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                    <text>Un buen apetito-una buena digestión-un hígado sanoun cerebro activo y fuertes nervios, mejores son que las
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o. F.

ARTE CLÁSICO.

( COLECCI6N PELLA'.\' lJüI. )

�Domingo 29 de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 29 de Marzo de 1903.

DIAS DE ROMA.
CREPÚSCULO.
Un buen día de febrero en Roma es una
ganga; hay que a-provecharla, es fuerza no perder un minuto; he aquí un programa: á las
ocho de la mañana despertar á Manuel Mercado (jr. ), despertarlo, obligarlo á vestirse, á
desayunarse, á aceptar de buen humor el sacrificio, á bajar, á salir; conjugar esta obra
titánica con la no menor de abreviar las largas etapas de la toilette del doctor Deffis, y,
en fin, reunirnos todos, después de las nueve,
en la puerta de nuestro magnífico hotel ( Gra.nd
Hotel, plaza de las Termas, el mejor de Roma);
subir en nuestros carruajes abiertos bajo un
sol que hacía meritorios esfuerzos por calentarnos, y partir rumbo al Panthe6n, al Gesú,
á la Cancillería, s. la Galería Doria; luego
«louchari, rápidamente en el café Colonna
(buen servicio, excelente chianti, clientela
«scelta» de oficiales, diputados y cocotas), y en
seguida, reembarcarse, ir á Santa María del
Pópolo, subirá la villa Borghese...... ¿Queréis
que paremos aquí, lectores míos? Son las dos
de la tarde, siento un poco de fatiga, el sol
calienta ya, el cielo de un azul de raso de palio viejo se digna sonreír, la atm6sfera dulcemente diáfana, permite ver y detallar las cosas,
el alma se espereza y revolotea contenta en
aquella jaula de oro vivo ¡y aquí nos paramos!
Voy á decir una especie de heregía psicol6gica probablemente, pero juro haberme dado
cuenta en Italia algunas veces, de una sensaci6n particular que me atrevo á llamar «sensación de la inmaterialidad del alma.»; indefinible sensaci6n, por supuesto, pero real, equivalente á la de algo sutil, luminoso, etéreo,
ligero y puro. ¿Efecto de la atm6sfera cargada por el sol en todas sus moléculas de electricidad vital; efecto de tanta reliquia del arte
que satura el ambiente de átomos de juventud
y poesía; efecto de los recuerdos que surgen
en derredor nuestro y corean todos nuestros
pensamientos con el canto sin notas de un
pasado que nos parece divino, porque jamás
volverá? No sé: pero creo que aquí en esta
colina de los huertos ( collis hortorum) fué
donde compuso ese gran vividor fino, desencantado y noble que se llam6 el emperador
Hadriano, aquellos sus tenues versos:
c,Anímula, vágula, blándula .....»
Las arboledas altas, escuetas, levemente
vestidas de frondas verde pálido ú oro viejo,
que hacía pocos días había cuajado de cristal
la nieve; las esplanadai: de felpa amarillenta
bordadas de hojas caídas que iban y venían
con las ráfagas del céfiro (si aquí en este paisaje clásico no se dice c,céfiroi, ¿para cuándo se
guarda?), las fuentes grandes, colmadas de
agua que también parecía un poco vieja, un
poco verde y transparente, sin embargo, pero
con una transparencia aquí y allá interrumpida por archipiélagos de hojas secas y de
musgos negros, las imitaciones de templos
egipcios, las estatuas, los vasos, todo tenía ese
indefinible encanto de una tapicería de Gobelinos, blonda, clara, marchita, regia.....

***

Visitar el museo, es necesidad imperiosísima en aquel momento, hay allí estatuas y vasos antiguos de primer orden, hay allí estatuas
modernas. Con deciros, lectores, que allí está
la famosa Paulina Borgbese de Canoval Desnuda, soberbia, serena con el impudor soberano de una hetaira imperial, parece sonrojar
levemente la fría castidad del mármol. ¡Ah!
Paulette, delicioso «bibeloti, humano, tu papel
de heroína en Santo Domingo, acompañando
á tu primer marido á matar negros, era insostenible, era una &lt;epose» y aquí veniste ya transformada en princesa, y fuiste una italiana (lo
que eras) de la corte de los papas Borgias 6

de los papas Médicis, cruel, impúdica, adorable- sí lo que eras, así habías nacido, así te
enco~tr6 Canova, así te inmortaliz6 en mármol que era el único modo de tornarte pura...
Mientras tu hermano hacía una gran mancha
obscura sobre el mundo con la Rombra del
águila, tú, Paulette Bonaparte, dabas vuelo á
tu &lt;eanímula, vágula, blándula;,, esa almita
era un ave, era una paloma del carro de Ve•
nus... l
Mas no, no entraremos al Muse&lt;, lectores,
la tarde avanza, sigamos nuestro programa,
vamos al Pincio. Ya no se ven desde aquí los
bellos panoramas que antafio no ocultaban las
inexpresivas construcciones nuevas. Se ve bajo los grandes árboles, hoy fríos y medio desnudoi&lt;, á la aristocracia romana 6 á la rica y
plácida burguesía, 6 al &lt;emundo» de los turistas más 6 menos salpicado de rojo, discurrir
en carruajes abiertos, lentamente, por las altas
avenidas ó apiñarse en las grandes glorietns,
donde las resonancias metálicas de la múEica
militar, apoyan el cuchicheo de las corn·ersaciones y el rumor de roces de sedas de la,s hojas caídas, voluptuosamente.asendereadas por
las ráfagas frías.
Ya iba á trasmontar el limpio sol de aquel
día limpio, cuando nuestros cocheros, que nos
querían conducirá la Escuela de Francia (Villa Médici, la antigua mansi6n de Lúculo) allí
mismo situada, se vieron obligados por nuestra fiera energía, á. dejar el Pin&lt;Jio. Bajamos
al Corso, lo seguimos algunos minutos y salimos del corazón de la ciudad, por el puente
Garibaldi, bajo el cual corría manso hoy el
Tíber que hace unos días hizo serias fechorías
por estos contornos, y cinco minutos después
subíamos de..pacio la blanda pendiente del
Gianicolo, el lanículo, como decimos más en
latín nosotros. Visitamos en «S. Pietro in
Montorio» el cctempietto» del Bramante, con
su cupulilla esférica, que luego quiso e.l artífice trasplantar agigantándola á San Pedro, vimos, allá abajo, el agujero en ql!e fué sembrada la cruz donde sufri6 el ap6stol cede cabeza»
su transverberaci6n y continuamos de prisa
nuestra ascensi6n; ya dejamos á nuestra espalda un gran panorama, el de Zolá, pero íbamos en pos de otro mejor. Pasamos frente á. la
fuente del &lt;cAcqua Paola,» hecha de mármoles
y granitos arrancados á los monumentos imperiales y por cuyas tres altas bocas corre
abundante, suntuoso y puro, un triple río que
viene de un lago de las montañas vecinas; dejando para otro día ( día que no lleg6) nuestra visita á la Academia española, seguimos
subiendo: estábamos en la ccparseghiatta Margherita.Jl

te sublime don Quijote de la Revoluci
pedestal altísimo, rodeado de colosales
guerreros y de alegorías suntuosas, 808
estatua ecuestre del General ;el caballot
lo que plantado sobre sus cuatro patas h
el viento que viene de Roma, como
relinchar y salta1 á la primera caricia
espuela, es bello de verdad y de vida·
te no mira á Roma, vuelve la vista '
profunda hacia el Vaticano, cuyas v
relampaguean en este instante de refl.
sol poniente; á quien primero ve el Papa,
do se asoma á contemplar el cielo, es á
baldi; Pío IX lo tenía por un Lucifer,
seguros que León XIII no. Dirá : «Di
perd6llalo, porque era un gran since
que crey6 y am6." Esto, al menos, d'
fuera el Papa.
La silueta del bronce en aquel cielo
pezaba á palidecer, pero infinitamente
diáfafio, era de un efecto incomparab
tamente volvíamos la vista hacia Ro
níamos á nuestros pies.

p

***

Esperábamos más, ei.perábamos otro
to, otra emoci6n, otro grito de las
cago, New-York, París, son panora
nos gigantescos en comparación cor.
mo pintorescos, Toledo, Granada, Mé"
cen más. Era natural; el panorama de
en el tiempo es inmeneo y nuestro
tendía á apropiar el tiempo al espacio,
jetivo á lo objetivo, Roma en nuestra
nación debi6 desbordar aquella línea
ondulada de montañas que la circuía
derse en los límites del mundo antiguo
jurídicamente fué una ciudad del tam
mundo, creíamos que debía la sensaci
terializar, digámoslo así, la noción; y
imagen que llevábamos en el alma y la
reproducía en nuestra retina, no conj
no coincidían, no podíamos afocar bi
Teníamos delante una línea de alt
parda, compacta, obscura, sin ondas
sin picos de gran relieve; el anteojo n
traba los pueblecillos que hacían man
ras en aquella zona de penumbra, t
cual el sol iba á desaparecer en la in
bruma que no lo imprecisaba, pero lo en
y lo atenuaba como un cristal sin
terpuesto entre nuestros ojos y la inm
tena de oro.
Más allá de las verduras deliciosas de
da del Gianícolo en cuya meseta
las eses del Tíber blanquizco y más.
apiñamiento indefinidamente multipli
casas vetustas, de tejados rojizos fo
abiertos ángulos 6 declives lentos sobre
viejos clareados de ventanas que par
Garibaldi, es en Italia, lo que fué en la hisvencijadas, y aquellas horizontalidades
Has angulosidades se agrupaban ó se
toria, un caballero andante, el caballero andante de la libertad de los pueblos; todavía deshan en todas direcciones dispersando
pués de muerto, S!J nombre anda mezclado en
y desuniendo el paisaje. Tratábam~
cretar con cierta angustia aquel haCID
todas las empresas emancipadoras de naciomanchado de árboles esféricos 6 pi
nalidades en formación. A este andante cabasobre cuyas cimas pasaban vibrantes loe
llero se le ve en todas las ciudades de Italia
poco á pie, mucho á caballo, con su birret~
oblicuos, seguidos de sombras largas,
húngaro, su blusa, su ccponcho» argentino y su
del sol poniente.
Las torres redondas, cuadradas, las
gran cara simpática de ap6stol armado. Un
inmenso niño, un arcángel épico, crédulo
6 solas y esbeltas ó pareadas, las puntas
obstinadamente soñador y tenaz realizador d~
obeliscos, t:)do ello tocado, manchado .
lores distintos por un pincel seguro, q
ensueños; la libertad era su Dulcinea y á fuerza de sangre y lágrimas y voluntad, la hizo
la monotonía á aquel mont6n de casas
venir de lo ideal á lo real y esta amada sules; banales á pesar de las sartas pollero
ropas y harapos puestos al sol en las
ya, muestra su efigie en todas partes, como un
talismán colgado del cuello.
y vericuetos de junto al río.
Buscábamos puntos de c,reper,i». [no
-Aquí está y no sé si habrá algo mejor enne á la memoria, indigno académico q
tre los monumentos garibaldinos, pero este de
Gallori, pomposo y teatral como es, me paré-• la palabra es{)afiola exacta; diremos «
de referencia,i, no me satisface &lt;ede
ci6 soberbio, aun rodeado de este panorama
buscábamos el modo de distribuir ea
único, que parece como una decoración hecha
dios topográficos 6 monumentales, aqu
de toda la historia humana en derredor de es-

***

Vista ge neral de Roma.

dro inconexo. Este es el "Aventino'', aquí,
abajo, á la derecha, precifo, mezquino aún,
pobre, negro; aquí estuvo á pique de nacer
otra Roma, la Roma de la &lt;eplebe,,, allá cuando esta Roma que no fund6. R6mulo, sino
que probablemente venci6 y sujet6, era una
agrupaci6n de aldehuelas sometidas á esa fortaleza que estaba allí frente por frente en el
Palatino aliada y unimü•mada c0n la otra que
estaba más allá en el Quirinal y señora ele la
colina sagrada del Capitolio ¿pero d6nde están esas colinas? Apenas se notan en las ondulaciones de la masa urbana, por la altura
de los edificios. Ya entonces empieza el enjambre de abejas de los recuerdos á zumbar en
el espíritu; para el espíritu nada vive tanto
como la muerte; esta muerte que se llama Roma está hecha de infinitas moléculas de \'ida;
los trozos de muros altísimos del Palatino, la
enhiesta torre cuadrada del Capitolio,el Coliseo
más allá con su cráter roto, trágico, eterno como
el Cristianismo, de cuyo nacimiento y grandeza
es el sombrío testigo, y allá las siluetas formidables de las Termas de Caracalla, osamenta de una catedral del placer, dentro de la
cual habría podido caber el domo de San Pedro. Y por todas partes las iglesias: ésas recuerdan los primeros siglos, son las vetustísimas
basílicas reformadas; éstas la Edad Media, la
época del continuo batallar y del constante rezar en que los papas eran santos 6 bandidos,
y en que los "1obles romanos hacían de los
monumentos sus guaridas de gerifaltes y neblíes, y de los templos, teatros de sus orgías
pintorescas y feroces de codicia y de crimen;
y el Renacimiento, fastuoso, severo, armonioso, grande, envuelto en su espléndida nube de
paganismo artístico, sensual y grave; aquí está, andando unos pasos á la izquierda, casi
detrás del Gianícolo, se le ve triunfar en la
corona cupular de San Pedro. &lt;eEsa torre cuadrada, amarillenta que ve V. allí, me decía en
la plazoleta de "S. Pietro in montorio" un fo.
t6grafo, ésa es la torre en que Ner6n cant6 sobre el incendio de Roma. i,
Es un cuento, la torre de Ner6n es del siglo
XII 6 XIII no sé; pero lo que no debe de ser
cuento es que Ner6n cantó; y, por cierto, que

no le veo nada de malo á esto; ¿por qué al ver
aquella sima prodigiosa de humo y de fuego
e~ que se calcinaba como Dido en la pira, la
rema del mundo, no se le había de ocurrir expresar su horror como lo expresan los literatos
en frases hechas, en versos, si los sabía, y en
versos cantados, si era cantante?
. Lo encuentro todo perfectamente natural y
chcho se está que los literatos puros, tienen en
vez de alma uha ánfora de retórica y por sola
pasi6n el anhelo dél aplauso.
Y entonces el paisaje entero vivió á mis
ojos, poblado de héroe~, de mftrtires de criminales, de multitudes 6 sublimes 6 ~iles pero hermosamente decorativas y teatrales: aquellas piedras que habían temblado con· todos
los huracanes de la historia humana; aquellas
arboledas ~egras que habían vibrad0 con to~os los huracanes de las pasiones excelsas 6
mfernales; aquellos trozos de muros que habían azotado las procesiones interminables de
los Céeares, de los Emperadores bárbaros de
l~s .~ontífices dE: guerra y de sangre, 6 de bend1c1on y de lágnmas; de las soberbias cortes'.'-nas cuyo_s pies ,besaban el mundo y la iglesia; y allá ¡unto a la estupenda tumba de Hadriano [Santángelo] la Roma nueva, la cuarta
Roma, la de hoy, lujosa, grandiosa, vacía .....
Por aquel fin de paisaje huye la Vía Appia
el caµiino de la otra Roma, de la su hterránea'
de las Catacumbas, de la muerte !entamen~
transformada en.vida por la sangre mezclada
al J?Olvo de los c!rcos, por las lágrimas que
mo¡aban las cemzas de los mártires, por las
esperanzas, por la fe que tomaba la forma inc~santemente renovada entonces de la plegana ..... .
U~ gran silencio subía de la ciudad, el silenc10 que sucede al tumulto en una asamblea
cuando un orador esperado hondamente se
p_one de pie ..... ~ Apenas un poco de murmuno de frondas, o de agua lejana que caía eh
la taza monumental del "Acqua Paola" subray':1-?ª1:1 aqJel silencio; ¿quién iba á hablar?
¿quien 1b'.'- a ,pron~nciar las palabras supremas? ¿qmén a descifrar el enigma de la esfinge? ¿Este pontífice á caballo de la idea nueva
de donde Italia ha nacido á la unidad 6 aquel

hombre blanco escondido detrás de los crista·
les del Vaticano, verbo encarnado de la historia de Roma la grande, la de los recuerdos,
la que pasó?
No sé, un silencio subía de las cosas y ganaba. como una gran sombra el alma; la luz
que el s?l, que había desaparecido y que yo
había visto desaparecer, no sé en d6nde ni c6rno, la luz que el sol había dejado difundida
en la atmósfera caía como polvo de oro sobre
los perfiles de algunas cimas, sobre las aristas
de algunos edilicios, en las linternillas de algunas cúpulas...... Pero no, todo era sombra
Roma era un silencio, era una catacumba, so:
bre ella había otra Roma vagamente percibida, allá arriba, en las bn~mas de la noche en
las lejanías adivinadas de lo ideal la R~ma
de los latino:1 del porvenir.
'
Fantasías ¡qué! Roma era, un silencio ......

_Me encuentro en una carta escrita veinte
mmutos después estas líneas: "Oh! Roma
Roma, poesía encantada del Pasado y de l~
~fuerte, ciudad de sombras, de esqueletos ves't~&lt;lo!&gt;, de grandezas pulverizadas, de tristezas
sm fin, de melancolías de abismo! Sí, allá del
o~ro lado del mundo, casi del otro lado de la
vida, están la patria, d hogar, la amada, todo, el f~ro, la estrella: pero esta lámpara de
santuano, pero esta antorcha volteada vfoda
de, su flama y de su vida; pero este trozo de
marmo~ de la tumba de los siglos, me atrae,
~e obliga á pe~ar ft él mis labios, y el corazon se me expm~e e11 _añoranzas y en lágrimas y la nostalg1a, la rnmensa, la irremediable, 1~ nostalgi~, de lo que no volverá á i,er
me die~ un ad10s desesperado. Adiós, pues:
l?: de mis ensueños de tantos años, de tantos
horos, ?e tantas almas; nobleza de nuestro
pensamiento y de nuestra raza a&lt;li6s Rom
t~n grande,. tan ~e~igual, tan ~ucia, . tan am:~
nlla, ~n anstocratica, tan destrozada, tan bella. ¡D10s mío, Dios mío, pues qué ya no sé
hacer versos?
JUSTO SIERRA.

'

�Domingo 29 de Marzo de 1903.

EL REGRESO.

Por el aire del cuarto, saturado
De un olor á vejeces peregrino,
Del crepúsculo el rayo vespertino
Va á destefiir los muebles de brocado.
El piano está del caballete al lado
Y de un busto del Dante el perfil fino
Del ar'l.besco azul de un jarr6n chino
Medio oculta el dibujo complicado.
Junto al rojizo orín de una armadura
Hay un viejo retablo, donde inquieta
Brilla la luz del marco en la moldura;
Y parecen clamar por un poeta
Que improvise del cuarto la pintura,
Las manchas de color de la paleta.
JOSÉ A . SILVA.

LOS ESPEJOS.
Testigos siempre mudos, en épocas remotas
Copiaron los virreyes y oidore!:I de Castilla,
De rojizos jubones y de blanca golilla,
Y escucharon las frases de pasiones ignotas;
Más tarde, á los acordes de las rítmicas notaR,
He visto por delante de su luna que brilla,
Cruzando las parejas del valse 6 la cuadrilla
Cual trazan en el agua su vaivén las gaviotas;
Esa noche ellos dieron los alf•gres reflejos
De abanicos inquietos é irirndos diamantes;
Y hace poco miraron lós antiguos espejos
(En la hora solemne, majestuosa y tranquila)
Apagarse la llama de sus ojos brillantes
Y temblar de los cirios la llorosa pupila.
GUILLERMO POSADA.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

En el alma de Luis, de regreso á su pueblo
natal, se operaba lento trabajo de meditaci6n
porque las viejas memorias de la infancia acudían á su encuentro á través de los años en
cada paraje, en cada fronda, en cada vericueto del villorrio.
Era primero la escuela parroquial y el sucio d6mine de luengas barbas, las carreras en
pos de mariposas en los campos llenos de luz
y la página blanca de su primera comuni6n
nublada por el incienso; la muerte de su madre en la alcoba sombría, el cura con sus gruesas gafas, el médico llegando á caballo con su
bufanda roja y entre doble hilera de cirios que
dejaban en todas partes sus lágrimas de cera,
un ataúd con las flores del lugar que se perdía en el horizonte; el abandono del huérfano
después y la argumentaci6n de los tíos: «el
muchacho está grande, es preciso darle una
carrera;» su partida con la maleta en el anca
del rocín, tras la falda del monte desapareciendo el reguero de casas y la torre vieja y enhiesta, y, por último, su llegada á la gran ciudad,
donde se desbordan, como los ríos en los mares, todas las quimeras de provincia. Después
la vida de "barrio latino» y de corte en busca
del saber, la gloria y el amor, y ahora el regreso ......

***

Larga ausencia y notables transformaciones
en su ser, no habían sido bastantes para que
el pueblo dejara su vida siempre igual. Todos
los afios los botones reventaban como los corpiños de las vírgenes, y la primavera tendía
por montes y sabanas sus verdes alfombras
que salpicaba la aurora de rocío; todos los
años, bajo sus múltiples cabecillas de oro y
sus crines hechas con rayos de luz, se doblegaban los trigales y las ramazones de la huerta al peso de los frutos que destilaban miel;
todos los años, diciembre preludiaba su canci6n mon6tona entre los árboles silenciosos y
escuetos-legiones de osamentas con grandes
brazos que imploran-y en el filo de la mon-

taña deshilaba la bruma sus crespones q
flotaban después como blancas cimeras.
¡Cuántos desengaños más, cuántas ilu ·
menos en el alma de Luis, y el paisaje
volvía á contemp!ar, envuelto siempre ~n
paz profunda y pmtoresca! A lo lejos se
tacaba la tapia del camposanto coronada
cruces, la carretera alargaba su mismo
ondulante, las mismas flores ensangren
bordaban los senderos que se perdían con·
certid uro bre de il usi6n; los mismos cactus
polvados surgían de entre los tecorralea
donde asomaban al sol, inm6viles las 1
jas; las mismas casucas de adobe c~n sus
chos de humo anunciaban la proximidad
poblado, y una vez en la aldea, la ca,a del a
tamiento elevaba su misma construcci6n
nosa, en la plaza los mismos arbolillos d
drados, el mismo enmalezamiento de
en los cercanos montes y en los d istan
misma transparencia azul. La casa Jugare
la cai:a señorial del pueblo con sus
portones monásticos-al fondo de la calle
tuosa, invadida de yerba, parecía diri ·
proscrito, con sus balcones abiertos una
ternal mirada de bienvenida· las c:i.
los viejos tíos, que vivían entre un rosa
un acceso de tos, brillaban á través de 1
rejados más blancas que los rosales que
ban los muros.
Adentro, en las amplias salas pene
por el 9lo~ res}noso é iluminadas por el
verd_e uel Jard1~,. los muebles, de tiempo i
~or1al, en el s1t1? de costumbre, las pia
imágenes domésticas, los enladrillados
de ios corredor.is donde pendía, en cu
carne puesta á secar como racimos de a
ciados; sobre el mantel de nieve los man
de tradici6n, las parras lujuriosas, el e
de la fuef1:te, la fiel servidumbre y ha
mulo uncido á su carreta y el viejo
refregando el hocico con la tranca, ¡todos
daban al cruzado que volvía!

mármoles de Leconte amnron en el poeta el d6n
de una impat"ibilidad que resguardara á las líneas del cincel impecable del peligro de un estremecimiento.
Menos paganos, nosotros gustamos de recordarle nuevamente el:mito del pelícano, porque
sin dejar de tener la idolatría de la forma, necesitamos nl mismo tiempo un arrullo para
nuestro corazón y un bálsamo para nuestras
tristezas.
__

***

¡Oh co~tumbres de los pueblos escob
en el terciopelo de los valles cual floraci
manchas verdes y tejados, e~ las costas de

n a cual petrificada espuma del mar, en el abismo de los barrancos como blancas ovejas que se han prendido á su feroz maraña, 6 en los duros cantiles de
cuarzo sobre la frente de la roca, como nidos salvajPs! ¡Oh costumbres que os
afianzáis como raíces al terruño, que se1:rnís, como la corriente que besa los
pies de las encinas, el mismo cauce! ¡Oh iiñejas costumbres sanas y religiosas!
¡Oh perfume de huerto y de selva, olor de dejos muebles y de mAnjares de
la infancia, campana que llamáis á la grey hacia el humilde templo, ritmo
del trabajo campeEtre que te elevas como una oraci6n, canto regional que te
pierdes en la moutaña! ¡Oh inmoYilidad de la vida, oh eterna quietud de las
cosas y lo seres! ......
Y~en el alma de Luis se operaba lento trabajo de meditaci6n .......
EDUARDO COW:N.

EN UN ALBUM DE ARTISTA.

"Dl&gt;AIS D E ROMA."-11 Popolo.

Domingo 29 de Marzo de 1903.

Alaben otros ¡oh poeta! la perfecci6n de tus ánforas cinceladas. Yo prefiero decirte que tu poesía sabe hacer pensar
y hacer sentir; que tu verso tiene un ala que se llama emoci6n y otra ala que se llama pensamiento.
Siendo igualmente justo, te habré dicho sin duda mucho
más.
Los que en tiempos cercanos recorrieron la senda que va
de l!\s esta.tu!\1:1 esbelta.a y delicadas de Gautier á los grandes

Ellos le hablaban para decirle:
-Haznos, estatuario, una estatua. Que llore 6 ría; que
muestre el ge~to del amor, 6 de la meditacióh,
6 del desprecio. Pero que sea perfecta y que
sea pura.
Nosotros le decimos:
-Escúlpenos una elegía en mármol negro,
y hnz de modo que bajo los pliegues armoniosos de la túnica parezca latir un coraz6n.
Llenos de estremecimientos íntimos, al mismo tiempo que de sueños ambiciosos de arte
nosdros quisiéramos infiltrar las almas de lo~
héroes de Shakespeare en el mármol de los
dioses antiguos; quisiéramos cincelar, con el
cincel de Heredia, la carne viva de Musset.
JOSÉ ENRIQUE RODÓ.

�Domingo 29 de Marzo de 1903.

El Uolcán d~ tolima.
A nuestro corresponsal en Colima, debemos
las fotografías que aparecen en esta plana y
que representan una de las erupciones del volcán de aquel nombre, ocurridas últimamente.
Las dos vistas fueron tomadas desde Tonila
una á las 5.10 p. m. del día 7, y otra cinc~
minutos después, por el fotógrafo don Francisco López, y juntamente con ellas recibimos
cenizas volcánicas recogidas, tanto ~n la plaza
del pueblo mencionado, como en las cercanías
de la montaña.
Las vistas á que hacemos referencia, pueden
dar á nuestros lectores una idea, aunque sea
aproximada, de la importancia del fenómeno.

EL MUNDO ILUSTRADO.

liaría que les anuncia el acercamiento de la
tumba, y muy alegres, no obstante, porque la
luz, los pájaros, las flores, las tibias brisas de
la Maga, el germinar de la savia nueva, todo,
en fin entona un canto de amor, y esta música, por ser eterna y perdurable, es la que más
agrada á los oídos de los hombres transitorios.........

EL MUNDO ILUSTRADO.

puede ser fecun~o ó funesto, es signo de puJanza ó de deshielo...... Con la Primavera
hay una reno~ación de brotes ,en las frond!'I,
una resurrección de ensueños o de recuerdoa
ale~rgados e~ ~l alma. Los jóvenes aman
7
suenan, los VIeJOS rememoran, y unos y otroa
sonríen á la luz y á las flores. ·
¡Ha llegado _la Primavera! Es preciso ir al
campo, es preciso bafiarse en la luz es preclec,
tene~ fe, esperanza y c~tridad ante Ía magnificencia de la nueva savia que asciende.
STRINDBERG.

¿Habrá quién pueda sustraerse á los encantos de la primavera?
En el viejo poema indio
se dice que los hombres
malos huyen de la luz;
que los hombres crueles
son enemigos de las flores; que el vuelo de los
pájaros asusta á las conciencias intranquilas..... .
¿Será cierto? Si lo es, tal
vez hay quien pueda susLa primavera ha llegado. Dicen que el veintraerse á los encantos de
tiuno de marzo, á las 12 de la noche, se desla Primavera: los malos,
parrama en el ambiente la juvenil y eterna
los crueles, los de conviajera y hace su entrada triunfal al mundo
ciencia intranquila.
en que año por año aparece á cumplir sus ofiPero, en nuestros días,
cios de «tejedora de guirnaldas de azahar.»
ante el complicado funNo debe creerse, empero, que la Maga cumcionamiento de los senpla los programas como los cumpliría un metimientos, ante la cada
cánico emperador teutón; la Primavera tiene
día creciente esfuma.tura
ciertamente, un día oficial para su aparición'
de lo que fué línea divipero se atrasa ó se adelanta según quelas regio~
soria entre el bien y el
nes en que va á preeentarse le placen ó le dismal, ante el misterio más
gustan.
profundo mientras más
En México la Primavera suele presentarse
explorado
del dinamo
desde el mes de febrero y, á las veces ha sido
psíquico, ¿quiénes son los
vista de incógnito hacia fines de ener~ esconmalos, quiénes son los
dida en un recodo del bosque de Chap~Itepec
crueles, quiénes son los
en alguna mañana luminosa ó durante algú¿
de conciencia intranquicrepúsculo multicolor; y hay quien afirme que
la? Yo creo que, á punto
es tanto lo que ella adora á este pedacito de
fijo,
ni la Primavera lo
tierra, que de él no llega á alejarse durante
sabe; y cuenta que la Pritodo el año, y en él se refugia cuando los heOTRA VISTA DE L VOLCAN.-7 de Marzo, á las 5.15 p. m.
mavera es tan vieja colados cierzos ó las abrasantes canículas de
mo el mundo y que los
otras comarcas la arrojan entristecida con su
viejos saben muchas cosas que ignoran los
séquito de flores y de perfumes.
jóvenes; y cuenta que la Primavera es eternaLa verdad es que, aun cuando por determimente joven y que los jóvenes conocen munadas y breves temporadas se aleja la 1faga de
chas cosas que ya olvidaron los viejos!
El sol y el viento discutían cuál de los
entre nosotros, siempre deja «puesta la casa »
era más fuerte.
por si se le ocurre regresar repentinament~
Es difícil, muy difícil que alguien se susLa discusión fué larga, porque ninguno
c?mo s~ele hacerlo; siempre quedan en algú¿
traiga por completo á los encantos de la Prilos dos quería ceder.
rmconc1to el lecho de flores que la so3tiene y
mavera. El tiempo, ese domador implacable
Viendo que por el camino avanzaba un
la enramada que la cobija; pero la Maga, por
de impulsos y ele impaciencias, ese demoledor
hallero, acordaron probar sus fuerzas desa
respeto siempre á la tradición v á los usos oficonstante de ilusiones y de anhelos, el que
llándose contra él.
c~ales, sólo se atreve á ostentar toda su presenmarchita la tersura de las frentes y de las me-Vas á ver-dijo el vfonto-cómo con
cia y todo su esplendor y todo su imperio dujillas y rocía escarchas sobre las cabelleras
echarme
sobre él, desgarro sus vestidos.
rante los ~eses en que su nombre figura en
triunfantes, no alcanza t, endurecer los coraY comenzó á soplar cuanto podía.
el calendar10, con todos los honores de Reina
zones cuanto lo quisiera ni cuanto lo desearan
Pero cuantos más esfuerzos hacía el vien
por la gracia de Dios y por derecho propio.
muchos de los que albergan corazones. ¡No es
más
oprimía el hombre su abrigo, gruñen
Y los hombres la saludan entonces y le rinden
cierto que haya corazones duros! La corteza
C?ntra aquél, mas caminando, caminand
pleito homenaje, un poco entristecidos porque
acumula capas por afios y cada capa y cada
siempre.
cada vuelta de la Primawra es una pie&lt;lra miaño traen un endurecimiento relativo; pero no
. ~l vient?, encolerizado, descarg6 sobre
hay corteza que resista á
v1aJero
lluvia y nieve; pero el hom bre no
los golpes de un leñador
detuvo.
experto y no conozco leComprendió el viento que no era cosa poei
ñador má.'! experto ni más
bl? arrancarle el abrigo. Sonrió el sol, m
recio que la Vida. Cuantrose entre dos nubes, recalentó la tierra,
do la Vida se recoge y
el pobre caballero, que se regocijaba con aqu
templa todos sus músdulce calor, quitóselo y se lo echó al homb
culos para descargar el
-Ya ves-dijo el sol al viento,-con el bi
golpe, y cuando para ello
se obtiene más que con el mal.
se sirve de sus hachas
máf; filosas, del amor, del
LEoN TOLSTOY.
dolor, de la miseria, de la
belleza ó del odio, el coraz6n más duro sangra.
PENSAMIENTOS.
Y la Primavera, sin ser
un pesado menester de tajo ni de fuerza, es uno de
El espíritu del hombre es tan particular.
esos instruinentos sutiles
que con algo que ve, y á pesar de lo mism
y acerados que la Vida
que ve, se forja un motivo de pesar: nuestró
guarda para taladrar laa
cerebro hace recordar aquellos calat&gt;ozos de la
resistencias postreras ... .. .
inquisición, en los que se amontonaban tan-'
tos y tan extraños instrumentos de suplicio 1
en tal_ confusión, que se hacía incomprensibl.
su ohJeto y su forma. Con igual facilidad diPorque la Primavera,·
ce uno á su amada: «Todas las mujeres me
sin ruidos ni asperezas,
engañan," como le dice: «Me habéis enga·
penetra hasta lo más refiado.J&gt;-A. DE MussET.
cóndito de las almas y
acelera· el curso de la sangre, ese curso que, coEl amor generalmente nace de la
EL "COLIMA" EN ERUPCION.-7 de Marzo, á las t.10 p. m.
mo el de los grandes ríos,
neidad, esto es, de la improvisación.

n;a lltgado la Primaotra,

EL SOL Y EL VIENTO.

Domingo 29 de Marw de 1903.

mazatlán
tasas dtstruidas...•EI stroido tn d taiartto.
tos conoaltdtnt«.
Para los que observan con interés el curso que sigue la epidemia de peste bubónica en Mazatlán, y el valor y eficacia de los elementos que las autoridades han puesto en juego, no s6lo para impedir la propagación de la enfermedad á otros puntos del país, sino también para atender Íl la asistencia y cuidado de los pestosos, son de
impor tancia, á no dudarlo, las ilustraciones que publicamos en el
presente número y que se rP.lacionan en su mayor parte con el
servicio sanitario del puerto.
Sabido es q~10 gracias á ,a energía desplegada en esta ocasi6n por el
Consejo Superior de Salubridad, se ha logrado localizar la epidemia
hasta donde ha sido posible, y, lo que es más, hacer que mediante e¡
concurso de médicos aptos f inteligentes, disminuya el número de defunciones causadas por la peste, al extremo de que en varios días, no
se haya registrado ninguna. Esto bastaría, si no hubiera otras con.
sideraciones igualmente dignas de tomarse en cuenta, para justificar
el celo con que, tanto el Gobierno general, como el de Sinaloa, h¡m
procedido en las actuales circunstancias haciéndose acreedores al
aplauso de la gente sensata.

Contrayéndonos á nuestra información gráfica, que demuestra
hasta cierto punto, ese laudable celo, creemos necesario dar una li~
gera explicación de los grabados que la forman. Uno de ellos representa la serie de barracas provisionales instaladas en la playa sur,
con el objeto de alojar á los que, por haber sido quemadas sus habitaciones, no tiene6 donde dormir; y otro, las ruinas de una manzana que fué destruída por encontrarse infestadas las casas. La calle
de la Constitución, donde se observó mayor número de casos de peste, quedó reducida en un largo tramo, á montones de escombros por
orden de las autoridades, y así aparece en la ilustración correspondiente. Por ¡;eparado, verán nuestros lectores la fotografía de uno de
los sitios habitados en Mazatlán por la gente pobre, y la de un grupo de convalecientes aislados en !ns barracas del 31 de Marzo.
En cuanto al Lazareto, publicamos seis grabados distintos que representan : la «Sala de graves y de pronósticos reservados», la «Sala
de m uy graves», el «Departamento de administraci6n)) y el de :ccon.
valec1entes», el «personal del Lazareto» y dos de los pabellones en que
se aloja á los pestosos. En uno de éstos, hacia el fondo, aparecen los
practicantes de 1Dedicina A. Hernández Mexía ( de México) y .Tesús
Ledesma ~ de Mazatlán) vendando los bubones á una enferma, después de haber sido operada; y en el otro, los sefiores Martínez López y
J. de Avila, practicantes también, curando á un hombre atacado de

Barracas instaladas en la playa su r.

,

Ruinas de una manzana.

En la calle de la Constitución

***

*

Uno de loa sitios habitados por la gente pobre,

1-99 convaleciente, c.~ la peste,

�¡--

Personal del Lazareto.

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ffo&lt;Juf\RE

Administrac1on
. • Y d epartamento de convalecientes.

Un pestoso e n la mesa de operaciones.

�Domingo 29 de Marzo &lt;de 1903.

peste. El personal del Lazareto, por el orden
en que aparecen n umeradas las figuras en la fotografía correspondiente, es como sigue: sefi.ores J osé Arroyo, Administrador; Juan Vázquez,
Subadministrador; Modesto Alvarez, J. de
Avila y Martínez López, practicantes; doctoJ
Francisco Lavín, Director; presbítero Cornelio de Aspuro; A. Hernández Mexía, practicante; Rosendo Gómez, practicante; JesúsLedesma, practicante, y señorita Refugio Castelo. Las mujeres que completan el grupo essuvieron atacadas de peste, y prestan hoy sus
ter vicios como enfermeras. Es de justicia, por
10 que toca á la señorita Castelo, hacer constar qu e con el noble y filantrópico objeto de
acudir á la desgracia ajena, solicitó le fuera
permitido atender á los pestosos, sin preocuparse del riesgo á que pudiera estar expuesta

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

desinfección, que ha cedido
sus honorarios á la Junta de
Caridad; unas vistas de las
calles de Benito Juárez y el
Vigía, inundadas á consecuencia de una fuerte lluvia,
y otras de la instalación que
en Siqueros sirve para abastecer de agua á Mazatlán. La
inundación de las calles
obedeció {t que, con motivo
de los trabajos de azolve del
caño que servía para el desagüe y que estaba considerado como un foco constante
de infección, las corrientes
se derramaran invadiendo,
en algunos puntos, hasta las
habitaciones.

,1,1)

' .. . ½~ v.'!/

&lt;-·'J
I
'/,

***

Dada la importancia que
para el país tiene el conociLa
miento de todo lo que se relaciona con la epidemia, esperamos que nuestros lectores vean con interés la informaci ón
que les ofrecemos.

ocfff\ r-10
Sra. Emilla Extensor y su hija.

..

Sr. Lic. J oaquín M . Escoto.
(De una. litograffa wE~ año :d,e 1867,)

,,,.,.:,:,-

Comp f'11RM,O~E S

C,Omf de l'fo'CO M •6UEL

~

/
\,

nutvo Dlrtctor fimtrat dt eorrtos.

La calle del V i gí a, después de la lluvi a.

Por ú ltimo, figura entre nuestras ilustracion es, la fotografía de la sefi.ora Emilia Extensor, quien perdió á su madre y tres hijos, que
murieron de la peste, antes de que se declarara la existencia de la enfermedad en el puerto,
y que en compañía de una joven h ija suya
fué la primera que ingresó al Lazareto. Ade más, publicamos el retrato del señor Ingeniero Natividad González, jefe de la Oficina de

Para substituir al Sr. D. Manuel Zamacona
é Inclán, que renunció el cargo de Director
General de Correos, ha sido nombrado el Sr.
Ingeniero Norberto Domínguez.
El nombramiento hecho á favor del Sr. Domínguez se considera muy acertado, en vista
de los antecedentes que abonan su conducta
como servidor laborioso y honrado del Gobierno. El nuevo Director pertenece á una de las
familias principales de Hidalgo del Parral; comenzó sus estudios en Chihuahua. para continuarlos en la Escuela Preparatoria, y obtuvo
el título de Topógrafo é Hidrógrafo en esta capital, tras una serie de brillantes exámenes.
El Gobierno de Durango le confió, poco
después de recibido, el cargo de interventor
del Estado en la Casa de Moneda, y el de Profesor de algunas aPignaturas en el Instituto
Juárez. De allí pasó á Monterrey como Jefe
de la Oficina de Ensaye y, por último, á Si11aloa,donde ha desempefi.ado la Dirección de
la Casa de Moneda.

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ll&lt;AVAOO POR l• Co~"' Ofl( 111PI

hc~11Aoo PoRL• ll'CoMP- OE i',,-,11,.;.

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1ft

Sr. lng. Norbert o Domlnguez.

El Sr. tic. ]oaquin m. Escoto.

SI QUEROS,- l nstalaci6n para su rtir de agua á Mazatlán .

I

En la vecina población de Tacubaya murió
el lunes último, á las 12. 30 p. m., el Sr. Lic.
D. Joaquín M. Escoto, Diputado al Congreso
de la Unión por uno de los Distritos electorales de Guadalajara.
El Sr. Escoto era originario de Jalisco; comenzó su carrera en la ciudad referida, como
alumno del seminario, y poco después de recibirse de abogado, vino á México, encargá~dose de la defensa del guerrillero Dou J uho
García, sentenciado á muerte por Maximiliano.
•
Obtenido el indulto del jefe liberal, Escoto
se unió á las fuerzas republicanas y durante
algún tiempo desempefi.ó los cargos de Coronel Auditor de Guerra del Ejército del Norte
y de Secretario del Sr. General Mariano Escobedo. Al lado de este insigne patriota estuvo
en San Jacinto y en Querétaro, población, esta última,donde sirvió como Asesor del Consejo de Guerra que condenó á muerte al Ar·
chiduque y á los generales Mi ramón y Mejía.
Más tarde fué nombrado Subsecretario de
Gobernación, Juez 1'? de lo Criminal y Fiscal
de la Suprema Corte, sucesivamente.
Liberal por convicción y de talento, el Sr.
Escoto prestó á la República buenos servicios
y su muerte ha sido muy sentida.

Parece por fin que SP,rá wi hecho la obra colosal de la apertura del Istmo Americano, que
permita á las aguas del Pacífico confundir~e
con las del Atlántico, realizando asi uno de
los pensamientos más colosales de la edad contemporánea.
La idea de buscar esa comunicación, ha estado latente, por decirlo así, desde los días
del descubrimiento de Améri-:a.
Cristóbal Colón, que no podía imaginar la
existencia del Nuevo Mundo, buscaba, al realizar el descubrimiento, no un vasto imperio
que añadir á la corona de Castilla, si_no un camino recto para ir de la Europa Occidental al
Asia Oriental: su pensamiento era profun?amente científico y verdadero; pero América
surgió inopinadamente en ese camino, consumándose así uno de los acontecimientos más

MJlLAS

o(So~ col ~

grandes y transcendentales
de la Historia moderna.
Después de Colón, muchos
descubridores, muchos exploradorel!, buscaban con
empefio el canal que comunicase los dos Océanos imaginando que éste debía de
existir por obra de la naturaleza.
Descubriólo al fin Hernando de Magallanes; pero
tan al Sur, tan remoto, que
su utilidad práctica vino á
ser mu y escasa.
Surgió más tarde el atrevido pensamiento de corn,·
gir la obra de la naturaleza;
de abolir la barrera panameña, y de, ya que
el canal no existe, abrirlo á fuerza de pico, de
lal.,or y de dinero.
Después del desastre de la Compañía france,a y de la abrogación del tratado ClaytonBuhrer, ha quedado á los americanos expedito
el camino para romper el istmo. Arregladas
las dificultades con Francia, con Inglaterra y
con Colombia, todo parece indicar que, á vuelta de pocos años, nuestras costas meridion1iles, así como las costas de Centro y Sudamérica sobre el Pacífico, podrpn comunicarse directamente con Europa, sin necesidad de transbordes, ni de dar la vuelta por el estrecho de
Magallanes.
El grabado que publicamos encierra los
principales detalles del grandioso proyecto,

Desempefiando un humilde empleo en la
Escuela Normal de Profesores, vive el anciano
Juan Idueta, cochero que por mucho tiempo
estuvo al servicio del Benemérito D. Benito
Juárez y que lo acompañó en su peregrinación
á Paso del Norte.
Id u eta recuerda todavía emocionado los episodios de que fué testigo durante la gloriosa
retirada de Juárez, y conserva, hacia su ilustre amo, un cariño que raya en veneración.
En la actualidad, el leal sirviente padece
una afección cardíaca que más de una vez lo
ha puesto al borde del sepulcro. Hace poco sus
males se exacerbaron al extremo de que se con·
siderara inútil todo esfuP,rzo por salvarlo, Y
aunque entró después en un período de rela·
tiva mejoría, el peligro no ha desaparecido por
completo.
El Sr. D. Benito Juárez, hijo del Benemérito, ha estado á visitar al enfermo, á quien
distingue con su estimación, y el Director de la
Escuela, Sr. Rébsamen, ha hecho cuanto ha
estado de su parte para que el paciente no carezca de los auxilios y atenciones indispenrnbles.

Sr. J uan I duetc1.

�Domingo !l9 de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 29 de Marw de 1903.

!VCE VICTISi
Ni Aníbai, ni Yugurta, ni Mitrídates
se pierden en la sombra del pasado,
ni manchan con la púrpura enconada
el cielo esplendoroso de sus fastos ;
que An(hal, qne Yugurta y que Mitrí&lt;lales
esculpen en los múrmoles de Paros
el verl.Jo &lt;le epopeyas imposibles
que guardan en sus almas burilado,
y aceptnn el combate del perjurio,
y lanzan á los pérfidos el dardo,
y ruedan en la li7.a como buenos
y mueren en la arena como bravos! .......
¿Qué importa que después los Decenviros
los graben Pn las Tablas como bárbaros'?
¡Al tin ha de surgir con la Justicia
el «In rin merecido á los tirano~!

***
Las trombas del simoun en su inclemenci
po&lt;lrún 1.Jarrer los ídolos sagrados
y devastar las fértiles campiñas
con Ciros y Scipiones y Alejandros;
mas siempre habrá conciencias que
el hálito maldito de los amos,
Xenofontes que crucen los desiertos,
Púnicos que sucumban en Cartagos,
Pelópidas que hostiguen á traidores,
Numancias que deshonre11 Emilianos,
Daríos que perezcari en Arbelas,
Demóstenes que azoten á comprados ......
y pueblos prepotentes que levanten
el «Inri» merecido á los tiranos.
ADALBERTO C ARRIEDO.

-1903.

ASTRONOMÍA.
Catorce sabios de la vieja Europa
estudian con afán,
desde la lente que á los cielos mira,
un carn singular.
Son dos estrellas, negras, tan brillantes
como iguales no viéronse jamás.
¿Su proyección'? Ignota: nadie supo
de dónde vienen ni hacia dónde van.

SIMBOLO.
Desaparecía el sol en occidente, arropado
en su manto de oro con la regia pompa de gran
monarca moribundo.
En la abrupta cumbre, una cruz levantada
en alto, y en ella, enclavado y muerto, el Divino Redentor de los humanos.
María y Juan eran los testigos mudos de
aquella trágica escena: velaban al pie del madero santo, como ángeles custodios del Mártir inocente.
Tras la agonía de la tarde, tendió la noche
sus alas medrosas y sombrías; y el pueblo deicida -ebrio de vino y de impudor, -ovacionaba á Barrabás, cantando el himno maeábrico de su infame abyecci6n.
Roncos de vocear y extintos de fuerzas para continuar bullendo y cantando en la bacanal estúpida, unos caminaban dando traspiés,
y otros quedaron tendidos por los suelos, como soldados muertos en sombrio campo de
batalla.
Rasg6 la luna las densas brumas que encapotaban el firmamento, y desde el zenit de la
estrellada comba, radió -como hostia de luz,
-bañando la pálida frente del Cordero.
La Madre y el discípulo amado, llenos de
duelo infinito, velaban al pie de la cruz; y en
medio de aquella escena de recogimiento, de
aquel silencio augusto, santificado por la gracia de la oración, estalló frente á Jesús, turbando la triste, sagrada paz, una carcajada
sacrílega ........ .
Cayó Juan de rodillas, como fulminado por
el rayo; y la Madre mártir-que vió cruzar
ante sus ojos, con la instantaneidad del relámpago, la silueta espantosamente horrible del
insultador,-abrazó en el paroxismo de su
dolor inmenso lotpies ensangrentados de su
Hijo muerto, bañándolos de lágrimas ..... !
El que había reído era Judas ..... !
Pero al tercero día de haber reído el sacrflegio, resonaron con maravilloso estruendo todas las músicas del Empíreo; y las legiones
angélicas, agitando sus alas resplandecientes
en la inmensidad etérea, cantaron, como hermosa salutación al cielo y á la tierra:
-¡ Resurréxit! ...... ¡Resurréxit!..... .

***
¡Y Satanáf' rugi6 de oaio!. .....
J esús h abía triunfado por el amor, y comenzaba el reinado de la Misericordia!
RAFAEL DE LOS

Ríos.

Con los últimos tintes de la tarde
en el espacio se las ve brotar,
y breve tiempo en el espacio radian
su intensa claridad.
Ese es el caso que catorce sabios
inquieren con espíritu tenaz,
desde la lente que á los cielos mira
con su ojo de cristal.
Oh! profesores de la vieja Europa,
cuánta pena me causa contemplar
vuestras blancas melenas agrupadas
sobre el largo instrumento con afún!
Mas, m i secreto descubrir no puedo;
y no sabréis jamás
de quién son las pu pilas que en la noche
per~igue vuestro ~nte de cristal.
FABIO

Marzo, 1903.

Fuu.o.

RAPSODIA.
Alzando airoso la blanca testa,
La frente blanca llena de arrugas,
Guía atrevido la gran orquesta
Que desarrolla temas y :fugas.
Ora se escuchan himnos marciales,
Ya quejas hondas de 1.,s violine,:,
Golpes sonoros de los timbales
Y ecos vibrantes de los clarines.
Es nn conjunto genial, soberbio,
Que alegra á veces y otras contrista,
Es un conjunto que mueve el ne,vio
De la batutc-,, del gran artista.

. . .Se extingue el ritmo, la orquesta calla,
Mueren sonido$, mueren rumores,
Y el auditorio, súbito f'stalla
En mil aplausos atro1,adores.
De pie, sublime, se yergue el viejo,
Inclina un poco la cana testa,
~ Y en sus pupilas brilla un reflejo:
El de las lágrimas de su orquesta ..... . l
ESTUDIO FOTOGR.\.FICO. -(COLECCIÓN PELLAXDlNI. ).

1903.

ENRIQUE T ORRES TORIJA.

ESTUDIO FOTOGRAFICO. - ( COLECCIÓN PELLANDINJ. )

�Domingo 29 de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

!estar que me invadía el cerebro y el ~oraz6n, como una embriaguez,
me quitaba la noci6n de las cosas habituales, tan estrechas, tan sofocantes en tanto que otras infinitas divinas, hechas de bondad Y de
aband~no, me penetraban, me inu~daban de luz y d.e _ens~eño..
Estaba en el paraíso, bogando en 1:1n mar de delicias silenciosas,
con el coraz6n tan lleno con la realizaci6n de todo, que en él no quedaba un átomo de deseo .. ... Y lloraba, como Pedro, lágrimas dulces
de satisfacci6n. El no decía una palabra, pero había ~asado su brazo
en derredor de mi cintura, y seguía atrayénd?me bac1_a sí.
Por la ventana abierta,entraba la luz límpida de~ cielo,cor:istelado
de estrellas que brillaban con fulgor indeciso. Hubiera, querido que
ese instante no se acabara nunca. Pedro me estrechó mas aún, hasta
tocar mi mejilla con sus labios... ...
.
.
Al pie de la ventana, estall6 una carcaJada estridente ..... •
l\le desprendí de esos brazos, sofocada, con los cab~llo~ sueltos,
loca de terror, pero también de dicha, porque había salido intacta de
la terrible prueba.
Me lancé á la ventana gritando como loca:
.
.
.
-No Victorina1 no! No lo crea usted ...... Se lo Juro, V1ctorma.
No ría usted así. Me va á matar .... ..Y usted, miserable, salga, salga
pronto, vaya á éi.ecir á esa mujer que no es verdad 1~ que SUJ?One!
.Me volví hacia aquel hombre, que permanec1a aturdido, trémulo.
-Pero salga usted pronto!-le grité,recbazánd&lt;;&gt;le ruda;mente.Cobarde, cobarde, que vino á sorprenderme en med10 de mi llanto.. •
Salga, salga prontoi
Estaba loca, en verdad. Corrí tras él, por la e~calera, recha,zándole siempre. Llegando á la puerta de la calle, echo á correr. Sah para buscar á Victorina. La llamé llorando, sollozando dolorosamente.
Eso era absurdo: los transeuntes podían oírme.
-Oírme, qué importa-decía yo. - Cuando les diga que no es
cierto eso, me creerán ...... Victorinal Victorinal
Pero la mujer no respondi6 y volví á subirá mi cuarto, llorando
siempre á gritos.
XXX.

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.

•

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

TR4DUCCION Df "fl ~UNDO ILU&amp;TR4D0,"
(CoNTINÚA.)

Y le vi llorar.
-Oh! María Teresa, cuánto hemos luchado, cunnto hemos sufrido! No es bastante aún?
_Me suplicaba, y yo veía ~u ~ostro, hermosísimo, expresando angustia,por el cual corrían las lagrimas lentamente como si se asombrasen de baiíar esos carrillos viriles.
'
Y me dejé atraer hacia él; mi coraz6n se fundía. La sociedad,

1
. . .
. .
os prmcip1~s recibid.os, el honor, tal como se -le entiende por regla ge·
ne~al, Y el cielo Y el mfierno ...... todo se borr6. ..... Estaha sola en el
Nmverso, al !a&lt;lo. de Pedro! Mi espíritu se ensanchaba infinitamente.
0 sé qué mister~os se .me explicaron. Me sentí poseída de una in· ·
men~ mdulgenc1a hacia mí y hacia todo lo que existe.
ra amada .... . . amaba ..... .
Oh desfallecimiento adorable! La excesiva dulzura ele ese ma·

Sí Phrasia tuvo razón cuando me dijo, en los primeros días,que
Victorina era temible! La malvada vieja parecía no vivir desde entonces, sino para aquello que había descubierto.
De un extremo al otro del pueblo, en los lugares cercanos, y de
allí hasta la población en que residía el inspector,la vieja hizo circular la historieta en que mi nombre figuraba.
El cura roe mand6 llamar desde luego. Me recibi6 llorando. Me
arrojé á sus pies. Le juré ante el Cristo que era inocente ...... El movi6 la cabeza, en ademán desesperado.
-¡Ay, pobre nifia, no basta ser inocente, es necesario parecerlo!
Han visto salir al sefior Raibert por la noche de la casa de ustPd. Se
le ha visto, sin que sea posible dudar. Todo el mundo está de acuerdo en afirmar ese hecho que la deshonra á usted: Phrasia, que sabía
que esa noche el sefior Raibert estaba ausente; Sil vio Moutet, queparece espiaba á usted á toda hora; por último, Victorina ..... .
Me sentí desfallecer, palidecer mortalmente.
-Quisie.ra morir, sefior cura ..... .
Se apiad6 de mí.
-Levántese usted. No tengo de qué absolverla, puesto que á los
ojos de los ángeles nada .malo ha cometido usted; pero ha.y que tener
también en cuenta los OJOS de los hombres. Usted no ha sido prudente· cuando menos, ha sido débil. Usted, tan inteligente, tan juiciosa'. ...... ¡Ah señorita Romane, qué desgracia! Levántese usted, le digo.
¿Qué implora usted? ¿Qué puedo hacer yo, si no es lamentar también
lo ocurrido?
Y se lamentaba, en efecto, como un niñ.o, echado en un sill6n,
en tanto que yo me había puesto de pie y le miraba, más enloquecida
por ese dolor por ese reproche tan amargo, en su dulzura misma, en
su mesura, efi su verdad, que si algún castigo terrible me aguardara.
Entonces me puse á hablar de corrido, tumultuosamente, como si
quisiera con mis palabras ahogar mi dolor ..... .
-¡Si usted supiera, señ.or cura, qué cosa tan insignificante fuél
El me prestaba libros; yo no le veía nunca; de repente se presentó en
mi casa. ¡Un segundo nada más, un segundo señor cural Era de noche es cierto; no había lámpara en mi cuarto; pero entraba la luz de
las ~strellas ...... Me pareci6 que no había mal..... . ¡Fué tan rápido!
Iba á deepedirle, cuando ri6 Victorilla. ¡Oh! ¡Esa risa, señor cura!. ..
Esa mujer yo la maldigo ....... . .
Lloraba; y mi aspecto debía ser conmovedor. El cura me estrech6
la mano.
-No maldiga usted á nadie...... Más bien Victorina satv6 á usted. Era de noche, á la alcoba entraba el fulgor de las estrellas; usted
no creía hacer mal.. .... ¿Qué habría sido de usted?
-Nada peor que lo sucedido, puesto que estoy deshonrada por
la maledicencia.
-¡Ah! ¡Si hubiese un remedio! ¡Si ese desdichado no fuese casado!
Me atreví á murmurar:
-Phrasia me ha dicho que su mujer está muy enferma ..... .
Era una esperanza loca, á la cual me había acogido, desde que
me refiri6 Phrasia la enfermedad de la esposa.
-¡Ay!-dijo el cura. - ¿Qué importa eso? Ella no le dejará sus
bienes sino á condición de que no vuelva á casarse......... y él, porla
herencia, aceptará la condición ..... .
-¡Oh! ¡No; no, imposible!

•

Domingo 29 de Marzo de 1903•

-¡A.!í será, hija mía!
-Pero si me ama..... .
-¡Se consolará, créame usted!. . ....
Y mirándome fijamente, el cura me pregunt6:
-¿Y usted, le ama?
¡Si le amaba! ¡A ese hombre que me había estrechado contra su
corazón! A ese hombre, el único que podría lavar mi oprobio, amándome aún, si la buena suerte bacía que su mujer se muriera..... ¡Ah!
Sí le amaba.
Respondí con la mirada. La frente del cura pareció cubrirse con
la sombra de una inquietud terrible.
-¡Cuánto debe usted haber sufrido!-murmur6.
Y apoy6 en mi frente su mano. durante algún tiempo, como si
quisiera hacer penetrar á mi cerebro alguna fuerza, para los momeo•
tos en que más habría de sufrir ... .. .

xxxr ·
¡Ay! Fué, en efecto, tan terrible .. ... . Más aún que mi viaje á la
ciudad, que se refirió únicamente á mi honor, cuando el inspector me
llam6 para que le refiriera mi historia. ¡Y debí referirla con mis altivos labios, con mis labios puros! ·
De pie, con el corazón rebosante de amargura, hi;_blé; referí mi
soledad sofocante; hablé de aquel señor que me prestaba libros,
y que del'pués, una noche, llegó basta mi cuarto, sin que nada de mi
parte le autorizara á hacerl&lt;1. ¿Qué debía yo hacer? ¿Cuál era mi falta?
Erguí orgullosamente la cabeza, y me atreví á ir más lejos.
¿Era yo acaso la única víctima de aquella soledad que hacía brotar almas rapaces en derredor de las jóvenes? Si la sociedad se preocupaba tan poco de sus misioneras-porque nosotras lo somos, y de
las más veuerables,-¿nos abandonaría, tan jóvenes y tan débiles, en
medio de todos los peligros que amenazan á una mujer?
¿Si el hombre á quien se refería, asalt6 mi alcoba, con el plausible pretexto de un libro, no habría yo sucumbido, una ú otra vez, y
sin ningún pretexto, á la fuerza bruta de un ebrio, de Silvio Moutet,
que también me perseguía? Porque, suponiendo, como parecía indicarlo el inspector, que hubiese yo cometido alguna coquetería respecto al seductor Raibert, ¿la habría cometido acaso, respecto del ebrio
Silvio Moutet? ¿Y quién me habría defendido contra éste? ¿Quién
protegía á todas las demás institutrices, en camino de perderse, y de
las cuales él, lo mismo que yo, debía conocer la historia?
Nadie tenía que cuidar á la señora Albert, la espo~a del profesor
de Pinet, ¿no es verdad"? ¡Pero las otras! Las otras pobres, de las que
yo era una, ¿quién nos defendería?
El inspector, un tanto turbado, se alisaba el bigote, movía la
cabeza, me miraba, ora con asombro, ora expresando, á pesar suyo,
que mis razones le habían convencido. Por fin me interrumpi6 y me
dijo sonriendo finamente:
--En suma, scfiorita, ;.es un marido lo que reclama uste&lt;l?
Era brutal. Sufrí muchísimo durante un segundo, preguntándome si me atreYería á responder. Por fin me atreví:
- ¡Pues bien, sí!
Y añadí, demasiado herida en mi pudor, para detenerme en lo
dicho:
-¡No para mí, ya no sería tiempo! ¡Pero para las otras para
mis compañeras, de quienes sería la salvaguardia!
'
Debo haber estado convincente. El inspector tosió, me miró cada vez más asombrado, revolvi6 distraídamente los papeles que había
sobre eu escritorio, y murmur6:
-No digo que no. Sería, en efecto, la salvaguardia, como usted
dice.
Y añadió, poniéndose en pie:
-En fin, querida señorita, no es tal la cuestión, por el momento. Veo que usted no es una persona vulgar, y ciertamente las cosas
deben haber pasado como usted las refiere. Pero el hecho de la presencia del señor Raibert en la casa de usted, no ha dejado de causar
escándalo . Mi deber sería suspender á usted temporalmente, ó por lo
menos, amonestarla severamente. Haga usted cuenta que ya está hecho. Sea usted más reservada que nunca. Es evidente que la situación de las institutrices está llena de peligros, sobre todo cuando la¡¡
jóvenes son tan perfectas, tan ...... hermosas ..... .
Yaciló pa~~ pronunciar es~ palabra, c¡u~ yo e~cuché sin pestafiear. Me tend10 la mano, y trato de tomarse cierta libertad oprimiendo mis dedos más de lo debido.
'
-¡Qué solitaria ha de ser, en verdad, á la e&lt;lad de usted esa casita de la escuela! ¿Qué, en sus paseos, no llega usted nun~ hasta
aquí? El bosquecillo de los Bálsamos, que está en el camino es encantador. Con frecuencia voy allá. No habría mal en encont;arse allí
y platicar un poco ..... .
Me retenía la mano, se acercaba á mí, y en sus ojos brillaban no
sé qué fulgores ..... .
Alcé los ojos, que debían arder como dos cirios.
-Señor-)~ dije con voz grave, - suponga usted que no me ha
absuelto, refl.ex~one en l.o que acaba de decirme, y juzgue si las muchachas que estan en m1 caso no son muy dignas de lástima.
Soltó mi, mano como si le hubiese quemado, palideci6 hondamente y murmuro:
- Perd6n, perd6n ..... .
Sa}í, llevando la cabeza inclinada, en ademán &lt;le indulgencia,
per~on.rndole, como él lo deseaba, en tanto que era yo quien había
vemdo á que me perdonase....... .
( CONTINUARÁ. )

�Et

"La Fuerza del Hombre y la Hermosura de la Mujer."
Antes y desde los tiempos de Sans6.n esto es lo que se ha
dicho de todo cabello exhuberante.
El Viuor del Cabello del D1·. Ayer conserva y embellece el cabello haciéndole crecer y dándole fuerza y lustre.
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MUNDO ·tLUSTRADO
llfXICO, ABRIL 5 Df 1903.

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1 .

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TÓNICO

EL MISMO

RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

"'"'º

So

F.BRUGINOSO : SIETE M~AS,,ORO FOSFATADO:
h1■ia,

~

Cl1n1i1, Comlecmiu, ,te.

20, lut des Fouk-St,Jacques
1 1n lu !;.rm,1c1u.

~

Litfatiamo, Escr6fola, Me
Infartos de los Ganglios, etc

~

'

i

PETROL~

1

DEL DR. TORREL, DE PARÍS
Unica preparación que evita la caída prematura del pelo, lo
aumenta, suavizi. y hercn'&gt;sea, á la vez que le comunica un aroma agradable.

.

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bre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado.
""&gt;¡,,

Para informes, dirigirse á la Oficina de la Compañia ~n
los terrenos ó á la de Xa.rl B. Cook, Agente vendedor,
Gante, núm. 8.
G:lJ c::J

EL TEST AMENTO.

f¡-·

~~

,

Dtl Tllmo. sr. Jfrzoblspo rttba11.

'}

L os bienes fueron valuados
en $ 125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mútua"
Compañía de Seguros
sobre l a vida, de Nueva York.
Hace pocos dfas que se practicó la
apertnra del testamento del llustrfslmo
Sr. Arzobispo Don Patricio A. Feeb•n
en la cludaó: de Cblcago. Illlnols. La
,ort nna di distinguido prelado aseen·
dlll íl eerca de $125.000 oro americano :
y segtln el Inventarlo que se ba pub 1cado, los bienes que dejó fueron con.o
Jlgue:

'

Dos p(11lzas de • 'La Mu•
tna.' ' Compatlfa de Seguros sobre la Vida, de Nueva York. por $25,000 -0ro
cada nna. 11 sean. . . .$50,000
Dividendos acumulados SO·
bre nna «re las pólizas. . 9.82!1
Otra póliza de seguro . • . 14,000
Acciones en efectivo y en
Bancos. . . . . . . . . 37,000

1
i

oro
.,
oro
oro
. ""' o

SI

e'\

oro

F:ntre las disposiciones del setlor Ar1.nhlspo, en su testamento, se hicieron

htas:

.

.:,...,_ ,,._ _,J_;.;.·

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~~-

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efectivo: A. lfl Academia de San Pntri•
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$10,000 oro de la tlltlma póll•a; ll la
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Illlnois. que era la institución por In
que mlls se Interesaba el sellor Arzo·
hispo, se entregaron los $4,000 restan•
tes de la tlltlma póliza.

~

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12 ·

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"-

CRISTO ATADO A LA COLUMNA.
CUADRO DE FABRÉ.s.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO ILUSTRADO.

bomlngo 16 de Mnrw de 1903

Todavía hay que temer de Silvio, y el alcalde me librará de cualquier
ataque. Debe haber una ley, un medio cualquiera que permita á un
alcalde evitar las tentativas criminales de un borracho.
Tales son mis ideas.
Estoy cerca del enverjado.
-Sí; yo he llamado: tengo miedo. Un hombre estaba en la espesura, en el otro extremo del jardín. ¡Ahl sefior, yo se lo ruego, que
ese hombre no vuelva. ¡No voy á poder vivir!
Mis ojos buscan al acaso, hacia el sitio donde pudiera encontrnse el señor Raibert. No hay luna.
-¿Es la primera vez-me pregunta-que ese hombre ...... la espía ...... de tal modo?
No sé lo que hago. El hombre que me habla así, no tiene ningún derecho á que yo le haga tales confidencias. Pero mi alma es demasiado cándida: todos los seres que tienen apariencia tan distinguida,
me parecen hermanos míos, en lo que esa palabra expresa de intimidad purísima.
-¿La primera vez? No; ya un día, en el camino de San Roque,
se me presentó, pidiéndome que fuera su esposa.
-¡Ahl ¿Y quién es?
--Silvio Moutet, uno del lugar.
-Sí, sí.. . .. . ¡Un muchacho encantador, en efecto! Bien, y ¿por
qué no lo acepta usted por marido?
-¡Oh! Sefior alcalde ........ .
Toda mi distinción, que parece inadvertida, todo mi deseo de
una uni6n espiritual con alguien que fuese igual á mí, surgió de mis
labios con ese solo grito, provocado por la pregunta del alcalde.
¡Yol ¡Yo esposa de Silvio Moutet, el borracho! Y quien me dice eso tan tranquilamente, es ese hombre inteligente y fino, que debería comprender mejor que cualquiera otro cuán cruel es mi soledad
moral de ahora l. ....... .
¡En qué abandono estoy, Dios mío, para que nadie pueda comprenderme!
Y mis labios temblaron, intentando sonreír, para no contraerse
en un sollozo.
-¡Oh! ¡Sefior alcalde, oh! ......

