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                    <text>ASMA vCATARRO
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.,_;:?/{:· . ;_!, ..,. .,; &lt;::·:},:.{-,-'~\f~';~· -

El Sr. Presidente de la República coloca la primera piedra del Panteón Nacional.

Q•• llldal/a de Oro E~p. dt Hltitne di la inlincia l'arl• .' ~~

CAPERüzrd:~~~r:n'iico.

~,-

. •~,

15

DE MAYO DE

1903.

(APUNTE DE ALCALDE. )

�Domingo 24 de M'a(fo de '1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 21

EL MUNDO ILUSTRADO.

oe Maiyo

de 1903.

DÍAS DE ROMA.
S. P. Q. R.

et eapitolio.

alturas, hoy apenas adivinables, de esta roca
bicéfala, la que está á nuestra izquierda (vemos al Fo-ro) fué la ciudadela, fué el acrópolis
Una advertencia: en este Capitolio que tede Roma, y la que está á nuestra derecha susnemos á la vista, nada hay del antiguo, ó metentó, fortificado también, el templo triplede
jor
dicho,
de
los
antiguos
capitolios,
nada
arEra domingo; salimos temprano-¡oh núJove Capitolino. la cabeza de la ciudad, dediquitectónico, al menos. Y aquí ha llegado la
menes propicios al viandantel-y armados de
cado junto con Júpiter (Dyaus-Piter-Dios paoportunidad
de
ponerme
en
actitud
de
maesnuestro guía, que estaba co~o nunca de buen
dre) á :Minerva y á Juno. Luego los griegos
tro
y
de
dómine;
pero
esto
es
fatal:
np
se
ha
humor es decir .que charlo hasta los codos,
la dieron en la flor de identificar la desdado
el
cai&lt;o
en
el
transcuri-10
de
los
siglos,
de
nos pa;amos la ~lara ~aftana en_ el Capitolio.
nuda mitología romana, ideada lentamente
que
un
catedrático,
nuevo
ó
viejo,
deeperdi(Para visitar las admirables secciones arqueopor un pueblo de campesinos mercaderes y
cie
la
ocasión
de
ser
pedante.
Pecho
al
agua.
lógicas de los museos romanoi&lt;, nad3: h~y _coguerreros
á un tiempo, con la suntuosa mito,
Subamos
al
«campanile,))
digo,
IÍ
la
torre
del
mo el librillo en dos tomos de Helb1g intitulogfa
suya
(de los griegos). Fué ésta una de
palacio
senatorial.
No
describamos
el
panolado «Museos de arqueología clásica de Rolas
formas
del
desquite que tornaron los conrama;
es
regio,
sin
embargo,
es
imponente
esma»· por desgracia mi ausencia del alemán
quistados sobre los conquistadores materiales;
te lago de techos pardos, unos que se ven
me ha impedido conocer el tan celebrado ~orno
mental y moralmente la verdadera conquismuy bajos, otros muy altoia, dando Fo~bra
citado «Cicerone» de Burckhardt.) Subimos
tada fué Roma. Entonces Jove resultó Zeua,
con los aleros á las fachadas que se emprnan,
por facilísima rampa, y gracias á una escalinaJuno era la Heré griega, y Minerva se identiamarillentas
en
derredor
de
sus
ventanas
y
ta lateral dejamos á un lado la monumental
ficó con la menos romana de las divinidades
~aleones de todas las formas y colores, y las
que asci~nde entre jardines y desemboc~ en
del Panthe6n helénico, con Athena, que es la
masas de verdura y los vericuetos que son las
la plaza en medio de dos grupos. soberbios
divinización de cuanto en el genio griego ha1.
calles, y las torres·y las cúpulas y los nom·
( los Dióscuros) que forman los extremos cende más intelectual y annónico.
brea
sonoros
y
prt-ñados
de
recuerdos
y
de
trales de la balaustrada; nos eIJcontrábamos
Lo cierto es que el templo de Júpiter capihistoria que brotan de todos los hacinamientos
en la meseta capitalina. La impresión es entolino
era bajo, ancho, tosco, pintarrajeay
surgen
de
todas
las
penumbras;
allá
la
cúcantadora; la plaza embaldosada, limpia y
do con un amplio frontón deforme, decorado
pula de San Ped~o, en el horizon~e, como una
amplia, cerrada por la gran balaustra&lt;la decoco~ relieves y remates de barro cocido; un
eterna tiara de piedra, aquí la cmta lechosa
rada por los dióscuros [Caetor y Pollux] y
verdadero templo etrusco, erigido por los Tardel
Tíber,
que
pe
acerca
al
mon~e
ca
pi
to
lino
en
por los llamados trofeos de Mario, á nu~stra
quinas, que eran probablemente reyes etruscos,
un amplio bucle que se canahz~ en;erran~o
espalda; por linderrn,, al fr_ente nue~tro, tiene
y que incendiado y destruido variaR veces, f~6
una ii,leta y se pierde en un laberinto o i,e a leJa
el palacio del senador sobrio, grandioso y elesiempre restaurado en su vPnerada forma pn¡¡ formar otro recodo: éf&lt;e era el Campo de }'.forgante coronado por un gallardo campanile
mitiva. Domiciano lo vi6 incendiar y acab6
te,
n.os
decía
el
parlero
«cicerone,,&gt;
y
era
ciercuad;angular; á los lados el museo capitalino
de reconstruirlo en su misma forma tradicioto; ahora lo cubren las «villas)) y las carns, lo
y el palacio de los «coni:ervadores• \. habrá que
nal, aunque suntuosamente enriquecida, reFurca
el
Corso
Vittorio
Emannele
y
allí
donno leer de «los mochos»). Los edificios corosultó un verdadero templo de oro, que dur6
de maniol,rahan los soldados de la República
nados de balaustradas y estatuas, decoradas
hasta algunoi&lt; siglos después del cristianismo
v se transformaban los ejércitos en colegios
sus fachadas con mayor 6 menor arte, en el
triunfante. El palacio Caffarelli, la actual casa
~lectorales y se celeuraban en tiempo del impuro estilo neohelénico del Renacimient~,
de la Embajada del imperio alemán, ocupa
perio juegos á que a~ii&lt;tfon los romanos al
forman un conjunto hermoso que hace respicasi todo el sitio en que estuvo el templo. Si
abrigo de magnífrcos pórticos y se alzaron un
rar el alma á sus anchas, si puede decirse así,
los arqueólogos alemanes dejaran demoler una
dfo las piras de incineración ele Syla y de Auy que revela bien la mano del que hizo la traparte de su palacio, es seguro que se encongusto y sus gigantescos sepulcros, nada hay
za y firmó: «Miguel-Angel.,&gt;
trarían
preciosas reliquias é indicaciones.
característico.
nada
que
no
se
parezca
á
la
En el centro el Marco-Aurelio; pobre em¡Lástima que no lleven su arqueología hasta
Roma que nos circunda.
perador éste, el destino quiso tenerlo á ca~allo
Vuelva u¡¡ted la espalda al Campo de Marallí!
toda su vida y toda su muerte; fué y sigue
te cccaro signore,» decía nuestro consultor, y
siendo el emperador ecuestre, y no era con
***
v~a.i, :ii:fectivamentevi, vi la historia de Roma;
eso con lo que soñaba; soñaba con transforEsta
casa
flamante
[flamante en compara•
allí estaba en un trozo de tierra, rodeado por
mar el palacio imperial en una casa modesta,
ci6n
de
las
otras
antiguallas
que pululan i
celas
siete
colinas"
:
el
Capitolio,
aquí;
á
mi
donde, descansando de los trabajo:; de la adnuestra vista] en que se albergan hoy los muderee;ha el Palatino, cargado de ruinas impeminietración del mundo, confiada á una plénfoi pes romanos bajo el rectorado de don
riales· entre él y el Capitolio, en un plano leyade de filósofos, se hubiese consagrado al
Próspero Colonna, uno de los hombres y de
jano,' el Aventino, el sacr~monte d~ la plecomercio intimo con los libros de los grandes
los
nombres más decorativos que puede ha•
be·
escondido
por
el
Palatmo,
el
Ceho;
aquí
pensadores, á departirá diario C?~ un ~rupo
liarse, está henchida de recuerdos medio-evadelante el Esquilino, á cuyo pie fabricó Nerón
de estoicos benévolos, sus correhg10narios, y
les; allá abajo, en una sala que es hoy una
su Casa de oro, de todo ello queda un recuerá dedicar las noches á un diálogo noble y proespecie de bodega, fué coronado Petrarca hado colosal, el Coloseo, el coliseo como decimos
fundo y sin fin con· su conciencia. Pero los
ce cinco ó seis Riglos ¿qué se yo? Y éste es. el
nosotros
que
allá
en
la
lejanía
muestra
sus
bárbaros rompieron las barreras poco cuidarecuerdo que más me conmueve: conmoci6~
rotos
bo;des;
el
Quirinal,
la
colina
regia
de
das de aquel imperio de los Antoninos, tan
puramente oficial, digámoslo así, como mll
hoy, la verdadera Roma primitiya q~izás, que
quieto y tan feliz, y ya tenéis á mi hombre
buenos
lectores se figuran; en el fondo me im·
en
el
crepúsculo
auroral
de
la
historia
de
este
obligado á empeñar basta eus muebles para:
porta poco que Petrarca haya sido coronado 6
pueblo se unió con esta Roma semietrusca
atenderá los gastos de la guerra, pues que el
no; mas como he perpetrado versos en afi08
del Capitolio y el Palatino. Y la unión no era
erario se había ido agotando, sin necesidad
mejores, tenía el deber de «emocionarme.•
dificil la naturaleza la indicaba con un crescasi de ser repuesto, y forzado á montar á caNo nie emocioné sino por escrito. Más me
tón
q~e
unía
el
cerro
de
Quirino
(Marte)
y
ballo· no ha desmontado, ya lo veis. El cabaimpresionó la humilde celda que vi hace poel Capitolino, cresta que rompieron los Antollo e; arrogante, no me gusta por barrigón; en
cos días, en que el Tasso agonizó y murió eaninos para alojar nuevos foros grandiosos, hoy
el reino animal, y comprendo en él provisioperando su coronación.
.
sepultados, exceptuando un fragmento del de
nalmente al hombre, no me gustan nosotros
¿Qué
deseaba
ver
en
estos
museos
del
C
apt•
Trajano,
domiuado
todavía
por
la
magnífica
los barrigones [¡y qué diría mi excelente don
talio? Todo; pero confieso que hoy que miro
columna sepulcral que imitó Napoleón. C&amp;:ar,
Rafael A. de la Peña, de esta construcción l],
en
mi recuerdo, sólo percibo un tumulto _de
Augusto,
Trajano,
Constantino,
fueron
para
y tengo para mi que los caballos barrigudos
figuras, de colores, de reliquias; los dos ed1fi•
Ja Edad Media los emperadoree, por excelenque figuran en los cuadros de Rafael y Velázcios iguales y simétricos que á entrarobü!! la·
cia. Sólo Nerón rivaliza en popularidad con
q uez v. g. y en las e~tatuas de Gattamelata 1
dos del palacio senatorial erigen sus arquitecellos en el sentido del mal. A Trajano, lo ende Felipe III (Madrid- Plaza mayor) sou lnturas
magníficas, esas que han servido de mocont~ó
el
Dante
en
el
Purga.torio
salvado,
grajos de éste. En cambio, el hombre qué nobledelo cláeico á muchas generaciones de alum·
cias á las oraciones de San Gregorio Magno,
mente qué majestuosa, qué imperialmente
nos en las escuelas de Bellas Artes, inclusive
apasionado del gran español justiciero y filánsentado está y qué uello, qué archil&gt;ello mola nuestra, son dos museos: pero el de los con·
tropo «ante quien muda se postró la tierra."
numento de conjunto resulta. Miguel-Angel
servadores ó munícipes romanos, da idea de
Y fJSas son las siete colinas; entre ellas corre
le arregló el pedestal, bajo por cierto, en un
un formidable mosaico hi~tórico. Todo se me
una larga hondonada que ,·a desde deu11j9 de
fragmento de edificio antiguo. Toda vía se norevuelve y confunde en la memoria: una masa
nosotros hasta el arco tle Tito; éi;e es el Foro,
ta que la e3tatua estuvo dorada, y si el origiprodigiosa de fragmentos y reliquias de Roma,
e~ ya lo dije, la historia antigua &lt;le Roma.
nal tornase á la vida, no le disgustaría saber,
'Porque, como sauéiR, los edificios &lt;lel Capiurnas sepulcrales, estelas votivas, fragmen~
tanto así despreciaba el falso brillo, que su esincrustados en los muros, como estaban en !
tolio no miraban al Tíbe1 como los de hoy,
tatua se salvó de las destrucciones de Roma,
Forum ( en la «regia" ó casa del pontífice máXI·
sino al Foro, al antiguo mercado, lentamente
desde la época de Alarico á la del condestable
mo ), muy interesantes para mí, profesor, ¡ay!,
convertido en la plaza pública del mundo ande Barbón más de doce siglos, gracias á que
pero poco hablantes para mí, viajero; vasos, es•
tiguo. En este lugar en que estamos hubo un
· el vulgo c;ey6 siempre que era la estatua de
tatuas y medias estatuas, y bustos y más bustoet
bosquecillo,
el
«intermontium,1&gt;
y
de
las
dos
Constantino.

***

EL CAPITOLIO.

deliciosa la estatua del «muchacho de la espi( virtus romana) en ese rostro, en ese hirsuto
na,»un poco inconcl uída, mejor por eso quizás;
cuello, es indecible; los ojos,que aun guardan
en una gran sala solemne, la de las reuniones
restos del esmalte primitivo ( uno de ellos)
del concejo, dos estatuazas, una en bronce, de
dan miedo. Indudablemente que es la loba d~
mármol la otra, de los papas H. y R. [no reQuirinus, la guerra, la muert1i, la amamancuerdo] ,obras modernas, pero pomposas y autadora de aquella doble aldehuela del Lacio
gustas de veras; tropiézase en aquella visita
que se alimentó con fierro en vez de leche
con objetos etruscos, con recuerdos de Gariconquistó al mundo.
baldi, con bustos de hombres célebres. de italianos ilustres [no se parecen á los bustos de
***
la Roma vieja, que son de italianos célebres
Pasamos de nuevo frente á la estatua de
también]. Y ni las galerías de pintura acertaMarco-Aurelio, que aun guarda un relámparon á fijar mi atención mareada: los nombres
go de oro en el exterior y otro de bondad en
sí, éste es un Tiziano, éste un Rubens, ése un
los ojos que parece el reflejo de un foco esconVan Dyck; éstos son cuadros de los «primitidido. ¡Qué admirable estatua! ¡Qué ademán!
vos,» entreví que había alli bellezas en aquel
El cctu regere imperio populos,» toma, ante la
kaleidoscopio: ¿cuáles?
clemencia augusta de esa mano tendida un
acento casi cristiano.... ...
'
Sí, hubo un objeto que me atrajo, me fijó y
El museo de los Conservadores puede conque ahora surge en el desbarajuste infinito de
siderarse fundado por ~ixto IV, uno de los
mis reminiscencias, como si una pirámide de
grandes mecenas del movimiento que resuciescombros alta como el castillo de Santángelo
tó el arte pagano y reno,·ó :i.l mundo inyecle sirviera de pedestal: la Loba del Capitolio.
tándole el sentimiento y, e1 pensamiento anNo sé si ésta será la loba original, el paladión
tiguos; digno tío de Julio II. Este otro mude la Roma republicana; los arqueólogos disseo capitalino, es rival del otro y lo comenzó
putan sobre esta. ¿Es obra de la Edad Media?
Inocencia X; es admirable. Entramos, y en el
¿Data del siglo V antes de J. C. y es un ejempatio nos dimos de manos á boca con un seplar del arte etrusco-romano? Las notas mejoflor que queríamos conocer, con Marforio.
res dicen que cuando se incendió ó se derrum¿Conocéis; lectores, esta historia? Voy á refresbó en el siglo X la Basílica de Letrán, el recárosla en cuatro palabras: los estudiantes &lt;le
constructor ( d papa Sergio III) hizo buscar
uno d9 los establecimientos eclesiásticos de
para decoración &lt;le la pJ·aza alguna estatua anprincipios del siglo XVI, tu vieron la ocurrentigua de gran significa.ción. Entonces supo que
cia de fijar sobre un fragmento de estatua ( de
entre los escombros de un templo pagano en
Patroclo; existe todavía) que se hallaba en un
el Forum, estaba la «Lol&gt;a.i&gt; mutilada;la hizo exángulo de cierta plazuela, epigramas latinrn!
traer, un fundidor cualquiera le agregó las pierinofensivos primero, violentamente satírico;
nas, mal hechas, pero muy bien ajustadas.y la
después; muchos se han conservado, y la cosremendó aquí y nllÍI¡ en pleno siglo XVI fué
tumbre no se ha perdido del todo. Como por
trasladada al Capitolio y un artista del Renaciallí mismo vivía un charlatán de lengua vipemiento le agregó lo:i dos ge¡nelillos que acerrina que hablaba mal de todo y de todos [¿un
can sus bocas á las ubres seculares. ¿Q,1e si es
maestro de escuela, un 1&lt;astre?] llamado Pasla loba original? Claro, evidente: es Roma. Es
quino, el fragmento de estatua pasó por símla república dura, feroz, heroica, invicta; no,
á ésta no le arrancarán los hijos. Lo que hay ' , bolo suyo y la gente le llam6 Pasquino [ de
de. expresión, de fuerza, de valor, de virtud ~donde nuestro «pasquines,&gt;]. Pero los desaho-

y

gos de Pasquino tenían una réplica y de ella
se encargal',a otra estatua que se encontraba
en un lugar llamado cela salita de l\farforioi,
frente á la antigua prisión mamertina [hoy S.
Pietro in carcereJ ; esta gran estatua que representa IÍ un dios fluvial, está hoy en el centro del «cortilei, del museo capitolino.
Después comenzó el desfile de estatuas: dioses y hombres y relieves magníficos en las
tumbas [véanse los catálogos, que no he de rehacer] y mosaicos de una ejecución maravillosa. ¡ Pero, Dios mío, casi todo está restaurado! En Roma, en toda Italia, todos los artistas han sido restauradores, incluyendo el archigrán Miguel Angel; todos han profanado.
Aquí hay alguna de estas resta uraciones que
es una revelación. Un Hércules ¡¡e encontró
mutilado; un escultor, y no malo le puso á
su gui.;a los miembros que le falt¡ban; éstos
fueron hallados luego y se pudo ver la magnitud del disparate del artista restaurador. ¡Horresco! Odio las restauraciones hechas sobre
los originales mismos; creo que deben hacersé
reconstituciones con e3crupulosidad religiosa.
-No opino por que deban dejarse perecer las
ruinas; aquí está. el monu::nento, aquí el fragmento desprendido, colóquese en su lugar.
Hagamos esto con nuestras ruinas mejicanas
que las estaciones desmenuzan y cuyos fragm entos se va llevando el viento ......... á los
mu seos extranjeros.
Si no respetase el buen humor de mis lectores, á quienes supongo fastidiados por estas
largas enumeraciones que no tendrían fin si
quisiese puntualizar un poco, les hablaría
aquí de la «Planta de Roma» (tan buscada
y estudiada por arqueólogos é historiógrafos)
y qu~ yo devoraba con los ojos ¡ay! sin poderla casi entender. Ocupa es;e plano de Roma hecho en el tercer siglo imperial [en tiempo de
los Severos] amplios trozos de muros y está
compuesto de innumerables fragme~tos 110
todos bien dispuestos y que aun no completan la traza augusta.-Algún día quedará res-

�Domingo 24 de Mayo

&lt;&gt;e 1903.

taurada [todavía se están descubriendo fragmentos] la «Forma UrbiSJ&gt; y esto será una alegría para cuantos en nuestro amor por la Roma
de hoy implicamos el de la muerta Roma señorial, madre común de los latinos.-Les hablaría á fuer de trashumante pedagogo de las
«Tabula Iliaca," obra escultórica compuesta
de piezas marmóreas para ilustrar los cantos
de la Iliada enseñados en las escuelas griegas;
enseñanza demostrativa que, antes que nosotros, practicaron los antigum1.
Mas volvamos al arte. ¡.Pero eH arte puro
éste? Este de las galerías de bustos imperiales
y de filósofos, etc.? Es interesantísimo; no sé
si haya algo más interesante. JJ;ntra uno en
estos cementerios de fisonomías hist6rica1,, como si quisiese sorprender en las líne11s del
rostro, en la mirada am1enle de los ojos de
mármol, los verdaderos, los secretos móviles
de las acciones de aquellos hombres que con
un solo capricho imprimían gigantesca, oscilaciones en la balanza de los destinos del
mundo.
Muchas de estas efigies Re ven tan repetidas
en los museos romanos y en otros de Italia en
estatuas, bustos, relieves y 'lledallas, que acaban por sernos familiares y un Augusto, un
Nerón, un Domiciano, un Trajano, un Hadriano [con éste comienza la serie de los emperadores barbudos], un Antonino, un Marco
Aurelio, un Cómmodo ( este histrión infame
es hijo indudablemente de Marco Aurelio, los
bustos comparados lo dicen y es una lástima;
yo no habría tenido inconveniente en condenar veinte veces por infiel á Faustina, que,
de seguro, lo fué, con tal de purificar al emperador bueno del delito de haber engendrado á Cómmodo). Luego el tipo romano se
mezcla con caracteres númidas en los Severos;
Caracalla, el fratricida e3 odioso, sin ser antipático, es el rostro de Caín; luego viene la
chusma¡ arte y máscara humana todo va naufragando en lo rudo, en lo innoble; á las veces se levanta, hay un esfuerzo, un aleteo de
alma en la cárcel de mármol¡ luego todo se
acaba; los bárbaros reinan. Entre los bustos
de los filósofos( así se denomina una sección),
los bustos de Sócrates, de Esquilo, de Cicerón, son los que, á pesar de la ate1\ción fatigada, retienen más, como entre los de los emperadores obligan á retardar el lento paso y á
detenerlo algunos minutos, tres mujeres, Domicia, finísima obra, Sabina, ej~cución brillantísima, y una de las Julias de la corte de
los Severos, una asiático-romana.
Y así se suceden las horas, y los ojos se cansan,y los pies duelen,y la curiosidad no duerme, sin ern bargo: se asciende á las salas en
que están las obras maestras, originales ó ré-

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILuSTRADO.

Domingo ?4 &lt;le Maiyo de 1903.

El "tonma" tn Erui,ción.
El volcán de Colima, según los datos recogidos en el ObserYatorio Meteorológico, ha ent~ado en~ un período de gran ac~ividnd. A pll.rtir del fo de febrero, las erupc10nes han sido
muy frec.uentes, registrándose algunas, como
las ocurridas el 18 y el 24 del mismo mes entre las que i-e clasifican como mi\ximas. '
Todo el mes de marzo continuó el volcán en
erupción¡ dmante el de abril permaneció casi inactivo, y últimamente, como antes decíamos, ha vuelto á coronarse de fuego causando
entre los moradores de las poblaciones cercanas el pánico consiguiente. Lafotograííaque
ofrecemos á nuestros lectores repre!:'enta una
f~se-la más importante sin duda-de la ernpc16n del 2-i de marzo. Esta ocurrió á la 1..55
p. m:, efectuán~o~e en !'leis impulsos y en el
térmmo da media hora. Fuertes ruidos sub-

La primera piedra del Panteón Nacional.-EI señor General Díaz en la plataforma de honor.

plicas ó reproducciones hechas con tanto arte
como los originales,y adiós cansancio, las horas vuelan y ya sabe uno á dónde volver y
vuelve: yo no quería ver ni á Bedeker, ni á
Helbig¡ no quería indicaciones, quería la impresión directa, sin intermediarios. No quería estudiar, quería gozar; no quería saber si
esta estatua era arcaica [trátase del arte griego, que es el único arte puro] ó si era del período ático, ó si del alejandrino y helenístico
que inundó á Roma con sus copias y producciones, bellísimas algunas, interesantes todas.
Un .filósofo [Zenón, dicen, el fundador del
estoicismo] de un parecido sorprendente (no
lo conocí, pero no le hace, se parece, vi ve, habla, dogmatiza, impone), un sátiro descansando, adorable de gracia; el niño ahogando al
ganso, tan cómico, tan primorosamente ejecutado ¿qué sé yo?
Sí sé:la Amazona herida, bien dolorosamente mujer; el grupo del muchacho y la muchacha ( en el gabinete de la Venus) que en su
maravillosa verdad tiene tanta psicología y fisiología como una lección de Ezequiel Chávez sobre el despertar de las pasiones que

aseguran al mundo un largo reinado para la
prole de Adán.
Y luego el Galo moribundo; es un gigante
herido que cae sobre sus armas, que no piensa, que no ora, que no sufre, que repasa antes
de expirar su vida errante de combate, de
amor y de gloria.y que quiere no dejar caer la
cabeza sino muerto. Mis lectores saben que en
nuestra escuela de Bellas Artes hay un Yiejo
yeso que reproduce esta magnífica estatua en
sus mismas proporciones.
La muerte: aquí está la vida, aquí está
la divina mujer de carne blanca y pura, que
para no ser arrugada y profanada por los años,
ha tomado la consistencia cristaliua del mármol y que de tal manera es en la inefable música de sus curvas un poema de salud, de
amor, de pudor desnudo y de inmaculable belleza, que la impresión canta en nuestro interior como el eco de una lira ó de un ruiseñor.
No sé qué disparates estoy diciendo; esta
madona del arte que se llama la Venus del
Capitolio, sagrada de verdad, de esplendor y
de vida, hija de Praxiteles [ó nieta suya por
lo menos], es una de esas elocuencias del mármol por donde el alma helénica se ha puesto
en comunión con el alma de la humanidad .. .
En fin, hay que irá verla y no divagar ..... .
Sólo tú, madre divina de Aiilo, sólo tú, pe•
ro tú sola, eres más bella, más diosa, más mujer, más alma; sólo tú tienes, en 1a purísima
sensualidad de tus labios, la sonrisa misma
del Ideal.

..

En la cúspide del volcán

terráneos que se prolongaron por cinco minutos, precedieron al imponente espectáculo.

Cráter del "Tacaná.''

El cerro "Malat" cubierto por las cenizas.

***

JUSTO SIERRA.

[a Primtra Pitdra dtl Panteón nacional

A propósito de erupciones vol::ánicas, reproducimos algunas fotografías tornadas durante el viaje que el Sr. Gobernador de Chiapas hizo á los lugares del Estado de este nombre que más sufrieron con motivo de la reciente erupción del "Santa María." En una
de ellas aparece el Sr. Gobernador, acompañado de las personas que con él emprendieron la excursión, descansando en la cúspide

del volcán "Tacaná." En otra se ve el cráter
del mismo volcán, y en las demás, la entrada
d~ ~ste¡ un cerro cubierto de cenizas y la plamc1e en que estaba situado el cráter primitivo.
Las personas que rodean al Sr. Gobernador
son las siguientes: Ingeniero Manuel Paz
ContreraR, Dr. Juan G. Saldafia, Adeodato
Román, Ingeniero X. K. López, dos •'prácticos" y algunos rurales. -Por el orden en que
citamos á estos caballeros, están numera.dos
en la fotografía.

Planicie del cráter primitivo del volcán

Dimos cuenta en el número anterior de este
semanario de haberse efectuado el 15 del corriente la ceremonia de colocación de la
primera piedra del Panteón Nacional.
Ampliando nuestra información relativa á
esta cere!l}onia, publicamos un grabado que re•
pre.5enta al Sr. Gral. Díaz y á Jos Sres. Secre·
tarios de Estado en la plataforma de honor, y
otro en que puede apreciarse el aspecto que
ofrecia, en conjunto, el local dispuesto para
la concurrencia, dun.nte el acto referido. En
lugar prefer-t1nte verán nuestros lectores un
dtbujo en que el Primer ~Iagistrado aparece
colocando la primera piedra del Panteón.

La concurrencia durante el acto oficial.

Entrada al cráter del "Tacaná"

·

�Domlng,o 24 de Maiyo d-e 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Eutntos dt Espantos
111
Por ese lugar precisamente había saltado el coyote y desapar~cido,
sin que á verle volviera en todo aquel espa!'iO. Trepé por las piedra&amp;
rodadas del brincaclero, siempre llevando del ronzal á mi caballo, Y
cuando estuve en la medianía del boquete, me asomé al lado opuesto
( CONCLUYE. )
del potrero busrando en el suelo las huellas que el animal hubi~ra ~ejado... Y en este punto, protesto y juro que el pasmo y la adm1rac16!'
Quien se haya encontrado en lance parecido, podrá figurarse la
&lt;lejáronme de un gol, e y de una sola pieza, parado, confuso y aturdidesazón y descorazonamiento que sentí de súbito. La c6lera y el desdo.
Al pie del muro de cantos sueltos de que la cerca estaba compuesta,
pecho invadiéronme de tal manern, que me propme disparar todos los
acurrucado, hecho un ovillo, en informe montón que se encogía sobre
tiros de mi carabina sobre la solapada bestia que así me había burlasí mismo, un viejecillo desmedrarlo, sucio hasta la repugnancia, ap~redo, apenas la divisa:-a á la otra parte del lienzo, pues pensar en seguirció á mis atónitos ojos, qne todo esperaba encontrar, menos semeJanla era pensar en lo excuiaado. y poco menos que imposible hacer brinte engendro de asquerosidades, á quien apenas podía considerarse cocar el caballo por aquel portillo, practicable s6lo para los peones y
mo un ser humano. Las rodillas finas y puntiagudas, ceñidas po~ los
animales monteses; é intentar la persecución á pie era casi una locura,
brazos en apretado nudo, como por dos cobrizas serpientes, escuáhdas
por lo duro, sinuoso y empinado de la vertiente. Así es que paré &lt;le
y
viscosas. El descubierto cráneo, coronado por hirsuto grefial de mepronto el caballo y me apercibí á hacer fuego en el instante que el cochas grises, descllnsaba sobre aquel infame nido que los codos y las
yote apareciera al otro lado del hrincadero, lo cual tenía que suceder
choquezuelas formaban, y todo el conjunto aparecía cubierto por mveforzosamente, y en un momento, sin que logrllra esconden,e entre los
rosímil envoltura de andrajos nauseabundoF. Los desnudos brazo~ Y
mogotes, que en aquel sitio eran ralos y dejaban claros suficientes para
las pierna~, tan canijos y descarnados como los de una m?mi~, teman
poder dar caza á una pieza mucho más pequeña que la que se me hael color grasoso y obscuro del café tostado; y Pn tal aparienc~a Y posbía escapado.
·
.
tura, el vejete semejaba un fakir indio sumergido en la estúpida somDesde el punto en que tne encontraba, ámenos de cincuenta panolencia de su contemplación. A su lado descansaba en el suelo, bosos del brincadero, descubríase buena extensión de terreno por ambos
ca
abajo, un viejísimo ~ombrero de palma, alto de cor,a, agudo Y a~olados de la cerca, que precisamente á corta distancia y por 111. parte inlla&lt;lo. Y la inmovilidad de toda aquella masa vil, cuasi informe, m·
terna se torcía en ángulo obtuso, &amp;iguiendo la irregular pendiente de
fundióme &lt;le pronto estupor tal, que no acerté á tomar por largos mola montaña, lo que me permitía ver cualquier objeto que se moviera
mentos reRolución alguna. Por tin, repuesto de mi sorpresa, alcé !•
al pie mismo de la provisional muralla. Y es el caso que trn1iscurrievoz para &lt;lei&lt;pertar al viejo á quien juzgué dormido 6 amodorrado baJO
ron segundo!:', minutos, sin que el decantado animal apareciera. Desla inmenm ola ardiente del sol, qne más que inundarle, le quemaba;
de el caballo dominaba yo todos los lugares por donde podía surgir de
mas ningún movimiento respondió á mi llamado. Repetí las voces
pronto, aun á largo trecho, y aunque contra las piedra'&gt; de la cerca !"e
hasta llegar lll diapasón del grito· y sólo en el último que acompafíé con
deslizara intentando incrustarse en ellas, á verle alcanzaría siguiéndoun empujón dado sohre rn espa1:1a con la culata de mi cambina ( pues
le con la vista por todas las verecias. Confundido halL'tbame y «mii,tisentía viva repugnancia &lt;le tocarle) alzó pesaclamenlP. la tembloro~a
ficado» casi con aquella desaparición repentina. -La bóveda, antrs azul,
cabeza que &lt;lirigi6 hacia mí, most.r(;ndome una faz tan en consonancia
del cielo estaba roja y el sol se desbarataba en cataratas de lumbre soc@ el cuerpo, que comencé á Fentir inexpticable inquietud. U~os
bre la extensión bravía. Allí el monte era yermo: ab1jo la inmeni;a
111
sabana de tierra candente; arriba las e,;tribaciones de la cordillera, · cuantos pelos ásperos y rígidos manchaban de blanco y gris aquel •
mundo semblantti, donde lo~ ojo!'!, como dos gotas de agua sucia, esconmanchadas á veces por el chaparral ceniciento, cubiertas á trechos por
díansc vacilantes y contraídos entre &lt;los círculos, rojos hasta la san•
los peñascos calizos que rodaron los siglos de la. montaña, como enorgre, encendiJos hasta el fuego y despoblados de cejas y pestañas, de los
mes osamentas de una raza monstruosa; y entre aquellas dos arideces,
cuales pugnaba por desprenderse y resbalar un humor asqueroso sobre
el cercado de piedras calcáreas de abrasadora blancura y que en sinuolos pellejos negros y cochinos de aquellos pómulos, partidos por arrusísima curva iba siguiendo los accidentes &lt;le las laderas desoladas.
gas tan profundas, que semejaban cuchilladas.
Eché pie á tierra, desaté el cabestro, y llevando de él á mi cabalgaduFij6 en mí la mirada, sin verme al parecer: tanta vaguedad h~bía
ra, dirigíme al puntq mismo del brincadero donde la cerca aparecía
en ella. Trató de incorporarse, pero el temblor de los remos se lo llJl•
como una gigant~ mandíbula, monda y desdentada.

EL NAHUAL (?)

Domingo 24 de Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTnAnO.

pidi6 y dej6se caer de n~evo sobre la piedra que le servía de asiento.
Co~o. no contestara á mis preguntas ni hiciese caso de las palabras que
le dmgía, mostréme duro y amenazador. hasta lograr infundirle cierta
timidez que le oblig6 á hablarme, advii:tiéndome desde luego que era
sordo. E ntonces á gritos le interrogué.
- ¿Dónde está el coyote que brincó por aquí?
- No he visto, padrecito; me respondi6 enseñándome 1os dos colmillos únicos, verdes y negruzcos, de que sus encías estaban guarnecidas.
-Eso no es verdad. En este mismo lugar ha caído y por fuerza
tuvo que tropezar contigo y despertarte, por muy dormido que estuvieras.
- No ha brincado nada, padre santo. Y su voz era tan quejumbrosa y entrecortada, como si mortal dolencia le aquejara. Yo no he
visto, continuó, estoy muy malo y aquí me quedé á descansar «pos,&gt; ya
no puedo ni llegar á mi casa.
'
-¿En dónde vives?
-Allá, mt, dij?, señalando con un vago movimiento del enjuto brazo un punto mdeterminado que estuviese á la vuelta de los cercanos cer~os.. Vengo de pedir limosna por algunos ranchos donde hay
almas c_ar1tabvas que me socorren. Pero estoy muy malo y ya no puedo cammar.
En la voz y los ademanes del v!ejo ~e a~vertía, efectivamente, que
estaba muy enfermo, lo que empezo á rnsp1rarme hondísima compasión. E xpliquéle el caso del coyote y la imposibilidad de que hubiera
desaparecido sin ser visto. Juró y ¡-&gt;erjuró el viejo que no había sentido la carrera ni el brinco. Me incliné buscando en la tierra las huellas
del animal, pero el terreno era pedregoso y yo no podía observarlas.
Al najarme un poco para examinar mejor el suelo, hice rodar algunas
piedras de la cerca que cayeron casi sobre el sombrero del mendiio. Y
en aquel instante... ¡horror de los horrores! el sombrero empezó á moverse vertiginosamente como si oculta fuerza le impeliera: No pude
darme cuen ta de mi asombro, porque en el momento mismo vol6 el
tal sombrero volcado por una gallina prieta que, escapánciose de debajo, echó á correr aleteando, aturdida y asm,tada, hasta los mogotes
más cercanos, donde se escondió súbitamente, dejando oír sólo su alharaquienta gritería.
Imposible dar cuenta &lt;le mi estupefacción y &lt;le mi asombro. Por
un primer impulso quise arrojarme sobre el mendigo y molerle á golpes 6 descerrajarle un tiro. Mezcla increíble de furor y espanto se apoderó de mí, y ciego, desatentado y frenético, sin tener conciencia de
mis actos, iba ya á consumar horrendo crimen, cuando el viejo, en el
colmo del terror y como por enérgica fuerza impelido, púsose de rodillas y con las lágrimas en los ojos y alzando hacia mí los brazos implorantes, gritóme, con grito tan desesperado, que nunca olvidaré:
- ¡Perdóname, padrecito de mi alma, no me mates, nada te ha-

gol Esa gallinita me la dieron de caridad; no me la he robado. Soy un
pobre, soy un pobrecito viejo y estoy eufermo. ¡Nu te vaya á castigar
Dios!
Una ola de sangre fría hízome volver al buen sentido, tan repentinamente como me había abandoi1ado. Pero mi retorno al cabal juicio
vino de estupor tal acompafiado, que tardé buen espacio en darme razón exacta de aquel evento. Cuando alcancé á rc:,:;011erme, me envolVÍll cierto ambiente de misterio y pavor, que me impulsó á trastumbarme del montón de piedras dontle hasta entonces había permanecido,
y poco á poco fuí enrollando el cabestro; amarrélo á los tientos de la ,
silla y monté de nuevo, ordenando al viejo con voz que el mismo estado de mi ánimo hacía imperiosa y amenazante, esperar en aquel punto basta mi regreso.
IV
A carrera tendida por entre los barbechos me dirigí á la estancia
de donde el coyote había robado la gallina. Llegué en unos minutos.
Llamé en seguida con las palabras sacramentales:
-¡Ave María!
.
-En gracia concebida, me contestaron desde a.dentro dos mujeres
que á poco aparecieron eIJ el umbral de los jacales.
-¿No se ha llevado el coyote alguna gallina?, les pregunté precipitadamente.
.
-Sí, siñor; y todos los días se lleva una 6, con perdón de su mercé, un puerquito, de modo que ya no tenemos vida. Ni los perros, ni
balazos que Je avientan los hombres, pueden espantarlo, _:cpos» siempre le ccjierrani, y los perros se cansan y le tienen miedo.
--¿Hay aquí algún hombre que venga conmigo á seguir al coyote
que está del otro lado de la cerca?
A mi pregunta, presentóse u:1 muchacho que acababa de llegar del
trabajo, según me dijo; le invité á acompañarme, á lo que prest6se de
muy buen ~rado; y ambos, entre las bendiciones y los votos de las
m ujeres, endere1,amos el rumbo hacia el lugar &lt;le mi aventura que como era natural, no quise referir á aquellas buenas gentes.
'
Cuando nos acercábamos al portillo del l,rincadero, divisamos al
rabadán y al_ guía que ya estaban de regreso y se dirigían á nosotros,
pues no ~ab1éndoi,1e encontrado en el punto donde me dejaron, vinie-•
ron en m1 b~~ca, dando conmigo en poco tiempo. También les puse al
tanto del obJeto que me había apartado del bosquecillo de los encinos
y todos cuatro llegamos en un momento al logar donde el coyote s~
me escapara dejándome burlado, y donde el viejo mendigo debía aguar- ·
darme.
Pero éste también_ había desaparecido; y aunque pensaba yo que
no podía estar muy leJOS según era enfermizo y débil su aspecto, no

�-

Domingo 24 de Mayo de 1903.

Ii:L MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

TÍA LOLA.

Domingo 24

Colocóse los anteojos, tosió, como quien recapacita ó tiene miedo de decir alguna cosa,
y ......

¡La tía Lola!. ..... ¡Pobrecita! Antójaseme
estarla vien,lo ahora tal y como la conocí cuando mis ojos se abrieron á la razón: chaparrona, metida en carnes, diligente, y con algo raro, algo int1ngible, como los efluvios de una
bondad que abriera la cárcel de los poros y cayera, como un riego bienhechor, sobre nosotros.
Peinaba ya, entonces, las canas grises de los
cincuenta años; dos hondos pliegues unían su
fina nariz con las comisuras de sus labio'4, y
su frente se rugaba bajo las toscas pinceladas
del implacable tiempo.
Y si n embargo, había sido hermosa, con esa
hermosura plúcida, candorosa, limpia de fingimiento, que parece no estar á gusto en su
carnal y tosca envoltura, y pretende salir &lt;le
ella, y volar.
Rondáronla señoritos &lt;le noble alcurnia y
vejetes encopetados, ofreciéndole, amén de riquezas y placer&lt; e, lo que es tan fúcil ofrecer
como dejar de cumplir: amor. l\fas ella lo despreció tollo, poniendo su pensamiento en algo
que creyó mejor, más digno y más perdurable:
en Dios.
Y as( fué viviendo, honestamente, tranquilamente, hasta qGe una noche, del regazo de
mi madre que agonizaba, pasamos al de aquella santa, mujer que, llorando, con sus beso1:1,
co11 sus caricias, con sus consejos, parecía querer anticiparnos los besos, los consejos, las caricias que quizás muy pronto perderíamos para siempre.

-¡Se muere!-dijo á mi padre-¡No tiene
remedio! La enterocolitis está ya muy avanzada; sería inútil hacer sufrir más á la enferma.
Aleje usted á la familia y quédese con este jovencito que ya está en f!dad de ir conociendo
las realidades de la vida.
Y, sí. d'ía Lola» se moría. Desde donde
estábamos se dejaba escuchar su respiración
cada :vez más fatigada y cada vez más lenta.
Mi padre cumplió las ó1denee del médico,
y nos quedamos solos.
No creíamos tan cercana la desgracia; nos
itlentaba la ei:,pemnza que da el cariño. Pero,
al ver aquel ro~tro enjuto, amarillento con la
amarillez de la cera vieja, al ver esas manos
que temblequenban sohre la cama y esos ojos
hundidos que f¡e iban alejando como se alejan
ante los nuestros las figura!-! ei1 una pesadilla,
comprendimos qu~ aquella vida se acababa.
Despué,, c,tía Lola» se puso á tararear una

de Mazy-o d-e 1903.

canción que tenía algo de dulce y de místico,
de infantil y de devoto; y con la última armonía, que fué descendiendo suavemente hRsta
perderse en el espacio ....... murió!
¡Era su alma que volaba!
l\Ii padre no pudo contenerse más, y, sollozando como un niño, salió corriendo de la
pieza.
Y yo quedé ahí, solo, mudo, inmóvil, comprentliendo, sin lo que era, que algo nuevo
se me revelaba. Porque del significado de
«aquello,» de lo que aquello quería decir, nada sabía.
En medio &lt;le las brumas de mi cereb:o,algo
reflexioné y caí arrodillado junto al lecho, humedeciendo con mis lágrimas las ropas del
cadáver.
Era ése el primer golpe que la realidad me
asestaba; el primer zarpazo que de la muerte
recibía; la primera orla negra con que el dolor
enlutaba mi corazón.
MANUEL l\1.

P JINES.

***
Sra. Victoria Corona de SAnchez Juirez

(Fot. Valleto.)

Sr. Andrés Sánchez Juárez

El viejo, .cuyas dolencias y falta de fuerzas eran más aparentes
quise decir una palabra sobre el hidlazgo del viejo á mis compafi.eros,
que reales, explotaba la credulidad de los sendllos montañeses para
para que fuesen á bui-carle.
.
hacerse temer y robar á mansalva, _con la ayuda del leal y bien amaesLos tres eran peritísimos en eso de seguir pistas y encontrar huetrado coyote, que le proveía de aves de corral y cuadrúpedos, con cullas. Púseles sobre el terreno mismo, y con todo y que sólo de piedra
ya venta satisfacía las menguadas necesidades de su miserable exisdma se componía, pudieron adivin&amp;r el paso, pero no de un animal, sitencia...
no de un hombre. Advertirlo y quedarse parados de una sola pieza,
Y ahora, al entrar la noche, el fiel canino march3:ba en pos del
viéndome con atónita mirada, fué una sola cosa.
-¡Alabao sea el Santísimo Sacramento del Altar!, exclamó el varústico funeral por entre las lóbregas asperezas de la serranía, lanzando
el doloroso clamor de la despedida á aqueila miseria y abyección que
ciero y todos tres se persignaron: ésta es la «fuella,, del nahual.
-¿Qué nahual?, les pregunté con una sonrisa incrédula, que yo
le abandonaban para siempre y que le habían amparado con amor y
mismo no estaba muy seguro de que faese natural.
.
abrigo en la soledad de los campos, en cuya infinita tristeza iba á per-Pos, siñor, dijo el muchacho .á quien fuí á traer de la vecma esderse el lastimero grito, como el toque lúgubre de rnlvaje clarín que,
tancia, es un viejo muy malo que se aparece por todos estos montes y
para .contemplar en tanta pequeñez la augusta grandeza de la muerte,
convocara á todos los espectros de la montaña.
naiden sabe de dónde viene ni dónde vive.
-Sí, amo, repuso el vaciero; y dicen que se güelve coyote ó cualMANUEL J. 0rHÓN,
quier otro animal ansina de esos del monte, porque izque tiene pauto
con el enemigo malo.
.
-Yo nunquita le vide, dijo mi guía, que hasta entonces había estado mudo y estupefacto; pero he óido hablar muncho de ese viejo, que
dicen que tiene la caca en una cueva del cerro.
-Eso no es verdad, les dije, no hay nah\lales; y si algún viejo ó
La crónica social de la semana registra una nota saliente: el
mozo ha pasado por aquí hace poco, Yarpos á buscarle y por fuerza tematrimonio de la Señorita Victoria Corona con el Sr. Andrés Sán•
nemos qne dar con él.
chez Juárez-miembros, los dos, de familias muy distinguidas y estiY nos pusimos en obra, pero to:.lo fué inútil. Agotamos el vigor
madas.
y la paciencia. El «fuellerío» desaparecía sobre las rocas dond~ no era
La ceremonia civil se efectuó el 16 del corriente, por la noche, en la
posible percibirlo, ó entre los matorrales que se espesaban haciéndose
casa habitación del Sr. Li.c. Ramón Corona, estando presentes como
bravíos y obstruyéndonos el paso completamente. Quise que nos intestigo~, la Sra. Jesús J . de Sánchez, y los Sres. Gral. D¿n Porternáramos en las cañadas de la sierra~ p('!ro mis tres acompa:fiantefl, á
firio Díaz, D. José Sánóhez Ramos, D.Sebastiár. Camacho, el Marqués
una, se opusieron obstinadamente y no logré arrancarles, con todos
de Prat, D. Tomás Braniff,D. Ignacio l\L Luchichí y D. Pedro Santamis esfuerzos, aquella supersiición de la cabeza.
cilia, contándose, además, entre los concurrentes numerosas damas y
Desalentado al fin, volvime, no sin proponerme descubrir -por
caballeros de representación.
'
·
cualquier medio y á todo trance a·q uel hasta entonces paraJOÍ inexpli·
El matrimonio canónico se verificó el lunes por la mañana en la
cable misterio; y no cejé un punto hasta que, transcurrido más de- un
capil(a particular del Sr. Arzobispo, que fué quien dió la bendición
afio pude lograr al cabo dar con el eecreto, cuando el víejecillo fué
nupclal á los desposados. Los Sres. José Sánchez Ramos y Lic. Ramón
enc¿ntrado muerto en una covacha oculta entre lo más salvaje y esCorona, y~ los Sras. María de Jesús Juárez de Sánchez é Isabel S. de
carpado de la montaña.
. •
~01:ona apadri 1;aron el acto,_ concluí do el cual, la distinguida pareja reEl hallazgo del cadáver fué debido á una circunsta~ci! bien sinc1b~ó en el salon d~l ~1"f&lt;&gt;b~pado las felicitaciones &lt;le sus parientes y
gular por cierto. Ocupábanse unos leñadores en sus habituales faenas,
amigos.
. · ,1 '·,
cuando escucharon los aullidos agudos y prolongados de un-:coyote, y El nuevo m.i.trimo~fo &lt;fttenta en la buena sociedad mexicana con
tan insistentes eran, que determinaron ir en busca del animal para ,. mt!cha~ y_&lt;tnuy m~i:eci'd_s.lfsi_ifiatfa~-·
matarle. Topároule á la entrada de una cueva poco profunda donde se
----=~~;~~- .
ocultó al sospechar que le perseguían. Los leñadores se aventuraron ··.;: .. ; ..:_,!,t~--,., .
dentro de la cueva, ¡y cuál sería su asombro al encontrar al viejo muer,&lt;l':1- i r.
. ~~
to y junto de él, como si fuese 1m perro, al coyote echado y lamiéncfo~ : . ,I ¡
' ... ~~ / o(?J.~~
, ..
le con tan grandes muestras de cariño y de dolor1 que los hombres se
·. ., 1 · l~
í?iélt➔~ ~-.·
enternecieron, y á . pesar de la superstición que abrigaban sobre las
~ ~ '✓
brujerías del viejo, le sacaron de ~llí 1 lleváridole 4 enterrar al cementerio más cetéano;

NUPCIAL.

.-"'~~~

1

•

..

Mi madre sanó, si bien no del todo, pero ya
la buena semilla de cctía Lola» había caído en
el surco. Tenía yo diez años, y á esa edad el
alma de los niños está abierta á todos los amores.
Tía Lola se convirtió en el «paño de lágrimas» de todas nuestras aflicciones, caprichos
é impertinencias, en el «refugium peccatorum» de todas nuestras picardías.
El que, al pasar por el comedor, metía un
dedo en el platón de la «crema;» el que prendía
á la falda de la criaqa un papel untado de grasa y luego le prendía fuego; el que ataba algato de la cola, sujeto á una estaca, y, luego le
tocaba impíamente el violín hasta que el animal se ccenfurruñaba,» todos, al ser descubiertos, huyendo de la ira paterna, íbamos á buscar abrigo tras las faldas de ,,tía Lola,&gt;1 que
abría sus brazos en cruz, amparándonos carifíosamente.
Cuando la penuria le impedía á mi padre,
por no poder ser dispendioso, satisfacernos
cualquier capricho, fruslerías, juguetillos baratos, dulces ó chucherías, era ella, 1tía Lola, » la que, muy á la chita callanda, de allá,
del fondo del armario, sacaba una petaquilla
de mimbre, en la que tenía bien guardados
sus ahorros. ¡Y qué ahorros! Setenta ú ochenta pesos,entre los que había monedas de todas
Jas fechas y de todos los cuños.
•
Después, nos formaba á todos en línea desplegada, cogiditos de la mano ...... ¡y ese día
reinaba en casa la más santa de las alegrías:
la alegría de los niños pobres!
-¡Sólo piensas en divertirlosl-gritaba mi
madre.
-¡Déjame!-contestaba «tía Lola,» con una
voz en la que había melod,ías de órgano.¡Bastante tendrán que sufrir!
¡Oh profetisa!

***

Salió el médico, un señor de cráneo broncíneo, trigueño, 1am piño, con excepción del bi.
gote, de gruesos belfos, muy atildado en su
vestir, dejando asomar por un bolsillo un moquero de yerbas, y llevando en una mano el
sombrero de copa y en la otra unos espejuelos
de cristales octangu1ares encuadrados en arillos de oro,

~amaa ~iafin9uidaa.
Stñorita maría ttrtsa Dtbtsa.

�Domln~ Z-4 ije ~ o de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

mL MUNDO ILUSTRADO.

Los premios consistían en una licorera de
cristal con aplicaciones de plata, un látigo con
mango del mismo metal y un estuche de cristal para camino.
Entre los aficionados á los ejercicios hípicos
han llamado mucho la atenci6n estas carreras¡
pues muy pocos esperaban que pudieran hr.cerse en el tiempo en que las hicieron los vencedores. La cfütancia que separa á México de
Amecameca es más 6 menos de 64 kilómetros.

RIMA PROFANA.
La blanca nifia que adoro
Lleva al templo su oraci6n
Y, como un piano sonoro,
Suena el _¡.,iso bajo el oro
dé su empinado tac6n.

En la glorieta de C:&gt;16n.-EI juez de llegada.

Sugestiva y elegante,
Toca apenas con su guante
el agua de bautizar,
y queda el agua fragante
Con fragancia de azahar.

DE AMECAMECA Á MÉXICO.
Las carreras que organiz6 el Club Hípico
Alemán y que se efectuaron el-domingo 17 por
la mafiana, tuvieron un éxito completo.
Desde la víspera salieron rumbo á Amecameca, punto designado como de partida, los
socios que debían disputarse los premios ofrecidos, recorriendo en el menor tiempo po~ible
la distancia que separa á aquella poblaci6n de
la ciudad de México. El juez de llegada se instal6 en la glorieta de Col6n, nrreglándose previamente los relojes para evitar alguna diferencia en los c6mputos.
A las cinco de la mafiana parti6 el primer
corredor, y cinco minutos después el segundo.
El tiempo en que aquél hizo la carrera, fué
de 3 h. 7 m., y el que emple6 éste, de 3 h . 4
m. solamente. El tercero sali6 á las 5.10, presentándose en la glorieta á las 8.14, y los demás, que partieron de Amecameca con intervalos de cinco minu~os, hicieron eh el trayecto más de cuatro horas cada uno.
El juez declar6 vencedores al sefior vY.Julsrud, que montaba el caballo «Emigrant» y que
obtuvo el primer premio; al señor W. Richardt,
que montaba el «Baby" y que gan6 el segundo,
y al señor J. "\\.irth, que hizo la carrera en el
«Aschenhroedel» y que obtuvo el tercero. Los
señores Julsrud y Richardt emplearon en la
carrera el mismo tiempo, y el señor "\Virth tres
minutos más.

Sres. W. Reichardt, W. Julsrud y J.

Wirth.

Luego, ante el ara se inclina
Donde un cristo de marfil
Que el fondo obscuro ilumina,
Muestra la gracia divina
De su divino perfil.
Mirándola, así, de hinojos,
Siento invencibles antojos
De interrumpir su oraci6n,
Y darla un beso en los ojos
Que estalle en su coraz6n.
FABIO FIALLO.

Rtinas dt una torrHa dt toros.

Llegada de uno de loa corredores.

Hace pocos díai1 i;e vnific6 en Guadalajara
la corrida de toros de aficionados qne un grupo de jóvene~ lle nquella ciudarl organiz6 en
honor clel seiior Gobernador clel Estado.
La fiesta, que er-tuvo bastante animada, fué
pre!'idida por cinco sefioritas de la mejor sociedad, que se presentaron luciendo ricos y
vistosos trajes de "chulas,,, de distintos colores. Al hacer el paseo acostumbrado, en carretela descubierta y por el redondel, las "reinasfueron aplaudidas con entusiasmo por la numerosa concurrencia que llenaba la plaza.
Agrupados en una página, verán nuestros
lectores los retratos de las hermosas tapatías.

Domingo 24. de Ma,yo de 1903.

�EL MUNDO ILUSTRADO.
Domlngll ?4 de Me.yo d~ 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

"LA SARGENTA."

---

"LA SARGENTA" .-Cuadro 2o.-En Santo Domingo.

El Rayo de Luz.

Cuadro 4o.-Despedida de la Sargenta.

Ya era de madrugada cuando dejó_Baltasar
la lc,ca orgía, en cuyo torbellino de risa~ Y de
libaciones había pai:ado ll\ noche nntenor al
día de su santo, al día de Reyes. 8alió ~ la
calle mal envuelto en su capa que, retorcida
por el viento, apenas le presen·aba del _Mo.
Bien es cierto que para el traFmochador libertino en el estado de embriaguez en que Fe ha•
JJab; la atmór,fera acuosa en que flotaba la
brun:a era un alivio, un beso de frescur:1- que
acariciaba dulcemente su frente calenturienta.
Dió varios pasos en direcci6n á_ su_e~
Pero sus piernas flaquea?an. I:as 1!d1ficios giraban a,1te sus ojos turbios en mfernal rond~
El corazón se le subía á la garg~nta. Expen·
ment6 un dE;seo inmenso de tumbarse &lt;londequiern, allí en el suelo fangoi:-o, sin _atend~r á
la pulcritud y eleg~ncia de_ su ropa.Je. Si no
hubiera comprendido. mediante un supremo
y último esfuerzo de su razón, el mal quemo·
mentáneamente le dominaba, hubiei;e creído
que se le acababa la vida.
-Estoy borracho, atrozmente borrachopensó entre las obscuridades de su ?erebro.
Ya iba á caer a.l doblar una esqmna, cuando le detuvo una mano. Era una mano d~ra
y fu1::rte, una mano acostumbrada nl trabaJO,
á domar la materia. Era. la mano de un obre·
ro. Iba el hombre vestido de blusa. Sin duda
volvía de su faena. Con voz serena y ronca,
dijo al calavera:
.
-Sígame usted. Le llevaré á mi casa.
Baltnsar obedeció sumiso como un cordero.
Grande era su debilidad, pero el brazo en que
se apoyaba era robusto. Si hubiese sido n~esario, Je habría llevado en suspenso. Y_el JO·
veu tuvo una vaga y sentimental reoumscen·
cia de cuando era nifio, y así le llevaba su pa·
dre después &lt;le la tertulia, amodorrado por el
sueño. Llegaron á una casa modesta. En la
puerta aguardaba una mujer, una hermosa
hija del pueblo. Sorprendida al ver á un se·
fiorito átales horas en compa11ía de su esposo,
pronto adivinó lo que ocurría, y en su car~
brilló la sonrisa de la bondad, de que estaba
llena su alma.

ae M83'o

&lt;Je 1903.

al libertino. Este fingió que dormía, pero por
entre sus párpados disimuladamente cerrados,
pudo contemplarlas á su sabor. Eran dos arrogantes mocitas. Una de quince nños, la otra
de veinte. Venían despeinadas, medio vestida~. Y Íl su pre~encia, con c:mdidez, Fin coquetería y t::in impudor, se recogieron el abundante pelo negro y se ajustaron el seno frente
al eRpejo que colgaba t::obre la cómoda. Luego
se retiraron á almorzar en la cocinn.
Incorporóse Baltasnr entonces. El rayo de
luz que penetraba por el balcón había crecido
en intensidad, y de azul pálido se había trocado en oro de fuego. Su mirada cayó 1,obre
unos diminutos zapatitos que estaban colocados, apareados en el suelo, delante de una silla. Se ech6 mano al ·bolsillo.
-Deben ser rle la hermana menor-dijo.
Y deposit6 en ellos todo el dinero que llevaba.
Luego tosió, se arregló las ropas. Y apareció en el acto la espol'a del obrero.
-¿Cómo ha pasado usted la noche? ¿Desea
tomar alguna cosa.?
-Gracias-murmuró Baltnsar cogiendo el
sombrero.-No olvidaré jamás á ustede?.

[ttra dt 6on%áltz tarrasco y música dt 6asc61.
«La. Sarge~ta,» esa linda cría.dita remilgada,
capaz de apasionarse con ar~ores :omántic&lt;&gt;11,
de seguir á su «hombre• baJo los implacables
rayos del sol y en_tre el ardiente polvo de 101
caminos esa muJer transformada en cosa al
servicio 'del t::er á quien ama, por obra del
amor es un tipo netamente mexicano.
Así son nuestras pobres mujeres del pueblo, abnegadas, triste, obstinad~_mente abnegadas, esclavizadas por el _e;armo, obscuramente sojuzgadas por la pas1on.
Así son las hembras que cuando su «homhre• les pega y alguno las defiende,_ acometen
á t!U defensor- las que mueren asesmadas por
au amante si~ confesar que éste las hiriú.
González Carrasco que i,abe observar y cifrar estéticamente nuestros tipos Y nuestra&amp;
constumbres nacionales, ha simbolizado con
maestría ese tipo de mujer del pueblo.
Los otros, los que sirven de fondo á la acción de ese grande amor que no sabe expresarse en frases cultas, s.:&gt;n también caracteres
fielmente copiados de la vid9: re9:l.
.
Carrasco ha sabido también mtroduc1~ el
lenguaje popular á la. escena, con tal gracia y
maestría, que en vez de disgustar, agrada y
hace reír.
. .
Gascón, por su part~, ha contribmdo. al
éxito amenizando la pieza con una música
movida y agradable.
Da gusto ver obras como ésta, porque en
ellas se vé algo así como las primeras piedras
que han de formar los verdaderos cimientos
del arte nacional.
Nuestros grabados reproducen las escenas
principales de «La Sargenta.»

DomJngn ,:i

*

"LA SARGENTA".-Cuadro 5o.-En el campamento.

-Pasa&lt;l adentro-dijo.
Trataron de hacerle té, de prepararle una
cama. Pern Baltasar se opuso. Estaba avergonzado. Su misma situación, su rico porte,
era un reproehe en medio de aquella honrada
pobreza. Content6se con reclinarse, revuelto
en su capa, sobre un sofá de paja. Trajéronle,
no obstante, dos almohadas y una manta. Y
le dejaron en la salita, retirándose ellos á su
alcoba.
Todo quedó en silencio, todo quedó en calma. A través de los vapores que el vino eleva
á la cabeza, y luchando entre el insomnio y
el letargo, Baltasar apartó de su rostro el embozo de su capa y paseó una mirada por la
habitación. Eran los muebles sencillos, humildes. En medio una mesa redonda con tapete de bayeta, un mantel arrollado á un extremo, una copa, un plato, una cuchara, restos de la cena de familia. Enfrente una cómoda con dos floreros, el único lujo de aquellos
pobres. Sillas alrededor con costura, señales
de laboriosidad. Y todo limpio, reluciente,
ordenado.
Sobre un taburete, en un vaso, ardía una
lamparilla, bafiando de suave claridad la estancia, enviando á todos lados tiernas miradas. Era como una pupila de oro que estaba
dP.Spierta, vigilante, mientras los otros dormían. En la pared un reloj viejo marcaba las
horas, siempre iguales y i;iempre tranquilas,
y sonaba su tictac reposado como el latido de
un corazón que ignora toda ambición y todo
tormento.
-Nunca había visitado la casa del obrero
~dijo entre sí BaltaFar. -No creí que la felicidad se hallara sino entre seda y oro. Veo
que la ventura puede existir hermanada con
la pobreza.
Fué calmándose la irritación de sus nervios.
Y un sueño agradable, un sopor suave, fué
apoderándose de sus SPntidol'. Dijérase que
todo su cuerpo iba sumergiéndose en un bafio
de aceite tibio. Y su alma, desligada de las
cadenas terrestres, voló á otros tiempos y á
otras escenas.
\'ió galopando por el aire caballéros en brio~os co~celes, á los tres Reyes Magos que en la
infancia de él, al amanecer de aquel mismo
día, le habían aportado vistosísimos juguete!!.
Ahora pasaban también, pero sin traerle nada.
Afl.igióse en extremo.
-¿Xo me reserváis algo?-les preguntó con
an¡mstia.
-:-: Ya no tiene encanto para ti ninguna baratiJa-le r~spoudieror..
Reflexionó Baltasar que &lt;:ra verdad aquello.
Todas las ilusiones se habían deshecho entre
sus manos como se deshacen las alas de una
mariposa. El ansia de la gloria le había_deja-

do en el pecho un vacío insondable. La codicia de la fortuna no había sido para él más
que una montaña, prontamente salvada, y
tras de la cual se extendían siempre idénticos
paisajes, monótonos y sin atractivos.
Ante tan completo desencanto experimentó
una sensaci6n estranguladora. Se estremeció
bruscamente y abrió los ojos.
Por el balcón entornado empezaba á clarear
el día. Sintió rumor de colmena que se despierta. Era el obrero, que de pie ya, se disponía á salir para su trabajo. Su mujer trajinaba en la cocina. De una alcol:¡a salían algo así
como gorjeos confusos, como un cuchicheo
argentino. Eran las dos bijas del boro bre compasivo que había dado albergue á Baltarar
aquella noche. Preludiaron un canto. Pero
fué acallado por una voz que les r 3comendaba
silencio. ¡Pobres alondras! Todas las mafianas cantaban antes de salir en busca, como el
padre, del grano de trigo. Sólo aquella vez
permanecieron mudas.
Pasó el obrero junto á Baltasar y creyólo
aún dormido.
-¡Silencio! ¡Que no se despierte!
Y marchó para la calle ~in hacer ruido.
Las muchachas, más curiosas, se acercaron

Y partió. Pero el r:c•uerdo ele aquella noche eh adelante fué para él como un sol que
alumbró su obscura vida, fué como un ejemplo purísimo, como uh reproche que le perseguía cuando emprendía una senda extraviada.
Sin saber cómo, cuando salía á dar un paseo,
sus pies se encaminaban hacia aquella casa de
modesta apariencia, como si una querencia
grata hasta allí le guiara. Y siempre, al pasar frente á ella, la ealudaba como á un lugar
sagrado.
¿Por quf?
Oídlo:
· -Aquel afio-dice-hice de Rey Mago, pues
llené de dinero los zapatitos de una linda muchacha. Y aquel año, cuando ya los Reyes
Magos nada podían regalarme, me hicieron un
presente inestimable.
¡Un rayo de luzl Y á favor de este rayo de
luz filtrado al través de un balcón, aprendí en
la casa de un pobre la verdadera, la íntima,
la eterna ventura.»
Todos arrostramos en la vida tenebrosas
tempestades. )luchas veces, tras de los conflictos espa11tosos, continuamos andando por
el mundo, sin haber recogido de la tremenda
catástrofe enseñ.i.nza alguna. Mas, no siempre
sucede eso. De la nube obscurísima surge un
rayo de luz. Y este rayo de luz, bien se llame
resignación, esperanza, amor. es la estrella que
gufa en adelante nuestros pasos.

"LA SARGENTA".- Cuadro 60.-Escena final.

JOSÉ DE SILES.

�Domingo 24 de Mayo de 1903.

LA RUINAS DE TULUM.
En el punto de la costa oriental de Yucatán
que se conoce con el nombre de Tulum y que
está situado á sesenta millas, aproximadamente, de la Bahía de la Ascensión, se encuentran

no Huerta, al desembarcar en Tulum y emprender una expedición militar que le fué encomendada, visitó detenidamente las ruinas,
encontrándolas casi abandonadas. Algunos
oficiales del ejército que formaban parte de la
expedición levantaron planos del supuesto
templo, tomando, además, fotografías y apun-

Dom.Ingo 24 de Ma;yo d~ 19'03.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

*

rio de Quintana Roo, damos á conocer: una
que representa el muelle del campamento«General Vega» durante el desembarque de
materiales de construcción; otra, el acopio de
durmientes, rieles, etc., para el ferrocarril militar, y una del campamento de trabajadores
inmediato al ''Vigía.''

¡Qué dulce tu nombre! Lo dice la boca
y al punto de ella parece surgir
el canto que anhelos divinos provoca,
un hilo de mieles que endulzan la boca,
el soplo de brisa más blando de abril. ...
Oh virgen, tu talle semeja una palma;
tus ojos son astros de vívida luz;
son nácar tus manos . . .. ¡Cuán bella es tu a lma!
¡Qué hermos a, qué casta, qué buena eres tú!
VfCTOR M , RACAMONDE.

CUENTO DE LAS ALMAS.

1

l
:

Psiquis sufría; pálida, muy pálida; enferma, muy enferma.
Su padre, el viejo Essenio, el barbudo terapeuta,_ de mir_ar gelatinoso, por lo arcaico, y
guedeJaS calcmaclas por los soles de cien ciclos, leyó y releyó los ajados y ceñudos rugosos papiros, de la Helenia sabia, de la Alejandría claudicante, de la Palestina santa y de la
Roma disoluta. El viejo Essenio consultó á
profetas, augures y astromantes; clamó á los
dioses, y clamó á los cielos: «Decidme de Psiquis la oculta llaga, y yo la aliviaré con los
poderes de mi ciencia.» ccEs amor, es duda?»
~No, el amor tiene gemidoi;,, pero trae aleluyas, sonrisas de ángel: y el engE:ndro de las
tinieblas, la duda en el saber, es triste, es
nostálgica, nunca maldice.,,
Y Psiquis 'gemía, enferma, muy enferma; y
el viejo Essenio enjugó los turbios ojos, tur

LA MUERTE.
La fiebre aument&lt;tba por momentos; mi
sangre,como un torrente de lava corría aceleradamente por mis venas y la 'vista se me
anublaba mffes y más cada instante, hasta el
punto de que apenas si distinguía al médico
que con i:eloj en mano contaba mis pulsacio~
nes, y al grupo de personas queridas qur. es~eraban anhelantes la opinión del facultativo.

1

*

Frente y escalinata del supuesto te,nplo de Tulum,

j

1

r

Un Desembarque en el " Campamento Vega."

las ruinas de un antiquísimo edificio que se
supone haya sido templo consagrado por los
primitivos pobladores de aquella comarca á
alguno dr. sus dioses, y que aparecen, tal como se ve en las fotografías que ofrecemos á
nuestros lectores, destruidas en gran parte por
la acción del tiempo. El Sr. Gral. Victoria-

tes de las fachadas. En el interior de las ruinas fué encontrado, entre otros objetos que indudablemente pertenecieron á los indios, un
ídolo de piedra.

***

.Paia completar la serie de fotografías que
venimos publicando, con relación al Territo.

A LULU.
:No vayas al campo;
los lirios, los nardos que cree.en allí,
al verte tan blanca, más blanca que un ampo,
que un copo de espuma, que el lirio del campo,
se van á morir,
de envidia los nardos, los lirios de celos;
porque eres más blanca que el nítido tul
del traje de novia; que todas las plumas
de todas las garzas que cruzan los cielos ....
No son las espumas,
los cisnes, las hostias, los sueños del niño,
la piel del armiño,
el alma de un ángel más blancos que tú.

*

No vuelvas los ojos-te dice la estrellaal cielo sin fin;
la luz de tus ojos es fúlgida y bella;
no mires al éter .. .. Yo sé de una estrella
que muere de amores .... y muere por ti.
Tus hondas pupilas
son grandes, muy gr.a ndes. No tiene el azur
celajes más limpios. Las·aguas tranquilas
do moja la luna sus albos cabellos,
los rubios destellos
de todos los soles no tienen más luz.

ldolo encontrado en Tulum.

~io~ como el cristal que regaza á los vahos del
mvierno.

Una mujer pálida, muy pálida, envuelta en
blancas y vaporosas vestiduras, se acercó á mí
lecho cor, paso silencioso. Un estremecimiento de alegría agitó mi cuerpo al contemplarla.
Era ella la amada de mis ensueños la amada
imposible.
'
Sus labios eran finos y delgados y en ellos
parecía aletear un beso casto é ideal, un beso
en que no ardía el fuego impuro de los besos
que manchan y queman.
Sus ojos oscuros y profundos, tenían la
atra?ción misteriosa del abismo que incita á
arroJarse en él, y el vago y misterioso encanto de lo desconocido. Y ella, tomando mi cabeza entre sus manos,~me d;;o con voz suave

y melodiosa: ceYo soy la mujer que tú suefias
la mujer que esperas tanto tiempo; yo he es'.
cuchado tus ruegos y acudo á tu llamado para h3:blarte de 13: dicha suprema, que no' conocéis los que vivís envueltos en los torbellinos de las mundanas pasiones. Pronto celebraremos nuestras nupcias eterna~, bajo los
mármoles blancos, á la sombra ele los saucea
llorones y melancólicos. Adiós hasta entonces,amado mío?i,
E imprimiendo en mi frente afiebrada un
Leso frío y delicioso, desapareció sin que pudiera estrecharla entre mis brazos.

····················································· .. ...

En la candileja agonizante, como espíritu
que acaba, rondó y rondó alado insecto, hasta
alcanzar la muerte.
«Ah!-gimió el filósofo estoico y pensador,el escarabajo me enseña más que la ciencia de
los hombres y que la clemencia de los dios~s: tú, oh hiquis, como el insecto miserable,
tienes hambre de luzlii
Y murieron Psiquis la pálida y Essenio el
terapeuta, de morbosidades ignotas, de ignoradas cuitas.
PIERRE LoUYs.

*

Si vienes al valle,
los vientos que pasan te van á decir:
es. reina, tu t~lle
·
esbelto lo mismo que el junco del valle,
y breve y gracioso como un colibrí.
Las verdes palmeras,
las hojas más finas del alto abedul,
con ser tan afrosa.s, con ser tan ligeras,
no son como tú.

*

Acopio de materiales para el Ferrocarril Militar.

Yo sé que tus manos
son obras maestras de un arte sutil,
prodigios de carne, jazmines enanos;
no tienen las manos
las hadas i.sí.
No hay joya, no hay cáliz, no hay mármol, no
(hay nieves,
no hay concha en el seno del piélago azul
más níveos y puros. Tus manos tan breves
parecen jazmines de carne, Lulú.

*

Volví en mí. En los semblantes ele todos
los que me rodeaban bri1laba la alegría. Me
había salvado.
El doctor me dijo que al ponerme en la
frente un pedazo ele hielo para hacer disminuir la fiebre, había recobrado. el sentido. Pero yo no le creo, pues ha sido ella, estoy seguro, que ha venido á mi lecho y me ha besado..
P?r eso estoy pálido: pálidos son los prometidos de la amante de los besos de hielo
cuya cita espero tanto tiempo para celebra~
nuestras nupcias eternas bajo los mármoles
blancos y á la sombra de los sauces llorones y . \
mela.ncólicos. -CARLOS HEGARD.
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 17 de Mayo de 1903.

que con mi amiga
no aliviaré.
N. F. DE MORATÍN.

SOLEDAD.
I
Declina el día. ..... .
Es la hora melancólica en que se
perciben esos vagos rumores salidos del seno de la tierra y que parecen el estertor de agonía. de las
cosas creadas ..... .
¡Todo muere!
Hasta el astro rey, hundiéndose
tras la~s montañas y difundiendo
sus últimos rayos, parece la cara
de un muerto ....
¡Oh tarde majestuosa! Al ~ontem:
plarte, siento que se dulcifica mi
ser y que mi alma se recoge y vuela por un instante en alas de ensueños extra.humanos. ·

EL MUNDO ILUSTRADO.

himno de gratitud á su omnipotente
Hacedor.
Sus labios murmuran una. plegaria.. Después, obsesionado por un.a.
idea. dolorosa, se levanta. suspirando:
-¡Ay de mí!, ¡cuán dulce resuena
aún en las profundidades de mi _alma. su adorada. voz! ¿Por qué, Dios
mío me privaste de mi única felicidad' sobre la tierra?
Llorando siempre, llorando lágrimas acerbas, dirígese á una habitación herméticamente cerrada.
Con mano insegura abre la. puerta
y penetra. en la. estancia con el respeto con que se entra. en un santuario.
Un olor capitoso de flores fresca.~
y secas sa.tu.·a. la. atmósfera del pequeño cuarto, parecido á una tumba por el silencio y 1~ lobreguez
que reina en él. Este m~smo pensamiento debe asaltar, sm duda., la.
mente del anciano; porque, estremeciéndose de pies á. cabeza, ~orre
á abrir una ventana. Los últimos
resplandores de la tarde pen~tran
por ella súbita.mente, p~od~ciendo
una maravillosa combinación de
matices.
.
Pero ¡ah!, lo más digno de admiración es el retrato de una hermosa
joven cuya fisonomía parece animada'en aquel instante por la refracción de la luz. Los OJOS del anciano se clavan ansiosos en ella, Y
los de ella, hermosos y tristes, parecen fijarse también en él ~on expresión inefable.

El 1;110 Bueno vti 1;110 mato.
'j

:r

•

III

6.-Elegantes sombreros de primavera.

Ha anochecido.
.
El anciano seguía contemplando
el retrato y Dios sabe cuánto tiempo habrí¡ permanecido en. e_sa actitud si la voz de una v1eJa y fiel
cri~da no le hubiera sacado de su
ensimismamiento,recordándole que
era hora de recogerse.
-Adiós, Olga mía-murmuró;no sabes cuán amarga es para mí
esta vida transitoria, no viéndote á
mi lado. ¡Coántas veces he deseado
la muerte en medio de esta espantosa soledad! Para mí la felicidad
no existe, hija mía. ..... .
Y agregó, exhalando un ronco
gemido:
. .
,
-¿Ni cómo ha de existir para ~1
la felicidad, si fué enterrada contigo en la misma. fosa?
Y salió de la. 1:1sta.ncia con inseguro paso, cerrando tras sí la
puerta.
JUANA LóPEZ CARRILLO.

PBIJIIAVEB.A.
Na.cara.do crepúsculo amanece,
amanece pomposa primavera;
dora el sol en su rápida carrera.
el ambiente y el suelo que enriquece;
y dora el cauce que sus aguas mece,
las espigas tupidas de la. era;
de lúz inunda la creación entera;
grato calor Apolo nos ofrece.
Y fulge la radiante luz del día,
que invade hasta la. bóveda. sombría
del antro que está obscuro cual
averno;
pronto cede, no obstante, su osadía.:
cual la vejez,y con escarcha. fría.,
ha de llegar el aterido invierno.
CANDAMO.

8.-Trajecito infantil para niña
de 6 á 8 años.

9.-Barrendero con guarniciones de cordoncillo.
CONSEJOS.

II
Vese á lo lejos una humilde y solitaria casita, medio oculta por corpulentos ár~oles . . Com? en los c~menterios, simétricas hileras de cipreses cuadran el patio, y una trepadora yedra. cubre parte de la.
galería..
Los pálidos reflejos del sol poniente bañan la. casita, dándole un
aspecto fantástico.
Un soplo de aire levísimo, al mecer la yedra., hace que la. vista. se
aparte con horror de aquel sitio,
porque aquella. yedra., cubierta de
una negra capa de polvo, semeja
multitud de enormes a.rañas entrelaza.das, moviéndose simultánea.mente, como si se entregaran á una
danza. macabra.
Más allá, dos grandes árboles,
secos y de color ceniciento, parecen
dos gigantes petrifica.dos, abriendo
los brazos en actitud a.mena.za.dora.
Todo y,a.ce en calma.. Sólo de vez
en cuando turban el sepulcral silencio que reina en la. misteriosa. ca.sita
los a.compasados pasos de un venera.ble anciano, que extasiado en la.
contemplación de las mara.villas
celestes, acaba por caer de rodillas
sobre la. tierra.
Gruesas lágrimas ruedan por sus
pálidas y hundidas lll:ejilla.s. ¡Pobre
a.ncianol; una. pena. inmensa., profunda., lacera su alma.
En esa. actitud hierática., parece
la bella. y triste personificación de
la Naturaleza. elevando el último

Domingo 17 de Mayo de 1903.

Quieres casarte, buen Juan,
y pides con impaciencia
consejos á mi experiencia.:
no es así? pues allá van.

Había una vez dos hermanos: el
bueno y el malo. El primero era
uno de esos imbéciles que figuran
entre los mejores alumnos de su clase. Sin ninguna idea. personal é incapaz de reflexión, hacía con' indiferencia. todo cuanto le mandaban
hacer y era en extremo a.plica.do.
Como carecía de imaginación, se
había llenado el cerebro de fórmulas hechas, que no siempre comprendía, pero que en momentos da.dos le prestaban un grandísimo servicio.
Sus padres estaban orgullosos de
él y decían:
-¡Es una criatura excelente!
El segundo era la desesperación
de sus profesores. Su inteligencia.,
siempre despierta., no podía fijarse
en los adocenados programas del
colegio y había materias que le inspiraban una repugnancia. invencible. Otras le gustaban; pero las comentaba. de tal modo, que desconcertaba con sus palabras á sus rutinarios maestros. Siempre soñador y corriendo en pos ue alguna
quimera, no hacía caso de las explicaciones que se daban en clase,
por cuyo motivo era castiga.do con
frecuencia.
Sus padres estaban disgusta.dísimos con él y decían con amargura.:
-¡Demonio de muchacho! ¡Qué
malo es!
Cuando los dos hermanos estuvieron en edad de elegir carrera.,
sus padres trataron de hacerles ingresar en la Administración pública..
El hermano bueno aceptó con entusiasmo la. proposición, sin duda
para evitarse el trabajo de meditar. Y como temía la lucha por la
existencia, se dejó tentar por la
perspectiva de una vida tranquila,
sin brillo, pero sin sufrimientos;
sin grandes provechos, pero sin peligros de ningún género.
El otro, que no trataba de evitar
ninguna clasede responsabilidades,
prefirió emplear de un modo distinto su a.cti vid ad. Sus aficiones le
a.rra.stra.ba.n al estudio de la pintura.. En vano sus padres le manifestaron que aquello era un capricho
pasajero, y que se forjaba ilusiones engañosas acerca del porvenir.

. .1 . , .

.

"
,!

12.-Colecci6n de trajes para "sport."

'

\

Estos son, ansias, desvelos,
temores, citas, desvíos,
trasnocha.das, desafíos
· y peloteras y celos.
Amanece con el día
y vela; no hay más recurso;
yo, de novio, estudié un curso
completo de astronomía..
Decídeste á ser esposo;
y sufres, que es la. más negra.,
de la veterana suegra
el examen codicioso.
Entra el gasto, es cosa obvia.:
y te exprimen sin piedad,
cuando no la vanidad,
los caprichos de la novia.

7,-Trajes de la eatacl6n, para paseo.

A, G. GUTIÉREZ.

..

1

7

Oye: tiene mil azares
eso de tomar mujer:
por el pronto, suelen ser
malos los preliminares.

Llegamos al desposorio:
da s el suspira.do sí.
Gracias á. Dios I hasta a.q uí
has pasa.do el purgatorio.
Mas preso en el lazo tierno
tu amoroso afán reposa.
Ay! Juan esto es otra cosa:
como que' empieza. el infierno.

'

11,-Colección de sombrillas para primavera,

El hijo malo no quería que na.die
se ocupa.se en labrar su felicidad.
Para. ello era condición indispensable que se respetase su vocación.
Y, fuesen las que fuesen las dificultades que se le presentasen, prefe•
ría arrostrarlas todas á. renunciar
á. su ideal.
El hijo bueno llevaba una vida
en extremo regular y metódica.. Diaria.mente partía á la.
misma. hora para su
oficina.. Al llegar á
su despaho, se sentaba con el mismo
monótono m o vimiento, y comenzaba. á esperar pacífica.mente la hora de
salida.
Durante el curso
de aquella.vida.neutra logró disfrutar
de lo que pudiera.
llamarse una felicidad perfecta.. Y
hasta llegó á interesarse por una serie de pequeños detalles que le proporciona.ron un placer
no sospecha.do al
ingresar en la carrera. administrativa. No había día en
que no arrancara
con verdadera delicia la hoja de¡
calendario. Antes

de tirarla. al suelo, leía el contenido del dorso y luego se permitía
echar una mira.da á. la página:siguttmte.
Este ejercicio le proporcionó infinidad de conocimientos de indiscutible utilidad: los aniversarios
históricos, las fases de la. luna, número de días transcurridos desde
el comienzo del año y de los que
faltaban hasta el 31 de diciembre,
las fiestas religiosas y el nombre y
las señas del impresor.
Su sitio se distinguía. por una.colección de reglas, de corta.plumas,
de lápices y de gomas, alinea.dos,
según su tamaño, con una corrección absoluta.
Indudablemente se había aficiona.do de un modo especial á los ohtos de escritorio.
Conocía hasta diez y siete maneras de cortar lápices, y hacía mil
combinaciones ingeniosas para
convertir un periódico en varios
objetos de aspecto deco1·ativo: paja.ritas, barquitos, saleros, abanicos y acordeones. Sus uñas se perfilaban en puntas maravillosas.
Los padres estaban encantados
ante aquella. vida. tan ordenada.
En la mesa hacían á su hijo muchas
preguntas acerca de su trabajo y
de su jefe, y á fin de mes se regocijaban ante la idea del dinero que
el chico había ganado con el sudor
de su rostro.
Así es que el padre decía con frecuencia, lleno de orgullo:

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 17 de Mayo d'e 1903.

--¡Ese muchacho hace honor á la
familia!
Y la. madre añadía:
-¡Estoy segura de que hará una
gran carrera.!
El hijo malo llevaba. una vida en
extremo desarreglada. Como no tenía ninguna obligación que le llamara fuera de casa, solía quedarse
en ella por espacio de mucho tiempo. Muellemente tendido en un sofá, tomaba notas acerca de lo que
había observado en la. sociedad, ó
leía excelentes libros, deseoso de
utilizar con gran provecho su inteligencia.. Pero como no ofrecía la
impresión material de una actividad visible, sus padres creían que
pasaba el tiempo sin hacer nada.

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mil veces más importante que 1a fortuna.
Quería pertenecerse á sí mismo,
ó no ser nada, y las privaciones
que se le imponían no lograron
aminorar sus entusiasmos juveniles.
Sus padres vertían en secreto
abundantes lágrimas.
El padre repetía con tristeza:
-Ese muchacho es un haragán
que no sirve para nada. ¡Qué desdicha tan grande la de tener un hijo así!
Y la madre añadía:
-¡ Esa criatura nos hará morir
de pena!

EL MUNDO ILUSTRADO.

II
Al cabo de diez ai!os, el hijo bueno ganaba trabajosamente tres mil
francos anuales.
Descubierto, alentado y protegid?. pot· un aficionado muy rico, el
h1¡0 malo marchaba rápidamente
por el camino de la fortuna y de la.
gloria.
Pero sus padres habían muerto,
sin sospechar jamás el maravilloso
cambio que en su hijo se había de
operar con el tiempo.
Dejaron de existir, teniéndolo
siempre por un hombre incapaz de
sacramentos.
E. ÜSMONT.

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13,-Monogramaa para bordados.

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Dooningo 17 de Mayo •d e 1903.

EL VELO.

11•

. ,·&lt;·&lt;f
'•. 8&amp;

o&gt;

A.
."

Decían de él que no tenía el fuego
sagrado propio de los hombres de
provecho.
Cuando durante el día pensaba.o
en su hijo, no podían imaginárselo
inclinado sobre una mesa trabajando. No habían logrado que se ocupara en algo, v semejante situación
les tenía el alma llena de terribles
angustias.
A veces, para ver si abandonaba
su conducta y se corregía de un
modo definitivo, le cita.bao el buen
ejemplo de su hermano.
-¡Ya ves-le decían-cómo sabe
ganar dinero!
Pero el hijo malo se limitaba á
sonreírse desdei!osamente.
El interés de su vida le parecía

Los que :vivimos continuamente y
de largo tiempo en ciudades mny
populosas, conocemos caras que no
sabemos ~ quién pertenecen; sostenemo~ asiduo trato de vista con desconoc1d&lt;;&gt;s, verdaderas amistades
de lo_s o¡os, las cuales no han ascendido nunca al saludo.
Nos codeamos á diario con ellos
en los grandes. círculos, en teatros
y _paseos; seguimos paso á paso su
vida: :vemos _hacerse mujer á la que
conocimos niña, y hacerse vieja á
]a que conocimos mujer; podríamos
1r contando las canas que aparecen
y progresan en laque fué abundante
cabellera; desilao á nuestro lado
unas veces con los atildamientos d~
una rica elegancia, otras veces con
el traje IJ?ªl traído de descuidada
decadencia; ayer á pie; 1uego en coche. La que vimos soltera, se nos
reaparece un día rodeada de juguetones chiquillos, ó quizá se nos presenta soltera la que creíamos casada. Gentes, en fin, juntas siempre
con _nosotros en la peregrinación de
la vida, y sepa.radas por la barrera
de la etiqueta social. No ele otra
suerte los árboles que bordean el
camino se estáp viendo siempre sin
tocarse jamás.
Ramoncito Sáuchez, que Ramoocito le llamaban todavía sus coetá•
neas, aunque l'ª le podrían llamar
don Ramón por su madurez, tuvo
una amiga de la clase de esas íntimas desconocidas. Habíala visto
nacer al mundo social siendo él estudiante y ella una chicuela recién
vestida de largo. Era una hermosa
criatura, esbelta, de porte distinguido, de grandes ojos azules, rizoso pelo rubio, facciones de escultura. griega, tez límpida, suave, inmaculada. Esa tersura de su piel rosada constituía su principal y más
notable belleza. ¡Lástima que medio la encubriera. el velo de tul que
envolvía perpetuamente su Clara!
Acompañábalaá toda.hora sumadre, que tal debía- ser aquella buena señora, por el parecido de las
figuras y la diferencia de las edades.
Pasaban los inviernos, llegaban
los veranos, se iban los veranos,
volvían los inviernos, y la niña cambiaba de traje, pero no cambiaba de
bet·mosura ni pasaba de soltera.
Siempre la misma; siemp1·e con su
madre; siempre con su velo de tul
prendido del sombrero por lastardes y las noches, en paseos ó teatros; caído de la mantilla por las
mañanas, en las misas de las Calatravas. Y así anduvieron, iguales,
monótonos, muchos otoños y muchas primaveras, y la nii!a, siempre, siempre con su madre y con su
velo.
A fuerza de bailarse Ramoocito y
la desconocida, se miraron, y á
fuerza de mirarse entraron en gana
de conocerse. Nodiremosqueaquel
deseo fuera amor, aunque pudiera
ser su semilla. Por entonces era sólo conveniencii,. de romper aquel
grande y lat·guísimo silencio, ya
embarazoso, como el de dos personas que hacen juntas un viaje circular, encontrándose en todas las
estaciones y en todas las ciudades.
Pero nunca hubo una mano tercera que pusiera en contacto las corrientes paralelas de aquellas dos
vidas que iban pasándose.
Una casualidad- no importa cuál
fuera-trajo la ocasión, y Ramón y
Teresa se trataron. Pero todavía.en
público, en los paseos y en los teatros. Aquella amistad, aquel afecto, aquello que luego fué amor, parecía destinado á luz permanente;
había nacido en la calle y tenía que
vivir en la calle.
Pero aquello ¿fué amor? Lo fué á
la manera que lo es en el otoño de
las existencias: pálido, como el sol
que se pone; seco, como las hojas
que se caen.
Ramón y Teresa no eran ya jóvenes cuando se amaron; habian gastado la juventud mirándose. Y como antes habían andado el mismo
camino, á compás igual, guardaban entre sí la proporción debida.
Podían mirarse sin orgullo ni hu·
millación, sin echarse en cara una
arruga de más ni de menos. Talpara cual. Además, la costumbre de

14.-Talles de Primavera, para señoritas.

verse atenúa la vejez y desarruga
fll cutis. De modo que ellos se sentían tan frescos y rozagantes como
se conocieron.
No dejaba de extrañar á Ramón
que ni madre ni hija le ofrecieran
la casa, á pesar de las relaciones
formales que los ligaban. ¿Qué razón lo impedía? ¿Habría algo que
ocultar? Picado por el misterio
Ramón quiso aclararlo.
'
-Mamá-respondió Teresa -no
permite que éntre en casa hombre
alguno si no es para llevarme á la
iglesia. Dice que la antesala es la
vicaría y I a. tarjeta de anuncio el
expedien·te matrimonial.
-Pero esa severidad tendrá su
causa. Tal vez algún novio arrepentido, informal. ...
-No be tenido más novio que tú.
Son manías de señora del antiguo
régimen.
Ramón, que era hombre formal,
gustó de aquellos escrúpulos debot1estidad exagerada, y pidió la mano de Teresa, empezando el arreglo
de papeles para casarse.
Y entró á la casa de su futura.
¡Qué desencanto! El velo, aquel eterno velo de tul muy moteado no tapaba entonces el rostro de Teresa;
seguía siendo correctísimo, de hermosas líneas; mas aquel cutis aterciopelado, que era su principal hechizo, apareció manchado de grandes pecas, basto, tosco y como cribado por abundautísimo~ hoyos,
reliquias de la viruela.
Ramoncito se explicó ya el uso
constante del velo y la resistencia
de dejarse ver en la desnudez casera mientras el novio no tuviese,para anular el mal efecto,ese otro velo que el amor pone en los ojos del

rostro con la marca de las desdichadas. Cuando me miré al espejo
sentí la desesperación de los conde'.
na.dos. No me volví loca, no sé por
qué; pero me volvímalá, bien puede
verse por qué. Allí acababan todos
los sueños, todas las esperanzas de
la vida. Las viruelas curadas en el
cuer~o se me retiraron al corazón.
Me hice otra de un golpe: envidios~, vengativa, iracunda. Aquella
mi!a dulce y angelical, rubia de alma como de pelo, llevó durante a.1guno,s años una fiera dentro. Todos _bufan de mí: no tuve amigas,
nadie me trataba, era insufrible y
h_abría _sido definitivamentedesg;ac1ada s1~ un día de lucidez que interrumpió aquella locura frenética·
a.dvirtie1:1do que con el velo podí¡
pa~ar m1 cara, comprendí que necesitaba velar tambi~n mi espíritu
con otro velo que disimulara. sus
defecto~, hoyos y manchas. Ese velo no es otro sino el de la educación•
emprendí, pues, la educación del al:
ma con tal consta.ocia y la corregí
con tal firmeza, que nadie ve hoy
la tosquedad y asperezas del semblante moral de aquella oii!a en esta mujer suave de palabras y de
sentimientos, rubia de alma como
de cabellera. Temía que me vieras
sin el velo de I a cara; por eso la he
escondido siempre á tus miradas.
No temo que me veas sin el del espíritu, por que ese velo va ya tao
pegado á él; que aun queriendo quitármelo no lo conseguiría. La costumbre de vencerme ámí misma me
ha vencido. La educación ha formado en mí otra naturaleza. Y a.hora escoge entre mis dos caras y dime qué te parece mejor: ¿teu~r que

f~;tf;;:~~~ii~~~sv~~f:e;~u~~fc{~~ F.: '"L ·0--~:2_:.~,~--1..■::i~.:f ' ?y:, -! '

EUGENIO SELLÉS.

El Ruiao at las tampanas
De la campana el din-don
O, si queréis, el dio-dan
A los que en la torre está.o
L?s aturde con su son:
81 en aquella confusión
Se hablan dos .... ¡mal hay a amén,
Por muchos gritos que den,
·
No logran verse entendidos·
Mas tápanse los oídos
'
Y entonces se entienden bien.

*
De modo análogo el mundo
Mata con su ruido atroz
De la conciencia la voz
Del pecho en lo más pr¿fundo.
Mal es_és~ sin segundo,
Que exige igual experiencia:
Sólo el sordo en su presencia
Es el que Uega á entender
Los avisos del deber
Y el grito de la conciencia.
M. PRÍNCIPE.

~

J

El novio no hizo demostración externa de su desencanto.
Teresa atacó valientemente la :
cuestión antes que la cuestión se le
.
viniera encima.
-Te desagrada la verdad-dijo;
-te desencanta el verme como soy.
Auuque lo ocultes por cortesía, lo •
conozco; y aunque no lo conociera,
me explico el desengaño y Jo encuentro natural. Pues has de saber
que llevo todavía otro velo m{1s tupido. No debo reservar nada al que
va á ser mi marido; si lo hiciera,
sería una mala mujer. Oye mi historia, y no t'e asustes, que no afecta mi decoro. A los quince años
contraje esta horrible enfermedad
que de¡ó para siempre señalado mi

oculta~te la del cuerpo, ó tener que
encu~rir los verrugones, arrugas y
lacerias de la del espíritu?
Ramón escogió sin vacilar. Se
casa.ron y fueron felices, porque
Teresa era realmente como se había
~escrito. Aparecía encantadora baJO sus dos velos: el de tul, que favorece la tez, y el de la educación
social, que enmienda las fealdades
groseras de la naturaleza humana.

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. ...
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15.-Detalles de tejido para apllcaciones.

�Domingo 17 de

~

EL MUNDO ILUSTR&amp;DO.

de 1908.

deja en la esfera azulada;
la corriente de la vida
,:.qué deja en el mundo? Nada.
Que así cual rápidamente
se eleva, ca.e tu torrente,
y de la vida trasunto
vas á goza.r solamente
de vida en el aire un punto.
Viendo esa fuente serena
pensó olvidar sus enojos
el alma. de angustias llena;
del manantial de su pena ·
fuente le sobra. á mis ojos!
Y adiós! que en celos ardiendo
el volcán que mi alma abrasa
en vano apagar pretendo:
también mi vida se pasa
como tus onda.s: gimiendo!
De sesenta minutos
consta la hora,
y unas veces es larga
y otras es corta,
Quien no lo crea,
ten1;ra un día de goces.
y otro de penas.

PARA CURAR UM ffUFRIADO IN UN D1A

Tom&amp; las _paetlllu Luantea dt Bromo-Oalalaa.

11\l boticario le devolved III dlnito d 110 M cva.
La firma K. W, GrOft H baila u oada.oajba.

EL TESTAMENTO.

Dtl .1111110. Sr. Jlrzoblspo ittban.
Los bienes fueron valuados
en $ 125,000
La mayor parte de lo testado e ,.
alstia en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mútua"
Compañía de Seguros
sobre la vida, de Nueva York.
Hace pocos dlu que ae praetlc6 la
apertura del testamento del Iluatrfalmo
Sr. Arzobispo Don Patricio A. hüq
en la clu•at de Chlcago, IlllnolL La
lortuna dl dlstln¡uldo prela•o uceaU6 f. cerca de $125,000 oro amerlca■e;
1 seJ11D el Inventarlo que ■e ha p11ll'.lcado, loa blene1 que tej6 fueron ce1lcue:
Doa p6llzaa de ' 'La Mutua,' • Compallta. de Secu·
ro■ sobre la Vida, de Nueva York, por $25,000 oro
cada una, 6 sean. . . . $50,000 ero
Dlvl•endo■ aCU!!lU!a4o■

Valle de Bravo, Méx.,Enero2.
-Soy el primero en reconocer
-asegura el Dr. Vicente Beracochea, Médico Cirujano de la Facultad de Guadalajara, Jaliscola gran bondad y el siempre seguro éxito en la curación de las
afecciones pulmonares por la
Emulsión de Scott, pues en la
práctica de mi profesión, durante 11 años, siempre he encontrado una poderosa arma para combatir la tuberculosis pulmonar,
la escrófula, el raquitismo, estado caquéctico y debilidad constitucional, en las largas convalecencias, en la bien preparada
Emulsión de Scott que fabrican
JOB Sres. Scott &amp; Bowne.

1
u

1

tt~

• &lt;

.

10-

bre una Ce las póltsaa-. . 11,829 oro
Otra póliza de seguro. • • 14,000 oro
Acciones en efectlTo 1 en
Bancos. . . . . . . . . 87,000 oro
Entre laa • 1spoelclonea del aenor Arzobispo, en au testamento, ae hicieron
é■tas:
.
A au hermana, seftorlta Kate Feehu,
que estuvo siempre con él haata ■a
muerte, $40,000 oro en bonos 1 $25,000
oro lle una lle las p611zaa de ae¡uro ;
a la seftora A.una. A. Feehan, viuda del
11ellor doctor Eduardo L. Feehan, hermano del seflor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pólizas, 1 $5,000 oro en
efectivo ; A la Academia. de San Patrl•
clo de Chlcago, de la. que ea preceptora su hermana, Madre Marta Ca.tallna,
$10 000 oro lle la tUtlma. p611za.; l la
esc~ela ' 'Santa Marta' • de enaellanaa
prf.ctlca para varones, de Feehanvllle,
Illlnola, que era la. lnstltuc16n por la
que mli-B se Interesaba el aellor ~noblspo, se entregaron los $4;000 réltaD·
tes • e la dltlma póllsa..

1-

· ~~~:
·• --.-'

• •

.................................
..SANTA¡FE," LA MEJOR RUTA
ADenver, ;18Dsas City, Sl Lou.is, Cbicago, l'few York.
San Francisco y Los Angeles
___
~--,,.;,;;..

~

....
Elegante bata de casa.

Á UNA FUENTE
Ved sus soberbios caudales:
como plateadas centellas
los impetuosos raudales,
en guirnaldas de cristales
van á bordar las estrellas
O brotando confundidos
entre lirios y abedules,
van por las auras mecidos,
arcos de perlas,perdidos,
en los espacios azules.

Y apenas á orlar se h.treve
con su planta el firmamento,
menudos diamantes llueve
con sus penachos de nieve
engalanándose el v lento.
Ya su raudal espumante
la luz del sol centellante
baña en coral y topacios,
queriendo atar los es¡Íacio·s
con sus eintas de diamante.
Y matizando las flores
caen sus gotas, que al verterlas
tornasolan los albores;
pintan iris de colores
en la lluvia de sus perlas.
Ya inquieta rielando mueve
en caprichosos reflejos
las blondas de gasa leve,
ó ya con rizada nieve
orla quebrados e;;pejos.
Ya coronas argentinas
dibujan sus manantiales;
cóncavos caen sus cristales
sobre gayas clavellinas
tornasolados fanales.

,,.,,,.,.,.._.,...,.....,,,..,.,

♦

Ya sus hilos enlazando
los teje en trenza rizada;
ya su corriente quebrada
quejosa va murmurando
en sonorosa cascada.

,,¡

O ya con nudos de perlas
redes tiende al firmamento,
y el viento ayuda á tejerlas
y luego por no romperlas
se queda parado el viento.

Y á las luce! matinales,
entre albores de corales,
por el espacio, esplendentes,
van sus rizados cristales
en enroscadas serpientes.
Ya gfran veloz, surcando
cual cisne de nívea pluma
columpios del aire blando,
los espacios argentando
globos de rizada espuma.

1;-n
1

Ya ensortija entre crespones
su melena vagarosa;
ya de sus mismos florúnes
en soberbios borbot.ones
va murmurando envidiosa.
Ya en rizos abrillantados
nublando la luz del día,
se elevan ó caen lanzados
del cielo en aljofarados
diluvios de argentería.
Mas ayl que presto agotando
t us tesoros transparentes,
breves gotas destilando,
por tus perdidas corrientes
te quedas como llorando.
Como el viento, de pasada.
nada tu huella perdida

'

1.-Colección de trajes para casa y visita.

Explicación dt
nutstros grabados.

♦

Se reservan camas en Carro Pullmltn para todos los puntos
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,son renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á

.

w. s. FARNSWORTH.-Agente Generai.

ta. San Franolaoa, llt'ím. B, Mthclca,

!

a. F.

•••••••••••••••••••••••••••••••••

Número 2. El traje que representa
este grabado, es propio para paseos
campestres, no sólo por su color
cl aro y el adorno floral del som1?rero1 sino también por su senc1ll_a
confección. Aun cuando ésta, á primera v ista, aparece un poco complicada, no lo es, pues basta un
doblecuellohombreras de campana,

ribeteado en la parte anterior, con
cintillas maravillosas. El escote, en
pico,secubrecon encaje de Alenq6n,
y un pequeño broche de pasamanería, de cuatro puntos, da nacimiento á una pequeíla corbata de encaje
remat a0a en peq uei'las borlas. El
corpii'lo se tablea en el frente y blusea en los lados. Un cinturón de
seda negra, rematado en su parte
delantera y en el centro por un broche metálico, rodea el ta.lle. Las
mangas se hacen llegar un poco más

abajo del codo, y desde este punto
principia. el puño, de finísimo enea.je, que casi cubre por completo las
manos y que lleva en el centro-una
aplic!,lción de seda. igual á la del
cinturón. La falda se tablea en dos
en la parte delanter·a solamente·, y·e1
resto es liso, llevando únicamente
en su parte inferior t.os superposiciones, á manera de cenefas, de la
misma tela.
Número 3. El hermoso saco de
punto y seda que representa. nues-

tro grabado, se corta según los
mismos moldes de matinée y se arre,?la de modo que el ancho cuellohombreras caiga en forma de esclavina, tanto en la parte anterior como posterior del cuerpo. Una corbata formada con cintas de terciopelo, cae desde la parte superior del
cuellohombreras, y una gasa de
seda cubre la parte superior del
cuello. Las mangas debe procurarse que sean lo más anchas posibles
en su parte terminal.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, Para el hogar, 1903, Año 10, Tomo 1, No 20, Mayo 17</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Talles de primavera</name>
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                    <text>Domdingo 3 de Mlaiyo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

y la coquetería, que se traduce por
el deseo de agradar; ésas son nuestras armas.
El divino Sófocles pone en los labios de Antígona. el verdadero concepto de mujer, cuando exclama:
&lt;Yo para amar nací,nopara odiar;&gt;
y el inspirado Espronceda, al que
se le ha at1·ibuído tanto de lo que
no escribió, hace decir á un héroe
de &lt;El Diablo Mundo,&gt; dirigiéndose á un salvaje amante:
&lt;Llevar un ramo de flores,
mejor que un puta! te cae.&gt;
Pero dejando digresiones nacidas
del título de este artículo, vamos á
ocuparnos de las «armas&gt; de que
pienso tratar.
La &lt;toilette&gt; femenina es un arte
verdadero; combinar los colores
para que la. figura alcance el .náximun de intensidad sin destruir la.
armonía, y hacer que los matices
de las telas y adornos se combinen
con la. tonalidad del cutis, de los
ojos y del cuello, requiere condiciones de verdadera artista.
Pero aún más que las líneas generales, tienen importancia los que
hemos dado en llamar «pequeños
cleta.lles.&gt;
En el zapato, el pañuelo, el manguito, el quitasol y el abanico, se
encuentra siempre la distinción
completa. entre la dama. verdadera.
y la que aspira á imitarla..
Hoy que las brisas primavera.les
llegan hasta nosotras, voy á ocuparme de los abanicos y de las sombrillas.
Unos y otras son verdaderas armas femeninas que aumentan la.
gr11;cia. y belleza. del conjunto de la
«toilette&gt; y revel a.n el gusto delicado de su dueña.
La industria moderna ha creado
preciosos y ricos modelos en abanicos y sombrillas.
Los bellos abanicos «imperio,&gt;
con sus vitelas sombreadas de lentejuelas de plata; los preciosos abanicos de gusto moderno, en los que
domina el brillante bordado de
cuentas de a.cero; los delicados bor23.-Blusa suelta con adornos de encaje.

dados de encaje, y los que ostentan
elegantes pinturas, lucen sus primores al lado de los sencillos japoneses.
Los varillajes de nácar, metal,
madera y marfil son preciosos, y lo
más notable son los precios,que ponen las más lindas imitaciones al
alcance de todas las fortunas, atestiguando así las ventajas que nos
reporta la moderna industria..
Las sombrillas bordadas á mano
constituyen el celou&gt; de 1a. novedad,
y las hay de los colores y matices
más delicados.
Siguen también disfrutando el favor de la moda las sombrillas lisas
y con adornos de eneaies cal a.dos,
representando formas de pájaros,
lazos y mariposas transparentes.
Para las señoras de cierta edad,
nada más á propósito que los centout-cas,&gt; de riquísimas sedas y
suaves colores.
Otra. novedad modernista presentan este año los quitasoles, los púños de plata, metal y esmalte, de
un trabajo primoroso.
El puño de acero de Eibar con
sus lindos a.damasquinados de oro,
verdaderos é imitados, gozan del
favor de las damas; cuyas delicadas manos resaltan con suma blancura sobre el obscuro y bruñido
metal.
Estas son las armas de que hoy
pensaba hablar á las señoras, y segura de no infundirles miedo, creo
que padres y esnosos se apresurarán á proporcionárselas.
¡Oh pretendida debilidad de la
mujer, que eres fuerte con el trozo
de nácar entre las manos!
LA VIZCONDESA
DE CHATEAU D'EAU.

A UNA ROSA.
Vagando en el prado un día
En que la multitud de flores
Sus diferentes colores
Ostentaban á porfía.

anciano, que lentamente volvió á
sentarse en su banco de piedra.
Se cambiaron caballos; los sirvientes del grao señor habían arrojado debajo del carruaje algunos
restos de su espléndido desayuno:
los perros del pobre y del soldado
se precipitaron encima¡ los caballos partie1·on ...... uno de los perros fué aplastado .... era el del pobre. Lanzó un grito, y su última mirada fué para su amo, !,. ue arrodi·
Hado cerca de él, no podía hallar
una lágrima.
-Tomad, buen hombre- le dijo mi
hermana, y dos monedas rodaron á
un lado¡ no les prestó atención,contemplaba á su perro.
El soldado lloraba y parecía indeciso¡ en fin, pareciendo hace1· un
esfuerzo sobre sí mismo, se acercó
bruscamente al anciano, poniéndole
en la mano la cuerda que ataba á
su perro, y le dijo:
-Tomad, buen viejo, luego voy á
llegará la choza de mi padre..... os
dejo á mi fiel Medoro. Adiós:
Y enjugando sus ojos con el revés de su mano mutilada, tomó su
saco y se fué precipitadamente.
El pobre acariciaba :í. su nuevo
compañero; pero sus miradas estaban siempre fijas en el cuerpo de su
pobre y viejo perro.
Mi hermana me dijo:
- Ese soldado es más afortunado
que nosotros: ha dado un amigo al
infeliz..... nosotros no hemos podido ofrecerle más que dinero.

Explicadón dt

nuutros grabados.

G. CARBÓ.

PARA CURAR UN R!IFRIADO I N UN D1A

Tome _las pastilla■ Launt• de Bro m ~
BI botu:wio le devolved: ■u dinero 11 110 ■e can.
La firma K. W. Gran N halla u ceda oajla.

Cuandoun médico eminente dice
que ha usado un preparado por varios afios, no hay lugar para dudar de la eficacia de ese preparado. Las siguientes palabras son
del Dr. D. J. R. Icaza, de la ciudad de México:
«Tengo la satisfacción de decirles que hace varios afios he recomendado á muchos de mis enfermos la Emulsión de Scott y estoy
convencido de que esa preparación
es un buen tónico reconstituyente
y tiene la ventaja de que muchos
niños la toman con verdadero
gusto."

Dtl Tllmo., Sr. Jlrzobispo J «ba1.
Los bienes fueron valuados
en $ 125,000
La mayor parte de lo testado e, .,.
slstía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mútua"
Compañía de Seguros
sobre la vida, de Nueva York.

Hace pocos d1u que sé practlc6 la
apertura del testamento del Ilnetrfalmo
Sr. Arzobispo Don Patricio A. Feellu
en la eluda• de Chlcago, Illlnola. La
lOrtUDa di dlstln&amp;11ldo prela•o uceadlG 11. cerca de $125,000 oro amerlca■o ;
7 segO.n el lnnntarlo que ae ha pub'I·
cado, los bienes que •eJG fueron como
Jlgue:
Dos pGllzas de • 'La Mutua,' • Compa111a de Besoroa sobre la Vida, de Nueva York, por $25,000 oro
cada una, o sean . . . .$50,000
Dlvlllendoa acu!!lulados 80·
bre una Ce las pGUzas. • 9,829
Otra pG!lza de seguro. • . 14,000
Acciones en efectivo 7 en
Bancoe. • . • . . . . • 87,000

oro
oro
oro

oro

Entre las •1sposlclonea del aellor A'Zzoblspo, en au testamento, 11e hicieron
éataa:

ARMAS FEMENINAS.
Tranquilizaos, quel'idas lectoras¡
no pienso hablar de ninguna de
las máquinas de destrucción antiguas ó modernas, que por mucho
que se preseqten en formas delicaqas y encantadoras, yo 'no consideraré nunca. como armas de la mujer.
La mujer no tiene más armas que
las naturales; la gracia, la belleza

Su aroma. intenté aspirar,
Y le aspiré delicioso,
Y luego quise afanoso
Sus frescas bojas besar.
Lleno de loca alegría
La acerqué á mis labios presto,
Mas un gusano funesto
En su corola escondía..
Y cuando encontrar soñé
En su cáliz ambrosía.,
Del insecto que tenía
La ponzoña sólo hallé.
La apariencia me engañaba:
¿Quién dijera de esa. rosa,
Al mirarla tan preciosa,
Que un vil gusano guardaba.?
Así hay mujeres que son
A la faz der mundo hermosas
Y que ocultan cual las rosas'
Veneno en el corazón.

EL TESTAMENTO.

E. SUE.

Se reservan camas en,carro Pullman para todos los puntos
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,sol1 renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á

w. s. FARNSWORTH.-Agente General.
ta. San Franolsoo, llilm. 8, ltll,Jxloo,

a. 11.

••••••••••••••••••••••••••••••••••
loo

Domingo 17 de May-o die 1908.

. Una rosa allí encontré,
Cuya. belleza y encanto
Cautivó mi atención tanto,
Que á contemplarla llegué.
Me pareció de las flores •
Que perfumaban el prado
La. de olor más delicado
Y de más lindos colores.

A su hermana, sellorlta Kate Feehan,
que estúvo siempre con él huta • •
muerte, $40,000 oro en bonos 1 $25,000
oro de una de las pGJlzas de aesuro ;
11. la sellora Auna A. Feehau, viuda del
sellor doctor Eduardo L. FeehaD, hermano del sellor Arzobispo, $21S,000 oro
de otra de las pGllzas, 7 $5,000 oro en
efectivo ; 11. la Academia de San Patrl·
clo de Chlcago, de la que es precep~
ra su hermana., Madre Maria Catalina,
$10,000 oro de la 1l.ltlma pGllza ; i la
escuela • 'Santa Maria'• de enaellansa
prlctlca para varouea, de FeebanTllle.
llllnols, que era la lnstltuclGn por la
que mll.s se Interesaba el aellor .A.nOblspo, se entregaron 101 $4,000 reataJI·
tes •• la 1l.ltlma pGIIIL

Número l. Los elegantes trajes
de casa y de visita que representa
este graba.do, son de sencilla y
vistosa confección. El primero, de
falda lisa y con guarniciones de
cintas en su parte inferior, no lleva
más adornos en la blusa. que un
ligero tableado en la parte delantera, y botonadura de metal en las
mangas. Una corbata. de1;eda negra.
con gasa blanca en las extremidades, completa el adorno de este
· elegante vestido. Por lo que respecta
á los otros dos, de paseo, debemos
manifestar á nuestras lectoras que
las telas de estos vestidos son de poca.
resistencia y lo más ligeros posible,
en consonancia con la actual estación primaveral. Uno de los trajes
es sumamente original y vistoso, lo
cual se logra haciendo rematar en
picos el sobretalle, que ha de ser de
un color más obscuro al resto del
vestido. En la falda se sigue disposición análoga á la de la blusa.. El
último de estos trajes lleva como
único adorno un eleganti&gt; cuello de
encajes de guipur, y cuello, pujios
y cinturón forma.dos con cintas de
terciopelo negro.
Número 2. Vistosos y ricos trajes
de paseo propios para señoritas de
talle esbelto, y cuya confección tiene que ser muy cuidadosa para que
produzca el efecto que se desea. El
primero de estos trajes, de blusa
torera, lleva un magnífico cuello de
punto de Inglaterra rematado con
cinta maravillosa y fleco de seda.
El peto, de gasa de seda blanca,
tiene en su parte inferior un rosetón,
también de cinta maravillosa, terminado con fleco. Un ancho cinturón
de seda rodea el talle, y los puños
tienen un pequeño adorno de punto
de Inglaterra, igual al del cuello.
El segundo grabado representa un
traje de gasa de seda, color crema,
con anchocuellohombreras y canesú
de encaje, rematado en su pa1·te
inferior con dos aplicaciones de seda
y cordoncillo. La parte inferior de
las mangas, se hace rodear con
angostas cintas de encaje igual al
de los puños. La falda es enteramente lisa.
Número 3. El grabado representa
un elegante saco paletó con botonadura de concha nácar, mangas de
campana y bolsas cruza.das. El
cuello debe ser muy ajustado para
dar á esta. pieza de ropa el i_i.specto
de elegaDcia que la caracteriza. La
tela de este saco paletó, es de paño
color gris.
Número 4. Corpiño'J blusa_ para
niños de corta edad. El primero
lleva un triple cuellohombreras y
cintas de seda adornadas con grupos de botonaduras de metal. Un
cinturón de la misma tela del vestido, rib~teado con la misma cinta de
seda, rodea el talle; los puños se
confeccionan de manera de hacer
juego con el tl'iple cuellohombreras.
I,,a. blusa, para niños de7 á S_añus,
se tablea en la parte anterior de
mod.o deformar una angosta. pechera. El cuello doblado es de la misma
tela,y una pequeña corbata de color
obscuro complementa la blusa.
Número 5. Para este traje de paseo, semejante á otros qufl hemos publicado en números anteriores, de-

1.-Colecci6n de vestidos de casa y

ben ohserva.rselas explicaciones que
con toda oportunidad hemos dado
á conocer á nuestras lectoras. Un
ancho cuello de encaje inglés cubre
la parte superior del talle, y el
cinturón, de ancho listón de seda,
se ha.ce terminar por un moño, con
dos grandes bandas colgantes, en
la parte posterior del vestido.
Número 6. Sombreros de flores y
plumas, adecuados á la actual-estación calurosa. El que ostenta la
ancha pluma, debe llevar al principio de ésta un vistoso broche de
metal. Aparte de estos adornos,
sól-o se hace rodear la forma de paja
con gasa de seda, que se pliega con
gusto y elegancia. El segundo de

los sombreros lleva tan sólo adornos flora.les y de listones de seda.
Ambos sombreros son elegantísimos
y producen un efecto sorprendente.
Número 8. Trajecilo infantil para.
niilas de 6 á 8 años, confeccionado
con tela de poco cuerpo y arreglado
á los últimos figurines infantiles.
En la parte inferior del pequeño
traje se adhiere un lienzo de la misma tela, que se pliega y se adorna
con cintas angostas. Al cuello, con
pequeños adornos de enea.je, se le
hace tomar cierto vuelo en sus dos
extremidades, de manera de cubrir
los hombros. En la parte inferior y
delantera de este cuello, se ponen,
como único adorno, dos listones de

visita.

color semejante al del trajecito.
Por lo demás, el vestido no requiere
minuciosidades de ninguna especie,
y las niñas deben de llevarlo únicamente en juegos y paseos campestres.

El Grano de Arena.
En la playa dilatada
que baña la mar serena
ó rugiendo alborotada,
un tenue grano de arena
nada significa, nada.
Mas, si se llega á observar
cómo marca en un reló

�EL MUNDO ILU STRADO.
Domingo 17 de Mayo de 1903.

Domingo 17 de Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

el tiempo que va á llegary el tiempo que ya. pasó
par-a. nunca más tornar-. . ..
Exclama. el alma con pena:
-¡No r-uedes, grano de a.r-ena,
detente! que, en tu ca.ida,
quizás r-ompas l a. cadena
que une á la tierra mi vida.!
,S i a.l lado del Oceano
no es nada ese tenue grano,
también indica., en verdad,
dónde acaba el ser- humano
y empieza la. eterni dad!

•

E L MA~UÉS DE VIVEL.

SED DE 8L8BIA.

E l tío Esquilón adivinó más que
v~ó l a caída de la llave, y comprendiendo que estaba encel'I'ado stn escape posible, quiso cogerla al vuelo; á pique de estrel l arse, se abalan zó á detenerla. y la si&lt;Yuió con
estúpida. mirada en su d~sce nso.
Desp ués, rápido, veloz, anhelante
angustiado, corl'ió á la puerta del
campanario, la golpeó con todas
sus fuerzas, la molió á patadas intentó arranca.ria de cuajo. Tod~ en
vano; la cerradura. resistió al t r emendo empuje, y fallida su esper-anza de violenta.ria., 1·ugiendo de
ira comenzó á gritar el pobre hombre para que le abriesen, pero sus
voces se perdieron en aquella altura, y entonces, jadeante, fatigoso,
de strozadas sus ropas y llenas de
polvo y telarañas, con las manos
acardena.da.s y r-ota.s l as uñas, se

ta Ultima l;oJa.

111 mejor parte del alma!
Tú infundes sublime calma
y tristeza. bienhechora.!
Ay de mí! . .. . tu seductora
y celestial armonía
cuántas veces calmaría.
este afán que me devora.

Hoja, de tantas en pos
dad á un triste que os escoja,
Y comprenderán poi· vos
que es trist-e como uu adiós
la última boja.

A. LóPEZ DE AYALA.

Ay! cu ande el chopo aterido
rudo el aquilón despoja
con monótono ruido
siempre le arranca ~n gemido
la última boja .

ANACR EONTlCA
Hoy mi Dol'isa
se va á la aldea,
pues se recrea
viendo tl'illar.
Sígol a a.prisa·
cuantos placeres
Ma.otua tuvieres '
voy á olvidar. '

Pobre de gala y encanto
tal vez un libro se arroja
tal vez i nte1·esa. tanto
'
que se humedece de llanto
1a última b oj a.
S i bojas de fecunda palma

Que ya no quiero
más dignidades :
las vanidades
me quitó a.mor.
Ni fama espero
ni anhelo á nada·
sólo me agra da '
ser labrador.

E nt r-e l a bruma del monte
na.ce á lo lejos la nnbe,
á impul sos del viento sube
y atraviesa el h orizonte;
y va ma rcando su vuelo,
en lluvi a siempre fecundo,
con un arroyo en el mun do,
con una estr ella en el cielo.

Voy amoroso
para servirl a,
quiero segui rla.
por donde va.
Ver á el hermoso
tri6ro a marillo
l uego en el triÚo
se sentará.

En l as brumas del misterio
n ace e l hombre, y peregr i no
m a r ch a. á illlpulsos del desti no
á p a rar- a l cementeri o.
¡Oh, q uién pudier a su no~bre .
g r-a b ar con llanto en l a b 1stor1a,
y con un r-ayo de glor-ia
en l a memoria del hombre!

Y o i ré con ella

I GNACIO MENDIZÁBAL.

Y el diestro braz¿

en s u regazo
reclin aré.
La ninfa bella
me dará vida
agradecida.,
viendo mi fe.

ta tocura 4d tampanarto.

,

Como acostumbr aba. á ' ejecutar
durante l as funciones religiosas,
desde q ue a ntaño le acontecieron
no se sabe q ué lances con un muc hach o, cerró el tío Esquilón 111,
p uerta del campana r io para que no
se col asen los chicos, guardóse l a
ll ave en l a chaqueta dentro del bolsillo externo del pecho, bol sillo que
esta.ría r-epleto sin dud a., pues se
queda.ron las guarda s asomando, y
luego de encender u na. colilla. de
puro y de quitar se dos ó tres veces
la gorra, para. rascarse la enmara.fiad a ¡ielambre, r equir ió el r-eci o
cáñamo, y talán , tolón, comenzó á
sonar e n lo alto de la torre el doble de d ifuntos, mientras en l as espaci osas na.ves de la. i glesia repercutía.o, como contestándole, los sonoros acordes del órgano y las lú gubres sal modias de los sacerdotes.
Había. funer-a.l para rato, pues
era. el muerto de arraigo en el p ueblo y de posibles. Otras veces aprovechaba. el tío Esquilón el tiempo
que duraban las misas de cuerpo
presente, en repasar en su memor ia
los repiques extr aordinarios, l os
sepelios pro b ables y las fiestas de
primera que acontecerían en el mes,
listín mental que siempre estaba
estudiando el buen hombr e por- virtud de los tl'es i mportantes cargos
de campanero, sepulturero y sacristán menor- que en la pal'l'oquia desempei!a.ba. Y el tío Esquilón se entregaba á reflexiones tale s sin descuidar por eso el doble, en fuerza
de l a costumbre; aunque calmoso
i,or naturaleza y seguro de que lo
mismo le valdría campanada más ó
menos, allá til'aba. de la cuerda del
b adajo, sólo cada cinco minutos.
Aquella maña.na mostrábase el
pobre tío Esquilón ceñudo y som br ío, con el rostro l le uo de sombras. A no dudarlo, la tormenta se
desencadenaba deshecha en el alma
de aquel hombre,teniendo el vértice
en su cer-ebro, pues su frente a.parecía surca.da de profundas arrugas, caía.ale los párpados como si
fuesen de plomo é inclinaba su cabeza; abrumada tal vez por la cer-razón de sus pensamientos. Varias veces se olvidó, en su éxtasis,
de darle al bronce, y cuando salía
de su distracción, vacilaba en tocar la grande ó la chica, como si
hubiese perdido la cuenta. A lo mejor se oía, entre toque y toque, como el rumor de un suspiro ahogado por la vibración de las campana.das; y afel'l'a.do á las cuerdas, de
pie, d~recho, con la rigidez de una
estatua, de cara. al mechina! de la
torre, que le circundaba á mallera
de una hornacina, tendiendo la vis-

De esotros trillos
que están más lejos,
los zaga.lejos
me eo vidiar-án.
Mil cupidillos,
viendo á la bella,
en torno de ella
revolarán.

4.-Corpiño y blusa, pa ra niños de corta edad.

