual concurren numerosísimos fieles d~
todos los pueblos vecinos.
La presencia del Sr. Arzobispo Alarc6n, en

El Santuario, que actua_lmente se encuentra
en reparación y que será decora~o con buenas
pinturas al óleo, estaba matenalmente henchido de devotos.
En cuanto á la verbena, pocas veces como
ahora ee habrá visto tan animada. Los «puestos» de golosinas y las ((fondas» al aire libr~,
Re contaban por centenarPs, y l~ concurrencia
era numerosísima. En el exterior del templo
había grupos de "danzantes» que, por lo ex-

más notable después del Santuario, que existe en el lugdr. La arquería de este acueducto,
que se eleva en algunos puntos á más de veinte metros, está dividida en secciones, levantándose en cada una de éstas una elevada torre
de piedra, desdela cual los indígenas encargados de la vigilancia de la obra, pueden observar cualquier obstá'!ulo ó desperfec~o que entorpezca el curso de las aguas. De~rle las torres, hechas á semPjanza de la de Babel, ~e

~--.........
....
.......
... .

~--~~~,.,.

..

los Remedios, hizo que en esta vez las fiestas
revistieran una solemnidad extraordinaria,
pues tanto la misa como la procesión que recorrió el atrio del templo, resultaron verdaderamente lucidas. Una buena orquesta tocó en
la función, mientras en las afueras del Santuario, una banda formada por más de cuarenta indígenas, amenizaba la verbena popular.

traño de su indumentaria, llamaban la atención de todos. Los fuegos artificiales, que son
de rigor en estas fiestas, contribuyeron á mantener la animación y el entusiasmo entre la
muchedumbre.

domina perfectamente el panorama de San
Bartolo.

*

La razón y la conciencia no solamente guían
nuestros juicios y nuestras a::ciones, sino que
son también los medios más seguros para adquirir y poseer la verdad.

Entre las fotograf&lt;as que publicamos, figura la del acueducto de los Remedios, la obra

Elecciones de Gobernador en Colima
El sr. tic. D. Enriqut o. dt la madlid.
La Cámara Legislativa de Colima acaba de
aprobar la elección de Gobernador Constitucional del mismo Estado, recaída en la persona del señor Lic. Enrique O. de la Madrid,
quien deberá funcionar durante el período legal que, conforme á la Constitución particular de aquella entidad federativa, comenzará el día 1? del próximo entrante mes de noviembre y concluirá el 31 de octubre del año
de 1907.
El señor Lic. de la Madrid, joven é ilustrado, encarna las aspiraciones más elevadas de
los colimenses, quienes esperan que su gobierno sea fecundo en bienes para aquel Estado.
Colimense de nacimiento, el señor Lic. de la
Madrid profesa naturalmente acendrado cariño para la tierra que lo vió nacer; y esta cualidad, unida á sus relevantes virtudes cívicas
y privadas, de que tantas veces ha dado evi-

Instantáneas de la tiesta de los Remedios, y vista del acueducto.

dentes pruebas, han hecho que desde el momento en que se iniciaron trabajos electorales en favor de su candidatura, tales trabajos
fueran secundados por todos sus conterráneos
con el mayor entusiasmo, de tal manera que
su elección ha sido unánime.
En su carrera pública, el señor Lic. de la
Madrid se ha distinguido honrosa y brillantemente. Dese,mpeñó por varios años el importante puesto de Juez Federal de Distrito, la
Magistratura y Presidencia del Supremo Tribunal de Justic;a y la Diputación, en aquel
Estado, habiendo sido también electo Diputado propietario al Congreso General. Como
Abogado, su figura es una de las más notables
del foro coJimense.

*
Al fallecimiento del distinguido gobernante
señor Coronel Don Francisco Santa Cruz, el
señor Lic. de la Madrid, mie'llbro á la sazón
de la Asamblea Legislativa de Colima, fué
11ombrado por ésta Gobernador interino; en,.
cargo que comenzó á desempeñar desde luego
con el mejor acierto y honradez, ajustando

siempre sus procedimientos de gobernante á
la justicia y á la ley; por cuya razón el pueblo
de Colima, satisfecho de su administración
lo aclamó su candidato para el período cons~
titucional de 1903-1907, obteniéndose un resul..
tado de tal manera satisfactorio en las elecciones secundarias, verificadas últimamente que
s~ c~ndidatura se vi6 favorecida por la 'unamm1dad _absoluta de los votos emitidos por
los ~o~eg10s electorales de los Distritos en que
se d1v1de aquel Estado para la práctica de dichas elecciones.
Finalmente, el señor Lic. de la Madrid es
muy querido de todos sus gobernados para
quienes es afable y justiciero sin distinción
pudiendo decirse de él que «es el primero e~
el corazón de sus conciudadanos.,i
Es indudable que el Estado de Colima bajo la administración del sefior Lic. de la' Madrid, realizará muy grandes progresos.

�Domingo 6 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

adoraban al Niño Jesús en el establo de Belén.)

tra9tdia dt Ensutño.
[Han dejado abierta la casa y parece abandonada .... El niño duerme fuera, en la paz de la
tarde que agoniza, bajo el emparrado de la vid.
Sentada en el umbral, una vieja mue\Te la cuna
con el píe, mientras sus d€'dos arrugados hacen
girar el huso de la rueca. Hila la vieja, copo tras
copo, el hilo moreno de su campo. Tiene cien
años, el cabello plateado, los ojos faltos de vista, la barbeta temblorosa. 3
La abuela.-¡Cuántos trabajos nos aguardan en este mundo! Siete hijos tuve, y mis
mano!'! tuvieron que coser siete mortajas ..... .
Los hijos me fueron dados para que conociese las penas de criarlos, y luego, uno á uno,
me los quitó la muerte cuando podían ser ayuda de mis años. Estos tristes ojos aún no se
cansan de llorarlos. ¡Eran siete reyes mozos y
gentiles!. ..... Sus viudas volvieron á casarse,
y por detrás de mi puerta vi pasar el cortejo
de sus segundas bodas, y por delante de mi
puerta vi pasar después los alegres bautizos ...
¡Ah! Solamente el corro de mis nietos se deshojó como una rosa de mayo ...... ¡Y eran tantos, que mis dedos se cansaban hilando día y
noche sus pañales!...... A todos los llevaron
por ese camino donde cantan los sapos r el
ruiseñor. ¡Cuánto han llorado mis ojos! Queaé ciega viendo pasar sus blancas cajas deángeles. ¡Cuánto han llorado mis ojos y cuánto
tienen todavía que llorar! Hace tres noches
que aúllan los perros á mi puerta. Yo esperaba que la muerte me dejase este nieto pequeño, y también llega por él. ..... ¡Era, entre todos, el que más quería!. ..... Cuando enterraron á su padre, aún no era nacido; cuando
enterraron á su madre, aún no era bautizado ...
¡ Por eso era, entre todos, el que más quería!. ..
Ibale criando con cientos de trabajos. Tuve
una oveja blanca que le servía de nodriza, pero la comieron loR lobos en el monte...... ¡Y
el nieto mío se marchita como una flor! ¡Y el
nieto mío se muere lenta, lentamente, como
las pobres estrellas, que no pueden contemplar el amanecer!
(La vieja llora y el niño se despierto. La vieja
se inclina. sollozando sobre la. cuna, y con las
manos temblorosas la recorre á tientas, buscando dónde está la cabecera. Al fin se incorpora