***

¿DP dónde surge el destino del hombre, para caer sobre él en el
momento preciso en que estaba escrito que cayese? ¿Cómo llegan
cuando no hay para ellos, á lo que parezca, ningún camino preparado?
Y, sobre todo, ¿cómo hay gentes que r, uedan predecir su advenimiento,
como lo había hecho Victorina?
·
El señor Raibert pos6 su mano en la mía, que temblaba. Y sin
transición, su voz at;ariciadora se llenó de ternura infinita, y murmuró:
-Perdón, perdón, perdón .......... ¿Usted esposa de Silvio, ó de
otro, no importa quién, de los de aquí? ...... Mil veces perdón por esa
injuria ..... .
&lt;&lt; ••• Era una prueba l. ...
«... Uited es mujer; él la ha confesado su amor; usted podía amarle ...... Esto era lo que yo temía cuando supe que usted había llorado
tanto en la tarde misma en que Sil vio se Je presentó en el camino....
«... ¿Por qué ha llorado usted tanto, dígame? ¿Y tantas otras veces después? ¿Y esta noche, todavía, cuando soñaba usted, tan pálida, con el rostro hacia el firmamento ...... ?
«.•. ¿Por qué, María Teresa?»
Pensó, más bien que dijo, esa última palabra: mi nombre; pero
mi cerebro le oyó, á fuerza de estar alucinado. Porque estaba yo fuera de mí. Toda esa ternura me ahogaba, no dejándome en pie sino
una idea fija: la predicción de Victorina.
Por mucho tiempo mi garganta contraída no dejó pasar ningún
sonido; por fin murmuré:
-Cuando usted me espiaba de este modo, Victorina le seguía.
le espiaba también, ¿no es verdad? ¿Estaba en alguna parte? ¿La veí~
usted surgir á su paso? ¡ Dígamelo usted, se lo suplico!. .....
Mi estado le alarmó.
-Pero no sé nada de eso, señorita. ¿Por qué?
Entonces volví en mí.
¿Qué _me importaba fuera en verdad una hechicera ó que hubiese presentido el desenlace, á fuerza de inteligencia ó de espionaje?...
El hecho estaba allí, irrecusable: el sefior Raibert había venido y me
hablaba de amor, y á la luz débil de la luna en creciente, vi su rostro
turbarse súbitamente, sus ojos resplandecer de ternura y de respeto
en ta11to que los de Silvio habían brillado como dos brazas.
'
¡Oh, sí; qué dulce sería la unión fraternal con ese hombre!
¡Qué simpáticamente resouaba en mi alma su voz!
¡El me amaba, puesto que sabía también mi vida, casi minuto
á minuto! ¡Pero qué delicadeza, qué respeto en ese amor, puesto que
yo no lo había sabido!
¿Y yo, le amaba?
¡No; sin duda, todavía; pero podía amarle! Sentía que en él había la ternura á que mi alma aspiraba. ¿Qué fuerza me impediría ir
en busca de esa ternura ......... prohibida, puesto que ese hombre era
casado?
1La prudencial El valor de roro per desde ahora con ese atractivo
fatal que me obligaba á permanecer allí, de pie, junto á la barda,
cuando debía haber huido ya.
Y valerosamente, di un paso brusco para cumplir mi resolución
heroica; mis manos se desasieron de la barrera; mi voz era tan blanca como mis manos, baiiadas por la luz de la luna, y como el rostro
angustiado de Raibert. Todo era blanco; era de plata vaporosa que

nos bafiaba pálidamente, que recibía mi'tristeza infinita y pura, blanca también, como todo en ese momento, en derredor de mis ojos, que
se turbaban mientras yo hablaba.
-¡Conque usted me espiaba! ¡Y cuando Victorina casi me lo
anunciaba, yo no podía comprenderla, ni creerla! ¡Oh! ¡Quf mal estaba eso, señor!
Mi voz seguía siendo dulce, á pesar de la ligera rudeza de mis
palabras. Proseguí:
--¿Qué quiere usted de mí? ¿Por quién me toma? ¿Qué espera
usted?
Murmuró:
-¡Nada; se lo juro!
-¡Pues bien-dije exaltándome,-déjeme usted, señor, entonces! ¿Qué viene usted á rondar, por la noche, en rededor de mi jardín, como Silvio el borracho? ¡Ah ironía! es usted quien ha ocurrido
á librarme de él...... ¿Me ve usted sola, en el jardín? ¿Sabe usted que
va á ser media noche? ¡Ah Dios mío! ¡Dios mfol ¿Es así como han
comenzado á desviarRe las otras?
Gritaba casi, exasperada, con las manos juntas, con las mejillas
bañadas de lágrimas que no me ocupaba de enjugar.
Retirado á tres pasos de la verja, el sefior Raibert murmuró, con
la frente descubierta:
-Cálmese usted, sefiorita, se lo ruego. Cálmese usted; voy á retirarme. Pero antes, permítame una palabra, una sola, la última.....
¿Llora usted, no es verdad? Y hace una hora, también lloraba. ¿Cuáles lágrimas eran más amargas: las' de ahora ó las otras? Reflexione.
Es todo lo que pido. Me retiro.
Hizo una reverencia hasta barrer casi el suelo con su sombrero
gris, y desapareció.
Quedé petrificada, con la última frase del alcalde clavada en pleno corazón, como un cuchillo.

ILUSlRADO
ANO X•••TOMO 1.-.,NUM. 12

MEXICO, MARZO 22 DI 1903.

Subscripci6n mensual for•nea, $1.!0
ldem. ldem. en l1 capo1al, S1,25

6erente: LUII', RrY~ &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAl"AlL RtU&amp; &amp;PINDOLA.

XXVII
El alcalde tenía razón. Mi vida cambió; pude por fin el substraerme á la t9mida tentación. Primero permanecí varios días sin salir,
meditando un plan de conducta. Fué una preocupaci6n no libre de
encanto; luego, cuando hube tomado la resolución de no cambiar en
nada mi conducta, y solamente acorazarme contra mí misma, quedar
digna ante el alcalde si llegaba á encontrarle, y, sobre todo, evitar
encontrarle, entonces volví á hacer mis habituales salidas, con el paso más vivo, la mirada más alerta.
No se trataba ya de vagar al acaso y arrastrar uu pensamiento
sin objeto; sino escoger los caminos más cortos, más directos á mi casa, y pensar en evitar un encuentro con el señor Raibert. Así lo hice.
Y Jebe haber ocurrido que esto me fm,se sumamente agradable, porque desde entonces los días pasaban con una rapidez increíble.
Y como el alcalde no se presentaba jamás, y yo pensaba constantemente en él, para evitarle, sucedió que mis paseos fueron más
bien excursiones en busca de ese hombre.
El día que pude convencerme de ello, me detuve llena de confusión, con los ojos rasados en lágrimas de despecho ... ¿Cuál es, pues,
la complexidad de lo que se experimenta? .. . ¿Sentía yo despecho por
no encontrar al sefior Raibert, ó contra mí misma, por el descubrimiento que acaba~a de hacer?_ l!.:sta última debía ser la verdad, porque me
decía, al caminar despacio por la vereda sembrada de margaritas:
«¡Es así como han empezado las otras! ¡Es así, absolutamente! Porque ó yo soy la última de las últimas, puesto que siento que
busco á ese hombre-y no lo creo, porque 110 pienso nada malo puesto que es mi ser el que inconsciente, instintivamente va hacia 'él como el labio sediento hacia el manantial-ó las otras han sido domo
yo, tan puras y tan instintivas, y entonces la vida es una abominación.»
Y me senté, agitada por un mundo de pensamientos.
¿Por qué la sociedad prohibe el amor si la naturaleza ha querido que el amor exista?
'
_¡Oh! ¡Esas piedras que me había referido Phrasia! ¡Esas piedras
arroJa~as á la profesora caída! ¡Esta no había matado á su hijo! ¡Se
había ido, llevando en las entrañas el fruto sagrado y se habían atrevido á lanzar piedras contra ese seno!
'
¿Qué había. hecho esa infeliz joven, sino la obra augusta de perpetuar la vida?
.. Así pe!1sé durante mucho tiempo, con la mano apoyada en la
meJilla .i.rdiente.
Cayó la tarde, violeta y rosa, semejante á un ramillete de viole•
tas, cuyos racimos pendían sobre las cimas de los montes· racimos
malva, salpicados de oro, justamente como la fl()recilla e~balsamadora que los enamorados cortan en los bosques ......... Y soñaba en
todo esto: en los enamorados, en los prometidos, en los esposos ..... .
¿Tales goc~s no me, s~rían permitidos jamás?
¡Habían sido tan rap1das las frases de ternura oídas aquella noche!
. ¡Qué dulce fue_ra que, durante los días en que me creía sola, hubiese sabídome espiada por tal mirada de amor!
¿Dónde estaba hoy esa mirada?
¿Mi rig?r la habría alejado para siempre?
¿No e~1stía en alguna parte, en el misterio de las hojas, y no se
me acercana ya nunca, nunca?
Me incliné para buscarla. De pronto resonó la voz del señor Raibert, haciéndome latir tumultuosamente el corazón:
-¡María Teresa!
( CONTINUARÁ. )

7

ABSTRAÍDA.
( COLECCIÓN P ELLANDDi'J.)

�Domlngo 22 de' Marzo de 1903.

no tngañtis á los niñost

'

Hemos nacido para la verdad: toda educación que disturbe, retarde ó impida este objeto nobilísimo, es falsa, dañosa, reprobable.
Cuando se dice educación, no debe entenderse
só\o un arte determinado y estrecho que ejercitan los maestros, los pedagogos, los padres
ilustrados, para con los, niños. Tiende á educar á éstos, y tal vez mas qm, lo otro_. toda esa
serie de acciones, de palabras, de obJetos, que
los rodean desde el momento en que sus tier•
nos cerebros empiezan á alumbrarse con los
rayos nacientes ele la razón. -Las primeras ideas
ó sensaciones que llegan al niño, dejan en su
memoria ó en su fantasía huellas profundas,
de las que indefectiblem~i:it~ ~e. valdrá m.ás
tarde para formarse y emitir JUICIO~, para eJ~cutar acciones, para corregir ó alentar, seguir
ó rechazar instintos buenos ó malos. Por eso
es de suma importancia saber escoger las personas que deben rodear á los ni~os en sus
primeros años, pues ellas, como dice el poeta, los acompañar.ín por toda la vida. Por de~gracia muy pocas personas toman para su~ hijos una precauci6n de tanta trascendencia, y
muy á menudo loj abandonan en manos de
domésticos ó de parieutes que, por ligereza ó
por ignorancia engañan constantemente á. hs
inteligencias infantiles, crean en ellas arraigados errores y prejuicios fatales, vici~n sus
tiernas fanta~ías sembrando en ellas miedos y
terrores, falsifican sus corazoncitos haciéndolos dobles para siempre, disimuladores, sospechosos........ .
Esa bendita edad de la inocencia y de la
sencillez, inexperta en todo y ávida de saberlo
todo fácilmente escucha los conceptos de los
may~res y casi siempre les presta una fe ciega. Por eso sería obra abyecta y nociva el valerse de tal superioridad para cultivar lo falso· es cierto que con frecuencia se hace por
br~ma y sólo con objeto de divertirse y de observar los efectos curiosos de la infantil credulidad· pero, de todos modos, ese proceder produce ~esultados lamentables. Por ejemplo, un
adulto dice á una chicuela que del mismo modo como se siembran semillas para producir
arbustos y flores, sembrando muñecas se obtendrán árboles, que á guisa de frutos, ¡,roducirán abundantes muñecas. La niña lo creerá
é irá á enterrar sus muñecas en el jardín, con
la esperanza de hallarlas propagadas al día siguiente; entonces, ó bien se defraudan sus esperanzas y no vuelve á creer en nada de lo
que en lo sucesivo le diga el adulto; ó si éste,
para sostenE'r la superchería, ha cuidado de
colocar en el jardín nuevas muñecas, la chicuela creerá firmemente en la propagación de
la materia inerte y esa creencia, aunque más
tarde sea desechada por la razón, no habrá dejado de marcar su huella en la fantasía de la
niña.
Recorriendo nuestros hermosos parques á la
hora en que bajo sus opnlentas arboledas se
congrega la bulliciosa y pequefia muchedumbre que ha de ser la sociedad del mañan.a, .con
frecueucia pueden observarse los procedimientos vioiosos que siguen las niñeras, ignorantes
de la trascendencia de sus engafios. Un niño
cae por tierra y la niñera, para consolar su
llanto le dice: «¡Pégale al suelo, él te tiró.»
El nifio azota el suelo hasta desahogar su ira,
y de esa superchería aparentemente inocente,
quedan dos huellas en su espíritu: la idea de
que el suelo lo tiró, cuando sólo fué causa de
la caída la falta de precaución al correr 6 la
debilidad de sus piernezuelas; el fomento del
instinto de la venganza!
Podrá objetarse que no siempre es posible
dejar de engañ.ar á los nifios y que muchas
veces el torrente de sus «¿por qué?u ..... pone
en aprieto basta á los más avisado~, pues hay
muchas preguntas que no pueden ni deben
contestárseles, dada su índole delicada. Pero
en tales casos es muy posible darles á entender que tales cuestiones no están al alcance de
su comprensión, sin necesidad de engafiarlos.
De muy especial trascendencia son los pre.:
juicios acerca de lo sobrenatural y los miedos
con que las nifieras se complacen en rellenar

EL MUNDO ILUSTRADO.

las imaginaciones de los nifios, y que en no
pocas ocasiones duran en ellas toda la vida sin
que alcaucen á arrancarlas ni los conocimientos ni las convicciones que después puedan
adquirir. Hay personas ilustradas que de noche, cuando están solas y sin luz, sienten invencibles terrores de cosas sobre11aturales, de
aparecidos, de muertos, no obstante que su razón y su ilustración les grita que esos terrores
son absurdos. ¿Qué significa eso? ..... Que los
miedos de la niñez, engendrados por los cuentos
y las amenazas de las nifieras, prendieron tan
fuertemente sus garras en las imaginaciones
tiernas, que más tarde ha sido ya imposible
arrancarlos.
Téngase en cuenta la influencia que esos
malos principios ejercen en el carácter, en la
moralidad y en la felicidad de los hombres, y
repítase sin cesar á los padres de familia y á
los educado res en general: ¡No engañéis á los
niños!
SARDIN.

CUENTOS FON AMBULESCOS.
EL BENEFICIO.
-¡Fuera abajo!
-¡Con permiso, señores; necesitamos quitar esas sillas.
-¡No se olviden esas macetas á la izquierda. Esa puerta del fondo!
Todos esos gritos se oían en el foro.
A la puerta del camarín de la beneficiada
se arremolinaban todos los admiradores, y
procuraban estar cerca de ella, para que los
ruidos de los preparativos de la escena, no les
impidieran conversar.
El camarín era muy pequeño y entre aquellas paredes de tablas mal unidas apenas cabían las canastillas y coronas obsequiadas esa
noche por los amigos de la tiple.
-1\Iis felicitaciones muy sinceras por su
triunfo.
-Lucrecia, voy á tener el gusto de presentar con Vd. á mi amigo Román, que está deseoso de estrechar su mano; es poeta distinguido.
-Señorita ........ .
-Amigo Gómez, recibí su hermoso ramo;
estas flores que saco en este acto son de las
de Vd.
-¡ Ya puede tocarse la primera!
-¿Dónde están las ollas?-preguntaba una
corista.
-¡Luz, mándamP, el sombrero hongo, pero
acepíllalo antes-gritaba á su mujer el barítono.
-¡Que no se olvide el cambio de luz en la
primera mutación-recomendaba el Director
de escena.
Todas esas frases aisladas, unidas al ruido
de los trastos que caían, al chirriar de los telones, arrastrar de muebles, etc., etc., formaban una enorme confusión.
Un vejete de luciente pechera y de monóculo-un imbécil-dijo á la beneficiada:
-Por supuesto que está. Vd. invitada á cenar con nosotros; ya sabe Vd., unos cuantos,
todos de confianza.
-Gracias, D. Paco, pero no puedo! acabo
tan cansada! y me siento enferma; otro día será; me voy directamente á casa.
-¡Oh! y yo que había mandado preparar
una cena compuesta de los platillos favoritos
de Vd.
-No, Vd. no desairará á D. Paco; hará Vd.
un sacrificio.
-Seguramente que Lucrecia no llevaría su
crueldad hasta el punto de dejarnos sin cenll.r
porque sin ella claro está que no cenaríamos'
¿verdad?
'
-¡Cuánto lo siento! pero no puede ser.
-Es verdad-suspiró D. Paco;-como ya recibió Vd. otras tres invitaciones, quién sabe
cuál será el preferido.
-Está Vd. muy bien enterado; es Vd. atroz
D. Paco, pero ninguna he admitido.
'

-Señorita Lucrecia, preparada. ¿Lleva Vd.
ya la pandereta?
-Sí; aquí está..
-1 La tercera! Coro de mujeres á la escena.
-Entonces hasta el otro entreacto; al menos aceptará Vd. una copa de «champagne,•
aquí está en su camarín.
-Con todo gusto.
-A los pies de Vd.
-Voy á seguir aplaudiéndola.
-Hasta luego.
-Sefiorita, tanto gusto ..... .
--¡Por fin, sefueron; quéfastidiol-casigimi6 la beneficiada, sacudiendo de su cabellera rubia-es decir, suya no, la suya, natural,
era negra, muy negra,-de su cabellera de utilería, el confetti que se le había prendido y
dejándose caer sobre una silla.
'
La orquesta preludió el último acto.
Las mujeres con las ollas apoyadas en la
cadera, se alinearon por voces.
-¡Fuera de escena! ¡Arriba!
Y el telón subió.
Desde el salón llegaron los ruidos de asientos que desplegaban, de los pasos de los retardados y de los «Shit» de !os que protestaban por los ruidos.
La voz del coro se alz6 uniforme y sonora.
Lucrecia seguía sentada indolentemente¡ya solal-junto al bastidor segundo de lade-,
recha.
Enfrente, entre los bastidores opuestos apareció un hombre que llevaba cubierta la cabeza con una gorrilla azul. Bajo ella asoma
un mech6n de pelo, brillaban dos ojos y•
movía impacientemente un bigote hirsuto-negro el cabello, negros los ojos y negro el bi•
gote.
Iba en pechos de camisa, una cami.ia azul
cruzada por tirantes negros que sostenían el
pantalón también azul, y á la cintura llevabl
un martillo y una bolsa con clavos.
Fingió, apoyándose con una mano sobre el
bastidor, revisar si estaba bien puesta la escena, y resbal6 su mirada sobre Lucrecia.
Ella entonces levantó la mano blanqueada,
y le chasqueó «Pst,, con la boca, y le mand6
«Ven» con la mirada.
Fué el hombrazo.
Ella resueltamente, sin decirle palabra, le
tomó con la pequeña mano suave y firme la
manota encallecida y temblona, y lo arrastr6
al centro del camarín.
Se le puso enfrente, se cruzó de brazos, le
miró con fijeza, á lo hondo, y como con UD
gran convencimiento, le afirmó, no le preguntó:
-¡Tú me quieres mucho!
-¡Yo?........ .
-No lo niegues, tonto, ¿por
has dicho?
-Pero ..... .
-Esta noche me invitas á cenar.
-Pues ...... -y se llevó la mano significativamente al lugar en que hubiera llevado 101
bolsillos si hubiese vestido chaleco.
-Yo te presto; tú me pagarás bien.
-¡ ......... !
--Shit.
El traspunte llegó con el libro abierto y
farolillo al brazo.
-Señorita Lucrecia, entra Vd.-y le sopl6
al oído la primera frase.
-Vete, tonto, y espérame en la esquina;
envuélvete en tu capa.
-Pero ........ .
-Que te calles.
Sali6 la beneficiada: aplausos; después cien
gemelos se levantaron, y todas las miradal
fueron á prenderse al cuerpo de la mujer.
Algun?s tosían por lo bajo, otros se movíf:D
en los asientos, buscando que viese ella baCJ6
ellos.
Y el hombrazo, pálido, sudoroso, trémulo,
con las manos á la espalda y la mirada al suelo, se preguntaba si estaría despierto como en
las otras noches, 6 si estaría soñando en aquella noche de beneficio.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 22 de' Marzo de 1903.

J:aboratorto Bacttriológico.
IMPORTANTES EXPERIENCIAS.
Como una dependencia del Instituto Patológico ha quedado establecido en el número
12 de ln. 71.1 calle de Carpio, un laborator;o
bacteriológico provisto parn. el servicio de los
útiles y aparatos más modernos.
El lunes de la semana pasada fué visitado
oficialmente por el Sr. Subsecretario de Instrucción Don Justo Sierra y, con estr. motivo,
se dispusieron para ese día algunas experiencias que resultaron muy importantes. En re•
sumen, vamo!', á dar cuenta á nuestros lectoTes de los departamentos en que se di vide el
Laboratorio y de los ensayos efectuados.
El departamento que visitó primero el Sr.
Sierra fué el de comprobaci6n de bacterias.
Allí, en varios microscopios,se le mostró el
bacilo de la peste bubónica, clúndosele á conocer en seguida una interesante serie de microfotografías de bacterias patógenas. En el departamente de preparación de medios de cultivo, que recorrió después el Sr. Subsecretario,
se propagan 103 gérmenes para las ,·acunas de
Haffkine .Y Bedreska y, en otro se hace la
selección de los animales (cultos,'ratas, etc.,)
que deben i,ervir para la experimentación.
El laboratorio técnico especial consta de una
sola pieza, escrupulosamente protegida contra
la invasión ó salida de los insectos y roedores.
Hay en él, u11 ingenioso aparato en el cual se
hacen las inoculaciones, siembras de gérmenes y repartición de vacunas, dispuesto de
manera que sea imposible todo peligro de contagio. Un mecanismo especial permite abrir y
cerrar automáticamente el aparato, y, una vez
terminada'! las experiencias que en él se efectúan, se le desinfecta con vapores de formalina mediante un generador especial y con otros
antisépticos.
En este laLoratorio se inoculó una rata con
virus, se hizo la autopsía de otra, muerta, y
se sembraron medios de cultivo con los productos ele ésta. Las experiencias estuvieron á
cargo del Sr. Dr. Angel Gaviño Jefe del Establecimiento, y del Dr. D. Jos'é Gayón.

El Sr. Subsecretario de lnstrucci6n Pública y el personal del Laboratorio.

Hechas estas pruebas, se visitó el departamento de estufas, donde se hace el cultivo
de los microbios y se preparan las vacunas.
Las estufas se calientan unas por electricidad
y otras con gasolina carburada, á fin de mantenerlas á una temperatura constante. La rata que había s~rvido para la experiencia á que
antes nos referimos, fué cremada reduciéndosela en pocos minutos á un carbón parecido á
la antracita.
Actualmente se prncede al arreglo de un local para los caballos que han de proporcionar
el suero curativo, y que deben ser vacunados.
Como una medida precautoria, se ha construído. un estanque en el cual 1 llegado el caso, los
ammales que mueran por moculación, podrán
ser destruidos empleando para ello substancias químicas especiales.
Además del Sr. Subsecretario de Instruci6n
visitaron el L!i.boratorio los Sres. Dres. Don
Eduardo Licéaga, Toussaint, Altamirano y
algunos otros. La visita duró más de dos horas.

altaneros, llenando los cafés, los puestos de
guardia, las estaciones, las plazas pública!',
las iglesias y los paseos, en los que flota 1~
sombra perfumada de los viejos olmos loreneses!
Sí, ahí están, bajo el gesto severo de Ney
bajo la mirada pensativa de Flaubert frent~
á la catedral inmensa y florecida com~ un inv~rnadero, cerca de este Mosela trasparente y
v1Yo como una alma!

EL IUSEO DK :IETZ.
:_:.-:-:- ffllcbtltt.

FRANCISCO ZAR.A.TE RUJZ.

Un ángulo de la sala de comprobaci6n.

En el museo de Metz
hay, obra de Couture,
un retrato de Michelet.
Extraña é ineludible
figura, toda ella pen&amp;amiento y pasión! Encuadrado, de espesos y
largos cabellos grises,
aquel rostro parece todavía joven. Es seco,
fino, vibrante. La nariz, un poco prolongada, se dilata en venu:nillas palpitantes. La
boca, grande, arqueada, roja, ha sido trazada de una sola pincelada. Respira como
una mezcla de voluptuosidad y de ascetismo, de fe y de inquietud. Pero el rasgo más
notable es el de los
párpados oscuros que
caen sobre la mirada
límpida con una dulzura cuasi femenina ...
Y, sin embargo, aquí
están estos hombres,
los bárbaros azules, los
wurtembergueses verdes, los negros prusianos, todos ellos igualmente mugrientos y

Aparato donde se hacen las inyecciones.

En medio de esta invasión que fuma grita
bebe, c.ome y bulle, haciendo gala de ~na ig~
norancia absoluta de la justicia, cuando se sale ,del rn.useo de Metz, se lleva la imagen del
mas .ardiente francés, del poeta tierno, febril
Y p1~1toresco,. cuyo corazón desbordaba de
amo1 y de odio, pero que no am6 sino el amor
Y no execró sino la iniquidad, y se interroga
ento1:ces con e~tera confianza aquella límpida mITada de vidente, aquellos ojos de párpados sombríos que parecen haber llorado.
EMlLEIIEUZIN.

�Domingo 22 dP' i\farzo d

F.L Ml':'\DO II L'STRADO.

una pequefia pieza que sirve de an
oficinas, comunicn.da con el jardín por
calera. de mampostería., cubierta en
por enredaderas tropicales. En el d
esta e,;calera, se ve el Escudo Real d11
El clespa.cho del Sr. ~linistro, es
mu,v elegante, sus muebles son de lo
tístico y está adornado con vistosos
piezas florales.

s•

***

Fot. Xapoleún.

Pero lo que m6.s llama la atención de
vi~itan el edificio es la Yariedad de pi
grabados y fotografías que posee el
qué:,; &lt;le Prat y que con,-tituye, sin
mejor adorno de su residencia. Hay
dro;; debidos á los maestros antiguos y
no~ mús célebres, distinguiénrlose en 1
ción, como los más valioso$, un «SRn
y un «San Bartolomé,» del Espaiioleto
esce11a en l\ladrid» \" un retrnto del
Baltnzar, ele \'elásqi1ez; una «Santa
de ZurbarÍln, y una «Adoraciún de 108
lle \'an cler Werden.
Entre las foto~rafíns, cuenta el Sr.
los retrato,; &lt;le la Reina Alejandra y de
na de Rusia, con los autúgrafos de las
nas, y los de los miembros de la fam'
española. En RU despncho, y ence
un elegante marco que remata una
real, se ve el &lt;le 8. ~I. Alfonso XIII,

Rtsidtncias Diplomáticas.
ta ttgadón dt España.
Entre las re;:idencias diplom:llicas establecid as en la actualidacl en la )letrópoli, ocupa
lugar preferente, no Hólo por la hermosma de
su construcción, sino también por el buen
gusto que domina en el decorado de Rus i,alones, el edificio de la calle de ~adí Carnot en
que se encuentra instalada la Legación de
España.
La suntuosa residencia, que se levanta enmedio de un jardín, con!-ta de Yarios departamento:&gt;. En la planta baja estún las oficinn¡.; y
el despacho del ~r. ".\lini!-tro, y la !"ala de espera y la de recepción, ú las cuales da accern
una bonü:i escalinata de cantera. T:wto una
como otra 1&gt;stán arregladas con yerdadero arte: en la primera se ven algunos cuadros de
mtrito y muebles de e."tilo morii-co, y en la
seguncla, un lujoso ajuar «Luis XYln y otro
del estilo dominante en la época de lrnbel la
Católica. Ricos cortinajes de se&lt;ln', biombos,
etc. , etc., completan el decorado de la sala,
y los colon a azul y crema dominan en las obras
de tn.picería.
Frente á estos departamento!", se encuentra

Yo le he Yii-to, aunque en sueJ101-,, le he Yisto. J;~ ncon·ado sobre la complicada múqninn,
t em os los múltiples h ilos y con los husos en
la mnno, el YiC'jtl tl'jedor fabrieaba sn tela.
Era larg:i. y Pra :lllchn: todo cahía en t-lla.
E ra fuerte por un 1•xtremo, por el ot10 se d1&gt;shi lnehaha. Ern t:1111hién caprieho:-a: todrn, los
colores se re1111hn nllí. ¡C11ú11tos hilos!
Yicjo \t&gt;jedor, ¡,&lt;¡UÓ hilos .,on l':-rn,;?
-Son los hilo:,; de hi Px isll'llt'ia.
El tehr er:1 lllU)' grande. l1111úmeros crnn
l os que t1ahajaha11 t•n í·l. U nos reían, otro::;
lloraban al :-011 r.colllpn:-ado 1le las lanzaderas:
pe ro todo,; reu nía n los hi los preciosos que más
tarde debían desunir:-e: todos tejían su propia
t ela.
- Yiejo tejedor, ¿11uú fahriea ese jo\·en tan
afanosamente·?
-Ilusione:-:, i-uciíoi:;, e,-pernnzn;: .....
- Yiejo tejedor, ¿,&lt;¡né hilos son los qne emplea. aqnel recPlo:-o·?
- Lus de la enYidia, b mentira y la calumn ia.
--Yic•jo urdidor, ¿,qui- teje aquel anciano"?
De,-;engaflos, infortunio", ingratitudes.
Un os reían, otros lloraban al son ncompasado &lt;le las lanzaderas; pero to&lt;los reunían Jo,hilos que mús tarde delnan dc:,;unin,e: todo!;
fabricaban su propia tela.
A veces la tela era un manto tle púrpura;
otras,. pañoletas y venda~, y ú yeces era un
suda rio.
Mientras unos reían y otros lloraban al son
acompasado de las lanzaderas, el viejo urdidor
me dijo:
- ¡Todos tejen su propia de¡;gracia!

-----

FRA:-.CISCO

Conos.

APOLI\EA
Yo quiero el ,·erso fiícil: que teuga, cual la ~Pda
6 cua l In p iel de un niño, la suavidad que anima
la mano cuvo tacto lo tlelicado estima;
yo quiero
verso, tierno, cual ramo de rewda.

el

Que finja los contornos del iris que se enr('(la
sobre las verdes frondas 6 sobro la alta cima;
que surja níveo y terso y txpire en dulce dma,
como el dilecto cis~e junto a los pies de Leda.
Yo quiero e l verso dócil al labio y al oído,
con vib1•acit'ln que exprese la. mag-ia del sonido
y arranque de las almas esencias misteriosas:
el verso que se nutre de cosas ignorada,;;
que emerge en los capullos al beso de las Hadas
lleva do áureo carro las rienda,,, victoriosas'.

L.

TORRES AB.\:-;D!illO.

LAS FIESTAS L,E CARI DAD DE GUADA L AJ ARA.

(Fot. Lupcrcio.)

Srita. Ana BArcena., reina. de una corrida. de toros

ESTIGMA
( larn en mi pecho tu wrfi&lt;lia'. Clarn
!"obre mi pecho tu puiial! Ahonda!
Hasta que el hi(•rro sin pitda1l n-&lt;ponda
á tu conciencia clelincuentr. y pr:wa.

El Sr. Ministro en su D espacho.

&lt;ledica.toria puesta por él mismo: «Al
de Prat de Nantuillet, Alfonso, 1002·•
Alfonso XII, conserva el Sr. Ministro
retratos, entre los cuales hay uno
líneas que demuestran la estinrnci6n
fianza que le dispensaba aquel Hey:
co Prat, Recuerdo de .Alfon!lo, 1881.•
.\demás, Yimos en la Legación mu
fotografías de otros de los principales
nos de Europa, 1le hombres célebres
tistas notables.

Y no te ocultes! Como iütPrn&lt;a laYa
salrlríl del pecho la sangri1&gt;nla onda,
antes quP prei;a ele terror se esconda
tu mano un tiempo de mi mano e~claY,L
Horrendo estigma que al perdón resi!-h•
~erá en tu vida miserable y triste
la marca impre~a por mi sangre nrdient&lt;'.
Y de extinguirla lratarÍls C'll vano,
porque al borrar~e en tu rebelde mano
mucho más negra. infamará tu frenll'!

***

Para concluir, diremos que tanto el
qués como su distinguida espo"a, ha
captarse por eu exquisito trato, las si
de nuestra buena socicclacl.
La Ara. :Marc¡ues:i perten ece
principales fami:ins de &lt;3recia;
honor de la reina, y por s11 posición en
te, tuvo oportunidad de conocer ni!(
tual 8oberana de J nglater1 a, de 1¡u1en
íntima amiga.

ANDRÉS :\lAT.\,

~EGACI ON DE ESPANA.- Interior del Despacho.

S.\L.\ DJ-; ESPt:R.\.

l!lO~.

EL TELAR DE LA. VIDA.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo '.!2 M )larzo de 1903

Fachada de la L egación de España.

0

Fot. Napoleón.

l•'ot. X apoleón.

�Domingo 22 dé Marzo de 1903.
EL MUNDO ILUSTRADO.

mo de yez en cuando: «-i Burna mano para lo~
- )lira, «niña», mira ....... ¿,Quién lo habrá
lazo,!» K¡Salió :1 su padre este muchacho!» o
Ella le brindó un va,;o de refrei;co.
hecho? Te a~eguro que, si quisiern, de un soexpresiones semej:inte!'. La abuela, _como una
-¡La mitad, no más que lamitad!-obserlo golpe con esta penca le romperín la cri,ma!
momia sin dnr m:1s Aeña.les de vida que el
vú él, al recibirlo.
Y en !&lt;U~ mano~ el flexible rebenque se domovimiento de las r.ianos al e~cardar, parecín
-¿,Y la otra?
bla.ha y batín el i&lt;uelo, como una l'Ulebra cutambién un ,·ellón de lana &lt;'011 sus trapos des-Ya lo Rabes ......
ya cabeza fuera la enorme y pesadii nuez de
hechos y sus cabellos muy blancos .....
El mozo bebiú con an~ia. Aquel día había
plomo
.....
sido de gran labor. Un sol rabioso les había
«La niña» guardó !'i lencio. .Juan vol viú á
escaldado las espaldas; y luego, el viento. un
Y .Juan, el nodo, agriado ya su triunfo p_or
enrollar el chicote á la cintura, y á encerrar
viento secn y revuelto que alborotaba el polel
incidente, ~e empecinaba, YOlvía á la misen !'-U corazón el odio hacia aquel )Iarco~ que
ma murmurando sordamente:
vo ......
bahía sido su amigo y que, su rival ahora,_ se
«¡Ah, si no fuera por «eso•! pensaba Juan,
..'.._¡Qué no¡.(: hacer mús que lazos! Ya le
em 1wñaba. en estorbarle el pa~o, y con &lt;¡\nen
mientras el líquido agridulce le refrescaba. las
proharé que también sé fabricar buenos rebenhabía tenido ya sus encontrones en las tnllas
faucei-.
ques para los bribones!
y los rodeos.
-Toma, el trato es trato ......
· El huaso Antonio seguía examinando la
YfCTOR DO!lllNGO SIL\-" A.
Ella lo vació de un sorbo. Era un comproobm recién concluída, y hablaba para si mismiso que habían celebra.do de¡:&lt;le que el viejo
Antonio les dijera, aquella inolvidable tarde,
al regreso del trabajo, por el camino asoleado:
«Sí, yo les doy mi comentimiento. Se ca~arán
ustedes después de la coRecha, con el favor de
Dios......... » Y nunca habían faltado, nunca
Juan bebió sin compartir con «la niña» la bebida.
Antonio seguía fumando tranquilamente,
sonriendo siempre ante la encantadora perspectiva de los campos verdeguean tes ...... «Oh,
las eras repleL'\s, el re~ollar de las yeguas fatigadas, el trigo vendido en la ciudad, los compradores peleándose su alfalfa.. .. Y, por otra
parte, la fruL'\ que sazonaba en la arboleda!»
La abuela seguía también escardando lana,
siempre callada en su rincón. Un último rayito de sol se coló por una rendija y bañó el
cuadro idílico con la alegría de su luz.
-¡Ya está! exclamó Juan con un suspiro,
apretando el último nudo de su lazo «de á
ocho.»
-¿A ver? dijo el padre.
Y se puso á examinar con mano y ojo de
perito en la materia, la obra maestra de su
hijo.
-¡No está malo! murmuró. Llegarás á ser
un rico trenzador ..... . De tal palo ..... .
Y á la verdad, el guaso Antonio era famoso
en la comarca. por su innegable destreza en la
talabartería campesina. Ninguna mano como
la suya para sobar un cuero ó improvisar una
montura, para. moldear una cabeza. ó trenzar
un lazo. En cuanto á peguale8, cinchas, maneas ó muchachos, ¡bah! en un minuto se hacía una docena, y con dibujos!
Así, .T uan escuchaba con intima satisfacción
los elogios del viejo, y las dulces fruiciones del
estimulo acariciaban su ánimo. Xo acertó á
dar gracias, turbado. Eso si, mientras su padre manoseaba, doblaba y estiraba la elá:;tica
cuerda del lazo, dirigió sus ojos á «la. niña.i:
con la esperanza de ver en los de ella un aplauso mudo, un reflejo de su propia complacencia ...... Pero «la niña» había bajado la vista,
entristecida, turbada también, y trataba de
disimular el temblor de sus labios.
El pobre muchacho se sorprendió súbitamente. Realmente, era cosa que no comprendía ...... Y de la expresión de franca y candorosa alegría que animaba su semblante, fué
pasando al gesto amargo de la decepción más
cruel.
-¿Qué fué, querida? pudo decir al fin.
-Nada, ¿sabes? replicó ella.
LAS FIESTAS DE CARIDAO EN GUADALAJARA
-Pero algo tienes....
Srita. Fany Cañedo, reina de una corrida de toros.
-Sí, sí... voy á contártelo. El otro dfa, ¿recuerdas? cuando fui á acompañarte hasta el
Destroza.das
Pieles negras que ele.va.das
camino, me encontré con Marcos, que nos haEn el campo, de los aires al resuello se curtía.o.
bía aguaitado .. .
Un saúz de secas bojas y caída.
- :Marco!' ..... siempre Marcos.. ... , interrumGreña indócil, antojábaseme una
pi6 el muchacho haciendo un áspero mohín
Hosca.y trémula.tarántula dormitando suspendida.
De los hilos invisibles de la luna.
de desprecio.
Garza. insomne recorría. los azures tranparentes
-Sí, pues ...... Y me dijo: ((tu novio, el baY su sombrase arrastraba en la. llanura florecida ·
bieca, no sabe más que hacer lazos ..... Si yo le
Tal sin lig-as ap11,rentes
'
viera, le enseñaría á hacer rebenques.... ¡Qué
Nuestras almas iban solas por laNubia. de la. vida.
('o.minamos, y de pronto sombra. espesa
lástima, «niña•, que le tengas por novio!» Yo
De alto fresno te cubrió con sus crespones:
me reí de él, á carcajadas, y !e dejé plantado
Mi cuchillo deslustró sus brillazones
en el medio del camino ......
En tu cuer po: mi cuchillo como tiesa.
Xuhes grises como fardos agrupábo.nse o.1 acaso,
-¿Con que eso dijo el bellaco? ¡Ah bribón!
Lengua aguda. de lebrel, que insolaciones
De la. luna. el haz entraba.
Refresca.ro. en las heridas de su presa.
Pero ¿por qué te habías callado?
Por la enorme claraboya. de la iglesia.,y semejaba
Me engañ~ste y engaí'l.a.ste mis congojas.
Su fisonomfa de ordinario apacible y risueAncha. brecha de tremendo metrallazo.
Yo no olvido el arma. aquella. que tiflóse de esña, tomó una expresión de ira que dió miedo
De tu abrigo a.brilla.ntóse el terciopelo,
(carla.ta.!. .. .
Tus
mejillas
sin
carmines
eran
flores
de
alabastro
á «la niña.»
E o l os á rboles la noche preludiaba. su sonata.! .. .
Y el ebúrneo crisantemo que tenías en el pelo
Luengos rayos de la. luna. se filtra.bao por I as bojas
-¡Que no sé hacer más que lazos! Ya le
-Xube negra-fulguraba. como un astro.
Como tubos cri$ta.linos de un gran órgano de pi a probaré que no......
:Multiformes sombras de álamos copudos
(ta.! ....
Y con un ademán rápido, desenrolló de su
De ca.léndulas y montes melenudos,
ABEL C, SALAZAR,
Parecía~
cintura un grueso látigo.

***

"Cadena de rosas."

ta Rtrmtsst dt Santa maría
Como un recuerdo de la animada Kermesse
que 1;e efectuó en i:;anta ::\Iaría de la Ribera en
días pasados, publicamos una fotografía. que
representa al grupo de señoritas que formaron
la «Cadena de rosas», y otra en que pueden
verse algunos puestos y parte de la numerosísima concurrencia que llenaba la Alameda.
La «Cadena» fué la encarga.da de recibir á
los Sres. Secretarios de Gobernación y de Guerra, que pre:sidieron la fiesta, así como á otros
funcionarios, y !t los miembros de la Junta
Directiva de la Kermeese.
Lo&amp; Sres. Corral y Gral. :Mena recorrieron
las distintas callecillas del parque, acompafia.dos de aquel grupo de hermosas señoritas y
presos en un saloncito elegantemente decora:
do, donde otras señoritas hacían veces de autoridades, se les «obligó» á firmar una acta y
pagar una multa, antes de retirarse de allí.
La «CadenaJt estaba formada por las señoritas siguientes:
~Iaría del Car:ien Margáin, ::\Iercedes y J oa.qmna de la Portilla, Guadalupe Pérez, Luisa
de la Jlora, Clotilde l\Iassieu, Ascensión C'ovarrubias, Josefina Novoa, María Pradillo
1\Iatilde Blázquez, Rosa Bonieur, )Iaría Luí~~
Massieu, Celina de la Mora; 1\Ia.ría 1\Iargáin
Victoria. Ducloig, Concepción Sánchez Díaz'
María, Matilde y Ernestina del Castillo An~
Jlaría Novoa, Enriqueta Ducloig, Efüa Carrillo, Dolores, A.melia. y Enriqueta Arroyo Sofía de la Garza,. l\Iaría Escalante, Joaquina
Al.faro, Ema Pomer, .Angela :Monasterio Nina y María Catafio y Lolita Escalante. '

mirando por la puerta las sementeras de alfalfa olean~s como un lago de aguas muy verdes,

y los trigales olorosos que ya empezaban á
labrar el oro de sus ricas espigas. ¡Oh, qué
cosecha la de aquel año!
Juan, su hijo, un gallardo mozo de veinte
~ños, de pie junto á la pared, concluía en ese
instante de trenzar un lazo; y de vez en cuand_o levantaba la vista haciendo un gesto malicioso cad_a vez que_ «la niña,; sorprendía sus
dulces miradas furtivas. «La niña,• una pobre
h~1érfana acogi~a en el hogar por el tío Antomo, era su novrn., su hermosa prometida y el
b_uen mucha.cho sentía una honda compl~cenc1a al -..:erla. así descuidada, ingenua, los brazos casi e_l ~escubierto, preparando el refresco
para el v1eJo labrador. l\[ás lejos, en un rincón, la abuela, una anciana de cabe11o com-

pletamente blanco, escardaba lana, sil
perdida entre las hebras ele cleshech08
nes.
- -¿Con el uiste? preguntó de pronto el
Juan, que por vigésima vez se había
do embelesado mirando á «la niña,» se
bruscamente, rojo por el bochorno.
-¡Ah! ya. luego ......
Y se hunclió &lt;le nuevo en hi tarea in
pida, con un tesón extraño, ca!,i feb ·
quitar la. vista de su obra. «La niña• ·
refresco á su tío. El guaso lió un cigarro,
peó el yesquero, y una bocanada de hu
cendió en el aire.
-¿También á ti? preguntó á su
niña. »
-Como quierai-....... ..

***

La Kermesse, que se repitió el domingo último, resultó lucidísima.

EL LÁTIGO
¡Hermosa tarde aquella de día sábado! Había terminado temprano la faena en los bolsi~los sonaban algunas monedas y la: alegría
remaba en el rancho. Antonio el honrado
campesino, sonreía lejana.mente, 'en silencio,

Grupo de concurrentes ¡ la Kermesse

�Domingo 22 dl; 1Iarzo de 1ll03.

EL MU~DO ILUSTRADO.

EL 111,;¡'\DO ILUSTRADO.

Progresos de la 'fotografia.
Mara villosoi,;, ciertamente, HOn loR adelantos
que la fotografía ha nlcm1zado en los últimos
aiios, é inco1,tahle el número de vcrdndE&gt;rna
obras de :-11-te que producen en la actualidad
los graneles tallNeF.
Xo es y:t el rl'lrato de parecido 111ús ú lllE'•
nos perfecto, ni la .. ,•i-.tan de taló cual edilicio
ó paisaje, lo que 1!1[1s preocupa :l la fotografía
moderna. Perfeec10n:ulos los aparatos ,. )011
procedimientos, el fotógrafo de lllll'l&lt;tra (.pot·a
encuentra á cada pa!-o «n1oti,·o,., que en otros
tiempos i,;ólo ern dacio aproved1ar :í los g•ancle.~ artistas y ai-í \'l'lllOS que, poco ;t poco, la
cámara oh~cura ,·a cn~nuchando Ht do111i11io
para abarcar un calllpo de acciún cada vez m{u1
extenso y mús rieo 1·n a:;11nto".
Ante&lt; los «m odelof'n esta ltan l'xcl llf'i ,·amente elc-stinndo,; ni "' stuclio» de lo,; dernto,; riel
color ú del cim·c•l. 1\horn, inrnclen el tall1•r fo.
to6 r:1fico, y son tan hellas y tan ,·nrins las
ohras en que intervienen, qu&lt;• se le,; coni-i&lt;lera colllo uno ele los n1ús precio:-os rccursoio.
En este número puhlicamos primorosos trabajos íoto~rúficos, sali&lt;los de un taller parisiense, á reserva de ciar ú conocer [1 nue!&lt;tros
lPctoreR, en las p1óximas e&lt;licioncs &lt;le «El
~[undo llustrndon otras fotografías tan bellas
corno úms.

EL TRIUNFO
.\ lherto dejó la pluma !'obre In. me:-a con el
nnvio~o ge:-to del que logra rompt&gt;r l'l grillete que &lt;le,-garrn sus cnn1t•1-, .,· pnr i-u,; linos labios sombreado!-&gt; por vnrnnil 111ost:1tho, aquellos labios denunciadon·s del iugenio a~tulo y
falaz que entre sus amigos le di1•ra fama de
polemi¡.;t:l invencihh•, Yagó, contrayí-ndolos
a¡wnas, un ho:-qucjo dP i-onrisa que de1111nciah:t muy á lai- clara~. por la pri,-a c¡nc ~e dió
pn &lt;k-;apareccr, la docilidad de unos múseulo:,; acostumbrados por la ~evrra dil&lt;ciplina á
reprimir toda manifrstación Pxterior del pt'n!-,Ulli&lt;•nto que se reserva si~temúti('n ment&lt;&gt;,
con el maligno cleseo de permanecer de1-conocido para todo!-.
-Ya está! -dijo-y de f.US ojos adorn1ilados dr penf'ador, brotó una ch iRpa de amoroso f1wg;o, la tierna mirnda que el e~critor diriµ:e al mo1,tún de garrapateadas cuarti llas, mí1R
rxprl':-irn, mú:- intensamente paternal por el
. afecto á las coi-as que no Yi ven ni sienten,
afecto apa!-ionado y sincero muy e"pecial en
él y que i:om,tituía una nueva y curio~a faz &lt;le
su l':trúctcr.
.\largó el brazo para recoger las cuartilll\8;
y arrnstrndo por el mismo sentimü•nto que
impnba al labrador á recontar y examinar
con &lt;'nidaclo,&lt;&gt; y ti&lt;'rno escrúpulo las íre,cas
ga,·illas de la ('Osecha c,-;pcrada por largo tit'lll·
¡,o, clió lr&lt;:tura. fr la obr:1, deleitúnclose al t'S·
('llchar f'U propia yoz, rnai can1lo con exagera.¡., énfasis los períodos culminante,, Ja5 fra•ws pomposamente H ricns que (·l sahía ele l'Í• eto dt•t·isi ro &lt;'n la tri huna, haeicndo pa 11sas intt&gt;nl'ionalt·l-i, como para esperar los aplausos
'llli) l&lt;'ltÍa :-Pguro;-.
.\quello era, como toc1o lo que salía de l-11S
mnnos, un derroche de artificio,-, h{d,il111('11tc
tl1:-i111ulado,- tras el brillo dl';;lnmbrador de lat1
111etúfura;:. El pesimi;:mo de moda, &lt;'l l'nÍt-r·
1110 ¡,c,;imi,:mo eleYado ít la categoría de una
('Ualidad del n1Pjor tono que en t'iertm, hmu1,res d~bile,: pn•tencl&lt;'n encontrar el ai re de tilÓ,:ofm.;, &lt;le sabio':! rlueiios el!' la nnla cl l't1pre111a que &lt;'Xperimcntan por los otro'I el m:iR
(Olllpleto d&lt;•sdc'.:n, rc,-altalia en tcl disl'\lrl'O de
1111 111odo o!-'tensiltlr. ~P hahlaha allí del hom·
lire l'll perpetua lucha con el medio, con la
tierra ingrnta. gastada ya por el paso de mil
generacio1ws, l'tn pohrecida hasta el extremo,
«esa madrastra chocha-decía-que súlo tiene
fuerzas para ahrir sus mandíbulas ele bestia
l'arnicera para dernrar ú lo,; homhrei', si n sa·
1·inr nunca su apetito brutal.» Xo rn:is fe Pll
.i ciencia; no míu; fe en el trabajo; :i ,·i,·ir el
m inuto presente: cerrando los ojos para el porCOLE&lt;.THi:,, PHI.LA:i!H:il.

Domlngo 22 de' 11arzo de 190:1.

venir fatal escrito ya en el «libro ele los &lt;lest~nos.» Puesto que la tierra es a,·ara y es preciso arrancarle á Yiva fuerza lo que en su seno
ll!'\'n. ¡,ara el umor, para la felicida&lt;l, par:1 la
vida, &lt;•astig11Pmos su cit•ga eruel&lt;lad, arroJando sobre su i11rno\'ibl&lt;' faz de idiota el amargo
esputo de nuestro odio inti11it? y justo; caigamos en el poh·o que 110:; ¡,rud1g:i porque losa•
he cargado ele eh•mc11tos cle!-tr~tdor~i-, hiriendo co11 nuestra planta t•l hc11ch1&lt;lo ncntrc que
ja mú,- da {1 111z para 11 \ll'stro bien.
All1l'rto pcrmaneciíi t•n éxta:-is, dejando t¡ll&lt;'
la fresca brba qul' Yenía del jardín, penetran•
do di,-;cretamente por la abierta ventaun, lh·•
gara ha,-ta {·l para r&lt;'frescar su cnarclcciLla
frente con In caricia tle sus leYcs alas.
· Acabó por doblar l:i tahcza lentamente, como arrullado por el rumor tic los aplnu,-;o,presentido~, cerrando los ojos parn oirlos llll'·
jor; pero el augusto i-;ilern:io &lt;¡~ie _lo ru1leaba,
t!P,-pu(.~, aquel Yago e!-'tremec1m1cnt~&gt; ele la
,·ida disper:&lt;a por todas partes, aquel rnresantc trabajo del Uni,·cr~o entero en camino hacia la suma pcrfocción que se iba haciendo cad:1. ,·ez más perceptible, 1,arrió con !-U potent•·
soplo &lt;·l rabioso l'gobmo del escritor para el
que un triunfo literario es todo en la ,·ida, y
y:t no pudo c:-;cuchar m{ls que el canto infinito ele la tierra, la.buem1. madre que vela el sueño de sus hijos:
«Quiero tu amor por l'ntero y sin rei:;ervaalguna; ú cambio de é l, yo te prodigaré los &lt;lom·s !JUe mi :-cno guare la para los buenos. La
llumanida&lt;l sufre por falta de fe; su amar¡!a
duda la &lt;lchilita y no tiene ya fuerza para
amar tanto como es preciso. El amor labra
los &lt;lestinos¡ el tmbajo los fortalece; la fatalidad no existe. Yo niego todo al que me
dci-;precia y me insulta. \'en á mis brazos, pu·
Ha tus labios sobre mis labios y bebe en ellos
l:i. Yida á torrente;;."
Alberto se lcrnntó bruscamente como ohedt•ciendo á una orden YPnida de muy lc·jos, y
llorando lúgrimas de Yergücnza, lle clisgu::-to
ele si rni:,m10, hizo mil pedazos el monstruo~o
artículo oratorio, y los ulancol-i papelitos, como bandad:t tle n1:niposas, fueron volando t•n
todas direi:cione¡.;, eayen1lo sobre las hojas de&gt;
lo:- rmmles en flor, en el va,-to jard ín en donde millares tle botones e"tal !aban hajo la. caricia de un d elicioso a111a11ecer.

DE VERANO
Es la ta.1·de. Lo» rayos del sol se alargan
y hacen llamear el oro de las espigas
y á los pies de los á lamos verde obscuros

arrojan largas sombras que se deslizan
por l1i ext~nsa. llanura, suben y bajan,
se quiebran en las tapias, y reto1'Cidas
culcb1·can, bundiéndoso en las acequias
para corr~r ele nuevo por la campiila.
A un dentecillo fresl'O del sur, las bojas;
de los álamos verdes a.legres brincan,
mientras un calofrío de luz recorre
la on,lea.nte supel'ficie del nun· de espigas.

Fncrten,eutc encorvados los rucios torso,,
los hraZO'i á lo largo de las rodillas,
de frente al sol que so hunclP. los -.eg-adurc,
semPjan, :í. lo lejos, extraña lila.
de adorndores indios qm, se prosternan
;mte el sol, 1·uyo cno1·mc dis1·0 rebrilla.
como la fa7, ~loriosa. do un dios a.legre,
dP un hnen dios muy all'gre, cuya. sonrisa
hat·c surgir océanos do rubio trigo,
hace nacer las flores do la. campiila,
hael' tejer los nidos entre las ramas,
y hace unir'-C los labios, cual rosas vivas
que confunden sus mieles .....
.... El sol -.e ha itlo.
Y por las alamedas "emisomhdas
se a1ejan ll'11tam,•11tc los seg,udores
cantando zamacnvl'as y seguidillas •...
COLEl:ClÓ!'i" PELLANDlNl,

�Domingo 22 de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 22 de Marzo de 1903.

.

'

·.

la Escuela, de la más escrupulosa atenci6n,
y están dotadas con todos los materiales y útiles necesarios para la enseñanza. }J;n la clase
de Geografía, y en la de piano, pudimos observar el grado de instrucci6n á que alcanzan
los alumnos, y la excelencia de los métodos
err1pleados por los profesores: con el simple
tacto, und. alumna nos señaló en la esfera las
principales naciones del globo, y 1.,n joven
tocó al piano una de las más difíciles lecciones, con firmeza verdaderamente notable.

-~

. . ·: ::l

Y no hay en mi obscura choza
ni un solo rayo ele sol,
ni el que baja hasta la tierra,
ni el que-en la fe sube á Dios .
Loco, fiero y arma al brazo,
dispuesto al arroyo voy
á trocar mi blusa honrada
por el sayo del ladr6n.
Rico albergue, RU portada
abre á mi paso veloz,
cual portillo que brindase
al crimen la tentación.
Y allí penetro convulso
y ciego, con tal pavor,
que jamás delito humano
tuvo más dura expiaci6n.
¡Pero me esperan con hambre
las tres vicias de mi amor!
¡y robo, y huyo y comienzo
mi carrera de pasi6n 1

Tejidos de bejuco.

Orquesta de la Escuela Nacional de Ciegos.

Mientras corría, la turba
tras mis pasos iba en po~,
y aún sus gritos me resuenan
á tempestad y á fragor!
Hace pocos días hablábamos en este semario del~ e1_1señanza de los sordomudos y del
establecimiento con que para impartirla, cuenta nuestro país. Ahora, vamos á referirnos á
la Escuela Nacional de Ciegos que es, sin duda, uno de los planteles educativos más dignos de ser visitados.

Una lección de piano.

. La ~scuela fué f~ndada por el Sr. D. Ignac10 Trigueros, Presidente del Ayuntamiento
d_e México en 1866, y como todas las instituciones que no cuentan para sostenerse con
una a1uda constante y eficaz. estuvo sujeta en
los primeros afios de su establecimiento á un
sinnú11;1ero de dificultades que s6lo la persevera!lcia de su fundador logró vencu.

En 1871, la Secretaría de Gobernaci6n decret6 un impuesto á las loterías públicas, y
con el laudable prop6sito de contribuir al sostenimiento de la Escuela, destin6 parte del
producto á cubrir los gastos más urgentes que
demandaba la instituci6n.
Con este auxilio, el Sr. Trigueros pudo implantar ya algunas
mejoras en el edificio, atender á la
creaci6n de un a
planta de empleados competentes y
activar el ingreso de
alumnos, haciendo
de esta manera que
en un período de
tiempo relativamente corto, el plantel
realizara grandes
progresos.
Concretándonos á
las condiciones en
que actualmente se
encuentra la Escuela, diremos que sus
adelantos son muy
notables y que el
Gobierno ha puesto
cuanto ha estado de
su parte, tanto para mejorar los mátod_os de enseñanza,adaptándolos á las prescripciones de la pedagogía moderna, como para introducir en el edificio todas aquellas reformas
que reclaman la_co_m odidad de los educandosy
el ornato. Los d1stmtos departamentos han sido convenientemente reparados, y la fachada,
que antes presentaba un aspecto conventual
ofrece ahora á la vista, una eerie de amplia;

¡Qué tortura! En mi carrera
un fiel amigo me vi6,
más que un amigo, un hermano
en otro tiempo mejor!. ....

ventanas que la hermosean sobremanera.

***
Por lo que toca al régimen escolar la :Eacuela tiene est&lt;i.blecidas clases de in;trucci6n
primaria y secundaria y clases de música y
el número suficiente de talleres para que loe
alumnos, una vez concluída la enseñanza elemental, puedan dedicarse al aprendizaje de un
oficio que les proporcione los medios de ganarse honradamente la subsistencia al salir
del Establecimiento.
Estos talleres están bajo la direcci6n de
«maestros» competentes y muy familiarizadoe
con la enseñanza de los ciegos. En el de imprenta, vimos ejecutar algunos trabajos con
verda?era habilidad, así como en el de tejidoe
de beJUCO y otros ramos. De la tipografía han
s~li~o casi todos los v~lúmenes que forman la
b1bhoteca del Establecimiento. Los caracteres
impresos son de relieve y la lectura se haca
por los ciegos, por el tacto.
Pe.ro no son únicamente los beneficios dela
ensefianza los que los alumnos reciben; pues
á fin de que terminada su carrera cuenten con
un pequefio capital, se ha formado un «fondOJ
con el producto de los talleres y se lleva á ca•
da uno de los educandos su «cuenta de alcances,» por decirlo así; cuenta que se compone
de los yremios que obtengan, de la parte que,
deducido el costo de los materiales, quede de
la suma en que se vendan los artefactos, y de
l?s donativos que en numerario bagan los par·
t~culares á su favor, ya sea individual ó colee•
tivamente.

***

Las clases correspondientes á lainstrucci6n
primaria y secundaria así como las de músi·
ca, son objeto de part~ del señor Director de

II
Evaclirme pude al cabo
de aquella persecución,
y llevar á mis amores
p::m, alegría y calor.. ...

Clase de Geogr:ifía.

La orquesta formada por un grupo de a lum nos, aunque poco numerosa, cuenta con un
buen instrumental y se distingue por lo correcto de su ejecuci6n.
Por último, diremos que en el Establecimiento se encuentra una exposici6n permanente de
los trabajos que se ejecutan en los talleres y
que se destinan á la venta. Labores manuales,
como bordados, tejidos de gancho, pasamanerías, bolsas para viaje, cajas de carl6n, cepillos, tejidos de bejuco, se encuentran en los
aparadores, distinguiéndose por su magnífica
hechura.

Mas ¡ay! que á presidio fuí;
que un polizonte avizor
al preguntar á las gentes
por el nombre del ladr6n,
A la turba, que es piadosa
porque olvida al que pec6, '
ninguno me conocía,
nadie levantó la voz;
¡Pero mi amigo, mi hermano
en otro tiempo mejor,
compadeciendo mi suerte,
afligido, me vendió!
MANUEL S. PlCHARDO.

El manantial.
Penetrando del bosque en la ei:pesura
donde á escondidas te da á luz la. fuente,
me deleita escuchar el baibuciente
rumor primero de tu linfa pura.
Cuanto berns aquí, se transfigura:
la piedra se hace joya refulgente,
y hasta el lodo que baña tu corriente
se hermosea también, también fulgura.
Al verse en tu crif,tal, las mariposas
te toman por un cielo, y cocliciosas
de lo inefable que en tu seno anida,
se lanzan á beber...... como alma al vuelo
que persigue, en las fuentes de la vida
algo que sepa á manantial del cielo. '

El río.
Dej~ste el bosque allá, y echando afuera
tus ahentos en brazos del destino
al abrirte entre rocas un camino '
tu caudal se embravece á la car{.era.
LYa eres fuert,el ¡A luchar! Tu afán espera
banarse_ más alla de lo mezquino,
despreciando la rueda del molino
y el amor que florece en la ribera.
¡Te tiemblan romó á un dios! Tu altivo em(puje,
besando tala y fecundando ruge·
pero así que, endiosado en tu b!avura

'

llegas al mar y su amargor te toca,
te sepulta una onda de amargura..... .
Y ya no encuentra más que hiel tu boca.

Purificación.
Al pálido lucir del firmamento
que indeciso alborea por Oriente,
cantan las olas la canción doliente
donde todo dolor encuentra acento.
Su amargura se expande en un lamento
tan ~ondo como el mar, que eternamente
persigue en vano ¡aquel dulzor de fuente!
cuya sola memoria es su tormento.
¡Pero ya brilla el sol! Rompe la espuma
sus cristales de hiel, y en tenue bruma
cada cresta espumante se revuelve ..... .

El amigo.

la nube la recoge, toma vuelo
la purifica en el azul del cielo '
y otra vez dulce al manantial 'la vuelve.

I
¡Qué día! Mis pobres hijos
faltos de pan y calor,
se agrupan junto á su madre
que agoniza de aflicción.

Pontons, Septiembre 1902.
M. MORERA

y

GALICIA.

LAMILPA

f
1

De «Aires de la Montaña. ,,
Cuando tierna, es un mar verde cuyas aguas son las hojas
-cintas trfmulas de raso finamente lanceoladas,quP, se agitan como crines 6 se cruzan como espadas
defendiendo los «jilotes» ele ambarinas crenchas flojas.
Ya en i,az6n, :vergue sus frutos; el rumor de las panojas
crepitantf', imita el ruido de las onclas encrE"spadas,
y famélicos la invaden negros tordos en bandadas
-militares orgullosos de ostentar presillas rojas.y ya Reca, por el fuego del buen sol de meclioclía,
es la milpa haz de fusiles, batall6n de infantería
que al redoble acompasado del marcial tambor rnnoro,
vuelve intrépido y triunfante de los campos de la guerra
pregonando que los surcos-las matrices de la tierradan por una sola gota de sudor mil granos de oro.
JUAN

Taller de imprenta.

13. DELGADO.

:México, 1903.