2.-Elegantes tra j es de paseo.

ta por el paisaje sin detenerl a en
ningún punto, sin fij arla en oiugun a parte, sin ver acaso, con la
mente extraviada por la borrasca.
de sus ideas, y el pecho oprimido
por el huracán de sus sentimientos,
fué aflojando en el doble el campanero basta soltar las cuerdas; cayéronsele los brazos, y dos l ágrimas silenciosas le resbalaron por
las mejillas, lluvia tardíaé ineficaz
que no disminuyó en na.da el fluido
de aquella tempestad solita.ria presenciada sólo por las grandes ci.güeñas de la torre del reloj, que
apoya.das sobre una zanca, se preguntaban para su buche, qué diantres acontecería al vecino de al lado, para haber así enmudecido tan
de repente las campanas'?
¡Ah! ¡Mentira.! ...... ¡Imposible !
aquella revelación era una infame
calumnia., un repugnante salivajo
que la envidia escupía sobre el
buen nombre de su bija, más pura
que el &amp;,ire que ali í en el campa.o ario se respiraba. ¡Imposible! ¡Cómo
ella, tan cándida, tan pudorosa.,
tan formal, había sido capaz de enlodar las canas de su padre, de
amargarsu vejez µara siempre!La.s
palabras mentidas del hijo del alcalde, de aquel libertino sin conciencia., habían tenido fuerza par a
vencer la virtud de la débil muchacha, sin que hubiera sido capaz de

detenerla en la pendiente el recuerdo del pobre viejo, para el que ella
era el rayo de sol que animaba el
iovier-no de su vida!.... No se podía creer eso; ¡nunc a! P ero el veneno de la duda intoxicaba. ya e l
corazón del infeliz ca.mpa.oel'O, y á
pesar de su lucha cicló pea con la
voluntad rebelde, se ntíaseimpotente para alejar de su pecho la horrible leva.dura. de las sospec has.
Y en éstas, sus mfradas erran tes
se fijaron maquinalmente en uno de
los patinillos de la iglesia, por el
que se entraba á. las c ovachas que
de habitación le se1·vían. Allí, junto á la añosa parra, recosta.da. sobre la pila de pied1·a. del Ja.vadel'O,
en la que descansaba. un montó o de
r etorcida. 1·opa. blanc a, con las man
gas recogidas sobre el codo y la
cabeza baja, ballábase la muc ha.cha, escuchando á un hombre que
la hablaba con impetuoso fuego, á
juzgar por sus ademanes v io le ntos.
El tío Esquiló n se puso ver de,
a.cometió le un temblor coovu!si vo,
abrió inmensa mente los ojos, se los
rest regó luego cowo temiendo ver
visiones, le ca.sr.añetearoo lo s dientes, y arrancándose de pro nto á s u
e nsimismamiento, se aba l a nzó al
mécbi nal del cam panario, como si
foera á arrojarse al espac io, y t rémulo, sin voz, sin alientos, s ujeto

por los dos brazos abiertos en cruz,
y apoya.das las manos en el marco
de Ia mechina, con medio euer-po in·
clinado hacia fuera, sobre el abismo, se asomó r.uaotu pudo para
distinguir bien á la inca.uta p areja.
La o pinión pública no mentía,
l as sospechas del infeliz no eran
infundadas; ya no le quedaba el recurso de a.t ribuir Ias a.fr9n tosas es·
pecies á c a lumnias de la envidia,
ni le r e staba el a.margo consuelo de
la duda· la ce1·teza brutal se le un·
ponía b ~uscamente. Pero el cáli_z
no estaba lleno, la horrible rea.h·
dad no le había aún descarg a.do el
último golpe . Súbito el hombre 9-ue
cha rlaba con l a moza, se a pr ox11nó
á e lla basta pega.1· rostro con ros•
tro, abrió los bra zos, y e l tío Es·
quiló n no pudo resistir más, no tu·
vo valo r para convence1·se hasta la
evidencia de la deslealtad de su
hij a.
Con los o jos iny ectados de sang1·e, con l a e xpresión sal va.je de la
locura, se ecbó hacia atrás el po·
bre pa dr e, y tao brusco fué su retroceso q ue la llave que g uardaba.
en el p~cbo y que al inclin arse so·
bre e l espacio, bahía.se i do escu- .
rriendo del bolsillo poco á poco,
salió de e stampida con la rapidez
de una bala, y dando_ v1:1elta.s por
el aire , c ayó e n un te¡ad1llo de la
iglesia.

quedó ante la p uerta anonadado,
inca.paz de coordinar sus ideas, con
un espantoso alud bajo el or-áneo,
medio imbécil.
S u misma situación le inspiró al
tío E squilón un pensamiento salva•
dor; plantóse de un salto entre las
dos campanas; bl asfemando como
un condenado y más con garfas de
fier a que con mano de per sona, se
agarró á las cuerdas de los badajos; l as sacudió con furia apretando bien los puños b asta señalarse
la trenzad ura. del cáñamo en 1as
palmas, y . . . . . . tao, tan, tan, tan,
tan, impetuoso, violento, acelerado , atropellándose los sonidos, ensordeció los aires de repente el toque de arrebato, que allá desde las
alturas de la torre lanzaba sus ecos
atronadores y a.la.r-mantes.
T odo el pueblo corrió á la pl aza
lleno de espa nto al oír aquel inces a nte tocará fuego que s ustituía
de improviso al doble de Difuntos;
nadie se explicaba. lo que acontecía.
La iglesia fué invadida., la escalerilla de la torre tomada al asalto;
arriba continuaba aturdiendo el
bronce echado á vuelo. Pero no se
podía seguir; la puerta estaba
a tr ancada.. Veinte puños cayeron
sobre sus cuarterones, llamando
con uo aporreo estruendoso ; . no.
respondieron de adentro; gr1tósel e al campanero que abriese; todo
inút il, y mientras, no par-aba._ ~l
tan, tan, tao, cada vez más p reCII~lta.do y angustioso; el campa.na.r-10
se había vuelto locv. Echóse por
fin l a puerta a.bajo, invadió la gente el piso de las campa.nas, y abandonando entonces las cuerdas el tío
Esquilón, al comprender q ue estaba.
libre, apartando á unos y á otros
con furia, se precipitó en busca de
la salida, y sintiendo de pront o en
el cerebro el martillazo de apoplejía, cayó el pobre hombre sin
sentido en el primer peldaño de la
escalera., como nna masa abandonada á su peso.

son en placer y en congoja
las ilusiones del alma,
guarda en tempestad y e n calma,
la última boj a .
EULOGIO SANZ.

3.-Saco palet6, con bolsas cruzadas.

La Bija de la Ventera.
A orilla del R i a ca.min an
tres mozos de bravo humor,
y á una venta se encaminan,
que otra vez les albergó.
Venter-a: vino y cerveza
de lo bueno, traiga acá: ·
mas nos miran con tristeza
su linda hijita, dó está?
Mi cerveza hierve clara.J
buen vi no hallaréis aquí;
á 10i hijita, ay I p renda cara,
sobre el féretro tendí.
De la pieza. en que reposa
traspasaron el umbral,
y allí vieron á l a hermosa
sobre el lech o funeral.
Y el uno con mano osada
de su rostro el velo alzó;
fijó en ella su mirada,
y entristecido exclamó:
&lt;Si vivieras toña.vía,
bella niila, de a.Iba tez,
juro que desde este día
te amara con honda fe.&gt;
El segundo cogi ó el manto
y la yerta faz veló;
y vertiendo amargo llanto,
de ella la vista apartó.
&lt;¿Y be de verte, ay! desdichado
en el fúnebre ataúd,
yo que tan constante be amado
tu belleza y t u virtud?&gt;
Y el otr o con pasión loca
nuevamente el v~lo alzó,
y en su mustia y f rla boca,
frenético la besó.
Antes te ama b a , hoy te quiero
con igual 6 mayor fe,
y á pesar del h ado fiero,
viva ó muerta te amaré.
L. UHLAND,

J:a Ultia y la J:ámpara.

Yo alboroza.do
c_o n dulces sones,
tiernas canciones
l a cantaré.
Ni habrá cuidado
ni habrá fatiga, '

A l t r iste amparo del techo
dt&gt; una casa derruida.,
y en un aposento estrecho,
está una vieja en un lecho,
y una lámpara encendida.
La anciana, débil, se queja,
suspira y besa una cruz;
y haciPndo mortal pareja
se está muriendo l a vieja
y apagándose la luz.
De la anciana con dol or
el pecho agitado ruge,
y al compás de. su estertor,
con pavoroso rumor
la llama en el vaso cruje.
La mori bunda aún respfra.:
aún l a luz alumbra vaga,
se inflama, aquélla suspira,
la anciana lánguida expira,
la lúgubre luz se apaga.
A un sepulcro se asemeja
la estancia en fúnebre calma ·
murió la luz con la vieja;
'
la luz un fanal que deja,·
un cuerpo que deja el a lma.. .... .
ACACIO CÁCERES.

E1' 11!1' ALBlJI![,
Es l a música ·e1 acento
que el mundo arrob!}dO lanza
cuando á dar forma no alcanza
á su mejor pensamiento;
de la flor del sentimiento
es el aroma lozano;
es del bien más soberano
presentimiento suave,
y es todo lo que no cabe
dentro del lenguaje humano.
Dichosa tú que su palma
has llegado á merecer,
conmoviendo á tu placer

6.- Vlata posterior para traje do· paseo.

I

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 17 de Mayo de 1903.

que con mi amiga
no aliviaré.
N. F. DE MORATÍN.

SOLEDAD.
I
Declina el día. ..... .
Es la hora melancólica en que se
perciben esos vagos rumores salidos del seno de la tierra y que parecen el estertor de agonía. de las
cosas creadas ..... .
¡Todo muere!
Hasta el astro rey, hundiéndose
tras la~s montañas y difundiendo
sus últimos rayos, parece la cara
de un muerto ....
¡Oh tarde majestuosa! Al ~ontem:
plarte, siento que se dulcifica mi
ser y que mi alma se recoge y vuela por un instante en alas de ensueños extra.humanos. ·

EL MUNDO ILUSTRADO.

himno de gratitud á su omnipotente
Hacedor.
Sus labios murmuran una. plegaria.. Después, obsesionado por un.a.
idea. dolorosa, se levanta. suspirando:
-¡Ay de mí!, ¡cuán dulce resuena
aún en las profundidades de mi _alma. su adorada. voz! ¿Por qué, Dios
mío me privaste de mi única felicidad' sobre la tierra?
Llorando siempre, llorando lágrimas acerbas, dirígese á una habitación herméticamente cerrada.
Con mano insegura abre la. puerta
y penetra. en la. estancia con el respeto con que se entra. en un santuario.
Un olor capitoso de flores fresca.~
y secas sa.tu.·a. la. atmósfera del pequeño cuarto, parecido á una tumba por el silencio y 1~ lobreguez
que reina en él. Este m~smo pensamiento debe asaltar, sm duda., la.
mente del anciano; porque, estremeciéndose de pies á. cabeza, ~orre
á abrir una ventana. Los últimos
resplandores de la tarde pen~tran
por ella súbita.mente, p~od~ciendo
una maravillosa combinación de
matices.
.
Pero ¡ah!, lo más digno de admiración es el retrato de una hermosa
joven cuya fisonomía parece animada'en aquel instante por la refracción de la luz. Los OJOS del anciano se clavan ansiosos en ella, Y
los de ella, hermosos y tristes, parecen fijarse también en él ~on expresión inefable.

El 1;110 Bueno vti 1;110 mato.
'j

:r

•

III

6.-Elegantes sombreros de primavera.

Ha anochecido.
.
El anciano seguía contemplando
el retrato y Dios sabe cuánto tiempo habrí¡ permanecido en. e_sa actitud si la voz de una v1eJa y fiel
cri~da no le hubiera sacado de su
ensimismamiento,recordándole que
era hora de recogerse.
-Adiós, Olga mía-murmuró;no sabes cuán amarga es para mí
esta vida transitoria, no viéndote á
mi lado. ¡Coántas veces he deseado
la muerte en medio de esta espantosa soledad! Para mí la felicidad
no existe, hija mía. ..... .
Y agregó, exhalando un ronco
gemido:
. .
,
-¿Ni cómo ha de existir para ~1
la felicidad, si fué enterrada contigo en la misma. fosa?
Y salió de la. 1:1sta.ncia con inseguro paso, cerrando tras sí la
puerta.
JUANA LóPEZ CARRILLO.

PBIJIIAVEB.A.
Na.cara.do crepúsculo amanece,
amanece pomposa primavera;
dora el sol en su rápida carrera.
el ambiente y el suelo que enriquece;
y dora el cauce que sus aguas mece,
las espigas tupidas de la. era;
de lúz inunda la creación entera;
grato calor Apolo nos ofrece.
Y fulge la radiante luz del día,
que invade hasta la. bóveda. sombría
del antro que está obscuro cual
averno;
pronto cede, no obstante, su osadía.:
cual la vejez,y con escarcha. fría.,
ha de llegar el aterido invierno.
CANDAMO.

8.-Trajecito infantil para niña
de 6 á 8 años.

9.-Barrendero con guarniciones de cordoncillo.
CONSEJOS.

II
Vese á lo lejos una humilde y solitaria casita, medio oculta por corpulentos ár~oles . . Com? en los c~menterios, simétricas hileras de cipreses cuadran el patio, y una trepadora yedra. cubre parte de la.
galería..
Los pálidos reflejos del sol poniente bañan la. casita, dándole un
aspecto fantástico.
Un soplo de aire levísimo, al mecer la yedra., hace que la. vista. se
aparte con horror de aquel sitio,
porque aquella. yedra., cubierta de
una negra capa de polvo, semeja
multitud de enormes a.rañas entrelaza.das, moviéndose simultánea.mente, como si se entregaran á una
danza. macabra.
Más allá, dos grandes árboles,
secos y de color ceniciento, parecen
dos gigantes petrifica.dos, abriendo
los brazos en actitud a.mena.za.dora.
Todo y,a.ce en calma.. Sólo de vez
en cuando turban el sepulcral silencio que reina en la. misteriosa. ca.sita
los a.compasados pasos de un venera.ble anciano, que extasiado en la.
contemplación de las mara.villas
celestes, acaba por caer de rodillas
sobre la. tierra.
Gruesas lágrimas ruedan por sus
pálidas y hundidas lll:ejilla.s. ¡Pobre
a.ncianol; una. pena. inmensa., profunda., lacera su alma.
En esa. actitud hierática., parece
la bella. y triste personificación de
la Naturaleza. elevando el último

Domingo 17 de Mayo de 1903.

Quieres casarte, buen Juan,
y pides con impaciencia
consejos á mi experiencia.:
no es así? pues allá van.

Había una vez dos hermanos: el
bueno y el malo. El primero era
uno de esos imbéciles que figuran
entre los mejores alumnos de su clase. Sin ninguna idea. personal é incapaz de reflexión, hacía con' indiferencia. todo cuanto le mandaban
hacer y era en extremo a.plica.do.
Como carecía de imaginación, se
había llenado el cerebro de fórmulas hechas, que no siempre comprendía, pero que en momentos da.dos le prestaban un grandísimo servicio.
Sus padres estaban orgullosos de
él y decían:
-¡Es una criatura excelente!
El segundo era la desesperación
de sus profesores. Su inteligencia.,
siempre despierta., no podía fijarse
en los adocenados programas del
colegio y había materias que le inspiraban una repugnancia. invencible. Otras le gustaban; pero las comentaba. de tal modo, que desconcertaba con sus palabras á sus rutinarios maestros. Siempre soñador y corriendo en pos ue alguna
quimera, no hacía caso de las explicaciones que se daban en clase,
por cuyo motivo era castiga.do con
frecuencia.
Sus padres estaban disgusta.dísimos con él y decían con amargura.:
-¡Demonio de muchacho! ¡Qué
malo es!
Cuando los dos hermanos estuvieron en edad de elegir carrera.,
sus padres trataron de hacerles ingresar en la Administración pública..
El hermano bueno aceptó con entusiasmo la. proposición, sin duda
para evitarse el trabajo de meditar. Y como temía la lucha por la
existencia, se dejó tentar por la
perspectiva de una vida tranquila,
sin brillo, pero sin sufrimientos;
sin grandes provechos, pero sin peligros de ningún género.
El otro, que no trataba de evitar
ninguna clasede responsabilidades,
prefirió emplear de un modo distinto su a.cti vid ad. Sus aficiones le
a.rra.stra.ba.n al estudio de la pintura.. En vano sus padres le manifestaron que aquello era un capricho
pasajero, y que se forjaba ilusiones engañosas acerca del porvenir.

. .1 . , .

.

"
,!

12.-Colecci6n de trajes para "sport."

'

\

Estos son, ansias, desvelos,
temores, citas, desvíos,
trasnocha.das, desafíos
· y peloteras y celos.
Amanece con el día
y vela; no hay más recurso;
yo, de novio, estudié un curso
completo de astronomía..
Decídeste á ser esposo;
y sufres, que es la. más negra.,
de la veterana suegra
el examen codicioso.
Entra el gasto, es cosa obvia.:
y te exprimen sin piedad,
cuando no la vanidad,
los caprichos de la novia.

7,-Trajes de la eatacl6n, para paseo.

A, G. GUTIÉREZ.

..

1

7

Oye: tiene mil azares
eso de tomar mujer:
por el pronto, suelen ser
malos los preliminares.

Llegamos al desposorio:
da s el suspira.do sí.
Gracias á. Dios I hasta a.q uí
has pasa.do el purgatorio.
Mas preso en el lazo tierno
tu amoroso afán reposa.
Ay! Juan esto es otra cosa:
como que' empieza. el infierno.

'

11,-Colección de sombrillas para primavera,

El hijo malo no quería que na.die
se ocupa.se en labrar su felicidad.
Para. ello era condición indispensable que se respetase su vocación.
Y, fuesen las que fuesen las dificultades que se le presentasen, prefe•
ría arrostrarlas todas á. renunciar
á. su ideal.
El hijo bueno llevaba una vida
en extremo regular y metódica.. Diaria.mente partía á la.
misma. hora para su
oficina.. Al llegar á
su despaho, se sentaba con el mismo
monótono m o vimiento, y comenzaba. á esperar pacífica.mente la hora de
salida.
Durante el curso
de aquella.vida.neutra logró disfrutar
de lo que pudiera.
llamarse una felicidad perfecta.. Y
hasta llegó á interesarse por una serie de pequeños detalles que le proporciona.ron un placer
no sospecha.do al
ingresar en la carrera. administrativa. No había día en
que no arrancara
con verdadera delicia la hoja de¡
calendario. Antes

de tirarla. al suelo, leía el contenido del dorso y luego se permitía
echar una mira.da á. la página:siguttmte.
Este ejercicio le proporcionó infinidad de conocimientos de indiscutible utilidad: los aniversarios
históricos, las fases de la. luna, número de días transcurridos desde
el comienzo del año y de los que
faltaban hasta el 31 de diciembre,
las fiestas religiosas y el nombre y
las señas del impresor.
Su sitio se distinguía. por una.colección de reglas, de corta.plumas,
de lápices y de gomas, alinea.dos,
según su tamaño, con una corrección absoluta.
Indudablemente se había aficiona.do de un modo especial á los ohtos de escritorio.
Conocía hasta diez y siete maneras de cortar lápices, y hacía mil
combinaciones ingeniosas para
convertir un periódico en varios
objetos de aspecto deco1·ativo: paja.ritas, barquitos, saleros, abanicos y acordeones. Sus uñas se perfilaban en puntas maravillosas.
Los padres estaban encantados
ante aquella. vida. tan ordenada.
En la mesa hacían á su hijo muchas
preguntas acerca de su trabajo y
de su jefe, y á fin de mes se regocijaban ante la idea del dinero que
el chico había ganado con el sudor
de su rostro.
Así es que el padre decía con frecuencia, lleno de orgullo:

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Siglo XVIII</text>
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                <text>Siglo XIX</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>'EL MUNDO

.La Prelle Shoe Co.,. St. Louis. U. S. A.
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lNt 1-TOMO 1-NUM. 20

ILUSTRADO

MfXICO, MUO 17 Df 1903.

Subscripci6n mensual forhea SI.SO
ldem,
ldem. en la capital Sl.25

!Nrccter: LIC. R,U'AtL RtYI&amp; &amp;PINDOLA.

Cierente: LUI&amp; Rt~ &amp;PIND0l A

Oficinas Almacenes y Fábrica núm 2.
11Th and Washinpton Ave.

Mr. Ford Dix, Grand Hotel Pasaje, Habana, Cuba.
Mr. George Porro, l.ª del ~alto del Agua núm. 3Z, México, D. F .

Iavitación Jara participar
ALA PROXIMA

Gran Lotería Alemana de Dinero.
La Jotcrla de d inero bien Importante, au.
torlzada por el Gobierno de Hamburgo Y
garantlzadn por la hacienda pObllca del
Estado, contiene 115,000 bllletes, de los
cuales 55,763 deben ser premiados. Resulta,
pues, que cada premio se r eparte en tre dos
nOmeros.
Todo el rapltnl Importa:
Marcos 11.306,390 6 sean cerca cl'e Peao,
1.295,000 Mo-ne&lt;la Me.,icana.
Los sorteos se hacen pObllcnmente bajo
lnapeccl6n del Gobierno, 7 el pago pu· tual
de los premios estA garantizado por el
Estado.
600.000 Marco, 6 sean aproximadamen te
Pesos 387,000 Moneda Mexicana como premio mayor pueden ganarse en ca.so mAs feliz, especialmente 1 PREMIO cl'e 300,000
MARCOS, 1 de 200,000 MARCOS, 1 de
100,000 MARCOS, 1 d e 80,000 MARCOS,
2 de 60,000 MARCOS, 2 de 50,000 MARCOS, 8 de 40,000, MARCOS, 1 de 35,000
MARCOS, 5 de 30,000 MARCOS, 5 de
20,000 MARCOS, 2 de 15,000 MARCOS,
16 de 10,000 .MARCOS, 55 de 5,000 MAR·
COS, 108 de 3,000 MARCOS, 1~6 de 2,000
MARCOS, 616 de 1,000 MARCOS, 14 de
500 MARCOS, 1,022 cl'e 400 MARCOS,
83,788 de 169 MARCOS, 19,970 de 250
200, 150, 144, 111 MARCOS, etc.
El sorteo de estos 55,763 premlos sobredichos, se hace en siete clases sucesivas, qu~ siguen en breves Intervalos.
Fuera de otros premios mayores, en cada clase se tlrarA una prima especial de
modo que en caso mAs feliz, loe premios
mayores Importan 50,000 Marcos, 55,000
Marcos, 00,000 Marcos, 70,000 Marco,,
80,000 Marcos, 90,000 Marcos, y 600,000
Marcos.
Al recibir el valor de los billetes, sea en
cheques sobre bancos 6 cMas de comercio
europeas, 6 sea en billetes del banco mexicano, ó por medio de un giro postal, enviaré LOS BILLE'l'ES OIHGINALES en
carta certificada para los primeros tres
sorteos, acompaíln.ndo un prospecto oficial
que contiene todas las expllcaclones que se
necesitan.
·
AdemAs, se adjuntaril il cacl'a comprador la traduccl6n de los billetes originales
en lengua espaílóla.
EL VALOR de los bllletes PARA LAS
TRES prlmerM clases, SEGUN EL PROS·
PlsCTO OI!'ICIAL, es como sigue. (1 Marco vale aproximadamente o;; centavos moneda mexicana).
:\!ARCOS 9.50 por un cuarto Billete
Original, para la la., 2a. y 3a. clase.
MAHCOS 19.- Por un
medio
BIiiete
Original para la la., 2a. y Sa. clase.
MARCOS 38.- Por un entero Billete
Origina! para la., !?a. y 3a. clase.
A su debido tiempo se a visa il los due•
ilos de billetes, en qué épocas tendrlín que
hacer las remesas para la 4a., 5a., 6a. y
7a. clase: esto en caso de que el bllletc
no hubiera recibido, en el lntermecl'lo, un
premio. Per o es muy probable que el billete sea premia.do, PORQUE, como ya estil
dicho, GANA CASI CADA SEGUNDO BI·
LL~~TE, y las probabilidades de ganar aumentan de clase en clase. DESPUES DE
CADA F.XTRACCION, S I•: ENVIARA A
TODO INTERESADO LA LISTA OFI·
CIAL.
Los Interesados harírn bien de mandar
BUS pedidos POR EL PRIMER CORREO,
para que ee pueda efectuarlos puntualmente .
PRINCIPIO DE LOS SORTEOS : el 18
de lunlo de 1903.
Pedidos que no lleguen en tiempo para
la la. clase, serán ejecutados para la 2a.
6 3a. clase, por consiguiente cada uno
PUEDE CONTAR POSITIVAMENTE CON
QUE TENDRE CUIDADO DE QUE DE

CUALQUIER MODO PODRA
TOMAR
PARTM EN ESTA IN'.l'f:RESANTE LO·
TERIA.
Lo mejor es ha.cer las remesas par carta
certlllcada en BI lletes de banco Mexicanos
6 en giros postales ; pero, en caso de que
sea mAs conveniente A los clientes hacer
los pagos en ese país, p8..1·tlclpo que el
Banco AlemAn 'l'rasatlAntlco de México,
calle de San Agusttn 7, estA autorizado
por mi, de recibir por mi cuenta cualquier
Importe. Al hacer asf, suplico enviarme
directamente la carta Orden bien clara A
Uamburgo,
avlsilndome !l la vez, el Importe remitido !l este Banco. Adem!ls, se
debe avisar al Banco Alemán Trasatll\ntlco que tiene que abonar el Importe ll mi
cuenta d'e la orden del respectivo pagador.
'.l'odo se reune en esta gran loter!a, para
dar segm·ldad y benellclo al que participa
de ella, como es el ARRJ,GLO VENTAJO·
SO. IN'rtmVl~NCIO:N Dl~L GOBIERNO, es el allmen.w máa ~adab~ 1 el máa
SOLIDT•:Z, y ante todo, la GARAN'.l'IA recomendado ,para los nifl.oe .1Jesde l&amp;
DlsL ESTADO l'ARA EL PAGO DE LOS eda-d de seis 1 siete meliles sobre todo
PRE:IIIOS. Teniendo relaciones con las
en el momento del destete 1 durante
mayores pinzas del mundo, l'UEDO PA·
GAR LAS
CAN'l'ID.ADES
GANADAS el periodo del crecimiento. "Faclltta
'l'A:IIBilsN EN EL DOlII CILIO DE LOS la dentición, asegura la buena forma·
clón de los huesos."
DUENOS.
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(ALifüA::--'IA ) ('asa fundada en 1855.
OFICINA CF.NTRAL Dlil LOTERIA
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LA VENTA DE LOS BILLETES.
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la fortuna, y varias veces tuvo que pagar
premios de mayor conslderacl6n, especial•
mente A clientes en J\Iéxlco.
Desconf!ese de cualquiera otra oferta
pues nadie estü autorizado !l ello.
Se mandarll grntls y tranco, el p1·ospecto oficial il quien lo pida. Correspondencia
en todas lenguas.

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padec•n rle detorm1dan•s en •1 cu• rpo, como
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coyunturas eofermas 6 deforme~, (;ojera, Pier·
uas chueca•, roaillu anudttd•s, 6 defo•midH•
des, reumát.ic1ts, escriba pictieorloinfnrmes al
Innituto abaj, indicado. qu6 le escrihirá la
manera de encontrar remedio!\ su m•I Ksta cas• es la Iostitucióo Ortopédic• má• c, mplei• de
América. Y por sus muc,,os Elementos hacen
curaciones que no se puArtPn hacer enot ra pR r·
te y después de estar desahuciRdns. l ,os métodos empleados Fon especi•les y rn efic•ci• ha
sido demo,tr•da. No se emplea" ni Kmplastos
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�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 17 de 1-ia.yo de 1903.

LOS ÁNGELES.
Es muy difícil definir de una manera precisa el símbolo que en el Arte está encomendado á los Angeles; pero, aunque la expresión
sea vaga, cabe decir que esos seres, que no son
ni viriles ni femeninos por completo, reprei,entan def:de hace muchos siglos el prototipo
de la belleza ideal, del mismo modo que el
Diablo ha sido siempre el representante del
Mal y del Pecado. Y cuando decimos·ciideal,11
no es porque exista una fórmula absoluta ele
bellezn ideal, un tipo eterno y platónico que
puedi\ haber sido idéntico para el artista de la
Quinta. Dina!'&lt;tía,que esculpió los bajorrelieYes
de la tumba de Tí, y para Bohlini, que pinta
las nen·io8as elegancias de las m:'1s nerviof:as
parisienses de h\ orilla derecha del Sen:1., porque t.'l.m b;én el ideal ef:tético se transformn
ron los p:, · ,es y con los tiempos y hasta en un
mismo indi,·iduo se modifica con el transcurso de los aflos que va vi viendo, lo mismo que
se transforman y moditican los ideales del
bien y rlel mal y de la verdad; pero cuando
aquel arfo;ta egipcio esculpía y cuando este
pintor italiano pinta, la obra artística. no resulta sino una interpreta.:ión de figuras vivas
existentes en tomo de los intérpretes, una interpretación de la realidad ambiente conforme á los gustos propios del artista 6 de la época en que produce. Pero nadie ha visto á un
ángel- excepción hecha de los enamorados,
cuya retina po:;_ee una fuerte virtud transformadora,-y por eso al crear en arte á un íingel, el artista está facult.'l.do para dar forma objetiva única y enteramente á su ensueño. El
divino jlafael declaró en una carta á Castiglione que «essendo carestía di buoni giudici e di
belle donne, io mi servo di certa idea che mi
viene alla mente." Pues bien, esa. ,ccierta idea»
de belleza es la que los 1,intores especialmente y con mayor libertad han podido traducir
en el ángel, por eso t6rnase curioso estudiar
en los ángeles el prototipo de belleza «ideal"
que alentó en la mente de los maestros.

*

fueron también apolíneos y sia alas, pero en
breve su calidad de mensajeros les prestó ese
atributo de la suprema ligereza.y sus espaldas
de andróginos se prolongaron en alas poderosa!'&lt;. Fueron vistiéndose en seguida, y la espléndida desnudez pagana desnpareci6 bajo
la vergonzante suntuosidad ele las telas, cuando el cristiani~mo di6 su golpe de gracia Ít ln
generosa adoración de la carne.
'
El escrito sobre las jemrqnías, atribuíd~ á
aquel Dionisio Areopagita que, convertido
por San Pablo, foé el primer obispo ele Atena~,
determinó pnrn. Jo-. artistas de la Eda&lt;l Media
l:i. clasificación de los ángP,]es. Después, cuando la liturgia empezó á ser menos exigente con
PI arte cristiano-degenern.ción que eternamentP lloran IIuysmans en Flandes y Ner vo
en )léxico,- los ángeles pintados empezaron
también á ganar en suntuosidad &lt;le indumen·
taria y en belleza de formas; pero i-:iem pre los
consideraron los artistas, de acuerdo con aquella filosofía escoláfltica que aceptara Dante,
como creados por el Eterno Amor, no porque
éste hubiera querido acrecer su propia alegría,
que es infinita, sino para que los ángeles, esplendiendo por sí mismos, pudiesen goz~r de
la conciencia de v_ivir, ele la conciencia de
ser:

* * con el CristianisLos ángeles no nacieron
mo. Dice Menandro en la Pitonisa: «Cada uno
de nosotros tiene un genio que le está destinado desde el uacimiento hasta la muerte para que lo conduzca de la mano por la vida,
como el mistogogo conduce al iniciado. Es un
buen genio, porque no hay que creer que los
haya malos." Ese buen genio de Menandro,
como el demonio de Sócrates y de Plat61;, como el mensajero de los libros de Moisés y de
los Jueces, se trocarán en el ángel de los cristianos, intermediario entre el cielo y la tierra,
entre Dios y los hombres. Tertuliano dijo:
,cNos officia divina angelis credimus.,,
Los vasos griegos, las tumbas etruscas, los
fragmentos de viejos bajorrelieves que se guardan en los museo~ europeos, están llenos de
estos geniecillos. Los comentarios rabínicos
de las Sagradas Escrituras fijan la creación de
los ángeles unas veces en el segundo día, otras
en el quinto; y para los de más allá, su creación es perenne porque irradian del sacro río
Dinor, ó, según una deliciosa é intrincada teogonía m6s moderna, se crean sin cesar en un
prodigio de multiplicaci6n infinita, en la que
no hay dismmución del creador en pro del
creado.
De todos modos, la primera religión que
acogi6 á los ángeles de un modo definitivo y
resaltan te, fué la hebrea precisnmente, la cual
los clasificó en jerarquías y lo~ admitió en la
vida cuotidiana de los hombre¡,. Desde la escala de Jacob hasta la curación de T4)bías, los
ángeles son factor activísimo de los más milagrosos sucedidos, y ya en el Viejo Testamento entraron en el campo del arte, pues,
desde el Exodo, las solas imágenes permitidas para la ornamentación del Arca fueron los
pequeí1os rostros alados de los Querubines.
ll:n los cementerios cristianos del primero
y del segundo siglo, los ángeles se asemejan
á esos geniecillos y amorcillos que mucho tenían de los dioses tutelares paganos y que después de uno y medio milenarios volvieron á
la boga en la ornamentación, por gracia de la
:M arquesa Pompadour. En los primeros siglos

Non pera.ver a sé di bene a.cquist-0
Ch'esser non puó. rpa. perché suo splendore
Potesse, risplendendo, dir: Sussisto.

***

Ambiguos, de modo de corresponder en el
arte criFtiano á los Hermafroditas del arte pagano, los ángeles han sido reprei;enL-idos ó más
viriles ó más femeniles, según el temperamento del artista.
.
P,~ra Giolto fueron efebos florecientes, imberbes, con raf:gados ojos, pequeñas y ro~adas
orejas, labios dt:lgados, cabellos rojos ó rubios.
Si tomásemos á cualqmera de esos ángeles que
en la bóveda del altar ma vor de San Francisco de Asís defienden la torre de la Castidad ó
sostienen el trono del Apoteosis, y le soltamos
los rizos sobre las orejas y le arrancamos las
alas para revestirlo con las mallas, el jubón
de pliegues y el cintur6n de puñal, obtendremos el más delicioso pajecito de la época. Toda la fuerza sana y casi pagan:1. de aquel gran
pintor it.'l.liano se revela en esa concepción.
Por el contrario, los sienese~, sensuales y
adoradores de In gracia femenil, pintaron en
torno de la virgen figuras femeninas, seduytO·
ras, esbeltas, que, si se desprendieran del lienzo en que están embarradas, hubieran podido,
sin cambio de i ndum!lntaria y con el solo sacrificio de sus alas, tomar parte en las alegres
danzas que las mozas más bellas de la ciudad
organizaban en la Plaza Pública, como las
pinta Ambrogio Lorenzetti en su riente alegoría del Buen Gobierno.
La misma ccfeminilidad,» pero Il1PS grácil y
más rubia, perfumada de bondad y de pureza,
se encuentra en los ángeles de Angélico. PP.ro
ya en Benozzo Gozzoli, su gran discípulo, vuelve la fuerza de expresión, la resolución en los
ademanes, la firmeza. en el contorno, y, en
consecuencia, surge una variedad de tipo que
lo acerca tí los veriotas perfectos del ccquattrocento" florentino, desde Masaccio á Yerrochio.
Naturalmente, de éstofl, el mÍls ambiguo es el
menos sincero y, por un singular fenómeno,
el más popular: Botticelli. El más sincero es
el menos místico: Fra Filippo Lippi, que recurre 1\. modelos más jóvenes, más ,.iequeiios,
mÍIE rientes, más inconscientes que los adolescentes de luenga cabellera que pintara Botticelli. Con reforzada conciencia del efecto reaparece esa ambigüedad en el mús voluptuoso
escultor del seiscientos, Bernini, cuando esculpe el Angel que, rí1::ndo, hiere á Santa Teresa
( Iglesia de la Victoria, Roma. )
De•de el Renacimiento hasta nuestro~ día!',
los ángeles ó son niños ó son doncellitas núbiles. m llamado arte nuevo ha vuelto á ebfumar h\ precisión del contorno, pero RÍn crear
nada nuevo en esencia.. ¿Habrá en lo futuro
una nueva concepción del á:-:gel"? ... No lo creemos; el arte cristiano casi ha agotado sus manifestaciones, y en las nuevas doctrinas el ángel carece de puesto; lo substituye la mujer eu
todas las manifestaciones de su infinita misión.
ÜSCAR HERz.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 1'7 de Mayo ile 1903.

ca fitsta floral.
ÉXITO EXTRAORDl~ARIO.
Hacía ya algún tiempo que no se efectuaba
en la ·Metrópoli una fiesta tan llena de atractivos como In que se celebró el último domingo, parn. saludar la llegada de la Primavera.
Difícilmente podrá darse mayor entur-iasmo
quo el entusiasmo que reinó ei-e día, y pocas
vece!', estamos seguro~, ge hahr:'tn Yisto nuestras avenidas principales engalanadas con loa
múltiples y brillantes atavíos que lucieron en
esta ocaRión: tal ern. el buen gusto deRplegado
en el adorno de los edificios comprendi&lt;los en
la Avenida ,Juárez y Plateros, y tal la animación que de!&gt;pertó en PI público el lucidísimo
desfile de carruajes, automóvilec;, hicicletas y
carros presentados al cancur::;o floral.
Si hemos de atenernos {t la impresión dominante entre la muchedumbre que asistió.al
festival, diremos q\Je el resultado de éste super6 con mucho, en lucimiento, al que era de
esperarse, y que deben, con razón, estar orgullosos los señores munícipes que lo organizaron y llevaron á cabo con éxito tan extraordinario . .
Esta es la verdad; aunque, por otra parte,
el éxito corresponda también ú las fami lias que
contribuyeron con su contingente al brillo
del concurso, y á las distintas negociaciones
mercantiles que adornaron J:1.c; fachadas de sus
caflaS con l:\ suntuosidad y elegancia ele que
dieron, en esta ,·ez, tan buena mue!'tra. Dicho
e,-to, que creemos de justicia, pn~arnos Íl ocuparnos en ,letalle, del hermoso desfile &lt;le carrnajes efectuado por la. maiiana ~· del combate de flores que, por la t.'l.r&lt;lc, i-e ,·eri ficó en
Chapulteprc.

*
La tribuna que debía ocupar el .Jurado Calificador se improvisó sobre la ei;calinata del
Pahellón Morisco de la Alametla y estaba decorada, principalmente, con lienzos de los colores nacionales. Una callecilla, que se formó
con plantas de ornato, daba acceso á la plataforma, levantándose al frente grandes mástiles que sostenían escudos y banderas mexicanas. El antepecho de la plataforma :-e veía
cubierto de muc::gos y flores que formaban, en
caprichosa combina.ción, un honito conjunto.
El Jurado esL'l.ba constituido por las distinguidas damas siguientes: señoras Carmen Romero Rubio ele Díaz, Amparo K de Corral,
Luz Acosta de González Cosío, Dolores J. de
Licfaga, Luz G. Cosío de López, Josefina M.
C. de Pimentel, Sofía O~io de Landa, Dolores
Barron de Rincón Gallardo, Amada Díaz de
de la Torre, Angela González de ltuarte, Concepción Buch de Parada, Dolores Camacho de
Landa, Luif:a Raigosa de Díaz, .Ta.viera. Buch
de Landa, Dolores Rubio de Fernández, Guadalupe Camacho de !caza, Dolores Cerrnntes
de Riba, María IR-inda de Riba, Emilia Gonzále1. Cosía ele Villarreal, Cau..lina Cuevas de
Escand(m, Guadalupe Escandón de Escandón,
,Josefa Terreros de Algara, Concepción Torne!
de Suinaga, Juana Cuevas de Portilla, Concepción Cuevas de Cortina, B. Y. de )Iartínez del
Río, Sofía Romero Rubio de EHznga, María
Parada de Buch, Dolores C. de Rubín, Fra!!cisca C. de PaRquel, Laura S. de Mariscal,
Dolores M. de Fernández, Clara M. de Morím,
Franci,ca G. de Algara, María E. de Buch,
Elena \'. de Amor, Elena A. de Braniff, Lorenza R. de I3raniff, Guadalupe C. de Braniff,
Guadalupe R. de Chavero, Laura A. de Garamendi, Carmen C. de Laclau, Amparo Y. de
Pliego y Josefina Prida de )lufloz.
En el mismo palco, tomnron asiento algu~fü• seiioritas de lo mejor f:ocied11d, el Sr. P:es1dente de la. :República los Sres. Secretarios
de Gobernación y de Fomento, el Sr. Subsecretario de Hacienda, el Presidente del Ayuntamiento y los; RPgidores D. Agustín Alf:edo
Núiiez, D. ::'llignel Quevedo, D. Jesús Gahndo
y Villa y D. Enrique Fernández Castelló, que
•
fueron los organizadores de la fiesta:
Al presentarse el Sr. Grnl. Díaz en la Avenida Juárez, la multitud que llenaba las ace-

1.-T rlbuna del Jurado.
2.-Carruaje del Sr. Mayor Pablo Escandón (1er. premio.)
3.-Automóvll del Sr. Francisco Sulnaga (2o. premio.)
4.-Auto~ovll del Sr. Enrique Fernlindez Castelló (1er. premio.)
5.-Carruaje de la Srlta. Maria Ramlrez (2o. premio.)
6.- CarruaJe del Sr. Tomás Morlin. (Mención honorífica.)

�Domingo 17 de 1\ta.y,o

ne 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

Doo:rungo 17 de Mía.yo de 1903.

Fiesta Floral.

1.-Carruaje del Sr. J. de Landa y Escandón. (2o. premio.)
3.-Carruaje del Sr. Ulises Basetti (2o. premio.)
5,-Caruaje del Sr. Dr. Fernando López (Mención honor111ca.)

2.-Caruaje del Sr. M. Noriega. (Mención honorífica.)
4.-Bicicletas unidas, representando un automóvil,
6.-Caruaje del Sr. lng. Miguel Quevedo

(Mención

honorífica.)

1,-Las calles de Plateros.

2.-Llegada de los ciclistas á la Alameda.
3.-Adorno del Casino Nacional. (Mención honorítica.)
4.-Carruaje del Sr. J. elum (Mención honorifica.).

•

�•

Domingo 17 de Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUI'IDO ILUSTRADO.

_¡;

Domingo 17 de Mayo de 1903.

no, son los siguientes: de «La Esmeralda" (primer premio). de Mosler.
Bowen y Cook (~t&gt;gundo premio), del Casino Nacional, del Hotel Guar~
&lt;liola, de la Dro~uE.-ría, de Carlos Félix, de la American Surety Company, . de la Cn~t~lena &lt;le Plateros y ele la Droguería de la Profesa
[mencwnes hononfica,:J. Había, adem:ís, otros edificios vistosamente
engalauadaR
Entre lo~ carru:ijes c,nne!·cialti:, mencionaremos como los principales el de «~a Tabacalera ::',f PX1ca11a», q LJE' ohtu vo el primer premio, el de
Drogu~na de 1~ Profe~n, ,¡ne olitu~o el ~e~undo, y los de «El Buen
lono,» «bl Palacio de Hierro,, y «El I uerto de Veracruz» que ganaron
las menciones honorífica!-'.
'

ras y los balcones, lo saludó con una salva de aplausos, aclamándolo.
Organizado el desfile, conforme al orden que indicaba la convoC3;t~ria respectiva, partieron del Empedradillo, para la Alameda, las b1c1cletas adornadas. Fueron muchas las que tomaron parte en el concurso, y tan variados los adornos que presentaban, que nos sería imp~sible
describir una por una. Para no citar sino las más notables, mencionaremos la del joven Manuel Tovar, que simulaba una canastilla cubierta
de flores· las que representaban, unidas, un automóvil tapizado de
rosas, q~e conducían los Sres. Enrique y Esteban Brito, y las que, formando un tándem revestido de papel p\ateado y flores rojas Y blancas llevaban los Sres. Manuel Tovar, Roberto Ymaz y José Basurto.
El' joven Tovar, que conduda la canastilla, ve~tía de gato blanc_o
y obtuvo el primer premio. El _segundo lo obtuvieron los ~res. Bnto. Hubo, ademá8, otras máqumas que llamaron la atenc1on por s1L

!~

La Casa Mosler. (2o. premio.)

"La Esmeralda." (1er. premio.)

Notables también por el primor con que estaban engalana~os, fueron los carruajes de la sefiorita María Ramírez, del Sr. Uhses Basetti y del Sr. José W. de Landa y Escandón, que obtuvieron segundos
premios. El primero lucía abullonados de gasa color de rosa, y guías,
listones y flores del mismo color, entrelazados con verdadero arte.
El segundo, piezas florales, de muy buen efecto, que representaban
cuernos de la abundancia, y el tercero, palmas.y flores que ofrecían
un soberbio golpe de vista. El Sr. Basetti y su esposa ocupaba~ e~ s~gundo, y las sefioritas Guadalupe de Landa, Luz Landa Os10, V1rgm1a
Landa y Buch, Dolores Landa., Guadalupe Landit y Buch y Teresa
P. Buch el último.
.
Las menciones honoríficas se adjudicaron á los caballeros y damas siguientes, por los carruajes adornados que presentaron: Sr. Tomás.:Morán, Sra. :Manuela R. de Ramiro, Sr. Luciano Cobián, Sr. Alonso Fernández Caste116, Sr. Ingeniero Miguel Quevedo, Sr. José :María Loza-

Droguería de Carlos Félix (Mención honorífica.)

no, Sr. José l\.L Bermúdez, Sra. Luz González Cosío de López Sr. Antonio Pliego y Sr. Reni Sarra.
'
El carr_uaje del Sr. ~ermúd~z iba adornado con azaleas y gardenias.
Los primeros premios consistían en un estand&lt;trte de seda lila, con
bor)as de oro, b~rdado ';( con esta inscripción: «Ayuntamiento Constitucional de México. Fiesta Floral. -ler. premio del concurso de
automóviles, carruajes comer.::iales, carruajes particulares y de bicicletas." Los segundos premios eran rojos, y las menciones honoríficas,
color de rosa unas y gualda otras. Estas tenían la forma de banderolas, distinguiéndose en esto de los premios, que afectaban la de un
gallardete.

*
En c~anto á los edificios, los que más se distinguieron por su ador-

Tanto ó más animado que el desfile, estuvo el
combate de flores que se efectuó en Chapultepec.
Más de dos mil carruajes concurrieron al paseo,
tocando hasta las 7. p. m. las mejores bandas militares.. El combate, lil!rado con flores, confetti y
serpentmas, se reanudo por la noche en Plateros
en medio del más franco entusiasmo.

adorno y que fueron premiadas con menciones
honoríficas.
Al d'3sfile de bicicletas, siguió el de automóviles.
Las sefioritas Ana Rubio y Mercedes Berriozábal ocupaban el señalado con el número 1, propiedad del Sr. Arquitecto Enrique Fernández Castelló. Literalmente tapizado con gardenias y camelias rojas, este automóvil llevaba prendidas á
las varillas que sostienen el toldo, guías de claveles y otras flores que realzaban notablemente su
belleza. Obtuvo el primer premio. La mención
honorífica se adjudicó al número 5, del Sr. Francisco Suinaga, ocupado por las señoritas Matilde
Ituarte, Concepción Zenea y Ana María Algara.
El adorno era vistoso y artístico.

*

Ojalá que el éxito oLtenido en esta ocasión por
los señores Regidores Núfiez, Galindo y Villa
Que.vedo y Fernández Cast~l)ó, impulse al Ayun~
tam1ento á establecer defimt1vamente entre nosotros la costumbre de saludar la llegada de la PrinrnvP.ra con fiestas tan hermosas como la que acabamos de reseñar.

·-·

La indulgencia es uno de los aspectos de lasabi&lt;l uría. - H. DE LA PomfERA Y.

'f&lt;

Si el paso de los automóviles por Plateros y San
Francisco, hasta la Alameda, reeultó muy lucido,
el de los carruajes, entre los cuales había algunos
verdaderamente notables, produjo entre los espectadores la más agradable impresión. Una lluvia de confetti cubrió el suelo,y las serpentinas formaron, sobre el mar de cabezas que se agitaba en la avenida, una red de colores.
La ((victoria» del Sr. Mayor D. Pablo Escandón, tirada por un hermoso tronco de caballos
«moros,» estaba adornada con infinidad de violetas que formaban guías artísticamente distribuídas en la caja y en las guarniciones del tiro. Esta «victoria,» que obtuvo el primer premio, iba
ocupada por las señoritas Escandón y Rincón
Gallardo.

Droguería de la Profesa. (Mención honorífica.)

*

Los más desgraciados no son los que sufren la
injusticia, sino los que la cometen. -MONTES·
Q,UIEU.

*

La sabiduría práctica no tiene más que un:i r.,.
cuela: la de la experiencia. -81',nLEs

Carro de la ".Tabacalera." (1er. premio.)

Carro de "El Palacio de Hierro" (Mención honorifica.)

•

�•

Domingo 17 de Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 17 de Mayo de 1903.

ta Estadón Sanitaria tn 6uaymas.

Ed ificio de la Estación San it aria de

Guay mas.

Un establecimiento de gran importancia para el servicio de sanidad en los puertos, acaba de inaugurarse en Guaymas: nos referimos
á la estación sanitaria que, por acuerdo del
Consejo Superior de Salubridad, se fundó allf
recientemente.
Esta estación es, sin duda, la mejor y la
más bien dotada de cuantas ~xisten en la actualidad en el país: sus departamentos han sido constr uídos previo un detenido estudio y
están provistos de todos los aparatos y útiles
más modernos indispensables para el objeto á
que se les destina. Debido á la distribuci6n
que se les ha dado, y al sistema que se sigue
en el servicio, la desinfección de los equipajes y ropa~ de los pas_ajeros en. tiempo de epidemia se efectuará sm molestias para éstos y
en un¿s cuant0s minutos. Los pasajeros pasarán primeramente á la i:,ala de desinfección,
entregando antes en la de e~tufa sus prendasde
vestir. De allí serán conducidos al baño, y
una vez que salgan de él, recibirán sus ropas
ya desinf_ectadas, para que puedan segui~ su
camino sm temor de que lleven el contagio á
la ciudad.
El departamento de baños se compone de
diez cuartos con estanque, regadera, etc., etc.
En este número publicamos tres grabados
relativos á la nueva estación sanitaria.

LA VICTORIA DEL SOLDADO.
Aún resonaban con eco pavoroso en la montaña las descargas de la fusilería, cuando rodó un soldado desde la altura á la garganta
del valle, bañado en su propia sangre, atravesado el pecho por traidora bala.
Avanzó el día. Se hundieron los últimos
rayos del sol tras la colina de la aldea, besando melancólicamente el dorso de los montes.
Las sombras con ropajes de negras gasas.
o&lt;mltaron la agonía del soldado, en tanto que
las aves, desde los nidos en que plegadas las
alas calentaban á sus hijuelos, gorjeaban una
música extraña, así como las notas dulces de
un cántico místico.
La luna, encantadora reina de la noche,
asomó tristemente tras un jirón de nubes; y
bordaron las estrellas su manto negro con un
enjambre de lágrimas de plata.
Venían á presidir el duelo.
El arroyuelo, que serpentea al pie del~ ermita derruída, murmura una salmodia triste.

*
**

Departam ento de estufa d e desi nf ección.

Comenzó el desfile.
El graznido del hubo-centinela agorero que
se columpiaba en la erguida copa de la centenaria encina-anunció la media noche.
Una virgen pálida vino á mojar con las lágrimas de su lloro la lívida faz del mori bun·
do; era la blanca niebla.

***

La esposa amante del Sol se había ausenta•
do, acaso para ocultar su pena, tras las nevada11 cumbres de la alta serranía.
Viajeros rezagados, algunos luceroe, vacilan·
tes y soñolientos, dando traspiés como beo·
dos, vagaban por la esfera.
Se acercaba la aurora.
Hubo música en los nidos.
El siniestro buho, eter.uo enamorado de las
sombras, después de lanzar su po~trimer graznido, tendió sus negras alas y se perdíó en el
espacio.
Las flores despertaron. La brisa meció sus
tallos, é hizo caer de sus cálices entreabierto~
las perfumadas gotas de rocío, que fueron a
mojar la frente del cadáver.
Había terminado la agonía! ......
ELIEZER

Punt o de la playa en que está instal ada la Estación Sanitaria.

D.

PETIT.

..

.......

,s
,t.

.,~.:;, ;.i,-~
•

Eu~ntos d~ Espantos
III

EL NAHUAL (?)
I
Desde muchas horas antes de amanecer andaba en el monte, guiado por u n mocetón fuerte, nervioso y esbelto, que conocía la sierra con
todas sus entradas, salidas y vericuetos. Eran próximamente las once
de la mañana. El sol se derretía en chorros de fuego, y el cansancio y
el hambre habíanme agobiado de modo tal,que determiné no continuar
más en pos de los venados, único objeto con que saliera del rancho,
no muy cerca.no de nosotros á esa hora, pues ocho largas hacía desde
que empezó nuestra cinegética expedición.
Como se me asegurara desde la noche anterior que, á poco de correr y de transmontar las primeras colinas donde empezaban á elevarse los enormes estribos de la sierra, habríamos de encontrar dos partidas de venados que campeaban en unos sembradíos de cebada, á la
orilla de las ya pizcadas labores de maíz que desde las casas divisábamos, me conformé, al levantarme, con un jarro de café negro, buen
trago de aguardiente y unos cuantos bocados de pan . Así es que, después de tantas horas de ejercicio, me hallaba completamente desfallecido. Y lo peor del caso era que mi tenacidad y mi empeño no obtuvieron compensación ni recompensa alguna, porque de las codiciadas
reses no encontramos sino las h uellas, y no frescas por cierto, pues las
más recientes acusaban el paso de la partida con una antigüedad de
varios días.
Aunque del rancho había falido á caballo, tu\'e que dejarle atado
á un tronco donde la senda que teníamos que remontar era tan empinada y abrupta, que no dejaba paso á la cabalgadura. Mi conductor
i ba á p ie; pero ahí se las dieran todas, pues no parecía i,ino que se paseaba por ameno prado y que la roca viva sobre que se abría el sendero era una suave rampa de mullidísima alfombra fapizadn.
Rendido pues, de tanto andar sin provecho ni esperanza de nlcanzarle, pu¡s á las horas del sol todos los animales montaraces van ú
!iestear sombreándose en los sitios más apartados y oculto!', &lt;le.terminé,
como h e dicho poner fin por esa vez á mi tarea y regresar al rancho,
donde, despué~ de confortar .el estómago y dar descanso al cuerpo, en derezaríamos hacia otro rumbo nuestra expedición, pues yo soy tenacísimo é infatigable cuando de montería se trata, y no le doy punto
hasta que logro derribar siquiera una pieza de las que me propongo
perseguir.
Bajamos de la montaña, y aunque el descenso era penoso por lo
empinado y áspero de la cuesta, hicímoslo con rapide.z s_uma, hasta llegar al sitio donde el caballo esperaba despuntando .pacientemente las
pocas hierbas que estaban á su alcance. Mientras nos ocupábamos en
enfre~arle y apretar el cincho de la mofitura, acert6 á_pasar cerca de
nosotros un vaciero que sobre menguado macho ruCio recorría gran
extensión de la sierra vigilando, según me dijo, diversas pastorías que

bajo su cuidado estaban. Enteréle del objeto que por aquellas asperezas nos traía y nos manifest6, con grande contentamiento mío que me
hizo palpita.r el corazón y hasta olvidar en un instal\te las pasadas fatigaf-, que no lejos del lugar donde nos encontrábamos acababa de ver,
hacía una hora escasa, las dos partidas de venados que iban á refocilarse con la cebada de los vecinos sembradíos; que seguramente habríamos de dar con ellos cuando la tarde empezase á declinar ; y por
último, se ofreció el buen rabadán á conducirme él mismo al sitio
donde todos los días sin faltar uno, y al salir 6 ponerse el sol, los deseados antílopes se dejaban ver sin recelo alguno, pues mucho tiempo
hacía que nadie les daba caza. Ante tan halagadora perspectiva, me
resolví, sin vacilar, á quedarme en el punto donde me encontraba, que
un bosque de encino y palo blanco cubrfa del sol, desparramando en
torno plácida frescura.
Ordené á mi guía ir al rancho y traerme lo que más pronto y á la
mano encontrase de comer y, aunque le ofrecí con insistencia el caballo pata mayor rapidez y comodidad, no lo consinti6 en manera alguna é Mzome VP.r probándolo hasta. la evidencia, que más pronto y mejor llegaría en el caballo de San Francisco, pues cualquiera otro le incomodaba y servíale de estorbo solamente. Dejéle hacer. Le vi bajar
la última colina, echar por un atajo y perderse después á lo largo de
los barbechos en los abandonados laboríos. Quedé solo con el vaciero
informándome de todo lo que á la caza por aquellas montañas se refería., y siendo satisfactorias por demás sus informaciones, supliquéle
con el más.gra!}de encarecimiento no dejase de volver para acompañarme á la ronda de las tan decantadas partidas. Me lo prometi6 de
la. mejor voluntad, asegurándome regresar á poco, pues sólo tenía que
irá «echar un vistazo,, al hato más próximo,que se encontraba distante una pequeña legua.
.
Dos escasas me separaban del rancho: aEÍ es que, dada la destreza y actividad de mi guía, antes de dos horas esperaba su regreso, y
entretanto me aperejé á descabezar un sueño sobre el reseco zacatal
del monte. Como busqué la ruejor posición, la que tomé al echarme
permitíame abarcar con la mirada inmensa extensión de la llanura
que ~e perdía al pie de la tendida falda donde reposaba, la cabeza en alto y el cuerpo descendiendo, según la suave ondulación de
la pendiente que me servía de lecho. Estaba ya completamente solo:
el caballo atado muy cerca y mi carabina '\Vínchester apoyada en un
encino al alcance de la mano.
El sol del mediodía clavaba sobre la tierra gris sus estiletes de
lumbre, que, al atravesar la atmósfera candente, vibraban cual moléculas de oro fundidas en el inmenso crisol del espacio.

II
Regalado .bienestar inundóme al sentir en mis miembros el contacto fresco de la sombreada tierra. Entorné los ojos para librarlos &lt;le
la Iejana reverberaci6n del campo. Poco á poco empez6 á rielevarse al

•

�•

Domingo 17 de !ti.ayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

gerísimo, estaba descansado y el coyote no podía correr mucho por la
dilatado panorama, profundo y vario al propio tiempo en su monotoplanicie sin que presto le diera alcance. Varias ocasiones había emnía. misma, pues un detalle, un a~cidente haladí que surgiera de pronprendido con éxito persecuciones semejantes; así es que abrigaba la
to en cualquier punto del paisaje, imprimía.nle admirable diversidad,
seguridad de cansar al malrndo y ladrón raposo á quien juré hacer paperceptible claramente al ojo experto en semejantes contemplaciones.
gar con la muerte todos sus merodeos.
La planadii se extendía tersa y brufíida por la pesada y aplastante onda abrasadora del sol, haciéndola brillar en la lejanía con un esIII
pejismo áureo y trémulo que inmensas lagunas y refrigerantes corrientes semejaba. Los surcot; del abandonado barbecho aparecían como
Alcanzaba, por fin, á cortarle terreno. La distancia iba menguan •
cintas donde el oro del sol se descoloraba en cobres profundos y apado. El coyote había tomado por un atajo que hacia larguísima cerca
gados, y las duras gleba~, lo mismo que las cepa,, de los rastrojos, rede piedra encaminaba. Tal cerca no fué descubierta por mí sino en
verberantes y policromas, figurábanseme enormes gemas de una capriaquel momento. Dividía las llanuras labrantías de los cerros, forma nchosa y nunca imaginada pedruía.
do dos potreros. Era bastante elavada y corlÍa en línea recta, subien!fasta donde la vi,ta alcanzaba se tendía la llanura, recortándm,f,
&lt;lo y bajando sobre la falda, según las ondulaciones del terreno. Al
allá muy lejos, por la inmenr-:a mancha verde y cenicienta del mezquipie del lienzo y paralelo á él, hundía.se un vallado poco profundo v
tal, en cuyo medio se asentaban las rancheríai-. Mús cerca y en el cencegado en partes por las c~rrientes de la sierra. Por allí seguía desátro de alg6n campo labrantío, desnudo ya de su pompa, f'Ur~fan rnforado el coyote, y yo tras él no cejaba un punto. Pero evidentemenhiestas y rígidas las secas cañas, de donde la mazorca fu{, nrrancada,
te f}Ue si el fugitivo alcanzaba á saltar cerca y vallado, se remontaría
como rojas espadas centellnnles; y aquí y nllá Sf amontonaban giganpor lm1 cerros, ~cultándose entre los mogotes que, salteados aquí y allá,
tescas hacinas &lt;le rastrojo, fulgurantes al sol cml monumentales edien el declive de la fa.Ida, iban espesándo~e más y más, á medida que
ficios de oro puro. Por otro lado, y rompiendo la mononía gris de la
la. montltña se empinaba. A evitarlo á todo trance corría yo desalado
planicie, sola y aislada, á grandísimas dislanciaR, surgía de la tierra
y lograrlo creía antes de mucho, pues por dos ocasiones el bermejo cala nota verde clara de copudo mezquite, como una enorme brocha d~
nino se detuvo fatigado, sentándose sobre los cuartos traseros y diriesmeralda; y más acá, ya muy cerca de mí, á clerech11. é izquierda cogiendo hacia mí sus orejas rígidas y el agudü•imo hocico que constanrría en interminable sucesión la no interrumpida cadena de colinas y
temente atenaceaba sin piedad á la pobre galliua, y ya casi exámine,
laderas festoneadas de vegetación que se levantaban gradualmente soá juzgar por las ligerísimas convulsiones en que se agitaba. Y en esas
bre el terreno, hasta empinarse en las tiü111icas moles de la cordillera
do,i ocasiones intenté disparar haciendo blanco al detener de súbito el
que atrás había dejado. Y arriba, muy arriba, altos, altos, manchancaballo; mas el astuto animal emprendía de nuevo é instantáneamendo el esmalte azul del ei:;pacio, negrísimos y profundos, revoloteaban
te la rápida carrera obligándome á iseguirle siempre á todo lo largo de
los cuervos solitarios, con vuelo sosegado y solemne, c:&gt;mo trÍlgicos
la cerca.
gérmenes de tiniebla ~ue buscaran un sitio pnra cla,·arse en la esplenY á cada momento me acercaba. Unos cuantos más, y tenía la sedorosa inmensidad del éter incendiado.
guridad de fusilarle á mansah•a, pues el coyote iba debilitándose l!eRecogiendo la vista, fijéla en un punto de la llanura y descubrí,
gún se echaba de ver en lo flojo de la carrera y la desesperada ansiedad
en medio de manchonel.! de maleza, los jacales de una estancia, cercacon que buscaba la. salida por cualquier parte. Yo estaba ya jadeante
dos por apretada hilera de magueyes y cardones: podía distinguir apey trémulo por el ardor de la persecución que de frenético estímulo me
nas las tapias de adobe con sus tejados de palma. No había señal de
servía. Un instante, un solo instante, y la presa era segura. Yeíale el
movimiento y vida en aquella mansión, y una tristeza, vaga y honda
rojizo pelambre enmarañado é hirsuto y la esponjada cola casi barrienal mismo tiempo, la rodeaba por todas partes.
do el suelo y medio escondida entre las ancas ... Y de repente, en un
Ya he dicho en otra vez que el campo es triste, siempre triste, insolo punto y de un solo golpe, el animal saltó por oculto brinca.demensamente triste; y hay la singularidad de que la penetrante imprero de la cerca, donde sin duda los leñadores 6 los cuatreros habían rosión de melancolía que produce es tan augusta en la mediación del
dado las piedras para abrirse paso y comunicación entre lasidos desol como en el peso de 1a noche. Siempre existe cierta lobreguez en la
hesas.
majestad &lt;le esas dos horas; sólo que no hay en la del mediodía el horror que por la noche tanto perturba el ánimo y lo amedrenta. Pero
M.\NUEí, ,J. ÜTHÓN.
el que se encuentra en la soledad de los montes cuando el sol toca en el
( !'11\l' l.l'IH,\.)
cenit, siéntese flobrecogi&lt;lo perpetuamente por el infinito y perdurable
misterio de la Naturaleza. Y si el paisnje que se desarrolla ante los ojos
es dilatado, monótono y salvaje, entonces el alma va á empaparse en
la sagrada tristeza, como los picos más encumbrados de las montañas
se empapan en la suprema frialdad de las eternas nieves.
Aunque lo procuré con todo empeño, no pude dormir. El campo,
cuando no hay un objeto que divierta mi espíritu de las cosas comunes de la vida., prodúceme á menudo cierta embriaguez estática, ó más
bien dicho, ufm borrachera en que me sumerjo pláridamente hasta llegar, á fuerza de abstraerm., en la meditaci6n contemplativa,á ese punto muy semt'jante al Nirvana, que el inolvidable poeta describi6 en
un verso de penetrante intensidad al preguntarse:
((¿En qué pensamos cuando no pensamos? ...... »
Estaba, pues, llegando á ese estado espiritual, cuando un accidente s6bito me despertó de mi marasmo. En la estancia 1ue juzgué solitaria y que se aparecía como á un cuarto de legua, vi revolotear, tras
el cercado de magueyes, muchas aves de corral que en confuso desorden y apresuradamente pugnaban uor eludir un pdigro. Al mismo
tiempo aparecieron en el boquete que servía de puerta al solar dos mujeres que agitaban los brazos con ademanes y aspavientos desesperados, y ta.les gritoi:; lanzaban, f}Ue llegaron perceptiblemente hasta mis
oídos. Y en aquf'l propio ini:;tante, un animal que pude distinguir á
la distancia y acababa de saltar el cercado perdiéndose entre los matorrales del montecillo, apareció de pronto en plena llanura, corriendo
rápida y derechamente hacia el sitio donde yo me encontraba. Dos
perros ladrones furiosos le sfguían, pero sin lograr alcanzarle, y, dei:;alentados y rendidm:, fueron quedándo;:e atrúH, uno de otro, ya sin intento de continuar la persecución. Todo esto dur6 algunot; minuto~.
Yo me habí:i incorporado sobre el brazo derecho y al través del ramaje observa.ha. atenta y tautelosamente. El animal perseguido que con
t&lt;U ligereza lograra burlar la furiii de su;; enemigos, era un coyote gnmtle y peludo, y en el ho'.'ico traía una gallina negra que agitaba las alas
cacareando lastimosamente. A cada im,tante :-10 acercaba más á mi
puesto, y calculando yo que no tardaría en estar {¡ tiro, eché mano á
la carabina y me aperci?i á aguardar en acecho aquella á quien ya
consideraba por sr~urí,nma presa. Mas cuando el animal iba á ponerse á mi alcance, con la 1:!ingular astucia de que est{t dotado, adivinó
sin duda mi pre~cncia, por los movimientos que hice nece:::ariamente
al tender el arma para encañonarle y disparar en el momento que le
tuviese bien enfilado.
Y repentinamente el coyote torció el rumbo hacia mi derecha y á
todo escape se lanz6 atravesando los ba1bechos con dirección al cerro.
y con la misma rapidez me puse en pie; y desamarrar el cab11.llo y ponerme de un salto, sobre la silla, obra fué de un solo instante. Y desatentado bajé por la colina como i:i á despefiarme fuera, enderezando
la carrera en pos de la escapada bestia, á quien tratf desde luego de
atajar, cortándole el camino que hacia la montafia proseguía. Mucho
:\lcanzó á. aventajarme en tan cortos momentos; pero mi caballo.era U-

Domingo 17 de ?.'.layo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

m

P royecto para la construcción del Panteón Nacional.

fonso XIII árbitros en las reclamacioneis de
Espafia; pero, por lo que toca al superárbitro
aquel soberano eligió para que hi::iera el nom~
bramiento respectivo al Sr. Gral. Díaz, Presid_en!e de Ménco, y el. Supremo )Iagistrado se
s1rv16 confiar esta delicada misión al Sr. Lic.
D. Luis Gutiérrez Otero.
Hoy publicamc,s en nuestras columnas los
retratos de los Sres. Lirs. Gutiérrez Otero y
Durel
·

EL PANTEÓN NACIONAL.
P ublicamos en este número u11 grabado que
representa el proyecto del sefior Arquitecto
don Guillermo Heredia, conforme al cual se
construirá el Panteón Nacional cuya primera
piedra fué colocada solemnemente por el Primer Magistrado de la Nación, el viernes de la
semana pasada.
En otra ocasión hemos hablado acerra de
este proyecto y, por lo mismo nos limitamos
únicamente á dar á conocer el' dibujo en perspectiva de la gran rotonda y del monumento
que se levantará en el Panteón y que debe
contener los restos de los héroes de nuestra Independencia.
La ceremonia, sencilla é imponente fué
amenizada por una de las mejores band~s militares. El sefior Arquitecto Nicolás Mariscal
pronunció un discurso alusivo al act-0 que se
celebró, y el sefior Ramón Villalba recitó una
poesía que fué aplaudida.
Entre los concurrentes, vimos á los señores
Secretarios de Estado, á algunos jefes de alta
graduación en el Ejército, y á numerosos funcionarios de la Administración P6hlica.

tos niños Jlbandonados.
Pobres niños que brotan en la vida,
como brotan las flores en la sel va,
sin saber cómo brotan y sin ramas
que con sus hojas cubran su belleza!
Amadlos. ¿Son culpables esos lirios
de nacer del estiércol de la tierra?
Xutridos del rocío de las lágrimas,
sus corazones aman la tristeza:
si no murieran en su yerta aurora,
para siempre serían flores yertas!
En sus cálices blancos tienen almas
henchidas de suavísimas esencias,
y solos como van, siempre sonríen
sin soñar en miradas ni en ternezas.
Con sus ojos nostálgicos parecen
adivinar que vienen á la tierra
á morir::;e de olvido, cual las flores
que brotan en el fondo de la selrn.
Su de:stino es secarse cuando ríe
el sol de la amorosa primavera;
i:;er nota negra v fría en la alborada,
doliente inspiración de los poetas,
nieve en los hondos valles florecidos,
héroei:; &lt;le melancólicas levendas:
nacen para formar el ladÓ obscuro
del contraste fatal de la existencia.
Yo :i.o sé si más tarde de la muerte
renacFlr{tn cantando en una estrella;
más, al llegar las noches de diciembre,
sus carnecitas sin calor se hielan,
y se mueren soñando con los lobos
que tienen una madre que los quiera.
-TOAN

R.

JOONEZ,

DE HEREDIA.
LOS CONQUIS'l'ADORES

Sr. Lic. D. Lu is Gutiérrez Otero.

La Cuest ión d e Ve n ezuela.
Como se sabe, próximamente se reunirán
en Caracas los Tribunales de Arbitraje que
deben conocer de las diversas reclamaciones
presentadas contra\'enezuela por algunos países. Las naciones reclamantes, de acuerdo con
esa. República, nombrarán cada una un árbitro, designando al mismo tiempo al Jefe de
Es~do á quien corresponda elegir el superárbitro que habrá, en cada caso particular de

Sr. Lic. D. Fernando Duret.

lll:s recl~ma~i&lt;:m_e.~, de decidir los puntos de
discordia, dmg1entlo como Presidente del Tribunal los debates.
En las reclamaciones de México nuestro
Gobierno ha nombrado úrbitro al
Lic. D.
Fernando Duret, y el Rey D. Alfonso XIII
designado para nombrar el su perárbitro, ha en~
comendado estas funciones al Ministro de Espafia residente en Caracas. No se sabe aún
quiénes hayan sido deeignados por S. M. Al-

s;.

Como ~n ba~do _de halcones que el breñal,
De su altiva miseria fatigados
Dejan, de Palos jefes y forzad~i:;
Parten con suefio heroico y brutal.
A la -::onquista van del vil metal
De Cipango en los moutes apartados,
Y el viento !os empuja f.. los soñados
Confines de la tierra occidental.
Su afán ardiente de un mañana utópico
Los mece en el azul del mar del trópico
Que embriaga y dora sus constantes velas
Y ven surgir, con renovado anhelo
'
l\liles de estrellas nuevas en el cielo '
Delante de las blancas carabelas.
~'. NAVARRO Y LEDJ::SMA.

"ZULEMA."
El maestro Ernestv El~rduy, conoci~o por
sus ~ermosas y elegantísimas composiciones
mus~cales, acaba de dar una muestra de la
p}emtud de su talento, con el poema musical
«Zulema,» re¡,resentado en el Teatro Principal
hace pocos días.
La obra del maestro arrebató el corazón de
los e~pectadores, por su dulzura y su apasionamiento, nada vulgares.
Su 1;1érito es tal, que no pudo pasar disimulado m aun para. la muchedumbre acostumhra~a {~ las e:icenns grotescas ó ridículamente
sentimentales del género chico.
Auu la misma Empresa del Teatro Principal, comprendiendo el alto mérito de la obra
pu-o em~eño en que ésta fuera representatl:'l
con propiedad, para lo
q ne mandó pintar decoraciones y hacPr trajes bastante á propósito para que su aspecto
no desdiga de lo que la.
m6sica significa.

*
Por los grabados que
ahora publica m os,
nuestros lectores podrán apreciar el conjunto de algunas escenas de las más salientes de la obra.

Sr. Janet, escenógrafo

del Principal.

•

�•

Domingo 17 de Miay,o de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO .

EL MUNDO ILl.JSTRADO.

Domfngo 17 de Mayo de 1903.

1.-Terraza de un Cas-

tillo en
nopla.

Constanti-

2.-Dúu del ler. cuadro.
3.-Un Bazar.

4.-Baile de bayaderas.
5.-El Harem.
6.-Mercado de esclavas. Muley liberta !í
Zulema.

•

�Domingo 17 kle Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

JlJL MUNDO ILUS'1'RADO.

El turlto~lo Quintana Roo.
En el presente número ampliamos nuestra
informaci6n gráfica relativa á la campaña de
Yucatán, dando á conocer otra serie de fotografías que creemos será de interés, por trafarse de un asunto muy poco conocido, en sus
detalles, de la generalidad de los habitantes
clel país.
En una de nuestras ilustraciones aparece
la «india Desideria", que ca8i desde que se inici6 la "Campaña, ha prestado buenos servicios
á las fuerzas federales, guiándoias á través de
los bosques que pueblan la comarca, hacia los
puntos en que se ocultaban los rebeldeP.. Ln
india está acompañada de otras mujeres de su
familia.
En otro de los grabados que ofrecemoi&lt;, puede verse un hospital establecido en el campamento ccGeneral \'ega» con el ohjeto de atender
á la a!'istencia y cuidado de los soldados enfermos. El edificio es de madera, está pintado
con aceite en su parte interior, para facilitar
el aseo de sus pisos y paredes, y consta de varios departamentos capaces de contener cada
uno hasta cincuenta c,1.mas. E;ito,i departamentos reciben luz y;ventilaci6n por una
serie de amplias ventanas abiertas.en los muros laterales. La casa del señor_ General de la

La guía Desideria y

EU

familia.

El Sueño ele Don Juan

Hospital en el campamento Vega.

cual ningún otro recuerdo. Y pens6 arrojar de
su corazón desolado el recuerdo de sus besos.
Y los recuerdos de sus besos comenzaron á salir de su corazón supliciado, por su boca entreabierta, en forma de unas tardas, y lánguidas y dolientes mariposas.
. Las primeras que aparecieron en su hoca y
volaron por la estancia fueron negras. Y Don
Juan pensó: esas mariposas negras deben ser
el recuerdo de los besos nacidos en las noches
de locas orgías sobre los labios sin amor de las
mujeres impuras.
Luego volaron de la boca las mariposas amarillas. Y Don Juan pensó otra vez: esas deben ser los besos de las atroces perfidias. Y
por último aparecieron las mariposas azules. Y
Don Juan, lleno &lt;le melancolía, recordó que
aquellas mariposas serían el recuerdo de los
besos románticos que &lt;lió temblando cuando
su coraz;',n en flor apenas tendría quince radiantes, inocentes años!
Y todas aquellas mariposas volaron de su
boca marchita como de una flor sin perfume.
Volaron algún tiempo por la estancia mortuoria, y huyeron al fin en aturdida caravana, á
recorrer eternamente los jardines del mundo.
¿Pero el destrozado corazón de Don Juan quedó completamente vacío?
¡Ah! no. Hubo una mariposa que Don Juan
nunca creyó ver salir á su boca impura de libertino empedernido. Y fué una mariposa
muy blanca, muy pálida, muy radiosa que
agitando sus alas de nieve impo,ible sobre la
vaga palidez de sus labios, no quiso huir de su

Sobre la copa de un ceibo, cantaba un turpial al Sol, cantaba á la gloria de la Primavera, la bella estaci6n radi&lt;1.1üe. Pero Don Juan,
envejecido, tembloroso, apolillado y roído por
los afios, miraba con melancolía á la púrpura
lle las rosas y al oro del Sol. A los 80 aiiospensaba,-en un día de primavera, los viejos
no piensan sino en dormir. Son como la ceniza. Quieren dormir para conservar en la entraña, intenso y puro, el rojo rubí del fuego.
Y Don Juan, bajo la sombra. del ceibo en flor
donde cantaba el turpial,se durmió profundamente...... Y sofi6.
Sofi6 que había muerto y que se encontraba envuelto en una mortaja muy blanca dentro de una urna muy negra. Cuatro cirios de
cera pálida alumbraban con su llama triste su
cadáver; y su cadáver se morfa de fastidio en
la gran estancia mortuoria, en donde no se ·escuchaba el menor s0llozo de mujer. ¿Que se
habían hecho la muchedumbre de sus amadas? Las infinitas Eulnlins y Leonoras ¿por
qué lo habían abandonado en la hora suprema de su muerte? Decepcionado, cruelmente
decepcionado, pensó en los innumerables besos que había depositado en tanta linda boca
infiel. En aquella hora de soledad, el recuerdo de esos besos era torturador y amarguísimo

Vega, es también de madera, y tiene la forma
de un «chalet."
Por último, reproducimos la vista de un estero cercano á Chan Santa Cruz, y las de algunas partes de la selva maya, donde se abri6
brecha para el establecimiento del ferrocarril
militar. El grupo de trabajadores que aparece en una de ellas, está formado por negros
contratados en BelicP, para la ejecución de la
obra.

Casa del General de la Vega.

.

'

·~~'. ·, . -~~-..·~ :.~•

coraz6n abandonado ...... No quiso huir, y al
contrario, tornó al corazón solitario de Don
Juan, porque aquella mariposa divina era el
recuerdo de un beso que no pudieron dar sus
labios, de un beso que murió tristemente en
su boca, una tarde de primavera en que encontr6 con los labios entreabiertos y la respiración anhelosa, á una muchachita, rubia como un rayo de sol, que en su nómada vida de
bohemia, libre al deseo, se había quedado dormida sobre la yerba, bajo la sombra de los
ceibos, en el recodo de un camino solitario....
A. FERNÁNDEZ GARCÍA.

·-·

Un pueblo es el medio de que ee sirve la
naturaleza para producir seis ó siete grandes
hombres. Sí: y en seguida para evitarlos.
Un grupo de trabajadores en el Ferrocarril
militar.

*

En la venganza y en el amor, la mujer es
más bárbara que el hombre.

Bajo el dosel movible de vid jugo1,a
donde cuelgan racimos de moscntele~,
riendo las manolas y churumbeles,
celebran una juerga jacarando~a.
La rubia manzanilla corre espumosa
tiñendo de amarillo blancos manteles,
y resuenan mil voces y cascabeles,
y es la luz más ,\legre y esplendoro1&gt;a.
Se escuchan castañuelas y carcajadas,
chasquidos de cristales, risas, palmadas,
y suben por los aires anchos sombreros.
Y al surgir de los pechos tristes canciones,
las guitarras preludian con sus bordones
las notas sugestivas de los boleros.
Trabajos en el Ferrocarril Militar.

• 1

•

Un estero en Quintana Roo.

CUADRO ANDALUZ.

RENÉ LóPRZ.

bom1ngo 17 de Mayo de 1903.

La fechada del Hospital "i:&gt;orfirio Dlaz" en Chihuahua.

El J;ospttal "Porfirio Dlaz" dt eblbuabua.
Entre las numerosas mejoras materiales lleYadas á rabo últimamente en la capital del Estado de Chihuahua, figura el Hospital denominado «Porfirio Díaz,,, qu&amp; se levanta en la
Avenida Colón de aquella ciudad y que es, sin
duda, uno de los mejores del país.
El edificio fué construído previo el dictamen de personas respetables por sus conocimientos científicos, y su costo, en números redondos, se eleva á cien mil pesos. El estilo
g:en~r~l de la construcci6n es ,el gótico; el frontisp1c10 se compone de un portico central defendido por una verja de hierro y ocho ventanas distribuídas simétricamente, y el sistema
adoptado para la distribución interior es el de
pabellones aislados que forman dos grupos
uno para hombres y otro para mujeres. Ade~
má~, el edificio cuenta con departamentos especrnles para la Direcci6n, habitaciones de
ei:nple3:~os, sala de recibir, biblioteca y Admimstrac1on, así como para Botica Laboratorio
de Química y gabinete bacteriológico y de electricidad.
El nuevo hospital fué solemnemente inaugurado bajo la administración del Sr. Coronel
Ahumada, hoy Gobernador de Jalisco.

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.,_;:?/{:· . ;_!, ..,. .,; &lt;::·:},:.{-,-'~\f~';~· -

El Sr. Presidente de la República coloca la primera piedra del Panteón Nacional.

Q•• llldal/a de Oro E~p. dt Hltitne di la inlincia l'arl• .' ~~

CAPERüzrd:~~~r:n'iico.

~,-

. •~,

15

DE MAYO DE

1903.

(APUNTE DE ALCALDE. )

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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que coutlene todas las explicaciones que se
necesitan.
Ademil.s, se adjuntará i\. caaa comprador la traducción de los bllletes originales
en lengua española.
EL VALOR de los bllletes PARA LAS
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Orlgh¡al para la la., 2a. y 3a. clase.
:\!ARCOS 38.- Por un entero BIiiete
Original para la., 2a. y 3n. clase.
A su debido tiempo se avisa il. los dueiíos de billetes, en qué épocas tendrán que
11,wer las remesas para la 4a-, 5a., 6a. y
7a. clase: esto en caso de que el blllete
no hubiera recibido, en et lntermed'lo, un
premio. Pero es muy probable que el billete sea premia.do, PORQUJ-:, como ya estfl
dicho, GAXA CASI CADA SEGUNDO BILLl;:TE, y las probabilidades de ganar aumentan de clase en clase. DESPUES DR
&lt;:ADA F.XTRACCION, SE
lsXVJARA A
'rODO IX'l'ERESADO LA LISTA OFICIAL.
Los Interesados haril.n bien de mandar
sus pedidos POR lsL PRIMER CORREO,
para que se pueda efectuarlos puntualmente.
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por mi, de recibir por mi cuenta cualquier
Importe. Al hacer as!, suplico enviarme
directamente la carta Orden bien clara !).
Hamburgo,
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cuenta de la orden del respectivo pagador.
Todo se reune en esta gmn ioterla, para
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de ella, como es el ARRF:GLO VF:::-iTAJO
so. ]N'J'lmVEXCCOX rmr, GOBIERXO,
SOLIOJ•;z, y ante todo, la GARAN'l'IA
DEL ESTADO l'ARA IsL PAGO DE LOS
l'Rt,:lIIOS. Teniendo relaciones con las
mayores plazas del mundo, PUEDO PAGAR
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~e mandar!). gratis y tranco, el prospl'Cla fortuna, y varias veces tuvo que pagar to oftclal ti quien lo pida. C'orrespoodencla
premios de mayor consideración, especial- en todas lenguas.
mente i\ cllen tes en México.
1

e

ELIXIR FSfOMACAL
DE

SAIZ DE.CARLOS
0.. el H por 100 d.e 1-1 eafenaN Ml

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J:8TOMAG0 E INTESTINOS
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EL «CABARET=DE LA l\IORT. »

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�Domiltngo 10 de Mia¡yo de 1903.

ARTÍCULOS DE PRIMERA NECESIDAD
EL MATB.IM:OBIO.
Y o no creo, como el personaje de una de las
comedias de los Quilltero, que la Estadística,
mi sincera y grave amiga, demuestre. que se
casen más mujeres que hombres en este excelente planeta. Pero estoy persuadido de que,
en México,especialmente,se casan menos mujeres de las que casarse debieran.
Sí, señoras mías, las que habéis pasado el
umbral de ese palacio; sí, señoritas, las que
estáis hechas--para seguir una frase de Shakespeare-con la masa con que están fabricados vuestros sueños: el «artículo» matrimonio
-¡dejadme decirl-va resultando tan depreciado como el metal blanco, y no por exceso
de producci6n, sino por depresi6n en la demanda.
Y no me reprochéis que abuse de mis aficiones, un poco plat6nicas, á esta pícara ciencia econ6mica, porque de ella se trata, precisamente, y por ella ando buscando un rinconcito en donde poner ahora mi púlpito.
El amor es metafísico, per? el matrimonio
es físico. Aquél, está salpicado de rocío de
ideales; éste, de buenos y fecundantes chaparrones de realidades. ¡Desgraciado del que se
atreve á salir de casa sin paraguas, en tiempo
de lluvias!
El enamorado es siempre un poeta que cree
que para que la tierra se abra en pr6diga germinaci6n y la savia ascienda en vivificantes
oleadas, basta con trazar en el hueco de un
árbol las iniciales enlazadas de dos espíritus
que se buscan.
Rip-Rip durmi6 cien años en¿} bosque encantado, y cuando se vi6 en la fuente, una
aureola de cabellos blancos orlaba su cabeza.
El amor es también un bosque encantado y
cuando de él se sale-¡ah, no salgáis nunca de
él, yo os lo recomiendol-la nieve ha sepultado ya el campo de amapolas, que antaño esmaltaban la pradera, como corazones ensangrentados.
Cruza, al cárdeno rayo del sol de mediodía,
en pleno «boulevard,» la luciente comitiva, y
las sedas se irisan y cintilan las pedrerías, y
bajo la breve cúpula de la sombrilla1 los encajes se escapan en borbotones de hgera espuma.
Y entonces, recuerdo á mi amigo, al pobre
Rip-Rip, frente á su pupitre de no importa
cuál oficina pública, trazando en el aire operaciones aritméticas, que siempre lo llevan al
mismo resultado: ¡menos uno! ¡menos dos!
¡menos tres!. ... ¡menos veinte!. .. ¡menos ciento l... Y cansado, cansado de sumar, multiplica, ve con asombro que la matemática sale fallida, y que, en la vida real, «menos» multiplicado por «menos,» nunca da más, sino siempre menos!
Creo-como observáis, mis amigas, éste no
es un artíc1,lo, sino un credo, -creo que el
sexo débil es el que más á la letra ha tomado
el manifiesto de Iturbide que coment6 en el
Ateneo de Madrid don Justo Sierra: 1Somos
el pueblo más rico de la tierra!. ...... Iturbide
contaba de antemano con el voto femenino.
Un coro de vocecitas tiernas lo acompaña.
Don Agustín era un«feminista» ... : .. anticipado. Mi amigo Rip-Rip lo execra, lo abomina;
su recuerdo lo enciende al rojo blanco.
La criolla de Nueva Orleáns, que atraviesa
«Canal Streeti,, con su abrigo de panilla clara;
la parisiense que se encarama en la imperial
de un ómnibus, con su blusa de muselina
blanca y su &lt;(canotier" de fr. 1. 50, «Bon Marché" legítimo; la madrileña, de traje de percal
y mantilla, imitaci6n de Flandes, que trota en
el pavimento de la Carrera de San Jer6nimo,
guardan sus galas de seda para las grandes
ocasiones.
Aquí todas las ocasiones son grandes y no
vemos es decir, no ven nuestras señoras inconve~iente en ir á la Plazuela de Tepito, con
el mismo traje con que asisten á una «primera» de la 6pera, á escuchar la «voz de oro» de
una estrella de «exportaci6n americana."
.
-¿Pero en México-me decía en una oca- i'

EL MUNDO ILUSTRADO.

si6n una extranjera,-beberán ustedes en vasos de esmeralda?
-Ya lo creo, sefiora; y ponemos á la ensalada brillantes, en vez de sal.
Virtud, abnegación, heroísmo, sinceridad,
amor ... ¡Qué hermoso cortejo el que lleva detrás de sí la mujer mexicana! Y sin la humorada de don Agustín Iturbide, mi amigo RipRip no habría sido condenado á trabajos forzados de aritm~tica conyugal.
CARLOS DfAZ DUFOO.

iNO HAY FLORES!
Fué una cuadrilla de Furias la que acampó
en esa montaña de nubes que puso sus combas sobre la esmeralda del Valle.
El sol había secado el rocío de la montaña
y jugaba la luz sobre los péta.los de las flores
cuando la terrible montafia avanz6, hadendo
rodar en el espacio una ronca voz de amenaza.
La arboleda contuvo sus rumores, y fué el
silencio que precede al peligro; cayó sombra
en el Vallll y las flore, de 1013 jardines parecieron disponerse al sacrificio: rezaron pidiendo
gracia á la Naturaleza ó se hundieron en la pesarosa idea de dar un adiós á la vida de los
colores y de los perfumes.
Y la montafia de nubes se detuvo, rugió tremenda ante las víctimas, y amorató, como en
congesti6n de rabia, las volutas de sus colgantes pefiascos.
Volvi6 un momento de calma; las aves lo
aprovecharon para esconderse en sus nidos, el
buey volvió la cabeza al sur, y puso en alto la
nariz para aspirar á pulm6n pleno.
¡Venía la catástrofe!
Un puñado de proyectiles fué á chocar sobre las rocas, sobre los troncos, sobre la tierra
endurecida de los surcos........ Hubo algunas
víctimas que cayeron de lo alto de los árboles:
hojas heridas que se precipitaron en el espacio con la muda resignación de un final de
vida.
Momentos después el ataque se hizo terrible:
un rayado muy denso esfumaba el horizonte
y á veces lo hacía perder de vista; crujían las
ramas débiles, tronchábanse los tallos y las
rosas caían acribil!adae, entregando jirones
de pétalos hasta quedar con los cálices desnudo3.
La cuadrilla de Furias se embriagaba en el
desastre ..... .
El palacio de cristal donde moraban las flores aristocráticas, fué destruído; allí donde se
form6 una alcoba tibia, donde se puso una ba.rera á los vientos, allí penetr6 el proyectil
blanco y se deshizo en criminal gelidez.
Los cristales se vieron combatidos y de.,trozados, cayeron hincando sus cortantes aristas
en las flores reinas y el palacio fué invadido
por el frío rabioso de la tempestad.
S6lo las rocas rechazaron el ataque ......
Por fin, la montaña de nubes agot6 sus pertrechos; el horizonte fné delineándose; los
campos estaban cubiertos con un inmenso pafio blanco: era el sudário que cobijaba á un
mill6n de cadáveres.
1Habían muerto las flores!

***

En tanto la ciudad-que parecía, á lo lejos,
otra nube-se tendía en la planicie del Valle
bulliciosa, agitando sus momentos diurnos'.
Ignoraba que en las cercanías se había cometido un gran crimen; escuchó sí lll. amenaza
de la montaña de nublls, pero Re dijo con estoicismo: «Allá que se las entienda con esos
rumores el pinar de la sierrai,;y sigui6 pensando en sus inmediatas horas, en sus alegrías y
en sus tristezas,que forman juntas el enorme
oleaje de su vida.
Pensaba en la gran fiesta de Primavern, en
la llegada triunfal de las flores, en la avenida
engalanada, en los carruajes como búcaros.....
Rodarían pétalos de rosa sobre el asfalto y seria un rico suefio de perfumP,S el ambiente!
Al siguiente día, cuando las miradas se volvieron á los jardines del Valle, la sensaci6n

111b MUNDO ILUSTRADO.

=
fué dolorosa: una pincelada verdinegra había
cubierto el policromismo del paisaje.
¿Qué iría á ser de todos los capullos de vida que tarde por tarde van al templo á dejar
flor~s en el altar de la Virgen?
¿Qué iría á ser del vaso de cristal purísimo
que hay sobre el mármol del tocador de la nifia soñadora, adorable, que ama á las flores
porque son ella misma: sus ensuefios, su pureza, el tinte de su rubor, su perfume?
¿Qué iría á ser del tosco jarro que está allá
en la repisa del taller, junto á la lamparilla
de aceite, al pie de la imagen protectora?
Une tu coraz6n al coraz6n del capullo de
vida y verás:
La Virgen tiene rosas en su altar, porque
tiene almas puras que la adoren.
Une tu cornz6n al coraz6n de la nifia soñadora, adorable, que ama á las flores porque
son ella misma y verás:
El vaso de su tocador tendrá flores porque
ella ama y sut:ña, sueña y ama.
Une tu coraz6n al coraz6n del arte:,ano y
verás:
La imagen protectora tendrá flores, porque
donde la garlopa, el cincel 6 el martillo hacen
su himno de trabajo, habrá flores de esperanza, que son el mejor símbolo de la beatitud
humana.
...... y se puso triste la. vida de los jardines.
¡Tenían razón!
Ahora ha siclo necesario llamar á las reinas
que hañan su hermosura en las brisas costeñas, para que vengan á triunfar en la gran
fiesta.
La Avenida tuvo por huéspedes muchos
perfumes y muchos pétalo!'&gt;.
¡S9an bien llegados!
Los adoramos cual se lo merecen; ambos
son de las flores y las flores son comó las almas: se admiran por su hermosura se aman
por su ambiente, se respetan por su' pureza.

El Jtsti"ª' Escolar dt taridad.
UN TRIUNFO DE LOS ESTUDIANTES.

El festival que con tanto empeño organizaron los estudiantes para reunir fondos destinados al auxilio de las víctimas de la peste
negra y que se efectuó en la Escuela Nacional
Preparatoria durante los días 2, 3 y 5 del que
cursa, ha sido, sin duda, el más brillante entre todos los que, con tan laudable objeto, se
han celebrado en los últimos meses.
A grandes rasgos, porque la cr6nica detallada y completa del festival, exigiría en nuestras columnas un espacio de que no disponemos, vamos á dar cuenta á los abonados de
«El Mundo Ilustradoi, de las notas más salientes del programa á que estuvo sujeto, ocupándonos antes del adorno que ostentaba el amplio edificio de San Ildefonso.
Cuatro grupos florales, artísticamente dispuestos, decoraban el vestíbulo de la Preparatoria, destacándose á uno y otro lado del
cancel entre plantas de ornato, dos leones vaciados en yeso que realzaban notablemente la
hermosura del conjunto. En el centro de la
vitrina del frente, se coloc6 un busto del señor
General Díaz, rodeado de vistosas colgaduras
oro viejo, y de plantas, también de ornato,
y en los medios puntos de la entrada principal de la biblioteca y del sal6n de actos, se
pusieron palmas y gasas que presentaban el
mejor golpe de vista.
El patio del &lt;(Colegio Grande,i, donde se instalaron los puei,tos para la kermesse, lucía,
asimismo. un primoroso adorno, consistente en
grandes colgaduras lila y verde nilo, con cenefas de flores y laureles, que cubrían los arcos,
y ramilletes de flores naturales y de papel. En
el primer cuerpo de la escalera que da acceso
á los pisos superiores, estaba un busto del
ilustre filósofo don Gabino Barreda, entre
guías de laurel artísticamente coro binadas con
piezas florales y colgaduras. Los ccpuestos,i,
distribuídos en el patio, fueron nueve, y todo1-,
sin excepci6n, se encoutraban decomdos con
verdadero derroche de buen gusto. m gimnasio, que se convirtió en teatro, y los corredores del segundo piso, se veían engalanados con
flores en su mayor parte, distinguiéndose en
los ángulos del corredor central gran&lt;les candelabros de bronce.
En cuanto al c&lt;patio de pas:rntes,i, la concurrencia elogi6, y con justicia, el magnífico adorno dispuesto por la comisi6n respectiva. Los
barandales de los corredores se cubrieron con
lienzos que imitaban un artesonado Luis XV,

***
Hubo una montaña de nubes que hizo su
devastación, por albergar una cuadrilla de Furias; luego, el sol de occidente puso oro, mucho oro en sus volutas ..... .
LUIS FRÍAS FERNÁNDEZ.

SONETOS DE BEBEDIA.
EL SOL PONJEXTE

Brillan en lo alto de la cima brava
Las rocas, do el poniente re,·erbera,
Y, formando de espuma una barrera
Comienza el mar donde la tierra acaba.
Noche, silencio. El nido que cantaba
Calla. El hombre á la choza y á la hoguera
Va, y de la tarde la oración postrera
Con el rumor del mar sus ecos traba.
V~lles y pl_ayas, ~l talud y el monte
Repiten el leJano villancico
De los pastores, en confuso coro.
En la sombra se envuelve el horizonte
Y el sol, cual rojo eRpléndido ::i.banico '
Sobre sí cierra sus Yarillas de oro.
'

EL SOLDADO DE MARATO.N

(Epigrama. votivo.)

¡Discordia belico~a! 1Ares violento!
Anciano inútil, ante el ara acudo.
Toma la espada rota, el viejo escudo
Y el casco hendido y en la crin sangriento.
Toma el arco también: sólo mi aiiento
Pudo hacerle doblar, y el brazo rudo
Tié:nblame en tanto que la cuerda anudo
Y el ansia de tenderla otra vez siento.
Toma, en fin, el carcaj. Tu ojo severo
No busque en él las flechas del arquero
De la batalla al huracán dispersas.
'
Si perderlas no pude, si agotarlas.
¿Dónde? Ve á Maratón, v has de encontrarlas
Hundidas en los pechos de los persas.
Traducción de
F. NAYARRO y LEOESMA.

..
..

Domd:ngo 10 de Maiyo de 1903.

1'

y en el centro de los entrepaños se destacaba

runa figura de mujer que sostenía tres focos de
l~z incandescente, y que representaba la Caridad. En el muro oeste del patio se puso un

gran lienzo con paisajes á la aguada y en las
arquerías cortinajes y festones que ~ompletaban el decorado. El palco de las reinas•del
festival que,i6 situado en este departame~to,

Adorno de la entrada.

�Domingo 10 de Ma.yo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 10 de l\fayo de 1903.

tra.~o, lo in\'itó á recorrer, primcrnmente. el
patio del ((Colegio Grand!'» donde dehfa cfoctuarse la Kermesse. El St. Gral. Díaz se clirig(ó luego á la ((Banca," y allí pidió algunofl
billetes, pagando por ellos cien pesos, para
pasar después al Café-concierto donde la EsLudian!ina de}a _Escuela ejecutó, á su llegada,
el Himno Nacrnnal y uh poutpourri de ópera.
EL JUICIO DE DIOS.

.)

i
l

Grupo general de personajes del Juicio de Dios.

f

así como una vistosa tienda per:;a, donde se
vendía cerveza, que se levantó hacia el lado
o~stc d;l patio, entre grupos de plantas exquis1tnfl. E_I pafio que la cubría era azul y blanco, franJeado, y el mostrador estaba tapizado
con ricas telas verde y rosa.
En el "Colegio chico,» dominaban en el
adorno los atributos militares: escudo¡:, caiiones, fusiles, espadas, etc., etc., se veían por
todas pnrtes, contrastando con la multitud de
ramos ele flores y laureles que se destaraban
en los muros. La tapicería era roja y de muy
buen efecto. En el centro del patio se improvisó un jardín; en el ángulo izquierdo ¡,,e im:taló
uno de los ((puestos de la banca," y en el corredor !'lur el "cabaret de la Mort,» cuya entrada
simulaba una gruta.

El Sr. Presidente y su esposa se encamina·_
ron e~ seguida al patio de C&lt;p:u•a.ntef',» tomnn·
do asiento en el palco de honor que se les tenía. ª!reglado para que presenciaran el «Juicio
de Dios.» E-te fu6 un remedo de los tomeos
de la Edad :'.'.Iedia conoc:idos con ese nombre
y en los cualeEt, Regún las creencias ele enton~
ces, la justicia. divina fallabn. en los asuntos de
honra. La doncella quejosa, acompañada de
un grupo de damas que ocupar,.m una tribuna
d_~corad_a á la usanza de aquella épocn, aparec10 cu~1erta con un velo negro. símbolo de la
obscundad en que estaba envuelto el delito
que había de esclarecer el Juicio de Dios. En
seguida salió la comitiva, qne presidía una.
banda de trompetas y un tambor, y los heraldo~ que pregonaban el reto.
Trns rl trovero de la Corte, qne vef'tía un
pestillo riquíflimo de terciopelo morado ohs
curo, mangas con ncuchillados &lt;le Reda, fieltro con plumas blancas y medias rojas de seda, marchaban los gentiles hombres que debían concmrir al ,Juicio. Una vez frentR al
palco de la reina, la comitiva. formó valla,,lef'envainando todos las espadas para hacer el
i&lt;aludo de honor. El trovero avanzó entonces
hacia el palco y, en romance, relató la amoroFa historia de la dama dolorida, que moti Yaba
el juicio. El Sr. Ignacio Betancourt, alumno
de Jurisprudencia, que desempeñó el papel de
trovero y que es autor del romance, fué Yarias
veces interrumpido por los aplausos de la concurrencia.

Un ángulo del Colegio Grande.

Concluí&lt;lo el relato, los jueces de campo,
ncompaña&lt;los ele dos eflcuderofl, partieron el
campo y los combatientes toma.ron la colocación dehida pnra dirimir por las armas la contiendn. Despué, de un vistoso asalto quedó
vencido uno de los combatientes, y el vencedor ofreció el triunfo á la dama quedando
así demostrada su inocencia.
'
Los trompeteros anunciaron la victoria; se

0

LA VISITA DEL SR. PRESIDENTE.

_ El Sr. Pres!d~r,te de la República, acompa11ado d~ su d1strngui&lt;la espoM, honró con su
pre:,1encia el suntuoflo festi\'al vii-itando el día
tle la apertura, por la. tarde,' los prin~ipale~
departamentos ~~ la Preparat~ri~, arreglados
¡,ara su celebrac10n. El Sr. M1mstl'o de .J usticia é Instrucción Pública, encabezando la
comisión formada por todos los profesores del
Establecimiento para recibir al Primer Magis-

Puesto de confetti.- Las vendedoras.

t

1-·

La tribuna de la6 reinas t;lurante el Juicio de Dios.
Gentiles-hombres y caballeros armados.

formó cortejo de honor al caballero triunfante. y la comitiva dei:;filó hacia el punto de salida. El Juicio agradó sobremanera á los invitados, y fué, en honor de la verdad, una de
las partes del programa que más llamaron la
atención.
Terminado este acto, se sirvió en los i:alo_
nes de la Dir'3cci6n un lunch-champagne, ha_
ciendo uso de la palabra, para saludar á nom.

�DomJi,ngo 10 de M,wyo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

....

EL MUNDO ILUSTRADO.

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Domirngo 10 d~ M,wyo de 1903.

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Un ángulo del Patio de Pasantes.

Puesto de tamales.-Grupo de vendedoras.

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'r(',r,.1:

bre de la juventud estudiosa al Sr. Gral. Díaz, el Sr. Subsecretario de
Instrucción, D. Justo Sierra. El brindis del Sr. Sierra causó en el
auditorio la más grata impresión.
Con frases llenas de afecto para la juventud y para el Sr. Subsecretario, correspondió á él el Sr. Presidente, brindando después en
honor de las damai:t que tomaban parte en aquella fiesta de la filantropía el señor Director de la Preparatoria, Dr. D . .Manuel Flores. El
Primer Magistrado habló de nuevo, significando que era muy justo, en
fiestas semejantes, colocará las damas en el primer lugar y que, las ·
allí presentes, lo merecían por mil títulos. Atronadores aplausos acogieron sus últimas palabras.
.
Antes de retirarse de la Preparatoria el Sr. Presidente, visitó el
Teatro que se instaló en el local de la biblioteca, asistiendo á la representaci6n de una pieza cómica, y el c&lt;Cabaret de la mort.» Este &lt;;onstaba de dos departamentos: en el primero, destinado á sal6n de espera,se servían refrescos á los invitados, y en el segundo, totalmenta cubierto de ne~ro, se hacían curiosísimos experimentos de «ilusionismo,)&gt;

dentro de él, y una vez allí, el monje, haciendo signos cabalísticos, fingía adormecerla, desa-pareciendo en seguida mientras la transformación comenzaba á operarse. La ilusión
no podía ser más completa.
Cerca de las nueve de la noche se retiraron
el señor General Dfaz y su esposa, después de
visitar algunos puestos y de presenciar los ejercicios gimnásticos y los asaltos de florete, sable y box en que tomaron parte los alumno

;
(

r

del Colegio Militar, distinguiéndose notablemente.
El éxito que han obtenido en esta vez los
estudiantes debe con justicia enorgullecerlos,
porque demuestra, por una parte, el empeño
que desplegaron eu la organización de la fiesta, y por otra, el entusiasmo con que la sociedad mexicana secundó sus filantrópicos fines, contribuyendo con su óbolo al auxilio &lt;le
las víctimas de Mazatlán.

Asalto de box por los alumnos del Colegio
Militar, Jesús lsunza y Luis Alzua.

transformando la figura de determinada persona en esqueleto, mediante una combinación
de cristales.
Al penetrar á este salón, se veían en el fondo, una momia con un abanico el?- la mano,
un esqueleto humano, sentado al piano, y uno
de gorila. El candil ei,taba formado con piezas que representaban distintos huesos, y Jo,,
albortantes con cráneos.
Las señoritas Concepci6n Meota, Josefin.a
Cornejo y Luz de la Pefia prestaron ?~ndadosamente su concurso para que se h1c1eran
los ,&lt;experimentos)&gt;mencionado~. Rn un f~o
construido al efecto, se encontraba un ataúd
en posici6n vertical: la persona con quien debía hacerse el experimento, era conducida por
un monje de negras vestiduras hasta colocarla

Señoritas y estudiantes que tomaron parte en las sesiones de Cabaret.

�Domingo 10 de Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

€/ .J'lniversario oel 5 de ;Wago.
BRILLANTE DESFILE MILITAR
Con verdadero entusiasmo·se conmemoró en
tre Gral. Zaragoza. Organizada la comitiva,
Siguiendo el orden del programa, vamo.3 á
la capital el glorioso aniversario de la batalla
comenzó el desfile en carruajes descubiertos,
dar, aunque sea en breves líneas, la crónica
del 5 de l\Iayo de 1862. El aspecto que premarchando á la vanguardia un pelotón de
de la fiesta patriótica á que nos referimo~.
sentaban las calles, particularmente las de
guardias presidenciales. Al llegar á San FerA las ocho de la mañana comenzaron á reuPlateros y San Francisco, era bellísimo: mulnando, el 22~ Batallón, que formaba valla desnirse en Palacio los miembros del Ayuntatitud de banderas, esde la entrada hasta
cudos, festones y pieRosales, pre,:ent6 arzas florales decoraban
mas, y el 8r. Presidenel frente de las casas,
te, seguido de los altos
notándose desde las
funcionarios y Jefes
primeras horas de la
que lo acompañaban,
mañana, en toda la
se dirigi6 hasta el mociudad, esa animaci6n
numento levantado al
característica de nueshéroe del 5 de l\Iayo
tras grandes fiestas popara depositar ante él
pulares.
una hermosa corona
Y había razón para
de flores natmales.
ello: porque, aparte de
Los representantes &lt;le
que la celebración de
los Poderes, Gobierno
aquella heroica jor•
del Distrito, etc., etc.,
nada despierta en el
depositaron también
pueblo el recuerdo de
coronas, retirándose la
uno de sus más legíticomitiva para ocupar
mos triunfos, la Comide nuevo los carruasión de Festividades
jes y seguir por la calencargada de dar forzada de la Reforma
ma á los festejos, y la
hasta el punto en que
Secretaría de Guerra y
se encontraban las tri:Marina, cuidaron, en
bunas dispuestas para
esta ocasión, de que el
el acto oficial.
programa tuviera el
Antes de instalarse
mayor número de aen ellas, el Sr. Pre1Sitractivos posible, y de
de11te pasó revista á.
que los distintos ac•
las tropas que formatos que debían efecban la División y que
tuarse, revistieran un
en correctísima línea
lucimiento extraordiLlegada de la comitiva presidencial á San Fernando.
se extendían hasta
nario. Tan plausibles
Chapultepec. Lacerepropósitos, como era natural, se vieron reamiento, los representantes de las Cámaras, de
monia, consistente en un discurso y una poelizados; pues tanto la ceremonia cívica que
la Suprema Corte, del Gobierno del Distrito
Fía, pronunciado aquél por el Sr. Manuel H.
se verificó en la caizada de la Reforma, coy _de )as Secretarías de Estado y los .Jefes del
San Juan,y recitada ésta por el Sr. Lic. J. Anmo el desfile de los cuerpos de las tres arEJárcito que debían a.compañar al Sr. Presitonio Rivera G., principalmente,termin6 cermas por nuestras prii:icipales avenidas, resuldente &lt;le la República al Panteón de San Ferca &lt;le las doce, y fué amenizada por las mejotaron en extremo lucidos.
nando, donde se encuentran los restos Je! ilusres bandas militares. Siguiendo la costumbre

Domingo 10 de Maiyo de 1903.

establecida, el Primer Magistrado puso en man_os de !os supervivientes del 5 de Mayo, Francisco Sanchez, Agustín Martfnez Macario Es~índola, I~uis Parada y Felipe Longo, la cantidad ~e cmcuenta pesos, como gratificación,
pro.cediendo en seguida á imponer condecorac1o~es álo~ Jefes y oficiales á. quienes les
han sido últnnamente confnidas. Durante la
ill?P.º~~ción las banderas de los cuerpos de la
D1v1s10n, ?ºn sus escoltas, permanecieron frente á las tribunas, así como el Colegio l\Iilitar
que form6 en línea desplegada, presentand¿
ar~as, mientras las músicas de Zapadores,
Artillería y Estado l\Iayor ejecutaban turnándose, el Himno Nacional.
'
Una salva de veintiún cañonazos anunció
que ~l _S_r.. Gral. Díaz se retiraba del campo
para dmg1rse rumbo á. Palacio y presenci!lr
desde allí el desfile de la División. El paso de
la comitiva por Patoni, Avenida Juárez San
Francisco y Plateros, á la hora en que' estas
calles estaban henchidas de gente, fué una.
nota en extremo simpática v significativa: el
pueblo aclamó con frenesí al Héroe de la Paz,
y la multitud de familias que esperaban en
los balcones el desfile, se unieron á la entusiasta demostración regando serpentinas y
confetti.
Las tribunas

La columna militar, á las órdenes del Sr.
Gral. de Di visión J e1&lt;ús Alonso Flores, se desprendió ele la Reforma, para romper la marcha, conforme se había prevenido en la orden
respectiva. No es posible en unas cuantas Hn&lt;'as describir el brillantísimo desfile, ni, mucho menos, dar forma á. las impresiones que
causó en el público, para trasladarlas á nuestras columnas. El orden más perfecto se observaba hasta en los más insignificantes detalles: precisión en el paso, gallardía en el porte, todo lo que, á primera vista, acusa instrucción y familiaridad con la escuela del soldado. Más de una vez, los espectadores aplaudieron la uniformidad de los movimientos en
la marcha de la infantería, y la agilidad con
que los dragones, &lt;'Specialmente los del 9?, gobernaban sus briosos caballos. La artillería,
la ambulancia y los cuerpos rurales fueron
también aplaudidos, ylo merecían: formaban
conjuntos verdaderamente dignos de llamar la
atención.
La sección de vanguardia se form6 por un
escuadrón de Gendarmes del Ejército, el Colegio Militar, un grupo de la Compañía de Ametralladoras, y dos escuadrones mínimos del
tercer Regimiento, al mando del señor CoroJJel de E. l\I. E. Joaquín Beltrán. Seguían
luego el General en Jefe y su Estado Mayor,
las brigadas de Infantería, á. las órdenes de los
señoreR Generales Sebastián Villar:-eal y Luis
G. Valle, otras dos, ele Caballería, que mandaban los Generales Gregorio Ruiz y Francisco l\I. Ramírez, y el tren divisionario. A las
cuatro brigadas se incorporaron la Artillería
Montada y dos haterías mínimas. Los batallones 3?, 10? y 14?, 17?, 22? y 24?, reforzado
este último con Zapadores, constituían las dos
brigadas primeramente citadas, y los regimientos 2?, 4?, 7? y 9?, y de rurales, las segundas.
El Colegio Militar, que marchaba, como antes
dijimos, á la vanguardia, se hizo acreedor á los
aplausos del público por la corrección con que
&lt;lcsfiló por secciones.

'

El paso de la columna frente á Palacio duró una hora, y tanto el señor Presidente, que
ocupaba con sus Secretarios y otras personalid:1.des distinguidas el balcón central, como los
attachés militares de las legaciones extranjeras, que presenciaban también el desfile, quedaron en extremo complacidos de su buena
organización y lucimiento.
Antes de cerrar esta crónica, diremos que,
tanto á la ceremonia oficial como á. Palacio,
asislieron muchas familias de la mejor sociedad y que, por lo que toca al número de forasteros que visitaron la ciudad en ocasión &lt;le
la fi.:sta cívica del día 5, no es aventurado su poner que superó, con mucho, al que ordina-

El sepulcro de Zaragoza,

Desfile de la gran columna por San Francisco.

~I paso d&lt;: la comitiva por la glorieta de Carlos IV.

�Domingo 10 de Mra,yo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

blina de ensueños, de ansias, de anhelos amorosos, apenas esbozados ...... la esperaba.

II

Aspecto de la calzada de la Reforma

riamente, ha concurrido á las de los años :;.nteriores.
La ilumióaci6n de Catedral, Palacio y la
Diputaci6n, por la noche, fué notable, y en
cuanto á los fuegos artificiales dispuestos en
el Z6calo, no lucieron tanto como se esperaba,
debido á la lluvia que, con ligeras intermitencias, cay6 sobre la ciudad de~de las primeras
horas de la tarde.

·-·

]utgos floralts 4t Orlzaba.
Damos en este número el retrato de la Sra.
Ana Couto de Segura, reina de los Juegos Florales efectuados últimamente en Orizaba, y los
de las hermosas señoritas Lucía y Rosa Fernández, Sofía l\Iendiola, Cecilia Benito, Angelina Jiménez y Ana Nú1iez, que, en uni6n de
otras damas distinguidas de la sociedad orizabeña, formaron la Corte de Amor.
En el torneo, que revisti6 un lucimiento extraordinario, resultaron vencedores el Sr. Lic.
Rafael de ZayasEnríqnez,queobtuvoel triunfo en dos de los temas; el Sr. Julio Poulat,
que present6 un magnifico trabajo acerca del
ilustre Juárez, y D. Cayetano Rodríguez, Belltrán siendo mantenedor el Lic. José Peón del
Valle, poeta ventajosamente conocido en el
mundo literario.

antes del desfile.

El objeto de los Juegos Florales fué el de
reunir fondos para la erecci6n de un monumento al Benemérito de las Américas.

!POBRE LULÚ!
I
Fué en el Parque, una mañana de enero en
que un agradable viento invernal, azotando
las verdes cabelleras de los árboles, hacía caer
sobre los paseantes una lluvia menudita de gotas de agua, qut: se antojaban besos húmedos
de la aurora.
El sol se levantaba refulgentF\ ígneo, con
la satisfacci6n de un robusto mancebo que ha
pasado buena noche, y sus reflejos ponían en
el cielo pinceladas multicolores, extrañas, desconocidas, que convertían el firmamento en la
inmensa paleta de un pintor-genio, de un pintor df.sequili brado.
Bajo esa lluvia que refrescaba mi alma, paseaba yo meditativo.
Contaba entonces veinte años, y á los veinte años se tiene el derecho de creer Pn todo,
como á los treinta se tiene ...... casi la obl;gaci6n de no creer en nada.
Y con la imaginaci6n envuelta en una ne-

La pusieron por nombre Luz, probablem.ente por toda la que chisporroteaban sus OJOS,
ojos garzos, felinos, parladores; pero la decían
Lulú Y era una nifia un capullo de azucena q~e se abría, poco~ poquito, dej~ndo ver
las alburas de su seno.
Galanteos de chicuelos que por azares de su
poca vida tenían m~s.crecida t:l alma qu~ crecido el cuerpo; amb1c!ones ~e. ella, que Jugaba ya á hacer la señorita, ongmaron eso~ ~mores infantile1:1, que habrían resultado r~s1bles
í1 no haber sido do!orosos.
Lulú era pobre. Tan~ como su pob~eza era
i-:u hermosura ...... Y, mientras su nov10-1su
novio! ¡con qué orgull~ lo decía L~lú!-se me:;;iba los cabellos resolviendo ecuac10nes de se,,undo grado 6 calumniando al «Traductor
Francés » 6 desesperándose con el «Olleudorff,"
ella la 'niña de dieciséis año,;, inclinada la
cab~za cosía «para afuera," pensativa, triste,
soñando con su «Príncipe Azul,,, un «Príncipe" de saquiUo corto y pantal6n raído, y cuyos ilustres -padres 110 tenían, á menudo, lo
necesario para comprarle un par de zapat( s
nuevos.

III
¡ Pobre Lulú! ¡No era feliz! Tral.Jajaba en tanto la luz &lt;lel sol se estrellaba en el fulgor de
i;us pupilas. No conoci6 nunca los ¡,laceres de
la infancia ni los mimos iel awur maternal,
porque su :,mamá"- alguien se lo dijo-«se
había ido" ...... ¿D6nde·? ...... No lo sabw.. A la
tumba 6 al precipicio: todo es sepulcro.
Y su padre no era bueno: óebía; muchas
11oches no dormía en casa, y-¡con qué vergüenza lo confesó Lulú!-:se preocupaba mucho dd desarrollo físico de su hija.
A la hora &lt;le nuestras citas, esperábame como quien espera un consuelo que mitiga las
penas, como quien anhela un bálsamo que si
no cura, sí calma los dolores.
¡Pobre Lulú!

IV
Avanzaba la mañana. El sol erguíase ya con
monárquica omnipotencia; ~n la fron?a, .tupida y verde, á pesar de los cierzos del m vierno parloteaban locamente los pájaros; y las
fl.o~es, como mujeres que se entregan, abrían
sus corolas y exhalaban todo su perfume.
Y lleg6 Lulú. Venía agitada, nerviosa. Suojos, esas dos hogueras donde mi alma gust~s
ba de incendiarse, estaban húmedos: dos hilos de perlas cristalinas resbalaban por sus
mejillas. Y- entre frases entrecortadas, suspiros y sollozo'!, me lo cont6 todo.
Su padre, su «papacito" á quien ella amaba
tanto ...... 1¡quería venderla!!. ..... Yo era BUS
refugio, su salvaci6n, BU único amparo.. ..... .
¡Ahi estaba! Conmigo, todo!. ..... Sin mí, nacta!. ..... Ahí estaba!. . .... Ahí estaba!. .....
Y lo repetía, abriendo los brazos, y ofreciéndome el nido amoroso de su seno.
Al oírla me reconcentré en mí mismo; cerré
los ojos para que no me enloqueciera el fuego
febril que brotaba de los suyos; tomé entre
mis manos su frente pura y la besé con la misma devoci6n, con la misma unci6n con que
besé de niño la cruz realzada en la pasta marfilina de mi devocionario ........ .
Después, me apa:té de ella; corrí, corrí
desesperado .......... y no he vuelto á saber de
Lulú ........ .
¡Cosas de los veinte años!
MANUEL M. PANES.

'.::::
Existe una inocencia en la admiraci6n: el
que la posee no tiene aún la idea de que él
puede ser admirado un día.

--JW-

*

Conviene abandonar la vida como Ulises
abandon6 á Nausicaa, bendiciéndola más que
enamorado de ella.

,.

El Gral. Jesús Alonso Flores.

~~ -- ~

*
Por la música las pasiones gozan de sí mismas.

-

DomJl'llgo 10 de Malyo de 1903.