con el niño en brazos; le oprime contra el seno,
árido y muerto, y lloran hilo á hilo sus ojos ciegos: con las lágrimas detenidas en el surco venerable de las arrugas. canta por ver de acallarle. Canta la abuela una. antigua tonadilla. Al
oírla se detienen en el camino tres doncellas que
vuelven del río, cansadas de lavar y tender, de
sol á sol, las ricas ambas de hilo de Arabia.
Son tres hermanas, azafatas en los palacios del
rey: la mayor se llamaAndara, la mediana.Isabela, la pequeña Ala.dina.)
La mayor.-¡Pobre abuela, canta para matar su penal
La mediana.-¡Canta siempre que llora el
niño!
La pequeña.-¿Sabéis vosotras por qué llora el niño? ...... Aquella oveja blanca que !e
criaba se extravi6 en el monte, y por eso llora
el niño ......
Las dos hermanas.
(í .
-¿Tú le has visto? ...
¿Cuándo fué que le has
1,
visto?
La pequeña. --Al al 1,.._
manecer le vi dormido en la cuna. ll:~tá
más blanco que la espuma del río donde
nosotros lavarnos. Me
parecía que mis manos al tocarle se llevaban al~o ele su vida,
como si fuese un aroma que las santificase.
Las dos hermana~:
-Ahora al pasar nos detendremos á besarle.
La pequefía.-¿Y qué di.remos cuando nos
interrogue la abuela?....... A mí me dió una
tela hilada y teFda por sus m~nos para. que la
lavase, y al moJarla se la llevo la corriente....
La mediana.- A mí me dió un lenzuelo de
la cuna, y al tenderlo al sol, se lo llevó el viento ........ .
La mayor. -A mí medió una madeja de lino, y al recogerla del zarzal donde la había
puesto á secar, u:1 pájaro negro se la llevó en
el pico .... ..

El pastor.-Ya se pone el sol. ¿Por qué no
entras en la casa con tu nieto!
La abuela.-Der,tro de la casa anda la muerte...... ¿No la sientes batir las puertas?
El past0r.-Es el viento que viene con la
noche ........ .
La abuela.-¡Ah!. ..... Tú piensas que es el
viento!. ..... ¡Es la muerte!. .....
El pastor.-¿La oveja no ha parecido?
La abuela.-La oveja no ha parecido, niparecerá ........ .
El pastor. -Mis zagales la buscaron dos días
enteros ...... Se han cansado ellos y los canes ........ .
La abuela.-¡Y el lobo ríe en su cubil! ......
El pastor.-Yo también me cansé buscándola.
La abuela.-¡ Y todos nos cansaremos!. .....
Solamente el niño seguirá llamándola en su
lloro, y seguirá, y seguirá.. .......
El pastor. -Yo escogeré en mi rebaño una
oveja mansa.
La abuela.-Ko la hallarás. Las ovejas mansas las r.omen los lobos.
El pastor. -Mi rebafio tiene tres canes vigilantes. Cuando yo vuelva del monte, le ofreceré al niño una oveja con su cordero blanco.
La abuela.-¡Ahl ¡Cuánto temía que la esperanza llegase y se cobijara en mi corazón
como un nido viejo abandonado bajo el alar!. ..
El pastor.-La esperanza es un pájaro que
va cantando por todos los corazones.
La abuela.-Soy una vobre desvalida, pero mientras
conservasen tiento mis dedos, hilarán paro tu regalo
cuanta lana diere la oveja.
¡Pero no vivirá el nieto mío!
. ..... Hace ya tres días desde
que aúllan los perros; cuando le alzo de la cuna, siento

La abuela.-¿Habéis dicho que no duerme?
Las niñas.-Tiene los ojos abiertos ... Parece que mira una cosa que no se ve ....... . .
La abue!a.-¡Una cosa que no se ve!. .. ¡Es
la otra vida!. ...... .
Las niñas.~Se sonríe y cierra los ojos ......
La abuela. -Con ellos cerrados seguirá viendo lo mismo que antes veía. Es una alma blanca la que mira.
Las niñai;,.-¡Se sonríe!. .. ¿Por qué se sonríe con los ojos cerrados?
La abuela.--So~ríe á los ángeles.

Do!ll1ngo 6 de Septiembre :le 190:!.
de sol que se abría sobre la noche... ¡Eras_ tú
como un cirio de blanca cera en esta capilla
obscura de mi alma!. ...... ¡Vuélveme al nieto
mío, muerte negra!. ...... ¡Vuélveme al nieto
mío!.. ....
[La a.huela, con los brazos extendidos, entra
en la casa desierta., seguida. de la. oveja .... Bajo
el techado resuenan sus gritos .... Y el viento
anda á batir las puertas ... )
R. DEL VALLE-lNCLAN.

(Una ráfaga de viento pasa sobre las sueltas
cabelleras, sin ondularlas. Es un viento frío que
hace llorar los ojos de la abuela. El nieto permanece inmóvil en la cuna.. Las niñas se alejan,
pálidas y miedosas, lentamente, en silencio, cogidas de la mano.)
La abuela.-¿Dónde estáis? ... Decidme, ¿se
sonríe aún?
Las niñas.-No, ya no se sonríe .. . . : ....
La abuela.-¿Dónde estáis?
Las niñas.-Nos vamos ya ..... .

[Se sueltan las manos y huyen. A lo lejos suena. una esquila. La abuela se encorva escuchan-

DE EDMUNDO DE AMICIS
€1 tuoro dt la viuda.
¡Helo allí! Vuelve mi ángel de la escuela
con sus libros pequefi•&gt;S bajo el brazo;
en el balcón lo espera mi regazo:
ya me ha visto, sonríe, un beso anhela.
Hijo mío, ven presto, corre, vuela,
parece que hace un año no te abrazo;
no lloro unida á ti por este lazo,
mas cuando faltas tú, ¡quién me consuela!
Ven, que te estreche, que te estreche ahora
contra mí, pobre huérfano; es testigo
el cielo del amor que me devora.
Deja seque en tu pelo rubicundo
mis lágrimas, hermano, hijo, amigo,
¡mi 6nica alegría de este mundo!