I

ESCVELA DE CIEGOS,-Un ángulo
Clase de labore:; man 11 a1eij,

de la sal¡¡ de Exposición,

�Domingo 22 de' Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

mis ojrn- daban vuelta~ no sé qué fulgores. C!lrca de mí ~o habí~ flo~
res, y sin embargo, me parecía que en alguna parte surg1an punados
de rosas tan llenas de perfume, que por un momento me sentí desfallecer y que mi frente, al reclinarse sin fuerzas, tropezaba con un apoyo rnave y tibio.
Y la ,·oz, llena de amor, proseguía:
-Bien amarln! Oh bien amndal Yo, que durar,te largos meses
me he contentano con ~ecruir la huella de sus pasos, la tengo ahora
cerca de mi pecho......
I Si usted supiera (lUé embriaguez causan
sus rizos sus párpados de seda, sus lahios púlielos! ......
A pdyó su boca en mis labios, como si quisiera aspirarlos....
l\1e aparté con un esfuerzo supremo.
- Xo!- murmuré- Yo no quiero faltar! Compa&lt;lézcase usted de
mí.. .... en nombre ele f'U hermana, si la tiene usted!
Palideció y acercó su rostro al mío, que se apartaba.
No; yo no 111110 ú usted! Amo al amor! Quisiera ele él la flor, el
ensueño nnda már,:, se lo juro! "Cn corazón, una ma110, un cerebro
cultivado toclo esto en un ser ele hombreó ele mujer, 110 importa! Xo
quiero si1~0 un ser an1igo, porque estoy trist.ísimamenle Hola.... .Aquí
110 hay nadie sino ustl·&lt;l. Sea usted eRe amigo, pero respétem e! Leeremos junto!&lt;, platicaremos, pensaremos el uno en el otro ..... Será todo ...... Júrelo tbted!
Y e;ta vez ern yo 'luien le suplicaba qn e m e amal':i. a.;.í! Y era
tan ;.in cero mi deseo de c{rndi&lt;lo amor, que lhibert :-e lernntó i111pre:-iona&lt;lo y n o me rctu,·o la mano sino parn ayudarme ú poner e n
pie ........ .
Cuando estu\'imoF de ¡,ie, el uno junto al otro, s u actitud se cambió en re;;petuo"a y sus ojos me env oh·ieron en una ca ri cia de infinita pieclnd.
:......Pobl'el Pobre n iña! Cuánto elebe usted haber sufrido!
Evocaba mi soledad tan completa, mis silencios ¡.:in fi}1, mi pureza sin pasión y mi deseo de amor. El amor! La fusión de las almas
una en otrn, sin In necesidad de los Fentidos, como en un paraíso en
que se sueña.
Y esto debió parecerle muy hermoso, porque en sus ojos, que se
llenaron de admiración, germinó el deseo fugaz de imitarme, de ascender conmigo á esa cúspide desde la c ual le hablara ele amor con
una iaerenidad tan profunda.
Repitió:
- Pobre pobre niiia. Ni siquiera un hermano en el mund o! Y
q uisiera uste~l r¡ue ese herman o fuese yo! Pues bien, lo seré! Pero escúcheme, :María Teresa ........ .
Poseído de una pasión súbita, volvió á atraerme hacia sí.
-Escuche usted bien ...... seré su h ermano.. .. ..... Pero entonces,
no me perfume usted con su prtsencia demasiado cerca; uo me d é
nnnca la mano, cuando yo le tienda la mía, 4uítese de la nuca esos
rizos que brillan como flamas ......... Oh! .María. Teresa........ . Y rns
ojos ........ .¿Cómo velaría usted sus ojos lánguidos, sus ojos de amor'?
Esta. vez traté en vano rle desasirme.
-Y sus labios, María Teresa: esos labios que he probaJo ya.....
}las se calmó al fin. Golpeó el suelo con el pie, :;e apartó nerYiosamente de mí, fogoso como un león que sacude su melena.
-No! No! Estoy loco. Quiero ser su hermano. Yuelva usted en sí,
seño;ita Romane! Abra usted los ojos! Podría yo ser hasta su padre ...... Qué teme usted de rní•? H a visto usted mis cabellos grises? Y
mi m ujer'? 8abe nsted que ella me espera en casa para dar un paseíto
juntos? Tengo un libro que enviaré á usted ...... Yuelva usted en sí.. ..
Yo huiré, ...... yo, que la causo miedo! Quiere usted que me vaya?....
Volví á la vida, poco á poco.
-Sí-murmuré con v0z débil-váyase usted! .. ...... .
-No; no, mientras usted sufra....... . Compad ézcase de mí. Acaso
le pido algo ahora? Serú tan dulce la amistad que usted ha deseado!
Bien! Ya me voy. No tiene usted necesidad de mí para llegará su casa.
Vea usted que me arranco de aquí fácilmente. Los enamorados no
tienen esta fuerza! Yo soy sólo amigo, nada más, ya. lo verá usteel ....
y pronto le enviaré el lioro ...... ..
Estaba lejos ya, l igero como un fauno ........ E sta semejanza me
atravesó por la imaginación como una hoja de acero. Lle\'aba un vestido de lana color de ladrillo, como el de las hojas de otoño, y cuando corría por el sendero rocalloso, sus pasos resonaban,como las pezufias de los semidioses griegos ..... ..
Por la tarde Phrasia, al llegar como d e costumbre, para que yo
la enviase á buscar mis provisioneci, sacó de s u canasto un cuaderno
de revista.
-Es el seiior alcalde quien envía esto. Estú allá el seíior cura,
y entre amhos lo eligieron para usted. Parece que esto la quitará el
fastielio durante las vacaciones.
El alcalde no se ocultaba. Hasta mezclaba al cura en el asunto.

Ah

LA INSTITUTRIZ.
N OVELA POR E STE R D E S U ZE.

ILUSTRA CIONES DE SIMONT.

TRADUCCION Df "l:L ~ UNDO ILUSTRADO."
(CONTINÚA.)

- ¡Oh! ¡Qué! ¡Qué! ¡Es uoted! ¿Ha regrc-Eado? ¿Por qué, Dio:;
mío, por quf?
Tendí mis manos h acia él, para rechazarle una vez más, en tanto que mi grito era un grito de derrota. ...... .
El n;e tomó de las manoi::.
Permanecía de pie y yo sentada, y para hablarme se i11clinó ít mi
la.do hasta que me hi zo sentir en el rostro la ca.ricia. de su al iento.
'-Sí; ~•o soy ; hr obedecido á usted por mucho tiempo. ¿H asta
cuándo i::ería preciso'?
-¡Siempre! ¡Siempre! Xo está bien ...... Usted es carndo ......
Sus ojos se cubrieron de un velo de tristeza infini ta, y sus dedos
se crisparon entre los m.íof'. .
.
.
- Detesto ese matrunomo ...... Sufro mucho ...... ¡S1 usted sup1€'!ra! ¿Me rlrjará u,:ted amarla, María Teresa'?
-¿Y yo le amaría acaso?
Se puso rodilla en ti erra, para acercarse á mí.
- l~stá usteJ sola, está usted triste... permítame que la ame. ¿.Quién
puede encontrar grato que uRterl desperdicie su vida? Oh! Su casa es•
tá vacía y ohscura! Por sus sueños no hay imagen que cruce! Su porvenir no tiene desenlace! Oh! Hi usted quisiera, l\Iaría Teresa! Quién
lo sabría? Yo sé ocultarme, sé aguardar las horas propicias. En mi
corazón derramará usted todas las tristezas del suyo .. .. .. Y yo también verteré mis angustias en el suyo. En la noche,á la luz de l as estrellas. iremos á em hriagarnos con los perfumes del prado. Y en el
inderno, usted rrie recibirá cerca de su hogar. Pondremos cerrojos en
sus venjanas. ~adie verá proyectadas en el muro nuestras siluetas en-

lazadas. Será usted más que la espoi;a, será usted la amante! Es usted joven, h ermosa y de alma ardiente ...... l\Ii alma es igual á la suyn. Qué pareja, María T eresa! Qué unión será la nuestra! Yo estoy
i::olo; u~ted e!'tá igualmente sola, y nuestros seres se llaman uno á otro.
Consienta usted, se lo imploro!
Ah !11Ti pi urn a tiembla de vergüenza, ahora! U asta qué gmdo de la
escala moral había yo de~cendiclo, para que tales palabas me p udiesen haber sido dirigidas ,;in r¡ue yo me rebelase'? .........
Estabayosinfuerzas,Raibert me retenía aún !as manos y seguía
ai:ro~lillado. Arrodillado, sí, como Sil vio, pero en tanto que delan te de
S1lv10 bahía permanecido de pie, y firme v orgullosa, ahora esta ba
(lUieta, bnjo la presión acariciadora de esas ·manos v el abandono de
mi actitud, me pareció ya una decadencia.
' ·
S1lvio me hnhía dicho:
«Sea usted mi esposa. Será mi Virgen Santa. Yo trabajaré mis
campos mientras usted cuida su escuela. ,&gt;
El otro me de~ía:
«Sea usted mi amnnte! Iremos á ocultarnos entre las sombras de
la noche, y cerraremos herméticamente las ventanas de la cai;a.»
Y había yo rechazado al uno, porque era ebrio y porque 1,ocialmente estaba muy abajo de mí.
¿,Tendría valor para rechazar al otro?
. ¿El vértigo que se apoderaba de mí, no era precusor del naufragio en que sucumbiría mi conciencia?
No estaba yo ciega! Sabía lo que hacía al dejar mis manos en contacto con aquellas que me quemaban&gt; y sin embargo, las dejaba. Ante
0

XXVIII
Qué tlehiera yo haber hecho?
No habría siclo suficiente rechnzar el lihro.
¿Marcharme del pueblo; encontrar ...... 6 n o encontrar trabajo e11
otra pa rte; morir, si era preciso, pero ¿seguir tentando más á ese
hombre y á mí misma?
Tales resoluciones i::on las salvadoras; pero no se las toma sino
cuando ya todo está perdido ...... .. .
Recibí el libro ......... ~Ie encaminaba al abismo ........ .
Unos cuantos artículos serios y hermosos; un estudio acerca d e

Domingo 22 de Marzo de 1903.

los pintores de la época, el principio de una novela muy sencilla.
Esa revista-el alcalde había escogido una ele fecha atr~!'ada, pr?bablemente para que yo leyera toda la novela,-esa revista. me inte· á
f
Al día siguiente se la entregué á Phrasia, que me tra¡o
con 1nuación el cuaderno siguiente.
.
-Bien seíiorita-me decía poco después el señor Ra1bert acercarse al jardín, en el momento preciso en que Phrasia ~e entregaba u~
cuaderno. -Está usted contenta con esa lectura? Qmere usted continuar en ella, 6 desea leer otra cosa?
.
Tenía aspecto bonachón y sencillo, y se mostraha r~Rp~tuoso s111
exageración fingida. Me puse contenta, porque me .ofrecia libros Y Jo,.
libros me encantan. Me dijo que tenía yo ya el último núm~ro _de la
revi:;ta y n ecesitaría esp,era1: al.gún ~i~:up~ á que llegase el s1gU11enle;
pero si quería, estaban a m1 d1spmnc10n libros &lt;le Balzac, de "alter
Scott, Daudet y otros..... .
-En fin-me clijo,-elija usted.
.
::\Ie decielí por Balzac, pero no supe qué elec1r cuando él me pidió el título del libro r¡ue más me agraciase.
-Elíjalo usted, Reñor alcalde.
-Oh .l No, no, no- di¡'o con vehemencia.-Xunca!
.,
. "l
Comprendí la razón de su negntiva. Seguramente tenna que s1 e
escocría eleterminada obra del autor de la "Comedia Humana" y yo
enco~üraba allí alguna semejanza de f-ituacione~, podría i-entirme
lastimada. Ilabía cambiáelose en el Yenlaelero an11go, en el buen hermano. Murmuré:
-No; elíjalo usted. ::\Ie agradMi el &lt;1ue usted me ende. Confío
en usted.
Confíaba en él! Decía yo tal cosa sencillamente; pero lo pensaba
con solemnidad, y él aceptó esto, co mo había aceptado el papel de
hermano mío.
·
l\Ie envió los libros, siempre por conducto de Phrasia. Xu~stra
intimidad no fué más adelante. Algunas veceR, en el cur!'o de nn lectura tropezaba con algún pasaje marcado; pero podía haber sido seíial¡do mucho tiempo antes, y no me fijaba en la señal sino para leer
con mayor detenimiento esas líneas. Xo &lt;ligo que mi pensamiento no
fuese más lejos. Colocaba á Raibert en frente de esas líneas. Si se trataba de soledad, de unión desdichada, de vagas aspiraciones á un
amor lejano, se me aparecía la imagen de ese hombre. ~fe entern~cían sus ca.bellos prematuramente grises, su a~pecto de tm,teza. Cúntlnua. Me representaba su caAa, coronada de torrecillas, d onde vi vía
solo, entre Phrasia y su mujer vieja., enferma y malvada .......
Y me parecía adivinar en él una serie d e desgracias parecidas á
las que yo hube de sufrir; tan semejantes, que una tarde me pareció
que las lágrimas que lloraba sobre mis recuerdos, las derramaba sobre
nuestras cabPzas juntas. Fué extraño. Lloraba d e que el desti110 nos
hubiese h echo tan semejantes y tan separados uno de otro. Xo sé qué
me faltaba aún, á pesar de la amistad surgida en mi existencia. A
veces me imaginaba verme en la casa d e las torrecillas, yendo y viniendo en torno de Raibert, hecho mi espoRo ..... i E:-to no sería nunca! ...... Y cuando salí de ese ensueño, me sentí llena ele vergüenza.
No me daba cuenta de que caminnba ú grandes pasos por el send el'O del amor. En otro tiempo había podido decir á Raibert": ccNo
amo á usted. » Ahora. esto n o habría sido verdad. Ese homb1e tomaba posesión &lt;le mi vida.. Pensaba en él por la n oche, y en el día, al
leer los libros, al hacer las faenas ele mi casa, al tratar de no encontrarlo.
Un día encontré una cartita entre las páginas del libro que me
envió. En ella me ampliaba el tema d el libro, me hacía notar algunas de sus bellezas que, ele otro modo, habrían pasado inadvertidas.
E :1cribía bien. Me pareció elegante s u manera ele trasmitirme sus impresiones i'i propósito del libro, sin tratar de verme, y en un lenguaje
que estaba lleno de ternura, a un cuando en todo el pliego no hubiese
una frase d irigida á mí, directamente. También mi corazón se desbordaba y mi pluma estaba fácil, así es que respondí de la misma
manera, y este juego continuó por algún ti empo. Pero suceelió que
en una ocasión, Raibert firmó su carta: ccPedro.,1 E ste nombre parecía allí estampado como un beso. Estando á solas, me ruboricé, y ese
día no contesté. Aquella debía ser la última de nuestras comunicaciones á distancia: en esa misma noche, Raibert llamaba á mi
puerta.

resó.

XXIX
Tan ajena me era la ielea de que él puJiese irá mi casa, que fuí
á abrir cuando llamó. De un salto se coló hast,1, mi recámara.
-¿Por qué no respondió usted hoy, iia1fa Teresa?
Quise prohibi rl e pronunciar así mi nombre; reprocharle el suyo,
el que se había atrevido á poner al pie de 1-u página eRcri ta; obligarle
á salir como un ladrón contra quien se pide socorro; y todas esta~
ideas se confttndieron en mí. Estaba enl oqueric.la por su presencia.
La firma de la carta, que había sido la causa de todo, me obcecó, m e
martilleó en el cerebro con una idea fija. Y e!'a idea, que quería desp edir á ese hombre, gritar, explicar la indignación causada por tal
sorpresa; ef'a idea estalló en un grito ... el nombre de Raibert.. el nombre de la firma:
·
-¡Pedro! ¡Pedro!
El creyó que era un grito de amor, y trató de atraerme á sí cuando m e vió vacilar desfalleciela.
'
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Cuentos funambulescos</name>
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                    <text>Domingo 8 de .,,arzo de 1903.

'EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

''LA NUEVA INDUSTRIA''

AN8 X•••TOMO 1.••NUM. 11

MEXICO, MARZO 15 DI: 1903.

Subscripcl6n mensual rorlnea, SI.SO
ldtm. ldem. en la capital, $1,25
Gerente: U JI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAl'AI L Rtn&amp; &amp;PINDOLA.

UN TRIUNFO LEGÍTIMO.
Dado el interés con que las clases productoras del país vieron la
celebración del Certamen industrial efectuado últimamente en Toluca,
hemos creído oportuno ocuparnos en «El Mundo Ilustrado» de todas
aquellas negociaciones que contribuyeron con su contingente á darle
mayor importancia y significación.
Desde luego, citaremos como una de las prin cipales, á la gran
fábrica de camas de latón «La Nueva Industria», de los Sres. Anastasio ~!estas y Compañía; ubicada en el número 8 de la calle de la l\fonterilla, en esta capital.
Basta ver el catálogo que los Sres. Mestas han distrib uido profusamente, para cerciorarse de los adelantos sórprendentes que han alcanzado en la fabricación · de los productos de su industria: allí, con,·enientemente clasificado!!, se encuentran desde el catre puesto al al-

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ékÁufr?,/40J.,t'#~Bj:L;,,u, -1av

,.fen'f;a-/ü?fa ~~.ar

a(¡,re✓1i«~~✓t¿¿;

Ed ifici o de la esqu i na de l a Monteri lla y San Agustí n, donde se ex hiben loa
productos de " La Nueva Industria:'

tos que salen al mercado,y á esto se debe, indudablemente, la bondad
del articulo y su extraordinaria demanda.
Sin temor de equivocarnos, podemos decir que «La Nueva In,
d~stria,&gt; fabrica y vende mensualmente'de mil trescientas á mil qui;
mentas camas. Este dato prueba, hasta la evidencia, el crédito de que
goza la casa y e~ ensanche, siempre creciente, de sus operaciones.
. Es de_ cons1gnar&amp;e, por lo demás, que &lt;(La Nueva Industria» es la
úmca fábrica en su género, que sigue el sistema inglés. consistente en
fundir las esquinas de hierro en las columnas de latón de las camas,
dando á éstas inmejorables condieiones de durabilidad y solidez.

***

Diploma e,x ped ido á los Sres Mestas.

canee de los más pobres, por su extremada baratura, hasta la soberbia cama de latón sin igual en el comercio, tanto por su artística hechura como por la riqueza de sus materiales, que sólo es dado adquirir á las personas de sobrados recursos.
Colchones, aguamaniles, almohadas, sobrecamas de los estilos
más hermosos, todo se encuentra en los almacenes de «La Nueva Industriai&gt; considerados en la actualidad como los primeros del país por
su magnífico surtido. Qtúen ha,a visto la exhibición que en su elegante almacén &lt;le la Monterilla y San Agustín, tienen constantemente abierta al público los honrados y laboriosos propietarios de la Fábrica, se convencerán de que no hay exageración de nuestra parte.
Las camas que produce la «Nueva Industria" son de estilos inglés
y americano, reputados como los mejores en el mundo. En la fábrica funcionan cincuenta máquinas movidas unas por electricidad y
otras con vapor, y el número de operários que trabajan en los talleres
pasan de trescientos entre hómbres y mujeres.
Inteligentes empleados que por su conocimiento absoluto del ramo, poseen la confianza de los Sres. A. Mestas y Cía., vigilan personalmente los trabajos, para cerciorarse de la buena calidad de los obje-

Por último, diremos que los· Sres. Mestas obtuvieron en el Certame~ de Toluc~ la más alta recompensa que se haya otorgado á los
e~p?SI~orr.s: el pri mer premio, consistente en medalla de oro. Esta
d1stmc16n debe ufa~ar á los incansables industriales, porque signifi•
ca para ellos, un triunfo tan legítimo como merecido.

SRITA. JOSEFINA SOMELLERA.
REINA DE LA CORRIDA DF. TOROS Á BF.NEFICIO DE LA~ VÍCTDiAS DE MAZATLÁN,
EFECTUADA EN GU ADALAJ ARA EL 15 DE BEFRERO,

(Fot. Luperdo.)
Med alla de 1a. Clase otorgada á losSrs. A. Mest as y Comp.,
en l a Exposi ción de Toluca.

•

�Domingo 15

de

Marro de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 15

Los altares se visten de lnto .....

E

L templo está t riste, señora mía, muy triste. No es que yo pretenda inundar las sacras naves de una alegría ruidosa y desbordante, que sólo en muy contadas ocasiones
puede compadecerse con la plegaria y con el
amor de Dios; pero la iglesia normal, la de todos los días, t iene silenciosas é inefables alegrías: el oro de los altares, 1os rayos rutilantes de la custodia, la policromía de las flores,
la dulce y plácida rnnrisa de los santos, el !:&gt;eso de sol que se posa sobre las alburas de los
manteles santos, son factores intensos y eficaces de esa tranquila y reposada alegría de los
templos .... . .
Ahora. en estos tiempos de cuaresma, esa
dulce alegría ha h uído del tem plo, arrojada
de él por la amitera. rememoración de aquella
enorme tragedia que, hace cerca de veinte siglos se desarrolló desde las calles floridas de
J erusalén hasta las ensangrentadas colinas
del Calvario.
Los altares se visten de luto, señora mía, y
el gran pafio morado que cubre los reflejos aurinos del ara, cubre también, con su honda
tristeza, el alma de los discípulos del Nazaren o, que todavía lo veneran y lo siguen en el
r,egundo milenario de su encarnación h umana.
El luto de los altares es una sabia providencia de la liturgia eclesiástica; ninguno que en
estos días atraviese las frescas naves de una
catedral, dejará de sentir la impresión intensa de un luto profundo, pesado y poderoso
con el peso y el poder de su universalidad.
La dulce figura del Nazareno, como él lo
quiso, está en la sangre y en la carne de los
hombres, y lo.i morados paños no sólo cu bren
los retablos pla teres&lt;'os, sino también las emociones íntimas. Todos los altares se visten de
luto ..... .

***
Y se olvida el mundo, siquiera. séa por unos
días, por unas horas, por unos minutos, pues
no á todo mortal es dado desprenderse por
luengos plazos, de las cosas de la vida diaria
y tra nsitoria, pues éstas llaman á la brega con
u na tenacidad incesante é ir resistible.
Pero á todo mortal es dado «flotar por un
instante en la atmósfera diáfana del I deal,» y
durante ese instantáneo desprendimiento de
«lo que es,,, du rante esa fugitiva contemplación de «lo que se quisiera que fuese,~ el espíritu descansa del cruel acicate con que lo
castiga la materia y se siente, por un día, por
una hora, por un minuto, omnipotente como
divinidad y libre como una nube que recorriese á su antojo todas las rutas azules del
firmamento.
E l luto morado de los altares es el mismo
luto del espíritu; no es negro, es morado, discreto, suave y dulce. No es ese luto que incuba indignaciones y engendra protestas y
desata llantos; es la «alegre melancolía» del
poeta, que en las almas selectas vierte un óleo
más bienhechor que el contentamiento más
concreto y desenfrenado.
¿No es cierto, sefiora, que también vos celebráis de tiempo en tiempo las moradas cuaresmas de vuestro espíritu, y que vuestro es•
píritu se viste entonces del luto morado de los
altares?

***
Pero esos lutos y esas melancolías no son
eternas, no pueden serlo; tras de toda muerte
hay una resurrección, como tras de toda lágrima hay una sonrisa. Ese es el eterno dest ino de la humanidad: fluctuar eternamente
entre la risa y el llanto, entre la vida y la
muerte. A las veces triunfa la una, á las veces la otra, y, como en todos los triunfos, hay
siempre alguna víctima, algún humano botín que se unce al carro del vencedor .. .... pero la humanidad sobrevive, el vencido se rehace y nuevamente reanuda la lucha entre la
láp;rima y la carcajada, entre la muerte y la
vid a.

renta días los altares de vuestra alma; imitad
á la Catedral majestuosa que envuelve en austeros mantos sus dorados altares y sus tesoros; hacedlo de buen grado para que las misteriosas deidades no se_!rriten, y creed que, ¡
la hora de la resurrecc1on, los paños morados
se rasgarán por sí solos y esplenderá con toda
su pompa la gloria incomparable del amor.
SARDÍN.

iEXCELSIOR!
( DE UN POEMA INÉDITO.)

Ascender! Ascender!
¿Qué á mí el picacho
cuyo vértice agudo rasga el vientre
de la nul)e que canta en las alturas
el himno de las roncas tempestades!
Más alta es la montañ¡¡. del ensueño,
y yo subí á la cúspide imposible
sin que el ave del vértigo azotara
con sus alas mis sienes.
¿.Qué amedrenta,
desde la cumbre que el ardor pregona
del águila caudal, ver el abismo,
el abismo insondable donde hierve
la negrura genésica del caos?
Como la mar de lá ciudad maldita
es el abismo de la infamia: cculta
debajo de su negra superficie
vorágines y vórtices de cieno;
y yo, de1;de la altura luminosa
de mis aspiraciones ideales,
empujado á traición rodé hasta el fondo
sin que enlodara un átomo siquiera
el generoso esfuerzo de mi vida!
Ascender! Ascender!
Hasta la cumb1·e
donde la idea se transforma en astro,
y el astro radia sobre el fango infecto
su piedad infinita; su limosna
de compasiva luz.
I

Dejé el angosto
camino que á la cúspide conduce
y trepé, sudoroso y jadeante,
por el agt•io cantil donde se estrella
la cólera del mar. ¡Nunca el peligro
amenazó tan cerca á la esperanza,
á la esperanza de vencer! Tampoco
mayor empeño comprobó la ingente
fuerza que el alma, cuanto más herida,
en sus dominios misteriosos crea!
Debajo la nerviosa erispatura
de mis débiles manos, cada roca
era un peldaño menos en la escala
de la ruda ascensión. Mi frente ardía
como la llama de implacable incendio;
mis pies sang1·aban purpurando el monte,
y con indócil, turbulento ritmo,
romper quería el corazón su cárcel,
mientras cob1·aba. singular impulso
mi noble empeño en coronar la altura.
II

¡Feliz quien fortalece y dignifica
su combatido espíritu en la recia
batalla de la vida! ¡Venturoso
quien herido y cansado en el palenque,
su voluntad incorruptible exalta
con el vino del triunfo! La impoluta,
la de roble inmortal, ardua corona,
para quien :firme en la pujante liza,
roto el escudo, se desnuda el pecho!
III

Con ósculos de paz, el aire puro
que se respira en la empinada cresta
dulcificó la fiebre de mis ansias
rebeldes al pesar.
Del sol muriente
sobre la espuma de la mar caían,
á manera de pétalos de oro,
sus lágrimas de fuego.-¡También sufre
el padre de la luz! ¡También solloza
como la pobre humanidad! ¿Acaso
no delatan las sombras la amargura
de su arcano dolor? Triste y medroso
arrópase en la túnica intangible
de su enfermera pálida, la tarde,
cuando p1·esiente en la penumbra occidua
los informes fantasmas que la noche,
hermana del silencio y de la muerte,
en la siniestra soledad propaga.

IV
Sobre el negro canal, ancho y profundo
por donde- el mar á la ciudad penetra,
'
la. postrimera claridad del día.
parpadeaba al morir.

Era la hora
de las místicas nupcias del misterio
con la meditación. Era el instante
de la grave quietud del infinito,
donde se juntan como dos plegarias
el callado silencio de las tumbas
y la enorme tristeza de la vid al
V

Ruinoso dolmen, secular remate
del áspera eminencia, altar ó fosa,
en cuyas negras y profundas grietas
la sangre de remotos holocaustos
purpura la leyenda de los siglos,
benigno amparo prometió á mi angustia
y blando apoyo concedió á mi frente.
Pensé? Dormí? Soñé•?
Cándida, intáctil,
piadosa y bella, fulgurante y noble,
envuelta en áureo, vaporoso peplo,
virgínea aparición con lento paso
basta mí descendió, como desciende
poi· esca! a de 1irios milagrosos
al anti-o de los negros infortunios,
coronada de estrellas, la esperanza.
Posó, ligera y suave, en mi cabeza
su mano luminosa cual un prisma,
y regaló mi oído con la dulce
cadencia de su voz:
-Poeta, duerme,
en tanto que la noche taciturna
mantiene suspendido en el espacio
su negro cortinaje; aquí la noche
sublima el sufrimiento de las almas
mordidas por el mal.
Duerme, poeta;
duerme y sueña á la vez basta que brille
la aurora sobre el monte: aquí la aurora
ilumina la ruta del futuro
y despierta en el alma el sentimiento
del amor y del bien. Cuando reposes,
cantarás tu dolor: aquí en la cima
jamás el rayo desgarró la nube,
sin que la nube, al estallar el 1·ayo,
se coronase con la luz del it-is!
Contémplame!
Recuérdame!
Fuí tuy a,
Y tuya soy y lo seré! No importa
que ayer sufriera tu desdén: soy siempre
la amada que perdona tu desvío.
Mírame! Que tus ojos en mis ojos
jamás tropezarán con la perfidia:
~samel Qu_e tus labios en mis labios
Jamás tropezarán con el perjurio;
Y {1mamel Y verás cómo en tu pecho,
~l contacto del mío, el ave muda
ae tu primer amor repite el himno
que celebró con cláusula himenea
la excelsa conjunción de nuestras almas!
Amémonos, poeta!
Soy la misma
que su corona de fragantes rosas
deshojó, como ofrenda, en el camino
de tu naciente juventud.
¿Te acuerdas?
Era un tapiz de pétalos tu ruta,
! Y?, ?úbil ductriz, en el lejano
10dist1nto confín del horizonte,
señalaba á tu espíritu radiante
una ciudad incógnita, una patria
de s1;1eños y de luz .... ¿Era, poeta,
la Crndad de la Gloria?

Embalador dt Ptrsia tn mfxico.
Celebrado entre nuestrq Gobierno y el de
Persia un tratado de amistad y de comercio,
llegó á la Capital, días pasados, el stñor General Isaac Khan, Ministro del Shah en los
Estados Unidos y primer Embajador de este
soberano en México.
El señor Gen eral K han, aparte de la misión
que viene á cumplir y que se relaciona con la
ratificación del tratado referido, trajo el encargo de poner en manos del señ or Presidente de
la República y del señ or Secretario de Relaciones, la condecoración que el Shah les ha
conferido y que consiste en una cruz de oro
esmaltado en cuyo centro se ve la figura de un
león y un sol.
Como el señor General Khan es el primer
Embajador persa en l\Iéxico, nos parece oportuno dar á conocer sus rasgos biográficos más
salienteR. Comenzó su carrera en el cuerpo
militar, y terminados sus estudios en la Academia de Persia, fué n ombrado ayudante del
actual Shah, enton ces príncipe h eredero. En
1883 pasó como «attaché)) militar á San Petersburgo, y al afio siguiente se le designó para
servir como Secretario de la Legación. Durante algún tiempo, fué E ncargado de Negocios:
Más tarde, en 1893, se le confió un importante cargo en Egipto, y al regresar á su país,
entr6 á formar parte de una misión diplomática en Bélgica. Por último, el señor General
Khan ha sido Ayudante de Campo del Shah
y Jefe de la Cancillería persa. Su nom~ramiento de Ministro en los Estados Unidos data del afio de 1900.
Cumplida la honrosa misión que lo ha traído á!México, el nuevo Embajador regresará á.
Wásbington, nombrándose después al repre-

VI
Alcé la frente
clavé la mirada en el espacio.
Era el espacio transparente velo
y la luna, surgiendo, parecía '
un nelumbio gigante que se abría
en la turquesa diáfana del cielo.
.Y

ANDRÉS A. MATA.

SR. GENERAL ISAAC KHAN ,
Embajador de Per sia en M éxico.

Bentante del Shah que deba establecer en nuestro país la correspondiente Legación.
El distinguido diplomático fué recibido por
el Seiior Presidente de la República, con el
ceremonial acostumbrado, el jueves último.

Marro de 1903

S R. GENERA L DE D IVIS ION DO N PEDRO HI NOJOSA,
t el d ía 5 del presente.

-------------------------------

mutrtt 4tl 6mtrat Don Pt4ro ljino1osa.

Ya para entrar en prensa nuestro número
anterior, circuló en la Capital la noticia de que
el jueves 5 del presente, en las primeras horas
de la mañana, había dejado de existir el señor
General de División Pedro Hinojosa, que fué
Secretario de Guerra y Marina durante algún
tiempo y uno de los soldados á quienes la
República debe servicios eminentes.
La dolorosa nueva causó, como era de esperarse, profundo sentimiento en México y se
divulgó por toda la ciudad con rapidez extraordinaria. Era el General Hinojosa uno de los
jefes más antiguos del Ejército, nació el 31 de
enero de 1820; empezó su carrera como soldado voluntario en una expedición exploradora á la margen del Río Bravo; y asistiendo
después á las batallas de Corpus Christi, San
Antoñito, Matamoros, Villas del Norte, Ciudad Guerrero y Camargo, contra la invasión
norteamericana, obtuvo el grado de Comandante, que le fué conferido por el General don
Juan José de la Garza.
Al eRtallar la tremenda lucha de la Reforma, Hinojosa puso su espada al servicio de la
causa nacional, y entonces comenzó :a etapa
más notable de su vida. Concurrió á las acciones de Santa Clara, Monterrey y Ciudad Guer rero, á la toma de Zacatecas (1858) á la batalla de Ahualulco, y á la toma de Guadalajara, conquistándose en esa época, por su bri-

liante comportamiento, el grado de General de
Brigada. En 1860, tomó parte en las acciones
de Venegas y el Pasaje, en el Nazas--en una.
de las cuales recibió una herida en la mano
derP.cha-y en 1861 el Presidente Juárez le
confió la cartera de Guerra. En 1862 se separó de su puesto, para militar á las órdenes de
González Ortega, asistiendo al sitio de Puebla.
Una de las notas má.5 gloriosas de su carrera,
que siempre recordaba enternecido el veterano,
fué-dice una de sus biografías-la confianza
que depositó en él el Presidente J uárez, confiándole la custodia de su familia, á quien pre.tendía plagiar el reaccionario Quiroga, para
que la condujera de Monterrey á Matamoros.
Cumplida esta misión, el General Hinojosa se
encargó del Gobierno de Nuevo León. Su ascenso á Divisionario lo obtuvo en 1884, fecha
en que entró á desempeñar nuevamente la Secretaría de Guerra, que dejó en 1895.

***
El cadáver del veterano fué transladado con
todos los honores de ordenanza de la casa que
habita su familia en las calles de la Mosqueta,
al salón que en Palacio ocupa el departamento de infantería. Este quedó convertido en
capilla ardiente, y fué incontable el número
de personas que desfilaron frente al túmulo.
Los funerales, presididos por el señor General Díaz, se efectuaron el día 6 á las nueve
de la mañana, dándose sepultura al cadáver
en el panteón del Tepeyac.

~
,

El castigo de un imprudente deseo es el de
verlo realizado.

de

--------

EL MUNDO ILUSTRADO.

Hay más todavía: esas dos deidades que
comparten entre sí el imperio sobre el todo,
son deidades que, como las de todas.las. mitologías habidas, exigen cultos y sacrificios; su
ira se aplaca cuando los mortales les ofrecen
hostias en rns santuarios y la Vida quiere ser
amada y temida la m uerte, glorificado el Llanto, &lt;livinizado el Amor.... .. .. . .
Señora mía: no rehuséis enlutar por cua-

-

-

•

I

A.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 15 de Marzo de 1903

ET, MUNDO ILUSTRADO.

safigre de sus venas. Y la gitana, que era ahora otra fiera, se abalanzó sobre Azís para e&amp;trangularlo, para pisotearlo, para. pulverizarlo.
Y a los brazos extendidos como garras le habían asido por la melena; el león ni siquiera
intentó defenderse; tan sólo alzó los ojos y los
fijó en Gilda. ¡Qué mirada aquélla! Qué mirada. tan llena de sumi!,ión y dulzura.; ta n llena de algo muy raro, de algo nunca visto; algo que era lumino:-o como el amor, y más triste que la queja, más triste que el lamento, más
triste que el ~ollozo, más triBte, mucho más
triste que el reproche.........
La Domadora alzó lentamente su cabeza
hasta tocar con ella la frente del león, y así
estuvieron confundidos un breYe rato. Cuando Gilda alzó el rostro, dos lágrimas corrían le
por las mejillas, mientras una fresca mancha
de sangre lucía sobre la extraña sonrisa de eu
boca como una orgullosa enseña de amor.

Domingo 15 de Marzo de 1903

"

FADL\N FIOLLO.

Habana, febrero l!l03.

MAZATLÁN.
Ampliamos nuestra información gráfica relativa á l\Iazatlán con tres grabados que aparecen hoy en este semanario.
Uno de ellos rcpre~enta lo~ trabajos de desYiación de las aguas que entraban al cafio de

MAZATLAN.- Obras de desviación de las aguas en el Astillero.

y las flores la perfuma.han con su dulce aliento, y_E-onreían las paredes rosadas, y el cielo

-,.

FEl\ilINA
(Para E:L 11UNDO ILUS'l'RADO.)

Derrochados que fueron en empeiio inútil
de seducción, las ovaciones et:ltruendosas, Jos
regalos costosísimos, las súplicas, las promesas y los juramentos, el noble mancebo hubo
de rendirse á la tiranía de su pasión, y un día,
como trompetazo de escándalo, resonaron en
la corte los esponsales del joven marqués de
Valle Alegre con Gilda la Domadora.
Y corno su cufiado, el grave senador, pretendiera hacerle algunas reflexiones respecto
al origen de la novia, contestóle así, al principio, con tono alegre el apasionado doncel:
-Sí, ya sé que la misma Gilda ignora quién
fuera su progenitor; mas yo, que he estudiado
el caso, por lo que me atafie, puedo afirmaros
con orgullo que la estirpe de mi amada es muy
superior á mi rancia estirpe.
-¿Os burláis?
-De ningún modo.
-¿Y en dónde podría yo beber el agua encantada de esa preciosa fuente de información?
-En el mismísimo museo del Lou vre. Después, venid conmigo, y á poco de reparar en
mi novia con ojos de artista observador, fuerza os será confesar que sólo una descendiente
legítima de la Suprema Belleza ostentaría tan
exquisita semejanza con la Venus de Milo.
-Cuidado, marqués, no sea esa peligrosa
hermosura la única dote atávica que de Af,odita os aporte vuestra esposa.
- Ba!:-ta, senador; que cualquiera que no
fuerais vos, pagara bien caro la osadía del pronóstico.
Y se separaron, adusto el uno, torvo el cefio el otro.
Por alegre acuerdo dispusieron los dos enamorados que la boda se efectuara en la barraca. Y alli fué la brillante ocasión del arte
decorativo para lucir talento y ganar dinero en
el embellecimiento de aquel raro nido de amor.
Mas, si la economía fué proscrita como igno-

miniosa pordiosera, en cambio, la discreción
más absoluta fué exigida por el marqués como
cláusula primordial de su contrato con los artistas.
En tanto, la anhelante curiosidad de las
damas de la corte, irritada por el misterioso
silencio que envolvía á la barre.ca, inventaba
los despropósitos más absurdos. La una sabía,
por información que no admitía posibilidad de
error, que cada mañana el marqués, vestido de
,cclown», gastaba largas horas en hacer peligroso aprendizaje sobre un elevado trapecio; la
otra hablaba cavernosamente de alquimia,
hechicerías y nigromancia; y una tercera, bajo la fe de su juramento, afirmaba tener sobornado á alguien de «adentro» que la contaba
cómo el noble amante luchaba pecho á pecho
con el oso, tiraba de las orejas á la pantera y
consentía que Azís recostara la cabeza en sus
hombros y se durmiera; Azfa, el león númida,
el celoso favorito de Gilda.
Un día, por fin, repartiéronse las invitaciones para la boda. Excepción hecha del grave
senador, todas las relaciones del marqués se
apresuraron á concurrir á la ceremonia, con
la evidente seguridad de que a.llí se les serviría
plato muy sabroso en que saciar su voraz murmuración. Mas al entrar en la barro.ca, atónitas se quedaron, y la breve boca que traía un
sarcástico mohín de ii1terrogación en la punta
de los labios, si desplegó su púrpura, fué para un acento circunflejo, en homenaje de admiración y sorpresa: la barraca era. el poema
realizado ele una. fantástica leyenda oriental
un cuento maravilloso de las mil y una noches:
la gruta encantada. del país de los Gnomos.
Y la heroína de aquel poe'Ilo, el hada ele aquel
cuento, la maga de aquella gruta era Gilda.
De las orgullosas patricias que habían acu&lt;lido
allí como á un torneo para ostentarse, justar
en la lid de coquetería, triunfar y sonrefr, no
hubo quien no empalideciera de rabia ó envi-

dia ante la Domadora, que Ít todas
si por su hermosura, si por su arro
pm la des] umbradora riqueza 1le f!U
La ceremonia terminó sin ni11gún o
dente que el susto que causó en la re
concurrencia un poderoso rugido &lt;le
favorito, quien, por empeño de su du
bín alcanzado que su jau la fuera ins
una pieza coutigua á la alcoba. nupcial.
mo no se halló otro motivo que si •
pasto á tanto diente menudo y blanco
á tanta lengua afilada y roja, fué el e
ráneo rugido la comidi lla. de los com
-¡ Qué ocurrencia ele gitanilla, po
novio, allí, como un ayuda de cámara,
e'lpantoso león!
Por la mañana, al dejar su mitad de
do lecho, Gilda hizo resonar en la
canción como un clarín de alegrías.
tres, cuatro, muchas veces la hermosa
que aún descansaba sobre la. almohadat
tanto que él volvía á dormirse, corri6
dar á sus amados compañeros de boh
de gloria.
- Azís, mi buen Azíi-, ¿qué tienes?¿
estás triste? ¿por qué estás bravo? Y le
ba el anca, y le peinaba la guedeja
dedos cargs,,dos de sortijas, y le abr
cuello. Después, fué á los otros. Al ..,
mono hizo mil cabriola!', el oso gruii6
mente, la pantera le lamió las manoí,
pájaros rompieron en una orquesta
como un concierto de alabanzas huju
y á su hermosura.
De súbito algo se e~cuchó que hizo
cer de espanto á la Domadora. Fué
pavoroso rugido que ahogara entre sua
tes vibraciones las notas tristísimas de
mento.
En un salto llegó Gilda á su alcoba.
rror! ...... El pecho del adorado era una
te de la cual corriera á borbotones

MAZATLAN.-Casas Infestada • destruidas por el fuego.

la calle del Astillero, considerado como un foco de infección constante; otro, la esquina de
una calle donde se han quemado algunas casas pertenecientes á los pesto~os, y el último,
al pers~nal del departamento de desinfección,
presenciando las experiencias comparati\·as
que Re efectuaron hace poco con las bombas desinfectantes de que se h~hía hecho U!'.O,
Y las. pulveri~adoras que env;ó al puerto el
ConseJo Superior de Salubridad.

fuera, límpido y puro como los ojos:de la
m uertecita.

-((¡Hossana.!n-parecía cantar la Naturaleza.-«¡hos!'ana!n ¡Dichosa tú, oh niña, que conociste la Muerte sin haber conocido la. vida!
¡dicho::;o tu corazoncito inocente que dejó de
latir Rin que hubiera apresurado nunca un segundo RUft palpitaciones ninguna de las míseras pasiones de la tierra! ¡dichoso tú pensan:ien_to que permaneció en su santa ignorancia i:m penetrar los viles secretos ele este mundo! ¡dichosos tuR ojos que no vieron jamás lo
f~o ,Y lo malo! ¡feliz tu ser todo, que ignoró
siempre lorepugnnnte, y no tuvo tiempo de ser
sal picado por la salpicadma atroz del cieno de
la exi~tencia ...... "¡hossana!»
Sólo los hombres lloraban la ida del ángel.
Las co~aA, en cii,lo y tierra, se regocijaban,
reían, exhalaban su ventura como el aroma
capitoso de sus pétalos las flores recién corta.das.
...... Y la hechicera muertecita, tendida corno un gran copo de nieve humana sobre su
último lecho, cruzadas las manecitas liliales
sobre el pecho impúber, sonreía también con
sonrisa extática y misteriosa al alto techo azul
-azul como el espacio inmenso incomensurable, infinito......
'
LUIS RODRÍGUEZ-EMBIL.

Febrero. 1903.

.-.

FLOR DEL CIELO.
Estaba muerta la niiia. Tendida '!omo un
gran copo de nieve h umana sobre f'U último
lecho de raso, cruzadas las manecitas lilinles
e?~re el seno impúber, sonreía con Ronrisa. extat1ca y mii&lt;teriosa al al to techo azu 1-azu I con~o el espacio inmenso, inconiensurable infinito.
'
Todo era cándido, puro vir~inal y lindo en
"'
• y gracioaque11 a muerte: la. 111uerta,' inocente
sa como un querube; lm, velm, blanquccina.s
que ar?ían lánguidamente erectas, corno doncellas rndo_lente,;: el cuartito satura.do por el
~~orna cap!tc!so &lt;le las florei-l recién cortadns.
• olo se afüg1a el c•goísmo ele los seres hnma.contrastando con la a.legría purísima é in~nt1l de la. gra.n alma univer:-al, gozosa por la
'?:l~ á su seno de aquella virgínea alma de
lllna mmaculada.
ta Lab brisa,entrando por la ventana entreabier' e@aba las guedejas rubias de la durmiente

1os,.

MA:ZATLAN.- El personal de la Oficina de desinfección.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 15 de l\J.arw de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

«
-"~:

~

...,;

•

r

--."d,.

.....:....e;¡_.,Jli,li

'

caía como una lluvia vaporosa dere
cías tristes: las hojas amarillas paree
jarse de tu ingratitud!
Sólo estaba encendida aquella rosa
que tú besaste emocionada cuando por
ra vez confesaste que me amabas. El
tu traición la había tornado roja, mu
Y esa flor es la única que te envío:
El remordimiento debe tener color
grel
Y la sangre de los poetas heridos
amor cruel, se condensa en estrofaa
mas, impregnadas de ajenjo, estrofas q
dolorosamente sobre el alma de las
perjuras, de las mujeres ingratas! Es
te inagotable de venganza, de tortura,
El Dolor es inmortal!!

MAÑANA DE MA.YO.
I
Al sonreír del cielo
-Que sus purpurinas nubes se des
Recoge del Oriente el pardo velo
Con sus dedos de rosa la mañana.
Empiezan los rumores
Del aura leve que apresaba el frío,
Y exhíbense en sus cálices las flores
Coronadas de perlas de rocío.
FERROCARRIL

DE

HEHU A NTEPEC.-

El Jtrrocarril dt Ctbuanttptc.
En la edición ali.terior de "El Mundo Ilustrado'' dimos á conocer algunas fotografías referentes á las obras que se llevan á cabo en Salina Cruz, y á los trabajos de reparación del
Ferrocarril de Tehuantepec. Completamos
ahora nueetra información con un grabado que
representa una de las curvas principales del
camino, y con una vista del gran puente tendido sobre el río de Tehuantepec.

ESTELA.
Todo es frágil y vano!
Como la niebla pálida que se alza lentamente en las tardes azules, y viaja hacia el Infinito insondable, así pasan los sueños de felicidad, suenos confusos que dejan sólo un recuerdo adormecido, vago, que se esfuma luego
en la noche profunda del olvido.
Verdes como la Primavera son las esperanzas vivas, y la miel de su savia es filtro de
consuelo, de energía, de piedad; amarillas y
mustias son las esperanzas muertas, y la esencia que despide el polvo marchito de sus hojas, es fruto de amargura, de tristeza, de hastío!. .....
Como las ondas de un manantial purísimo,
huyen las ilusiones diáfanas y corren á perderse tumultuosas en el obscuro lago del Ensueño; las ilusiones iban como bandada perseguida de gaviotas, levantan el vuelo fugiti-

U na curva.

vo en la brumosa tarde de la vida, cuando la
canción que los álamos cantan: ya viene sobre el alma la noche del Dolor, noche sombría, que antecede á la aurora ciel sepulcro!
Las cenizas de las cartas amadas se disipan
al soplo de los vientos, y vuelan como pétalos de flores negras, embriagando el ambiente
con la magia seductora que guardan; y lamagia se extingue también!. .... ... .
Hoy ...... ¡después de que supe tu perjurio
...... he quemado las tuyas!. .....
Cuando iba á levantarse llama que habría
de consumir todas las ternuras escritas que tu
pluma liviana quiso trazar para mí, intenté
extinguir la hoguera, y salvar mi tesoro maldito: pero ...... mi mano culpable se abrasó en
las llamas del incendio, como se habría abrasado mi corazón en el fuego de tu perfidia.
Como una tenue ala gris voló mucho tiempo en pedazo de papel quemado, que vino luego á caer supersticiosamente sobre la cantera
que guarda tu retrato; en el fragmento de la
ceniza mustia se veían grabadas con signos
rojos, estas palabras turbadoras: «un beso de
la que siempre será tuya.
-Estela.»

***

Todo llega y pasa!
Todo pasa y muere!
Después ......... extraje del fondo del cofre
donde ocultaba tus prendas queridas, las flores marchitas que iba á devolverte, aquellas
flores fragantes que vivieron una tarde sobre
tu pecho, como vivió un día mi cariño sobre
tu alma ingrata; el polvo seco de los pétalos

Todo es hechizo y gala:
El árbol verde su ramaje inclina:
Srídeas ondas el raudal resbala,
Y de las selvas el olor se exhala
Del monte Gazirim en Palestina.
Da el buitre al aire su graznido ron
Del sol los rayos la laguna quiebra,
Y sobre el viejo tronco
Se sube á calentarse la culebra.
El pichonzuelo chilla
Mostrando el pico en su nidal de 1am
Con volteretas mil la astuta ardilla
El fruto busca de la endeble rama;
La abeja liba el jugo
Que el tierno ovario de la acacia vierte,
Y el águila, el verango
Del tardigrado inerte,
Rásgale el pecho con profunda herida,
Y comienza la lucha por la virla
Entre los brazos mismos de la muerte.
En tanto, cofi su diana
-Si de alegre expresión-salvaje y ru
El pájaro saluda
La aparición feliz de la mañana.

II
Bajo el rama.je de copado pino
Que se alza al pie de cultivada era,
Gallardo campesino
Con la pala en la mano está en espera.
Nadie viene.
A distancia, en la llanu
Emerge el humo de la antigua choza;
A ordeñar la lechera se apresura;
La alegre cabra en el redil retoza;
Bala la oveja en el lejano cerro,
Y tras el toro que el maíz arrasa,
Mandado por el dueño de la casa,
Ladrando corre y jadeante el perro.
Por fin, un ruido suena:
Una extraña inquietud al mozo llena;
Y del ramaje que el favonio mece,
Bella, graciosa, espiritual, morena,
Una púdica virgen se aparece.
Y como en pos de miel la. abeja toca
El rojo botoncillo del frambueso,
Al punto, éle su amante va á la boca
Y estalla -en gozo la explosión de un b
Ella sigue tranquila su)amino
En alas del placer y la esperanza; .
Y con la pala al hombro, el campesino
También torna feliz á su labranza.

Un pu.ente en la linea del Ferrocarril de Tehuantepec.

EMn..ro CoNST~N'l'INO GUERRJm&lt;llf,

CENTINELA,

Domingo 15 de M11rzo de 1903

�Domingo 15 de Marzo de 1903

Domingo 15 de Marzo -0e 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL :\IUNDO ILUSTRADO.

Fiestas de @fidad en Guadalajara.

P
•

OCAS seguramente son las ciudades de la
República que, como Guadalajara, han
acudido de manera tan espontánea al reclamo de la filantropía, en ocasión de socorrer
á las víctimas de la epidemia reinante en Mazatlán.
La crónica de las fiestas de caridad efectuadas en aquella población así lo demuestra, y es de
aplaudirse, por lo tanto, no ~ólo
el empeño con que los orgamzadores las llevaron á cabo, sino
también la buena voluntad con
que los jaliscienses correspondieron á los afanes de la Junta.
Las simpatías que unen á los
dos Estados-Sinaloa y Jaliscoson, sin duda, motivo muy poderoso para que todos, en la esfera
de su posibilidad, contribuyan al
laudable fin de auxiliar á las víctimas de la peste; pues, según
nuestros info1mes, pasa ya de....
$~2, 000 la suma recaudada y remitida al pue1 to, y se tienen fundadas e;;peranzas de reunir aún
fondos que hagan más cuan toso el
contingente. Como un ra~go de
desprendimiento, merecedor del
más eutusi:u,ta. elogio, citaremos
el hecho de (JUe el Sr. Arzobispo
Ortiz envió á la Junta mil pesos,
si mal no recordamos, como donativo particular, remitiendo, además, el producto de la colecta que
por orden suya. se hizo entre los
fieles.

tas y una niña de las que atendían á la concurrencia en el puesto de atole y tamales.
En los puestos de «Banca,» «Juegos de azar,n
«Cerveza,» «Restaurant,» «Confetti y Flores,»
etc., las más hermosas señoritas de Gu~dalajara desplegaban el encanto de su gracia, lu-

***

Volviendo á las fiestas de caridad efectuadas, es digna de mencionarse en primer término, la
kermesse que se &lt;lió en Palacio y
en la cual tomaron parte las familias más distinguidas.
El hermoso patio del edificio
"Chinas Poblanas".-Luz Cortina Virginia Gallardo y María
ofrecía. un aspecto encantador:
iluminado por multitud de focos
ciendo primorosos trajes, y en el «Teatro,&gt; y en
incandescentes y de arco, con ese derroche
el
«Salón de Conciertos» una estucliantina y
que sólo se acostumbra en la capital de Jaun ¡rrupo de artistas regalaban á los convidalisco, llamaba desde luego la atención por la
dos con selectas audiciones.
elegancia de su adorno y el buen gusto despleLo más granado de la sociedad tapatía cougado en el arreglo de los puestos.
curri6 á la simpática fiesta, cuyo éxito se deImposible sería, para nosotro~, dar la inbe, en gran parte, á. los Sres. Francisco Izáformación gráfica, completa, del suntuoso fesbal, secretario de la .Junta, que trabajó en su
tival; nos falta espacio para ello, y únicamenorganización con verdadero empeño, y Luis
te nos limitamos á. publicar las fotografías que
de la Torre, artista encargado del adorno, que
representan dos de los puestos más notables,
supo cumplirá maravilla su comisión.
y un grupo de «chinas poblanas»: dos señori-

***
Al día siguiente-15 de Febrero-se di6 la
corrida de toros dispuesta por la 1unta y qu'.l
presidieron las Sritas. Fany Cañedo (hija del
Sr. Gobernador de Sinaloa), Josefina. Somellera, Anita Bárcena, Concepción Corcuera y
Elena G. de Quevedo, pertenecientes á la alta sociedad tapatía.
Las «reinas» vestían primorosos
trajes de «manolas» y en carruajes
abiertos, acompañadas de sus
chambelanes, hicieron su paseo
por el redondel antes de ocupar
el palco que se les tenía cle¡:tinado.
Este acto rer-ultó muy lucido: al
paso de los carruaje;; la co1,currmcia aplaudía entusiasmacla, y las
serpentinas y el confetti cubrieron
la arena.
Jóvenes pertenecienteR también
á familias distinguidaR, eapitaneados por Lorenzo Yilla-eiior, for,
maron la cuadrilla de aficion11dos, conquil,tándo 0 e en laR l&lt;Urrtes
del toreo mucho,- aplau¡:n;;. Pam
el adorno de In. Plaza, los ~M•.
Biizio y Gusmeri ob~eq11iaron mu,
estatua. de la Caridad, lwcha ron
c:se objeto.
Los estudiantes del Liceo de YaroneR, organizaron por Reparado
otra corrida: ésta se efectuó el día
8 y fué preRidida por )aR Srita~.
Leocadia Gallardo, Paz Oremlain
y Rosa Gudiño.
En este número encontrarán
nuestros lectores instantúneaH de
las dos funciones taurinae.
Por último, es de consignar:-e la
nota referente á la ,,velada d~ hnnor» arreglada por la prPnsa de
Guadalajara y que se Yerificó en el
Teatro Degollado. El adorno del
edificio fué magnífico, y tnnto 108
números de música, como la parte
Luisa Vidrio.
literaria y los cuadros plá,-ticos
que se presentaron, hicieron de aquella fieeta
una ele las más hermo!:las y mejor organizadas
que se hayan visto en la Perla de Ocridente.
El éxito extraordinario de esta fiesta., se debe
al empeño del inteli~ente periodista y anti~uo
compañero nuestro Lic. Luis l\Ianuel Ro¡as,
que fué quien la promovió.

&gt;1&lt;**
Es de justicia, ya que la Junta de C~i:idad
de Guadalajara ha demostrado tanta d1hgen-

Instantáneas de la corrida organizad3 por los Estudiantes del Liceo de Varones.

AZUR.
(DE GRAF.)

¡Oh formi&lt;lable Azur! Te miro y pienso:
Cual hoy y ayer, así serás mañana.
¿,Qué siglos hace que á la estirpe humana
Cubres callado con tu dombo inmenso?
Cayeron, del olvido bajo el denso
Polrn, los dioses de la edad pagana,
Y aun los hombrefl, en triste caravana,
Te envían preces, cánticos é incienso.
Cna.nto vi ve en el orbe, á una inmutable
Ley rnmetido está, ley implacable,
Y todo es fuerza que á esa ley sucumba.
Sólo, tú sólo, incólume, profundo,
Frío, inmortal, sigues cubriendo el mundo
Cual tapa enorme de anchurosa tumba.
Corrida organizada por la Junta de Caridad de Guadalajara.

ISMAEL ENRIQ'CE ARClNIFX.AS.

Llegada de las reinas.

La Caridad.

cia en cumplir con el deber que se
ha impue8to, dar á conocer los nombrPR de los estimables caballeros que
la forman: La Junta está constituída así: Prei-idente honorario, Sr. Dr.
.Juan R. Zavala; Presidente activo, •
Sr. Juan Somellera; Yir.epresidente,
Lic. Andrés Arroyo de Anda; Secretario, Sr. Francil-'CO Izábal Iriarte;
Tesorero, Sr. Eduardo Collignon; y
Vocales, Sres. Manuel Cufsta Gallar•
do, Francisco Bianchi, Coronel Ignacio L. Montenegro y Lic. .Jesús
Bringas.
El Sr. Gobernador ele Sinaloa ha
dirigido al Sr. Izábal una. e*presiva
carta, significándole su profundo
agradecimiento por la actividad desplegada por la Junta en favor ele las
víctimas de la pe;;te.
De buen grado quit-iéramos dar
á conocer todas las fotografías que
hemos recibido con relación l\. las
fiestas que nos ocupan, y que son
obra del inteligente y húbil fotógrafo José María Lupercio; pero en la
imposibilidad de hacerlo en este seLa cuadrilla.
manario, "El Imparcial,» aprovechando loK elementos ele que ahora dispone, se ha propuesto publicar las
m~~ notables y lo ha.rá así próximamente.

SOUVENIR.
Gala antaño de trianones
El vejete currutaco
'
Vaga. torvo, hipocondriaco
Del castillo en los salones.'
Rendidor de corazones
En espasmo demoniaco '
Reme~ora, enclenque y flaco,
Los mmués y las canciones.
Hosco y triste, ve esfumados
Los mirajes encantados
De la dicha evanescente,
Y en_ su i:_eca faz rugosa
Se desliza silenciosa
Una láisrima candente........ .
JOSÉ

*

l!:1 error es una de las rarezas ele
la humanidad; viene rúpidamente y
se va lentamente.

*

Los grande~ trabajos se Pjecut:rn
110 por_ la fuerza, sino por la per$everanc1a.

*

Es neceFario talento y habiliclacl
parn ser apóstol de una idea; con In
fe ~ola mente se es verdugo ó mártir.

*

Don Tancredo.
Puesto de ponches calientes.

Puesto de Nevería.

VELASCO.

En el corazón humano hay dos medidas, una para el dolor y otra para el
pln~er, qlle i:e Yacían y se llenan alternat1vamen te.

Sucede con la felicidad lo que ron
el horizonte, siempre se halla á
nuestra vista, pero nunca á nuestro
alcance.

El carácter es la fisonomía del
alma.

B.

Una vara,

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 15 de Marro de 1903

DE "RIMAS"

HOY.........
Ya no vive sino en el nostálgico país de los
dolientes recuerdos ..... .
Su nombre la envolvía como un manto formado por exhalaciones de su ser. Blanca, sencilla
como un lirio campesino rimador de aromas a1
la orilla. de las dormidas lagunas; su voz, aomo
los sones de un arpa. antigua en cuyas cuerdas
durmiesen las tradiciones ya imposibles de una
edad caballeresca; dulcemente lánguida, tierna

-

SR. DR. JUAN R. Z.A.VALA, Presiden
te honorario de da Junta de Oa:rldad de GuadaJlajara.

mente triste, como rosas que se abaten todavía
jóvenes bajo los crepúsculos, llamábase Inocencia, y era. pura., ingenua. y leal.

.,

***

Sir. Juan. Som'8lllem,

Presidente activo.

Domingo 15 de Marzo de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

~

Viajera. en mis ensueños, murmuraba
)
inspiraciones de rec~
titud, de sinceridad y
de nobleza. Enamo......
ra.da. de su égida la
•
Victoria., venía ésta
á deponer sus laut•eles tdunfales sobre
las sienes del lidiador; hasta. que un
día, la fa.lacia, el dolo, la ingratitud y la
villanía, en concierto
mendaz y vil, nutrieron sus huestes miseSRITAS. ROSA GUDINO, LEOCADIA GALLARDO Y PAZ ORENOAIN. Reinas de la corrida
rables con todos los
organizad;t por los estudiantes de Guadalajara.
conscriptos de la
ruindad, asalta.~on á
la Inspiratriz sacrosanta. y celebraron
como de hoy para siempre jamás, en remoto exilio, el Honor y la _Hiapoteosis infame sobre el 'cadáver de la
dalguía., que han huído estupefactos de que ya, sobre el polvo de los hses
virgen, enseñando que en estos bajos fandifuntos, extintos los sones de las viejas trovas caballerescas, no pueden
gales !ª no pu~~en descogerse pétalos eupronunciarse, sin rubor y sin peligros, las bellas palabras de orgullo, glo•
carísticos de hr1os intactos ....
ria y altivez, que son entre otras gentes blasón de la. huma.na estirpe!

***
Habría si_do hermoso y noble que cuan·
do ella hubiese senoreado las cimas de la
Vida, sus hermanas que también son hijas de un ensu~ilo a'.1guna. vez en estos
mundos eatrevtsto, hubiesen venido á poblar el du~o país de Realidad; y á cubrir
con rosas mmortales su aridez, y ~ ~huyen~ar ~on cantos de amor el silencio de
su cielo ...... .
Robusta progenie fiera. de todas sus
integrida.~es, habríi:. derivado de aquellas nupcrns de la rectitud implacable
Lic. Andrés Arroyo de Anda. y del candor sereno; y no vivirían,

l\Ie he asomado por la verja
del viejo parque desierto:
todo parece sumido
en un nos~úlgico sueño.
Sobre la obscura arboleda,
en el transparente cielo
de la tarde, tiembla y brilla
un diamantino lucero.
Y del fondo de la umbría
llega acompasado el eco
de algún lago que se queja
al darle una gota un beso.
~lis ojos pierdo, soñando
en la bruma del sendero;
una flor que se moría
ya se ha quedado sin pétalos.
De una. rama amarillenta,
al temblar el aire fresco,
una pálida hoja mustia
dando vueltas cae al suelo.
Ramas y hojas se han movido,
un algo turba el misterio;
de lo espeso de la umbría,
como una nube de incienso,
surge una virgen fantástica
cuyo suavísimo cuerpo
se adivina vagamente
tras blanco y flotante velo;
sus ojos clava en los míos
y entre las sombras huyendo,
se pierde callada y triste
en el fondo del sendero.
Desde el profundo boscaje
llega mon6tono el eco
de algún lago que suspira
al darle una gota un beso.
Y allá sobre las magnolias,
en el transparente cielo
de la tarde, tiembla y brilla
una lágrima-lucero.
El jardín vuelve á sumirse
en melancólico sueño,
y un ruiseñor dulcemente
gime en el hondo silencio.
JUAN

R.

JilúENEZ,

Ecos dt las Jitstas Españolas.
Satisfechos en grado sumo, deben estar los
organizadores de las fiestas con que la Colonia
Española celebró, días pasados, la permanencia de los tripulantes de la «Nautilus» en la

metrópoli, pues tanto los números del programa que alcanzamos á reseñar en nuestra edición anterior, como
los que se efectuaron posteriormente, tuvieron un lucimiento extraordinario.
La rece_eción dada ~l yiernes 6 por el señor Mm1stro
de España en los elegantes
salones de la calle de Sadí
Carnot, en honor de los marinos, superó en brillantez á
lo que era de esperarse, y lo
mismo puede decirse con respecto al banquete y á la gran
romería efectuados en el Elíseo. El local dispuesto para
esta última, estaba primorosamente adornado y durante toda la tarde del sábado
se vió concurrido por innumerables personas. En cuanto al banquete, se sirvió en
el salón principal del Tívoli,
que lucía un artístico adorno, sentándose á la mesa,
entre otras personal" distinguidas, los señores Ministro
de España, Tomás ele Azcárate (Comandante de la
,,Nautilus"), Lic. Justo Sierra, Lic. Pablo Macedo, José l\IarÍI\ Bermejillo, Valentín Elcoro, Gral. Lauro Carrillo, Lic. Indalecio Sánchez Gavito y Quintín Gutiérrez. A los postres, tomaD. TOMAS
ron la palabra, primero el
Sr. Marqués de Prat, y en
seguida el Sr. Lic. D. Justo
Sierra, que asistió en representación del Sr.
Secretario de Relaciones. Hubo, además,
otros brindis en que se puso de manifiesto la
amista.el existente entre los dos países: México y España.
El Sr. Presidente de la República visitó el
Tívoli por la tarde, siendo recibido, tanto por
los españoles allí congregados, como por los
mexicanos, con marcadas muestras de simpatía. Al penetrar al salón el Primer Magistrado, el Sr. :Ministro de España volvió á brindar para darle gracias por haber concurrido á aquella fiesta. En su contestación, el Sr.
Presidente hizo votos por la prosperidad del
Rey de España y por la ele las damas reunidas en aquel sitio, y terminó aludiendo á la
caballerosa conducta observada por el Conde
de Reus para con México, al iniciarse la intervención extranjera.
Completamos nuestra información relativa

***
¡Viajera. de mis ensueños, Egeria. de mis luchas, mártir de un ideal ya
imposible! puesto que hoy ya. no vives sino en el país doliente de los recuer•
dos, en cuya portada sólo quedan las siluetas de cómo eras melancólica.co•
mo los sones de un arpa cantora del a.mor antiguo, sencilla. y blanca c_omo
u~ lis campesino, y dulcemente lánguida como rosas jóvenes caídas baJ? la
tristeza. de los crepúsculos; puesto que también has muerto con este último
año de agonías, y del escudo del gladiador, aún en pie, ha sido borr:1.d_o tu
nombre por el asalto de las vilezas en contubernio, es permitido escnb1r en
su lugar- para rescatar tu vida -la divisa inmisericorde del Breno venga•
dor:
¡VCE VICTIS!. ... . •

DE AZCARATE, Comandante de la "Nautllus."
(Fot. de Felipe Torres.)

á las fiestas que acaban de pasar, con un grupo;que representa al Comandante y á los oficiales de la «N"autilus» y con fotografías del Tívoli.

LA CANCIÓN.
El viejo marino
con trémula voz,
cantaba á menudo
la breve canción:
«Al morir la primavera,
se juraron fiel amor
la garrida costanera
y el gallardo pescador.
Y al volver la primavera
habian puesto ya su amor,
él en otra costanera,
y ella en otro pescador.,,

¡Cuántas veces perdiendo su encanto
la sencilla y alegre canción,
de los labios del viejo marino
como un hondo lamento salió!

"Gna madrugada,
sin querer, le oí
con distinta letra
la canción gemir:

ELOY G. GONZALEZ.

«En la aurora de la vida
prosternado junto á ti,
'
una noche ¡fementida!
adorarte prometí.
Y acabando ya la. \'ida
que arrastré lejos de ti,
aun conservo ¡fementida!
el amor que prometí.,,

Extinguióse la voz del marino
como un eco en lejano confín ..... .
¡La canción que á menudo cantaba.
nunca más la volvimos á oír!
FRANCISCO

Sr. Francisco Izá.ba.l Iri~. Sr. MaJlíUel Cuesta Galllardo.

EN EL TIVOLl,-EI banquete á lo,; marin9s españoleo,

~. Francisco Blanchi.

S. Eduardo Col~ignon,

6-r. Lic. Jeis~ Bring&amp;B•

Febrero,)903.

DtAZISILVEIRA.