�I

Domingo 10 de M,a¡yo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

-Bueno; pues allá veremos. ¿Y dice usted que todas las noches
vienen las brujas? ¿Vendrán ahora?
-Sí, señor; pero todavía tardarán, porque no son más que las
nueve y ellas vienen cerca de la media noche. S6lo que ahora han dada en caer por el corral.
-Eso no importa.. Pasaremos el rato platicando. ¿Tiene usted
armas?
Contestóme con t.n gesto de conmiseración. Yo le inspiraba lástimn . Verdaderamente no sabía con quién tenía que habérselas. ¡Armas! ¿para qué? Con seguridad que las espadas de más filo se embotarían contra enemigos diab6licos y las balae más potentes se estrellarían en el plumaje de aquellos pájaros, porque de pájaros vestidas se
preRentaban las hechiceras eu las nocturnas visitas. Confes6me el infeliz hombre que sólo había eñcontrado un remedio, si no para ahu•
yentarlas, al menos para perderlas de vista y, sobre todo, de oídos; y
ei,.te remedio era rezar un rosario é inyectarse en seguida, entre pecho
y espalda, de un golpe y sin resollar, media botella de tequila y á ve•
ces hasta una entera. Bien es verdad que solía amanecer casi todas las
mañanas, rodado de la cama y debajo de la mei-a¡ pero con esto así
pudieran venir todo~ los muertos &lt;le los camposantos y todas las brujas del mi~mo Brooken; que don Carpio así se daba cuenta de ellos como de los habitantes de la luna.
En este diálogo y otros semejantes, paeamos las horas desde mi
llegada hasta la de la frugalísima cena, consistente en un trozo de cecina y una taza de café, que el mismo don Carpio a&lt;lerez6, pues no
había otros seres vi\'ientes que nosotros en aquel enorme y vetusto caserón.
IV
Para el objeto que me proponía, no encontré más arma ~ue una
vieja escopeta de pist6n, de dos cañones, olvidada en un obscuro rinc6n del escritorio. Después de aparejarla lo mejor que fué posible,
procedí á la operación de la carga. Pude enco11trar una poca de p6lvora desperdigada en un monumental cuerno de toro que perdido se hallaba en un caj6n de la tienda; en otro logré juntar hasta tres docenas
de postas y algunas cápsulas que confundidas estaban con una navajo.
de gallo y su correspondiente botana, granos de garbanzo, obleas y
buena. porción de clavos y tornillos.
Ya apercibida mi arma y acercándose la hora de la temerosa. aparici6n, permití á don Carpio rezar su acostumbrado rosario, mas no
engullir.e la milagrosa botella con la que me convidaba para crear ánimos, según decía. No fué poco el trabajo que me costó hacerle prescindir de aquella fórmula cabalística; pero al fin convino en que debíamos estar en nuestro entero juicio y con la cabeza despejada.
Y como todo llega en la vida, si no es la ventura, lleg6 la hora

Eu~ntos -d~ Espantos
11

CORO DE BRUJAS.
-CONCLUYE.-

y aconteci6 que yendo días y viniendo días, una tarde en que
para sacudir el fastidio que me abrumaba, paseábame á caballo por
los alrededores de Valnavara, entregado por completo á mis meditaciones y á la contemplaci6n de los campos, me fuí alejando, alejando
sin sentirlo, hasta que ya, pr6ximo el sol á ocultarse, en~ontrérne precisamente al pie de la cuesta que remontando un cerro poco elevado,
conducía directamente á la hacienda de dofia Pancha. Al darme cuenta del punto hasta donde había llegado, vinieron á mi memoria los
estupendos sucesos en la finca acaecidos y determiné seguir adelante,
para desengafiarme por mis propios ojos. Puse piernas al caballo y en
poco más de una hora, ya obscurecido, me encontré en el espacioso
portal6n de la casa grande, donde don Carpio, solo y sombrío y apoyado sobre un pilar, mostraba en toda su persona el desastroso estado
en que su ánimo había caído.
Imposible sería dar cuenta del gozo con que me acogi6. El mismo condujo á mi cabalgadura, después de desensillarla, á la caballeriza, y luego se aperson6 conmigo ofreciéndome alojamiento por esa noche, con las más grandes muestras de afecto y consideraci6n que en
mi vida he recibido.
--Estoy solo en la casa, me dijo; los dependientes viyen en la de
allá abajo y no han consentido que yo me vaya con ellos, porque temen qne hasta allá me persigan las muy judías. Los moz0s Jueguito
que anochece se van á dormir á la troje, y aquí me tiene usté que ya
no hallo ni qué hacer, pues parece que soy un apestado.
Entramos al escritorio, y después de los cumplidos que son del
caso, exprer,éle sin rodeos el que me llevaba á hacerle compañía por
esa noche. Grande fué su asombro y más aún su espanto al ver que
yo no lo tenía en manera alguna y que estaba abrnlutamente resuelto
á de,:cnbrir el misterio de las brujas, que tanto le atormentaban.
Cuando hubo eMendido luz, quedé admirado del terrible estrago
que las apariciones habían hecho en el pobre hombre. Era antes un
rancherazo de contextura musculosa y recia, pero tan flaco y amojamado estaba, que ya no tenía sino la piel verdosa y plomiza uutada
en los puros huesos.
Di6me lástima, en verdad, su figura y desde luego procuré infundirle ánimos, tomando por el lado c6mico sus extraordinarias aventuras; pero él ataj6me en mi intento, y con ademanes de inaudito aspan-

to, me manifest6 que tenía pensado, pues las hechicerescas visitas no
cesaban, apelar á la fuga y hasta renunciar á su proyectado casamiénto.
-¿Lue~ continúan las brujas viniendo? preguntéle con verdadero interés.
-Sí, se:fíor, me contest6. No hay noche de Dios que esas condenadas no ve!lgan á ... molestarme. Yo ya no puedo más y hasta he tenido que recurrir á tata Prisco. Pues ni por ésas, señor Íicenciado.
-Pues quién es tata Prisco que, según parece, tiene poder para
librar á usted de este maleficio.
-¡Tata Prisco! repuso mirándome asombrado de mi ignorancia.
¿Pero no conoce usted á tata Prisco? ...
Tuve que confesar mi desconocimiento de tan conspicua personalidad.
-Pues tata rrisco, continu6 don Carpio, es un viejo que vive en
Cerro Gordo, á cinco leguas de 'l.quí, y que, aunque dicen que está
descomulgado, es el único capaz de meter en cintura á todas las brujas y demonios que resisten hasta. el agua bendita y á los exorcismos
del sefior cura
·
-¿.Y á qué se debe tan soberana y poderosa virtud de tata Prisco?
insistí con positiva curiosidad.
'
-¡Pues á qué ha de ser! Nada menos que á que tiene ufi pedacito de la ~~ata con que se cchorc6» Judas Iscariote, el cochino ap6stol
que vend10 á Nuestro Refior.
-¡qaramba! ... fí de ~6nde cogi6 semejante reliquia?
-Dicen que uny1dío o francé~ que estuvo por aquí el siglo pasado, porque tata Prisco ya va á aJustar los cien años le di6 ese mecate en pago de haberle enseñado unas minas de oro )' plata con que
se hizo muy rico y volvi6 á su tierra.
-¡Mag~ifica paga! ¿Y con tan poderoso amuleto no ha podido
nada tata Prisco contra las brujas que vienen á desvelará usted?
-:--N~da, señor, nadit~;_y ya cuando lle~a la noche, me entra aquella.. ,,rns16m y aqu~l «sus1d1oii, que _no me dejan. Y si no me voy dr
aquí y largo ~a novia, seguro, segunto que me voy á morir. Y no e~
es? lo m~s, smo que es capaz que las malditas carguen conmigo á los
mismos mfiernos.
-Pues nada, don Carpio, le dije entre serio y festivo. Vamos á
ver si Yºi que no tengo la cuerda de Judas, puedo hacer algo por
usted.
-No, sefior, no haga nada, porque será en vano y hasta puede
que también usted la lleve.
'

.
1

Doondngo 10 de Maiyo de 1903.

tan temida para. don Carpio y para mí tan deseada., Súbitament~. vi á
mi hombre pararse lívido, y con voz cavernosa y tremula, me d1Jo:
-¡Oiga!. .. ¡oiga! Ya están ahí.
Yo que tengo la desgracia de ser algo teniente, es decir, falto de
oído n¿ había escuchado nada, por más que toda mi atenci6n se concent:aba en las indicaciones de don Carpio. Salí á la puerta del escritorio que caía á un pasadizo tan prolongado y estrecho como una cerbatana y negro como una boca de lobo; y entonces alcancé á oír ese
graznido horrísino peculiar de la lechuza¡ en seguida percibí el ,tcucurucú)) del tecolote y un grito sordo y ronco de otro animal que no
era fácil conocer en aquel momento. Pero nada mál".
-Pues eso, don Carpio, le dije, no es otra cc,saque voces de aves
nocturnas, lo cual nada tiene de particular en la casa de una hacienda
que está tan cerca del monte.
-¡Oiga, oigal-repuso sin hacerme caso y sacudiéndome bruscamente con una de sus manazas de esqueleto hercúleo, mientras.se
aplicaba rígido, cerca del oído, el dedo de la otra. -¡Oiga nomás lo
que estún diciendo!
Paré la atención, y efectivamente, entre un rumor extrafio y confusa algarabía, percibí claramente el nor:n bre de don Carpio, precedido de una grosera maldici6n.
Violentamente empuñé la carabina y empujando á don Carpio,
obliguéle, casi á la fuerza, á que saliera conmigo, no sin procurar convencerlo de que aquello nada de sobrenatural tenía, asegurándole que
pronto íbamos á descubrirlo todo, pues yo llevaba nada menos que un
fragmento de la cruz en que muri6 San Diuias, el buen ladr6n, que
también había tenido sus puntas y ribetes de brujo: reliquia mucho
más eficaz que la de tata Prisco. Y mostré al crédulo administrador un
palillo de dientes.
Calmado en parte y convencido un tanto, echó á andar tras de mí,
empufiando, por indicaci6n míai ancho y largo machete. Ambos) además, llevábamos ceñidos nuestros revólvers.
Atravesamos la sala y una serie de piezas que le seguían. En la
última abríase amplia ventana sin verj'l., por la que saltamos á uno de
los patios de aquella vieja y pavorosa casa, muy propia, ciertamente,
para que en ella tuvieran manida todos los habitantes del otro mundo.
La luna, que despuntara poco antes, envolvíase en gruesas nubes y
apenas podía alumbrar con opaca é indecisa clarida del cielo. La tierra estaba aún casi en tinieblas.
Llegamos á la puerta de espacioso corral cercado por ruinosa tapia de piedra. La puerta estaba cerrada, pero á trnvés ele loe mal unidos tablones, podíamos medir el corml en toda su anchurosa extensi6n. Casi en el centro se alzaba escueto y altísimo mezquite, y más
lejos empinábase un guimbalete junto al derruído brocal de una noria
mal cegada. Entre tanto, la algarabía de las brujas, pues brujas debían de ser, según todos los barruntos, no cesaba un momento. Gri-

�Damdmgo 10 die M,a¡fo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

tos, carcajadas ir6nicas y burlescas, silbos horripilantes, rumores como de salmodia; todo, todo se oía á un tiempo mismo, sin confundirse, aunque se mezclaba; y sobresaliendo alguna vez, entre aquel horrisonante vocerío, percibíanse distintamente palabras confusas é incoherentes á veces, á veces agudas y vibrantes, repitiéndose el nombre
de don Carpio, con abrumadora y pertinaz obsesi6n.
-«¡Ya me la pagarás! ¡ya me la pagarás! ¡ya me la pagarás!» Oíase de pronto; y luego una voz hueca, ronca y gutural repetía:
-«¡Carpio cornudo! ¡cornudo! ¡cornudo!"- Y otras dos malas
palabras que no son para escritas, ni menos para leídas.
Sobre una gruesa rama del mezquite pude ver, á la tenue claridad
de la luna, destacándose contra la gris lividez del ei:pacio, tres pájaros
grandes en apretado grupo, que aleteaban haciendo movimientos extra.vagantes y grotescos, al compás del espeluznante rumor que producían. En la punta del guimbalete distinguíase otro pájaro, más negro
que las sombras de las piezas que de atravesar acabábamos, que también Re retorcía como en epilépticas convulsiones. A la luz del día vis•
to, hahríame hecho reír; pero en aquel instante, lo confieso, sentí que
se me erizaban los cabellos.
Puesto ya en semejante trance, por mí mismo hu,:cado, pareci6me
ridículo y vergonzoso retroceder, y arrojándome, de improviso, al fin
de la aventura, entreabrí silenciosamente la puerta del corral, que no
tenía llave ni cerrojos. Me eché la escopeta á la cara y, encafíonándola lo mejor que pude hacia el grupo del mezquite, aprflté el disparador ...... Un formidable traquidazo retumb6 en toda la casa y hasta en
los cerros vecinos, pues había soltado los dos tiros; y, disipado el humo, vi, al pie del arbol, dos de los pájaros heridos mortalmente, que
se agitaban en las postreras contorsiones de la agonía; y el tercero,
maltrecho, volaba torpemente sobre las tapias del corral. El del guimbalete había desaparecido.
Casi al par de la detonaci6n producida por el disparo, surgi6 de
la cercana nopalera,que tras la casa se levantaba, una voz colérica á la
vez que plafiidera, exclamando:
-¡Válganme las benditas Animas! ¡Miren nomásl Ya este hombre borracb6n y sinvergüenza me mat6 mis animalitos. ¡Maldito sea
don Carpio y la madre que lo pari61
Oír aquellos gritos nosotros que nos contemplábamos mutuamente, estupefacws ante la hecatombe, y largarnos á través del corral y

del campo salvando las trancas que las tapias tenían, á guisa de puerta, fué todo uno. Llegamos de un salto cayendo de improviso en lo
más espeso de la nopalera, donde al pie de inmenso y c6ncavo pefí.6n,
encontramos á tres mujeres que se ocupaban en acariciar á un cuerv_o
prodigándole las más tiernas expresiones de carifio, á la vez que le alisaban el negro plumaje del lomo.
Pero don Carpio de un s6lo mandoble dividi6 en dos mitades el
repugnante pajarraco,y sin que yo pudiera contenerle, arremeti6 furioso contra las mujeres, disparándoles cintarazos á diestra y siniestra; y
es que había reconocido en dos de ellas á su ex-amasia y á su ex-suegra, sobre la cual batía, muy á su sabor, firme y macizo, desahogando
la cólera que le embargaba, de modo tal, que si yo no me le impongo
enérgicamente, allí hubieran dado fin por todos los siglos las brujerías
y ma1E1ficios en aquellas dilatadas regiones.
Calmado ya el enfurecido administrador y las brujail de rodillas,
suplicantes y lloiosas ante nosotros, pude inquirir el secreto y explicaci6n de las aventuras á que yo, recientemente armado caballero por
obra y gracia del fastidio que me consumía en Valnavara, pude dar
digno acabamiento y remate, logrando imperecedera fama entre los
campesinos de aquellos lugares y de los demás que en todo lo descubierto de mi partido judicial alientan y alentará11 por varias generaciones.
Yo quisiera revelar al lector tales misterios; pero es el caso que me
be propuesto reservarlos para el día en que si Dios me concede vida
y humor, pueda referir la ocasi6n y manera' en que yo mismo me hice «nahual», después de cursar todas las asignaturas correspondientes,
basta alcanzar el grado en tan importante profesi6n.
Mas si dejo suelto este cabo, que es ciertamente el más interesante, debo atar los demás, aunque sean aC&lt;'esorios; y así diré que don
Carpio, libre ya de aquel peligro, se cas6 al fin, cayendo en otro, tal
vez más grave aún; pues la edad del administrador de Noria del Aguila frisaba con los cincuenta años y su esposa no llegaba á los veinte.
Un detalle antes de concluir: dofia Pancha me tom6 grande ojeriza y mala voluntad. Tan aferrada estaba en sus supersticiones, que no
quiso nunca convenir en que los pájaros que yo había matado eran pájaros sencillamente; y las apaleadas mujeres...... mujeres nada más,
que creo es ser ya demasiado ...... y algo más todavía.
MANUEL

J.

DELA

ORAN SEDER1A "EL PAJE"
.,,_

IHPOHTANTB CAS\ COIKBCIAL.
Acaba de abrir sus puertas al público una
importantísima casa comercial cuyo establecimiento debe, con justicia, aplaudirse por todas las clases sociales.
«El Paje,, es el nombre que los señores Car_
los Arellanoºy Compaiifa han dado á su nuevo establecimiento, situado en la parte más
céntrica y más elegante de la Capital: ei,quina
de la 1~ de Plateros y el Em pedradillo.
Los sefiores Arellano y Compafí.fa, hábiles
cofiocedores del ramo de sedería, procuraron
reunir en sus espaciosos almacenes todo aquello que es arte, gusto, elegancia, y en verdad
que lo han logrado; pues estamos firmemente
Fachada de la gran sedería "El Paje"

ras, sin molestarse, pueden exa'llinar sentadas los efectos que deseen.
Los empleados y dependientes son bien conocidos de la culta sociedad de nuestra Capital. Todos son atentos, finos, correctos y conocedores del ramo. Esta es una garantía para el público, que descuidan algunos comerciantes. Los señores Arellano y Compafiia.
creyeron que por ahí debían empezar y lo lograron. Todo el cuerpo de empleados representa la buena selección que se hizo.
El día de la inauguraci6n y después que el
señor Presbítero Salazar hizo la bendición de
todos los departamentos, se dió acceso al público, que en un momento invadi6 por completo el almacén.
Guardan los dueños el grato recuerdo de haber hecho la primera venta á la distinguida
Eefiora doña Carmen Romero Rubio de Díaz,
esposa del señor Presidente de la República.

ÜTHON.

A la cúpula inmensa del cielo,
do angustiosa la vista se pierde,
se une el plano del piélago verde
donde trotan las moles de hielo.
En la costa silente y bravía,
de verdor y belleza desnuda,
como tropa fantástica y ruda
la escollera se yergue sombría.
Más al norte, cual potros sin freno
se despefian los blancos aludes:
se dijera que son ataúdes
que conducen la muerte en su sflno.
Todo tiene un aspecto iracundo,
todo ofrece un matiz que amedrenta,
tal parece que sorda tormenta
va á arrancar de sus goznes al mundo.
Y en el medio del cuadro gigante,
entre el cielo y el mar, firme y solo,
va, camino del pérfido polo,
el bajel del audaz navegante.
¡Ay! así por el mar de fa vida,
del dolor bajo el pálido cielo,
entre rocas y moles de hielo
va la nave del hombre, perdida!
Va al acaso, no teme y avanza
hacia el polo que pérfido escuda
otro mundo en que reina la duda
y no brilla jamás la esperanza! '
FERNANDO DE ZAYAS.

TUS FLORES.
Este ramo de flores
Que me envía tu mano genero~a,
¿Es ofrenda amorosa
Con que quieres dar paz á mis dolores?
Bien sé que no has pensado
Luchar con lo imposible. He penetrado
Tus piadosos intentos encubiertos,
Por más que con engafios los decores:
Son las últimas flores
Que esparce la piedad sobre los muertos.
EDUAROO CALCA~O.

l

INAUGURACIÓN

AD MORTEM.

ESTUDIO FOTOGRAFICO.-(Rawel.)

Domingo 10 de Maiyo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

.....
Departamento de ventas al menudeo.

En nuestros grabados presentamos algunos
departamentos de la nueva sedería que lleva
el simpático nombre de «El Paje.,,

convencidoc; de que l)Ualquier persona,aun del
gusto más exigente y refinado, encuentra en
«El Paje" lo que de-c;ea. El brillante surtido de
listones, corsés, flores, pasamanería, sedas,
artículos de lujo, artículos para niños y nifias,
no admite ni puede admitir competidor en establecimientos del mismo género.
El departamento de confecciones merece especial mención entre los demás. Al frente de
él ha sido colocada una de las modistas de
más renombre en París, conocedora de todos los estilos, todos los caprichos, todos los
gustos. Verdadero orgullo puede caber á los
señores Arellano de haber montado un departamento que puede llamarse con justicia el primero en la República.

*
**

El departamento de ventas al menudeo, al
par que sencillo, es elegante. Recibe la luz por
nueve amplísimos aparadores y dos puertas
que están á las dos calles.
En el interior hay colocados unos silloncitos giratorios que son muy cómodos y que se
encuentran junto al mostrador, .v las señoDepartamento de Confecciones.

�'EL MUNDO

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Separe usted el calzado que lleva la marca "Corazón y Flecha.'"
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Casas con Muestras:

lNt 1-TOMO 1-NUM. 20

ILUSTRADO

MfXICO, MUO 17 Df 1903.

Subscripci6n mensual forhea SI.SO
ldem,
ldem. en la capital Sl.25

!Nrccter: LIC. R,U'AtL RtYI&amp; &amp;PINDOLA.

Cierente: LUI&amp; Rt~ &amp;PIND0l A

Oficinas Almacenes y Fábrica núm 2.
11Th and Washinpton Ave.

Mr. Ford Dix, Grand Hotel Pasaje, Habana, Cuba.
Mr. George Porro, l.ª del ~alto del Agua núm. 3Z, México, D. F .

Iavitación Jara participar
ALA PROXIMA

Gran Lotería Alemana de Dinero.
La Jotcrla de d inero bien Importante, au.
torlzada por el Gobierno de Hamburgo Y
garantlzadn por la hacienda pObllca del
Estado, contiene 115,000 bllletes, de los
cuales 55,763 deben ser premiados. Resulta,
pues, que cada premio se r eparte en tre dos
nOmeros.
Todo el rapltnl Importa:
Marcos 11.306,390 6 sean cerca cl'e Peao,
1.295,000 Mo-ne&lt;la Me.,icana.
Los sorteos se hacen pObllcnmente bajo
lnapeccl6n del Gobierno, 7 el pago pu· tual
de los premios estA garantizado por el
Estado.
600.000 Marco, 6 sean aproximadamen te
Pesos 387,000 Moneda Mexicana como premio mayor pueden ganarse en ca.so mAs feliz, especialmente 1 PREMIO cl'e 300,000
MARCOS, 1 de 200,000 MARCOS, 1 de
100,000 MARCOS, 1 d e 80,000 MARCOS,
2 de 60,000 MARCOS, 2 de 50,000 MARCOS, 8 de 40,000, MARCOS, 1 de 35,000
MARCOS, 5 de 30,000 MARCOS, 5 de
20,000 MARCOS, 2 de 15,000 MARCOS,
16 de 10,000 .MARCOS, 55 de 5,000 MAR·
COS, 108 de 3,000 MARCOS, 1~6 de 2,000
MARCOS, 616 de 1,000 MARCOS, 14 de
500 MARCOS, 1,022 cl'e 400 MARCOS,
83,788 de 169 MARCOS, 19,970 de 250
200, 150, 144, 111 MARCOS, etc.
El sorteo de estos 55,763 premlos sobredichos, se hace en siete clases sucesivas, qu~ siguen en breves Intervalos.
Fuera de otros premios mayores, en cada clase se tlrarA una prima especial de
modo que en caso mAs feliz, loe premios
mayores Importan 50,000 Marcos, 55,000
Marcos, 00,000 Marcos, 70,000 Marco,,
80,000 Marcos, 90,000 Marcos, y 600,000
Marcos.
Al recibir el valor de los billetes, sea en
cheques sobre bancos 6 cMas de comercio
europeas, 6 sea en billetes del banco mexicano, ó por medio de un giro postal, enviaré LOS BILLE'l'ES OIHGINALES en
carta certificada para los primeros tres
sorteos, acompaíln.ndo un prospecto oficial
que contiene todas las expllcaclones que se
necesitan.
·
AdemAs, se adjuntaril il cacl'a comprador la traduccl6n de los billetes originales
en lengua espaílóla.
EL VALOR de los bllletes PARA LAS
TRES prlmerM clases, SEGUN EL PROS·
PlsCTO OI!'ICIAL, es como sigue. (1 Marco vale aproximadamente o;; centavos moneda mexicana).
:\!ARCOS 9.50 por un cuarto Billete
Original, para la la., 2a. y 3a. clase.
MAHCOS 19.- Por un
medio
BIiiete
Original para la la., 2a. y Sa. clase.
MARCOS 38.- Por un entero Billete
Origina! para la., !?a. y 3a. clase.
A su debido tiempo se a visa il los due•
ilos de billetes, en qué épocas tendrlín que
hacer las remesas para la 4a., 5a., 6a. y
7a. clase: esto en caso de que el bllletc
no hubiera recibido, en el lntermecl'lo, un
premio. Per o es muy probable que el billete sea premia.do, PORQUE, como ya estil
dicho, GANA CASI CADA SEGUNDO BI·
LL~~TE, y las probabilidades de ganar aumentan de clase en clase. DESPUES DE
CADA F.XTRACCION, S I•: ENVIARA A
TODO INTERESADO LA LISTA OFI·
CIAL.
Los Interesados harírn bien de mandar
BUS pedidos POR EL PRIMER CORREO,
para que ee pueda efectuarlos puntualmente .
PRINCIPIO DE LOS SORTEOS : el 18
de lunlo de 1903.
Pedidos que no lleguen en tiempo para
la la. clase, serán ejecutados para la 2a.
6 3a. clase, por consiguiente cada uno
PUEDE CONTAR POSITIVAMENTE CON
QUE TENDRE CUIDADO DE QUE DE

CUALQUIER MODO PODRA
TOMAR
PARTM EN ESTA IN'.l'f:RESANTE LO·
TERIA.
Lo mejor es ha.cer las remesas par carta
certlllcada en BI lletes de banco Mexicanos
6 en giros postales ; pero, en caso de que
sea mAs conveniente A los clientes hacer
los pagos en ese país, p8..1·tlclpo que el
Banco AlemAn 'l'rasatlAntlco de México,
calle de San Agusttn 7, estA autorizado
por mi, de recibir por mi cuenta cualquier
Importe. Al hacer asf, suplico enviarme
directamente la carta Orden bien clara A
Uamburgo,
avlsilndome !l la vez, el Importe remitido !l este Banco. Adem!ls, se
debe avisar al Banco Alemán Trasatll\ntlco que tiene que abonar el Importe ll mi
cuenta d'e la orden del respectivo pagador.
'.l'odo se reune en esta gran loter!a, para
dar segm·ldad y benellclo al que participa
de ella, como es el ARRJ,GLO VENTAJO·
SO. IN'rtmVl~NCIO:N Dl~L GOBIERNO, es el allmen.w máa ~adab~ 1 el máa
SOLIDT•:Z, y ante todo, la GARAN'.l'IA recomendado ,para los nifl.oe .1Jesde l&amp;
DlsL ESTADO l'ARA EL PAGO DE LOS eda-d de seis 1 siete meliles sobre todo
PRE:IIIOS. Teniendo relaciones con las
en el momento del destete 1 durante
mayores pinzas del mundo, l'UEDO PA·
GAR LAS
CAN'l'ID.ADES
GANADAS el periodo del crecimiento. "Faclltta
'l'A:IIBilsN EN EL DOlII CILIO DE LOS la dentición, asegura la buena forma·
clón de los huesos."
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Pincus Moeller1 Hamburgo
(ALifüA::--'IA ) ('asa fundada en 1855.
OFICINA CF.NTRAL Dlil LOTERIA
ENCARGADA POR EL GOBIERNO PARA
LA VENTA DE LOS BILLETES.
F.ata casa ha sido siempre preterida por
la fortuna, y varias veces tuvo que pagar
premios de mayor conslderacl6n, especial•
mente A clientes en J\Iéxlco.
Desconf!ese de cualquiera otra oferta
pues nadie estü autorizado !l ello.
Se mandarll grntls y tranco, el p1·ospecto oficial il quien lo pida. Correspondencia
en todas lenguas.

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COB.B.ECCION DE

CUERPOS DEFORMES.
Si usted 6 cual(luier pers DA d• m familia
padec•n rle detorm1dan•s en •1 cu• rpo, como
pies torcidos 6 doblados. eufor merlad d• J,. caderA 6de la espina.t'aralisis.Parali,is intHntil,
coyunturas eofermas 6 deforme~, (;ojera, Pier·
uas chueca•, roaillu anudttd•s, 6 defo•midH•
des, reumát.ic1ts, escriba pictieorloinfnrmes al
Innituto abaj, indicado. qu6 le escrihirá la
manera de encontrar remedio!\ su m•I Ksta cas• es la Iostitucióo Ortopédic• má• c, mplei• de
América. Y por sus muc,,os Elementos hacen
curaciones que no se puArtPn hacer enot ra pR r·
te y después de estar desahuciRdns. l ,os métodos empleados Fon especi•les y rn efic•ci• ha
sido demo,tr•da. No se emplea" ni Kmplastos
muJestos ni penoeRs op~rAci011es quir6rgicas ni
t ratamientos dolorosos de ni¡runa esr&gt;ecie.- 'Se
remiten Libros y Referencias á quién la• pida.
No se cobra nada por consultar.

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�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 19, Mayo 10</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 3 de Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

1)oonjngu 3 de Mayo "!li8 1903.

pecie de va.sos místicos, flores exhalando el último suspiro con un perfume de ensueño exquisito.
Si es de noche, una. claridad discreta, atenuada por las pantallas
de encajes.
Por último, vestidos de seda rubia, con lazos malva. ó azul muy
pálido ó de color gris; ha.y en el
gris tintes de una delicadeza muy
asombrosa. Todo lo que rodea á. la
bella y triste melancólica debe ser
de una. elegancia dulce, particularmente distmguida.; distinguida. en
su peinado sencillo y no riz~do, en
sus meneos de cabeza. algo inclinados, en sus posturas llenas de seriedad, en su sonrisa, qúe nunca.
debe estallar, en sus maneras llenas
de cansancio, como si no pudiera.
sufrir el peso de la vida. Habla con
gesto pausado, con voz doliente,
muy dulce, como oprimida, entrecortada. por los suspiros, con reticencias, que son como misterios
a.ñadictos a. los misterios de su tristeza., al misterio de sus ojos de esJinge cansada.
La encantadora melancólica, con
su mirada. vaga, que parece implo•
rar la p1eda.&lt;1 y el il.mor, es una. mujer adorable, a la cual un hombre
que tiene en el corazón cierta t.er•
uura. no sabe cómo resistir.

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INTROITO.
Musa: roza. con tu ala.
las cuerdas del guitarrillo,
y sopla en el caramillo
las quejas que Pan exhala.
Flexiblemente resbala
por estas rimas sin brillo
y en su ropa.je sencillo
prende siquiera una gala..
El surco aguarda tu grano:
Ruth-con hoz de plata-siega
la ortiga. del ripio vano;
y, como niña que juega,
junta. el ritmo castellano
á la. bucólica. griega.
JUAN B. DELGADO.
Despreciar la vida no es prueba
de indiferencia ante la muerte.
9.-Vestido de amazona con talle Jaquet.

En los ca.bellos, dos plumas negras,
coloca.das á la. Mefistófeles, recogi·
das por una. peineta de oro bien
cincela.da., ó también por alfileres de
oro 6 broches guarnecidos de topacios, si no se tienen brillantes.
Son unos trajes preciosos dentro
de su sencillez y hasta. ricos por su
colorido. Todas las mujeres pueden
gásta.rlos y hasta. hacerlos ellas
mismas.
Estos trajes son esencialmente
embriagadores.
LA· SUGESTIVA. -¿Qué se entiende
por sugestivo, palabra que se a.plica. hoy á ca.da paso?
La. palabra sugestión tenía antigua.mente mala. significación: sugerir malos propósitos.
Desde las experiencias del hipnotismo, en las cuales un médium ejecuta. un movimiento detei·minado'
por ca.usa de la. sugestión, esta. palabra., que está de moda, se aplica.,
en la. literatura. actual, para todo
efecto que somete ó aniquila. la voluntad.
La. belleza sugestiva es, por consiguiente, la. que atrae la atención
sin quererlo, la. que sugiere pensamientos a.morosos ó cualquiera. otro
atractivo imperioso al cual es imposible substraerse. Es la. obsesión
del espíritu y del corazón, por un
género de belleza. particularmente
atractiva. ó penetrante: por ejemplo,
una mira.da. repercute en el corazón
y se incrusta.
'El recuerdo de esa mirada nos
persigue, nos acompaña á todas
partes.
Tal sonido de voz, de r epente, hace vibrar en nosotros ciertas cuerdas, nos causa una impres ión que
desconocíamos antes y que no podemos definir: permanece en nuestro
oído, en nuestra. memor~. Pensar
ell ell!l e¡¡ seguir oyénd9la., y el re•

11.-Traje reforma para casa.

cuerdo nos cnusa la misma. emoción.
A no dudar, ha.y bellezas naturalmente sugestivas y conmovedoras;
pero tal toca.do, tal efecto de color
ó de luz, pueden dar á un rostro
que hasta. entonces había pasa.do
inadvertido ese atractivo singularmente sugestivo y conmovedor.
A veces, un solo detalle en el toca.do basta. para. producir ese efecto.
Ejemplo: Una. mujer morena de
tez de color de ámbar, con un cuerpo escotado de terciopelo a.ma.ra.nw, borda.do de azabache y guarnecido con encajes negros, es decir,
la chaquetilla española ó Fígaro,
adquirirá, sólo por el color del corpiño, un aspecto meridional, algo
exótico, que llamará la atención.
Una mujer rubia, con traje de satín maravilloso color crema, muy
vaporoso, con franjas de hierbas
verdes, mezcladas con nenúfar, y un
· peina.do en armonía con el -traje,
tomará el aspecto sugestivo de una.
Ofelia en traje de baile; ó si no, el
vestido blanco y sencillo dela Margarita de Fausto, ó cualquiera otro
vestido que recuerde trajes históricos ó románticos, en armonía con
fa náturaleza y el estilo de la belleza de la que lo lleva.
A veces, basta para producir un
gran atractivo, para llamar y retener la atención, un pequeño detalle
en el tocado: una plurua, un ramo
de flores, una. cinta, un mechón de
pelo dispuesto con arte, ó mejor dicho, con cierto &lt;chic.&gt;
LA MELANCÓLICA. - Ciertas mujeres gustan por la expresión melancólica del rostro. Una joven
melancólica despierta la.curiosidad
de los corazones tiernos. Y entre
los hombres hay muchos que son
susceptibles de ser conmovidos profundamente por esla. clase de sensi-

bilidad,

El hombre tiene afición á proteger
teme sobremanera la dominació~
fem~nina; ve en ello, y es un absurd_o, un ataque á su virilidacl, como
s1 en resumen no fuera él siempre
el dominado. A pesar de todo la
mujer algo triste, enfermiza., si'cabe, que parece implorar protección
y apoyo, le gustará más que una
mujer fuerte y alegre.
Es una de sus debilidades: sentir
su corazón tiranizado por un ser
débil, sin pensar que no hay nada
~ás peligroso para su independencia que esas déspotas débiles y encantadoras.
_Esa. tristeza., esa melancolía, empiezan por despertar su curiosidad.
¿Cuál será el motivo de su tristeza·~
¿Qué decepción a.morosa causa es~
melancolía? En todo caso, necesita
que se la consuele, está pidiéndolo
¡Cuántas mujeres saben perfecta:
mente hacer vibrar en el hombre
que la mayor parte del tiempo sól~
es un I:i~o grande, la cuerda. del enternecimiento!
Las ~a.y muy hábiles, que saben
ma.ra v1llosamente parecer melancólicas C?n aires de desengañadas.
No decrmos que sea pura. comedia.
de su pa.rte;pero las hermosasdesengañ9:das, tien~n una propensión á
la tristeza., 6 independientemente de
su mane ra de ser, tienen en su rostro ciertas líneas, ciertos gestos en
los labios que expresan la melancolía, como otras ex presan la alegría.
Además, hay adornos ó trajes que
acentúan estas expresiones 6 estas
.actitudes: l as telas de colores matizados , el malva, el h eliotropo p álido, el ver de tierno, el azul obscuro.
Si es de día, una claridad d ulce
ta mizada por cortinas triples e n u~
gabinete en que r eina un sile~cio de
iglesia, y en gra.ndes ja rrones, es-

.
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.

13.-Sombrero en forma de bolero.

•

La Casita Triste.
Yo tengo una cása
en medio del campo,
con las venta.nita.s pintadas de verde
y en las ventanitas macetas de nardos,
y tras las macetas,
a.legres cantando,
prisioneros en jaulas de alambre
están los canarios.
¡Qué tiernas y dulces son las carceleras
que cantan mis pájaros!

*

En verdad el presente no es más
que un instante mostrado científica·
mente por el cronómetro.

Y o tengo una. casa

'-..
/
--=---

.h

14.-Sombrero de primavera.

en medio del campo,
con un huertecillo sembrado de rosas
lleno de claveles granates y blancos, '
y una fuentezuela
al pie de un peñasco,
donde el agua sa.le tan fresca y tan limpia
con rumor tan blando,
que parece un murmullo de besos
que viene lejano.
¡Ay qué fresca y que limpia es el a.gua
de la fuentezuela del pie del peiia.scol

Yo tengo una.casa
en medio del campo,
donde hay una parra muy vieja que entolda.
con sus pámpanos verdes el patio.
El patio risueño
donde el sol de Agosto detiene sus rayos
El patio risueño,
·
con su pozo al lado,
y las uvas que penden del tacho
en racimos que apiñan los granos
y aquel airecillo
'
que viene del campo
y refresca al llegar á la sombra,
su a.liento balsámico.
¡Qué sombra más rica que presta la parra
que entolda mi patio!
_
Y o tengo una casa
en medio del campo,
y en ella una moza como el a.gua limpia
más blanca que un nardo
'
y es rubio su pelo como las mazorc~s
como las mazorcas del maizar cercan~.
Su cuerfJO es de junco,
son rojos sus labios,
sus labios son rojos, como las cerezas
que penden del árbol.
Y tiene los dientes,
los dientes tan blancos,
que parecen flores del jazmín frondoso
que crece gallardo
muy cerca del agua de la fuentezuela
de la fuentezuela del pie del peñasco'.
¡Qué linda. es la. moza de aquella·casita
que tengo en el campo,
con su tez de nieve,
cou sus ojos garzos! .... ·

Yo tengo una. c&amp;.sa.
en medio del campo
con sus venta.nitas que la lluvia azota.·
secas las macetas que tuvieron nardos· '
sin rosas el huerto;
'
sin pámpanos verdes que entolden el patio·
y en la fuentezuela,
'
en la. fuentezuel!' qel pie del peí'l'.11,s&lt;;g
10.-Saco-palet6 con cuello hombrera•

i:

12.-Traje de paseo con falda de volante en forma.
y_a º? se oyen nunca rumores de besos
srno_de sollozos que vienen lejanos.

En aquella casa

ei:i medio del campo,
n~ crecen las flore;;

tu cantan los pájaros.

Al caer una tarde de invierno
dentro de una. caja forrada de blanco
con la cara de un ángel dormido,
'_
las.manos cruzadas, marchitos los labios,
sahó de la casa la moza. tan linda
del pelo colgando,
'
de la tez de nieve,
de los ojos garzos ... .. .
Yo t,engo una casa
muy triste en el.campo!
ALFREDO

C.AZA.BAN.

-

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 3 ide Mayo die 1903.

ta muJtr dt Emilio.
I
-Ab!-exclamó Andrés Geslin.No es eso, bija mía1 no es eso.
-Sí-interrumpio madame Geslín.-Ya sé que la mujer de Emilio
no haría lo que yo hago.
-No te enfades, Elena, puesto
que no he querido ofenderte. Sea
como quiera, perdóname si te be
faltado en algo.
Andrés se inclinó ante su esposa
y le dió un beso.
-Siempre te obedezco en tododijo Elena,-como la mujer de Emilio á su marido.
-Así me gusta.
- ¡ Si supieras cuánto la odio sin
conocerla!
-Pues haces mal, porque es el
verdadero tipo de la esposa modelo.
-;.Y por qué no te casast!l con
ella?
-Porque cuando la conocí, ya estaba en relaciones con Emilio, y
porque tú me gustabas mucho más.
-Lo que siento es que no tengamos su retrato.
-Se lo he pedido á Emilio en mi
última carta, y no tardará en enviármelo.
Elena se levantó de la mesa, y para calmar sus nervios, se dirigió al
piano·y se puso á tocar un vals.'
II
Emilio era el amigo más íntimo
de Andrés, el cual deploraba que
dos años antes no hubiese podido
ser su testigo de boda.
Pero Emilio había partido para.
tomar posesión del encargo de cónsul en una de las repúblicas de América del Sur, donde debía permanecer largo tiempo.
-En el fondo del alma, Andrés
no deseaba su regreso, porque en
realidad Emilio le había servido
para urdir una piadosa mentira.
A fin de someter á .Elena á sus
aficiones caseras y hacerla renunciar al propósito de frecuentar los
teatros y asistir á los banquetes á
que el matrimonio era invita.do, había concebido la idea de crear el tipo de la mujer de Emilio como un
modelo de perfecciones y venturas.
Pero el tal tipo no existía. Emilio
era un solterón empedernido enemigo irreconciliable del
'
ma.trimonio,según constaba al propio Andrés,
el cual, sin embargo, no
cesaba de prodigar todo género de elogios á
la supuesta. esposa de
su amigo.
Dieron las dos, y ya
era hora de que Andrés
se consagrara á sus ne·
gocios. Nuestro hombre
se levantó, pesaroso de
tener que abandonar las
como11idades del hogar,
dió un beso á Elena y
salió á la calle.

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III
Andrés se entretuvo aquel día
más de lo regular, y regresó á su
casa muy tarde.
Apenas le abrieron la puerta corrió Elena hacia él y le dijo: '
-1.No sabes quién está ahí?
-No.
-¡Tu amigo Emilio!
-¡Emilio !
-¡Sí, con su mujer! Han querido
darte una sorpresa y por eso no te
han dicho nada previamente. Han
llegado esta mañana á Pads. Les
he convidado á comer y están espe·
rándote en la sala.
Andrés estaba aterrado. ¡Emilio
casado sin que él lo supiese! ¡La
mujer de Emilio, personaje fabuloso, convertido en una realidad!
Por gran trabajo que le costara
disimular, trató de serenarse y le
dijo á Elena:
-¿Qué tal la encuentras?
-¡Ya la verás!
Andrés entró en la sala y se arrojó en los brazos de su amigo. Este
le presentó una criatura extraña.,
muy morena y vestida. del modo más
raro del mundo.
-No te be dado parte de mi casamiento- dijo Emilio á su amigoporque pensaba venir á Francia en
uso de licencia.. Puritano conoce el
trato social, y cuento con tu mujer
para que la eduque con arreglo á
nuestras costumbres.
Emilio asió del brazo á Andrés,
y llamándole a.parte, añadió:
-He cometido una barbaridad,
obligado por las circunstancias.
Esa mujer es sobrina de mi jefe y
me he visto obligado ácasarmecon
ella para no comprometer mi carrera.. ¡Soy el más desdichado de los
hombres!
-¡ Demonio !-exclamó Andrés.
-Ni á ti mismo-repuso Emiliome be atrevido á anunciarte semejante~berración. Es una criatura comprometedora é insoportable,
según has de ver de un momento á
otro.
Purita. había guardado basta entonces el más absoluto silencio.
Los dos matrimonios se sentaron
á la mesa, y la paraguaya se fué
animando poco á. poco. Se puso á
hablar sin ton ni son, y Emilio procuró en vano contener aquella.charla. inconveniente y estúpida. Al fin
. se decidió á llamarla al orden, y
entonces ella, poseída de la mayor
indignación, cogió un
plato y Jo arrojó á la
cabeza de su marido.
Después tuvo un ataque
de nervios y hubo necesidad de suspender la
comida.
-Lo mismo pasa to•
dos los días-dijo Emilio con melancólico acento. -Dispense usted,
señora, el escándalo
que acaba de ocurrir y
tenga lástima de mí.

EL MUNDO ILUSTRADO.

¡qué dulce armonía
si no la turbaran
la verdad que llega
y el tiempo que pasa!
Mas lay, el anciano
que la busca y ama
en ella descubre
'
la muerte: su hermana!
Y como años hace
que por mi desgracia
murió en mí el deseo
murió la esperanza '
Y en mi triste ruta '
sólo me acompañan
de seres queridos
los mudos fantasmas
al par que la dicha '
encuentro en la cal~a
el temido anuncio
de quietud más alta.
MANUEL DEL PALACIO.

El ptrro del mendigo.

20.-Elejante traje de paseo.

A los pocos momentos, Purita y
Emilio s.e r etiraron al hotel donde
se alQjaban.

IV
Elena Geslín man~uvo basta el
día siguiente una reserva preñada
de amenazas. No aludió en lo más
mínimo á la decepción qu&amp; había
sufrido, reconociendo que había sido engallada por el hombreen quien
tenía tanta fe.
Mostl'óse extraordinariamente
tranquila y no dirigió á su marido
ni una sola palabra dura y destemplada.
Andrés estaba desconcertado ante
la nueva actitud de su esposa. Echaba pestei; contra la inesperada aparición de Emilio, contra el monstruo que su amigo le había presentado y contra sí mismo, poi· su
peligroso exceso de imaginación.
Elena permanecía siempre imperturbable.
Pero al día siguiente, al sentarse
á almorzar, sin que en su rostro se
dibujase la menor alteración, cogió
un plato y se Jo ti ró á Andrés á la
cabeza.
Y después, r~velando el secreto
de su nueva actitud, (lijo con voz
firme y resuelta:
-¡Como la mujer de Emilio!
P A UL GINISTY.

En la q,utrtt dt una Jootn.
Murió la virgen cándida:
Sobre su frente lívida
El beso de la Parca
Su hielo~derram6.
Sólo en la boca angélica
· Helar no pudo lánguida
La célica sonrisa
del angel que voló.
18.-Detalle de tejido
y t.:&gt;rdado,

16.-Sencillo y elegante traje para paseo.

17.-Traje de visita y de casa.

19,-Juego de aplica~iones.

Domingo 3 ide Mayo ,de 1903.

¡Qué bella está la atmósfera,
Qué claro el sol espléndido,
Qué azules las ruontai!as,
Qué plácido el vergel!

21.- Traje de paseo con triple cuello-hombreras.

¡Cómo en olor balsámico
El bosque y prado inúndanse,
Con las abiertas flores,
Y el cedro y el laurel!
Mas ¿cómo las aligeras
Aves entonan cánticos,
Cuando en dolor deshechos
Y en llanto de pesar,
Lloran los padres míseros
En cuyo mal no hay bálsamo,
Que pueda de sus. almas
La angustia consolar'?
Padres! ¿,qué voz benéfica
Si una voz seráfica,
Pudiera da1· consuelo
Al triste corazón?
Lloráis? llorad sin término,
Llorad al ángel cándido,
Ay! pobres, pobres padres
Que mata la aflicción!
¿,Qué celestiales músicas
Por el empíreo Pscúchanse·t
¿,Qué lu;r, radiante y put•a
La atmósfera alumbró'!
Grupos de blancos ángeles,
Entre celajes fúlgid os,
Al eco del salterio
Cantan:
- "Amor, amor."
"Ya llega pura y cándida
"Como la rosa nívea;
'·Una alma inmaculada
"Liberta del dolo1·.
"Dejó en el mundo mísero
"La vestidura sérica,
"Buscando las regiones
"Del sacrosanto a.mor.
"Salve, inocente espíritu!
"Ya del dolor terrífico
"Libre, podrás al suelo
"Amante descender,
"A consolar benéfica
"Con celestiales ósculos,
"A los amantes padres
"Que abandonaste ayer.
"Y tus hermanos, pálidos,

:;yPorconel los
?jos cárdenos,
copioso llanto
''Que su alma derramó
"Y á los (}ue amaste fé~vfda
::A! ver tu faz seráfica,
'
Dirán: Bendita sea
La mano del Señor"
C~s6 el canto: las célicas
Regiones de los ángeles .
Se abrieron, y los padr~s
Alzaron su alma á Dios
Y sobre el lecho fúneb!'e'
Donde la virgen duérmese
La Fe santa y divina
'
Su blanca cruz plantó.

CALMA AP~BEllTE.
A la fresca sombra
que dan las acacias,
reposar me place
cuando el sol abrasa.
Hoy el viento duerme
la mar está en calma'
Y es el raudo vuelo '
de tendidas al as
el único ruido
que suena en las ramas.
Alguna vez siento
rozando mi calva
el hilo invisible
que teje la araña
ó atrevida mosca'
s~ aguijón me clava
srn 9ue yo consiga
castigar su audacia.
Cuanto miro en torno
mis ojos encanta:
el pueblo escondido
del monte á la falda
la gótica torre
'
de iglesia lejana,
elclaro arroyuelo
la obscura em·am~da:
todo es bello, todo
convida á la holganza,
Y enerva y seduce
cual música grata.
Natura en reposo,
Y en reposo el alma,

N~estro ca_rruaje rodaba por el
camrno _de D1eppe. Sintiéndose fatigada m1 hermana, se había apoyado en mí, y los grandes rizos de sus
neg,·os dabellos, que el viento de
la mañana hacía ondear venían á
acariciar mi frente.
'
Un pobre viejo y su perro se
ª?ercaro1;1,levantaron la cabeza con
a,ire suplicante é inquieto, teniendo
uno s~ sombrero,y el otro, su ta.za
de ho¡a de Jata.
M_i hermana se me anticipó, pues
pomend~ el pulgar y el índice en
uoa bolsita de seda, sacó una moneda, qu_e. echó en el sombrero del
pobre vie¡o, acompañando su limosna con u1;1a de esas sonrisas que
parecen decir á. los desg1'aciados·
"Pt&gt;rdonadme el bien que os ha:
go.,,
El pobre la comprendió v su mi.rada yeconocida. decía: •'•¡'Bendita
s~as tu, hermosa ¡riven: qué tu felicidad se prolongue. que tus goces
duren.largos a_ños!" ..... Ella comprendió la mirada del anciano
pues su suave mano estrechó l~
mía.
El pobre Y su perro fueron á sentarse en un banco de piedra, al Je.do de un soldado que tenía también
un peri:o, p~ro no viejo como el del
otro, srno, ¡oven, altivo, que miraba con seguridad á los transeúntes
El soldado, extenuado de fatiga s~
bahía descargado de sus arma:s y
compartí8:_su frugal desayuno con
su compa:nero de viaje. Un .ruido
sordo, ~e¡a?o. al principio, se hizo
percep~1ble, vimos llegar un lujoso
ca.rrua¡e, precedido por un correo
que pedía á gritos caballos para
monseñor.
No había caballos; monseñor esperó, como nosotros.
Eché.una mirada á este elegante
carrua¡e. Contenía á un hombre jove~ todavía, Y á una mujer bermosísi~a; pero en sus facciones contrariadas, en la expresión de sus
sem_blantes, vi que disputaban con
acritud y arrebato. Muy lupgo monseñor, volviendo la espalda á su
compañera, sacó la cabeza por la
portezuela.
El pobre Y su perro se aproximfl.•
ron ent?nces, con temoi· y desconfianza, implorando_ ~a piedad de
monseñor, y no rec1b1eron sino una
respuesta brutal y bumil !ante
un:~ lágrima. brilló en los ojo'/~~1

22.-Bordado para cojines.

�Domdingo 3 de Mlaiyo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

y la coquetería, que se traduce por
el deseo de agradar; ésas son nuestras armas.
El divino Sófocles pone en los labios de Antígona. el verdadero concepto de mujer, cuando exclama:
&lt;Yo para amar nací,nopara odiar;&gt;
y el inspirado Espronceda, al que
se le ha at1·ibuído tanto de lo que
no escribió, hace decir á un héroe
de &lt;El Diablo Mundo,&gt; dirigiéndose á un salvaje amante:
&lt;Llevar un ramo de flores,
mejor que un puta! te cae.&gt;
Pero dejando digresiones nacidas
del título de este artículo, vamos á
ocuparnos de las «armas&gt; de que
pienso tratar.
La &lt;toilette&gt; femenina es un arte
verdadero; combinar los colores
para que la. figura alcance el .náximun de intensidad sin destruir la.
armonía, y hacer que los matices
de las telas y adornos se combinen
con la. tonalidad del cutis, de los
ojos y del cuello, requiere condiciones de verdadera artista.
Pero aún más que las líneas generales, tienen importancia los que
hemos dado en llamar «pequeños
cleta.lles.&gt;
En el zapato, el pañuelo, el manguito, el quitasol y el abanico, se
encuentra siempre la distinción
completa. entre la dama. verdadera.
y la que aspira á imitarla..
Hoy que las brisas primavera.les
llegan hasta nosotras, voy á ocuparme de los abanicos y de las sombrillas.
Unos y otras son verdaderas armas femeninas que aumentan la.
gr11;cia. y belleza. del conjunto de la
«toilette&gt; y revel a.n el gusto delicado de su dueña.
La industria moderna ha creado
preciosos y ricos modelos en abanicos y sombrillas.
Los bellos abanicos «imperio,&gt;
con sus vitelas sombreadas de lentejuelas de plata; los preciosos abanicos de gusto moderno, en los que
domina el brillante bordado de
cuentas de a.cero; los delicados bor23.-Blusa suelta con adornos de encaje.

dados de encaje, y los que ostentan
elegantes pinturas, lucen sus primores al lado de los sencillos japoneses.
Los varillajes de nácar, metal,
madera y marfil son preciosos, y lo
más notable son los precios,que ponen las más lindas imitaciones al
alcance de todas las fortunas, atestiguando así las ventajas que nos
reporta la moderna industria..
Las sombrillas bordadas á mano
constituyen el celou&gt; de 1a. novedad,
y las hay de los colores y matices
más delicados.
Siguen también disfrutando el favor de la moda las sombrillas lisas
y con adornos de eneaies cal a.dos,
representando formas de pájaros,
lazos y mariposas transparentes.
Para las señoras de cierta edad,
nada más á propósito que los centout-cas,&gt; de riquísimas sedas y
suaves colores.
Otra. novedad modernista presentan este año los quitasoles, los púños de plata, metal y esmalte, de
un trabajo primoroso.
El puño de acero de Eibar con
sus lindos a.damasquinados de oro,
verdaderos é imitados, gozan del
favor de las damas; cuyas delicadas manos resaltan con suma blancura sobre el obscuro y bruñido
metal.
Estas son las armas de que hoy
pensaba hablar á las señoras, y segura de no infundirles miedo, creo
que padres y esnosos se apresurarán á proporcionárselas.
¡Oh pretendida debilidad de la
mujer, que eres fuerte con el trozo
de nácar entre las manos!
LA VIZCONDESA
DE CHATEAU D'EAU.

A UNA ROSA.
Vagando en el prado un día
En que la multitud de flores
Sus diferentes colores
Ostentaban á porfía.

anciano, que lentamente volvió á
sentarse en su banco de piedra.
Se cambiaron caballos; los sirvientes del grao señor habían arrojado debajo del carruaje algunos
restos de su espléndido desayuno:
los perros del pobre y del soldado
se precipitaron encima¡ los caballos partie1·on ...... uno de los perros fué aplastado .... era el del pobre. Lanzó un grito, y su última mirada fué para su amo, !,. ue arrodi·
Hado cerca de él, no podía hallar
una lágrima.
-Tomad, buen hombre- le dijo mi
hermana, y dos monedas rodaron á
un lado¡ no les prestó atención,contemplaba á su perro.
El soldado lloraba y parecía indeciso¡ en fin, pareciendo hace1· un
esfuerzo sobre sí mismo, se acercó
bruscamente al anciano, poniéndole
en la mano la cuerda que ataba á
su perro, y le dijo:
-Tomad, buen viejo, luego voy á
llegará la choza de mi padre..... os
dejo á mi fiel Medoro. Adiós:
Y enjugando sus ojos con el revés de su mano mutilada, tomó su
saco y se fué precipitadamente.
El pobre acariciaba :í. su nuevo
compañero; pero sus miradas estaban siempre fijas en el cuerpo de su
pobre y viejo perro.
Mi hermana me dijo:
- Ese soldado es más afortunado
que nosotros: ha dado un amigo al
infeliz..... nosotros no hemos podido ofrecerle más que dinero.

Explicadón dt

nuutros grabados.

G. CARBÓ.

PARA CURAR UN R!IFRIADO I N UN D1A

Tome _las pastilla■ Launt• de Bro m ~
BI botu:wio le devolved: ■u dinero 11 110 ■e can.
La firma K. W. Gran N halla u ceda oajla.

Cuandoun médico eminente dice
que ha usado un preparado por varios afios, no hay lugar para dudar de la eficacia de ese preparado. Las siguientes palabras son
del Dr. D. J. R. Icaza, de la ciudad de México:
«Tengo la satisfacción de decirles que hace varios afios he recomendado á muchos de mis enfermos la Emulsión de Scott y estoy
convencido de que esa preparación
es un buen tónico reconstituyente
y tiene la ventaja de que muchos
niños la toman con verdadero
gusto."

Dtl Tllmo., Sr. Jlrzobispo J «ba1.
Los bienes fueron valuados
en $ 125,000
La mayor parte de lo testado e, .,.
slstía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mútua"
Compañía de Seguros
sobre la vida, de Nueva York.

Hace pocos d1u que sé practlc6 la
apertura del testamento del Ilnetrfalmo
Sr. Arzobispo Don Patricio A. Feellu
en la eluda• de Chlcago, Illlnola. La
lOrtUDa di dlstln&amp;11ldo prela•o uceadlG 11. cerca de $125,000 oro amerlca■o ;
7 segO.n el lnnntarlo que ae ha pub'I·
cado, los bienes que •eJG fueron como
Jlgue:
Dos pGllzas de • 'La Mutua,' • Compa111a de Besoroa sobre la Vida, de Nueva York, por $25,000 oro
cada una, o sean . . . .$50,000
Dlvlllendoa acu!!lulados 80·
bre una Ce las pGUzas. • 9,829
Otra pG!lza de seguro. • . 14,000
Acciones en efectivo 7 en
Bancoe. • . • . . . . • 87,000

oro
oro
oro

oro

Entre las •1sposlclonea del aellor A'Zzoblspo, en au testamento, 11e hicieron
éataa:

ARMAS FEMENINAS.
Tranquilizaos, quel'idas lectoras¡
no pienso hablar de ninguna de
las máquinas de destrucción antiguas ó modernas, que por mucho
que se preseqten en formas delicaqas y encantadoras, yo 'no consideraré nunca. como armas de la mujer.
La mujer no tiene más armas que
las naturales; la gracia, la belleza

Su aroma. intenté aspirar,
Y le aspiré delicioso,
Y luego quise afanoso
Sus frescas bojas besar.
Lleno de loca alegría
La acerqué á mis labios presto,
Mas un gusano funesto
En su corola escondía..
Y cuando encontrar soñé
En su cáliz ambrosía.,
Del insecto que tenía
La ponzoña sólo hallé.
La apariencia me engañaba:
¿Quién dijera de esa. rosa,
Al mirarla tan preciosa,
Que un vil gusano guardaba.?
Así hay mujeres que son
A la faz der mundo hermosas
Y que ocultan cual las rosas'
Veneno en el corazón.

EL TESTAMENTO.

E. SUE.

Se reservan camas en,carro Pullman para todos los puntos
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,sol1 renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á

w. s. FARNSWORTH.-Agente General.
ta. San Franolsoo, llilm. 8, ltll,Jxloo,

a. 11.

••••••••••••••••••••••••••••••••••
loo

Domingo 17 de May-o die 1908.

. Una rosa allí encontré,
Cuya. belleza y encanto
Cautivó mi atención tanto,
Que á contemplarla llegué.
Me pareció de las flores •
Que perfumaban el prado
La. de olor más delicado
Y de más lindos colores.

A su hermana, sellorlta Kate Feehan,
que estúvo siempre con él huta • •
muerte, $40,000 oro en bonos 1 $25,000
oro de una de las pGJlzas de aesuro ;
11. la sellora Auna A. Feehau, viuda del
sellor doctor Eduardo L. FeehaD, hermano del sellor Arzobispo, $21S,000 oro
de otra de las pGllzas, 7 $5,000 oro en
efectivo ; 11. la Academia de San Patrl·
clo de Chlcago, de la que es precep~
ra su hermana., Madre Maria Catalina,
$10,000 oro de la 1l.ltlma pGllza ; i la
escuela • 'Santa Maria'• de enaellansa
prlctlca para varouea, de FeebanTllle.
llllnols, que era la lnstltuclGn por la
que mll.s se Interesaba el aellor .A.nOblspo, se entregaron 101 $4,000 reataJI·
tes •• la 1l.ltlma pGIIIL

Número l. Los elegantes trajes
de casa y de visita que representa
este graba.do, son de sencilla y
vistosa confección. El primero, de
falda lisa y con guarniciones de
cintas en su parte inferior, no lleva
más adornos en la blusa. que un
ligero tableado en la parte delantera, y botonadura de metal en las
mangas. Una corbata. de1;eda negra.
con gasa blanca en las extremidades, completa el adorno de este
· elegante vestido. Por lo que respecta
á los otros dos, de paseo, debemos
manifestar á nuestras lectoras que
las telas de estos vestidos son de poca.
resistencia y lo más ligeros posible,
en consonancia con la actual estación primaveral. Uno de los trajes
es sumamente original y vistoso, lo
cual se logra haciendo rematar en
picos el sobretalle, que ha de ser de
un color más obscuro al resto del
vestido. En la falda se sigue disposición análoga á la de la blusa.. El
último de estos trajes lleva como
único adorno un eleganti&gt; cuello de
encajes de guipur, y cuello, pujios
y cinturón forma.dos con cintas de
terciopelo negro.
Número 2. Vistosos y ricos trajes
de paseo propios para señoritas de
talle esbelto, y cuya confección tiene que ser muy cuidadosa para que
produzca el efecto que se desea. El
primero de estos trajes, de blusa
torera, lleva un magnífico cuello de
punto de Inglaterra rematado con
cinta maravillosa y fleco de seda.
El peto, de gasa de seda blanca,
tiene en su parte inferior un rosetón,
también de cinta maravillosa, terminado con fleco. Un ancho cinturón
de seda rodea el talle, y los puños
tienen un pequeño adorno de punto
de Inglaterra, igual al del cuello.
El segundo grabado representa un
traje de gasa de seda, color crema,
con anchocuellohombreras y canesú
de encaje, rematado en su pa1·te
inferior con dos aplicaciones de seda
y cordoncillo. La parte inferior de
las mangas, se hace rodear con
angostas cintas de encaje igual al
de los puños. La falda es enteramente lisa.
Número 3. El grabado representa
un elegante saco paletó con botonadura de concha nácar, mangas de
campana y bolsas cruza.das. El
cuello debe ser muy ajustado para
dar á esta. pieza de ropa el i_i.specto
de elegaDcia que la caracteriza. La
tela de este saco paletó, es de paño
color gris.
Número 4. Corpiño'J blusa_ para
niños de corta edad. El primero
lleva un triple cuellohombreras y
cintas de seda adornadas con grupos de botonaduras de metal. Un
cinturón de la misma tela del vestido, rib~teado con la misma cinta de
seda, rodea el talle; los puños se
confeccionan de manera de hacer
juego con el tl'iple cuellohombreras.
I,,a. blusa, para niños de7 á S_añus,
se tablea en la parte anterior de
mod.o deformar una angosta. pechera. El cuello doblado es de la misma
tela,y una pequeña corbata de color
obscuro complementa la blusa.
Número 5. Para este traje de paseo, semejante á otros qufl hemos publicado en números anteriores, de-

1.-Colecci6n de vestidos de casa y

ben ohserva.rselas explicaciones que
con toda oportunidad hemos dado
á conocer á nuestras lectoras. Un
ancho cuello de encaje inglés cubre
la parte superior del talle, y el
cinturón, de ancho listón de seda,
se ha.ce terminar por un moño, con
dos grandes bandas colgantes, en
la parte posterior del vestido.
Número 6. Sombreros de flores y
plumas, adecuados á la actual-estación calurosa. El que ostenta la
ancha pluma, debe llevar al principio de ésta un vistoso broche de
metal. Aparte de estos adornos,
sól-o se hace rodear la forma de paja
con gasa de seda, que se pliega con
gusto y elegancia. El segundo de

los sombreros lleva tan sólo adornos flora.les y de listones de seda.
Ambos sombreros son elegantísimos
y producen un efecto sorprendente.
Número 8. Trajecilo infantil para.
niilas de 6 á 8 años, confeccionado
con tela de poco cuerpo y arreglado
á los últimos figurines infantiles.
En la parte inferior del pequeño
traje se adhiere un lienzo de la misma tela, que se pliega y se adorna
con cintas angostas. Al cuello, con
pequeños adornos de enea.je, se le
hace tomar cierto vuelo en sus dos
extremidades, de manera de cubrir
los hombros. En la parte inferior y
delantera de este cuello, se ponen,
como único adorno, dos listones de

visita.

color semejante al del trajecito.
Por lo demás, el vestido no requiere
minuciosidades de ninguna especie,
y las niñas deben de llevarlo únicamente en juegos y paseos campestres.

El Grano de Arena.
En la playa dilatada
que baña la mar serena
ó rugiendo alborotada,
un tenue grano de arena
nada significa, nada.
Mas, si se llega á observar
cómo marca en un reló

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, Para el hogar, 1903, Año 10, Tomo 1, No 18, Mayo 3</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL ).1.1.JNDO ILUSTRADO.

Dom!lngo 26. d.e A.brll die 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 3 de Mayo de 1903.

PASTEL DE PATATAS.

dos circunstancias muy notables.
Por disposición suya le llevaron
en aquel día. el reloj de su gabinete y los adornos de la chim9nea.Pe•
ro sólo le llevaron una figura de
bronce, la de Fausto.
Del Mefistófeles na.da se supo.
D. Isidoro tampoco preguntó por
él. Dió cuerda al reloj; se ~entó
enfrente, y al da.r las doce,. d1~ ~u
a.lma á . . . . ¿á quién? A la Just101a
eterna..
. .
Algunas horas después no v101eron prt,0isa.mente los diablos á llevárselo· pero vinieron los herederos con '1a.s cara.'I tristes, los dedos
engarabitados y vestidos de luto.
JOSÉ ECREGARAY,

Se a.san las pata.tas sobre la.ceniza., se pelan y reducen á masa. Se
deslíe ésta en seis yemas de huevo
por libra de masa y cuatro onzas
de azúcar en polvo. Se amasa todo
junto. Se echa en seguida. la cáscara. de de limón rallad u, su zumo Y
claras de huevo; hecho esto, se ponen en una tartera ligeramente unta.da. de manteca. de vacas, se le hace
formar la corteza y tomar color ba•
jo el horno de campaila.

RECETAS DE COCINA.
PATATAS

Á

LA ALEMANA,

Pélense y pártanse en rE'banadas
las patatas cosidas en estofa.do,
córtense peda.citos de pan delgados
y cuadrados, fria.se todo con man·
teca de vacas, póngase en un_plato
hondo y riéguese con un coc1do ~e
harina de patatas. Antes de servirlas se puede dar color el gniso rociándolo co azúcar y poniéndolo en
el -horno de campaña. .Ta.mb,én
se puede bañar con pala hecha as·
cua..
PATATAS

Á

PATATAS

Después de cocidas, peladas y
cortadas, se pone en una cacerula
un pedazo de manteca. de vacas
a.masado con harina, se deslíe con
nata, se sazona con sal y pimienta.,
se mezcla esta salsa: cuando esté
próxima á cocer, se echan las pata.tas, se saltean y sirven bien ca·
lientas.
PATATAS

Á

Á

Expllcad6n dt

nuutros grabados.

LA HOLANDESA ,

Hágase una masa de las patatas
como las precedentes; rebóguese,
sazonándola. con sal, pimienta. y
yerba finas picadas; se moja con un
poco de jugo de vaca, se forman
bolas, se rebozan en yemas de hue·
vo batidas, se fríen y se sirven
guarnecidas de perejil frito.

LA POLACA.

Pónganse á coser patatas bien la·
v11.das en agua con un poco de man·
teca de vacas, dos cebollas grandes
en cuatro pedazos, tomi}l~, Ja.u1·el,
basílica, clavo, sal, y p1m1enta en
grano; déjese coser hasta que se
pueda hundir un dedo dentro; póngase en una. criba á que escurran;
se pelan, se parten en do~ ó tres
partes y por encima se cubren con
salsa blanca ó con alca.parras.
PATATAS

Á LA CREMA, ·

ALCACHOFAS

Á LA

PEBRE.

Se escogen las m~s pequenas, se
parten en cuatro pedazos, se las
quitan las primeras bojas, se corta
la parte superior de las otras y_el
tronco, se cuecen en agua, y se sir· .
ven en agua fría conla.s vinagreras,
sal y pimienta.
ALCACHOFAS

Á LA

1

SALS.A. BLANCA
Traje de visita y casa.

Se limpian, cuecen y ponen en
agua fría como las anteriores. Se

LA m::QUESA.

Pélense y córtense en pedazos,que
se deberán haber cocido en agua de
sal con un manojo de ajedrea.; pón·
ganseen una cacerola con algunas
cucharadas de salsa corta.da, espesa· des líense en ella yemas de huevo' y sala ligeramente, se afta.de un
buen pedazo de manteca de vacas
y se liga. todo meneándolo con ra.•
pidez.

.. ................................
"SANTA FE," LA MEJOR RUTA

__ ____

ADenter,:1ansa1 City, SL Loals, Cblcago, llew York.
..,....
'"""'\
San Francirco J Los Aueles

vuelven á calentar a l tiempo de
servirlas, metiéndolas en agua hirviendo después de quitada la pana
inferior. Se ponen en un plat.o
ecbádolas salsa blanca en el hueco
del cogollo. Se puede también ser·
vir la. salsa aparte en una salsera.

EL TEST AMENTO.

Dtl 111110. Sr. Jlrzoblspo ittbaL

PATATAS ENSARTEN,
Se pelan y cortan en rebanadas
delga.das después de cocidas, se ponen E'n un sartén con muy poca. man·
teca de vacas ó de cerdo, y se vuel·
ven hasta que tomen un color subi·
do; se sirven las salsas. Para guarnecerlas se pueden emplear las espinacas, relleno de carne ó de ropa
vieja, en lugar de l as cortezas de
pan fritas.

♦

nace pocos c'lfa1 qoe ■e practlc:6 la
apertura. del testamento del Jluatrlalmo
Sr. Arzobispo Don Patricio A. Feebd
en la ciudad' de Cblcair;o, Jlllnola. La
lortuna di dl1tln111ldo prelado uceD•
dl6 A cerca de $1:.!5,000 oro amerl&lt;:no;
y sect1.n el lonntarlo que ae ha pull 1·
c.ado, lo■ blene■ que tlej6 foeroo como
,11ue :

PARA CURAR UN R!SFRIADO EN UN DIA
'fowe las patullas Launt" de Brom~loa.
Bl botu:..rlo lo devolYOr, 111 dinero II oo 10 cura.
La ñrma K. W. Gro-n M baila eo cada cajita.

Una vez renovadas las fuerzas,
los enfermos pueden dormir tranquilos y _n? tem_e~ á los ataques
de la imo&lt;l1osa t1s1s y de otras enfermedades. Para reconstituir el
organismo y purificar la sangre,
el ui;o continuo de la Emulsi6n
&lt;le Scott de aceite de hígado de
bacalao, es el gran recmso. Sírvanse nuer-tros lectores enterarse
de lo que dice sobre el asunto el
Dr. Luis A. -Díaz y Díaz, de la
ciudad de México:
''Me es grato manifestar á ustedes, que los res.~ltados obtenidos con la Emuls1on de Scott, en
mi práctica médica, han sido enteramente satisfactorios tratándose de enfermos á quienes les ha
sido nPcesario reparar sus fuerzas ya en conYalecientes de enfer~iedades cr6nicas, que tanto
dPstruyen el organismo, como la
escr6fula, tisis, etc.''

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Illlnole que era la ID1tltoclón por la
que mÁ1 se Interesaba el ■ellor A~
blapo, se entregaron los $4,000 reataD·
tea •e la dltlma p6llu.

~úmero l. Estos elegantísimos
traJes de casa y paseo, requieren
un verda.dero gusto para su confección. El corpii'lo del primero lleva
un ele¡¡-antisimo cuellohombreras
de traje inglés, y en los puilos colócase el fino encaje de igual manera.
Deben fijarse nuestras lectoras en
que la parte superior y anterior del
sombrero luce un adorno de encaje
idéntico al del vestido. En la falda de éste y basta un poco después
de la. mitad, se hacen a.parecer las
aplicaciones de cordoncillo de seda
que parten desde el ta.lle. Por lo
que respecta. al segundo modelo,
nuestras simpáticas lectoras deben
fijarse en lo graciosa. que es la ancha cinta que cae á lo la.rgo de la
falda., sirviendo como de cenefa al
elegante adorno de eo&lt;'aje inglés.
Número 11. De una. teta mui fina
y propia para la presente estación
de ca.lores, se confecciona el traje
que representa este figurín. Lo que
contribuye esencialmente para darle la bonita y elegante vista que
ostenta, es el peto de tela diversa.,
de cruzadillo, y la. ancha y fina gasa
de encaje que de allf pende basta la
pa.rte inferior de la falda. Por lo
demás, el traje es de sencillisima
confección, y ya. nuestras lectoras,
por explicaciones que hemos hecho
a.nteriormente, conocen los proced i•
mientos que deben emplearse.
Número 13. De exquisita forma y
confección es el sombrero de este
grabado. A una forma de paja, resistente y de buen tamaño, se la hace cubrir con gasa de seda, y sobre
ésta y rodeando á la forma, secolocan cuatro hileras de pequeilos
pliegues. En uno de los lados, como puede verse en la figura, se colocan dos plumas de avestruz: una
de ellas ca.yendo sobre el tocado, y
la otra, en pequeña forma de resplandor, levantú.ndose sobre la primera.. Un a.nchl) botón forrado de
seda, completa el sencillo adorno
de este sombrero, que en todo se ha
sujeta.do á la forma de bolero. • ,.
Número H. Sobre una armazón de
paja, cuya forma puede variar de
acuerdo á. los gustos personales, se
coloca., con gracia.y buen gusto, un
ancho plegado de gasa de seda,
cuyo color ha de semejarse un poco
a.l de la forma de paja. Sobr·e este
plegado de gasa, y en lavarte posterior c..el sombrero, se hace pasar
un a guía de fio1·es. Como se ve, no
puede ser más sencilla la confección
de este sombrero, y, sin embargo,
el resulta.do que aquélla produce,
es de muy buen efecto. Mientras más
claro sea el color de este sombrero,
es más elegante. Aconsejamos un
fino azul pálido.
Número 16. Propio pa.ra.sel'loritas
es el sencillo y vistoso traje que representa nuestro grabado. La tela,
de color claro y muy poca resistencia, propia para la estación primaveral , contribuye también en gran
manera para. el buen efecto del vestido. El ancho cuellobombreras es
de muy bonita. vista, y, partiendo
de él á lo largo del talle, una vistosa. aplicación de cintilla y borlas.
La fa.Ida no lleva más adornos que
los pliegues representados en el fi.
gurín.
Numero 20. No nos cansaremos de
recomendar á nuestras lectoras este

1.-Traje de etamina con guarnición renacimiento.

elegante figurín, que representa un
traje muy serio y muy valioso. A
la buena calidad de la tela, debe
agregarse también la buena calidad
del adorno, pues aun cuando este
último no i.e encuentra. muy recargado, sin embargo, su calidad deberá ser de lo mejor. El doble cuello, uno sencillo y el otro de hombreras, produce uua. hermosa vista.;
el primero de estos cuellos se hace
cubrir con terciopelo, interi-umpido
con pequeilas aplicaciones decintas.
Las mangas, dobles en su parte infel'ior, a.sí como el cuellohombreras,

se hacen ribetear por cinta terciopelada de color obscuro.

EL MISTERIO.
Vestida con las galas nupciales,
flotando sobre sus hombros el amplio y sutil velo de desposada., sujeto á su gentil cabeza por un aro
de oro cua.jado de pedrería, bajó
Elena de Agramont á la cripta del
castillo, donde en labrados sepul•
cros de mármol, adosados de dos

en dos á los muros, dormían el sueno eterno sus poderosos antepasados.
En perpetuo testimonio de fidelidad conyugal, al lado del sarcófago que contenía. los restos de uno de
los varones de Agramont veíase la.
tumba de su esposa, ostentando
aquél y ésta las estatuas yacentes
de los en ellos sepultados. Escudos
é inscripciones esculpidos en el mármol de las tumbas parejas, pregonaban linajes y apellidos de a.mbos
esposos, fechas de su fallecimiento
empresas por él realizadas y virtu~

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 3 de Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

***

Pensemos, al sonreír
el abril de i:uestt-a vida
que en ftores de abril adida
el fruto del porvenir.
J. ALCOVER.

cripta familiar donde los antepasados de la enamorarla doncella dormían su éterno sueño.
Oculto en el fondo de su pecho
este desesperado amor, Elena, por
instigación de sus parientes y aun
por súplicas de sus propi os vasallos para que salvara haciendas y
vidas de las codicias de poderosos
vecinos, dió palabra de espos a á su
primo el conde de Servet, y á punto de celebrar con él sus bodas en
el castillo de Agratnont, bajó á la
cripta vestida con las gal as nupciales. Detúvose delante de la tumba solita.ria y contempló una vez
más la estatua yacente del caballero murmurando al mirarla: &lt;iQué
di¿hosa. hubiese sido al lado suyo!&gt;
Ioclioóse, después de recorre1· coa
rápida ojeada. todo el reci nto de la
cripta, lo mismo que si fuera á comete!' un crimen, y acercó sus labios de púrpura á la blancura del
mármol. El beso depositado en
aquella faz sepulcral fu~ largo y silencioso, pero en la qmetud de la
muerte le respondió un c rujido. Un
ci·ujido como de brote que se rompe· uno de esos chasquidos que suena'n en primavera pregonando la
expansión violenta de la vid a que
nace. Elena de Agramont, a terrada.
y cubriéndose el rostro con el velo
nupcial, cruzó la cripta, g anó la
puerta y subió por tortuosa escalera á los salones del castillo. Su esposo y sus parientes, ostentando
magníficos trnjes y ricas preseas,
la esperaban en ellos. L a comitiva.
nupcial se dirigió á la cap illa, y la
enamorada del mister io pronunció
un &lt;SÍ&gt; tembloroso y mentido delante de los altares.

Para un Album.
Ana, tu esposo te dice
en sus bien sentidos versos
lo que él sólo decir debe '
lo que yo decir no puedo'.

des q ue ella practicó en vid a y que
mer ecier on loa de las gentes. Contemplando sus t umbas, parecía que
no h abían muerto, sino que descansaban, unidos en el largo reposo
como en la efímera existencia, y en
a quella a mplia cripta creyérase aspirar el aliento tibio de las tranquil as d ich as conyugales, no el acre
y frío vaho de la muerte.
Elen a fué deteniéndose delante de
los sarcófagos gemelos, dedicando
una o r ación á la.común felicidad de
los que en ellos dor mían. Conocía.les como s i en vida les hubier a contempl ado, y por los manuscri tos del
castillo, por las poesías de los trovadores y por las leyendas de las
dueñas, podía reconstrttir año t r as
año la accidentada existencia ctel
esposo, l a domést ica vi rtu d, la piadosa devoción de su coinpañe1·a.
Títulos, honores, dignidades, riquezas, cuanto compartieron en vida y

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Como la fuente que riega
la palmera en el desierto
1~ ".ºz de tu amante espo;a
v1v1ficará tu pecho.

◄

La última de los Agramo nt fué
tan feliz en su matrimonio como
todas aquellas sus abuelas ilustres
que descansaban en la cripta al amparo; &lt;post mórtem,&gt; de los famosos guerreros cuyos. títulos y preeminencias compar tieron en vida.
El conde de Servet, ganoso siempre
de glori a y fortuna, abandoóa.ba.
continuamente el castillo para lograr una y otra, ya en la corte de
los reyes, ya en. los cam pos de batalla. Marido sin te1·nura, alcanzó,
si no el afecto, la fidelidad mate·
rial de su esposa, y ésta, durante
sus largas ausencias, b aj aba un día
y otro día á la cripta familiar.
Elena de Agramont pensó al fin
que la felicidad amorosa pregonada por los sarcófagos gemelos era
mentira, y que la única tumba entre cuyos mármoles desca psa.ban
restos que habían a.ma.d_o er_a tal
vez la solitaria, la del m1ster10 .. • •
Mas cuando los poder osos _condes de Servet murieron, el mismo
escultor labró sus magnífica s tum
bas gemelas con estatuas, escudos é
insaripciones, y allí, en un á!1gulo
de la cripta, quedó tan humilde Y
tan solitaria como siempre la del
desconocido caballero, ú nico acaso
que en vida había am ado mucho,
único que después de la muerte ha·
bía s ido intensamente amado.