---....,.....---r:-

il:IOVtd, btSOS!
Lloved, i;,í, dolorosos, caed ardientes,
dulces, solemnes, tristes, del~rantes,
en los héroes que están agonizantes
sobre mártires, sabios y valientes. '

La pequeña.-¡Yo no sé qué la diremos!. ..
La mediana. - Yo tampoco, hermana mía.
La mayor. - Pa~aremos en silencio. Como
está ciega. no puede vernos.
La mediana. -Su oído conoce las pisadas.
La mayor. -Las apagaremos en la hierba.
La pequeiia.-Sus ojos adivinan las eombras.
La mayor.-Iloy están cansados de llorar.
La mediana. -Vamos, pues, todo por la orilla del camino, que es donde la hierba está
crecida.

Sobre los parvulillos inocentes,
en las manos de viejos vacilantes
en los labios purísimos ele aman~s
y de los moribundos en las frentes.'
Caed santos en todas las virtudes,
en el dolor que la palabra vela,
sobre cunas, y al par, sobre ataúdes.
¡Besos, caed! Omnipotente arcana
melodía que enjuga y que consuela
el llanto eterno de la raza humana.

(Las tres berma.nas, Andara, Isabela y Ala.dina, van en silencio andando por la orilla del ca-

€1 duafío.
batir sus alas de ángel como si quisiese aprenderá volar ..... .

,r~\~

........... \ \ 1

(Vuelve á llorar el niño, pero con un vagido
vez más débil y desconsolado; vuelve su
abuela á mecerle con la antigua tonadilla. El
pastor se aleja lentamente, pasa por un campo
verde, donde están jugando á la. rueda .... Canta el corro infantil la misma tonadilla que la
nbuela; al deshacerse, unas niñas, con la falda
_ena de fi?res, se acercan á la vieja, que no las
si~mte, y sigue meciendo á su nieto. Las niñas se
miran en silencio y se sonríen. La abuela deja
de cantar y acuesta al niño en la cuna.)

cada

Las niñas. -¿Se ha dormido abuela?
La abuela.-Sí, se ha dormido.
d Las niñas.-1Qué blanco está!... .. ¡Pero no
uerme, abuela! ........ .

m_ino. La vieja lev11.nta un momento los ojos sin
vista; después sigue meciendo v cantando al niño. Las tres hermanas, cuando han pasado vuelven la cabeza. Se alejan y desaparecen,' unas
tras o.tra, en la revuelta. Alla, por la falda de
la colina, asoma un pastor. Camina despacio, y
al andar se apoya en el cayado. Es muy ancia.•
no, vestido todo de pieles, con la barba nevada.
Y solemne. Parece uno de aquellos pastores que

do .... Es la oveja familiar que vuelve para que
mame el niño. Llega. como el don de un rey mago: con las ubres llenas de bien. Reconoce los
lugares y se a.cerca con dulce balidv. Trae el vellón peinado por los tojos y las zarzas del monte. La viE'ja extienC:1e sobre la cuna las manos .
para levantar al mño. ¡Pero las pobres manos
las manos anugadas, temblonas y seniles ha~
llan que el niño está yerto.)
'
La abuela. - ¡Ya me has &lt;lejaclo, nieto mío!
¡Qué sola me has dejado! ¡Oh! ¿Por qué tu
alma de ángel no puso un beso en mi boca y
se llevó mi alma cargada de penas? ... Eras tú
corno_ un ramo de blancas rosas en esta capilla triste de mi vida... Si me tendías los brazos, eran las alas inocentes de los ruiseñores
que cantan en el cielo á los Santos Patriarcas·
si me besaba tu boca, era una ventana llen~

¿Recuerdas cuando al pie de los cipreses
de una bella mañana á los albores
'
nos hicimos de bravos los honores'
sacudiéndonos cien y cien reveses?
, ~os dieron centinela, muy corteses,
n. nuestro alrededor cuatro señores

.
. 'entre flores,
y ei;p1aron
ele leJos
algunos aldeanos milaneses.

'

Alegre estaba el alba y la campiña ·
la l_u~11bre que lucía én nuestros ojos'
trn1c1onaba el encono de la rifia;
Mas, necios y cobardes no cesamos
de fingir con la espada mil enojos,
hasta que en sangre, al fin, nos sal picarnos.
(Traducción de Manuel S. Pichar&lt;.10. )

�Et

CONflDfNCIAS

Jlño X-tomo n-núm. 11

MUNDO ILUSTRADO
mtx1co, Stptitmbrt u dt 1901.

Cierente: LUIS Rtns SPINDOLA

Director: LIC. RAl'AIL RtYfS SPINDOLA.

EA usted franco. ¿Cree usted i:unceramente que su salud es buena? ¿Tiene 1a
profunda convicción de que cumple de una mar.era regular é irreprochable
con todas las funciones que por su salud, ocupación ó estado, le ha conferido
la naturaleza? ¿No ha sentido jamás ninguna molestia que perturbe sus aptitudes? Reflexione seriamente sobre esto, pues en infinidad de ocasiones no dará u8 ted importancia á muchos pequeños síntomas, que pueden ser fecunda-

,

mente de graves resultados.
Usted sabe que muchas enfermedades, sobre todo las que obran por consunción de una manera lenta, tienen ~~mejantes,sino iguales,los primeroi:: síntomas,
.1e. tal

S.bKrlpci6n measa1I for•au S1.50
ldem,
ldem. H la c1pilll $1.JS

modo, que la

Anemia, Tuberculosis,
Neurastenia, etc.
son difíciles de diagnosticar en sus principios.
Comunes á estas enfermedades son una variedad de síntomas molestos que seguramente habrá ueted sentido alguna vez ó cuando
menos en parte.
El imsomnio, la jaquecas frecuentes, los puntos negros que flotan ante la vista, la inapetencia, sensación de pesadez y malestar al levantarse, torpeza en los movimientos, suefío ó pereza inmotiYados mal humor, desarreglo en las digestestiones, falta ó pérdida de la memoria, imposibilidad para dedicarse á los asuntos que requieren intervención de la inteligencia, dolores vagos sin causa aparente, debilitamiento ó pérdida de las funciones sexuales, etc.
Todo este cuadro de síntomas, unidos á otros much 0 s que sería largo enumerar, puede decirse que forman el cuadro clínico de la mayor parte de las enfermedades consuntivas, sumamente extendidas y tanto más graves, cuanto que con su insidioso principio, pasan en
la mayoría de los casos inadvertidos y sólo manifiestan sus perniciosos efectos, cuando han hecho progresos formidables que si no imposible es muy difícil detener.
Probablemente usted habrá sentido algunos de estos achaques á los que quizá no habrá dado importancia, pues en algunos casos la
Naturaleza triunfa y la huella que dejan es tan lijera que nadie se preocupa por sus resultados.
Convendrá usted, pues esto es indudable, que repetidos estos desequilibrios orgánicos, poco á poco minan su salud, y cuando usted
justamente alarmado desea recobrar esa salud, ó no puede conseguirlo, ó si llega á lograrlo, es solamente á costa de grandes y laboriosos
sacrificios.
Si al primer achaque, á la primera molestia, ustrd, como hombre pensador se preocupa de su. estado y desea verse libre de funestas consecuencias, recuerde lo que á este respecto dicen los médicos más afamados. Torne sin pérdida de tiempo el