�Domingo 15 de Marzo de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

hienas y serpientes
que se paraban so•
bre la cola.
Y tanto fué así,
que muy poco después ib8:n los , animaleR mismos a suplicarle que les tocase, sucediéndole
con frecuencia que
un oso llegara solo
junto á él, y con
tres acordes maravillosos se marchara
contento. En cambio de sus complacencias, las fieras Ie
proporcionaban alim ento y le protegían &lt;le los hombres.
Pt-ro le fatig6 su
fastidiosa Yida. Tan
convencido fügó á
estar de su genio y
del placer que daba.
á las bestias, que ya
no Re esforzó en tocar bien, y Jas fieraR, con tal que él lo
hiciera, quedaban
F&lt;iempre Aatisfechas.
)fo tardó en nega.rse
aun á concederles
este gusto, y dejó de
tocar por indolencia. Tocla la selva
quedó triste, mas no
por ello escasearon
á la puerta del músico los trozos de
carne ni las frutas
f'abro::&lt;as. Continuaron alimentándole
y le amaron mfü,,
porque el corazón
Grupo de Jefes y Oficíales de la corbeta "Nautilus."
- de los animales es
así.
Un &lt;lía, sin embargo, que npoyado en RU
puerta miraba cómo descendía el sol tras de
los árboles inmó•.,iles, pasó cerca una leona.
Dió él m~~stras de entrar, cual si temiese moro tiempo habitaban la Tracia animalestas solicitudes; pero la leona, Ein cuidarse
salvajes y algunos hombres ameclrende él, pasó tranquilamente.
tados.
Entonces le preguntó sorprendido:
Los animales eran muy hermosos: había
-¿_Por qué no me ruegas que toque?
leones rojos como el sol, tigres rayados como
Ella le contestó que no lo deseaba.
Díjole él:
la tarde, y osos negros como la noche.
-¿No me couoces?
Los hombres, enanos y chatos, mal cubiertos de viPjas pieles, armados de lanzas toscas
Y ella le respondió:
-Tú eres Orfeo.
y arcos grm,eros, se encerraban en las cavidades de las montafias tras monstruorns bloques
que ellos rodaban trabajosamente. Pasaban la
vida cazando y corría la sangre en los bosques.
Era tan lúgubre el país, que los dioses lo
habían abandonado. Cuando f'alía Artemisa
del Olimpo al clarear la mañana, jamás seguía
camino.que _llevara ~l Norte_. Las guerras de
allí no mqmeta_ban a Ares; 1a falta de flautas
y de cítaras aleJaba á A polo, y solamente brillaba la tiple Hécate como una cara de Medusa sobre un paisaje petrificado.
Entonces fué á habitar allí un hombre &lt;le
una raza má~ feliz, quien no vestía pieles como los salrnJCS de la montaña.
Usaba la~ga. !única blauca. que le arra!&lt;traha
un poco. C,ui:;tabale _errar de noche á la luz de
la luna por los mullidos claros de los boi:que¡:
llevando en la mano un pequeño carapaclio d~
tortuga, en el que había clavados dos cuernos
&lt;le oro, entre !os que i:e teudían tres Clierda:;
de plata.
Ct_iando ~o~aba con sus ~ledos las cuerda~,
música dehc10sa la_s recorna, mucho más &lt;lulre que el D?-urmurw de las fuentes, qlie las
frases_ del viento entre los á_rbolcs ó que la 1110 _
dula.c1ón de las av(•~- La pr1111era \"Cz que tocú.
despertaron tres t_igreR, tan prodigio::::unente
encantados! que leJos d; causarle ningún lllal,
se le aproximaron lo mus que les fuú posible
y se retir~ron cuando _ces_ó. Fueron mis lo~
que acudieron al día siguiente, así como lobos

ca Cira Encantada

'

Domingo 15 de Marzo de 1903

Agregó éste:

-¿,Y no quieres oirme?
-No quiero-repuso ella.
-¡Oh-exclamó el músico-cuán digno soy
de lástima! . Tú eres por quien yo hubiera tocarlo. Eres mucho más bella que las demás y
debes de comprender mejor. Porque me escuche¡. una hora solamente, yo te daré cuanto
soñares.
Ella le respondió:
- Te pido que robes las carnes frescas que
tienen los hombres de la llanura. Te pido que
asesines al primero que enc•1entres. Te pido
que te apoderes de las víctimas ofrecidas á tus
dioses y que toclo lo depoi-ites á miR pieR.
El le agradeció que no pidiera más, é hizo
lo que le había exigido.
Durante una hora tocó delante de ella; pero
des pué~ rompió su lira y vivió como si estuviera muerto.
PIERRE U&gt;UYS.

EL BESO.
Oh, juventud! Oh amor! Con qué embele~o
r ec neruo de la suerte E&gt;n los agravioi-,
fa, divina imprE&gt;sión del primer beso
que une dos almas, al juntnr dos labios!
No hay, en la vida, ni en el mundo, nada
que wa.he en nuestro Rer más honoa huella,
que el beso con que el alma enamorada
pactos d e amor sobre los labios sella.
Al delicioso choque, estremecido
el coraz6n, la sangre bulle, quema;
y es música al f'Onar á nuestro oído,
himno triunfal de adoración suprema!
Y á la sola memoria de ese i nstantfl
en que todo en nosotros canta y Yibra,
responde, voluptuosa, palpitante,
de llamas una. onda en cada fibra.

Es un ardiente rayo que nos toca.

Y el alma y la materia al par enciende;
conjunción de la luz y de la roca,
el alma que del barro se d esprende!
Oh juventud! Oh amor! Siempre os bendigo
aun de la edad entre las nieves preso,
que, con dulce tristeza, va conmigo
la divina impresión del primer beso!
HERACLIO 1\1. DE LA GUARDIA.

En el Elfseo.-Ballando una Jota,

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

TRADUCCION Df "fL .-aUNDO ILU~TRADO."
(CoNTINÚA.)

¡Cuán desolador es el vivir! ¡Qué de suspiros parec~n ~ubir de
la campifíal Y las estrellas, en la altura, ¿no parecen ser lagrimas en
el rostro sombrío de la noche? Y por mi rostro, lentamente, también
corren lágrimas. No suFro, y m~ tristeza es infin_ita. como ~l espacio:
Mis manos queman. Si llegara a enfermar, ¿q_mén me cm~aría? Si
llegara á morir, ¿quién me acompafiaría en m1s po~treros m stanteb?
¿Morir?
.
.
Me invade un terror sagrado y mis dedos se crispan.
¡Oh! No; no. ¡Dios mío! ¡Todavía no! La muerte es lo profundo lo remoto lo negro ..... .. Me aterra. ¡Y la vida es tan buena!
' Mas ¿en qué es buena, por qué es buena?
¡No me lo explico, pero asilo siento!
. .
.
,
Las lágrimas que acabo de derramar han al_JViado mi corazon y
relajado mis nervios. Mis ojos, habituados á la BOJ.?bra de la n?che,
distinguen la. hierba, que me parece sonreír al dormirse. Los páJaros,
también adormecidos, murmuran entre las ramas. Uno de ellos lanza
á plena garganta, un grito de belleza &lt;les~arradora. El es gol pe de arco
de un director &lt;le orquesta, que despierta todas las armonías_ que
duermen en mi alma. Las siento, silenciosas, pero llenas de v1gor,
balancearse dentro de mí, arrastrarme fuera. de este «yo», llenar todo
el espacio de vibraciones angustiosas y suaves, como el cant? de este
ruisefior sube, se desgrana y luego cae de nuevo en una lluvia de sonidos que cantan y lloran á la vez.
¿Estoy mal? ¿Estoy bien?

Ni una ni otra cosa: es un arranque de mi ser, una recrudescenc!a de vida, porque en la noche silenciosa y bajo la. misteriosa cadencia d e los astros, todas las voces &lt;le la naturaleza se alzan sin obstáculo
y llevan consigo mi voz.
Y otra vez mis ojos acarician la sombra en la que se agitan simpatías. De pronto, cerca de mí, en lo más tupido del follaje escucho
un roce, el crujir &lt;le una rama bajo un pie.
'
¿He oído bien?
. .Ten~o ~l valor de levantar~e y acercarme al follaje. Detrás está
S1lv10, Silv10 en persona, encogido, listo para saltar. Me ve y se endereza; sus ojos brillan.
Lanzo un grito terrible que le hace huir. Pero mi grito atrajo á
otros pasos que se acercan, en tanto que los de Silvio se alejan.
Es el sefior Raibert.
Ha, tirn.do su puro, cuya luz roja he visto desgranarse en el suelo.
¿Donde estaba?
Ha llegado hasta la verja de mi jardín y me pregunta con voz
tembloroRa, P?ro cuya distinció1;1 me asombra, me es dulce:
-¿Ha gntado usted, sefionta Romane?

xxn
Estoy nerviosa, irritada, trémula.
El hombre que respondió á mi llamada, es el alcalde del pueblo,

�EL MUNDO ILUSTRADO.

bomlngo 16 de Mnrw de 1903

Todavía hay que temer de Silvio, y el alcalde me librará de cualquier
ataque. Debe haber una ley, un medio cualquiera que permita á un
alcalde evitar las tentativas criminales de un borracho.
Tales son mis ideas.
Estoy cerca del enverjado.
-Sí; yo he llamado: tengo miedo. Un hombre estaba en la espesura, en el otro extremo del jardín. ¡Ahl sefior, yo se lo ruego, que
ese hombre no vuelva. ¡No voy á poder vivir!
Mis ojos buscan al acaso, hacia el sitio donde pudiera encontrnse el señor Raibert. No hay luna.
-¿Es la primera vez-me pregunta-que ese hombre ...... la espía ...... de tal modo?
No sé lo que hago. El hombre que me habla así, no tiene ningún derecho á que yo le haga tales confidencias. Pero mi alma es demasiado cándida: todos los seres que tienen apariencia tan distinguida,
me parecen hermanos míos, en lo que esa palabra expresa de intimidad purísima.
-¿La primera vez? No; ya un día, en el camino de San Roque,
se me presentó, pidiéndome que fuera su esposa.
-¡Ahl ¿Y quién es?
--Silvio Moutet, uno del lugar.
-Sí, sí.. . .. . ¡Un muchacho encantador, en efecto! Bien, y ¿por
qué no lo acepta usted por marido?
-¡Oh! Sefior alcalde ........ .
Toda mi distinción, que parece inadvertida, todo mi deseo de
una uni6n espiritual con alguien que fuese igual á mí, surgió de mis
labios con ese solo grito, provocado por la pregunta del alcalde.
¡Yol ¡Yo esposa de Silvio Moutet, el borracho! Y quien me dice eso tan tranquilamente, es ese hombre inteligente y fino, que debería comprender mejor que cualquiera otro cuán cruel es mi soledad
moral de ahora l. ....... .
¡En qué abandono estoy, Dios mío, para que nadie pueda comprenderme!
Y mis labios temblaron, intentando sonreír, para no contraerse
en un sollozo.
-¡Oh! ¡Sefior alcalde, oh! ......

***

¿DP dónde surge el destino del hombre, para caer sobre él en el
momento preciso en que estaba escrito que cayese? ¿Cómo llegan
cuando no hay para ellos, á lo que parezca, ningún camino preparado?
Y, sobre todo, ¿cómo hay gentes que r, uedan predecir su advenimiento,
como lo había hecho Victorina?
·
El señor Raibert pos6 su mano en la mía, que temblaba. Y sin
transición, su voz at;ariciadora se llenó de ternura infinita, y murmuró:
-Perdón, perdón, perdón .......... ¿Usted esposa de Silvio, ó de
otro, no importa quién, de los de aquí? ...... Mil veces perdón por esa
injuria ..... .
&lt;&lt; ••• Era una prueba l. ...
«... Uited es mujer; él la ha confesado su amor; usted podía amarle ...... Esto era lo que yo temía cuando supe que usted había llorado
tanto en la tarde misma en que Sil vio se Je presentó en el camino....
«... ¿Por qué ha llorado usted tanto, dígame? ¿Y tantas otras veces después? ¿Y esta noche, todavía, cuando soñaba usted, tan pálida, con el rostro hacia el firmamento ...... ?
«.•. ¿Por qué, María Teresa?»
Pensó, más bien que dijo, esa última palabra: mi nombre; pero
mi cerebro le oyó, á fuerza de estar alucinado. Porque estaba yo fuera de mí. Toda esa ternura me ahogaba, no dejándome en pie sino
una idea fija: la predicción de Victorina.
Por mucho tiempo mi garganta contraída no dejó pasar ningún
sonido; por fin murmuré:
-Cuando usted me espiaba de este modo, Victorina le seguía.
le espiaba también, ¿no es verdad? ¿Estaba en alguna parte? ¿La veí~
usted surgir á su paso? ¡ Dígamelo usted, se lo suplico!. .....
Mi estado le alarmó.
-Pero no sé nada de eso, señorita. ¿Por qué?
Entonces volví en mí.
¿Qué _me importaba fuera en verdad una hechicera ó que hubiese presentido el desenlace, á fuerza de inteligencia ó de espionaje?...
El hecho estaba allí, irrecusable: el sefior Raibert había venido y me
hablaba de amor, y á la luz débil de la luna en creciente, vi su rostro
turbarse súbitamente, sus ojos resplandecer de ternura y de respeto
en ta11to que los de Silvio habían brillado como dos brazas.
'
¡Oh, sí; qué dulce sería la unión fraternal con ese hombre!
¡Qué simpáticamente resouaba en mi alma su voz!
¡El me amaba, puesto que sabía también mi vida, casi minuto
á minuto! ¡Pero qué delicadeza, qué respeto en ese amor, puesto que
yo no lo había sabido!
¿Y yo, le amaba?
¡No; sin duda, todavía; pero podía amarle! Sentía que en él había la ternura á que mi alma aspiraba. ¿Qué fuerza me impediría ir
en busca de esa ternura ......... prohibida, puesto que ese hombre era
casado?
1La prudencial El valor de roro per desde ahora con ese atractivo
fatal que me obligaba á permanecer allí, de pie, junto á la barda,
cuando debía haber huido ya.
Y valerosamente, di un paso brusco para cumplir mi resolución
heroica; mis manos se desasieron de la barrera; mi voz era tan blanca como mis manos, baiiadas por la luz de la luna, y como el rostro
angustiado de Raibert. Todo era blanco; era de plata vaporosa que

nos bafiaba pálidamente, que recibía mi'tristeza infinita y pura, blanca también, como todo en ese momento, en derredor de mis ojos, que
se turbaban mientras yo hablaba.
-¡Conque usted me espiaba! ¡Y cuando Victorina casi me lo
anunciaba, yo no podía comprenderla, ni creerla! ¡Oh! ¡Quf mal estaba eso, señor!
Mi voz seguía siendo dulce, á pesar de la ligera rudeza de mis
palabras. Proseguí:
--¿Qué quiere usted de mí? ¿Por quién me toma? ¿Qué espera
usted?
Murmuró:
-¡Nada; se lo juro!
-¡Pues bien-dije exaltándome,-déjeme usted, señor, entonces! ¿Qué viene usted á rondar, por la noche, en rededor de mi jardín, como Silvio el borracho? ¡Ah ironía! es usted quien ha ocurrido
á librarme de él...... ¿Me ve usted sola, en el jardín? ¿Sabe usted que
va á ser media noche? ¡Ah Dios mío! ¡Dios mfol ¿Es así como han
comenzado á desviarRe las otras?
Gritaba casi, exasperada, con las manos juntas, con las mejillas
bañadas de lágrimas que no me ocupaba de enjugar.
Retirado á tres pasos de la verja, el sefior Raibert murmuró, con
la frente descubierta:
-Cálmese usted, sefiorita, se lo ruego. Cálmese usted; voy á retirarme. Pero antes, permítame una palabra, una sola, la última.....
¿Llora usted, no es verdad? Y hace una hora, también lloraba. ¿Cuáles lágrimas eran más amargas: las' de ahora ó las otras? Reflexione.
Es todo lo que pido. Me retiro.
Hizo una reverencia hasta barrer casi el suelo con su sombrero
gris, y desapareció.
Quedé petrificada, con la última frase del alcalde clavada en pleno corazón, como un cuchillo.

ILUSlRADO
ANO X•••TOMO 1.-.,NUM. 12

MEXICO, MARZO 22 DI 1903.

Subscripci6n mensual for•nea, $1.!0
ldem. ldem. en l1 capo1al, S1,25

6erente: LUII', RrY~ &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAl"AlL RtU&amp; &amp;PINDOLA.

XXVII
El alcalde tenía razón. Mi vida cambió; pude por fin el substraerme á la t9mida tentación. Primero permanecí varios días sin salir,
meditando un plan de conducta. Fué una preocupaci6n no libre de
encanto; luego, cuando hube tomado la resolución de no cambiar en
nada mi conducta, y solamente acorazarme contra mí misma, quedar
digna ante el alcalde si llegaba á encontrarle, y, sobre todo, evitar
encontrarle, entonces volví á hacer mis habituales salidas, con el paso más vivo, la mirada más alerta.
No se trataba ya de vagar al acaso y arrastrar uu pensamiento
sin objeto; sino escoger los caminos más cortos, más directos á mi casa, y pensar en evitar un encuentro con el señor Raibert. Así lo hice.
Y Jebe haber ocurrido que esto me fm,se sumamente agradable, porque desde entonces los días pasaban con una rapidez increíble.
Y como el alcalde no se presentaba jamás, y yo pensaba constantemente en él, para evitarle, sucedió que mis paseos fueron más
bien excursiones en busca de ese hombre.
El día que pude convencerme de ello, me detuve llena de confusión, con los ojos rasados en lágrimas de despecho ... ¿Cuál es, pues,
la complexidad de lo que se experimenta? .. . ¿Sentía yo despecho por
no encontrar al sefior Raibert, ó contra mí misma, por el descubrimiento que acaba~a de hacer?_ l!.:sta última debía ser la verdad, porque me
decía, al caminar despacio por la vereda sembrada de margaritas:
«¡Es así como han empezado las otras! ¡Es así, absolutamente! Porque ó yo soy la última de las últimas, puesto que siento que
busco á ese hombre-y no lo creo, porque 110 pienso nada malo puesto que es mi ser el que inconsciente, instintivamente va hacia 'él como el labio sediento hacia el manantial-ó las otras han sido domo
yo, tan puras y tan instintivas, y entonces la vida es una abominación.»
Y me senté, agitada por un mundo de pensamientos.
¿Por qué la sociedad prohibe el amor si la naturaleza ha querido que el amor exista?
'
_¡Oh! ¡Esas piedras que me había referido Phrasia! ¡Esas piedras
arroJa~as á la profesora caída! ¡Esta no había matado á su hijo! ¡Se
había ido, llevando en las entrañas el fruto sagrado y se habían atrevido á lanzar piedras contra ese seno!
'
¿Qué había. hecho esa infeliz joven, sino la obra augusta de perpetuar la vida?
.. Así pe!1sé durante mucho tiempo, con la mano apoyada en la
meJilla .i.rdiente.
Cayó la tarde, violeta y rosa, semejante á un ramillete de viole•
tas, cuyos racimos pendían sobre las cimas de los montes· racimos
malva, salpicados de oro, justamente como la fl()recilla e~balsamadora que los enamorados cortan en los bosques ......... Y soñaba en
todo esto: en los enamorados, en los prometidos, en los esposos ..... .
¿Tales goc~s no me, s~rían permitidos jamás?
¡Habían sido tan rap1das las frases de ternura oídas aquella noche!
. ¡Qué dulce fue_ra que, durante los días en que me creía sola, hubiese sabídome espiada por tal mirada de amor!
¿Dónde estaba hoy esa mirada?
¿Mi rig?r la habría alejado para siempre?
¿No e~1stía en alguna parte, en el misterio de las hojas, y no se
me acercana ya nunca, nunca?
Me incliné para buscarla. De pronto resonó la voz del señor Raibert, haciéndome latir tumultuosamente el corazón:
-¡María Teresa!
( CONTINUARÁ. )

7

ABSTRAÍDA.
( COLECCIÓN P ELLANDDi'J.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo lo. de Marro de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

ANO X•••JOMO 1.--NUM. 10

MfXICO, MARZO ¡ Df 1903.

Ger ente: LUI&amp; Rn'f&amp; &amp;PINDOLA

Dir ector: LIC. RAl'A U Rfl'f&amp; &amp;Plf"!DOLA.

•·

Vista exterior de la Cervecería de Toluca.

LA INDUSTRIA CERVECERA EN EL PAÍS.
NOTABLES ADELANTOS.

.

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d1•l r~lddo J .ilif(• ,\ ~ohf'l•ano dt'

1

Subtcripción mensual forinea, SI.SO
ldem. ldem. en la capital, SI, 15

Al verificarse la apertura de la Segunda Exposici6n del Estado
de México, consagramos algunas líneas en nuestro semanario ÍL describir la magnífica exbibici6n que de sus productos hizo la Compañía
Cervecera Toluca y México, y á. patentizar los adelantos verdaderamente notables que ha alcanza.do en los ultimos años.
Esta importantísima negociación, en efecto, ha ido de progreso
en progreso: fué la primera que implantó en el país la elaboraci6n de
la cerveza «Lager» conservada, de incomparable buen gusto y calidad
suprema, y ha sido, igualmente, la primera en levantar una. fábrica
de botellas del más moderno estilo, abriendo así un nuevo campo á la
actividad de la. clase obrera.
Tanto la industria ele la elaboración de cerveza,como la de fabricaci6n de botellas, han merecido la recompensa más amplia y satisfactoria, no sólo en los eliversos países donde han figurado sus productos en fraternal competencia, sino también en la segunda Exposición del ~stado de México, que cerró sus puertas el 5 del pasado.
Testimonio muy elocuente de esta afirmación es el valioso
grupo ele medallas de todas clases que h:m sido concedidas á la Com•
pañía, y entre las que sobresalen, tanto por su número como por su hermosura, las de oro, de primera clase: precioso galardón acordado al
trabajo honrado é inteligente, á. ese titán de músculos de acero que
todo lo transforma y lo ennoblece.
Actualmente, según sabemos, esta importante negociación, que
no de~cansa en su labor, coronada por tantos y tan merecidos tri un•
fos, ultima el establecimiento ele uña planta de fuerza motriz eléctrica, en sus_ fábricas, para substituir la de vapor que ha empleado.
Es digna del más alto elogio la Compañía Cervecera tanto por
sus constantes esfuerzos en pro del adelanto de la industria nacional,
c?mo por su empeño de_corresponder siempre á la decidida protecc16n que el público le d1~p~nsa. Por lo demás, es de desearse que
tenga muchas empr~sa~ i,m1t~doras en sus afanes &lt;le engrandecimiento. Así, éstaR contribmran, como ella contribuye al desorrollo de
la riqueza nacional.
'

Corbtta "nautnus"
_.,,,

Grupo de Jefes, Oficiales y Guardias,

tomado en la Legación de España.

�EL MUNDO ILUSTR~no

Domingo 8 de Marzo de 1903.

Eitrcitios tuartsmalts.

N

O voy á predicar: ni la sombría sotana
ni la blanca sobrepelliz envuelven mi
cuerpo pecador, y l'.l'li nrida palabra
no trae los místicos estremecimientos de una
inspiración celeste y santa. Y creo, señora
mía y amable lectora de estas profanas charlas, que vuestra Jiminuta oreja, sonrosada como un temprano y tierno pétalo primaveral, guarda celosamente las enseñanzas que durante esta primem semana de recogimiento
cuaresmal ha escuchado de lós elocuentes labios de vuestro predicador favorito, que, desde las alturas de la austera cátedra del Paráclito, ha vertido en vuestra conciencia la
abundosa cascada de su sabiduría mística; y así,nofuera yo,pohre pecador, quien
pudiera amenazaros con los fuegos sempiternos y crueles del Infierno, ni atraeros
al camino del bien con las inefables v misteriosas promesas de la Gloria.......:.
En estos tiempos de cuaresma-que suelen coincidir con los hermosos tiempos de
primavera, como si el recogimiento fuese
m&lt;i.yormente necesario ante las explosiones de la juventud y de la savia nueva,en estos tiempos de cuaresma, los profanos
cronistas cedemos de buen grado nuestro
puesto á los cronistas severos &lt;le la Religión, que durante cuarefita días pasan
revista á vuestros pecados, como nosotros la pasamos á vuestros encantos durante los restantes trescientos veinte días
del afio. Mas no fuera tampoco muy discreto de nuestra parte el hablaros de ªI?ºr
y de placer cuando os preparáis á acercaros al tribunal de la penitencia, y haciendo un duro calce á nuestro natural pagano
y adorador de. la eterna Belleza vi \!iente y
pal¡ itante, vémonos constreñidos á rozar con alf\S de mariposa las cosas herméticas del Espíritu, y en la tarea sólo
puede consolarnos la vaga esperanza ele
sembrar las grises monotonías del asunto
con algunos débiles toques de &lt;(policromía
verbal» ...... ¿Me entendéis, señora, ó acaso he caído ya en las, para vos incomprensibles sutilezas del modernismo andante·? ...... No temáis: habréis de entenderme; y luego vendrá la Pascua, y en
la Pascua-hossana, palmas, resurrección,
amor y vida-me entenderéis mucho mejor.

Así vos, d u lee señora mía, así vos, como la
rosa, sois polvo y en polvo habréis de convertiros. ¿No os atemoriza esta perspectiva? ¿No
tembláis ante el triste destino que se os tiene
reservado? ...... Vi viréis, 1nnaréis, y luego ..... .
la Muerte, siempre la Muerte, os convertirá en
polvo, os volverá á la miseria de que fuisteis
creada ........ y nacerán uuevas mujeres, para
morir también, porque detrás de la Vida viene
siempre la Muerte!. ....... .
-¡Qué estribillo tan insoportable! diréis.
Así es el estribillo de la realidad: es insoportable. Martillea sobre la conciencia, como mi
«policromía verbal» martillea sobre vuestro¡;
oídos. Lo mismo, siempre lo mismo; y «lo
mismo)) es la Muerte, la que ha de convertirnos en polvo, á vos, dulce lectora de estas

EL MUNDO ILUSTRADO
sobre la tierra reinaba el bien, en que no había partidos políticos, ni monederos falsos ni
peste bubónica, ni nada de esos azotes que hoy
nos torturan, un mozo abrazaba á una pucela
bajo las frondas floridas de un viñedo. Acert6
á pasar cierto apóswl que, en sus ensimismamientos míslico3 había adquirido el dón dela
doble vista y cuyos ojos disponían de rayoe
más catódicos y de mayores X X que los del
Dr. Roentgen, y al mirar al enardecido garz6n
que á la pucela abrazaba, díjole cof).los tonoe
más severos de su voz: ¿Qué haces, cuitado,
que con tus brazos abrazas á un montón de
polvo? ...... » El garzón hubo de recapacitarantes de entender las palabras del apóstol; pero
habiéndolas entendido, repuso: ccQue polvo seremos, no lo dudo; pero entretanto ......... • El
resto de su respuesta perdi6se entre los ru•
mores de la tarde moribunda. Y el ap6,.
tol, al escuchar esas palabras, arrancbun
racimo del viñedo y comió las uvas apresuradamente.»
Hasta aquí el piadoso evangelista de
quien transcribo la parábola. Yo, sefiora
mía, no puedo agregar nada á tan elocuente emblema, y cor.cluyo, otorgán•
&lt;loos la más. apostólica de mis bendiciones.
OSCAR UERZ.

NOTA MILITAR.
NUEVO SUBSECRETARIO DE GUERRA.

El señor Presidente de la República ha
nombrado al señor General de Brigada
Luis C. Curiel, Subsecretario de Guerra
y Marina, en substitución del señor General don Juan Villegas, que interina•
mente servía ese puesto y que pasa á hacerse cargo de la Dirección del Colegio
Militar.
Entre otros cargos de importancia, el
señor General Curiel ha desempeñado loe
de Gobernador del Distrito, Diputado al
Congreso de la Unión y Gobernador del
Estado de Jalisco. El nombramiento hecho últimamente en su favor, ha sido
muy bien recibido.
El miércoles por la mañana, ante el
señor Secretario de Gu-erra, prestó le. protesta de ley el nuevo Subsecretario, en•
trando desde luego en posesión de su alto
empleo.

Domingo 8 de Marzo de 1903.

Para las Victimas de la Peste.
tarrtras tn Ptralolllo.
El domingo ?-nJerior por la mañana, se efectuaron en el Hipodromo ele Peralvillo los juegos ele sport _que con el fin de allegar fondos
P?-ra las vfotimas de la peste bubónica, orgamzaron los 3:lum_nos de la Escuela de Agricultura y Vetermaria.
L~s ~uegos, que resultaron bastante lucidos,
consistieron en carreras en bicicleta y á caballo, estas últimas á campo raso y con obstáculos, y eh la «caza ~e la Zorra», ejercio muy en
moda, en la actuahdad, entre los aficionados á
esta clase de sports.
Pasada la primera carrera en bicicleta que
gan~ el señor Ramón Manzano, y los ,cj~egos
de crn~s11 ~n que, tomó parte el «Club México,» se Jugo una a caballo entl'e los alumnos
de la Escuela, David Sosa y Pedro Somera
Esta fué á 4,000 metros, y en ell:iresultó ven~
cedor el segun?º d_e dichos alumnos. Como
parte extr~ordmana del programa; se organizó en segmcla otra carrera, entre los señores J.
Blum, en buggy, Carlos Morales y Ramiro
Manzano, en bicicleta.
Los alumnos de la Escuela"'elton, corrieron despu_és caballos á 400 metros, distinguiéndose entre todos, el niño Salvador Pesquera
que montaba el «Si!eno» y que ganó la carrera'.
Al presenta~e el mño en el palco de las rein~s que,pres1dían la fiesta, t. recibir su prem10, fue _muy aplaudido por la concurrencia.
Los miem!)foS del Club Hípico Militar, tomaron también parte en los juegos así como
las ~eíioritas Haittii Welton, Jenetta Blum y

Sritas. Haittii Welton, Jenetta Blum y Lottii Lekeni.

Las !einas de la fiesta, que lucían primorosos traJes, fue~on las señoritas Elena González,
María y A?"leha Rodrípuez l\liramón, Elena y
Dolores l\favers y i\Iana Barreiro.

EL ESCULTOR.
La piedrn f~é la madre ele la esculturn
e1 helado gra111to fué su profeta
'
el blasonado br~nce su gran poe'ta.
y la arenosa. arcilla su vestidura.

Mi cincel es de hierro, pero fulgura
como ante el sol pasando veloz saeta
i ~oy el dios de las Artes!; ¡soy el atl~ta
cmcelador soberbio de la hermosura! '
El ti~mpo_no destruye mis obras santas·
del l\foisés gigantesco bajo las plant
'
el hombre se estremece, duda, palpi:'......
1Yo sor el,que, ele bloques hecho edazo~
hago surg!1: u fuerza de martillazos p
.'
las curvas impecables de la Afrodita!

PuLVIS ES ....... .

Sois polvo y en polvo habréis de convertiros........ Señora mía: ¿habéis pensado alguna vez, muy en serio y con la
intensidad de los pensamientos graves y
torturantes, en toda la tristeza, en tuda la
desesperanza, que se encierra en el hecho
de todos sabido, pero de todos olvidado,
de que tras de la vida está la muerte? ....
SR.
La rosa, la opulenta. rosa brillante de
rocío, que se aduerme dulcemente sobre
la suavidad de vuestro seno, será mañana un montón ·de hojarasca que, en alas del
viento, se convertirá en polvo y no dejará ni
nn recuerdo de su aroma ni huella alguna
de su belleza. Y sin embargo, la rosa ha
vivido: ha sido. casto botón, apretado dentro de su verde abrazamiento y .temeroso
de abrir su cáliz á la erótica avidez de las
mariposas; ha sido flor tímida, apenas entreabierta á la fresca humedad de la mañana y recatada ante las indiscretas caricias del
sol; ~a sido encanto de los hombres, cuando,
roto su broche, desparram6 á los cuatro vientos la lozanía de sus pétalos; hubo el epinicio
del beso y de la voluptuosidad cuando tocó
vuestros labios y cuando se adurmió suavemente al arrullo de vuestros suspiros ..... .
La rosa ha vivido y, no obstante, la rosa no
es sino polvo, vivificado por la omnipotencia
del Misterio, y fatalmente se tornará de nuevo
en polvo, desaparecerá sin dejar huella de su
aroma ni recuerdo de su belleza, y nacerán
nuevas rosas, para morir al fin ...... que siempre está la Muerte detrás de la Vida!

El HIio dt la tantintra.

RENÉ LoPEZ.

Carrera en buggy.

GENERAL LUIS C. CURIEL, Subsecretario de Guerra
y Marina.

charlas, y á mí, profano orador de estos ejercicios cuaresmales.
La ceniza que, en cruz admirablemente dibujada, puso :t1ó ha mucho sobre vuestra frente la mano pálida-¿no era pálida?-del sacerdote, es el símbolo de la muerte, el símbolo
de la nada, el símbolo del fin. Preparaos á esa
~uerte á e_se fin, á esa nada .. ·.; .. porque lo diJO no se1 quién y lo comprueba la práctica:
ccPulvis es, et in ......... reverteris!»

*
**
~li discurso está triste, tétrico; tétrico como
la oquedad de una tumba. Pero, ¿qué queréis?
estamos en cuaresma y estoy obligado á serviros un discurso cuaresmal.
Como final de mi sermón, pasaré á la parábola. Es de buen tono concluir un sermón con
una parábola. Así_ lo hacen los obispos modermstas, y así qmero hacerlo yo, que aliento
bríos de obispo y de modernista.
(cEn aquellos tiempos de santidad en que

Un hijo tuvo la cantinera
Bello y alegre como el amor·
De ojos dorados, rizo cabelld,
Faz de arrebol.
Bravo era el hijo como la madre:
Niño mimado del batallón
Y a. se abrigaba con la bandera,
Ya se dormía sobre el tambor.
En los furores de los combates
Acompafiada por el cañón
'
Daba á los vientos alegres 'cantos
Su tierna voz.
Entre las balas, luchando intrépido,
Herido el pobre niño cayó.
Para que olvide pena y dolores
Toca la músir.a del batallón. '
A los acordes, el pobre infante •
Lanza sonrisas-rayos de sol·1\Ias ¡ay! sus ojos tienen de dirios
El resplandor.
La cantinera, la triste madre
Siempre ocultando su corazón '
Atravesado por siete espadas '
Finge ante el hijo risueño h~mor.
Una mañana &lt;le primavera
El valeroso niño expiró
Y con la madre lo llora~ todos
Los nobles pechos del batallón.
M. R.

rttii Le~eni, que se presentaron vistiendo
pu¿osos t!aJes de seda. El señor l\Iayor Luis
bef ~igueroa, fué quien ganó la carrera á
a lo Jugada por ~l Cl~b1 y la señorita Blum
. que obtuvo la pr1mac1a en competencia con
sus compañeras.
. Además, como últimos números del programa, se efectuaron otras carreras: una á 500
~etros, po_r el Club Militar, que ganó el Ca~n Santiago Aduna, Y la de obstáculos, á
fi metros, en que resultaron vencedores los
8e Eres W. Richard y J. l\I. Gómez.
. d n cuanto á la «caza de la zorra.,,, el grupo
cazadores se formó por los jinetes que hato 1~1 ~&lt;lo parte en las principales carreras.
apitán l\Ianuel Vida) llevó la cczorra »
· :~;tanclo el caballo ccYenado,» y el que log;6
,,,. ncarle la deseada pieza fué el Doctor Dett ..11er.

Í:

bf
E¡8~

LA SIEGA.
DE &lt;AIRES OE LA MONTA~A.&gt;

Ved en los surcos la mies madura:
ya feculento revienta el grano
que con sus besos cuajó el Verano
-el rey fecundo de la Natura No bien el día surge y fulg~ra
rasgando el velo del Orto indiano
al trigal rubio, con hoz en mano '
la gente agrícola se apresura.
Del mar de oro sobre las olas
se carcajean las amapolas
-bocas de ardiente viva escarlata·mientra~ las hoces como enemigas
armas temibles, segando espigas
fulgen cual medias lunas de plata.
JUAN

B. DELC!ADO.

Niño Salvador Pesquera,

�Domingo 8 de Marzo de 1903.

TALIS VITA .....

l

.j
1

UANDO llegué jadeante, casi sin alientos, al caserón señorial que habitaba
ella qon diez criados ......... no sé lo que
sentí. Vila por de pronto tan postrada en la
p&lt;;&gt;ltrona contigua al balcón donde la hal,ían
sentado env~elta en mantas y mantones que
resb~laban de sus rodillas y de sn espalda á
mfd1da que todo su cuerpo iba inclinán&lt;lo,;e
cada vez más hacia el.costado izquierdo que
es decir, al de su pierna sana; ...... la e~contraba luego tan serena, escogiendo flores para
su tocador Pompadour;me recibía tan risueña
tan ajena á toda idea de muerte· abría aú~
tanto, tanto, aquellos ojazos que 1~ dieron fa~a de herm~sa . ..... devolvióme con tan apac1~le n~t~rahdad el beso que yo me· apresuré·
á 1mJ:&gt;nm1rle.~n la ften~e, ....... que, para salir
de m1 perpleJ1dad y meJor persuadirme de que
·sin duda hahían exagerado mucho los- que allí
me habían llamado ...... quise pulsarla. ¡Dios
mfo! Seguro estoy de que si me pinchan no
me brota siquiera una gota de sangre.
'
La muerte había helado ya su mano derecha, y el pulso de su ardiente izquierda se me
escurría bajo li.. presión del dedo como gota
de mercurio. Era que la vida se le estaba escapando no sé por dónde; iba reduciéndosele
como llama de luz que se apaga. ¡Y la que
por fin, seis meses atrás, había cmado de la
corrosiva hipocondría que la tuvo más de cuatro años en _espantoso potro, sugiriéndole día
1 noche, ?'1muto por minuto, el temor de que
iba á morirse,........ ahora escoaiendo flores!
¿Quién dijera que la que había vi~ido cincuenta años sin tocar la realidad ni en las jorna-..
das de adversida~ más cruel por que pasaron
sus padres y mando; la romántica incurable
que había consumido toda una existencia en
pos de ideales falsos y volviendo siempre la
esp~lda á las pocas venturas ciertas que la
realidad pudo ofrecerle; la que ef'tuvo temiendo la muerte cuando rebosaba salud por todos

-----

EL MUNDO ILUSTRADO

sus·poros ...... ahora, cuando tenía ya un pie
en el sepulcro, ahora, precisame11te se entretendría escogiendo flores de trapo?
dónde'?
¡Cabalmente ju~1to á aquel balcón por donde
el sol, que es n&lt;la, penetraba en oleadas de
luz para invadir la lujo¡;a estancia y aumentar
la 1~ota alegre ele aquellos muebTes y paredes
tap1z~~os de seda Pompadour,ni inventi.dos á
p1oposito para hacer notar más el contraste
tristísi~o de la situación, su efecto teatral, el
lado m~s punzante del drama! ¡Qué ironía v
qué candad á un mismo tiempo!
·
Una a~iga de la paciente y dos de sus camareras iban entretanto forma11do ramos con
las flores escogida~ y. co\ocándolas en los jarrones que su duena md1caba preauntándome luego si sus indica_ciones _fran a°e mi gusto. Aún recuerdo la 1mpres1on dolorosísima
9ue_me produjo e~ta pregunta tan preñada de
tlus10nes y de frivolidad formulada en un
momento tan terrible. Y sin embargo, no eran·
pocas las_ sorpresas que aún me estaban resi,rvadas. Sin hálito suficiente para hablar porque la fatiga a_g~ni~ i?a creciendo acom'pañacla ~e un ge~mdo r1tu11co que no dejaba á la
paciente articular las palabras de corrido oíala ~ictar órdenes sin descanso; sin fuerz~s siqmera para leva=:tar bien la cabeza ni µara
s,ostener la esponJ~ en,tre sue dedos, quiso larnr~e 1~ cara, y, bien o mal, llegó á lavársela.
Insmuo 1u ego el deseo de peinarse, y bien contra n~e1&gt;..tra voluntad hubimos de entregarle
el peme y colocarle un espejo enfrente. Temíamos todos que, ~l verse eh él tan ojerosa,
tan abotagatla y páhda, se nos muriese de espanto ......... y nada de eso; poquito á poco y
descansando á ratos, logró alisarse las trenzas
que las camareras le desataron y que tenía ya
empapadas de un sudor mortal.
-¡Basta, basta!-le decíamos nosotros, sua·
vemente, con el fin de ahorrarle aquellos es·
fuerzos que nos 1Iegaban al alma. Pero en vano; no paró hasta cambiarse el mantón por
una ele~ante manteleta adornada con volantes
de encaJe; hasta tocarse la cabeza con una her-

¿Y

EL :MUNDO ILUSTRADO

n:iosa cofia de inglaterras, prendida por gra,,;
c1osas lazadas de cinta rosa, que In asemejaba
á las damas del siglo XVIII.
Aquell t amiga y yo no salíamos &lt;le nuest
d~loroso asombro; no cesábamos &lt;le cAmb~
miradas de estupefacción en que se canden•
ban la compasión y la sorpresa que iba cau..
sándonos esa &lt;ttoilette macabre." Por fin des-pidió á las muchachnl:1, y aquella sefiord y y&amp;
nos sentamos enfrente ele la enferma contemplándola brgo rato con devotísimo silencio.
En mecli~ de ést~, el tic-tac &lt;le la dorada pén•
d_~la se h1zq sentir mejor y me asusté. Parec10me que tomaba un tono lúgubre, inusitado;
me temblaron las rodillas.
, Mi,e~tras tanto, á la pobre enferma se le p()ma hv1&lt;la Pº!' momentos la faz, se le amora·
t~ba~ los lab1,os y los pómulos, el brillo de los
OJOS iba apagandosele bajo la sombra &lt;le sus
grand~s párpados, cada vez 111ás colgantes y
ma~ch1to_s; s~ le desplomaba todo el cuerpo
hacia la 1zqmerda de un modo evidentísimo.
Temiendo que se nos moría íbamos á levantarnos automáticamente y 'casi sin 1espirar,
cuando notamos que abre otra vez los ojos, se
rebulle, _yergue un poco la frente, y con la
mano «v1 van me] lama á mí. Con el corazón como u!" g:a~o de anís acerquéme á ella, y vi
que, mcl1candome la silla más próxima, me
decía con voz aún bastante firme:
:-~iéntate ahí. ¿No dirías tú .... :. con quá
¡;onaba ahora? Con la despedida de Mario.
¡Qué tenor aquél!
El ahogo, aquel gemido rítmico el estertor
que iba pronunciándose, le oq~cur~cían la voz,
le desmenuzaban más y más las palabras.
-¿Ah, sí! Ya mecontarásesootrodía. Procura ahora descansar un poco.
-N?, «Chiquillo," no ( así me había apellid~do siempre) ......... Fué mag ... magnífico...
L1. .. ceo ... nunca... es .. .tuvo ... así.
-¡Figúrate! ...... Veamos veamos hiJ·a, si
l ogras d ormu
· un poco-interpuso
'
' suma
con
dulzura la amiga.
·
Pero la enferma continu6 en su empeño de

hablar para decirnos que aquel sueño podría,
por asociación de ideas, provenir de la sern,ación que le ·producían ciertas lucecitas y chispazos que estaba viendo.
Esto aument6 nuestro pavor. ¿Lucecitas,
chispazos, en medio del derroche de sol que
inundaba aquella estancia? Tiempo le faltó 1\
la amiga para levantarse y cerrar los postigos,
que era como cerrar los ojos á la realidad: lo
que se acostumbra hacer siempre que ésta
amarga.
-¡Ma ... ri ... o.... estaba.... so ... l&gt;er.... biol.
El pú ... bli ... co ... de pie ... agi ... tan ... do ...
pa ... ñuelos-iba aún ella diciendo. Pero aquí
el resplandor de algún incendio interno tiñó
su rostro, abriéronsele los ojos desmesuradamente, y allá en lo más hondo de sus hegrns
pupilas que en aquella ob;:curidatl crepm-cular veía'mos aún relucir, vi brillar algo parecido al chispor'roteo de un fósforo.
-Hija, por Dios, cállate; no te esfuerces
más- exclamamos nosotros, cada vez más alarmados por los extraños f'Íntomas que iban apareciendo. Su víctima, sin embargo, inerte ya
á todas las senE:aciones, nacla debía Eentir,
cuando ni por eso ni por la dificultad progreRiva de exprellión callar quería.
-Todo e~o lo recuerdo yo, hija mía-me
resolví á decir, por si lograba así mejor mi objeto.
Ni por ésas. La enferma ladeó un poco la
cabeza para mirarme, y con una sonrisilla. algo desdefiosa, apenas dibujada en su labio superior, exclamó entonces ron voz más entera:
-¿Tú? Si no habías nacido todavía.
Al oir estas palabras, que nos revelaban los
grados de juicio y de memoria que aún conservaba la paciente, un rayo de esperanza penetró en nuestras almas. ¿Quién sabe si veníamos siendo victimas de una falsa alarma?
¿Quién mejor que la enferma, de suyo tan
aprensiva, podía ser la primera en as·ustarse
de veras ante el peligro positivo de morirse?
l\las entonces un criado anu!'lció la. llegada
• del médico y del señorito. Era éste un sobrino, heredero proba.ble de la enferma, y única
persona, después de ella, de alguna autoritlad
allí. El médico examinó á la paciente, la anim6 mucho, y, una vez en el salón, nos d;jo á
nosotros ,,que sin pérdida de tiempo mandáramos por la extremaunción; que la gangrena.
gaseosa que la enferma padecía ganaba legua
por hora; que el esta&lt;lo de la paciente se agravaba por se¡rnnrlos, y que, evitar la muerte era
imposible.» Excuso decir cómo nos quedamrn,.
Más muerto que vi\'o, vol\'Íme al lado de la

pobre enferma que, en aquellos momentos, iba
cayendo en un soponcio tristísimo, sin por esto verse libre de aquel gemido rítmico que nos
llegaba al alma.
De entonces acá fueron llegando, una tras
otra, todas las primas y sobrinas de la enferma, á quienes se había man&lt;lado recado por
la mañana. Y todas entraban, corrían á besar
la mano de su desdichada parienta, que, como despertando cada vez de un sueño dulcísimo, abría un instante sus oja.zos para contestar al saludo, las invitaba á mirar las flores
que poco antes ella había escogido ..... , torcía
otra yez lapabeza y ... ¡ay! ... ¡ay! ... ¡ay) volvía á gemir.
Era de notar entonces Jo aturdidas que quedaban las recién llegadas de la tranquilidad
que mostraba aquella mujer antes tan aprenSi\'a y agitada siempre. Una tras otra iban
Fentúnclose sin tino, y la que no a.brnmaba á
preguntas susnrra&lt;las al oído á Ru vecina, se
entregaha á mil absurdris cavilriciones. Las
más malicioi-as llegaron á penRar si, con aquella trnnquiliclacl Rólo aparente, intentaría la
enferma. asustar la muerte. OtraR, aun conociendo sobrad11mente los Rentimientos católicos ele su parienta, llegaban á ,·eren ello propósitos ocultos ele una impenitencia que las
espeluznaba todris. N'o sé si alguien más que
yo tm·o, al contrario, por muy lógico, que
&lt;]Uien nunca supo ver la realidad en pleno uso
de sus facultades, menos pudiera verla en
aqllellos mom.entos de postración suprema.
Entró el sacerdote, aún sin reYestir por consejo del sobrino, que temía como yo mismo el
más leve movimien~o de espanto en la enferma;
y como á las dos palabras notara aquél la plenitud de potenciAs f!Ue todavía conservaba ésta,
hízonos disimuladamente Rigno de despejar.
Entonces todos abandonamos silenciosamente
la estancia, tras nosotros cerróse la. puerta, y
uno á uno fuimos cfü:persándonos todos por
las butacas y sillas del gran salón, que era inmenso y el mejor punto de aquel caserón señorial, para entregar$e, en aquellos mome11tos
ele expectación reverente, quién a! llanto, quién
á la alegría, quién á la adoración de DioR,
quién, en fin, á pensar en los misterios de la
vida y en los falsos juicios que fácilmente hacemos de aquéllos cuando mejor queremos escrutarlos.
Salió el sacer¡;lote guardando una actitud
muy reservada y prudente á pedirnos en nombre de la enferma que entrásemos á. verla su
sobrino y yo. Nos llamaba para preguntarnos
con un acento fan duro como inesperado en

El volcán de Colim¡i en erupci9n,

Domingo 8 de Marzo d€ 1903.

aquellos momentos, quién le había conducido
allí aquel padre para confesarla. cc¿No veíamos acaso que lo que ella tenía era tan sólo un
sueñ.o invencible, pero que se le pasaría dejándola dormir? ¿Quién podía dudar de que,
mafiana que se viera en peligro de muerte,
ella sería la primera en pedir aquel santo sacramento? ¿Había pe3r ventura quien pudiese
creerla á ella capaz de confesarse sih el examen meticuloso de conciencia que de ordinanario estaba a.costumbrada á hacer previamente?x
Ante capítulo de cargos que no podíam9s
rebatir sin descubrir desapiadadamente la verdad á quien nos los dirigía, su sobrino y yo
nos queda[jlQS mirándonos con estupefacción
y sin alcanzará d¿cir, más que muy tímidamente, que nosotros no éramos los culpables
de lo que acaso bid.era aquel bu.en señor por
un exceso ele celo. ,&lt;l,erfa el pobrete un ente
asustadizo, acaso poco práctico aún en el ejercicio de su ministerio, poco experto en conducirse con loR enfermos.» Y aRÍ nos salimos dt&gt;l
apuro, casi temblando ante el compromiFO que
c¡uedaba. pendiente, y que, por terrible que
fuese, nos pareció tanto más excusable, cuanto que ni uno ni otro de los dos teníamos en
la casa autoridad ni prestigios suficientes para
imponernos.
Rumiando estábamos aún estas disculpas,
cuando otra sorpresa cuidó de llenarnos de
f'obresalto. La enferma había inclinado lri cabeza de un modo horrible sobre su pecho. Procuramos levantársela, y vimos con espanto
que no se le aguantaba. Ignoro quién &lt;le los
dos llamó á los de afuera, quién i-e quedó allí.
Todos penetramos como una ole.ida en la cámara; una mano abrió los postigos del balcón.
La enferma tenía los brazos desplomados, los
ojos vueltos en blanco. Todas las mujeres presentes cayeron de rodillas llorando copimmmente, el sacerdote ministró rápidamente la
unción extrema ...... La eterna. soñadora había
caído por fin. sin advertirlo. en el más invencible y duradero de los sueños.
NARCISO ÜLLER.

EL VOLCAN DK COLUU.
A propósito de las erupciones del Yolcán
de Colima ol.,servadas últimamente, damos á
conocerá nuestros lectores una anti'gun vista
que representa el mencionado volcán 'durante
la terrible erupción del 16 de abril de 1872. Es-

�~¡, MUNDO ILUSTRADO

Domingo 8 de Marzo de 190::.

ta vista fué tomada á las 10 y 30 de la mañana
de ese día, desde ei primer cuerpo &lt;le la iglesia
pa:rroquial de Tonila, Jalisco.
La gran nube que corona el cráter, y la multitud de piedras volcánicas que éste arroja,
bastan para formarse idea de Jo extraordinario
del fenómeno.
Por lo que hace á las recientes erupciones,
las noticias que, hasta el día 4, ha publicado
«El Imparcia]i,, nada tienen de graves tratándose de desgracias personales; pero sí demues-

tran que revistieron mnyor importancia de la
que se suponía.

***

El 21 del pasado, á las 12 p. m., una fortísima detonación se dejó oír en los pueblos
cercanos á la montaña, y momentos después
una espe!:a nube cubría el horizonte. El pánico que se apoderó de los babi tan tes de aquellas
comarcas, fué indescriptible, y las autoridades tuvi eron que desplegar toda clase de esfuer-

Domingo 8 de :\larzo de 1903.

EL ~1UXDO ILUSTRA [i11
zos para restablecer la calma. Tres horas después sobrevino otra erupción, y, por· (1ltimo
á las cuatro de la tarde volvieron ú oírse fuer~
tPs ruidos que anunciaban la repetición del
fenómeno.
.
Las corrientes de lava que se derramaron
del cráter, invadieron los montes vecinos
p,oduciendo la ignición, y las cenizas fueron
á caer en forma de lluvia hasta poblaciones
muy distantes del volcán. El día tres se observaron nuevas erupciones.

ca torbtta "nautnus"
BRILLANTES FIESTAS
La Colonia Española residente en México,
celebra con todo entusiasmo la llegnda de la.
corbeta-escuela "Nautilus» á Yeracruz, y la
presencia, en nuestra capital, del comandnnte del barco y de un grupo de sus subord111ados.

EN EL COLEGIO MILITAR.-Grupos de cadetes y marinos.

r

VERACRUZ.-La "Nautilus''.
en el momento de saludar al puerto.

Grandes fueron los preparativos que drsde
un principio se em prendieron para recibir dig•
namente á los marinos; y, si hemos de juzgar
por los festejos que hasta la hora de poner en
prensa este semanario, se han efectuado, diremos que pocas veces se había visto, de par-

..

LOS MARI NOS

ESPANOLES.-La salida de la Legación para

te de la Colonia, desplegar major suma de esfuerzo en la organización de festivales que, como los que nos ocupan, hablan -tan alto en
·pro del patriotismo ibero.
La corbeta arrib6 á Veracruz el 25 del pasado, siendo allí recibidos sus tripulantes con
innumerables demostraciones de regocijo. En
la quinta de Buenavista se les obsequió con
un almuerzo familiar, por la .Junta organiza-

dora de las fiestas, dándose un baile en su honor, que se vi6 concurrido por l o más selecte
de la sociedad veracruznna, en los salones del
Casino, primoroi::amente adornado al efecto.
El lunes por la mafia.na, los marinos designados para venir á la Capital, dejaron el
puerto para tomar pasaje {, bordo del Ferrocarril de Veracruz. La belleza del camino
los impresion6 agradablemente, y en todo el
trayecto fueron agasajados tanto por sus com•
patriotas de Orizaba, Córdoba y otros puntos,
como por el pueblo, que no cesó de tributarles
sus demostraciones de simpatía. A las siete
de la nor.he entró el convoy en la estación de
Buenavista, siendo saludado por la multitud
que llenaba el andén con atronadores aplausos.
. La Comisión encargada de recibirá los viaJeros estaba compuesta por los Sres. Quintín
Gutiérrez, ,José SánchE&gt;z Ramos ,José de la
Orga, Luis Pastor, Valentín Elco~o ,José Ma•
ría. Bermejillo y Marcial del Pr;do, y tan
pronto como el tren se detuvo subió á los carros para dar la bienvenida {; los marino11 é
invjtarl_os á tomar los carruajes que debf~n
conducirlos al alojamiento que se _les tenía
preparado. La recepción en Buenavista fufde
lo más entuaiast.-i.
:
1

*
**

LOS

MARINOS

ESPANOLES.-Salida de Palacio.

Palacio

Comandante don Tomás Azcárate, TE&gt;niente
de Navío don Ignncio Cayetano, Alféreces
Emigdio Igle:-ias, Manuel ~Iendh•il y ,José
Dordá, y Comisario Contador de Fragata don
Felipe Franco.
Guardias marinos: Antonio Perrn, ,Joaquín
Bustamante, Félix (-h rcés ele los Fayos, Cándido Montero, Carlos Regalado, Francisco
Benavente, Luis L6pez :Xisulant, Pedro Pablo
Hernández, .fosé :María H Pra,:, Rnmón Agasino, Juan Antonio del Ri vero, J m,é Iglesias l\I.,
Pastor Jorge y Alvaro Espinosa de los Monteros, Rafael Estrada, .Juan Fernández y Manuel
Vela.
En cuanto á la corbeta y á su Comandante,
tenemos los i:-iguientes elatos: la "Nautilusi&gt;
p erteneci6 á la. ma1:¡nn. mercante de Inglnterra,
fué construídn. en Gla.,gow y, se destinaba al
transporte de mercancías entre loR puertos ingleses y China. El gobierno espn.ñcl adquirió
el harco. para conducir un fuerte pedido de
armamento y municiones que hizo á nquel
país, y en 1885 mandó que en los Astilleros
del Ferrol se reparara. convenientemente pnra.
convertirla en una corbeta destinada á la instrucción d e guardias marinns.
El 0omandante Azcárate comenzó su carrera en 1864 en la Escuela Nacional que por
aquel tiempo existía en San Fernando. Un
afio después ingresó como gunrdia al buque
"Navas de Tolosa,i, haciendo su práctica en la
Escuadra del Pacífico hasta 1869, en que pasó f.. las aguas de América del Sur y Cuba,
para servir allí cinco años. Al regresar á España, después de permanecerá bordo del barco «Pizarro,i, durante algún tiempo, se le confirió el grado de oficial, destinándosele primero al buque "Fernando el Cat6licoi, y después
al «Concordia». Terminada su carrera en la
Escuela Superior de ;\-Iarina, pasó á Filipinas
como agregado á la Comisión Hidrográfica, y
'"'lás tarde se le nom br6 profesor de las Escuelas de Torpedos y Xaval_de Aplicaci6n. F ué
también Director de esta última por espacio
de doce afios. Al frente de la «Nantilus" se encuentra desde agosto de rno1.

En su vinje de instrucción. la corbeta. hn.
tocado Cíidiz, Funclrnl, c+ra.n Canaria, San Vicente, Cabo Yerde, !Ria de Guadalupe y la.
Guayrn., puerto, este último, á donde arribó la
"Nautilus" E'll los díns en que el Presidente
Castro ordenaba el arresto de los alemnnes residentes en Caracas. De la Guayra siguió la
corbeta rumbo á Puerto Limón y Jamaica,
hasta llegará Vera.cruz.

'***

altamente su atenc-ión por el perfecto orden y
el asE&gt;O que en dios f'e observn. Por ln. noche
ee &lt;lió una funci6n et-pecial en Orrin, á la que
fueron convidados los jefes y oficiales de la.
corbeta.

En cuanto al jaripeo que se efectuó el jueves por la. tarde en la plaza "l\léxico,• y al
'.lnnquete con que ('l sE&gt;ñor l\Iinif'tro ele E;:1 :nia

El martes por la mañana,· el señor Prei::idente de la RE-pública. recibió en palacio á los distingui
dos viajeros, sién.dole presentad os
por el señor Ministro de Espafia., Marqués de Prat.
En este acto !:e
- cam biarnn cortof',
pero entusiastas dis
curi::os entre el señor Ministro y el
señor Presidente de
la República. De
los salones de la
presidencia, los marinos pasaron á saludar al señor Seer.etario de Guerra,
y después al señor
Secretario de Relaciones, Licenciado
don Jgnacio Mariscal.
Como se anunció,
El Comandante de la "Nautilus" y el Director del Colegio.
al día siguiente se
obsequió á los tripulantes de la «Na.utilus» con
obsequió á los distinguidos h~1éspedes el misÚn banquete en el Colegio Militar, efectuánmo .día por la noche, sólo diremos que la fiesdose, antes, en el mismo establecimiento, alta. taurina result6 muy animada y que los
gunaR maniobras y ejercicios de gimnasia y
Pl_egantes salone~ de la Legación española, i::e
esgrima en que tomaron parte los alumnos del
neron concurridos por miembros promiplantel. Lof distintos departamentos del Conentes del Cuerpo Diplomático y t~ la Colegio, que recorrieron los m·arinos, llamaron
lonia ibera.

í

1

El perrnnal ele la «Nnutilnsi&gt; conf'ta de•nn
p_rimer Co_mandante, un sE&gt;gundo; nueve -,fi.
c~ales, tremta y nueve guardias marinod y
ciento_ noventa y siete tripulantes. Entre )os
guardias, que son alumnos de marina y que
•
r. b
.
v1e~en
,i ordo, se encuentran algunos pettenec1entes á familias distinguidas ele España,
Y otros emparentados con eRpafioles promin~ntes que residen en México. , La lista completa
de. los 9ue componen la parte del personal
ha vemdo á México, es la siguiente:

que

Visita á la clase de Fislca

del Colegio.

En la torre del Observatorio de t.hapultepec.

�Domingo 8 de ~farzo de 1903.

EL MUNDO I LUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

EN LA ESCUELA DE TIRO DE SAN LÁZARO.

Sus carnes pálidas se hinchaban y se hacían
1ojas.
Sus mejillas se inflamaban, lentamente se
iba haciendo deforme.
Su vientre ya era obeso y bestial; u na panza de aldeano le impedía verse las piernas que
iban perdiendo su delgadez y su largura.
Las pantorrillas º ton.aban una forma extraña.
Empez6 á retorcerse en el lecho, y vió hacia
todas partes con una angustia de torturado.
Apretó los puños, y no sinti6 las manos
largas y entecas de antes¡ sinj.i6 que tenía
unas manos chatas, carnosas y pesadas.
Empezó {~ pensar en todas las cosas terribles
que le sucedían.
Pensó: que era ahora un cuerdo sin lirismos y sin quimeras.
Que era un hombrecito \'entrndo de carrillos rojos y reclondos--sintió deseos de reírse
con carcajadas estruendosas:
Y al iluminársele con un nuevo destello su
razón de cuerdo, lanzó u11 grito . de espanto
como el de un núufrago agonizan t€ pensando
en una cosa siniestra: Pensó que era Sancho
Panza.

NOTABLES PRUEBAS MILITARES
un cuadro negro en su cara anterior y un blanco en el centro de éste. Dentro del almacén
había 230 kilos de pólrnra negra y 11 de pólvora boratada, que debían hacerse conflagrar
con dos k ilos de ácido sulfúrico, contenidos
en seis frascos de cristal.
Dos cañones Bange, de batalla, colocados
á mil metros del blanco, eran los que con sus
proyectiles, debían producir la explosión. Loe
tenientes Guillermo ~Iartínez y Carlos Chávez apu ntaron las piezas, logrúndose la voladura ú los d iez tiros. Una enorme n ube negra
se levantó en el sitio donde i-e encontraba el
almacén, dejándose oir una fortísima detonación. Las paredes quedaron reducidas á polvo.
Tau to el Sr. Presidente de la República como s us acompañaiites se d ir igiero n desputs á
presenciar otra prueba: la de la voladura de
uua. fortificación l?ºr minas _disparadas por
medio de una cornente eléctnca. Terminada
esta última experiencia, el Sr. Gral. Díaz recorrió el campo para inspeccionar los efectos
caurndos por los explosivos.
El éxito alcanzado por el Sr. Teniente Coronel ~Iondragón, en las importantes exper iencias á que nos referimos, fué en extremo
satisfactorio. Ilustramos esta información con
'llgunas i ustantáneas tomadas por n uestro fofógrafo.
.
.
El Sr. Gral. Díaz y sus acompaña ntes, en el polígono de Sa n L ázaro.

En p resencia del Sr. General Díaz y del Sr.
Ministro de la Guerra, se efectuaron el 28 del
pasado, por la tarde, las pruebas prácticas de
fabricación y empleo de explosivos organizadas
por el Sr. Teniente Coronel Enrique l\fondragón, J efe en la actualidad, de la Escuela de
Tiro d e San Lázaro.
Después de un examen oral, en que los
al um nos del establecimiento demostraron notables adelantos en lo concierte á fabricación
de explosivos, pólvora sin humo, etc., etc.,
se ~ió la orden. para que, e11 el polígono, se
vev1ficara la pnmerf!. prueba, consistente en
ejercicios de tiro de 1,recisión. Estos se ejecutaron con pistola, carabina y fusil, sucesivamen te, obteniéndose en todos el mejor hito.
En seguida, se procedió á la destrucción de
una línea telegráfica, 1,onstruída exproft&gt;so para la experiencia. y á la de una vía férrea improvisada también con ese fin.
La voladura de aquélla dió por resu!tado
s u completa destrucción: los postes, hechos
p_edazos, fu_eron l_anzados por la cccarga,, á con
SlClerable d1stanc1a, y los alambres quedaron
red ucidos á pequPñísimos fragmentos.
Por lo que toca á la vía, compuesta de tram?s de 10 metros de longitud, fué volada con
seis cargas concentradas, de dos petardos cada

una, y no_ qued~ron sobre el terreno,dei;pués d 6
la explosión, m huellas de los materiales.
A esta voladura, siguió la de un muro ordinario, de tepetate, de noventa centí metros de espesor
por diez metros de
longitud, en la cual
se emplearon nueve
cargas, de cuatro
petardos, que fueron bastantes áarrasarlo totalmente.
La parte sensacional, por decirlo
así, de las pruebas,
fué una notable experiencia ideada por
el Sr. Brigadier Sa!amanea, Jefe del
Departamento de
Artillería de la Secretaría de Guerra,
consistente en la des
trucción de un almacén de pólvora. El a!'pecto que presentaba
este almacén era el de un espaldón de 14 metros de largo, 4 de eipescr y 6 de altura, con

La histori:t es testigo de los tiempos, luz de
la verdad, v1dade la memoria, señora de las
costum bres y mensajera de la antigüedad.

U n dispa ro.

JI s. m.

la Rtina dt los 1utgos 'floralu
dt fflértaa.

,JU.\N D'SOLA.

EN LA ESCUELA DE TI RO.
V oladura de un al m acén de pólvora.
V oladu r a de una v ía f ér rea.

J:a Jlgonía dt Don Quiiott.
Cuando Alonso Quijano el Bueno, ex-Don
Quijote de la ~lancha, estaba agonizando en
el tugurio de su aldea-en su delirio de febribricitante,-oyó una música lejana de zampoñas pastoriles que pregonaban sus hazañas.
Ya él no era el caballero de la triste figura,
añora era un buen burgués que moría en su
lecho de obrero rodeado de sus familiares que
le consolaban y le pedían bendiciones.
La adarga larga, camarada de sus glorias,
lloraba en un rincón polvoso la muerte del héroe andante. Rocinante, había huído á la
campiña avergonzado de la terrible apostasía.
Alonso Quijano el Bueno seguía oyendo el
quejido de las zampoñas.
De pronto, empezó á lanzar alaridos y blasfemias: había visto una cosa horrible que le
hizo estremecer de miedo.
P or su cerebro de débil calenturiento, empezaron á desfilar todas las visiones de sus pasadas aventuras.
Ya Dulcinea no era la dama ideal, e.eñora
de su alma por su r.obleza y su hermos1!ra;
ahora, era una muchacha vulgar y coloradota
que cuidaba cerdos y que Uamaban Aldonza
Lorenzo.
Toda la historia heroica de la andante caballería, habfa sido una farsa de leyenda para engañar á los cándido~.
Amadís de Gaula había sido un fantasma,
creaci6n de un novelista medioeval.

.

Los gigantes no habían existido nunca ..... .
Todo su añejo amor por la piedad y la justicia, todas sus fiebres de aventuras y combates, le avergonzaban en la hora suprema.
Ya él mismo se había reído y burlado de
sus pasadas locuras de Quijote.

EN LA ESCUELA DE TIRO.

Pero lo que le hacía lam.ar alaridos y blasfemias, era u na cosa extraña que le estaba
agigantando el vientre.
Empezaba á perder su larg.a delgadez de
manchego esqueletoso.

[P1·emio de la Colonia Española. J

(

T u mano de princesa fué tallada
para empuñar un cetro ...... 1Ya lo tienes!
;.Qué diadema más digna de tus sienPs
que una estrofa en diamante cincelada.? .. .
Cual de radioso Olimpo transporta.da,
con tu .Corte de Amor al mnnclo vienes;
Y el esfuerzo e11 la noble lid mantien(\s,
¡oh Reina, por el Arte coronad,d
Feliz el j_nsta&lt;lor c¡ue Pn la porfía
llega. el primero, al solio en qne tu 0,.Jori.1
con dulce majestad nos embelesa¡

y u_ngido por la sacra Poe1&gt;fo,
recibe el galard6n de la victoria
ele tus manos liliales &lt;le princesa!
JOSÉ

I.

CHOPÍN.
Se para el corazón. ) Ii alma despierta
Y e~ q ue parece el piano
que lo toca la mano
de alguna novia inolvidable, muerta.:".

V ien do el efect () de u n disparo.