2.-Saco-pañolón para paseo.

~~~"]

Domingo 3 de Mayo de 1903.

Que es el amor conyugal
el solo amor verda.del'o ·
el fuego de las pasiones'
no es amor, es sólo fuego.
Y fuego que abrasa y mata
e ntre espantosos tormentos
q~e al~f no viven la paz, '
m la risa, ni el consuelo.
Consuelo que el hombre encuentra.
en los b r azos de Himeneo·
fuera d'el es un arbusto '
en un campo estéril, yermo.
De las aguas comba tido
comb~tido de los vientos '
que á su desjugado tronco
amontonan cardos secos.
Si hay placeres en la vida
es, Ana, el placer pr imero,
ser esposa y ser amada
Y amar á sú esposo á u~ tiempo.
Así felices vosotros
veréis con rostro ser eno
las tempestades que rugen
y que estremecen el suelo.
Cuando recordéis alegres
vuestros amigos sinceros
de vosotros, como amigo '
también exijo un recuerd~.

; .,4-'! . ~:{

7.-Saco-paletó con adornos de encaje.

contra un peiiasco se estrella
en él haciéndose a stillas.
Cuando ese golfo dél mundo
quisieres surcar , Sqfía,
acuér date del naufragio
de la orgullos a bar quilla .

LA BARQUILLA.
De un árbol al tronco atada
y por las olas mecida,
en la rib era del mar
flotaba leve barquilla.
Bar quilla de un pescador
y su esperanza y delicia,
de los mar es vencedor·a
de cien barqueros envidia.
¡Cuántas veces viento en popa
toda la vela. tendida,
'
mar adentro fué el orgullo
del piloto que la guía!
Como el arado á la tierra
cortaba el agua su quilla,

PÁGINAS DE UN LIBRO

i
6.- Ves t ido d e ca lle y paseo.

JOSÉ DE R O'.rRE.

3.-Tra je de v isit a con fald a de vo lante.

4,-Sencil los trajes de paseo.

de lo que daban sucinta idea las
inscri pciones sepulcrale~, ballábase en la me,noria de la poderos¡¡.
doncella de Agramont, única heredera de tanto poderío, huérfana
desde los primeros años de su v ida,
·desposada sin amor y enamorada
ele un misterio que en vano intentaba descifrar acudiendo con terca
porfía á los empolvados pergaminos ó á la vaga memoria de las leyendas.
Allí, en un ángulo de la cripta,
como rechazado por los invencibles
guerreros y las virtuosas dueñas,
cuyos sepulcros aparejados perpetuaban las dichas conyugales de la
familia de Agramont, veía.se en humilde sarcófago sin escudos heráldicos y sin inscripción alguna la
estatua yacente de un joven caballero, vestido en efigie con sencilla.
armadura y mostrando ea su rostro, debido á habilísimo cincel, un
sello de melancolía que contrastaba
rudamente con el aspecto augusto y
tranquilo de las demás cabezas sepulcrales.
La soledad de aquella tumba, su
carencia de adornos é inscripciones
y el no sé qué de tristeza que el es-

cultor había comunicado á la marmórea figura, inspiraban á todos
los que la veían nn sentimiento de
piedad. Elena, mujer al fin, tras de
compadecerse un día y otro día del
i¡?norado caballero, tan solo y tan
triste en aquella cripta de tumbas
gemelas que con su aparejamiento
pregonaban más allá de la muerte
la ventura de amar y ser amado,
fué insensible,nente cayendo en la
misma melancolía que reflejaba el
rostro ele mármol del desconocido
caballero, y al fin, en el silencio
del subterráneo enterramiento, se
confesó á sí misma la locura de
amará aquel muerto anónimo con
la honda é intensa ansiedad con que
se ama al misterio.
En vano revolvió febrilmente los
manuscritos del castillo, buscando
en ellos por lo me nos su nombre; en
vano suplicó á los trovadores que
la refiriesen todas las leyendas de
su familia, aun aquellas ennegrecidas por el crimen; en vano apeló á
la memoria de los más viejos servidores y vasallos de los Agramont;
na.die supo decirle quién fué aquel
muerto adorado, ni por qué extraña circunstancia se le enterró en la

Ia flor dtl 6ranado.
Un doncel enamorado,
para tributo de amor ,
iba á arrancar una flor,
la roja flor del grana do.
En su cáliz coronado
suspiró una voz arcana;
.....:coge la rosa galana,
coge el clavel encendido, .
mas no la flor que ha n acido
para ser fruto mañana.

6.-Bordado de aplicaciones,

..

cual ave que cruza el viento
las olas cruzaba altiva.
De cien tormentas se vió
rudamente combatida,
y las ondas alteradas
en su proa se rompían.
Que era diestro el pescador
y velera su barquilla.,
de los mares vencedora,
de cien barqueros envidia.
En la ribera arenosa
l as redes al sol tendidas,
el pescador recostado
tranquila.mente dormía.
Y de las glorias recientes
orgullosa la bar quilla,
a.sí discurre insensata
ha.blando consigo misma:
&lt;Si yo de los mares
las tormentas venzo
domando las aguas,
domando los vientos;
Si yo soy la envidia
de tantos barqueros,

y á todas las barcas

atl'ás me las dejo;
¿Por qué en esta orilla,
mi fama perdiendo.
del tronco de un ái·bol
atada me veo?
No más sujeciones:
yo libre ser quiero,
no quiero más l?UÍa.,
no quiero más dueño.
Yo sola cruzando
los mares soberbios,
eterna mi gloria,
mi nombre haré eterno.&gt;
Por negra nube agitada
arrecia entonces la brisa,
y del tronco que la gyarda
desamarra la barquilla;
De los vientos y I as olas
fu1·iosamente impelida,
pierde de vista á su dueño,
pierde la tierra de vista.
Débil juguete del agua,
sin rumbo cierto ni guía,

LA EMBRIAGADORA. - ¿Nuestra
encanta.dora, ó la que aspira á ser·lo, es rubia? ¿Tiene la exp1·esión
del r ostro viva y provocativa, con
las mej illas pálidas, los labio'l rojos, reflejos dorados en la cabellera, la nuca redonda y firme, matizada de ámbar?
Hará pa.lidecer todavía más sus
mejill as, enrojecerá sus labios, sea
humedeciéndolos, sea poniéndoles
carmín; dará á su cabellera una
coloración más ardiente, y sobre
su nuca, que enseñará, colocar á,
con un desor den á propósito, pequeños bucles, á los cuales dará un
aspecto indomable.
Si es de noche, colocar á en sus
cabellos rizados un lazo ó una flor
encar nada; el vestido de tul rojo1
con un escote muy abierto, dejara
ver sus h ombros nacarados; largas
mangas de tul, flotantes, dejarán
al descubierto sus brazos muy blancos; un cinturón de muaré rojo, ceñirá su talle flex ible, no muy apretado.
Si la línea del cuello es put·a y
los brazos son hermosos, no se pondrá ninguna alhaja.
Y esa rubia que, vestida de azul
ó de gris, de mal va ó a.un de rosa,
parecería sosa, con ese t r aje de co_.
lor vivo toma un aspecto a.pa.siom,do.
Y de todos los cuerpos, el más
sencillo es el que mejor sienta. co..i
ese ti·aje; es decir, el cuerpo fruncido en forma de abanico por delante
y ,por detrás. Las hombreras estái:i
formadas por un lazo gracioso de
muaré ó satín encarnado.
La morena de ojos negros, de
mi rada intensa, si tiene la tez pálida, podrá ponerse este mismo t r aje
con igual éxito. Sin embargo, hay
algunas á quienes no sienta bien.
Parece que el cutis se pone a.ro arillo
ó rojo de color de ladrillo. En este
caso, habría que reemplazarlo por
el amarillo pálido ó el botón de 01·0.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 3 de Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

1)oonjngu 3 de Mayo "!li8 1903.

pecie de va.sos místicos, flores exhalando el último suspiro con un perfume de ensueño exquisito.
Si es de noche, una. claridad discreta, atenuada por las pantallas
de encajes.
Por último, vestidos de seda rubia, con lazos malva. ó azul muy
pálido ó de color gris; ha.y en el
gris tintes de una delicadeza muy
asombrosa. Todo lo que rodea á. la
bella y triste melancólica debe ser
de una. elegancia dulce, particularmente distmguida.; distinguida. en
su peinado sencillo y no riz~do, en
sus meneos de cabeza. algo inclinados, en sus posturas llenas de seriedad, en su sonrisa, qúe nunca.
debe estallar, en sus maneras llenas
de cansancio, como si no pudiera.
sufrir el peso de la vida. Habla con
gesto pausado, con voz doliente,
muy dulce, como oprimida, entrecortada. por los suspiros, con reticencias, que son como misterios
a.ñadictos a. los misterios de su tristeza., al misterio de sus ojos de esJinge cansada.
La encantadora melancólica, con
su mirada. vaga, que parece implo•
rar la p1eda.&lt;1 y el il.mor, es una. mujer adorable, a la cual un hombre
que tiene en el corazón cierta t.er•
uura. no sabe cómo resistir.

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INTROITO.
Musa: roza. con tu ala.
las cuerdas del guitarrillo,
y sopla en el caramillo
las quejas que Pan exhala.
Flexiblemente resbala
por estas rimas sin brillo
y en su ropa.je sencillo
prende siquiera una gala..
El surco aguarda tu grano:
Ruth-con hoz de plata-siega
la ortiga. del ripio vano;
y, como niña que juega,
junta. el ritmo castellano
á la. bucólica. griega.
JUAN B. DELGADO.
Despreciar la vida no es prueba
de indiferencia ante la muerte.
9.-Vestido de amazona con talle Jaquet.

En los ca.bellos, dos plumas negras,
coloca.das á la. Mefistófeles, recogi·
das por una. peineta de oro bien
cincela.da., ó también por alfileres de
oro 6 broches guarnecidos de topacios, si no se tienen brillantes.
Son unos trajes preciosos dentro
de su sencillez y hasta. ricos por su
colorido. Todas las mujeres pueden
gásta.rlos y hasta. hacerlos ellas
mismas.
Estos trajes son esencialmente
embriagadores.
LA· SUGESTIVA. -¿Qué se entiende
por sugestivo, palabra que se a.plica. hoy á ca.da paso?
La. palabra sugestión tenía antigua.mente mala. significación: sugerir malos propósitos.
Desde las experiencias del hipnotismo, en las cuales un médium ejecuta. un movimiento detei·minado'
por ca.usa de la. sugestión, esta. palabra., que está de moda, se aplica.,
en la. literatura. actual, para todo
efecto que somete ó aniquila. la voluntad.
La. belleza sugestiva es, por consiguiente, la. que atrae la atención
sin quererlo, la. que sugiere pensamientos a.morosos ó cualquiera. otro
atractivo imperioso al cual es imposible substraerse. Es la. obsesión
del espíritu y del corazón, por un
género de belleza. particularmente
atractiva. ó penetrante: por ejemplo,
una mira.da. repercute en el corazón
y se incrusta.
'El recuerdo de esa mirada nos
persigue, nos acompaña á todas
partes.
Tal sonido de voz, de r epente, hace vibrar en nosotros ciertas cuerdas, nos causa una impres ión que
desconocíamos antes y que no podemos definir: permanece en nuestro
oído, en nuestra. memor~. Pensar
ell ell!l e¡¡ seguir oyénd9la., y el re•

11.-Traje reforma para casa.

cuerdo nos cnusa la misma. emoción.
A no dudar, ha.y bellezas naturalmente sugestivas y conmovedoras;
pero tal toca.do, tal efecto de color
ó de luz, pueden dar á un rostro
que hasta. entonces había pasa.do
inadvertido ese atractivo singularmente sugestivo y conmovedor.
A veces, un solo detalle en el toca.do basta. para. producir ese efecto.
Ejemplo: Una. mujer morena de
tez de color de ámbar, con un cuerpo escotado de terciopelo a.ma.ra.nw, borda.do de azabache y guarnecido con encajes negros, es decir,
la chaquetilla española ó Fígaro,
adquirirá, sólo por el color del corpiño, un aspecto meridional, algo
exótico, que llamará la atención.
Una mujer rubia, con traje de satín maravilloso color crema, muy
vaporoso, con franjas de hierbas
verdes, mezcladas con nenúfar, y un
· peina.do en armonía con el -traje,
tomará el aspecto sugestivo de una.
Ofelia en traje de baile; ó si no, el
vestido blanco y sencillo dela Margarita de Fausto, ó cualquiera otro
vestido que recuerde trajes históricos ó románticos, en armonía con
fa náturaleza y el estilo de la belleza de la que lo lleva.
A veces, basta para producir un
gran atractivo, para llamar y retener la atención, un pequeño detalle
en el tocado: una plurua, un ramo
de flores, una. cinta, un mechón de
pelo dispuesto con arte, ó mejor dicho, con cierto &lt;chic.&gt;
LA MELANCÓLICA. - Ciertas mujeres gustan por la expresión melancólica del rostro. Una joven
melancólica despierta la.curiosidad
de los corazones tiernos. Y entre
los hombres hay muchos que son
susceptibles de ser conmovidos profundamente por esla. clase de sensi-

bilidad,

El hombre tiene afición á proteger
teme sobremanera la dominació~
fem~nina; ve en ello, y es un absurd_o, un ataque á su virilidacl, como
s1 en resumen no fuera él siempre
el dominado. A pesar de todo la
mujer algo triste, enfermiza., si'cabe, que parece implorar protección
y apoyo, le gustará más que una
mujer fuerte y alegre.
Es una de sus debilidades: sentir
su corazón tiranizado por un ser
débil, sin pensar que no hay nada
~ás peligroso para su independencia que esas déspotas débiles y encantadoras.
_Esa. tristeza., esa melancolía, empiezan por despertar su curiosidad.
¿Cuál será el motivo de su tristeza·~
¿Qué decepción a.morosa causa es~
melancolía? En todo caso, necesita
que se la consuele, está pidiéndolo
¡Cuántas mujeres saben perfecta:
mente hacer vibrar en el hombre
que la mayor parte del tiempo sól~
es un I:i~o grande, la cuerda. del enternecimiento!
Las ~a.y muy hábiles, que saben
ma.ra v1llosamente parecer melancólicas C?n aires de desengañadas.
No decrmos que sea pura. comedia.
de su pa.rte;pero las hermosasdesengañ9:das, tien~n una propensión á
la tristeza., 6 independientemente de
su mane ra de ser, tienen en su rostro ciertas líneas, ciertos gestos en
los labios que expresan la melancolía, como otras ex presan la alegría.
Además, hay adornos ó trajes que
acentúan estas expresiones 6 estas
.actitudes: l as telas de colores matizados , el malva, el h eliotropo p álido, el ver de tierno, el azul obscuro.
Si es de día, una claridad d ulce
ta mizada por cortinas triples e n u~
gabinete en que r eina un sile~cio de
iglesia, y en gra.ndes ja rrones, es-

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13.-Sombrero en forma de bolero.

•

La Casita Triste.
Yo tengo una cása
en medio del campo,
con las venta.nita.s pintadas de verde
y en las ventanitas macetas de nardos,
y tras las macetas,
a.legres cantando,
prisioneros en jaulas de alambre
están los canarios.
¡Qué tiernas y dulces son las carceleras
que cantan mis pájaros!

*

En verdad el presente no es más
que un instante mostrado científica·
mente por el cronómetro.

Y o tengo una. casa

'-..
/
--=---

.h

14.-Sombrero de primavera.

en medio del campo,
con un huertecillo sembrado de rosas
lleno de claveles granates y blancos, '
y una fuentezuela
al pie de un peñasco,
donde el agua sa.le tan fresca y tan limpia
con rumor tan blando,
que parece un murmullo de besos
que viene lejano.
¡Ay qué fresca y que limpia es el a.gua
de la fuentezuela del pie del peiia.scol

Yo tengo una.casa
en medio del campo,
donde hay una parra muy vieja que entolda.
con sus pámpanos verdes el patio.
El patio risueño
donde el sol de Agosto detiene sus rayos
El patio risueño,
·
con su pozo al lado,
y las uvas que penden del tacho
en racimos que apiñan los granos
y aquel airecillo
'
que viene del campo
y refresca al llegar á la sombra,
su a.liento balsámico.
¡Qué sombra más rica que presta la parra
que entolda mi patio!
_
Y o tengo una casa
en medio del campo,
y en ella una moza como el a.gua limpia
más blanca que un nardo
'
y es rubio su pelo como las mazorc~s
como las mazorcas del maizar cercan~.
Su cuerfJO es de junco,
son rojos sus labios,
sus labios son rojos, como las cerezas
que penden del árbol.
Y tiene los dientes,
los dientes tan blancos,
que parecen flores del jazmín frondoso
que crece gallardo
muy cerca del agua de la fuentezuela
de la fuentezuela del pie del peñasco'.
¡Qué linda. es la. moza de aquella·casita
que tengo en el campo,
con su tez de nieve,
cou sus ojos garzos! .... ·

Yo tengo una. c&amp;.sa.
en medio del campo
con sus venta.nitas que la lluvia azota.·
secas las macetas que tuvieron nardos· '
sin rosas el huerto;
'
sin pámpanos verdes que entolden el patio·
y en la fuentezuela,
'
en la. fuentezuel!' qel pie del peí'l'.11,s&lt;;g
10.-Saco-palet6 con cuello hombrera•

i:

12.-Traje de paseo con falda de volante en forma.
y_a º? se oyen nunca rumores de besos
srno_de sollozos que vienen lejanos.

En aquella casa

ei:i medio del campo,
n~ crecen las flore;;

tu cantan los pájaros.

Al caer una tarde de invierno
dentro de una. caja forrada de blanco
con la cara de un ángel dormido,
'_
las.manos cruzadas, marchitos los labios,
sahó de la casa la moza. tan linda
del pelo colgando,
'
de la tez de nieve,
de los ojos garzos ... .. .
Yo t,engo una casa
muy triste en el.campo!
ALFREDO

C.AZA.BAN.

-

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>ILUSTRADO
• 1-NUM. I~
ANt X•••JOMO

MfXICO, MUO 3 Df 1903.

•rector: LIC. RAf'At L Rtl't &amp;PINDOLA.

SAN

Cier ente: LUI&amp; Rt~ &amp;PINDOI A

MAN

St. GEBM:AIN

1-1--

Del Dr. LATOUR BAUMETS. París.

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Con extracto ue aceite de bacalao "Mori'bnol"-Ictiol-kola y estricnina.
Cura Anemia, Clorosis, Escrofula, Raquitismo, Beumatis~o,
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11

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C&lt;'rlifica11 los prufesores &lt;le la U niYersicla&lt;l de París y de la Escuela Nacional de J\Io&lt;liei11a, de :\léxico.
2&gt;r. lfafae/ .Cavisfa.
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ni,·o~ nPu1·0~ t l•11ic•os Jl rnrclin eos.
ni ic·th,l"nl. 11:H•f'll dP estn ¡11·,.10:1rn- nos ('Í('Ctos Y llí)IIÍ. &lt;lon,le t:into ble ])01' :Sil ;?IISIO (t to1los IM l'll[erC'ión 11 11:1 11(• l:is 111ás ad1•1·11:1d:1-&lt; ni nhnn,l nn Jns t&gt;nft&gt;rmr,1:1,IP'&lt; 1ior demos y t i1•ne ))l"O)):C'tl:ldf's t:111":1 tiYIIS
t r:1l:1mil•11to 1lt&gt; l:1s 1•11í1•n11Pcln,l,.s. 1•11 hilid:111 en In nntric·iírn. &lt;'&gt;&lt;pt&gt;ro que
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p::t t ol6¡;il'OS.
i::a11 !!r&lt;' y e l rl l.'I.JilHnmleuto &lt;l t•l i11di)1( 1111Íl"O.''
,·ltl 110.
A HF.T.T..\:'\O.
D R. R..
'rofesor d i' Ohstrtr ic·in rn In Eiwne.
• .
11 N. ,Je• :\IC'&lt;lil·l n n ele .\!(•xko. ;\! iem- Prof esor n&lt;lJunlo de Cl1111,•n &lt;•xtl&gt;r- E"c•upln N . &lt;le :'11t,1li1·in:1 &lt;le :\léxico
ro ele 111 Aca,1t•111ln el e .\Iediclna .. na de la Eseuel::t :\ncional de :\l l'di- ;\Ji('ml.Jro 1lel Con~ejo l:-uperior (]¡,
édlco del H ospital lle Sa n Andrés.¡ eina de México.
Snlul.Jrillad.

:-:o n,~ ~.\ :'\

j)r. C!arlos J"ejeoa.

P.ecomiendo &lt;&gt;I YT:\"O DE SAN
EL
DEJ S .-\N GEIUIAN, es G EID I AK. como íitil y 1•ficn;,; e n las
una h11eun preparación , túnico y re- enfr1·111etl:1cJes que c:111sa11 profuucJ\
eonstit11ye11te, lo lle empll'atlo siem- deliili1la(l en In eco110111f:1: 11,;f como
pre eou I.Jueu éxito.
e n las anemi:1s, tuhen·ulosi:;, atre psins, l'tc.

nn.

111:. C.\ n LO!- TEJED.\ .
Proí&lt;'sor fil, Clínil·n infantil e n In
B~u1 ..111 X. tle Me1liciua de .\l é xi co.

2&gt;r. fi de t;;aray.
Tlt• 11sn1lo rn ,·nrio~ &lt;lf' mil' en fe rmos PI \"l:'\ODE $.\:'\ n1.;1t.\l.\ N .1"
lo (·011sitl&lt;•ro nna 11n•d iei na l'X&lt;·l'le nte: P" 1111 t(,nito pod,•roso, tic ;;:1ho r
11;::rndahlp .,· 11111_1" l'fi&lt;-:1;,; p:1ra los :lllt' ·
mic·os. linf:iticos. tulil'l'eulosos. conYnh•s1·lc11 tes y cufen110s &lt;lel &lt;:ora
ZÚLI l'U gpnernl.

¡·

A. DE GAR.\ Y.
Pror1"&lt;or de .Anatomía en la r-:sl'll&lt;'la Nncionnl ele .\1,•cli&lt;-i nn, Cil"ll·
j:1110 de los Ilospitnles .J11:lrez J" E~
pniiol. Presille ute de In Sociedad
:'llé&lt;llca "Pedro Escol.Jedo,'' e t c.

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Subscripción mensual forinea $1.50
ldem,
ldem. ea la capllal $1.25

MONUMENTO
Erigido en O r izaba á la memor ia de las víct imas de Veracruz. (1847.)

�Domingo 3 de Miayo de 1903.

tos (lolor~s vtos s~ntimi~ntos.

EL MUNDO ILUSTRADO.

cos y á la completa satisfacción de las nece~idades animales, y, porque, p~r e_l, COI)trano,
la obscuridad suscita la med1tamon, la concentración dentro de sí mismo, el aislamiento
del mundo exterior.
De esto resulta que los. colores, según son
más ó menos luminosos, excitan en nosotros al
animal ó al nombre. Los relumbrones, los colorines, nos retrotraen al estado salvaje y á la
vida animiil · el «verde&gt;, nos recuerda la alfal,
fa y el «rojo&gt;,' la sanare. Los colored som b nos,
at~nuados, nos excitan el e:1piritu, despie~tan
al hombre en el animal. ~l negro nos sugiere
la muerte· el azul nos recuerda al cielo.
Entre t~(los los matices y todos lós colores,
hay dos de universal imperio y de predominio
general: el negro, que es la negación del color;
el blanco, que es la síntesis de todos ello!&lt;. En
esos dos colores, si así puede llamárseles, está
simbolizada toda la Humanidad¡ el negro es
Hámlet, el blanco es Pierrot.
DR. M. FLORES.

Pocas personas han medf tado en el or}gen
de la relaci6n íntima que liga los colores a los
sentimientos humanos y ii.nimales. Esta correlaci6n es pública y notoria; consta e'; autos
y es universal; pero el porqué, la _razon; la
explicación del fen6meno en_cuya virtud tales
colores despiertan tales emocione::; y tales emociones se expresan ó tienden á ex_presarse por
&lt;lflterminaclos colores ea cosa cur10sa de a.,veriguar que nadie 6 'pocos han dilucidado y
que m'erece ser estudiada.
.,
.
Desde luego, la indicada relac1on existe y
es tan constante como general. No conozco á
nadie que baile seguidillas ante m! paño negro ni tampoco sé que haya qmen estando
tris'te ó abatido, se envuelva en la bandera
nacional. Que el «amarillo suhi~o&gt;, es ~n cursi como es aristocrático el ccamanllo PªJª,)) es
cosa sabida y Jrn lo es menos que el «azul
cielo,, es de' por sí apacibl~, sere~o 'f dulce. El
rojo huele si cabe el ténnmo, a circo romano, á coso' taurino y á campo de batalla, y el
d~
ccblanco» á la vez es símbolo de paz y emblema de pureza. El «verde,, es esencialmente
Prosa. - tomo Segundo.
campestre, ya veremos ~pr qué, y en cuanto
al «morado camote,)) nadie duda que es el coEs un acontecimiento grato y curioso á la
lor nnfíxico y apoplético. .
.
vez la publicaci6n de un tomo de revistas teaLa relaci6n entre los colores y las emociotraleR literarias y Rocia.les escritns el siglo panes es tan fisiológica, tan psicológica, tan nasado por Manuel Gufürrez Nájera, periodista
tural y espontánea, en suma, que ~a'.í~ se~,ún
de sangre pura, ingenio refinadísimo y cronisel tiempo, el lugar, el grado del~ c1vtllz~c1on,
ta exquisit&lt; .
etc., en virtud de JeyeR fijas é 1i:caml&gt;Iable,,
Ese libro que i-ólo habla de sucef'os olvidaque no son otras que las 4ue pre&gt;'1tleq al_ d~~dos¡ de personali1\au,es_ que ya• transitaron y
envolvimiento y refinamie~to de la sen1,1bil1que suraen en sus paginas como espectros; de
dad.
espectú;ulos que fueron; de libros sepultados
De la misina manera que los hombres prien el pohro; ese libro que sólo tratad~ cosas
mitivos y más ó menos salvajes babhn á griviejas y muertas, es nuevo y lleno de vida cotos, gu~tan del ,1tamtam)) y del cctepon~xtle"
mo una rosa recién abierta.
y ccaman&gt;, las reventazones de tímpano, igualLa pro~a del Duque, dulce éírónica, no erimente prefieren los colore~ «cbillanteR,ll los
vt&gt;jece. Aseméjase :i las aguas corriente!" cucontrastes bruscos &lt;le colondo, todo lo que
yo~ murmurios y cuya fre~cura siempre son
ofende la retina hiriéndola, desgarrándola1
nuevos y gratos, aunque el agua. no varíe.
maltratándola. El ruido ensordecedor, el reLeyendo ei::as páginas se impone una intetozo brutal el colorín deslumbrante y chillanrro~a·ci6n: ¿Manuel Gutiérrez Nájera en nueste, son predileclos de los Eeres inferiores, cotra época de perio)ismo popularísimo,en nuesmo lo son en orden al paladar, el refino, el
tros tiempos en que el público se muestra caajo y el chile pican,te. He v~sto negros Yestidos de dril blnnco a rayas roJas; apac;hes «cla-,. da día más voraz de noticias «sensacionales,,,
dos&gt;, de azarcón y almagre, y los cortejos _de ,.de sucesos sangrientos, de relatos estupendos,
habrí.11, sabido ser periodista·? Creo que sí. El
ccAida)) no son sino ,&lt;luces» de fuegos artificiamismo4o dice: nada hay tan difícil como teles «untadas,, en telas rudas.
ner talentb- :en el periodismo. Y él lo tenía.
Quien no ha olido á una oriental, no puede
Hubiera sabi&lt;lo hallar atenuaciones; habría
formar idea de lo que la pituitaria puede sologrado encontrar unn f6rmula estética para
portar en ei;ta.do sal,·aje. Un amigo mío, «r~embellecer las trivialidades barrocas del notitour)) de la India rompió un día un frasqtucierismo y, distinguido, aristocrático, sería el
to de esencia de :osa. Al día siguiente habíafavorito del público en el siglo XX como lo
mos emigrado todos los vecinos.
fué en el XIX.
To&lt;lo e,to para probar que el hombre primiTenía talento é ingenio. Lo afirma su últitivo gusta de lo rudo, lo IJ~usco, lo ~os~o y
mo libro, un libro formado aquí y allá, recobrutal lo mismo en punto a oído que a vJSta,
gido entre.las págiuas de prosa de los peri6diolfato,' gusto, etc. El canlillo es una volupcos. Porque, más desprendido que Búckin. tuosidad de la Edad de Piedra.
gham ( aunque resulte vulgar el repetirlo ) ,fué
El homb1e civilizado ya es otra corn. En
desparramando pedrerías, no por los salones
materia de paladar apenas tolera el gusto del
regius, sino en las antesalas, para que las rehongo 6 el sabor d~ la trufa¡ en punto á olfacogieran los lacayos.
tb el «heno hume&lt;lecidoi, ó la «piel de EspaAhor;i, una mano piadm,a, movida por el
ñ¡ mitigada » y en lo que .á colores se refiere,
amor y la admiración al poeta muerto, ha
el «crema b~jo,&gt;, el ccverde Nilo» ?-tenuado, la
reunido esas páginas dispersas, esa labor de
«fraise serasséen ó la «rosa marclu ta,&gt;) rnn sus
toda una vida arrojada á la calle¡ para ofrepredilecciúnes. . ·
.
.
cerla á un público nuevo, en cuya merrrn:ría
La ley de «la mtens1dad,&gt;, en matena de_color es manifiesta como lo es en otra,; matenas¡
está el nombre del Duque aureolado de caritodo color intenso, crudo, duro es símbolo db"'- ño y están algunos de sus versos, algunos de
sus cuentoi:i, pero que no conoce tal vez su
emociones &lt;le salvaje y tiende á de~perlarlas.
obra diaria y dolorusa, la que le daba el pan
Por eso los niños no entienden de medios coy le robaba Las fuerzas de su i_nteligencia sulores ni de colores pálidos.
Por el contrario, todo color atenuado, como
perior.
Aunque el tomo es muy bello, aunque el
todo olor suave 6 ruido sordo, revela civilizaadmirable y dulce estilo del ático escritor fluci6n, cultura, refinamiento, «degenerescenciai,
ye en sus páginas como una m iel muy rica y
que diría Nordau.
perfumada, los que meditan se estremecerhn
Esto en cuanto á la cantidad; pero «ello» no
&lt;le compasión al Yer cómo se fué ese licor vanos edifica en cuanto á la «calidad. &gt;, ¿Por qué
liorn por la hendidura cada vez mayor de la
el negro es tétrico; el rojo, entusiasta; el azul,
vasija que lo contenía.
plácido· el violeta, melancólico, etc., etc.'?
Pues 'por una raz6n muy· sencilla: porque
Manuel Gutiérrez Nájera es tnl vez un ca~o
único en la historia de nuestra¡¡ letras, no sóla luz es vida, y la obscuridad muerte; porque
lo por la forma originalísima de su talento,
la luz es excitante natural 6 indispeusable de
sino también por su desacostumbrada labotodo nuestro organismo animal; porque la luz
riosidad y por el influjo que ejerció sobre los
excita á la acción, al movimiento, á la activique le rodeaban.
dad, á la plena expansión de los 6rganos físi-

·obras

·-·

manud 6utitrrtx nAitra.

Damd.ngo 3 de M,a,yo de 1903.

EL MU~DO ILUSTRADO.

Trabaj6 con fe y resignación, sabiendo lo
que valía su talento y sin que jamás ·se revelará ni orgullo ni abatimiento en rn oLra.
La nobleza de su t&gt;iemplo influyó en muchos que, sin él, jamás hubieran llegado á laa
altura::; de la fama. Se hizo admira¡lly, cosa ra,
ra, se hizo querer.
Semejante á la cumbre del volcán que ae.
destaca en las claridades celestes, flotando so..
bre la tierra, tuvo siempre en su vida literaria la serenidad de quien por estar muy alto,
no envidia.
La época de rn vida hace contraste con otros
períodos de nuestra historia literaria en que
las contiendas de la inteligencia no parecen
luchas de corazones limpios y fuertes, sino
de condenados que se atacan rabiosamente en
las negruras de un antro 6 de faq uines hambrientos que se arrebatan un mendrugo.
Fué un maestro, porque supo herir los corazones de sus admiradores y, sin querer, trocarlos en discípulos.
Su último libro se agotará muy pronto porque es no sólo bello, sino curiosísimo, ·y constituye una página viva de la historia de ayer,
de nue!"tra sociedad y nuestras letras.
En él, como en cuanto escribió el Duf¼ue,
se observa un sentimiento muy simpático que
hada atractivos todos sus escritos: una especie de amor burlón y piadoso por la ciudad de
México, por esta capital sucia y fea, que empezaba ya á transformarse cuando Gutiérres
Nájera escribía y con su mirada de artista hermo$eaba todos los espectáculos. Puede afir.
marse que después de él nadie ha sabido ver
la ciudad de l\lé.x:ico. Un obstinado presbiLiamo parece cegar á nuestros escritore~, que mi•
ran claramente los aspectos lejanísimos de Europa, pero que en México arañan dolorosamente las tinieblas.
Y ei Duque jamá~ tuvo esa ceguera; sua
ojos eran limpios y claros y veían.
Eso hace más amables.sus escritos y por ello
sµs lectores constantes, su público tiel-toda
la Nación--irá á buscar el nuern libro &lt;lel malogrado vate con un estremecimiento de placentera esperanza que no serÍt defraudada,
porque la obra es hermosa y coxdial como todas las del Duque.
C. T.

hombres, sin parque, armas ni provisiones,
contra más de trece mil; y digno de remembranza es el hecho que la historia ha conservado y en que figura el subteniente Sebastifo
Holzinger y el de igual grado en la Guardia
Nacional, Francisco A. Vélez, hoy General de
División: un proyectil rompi6 !a driza de la
bandera enarbola&lt;la en el baluarte de Santa
Bárbara y la cual desprendi6se. Asciende Holzinger á izarla &lt;le nuevo; pero otra bala derribó el mfü'lón, entre cuyos escombros precipitóse el valiente oficial. Este, no desanimado,
acomet&lt;i nuevamente la empresa y prende en
el asta la bandera que había tenido extendida Vélez durante la OpP.ración, que se efectu6
bajo una lluvia de balas.

***

Sr. Lic. José lves Limantour, Sec~etario de Hacienda.-(Ultimo retrato, por Mora.)
sino los millones que hubiese debido prodigar
para una causa tan santa y tan jusla; pero sobre todo, una causa en que peligraba ella más
que nadie. como peligra siempre en un conflicto entre naciones que profesan diferente
credo.
E n aquellos momentos Fagrados, era un crimen la desuni6n y eran un sacrilegio infame
contra esa deidad augusta que se llama «Patria,&gt;, los rencores de parti&lt;lo y las mezquindades del que pe&lt;lía y del que debía dar. 1cPolkos,, y ,1puros&gt;, hubieron de confundirse en un
s6lo anhelo; «alacranes,&gt;, como decían á los de

Durango; «tapatíos,&gt;, como se llama aún {t los
de Guadalajara¡ «tusos» á los de Zacatecas, y
todos, todos los mexicanos de los cuatro puntos cardinales de la República, sin distinci6n
de ideas políticas ó religiosas,se hallaban obligadoe á concurrir á la ineludible liberaci6n
del territorio que á costa de tanto sacrificio
porlíamos llamnr al fin nuestro. Apodos 6 títulos de gloria debieron desaparecer para ser
reem plazaclos por el más honro.so: soldado mexicano, defensor de la patria.
.
En tales condiciones, Vera.cruz fué diez veces heroica, sosteniendo el sitio con cinco mil

HEROES SIN NOMBRE.
MONUMENTO

ERIGIDO EN ÜRIZABA Á L A MEMO-

RIA DE LAS VÍCTIMAS DE VERACRUZ

J. PouLAT.

EN ORIZ A B A .
1\tcllada por sa autor ti n dt Jlbrll dt 1901, con 11101100 dt la 1nau9wrac16n

del monumentoerigidoen mmoria dt las oictlma,

(1847.)

Publicamos en este número una fotografía
del monumento erigido en O rizaba á los defensores de Veracruz contra la invasión de las
fuerzas norteamericanas y que l111.ce poco inau•
guró el señor Gobernador del Estado: esa obra
de arte no solamente conmemora un hecho de
armas glorioso; pues simboliza u na época Y
conjura un trágico recuerdo.
Tras la fatal bntalla de Angostura que pudo
y debi6 haber sido el lazo de unión entre todos los partidos y toe.los lo.:! mexica~os, lánzanse los reaccionnrios sobre el gobierno de
Gómez Farías como los buitre:; sobre la paloma que hiere ~l cazador, y á atacar á_ la cual
no atreviéranse en la p~enilu&lt;l de su vida.
Los gritos de indignae!.ón que provocaba la
derrota de nuestro ejército en la frontera Y el
clamor de angustia que llegaba de Veracruz,
amenazado por la escuadra del Norte, Eofocábanse entre discusiones tan vergonzosas como
inútiles respecto á la nacionalizr.ci~n de los
bienes eclesiásticos, cuestión que aleJaba á los
batallones unos de otros; que desgranaba las
familias y' que rompía las amistades; disputa
que asombraba laa conciencias y desgarraba
todas las ligas sociales y privadas; entretanto
que nuestro cielo azul tachonado de estrellas,
envolvíase en et" sud'l-rio gris de la p61vol'!l
enemiga y las glaucas aguas del golfo se enpurpuraban de sangre y de rubor. El clero,que
poseía la mitad del territorio y las dos terceras partes de la riqueza pública, regateaba eo•
mo buhonero, ya no el conting~~te personal
de sus sectarios para la protecc1on del país,

Veracruz y su guarnición en estos hechos
cliernn el más hermoso e¡emplo de valor: cuando Santa Ana, que anteriormente dijera con
verdad que la di~cordia civil, y no la desgracia ni la fuerza, había hecho sucumbir al puerto, asentó luego en una proclama que las tropas que lo guarnecían, Pi no podían defenderlo, debieron retirarse¡ los jefes de la Guardia
Nacional publicaron un manifiesto en que hacían presente que la resistencia fué honra suya y oprobio &lt;le quienes los abandonaron y
que habían preferido sucumbir con gloria, á
sal varee sin honor, antes de ser atacados.
Tal es en realidad el detalle doloroso y el
recuerdo amargo: nuestras disensione:1 fratricidas produjeron el abandono d!) Veracruz; pero el monumento erigido en Orizab,i s6lo pt':rpetúa la abnegaci6n del ejército p.ermanente
que pereció; y la fraternai inmolaci6n de los
veracruzanos que sin desacuerdos políticos ni
renc:ores religiosos entraron á la brega y la
sostuvieron hasta el postrer momento con la
intrepidez y el arrojo relevanteR enJa faz del
soldado que avanzando, bayoneta calada, contémplase admirable en el hermoso grupo escultural.

dt la lnoasl6n amrrlcana, 1n7.

Como pájaro que huye de las nieves del Olvi~o,
he llegado á esta comarca, tembloroso y aterido,
á esta tierra toda flores, á este cielo todo luz,
donde el Sol-indio flechero-pertinaz vuelca su aljaba
por clavar dardos de oro en el «Pico de Orizaba,&gt;
ese inmoble centinela. de la beroica Veracruz.

*

Sal ve oh pueblo, grupo airoso de valientes paladines:
que r~doblen los tambores y que vibren los clarines
entonando victoriosos un soberbio himno triunfal.
Que cintilen las espadas, y ensordezcan los cañones,
y fulguren los fusiles, y relinchen los bridones,
é imperténitos avancen los bizanos escuadrones
ante el noble monumento de una página inmortal.

*

Habitante de las selvas, libre rey en mi cabaña,
he venido con la lirh que ha cantado en la montaña,
dulcemente melodiosa cual la flauta del dios Pan.
Y esta lira, á los recuerdos de contiendas pavo:osas,
hoy retuerce sus bordones, que son víboras rabiosas;
hoy erecta sus dos cuernos, que son cuernos de alacrán,

.

*

¿Qué despierta sus rencores? ¿Qué provoca su coraje'?
¿Por qué brota de sus _nervios, ~omo cláu~u!a salvaje
6 igniscente lengua roJa, demomaca maldición? ..
¡Es que evoca la sombría epopeya infortunada
en que Scott dejó esta zona de cadáveres sembrada,
y palpita en su cordaje honda cólera sagrada
al recuerdo de la oveja en las garras del león!

*

¡Imposible la victoria! Eran fuerzas desiguales·
y aun los niños se mostraban ante el Monstruo' colosales·
meda Holzinger el teniente y con él el pabelló~ ·
·
y en el campo, en que la guerra de crueldades hace gala
surge Vélez desplegando la bandera como un ala
'
la bande1·a trigarante derribada de un morlón. '

*

¡Salve al héroe, cuyaespada-llamescente meteororayó el ónix de los cielos con relámpaaos de oro
al grabar luctuosa fecha, rojo símbolo fatal!
¡Salve al cuerpo de valientes, á los ínclitos soldados
que al abriio de la Patria sucumbieron denodados
y que en marmoles y bron&lt;?es mostraránse verpetuS:dos
constelando-nuevos Leómdas- nuestra historia nacional!

*

Levantar á lo~ que mueren por la Patria, un monumento
es un rasgo meritorio, un loable pensamiento·
'
que los mártires patriotas bien merecen tal ho'nor.
Erigido está á los santos el altar en que mañana
vendrá ansiosa á venerarlos la niñez veracruzana
encontrando altos ejemplos de civismo y de valor.

*

Entretanto, pueblo airoso de valientes paladines
que redoblen los tambores y que vibren los clari~es
entonando victoriosos un soberbio himno triunfal.
Que cintilen las espadas, y ensordezcan los cañones
y fulguren los fusiles, y relinchen los bridones
'
é impertérritos avancen los bizarros escuadron~s
ante el noble monumento de una página inmoi·tal.

*

*

Oriza.ba-blanca novia- te enguirnaldan azahares·
Barrio Nuevo en su guitarra. de cristal, te da cant~res·
en un velo de neblinas se ha tornado tu capuz·
'
los silbidos de tus fábric~s son un salmo de p~ogreso:
con la Paz llegó el TcabaJo, y al sentir su ardiente beso
palpitaste con el alma tropical de Veracruz.
'

*

Ver11-cruz-virgen morena- ¿qué pecado cometiste?
E~ raudal de sangre y llant? que con fe y dolor vertiste,
D10s en perlas y corales be.Jo el agua ha de cuajar
Que de día te ab~niquen los palmares que el Sol q;ema,
que de noche fulJa el Faro cual diamante en tu diadema
y tus luchas de espartana, como un épico poema
'
en homéricas estrofas cante un bardo: el ronco ~ar.

No lamento una derrota, ningún triunfo es el que canto;
me ha traído á la tribuna un derecho sacrosanto:
el que á todo buen patriota otorgó la Libertad.
Vengo en nombre de esta raza ardorosa y altanera,
que el valor tiene por gloria, el orgullo por bandera,
por escudo la hidalguía, y poi· timbre la lealtad.
¡Imposible la victoria! Era el débil ante eUuerte;
acechaba, envuelta en sombras, una trágica: la Muerte;
no cortaba aleve Dá.lila; lCls cabellos del Sansón;
al soplar furioso el Norte, Ruth colmaba sus graneros:
eran débiles espigas nuestros bravos guerrille1·os
abatiéndose en los surcos, valerosos cual boeros
al empuje formidable de los hijos de la Albión.

*

JUAN B. DELGADO.

�Domingo 3 de M,ay,o de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

todo esto á compás de credos y salves que rezaba eutre dientes haciendo ?ruces con la mano sobre los campos y hacia los cuatro p~ntos del
horizonte.
Co~gue ya se ~gurará. ,el ~urioso lector c6mo andarían en Noria
del Aguifa l,~s n~gocios eco~om1cos y agrícolas, manejados por estos
tan extraoromanos personaJes.

•

II

,;

P_ues s?cedió que á. don Carpio se lo iban á llevar los diablos, ó
más bie~ d1ch_o, andaban con el inte11to &lt;le llevárselo.
•
Fue la_~1sma doña Pancha 9-~ien l}ev6 á Valnavara, el pueblo
~ond~ yo v1via, 1~ estupen&lt;l3: noticia._ r?dos los habitantes del lugar
mvad1ero~1, la mo1a&lt;la de la_ n ea prop1etana para oír de su misma boca
la re\1 el~c1on &lt;le tan maravillosa a\·entura. Yo fuí uno de los primeros
en ~cud1r y con tollos s~s pelos y señales me refiri6 el suceso, con JenguaJ_e y a&lt;le~anes tan pmtorescos, que mús de una vez, durante la narración, sen~1 ponérseme los pelos de punta. Y era ta.n cierto Ell hecho,
que los do~ o tres moz~s que acompa~aban á su ama., y ella misma,
f?eron testigos preeencu1:les; lo ~ue &lt;lw por resultado que doña F ranCisca abandonara la hacienda mientras el maleficio se conjuraba aunque, según las t_razas, no había que esperar que tal cosa sucedier~ hasta que don Carp10 abandonara la finca, 6 los &lt;liablos, en forma de brujas, cargaran con él· á los profundos.
El casó pas6 de esta manera:
U_na tarde,-ya ~l ponersÉ3 el sol; se desató rumbo á la serranía de
la hacienda tan_ flmosa t?rmenta, qu.: todos los arroyos se salieron de
madre y las pen=:s y los arboles rodaron descuajados por los desfiladeros de las montana::1. Hasta allí el fenómeno nada ofreci6 de pat:ticular; pero ya al entrar la no·che comenz6 á def!colgarse de las nubes una
horrorosa culebra [que así se llaman.las trombas en el lenguaje rústico]. cuya monstruosa cola se retorcía en el aire entre negro., torbellino!! ~e polvo y ~gua .. El pánico se apoderó de los campesinos y del
prop1? don C3;rp10, qu_ien probableme_nt~, p~r alguna imprevisión 6
descmdo, babia enterrado el calendario a mas profundidad de la necesaria, ~abía_ echado más cruces y oraciones de las acostumbradas.
Pero de 1mprov1so y en un punto, ama y administrador, que CQntemp)aban el me!eoro desde el por_tal6n de la ca¡:a grande, entraron precipitadamente a una galera contigua, saliendo al instante armados de
sendos cuchillos, coi:i los que\ disparando estocadas y bendiciones sobre
la culebra, como 9men. se tira á_ fondo ó raja leña, al punto y como
por encanto quedo partida la terrible manga, que vino á resol verse en
descomunal aguacero.
_Pasado ya ~l peligr&lt;:, con gran asombro de los sirvientes que presenciaron el conJuro, dona Pancha y don Carpio dieron trazas de recogerse cada cual en sus habitaciones, pues la noche seguía tormentosa y negra y no era cosa de ir al campo á esa hora para encauzar los
arroyos y reparar los destruidos canales. Así es que don Carpio después de despojarse de las empapadas ropas, se ech6 al coleto doble ra ci6n de tequila de la que acostumbraba, para no resfriarse; y ya ee disponía. á meterse entre las no muy limpias sábanas, ni menos mullido
lecho, cuando percibi6, clara y distinta, una voz extraña que de fuera
le llamaba por su _n ombre, voz que parecía descender de lo _alto y que
se mezclaba con carcajadas horripilantes y soeces maldiciones.
De pronto crey6 don Carpio que !!.quella era ilusi6n de sus oídos
6 las rachas de viento que golpeaban, zumbando, los muros de la easa·
pero como la voz se repitiera, y ya no sola, sino acompañada de otras'
que en distintos tonos le amenazaban imprecándole, el pobre hombr~
se armó de valor; abri6 la ventana y enderezó la vista á la azotea don-

~u~n(os d~ Espantos.

?

11
sario; para las «riumasi&gt; prescribía cortarse las uñas todos los lunes; los
-desmayos y zumbidos de cabeza los curaba colocando una lanita de
borrego prieto en la ternilla de la nariz, y el «ojo de venado,,&gt; el sebo
de le6n y basta el excremento de diversos animales, servían para otras
I
tantas dolencias y accidentes. El terrible mal de ojo, tan común entre
la gente rusticana, no desaparecía sino con repetidas unciones de sali-.
Erase que se era una buena señora, viuda y sesentona, propietaria
va en frente, oídos, nariz y boca. La saliva tenía un uso bastante gede cierta finca rústica, no muy lejana de un pueblo don&lt;le yo desemneralizado en la terapéutica de doña Pancha, pero era necesario saber
peñaba, hace ya tiempo, funciones del orden judicial. ((Noria del Agu imanejarla, pues debía siempre ir a.:ompañada de oraciones y f6rrnulas
la,i&gt; que así se llamaba la hacienda, tenía abundantes y excelentes tiecabalísticas que rnriaban según la naturaleza de la enfermedad; por•
rras de labor, montes poblados de pastos y agua para regar dos 6 tres
que, decía, hay oraciones frías y oracion_e~ calientes y no &lt;leben aplisitios de ganado mayor; con lo que, dicho se está, la propietaria debía
carse aquéllas en los resfriados, ni éstas en las fiebres; sino todo lo
ser rica por demás, pues carecía de familia y sus necesidades eran exicontrario: para todo es necesario saber. En cuanto á otras dolencias
guas, como las de gente que no sale del rancho sino para ((bajar,» así
más graves, variaba el procedimiento, siendo uno de los más enfrgicos
iae dice, á los pueblos vecinos, y eso de tarde en tarde, con ocasión de
y eficaces, colocar un huevo de gallina prieta ( el color negro era ritual)
fiestas y jolgorios 6, sencillamente, para mudar de aires.
debajo de las almohadas del paciente para qut: le extrajera el mal; ó
Pero es el' caso que los rendimientos de la finca eran apenas mebien se metía la mismísima doña Pancha debajo de la cama y lanzaba
dianos, y aunque no llegaban á perderse las cosechas por malo y seco
unos lamentos y gritos tan lastimeros, llamando por su nombre al enque el año fuese, la verdad es que no producían ni la mitad de lo que
fermo, que éste, si estaba aún en sus cabales, creía que la propia muerproducir debían. Cierto que las mujeres carecen, en lo ge!!eral, de dote lo solicitaba des&lt;le lo más profundo de la tierra y se levantaba todo
tes para entenderse en la administración de sus negocios; pero doña
trémulo y despavorido. Pero con estas y otras prácticas, rara era la
Francisca Perales, que á este nombre reepoudía la dueña de Noria del
enfermedad que no cedía al tratamiento; y si el pobre dolien te sucumAguila, había encomendado por completo el manejo de su hacienda á.
bía al fin, era s6lo porque «ya le tocaba. i&gt;
un administrador, hombre campirano y versa&lt;lísimo en todo Jo que á
Don Carpio, el administrador [su nombre era Policarpo], si no
la ciencia de las Ge6rgicas atañe, salvo en introducir innovaciones y
ejercía
la medicina, en cambio, como astr6logo, daba ciento y raya á
mejoras de moderno, procedimientos, pues á ese respecto tanto el ama
los sabihondos que escriben libros cuajados de mentirm, y disparates.
como el empleado oponían la más vigorosa resistencia.
Todos los años, en el mes de enero, la noche de San Antonio Abad,
Dofia Francisca 6 doña Pancha, como más comunmente se la llainstalábase en la era á contemplar el cielo para ver por q ué lado entr~maba, era la adoración y el pafio de lágrimas de sus sirvientes y de
ba el año: iba provisto de un cuaderno donde apuntadas tenía multitodos los aldeanos y campesinos que moraban en cinco leguas á )a retud de observaciones hechas y no interrumpidas por los más lejanos
donda. Y no podía ser de otra manera, pues socorríales en sus necede sus progenitores. Allí, con un farol y un lápiz, trazaba fig uras Y
sidades, aunque nó ciertamente ,con ,mucha largueza, y, sobre todo,
.signos siguiendo la revoluci6n de las estrellas y el cáriz que presentales curaba cuando enfermos acudian a ella en busca de- alivio 6 &lt;lesaba la ((alm6sfera;» y 4 eso de las cuatro ·de la mañana, cuando ya «las
lud. Esto de curar y prescrihir métodos y remedios para toda clase de
siete
cabrillas,&gt; se habían metido y á sus alcances iban celos tres r~yes»
dolencias, era el elemento principal en la vida de la buena señora; era
y
«las
tres Marías,,&gt; don Carpio, con pasmosa seguridad, pronosticaba
como el agua para los peces, el rocío para las flores y para las aves el
la
calidad
del año, y decía, como si lo estuviera viendo, qué clase de
viento. Y no vaya á creerse que echaba mano de medicinas y drogas
frutos se iban á _dar y cuáles - á perder; las plagas y enfermedades de
de las usadas más comunmente por galenos .Y farmacéuticos. Ni por
los animales y de las plantas, y, final'.Ilente, si· el año sería seco 6 Jiu•
pienso. Se reía de los médicos, de las boticas ·y hasta de los curandevioso. Así es que, con tales conocimientos, no había temor de que se
ros, á quienes solía tolerar y aun aconsejar algunas veces. El ejercicio
perdieran el tiempo, el dinero y el trabaj0 en infructuosas siembras Y
de la medicina en ella era una cosa así como rito misterioso y oculto
demás operaciones agrícolas. Bien es verdad que algunas veces solían
y rarísima ocasión empleaba yerbas 6 p6cimas, y cuando lo hacía sus
fallar sus cálculos y pron6sticros, pero eso aco11tecía solamente cuando
menjurjes, verdaderas panaceas, componíanse de los simples más 'inuá lo hora de observaci6n ocurríasele rebuznará un burro prieto ( por
sitados y estramb6ticos. Su terapéutica constaba especialmente de
palabras, signos y prácticas extrañas, ~sí corno de· oraciones, algunas · de conta~o ), en los vecinos corrales, 6 á algún murciélago trazar su,s c?r·
vas capr1chos~s en torno de la era, trípode y observatorio astronomico
de las usadas por la Santa Madre Iglesia y otras del uso exclusivo de
del
buen don Carpio.
aquella sapientísima doctora que tenía su consultorio en la casa granPor lo demás, para todo encontraba remedio, pues cuando se rede de Noria del Aguila.
Pero tampoco se debe pensar que doña Pancha usara indistintatardaban las lluvias y las sementeras poníanse mustias y agos_tadas,
mente de las mismas palabras, signos 6 remedios en todas las enferdon Ca.rpio hacía un agujero en la tierra enterraba el calendarJO del
medades. De ninguna manera. Así, por ejemplo, para el dolor de muemás antiguo Galván ( precisamente habí~ de ser ése) , juntamente con
una oraci6n al mismo San Antonio Abad y otra á San Isidro Labrador,
1as aplicaba una cuerda de guitarra enrollada al cuello á guisa de ro-

CORO DE BRUJAS.

J

Domingo 3 de Mayo -die 1903.

de las voces parecían sonar; y en aquel mismo punto sintió que el horror le cuajaba la sangre, paralizándole los miembros. Destacándose en
la masa negra d~ las so11_1~ras, vi6 el infeliz otras sombras, más negras
aún, que se bulhan vert1gmosamente como en una danza infernal sobre el pretil y sobre las canales de su misma habitaci6n. Horrori~ado
Y loco, cerr6 de un golpe la ventana y sali6 corriendo en busca de doña
Pancha, que á la saz6n se recogía. Des&lt;le la puerta di6le cuenta de lo
que le pasaba; visti_6se alborotada la. señora y ambos, acompañados de
los mozos )'.' ~e pendientes que estaban aún en pie, se dirigieron al cuarto del admimstrado.r, donde todos fueron testigos de la extraordinaria
escena que afortunadamente no se prolongó mucho tiempo pues á po·CO sintióse el aleteo de aquellas sombras como de aves mo~struosas y
pesadas que volaban casi sin ruido en la obscuridad.
Na?ie ~e _atrevi6 á salir é investigar el hecho, pu~s todos, doña Pancha «m capite,i&gt; ~eclara~on que las brujas, teniendo cuentas pendientes con don Carp10¡ veman á cobrarlas y procurarle maleR en pago del
que había hecho á cierta moza del rancho, cuya madre, ~egún se susurraba, era una de las más desaforadas hechiceras que podían encontrarile por aquellos contornos. Dejaron,.pues, en paz á las brujas, ya
que ellas la habían arreb~tado á los mora?or~s de la casa, y pas6se el
resto de la noche en medio del susto consiguiente con el cual dicho
se está, nadie logr6 pegar los ojos.
'
'
Y como ~n las noches p~steriores se repitiera el espantoso fen6meno de las bruJas, los dependientes abandonarou la casa grande y se
f~e:on á dormir_ á ~~raque, aunque estaba en no muy favorables con~1c1ones ,de hab1t:ac1on, .aderezaron de la mejor manera; y &lt;loña Pancha t?mo el partido de ,ransladarse á Valnavará hasta que las brujas
escogieran otro lugar para sus nocturnos conciliábulos, pues los aquel~rres del :1farz en la, noche de Santa Walpurgis, eran tortas y pan
pmtado, si en parangon se ponían con los que noche á "noche se ce~e?raban en la casa principal &lt;le Noria del Aguila.
·•

'

1

III

•1

Todo esto y más todavía ~e fué referido por la buena señora con
tan profu~do co1w~nci,¡n i~nto y á _la vez con t:iles muestras de d¡sdéh
al notar c1~rta sonnsa de rncredd1d~d en mí, que á poco ya estaba. Y.P
tan e~1bru_Jado como ella. Inte.nt~, sm emba rgo, escudriñar una paroo
del n:i1steno, aq_uella qu~ se relac1~naba con la moza hija de la céleb~
hech1?Ha. Dona Francisca me d10 todos 'los datos necesarfos de Jds
· que vme á poner en claro que el bueno del administrador, aficionad~
por demás á las hembras, había tenido sus dares y tomares con unii.
muchacha muy bonita del rancho; pero al ~abo como todo canQa en
' d e aque11os amoríos, no por' otra cosa sino porque
~,
este mun d ?• can~ose
se enaC?oro per&lt;l1dam!mte de_ótra, mujer con la _cual comprendió qu'.e
n?, podia entr;i,r en m~s relac1?~es que las matrimoniales; por lo qU¡e
dio de mano 8: su antigua pas10n; y ya se _habían empezado á corr~r
las amonestac1?nes en la parroquia de_ Vainavara y s6lo faltaba fijar Ja
fecha del c~sono, con grai~ contentamiento de doña Pancha quien se
había ofrecido á ser madrrna.
' - ·· 1
. Pero co_mo el hombre propone... y las brujas disponen, desde el
primer doming~ en que se le¡eron, después del Evangelio, las susodichas amo? estac10nes,. empezo el aquelarre en la azotea del cuarto de
don Carp10, según deJO ya referido.
· .
Bien ente:ado_ del asunto y tod_o confuso y estupefacto, despedíme ~e la propietaria y en poco tiempo olvid~ las brujas, hechicerías
_dem8:s cosas que con ellas -y con los habitantes de Noria del Aguilii, s~
relacionaban.
·
CONCLUIRÁ.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 3 de Mayo de 1903.

€1

EL MUNDO ILUSTRADO.

Ctrritório Quintana Roo

Domingo 3 de Mayo de 1903.

AL REDEDOR DE LA CIUDAD
CONTRASTES.

Páginas dt un Jllbum dt eampaña.
Para muchos denuestros lectores, indudablemente, es desconocida por completo la parte
de la península yucateca erigida en territorio
federal por el Congreso de la Unión con el
nombre de Quintana Roo.
Hace poco, consignábamos e1. este semanario la noticia de haberse establecido en Xcalak
la primera escuela, y ahora damos principio
á la publicación de una serie de fotografías
que representan distintos puntos de la comarca y que no son, en resumen, más que un pufiado de hojas arrancadas al álbum de campaña de uno de los jefes del ejército que más
se distinguieron en Yucatán: Esta serie, sin
embargo, servirá para que el público se forme
una idea de los esfuerzos desplegados por las •
autoridades federales e.1 la obra de civilización
que emprendieron, y de los afanes con que las
tropas han coadyuvado á las altas miras de la
Administración Púbhca.
En uno de nuestros grabados puede verse
en conjunto, el campamento &lt;(General de la
Vega» tal como 11e encontraba hace pocos

Campamento "General de la Vega."

DOLORA.
El, al verla tan pálida, tan triste,
Ya cuando el tren iba á partir, pensaba:
;.Por qué la calma en mi ánimo persiste
Y no sien to que todo se me acaba?
((No me olvides»-dijo ella, y en su acento
Desfallecfa la doliente queja,
En el cual sollozaba el sentimiento
De quien se va, de quien su dicha deja.
-c(No te olvido,,- dijo él; pero no había
En su palabra aquel temblor que imprime
A la frase amorosa la agonia
Cuando el adiós entre los labios gime.
Y ella, tan triste con sus ojos bellos,
Cantraida la boca, flor ya mustia,
En confuso desorden los cabellos,
Signo de insomnio y dolorosa angustia!
Mas eran, ¡ay! para el amante extraños
El dolor, el horror de la partida ...
El habría llorado á los veinte afios,
Pero despues de amargos desengaños
Ya sabe el corazón cómo es la vida.

I sAIAS GAMBOA.

Selva' virgen.

meses. En él están situadas las barracas que
se ma11daron construir especialmente para alojar á las fuerzas y que, desde el punto de vista de la comodidad y de la higiene, han sido
consideradas como de las mejores en su género. Por separado se levantan los departamentos qué se destinan á la oficialidad y al despacho del jefe de la campaña. Las oficinas
del Cuartel General están reunidas en un edificio de madera. sólidamente construido y bien
ventilado.
Otra de las fotografías que damos á conocer
representa el muelle del campamento, hecho
por los oficiales ~acultatiYos que fueron con las
tropas á la campaña, con el fin de facilitar
el desembarque de las provisiones necesarias
para el servicio. La construcción es de madera y hierro y ofrece notables ventajas para las
maniobras propias de su objeto.

***

Ademái::, entre nuestras ilustraciones figuran:
un grupo de oficiales reunidos á la entrada de
una tienda en amigable convivialidad; el buque-escuela &lt;(Zaragoza,» anclado en Puerto Morelos; una vista de la selva yucateca, y un pueblo de la Isla de Cozumcl que surte de verduras y de algunos de los viveres más indispensables á la costa oriental de la península.
En las próximas ediciones de «El Mundo
Ilustrado» publicaremos las fotografías que
ahora, por falta de espacio, nos hemos visto
obligados á reservar.

La Comida.

t

A la. madre, á la antigua, señorial, cortesana,
vieja., discreta, &lt;iglesiera,&gt; rebujada. en holgados lutos y-¿por qué no ce~ido?-descuidada y
aun sucia, Je ha sa!ido lahijademocrática, limpia., a.man te del agua fresca y bullente, de la luz,
del sol y da las flores.
Parece la ciudad nueva una de estas muchachas de Norte América de belleza correcta, fría
en apariencia, cuya~ formas castas, duras y
elásticas ciñe un truje blanco, con alburas de
pe.loma recién bañada. Son rubias y sonrosadas y encarnan un ideal de belleza fuerte é independiente que atrae los afectos pu1·os y que
a.un á los cor azones maltratados por la v ida les
refresca. y reconforta haciéocloles convertirse á
los limpios ensueños radiantes de la infancia.
La higiene, que nos aburt'E! cuando se nos la
fspeta en ta1·das máximas; la urbanización
que suele ser tema fa.,tidiosísimo de disertacio'.
ues; el buen pa1·ecer de las ciudades, matraca
que agitan los periódicos, nos encantan, nos seducen cuando las vemos hec.has realidad en el
agua que bulle en los jardines, en el aseado frontispicio del palacete cuyos cristales brillan al
sol entre las opacidades aristocráticas del mármol; en la calle recta. y ornada de plantas que
nos recuerdan la exuberancia ardorosa. de la naturaleza, en medio de la corrección urbana. de
líneas y matices.
Si el traje de un hombre muestra con evidencia la índole de éste, su habitación, lujosa ó
paupérrima, sobre todo si él mismo la ba. fabrica.do ó hecho fabricar, le exhibe &lt;le cuerpo entero con sus ideas má.s íntimas, con sus más secretas inclinaciones, con sus gustos menos conocidos.
Na.die ignora. que hay ciudades que seducen
por sólo su aspecto; ciudades en cuyas avenidas
el viajero se siente á sus anchas, feliz, acogido•
cordialmente, y que ha.y otras que repelen, que
parecen expulsar con duro gesto a.l curioso, como hosteleros enfada.dos que no quieren dar po~~

ISLA DE COZUMEL.-San Miguel.

El "Zaragoza" en Puerto Morelos.

.

. Hay ciudades románticas, ciudades histó1·icas,
crndades tristes, ciudades sonrientes, ciudades
a.varas, ciudades idiotas, intelectuales, trabaja..
doras, holgazanas, sobrias, glotonas . ... ..
·
Y México'? .... De Méx ico no sé qué decir.
Es una. ciudad mixta, lo indiqué al principio.
Hacia. el Oriente, la. vieja. descuidada, sucia., que
repugna. é interesa al mismo tiempo, como una.
ruina venerable y q1.e no quiere, que no puede
remozarse.
Aunque se precia. de española rancia, no puede esconder la linfa. iod.ia. que circula. por sus
ca.na.les, corre por sus acequias, empuerca sus
calles y se manifiesta en retoños caoce1·osos en
sus casas de vecindad, en sus plazuelas bedion~as, en sus ba.rria.da.s putrefactas y ponulosa.s.
En vano a.q uí y allá un vasto ca.serón seilori.a.l
de !o~ que apellidara Húwboldt palacios, co~
sutil ironía., q uiere ennoblecerla. Su nobleza es
r~o_cia. y apesta y está. a.demás contaminada. por
VICIOSO desaseo.
Aparte de eso,es una vieja que se &lt;,ubre de afeites Y de alhajas . Una. &lt;ri viore&gt; de diamantes sobre la garganta. apergaminada. de una. a.ocia.na,
repele. El collar de focos eléctricos que esa. par~ de la. ciudad se pone por las noches, la. torna
fúnebre como una. momia ata.viada. para. un baile macabro.
r No m_e extraña que los trenes eléctricos, esos
mdos ¡uguetes de la. muerte, aplasten tanta. a-en~ por los barrios. Venidos de las populosas
c!uda.des de l Norte ultra.civiliza.do, pensaríanst pensa!' pudieran- que caminan entre sombras
de una ciud ad fantástica.
;,Ac!lso tienen algo de real, como no sea en las
pesadillas, esos caserones de fachada. cubierta.
de laboriosos arabescos, que se apartan desplomados de la ca.lle; los portones barrocos· los zagua.n~s húmedos y cavernosos; loo enorr:ies balf~fªJes; los postigos mudos, telarañosos y apo1 auos; todos esos detalles, en fin, que alumbrados crudamente por las claridades eléctricas, semejan restos de tumbas, trozos de monuten~s, semibundidas y truncas ruinas que na.1a tienen que ver con la. vid a. franca. y activa. de
a edad moderna?
E~ esos callejones tuertos y estrechos como intestinos estaría bien el conciliábulo de un merC~der a varo y un fantasma que Je encomendara.
misas por su alma; en esa. plazuela, que mejo1·
tuera llama.ria. basurero, bien pudieran dos gala.ne~ espadachines pedora1·se á mansalva el jullooc11lo con sus estoques de cumplidos gavi1anef á la. luz mortecina. de un faroli1lo; en estotra.
ca le, cerrada. de una. parte por un muro de convento Y de la otra por casas claudicantes que se
~Oblan~nyecodos como un biombo,parecequese
a á asistir á. los discreteos vergonzantes de un
~mbozado y una dueña. celestina; en.esotra plazoleta., su1·cada. p, r verdinegras corrientes de
aguas hediondas, á nadie extl'afiarfa que sentat·a sus reales_un &lt;tianguis&gt; de ind,os; pero vida
mode1·na, lu¡osos establecimientos de mercader~s, vías y fanales eléctricos, buggys y automóviles, ¿verdad que no se concibe que los hay a. en
ta.les rincones'!
Por eso los que anhelan vida,1 luz, aire, movi-

Cuartel General de las fuerzas en el Campamento "de _la Vega."

M11elle del Campamento.

�Domingo 3 (le Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Dommgo S de Mayo de 1908.

Eh MUNDO ILUSTRADO.

1. -A veaida L'ladr~s.

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[Colonia americaaa ]
2.-Casa del Sr. Braniff, en la Reforma.
3.-Callejón del To1·0.
4.-Ua tendedero en las .orillas de la ciudad.
5. --Callejón de Sombrereros.
6.-Corredor y jardín de una casa de la calle
de Sadí Carnot.
7. -Detalle del interior de una veciadad.
8.- Patio de una vecindad.
9.-Plazuela de Tepito.
10.-La Alcaicería.
11.-Glorieta central de la Colonia americana.
12.-Una calle de la Colonia. de la Bolsa.
13.- El Baratillo.
14.-Buca.reli.

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�Domingo 3 de M11iYO die 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 3 de MaYo de 1903.

miento, refluyen á Occidente-que a.un aq11í se
cull!-ple la ley aquella histórica de que la civiliza.c1ón marcha del Oriente al Ocaso -fabrican
barr~os nuevos, plantan jardines, ab1!en amplias·
a.vemdas, constmyen palacios y dejan sumida
~n su modon·a triste y mortífera. á la ciudad vieJa que se a.duerme á la sombra de sus obscuros
templos en la estrechez penumbrosa y enmohecida. de sus calles.
Y la hija, nacida de las entraí'ias mismas de su
madre, surgiendo de las a.venidas remozadas de
Plateros y San Francisco, se tiende al sol en la
llanura occidental, como una muchacha fatigada. de una loca partida de lawn-tennis, y abre los
brazos como para estrechar entre ellos el montículo agreste y perfumado donde el alcázar de
Chapultepec vigila sobre el valle.

***

¿,Y los habitantes? Al Oriente subsisten aún los
tipos misera.bles: del vendedor semidesnudo que
trota bajo su carga de caza ó de legumbres· del
lépero agresor de barrio eón un tufo de cab~llos
sobre la frente y la mirada extraviada por la borrachera; de la maritornes vistosamente trajeada.
. Por la maí'ia!la, á la hora en que los campanarios se desgaí!.1ta.o llamando á misa. se ve cruzar por las calles, opacas y sucias,' á la beata
toeada. de negro, con la camándula y el libro entre las manos sarmeotosas,y á la muchacha cnrsi
pinta.da con afeites baratos y a.domada. con traJe y sombrero de desecho. Ni falta el rufiancillo
de barrio, canalla y maleante híbrido de obrer&lt;;&gt; y seí'iorito, ni el aguador da.racterísti.co bar01za.do de mugre y estorbado en sus movimientos
por los panzudos y abollados &lt;chochocoleia&gt; de

1

.,

ACAPULCO.-Callej6n de Ventilación.

los chiquillos mofletudos y rubios: los seí'iores
graves enfundados en la neg1·a levita; todo tan
discreto, tao ordenado, que más que cosa viva,
parece aquello un cuadro de reloj antiguo que se
pone en movimiento al dar la hora.
Así aparta.das, extraí'ias un11, á otra, casi enemistadas, contrarias, permanecen la madre y la

pricho semejante al de una mujer que fué hermosa. y coqueta. y celebrada., y que al ver los atavíos que ofrecen las nuevas modas á sus nietas,
á veces se enamora. de un sombrero, de un listón
ó de un aderezo y quiere ponérselo, aunque desdiga de su fealdad y de sus aí'ios.
CÁSTOR.

·

PROYECTO DE EDIFICIO PARA LA SECRETARIA DE COMUNICACIO NES.-Fachada principal.

UNA OBRA DE IMPORTANCIA

CALLEJÓN DE VKNTILAClÓl

ACAPULCO.-Parte media del Callejón de Ventilación.

l~ta.; ni los vendedores indígenas que hieren el
aire con sus pregones, que parecen lamentos· ni
los_ meodi_gos pioto~escos, de grandes barbas' ascét1ca.s_; 01 los 4:art1_s~as&gt; trashumantes que van
de patio en pat10 b1r10ndo los sensibles corazones de las cocineras con sus canciones amorosas.
El estanquillo, la pulquería, los ultra.marinos
de la esquina., el templo, el figón y la comisa.ría
forman el cerco donde se encierra cada barrio'
los ~Iones de fon~o para los sainetes y las tra~
gedias de sus. vecmos, el escenario para sus niñas, sus a.mores y sus festejos.
La lucha por la vida es cruenta. y evidente. Todas las accesorias son &lt;comercios:&gt; ganchos torcidos y endebles, de quebradizo alambre para
que en ellos se atore al paso el dinero y'la voluntad de los transeúntes; antros de cuyo fondo
parece que surge la voz lastimosa. del deshereda.. do .Jue quiere vivir y que clama. débilmente: ¿y
yo .....
Id, en cambio al extremo opuesto de la. ciudad
mejor dicho, á la otra ciudad. Las calles son an~
chas y pa.triarcll.les, de piso terso, de casas severamente ricas cuyas facha.das, á plomo sol:¡re el
piso, muestran el bienestar y la holgura desde
el sobrio coroizamento hasta la pulida base de
los edificios. A éstos casi siempre les rodean
jardines, céspedes cuidados como un tapiz valioso; macizos de buga.mbilias apañan y encubren los frontispicios; fontanelas con estatuas
dejan caer un cristalino hilo de agua; bestias de
lujo se pasean por las calltijas enarenadas de rojo de los parques ...... Hasta el cielo parece más
amplio y más limpio, porque no lo opacan ni lo
empañan las huma.redas de las fábricas y los figones.
Por las banquetas, discretamente, van las da.mitas cubiertas de encajes, cogiéndose la falda
con gracioso amanera.miento; las niñas nerviosas, delga.das, pálidas, de grandes ojos miopes;

hija, ésta eiipera.ndo tal vez que aquélla. muera
para heredarla., para engullírsela, como dizque
~acen_los críos de ciertos bichos; la otra, la vieJa., deJándose arruinar impasible, despreciativa
desdeñosa por la vida moderna, per:mitiendo qu~
crezcan sus lacras y poniendo á veces aquí y
allá, como al desdén, un revoco, no para apuntalarse ni para prolongar sus días, sino por ca-

Cuando se inici6 la epidemia de peste bub6nica en Mazatlán, el Consejo Superior de
Salubridad se dispuso, sin pérdida de tiempo,
á poner en práctica todas aquellas medidas
que juzg6 indispensables para evitar que los
demás puertos del Pacífico fueran diezmados
por la terrible plaga.
En Acapulco, uno de los más expuestos á
ser invadidos por la peste, se arregl6 desde
luego el Lazareto de la Roqueta; pero una vez
terminadas las obras relativas á su instalaci6n,
se vi6 que, por estar situado casi en el centro
de un bosque, carecía de una de las condiciones higiénicas más importan lea, como era la
&lt;le estar suficientemente ventilado.
Para vencer estas dificultades con la premura que el caso demafidaba, · el señor Doctor
Glass, enviado por el Consejo á Acapulco
para que se encargara de la Delegación Sanitaria, proyectó la apertura de un c,callejón»
que, pasando por el bosque, permitiera al
edificio recibir directamente el aire del mar.
La obra, dificultosa por lo intrincado de la
parte del monte que había que destruir, se
llevó á término con el mejor éxito, como puede verse en uno de los grabados que ilustran
estas páginas. A uno y otro lado del callej6n
de ventilaci6n se extiende aún la espesura del
bosque que cubría antes todo el terreno. Este

I

ACAPULCO.-!;antrada de Boca Grande.

callejón tiene cincuenta metros de ancho por
quinientos cincuenta de largo, ósea la distancia que le separa de la Bahía de Yerbabuena.
El segundo de nuestros grabados representa la parte media de la obra, durante los trabajos de apertura, y el tercero, la entrada de
Boca Grande en la Isla de la Roqueta, donde
está situado el lazareto. La fotografía está tomada desde el cerro de San Martín, que se levanta frente á la isla.
Con la ejecuci'6n de los trabajos á que nos
referimos, el lazareto ha quedado en las mejores condiciones higiénicas, y el Consejo Superior de Salubridad ha dado u~a nueva
muestra del empeño con que viene trabajando
para lograr, en los puertos, un servicio sanitario conforme en todo con las exigencias de
los adelantos modernos.

nuwo Edifielo para la Stcrttarta
dt tomuntcacionts.
En el año de 1901, la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas encargó al señor
Arquitecto S. Contri de la formación de un
proyecto para el edificio de la misma Secretaría, sobre un terreno situado en la Plaza de la
República, frente al
lugar que ocupará
el Palacio Legislativo. Este proyecto
fué presentado y
aprobado á principios del año de
1902, pero hubo de
formarse uno nuevo á causa de que
la Secretaría cambió de idea acerca
de la localización
de su -futuro edificio, desechando el
terreno de la Plaza
de la República y
escogiendo el que
actu:ilmente ocupa
el Hospital de San
Andrés, mucho má~
conveniente que el
primero por su Fituación en el centro de la Ciudad.
En este segundo
proyecto hubo que
comprender departamentos para la
Dirección General
PROYECTO
y Oficina Central de
'Telégrafos.

Este proyecto, aprobado en Octubre último,
ha sido ya completamente desarrollado y estudiado.
El edificio ocupará un rectángulo de 82m. 30
por 57m. 70, limitado por las calles de San
Andrés, Xicoténcatl, Estampa de San Andrés
y una calle nueva que se abrirá en prolongación del callejón de la Condesa. La fachada principal estará en la calle de Sin Andrés, cuya calle se ampliará hasta darle un
ancho de 39 metros.
Su estilo de Arquitectura es del Renacimien·
to italino, serio y de proporciones grandiosaf:l,
apropiado al uso á que se le destina, y en ar·
monía con el estilo de la Escuela de Minería,
que quedará enfrente.
La distribución e'3 sencilla y cómoda, en departamentos amplios, bien ventilados éiluminados. Los dos primeros pisos se destinan en
su totalidad á la Dirección General y Oficina
Central de Telégrafoe, comprendiendo también las oficinas de la Comisión Hidrográfica,
Comisi6n Revisora de Tarifas de Ferrocarriles
y la Contaduría y Pagaduría de la Secretaría
de Comunicaciones. El tercer piso se dedica
todo á las demás dependencias de la misma
Secretaría.
La construccion se hará r.on esqueleto me-

tálico,· sobre una plataforma de cimentación
también metálica; las fachadas se harán de
chiluca y cantería, lo mismo que el patio. El
decorado interior se hará en cada departamento según lo requiera el objeto á que se destine.

VAS PLENUM.
Eres como la crátera esculpida
En terso mármol con cincel divino,
Donde la sangre de la vid, el vino,
Brinda su ardor en onda enrojecida.
Tu cuerpo, como el ánfora, convida
Al beso del placer, y el que con tino
Sabe libar el néctar purpurino,
En gloriosa embriaguez pasa la vida.
Mas ¡ay del que sediento de ventura
Hasta las heces el licor apura
Con imprudencia loca é insensata!
Porque el amor que guardas en tu seno
Es, á la par, elíxir y veneno
Que place á sorbos y á n ..udales mata.
ENRIQUE GONZÁLEZ MARTÍNEZ.

DE EDIFICIO PARA LA SECRETARIA DE COMUNICACIONES.-Fachada correspondiente
á la Dirección de Telégrafos.

�Domingo 3 ide M&lt;ayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILlJSTRADO.

Domingo 3 de Mayo de 1903.

\~~~ia~deN·eró"¿J
~

(i~

------~

Noche, lúgubre n o c h e . ~ / )
Por la negra
margen que inunda y fertiliza el Tíber,
conducen el caaáver, silenciosas,
las dos viejas nodrizas ...... Un esclavo,
por hábito quizá, las acompafía.

!J

Precede Actea. Su mirada inquiere
cuanto logra alcanzar. Hasta el murmurio
&lt;le las sagradas ondas amedrellta
su combatido espfritu. La sombra,
en los dominios del silencio finge
pavorosos fantasmas; y confusa
tropa de cuervos la tiniebla rompe,
_al meiítico olor del cuerpo exangüe
mal fajado en la túnica de seda ..... .
l\Iancha la tierra el hilo putrefacto
que lentamente de la herida fluye.

)

1

Y prosigue solícita y medrosa,
al través de la noche, su jornada
la comitiva fúnebre.
No lejos,
en derredor de la Salaria Vía,
airada. grita la rebelde turba:
-Nerón ha muerto! La nefaria bestia
rueda en el fango de su propia sangre!
- Nerón ha muerto! Que en su cuerpo inmundo
sa0ien los cuervos su voraz instintot
De espanto muda y temblorosa, Actea
el séquito detiene; escucha; indaga;
á las tinieblas interroga...... Luego,
por recónqitas ansias impelida,
inc\ínase ante el rígido cadáver
de aquel odio del mundo y de los dioses;
bésale, por vez última, en la frente,
ábrese el corazón á los recuerdos
y torrente de lágrimas inunda
su pálido semblante.. .... •
Las dos viejas.
al verla sollozar, también sollozan. .
ANDRES MATA.

1

~eh
Se abrió la puerta y entró mi mujer en el
despacho. Luego, vino hacia la mesa donde·
estaba escribiendo, y poniéndose de codos en
ella, me preguntó: ·
-¿Qué haces?
-Nada, un cuento.
- ¿Y á quién se lo vas á dedicar?
-Hija, ·á nadie. Si eso es muy cursi, ya no
lo hacen más que los principiantes.
-Trae la pluma.
Y al mismo tiempo me la quitó de entre los
dedos. Despué1,, acercando la cuartilla donde
estaba el cuento que yo escribía, puso debajo
del título, en letra inglesa espafiolizada: tcDedicado á mi mujer.»
-Pero, criatura-le dije festivamente-¿cómo voy á dedicarte un cuento, dónde hay asesinatos, envenenamientos, suicidios, y qué sé
yo cuántas cosas horribles?
-Pues quítalas. ¿Hacen alguna falta?
-Ninguna, como falta, ninguna.
-Di que no quien'.s.
-Bueno, vamos, te complaceré. Haré otra
cosa; pero déjame trabajar en paz. Después1
ya podrás leerlo.
-Veremos si cumples tu palabra.
Y se retiró satisfecha. Cogí la pluma, separé las cuartillas escritas y sobre una de las que
quedaban limpias puse el título del nuevo
cuento: "La historia de siempre.-Para mi
mujer.»
Helo aquí:
ccCuando Julia oyó que llamaban, fué ella
misma á abrir la puerta.
- Dichosos ojos, rriujer-dijo al verá Carmen.-Pasa, pasa.
-Lo menos hace quince días que digo: I{oy
irás á verla, de hoy no pasa. ¡ Pero se me va
el tiempo de una manera! ¿Y qué tal?
-Bien. ¿Quieres que pasemos al despacho
de mi marido'?
-Sí; donde quieras.
Carmen se quedó mirando una escultura, de
buena firma, que representaba á la muerte
sosteniendo en sus brazos el· cuerpo de una
joven, en actitud desmayada. El grupo llevaba por título: ccLa muerte precipitando la hermosura."
·
-¡Jesús, qné horror! -dijo Carmen .
-¡Ah! sí-contestó Julia con cierto orgullo,-es bonito.
Eso de &lt;ebonito" se lo había oído á su marido.

- ¿Y cómo te va con Pepe?
-Bien ......
-Hija, ¡lo dices de una manera!
-Verás. Si he de ser franca, te diré que no
es malo, ¡pero tiene unas·rarezas!
- A ver, á ver esas rarezas. Me gusta saber
cómo son los sabios para maridos.
-¿Tú no sabes lo que sucedió el día que
nos casamos?
-No. Di, di, me interesa, no puedes imaginarte lo que me interesa.
-Pues salimos de la iglesia, y no sé qué
ideas me vinieron tan extrafias ...... Mira, ¡me
entraron ganas de llorar! El, sin andarse con
cumplimientos, sacó del bolsillo un periódico
y se puso á leer tranquilamente. Créeme, entonces le hubiera ahogado.
-Delicioso-contestti Carmen riéndose á
carcajadas.
·
· -¿Porqué?
-Mujer, es graciosísimo el caso. A ve~, qué
más.
-Al día siguiente, me dijo: Escucha, niña,
tú eres aquí la reina. Haces lo que se te antoje y lo que quieras. Déjame estudiar y escribir, ya ver~s qué feliéea somos.
-¡Qué suerte!
-¿A eso le llaman suerte? Todo lo encuentran bien ó mal, según á mí me parece. Chica, te digo que es un aburrimiento. A veces
prueb0 de enfadarle, pero es inútil.
-¡Oh, qué hermoso! Si tu marido es una
alhaja. ¡Lástima que esos hombres no afmndenl
-¡ Vaya un gusto!
-Hijita, es muy tarde, me voy.
Julia y Carmen se besaron carifíosamente,
y al despedirse pensó Carmen:
-¡ Qué cosas más raras tienen los hombres!
¿Y por qué será así el marido de Julia? Un
día se lo voy á preguntar.
Pocos días después la encontramos sentada
frente á frente con el marido de aquélla.
- Ea, sefior sabio. Las mujeres somos muy
curiosas. ¿Por qué es usted tan frío con su
mujer?
-¡Jesús, María y José! ¡Qué ocurrencia!
¿Yo?
-Sí, usted. Nosotras sabemos mucho. ·
- ¿Y qué sabe usted?

-Que usted quiere á ·Julia, pero es muy
extrafi.o con ella.
-Bien. ¿Y se puede saber á qué vienen estas filosofías?
-Sea usted atento con las sefioras, caballerito, y no tema usted: es una curiosidad. Yo
tengo gusto en saberla, como usted Jo tiene en
enterarse de muchas cosas que dicen esos librotes.
-Acabemos. ¿Va usted á ser discreta? ¿Va
usted á callar lo que yo le diga?
-Haga usted c:uenta que no lii oye nn:die.
Y, al pronunciar estas palabras, sonreía nerviosamente de satisfacción.
-Pues_escuche, Carmen. Yo aprecio á mi
mujer, no haré ¡nás que su gusto, jamás la
faltaré con otra; pero ese cariño que usted pide, yo no puedo tenérselo á ella ni á nadie.
VP.rá usted: Julia tuvo relaciones con un amigo mío, le quería muchísimo, pero era un perdis y la boda no se hizo. Sin embargo, Julia
le adora aún, no lo dtmul'stra, no lo mira si
le encuentra; pero sufre por no haberle mirado. Estoy seguro de que antes de faltarme se
mataría...... pero conserva su amor antiguo.
Y á mí me sucede exactamente lo propio con
una mujer. ¿Se ha enterado usted?
-Muy bien ...... ¡Qué talento!
-Gracias.»
Así acababa el cuento.
Entonces nuestro sabio llamó á Julia y le
dijo:
-Ea, mujer, ahora estarás satisfecha. Ahí
tienes el cuento.
Julia, sonriente, empezó á leer. A medida
que avanzaba, iba poniéndose seria. Cuando
terminó, ¡con qué indignación miró á su marido!
-Eres un infame-exclamó.
-¡Pero mujer, si eso es un cuento!
-Sí, el cuento de nunca acabar.
-0ierto,-pensó el escritor-es 1a historia
de siempre.
Julia, indignada, rompió las cuartillas en
pequeños pedazos.
Y le dijo su marido, moviendo tristemente
la cabeza:
-Hija mía, has roto el cuento sin acordarte de que se puede escribir otro. ¡Ojalá pudiera hacerse lo mismo con el corazón huma,o!
FRANCISCO GIRALDOS.

�bami:ngo 3 de Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUS'l'RADO

Et, MUNDO ILUSTRADO.

LOS AHORCADOS.

i c
~~

(CUADRO AL TEMPLE.)

~~-::::::::===-~-===~::::_:i

atir~i ~[t~i @~J-l~@

9

0

....-:;:

Cuelgan de las rama&lt;; los estrangulados
como largos frutos desproporcionados
bajo el 600 tallo de la soga injerta.;
y con la mira.da fijamente abierta
por la crispadura de los estertores,
cuelgan de las ramas como grandes flores.
Tienen sobre el cuerpo bruscos desenc:\jos
y en su boca. brillan los espumarajos
de las maldiciones y del sufrimiento;
se contemplan mudos, y á me1·ced del viento
que los acaricia, son como badajos.
Llevan en su rostro los sangrientos cuajos
de las congestiones, multiformes sellos
que compadecidos, cubren los cabellos
desenmarañados; y la boca muerde
la jaspeada lengua, cancerosa y verde.
Se alzan en la sombra-como imploracioneslos torcidos brazos de las ramazones;
y con c11,rnes bla..:.das, y con nervios flojos,
y en el suelo fijos los abiertos ojos,
los estraogula,dos páiidos,y enjutos,
cuelgan de 111.s ramas como largos frutos .

***

Pero tienen una irónica. venganza
contra sus verdugos: &lt;La Hora. de la. Danza&gt;!
A la media noche, cuando todos duermen,
y en la selva canta su pasión el Germen,
llega un viejo torvo de inclinada testa
dirigiendo el grupo de su gran orquesta:
Es el Viento. Y ruge tarantelas hondas
PD el violoncelo de las verdes frondas.
Y los taciturnos, los estrangulados,
los de los semblantes tan amoratados,
mueven el co1·daje de sus nervios flojos,
clava.o en la. sombra sus abiertos ojos
y crispado e l pelo, como dura. cerda,
bailan suspendidos de la. tosca cuerda.
·Porque el canto lleva gritos sangradores
contra los humanos estrangula.dores,
y los cabizbajos manifiestan gusto
porque encuentran algo vengativo y justo
y al violoncelista de sus embelesos
1e consagran danzas y le mandan besos!
. ·····. ············ ...... .. .......... ·······
¡Y se escucha un sordo traqueteo de huesos!
Entrefanto, el Viejo, con su violoncelo
sigue el estribillo de su ritornelo,
y los cabizbajos prosiguen sus danzas
con sus largas piernas, que parecen lanzas
desarticuladas con siniestra bulla ....
y un perro que pasa, los mira y aúlla! ....
JOSÉ F. ELIZONDO.

CUADRO VIEJO.
Un viento helado, cortante, corre sin reposo; se le ve pasar como un rodillo enorme que
doblega los cardos y achata los pastos.
El campo tieinbla con toda una franca _expresión de frío.
No hay colores ...... todo es plomizo.
Tropeles &lt;.le nubes pardas se cruzan incansables, amenazando á veces abrirse á un rayo
de sol que nunca pasa.

Dooni~ 8 de Mayo de 1903.

La loma, en silencio, estoica, esfuma su líla Natura aterida trepidando en sus onda~,
nea sobre fondo de firmamento obscuro.
corriendo en tinieblas buscando otro a liento.
El arroyo parece más apurado que nunEn la loma hay puntos de fuego que el cierca, trepidan sus ondas; huye buscando otro
zo castiga y no apaga.. ... ¡fogones! ..... ¡la Paaliento.
tria, quiztt, festejando sus triunfos!
En el fondo de la laguna espejan te se renueVICENTE ROSSI.
van las nubes, como en un hervor de vapores
opacos que l uchan por elevarse sin conseguirlo; en la superficie se persiguen grandes pleDe Víctor Hug o.
gados que hace y dP.scorre el viento sobre las
aguas mansas. L:i. laguna tiene frío y. extienAquilón que al volar todo lo arrasas,
de sus cobijas.
.
No tronches á la flor
En 111. hondonada hay algo que asoma á ras
. Y no azotes el pecho en que palpita
de la tierra alta...... parece el lomo de un feCariño 6 ambición.
nomenal carpincho que duerme agarrotadd.....
Pero destruye y llévate muy lejos.
de cuando en cuando arroja jirones de humo
¡Oh terrible aquilón!
débil que el viento absorbe negándole rumbo.
Al tallo que se yergue sin espiga
Es que hay allí un rancho, un puesto r,vanzaY á la mujor que vive sin amor!. .....
do del hombre en la inmensa soledad ..... .. un
carril del futuro.
11[. R. BLANCO-BELMON'rE.
Y el viento corre loco y burl6n : coloca sus
labios poderosos.en los bra~os más pelados de
los árbolef.-1, y silbando, bifurca el sonido en
notas de un agudo e.&lt;tridente que llevan ameM:AXIMAS
naza al sarcasmo.
Surgen sobre la loma bultos inquietos ... .. .
En tiempo de paz, el hombre belicoso se
parecen siluetas de hombres ...... Por la falda
acomete á si mismo.
suben manchas informes ... llegan á lo alto....
¡son hombres!..:·· Se mezclan en agitado gruLas aventuras terribles dan en qué pensar
po ..... saltan chis~as de viva luz que dura un
que el que las ha experimentado tiene en sí
segundo .. .... E l viento trae moribundos ecos
de estampidos!
.
algo de terrible.
Un rayo de sol indeciso rasga las nubes y
*
co~re á la_ !orna. Se distinguen regueros qu~
¿Quién por su buena reputación no se ha
brillan roJizos, y sobre fondo de cielo plomo
sacrificado ya á sí mismo?
coronándola, hombres!. ..... lanzas!. .... bande~
*
1 as!. .... . ¡ la Patria, quizá!. ... ..
En la benevolencia. no hay misantropía, pe. Las nubei::, con rabia, ahogan el rayo de lnz
ro sí mucho &lt;les precio hacia los hombres.
1mprudente.... . . ha
sido un instante, no,-;----- - - - - -- -- - -- - - - -- - -- - -- -- -- -más ... Ha sido la viGOMO SE ADQUIERE
sión del ta:tado instantáneo de un bajo
relieve en granito ...
un frente atrevido
&lt;le pedestal heroico!
La belleza consiste en tener y conservar el cutis fresco, lozano, suaE l viento sigue
ve y nítido; para obtener este resultado úsese el
silbando contento y
sin tregua.; f'alta, corre, se revuelca en
las zanjas.
agua de suavísimo perfume, cuyos benéficos resultados sobre la piel son
tan prodigiosos, QUE NOS PERMITEN GARANTIZAR que, con el uso
del
E l campo, temblando de frío, se
arrolla, se ac-hica.. .
des&amp;.pareceri las herpes, granos, barros, eczemas ( acne) etc., como toda
La loma se oculta,
manifestación parecida y los malos olores del c!lerpo. El cutis más asse borra... . . . y el
pero y de olor desagradable adquiere la belleza y frescura de la primecielo se hace impera edad. Mil frascos vendidos en cuatro meses es la prueba &lt;le su gran
n etrable fondo neéxito.
gro: ha invadido la
D e venta: en el COLISEO NUEVO, NUM 5.
noche.
Los pedidos á A. E. B~~ANCOURT.
El arroyo delata

*

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Pesos 387,000 Moneda MelPleo.na como premio mayor pueden ganarse en ca.so mAs feliz, especialmente 1 PREMIO tte 300,000
MARCOS, 1 de 200,000 MARCOS, 1 de
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2 de 60,000 MARCOS, 2 de 50,000 MARCOS, 3 de 40,000 MARCOS, 1 de 35,000
MARCOS, 5 de 30,000 MARCOS, 5 de
20,000 MARCOS, 2 de 15,000 MARCOS,
16 de 10,000 MARCOS, 55 de 5,000 MARCOS, 103 de 3,000 MARCOS, 11:5 de 2,000
MAltCOS, 616 de 1,000 MARCOS, 14 de
500 MARCOS, 1,022 tte 400 MARCOS,
33,788 de 169 MARCOS, 19,970 de 250
200, 150, 144, 111 MARCOS, etc.
El sorteo de estos 55,763 premios so1.Jredlchos, se hace en siete clases suce~lvas, que siguen en _breves Intervalos.
F'uera de otroe premios mayores, en cada clase se tirara uno. prima espcctai de
modo que en caso mtis feliz, los premios
mayores Importan 50,000 Marcos, 55,000
Marcos, 60,000 Marcos, 70,000 Marcos,
80,000 Marcos, 90,000 Marcos, y 600,000
Marcos.
Al recibir el valor de los billetes, sea en
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)!ARCOS 9.50 por un cuarto Blllete
Original, para la la., 2a. y 3a. clase.
MARCOS 19.-l'or un medio Billete
Orlgh¡al para la la., 2a. y 3a. clase.
:\!ARCOS 38.- Por un entero BIiiete
Original para la., 2a. y 3n. clase.
A su debido tiempo se avisa il. los dueiíos de billetes, en qué épocas tendrán que
11,wer las remesas para la 4a-, 5a., 6a. y
7a. clase: esto en caso de que el blllete
no hubiera recibido, en et lntermed'lo, un
premio. Pero es muy probable que el billete sea premia.do, PORQUJ-:, como ya estfl
dicho, GAXA CASI CADA SEGUNDO BILLl;:TE, y las probabilidades de ganar aumentan de clase en clase. DESPUES DR
&lt;:ADA F.XTRACCION, SE
lsXVJARA A
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Los Interesados haril.n bien de mandar
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para que se pueda efectuarlos puntualmente.
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de Junio de 1003.
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Dom!Lngo 26 de Alxri.l d~ 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domil.ngo 26 de Aba.il dA! 1901

El toco dt los ltlOjts.

7.-Trajecito bata con cuello
esclavl na para niñas de 3 i 4 años,.

11insabores, que podrían alterar, no
sólo la paz de su interior, sinotam
bién su belleza.
Efectivamente, para conservar la
belleza hace falta, ante todo, la paz
del alma, la serenidad d.e l corazón,
una vida exenta de cuidados, que
producen el insomnio, arrugan la
frente, contraen la boca y adelantan por tanto la edad de las arru¡¡-as.

A la frívolá, graciosa, en'oquecedora y encantadora va dirigido
especialmente este sermón, pues con
su graciosa cabeza de chorlito, que
gira cual las veletas, se puede temer
que, loca de su cuerpo encantador,
mimada por su marido, mimada
por todo el mundo, riendo, baih.ndo y jugando, se deje, sin embargo, arrastrar hacia una catástrofe
irremediable.
Son muy numerosas estas divinas
seductoras, á quienes no se puede
rehusar nada.
Sin embargo, á propósito de esas
catástrofes, tan frecuentes hoy día,
¡cuántos maridos hay tan culpables
ó más que sus esposas! Soberanos,
dueños de la fortuna, por ministerio de la ley, á veces no quieren
revelar á sus esposas, eternos menores de edad, la situación exacta
de sus negocios. ¡Hablar seriamente con una niña! es preferible que
desconozca una verdad que la inquietaría tal vez.
-¿Pero vamos á ver-decía un
día una mujer á su marido, que
veía á veces preocupado,-cuáles
son nuestros r ecursos verdaderos?
-¡Qué te importa!-le contestó
con impaciencia;-haz cuantas economías puedas, lo demás es cuenta
mía.
La mujer no hizo caso de esta vaga contestación y continuó gastando sin ton ni son, viendo además
que su marido no se privaba de satisfacer sus propios caprichos. Pocos años después sobrevino la ruina completa. Hoy día han desaparecido y expían en la miseria su
falta de orden, de previsión, y, sobre todo, de unidad en la administración de su fortuna, que en el
momento de casarse ascendía á algunos millones.
Cuando un marido hace conocer
á su mujer el estado de sus negocios,
da pruebas de que no la ti-ata como
á una niña irresponsable. La mujer
entonces, sintiéndose elevada por
esta confianz11,, querrá mostra rse
digna de ella y pondrá atención,
cuidando de la administración de
su casa.
La verdadera enc11,ntadora, la
que quiere serlo á cada instante de
su vida en sus mil qetalles, es la

5,-Trajeeito para niñas de 7 i 8 años.

mujer que al mismo tiempo cuida su
belleza y su reputación de alta elegancia, ocupando en el mundo la
posición que le dan su fortuna y su
el ase, y sabe dirigir y llevar su casa con sabia economía. Ahí es donde se despliegan los recursos del
genio femenmo: el orden, un orden
elegante en su interior, en su &lt;home&gt;
como dicen los ingleses.
Empleamos esta palabra á propósito, porque el &lt;home&gt; en Inglaterra es verdaderamente el santuario de la mujer.
Todo está ordenado y coordinado
en armonía con la felicidad del esposo, del porvenir de los hijos, del
confort de todos.
Esta encantadora tiene casi la seguridad de adquirir un gran ascendiente sobre el espíritu de su marido y de conservar su cariño.

~

.--Otro trajo infantil para niñas de
11, 7 añ08.

del manto real que cobije
desde el pie hasta la caben.

¡cuántos claveles de púrpur&amp;
en torno del pecho juega.ni

Tijeras de oro y de plat&amp;
los sabios dedos manejan
en el obrador luciente
del palacio de la reina,
hasta que al cabo del día,
sobre el blancor de la piedr&amp;,
terminada y primorosa
da la vestidura. espléndida.

De claveles &lt;de corona&gt;
está la corona hecha
y de grandes el a velo~es
el manto que arrastra y cuelga.
Está en capullos el traje
Y no en corolas abiertas
que abiertas se desharí¡n
solamente con tejerlas.

¡Qué orla de claveles blancos
forma la linda gorguera!
¡qué de claveles de oro
en los .vo;antes se mezcla.ni
¡cuántos claveles de sangre
enke la falda se enredan!

A~ dar la siguiente auror&amp;
al cielo su lnz primera,
p~ra entretener su hastío
viste su traje la reina
Y por que el día entr~abra
su vestidura soberbia
~n su jardín se reclin~
Junto á una fuente de perlas·
Y á medida que la luz
'
va dorando cielo y tierra,
los capullos de su traje
se hacen corolas risueñas.

DUQUESA LAUREANA.

EL HASTIO.

Pero la reina suspira
entre tanta pompa bella,
Y e~ porque la flor del alma
la tiene cerrada y muerta.

De este país que ve en suei:ioB
todo el que los ojos cierra,
dicen que muere de hastío
&lt;Mari- posa,&gt; que es la reina.

¡Reina infeliz que te vistes
de frescas flores por fuera:
abre por d_entro esas flores
= Y serás feliz, oh reina!
SALVADOR RUEDA ~~

Es su constante manía
tener en lindas macetas
cuantas flores delicadas
contiene la primavera,
porque quiere á cada aurora
estrenar, hecho por ella, ·
un vestido de claveles
que cubra su estatua regia.

MANERA DE LIMPIAR GUANTES

El método más sencillo y más barato, consiste en calzarse el guante
que se va á limpia1· y frotarlo suavemente con un pedazo de franela
hume.decido con agua de jab6n. Una
vez limpio, se frota con otro pedazo
de franela seco hasta que toda la
humedad haya desaparecido.
Téngase cuidado de no descalzarse el guante hasta que haya secado
perfectamente para que no se frunza ó encoja.

Apenas despunta el día,
va recorriendo ligera
con sus damas los jardines
del palacio que la encierra,
y hasta él regresan trayendo,
sobre sus trajes de seda,
llenas las faldas de flo1·es
de tinta y forma diversas.

ALCACHOFAS RELLENAS.

En salón de fresco mármol,
de una blancura que ciega,
dan los cálices brilla ntes
como una lluvia risueña,
y así el mármol salpicado,
dirige la mi'sma reina
los tejidos de su traje
hechos en mágicas ruecas.
Pone á una dama á que rice
volantes color de crema,
á otra encajes de escarlata,
á otra tules de violeta.
Otras damas se entretienen
en labrar la fina tela

6.--.Trajecito con saco palet6 para
niñas de 8 i 9 afíos.

se despojan de las hojas exteriores Y se les hace dar un hervor en
agua y sal, se ponen en un tablero
á. que escurran bien, se tiene manteca en una cazuela, y después ~e
rellenar las alcachofas con up picado de ajo crudo, perejil, a.cei~
y pan ralli.do ó con carne muy p1cadita, se les pone en ellas á fuego
dulce, cubriendo la cazuela con una
tapadera de hierro con rescoldo
hasta que se tuesten. Si se quiere
con salsa, se pasan por un batido
de yemas y se echa una salsa de
avella nas.

1

Con este nombre designaban en
uno cde nuestros primeros manicomios&gt; á un pobre demente, que antes de serlo se llamaba D. Isidoro
V alterra.
r Fué hombre de talento, sin duda
para que no fallase el refrán que
dice que &lt;ningún tonto se vuelve loco.&gt;
Era rico, y gozó de la vida ampliamente: la moral no me permite
el uso de otro adverbio.
Pero á los cuarenta y cinco años
empezó á tener manías; fueron creciendo, fueron acentuándose y llegaron á ser peligrosas.
Al fin y al cabo, hubo necesidad
de encerrará D. Isidoro.
En sus últimos días de libertad le
dió por los relojes, y los paraba
todos. Cuando veía un reloj andando (naturalmente, en la forma que
andan los relojes), se ponía furioso. Quiso matar á su criado porque había dado cuerda al reloj del
gabinete, llamando a l fámulo á voz
en grito asesino, traidor, endemoniado. Intervino el juez; intervinieron los médicos; le formaron causa
por heridas; se dieron inf?rm1;s J?ericiales, y, es claro, la c1enc1a Jurídica y la medicina legal llevaron
á D. Isidoro al manicomio. No podía resultar otra cosa de tal conjunción.
En tal estado vivió muchos aíios,
no muchos, y sus únicas ocupaciones en este período final de su existencia consistían en escribir esu historia,&gt; según luego se vió, y en
romper las cuerdas de cuantos relojes encontraba ó se hacía llevar;
porque, como era rico, los parientes que habían de heredarle satisfacían de cuando en cuando los caprichos de D. Isidoro sin excesiva.
tacai'lería: no se pue&lt;le hacer menos
por quien nos va á dejar unos cuantos millones. Pe1·0 en fin, á fuerza
de romper las cuerdas de todos los
relojes que caían en su P?der, ro~pió la cuerda de su p1·op1a máquina.
Después de morir el pobre señor,
se recogieron muchos papelotes que
contenían «sus recuerdos,&gt; y entresacando los menos desatinados, y
dándoles forma semirracional, se
han escrito los siguientes apuntes.
Claro es que en ellos se habla de
cuenta de D. Isidoro, ·y que se escriben las cosas, no como fueron,
sino como él, en sn imaginación calenturienta, creyó verlas.
Y aquí empieza la vida de,nuestro héroe.

***

Hasta los cuarenta años, D. Isidoro gozó de perfecta salud. Pero al
cumplir da cuarentena&gt; le asaltaron como por sorpresa varias enfermedades, todas ellas provistas
de nombres formidables. D. Isidoro empeñóseen que semoría, y, sobre todo, se le metió en la cabeza
que había de morir en el mes de enero ó en el mes de diciembre.
&lt;Al acabar un año, azabaré yo,&gt;
decía con profundo convencimiento. Así es que el 31 de diciembre era
en estos últimos tiempos para el pobre señor un día tr.-istísimo, un día
de crisis y de angustia.
¡Morir en un Sao Silvestre! ¡Qué
crueldad del destino y qué falta de
respeto para con una pe1·sona de
tan altas cualidades!
En uno de estos días nefastos volvía D. Isidoro en su coche de ver
al médico, y había adquirido en
aquella consulta la evidencia de
que no le quedaban ni veinticuatro
horas de vida.

9.-Trajes de paseo. Uno de chaquetacorta y el otro de tela escocesa.

Subió, ó lo subieron, la escalera.
Entró en su gabinete. Echó á todo
el mundo fuera, y se entregó á la
más negra desesperación.
¡Morir! ¿Por qué? ¿Para qué? ¿A
quién estorbaba en el universo?
¿Qué mal bacía á nadie? ¿Qué iba
ganando el Cosmos con que él muriese?
El no era una mala persona, ni
era un imbécil. Admiraba la naturaleza, admiraba las artes. Así es
que por awor á la naturaleza viajaba mucho, visitaba los Alpes, los
Pirineos, Sniza y Andalucía. Así
es, repetimos, que, á .fin de proteger las artes, compraba cuadros y
asistía á los conciertos y á los estrenos de los dramas.

¡Qué más se le puede pedir á un
hombre honrado!
El daba limosnas, muchas limosnas; siempre llevaba los bolsillos
llenos de perros chicos y grandes y
volvía á casa con los bolsillos vacíos.
Luego amaba al prójimo. ¿Qué
más se le puede pedir al ser humano?
No era muy seguro que creyese
en Dios; pero, por si acaso, procu. rii.ba. no ofenderle, y de todas maneras casi creía en el diablo. Y esto
es ya un principio de religiosidad.
Digámoslo de una vez, aunque D.
Isidoro no lo confiesa: siempre fué
&lt;supersticioso,&gt; muy supersticioso.
Dados estos antecedentes, se com-

prende que el hombre se diera á todos los diablos.
Y, en efecto, resolvió darse al
diablo.
D. Isidoro había llamado al cielo, como Don Juan Tenorio; pero
el cielo no le había oído, sin duda
porque no lo merecía. Se había hecJ:io. devoto, h_abía rezado, siempre
pidiendo á Dios que le devolviese
la salud, p~ro en vano; le parecía,
en sus dehr1os, que bajaba de lo alto una voz, diciéndole en tono burlón: c¡La salud! ¿Conque la salud?
Ya sé para lo q1Je quieres tú lasalud; espera un poco.&gt;
Acaso era la propia conciencia de
D. Isidoro la que así hablaba.
¡Darse al diablo! Esto ei·a su úni-

�Domdngo 26 d,e Abrll IClie: 1903

co recurso y su· única esperanza.
¡Mire usted que pedir•esperanzas
al diablo, al único ser que na_da espera! Pero el que está _perdido se
agarra á un clavo ardiendo,. y. D.
Isidoro se agarró al enro1ecido
cuerno de Satanás.
Estaba resuelto: llámaría al demonio. Verdad es quede algún tiempo acá el demonio no acude, al !De·
nos en persona, á tales 11 amamientos · pero esto debe consistir en que
codio la fe está tan decaída, no se
le llama de corazón y en serio. Se
llama pensando: «Te llamo, pero ya
sé que no vendrás.&gt;
No· nuestro hombre se propuso
llam~rle de veras, con todas 13:s voces de su cuerpo y todos !ºs mfernales alientos de su espíritu.
Le llamó y no vinu.
«Debe consistir, pensó él, en que
aún es de día (eran las onc_e y media de la mañana), y al diablo no
le gusta la luz del sol.&gt;
Entonces D. Isidoro cerró el balcón; corrió las cortinas; mandó_ encender un gran fuego en la chimenea, porque el di,ablo dl be de ser
muy friolero, segun lo que_ ab_usa
de las ascuas y del agua _b1rv1en·
do;no encendió la_ luz eléctrica, ¡&gt;orque estos modernismos de la ciencia no son del gusto de Satanás.
Satanás es clásico, e~rnentemente
clásico· pero encendió una vela
á Dios otra al diablo.&lt; El estaba
resuelto á entenderse de solo á solo
con el Señor de las Tiniebl~s.
Después se acercó á la chrmene3:,
sobre ella había un magnífico_ reloJ,
de que cuidaba mucho D. Isidoro,
y al cual él sólo daba cuerda en
días seiialados del mes; á un lado
y otro del reloj lucían figuras de
bronce representando á Fausto Y á
Mefistófeles.
.
Cogió con gran traba.JO al Melis·
tófeles y le colocó en una butacaj
en la de enfrente se SE:ntó y em1;&gt;ezo
su evocación casi á gritos y casi en•
tre convulsiones:
- ¡Satanás, ven á mí! ¡Yo te llamo Satanás,Lucifer, Belcebú, Mefistófeles; yo te llamo con todos los
nombres que tenga.si Ven á mí, noble ser de las tinieblas, del d_olor,
del mal y del pecado! pon Isidoro
Valterra te llama; y srn esperará
que fabriquen el «contrato de trabajo &gt; está dispuesto á contratar
contigo franca y lealmen~! ¡ Acude
á mi voz, que te ofrezco m1 alma, Y
mi alma vale la pena d_e que te t&lt;?mes esta molestia. Ser rnfa.me, rum
y maldito, ven pronto que no puedo
más!
y D. Isidoro se quedó. echado en
la butaca y casi sin sentido.
Pasó un rato; se fué recobri.ndo
oco á poco, y fijó la vista con anta en el sitio en q ne babia coloca·
do la figura de Mefistófeles.
La figura babia.crecido, se había
hecho flexible y· y a estaba arrellana.da cómodamente en la butaca.
«Esto es un diablo de veras,&gt; pensó D. Isidoro, entre alegre y ate•
rrado.
.
d ..
Luego oyó una vocec111a e v1e1O
que le decía:
-Aquí me tienes; ¿para qué me
llamas'?
-Para lo que te llaman todos: para venderte mi alma.
-Hace mucho que nadie me llama
para venderme su alma: me la dan
de balde.
-Sí; pero yo no soy tan tonto.
-Pues explícate.
-Según me ha dicho el médico,
me quedan pocos días de vida.
-El médico atrasa; te quedan horas: al dar las doce de la noche en
ese reloj, y al acabar el aíio, acabarás tú. Son las once y cuarto,
conque ajusta la cuenta.
A D. Isidoro se le acabó, ó poco
menos, de helar la sangre; pero repuso:
.
-Pensé 1:ener más vida.
-Tenías mucha más; estaba resuelto que llegases á los oc,he'ntay
nueve años; pero yo presenté un m~morial á la Potesta_d_ suprema, pidiendo que me permitiese encargarme de tu vida; y tales méritos ha•
bías hecho, que la Superioridad accedió á mi solicitud. Conque yo re:
solví que murieses al dar ese reloJ
las doce de la·no.e:he.
.
-Está bien-dtJO D. Isidoro, con
algo así como un chispazo de ~uz en
los ojos.-Hay que resignarse. ,Pues
aquí del contrato!

mE:. ?rIUND0 ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

tendió hacia el hueco los diez dedos, que se convirtieron en diez ca•
fios de moneditas de cinco duros, y
bien pronto rebosaba el noble metal.

D. Isidoro miró las doradas piezas co_n satisfacción y regocijo, y
aun hizo observar al diablo que la
masa había quedado floja· &lt;si le
dieras unos cuantos zarandeos para que se asentasen las monedas
aún cabrían más.&gt;
'
Así lo hizo el diablo con suma
complacencia, y pronto el barguefio quedó repleto y maeizo.

Don Isidoro volvió á su gabinete restregándose las manos. Miró
al reloj con sonrisa burlona y dió
unos cuantos paseos por la habitación.
Así estuvo dos horas. Al acercarse al reloj por última vez, respiró
á sus anchas. Y a no se oía la péndola y las agujas estaban fijas.
D. Isidoro se vistió, salió de casa y pasó el día y pasó la noche en
grande.
Volvió á las once y media y se
tendió en la butaca tranquilamente.
Poco después, en la otra butaca,

El diablo dió un &lt;bote de carnero,&lt; y D. Isidoro lanzó una carcajada.
-¿Qué dices?
-Mira el reloj.
Se acercó el diablo á la chimenea
y se &lt;quedó pálido,&gt; porque también el diablo tiene sus palideces.
-¡Está parado 1.... ¡Lo has parado tú!. .. .. ¡Trampa!.•.•• ¡Trampa
evidente y probada!
-No. Es que no tenía cuerda bastante.
-¿Tú lo sabías?
-Naturalmen~. (Tenía seguridad

Domingo 26 de Abrll die 1903

tes históricos de D. Isidoro, lo pasó en grande. Pero ¡qué desdicha!
Tomó un criado que resultó admirable; ¡qué honrado! ¡qué inteligente! ¡qué)eal! ¡qué trabajador!. ....
y ¡qué funesto!
Volvió una noche D. Isidoro, y
al entrar en su gabinete le llamó la
atención un tictac que le puso el
ca?0llo de punta. Se precipitó á la
chimenea y el &lt;reloj estaba andando.&gt;
¡No fué grito, no fué alarido, no
fué rugido el que lanzó D. Isidoro!

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11.- Vestidos de viaje para s~ñoritas J6venes.

-Como quieras; aunque no vale
la pena.
-Sí vale; porque tú sabes J?Or ex•
periencia que una alma no siempre
está segura. ¿Y si á última hora me
da por arrepentirme?
-Es verdad - dijo el diablo con
noble franqueza.-Mejor es el con•
trato.
.
.
-Pues siéntate á mi mesa y escribe; yo dictaré. Pero ant.E:s dame por
anticipado un poco de vida; las ho·
ras que me restan han de ser de
perfecta salud.
-Es que todavía no hemos firmade el contrato.
-Es un anticipo.
·
-Sea-dijo el diablo bondadosamente· porque en no tratándose de
la sal~ación, el diablo es bondadoso.-Se inclinó algo hacia adelante· extendió un brazo: prolongó un
d¡do que fué creciendo á modo de
florete y le dió á D. Isidoro entre
ceja y 'ceja. la célebre estocada de
Nevers.
D. Isidoro se sintió otro; ni más
ni menos que á los veinticinco añ?s.
-¡ Admirable! - exclamó con JÚ·
bilo.-Ya estoy á gusto; escribe.
El diablo se puso á escribir.
-Dicta.
Y dictó:
.
-&lt;Ante las invisibles potencias
celestiales comparecen .... &gt;
El diablo le interrumpió:
-Espera: tengo un _escrúpul? l~terario. Si las potencias son &lt;invi-

sibles,&gt;¿cómo podemos &lt;comparecer&gt; nosotros?
-Para nosotros ellas son invisibles; mas no lo somos nosotros
para ellas. Sigue.
-&lt; ...... comparecen Don Isidoro
Valterra .... &gt; Me pongo yo delante
porque yo soy «Gran cruz&gt; y tú no
tienes ninguna.
-Una tengo, y me sobra. Pero
continúa, que yo no soy vanidoso.
-&lt; ... Don Isidoro Valterra por
una parte, y por otra Satanás, sefior de los profundos; y lealmente
estipulan el convenio siguiente:
&lt;Artículo primero. Don Isidoro
vende á Satanás su alma entera,
con todos sus accesorios; en las
condiciones que marcan las demás
cláusulas.
&lt;Artículo segundo. Don Isidoro
vivirá .... hasta que den enel reloj
aquí presente las doce.&gt;
El diablo quiso interrumpirle, pe·
ro D. Isidoro se anticipó:
-Son tus palabras: tú lo has di·
cho: «Morirás cuando den las doce
en•ese reloj.&gt; No quiero queme anti•
cipes la muerte: francamente, no
eres de fiar.
-Pero, ¿y si me haces trampa?
-No hago trampa; ahora verás.
Sigue escribiendo.
-&lt;Pero ninguna de las dos partes
contratantes podrán tocar el reloj,
ni adelantarlo, ni atl'asarlo, ni pararlo tampoco. De lo contrario,
este convenio se anula en perjuicio

.-~::-

de la parte que á él falte. ¿Estás sa
tisfecbo?
- Lo estoy. Acaba.
-Acabo: «Artículo tercero. Mientras viva D. Isidoro, es decir: h_as•
ta que den las doce en el reloJ citado Satanás le concederá cuanto le
pida: salud, oro, posiciones eleva·
das deseos ambiciosos; en suma, le
ayu'dará con todo su poder en cuan·
tas empresas buenas ó malas em·
prenda.&gt;
-Oye: en las empresas'buenas no
puedo ayudarte.
-Si tó. me ayudas, dejarán de Berbuenas.
-Lo procuraré - dijo el •diablo
·
con angelical sonrisa.
- c.·Y qué
más?
-Basta con lo dicho. Aºfirmar ·
y firmaron: D. Isidoro con su
pluma· Satanás con la uíia del deÍ
do del'corar.ón, dejando en PªPf
un rastro de fuego: «Se.tan s,&gt; Y
rúbrica, que parecía un rabo e~ros·
cado. Después sacaron una copia.
-¿Quieres más?
-No puedes marcharte; peroan;
tes .... '¿ ves ese hermoso bargueílo ·
Abrelo, no tiene nada; llénamelo de
oro acuñado.
.
?
-¡No serían mejor billetes
-No· hay que &lt;sanear la m&lt;;&gt;neda &gt; co~o ahora se dice, Y empiezo
po~ sanear la mía.
.
-Como quieras, me es igua1· .
Se acercó al bargueño, lo abrió,

;1

1

·*
~

~-

);:-

..

__,,,,.,.:

,.-~-°;::)

ª

10.-Colecci6n de trajes de paseo y visita.

-¿Quieres más?-preguntó Satanás?
-Por ahora, no.
...:..pues me retiro. &lt;Hasta luego.&gt;
-Como gustes.
Don Isidoro le acompafl:ó hasta la
antesala, y al despedirle le dijo,
extremando la cortesía:
-Ya sabes que has tomado posesión de tu casa.
-Hace tiempo.

flotaba una neblina, que no tardó
en cuajarse en fopma de diablo.
-Ya estoy aquí-dijo el &lt;espíritu
malo.&gt;
-Ya lo veo.
-Vengo á buscarte.
-Me parece que es pronto. Pero
no importa, &lt;esperarás sentado.&gt;
-Falta un cuarto de hora.
-Falta más, bastante más que un
cuarto de siglo.

absoluta de que á &lt;las dos&gt; se acababa la cuerda.
--¿ Y no me lo dijiste?
-Ni tú lo preguntaste. Conque
adiós ..... es decir, al diablo ••••. ,
hasta dentro de algunos afios.
El diablo rugió colérico; pero al
fin se fué con el rabo entre los cuernos, que no siempre lo ha de llevar
entre las piernas.
Pasaron años, y, según los apun-

_Fué algo sin nombre que rasgó el
aire y bamboleó la casa.
Acudió el criado.
-¿Quién ha entrado aquí?
-Nadie. El reloj estaba parado
y le he dado cuerda.
Entonces fué cuando D. Isidoro
se lanzó sobre el fámulo y quiso
matarlo.

..

.. *

En la muerte de D. Isidoro hubo

�EL ).1.1.JNDO ILUSTRADO.

Dom!lngo 26. d.e A.brll die 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 3 de Mayo de 1903.

PASTEL DE PATATAS.

dos circunstancias muy notables.
Por disposición suya le llevaron
en aquel día. el reloj de su gabinete y los adornos de la chim9nea.Pe•
ro sólo le llevaron una figura de
bronce, la de Fausto.
Del Mefistófeles na.da se supo.
D. Isidoro tampoco preguntó por
él. Dió cuerda al reloj; se ~entó
enfrente, y al da.r las doce,. d1~ ~u
a.lma á . . . . ¿á quién? A la Just101a
eterna..
. .
Algunas horas después no v101eron prt,0isa.mente los diablos á llevárselo· pero vinieron los herederos con '1a.s cara.'I tristes, los dedos
engarabitados y vestidos de luto.
JOSÉ ECREGARAY,

Se a.san las pata.tas sobre la.ceniza., se pelan y reducen á masa. Se
deslíe ésta en seis yemas de huevo
por libra de masa y cuatro onzas
de azúcar en polvo. Se amasa todo
junto. Se echa en seguida. la cáscara. de de limón rallad u, su zumo Y
claras de huevo; hecho esto, se ponen en una tartera ligeramente unta.da. de manteca. de vacas, se le hace
formar la corteza y tomar color ba•
jo el horno de campaila.

RECETAS DE COCINA.
PATATAS

Á

LA ALEMANA,

Pélense y pártanse en rE'banadas
las patatas cosidas en estofa.do,
córtense peda.citos de pan delgados
y cuadrados, fria.se todo con man·
teca de vacas, póngase en un_plato
hondo y riéguese con un coc1do ~e
harina de patatas. Antes de servirlas se puede dar color el gniso rociándolo co azúcar y poniéndolo en
el -horno de campaña. .Ta.mb,én
se puede bañar con pala hecha as·
cua..
PATATAS

Á

PATATAS

Después de cocidas, peladas y
cortadas, se pone en una cacerula
un pedazo de manteca. de vacas
a.masado con harina, se deslíe con
nata, se sazona con sal y pimienta.,
se mezcla esta salsa: cuando esté
próxima á cocer, se echan las pata.tas, se saltean y sirven bien ca·
lientas.
PATATAS

Á

Á

Expllcad6n dt

nuutros grabados.

LA HOLANDESA ,

Hágase una masa de las patatas
como las precedentes; rebóguese,
sazonándola. con sal, pimienta. y
yerba finas picadas; se moja con un
poco de jugo de vaca, se forman
bolas, se rebozan en yemas de hue·
vo batidas, se fríen y se sirven
guarnecidas de perejil frito.

LA POLACA.

Pónganse á coser patatas bien la·
v11.das en agua con un poco de man·
teca de vacas, dos cebollas grandes
en cuatro pedazos, tomi}l~, Ja.u1·el,
basílica, clavo, sal, y p1m1enta en
grano; déjese coser hasta que se
pueda hundir un dedo dentro; póngase en una. criba á que escurran;
se pelan, se parten en do~ ó tres
partes y por encima se cubren con
salsa blanca ó con alca.parras.
PATATAS

Á LA CREMA, ·

ALCACHOFAS

Á LA

PEBRE.

Se escogen las m~s pequenas, se
parten en cuatro pedazos, se las
quitan las primeras bojas, se corta
la parte superior de las otras y_el
tronco, se cuecen en agua, y se sir· .
ven en agua fría conla.s vinagreras,
sal y pimienta.
ALCACHOFAS

Á LA

1

SALS.A. BLANCA
Traje de visita y casa.

Se limpian, cuecen y ponen en
agua fría como las anteriores. Se

LA m::QUESA.

Pélense y córtense en pedazos,que
se deberán haber cocido en agua de
sal con un manojo de ajedrea.; pón·
ganseen una cacerola con algunas
cucharadas de salsa corta.da, espesa· des líense en ella yemas de huevo' y sala ligeramente, se afta.de un
buen pedazo de manteca de vacas
y se liga. todo meneándolo con ra.•
pidez.

.. ................................
"SANTA FE," LA MEJOR RUTA

__ ____

ADenter,:1ansa1 City, SL Loals, Cblcago, llew York.
..,....
'"""'\
San Francirco J Los Aueles

vuelven á calentar a l tiempo de
servirlas, metiéndolas en agua hirviendo después de quitada la pana
inferior. Se ponen en un plat.o
ecbádolas salsa blanca en el hueco
del cogollo. Se puede también ser·
vir la. salsa aparte en una salsera.

EL TEST AMENTO.

Dtl 111110. Sr. Jlrzoblspo ittbaL

PATATAS ENSARTEN,
Se pelan y cortan en rebanadas
delga.das después de cocidas, se ponen E'n un sartén con muy poca. man·
teca de vacas ó de cerdo, y se vuel·
ven hasta que tomen un color subi·
do; se sirven las salsas. Para guarnecerlas se pueden emplear las espinacas, relleno de carne ó de ropa
vieja, en lugar de l as cortezas de
pan fritas.

♦

nace pocos c'lfa1 qoe ■e practlc:6 la
apertura. del testamento del Jluatrlalmo
Sr. Arzobispo Don Patricio A. Feebd
en la ciudad' de Cblcair;o, Jlllnola. La
lortuna di dl1tln111ldo prelado uceD•
dl6 A cerca de $1:.!5,000 oro amerl&lt;:no;
y sect1.n el lonntarlo que ae ha pull 1·
c.ado, lo■ blene■ que tlej6 foeroo como
,11ue :

PARA CURAR UN R!SFRIADO EN UN DIA
'fowe las patullas Launt" de Brom~loa.
Bl botu:..rlo lo devolYOr, 111 dinero II oo 10 cura.
La ñrma K. W. Gro-n M baila eo cada cajita.

Una vez renovadas las fuerzas,
los enfermos pueden dormir tranquilos y _n? tem_e~ á los ataques
de la imo&lt;l1osa t1s1s y de otras enfermedades. Para reconstituir el
organismo y purificar la sangre,
el ui;o continuo de la Emulsi6n
&lt;le Scott de aceite de hígado de
bacalao, es el gran recmso. Sírvanse nuer-tros lectores enterarse
de lo que dice sobre el asunto el
Dr. Luis A. -Díaz y Díaz, de la
ciudad de México:
''Me es grato manifestar á ustedes, que los res.~ltados obtenidos con la Emuls1on de Scott, en
mi práctica médica, han sido enteramente satisfactorios tratándose de enfermos á quienes les ha
sido nPcesario reparar sus fuerzas ya en conYalecientes de enfer~iedades cr6nicas, que tanto
dPstruyen el organismo, como la
escr6fula, tisis, etc.''

Los bienes fueron valuados
en $ 125,000
La mayor parte de lo testado e, .,.
alatla en dos p61izaa de $25,000
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Entre las •11poalclones del seflor Azsoblapo, en ■u testamento, ■e hlcleroD
éatae:
A sn hermana, sel!orlta Kate Feeht.n,
qoe estovo siempre con él huta aa
muerte $40 000 oro en bonos y $:.!Cí,ooO
oro d; una' de Ju póllzas de 1eguro;
l la sellora Anna A. Feehan, viuda c'lel
sellor doctor Eduardo L. Feeban, hermano del sellor A rzoblspo, $:!5,000 oro
de otra de lt.8 p6llzas, y $5,000 oro en
efectivo; l la Academia de San Patrl·
clo de Cblcago, de la que es preceptora 1u hermana, Madre Maria Catalina,
$10,000 oro lle la dltlma p6llza; A 1•
escuela • 'Santa Maria'' de en■ellanaa
prtletlca para varones, de Feehaovllle,
Illlnole que era la ID1tltoclón por la
que mÁ1 se Interesaba el ■ellor A~
blapo, se entregaron los $4,000 reataD·
tea •e la dltlma p6llu.

~úmero l. Estos elegantísimos
traJes de casa y paseo, requieren
un verda.dero gusto para su confección. El corpii'lo del primero lleva
un ele¡¡-antisimo cuellohombreras
de traje inglés, y en los puilos colócase el fino encaje de igual manera.
Deben fijarse nuestras lectoras en
que la parte superior y anterior del
sombrero luce un adorno de encaje
idéntico al del vestido. En la falda de éste y basta un poco después
de la. mitad, se hacen a.parecer las
aplicaciones de cordoncillo de seda
que parten desde el ta.lle. Por lo
que respecta. al segundo modelo,
nuestras simpáticas lectoras deben
fijarse en lo graciosa. que es la ancha cinta que cae á lo la.rgo de la
falda., sirviendo como de cenefa al
elegante adorno de eo&lt;'aje inglés.
Número 11. De una. teta mui fina
y propia para la presente estación
de ca.lores, se confecciona el traje
que representa este figurín. Lo que
contribuye esencialmente para darle la bonita y elegante vista que
ostenta, es el peto de tela diversa.,
de cruzadillo, y la. ancha y fina gasa
de encaje que de allf pende basta la
pa.rte inferior de la falda. Por lo
demás, el traje es de sencillisima
confección, y ya. nuestras lectoras,
por explicaciones que hemos hecho
a.nteriormente, conocen los proced i•
mientos que deben emplearse.
Número 13. De exquisita forma y
confección es el sombrero de este
grabado. A una forma de paja, resistente y de buen tamaño, se la hace cubrir con gasa de seda, y sobre
ésta y rodeando á la forma, secolocan cuatro hileras de pequeilos
pliegues. En uno de los lados, como puede verse en la figura, se colocan dos plumas de avestruz: una
de ellas ca.yendo sobre el tocado, y
la otra, en pequeña forma de resplandor, levantú.ndose sobre la primera.. Un a.nchl) botón forrado de
seda, completa el sencillo adorno
de este sombrero, que en todo se ha
sujeta.do á la forma de bolero. • ,.
Número H. Sobre una armazón de
paja, cuya forma puede variar de
acuerdo á. los gustos personales, se
coloca., con gracia.y buen gusto, un
ancho plegado de gasa de seda,
cuyo color ha de semejarse un poco
a.l de la forma de paja. Sobr·e este
plegado de gasa, y en lavarte posterior c..el sombrero, se hace pasar
un a guía de fio1·es. Como se ve, no
puede ser más sencilla la confección
de este sombrero, y, sin embargo,
el resulta.do que aquélla produce,
es de muy buen efecto. Mientras más
claro sea el color de este sombrero,
es más elegante. Aconsejamos un
fino azul pálido.
Número 16. Propio pa.ra.sel'loritas
es el sencillo y vistoso traje que representa nuestro grabado. La tela,
de color claro y muy poca resistencia, propia para la estación primaveral , contribuye también en gran
manera para. el buen efecto del vestido. El ancho cuellobombreras es
de muy bonita. vista, y, partiendo
de él á lo largo del talle, una vistosa. aplicación de cintilla y borlas.
La fa.Ida no lleva más adornos que
los pliegues representados en el fi.
gurín.
Numero 20. No nos cansaremos de
recomendar á nuestras lectoras este

1.-Traje de etamina con guarnición renacimiento.

elegante figurín, que representa un
traje muy serio y muy valioso. A
la buena calidad de la tela, debe
agregarse también la buena calidad
del adorno, pues aun cuando este
último no i.e encuentra. muy recargado, sin embargo, su calidad deberá ser de lo mejor. El doble cuello, uno sencillo y el otro de hombreras, produce uua. hermosa vista.;
el primero de estos cuellos se hace
cubrir con terciopelo, interi-umpido
con pequeilas aplicaciones decintas.
Las mangas, dobles en su parte infel'ior, a.sí como el cuellohombreras,

se hacen ribetear por cinta terciopelada de color obscuro.

EL MISTERIO.
Vestida con las galas nupciales,
flotando sobre sus hombros el amplio y sutil velo de desposada., sujeto á su gentil cabeza por un aro
de oro cua.jado de pedrería, bajó
Elena de Agramont á la cripta del
castillo, donde en labrados sepul•
cros de mármol, adosados de dos

en dos á los muros, dormían el sueno eterno sus poderosos antepasados.
En perpetuo testimonio de fidelidad conyugal, al lado del sarcófago que contenía. los restos de uno de
los varones de Agramont veíase la.
tumba de su esposa, ostentando
aquél y ésta las estatuas yacentes
de los en ellos sepultados. Escudos
é inscripciones esculpidos en el mármol de las tumbas parejas, pregonaban linajes y apellidos de a.mbos
esposos, fechas de su fallecimiento
empresas por él realizadas y virtu~

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, Para el hogar, 1903, Año 10, Tomo 1, No 17, Abril 26</text>
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Domingo 19 de Abril de 1903

Ef:,

MUNDO ILUSTRAOO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

llas, cerezas, guindas, fresas, frambuesas, y las segundas, como albaricoques y melocotones, se escogen
maduras, pero que no lo estén demasiado; se desgranan las grosellas, se quitan los palitos á las cerezas y los huesos á los albaricoques y melocotones; puestas con
separación estas frutas en las botellas, se las deja. dar un hervor en el
baño de María.
Para las frutas rojas no deben
emplearse vasos de hojalata, porque el hierro y el estaño las altera
el color.
Las fresas pierden un tanto su
perfume; pero esto no sucede, si
estrujándolas se las mezcla como
la mitad de su peso de azúcar y un
poco de ácido de limón.

.
•

DoIOlingo 26 de Abril die 1903

'

•

15.-Valioso y elegante cuello de encaje de la India para sobreponerse sobre fondos obscuros.

RECETAS DE COCINA.
SOPA DE PAN

Á

LA .JARDINERA

Se coloca sobre el fuego una cazuela con aceite ó manteca y se fríen
en él tqmate cortado en pequeños
pedazos, cebolla menuda, ajos, perejil y un poco de pimiento; cuando
esté todo á medio freir, se echa el
pan cortado en pedazos muy delgados, y se fríe todo junto hasta que
esté dorado; luego se echa el caldo
del cocido, dejándolo reposar un
poco, y se sirve.
OTRA SOPA DE PAN
En una sopera proporcionada se
cortan cortezas de pan secas ó tos-

dos se mezclan un11. cucharada copeteada de mantequilla, una cucharadita cafetera rasada de sal, y la
mitad de esta cantidad de pimienta.
Fórmese con la pasta unos cilindros
de las dimensiones de un chorizo;
envuélvanse en huevo cortado y pan
rallado después, y finalmente, fríanse en bastante manteca hirviendo
como para buí'juelos.

EL ABANICO.
«¡Qué gracia da el abanico á una
mujel' que sabe manejarlo! escribía
madame de Stael. ¡Serpentea, vuela, se cierra, se abre, se levanta, se
baja, según las circunstancias! ¡Oh!
apuesto que en todo el toci.do de la
mgjer más coqueta y mejor engalanada no hay ningún adorno del cual
pueda sacar más partido.&gt;
En. España, principalmente, el
aba.meo desempeña un papel importante en cuestión de amores. ¡Cuántas citas se dan, cuántas confesio-

nes se hacen, según la manera de
abrir ó cerrar el abanico! ¡Cuántas
cosas tapa este velo elegante y caprichoso: las miradas apasionadas,
los besos tímidos, los hipócl'itas
pudores!
Nuestras abuelas poseían uno ú
dos abanicos. Hoy día, el tono de
la moda exige que se tenga un abanico para cada vestido. No encuentro en esto ningún inconveniente,
si la fortuna permite tener tantos
abanicos preciosos como trajes.
Pero á no ser así, aconsejo, como
en todo, que se tenga poco, pero
bueno y bello.
Bello,no en el sentido que generalmente se da á esta palabra, quepara la. mayoría significa riqueza; yo
entiendo por bello lo que es artístico y distinguido. Dos ó tres abanicos, y si no, uno solo que vaya con
todos los trajes; pero entonces una
verdadera obra de arte, un abanico antiguo, por ejemplo, ó un asunto moderno hecho por un pintor de
fama, ó también un hermoso abanico de plumas de avestruz montado

sobre varillas de concha ó carey.
Se hacen ahot·a, en estos distintos
géneros, cosas muy bonitas; pero
hay que saber encontrarlas, y noes
recorriendo los almacenes ó bazares como se encuentra la obra maestra que conviene á la fina belleza
de cada cual.
PARA CURAR UN RIESFRIADO EN UN DIA
Tome las pastillas Laxantea de Brom~lu.
Bl botie11rlo lo devolver, 111 dinero al no ae cma.
t. lirma B. W. GrOTe ao baila ancada cajita.

...."SANTA
.............................
FE," LA!MEJOR RUTA

,

~

ADenver.~lansas Cíty, St. Lonis, Chicago, New York,