Del Doctor

LATOUR BAUMETZ,
que sin ~olesti~ ~e !lingú~ género, devolverá á su organismo_ e~ ~ompleto vigor y la plena salud que había perdido.
Temendo facil remedio todos los males que forman el prmc1p10 de las variadas enferdades á que está sujeta la Naturaleza humana,
en lamano de usted está el arma que debe servir para combatirlas; cúlpese á sí mismo si no aprovecha la oportunidad de hacerlo.
No siendo el

Vino de San Ger01án
una prepaaci6n
empírica, . sino que está ajustada
á. los más rigurosos principios &lt;le la cienci·a y que h a s1"do no solamen.t e a pro bad a smo
·
.
.
prescrita por los más emmefites .y conocidos médicos, puede ueted tamarla sin temor, recomen d arl a á sus amigos,
·
d ar1a a, su fami·¡·ia
con absoluta confianza dvnde qmera que haya un dolor que aliviar ó una 1mferrnedad que combatir.

DE VENTA EN TODAS LAS DROGUERIAS Y BOTICAS
Stñor 0tntral Don Porfirio Díaz,
Pmldttttt dt lil ~tpúbllc,.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 2, No 10, Septiembre 6</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Beso de Juan</name>
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                    <text>Domingo 30 de Agosto de 1903.

EL MUNDO (LUSTRADO

E L MUNDO ILUSTRADO

al ver tu ta.rda.m\a. en regresar, temí
que hubieras muerto.
- ¡Ay Juan! Bien poco me ha
falta.do para mol'ir. Y tú, é,cómo
estás•~
- Muy bien, muy bien y contentísimo.
-¡Es posi ble! A pesar de la des¡?rncia .. ..
- ;.Qué desgracia:'
L1~ d~ los guantes.
- ¡Ah! Sí, ¿la equivocación? Pero eso no ha sido una. desgracia..
- ;.Cómo'?
- Al menos para. mí.
-No salgo de mi asombro; ¿los
has vendido:'

- Llegué al términ'l de mí viaje
y me dispu~e á. la venta de la. mercancía, cuando al notar la inesper ada equi\'Ocación, me quedé atónito.
-Como yo.
- T~nfa hechos todos los gastos
para el comercio y alquilada la
tienda.
-Como yo.
- ;,Qué hacer? ¡,Cómo salir de
compromiso tan grave y tan imprevist'&gt;? Por lo pronto era! que mi
desdicha. no tenía remedio
-Como yo.

Expllcadón dt

nutstros grabados.

I"

111111-1111111 111111111111

1

-¡.Y qué'?
-Que la gente acudió al reclamo,
(tUf'&gt; la novedad fué bien aco gida,
como procedente de París, y que
pocos días después no me quedaba
un solo guante. Cada uno de loa
vendidos me valió algo más de lo
que me b abrían dado por cada par
completo.
Quedó se Pedro silencioso, y cuan•
do Juan, halagado en s u amor propio, creía que su hermano admira•
ba en silencio el ingenio comercial
que revelaba su rásgo, dijo así:
-Está visto; tienes una suerte fa•
bu losa.
Como todos aquellos incapaces
de inventar nada, Pedro a.trlbuíaá
la suerte lo que era pr oducto del
talento.

Y honrla.mente prPocnpado &lt;'On
~u desdil'ha, cay6 enfer mo .v en los
delirios de la fiebre veía que los
JrHant~s, inflados .v vag-ando por el
a ire, venían á darle bofetadas.
De mil agro sa n6, y con valeciente ya, pero muy débil todavía, embarcóse de nuevo con r umbo á su
país, ado nde iba á llega r pobre .v
desesperado, para encontr11r allí
sPgnramente t a n desesper ado~• pobt e como él á su herma no J uan .

MwuEL RAMOS C ARRtoN.

IV
Figúrese el IPctor l a. sorpresa. de
Pedro cuan do al entrar en su casa,
vió que Juan, sonriente y con los
brazos abier tos, salía. á. recibirle.
- Hermano mío, bien venido seas:

- Todo~, ¿y tú'?
- Yo i:iinguno. Ahí los traigo,
para umrlos con los tuyos y venderlos juntos en otra acasión.
- Ya no es posible, porque yo
los despachó todos.
-Eso es el colmo de la suerte.
;.Me negarás a hora que eres el ni1\o mimado de l a fortuna? Por lo
visto, ¿,el país á donde fuiste es
tierr a de mancos·~
-¡Necio! Yo sí que no soy «manco&gt;, y por eso, sin arredrarme ante las contrar iedades, sé vencerlas
y basta aprovecharlas.
- E:xplfcame lo sucedido.

Domingo 30 de Agosto de 1903.

V

-Pero compeendiendo que, s i no
lo tenía, era inútil desesperarme,
me acosté y dormí.
-Yo me acosté y no pude cerrar
los ojos.
- A la mail:ana siguiente desper·
té con una idea luminosa; l a a lmohada, como sie,npr e, había sido mi
gran consejera. Aquella. misma
tarde, en todas Ja.s esquinas de las
calles de la población se bailaban
pegados grandes anuncios que decían lo siguiente:
«Guantero de París. ¡Gran novedad! ¡Ultima moda.! )Guantes para la mano derecha!&gt;