En eLnegro ata(1d de alma de acero
vibra el ritmo sonoro
como un pnjaro de oro
que herido canta su cantar postrero.
Y es lánguido motivo en la sonata;
en la «berceu,;e» es llanto.
Mi propio desencanto
que no supo escribir mi pluma ingrata.
Al recordar el vals largo y sentido
6 el scherzo adorable,
'
6 la mazurca amable,
vibra y eueña mi pecho entristecido.
Son pétalos de ro~a ya marchita
las notas de la marcha,
que caen como u11'\J. escareha
en la. tumb~ de mi alma sibarita.
¡Oh polacas, mazurcas y bnladaf.
ele tri~!e 1110\'itniPnto,
·
que sois como el lamento
&lt;le mis eternas noches derolacla!':!
¡?h los cantos dolientes nocturnall"."'
hucrfanos de alegría,
que habláis Al alma mía
·
de las honda:s venturas sepulcralrs!

··························· ·················· ······

NOVELO.

, Se para el corazón. Mi alma dei&lt;pierta.
•
que le toca la mano
de alguna novia inolvidabl.e, muerta .....

l_ es que parece el piano

"'
Voladura de una f .;-tlficaclón

Domingo 8 d~ l\far zo de 1903.

EN LA ESC U ELA DE T IRO.
E l Sr. Presidente y .el Sr. Secretario
'-·
de Guerra, reconociendo la fortificación

RAFAEI, 0. GALVAN.

�Domingo 8 de Marzo ele 1903.

El ftrrocarril dt Ctbuanttptc
SALINA CRUZ.
En otras ocaiiiones nos hemos ocupado ele
las obras emprendidas en e1 puerto &lt;le Salina
Cruz, y de los trabajos de reparación del Ferr&lt;&gt;carril Nacional de Tehuantepec que lleva
ÍI rabo la Compaiiía Pearson t\'. 8on.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL JtffiNDO ILUSTRAl&gt;O
-Los sacrificios dictados por la razbn tienen esta ventaja: que el esfuerzo que han costado llega á ser siempre la recompensa
-El amigo verdadero te dice tus defectos,
el falso te adula.
-Los aduladores son las avispas del mundo moral: ti,men miel en los labios y ponzoña en el corazón.
-Xo basta confesar una falta, es menester
repararla.
-La ignorancia se
pone siempre delante
para ser vista, la inteligencia se pone detrás
para ver.

RUI N A S.
Despojoi tristes de
críiel desolación! ·
Derribados de sus
troncos y por tierra el
ancha copa, yacen los
úrboles, donde ~e talaban los montes para los
próximos conucos del
invierno.
Zarzas y abrojos, rasando contra el suelo
sus hojas polvorientas,
se extienden en los
surcos que abrió el ara. do !Í los granos fecundos de simiente; y secos los tallos y sin vida las raíces, ruedan
de los collados, barridos por el viento, los
tristes despojos del yuca!.
Xi un gorjeo, ni un
trino, ni aun siquiera
de las vertientes se percibe el blando murmurnr; ........ . y cuando el
~ol declina, y apaga
susfulgoresen elmist~rioso recogimiento del
crepúsculo, entonces,
del fondo de la sabana,
Puente sobre el rí o de Tehuantepec, inaugu rad o en F ebrero último.
escá panse }entamen te
los lúgubres gemidos
Los anti~uo2 rieles de la vía férrea han side la tórtola, así, cual del pecho que sucumbe,
do substituídos por otros, de 80 libras por
esc!Í parn~e angustiosos los suspiros.......... los
yarda, á fin de que el camino sea mucho más
últimos suspiros, que exhalan en la vida las
sólido, y los puentes, que eran en su mayoría
almas que se Yan ......... Y nada m!Ís turba la
de madera y se encontraban en pésimas concal:na abrumadora del campo aniquilado.
diciones para el tráfico, se han substituído
también, construyendo en su lugar otros de
concreto, mampostería y fierro. Los de los
ríos de Tolosa, Saravia y Tehuantepec son notables. Este último está formado por tres tramos, sistema Pratt, de sesenta metros de claro.
Los edificios para estaciones de la línea han
sido objeto de particular atenci6n, y en algunos puntos, como en Salina Cruz, se han levantado hermosas construcciones de ladrillo.
Porlo que toca á la vía, ha sido modificada en
cuanto á su trazo en algunas parte,i, consiguiéndose de esta manera disminuir las fuertes curvas ó pendientes.
En cuanto á las obras de defensa del puerto, se trabaja con toda actividad en el rompeolas v en el dique seco, J1aci{11dose U&gt;'O de
grandes bloques fabricados rn :--alina Crn1..
La instalación está movida por eledriciclad,
y pronto, según sabemo-:, se tr 1nsladarún los
grandes tnlleres que la l'ompaiiía tiene establecidos en CoatzacoalcoR, á R ncún Antonio.
A los anteriores datos, agregaremos que la
nueva población de Salina Cruz ha renlizndo,
SALINA CRUZ.-Rompe-olas
últimamente, progresos muy notables. Sus
fincas, de e:-tilo enteramente moderno, satisfacen todas las exigencias de l!t higiene: son
amplias, bien ventiladas y de hermoso aspecto y forman calles enteramente rectas.
'En el presente número publicamos algunas
íotografías relacionadas con esta información.

Los pújaros volaron buscando otras regiones 't¡ue·les ofrezcan abrigo hospitalario; y con
los tiernos cantores de la que fué floresut amena, volaron también para. el campo abandonado, las rWntes horas de sus alegres días y
las plácidas noches de argentada luna.
Despojos tristes de criiel desolación!
Leños carbonizados, en medio á un cuadro
de cenizas, cubren el suelo, asiento de la tahona que relucía sobre la loma sn techumbre;
á trechos se rnirat1 restos desvencijados de la
antigua enlJ)ttlizada del corral, (!onde por la
noche, llevaban los muchachos al des"ªº~º
los animales de labranza; y rendidai. tam bien
á la inclemencia las plant!ls trepadoias, por
manojos penden las guíns que ~e encu111braron hasta las altas ramas de lns acacia~, (]lle
Jaban al patio abrigo generoso con rrn sombra;
y por manojos caen de las acacias las ~uías
trepadora;¡, sobre el montón Ja;timero de las
rüinas, como caen, tributo de la muerte, sobre las tumbas queridas los crespones ......
Una tarde de cielo brumoso y negroe nubarrones, vióse en el camino que se abre paso
por la garganta de los valles, un pobre viejecito, que {i paso lento subía la cuesta, encorvado bajo el peso de un morral de guerra.
Cuando llegó á la cumbre, y buscó por la
vereda qne le guiara hasta la loma, donde estaba la tahona, apartado nidal de sus amores
y legado bendito de sus tempranos días.... ... ¡
la noche había echado ya ef negro capuz de
sus tinieblas, sobre aquellos tristes despojos
de crüel desolación ...... !
JOSfJ

.ANTomo ESPINOZA.

PAX.

Las dos hijas del rey, que eran rivales, •
quisieron, por salir de su quebranto,
probar la fuerza de su mutuo encanto
en el cubil de los leones reales.

Domingo 8 de Marzo de 1903.

SUEÑO DE NOVIA.
Nada turba ol silencio; nada roba
la quietud imperante de la alcoba
clomle duerme la novia casta y pura;
y arrebujada en :-:ibanas ele armiño,
s~ faz refleja la expresión de un niiio
que sueña con un beso de ternura.
Entrecerrado el párpado sedeño

y en su boca ele púrpura el risueñó ·
dulce candor de Yirginal capullo, •
tibio el aliento y perfuma,lo exhala
cual el roce ~uavísimo de un ala,
cual la nota muriente de un arrullo.

:E11 los hombros de mármol, destrenzada,
como un írnreo jirón de la alborada,
su e~pesa blonda cabellera, esplende;
y apoyando una mano en la mejilla,
breve mano de rosa, donde brilla
el anillo nupcial, amor trasciende.
Belleza i1lcalizadn, en .la poi.tur.l.
Ht cuerpo gentil, la ,·irgen purn
mfü, sen1ej:~ la estatua del ensm•iio
quc un ~cr que duerme sobre lecho hland,, ....
¡ Es porque en ese instante estú ~oiiando
con sus ansias de novia. y con su &lt;lueiiol

de

SAL INA CRUZ.-Trabajos en el rompe-olas del Este.

:-:-ueña que hacia el paí~ de la c¡uinwrn,
1lo11tle ríe la eterna primavera,
do11de una eterna ju,·enlml i;e alcanza,
entre cojirw~ de fragantes flores,
Ya con su amado bien cantando amores
en b góndola azul de la esperanza!
Y mientras ella sueiia, de sn boc:i,
ú11fora diminuta, el he~o invoea
la oculta llama que dos almas quema:
y es i;u sueiio tan dulce, que en la e,;tancia
¡,!'lrere que ;;e rima en la fragancia
de ,;11,; nítidas cunas mi poema!
L. Tollln:S An.\NDERO.

Gloria llegó. Trompetas y timba1es
repitieron su nombre sacrosa,1to¡
los leones del rey rugieron tanto
que á lo lejos temblaban los sauzales.
Sonrióse la gente cortesana
al presentarse la prirtcesa hermana,
mas el asombro entró en los corazones,
Cuando afrontando la ironía aviesa,
atravesó la pálida princesa
entre un vasto silencio de leones!
LEOPOLDO LUGONES.

ELLLA~TO DEL GRAN CAPITÁN.
Finge el ronco torrente him_no guertero;
La nacarada luna
Semeja casco de bruñido acero,
Y argentado pavés la azul laguna.
FERROCARRIL DE TEHUANTEP EC.-Desviaciones en el canal de Malatengo.

Bajo el claror de fúlgidas estrellas,
A la margen del lago,
Piensa el Gran Capitún en sus querellas
Y de la patria en el reciente estrago......
De castillos ciñendo áurea corona,
Y entre zarzas caida,
Ve el heroico adalid una matrona
Deshecho el corazón por ancha he~ida.

Y en torno de la bella, ~esolados,
A nobles paladtnes
Rompiendo, sin combate derrotados,
Sus armas, sus broqueles y clarines.
Sangre simulan en la orilla amena
Las encendidas flores;
El a1¡uilón desátase, y resuena
Como el tr:,nar de. bélicos tambores.

-

--

del Oeste, en construcción.

□ riPiein

Y en céspedes de grana v amaranto
Vierte el Gran Capitán abrasadoras
Lágrimas ele furor ..... ¡a.rdiente llanto
Que ha de forjar ~spadas vengadoras!
~L\NUt:r. HEIXA.

e

SALINA CRUZ.-Aspecto general del rompe-olas del Oeste.

FERROCARRIL DE TEHUANTEPEC.-Obras de desviación de la linea,

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Domingo 8 de Marzo de 1903.

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LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR E STE R D E S UZE.

ILU STRACIONE S D E S IMONT.

TRADUCCION Dt "U ~UNDO ILUlHRADO."
(CONTINÚA.)

•

-¡Sefior! ¡Señor!
-¿Qué? M~ acerco allí, para que sea más pronto. Si es sólo porque soy c'lm¡~esmo, no hay más, re~edio....... no hay más que saltar ...... Respondame usted: ¿sera m1 esposa'?
-Pero usted bebe, Silvio.
- ¿Y si no bebiera? ........ .
-¡Oh! ¡Veríamos, veríamos!
Huí, sollozante! agobiada por la emoción.

XXIII

•

BL MUNDO !LUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

. El amor, a&lt;¡t~ello era_ re~lmente amor, había llegado por fin. De
rJ&lt;hllas, en ade!unn de i;uphca, me h•tbía dicho sus palabras ideales:
«,Ust~&lt;! ~ara :-.us ~lascs; yo ~ultivaré mis campos. Cuanto haya
d e m:rn d1ftcil en la v1tla, lo han.: por usted. Sea usted mi esJlosa ..
,
1
,
d .
, ES
t a us t ~d soª:
esta uste tns~e, y es necesario ser amada ...... »
. . ¿_~ ~r q~te. u_egarm~? _¿Porque er~ un .campesino, como él había
d1~ho. ,Oh. ,:;-;o, y mil \~C~~ no! DeJé de sollozar. Sonreí, en pensamiento, ante el heril?º~~ 1d1ho que habría podido anudarse entre la
maestra de escuela,,.Jwc1os~ .Y ~esb~rdante de poesía, y el campt.sino
enamorado ..... ... S1~ fannha a qmen agradar; con una historia tan
fuera d~ lo vulgar; sm preocupa?iones que me detuvieran, me habría
c~sado_mdu!1ablemente con Silv10, no obstante ser campesino, si hubiese sido d1gn? de mí. ¿Acaso no, en otro tiempo, había yo admirad~ á una amiga tnía. que se casó con un obrero? Pero aquel oLrer
era mstruído, no tenía ningún vicio y se encontraba á Ja altura mo~

ral de mi amiga. Socialmente, un campesino y una maestra de e~cuela, así como un obrero, vnlen lo mismo. Hon los mismos dUs trabajos,
no se ven, pasan inadvertidos; pero son de una omndiosa moralidad.
Es, sin embargo, pr1&gt;ciso que ambos sepan has~ dónde llega este valor ~oral.de sus ]~~ores. La institutriz siempre lo sabe. El marido
de m1 amiga tamb1en lo ~abe. Mil vece,-: altivo1 aunque modesto,
habí~ afirmado su valer anttJ los &lt;lemás. l\Üentras que Sil vio, al per~uadirse de que yo ne le quería por marido, había pensado en a rroJars.e de la roca. Y .no era todo. Silvio bebía, ,ne hal,b mentido al
decirme qne en _vanos meses no lo había hecho. l\Iis rcct1er&lt;lo,;, en
este 1_nomento !nen claros, me mostraban al borracho pt·rseguido por
los pilluelos dé h población.
~fe estremecí al pensarlo.
Y después, en el silencio de la. noche, el:itallé en un\ risa nerv iosa que daba compasión.

amada», había dicho aquel hombre. Y estas voces que surgían ahoia d e mi pecho y de la naturaleza entera, hacían sangrar abundantemente mi corazón ....... ¡Se siente la necesidad de ser amada, y ll. mí
nadie me amaba! ...... El, el hermoso Sil vio, encontraría alguna vez
una campesina que no le rechazaría ...... ¿Pero yo? ..... .
Era la distribución de premios. El patio estaba lleno de mamás
en domi ngadas, sumamente conmovidas; de niños adorables, vestidos
dP. gala con trajes extravagantes de incultos campesinos. De la iglesia
y de la prefectura me habían enviado grah número de sillas y una
alfo mbra que se extendía al frente y en la cual se veían dos sillones:
uno para el cura y el otro para el alcalde. Las nifias estaban al frente, en h ileras, en los bancos de la clase.
A u n lado estaba mi sillón. Allí me acomodé, detrás de un montón de libros de pasta roja y dorada. El traje negro dábame aspecto
se\·ero. H acía año y medio que había quedado huérfana y ni un momento h abía abandonado el riguroso luto, sobre el cual, mis cabellos
castañ os lucíah como una aureola.
¡Oh ironía! ¿Quién, de toda la.concurrencia, podríaapreciarme,
si en realidad valgo? A todos les miraba con sus caras bonachonas,
pero sin luz, é incapaces de comprenderme. E1~tristecida, busqu~ rostros amigos; la f:eñorita ~!orín no pudo concurrir; otros han acudido á
mi in vi tación: las f:eñoritas Perrín, Chauchat, Agnel.
Los preparati\·os últimoi::, me impidieron ver si habían asistido los
Albert. ~fas después les cfütinguí juntos, platicando con otras persotias que trntf\ban con gran distinción.
.
Detrú,: de la señorita Perrín estnba Arnoux, el arrogante Joven
r¡ue la f'Cr:--igue, y que, aprovechando la circunstancia de ser primo
de una ele mis di 0 cí pulas, vi110 á estar c~rca ele su pretensa. ¡Insolente! ¡Cobarde! ¿,Si es rico, ¿por qué no se casa con la joven á quien
persigue·? ¡Quién sahe si ella, viéndose sola, acabe po.r ceder!. ..... Y
miré á la j&lt;H'en, y su expre~ión de trif:teza me conmovió hondam~nte.
De pronto, v i á la señorita Agnel, que estaba detrás, ruborizarse \·irnmente. Pemé en el mozo de granja que la perseguía, y que,
sin duda, era quien la había turbado con su presencia. Entre aquel
mar de cabezas, busqué la que pudiera ser del campesinoenamorado,
v me 1-enti turbada á mi vez, al tropezar mis ojos con la mirarla briilante de Sil vio, que me veía fijamente .....: ... Enamorado y ebrio, ¿de
qué no sería capaz ese hombre? ¿Y quién me defendería de sus
asechanzas?
Yolví á mi~ar vagamente en torno mío: fos Albert-el matrimon io modelo-eran los únicos libres de todo mal. Pero aquellas otras
jóvenes, aisladas y abandonadas como yo, ¿no estaban al borde del ·
abismo?
Repentinamente se apo¿eró de mí un sentimiento de orgullo y
de altivez. Cuando la voluntad es firme, ¿q'Ué coea p"Gede ha&lt;:er caer?
¿Si esas jóvenes no amaban á sus perseguidores, por qué incurrían en
faltas?
Me entregué á mis habituales divagaciones, detrás del montón
de libros, dip!omas y coronas, oyendo el rumor del público y de los
alumnos que, impacientes, agua:daban la llegada del alcalde y el cura,
para que comenzara la ceremonia.
l\Ii pensamiento vuela hasta fijar~e en la señorita Pelisier, dr
Destroi, á quien no invité á causa de la distancia. _Só}o ella ~s di~n.a
d e lástima, puesto que ·ama a su galanteador, al anstocrata ures1sb •
ble .. .... ¡Cuán rudo debe ser luchar con el amor! Pensé en mí, que
estaba li hre, y ninguna fuerza, super!or á m i conciencia, puede arrastrarme al mal al que. temo más que a la muerte.
•
¡Xo ama; nunca! He allí la fuerza invencible, la salvación en la
que no pensó el ehtusiasta profesor cuando se empeñaba.en impedir
las miserias inevitables ...... ¡No amar nunca! ¡Qué medio más sencillo!
Las alumnas se pusieron en pie, y yo las imité. Acababan de entrar el alcalde y el señor cura.
E l buen cura me envió al pasar, una sonrisa, y, al llegar ante su
sillón, permaneci6 de pie. 'yo había vuelto á s~ntarme, al mismo
tiempo que m is discípulas. El cura habló. ¿Su discurso f~é cor~o ó
largo, elocuente ó sencillo? De él nó entendí más que la 111tenc16n.
El digno sacerdote me felicitaba públicamente por los progresos de
los niños, por las corteses maneras q~e, según d~cía,, á mí me debían;
por mi conducta privada, toda humildad r_ sab1duna, y
lo cual
pedía las bendiciones del Jielo pA.ra esta h1Ja que el buen D ios había
q uerido enviarle.
Yo estaba profundamente turbada, y ~o estuve más cuando, deja ndo al auditorio, pareció interpelarme directamente, en estos tér- 1
m inos:
«Así, pues, no os pido, en nombre de .1a muni.cipalidad que me
ha cedido la palabra, y en el nomb.re de Dios {1 q~ien repres~nto; no
os pido más que continuar en la misma vía. Y s1 la declaración que
os h ago puede ser una recompensa pára vos, oídla: .Amáis nuestras
montañ as, amáis á nuestros niños: toda la población os ama también.»

Pº:

.,¿,Yo, ,mujer de
d Sil, vio? ¿Yo tan delicada•, tan altiva, con una ilus-

t rac1on 111as gran e aun que lo que marcaba mi pequ1&gt;ño título"? Pero
entonces, ¿qué hombre había que pudiem convenirme? ·Quifn t,m·
dría el valor suficiente?
"

, Y buscaba nerviosamente entre las gentes del lugar; solamente
veia al alcalde y al abate Chavard. A uno de ellos le conocía muv
poco Y sabía qu~ _tJra ~sado, aunque me lo imaginaba perfecto; el
otr? era un exqms1to art1sta, pero muy lejos de interesirn;e por cual qutera otra muchacha de la población, excepto por la señorita i\Iorín.
Luego ¿qué me quedaba? ¿No era en situaciones semejantes, como habían caído otras profesoras?......... ,,Se tiene necesidad de ser

•

Domingo

b

de Marzo d~ 1903.

Estallaron los aplausos. Era demasiado. )fe había puesto en pie:
De mis ojos brotaron dos lágrimas; los ¡bravos! aumentaron; .fué casi
un tumulto. El cura que se había sentado después de su última palabra, y se a~itaba e1~ ·su sillón inquieto por la impresión que había
causado, pareció dispuesto á levantarse, para suplicar que se calmasen los ánimos.
Entonces, en un instante rápido, pero fecundo, pensé cuán árida
debe ser la vía de las institutrices, para que al seguirla sin desviación,
suscitara la admiración de todos.
Quise mostrarme altiva y no pude. Ese pueblo que aclamaba mi
firmeza, ¿sabía cuáles eran mis de;;fallecimientos? Pero en ese momento me avergoncé de mis debilidades y renegué de ellas; y como
me invadió también la exaltación del medio, me juré que jamús había de hacerme indigna de tal muestra de estimación ...... Pero quedé triste, agobiada, como si esos honores pesaran inmensamente sobre
mis hombros....... ..
•
Cuando se calmó el ruido, dí las gracias, brevemente, al señor
cura y á todos los presentes ...... Las alumnas hicieron desfilar todas
las recitaciones y los cantos que tenían preparados; luego leí el informe y el señor Raibert se puso en pie. Dijo -en pocas palabras que se
asociaba de todo corazón á las frases del señor cura. Agregó algunas
palabras dirigidas á las alumnas. Así terminó la ceremonia.
En srguida las mamús vinieron á darme las gracias. Las niñas
se dieron á juguetear y saltar en el patio, y los niños, que antes habían quedado fuera, entraron á tomar parte en los juegos. Los criado;;
de la iglesia y de la prefectura :!omenzaron á llevarse las f'illa~. Poco
á poco se retiraron todos, hasta las 1,rofegora1&gt;, que tardaron algo más,
y mis amigos lO'l Albert. ;~1 señór cura se hahía ido el primero, después de haberme estrechado la mano, seguido del señor Raibert, que
me saludó al pasar.
-Por fin-me dijo desde el portón la señorita Albe1\-¿no quiere usted venir á almorzar con nosotros?
• ·
-No, amigos míos; lo que apetezco en este. momento es un poco
de deEcamo.
Fueron los últimos en retirarse y me dejaron Rola. Entonces f:Hrgió Yictorina. ¿De dónde salía? ¿Había estado en la fiesta·? )fe miró
fijamente; me examin6; su mirada penetró hasta lo mfts íntimo de
mi alma.
-¿Qué desea usted?-h1. pregunté.
Su bord6n se levantó lentamente y sefialó al castillo del alcalde.
-¿No ha venido aún?-me dijo con voz hueca.
-No-contesté, comprendiendo el sentido ele su pregunta.
-Pues bien, va á venir.
Bajó su bordón y se marchó; desapareció casi, como una bruja.

XXV

4Y~nd.ría, como_ lo _anun?ió la vieja? ¿Por qué pensaba yo en ello
y que s1g~1ficaba la ms1stenc1~ de esa mujer para soñar ú ese hombre, 1~ ~ 1smo ahora q.ue ~l pnm~r ,l.ía d~ mi estancia en el pueblo?
En ,a tar.d~ q1~e s!gmo al~ d1str1buc1ún el~ 1~remios, meditaba yo,
sentada en m1 Jardmc1llo, meciéndome en m1 sJlla, con los pies apoyados en otra. Durante todo el día me había sentido impresionada
por las pa~abras de Victo~ina; y, sin quererlo, había estado acechando el cammo que conducia á la casa del sefior Raibert. Nadie se habí~ presentado, y al caer la noche, me encontraba nuevamente tranqmla.
. La _noch,e .era hermosa. Los rosales· en flor se mecían· ú impulsos
de la brisa calida. Hr bía concluído mi temporada de trabajo y he
ae¡uí qu~, du.ran.te d~s me&amp;e,s no iba ú tener nada que hacer. ¿En qué
emplea.na m1~. silenc10s?s d\as? Mis amigos de i\Iarsella acababan de
p~~der á su h1Jo, y hab1an recibido en su casa á la nuera con los dos
metos. No era, pues, de acep~rse, la invitación que hacían para ir á
verles, y me encontraba reducida a seguir allí sin alegrías y sin tristezas.
'
¡Sin tri?stE;_z~s n.i alegrfií~sb! ¿~ue&lt;le. ha?er mayor desdicha para un
ser h umano J.•11s OJOS se Jª an con rnd1ferencia en el cielo E tab
cansada
,
l
, tde m is
· días anteriores y. de los que ven&lt;li·'ia, 11 • ¿·C6mo· h a"1s&gt;nan
&lt;te S_:r es os!. s1?noyen~eramhenbteí 1guales á los anteriores, y esto durane anos y anos ¿ , como a an de ser disLintos? ........ .
Pensaba en mis muertos amados en mis amigos h erid
. l
desgracia, en mis condiscí puhs de la ~scuela ele' la cal ie R
os poi ª
llas niñas cuya juventud se anunciaba tan' trist" ' Uiiner&lt;lgers, aque· b.
·,
'
· ~.
• e e11as me
acaba ba de escn .l,ir · anunc1nndome
la, muerte de 1\Ii·rella, una n111a
·,
.
pob re y agra &lt;la b1 1s1ma, a qmen hab1an matado las pr·
·
1
trabajo.... . ... .
,
1vac1ones y e

ª

•
(CONTINUARÁ. )

�Domingo 8 de .,,arzo de 1903.

'EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

''LA NUEVA INDUSTRIA''

AN8 X•••TOMO 1.••NUM. 11

MEXICO, MARZO 15 DI: 1903.

Subscripcl6n mensual rorlnea, SI.SO
ldtm. ldem. en la capital, $1,25
Gerente: U JI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAl'AI L Rtn&amp; &amp;PINDOLA.

UN TRIUNFO LEGÍTIMO.
Dado el interés con que las clases productoras del país vieron la
celebración del Certamen industrial efectuado últimamente en Toluca,
hemos creído oportuno ocuparnos en «El Mundo Ilustrado» de todas
aquellas negociaciones que contribuyeron con su contingente á darle
mayor importancia y significación.
Desde luego, citaremos como una de las prin cipales, á la gran
fábrica de camas de latón «La Nueva Industria», de los Sres. Anastasio ~!estas y Compañía; ubicada en el número 8 de la calle de la l\fonterilla, en esta capital.
Basta ver el catálogo que los Sres. Mestas han distrib uido profusamente, para cerciorarse de los adelantos sórprendentes que han alcanzado en la fabricación · de los productos de su industria: allí, con,·enientemente clasificado!!, se encuentran desde el catre puesto al al-

d,·1 E:--111d11 l .ib1·1· &gt; ~11 ! 1f' ~ill}O di'

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f'~/z✓-1.Jf'✓th.v~ c(tf"n!-,,_ tf;yur.JÚiu;v
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éJIJ a1..,. lk:.u{é ,-~~'-ª"
edÚl-

ékÁufr?,/40J.,t'#~Bj:L;,,u, -1av

,.fen'f;a-/ü?fa ~~.ar

a(¡,re✓1i«~~✓t¿¿;

Ed ifici o de la esqu i na de l a Monteri lla y San Agustí n, donde se ex hiben loa
productos de " La Nueva Industria:'

tos que salen al mercado,y á esto se debe, indudablemente, la bondad
del articulo y su extraordinaria demanda.
Sin temor de equivocarnos, podemos decir que «La Nueva In,
d~stria,&gt; fabrica y vende mensualmente'de mil trescientas á mil qui;
mentas camas. Este dato prueba, hasta la evidencia, el crédito de que
goza la casa y e~ ensanche, siempre creciente, de sus operaciones.
. Es de_ cons1gnar&amp;e, por lo demás, que &lt;(La Nueva Industria» es la
úmca fábrica en su género, que sigue el sistema inglés. consistente en
fundir las esquinas de hierro en las columnas de latón de las camas,
dando á éstas inmejorables condieiones de durabilidad y solidez.

***

Diploma e,x ped ido á los Sres Mestas.

canee de los más pobres, por su extremada baratura, hasta la soberbia cama de latón sin igual en el comercio, tanto por su artística hechura como por la riqueza de sus materiales, que sólo es dado adquirir á las personas de sobrados recursos.
Colchones, aguamaniles, almohadas, sobrecamas de los estilos
más hermosos, todo se encuentra en los almacenes de «La Nueva Industriai&gt; considerados en la actualidad como los primeros del país por
su magnífico surtido. Qtúen ha,a visto la exhibición que en su elegante almacén &lt;le la Monterilla y San Agustín, tienen constantemente abierta al público los honrados y laboriosos propietarios de la Fábrica, se convencerán de que no hay exageración de nuestra parte.
Las camas que produce la «Nueva Industria" son de estilos inglés
y americano, reputados como los mejores en el mundo. En la fábrica funcionan cincuenta máquinas movidas unas por electricidad y
otras con vapor, y el número de operários que trabajan en los talleres
pasan de trescientos entre hómbres y mujeres.
Inteligentes empleados que por su conocimiento absoluto del ramo, poseen la confianza de los Sres. A. Mestas y Cía., vigilan personalmente los trabajos, para cerciorarse de la buena calidad de los obje-

Por último, diremos que los· Sres. Mestas obtuvieron en el Certame~ de Toluc~ la más alta recompensa que se haya otorgado á los
e~p?SI~orr.s: el pri mer premio, consistente en medalla de oro. Esta
d1stmc16n debe ufa~ar á los incansables industriales, porque signifi•
ca para ellos, un triunfo tan legítimo como merecido.

SRITA. JOSEFINA SOMELLERA.
REINA DE LA CORRIDA DF. TOROS Á BF.NEFICIO DE LA~ VÍCTDiAS DE MAZATLÁN,
EFECTUADA EN GU ADALAJ ARA EL 15 DE BEFRERO,

(Fot. Luperdo.)
Med alla de 1a. Clase otorgada á losSrs. A. Mest as y Comp.,
en l a Exposi ción de Toluca.

•

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>La Zar zaparrllla

del,

~Banco Central Mexicano.~
H

Dr. Ayer es un tónico maravi-

lloso. Limpia depura y enriquece l a sangre, arroja del
siste ma todas l as impurezas y comunica v ig or á los nerv ios. La sang re es enriquecida-los mú sculos forta lecidoslos nervios v igorados y l a salud restablecida.
La Zarzap arrilla es sólo uno de una d ocen a de ing redientes de que est á compuesto este maravilloso re n:~dio,
cada uno de l os cuales está especia lmente calculado para
cooperar en la gran obra que ha de re alizar esta medicina .
Esto no puede decirse de otras Zarzapa rrillas. Pues sólo
es verdad de la Zarzaparrilla del Dr. Ayer. Pónganse e n
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...............
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�EL :il[UNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Marzo de 1903.

PÁGINAS DE VIAJE.

Un €nti~rro ~n flor~ntia..
(A PROPÓSITO DE LA PESTE BUBÓNICA.)

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A ciuda~l de los M.édicis ardía en un i n~~ndio estival. BaJo las frondas del Giardino Boboli, agostadas por un sol implacable, con la pe~adilla de la galería de retratos
de los viejos señores de Florencia--papas,
cardem.les, guerreros, una cohorte de rostros
osados, hipocondriacos, de grandes locos, .de
genios, de héroes, de malvados, caldeados por
la misma sangre,-aspiraba con delicia el aire
cálido que rizaba la obscura superficie del
Amo, en un ansia de luz y de horizonte.
A lo lejos, dPl otro lado del río, lns rígidas
masas de los palacios florentinos. ¡De los palacios florentinos, de cuya «gloria triunfal»1oh imperdonable ignorancia!-había yo hablado tres meses a11tes, en una crónica parisiens~! Enfrente de mí, el Palacio .Pitti, envuelto en un rojizo vaho de verano. Una muchacha pasó á mi lado canturreaudo 110 sé C]Ué
cosa. E inconscientemente me eché á andar
detrás de ella, con esa curiosidad inquieta que
ha llamado un humorista frnncés «la dicha
de seguir,» que consiste en ir forjando historias disparatadas acerca de una persona, que
á los veinte pasos desttparece y no volveréis á
ver mí1s en la vida.
Confieso que estaba yo en aquel momento
más cerca de Bocaccio que del Dante. ¡ Padre,
perdón! Y heme aquí desandando el camino
andado, y· h eme otra vez en las retorcidas callejas, camino de la Pinza de la Sefioría, el
salón al aire libre, en donde las multitudes se
codean democráticamente con el arte. Unos
pasos más y doy con el embaldosado lugar en
que flam1;Ó la h oguera de Savonarola.
1Y no llegué! De pronto, al volver una esquina, un espectáculo extraño hirió mi vist.i.,
dejándome por un momento absorto. Era
aquella una mascarada macabra, de la que no
pude darme, al principio, cuenta. Tras un hujier de enlutado tricornio y amplia capa negra,

seguían como una docena de peregrinos, fantasmas, trasgos, de túnica de raso y semblantes enmascarados.
Cuatro de estos aparecidos llevaban en hombros un féretro entreabierto que dejaba ver el
cuerpo reclinado de un muerto, cuyo rostro
amarillo ponía una nota clara en la sombría
mancha de aquel cortejo.
¿Soñaba? No; poco á poco, los ví avanzar y

EPINICIO DEL AMOR.
(CONFIDENCIAS POÉTICAS)

-Tú que lo sabes, oh poeta modernista, tú
que por intuición divina presientes las extrañas congojas de los espíritus enfermos, tú me
dirá&amp; lo qua pasa en nuestras almas enamorada:;¡ y dolientes.
Yo caminaba errante por los breñales de un
caro po baldío, perdida la orientación de los
senderos y"anhelan te por descubrir en el horizonte brumoso una estrella maga que enderezara mis pasos hacia la Bethelem de la Vida.
Y mis intei-rogaciones al cielo, mis quejas perdidaR entre• el rumor tranquilo del arroyo y el
misterioso silbar del viento entre las copas de
los árboles, quedaban sin respuesta en aquel
solitario páramo, testigo indiferente de misan-sia8.
De pronl.9, un pajarillo verdinegro, chirriando y saltando ante mí, fué subiendo poco á
poco de rama en rama, hasta la más alta cima
de un pino gigantesco, y daba trazas del mayor contento al enseñorearse de aquel sitio
donde la vista podía dilatarse por toda la extensión del bosc11je.
¿Me interrogaba acaso, me enseñaba el camino? Así me lo persuadió mi deseo, y no
emprendí tms él el vuelo porque no tengo alas;
pero apreté:el paso, corrí hacia la curo bre para abarcar con él mayor espacio, y subí, y rnbí, jadeante, fatigado, enfermo de fiebre intensa y enloquecedom que delirante me empujaba, me empujaba ayudando á mis destrozadas piernas y á mis debilitados pulmones
para no caer desmayado en medio de la selva.
¿Cómo llegué? Lo ignoro. El hecho es que
estuve en lo más alto; 1¡ue el paisaje esplenden-

aventura de galantería que juega con la muerte y que se llama el ccDecamerón.,,
Caían como espigas tronchadas por una hoz
invisible los miembros de las familias más
nobles, y también caían los plebeyos, envueltos en sus capas obscuras. Faltaba tierra para
sepultar tanto cadáver. Y faltaba también
quiénes los enterrasen.
Se huía de la peste á rápi.da carrera y á gran

ví arrodillarse á los transeuntes y persignarse
á las mujeres, mientras la comitiva seguía lentamente su marcha, y al rato la vía tomaba su
habitual aspecto, y la insubf'tancial vida florentina volvía á hacer sonar sui:¡ cascabeles,
enmudecidos inespP.radamente por un entierro.
Sí, un entierro, conservado {1 traYés de los
tiempos con sus lúgubres perfiles, una aparición medieval de simbolismo terrorífi co, que
encuadraba bien en aquel marco que tenía por
fondo los pesados muros de la Galería de los
Oficios.
Era el siglo XIV y la peste flajelaha la capital Toscana. La muerte había detenido el
alegre remoli1,o del amor y de la lucha, como
había detenido mi paso de incorregible &lt;cflaneun,. En aquel sepulcro sólo se hicieron oír,
como arrogante mofa, los frívolos acordes de un
trovador libertino. A los dobles de Santa María de las FlorPS, hacían coro el tintineo de copas y el estallido de besos escapados de esa

te apareció á mi vista deslumbrante de majestad y de pompa; que mi atónita mirada prendió en mi corazón el espejismo seductor de
una visión divina, convertida en realidad por
no sé qué maravillosa virtud; que esa visión y
r ealidad eran el alma angelical y el cuerpo albo y gentil de ella, de la mujerángel, toda espiritual y adorable, toda belleza y juventud,
con su forma esbelta y gallarda, su mirnd:1.
tierna y profunda, su expresión seductora de
bondad infinita.

***

La emoción sentida al contemplarla era tan
honda, que me embarg(, el uso de la palabra
cuando yo hubiera querido balbucir, hablar,
cantar, gritar el ardiente deseo de rendirle el
homenaje de mi admiracli()n y el culto que se
había despertado en mi alma.
Y Ella compartió conmigo el mismo sentitimiento; me lo decían sus divinos ojos, se
adivinaba en su actitud ruborosa y expectante, se sentía en las pal pitaciones de nuestros
pechos henchidos con el íuego engendrado por
cada latido de nuestros corazones amante~.
Entonces, en la plenitud de la vida y de la
dicha, duefios absolutos de los encanto'l de la
naturaleza que convirtióse en escenario magnífico y feérico de nuestra felicidad, nuestras
almas se entendieron y se acercaron á la mesa
nupcial del Amor para comulgar el pan eucarístico de nuestro cariño sin par.
. Oh, poeta modernisk-i que todo lo presientef', ¿por qué no morimos al gustn.r el goc... supremo, por qué, cumplido el destino final del
placer de amar, seguimos viviendo y padeciendo?

***

Domingo lo. de Marzo de 1903.

.EL MUNDO ILUSTRADO

En aquellas horas solemnes de pasión yehemente, cuando el sol, la luz, el calor, la tierra,

prisa se depositaba {t los moribundos en su
fosa, algunos de ellos ni aun sin eRperar que
rindieran el postrer suspiro. Un día se enterr6 á los enterradores, y Florencia qued6
entregada á los muertos.
Entonce¡,, la caridad hizo un n,ilagro: las
familias mfls nobles-las nobles familias democráticas florentinas-se c_ongregaron, acRS0
en alguna de aquellas amplias salas en donde
hoy la~ viejas armaduras han caído faltas de
cuerpos que sepan sostenerlae, y resolvieron
reemplazar á los enterradores.
Hicieron más los nobles florentinos : sublimaron la caridad encubriéndola, velaron sus
rostros, cubrieron sus cuerpos, y así la vida
fué más poderosa que la muerte.
Las costumbres se han conservado y los herma~os de la Misericordia son los que hoy entierran á sus hermanos.
Y he aquí lo que vi en la ciudad de los Médicis en una mañana de incendio estival.
CARLOS DIAZ DUFOO.

l~s plantas y las flores, cuando todo lo que
vibra entolia con nosotros sus himnos á la vida, el amor se inflama con el fuego sagrado de
11: naturaleza creadora y se expande en difu•
s1ones de fuerza germinativa que lleva polen
á todos los cálices amantes.
Pero Ella, en cuyos labios he libado la am•
brosía de su alma, Ella cuyos cabellos me em•
briagaron con el perfume que despiden, Ella,
la adorable, 1n nuble, la única mujer que ha
conmovido mis 1oentidos y se ha ensefiorE&gt;ado
ele mi espíritu, me encuentra humano, me halla torpe y grosero porque no me despojo de
la carne, porque soy hombre, en fin, terreno
y deleznable, como que es de arcilla el vaso en
que se deposita mi alma.
Poetas, filósofos, sabios: Yenid á mí, descifra&lt;lrne el secreto de mis torturas, decidme lo
que debo hacer para ahogar los impulrns del
corazón y hacer más luminosa é indeficiente
la llama del espíritu puro.

***

Y una voz lejana dej6 oír la respuesta del
Filósofo:
-:-:,El alma anima la materia, y á mayor ele•
vac10n ~e espíritu corresponde igual pureza en
los sentidos.
Y un canto delicioso como los salmos de
David, alegró á la mohtaña con la canci6n del
Poeta:
--El Amor es la génesis de la Yida: ama
con todas tus potencias y sentidos porque el
Amor es el a!rpa de la Eternidad.
ANTONIO ENRÍQUEZ,

EL C.&amp;B:tl.A.V AL.
to qut tra y lo qut ts.
¡También tú, oh Ca:naval, alegre y bulli·oso Carnaval, también perteneces clefinitiamente al beterogéueo y voluminoso lío de
eosas que se van! Nadie lo hubiera creído:
ya muy viejo, parecía que habías entrado
a vez por todas en las costumbres de esta
bre humanidad que, como la mariposa en
s de la luz, en pos va siempre de todas las
iones de reír, aun cuando á la postre quee sus alas en la risa y perezca sin galas ni
usiones; parecía que tú, viejo y simbólico
:naval, que ponías caretas sobre las másca'&lt;l! y máscaras sobre las en.retas, estabas desnado á sobrevivir á muchas otras cosas de
taño, porque tenías la fuerza de la alegría
1te arrullaban los armoniosos de!&gt;granes de la
1úsi~!. Pero n?, la humanid~d, que se cccos1opoht1za,» esta cansada de reu en las mismas
estas y de baila1: las D?ismas danzas; quiere
ír todavía y quiere bailar más aún pero con
ras risas y con otras danzas. Tú, 'venerable
~naval, ya no le !~astas, tus bromas le pacieron por demás rngenuas, el sonido de tus
scabeles lastim6 sus oídos, ávidos de nuevos
nes, y has muerto, Carnaval has muerto
rque el olvido y el desdén 'son muertes'
~ndo el olvido y el desdén empiezan á se;
1versales. Y hoy por hoy, hasta en los lu1res ~n que con mayor imperio reinaste, en
:necia, en Roma,, en Niza, sólo pasas como
1 recuerd.o c~da dia menos intenso; París te
le~ra art1~c1almente y rápidamente; por lo
m~s, !ª M1-careme y el Carnaval son dos cod1stmtas.... .. . . . . . . La ceniza del miércoles
c~uoso que abre el rosario de los cuarenta
de penitencia, ha caído sobre el Carnaval
mo cae la tiena sobre la tapa de un ataúd.
1Carnaval ha muerto; descanse en paz el
rnaval!

Cuando, pasados los días ruidosos la juventud que alegre danzara, recibía ;obre la
frente recordación crucial y negra de que el
hombre es polvo y en polvo ha de convertirse
á pesar del recogimiento cuaresmal á pesar d~
las severas exhortaciones de los sa~rdotes á
pesar de las purificadoras expiaciones impu'estas por el tribunal de la penitencia, los recuerdos del Carnaval quedaban ocupando las imaginaciones juveniles, y más de una honrada y
fecunda pareja que hoy peina canas y acaricia
biznietos, sintió por vez primera la recíproca
atracción al cruzarse sus miradas por sobre el
atrayente misterio de la careta ..... .
Preguntad á los ancianos de esa época acerca de los contentamientos carnavalescos de
antaño y escucharéis profundos suspiros ..... .
Si son sensibles, tal vez hasta se desprenda
una amarg,1, lágrima de sus cansadas pupilas ...
Pero el tiempo corre y con el tiempo, como

recorren la ciudad comparsas ni estudiantinas.
La reunión carnavalesca en el Paseo de la
Reforma no se distingue gran cosa de la de
otros días de fiesta; apenas si una que otra
máscara vergonzante y provocadora de la burla popular, se atreve á recorrer la aristocrática calzada, ya en un coche de alquiler, ya en
una bicicleta ...... de alquiler igualmente. En
la calle, quizá recuerden los restos de algún
cccascarón,,, roto por mano infantil, que estamos en tiempos de carnaYal. Por lo demás,
nada lo recuerda.
¡El Carnaval ha muerto: descanse en paz el
Carn aval!
SARDIN.
El mn.r es la única belleza, la única fuerza
natural que el hombre no ha podido deshonrar ni disminuir.

***
Cuéntanme que an.ta:ño, cuando eran jóve, Y alegres y bulhc10sos muchos viejecitos
e hoy toman el sol y arrastran sus rememnzas por las calles de esta Metrópoli el
aval de México era suntuoso. Los go~o
de !a cccremai&gt; social organizaban compary «¡uga~an 1~ caret~, con singular donaire;
.casas ma.s aristocráticas se·abrían para rebU: á los dis~razados, y en los tiempos del
idente Ari.sta y de la serenísima dictadura
/º.n Antomo López, hasta el presidencial
acio d~i-ramaba sus luces sobre las parejas
\ ataviad~s d~ ~il disfraces, se entregaban
Y cundo eJercic10 del pecado ino-enuo antes
~onsagrarse á los cuarenta días°de ar~epenit:º oficial. T L?ego, en los elegantes salo. e Teatro Nacional que ya no existe la
ciedad. , mexicana
·
'
· la ·ruidosa
'
coutemplaba
papnsion de la juventud dorada y el bastón
c,apáS,
. . ervurn-( ¡este eterno 'caballero ha
rev1V1do al Teatro Nacional! )-resonaba
re el pavimento con entusiasmos primavees ........ .

tlijo alguien, ,,tout passe, tout lasse, tout
casse"I

***
¿Qué ha quedado del Carnaval, en México?........ .
. La l:'~imera noticia que se tiene de la aprox1macion del Carnaval está constituida por la
aparición de algunas feas máscaras de brillantes y escandalosos colores en las puertas de los
eftanquillos y en los improvisados ccpuestos»
del portal...... He aquí la diferencia del Carnayal de antafio al Carnaval de hoy: la que
existe entre la perfumada careta de raso y la
mal oliente careta de cartón ..... .
Hoy ya no cese juega la careta,, como antaño se jugaba (tal vez porque hoy" se lleva careta durante todo el año); hoy, los bailes de
máscaras son orgías repugnantes; hoy ya no

l

DE "MISA NEGRA"
LLAMADA.

Ven, soy joven aún y puedo darte
l\lis savias confortantes y bravías
Que no sufren ni menguas ni atonías
Y podrán con sus bríos confortarte.
Nadie sentirá celos:-por el Arte
-Ese país de eternas gemonías Voy can tando funestas elegías '
Y á mí, sin peligrar, puedes llegarte.
.Dices 9ue no.soy joven, porque has visto
1\11 espíntu seml y macilento
Como el cuerpo lumínico de Cristo?
Rí! soy joven aún; más entró en mi alma
Un amor desastroso, tigre hambriento
Que devoró las dichas y la Calma.
'

TEMPLO.

¡Mi_remos 17uestro templo! ¿Qué hermosura!
¡Qué mmensidad ostenta y qué grandeza!
Es templo universal Naturaleza
Abierto á toda mundanal criatdra.
SuA gramas son alfombras de verdura,
La luna lampadario de tristeza,
Y el mar es un nostálgico que reza
Bajo el inmenso domo de la altura.
.Este es P~ templo. ¡Ríndete ele hinojo~,
Mientras vierten las aves sus cantares ..... .
Prende ya los fanales de tus ojos,
·
Desgrana de tus labios la sonrisa
Y de Naturaleza en los altares
'
Celebremos ¡oh virgen! nuestra Misa.
JOSÉ

1-f.

SrnRRA.

�EL MUNDO ILUSTRADO

(«Ni son todos los que
están ni están todos los
que son.&gt;)

[Súplica al lector: qu~ se fij~ en que en todos estos artículos es c:un el m_1smo asunto ~l
tratado, en todos es ca:-;i el mismo persorn~¡e
que se fotografía; pudiera creerse. que el m1,;mo autor de ellos estaba loco; sm e1~1!&gt;~r~o,
como ceno hay loco ......... » no se atre\'lo a firmarlos,y me.veo precisado, yo_9u~pue~lo asegurará ustedes c¡ue estoy en m1 ¡mc10, a poner
la firma á el'-ta colección que de entre mucho~
papeles revueltos he tenido que recomponer.]

I
«EL IDIOTA.&gt;

1

l

QlJEL día volvió más
triste que de costumbre
á,su casa; había asistído á una velada durante
la cual pudo obseHar,
cuando leía sus versos,
que se abrían bostezos
tras ele los abanicos y se
frnncían sonrisas baJ·o
las manos. Hasta sus
oídos llegó esta frase:
¡Pobre soñador!
· · «en t re las nu-¡Tieneh razón! esto de v1v1r
·bes&gt;&gt; es tonto·, er;tudiaré á la Humanidad.
Al d ' • • t ~ Ji, á la calle y enfr6 en
iad~1g~1en e .a o
'
cl~~I~&amp;

..

Cuando volvía ele sus excur:-;iones, lle,~aba
unas veces dolorosamente muchas cuartillas
y la~ guardaba;otras veces, cr~yente ele que no
debería ce haber hecho» lo er;cr1to, r~m pía con
clcs&lt;lén, para la har;ura, mt~ch_as hoJas cu_~borronadas;otras noches, enr0Jec1do de verguenza, encendía en la vela, porque creía que la
dest rucción debía ser com plcta, los papeles
manehaclos.
Una noche al llegar ú su rec[unara harto lle
callejear, mús que cansado fíEicamente, malt!·eeho moralmente lo esperaba agazapado el 111 •
somnio ¡mal&lt;lit~! que se rió del rnuchacho
cm111do él entraba con la esperanza. &lt;le un sueíio consolador.
Apenas cerraba. los ojos, Y un grito, un quejido, una increpación,, le pro~·ocaba.n el salto
en la cama, y le hacian almr clesnie?madamente los ojos en meclio &lt;le la obscuridad ele
su triste alcoba.
Yolvíii á plegar los pÍ\rpados, Y una mujer
horriblemente empalidecida, grit~b~: soy maJre, que me lo devueh·an; es cr111_1111 al, . pei;o
es mi hijo; y una señora muy sena le deci_a
desde una silla nlta y con brazos, como las 81 ·
llas en que colocan á lo;-; niños Ji&gt;ª:ª q~i~ alca~icen á la mesa: ,,no; sena una rn¡ust1cia.» Un
hombre bien fuerte, pnsaba ,,rezand o» que ne, v1e¡a
· · ar~·e bacesitaba limosna para vivir. ,Cna
· · ., l ol e: «mand o.,i
taba á un chiquillo, rn¡unnm
Una niíia blanca llevaba el veeti&lt;lo
' manchado
l' d
con sangre. l:n hombre que corna empa 1 ecido y sudoroso, llevarnlo en la mano sacos de
&lt;linei·o era detenido por un guardián que le
)

EL :\IUKDO ILUSTRADO

decía: seíior, no se canse; yo llevaré los
1!n anciano rodaba muerto sobre el cam
araba en unión de dos bueyes, r;us com
ros; y un borrico muy_ gordo que Yestía
seriamente, tomaba as1e11to en una ampl
taca hecha con pieles de hom bre,i, ante
luclos ceremoniosos de un grnpo de so
roR.
El suefio era tan horrible que abajo
cama dos hombrecitm,, cedas títeres,» d
tizaban una figura mezcla humana y
temblando por respeto ú su amo muy
que los azuzaba: ¡adelante, aclclanle!
Después ¡naturalmente! no dormía,
la cama: fué al bufete, y bur;có las cu
escritas. Las ley6 con avidez.
Cuando concluyó, descomponía.
una mueca extrnña.
Clavó Ja cabeza sobre las palmas tle 1
nos, y dejó qne se le cerraran los párJ!&amp;
Ante su vista pasaron muchas ro]
desfilaron muchas negruras; se miró
damente malo! ¡En su corazón había 1
Has de crimen!
y se larg6 con los borrones que
entre las manos.
-·¡Xo; decididamente no; es una
..
me voy á las nuues! ,
t
Llegó hast.n
., el zaguan, y e1 por ern,
liento, le saho a 1 paso:
el
-¿Esperan á Vd. si lo buscan? ¿vu
pronto?
d
&lt;l'
-Yuelrn dentro e unos tas, creo q
ja.ré pronto.
•

,_&gt;a,,-=,C-&gt;a,&lt;.A-""C-,_,&lt;.,o,a~c-=,&lt;..o=,LO~LO~~~~,..,...::,,.,~.~.~-~-~-~.~-~.&lt;.c~,~•~•~•~•~•'4-'i'!,_"C..;,¡.,,&lt;.c-'i'!-,~.,.~.~.
......~~~.--,.,.
.....-,.,. -,.,......-,,.,..-,.,.,....-.........-,.,.,....-,.,,.................... .. .. . .

\Jorrió hasta una tienda que abrían enfrente
de la casa y de ,!onde :,alía la tos del mozo
madrugador, ;: se ei,capaban l?s últimos bostezos de una lamparas de petro~eo.
,
El dependiente le gruñó un feo: ¿ccque va a
tomar?»
,
I
.
.,
1
-Dispense Yd., ¿conoce a la I umr..nH1ac.
¿A qué hora _sale el tren :P;'lra la'3 nubes;
El depend1e11te le volv10 las espaldas, bostezándole:
-¡Pobre idiota! ........
Desde e,.:a madrugada, Yaga por las calle~,
sin rumbo, ·nirando ú la~ 11ulie,.:.
Unos lo mimn con lástmta, otros lo ven t·on
burla; alguno,, le da11 un centaYo, y to&lt;los dicen:
¡Pobre idiota!

veía compasiva cuando yo la preguntaba tantas cosas· y las estrellas que se han guiñado el
ojo cuando me han visto; tenían r~zó!1 los
hombres que, como tocios los monos, 1m1tando á los que est:ín más alto, imitaban á las estrellas y con los ojos se reían de mí, cnmbián-

Domingo lo. de l\!arzo de 1903.

LOS COlV.UECIRNTES DH LA PESTE.
Publicamos hoy uua fotografía que representa el grupo de eonrnlecientes de la peste
bubó11ica aislados en la barraca cc31 de Marzo,» ·

II
;YO CUIL\!

L\TRO enorn1e:,;

l'I

rio., me :unarillah:111
el ro:-tro púlido, co11111
&lt;le 111uerto, v rasurado, como &lt;le· clérigo.
lTahía mucho ~ile11do· en la habitación.
v lllucho luto en los
cuerpos de los presentes.
Yo estaba muy serio
cumpliendo con mi
deber ele muerto; e,;taba bien muerto, y como
si vistiera lulo por la muerte mía, estaba bien
negramente ensotanado, porque yo habfa i;ido cura· todo lo que vestía yo era negro, des'
.
de los calcet1:1es-no
me hab'mn puesto zapatos porque pensaban que los muertos por más
dedentes que ~ean no necesitan llevar calzado,
porque ¡al fin no ~m&lt;ian!-hasta el listón que
me ataba las manos, para procurarme, aun
muerto, la actitud heaHfica, pues creían que
yo había sido cura bueno!
Todos sentían, según decían, que yo hubiera muerto· unos sollozaban, otro? suspira.han.
Las ca~panas de la Parroquia, de la que había sido mi Parroquia, dobla.han por mí. En
la calle no se hablaba de otro suceso más que
de mi muerte, y muchos me elogiaban entre
copa y copa.
En muchas cisas había ceras encendidas en
mi honor aunque yo no las necesitaba, porque cchabía sido taií bueno.» .........

Mazatlán.-Los convalecientes de la peste bubónica.

dose la idea de que estaba yo loco; lo estoy,
y para no fasticlinrlos mfü, ó para no hacerlos
reír mús gratuitnmente ele mí, y por mi parte,
para J10 exponerme á sus carcajadas, me voy.
¡Pobres ranas si llego todavía con palabras
en la boca! ¡Pobres sapos si aún puede11 cnmo
los hombres comprencler que estoy loco, y fastidiarRe con mis maniíestaciones aliénicas!
Y el loco que hablaba ya en pie sobre la barda del pozo, gritó despidiéndose con el ademán:
-¡Adiós; que sean felices, cuerdos; yo, el
loco, me voy. porque no puedo soportarlo,i! ...
y i;e anojó tranquilamente a! agua.
FRANCISCO ZÁRATE

RUiz.

en l\Iazatlán, conforme á las órdenes dictadas
por el Consejo Superior de Sal u bridacl, para
impedir el contagio. Las personas que forman
ese grupo, seg(rn una importante correspondencia. que tenemos á la vista, son las únicas,
que, del 18 de enero al 11 del pa!-ado, escaparon á la. muerte curándose en el lazareto.
A título ele información, damos también á
conocer la fotografía de uno ele los departamentos ele que constan las barracas. La familia que aparece en ei-a vista y que i;:e encuentra aislada, es la. de don Santiago León, persona muy cono-:ida en l\Iazatlán.
El mal que la inteligencia se complace en

-¡Yo Cura, ). yo bueno!
¡Cuánta mentira suefia uno! ¿ ,·enlad?

III
&lt;EL LOCO PACU'ICO.&gt;

L ccloco pacífico» estaba sentado sobre la
barda del pozo; la fa.
milia se había acostumbrado ya á sus
locuras inofensivas, y
lo dejaba que anduviese por toda la casa, y se olvidaba de

Mazatliin.-Una familia aislada en las barracas.

turloso tuaaro Histórico.

él.
¿Quién sabe si alguna vez llegarían á desearle que muriera para que dejase de sufrir,
para que descansara?
Allá aba.jo las aguas retrataban las negruras
de su espalda-el traje y la cabellera, -entre
las cuales blanqueaban dos renglones que se
llamaban cuello de la camisa, y en gradación
descendente de color blanco, cuello del cuerpo.
Repitió: cctenía.n razón; yo estaba equivocado ; se me ocurrió que la Humanidad estaba
loca; pero, ¡ Diablo! puesto que la Humanidad y yo no estamos ele acuerdo, puesto que
la numerosa Humanidad y yo tan solo no he~os podido ponernos á vivir juntos y á vivir
bien, y la Humanidad sigue tan acompañada
Y yo sigo tan triste. yo soy el loco; tenían raz6n los parientes que lo murmuraban tan hipócritamente; , tenían razón la Luna que me
LA CATEDRAL DE MEXICO EN CONSTRUCCION (Copia de un cuadro existente en el Casino Nacional.)

LA CATEDRAL DE MÉXICO EN CONSTRUCCIÓN.

En el Casino Nacional se conserva como
una reliquia de la época del Gobierno ~spañol
en México, un cuadro que representa la construcción de las torrPs ele Catedral v que aparece fechado en 1794.
' •
El cuadro referido contiene en una de las
esquinas inferiores, la explicación, numerada
que indica los edificios principales vecinos'
como el Sagrario, la Casa del Estado, la capi:
lla de los Alabarderos, r el templo ele Santo
Domingo. Una gran balaustrada de mampostería li1;1i~a el atrio de la Catedral y, fuera de
él, se d1stmgue, sobre una mesa, una imagen
del ((Señor del Cacao» y la cruz que se llamó
cc&lt;le los indios». Por último, y marcada con el
._!1Úmero 6, aparece la ,,estufa» del virrey, tirada por seis caballos y escoltada.
Ofrecemos en este número una copia fotográfica de tan curioso cuadro,

decir de las mujeres, es el desquite del bien
que el corazón se obstina en esperar de ellas
G. M. V ALTOUR.

LA ÚNICA Y F1EL. .. .,
Xo eres mujer sino rosa,
rosarreina inmaculada,
y yo, de tu corte a.lada,
la única y fiel mariposa.
¿Qué mucho que siendo hermosa
primaveral, delicada,
'
esté con tu corte ala.da
la única y fiel mariposa?
l\Ia.ñana, must_ia y rugosa,
aunque no estes rodeada
del enjambre que hoy te acof~
tendrás de tu corte a.lada
'
la única y fiel mariposa.
JUAN

B.

DELGADO,

�Domingo lo. de Marzo de 1903.

Ca primua escuda en d territorio
Quintana Roo.
Creado por el Congreso de la Uni6n el Territorio Federal de Quintana Roo, en la parte de la Península Yucateca quefué teatro de
los rebeldes mayaR, se ha establecido en el naciente puerto de «Xcalak» la primera escuela
de instrucci6n primaria. El ¡?rabado que publicamos representa el humildEl local que ocupa el plantel, y el grupo de nifios que concurren á las clases.
El Sr. Presidente de la República., al saber
que había quedado ya establecida esa escuela,
dispuso se dotara con todo el material necesario para la enseñanza, y al recibir la fotogra•
fía que reproducimos, mandó se obsequiara
con libros y juguetes á los alumnos como un
premio á su constancia y á sus afanes. Los
niños, instruídos en la lengua nacional lo suficiente para adquirir los primeros conocimientos científicos, sustentaron hace poco su primer examen.

LA CAMPAÑA CONTRAELALCOHOLISMO.
Existe en los Estados Unidos una respetable agrupación femenina que se dedica exclusivamente á combatir el alcoholismo y que ha
formado, con este objeto, numerosos centros
de propaganda en aquella República.
La acción de esa benéfica sociedad no se ha
circunscrito á las ciudades del Norte en que la
embriaguez causa incalculables males, sino
que, salvando sus límites, se manifieEta ya en
las más aventajadas naciones del globo, que
han recibido sus trabajos con beneplácito.
A México ha sido enviada, para emprender
la campaña antialcohólica, la Sra. Addie Nórtham Fields, una de las más entusiastas propagandistas de la temperancia.
La Sra. Fields ha tenido que aprender español, y para el poco tiempo que lleva

EL MUNDO ILUSTRADO

en esta Capital,
se puede decir
que ya ha hecho mucho. Su
buena obra ha
empezado por
dar conferencias
á los presos de
la Cárct:l General y "á los de la
Penitenciaría, y
por recorrer algunos Estad os
de la República
donde se le ha
recibido con todas las consideraciones que me
rece por su laudable empresa.
En esta Capital se fundó una
sociedadde temperancia que es
presidida por el
Sr. Dr. Roque
Macouzet, y cuyas sesione¡: semanarias se ven
muy concurrí das. La Sra. Fields va á dar conferencias en
las escuelas Primarias y Superiore'!, así como en la Preparatoria, antes de partir de esta
Capital.
La agrupación qutJ ha formado creará nuevos centros antialcohólicos, á fin de que la campaña emprendida dé los resultados apetecidos.

PENSAMIENTOS.

EL MUNDO ILUSTRADO

L a Escuela de Xcalak.

EL ENTIERRO DE OFELIA.
I
Es la mañana. De los rosales
Brotan alegres, cual de un salterio,
Vibrantes cantos, himnos triunfales
Que a.Izan jilgueros y alond ras reales,
¡Los trovadores del cementerio!

II
El arte debe ser un órgano moral de la vida humana.

*

El objeto de la educación femenina no ha
de consistir en transformar á la mujer en un
diccionario.

*

Al pie de un sauce verde y somb
Junto á marmórea. tumba labrada,
Hámlet. el príncipe pálido y frío,
Con otro joven, en desafio,
Cruza, bizarro, su recia. espada.

III

La intolerancia y la malicia son
hijas legítimas de la falta de entendimiento.

*

Construcción y destrucción: todo el progreso de las sociedades
modernas rueda sobre
estos dos términos.

*

El reconocimiento es
parecido á cierto licor
de Oriente que no se
guarda más que en vaso~ de oro: perfuma á
las grandes almas y en
las pequefias-se agria.

*

Nada es tan difícil
de comprender como
lo que se ignora; nada
más sencillo que lo
que se sabe.

*

El genio es una larga
paciencia; el carácter
es más todavía: el carácter es la voluntad
sostenida, el esfuerzo
de todos los momentos, en todas las situaciones.

Paran la lucha los dos rivales:
Que un blanco féretro busca. su fosa
Por la ancha senda de los rm:aleA,
Y en él, ceñida de albos cendaleP,
Des..:ansa Ofelia, la virgen diosa.

IV
Aquella clara noche de estío
Junto á reciente tumba entreabierta,
Hámlet, el príncipe pálido y frío,
Derrama, presa del desvarío,
Llanto de sangre por su hada mu
V

Vierten los astros lumbres radio
Entre cipreses níveos jazmines
Dan sus esencias más olorosas,
De los sepulcros se abren las losas,
Y suenan cítaras y bandolines.
MANUEL REIN

La muerte en la empeflada
Contienda contra el ser, está venci
¿D6nde existe el imperio de la N .
En cielo y tierra y mar, bulle la v1
F'ELIFE TEJ

*
Releer es descubrir un libro
nuevo en un texto que ya se ha
leído.

*
Los hombres más temibles son los prudentes.
Sra. Addie Northam Fields

1.-0rilla de una presa, en Gu~najuato.-2. El Pico de Orizaba.-3. Una calle de
Pátzcuaro.--4. Ruinas de San Francisco en Zacatecas,

Domingo lo. de Marzo de 1903.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Marzo de 1903.

-

Enstñanza dt los Sordomudos
notables Progresos.
\

1

Incalculables son los adelantos que en los
últimos años ha alcanzado la ensefianza de los
sordomudos. En Alemania se inici6 un movimiento sorprendente en ese sentido, y todas
las naciones se apresuran á seguirlo. Hace
veinte años parecía imposible, casi absurdo,
que un mudo llegase á hablar; hoy los pobres
niños desheredados de la naturaleza llegan á
articular palabras y emitirlas con relativa
claridad y precisión.
Creemos, por lo tanto, que será del agrado ele
nuestros lectores la información que publicamos en este número,con relación á la enseñanza que en la Escuela N. de Sordomudos se
imparte á los educandos. Los procedimientos
empleados para ello, se ajustan en todo á :os
más severos principios deuna pedagogía especial.
Es l111 fenómeno meramente fisiológico,
comprobado por In. ciencia, que la atrofia de
determinadas celdillas cerebrales trae como
consecuencia la hi perlrofüt &lt;le otras. Vulgarizando la explicación, diremos lo que todo el
mundo sabe: cuando los órganos de un i,enti&lt;lo no funcionan, se activa sobremanera el funcionamiento de los demás órganoR.
Aceptado este principio, agregaremos qne
casi todos los alumnos de la Escuela de Sordomudos, revelan desde luego una notable
inteligencia. De ello quedamos convencidos al
ver que los pequeños pensionados, en su mayor parte, tienen notabilísimas disposiciones

Leyendo "El Imparcial" en alta voz.

pa.ra el dibujo, especialmente la caricatura, así
como para las la.hores mamrn les 6 intelectnales qne constituyen las artes de litop:raffa. zincograha.&lt;lo, pintura al 61eo y Hcuarelas. caligraffa, costura, horda.do, etc. Lo~ tra.hajos rle
lo,o alumnos se exhiben en nn ~a.l6n espPcial.
En nueRtra visita al plantel, presenciamos
una clase ele «De~mutizaci6n», en la que ,:e
prepar:i. al sordomudo para la mecánica dE&gt;l
lenguaje articnlaclo. La prepa.raci6n consiFte
en hacer que el discípnlo se PjPrcite á respirar
ha.blando, á emitir la. voz y á adquirir una habilidad particular dPl tacto, de manera ele hacerle distinguir suficientemente entre sí las
vibraciones fuertes 6 débiles, extensas 6 localizadas quE produce la voz. Presenciamos
también un ejercicio de ccpalpeo de vibraciones» que se efectúa. de la manera siguiente:

mantel y sobre ella,la libreta reciente, el honÍ
do plato con el pan migado para la S?Pª Y e
puchero con el cocido humilde, pero b1_en condimentado, de ga1·banzos tiernos y amarillas patatas.
Algo muy grave había sucedido, no cabí a

~
'

\
'

"

.¡---•:

¡----;--;

o

ESCUELA DE SORDOMUDOS.- Salón de actos y de exposición.

mostr6 todos los departamentos del edificio, y
á la. galantería de este señor debemos las fotografías y datos que ofrecemos á nuestros lectores.