San Francisco y Los Angeles

La falta de nutrición es la causa primordial de las enfermedades extenuantes.
Véase lo que dice el muy prominente Dr. D. Pablo Córdova y
Valois, de la Ciudad de México:
«Tengo el gusto de manifestarles que el uso de la Emulsión de
Scott en mi práctica de muchos
años ha sido siempre satisfactorio, pues ((supera á toda otra preparación» cuando se trata de enfermedades de ,clos órganos respiratorios&gt;&gt; ó de afecciones por falta
de nutrición. Reúne, además&gt; la
ventaja de tener un gusto agradable, pues los enfermos en general no la rehusan.»

EL TEST AMENTO.

Dtl Tllmo. sr. Jlriobispo Jttban.
17.-Detalle de labor para
ap licaciones.

ta.das, pero no quemadas, y se les
echa pot· encima el caldo que baste
para remojarlas, y al tiempo de
servirla se les echa otro poco de
caldo bien caliente, cubriéndola de
algunas legumbt·es. Observad que
nunca se debe hacer cocer el pan en
el caldo, pues esta mala costumbre
le quita el gusto.
SOPA DE CEBOLLA CON LECHE
Se prepara y rehoga como la precedente, y cuando haya tomadocolor la cebolla, se añade la leche y
un poco de sal; hágase cocer un
cuarto de hora y mójese el pan.
SOPA DE CEBOLLAS,
Se limpian unas cebollas; después de bien lavadas, se rebanan y
fríen en manteca basta que estén
bien escaldadas, sin llegará dorarse; échese después un poco de harina en la misma cazuela hasta que
dore, y añádR.nse unas cucharadas
de ca.Ido desgrasado, ó agua, si no
se tiene á mano aquél. Se deja hervir por media hora, y cuando vaya
á servirse en la mesa, se le añaden
unos coscorroncitos de pan fritos
en mantequilla.. El resultado es una
sopa sabt·osísima y muy alimenticia.
GAZNATES DE CAMOTE,
Se ponen á asa!' en el horno los
camotes hasta que estén tiernos; entonces se sacan de la cáscara, á
punta de cuchara, y se muelen. A
dos tazas llenas de camotes moli-

♦

i

i

I♦

•

1

i

Se reservan camas en Carro Pullman para todos los puntos
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,soñ renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á

w. s.

i

FARNSWORTH.-Agente Genel

ta. San Frano/•001 Nilm. 81 Má:r/001 a.-F.

································~

Los bienes fueron valuados
en $ 125,000
La mayor parte de lo testado consistí a en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en " La Mútua"
Compañia de Seguros
sobre la vida, de Nue,va York,
Hace pocos d1aa que se practicó la
apertura del testamento del Ilustrlslmo
Sr. Arzobispo Don Patricio A- FeebllD
en la eluda~ de Cbicago, Illlnols. La
lortuna di dlstlni\lldo prelado aecendló A cerca de f125,000 oro americano;
y segün el inventarlo que se ha pub!lcado, los bienes que dejó fueron como
sigue:
Dos pOllzas de ' 'La Mutua,' ' Compallfa de Seguros sobre la Vida, de Nueva York, por $25,000 oro
cada una, O sean. . . . $50,000
Dividendos acu~ulados sobre una ere las p6llzas. • 9,829
Otra pOllza de seguro. . . 14,000
Acciones en efectivo y en
Bancoa. . . • . . • . . 37,000

oro
oro
oro
oro

Entre las dlsposlclones del sellor Ar•
zoblspo, en eu testamento, se hicieron

éstas :

A su hermana, seilorlta Kate FeebaD,
que estuvo siempre con él basta su
muerte, $40,000 oro en bonos y $25,000
oro de una de las pólizas de aegqro ;
A la sellora Anna A. Feeban, viuda del
seilor doctor Eduardo L. Feeban, hermano del sellor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pólizas, y $5,000 oro en
efectivo ; A la Academia de San Patricio de Cblcago, de la que es preceptora su hermana, Madre Marta Catalina,
$10,000 oro de la 11Jtlma póliza ; l la
escuela ' 'Santa Marta' • de ensellan za
practica para varones, de Feebanvllle,
Illlnols, que era la IDstltoclón por la
que mAs se interesaba el seilor ArlOblspo, se entregaron los $4,000 restan·
tes de la O.ltlma p6llaa.

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J

__ ~.: ~ft~: .

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Explicadón dt

nuestros grabados.

Número l. Traje de paseo,•con
cuello de esclavina y aplicaciones
de cintas, de elegantísima confección y graciosa vista. El cuello,
que como ven nuestras lectoras es
de mucho efecto por las airosas y
abultadas hombreras, encaja perfectamente con la índole general del
traje y lo complementa. El pequeño
y cuadrado escote, cubierto con fina gasa 1 va rodeado de encaje inglés igual al que lleva.o los puños.
Las aplicaciones de abalorio en las
dos cenefas del peto, cuelgan junto
á la cintura, que va. rodeada de un
listón no muy ancho y terminado
por la parte posterior en vistosa
moña. Por lo que respecta á los
sombreros del grabado, debemos
manifestar que cons tituyen los últimos modelos de pi:imavera, y que
su elegante y airosa forma será ,
i ndudablemente, del agrado de nnestras lectoras. Los principales adornos de estos somb,·et·os son fl.01·ales
y uno de ellos lleva una pequeña.
guarnición ó cuerpo de terciopelo.
Número ~- Completamos en el
presente número la colección de
trajes infantiles que dimos á cono·
cer en el número pasado. Como se
puede ver, la di. versidacl de estilos
y formas de estos trajecitos, cons·
tituy e una verdade1·a °:oveclad, pu~s
la evol ución de la 10dumental'1a
infantil ha sido verdaderamente .
notable en estos últimos tiempos. Las madres de familia podrán, á su
aot, jo, alterar los detalles_ de estos
trajecitos, pero les iicooseJamos no
los alte1·en con reformas de mal
gusto., _

Número 3. Elegantísimo por su
c~rte y tle ID:Ucha vista por su artística confección, es el traje que representa este /frabado y que única.mente caerá bien á sefforitas que
tenlfªº ~n talle airoso y gentil. Las
aphcac1ooes de abalorios en las
solapas del talle, se combinan de
manera que armonicen con el resto
de los adornos, especialmente de
los puños. El escote angular se cubt·e _con fino punto de Inglaterra y
el cmturón se une en la parte del antera con un juego triple de broches.
Número 9. Como las explicaciones de estos trajes se amoldan perfectamente á la ~e trajes análogos
que h~mos 1,ubhcado en números
anteriores, sólo manifestaremos á
nuestras lectoras que el que se encuentra_ en primer término es deconfecc~ón que pudiéramos llamar
mo~erm sta. El ta lle, en su pat'te infet·10r, l leva un pequeño y elegante
blusa.do de gasa, que es lo que constL_tuye la nota verdaderamente orig10al de este vestido. A pequeila
a~tura_ del hombro y siguiendo esa.
dlrecctón hasta. la mitad anterior
del cor~iño, se lleva un tejido de
ancha c:iota, rematado con pequeños b~tones metá licos. Este adorno
se reptte en la parte inferior y Jateral d_e la falda, en cuyo centro y
á la mtsma altura se colocan tres
grupos de cordonciJlos triples. El
cuello se _hace rematar por· tres pequeños picos de encaje.

�•
Domd,ngo 26 de Abril de 1903

Eh MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

PÁGINAS DE UN LIBRO.
LA POÉTICA.-Es un capricho de
la naturaleza, generalmente sin saberlo. pues es muy raro hoy día ver
una mujer poética. Es un género
completamente pasado de moda.
Nuestras abuelas, amantes de la literatura de su juventud, eran mu•
jeres poéticas.
.
El lirismo se revelaba en sus miradas, en sus ademanes, en sus_ trajes: mangas afaroladas, especie de
a.las que parecían modelarse sobre
el énfasis del romanticismo, moño
alto y cinturones con las puntas
caídas, que se balan.::eaban con los
movimientos ondulosos del andar.
Sin embargo, existen todavía algunas señoras y algunas muchachas que, sin querer entrar por el
aro que hoy priva, desean conservar la gracia poética que la naturaleza les ha dispensado.
La mujer ó muchacha poética
tendrá una manera sencilla, graciosa de vestirse, de hablar, de andar, de mirar.
Claro está que estamos lejos del
traje de muselina blanca de nuestras abuelas; pero hay vestidos muy
sencillos, poco costosos, de lana,
velo ó cachemira de las Indias, sedas blancas, ligeras, surá, satín
maravilloso de color blanco dorado, rubio, que permiten hacer trajes
á la vez deliciosos y baratos.
Faldas completamente plegadas,
cu.vos pliegues ondulan y producen
reflejos deliciosos á cada movimiento; un cinturón con un lazo flojo, de color pálido; una berta ó pelerina de encaje, una flor en el pelo
ó en el pecho, componen un conjunto joven, gracioso, esenci:i.lmente
poético, y, sobre todo, al alcance
de todas las fortunas.
Su habitación tiene la misma sencillez exquisita; pero gracias al
encanto radiante de su belleza, de

~-

~

-;i;r,.~

.,.., ... _,, '(-. "f~,it."..
,.1 ...

~ ·,'&gt;t,

s~gún el capricho _del momento,
sin que puedan explicar el motivo.
Se las ve pasar de los trajes obscuros á los más claros, de los más
serios á los más provocativos, según su humor, cambiadizo cual las
ondas.
La encantadora y arrebatadora,
ó la que quiere serlo, varía también
de peinado á cada instante. Como
es coqueta, sabe darle una gracia, un &lt;chic,&gt; que la hace picante,
original. Hay que confesarlo, esos
cambios, para ciertos espíritus
masculinos que aman la variedad,
bastan para atraerlos y subyugarlos.
Lo mismo debe ser para el mobiliario. Debe variar á ~a.da paso su
instalación, cambiar los muebles
de sitio y cambiar el plegado de los
cortinones. Debe ser muy aficionada á los bibelots; debe haber en su
casa una multitud de bibelots raros, disparatados, pues su espíritu,
su gusto caprichoso se complace
con las originalidades, llegando á
veces hasta la excentricidad.
La despreocupación es el fondo
de esa naturaleza movediza, fácil
de distraer. Pero si, á pesar de todo,
quiere conquistar el afecto duradero de su marido, importa en extt·emo que consiga, haciendo un esfuerzo, recogerse de cuando en cuando;
que la muier, por momentos, pueda
más que el niño; que sepa mostrarse seria y cuide de su casa, de donde depende el bienestar de los suyos; que sepa también hacer el sacrificio de all,l'unos caprichos demasiado costosos, que podrían desequilibrar el presupuesto del matri-

~.."-•.-.
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3.-Traje "Renacimiento" para paseo campestre.

1

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2.-Variada colección de trajes infantiles.

su mirada bañada de un fluido luminoso, alumbra y embellece todo
lo que la rodea: no es su tocado,
no es su marco la que le da realce;
ella es la que embellece su toci.do,
es su distinción verdadera la que
da valc.r á todo lo que la rodea.
LA SENTIMENTAL,-La mujer naturalmente sentimental es seria y
algo indolente. Su mirada se reconcentra habitualmente, como la de
las personas que tienen la cos_tumbre de mirar con más frecuencia en
su corazón que en la vida. Tiene la
actitud algo lánguida de la melancólica y la indolencia graciosa de
la poética, pues tiene mucho de
ambas; es una reconcentrada, y no
una exuberante.
Su infinita necesidad de cariño se
lee en su sonrisa enternecida, en su
mirada profunda, de órbitas bien
seííaladas, la pupila cambiante, c~si siempre azul ó de un color gris
parecido á la amatista.
Sus delicados párpados tienen
una manera especial para abrirse y
cerrarse indicando las ternuras
descono¿idas que le oprimen el corazón. Adorables rayas azuladas
obscurecen y marcan las sienes y
forman ojeras.
Para sus trajes de casa usará un
abandono gracioso. Su_s_ faldas
tendrán ondulaciones fug1t1vas; se
vestirá de preferenci_a de azul muy
pálido, tirando á gris, con una_ nota restrinaida de encarnado vivo:
sea un ch"'aleco muy estrecho, sea

una flor, sea un rubí en el dedo, ese
rojo dejará, por decirlo así, transparentar la llama interior y profunda que la devora: el azul, símbolo de amor puro; el encarnado,
de pasión ardiente.
Hay en los azules y enea.roa.dos,
matices que se armonizan admirablemente y producen no efecto muy
atractivo; el blanco igualmente, si
se le ai'iade un lazo que vaya bien
con el color del pelo y del rostro.
El malva, el heliotropo, todas esas
medias tintas, le convendrán mucho mejor que los tonos bruscos ó
chillones.
Su interior estará decora.do de
manera sobria y elegante; las colgaduras serán de colores obscuros,
y aquí y allá algunos toques vivos
de color, indicando, como en el tocado, el fuego que cubren las cenizas.
Su perfume será penetrante y
dulce personal; no Jo cambiará.
Su n~turaleza, en la. que predominan el ca.riño y la constancia, rechaza todos los movimientos caprichosos ó fantásticos.
LA ARREBATADORA. -La mujer
alegre, movible, es también una encantadora, á veces muy tentadora
á causa de la multiplicidad de sus
aspectos y de sus expresiones. Verdadero calidoscopio viviente, divierte á lo primero, luego interesa
y por último cautiva.
Sus t1·ajes deslumbradores están
en armonía con su carácter: varían

Domlingo

2~~ de

Abril de 1903

monio, pues de este equilibrio bien
entendido depende, no solamente la.
propia felicidad, sino también la
de los seres que nos son más queridos: nuestro esposo y nuestros hijos; nuestros hijos, sobre todo, cuyo porvenir entero podría verse
comprometido por la frivolidad ó
la imprevisión.
Tengan, pues, la seguridad las
caprichosas, las más arrebatadoras de todas, que entre las variedades de humor, la que mejor atraerá
á su marido será la que sepa mostrarse seria algunas veces y económica cuando haga falta.
LA VERDADERA ENCANTADORA.
-Hay algunas mujeres, más de las
que se figuran algunos, mujeres de
talento y de buen sentido, que saben ordenar su vida con juicio,
conservando á la par la apariencia
de elegantes fútiles enteramente
preocupadas de sus placeres y de su
coquetería.
A éstas nada hay que enseñarles,
pero se trata de convertirá los principios de orden y de economía las
cabezas jóvenes mal equilibradas,
que entran en el mundo con todo
género de aspiraciones más ó menos
vanidosas, que creen que todo les es
debido, que no admiten que se resista á uno de sus deseos, que para
obtenet· una alhaja deseada ó para
igualar á sus rivales en elegancia,
se condenan á sufrir verdaderas
privaciones que comparten con sus
hijos.
La coquetería, llevada basta tal
punto, es un vicio verdadero, con
tra el cual toda mujer debe protestar, si no quiere exponerse á mil

�Dom!Lngo 26 de Alxri.l d~ 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domil.ngo 26 de Aba.il dA! 1901

El toco dt los ltlOjts.

7.-Trajecito bata con cuello
esclavl na para niñas de 3 i 4 años,.

11insabores, que podrían alterar, no
sólo la paz de su interior, sinotam
bién su belleza.
Efectivamente, para conservar la
belleza hace falta, ante todo, la paz
del alma, la serenidad d.e l corazón,
una vida exenta de cuidados, que
producen el insomnio, arrugan la
frente, contraen la boca y adelantan por tanto la edad de las arru¡¡-as.

A la frívolá, graciosa, en'oquecedora y encantadora va dirigido
especialmente este sermón, pues con
su graciosa cabeza de chorlito, que
gira cual las veletas, se puede temer
que, loca de su cuerpo encantador,
mimada por su marido, mimada
por todo el mundo, riendo, baih.ndo y jugando, se deje, sin embargo, arrastrar hacia una catástrofe
irremediable.
Son muy numerosas estas divinas
seductoras, á quienes no se puede
rehusar nada.
Sin embargo, á propósito de esas
catástrofes, tan frecuentes hoy día,
¡cuántos maridos hay tan culpables
ó más que sus esposas! Soberanos,
dueños de la fortuna, por ministerio de la ley, á veces no quieren
revelar á sus esposas, eternos menores de edad, la situación exacta
de sus negocios. ¡Hablar seriamente con una niña! es preferible que
desconozca una verdad que la inquietaría tal vez.
-¿Pero vamos á ver-decía un
día una mujer á su marido, que
veía á veces preocupado,-cuáles
son nuestros r ecursos verdaderos?
-¡Qué te importa!-le contestó
con impaciencia;-haz cuantas economías puedas, lo demás es cuenta
mía.
La mujer no hizo caso de esta vaga contestación y continuó gastando sin ton ni son, viendo además
que su marido no se privaba de satisfacer sus propios caprichos. Pocos años después sobrevino la ruina completa. Hoy día han desaparecido y expían en la miseria su
falta de orden, de previsión, y, sobre todo, de unidad en la administración de su fortuna, que en el
momento de casarse ascendía á algunos millones.
Cuando un marido hace conocer
á su mujer el estado de sus negocios,
da pruebas de que no la ti-ata como
á una niña irresponsable. La mujer
entonces, sintiéndose elevada por
esta confianz11,, querrá mostra rse
digna de ella y pondrá atención,
cuidando de la administración de
su casa.
La verdadera enc11,ntadora, la
que quiere serlo á cada instante de
su vida en sus mil qetalles, es la

5,-Trajeeito para niñas de 7 i 8 años.

mujer que al mismo tiempo cuida su
belleza y su reputación de alta elegancia, ocupando en el mundo la
posición que le dan su fortuna y su
el ase, y sabe dirigir y llevar su casa con sabia economía. Ahí es donde se despliegan los recursos del
genio femenmo: el orden, un orden
elegante en su interior, en su &lt;home&gt;
como dicen los ingleses.
Empleamos esta palabra á propósito, porque el &lt;home&gt; en Inglaterra es verdaderamente el santuario de la mujer.
Todo está ordenado y coordinado
en armonía con la felicidad del esposo, del porvenir de los hijos, del
confort de todos.
Esta encantadora tiene casi la seguridad de adquirir un gran ascendiente sobre el espíritu de su marido y de conservar su cariño.

~

.--Otro trajo infantil para niñas de
11, 7 añ08.

del manto real que cobije
desde el pie hasta la caben.

¡cuántos claveles de púrpur&amp;
en torno del pecho juega.ni

Tijeras de oro y de plat&amp;
los sabios dedos manejan
en el obrador luciente
del palacio de la reina,
hasta que al cabo del día,
sobre el blancor de la piedr&amp;,
terminada y primorosa
da la vestidura. espléndida.

De claveles &lt;de corona&gt;
está la corona hecha
y de grandes el a velo~es
el manto que arrastra y cuelga.
Está en capullos el traje
Y no en corolas abiertas
que abiertas se desharí¡n
solamente con tejerlas.

¡Qué orla de claveles blancos
forma la linda gorguera!
¡qué de claveles de oro
en los .vo;antes se mezcla.ni
¡cuántos claveles de sangre
enke la falda se enredan!

A~ dar la siguiente auror&amp;
al cielo su lnz primera,
p~ra entretener su hastío
viste su traje la reina
Y por que el día entr~abra
su vestidura soberbia
~n su jardín se reclin~
Junto á una fuente de perlas·
Y á medida que la luz
'
va dorando cielo y tierra,
los capullos de su traje
se hacen corolas risueñas.

DUQUESA LAUREANA.

EL HASTIO.

Pero la reina suspira
entre tanta pompa bella,
Y e~ porque la flor del alma
la tiene cerrada y muerta.

De este país que ve en suei:ioB
todo el que los ojos cierra,
dicen que muere de hastío
&lt;Mari- posa,&gt; que es la reina.

¡Reina infeliz que te vistes
de frescas flores por fuera:
abre por d_entro esas flores
= Y serás feliz, oh reina!
SALVADOR RUEDA ~~

Es su constante manía
tener en lindas macetas
cuantas flores delicadas
contiene la primavera,
porque quiere á cada aurora
estrenar, hecho por ella, ·
un vestido de claveles
que cubra su estatua regia.

MANERA DE LIMPIAR GUANTES

El método más sencillo y más barato, consiste en calzarse el guante
que se va á limpia1· y frotarlo suavemente con un pedazo de franela
hume.decido con agua de jab6n. Una
vez limpio, se frota con otro pedazo
de franela seco hasta que toda la
humedad haya desaparecido.
Téngase cuidado de no descalzarse el guante hasta que haya secado
perfectamente para que no se frunza ó encoja.

Apenas despunta el día,
va recorriendo ligera
con sus damas los jardines
del palacio que la encierra,
y hasta él regresan trayendo,
sobre sus trajes de seda,
llenas las faldas de flo1·es
de tinta y forma diversas.

ALCACHOFAS RELLENAS.

En salón de fresco mármol,
de una blancura que ciega,
dan los cálices brilla ntes
como una lluvia risueña,
y así el mármol salpicado,
dirige la mi'sma reina
los tejidos de su traje
hechos en mágicas ruecas.
Pone á una dama á que rice
volantes color de crema,
á otra encajes de escarlata,
á otra tules de violeta.
Otras damas se entretienen
en labrar la fina tela

6.--.Trajecito con saco palet6 para
niñas de 8 i 9 afíos.

se despojan de las hojas exteriores Y se les hace dar un hervor en
agua y sal, se ponen en un tablero
á. que escurran bien, se tiene manteca en una cazuela, y después ~e
rellenar las alcachofas con up picado de ajo crudo, perejil, a.cei~
y pan ralli.do ó con carne muy p1cadita, se les pone en ellas á fuego
dulce, cubriendo la cazuela con una
tapadera de hierro con rescoldo
hasta que se tuesten. Si se quiere
con salsa, se pasan por un batido
de yemas y se echa una salsa de
avella nas.

1

Con este nombre designaban en
uno cde nuestros primeros manicomios&gt; á un pobre demente, que antes de serlo se llamaba D. Isidoro
V alterra.
r Fué hombre de talento, sin duda
para que no fallase el refrán que
dice que &lt;ningún tonto se vuelve loco.&gt;
Era rico, y gozó de la vida ampliamente: la moral no me permite
el uso de otro adverbio.
Pero á los cuarenta y cinco años
empezó á tener manías; fueron creciendo, fueron acentuándose y llegaron á ser peligrosas.
Al fin y al cabo, hubo necesidad
de encerrará D. Isidoro.
En sus últimos días de libertad le
dió por los relojes, y los paraba
todos. Cuando veía un reloj andando (naturalmente, en la forma que
andan los relojes), se ponía furioso. Quiso matar á su criado porque había dado cuerda al reloj del
gabinete, llamando a l fámulo á voz
en grito asesino, traidor, endemoniado. Intervino el juez; intervinieron los médicos; le formaron causa
por heridas; se dieron inf?rm1;s J?ericiales, y, es claro, la c1enc1a Jurídica y la medicina legal llevaron
á D. Isidoro al manicomio. No podía resultar otra cosa de tal conjunción.
En tal estado vivió muchos aíios,
no muchos, y sus únicas ocupaciones en este período final de su existencia consistían en escribir esu historia,&gt; según luego se vió, y en
romper las cuerdas de cuantos relojes encontraba ó se hacía llevar;
porque, como era rico, los parientes que habían de heredarle satisfacían de cuando en cuando los caprichos de D. Isidoro sin excesiva.
tacai'lería: no se pue&lt;le hacer menos
por quien nos va á dejar unos cuantos millones. Pe1·0 en fin, á fuerza
de romper las cuerdas de todos los
relojes que caían en su P?der, ro~pió la cuerda de su p1·op1a máquina.
Después de morir el pobre señor,
se recogieron muchos papelotes que
contenían «sus recuerdos,&gt; y entresacando los menos desatinados, y
dándoles forma semirracional, se
han escrito los siguientes apuntes.
Claro es que en ellos se habla de
cuenta de D. Isidoro, ·y que se escriben las cosas, no como fueron,
sino como él, en sn imaginación calenturienta, creyó verlas.
Y aquí empieza la vida de,nuestro héroe.

***

Hasta los cuarenta años, D. Isidoro gozó de perfecta salud. Pero al
cumplir da cuarentena&gt; le asaltaron como por sorpresa varias enfermedades, todas ellas provistas
de nombres formidables. D. Isidoro empeñóseen que semoría, y, sobre todo, se le metió en la cabeza
que había de morir en el mes de enero ó en el mes de diciembre.
&lt;Al acabar un año, azabaré yo,&gt;
decía con profundo convencimiento. Así es que el 31 de diciembre era
en estos últimos tiempos para el pobre señor un día tr.-istísimo, un día
de crisis y de angustia.
¡Morir en un Sao Silvestre! ¡Qué
crueldad del destino y qué falta de
respeto para con una pe1·sona de
tan altas cualidades!
En uno de estos días nefastos volvía D. Isidoro en su coche de ver
al médico, y había adquirido en
aquella consulta la evidencia de
que no le quedaban ni veinticuatro
horas de vida.

9.-Trajes de paseo. Uno de chaquetacorta y el otro de tela escocesa.

Subió, ó lo subieron, la escalera.
Entró en su gabinete. Echó á todo
el mundo fuera, y se entregó á la
más negra desesperación.
¡Morir! ¿Por qué? ¿Para qué? ¿A
quién estorbaba en el universo?
¿Qué mal bacía á nadie? ¿Qué iba
ganando el Cosmos con que él muriese?
El no era una mala persona, ni
era un imbécil. Admiraba la naturaleza, admiraba las artes. Así es
que por awor á la naturaleza viajaba mucho, visitaba los Alpes, los
Pirineos, Sniza y Andalucía. Así
es, repetimos, que, á .fin de proteger las artes, compraba cuadros y
asistía á los conciertos y á los estrenos de los dramas.

¡Qué más se le puede pedir á un
hombre honrado!
El daba limosnas, muchas limosnas; siempre llevaba los bolsillos
llenos de perros chicos y grandes y
volvía á casa con los bolsillos vacíos.
Luego amaba al prójimo. ¿Qué
más se le puede pedir al ser humano?
No era muy seguro que creyese
en Dios; pero, por si acaso, procu. rii.ba. no ofenderle, y de todas maneras casi creía en el diablo. Y esto
es ya un principio de religiosidad.
Digámoslo de una vez, aunque D.
Isidoro no lo confiesa: siempre fué
&lt;supersticioso,&gt; muy supersticioso.
Dados estos antecedentes, se com-

prende que el hombre se diera á todos los diablos.
Y, en efecto, resolvió darse al
diablo.
D. Isidoro había llamado al cielo, como Don Juan Tenorio; pero
el cielo no le había oído, sin duda
porque no lo merecía. Se había hecJ:io. devoto, h_abía rezado, siempre
pidiendo á Dios que le devolviese
la salud, p~ro en vano; le parecía,
en sus dehr1os, que bajaba de lo alto una voz, diciéndole en tono burlón: c¡La salud! ¿Conque la salud?
Ya sé para lo q1Je quieres tú lasalud; espera un poco.&gt;
Acaso era la propia conciencia de
D. Isidoro la que así hablaba.
¡Darse al diablo! Esto ei·a su úni-

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>El hastió</name>
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                    <text>Cárlos Manuel Durán.

-~L l"\UNDO ILUSTRADO

FARNI AOEUTIOO.

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excelente y

ANO X•..TOMO I.... NUM. ~7

MfXICO,A61Ul 26 Df 1903,

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EL DR. LATOUR BAUMETS,

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DE VENTA

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y Droguar1as.

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que por los principios e&lt;minentemente
curativos que contiene: Estricnina,
Icthiol, Coca, Kola y Aceite de Htgado
de Bacalao, combinados en dosis estudiadas en multitud de casos prácticos.
es á. la vez qur! un licor de gusto agradable, el remedio administrado con
mejor éxito por notables facultativos
en el tratamiento de personas llnfll·
tlcas, de ancianos debilitados, de mujeres cloróticas 6 extenuadas por be•

~

-.~

morraglas 6 por partos laboriosos, de
Individuos gastados por fiebres de
patses cáilidos 6 por la amemi~ tropical
tan común en nuestros patses, de en·
!ermos de la méd-.ila 6 atac&amp;.dos de
parálisis 6 reblandecimiento senil.
La prueba de q_ue la preparación dt'I
Dr. Latour Baumets ha realizado los
fines que persegufa su autor, se puede
teDJer en la multitud de enfermos curados.

.___________.

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PRIIVIAVtRA,

�Domingo 26 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRAOO.

Domingo 26 de Abril de 1901

El último libro dtJlmado ntr~o
"€1 exodo y tas 'florts dtl eamtno."
Al terminar la lectura, volví á las dos líneas, escritas en el p6rtico del ejemplar que
me envi6 el poeta: «Para Carlos, que vivi6
mur.has páginas de este libro. Fraternalmente, Amado. 1,
Es verdad, ¡oh buen camarada de mi postrera renovaci6n de vida! son mías algunas de
esas páginas, las más espontáneamente tuyas- porque en ellas no se ha mezclado ese
pérfido amigo que se llama el Arte;-las que·
se evadían de nuestros espíritus como aves de
una nueva primavera; las sinceras, las que no

EL MUNDO ILUSTRADO.

ces salen capítulos como ,,Deutschland)) y
ccMunich-V{agner», en los que el artista resulta un maravilloso instrumentador de una sofiada 1,infonía.
Son gallardas estrofas, pero- ya sabéis mi
opini6n- prefiero al poeta sin colaborador,
por más que ese colaborador se llame el Arte,
la Historia ó la Naturaleza.
-Yo me sabía todo esto de memoria- me
decía una tarde frente al perfil entenebrecido·
de Sainte Chapelle. Lo había visto antes.
Y sí lo vió, y en buena prueba ahí están
sus «Místicas.»
¿Para qué contemplar lo que se ha adivinado? ¿Para qué?
Hay espectáculos que no conocemos todavía y que interesan más acaso: los que todos
llevamos dentro. ¿ Y sabe usted, amigo mí.o,
lo que guarda su monótona y persistente individualidad?
Viajar sin alma, es como pensar sin conciencia. Las cosas inertes pasan, pasan, pasan dejando tras de sí una estela fugitiva. Son
también trazos en el aire. El secreto está en
apoderarse de esos trazos, eñ fijarlos bien, allá
hondo, muy hondo, en donde no se desvanezcan nunca. Hay astros muertos cuya luz nos
llega todavía y que,sin embargo, han desaparecido del firmamento hace millares de
años.
Y así son esas impresiones del poeta: la
imagen se habrá borrado, la línea se habrá
perdido, el color esfumado. Pero siempre vi virá la perdurable, la imperecedera visión de la
sensación sen~ida que nos hablará del recuerdo «como de una patria lejana. 1,

Amado Nervo.

habían rozado sus frágiles alitas blancas con
este lago inmenso de la Idea, de la Idea, que
purifica y amarga, que fustiga y que enaltece.
En todo poeta, como en todo hombre-¿y
qué hombre no es poeta? á ocasiones, al descuido,á retazos,-hay dos personalidades distintas: el ingenuo, el buen niño que duerme,
y el otro: el que se vigila, se lee ( 6 lee á los
demás, es lo mismo) y se discute. Yo amo
más al primero que á éste.
Y he aquí lo que me sorprende y me enamora de eata escapatoria de colegial en vacaciones: la individualidád del poeta en independencia con la infinita variedad del medio:
ora que lo rodee esa blanca luz de Lucerna¿Lucerna, no es Elsa?-- 6 ya que se ciña al
cuerpo ese rojo manto d~ Montmartre. El paisaje lo divaga por un momento 1 se deja arrebatar por este 6 aquel incidente del camino;
pero muy pronto el pensamiento se evade de
aquellas envolturas y surge personal é incisivo, como una flcr exótica.
Nervo ha viajado por Europa; Europa ha
viajado por nosotros, sus compañeros. Es la
diferencia.
Para enlazar la sucesión de cuadros que desfilan por este libro, he menester pensar un
poco más en el voeta y un poco menos en el
camino. Las flores son más interesantes que
el sendero. Parece que este hombre no ve, sino que se ve. Se ve, encuadrado en una amplia decoración por la que cruzan brillantes
comitivas, cortejo de 1u ces, procesión de colores, y esbeltas catedrales y viejas ciudades y
torres, ni,inaretes, castillos, obra:;, de arte, cosas vetustas y flamantes cosas, mezquindades
y grandezas, lo infinitamente pequefio y lo
infinitamente inmenso.... . y el vértigo no se
apodera de esta conciencia, serenamente inmóvil, que marca cada. etapa con su visión
eterna.
El lo dice en el peristilo:
Mi mente es un espejo, rebelde á toda. huella:
mi anhelo es una. pluma. funámbula, donaire
del viento; el aerolito que cae, ésa es mi estrella.;
mis goces y mis penas son plumas en el aire.

A veces,el mundo exterior se mezcla extrafiamente con el alma del visionario, y enton-

EL HOMBRE DEL AZADÓN.
(PARÁFRASIS DE EDwIN MARKHAM.)

Dios hizo a.l hombre á
su imagen y semejanza.
GÉNESIS.

Al peso de los sigloe, encorvado,
la mirada en el suelo, prisionera,
sobre el tosco azad6n el cuerpo inclina;
de las edades el vacío, muestra
en la faz; y la carga de la vida
sus espaldas doblega.
¿Quién lo ha formado así? ¿quién lo ha•creado
para el éxtasis, piedra,
muerto para el arrobo y el delirio,
para el coraje olímpico, materia?
¡Ente que ni padece ni se afana,
indiferente ser que nunca espera,
estólido, é idiota, é insensible,
compañero del buey, del buey pareja!
¿Quién deprimió la curva de su frente
y aflojó su mandíbula de bestia?
¿de quién es el aliento cuyo soplo
de su cerebro arrebató la idea?
¿Es éste el ser del Hacedor imagen
á quien dominio dió de mar y tierra?
¿éste el que robe su poder al cielo
y persiga en su curso á las estrellas?
¿el que sienta las ausias palpitantes
de la existencia eterna?
¿Es éste el suefio que naci6 en la mente
de «Quien» fijó á los astros su carrera
«Quien» sostiene la b6veda azulada ' .
y abrió el Averno en lo hondo de la Tierra?
¡No ha existido figura más terrible,
que más denuncie la codicia ciega,
más llena de señales portentosas
ante el alma soberbia;
más amenazadora y agobiada,
y al mundo, más siniestra!
~ ¡Quéabismoapartaáesehombredel qu~rube!
Esclavo de la yunta y de la rueda
¿qué le importan Platón y sus en~ueños
la órbita de las Híadas y las Pléyadas? '

PHRINE.

¿qué_ le importan los trinos de los pnjaros,
el alJófar de la alba y Au luz bella,
el matiz irisado de las rosas
y el delicado olor de la azucena.

Mirad allí esa mujer cabizbaja delante de ese colegio de ancianos
graves, que están oyendo y deliberando. Una larga túnica de riquísimo
ostro la cubre toda, desde la garganta hasta los pies, ceñida á la
cintura con una gorda trenza de hilo de oro. Un corchete en forma
d_e mariposa, de oro asimismo, salpicado de diamantes diminutos, le
cierra debajo de la barba el doble vestido.
La una mano en el seno, la otra á lo largo del muslo, silenciosa y
afligida, allí está la celestial hermosura esperando la sentencia.
Ni el habla persuasiva de los jurisperitos de Atenas,ni las lágrimas
de sus propios ojos, ni las sonrisas de sus labios preñados en promesas,
han podido con los jueces; han oído éstoti, han juzgado en su ánimo,
van á resolver en pública votaci6n: la frente severa, la mirada adus•
ta, _el desabrimiento del rostro, son presagios funestos para el reo, ese
dehncuentefemenino que ahora sem1:,ja á Psiquis, no indignada contra
el amor travieso, sino humillada ante Juno inflexible. Muerte 6
vergüenza, tal reo no la puede sufrir; vuela la mariposa que figura el
corchete de la garganta, ábrese en un pronto el cordón de la cintura
cae á sus pies la túfiica......
_
'
Friflé es absuelta, -y un aplauso inmenso retumba en el Areópago.

Por la terrible humanidad vendido,
profanado, esquilmado y sin herencia,
del mundo ante lo3 juects, profecía
su grito es: ¡no protesta!

***
¡Oh señores, oh dueños soberanos
que gobernáis la tierra,
es, este ser de vuestras manos, la obra
que devolvéis á Dios como presea?
este monstruoso ente invalidado,
sin ambici6n, sin ánimo ni fuerza!
¿Qué haréis para tornarle á la esperanza,
para erguir su figura cual la vuestra?
De la vida inmortal dadle el deseo;
haced que al Cielo su mirar convierta;
reconstruid en el fondo de su mente
la nidada de sueños del poeta;
la música del alma
y la luz de la idea.
Que la maldad infame el puesto rinda
á la verdad sincera;
y que el error, el dolo y los pesares
se tornen en visiones y quimeras.
Amos, dueños, señores, po&lt;lerorns
legisladores de la vasta esfera,
cuando tle la revuelta el torbellino
sacuda el mundo con potente fuerza,
de este hombre, de este ser, á lo futuro
daréis estrecha cuenta:
á su pregunta inevitable y ruda,
¿cuál será la respuesta?
¿qué eerá de los reinos y los reyes
que moldearon la bestia,
cuando el mudo terror de lo presente
á Dios responda al fin de la carrera,
cuando de las edades, las centurias,
en el silencio, duerman?
LAURA MÉNDEZ DE CUENCA.

·-·

,

JUAN MONTALVO.

PLUVIOSILLA.C*)
Incrustada en una enorme herradura de montañas
-herradura que un Pega.so desprendió en su raudo vuelocomo esbelta y nívea garza en la margen del riachuelo.
sacudiendo alas de niebla, en la luz del Sol te bañas. ·

*

SR. MANUEL ZAMACON•A. E INCLAN.

-

!

:• . : 1

IL:j .;.,::e:alll'i....:.....

--~

-

.,..""

---

=rJ

-

~Ctsortro 6tntral dt la nación.

Con la blanca y adorante floraci6n de tus campafias
y las gasas vaporosas de las nubes de tu cielo
armoniosa y gentil surges-nueva Sara hecha' de hielocon la faz vuelta al idilio de las rústicas cabañas.

*

.....-

• El señor don Manuel Za.macona é Inclán, que por algún tiempo
desempe:fió el cargo de Director General de Correos1 fué nombrado
últimam.ente por el Ejecutivo, Tesorero General de la Na.ci6n.
Conocidos los honrosos antecedentes del señor Zamacona como empleado de la Administración Pública, el nombramiento hecho en su
favor, se considera muy acertado y ha sido recibido con aplauso.
El nuevo Tesorero tomó ya posesión de su cargo.

Eres símbolo de_ Ofeli~, _Beatriz .Y Margarita;
te presentas al curioso viaJador ccb1anco vestita ·»
de Gauthier en la «Sinfonía» eres nota y sensa~ión;

*

y desnuda é incitante, cual marm6rea Galatea
es tu erguido_ Citlaltépetl, seno cándido que albe~
Y que en un rntenso espa$mo desflorara Pigmalión.
(* )

Orizaba.

JUAN B. DELGADO.

EL DANZON.
Gimnasia del amor, la danza agita
su cabellera al aire; el cuerpo mueve
con intenso vaivén y paso breve;
y en un giro veloz se precipita.... .. .. .
El contorneado seno que palpita;
el muslo que al contacto se conmueve;
el amplio vuelo de la falda leve;
todo á la fiebre y al desborde in_cita.
El cubano danz6n, que en sus rodeos
desenvuelve lujurias tropicales,
al son del canto la cintura quit:bra;
y dibuja, r.l girar, sus contorneos,.
cual si se retorciese en espirales
á lo largo de un junco una culebra ......
JosÉ S.

.-.

CrrocANO.

ANTES DEL OCASO.
Si la implacable augusta segadora
mañana en el camino me sorprende,
como al errante pájaro, que enciende
la desgracia mortífera y traidora;
no me lloréis, reíd; que en regia aurora
mi alma sucumba cuando rauda asciende
y &lt;le la cumbre de la gloria tiende
el YUelo, á la colina soñadora ........ .
Yo no quiero morir ya emponzoñada
la rosa de mi vida y deshojada;
morir quiero al romper la primave:e.!
Antes que llegue el vacilante ocaso,
hoy que rebosa de licor mi vaso
y una mujer en el jar&lt;lín me espera! .... •· ···
J osÉ M. CARBO.:SELL.

SITIOS fllNTORESCOS.-Chapala.

(Fot. Rawel.)

�EL MUNDO ILUSTRADO.

DomJngo 26 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Con los remos abiertos y queriendo dernlvel'8e ó lanzarse al_ boi;que la bestia se revelaba contra todos mis esfuerzos por encammarla
)Ii ca.balgadura seguía al paso, ya hundiendo los cascos en el
ele frente. Entonces, y de improviso, el miedo_, el ~Hiedo horrible me
i1wadió. Sentí culC'brear el terror por todos 1ms m1em hros, P\tes una
polvo &lt;le la senda, ya aferr!tnclose sobre las duras piedras del cantil.
La m ula crn mansa y obediente al m(ts ligero estímulo &lt;)c la rienda ó
itlea terrorífica arnltó mi pen!'amiento, y la angustia indefimble me
de la espuela. Caminaba, zaminaba sin reparo y i;in tropiezo, con el
apretó el corazón como una tenaza férrea. Sí, era indudable; no
podía ser otra. cosa: ¡El tigre! el sanguinario huésped de las selvas d e
cuello flácido y ln cabeza inclinada. Prolongábase el &amp;endero más y
más, bln1H1ueando á lo lejos y torci&lt;':ndose, plegándo~e á las ondulacctierra caliente» me ncechaba sin duda, y yo estaba solo, completaciones clel bosque y los cantiles y á las quebraduras del terreno. Yo
mente solo en el desierto ele los campo,;, pues el ausente no dabn: sem e había abstraído tan hondamente en el pasmo contemplativo de la
íial alguna 'cte su regreso. Gri tP á grito herido, por una, dos, vem te
nwditación, que c!'taha ya en ese punto en que á fuerza de pemar, en
yecef'. ~i tan siquiera el eco contestaba á mi voz. En aquel conflic:t ·&gt;
nada pen~amos. Poco ú poco una dulce tristeza me envolvía, porque
pensé instantáneamente que debía domina:i-me, que. importaba r~~-oel campo es triste, au n en Jac; horas en que mayor \'ida rebosa.
brnr mi sangre fría para encontrar un medro cualqmera de salvac1on.
De repente lenu1tó mi caballería la cabeCon un supremo e!&lt;ÍUerzo logré ¡iqmetar mi
za, irguió las orejns, arqueó el cuello, y reespíritu y calmar la tensión de mis nervio!'.
soplando por la nariz, dilatado el belfo y los
No llevaba conmigo más armas que un revól ojos fij m~ en un punto frontero, intentó detcver y un cuchillo ele monte, i nútiles en u n
ner~e. R.ípidamente vol\'Í sobre mí, inquicom't1ate con el pod&lt; r .&gt;so felino. Las apercibí,
riendo la. causa. tle aquel accidente. Con la
sin embargo, para tmtr de ellas rápi d '.lmente,
vista recorrí toda la extensión que me rodeay procuré orientarme á fin de seguir el meba. Estoy acostumbrado á Yer larguísimas
jor cami no, en caso de poder emprender la
distancias y la noche no es un obstáetf'º para
fuga. Pero de pronto, ya con calma, eché ele
que pueda distinguir un ohjeto lejano sin más
Y&lt;'r que la mula pugnaba por internarse en
claridad que la ele las e~trellas. Nada extrael bos:pe y ei:;to me devolvi6 comp letamen te
ño d escubrieron mis ojos. Castigué á la ac&lt;:el valor perdido, pues en caso d e que la fiera
mila con el látigo y la espuela, y el animal,
me acechara, debía estar preci~arnente en el
resentid o a l castigo, continuó al instante su
bosque, oculta e1,tre las malezas, y en tal cacamino. I maginé que habría ad,·ertido la preso, t'l i nstinto de mi cabalgadura le habría
sencia ele algmia víbora que atravesara el seni ndicaelo tomar otro sendero. Ademíis, en el
dero y no &lt;li la menor importancia ú aquel
camino que $8 extendía ante mí, Íl una distropiezo.
tancia muy larga y que se descubría del todo, no había cosa alguna que !&lt;emejara jaguar
Seguí sin detenerme; pero, á medida que
ó rantera, que son los dos animales fe r1,ces á
avanzaba, el animal 111ostr[i base inquieto y
quienes los naturales de aquellas comarcas
receloso. Pocos minutos transcurrieron, cuandan el nombr11 de tigre.
do, por segu.1da vez, pero de una manera
más acentuada, parósc la mula olfateando
Entre tanto, la mula se había calmado tamel aire con la nariz hinchada y erectas hacia
bifo
un pC1co, más bien agotaela por el mieMANUEL J. OTHON, Eximio Literato..
adelante las desmesuradas orejas. Empezé á
do y el terrible castigo que yo le seguía impoinquietarme. pero sin llegar á la alarma.
niendo si n misericordia, que; porque h ubiera
Fustigué vigorosamente á la bestia y obfiguéla á tomar de nuepresentido la ausencia del peligro. Este continuaba, pues ni por un movo su andadura. Con más detenimiento y cuidado examiné la Ren mento dejó mi pobre bef'tia• de olfatear el aire, lanzanelo entrecortados
da, el bosque, hasta donde la m irada podía penetrar, y el fondo del
resoplidos. Luego de allí,de la prolongada vereda venía el peligro. ¿Qu&lt;:
barranco por donde el río se deslizaba. Inútil fué tam hién aquella sepodría ser·? La proximidad del hombre no espanta á ninguna clase de
gunda i nquisición. Afianzado ya en los estribo!:', enderecé la marcha,
andaduras, por mús que la presienta desde muy lejos. m movimiento
confiado y resuelto, hacia el punto que era el objeto &lt;le mi viaje.
que hacen en presencia de la serpiente, no tiene nada de común con
aquellas muestras de terror sumo que aún duraban en mi Espantado aniH asta entonces había logrado que la mula obedeciera; mas sobremal, rebelde todavía á continuar la marcha. Confuso y pasmado, buscavino u na tercera detención, y entonces, el espanto que se apoderó de
ba yo cuál podría ser el objeto que en tan penoso trance me pusiera;
la cabalgadura, empezó á transmitirse á mis nervios. Ya el azote, la
cuando á lo lejos .. .
rienda y las es[Juelas hincadas despiadamente en los ijares, fueron
inútiles.
[I

Euentos de Espantos(")
I
Encuentro Pavoroso.
I
De esto hace ya bastantes años. Encontrábameen una aldea muy
an tigua de la zona litoral del Golfo. Tenía que regresará la cindncl de
mi residencia y em prender una jor hada de muchas leguas. Abril tocaba á su fin y el calor era insoportable, por lo que decidí hacer la
caminata de noche, pues de otra manera me &lt;'Xponía á un espasmo ó
á una insolaci6n. Ocup&lt;': la tarde en los preparativos consigui&lt;'nte!'I, y
llegadas las n ueve de la noche, monté sobre una poderosa mula baya
y, acom pafiado de un mozo de estribo, atravesé las calles de la villa'
encontrándonos, á pocn andar, en pleno campo.
'
La noche era espléndida. Acababa ele salir la luna llena, pura y
t ranquila, envuelta en un azul diáfano, como si estuviera empapada
en las olas del Atlántico, de donde surgía. Los bnjos de las montañas envolvianse en el caliginoso vapor del 1,calmazo,» que así llaman á la calina por aquellas tierras. El cielo estaba resplandeciente como si una
bQveda de cristal y plata fuera. Desde la salida del pueblo el camino
se marcaba vigorosamtnte al borde pedregoso y áspero de un acantilado, lÍ cuyo pie, por el lado izquierdo, rodaba el río entre guijas y
pefinscales, con u n rumor á veces como el de un rezo á veces
como el de una carcajada. A la derecha se extendía la muraÍia movible y verdinegra d~ un in1;1enso bosque. De manera que la senda,
muy angosta, corrrn, corna y se p rolongaba entre el acantilado del
río y la tortina del follaje.
(*) Al frente de esta serie de cuentos, el auto1· puso la ded icatoria
que aigue:
SR. LIC. DON Jos~ Ló~EZ- PORTJ.1;,LO y ROJAS.-A usted, mi querido
Pepe, consagro la senc1llís1ma narra.ctón de estos tres sucedidos en público testimonio de lo qu_e admiro su elev:i,uo talento y su gran 'corazón, y
como una prenda del imperecedero cariño y la profunda simpatía que á
usted me ligan.

Domingo 26 de Abril de 1903

Buen trecho del camino habíamos recorrido, cuando mi acompañan te me advi r li6 haber olvidado un tubo &lt;le hojalata que contenía
papelefl, para mí de la mayor importancia. Le obligué á regre$ar, lo
cual hizo Yolviendo grupas, y, disparado á carrera tendida, bien pronto se perdió su figura en tre la claridad. de la noche, y el ruido de los
cascos entre el murmurio del río y el rumor de los árboles.
Seguí hacia adelante, paso 1Í. paso, con objeto de que el mozo me
alcanzara en breve tiempo. La brisa que so1 laba desde el mar, llegó
á refrescar la caliente atmósfera, barriendo los sutiles vapores del cal·
mazo y drjando contemplar el paisaje hasta las más profundas lejanía!\ toclo en \'uelto en la inmensa ola de aquella noche tropical Y
divina.
Yo estoy habituado á la soledad de los campos, en la~ montañnii,
.en los bosques y en las llanuras. He pasado muchas noches en una
choza, debajo de un árhol, de un oeñasco 6 á la intemperie absolutamente, sin mlÍ.s compañía que la ele mis pensamientos. Así es que
aquella soledad era para mí muy grata, pues estaba plehamente inundado en la augusta y serena majestad de la naturaleza. Xada. de medroso había en torno mío y ningún temor por consiguiente, me asaltaba. El gozo, el gozo inefable é inmen'so de la contemplaci6n iba
penetrando en mi espíritu á la vez que el aire fresco y perfumado de
la selva hinchaba mis pulmones. Aun olvidé por completo los asuntos, arduo3 y graves por demás, que ocasionaban aquellos viajes por
comarcas Cfsi deshabitadas y salvajes, y hasta olvidé también al ~ozo que eleb1a regresar y darme alcance. Com) caminaba tan d espacio,
no había recorrido cuatro leguas á pesar de tres horas transcurridas.
l\Iedia noche era por filo y el l ucero brotaba ci ntilante y radit&gt;so tras
el vago perfil de la lejana cordillera, blanco, enorme y derail umbrador
como otra luna.
Todo era luz y blancura en aquella noche del trópico. Los pe·
fiascos aparecían semejantes á bloques de plata, y las frondas, lo~ rna·
torra.les y la maleza misma, temblaban como nervios de cristal_ vibrantes y sonoros. El río era un chorro de claridad y sus espumas relam·
pagueaban como uñ lampo, herielas por la mirada luminosa que el
firmamento incrustaba en ellas, desde su alcázar &lt;le diamante.

.,.

�Domingo 26 de Abril de 1903

III
Allá, de un recodo del camino, surgió de pronto una figura que,
aunque avivó de súbito el terror de mi acémila, vino á infundirme
un rayo de consuelo, devolviendo del todo la tranquilidad á mi ya
fatigado espíritu. Era un animal, al parecer asno ó caballo, de color
negro, que la blancura de la noche hacía más negro aún. Sobre él, á
horcajadas, sosteníase un hombre vestido de pardo. Estaba el grupo
todavía muy lejos para poder apreciar otros detalles; mas desde luego aquello era un hombre y yo no estaba ya sólo en el monte. l\Ie
ayudaría, sin duda, á salir de aquel conflicto y ambos inve3tigaríamos la causa de tan grande susto.
Pero lo extrafio, lo inaudito y que para mí no tenía explicación,
era que, á medida que se acercaba aquel á quien yo veía como un
salvador, mi malhadada cabalgadura más se estremecía é impacientaba por huir. Sin embargo, transcurrido ya el período álgido, yo po-

día refrenar aquellos desaforados ímpetus. Soy un jinete medianamente diestro y me impuse al animal casi gobernándolo por completo.
En tanto, el otro jinete iba acercándose, acercándose paso á paso
muy lentamente, como quien no tiene prisa de llegar á parte alguna'.
Por la andadura conocí que venía montado sobre un asno, al que no
estia 1,1laba para que avivara el paso, dejándolo caminará toda su voluntaq y talante.
El lugar donde me encontraba detenido era un sitio más amplio
que el resto de la vereda, pues allí precisamente empezaba á ensanchar el camino, en virtud de qQe los acantilados se iban deprimiendo
paulat_inamente, formando sobre el río un macizo talud &lt;le piedra.
Ya m1 nocturno compañero estaba cerca y pude distinguir que.. no traía
sombrero y sí solamente un «paliacate" ceñido á la cabeza. Quise adelantarm_e su encuentro; espoleé; herí las ancas de la cabalgadura,
que res1stiase de todo punto, y solo conseguí acercarla á la vera de la
espesura, donde los árboles formr..ban un claro. En esa posición esperé, siempre con el revóiver apercibido, pues no me parecía por demás
precaverme.
Cierto malestar, empero, una especie de ansiedad aguda me oprimían el_ ~echo, pues, ~ pesar de todo, aun de la pr6xima compañía de
aquel v1aJero, encontrabame en presencia de algo desconocido, de algo raro, y yo presentía que un acontecimiento extraordinario estaba
pronto á sacudir mi ánimo hasta en lo más profundo.
,
Ya sól~ un.os Ct!~ntos _pasos nos separa.han. Ansioso por dar fin
a ta~ extrana_s1tuac1on, hice un supremo y vigoroso esfuer-w, liwanté
las riendas, hmqué la espuela y sacudí el azote todo á un tiempo y
la mula _se lanz? desesperadam~te hacia el per~zoso grupo, deteniéndose de improviso á unos tres o cuatro metros de distancia. El negro
animal, con esa particularidad de los de su ralea, se acerc6 afanosamente al mío, ha~ta quedar fr~nte á frente los dos y yo con el jinete.
Brusco, terrible, hondís1mo fué el sacudimiento que estuvo á
pu~to de reventar los más vigorosos resortes de mi organismo. Un solo mstante, pero tan rápido como la puñalada ó la fulminación del
rayo que destrozan y aniquilan; un solo instante clavé los ojos en
aquella faz que ante mí relievaba sus contornos de ün plasticismo
brutal y espantable hasta el espasmo del horr0r. Y en ese instante
lúgubre no hubo línea, detalle ni sombra que no ~e incrustaran
profundamente en lo más escabroso y recóndito de mi ser.
Era ufi rostro lívido, cárdeno, al que la inmensa luz lunar prestaba matices azules y verdes, casi fosforescentes. Eran unos ojos abiertos y fijos, fijos, fijos, sobre un solo punto invariable, y aquel punto
en tal instante eran los míos, más abiertos aún, tan abiertos como el
a~ismo, que traga tinieblas y tinieblas sin llenarse jamás. Eran unos
OJOS que fosforescían opacos y brillantes á un tiempo mismo, como un

?

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

vidrio verde. Era una nariz rígida y afilada, semejante al filo de un
cuchillo. De sus poros colgaban coágulos s~ngrientos, ~etenidos sobre
escaso é hirsuto bigote, que sombreaba. labios d~lgadís1mos y apretados. Eran unas mandíbulas donde la piel se rest1raba tensa y manchada de pelos ásperos y tiesos; y del lienzo que ceí?a la frente se escapaba hacia arriba un penacho de greñas que el viento de la noche
azotaba macabramente.
Debajo de aquel rostro 16brego y trágico á la_ vez, un tronco enhiesto y duro dejaba caer los brazos como d?s látigos, sobre las piernas dislocadas. Del extremo de aquellos látigos, envueltos en manta
gris, surgían dos manos, que se encogían desesperadamente, cual si
apretaran asida alguna invisible sombra. Y todo aquel conjunto era
un espectro un espectro palpable y real, con cuerpo y forma, destacado inmensa~ente sobre la divina cla.idad del horizonte.
¿Cómo pude resistir tal aparición? ¿Cómo logré sobreponerme á
mis terrores y dominar la debilidad de mis nervios tan trabajados por
las repetidas y tremendas emociones de aquella noche?
¿Cómo alcancé, por último, á conservar un
punto de lucidez y desviarme de tan horrenda larva, lanzando mi cabalgadura, como
quien se Janza hacia el vértigo, por entre las
intrincadas sendas del bosque, para ir después á tomar de nuevo el camino que mi
instinto solamente me sefialaba? Lo ignoro
todavfa. Sólo sé que al cabo de algú n tiempo
pude orientarme hacia el sendero antes seguido, y ya sobre él proseguí la marcha, como
á través de un sueño.
Como á través de un sueño proseguía, que
todo en derredor tomaba los tintes y el ai,pecto
&lt;le las co!'as entrevistas cuando soñamos. Pero la realidad se imponía tiránicamente á mis
Rentidos, y en vano me figuraba estar bajo
el aterrador influjo de una pesadilla.
Galopaba, corría frenético por el blanco
sendero que otra vez tomara al salir de la selva. El viento me azotaba el rostro, mis
oídos zumbaban y una especie de vértigo me
impelía. Pero la misma frescura de la noche
y aquel furioso galopar fueron parte á calmar
mi excitación. El perfume acre y resinoso
que venía arropado en el -aliento de la montaña, al penetrar en mi pecho, ensanchó mi
ánimo á la par que mis pulmones. Ya la apa•
rici6n iba separándose de mí, no la distancia
ni el espacio transcurridos: veíala. en mi mente como á través de muchas leguas y de muchos años.
Al cabo de algunos momentos fuese aflojando la carrera y yo no
procuraba ya excitarla. Atrevíme primero una, luego dos, por último
repetidas ocasiones á volver atrás la cabeza y hundir la mirada en el
espacio luminoso. Nada.. La soledad que se extendía, que se dilataba
en mi derredor por todas partes. Aquel volver atrás los ojos lleg6 á ser
una obsesi6n dolorosa que habría continuado distendiendo mis nen·ios
de nueva cuenta, á no haber percibido de lejos voces humanas, cuyo
rumor mágico acarició mis oídos como una celeste música, pues había
llegado casi á perder la. noci6n de la humanidad, y pienso quAsentí lo
que el náufrago confinado á. una isla desierta que después de mucho
tiempo logra volver á ver á sus semejantes.
Las voces se acercaban y distinguí luego un grupo de hombres
que venía por el camino platicando y riendo en amigable compañía.
Llegaron hasta. mí, saludándome corteses y sencillos. Eran cinco y todos marchaban á pie. A la pregunta que les dirigí sobre la causa que
les obligaba á caminar á deshora, pues no veía en ellos ningún apero
de labranza ni señal que indicara trabajo alguno, contesláronme, dándome desde luego la explicacíón de lo que me había ocurrido, aunque
yo me guardé bien de hacerles conocer el horror pasado que ellos, seguramente, adivinaron en mi descompuesto semblante. '
En un rancho de la vecina sierra, la tarde anterior había ocurrido ·
una riña á mano armada, en la que sucumbi6 uno de los rijosos. El
!13atador e":1prendió ~a fuga y el cadáver, consignado á la a utoridad,
iba conducido á la villa de la extraña manera que yo le había. encontrado. P:,.ra ahorrarse molestias y evitar que el ramaje se enganchara
en las ropas del muerto, colocáronle los conductores á horcajadas sobre un paciente pollino, sosteniéndole con dos estacas convenientemente aderezadas en el aparejo.
Al c;aber semejante cosa, encontradas sensaciones repentiname~te
de mí se apoderaban: ya era un anhelo brusco de abrazar de agasaJar
á aquellos bárbaros, ya un furioso deseo de acometerlos. Contuve, sin
~mbargo, ~le~ ímpetus, y despidiéndome de la patrulla, proseguí la
interrumpida Jornada.

La del alba se venía á toda prisa cuando el repetido ladrar de ~rros y el alegre canto de los gallos me anunció la cercanía de un ranc~o que se recuesta ~n los estribos de la montaña. Llegado que hube,
hice pa!ada ~n el primer solar cuyos jaca.les á humear empezaban.
Eché pie á tierra y me propuse esperar á mi rezagado mozo mientras
dab~n ~n pienso á mi caballería y á mí frugal, aunque c~nfortante
refnger10.
El sol salía apenas, cuando despavorido, trastornado, casi loco,

Domingo 26 de Abril de 1903

mezquino y desorganizado cerebro. L&amp; embriaguez huy6 c?m~ p~r encanto; y, habilísimo jinete_. se arrojó por el acantilado abaJO siguiendo
toda la. margen del río, hasta encontrarse conmigo en el rancho de la
montafia. Por esa raz6n no topó con los conductores del cadáver, Y le
tuvo, desde el espantable encuentro, por cosa del otro mundo, á pesar
de todos los empeños que puse en arrancar de su ánimo la tremenda
impresión.
.
Cuando rendimos, al día siguiente, la jornada, cayó el desgraciado mancebo presa de mortal paludismo, que degeneró en una terrible
fiebre cerebral.
Pocas semanas después estaba muerto.
Y yo, á pesar de lo bien librado que salí, no las tuve todas conmigo.

llegó por apartado sendero el infeliz sirviente. Detenido en la villa
mientras le entregaban los papeles, Je pareci6 necesario refocilarse con
buena ración de aguardiente. Un tanto ebrio emprendi6 á todo escape
la carrera para darme alcance, pero á poco la dipsomanía le obligó á
detenerse en las últimas casas del poblado, donde repiti6 las dosis del
de caña y trabó plática con los amigos y conocidos.
Ya bastante excitado prosiguió la marcha y en un lugar del cami no t uvo el mismo pavoroso encuentro que yo. Llevaba un ehorme
cigarro de hoja de maíz y había gastado todos los fósforos en encenderlo. Al divisar al macabro noctimbulo, dirigiói::e resueltamente á él
para que le proveyera de fuego, y su sorpresa y espaIIto fueron mayores mil veces que los que yo pasara, pues, montando un caballo que
no se asustaba, y siendo supersticioso en extremo, como toda la gente
campesina, fué brusquísimo y terrible el golpe moral que ncibi6 su

MANUEL

HEROINA CUBANA.

Gobierno Es,&gt;añol, en que fué puesta, como
t?dos .los presos políticos, en libertad.

Publicamos hoy el retrato de la Sra. Magdalena. Peñarredon&lt;la, distinguida heroína cu•
bana que actualmente visita nuestra capital.
L:i. Sra. Pefiarredontla fué encausada el año
de 1887, siendo Gobernador de la Isla el General Fajardo, por un artículo publicado en

L'\ ol,jeción, el desquite, la alegre desconfianza, la ironía, son signos de salud; todo lo
que es absoluto es del dominio &lt;le la patología.

·-·
*

En la frecuentación de sabios y artistas, es
fácil engañarse en sentido inverso: detrás de
un sabio notable se e~cuentra á menudo un
hombre mediocre, y detrás de un artista mediocre, un hombre muy notable.

J. ÜTHÓN.

ESTATUA DE BARREDA.
Próximamente seriS descubierta en Puel,la
la estatua de don Gabino Barreda, que el Gobierno del E¡;útdo mandó hacer á los talleres
de la Fundición ArtíatiCl.t. establecida en la
Capital. El bronce representa al ilustre fundador de la Escuela Preparatoria puesto en
pie, y tanto por la fidelidad que se advierte en
los rasgos fisonómicos, como por la maestría
con que están tratados los detalles de Sf'gundo
orden, constituye una verdadna. obra de arte.
Esta estatua fué la última que modeló el
malogrado escultor Jesús F. Contreras.

*
El que no sabe encontrar el camino que
conduce á. «su.. ideal, vive de una manera más
frívola, más ind ,lente, que el ser sin ideal.
FEDERICO NIETZSCHE.

marina tropical.

De Víctor Hugo.
Hay en la santidad sublime encanto
Emanado del cielo;
Y si sufro al pe11sar quo no soy santo
Procurando ser justo me consuelo.
'

El remero apoy6 la abierta mano
contra el casco del buque; y lentamente
SP, alej6 el postrer bote. Enorm11 lente
bajo el ojo del sol, era el océano.

Puesta la proa hacia el confín lejano,
el buque de las Indias de Occidente
zarpó, llevando á la. europea gente
las riquezas del suelo americano ... ...

Y allá, en las playas, entre espumas rotae,
cuando el buque, virando en sus anhelos,
volvió la espalda con brutal deEaire,

«El Criollo,» contra el Gobierno. Fué acusada de incitará la rebelión, y tuvo que huirá
los Estados Unidos.
Cuando estalló la última guerra, se puso al
servicio de la revolución, siendo nombrada
delegada revolucionaria de la provincia de Pinar del Río por la Junta. de Nueva York. Desde entonces estuvo en continua comunicación
con el Cuartel General &lt;le Pinar del Río, enviando correspondencias, armas y municiones. Cuando el General Weyler creía tener
incomunicado al General Maceo por medio de
la famosa cctrocha militar,» que iba de la costa
Norte á la costa Sur de la Isla, ó sea desde
Mariel á l\Iajana, jamás quedó interrumpido
el servicio de la correspondencia y el envío de
auxilios al campo. cubano. La Sra. Peñarredonda mantenía ese importante servicio valiéndose para ello de los medios más ingeniosos.
Fué presa en Febrero de 1898; y puesta en
libertad por no haberse encontrado prueba alguna en su contra, se le prohibió salir de la
Habana al interior de la Isla, quedando bajo
]a vigilancia de la policía.
A pesar de esto, continuó en su obra revolucionaria, y aprehendida de nuevo el primero de abril de 1898, fué sometida al Tribunal 1\lilitar y encarcelada en la prisión de las
Recogidas basta la evacuación de Cuba por el

se levant6 una banda de gaviotas,
cual si fuese el adiós de cien pañuelos
suspensos y agitados en el aire..... .
JOSÉ S. CHOCANO.

Dl: llllI DIABIO.
La vibración del reloj es la. voz del tiempo.
El carnaval es la risa del afio.
El amor es el deseo infinito de un beso
eterno.
Un beso es el mayor de los placeres, porque
es el único que,siendo infinito, no sacia.
Más fácil es ser heroico que sensato.
Más lejos de la. poesía está la afectaci6n
que la vulgaridad.
NIEVES XENES.

Estatua de Don Oabino Barreda.

�Domingo 26 de Abril de 1003

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 26 de Abril de 1903

LA XEBllttESSE DE llttlXCOAC.
El Ayuntamiento de Mixcoac, con el fin de
allegar fondos para las mejoras materiales de
la población, acostumbra celebrar, año por
año, una kermrsse en que toman parte las
principales familias allí avecindadas.
En esta ora.sión, la fiesta se efectuó en la
Castañeda, una &lt;le las fincas de caro po más
pintorescas de los alrededores, resultando en
extremo lucida, no s6lo por el buen gusto
con que estaba adornado el local, sino también
por la numerosísima concurrencia que, particularmente por la tarde, asistió á ella. Los
puestos, entre los que llamaban mucho la
atención por ¡,u artístico decorado los de refrescos, confetti, y pantallas chinas, estuvieron
á cargo de señoras y señoritas que atendían á
los invitados con verdadera c0rtesía.
En estu número encontrarán nuestros lectores los retratos de algunas de las damas que
más se distinguieron en la simpática fiesta.

FLORES DESHOJADAS....

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Cuando pasé calle arriba
por el «Chalet de !ns rosaF,»
cortaban frescas mimosas,
claveles y siempreviva.
Los unos con podaderas
y los otros con las manos,
de prisa cortaban ramos
de lirios y enredaderas.
Lluvia de hojas y botones
sobre la arena caía ......
-Oh! me dije, qué porfía
por adornar los salones! ..... .
Y mientras fuí caminando
por calles y encrucijadas,
en salas iluminadas
me fuí pensando, pensando ..... .
Q11izá la hermosa doncella
que allí en el «Chalet" vivía
algún festival tenía ..... .
quizá se casaba ella .... ..
Y recordando su frente
y el óvalo peregrino
de su rostro, mi camino
seguí cruzando indolente.
1Dichosos los limoneros
que en esa aurora florearon!
sus blancas flores pasaron
de la rama á los fl.vreros ..... .
Y tristes hojillas muertas
que e11 el viento revolaban!. .....
sólo para ellas cerraban
los festivales sus puertas ......
- Mas no, en seguida pensé;
con las hojas arrugadas
yo también tengo cerradas
las puertas,y no entraré ......
Y así pensando y pensando
en lo vario del destino,
poco á poco mi camino
se fué acortando, acortando ......
. .. .. .Y en un pensar y pensar
en tristes y nlegres cosas,
por el «Chalet de las rosas•
volví de nuevo á pasar ......
Todo estaba tapizado
ele pétalos y botones ..... .
quizá para los salones
ni una flor hubo quedado ..... .
Ya no cortaban violetas;
un hondo ~ilencio hnbía. ......
110 niús el rocln r i::e oía
de las hojillas inquietas ......
Miré tras de la persiana
por contemplar el salón ......
en él no vi ni un bot6n
de rosa muerta ó temprana ......
Los que antes cortaban lirio~,
los que antes cortaban ramos,
llevaban entre sus manos,
en vez de floreros, cirios ......

NUESTRO PAIS.-Una calle de Gua najuato.

Entonce~,ay! cuando vi
de la cnlle en las baldosas
tantaF- hojillas de rosas,
ya todo lo comprendí.. ....
Con larga y triste mirada
contemplé por un momento
el suave aletear del viento
entre la flor deshojada ......
Luego ele allí me alejé
llevando en mi alma una espina ......
y antes de voltear la esquina
hacia la casa miré ......
Nadie corlaba violetas;
un hondo silencio había ......
no más el rodar se oía
de las hojillns inquietas ......
MARÍA ENRIQUETA.

(Fot. Rawel.)

No toquéis á esa puerta! Ko despertéis lo
que allí duerme ...... La inefable tranquilidad
de un amor que sueña adora.das primicia~ ú
el santo reposo de ur,a fatiga que ennoble~iú
el trabajo!
Ah! no toquéis esa puerta, no despertéis lo
que allí duerme, hasta que el sol a ome y se
escuche la agreste sinfonía del alba!
0

PABLO HERNANDEZ.

SOBBEMESA. ALEGBE.
La viPjecita ríe como una muchachuela
c~nt:í.ndo_n?s )a hi~toria de ~us días más bellos.
Dice la vie¡ectta: Oh qué tiempos aquello•
cuando yo enamoraba 1í ocultas de la abu~l'a!"
La viejecita ríe como una picaruela

NOCTURNO.
Es la hora del coticinio eñ un plenilunio
delicioso.
fü espacio límpido y sereno semeja. un lngo
ele estreilaE'.
En las lejanías de la llanura, las copas de
las ceibas seculares se confunden con la. uruma
gris del horizonte.
Mueven el aire tibio ráfngas del ama, que
llegan con frescura y olor de primavera.
En medio del valle, bajo el dosel de palmas, cerca ele un arroyuelo que brilla como
estela de nácar, se levanta una casita obscura
y silenciosa ..... .

y en su_s ojillos brincan maliciosos destellos.

¡Qué bien luce la plata de sus oí veos cabellos
sobre su tez rugosa de color de cauela!
La viejecita olvida todo cuanto la agobia,
y ríen las arrugas de su car:\ bendita

y corren por su cuerpo deliciosos temqlorfs.
Y mi novia me mira y yo miro ÍL mi no,·ia
y reím?s, reím~s ... ;tnientrns la YiPjeci1a
'
nos refiere la h1sto1·1a blanca de sus uuwi·es.
M. MAGALLANES MOURE.

��Domingo 26 de Abril de 1903

Domingo 26 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL ARTE DE ENVEJECER.

--------

,,

De la cercana iglesia llegaban los sohes de
«la última llamada;» ibah á sonar las doce del
día.
A la puerta amplia y sucia del «mesón» se
agrupaba la gente, y entre ella se abrían paso
con dificultad para entrar, los músicos que llegaban.
De repente, se veía cruzar por el patio, de
un cuarto á otro, á los artistas vestidos con los
ligeros trajes de colores marchitos, y puestos
los sombreros «fieltros.)&gt;
El trapecista, á medio desnudarse, en vuelto
en un sarape rojo, gritó desde la puerta de su
cuarto:
-Oye,Antonio, Antonio, préstame una banda;.al fin quP, tú tienes dos; no encuentro la.
mía.
-¡No encuentras la tuya; bueno era que la
tuvieras! pero, ¿crees tú que yo gano para
vestirte? Es la última vez que te la presto.
-Bueno, hermanito; gracias.
El director y el empresario llegaron de prisa; iban jadeantes; habían ido al rayo del sol
hasta el circo.
-¿Ya estamos?
--Sólo falta c,Toto,» no ha venido.
-¡Diablo ese! estará de seguro en la cantina.
-¡Mira, Román! vete á la cantina dela esquina, y di á «Toto» que venga inmediata~
mente.
Román salió á escape.
En verdad, en la taberna, en medio de un
grupo de hombres que hablaban de lo gracioso que c,Toto» era, el payaso clavaba la cabeza
sobre los brazos cruzados, el sombrero puesto
ele través, y dejando destacarse las enrojecidas orejas del blanco del saco, dormía ebriamente.
-Señor «Toto», señor "Toto». Dice el señor
Rodríguez que vaya usted inmediatamente;
11ue ya va á salir el paseo.
,/foto» rechazó la mano que lo movía, y
murmuró una obscenidad.
El muchacho, sin inmutarse, lo movió nuevamente:
-Señor «Toto,» señor «Toto,» ande usted.
-¡Caramba! que ya voy.
Al fin se esperezó y levantó tambaleándose,
para acercarse al mostrador:
-¿Cuánto se debe?
Y el ibero contestó amigablemente:
-Nada ccToto,» nada; todo está pagado; vá·' a,e porque va á salir el paseo.
¡ Qué horrible veía el sol, y cómo le c01,taba
t·:il,·,jo levantar el pantalón que se le caía!
El empresario y el director lo llevaron has-

-No, no, fuera, fuera; el payaso, el payaso!
El escándalo creció.
El Empresario fué hasta la silla del Regidor que presidía, y algo habló y algo accionó
con él.
El murmullo aumentaba grandemente, y
cayeron algunas naranjas y tres tablas en el
redondel.
Algunas familias empezaban á clisponerse
para salir.
Parecía aquélla. una plaza de toros.
Por fin un artista envalentonado, pero empalidecido, llegó hasta la. mitarl de la pista, é
hizo seña. para que callasen y lo oyeran.
En efecto,se hizo el silencio.
-Respetable y benévolo público: el payaso
no puede salir, porque se ha muerto.
La gritería estalló ensordecedora.
Unos aplaudían y vociferaban: ubravo, bravo;» otros: umentira; estará borracho;» otros
más: «que se devuelvan las entradas», y «á la
cárcel el em presarion.
El artista, en mitad del redondel, esperó
unos momentos, y consiguió hablar de nuevo:
-Las personas que lo duden, pueden pasar al vestuario á ver á «Toto».
Las familias huyeron. El pueblo no; aquello era ya otra cosa; eso formaba parte de la
diversión. Muchos salieron protestando, y los
más se a valancharon hacia el vestuario.
La policía apenas podía contener aquella
horda. Sobre una mesa blanca, la que servía
para las pantomimas, estaba el cadáver de
«Toto» vestido de payaso.
Una mueca dolorosa y repugnante contraía
el enharinado rostro; tenía «Toton las manos
Por la tarde:
cerra.das oprimiéndose el pulgar con los deEl calor se hacía insoportable.
más dedos.
Ya el c{fragaespadas» babia asombrado á la
Allí dentro la gente acallaba sus protestas;
concurrencia, el caballo del «Indio apache»
hasta se entristecían algunos.
había salpicado de estiércol á las familias que
Un ebrio que dudaba de la verdad del caso
ocupaban las sillas próximas al redondel; el
se
aproximó y le tocó una mejilla; de repenequilibrista había rodado cuatro veces de cela
te
resbaló y cayó cara con cara sobre el cadácuerda floja,» y .él malabarista había arrojado
ver.
contra la nariz de u na. señora obesa u r.a de las
La concurrencia rió;ccToto,» aun de!'pués de
naranjas con que jugaba.
muerto,
seguía divirtiendo al público.
El público empezó á protestar:
...... Y á la mañana siguiente, mientras el
- Que salga el payaso! que salga el payaso!
Empresario se felicitaba de su idea, que lo
Qué no te pagan,uToto»?
había salvado de la devolución de la~ entrnLa mnltitu&lt;l se contagió bien pronto, y fué
dns
y de la ru plnra de algunas graderías )"
el grito general: ccEl payaso! El payarn!»
sillas, los artistas se quejal1an de rubos de ~us
Entre los artistas se notaba un mo\·imiento
prendas,()ue habían dei::npancido del YeR~unextraño; entraban y salían; procuraban afecrio cuando el público entró (i ver el cad:l\·er
tar indiferencia., pero algo pasaba al!í.
del infortunaclo «Toto».
Salió ,,la mujer fuerte que levantaría un
hombre con los diente!',,&gt; pero el público no la
FRA~CISCO ZÁRATE nuiz.
dt&gt;jó trabnja.r:

ta el cuarto y lo ayudaron á desnudarse de la
ropa de la calle y vestirse el "clownesco&gt;&gt; traje bombacho. Le rociaron alcohol en la cara,
y él, guaseando, abrió la boca para recibirlo.
Cuando le pintarrajeaban el rostro, elijo el
empresario, en tono de empresario:
-¡Que sea la última, ccToto¡i&gt; esto no puede
seguir así!
El contestó:
-Será la última, y estropeó con la. lengua
pegajosa alguna frase que hizo volver la cara
al empresario, para que «Toto,, no viese la risa que le jugueteaba. entre los labios.
Lo subieron al caballo; montaron en los suyos los demás; la. música preludió la marcha,
y salió el paseo entre la gritería .infantil.
-Esta tarde, sefiore~, gran función; todo
nuevo, todo variado; al circo todo el mundo.
El "Circo Orientab, et! lo mejor que se ha visto en esta ciudad, ¿verdad muchachos que sí?
-¡Síiii!
A los balcones habfa a.sornadas familias, y
en las aceras se detenía la gente.
El ((clown» arrojaba á diestra y siniestra los
anuncios de colores, y los muchachos, en mitad del arroyo, se estrujaban por cogerlos.
Tras el payaso seguían todos los demás ,cartistas": seis hombres, dos mujeres, una niña,
cuatro caballos, un burro y un oso; las personas á caballo, y del freno los cuatrapeados.
Los desafinamientos de la orquesta se oían
más y más suavemente; y allá va, jaca.rúndoso y borracho, el payaso; serios, muy serios,
los melenudos y morenos artistas.
Se alejó el payaso.

I
Los pesimistas han contribuído á hncerme
optimista. Su rasgo caract,:rístico consiste en
c¡ue su descontento de todo se traduce por un
inmenso contento ele sí mismos.
·
¡Qué sentimiento de su propia su perioriJad I
¡que desdén por nosotros, pobre~gente t1ue tenemos el culto de la
Esperanza! ¡Quéabruma&lt;lores f'obre11()m hre1&lt;! ¡Simples, tonto!',
cándidos!
No tanto como Yosotro!-, caros a111igo.•.
A lo meno~, no sufrimos de de!-giacia E&lt;ino
cuando la experimentamos. Vo¡:otros la
sentís cuando llega,
autes de llegar, después que llega, y aun
despué1 que ha cesado! Su r&lt;:cuerdo os sirve para prever otras ...
que acaso no sucedan
jamás.
Esto es lo más admirable en ello!-: ocho
veces por cada diez, Hl
orgullosa presciencia
los engaña, y si por
casualidad acontece algo de lo que han pronosticado, su primer
palabra es: "Yº siempre lo he dichon ... ... Y
helos ahí, contentos de
una desdicha ajena
porque les da la razón . .. ..
Dios mío, detesto {i
todos esos grandes y
pequeños Schopen -hauer, que no ven el
fru to sino el trabajo de
germinación, en la flor
sii,o el veneno, en el
cielo sino la nube, en
el corazón sólo el vicio, en el hombre
únicamente á la bestia, en la lucha por b
vida, el crimen.

-Me aburro.
Su fisonomía y su acento me abismarofi.
En boca de ios ricos y de los holgazanes, esa
frase ".\le aburro," tiene tal acento de desesperanza que espeluzna. Aquel honrado sujeto
lo decía riéndose. Acepta el fastidio como
acepta la lluvia, el frío, la escacez, la fatiga,
la muerte. Pertenece á esa razn rústica cuya

jido tenue, de un suave perfume. He ahí la
imagen de la educación y de la naturalezn.
Esta nos da las flores sencillas; nosotros hacemos las dobles. Recibimos dones: nos corresponde formar cualidades: la obra del hombre
completa la obra de Dios. Sólo que, los dones
naturales tienen tal gracia, que no sé si prefiera. la eglantina á la «Reina»....... Para no ser
injusto:,, amémoslas
por igual.
ERNEST LEGOUVÉ.

***

Como un homenaje
á la memoria de Er-

nesto Legouvé, decano
de los escritores fran cE:ses, fallecido recientemente, publicamos
los párrafos anteriores.
Legouvé estaba proximo á cumplir el cen tenario, pues nació el
15 &lt;le Febrero 1807, y
hacía cerca de medio
siglo que Re contaba.
entre los miembros de
la Academia Francesa.

CBEPUSOULO.

.Muere el día. Las
purpúreas nubes se
tornan de un color
:ímbar franjeado de
palideces estelares. El
Nilo se desliza mansamente. Se llenan de
rumores los juncales
de la margen. Abre el
loto sus pétalos azules,
con la emoción de una
nostalgia. Desde el
río, los cocodrilos pro•
longan su hocico armado de cortantes sierras en dirección al
cielo y resuellan á la
manera de una fragua.
8obre el césped que tapiza la opuesta orilla
cruza. de huída una
banda ro~acla de flamencos. Una garza se
]l
peina con el pico su
plumaje y un ibis solitario se queja en el
Al regresar de un
silencio. Pero el cielo,
paseo por el bosque,
vi sentado delante de
por momentos "ª toERNESTO LEGO.UVE, célebre esc•·itor f:anc.és, falle: ido re~ientemente.
mando un azul má¡,
una casita retirada de
la aldea-y cuyo proprofundo; la. noche gozoga enciende las estrella:=:.
existencia se resume en &lt;los infinitivos: "Pª·
pietario está casi ausentc-á un buen hombre
decer y esperar» .. ... .
á quien conocí de jardinero eH casa de uno de
Y las aguas en la sombra se estremecen y
l\Iuy bueno es enviar los campesinos á la
mis amigos.
~·etuerc~n, como una larga serpiente que de
escuela; pero también sería bueno que se nos
-¡Hola! tío Anto,1io, le dije: ¿sois el guar1mprov1s0 baña. de resplandor encarnado la
enviase á la escuela de los campesinos.
luna que surge de los desiertos ..... .
dia de esta casa?
--Sí, señor, desde el otofio.
JOSÉ MARÍA VÉLEZ.
-Lo que no debe seros nada alegre. Ni \·eIII
*
cinos, ni amos.
La demencia, en los individuos, es en cierUn magnífico rosal híbrido, la «Reina" tan
-¡Oh! pero tengo bastante en qué ocuparto modo rara; en los grupos, los partidos, los
doble de pétalos, tan rico de coloref'., florecía
me con el jardín.
pueblos, las épocas, es la regla.
este verano cerca á la verja de mi jardín al
--Sí, en el verano. Pero en el invierno, dulado de una eglantina que abría modesta~enHablar mucho de sí mismo es tal vez un
:.1·~nte las largas veladas, ¿qué hacéis?
te sus cuatro pétalos de rosa pálido, de un temodo de ocultarse.
Me miró y me dijo risueño:

*

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 26 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 26 de Abril de 1903

LOS FUNERALES DEL SOL.
El crepúsculo. Honda melancolía acongoja álos cielos : ha muerto el Sol. No paró miente!! en la proximidad del mar y de pronto se vió que caía en él sin poderse contener. ¡Ha muerto el Sol!
¡El rey de la luz se ha ahogadol Las naves levantan al cielo sus
antenas, en actitud de viudas dolientes que oran por el alma del
esposo difunto. Corporaciones de nubes acuden al entierro del Rey
Sol. Esas blancas son coros de vírgenes que van á poner albas ro!WI
en su tumba: la línea brillante que la perfila es el oro de sus rubios
cabellos. Aquellas pardas que avanzan lentamer,te, son caducos ermitaños que van á recitar ante la fosa gangosas preces. Esa nube
de brillos acerados está formada por la mesnada de un caballero
de Malta, que va á formar la guardia de honor: por eso ha bruñido las alabardas y cotas. Aquella nube que avanza mostrando un
extraño barajo.miento de combas, estrías y colores, el rojo y el gualda, el verde y la púrpura, es una corte medioeval, con sus damas, meninas y pajes, sus bufones, juglares y trovadores, sus doseleR, penachos y oriflamas, que se traslada en confusa banda
para asistirá los funerales del Sol.
Empieza la fúnebre ceremonia. El mar, con enronquecida voz
canta el «Miserere.&gt;• De las naves de guerra disparan el cañonazo
del crepúsculo. Lns cigarras entonan su monótona elegía; tocan á
oraci6n los templos, y las gentes se descubren. Un incógnito seSAN JUAN BAUTISTA.-La manifestación del 2 de Abril.

r·

manlftstadón Popular tn San ]uan Bautista.
El dos del corriente se verificó en Snn Juan Bautista una entu ·
Riaeta manifestación organizada por el «Club Porfirista de Tabas·
co,» con el objeto de proclama1 la candidatura del señor General
Díaz para Presidente de la República en el próximo cun.trenio, y
de celebrar el glorioso aniversario de la toma de Puebla por el Ejército de Oriente.
Los manifestantes recorrieron las principales calles de la ciudad,
seguidos de un numeroso grupo de personas pertenecientes á toda~
las clases sociales, para desfilar después frente á la cai;a del señor
Gobernador del Estado, General Abrnham Bandala, que presenció
el paso de la c;:imitiva desde uno de los balcones del edificio que
habita.
La manifestación, según nuestros informes, resultó muy lucida.

PAISAJE.

pnlturero arroja grandes paletadas de sombra en la regia tumba, y
cuando la tiniebla lo envuelve todo, surge la lun11.. Es la lápida que
una larga caravana de estrellas conduce á la tumba del Sol. Sólo
los poetas pueden descifrar el cabalístico epitafio escrito en su marfilina superficie.

La muerte es la renovación, es la imagen del invierno; todo
lo que muere en esa melancólica estación, renace en la primavera.

*
En sentido abstracto y geométrico podemos decir que la forma del sonido en la naturaleza es regular, por el triple aspecto que
nos ofrece.

CLEMENTE PALMA.

INAUGURACIÓN DE UNA CAPILLA.
Con una solemne función religiosa se efectuó el domingo anterior por la mafíana, la inauguración de la capilla de la Escuela Comercial Francesa, establecimiento á que nos hemos referido ya en este semanario.
El local está. decorado con buen gusto y su capacidad es más que
suficiente para el objeto á que se le destina. En el altar mayor, dentro de una urna de cristales, se encuentra una escultura de San Luis
Rey de Francia, bajo cuya .advocación se puso la capilla, y, al lado
opuesto, un magnífico órgano para el servicio religioso. En los muros se ven algunos gobelinos de mérito, y las ventanas están cubiertas con elegantes vitrinas de coloree.
A la ceremonia inaugural asistieron, como madrinas, las señoras de Blondel, de Tron, de Jacques y de Signoret, contándose entre
las personas invitadas, distinguidas damas y caballeros de la Colonin.
francesa.

NEURÓTICA.
Del huerto en la penumbra misteriosa
Enhebrando un suefio te consumes;
Y enamorad:~ del »no ser,» ansiosa
Cual una visionaria voluptuosa,
Te matas lentamente con perfumes.
Tus nervios extenuados desfallecen
Como al sutil rumor de arpas eolias;
Y en tnnto que tus ojos se adormecen,
En tu redor abriéndose, parecen
Incensarios de nieve las magnolias.
Tu sensibilidad no agonizante,
De tu neurosis la tensión injuria;
Y del hue1to en la atmósfera odorante,
Se asimila tu pálido -semblante
A una hermosa camelia de Liguria.
JUAN DUZAN.

Caída de la tarde.

(Fot. Rawel.)

Capilla de la Escuela Comercial Francesa.

Lo que una época encuenti:a malo, es por lo regular un re~to in
?portuno ~el.o que antes fue encontrado bueno, el atavismo de un
ideal en veJec1do.

�ILUSTRADO
• 1-NUM. I~
ANt X•••JOMO

MfXICO, MUO 3 Df 1903.

•rector: LIC. RAf'At L Rtl't &amp;PINDOLA.

SAN

Cier ente: LUI&amp; Rt~ &amp;PINDOI A

MAN

St. GEBM:AIN

1-1--

Del Dr. LATOUR BAUMETS. París.

TONICO

RECONSTITUYENTE

Con extracto ue aceite de bacalao "Mori'bnol"-Ictiol-kola y estricnina.
Cura Anemia, Clorosis, Escrofula, Raquitismo, Beumatis~o,
Enfe1 medades de la, piel, etc.
Tónica Poderoso ParaCoavalescicntes. Tnbercmosos y Enfürmos del Corazon.
11

'l'o11ificar el sistema nervioso y recon stituir la sangre es volver á la vida y recuperar el uso de 1ollaR su s facultad es. EL VIXO DE RAN GERJ\{AN por su s atractivos y poderosos compo11entcs, por sus asombrosas curaciones, es el Vino 'T6nico
reco11 stit11ycntc má-, rccomcnda&lt;lo por to(las las celebri&lt;ladcsmé&lt;licas del mundo; lo
C&lt;'rlifica11 los prufesores &lt;le la U niYersicla&lt;l de París y de la Escuela Nacional de J\Io&lt;liei11a, de :\léxico.
2&gt;r. lfafae/ .Cavisfa.
" ll:1hll'n1l o f'XpPrimf'ntn1lo pn nl~ 111u,-&lt; l'll l°l'r111os l'I \"I XO ) )!,; S.\ ;\
(; 1-: ID I.\ :'&lt;. lo recnmit•u ,10 1·01110 IIU
11111•11 1(1111&lt;-o y l"l'('0llstitt1.l"l'll l ,•."'

:lJr. ]Jandera.
" lle 11Rn&lt;lo ron l'X&lt;'&lt;'lf'ntr,; r&lt;&gt;snlt n ,l os l'I n xo 1rn S.\:'\ &lt;a:rnL\ N

ca"º"'

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de tfsl11 pulnwu:, r. de n n emia y ele enren11e1l:1cle&gt;s 1·1óuitns 1le
l:1 1&gt;:el."

l &gt;lt . rt .\ F .\ L-: L I. .\ \. 18T.\.
~11l,dl1·1•1·tor r l 'rof,,i,or ele Clínira
1:~ 1,•rnn eu la E,;1:11 .. 1:1 :'&gt;aeional lle
.\l í·x lt·o.

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2&gt;r. ifoqúe )llacou~ef.

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oe .)'irel.':rno.

Ln &lt;'f'J\&lt;'&lt;'1:i l Po111 po-&lt;idr,n &lt;11'1 \ "I
CE lt.\1.\X &lt;'11 PI c¡n,, se
"TA\
composición &lt;lrl Yl:\"O DE EL \"IXO DE $.\IXT C:E:-!:\I.\T N
0 111111:111 los rN·o nstítn_reu ll's. In!! tó
SAN
C:Y.;1::\l.\i\', ;:::irnntiza sns une• es una feli;,; (•omllinarión :w1•pt.1•
ni,·o~ nPu1·0~ t l•11ic•os Jl rnrclin eos.
ni ic·th,l"nl. 11:H•f'll dP estn ¡11·,.10:1rn- nos ('Í('Ctos Y llí)IIÍ. &lt;lon,le t:into ble ])01' :Sil ;?IISIO (t to1los IM l'll[erC'ión 11 11:1 11(• l:is 111ás ad1•1·11:1d:1-&lt; ni nhnn,l nn Jns t&gt;nft&gt;rmr,1:1,IP'&lt; 1ior demos y t i1•ne ))l"O)):C'tl:ldf's t:111":1 tiYIIS
t r:1l:1mil•11to 1lt&gt; l:1s 1•11í1•n11Pcln,l,.s. 1•11 hilid:111 en In nntric·iírn. &lt;'&gt;&lt;pt&gt;ro que
ln &gt;' qtlt' p rerlo111i11a la )lol11·1•z:1 d,~ SN:l 111• )l0s.·11·n utilit!a, I fl:11":l el exr&lt;&gt;l&lt;'ntcs 11:1ra lo,; din•1·sos l'st:1cJos
p::t t ol6¡;il'OS.
i::a11 !!r&lt;' y e l rl l.'I.JilHnmleuto &lt;l t•l i11di)1( 1111Íl"O.''
,·ltl 110.
A HF.T.T..\:'\O.
D R. R..
'rofesor d i' Ohstrtr ic·in rn In Eiwne.
• .
11 N. ,Je• :\IC'&lt;lil·l n n ele .\!(•xko. ;\! iem- Prof esor n&lt;lJunlo de Cl1111,•n &lt;•xtl&gt;r- E"c•upln N . &lt;le :'11t,1li1·in:1 &lt;le :\léxico
ro ele 111 Aca,1t•111ln el e .\Iediclna .. na de la Eseuel::t :\ncional de :\l l'di- ;\Ji('ml.Jro 1lel Con~ejo l:-uperior (]¡,
édlco del H ospital lle Sa n Andrés.¡ eina de México.
Snlul.Jrillad.

:-:o n,~ ~.\ :'\

j)r. C!arlos J"ejeoa.

P.ecomiendo &lt;&gt;I YT:\"O DE SAN
EL
DEJ S .-\N GEIUIAN, es G EID I AK. como íitil y 1•ficn;,; e n las
una h11eun preparación , túnico y re- enfr1·111etl:1cJes que c:111sa11 profuucJ\
eonstit11ye11te, lo lle empll'atlo siem- deliili1la(l en In eco110111f:1: 11,;f como
pre eou I.Jueu éxito.
e n las anemi:1s, tuhen·ulosi:;, atre psins, l'tc.

nn.

111:. C.\ n LO!- TEJED.\ .
Proí&lt;'sor fil, Clínil·n infantil e n In
B~u1 ..111 X. tle Me1liciua de .\l é xi co.

2&gt;r. fi de t;;aray.
Tlt• 11sn1lo rn ,·nrio~ &lt;lf' mil' en fe rmos PI \"l:'\ODE $.\:'\ n1.;1t.\l.\ N .1"
lo (·011sitl&lt;•ro nna 11n•d iei na l'X&lt;·l'le nte: P" 1111 t(,nito pod,•roso, tic ;;:1ho r
11;::rndahlp .,· 11111_1" l'fi&lt;-:1;,; p:1ra los :lllt' ·
mic·os. linf:iticos. tulil'l'eulosos. conYnh•s1·lc11 tes y cufen110s &lt;lel &lt;:ora
ZÚLI l'U gpnernl.

¡·

A. DE GAR.\ Y.
Pror1"&lt;or de .Anatomía en la r-:sl'll&lt;'la Nncionnl ele .\1,•cli&lt;-i nn, Cil"ll·
j:1110 de los Ilospitnles .J11:lrez J" E~
pniiol. Presille ute de In Sociedad
:'llé&lt;llca "Pedro Escol.Jedo,'' e t c.

~=1=1~§~ i~~~~~~~
~~1~~1=¡=~~1~¡1
=¡=~~
§1~¡=~~1~m=¡=~=1=~~

Subscripción mensual forinea $1.50
ldem,
ldem. ea la capllal $1.25

MONUMENTO
Erigido en O r izaba á la memor ia de las víct imas de Veracruz. (1847.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril d{;l 1903

EL l'IHJNDO ILUSTRADO.

que;representa este grabado, es de
suma elegancia y buen gusto. El raso deberá ser de color verde Nilo y
las pinturas han de ostentar una
policromía verdaderamente artística. Restírase primeramente la tela
sobre el bastidor y se traza en seguida el dibujo con lápiz suave y
líneas muy delgadas. Puede emplear se también la tinta de china,
la cual pod r ía s¡¡t•, ir pat·a dar una
ligerísima sombt·a á los contornos
del dibujo. La pintura, hechas ya
estas operaciones preliminares, se
ejecuta de la manera que ya hemos
indicado varias veces.
0

EL CUAB TO QE TOCAD8B.

•

1

''

4.-Colecc ión de trajes infantil es para
niños y niñas de 3 á 10 a ños.

PÁGINAS DE UN LIBRO.
LAS ENCANTADORAS,

.

Número 9. -(Ver la explicación
del número 5.)
Número 12.-La pintura y confección de esta cubierta para cojines
.ó almohadones se ajusta en todo á
la explicación que hemos dado para.el grabado del núm. 1. Con excepción de la forma un poco más alargada de esta funda y de los motivos del dibujo, el procedimiento es
igual. Las tintas debeu ser un poco
más obscuras para. el almohadón.

La belleza moderna es s~peri&lt;?r fi,
la belleza antigua, qu~ resid~a umcamente en la perfección de ,a forma, en la armonía de las proporciones, en la pureza de la línea, en
la amplitud de los modelados y en
la nobleza del porte.
Hoy día, la bell_eza reside ~obre
todo en la exprl;sión1 la ¡¡:rama,. el
sentimiento, la mtehgencia, la mtensidad de vida.
Además hay la belleza natural
y la belle~a adquirida. &lt;Hay dos
clases de belleza, &lt;escribió Mme.
Girardín:&gt;la que se recibe y la que
se adquiere.&gt;
La belleza natural consiste en ese
conjunto de líneas que solicita, encanta y cautiva la mirada.
La belleza adquirida es la que
proviene del arte de peinar~e, de
vestirse, de reformar ó modificar
los defectos de la naturaleza. Esa
belleza, cualquier mujer de gusto
puede adquirirla.
Diremos más: la que sabe vestirse, calzarse, amueblarse, la 9-~e
tiene el gusto de las cosas exquisitas, la que imprime á su manera de
ser, á sus gestos, á su_ a~d~r, á su
interior un sello de d1stmc1ón y de
elegancia, será reputada como mujer hermosa mejor que la que, siendo realmente bella, no sabe ballar
el marco á propósito para su belleza, dándole relieve, ó no cuida

•
su persona y comete faltas de gusto. En una palabra, la que no tiene conciencia de su poder y de su
valor.
Por consiguiente, para ser hermosa basta con querer, y toda
mujer que comprenda su verdadera
misión debe querer.
Pero existen aún otras distintas
maneras de ser bonita ó hermosa.
Gracias á los recursos del tocado
y de la coquetería, se pueden modificar y amoldar á voluntad el carácter y la expresión de la belleza.
Una encantadora, la que hace del
a_rte de agra~ar la primera ocupa'
ción de su vida, el fin de su existencia, sabrá hallar, sin que se lo
enseñen, ciertas_ modificaciones y
modulaciones. A esas mujeres de
genio nada hay que enseñ11,r; pero
hay otras que necesitan tener un
guía.
Así es que la mujer encantadora
podrá ser embriagadora ó melancólica, sugestiva ó sentimental, interesante ó sencillamente arrebatadora.
Para llegar á esos efectos múltiples y complicados, la expresión de
la mirada, de la sonrisa, de los
modales, no es suficiente; tiene que
sa.ber preparar su marco y modificar, según el fin que quiere alcanzar, su peinado ó su vestido. El color ambiente y los efectos de luz
desempeñan un papel importantísimo en estas transformaciones.

MINIATURA.
Estancia angosta y sombría
donde un débil nimbo vaga,~
entre un candil que se apaga
y un primer albor del día.
En un lecho un moribundo;
junto al lecho una mujer,
y allí, entre set· y no ser,
todo el abismo de un mundo.
De criaturas un enjambre
cet·ca á un hoo-ar
no encendido,
0
y allí, entre h at·apos tendido,
1
mudo el fantasma del hambre. •••• •
MIGUEL ULLOA,

Las buenas intenciones de una al·
ma honrada pero débil, hace pensar
en esos arbustos siempre en flo r que
no dan fruto.

*

Hay una cosa más triste que cesar.
de vivir, y es la de sentir que no se
ha sabido vivir.

*

La &lt;toillette&gt; es el prefacio de una
mujer y á veces el libro entero ; pero
un ·llbro puede estar bien encu adernado, dorado por los cantos Y perfectamente insignificante.

•••
I

Hay tocadores de todos géneros
muy elegantes, suntuosos; alguno~
son verdaderos saloncillos, en los
cuales las señoras pertenecientes á
la más alta sociedad reciben constantemente á sus amigas íntimas.
En el siglo XVIII, el cuarto de
tocador, pintado por los más afama.dos artistas de la. época, Watteau, Boucher, Fra.gonar d era una
habitación abierta. hasta' para los
&lt;amigos,&gt; mientras peinaban, empolvaban y mosqueaban á lascoquetas marquesas.
Es verdad que entonces se lavaban muy someramente, un poco
más sin embargo que durante el siglo anterior, en el cual ignoraban
aun entre la clase más elevada ei
uso de los baños. c¡Mil años ~in
baño 1&gt; exclama 8Jl no sé qué escrito Michelet.
Por consiguiente, como se lavab an muy poco, los tocadores eran
más bien gabinetes, en los cuales
se oían galantes conversaciones.
Pero hoy día, en que las modas
inglesas se han introducido entre
nosot1·os, ese lavatorio se hace con
mucha agua: se usa cada día el
&lt;tub&gt; para el baño con esponja,
cu ando no se puede tomar un b año
completo.
Nuestro siglo es realmente el siglo del agua.
El lavado ocupa un lugar preeminente en el tocado de las mujeres, y generalmente se reemplaza el
tocador duquesa por una ancha
mesa de mármol, muy larga, donde
están colocados todos los bonitos
instrumentos de acero, los frascos
de cristal, las cajas de polvos de
porcelana de China antigua y las
finas esponjas, todo lo cual es indispensable para una señora.
Los jarros, cubos, etc., se esconden en un armario á propósito, ó
se llevan á un gabinetecontiguo de
menos importancia. A pesar de todo, en la clase media, á la cual me
dirijo, es muy raro que se tengan
dos cuartos tocadores; gracias si
se tiene uno solo. Sin embargo, en
todas las casas nuevamente construídas, se encuentra un cuarto tocador.
¿De qué manera hay que decorar
ese cuat·to? Cuando sirve al mismo
tiempo de cuarto de baño, las paredes están generalmente cubiertas
de azulejos; los hay encantadores.
Sin duda algun a, no hay nada más
bonito, más apropiado para el uso,
y sobre todo más limpio y tal vez
rnás barato; pues si el tocador está
tapizado, por ejemplo, con tela de
Jouy ó con andrinopla, será necesario de cuando en cuando descolgar las telas para limpiarlas, y la
limpieza, así como la.mano de obra,
serán necesariamente muy costosas
á no ser que se haga pet·sonalmente con la doncella.
L as que no puedan procurarse
un tocador elegante ó una de esas
grandes mesas de mármol, tan de
moda hoy día, podrán fácilmente
confeccionarse un tocador. Una mesa cualquiera, de tamaño apropiado á la extensión del cuarto, de roble ó de pino en último caso, será
bastante si se sabe cubrir y adornat· con grandes volantes de tela
igual á la de los cortinones. Sobre
esta mesa se coloca un paño fino de
hilo gual'llecido de encajes. En un
marcu de pino se coloca un espejo,
Y se cubre el marco con un plegado de tela y muselina transparente.
Sin duda es una cosa sencilla, pero
suficientemente elegante, sobre todo
si no se permite la entt·ada á nadie
para visitar.
En este cuarto de tocador es donde se debe colocar, si _es ¡bastante

Domingo 19 de Abrhl de 1903

�capaz, el armario de la ropa blanca, mejor que en el cuarto de dormir, y también el armario ropero,
para guardar los vestidos.
En el caso en que no haya sitio
para estos armarios, se colocan,
á una altura conveniente, unas
planchas de madera, y debajo se
clavan varias perchas. Se hacen
largas cortinas que lleguen al suelo, y sobre una barra de hierro colocada debajo de la plancha se las

s.-Colección de cuellos y corbatas de
encajes.

:mL

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril de 1903

sí sola una coquetería, una elegancia y una distinción.
La piel humana es un verdade1·O
apara.to respiratorio y espiratorio.
Por los mil agujeros de esa fina red
tan complicada es por donde nuestro cuerpo elimina las impurezas,
de las cuales debe deshacerse diariamente, á cada minuto, bajo pena de reabsorción malsana sobre
nuestros órganos interiores. ¡Cuántas fiebres, cuantas enfermedades
contagiosas
puede conjurar
una limpieza
exquisita! Si
no se pueden tomar grandes
baños, por lo
menos se debe
usar siempre
el «tub,&gt;imnensa pal angana
de zinc, en medio de la
cual se coloca una para eeharse agua por todo el cuerpo por medio
de una esponja.
Algunas personas hacen este l avatorio general y cotidiano con agua
fría. Seguramente esta hidroterapia, para los que pueden
soportarla, es excesivamente
higiénica y tónica; fortifica el
sistema nervioso y nreserva
de los constipados, en invierno tan temibles. Pero precisamente durante el invierno es
cuando esas lociones frías se hacen más penosas. Algunos organismos son completamente refractarios á estos lavatorios helados: se
corta la respiración y el corazón
deja de latir. En este caso son no
civos y basta peligrosos. Se les
reemplaza con agua tibia, de veinte
á veinticinco grados: el efecto es
igualmente tónico y bienhechor.
Hay que secarse inmediatamente
después con toallas rusas muy secas,y si se quiere,se puede hacer una
fricción con agua de Colonia.
En todo caso, el cuarto de tocador, durante el invierno, en el momento en que se hace el lavatorio,
debe estar templado. Para las epidermis impre&amp;iooables, es mejo1·
volverse áacostar durante nnos instantes hasta que sobrevenga la reacción.

..
••••, ••

ACEITUNAS CONFITADAS

9.-0tra labor para aplicac iones.-

por el asado y frito. Preparadas
así, se van colocando en buen orden en un puchero nuevo ú orza de
barro, ó bien en un bote de vidrio.
A medida que el vaso se va llenando, se compri.nen un poco las tajadas y se echa el aceite de buena
calidad hasta que el líquido las supere á lo menos dos dedos. Se tapan
después los vasos herméticamente
con tapones de corcho y betún, y se
colocan en lugar fresco y al abrigo del aire.
El quedar los vasos bien cerrados es una circunstancia esencial
para el buen éxito de la operación,
en particu lar si las substanci as deben conservarse por algún tiempo.
Cuando se quiere emplear una
substancia conservada por este medio, se pone en agua fría, se lava.y

El orgullo dt las flortt.
l\lieotras reclinaba mi cabeza en
el áspero trnnco de una encina, cerré mis ojos para hundirme en el
regio marasmo del ensueño.
Y soñé mucho! En el carro vaporoso de mi fantasía vi ajé desde el
horizonte del futuro basta las viejas fronteras del recuerdo.
De pronto una voz tenue, suspirada apenas, desgranó en mi oído
su blanda melodía.
Era una gardenia, cuya blancura inmaculada se había teñido de
un sonrosado leve.
-Oye, me dijo, yo soy orgullosa y cifro mi orgullo en mi blancura regia. Fíjate en mi corola y en
ella encontrarás el matiz escarlata

7.-Tarjetero de seda, con pinturas.

13.~Pequeña mesa-estante para niños.

6.-Vestido de iglesia, para señoras j óvenes.

de la vergüenza. ¿Sabes tú la causa? ..... .
Es que aquí, muy cerca, casi rozándome, he visto pasar algo más
blanco que yo. Y sintiéndome humillada, maldigo esa blancura superior á la mía!
-Y tienes razón! Interrumpió un
mirto, que inclinado en su tallo,
cerraba sus pétalos al peso de la
vergüenza.
Tier.es razón de expresarte así!
porque aquí entre el follaje que me
envuelve, ha venido á hacer gala
de su triunfante superioridad algo
más rojo que mi corola avergonzada, y al verme humillado, siento
que la envidia despierta en lo más
hondo de mis estambres.
-Sólo yo, murmuró una pasionaria, estoy acostumbrada á padecer.
Vosotras sabéis mi nombre, me
llaman Pasionaria y basta él solo
para expresar el inmenso martirio
de mi vida.
Yo he ascendido al calvario doloroso de la humillación y mis hojas, amoratadas por el dolor, hao
sidu enclavadas en la cruz odiosa
de un seno exuberante! Y allí he sufrido la humillación, la vergüenza
y el escarnio.
Ah! Pero á pesar de mi dolor ete1·no, de mi hábito al martirio, nunca
me había atormentado la herida
.punzadora de los celos.

Y hoy siento abrasada mi corola
por la lumbre de esa pasión, más
cruel que todas las que he sufrido.
Y es que aquí, en mi domi ni~,
usm·pando mi reinado, he visto brillar algo más negro que mi negrura, resaltando entre sombras más
moradas que mi color violáceo.
Y también, como vosotras, maldigo á mi rival!
Pobrecitas! las dije, con razón os
sentís avergonzadas. Mi sultana ha
pasado por aquí y el color de sus
mejillas es más blanco que lagar·
deoia, sus labios más rojos que el
mirto, y sus ojos más negros que
un cáliz funeral de pasionaria .
JOSÉ F. ELIZONDO.

Domingo 19 de Abril de 1903
3:ntes para r~ducirla. á polvo; se
tie_nen las aceitunas por espacio de
vemte y cuatro horas, revolviéndolas tres ó cuatro veces; se prueb"an
y se dejan aún en ella, ~i no hao
perdido el amargo; si lo han perdido, se l avan y se dejan en agua el a ra por tres ó cuatro días; entonces
se ponen en el adobo compuesto de
agua, bastante sal, unas hojas de
laurel, cilantro, corteza de limón ó
naranja, hinojo, ajedrea ó tomillo
salsero, que se hace hervir todo junto, y se echa frío sobre las aceitunas hasta cubrirlas bien del todo
en la vasija, que se tapa lo mejor
que se pueda y se guarda en lugar
fresco.
Esta es l a mejor preparación para las aceitunas verdes.

DUQUESA LAUREAN A.

ata con anillas para poder correrlas y descorrerlas á voluntad, cuidando que no haya intersticios por
donde el polvo pueda penetrar.
Pero á pesar de esto, los buenos
vestidos deben encerrarse en sacos
grandes y largos para preservarlos
mejor del polvo. Más adelante enseñaré á mis bellas lectoras la manera de servirse de ellos.
En estos tocadores, menos lujosos todo será menos rico, pero, sin
embargo, hay quecuidarestén muy
limpios.
La aljofaina, en vez de ser de plata ó de porcelana de Sajonia ó de
Sevres, será de porcelana clara,
con dibujos originales.
Antes de abandonar el cuarto de
tocador, no dejaré de insistir sobre
la necesidad de entretener vuestra
graciosa person~ en_ la más minuciosa limpieza, limpieza que es por

MUNDO ILUS'rRA.l)O.

se exprime bien para separar todo
el aceite de que se halla impregnada y luego se adereza. El aceite
empleado para este medi o de conservación no se a ltera por el contacto con las ca.mes; así, después
de haber servido para conservarlas,
puede emplearse para condimentar
las mismas substancias conservadas, ó cualesquiera otras.
ADOBO PARA CARNES

Cocidas las carnes, ó mejor asadas, se las frota con sal y un poco
de pimienta, yerbas aromáticas,
como orégano, laurel y otras, y si
gustasen, ajos machacados; se ponen en orzas, bañándolas bien con
vinagre y vino blanco licoroso,_ por
mitad, 6 poniendo mayor cantidad

de vinag-re, si no es m~y fuerte; se
tapan bien y se col ocan •en lugar
fresco, y para emplearlas, se condimentan con el guiso que les es propio.
·
Cuando se quiera una conservación más prolongada como de sei s
meses ó más, el adobo de vinagre y
aceite es el más seguro.
PERDICES EN ESCABECHE

Se da á estas aves un principio de
acción por el asado en cazuel a; se
colocan en orzas vidriadas entre
algunas hojas de laurel , de modo
que queden bien ajustadas, con algunos pedacitos de sarmiento; se
procura que no toquen al fondo ni
1as paredes del vaso. Se ponen al
fuego en una cazuela dos partes de
aceite y una de vinagr e con su correspondiente sal , un poco de pimentón dulce, sisequiere, ópimienta negra ú otra especie, unas hojas
de laurel orégano y algunas cabezas de ajos enteras; se da un hervor
á la salsa, y aún caliente se echa en
la orza en que están las perdices,
de modo que queden bien cubier tas;
se cierra el vaso y se guarda en l ugar fresco; este escabeche sirve también para otras aves, como codornices, becadas, etc.
Cuando se quier a comer, se preparan con el guiso ó salsa que acomode, ó frías como la misma salsa
de adobo. Y si su conservaci 6o no
ha de ser por mucho tiempo, puede
substitufr vino blanco cocido al
aceite.
ACEITUNAS QUEBRANTADAS

Las aceitunas son la única fruta
que se conserva por la sal; para
poderla comer, aun por este medio,
es preciso quitarles el g_usto acre y
amargo que les es propio; el agua
sola basta para ello; pero no se
consigue sino al cabo de mucho
tiempo, particularmente si se adoban enteras.
Los mejores modos de preparación son los siguientes:
Se escogen verdes, y al punto que
van á madurar, se las quebranta
sobre una piedra y se las va echando en un barreño lhmo de agua
clara, que se muda cada día, hasta
que no sale amarga; estando en este punto. se ponen en orzas ele tierr_a
barnizarla, ó me¡or E:º botes de vidrio, con agua suficiente para cu-

b r irlas; se les echa bastante sal,
p i mentón, orégano, hinojo, ajos machacados y unas rodajas de naranjas agrias; á los dos ó tres días de
estar en el adobo, pueden principiarse á comer.
Así preparadas, duran poco tiempo; lo más un mes.
Si se quiere que des amarguen más
pronto, se escaldan luego de partidas, pero pierden un tanto su buen
gusto.
ACEITUNAS RAJADAS

Para esta preparación se emplean
las aceitunas ya adobadas por el
método anterior; se cortan como á
orejones, quitándoles el hueso y
metiendo en su lugar una alcaparra
ó un pedacito de anchoa, ó ambas
cosas; así compuestas, se ponen en
botellas, que se llenan de buen aceite; para esta preparación deben ser
l as aceitunas gordales ó sevillanas.
ACEITUNAS SECAS

Se escogen bien maduras y del
todo negras, se secan al aire ó al
sol ó se escaldan como las ciruelas,
y se guardan en lugar seco.
Cuando quieran prepararse para
comerlas, se pone una porción de
ellas en una olla, se les echa sal
algunas rodajas de naranja agri¡

Se cogen en el mismo estado que
las antei:iores; se les hacen á cada
una dos ó tres rajadm·as de arriba
abajo con la punta de un cuchillo
y se ejecuta lo mismo que uara las
a nteriores; pero el adobo se hace
sólo con sal y plantas aromáticas,
como tomillo salsero, ajedrea, hinojo, hojas de laurel y orégano;
adviértase que estas dos últimas
plantas las ponen de un verde desagradable y por ello algunos las
omiten, aunque las den buen gusto.
Estas aceitunas se conservan por
t r es ó cuatro meses, seJes pone naranja agria y ajos, y se pasan más
pronto.
ACEITUNAS ENTERAS

Como éstas se guardan todo el
año, se cogen en e! mismo estado
que las anteriores, pero se eligen
las mejores y más sanas; se tienen
en agua nueve días, mudándola dos
veces cada día; puestas en una salmuera á prueba, esto es, que se mantenga flotante en ella un huevo, se
adoban con las yerbas aromáticas
que se bao dicho para el antecedente método: preparadas de este modo, no pueden comerse hasta después de seis 6 siete meses; pero se
conservan de un año para otro y
son mejores.
Para adobar las aceitunas enteras de modo que puedan comerse
luego de su preparación, el único
medio es el de desmargarlas en lejía, siendo buenas para esta preparación todas las especies de aceituna$; pe1·O las mejores son las peque•
ñitas ó de cornezuelo.
Para un celemín de aceitunas, se
emplea un celemín de ceniza de sarmientos y un terrón de cal viva del
tamaño de un3: manzana regular;
se pone todo ¡unto en una tinaja
con agua suficiente y que lo cubra
todo, la cual se habrá apagado

16.-Fald a de 7 cuchillas.
para " S kati ng".
Y una porción dti aceite, se sacude
nuevamente la olla para que el aceite se extienda igualmente y unte
todas )as aceitunas; por ocho días
se 1·ep1te, cada uno lo mismo, y entonces estarán adobadas y podrán
comerse; esta preparación no dura
mucho tiempo; así, conviene guardar las aceitunas secas para irlas
preparando á medida que se consuman las adobadas.
FRUTAS ROJAS Y DE HUESO

Las primeras, como son grose•

Economia.Domtstica.
CONSERVACIÓN DE LAS SUBSTANCIAS ANIMALES POR EL ACEITE,

Las carnes, aves y pescados se
conservan por largo tiempo s umergidas en aceite, aunque no se_hayan
cocido· pero si reúnen estas cireuostaocia~, el buen éxito es seguro. De
cualquier modo que sea, se procede
como sigue: se preparan las carnes,
aves ó pescados en cuartos ó en tajadas regulares; si son crudas, se
enjugan bien· si se les ha dado una
tercera parte'de su cocimiento, ser á

11.-Sombreritos de encaje
y listón.

12.- Cubierta e n seda, para a lmohadones.

�..
Domingo 19 de Abril de 1903

Ef:,

MUNDO ILUSTRAOO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

llas, cerezas, guindas, fresas, frambuesas, y las segundas, como albaricoques y melocotones, se escogen
maduras, pero que no lo estén demasiado; se desgranan las grosellas, se quitan los palitos á las cerezas y los huesos á los albaricoques y melocotones; puestas con
separación estas frutas en las botellas, se las deja. dar un hervor en el
baño de María.
Para las frutas rojas no deben
emplearse vasos de hojalata, porque el hierro y el estaño las altera
el color.
Las fresas pierden un tanto su
perfume; pero esto no sucede, si
estrujándolas se las mezcla como
la mitad de su peso de azúcar y un
poco de ácido de limón.

.
•

DoIOlingo 26 de Abril die 1903

'

•

15.-Valioso y elegante cuello de encaje de la India para sobreponerse sobre fondos obscuros.

RECETAS DE COCINA.
SOPA DE PAN

Á

LA .JARDINERA

Se coloca sobre el fuego una cazuela con aceite ó manteca y se fríen
en él tqmate cortado en pequeños
pedazos, cebolla menuda, ajos, perejil y un poco de pimiento; cuando
esté todo á medio freir, se echa el
pan cortado en pedazos muy delgados, y se fríe todo junto hasta que
esté dorado; luego se echa el caldo
del cocido, dejándolo reposar un
poco, y se sirve.
OTRA SOPA DE PAN
En una sopera proporcionada se
cortan cortezas de pan secas ó tos-

dos se mezclan un11. cucharada copeteada de mantequilla, una cucharadita cafetera rasada de sal, y la
mitad de esta cantidad de pimienta.
Fórmese con la pasta unos cilindros
de las dimensiones de un chorizo;
envuélvanse en huevo cortado y pan
rallado después, y finalmente, fríanse en bastante manteca hirviendo
como para buí'juelos.

EL ABANICO.
«¡Qué gracia da el abanico á una
mujel' que sabe manejarlo! escribía
madame de Stael. ¡Serpentea, vuela, se cierra, se abre, se levanta, se
baja, según las circunstancias! ¡Oh!
apuesto que en todo el toci.do de la
mgjer más coqueta y mejor engalanada no hay ningún adorno del cual
pueda sacar más partido.&gt;
En. España, principalmente, el
aba.meo desempeña un papel importante en cuestión de amores. ¡Cuántas citas se dan, cuántas confesio-

nes se hacen, según la manera de
abrir ó cerrar el abanico! ¡Cuántas
cosas tapa este velo elegante y caprichoso: las miradas apasionadas,
los besos tímidos, los hipócl'itas
pudores!
Nuestras abuelas poseían uno ú
dos abanicos. Hoy día, el tono de
la moda exige que se tenga un abanico para cada vestido. No encuentro en esto ningún inconveniente,
si la fortuna permite tener tantos
abanicos preciosos como trajes.
Pero á no ser así, aconsejo, como
en todo, que se tenga poco, pero
bueno y bello.
Bello,no en el sentido que generalmente se da á esta palabra, quepara la. mayoría significa riqueza; yo
entiendo por bello lo que es artístico y distinguido. Dos ó tres abanicos, y si no, uno solo que vaya con
todos los trajes; pero entonces una
verdadera obra de arte, un abanico antiguo, por ejemplo, ó un asunto moderno hecho por un pintor de
fama, ó también un hermoso abanico de plumas de avestruz montado

sobre varillas de concha ó carey.
Se hacen ahot·a, en estos distintos
géneros, cosas muy bonitas; pero
hay que saber encontrarlas, y noes
recorriendo los almacenes ó bazares como se encuentra la obra maestra que conviene á la fina belleza
de cada cual.
PARA CURAR UN RIESFRIADO EN UN DIA
Tome las pastillas Laxantea de Brom~lu.
Bl botie11rlo lo devolver, 111 dinero al no ae cma.
t. lirma B. W. GrOTe ao baila ancada cajita.

...."SANTA
.............................
FE," LA!MEJOR RUTA

,

~

ADenver.~lansas Cíty, St. Lonis, Chicago, New York,
San Francisco y Los Angeles

La falta de nutrición es la causa primordial de las enfermedades extenuantes.
Véase lo que dice el muy prominente Dr. D. Pablo Córdova y
Valois, de la Ciudad de México:
«Tengo el gusto de manifestarles que el uso de la Emulsión de
Scott en mi práctica de muchos
años ha sido siempre satisfactorio, pues ((supera á toda otra preparación» cuando se trata de enfermedades de ,clos órganos respiratorios&gt;&gt; ó de afecciones por falta
de nutrición. Reúne, además&gt; la
ventaja de tener un gusto agradable, pues los enfermos en general no la rehusan.»

EL TEST AMENTO.

Dtl Tllmo. sr. Jlriobispo Jttban.
17.-Detalle de labor para
ap licaciones.

ta.das, pero no quemadas, y se les
echa pot· encima el caldo que baste
para remojarlas, y al tiempo de
servirla se les echa otro poco de
caldo bien caliente, cubriéndola de
algunas legumbt·es. Observad que
nunca se debe hacer cocer el pan en
el caldo, pues esta mala costumbre
le quita el gusto.
SOPA DE CEBOLLA CON LECHE
Se prepara y rehoga como la precedente, y cuando haya tomadocolor la cebolla, se añade la leche y
un poco de sal; hágase cocer un
cuarto de hora y mójese el pan.
SOPA DE CEBOLLAS,
Se limpian unas cebollas; después de bien lavadas, se rebanan y
fríen en manteca basta que estén
bien escaldadas, sin llegará dorarse; échese después un poco de harina en la misma cazuela hasta que
dore, y añádR.nse unas cucharadas
de ca.Ido desgrasado, ó agua, si no
se tiene á mano aquél. Se deja hervir por media hora, y cuando vaya
á servirse en la mesa, se le añaden
unos coscorroncitos de pan fritos
en mantequilla.. El resultado es una
sopa sabt·osísima y muy alimenticia.
GAZNATES DE CAMOTE,
Se ponen á asa!' en el horno los
camotes hasta que estén tiernos; entonces se sacan de la cáscara, á
punta de cuchara, y se muelen. A
dos tazas llenas de camotes moli-

♦

i

i

I♦

•

1

i

Se reservan camas en Carro Pullman para todos los puntos
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,soñ renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á

w. s.

i

FARNSWORTH.-Agente Genel

ta. San Frano/•001 Nilm. 81 Má:r/001 a.-F.

································~

Los bienes fueron valuados
en $ 125,000
La mayor parte de lo testado consistí a en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en " La Mútua"
Compañia de Seguros
sobre la vida, de Nue,va York,
Hace pocos d1aa que se practicó la
apertura del testamento del Ilustrlslmo
Sr. Arzobispo Don Patricio A- FeebllD
en la eluda~ de Cbicago, Illlnols. La
lortuna di dlstlni\lldo prelado aecendló A cerca de f125,000 oro americano;
y segün el inventarlo que se ha pub!lcado, los bienes que dejó fueron como
sigue:
Dos pOllzas de ' 'La Mutua,' ' Compallfa de Seguros sobre la Vida, de Nueva York, por $25,000 oro
cada una, O sean. . . . $50,000
Dividendos acu~ulados sobre una ere las p6llzas. • 9,829
Otra pOllza de seguro. . . 14,000
Acciones en efectivo y en
Bancoa. . . • . . • . . 37,000

oro
oro
oro
oro

Entre las dlsposlclones del sellor Ar•
zoblspo, en eu testamento, se hicieron

éstas :

A su hermana, seilorlta Kate FeebaD,
que estuvo siempre con él basta su
muerte, $40,000 oro en bonos y $25,000
oro de una de las pólizas de aegqro ;
A la sellora Anna A. Feeban, viuda del
seilor doctor Eduardo L. Feeban, hermano del sellor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pólizas, y $5,000 oro en
efectivo ; A la Academia de San Patricio de Cblcago, de la que es preceptora su hermana, Madre Marta Catalina,
$10,000 oro de la 11Jtlma póliza ; l la
escuela ' 'Santa Marta' • de ensellan za
practica para varones, de Feebanvllle,
Illlnols, que era la IDstltoclón por la
que mAs se interesaba el seilor ArlOblspo, se entregaron los $4,000 restan·
tes de la O.ltlma p6llaa.

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J

__ ~.: ~ft~: .

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l

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Explicadón dt

nuestros grabados.

Número l. Traje de paseo,•con
cuello de esclavina y aplicaciones
de cintas, de elegantísima confección y graciosa vista. El cuello,
que como ven nuestras lectoras es
de mucho efecto por las airosas y
abultadas hombreras, encaja perfectamente con la índole general del
traje y lo complementa. El pequeño
y cuadrado escote, cubierto con fina gasa 1 va rodeado de encaje inglés igual al que lleva.o los puños.
Las aplicaciones de abalorio en las
dos cenefas del peto, cuelgan junto
á la cintura, que va. rodeada de un
listón no muy ancho y terminado
por la parte posterior en vistosa
moña. Por lo que respecta á los
sombreros del grabado, debemos
manifestar que cons tituyen los últimos modelos de pi:imavera, y que
su elegante y airosa forma será ,
i ndudablemente, del agrado de nnestras lectoras. Los principales adornos de estos somb,·et·os son fl.01·ales
y uno de ellos lleva una pequeña.
guarnición ó cuerpo de terciopelo.
Número ~- Completamos en el
presente número la colección de
trajes infantiles que dimos á cono·
cer en el número pasado. Como se
puede ver, la di. versidacl de estilos
y formas de estos trajecitos, cons·
tituy e una verdade1·a °:oveclad, pu~s
la evol ución de la 10dumental'1a
infantil ha sido verdaderamente .
notable en estos últimos tiempos. Las madres de familia podrán, á su
aot, jo, alterar los detalles_ de estos
trajecitos, pero les iicooseJamos no
los alte1·en con reformas de mal
gusto., _

Número 3. Elegantísimo por su
c~rte y tle ID:Ucha vista por su artística confección, es el traje que representa este /frabado y que única.mente caerá bien á sefforitas que
tenlfªº ~n talle airoso y gentil. Las
aphcac1ooes de abalorios en las
solapas del talle, se combinan de
manera que armonicen con el resto
de los adornos, especialmente de
los puños. El escote angular se cubt·e _con fino punto de Inglaterra y
el cmturón se une en la parte del antera con un juego triple de broches.
Número 9. Como las explicaciones de estos trajes se amoldan perfectamente á la ~e trajes análogos
que h~mos 1,ubhcado en números
anteriores, sólo manifestaremos á
nuestras lectoras que el que se encuentra_ en primer término es deconfecc~ón que pudiéramos llamar
mo~erm sta. El ta lle, en su pat'te infet·10r, l leva un pequeño y elegante
blusa.do de gasa, que es lo que constL_tuye la nota verdaderamente orig10al de este vestido. A pequeila
a~tura_ del hombro y siguiendo esa.
dlrecctón hasta. la mitad anterior
del cor~iño, se lleva un tejido de
ancha c:iota, rematado con pequeños b~tones metá licos. Este adorno
se reptte en la parte inferior y Jateral d_e la falda, en cuyo centro y
á la mtsma altura se colocan tres
grupos de cordonciJlos triples. El
cuello se _hace rematar por· tres pequeños picos de encaje.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, Para el hogar, 1903, Año 10, Tomo 1, No 16, Abril 19</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 12 Id.e Abril de 1903

ELECCIÓN DE CASA.
Uno de los factores más impoctantes para la salud, cuando se escoge habitación, es la atinada elección de sitio en que aquélla está
colocada.
El clima el rumbo á que cae su
fachada, 1~ altura de los pisos_, la
altitud en que está colocada (si en
valle, ladera ó cima),las porciones
de agua que existen á sus alredeaores, y su calidad de lagos, ríos,
pantanos,charcas ó estanques, etc. ,
y la naturaleza de su suelo, todo
debe ser considerado.
Sabido es que varían en las localidades la severidad de los rayos
del sol la dirección del viento, la
temper~tura y la humedad atmosférica, y de ahí dependen las cualidades ó inconvenientes de una residencia.
Conviene saber que los cuartos
con vista al sur son más calientes
que los que caen al norte, pero que
mientras en éstos la temperatura es
constante, en aquéllos varía sin cesar.
Las casas situadas en los bosques ó rodeadas de arbolados espesos y altos son mal sanas á causa de la humedad; mas si el bosque
está situado á un lado y á corta
distancia de la finca, aquél le proporciona abundante oxígeno, la
defiende de los vientos fuertes, sin
privarla del beneficio de los rayos
solares.
Debe evitarse cuidadosamente escoger habitación junto de fábricas,
hospitales, minas y grandes almacenes, pues en ellos se desarrollan
gases y partículas muy pequeñas
de polvo, muy nocivas para lasalud.
Los pantanos, charcas y e3tanques de aguas mue1;'tas son mal~s
vecinos porque el aire húmedo, y1ciado á menudo por las emanaciones de materias vegetales y animales en descomposición, acarrean
consigo el paludismo, la malaria y
toda suerte de fiebres por lo general mortíferas. En las tierras tropicales y subtropic~les, d_onde los
vientos reinantes m provienen del
norte ni son fríos, tales depósitos
de aguas estancadas pueden llegar
á hacer inofensivos los pantanos,
plantando en su vecindad árboles
de eucaliptos; y en las zonas templadas se puede obtener el mismo
resultado, basta cierto punto, por
medio de las plantas llamadas vulgarmente &lt;flores del sol.&gt;
El aire húmedo, cuando es frío al
mismo tiempo, es más dañoso que
el húmedo caliente; y el aire ~uy
seco en las babitaciones,es también
nocivo. Esta circunstancia se nota
claramente en los cuartos de la:s
casas de clima frío, que por el rigor del tiempo es necesario ~alentar, bien á vapor, por medio de
agua caliente ó por estufas calorí:feras ú hornillos.
El aire calentado por medio de
hornillos de~ pasar por un depósito de agua antes de entrl!-r en la~
habitaciones, siendo lo meJor tener
en cada una de éstas una gran vasija con agua. Lo mejor de todo es
mantener las habitaciones frías y
bien aireadas, pero en los climas
rigorosos eso es imposible. El que
abrigándose puede resguadarrse ~el
frío sin necesidad de calor artificial' goza de excelente salud.

1
1

•
•
Bordado para aplicaciones.

J:ttrilla
No siempre amor prepara
De rosas sus cadenas,
Ni están de fruto llenas
Las ramas del placer.
De ti ya me separa
Crudo deber tirano;
Tu rostro soberano
No be visto desde ayer.
En vigilancia activa,
Junto al arnés y espada,
Sólo el pensar me agrada
Que atiendo al común pro;
Y mientras que festiva
Pasas la noche ufana,
Velando po1· Rosa.na
Paso la noche yo.
Mi pecho apesadumbra.
Del sitio la aspereza
Si alivian mi tristeza
Los brazos de esa cruz.
La negra. estancia alumbra,
Del que rendido te ama,
La vacilante llama
De moribunda luz.
Sitial de tablas duras
Y capas protectoras
Con:fot·tan pocas horas
Del día que ayer vi;
Y entre armas y. armaduras,
Caballos y guerreros,·

A ti vuela, señora,
Mi amante corazón.

Dos fieles compañeros
Descansan junto á mí.
¡Descansan!.. ¡Ah! Su pecho
Está de amor vacío,
Y yo siento en el mío
Abrasador volcán.
¡Descansan, y en mi lecho
Yo agito mi quebranto,
Y turbo con mi llanto
Los sueños que tendrán!
Si cedo al sueño, un eco
De pronto me despierta
Y del cansado ¡alerta!. ...
Escucho el largo son;
O el relinchido hueco
Del alazán brioso,
Que aumenta estrepitoso
El cóncavo artesón.
Al que apartado gime
De tus divinos ojos.
La vida es toda enoJOS
y á aborrecerla voy,
•
Si tu ,beldad no imprime
En mi ánimo la calma;
Si como teme el alma,
N~ vuelvo á verte hoy.
Mas ya á mi lecho dnro
Su rayo el sol envía;
Ya dora el nuevo día
Mi lóbrega prisión:
Y del recinto obscuro,
Donde penando mora,

i

•

JUAN DE LA PEZUELA.

(Cona.e de Cheste.)

RECETA DE COCINA.
BUDIN EMPLUMADO.

•••••••••••••••••••••••••••••••••

"SANTA FE," LA MEJOR RUTA
ADenver,:Kansas Cíty, St. Louis, Chicago, New York,
San Franci11co y Los Anueles

Para hacer este rico budín, que es
uno de los mejores postres en las
mesas europeas, se mezclan una taza de mantequilla derretida y dos
de polvos de azúcar, tamizados.
Después de bien batidos, se agregan á una taza, no muy llena, de
almidón de trigo, otra de leche y
dos de harina flor, á la cual se hayan echado con anticipación ~os
cucharaditas cafeteras de &lt;Bákmg
Pówder.&gt; Incorpórese todo y añádase una cucharadita de extracto
de naranja; acomódese la mezcla
en una tortera honda untada de
mantequilla, y déjese cocer por media hora en el horno templado.
Una vez cocido el budín, se le hace una corona con siete claras de
huevo batidas y polvo de azúcar al
gusto; volviendo . á ponerse en el
horno por diez mmutos.