Núm. 1.-Trajes de casa y visita,
propios para señoritas, confeccionados con tela. de estación y adornados con cinta y pasamanería, Jo
:i
cual constituye el estilo dominante. El vestido de casa, hecho con
tela de color obscuro, ll eva adornos de cinta color claro, á lo largo
del ta ll e y á lo largo de la falda.
Esta es lisa y sol a.mente se pi iega.
un poco en su parte infet·ior. La
blusa lleva un bonito canesú y pasamane rías de seda á lo largo de
las sol apas imitadas. En el cuello
se anuda una pequeña corbata de
punto,con flequillo de seda. El ~raje de visita consta de falda hsa,
color claro, blusa de la misma tela, con ancho cuel lobombreras y
adornos de cinta a ncha y de color
obsc uro. L a blusa es suelta, las
mangas de forma campanulada y
el esco te cuadrangular , cubierto
con g asa.
Núm. 2.-Traje de paseo, estilo
refor ma, con blusa imi tación a ngular y falda enteramente lisa. El
U
escote , t ambién angular, se cubre
con tela de color más obscuro. En
la parte infer ior d~ la falda. s_e
a plican i,,dornos de cinta cuyo di·.
bujo p uede variar á gust-0 de 13:s interesadas. Las mangas, de est1- '-lo japonés, son dobles en su parte
terminal,pues llevan una manga fn .
U
tima de seda, y de la cual parte e l
pullo. Los adornos del talle y de
Ja.s mangas deben ser iguales y
simétricos con los de la falda..
Núm. 3.- Traje de calle, estilo
U
reforma, propio para señora _de
eda d. En el grabado se ve ta~b1én
una ca.pita de verano, confeccionad a. con blonda y llevando, además,
dos grandes bandas de Jiston color claro La fa lda es lisa; los
pliegues posteriores se acentúan lo
suficiente para formar la cola. que
:i
no h!I. de se1· de dimensiones exager a das, y en la parte inferio1· de l a
fal da se aplican los adornos, que
bien pueden ser sobrepue~tos, ó
bien, pintados. ~n caso lle se!· esto
ú ltimo se recomienda un cuidado
excesi;o en la formación.
Núm. 4.-'rraje de casa, para señoritas confeccionado con tela de
co lor ciaro. La falda es lisa y sólo se pl iega u n poco en la parte
posterior. La blu~a lleva por adorno un aneho cuellobombreras,y las
mangas, camµanulares, terminan
por estrechos puilos. El modelo es
muy sencillo y elegante, y altarnen·
te a propiado para r ecibir visitas
de confianza.

1111111111111 11 1111111111111111 11111117

,.-

1

1
i

1
ft

1
1

1
ff

1

1

ESPERANZA.

11.-E legante vest ido de paseo.

12.-Cuel101, corbata, y bordados para

10,-Pilnado, toca, fald11, blusa y trajea lnfantllea,

a p ll cacione■ .

tonstlos á las madrts.
19 No amenacéis nunca á los niños con castigos que no podáis ó
no estéis dispuestas á infligir. N?
bagáis que vuestro «sí&gt; llegue a
significar &lt;no,&gt; y que vuestro &lt;n~&gt;
llegue á significar &lt;sí.&gt; No debéis
ser nunca. volnbles ó vacilantes en
vuestr os tratos con ellos, sino firmes siempre, justas y dignas de
confianza aunque bondadosas é
induJgen~s. No los castiguéis para
lamentarlo después y deshaceros
en ca.riciab corno si ¡.,idierais perdón. Si hacéis esto, correréis el
peligro de que vuestro hijo os diga:
«¡Ah! ¿ves, mamá:' .... estás deploundo lo que has hellho. 11e par~ce
que en vez cíe regañarme, tendrias
que agradece1· á Dios que te baya
dado tlSte hijo.&gt;
29 No hagáis montail:as de hormigueros 01 estéis continuamente
encima d~ vuestros hijos por pequeñas infracciones á la disciplina corriente· no seáis impaciei:\tes ni chillonas.' No les ofrezcáis nunca un
caramelo, un boll ito ó una nara!:!Jª
en premio ae virtude~, ó como 10centivo para. que deJen de ser malos.

** *
39 No esperéis que vuestros hijos
lleguen á se1· una alegda para vosotl'a.s en vuestra. vejez, si vosotras
no habéis sido una alegria para
ellos en los primeros años de su
vida. No esperéis que os sil-van de
a poyo en vuestra ancianidad. Habéis empezado mucho antesqueell~s
la vida, y deberíais e!&gt;tar ea con~1ciones de bastaros á vosotras mismas. Es muy probable qu~ ellos
lleguen á. tene1· familia propia. Es
frecuente ver niños tristemente
arrinconados porque tienen que sostener á sus padres que, si b1Jbieran
asido la ocasión por los cabellos,
habrían podioo sostenerse á_sí mismos y baber dacio uu emp\lJOnll1to
fa vo1·able á sus bi¡os. .r-.o dtit&gt;é1s
nunca estar agradecidas á vuestros
hijos poi· esa razón, oino poi· la felicidad que ellos ¡.,uedan aaros con
su afecto y con los tr1uufos que obtengan en la vida, gracias á 19: educación, al dinero, a los conseJos, _Y
á otras muchas cosas que les haya1s
dado vosotras.
-19 No permitáis que vuestra vanidad llt·gue á hace ros creer que
vueswos l.lljos son maravillas y fe•
nómenos excepcionales, y que las
reglas ordinarias de la natllraleza
no les son aplicables á ellos.

�Domingo 30 de Agosto de 1903.

Domingo 30 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

A sí torna.dos miré su cuello
La.s frescas rosas de sus mejill~s
Y las agujas de su ca.bello
'
:'.lás relucientes que las ga'vil!as.

***
59 No forcéis nunca el cerebro á
vuestro hijo.
6Q No dejéis nunca. que vuestro
hijo Ta.ya. á acostarse de mal humor.
7Q No Je permitáis que se absorba. en la contemplación del fuego,
ni le contéis nunca.. ni mucho menos de noche, historias de a.parecidos.
8Q No le compréis caballitos mecedores sino cuando haya cumplido
los cinco a.flos.
!)Q No le asustéis nunca con gritos repentinos ú otros ruidos.
109 En definitiva., el reposo y la.
dieta harán que un niño se desarrolle fuerte en alma. y en cuerpo.

11iré sus brazos tersos y flojos
En sus rodillas abandonados
Y sus amantes y dulces ojos '
Pot· el arrobo transfigurados.
Al brillo entonces de 1..n raudo
suello

Pensé en l a.s manos plenas de dones
En su semblante puro y risnello '
Y en los bo1·dados de los nipones.

Y deslumbra.do pot· su belleza,
Que mtí.s realza con su decoro,
J:,;o el broce.do de mi tristeza.
Bordé ilusiones color de oro.
E~'HÉN REBOLl,EOO.

El
pompa del prado y orgullo,
a.penas recién salida
del entreabierto capullo.
Sencilla. y blanca paloma.
libre de azares y susto;
violeta que el sol no toma
escondida. entre el arbusto
egoísta de su aroma.

LA BORDADORA.
Acompa.i!a.da. por un lloroso
Susurro de bojas prima.vera.les,
En su ventana. del Norte umbroso
La Jluvia. tiende sus grises cha.les.

cura dt san t1cas.