€1 Pucbero Roto.
I

Ejercicio de "desmutización."

El profesor toma la mano del hiño y la coloca en una regi6n especial de la garganta de
aquél; el alumno lleva su mano izquierda á sn
propia garganta y tsl profesor emite el sonido
de una letra q11e también es emitido por el
niño al sentir las vibraciones que produce la
laringe ele su maestro. Increíble parece el gran
desarrollo que adquiere el tacto en estos niños.
Pasamos de esa prueba á los ejercicios de la
pro&lt;lncci6n de la voz. Para éstos se enseña al
sordomurlo, además ele la emisi6n de la voz
natural, la'l posiciones bucales sirviéndose ele
espejos apropiados en los que el alumno ve sn
propia boca y puede- corregir la posici6n defectuosa de ésta. Estm, ejercicios son personales, lo que Yiene á conia;tituir una enseñanza
inrliviclual. Vimo~ también los ejercicios ele
gimnástica de la vista, que tienc;en á de,:arrollar este 6rgano y á facilitar la aclaptaci6n ele
las posiciones internas ele los 6rgirnos bucales.
J?e tal manera es extraorLlinaria esta gimnástica, (JUe los niños llegan á leer en los labios
y á_ aparentar que oyen perfectamente lo que
Ru 111terlocutor les comunica.
Por lo que respecta al estahlecimiento, está
&lt;lota.do de todos los aparatos modernos indispensables parn. su objeto.
El inteligente prof. don Luis Villa, á cuyo
cargo está la enseñanza &lt;le los sordomudos nos

Domingo lo. de Marzo de 1903.

J-OBRE la acera, en un cbarquito de cal. do poco grasiento, había esparcidos muchos garbanzos y patatas, un poco de
tocino,dos tajadas de carne y un hueso,
y entre todo esto,los pedazos desiguales
de un puchero roto, continente, antes de la catástrofe, de la comida de un jornalero.
Separábanse al pasar para no ensuciarse los
transeuntes, sin parar mientes la mayoría de
ellos en la desgracia que representaba aquel pucherillo deshecho en medio de la calle.
Bien pronto dos perros olfátearon el inesperado festín y dieron cuenta de las esparcidas viandas, disputándose luego entre gruñidos el hueso
que restaba, y que, como de costumbre, fué botín
del más fuerte. La acera quedó limpia.
II

No lejos de allí, junto á la valla de una casa
en construcción, un albañil, separado de sus
compañeros que dormían I a siesta tumbados en
el suelo, paseaba impaciente sin separar la mi-

duda.
y en estas cavilaciones, imaginando desgr~cias posibles el jomalero se separaba de la obt a
para llegará, la esquina de la otra calley_ver d_e
lejos si venía la muchacha; fumaba un c1gai:rillo y otro paraentt-etener el apetito, que ya iha
pareciéndose al hambre.
.
.
Por fin sonó la hora de traba¡o; los albañt
les, desperezándose, abandonaron su l~cbo . d_e
piedras, subie1·ou otr,t ,·ez á. los andam1os_y Ni;
ceto después de vacilar un momento, umóse a
ello~ y subió también.
Aquella mañana había tenido con el capataz
unas palabras sobre si esto 6 si lo otro, cosas
del oficio y de poca importancia; pe,:o podía suponer el hombre que s_i Nice~o se retirab~ ant;s
que los dem{1s,lo hacia e_no¡ado por 1~ ~ispu~~Resolvió, pues, no ped n· ~erm1so p,1,a m,~t:
cbarse, y continuar su traba¡o : pero en '.1quella:,
cuatro horas que pasaron basta las seis de la
tarde exponiéndose muchas veces ácaer porq~e
la debilidad le producía v,ihidos, no cesó de mirar á I a calle con la esperan~a siempre deque la
niña aparecería por allí aba¡o. La muc~acb~ no
vino y el jornalero se aferro entonces ,1 ht 1de;i,
de q~e en su familia había ocurrido algo gravisimo.
Por eso al terminar el trabajo, ecbándos~ al
hombro la chaqueta, eruprendio con tal rapidez

rada de la calle por
donde esperaba ver á
su bija con la comida
cotidiana.
Pero ~ranscurría el
tiempo y se acercaba ya
la hora de reanudar E&gt;l
trabajo, y la mucuacba
no parecía, y el pobre
Niceto, un hombrón de
treinta años, inquietábase más y más con el
est6mag-o vacío y la cabeza llena de pensamientos intranquilizadores.
Qué le habría ocurrido á la chica? Qué habría pasado en su casa?
Aquello no había sucedido nunca. Todos los
días de trabajo,sin faltA.r uno, al sonar las
doce en el próximo reloj
de la Trinidad, bajaba
el albañil del andamio
y encontraba á su bjita,
la cbatilla Rosa, que á
los nueve años de edad,
aún no cumplidos, tenía
el airedeunamujerformal, y que le aguardaba sentada en la acera,
á la sombra en verano
y al sol en inYierno,
con la blanca servilleta extendida á modo de

ESCUELA DE SORDOMUDOS.-Otro ejercicio de "desmutización."

la marcha hacia su casa, con tanto anhelo como
temor de llegar á ella.
III

Ejercicios gimnásticos.

ESCUELA DE SORDOMUDOS.-Una clase para niñas.

Vi vía muy lejos, en el camino de Cara.banchel,
y dudó si llegará la plaza Mayor para montar
allí en el tranvía: pero éste se retrasaba muchas
vE&gt;ces, y creyó preferible ir, como siempre, andando.
Por medio de la calle. para que no le estorbase la gente, iba casi corrie1:1do, cuando al Jleg-a1·
á la plaza del Progreso, v16 sentada en medio
del jardinillo á la muchacha. La vislumbró desde muy lejos y dudó. Al persuadirse de que era
ella,corrió en su busca.
Con su bracito apoyado en el respaldo del
banco rústico y el otro caído á lo largo del cuerpo, cabizbaja, inmóvil, estaba la cbatilla. Tenía
junto {t sí la cesta de la comida, y en ella los
ojos muy abiertos y encendidos por el llanto.
-Rosal-gritó Niceto.
La cbica,al oir la voz de su padre, como quien

�Domingo lo. de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

despierta de un letargo, le miró espantada y sin
moverse.
-Qué es esto? Qué haces aquí? Qué te ha pasao? Por qué no me has llevao la comida'? Vamos, di, responde pronto. Por qué has llorao?
Qué te han hecho':'
Todas estas preguntas salieron de su boca á
borbotones y dichas con la voz trémula de la inquietud y del temor, en un tono que tanto tenía
de reconvención como de cariño.
-Ay, padre, padre!- exclamó por fin la muchacha rompiendo á llorar ruidosamente. - No
me pegue usté.
- Pues qué has hecho para que te pegue?Cuándo te he pegado yo? Dilo, bribona.
-Nunca, nunca; pero hoy sí lo merezco.
-IIabla pronto si no quieres que te zurre de
veras; y basta de llanto, y no llames la atención
de los que pasan. Qué te ha sucedido?
Entonces la niña le contó. Balbuciente y entre
sollozos que no podía conténe1·, dijo que al notar que dentt-o de la cesta iba poco seguro el puchero de la comida, quiso col0earlo mejo1·, y al
sacarlo se le cayó al suelo y se hizo pedazos.
-Acabáramos!- exclamó al oírlo Niceto, respirando con libertad.- Y por qué demonios no
fuiste á decírmelo'!
- Porque temí que usté me pegara .... Como era
una cosa tan gorda!
- Vamos, vamos á casa, que tu madre estará
con la misma inquietud que yo be tenido.
-No, madre no me espera hasta el anochecer,
porque me dijo que iuern á casa de la tía Isidra
en cuanto comiéramos, y creerá que estoy allí.
En cuanto comiéramos! Esta frase hizo al pad1·e caer en la cuenta de que también la muchacha había sido víctima de la rotura del puchero
y que no habría comido tampoco. Levantó la tapa de la cesta que la niña llevaba colgada del
br11zo, y vió que la libreta estaba intacta.
-Oye tú, chiquilla, ¿y por qué no te has comido el pan':'
-¡Estada bueno!-exclamó Rosa.-¿Qué había
yo de hacer eso sabiendo que usté no había comido?
Niceto se inclinó hacia la pequeña, y cogiendo
entre las manos su cabecita rubia, se la comió á besos.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Marzo de 1903.

-No hay más remedio
- añadió el albañil - que
ocultarla lo que ha pasao,
para lo cual es preciso
comprar otro puchero.
-Eso es lo mejor, padre&gt;,
eso es lo mejor-dijo la muchacha con la alegría de
quien se ve libre de un
gran peligro.
Entraron en una cacharrería y por treinta céntimos, que Niceto guardaba
para tabaco, compraron un
puchero, el que hallaron
más parecido al otro en
forma, en colot· y entamaño.
Y cuando de nuevo emprendieron la caminata.,
pensaba el albañil para
sus adentros:
- Mi hijita, teniendo hamhambre, no ha comiqo por
que yo no comía, lo cual
prueba que este comino tiene un aJma muy g t·ande.
Y la muchacha iba diciendo para sí:
-Mi padre se ha. quedao sin una pena pa comprat· este pu~hero y evitar
así un berrinche á mi madre y á mí una cachetina,
lo cual prueba que mi pad1·e
es un bendito.
Y así, orgullosos el uno
del otro, cogidos de lamano, marchaban con talgozo en el pecho, que compensaba I a angustia del
estómago . ...
V

La ·señá Pepa, la esposa

ESCUELA DE SORDOMUDOS.Haciendo una caricatura.

IV
Cuando ya tranquilos y
alegres el padre y la bija
se encamil'.!aban á casa se
le ocurrió de pronto al' albañil algo que !Fi hizo frun
cir el entrecejo y detenet•se.
- ;.Sabes lo que pienso,
Rosita?
-¿,Qué piensa usté, padre?
-Que en cuanto tu madre sepa lo que te ha pasao, arma el gran zipizape
y nos da la noche. Ya sabes lo que es, una santa de
Dios ; pe1·0 con unos prontos, que sólo yo se los
aguanto. Ni tú te libras de
una azotina, ni yo de un
disgusto, si procuro evitarla.
Rosita contestó con una
mirada elocuentísima. Lo
que su padre decía. era indudable.

ESCUELA DE SORDOMUDOS.
Una lecci6n de aritm6tica.

Poco era callar entonces, cuando para
evitar un disgusto
acababan de hacer
mayores sacrificios.
La señá Pepa, gru•
ñendo todavía, fué á
desocupar la cesta de
la. comida, y al en•
contrarse con -Ja libreta entet·a no pudo
menos de exclamar
con sorpresa:
-;.Qué es est.o?
¡_Habéis comido bo1
sin pan?

***

Niceto y la cha\i•
lla se quedaron ató•
nitos:aquella impre•
visión lo descubría
todo; pero, como in&amp;•
ESCUELA DE SORDOMUDOS.-Otros ejercicios gim násticos.
pirado súbitamente,
contestó riendo el al•
baFJil:
de Niceto, g ruñía por todo y á todas ho-¡Quia, mujer! Si es que traemos tanta gazuras. Si no precisamente una santa, coza que digo, dije: pues compro una libreta más.
mo su marido asegurab~, era buena, muy
Y ahí la tienes pa. zampárnosla luego.
buena; pe1·0 con un ge010 de todos los
La niña sonrió admirando el ingenio de su padiablos.
dre para tramar embustes; pero a.sustóse de nue~u hombre !ª temía más que á un pevo al ver que su madre, sacando de la cesta el
drisco, y co~ este tenía gran semejanza,
puchet•o y mirando á su fondo, decía con acento
porque sus iras pasaban pronto.
irónico:
Cuando vió llegar aquella noche juntos
- Si traéis tanta hambre no será por haber coal _Padre y la. hija, los recibió diciendo á
mido sin gana, porque el puchero está tan r ebagritos:
fiao que paece nuevo.
-¡Vamos,
_Se ag ravaba el conflicto, y comprendiénd~!º
ahora me exN1ceto, arrebató el cacharro á su mujer y d1JO
plico la tarmir ándolo:
danza! El pa- Sí que es verdad: está limpio como una patepá y la niña se
na; pero basta de conversación-añadió poniénhabrán entredolo en el fregadero entre unas cazuelas- y á
tenido, como
cenar, que es muy tarde.
de costumbre,
Como echándolo á broma, cogió él mismo la
mirando lo s
g ran fuente en que humeaba el g uisado dispuesescaparates y
to p_ara la cena y la. puso sobre el mantel.
diciendo:si yo
N1ceto y Rosa, con no disimulada voracidad,
fuese rico, te
metieron á la vez la cuchara, sin esperar á que
compraría esla. madre se sentat·a á la mesa.
to y lo otro y
- ¡Válgame Dios-exclamó la señá Pepa al verlo demás allá.
los;~ualquiera diría que tenéis hambre atra¡Bobadas que
sá. 1N1 que no hubierais comido en tó el día!
entonces decía
- Ya. te lo dije antes-contestó el albañil con
á la chica!
la boca llena; - por eso traje la libreta pa posMás valiera
tre.
que hubierais
Ecbáronse á reir los tres, cruzóse entre el pavenido de pridre y la hija una maliciosa mirada. de inteligens aá poco más;
cia, y siguieron cenando con más deleite que
se me pega.la
nunca, no sólo porque era mayor el apetito de
cena.
ambos, sino porque el guisado aquella noche
t~nía p_ara ellos una salsa muy sabrosa: la saNicetoy Rot1sfacc1ón que nunca experimentan los malos 1
sa no se dieque es el premio más grande de los buenos.
ron por entendidos.
MIGUEL RAMOS CARRlÓN,

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

TRADUCCION DI: "(L ~UNDO ILUSTRADO."
(CONTINÚA. )

El paisaje era triste ..... . Mentalmente repasaba yo los nombres
de los pueblecillos: Gréoux y San Román; Bramafan del otro lado.
Por todas partes, cuánta paz! ¿_Qué harían las profesoras de todos esos
lugarejos, en esos mQmentos? Imaginaba verlas contemplar la somhra;adivinaba en aquellos corazones la misma tristeza que embargaba
el mio .. ... . Y mi alma desfalleció. Las palabras del preceptor se unieron en mi pensamiento á las de Victorina y á. las del Sr. Broardel el
digno cura de Chavoux. Me pareció que todo formaba una cad~na
continua: la predicci6n de la buena mujer, la inquietud del ministro
del Señor, la revindicaci6n del joven profesor.

No! Quizá las pobres culpables no lo eran tanto, puesto que en
su camino todo l o que estaba. en pie las rechazaba y luego se golpeaba el pecho con remordimientos, cuando no se había evitado la caída
al abismo. ¿Hay, pues, un abismo, que los demás conocen? Ah! J6venenes adorables de la calle Bergers, tan animosas y tan puras, y
que sofiabais una vida tan sana y tan feliz, caeríais también en el
abismo? ¿Sucumbiríais también?
Y yo, María Teresa, la altiva. pero amasada del mismo barro
.que las otras, y cuyo coraz6n pesaba tanto, tanto, de estar vacío,podría librarme de la caída?
·

�Domingo lo. de Marro de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

-Hola! El abate Chavard que baja por la cuesta ...... A dónde
irá?
El abate hermosísimo en los pliegues severos de su sotana, caminaba lentam~nte leyendo su br~viario.
.
.
-He allí u~ excelente hombre-dijo la joven- La institutnz y
él, son dos ángeles del Señor.
Esta semejanza con el recuerdo de la hermosa escultura de Santa Ana me rausó ci~rta turbación. A mis ojos asom6 la inquietud y
' pasó una muda pregunta..........
por ellos
.
-Oh! Son dos ángeles!-me dijo la joven en voz baJa, para no
mezclar á su marido en estas explicaciones.
Le creí al momento. Pero entonces - qué cosa más extraña!yo, que siempre había mirado con cariño á los es'?osos, _sin envidiarlos jamás, héme aquí celosa, al pensar en la apacible dicha de la señorita ~Iorín.
.
CPlosa! Esto era lo que no me había explica~o de~de el .Pnmer
día. Esa joven vivía amando, y sin que la maled1c~hcia pud1 ~se h_erirla. Ella vivía sola y relegada, como las otras, sm porve_n!r, sm
esperanza; y sin embargo, su frente pm:a respl~ndecía de felicidad ....
Vivía amando ......... Y yo soñaba con igual bien.·····:· ¿Por qué ~10
habría de probar jamás ese biPn divin.o, de que se ahment.aba la JOven profesora de San Román? De súbito, ante ese voto, mis celos se
purificaron, se convirtieron en nobld emulación..
.
En el camino lleno de sombra, cuando mis armgos se separaron de mí, y cua~do habían aparecido ya las estrell~s cintilantes,
mi alma se desprendió de su cuerpo y asom6 á los labios, temblorosa como las estrellas en el firmamento ........ .
-Amarte también, Dios mío, amarte con locura!. .....

XX
Si hubiese sido un poco psicóloga, cuánto me habría turbado e~e
voto ese afan de amor- aun del amor divino que había yo escogido! Pero nada de esto pensé. Iba hacia ese amor, como un labio sediento va hacia un manantial. Y al inundar mi alma de piedad, me
parecía sentir verdaderamente la calma refrescante que da el agua,
en tanto que realmente me bañaba en fuego ..... .
Fueron momentos inefables. Todas las tardes entraba á la iglesita, con paso presuroso, coh la D?-ente absorta. P~s~ba las horas arrodillada. Al exterior cantaba la primavera, los paJarillos rozaban con
el ala las vitrinas cerradas, entraban por las aberturas de la hóveda,
voltigeaban encima de los bancos de roble, se posaban por un momento en los ángulos del altar y después salían, dejándome en mi
recogimiento y rni embriaguez......
.
.
Para mí el universo estaba encerrado en el altarcito de esa iglesia silenciosa. l\Iis visitas á mis amigos los Arbert eran menos frecuentes, así como á la señorita Pelisier, de Distroit,que en otro tiempo me había causado interés, por su lucha de amor, tan reñida, contra las insinuaciones del joven noble, enamorado de ella .. ... .Hablaba
poco á Pherasia y la daba poca oportunidad de que me rPfiriera
aquellas terribles historias respecto á las intitutrices de las cercanías.
En cambio, mis relaciones con la señorita l\Iorín eran cada vez
más estrechas. Mi nuevo estado de alma me colocaba claramente en
la misma ruta, y la aproximación fué inevitable. La joven me daba
consejos, sostenía, mi fervor, me prestaba libros de santos y otros igualmente piadosos. En un solo punto no estábamos de acuerdo: ella se
confesaba con frecuencia, y me invitaba á seguir su ejemplo.
-Nada es mejor-me decía, mirándome con sus ojazos á la vez
ardientes y fríos, semejantes á los de la Santa Ana, que siendo de
piedra, parecían poseídos de la fe más viva!......
.
- ... Nada es mejor, señorita. Es un baño constante, que no deJa
la menor mancha en nuestra alma ..... Y los consejos del confesor son
como una flama en que sin cesar se caldea nuestro celo ..... JUse usted
de él! ¡Es tan bueno no ocultar nada de nuestros menores desfallecimientos, decirlo todo al padre, que representa á Dios!
Quise usar del mismo medio con igual entusiasmo; no lo pude
por mucho tiempo. Pronto no tuve ya qué decir al ladre Boardel, y
éste mismo ya no sabía qué repetirme.
-Muy bien, querida niña; podrá usted comulgar el domingo,
por ejemplo, y el viernes, que es el día del Sagrado Corazón, y es sábado, en honor de la Virgen ...... Todo va así muy bein ...... Tiene
usted la absolución para todos esos días. Vamos! Ahora es bueno salir un poco, distraerse como antes ...... Me gustan eEos paseos i::anos
que hacía usted. lla llegado usted á ser muy piadosa y eso es muy
bueno¡ pero no hay que caer en exageracionei;:. El vino de Dios es un
poco fuerte ...... Será usted capaz de absorber siempre las mismas
cantidades?
.
Yo inclinaba la frente, turbada por las palabras del buen cura,
conmovida hasta en el fondo de mí misma.
Al día siguiente, ó en la misma tarde, se me presentaba la señorita Morín. Radiante, aureolada, hablando poco, pero refiriéndome
sus recientes confesiones, me hacía ver su vida amplificada, surgida
como una corriente lustral, de ese confesionario en donde unía su
pensamiento de mística con el de aquel artista piadoso que era el
abate.
Entonces me vinieron revelaciones. Seguramente que aquellos
dos hijos de Dios eran puros como ángeles¡ pero q;.1é bien hechos,
qué adecuados estaban, la una para derramar su alma á los pies del
otro, que recogía las emanaciones que exhalaba ese espíritu, y de ellas
hacía estatuas de santos, destinadas á los altares sagrados ..... .
-¿No ama usted mucho ese sacramento, señorita María Teresa?

Dom¡ngo 10· de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

La profesora me miraba sonriendo co~ indulgencia, pe~o asombrada de que no pudiese yo adorar lo que a e~l~ la enloqu_ecia.
-No es eso-dije con vacilación ;-es qmza que el senor cura de
Chavoux no se presta para ello .... .. Usted tiene más suerte que yo, el
abate Chavard seguramente que puede comprender~~- .
-Pues bien, venga usted á verle-me respond10 la Joven con toda sencillez.
,
La miré y me causó admiración. ~ me s.e,ntl avergonzada del
fondo que había descubierto detrás de m1 devoc1on. . .
-¡No!-murmuré al fin-ni el abate ~hav~rd .m nm~ún otro.
¡Ya no quiero tanta pied.ad! Creo que _no esta alh un remedio.;···:
Los ojos de la señonta Morín me rnterrogaron en vano. No rei::pondí...... .. .
.
.
... Me separé de ella, dejándola en la glona del sol_ pomente y regresé paso á paso, mi san~'l. sacudi~a de los días anter10res tlesvanecida como el humo de un rncensano ........ .

XXI
Desde entonces noté que sufría un poco. _Fué algo co~o una fiebre que no se manifestaba ni en el calor de mis manos m en lo encendido de mis mejillas; pero que me consn11:1fa, _no o~stante. ,Y me
parecía que á cada hora se llevaba alg?
m1 ex1stenc~a. Hab1a rea:
nudado mis antiguos paseos. En las tibias tardes, me rnternaba alla
lejos, por los campos en don~e los trigales, se desborJaban, co~no ,una
copa llena. Los puntos culmrnantes parec1an atraerme. Subia a lo
más alto de las cuestas, y me sentaba sobre el 1:1-rn~go¡ cerraba la sm~brilla para no llamar la atención d_e ~os traba~adores, y permanec1.a
así horas enteras con el pecho oprimido, perdida entre las movedizas gramfoens, c¿mo una gran flor negra. Y me entregaba á mis ensueños.
No eran ya los deseos de antes que, por su Yaguedad, me eran
soportables. Era la cofi~iencia de ~i d?lorosa. sol~dad, que me desesperaba, que me persegu1a con obstmac1611. l\I1s mua.da~ vagaban por
el campo y se fijaban en todo lo que ~e ha~la~a de umones y ?On:fidencias en los campesinos que trabaJaban mclmados sobre la tierra.
-Estos -me decía yo-aman su tierra y trabajan para alim"lntar á sus pequeñuelos. Si están tristes, si se abaten, tienen parientes
pr6ximos que los consuelan y los animan ...... ¡Yo estoy sola!
No pensaba en el m~tri,monio. Pero h:i,brí~ des~ad~ que el señor
cura Brardel estuviese mas a la altura de mis exigencias rntelectuales;
ó que la señorita l\Iorín, menos ddvota, me atenJiese un pooo más; ó
que existiese siquiera mi antigua aya, para llevarla conmigo á aquel
destierro.
Pero estaba sola, sola hasta la muerte.

?e

XXII
Cual si hubiese sido una serpiente que mi paso despertara, el
hombre desde que me vió, apartó rápidamente la maleza, y de un
salto se me puso delante. No pude menos que gritar:
-¿Usted se orultaba? ¿Me espiaba'?
.
Se balanceó delante de mí, el guapo mozo borracho, con los ojos
brillantes y los labios húmedo:-.
-Sí, me ocultaba, respondió con voz ronca.-Perdóneme usted
eso, y el haberme embriagado. He bebido para poder hablará usted...
de otro modo, no habría podido.
No sé qué de sincero se exhalaba de ese hombre. ¿Dónde había
yo visto esa mirada, llena de admiración?
-¿Acaso para hablarme es necesario beber? ¿Es usted de aquí?
-Sí, soy Sil vio l\Ioutet. Soy quien primero vió á usted, á su llegada, una hermosa mañana. Eso ha sido demasiado para mí. ....... .
Después, he ido á misa todos los domingos, y nunca había bebido,
hasta ahora, y eso para hablará usted ...... Luego ya 110 volveré á
beber, y si es todo en vano, no me queda sino arrojarme desde esa
peña ........ .
Y me señaló una de las rocas más altas.
-Hable usted, Silvio Moutet.
---Vea usted, yo la amo con locura ...... Está usted oola y triste,
¿quiere usted ser mi esposa? Usted dará su clase, yo cultivaré mi campo. No beberé nunca. Soy hombre honrado. Pregunte usted y así se
lo dirán. ¡La adoro!. .....
Se exaltó, y torpemente se puso de rodillas.
-Vea usted : cuanto haya &lt;le más difícil, lo haré por usted. Seré su siervo, no su marido ...... ¡Será usted mi reina!. .... .
No parecía estar ebrio ya. Sus labios, secos por el fuego de su
pasión, pronunciaban claramente esas palabras, de poesía viril y cándida. Mientras hablaba, me fijé en su hermosa cabeza, en sus rasgos
puros, en s u talle erguido. Y mil detalles oh-idados me vinieron á la
memoria, recor&lt;lán&lt;lome al campesino á quien encontraba siempre en
mi camino á la iglesia y en cuyas miradas había leído lo que ahora
me decían sus labios. m seguía de rodillas.
-¡Se tiene necesidad de ser amado!-prosigui6-¿por qué no
aceptarme á mí, si no tier.e usted compromiso? ¿Acaso porque soy
campesino?
Se levantó, vacilante, pero ya tranquilo, tan resuelto que le detuve, porque se encaminaba á la roca.
'

LA "CIGARRERA MBX~CANA"
Siguiendo 11uestra costumbre de t r á e?~~;
cer en este semanario los datos re1a v~s
industrias que alcanzan en el pa¡~, !ftoa riJ~
ca de paz que atravesamos, el m sl t g f
f' b o.
de I)rogreso of recemos a, n uestros ec ores
'
'
·m
ortantec;
1
tografías de una de as. mas 1 P
· a ncas de tabacos establecidas ac~ualmente e1:i 1a
ca· )ital: nos referimofl á 1~ "Cigarrera Mex1~anal" cuyo soberbio eclifi?10 ocupa en_ la gifn
av~nida de Bucareli, el sitio donde por muc.10
tiempo se levantó la plaza ele toros tle Poncia-

é

no Díaz.
I ·
" t
Al hablar de la "Cigarrera 1 ex~cana:
a~1
conocida y apreciada en el comercio poi la excelente calidad de sus productos y] por ~l capital que representa [$ l._750,~00 ' ~~ ;ce:
mos más que rendir el debido tributo~ a on
rad.ez y á la perseverancia en el t~ab~JO, fac~s Principalísimos de engrandec1m_1~nto paia
re
toda empresa que se propone ~dquHn· la
' r&lt;&gt;s.
pet;bilidad y el crédit~ T?ecesanos para. elevarse rl la altura más env1d1able.
Si alguna negociación ha lograd~, en
tiempo, ensanche y provecho, es, s1,n du~a a
que hemos citado. ~uatro tle las mas
sas negociaciones c1garrerm, co_~ que cof
A. 1 un 1a cap1"tal-Ampudia y Compama,
S
Nozuri Compañía, Pesquera ucesores .Y .
;ieg/Sucesores-aportaron pa.ra const1tmrla,
no s6lo su capital, sino el crédito que st~s m~~
cas habían conquistado en los mercado,, y .
triunfo en triunfo, porque ha)'. que adve~tn
que la ''Cigarrera'' los ha obtemdo en los prmci ales torneos de la actividad hum~n3:, ha
ado á ser lo que muy p~cas negocrnc10nes
g an. un centro de trabaJo para las clases
a 1canz .
· l
do
donde se estimula al operario 10nra
o breraS
• ·
centro
se le remun era á conciencia, y un .
;roductor que apenas si basta para satisfacer
las exigencias del consumo: tanta es 1.a_demanda que tienen en el _público s?s exq msitas ma1.ufacturas, sus Yanadas .1~a1 cas.
O
Recordamos que en J?1c1en~IJre de 19 ], 1os
D e lega.&lt;l o S r,u, 1.,u, 2a· Conferencia Paname11cana
,
.
,
hicieron una vi~ita á la notable falmca: 1:nas
dP 1300 obreros sostenía entonces
C1ga•
rrera." La im¡,rei,ió1, cam;ada en el a111mo de
los Congresistas po r aquella colmena humana_~
no pudo ser n1ú:; grata: el orden, el aseo obse1_
v·tdo en todm; los departame11tos llamaban ve1tl~dent111t·nte la atención; en. li~s ~odegas, los
tercit,s de tabaco formandP pHam1de, tor.aban
la techu111l,re, y en el departamento &lt;}e elal,orac1ún u1,a lllUltillld de ourerns ren d1an CLilto
al trali'.1j11. Las rnú,¡uinas e1,g:trgolad~&gt;;·as «~m~~atk," las «Cu111a:,w para la fal,ncac1un de CI-

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-·-

Fachada principal del edificio d e la "Cigarrera Mexicana," en 6ucareli.

garro torcido y cabeceado, y las ccWis~one,1,
ro ias ara el de pegamento, fueron JUS-~aiiie~te a~miradas. En l~s dem~s dcpen~enci~l
de la ccCigarrera» se noto también el aseo y
orden más perfectoF-.
.
.
De entonces acá la Fábnca ha segmtlo a 1canzando los n1ás notables progresos, pues
·t de la fundaci6n de nuevos talleres, paapa1 e
,
• .,
S 1'·'"' 000
ralo cual la Compañia a&lt;l:1mn? en
.vv,
el edificio del Frontón .Jai-Ala1, es digna ele
comignarse la periecci6n que ha logra~::&gt; en
unto á manufactura, y el aspecto de retinada
~legancia &lt;¡ne da siempre {t sus productos con
Jns artístirns enYoltnras que emplea y la variedad de clases de parid que entran en la fa1Jricaci6n de los cigarrillos.
,.
Buena prueba. por lo d~mfo;, de q_ue 1n «Cigarrera Mexicana» ha sal)l(IO conqmF-larse los
mayores triunfos, PS la_r:~ompenFa qL'.e obtu'"º en ht última Il:xpos1cwn P3tnn.mencana de
Búf'falo y el premio que le fue otor¡.r~do en la.
rerient~ Expo:,ición NHcwnal del 11,s~aclo de
México. -¡_;- 110 de Jo~ grabado,-,_que ,ruhl1~amos,
representa. el Diploma confendo ll la Compa-

( CoNTINU ARÁ. )

Salón de elaboración de "La Cigarrera."

ñía en el Certamen de Búffalo, y que consistió en medalla &lt;le oro.
Tan honrosa distinción, h~bl~, m~iy aH~.~n
favor de la. importante negoc1nc10n,rndust11a.l.
También publicamos una fotograf,ia &lt;l~ 13: fachada de la fábrica, y otra del salon pnnc1pal
de elaboración.
El establPcimie11.to ele la «Cigarrera)) d:~ta
del mes de Noviembre de HlOO _y, por.~o lll!Smo es una emprei::a muy reciente._ 81 en el
podo tiempo que tiene de es~'l.blec1da, se ha
elevado tanto y est(, tan acreditada. ei~ el comercio, es indudable, de totlo punto mdndable que sus adelantos se.rán, dentro &lt;l.e po~o,
sorprendentes. Como Gerente de 13: ~egoc1ación ha figurado, clei:;de su estal..Jlec1m1ento, el
Sr. D. Ricardo del !lío. persona muy Yersada
en los negocios de !a ~ompnilía y muy apreciada por su bhonos1dad y hon~·adez.
Ifay que felicitar, pues, ú la «Cigarrera," con
tanto mayor raz6n, cuantc.. que es, para nuestros obreros, una casa donde encuentran el
pan y el amparo de sus familias.

Diploma concedido á "La Cigarrera" en el certamen de Búffalo.

�Domingo lo. de Marro de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

ANO X•••JOMO 1.--NUM. 10

MfXICO, MARZO ¡ Df 1903.

Ger ente: LUI&amp; Rn'f&amp; &amp;PINDOLA

Dir ector: LIC. RAl'A U Rfl'f&amp; &amp;Plf"!DOLA.

•·

Vista exterior de la Cervecería de Toluca.

LA INDUSTRIA CERVECERA EN EL PAÍS.
NOTABLES ADELANTOS.

.

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I

iü~:llÑiil

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1lflh~j

( '1111.,lilu1·1•1n:il
d1•l r~lddo J .ilif(• ,\ ~ohf'l•ano dt'

1

Subtcripción mensual forinea, SI.SO
ldem. ldem. en la capital, SI, 15

Al verificarse la apertura de la Segunda Exposici6n del Estado
de México, consagramos algunas líneas en nuestro semanario ÍL describir la magnífica exbibici6n que de sus productos hizo la Compañía
Cervecera Toluca y México, y á. patentizar los adelantos verdaderamente notables que ha alcanza.do en los ultimos años.
Esta importantísima negociación, en efecto, ha ido de progreso
en progreso: fué la primera que implantó en el país la elaboraci6n de
la cerveza «Lager» conservada, de incomparable buen gusto y calidad
suprema, y ha sido, igualmente, la primera en levantar una. fábrica
de botellas del más moderno estilo, abriendo así un nuevo campo á la
actividad de la. clase obrera.
Tanto la industria ele la elaboración de cerveza,como la de fabricaci6n de botellas, han merecido la recompensa más amplia y satisfactoria, no sólo en los eliversos países donde han figurado sus productos en fraternal competencia, sino también en la segunda Exposición del ~stado de México, que cerró sus puertas el 5 del pasado.
Testimonio muy elocuente de esta afirmación es el valioso
grupo ele medallas de todas clases que h:m sido concedidas á la Com•
pañía, y entre las que sobresalen, tanto por su número como por su hermosura, las de oro, de primera clase: precioso galardón acordado al
trabajo honrado é inteligente, á. ese titán de músculos de acero que
todo lo transforma y lo ennoblece.
Actualmente, según sabemos, esta importante negociación, que
no de~cansa en su labor, coronada por tantos y tan merecidos tri un•
fos, ultima el establecimiento ele uña planta de fuerza motriz eléctrica, en sus_ fábricas, para substituir la de vapor que ha empleado.
Es digna del más alto elogio la Compañía Cervecera tanto por
sus constantes esfuerzos en pro del adelanto de la industria nacional,
c?mo por su empeño de_corresponder siempre á la decidida protecc16n que el público le d1~p~nsa. Por lo demás, es de desearse que
tenga muchas empr~sa~ i,m1t~doras en sus afanes &lt;le engrandecimiento. Así, éstaR contribmran, como ella contribuye al desorrollo de
la riqueza nacional.
'

Corbtta "nautnus"
_.,,,

Grupo de Jefes, Oficiales y Guardias,

tomado en la Legación de España.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>A LA GRAN MUEBLERIA.

El
ANO X•••TOMO 1.--NUM. i

MUNDO ILUSTRADO
MfXICO, ffBRfRO 22 Df 1903.

6erente: LUI&amp; RtU&amp; &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAFAU RfU&amp; &amp;PINDOLA.

1 3~Ricardo Padilla y Salcido.~
: .............
i
1 HERMOSO PEC
1 ~ Ca.lle de San Jaa.n de Letrán, núm 11. México.

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bue11.osa1 de 101 hombros y dao al
u nn 1traciosa Jozaofa.A Jltflbarl11 por
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•

�•
bomingo 22 de Febrero de 190$.

••

EL MUNDO ILUSTRADO

sodios de eRa campafia de emancipación · reradas que sean; la ideas que concibe, por nuemontan á la Revolución Francesa y al triunvas y extrafias que parezcan, ha de expresa~·fo del romahticismo s:ibre el clasicismo. Pe
las con palabras ya hechas, en un lengua¡e
el modernismo ha heclio más y mejor. La li
cualquiera creado ya de antemano, usual y
bertad de pensar en arte como en política naaccesible á todos · lenguaje, en general, poco
O hay hombre que, al lado de las aptida
vale, ni nada significa sin su natural ~ommanejable, erizado de reglas de prosodia y de
tudes mayores ó menores de que lo ha
plemento, la libertad de expre1&lt;ar. El reinado
sintáxis, de principios de acentuación, de condotado la naturaleza y que, bien ó mal,
de la ideología tra&lt;licional habfa concluído·
cordancia y de régimen, de nimiedades fonoacaban por ser su vaca lechera, no tenga una
pero su_bsi..tía el d~spotismo de la Academi~
lógicas,
nada
flotante,
ni
ondulante
ni
plegatendencia, una aspiración colateral, digamos
y la pmnera conqmsta resultaba estéril sin
dizo como un rfianto, sino rígido, inflexible y
así, divergente, que acaba por convertirse en
realización de la segunda.
estrecho
como
un
ataúd.
sueño dorado, en «obsediosa» sugestión, en
Derribada en tierra la vieja ideología, y pulEn punto á sensibilidad y á concepción, me
manía, en idl3a fija. Conozco un matemático
veri~ados
la regla de las tres unidades y loa
creía
un
poco
poeta.
La
~atura.leza,
el
homcuyo anhelo es ser guitarrista; hay filósofos
rahcios preceptos de la escuela, todavía como
bre, la vida, el arte, despertaban ~n mí ~moque no piensañ más que en injerlar tulipanes;
los suizos a.r~te el sombrer~ de Geissler,' había
ciones profundas, imúger,es no desprovistas
Quevedo era, de toda preferencia, espadachín;
ql~e _descubnrse y qu~ pedir permiso á la gra.
de brillo, vibraciones misteriosas y sen~~cioGladstone, lefiador; Balzac aspiraba á las fi.
mntica para llegar al ideal, pagando peaje cones exquisitas; pero á la hora de convertH tonanzas, á los grandes negocios; Nerón, á tenqr
mo en las antiguas garitas y dejando el 1
do aquello en un soneto, en una octava real,
de grande ópera.
los
vellones más blancos y sedosos de su insen
una
oda,
en
una
letrilla
.........
imposible!
Cito ejemplos de hombres eminentes; pero
piración en los zarzales. de ese camino del Cal
El lenguaje me hacía un insufrible obstruccioel hecho se comprueba hasta en los seres más
vario.
nismo y me estorbaba prodigiosamente. Las
h umildes. Los jefes de sección son generalEl modernismo arrasó todo para construir
palabras que no me salían largas, me resultamente acuarelistas aficionados; los diplomátide nuevo. Se alzó sobre las ruinas amontona
ban cortas; ahí donde el metro me exigía una
cos sueñan con sabrosas combinaciones culidas del pasado, como sobre un pedestal y dipalabra aguda, no encontraba más que una
narias y más á menudo «calzann el gorro blanco
jo al poeta: «Eres libre! Libre de pensar á t
esdrújula; para las rimas en ,con» no encontraque el casacón bordado; los escribientes admiguisa, rle concebir ú tu antojo!»
ba más que terminaciones eh «íai&gt;, y una de
nistrativos son casi siempre poetas; los depen,,En estética no hay nada extravagante
dos: ó para conservar la integridad de mi idea
dientes del ramo de abarrotes, músicos, y así
ridículo, ni monstruoso. \'ierte todo en el 'pa
tenía que escribirla en prosa, ó ü me encapripor ese orden.
·
pel; no filtres ni destiles tu inspiración; no afi
chaba en aprensarla. en el molde de la rima y
Por lo común, y salvo contadas excepciones,
nes el impuro metal, déjalo hervir y chispeat
encuadrarla en los confines na.tui·ales ele! mela aspiración dominante, es contraria á la caReglas, no las observes; principios no los a
tro, tenía que &lt;lestigurarla, que deformarla y
pacidad preponderante.. E l qt.e tiene voz pre, no es f urgon
, sobre ' rieles sin
tes;
1a poesia
que
transformar
y
traicionar
mi
emoción
y
mi
fiere-, aunque cojo, el baile; el cegatón se incli.
1'
'
b
p l uma en oc on o arca en vórtice! ' No
pensamiento.
na. á la micrografía ó á la ·observación de los
detenga
en tu camino el escrúpulo gramati
La
estructura
y
las
condiciones
del
lengua.je
astros; el naturalista nato, pinta en seda ó mono tropieces, como no tropieza el elefante
hacían de mis ángeles monstruos, de mis jodela en barro; la mujer estéril se siente fundala piedrita de hormiguero de la sintaxis-'
yas pepitoria; de mis construcciones ruinas;
dora de hogares y madre de familia; la prolíte enciell'es en el diccionario, ui te clisequ
fica toma el velo; en la Escuela de Sordomude mis jardines, basureros. Paloma vestida de
corno pétalo, entre las páginas del léxi
dos impera el amor á la oratoria, y nadie,
armadura, mi poesía, lejos de volar, caía pePuesto que creas la idea, forja también el v
como los ciegos, para aficionarse á los experisadamente en tierra, y en vez de bogar en el
bo. Da nombre á las cosas, ¡qué importa quen
mentos de visión á distancia, con inte.rmedio
azul, se revolcaba en el polvo y en el fango.
sea el que llevan! Inventa verbos si. te pla
de segunda vista.
Lo deié por la paz; aquello era superior á
cre¡i. construcciones y regímenes, poda las
¿Será que la privación causa apetito? No lo
mis fuerzas, y decepcionado, me retiré por
labras si les sobran sílabas; injértales nuev
sé; pero no conozco tartamudo que no se conmuchos años á mis cuarteles de invierno. No
sagre más ó menos á la oratoria ó á la declasi les faltan! Conjuga nombres si te viene
salí de ellos sino para una corta y desastrosa
mente, lleclina verbos si así cuadra á tu
expedición. Uri día oí habl-ar del volapuk, la
mación.
No podía yo escapar, y no he escapado, á
nio; puntúa á tu gusto. De tus rugidos
lengua nueva, la lengua universal, que á las
esta ley general. Sin hacer mérito de las capaleón haz cadencias y rimas y de tu canto d
dificultades de todas adunaba las facilidades
cidades, bien modestas por cierto, de que la
alondra interjecciones. No te detenga el m
de ninguna. Lengua maravillol'a, creada, no
naturaleza ha podido dotarme, es el hecho que
tro, ni te estorbe la rima; si te importun
al capricho de la inventiva de las masas, de
mi bello ideal, mi aspiración s'uprema, «mi
las exigencias del uso, de las tradiciories de ]aj
cámbialos; en toda combinación de síla
no hay másallá,»hasidoser poeta. ¡Cómo enacademias, y de las contingencias de los éxohay un verso. No catastres tu pensamien
vidiaba en mi juventud, hoy los envidio medos, de las conquistas y de los cruzamientos
ni cuadricules tu inspiración. ¿Por qué cato
nos y ya se verá por qué, á Justo Sierra, á
de razas, sino hecha «ad hoc," con la laudable
ce versos el soneto y solo ocho la o~tarn? H
Man uel Acuña, á Juan de Dios Peza, á l\Iamira de allanar obstáculos, de superar dificullos tú dP. quin~e ó de siete ó de los que te pa
nuel M. Flores con cuyas vistosas plumas de
tades, de dar al 110mbre un· instrumento n u erezca. No te encastilles en los viejos lin&lt;leroe
pavo real un error de homonimia ha vestido
vo y flamante, flexible y dúctil, ligero y mahaz heptasílabos de cinco y endecasílabos d
en ocasiones á mi grajo! ¡Cuánto he envidianejable que le permitiera formular y propalar
trece sílabas. ¡Acentos, cesuras, hiatus! :íl
do después, en la edad madura, á Amado
el mundo. que lleva en su alma.
trañas y supersticiones! Tú eres acento y
Nervo, á Luis Urbina, á José Juan Tablada,
Ensayé el volapuk; me tentaba la idea de
eres cesura! hazlos y no sufras que nadie
á Jesús Valenzuela, á Manuel J. Othón, á tan·
ser el Homero de la lengua nueva; pero el volos imponga. Sé libre! Eres rey y no tien
tos otros, aspirando siempre á ser ellos y malapuk me resultó la carabina de Ambrosio.
más que súbditos. Rompe trabas, atropell
niatado por una incapacidad absoluta y una
No había podido evitarse en la lengua nueprincipios, derriba obstf,culos, atranca
impotencia radical!
v~,. el so°:1eterla á reglas, el Tegirla po¡- princaras, deRgarra vestiduras, quítate grillos, p6
Un poeta, en ¡fecto, es un ser complejo;
c~p~os, y Justamente eran las reglas y los printe nuevas a.las y así volarás mús alto y m
compuesto elementalmente de fondo y forma.
cip10s lo que más me estorbaba y me cohibía.
amplio como águila multialada! Y ante tod
Debe, desde luego, sentir, vibrar, aspirar, soqh! si hub!era ~odido encontrar una lengua
no olvides que la poesía y la lógica son inco
ñar; debe, simpático con las cosas y los homsm gramática, sm analogía, sin ijintaxis sin
ciliables. Nada de enlace ni de coheren ·
bres, saber llorar, como las propias, las lágriprosodia y sin ortografía; lengua libre c~mo
~i, sobre todo, de unidad; de todo eso haz l
mas ajenas, desgranar en perlas la misma
el cóndor sobre la cordillera; lengua democrána para tu fuego. El collar vale por las
carcajada de regocijo, exhalar los mismos sustica, republicana, _plebliscitaria movediza colas y no por el hilo; busca las pe;rlas y déja
piros, prorrumpir en los mismos sollozos que
mo la onda, cambiadiza tomo' el viento ó la
de hilos.»
el melancólico ó el desesperado; cantar todos
nube, a,daptable por sí misma y sin trabas co· «Te doy consejos; si alguno te parece regl
los triunfos, sufrir todas las derrotas; amar
°:1º la túnica_ de Crist?, á l~s tallas y pr~por- no lo sigas. La verdadera libertad consiste
con el amor de todQS, odiar con el ren~or de
ciones sucesivas y smrnltaneas de la idea·
eso y la poesía no es más que libertad. i&gt;
todos, sintetizar en forma de emociones intenmaillot verbal siempre ceñido á las forn~as;
sas todos los goces como todos los dolores
amoldado á las actitudes; ohr si hubiera eri'***
humanos y reflejar en sí mismo, agigantados
contrado eso, ¡qué gran poeta hubiera sido! y
Al oír aquella voz redentora que me habla
y poderosos todos los espectáculos rle la natusi llegara á encontrarlo, ¡qué gran poeta podría
por las' mil bocas de la juYentud modernis
raleza y todos los panoramas del alma hullegar á ser!
me sentí transfigurado y redimido. Rompí 1
mana.
Feli_zmente llegué á encontrarlo. El moviligriduras, me despojé del pesado casco y-d
Debe, asimismo, y éste es el elemento ,,formiento modernista, la revolución decadentisla rígida coraza; desistí de canalizar la cata
ma,» concebir y sentir todo ya ac9ñado, molta de la p,oesía vinieron á redi::nirme .}, á salta interior de mi pensamiento, de ali near
deado en formas precisas, simétricas, e11cuav3:nne; limaron los barro!es de mi jaula, dede marcar el paso al turbulento oleaje de O!
drado en lineamientos regúlares y prestablecirnbaron los muros de m1 calabozo hicieron
io~piración, de entubar el huracán de m
dos. Debe soñar y sentir, sin duda; pero debe
saltar la tapa de mi atáúd, me qt~itnron los
emociol'les desbordante,:, de poner chin1en
tam?ién medir y rimar. lla'de traducir un grito
grillos y las esposas, me pusieron en vez de
y ventiladores al volcán que ardía en ·mí,
precisamente dentro de cierta _combinación de
ellos un par de alas y el águila comenzó á ·vodesde entonces soy poeta!
acentos y cierta disposición de sílabas · ha de
lar y se cierne ya en las alturas.
No comprendido'? calumniado? arrastra
pintar la Naturaleza, el hombre, las p~siones
La rev?lución mod~rnista, en general, y la
en el fango por la crítica? inexplicable para
y los sucesos procurando que de tiempo en
decadentista, en particular, no consisten en
vulgo? exc9m ulgaclo de las academias?
tiempo y de dos en dos ó de tres en tres las
haber derribado las barreras que encerraoan
Tal vez; pero si nadie me comprende,
palabras rimen cadenciosamP.nte, y por ~ltiel pensamiento.La libertad de pensar en el
comprendo yo ...... y basta; y no será 1~ m
mo, las emociones que resiente, por' desmesuarte data de más lejos y los más recientes e¡,inor de las glorias de la eRcuela modenusta

tómo mt bict Potta.

N
1

t
l

1

;oe

haber llegado á crear esa poesía personal, refinada y sul.,lime que, huyendo del contacto
las masas y de la promiscuidad con el vulsólo hace gozar ó sehtir á quien la crea y
~ndo más á un limitado cenáculo de correligionarios exquisitos y de l\deptos íntimos y
refinados.
Acaso pronto, sin embargo, dé á este semanario una joya de mi anaquel, una flo~ perfumada de mi prado, una estrella de m1 firmamento.
Si así llegare á ser, pido no ser leído si~10
por modernistas «pur sangi&gt; y por decadentistas de la última hornada.
Estoy seguro de que mis lectores no se n egarán á complacerme.
DR. l\L FLORES.

EL MUNDO ILUSTRADO
jé una dosis de dicho artículo sobr~, la co~üda del loro, repitiendo la operac10n vanos
día1&lt; consecutivos.
Al levantarme, lo primero que hacía era co:
rrer á la ventana para ver el resultado de mi
combinación. Pero el maldito loro no torcía
n unca el pescuezo. No sólo estaba lleno de
vida, sino que su salud mejoraba de un modo
visible. Deshincháronse sus patas y la gota
desapareció por completo.
•
¡En vez de matarle, le estaba yo curando!
Entonces comprendí que había cometido
una insigne torpeza.
El arsénico, propinado en pequeñas dosis,

ministro de mtxito
tn ta Jtrgtntina.

En días pasados fué recibido
en audiencia solr11ine por el
• Presiden ti' cte lfl República Argentina, el Sr. Lic. D. Fra.nrisco L. de la Barra, Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario de México· en las
Repúblicns Sudamer icanas del
Atlántico.
Los discursos C'amhiados ron
este moti,·o entre el nuevo Ministro y el Jpfp de la Nación
Argentina - &lt;liscur!'los que &lt;lió
ú conocer íntegros «El Mundo,&gt;
-revelan las buenas relaciones
que existen entr~ los &lt;los paí~es
y los deseos que los anim;..n lle
fortalecerlas rada día más en
beneficio de los intereses que
les son comunes.
Como nuestro semanario diú
ya á conocer en otra ocai-iún,
los rasgos biográficos del Sr.
Lic. de la Barra, nos limitamos
ahora únicnmente á publicar
el retrato del distinguido diplomático.·

Historia de nn Crimen.
Eh aquella época estaba de
guarnición en Grenoble un escuadrón de dragones, en el que
figuraba yo como un yeterinario militar.
Vivía en tercer piso de la calle de Villars, desde donde disfrutaba de un panorama soberbio.
En el piso segundo moraba
un guantero retirado, que poseía un loro verdaderamente
antipático por su charla monótona y sempiterna. No había quien pudiera sufrirle en la
vecindad. Como el animal estaba muy bien alimentado, padecía de gota ? tenía las piern as hinchadas. Además, una
M in istro
enfermedad de la piel le había hecho perder gran parte de sus pluma,:.
¿Qué necesidacl impulsa á los comerciantes
retirados á provee.se de un loro?
¡Vayan ustede,, á averig~iar el misterio!
El corazón del hombre. tiene abismos insondablei;,.
:m loro de mi vecino era mi pesadilla; sus
chirridos me abrumaban de un modo horrible y me impedían consagr;rme á un trabajo
serio y formal.
Diariamente colocaba el guantero la jaula
en el balcón situado clebajo de mis ventanas,
y resuelto yo á poner término á aquella situación, pensé en los medios ele librarme para
siempre del odioso animalucho.
A grandes males grandes remedios.
Compré arsénico, y desde mi ventana arro-

SR, L1 C. DON F RANCISCO L . DE L A BARRA,
de México en l as Repúblicas Sud-americanas deJ

es un tónico, y, por tanto, producía en el loro el efecto de una medicina bienhe€hora.
Aquel incidente hubiera debido desarmarme; pero era tal la repugnancia que el animal
me inspiraba, que resolví aumentar la dosis.
Cogí el paquete de arsénico y vertí todo su
contenido en la jaula.
Al cabo de un cuarto de hora llamaron á la
puerta de mi habitación y corrí á abrir.
Una joven admirablemente hermosa entró
jadeante y me dijo:
-¡ Por Dios, caballero, baje usted en seguida! ¡El loro se está muriendo, y mamá va á
volverse loca ele pena!
Ante la desesperación de mi vecina sentí las
primeras punzadas del remoPdimiento.

Do,Iiingo 22,,de Febrero de 1903.
-¡Ya empieza el castigo!-dije yo para mis
adentros.
Seguí presuroso {i la joven, y encontré Íl la
familia del guantero en un estado de desolación indescriptible.
Al verme me preguntaron á uh tiempo varias voces:
-¿Le salvará usted?
El loro estaba agonizando y no había medio
humano de volverle á la vida.
Era ya demasiado tarde.
Traté de hacerle tomar un vomitivo, pero
todo fué in6tj], pues el animal murió á l!)S
pocos momentos.
Iba yo á retirarme cuanqo
el guantero me llamó aparte y
me dijo:
-¿Cuánto le debo á usted
por su visita-?
Confieso que me puse colorado. ¡No habría faltado más
sino que me hubiese hecho pagar!
-No me debe usted nada
-le contesté,-puesto que no
ejerzo mi carrera.
Y abandoné precipitadamente la habitación.
El guantero, para darme las
gracias, me hizo una visita,
que yo le devolví al.día siguiente.
Su hija t!lnía unos ojos negros que me fascinaban.
Al poco tiempo era íntimo
amigo de mis vecinos, en compañía de los cuales pasaba todas las veladas.
Yo toco muy mal el violín,
y Berta-así se llamaba la muchacha- toca medianamente
el piano.
Unimos nuestros talentos y
tocamos varios dúos, por cierto bastante mal interpretados.
Ocupado en contemplar á
m i compañera, me olvidaba de
mirar las notas y, naturalmente, el compás era la primera víctima de mis distracciones.
Una noche, como de costumbre, llegué con mi -caja de·
violín bajo el brazo, y de
pronto me detuve lleno de terror.
Sobre el piano se hallaba el
loro de marras.
Retrocedí anonadado.
Ni el mismo l\.Iacbeth, al ver
la sombra de Banco, pudo experimentar mayor espanto.
- Hemos hecho disecar al
animalito-nfe dijo el guantero-para regalárselo á usted.
Y no tuve más remedio que
aceptarlo.
Ya habrán comprendido mis
lectores que mi aventura terminó con un matrimonio.
Berta es una criatura admirable por su belleza y por su
bondad, y yo soy el más feliz
Atlántico.
de los maridos.
El loro, desde lo alto de su escaparate, contempla inmóvil nuestra dicha.
Un día, entre dos besos, me dijo Berta:
-¿No es verdad que era muy hermoso?
-¿A quién se lo cuentas?
- No s&lt;, cómo se puede morir de la gota.
-Pues e~ muy sencillo-le contesté -llega
al corazón y mata irremisibleme11te. '
¡Y luego dirán que el crimen recibe siempre el castigo que le corresponde!
¡No estoy conforme con semejante teoría!
E. FOURRIER.

�EL }.ftJ};'1)O ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 22 de Febrero de 1903.

.

Rubia estrell~ doliente,
soli tario testigo
de la fuga del pálido mendigo,
.fuiste su ninfa ausente?
eres su novia muerta,
á los al bores de otra luz despierta?
Rubia estrella, testigo
de la muerte del pálido mendigo,
cuéntame á solas su pasión secreta:
fué él acaso tu férvido pt&gt;eta?
¿en las noches doradas,
bajo el quieto follaje de algún tilo,
t us manos delicadas
le en tornarqn el párpado tranquilo,
mientras volaba por su faz, inquieta,
t u fér til cabellera de violeta?
"Rubia estreila doliente, ·
solitario testigo
de la fuga del pálido mendigo ...

•

Va cayendo la tarde. Soplo vago
de insólita pavura
mana del fondo de la sima oscura·
el cadáver, ya frío,
'
se ha llevado en·sus ímpetus el río.

..
'

~':":

..

,&lt;4~

----~--

~

....

AVENIDA DEL 5 DE MAYO. - L as calles recién abiertas.

LA AVENlDA DEL 5 DE MAYO.
Han quedado abiertas en toda su extensión
Jas nuevas calles dtl Cinco de Mayo, llevándose por fi n á la práctica uno de los proyectos cuya realización no puede menos que ser
beneficiosa. E l aumento constante del trúfico
en nuestras principales avenidas y la nece:::idad, más imperiosa cada vez, ele facilitarlo
hasta donde sea posible, reclamaban esa gran
111ejora de que la metrópoli debe, por todos
conceptoR, ufanar:&lt;e.
Es indudable que el "Cinco de 1Iayo," con
S'll prolongación hMta la plaza donde se levantará el Teatro Xacional, ha ganado mucho en
hermosura,y que una vez terminados los edificios que ahora se construyen, será, si 11\J la
principal y más transitada, si una de las
más bellas por su buena orientación, y por
su amplitud.
E n éste n úmero publicamos una fotografía
de la gran avenida, tomada desde Santa Isabel.

\
~

de perder la vida bajo los escombros de un
cobertizo.
El inoerdi) de la fundición de las Delicias
ha sido uno de los más notables en los ultimos meses.

CROQUIS.
Bajo el puente y al pie de la torcida
y ango,ta callejuela del suburbio,
como un reptil en busca de guarida,
pasa el arroyo turbio ..... .
Mansamente
bajo el arco de recia contextura
qm: el tiempo nfelpa de verdosa lama
sus ondas grises la corriente apura,
v en el borde los ásperos zarzales
prenden sus redes móviles
al canto de los yertos peñascales.
Al rayar de un crepúsculo,. el mendigo,

-~

.

.

.

e

-.-

•

--que era un loco tal vez, quizá. un poeta,
hnjo el caudil de amarillenta. lumbre
que iluminaba su guarida escueta,
elloró mucho ........ .
Con honda pesadumbre
corrió al abismo, se lanzó del puente,
cruzó como un relámpago Ja altura.
y entre las piedras de la sima o~cu ra
se ·rompió con estrépito la frente.
Era al amanecer. En el vacío
temblaba un astro de· cabeza rubia,
y con la vieja ráfaga de hastío
que despierta á los hombres en sus lechos
vagaba un viento desolado y frío;
se crispaban los frágiles helechos
de tallos cimbradoreó ¡ lluvia densa
azotaba los techos:
enmudecía la ciudad inmensa!
y me dije: quién sabe
si aquellas tenue'! gotas de rocío,
si aquella casta lluvia
eon lágrimas que vienen del vacío,
desde los ojos de la estrella rubia!

• tn una 'fundidón.
Ctrriblt inctndio
El 13 del corriente, por la noche, se declaró
un terrible inc;endio en la fundición que el seflor Tomás Philipps tiene establecida en la
calle de las Delicias. Las enormes columnas
de fuego que se levantaban sobre el nivel de
las azoteas vecinas, atrajo, al lugar del suceso,
un gran número de curiosos que invadieron
las calles promoviendo algunoi, desórdenes
que la policía, gracias á su actividad, pudo
reprimir oportunamente.
·
El departamento de moldes, cuyos útiles
estimaba el señor Philipps en cien mil pesos,
quedó completamente destruído: los techos de
lúmina se derrumbaron 00n estruen~ espantoso. y momentos de;.-pués no quedaba del
vnsto salón más que un montón de e~combros
que ardía como una inmensa hornazn.
Los bomberos, en la imposibilidad de extinguir el fuego, encaminaron todos sus esfuerzos á localizarlo y á apagar los «fucos&gt;&gt; que
i-e habían formado en las demás dependencias
yqueamenazaban invadir todo el edificio. Diez
minutos bastaron para esto, lográndose después, con gran trabnjo, combatir las llamas
que abrasaban otro de los departamentos. E 'n
esta faena, tres bomberos estuvieron á punto

Entre la zarza un can enflaquecido
lame con gesto de avidez imprema
el sílex negro que manchó el caído
con el raudal de sus a rterias rotas·
luego el áspero hocico relamido '
fru nc~ voraz, y l'trn
. mirnela aYiesa,
temeroso que surJa entre la gente
alguiel\ que an hele compartir su presa
clava los turbios ojos en el puente ...... '
GUU..LEIUIO V ALE:,/CIA.

CRISANTEMOS.
¡Loscrisúntemos! ...... Flores sin aroma, son
la postrer corona del aiio; i-us mórbidos colores se adaptan á la hora. •!1elancólica en que
nacen; flores de cementerio, hecha!! para los
sepulcros.
Exótica!", adoptadas y cultiYaclas por los horticultores como raras joya~, buriladas en ,m1ed mms» erizadns y ríspida~, estas extranjeras
h_an asumi&lt;lo el imperio de la moda, y sus aficionado~ son tantos c~mo lo_s ele las inquietantes orqmdeasrcde extenorsuttl» que d iJ·o Strind. p 1ac1, a compararlas con maripoberg, ,t(, qu•~n
sas funerarias.
Está pa~ión por las florei- ~.,ingulnres es un
signo de los t iempos, suerte ele abandono y de
desc: édito en el cual han caído las pohres flores sm rareza, las rosas y las dalias, que ahora
~on burguesas. Tales los poetas ingenuos, los
ignorantes que «no Raben sino su a lma )&gt; como
Lamarti ne, comparados con los orfebre~ sabio-;
y complicados de lo➔ versos nuevos.
Comprendo perfectamente el atractivo de
~ recocidacl ele las orquídea~, ele formas fantásticas, torturadas y curiosas, el encanto cuaii
doloroso d~ los cri,:{mtemo:t, de tenue obscuro,
de suave v10leta. E~as flores que ahora triunfan, respot~den á particulares estados de alma.
No es precisamente lo Rencillo lo que hoy sed~ce. ~,a rosa paree? tan vulgar corno·la humilde violeta, y ya solo las modistillns van á
coger, por la p rimavera, lilas y viburniaR.
Todo se sostiene en este mundo: las flores
extrañas_ son contemporáneas de los epíteto~
raros. Pierre Dupont, á quien placía cantar
con la viña, las margaritas y los aaavanzos'
r~n,unciaría hoy á celebrarla~, y sus ;stribill~;
d.itían, en neo-versos, las melancolías de los
e ántemos.
·
P~r desdicha, la~ antiguas flores, las flores
abolidas, las hmmlcles flores-marga.ritas de
los p rados, •á las cuales ya no &amp;e interroga ,:i
se es am~do, c:'tmpánulas y amapola~, con las
q ue Ofeha hacia coronas para su blonda cabellera-están _h~ tiem~~ abnn&lt;lonadas; y olvi~ada ya la vieJa canc10n, la canción del poeta
m mortal:

LA GUITARRA.
CUE~O BLANCO.

I

@

felices, porque tenían poca ambi, quizás ninguna; á lo menos, dP esa
ambición consciente &lt;!ne quita el
sueño y no deja saborear los goces inocentes y
fáciles de la vida, que son los mejores, solicita.Jo el pensamiento á toda hora y á cada instante por aquellos que ó no suelen alcanzarse
nunca, ó Ri se logran, es tan :sólo como engendro de otros y otros más, prole funesta, matadora por lo común de quien le da abrigo poniéndole un amor que no merece.
rn modesto pasar y mucho,; hábitos de orden y economía d~ puertas adentro, y del
umbral para fuera unacorta, pero selecta suma
de afectos sociales¡ la naturaleza que sonriente «mostraba en esperanza el fruto cierto» de
una unión pura y digna, como prome:::a de mayores \'enturas en el hogar, i-antificado por la
inocencia y el amor; la mutua confianza del
uno para el otro en aquellos dos seres, la que,
lPjos de entibian,e alguna vez, parecfo. robu8te&lt;·erse, ó mejor, por fuerza tenía que aYigorar,-e con las constantes prendas recí procns &lt;le
u na fidelidad intachable; la elhd y lo!' atractivoR físico,;, la identidad ele gui-tos, la ecuanimidncl encnntadora ele ambos caracteres, formando otras tantas cau!:'a'I eficienteR ele sosegada 1lulzura en la vida doméstica: todo ello
hacía de lns cuatro paredes de Emilio v Clara
algo más deleitable y hermo~o, si cabe que
a 1¡uel sitio sin puertas ni muros, per¿ con
plantaR y avef&lt;, y fo entes y flore!', en que
pingo á DioR colocar á la primera pareja
feliz que de El mi~mo recibió en la tierra
la be11didó11 nupcial.
f,;i alguna vez pudo la joven esposa ver
pa~ar una nubecilla ror delante del disco
raclioRo de su 1-ol de felicidad, no sería
porque la mirada ch l amoroso consorte
i&gt;P detuYiera demasi,.do insistente sobre
el ro!itro de otra
mujer en la. calle ó
en el paseo .... .. La
que :rndiera conceptuar en .cierto
modo por rival peli. gro!'a, estaba dentro
ele la propia casa,
en la alcoba misma
T

Domingo 22 de Febrero de 1903.
de Emilio ........ Y de hecho que Clnra llegó
á sentir al principio, si no la herida, al menos el escozor de los celos, cuando al volver
Emilio del diario trabajo, antes de buscar en
ella la dulce conjunción de los labios siempre
d ispuestos á l levar á los suyos la miel fortificante y embriagadora del beso que no sonroja, i;:e iba á tomar entre sus brazos á aquella
otra arn:ida, que le pagaha sus cnricias con sones regalados como arrullos de felicidad.
-~lás pien~as en tu guitarra que en mí, le
dijo ella en cierta ocasión de érns, con su poquillo de dejo de amargura en la voz.
-Anda, tonta, le contestó él. No tengns celos de la pobre, que su amor, con haber sido
an_tes que el tuyo, no vive sino por el tuyo
mismo. Créemelo: si tuviese la de~grncia de
perderte, la enlutaría para colgarla a la cabecera de mi cama y no volver á tocarla nuncn;
porque el alma que está dentro de ella es la
tuya Y_ contigo se iría al cielo, dejándome solo
para siempre. Y si soy yo quien he de irme
primero, desearía que tú ..... .
No pudo expre$arlo por completo: Clara le
tap6 la boca sin pronunciar palabra, con un
b~:::o todo amor, rociado con lágrimas de infinita ternura, y nnnca más volvió á darle celos
por aquella rival, con quien riguió viviendo en
la mns íntima armonía.
.
[l

¿.Por _qué llegó el invierno y aterió el nido
ele 1~ &lt;.l!cha? Porque hay por encima de toda
prens1on y de toda esperanza humana, una
voluntad que crea y def-truye sin darnos cuenta de sus designios ni dejarnos eaber con certidumbre si el dolor es nuestro lote ó es el cri-

Allez, allez, o jeunes fi lles
Cueillir des bleuets daos les blésJ
JULES:Cí,ARETIE.