SOPA Á LA JULIANA
Se toma igual cantidad de zanahorias, apio, lech?ga, acederas,
guisantes y habas tiernas, se reI:i-ogan en manteca con unas roda¡as
de cebolla, se echa después caldo
del puchero y se cuece á fuego lento, y después viértase sobre rebanadas de pan muy delgadas.

EL TESTAMENTO.

Dtl Tllmo. Sr. JlrZObispo 'f«ban.
Los bienes fueron valuados
en$ 125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mútua"
Compañía de Seguros
sobre la vida, de Nueva York,
Ha.ce pocos dia.s que se pra.ctlc6 la
apertura. del testa.mento del Ilustrlslmo
Sr. Arzobispo Don Pa.trlclo A. Feeban
en la. eluda.el! de Chlcago, Illlnols. La
,ortuna. di dlstlDKUldo prelado ascendió a, cerca de $125,000 oro americano;
y segdn el Inventarlo que se ha pub-lea.do, los bienes que dejó fueron como
Jlgue:
Dos p6llzaa de ' 'La Mutua,' • Compal!la de Seguros sobre la. Vida, de Nueva York, por $25,000 oro
cada. una, ó sean. . • •$50,000
Dividendos acu~ulados SO·
bre una d'e las póllzas. . 9,829
Otra p0llza de seguro. · • • 14,0~
Acciones en efectivo Y en
Bancos. . , . . . . . . 37,000

PARA CURAR UN RESFRIADO tN UN DIA
Tome las pastillas Launtea de Bromo-Qnlnlna.
Bl boticurio le devolverA 10 dinero II n'! se cnra.
La firma B, W. GrOTe ■o baila en cada ca¡lta.

!

I'

t•

oro
ro
0

oro
or0

Entre la.s dlsposlclones del se!lor Arzobispo, en au testamento, se hicieron

México D. F., marzo 3.-Siempre he he~ho y sigo haciendo ID: uy
buena apreciaci6n de la Emulsi6n
de Scott de aceite de hígado de
bacalao prescribiéndola constantement~ en mi cli~ntela, por el
buen resultado que siempre he
obtenido con su administraci?n,
desde hace quince años_ que ~Jerzo mi profesi6n de médico y cirujano.
Las anteriores palabras fueron
escritas y firmadas por el doctor
Manuel S. Izaguirre.

,,t'

1'

"

l!stas:

A su hermana, sellorlta Ka.te Feeh•:~
que estuvo siempre con l!I basta
muerte, $40,000 oro en bonos Y $25,0~
oro de una de las póllza.s de seguro
a, la se!lora Anna A . Feeba.n, viuda de
se!lor doctor Eduardo L • Feehan, hermano del se!lor Arzobispo, $25,000 oro
de otra. de las póllzas, Y $5,000 ºp
r o/~
efectivo· a, la Academia de San a r •
clo de éhlcago, de la que es precepto·
ra su hermana, Madre Maria Catallna,
$10 000 oro de la tlltlma póllza; a, la
esc~ela • 'Santa Maria' ' de ensel!anza
prli.ctlca para va.rones, de Feehanvlll:;
Illlnole, que era la Institución por
que mlls se interesaba. el sel!or Arsoblspo, se entregaron los $4,000 reatan·
tes lle la 111tlma pólls&amp;.

¡

Se reservan camaR en Carro Pullman para todos los punto::;
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entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á
w. s. FARNSWORTH.-Agente General.
ta. San Francisca, llilm. 8 11 Wláxlca,

l

a. F.

•••••••••••••••••••••••••••••••••

1.-Elegantísimos vestidos de paseo, propios para señoritas.

Explicación dt
nutstros grabaaos.
Número l. De verdadero buen
gusto y airosísimos poi· su modernista y elegante confección, son los
cuatro vestidos que representa este
grabado. Todos son apropiados
para séñoritas de talle esbelto 1
deben llevarse en paseos vespertinos. Aunque á primera vista parece complicad a la confección de estos

trajes, no lo es en realidad, pues
para ella sólo se requiere un buen
gusto en la elección de_la~ aplicaciones, que son de enea.Je irlandés,
seda rameada, gasa vaporosa y
cintas de terciopelo. También contribuye en gran manera la. elección
de la tela, que debe_rá ser ~util, propia para la estación primaveral.
De preferencia deben anq uirfrse colores claros, que son los más apropiados para rostros agraciados y
talles gentiles.
Nuestras simpáticas lectoras de-

ben también fijarse muy detenidamente en los g1·aciosos y elegantes
sombreros de estos figurines. La
moda actual es muy estricta en lo
que se refiere á los sombreros femeninos, pues éstos no deben cubrir el
peinado, sino antes bien, ayudar al
lucimiento de éste. En la mayor
parte de los tocados femeninos, y
sobre todo, cuando el cabello no es
muy abundante, es preciso llevar
&lt;crepés&gt; que abulten el peinado y
contribuyan á hacerlo de gran vista. El cabello debe llevarse lo más

suelto posible, excepto en tocados
especiales en que es preciso sujetarlo y restringirlo. Esto último
viene á constituir una estética especial adecuada solamente para
cierta clase de rostros.
,8
Número 2. Para paseos campestres son apropiados los vestidos
que representa este grabado: Los
laterales son de paño color claro,
encubridores del polvo y de sencilla y vistosa confección. El del
centro es para amazonas y se confecciona con cheviot color obscuro.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril de 1903
La falda de este vestido es enteramente lisa, y el talle, después de
ajustar perfectamente en la cintura,
lo cual es indispensable para dar
una vista airosa al cuerpo de la
amazona, cuelga algunos centímetros bajo el ajuste. Al sombrero de
copa, se le pliega graciosamente
una ancha cinta de gasa, ribeteada
en la parte superior, con adornos

más 6 menos vistosos y elegantes.
El cuello y la corbata de este traje,
enteramente varoniles, son de todo
punto indispensables para una perfecta amazona.
Número 3. Este .,legante vestido,
de estilo ente1·amente moderno y cuy a confección se ajusta á los más
estrictos principios de la moda,
puede construirse con cheviot, paño cebellina ó paño
de damas, de colores claros. El de
estilo «Princesa&gt; y
cuello esclavina.do,
,,
debe ser de paño
('"·2-,:
obscuro, y propio
para señoras de
1 '
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edad. El her. ,,i::.
.-i~ cierta
moso vestido taque se halla
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en primer término,
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la espalda y sobre los hombros,
graciosas aplicaciones de encaje
il'landés, que hacen sumamente original la confección de este traje.
Un cinturón de seda, tableado, ajusta el talle y por la espalda se pliega en dos grandes rosas y se hace
terminar por vistosas y flotantes
bandas. Las aplicaciones de cinta
del traje «Princesa,&gt; le dan á éste
un elegante aspecto. Los otros dos
vestidos, de estilo sastre, son también sumamente originales y vistosos por lo modernísimo de su con·
fecci6n.
Número 4. La colección de sim·
páticos y graciosos trajes infantiles que hoy presentamos en este
grabado á las madres de familia,
debe dejarlas complacidas en extre•
mo, pues en ella podrán encontrar
diversidad de estilos y de gustos.
Todos estos trajecitos, de confec-

EL MUNDO ILUSTRADO.

ci6n enteramentemoderna,como los
dem~s que hemos presentado, son
prop10s para ~aseo y de telas no
muy pesadas, srno propias para la
ª&lt;?tual estación de calores. Las fa.
lhtas y sombreros que llevan estos
bebés, son de paja unos y otros d
ai·mazón ~e alambre cubierto co~
gasas y m_ntas. Las aplicaciones de
estos tra¡es infantiles dPben ser

~uy sencillas y vistosas, pues prec1sai:nente la elegancia de los trajes
de nulos, debe consistir en una cuidadosa sencillez.
Rec_omendamos á Jas madi·es de
fa.mil~~ que todos los trajes para
sus hi¡os, deben ser confeccionados
con teJas y adornos poco exagerad?s, pues nada cuadra mejor en un
mño que 1~ sencillez de su traje en
consonancia con la inocencia de su
alma.
Como en la hechura de todos es-

14.-Vista posterior del grabado número 2.

•

\

'

~os trnjes infantiles juega un papel
i1;0portante el gusto y ta.lento especial de las madres, sólo nos limitamos _á presentar modelos para que
en v_ista de eJ los se ejecuten las confecc1ones, ma~ ó menos alteradas,
segun la estética especial. De antem1mo debe~os_ manifestar que todos los tra¡ec1 tos de nuestro grabado son sencillos y elegantes.
Número 5.-Habiendo dado ya en
nuestros números pasados detallada explicación de labo1·es semejantes á la que representa este grabado
nos limitamos poi'.
hoy á decir que esta clase de bordado,; es de suma utilidad para aplicaciones de forros y
oubiertas de co jines, almobado nes,etc. Deben combinarse los colo-

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traje

2.-Trajes de paseo y de Amazona.

de paseo,

estilo Renacimiento y Princesa.

Do,mlrngo 19 de Abril de 1903
res del tejido de tal manera
que_se aproximen lo más que se~
posible á la realidad. Los colores
t&lt;?rna:;olados Y una artística combrnaci6n de claro obscuro deben ser
la base ce esta clase de labores.
N~mero 6.-:Muy seria es la confec~ión de ,este sencillo traje. Debe
huu·se e~ 8 \ de toda clase de adornos _y hm1tarse ÚQicamente á un
senc1l!o tableado y un cuello de enea.Je nbeteado con cinta mai·avillosa. Además de este cuello, debe llevarse ot1·0 doblado de lino, corbata de_ plastrón de una tela igual ó
semeJante á ~a ctel vestido. El sombrero, de pa¡a Y flores, debe estar
en consonancia, por la sencillez de
su confección, con el vestido. Por
10 demás, S?lo d_ebemos añadir que
en la parte mfer10r y posterior de
la fa\da se coloca una doble cenefa
de cmtas, que constituye todo el
adorno en esa parte del traje.
Número 7.-El tarjetero de seda

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril d{;l 1903

EL l'IHJNDO ILUSTRADO.

que;representa este grabado, es de
suma elegancia y buen gusto. El raso deberá ser de color verde Nilo y
las pinturas han de ostentar una
policromía verdaderamente artística. Restírase primeramente la tela
sobre el bastidor y se traza en seguida el dibujo con lápiz suave y
líneas muy delgadas. Puede emplear se también la tinta de china,
la cual pod r ía s¡¡t•, ir pat·a dar una
ligerísima sombt·a á los contornos
del dibujo. La pintura, hechas ya
estas operaciones preliminares, se
ejecuta de la manera que ya hemos
indicado varias veces.
0

EL CUAB TO QE TOCAD8B.

•

1

''

4.-Colecc ión de trajes infantil es para
niños y niñas de 3 á 10 a ños.

PÁGINAS DE UN LIBRO.
LAS ENCANTADORAS,

.

Número 9. -(Ver la explicación
del número 5.)
Número 12.-La pintura y confección de esta cubierta para cojines
.ó almohadones se ajusta en todo á
la explicación que hemos dado para.el grabado del núm. 1. Con excepción de la forma un poco más alargada de esta funda y de los motivos del dibujo, el procedimiento es
igual. Las tintas debeu ser un poco
más obscuras para. el almohadón.

La belleza moderna es s~peri&lt;?r fi,
la belleza antigua, qu~ resid~a umcamente en la perfección de ,a forma, en la armonía de las proporciones, en la pureza de la línea, en
la amplitud de los modelados y en
la nobleza del porte.
Hoy día, la bell_eza reside ~obre
todo en la exprl;sión1 la ¡¡:rama,. el
sentimiento, la mtehgencia, la mtensidad de vida.
Además hay la belleza natural
y la belle~a adquirida. &lt;Hay dos
clases de belleza, &lt;escribió Mme.
Girardín:&gt;la que se recibe y la que
se adquiere.&gt;
La belleza natural consiste en ese
conjunto de líneas que solicita, encanta y cautiva la mirada.
La belleza adquirida es la que
proviene del arte de peinar~e, de
vestirse, de reformar ó modificar
los defectos de la naturaleza. Esa
belleza, cualquier mujer de gusto
puede adquirirla.
Diremos más: la que sabe vestirse, calzarse, amueblarse, la 9-~e
tiene el gusto de las cosas exquisitas, la que imprime á su manera de
ser, á sus gestos, á su_ a~d~r, á su
interior un sello de d1stmc1ón y de
elegancia, será reputada como mujer hermosa mejor que la que, siendo realmente bella, no sabe ballar
el marco á propósito para su belleza, dándole relieve, ó no cuida

•
su persona y comete faltas de gusto. En una palabra, la que no tiene conciencia de su poder y de su
valor.
Por consiguiente, para ser hermosa basta con querer, y toda
mujer que comprenda su verdadera
misión debe querer.
Pero existen aún otras distintas
maneras de ser bonita ó hermosa.
Gracias á los recursos del tocado
y de la coquetería, se pueden modificar y amoldar á voluntad el carácter y la expresión de la belleza.
Una encantadora, la que hace del
a_rte de agra~ar la primera ocupa'
ción de su vida, el fin de su existencia, sabrá hallar, sin que se lo
enseñen, ciertas_ modificaciones y
modulaciones. A esas mujeres de
genio nada hay que enseñ11,r; pero
hay otras que necesitan tener un
guía.
Así es que la mujer encantadora
podrá ser embriagadora ó melancólica, sugestiva ó sentimental, interesante ó sencillamente arrebatadora.
Para llegar á esos efectos múltiples y complicados, la expresión de
la mirada, de la sonrisa, de los
modales, no es suficiente; tiene que
sa.ber preparar su marco y modificar, según el fin que quiere alcanzar, su peinado ó su vestido. El color ambiente y los efectos de luz
desempeñan un papel importantísimo en estas transformaciones.

MINIATURA.
Estancia angosta y sombría
donde un débil nimbo vaga,~
entre un candil que se apaga
y un primer albor del día.
En un lecho un moribundo;
junto al lecho una mujer,
y allí, entre set· y no ser,
todo el abismo de un mundo.
De criaturas un enjambre
cet·ca á un hoo-ar
no encendido,
0
y allí, entre h at·apos tendido,
1
mudo el fantasma del hambre. •••• •
MIGUEL ULLOA,

Las buenas intenciones de una al·
ma honrada pero débil, hace pensar
en esos arbustos siempre en flo r que
no dan fruto.

*

Hay una cosa más triste que cesar.
de vivir, y es la de sentir que no se
ha sabido vivir.

*

La &lt;toillette&gt; es el prefacio de una
mujer y á veces el libro entero ; pero
un ·llbro puede estar bien encu adernado, dorado por los cantos Y perfectamente insignificante.

•••
I

Hay tocadores de todos géneros
muy elegantes, suntuosos; alguno~
son verdaderos saloncillos, en los
cuales las señoras pertenecientes á
la más alta sociedad reciben constantemente á sus amigas íntimas.
En el siglo XVIII, el cuarto de
tocador, pintado por los más afama.dos artistas de la. época, Watteau, Boucher, Fra.gonar d era una
habitación abierta. hasta' para los
&lt;amigos,&gt; mientras peinaban, empolvaban y mosqueaban á lascoquetas marquesas.
Es verdad que entonces se lavaban muy someramente, un poco
más sin embargo que durante el siglo anterior, en el cual ignoraban
aun entre la clase más elevada ei
uso de los baños. c¡Mil años ~in
baño 1&gt; exclama 8Jl no sé qué escrito Michelet.
Por consiguiente, como se lavab an muy poco, los tocadores eran
más bien gabinetes, en los cuales
se oían galantes conversaciones.
Pero hoy día, en que las modas
inglesas se han introducido entre
nosot1·os, ese lavatorio se hace con
mucha agua: se usa cada día el
&lt;tub&gt; para el baño con esponja,
cu ando no se puede tomar un b año
completo.
Nuestro siglo es realmente el siglo del agua.
El lavado ocupa un lugar preeminente en el tocado de las mujeres, y generalmente se reemplaza el
tocador duquesa por una ancha
mesa de mármol, muy larga, donde
están colocados todos los bonitos
instrumentos de acero, los frascos
de cristal, las cajas de polvos de
porcelana de China antigua y las
finas esponjas, todo lo cual es indispensable para una señora.
Los jarros, cubos, etc., se esconden en un armario á propósito, ó
se llevan á un gabinetecontiguo de
menos importancia. A pesar de todo, en la clase media, á la cual me
dirijo, es muy raro que se tengan
dos cuartos tocadores; gracias si
se tiene uno solo. Sin embargo, en
todas las casas nuevamente construídas, se encuentra un cuarto tocador.
¿De qué manera hay que decorar
ese cuat·to? Cuando sirve al mismo
tiempo de cuarto de baño, las paredes están generalmente cubiertas
de azulejos; los hay encantadores.
Sin duda algun a, no hay nada más
bonito, más apropiado para el uso,
y sobre todo más limpio y tal vez
rnás barato; pues si el tocador está
tapizado, por ejemplo, con tela de
Jouy ó con andrinopla, será necesario de cuando en cuando descolgar las telas para limpiarlas, y la
limpieza, así como la.mano de obra,
serán necesariamente muy costosas
á no ser que se haga pet·sonalmente con la doncella.
L as que no puedan procurarse
un tocador elegante ó una de esas
grandes mesas de mármol, tan de
moda hoy día, podrán fácilmente
confeccionarse un tocador. Una mesa cualquiera, de tamaño apropiado á la extensión del cuarto, de roble ó de pino en último caso, será
bastante si se sabe cubrir y adornat· con grandes volantes de tela
igual á la de los cortinones. Sobre
esta mesa se coloca un paño fino de
hilo gual'llecido de encajes. En un
marcu de pino se coloca un espejo,
Y se cubre el marco con un plegado de tela y muselina transparente.
Sin duda es una cosa sencilla, pero
suficientemente elegante, sobre todo
si no se permite la entt·ada á nadie
para visitar.
En este cuarto de tocador es donde se debe colocar, si _es ¡bastante

Domingo 19 de Abrhl de 1903

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, De las Damas, 1903, Año 10, Tomo 1, No 16, Abril 19</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>.ENGLISH

lNI X•.•T0M0 1-NUM, (6

MfXICO, i\BRIL 19 Df 1903,.

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A ORILLAS DEL LAGO.

�Domingo 19 de Abril de 1903

J:a mtntira ·y los mtntirosós.
La mentira es vieja como el mundo, y el
mentiroso, tan antiguo como la humanidad.
La Naturaleza ha enseñado al hombre á mentir, y el interés, la imaginación, la ignorancia,
han sido cómplfoes de la Naturaleza en el deloto á engañar, de adulterar la ve~dad, de mutilar los hechos, de suponerles atributos y propiedades de que carecen. La Naturaleza ha
sugerido y facilitado la creaci6n ele ese mundo
de lo falso de lo ma;oavilloso y de lo imposihle que 11:va los nombres de mitología, de superstición y de poesía.
La Naturaleza es la gran mentirosa. Miente
con su b6veda de zafir tachonada de estrellas;
miente con su arcoiris multic&lt; loro, con los
arreboles de sus crepúsculos, con los espejismos de sus desiertos de agua y de sus desiertos de arena. Las espumas de las ondas fingen
sirenas y ninfas; las siluetas de las nu?es como los contornos de las montañas simulan
monstruos y dioses; en las nieblas y en los
crepúsculos sombríos se mueven fantasmas
mentidos, y de las tinieblas surgen falsos espectros y apariciones ficticias. Los ecos remedan voces venidas no se sabe ele dónde; las
fosforescencias luces emanadas no se sabe de
qué. Las gota; de rocío imitan piedras preciosas; los zo6fitos, plantas; los insectos, yerbas,
copos y aristas. Los grandes mamíferos parecen construcciones, y los grandes anfibios,
escollos. Los árboles simulan lanzas ó venablos 6 quitasoles ele titanes; el roble y la encina se retuercen en contracciones im1tad11s del
tétanos 6 de la epilepsia, y los enhiestos pinos
se yerguen majestuosos y simétricos como
granaderos pomeranios, haciendo centinf'la.
Ante esta gran escuela de la ficci6n, del engaño de la ilusi6n, de la mentira en fin, el
hombre se ha hecho mentiroso también; salvo
que la Naturaleza miente inocentemente, sin
conciencia, sin mala intenci6n, en tanto que
el hombre suele mentir deliberadamente. con
fines determinados, con premeditación, alevosía y ventaja.
Hay, en efecto, dos grandes categorías de
mentirorns. Los imaginativos, los exuberantes, los soñadores, como Manolito Gázquez, el
bar6n de la Castaña 6 el bar6n de Mün haussen,
y los mentirosos solapados, calculadores, mal
intencionados, como Yago 6 Tartufo.
Los primeros, como pasa con los portugueses, los andaluces y los orientales, mienten
por exceso de imagil_;laci6n y por exceso de
sensibilidad. Son, en el fondo, poetas que encuentrart mezquino el mundo y raquítica la
Naturaleza. Las cosas y los hombres, tales como ellos son,•no bastan á su fantasía, les parecen raquítico!' ·y mezquinos, peque:íios de
talla y exiguos de proporciones, y con el artificio de la mentira, agregándoles atributos de
que carecen, suponiéndoles tallas y escuadrías
que no tienen, pintándolos, coloreándolos,
vistiéndolos. con mentida!'! galas y adornándolos con joyas ricas y deslumbrantes, los forjan
á la medida de su propia fantasía y los ofrecen como un regalo á la que nos suponen.
Son mentirosos de buena fe, buenos chicos
á carta cabal, amenos, agradables en sociedad,
y grandiosos á veces é inmortales en el arte.
¿Puede darse algo más delicioso ni menos admisible que «Las mil y una noches» 6 «El Cantar de los Cantares» ni nada más grandioso
que «La Iliad.a» 6 el «Ramayana»? ¡Qué epítetos1 qué metáforas, qué pomposas descripciones! Luchas épicas entre seres des-mesurados
y ejércitos innumerables; bellezas inauditas
de mujeres inimaginables; tesoros fabulosos;
glorias sobrehumanas; tormentos inenarrables! La Naturaleza, el hombre, la materia,
la fuerza, el arte, todo es estupendo en esas
candentes imaginaciones, en esos sedientos de
grandeza, en esos insaciables de emociones, en
esos mentirosos sublimes, en esos espíritus
descontentos del raquitismo de lo real y creadores de un mundo más grande y más bello.
Estos son los mentirosos por carta de más.
¡Cuidado con los mentirosos por carla oe menos!
Estos no son poetas, son ca1culadores. No

1lIE. MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

ensanchan el mundo, ni embellecen la Natu-.
raleza. Al contrario, todo lo mutilan, todo lo
comprimen, todo lo velan y lo esfum.an. De
lo bello hacen lo feo y hasta lo monstr~10s0.
Como los chinos, deforman y afean el pie de
las mujeres. Ahí donde sorprenden un encanto, lo velan; una virtud, In. tlesnaturalizan; un
heroísmo, lo atenúan 6 desfiguran. No son corazones expansivos, almas sedientas de ideal
que adulteran lo verdadero para ha~er_lo más
grande 6 más bello; son almas env1d10sas y
mezquinas que todo lo mutilan para darle la
medida de su propia talla; son labios impre~nados de hiel que comunican su amargor al
néctar y á la ambrosía que todos gustamos y
á todos deleita.
Son, en el fondo, seres perversos é i mpotenteR, que incapaces de alcanzar lo bueüo, lo
verdadero 6 lo bello, los desfiguran y los torturan porque nó pueden ni saben crearlo ni
disfrutarlo.
El mentiroso expansivo,exuberante, ardiente, es, en general, un buen hombre y un gran
coraz6n. Díganlo Tartarín y Cyrano de Bergerac, y suele tambifn ser un gran poeta. El
mentiroso concentrado, hip6crita y mezquino
suele ser un alma vil y un coraz6n ele cieno.
Tendamos la mano y los brazos á Manolito
Gázquez, y guardémonos de Harpagon como
de la peste bub6nica.
DR. l\f. FLORES.

BRISAS DE ABRIL
NORTE Y SUR
Si hubiera de creerse siempre á los poeta~,
no habría brisas más refrescantes que las brisas de abril. El mes de abril aparece en el
convencionalismo lírico como Al mes de las
flores tiernas, de las brisas primaverales, de
los erotismos castos. Y resulta, á las veces,
tan bien rimada la. palabra ccAbril,» cuya breve agudeza tiene eufonías cristalinas, que el
lector queda seriamente convencido de que
cuanto le dice el poeta es cierto; y si el lector,
á más de lector es poeta-pues, aunque parezca extraño, hay poetas que leen, - entonces
surge inminente el peligro de que la milagrosa fama del mes de abril siga perpetuándose
en nuevos versos de «ritmos nuevos y de nuevas sensaciones."
Sin embargo, en nuestras latitudes, no es el .
mes de abril el que más se presta para arrancar los melodiosos himnos de la lira. No es
pqsible cantar con coraz6n sincero una primavera caliginosa, y nuestro abril es caliginoso,
asfixiante, polvoroso y seco, y mata con sus
enervantes calores todos los impulsos poéticos
que puedan temblar en las cuerdas de la lira,
por manera que esos entusiasmos en favor del
afamado mes, más deben buscarse en los archivos de la tradici6n que en las observaciones de la realidad.

***

¿De d6ncle viene esa tradici6n?....... Viene
del Norte, como la maquinaria moderna y como la nueva actividad humana. Y nuestros
poetas se bañan en ella con la más ingenua de
las despreocupaciones y llegan á creer firmemente que dicen la verdad cuando dicen que
en el curso del año no hay mes comparable al
c&lt;incomparable abril.»
¿Acaso, saliendo de las ciudades, trasponiendo los lindes abrasados del asfalto urbano y adelantándose por surcos proficuos de
los campos se encontrarán las inenarrables
bellezas que la tradici6n atribuye al príncipe
Abril?
No, entre nosotros. Actualmente nuestros
campos, grises y mustios en esta sequía de la
mesa central, ostentan una mon6tona tristeza·
las flores se marchitan sin ser arrancadas d~
sus tallos, como esas niñas pálidas que mueren antes de probar loS" besos bienhechores del
amor; los ganados mugen soñolientos y cada
uno de sus individuos recuerda al paciente

buey de Carclucci que con hastío byroniano
espa~ta las moscas qu~ tenazmente crispan la
nerviosa seda de su piel; los campesinos
11
contagian de la trist~za de los ganados y, bajo
un ~ol de plomo, cleJan ~agar su mirada de
terciopelo por sobre la triste extensi6n ele 101!
campos grises, cuyos resecos terrones se abren
de trecho en trecho para dar paso á un ngn
sediento y áspero. Si sohre el azu l diáfanod~
cielo se amontonasen las nubes prefiadns de
frescura y reventasen luego en una lluvia re,
confortante y vi ~ificador~, entonces tal vrz el
despertar de la tierra &lt;lana razón á los ilusi
naclos trovadores del mes de abri l. Pero o, que un triste v' l'ft•
tretanto, a lm·1 no es mas
pei::a?o paréntesis entre las tiernas galas· de la
pruna.vera y las opulentas Iloraciohes del
estío.

€1tcdones dt 6obtrnaaor tn tblbulbua.

La_ tradici6n viene del Korte. All:í, donde
los ~1elos apenas han roto sus invernales abra.
za.m1entos, donde las últimas ráfagas nevada,
todavía suelen barrer las calles y los campoa
á la entrada de la noche, doncle la reina pri•
u:ia.vera atrasa. la fecha de su arribo oficial, es
cierto que abril es el mes de las primeras tj.
bie~ns y de las primer~s galas ~orales; all~
alml es un efebo que siente las primeras mordeduras del ~mor; allá, ~bril cobija con 811
t~n:iperatura inefable las liras huérfanas y en•
tibia sus cuerdas en la proporci6n precisa
ra que el canto brote con modulaciones rít
cas y aladas.
Pero la tradición muere en el Sur. Es. una
de la_s mayore~ «insinceridades» de los poeta,
mexicanos-tienen muchas -la de cantar al
mes de abril, como al mes ·ae los medios tonos ?el sentimiento, como al mes de los gran•
des impulsos de la adolescencia, como al mes
de la~ ro~as más bellas y de las más impalpables ~lus10nes. Nuestro abril se trae muchu
asfixias y m_uchos polvos- y la mayor de sus
bellezas radica en la eufonfa de su nombre.
Cántese, en buena hora, al mes de abril como al símbolo de_ esa triste transici6n que ee
c?loca _ent~e la pnmavi:ira y el estío, entre 111
Ciegas ilus!ones de la adolescencia y las
duras realidades de la edad viril. Entonces se
dirá la verdad. P ero no es cuerdo que las li•
ras nuestras encorden i,us canciones sobre 1011
tonos de una poesía_ septentrional; porque la
poesía es . como la vida, como el amor' como
la ra~a: tiene
cualidades comunes y universa,,
les ciertamente, pero en su conjunto es una
para el Norte y otra para el Sur.

1

Salí avergonzado. A1 día siguiente llegué
jugando con otros niños hasta la puerta de la
escuela. Había allí un gran grupo de gente
que hablaba en voz baja. Del balcón entreabierto salía una siniestra claridad que me
asust6.
-Retírate, niño- me dijo tristemente un
anciano; ha.muerto don Jacinto.
Quedé sobrecogido un instante; al fin entré
resueltamente en la. escuela.
Allí estaba el cadáver, imponente, severo,
con la faz dulcemente contraída. Estaba entre
sus libros y sus mapas. ~obre los pies del féretro y al lado de sus negros paños, se extendía
la handera de la patria.
En aquel punto, recordé la. pobreza. del pedagogo, sus virtudes, su labor incansable, su
perd6n hacia mí.
Y eubie11do al tablado, me incliné sobre
aquel coraz6n que tanto había amado, sobre
aquella cabeza, un tiempo pensadora, siempre
ofendida; hice en ella estallar un beso ...... y
huí.

Con motivo de la renuncia que, para encargarse del Gobierno de Jalisco, present6 el señor
Coronel don Miguel Ahumada, del cargo de
Gobernador de Chihuahua, fueron convocado3 los habitantes del Estado de este nombre,
á la elecci6n de la persona que, con arreglo á
la Constituci6n local, debía substituir al funcionario saliente.
Las elecciones se efectuaron el domingo último, y como resultado de ellas, por haber
obtenido unanimidad de votos, fué proclama. do Gobernador el señor General don Luis Terrazas, hombre dotado de una energía á toda
prueba, y que tanto en la época aciaga d!' la
Reforma: y de la Intervenci6n, como en los
tiempos de paz que disfrutamos, ha prestado
al país muy buenos servicios. El señor General Terrazas cuenta con innumerables simpatías en el Estado que va á gobernar y ha sido
objeto de parte de sus con:::i u dada nos, al verse
favorecido por el voto del pueblo, de manifestac.iones de adhesión y de respeto que revelan la
confianza con que los chihuahuenses esperan
el buen resultado de su gestión administrativa.

***

VENUS.

LA ÚLTIMA LECCIÓN.
e

Ello es que hice una barrabasada al maestro. En el momento mismo en que inclinaba
sobre el pupitre la cabeza calva y reluciente,
escupí en ella.
Pon Jacinto quedó desconcertado; en sus
ojos brill6 un relámpago de c6lera.
-¿Q,uién ha siclo el autor de esta infamia?
inter1·og6 balbuciente,
-Dudé un momento; pero .después, temiendo que pagase mi culpa algún compañero, dije:
-Yo he sido.

[DE SAFO]

SR. GRAL. D. LUIS TERRAZAS, electo Gobernador
del Estado de Chihuahua.

Entonces levant6se el anciano, desapareció
de sus ojos 1a·c6lera, y acariciando mis rubias
guedejas, me dijo dulcemente:
-:-·Te perdono porque no has comprendido
el alcance de tu ofensa. Edúcate; s6lo así serás digno de sufrir con paciencia las ofensas
de los niños.

m•

STRINDBERG.

Oía, ~tritas, ~ita.
Errante, solitario peregrino,
Cuántas V&lt;Jces miré con desconsuelo,
Apagadas las luces de mi cielo
Perderse entre las sombras el d.-imino.
Cuántas veces el recio torbellino
Me ~rrebat6 con poderoso vuelo,
Y v1 ofuscado por impuro velo
De la verdad el resplandor divino. ·
Y supe con horror que hay almas muertas
A la_ mía sintiendo, helada y triste,

Por rnmenso dolor de muerte herida.
Hoy, Sefior, que á mi espíritu clespiertas,
Comprendo, con amor, por qué dijiste:
&lt;cSoy el camino.. la verdad , la vida.»
Tepic, 1903·.

Domingo 19 de Abril de 1903

ANTONIO ZARAGOZA,

SITIOS PINTORESCOS.-Xochimilco.

Oh Venus, reina del amor, oh diosa,
reina de las sonrisas, deja el cielo,
desciende presurosa
y al llegar á mi alcoba pára el vuelo;
en el festín alegre y soberano
escancia el vino; y que la copa de oro
pase de mano en mano
rebosa11do del néctar que yo adoro:
ve que 9610 mi techo presta abrigo
al que de Venus es constante amigo.
LAURA

M. DE CUENCA.

�Domingo 19 de Abril de 1903

..

-: -=~-

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

_,.

instantes de la chusma callejera, cuyas
cabezas solía. él pasar á cercén, sólo sabía abrir ojos y oídos á los relatos de
historia del niilo de la casa. El narrador
á su vez daba de mano los juguetes primor osos conque sus padres lo agasajaban, mientras él ocupaba la cátedra e1J !a
portería.

l~ntre los chicos endiablados del barrio de la
:-rerced, Toma.sito se llevaba la palma. No había.
que preguntar cúyas eran las pedradas que hacían llover vidrios de los balcones, ni quién ataba por la cola al gato de la carnicería contra la
perra del tendajón; todos los vecinos hubieran
respondido ácoro:
-El bribón de Tomás, el bl'ibón de Tomás.
Para sus seis años, no se encontraba en los
contornos pillo más redomado; hervía.le Ia sangre como pa.ila. de jabón; así que no era. po~ible
tenerle quieto, porque pa.ra él una silla era la
mismísima corroa.
Sus padres no hacían siquiera. la intentona de
poner á raya á Toma.sito, sabedores de que al
ama le disgustaba mirar!~ retozar en el patio;
ellos, cuyo afecto por el niño era extremado basta rayar en idolatría, Je echaban á la calle á hacer torerías.
-Es cierto que la criatura. es tra.viesa.--decían,
-pero ¡pobrecito! Es nuestro hijo, y ni lo bemos de regala.r ni de comérnbslo, que no somos
verdugos ó bárbaros. Que va.ya el alma mía á
dar guerra á la plazuela, la calle es de todo el
mundo y al que no le guste ....
El muy bribón no veía con malos ojos la debilidad paternal y se apuraba á aturdir con incesante gritería á todo el vecindario. Precisamente en el zaguán de las moradas pacíficas,
convocaba al ejército de pillastrines callejeros,
batiendo diana en una lata vieja de petróleo; allí
er11, el cuartel maestre de donde. partían las órdenes, siempre severas, desde un banco de palos
hasta la ley fuga..
.
El ideal de Tomasín era el generala.to, ya no
por los honores de las batallas bien libradas,
,,ino pot• el relumbrón de los galones y el garbo
del sombrero· de gallina..
Los relumbrones á los ojos del nifio, eran la.
expresión de la. fama y del glorioso prez militar,
servían de punto de mira. á. su arrojo de desea.misa.do, y, por lograt·los, en el campo de batalla.
de la imaginación, más de una. vez había derrota.do á supuestos enemigos. Los instintos bélicos
de Toma.sito, con ser poderosos, se a.batían en la
presencia de León, el hijo de los amos de la. casa
en que ambos vivían, el uno rico, mimado de la
fortuna, el otro de corta suerte, vástago único
de los porteros de la finca, quienes le amaban
como á santo milagroso.
Cuando León bajaba á la portería., libro en
mano el bravo militar tornábase grandísimo
gallin'.a. Su amigo le explicaba. el significado de
las estampas de sus libros de escuela, permitiendo, ademas, que Toma.sito pasara sus dedos mugrosos por la cara ~e _los muilecos.
-¿Quién es este vieJO de los tres cuernos?-Je
preguntó una noche el pillo, aumentando con una
nube de grasa de su dedito índice la tempestad
del Monte Sinaí en un libro de Historia Sagrada.·
-Es Moisés, el t,.ue libró al pueblo judío dela
esclavitud dé Egipto, sacándolo para la tierra
prometida.
.
-¡Ah!-respondió 'l'omasito con la sufici~~cia
de quien recuerda un cuento que le es fa.millar.
-¡.Y estos tres viejos tan feos:&gt;
.
-No seas descomedido, ¡qué tú! Qméne.s ban
de ¡¡er sino los Reyes Magos, los tres santos reyes!
- ¡Cómo! ¿también el negro es rey?
-¿Y qué le hace, tonto·¿
-Yo quiero saber en dónde pueden ser los feyes tan feos. ¿Lo sabes tú'!
-Todavía. no, pero luego que el maestl'o me
explique esa lección, yo te la e nseilo á. ti.
.,-Bueno, bueno. Yo quiero aprenderá rey ó
á. general como tu papá,. digo, como el señor
amo.
Diálogos de esta guisa eran el pan de cada día
en el cuarto de los porteros; ante los razonamientos de León, se aba.tía el ardor bélico del
néroe de plazuela, quien, olvidado por unos

Si el placer de maestro y discípulo no
hubiera tenido el pet•o de rigor, qué diferente marcha habrían seguida los sucesos; mas para colmo de desdichas, el general Ballesteros y su seilora ponían cara de
vina.,.re cuando los chicos se reunían.
-Que no se me roce con el hijo de los porteros-decía el gener al, y su Qigna seílora aumentaba.:
.
-Ese Tomás es un iguala.do, no mira que cada cual tiene su lugar aparte.
Generala á los veintiocho afios, no cualquie'
ra Jo es y la seilora de Ballesteros, á. decir verd a.d había sabido hacer los honores á las charre~ras y al sombrero de gallina. Llenaba el
generalato con dignidad que consistía en tiesura, orgullo y arrogante E;goísmo.
Para vigilar la educación del pequeño León,
le faltaba siempre tiempo á la señora de Balles teros· la modista y las amistades consumían sus
días, 'y el teatro y los bailes, sus noches; p~wo,
en no miraudo á su retofio, corno ella supiera
que no estaba el niilo en el cuarto de los porte,
ros poco se la daba en qué lugar se hallaría y
qué' cosas estaría oyendo y pl1nicanrlo.
Por fortuna para los dos amigos, la memoria.
de la señora de Ballesteros solía do1·mir siestas
prolongadas.
Melchor, el zapatero, no era en rea.lid_ad padre
de Toma.sito 1 eso lo sabía él muy bien, pues
cuando conoció {~ Lorenza, el niilo tenía tres meses de edad. El quiso á la muchacha &lt;porque sí;&gt;
y cuando supo que el padr? de Toma.sito_ babia
muerto, propuso el casorio Y la adopción del
nene: ambas cosas le fueron aceptadas. En el
transcurso del tiempo, Melcbor, á quien Dios no
había concedido desc~ndientes, aprendió á amar
al entenado, en lo que ~ubiera muy bien podido
ganarse el primer premio.
Cuando le pasaba por la ~maginación la idea
de que Toma.sito podía morir, claveteaba con furia. sobre el tirapié, como
quien es\uviera seguro de que
entre las dos tapas de un tacón se hallase agazapada. la
muerte.
.
La madre de Lorenza había
sido por veinticinco a.ilos por. tera de la casa de los Ballesteros. En ella había nacido
y crecido Lc&gt;renza y allí vi. vió hasta que le pasó la desgracia ...... Después se puso
á servir de criada, y más tarde contrajo matrimonio con
el zapatero Melchor, á quien
rro amaba, pero sí sentía por
él grande y respetuo sa. estimación.
Muerta la vieja portera, á
Melchor le fué ofrecido el empleo, y marido y mujer, con
el pequeilo tunante, fueron á
vivir en la casa del militar.
Lorenza encontró en ella
mucbos cambios: el niilo Juanito era ya general y se había casado. La zapatera no
se atrevía á mirar cara á cara á su amo por miedo de que
Melchor pescara el secreto,
en una. mira.da á hurtadillas.
El secreto sí, el secreto del
delito del cual le correspondía la mitad de la culpa, aunque ella, valientemente, se la
había. ecbado toda á las espaldas. ¿ Y qué era el secreto
sino una repetición más de la
travesura del Paraíso: Adán,
Eva y la tradicional serpiente haciendo de las suyas? A
su debido tiempo vino al mundo el pillo redoma.do; para
la madre fué un consuelo,
. para el cómplice una contrariedad.
·

En cel secreto&gt; estaban tres: la mad r e de Lorenza y los dos pecadores; muerta aquélla, el
niilo Juanito con el matrimonio y los r epetidos
ascensos militares, había logrado olvidar; Lorenza se puso á querer al hijo y á mentir al 81•
poso para el bienestar de la familia. Melcbor
engañado por su mujer, era feliz.
'
El general sólo deploraba del pecado las consecuencias; la existencia de ese Toma.sito incorregible que era un peligro para la buena crianza del primogénito. IA&gt;ón era muy mi r ado y pultdo, mientras que el hijo de los porteros sepasaba. de ordinario y grotesco. Veía en la inofensiva criatura. una amenaza de males futuroa.
Creía á todo creer en la inferioridad social de
los hijos de maldición, mientras consideraba A
los legítimos como dones del cielo.
-El hijo de la. portera- decía- no debe allernar con gente decente, sino girar en la esfera de
la madre. ¡Pobre criatura! es su sino, su craylta¡&gt; no debe la vida al a.mor, pues es produc&amp;o
de un accidente.
De 11hí que el general apoyara en todo y por
todo á su cara mitad en lo relativo á poner ook&gt;
á los lazos amistosos de los dos niílos; ell a, animada por la i ncondicional aprobación de todoa
sus actos hostiles contra los porteros, se atrevió
á proponer á su consorte que, para corta r el mal
de raíz, Melcbor y Lorenza fueran su bsti tuido■,
pero al niño Juanito Je entró el rrcelo de que su
víctima, sin la cortapisa de perder la colocación,
hablara de indiscreta, y desbechó el plan, lisonjeándose de generoso.
- Debemos ser buenos con esta pobre gented ijo. -Lorenza es bija de una antil{ua criada de
mi madre y él es un artesano trabaj a dor. Bas\a
atarle á Leoncito el cabo corto, cuidando de que
no se trate con Tomás.
Avergonzada la seilora ante los nobles sentl•
mientos de su marido, de una vez par a siempre
dobló la hoja.
El niño Juanito para sus adent,ros no se juzgaba con tal optimismo y él sabía por q ué. SI Lo·
renza me pierde de vista y lejos de mi i nfluencia,
habla, lo natural es que lo haga jactándose de
baber dado á luz al hijo de un general; las noticias suelen cundir andando, pero los chismes
tienen alas; y si mi es.Josa supiera.... . . Luego,
cerrando los ojos, completaba el razonamie1,to;
apretándolos aún más, veía en Jo más recóndito
de la mente á. Melchor y sentía un horripilante
calosfrío en la espina al esc1Jcbar, con el poder

de la imaginación, el roce de la chaira contra
la chabe,a.
U na tarde de enero, á esa hora en que el cansancio del día tiende al sueílo y el cansancio del
alma hacia Dios, echando medio cuerpo fuera
de la ventana por la portezuela. de la berlina,
León contemplaba con delectación el cielo tachona.do. Encarándose de pronto con la generala, le preguntó resuelto:
-Mamá, ¿cuáles son los ojos de Santa Lucía?
-Déjame, niño, no seas impertinente. Que te
los e nseñe tu nana.
Ocupadísima en discernir cuáles de sus amigas
lleva ban vestidos ricos y de moda, y cuáles iban
ata.viadas con faralaes de la pelea pasada, la
seílor a qe Ballesteros pasó inadvertida. la mueca de desabrimiento de L : oo, al oírse llamar impe rt inente porque deseaba saber. Volviéndose
el chiquitSn á. su noáriza, le dijó:
-Enséñamelos tú, nanita.
- S í, mi alma.. ¿Ves aquellas dos estrellas juntita s en el cielo? Aquellas que parece que te está n mir ando.
-Sí, sí; y luego, veo otras tres muy juntitas
también en medio de cuatro grandotas tan brillantes que forman un marco como el de mi pizarl"a.. ¿Las ves tú, nanita?
-Esos son los tres reyes, los tres santos reyes que a.doraron al Niño Dios en el portal· de
Belem, y por eso después de muertos se los llevó Dios y los cambió en estrellas.
- De modo es que ya no son gentes, ·nanita?
-Sí, también, pero son santos. Mañana es el
dí a. de los Santos Reyes, y su Divina Majestad
les per mite veni r al mundo..
-Y á. qué vienen, nanita~ ¿no les gusta. más
estar en el cielo y ser estrellas?
-Vienen á. premiará los niños buenos. Todos
los que han sido aplicados y obedientes, si ponen esta nocbe un plato. en el balcón, cuando
pasen los Santos Reyes ponen en él dulces; pero
siendo los niilos malos, sus majestades no hacen más caso de los platos que del cajón de la
bas ura..
-¿Y de dónde cogen los Reyes los dulces,
na n ita?
-Los traen del cielo, mi alma.
-Pero ¿cómo saben si los niilos han sido buenos ó no'!
-Desde el cielo, niño, se sabe muy bien lo que
pasa en el mundo; lo que es cierto y lo que no.
-¿He sido yo bueno, nanita?
-Sí, mi alma.
- De modo que si pongo esta noche mi plato
en el balcón, me trnerán los Reyes dulces y juguetes?
-¡Qué duda cabe! Pero tienes que pedirle á tu
papá permiso esta noche, para poner el plato.
-Lo pediré, lo pediré- dijo Leoncito batiendo palmas.
La. sombr&amp;. de la noche había.envuelto la. ciudad por completo; no siendo ya posible disting uirá. las personas que pasaba.nen coche, la señ &lt;?ra de Ballesteros cedió á un ataque de sentimiento maternal, hallando de perlas lo del plato y los dulces de los Santos Reyes. Aplaudien0:º par3: su ca.pote el ingenio de la nana, prome•
tió al niño obtener del general la solicitada licencia.

Durante la cena, el general y su señora t rataron de la venida de los Santos Reyes, y cuando
una hora después, montaron- en la berlina para
ir al teatt·o, Ballesteros dijv al lacayo:
-Vamos antes &lt;Al Paraíso Terrestre,&gt; calle
del Coliseo.
Apenas se perdió á distancia. el ruido del carruaje, León, de escabullida., se bajó al cuarto
del portero. Halló á su a.migo pesaroso y compungido, pues los dos monstruos le habían propinado la azotaina. del siglo.
Habíasele antojado al pfcai,o proclamar la independencia, esa tarde, ap1·ovechando la ausencia. de Melcbor y un ruto de distracción de Lo·
renza. Mientras el uno se marchó á entreg\\r la
obra al taller y remendaba la mujer una. cobija.
echándose cuentas alegres, el bribón arrancó
del marco la estampa de la Virgen de Guadalupe, y pegoteá.ndola muy bien en un paliacate,
que luego ató e'n la cafia. del plumero, se improvisó con la imagen la bandera de la insurrección. De un pedazo de cuero inglés con destino
á un par de botas, se frangolló un bonete de tres
picos, untándose para complemento de abominaciones, toda una caja de betún en 11.mbos carrillos para figurarse unas patillas de torero andaluz de antaño. Tal e1·a la concepción ridícula.
que la imaginacién de Toma.sito se había forma.do del padre de la. Patria..
Barbón y de bonete, el Cura Hidalgo capitaneó esa tarde al más grueso ejército del barrio¡
la batalla fué reñidísima y sangrienta: las piedras llevaban alas, las interjecciones callejeras
se desgranaban de las bocas de los mocosines y
caían como cerezas maduras.
En el campo de batalla cayó Melchor como
una bomba luego que echó de menos él pedazo
de cuero inglés. Con banderas descogidas iba el
heroe, ;ya victorioso y festejado de li. multitud,
cuando el zapatero le alcanzó por una oreja.
Sacado tan vergonzosamente de las filas insurgentes, quien con galán desenfado iba media hora antes á libertar al pueblo del yugo español,
los vecinos del barrio se desbordaron en aclamaciones de júbilo, que en vez de aumentar en
Melchor el anhelo de castigar al culpable, desarmaron su cólera y le recordaron la indulgencia
paternal. Ya no tenía para el hijo ni siquiera
mirada torva; le preguntaba si le dolía mucho
la orejita, y se la acariciaba con tierno afán.
-Es un consentidor-murmuraban las viejas;
los muchachos chiflaban y los hombres se reían
en las barbas de Melchor. En casa, Lorenza
completó la corrección paternal, dando á Toma.sito, con el. paliaca.te, una zurribanda de primera. Jamás se había visto el chico en tal empeño,
y por eso cuando León bajó á verle, le encontró
sollozando muy afligido.
Para consolarle, .en un santiamén le enteró de
la visita que debían hacer esa noche los Santos
Reyes, explicándole las circunstancias y persuadiéndolo á. poner un plato para sí.
--Yo no -tengo balcón- repuso el lloroso niño
con tristeza.
~No le hace. Puedes poner el plato en el pretil: dice mi nana que es lo mismo.
.
-¿En el pretil de la fuente?
-Sí, sí¡ tú pones el tuyo en la fuente, y yo el
mío en el balcón que da para ~l patio. De ese·

Doanlngo 19 de Abril de 1903
modo los Santos Reyes, si ven el uno, no pueden
pasar inadvertido el otro.
En eso quedaron ;y cuando don Morfeo empezó
á colgar de los párpados de los dos amigos, ambos se fueron prestos á dormir.
De vuelta los esposos Ballesteros, nota.ron el
plato del pretil de la fuente: en él babia algunos
confites y cuatro caramelos verdes y brillantes
como el cristal.
-Mira-dijo la se!'iora á su marido-ya poi·
aquí pasaron los Santos Reyes.
-¡Pobres! - respondió el general sonriendo
con lástima. al ver el morroiloso dón de los Reyes Magos.
_
De puntillas,el general y la seilora llegaron al
balcón y en el plat-0 de filetes dorados acomodaron una libra de dulces franceses, una c aja de
soldados y un libro de cuentos de hadas. Retiráronse á su habitación; él se durmió en breve,
gozando anticipadamente de la sorpresa agradable del niño al siguiente día; pero ella estaba
tan nerviosa. y tan impresionada por la abomina.ble y cruel Norma, que había sacrificado á
sus hijos en la ópera que acababa de oír por la
primera vez, que no pudo pegar los ojos en un
par de horas.
'L eón fué el primero en recibir á. la mailana siguiente la grata sorpresa de la visita. ¡Habían
venido los Santos RPyes !
Desde el corredor espió el plato de la. fuente,
y comparando con el propio el regalo de Toma.sito, León pensó que los Reyes J\1agos eran aduladores de ricos y no muy generosos con los pobres.
-Que no se me baje León las·escaleras, Angela-con v0z de trueno dijo el genei·al al salir de
su alcoba en traje dominguero.
-Pierda usted cuida.do, señor-contestó la doméstica temblando.
Confina.do en la asistencia tuvo al pequeílo
hasta las diez, hora en que plantándole en el coche, salie1·on de casa todos para fr de paseo.
León hubiera querido compartiL· su alegría con
la de Tomás y convidarla de los dulces finos, pero la nodriza se mostró inflexible. El coche rodaba. y rodaba mientras el niño ba~a.llaba. &lt;'OD
una idea.
¿Eran tontos los Santos Reyes? ¿no entendían
que el pobre necesita má$ que el rico:-' y si lo entendían, ¿por qué no eran jllstosi' A él á quitm
todo le abundaba en juguetes y golosinas, le habían traído ricos presentes; á Toma.sito, por ca·
r ecer de lo esencial, le salían con cuat1·O dulces
insignificantes, cuatl'O po1·querías que eran la
vergüenza del cielo.
El bríbón de Tomás no esperó á desayunarse,
ni se anduvo con melindres; uno t1·as otrn seeugulló los dulces verdes y los confites, echándose
luego á la. garganta un buen jarro de agua. Reclutando gente para la batalla del día, se anduvo por las cuatro esquinas más de media hora;
feliz, porque los Reyes no habían tornado á mil.!
las escaramuzas de la plazuela. Al primer retortijón, se retorció como un arco; al segundo soltó
la bandera y apretó á. corret• para su casa.
Lorenza echaba en ese instante un tizón soplado de la ceniza, en la olla del café, cuaudo vió
entrar al hijo hecho un-cadáver.
-Mira que pareces un desenterrado: es de hambre. Ven á beber tu café.
Apeteciendo algo caliente, Toma.sito dió algunos tragos, más no hallando consuelo, apartó de
sí la taza y se echó en el petate para busca1· descanso. Pócima tras pócima le dieron los desola.dos padres: hierbabuena, manzanilla, cedrón,
la botica entera.
Por fin, Melchor, envolviendo á la criatura en
un jorongo, cargó con ella a.l consultorio de la
farmacia vecina.
La gente había cargado aquella mailana., así
es que Melchor, recibiendo la ficha 23, tuvo que
esperar largo tiempo su turno. El 15 tenía un
absceso en el cuello y tardó siete m\nutos en salir; del 16 al 20 los casos no debieron set· serios
pues los pacientes de esos n~e1·os pronto se vie'.
ron en la calle; pero el 21, un viejo que padecía
de varices y estaba vendado de piernas, y el 22
un herido ae la cara, se tardaron una barba.1·i'.
dad. Antes de que llamaran al 23, hubo un entreacto: el médico se lavó las manos con que había curado llagas y heridas, para torcer un cigarrito, fumaao el cual, se asomó á la puuta
diciendo:
'

�EL hiúNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril de 1903
-Entre el 23.
-¿Qué ha comido-preguntó frunciendo el ceño el matasanos, después de reconocer minuciosamente al niño.
-Nada, señor, nada, porque ni siquiera bebió el café.
-Pues está envenenado y temo que sea demasiado tarde. Veremos.
En la botica, sin que el farmacéutico cobrara
un centavo al paciente, recibió todus los remedios aconsejados por la ciencia,.pero inútilmen;
te. Era tarde, muy tarde y Tomasito expiró en
brizos del doctor.
¡Y pensar que la muerte, la cruel é inevitable,
roba tintas á las mejillas de las vírgenes, sueños
al adolescente, ilusiones al mozo y promesas al
pequeñuelo! En cambio. con qué tardo y penoso
andar acude al reclamo del decrépito, del caduco y del afligido. Viene, viene siempre, pero es
inoportuna..
León, en presencia del cadáver de Toma.sito,
se quedó perplejo. Se le anudaba. la. garganta. y
no osó articular palabra. No de los ojos, de los
poros todos de su cuerpo sentía él que le brotaban lágrimas como de los poros del arbol resinoso brotan las gotas de la goma. Sus ojos, sin
embargo, se mant~nían secos y torvos bajo el
do~el de la. frente encapotada.
La señora de Ballesteros se conmovió de veras y el general consoló lo mejor que supo á los
padres del niño muerto. A León Je aseguró la
generala que Toma.sito estaba. ya en el cielo.
Ni entusiasmo ni simpatía despertaba al niño
la vide. celestial, eterna tertulia de.holgazanes
repantigados y ebrios de música angélica. De
la orquesta del cielo podía formarse idea por el
concierto religioso de la sagrada catedral, y recordando el zumbido de moscones de los señores
canónigos en el coro, y Je. canturria. monótona
en falsete de los éoloraditos al pie del facistol
pensaba que en materia de música, Dios no de~
bía de ser persona de gusto.
.
Costeó el general el entierro; León y su nodriza asistieron á él en el coche de la casa.
A medida que el sepulturero excavaba la tierra, León hacía esfuerzos mentales por excavar
el cielo. Había oído decir que los dulces verdes
teñidos de fuchina, habían envenenado á. Toma.sito, á su compañero, á su amigo querido: luego ¿eran los Santos Reyes estúpidos ó asesinos?
Sobre la tumba se formó un montecillo de flores, que todos los presentes humedecieron con
sus lágrimas. De regreso á la ciudad, a.tarde-

Domingo 19 de Abril de l!J03

EL MUNDO ILUST RADO.
cía; el cementerio quedó allá a.bajo, metido en
la sombra de los árboles y de la noche;pero con
serlo tanto, era más densa la sombra del espíritu. León, desde el fondo de su alma, interrogó
á la muerte:
-¿Me devolverás á Toma.sito? ¿le volveré á
ver alguna vez?
La luna empezaba. á inundar de claridad el espacio mudo, y la apacible luz aumentaba la melancolía del almaj ninguna voz se oyó, pet·o el
pequeño, en lo mas hnndo de !&gt;U pensamiento,
vió graba.da con letras de fuego la sombría y
le.cónica respuesta del cuervo posa.do en el busto de Palas.

Don 'francisco Diaz dt J:tón.
El lúnes último, en las primeras horas de
la mañana, ~ejó de existir e:n ~sta capital el
Sr. D. Francisco Díaz de Leoi:i,, mteligente tipógrafo á quien la imprenta debe en ~l éxico
muchos y muy 11otables adelantos.
'

Gostumbres Populares.
lOSJUDAS
Es todavía una de las costumbres favoritas
de nuestro pueblo... .. . y no sólo de lo que hemos dado en llamar nuestro pueblo, sino también de muchos á quienes la fortuna y la educación han colocado muy por cima de las úl-

de pertenecer á tal ó cual partido, pagaban
necesariamente tributo. á la costumbre. Para
el pueblo, que se guía casi siempre por la
impresión del momento, aquellos eran los
"Judas'' y él era el Cristo ...... un Cristo que
gozaba con las "volteretas" de un muñeco
colgado á un cordel y lleno, por dentro y por
fu'\lra de "bombas'» destinadas á convertirlo
. en pedazos.
en un' instante
E~to, poco á poco, fué d9sapareciendo, y
los "Judas" de ahora ni lastiman b. reputa-

DESDE .EL PABAlllO.
Ideal! Ideal I Como el viajero
en desiertas regiones extraviado,
abandona el ca.mino verdadero
por seguir el sendero
que lo aleja del punto desea.do,
cuántas veces las almas que te ansían
con tu cerca.na claridad se ofuscan,
de tu región serena se desvían,
por fatua luz se guían
y más te pierden cuando más te buscan 1
FRANCISCO DIAZ SILYEIRA.

RIMA AMARGA .
- Mancebo pansa.ti vo, esperas algo'?
-Aguardo una mujer dtisconocida
que ha de surgir como Je. luz del re.yo
á darme con su a.mot• la fe perdida.
-¿.La fe perdida tú, que gloria sueñas
y e.un no has cumplido veinte y dos eneros?
-Y ya la duda en mí clavó su presa
como el puñal en las entrañas de Eros.
-¿,Pero quién eres tú que tanto sufres
sin doblegarte al peso de los años?
-Que quién soy yo? Je.más me lo preguntes,
heraldo de mis propios desengaños.. ...
-Y á quién esperas, di, siniestra. esfinge
que ca.usas mi dolor sin compreooerte'?
-A una mujer muy pálida y muy triste,
enamorada. de mi a.mor: la l\Iuerte!.'. ...
JOSÉ M. CARBO~ELL.

El Sr. Díaz de León, generalmente estim
do en nuestra sociedad por sus ideas filantrópicas y su espíritu de iniciativa en bien ele los
pobres, fué el fundador del Abilo de l\Iendigos, establecimiento que dirigió hasta su muerte, y que tan buenos servicios ha prestado i
la clase menesterosa.
A sus funerales concurrieron numerorns tipógrafos y algunas personas de nuestra sociedad. Al morir el Sr. Díaz de León, desempenaba el empleo üe Jefe de la Imprenta del
Timbre.

ti mas clases sociales... Quemar en "estatua"
al que ha sido, á través de lo~ tiempos. la personificación más perfecta de la maldad y la
perfidia, al que vendió, por un puñado de monedas, al Divino Maestro, €-S cosa que ni los
años han hecho olvidar, 11i los alcances de
nuestra cultura han podido impedir.
Tras la recordación det sublime drama
del Calvario, con s11s pasajes impregnados de
profunda tristeza, surge siempre como una
nota cómica, el estruendo del sábado de gloria. En figuras imposible~, )a figura del traidor se reproduce año por año; aquí afecta el
cuerpo de una mujer ridfoulamente vestida
con ropas multicolores; allá, el de un "lagartijo" que llern al cuello, á guisa de corbata,
el nudo descomunal de una franja de papel
de china; y más allá, el de uno de tantos "tipos'' grabados en la conciencia popular con
líneas imborrables ..... .
Apenas enmudecen las campanas, comienza en las calles la gritería•que aturde; el rumrnm &lt;le los vendedores; la ensordecedora algarada &lt;le las "matracas" con que los niños
' 'se divierten" ...... en espera de que las campanas desaten su lengua de bronce, para echarse por esos mundos de Dios, ansiosos de ver
que se retuerzan, pendientes de una soga, los
mil y mil muñecos en que la muchedumbre
tiene ¡mestas las miraclaci. Dan las torres la
señal; llena el aire de improviso el repique
á vuelo, y las deto:1nciones se suceden en una
confusi6n espantosa y los gritos de la multitud rompen el silencio, mezclúndose al ruido
insoportable de las murgas callejeras...... . Del
" .Judas," llevado momentos antes en alto y
en son de triunfo, por las populosas avenidas,
no queda más que un miAerable esqueleto de
carrizo y cartón, símbolo de las vanidades humanas.•....... .

C H A PALA.-A la hora del crepúsculo.

Antiguamente, los ".Ju das" solían "representar" á personajes sobre quienes el pueblo
claYaba los ojos, como un puñal. El asesino,
el infidente, el tirano, y hasta los que no debían, para ser quemados, otra "falta" que la

ción de nadie, ni son para la multitud indicio
de venganzas personales. El pueblo ríe, goza, se divierte, y por más que esa diversión no
encaje en el estado de cultura en que se encuentra el país, persiste él en su empeño y por
complacerlo está y estará quién sabe hasta
cuando, pronto á quemar el último cohete.

***
Ent:etanto, la vida ordinaria abre un paréntesis; vuelven los _moradores de la capital
á sus trabajos habituales, y de la balaµstrada
de un balcón queda colgando el último "Judas'' ........ . ..... .
Es tener demasiada buena opinión de nossotros, al reducir todas las cosas á los estrechos límites de nuestra ~pacidad y afirmar
que todo lo que traspasa nuestra comprensión
es imposible.

*

La verdad es la
realización, es la
elegancia que supera á todos los
suefios de la·gloria del hombre.

*

Las grandes palabras representan los grandes
sentimientos, y
del disgu~to éte
unas se cae fácilmente eri el disgusto de los otros

*

Decir: «JamÍ\R
he cambiado»
equiYale Íl decir:
«He nacido infn1 i ble y no he
aprendido las
lecciones de la
vida.&gt;&gt;

PALABRAS.
El poeta se levant6 ante el concurso.
Y dijo:
.
-«Artistas: ¿por qué buscáis hojas de malva para ceñir vuestras cabezas desvanecidas de
gloria? ¿Por qué cogéis las florecillas inodoras? ¿Acaso no hay laureles? Pues bien, yo os
digo: despre(}iad el ,·ano aparato de esa falsas
coronas, que parecen líos de alfalfa con que
son coronados los bueyes por el humilde labriego, ó gajos de vid que cubren las ruborizantes caras de las doncellas en la fiesta de
Pan. Si amáis de veras coronas y no encontráis la simbólica de laurel, coged zarzas espinosas, que remeden en vuestras cabezas círculos sangrientos de dolor.
«Artistas: arrancaos esas piltrafas que denigran. Entendedme. Detesto la. soberbia, que
es la hinchazón del escuerzo, la pompa de jabón, el átomo que zumba delante del infinito.
Quiero que os despojéis de tanta vanidad para que entréis ror las sendas de las violetas y
defendáis vuestros ideales con más amor que
la gloria. La zarza sólo espera nna chispa do
vuestro numen para que fulmine sus 1ojizas
lenguas que hablarán sobre la multitud.
,,Artistas: os hablo con mi al~a sencilla y
casta. El humo marea. ¿Amáis al humo?
¡Ofuscaciones de verdad, bajezas escondidas y
haladroneantes, tinieblas de perversi6nl !No!
Vosot10~ amáis la aurora en que todo canta y
réfleja sin esperar el parabién de las estrellas.
Toda alma llena de luz se contempla y se hasta. La aurora está gloriosa de FÍ misma. Vosotros no alcanzáis á. comprender cómo vue~tra alma se parece á las auroras. Siempre allí
está levantándose el ideal, cada vez más puro
y más luminoso. Está, puei&lt;, en encarnar este
ideal lo más inmensamente posible. Apenas
se anuncie, cantarán los poet&lt;is como loe pájaros en la tierra. Y doquiera brotarán flores.
Yo os digo, pues, que os sobra vuestro espíritu para que bajéis á la Naturaleza y cantéis
sin soberbia en los principios de sus verdadei&lt;.
Y cantad sin esperar las lisonjeras flores de
las amables fier:is humanas, que al fin vuestra alma de artista está llena de todas ellas.
¿Y trocaríais vuestras místicas rosas ideales
por ex~ravagantes claveles confeccionados por
las floristas? Pero me alegraría que ni osarais
pensarlo, antes, cubriéndoos con vuestras manos la cabeza, oíros exclamar: ¡llevamos nuestra corona d.e espinas! Y que esas espinas puedan convertirse en coronas ígneas.
«Artistas: ... .. . yo amo todo lo que no ennoblece la frente de los imbéciles...... ... !,,
. Estallaron los_ bravos en el paraíso. Las rubias damas cubrían el carmín de sus labios
con las plumas de los abanicos. Los caballeros sin alma dirigían sus anteojos á los palcos: Pero un tono de _luz esparcía un reflejo
de ideas, que era como una sonrisa divina entre los tules, los «aigrettes» y las cabelleras.
JOSÉ l&gt;IARÍA VÉLEZ.

�~

Lesnard jugó; al principio gan6 poco; luego
mucho, muchísimo dinero. Aquello era una
fortuna!
La riqueza, ese bendito fantasma, que siempre lo había perseguido en sus largas horas de
infortunio, lo veía ahora muy de cerca; casi
lÓ palpaba. Luego de la ilusión pasaba á la
realidad. Vamos! sería conde, y sus cartas
serían dirigidas al ((Hotel Lesnard.»
Pero ¿qué diablos estoy pensando? exclamaba Lesnard, dominado completamente por la
excitación nerviosa del·juego: apenas si tendré en todo esto cuatrocientos mil francos¡ i
la verdad que es una riqueza, pero .... .. ¿Y mia
millones?. Y de nuevo la cabeza de Lesnard
vuelta un infierno, se inclinaba pesadamen~
sobre su pecho.

CUENTOS DEL MANICOMIO
LOS QUE NOLLEGAN AS. BIPÓLlTO
(&lt;Ni son todos los que
están, ni están todos los
que son.&gt;]

IV
EL MOSCARDÓN,

El muchacho, que no había consPguido pasar de escribiente-ya porque no tuviera ap-

··· á¡· ~~~¡a_·¿.~~-¡-~·¿~;. ·1·1~~~ü~- -~¡¡¡¿~·ii~~~-k
Banca! EL señor vizconde Ruán la dobla,
caso de que haya mejores puestas.
-Pero, cubrid al menos mi·fondo, contestó Lesnard.
-¿Cuánto tenéis, caballero? repuso el visconde.
-Setecientos treinta y cinco·mil francoe,
una miseria, dijo Lesnard.
El vizconde se desabrochó su gabán, y eacanelo del bolsillo de su levita una finísima
cartera, la puso negligentemente 6obre la m
sa, diciendo:
-La banca tiene un millón.
Re dieron las cartas.
Lesnard, con la mirada ü1cierta, las maaot,
'Jris1mdas, sostenida la respiración, esper6.
Apenas si oyó cuando le anunciaron : Ha ·
perdido, señor ele Lésnard.
Cayó de espaldas sin proferir una palabra..
El dueño de la casa dió las señas de su ca..
sa, y lo hizo subir á un carruaje.
····························· ·············· ················
Cuamlo llegó, había recobrado por completo el sentido. Sus manos nerviosas recorrieron
en un instante todas las cavidades de sus bolsillos. ¡Nada! ¡Nada! ¡Completamente arruinado!
La dueña de la casa le salió al encuentro.
-¿Sabéis, caballero, á cuánto asciende vues•
tra cuenta?
- Descuidaos, señora, seré millonario, bal•
buceó Lesnard.
-Pero, ¿qué diablo de millones son esos á
que os referís, y con los cuales pretendéis paJ
garme veinte semanas?
-Señora: el conde Lesnard demora 8118
cuentas, pero vos no quedaréis descontenta
cuando lo hayáis cobrado todo.
Aquella misma noche se ahorcó el pobre
·Lesnard.
·
HE~Y DUVEROY.

·-·

ACUARELA.
Luce, colgada en fúlgida tachuela,
De su esmalte ya opaco la hermosura,
Cubierta por el polvo la pintura
De una antigua y exótica acuarela.
De nácar y carey~es la cañuela;

Y casi_amortiguada, la figura
Destácase de un ibis, que en la obscura ·
Comba de un cielo nebuloso vuela.

•

ESTUD I O f-OT OGRAFICO
COLECCIÓN PELLANDL.\'I.

SUEÑOS FATALES.
Aquel pobre diablo de Lesnard, estaba verdaderamente loco.
Hijo del pueblo, soñando con hacerse noble,
la vida de Lesnard ·fué una larga serié de alternativas. Una spla idea desgraciada lo había dominado siempre: la riqueza, y esta sola idea tentadora, se le presentaba bajo diver-

sos modos, pero no se apartába un solo instante
de su cerebro enfermo.
·
Ora bajo montones de oro; ora en viajes fabulosos, á lejanas tierras, de donde pensaba
regresar cargado de millones; ora bAjo cualquiera otra forma enloquecedora, la idea de
hacerse rico predominaba siempre en· Lesnard.
Recurrió como último medio decisivo al
juego. Hizo almoneda todo cuanto poseía, y

Dooningo 19 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

. EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril d-e 1903

De un lago entre los húmedos zarznle~,
Del ocaso á las luces vesperales
Corre tras de las liebres un podenco.

Y mientras el crepúsculo agonizn,
Sobre el trémulo lago se desliza
Como rosada góndola un flamenco.
JUAN DrzÁ:s.

•

titudes como todo el que lo favorecía con hablar d¡ él, gritaba muy alto, ó bien, como él
m urmuraba temerosamente muy bajo, porque
tenía vergüenza,- también hacía literatura,
también era borracho, y también iba, como el
J efe de la Sección, camino de la muerte por
alcohofümo.
Aquella mañana tomó asiento ante el bufete toelo-¡así, todo!-tembloroso, y aún oliente' al alcohol que le había taro baleado, que lo
h abía peleado, que lo había llorado, que lo
bahía ridiculizAdo en fin, la noche anterior,
y empuñó la pluma, que de seguro le bailaría
entre los dedos, dP,dos maltrntados, dedos de
u ñas rotas y falanges adoloridas.
Llegó el moscardón, un moscardón verde
b asta el l ustre, como el viejo traje del muchacho y regordete y grande, hembra antigua y t'uerte que habría sorbielo al consorte.
Fué primero la mano la elegida para el cosquilleo burlante; se le clavaba, le caminaba
por sohre t~elo el enrojec~&lt;lo dorso, y detpués
se alejaba riendo á c1ircaJadas-no era r1Sa de
burla ruidosa, aquel zumbido que levantaba
al empi narse rumbo al cielo raso azul?-de
las injurias que el agredido elevaba con rapidez para ver si la alcanzaban.
J uan, como era natu ral que se llamase un
escribiente, buscaba que ella que lo veía enormemente agrandado, como ven todos los moscardones á los hombres, según proclama naturalista, oyese también agrandadas sus protestas por la agresión.
Ft,é de!'pués la nariz la que tomó para lugar de sus burlescos paseos y efímeras anidadas y todavía inconforme, en su as.!endiente
bef~ á un hombre, fué á prenelerse á. la cabeza
que-¡también eso hace el alcohol!-empezaba á encalvPcer.
La desesperación escribientil aumentó, como en mañana d~ sed de agua,.entonces dafiosa y de odio á sí mismo, también peligroso,
aumentan las impresiones, cualesquiera que
se rPciuan.
Pe_ro temió al, ridículo, si pe1seguía a! moscardon, y er::pero.
Otras veces siguió el verdeanimalilo, con la
idea del contacto rieliculiza&lt;lor y molesto para
la cara, víctima &lt;le un enrojecimiento febril,
y para la empobrecida cabeza calva.
Entonces el muchacho sosegó sus nervios,
ordenóles una quietud harto difícil, y ¡á. pesar de su alcohol, consi~uió la tranquilidad!
Vol vía el mo~car&lt;lón, y lo cosquilleaba, lo
pinchaba, lo calofría ba m~s y más, para volar
despué;,, siempre con la risa zumban te-como
de censor bal buenesco-en la trompilla agresora.
El e~cribiente--Juitn, ¿.no? -seguía quieto,
y cuando el moscarelón llegaba, él le soplaba
suavemente.
Sólo en un momento en que se le alacranizó en frente el limpiaplumas, limpiaplumas
cortado y cosido por una prima de segundo
orden, arrojó la mano sobre el bufete.
Y siguió quieto, con nervios extraordinariamente tranquilizados.
El moscardón, probablemente cahsado de su
burla, porque muchas veces se fastidiaba antes q ne el burlado, vol vía m~s &lt;le tarde en tarde á la inmóvil cabeza, y sentía cierto entorpecimiento, ciertos vértigos, pero volvía raramente atraído por aquella cabeza, y recordando á sus parientas las falenas por el entorpecimit:mto y la atracción que al mismo tiempo
sienten ante las flamas, pero pensando en que
en aquella cabeza no había flama alguna ni
podía haberla en la cabeza de uno que era
¡er::cribiente y borracho!. .....
Su de::!vanecimiento y su torpeza progresaban, y seguía llegando menos alto y rodando

EST UDIO F OT OGRAFICO.
COLECCIÓN PELLANDIXI.

más bajo cuando tropezaba con la cabeza que
ya no quería perseguir, pero que la atraía.
El escribiente siguió soplándole con suavidad, cada vez que se le prendía el obstinado
moscardón .
. El ~uchacho a.penas parpadeaba, con res1stenc1a tenaz á moverse ........ .
De repente rodó el moscardón sobre la mesa, y quedó tendido con el vientre hacia arriba, agitando locamente las patitas.

. Juan s~ puso en pie de un salto, y gritó
ne~?º ruidosamente, entre la silenciosa admirac10n &lt;le sns compañeros que tenían qui etos
en las manos lo~ portaplumas é inquietas en
las manos las muadas: «se l_o dí á gustar, por
vengarme en alguno, de m1 desgracia; e! alcohol mata, ¡ya lo creo!!»
FRANCISCO Z ÁRA'l'E

Rm z.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

b:L MUNDO ILUSTRADO.

Dcxmingo 1!I de At&gt;ril de 1903

ca telegrafia sin HHo~
en mtxico.

E

coucéntricos cuyo centro es el puhto donde cayó la gota y que van aumentando
progresivamente hasta terminar en los extremos del estanque.
Pues bien, el estanque en la telegrafía
sin alambres lo representa la atmósfera·
la gota de agua, la corriente eléctrica qu~
está en estado latente en la antena, y loe
círculos concéntricos lae ondas eléctricas
que van á impresionar el aparato de la oficina opuesta.
Publicamos unos grabados de las oficinas que la Dirección de Telégrafos ha
establecido por vía de ensayo en Cabo
Haro, del Estado de Sonora, y Santa &amp;salia, de la Baja California, así como las
vistas de la bahía de Guaymas, de la. estación del ferrocarril y de la Penitenciaria
del puerto.
Las pruebas se han llevado á cabo con
todo éxito. El costo de las torres es de
quince mil pesos.

L mundo entero ha proclamado los
triunfos obtenidos por Marconi con
su maravillosa inveni::ión de la
telegrafía sin alambres, y en las
distintas naciones se han hecho experi •
mentos de su sistema; justo era, por lo
mismo, que en México, que es tal vez donde más se nece~ita por tener extensas comarcas de su territorio desprovistas de
comuniC'aciones rápidas, se procediera á
efectuar ensayos que encaminaran ú algún
resultado práctico.
Al Director de Telégrafos, señor Ingeniero don Camilo A. González, le ha tocado tomar la iniciativa en un asunto tan
trascendental.
Una casa alemana que es competidora
de Marconi y que ha reformado sus aparatos, es la que contrató la instalación de
dos oficinas, situada una en Cabo Haro,
á siete kilómetros de Guaymas, y la otra
en Santa Rosalía, del Territorio de la Baja California.
SA NT'A ROSALIA.-Exterior de la Oficina.

***
Para el efecto, se construyeron unas casas de madera que tienen tres departamentos, uno destinado á la oficina, propiamente dicha, otro para la instalación
de acumuladores eléctricos, y el último
para almacenes y bodega.
Los aparatos que constituyen el sistema de transmisión, so11 los siguientes: la
llave ó manipulador, que está dotado &lt;le
un contacto de platino, haciendo el otro
contacto en un depósito de mercurio, que
tiene encima una capa de petróleo &lt;le un
centímetro de espesor. El objeto del petróleo es evitar la chispa que se produciría al haber falta de continuidad de la
corriente eléctrica que se utiliza y que es
de gran intensidad.
Un carrete de inducción Ristema Rumkorff, que produce una chispa de 35 á 40
centímetros. Eete carrete está «actuado»
con acumuladores. A continuación hay
un vibrador de mercurio, :&lt;actuado» por
un peque:ño dinamo movido también por
acumuladores. Hay un reostalo que sirve
pam graduar la intensidad de la chispa
eléctrica.
Conectados todos estos aparatos, queda
uno de los terminales del carrete de Rumkorff en comunicación, por medio de un
hilo conductor, con la antena que está colocada en la extremidad posterior de las
torres construídas al efecto.

UN RECUERDO.
Ella miraba fijamente el suelo.
En el hondo silencio los instantes
abismos eran de dolor y duelo.
Oh, si por siempre juntos, anhelantes,
un imprevisto golpe nos hiriera!
Lentamente clavóme sus brillantes
ojos. Aun miro con convulsa boca
hablándome palabras y evocando
una rojiza llaga, que sangrando,
parece que suplica á quien la toca.
GABRIEL D' ANNUNZIO.

TENTACIÓN.
·SANTA ROSALIA.-La caseta y las torres.

Llevabas con donaire la sombrilla.
de seda azul con rosas escarlata,
y hollaba la negruzca escalinata
el tacón de tu arqueada zapatilla.
Envolviste tu cuello en la mantilla,
y al suspender el ruedo de tu bata,
dejastes ver el ce~idor &lt;le plata
que aprisiona tu ~órbida rodilla.
Entonces en tu faz llena de enojos,
hubo un florecimiento de sonrojos
y pudorosa aligeraste el paso.
Mientras que yo, mirándote de hinojos,
sentí que se agitó sobre mis ojos
tu fina enagua de crujiente raso.
LEOPOLDO LUGONF_.g.

El aparato receptor se compone de un
tubo lleno de limadura de níquel, plata
y hierro, que es el que recibe las señales
directamente de la antena. El tubo tiene
un 1vibrador parecido al de las campanas
El Rin estaba poblado de ondinas. E neléctricas, cuyo martillo lo golpea constre éstas había una de maravilloea hertantemente, con objeto de hacer deeaparemosura, llamada Loreley, que en las no
cer la cohesión en la limadura. El mismo
ches de luna abandonaba su palacio de
tubo tiene en sus extremidades unos hilos
líquido cristal y se reclinaba con indolende platino conectados con un registro Morcia seductora en la cima de una roca, bruSANTA ROSALIA.-lnterior de la Ofi,cina.
. se que marca las se:ñales en uña tira, que
ñida por las olas, que se destacaba en el
está movida por un mecanismo de reloj.
centro del río.
Un conmutador especial comunica, segúfl las necesidades del caso,
El conde Palatino Bruno, sefior de aqm1lla comarca, acostumbraba
la antena con el aparato trasmisor ó con el raptor.
á pasearse por las márgenes del Rin en las noches claras. En uno de
esos paseos vió á Loreley y quedó profundamente enamorado de ella.
Y así, en lo Rucesivo, ni una sola noche de luna dejó el conde de ir _á
Hay una explicación muy clara sobre la teoría de la teleo-rafía
sin
contemplar aquella encantadora divinidad, que á veces le sonreía av1•
0
hilos y al alcance de todo el mundo.
vando las llam11s de su pasión. Y como era poeta y pulsaba el arpa, le
En _un estanque lleno d~ agua, se nota que al dejar caer una gota
compuso una canción amorosa, cuya estrofa final decía así: ·«P?r &lt;p~é
del mismo líquido desde cierta altura, se forma una serie de círculos
no has de ser mía? Por qué no he de ser todo tuyo? Llévame a, v1v1r

***

contigo en tu morada, allá en el fondo de las aguas!» Una noche, en
vez de pasearse por las márgenes del Rin, el conde entró en una I reciosa barca, y mecido por las ondas tranquilas y plateadaR del río, se
puso á cantar su canción amorosa. Loreley no tardó en aparecer, más
radian te, más bella y seductora que nunca. El enamorado se fué acercando á la roca magnéticamente atraído por las miradas y las sonrisas
de la ondina. Mas cuando estuvo bastante cerca, Loreley hizo una señal ca balística, y
acto continuo las
ondas del Rin,
que se deslizaban en mansfaimas ondulaciones, se encresparon en tumultuoso oleaje y formando un remolino vertiginoso
absorbieron en
.,u seno á la barca y al trúvador.

*

CABO H A RO.-Exterior &lt;-e la Oficina.

Desde entonces, cuentan los
habitantes de aquellaregión, que
entlas altas ho-

ras de las noche1:1
de luna surgen
de las aguas del
río las not11s ardientes y dulcísimas de un canto amoroso. Son
las voces del
himno n upcial
que el conde Palatino Bruno y la
ondina Loreley
entonan u nidos
para siempre en
el fondo del Rin 1
C.

1903.

R OMAGOSA.

GUAYM A S.-Vista de la Bahía.

lEN QUE PENSARÉ?

Doll:ningo 19 de Abril de 1903

Veía yo allí una flor postergada á ~tra de -~enos mérit~ y ~t~lidad
y mi imaginación exaltada por aquella mfracc1on de los prmc1p10s ~e
justicia, inventó el siguiente diálogo, no amoroso 0omo ella supuso, sino de celos y envidias.
Hablaba la rosa natural y decía:
-Por más esfuerzos que hagas, por más palabras que emplees,
nunci me convencerás de tu superioridad sobre mí. Eres inferior, muy
inferior á todas las de nuestra familia.
¿Quién te educó y quién cuidó de que crecieras gallarda y esbelta?
¿Quién limpió de gusanillos y caracoles tus cabellos? ¿Quién regó tu
tallo? ¿Qué abejas libaron en tu corola y qué mariposas mancharon el
terciopelo de tus hojas con el oro de sus alas? ¿Qué pechos has adornado, sobre qué senos te has mecido y quién de ti hizo símbolo 4e
amor que llevara la alegría á un corazón apasionado?
Responde, di: ¿Quién te hizo, quién te creó, quién te trajo aquí,
sin otra misión que insultar á los que debías respetar?
-Cierto-dijo la rosa de porcelana-que ninguno de esos placeres
be disfrutado. Pero si nadie me educó, si nadie se preocupó de migallardía y esbeltez, fué porque nunca he necesitado de ello; si de gusanos y cirracoles no limpiaron mi capullo, fué porque esos bichos no
han llegado hasta mí. No regaron mi tallo porque supe conservar eterna mi lozanía, y si abejas no libaron en mi corola y mariposas no se
posaron en mí, fué porque á ello no me expusieron, que de haberlo
hecho, sPgura hubiera sido la preferencia, aunque desde ahora te digo
que por feas á las unas y por variables á las otras las desprecio.
Ni he adornado pechos ni expresado pasiones, porque tales cosas
más que honrar denigran y envilecen. Por lo mismo no me he visto
frecuentemente expuesta -al desdén con que se trata á la infeliz que entrega como prenda de amor una mano enamorada á otra que no le corresponde, y que se complace en arrancar sus hojas para arrojarlas en
el lodo de la calle.
Con afán y solicitud me creó un artífice que supo dar á mi delicada belleza perdurable existencia, y esto no podrá reconocer como causa un mieterio indescifrable, cual es el de tu existencia, pero tiene mérito indiscutible, puesto que de mano de hombre es y casi se confunde
con lo que la Naturaleza ha creado. Además, tu poder es efímero tu
reinado es de un día, mientras que el mío no tiene límite· contra 'esto
~é~~es~~~
'
-¡Gran error, nada hay eterno!
-¿OpinaR que todas somos de vida tan fugaz como la tuya? La
mía es más duradera ......
-Sí, tanto como el tallo que adorna tus hojas.
-¿Tiene~ tú acaso un brillo parecido al mío de que te mofas?
--¡Igno;ante! Todas l~s alborad_as, los primeros rayos del sol arrancan al roc10 que cubre mis carnosidades reflejos de plata y azul que
deslumbran y embellecen.
Pero no discutamos más; por mucho que á mí te parezcas no dejarás nunca de ser una imitación un remedo mío.
'
Y las imitaciones son siem p;e fals:is.

··························· ·········· ·············

. Al hacer la limpieza diaria, un criado
Juntó en un mismo montoncillo debasu~a unos J?edazos de porcelana y unas
hoJas mustias arrancadas de una hoja
marchita.
Eran restos de las flores, despojos
que al volverse á encontrar hablaron
así:
-¿No te ha servido tu sólida construc&lt;·ión de que presumías para librarte del destrozo que te hicieron?
-Sí, es verdad que la mutilación ha
sido horrib:e, ptlro tampoco tú has logrado escapar de ella.
-Ciertamente, pero yo dejé un recuerdo de mi vida, algo que recordará
mi ~xistencia rápida, pero útil, algo que
hara pensar en mí; dejé perfumes y aro-

¿En q_ué p~nsaré cuando me halle á punto
de moru·, s1 es que estoy aún en estado de
pensar?
li'¿Pensaré en mi mal aprovechada vida, que
pasé como en un suefío, adormecido, sin saber paladear sus frutos? ¡Cómo! ¿Es ya la
muerte? ¿Tan pronto? Imposible! Aún no he
t~nido tiempo de hacer nada! Sólo que yo me
disponía á hacer algo!
_¿Recordaré mi pasado? ¿Fijaré mi p&amp;nsam1ento en aquellos instantes radiosos que tuve en la vida, en las fisonomías é imágenes para mí caras?
O bien ¿volverán á trazarse en mi memoria
mis malas acciones é invadirá mi alma la ardorosa angustia de un remordimiento tardío?
GUAYMAS.-La estación del Ferrocarril.
¿Pensaré en lo que me espera más allá de
ma que embalsala tumba y si me espera en efecto cosa alguna?
. ~ o...... Paréceme que trataré de no pensar, que me esforzaré por _ maron el cálido
ambientedeaquel
idear alguna pequeñez para distraer la atención de las amenazado«boudoirn donde
ras ti°:ieblas que se ennegrecen ante mí.
vivimos.
En m1 presencia cierto moribundo no cesaba &lt;le condolerse porque no
le querían dar avellanas tostadas. Y sólo allá en lo más recóndito
Y al llegar aquí,
de sus ojos ya sin lustre, mientras tartamudeaba sus quejas, bregaba
u na ráfaga de
Y se estremecía un no sé qué, como el ala rota de un pájaro mortalviento que penemente herido.
tró por el balcón
IVAN TURGUENEFF.
• se apl'esuró á séparar á las dos rivales; proclamando la ley de selección
. tan deseada,
mientras yo pensaba que si «ella,»
. En artístico tocador de elegante «boudoir,» confundidas con mulaquella m u j e r,
tit_~d de porcelanas, miniaturas, barros, búcaros, frascos de esencia y
prefería la flor de
mi chucherías más, estaban aquellas dos flores cuyos tallos descansap o r c e 1ana, era
ban en dos jarrones japoneses de cuello alto y cuerpo ventrudo.
mu y difícil :dejar
GUIA,Y MAS.-La. Penitenciaría.
~ozábanse los pétalos de la una con las hojas de la otra, y tan
tras de sí la fra~proximadas se hallaban, que mirándolas así juntas, me dijo «ella," la
gancia, el aroma y el perfume que habían servido de consuelo en la
uefia Y señora de aquel misterioso santuario lleno de encantos:
muerte á _la rosa, Y que sób ellas, las flores naturales, pueden procla-Deben ser muy amigas; ves, parece que se murmuran al oído
mar Y deJar como recuerdo de una existencia tan breve como hermosa.
secretos amorosos. Me gusta más la de porcelana.
A. MOMPEÓN MOTOS.

LAS DOS ROSAS

�Domingo 19 de Abril de 1903

NÓMADA.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Ah I porque la desgracia peregrina sola!
Bohemia, fuiste mi hermana sin saberlo ....
JUSTO

p ASTOR Rros.

Domingo 19 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

la, en donde dejan á sus hijos las mujeres que
concurren á los lavaderos y a l taller &lt;le planchado allí establecidos; y con otras dependen-

QUO VADIS?

Vivió siempre sola.
Al pie de los portales la sorprendieron los
crudos inviernos.
Supo ele todos los climas, cruz6 todas las
playas. Se detuvo en todas partes y conoció
todas las sociedades. - Sin abri~o, sin pan
y .sin lecho,fué una triunfadora de la bohe-

l!:l dolor os fecundo; de sus entrañas surge la bum anidad como un bosario;
Jesucristo es un símbolo, un poeta, que sube con la cruz basta el Calvario;

*
**

No h!l,y virtu_d sin dolor; del sufrimiento emergen las ideas como cimas;
El sabio cuenta su tristeza en máximas, y el trovadot· en rimas;

mrn... . .. .

***

Errante, sola, sin saber en d6nde había nacido, recorri6 el mundo.
Jamás una sonrisa extraña aromó su alma.
Nadie le tendió la mano en su vía dolorosa.
No supo del placer ni de la amistad.
Se detuvo en la Grecia y contempl6 sus
ruinas.
En Persia, en las calles de 'l'eherán, durmió muchas veces á la intemperie.
Un día fué al palacio del Sha, pero un
grupo de mujPres negras le impidió entrar.
Años despué:i era en la ciudad de Tiro la
«Krisís» de un grupo de navegantes bohemios
de Fenicia.

Cada reouei·do del placer pasado, es un puñal en la memoria hundido;
Y evocamos el nombre de un fantasma; no existe la esperanza del olvido;

***

Somos en los desiertos de la vida como una caravana de camellos;
La ruta es ardua; cede la jornada, cuando ya el sol declina sus destellos;

***

La noche como un manto de frescura, viene sobre los oamic.antes y las cosas·
~s la muerte con todas sus quietudes, y to.das sus crueldades silenciosas;

***

Y luego ... allá._.. donde el dolor se ';!Oaba, con un gl'ito amarguísimo, final,
¿Qué ballamos!-La eterna e1·olución de la matel'ia, 6 el supremo Ideal:'

Grupo de obreras reunidas en el Tlvoll de Toluca.
Oh Nómada! oh bohemia!
En dónde naciste, cuál fué tu nombre, y
cuál tu amado?
Ahl un viejo amigo mío, un «taleb», me
dijo:
-Salíamo~ del H oreb. Ella, la N6mada,
iba junto á mí. Al comienzo del viaje me hablaba solamente de cosas triviales. Después
cuando vió que yo le comprendía, ella me
mostró su alma, me contó mur.has de sus
a,·enturas y lloró conmigo....... . yo también
era un n6made, un bohemio ...... .
Fué ni «novia» durante la peregrinación.
Guardó muchas cosas
y en vano quiso abrirme del todo su corazón ... su corazón que
era como una madrépora, su corazón que
era un jardín de sensitivas que se vieron azotadas por el simoun
de todas laR contrariedades... Después de
aquel viaje ella continuó sus peregrinaciones.. ....
El misterio de su
nacimiento, y de su
nombre, y de su vida,
nadie ha podido saberlo ...
¿Por qué habrá tantos enigmas en la bohemia?
Pobre mujer!
Un día, cuando el
taleb me refirió algunos detalles d~ su vida, ya habías muerto.
Era el invierno.
u Yo tiritaba de frío,
me acordé de tus noches en Teherán y lloré mucho.
Fuiste mi hermana
sin saberlo.
Pat·ias de una misma raza, nos engendró
el Dolor ...
Por qué no nos encontramos en el Camino?

€1

ttooll at Obreros 4t toluca.

J. l. VARGAS VILA.

cias igualmente importantes para la educaci6n de la clase trabajadora.

*

Corresponde al Gobierno del Estado de México la satisfacci6n de haber sido el primero
en el país que emprendió la campaña contra
el alcoholismo.

* * motivo del cumpleDías pasados, y con
años del Sr. Gobernador del Estado, Gral. José Vicente Villada, á quien se debe la fundación del Tívoli, los obreros organizaron una
serie de festejos en honor del progresista go•

J UEVES SANTO.-EI monumento

de

San Hipólito.

i:cos ae la Semana mayor.

Alumnos concurrentes á la escuela del

En la capital del Estado se estableció con
este objeto un Tívoli que se destina únicamente á. los obreros, á fin de que allí encuentren
entretenimientos Fanos y agradables que los
alejen del vicio. El Tívoli está situado en la
calle de E8quipulas, en una extensa huerta
llamada del Carmen, que es uno de los sitios
más pintorescos.
Ningún esfuerzo que tienda al buen servicio del benéfico centro de recreo, ha sido omitido: en él hay una terraza para bailes populares, teatro, boliche, maroma, aparatos gimnásticos, columpios y volantines de los cuales
pueden hacer uso gratuitamente los obreros,
los domingos y días festivos.
Para el servicio diario, también gratuito,
hay un baño de estanque y regadera para varones, y una biblic..teca, dotada con obras de
instrucción en su mayoría, siendo notable la
colección de li bros que tratan de las diversas
artes é industrias á que se dedican los artesanos. Además, el TíYoli cuentacon una escue-

Tívoli.

bernante. Estos festejos, de que dió cr6nica
completa &lt;&lt;El Imparcial » resultaron m uy lucidos.
'

.-- .

AMOR SIN NOMBRE.
¿Quién levanta la estatua entre el escombro?
¿Quién Pnciende la llama entre la nieve·?
¿Quién ama entre la tumba? Y ¿quién se atreve
A provocar las burlas y el asombro·?

Como un recuerdo de las festividades reli~iosas que acaban de pasar, publicamo¡:; una
fotografía del ")Ionumento" de San Hipólito, que tanto llamó la atención de los concurrentes á- los templos, el jueves de la Semana
Mayor.
El "monumento" estaba prok.samente iluminado con focos de luz incatldtscente provistos de pantallas de colores pálidos que ofrecían un hermoso golpe de vista.
Un gran dosel, blanco, con artísticas apliC'lciones, servía de fondo al ''monumento."

MAZATLAN.
Las últimas noticias recibidas de l\Iazatlán,
nos dan cuenta de que la epidemia de peste
bubónica, oportuna y enérgicamente com batida por las autoridades sanitarias, ha de~apar ecido de aque-l puerto. El Lazareto, dice utl.
despacho, ha sido entregado á la nutoridad

política, pasando f&lt; ,¡.,
últimos enfermo i.;
()lle allí se curaban
y que escaparon ft
la muerte, á las ba1-rac.'ls del «31 de
Marzo,» donde pasarán el período de
la convalecen&lt;:ia.
Como complrmentarias de la serie de ilustraciones
que «El Mundo IlusM AZATLAN.- Una "Jota'· en las barra
d 1
· 1d
trado» ha venido
cas e os a,s a os.
publicando, con · relaci6n" á la epidemia, damos hoy á conocer dos fotografías: una que
representa la quemaz6n de casas infestadas,
Charco donde hallo el sol reproducido:
por la noche; y otra, un grupo de aislados en
Tanto las aguas turbias en!lobleces
las barracas, en que aparece un hombre del
Con la imagen prestada, que pareces
pueblo tocando la guitarra y una mujer que
Fragmento de los cielos desprendido.
baila la jota.

REVERBERACIÓN.

La razón y las leyes naturales, son más antiguas que las leyes humanas que ha consagrado el tiempo.

Oh mepte humana! charco de agua obscura:
Cuando tus olas la impiedad altera
Muestra por fondo el vicio la locur~·l
Y, bajo el hueco de la azul esfera
Sólo parec~s bella, y clara y· pura '
Cuando Dios en tu seno reverbera.

Al hablar del amor, nunca te nombro,
Aunque tu amor me inflama y me conmueve.
¡Pobre del Atlas que luciendo lleve
El corazón dormido soore el hombro!

F.

¿Tan tarde para qué? ¿,Para qué hablarte
En alta voz, si mi pasión granuiosa
Se esuapa de los límites del arte?
Si después de morir nadie hablar pudo,
Cómo podré hablar yo, que estoy,oh hermosa,
Muerto &lt;le amor y por lo mismo mudo!
JOSÉ SANTOS CHOCANO.

Mas si á impulso del viento sacudido
Tus linfas tehebrosas estremeces
'
A los ojos at6nitos ofreces
'
El cieno en tus entrañas
. escondido.

M AZATLAN,-Casas infestadas destruidas

por

el f uego ( Fot. tomada de noche.)

BALART.

�•
EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril de 1903

Domingo 19 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

.LA. INST.I TUTRIZ.
.
.
ILUSTRACIONES DE SIMONT.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.
TRADUCCION DI: "(L rlUNDO ILU~TRADO."

LEYENDO Á HORACIO.
I
El lento y monótono
tin-ta.n que en el claustro
se escucha, congrega
para los Oficios solemnes del año,
á los graves monjes del viejo Convento
de Benedictinos. En fila. cruza.ron
al templo sombrío,
rostros demacrados,
almas humilladas,
espectros humanos
bajo capuchones
grises y casullas de estameña.. Al paso
de tantas sandalias, huyeron en grupos
al bosque cercano,
roncos estorniaos, ruidosos jilgueros,
huéspedes a.la.dos
de las arboledas
del Convento. Mayo
en aquella hermosa tarde, como Venus
desceñida. en báquica fiesta de Pafos,
profa.naba. impúdica.
la tie1·ra, en derroches ~e hervorosos ramos
de aromas picantes,
abriendo y violando
botones y hojuelas,
á los besos tibios del sol, inflamádo
con solturas lánguidas,
en medio de suaves secretos desmayos ....
Amor afrodita.
satura. los campos
con primaverales efluvios ardientes;
y en el cenotafio
que tras un boscaje se oculta. reposa
en yacente estatua el bueno San Plácido,
bajo un doselete
prendido de rosas, de mirtos y nardos,
y ultrajado aquella
tarde por los pájaros,
que forman sus nidos en el duro y hondo
pliegue de la mitra marmórea del Santo.

un sol de forna.Ha despide en el aire,
en la. biblioteca sus luces dejando,
como de una hoguera.
fulgores leja.nos ....

III
Y vino la noche. Los Benedictinos,
por la extra.lla. ausencia del fraile alarma.dos,
á la. biblioteca fueron silencio-.os,
y allí le encontraron:
tendido en el suelo, la carne rendida.,
la. boca entreabierta., los ojos cerrados,
los dedos convulsos,
todavía. marcando
la fascina.dora
página. de Horacio.
Y leyeron: .. . . «Cuando
Glicera. a.parece,
ante ella me inflamo,
más blanca. y pulida
que el mármol de Paros.
Su desdén me atrae
y enloquece. Pámpanos,

jóvenes, traedme, y h:i,ré una corona;
incienso, verbena y v100 de dos años .... &gt;
Los Benedictinos,
escanda.liza.dos,
resolvieron presto quti desde aquel día
no se tradujeran los libros profanos
en los tibios meses de la primavera,
para ahorrarse afanes sordos é insensatos,
mudas tentaciones y absurdos deseos,
todos tan contrarios
á los abstinentes consejos unciosos
.
del dios de la. Orden, del bueno Si:.n PllicHlo,
que duerme su sueilo
de piedra. deba.jo
de aquel doselete prendido de rosas,
de mirtos y nardos,
mientras sus nidales
con vuelo a.moroso fabrican los pájaros
en el duro y hondo
pliegue de la. mitra marmórea. del Santo.
MANUEL

:Marzo, 1903.

'.

II
Detrás del movible
telón de damasco
de l a. biblioteca, se ve sobre un libro
· un rostro excava.do,
cuyas dilatadas pupilas flamean
con fulgor extraño,
cual respiraderos de brasa. encendida.
en horno cerra.do.
Ante la fastuosa bacanal de Flora,
consúmenle afanes sordos é insensatos
y pecaminosas
intenciones. -e¡ Casto!
¡Sé casto!&gt;-repite-Y eleva sus rezos .
al dios de la Orden, al bueno San Plác1do,
contra. tentaciones
de su cuerpo flaco;
pero Amor se filtra
por su piel sudosa con fiero reclamo;
v prosigue el fraile la. provocadora
lectura de Horacio,
en un pergamino
vendido al Convento,
con citas y escolios, yor Jusuf el Sabio.

... .. ..... ......... ·············· ·· ···············
cOh Venus, la reina
de Guida y de Pafos,
abandona Chip1·e, y ve á la mora.da
donde está Glicera, que ella., pi·odigando
su incienso, te.invoca. Tráeme á tu hijo,
tan enamorado,
y á N infas y á g racias
sin cintura .... &gt; (1)
«Cuando
Glice1·a aparece,
ante ella me inflamo,
más blanca y pulida
que el mármol de Parus.
Su desdén me atrae
y enloquece. Pámpanos,
jóvenes, traedme, y h~ré una corona;
incienso, verbena y vino de dos años .. .. &gt; (2)
Languidece el fraile. Las campanas tocan
el Augelus. Dardos,
(1) Oda X2C{.

(2) Oda. XIX.

CHAPALA,-En la playa.

•

(CONCLUYE)

S. PICHARDO.

•

•

Tenía la cabeza pesada; los oídos me zumbaban; la ventana parecía baja, muy baja, y las lianas subían sus millares de brazos frágiles, llenos de hojas, invasores y yo me inclinaba, me inclinaba ..... .
Entonces., mi cabellera, pesadamente, se deslizó por completo
en el vacío y los millares de brazos se apoderaron de ella. Yo era la
cautiva de las flores, yo estaba. muerta!
Ah! Qué vértigo el de est.'\. muerte! Durante la noche pura, durante la noche reposada, mi cabeza habíase ahogado en mi cabellera
y en las Uores ....... .
Luego, un desgarramiento; una separación, fibra por fibra, de
cada bucle y de cada flor; dos brazos dulces que recogieron mi talle
encorvado, y un aliento que me decía mil cariñosas palabras suplicantes, cerca, muy cerca de mi rostro ......... E:;¡taba vi val Me había
salvado del abrazo de las flores traidoras!......... Pero ¿.quién?..... .. .
ah! ¿quién me hablaba tan tiernamente? .... .. ¿)li madre·? Lo pensé.
La sombra era una mujer de ojos dulces, de cabellos blancos.
Aunque más baja que yo, su fuerza nerviosa la hacía capaz de sostenerme entre sus brazos ...... Y murmuraba:
-¿Por qué se habría usted arrojado, medio muerta, por esa ventana·? ...... Oh! qué inmenso es su dolor, niñal Cómo la compadezco
y cuánto la amo!
El oír esa voz tan cerca, me llenó &lt;le estupefacción.
)fe eché para atrás, rechacé á la. mujer y la miré con espanto.
-Victorina-murmuré, vuelta por completo á mis sentidos.Csted?
Ella cayó á mis plantas.
-Sí; yo ........ .
Y sin abandonar esa postura, en tanto que yo permanecía erguida., y estremeciéndome de indignación, habló en frases entrecortadas.
Había sido institutriz. Había gustado la miel de la soledad,
miel silvestre, dulce al principio y después irritante hasta la locura.
Había sido bella en su juventud; su camino estaba · cubierto de lazos
y cayó en ellos. Cuando se levantó, después de la embriaguez, era
madre... ...
•
-Si supie~a usted, rníioríta María TP.resa, cuánto honor y cuánto de¡¡eo de hacer el bien, 'habfa en roí! En lugar de maldecirle bendije al fruto ele mí falta! Iba á lavarme en él! Le haría puro, le haría noble, le haría grande! Sería mi estrella, el incesaute impulso
ele mi rehabilitación. Y cuando fuera hombre, lo mostraría al mundo, diciendo: «l\Ie habéis anatematizado porque éste.es mi hijo; pero
estabais locos, ¿no es cierto?" Pero se murió, hija mía. Apenas nacido, se murió .... .. Entonces los azares de una increíble miseria me
condujeron hasta esta población. Ocupada en oficios cada vez más
groseros, me convertí en Victorina, la vieja, con cara &lt;le bruja, que
usted conoció. Y vivi todavía mi vida miserable; pero con mis ojos
ariscos y lastimero1:, observé, tan de cerca como me íué posible, el
destino de todas las institutrices. Hay muchas aquí! Esparcidos,
colgados de cada pendiente de las rt&gt;cas, se yerguen los pueblecillos
con su iglesia y su institutriz. Las conozco á todas. Las vigilo á todas. Algunas son débiles y carecen de grandeza: las menos, es cierto! OLras son admirables: yo las acecho, trato de evitarles el mal que
las tienta. Yo la. he sal vado á usted una noche, señorita :M aría Teresa!
Y levantaba hacia mí su pobre rostro, donde brillaba con reflejos de ternura, la inquiétud de que yo no pudiese comprender la belleza de su acto.
-Aquella terrible risa, sabe usted?
Si lo sabía yo! Y era para salvarme, que se había reídp de ese
modo!. ..... Pero entonces ella era un ángel guardián, con todo y su
cara de bruja, como decía.
Pero entonces, entonces, por qué no se había limitarlo á esa risa? Por qué había propagado por todas partes lo que llamaban mí
falta? ..... .
Le dije todo esto, tendiéndole la mano, para que se levantara,
porque la perdoné. inmediatamente,_á carn,a de su triste historia; pero la perdoné sin ímpetu, sin ardor, sin fuerza ..... ... Quedé afligida
porque mi existencia estaba truncada, de todos modo¡,, no obstante
los esfncrzos que esta mujer creía haber realizado. Ella no aceptó mi
in vitnción; permaneció de rodillas y sólo oprimió mi mano con sus
h\bios.
-Xo; yo uo he Rido! Ha siclo Sil vio, ha sido. Phrm,ia: es nece~ario tan poco en un pueblo! Pero no he siclo yo; se lo juro, scíiorita
~Iarfa Te re~a !
-Qué importa! qué importa!-dije clolorosa1úente ........ .
Y lloré. JWa no se alrevi(1 á decirme nada mfü,; dirigió una mirada en derredor y vió mi baúl cerrado, mi petaquilla sobre un asiento, mi !-ombrero, mis guantes sobre la cama intacta.
--Re marcha usted'?-rnurmuró.
-Sí. ..... para morir ..... .
Re puso en pie, fijó en mí su mirada, que se había hecho grave.
-A suicidarse?
-No! oh, no!......... No lance usted su risa, por segunda vez
Victorina! No voy á hacer nada malo......
•
'

Y le referí, en unas cuantas palabras, lo de mis ciento doce francos; el retiro que alquilaría, mi ida al cementerio, las rosas blancas
del último día, cuando no me quedase un céntimo. Me escuchó primero asombrada, después ansiosa.
-Ah! No voy á reír, no! l\Iás bien voy á salvar t,. usted una vez
más, pobrecilla! Porque usted es noble y buena, yo lo sé ...... Dígame, desde luego, cuál es más triste: mi historia, que acabo de referir,
ó la de usted, que va á terminar de un modo tan cobarde? No quiere •
usted intentar nada para volver á empezar, y apenas tiene usted veinte años? Va usted á partir, está bien; es lo justo y lo debido. · Pero
donde vaya usted no será posilile instalar un nuevo hogar, pequeño.
pero en el cual pueda anidar la felicidad?
·
l\Ii pecho se estremeció, mis ojos se abrieron de par en par para
seguir la visión lanzada al aire: ese hogar en que pudiese anidar la
dicha ..... .
-No es posible-dije suspirando.
Y reí, en tanto que un sollozo de confusión me oprimía la garganta.
-Tengo ciento doce francos, Victorina, y soy enteramente sola
en el mundo. .....
·
Se aproximó á mí, y me dijo en voz baja, muy baja:
-Permita usted que la acompafie, María Teresa! Tengo algunas
~conomías: soy animosa; le serviré de criada, mi,mtras usted da sus
lecciones ... ...... Y por las noches, cuando usted regrese á casa la rodearé de tanto amor, que seré para psted casi una madre ...... Acepte
U'lted, María Teresa! ..... .
XXXIV
Acepté casi inconscientemente, como entre sueños como se reza
como se llora, con cierta incredulidad de que tal gota de miel pudi/
se encontrarse en el fondo de mi copa; rebosante de amargura. J a
anciana no se tomó más tiempo que el indispensable para hacer ;u
maleta y recoger sus economías. Partimos momentos después por el
tren de las cinco ..... .
...... Esta mañana de domingo, en que trazo estas últimas líneas,
me llega carta de ~a sefiora Albert, en que me anuncia que el abate
~havard ha cambiado de curato y 9ue la institutriz-oh! yo creo que
siempre pura, pero no menos.des?1ch~da, po~·que el abate está ligagado por sus votos,- que la rnst1tutr1z Eeñonta l\Iorín, ha renunciado su puesto, para seguir al abate. Y ahora que estoy salvada me llena de confusión esta nueva perspectiva de desgracia. Porqu~ efectivamente estoy salvada.
'
Hace siete meses que estamos en l\Iarsella viviendo en una buh.ardilla de la calle X . .. , dos piezas, un pequefio gabinete, una cocina......
•
. Victori~a es quien ha a~ueblado todo y arregládolo. No he sa- •
b1do nunca a cuánto a1:1cend1an sus economías· pero debe haber tenid? una minal Porque. mi recámara es una ob~ maestra, &lt;!on su lecho
comodo, su. gran espeJo y sus fl~res. Ella duerme en el gabinete, á
pesar de m1~ ruegos, y la ~tra pieza es una especie de coJJ)edor alegre, en medio de su pobreza, y libio como un boudoir.
'
l\Ias qué de?ir de la cocina?: las golosinas que prepara Victorina!
Los plftos cond~mentados. con las sobras de la víspera, pero tan sabrosos. La admirable muJer se ocupa de todo con carifio y por la
noch~, cuando regreso
mis lecciones ( al fin he hallado di;cípulas)
1:1e s;ento t~n conmovida, ~n, llena de reconocimiento, que á mí ve~
, oy •\arrodillarme ante el sillon en que descansa }a anciana ..... .
. E11tonces ella ;111e ac'.1-ricia los cabellos con su mano marchita;
mira al fon?o de mis pupilas, y me dice con dulzura:
-Aqm s~ puede aguardar, no es cierto, hija mía?
l\íe rubonzo, p~rque quiere hablatme de amor, de casamiento
de l~~ numero1&lt;as muadas de hombres que han debido fijarse en
atre, idas y dulces, en tanto 9ue voy de un lado para otro en medio
de la buena, de la sana multitud.
- Se pu~de esperar, no e~ cierto? Se acabó la mala soledad ....
-Oh. S1 1 amiga mía!. .... .
Dig? esto coi: t11nta fe, que ella sonlÍe y se hunde conmigo en
el ~ensuei10; m-3 dice q~e. es verdaderam~nte impo~ible que yo no me
ca. e, p~es no soy amb1c1osa, y ~e predice que m1 vida Rerá dulce
tranqmla, 9ue tendré muchos h1Jos, de los cuales el primero h {
ll~m~rse y1ctor, en memoria d~ Victorina, y también en recuerd: ~~
m1 v!ctona ...... Porque he salido victoriosa de la ~oled d d 1
ducc1ones, del desaliento......
~
ª , e as sey tiene raz6n,
así
sucederú
·
ya
siento
en
derredor
de m1,
, mu1t1·
. , ·• ¡
.'
tlld- de Cos. ~s ar p1.opos1c~
e e un Joven ..... .. Pero, chut!. ..... Oh companeras mrns, mis desdichadas comrañerasl Cómo
t
, ,
f r r.
t
l
·
¡
d
'
me a reveria asir
e .1z, ,i es ar a a 1mgo e e to o, cuando vosotras estúis al borde del
abismo ........ .
Oh!
Si .alguha·1 que lea estas líneas puede salvarse
.
(,
' ' . aún 'yo Ja COllJUro a que sm vaci ar se arme de valor y luche....... el triunf0
. _
ro, pero es tan dulce al final!
es ca

?e

mí'.

FIN

•

�Domingo 19 de Abril de 1908

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril de 1903

los cuales vimos de seguridad contra incendio
y contra robo. Estas últimas son una verdadera maravilla: hechas de acero de Chrome,
tienen una palanca que sirve para ajustar
perfectamente la puerta, que cierra por meqio
de una «chapa de Banco» que se presta á millones de ~ombinaciones. Estas cajas de ,,l\Iosler,i sbn de reputación universal, no tienen
rival; buena prueba de ello tuvimos cuando el
formidable incendio de «La Valenciana," donde en una de ellas se. salv6 má-s de un mil16n
ele pesos. Por eso In caja "Mosler" es en los
Estados Unidos, acá y en todas partes donde
se la conoce, sin6nirno de «Eeguridad absoluta.»

l:Jn Gran Establedmiento N}er,antil.
VISITA Á LA CASA MOSLER, BOWEN &amp; COOK, SUCR.
Pero la sabia administraci6n del señor General Porfirio Díaz, puso una
infranqueable barrera á tales desmanes, y al amparo de la tranquilidad y
de la paz q\Je hoy reinan del uno al otro confín del país, han veniqo en
imponentes masas á aprovecharse de sus incalculables riquezas y á darle
una vida de positivo progreso y prosperidad, inteligencias creadoras, brazos
que ejecutan, capitales que impulsan y fecundan.
l'or eso, en un período de tiempo cortísimo, se ha efectuado en el país
una sorprendente metamorfosis y hemos visto surgir, como por obra de
encantamiento, grandes casas de comercio é industriales, que, ·como la de
Mosler, Bowen &amp; Cook, Sucr., no solamente prestigian el talento y habilidad del hombre que ha sabido crearla y desarrollarla (el Sr. Geo. W.
Cook), i,ino que hablan muy alto en favor de la Naci6n, cuyo bonancible
estado pregonan de manera bien elocuente.
Esta casa, de muy reciente fundaci6n, es hoy, gracias á la labori0 8¡.
dad de su propietario, la primera en su género en toda la República, y se. guramente un establecimiento digno de todo respeto y consideraci6n, porque

Entramos al sal6n donde se exhiben las alforn bras, y nuestra sorpresa, creciente cada vez,
ray6 en positiva admiración. ¡Qué derroche
de buen gusto! ¡qué variedad infinita de estilos y clases! ¡qué de grandes novedades! Desde las alfombras, tapetes 6 telas más sencillos
Plant a baj a.-Oepartament o de cajas.

el um bral, ante la contemplaci6n de un rico y
variado surtido de artículos para escritorio que
se exhiben en un lujoso mostrador todo de
cristal : allí se encuentra desde el lápiz más
corriente, &lt;le!'de el papel más barato, hasta el
artículo &lt;l., lujo y de irreprochable buen gu~to.
Eu seguida está el tlepartn111ento de múquinas
de escribir y conta&lt;lores de dinero. Aqní fe
ven agrupadas sobre una mei;a multitu&lt;l &lt;le
máquinas &lt;le escribir, recibi&lt;lus en cambio de
que han i&lt;lo á pagar i,u tributo, á ren&lt;lir su
homenaje,. ante la superioridad indiscutible
de la gran «Smith Premirr,i- declarada por los
expertos la primera entre las mejores. Y á su
lado, están los contadores ,,National,» impert érritos vigías, dependientes insobornableR, de
honradez acrisolada, que economizan dinero
de un modo prodigioso, y que hoy, conocido
su mérito, tienen demanda de todas partes.
Después, admirando uno á uno los muebles
que hay en los aparadores que dan á la calle
de Vergar3:, llegamos al departamento de cajas
fuertes. Bondadosamente nos fueron mostrados los diversos modelos en existencia, entre

Vist a ext e rior de la casa Mos ler, Bowen y Cook, S uc r.

No ha mucho füimpo, los inmensos recursos con que cuenta
el país pisaban desapercibidos para la mayoría, y ni propios ni extraños, aun cuando supieran apreciarlos, intentaban obtener de
ellos algún provecho, porque el estado de perpetua revuelta en que
estábamos, ponía en peligro todo género de empresas y amedrentaba á los más animosos, que justamen~ temfah ser víctimas de
imprevistos y fatales acontecimientos.

P lanta baj a.- Oeparta ment o de a lfombras y telas.
Entrada principal.-Oepartamento de papelería.

á él deben su i,ubsistencia un gran número de
personas que allí han encontrado trabajo y

porvenir.
Negociaciones como la en que nos ocupamos,
m3recen ciertamente la protecci6n del público,
al que (aunque ya demasiado conocida) vamos á tratar de d~scribir algunas vistas de ella
tomadas para ilustrar este cort~ artículo.

Departamento de máquinas de escribir y contadores.
•

•

El gran almacén de muebles y talleres de
tapicería de :Mosler, Bowen &amp; Cook, Sucr., ocupa, como es sabido, un lugar prominente en
el coraz6n de la ciudad, pues se extiende ·aes•
de la esquina de la 2~ calle de San Francisco
y V ergara hasta la otra esquina de esta calle
con la del 5 de Mayo. Su edificio hacia el lado de San Franciijco, es de notable esbeltez Y
elegancia, y sus grandes y numerosos apa·
radores, profusamente iluminados y artísticamente decorados, constituyen un verdadero
ornato de la ciudad. La entrada principal da
á la calle de San Francisco y se siente uno
gratamente impresionado, desde que traspone

Planta baja.--Sal6n princi pal,

hasta los~más delicados·y costosos, allí se encuentran á precios relativamente bajos, si se
atiende á la buena calidad, y en facilísimas
condiciones de pago.
Continuamos nuestra agradable visita, y llevados en un magnífico ascensor, subimos al
segundo piso. Lo primero que vimos fué un
corredor bonitamente dispuesto con un Yariado surtido de bastoneros de todos tamaños
estilos y maderas, y en los cuales no se sab~
qué estimar más, si lo «decora.ti vos» 6 lo útiles
que son. De aquí, pasamos á un gran sal6n
do~de están expuestos muebles de caoba, á
decir verdad, maravillas de arte algunos de
ellos. Entre otros, recordamos mesas de centro, gabinetes para música, escritorios para señoras, costureros, bahuts·y vitrinas. Entre loR
&lt;los últimos artículos, debemos hacer especii; J
mención de unos de rosa con bronces cincelados, de notable belleza y fino acabado.
Pero donde nos extasiamos contempland,1
con detenimiento cada objeto. fué en el i-alú 11
que p~dríamos llamar «dorado, » porque no hay
u_na pieza que no lo sea. Deslumbradora es )a
riqueza que allí se ostenta, y, si hemos de ser

•

�.

Domingo 19 'de Abril de 1903

EL MUNDO ILUST~O.

EL. MUNDO ILUSTRADO.

Domingo l9 de Abril d,e 1903

muy buscados entre nosotros y ciertamente
de positiva utilidad: mecedores y mesas de
centro. Nunca habíarn.os visto un surtido tan
c¿mpleto: de los primeros ha'y como cien modelos, y de las segnndas como doscientos.
Subimos al 3er. piso y desde luego llamó
nuestra atención el gran número ele cristaleros de encino y de nogal que cubren las paredes del corredor. Teníamos, pues, la indicación clara de que íbamos á visitar el departamento de muebles de comedor.
Efectivamente, aparadores y trinchadores
de encino y de nogal, de todos tamafios, estilos y precios, se presentaron ante nuestra vista, dispuestos convenientemente en un amplio salón, de donde pasarnos á otro en que
están agrupados los ajuares completos. Los
hay de nogal, europeos, ricamente tallados en
los estilos Luis X V, Renacimiento y Enrique
II, y americanos, de construcción inimitable
y buen acabado.
A su lado, queda el departamento de loza
inglesa, donde vimos vajillas completas desde
S 40.00 en adelante, finas y de buen gusto,
así como juegos para lavamano~, de precios

para los escritorios que en seguida se pueden
admirar en otros tres salones, donde los hay
planos, altos·y de cortina. Estos, son de g~an
conYeniencia para los hombres de negoCios,
porque les ahorran tiempo expeditándoles· la
disposición de sus papeles, que con facilidad
encuentran en caso dado. El surtido es riquísimo, y estamos seguros de que·quien desee
un mueble semejante allí lo encontrará mejor
que en cualquiera otra parte.
Dábamos por terminada nuestra visita, pero supimos que en ese mismo piso estaban los
talleres de tapicería y rogamos nos fueran
mostrados. Entrarnos á ellos y admirarnos el
buen orden, y más que nada el grupo de mujeres, casi todas jóvenes, que estaban entregadas á su trabajo, ganándose la vida de una
manera decorosa. Nada falta en aquel sitio: la
herramienta, los aparatos, todo de primera:
artesanos hábiles y cumplidos, maestro inte.
ligente en:su ramo. De ahí, que'.todos digañ
que la mejor casa decora-dbra en M:éxico, es la
Mosler, Bowen &amp; Cook, Sucr.
Pero si lo descrito habla muy alto de l(ca-

•

•

Tercer piso.-Salón de Muebles para Recámara.

Segundo piso,-Muebles para sala,

francos, no im~ginábamos que mueblería algÚna en esta capital reuniera tantos muebles
de fantasía, ni por su número ni por su variedad ni por su clase ni por sus precios. desde
los más bajos imaginables hasta algunos eleV'adísimos que corresponden perfectamente á
su valor artístico. Allí hay ajuares para sala,
sillas, sillones, vis-a-vis, vitrinas, espejos,
jardineras, juegos de consolas, repisas, biombos, devaJ'.lts-chiminées, mesas, taburetes; en
fin, una diversidad infinita de artículos decorativos.
Después fuímos al salón donde están exhibidos los ajuares para sala en maderas de nogal y de caob3:. La inmensa variedad que hay
en existencia, hace pensar por qué todo el que
allá va en busca de ellos, sale siempre satisfecho y nunca sin haber comprado. Los estilos,
hoy tan en boga, Luis XIII, Luis XIV, Luis
XV y Luis XVI, están fan puramente representados, tan pei;fectamente acabados, que no
hay quien [por exigente que s~a] pueda dejar de reconocerlo y de proclamarlo.
Cerca, está otro salón henchido materialmente de dos diferentes clases · de ~uebl~s,

Te~r piso.-Salón de Muebles de Comedor.

Hasta aquí lo de muebles para casa,· en te.
sis general considerados;nos faltaba por ver el
departamento de muebles para despacho: así
lo manifestamos y fuimos conducidos á él. La
fama de que goza la casa Mosler por esta clase de muebles, es mucha ya, y todos reconocernos que es una especialidad de ella; pero,
ciertamente, si se examinan con detención, si
se observan cuidadosamente y se estiman la
calidad, la variedad y la ~antidad que permiten escoger á satisfacción, cualquiera alabanza que se haga es pálida ante la certidumbre
de la realidad. En un solo rincón del 4? piso,
hay aglomerados más de 35 distintos modelos
de chaise-longues de cuero y tela y más de 40
de sillones para cstudio,íorrados de cuero y con
armazones de encino ó de nogal. Después, ocupando la parle principal del salón, cuyas paredes están cubiertas de archiveros de diferentes
clases y de todos tamaíi.os, se encuentran como
60 modelos ó más, de ajuares de cuero de búfalo, perfectamente resorta&lt;los, cómodos y debonita apariencia. Enfrente, se ven muy cerca ele
100 distintos sillones giratorios, propios
Cuarto piso.-Salón Principal.
Segundo piso.- Salón de Muebles Dorados.

sorprendentes por lo bajos, si se tiene en cuenta su buena calidad.
Tocó su turno á los muebles para recámara.
Ajuares completos de madera de encino, finos
y corrientes, llenan dos salones, y por lo tanto, se puede hacer una selección entre una_infinidad de juegos lfütintos. Otra pieza la ocu·
pan los ajuares de nogal americano y otra los
ele ojo de pájaro, corre&amp;pondiéndoles un surtido idéntico de roperos y guardarropas, sin
lunas y con ellas. Pero do,1de tuvimos que
detenernos largo tiempo para examinarlos cuicladosamenteJné en el amplio salón donde están los ajuares europeos de nogal tallado.
Representan los estilos mús conocidos y, ¡{°unque todos y cada uno en lo particular, son dignos ele admiración, hay dos, uno llamado
«Iris» y el otro «Du Barr,r». que ~on verdaderas
obras de arte escultórico.
En el mismo salón está un riquísimo surti~
do de camas de latón de lo mejor que se fabrica en Estados Unidos, y, sin hipérbole, en
el mundo; pues sabido es el aprecio de qtUl
hoy disfrutan en todas partes, por su solidez,
su ·material ·extrafino y su perfecta manufactura.

sa de que tratamos, hay algo más que la hace
mucho más recomendable: su personal e!!tá
formado de individuos aptos y de finas
maneras, que hablan varios idiomas, y que
tratan á todo el mundo, compre ó no, con
cortesía. Todos ellos tienetr, por lo que vimos
y oímos, un lems: KTrabajo y progreso.&gt;,

Satisfechos y agradecidos, por las atenciones que se nos prodigaron, clejam·os la casa .
Mosler, Bowen &amp; Cook, Sucr., cuyo mayor
progreso con sinceridad desearnos; y, cordialmente, felicitamos por el gran éxito que ya
ha alcanzado, á su digno propietario el señor
Geo. W. Couk.
•

Cuarto piso.-Salón de Escritorios de Cortina.

•

�Cárlos Manuel Durán.

-~L l"\UNDO ILUSTRADO

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PREPARA.DO POR

AN GERMA

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rróNICO RECONSTITUYENTE,

VI.NO

EL DR. LATOUR BAUMETS,

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DE VENTA

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y Droguar1as.

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que por los principios e&lt;minentemente
curativos que contiene: Estricnina,
Icthiol, Coca, Kola y Aceite de Htgado
de Bacalao, combinados en dosis estudiadas en multitud de casos prácticos.
es á. la vez qur! un licor de gusto agradable, el remedio administrado con
mejor éxito por notables facultativos
en el tratamiento de personas llnfll·
tlcas, de ancianos debilitados, de mujeres cloróticas 6 extenuadas por be•

~

-.~

morraglas 6 por partos laboriosos, de
Individuos gastados por fiebres de
patses cáilidos 6 por la amemi~ tropical
tan común en nuestros patses, de en·
!ermos de la méd-.ila 6 atac&amp;.dos de
parálisis 6 reblandecimiento senil.
La prueba de q_ue la preparación dt'I
Dr. Latour Baumets ha realizado los
fines que persegufa su autor, se puede
teDJer en la multitud de enfermos curados.

.___________.

------

.

.

~

.

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Antiséptica&amp;
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i vas
DEL DR. B. HUCHARD,
DE PARIS.

PUTEADAS PARA LOS CASOS SIN DlARhEt
DORADAS PARA LOS CASOS CON DIARREA.
De venta en las Droguerías y Boticas.
PRIIVIAVtRA,

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 16, Abril 19</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Cuentos del manicomio</name>
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                    <text>Domingo 12 de .i}bril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

describir en todos sus detalles, se
descubrió á sus ojos.
Estaba el padre Jerónimo acostado en el duro jergón, con la vista
clavada en el t,echo y rezando;contra su pecho y con las dos manos
fuertemente apretaba un Crucifijo;
por sus amoratadas mejillas á raudales las lágrimas se deslizaba.o;
en su rostro, cadavérico, fácilmente se advertían las huellas de titánica lucha con la. conciencia.
Cuando oyó abrir la puerta, volvió á ella su tétrica mirada, y viendo á sus visitantes, separó del Crucifijo una de sus descarnad as manos,
v con ella les indicó que se acercasen; ellos le obedecieron, y una vez
que los tuvo junto á él, con una voz
entrecortada por los sollozos y apenas perceptible, comenzó diciendo:
&lt;Hermanos: siento que mi vida
por momentos se extingue, y creo
no me quedan los suficientes para.
contaros un secreto que no quiero
llevarme á la tumba, y el cual es la
causa de mi muerte; la conciencia.
me mata; oíd, pues:
&lt;Hoy hace cinco años conocí en la
aldea á una. hermosa campesina, de
la que mi corazón se quedó prendado; desde que la vi la amé, pero no
con amor vulgar, sino con una pasión ciega, avasalladora. Varias
veces la ofrecí mi amor, que ella
nunca quiso aceptar, mostrándose
conmigo esquiva y desdeñosa. Así
transcurrió algún tiempo. Como yo
no podía contener en mi pecho aquel
amor que me devoraba y la inmensa tristeza proporcionada por los
desdenes de la mujer á quien con
loco frenesí quería, buscaba en la
hermosa soledad del campo algún
alivio para mi citiga desesperación.
&lt;Al caer de una de esas tardes
estivales, en que el sol, al ocultarse
en su oca.so, tiñe el cielo con rojos
matices, volvía yo á mi aldea, después de haber dado en el bosque
expansión á mi amargura. Por una
senda que .blanca serpentea entre
los verdes prados, vi hacia mí venir una enamorada pareja; ella era
la mujer á quien yo adoraba; él era
uno de mis hermanos, al que yo más
quería .... ¡pobrecillo! .... &gt;

~; i

··E. .•:....;;·.

Al llegar aquí no pudo continuar;
rompió á llorar como un niño. El
padre Prior, viendo que el fiaa.l de
su existencia se aproximaba con
pasos agigantados, procurócalmarlo con dulces palabras de caritativo
consuelo y le mandó siguiese. El padre Jerónimo continuó diciendo:
&lt;Al pronto vi que era mi hermano; mas después, los rugientes celos
que en mi pecho se agitaban n1;1blaron mi vista, y sólo sentí una rnsa-

ciable sed de sangre y de venganza
Saqué de mi faja un ancho y agud¿
puñal; me abalancé sobre él.. .. , y
en su pecho lo clavé hasta el mango .... ; cayó herido en tierra .... ; y
al caer, pronunció estas palabras
que no be olvidado y que en toda~
partes escucho: «¡Miserable!. ..... ,
&lt;¡Caín!. ..... : me has matado..... ;
&lt; pero te perdono.&gt; Entonces, en el
momento de verle caer, volví mi
vista hacia ella y la vi con sus ojazos penetrantes clavados en mí·
aquella mirada me dió miedo y eché
á correr á través de los campos
creyéndome siempre perseguido po;
la sombra de mi hermano, que incesantemente me gritaba: «¡Misera&lt;ble! .... , ¡Caín! .... : me has mata&lt; do .... ; pero te perdono.&gt; Más que
de estas palabras, que ya empezaban á morderme la conciencia, huía
de aquella penetrante mirada que
tanto miedo me causó.
«Largo tiempo corrí, siempre huyendo, siempre creyéndome perseguido. Y a de noche JI egué aquí;
llegué á esta sagrada mansión; y
no atreviéndome á llamar, creyéndome que la profanaría si entrase
en ella para ocultar mi crimen, caí
rendido en la puerta, y escondien•
do mi cabeza.entre mis manos, lloré;
sí, largo tiempo lloré; mas escuché
lejano el galopar de unos caballos
que hacia aquí venían; supuse que
era la justicia que me buscaba como al asesino, y poseído uel terrible miedo que invade el alma de
todo criminal después de babel' saciado sus instintos de hambrienta
fiera, llamé, me a.bristeis, y como
un nuevo fraile profesé.
«Desde entonces, desde que ma\é
á mi hermano, no he tenido un momento de 1·eposo; desde entonces mi
conciencia cruelmente muerde mis
entrañas, y poco á poco ha ido minando mi vida, hasta que ya hoy se
terminará y con ella los sufrimientos que la torturaban ...... &gt;
Terminadas estas palabras, con
efusión y entusiasmo besó el C1·ucifijo · dió un tenue suspiro, y después
dti pronunciar dos nombres, expiró.
Et padre Prior, vol viéndose á los
demás monjes, les dijo: &lt;Ha comeliido un horrible crimen, mas no era
un criminal; tenía un alma hermosa. y un corazón muy noble; s_u conciencia bastante le ha castigado;
Dios le acogerá en su seno.
«Marchemos todos á la capilla á
rezal' por un mártir del amor y de
su propia conciencia.»
La campana del convento _lanzaba al aire los tl'istes y agomzantes
tañidos que á los muertos se dedican, y al mismo tiempo,_ tod?s los
monjes pensativos y s1lene1osos,
como s¿mbras que del mundo huían,
se encaminaban al templo por un
largo y obscu1·O claustro .... . .

• 1

De su agujero, muy obscuro. sa.
lió un día la Muerte.-¿A dónde irá
la implacable?, dijo, al verla pasar frente á su mansión de luz, la
noble Piedad.-Y con la inquietud
que se apodera del bueno ante el
presentimiento de que algo malo se
va á realizar. la Piedad se fué detrás de la siniestra aparición.¡Qué contraste ofrecían la vieja negra, envuelta en sombras, y la dulce deidad, cruzada de brillantes
rayos!
Cuando la hubo alcanzado, díjole:-Muerte, ¿á quién vas á matar