En una de esas poblaciones que
no son tan pequeilas como un pueblo ni tan grandes como una ciudad, había un cura pítrroco é. quien
las genteR en su,- admira.bles sincopas biográficas llamaban &lt;un ben•
dito.&gt;
Frisando en los setenta. años, de
noble figura, rostl'o plac1rntero y

Nívea perla que eclipsara
con su bellísimo oriente,
la perla más linda y rara:
astro que al sol ve de frente
cuando no esconde la cara.

un tts0ro Escondido.
¿,l'or qué fulgura _sombría
la. luz que en sus OJOS arde
con dulce melancolía.,
como esa. lu?. de la. tarde
cuando está muriendo el día.?

Virgen de regio esplendor,
que si la rosa. bermeja
tiñe su faz de rubor,
dudara. la dulce abeja
si era virgen 6 era flor
Tal es la niJa. que mora,
como un tesoro escondido
del silencio habitadora:
ave que al volar del nido
su misma sombra la azora.

~

( 'on sus madeja'! de fina la.na.
Oculta el aire tenuP y ligero,
Y en el cuadrado de su venta.na.
Prende embutidos color de a.cero.
Entre las blondas de la cortina
Su mano á ratos el dorso asoma,
:\la.no luciente y ala.bastrina.
Como el plumaje de una. paloma.

sencillos modales, se bacíarespe\ar
cuando era oportuno, y querer en
todas circunstancias. Su trato con
los feligreses procedía. siempre de
menor á. mayor, es decir, que era
más afectuoso con el memorialls\a
ocupado en escribir cartas á las
criadas, que con el jurisconsul\O
encarga.do de dirigir los negocio•
de los seiiores.

Tras el enea.je brillante y fino
Que forma. el agua, la. aguja mueve,
Y en su pai\uelo de blanco lino
Dibuja. flores color de nieve.

'

~

El ágil duende del aguacero
Hiere los vidrios incomodado,
Y hace qu11 suene su pie ligero
Como un martillo sobre el tejado.

1

JJ

Ya. en los aleros perlas desgrana,
Ya con las bolas de sus grani zos
~lata en los tiestos de porcelana.
Hus crisantemos de blondos rizos.
Yencida. al cabo por sus intent-c,s,
Deja la aguja que pinta flores,
Y rneh·e todos sus pensamiento s
A los jardines de los amores.

¿,Qué espíritu ó magnetismo
la. hace presa. en sus antojos
de ardiente sonambulismo,
cuando así brillan sus ojos
con la. atracción del abismo?
La llama. que se condensa.
en su pupila racj,iante,
no es la luz que brilla intensa
en la. virgen palpitante,
sino en la. mujer que piensa.
La sonrisa que desflora.
su boca. de gracia. llena,
no es la risa. que atesora.
un alma. libre de pena,
sino un corazón que llora.
¿,Y habrá pesa1· que contriste
á ese ángel á quien a.Hila
cuanto de adorable existe'?
¿Cómo es que nii\a. tan niiia.
puede estar triste, tan triste'?
Cándida flor al arrullo
del aura 1uave, mecida,

Su vida hubiera. sido monótona
para otro menos diligente Y propenso al bien. Por la_ mail~na su
misa, después el confes1ona.r10, lu!'"
Atrincherado tras mi vidrie ra.,
go los rezos de rúbrica., a.l med•!&gt;
Yo un delicioso libro leía:
día á comer, su siesta acto conU·
YE&gt;rla.ine, lleno de fe sincE&gt;ra.
nuo por la. tarde á visitar enfermos
Y quejumbrosa. melancolía.
ó m~nesterosos, y á la noche su tre·
Tal es la. virgen sombría
sillo á ochavo (porq ue entonces
en cuyas pupilas arde
Y el mismo duende ca.becica.no
había. ochavos), donde, si perdía,
llama. de mela.ncolíh,
De ojos lucientes de travesura.
perdía él, y si ganaba, gan aban los
Que con sus artes paró su mano,
como esa luz de la tarde
pobres.
cuando está muriendo el día.
Quitó los ojos de mi lectura.
Por cierto que eso
del tresillo llegó á
perturbar un poco su
conciencia. basta. el
puJt-O de consultar·
lo con el cura ante
quien confesa.ba.;,N_o
sería mejor abohr
el juego y dar lo que
podía perderse á los
pobres·~ El compai'lero confesor fue de
dictamen que repartiendo las ganan·
cías quedaban los
pobi'.-es compensados; pero á. él_ se le
ocurrió la rép_hca
si las ganancias
juego eran buena. sal
mo1na, puea á
13.-P1ln1dor11, can11CI para caml11, bolu de mano y m1nt1l1rf1,

l~1t

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1

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fa .
14.-Monogramas par-a mantelerla.

o oo 1h :,. "'" oo,

"

.. ~ ·.

~
.é'&gt;

�Domingo 30 de Agosto de 1903.
ascendían los escrúpulos morales
del sacerdote.
Y, sin embargo, él era injusto con
San Lucas, á cuya advocación pertenecía su parroquia. No quiere esto decir que desdeñase al evangelista, sino que sus predilecciones
eran evidentes para las &lt;Animas
del Purga.torio.&gt;
Cuando algún feligrés le encargaba una función de iglesia, le inducía á que fuese en sufragio de las
Animas; no había boda, ni bautizo
r.i entierro de que las Animas dejasen de sacar partido pot· consejo
del cura; él oficiaba con preferencia
en el altar de las Animas; la mayor
cantidad de aceite y las velas más
gordas, ardían en las lámparas y
candelabros de las Animas; ¡qué de
responsos, qué de flores, qué de
novenas y triduos por las Animas
b9nditas del Purgatorio! ¿Obedecería esto quizá á su doctrina de amar
á los débiles sobre los fuertes'I ¿Era
tal vez un poco monomaniaco el señor cura.?
El célebre aboga.do de la población, con tener cierta tacha de incrédulo, decía que en aquello había
algo de egoísmo, porque el cura de
San Luca.s era él propio un «ánima
bendita.&gt;
Ello es que, aparte de esta casi
chochez, el cura disfrutaba de todos
los prestigios de la bondad. Dirimía
contiendas de familia, cortaba p leitos incipientes, acercaba corazones
dispersos, y en más de una ocasión le debieron sus conciudadanos
hasta resolver cuestiones de orden
público. Lo que no arreglaba el
cura de San Lucas, no lo arregl aba
na.die.
Sobre todo, en asuntos religiosos
era una potencia. Ya podían darle
moribundos impenitentes ó simplemente fríos: él los calentaba y pet··
suadía con su sencilla oratoria en
términos dequenoseleescapabaninguno. Ese mismo abogado á quien se
aludió antes, doceañista y casi ateo,
aunque hombre de rectitud y de fibra, enfermó una vez con peligro
de muerte. El cura de San Lucas se
presentó desde luego en su casa con
la pretensión de hablarle á solas.
-¿Viene usted á fastidiarme?-le
dijo trabajosamente el enfermo.
-Al contrario-respondió el cura:-vengo á facilitarle á usted que
haga lo que se le antoje, evitando
que otro le moleste con sus visitas.
-¿Y cómo es ello?
- Pues nada: usted seguirá creyendo lo que quiera, pero como de
seguro no quiere el escándalo, impropio de un hombre de las condiciones de usted, ahora salgo y digo
que se ha confesado; voy á laparroquia por la Eucaristía y usted
la recibe ó no, para mí es lo mismo;
el pueblo aplaude y los devotos se
trnnquilizan: ¿qué va usted perdiendo en esto?
-¡Pero, señor cut·a!-exclamó el
paciente incorporándose en la cama
con ademán airado:- ¿por quién me
toma usted á mí? ¿Me cree usted capaz de una superchería semejante?
Primero me allano á que haga usted
de mí lo que quiera.
-Pues ¡de rodillas, penitente!gritó el sacerdote con voz de mando-y á depositar en mi oído sus
culpas y su arrepentimiento.
Debió decir el cura estas palabras con tan eficaz energía, que el
enfermo se abrazó á su cabeza permaneciendo largo rato en comunicación con él. En seguida fué absuelto, y poco más tarde trájole el
párroco solemnemente la sagrada
Forma, que el moribundo recibió
contrito, entre el asombro de cuantos le rodeaban.
Al salir del aposento, y antes de
entonar el -&lt;Te Deum laudamus&gt; del
ritual, hubo quien le oyó decir al
cura:
-¡Pues no hubie1·a faltado otra
cosal
Ci,,mpañas de esta especie se le
presentaban al bondadoso sacerdote todos los días. Habíalas de diferentes clases, como, por ejemplo, la
que le promovió una antigua sirvienta de la mayordoma de Animas
de la parroquia. Era esta última
una mujer entrada en años, de sangre azul y tostados pergaminos,
más rica de vanidad que de bienes,
autoritaria y casi despótica con sus
inferiores.