INCEN DI O D E LA F U N DI CION D E LAS DELI CIAS.-Departamento consum i do
por el f uego,

•

NUESTRO PA i $.- Fierro del Toro (Camino de Cuernav aca.)

•

�Domingo 22 de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO·

EL MUNDO ILUSTRADO

•

i:,ol con que pasamos á una felicidad más estable que cuantas podemos disfrutar en la tierra.
"'Cn enfermo que, ccn sufrir mucho, sufre
menos por sí que por los que le rodean: la escasez, precursora inmediata de la miseria,
de!.'pojando poco á poco las cuatro paredes &lt;le

todo cuanto hizo modestamente c6moda dentro de su recinto la existencia de dos seres felices; una esposa que vela y gime en silencioso sacrificio, fatigándose en la labor de_ día Y
noche, interrumpida apenas por los cmdados
que prodiga al padre que se consume le~tamente y al hijo que aún no puede medir la
magnitud del infortunio, que se mueve y se
agranda más y más al rede~or ele la.cuna ~n
que duerme el sueño tranqmlo de la mfancia:
he allí la mutación de la escena, el paso común y vulgar de esta dicha terrena, tan efímera y tan codiciada ~in embargo.
Pero la escasez no ha sido extrema aún. Al
menos, Clara no quiere que la advierta ~l desgraciado esposo, y aquella prenda quenda se
ve muchas veces en los brazos del dueño, remudados los lazos de colores con que la rival
antigua se complace ahora en a.taviarla, creyendo que así engaña el sufrimiento de Emilio y su propia pena, porque él sonríe con fingicla satisfacción de niño complacido en un
capricho, y pulsa aquellas cuerdas arrancándoles extrañas melodías que acompañan su
voz, debilitada por la enfermedad, sí, pero
siempre dulce, siempre armoniosa y dócil á
todas las modulaciones del sentimiento.
Y así por una de esas grandes ironías ele
la vida,' á los ayes que la dolencia física produce en el enfermo, suceden durante el pa,;ajero alivio las armonías de la canción lánguida. y voluptuosa de nuestros abuelos, el pintoresco y alegre corrido de los Llanos, el tango sensual de la Haba.na, los aires dulcemente tristeil del bambuco de Colombia.
¿Cuándo es mayor el ,;ufrimiento ele la pobre Clara: en aquellos momentos en que la
aiucleza del dolor parece anunciar la. proxi
mida.el ele la. hora suprema, ó en estos otros en
que se diría que el alma de Emili0 quiere
confiará la guitarra. sus más íntimas dulzuras para que al despedirse ella de este mundo
queden allí viviendo al lado de aquel Eer que
le ofrece con la sonrisa en los labios y la muerte en el pecho, todo el tesoro de su abnegación
y de su amor? ..... .

III
)!eses después del entierro, Clara dejó una
tarde al pequefiuelo confindo á una buena vecind, y voló al Monte de Piedari, provista de
la tan guardada papeleta y del dinero necesario. reunido céntimo á céntimo y á fuerza de
vi¡?;ilias y privaciones.
Todo lo vendido, perdido podía quedarse:
la cama ele matrimo!lio, la cuna de Emilín,
las mesitas ...... todo; pero aquella prenda empeñada no se podía dejar en la vorágine: rescntarla era salvar una memoria que ralía más
que la vida.
Y trayéndola luego á &lt;:W.sa, en efecto, envuelta eu un manto, le puso aquellas cintas
negras que de paso había comprado, y la colg6 en la pared, muy cerca de la cabecera del
pobre cati-e que ser\'Ía de lecho común á ella
y á su hijo.
Cuando Emilín entr6 en la rstancia, curioso como todo niño, viendo la enlutada guitarra, preguntó en la encantadora media lengua
en que ya comenzaba á explicarse:
-Qué es eso, mamá•? Qué tiene dentro?
Clara, mirándolo fijamente, como si quisiese grabarle con los ojos para siempre aquellas
palabras que el chiquitín no había de enten&lt;ler, le contestó con ahogada voz:
-Allí dentro, Emilín, están el alma ele tu
padre y la mía! ........ .

AGONIAS DE LUZ.

tas industrias d~ la callt

I
¡El oc1tso! ...... ardiente lienzo
De sublimes t intas nácar,
Se despliega como un regio
Abanico tornasol.
Abanico portentoso
De encendidos varillajei:,,
Que se agitan en un fondo
De purpúreo resplandor.
Atardece ...... ele los velos
Sepulcrales del Oriente,
De la noche el ángel negro
Se levanta asolador.
Al ocaso llega pronto,
Y de envidia despedaza
El olímpico y glorioso
Abanico tornasol!

II
Sobre el Nilo como un baño
De champaña auridiscente,
Sus cascadas de topacio
Lentamente vuelca el i,ol.
Cabrillean los desiertos,
Y en la frente de la ef-finge
El ocaso deja un beso
De ambari11a radiación.
Sobre el seno misterioso
De las aguas, marcha un ibis
Hacia el linde donde el oro
De la tarde clescencli6.
Abre el pico .... .. y parece
.\quel pájaro sagrado,
l"n bohemio que se bebe
Gota n gota el áureo sol!
LUIS ROSADO VIDA,

fl L\.XDO se contemplan las pequefias in1:., dm,trias «mnLmlantes," e:,;pecialmente

peculiares á aquellos paí ~e,;_ en que la
gran indut'tria 110 hll. pocli&lt;lo adquirir aún un
rnslo grnclo de desarrollo, se pienisa. en los primeros e,;fuerzos industriales de lot&lt; hombres y
no falta quien declare que en la «pequefüt iridustria» debe buscarse la f'olución del arduo
p~ohlema &lt;lel capital y &lt;lel trabajo, que en vano ha agotado los cerebros de muchos pensadores y las energías ele no pocos políticos. Esto es un error, á nuestro juicio, porque equivaldría á encerrar :t la industria dentro de una
órbita a:-lix1ante por su pc1¡ueñez; pero, sin
relacionarla mut:110 con los grandes problemas
económico:-:, la pequeíia industria aparece
~iempre interesante porque r:; la genuina reveladora, muchas ,·ccef', de las verdaderas tendencias y disposiciones naturales ele un 1rneblo.
Cuando se acercan los ca111bios ele año, los
houlernres de Parí:; se I ueblan de pequefias
barracas mercant:Ies, tal como entre nosotros
acontece en fiestas análogas, y la mereancía de
á dos sueldos se vende en cantidades marasillosas. La pequcfia. industria de París la industria ele la calle, es ante todo una re\:elación
de ingenio y está constituída por una feliz
combinación ó por un inter;sante invento; en
cambio, la ind\lstria callejera de )léxico revela más bien paciencia y suele engendrar profundas tristPzai:- e11 quien sabe analizarla pues
la remuneración del trabajo n•sulta en ella verdaderamente insignificante. ¡Eso sí los inclustriale~ de la calle no tienen amo 1ii' patrones,
s_on libres como la pi uma en el aire ( que no es
libre, porque tiene que sl'guir la dirección del

POSTRIMERIAS.
¡Buscando voy la calma! Es el deseo
~!timo de mi \·ida;
El solo bien que adoro y en que creo¡
Luz en la sombra; bálsamo en la heri
Quizá cuando los goces me embarga
Potencias y sentidos,
En el estruendo de la lucha hallaban
Deliciosos a&lt;!ordes mis oídos;
Y pretendí del héroe la victoria,
Y el lauro del poeta,
Y en la mujer adiviné la gloria,
Siendo el amor mi inspiración secreta:
Pues todo, porvenir, dicha, fortuna,
Cuanto era mi embeleso,
Por un beso á los rayos de la luna
Lo troqué veces mil; por sólo un beso.
No lo habéis olvidado todavía,
Yisiones seductoras
Que aún, á despecho ele la. edad imp{
Resucitáis para alegrar mis horas;
Y pasada la fiebre del combate,
·
Que yo tampoco olvi&lt;lo,
Algo consen·o en mí que vibra y )ate
Y que matar los afios no han podHlo.
Es el amor; pero el amor del alma,
Libre de ruin deseo;
El amor, compañero de la calma,
Unico bien que adoro y en que creo.
MANUEL DEL PALAC'IO,

ÜCTA VIO HERNÁNUEZ.

•
vi~nt~ q?e la ~os tiene), y prefieren su libre
m~se:1,a a un bienestar obtenido á costa de la
SUJeC10n!
Las pequeñas in.dustrias ~e los mexicanos
demue~trau á un t1e11:po. mismo la deRtreza,
la sobneclad ~' la paciencia que caracteriza á
nuestr.o pu~~lo: dest~·eza .de nu,nos, sobriedad
dr res1gnac10n y paciencia de indiferencia
Los vendedores ambul~ntes de nuestras· ca-

-.

--.IL..LL..J..----------~-

\., ¡f.

'

•

Domingo :!2 de .Jiebrnro de )!)03.

lles, que ofrecen el trabajo de muchas horas
por un puñ,1do de centavos, son hombres que
serfa muy difícil clasificar dentro de las tendencias demarca.das que animan á los grupos
obreros de otros países. En otros países los

ya el manufacturero de tejidos de alambre que
sirven para sostener fotografías : todos ellos
trabajan por su cuenta, todos ellos ganan una
miseria por su trabajo, pero á ninguno de
ellos lo haréis cambiar de modo de lucrar(?),

ir~&lt;lustrialcs de esa c)nf;e no pueden existir fác1lmen~e; y cuando, como decíamos antes, en
cleter111111adas épocas del aiio expenden sus
modcsias manufacturas, ello significa un
rcsnrplus)) en sus ganancias, pues por lo general i,on obreros de grandes fábricas que durar,te lodo el ·año consagran sus escasos mirnitos
de ocio á la manufactura de pequeños artefactos,. par~ vendnlos en los días de fiesta y subvemr as1, ~on t!nos cuantos francos máR, á las
burdas .ex1genc1as de la pit..,nza, de la indumentaria, ele la. habitación, del fuego en invierno y ....... ·. del tabaco en todas las estaciones.
En )léxico la pequeña industria no tiene
esos m.óviles. Po~-,io general constituye ella la
exclusiva ~cupac10,n de quienes la practican;
~lla sola alimenta a sus ~ulfü:adort:s; y como
e~tos n? ~uelen tener exigencias co::siderables
111 am b1c1ones mayores, les basta con los productos a.e Rus .manos para prolongar su mi,;erahle existencia.
. En las industrias callejeras el capital requen&lt;lo representa un monto mínimo; los «brazos"
reqt~endos son dos únic.'lmente; la. máquina
no figur3: e1_1 ella para nada y de esta suerte
quecl_:1- el!mma.do ese otro grave problema de
la !nlh.¡mna y el obrero. Los industriales calle~eros, son, pues, ~ un tiempo mismo capitalistas, obreros y c1rculadores en la manufactura de sus productos: e,; decir, van en pañales en lo que se refiere á evolución industrial.
_ A las ,veces no necesitan .capital, por pequeno 9ue este fuera.. Todos los habitantes de la
capital conocen á un individuo que desde hace aiws se gana la vida por el arte de imitar
'.'~ boca cerrada," como él clice, el canto del
Jl!~uero; recorre las calles y los sitioi, de re1,1mon un r9:paz vestido de harapos que, al encont~ar, &lt;:hen~es generosos, se despoja de su
humild1s1rna mdumentaria y aparece ataviado
de mallas. funambule,;cas, para ejecutar !!altos
y contorsiones; por último, hace pocos días
daba cuenta la prensa. de información de cierto "don:ador de p~1l~as)) que vivía de mostrar
al público las hah1h~fades de sus minúsculas
y P?Co pulcr~s "pupilas,)) y que fué consignad? a la autor~dad por denuncia de unos individuos á &lt;¡menes había estafado dinero !':O
prete_xto de enseñarles sus secretos de am~e~tram1ento.
- ~ero ésa~.son las fases cómicas de la pequena mdustna. Esta tiene mucho de serio porque revela disposiciones mal empleadas ó imperfectamente
explotadas
y que s6lo obt·1enen
,
.,
.
Una, rnmunerac1on
exigua.
Ya es el tejedor de sombreros de palma ya
el talabartero y artífice de acero ambula~te,

¡mes con el que cultirnn son "hombres libres
de posesión independiente.,,
'
A las veces, la pequeña industria tiene que
tolerar, empero, la tutela de los acaparadores
que reúnen &lt;CStocks" de determinados artefactos para venderl~&gt;s al por mayor, y en tales
casos las gananciai;: no !,On para los manufactureros, sino para los acaparadores. Siempre
sufren lm; pequefios industriales callejeros....
. De todos modos, forman un grupo simpático, que encontramos por calles y por plazas
y que merece se le consagre una mención siquiera porque, tarde ó temprano, está cl;stinado á desaparecer.
8ARDÍN.

•

�Domingo 22 de Febrero de 1903.

La muerte del Maestro Altamirano.
TIECDfO A~IVERSARIO.

El Liceo ccAltamiranoi, conmemoró el
10~ aniversario de la
muerte del eininente
tribuno y literato D.
Ignacio Manuel Altamirano I con una
Lrillante velada, que
se celebró la noche
del 13 del corriente
en la Cámara de Diputados.
Nada más justo que
ese homenaje á la
memoria de un hom.
.
bre que se ha hecho
molv1dable en los fastós de la literatura nacional y á quien unánimemente se concedió el
tratamiento de «~Iaestro.»
Altamirano murió en San Remo (Italia) 1
el 13 de Febrero de 1893 y obedeciendo á un
deseo por él manifestado se incineró su cadáver, siendo traído á México en donde se le
hicieron suntuosos funerale; de carácter nacional.
Creemos proporcionar una satisfacci6n á los
~umerosos admiradores del maestro, reproduciendo en estas columnas las fotografías del
túmulo levantado hace diez años en la Cámara d~ Diputados para sustentar la urna que
?ontien~ las cenizas; la de la «villa» en que el
Ilustre literato pasó sus últimos días en San
Remo; y de la recámara ele esa «villa,1, en la
cual murió:

EL liUNDO ILUSTRADO
brehumano, lo sobrenatural y lo ultraadmirable; puede embriagar como el vino, arrobar
como un éxtasis; puede á un mismo tiempo
poseer nuestra inteligencia, nuestro espíritu,
nuestro cuerpo; puede, en fin , llegará lo abso:uto.
Un verso perfecto y absoluto, inmutable,
inmortal, tiene en sí las palabras con la cohesión de un diamante; encima. el pensamiento,
como en un círculo preciso que ninguna fuerza conseguirá jamás romper; se hace independiente de toda conexión y de toda sugestión,
no pertenece ya al artífice, sino que es de todos
y de nadie, como el espacio, como la luz, como las cosas inmanentes y perpetuas. Un pensamiento fielmente expresado en un verso perfecto, es un pensamiento que existía ((reformado» en la obscma profundidad de la lengua.
Extraído por el poeta, «continúa» existiendo

EL MUNDO ILUSTRADO
en la conciencia de los hombres. El más grande poeta es, pues, aquel que sabi, describir
desenvolver, extraer el mayor núrnero de
ideales preformaciones. Cuando el poeta est4
próximo á descubrir uno de esos versos eternos, es advertido por un divino torrente de
alegría, que le invade todo su eer.

e-

GABRIEL D'ANNUNZIO.

LA CAMPANA SORDA
la primer campana de aquel pueblo:
J UE
una campana sorda, mal construída for_mada de ~etales ordinarios y gran~s de.

~

escoria por encima; una campana fea que ij
gente vi6 con admiración, porque
había

1;0

***
Así en las sociedades es frecuente encontrar
individuos cuya vida va acompañada de falaz
renombre, como el de la campana aquí descrita; hombres necios que pasan por lumbreras,
á causa de una fama primitiva, que se formó
en· la obscuridad de un pueblo y que dura aún
después de la conquista que de la luz brillante del progreso el mismo pueblo realizó; de
arcilla, ídolos contrahechos y ordinario!&lt;, que
la mayor presión no aguantarían, pero que no
hay quien á tocarlos llegue, aunque venga
ocasión que así lo exija, porque-toscos y llenos de miseria-son ídolos, al fin, que el n1lgo admira; gentecampa11a que jamás quisiera
estar de otra campana en compañía, que sonara mejor y que exhibiera aquella fama ruin
como ficticia!,
CARLOS A. lMENDIA.

EL VERSO.

Honduras

~ verso
es todo. En la imitación de la
L,
Naturaleza, ningún instrumento de
arte es más vivo, ágil aoudo vari0

1t

Se hizo de fama la campana sorda, á fuerza
de alabanzas y de citas, y muchos que no oyeron su tañido la tomaron al fin por m&lt;travilla.
Tan pausada sonaba en ocasiones, tan grave, tan formal, que parecía que los elogios de
la pobre gente los creyó merecidos ella misma.
i\Iucho tiempo después, otras camranas hicieron á la vieja compañía; unas campanas
fuertes y vibrantes, graciosa forma, voces argentinas, que, á través de los campos, á gran
trecho, el transeunte con placer oía.
Hubo comparaciones ......... ¡todo en vano!
8iempre triunfaba la campana antigua, porque fué la primera, de aquel pueblo, la única
en cien años; la que había impresiouado tanto á los vecinos en muchos de sus goces y desdichas; y, sobre todo, porque, aunque era falsa la fama de valiosa que tenía, en este mundo
es más, algunas VP.ces, que la gloria real la
que es ficticia, cuando el cariño ó la ignorancia insisten en que tiene e¡¡plendor lo que no
brilla.

PENSAMIENTOS:

Los panoramas.de
la ciencia y de la
erudición del hombre constituyen un
.ispectáculo inmenso, en que se ve revelarse toda el alma
de la humanidad,
con sus aspiraciones
y flaquezas, su incesante curiosidad y
sus angustias, y su
deseo supremo, nunca satisfecho, de con~cer, de saber y de
remar.

*

La ciencia ha
transformado el
mundo, aunque sea
r'lro que se le haga
la justicia y se le
rinda el agradecimiento que le son
debidos.

*

Las causas que
provienen de ~sotros valen más que
las que nacen de las
cosas.

"'

El amor de sí mis•
mo no sólo no es
contrario ú 11\ sociedad, sino que es su
apoyo más firme.

*

El que no está de
acuerdo comügomismo, no está de acuerdo con nadie.

ANIV ER SARIO DE LA MU E RTE DEALTAMIRANO.-Túmulo formado
en la Cámara en 1893, para sustentar la urna funeraria.

;,,;,r..,~.r..,~.'4-;'?-.1-C~....~.,_,,..,~-~-~-r..,.:,,..~.~-~-r.., "'1-.~-~-~-,._,,..-~_r..,:,¡.,~.r..,~.r..,~_r..,.,,...r..,,-'í'l,.~.~.r..,~ ~.r..,~,r..,"')-,r..,"'},r..,:;,i._r..,-'í'l,.~.r..,..:;¡.,r..,~.~-r..,!;'!,,r..,~,r..,&gt;;!J.,r..,_,,,

mt;1 lff
,
' sensible,
º
' fiel.'
1 orme, plastico,
obediente,
Mas compacto que el mármol, mús maleable
que la cera, más sutil que un fluido, más \'ibrante que una cuerda más luminoso que una
gema, más fragante qu'e una flor, más cortanJ,e 9ue una espada, más flexible que un junqmllo, más acariciador que un murmurio, más
r'\~'t
. , ...-_ . f/?:';-.-,•
~
terrible que un
\ :i\t
: :-Z;_,,1.-- · · trueno. Puede
~
expresar y repe~ .\
tir los más rníni1
mos movimientos del sentimien
to y los mús se•
cretos impulsos
de la sensación;
puelle definir lo
definible y ex pre
sar lo inefable;
puede abrazar lo
limitado y sondear el abismo;
puede abarcar dimensior.es de eternidad; puede
representar lo so-

. 1\.
~

Domingo 22 de Febrero de 1903.

/J.il

Recámara en que murió el Maestro Altamirano. (Fotografía tJmada momentos _después de retirado el cadáver.

olra en aqnel lugar que se prestara á establ
cer comparación precisa.
Sonaba sin cesar, sonido hueco, monúton
Y profundo, que Psparcía lo mismo en los placeres de aquel pueblo como cuando anuncia
ha sus desdichas.
'
- ¡Pobre de quien incauto se atreviera á
nerle defectos! Respondía en su favor el veci
dario todo, y se le echaba en cara que era e
vidia ........ .

MERCADOS DE LA t.,;APITAL.-lnterior de "La Merced."

•

�Domingo 22 de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRA:&gt;O

Domi,ngo 2;1. de FPbrero de lf!03. ·

EL MUNDO ILUSTRADO

Nocturno.

~

...

. ~=

-

,,,;x~- - ---== ==== =

Corrida de aficionados en San Luis Potosí.-El tendido de sombra.

¿No ves que obscuro está? Su opaco velo
tiende la sombra en la extensión vacía,
y desciende la noche desde el cielo
como una maldición áspel'a y fría.
El mar entre las rocas que lo oprimen
su secreto furor calla y refrena.
y en el cercano ancón las ondas gimen
y se tienden cansadas en la arena.
De la llanura solitaria el viento
ruge con voz que sobrecoge y pasma
y hace ten~bla'r á un árbol macilento
y crujir su silueta de fantasma.
La densa obscuridad mi mente ofusca ......
¡es de mi ayer la triste remembranza!
¡.Mi ser ansioso en tus pupilas busca
la salvadora luz de la esp.eranza!
Yen más cerca de mí. Tuya es la mano
que estrecho con p·aRión mientras suspiras.
No temas ni á las sombras ni al océano.
¡Se harán de luz si con amo1{ me miras!
Aquí juntos los dos, donde no escucho
del hu mano festín el torpe ruido,
quiero decirte que te quiero mucho
y que me mata de pesar tu olvido.
Dime la frase que anhelante espero·
en ia ansiedad mi espíritu se abism~.
¡Hablas, al fin! ...... ¿qué dices?

EL TIRSO Y LA CRUZ.
. En P.l espeso bosque, á la luz del crepúsculo moribundo que
incendiaba las alta8 copas de los árboles; en la senda auchurosk v bordada de flores olorosaF, Cristo. y Baco se_ encontr~ron.
.- El rnl agonizaba semejando uua mmensa forJa y hác1endo
de la penumbra del Ocaso un apismo centelleante.
DionisoF el hermoso mancebo de cabellos de oro y faz desbordante de ¡legría, entregaba al viento las armonías de su risa
y descendía de la alta c.umbre donde se celebraba fastuosamente el holocausto del astro del fuego.
.
El mancebo, curtido en pugnas amorosas y en la_ embnaguez lenta del vino (]Ue s~ ferment~ en los lagares de Chipre, descendía, llevaH&lt;lo en la diestra el tuso de flores, y coronado de
hojas de higuera, entonaba con clamor bélico el ¡Evohé! de la
cmrera triunfadora.
Al llegar á la curva del camino, vió á un hombre que
marchaba con paso incierto, llevando Fobre el hombro la cruz
del aResino y que Rtibía hasta las cumbres del Ocaso.
El caminante era un hebreo de augui;to semblante, envuelto
en ancha túnica, y rendido al peso abrumador de la cruz, doblaba la frente don&lt;le se adivinaba la aurora del martirio.
El dio~ heleno detuvo ele !-Úhito su cantar alborozado, sintiendo hondn. emoción al ver al Nazareno coronado de espinas y
de lumbre.
.
·Sublime azar! En la yere&lt;la campestre que serpentea entre
rosas' y ]ameles, se bailaron frente á frente la intensidad de la
alegría y la tristeza eterna ele las almas.
Claváronse ambos la mirada de sus ojos de anhelo y E&lt;ip:uieron su camino lentamente: Dionisos sin su coro de bacantes, y Cri~to sin su escolta de sayones.
•

Para las oi«imas de la peste.
Es verdaderamente plausible el entusiasmo
con que en todo el país se organizan fiestas de
caridad, con el objeto de reunir fondos destinados al auxilio de las víctimas de la Peste
Negra.
En San Luis Potosí, el Centro Taurino arregló una corrida de aficionados, que alcanzó un
brillante éxito, y que fué pre8idida por las
señoritas Guadalupe del Hoyo, Guarlalu pe
Villalba, Ana María y Josefina Facha, Lidia
y Esther Robledo, Dolores Astegui, Refugio
Ortega, Esther Agüero; Josefina Diiiz, Leonor Unna, Carmen y .Matilde Landeta, Emilia Gómez, Dolores Llera, Victoria y Enrique·ta Jurado, Carmen Yelasco, Emilia Reyes y
Socorro é Isabel Palau. Se lidiaron toros ele
las ganaderías prin&lt;'ipales y la función fué
amenizada por las músicas de la Escuela Industrial y del 15 Batallón.
La cuadrilla estuvo formada por los siguien •
tes aficionados: Alfredo Torroella, Elías L. de
la Cerda y )Ianuel Fernánclez, matadores;
Cutberto Zaragoza, :\forcelino Ramírez, José
Sánchez, y Diego Ramírez, picadbref&lt;; Antonio García, Nicolr.s Romero, Manuel Esquive!, Alberto G. Igueravide y Luis Nieto, banderilleros.

◊

Cuántas veces las almas se cruzan en la vereda obscura de
la vida entre risas y dolores: Baco chorreando el embriagante vi. no, y Cristo empurpurado con la sangre de sus venas!

1903.
ALFONSO DUBLÁN.

C UÑO.

Grupo de socios del Centro Taurirfo de San Luis Potosí.

- «¡Yo te quiero
más que á mi sa,lvación, más que á mí misma!
Mi seno es como el mar: reposa en calma
mientras no soplan borrascosos vientos.....
¡tú coronas de e~c;pumas en mi alma
oleadas de agitados sentimientos!
X uestro es el porvenir. ..... no desesperes;
verás cómo se alumhra el mar sombrío;
tuyo es el corazón que tanto quieres:
b_o rra el pasado: ¡tu presente es mío!))
Es ese instante, del Cileste coro
se escuchan inefables barcarolas,
ábrese el cielo, y como flechas de oro
van los rayos de luz sobre las olas.
Vuelan los geniecillos y querubes,
la bruma en los espacios se dilata,
y sonríe la luna entre las nubes
como una reina en su sitial d1i plata.
FERNANDO DE ZAYAS.

Era un perfil austero de líneas de medalla,
Gestos y porte duros, indómita cabeza,
Y en su cruel pupila reflejos de batalla,
Y en sus altivos labios blasones de grandeza.
Su acento era como una vibrante melodía,
Su cabellera un casco bruñido y luminoso,
La lumbre de sus ojos, qué ardiente mediodía,
StB senos, qué suave cojín para el reposo.
Oh, juventud!· y entonces sonaron tus esquilas,
Y entonces las estrofas de brillos estelares
Bogaron en mi sueño de láminas tranquilas
Com~ en las quie.t..s fuentes los cisnes familiares.

:&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;oó&lt;X&gt;&lt;X&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;X&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt; &lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;
A los genios no se les compara, porque no hay unidad que sirva para
medirlos.

***

,J
El alma no se entrega á la desesperación sin haber agotauo
tod as l as
ilusiones.

***

La melancoha es el placer de estar triste.

Bramó mi sangre entonces como un turbión deshecho,
Corrió mi sangre hirviente como un alud que rueda,
Y golpeó la dura muralla de mi pecho
Como.un tenaz martillo que bate una moneda.
En mi éxtasis inmóvil forjaba su sonido
Afades de conquista y ardores de batalla,
Y el golpe de la sangre, fogoso y repetido,
Grab6 en mi pecho el busto de líneas de medalla.

:k

Nuestras. quimeras son los objeI~: que más se nos parecen. Cada cual
sueña lo desconocido y lo imposible con relación á su naturaleza.
NUESTRO PAIS.-Templo de Guadalupe de Zacatecas y Plaza Principal.

EFREX REBOLLEDO,

�Domingo 22 de F,1brer,J de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 22 de Fébrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

LA INSTITUTRIZ.
....

NOVEL.A POR ESTER DE SUZE.

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

TRADUCCION DI: "l:L nUNDO ILU!;TRADO,"
(CONTINÚA.)

¿Hijos? ¿AcaRo habría para educarlos, con sueldos tan mezquinos?............. ~le hacía las cuentas, indicaba sus ganancias, por una
parte, y por otra los gastos indispensabltis ya, los que vendrían despu6s, más imperiosos á cada nuevo hijo.
Y estallando de indignación, decía:
-Vamos, ¿concibe usted tal cosa, ~eñorita? ¿Ochenta francos
mensuales para un profesor......... es bastante? ¿Cómo quiere usted
que se sea jefe de familia con tan poco? ¿Xo es en el hogar del preceptor donde debía florecer el niño con más ablmdanda'? ¡Qué ciudadanos haríamos de ellos! Xosotros sabemos cuáles son nuestros
ideales de honor, de mora!, de patriotismo! Sería el ejemplo, el que
nutriera á nuestros hijos, al mismo tiempo- que á todos los de la comarca, á quienes derramamos nuestras almas....... Nuestro papel es
precioso. Nosotros educamos á los hijos de Francia. El país no quiere entendf'rlo. N"os abandona sin una retribución ho11orable ...... Si
no fuese por la firme fe en la belleza de nuestra misión, que nos mantiene muy altos ¿hasta dónde caeríamos en la estima agena y en la
propia por la falta de f(1ndos, que en nuestro siglo constituye una
tara? ........ .
¡Oh! ¡Esta tara que trae consigo otras vergonwsas, indelebles!. ..

~le mostraba entre los monte?, como en otro tiempo lo hicirra
Victorina, aldeas que conocía yo ahora, y me nombraba á las preceptoras con quienes me habían hecho trabar relación.
. -Ahi tiene usted: la señorita Chauchat, de Greoux, y la señorita Agnel, de Bramafan, y la señorita Perrin, dé Frenes, todas, tocias ......... ¿No le parece á usted que son gentiles, inteligentes, sanas'?
¿No 1:ierían dado caso, excelentes madres de familia, esposas mo&lt;lelo,'
esas niña!' modestas é instruídas que adoran el bien y que no desean
nada .,extraordinario? ¿Pero, quién las querrá por esposas' con esa instrucc1on, que es tan estorbosa para un horubrn inferior y con e;;ta
pobreza que es tan horrible para los que ef&lt;tán un poco m{ts alto? ¿El
profesor? Este sería el ideal. Peto, ¿cómo podría casarse el profesor,
siendo tan pobre como ella? ¿No ha notado usted que todos loll profesores de las cercanías, y aún el de Charnux, donde usted está, sn
han casado con mujeres relativamente ricas? ¿Pero las institutrices,
entonces, para quién se quedan? ¿Quién se casará con esas criaturas
desdichadas,
condenadas á un solterismo ]Jerpetuo ' es decirJ ú la des.,
esperac10n, puesto que la soltería es forzada'?
. , Al hablar así, agitó e.nérgicamente el brazo en el aire, y luego le
deJo caer en la mesa. La Joven esposa alz6 los ojos y le mir6 llena de

temor. El sonrió y le habl6 con voz que me desgarró las entrañas.
-¿Y tú? ¿Y nosotros·? Sí, querida ......... Pero el nuestro es un
caso excepcional, un heroísmo de nuestro amor: nos~tros hemos aceptado ele antemano todos los sufrimientos que presentlamos ... ••• Aceptamos nuestra suerte, que para mí, ha sido buena porque te amo!
¡Pero para tí. ........ p0brecillal
.
La joven se alarmó, por bondad, creyéndome celo8a, y qmso con
una broma, impedirle que continuara.
. .
-¡Vaya si ere8 pretencioso! A ver, ven acá, señor mdispensable,
acompáñanos, vamos á cortar flores.
.
.
No me moví de mi asiento, seguía escuchando con los labios opnmidos. La joven volvió á sentarse cerca de nosotros. Su esposo prosigui6, ya calmado, pero más tristemente:
.
.
-¿Por qué no había yo ele ser .franco? Tú eres fehz, )'. la ~1cha
Hace á uno ignorante; pero la eeñonta María Tere.sa es más mtehgente que muchas. Quizú no se ha quejado por sí misma de su soled~d;
pero seguramente ha adivi.nado la de s~s ~ompañeras, cuando ha 1tlo
á visitarlas á ,;u, casm:. Diga usted, eenor1ta, ¿no ha pensado ust~d
que la soledad de esas jóvenes &lt;'Stá poblada. de locuras que acabaran
probablemente por una desgracia?
.
Pedía luces á mi clarividencia, y me nombraba á la señorita
Chat11.:hat, á quien un riro propietario de Greoux cortejaba e~c_:in~alosamente, aunque deciclido í1 no casarse nunca con .ella; la st•norita
Perrin en el mismo caso; la señorita Agnel, persegmda por un mo~o
de gra.:1ja, que el la no acPptaría jamás como esposo, y del cu~! n;d~e
podría defenderla. Agregó e11 voz alta el nombre de la seíionta I ehsier, ele Distroit, en quien ni siquiera podí~ yo pensar, porque su aldea estaba lejos de nuestro medio habitual.
•
-No es un c"riado de granja el que persigue á ésta; es ella _misma, cuyo corazón lucha, seg6J1 dicen, para re,-hazar .las seducciones
del joven Marcial de Breves, el muchacho guapo á qmen usted conoce, porque viene con frecuencia á cazar por estos co!1tornos.. Ella está
sola· él es atrevido; la considera como una pobrec1lla flor ignorada;
nadie se indignará si llega á cortarla. ¡ Pues bien! Si sucumbe, si sucumben las demás, esas hijas de padres virtuosos, e&lt;lu~adas en el_honor, profesoras de moral, puras; si sucumben, no sera dolorosís1_ma
la caída, cuando era tan sencillo, tan honrado, tan fructuoso evitar
esas desdichas?
No respondí. En mi pensamiento aturdido, añadía á esas historias las que me había referido Phrasia: la. antigua institutriz de
Greoux y mil otras, sabidas de~pués con detalles tan penosos! ..... .
En' la casa. de Pinet, á cada jueves en que los esposos me retenían á su lado palidecía ante tales recuerdos, que me enloquecían.
Y como si no' formasen .sino una cadena temible, las desdichadas
p;ofesoras caídas en el abismo-¡felizmente raras!-se confundían para mí con las otras, las que no habían caído aún, y que se encontraban al borde del abismo! Las que estaban al principio &lt;le! drama y
las que habían llegado al epílogo. Pero quizá nadie había llorado á
las primeras, y toda la ternura de mi alma iba hacia las segundas, al
mismo tiempo que la elocuencia del joven maestro de escu,ila. ¡Oh!
¡Quién conoce el remedio que él proponía!. ........ Y preguntaba. balbucientP., oprimida por una inmensa angustia:
-Diga usted, ¿cómo evitarlo, señor Albert?......... ¿Cree usted,
realmente,que hay alguno? ..... .
La joven esposa, entristecida por tantas cosas serias, no pensaba
ya en distraernos ...... y él, entonc~s cletallaba ~u grande1 h.ermoso y
sencillo sueíio: los profesores amplia.mente retribuidos, s1qu1era como
un juez de paz de cantón, y obligados á casarse con un.a profesora,
antes de obtener su puesto.
-Obligados, sí. ¿Por qué no? ¿Por qué no se puede obli.1mr al amor?
Porque los profesores á quienes se quisiera impulsar hacia las profesoras preferirían precisamente á)as hijas de los comerciantes, á. las
obre/as 6 á las campesinas. ¡Vaya! El amor no es tan ciego, puesto
que siempre va tras la dote ...... Irá también tras de las profesoras, al
mP.nos casi siempre, cuando se diga á los jóvenes: "Bueno: ya sois
hombres; por lo tanto, 11&lt;1 es preciso manteneros; vosotros sabréis irla
pasando......... Pero, á vuestro lado están las jóvenes á quienes enviamos á los campos y que se encuentran solas, abandonadas {i su
propia suerte, en tanto que vosotros sois los únicos maridos posibles
para. ellas...... ¡Ah! ¡ No tendréi'! de qué quejaros si escucháis nuestros consejos! Tan inteligentes y tan cultas como vosotros, se identificarán con vuestro ser, como la pluma y el pensamiento se unifican
en la página ........... Y para tentaros, así como para ayudaros en la
formación ele ese hogar, á cada uno de vosotros que haya escogido
esposa entre esas pobres muchachas, se os dará un sueldo digno de
vuestro valor y de vuestro hogar» ......... ¿,Eh? ¿Diga usted, señorita,
cuando hayan oído ese lenguaje, habrá muchos que resistan?
Me hablaba directamtmte, aguardando mi aprobación. Y yo sentía la frente más pesada. La joven, más alegre y menor que yo, interrumpi6 la @olemnidad del discurso.
-Bah! hijo mío, tú predicas y predicas ..... Pero no aumentarán el sueldo y te llevas el gran chasco: ya ves, ya tienes mujer.
Y enlazó con sus brazos el cudlo del esposo, como si tratara de
retenerlo. El la rechazó suavemente, pero con gravedad.
-Tú sabes muy bien que yo uo predico por tí, sino por los demás ..... .
Les sonreí, y con la voz un tanto temblorosa, murmuré:
-Deje usted predicará su esposo, señora. Quizás el viento lleve
sus sermones hasta la cámara, y se formule y apruebe una ley, y de
repente todas las profesoras quE:den provistas de marido, inclusive
yo.

Reí aunque me sentía demasiado turbada. El joven hizo un
ademún 'para significar que yo no quedaba incluid~ ~nd la cue~ta. r,
-Oh! señorita, usted es como la señorita Monn, ; 8an . om,rn.
La conversación cambió de pronto. ~[i voz recobro su firmeza,
y la del joven dejó de i,arecerme generosa y turb~dora.
-Ve ustecl con frecuencia á la señorita l\1orm?
-Sí algunas veces. Siempre tan dulce y tan piadosa!
.
-D; seguro! Rí; es. piadosa-dij?_ la señora de Albert, deJando
I
perderse i't 10 lejos su mirada-Esa .mna es un ángel.••••••
Y luecro dirigiéndose á su mando:
o '
.,
-Ya lo Yes, señor,que la señorita. Romaine no ;s una excepc~on
tan rara! Alli está la señorita Morin que puede pasarsela· muy bien
sin marido v no caerú jamás, te lo juro!
.
El jo,~11 torcía un cigarrillo, &lt;lió algunos pasos hacia afuera, para mirar el sol poniente.
-Ah qué hermoso está el tiempo! Qué hermosos EOn, ell verdad,
nuestros Alpe1l
Le seguimos en silencio por algunos ?1omento~. admirando el
horizonte limitado por las montañas. Del cielo parec1a caer algo como una lluvia de paz, en ondas de imponderabh• pú,rpura y de or~
fluido ruya corriente se apartaba ~le la !!anura, subia lentamente a
Jo largo de los cotos, ha,;ta llegar a las cunas, que resplandecían solas, en la gloria de e~úR últimos rayos de sol, en tanto que la somb~a
quedaba abajo, se extendía por los campos y ganaba las aldeas mus
altas.
En e~as aldeas se extinguieron uno á uno los reflejos de luz que
bañaban aún los campanarios ú se. quebraban sobre las v!dri~ra~, y
se cambiaron en griseR, como horrados del panorama, y dismmmclos
de tamaño.
(CONTINUARÁ.)

BRll,LflNTES 60PHIR
La imitación más perfeeta del mnndo
MANDENOS SU NO)IBRE

Y

DIREC-

CIOX pa1•a manclarle nuesti•o NUEVO Y
PRECIOSO CATALOGO ILUSTRADO, que
le clm•á una magnífica desc1•ipción de nuestms ma1•avillosas alhajas, que son tan pei•·
fectas, que sus amigos no las distinguen de
las ve1•da&lt;leras.

NLJestra gararitia
Garantizamos todas vcada una de nuestras pied1•as, que 1·etend1•{m su bt•illo siem¡n•e; las montaclnras se1•{rn satisfactorias
bajo nuestl'a gai·antía también. Entl'ega1•emos $ 10. 000 á cualquier institución de
ca1•idacl, siempre que se nos demuestre cine
nos hemos negado alguna vez á cambiar
una 1&gt;ied1•a que no sea exactamente como la
desc1•ibimos.

NO llAY QUE CONFUNDIR LOS BRILLANTES

GOPl.tlH
con las llamadas pied1•as del Rhin, de Alaska, Brasileñas, de Sumaüa, de Bolivia y de
::\fontana, ú otras imitaciones cualquie1•a
que sea el nomb1•e que se les dé.

AVISO
Nuestra rasa no ti&lt;'ne A~entes viajeros: de manera que enalquier Jll'llido delJerá. h:u·erse directamente a 11osot1•0,-: no hacicndonos responsables lle
las Yl'ntas tttie se ha;.:;an por otro conduc·to.

Los brillantes GOPHIR
son las únieas imitaciones descul&gt;it•1•tas
l1~1sta el dia. 11111• consel'\'an su IJ1•illo ¡mm
s1e111¡we.
Dh•íjanst• á

GOPBIB OIRfflOND Go.
Departa,nento

o.

2.ª calle de Plateros, nítm. 11
MÉXICO, D. F.

•

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 22 de Febrero de 1903.

•

Industrias que Progresan:.
•

Todos estos departamentos
Entre las industrias que duson amplios y están muy bien
rante lo~ últimos afios han lleventilados.
•
gado en el país á una era de
En los salones principales, se
prosperidad envidiable, ocupa
tuerce la magnífica hoja de Valugar preferente la del tabaco,
lle :N'acional y en ellos encuenque tanto contribuye al destran ocupación más de 450
arrollo de nuestro comercio y
operarios de obra fina, que
que está reputada hoy por h~y
transforman la valiosa planta
como uno ele los filones mas
en una variedad de vitolas qu1:
preciados de la riquezn nacioabastece después los mercados
nal.
acrecentando la fama de la imPocas, en efecto, son las que
portante negociación industrial
como estaindu.,tria, han realipor la irreprochable manufaczado en un período de tiempo
tma del producto.
relativa mente corto, adelantos
Para que nuestros lectores
tan notables; pues quien retengan una idea de la imporcuerde lo que era hace treinta
tancia ele la fabricación, direaños, no podrá menos de asomu1os que «La Pruel.m» dabora
brarse al ver el incremento que
diariamente sobre 60,000 pu•
cada día toma entre nosotros
ros. De éstos una buena parte
y el grado de prosperidad á
se dedica con especialidad á la
que alcanza en esta época de
marca «Flor ele Balsa,» que se
paz tan fecunda en bienes para
exporta para los Estados Unila República y tan propicia al
dos, Europa, y, en suma, para
establecimiento de las grandes
las naciones principales del
empresas.
mundo.
Factor muy importante de
la industria á que nos referiLos Sres. Balsa Hnos. han
mos, es «La Prueba,» de los sepuesto escrupulosa atención en
ñores Balsa Hnos., tan conoel despacho de sus productos
cida en el comercio y tan a prepara el extranjero, logrando á
ciada por la inmejorable califuerza de constancia y empeño,
dad ele sus productos. Esta caganarse los mejores mercados.
sa, cuyos propietarios son duePara efectuar este despacho, se
ños de las famosas plantacioda á los puros un peso especial
nes de tabaco de Valle Naciopara los diferentes países en
nal (~::stado de Oaxaca), fu~
que así se requiere, como
establecida en Veracruz el nfio
Inglaterra, donde en virtud de
ele 1869 por el Sr. D. ,José Ballos crecidos impuestos, exigen
sa y Río, padre ael actual Adlos tabacos ligeros de peso y
ministrador Gerente,Sr. D. ,Jomuy claros de color.
sé Balsa.
La fábrica, situada en la esquina ele las calles de Zamora
El brillante éxito obtenido
é Hidalgo, en \'eracruz, se exen su empresa por los sefioreA
tiende por la de l\Iiguel Lerdo,
Balsa Hnos., les obligó á estaSR. JOSE BA LSA, Administrador gerente de "La Prueba".
y es una maciza construcción
blecer en Puebla una sucursal,
de &lt;los pisos, que cubre una
montada como la casa matriz
superficie de 2í,j por 125 pies. La planta bago. En cuanto al segundo piso, que se destide Yeracruz, y que ofrece la ventaja de que,
ja está destinada para oficina, departamento
na á la elahoración, consta de dos grandes saen la estación ele verano, los operarios que
de empaque y almacenes para el tabaco en ralones llamados «galeias,,, donde trabajan 350
temen la inclemencia del cluna ele Vera.rruz,
ma. E::itos últimos, son suficientes para contabaqueros; un sal6n para el «rezagado i:
puedan transladarse á ella, pues allí se da
tener cinco mil tercios ele á 100 kilos, y comotro para el "despalillado,» otro para el &lt;;fi_
trabajo á los que lo solicitan.
prenden desde la calle primeramente citada
leleado» y por último, uno que sirve para la
**
hasta la ele Lerdo, fla.nq ueando :t la de Ilidal«escogida» de los puros.
Por lo que toca á •as* plantaciones
de Valle

\

Domingo 22 de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Nacional, diremos que cubre.1 una superficie
de 500 hectáras de terreno, actualmente en
cultivo, y que están consideradas como las
que producen en la República, los tabacos
más finos y más aromáticos. Prueba muy clara de esto es ~l hecho de.que, durante la guerra Ilispano americana, y cuando lns fabricantes de los Estados Cnidos estaban imposibilitados de adquirir tabaco en Cuba, enviaron sus representantes á México y compraron
· enormes cantidades que fueron empleadas en
sus fábricas. El material mexicano fué labrado y vendido como manufactura habanera,
sin que los consumidores se dieran cuenta de
ello. Es claro que el éxito obtenido se debe
exclusivamente :'t la buena calidad de la hoja
empleada y que aquélla fué una buena ocasión para que los fumadores de los Estados
t:'nidos se familia.rizaran, sin pensarlo, quizá,
con el uso del tabaco mejor que se cosecha en
~léxico.
Por otra parte, la superioridad de los productos de «La Prueba,» está plenamente demostrada con sus triunfos obtenidos en distintas exposiciones nacionales y extranjeras. En
todas ellas, los Sres. Balsa Hnos. se han hecho acreedores á las más nltas recompensas.
Las Exposiciones á que han concurrido, son
las siguientes : \rqrld's Columbian Exposition, Chicago, 189&amp;; Jnternational Exposition,
Philadelphia, 1876; Expm,ición• Naciunal de
México, 1876; Exposición Cniversal de París,
1889; Primera Exposición Veracruzana, 1881;
Exposici6n ~Iunici pal de ~léxico, 1875; Cotton Sta tes Jnternational Exposition, Atlanta,
1895; Exposición iiunicipal de Puebla, 1880;
Exposici6n Municipal de Tepic, 1883; Exposición Mexicana en París, 1889. En todos estos torneos de la actividad humana, «La Prueba» obtuvo honrosísimas recompensas.
c&lt;El favor que todos los fumadores inteligentes dispensan á los puros de c,La Prueba» dice una importante publicación que tenemos á

Edificio., de la Sucursal de "La Prueba," en Puebla.

la vista--se debe á la uniformidad de su torcido y al sabor siempre idéntico que los ha
caracteriza.do. Se puede asegurar que en el
mundo entero no hay fumador de competencia. reconocida, que no haya saboreado los puros de «La Prueba."
«El Sr. D. José Balsa y Río, fundador
de la firma Balsa y Hermano fué reputado
como el más incansable adalid en el comercio
de tabaco en rama y en el de su manufactura.
Consagró su vida entera al progreso de
la industria tabaquera, menospreciando
trabajos y desembolsos, á fin de ponerla
á la altura en que se
encuentra, y es la
más adelantada entre todas las de este
país. Fué el descubridor de los famosos
terrenos situados en
Valle Nacional que
son los más adaptables para la siembra
del tabaco. Fué un
hombre &lt;le energía,
de empresa y de habilidad que supo conquistar su fama s&amp;tisfaciendo con los puros de. su marca «La
Prueba" los g_ustos

más refinados de todos los fumadores del
mundo.,:

***

En la sucursal ele Puebla los Sres. Balsa
Hnos. tienen 180 operarios; y con motivo ele
la creciente demanda de todos sus artículos,
han abierto otra sucursal en Jalapa, donde por
el momento tien~n trabajando lüO tabaqueros.
•
Por una casualidad pudimos obtener ele uno
de sus amigos una fotografía del Sr. José Balsa, Administrador-gerente de la :Negociación,
la que con gusto reproducimos en nuestro periódico temerosos de que por su excestva modestia, no le sea agradable su publicación.
Este joven,que así lo podemos llamar,pues
solo cuenta 26 años, administrn y dirige tan
importante negociación con el acierto y prudencia. que el hombre más experimentnclo en
negocios tabaqueros. Caballeroso y serio en
sus tratos, caritativo y liberal como pocos
con sus numerosos empleados y obreros, ve
con
tanto al de
, el mismo
, cariño y atención
,
mas categona como al mas humilde.
Xo sería justo terminar en fSte semanario
la descripción ilustrada que hacemos de la importante Fúbrica ~Iexicana de Tabacos "La
Prueba," sin hacer también mención dio-na
y
0
honrosa de lo:. Sres. D. Román l\Iaciá y D.
Bernardo Casanueva, hermanos políticos del
Sr. D. J 011é Balsa, inteligentes financieros en
asuntos tabacaleros, y cooperadores infatigables de la magna industria.

.

•

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 8, Febrero 22</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>LA PRELLE SHOE CO., ST. LOUIS, MO., U. S. A.
"REMATADORES DE FAMA DEL MUNDO"

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EL MUNDO ILUSTRADO
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Pw "'•lna J "~"'" .., 11111■1 ••l1■111~
. . . . LIIIUILIIIANT'NAN . .FIIIIAII UTA ftaM
_ _ _ _ ., o

SAINT-RAPHAEL, ·

(

*• ., ......

·~

Vino fortificante, digestivo, tónico, reconstituyente, de sabor excelente,
más eficaz para las personas debilitadas que los ferrugir,osos y las quinas.
Conservado por el método de M, Pasteur. Prescríbese en las molestias del
estómago, la clorosis, la anemia y las convalecencias; este vino se reco.
mienda á las personas de edad, i las mujeres, jóvenes y á los niños.

AVISO MUY IMPORTANTE.
El único VINO auténtico de S. RAPHAEL el solo que tiene el derecho
de llamarse así, el solo que es legítimo y de que se hace mención en el
furmulario del Profesor BOUCHARDAT, es el de Mrs. CLEMENT y Cia.,
de Valence (Crome, Francia).-Cada Botella lleva la marca de la Unión de
los Frabricantes y en el pescuezo un medallón anunciando el "CLETEAS."
Los demás son groseras y peligrosas falsificaciones.

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CUADRO DE FABRES.

�EL .MUNDO ILUSTRADO

Domingo 15 de Febrero de 1903.

tas dos Eiudades
Un buen teutón amigo me ha dicho con frecuencia:
-Para mí, México no es una ciudad: son
dos ciudades que por azar y por las exigencias de su desarrollo han llegado á tocarse, á
besarse, como dos hermanas diferentes eri edad
y en educación, moralmente alejadas la una
de la otra, pero que ante el mundo aparecen
unidas y se acarician sólo por el respeto al
apellido que las une... . .... .
Y tiene razón el teutón. Sobre la superficie
de la tierra, con sobrada frecuencia se ha dado
el caso de que dos villorrio!', fundados en tiempos primitivos no muy lejos el uno del otro,
para las distancias actuales, pero sí bastante
separados por las distancias de entonces, al
crecer, desarrollarse y convertirse en ciudades
populosas y extensas, agotan sus antiguos
campos circunstantes, los. «urbanizan» poco á
poco, hasta que llega el momento en que las
dos ciudades se funden entre sí y forman una
enorme m~trópoli. A las veceR, puede haber
habido diferencias de abolengo entre las dos
fundacio11e~ primitivas, y suele suceder que
al través del tiempo se traigan una huella característica de su origen, como los hombres
conservan, con frecuencia, tal ó cual rasgo fisionómico de la quinta generación ascendente· y entonces, cuando las dos ciudades se
u~en, muestran entre sí algunos rasgos de diferenciación que el tiempo va borrando paulatinamente. 'ral ha sucedido, por ejemplo,
con las dos ciudades magyares, Buda y Pesth,
antes de que del consorcio de ambas surgiera
espléndida y llena de vida la actual metrópoli y residencia real &lt;le Hungría, que al fundir
límites fundió nombres y llamóse Bu&lt;lapesth.
Todavía, empero, por seguir la tradición y
conservar esa cohorte de derechos honoríficos
que son tan caros á todas las instituciones del
viejo cuño; existe hoy una demarcación de límites c&lt;ltlornles,, entre Buda y Pesth, y cada
ciudad, cada cuartel diríamos hoy, tiene su
concejo municipal separado, por modo que el
viajero advierte muy á las claras que se encuentra en un sitio formado de dos sitios, como dice Lichtenberger.
Pero en :\léxico, ¿qué motivo hay para descubrir dos ciudadel::·? ...... Son muy distintos,
por cierto, esos moti rns que los que Budapesth alega.
Aquí no ha habido fusión de &lt;los ciudades:
a&lt;1ní ha habido una reproducción natural, una
maternidad de la vieja ciudad colonial que,
fecundada por el tiempo y por el progreso( en este orden de ideas está permitida la poligamia, sin pecado )-ha &lt;lado í~ luz una hija,
que todavía no se separa de sus faldas. Y como esta hija pertenece á otra generación, se
atavía de modo distinto que la madre, tiene
costumbres nuevas, ofrece aspecto muy distinto y sólo ha conservado de aquella la regularidad de las facciones-el trazo rectilíneo de
las calles-que ya en la madre fué señal distinguida de belleza, con que cautivó á muchos
de sus enamorados y trovadores, entre ellos al
dos veces noble Barón Alejandro de Humboldt.
La antigua ciudad colonial, la antigua l\Ietrópoli de la Nueva España, suntuo!'a como
convino á los fijosdalgo que la habitnron y rica
cual se lo permitían sus opulentas minas de
plata-metal no depreciado entonces,-se ha
conservado aún, señaladamente eu los cuarteles de oriente de la actual México; las pesadas
y resistentes construcciones que fuer&lt; n moradas palaciegas de condes y marqueses, dan
todavía albergue á linajudas familia!', y de
trecho en trecho se alzan los edificios levantados con esas piedraa rojas que para sus construcciones us6 la Inquisición, c ual si quisiera
acostumbrar á sus severos prosélitos y digna.tarios á la vista &lt;le la sangre.
Pero en el poniente de la ciudad, en ese poniente que, por misteriosa virtud es el lado fecundo de todas las ciudades modernas, ha
brotado la ciudad nueva, la coqueta, la elegante, la cosmopolita; la que no ostenta caracteres genuinos, la de calles asfaltadas y

EL MUNDO ILUSTRADO
bordadas de villas, que aquí y acullá recuerda un rinconcito cte París, ó de Viena, 6 de
Berlín, ó de cualquier sitio, porque la parte
nueva de las ciudades va asemejándoHe cada
dín más, e-orno si loR hombres quisieran fraternizar en el aspecto de sus residencias, ya que,
por desgracia, no han podido hacerlo en la índole de sus sentimientos y de sus aspiracioneA.

Pero no sólo es diferente el aspecto exterior
de las dos ciudades que hay en l\Ié:xico; las
costumbres que en ellas se observan son tan
distintas las &lt;le la una de las de la otra, que
pasando de un barrio á otro creyérase pasar _á
pol,lación situada en otro clima, en otra latitud, en otro h emisferio, y poblada con gefite
que, con la otra, no tiene un solo punto &lt;le
contacto.
Si el Barón ele Humboldt reviviese y diérase á visitar nuevamente su amada ciudad de
los palacios, habría que conducirle ele lamano para que reconociese sus antiguos sitios
predilectos y pi:ra que no creye!,e que aquellos
edificios que pudiera reconocer, no fueran sino una reproducción caprichosa de los que
mirara un día en la capital de la Nueva España, incrustados hoy en una ciudad desconoci&lt;la.
En l\Iéxico tenemos barrios que á la mirada de cualquier viajero experto parecerían
trasuntos de rincones argelinos; y á diez minutos de tramway, nos encontramos con explanadas y bulevares que-toute proportion
gardeé-pueden darnos la ilusión de vagar
ccbajo los tilos» espléndidos de Berlín ó por
las avenidas maravillosas que el Arco de Triunfo enda á todos los vientoi-, como los rayos
grises de un sol de piedra.
Ha.y muchos metropolitanos viejos que sienten un odio inextinguible para la ciudad nueva, porque dicen que e1f ella falta todo lo que
constituía la prez y el orgullo genuino y vetusto
Cuando por azar los conduce algún negocio
á las nuevas colonias de la nueva ciudad, les
parece hallarse en terreno extranjero. Y tienen
razón; de una ciudad á otra, hay un abismo
&lt;le por medio. Son otras calle!l. otras casas,
otras gentes, otro;; ruido1:1, otros silencio,:, otro3
oloree: y otros colores.
Ahora bien, ¿.gana. ó pierde la Metrópoli con
el auge admirable de la ciuda&lt;l nue,·a? Los
,,hijos del siglo,: decimos que gana. ¿Qué importa que se rindan tipos viejos que no sirven para nada? ¿Qué importa que «se cosmopolitice• nuestra ~Ietrópoli, si nosotros también hemos «cosmopolizádonos?"
¿Qué importa (Ric!) que gane la higiene y
la estética con la ciudad nueva? ...... Para recuerdos nos basta con esos ed ificios perdurables que son la Catedral, el Palacio de Minería, la Biblioteca Nacional; por lo demás, no
hay que cifrar el orgullo nacional en la conservación rlel tipo genuino del lépero, como
no hay que cifrarlo en la consen·ación ...... de
la inmutahilidad urbana. Para conservaciones, la mejor es la de la sal u&lt;l, y á ella contril,uye mucho nuestra ciudad nueva.
SARDIN.

MAGDALENA.

N

O son para narradas aquí las atrocidades

que aquel año originó la guerra, una de·Jas
mil y tantas guel't'as que por luengos años
formaron la característica de nuestro bien amado pafs. La que hace á mi propósito, fué la dispersión total de los e~tudiaotes del Seminario.
Cada quisque tomó para su casa ó para donde
pudo, y el palafoxiano quedó como me figuro al
Bolsón de Mapimí.
Entre esos emigran res se contaba Femando
Mo1·ales. cursante ya de cuarto año de Teología.
y que, siempre reconocieouo como cuartel general la casa de sus padres, fuése y corri ó tierras.
En esas correrías y en un villo1·rio del rico Estado de Mii;boacáu, le sorprendió el amor con
una de sus obligadas consecuencias. Así, como
de paso, mieot,·as desempeñaba algún empleillo
de los y ue se dau al pl'imno que se presenta,
arrulló en sus brazos y besó con indecible ternura á su hijita María, cierta cosa á manera de
querubín con que le obsequió una joven parecí-

da al pan por buena, con menos experiencia que
un pájaro que se cae del nido y cándida como las
palomas. A este entue1·to, ya malo de suyo, di6
el malvado de Fernando carácter de inícua felonía, engañando á la víctima basta. con su nom.
bre. Quiso apellidarse &lt;Valverde&gt; ante aquella
exigua. sociedad y María, siguiendo la costumbre, he1·edó el falso apellido.
Esta. posición de aventurero debía ser, y fué
en efecto, más fugaz que todas las posiciones•
porque Val verde, digo, Morales, aburrido de ea:
tarse quieto, una fresca. madruga.da ensilló un
rocina.ntillo cualquiera y tomó soleta en busca
de .... de lo que topara. Y en idas y vueltas
hastiado de no ver ni el esbozo de un porveni~
halagüeño, y en tanto que la imagen de su abandonada hijita iba borrándose en el horizonte del
tiempo, se bailó de repente con los t,·einta en el
cuerpo. Una oleada de juicio y reflexión le hizo
pensar que aquella no era vida de hombre útil·
y, obedeciendo á viejas inclinaciones que de s ú!
bito se alzaron imperiosas, estuvo en el bogar
de sus mayores á saludarlos é ingresó nuevamente al Seminario. A los pocos meses era sacerdote."

bajo la dirección del Regidor de Obras PúblicaE, Ingeniero Miguel A. de Quevedo.
Tal como ahora se encuentra, el mercado
satisface ampliamente las necesidades de aqurl
rumbo de la Capital; pues su distribución fu é
objeto de un detenido estudio, logrúndose hasta donde las dimensiones del terreno lo permitían, dará los departamentos la amplitud
necesaria y la luz y ventilación suficienl&lt;•~Cada un~ de esos departamentos, e~tá clr1-ti nado ú 1letenninadf clase de mercancíaR y dispuesto de manera que pueda asearse fácilnwnte sin deterioro de los materiales usados en la
construcción.
Publicamos en e!'te número una vista dPl
exterior &lt;lel nuevo mercado.

~

***

Diez y ocho años hacía ya que el señor cura
Morales, con beneplácito de sus feligreses y visible provecho para. las almas, llenaba derechamente su ministerio.
En el fondo de una pieza amplia de la casa cural, á medias enti biada por una raya del sol poniente que se atrevía por las cortmas de la vidriera, encuentra mi oal'l'ación a.l párroco y al
doctor, visita diaria, platicando mano á mano.
Sentados junto á la mesa. escritorio en que se
despachan los asuntos eclesiásticos, saborean
un chocolate de chuparse los labios, á lo que
creo, trns del que van, á guisa de epílogo, dos 6
tres cigarros coleados y una conversación plenamente fraternal. Eran los dos lo que llamamos
contemporáneos, frisando con los cuarenta 1
o~ho y cincuenta, de sobra edad competente para
filosofar acerca de la muerte, del consabido &lt;más
allá&gt; y otras amenidades por ese tenor. Cuando
habían hecho eso, daban pábulo á sus aficiones
literarias turnándose en la lectura de tal cual
trozo de clásicos españoles ó espigando en la literatura franc1,sa., de que el p1·esb1t3ro tenía UD
más que regular acopio. Y luego corría el palique de la política local á la nacional y aun á la
internacional, basta que, agotados esos recursos,
tomaban los periódicos del día.
El seilor cura pasó uno de tantos al doctor.
-A ver si usted encuentra algo notable, dijo.
El médico revisó de alto á bajo las columnu,
deteniéndose aquí, pasando acu.lá. Al fin hizo
observar:
-Pues, quitando esto del escándalo ... .
-Sí, lo leí..... Y ¿conoce usted á alguien de
los que allí figuran,'
-Uoicamente y de vista, á la dama que motivó la reyerta, mujer hermosísima, positivamen•
te hermosa. Cuando se la vé, con el aire de suprema distinción que guarda; aunque afiliada en
esa desdichada clase, se ye1·gueu tJn la imaginación aquellos tipos cte limpia y serena belleza
que sugieren ciertos pasajes de la Escritura: se
antoja. ver á Rebeca, á J udith, Estber .... ¿qué
sé yo"? Sin duda por esas reminiscencias la llaman &lt;Magdalena,&gt; descartando el an'epentimiento.
-¡Qué lástima! murmuró el párroco.-¡Cuánta felJCidad truncada, cuánto bien pt:rdidol
-Ya ve usted: una mujer que pa1·ece de fami·
Jia decente y educada. en un medio propicio .. ..
Estos casos así, hacen dudar á uno cte la virtud.
Tal pienso que esa es una palabreja que ... .
- Palabreja, no! replicó violenta1nente el cura.
-Ante todo, es del momento recordar que hay
mala lógica en inferir uua proposición general
de una particular. Estaría ustect pe1·dido rntelectualmente si, porque yo uso espeJuelos, vá contando por ahí que uo nay clérigo sin ellos. T~ngamos el entendimiento en su lugar, mi querido
doctor, y oiga usted dos palabras.
El presbíte1·0 se remov10 en su silla, cruzó la
pierna., arreglóse el solideo y continuó así: .
- No voy á hojea1· la Vida de los 8antos DI á
merodear por la Historia profana, ent1·esacando
la. variedad de ejemplos que poú1•1a, por no fatigar á usted y porque no lo necesito. Para. persuadirse de que hay virtud, «vis, vir,&gt; la f uerza
para obrar el bien, y de sus frutos en el tiempo
y en el espacio, basta abrir los OJOS y vet' en oenedor.
.Primeramente, fijemos un hecho, y es que la
humanidad respira aun, existe, y vuy á. oemo~tra1' que existe por la virtud. Desde que el anl·
mal racional pisó el haz de la tie1-ra, se Je ~1s·
p.utan á porfía dos elementos voue1·osos, el bien
y el mal. ¿Cuál es más Juerte·f Los millare;; de
años de nuestra peregrinación ¡,ateutizan por
modo evidente dos cosas: que la coutieuda entre
ambos priucipios ba sido y persiste oesatad a,
c1·uel; pero que elpnmeto, d t.&gt;ien, gana terr~uo;
despacio, pe1·0 Jo gana. Si ello nu fuera, s1 en
esta brega diaria y secula1· hubun·a el mal triunfado en mayoría, siglos nace que, pn,sa. oe una
ctegeuera&lt;:ion moustt·uosa., i[¡conceb1ble, nos habnamos desgal'l'ado unos á ott·os, como las fiÍ
ras se desgarran en la selva., y las ondas cte
viento llevarían en su seno el rugicto de los leo·
nes, el rebramar del océano ó el canto de las

Domingo 15 de Febrero de 1!)0'3.