ahora? - Todavía no lo sé. Voy
en busca de mis predilectos. Si quieres, acompáñame, y verás que no
destruyo vidas al capricho, sino
que elijo cuidadosamente gente buena.
La Piedad se estremeció.-¿Qué
entendería. la Muerte por gente
buena·~
Dicho esto, continuaron las dos
su marcha invisible pol' el mundo.
A cada momento la muerte dirigía
miradas oblicuas á la Piedad, como
burlándose de ella y de su impotencia para consolar á los homb1·es en
su miseria irreparable.
De súbito, un vasto edificio surgió ante las dos. Era un manicomio.
-Muerte-dijo la Piedad.- ahí
tienes centenares de infelices, en
plena inconciencia.. Y a no s?n racionales. De esta triste mansión no
salen sonidos articulados, sino gritos espantosos. Los unos son locos
de atar, los otros idiotas incurables.
La Muerte meneó la cabeza:
-Esta gente no es buena, exclamó. Sigamos.
Llegaron á un hospital de leprosos.
-¡Desventurados!- dijo la Piedad. ¡Qué ho1Tible situación la de
estos enfermos! Se van pudriendo
en vida. No están muertos y, para
ellos ha empezado ya la descomposició; orgánica, la putrefacción.
Están infestados y envenenan el aire que los demás respiran.
-Esa gente no es buena-repitió
la muerte.- Continuemos nuestra.
marcha.
Llegaron á un edificio, construido
todo de piedra y hierro. Era un presidio.
-Ahí tienes-exclamó la Piedad
-todas las variantes del crimen,
hecho carne y hueso. En esos presos se ha encarnado la maldad humana. No hay infracción que no
tenga representante~ dentro de esa
penitenciaría:- Ase~10C?s, ladr?nes,
violadores mcendiar1os, falsificadores. Esa' es la escoria social. Si
se desbordara, todo lo ahogaría
bajo su ola de cien?:
Por te1·ce1·a vez d1Jo la Muerte:
--Esta gente no es buena. Yo nv
gozo matando locos, leprosos ni
bandidos.
'
-¿A quién quieres matar, pu~s?
-preguntó ansiosamente la P1e-

ALBERTO DE MARTOS.

Madrid.

FUNERARIA.
Cava, buen sepulturero,
al golpe del azad?n,
una fosa. Anda ligero,
.
porque en ella enterrar quiero
una pálida ilusión.
·Te asombra que se haya muerto,
. te'.1
si c.ayer hermosa 1.ª vis
Pues ve su despoJo yerto . . ••
·Ay! sólo el dolor es cier~o
torque la vida. es muy triste.
El llanto de mis pesares
cubra ese negro cajón;
lluevan rosas á millares
y gardenias y_ ~za11:ares .. • •
¡era virgen mi 1lus1ón!

Vestido con blusa de debajo cambiable para niñas de 5 á 7 años
Traje marinero para niños de 8 á 10
años,

Vestidito casacón, para niños ele 1 á
2 años.
Vstidito campana aplegadillado, para
niñas de 2 á 4 años.

SALVADOR GUTIERREZ

NÁ.TERA·

,-.
tr
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'~'(,,·+
~

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,,

.--:.

dae1.

Y a se fué mi bOñadora,
tendió el ala mi quimera,
y hoy en la tierra que mora
echa, 'amigo, en buena hora
la paletada p0strera.
Mas oye, sepulturero,
toma otra vez tu azadón,
abl'e la fosa ligero,
.
poi·que en ella también quiero
sepultar mi col'a.zón.

Domingo 12 de Abril de 1903

t

-Yo quiero matar á gente que
ame y sea amada, por_que so0: los
únicos dichosos. ¿No dlJO el Ci:1sto,
en el más admfrable de sus sermo·
nes que son bienavénturados los
que' aman? ¡Adelante!
La Piedad se estremeció por segunda vez.
Siguieron I a ruta y en un punto
se detuvo la Muerte. Puso su mano
l'Ígida sobre la Piedad, y le se~aló
una casita que había en el cammo.
Era un albergue muy modesto. _La
embellecían dos criaturas; una mña
muy blanca, de ojos colo1· de cielo,
de cabellos de color de oro. Ella
estaba sentada en las piernas de

Vestido con pliegues cosidos y cuello de encaje.

una joven, casi niña, morena, de
ojos brillantes, de cabellos negros.
¡Qué contentas estaban las dos!
La niña reía á carcajadas. La
joven no cesaba de sonreír. Las dos
vestían siempre del mismo ~olor.

Preferían el blanco y el rosado.
Su::. trajes eran sencillos y bonitos.
La familia de ambas niñas se recreaba en ellas, y las cuidaba y
contemplaba con tel'nul'a indecible.
Ellas eran el encanto de los 541yos.

Vestido con cuello-hombreras.

Ellas embellecían todo aquel lugar.
Regaban sus arbolitos. Echaban
agua y alpiste á Jos dos pajal'itos
qu~ tenían: un m1r~o, regalo de una
am!ga., y un cana.r10, regalo de un
amigo.

�Domingo 12 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

im..,

es de este mundo! He destruido la
casita alegre. He desolado corazones que amaban y que siempre recordarán con;dolor, con melancolía
profunda, á la niña blanca de cabellos de oro y á. la joven morena
de cabellos negros.

de ando á salto .. . . de mata. ¡Ah!
confiese usted que mi suerte es mucho más triste. Yo no sé dónde nacen ustedes l~s mariposas; he oído
á u_n naturahsta muy sabio y muy
ma¡adero, que viene aquí todas las
tardes á. estudiar la naturaleza no
sé qué cuentos de larvas y cri~álidas; pero á mí nadie me quita de la
cabeza que ustedes no nacen en la
tierra, sino que bajan del cielo ... .
iY por eso son tan felices! He notado que después de las tormentas de
verano apare_cen ustedes muy numerosas en el aire azul. ..... y es sin
duda, que el arco iris se desha¿een
mariposas ..... .
-Veo que tiene usted una imaginación de poeta.
-¡Como que ando en cueros!
¡Iba á pre&gt;seguir el sapo lamentando su triste suerte y ponderando
la felicidad de los seres que nacen

ARTURO MORA.

LA LLUVIA.
Rompe sus collares
De aceradas cuentas
La lluvia tediosa,
Y en tristes cantares
Y baladas lentas
Mi fastidio glosa.
Sus finos cabellos
Cuelgan en manojos
De a.tambres sutiles,
Y el dolor tras ellos,
Húmedos los ojos,
Muestra sus perfiles.
Lúgubre, doliente,
Mi fastidio lloras,
Lluvia, lluvia vana,
Y tediosamente
Las triviales horas
Tu rueca devana.
Finges con tus notas
Querellas extrañas,
Rezos conventuales,
Y corren tus gotas
Cual grises arañas
Sobre los cristales.
Echado en la alfombra
De obscuros florones
El lebrel bosteza,
Y su larga sombra
En los corazones
Tiende 1a tristeza.
Porfiado, porfiado,
En la calle suena
Tu repique lento,
Y su son cansado
Traduce mi pena
Y mi aburrimiento.
EFREN REBOLLEDO.

Vestido con alto cinturón y guarnic ón de sesgos.

¡Qué tranquila, cuán apacible la
casita aquella! ¡Qué atmósfera de
oaz y de contento se respiraba allí!
Ni ambición de honores, ni ambición de riquezas, ni ambición de
placeres. ¡Cuán alegre la casita!
La Muerte miró fijamente aquel
cuadro pacífico y bello. De p1·onto
se volvió hacia la Piedad, que lo
contemplaba con amor, y le dijo:
-¡Voy á conclui1· coa tanta felicidad! Aquí encuentro lo que buscaba. Esta es la gente buena.queme
gusta.
En vano suplicó la Piedad, en
vano lloró, en vano deploró su impotencia para desarmar el odio de
la incansable destructora. Como el
rayo cayó la Muerte sobre la casita al~gre, y se llevó á la. niña, desolando á los que la amaban. La
ausencia de la niña entristeció la
casita, pero todavía había en el~a
sonrisas placenteras. Pasó algun
tiempo, muy poco. Un día apareció
inesperadamente la Muerte y se llevó á la joven, acabando con la casita alegre.
Y como la Piedad tuviese la visión de más serenas regiones do
moraban contentas, muy unidas y
abrazadas, el alma de la niña Y. !'ll
alma de la joven, la Muerte le d1Jo
con su palabra de hielo:
-Buenó, que sean felice_s a.llá
arriba, ¡qué me importa! ¡M1 remo

;

Paletó-saco, m~io largo,

Cuando en nuestro amor soñando
Tras tus placeres corremo's
'
Siempre,. corazón, tenemos'
Que retroceder llorando
Un bien que pronto perdemos.

Yo apRgo las antorchas
De la brillante orgía.
Yo en sus licores vierto
Mi emponzoñada hiel;
Y o los tiernos amores,
Llego á romper un día;
Yo descanso en el fondo
Del cáliz del placer.
El rayo dela luna
Que sobre el mar ,·iela,
Alumbra suavemente
Mi blanca aparilJióa;
Y o velo en los sepu le ros
Donde ninguno vela,
Y lloro, donde nadie
Para llorar llegó.
Descanso junto al lecho
Del pobre desterrado;
Junto á la humilde cuna
Del huérfano infeliz;
Después de una derrota
Contémplame el soldado
Entre escombros y muertos
Errante discurrir.

stradivarius ...... ¡Y todo para que
dancen ustedes en giros caprichosos por el aire ó para ar1·ullar s_u
sueño! No, lo que es para mf y mis
congéneres, no se tornarían á bue_a
se"uro este trabajo. ¡Ah! ¡qué íehce; son ustedes las mariposas!
¡siempre de jolgorio! ¡Y cuidado si
se reiralan con mieles y perfumes!
-Y usted, ¿no es dichoso'?
- ¿Cree usted que puede ser dic~oso un sapo? ¡El ser más desgrama·
do de toda la fauna! Para nosotros
no hay más conciertos que los ch_arcos, ni más diversión que los eJercicio's acrobáticos de las ranas.
Mientras ustedes lucen brilla.ates
trajes de raso, nosotros andamos ..¡
¡ya lo ve usted! ¡en cueros vivos.
En el banquete de la vida no tenemos cubierto; ¿ni cómo habían de
admitirnos en un i.stado tan poco.••
presentable·! ¡Ay! en nuestro «me·
nú&gt; ao figura.u las rosas . . ..
- Pues al alcance de ustedes están......
.
-i.Y qué sacamos con .eso, s1 carecemos del arte oecesarlú para extraer su dulce néctar? ¿Quiere uste~
desdicha mayo1· que la D?estra? Si
yo hubiese nacido mariposa, sus
nectarios no tendrían secretos Pª!'ª
mí, y después de una orgía de m1e·
les en el cáliz de una rosa, me bañaría en las ondas lumino,as del espacio, lejos de este negro lodo don-

bellos, como las mariposas, cuando
vió acercarse cautelosamente un
niño al brillante insecto ..... .
Quiso advertirle del peligro que
corría; pe,·o aquel pequeño verdugo no le dió tiempo, y, rápido como
el pensamiento, asió de las blancas
alas á la mariposa y la clavó con
uo alfiler en el arbusto en flor.
CA SIMIRO PRIETO.

Buenos Aires.

EC Jfn6EC DE CJf tJUStEZJf.

Constante compal'íero
Del hombre que padece,
Del que se aturde y goza
Tenaz perseguidor,
Ante mi frío rostro
Su rostro palidece,
Lo mismo en el palacio
Que en lóbrega prisión.
Cuando el vuelo levanto,
¡Qué negro es mi cortejo!
Formado de memorias
E imágenes de amor,
Helados corazones,
Miradas sin reflejo,
Risueñas esperanzas
Que la verdad mató.

Yo be visto entre los sauces
Del negro bosque umbrío,
Cruzar como ligera
Y blanca aparición,
Un ángel que humedece
Sus alas en el río,
Y al compás de las ondas
Levanta su canción.

Delirios que encantaron
Del hombre la existencia,
Proyectos que mostraban
Hermoso el porvenir;
Labios do se aspiraba
De amor la grata esencia,
Y hoy se contempla negra
La huella del sufrir.
Cuando-en las tardes vago,
Todo esto me acompaña,
Todo esto asedia al hombre
Que me encontró al pasar.
En lágrimas ardientes
Mi corazón se baña,
Y el ser que me dé abrigo
Debe ta.mbien llorar!. ...
Y pasa .... y á su paso
Las flores se estremecen,
Las tórtolas suspiran
Y llora el manantial:
En sus ligeros tallos
Las rosas palidecen,
Temiendo de su seno
E l hálito glacial.
Y pasa .... Ay! á mi frente
Sus labios han tocado,
Su voz á mis entra.ñas
Cual dardo penetró.
Las noches y los días
Ligeros ba.n pasado;
Mas la tristeza horrible
Dentro de mí quedó.
El hielo de sus al as
Por siempre heló mi frente,
Lo amargo de su acento
Impregna mi canción.
Si entre brindis y risas
Me aturdo loca.mente,
La tristeza me avisa
Que yo su esclavo soy.
Pór eso entre la arena,
Sin brillo y sin esencia
Mis versos van cual flores
Que el huracán tronchó,
Creciendo en los abrojos
De una árida existencia,
Brotando de una frente
Que la tristeza heló.
LUIS PONCE·

DECEPCIONES.
Llora, pobre corazón,
La inclemencia de tu suerte;
Llora al ver que se convierte
El cielo de tu ilusión
En un abismo de muerte.

Pequeño biombo con bordado al punto
plano.

Pues no a.di vino tu anhelo,
Que en el realismo del mundo
Un herror convierte el cielo
De la dicha, en un profundo
Abismo de desconsuelo.
Llora ese error,pero aprende
Al sentir sangrar tu herida,
Que ea el fango de esta vida
Nunca el amor se comprende.... .
Por eso pronto se olvida.
MANUEL M. DE CASTRO.

Llora tu er-ror, pero aprende,
Al cicatl'izar tu herida,
Que entre el fango de la vida,
Lo que el alma no comprende,
Pronto.... . muy pronto se olvida.
Fuiste torpe al esperar,
Forjándote una quimera,
Que quien nunca supo amar,
Ni comprenderte, pudiera
Morir antes que olvidar.
En tus locos devaneos
'un paraíso forjabas
De amor: más ¿por qué olvidabas
Corazón, que tus deseos
sobre el agua dibujabas?

Iaclínaose á su paso
Las tímidas violetas,
Los nardos y los lirios
Su blando aroma da.n;
Detiénense las brisas
Balsámicas é inquietas,
Detiénese en las rocas
La voz del huracán.
Y ó la hora en que enmudecen
Los ecos de la selva,
Cuando en ocaso vierte
Su luz postrera el sol,

Si nada de esto pensaste
Cuando en el Edén florido
De tus amores sol'íaste
Llora tu tiempo perdido
Llora el bien que no alc~maste.

Vestidos de paseo, vista posterior.

Yo be visto hermosas niñas
De frentes virginales,
De lánguidas miradas,
De voz angelical,
Doblarse al soplo mío
Cual pálidos rosales
&lt;.:uyo verdor secara
Siniestro vendaval.

Vestido con blusa de distinto color.

bomingp 12 lde Abrll. de 1903

¿,Por qué tu sueño, que fuera
La causa dA tu contento
Toraóse luego en torme~to?
Porque tu ideal sólo era
Sombra de tu pensamiento.

- ¿Sabéis mi nombre? dice:
Llamároome .... tristeza!
l\li frente coronaron
De flores sin olor:
Cuanto hay ea este mundo
De gracia y de belleza,
Se abate, se marchita
Cuándo lo toco yo!

Chaqueta-saco sin cuello, guarnecida
con soutache.

ILUSTRAí&gt;ó.

Que el alma guarda entre abrojos,
Trocando nuestros amores
En un siglo de dolores
Por un momento de antojos?

Antes que en neg-ro llanto
La noche al mundo envuelva,
Del ángel misterioso
Se oye vibrar la voz.

Sapos v mariposas.
-Hija, ¿ va usted al baile'.'- dijo
un sapo á una mariposa blanca, de
alas de raso, que se había detenido
un instante, como fatigada de su
vuelo, en un arbusto en flor.
-¿Por qaé lo dice usted?-preguntó la mariposa, juntando las
,das y dejándose m€Cer por el céfiro
en una de las más flexibles ramas
úel arbusto.
-Pues lo digo por ese traje het·moso que luce usted y que le habrá
costado -un dineral.
-¡Bah! así he venido al mundo...
-¿Vienen ustedes las mariposas
al mundo en traje de baile~ ¡es claro! su vida es una perpetua fiesta.
En cuanto amanece Dios, empiezan
las músicas en los nidos; y ea cuanto abren sus párpados las estrellas,
comienzan los grillos á afinar si.s

MUNDO

¿No pensaste que en la vida
Se recibe año tras al'ío,
Por cada ilusión perdida,
Un amargo desengaño
Que abre en el alma una herid&amp;?
Pañuelos de bolsillo.

¿Ignorabas cómo hay flores

Bordado al punto de talla

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 12 Id.e Abril de 1903

ELECCIÓN DE CASA.
Uno de los factores más impoctantes para la salud, cuando se escoge habitación, es la atinada elección de sitio en que aquélla está
colocada.
El clima el rumbo á que cae su
fachada, 1~ altura de los pisos_, la
altitud en que está colocada (si en
valle, ladera ó cima),las porciones
de agua que existen á sus alredeaores, y su calidad de lagos, ríos,
pantanos,charcas ó estanques, etc. ,
y la naturaleza de su suelo, todo
debe ser considerado.
Sabido es que varían en las localidades la severidad de los rayos
del sol la dirección del viento, la
temper~tura y la humedad atmosférica, y de ahí dependen las cualidades ó inconvenientes de una residencia.
Conviene saber que los cuartos
con vista al sur son más calientes
que los que caen al norte, pero que
mientras en éstos la temperatura es
constante, en aquéllos varía sin cesar.
Las casas situadas en los bosques ó rodeadas de arbolados espesos y altos son mal sanas á causa de la humedad; mas si el bosque
está situado á un lado y á corta
distancia de la finca, aquél le proporciona abundante oxígeno, la
defiende de los vientos fuertes, sin
privarla del beneficio de los rayos
solares.
Debe evitarse cuidadosamente escoger habitación junto de fábricas,
hospitales, minas y grandes almacenes, pues en ellos se desarrollan
gases y partículas muy pequeñas
de polvo, muy nocivas para lasalud.
Los pantanos, charcas y e3tanques de aguas mue1;'tas son mal~s
vecinos porque el aire húmedo, y1ciado á menudo por las emanaciones de materias vegetales y animales en descomposición, acarrean
consigo el paludismo, la malaria y
toda suerte de fiebres por lo general mortíferas. En las tierras tropicales y subtropic~les, d_onde los
vientos reinantes m provienen del
norte ni son fríos, tales depósitos
de aguas estancadas pueden llegar
á hacer inofensivos los pantanos,
plantando en su vecindad árboles
de eucaliptos; y en las zonas templadas se puede obtener el mismo
resultado, basta cierto punto, por
medio de las plantas llamadas vulgarmente &lt;flores del sol.&gt;
El aire húmedo, cuando es frío al
mismo tiempo, es más dañoso que
el húmedo caliente; y el aire ~uy
seco en las babitaciones,es también
nocivo. Esta circunstancia se nota
claramente en los cuartos de la:s
casas de clima frío, que por el rigor del tiempo es necesario ~alentar, bien á vapor, por medio de
agua caliente ó por estufas calorí:feras ú hornillos.
El aire calentado por medio de
hornillos de~ pasar por un depósito de agua antes de entrl!-r en la~
habitaciones, siendo lo meJor tener
en cada una de éstas una gran vasija con agua. Lo mejor de todo es
mantener las habitaciones frías y
bien aireadas, pero en los climas
rigorosos eso es imposible. El que
abrigándose puede resguadarrse ~el
frío sin necesidad de calor artificial' goza de excelente salud.

1
1

•
•
Bordado para aplicaciones.

J:ttrilla
No siempre amor prepara
De rosas sus cadenas,
Ni están de fruto llenas
Las ramas del placer.
De ti ya me separa
Crudo deber tirano;
Tu rostro soberano
No be visto desde ayer.
En vigilancia activa,
Junto al arnés y espada,
Sólo el pensar me agrada
Que atiendo al común pro;
Y mientras que festiva
Pasas la noche ufana,
Velando po1· Rosa.na
Paso la noche yo.
Mi pecho apesadumbra.
Del sitio la aspereza
Si alivian mi tristeza
Los brazos de esa cruz.
La negra. estancia alumbra,
Del que rendido te ama,
La vacilante llama
De moribunda luz.
Sitial de tablas duras
Y capas protectoras
Con:fot·tan pocas horas
Del día que ayer vi;
Y entre armas y. armaduras,
Caballos y guerreros,·

A ti vuela, señora,
Mi amante corazón.

Dos fieles compañeros
Descansan junto á mí.
¡Descansan!.. ¡Ah! Su pecho
Está de amor vacío,
Y yo siento en el mío
Abrasador volcán.
¡Descansan, y en mi lecho
Yo agito mi quebranto,
Y turbo con mi llanto
Los sueños que tendrán!
Si cedo al sueño, un eco
De pronto me despierta
Y del cansado ¡alerta!. ...
Escucho el largo son;
O el relinchido hueco
Del alazán brioso,
Que aumenta estrepitoso
El cóncavo artesón.
Al que apartado gime
De tus divinos ojos.
La vida es toda enoJOS
y á aborrecerla voy,
•
Si tu ,beldad no imprime
En mi ánimo la calma;
Si como teme el alma,
N~ vuelvo á verte hoy.
Mas ya á mi lecho dnro
Su rayo el sol envía;
Ya dora el nuevo día
Mi lóbrega prisión:
Y del recinto obscuro,
Donde penando mora,

i

•

JUAN DE LA PEZUELA.

(Cona.e de Cheste.)

RECETA DE COCINA.
BUDIN EMPLUMADO.

•••••••••••••••••••••••••••••••••

"SANTA FE," LA MEJOR RUTA
ADenver,:Kansas Cíty, St. Louis, Chicago, New York,
San Franci11co y Los Anueles

Para hacer este rico budín, que es
uno de los mejores postres en las
mesas europeas, se mezclan una taza de mantequilla derretida y dos
de polvos de azúcar, tamizados.
Después de bien batidos, se agregan á una taza, no muy llena, de
almidón de trigo, otra de leche y
dos de harina flor, á la cual se hayan echado con anticipación ~os
cucharaditas cafeteras de &lt;Bákmg
Pówder.&gt; Incorpórese todo y añádase una cucharadita de extracto
de naranja; acomódese la mezcla
en una tortera honda untada de
mantequilla, y déjese cocer por media hora en el horno templado.
Una vez cocido el budín, se le hace una corona con siete claras de
huevo batidas y polvo de azúcar al
gusto; volviendo . á ponerse en el
horno por diez mmutos.
SOPA Á LA JULIANA
Se toma igual cantidad de zanahorias, apio, lech?ga, acederas,
guisantes y habas tiernas, se reI:i-ogan en manteca con unas roda¡as
de cebolla, se echa después caldo
del puchero y se cuece á fuego lento, y después viértase sobre rebanadas de pan muy delgadas.

EL TESTAMENTO.

Dtl Tllmo. Sr. JlrZObispo 'f«ban.
Los bienes fueron valuados
en$ 125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mútua"
Compañía de Seguros
sobre la vida, de Nueva York,
Ha.ce pocos dia.s que se pra.ctlc6 la
apertura. del testa.mento del Ilustrlslmo
Sr. Arzobispo Don Pa.trlclo A. Feeban
en la. eluda.el! de Chlcago, Illlnols. La
,ortuna. di dlstlDKUldo prelado ascendió a, cerca de $125,000 oro americano;
y segdn el Inventarlo que se ha pub-lea.do, los bienes que dejó fueron como
Jlgue:
Dos p6llzaa de ' 'La Mutua,' • Compal!la de Seguros sobre la. Vida, de Nueva York, por $25,000 oro
cada. una, ó sean. . • •$50,000
Dividendos acu~ulados SO·
bre una d'e las póllzas. . 9,829
Otra p0llza de seguro. · • • 14,0~
Acciones en efectivo Y en
Bancos. . , . . . . . . 37,000

PARA CURAR UN RESFRIADO tN UN DIA
Tome las pastillas Launtea de Bromo-Qnlnlna.
Bl boticurio le devolverA 10 dinero II n'! se cnra.
La firma B, W. GrOTe ■o baila en cada ca¡lta.

!

I'

t•

oro
ro
0

oro
or0

Entre la.s dlsposlclones del se!lor Arzobispo, en au testamento, se hicieron

México D. F., marzo 3.-Siempre he he~ho y sigo haciendo ID: uy
buena apreciaci6n de la Emulsi6n
de Scott de aceite de hígado de
bacalao prescribiéndola constantement~ en mi cli~ntela, por el
buen resultado que siempre he
obtenido con su administraci?n,
desde hace quince años_ que ~Jerzo mi profesi6n de médico y cirujano.
Las anteriores palabras fueron
escritas y firmadas por el doctor
Manuel S. Izaguirre.

,,t'

1'

"

l!stas:

A su hermana, sellorlta Ka.te Feeh•:~
que estuvo siempre con l!I basta
muerte, $40,000 oro en bonos Y $25,0~
oro de una de las póllza.s de seguro
a, la se!lora Anna A . Feeba.n, viuda de
se!lor doctor Eduardo L • Feehan, hermano del se!lor Arzobispo, $25,000 oro
de otra. de las póllzas, Y $5,000 ºp
r o/~
efectivo· a, la Academia de San a r •
clo de éhlcago, de la que es precepto·
ra su hermana, Madre Maria Catallna,
$10 000 oro de la tlltlma póllza; a, la
esc~ela • 'Santa Maria' ' de ensel!anza
prli.ctlca para va.rones, de Feehanvlll:;
Illlnole, que era la Institución por
que mlls se interesaba. el sel!or Arsoblspo, se entregaron los $4,000 reatan·
tes lle la 111tlma pólls&amp;.

¡

Se reservan camaR en Carro Pullman para todos los punto::;
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Linea de Santá Fe,soñ renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á
w. s. FARNSWORTH.-Agente General.
ta. San Francisca, llilm. 8 11 Wláxlca,

l

a. F.

•••••••••••••••••••••••••••••••••

1.-Elegantísimos vestidos de paseo, propios para señoritas.

Explicación dt
nutstros grabaaos.
Número l. De verdadero buen
gusto y airosísimos poi· su modernista y elegante confección, son los
cuatro vestidos que representa este
grabado. Todos son apropiados
para séñoritas de talle esbelto 1
deben llevarse en paseos vespertinos. Aunque á primera vista parece complicad a la confección de estos

trajes, no lo es en realidad, pues
para ella sólo se requiere un buen
gusto en la elección de_la~ aplicaciones, que son de enea.Je irlandés,
seda rameada, gasa vaporosa y
cintas de terciopelo. También contribuye en gran manera la. elección
de la tela, que debe_rá ser ~util, propia para la estación primaveral.
De preferencia deben anq uirfrse colores claros, que son los más apropiados para rostros agraciados y
talles gentiles.
Nuestras simpáticas lectoras de-

ben también fijarse muy detenidamente en los g1·aciosos y elegantes
sombreros de estos figurines. La
moda actual es muy estricta en lo
que se refiere á los sombreros femeninos, pues éstos no deben cubrir el
peinado, sino antes bien, ayudar al
lucimiento de éste. En la mayor
parte de los tocados femeninos, y
sobre todo, cuando el cabello no es
muy abundante, es preciso llevar
&lt;crepés&gt; que abulten el peinado y
contribuyan á hacerlo de gran vista. El cabello debe llevarse lo más

suelto posible, excepto en tocados
especiales en que es preciso sujetarlo y restringirlo. Esto último
viene á constituir una estética especial adecuada solamente para
cierta clase de rostros.
,8
Número 2. Para paseos campestres son apropiados los vestidos
que representa este grabado: Los
laterales son de paño color claro,
encubridores del polvo y de sencilla y vistosa confección. El del
centro es para amazonas y se confecciona con cheviot color obscuro.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Ángel de la tristeza</name>
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        <name>Casita alegre</name>
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        <name>Chaqueta</name>
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        <name>Decepciones</name>
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        <name>Vestido con pliegue</name>
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                    <text>EL MUNDO ILUSTRADO.
La garbosa,
La galana,
La sultana
del verjel,

Huyó, y el surco de la luz querida
Se perdió de la noche en el ciapuz:
Palpé la.s sombras, la alma atormentada
Huérfana, busca la fuga.ce luz.
'

La. que brinda
En copa de oro
El tesoro
Del placer,

Al descender fosfórica alumbrando
Mi ser to1•nóse de delicias mar:
'
Al postrarme, ay demíl se fué borrando
Y en mí dejó tristeza y soledad!
'
Su talle ví como flotando al viento,
Y en su contorno estrellas y zafit·:
Llanto sentí cuando vibró su acento:
En ella, de ella, y con su ser viví.
Fugaz placer, encantadora estrella
Que en nube tempestuosa se envolvió,
Ten tumba en mi recuerdo, ilusión bella,
Mi última luz, misterio de dolor!

Abre á mi alma
Tu ternm·a,
Visión pura
Del Edén;
Que mi acento
Ser te aclama
De la llama
De mi ser ....
a.mar,&gt; Ovidio, no se ha desdeña.do
de consagrar a.l peinado unos versos encantadores, y sobre todo muy
juiciosos; lo cual prueba. que, desde
los tiempos más remot.os, la. forma
del peim,do era uno de los medios
más poderosos de seducción para la
mujer.
&lt;Que vuestros cabellos no estén
nunca desordenados, la limpieza es
lo que más nos agrada. Vuestras
gracias dependen de vuestras manos; pero existen varias maneras de
variar la disposición de vuestra cabellera; que ca.da cual consulte 11,nte todo su espejo!
«Un rostro alargado exige que se
separen los cabellos sencillamente
sobre la frente: tal era. el peinado
de La.oda.mía.. Un moño ligero enlo
alto de la cabeza, que deje las orejas al descubierto, sienta muy bien
á lascaras redondas. Esta dejará
caer sus cabellos sebre ambos hombros, como Apolo cuando lleva. su
lira; esta. otra recogerá las trenzas
á la. manera de Diana cuando persigue los anima.les salvajes. La una
encanta por los bucles flotantes de
su cabellera.; la otra, poi· el peinado apretado y liso en las sienes. La
una sé complace en adornar sus cabellos con una cohcha brillante; la
otra., en dar á las sienes las ondulaciones de las olas.
«Mejor se contarían las bellotas
de una encina gigante, las abejas
del Hibla ó las fieras que habitan
en los Alpes, que los adornos ó las
modas nuevas que cada día aparecen.
«Hay muchas mujeres á quienes
sienta muy bien un peinado poco
cuidado en apariencia: parece hecho de la víspera, y sin embargo,
hace un rato que está concluido.
&lt;El arte debe imitar lo imprevisto
ó espontáneo. Este era el amable
dtisorden de Eola cuando Hércules
la vió por primera vez en una ciudad tomada por asalto, y exclamó:
&lt;¡La quiero!&gt;
&lt;Así era la princesa que fué abandona.da sobre las orillas de Naxos,
cuando Baco la raptó enmedio de las
aclamaciones de los sátiros, que
gritaban: c¡Evohé! .... &gt;
Esta cita es curiosa por la íntima
relación que establece entre lascoquetas romanas de aquel tiempo y
nuestras coquetas de hoy. Ovidio
sabía tanto sobre este particular,
como hoy los Lefevre y los Croisat.
La moda siempre es igual en su
eterna renovación.
Aun menos que los t1·ajes, el peinado debe acatar servilmente los decretos de la moda. Ante todo, debe
una peinarse según el carácter de 3u
fisonomía,y sobre wdo, de su perfil.
Repetiré aquí, por lo tanto, casi
exactamente lo que he dicho respecto al traje.
El perfil recto, tranquilo, severo,
exige necesariamente un peina.do serio, simétrico. Los conti:astes, los
rizos, el capricho, serían una nota
discordante.
Por el contrario, un perfil decidido, cuya bonita nariz es movible y
sensual, no estaría bien con un peinado grave y majestuoso.
La nariz chata, á la. Roxelana,
exige todavía más imprevisión: un
lazo de cinta muy alto, unas plumas
ó una flor puesta de lado, unos rizos caprichosos, darán á ese rostro
un aspecto encantador y delicioso.
Existen fisonomías que se salen
or completo de lo vulgar y que llaa.n la atención: fisonomías dtl ra-

za, cabezas caracterizadas. A esas
cabezas convienen preferentemente
los a;.n~dos algo serios, majestuosos, ""l'5' peinados completamente peculiares. Hay que ser realmente artista, improvisador, para descubrir
el peinado que conviene en absoluto á esos tipos de bellezas.
Claro está que para hallar y ejecutar tales obras de arte, mucho
más importantes para nosotras que
un cuadro de mérito, hace falta recurrir, como ya lo he aconsejado
tratándose del cuerpo, á una artista afamado, indicándole lo que se
desea, es decir, un peinado original, si puede ser, que no se a.parte
demasiado de la moda, que oculte
los defectos del rostro y que haga
resaltar sus bellezas.
Después, sólo habrá que copiar.
Será preciso algún tiempo de práctica para llegar á la perfección; pero con la ayuda de la doncella, si
es mañosa é inteligente, se puede
conseguir fácilmente.
Además, resulta de gran economía si se frecuenta la socibdad, pues
esos grandes artistas piden por lo
menos veinte francos ó á veces más
por cada sesión.
Los grandes peluqueros tienen
oficiales que peinen su numerosa
clientela.
Conozco uno que á las cinco de la
tarde próximamente manda enganchar- tiene coche propio-y pasa
revista de cinco á once á unas cuantos señoras que no consentirían jamás presentarse ante gente sin que
el maestro haya dado el último toque, echado la ultima ojeada, impreso su sello en la fugitiva obra
edificada para unas cuantas horas.

GUILLERMO PRIETO.

8.-Tejidos para áplicaciones.

·······••·······················
"SANTA •FE,"
LA MEJOR RUTA
ADenver, lusas Cíty, St. Loais, Chicago, New York,
San Francisco y Los Angeles

~----:----'!"'!!"'--·

ILUSÍÓN FUGAZ.
La que arruya
Cuando canta,
La que encanta
Con mfrar,
En la tierra,
La azucena,
La sirena
De la mar,
PARA CURAR UN RESFRIADO EN UN DIA

Tome las pastillas Laxante■ de Brom~IDL
BI botiC1Ario le devolver, 1u dinero 111 no se cura.
La firma B. W. Gro,re " halla an cada cajita.

Silao, Guanajuato, Mayo 25. Así se expresa el ilustrado Dr. D.
Juan Villaseñor:
"Haciendo justicia al mérito
verdadero y para bien universal,
tengo satisfacción en decir que la
preparación eminentemente reparadora, denomiuada la Emulsión
de Scott, compuesta de aceite de
hígado de bacalao con hipofosfitos de cal y de sosa, me ha proporcionado excelentes resultados
clínicos en las distintas afecciones de origen desnutritivo y en
las que hay elementos discrásicos, dominando los glóbulos blan_gos de la sangre, como escrofulosis, leucocitemia, tuberculosis,
etc., etc."

Se reservan camas en Carro Pullman para todos los puntoa
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,soñ renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á

w. s. FARNSWORTH.- Agente General.
ta. San Franol•oo,, lliím. 8 11 1166:,c/ao,, a. F.

•••••••••••••••••••••••••••••••••
t+t-+++M+J•t•+·M++++++++H-of++M·l+H•ft+-H+++H++++++++++++++H
Vestido Princesa guarnecido con rico bordado de seda,

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 12 Id~ Al:mil de 1903

Jldornos 'floralu.
De los grandes secretos de la mujer, uno de los más importantes es
saber adornarse. Cuando la moda
exige que los adornos consistan en
flot·es, muchas señoras están sujetas al gusto ó al capricho de lamodista, poi· ignorar ellas mismas lo
que necesitan.
Casar los colores, he aquí el gran
sec1·eto, el que pocas damas conocen, y, s in embargo, no constituye
-,en sí ninguna ciencia.

Ciertos matices se llevan y otros
parece que se arañan cuando se les
acerca el uno al otro.
Con un vestido blanco, van bien
las violetas y las rosas de varias
clases; á una tela color de lila., la
acompañan las violetas y las rosas
blancas; para el negro, l as rosas
encarnadas; con el vet·de nilo, flores blancas cuya corola tire á verde, y para las telas de colores obscuros, las rosas amarillas.
Las telas amarillas requieren flores amarillas de diferente tono ó de
color blanco aperlado. Para el pá-

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 12 de Ab-r:il de 1903

li~o sale bien e) color de rosa, y los
cnsántemos ro¡os a rmonizan con el
color ~astaño. E l color de púrpura.
~rmo_mza con el bl aneo, pero el roJO chillante le cae muy mal.
Par':'- adornos de mesa, ¡ 0 más
a_propiado es escoger de las flores
silvestres l as de tallo largo y arreg)arlas en_ fuentes y vasos grandes
bien provistos de follaj,i.
Los ~ardos sil ves tres constituyen
un bomto adorno.
CRISÁNTEMOS

Estam_os en la estación en queestas prec10sas flores despliegan toda

dot·a do, blanco, violado
lila, morado obscuro fre~
sa, castaño y color de vino. Las flores, una vez cortadas, pueden durar basta
tres semanas sin marcbitarsP, con tal que se les
cambie el agua diariamente. Córtense los tallos á
media vara distante de la
flor, y colocados sueltos y
con a1·te en una vasija honda, se tend1·á un adorno
floral de muy .buen gusto.

La conciencia.

Vestido para compañera de des.
posada, guarnecido con entredosell,

Vestido de desposada, guarnecido con
dobladillos y bulloncitos.

Traje para boda, con cuerpo drapeado
para señora,

Era el µadre Jerónimo
na hombre alto, fornido
ne mira? a penetrante y fría:
&lt;le facciones proporcionarla~: anaque joven. tenía
completamente blancos sus
c•ahellos y su luenga barba;
f'n su rostro, demacrado y
1»í.lido, se advertían las
hnellas de horribles sufrimientos.
Haría más rlP cinco años
0 11P habfa profesado. y
d&lt;'sde Pn tonces los frailes
PO hablahannadamiís que
a... su carácter retraído y
silencioso : también solían
hablar de los sollozos que
ea su celda se oían du rante
la noche y cuando los demás dPscaasaban en las suVestido con cuello doble y cinturón
Vestido para paseo con cuerpo torera
Paletó de tafetán guarnecido
yas. Varias vPces le habían preguntado cuál era
con labor de encaje inglés,
la causa desuhabitual silencio y de las lágrimas
la gala de su bell eza; y, aunque
Los matices de los crisántemos
de c_alor artificial; basta uaa pieza
que
solía
de1·ramar cuando por las
e~casas entre nosotros, y a se notf,
son variadísimos, y múltiples los
ª?r1gada para resgua~darlas del
noches á su celda se retiraba. El
cierta predi!Pccióa por su cultivo.
tonos de cada color. Algunos ejemhielo: y cuando los aci,dos 6 &lt;piPs&gt;
contestaba con evasivas, y solaplares presentan ua conjunto siméEl c)i~a de México es apropiado al
se pl antan, Po necesario también
mente decía que algún tlía lo sacrectmteato de los preciosos critrico, semejando la flor uaa cabeza
proteg¡,rlos del viento basta que
brían, quizás aquel en que se viera
sáatemos, y proporcionaría su cuiperfectamente peinada; pero en
echan la raíz, nara. lo cual se ená las puertas dPl sepulcro el cual
otros, los pétalos son desiguales en
da.do una ocupación muy ª"radable
bren con un vaso /le vidrio. El teno veía muy lejano, pues ~on tanpara las señoritas, cuya "refinada
longitud, representand0 el conjunto
rreno propicio para los crisántetos sufrimientos como le torturaeducación y exquisito gusto las
una cabeza de Medusa.
mos, debe ser rico en barro v aboban no podría durar mucho su
acercaná sus poéticás hermanas las
n_ado con estiércol, en la J)roporAl género &lt;cbrysántbemum&gt; perexistencia.
flores.
c1ón de una tercera parte de éste
tenecen las margaritas de París muy
Como de costumbre, un día al
por dos de aquél. Los acodos ó
estimadas por durar el período de
Largo tiempo antes que l as planamanecer, la campana del vetusto
&lt;pies&gt;
se
siemb1·an
durante
los
mesu
floración
todo
el
otoño
y
parte
tas del género «chr ysánthemum&gt;
convento tocó á maitines y tonos
ses de noviembre, diciembre y enedi'! invierno;producea, además. mufuesel! conocidas en Europa y en
los monjes se reunieron e~ la capiro.
debietido
permanecer
encerrachos
capullos
y
requiere
poca
labor
América, los jardine1·os de China y
lla. Entre todos se notó una falta
dos,
como
hemos
indicado
arriba
su
cu
lt
ivo.
Las
hay
de
numerosas
el Japón se dedica1·on con tal entu la del padre Jerónimo. Unavezqu~
basta
!IlªYº,
época
en
que
ya
no
co'.
variedades,
bastantes
á
formar
un
siasmo á las ya mencionadas planhubieron terminado sus rezos, el
rren riesgo las plantas afuera y
dep_a rtameato atractivo en una extas, que lograron añadir renombre
p~dre prior y otros monjes se diripor
el
contrario,
la
luz
y
el
c¡lo;.
posición.
á. sus respectivos países, dándolos
gieron á su celda, la cual estaba en
solar les son benéficos.
El corte de los crisántemos coá conocer del resto del mundo por
el lugar más apartado. Al llegará
mienza en noviembrt, y dura hasta
el nombre ideal de &lt;Tierra de las
Los colores más hermosos y geella y después de abrir la puerta
Flores&gt;.
enero. Las plantas no han menester
nerales de los crisántemos, son:
un horrible cuadro, imposible d~

�Domingo 12 de .i}bril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

describir en todos sus detalles, se
descubrió á sus ojos.
Estaba el padre Jerónimo acostado en el duro jergón, con la vista
clavada en el t,echo y rezando;contra su pecho y con las dos manos
fuertemente apretaba un Crucifijo;
por sus amoratadas mejillas á raudales las lágrimas se deslizaba.o;
en su rostro, cadavérico, fácilmente se advertían las huellas de titánica lucha con la. conciencia.
Cuando oyó abrir la puerta, volvió á ella su tétrica mirada, y viendo á sus visitantes, separó del Crucifijo una de sus descarnad as manos,
v con ella les indicó que se acercasen; ellos le obedecieron, y una vez
que los tuvo junto á él, con una voz
entrecortada por los sollozos y apenas perceptible, comenzó diciendo:
&lt;Hermanos: siento que mi vida
por momentos se extingue, y creo
no me quedan los suficientes para.
contaros un secreto que no quiero
llevarme á la tumba, y el cual es la
causa de mi muerte; la conciencia.
me mata; oíd, pues:
&lt;Hoy hace cinco años conocí en la
aldea á una. hermosa campesina, de
la que mi corazón se quedó prendado; desde que la vi la amé, pero no
con amor vulgar, sino con una pasión ciega, avasalladora. Varias
veces la ofrecí mi amor, que ella
nunca quiso aceptar, mostrándose
conmigo esquiva y desdeñosa. Así
transcurrió algún tiempo. Como yo
no podía contener en mi pecho aquel
amor que me devoraba y la inmensa tristeza proporcionada por los
desdenes de la mujer á quien con
loco frenesí quería, buscaba en la
hermosa soledad del campo algún
alivio para mi citiga desesperación.
&lt;Al caer de una de esas tardes
estivales, en que el sol, al ocultarse
en su oca.so, tiñe el cielo con rojos
matices, volvía yo á mi aldea, después de haber dado en el bosque
expansión á mi amargura. Por una
senda que .blanca serpentea entre
los verdes prados, vi hacia mí venir una enamorada pareja; ella era
la mujer á quien yo adoraba; él era
uno de mis hermanos, al que yo más
quería .... ¡pobrecillo! .... &gt;

~; i

··E. .•:....;;·.

Al llegar aquí no pudo continuar;
rompió á llorar como un niño. El
padre Prior, viendo que el fiaa.l de
su existencia se aproximaba con
pasos agigantados, procurócalmarlo con dulces palabras de caritativo
consuelo y le mandó siguiese. El padre Jerónimo continuó diciendo:
&lt;Al pronto vi que era mi hermano; mas después, los rugientes celos
que en mi pecho se agitaban n1;1blaron mi vista, y sólo sentí una rnsa-

ciable sed de sangre y de venganza
Saqué de mi faja un ancho y agud¿
puñal; me abalancé sobre él.. .. , y
en su pecho lo clavé hasta el mango .... ; cayó herido en tierra .... ; y
al caer, pronunció estas palabras
que no be olvidado y que en toda~
partes escucho: «¡Miserable!. ..... ,
&lt;¡Caín!. ..... : me has matado..... ;
&lt; pero te perdono.&gt; Entonces, en el
momento de verle caer, volví mi
vista hacia ella y la vi con sus ojazos penetrantes clavados en mí·
aquella mirada me dió miedo y eché
á correr á través de los campos
creyéndome siempre perseguido po;
la sombra de mi hermano, que incesantemente me gritaba: «¡Misera&lt;ble! .... , ¡Caín! .... : me has mata&lt; do .... ; pero te perdono.&gt; Más que
de estas palabras, que ya empezaban á morderme la conciencia, huía
de aquella penetrante mirada que
tanto miedo me causó.
«Largo tiempo corrí, siempre huyendo, siempre creyéndome perseguido. Y a de noche JI egué aquí;
llegué á esta sagrada mansión; y
no atreviéndome á llamar, creyéndome que la profanaría si entrase
en ella para ocultar mi crimen, caí
rendido en la puerta, y escondien•
do mi cabeza.entre mis manos, lloré;
sí, largo tiempo lloré; mas escuché
lejano el galopar de unos caballos
que hacia aquí venían; supuse que
era la justicia que me buscaba como al asesino, y poseído uel terrible miedo que invade el alma de
todo criminal después de babel' saciado sus instintos de hambrienta
fiera, llamé, me a.bristeis, y como
un nuevo fraile profesé.
«Desde entonces, desde que ma\é
á mi hermano, no he tenido un momento de 1·eposo; desde entonces mi
conciencia cruelmente muerde mis
entrañas, y poco á poco ha ido minando mi vida, hasta que ya hoy se
terminará y con ella los sufrimientos que la torturaban ...... &gt;
Terminadas estas palabras, con
efusión y entusiasmo besó el C1·ucifijo · dió un tenue suspiro, y después
dti pronunciar dos nombres, expiró.
Et padre Prior, vol viéndose á los
demás monjes, les dijo: &lt;Ha comeliido un horrible crimen, mas no era
un criminal; tenía un alma hermosa. y un corazón muy noble; s_u conciencia bastante le ha castigado;
Dios le acogerá en su seno.
«Marchemos todos á la capilla á
rezal' por un mártir del amor y de
su propia conciencia.»
La campana del convento _lanzaba al aire los tl'istes y agomzantes
tañidos que á los muertos se dedican, y al mismo tiempo,_ tod?s los
monjes pensativos y s1lene1osos,
como s¿mbras que del mundo huían,
se encaminaban al templo por un
largo y obscu1·O claustro .... . .

• 1

De su agujero, muy obscuro. sa.
lió un día la Muerte.-¿A dónde irá
la implacable?, dijo, al verla pasar frente á su mansión de luz, la
noble Piedad.-Y con la inquietud
que se apodera del bueno ante el
presentimiento de que algo malo se
va á realizar. la Piedad se fué detrás de la siniestra aparición.¡Qué contraste ofrecían la vieja negra, envuelta en sombras, y la dulce deidad, cruzada de brillantes
rayos!
Cuando la hubo alcanzado, díjole:-Muerte, ¿á quién vas á matar
ahora? - Todavía no lo sé. Voy
en busca de mis predilectos. Si quieres, acompáñame, y verás que no
destruyo vidas al capricho, sino
que elijo cuidadosamente gente buena.
La Piedad se estremeció.-¿Qué
entendería. la Muerte por gente
buena·~
Dicho esto, continuaron las dos
su marcha invisible pol' el mundo.
A cada momento la muerte dirigía
miradas oblicuas á la Piedad, como
burlándose de ella y de su impotencia para consolar á los homb1·es en
su miseria irreparable.
De súbito, un vasto edificio surgió ante las dos. Era un manicomio.
-Muerte-dijo la Piedad.- ahí
tienes centenares de infelices, en
plena inconciencia.. Y a no s?n racionales. De esta triste mansión no
salen sonidos articulados, sino gritos espantosos. Los unos son locos
de atar, los otros idiotas incurables.
La Muerte meneó la cabeza:
-Esta gente no es buena, exclamó. Sigamos.
Llegaron á un hospital de leprosos.
-¡Desventurados!- dijo la Piedad. ¡Qué ho1Tible situación la de
estos enfermos! Se van pudriendo
en vida. No están muertos y, para
ellos ha empezado ya la descomposició; orgánica, la putrefacción.
Están infestados y envenenan el aire que los demás respiran.
-Esa gente no es buena-repitió
la muerte.- Continuemos nuestra.
marcha.
Llegaron á un edificio, construido
todo de piedra y hierro. Era un presidio.
-Ahí tienes-exclamó la Piedad
-todas las variantes del crimen,
hecho carne y hueso. En esos presos se ha encarnado la maldad humana. No hay infracción que no
tenga representante~ dentro de esa
penitenciaría:- Ase~10C?s, ladr?nes,
violadores mcendiar1os, falsificadores. Esa' es la escoria social. Si
se desbordara, todo lo ahogaría
bajo su ola de cien?:
Por te1·ce1·a vez d1Jo la Muerte:
--Esta gente no es buena. Yo nv
gozo matando locos, leprosos ni
bandidos.
'
-¿A quién quieres matar, pu~s?
-preguntó ansiosamente la P1e-

ALBERTO DE MARTOS.

Madrid.

FUNERARIA.
Cava, buen sepulturero,
al golpe del azad?n,
una fosa. Anda ligero,
.
porque en ella enterrar quiero
una pálida ilusión.
·Te asombra que se haya muerto,
. te'.1
si c.ayer hermosa 1.ª vis
Pues ve su despoJo yerto . . ••
·Ay! sólo el dolor es cier~o
torque la vida. es muy triste.
El llanto de mis pesares
cubra ese negro cajón;
lluevan rosas á millares
y gardenias y_ ~za11:ares .. • •
¡era virgen mi 1lus1ón!

Vestido con blusa de debajo cambiable para niñas de 5 á 7 años
Traje marinero para niños de 8 á 10
años,

Vestidito casacón, para niños ele 1 á
2 años.
Vstidito campana aplegadillado, para
niñas de 2 á 4 años.

SALVADOR GUTIERREZ

NÁ.TERA·

,-.
tr
-~
'~'(,,·+
~

,_1

,,

.--:.

dae1.

Y a se fué mi bOñadora,
tendió el ala mi quimera,
y hoy en la tierra que mora
echa, 'amigo, en buena hora
la paletada p0strera.
Mas oye, sepulturero,
toma otra vez tu azadón,
abl'e la fosa ligero,
.
poi·que en ella también quiero
sepultar mi col'a.zón.

Domingo 12 de Abril de 1903

t

-Yo quiero matar á gente que
ame y sea amada, por_que so0: los
únicos dichosos. ¿No dlJO el Ci:1sto,
en el más admfrable de sus sermo·
nes que son bienavénturados los
que' aman? ¡Adelante!
La Piedad se estremeció por segunda vez.
Siguieron I a ruta y en un punto
se detuvo la Muerte. Puso su mano
l'Ígida sobre la Piedad, y le se~aló
una casita que había en el cammo.
Era un albergue muy modesto. _La
embellecían dos criaturas; una mña
muy blanca, de ojos colo1· de cielo,
de cabellos de color de oro. Ella
estaba sentada en las piernas de

Vestido con pliegues cosidos y cuello de encaje.

una joven, casi niña, morena, de
ojos brillantes, de cabellos negros.
¡Qué contentas estaban las dos!
La niña reía á carcajadas. La
joven no cesaba de sonreír. Las dos
vestían siempre del mismo ~olor.

Preferían el blanco y el rosado.
Su::. trajes eran sencillos y bonitos.
La familia de ambas niñas se recreaba en ellas, y las cuidaba y
contemplaba con tel'nul'a indecible.
Ellas eran el encanto de los 541yos.

Vestido con cuello-hombreras.

Ellas embellecían todo aquel lugar.
Regaban sus arbolitos. Echaban
agua y alpiste á Jos dos pajal'itos
qu~ tenían: un m1r~o, regalo de una
am!ga., y un cana.r10, regalo de un
amigo.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Adornos florales</name>
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                    <text>·Seguras y eficaces son las Pild&lt;&gt;ras del Dr. Ayer, Seguras, porque están exentas de minerales. Eficaces,
porque obran ayudando á la naturaleza.
El estreñimiento causa biliosidad, jaqueca, mal gusto
en la boca, lengua saburrosa, dolores sordos en l a cabeza
y una multitud de otras dolencias. Las Píldoras del Dr.
Ayer son una cura positiva para la constipación y pereza
del hígado . Estas píldoras tomadas en dosis laxativas
todas las noches, obran s uavemente y sin dificultad al día
siguiente. Curan efectivamente los dolores de cabeza y la
dispepsia. Están azucaradas. Son fácil es de tomar.
No hay otras píldoras tan buenas como las Píldoras del
Dr. Ayer.

tolonia·Roma.

ILUSTRADO

OALZADA DECHAPULTEPEC.

eompafita dt ttrrtnos dt la calzada dt ebapulttptc.

s. JI.

CO~DICIONKS.
Diez por ciento al contado al comprar el terreno. Concesi6n de_ 10
afíos para liquidar el noventa por ciento restante, arregla~os en vemte
pagos semestrales [al 6 por ciento interés anual] ;10 por ciento descuento en todo pago adelantado fuera del primer pago.

MfXICO, A6Rll 12 DI: 1903.

ANO X.--TOMO 1.--NUM. 15

Gerente:

Director: LIC. RArAlL Rtl'l&amp; &amp;PINDOLA.

ROMA.-CAPILLA SIXTINA.

Prepr.radaa por el DR. J. C. AYER &amp; OO., Lowell, Maas., E. U. A..

TÓNICO - RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

EL MISMO

"'"'º

So

F~llRUGINOSO: SIETE M~AS,,ORO FOSFATADO:
11,■ia;

Cl1ro1il, Coanlecmiaa, ,te.

PARÍS

20, lut des Foués-St,Jacquea
1 •n /11 f;¡,rmaci11.

Liafatiamo, Em6fula, Mó
Infartos de los Ganglios, etc.

PETROL. . . . . . . .
DEL DR. TORREL, DE PARÍS
Unica preparaci6n que evita la caída prematura del pelo, lo
aumenta, suavizi y hermosea, á la vez que le comunica un aroma agradable.

EL uso-DEL PETROL DEL DR. TOBREL, DB PARIS.
evita la calvicie prematura, que tanto afea y comunica al hombre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado.

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Cárlos Manuel Dnrán.
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----- dirigirse
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los terrenos ó á la de Xarl B.. Cook, Agente vendedor,
Gante, n11m. 8.

-~~~~~~&amp;~•

Píldoras Digestivas y Antisépticas

1

DEL DOCTOR

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para los casos con diarrea.

Subscripción mensual for4au. Sl,$0
ldem. ldem. ea la ca1Hlal, Sl,25

Plateadas, para los casos sin diarrea.~

Muy experimentadas en las enfermedades del Aparato digestivo. Contiene la materia activa de los
fermentos digestiv~s, y los_ 3:ntisépticos niás_poderoso_s combinad?s en '!na forma nueva y asociados
con o~ras substancia:s med1c1~ales. Es el meJor remedio para la dispepsia, mala digestión estomacal é
intestinal, para 13: dia:rea, disentería, enfer!D~da~es del hígado, gastralgias, jaquecas y en todos los
casos en q_ue 1~ d1gest1ón es torpe y la nutrición imperfecta, ó cuando hay inflamación ó infección del
Aparato d1gest1vo 6 de los órganos anexos. De venta: en todas las Droguerías y Boticas-.

Ahnalnlco, Jal.

~

EL JUICIO :b1INAL, por Miguel Angel.

lll5 Rtl't&amp; &amp;PINDOL

�Domingo 12 !de Abril de 1903

PAGINAS DE VIAJE.
Stmana Santa tn Stvllla.

...,

Todos los años aquel heroico valle reverdece y se asoma á .las aguas del Guadalquivir.
El río serpentea entre bosquecillos de naranjos en flor, y el sol tiende su franja escarlata
sobre aquella tierra que comienza á agitarse en
germinación fecunda.
En la ciudad, las calles estrechas se retuercen, culebrean, se pierden, en la alta noche,
en la tiniebla, rasgada á trechos por la luz vacilante que recuerda una tradición ó un milagro. La guitarra vibra tristemente, y en la
entreabierta ventana se adivina el suspiro, el
alado suspiro del amor que vela.
Así aparece Sevilla, la ciudad que se asoma
á las aguas del Guadalquivir.
Por encima del balconcillo y dominando el
minarete, se alza la «Giralda," elevando sus
esbelteces de granito, avanzando en encaje de
piedra, coloso que á poco andar desgastará el
tiempo en trágico desmoronamiento. En la
Catedral, estatuas de Reyes, sepulcros, crucifijos, banderas, estandartes, retablos, lienzos,
la luz penetrando por las ojivas, y el «Monumento&gt;i cuajado de pedrería. Muchos si&amp;los
puestos al servicio de la Religión.
Las ccprocesioneRJ&gt; en Sevilla tienen algo del
sombrío ceremonial de la Edad Media, pasando á través de la raza árabe. Cuando el paganismo se hizo católico, confnndía la escultura
de Venus con la imagen de María. Murillo.
sevillano, ha dado á la religión el color azul
de aquel cielo.
Por eso cuando una sombra viene á opacar
la deslumbrante claridad del cuadro, hay la
certeza de que la nube pasará en breve. Ved,
si no: el «Nazareno,)) oculto tras su birrete
puntiagudo, de amplia túnica, los pies descalzos, semeja un personaje arrancado de un
«Auto de Fe.)) Pero detrás de él, el «paso,»
i nundado de luz, cubierto de flores, despidiendo destellos, hace olvidar al triste encapuchado.
La «saeta» gime una estrofa dolorosa, lenta,
rítmica, punzante. La «saeta)) es un pequeño
poema místico que se encuentra en el corazón
del pueblo y que saben modular todos los labios. Al acercarse el «paso,» en el silencio de
un recogimiento supremo, una voz se alza,
plañidera, t riste, acompasada: es la «saeta.))
De lo¡¡ balcones se desprenden ramos de azahar y guirnaldas de jazmines, cada vez que el
«paso» se aproxima. Cada casa tiene su imagen en veneración. La escultura ostenta la pedrería de las damas de la aristocracia. El pueblo deja hacer á sus próceres y se contenta
con admirar, entona sus «saetas» y arroja un
puñado de rosas á los pies de las imágenes.
Hace algunos años, aquel pueblo religioso,
dudó. De la «saeta" pasó á la blasfemia el pueblo de Sevilla. Eran días de tonmociones sociales, días en que la «bestia humana,, rompe
su envoltura·de hombre: entonces se incendiaron iglesias y las imágenes fueron derribadas de los altares. La Catedral pudo resistir á
los rayos del pueblo, pero no á los del cielo.
Cuando la tormenta revolucionaria pasó, vino de lo alto el fuego hiriendo á la conversa
torre, para purificarla, sin duda.
Pero la Religión no se desquicia en Sevilla,
n i como la mole seculai- de la arquitectura árabe se abate á impulsos de los años. 'En la Semana Santa, no es la Catedral el único templo en donde la sublime tragedia se conmemora y solemniza: un centenar de iglesias irradia; la solemne, la amplia iglesia-madre no
basta para aprisionar á los fieles. Las 'procesiones se suceden el Jueves y el Viernes Santo sin tregua, de hora en hora. Comienzan al
amanecer y terminan entrada. la noche.
Es un desfile santo; La Pasión se desarrolla en todas sus fases: el Grieto emprende este
lento camino que hay desde el Monte de los
Olivos al Monte Calvario. El «paso» lo hace·
avanzar, ora tierno, ya adolorido, pero siempre sereno, y en aquella evocación luminosa
del celeste drama, los espíritus se alzan· y las
rodillas se postran,

EL MUNDO ILUSTRADO.

Ya entonces el contumaz paganismo de la
ciudad nazarita se desvanece; ya sus palpitaciones de tradición mundana ee calman, y solo queda un grupo de almas que se eleva en
oración al Cielo.
Y en la alta noche, á la hora e11 que la guitarra vibra, tristemente, y en· la entreabierta
ventana se adivina el suspiro alado del amor
que vela, Sevilla olvida que es una bella desconocida «que ha dejado al pasar un beso y
una flor,» para convertirse en una virgen cristiana que ciñe en su frente el nimbo del martirio.

SWET HANDES.
¡Oh, las pálidas manos
hermosas! esas manos que son hechas
para tejer guirnaldas
y coronar la sien de los poetas;
esas manos suaves
que al posarse en las cuerdas,
les arrancan un canto que parece
más que un canto, una queja;
esas que en los floreros de la Virgen
ponen, por las mañanas, azucenas;
que piden á las blancas margaritas
una dulce respuesta,
que guardan en las hojas de los libros
otras hojas ya secas......
y que hunden sus dedos
en la ola de rubia cabellera......
¡oh! esas, esas manos
tan pálidas, tan bellas,
¡que se alcen hacia el cielo suplicantes,
cuando al fin yo me muera!
y así, juntas ..... ¡que pidan para mi alma
la dicha que no tuve aquí en la tierra! ......
MARÍA ENRIQUETA.

·-·

ENTRE FLORES.
I
-¿Vive aquí la señorita Delor?
-Sí, señorita; pase usted.
Jualla Lenoir exclamó al entrar en la habitación.
-¡Qué hermoso es esto!
La sala, llena de flores, formaba un raro
contraste con la estrecha y obscura escalera.
-Cuando se vive en un quinto piso- dijo
Matilde Delor, - hay derecho á tener una luz
espléndida.
-¡Cuántas flores!-repuso Juana.
- Es el trabajo de toda una semana. Mañana mismo tengo que llevarlas á la tienda.
-Pues he hecho bien en venir hoy. Una
amiga mía me ha dado las señas de esta casa
y me ha dicho que aquí encontraría muy barato lo que necesito para el día de mi boda.
Matilde Delor, que era una soltero~a entrada ya en años, contemplaba con envidia á la
hermosa Juana.
- Siéntese usted-dijo Matilde,-y yo le iré
enseña1ido lo mejor de mis trabajos.
i. Pero Juana no obedeció y se puso á recorrer la sala, examinando las flores que allí
h~bía, cuando de pronto vió bajo un globo de
cristal una corona. y un ramo, amarillentos
como cosa vieja é inservible.
'
-¿Fueron esos objetos para la boda de su
madre?-preguntó Juana.
-No; para la mía. Pero no han servido
nunca.
Juana interrogó con la mirada á la solterona.

II
-La historia es muy sencilla y no tiene na-

EL MUNDO ILUSTRADO.

da de interesante. Usted es dichosa y tal vez
no la comprendería.
Juana no se atrevió á insistir, lo cual no fué
obstáculo para que Matilde prosiguiera en estos términos:
-No be sido nunca hermosa; sin embargo
tuve la audacia de creer que, como las demá~
mujeres, tenía yo derecho á la felicidad. Suponía, estúpida de mí, que á fuerza. de abnegación y de cariño, podría hacerme amar por
mis prendas morales.
En aquella época pensaba en el día en que
podría ponerme la. corona de desposada, y me
atreví á confecciona.ria, así como el correspondiente ramo de flores. Ahí tiene usted mi obra.
0uando murieron mis ilusiones, la guardé como el recuerdo de una muerta. Hubo, sin embargo, un momento en que creí que iba á. ser
dichosa..
Tenía yo por vecino un dependiente de comercio, al que encontraba con frecuencia. en
la escalera y con el que trabé franca y sincera
amistad.
Creí que no me hallaba fea y que le merecía
todo género de simpatías.
Mi :vecino cayó enfermo y le cui?é noche y
día, sm hacer caso de lo que pudieran decir
de mí las gentes.
Hablábame de sus planes para el porvenir
y me decía que estaba resuelto á casarse.
Concebí grandes esperanzas y sospech é que
iba á ser su esposa.
Cuando mi vecino estuvo curado vino á visitarme y me trajo su fotografía, c~locada en
un hermoso marco.
Al cabo de algunos días volvió á visitarme
y al verme me dijo:
-Tengo que darle á usted una noticia muy
importante.
El corazón me latía con extraordinaria violencia.
- No olvidaré jamás los cuidados y atenciones que usted me ha prodigado y la quiero á
usted como se quiere á una hermana. Por consiguiente, ileseo que sea usted la primera en
conocer la dicha que me espera. Voy á casarme dentro de pocos días con una joven á la
que amo desde hace mucho tiempo.
. Me q1;1edé helada de espanto y caí en tierra
sm sentido.
.

mente conmovida. - Mi felicidad le hace
dafio.. ....
y no sabiendo cómo hacerse perdonar su
ventura y cómo dar las gracias á la florista, exclamó en uh arranque de entusiasmo:
-¡Déme usted un beso!
Y Matilde selló con sus labios aquel rostro
radiante de amor y de alegría, sin que la joven
sospechara lo que en aquel instante 1&gt;.torm1&gt;ntaba el corazón de la infeliz obrera.
V
Cuando l\fatilde estuvo sola, sacó de un caj6n una fotografía firmada por Juan Lenoir, y
se echó á llorar como una niña.
l\IARÍA THlER.Y.

mutrtt dt un [ibtral distinguido.
Publicamos en esta página el retrato del Sr.
Eleazar Loaeza, honrado y laborioso servidor
oel Gobierno, que murió en la capital el 2 del
corriente.

IV
Juana cogió la caja donde habían sido colocadas las flores, y entregó á l\Iatilde el importe de la mercancía.
-No, no; no quiero nada-contestó la otra
rechazando el dinero.
-Pero, mujer .........
- Le regalo á usted esas flores como recuer•
do de la historia que le he referido. ¡Quiera
Dios qu.e tengan mejor suerte que las que había
yo destmado para mi boda!
-¡Pobre criatura!-pensó Juana hoü:la-

I
Es cierto que trabaja, que labora,
Bebiendo, sí, rlesde que su ígneo broche
Abre en los cielos la radiante aurora
Hasta que el sueño llega con la noche.
Y es cierto que al beber va trabajando,
Pues bebiendo y cantando
Es como carpintero que se afana
Y sin cesar martilla,
Fabricando inconsciente la camilla
Que ha de. llevarle al hospital mañana.
Lo infecundo es un tormento;
Cuando una vida es inútil
Se trueca en remordimiento.

III
Son mundos los corazones,
Y si, al perder ilusiones,
Un corazón se querella
Y es mundo que se derrumba,
Brota el recuerdo en su tumba
Y del recuerdo una estrella!

V
El alma del que goza degradado
Viviendo vida obscena,
Se asemeja á un penado
Que disfruta arrastrando su cadena.
M. R. BLANCO · BELMONTE.

NOTA SOCIAL

El Señor Loaeza era uno el de los inmaculados que ªcompafiaron al Benemérito Juár~z en su peregrinación á Paso del Norte, y se
~IStinguió siempre como miembro del partido
liberal mexicano, ..por la firmeza de su carácter y su amor á los principios democráticos.
. 9&lt;&gt;mo empleado, prestó al país buenoa servicios: comenzó su carrera desempeñando un
humilde empleo en el ramo de Hacienda, y,
merced á su constancia y á su conducta irreprochable, llegó á desempeñar más tarde cargos tan honrosos como los de Admini.,trador
d,e la Aduana de Ciudad Juárez y Director
General del Timbre. Hace próximamente dos
aflos fué nombrado Tesorero General ele la Nat6n, Y .c~n tal .~arácter, estuvo al servicio de
a Admimstrac1on Pública hasta su muerte.
Los funerales del Sr. Loaeza se efectuaron
e1día 3 por la mañana en el Panteón Francés, _coucurriendo á ellos el Sr. Secretario ele
Hacienda, los empleados de la Tesorería General y de otras oficinas, y multitud de amigos del tinado.

.....

JUDAS.

El Viernee de Dolores, se efectuó en el oratorio particular del Sr. Dr. Manuel O1'tE&gt;gn Reyes, la primera comunión &lt;le los niñc s José Ignacio y María de
la Luz Pérez Gallardo,
hijos del Sr. Lic. Rafael Pérez Gallardo y
de la Sra. Marfa Vi·
llaseñor de Pérez Gallardo.
Fueron padrinos del
acto, el Sr. Dr. Manuel
OrlegaReyes y la Sri ta.
Trinidad Ortega Reyes, asistiendo á él las
familias Núñez, Velasco, Velasco Russ, Rabaza, Romero, Mur¡,hy, y Martínez de
Castro. Durante la misa, las Sri tas. Martínez
de Castro y l\Ioguel tocaron al piano escogiilas piezas, y terminada la ceremonia, los niños recibieron diverso;;
obsequios de las nume•
rosas amistades ele su
familia.

Venció la ingratitud: la inicua fiera
de Ti, manso cordero, fué el azote;
y besando tu púrpura, vendióte
aquel monstruo de roja cabellera.
Quisiera tu Bondad, tu Amor quisiera
ver la ¡,lanta de Judas sin un brote,
y yue el germen ele! pérfido Iscariote
pal'a siempre infecundo se perdiera.
Más no es así: tus duelos sacrosantos
los ca.man nuevos Judal'!, que te ofenden
y que olvidan tu cruz y tu11 quebrantos.
¡Cuántos viles traidores te sorprenden .... !
Y acercándose hip6critas, ¡ay cuántos·
con un beso sacrílego te venden ..... !
RAlliON A. URBANO.

RONDEL
Como un hervor de perlas musicales, la risa.
cantó en la fina lira de tus labios de grana,
y un desmayo de aromas celebró Ja mañana
que ardió de las montañas tras la curva indecisa.
Y tus sueños de amores balanceó la brisa
como un beso de otoño sobre una flor temprana
cuando en la fina lira de tus labios de grana
puso su hervor de perlas musicales la risa.
Y así como un ensueño musical que desliza
su encanto, mis amores te dije en la mañana
que ardió de las montañas tras la curva indecisa;
y entonces. .... en la lira de tus labios de grana
puso su bervor de perlas mnsicales la risa! .....
R.M. RUBIO.

ESCLAVA.

De todos nuestros sentimientos, la piedad es
1a que n os engaña menos.

*
La vnda&lt;l es todo, porq t1e á la verclaJ no se
le puede quitar ni añadir nada.

*
d La lucha de las almas se hace ron luz· la
e los hombres con sangre y con fuego.
'

*

pies en cruz ...... Y, cuando cantaba, su voz de
cristal hacía sangrar. en su corazón sus heridas natales. En su puño delgado brillaba siem ·
pre un brazalete de hierro donde la blancura
de su nombre estaba grabado: «Slephane,» y
era como el anillo nupcial de su destierro
amargo.
En un perfump diáfano de heliotropo· ella
moría, con loe ojos fijos sobre el mar........ Y
moría en el otoño, hacia el invierno ......... Y
moría como una música se muere ........ .

II

IV
A pesar del misterio y de los velos
Que circundan el ~rono en que se asienta,
La grandeza de D10s se transparenta
En el dosel gigante de los cielos.

III
. Mi veci~o no ha vuelto á verme, compadecido de m1 desventura y comprendiendo que
le amaba.
Al día siguiente se mudó de casa é ignoro
lo que ha sido de él. Francamente, no sé por
~µé le cuen~ á usted esta historia, que nada
tiene de particular. Es posible que se ría usted de mí.
-¿Reírme de usted? Al contrario la compadezco á usted y comprendo lo m~cho que
habrá sufrido.
-Pero nos hemos desviado mucho del objeto .que la ha. traído á usted á esta casa-dijo
.Matilde.-¿Le gusta á usted esta corona?
-Sí, y ese ramo para la falda y ese otro
para el pecho. Vamos 1Í. ver cuánto vale todo
eso.
Juana sacó de su cartera uña tarjeta y se
P.uso á escri~ir las cifras referentes á los precios que le dictaba la florista.
De pronto, los ojos de Matilde se fijaron en
la tarjeta, que la joven había dejado sobre una
mesa. Y con temblorosos labios la obrera leyó: «Juan Lenoir.»
'
-~s el nombre de mi padre-exclamó J uana, sm notar la turbación que se reflejaba en
el rostro de Matilde.

DE VICT OR HUGO.

Domingo 12 de Abril de 1903

- -

. Cuando el deseo está en el ánimo y el silencito en el espacio, el ruido está dentro de noso ros.

Su traje era de tul,
con rosas pálida:-; y
rosas pálidas sus labios. Y sus ojns, fríos.
fríos y azule11, como ei
agua que duerme en el
fondo de los bm,ques...
La mar tinena, co11
languideces amigables
mecía su vida espar
cida en suaves pétalos. ~
Muy d'ulce, ella moría,'~con. sus pequeños

NOTA SOC.IAL.-Primera comun ión de los niños José Ignacio
'1 M. de laLuz Pérez Gallardo,

��EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 12 1de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

LA VENGANZA.

I,
fi

ll
G

·n

La puerta de la alcoba giró silenciosamente y
:\somando por ella el licenciado González del
Castillo, dijo:
- Hasta que quiso Dios. Son las once y cuarto: telefona á la litografía.
~ ¡.Qué fué?
-Mujercita. Es preciosa.
-Entonces, María de la Esperanza, ¿no?
- Sí, sf; María de la Esperanza. Que bagan las
esquelas de una vez y las distribuyan ~in pérdida ele tiempo. Cien ejemplares. Ya tie nen el los
la lista para la distribución.
-¿,Puedo verá la niila?
- Dentro de un momento: ahora la va{~ bañar
la partera. Yo te avisaré.
Volvióse el licenciado á la alcoba cerrando
tras sí la puer ta y ,en un peri ,uete, Rafael, plantado en la a~istencia ,que era donde estaba el teléfono, cumplió con las órdenes de su he1·mano.
¡Qué largo se le hizo. el tiempo de espera: media
hora cabal , pero él bubierii jurado que eru. media vida. Estaba impacieute por conocer al angelito á quien todos los de la familia habían
a.prendido á amar desde antes que bajara del
cielo.
Esperando, se había aplicado Rafael á retener
en la memoria las combinaciones de líneas que
componían grecas en el cielo raso; á tenet' lápiz
y papel á mano, las hubiera reproducido con
maes'tría. Del techo pasó á exami na r l a pared,y
en menos que canta un gallo,se aprendió de cuerito á cuer ito la labor del tapiz: mangos dorados sobre fondo rosa y guirnaldas entrelazadas
formii,ndo arcos. Ya empezaba el impaciente mozo á pstudiar los arabescos de terciopelo negro
apl1cados en el cortinaje azul de felpa q ua escondía una puerta, cuando el cortinaje ondeó y
abri~ndose en dos gajos, dió paso á una seíiora
de edad , bien plantada y bastante guapa..
- Rafaelito-dijo la dama,-ya puede usted pasar á ver á la nifta. Es el retrato de su papá: los
miSIJlOS ojos azules, el cabello como hebras de
oro y la naricita larga. De Julia sólo tiene el color apiñonado.
-Conque remendada, ¿eh?
-Ya verá usted: güera y trigueñita.
Entraron en la alcoba Rafaelito y la abuela
materna de la recién nacida, en t anto que el licenciado González del Castillo acompañaba al
doctór Lavista para despedirlo en la eEcalera. A
alguna pregunta del jurisconsulto, el facultativo
respondió sonriendo:
-En cuanto á eso, no ; confórmese usted con lo
que Dios Je ha dado y cuídelo como á l as niñas de
sus ojos. Las funciones matemalc s de Julia aquí
empiezan y aquí acaban: la esposa cte usted no
es probable que vuelva á tener hijos, salvo un
milagro.
-¿Corre algún peligro, doctor?
- Poi· ahora no. Está delicada, naturalmente,
pero fuera de riesgo. Lo que sí creo indispensable es que á la niíia se le ponga nodriza; Julia
no puede criarla, porque sería en perjuicio de
las dos. Y si la niña se nos muriese .. ..
- ¡Oh , no, no!
-Fu era terrible.
- Sí, sí, terrible- agregó el licenciado,sintiendo que le daba vuelcos el corazón.
La euna, ornada de finísimos encajes, a lboreaba cómo l a concha cubierta de espuma en que
Venqs surgió del mar; pero la cuna ordinariamente estaba vacía mientras su dueña, estregándose- los ojos con los puños de nácar apretados
como capullos, pasábase las horas de regazo á
rega.1,0, impávida á los mimos é indiferente á los
cumpiimientos y adulaciones de que era objeto
venerado.
Re~a, princesa, pedacito de cielo ...... Y la.
rein~ respondía con beri-idos desentonados y
mohi~es indignos de persona bien mirada, que
toda la familia, sin embargo, admiraba como
gracias precoces.
A los pocos días vino la nodriza, una india
prietá con cara de ídolo. Se llamaba Hipólita
y era madre de una. tarasca á la que el cura de
San Seba.stián había puesto por nombre de pila
María Antonia, no encontrando en el santoral
cristiano ningún otro sinónimo de changa ó
monstruo que le viniera de perilla á la horrible
criatura.
Luego que Hipólita encontró acomodo, puso á
María. Antonia en Atzcapotzalco con una comadre s1]ya que ofreció cuidar del monstruo y lactarlo á expensas de una burra parda llena de
mataduras. Como privilegio exclusivo obtuvo la
nodri:za, de sus amos, el permiso de recibir de
visitai á su bija dos veces al mes, sucediendo así
con regularidad los dos años que María de la
Esperanza tardó en aprender á comer de todo.
Al segundo invierno, la niña e1·a un querubín
por lo hermosa y por lo buena, lo dulce y lo amable, un terr ón de amores. Lo que en ella formaba el principa l encanto era sin duda la humildad: respondía con sonrisas y á besos las reconvenciones de la mamá,lo ruismo que á los regaiios de la nodriza.

·-·

María de la Esperanza era para sus padres el
colmo de la vanidad: se sentían orgullosos de
haber dado l a vida á una criatura tan bella y
adorable. Tenía el rostro ovalado, los cabellos
riza dos y rubios, los ojos azules como los ópalos de Australia, la boquita sonrosada y la pequeíia barba adornada de hoyuelos.
Para destetar á la &lt;reina&gt; se desveló la nodriza once noches; valióse de mil argucias para hacerla aborrecer el pecho, pero nada, ella se había aferrado en no soltarlo basta que untado de
hiel se lo pusieron en la boca, causándole la primera pesadumbre gorda de la vida. Cua ndo ya se
dió á comerá. gusto panecitos tostados y cántaros
de leche, la separa.roo de Hipó lita, pero bien p ronto echaron de ver que la niña se ponía triste y había per dido los colores, así es que consultado el
médico de cabecera, la nodriza fué llamada otra
vez al lado de la niña. Hipólita amaba entreiiablemente á María de la Esperanza, pero al mismo tiempo no quería vivir por más tiempo apartada de María Antonia,á quien amaba más,y para volver al destino, impuso condiciones y en
ellas se mantuvo firme. El licenciado en persona
aci&gt;ptó que le pusieran las peras á cua.1·~0 1 por
el bien de María de la Esperanza, porque Hipólita fu é inexorable.

-Vuelvo con la condición de que mi muchachita ha de v i vir conmigo y de andar por donde yo ande.
Y volvió. No se paró á considerar en la rebaja del sueldo, la disminución de alimentos ni
el descenso de categoría social; de nodriza á
criada hay mu::iho que decir en una casa de ricos. Mientras que para Toña fué progreso pasar
del jacal de Atzcapotzalco á la c asa de veintitrés
cuartos en la calle de Santo Domingo, para Hipó lita fué gloria dejar la cama caliente en la elegante alcoba por el petate en el cuarto de la azotea al lado de su criatura. En vez de la &lt;princesa&gt; contra su pecho, la &lt;tarasca&gt; era como quien
dice la alegría, la felicidad, el premio gordo.
Julia amaba á su hija con locura: pensando
e n su porvenir y haciendo mil jardines acerca
del destino de la niña, entretenía la mayor parte·
de los días; y cosiendo primorosos vestidos y
gorras muy monas, le daban las tantas de I a noche sin acordarse dé que existían en el mundo
parientes y amigos á quienes visitar y que en los
teatros se daban bonitos espect iculos.
Cuando María de l a Esperanza, de la mano
de su niñera francesa, causaba, en la Alameda, la admiración de l as madres pobres y la
envi Jia de lás ricas, no se daba cuenta de ello:
inconsciente, como las rosas q ue brotan de una
planta injertada, ignoraba los afanes desu amorosa madre por prenderla y vestirla bien, igual
que las efímeras flores los cuidados del jardinero.
Era nula, en el concepto de la nii'la, la distancia que media entre nodriza y madre: su mente
infantil r eproducía con fidelidad los rostros amigos, ya fuesen bellos ó monstruosos. Así, sin
d€sligurarlos, retrata el arroyuelo á la lun a que
lo platea, el árbol que le p1·esta sombra y á la
bestia que ensucia su raudal cristalino.
Quizá por lo que el amor tiene de egoísta, es
más precoz que la conciencia. En María de la
Esperanza tuvo una revelación prematura cuando la primavera trajo á. las golondrinas á anidar en el techo del corredor. A ellas les platicaba todas las aventuras ocurridas á sus mufiecas
desde que cayeron en manos de 'l'ofia; les enseñaba las canciones que sabía, aprendidas de los
cenzontles de las jaulas colgadas en el balcón, ó
las que atesoraba en ese repertorio íntimo que
traen en su corazón, desde el otro mundo, los artistas-genios.
Enredar de un hilo y repartir besos entre
Hipólita, Toña y el gato1 consumían la existen·
cia de la niña. ¿Para que era más?

El gato e ra el más querido, porque se dejaba
morder la punta de la cola; la tarasca venía deapués é Hipólita ocupaba el tercero y último lugar en el corazón de María de la Esperanza; Julia, el licenciado, la parentela de ambos y la niñera francesa eran objetos secundarios que no
componían mucho.
Desde que á la nodriza le fué permitido tener
consigo á su tarasca, se limó mucho mostrándose más conforme con la civilización. Empleaba
indistintamente el vocabulario aprendido de au
ama, c9n las dos niñas : &lt;hermosa., vida mía, mi
gloria, mi estrella,&gt; todo eso er an María de la
Esper anza y Toña: dos a.Imitas buenas, encarnada la una en un amorcillo de Wateau,y la otra
e n un ídolo azteca.
Si las dos niñas se besaban en presencia de Julia, sentía ella que los celos le mordían el corazón. Perdonaba al gato las caricias de la nifta;
á. Toña la aborrecía de muerte. Verla constantemente al lado de su hija era un sacrificio de gladiador para la madre injusta y esclava de míseras pasiones. Sugirió á la niíiera francesa el
proyecto de apartar de la niña el afecto que sentía p,.Jr la hermana de leche, entreteniéndola con
cuentos que divagaran su imaginación.
- Quiero que pronto hable en francés--decíay que ocupe el puesto que le corresponde, porque
ella es la nifta de la casa y esa neg1·a horrorosa
no es más que la muchacha de la c1•iada. Cuan•
do crezcan las dos un año más, es menester separarlas para siempre.
Pero el gran distribuidor de cetros de oro y de
cetros de cai!.a.; el que, cuando le place, substitu•
ye las coronas de oro por otras de espinas, 1
vicever sa, una mañanita de marzo, mand6
que una ráfaga dorada llevara entre sus átomoa
uno ú un millón de microbios-que para.el cuento es lo mismo-y les ordenó á los aoimalitoa
anidar en la sangre fértil, nueva y rica de la rel•
na, de la estrella, del pedacito de cielo ....
Al primer asomo del mal, La.vista acudió á ver
á la enferma, no obstante ser de noche, sentirse
él quebrantado y tener en casa huéspedes que
atender, muy respetables. Para el facultativo
María de la. Esperanza no era una cliente, sino _
una.espina qi:e entraba.hondo en su corazón á la
vez que las epidemi as periódicas que se ceban
en los niños, aparecía por las garitas de México. La.vista era el viejo médico de las dos familias de l a niíia; h abía aplicado la vacuna al 11•
cenciado cuando estaba en pañales, y á Julia la
primera azotai na en el mundo por haber llegado
á él renegrida de asfixia. Así, la vida de María
de la Esperanza no era cualquier cosa para el
venerable facul tativo.
Desde el primer instante, la catástrofe se pre• nt6 deme.rada 1 cruel; no lo ocultó el doctor
y ases~ó la puña1ada. del diagnóstico á pecho
descubierto para que el dolor de la herida lo
curtiera é hiciera insensible al recioir el golpe
de remate.
-Es un caso de escarlatina maligna con su
difteria y todo- dijo algunos días después. - Con
su difteria y &lt;todo.&gt;
&lt;Todo&gt; quería decir ataúd, flores y tumba.
-¿Tiene remedio, doctor?
- Veremos. Se hará lo que se pueda.
Lo que se pudo tué promover dos juntas de á
cuatro diferentes lumbreras; unos seíiores enlu•
ta.dos muy tiesos y muy preguntones que á todaa
las respuestas hacían: ¡hum! ¡hum! Uomo quien
magulla un za.pote para probar su madurez, ma•
gullar on ellos el cuerpecito delicado· en la bo·
quita, que parecía estuche de perlas,' ajustaron
un tosco tapón de cor cho y se pusieron suceal·
va.mente á espiar como en el lente del cosmora·
ma. Para ver qué? Un h ervidero de flemas in·

-~

~1

-~

•

ron más efecto que el que les hacen á las estre~las
los versos de los poetas. La.vista lo sabía bien:
después de los menjurges de la botica, vendría
áodo:&gt; acostarla en el sepulcro dentro de cuatro ó cinco días.
Antes de ese plazo, muy de mañanita fué lla•
mado el doctor á toda prisa. Encor:itró _á la.enfermita sentada, muy pálida; los OJOS s10 brillo
parecían zafiros revolcados. Al rededor de la
boca se le paseaba un tinte sombrío y m_antenía
el cuello tieso y er guido como las actrices que
hacen en el teatro los papeles de reinas.
La.vista le dijo con dulzura:
-¿Cómo te sientes, chula, qué te duele?
- Quelo agua.
-Que te den agua. Vamos á ver: bebe.
El doctor en persona le acercó el vaso á
los labios; bebió con ansiedad un par de trago~, arrojando inmediatamente el agua por la
nariz; hizo esfuerzos pa1·a dar un respir.gordo y
de su garganta estrecha y reseca partió un chillido mitad aflautado y mitad ronco. Crispó los
puños con desesperación, y arrebatando de manos del doctor el vaso del agua,lo arrojó con furia á la cara de la nodriza. Al mismo instante el
gato brincó á la cama y María de la Esperanza,
precipitándose sobre él, le mascó con rabia las
orejas. El animalito huyó despavorido resoplando, más á. poco volvió á rebujarse en la colcha
á los pies de su verdugo.
González del Castillo nada dijo: los pliegues
de su entrecejo y lo escaldado de sus ojos hablaron por él con la precisión del fonógrafo. Julia
lloraba á mares.
-Los mismos toques, los mismos papeles y que
le den gusto en todo. ¡Pobrecita!
Volveré al o'!Jscurecer.
El &lt;gusto en todo&gt; que formaba pat'te de la receta era más que el tiro de gracia: era el golpe
en la nuca, del cachetero.
Pasada la fatiga del acceso ocasionado por el
trago de agua, el angelito entró en descan so y se
sentó de nuevo.
-Quelo que venga Toña.
-Toña se fué á la calle, mi vida; pero va á
venir mañana- respondió la nodriza vivamente.
-Quelo Toña.
- Mira, mi reina, no quieres mejor al gatito?
Anda, coge al gato chulo.
- No quelo gato, quelo Toi'ia.
-Si, alma mía, que traigan á Toña. ¿Por qué
no te hemos de dar gusto. Hipólita, sube á tu
muchachita.
-Ay nifia! válgame Dios! y si se le pega el mal
á mi criatura.
-Adiós! y por qué se le ha de pegar, tú? Más
bien te puede castigar Dios con que se te enferme y se te muera si eres díscola.-Esta fué para
Hipólita la razón contundente: para que Dios no
la castigara, bajó al cuarto de l a portera en busca de la niíia.
Luego que el doctor diagnosticó escarlatina,
la portera se ofreció de buena gana á hacerse
cargo de Toña de todo en todo. Para que no corrie,·a riesgo alguno, su madre renunció á verla
durante la enfermedad, así es que cuando la portera vió entrar á la nodriza, sin r e parar en que
traía los ojos llorosos, la reprendió agriamente.
Explir.adas las circunstancias, las dos mujeres
comentaron á su sabor la orden de la seíiora.

-Me ha echado una maldición doña Severita,
dice que Dios me puede castigar por díscola. Ya
verá usted.
Persignaron ambas á. la criatura llena de
bendiciones y ave marías Hipólita, m s muerta
que viva, la presentó en la alcoba.
Con qué inefable alegl'Ía la recibió en sus brazos María de la Esper anza! Ambas se abrazaron
y se besaron mucho sin que Julia sintiera en el
corazón aquella rata que se llama celos.
Las dos boquitas se juntaron una vez más en
un beso largo, largo, que interrumpió un acceso
de tos tras el cual v ino otro e.e asfixia. Cuando
el dogal apretó mucho, l a enfermita se cansó de
Toiia y la abofeteó sin piedad.
En la noche el doctor ordenó un vejigatorio
en la garganta. La agitación iba en aumento, el
malestar no tenía fin; pero después de levantado
el cáustico,desapa1·eció la sombra. aquella y algo del tinte de la rosa coloreó las mejillas de l a
niíia.
-Está muy aliviada, doctor, y tiene mucha
hambre.
- Tiene mejor cara hoy. ¿Cómo te va, chula?
-Quelo pan, quelo leühita.
-Que te den pan y lechita, primorosa.
-¿No cree usted, doctor, que está mi hijita
muy aliviada?
-Pai·ece-respondió examinando el floreo de
la colcha con ahinco de artista. Que le den gusto
en todo-agregó levantándose para salir.
-Ah! doctor, se me olvidaba pedirle á. usted
un favor - suplicó Julia:- la muchachita de la
criada ha caído mala y deseo que le recete usted.
Dicen que ardió en calentura. toda la noche.
-Malo. La ver,,:.
-Voy á mandar que la traigan.
- No; si tiene calentura, que no la saquen.
¿ Dónde está? Iré á verla donde esté.
-Pero cómo se va usted á molestar,doctor? El
cuarto de la portera es tan feo y tan obscuro; y
luego que no tiene ni sillas. Diré que la arropen
bien ....
-Un enfriamiento mata lo mismo que un puna! Julia, y no debemos esgrimir el uno ni ocasionar el otro.
-Cabal, doctor, pues á la salida hágame usted favor de entrar en el cua1·to de la portera.
Al bajar La vista, se encontró con que el licenciado y su mamá subían la escalera.
-A qué horas vuelve usted, doctor?-inquirió
con ansiedad el licenciado.
-Para qué? - repuso el facultativo mirando
las macetas que adornaban el rellano. - Yo no
quiero ver eso.
-Para consuelo de Julia- añailió el jurisconsulto, traaando gordo.
-Estaré aquí al obscurecer.
A Hipólita, por orden de la señora, le habían
ocultado la enfermedad de la tarasca. Apenas
la vió el doctor pintada de erupción y honorosa por lo hinchado de los ojos,se hizo cuenta del
enemigo con que tenía que habérselas. Empezó
el c uestionario de rigor.
Era el cuarto muy obscuro, de modo que el reconocimiento de :a piel y la garganta de la enferma tuvo que hacerlo el doctor con ayuda de
su caja de cerillos:aplicó el termómetro, y mieatl'as éste desempei'iaba su oficio, Lavista se puso
á revisar la habitación cual si tratara ó decompra1· la finca ó de remata1· los muebles.

l

Domingo 12 kle Ab'l'il de 1903

El cuarto era frío,además de lóbrego: con puerta al norte y techo no muy alto.Ocupaba uno de los
ángulos el banco de cama, al cual U!3- petate. resguardaba del viento, colocado á guisa de biombo; mientras que otro le servía de colchón y sobre él estaba la tarasca arropada con enaguas
viejas. Un baúl y tres ó cu~tro trebejos _de esos
que no tienen nombre espec1al,por se_r mitades~
terceras partes de algún mueble aphcadas á difer entes objetos muy ajenos al que debieron ser
destinados cuando fueron muebles cabales, completaban el mobiliario. Ln. temperatura, con ser
tan fría, e!ttaba templada y bastante, merced al
brasero donde en ese instante mismo se cocían
las tortillas.
El humo y el olor ácochambrenoentraban en la
terapéutica del doctor, pero no estando en sumano evitarlos, Lavista se aventuró á protestar haciendo ¡hum! que es la. protesta de los doctores.
El te1·mómetro no presentó un número desconsolador.
-¿,Qué come esta niila, sei'lora?
-Lo que Dios me da.
- Necesito saber qué le da á usted Dios.
- Pos, siñor, mole, frijoles, tortilla!' ..... .
-¡Hum! Pues es menester que Dios le dé á usted por ahora leche pura y espesa, y que con ella
alimente usted á esta niíia, porque si come torti11 as, frijoles y mole, se muere. Tiene escarlatina,
pero no está de peligro. Aquí voy á recetar una
friega para todo el cuerpo y cucharadas cada
hora; que no le dé el aire ni se moje, y que el
cuarto se conserve c11,Jiente.
Antes de que el doctor terminara la receta en
una boja de su propia cartera, Julia gritó angustiada desde el extremo de la escalera:
-Doctor, doctor, suba.usted: laniñasemuere.
Era el último acceso, el que iba á fijarle definitiva.mente, en la g arganta, una flauta rota en
la cual la muerte soplaría la nota final.

***
Con los ojos encarnizados de llorar, la garganta enronquecida de dar alaridos y la fe vacilante, hallaban los días y las noches á Julia
sentada, hundida en una butaca junto al balcón
de la alcoba de la niña; inmóvil á ratos, como
estatua sedente, cuestionaba desde el fondo de
su alma al cielo. Especulaba en esa filosofía
brutal a¡iarejada á los grandes dolores, que enciende la idea eu el sabio y obscurece aun más
el cerebro del bruto. Formulaba &lt;in mente&gt; los
&lt;porqués&gt; aterradores c uya única solución es el
perplej ismo.
-Po r qué se fué mi hijita, tan amable, tan inteligente, tan dulce; u n querubín po~ lo hermosa,
una promesa, una alegría. La hubiéramos educado tan bien, teniendo recu rsos de sobra para
ello. ¡Qué dicha. la de verla llegar á la juventud
y set' amada; qué consuelo el deque ella hubiera
cerrado nuestros ojos, estos ojos que ya no la
ve"án jaqiás !
Un sollozo, y otro y mil más rompieron el soliloquio con que había terminado la meditación
de la desolada madre. El mismo tema inspiraba
sus razonamientos y bajaba á los labios exhaustos de tanto deprecar. La ola de llanto acudió
engrosada por el dolor latente y corrió, corrió
basta agotar l as fuentes de los ojos.
En el patio, bebiendo á pulmón lleno un magnífico haz de sol primaveral, saturado de olor á
amapolas y chícharo silvestre, en un petate, echadas á la bartola, estaban la changa y la nodriza. Hipólit&amp;. había puesto á su hija á caleotat·se
fuera del cuarto, por la primera vez después de
la enfe1·medad. Débil aún la pequeíiuela, con
poco_ aliento tendía sus manecitas flacas y despelleJadas al gato fiel, al amigo carifioso de
Mada de la Esperanza, á la cual había acompaña~o hasta el fin. Hipólita era ese día el ser más
fehz de la creación; pensaba en el riesgo pasado
con la alegría victoriosa de los que escapan de
lo_s grandes peligros, mas en su obtuso entendim1ento se deformaban los sucesos terribles que
había presenciado, apareciendo aun más culpabl!3 Jt~lia de lo que er a realmente. La alegría de
B1~óhta e1·a la del lobo que desgarra al tigre
herid~, el principio vital de bestia que activa el
organismo humano.
Oyendo sollozar á la madre afligida, la nodriZl_l, compr~n~ió su in~enso dolor; pero en vez de
piedad, s10t1ó deseos innobles de venganza odio
Y todas las pasiones del infierno. Antes d~ pensar .en lo q_ue iba á hacer, luego que observó que
Juha la miraba, estrechó á la tarasca una y muchas veces contra su corazón, diciéndole con dulzura:
-:-¿Quién es la reina, quién es la princesita
quién es el pedazo de cielo?
'
lulia &lt;?ªYÓ de bruces y con la cara hizo pedazos un tiesto de flores que había en el balcón. La
cuenta estaba saldada.
LAURA MÉNDEZ DE C'UENCA.

muudas que manaban de un telar de placas gri·
ses. Y hum! bum! hum! La madre, abogada en
lágrimas,no se atrevió á despegar los labios, de
miedo de oír la respuesta.
No hay para qué decir que al angelito le e'lha•
ron la botica encima: el abominable corcho fun·
cionaba r egularmente cada ho1·a, haciendo afli•
cos la boquita de rosa; pero los bodoques de hi•
las empapados en ácidos corrosivo¡¡ no le hiele•

1.
1
1

�EL MUNDO ILUSTRADO.
Domingo 12 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

deros defensores el homenaje de vuestra gratitud, os asegura. la roía para toda la vida.»

En t,onor dd S~ñor 6~n~ral Diaz.
Entusiasta manif~stación.

Un grupo de manifestantes en el Paseo de la Reforma.

«El Imparcial» dió cuenta pormenorizada á
sus lectores de la solemne manifestnci6n que
en honor del señor Presidente de la República
se efectuó el día 2 del que cursa, y en la cual
tomaron parte, además del Círculo Nacional
Porfirista, que la organizó, las escuelas pnmarias y las profesionales, los comerciantes, los
agricultores, las &lt;liversas fábricas ei::ta.hlecidas
en el Distrito y las sociedades mutualitas radicadas en la ~Ietrópoli.
La manifestación, dispuesta con - motivo de
celebrarse ese día el aniversario del ai::a.lto y
toma de Puebla por el ilustre jefe del Ejército
de Oriente, fué muy entusiasta. Desde antes
de las nueve de la mañana comenzaron á reunirse en el Paseo de la Reforma los distintos
grupos que debfan integrar la comitiva, siendo incontable el número de persoMs que, deseosas de ver el desfile, ocupaban las aceras y
los balcones de las calles comprendidas entre
las de Patoni v Plateros.
Separados
secciones que indicaba una
banderola especial, los manifestantes se dirigieron á Palacio, &lt;londe los espera.ha el señor
Preaidente. A su paso por San Francisco y
Plateros, el público aplaut.li6 aquella demostración de cariño y respeto al Primer Magistrado y, al llegar al Zócalo, las campanas de
Catedral se echaron á vuelo. Los edificios pertenecientes á las principales negociaciones

mercantiles estaban viRtosamente adornados
con banderas, festones y escudos, así como las
casas de algunas familias.
Una vez frente á Palacio, se desprendió de
la comitiva ei grupo de oradores encargados
de ofrecer al seiior General Díaz la manifestación, penetrando al salón de embajadoret1,
donde se encontraba el héroe del 2 de Abril.
El señor Coronel Antonio Tovar, Presidt.mte
del Círculo Nacional Porfirista, fué el primero
que usó de la palabra. En términos breves y
precisos felicitó por aquella gloriosa jornada
al señor Presidente, y, en Reguida, habló el
sE&gt;ñor don José de Lan&lt;lero y Cos, pronuncian&lt;lo una ligera alocución.
El Primer Magistrado correspondió á las expresivns fraFe.:1 de los Sres. Coronel Tovar y
Landero y Cos, con las siguientes palabrasTt'.Cogidns por taquígrafo-que escucharon todos con profundo interés y que no podemos
menos que reproducir:
«Señores:
«El patriótico entusiasmo con que acabáis de
honrarme al recordar el día 2 de abril de 186i,

***

•

A continuación hicieron uso de la palabra
los Sres. Dr. Gregario Mendizábal, en nombrE'
del grupo de profesionistas; el Sr. Adolfo Valles, representante de las Escuelas Profesionales y de la Preparatoria, y el Sr. Tiburcio Casco, delegado de las Sociedades Mut11alistns.
El Sr. Gral. Díaz contestó á los oradores
::nencionados con otro di.cursb lleno de honrosas frases para el pueblo. Nutridos aplausos
interrumpieron al Sr. Gral. Díaz, siendo objeto, al terminar, de una verdadera.ovación.
Después,el Primer l\Ingistrado salió al balcón
central de Palacio, y en ese momento ios manifestantes y los grupo.:1 ele las distintas cla~es
sociales que ee hallaban reunidos frente al
edificio, prorrumpieron en vi vas y aplausos
al .Jefe del Ejecutivo. Acompañado de los
Sres. Secretarios de Estado que habían concurrido al Salón de Embajadores, presenció
desde allí e\ desfile, manifestan&lt;lo, visiblemente emocionado, á los que le ro&lt;leaban, cuán
grata era para él y cuímto le enorgullecía aquella manifestaci611.
En este número encontrarán nuestros lectores fotografías &lt;lel desfile de los manifestantes
y del aspecto que presentaba la calle del frente del Palacio, durante la ceremonia.

LA VEDA.
Ya empiezan á estremecerse los nidos, á palpitar los escondrijos de los surcos, á temblar
los tallos delicados de la hierba.
Parece que un secreto terror se extiende por
el monte, que un itwencible espanto ha llena-

LA MANIFESTACION DEL DIA 2.-Aspecto de las calles de San Francísco, al paso de la comitiva.

do tle luto los ramajes, las madrigueras y las
lagunas.
A lo lejos se esc ucha. un estampido sordo;
una nubecilla tenue se eleva y caen surcando
el ai1e dos ligeras plumas.
La alegria !"e extingue en aquel dulce oasis,
ayer tan animado por el t rino del pájaro, el
amoroso y acompasado canto &lt;lel ave y el zumbido monótono del insecto.
La calma ya ha cesado; el dolor comienza.
Ha llegado el hombre.
A. ZozAYA.

Llegada de los manifestantes á las calles de San Francisco,

DOS SONETOS.
Et:mtdlodla tn ti Tstmo.
Como placa bruñida por la ola
fulge la arena; el agua se retira;
miasma sutil la. ciénaga respira:
y en ese hálito el sol pinta su aureola,
En la pizarra de la playa sola,
una tortuga. aletargada expira;
y, al redor de un lagarto &lt;1ue !-e estira
. peces su encorvada cola .....' .
baten men
El aire quieto e1-tá: ni una a.ve pasa·
sólo óyens~ en el mar, que el sol abras'a,
murmuraciones con temblor de rezo;
y en la reverberante lejanía,
en medio del sopor del mediodía
se abre la inmensidad como un bostezo ...

tos tonqulstadorts.
Es Pizarra: la barba. encanecida.
Es Cortés: el cabello ensortijado.
Jine~e ~n su corcel, pasa Alvarado;
Valv1dia lleva al suyo de la brida.
¿Y ése?¿Y aquél? En púrpura encendicln
en vueltos van, soldado tras soldado
en marcha a~ Porvenir, desde el Pa;ado,
como conquistadores de la Vida.
Chispeante de oro, el puño del cuchillo·
la coraza, cubierta de fulgores;
'
pleno de sol, el reluciente casco:
pasando van con el temblor de un brillo
cual si fuesen bordados en colores
•
sobre grandes tapices de Damasco ..... .

en

J

Domingo 12 id~ Abril de 1903

El desfile por Patoni.

JOSÉ

es muestra ele vuestro ilustrado c1v1smo y
ofrenda que tributáis por mi conducto al bffl•
vo puehlo mexicano, cuya sangre señala en
los anales de la patria aquella gloriorn fecha.
«Yo la recojo para ese pueblo varonil á cuyr.s
filas pertenezco; circunstancia que me permitió contemplarlo de cerca, cuando alevosamente sorprendido por un!l. guerra sin previa declaración, se transformó de improviso en Ejército más ó menos defectuoso como todo lo que
i:;e improvi!m; pero que fuerte en la conciencia _
de su deber y Au derecho, y justamente indignado por agravio tan inmerecido, hizo Pnten·
cler al in va.sor en PuPbla de Zaragoza, en Santa Gertrudis, en San Pedro de Roimles, en Que·
rétaro, en la Carbonera, en Miahuatlún y Oa•
xaca y una vez más en Puebla, que no somos
ma~as de salvajes á propósito para ensayar
impt•rios sucursales, eino nación constituida;
una República que respeta y f:abe hacer respetar su autonomía, capaz de cumplir, como ha
cumplido, sus compromisos y deberes internacionales, y de merecer, como hn merecido,
la estimación y respeto del mundo civilizado,
aun de aquellos que en mala hora intentaron
suprimir su bandera. en la heráldica de los
pueblos libres.
«En fin, sefiores: el honor que me prodigáis
al tributar por mi conducto á vuestros verda-

S. CHOCANO.

MINAS
En las fragosas cumbres, los metales
Tienen sus yacimientos; el mar cuaja
Promon!orios de perlas y corale:,,
Y hundiéndose del mar en los cristales
El buzo en pos de esos tesoros baja.
'
De ese tu noble corazón que adoro
Ponderar las riquezas no sabría:
'
.Junto á su efecto, nada. vale el oro
Porque tu corazón es un tesoro
'
Que permanece virgen todavía.
JUAN DUZÁN.

L A MANIFESTACION DEL DIA 2.-Los manifestantes frente á Palacio.

�E'L MUNDO ILUSTRADO.

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Eb MUNDO ILUSTRADO.

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Domingo 12 de Abril de 1903

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 12 ~e Abril de 1903

Ptna dt Uida.
A las diez y seis horas de encapillado el reo,
estaba que no podía con sus huesos. ¡Y vaya
Fi tenía hígados el hombre! ,c¡Ya se vería si
temblaba al subir las escaleras del patíbulo!n
Charlaba por los codos y no cesaba de fumar.
Cuando le sirvieron la cena, compuesta de
platos que no había probado nunca, tuvo «felices noc:urrencias, que los «rep6rtersn encargados de informar al público de las últimas
horas del condenado, se apresuraron á transmitirá sus respectivos periódicos. A las doce
de la noche s~ retiró á descansar; en el cuarto
en que se le h abía preparado la cama, no había espectadores; de modo que el miserable
pudo quitarse la careta de cínico valor que
había tenido puesta durante todo el día. Porque la verdad era que sentía congojas terribles, angustia infinita al pensar en que cada
minuto era un paso más hacia la muerte afrentosa. Si al través de la mueca de fingida serenidad que afectaba el rostro del reo se hubiera
podido ver su alma, hasta el juez más severo

lloró rezó y blasfemó; pero blasfemias, rezos
y lágrimas, no eran más que formas. d~ una
oración al que todo lo puede, reconocimiento
íntimo y convencido de la Voluntad Suprema
é infinita.
¡Oh, y con qué atractivos, ha~ta e~ton~,es
icrnorados, se presentaban ante su 1roagmac10n
l~s encantos de la vida! Hasta los mismos dolores y trabajos le parecían deleitosos. Su pasado, surgiendo ante la fantasía del criminal,
no conservaba más que lo agradable.
Al fin se quedó dormido .. ...... .
La puerta se abrió silenciosamente, y entró
un hombre de grave y _severo aspecto; llevaba.
un papel en la mano.
-Toma y lee-dijo el recién llegado.
- No sé leer.
-Es tu indulto.
-¡Cómo!. . . ¡El indulto!. . . ¿Ese papel es el
indulto?....
Las palabras salían á pedazos de sus labios.
A punto estuvo de morir de alegría. ¡Quéfrío
tan grande en el corazón; en el cerebro qué Iuz
tan deslumbradora! ....... ¡El indulto, la vida!

rás si aceptas las condiciones con que se te
concede la vida .. .
El condenado soltó una carcajada.
-¡Condiciones! Todas ... Lo que yo quiero
es vivir. ¡Vivirl. .... -repetfa saboreando con
inefable deleite la dulce palabra.
-Oyeme. Cerca de ti está la muerte. Un
momento horrible, es verdad; pero sólo un
momento.... Luego el descanso, el sueño sin
ensuefios. Dentro de uhas cuantas horas, si
tu quieres, todos tus dolores habrán cesado:
no más tormentos ni deseos irrealizables, ni
desengaños, ni iniquidades, ni traiciones, ni
injusticias.... El reposo absoluto, la paz....
-¡Quiero vivir!
-En cambio-repitió el otro sin hacer caso
de la interrupción,-oye lo que será tu vida.
Al salir de esta cárcel comenzarán para ti
torm,mtos tan horribles que, én comparación
de ellos, los que en la infancia te contaron del
infierno te parecerán insignificantes y como
cosa de juego. Cuantas ignominias existen
caerán sobre ti. ¡ Ladrón, asesino!, serán las
palabras que de continuo habrás de oír. Pedirás trabajo y te contestarán con golpes; tendrás hambre, y nadie te socorrerá; morirás de
sed, y nadie te dará una gota de agua... Y no
creas que te servirán disfraces ni mentiras;
llevarás en la frente la marca con que Dios sefialó á Caín, marca imborrable que te d1munciará á todos los hombres.
-No importa, quiero vivir.
-¿Confías, sin duda, en que la mujer de
tus amores te abrirá los brazos y enjugará tus
lágrimas? Te engañas ... ¿Recuerdas con cuánta dulzura te miraban sus ojos y con qué pasión te besaban sus labios? Ahora está más
hermosa que antes. ¡Si la vieras! Y no te aborrece ... pero te desprecia. Náuseas le causará
el mirarte.... En cambio, quiere con toda su
alma...... ¿á quién dirás? A tu más enconado
rival, á tu más encarnizado enemigo: al hombre que te denunció. No, no creas que podrás
vengarte de él; es más fuerte que tú, y te es•
cupirá á la cara, y la gente se reirá de ti.. .. y
ella, ella también se reirá, y tú, desesperado,
desahogarás en sollozos tu rabia impotente.
-¡Quiero vivir!
-Y aun más que te desprecien los otros, te
despreciarás tú á ti mismo. Y tratarás de dormir, y tu sueño será pesadilla· te emborracharás para olvidar, y tu borra~hera será lúgubre, y siempre, siempre oirás dentro de ti la
voz implacable que te gritará: «¡Asesinoln
-¡La vida, la vida, á pesar de todo!
-Acaso pienses: ,ctengo una hija, y ella me
amará cuando todos me odien y cuando todos me llamen asesino, ella :Ue llamará padre&gt;&gt; ... No lo creas. Cuando te acerques á ella,
correrá á ocultarse. Tendrá miedo de ti. Conform~.vaya creciendo, será mayor su repulsión:
ser h1Ja tuya, ¡qué martirio! Más de una vez
lee;ás en s~ mirada este negro pensamiento:
,c¡s1 se muriera!» El ser más bajo y más vil
será para ella mejor que tú. Y cuando agonices derribado en medio del arroyo escarnecido por la canalla, pasará tu hija, 'y tú la llamarás, y ella, dándote con el pie y encubriend? el rubor del rostro, balbuceará: «¿Pues no
dice que es mi padre? ¡Está borracho, sin duda!. ..... »
-¡Calle ~sted, calle uste&lt;l! -gritó el reo.
-La realidad será más terrible que mi relato. Ahora, elige.
-¡Vivir, vivir, vivir!. ..
--Toma entonces...... -dijo el desconocido
entregando el indulto al condenado.-Mereces
la ptma de vida.
FRANc1sco F.

Yn,LEGAS.

(Zeda.)

ESTUDIO FOTOGRAFICO.

habría sentido hacia el deFgraciado honda conmiseración. Lo que en él pensaba y sentía se
agarraba con frenética desesperación á la vida.
Y en medio del espanto de esta prolongada
agonía, por encima de las sombras de muerte
que le rodeaban, la esperanza, "ese sol que no
se ponen, aparecía y se ocultaba entre las nubes de su pensamiento.
Cuando el homb1e se encontró solo, se echó
de bruces sobre la almohada de su lecho, y

(Manuel Torres.)

Que le vieran llorar ahora, ¿qué le importaba?
-Que vengan todos, todos-decía entre risas y sollozos.-¡Se me ha indultado! .... Que
amanezca cuando qltiera .... Deje usted, sefior,
que le bese las manos .... Qué bueno es usted
y el Rey qué bueno, y qué buenos los minis~
tros, y los jueces y todos los hombres!
-Se te indulta, no sólo de la muerte sino
de la prisión. Saldrás libre de aquí... .. 'A no
ser que tú mismo prefieras la muerte. .. Tú ve-

PENSAMIENTOS.
Cuando se destruye una preocupaci6n antigua, es necesario fundar una virtud nueva.

*

Se puede juzgar del mérito de las gentes por
las críticas de que son objeto· y de sus defectos por los elogios que pe;sonalroente reciben.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 12 de Abril ele 190~

•
LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

TRADUCCION O( "U ~UNDO ILU!;TRADO."
(CONTINÚA.)

Entonces, en un relámpago de lucidez, recordé mi vida de i nstitutriz: mis horas tan tranquilas, al principio; la multitud que me
aplaudía por ser juiciosa, en la distribución de premios; luego mis
horas de turbación, mi deseo de un poco de amor; la capilla á donde llevaba yo ese deseo, transfigurando su amor divino.
Que, no haya yo detenídome allí! ¿Por qué había surgido el señor Raibert? ¿Qué hay mejor que el amor de Dios? ¿No tendría yo
que volver á él, necesariamente, si contaba haciéndose el vocío en derredor de roí?
Y pregunté á aquellas gentes, que entonces me creyeron seriamente fuera de mi raz6n.
--¿No es verdad que la señorita l\Iorín es la más feliz?
Luego, tranquilamente, como el actor cuando le llega el momento de desaparecer de la escena, hace con la mano una vaga señal
de adiós, ó un ademán intraducible: el ,,¿y qué?n del h ombre que se
alza, desdeñoso y desesperado, para rechazar a l universo ... .. ... .
......... Y caí, blandamente, sin estrépito, sin causarme daño. Se
habría podido creer en un desvanecimiento de comedia. Sin embargo, no fué así: la vida no se me escapaba, era. yo quien la depositaba .. ....
No comprendo cómo volvió á roí después.

XXXIII
Se me transportó á m i casa, apenas recobré el sentido, me coloqué ante mi mesita, en mi recámarn, cerca de la ventana.
En unos cuantos plumazos, escribí al inspector, dimitiendo mi
empleo.
·
Otra cartitr á mis amigos los Albert, para notificarles lo ocurrido y mi resolución. Tres palabras de adiós y d e admiración, destinadas á la sefiorita l\Iorín, á quien felicitaba «in extremis,n por su
piedad, protectora contra todo mal. Le decía, al mismo tiempo, que
siendo absolutamente inocente, pero estando abrumada por el dolor,
le encargaba, como á la más pura y la más perfecta de las institutrices, de presentar mis respetos al Sr. Broardel, el cura, que tan mal
había querido defenderme.
Cerré las tres cartas y yo misma las fuí á depositar en el buzón.
Fuí tan rápi&lt;lame-nte, y se e,;peraba tan poco verme en la población,
que nadie advirtió mi presencia. No i:;é cómo dormí en esa noche;
creo más bien que no dormí hada absolutamente: no conservo memoria clara de eso.
Al día siguiente, á lns nueYe de la mañana, pasó bajo mis ventanas el entierro de la señora Raibert. A través de las persianas, ví
al alcalde. No sé si él estaba cambiado; por mi parte, ese mismo día,
cuando traté de poner en orden mis trenzas en desorden, ví entre los
rizos de cobre de las sienes, algunos hilos de plata: no cumplía yo
aún los veinte años.
En seguida que hubo pasado el entierro, arreglé mi maleta y

conté mis economías, que sumaban 112 francos. Tomé un carnet y
escribí: de aquí á l\Iursella, en tercera, tanto; esto, tanto¡ lo otro
tanto; el pequeño reducto que alquilar.é para morir, tanto; un fiacr¿
para ir al cementerio, que será mi último gasto, tanto¡ ........ cuando
regrese, si me quedan todavía algunos céntimos, cómpraré rosas, rosas blancas, que esparciré cerca de mi lecho, en el suelo caprichosamente. Escribiré dos palabras en un. papel: «muy poco 'iugar habría
yo necesitado en· el mundo; más ese poco no existe, parto, pues.n
Esto, ó cualquiera otra cosa; después, me moriré sin suicidarme seguramente! .Moriré de hambre, puesto que no tendré para comer'.
Vamos, ahora, Yalorl Todavía hay que colocar esto, para dejarlo en buen estado, y hay que doblar lo otro, para llevármelo en la
maleta, ¿Está hecho todo? ¿Estoy enteramente lista'?. ...... Lo estaba.
l\fe senté cerca de la ventana.
La pobrP.za de~ cielo, en aquella noche limpia, reposada y sin
e~trellas, me agra~lo. •~Yo también-le murmuraba el cielo-yo también las tengo extmgmdas .todas, las estrellas de mis sueños ...... Qué
bueno es ha.liarme en med10 de la noche, envolverse en la sombra
en el ol vido, en la nada .... . . Oh! Cómo me pesa el corazón! Qué fa~
tigadas están mis manos, qué fácil me será morir!»
Y me le~•anté, dí todavía una vuelta por mi cuarto, para ver si
todo e~taba hsto. Marchaba como fantasma ó como máquina: todo estaba bien. Volví á la ventana, me recliné en ella parada esta vez con
el ~rnsto indinad? por completo hacia las ramas' de la enredader~ que
baJO de mí fl.orecia y exhalaba un perfume tan suave que hacía desfallecir.
Flores! Hojas! Basta!. ..... Basta! ......
¿S~is otr~ cosa más que !lores y hojas? ¿Qué tenéis que parecéis
cr~cer, rnvad1r la pared, sub1l' hasta mí? ¿No se diría que roe buscáis con vuestros brazos entrelazados, que van á cogerme, á sofocarme á fuerza de perfume~, y á formarme un. ataúcl &lt;le lianas? ¿Y esas
voces que parecen surgu- de entre los cálices ......... ? ¿Acaso hablan
las flo.res? ¿Y por qué hablan tan c~nfusaroente? L? siento y no lo
comprnndo ......... ,Hablad más al~?, flores. ¿O querén; acaso que mi
cereb;o se rompa a fuerza de tens1on, para recoger al vuelo vuestras
voces.
,
-María Teresa! Señorita l\Iaría Teresa! En el nombre de Dios y
e~ el nombre de las estrellas, y en el nombre del dolor de usted escucheme!
'
-Ya escucho.
-:-Pero .baje usted, !1iña......... yo no me '.ürevo á suplicarle que
me deJ.e S\lb1r..; ...... BaJe basta la yerba bendita. Besaré sus pies pa•
~~d~~dirle perdon ...... Y luego le contaré mi historia y le ofreceré 111i
¿Eran acaso las flores las que hablaban?
(CONCLUIRÁ.)

�Domingo 12 de Abril de 1903

Cárlos Manuel Durán.:

EL MUNDO ILUSTRADO.

ta Escutla Eomtrcial f ranctsa dt mtxico.
H abíamos oído hablat· de la reorgaza nición del
Liceo F rancés, con el nombr e de «Escuela Comermercial Ft·ancesa de México,&gt; y bajo bases que
darían á la enseiíanza que en él establecimiento
se empleat·a, un carácter esencialmente comercial,
r acional y práctico.
Acabamos de hacer una visita al nuevo estableci miento y ella nos ha permitido quedar convencidos de que las reformas implantadas en el
antiguo plantel, responden á una exigencia social , tod a vez que la carrera comercial precisa
estudios tan serios como para cualquiera p1·ofesión liberal, teniendo sobre éstas l a ventaja de
ser más lucrativa.
El local de la escuela ha sufrido modificaciones de tal importancia, que ponen el establecimiento, en punto á «confort&gt; y comodidad, al nivel de los más renombrados del extranjer o. Como es b ien s ..bido, la Escuela ocupa el local que
llevó en otro tiempo el nombre de érívoli de San
Cosme. &gt; Más de dos terceras partes del terreno
q ueocupa-13,000 metros cuadrados- forman
jardines y callecillas sembradas de árboles secula r es.
En tan vasto espacio los niiíos difrutan de su
r ecreo, r espiran un ambiente puro, gozan de sana libertad y sienten por la escuela el mismo car iiío que experiment a el visitante,desde que pone
el pie en la puerta del establecimiento.
L as clases, los estudios y los dormitorios están
i nstalados de acuerdo con los más exigentes
princi pios de la higiene moderna. El refectorio,
dividido en mesas pequeiías, tiene todo el aspecto de una sala de restaurant; y en cuanto á la
cocina, el almuerzo improvisado que se si rvió
ofrecer nos el Director de la Escuela, Sr. André
Sallet , nos demostró que el bienestar material
de los alumnos es objeto de los mismos cuidados
que su cultura intelectual.
L a escuela, además, está dotada ele un magní-

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com,poslc16n de la Fosfatina "FaJ.leres." está. preparado por IUil procedln,l6nto especia'l con aparato A propósito, y no se encu'61ntra. en el comercio.
Desconften de las Imitacion es y falsificaciones.

.lpnbdo ,.,,,,cAD.•• mmn••PHIS
ello se ocupan; escritura en máquina, estenografía, conforme á un método que permite recibi r a l
dictado en los tres idiomas precitados con un
solo alfabeto de signos y un ingenioso sistema
de abreviaciones; la aplicación de ciencias na turales y experimentales á la industria; la historia
de la geografía económica del mundo civilizado;
las relaciones comerciales de México con todas
las naciones, los nuevos mercados, los asuntos
referentes á los cambios, etc., etc.
Pero es, sobretodo, R la enseiíanza de las le nguas extranjeras, base de toda educación comercial, en lo que la Dirección ha puesto todo s u
empeiío. A este respecto, viendo la bond ad del
método Berlitz, hemos quedado verdaderamente
sorprendidos.
La enseñanza religiosa e5tá á car-go de uno d9
los más disting-uiclos é i nteligentes presbíteros
mexicanos. Una capilla tan hermosa como sencilla, se inaugurará el 19 del corriente, s iendo
apadrinado el acto por varias damas de la col onia francesa. Eo ella se celebrará todos los domingos y días festivos un servicio religioso.

El mú activo y económico, el único
Hierro Inalterable en los países ctlldos.

-

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teniendo su jardín particular y estando dirigida
por una institutriz que enseña á los niños á leer,
escribir y contar, y nociones de los idiomas francés, inglés y español,clases que les son dadas en
esos idiomas.
Los otros alumnos 1·eciben la enseñanza primaria elemental de acuerdo con los programas
oficiales, así r.omo la parte de enseiíanza supe1·ior exigida para ser admitido en la Escuela
Prepat·atoria y en todos los establecimientos de
instrucción secundaria. Mas, corno el objeto de
la Escuela Comercial es especialmente formar industr iales, comerciantes, empleados de banco y
de escr itorio, todos los cursos que se siguen tienden á este fin.
Los tres idiomas que se enseñan están ií cargo
de profesores de la Escuela Berlitz, contrntados
1rnra ello, y bien sabido es que el sistema de enseiíanza Berlitz está adoptado en todas las principales escuelas del mundo.
E l idioma francés es obligatorio en todos los
actos de la escuel a.
En cuanto á la &lt;enseiíanza comercial~, propiamente dicha, se compone, entre ot1·as materias,
de la teneduría de libros por partida doble, la )
correspondencia mercantil en los tres idiomas
enseñados en la escuela, nociones del derecho
mercantil y civil, estudio de asuntos financieros
y lectura frecuente de las publicaciones que de

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parálisis 6 neblandecimiento senil.
La prueba de que la preparación drl
Dr. La.tour Baumets ha realizado los
fines que persegula su autor, se puede
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                    <text>Et

"La Fuerza del Hombre y la Hermosura de la Mujer."
Antes y desde los tiempos de Sans6.n esto es lo que se ha
dicho de todo cabello exhuberante.
El Viuor del Cabello del D1·. Ayer conserva y embellece el cabello haciéndole crecer y dándole fuerza y lustre.
Restablece el éolor natural del cabello, limpia el cuero

CALZ ADA DECHAPULTEPEC.

AN8 X.--10110 1.--Nlll. 14

tompañia at ttrrtnos dt la calzada dt tbapulttptc. s. Jt.

cabelludo de caspa-con lo cual queda eliminada una gran
causa de la calvicie. Además mejora la circulaci6n en e!
cuero craneal , atajando por este medio la caída del cabello.
Si apeteciese usted un cabello largo y espeso, suave y
nutrido, cabello que tenga todo el rico color de la juventud,
entonces acuda usted al Vigor del Cabello del Dr. Ayer.

MUNDO ·tLUSTRADO
llfXICO, ABRIL 5 Df 1903.

Sabscripdd• mcuaal rorlnca.'Sl,St
ldcm. ldcm. ca la capital, Sl,J5

•1rccton LIC. RA.rA.tL R(l't&amp; &amp;PINDOU.

Gerentes Llll6 Rtl't6 &amp;PINDOL

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Diez por ciento al contado al comprar el terreno. Concesi6n de 10
afios para liquidar el noventa por ciento restante, arreglados en veinte
pagos semestrales [ al 6 por ciento interéR anual] ;10 por ciento descuento en todo pago adelantado fuera del primer pago.

1 .

Prepare.do por el DR. J . C. AYER &amp; CO., Lowell, Mass., E. U . A.

TÓNICO

EL MISMO

RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

"'"'º

So

F.BRUGINOSO : SIETE M~AS,,ORO FOSFATADO:
h1■ia,

~

Cl1n1i1, Comlecmiu, ,te.

20, lut des Fouk-St,Jacques
1 1n lu !;.rm,1c1u.

~

Litfatiamo, Escr6fola, Me
Infartos de los Ganglios, etc

~

'

i

PETROL~

1

DEL DR. TORREL, DE PARÍS
Unica preparación que evita la caída prematura del pelo, lo
aumenta, suavizi. y hercn'&gt;sea, á la vez que le comunica un aroma agradable.

.

F.L USO DKL PKTROL DRL DR. TORRRI, DRPARIS.

evita la calvicie prematura, qt1~ tanto afea y comunica al hom.
bre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado.
""&gt;¡,,

Para informes, dirigirse á la Oficina de la Compañia ~n
los terrenos ó á la de Xa.rl B. Cook, Agente vendedor,
Gante, núm. 8.
G:lJ c::J

EL TEST AMENTO.

f¡-·

~~

,

Dtl Tllmo. sr. Jfrzoblspo rttba11.

'}

L os bienes fueron valuados
en $ 125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mútua"
Compañía de Seguros
sobre l a vida, de Nueva York.
Hace pocos dfas que se practicó la
apertnra del testamento del llustrfslmo
Sr. Arzobispo Don Patricio A. Feeb•n
en la cludaó: de Cblcago. Illlnols. La
,ort nna di distinguido prelado aseen·
dlll íl eerca de $125.000 oro americano :
y segtln el Inventarlo que se ba pub 1cado, los bienes que dejó fueron con.o
Jlgue:

'

Dos p(11lzas de • 'La Mu•
tna.' ' Compatlfa de Seguros sobre la Vida, de Nueva York. por $25,000 -0ro
cada nna. 11 sean. . . .$50,000
Dividendos acumulados SO·
bre nna «re las pólizas. . 9.82!1
Otra póliza de seguro . • . 14,000
Acciones en efectivo y en
Bancos. . . . . . . . . 37,000

1
i

oro
.,
oro
oro
. ""' o

SI

e'\

oro

F:ntre las disposiciones del setlor Ar1.nhlspo, en su testamento, se hicieron

htas:

.

.:,...,_ ,,._ _,J_;.;.·

--

LA ''FQ.S'FATINA FALIRBB.SH

&lt;l

~~-

es el alimento más grande y el más recomendado para los n1i1o!I
desde la edad de seis li siete meses, y particularmente en el momen t,o del destete y dur.tnte el periodo del crecimiento. Faclllta mucho la dentición; asegura la buena formación
de tos huesos; previene y neutraliza los defectns que suelen presentarse al crecer, é impide la diarrea, que es tan frP.cueate en los nlfios. -PARIS, 6 AVENUE VICTORIA, Y EN TODAS LAS FARMACIAS.

A su hermnnn. señorita Kate Feebfln.
que estuvo siempre con él hasta su
muerte. $40.00() oro en bonos y $25.000
oro de una de las pllllzas de seguro :
A la seilora Annn A. Feeban, viuda del
seí\or doctor Eduardo L. Feeban. berma no del seilor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pólizas, y $5,000 oro en
efectivo: A. lfl Academia de San Pntri•
cio de Chlcago, de la que es prec~pto·
ra su hermana, Madre M:arln Catallon.
$10,000 oro de la tlltlma póll•a; ll la
escuela • 'Santa Maria' ' de ensel\nnzn
Prllctlca para varones, de Feebanvillt.
Illlnois. que era la institución por In
que mlls se Interesaba el sellor Arzo·
hispo, se entregaron los $4,000 restan•
tes de la tlltlma póliza.

~

~

~~

12 ·

g

~-

"-

CRISTO ATADO A LA COLUMNA.
CUADRO DE FABRÉ.s.

�Domingo 5 dJa Abrtl de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

e febrero fuí á ver al Papa á la SixtiHubiera•querido verle á solas, hablar
con él, pero estaba muy fatigado en
esos días, las inmensas peregrinaciones del jubileo secular Je habían dejado exánime.i aoaso
dentro de un mes ¿pero á quién recibiría\' ¿á un
magistrado de la Suprema Corte federal mexicana, ó á don Justo Sierra, que es uno de tantos
apreciables señores que escriben y que en Roma
se cuentan por doce ó quince mil al año? .... Me
fuí á verlo á la Sixtina.
¡Qué mañana! Llovía á mares;
ráfagas de humedad glacial que
mojaba los huesos á través de la
carne, soplaban de continuo; la
tempera.tura había caído de cabeza
al fondo del pozo de los «bajo-ceros&gt;. Y á las nueve de la mañana,
de frac, corb&amp;.ta y guantes blancos,
emprenderla desde las termas de
Diocleciano al Circo de Nerón, digo, desde el Grand Hotel al Vaticano, una legua! Así Jo hice;
llegué, me empapé bien los pies al
bajar del coche, tomé la escalerarampa que conduce á la Capilla, en
mitad de ella dejé abrigos y paraguas, sea por Dios, y fresco como
un carámbano, llegué al vestíbulo,
en donde y a se apiñaba I a gente,
presenté mi carta y entré; en la
primera mitad de la Sixtina había
dos tribunas, de dos cuerpos cada
una, vestidas de sendos paños rojos;
tomé lugar en la de la izquierda,
en la de la derecha están las señoras en «toilette&gt; rigorosa. de recepción, seda negra y sin sombreros. ..
Allí encontré, con gran placer, á
Manuel y Alejandro Escandón, á
Luis Torne!; nós agrupamos, era
natural; un fraile, entre muchos
otros, un frailazo carmelita, que
me estorbaba por su volumen y me
apabullaba el sombrero de copa, me
iba á impedir ver; me hacía el
efecto de una institución, de un gremio, de un partido, era el partido
clerical; yo creo que al fin cedió á
una muda sugestión mía y me abrió
paso, y me prestó sus gemelos.......
¡Qué bueuo ! He aquí lo que vi:
En la mitad de la capilla contigua al altar, fueron colocándose
los diplomáticos, de gran uniforme
y de gran frío; los cardenales se
sentaron en semicírculo,en derredor
del altar; sus trajes, sus solideos
rojos de sangre eran la nota caliente de aquel glacial conjunto: al ver
los plastrones blanco!&gt; de las camisas, yo tiritaba.'Los suiz_os, manequíes mofletudos que se movían
y reían á compás, todos forrados
de seda roja, amarilla y negra,con
las garzotas blancas de los penachos cayendo en torno del casco
negro, me divertían; estaba incomodísimo y divertidísimo. Rojo dosel de damasco cubría casi toda.la
parte inferior del «Juicio final&gt; sólo
se columbraba sobre él el cuerpo
hercúleo del Yahvé del«dies ira.e&gt;
que Miguel Angel atribuyó al Cristo de las Bienaventuranzas, y racimos de condenados que«degringolaban&gt;por los lados del altar.
Bajo el dosel una «madonna&gt; murillesca, bella
mujer de mirada tiernamente maternal y aterciopelada. Se me pasaba decir que aquélla era.una
misa funeral en honor de Pío IX.
Cuando todos los individuos del cuerpo diplo-·
mático (sudamericanos, entre ellos mis respetables amigos los señores Calvo y Vél~z, los ministros de Austria, Francia, Bélgica) ocuparon
sus lugares y sus casacones obscuros bordados
de oro y constelados de placas y cruees chispeantes, hicieron una mancha vívida,len el hacinamiento humano, comenzó en torz¡o (lel alta.r (un11,

mesa con los paramentos rituales) el ir y venir
de clérigos entre luces y tapices. Una puertecilla se abrió á la derecha del altar, toda la concurrencia se volvió mirada, se suspendieron los
mcvimientos, las oraciones, las respiraciones ...
Camareros vestidos de terciopelo negro y alamares de oro, el médico de Su Santidad también
vestido á la antigua usanza, un golpe de frailes
y clérigos, de roquetes albísimos, de pluviales,
de infantiles trajes multicolores .... Surgió de
entre ellos una forma blanca, vestida de blanco,
mitrada de blanco, un triángulo de oro blanco,
en el que había un esmalte bli.nco que se movía,

LEON XI 11.-(U)timo retrato.)

que venía.... Era el Papa; apoyaba los brazos
en los de dos clérigos y resbaló con rapidez hasta su trono. Los rezos y los cantos de la misa
comenzaron. · Mis anteojos me ·acercaron al
rostro exangüe de León XIII; una palidez que
tu viera otras cien palideces detrás, la boca, un
gran pligue cóncavo á donde la sangre moría.en
una línea levemente rosada: eso era el hombre.
Era una lámpara, la luz salía por los ojillos hú~edos y destellantes de bondad, de inteligen•
c1a ... . . .
Unas voces decían en las tribunas altas, salmos y preces litúrgicas; aquellas voces de nií!.os
infinitamente puras, ee eleva.bao y &lt;lesoe1ld!1u~

por la escala de oro del p entágrama como una
barca de cristal sube y baja en las olas; las palabras de la liturgia seguían claras, precisas
aquel ritmo divino. Despu~s de algunos compases, surgió una voz, una extra.h um ana voz, no
del cielo, sino lentamente aspirada por el cielo,
cada vez más fina, más alta, más ideal. .... No
una voz de mujer, no una voz de hombre, no una
voz de ángel, algo así como un s ollozo que se
amplificara en himno y se detuviera apenas vibrante, apenas modulado, en l a. flor del é s:tasis...
No, no era un antig•JO sopranista, no er a un viejo eunuco quien cantaba así. .. era un alma, era
el canto de un alma que tuviese por
escala melódica la escala de Jacob .. . . Las otras voces se yuxtaponían á la principal, afluían á ella,