Domi,ngo 6 de 1:lept!embre de 1903-

EL MUNDO ILUSTRADO

El cargo que desempeñaba en la
iglesia la hacía grande amiga del
párroco, aunque con la distancia
propia de quien venera al ungido
muy por encima del hombre. La
viuda del mayorazgo1 que así se le
decía en la poblacion, echaba de
menos que el señor cura no fuera
&lt;de clase;&gt; pero aun así, las Animas
benditas y las mutuas virtudes les
unfan en una especie de sagrado
consorcio.
Sucedió, pues, en casa de esa señora, que al cabo de más de cuarenta años de servirla lealmente, puso
en la calle á la que cuando niña le
dió el pecho y que durante casi medio siglo fué, más que su sirvienta,
su esclava.
Era de ver la pobre vieja asida á
las manos del cura cubriéndolas de
besos y de lágrimas implorar con
ayes angustiosos su protección en
aquella catástrofe.
El cura, impresionado, en efecto,
corrió casa de la mayorazga á poner paz; pero ellá con malos modos
le salió al encuentro diciéndole:
-¿Viene usteJ ya á tomar parte
en los chismes de esa bribona'?
Porque todo el que va á hacer un
bien en casa ajen a es ordinariamen •
te mal recibido. El cura, sin embargo, que conocía á la señora, replicó con calma:·
-Ni esa infeliz mujer es una bribona, ni los dolores del corazón
pueden ser chismes.
-Pues yo soy dueña de mi casa
y hago en ella lo que quiero.
-Es que el dueño de una casa no
está autorizado para hacer en ella
lo que quiera, sino lo que deba.
¿Por qué despide usted á esa anciana\&gt;
-Por ladrona.
-¡Imposible! ¡Ella robar! ¿Qué
es lo que ha robado"?
-Cinco duros en oro de ese cajón.
-¿Y nada más?
-Nada más.
-¿Es la primera. vez?
-La primera, que yo sepa, en
cuarenta años.
- Pero ¿no me tiene usted dicho,
señora., que nunca ha cobrado su
salario entero, y que le guarda usted casi un capital? ¡Cómo se com•
pt·ende entonces! ....
-No se ven!la usted con argumentos especiosos, señor cura, está
confesa y convicta.

EL TEST AMENTO

Dtl 11.mo. Sr. Jlrzoblspo 'fttban.

El sacerdote se dirigió en ademán
interrogante á la pobre vieja, que
de rodillas y anegada en llanto se
asía á los vestidos de su señora, y
la oyó expresar confusamente estas
palabras:
-¡Tiene razón, tiene razón!
-Pues ahora- dijo el cura revistiéndose de ese carácter que empleaba en casos difíciles-ya no me conformo con lo que aquí se ha hablado; necesito explicaciones concretas. ¡Ya. no soy amigo, no soy clérigo; soy juez!
La viuda del mayorazgo, sobrecogida por tan severa actitud, se
prestó á referir lo que había ocurrido.
Aquella •vieja estúpida tenía un
nieto á quien había dado en amar
como si el muy bribón se lo mereciese. Todas las cantidades que deducía de sus ahorros eran para el
nieto, el cual se hizo haragán, pendenciero, vicioso y endemoniado.
En tal situación le tocó la quinta,
y aun quería la abuela gastar seis
mil reales en redimirle la suerte;
pero la señora se opuso, negándole
el dinero. Consideraba ella preferible que lo domaran en el se1·vicio
del Rey, y, si esto se conseguía, á
la vuelta encontraba un capital para hacerse hombre. ¡Los disgustos
que le proporcionó el mozo mientras tanto! Llegó la hora de entrar
en caja, y el quinto exigió con malos
modos cinco duros para el viaje.
La señora l&lt;Js negó también, porque
temía que se gastaran en la taberna y se le declarase prófugo. Había
que dejarlo irá palo seco. La vieja lloró mucho: ¡era naturall Lo
que no lo era tanto es que con abuso de confianza sustrajese del cajón
de una cómoda, que sólo ella podía
abrir, la moneda de oro que le entregó al nieto.
Concluido el relato que se extrae•
ta, el cura condujo á la señor a á un
gabinete próximo, cuya puerta cerró, y con tono solemne dijo:
-Hay que perdona.r á esa mujer.

-¡Perdonarla!
--Sí, perdonarla. ¿Me tiene usted
por ho.nbre honrado"?
~Como no hay otro.
-¿Me considera usted capaz d
,una acción semejante?
e
-Primet:o dudaría de mí propia,
;-Pues bien, señor a, yo llevo conm1_¡l"O na_ torcedor queme amarga 1
existencia.
a
- ¿Cuál?
-Una vez me encontraba en tan
gra~de apuro de di_nero, que saqué
mecha oo~a del ceptllo de las &lt;Animas benditas.&gt;
JOSÉ DE CASTRO y

SERRANO,

CANTARES.
Hay quien se empeña en querer
y en vez de querer olvida,
¡yo me empeñé en olvidarte
y te amo más cada día!
A todos lados se inclina
esa flor que besa el viento,
¡es mudable como tú,
igual que tus pensamientos!
N. D. DE ESCOBAR.

México, D. F., julio 30.-El
Doctor Urrutia, Médico Cirujano
de la Escuela Práctica y dela Escuela de 1\Iedicina de México, ha
firmado lo siguiente:
«La Eruulsi6n que lleva el nom•
bre de Scott ( únicamente preparada por los Sres. Scott y Bowne)
es una preparación que llena los
requisitos de la ciencia, y á laque
deben la vi&lt;la muchos de los en•
fermos de mi clientela. »

;· ·······..........................

"S~!.t;,!!,:,,.~A~!!~•.~~!A ii
San Fr11nri,r.n v:n11 ,lng~leR

.

-~

!

- lit¡

♦

Los bienes fueron valuados
en $125,000

i

La mayor parte de lo testado con•
sistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en " La Mutua"
Companía de Seguros
sobre la vida, de Nueva York,
Hace pocos dlas que se practico la
apertura del testamento del llnstrlsl·
mo Sr. Arzobispo D. Patricio A. Feehan
en la ciudad de Chlcago, Illinols.
La fortuna d'el distinguido prelado 1111cendlO A cerca de $125,000 oro ame•
rlcano; y segQn el Inventarlo que se ba
publicado, loe bienes que dejó fueron
como sigue:
Dos pOllzas de • 'La Mutua.' • Compa!Ua de
guros sobre la Vida, de
Nueva York, por $25,1,00
oro cada una, 6 sean. . $ 50,000 oro.
Dividendos acumulados sobre una de las pOllzas ll,329 oro.
Otra póliza de seguro. . . 14,000 oro.
Acciones en efectivo y en
Bancos. . • . . . . . 37,000 oro.
Entre las disposiciones del selior Arzobispo, en su testa.mento, se blcleron
sta.s:
A su hermana, seilorlta Kate Feehan,
que estuvo alempre con él hasta su
muerte, $40,000 oro en bonos y $25,00U
oro .:e una de las pólizas de seguro;
A la sellora Ana A. Feeha.n, viuda del
sellor doctor Eduardo L. Feeban, ber•
mano del eellor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pOllzas, y $5,000 oro en
efectivo; a. la Academia de Mn Patrl·
clo •e Chlcago, dé la que es preceptora
en hermana, Madre Maria Catalina,
$10,000 oro de la 1\ltlma póliza; A 111
escuela • 'Santa Marta·' de enseñanza
prll.ctlca para varones, de Feehanvllle,
llllnols, que era 111. lnstltucl6n por la
que mú ee Interesaba el sMor l rzoblspo, se entre¡raron los $4,000 resta•J·
. . la Qltlma p6llsa.

2.-T raje de paseo.
1.-Trajes de casa y visita,

El tertamen de modas.

1
♦

tie re:;ervan l;allia&lt;I eu (Jarro .Pullman para todos los puntos
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Com'.)dores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,soñ renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á
w. s. FARNSWORTH.-Agente General.
ta. San F,.anol•oo, Núm. B, Nléxloo,

a. 11-.

•••••••••••••••••••••••••••••••••

La gran Exposición de Modas de
San Petersburgo, se ha transferido
para el mes de ener? del_ 3:ño entrante, según regia d1sposic1ón_ de
la Czarina. Parece ser que la real
orden ha traído algunos tt·astornos
para los exposito res, que habían ya
desembolsado buenas sumas para
la confección de prendas femenin~s.
Sea lo que fuere, la orden supert0r
es terminante, y de nada habrán de
servir las protestas que se levanten,
pues lo ordenado, ordena~o está Y
nadie habrá de contraventrlo.
Aunque no ha habido ~xpli&lt;:a~iones aclaratorias de la dtsposic1ón,
todo hace suponer que ésta obedece
á los empeiios de una encumbrada
Duquesa de la Corte rusa. Esta no·
ble, según las malas lenguas, está

en combinación con uno de los principales talleres moscovitas. de modas v como la Duquesa priva con
su ;o·beran a, consiguió ~e ésta que
la Exposición se transfiriera hasta
que el taller termine su co~ting".nte,
un contingente soberano, r1quísuno,
elegante, abrumador ....
¡Ah! Las finanzas no. se divor0;ian
ni de aquello que pudtera C?~side•
rar se como mer amente esp1ntual.
La evolución civilizadora de la humunidad es uoa vorágine en cuy a
sima cae todo lo que de alguna manera preocupa á los hombt·es. Y
cumo las finanzas ocupan lugar
principalísimo en esta&amp; preocupaciones, na.da tiene de raro que 18:s
finanzas evolucionen á p~sos gigantescos y arrastren co~sigo todo
aquello que jamás h8: tenido ~arácter comercial. No quiere decir esto

que las exposiciones dejen de ser
eminentemente comerciales; per o sí
bncemos constar que hace algunos
años. cuanéto en las cortes europeas
se han celebrado conrursos de modas femeninas. las utilidades pecuniarias ocupaban un lugar secundario, pues lo principal era dar á
conocer al mundo elegante las poderosas facultades de la inventiva.
Como el plazo se alarga para la
Exposición de Sa.n Petersburgo,
puede y debe suponerse que el Certamen resultará má~ brillante, pues
sus elementos se mnltiplicará~, .Y el
contingente de los talleres parisienses alemanes, italianos, ingleses,
etc.' se ha.rá pasar por el crisol de
la ~ás severa crítica, para qne alcance un grado irreprochable de
perfección.
Pronto veréis en estas páginas,

lectoras roías, los modelos que ha_n
sido aprobados y que, po~ co~stguiente, ocuparán l ue-ar di stmgu1do
en la Exposición. H_a1;&gt;rá de todo :
trajes de paseo, de vi_s1ta, de casa,
de reunión, de recepc1ón, de katro,
de sport, de dueloi sombreros para
niñas, para sefi:0r1tas, Pª:ª señ_oras · tocas de vrndez, matmés, llstoo~s, guantes, calzado, joyas, etc.,
etc. En una palabra, el Certamen
será tan vaisto, abarcará tanto Y
tao to, que difícilmente habrá perso:
na que en su guard_arr?Pª cuente Dl
siquiera con la v1gés1ma parte de
Jo que en San Petersburgo habrá de
presentarse. Se cabulan en más de
dos mil las prendas de ropa que
habrán de exhibirse, aparte de las
cpetites choses&gt; 9u1: n~ debe';! mencionarse por su msigmficancia.
Pronto estarán en mi poder esos

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, Para el hogar, 1903, Año 10, Tomo 2, No 9, Agosto 30</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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