se confundían con ella en unísonos
sorprendentes que dEcrecían por
«morendos&gt; de un «pianíss imo&gt; inefablemente tenue ; el silencio que
bajaba hasta el fondo del abismo
los asemejaba á un lamento que
fuera un suspiro ...... E sa música
es para enfermar del corazón.
Oí muy buena música en E uropa,
infinitamen,e b uena á veces ; dos cosas no olvidaré jamá s, porque me
abolieron, me r edujeron á la nada
la inteligencia y la voluntad y me
convirtieron en un simple objeto
vibrante: el coro de la Sixtina y la
marcha final del «Cr epúsculo el.e
los dioses&gt; de Wágner.
El Papa r ezaba, se oía el susurro
del viejo río convertido en un hilo
en el fondo de los años : noventa.
León XIII nació con México, meses
antes; nació en F ebr ero de 1810.
Con la garganta adolorida de sollozos comprimidos, veía tomar forma en torno de aquel anciano todo
lo invisible q ue nos rodea y nos
grita repentinamente nuestro nombre al oído ó pone de improviso la
mano en nuestro corazón; sentía que
«el otro» que llevamos dentro y que
es viejísimo, que apareció con la
humanidad, era dueño demí, estaba
en mi lugar. - Llegó la elevación,
la voz que cantaba se hizo lenta y
baja y leve, como una espiración ....
¿Llegó á callar'?¿lo que yo oía, era
el silencio que cantaba? E l Papa
se puso de pie entre los densos pliegues de su pluvial roja; su cabeza
ligeramente nimbada de cabellos
blancos se adelantó primero, luego
todo el cuerpo arrastrando la capa
con esfuerzo ; anduvo dus p&lt;1,sos y
cayó de rodillas comn una gt·an a ve
blanca que se abate con las al as
ensangrentadas;una p a usa, en cuyo
fondo no h abía ni vidas. ni alíen•
tos , hecha de emoción ptira .... La
hostia apareció en las manos del
cardenal oficiante.
Y todo era para mí una sola
ascensión, una sola cosa, la hostia
blanca continuaba en dirección del
cielo á aquel viejecito blanco también, también hostia. En aquellos
instantes todos mis muertos estaban
conmigo, era la comunión de los
muertos , sentía mi alma centuplicada por otras almas antiguas, nuev as, por venir,. eternas, apasionadas de fe y
amor. Y gritaba yo en silencio, como en las
horas de mayor emoción de mi vida. Cuánto desmoronamiento interior, cuántas forta l~zas de pensamiento y de razón y de estudio _se_ desvanecían en mí; cómo triunfa.bale!
s~nt1m1ento sobre la inteligencia, sobre la Jóg10a, cómo comprendía entonces, sin recordarla, por cierto, porque no me era dado analizar
nada, la frase de Pascal: &lt;el corazón tiene razon_e~ que.la razón no alcanza.&gt; Comprender la religión ¡imposible! Penetrar sus misterios ¡impo•
siblel Y s111 embargo, en aquel instante en que
el a.1lnainiell~O d~l es¡&gt;íritu tr!µnfa.ba. de la. ma.te•

ria y me aproximaba al éxtasis, adiós filósofo y
libre-pensador; y en el fondo del viejo arrodillado no quedaba más que el pobre muchacho creyente que se cogía del hábito blanco de la virgen de las Mercedes para pedirle que le devolviese. al padre enfermo y á la madre ausente.
Pude rezar ¡por fin! tuve fe en la plegaria,
creí que Dios la oía y entonces la esposa, los hijos, los amigos, la Patria, todo, todo venía como una espuma de infinitos llantos contenidos,
de oleadas de amargura súbitamente saneadas
y endulzadas por un rayo de sol, á mis labios,
que no sé qué murmuraban, que no sé qué decían:
decían una oración del tamaño de un mundo.
•
Cuando volví en mí, el Papa estaba en pie
delante de su trono, leía en un gran libro abierto que sostenían dos sacerdotes ante él; alzaba
y bajaba la cabeza con movimientos de pájaro
herido; escuchabáse un indefinible rumor, como
de alguno que hablase en voz alta frecuentemente derrumbada en el silencio; era que cantaba
las ora,ciones del &lt;requiem&gt;. Algunas notas opacas, pero gruesas, que no parecían salir de aquella caña endeble, se esparcieron por el aire.
Luego apoyado en sus acólitos se fué; nos fuimos todos.
Me alcé el cuello del frac, único resguardo posible contra la aspérrima atmósfera que nos
mordía con sus dientes de hielo y salí corriendo.
Quería guardar mi emoción entera como un perfume sutilísimo en un frasco herméticamente cerrado, para saturar con él la hoja de papel que,
dirigida á la que más quiero, debía cruzar como
una ave blanca todo el océano. En la escalera
un grupo de damas y caballeros que hablaban español, como lo hablamos los mejicanos. Eran
las señoras de la familia Ese ........ En mi cordial y respetuoso saludo no sabían ellas todo lo
que había de envidia profunda; esta emoción que
había yo sentido, aquellas piadosas mujeres la.
habían sentido, pero no como un delirio, sino
como una dulzura normal, que les dejaba entrever de lejos el Paraíso. Yo volvería de golpe á
lo negro, á la protesta, á la lucha, á la razón,
al análisis, al ¡quién sabe! al gran 1tal vez!
Ellas tenían la fe que no se pierde; la fe, ¿cual
es el secreto para mantenerla viva? Ellas no son
filósofos, pero sin saber el secreto, lo practican;
son buenas, dan mucho, socorren muchas miserias, alivian sin ruido muchos dolores, enjugan
muchas lágrimas; la caridad, el amor, ésa es la
clave del misterio.
Cuando así pensaba, corría en mi cerrada «vettura&gt; por las calles de Roma en medio del diluvio. Me divertía, y esto solía b.acerlo desde que
recorrí por vez primera «la ciudad eterna&gt; compuesta de las ruinas de una serie de oiudades
temporales, me divertía, digo, en verla los pies.
Es muy curioso: los pies indefiniblemente calzados, lodosos, encharcados de los peregrinos,

los deformados y rotos zapatos de los obreros,
los insignificantes y húmedos ~ incoloros d~ los
estudiantes de todos los colegios píos, vestidos
de todos los colores que van y vienen en bandadas risueñas por todas las calles de Roma, las
abarcas convencionales de los modelos en la
plaza de España, uno que otro calzado fino de
muchachos camaristas, dependientes de tie1:1das
de lujo ¿qué sé yo? Y la serie de bases de iglesias, de templos, de palacios, de casas vetustas,
raquíticas, leprosas ó plintos de columnas, zócalos de estatuas, bases de obeliscos, de fuentes
inmensas, de tierra amontonada, de tapiales
anónimos y vulgares, sobre los que asoman árboles desnudos sin frondas, sin pájaros, sin !I.Ol,
grises como el cielo, como las cosas, como el
alma.
...

......

Mi amigo Ara.luce me esperaba en el restaurant de Roma; yo tenía mucha hambre y poco
apetito; cuando salimos á la calle, no llovía;
una gran brocha pálidamente azul barría el cielo y para matar la nostalgia del golfo de oro en
donde hace tres días nos balancéabamos eatre
Al Vesubio y el Posilipo, nos fui.mas á la iglesia
de los Capuchinos, por un camino que nos era
ya habitual y en donde nos servía de «repare&gt; la
negra y grandiosa fuente del Tritón de Bernini.
Subimos á la iglesia por un lado de la doble escalinata que la levanta sobre la plaza; entramos,
no vimos los frescos del Dominiquino (si en Roma tuviese uno obligación de verlo todo, queda·
ría lucido); sí admiramos con circunspección el
célebre S. Miguel de Güido Reni y, precedidos
de un monjecillo, bajamos á los subterráneos.
Hay unas cuantas capillas debajo de la iglesia á lo largo de un pasadizo que recibe luz de
fuera. Esas seis ó siete capillas están fabricadas
de muerte; piso, muros, bóvedas, altar, adornos, candelabros, todo es la muerte. Cadáveres
medio momificados de frailes en sus ataúdes descubiertos, otros ya convertidos en esqueletos
puros mal envueltos en los sayales grises, por
todas partes una tapicería de huesos, de calaveras que lo llena todo; los lustros están hechos
de tibias y peronés siniestramente combinados,
los candelabros son brazos y fémures ¿qué sé
yo? Todo regado, repultado á medias en una
tierra que parece también hecha de polvo de esqueletos, que parece también muerta, la tierra de
los Santos Lugares.
El primer mo~imiento no es de terror, es de
horror; las ideas macábricas invaden en tropel
el cerebro después y se figura uno las noches de
aquellas capillas iluminadas con cirios amarillos, que parecen huesos con flama fosfórica, y
los diálogos, los crujidos, los rechinidos, los
lamentos y las carcajadas huecai. de aquellos señores y sus danzas y rondas y farandolas. Aca-

ROMA.-Castillo de San IAngelo.

Domingo 5 &lt;fu Abrill die 1903
ba uno por sentirse-divertido, el horror se va Y
queda á la vista lo ridículo y pueril de aquellos
recursos para causar miedo y que provocan el
epigrama y las reflexiones chuscas.
Nuestro guía observaba en nuestras caras lívidas como la suya, por la luz especial de aquelles antros teatralmente lúgubres, el efecto de
aquellos horrores. Nos salimos estomacalmente
mal impresionados, pero sin meditación, sin recogimient.o, sin pavor, sin un solo calofrío de
infinito, de eternidad. .. ..
,,. •
Y a en el «hall&gt; del Gran Hotel entre palmas
melancólicas, y divanes, almohadones y tapices
ricos, tomando el té en un rinconcillo que por
casualidad habían dejado libre las «ladys&gt; inglesas ó las &lt;misses&gt; americanas, elegantísimas,
bulliciosas, rodeadas de principillos y &lt;monsignori,&gt; y a en mi rincón fué cuando pude condensar todas mis impresiones del día en este solo
pensamiento: no hay muertos.
JUSTO SIERRA.

EL SONETO.
Es un castillo de cristal. Levanta
sus catorce baluartes que colora
el sol del arte con su luz de aurora,
y asienta en alto fara116n su planta.
Mansión augusta y señorial. La santa
princesa Poesía dentro mora;
hermosura que al vulgo no enamora
y al exquisito pensador encanta.
La noble castellana con su brillo
á un bardo soñador cautiva y ciega
que en pos de la beldad ronda el castillo.

Y cuando el trovador amante llega,
cala el puente y, abriéndole el rastrillo
sumisa en brazos del doncel se entrega'.
EDUARDO GóMEz'HARO.
ir,-: ,..

Puebla, marzo de 1903.

•

...-~y -· .,,~
_.,.~

�..
Domingo 5 die Abril die 1903

EL MUNDO ILUSTRA.DO.

I

EL MUNDO ILUSTRADO.

N d'a, el Buen Tiempo dijo: Hágase la Primaveral Y la primavern fué

En el templo silencioso, frío, inmenso del espacio
La enlutada noche reza su rosario de diamantes:
Por su manto de tienieblas, negro, lúgubre, viudal,
Se deslizan lentamente las estrellas tremulantes
Doloridae, vacilantes,
Como lágrimas piadosas por un paño funeral.
¡Oh las pálidas estrellas! ¿Son los ojos de los ángeles, .
O las almas de los muertos que nos miran, tristes gentes
Desterrados en aqueste fosco valle del dolor?
¿Las aureo:as de los santos, 6 las lámparas ardientes
De las vírgenes prudentes
Aguardando sofiolientas la venida del Señor?

II
En el templo majestuoso, claro, inmenso del espacio
La radiante noche teje su guirnalda de áureas flores
Qull al altar del firmamento inefable aroma dan:
Y se entreabren dulcemente con suavísimos fulgores
Los I u ceros tembladores,
Y es un lirio blanco Sirio, una rosa Aldeba1án.
¡Oh las pálidas estrellas! ¿Son las perlas de esos mares
Infinitos? ¿Son las joyas de la virgen esparcidas?
¿O las místicas antorchas del banquete celestial?
¿Son las luces de la Patria suspirada? ¿Las ya idas
Esperanzas tan queridaR
Que murieron en las cruces donde esplende el ideal?

III
En la calma misteriosa de las noches estrelladas
La eternal magnificencia á la mente maravilla,
Al espíritu amedrenta con tremenda majestad.
Más que el brillo de los soles amo yo tu lucecilla,
Primorosa lamparilla
Que iluminas de la Hostia la profunda soledad.
Siempreviva del santuario, amorosa Sulamita
Que rompartes las tristezas del Amado que te cela,
Y ..:alientas con tus rayos su albo lecho virginal.
;.C6mo envidio tu ventura, vigilante centinela,
Tú que cuentas, siempre en vela,
Los latidos inefables de su pecho paternal!

IV
¡Oh Je~6s! enamorado, tinno E,;poso de mi alma,
No me ba,;ta ser el cirio que en la&lt;; horas de alegría
Se consume en tus altares en ardiente adoraci6n:
En tus horas de abandono quiero hacerte compañía,
Haz que tenga noche y día
·
Como lámpara eucarística encendido el coraz6n.
No me apartes, J esú¡; mío, de la estrella del sagrario:
Vayan otros poseídos de piadoso, noble anhelo,
La grandeza de tuR obras en el orbe á contemplar,
Y á buscar para adorarte con fervit:nte, santo celo
El i11rnenso altar del cielo;
¡Tú me bastas, Amor mío, en el Cielo del altar!
CARLOS BORGEs.

ha, repentinamente, sin una graclaci6n, sin un compás de espera.
salir, {'11 la mañana, creí que se trataba de una "blague" del honlcvard. ¡Había visto improvisarse tantos cuadros, que ptnsé por un
momento: Esta es una Primavera falsificada! La han inventado loi- buenos parisienses "pour épater les bourgeois." Muchas gracias, Señor Prefecto del Sena, es usted muy amable.
Y me lancé, e3céptico, por la Avenida de los Campos Elíseos. Al IIPgar al
Rond-Point, estaba com·encido que para ser de "guarda-ropfo,'.' no estaba tan
mal aquella Primavera. Unas muchachas pasaron á mi lado y me arrojn.ron
un puñado ele lilas. · Pesqué las flores al vuelo y me convencí que no había
mistificaci(m. Decididamente era una Primavera real, positiva, auténtica. Una
noche había bastado para ponn brotes en todos los árboles y miradas lucientes
en todas las pupilas. Y arriba, un sol alegre y franco dejaba caer su lluvia de
oro sobre la ci udaLl rejuvenecida.
Sohrt los pradillos de césped se en treabrían discretamente las ro,:,1~, y un
aliento de perfumes soplaba entre domos de verdura. Y sanamente, bullicio~amente resonaban las fanfarrias de tropeles humanos, ansios9s de saturarse de aquella
renovaci6n de vida, sur¡¡;ida de pronto, trm, una tarde gris y opaca, una tarde de suave
luz cenicienta. que habían envuelto los encajes de Nuestra Señora en un crepúsculo
acariciador y suave.
Hacia el "Bois de Boulogne'' iba la triunfal pan•ada á reclinarse en la húmeda
yerba recién nacida, á llenar,;e los pulmones de aquel aire vivificante, dejando muy lejos el honlevard con el frufrú de las sedas, el tintineo de las copas .v el grito del
vendedor de la última extravagancia en boga: "Le dernier soupir u'un cochon!"
Se salía del infierno del hambre y del frío, para penetrar en nna existencia nueva
ele salud y de amor. En el Invierno parisien se agitan todas las miserias; el vicio mismo es un antifaz del dolor. Sobre las aceras de los grandes bonlevares pasan muchas
tristezas con mirada provocativa.
Parece que os piden un trozo de carne, una luz, un
,
poco de fuego. ¡Hace tanto f no!
Pero llega la Primavera, y huyen esaR sombras. Han florecirlo las lilas y renace el
jardín de Cossette. ¿Os acordáis del buen viejo de la barba florida·? Para é l siempre tuvo flores cada Primavera, porque las aprisionaba con los hilos de oro ele sus estrofas.
Y la juventud, la juventud eterna, porque es el eterno amor, no olvida á ¡:u Poeta.
Para enfocar este espectáculo de luz y de frescura, hay que tomar un sitio en la
imperial de un ómnibuR, y dejarse acariciar por las ramas de laP acaciaF&lt;. Descle la alto
se abarca la poblaci6n en masa, desparramándose por paseos y avenidas. Desfilan á
vuestros. pies la_s ~lewes comitivas: estucliante_s, obrero,:, modist(llas, grandes dam~
personalidacle,:, 111s1g111ficante1&gt;. Todos llevan una flor y una sonrisa, una esperanza y
una promesa.
Y el ómnibus sigue entre aére?s bosqu~cillos, á unos metros &lt;lel ,;uelo, por el que
pasa cantando sus alegrías la multitud, ebria ele plr,cer, abandonada á la dicha de vivir
gozando de aquella hora, qu; acaso_ no vuelva_ más, y que por eFo es necesario apura~
&lt;leleito,:amentfl, entregarse a ella, sm un puntito negro que la obscurt•zca, sin un solo
pensamiento que la conturbe.
Tienen los hijos de Pnríi-, como ningunoR otros de capital del mundo, el secreto de
este abandono á la sen~ación del momento. El "después'' no existe en ei,:e minuto en
esa hora, en e~a mañana vívida. La existencia se forma de ininterrum¡.,idos cuadros
disímbol?s; la dicha está en sabor~ar por completo de ese instante. Es una sana y t6riica filoF&lt;oña que no solemos practicar los que llevamos las mús de las veces nuestras
amnrguras y nuestros desencantos á todas partes.
Por eso,la Primavera parisiense es una fiesta que no anuncia el amargor de un despertar de hastío. Florecen los esµí rirus como las frondas, y sonríen Jo,; labios como se
entreabren los capullos. La Naturaleza es la que manda y ordena:
Artículo primero. Germinarán las plantas y se buscarún los ojos.
y ojos que se buscan, acaban por encontrarse. Y si no ..... .

***

Aquella noche, al_ retirarm~ á mi cuarte;&gt; de e~tudiante, del otm la.do del río, en un barrio tranqmlo y apart.,do, baJo un foco elfctrico.
al pie de una acacia, oí estallar el ~hasquido de un beso. Era una pareJ~ feliz que saludaba la llegada de la Primavera.

Domingo 5 die Abril -de 1903

�Dcmii::go 5 d¡3 Abril! de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Ca Sra. Jlmparo ]ordan dt Plmtnttl.

/

Al ruido de los cuernos y los venablos
parecen una tropa de negros diablos
desatando sus furias contra la roca.

A consecuencia de una repentina
enfP,rmedad, murió en Oaxaca el 24
de marzo último, la Sra. Amparo
Jordan, esposa del Sr. Gobernador
del Estado, Lic. Emilio Pimentel, y
una de las damas más dbtinguidas y
apreciadas en aquella población.
La muerte de la Sra. de Pimentel,
ocurrida en los primeros meses de
su matrimonio, c,mmovió hondamente ú la sociedad oaxaqueña, que
la contaba en su seno como á una
de sus galas inestimables: joven y
llena de ilusiones, supo captarse
muchas simpatías, y su desaparición, que constituye una pérdida
irreparable, ha despertado un senti-

tristo=Dios y tristo=ffombrt

II

(JI

VERANO

Naturaleza hierve: la vida en,;ancha
el inmenso escenario de sus accione:-;
los gérmenes realizan sus producciones,
y hay de larvas y orugas una avalancha.

Y allá entre la penumbra de nn gabinete,
env uelta en su ve~tuario de tafil&lt;&gt;te,
siente una novia dulce las vagued::Lles

De un ambienteimpre~nado dPamor y fuego,
y es la llama de Agosto, que infiltra, ciego,
su corazón &lt;le anhelos y de ansiedadeF ..... .
111
O'1'0ÑO

El verano ha pasado: la henno~a fie~ta
que apagó mis nostalgias .v 111i.~ de,-vt:ilos,
pasó, como pasaron bajo los &lt;·ielos
las nubes que surgieron tras de la c uesta.
La joya que Natura llevaba. puesta
1&gt;e ha perdido entre opacos, brumoso¡;: velos;
emigraron las aves en raudos vuelos
Jlevándose su alegre, múgica orquesta,

.,,...._._

- .

----- ✓

Las hojas, de los troncos donde germinan
ya vuelan, y en el aire se diseminan.
Y aparece de un monte tras de la falda
Un viejo de cabellos cual blanca nie,·e,
que á llevar, invencible y audaz, se atreve
la carga de diez meses sobre la espalda.

-------

IV
Sra. •Amparo Jordan de P imentel.
INVIERNO

mi1-nto de profundo pei::ar en todo!" los oaxaqueño~,que veían en la j&lt;)\·en esposa un modele de virtudei".
Numerosas son las &lt;lemostrnciones de condolencia de que, por tan lamentable &lt;lef'gracia, ha sido objeto el Sr. Lic. Pimen tel.
Nosotros no~ unimos á ellas de todo cora-•
zón, en viúndole nuestro i.1uy SPntido pé:'ame.

No es la fe la que ha formado el corazón'
sino el corazón el 1¡ue ha dado vida á la fe.

*
Muy á menudo es la palabra á la Ye1tla&lt;l lo
hue la careta ú la cara.

ESTACIONES.
I
PRIMAVERA

Abril con sus perfuml's y sus colores
aroma. y armoniza, brilla y esmalta,
de la montaña agreste, verdeada y alta
al huerto donde crecen pintadas flores.
El 1-'0l nos vivifica con sus calores
mientras el arroyuelo plateado salta,
los fuegos amenguando con que se exalta
la gran Naturaleza llena de ardores.
Traíllas que se escapan de la perrera
corriendo {, las partidas de Primavera.
Y aprisa, J'lll'!I la. noch e FU~ hul'lla!I toca,

Pasaron las auroras primaverales
co n sus campos aiegres y matizados;
los cierzos de la selva que, perfumados,
rimaban sus rondeles y madrigales.
Pasaron los crepúsculos otoñales
con sus tristes murmullos entrecortados
que brotan &lt;le los árliole~, azotados
por los recios brisotes septentrionales.

Ya no vibra. en los ho¡;:ques el ronco cuen1C',
pues vino con sus fríos el viejo in viemo
y pasa sacudiendo su nívea palma.
Después de haber dejado lánguidamente
un invisible pliegue sobre mi frente
Y un témpano de hielo dentro del alma ....
HAMmo HERN Á Xl'E7. l ' OR'f~~LA.

SANTA ANITA.

T
FUNERALES DE LA SRA. DE PIMENTEL EN OAXACA.-EI cortejo y

la carroza fúr.ebre.

prop6slto dt un trfsto dt D. Jlntonlo 'fabrts)

Entre los numerosos cua&lt;lros que
Don Antonio Fahrés acaba de exponer
en la Escuela de Bellas Arte11, para que
el público mexicano pudiera fundar
su11 esperanzas relativas á las labores
del maestro ante las obras del artista,
sólo hubo uno de índole mística, y,
francamente, no contribuyó poco esta
circunstancia para fortalecer- aquellas buenas
esperanzas, pues el dominio místico de la pintura ha siclo sobrada y c-asi exclusivamente
recorrido en la men()ionada escuela por varias
generaciones de maestros y de alumnos, hasta
el gra&lt;lo de que la monotonía esencial de los
asuntos amenazaba ahogar todo impulso nuevo, sano y verdadero en la figura mexicana.
Pero el único cuadro de índole mística presentado por el maestro Fabrés no pertenece
por modo alguno al montón &lt;le los de :m clase; es al¡w personal y hermoso, algo muy humano que tiene el poder de transmitir una. intenea emoción, de la que no es parte ese fetichismo religioso que muchas veces coloca sobre dorados altares á íconos artísticamente
abomina.blef:.
El cuadro místico del maestro Fabrés es un
Cristo atado á la columna. Colocáronle aparte, sólo eu una estancia, cual convenía á la
excepción que represeutaba en una colección
de pinturas en que esplendían la vida y la
realidad. Y, destacándose en rico anaquel sobre un fondo ele tela morado, igual á la que
cubre los altares durante la cuaresma, con la.
mirada dirigida al cielo, con la expresión de
un sufrimiento supremo y virilmente Roportado, hincado de una rodilla sobre el duro
suelo y con las manos apretadas dentro de los
nudos infamantes de la soga, con una mu¡,culatura de hombre cubierta por una epiderm is
de hom hre, el Nazareno aparecía en medio de
toda. la magnificencia del martirio, pregonando la gloria del espíritu por sobre todas las
miserias, todas las infamias, todas las trabas
de la carne débil y todos los intentos de befa
y de escarnio que la maldad y la soberbia de
los hombres han tratado de clavar en las almas sublimet1 ........ .
En frente del cuadro los visitantes se detenían. Todas las manifestaciones &lt;le vida que
se desprendían de los otros cuadro!'! no alcanzaban ú irn presionar á nuestras mujeres como
la exquisita verdad de la figura del Nazareno
que llegaba á sus corazones y á sus cerl'bros
:filtrada á través de ese sentimiento religioso
que las domina y que es más fuerte. mucho
rnúe fuerte que su sentimiento estético. De
muchos labios hermosos escuché muchas exclamaciones entusiastas. El ambiente de adoración que rodea al Nazareno parecía alcanzar
a!' cuadro. El cuadro gustó mucho y el artista quedaba reconocido y proclamado.
Los hombres contemplaban también los sufrimientos del múrtir y externahan sus impre-

.H;n la vasta pradera, desierta y ancha
se oye el gozoso trino &lt;le ]os gorri?nes,
y en su cárcel de rocas y far,dlones
dibuja el oceano su enorme mancha.

j

Domingo 5 die, Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Cad~ vel\ que se renuevan las amapolas sobre
las gayas chinampas y á Jo largo del canal de la
Viga, en el anhelo d~I puebl? surge como.una
ilusión irresistible la idea de 1r á Santa Amta.
y apenas recoge el obre~o. el importe de .S!I. raya en compañía d~ su familia ó de. su amada ó
de 'sus amigos reallza su anhelo y_ fle~a una canoa florida y coqueta.que al enérgico impulso de
un remador bronceado, resbala sobre l_as turbi&lt;ts aguas del canal y l)ega á Santa Amta, ese
pueblo pintoresco y miserable á la vez, cuyo
único tesoro son las flores que cubren su ~uelo
que convierten en grandt!S manchas pohcru~as á Jas chinampas que.surgen de las agyas.
En el fondo, la excursión á Santa Amta es
bella y c~nstituye una de las costumbres más
nacionales que aún nos quedan. El sol esplende

siones de &lt;li,·ersos modos. Los nrtistas
alababan y censuraban y más de una
discusión, larga y nutrida, turn sus com.ienzos frente al cuadro; yo oí muchas
impresiones; he aquí las mías:
Después &lt;le los pintores místicos del
cuntrocientos, que i;e a partaron tanto de
la vida y que desdeñaron la forma en
aras de una pintura psicológica que murió de
impotencia, cuando lo~ divinos atletas del Renacimiento volvieron Ít inyectarde las vírgenni
venas exhaui;tas &lt;le los ~nntos y sangre de laiy revistieron &lt;le car11e sana y Yiviente los hueEOS de los apóstole8 y de los profeta!", la figura
sublime clt•l Nazareno ntrajo frecuentl'mente
sus simpatías artísticas, pero la atm6sfera de
religio,;i&lt;lad en que ,;e movían, no pudo permitirles contemplará Crif'to como á un hombre
ni interpretarlo como á un hombre. Era preciso que el tiempo corriese, y al correr el tiempo, apareció en Ja pintura el Cristo hombre.
Falta mucho para que los asuntos cristianos
se agoten para la pintura; ma~, ahora, el" preciso humnnizarlos para que penetren en el alma Qe los honi brefl, (]lle sólo se conmueven ya
ante la verdad Pn &lt;·1 arte, y esn tendencia. de
humanización pictórica del Nuevo Testamento, es la única que cla derecho ele existencia,
en la pintura contempornnea, á los asuntos
míF&lt;ticos. Ningún mneFtro contemporáneo ha
podido escapará ern tendencia, ni FabréF&lt;....
--Pero-me observa alguien-¿l'sa inscripción que Fabrés puso como «leitmotiv,, ele i,u
'!uadro? ... .... .. «Los hombres han podido manchar de sangre r, Cristo-hombre, pero á Cristoclios, jamás!» ¿No revl'la eso un alejnmiento
de esa ,,humanización,, de Cristo en pintura? ...
-Tal vez rl'vel e un propósito de alejamiento, pero es un propósito mnlogra&lt;lo. El Cristo
de Fabrés es un homhre; ese cuerpo es humano, completamente humano; un cuerpo que
sufre, un hombre que gime ...... y una alma
que se asoma por los ojos, en esa mirada de
bondad, de resignación, de fuerza intema; pero una alma humana, esencialmente humana!
A Fabrés puede haber sucedido á. la inversn
lo que á Renán aconteciera; propúsose f¡,.t~
humaniza'r
á Cristo en un libro , .v su venera., .
c1on mte11sa y su maravillorn expreRión no
hicieron más que cleificarlv; quiso el otro ;ubrayar en uh cuadro la naturaleza divina de
Cristo, y la realiuad de rn pincel y de su concepción gráfica no han hecho más que glorificar la naturall'za humana de Cristo. Es cierto que los hombres no pudieron manchar de
1-a~gre á ese Cri!'to, porque la sangre de un
Cns~o no mancha nunca. Creo que el eminente pmtor se ha engañado á sí miF&lt;mo no en el
cuadro, sino en la «expresión verbal del asunt~· '' P~ro, también, ¿para qué obligará un
pmcel a que trace palauras?
Í JUAN SÁNCHEZ AZCONA.

c:on toda_ su fue1:za y bruñe las aguas obscuras
con refle¡os lummosos, y la canoa, ancha y plana, avanz~ lentamente y lleva risas, cantos,
desbordar:rnento~ de alegría y de amor á la vida.
Las mu¡eres ciñen coronas floridas en torno de
sus crenchas de ébano, y Ja canción nacionals~empre triste y desgarr¡¡dora y amorosa corno
s~ el amor fuera un sufrimiento- alterna' en los
aires con el arrebatado ritmo del «jarabe&gt; que
rasguean las guitarras y que acompaña ~¡ nutrido taconeo de los bailadores sobre la madera
de ia canoa.
. Pero- siempre hay un pero en nuestras divers1ooes populares y ese pero es casi siempre el
pulque-no toda la excursión conserva ese carácter de inocente diversión; en cuanto el «blanco&gt;
y el &lt;curad~» enardecen la sangre de los pasean~s y se encie!1den_ las heredadas tendencias agresivas con la·mqu1etante vecindad de la hembra
no pocas veces Jas coronas de ama.poi as truécan~

se e!1 coronas de sangre, no pocas veces empieza
el d1~gn~to con filosas lenguas y aci..ba con filosos cucb1llos, no pocas veces se encierra el epílogo de esos paseos entre las seis tablas de un
a.ta?d Y. en_tre las cuatro paredes de una celda
)emtenciar1a.
Si no fuera por_ los peligros del pulque un
paseo ~ Santa Amta sería delicioso; y a.un 'con
l&lt;?s peligros ~i,l pulque, lo es desde el punto de
vista de lo prntoresco y genuinamente nacional
Y por eso sin duda alternan COIJstaotemente e~
las canoas los tranquilos turistas con la gente
de trueno.
. Dicenál?s viejos que los paseos de hoy no son
m un P hdo remedo-de los paseos de antailo
~odrá ser así, pero aún conservan grandes atrar:
tivdos,í Y las verbenas de Santa Anita tendriÍn
to av a muchos años de vida.
TURISTA.

��Domlngo 5 die Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

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EDIFICIOS ESCOLARES.

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E~ oc_tubre de 1902, la Secretaría d e Comumcac1ones y Obras P(1blicas determinó
c~mstruir tres edificios para Escuelas Primarias con capacidad para alojará 250 alumnos
en cada uno, y situados: el primero, en la ca,

!

':"!

estaban pintados y cuyos pies estaban calzados
de perlas, y detrás de ella marchaba un hombre cuyo traje era de dos colores y cuyo.3 ojos
estnban cargados de deseos.
Y el Cristo se aproximó al hombre, le tocó
en el hombro y le dijo:
- Por qué Rigues á esa mujer y por qué la
miras MÍ?

\

un joven que estnba sentado al borde de los
fosos y que !loral&gt;&lt;J.. El Cristo se aproximó á
él y tocándole los rizos de sus cabellos, le
dijo:
-Amigo mío, por qué lloras?
El jo,·en lernntó los ojos, le reconoció y respondió:
-Yo había muerto .r tú me resucitaste.
Qué otra cosa puedo hacer de mi vida?
ÜSCAR WILm:.

SURSUM

.....

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'i't.'
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Cuando mi duro corazón ,·illaho
a l ver su pequefiez ¡ay! desespera
uel piado~o perdón, y nada ei-pera,
me acuerdo de Za4ueo el publicano.

~

~

~--~
~

,,..

.

Palla .Jesúe por Jericó, y en vano
el pequeño hombrecillo ver quisiera
la color de su Ycste tan siquiera ......
¡no alcanza!. . .... mas á un úr hol trepa ufano,

::1-F-~.t•r;.~-.,,- ..;

,

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.)

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Proyecto para el edificio de la plazuela del Carmen.

rnros flores de mimosas como gusanos velludos como trozos de redondos cepillos con los
cuales limpiaba el cañón de su escopeta diminuta. Leal jadeaba escudriñando los agujeros
de las peñas vestidas de timpánulas.
La mañana era rosada y fresca como los
brazos -recién lavados de una mozuela. En la
selva había una solemna majestad, acrecentada por confidenciaR de frondas y trinos incompletos de pájaros. Las nubes de moscos flotaban en el a ire como tules vaporosos, y dulcemente movían sus plumas verdes las palmas
que crecen en las partes húmedas de las montafins. Súbitamente atravesó un cuervo crascitantlo y se detuvo en un ocote viejo y erizado.
Nuestro morral de malla albergaba algunas
a ves; ni una pieza grande.
Pedrín soplaba su balitadera teuazmente, y
á ratos callaba creyendo oír los gañidos de las
ciervas. ¡Nada!
Del barranco profundísimo subía un aliento
perfumado y frío. Nos sentamoR. Pedrín reuni ó hojarasca, hizo lumbre y colgaba pajarracos que plácidamente embroquetaba. Mientras
se asaban se pusoájugarcon Leal, que, escandecido, ladraba no pudiendo atrapar el pan que
le ofrecían y retiraban.
Mi espíritu giraba en el hilo de un sueño,
como una pajilla en la h t-bra de una araña.
Nos eacudi6 el ruido de una rama que al
quebrarse imitó el bramar de un ciervo.
Leal de pronto puso las manos en Ped rín,
que, descuidado, hizo un movimiento tan brusco para esconder el pan, que resbaló en las
hojas de ocote y rápido descendió al fondo, como atraído por una mano im·isible y fortísima.
Leal corrió tras él,. y cuando á ellos llegué, el
crascitar de un cuervo que pasaba muy bajo
me bañó en escalofrío.
Pedrín, con los ojos agonizantes y apoyado
en el brazo izquierdo, ¡quién sabe qué de inmensamente cariñoso y doloroso decía á su
perro, que lúgubremente aullaba, mientras el
fulgor de sus ojos se apagaba lentamente; y,
haciendo un supremo esfuerzo, alz6 su brazo
y le tendió su pan!
'
11Ob, nunca, nunca he llorado corno entonces!!

6

ALMAS INFANTILES.
¡Oh! qué ene,'l nto, qué dulzura, qué inefable
atractivo tienen para mí los campos cuando la
vida errumpe por doquiera!
Las copas florecidas de los manzanos y almendros como chi nescas mantillas que sobre
escuetas ramazones orearan los céfiros; el ocaso como estadio trai- juegos circences; loa ra- yos del sol que, al hundirse tras la calva serranía, clavan sus venablos en las nubes~con •
creciones en la concha enormP. de los cielos,
todo todo esto infiltra rn juventud en mi ser,
y su' soplo saludable pone temblores en el lago adormilado de mi espíritu!
Desde el herrumbroi:o halcón de esta vieja
hacienda hospitalaria, miro barcinar la paja;
las eras donde acriban el trigo que va formando montones &lt;le inquietos gusanillos de 010;
los bueyes acoyundados, con loR ojos ho~dadosos bendiciendo la llanura; las gallinas
aclocadas rascando hoyahcos, rodeadas de
polluelos que por pequeñines aún llevan sus
felpudos abrigos invernales; el pozo con su
glauco terciopelo de m ui:go, donde charlan !as
.:ampesinas &lt;le ojos negros, cuellos kertes q_ue
ensangrientan menudas sartas de corales y pies
morenos de uñas lustroi-as, como empapadas
en rocío· el monte negro que en neblina envuelto p~rece humear, y el loco salpique ,de
casas de tejavanes obscuros! entre largo~ or~nos que S'3 yerguen cual gigantescas espmas
vertebrales.
En el lago que custodian esparrancados tepozanes cuyas bojns nievan céspedes, como
un cruel desplume d e palomae hecho por azore.'!, paso las horat! contemplando los reflejos
de frondajes en el agua, en cuyo _fondo fingen
vegetaciones raras, y los de poi ,cromos ce!ajes semejantes los blancos{\ témpanos de hielo que se mueven, y los negros á reptiles qu e
silenciosamente nadan.
.
Aquí las r;nu)a¡,, acollaradas aún, al medio
día descansan breve rato, y el sol, que rompe
frondas, riega en sus lomos las áureas onzas
de su escarcela.
Pedr(n me acompafiaba siempre. No puedo
olvidarlo; llevo su imagen en el alma como
una cicatriz.
En las maflanas agrisadas aún, cuand o las
nieblas, arrastrándose, iban dejand_o en las
ramas sus diamantes, llamaba á m1 puerta.

Era pequeñín, aduendac.lo, con ojos vagos
que recorda ban quizás un suefio, cejas negras
y curva~, como las plumas caudales. de una
golondrinn. No tenía padres. La hacienda lo
acrianzó noblemente, y él tenía por ella una
gratitud triste y enorme como una nube preñada de liígrimai-.
Aun cuando el cielo achubascado le mostrara su amenaza, él bnjaba á adestrarse en
las ordeñas y en los trabajos de uncir yuntas
y ~uarnecer caballo!'.
Su único amor era Leal, perrnzo de color
de lumbre, &lt;le párpados cacarañados y de pupilas amarillas como las al mendras de los
huesos de durnzno, hocico dentado fieramente y con ribetes de hule nt-g ro.
'Dormía al pie &lt;le la &lt;'nma de Pedrín, comía
con él, jamfis Reparábanse y juntos correteaban en los carrilPR arenoso~, buscaban sombra
bajo los ngavan7.0S en flor, y se internaban entre los bejucos de agraceñas zarzamoras,{1 riesgo de em puyarse.
De sus correrías volvían, el perro acezando
y el muchacho con los znpatos desueladmi y
su eterna melancolía en las pupilas. Cuando
por un m omento desparecía Leal, sus ojos
ernn, no como pÁjaros que entre rejas buscan
salida, sino como pájaros que libres no encuentrnn donde posarse.
¿Qué platicaba el mocozuelo al perro aquel
en los ratos que se acostaban en las quebrajas
del terreno? ¿Qué panteísmo inconsciente hacia salir en frasei, el infortunio de aquella
alma?
El quería los besos de amor y las caricias
que son bendicione~. y encontrHba besos y caricias compasivas. Se vió solo y clavó su afecto en su perro como un pufial en un árbol,
que al ensanchar su tronco más le oprime.
Labró la miel virgen de su cariño en él, como
las abejas en las gavillas resecas.
¡Oh, las bellotas que pudieron ser encinas
y abonaron la esterilid ad de los cascajos ardid os por el e.oll ¡Oh niños buenos, ávidos de
caricias, sin regazo ni amor, moríos! ¡Sois las
nébulas errantes que g uardan los llantos de la
vida!
l\li última excu ri:ión al bosque fu é en agosto.
Pedrín, endechador y alegre, marchaba ágilmente con su cantimplora d e agua acidulada
con naranjas que él mismo dei,jugó¡ brillaba
al ahdar su pantalón bombacho de al paca, y
pringaban su sombrero, á guisa de adornos

ABEL C. SALAZAR.

lle del Ciprés; el segundo en la de Necatitlán,
y el tercero en la Plazuela d el Carmen.
Para elegir los proye&lt;'tos que d ebieran ejecutarse, dicha Secretaría invitó á en trar en
concurso á cuatro arquitectos, que aceptaron
a invitación, presentando el 1&lt;? de enero del
-0 rriente año los dibujos y presupuestos coreR poncl ien tes.

El hombre, rnlviéndose, le reconoció y respondió:
-Yo era eiego; tú me curaste. Qué otra cosa he d e hacer de mi vii-ta?
Y el Cristo se n.proximó 11 In. mujer:
-Este camino que sigues, le dijo, es el camino del pe&lt;'ado. l'or qué seguirlo?
Ln mujer J,, rt-1·onn1•ií, .,· lr rlijn riPndo:

y mientras ,·e á Je¡:ús co11 la mira.di.
con que la miga tierna ve el mendigo,
alza el Señor hacia él su faz amada
y así le dice &lt;'on la voz d e amigo:
-«Baja presto, y camina á tu morada,
que hoy en tu mesa comeré contigo!»
MAR1A ENRIQUETA.

LOS TROFEOS.
]Gn el ancho salón, yerto y desnudo
que de oro y de marfil cubrió un infante,
sobre el muro vetusto y vacilante,
en trofeo gentil ~e alza el escudo.
Aun se agita del noble linajudo
so el e~paldar el tor:eo palpitante
y aun protege la mano el férreo guante
del fiero jw,tn&lt;lor, osado y rudo.
¡ Decade11cia fatal que el alma hiela!
¿Quién tocar oi-ar:'1 las férreas mazas?
¿.Quién esgrimir la espada con RU mano?
Recordar solamente nos consuela
que hun&lt;li6se el ideal de a&lt;] uellas razas
s61o a l gemir del pensamiento humano.
AN'l'ONIO ZOZAYA.

Proyecto para el edificio de la calle de Necatltlán.

Heunido el Jurado calificador, compuesto
&lt;le los Refiores arquitectos Antonio Rivas Mercado, José Ramón &lt;le Ibarroln., Guillermo d e
Heredin, Ingeniero I sidro Díaz Lombardo y
Dr. Luis E. Ruiz, dieron RU aprobación, mt!dia:1te algunas ligeras modificacio1,es, ú los
tres proyectos que presentó el Sr. Arquitecto
Enrique Fernández Castelló, los cuales damos
íí conocer hoy {1 11uestros lectores.

-El camino que i-i~o es agradable y tú me
has perdonarlo todos mis ¡,ecados.
~ntonces el Cristo sintió su comzón lleno
de tristeza y quiso abandonar aquella ci udad.
Pero cuando Pnlín ele &lt;'lla, viú, po r fi n, á

Para establecer la unic.lad de opinión, es
preciso establecer de antemano la certidumbre, asegurari,e perfectn1uente de que los cuadros que pi ntn el espíritu sean idénticos á sus
modelos y que reflejen los objeto~ &lt;'orrectamente y s g(111 i-011.
0

.
.
ta vuelta de lesús nazaret.
á

Cuando J esás quiso volverá Nazareth, Nazareth estaba tan cambiada que no In reconoció. La Nazareth donde él hubía vivido estaba llena de lamentaciones y d e lágrimM, y
aquella ciudad que ahora veía, llena e3taba
de gritos, de risas y de cantos. Y el Cristo, al
entrará la ciudad, vió unos esclavos cargados
de flores, que iban diligentes hacia la escalera de mármol de una casa de mármol blanco.
El Cristo entró á la casa .V en el fondo de una
sala de jaspe, acostado sobre un lecho de púrpura vió á un hombre entre cuyos cabelloR
desh~chos había mezcladas rosas rojas y cu!OS labios estaban rojos de vino. El Cristo se
aproximó á él, le twó en el hombro y le dijo:
-Por qué llevas esta vida'l
m hombre volvió el rostro, le reconoció y
respondi6:
- Yo era leproso; tú me curaste. Por qué
he de llevar otra vida?
Salió el Cri~to d e aquella casa y en la calle
vió á una mujer cuyo rostro y cuyos ve.o;tidos

Proyecto de edificio escolar para la calle del Ciprh.

�!

Domingo 5 d,~ Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

·,

..

•
euadro dt la vida araucana.
AS cordilleras iban tornándose suavemente azules bajo el crepúsculo muriente. Sus cimas. á trechos veladas
[
de bruma, huían hacia el cielo, agu&lt;la'S y erectas algunas, otras redondas
y graciosas, semejando guirnaldas de rosas
blancas.
A lo lejos, el azur se impregnaba de ligera
sombra. Al pie de las yertientes, cuyos pliegues monstrnof'os aparecían erizados de follaje poderoso y silvestre, extendíase el campamento de! cacique Sakamata.
El silencio gravitaha sobre la llanura, y los
indios, en el umbral de sus toldos, esperaban
con cierta extraña superstición mezclada de
éxtaRis la veni&lt;la de la noche.
Las tiendas estaban diseminadas en la pradei·a envueltas en aromas sutiles y violentos.
Más a llá la pampa tomaba matices violáceos
y su inmovilidad hacía pensar en la calma infinita·&lt;le un lago.
Al oriente se erguía la tienda de Sakamata.
Era la más rica y la más amplia. El cacique
se hallaba . sentado dentro de ella, grave y
melancólicf inclinaba la frente levantada y
ancha y sus ojos parecían Pxplorar su propia
alma, tan profundos y fijos estaban.
Muy cerqa corría el arroyo de Tomen-W11011,
&lt;lesgrana.ndo sus aguas á Jo largo de las sinuo·sas orillar;, á compás del canto in&lt;lolente de la.
onda capriJhoi,a. Arriba, las a las &lt;le un cóndor remaba;n lentamente por el tranquilo espacio.
Un largoirelincho atravesó de pronto la soledad: era un "guanaco" que corría a l viento
&lt;le la tarde.
El cacique exhaló un sordo gemido; hizo un
geste\ y recayó en su inmovilidad.
¿Qué amargos pensamientos llenaban su espíritu?
Antes lrn.bía sido hernico y temible; infinifo¡:: trofeo~ habían exornado sus años juveniles y robustos; guerre1os de nombre se habían
arrodillado~ ia:u paso; en el fondo de la imaginacióR de las muchedumbres había quedado impresa su fisonomía, como una medalla
inmortal y $1oriosa. Había vencido pueblos y
razas; habí~ pillado, saqueado, matado. incendiado ciq11po::;, aldeas, regiones enteras; había pasáclo, !como un lampo infernal, por sobre las fértiles llanuras, á lo largo de los ríos
lujuriosos de caudales, {t- lo largo de las montañas y por el dorso de sus pendientes.
Sakamata! Los índicos poemas lo celebra-

ban. Sakamata! Su nombre rimaba canciones
guerreras.
ias mujeres más bellas habían sido sus amores, y á menudo, en la alta noche, habían rondado su tienda.
¿Deploraba Sakam·ata la ausencia de aquellos tiempos de epopeya y de amor, en los que
la gracia y e! esplendor &lt;le las cabelleras de las
indígenas beldades se habían confundid.o con
los rápidos fulgores ele los más sangrientos
combates? Cuán triste debía parecerle la vejez, desolada y triste después de tanta gloria!
Levantó la cabeza.
Rouna, su caríi-ima hija, la más pura de las
vírgenes, estaba delante de él. V~stía una tela ligera y blanca, que portaba a la manera
de las vestales. Era bella h~sta el misterio; tenía chispeantes espejo¡;; en sus ojos, y cuando
destrenzaba con ¡;;us dedos finos y ágiles su
cabellera de cambiantes reflejos, pasaban por
los ai:-es estremecimientos brillantes y radiaciones de oro. No era el levante tan espléndido como los cahellos de Rouna. Cada mañana
los enjugaba ú la orilla del arroyo; y la onda
amorosa y acaricindora reflej~ba aquella maravilla, á la cual hacían corteJo todas las gracins del cielo matutino.
Todo su cuerpo era grácil y 'terso, .tal un tallo de Ji~; y su alma era tan límpida cómo las
fuentes de las Cordillerns.
La tribu la adoraba como á una qiosa.
Rouna miraba al anciano con sus ojos perlados de estrellas.
-Padre, se dice que Djamké estará de vuelta antes del crepúsculo.
-Djaneké! Djaneké! murmuró suavemente
el cacique.
..:...Los araucanos alaban sus proezas que,
gritan, atravesarán los si~~os futuros.
,
El anciano se estremec10 y no contesto.
-¿.Qué dices, Padre? ;.Por qué estás triste?
-Invoco, oh Rouna, hij1t querida, la Divinidad de la tarde!
Rouna se alejó un poco. Se dirigió hacia un
arbusto que abría espléndidas flores, y todos
sus cálices parecieron tributarles su perfume á
los encantos de la india.
Los contemplaba fijamente; luego les habló:
-Flores amadas, frágiles flores en las cua.
les he depositado mis ensueños de amor, pronto el amado estará entre nosotros. Le diréis,
corolas llenas de las delicias de mi corazón,
que noche y día he cantado cerca de vosotras
su nombre: Djaneké! Djaneké!

ríos se han enrojecido con la ¡::angre de la tribu indómita....... Todo lo he hecho por amor
á Rouna. Por ella, domaría y exterminaría á
~odos los pu¡blos. ¿Soy ahora digno de tu hiJª, oh Sakamata?
El cacique permaneció silencioso. Todos esperaban las palabras del anciano. Rouna se
adelantó suplicante.
-Respóndeme, oh Sakamata. .
-Responde, padre querido.
El cacique, adusto, dijo por fin:
-Djaneké, eres valeroso. Amo tus hazañas.
Sin duda otros fueron más célebres. Recibe mi
abrazo.
Y aquellos dos hombres se estrecharon solemnemPnte.
Los indios lanzaron exclam11ciones de alegría.
. -Rouna, continuó el cacique, honra mi veJez. "La quiero por mi esposa," me has dicho; pero ¿,hallará ella la dicha bajo tu tienda? Los labios de mi hija y su corazón merecen más dura prueba ........ .
-Para conquiotllr á tu hija, oh Sakamata,
iré por el mundo destruyendo todo á mi paso;
si Jo' exiges, te traeré las hnzas de todos los
jefes de las tribus vecinas. Ordénalo, oh jefe
venerado.
-Toma á -Rouna sobre tus espaldas, Djaneké, antes de que el sol se levante; y, en un
solo aliento, trepa con ella á la cima de las
Cordilleras. Si realizas esta hazaña, Rouna será tuya.
-Acepto ........ .
Y ni una emoción turbó la faz de Djaneké.

***
Y como para responder á la tierna virgen
de pronto, á lo lejos, resonaron gritos de en~
tusiasmo:
-Djanekél Djaneké!
Aquel tumulto de fiesta cre:::ía. Era un prodigioso clamor. Las tiendas se agitaron.
Rouna había palidecido de gozo. Corrió hacia el cacique.
-Padre, padre, helo aquí!
El anciano no se movió. Pasó un inc;tante ·
el ruido se acentuaba; ya se oía distintament¿
el galopi, de los caballos.
El cacique se levantó y salió con una lanza
sobre la cual se apoyó. Aquella arma eetaba
colorada con manchas de sangre: era la lanza
de sus victorias.
-Yo también, exclamó muy bajo, fuí aclamado por las turbas delirantes; yo también
he vuelto cuoierto de heridas victoriosas. Y
ahora .. ....
''Djaneké con su gloria eclipsa la mía..... .
Los pueblos son ingratos!
"Ni una voz que cante mi nombre!
''Sakamata es el sol que se hunde. Djaneké es la resplandeciente aurora que se levanta."
Y un vahído nubló sus ojos.
. Apareció un jinete.. Rouna F&lt;e abrazaba palpitante al arbusto hacia el cual había vuelto.
El cacique temblaba ligeramente.
Djmeké echó pie á tierra. Era grande; mm,cuhJ.&lt;!lo como un tigre; iaal vaje y hello. Porta~ª un -ancho. cinturón de cuero; plumas de
nandú se a¡ntaban en una especie de casco
que le ceñía la frente corno una diadema.
Vió á Rou11a. Un instante se contemplaron.
¿Se be¡::aron ~us almas?
-Te saluclo, divinidad de mi corazón la
dijo. Recibe en eterna oblación mi amor y' mi
culto.
Ella ref'pondió:
-Te esperaba. Mi alma estaba desolada i;in
tus.miradas. Estas flores te repetirán mi plegana de amor.
Djaneké se volvió hacia el cacique:
-Oye, oh veneradísimo jefe. Tu hija Rouna acaba de pronunciar los votos de mi corazón .. De ~a prue~a que me impusi~te he salido v1ctor10so, mas allá de toda esperanza. He
destruí&lt;lo la tribu &lt;le los Mapuches· todos han
su.cumbido, mujeres, niños, todos; ~us bestias
m.1smas ya .no existen. El aliento ele n~is guerreros ha d1sperl"ado hasta las cenizas de sus
can;pamentos. No queda nada de ellos. Los

Los tenues vapores del alba no se habían
desvanecido aún, cuando los indios, adornados con .sus más bellos "wuaralkas" esperaban en silencio y angustiados al pie de las
Cordilleras.
Aparecieron Djaneké y Rouna; sonreían melancólicamente. Una voz se levantó co.1tra el
cacique; el joven héroe hizo callar con una mirada al imprudente.
De todas partes gritaban:
Sé fuerte, Djaneké! Sé fuerte!
El ·cacique, que esperaba impasible ante la
multitud, al verá los dos j6venes exclamó:
. -Apresuraos! Va á salir el sol.
Luego, los abrazó.
Djaneké se volvió hacia los indios, hacia la
pampa, hacia el horizonte. ¿Temía?
De pronto, tomó á Rouna, la levantó, la colocó sobre sus espa.ldas reteniendo con sus
brazos nervudos el cuerpo de la muy amada,
y emprendió la marcha hacia las Cordilleras,
hacia el calvario!
Hubo un movimiento entre los indios, como un vaivén de oleaje.
Y nuevas voces se oyeron:
-Djaneké! Djaneké!
Después, reinó el silencio .. ...... .
Djaneké y Rouna, como soldados el uno á
la otra, habían desaparecido detrás de una roca gigantesca semeja1,te á una silueta de ictiosauro. Se les cli\'isó entre los árboles inmó\'iles por entre los cuales marchaba ya fatigado
el ~anceho. El sol, entre tanto, incPndiaba
las vertientes y las cimas. La tri bu estaba deslumbrada: los indios, trémulos de agonía y de
ansiedad, de admiración y de temor, veían la
pareja que parecía ascenderá un nuevo cielo
de amor.
Djaneké subía.
Sus fuerzas parecían centuplicadas. ¿Su
carga no era acaso una delicia, toda su vida?
Una grandiosa esperanza le sostenía.
Y dijo en alta voz:
-Rouna, te llevaría así hasta las nubes. No
temas. Tu amante ha vencido tribus y tribus

1
'----./·- L.

de los más temibles guerreros: también venceré la montaña.
·
-Descan!'a, Djaneké, no oigas .á ~i padre.
Huyamos. Viviremos juntos, sohtanos y en
una paz infinita. Temo que sucumbas.
-No pronuncies tales palabras, Rouna. Yo
no puedo ser perjuro. He jurado trepar las
Cordilleras.
Volvió á callar.
De la pampa subía un ruido débil, débil.
Diríase el murmullo de un arroyo.
La montaña se hacía áspera y negra. Cavernas por toda¡:: partes. A la derech1;l- mu~·allas de granito. Djaneké se iha hacia la izquierda. Cerca negreaba un precipicio. Retrocedía, volvía á intentar el paso, tomaba un
sendero de bestias.
Hubo un momento en que sinti6 flaquear
las piernas. Le palpitaba fuertemente el corazón. Sin embargo, á Rouna que le interrogaba ansiosa, contestaba:
-Mis fuerzas no me abandonan; pronto habrá concluído la prueba.
Ya no se oía nada de la pampa. H:1.bría
querido volverae á ver; debía estar muy alto.
No osó, empero, levantar los ojos hacia las
cumhres.
Subía, subía sin cesar C()n una energía brutal.
La garganta se le estrechaba. Oh! la sed!
nueva tortura! ·
Ahora reinaba la absoluta rnledad: el sol
estaba, sin embargo, en todo su esplendor y
el desdichado Djaneké no veía sino la noche.
Sus dedos se crispahan en el cuerpo de Rouna. La sed le torturaba.
De pronto vaciló ...... iba á caer.
Un deseo iumenso de tenderse con su carga se apoderó de él.. ..... Se detuvo....... pero
una voz severa le gritó: perjuro! perjuro!
Y continuó su mortal ascensión.
Ya se arrastraba; la cima estaba _próxima:
empero ¿llegaría á ella? Las sienes le palpitaban. Ante sus ojos, mariposas rojas revolaban
entre llamas ardientes, ya erectas, ya esparcidas en círculos infinitos. Sus pies, sus rodillas sangraban. Un copo de espuma salía -de
su boca .
¿Qué garras registraban su pecho? Ah!. .....
sus dedos, ó más bien, sus garras le buscaban
el corazón? Las sentía rasgándole el seno, las
fibras ...... Quiso llamar ...... Rouna! Rounal
Ella, horriblemente p(tlida, había comprendido que su amante Sb moría. Y pensó: "moriré también; nos unirá la muerte." Bruscamente, Djaneké sintió que se aproximaba su
fin.
Cayó y permaneció con. la frente contra la
tierra.

Domingo 5 clla Abrtl c1e 1903

Sin embargo, allí cerca resplandecía de 11ieve la cima!
Rouna tomó la cabeza del Amado. La volvió á abandonar inerte. Sus ojos permanecían
inmensamente abiertos y tenían una dulzura
infinita ........ .
Djaneké no existía ya!
Rouna exhaló un grito espantoso.
Ahora la india, apretados los labios contra la bo~a helada de Djaneké, respiraba en
ella la muerte.
Y sonreía con una bella serenidad.
La muerte era la unión suprema, indisoluble, en un más allá de amor infinito.

***

Y vino la muerte, y la joven india, la dulce virgen, Rouna, la más bella y la más pura
de las desposadas, inclinó sn cabeza doblt gada por un peso mortal y la dejó caer sobre el
cuerpo de Djaneké, el más noble y el más heroico de los amantes.
Entonces, al pie de las Cordill?ras los indios oyeron súbitamttJte que en la montañ'l.
resonaba como una lamentación sobrehumana, que se prolongaba lúgubre por el espacio.
Y comprendieron por un misterioso presentimiento, que allá arriba Djaneké y Rouna
habían muerto; y, como la montaña, también
lloraron, mucho tiempo ...... mucho tiempo.
HENRY DE LA V A ULX.

1

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 5- die! Al}ri!1 de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

.1

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA ~OR ESTER DE SUZE.

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

------

TRADUCCION Dt "tL "1UNDO ILUSTRADO."
(CONTINÚA.)

XXXII
A I Como lo había dicho el inspector, quedaba en•pie la pre1 señor Raibert y con ella el escándalo en el pueblo. ·El día
s~nc~
sigment ee al de mi visita'
..al inspector, y que fué domingo, se convirt'10, ara mí en un martirio atroz.
pL
hachas hablaban en secreto al verme pasar cerca de ellas,
n la f~e~~cinclinada, rumbo á la iglesia. Silvio me detuvo.en el
co
.
camino,
para deci·rme que, «á pesar de todo» se casaría conmigo y

.1

J

aceptaría todo, aun el. nifio, en caso de que viniera. Una ~esgraci~da
muchacha, seducida, conocidísima en el pueblo, se atrevió á v~nir á
mi lado, al salir de misa, mirándome con confianza, y me hablo. Su
actitud parecía decir á las demás: «No estoy sola ya. Insul!,adnos
juntas, si queréis, á la-institutriz y á mí. ... , . .Ya no soy la úmca..... &gt;,
- Jesús, al subir el calvario, no pasó, seguramente, por tormento
más terrible.
.
Y o había querido asistir al oficio divino, -para tratar de dar un
mentís á la opinión, para mostrar á todos mi frente pura........ • ¡Ay!

Domingo 5 die Abrlil de 1903

¡La pureza no ha de transparentarse. .... .. para todos estaba yo man-Pero la pobreza, María Teresa, los vestidos que se gastan, las
chada ya!
deudas que se amontonan, las tardes de fiebre, en que se desear~ moMe parecía increíble. Caminaba primero lentamente, entre los
rir, ó marcharse muy lejos, ó intentar otros mediol:', que son pesadillas.
grupos, dirigiendo á todas partes míradas de súplica, buscando en
¡Yo he conocido eso! He conocido ese mal, y por esto me casé con
vano algt,na mirada amiga: todos me volvían la espalda .
una mujer que ahora está sin vida, y qúe-nunca fué nada para mí.
Lo peor era que la muchacha aé que he hablado, no se apartaba
Se exaltaba. Y yo, que me había desprendido de sus. manos, pade mí, y yo no me atrevía á despedirla, y su pres"er1cia y su tenacira
huir,
quedaba ahora clavada en el suelo, tan conmovida, que oldad en perseguirme, eran como una mancha infamante que me señavidaba lo vergonzoso de sus proposiciones.
laba á los ojos de quienes no hubiesen aún tenido noticias de lo acon-He aguardado pacientemente durante diez años. He perdido
tecido ..... . Y seguía caminando, saludando á las conocidas á quienes
casi mi vida, por este momento, en que el oro de esa mujer me va á
encontraba:
pertenecer por fin ... -.. Y quisiera usted que renunciara á él? Ah! Por
-Señora Arna ud ...... Señora Catherine ...... Querida Rosalía... .
usted daría un mundo! Porque jamás he conocido el amor....... El
Tímidamente ensayaba tender los brazos, como para suplicar
amor de un espíritu virgen y que me ama!. ...... . usted, María Tereque me escuchasen aquellas gentes, que se acercaran á mí... . . . Las
sa ...... ! Ah!
madres oprimían á sus hijas como para resguardarlas. Los hombres
reían ruidosamente. L.as muchachas cuchicheaban y sonreían con
Oprimía mis manos contra su pecho,como para ocultarme la tamalignidad. El cura, al ealir de la iglesia, me divisó y pasó rápidara de ese corazón de hombre que no había conocido nunca el amor,
mente de la puerta del templo á la de su habitación.
y sus cabellos grises me parecían más blancos.......... Luego me dijo
bruscamente:
Aquello era demasiado. Ya ni siquiera me cuidé de contener mis
sollozos. Eché á correr y los sollozos estallaron, desgarradores. La
-Pero pobre, qué hará usted de mí.
pobre muchacha que me seguía se detuvo, dominada sin duda,
Y de nuevo nos envolvió la sombra de esa pobreza tan temida
también ella, por la gran compasión que debió haberse apoderado de
que él había invocado antes .. ... .
todos, y que yo advertí en el silencio que se produjo cuando me ale-Mientras que siendo ricol-añadió abriendo los brazos, en un
jaba..... Después, no me di cuenta de nada..... . Seguí corriendo. En
ademán amplio como si quisiera abarcar el mundo. -Siendo rico,
mitad del camino, se me presentó Phrasia, sudorosa, corriendo en
María Teresa, la llevaré á usted lejos, la cubriré de flores y de ensuedirección al pueblo. La mujer no reparó en el estado en que me enños. Venga usted! No quería decirle esto sino más tarde, poco á pocontraba, y solamente me gritó al pasar:
co, para no turbarla ...... Pero hoy su actitud me ha arrancado mi se-Voy en busca del señor cura ..... La señora ha muerto.
creto. Recójale usted. No vacile, Le ofrezco una vida de amor, y
¿Muerta la ¡¡eñora Raibert? ¡Oh! ¡Entonces, entonces!
esto no es posible sin un poco de oro...... Déjeme ese oro y acepte!
Y sin reflexionar otra cosa, con el pecho aliviado por un rayo
Se había arrodillado y se arrastraba, ele rodillas para seguirme,
de esperanza, tomé el camino que conducía á la casa del alcalde. La
porque yo retrocedía poco á poco. Retrocedía, trastornada, casi venreja estaba abierta: penetré. Penetré también á las habitaciones que
cida, enmudecida por una sorpresa inefable: él me amaba!
apenas conocía. Me fuí directamente al gabinete del señor Raibert.
Ah! ¿Por qué no le amé. á él ni á nadie, hasta el punto de que
El alcalde estaba allí, sentado ante su bufete, meditabundo. Me
mi amo~ ahogara la voz de mi conciencia? Por qué no t ransigía, tedirigí á él. Mis ojos brillaban de alegría, de esperan za: todo un honaz, vahen te? ¿El oro? ¿El amor? ¿Una vida de reposo y de ensueño?
nor reconquistado.... y al mismo tiempo de horror: la muerte estaba
allí, á dos pasos... .
¿Qué era esto si no había de poder estar ya orgullosa de mí misma
al menos á mis propios ojos.:.... Ah! sentía ese sufrimieni;o de no po~
-Pedro-dije con voz ahogada.-Es Dios quien ha querido la
der ser altiva á los ojos de los demás. Y murmuré mi última súplimuerte de esa pobre mujer; Dios, que sabe mi inocen cia y mi desesca, desesperada:
peración. ¡Porque estoy deshonrada! Si la esposa de usted no hubiese muerto, regresaría yo á mi casa hoy, á escribir al inspector que mi
-No, no! Nada tengo qué reflexionar.. ... . ... Es inútil? Pero usted, por última vez ...... Oh! Es vergonzoso insistir...... Pero sufro
situación no era sostenible aquí y que me marchaba ........ ¡Y habría
t~nto ...... En el pueblo ya nadie quiere mirarme, todos me desprepartido, créame usted, al acaso, falta de todo, á morir muy pronto!
Quería decir: soy yo, tan joven y tan bella, y á quien usted ha
cian. Las muchachas se reían de mí esta mañana....... Cásese usted
conmigo, Pedro! Le ofrezco una vida de sacrificio, de abnegación.
dicho amar tanto, y á quien sólo el amor, el nombre que va usted á
ofrecerme, pueden salvar de la muerto y de la deshonra.
Nos serán dulces los días, aun sin lujo ...... Casémonos Pedro!
-Yo, Pedro .....
Movió la cabeza repetidas veces: no, no, no! Y c~mo á fuerza
Me ofrecía, conmovedora, con el pecho palpitante de tantas emode retroceder yo y él de seguirme, nos encontramos ante ~na puerta
ciones y de tantos dolores.
·
e11treabierta, vi de pronto que los ojos de ..Pedro se llenaban de sombra, y comprendí.
El alcalde retiró un poco su silla, luego se levantó, se retiró más
aún, densamente pálido, y murmuró:
Se secaron mis lágrimas, y se apoderó de mí una exasperación
increíble.
,,
-Vuelva usted en sí. Hay aquí una 'llUerta: es mi mujer; esto
no es conveniente... Vea us~ed, María Teresa.. . Veremos, más tarde,
-Ah! El vivo no quería escucharme, y allí estaba la m:.crta.
si es posible.:.... Sí;tengo que hablar á usted, á propósito de lo que
:f'.~es bien! sería á la muerta á quie?- iría yo á.. decir mi des.esp.eradice; pero será después, después ..... .
c1on: esta muerta, ClJya mano de hierro, aun más allá de la tumba
-¿Qué no sería posible? ¿Nuestro matrimonio?
estorbaba
á mi vida. Abrí la puerta. Tendidá en su lecho estaba 1~
Bajó la cabeza, y me vinieron á la memoria las palabras del
muerta, vestida de seda negra. Las ventan.as estaban cerradas .
cura.
El Sr. Raibert se había puesto en pie, trastornado, tendiendo
- ¡Oh! ¡No es verdad! ¡No es verdad! -exclarné, como cuando
los brazos.
me lo dijo el cura.-¡Pedro, será por la herencia por lo que me aban- Ahí vienen; María Teresa, se lo ruego, salga usted!
donará usted! ¡Ante Dios, soy la mujer de usted.... usted me ha heVenían, en efecto. Reconocí la voz del cura la de Phrasia y la
cho que le ame, Pedro!
de otras mujeres.
'
•
Muero de vergüenza hoy, al pensar que hice lo que voy á referir ;
-1\Iaría
Teresa!
articuló
Raibert
con
desesperaéi6n.
pero es preciso que mi relato se ajuste á la verdad. Me había arrodi-No!-grité, enloquecida por completo, en momentos en que la
llado, y tendía hacia ese hombre las manos juntas ... Yo, inocente y
gente desembocaba del corredor y se detenía estupefacta al verme. -pura, le rogaba....
•
No! no saldré de aquí. Preguntaré á la müerta, con qué derecho si
-¡Trabajaré para usted, Pedro! Entre mis horas de clase enconsabía que usted es cobarde, le legó en su testamento.
traré manera de que nada nos falte. ¿Dónde quiere usted que vaya?
Llegué hasta el cuerpo, me incliné á ver el rostro flaco de la
¿Qué quiere usted que sea de mí, si no se casa coumigo?
campesina muerta, con las narices fruncidas y la boca estirada· como
Alzó los hombros, y luego, cuando me acerqué á él y le abracé
en una mueca de supremo desafío.
'
las rodillas, me rechazó, diciendo:
-¿Con
qué
derecho,
señora,
con
qué
derecho?
-Es demasiado, es una locura, en este instante, cuando van á
Repetía, locamente, esa palabra. Y al inclinarme mis cabellos
venir las gentes.
sostenidos p~r só~o una horquilla, acabaron de despre~derse y cay~~
Caí por tierra. Me crey6 desvanecida, tuvo miedo de verme sin
ron, como ~m latigazo, sobre el rostro de la muerta. Entonces retrosentido, en el momento en que iban á venir gentes, y se dulcificó, se
cedí horrorizada y los presentes se indignaron.
inclinó hacia mí, trató de poner en orden mis cabellos. Mis ojos
-Salga usted, hija mía!-me dijo el cura tomándome del
abiertos lo tranquilizaron.
brazo.
'
- Cálmese usted-murmuró,-levántese usted. Sí; yo la amo;
-Salga! Salga!-dijeron los demás.
pero ¿acaso se puede hablar de amor en este momento?
Todos me miraban indignados.
-Pedro-murmuré,--no le hablo de amor; le hablo de honra.
Se hubiera dicho que mi aliento le embriagaba; me oprimió conAlgunas mujeres me amenazaban con el puño. Un hombre caítra su pecho al ayudarme á ponerme en pie.
do al mar, no queda envuelto por tamañas ondas de amargura como
-Sí-me suspiró, anhelante;-yo sé que usted no me ama. Si
yo en esos momentos. Vacilante, miré á todos, y luego á Raibert,
me amara, no pensaría en otra cosa que en dejarme de amar. Osted
que permanecía callado, en el fondo de la estancia con los brazos
cruzados.
'
lo ha dicho: la herencia me encadena. ¡Pues bien! Yo haré á usted
más feliz sin el matrimonio. Abandonará su empleo; yo la cubriré
Y comprendí que estaba perdida, que ese hombre no me haría
de oro....
su esp~sa nunca, que la muerta no me respondería, que el cura, que
Prosiguió medio loco, como había estádolo en cierta ocasión, en
las mu¡er~s, &lt;!ue todas esas gept{ls no ¡:ne creían inocente ni me perla colina.
donarían ¡amas.
'
-¡Sí; la amo, la amo!. .. ¡Más d e lo que usted puede comprender, oh niña, cuya(miradas me enloquecen!
Y su voz enronquecía más y más, á cada palabra, á cada sUaba,

I

(

�·Seguras y eficaces son las Pild&lt;&gt;ras del Dr. Ayer, Seguras, porque están exentas de minerales. Eficaces,
porque obran ayudando á la naturaleza.
El estreñimiento causa biliosidad, jaqueca, mal gusto
en la boca, lengua saburrosa, dolores sordos en l a cabeza
y una multitud de otras dolencias. Las Píldoras del Dr.
Ayer son una cura positiva para la constipación y pereza
del hígado . Estas píldoras tomadas en dosis laxativas
todas las noches, obran s uavemente y sin dificultad al día
siguiente. Curan efectivamente los dolores de cabeza y la
dispepsia. Están azucaradas. Son fácil es de tomar.
No hay otras píldoras tan buenas como las Píldoras del
Dr. Ayer.

tolonia·Roma.

ILUSTRADO

OALZADA DECHAPULTEPEC.

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Diez por ciento al contado al comprar el terreno. Concesi6n de_ 10
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pagos semestrales [al 6 por ciento interés anual] ;10 por ciento descuento en todo pago adelantado fuera del primer pago.

MfXICO, A6Rll 12 DI: 1903.

ANO X.--TOMO 1.--NUM. 15

Gerente:

Director: LIC. RArAlL Rtl'l&amp; &amp;PINDOLA.

ROMA.-CAPILLA SIXTINA.

Prepr.radaa por el DR. J. C. AYER &amp; OO., Lowell, Maas., E. U. A..

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EL JUICIO :b1INAL, por Miguel Angel.

lll5 Rtl't&amp; &amp;PINDOL

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 29 de Marzo de 1903.

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EL MUNDO ILUSTR ADO.

cartas. ¡Bien conocía las letras!
De sus padres y de Rosa.
¡No sé qué tienen las cart~s de la
novia, que se suelen abrir an~s
que las de los padres! Esto hizo
Fernando. Sabía que sus padres se
habían de alegrar; quería ver qué
decía Rosa.
Y esto era lo que decía:
«Querido primo Fernando: Te fe.
licito poi· tu triunfo, aunque algo
tardío, y te felicito doble~ente porque sin perder tus estud10s, sé que
~stás muy distraído por ahí. Conserva la proporción, porque ere?
que es muy buena, según me escribe Nati, que vive muy cerca de tu
«adorado tormento&gt; y te ve muy á
menudo, aunque tú no' la veas á
ella. Antonio ha regresado con el
empleo de capitán; me ba pedido á
mis padres, y éstos, enterados de
tu proceder, le ba.n dicho que sí. Al
buen entendedor, salud.-Tu prima, Rosa.&gt;
No ha.y para qué decir cómo se
quedaría Fernando. Entre maldiciones á Nati, &lt;Don Ruquesco&gt; y
Gorgonia, se le oía t·epetir:
.
-¡ Y yo que me burlaba de la sibila! ¡Qué rnzón tenía!
.
¡¡CALABAZAS HABÍAN DE SER!!
MANUEL J. GARCÍA.

ADIOS!
Noche serena y plácida
En cuyo hermoso cielo
Viajera sola y lánguida
La luna triste va;
IIacia l a bella patria
Do se meció mi cuna
Haz que tu brisa llévese

***
&lt;Don Ruquesco&gt; vivía en un entresuelo de la calle de la Flor, con
una sobrina llamada. Gorgonia,
cuyas faldas fueron las únicas q_ue
vieron aquellas paredes desde tremta. y cinco años, Jo menos, basta la
fecha.
Justo es que la presentemos.
De esta.tura, más baja que alta;
de cuerpo, más grueso que delgado; de pelo, más rojo que rubio;
cutis emblanquecido á fuerza de albayalde y otras materias «ejúsdem .
fúrfuris;&gt; ojos ribete.a.dos como los
conejos, y un sí es no es agobiada
de espaldas, era la pobre Gorgonia
'.ln vi viente mentís á la frase vulgar de que todo lo creado por Dios
es perfecto. Malas lenguas afirmaban que ni todos los dientes ni todo el pelo que lucía eran suyos,
más que por
·
Haberle costa.do su dinero,
y aún no faltaba quien atribuyese
su incierto y vacilante paso á alguna pequeña. desviación de la recta
en la tibia, el peroné y el fémur.
Sea de ello que quiera, que no
nos b~mos de meter en interioridades el ca.so es que la doncella esti.b~ hambrienta de novio, que su
tío estaba harto de ella, y que por
la. reja. . . . . no pasaba una. alma, ni
aun por ganas de «matar el tiempo.&gt;
Pero un día (muy pocos después
del comienzo de esta historia.) PASÓ.
Pasó y repasó y 1·etepa.só un alma., encerrada en un cuerpo cubier-

Mi triste suspirar.
De esta ciudad espléndida
Me agobia la grandeza.;
Y las memorias férvidas
De mi niñez fugaz,
Hacen brotar las lágrimas
De mis opacos ojos
Y entre ellas aún diviso
Mi humilde y dulce bogar.
Allá todo inocencia,
Dichas y a.mores cándidos;
Aquí todo mentira,
Dolor y deslealtad.
Durango, pueblo humilde,
La tierra de mis padr es,
¿Cuándo tus campos fé rtiles
Podré ot1·a vez pisar ?
Allá mis dulces risas,
Aquí mi eterno llanto;
Allá un amor del a lma,
Aquí un mentido a.mor.
Allá la paz bendita,
Aquí los desencantos;
Allá las flores cándidas,
Aquí las del dolor .. .. . .
Presto veré tus campos;
¡Mas que cambiada torna
A su paterno nido
El ave que voló!
Torna con la alma h erida,
Las alas destrozadas ,
Las ilusiones muertas,
Y a sin arrullo y voz.
Prepárele tu suelo
Lugar para el reposo,
Para el postrero s ueño
Que anhela mi dolor.
Mas ¡ay! ¿por qué llor osa
Dejo y con pena mísera
La ciudad que bul'! a.ra
Mi pobre corazón?
¿Por qué?... calla, mi labio,
«Su nombre&gt; te quemara . . ..
Actiós, suelo del a lma ,
Ingrato suelo, adiós .. ..

***

Al día siguiente le despertó de la
siesta la patt·ona., entregándole dos .

MATINÉES.
He aquí ahora algunas ideas que
pueden servir para hacer las matinées, que podrán ustedes modificar
según sus gustos y sus recursos:
19 Matinée muy elegante: el cuerpo es de terciopelo capuchi no, con
faldones dentados cayendo sobre un
volante de encajes blancos. Un encaje igual, formando ropaje, acom•
paña el delantero de seda amarilla
ó azul pálido; los manguitos, for mando pelerina, también dentados,
caen sobre la, mangas de seda amarilla ó azul pálido, muy rizadas.
Puños de terciopelo capuchino. En
la garganta, por bajo del cuello de
terciopelo capuchino, la chorrera
de abad.
29 Cuerpo de crespón rosa amarilla de una sola pieza, cellido al
talle por medio de un ancho cintur ón de galón dorado bordado con
turquesas. Pequeña taleguilla torera de te1·ciopelo ó satín azul marino.
Este mismo cuerpo, muy fácil de
ejecutar,puede componerse de cualquier color que case bien con otro,
ó con cualquier tela que siente bien,
según el rostro de cada cual.
39 Espalda sencilla, fruncida en
el talle, con delanteros rectos de
bengalina azul Labrador; Jos delanteros abiertos sobre una camiseta de muselina blanca, fruncida en
el cuello,y un cinturón muy ceñido;
volante de encajes fruncido en el
h ombro, y por detrás en el cuello, cayendo en for ma de abertura.
Mangas anchas de bengalina con
un alto volante de encaje, abullonado á l a altura del codo. Adorno
de plumas negras.
49 Cuino mucho más sencillo para levantarse de la cama, el Perezoso de surá rojo, guarnecido con
franela. Adorno de encajes negros.
Es muy caliente y elegante. Se puede hacer de cualquíer otro color,
por ejemplo, de surá heliotropo,
botón de oro, quisquilia, azul pálido, guarnecido con encajes negros
ó blancos.

DOLORES GUERRERO.

to por un terno gris, coronado por
un simpático rostro, de negro bigote y lánguida mirada. No hay
para qué decir que era Fernando
el que se lanzaba á tal empresa, ni
que el corazón de la. ardiente doncellita de cuarenta abriles se encontrara. preso á las primeras de
cambio en la trama de aquel terno.
A escondites primero, y más á las
claras después, siguieron aquellos
amores, hasta el punto de que se
enterara «Don Ruquesco,&gt; quien,
al principio, cogió el cielo con las
manos (sobre todo al conocer el
pretendiente), y después cogió.....
la. ocasión por los cabellos, no ignorando que la. fortuna del estudiante no era mala, y que la me1·cancía era de difícil salida.
Ello es que «Don Requesco&gt; depuso su ira al ver el sesgo que las
cosas tomaban; que Fernando persuadió á Gorgonia, y ésta dominó
á su tío hasta el extremo de que en
Septiembre pudo el joven leer, con
la natural satisfa::ción, un &lt;notable&gt; como una casa, en su papeleta
de examen.
¡ Se ha «cbicbado&gt; la sibila!-decía Fernando, corriendo hacia el
telégrafo, para comunicar lo más
pronto la alegría que 16 dominaba
á su familia, y sob1·e todc, á su Rc;&gt;sa.- ¡Cómo que me iba á mí á fa.llar la combinación! Mañana ó pasado tomo el tren, y . .... ¡que averigüen!

Domingo 29 de Marzo de 1903.

VESTIDOS

PARA

RECEPCIONES

Y FIVE O'CLOCK.

J

4.-Trajes de. ciclista y de paseo. El primero de falda corta Y
chaqueta "sport'."

19 Falda de terciopelo verde de
mimbre, con un gran delantal de
seda blanca ó rosa y aplicaciones de
terciopelo. El cuerpo de terciopelo
verde se abre sobre una camiseta de
muselina de seda blanca. Mangas
iguales con puntillas de rosas, Sólo hacen falt.i. para este vestido muy
sencillo, de cola regular, seis metros de terciopelo y seis de satín de
seda lustrada.
29 Vestido de tafetán de la India
color de cáscara de almendra, adorn ado con un galón de cabujones
multicolores, abierto sobre una camiseta de s.eda blanca. Galones
iguales en los puños, en el cuello y
en la cintura.
39Vestido de lana amapola guarnecido con terciopeJo negro, muy
bien para una mujer que sea rubia;
su precio es módico.
49 Vestido de paño ó lana verde
Nito, falda guarnecida con terciopelo del mismo color, cuerpo con
faldones largos, de lana 6 terciopelo.
59 Vestido de la.na gris y terciopelo gobelino. Falda de lana, cuerpo de terciopelo abierto sobre una
camiseta de seda del mismo color
que la lana, cinturón de seda con
un lazo muy ancho de lado.
69 Vestido muy elegante de pallo
bl anco muy fino,guarnecido con terciopelo tornasol, cinturón de plata,

5. -Vestidos de visita Y de casa. El primero de blusa ajustada y mangas japonesas.

jockey de terciopelo negro con galones de oro y volante de encajes.
79 De lana mordoré, ó sea castaño dorado y terciopelo igual.
SQ Vestido ligero de bengalina
amatista guarnecido con encajes
finos. Cuello, puños y cinturón de
terciopelo blanco.
Estos trajes de recepción pueden
servir, por lo menos los oscuros,
como trajes de visita v matinées.
He aquí, para visitas solamente,
unos cuantos vestidos más oscuros:
VESTIDOS PARA VISITAS.
l. 9 Fay a parisiense, verde tallo,
guarnecida con galones de azabache negro, abiertos en el cuello, puños y bajo de la falda.
2º Vestido de lana verde guarne-

cido con terciopelo más oscuro.
Gran visita con chaleco de terciopelo abierto sobre un delantero de
piqué blanco. Puños altos de terciopelo formando solapa en la bocamanga.
31,&gt; Vestido de siciliana verde marino, adornos de crespón recogidos
con lazos de satín blanco de plata.
49 Vestido de piel de seda vino
de Burdeos y terciopelo igual color,
un poco más oscuro. Cuerpo de terciopelo con solapas de seda blanca
y cinturón ancho de la misma seda.
59 Vestido de terciopelo de lana
verde almendra, y terciopelo negro,
guarniciones de pasamanería crema y oro y botones negros.
6&lt;.l Un vestido de gran estilo:
cuerpo princesa de piel de seda, ó
terciopelo, ó pafio, ó lana fina, pan

tostado, con solapas de pafio blanco, abiertas sobre una camiseta de
seda gruesa azul celeste, recogida
en la cintura con un fruncido de
terciopelo con cascabeles dorados.
El azul y el blanco tal vez parezcan
algo fríos pero revelan una alta
distinción.
79 De mucha etiqueta: vestido de
piel de seda gris, con galones de
acero en el chaleco y en la falda.
Cuerpo abierto sobre fruncido fino
· de seda rosa pálido.
89 Vestido vellón claro y corse. lete de terciopelo azul, abierto sobre una camiseta azufre.
99 Brocado malva y terciopelo
color &lt;le pensamiento.
109 Gasa negra, guarnecida con
encajes, adornada con lazos de satín oro pálido, cinturón de crespón
de seda del mismo color,

�Domingo 29 de Marzo de 1903.

./

6.-Dos elegantes. trajes

119Falda depaiio ó lana azul ola.ro. Ca.saca de tei·ciopelo satinado
sobre peto azul 1 con encajes antiguos. Mangas de terciopelo con
adornos azules.
12. 9 Por último, un vestido de peq uín de seda rosa con rayas crema.
Mangas Enrique II y pliegue Watteau.
No hay nada miÍ.s lindo, y no te·
nemos nada que envidiará nuestras
abuelas, que pagaban tao ca.ro estos deliciosos tocados, mientras
que nosotras en este siglo del va.por, los podemos adquirir con poco
estipendio.
TRAJES DE BAILE.

El traje de baile debe estar siempre hecho en colores claros. Los
vestidos negros ú obscuros no son
de etiqueta: son tristes; en todo caso, como la luz no los refleja, producen una. nota desagradable, si se
me permite la. expresión.El rosa pálido, el verde a.gua, el
malva rosa, el amarillo claro, con
la luz de las bujías, producen un
efecto dulce y encantador. La luz
ficticia de los bailes, como ninguna..
de mis hermosas lectoras dejará de
reconocerlo, no pi•oduce en los colores el mismo efecto que la. luz del
día. Muchas ha.o tenido que sufrir
por ignorancia. ó por descuido. En
todos los almacenes de sedas hay
gabinetes alumbrados con luz artiticia.1 para escoger las telas; pero
esta. luz generalmente es mucho más
viva que la. de los salones de baile,
y hay que tener cuidado para. no

EL MUNDO ILUSTRADO.

separa. ambos tonos.
Gran cinturón de
muselina. de sedablan
ca, terminando en be·
Ilotas de perlas.
39 Muaré rojo legión de honor, con
guarniciones Chantilly, ó rojo completa·
mente, sin adornos.
49 Terciopelo aurora. satinado. Mangas afaroladas con
las puntas de encaje y delantal de lampas ,quisq uilia claro
y plata. En el bajo
de la falda y a•rede·
dor del cuerpo, guarniciones de plumas;
rosa quisquilia ó encajes.
59 Terciopelo negro y muaré ó crespón de China maíz
subido, el terciopelo
1·ealzado con lazos
maíz. Plumas negras
ó amarillas con motivos de diamantes:
el bajo de la falda,
guarnecido con plumas negras.
69 Vestido de tul
ó gasa negros con
transparentes de seda amarilla, rosa ó
verde. Adornos del
cuerpo combioadqs.
79 Pequín verde
agua, fa.ya ó satín y
muaré,adornado con
lazos malva y rosa,
con graciosos tontillos de encaje verdadero.
89 Vestido de encaje de Venecia sobre transpa,·eote rosa ó azul pálido.
Cuerpo de terciopelo
tui q uesa bordado en
oro.
En fin, todos los
trajes blancos son
muy bonitos y sientan siempre bien. El
blanco es el color de
las muchachas y de
las mujeres jóvenes.
Y tambéin los vestidos rosas. Es tao
suave, t1m dulce á la
1uz el color rosa!
En cuanto al azul
y al verde, no se deben emplear sin haber estudiado antes
el efecto que producen cou las luces.
Cuando se tienen
de paseo campestre, propios para señor,.as
hermosos encajes ó
bonitas joyas.se pueexponerse á sufrir amargas decepden ejecutar verdaderas obras de
ciones.
a1·te con pocos recursos.
Cuando se va con frecuencia á
No se deben gastar las colas larlos bailes, no me ca.asaré de repegas en los salones en que cuesta
tir que se deben escoger siempre tegran trabajo poder andar. No colas hermosas y fuertes, que no se
nozco nada más feo é impropio paarruguen fácilmente, pues hay que
ra una grao seiiora como tener que
prever que es necesario ir en coche,
recoger la cola en el salón.
y -generalmente no sola: ademas,Ios
Cuando los bailes se dan en hotesalones son generalmentepequeiios;
les espaciosos, en donde se pueden
donde sólo caben cincuenta persodejar arrastrar las grandes colas,
nas holgada.meote,á veces hay más
eutonces se deben usar; es muy elede trescien ta.s.
gante y distinguido, pero como lo
Como trajes de estilo y resistenque abunda son las casas pequecia recomiendo las bellas fayas, los
!'ia.s, resulta.n incómodas para el ve·
terciopelos de seda los hermosos
cino, y hay . que meterlas bajo las
satenes, los terciopelos de Génova,
sillas. Se deben usar las grandes
con los cuales más tarde se pueden
colas majestuosas solamente en las
ta.pi zar los muebles, pues no se usan
comidas, recepciones ó grandes cer,unca. Es muy costoso en verdad,
remonias.
pero hace muy rico.
Existen una multitud de telas de
Se pueden llevar estas telas ducapricho poco costosas para trajes
rante muchos años seguidos sin que
ligeros: gasa tul, surá.
pasen de moda ó parezcan ridícuCon unos cien francos pt·óxima.las; y como lo he indica.do antes,
mente se ¡,ueden ejecutar deliciosos
al siguiente pueden servir para.havestidos, sobre todo si se sabeo
cerse trajes de casa.. En vista de escombinar con arte los colores seta transformación, al comprar esas
gún el color del rostro ó el matiz
telas ricas ha.y que comprar siemdel pelo.
pre un poco más de lo necesario.
He a.quí algunas combinaciones
CUERPOS PARA TEATRO.
para estos trajes:
19 Terciopelo rubí y azul muy páEn el teatro, en donde generallido tirando hacia. gris perla. Punmente está una apretada en los palto de Venecia aplicado en el borde
cos demasiado estrechos, y mal sendel terciopelo y atenuando la dure·
tada por a.ñadidt:ra., se arruga.o las
za del contraste. En el cuerpo, gran
faldas, y, por consiguiente, los vesberta. ó gorguera de punto de Vetidos con cola estarían fuera de
necia.
propósito.
Puesto que no se ve la falda,
29 Peluche fino, a.zul antiguo, tirando hacia. verde y satín botón de
aconsejo que se lleve una. muy
sencilla, usada, de color obscuro, y
oro: exquisito con una. Malinas que

con preferencia negra, que case
bien con los cuerpos elegantes.
He aquí algunos modelos:
19 Cuerpo de terciopelo fucsia y
encajes negros: ora que el cuerpo
sea de encaje negro fruncido á la.
virgen, con cinturón de terciopelo,
la punta hacia abajo y tirantes de
terciopelo, y en el codo puiios de
terciopelo fucsia, de donde se escapa. un volante de encaje; ora. que el
cuerpo se haga de terciopelo fucsia
muy abierto sobre una camiseta de
encaje. Cuello ancho de encaje cayendo sobre los hombros .
29 De terciopelo verde esmeralda.
claro y blonda blanca.
39 Cuerpo flotante de encaje blanco, recoa-ido por un cintui·óo liso
de terciopelo color de pensamiento.
49 De terciopelo azul zafiro y encajes negros ó blancos.
59 Chaqueta. Luis XV, de buena
seda negra ó azul marino, adornada con un galón bordado, abierta
sobre un plegado de muselina azufre. Mangas con puños altos bordados. Cuello recto, bordado.
Me es imposible dar para las formas de los trajes ó de los cuerpos
otra cosa que vagas indicaciones, pues las formas ó adornosdependeo de los caprichos de I amoda. Sólo indico los colores y las telas que se armonizan entre sí y producen siempre efectos seductores.

EL COB.DEB.ILLO.
Oye al pobre corderillo
Cómo bala. tristemente;
Ven á acariciar su frente
Con tus labios de coral.
Ven á hacerle un tierno halago...
,:.Sabes, bijo, por qué llora?
Le arrancó mano traidora
Del regazo maternal.
Mira, sus lánguidos ojos
Te contemplan con tristeza,
Cuando tu rubia cabeza
Tierno apoyas sobre mí;
Es, tal vez, que el inocente
Recuei•da el dichoso día
En que una madre tenía,
Que le amaba cual yo á ti.
Toma. el pan en tu manita
Y dáselo sin recelo;
Míralo, es tan pequeñuelo ....
Acércate sin temor.
Parece que te lo pide
Su suplicante ruirada . . . .
No temas, no temas nada,
Querubín encantador.
¿Imaginas un instante
Que tu madre permitiera.,
Si hacerte algún mal pudiera,
Que te acercaras á él?
Hijo, tal vez algún día
Te enseiie el destino fiero
Que puede ser un cordero
¡Ay! el amigo más fiel.
Este pobre animalillo,
Que hoy temeroso te mira,
Cual por su madre suspira
Por ti suspira tal vez;
Y más que de un ser humano
Puedes fiar ciegamente
En su cariño inocente
Sin engaño y sin doblez.
Ven, a.lisa con tu mano
Su suave lana sedosa,
Y un lazo color de rosa
En sn blanco cuello pon;
Llévalo á jugar contigo
Sobre la yerba del prado,
Pa.ra que olvide á tu lado
Que sufre su corazón.
Llámalo, que de tu acento
La deliciosa armonía
Es más dulce, vida mía,
Que el canto de un serafín;
Y á tu madre le parece
Que esa voz de encanto llena,
Puede, en su magia, á la pena.
Más amarga poner fin.
¿No quiere ir? ~s que ~me
Que en tu indolencia de milo,
Pagues su tierno cariño
Con desdén ó crueldad,
Teme que un día llevado
De la humana ligereza,
Con desdeñosa esquiveza
Respondas á su amistad.

W. MuNDO ILUSTRADO.

¿Quieres hallai· la manera
De hacer su llanto cesai•?
Ven conmigo y buscaremos
A su madre .. . . ¡Qué! ¿No quieres?
¿No quieres, hijo; prefieres
Verle sufrir y llorar;&gt;
¿Qué hicieras, ángel querido,
S1 á. tu madre te arrancaran,
Si de ella te separaran
Para. no vol vel'la á ver?
;,Qué hicieras sin sus ca.ricias,
Sin su armonioso cuidado,
Sin su ca-riiio acendrado,
Dulce parte de mi ser"?
¿Qué hicieras si al despertarte,
Cual las aves, con la aurora,
A tu madre que te adora
No hallaras cerca de ti?
¿Si no sintieras sus labios,
Con maternal embeleso,
Deslizar un casto beso
En tus labios de rubíi'
;.Quién tu pacífico sueño
Arrullara con su canto?
¿Quién secaría tu llanto
Con sus sonrisas de amor?
¿Quién en tus juegos de niño
Tomara parte gozosa,
Volviendo á esa edad dichosa
De inocencia y de candor?
¿Quién te diría esa historia
Del niiio obediente y bueno,
Que de la ira el veneno
No encierra en su corazón;
Para quién su ángel custodio,
Que entre sus sueños divisa,
Tiene siempre una sonrisa
Y una tierna bendición?
¿Comprendes ya cuán amarga.
Fuera. para ti la. vida,
Si de tu madre querida
Te alejaran por tu mal"?
Hijo, la. dicha más pura.
E infinita de la tierra,
Tanta dulzura no encierra
Como un beso maternal.
Lleva, pues, el corderillo
A su madre, que lo espera ..... .
¡Cuál corre por la pradera!
Ya mira 4 su madre allí.

Ella le llama gozosa
Con balidos cariiiosos ...
Míralos ¡son tan dichosos!
¿No es mejor verlos así?
No es mejor darle esa. dicha
Que le aleja de tu lado,
Que haciéndole desgraciado,
De su presencia gozar?
El placer más delicioso
No es placer, hijo querido,
Si puede un solo gemido
A otro corazón costar.
Ven ... ¿No responcles?r,Qué tienes?
¿Estás llorando, mi vida? ....
¡Es ya una ilusión perdida
Y aún no empiezas á vivir!
¡Prenda del alma adorada,
Plegue á Dios que siempre ignores
Que del mundo en los dolores
Van los sueños á. morir!
Seca tu llanto, inocente;
Me está el alma lastimando .. .
Si sigues así llorando,
Voy á llorar yo también ....
¡Te sondes y rodeas
Tus bracitos á mi cuello! ....
¡Hijo, es á veces más bello
Este mundo que el Edén!

EL PEINADO
El célebre peluquero Lefebvre Ji.
terato por añadidura, decía en Ú75
en un discurso pronunciado ante
numerosa concurrencia:
&lt;El peinado es un arte.... Modificai· por medio de formas agradables los largos cabellos, con los
cuales la naturaleza ha querido hacer un velo más bien que un adorno
da.r á esl;'S formas una consistenci¿
de que no parece susceptible lamateria que se sujeta, dar á la abundancia una. disposición regular que
haga desaparecer la. confusión y
suplir la carencia con una abund~ocia que engaiie á la vista, combinar
los accesorios con la frente que de-

ben dulcificar 6 entonar, sostener
un rostro delicado con trenzas ligeras, acompañar uno majestuoso con
rizos elegantes, salvar la rudeza de
los rasgos de la cara. ó de los ojos
por medio del contraste, y á veces
por medio de una armonía. reflexiva, operar todos estos prodigios sin
más recursos que un peine y algunos polvos de color, esto constituye sin duda y caracteriza esencialmente un arte.
&lt;Es preciso que el peluquero, al
ver una fisonomía., adivine instantáneamente el género de peinado
que le conviene.
Es nece~ario que una mujer, al
parecer pe10ada como las demás, lo
esté según el carácter de su rostro·
por consiguiente. no hay tocado e~
que el artista no renueve el más difícil de los prodigios de la naturaleza, el de ser, en su producción
siempre uniforme y siemp1·e varia'.
do .. . . &gt;
Este peluquero hablaba. taa,ez
mejor que peinaba; pero en tod'lrcaso, es imposible comprender mejor
el arte del peluquero, y aiiadiré, el
arte de la modista: pues la modista
que al primer golpe de vista comprende I a forma y el color del sombrero que conviene á cada fisonomía, como á cada tez, que sabe adelgazar las figuras demasiado redondas, y por el contrario dar importancia á los rostros dema&amp;iado ovalados; que por la oposición de los
colores blanquea los cutis morenos,
da. realce á teces ingratas, palidece
las mejillas demasiado coloradas,
ésa es un artista., tanto por su sentimiento exacto de las relaciones de
las líneas entre sí y de la armonía
de los colores, como por la. elegancia, el estilo, la distinción y la gracia que sabrá imprimirá sus composiciones.
He hablado incidentalmente en
&lt;Para ser amada.e de nuestras modistas, y aconsejaba á mis bellas
coquetas, á. las que aspiran á la
grande y suprema elegancia, que
confiesan á uni,, de esas artistas el
cuidado de hallar el peinado que
siente perfectamente á cada género
de belleza, pues la mujer que asp~ra á tener un puesto entre las reinas de la elegancia, debe ser engalanada con arte profundo.
No hay na.da ta.n difícil como hacer un sombrero bonito y según es·
te axioma muy conocido:
«Construir con sus cabellos el edificio elegante.&gt;
Sin embargo, existen excepciones. Muchas seiioras consiguen peinarse por sí mismas mucho mejor
que si lo hiciera un neluque1·0 afamado. Si quieren ustedes figurar
entre estas excepciones, permítaome, quel'idas lectoras,que les dé algunos consejos, fruto de mis estudios sobi·e este particular.
Lo que hay que examinar ante todo, son la.s proporciones generales
de la cabeza, con respecto á. las
propvrciones del cuerpo.
Si se tiene la cabeza i·elati va.mente pequeiia y corta-siempre es corta cuando el rostro no es ovalado,
-se debe dai· importancia. al peinado, haciéndolo a lto.
No hay nada más feo ni más vul

¡Pobrecillol ¿No consigues
Mitigar ~u pena fiera?
7,-Coleccón de blusas, vestiditos, sacos abrigos y camisas de día.

Domingo 29 de Marzo de 1903.
gar como ver una mujer algo gruesa con poco cuello y con la cabeza
aplastada por añadidura.
El arte consiste en restablecer la
ar!llo.nía de las proporcionfls é imp1•i~1r un sello de distinción á este
C0DJunto vulgar.
Si se quiere obtener este resultado, no hay que preocuparse de la
moda. Por consiguiente, á. pesar de
la moda actual, una mujer hecha de
ese modo debe tratar de levantar la
cabeza, y por lo tanto alargar y
adelgazar toda su persona. Dejará
la frente al descubierto con sólo algunos ligeros rizos á. l~s lados.
Si los peinados altos por delante
Y. algo adelantados no le sientan
bien -hay muchos rostros á. quienes
estos peinados afean de modo singular, ~será preciso echar el peinado hacia ~trás, h'.1ciendo un gra.n
moño, ó hgeros risos si hay poco
pelo.
Para los peinados de noche si
hace_ falta, hay que. usar algu'nos
p_ostizos suplementarios, sin ti-atar,
s~o embargo, de aparentar que se
tiene más pelo que el que la naturaleza. puede conceder, exagerando
su volumen. No hay nada tao feo
como las profundidades de perfil y
la nuca demasiado anchas.

Entendiendo así el peinado no solamente modifica una fisoaor::iía sino también el aspecto del cuerp~.
Si, por el contrario, la. cabeza es
demasiado ovalada, todas las líneas
horizontales la achicarán· los cabellos rizados deben avanzar sobre la
frente y llenarán las sienes· el moño debe llevarse muy bajo, ;obre el
cuello.
Croisat, maestro en su arte, hace
observar con razón que casi todos
los peinados convienen á los rostros cuyo óvalo es perfecto.
Estos son, á no dudar, principios
elementales, pero la mayor parte de
las señoras lo!! ignoran. Lo que no
desconocen nuestras hermosas co- ·
q_uetas, es lo que les sienta bien; y
s10 e~bargo, ¡cuántas mujeres, poi·
seguir la moda, adoptan peinados
completamente en desacuerdo con su
génei·o de belleza!
Un poet~ latino, muy amoroso y
g!·an admirador de la belleza femenrna, que ha escrito el &lt;Arte de

�EL MUNDO ILUSTRADO.
La garbosa,
La galana,
La sultana
del verjel,

Huyó, y el surco de la luz querida
Se perdió de la noche en el ciapuz:
Palpé la.s sombras, la alma atormentada
Huérfana, busca la fuga.ce luz.
'

La. que brinda
En copa de oro
El tesoro
Del placer,

Al descender fosfórica alumbrando
Mi ser to1•nóse de delicias mar:
'
Al postrarme, ay demíl se fué borrando
Y en mí dejó tristeza y soledad!
'
Su talle ví como flotando al viento,
Y en su contorno estrellas y zafit·:
Llanto sentí cuando vibró su acento:
En ella, de ella, y con su ser viví.
Fugaz placer, encantadora estrella
Que en nube tempestuosa se envolvió,
Ten tumba en mi recuerdo, ilusión bella,
Mi última luz, misterio de dolor!

Abre á mi alma
Tu ternm·a,
Visión pura
Del Edén;
Que mi acento
Ser te aclama
De la llama
De mi ser ....
a.mar,&gt; Ovidio, no se ha desdeña.do
de consagrar a.l peinado unos versos encantadores, y sobre todo muy
juiciosos; lo cual prueba. que, desde
los tiempos más remot.os, la. forma
del peim,do era uno de los medios
más poderosos de seducción para la
mujer.
&lt;Que vuestros cabellos no estén
nunca desordenados, la limpieza es
lo que más nos agrada. Vuestras
gracias dependen de vuestras manos; pero existen varias maneras de
variar la disposición de vuestra cabellera; que ca.da cual consulte 11,nte todo su espejo!
«Un rostro alargado exige que se
separen los cabellos sencillamente
sobre la frente: tal era. el peinado
de La.oda.mía.. Un moño ligero enlo
alto de la cabeza, que deje las orejas al descubierto, sienta muy bien
á lascaras redondas. Esta dejará
caer sus cabellos sebre ambos hombros, como Apolo cuando lleva. su
lira; esta. otra recogerá las trenzas
á la. manera de Diana cuando persigue los anima.les salvajes. La una
encanta por los bucles flotantes de
su cabellera.; la otra, poi· el peinado apretado y liso en las sienes. La
una sé complace en adornar sus cabellos con una cohcha brillante; la
otra., en dar á las sienes las ondulaciones de las olas.
«Mejor se contarían las bellotas
de una encina gigante, las abejas
del Hibla ó las fieras que habitan
en los Alpes, que los adornos ó las
modas nuevas que cada día aparecen.
«Hay muchas mujeres á quienes
sienta muy bien un peinado poco
cuidado en apariencia: parece hecho de la víspera, y sin embargo,
hace un rato que está concluido.
&lt;El arte debe imitar lo imprevisto
ó espontáneo. Este era el amable
dtisorden de Eola cuando Hércules
la vió por primera vez en una ciudad tomada por asalto, y exclamó:
&lt;¡La quiero!&gt;
&lt;Así era la princesa que fué abandona.da sobre las orillas de Naxos,
cuando Baco la raptó enmedio de las
aclamaciones de los sátiros, que
gritaban: c¡Evohé! .... &gt;
Esta cita es curiosa por la íntima
relación que establece entre lascoquetas romanas de aquel tiempo y
nuestras coquetas de hoy. Ovidio
sabía tanto sobre este particular,
como hoy los Lefevre y los Croisat.
La moda siempre es igual en su
eterna renovación.
Aun menos que los t1·ajes, el peinado debe acatar servilmente los decretos de la moda. Ante todo, debe
una peinarse según el carácter de 3u
fisonomía,y sobre wdo, de su perfil.
Repetiré aquí, por lo tanto, casi
exactamente lo que he dicho respecto al traje.
El perfil recto, tranquilo, severo,
exige necesariamente un peina.do serio, simétrico. Los conti:astes, los
rizos, el capricho, serían una nota
discordante.
Por el contrario, un perfil decidido, cuya bonita nariz es movible y
sensual, no estaría bien con un peinado grave y majestuoso.
La nariz chata, á la. Roxelana,
exige todavía más imprevisión: un
lazo de cinta muy alto, unas plumas
ó una flor puesta de lado, unos rizos caprichosos, darán á ese rostro
un aspecto encantador y delicioso.
Existen fisonomías que se salen
or completo de lo vulgar y que llaa.n la atención: fisonomías dtl ra-

za, cabezas caracterizadas. A esas
cabezas convienen preferentemente
los a;.n~dos algo serios, majestuosos, ""l'5' peinados completamente peculiares. Hay que ser realmente artista, improvisador, para descubrir
el peinado que conviene en absoluto á esos tipos de bellezas.
Claro está que para hallar y ejecutar tales obras de arte, mucho
más importantes para nosotras que
un cuadro de mérito, hace falta recurrir, como ya lo he aconsejado
tratándose del cuerpo, á una artista afamado, indicándole lo que se
desea, es decir, un peinado original, si puede ser, que no se a.parte
demasiado de la moda, que oculte
los defectos del rostro y que haga
resaltar sus bellezas.
Después, sólo habrá que copiar.
Será preciso algún tiempo de práctica para llegar á la perfección; pero con la ayuda de la doncella, si
es mañosa é inteligente, se puede
conseguir fácilmente.
Además, resulta de gran economía si se frecuenta la socibdad, pues
esos grandes artistas piden por lo
menos veinte francos ó á veces más
por cada sesión.
Los grandes peluqueros tienen
oficiales que peinen su numerosa
clientela.
Conozco uno que á las cinco de la
tarde próximamente manda enganchar- tiene coche propio-y pasa
revista de cinco á once á unas cuantos señoras que no consentirían jamás presentarse ante gente sin que
el maestro haya dado el último toque, echado la ultima ojeada, impreso su sello en la fugitiva obra
edificada para unas cuantas horas.

GUILLERMO PRIETO.

8.-Tejidos para áplicaciones.

·······••·······················
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San Francisco y Los Angeles

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ILUSÍÓN FUGAZ.
La que arruya
Cuando canta,
La que encanta
Con mfrar,
En la tierra,
La azucena,
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Tome las pastillas Laxante■ de Brom~IDL
BI botiC1Ario le devolver, 1u dinero 111 no se cura.
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preparación eminentemente reparadora, denomiuada la Emulsión
de Scott, compuesta de aceite de
hígado de bacalao con hipofosfitos de cal y de sosa, me ha proporcionado excelentes resultados
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�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>firaa Joyería y Relojería

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 29 de Marzo de 1903.

la. Dlatero~ 12 y 14 &lt;;,

La. Fosfatina. Falieres
es el alimento más agradable y el mAa
recomendado para los niños Jesde la
edad de seis A siete meses sobre todo
en el momento del destele y dura:ile
el periodo del c reclmient'&gt;. "Facilita
la dentición, asegura la buena forma·
ción de los bue.sos."
PARIS, 6, Avenue Victoria, y en todas
las farmacias.

~~

Enrique 6. Schafer.

t:lÍtEl
11
I

AVISO IMPORTANTE.
ARTIC'ULOS

El fosfato de cflll que entra eJ: Is
composlt.!1:0n ele :ia Fosfatina "1&lt;,allE&gt;·
rl'll." PStA prE&gt;paraclo r,or uu pro,...,_¡¡1
n•\rnto especial con aparato A propósito. y no se encuentra en el comercio.
Desconf!en de las Imitaciones y falslflcaclones.

º'AHT

"li~++H-++....+ffff++..++M..ff ..+++ff#

:-.'OVl':,\P. º

AGENCIA DEL RELOJ OMEGA
l'ldase C&amp;tllogo,

~ ·- :!

Aparta•lo t7 L

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Id·

CARTA A LAS DAMAS

"Señoras: el mayor realce de la be•
lleza es un crtis fresco y limpio:
Cullndo una dama conserva el cutis
suave, n!tido y lozano, cautiva siempre, y, sus encantos son imperclura·
bles, sea cual fuere su edad.
Con el uso de la " AGUA TROPI•
CAL" oblendréis una belleza imborrable y disminuiréis la edad, que es
todo lo que puede des'.'arse. Un par
de frascos bastan para convencerse de
esa verdad." Jeany \V. Groshs.
De venta en la calle del Coliseo Nue•
vo, 5, y en la Droguerla de Uihlein.
Los pedidos á A. E. Betancourt.

I

'

TOMEN

Vino San Qarmsn.

1.-Trajes de paseo Y para automóvil. Este, con vuelos de pélerina.

�EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 29 de Marzo de 1903.

EL VESTIDO.
LA MODISTA, NUESTRA PESADILLA.
Si en «Para ser amada.&gt; be tratado esta grave y capital cuestión del
vestido para las mujeres cuyo presupuesto es ilimitado y que tienen

lidad el vestido es el punto capital
del t¿cado femenino. El peinado, el
sombrero, á. pesar de su influencia
más directa, más estrecha sobre la
belleza del rostro, sólo se considera, sin embargo, como un accesorio
del tocado, puesto que sólo se lleva durante algunas horas, mientras
que el vestido es de todos los momentos, y algunas mujeres hay que
se ponen varios vestidos al día. En

sei'las de un modisto ó modista
quienes no tenían inconveniente en
pagar un prec_io _exorbit_ant~ con tal
de que las v1strnran s1qmera una
vez de manera elegante!
Hay en París un número incalculable de modistas. Todas dicen que
proceden de una casa acreditada,
pero no hay que hacerles caso.
Unas se dan corno cortadoras, y
basta como primeras oficialas ó di-

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banca abierta, aquí, por el contrario, voy á. ocuparme del tocado de
las mujeres que tienen que calcular
lo que pueden gastar, y tengo la
pretensión de bacel'ies ver que gastando poco1 es posible, sin embargo, llegar a ser elegante, con menos riqueza sin duda, como primeras materias, pero con la misma
perfección.
El vestido, ¡preocupación y pesadilla de todas las mujeres! En rea-

fin, el sombrero es el que se debe
armonizar con el vestido, su color
y su carácter.
Para hacer un vestido, generalmente se llama á una modista; ¿y
quién es laque no ha conocido las
impacienci&amp;.s, los sinsabores, y diré basta las angustias y tormentos
físicos y morales que nos hacen pa•
decer las modistas? Cuántos cargos
be oído hacer sobre ese particula1·I
Cuántas veces me han pedido las

rectoras. Pero qué desencanw cuando al ve1·las trabajar, se descub1 e
que la mayor parte no conocen siquiera los principios elementales de
la línea y del bu~n gust&lt;,! 'J_'opas sin
duda, han hecho un aprendizaje; re·
ro qué aprendizaje!
En una palabra, la pesadilla de
la mujer elegante hoy día es lamodista.
En,re el número incalculable de
costureras que hacen nuestra deses-

peración, cuán pocas saben verda
deramente componer, ejecutar ese
verdadero objeto de arte, el vestido. pedazo de tela que arregl~do
con habilidad, sirve para embellecernos! ;.Dónde ballar esa perlarara, ese fénix, esa artista, que á primera vista, conozca el carácter de
nuestra persona, vea los defectos
que hay que disimular y las gracias
que hay que hacer resaltar?
Otra de las dificultades para la
modista es saber probar los trajes,
y sobre todo cortar bien los cuerpos.
Tengo amigas que tienen accesos
ele fiebre y ataques de bilis debidos
á las impaciencias que les causa la
modista, tardt\ndo en ensay at•, ó al
mal humor que muestra cuando
se le hace una pequeila observacion, ó á la indiferencia que pone
en la obra, y sobre todo á los malos resultados obtenidos.
Todas las modistas tienen defectos. Las hay que cuidan y hacen
bien las gua1·niciones, saben a rmoniza1· los colores, pero no saben
componer un conjuuto de modo sa·
tisfactorio. Efectivamente, la mayor parte de las veces el conjunto
carece ó de aplomo, ó ele gracia ó
de armonía.
Se ve, por ejemplo, un ves\ido
que al primer golpe de vista parece
muy bonito, pero que en cuanto se
mirh con detenimiento,empieza una
á descubrir defect-Os, porque los detalles no han sido ejecutados con
cuidado ó esmero: una costura que
biice un pliegue en la espalda ó un
lado del cuerpo que forma nr1 ugas
en la cadera, ó á vec~s los repulgos
mal disimulados, ó demasiado tirantes, ó demasiado flojos.
Oh el cuerpo! be aquí el gran escollo paro. la. modista! Se ve á menudo que las más hábiles cometen
faltas garrafales; no es de extrailar que las otras, con menos experiencia. en el arte de la costura,
agobiadas de trabajo, mal secundadas por obreras, ver~aderas_ ca.':'8·
zas de chorlito que siguen sm mnguna aplicación las indi&lt;;aciones recibidas cometan faltas 1mperdona·
bles qu~ echen á perder por completo el cuerpo de un traje.
Así es que un vestido que parecía bonito al probarlo, cuando está concluído no sienta bien, pues
el cuerpo entonces está Jadead?, ó
demasiado estrecho, ó demasiado
ancho, ó el recogido no prod~1c~ el
efecto deseado. Y traen el traJe Justo en el momento en que hace falta
para salir, cuando no llega demasiado tarde, comb también aconte·
ce algunas veces.
Quería una tener el traje en cues·
tión para tal baile ó tal comida, se
ha estado esperando á la modista
con verdadera impaciencia Jlena de
ira, y cuando al tia llega, imposi·
ble de ponerlo: está mal. La im·
paciencia ha hecho subir la sangre
á la cabeza, está. una roja como un
pimiento, fea, enervada.
He conocido sei'loras que por una
contral"iedad, pat·ecida, lloraban
de rabia y renunciaban á salir ao•
tes que ponerse un vestido que se
ha llevado otras veces y que todo
el mundo conoce.
Hay seiloras que se ponen enfermas cada vez que tienen que ir ~
probarse un vestido, pue~ hoy ca~1
todas las modistas se megan á ir
á probarlo á domicilio.
llay-que esperar durante mucho
tiempo por regla general en las sa·
las de espera de las modistas de
quinto ó sexto orden, y antes de ha·
cer la entrega definitiva le hacen á
una volver para hacer la última
pmeba; segundo suplicio, pues casi siempre hay que hacer algún
arreglo.
Si después de sufrir todos es~s
sinsabores tuviera una la seguridad de ir bien vestida, menos ma};
pe1·0 generalmente hay qu~ d~vo •
ver el vestido, y por cons1gu1ente
tercera espera: y se puede u~a dar
por contenta si no hay que 1r por
cua1·ta vez á probarlo, á no ser que
cansada se resuelva una á retocar
el traje con la ayuda de su don·
cella .
Oh las modistas! oh los cría·
dos! éstas son las exclamaciones é
improperios que sin ces11,1• es~
oyendo constantemente. Compren

Domingo 29 de Marzo de 1903.

perfectamente, por todo lo que veo
que es muy difícil ser bien servid~
ó vestirse á su gusto.
Pero por lo que á mí me toca1 be
bailado el remedio contra esas dos
plagas de la existencia femenina· y
quiero, queridas lectoras, que ap;o.
vechen ustedes mi experiencia.
)

......

-¡O este ailo la apruebo, ó pierdo el nombre que tengo!
Y el pobre l&lt;'ernaodo arrojó la infamante papeletn sobre la desvencijada mesi,., único mueble que con
la cama y dos sillas, formaba el
ajua1· de su habitación de siete reales con principio.
Lo que á él le pasaba ya iba picando en histol'ia. Alumno aventajado en toda la carrera, se había
«plantado&gt; en la última asignatura
de la licenciatura, y no había forma de salir adelante. ¿Era porque
no la estudiaba:&gt; Ya se la sabía de
coro, pe1•0 el p1•ofesor le había tomado «tirria.&gt;
. Esta, oor lo general, suele ser la
disculpa de todo mal estudiante pero en la. presente ocasión era 'verdad; y era ve_rclad por lo siguiente:
El catedrático de la asignatura
D. Francisco de la Roca., era un se~
llor de esos chapados á la. antigua
solterón empedernido; gran levitón~
carrik; '.lhistera de tres pisos con entresu~lo y sotabanco y gruesas gafas
de cristales perfectamente circulares,q ue cuando.recibían luz directa
daban á su amo el aspecto ele la cara de un buho. De carácter agrio y
rudo, más parecía que gruñía cuando hablaba, y esto lo hizo siempre
mezclando dicterios ignominiosos
para el pobre alumno que, ó largo
de vagancia, no se sabía lo. lección
ó corto de genio, se aturrulla.b~
siemp1·e que oía aquellas preo-untas
hechas con tono agresivo. "
Tales condiciones le valieron el
sobrenombre que, por su desgracia
le aplicó un día Fernando: D. Fran'
cisco se convirtió en &lt;Don Ruqucsco,&gt; y desde entonces no so le conoció en la Uní versidad por &lt;'tro nombre que, naturalmente, llegó en brevísimo tiempo á oídos del interesado, el cual, según se decía, juró vengarse-con el único medio deque disponía: los exámenes.
En efecto, tres veces consecutivas
halló pretexto el bilioso catedrático
para suspenderá Fernando, s iendo
la última la en que presentamos á
éste en escena.
Comunicar á. sus padres el nuevo
descalabro era terrible, pero no había más remedio, y si mucho lo sen·
tía. el joven por ellos, no lo era menos por su Rosa., por su lindísima
prima Rosa., que le esperaba aquel
año con la carrera concluída, para

arrojarse inmediatamente en brazos
de Ilimeneo.
Los padres de Fernando eran unos
labradores acomodados, que viendo en su hijo, según el sei'lor
Cura, disposición bastante para el
estudio, p1·efirieron gastar se unas
cuantas onzas y verle con la borla
encarnada, á mandarle al campo en
compañía de un arado, á destripar
tet•rones, en «dulce&gt; contacto con
mulas, vacas y gañanes.
Desde pequeilos se notó cierta inclinación entre Rosa y Ferni.ndo:
los progenitores de a.q uélla, también
en buena posición, no vieron inconveniente en favorecer la mutua simpatía: primero, por tratarsa de parientes cerca.nos: segundo, por la felicidad de los muchachos: y tercero,
porque tal alianza aumentaba las
tierras, ganados y capital. Me par ece que he invertido el orden de
importancia de las razones, pero
allá el lector malicioso, si es que lo
es, las colocará. coo arreglo á sus
conocimientos psicológico-metalúrgico-sociales.
Estas mismas causas fueron las
que motivaron que los padres de
Fernando estuviesen en un todo
conformes con los de Rosa. En consejo de familia se acordó que el muchacho viniese á estudiar á la corte, y en la misma sesión quedó aprobada la boda de los chicos para cinco ó seis ailos después, es decir, para cuando el Licurgo novel r egr esase á sus lares con la cédula personal
en que, después del nombre y naturaleza, se leyese «edad,&gt; veinticinco años, y «profesión&gt; AHOGADO.
No hay para qué decir que no hubo un solo voto en contra.
El ai'lo ante1·ior, como ya dijimos,
debió haber terminado, si el atribilario «Don Ruquesco&gt; no lo hubiese dispuesto de ot1·a manera.
Todas estas cosas que apuntadas
quedan, y otras muchas más, pasaban y repasaban por la imagina-

ción del mísero estudiante, cuando,
harto de darle vueltas al caletre 1
debió de concebir alguna salvadora
idea, porque se levantó de un salto,
exclamando:
-¡ Sí, diablo, buena idea; superior, archisuperior! ... Total, unos
~u~n~os malos ratos...... , quizá la
1rr1s1ón ele los compañero!f .... , de
la vecindad .... , del mundo entero
..... ; pe1·0 ¡bah! ¿qué impo1·ta? El
grado, primero, y mi Rosa, después. Soy un Séneca, un Licurgo,
un Cbámberlain, un ....
-¡Animal!-gritó una voz por la
parte exterior de la puerta.-¡.Qué
nueva. locura. te ha entrado, que
parece que estás en las Cortes?
-Entra, Felipe, entra.
-¡Vaya unas voces!
Y entró Felipe, un muchacho poco más joven que Fernando, estudianteno muy aprovechado de cuarto ai'lo de Derecho.
- ¡Poco alegre que estás! ¿.Qné te
pasa?
-Que me han suspendido ....
-¿Y por eso estás alegre? Pues
no lo entiendo.
- Pero no me volverán á suspender, porque be ideado un medio ....
-No sigas ya lo he adivinado;
no V&lt;'l verte a1 presentar.
•
- Hombre .... no es eso!
-Sí, hombre, sí; es probado. Gedeón te mirará con envidia, Calínez te estrechará la mano, y Pía.ve
se honrará con tu compañía.
- Si no me dejas hablar .... He
baila.do un medio para presentarme y salir aprobado. Perdona que
no te lo diga, porque es un secreto.
- Pues mira, yo no estoy para secretos, porque la alegría me rebosa
por todo al cuerpo.
-¿Por .... ?
-Me han suspendido.
-&gt;Tu quoquel&gt;
-Pero Luisa me ha dicho que sí.
-Vamos la ley de las compensaciones. Te felicito.

3.-V~etidos do pa11eo y traJo lnf.-ntil do cuello an¡¡ul~r.

-No tiene nada de particular;
ya me lo espe1·a.ba: me lo habían
predicho.
-A ti, ¿quién?
-1\lad. Esc:-oc, la adivinadora
de moda.
-¡.Has ido á verla?
-:-Claro, hace una semana. Verás:
la mterrogué, me miró la cabeza
me reconoció la mano, escribió e~
un papelito, lo metió bajo un sobre
q~e pegó, y me lo dió, d iciéndome:
&lt;::So lo abra usted hasta dentro de
ocho días,&gt; y me marché .. .. es decir, me marché después de abonar
dos duros por su trabajo.
-¿,Y ~briste el sobre hoy?
.
-¡Ca. En cuanto salí de ali{·
cualquiera. tenía paciencia. para es~
perar.
-;.Y qué decía?
-Sí y no: no y sí: narla más.
-¡Ilombre, te ha tomado el pelo!
-¿Qoe me ha tomado el pelo? No
seas idiota,hombre; si está más claro que el agua. l\Iira: yo le pregunté si aprobaría, y si me querría
Luisa. l\Ie presentó ayer á examen,
y á la segunda. pregunta. me dice el
tribunal: «Puede usted retirarse;&gt;
total, calabazas: veo hoy á Luisa,
y, naturalmente, me dice que sí.
Corresponde, pues, el resultado á.
la segunda contesta&lt;'ión. ¡Oh, es
una mujer muy hábil!
-Chico, ¿sabes que me estáu dando ganas de irá verla?
-Pues mira, para luego es tarde:
te acompai'lo.
Y, en efecto, media hora después
estaban ambos en el doruicilio de
la émula de Mad. Thebes. No sabemos lo que allí pasó, pero sí que á
las nueve de la noche, abierto el
misterioso pliego ante una taza de
café, una botella de agua y una. copa con gotas, como testigos, en
Fornos1 leyeron los dos amigos esta 9rofetica frase :
-;CAI.ABAZAS HAN D~ SE&amp;l

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 29 de Marzo de 1903.

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EL MUNDO ILUSTR ADO.

cartas. ¡Bien conocía las letras!
De sus padres y de Rosa.
¡No sé qué tienen las cart~s de la
novia, que se suelen abrir an~s
que las de los padres! Esto hizo
Fernando. Sabía que sus padres se
habían de alegrar; quería ver qué
decía Rosa.
Y esto era lo que decía:
«Querido primo Fernando: Te fe.
licito poi· tu triunfo, aunque algo
tardío, y te felicito doble~ente porque sin perder tus estud10s, sé que
~stás muy distraído por ahí. Conserva la proporción, porque ere?
que es muy buena, según me escribe Nati, que vive muy cerca de tu
«adorado tormento&gt; y te ve muy á
menudo, aunque tú no' la veas á
ella. Antonio ha regresado con el
empleo de capitán; me ba pedido á
mis padres, y éstos, enterados de
tu proceder, le ba.n dicho que sí. Al
buen entendedor, salud.-Tu prima, Rosa.&gt;
No ha.y para qué decir cómo se
quedaría Fernando. Entre maldiciones á Nati, &lt;Don Ruquesco&gt; y
Gorgonia, se le oía t·epetir:
.
-¡ Y yo que me burlaba de la sibila! ¡Qué rnzón tenía!
.
¡¡CALABAZAS HABÍAN DE SER!!
MANUEL J. GARCÍA.

ADIOS!
Noche serena y plácida
En cuyo hermoso cielo
Viajera sola y lánguida
La luna triste va;
IIacia l a bella patria
Do se meció mi cuna
Haz que tu brisa llévese

***
&lt;Don Ruquesco&gt; vivía en un entresuelo de la calle de la Flor, con
una sobrina llamada. Gorgonia,
cuyas faldas fueron las únicas q_ue
vieron aquellas paredes desde tremta. y cinco años, Jo menos, basta la
fecha.
Justo es que la presentemos.
De esta.tura, más baja que alta;
de cuerpo, más grueso que delgado; de pelo, más rojo que rubio;
cutis emblanquecido á fuerza de albayalde y otras materias «ejúsdem .
fúrfuris;&gt; ojos ribete.a.dos como los
conejos, y un sí es no es agobiada
de espaldas, era la pobre Gorgonia
'.ln vi viente mentís á la frase vulgar de que todo lo creado por Dios
es perfecto. Malas lenguas afirmaban que ni todos los dientes ni todo el pelo que lucía eran suyos,
más que por
·
Haberle costa.do su dinero,
y aún no faltaba quien atribuyese
su incierto y vacilante paso á alguna pequeña. desviación de la recta
en la tibia, el peroné y el fémur.
Sea de ello que quiera, que no
nos b~mos de meter en interioridades el ca.so es que la doncella esti.b~ hambrienta de novio, que su
tío estaba harto de ella, y que por
la. reja. . . . . no pasaba una. alma, ni
aun por ganas de «matar el tiempo.&gt;
Pero un día (muy pocos después
del comienzo de esta historia.) PASÓ.
Pasó y repasó y 1·etepa.só un alma., encerrada en un cuerpo cubier-

Mi triste suspirar.
De esta ciudad espléndida
Me agobia la grandeza.;
Y las memorias férvidas
De mi niñez fugaz,
Hacen brotar las lágrimas
De mis opacos ojos
Y entre ellas aún diviso
Mi humilde y dulce bogar.
Allá todo inocencia,
Dichas y a.mores cándidos;
Aquí todo mentira,
Dolor y deslealtad.
Durango, pueblo humilde,
La tierra de mis padr es,
¿Cuándo tus campos fé rtiles
Podré ot1·a vez pisar ?
Allá mis dulces risas,
Aquí mi eterno llanto;
Allá un amor del a lma,
Aquí un mentido a.mor.
Allá la paz bendita,
Aquí los desencantos;
Allá las flores cándidas,
Aquí las del dolor .. .. . .
Presto veré tus campos;
¡Mas que cambiada torna
A su paterno nido
El ave que voló!
Torna con la alma h erida,
Las alas destrozadas ,
Las ilusiones muertas,
Y a sin arrullo y voz.
Prepárele tu suelo
Lugar para el reposo,
Para el postrero s ueño
Que anhela mi dolor.
Mas ¡ay! ¿por qué llor osa
Dejo y con pena mísera
La ciudad que bul'! a.ra
Mi pobre corazón?
¿Por qué?... calla, mi labio,
«Su nombre&gt; te quemara . . ..
Actiós, suelo del a lma ,
Ingrato suelo, adiós .. ..

***

Al día siguiente le despertó de la
siesta la patt·ona., entregándole dos .

MATINÉES.
He aquí ahora algunas ideas que
pueden servir para hacer las matinées, que podrán ustedes modificar
según sus gustos y sus recursos:
19 Matinée muy elegante: el cuerpo es de terciopelo capuchi no, con
faldones dentados cayendo sobre un
volante de encajes blancos. Un encaje igual, formando ropaje, acom•
paña el delantero de seda amarilla
ó azul pálido; los manguitos, for mando pelerina, también dentados,
caen sobre la, mangas de seda amarilla ó azul pálido, muy rizadas.
Puños de terciopelo capuchino. En
la garganta, por bajo del cuello de
terciopelo capuchino, la chorrera
de abad.
29 Cuerpo de crespón rosa amarilla de una sola pieza, cellido al
talle por medio de un ancho cintur ón de galón dorado bordado con
turquesas. Pequeña taleguilla torera de te1·ciopelo ó satín azul marino.
Este mismo cuerpo, muy fácil de
ejecutar,puede componerse de cualquier color que case bien con otro,
ó con cualquier tela que siente bien,
según el rostro de cada cual.
39 Espalda sencilla, fruncida en
el talle, con delanteros rectos de
bengalina azul Labrador; Jos delanteros abiertos sobre una camiseta de muselina blanca, fruncida en
el cuello,y un cinturón muy ceñido;
volante de encajes fruncido en el
h ombro, y por detrás en el cuello, cayendo en for ma de abertura.
Mangas anchas de bengalina con
un alto volante de encaje, abullonado á l a altura del codo. Adorno
de plumas negras.
49 Cuino mucho más sencillo para levantarse de la cama, el Perezoso de surá rojo, guarnecido con
franela. Adorno de encajes negros.
Es muy caliente y elegante. Se puede hacer de cualquíer otro color,
por ejemplo, de surá heliotropo,
botón de oro, quisquilia, azul pálido, guarnecido con encajes negros
ó blancos.

DOLORES GUERRERO.

to por un terno gris, coronado por
un simpático rostro, de negro bigote y lánguida mirada. No hay
para qué decir que era Fernando
el que se lanzaba á tal empresa, ni
que el corazón de la. ardiente doncellita de cuarenta abriles se encontrara. preso á las primeras de
cambio en la trama de aquel terno.
A escondites primero, y más á las
claras después, siguieron aquellos
amores, hasta el punto de que se
enterara «Don Ruquesco,&gt; quien,
al principio, cogió el cielo con las
manos (sobre todo al conocer el
pretendiente), y después cogió.....
la. ocasión por los cabellos, no ignorando que la. fortuna del estudiante no era mala, y que la me1·cancía era de difícil salida.
Ello es que «Don Requesco&gt; depuso su ira al ver el sesgo que las
cosas tomaban; que Fernando persuadió á Gorgonia, y ésta dominó
á su tío hasta el extremo de que en
Septiembre pudo el joven leer, con
la natural satisfa::ción, un &lt;notable&gt; como una casa, en su papeleta
de examen.
¡ Se ha «cbicbado&gt; la sibila!-decía Fernando, corriendo hacia el
telégrafo, para comunicar lo más
pronto la alegría que 16 dominaba
á su familia, y sob1·e todc, á su Rc;&gt;sa.- ¡Cómo que me iba á mí á fa.llar la combinación! Mañana ó pasado tomo el tren, y . .... ¡que averigüen!

Domingo 29 de Marzo de 1903.

VESTIDOS

PARA

RECEPCIONES

Y FIVE O'CLOCK.

J

4.-Trajes de. ciclista y de paseo. El primero de falda corta Y
chaqueta "sport'."

19 Falda de terciopelo verde de
mimbre, con un gran delantal de
seda blanca ó rosa y aplicaciones de
terciopelo. El cuerpo de terciopelo
verde se abre sobre una camiseta de
muselina de seda blanca. Mangas
iguales con puntillas de rosas, Sólo hacen falt.i. para este vestido muy
sencillo, de cola regular, seis metros de terciopelo y seis de satín de
seda lustrada.
29 Vestido de tafetán de la India
color de cáscara de almendra, adorn ado con un galón de cabujones
multicolores, abierto sobre una camiseta de s.eda blanca. Galones
iguales en los puños, en el cuello y
en la cintura.
39Vestido de lana amapola guarnecido con terciopeJo negro, muy
bien para una mujer que sea rubia;
su precio es módico.
49 Vestido de paño ó lana verde
Nito, falda guarnecida con terciopelo del mismo color, cuerpo con
faldones largos, de lana 6 terciopelo.
59 Vestido de la.na gris y terciopelo gobelino. Falda de lana, cuerpo de terciopelo abierto sobre una
camiseta de seda del mismo color
que la lana, cinturón de seda con
un lazo muy ancho de lado.
69 Vestido muy elegante de pallo
bl anco muy fino,guarnecido con terciopelo tornasol, cinturón de plata,

5. -Vestidos de visita Y de casa. El primero de blusa ajustada y mangas japonesas.

jockey de terciopelo negro con galones de oro y volante de encajes.
79 De lana mordoré, ó sea castaño dorado y terciopelo igual.
SQ Vestido ligero de bengalina
amatista guarnecido con encajes
finos. Cuello, puños y cinturón de
terciopelo blanco.
Estos trajes de recepción pueden
servir, por lo menos los oscuros,
como trajes de visita v matinées.
He aquí, para visitas solamente,
unos cuantos vestidos más oscuros:
VESTIDOS PARA VISITAS.
l. 9 Fay a parisiense, verde tallo,
guarnecida con galones de azabache negro, abiertos en el cuello, puños y bajo de la falda.
2º Vestido de lana verde guarne-

cido con terciopelo más oscuro.
Gran visita con chaleco de terciopelo abierto sobre un delantero de
piqué blanco. Puños altos de terciopelo formando solapa en la bocamanga.
31,&gt; Vestido de siciliana verde marino, adornos de crespón recogidos
con lazos de satín blanco de plata.
49 Vestido de piel de seda vino
de Burdeos y terciopelo igual color,
un poco más oscuro. Cuerpo de terciopelo con solapas de seda blanca
y cinturón ancho de la misma seda.
59 Vestido de terciopelo de lana
verde almendra, y terciopelo negro,
guarniciones de pasamanería crema y oro y botones negros.
6&lt;.l Un vestido de gran estilo:
cuerpo princesa de piel de seda, ó
terciopelo, ó pafio, ó lana fina, pan

tostado, con solapas de pafio blanco, abiertas sobre una camiseta de
seda gruesa azul celeste, recogida
en la cintura con un fruncido de
terciopelo con cascabeles dorados.
El azul y el blanco tal vez parezcan
algo fríos pero revelan una alta
distinción.
79 De mucha etiqueta: vestido de
piel de seda gris, con galones de
acero en el chaleco y en la falda.
Cuerpo abierto sobre fruncido fino
· de seda rosa pálido.
89 Vestido vellón claro y corse. lete de terciopelo azul, abierto sobre una camiseta azufre.
99 Brocado malva y terciopelo
color &lt;le pensamiento.
109 Gasa negra, guarnecida con
encajes, adornada con lazos de satín oro pálido, cinturón de crespón
de seda del mismo color,

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, De las Damas, 1903, Año 10, Tomo 1, No 13, Marzo 29</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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