LA TRILLA.
[CUADRO AGllÍCOT,A.)

aves, sin llevar ya voz humana: y la soledad de
la tierra, que yo imagino más pavorosa faltando
el hombre, que si faltan los demás animales que
la pueblan, habría reemplazado al ruido y mo·
vimiento que hoy la animan.
Por la noción del bien, llovida al espíritu como benéfico rocío, la especie pudo valer algo:
sin ella, sin la luminosa orientación á la virtud.
seríamos semovientes feroces y nada más; porque
nuestro intelecto, con ser una excelencia, haría
lo que la llama del incendio, destruir excelentemente. Y si este fuego no destruye; si en vez de
ser aniquilador levanta: si en lugar de abatirnos,
vemos al cielo; si, á rambio de que el mundo sea
egoísmo y maldad solos, hay sacrificios, desnudez vestida, llanto enjugado, perdón, pueblos
redimidos, heroísmo, libertad, todo lo que estremece las entrañas y aviv-a el entusiasmo y nos
enciende la sangre, lo debemos á aquella noción.
Alienta y se desenvuelve, segura y tranquila, al
amparo de nuestros dos más altos y nobles sentimientos, el estético y el afectivo, que son como
los puntos diacríticos del alma. Miremos.
Por tendencia irresistible vamos en pos de la
belleza., para anegarnos en las dulzuras de su
contemplación; y, ni la naturaleza física, pródiga, exuberante de formas bellas, ni la energía
creadora del entendimieqto y de la f_antasía, han
ostentado jamás nada que de lejos se acerque á.
la inefable, soberana belleza espiritual del orden moral. Que no se venga á decirme que es
más avasalladora, intensa ó grata la emoción
que despiertan el grandioso espectáculo qel mar
ó el grupo de Niobe, que la que nos hace llorar
cuando vemos que Vicente de Paúl riega con lágl'imas, calientes de caridad, las escuálidas mejillas de un niilo desvalido!
Nuestras facultades afectivas, errabundas en
la penumbra del paganismo, sin faro ni ruta,
consumiéndose en el orgiástico vivirá que incitaban las menguadas divinidades mitológicas,
vieron su rumbo cuando, al conjuro de aquellas
mágicas palabr!ls que resonaron en Judea:
&lt;Amaos los unos á los otros,&gt;
se abrieron las tinieblas, cual se abrieron las
aguas á Israel, poniéndonos en franquía hacia
los g1·andes ideales. Y el corazón de los hombres
palpitó con el ve1•dadero, el casto y santo amor
y ellos sintieron más virtud é hicieron más
bien ..... .
No puedo adivinar, ni lo adivina. ninguno,
cuáles serán las definitivas conquistas de la cultura universal; pero todo hace confiar en que su
eficacia educativa, reforzada minuto á minuto
concluya nivelándose por la bondad. A ese fin'
&lt;laboremus,&gt; sembrem0s por el consejo y el ejem~
plo, que no de otro modo se dignificará este frágil barro, crisol depurado1· de las ideas, y no
por eso menos miserable. Trabajemos, que el
trabajo en la. virtud justificará que somos el &lt;rey
de la creaci_ón.&gt; La realeza con que nos pavoneamos en la 01ma·de la escala zoológica, se asienta en el pode1· de obrar deliberadamente el bien·
Y, ó ser buenos ó abdicar...... ¡Ah!-exclamó ei
párroco poniéndose en pie y con el bt'illo de la

inspiración en los ojos. -que la humanidad entera sea virtuosa y el planeta, hoy opaco, irradiará luz propia! .....
Y el señor cura calló.
-Todo se1·á muy bueno, como salido de usted,
dijo el galeno a.provechando el silencio; - pero
nada hemos concluído del caso conc1·eto que nos
ocupa..
-Es lo de menos: unac¡¡.ídacomo hay muchas,
que sin ñuda tiene sencilla explicación. Falta de
moralidad, ele educación, acaso el abandono de
los padres, la orfandad ....
El presbítero tomó de repente un aire
triste y pensativo. Luego, agregó:
-Tantas causas pueden originar esos
desastres! .... Y, habré de repetirlo: no
una,ni veinte l!Olondrinas hacen vernno:
hechos aislaoos, nada significan contra
mi tesis.
Meneó el doctor la cabeza comu quien
aprueba, sacó cigarros y fumando y en
comentarios de poco más ó menos acabó
el día y se despidieron.

En el círculo e;,pacio30 &lt;le la era
está en parvas abundosa'! acervado,
una parte del tesoro que ha volcado
en las trojes la fecunda sementera.
Y en el círculo empren&lt;lien&lt;lo la carrera
potros brutos en tropel desenfrenado
dan al aire su relincho destemplado '
sacudiendo la gran crin como bandera.

***
Al otro, volvió el médico {~ la hora de
costumbre.
-¿Qué tenemos de nuevo? preguntó el
sacerdote.
-¡Pstl nada que lo valga.
La conversación revoloteó en torno d~
los temas habituales. Llegó el turno á
los periódicos; y el doctor, que registraba uno de la tarde, dijo de improviso:
-Mire usted: aquí está utra vez la
cMagd.alena.&gt; - Anoche, en un café céntrico, una mala mujer dió muerte á la conocida por el nombre que encabeza este
s:ielto y de quien hablamos ayer á lod
lectores. Nuestro repórter pullo saber por
alguien que acompañaba á la víctima,
que era de H., Estado de Micho11cán s
que se llamaba María Valvtrde·&gt;

Cuando en la. mañana siguiente se revestía el señor cura para decir su misa
de siete, el sacristán se fijó en que tenía
los párpados encendidos, muy encendidos.
·
P. TE.JEDA GUZMÁN.

€1 mtrca'1o '1t "d 2 '1t Jlbrtl."
El 5 del corriente por la mafiana '}Uedú
abierto al público en la plazuela de .Ju~n Carbonero, el edificio del mercado d el c,2 de Abril ,,
reconstruido por cuenta del Ayuntamient~,

DE LA COST A.-A la siesta.

Va el1 su pos bruno rapaz marchando al trote
azotándolos cruel con el chicote
'
-larga víbora de crótalo sonor~ · -

'

y al fu:gor ignirrojizo de la tarde
la era finge circo rústico que arde '
envolviendo todo el campo en humo de oro.
JUAN

México, 190:1.

B. DEWA DO.

�Domingo 15 de Febrero ,le 1903.

Ca [ucba
NO y otro había~
salido de un mis~ mo seno maternal: eran hermanos.
Juan, pálido, lánguido,
,
,. .
meditabundo, soflador ,
,. ~ 'tJ!f- ~
no pedí~ á la_ naturaleza
J !'
y á la vida smo l uz, es' · ·
pectáculos bellos ó sublimes, paz.. . , y tiempo ilimitado para prolongar
i ndefinidamente la contemplación y el placer.
Pedro era sombrío, inquieto, rudo y tenaz,
y el ceño de su frente revelaba que, debajo de
la alborotada cabellera roja, bullían pensamientos de ambición y odio.
Vivían el uno al lado del otro, en dos campos limítrofes, exactamente iguales, que poseían por herencia.
De la choza de Pedro, al nacer el alba, safo t'l homhrr, nnnarln dr ,c:u!'&lt;in!'&lt;trnmentosde

EL MUNDO ILUSTRA:)O

labor; y el sol, desde que surgía tras el monte
hasta que rodaba tras el mar, no ce,:aba de
quemar la faz del trabajador hercúleo. Así lucía su campo, corno taza florida rebosante de
riqueza.
Juan abrfa su chozn, alzado el día, y abríala para que entrasen á hacer fiesta la alegre
luz del cielo y el aire fresco de los bosques,
las mariposas y los pájaros, los perfumes silvestres y esos rumores indistintos, largos y solemnes, que son el concierto ininnlable de la
naturaleza en calma. Recostado á la sombra,
entre libros, vivía con el espíritu en mundos
:aeales, ya fuese á desentrañarlos de las abstrusas profundidades de la historia, resncitando lo que fué; ya los crease de un golpe y !os
lanzase á voltear, extrañamente luminosos,
por las regiones de la fantasía. Y cuando su
materia clamaba por sustento, salía á recoger
el don espontáneo de su abandonada tierra, ó
de no hallarlo, cruzaba el linde y tomaba del
bien de su hermano lo preciso.
Cuando Pedro vió que de cada pulgada de
su campo surgía al fin un tallo que le alargaba un fruto; cuando con mirada atónita y complacida hubo apreciado el valor del rico manto de verdura que vestía su heredad, empufió
el arado una mañana, atravesó tranquilamente la línea divisoria y se puso á labrar la tierra de su hermano.
Juan nada advirtió, (, de haber ad vertido,
selló los labios. Y mientras leía ó soñaba, todo en torno suyo iba como por prodigio trans•
formándose : los zarzales se desvanecfon en el
viento, vueltos humo; el endurecido suelo

abríase y se ablandaba al paso de la reja
arado; los surcos amanecían cuajados de
tes verdes, que crecían y se extendían y
lazaban, alfombrando el piso para los
bles huéspedes que acababan de liegar
Trabajo y la Riqueza. Pues ya en aquel
eón era esplendor y opulencia lo que antes
aspereza y esterilidad.
Una tarde vino Pedro y llamó
lante de su puerta.
-Juan, le dijo: necesito arrasar t u ch
sembrar su espacio de plantas que me den
fruto. Vete.
-Pedro, no me voy: ésta es m i casa.
-Tú nada tienes, Juan; todo es mío
lo he conquistado yo, que Roy el fuerte.'
-Pues emplea tu fuerza para echarme.
-Sea.
Y se traha la lucha ahominahle, Ira tri ·
esa 1ucha cien veces secular que parece
dición de vida en la naturaleza y á la
aporta el hombre una fuerza terrible por ·
ligente-la maldad. Pedrn pone rnbre los h
bros del hermano las manos Yi~orosas, y
puja. Juan extiende las crispadas suyas
tra el t-nemigo, enarca el lOJFO, clnrn el pie
tierra, y resist&lt;'. Nuevos empujei::, rnda
mús violentos; rómpen-,e ante una reRiste
inesperada. Pedro frunce el entrecejo, re
gase, acomete, y la embestida es formid
irresistible; cual tronco desarraigado, J unn
• cila, cedP, da un pn:;o atrás, da dm: .. .. ..
tá perdido? t\o: con brui;co quiebro esqui
y cambia el modo de combate. Ya en 1
de asirse, los hermanos i;:e abrazan .... .. ¡a
zo horren&lt;}o, abrazo del odio, más apre
más ardiente que nunca fuera el del amorl
Los pechos oprimidos jadean, y sus so
quemantes se confunden al escaparse de
resecas bocas. Forcejean los músculos i
mitos, y mientras las aceradas piernas se
redan y pugnan furiosamente por manten
firmes ó arrollar, los hermanos se miran,
miran con esa mirada de suprema avidez
el amor no tuvo nunca ..... Juan flaq uea al
bo, mas pide nuevo brío á la desesperaci
retrocede, pero brega. 3iente que lo exp
que lo arrastrah, paso á paso, á través del
putado patrimonio, hacia el hohdo ba

. ~ ... ,._.

__ ..

PASTORES ITALIANOS.-

que por aquel lado lo limita. Y cuanto más
se abrasa en i ra ante la consumación del vil
despojo, tanto menos encuentra vigor para
evitarla. Y en el llano desierto y á la l uz del
sol que cae, giran, giran la rga y confusamente, entre remolinos de polvo, aquellos cuerpos enlazados, que la fatiga rinde, mas el rencor sostiene, estallando en el silencio de la hora, con pavorosa resonancia, el ronco estertor
de los alientos anhelantes y el golpe seco de
las pisadas fu ribundas. Un esfuerzo máfl, y el
grupo infernal alcanza el borde del abi~rno.

(Cuadr o de Fabrés.)

Pedro soltó á su hermano y con voz sorda
v lenta le dijo:
-Juan, sigue la orilla del barranco, toma
el camino de la ciudad y aléjate.
-No por mis parns, Pedro; te lo he dicho.
Echame.
-Pues lo quieres, vete al diablo.
Y de un empellón fué Juan lanzado al precipicio.
Pedro se i rguió con toda la majestad del
triunfo; y mientras la dulce forma de su her'11ano se estiraba en el fondo de la sima y quedaba inanimada para siempre,
él, arriba, emprendía la vuelta á
sus dominios, tranquilo y satisfecho; los campos verdes le sonreían, henchidos de promesas; el
aire le llenaba de besos frescos
el fatigado rostro, y hasta el sol,
antes de hundirse, le encendió la
roja cabellera, pareciendo como
que le ceñía la codil'iosa frente
con corona de oro.
DIEGO VICENTE TEJERA.

Enero de 1903.
En todo el universo no hay fuerza exterior que no encuentre su
equi~ibrio en fuerzas interiores: si
la luz hace que la sombra huya,
la sombra hace que la l uz se turbe.

***
Siempre que la razón se nubla
y la mala pasión &lt;le,;pierta, la verdad se e,sconde, el sentimiento de
la justicia huye, las virtudes lloran, y todos lo&amp; sentimientos no\ bles quedan dormidos.

***

El mérito no está en conquiEtar, sino en mantener lo conquistado.

***

CHAPU L TEPl;C,
UN MI LLONARI O.-

(Cuadro de Fabrés.)

Domingo 15 de Febr ero ae 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

No hay rencor más profundo
que el de los humildes y tímidos.

ta Strtnata dt aon ]uan.

•

- P rincesa angelical de ojos rasgados
Y garganta de pétalos y aromas,
A t i vuelan mis versos, arrullados
Por las torcaces cálidas palomas.
De mis versos el límpido torrente
Refleja en su cristal tus formas bellas,
Como el Guadalquivir en su corriente
Retrata al ígneo sol y á las estrellas.
¡Seductora beldad, no seas esquiva
Con este corazón que por ti late,
Y. que enlaza á las rosas de tu ojiva
Los épicos laureles del combate.
Mis cantos, melanc.ó lica sirena,
Estamparán sus ósculos de mieles
En tu faz donde brilla la azucena,
Y en tu labio en que sangran los claveles.
Mis cantos rozarán con su plumaje
Tu frente y tu mejilla de escarlata
Y labrarán su nido en el encaje '
Que orla tu seno de marfil y plata.
Ondulan en mis cantos, precursores
De mi eterna ilusión fascinadora .
Los rojos Pstandartes triunfador~s
De robu!'&lt;ta pasión abrasadora.
Mis cantm: ciñen fúlgida cimera
Que orna florida r6stica guirnalda'
Y lucen regio arnés, do reverbera'
El rayo de tus ojos de esmeralda.
Son mis cantos, en :fin, bajel ligero
Que llena Amor de músicas y risas
Y boga en mar tle rutilante acero '
Al blando soplo de aromadas brisas.
«Princef:a angelical de ojos rasgados
Y garganta de pétalos y aromas
A t.i vuelan mis versos, arrullados
Por las torcaces cálidas palomas.,i
Masy1.yl si tu hermosura y tus amores
Me qmsieran robar locos rivales
Mis cantos, melodiosos ruiseñor~s
¡Se cambiará,n en tigres y chacale~l
~ANUEL REINA,

�Domingo J 5 de Febrero de lfl03.

EL MUNDO ILUSTRADO

do de sus profundos ojos negros brillaba una.
luz diabólica. Algo se estremeció en el fondo d~
mi coraz6n, y en aquel momento conprendt
que la amaba, que la amaba, que estaba :ita,
do á ella para. siempre con cadenas formidables.....
A. FERNANDEZ GARCIA.

POBll[.A.S ES PBOS.A.

mazatlán.
o

A M O R?

tas Barracas.

Ella era bella; adorablemente bella. Yo no
la amaba, pero no podía dejar de verla una
noche, una sola noche. Por qué? Pero sobre
todo, lo que más admiraba en ella eran sus
ojos, sus grandísimos ojos, negros, rasgados,
p rofundo!I.. ..
Una noche le dije,al azar, casi inconscientemente:
---En forma de cuál de esta.'! cosas aladasuna golondrina., una paloma ó una águila, desea.ria usted tener el alma?
-En forma de una águila - me contestó.
-¿Y para qué?
-Para saber cómo he de cazarla.
Pero yo DO deseaba su alma. ¿Por qué? Xo
lo sabía.

o

Destrucción
de las casas in•
Testadas.
o
MAZATLAN.- L as barracas vist as por el lado Poniente.

Con el propósito de no dejar incompleta
nuestra información relativa á la epidemia reinante en Mazatlán, ofrecemos á los lectores de
«El Mundo Ilustrado» fotografías de las barracas en que se hallan aisladas actualmente las
personas sospechoens de haber contraí,lo la.
enfermedad, y de algunas casas que, para evitar el contagio, fueron quemadas por orden de
las autoridades.
Las rigurosas disposiciones que dict6 el Consejo Superior de Salubridad para contener el
avan::e de la peste, están plenamente justifica.das, y, por lo mismo, la publicación que
ahora hacemos, no es máé que una prueba de
que se han puesto en práctica, eri las actuales
circunst.ancias, cuantos medios se han creído
indispensables para salvará la población de
los estragos que causa la epidemia.

PENSAMIENTOS.
El amor propio es el móvil más 6 menos
oculto de nuestras acciones; es el viento que
infla las velas sin el cual el buque no caminaría.

*

El ejemplo heroico de los triunfos pasados
es la principal fuente del valor de cada gen~raci6n: los hombres marchan con calma. hacia
las empresas más peligro!"as, impelidos nacia
adelante por las sombrns de los bravos que ya
no existen.

*

Oficinas de desinfección en Mazatlán.
L os miembros de la Junta.

MAZATLAN. -Ruinas de algunas ca&amp;as
destruídas por e l fuego.

INDÍGENA.
(LEYENDA).

I
Allá en las pampas que el Janeiro baña,
Aun hay chozas indígenes, que fueron
Refugio de los indios que murieron
Con estoico valor en la campaña.

MAZATLAN. - Bombas improvisadas
pa ra la desi nfecc ión

Cual Taped Amaruc, en lid extraña
El Cacique murió; los que pudieron
Del enemigo emanciparse, huyeron
En busca de quietud á una montaña.

Domingo J 5 de Febrero de 1001.

EL MUNDO ILUST RADO

- Y o veo-le dije- los ba.la.ústres de oro
de !as maravillosas puertas del jardín del Paraíso. Las calles del jardín e!"tán empedradas
de zafiros y rubíes. "Coa floresta de blancos
lirios gigantescos se balancea á lo lejos. La
luz que lo alumbra todo es color de perla. Será la luna? Sí. No puede ser sino la luz de la
luna lo que lo envuelve todo con su red de
plata. Se escucha la lírica, sollozante quejumbre de mil cítaras invisible!". Qué música tan
deliciosa! ¿Qué uñas de marfil tan fina!", pellizcarán tan sabiamente las cuerdas Yibradoras? Sin duda son los i,erafines, porque al compás de esa música, miro que van desfilando,
cada una con un lirio en la mano, las once
mil vírgenes. .Pero ya las vírgenes pasaron . ...
Ya no las veo.... Ahora vienen los apóstoles
con sus enormes barbas blancas....
-Como buen poeta es usted muy galanteme interrumpió riéndose- pero hoy no le
agradezco su galantería. No me halaga que

MAZATL AN.-Derrumbando

Sobre la huaca dfll Cacique, inclinan
Los mangles su dosel, y la iluminan
Los astros como trémulos ciriales.

La• ciencia
es una pirámide en la cual
todas las hiladas reposan
sobre laobservación.

"'

No maldigamos el
dolor; él sabe esculpir nUfistras almas,
dándoles su forma
más ideal, su más
perfecta. hermosura.

*

El amor, como el
sol se levanta sin diferencia sobre todas
las cosas, calent.'lndo
á la naturaleza entera.

*
Hay en cada nación la misma balanza del bien y del
mal; el desconocimiento de este equilibrio explica las
preocupaciones de
la mitad del mundo
contra la otra mitad.

*

Hay dos cosas que
en este mundo DO
encuentra el hombre
las más veces fuera
de su casa: la buena
sopa y el amor desinteresado.

Y cuando el cielo sus crespone(viste,
Entona el «urutí» su canción triste
Oculto en los frondosos saucedales.
II

*

Todo nuec;tro conocimiento humano
puede ser representa.do simbólicamente por una pequeíia
isla, muy breve, rodeada por un océano sin límites.

La heroína Diamora; la que fuera
De las comarcas índicas orgullo,
~Iurió también, efímero capullo
Que no llegó á entreabrir la primavera.
Y cuando en su agonía, la guerrera
Tribu, escuchó su postrimer arrullo,
Juró antes que su honor, vengar el suyo,
Beeando su carcaj y su bandera.

*

Cuando á los rayos de la luna inciertos,
Perfuman el recinto de los muertos
El cactus y la oliente zarza.mora;
Evocando las sombras de los Incas,
Uajos de floripondios y!pervincas
Lleva un indio á la tumba de Diamora.

,

JUAN DUZÁN.

Calle de Du rangulto, en Mazatlán.-Quemando una casa.

-.t

MAZATLAN.-Una casa infestada y quemada.

Otra noche mirando sus negras pupilas profundas le dije:
-Al través de tus pupilas veo yo muchas
cosas....
-¿Y qué ve usted? - me respondió,

usted vea el cielo en el fondo de mis
pupilas. )Ie han recomendado tan mal
el ci~lo! Me han asegura.do que es la
patria de los pobres de espíritu.
Miré de nuevo sus pupilas. En el fon-

El hom hre siempre descontento de
lo presente, atribuye á lo pasado una
perfección falsa que
no es más que la
máscara de su tristeza. Elogia á los
muertos en odio ele
los vivos, y golpea
á los hijos con los
huesos de los padres.

�Domin~ &gt; J 5 de Febrero de W03.

URANTE muchos a!ios, el señor Bellarmín, instalado enVenecia,en una casita
de la Vía,-Sancta, ejerció la, honrosa y
delicada carrera de la medicina; pero
á pesar de las maravillosas curas que llevó á.
cabo, el buen doctor había sufrido, vegetado y
renegado de su profesión, hasta el día en que
resolvió convertirse en nigromante.
Fué entonces cuando la fawa y la fortuna se
llegaron á él con la misma presteza con que lo
habían abandonado. Sus arcas se llenaban de
oro, su casa. de muebles preciosos, sus escapa.- ·
rates de va.liosas vajillas de plata. repujada..
Bellarmín llegó á ser el hombre más feliz de
la ciudad. A su la.do, veía crecer á su hija, á su
adorable Julieta, cuya. hermosura. hacía olvidar la de la amante de Romeo. Sabía que,

BL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

EL
da 1 charlando sentado á la mesa, en compañía.
de Bellarmín y de Julieta.
Y el buen Bellarmín, que adivinaba en los ojos
de un enfermo la más pequeña huella de fiebre,
no tenía ni la más remota sospecha del fuego
devorador que ardía en el pecho de ~iuseppe.
·Cuán cierto es que las cosas más senctllas, l a s
riiás naturales lai:; que tenemos á la vista, escapan á nuestra 'observación, á medida que somos
más perspicaces ó que creemos serlo.
Giuseppe amaba á Julieta, la amaba por la
bondad de su corazón, por la música deleitosa
de su voz, por la ternura de su mirada, por
suavidad aterciopelada de su~ mano~. Rabta
crecido cerca de ella, amándola m~onsc1entemente desde el primer momento, de~mendo, poco á
poco, ese sentimiento que expe~1mentaba, basta
llegará comprender que la unica alegría de s u
vida seda hacerla su esposa y pasar á su lado
las horas todas de su existencia.
Por la noche soñaba con ella, la envolvía en
la gasas de su 'pensam~ento, no existía m~s quJ.
por ella y para ella, sm atreverse á decirlo a
nadie, más convencido á cada momento de q ue
ella era su único ideal.
Julieta era mujer. Había adivina.do, sentido,
comprendido esa ternura, muy diferente de aquella con que su padre la rod~aba? y esto,. que en
un pt·incipio la agradó, la hsonJeó, la bizo1 más
tarde, sentirse orgullosa, y, finalmente, feliz. .
Ignoraba á dónde iría á parar por ese camino y sin embargo, lo seguía confiadamente,
entregada á la dulce languidez, al éxtasis deliGioso de un hermoso sueño.

!ª

*
**

llegado el caso, cuando Julieta cumpliese los
veinte años, podría. dotarla como á una princesa; esto sin contar con que el brillo de su nombre, reflejándose sobre su hija, daba á ésta el
derecho de esperar una. de las más nobles ali anzas de Italia..
Era feliz porque, á pesar de todo lo nigromante que fuese, sentía su conciencia tranquila. y
limpia su alma., cosa rara por aquellos tiempos
en Venecia, donde la. política enredaba diariamente á muchos hombres en las marañas de tenebrosas empresas.
Esto no impidió que la venganza, el odio, la
ambición, !la.masen á menudo á la puerta. del señor Bellarmín; pero él los recibía. con ese gesto
imperioso, con esa mira.da dura, ante los cuales
el Mal se inclina, retrocede y huye.
En cambio, esa misma puerta se abría ampliamente á los amantes tristes, decepcioaados, locos. Sus filtros amorosos, elogiados, recomendados de un extremo al otro de la península, se
compraban á peso de oro y no podía darse abasto para fabricar la cantidad que se le pedía.; ya
el brebaje que hace complaciente á la más cruel
amante, ya el que vuelve al redil a.! esposo infiel, ó el que reanima la ternura adormecida en
el corazón de la esposa, ó el que torna en desinteresada á la más avara cortesana: en una palabra, todos los bálsamos que había descubierto
pará curar las más espantosas llagas que en el
corazón humano causaba el señor Cupido con
las envenenadas flechas de su car&lt;,aj divino.
Ayudábale un aprendiz en la incesante faena,
no porque el doctor Bellarmín le hubiese confiado el secreto de su arte ni la fórmula de sus filtt·os, sino porque le encomendaba el trabajo lento
y monótono de los alambiques, el gotear desesperante de las clarificaciones.
Era el aprendiz ahijado de Bellarmín, un guapo muchacho de veinte años, al que había r ecogido huérfano hacía algún tiempo. Dedicado como un hijo, discreto como un mudo, paciente
como un ángel, deseoso de ser útil en todo, Bellarmín comprendía que, sin temor ninguno, podría confiar á su ahijado las más delicadas labores.
Nunca-aunque esto habría sido muy natural
en un joven de su edad-abandonaba. Giuseppe
la casa á la vuesta del sol, para concurril' á alguna francachela ó á alguna cita misteriosa;
nunca, en los días decarnaval, se mezclaba entre
la ruidosa multitud de las mascaradas; ni tenía,
siquiera, en su pupitre, esquelas perfumadas para eset·ibir un billete amoroso.
Sólo se encontraba á gusto en la casa de sn
patrón, por el día, en el laboratorio, entre vasijas y retortas; por la noche, después de la comi-

Giuseppe vienao caer gota á gota en el largo
cuello de l;s redomitas el &lt;elíxir del amor,&gt; á ureo y oloroso, soilaba. A través del cr~stal, adivinaba-¿qué digo?-veía, veí3: á Juheta, ~ s u
Julieta concluyendo con sus lmdas manec1tas
algún bordado fino y delicado.
.
y sentía impulso de lanzarse hacia ella, de
arrojarse á sus rodillas, de confesárselo todo y
preguntarle-¡angustioso enigma!-si ella, á su
vez, llega.ria á amarle algún día.
.
¿Cómo formular su pregunta?..... ¿Qué le diría'? Y su cerebro tll·abajaba rudamente, concibiendo brillantes discursos que á los pocos momentos olvidaba.
Y, luego... ¿qué con~staría ella? ,
.
Si "Ot· desgracia, Juheta se ofendia, si por
atre~:rse á tanto y pedir tanto, iba á perder irremediablemente ese dulce compañerismo con _e l
que mitigaba un poco su sed de a';llor . . . ? Julleta era rica y él pobre; et·a tan . l~nda qu~ todos
sus caprichos le estaban permitidos. Si se le
ocurría desterrarlo para siempre de su lado,
quejarse á su padre, hacer que lo despidiesen de
la casa....
á
y las lágrimas perlaban el borde de sus p rpados, como las gotas.del elíxir de amor el cuello brillante del alambique.
Una mañana despertó animado, envalentonado, resuelto.
¡Valiente bestia había sido hasta entonces!
¡Cómo! ¡Se pasaba el día cuan largo era preparando para otros el filtro amoroso, y no le ha-

bía pasado por las mientes que también á él podía servirle! Que Julieta bebiese unas gotas, sólo unas cuantas gotas de él, y ya no temería su
cólera, ni sus desdenes, ni el destierro, ni aun su
tibieza ó su indiferencia. También ella le amaba, escucharía de buen grado sus súplicas y juntos compartirían ese sueño de amor.
Había estado y estaba ante el Paraíso, tenía
l a llave de él y no había pensado en que podía
entreabrir esa puerta abierta, diada.mente, de
par en par, para los otros.
¿Qué significaban a l gunas gotas de menos en
l a redoma? ¡Nadie lo notaría.! Y para acallar
escrúpulos de conciencia y dejará salvo su honradez, resolvió invertir en la co1npra de un filtro todo el dinero que Bellat·mín le había dado
para sus divet·siones y que él había guardado
cuidadosamente, soñando en un regalo para Julieta. Pretextaría á su patrón, un día que éste
se ha.liase ausente, la llegada de un desconocido.
Así lo hizo.
Poseedor, al fin, del brebaje tan soñado, no
pensó más que en aprovecbat· la hora propicia
para hacer uso de él; no sin preguntarse-¡el
buen muchacho!-si no cometía. mayor pecado
al robarse un corazón, el más bello tesoro que
en el mundo existe.

Domin~o 15 de F ebrero de J9!):3.

los pájaros cantaban, y la brisa traía el hálito
embalsamado de las nuevas flores y de los brotes nuevos.
Los dos, sentados uno al lado de otro, hablaban ahora á media voz, de los esplendores de
ese día, de las dulzuras de esa hora, confes~ndose la dicha que sentían en esa casa tranqmla
y apacible en medio de la inquieta Venecia que
se agita y ruge.
Operado el encanto dulcemente, sus voces volviéronse más y más tiernas, más y más escasas
sus palab1·as; sus manos se habían unido y se
estrechaban con ternura: sus ojos se hundían en
sus ojos hasta llegar á sus almas, y .... cariñosa, zalamera.mente, Julieta, en éxtasis, dejó caer
su cabecita sobre el hombro de Giuseppe.
Hablaron entonces de sus antiguas charlas, de
los días pasados en lánguido silencio, de la vida.

*

* enamorados,
*
Hay un Dios para los
dice la leyenda, y este Dios quiso que Giuseppe no esperase mucho tiempo.
Una mañana -fué en los primeros días de la
primavera-el Sr. Bellarmín avisó á su ahijado
que se ausentaba, que regresaría hasta por la
tarde y que lo dejaba al cuidado de la casa y de
su hija, bajo la tutela de la anciana criada, única sirvienta que el mágico, modesto en sus gustos, tenía á su servicio.
Recomendó á Giuseppe que no permitiese á
nadie la entrada á su gabinete, que cuidase de
que no se apagase la llama del alambique, y se
alejó después de besar tiernamente la frente de
su hija.
Giuseppe quedó solo con Julieta; solo, porque
la sirvienta, poco amiga de andar entre chirimbolas de magia, no salía de su cocina.
Llegada la hora del almuerzo, ambos se encontraron frente á frente en la mesa común, ella
alegre, animada, como una chiquilla que juega
á. hacer de &lt;señora grande;&gt; él, turbado, vacilante, inquieto.
Tuvo, no obstante, el valor de ir á buscar el
filtro preciosamente oculto, y ofreció á Julieta
gustar de él como de una golosina inofensiva
¿Lo creyó ella? .... Adivinó, con su intuición
femenina, con su natural perspicacia, la tosca
superchería del pobre Giuseppel'... Nadie sab!.'á
decirlo; pero extendió espontáneamente su vaso, que parecía un tulipái;i sobre su largo tallo,
lo dejó llenar hasta su borde, y lo apuró.
- ¿Tú no bebes, Giuseppe?
Giuseppe iba. á contestar que no tenía necesi dad de ello; pero, temeroso de sorprenderla, llenó también su vaso y lo vació de un trago.
Por la abierta ventana el sol entraba claro y
alegre, avanzando poquito á poco sobre el suelo; en sus rayos de oro, se agitaba una infinidad
de polvillos luminosos; afuera, entre las ramas,

común, coC:u la de ellos, siempre en familia, dichosos y tranquilos.
Los labios de Giuseppe rozaron castamente,
aunque llenos de amor, la freLte de Julieta. Fué
su beso de bodas.
Nada oían, nada sabían, en nada pensaban
como no fuera en su amor .... Así, no pudieron
ver que la cortina se levantaba suavemente, y
que en la puerta aparecía, después de un momento, la figura sorprendida, pero sonriente del Sr.
Bellarmín, que escuchaba, enternecido, su casta plática.
Repentinamente, Giuseppe se puso en pie.
Ha escuchado un frotamiento del terciopelo.
Julieta murmura: &lt;¿Por qué me despiertas?&gt;
Giuseppe se arroja á los pies de su amo; ella,
enmudecida, roja como una cereza, se oculta la
cara entre las manos, no osando ni moverse.
-¡Señor! Os lo pido, os lo suplico! Golpeadme, despedazadme, matadme; pero no digáis una
palabra á vuestra hija. Que toda la culpa caiga
sobre mí! Os he robado un filtro, la be hecho
beber de él: es inocente, lo juro, es inocente!
Bellarmin lo dejó hablar. Después, toma lamano trémula de Julieta y la pone sobre la de su
ahijado.
-Os amáis, hijos; yo os amo también y os casaré. Tú, Giuseppe, llegarás á ser, por voluntad mía, mi sucesor. Ya es tiempo de que yo
descanse y de que vosotros hagáis por mí lo que
por vosotros he hecho yo. Te enseilaré el arte de
mi sortilegio; pero, desde ahora, quiero confiarte uno de mis secretos.
Ese filtro de amor que ambos habéis bebido¡glotonesl--basta la última gota, es un viejo vino de Chipre que be comprado, secretamente, en
Messina.
De &lt;elíxir de amor&gt; no tiene nada; m.-s no Jo
digáis á nadie, que éste es el secreto de mi riqueza. Ofreciéndolo á aquel que me Jo pide es
la confianza, la esperanza, la convicción, Jo que
le ofrezco; es el valor Jo que le doy; es la fe y
con la fe, ya lo sabéis, se remueven las montañas.
Querer es poder, y yo doy al que me compra
la voluntad, la fuerza de querer, la i l usión ~a'.
grada, la ilusión bendita que ha hecho á los héroes.
El &lt;elíxir de ,amor,&gt; el único, el verdadero el
que _vosotros habéis bebido, es la Primave'ra
mágica prodigiosa que lo elabora con la tibiez~
de su fiebre, con los olores de sus perfumes con
las gotas impalpables de su rocío.
'
L Lo que tú me has robado, Giuseppe, no ha hecho más que darte la audaci a que te faltaba.
Amaos, hijos míos, amaos, que yo también ( s
amo y os bendigo.-JEROME DOUCET.
,,.. Traducción de "El Mundo Ihistrac;lo,"

�Domingo 15 de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

.EL MUNDO ILUSTRADO
está amueblada con ajuares austriacos y estilo
Luis JfVI; las cortinas son de seda verde, recogidas con finos crespones, y el decorado general es del mejor efecto. Sigue una pequeña
pieza de descanso, en la que se ven muebles
estilo antiguo muy valiosos, estantes con Ji.
bros y cuadros de hombres célebre~. Los cojines, cubremesas, etc., lucen artfoticos bordados y aplicaciones.
En cuanto al comedor, ei; uno de los departamentos más bien arreglados. Los aparadores son de maderas finas y están cubiertos con
hermosos cristales; en los muros se destacan
gobelinos muy vistosos y sobre unas mesas de
artístiqa hechura, se ve una vajilla de plata
primorosamente trabajada. Otra de las dependencias dignas de mencionarse, es la sala de
descanso de las señoritas Reyes: está dotada
de estantes muy costosos, tocadores blancos
con lunas de las mejores, y otros muebles de
valor. Esta sala, que sirve también de estudio,
está decorada con exquisito gusto.
El despacho del señor Ministro se encuentra en una pieza inmediata.
Tanto el señor General Reyes como su fa-

pasto á su rapiña, en donde cuelgan y ocultan
sus nidos el azulejo y el turpial; y en la cabaña, el gallo que recogió su t-ribu bajo el alar
de la enramada, anuncia con su monótono
cantar, cómo lentamente van pasando las si·lenciosas horas nocturnales.
En la cabaña, duermen sobre la troje los
;:hiquillos, sueño reparador é inocente, mientras la madre consume la velada, á los reflejos moribundos de una luz, que próxima á
extinguirse, oscila ó parpadea.
Llora la pobre campesina el abandono cruel
y la triste orfandad de sus chiquillos, y en la
comarca desolada, s1:i confunde el lamento de
sus penas cori el lánguido rumor de las quebradas; recoge sus congojas el soplo yerto de
las ráfagas que pasan quebrantando los sembrados; y sólo tiene resonancia el grazniC:o
aterrador del buho hambriento, que desde la
enhiesta copa de los árboles, tiende el vuelo en
retorno á su guarida, y se pierde en las profundas soledades de la noche ..... .
JOSÉ ANTONIO ESPINOZA.

LEGACION

LEGAC ION DE COLOM BI A .-Sala de recepción.

DE CO LOMBIA. - Comedor .

deros suficientes para el aseo personal de los
presos.
El costo de la construcción fué de .... .. .... ..
$45,363.16.

RESIDENCIAS DIPLOMATICAS.

Domingo 15 de Febrero de 1903.

querella; el viento sopla yerto en la comarca,

y vagan murmurios quejumbrosos, traídos por
las ráfagas que á su paso abatieron inclementes los sembrados.

Geométricamente considerado el hombre, es
un poliedro creado en el anch uroso espacio de
la existencia, y forma parte muy íntima de un
po~iforme infinito:· el destino.

LA LEGACIÓN DE COLOMBI!.

NUEVA CALLE.
Toca hoy su turno en nuestra galería de residencias diplomáticas, á la Legación de Colombia establecida en la esquina de las calles
de Viena y Fuentes Brotantes, por el señor
General don Rafael Reyes, Ministro Plenipotenciario de aquel país en México.
Una elegante escalera, estilo americano, da
acceso á. los salones de la Legación y á los departamentos que en la misma casa ocupa la
familia del señor Ministro. Al penetrar á la
suntuosa finca, se ve desde luego el buen gusto con que está decorada; multitud de acuarelas de artistas mexicanos y colombianos,
cuadros valiosos sobre diversos asuntos, retratos de hombrés célebres, y grabados, dispuestos con verdadero arte, adornan las distintas
dependencias formando el más hermoso conjunto.
La sala de recepción, contigua á la escalera,

En terrenos de la 11!- Comisaría, se i nauguró
el 5 del actual una calle que lleva el nombre
de «Landa y Escandón. i, El acto fué apadrinado por los señores Vidal Romero, José Vasavilvaso y Ramón Pérez Solis.
De las actas que se levantaron, una se colocó bajo la placa que indica el nombre de la
calle, remitiéndose otras al Ayuntamiento y
al Gobierno del Distrito.

NOCTURNO.

LEGACION D E COLOM BI A.- Biblioteca y Salón de desahogo.

milia, cuentan entre la mejor sociedad mexicana con innumerables simpatías.

La Cárcel Municipal de León.
Publicarnos un grabado que representa el
exterior de la Cárcel Municipal de León, Guanajuato, inaugurada hace poco con toda solemnidad. El nuevo edificio se comenzó á construir en 1899 y se terminó hace tres meses,
siendo JE&gt;fe Político del Distrito el señor Archibaldo Guedea. La planta general consta de
los siguientes departamentos: prevención, alcaidía, archivo, salohes para correccionales,
sentenciados, y de arresto menor; cárcel militar, escuela para niños, dormitorio, y sala para juntas. Lar; bartolinas son 37.
En el mismo edificio se e1,cuentran dos amplios locales para juzgados del Ramo Civil y
dos para los· de lo Criminal, con sus correspondientes dependencias para las secretaría!".
Los patios con que cuenta la cárcel son tres,
y en ellos están distribuidos los baños y lavaSalón particular de la familia Reyes,

P rofundas soledades de la noche..... .
Tienden las sombras su mortaja de tinieblas,
sobre colinas y arboledas, valles y sembrados,
mientras que lentamente van pasando las silenciosas horas nocturnales.
En medio como á quietud de los sepulcros,
se alzan las tétricas visiones, al delinearse en
el fondo de la densa obscuridad, el escueto
contorno de los sauces, que á la vera de los
caminos se yerguen alineados.
Baja de la montaña el lánguido rumor de
h.s quebradas, como el triste rumor de una

Fachada de la cárcel m unici pal de L eón.

Profundas soledades de la noche! ..... .
Rápidas, cruzan y serpentean por instantes,
las débiles fosforescencias del cocuyo;desde la
enhiesta copa ele los árboles dilata su graznido aterrador el buho hambriento, que buscll-

RJIYO DE i:un.11.
Ella, á la reja asomada,
Y él en la calle, do un rayo de luna
Parece que viene del cielo á mirarlos,
Rasgando las brumas.
Y el aura,
El aura errabunda,
Se lleva suspiros, se lleva secretos,
De dos corazones calladas ternura!:'.....
Sus labios se acercan,
Sus manos se juntan,
Y entonces,
El rayo de luna
Tras nubes sombrías
Discreto se oculta.
ISMAEL ENRIQUE ARCINIEGAS.

PARA CURAR UN RESFRIADO EN UN DIA
Tome _las _pastillas Lax'\Dtes ~e Bromo-Quinina.
El botica.no le devolvera su dinero-si no se cura.
La firma E . W. Grove se halla en cada caji~

�Domingo 15 de Febrero de l 9o3.

LUZ DE LO ALTO.
Entre las tinieblas
De la obscura noche
Reluce muy lejos, en una majada,
La hoguera que encienden algunos pastores,
Que brilla en las lindes
Del negro horizonte,
Y á ratos vacila
Y á ratos se esconde.
Ranas y alacranes
Lanzan en las sombras su chirrido torpe,
Al que s6lo la parda zumaya
Con su estúpido canto responde,
Perturbando la augusta armonía,
La calma, el silencio y quietud de la noche.
Las brillantes estrellas del Carro,
Las que marcan el rumbo del Norte,
Del cénit arrojan
Vivos resplandores,

L:

P!t MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
Que al viandante nocturno conducen
Y en derecho camino le ponen.

··············································· ······· ··

***

Entre las tinieblas
De la obscura noche,
Con paso inseguro
Caminan los hombres,
Confiando en la luz de la hoguera,
Que lejos encienden algunos pastores,
Que brilla indecisa,
Y á ratos vacila y á ratos se esconde.
Por sendas y trochas,
Tropezando y cayendo, recorren
El campo anchuroso,
Y el silencio 1ompen
Tal vez con gemidos,
Tal vez con canciones
Que alacranes y ranas corean
Con chirrido torpe.
Tropezando y cayendo caminan,
La vista en los prietos y obscuros terrones,
Sin que un punto piensen
Sus mentes cerradas, rastreras y torpes
En alzar la cabeza hacia el cénit,
Donde lanzan sus vivos fulgores
Las siete brillantes estrellas del Carro,
Que_marcan, seguras, el rumbo del Norte...
F.

NAVARRO Y LEDESMA .

NVESTRO PAIS.-Un bosque michoacano.-Puente de Santa Teresa.

Domingo 8

LA CAUTIVA.

N

O sé por qué soberbio é inexplicable
pecado está cautiva la fría princesa en
la sala de los muros de cobre; inmóvil y como enorgullPcida por miradas de invisibles multitudes, sentada en un trono, entre
dos quimeras de oro, ha ln:nguideci&lt;lo y sin
duda contempla en el espeJo de las murallas
su insolente belleza.
Sin embargo,· se levanta, y con los ojos ardientes aún por los suefios que no ha borrado
la vigilia va hacia los muros metúlicos. En su
trayecto ~e, como en una bruma densa, venir
una forma vaga, una forma voluptuosa ?e mujer, con los cabellos sueltos; estremecida de
amor sobrenatural, murmurando palabras de
bienvenida, corre con los brazos abiertos hacia la real visi6n ......... Pero reconoce su propio esplendor, percibe en la sala el único per
fume: el de su carne......... Entonces, desfallecida y triste, desabrochado el traje de púrpura1 .viene á. sentarse
y á llorar en medio de
., .
las qmmeras rromcas:
«Yo-dice-todavía yoln y á su rededor la
sala eleva sus implacables muros pulidos: ni
flores amigas, ni viejas armas! dondequiera
reflejada por los mmo~, tan s6lo la cautiva
ado1:na su prisión.
¡Cuántas horas se fastidia y sufre la fría
princesa guardada por su imagen! Entretanto, ella se odia; querría cu~rir con Yelos los
grandes espejos que la convierten en su carcelera eterna.
Una ventana se abre:
si ella pudier&amp;. ver por esa
wmtana los vendimiadores errautes por las viñas
6 las ,egadorae metiendo
sus brazos en el toisón
de los trigos, 6 siquieray esto sería divino- los
grave:! bueyes ahondando
los surcos negros en las
llanuras crepusculares!
¡Cómo se inclinaría locamente en su ventanay c6mo mandaría á los campos en labor largos y fraternales besos!
Ah! el sendero que pasa allá, abajo, está para
siempre desierto; no tiene principio ni fin, y los
árboles negros que lo
adornan tienen un susurro solemne de aguas que
corren hacia el Océano.
En su dolor la princesa
desgarra sus vestidos; los
collares arrancados desgranan sus gemas con un
ruido do burla; bajo los
jirones de su púrpura
desgarrada, aparece todo
en los espejos que exaltan la inútil gloria de su
rica nubilidad.
Al fin, la. puerta va á
abrirse: ¡si fuera ésta la
hora del perd6n! ¡Si el
bello vencedor, vestido
de luz, fuera á entrar! ¡Si
alguna voz armoniosa
fnera {L gritarle: «Vengo
á li brnrte de ti !n
No. Es una esclava que
ofrece en copa de esmeralda, frutas raras y precioi::os vinofl¡ y esta esclava
lleva también traje de
púrpura, deja también
caer á tierra el pesado teF&lt;Oro de sus cabellos, y, de
cuerpo y faz, es- más
que una hermana-semejnnte á la princesa; es
ndemás buena y dulce,
v habla un rauco lengua~e de Oriente que hace

FIESTAS POPULARES.-Mazatlán en días de Carnaval.

parecer las palabras de amist~d como arrullos d~ paloma. 1:'ero en la
belleza de la enviada, la cautiva no encuentra smo su prop.1a belleza,
y las palabras consoladoras s6lo la hacen sofiar en su propia voz; por
eso la princesa dolorosa arroja;coléricamente á la amante, á la bella
esclava más cruel que los espejos.
·
'

EPHRA 1M ~TIKHAEL.

SOY CASTELLANO ... .... .
Soy castellano. Vivo aislado en mi "astillo,
Pntre11a&lt;lo á los sueños y á las meditaciones.
Soy ;¡l:1.nero y hosco, soy triste; ningún brillo
exterior rne seduce. Maté mis ilusiones
la noche en que por siP.mpre mandé alzar el rastrillo.
Amo paRar mi vida contemplando los cielos.
Desde el alto y obscuro torre6n del homenaje,
he visto á las mafürnas tender sus blancos velos
f:n los cielos; he visto enlutarse el paisaje
en las noches, las reinas de misteriosos duelos;
y en la gran lejanía, á la vaga ribera
de donde en nna tnrcle doliente y sonro,mda
znrpó la barca de oro &lt;le mi ilusión primera,
qne ,e lle,·ó ft. mi hermana, la dulce pasajera
qt,c pobló de armonías mi alma enamorada.
Cómo recuerdo aquello! ........ .
......... Y mi hermana gemela
nna tarde de otoño se fué muy triste y sola. ..... .... !
Snla, se fué muy lejos, lejos, lejos ......... ! La vela.
de su barca er,L blanca, y como ban,lerola
on leaba en el mústil mi sueño que la vela.
Oh, la \'igib ~ielllpre: la mira cuando huye
por las·call.ulas si rtes; cuando púliua llora
bu~cando la esperanza que (t su seno enamora;
euanuo tod,t tretnante á las sombras arguye
y ditlo_ga con ella,; su voz encantadora..
Paso las hornH muerLas contemplando el camino
dt&gt;sde el alto y oh~curo torreón del homenaje.
Mi corazón la agunrda que n1elv:i de su viaje!
K,pnando que vuelva de su viaje divino,
lic cansado mis ojos contemplando el paisaje.
MANUEL DE LA PARRA.

1903. - México.

.

de Febrero de 1903.

ALREDEDORES DE MEXICO.- Acueducto de los Leones.

�Domingo l5 de Febrero ele :!.!J03.

:mL MUNDO rtus'rRA!&gt;O

EL MUNDO ILUSTRADO

-Sí; llámela Vd. pobre. Ha faltado, pues. Y la gente de la
aldea se le fué encima, y la apedreó. Unos dicen que fué á tener
su hijo á Gap. Después no .se ha vuelto á Raher de ella.
Me detuve, sobrecogida.
-Desdichada! Desdichada!
Y en la obscuridad de lo que yo experimentaba, me atreví á
arrojar mi piedra contra esa desdichada.
; -¿Por qué faltó lit infeliz?
Entonces Phrasia se plantó delante de mL
-¿Por qué? Porque era como las demás! No hay que creer que
porque son institutrices, han de ser ángeles también. V d. es una excepción; Vd. está hecha así, no se fastidia jamás, siempre está alegre. Las otras, yo las bP conocido bien, son como todo el mundo!
Llega el día en que la vida hierve en ellas. Sólo que no les gustan
los idiotas de los caminos; y los otros no las quieren porque son ¡ obres y no saben hacer nada cori sus manos. Entonces, si alguno ronda en torno de eilas, acaba eso siempre por una desgracia, como la
de Greoux, que yo refería á Vd. Es necef'ario no condenarlas como
lo hacen los imbéciles, señorita! Hay que comprenderlo todo! Yo me
&lt;ligo eso. Y si hubiese estado en Greoux, contra quienes había arrojado las piedras sería contra las gent~s del lugar ........ .
En ademán soberbio, con el puño cerrado, Phrasia amenazaba ...
Luego siguió su marcha. Llegó la primera al fin de la cuesta
que seguíamos, y me tendió la mano en un momento en que me tropecé con unas piedras.
--Cuidado! Se necesitan pies firmes para andar por estos caminos!
Sonreía ligeramente. Pensaba en el otro camino, tan abrupto, de
lm, jóvenes institutrices. Mi mano oprimió un poco la de Phrasia, de
esa mujer tan buena, tan inteligente. Seguramente yo no era de su opinión, en cuanto á tamaña indulgencia, y, sin embargo, comprendía
tantas cosas!. ....... .
XVIII

I

¿
\

LA INSTITUTRIZ.

.-.

NOVELA POR ESTER DE SUZE.

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

TRADUCCION Df "fL ~UNDO ILUSTRADO."
(CONTINÚA.)

La buena mujer estaba orgullosa de acompañarme.
La mañana estaba fresca. Ibamos de prisa: yo, soñando; Phrasia charlando. Me hablaba de todo, sin solución casi; algunos hechos
me interesaban más, me iban rectos al corazón, como si á mí me hubiesen acontecido.
Interrumpía esas historias con preguntas balbucientes.
-Hacía mucho tiempo que vivía allí esa institutriz?
-Oh, sí! La pobrecilla era tan linda como una imagen; y tan
inteligente...... Pero, quia! El le hacía la corte. En cuanto á casarse
con ella, eso era distinto: ella tenía las manos demasiado blancas ......

Vea Vd., señorita: las institutrices-·dicho sea sin ofenderá nadie no están bien sino en la escuela.
-Acaso no soy yo quien arregla mi casa Phrasia?
-Vaya! En cuanto á cocina, á juzgar p~r la compra que hago
para
debe estar hecho muy pronto el quehacer de la casa.
Rio, y no tuve valor para explicarle que eso era porque yo no
encontraba placer alip~no en cocinar para mí sola; mientras que si
• fuese para una fam1ha...... Mas ¿para qué contarla esos detalles?
¿Me casaría yo alguna vez, por ventura?
-Entonces, esa pobre institutriz ......

V.~-,

El abate me asombró. Un talle largo y esbelto, bajo la flotante
sotana; manos de artista; una cabeza ideal, joven, circuida de rizos
negros que parecían ir del círculo de la tonsun al cuello grácil. Vino
á nuestro encuentro cuando i,alíamos de la iglesia, y Phrasia le saludó,
pidió noticias de la criada y de algunas gentes á quienes yo no conocía. Luego, mirándome, dijo que iba yo con el fin dti ver las obras de
arte de su antiguo patrón. El abate salud(¡ muy i;,encillamente. Parecía distraído, y, como me había dicho Phrasia, apenas me miró.
-Me complace mucho la visita de usted, señorita; pero Phrasia
le ha dicho más de lo que es en verdad. Mis trabajillos son más bien
una destrucción; pues es en representará Dios, en lo que me emayo.
Sin embargo, si eso puede interesarla ........ .
Nos guió á través de una sala estrecha, en la cual hahía grandes
tablones cubiertos á lo largo de llls paredes. En medio una mesa, un
escabel, algunos instrumentos enteramente primitivos, una vasija con
agua, un montoncillo de b'l.lTO amarillento en el suelo, al lado de la
mesa.
-El taller, señor abate.
-Sí, si acaso. Es aquí donde trabajo. Estos son mis bocetos.
Alzó los lienzos que cubrían las paredes. Quedé sorprendida.
ccEcce-homo~" verdaderamente divinos, con la frente bañada en sangre, bajo la corona de espinas. Vírgeues de perfil extático y doloroso;
cruces trabajadísimas, con lianas ó volutas que se entrelazaban, se
asían al árbol cristiano, semejantes á almas que se elevan en plegarias
impremas: sus cálices sedientos tendidos hacia la sombra mística del
árbol.
Yo balbucía algunas palabras. Con un ademán imitaba la actitud de los tallos, seguía la línea suave de los perfiles, á medids. que el
abate me mostraba las figuras.
- Se diría que es usted conocedora, señorita.
-No conozco el arttl, señor; pero sí lo hermoso....... y esto, qué
hermoso es!. ....... .
Sus ojos, velados por la indiferencia, parecieron abrirse. Me miró orgulloso por un instante. Luego se calmó, como si se arrepintiera de ello.
- ¡No! Esto es cualquier cosa ...... ocupación de soltero ...... nada más.
Quiso acabar pronto. Le indiqué un último asunto que había
quedado cubierto. Se ~urbó un poco.
-No está terminado-dijo.
Mas yo me había a1.:ercado, y él hubo de quitar rápidamente el
lienzo. Era una Santa. Ana, sentada, con un libro sobre las rodillas
y ~a Virgen, niña, de pie, leyendo en e~ libro. La Virgen niña, eÍ
bnol, los detalles to_dos estaban aún mformes, excepto la figura de
Santa Ana. En camb10, esta me asombró por la expresión de vida
que tenía. La frente pensativa, la nariz pura de los santos de alas
móviles, como la de una jove11 que sueña; los labios suaves sin nada
de místico, el talle afinado como_ por un corset, bajo la drapería que
no llegaba á figurar nada arcaico en derredl)r de esa figura encantadora.
- ¡Qué extraña es esta santa!-exclamé.
-¿Por qué?-preguntó inquieto el abate.
-Quiero decir que expresa mucha vida. Generalmente los santos no son así.
-~s un error. ¿Por qué n? expresarla vida, aun en la santidad?
Resolví 1~1,te,ntarlo_ en este trabaJo. ~anto mejor si lo he logrado.
Volv10 ª. cubrir el gr~1po. Phras,a nos había dejado solos. El abate me conduJo á su humilde y estrecho comedor, y m~ ofreció una

bomingo 1ñ de Febrero de 1903.

nada de marrasquino. Me habló de su arte, que !e había v~nido sin
maestro; me refirió cuán feliz era entre el buen D10s, los feligreses y
el arte. Estaba sentado, y su mano, admirablemente destacada de la
sotana, me parecía, con sus dedos finísimos, estar modelando alguna
cosa.
-¿Entonces,-le pregunté-no se fastidia usted jamás?
Esta pregunta era atrt&gt;vida. ¿Acaso un padre debe Rentir fastidio? ¿Acaso yo misma me fastidiaba, puesto que hacía tal pregunta?
Iba á disculparme, cuando él me contestó lealmente, que no conocía
el fastidio.
-Los feligre;:es, el buen Dios, todo esto es el deber; como son el
mío mis discípulas y también Dios; pero cuando se es artista como
usted, me parece que podía desear tener algunos amigos íntimos, que
le comprendiesen su alma.
Se echó hacia atrás lll) poco para reír, con ese timbre de voz blanco propio de los padres jóvenes, y que no es ni &lt;le mujer, ni de hombre, ni de adolescente.
-¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Qué bien dice usted eso! ¡No soy su confesor, y sin embargo, acabo de oír su confesión! ¿Conque se fastidia
usted en Chavoux?
-No; no, señor cura. Yo Je pregunté si por aquí cerca no habría
un castillo donde tuviera usted amigos que supieran estimarle. Es
por usted por quien preguntaba. Yo no soy artista, 11i tendría qué
decir á mis amigos, caso que los tuviese.
- Bien, bien, la creo á nstecl.
Y como yo insistiese, neciamente, diciendo:
-EntonceR, nadie, ¿ni siquiera un viejo castellano arti~ta?
El palideció, se mordió los labios, movió los afilados dedos nerviosamente, como para hacerme callar, y respondió con sequedad:
-¡Nadie!
Phrasiavino á encontrarnos. Habló sin parar por algunos minutos;
aceptó una gota de vino añejo; &lt;lió de Chavoux noticias que el abate
no le pidió.
-No hemos acabado aún. Si queremos ver aún á la señorita
María, debemos marcharnos pronto, señorita.
¿Por qué me pareció que el abate quedaba contrariado?

***
La vi. Era la Santa Ana, la deliciosa Santa Ana del aba.te la de
perfil purísimo y labios sua.ves.
'
Pero-cosa extraña-si h Santa me había parecido moderna la
joven me pareció antigua, como una de las vfrgenes de la Paráb~ln.
l\Ie recibió afablemente, sin grandes demostraciones· me dijo que yo
bacía muy poco ruido en mi aldea; pero que, no ob~tante, ella había
oído hablar de mí.
-Usted también, señorita,-dijo Phrasia-parece ser piadosa
como un ángel y no hacer aquí ningún ruido. .
Miré lÍ. la jov¡m, con la curiosidad &lt;le sorprender algo en ella.
Volvió -á mí su apacible rostro.·
-Creo, sefiorita, que también usted ha de ser piadosa. En nuestra situación, ¿qué sería de nosotras, s.i no tuviésemos al buen Dios?
-Ciertamente-murmuré.
No podíamos tardar mucho. Phrasia nos separó. La señorita
María prometió irá visitarme.
-Será necesario que también usted venga señorita y sin etiqueta, cuando usted quiera... ... En estío los ca1~inos son 'agradables
y estamos tan cerca ......
Nos acompañó basta el camino, y me señaló Chavoux al fin de
la pendiente, á la derecha.
-¿Vendrá usted?
-Sí-le dije algo indecisa.
Nos besamos.. La joven pare~a leal y pura; habría yo debido
quererla mucho. Sm embargo, m1 corazón quedó aprisionado por un
sentimiento inexplicable.
XIX
Estábamos en junio. Los caminos, sembrados por los árboles y
perfumados por_ las flores, me atraían con todos sus encantos. Los
Jueves,. los domingos, en las tardes claras, después de las cuatro me
d~?ª t1emp? para dar paseos. La sefiorita _María vino _á verme; yo la
v1s1té también, yendo, para acortar el cammo por vencuetos que habíau llegado á serme familiares.
'
l\Iis amigos de Paut me invitaron á su casa. Conocí su escuela
nuev~, con techo rojo; el mismo e~i~c~o para niñas y niños, á guíe:
nes solo separaba un8: barda que d1v1&lt;l1a el patio. Llena de niños de
uno y otro ~exo, patnar_.?al_como un presbiterio inglés; más cómoda
que la mía. o la de (a s~?orita María, gracias al ingenio y habilidad
del esposo, esa hab1~c1?n _me encantaba. Fuí á verles con frecuencia
y llegué á ser la _:irmga mtrma del_ matrimonio. Uno y la otra me confiaban sus ensuenos y su~ contrariedades: un encanto punzante me
tenía suspensa de sus lab1os,..sobre todo los del joven esposo.
, -Cuando tengan~os h1Jos- decía la esposa-los instalaremos
a(J~n, en esta recamanta. Les educaremos con gran cuidado
les
adrestra,remos en todo lo,que se pueda. Luego les casaremos c~/ rofesores o profes~ras. Seran felices como nosotros.
p
Sonreía satir-fecba ...... pero él quedaba sombrío. Las palab
d
éste, cuau~o hacía sus confid,mcias, me parecía que abrían b:e:ta!
en muros impenetrables que descubriesen poco á poco luces · ¡
bles.
1mp aca-

•

(CONTINUARÁ. )

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MfXICO, ffBRfRO 22 Df 1903.

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Director: LIC. RAFAU RfU&amp; &amp;PINDOLA.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>ªrcn1.1.~

. s~

clt;~1úc~.

Cf 41

)"'A,

..

· EL MUNDO ILUSTRADO
ANO X•••TOMO 1.--NUM. 6

MEXICO, UBRERO ¡ DE 1903.

Subscripción mensual tor,nea, $1,S0
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,¡.,.--.J...,

.:;r.. -

.

----=-

e:.:.:~--

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A'
A'
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_¡;¡_ ~

es el !ilin.ento máR ¡z-rande y el más recomendado paulos n!fius
desde la edad de seis á siete meses, y particularmente en el mo
mento del dest&amp;te y durclnte el período del cr~lmiento. Facilita mucho la dentición; 1111egura la buena formación
de los huesos; previene y neutraliza los defectns que ~uelen orPsentarRe al crecer, é lmpirle la dlarreP, que es tan frP-cueate en los nlfios. -PARI~, 6 AVENOE VICTORIA, Y l&lt;]NTODARLASFARMAL'JA8.
l ff
.li.U1.

El cabello espeso y lustroso pertenece á la juventud, el
cabello claro y ajado á la vejez. El Vigor del Cabello del
Dr• ...4.yer devuelve el color juvenil y pondrá el cabello de
usted, suave, lustroso, rico y abundante. Mantendrá el
cuero cabelludo limpio de caspa é impedirá que su cabello
caiga.
El Vigor del Cabello del Dr. Ayer da al cabello aquella
apariencia sedosa y lustrosa tan natural en la primera
edad. Para la mujer es el adorno de la hermosura juvenil.
En ningún caso deja de restaurar el color natural del
cabello.
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~-~ A Cl1arr1llo

SAINT-RAPHAEL,
Vino fortificante, digestivo, tónico, reconstituyente, de sabor excelente,
más eficaz para las personas debillta::tas que los ferrugir,osos y las quinas.
Conservado por el método de M. Pasteur. Prescríbese en las molestias del
estómago, la clorosis, la anemia y las convalecencias; este vino se r ecomienda á las personas de edad, á las mujeres, jóvenes y á los niños.

AVISO MUY IMPORT.a}¡TE.
El único VINO auténtico de S. RAPHAEL el solo que tiene el derecho
de llamarse así, el solo que es legítimo y de que se hace mención en el
furmulario del Profesor BOUCHARDAT, es el de Mrs. CLEMENT y Cta.,
de Valence (Drome, Francia).-Cada Botella lleva la marca de la Uni ón de
los Frabricantes y en el pescuezo un medallón anunciando el "CLETEAS,"
Los demás son groseras y peligrosas falsificaciones,

POR UNA PARTB

la acción imtiséptica de las soluciones alcalinasde las Aguas
de ''Cruz Roja" Tehuacán, y por otra la alción purgante de las misi.nas Aguas, mantienen al intestino en un estado poco á propósito para la formación de cálculos.
Solicitamos Agentes activos fn todas las poblaciones de
importancia del país_

.Negociación de ~ guas Minerales de
"Cruz Roja." Apartado 128--Tehuacán, Pue·
bla.

el Quijote.
Cuadro de Fabrés.

�Domingo 8 de Febrero de 1903.

tas D~lidas dd Domingo
Es domingo. En las casas de familias burguesas y cristianaR, que son _las ~ás en esta
:\Ietrópoli, reina un traqueteo inusitado en l_os
demás días de la semana, pero que se repite
durante la mañana de cadn domingo con una
precisión ql!e puect~ ~!amarse matemática.
El jefe de la fam1ha, que e~ ~I padre «g~neralmentei&gt; no va á su empleo o a sus negoCJos,
y utiliza 1~ mañana del domingo para proceder
á la expoliació'1 capilar de su rost~oi porque
tiene para él que los barberos &lt;le ofic10 le_ hacen daiio á su epidermiR, á más &lt;le no sat1sfa
cer f:US personales aspiraciones estética!". 1:uego de rasurado, pasa los botones dorad~¡¡ tt la
albeantc camii;a del día, endosa la levita ele
honor enciende un cigarro, y c6modamente
instal~do en una mecedora, Re entreg;; á la
lectura del «Imparcial» doble, dedicando igual
ate11ción al acontecimiento internado1_1al del
momento que al último crimen de bar~10. Entretanto la familia Re arregla para !-ahr.
Para ia mamú, la maii:111a del dc,mingo ~s
atrozmente pet&lt;ada. Ha mandado ít misa á la
criada y tal parece que ésta tiene gra~es pecados que purgar y que se echa tres nusas en
vez de una, á ju1.gar por el tiempo que emplea
en su "salida.)) Está, pueH, sola la mam(1; y
t·omo desde su señor esposo hast:i. el postrero
y más chiq~itín de sus retoiios him ~1enester
de su benevola ayuda, la pobre senora no
acierta .,{¡ dar::;e aha~to" para nada.
Locl muchachos, libres hoy &lt;le la escuela,
tienen tiempo y obligación &lt;le de&lt;licar~e á ~tna
«toilette" mús minuciosa que de ord111ano y
se inmolan, quieran ó no, al zacate, al jabón y
al peine· y van y vienen de un cuarto (1 otro,
arrastrai;do las toallas y pidien&lt;lo á gritos el
abrochaclor para cerrarse los zapatos. La nrn.má atiende á éste y á aquél, y no pocas veces
se ve constreili&lt;la á echar mano Íl una oreja
diminuta en vez rle hacerlo á un bracito torpe é inqu'¡eto. m varoncito mayor, el seiiotito de la casa, c¡ue ya acaba de entrará la Preparatoria y á quien empiezan á apuntar ya el
bozo y la presunción, Ke hace malus. lenguas
&lt;lel tmhajo que la planchadora. ha eJecuta&lt;lo
en el alto cuello ,,Chicago, 35, • y lo declara
una. «porquería." La resigna&lt;la mamá ofrece
cambiar de planchadora.
En cuanto ú las muchachas de la casa, casaderas ya y exigentes en el atavío, hace un
buen rato que se encuentran delante del espejo, arreglán&lt;lo,e }os rizos, en:ipolvándose las
mejillai-, estrechandoRe las cmtas del co!sé
con fraternal reciproci&lt;lad; y luego de bien
y;stas y revistas, endo~an el vestido de seda,
embarrnn los guantes gris perla sobre sus manecitas Jiliales, dan un toque poi,trero á las
plumas del sombrero y, como eu éstas y en
las otras han dt\do ya casi las once, eleclaran
á. la mamá que se afane y se apresure, porque
ya ..han llamaelo• dos veces y no van á alcanzar la. misa.
Pero la mamá, ¡pobre señora! aún está de~vestida y todavía tiene que despachar los siguientes chismes: una planchadita á su falda
negra una recosidita á la espiguilla de la misma, l~s polvos &lt;le nti~arbo para el papú, el
«alpiste» para los cananos, etc., etc .......... ¡y
todo eso tiene que hact&gt;rlo rodeada de las travesuras &lt;le sus impruelentes hijos y hostigada por las impaciencias de sus_ núbiles niñas!
¡~Ialelito día para ella, el dommgo!
.
La criada ha regresado de la eterna rmsa;
pero olvidó el jamón para el puchero y quién
sabe qué otras C0!&gt;aS, y tiene que !&gt;alir den uevo........ .
Por fin, el padre ha leído hasta la última
noticia del «Imparcial»; mira el reloj, toma el
sombrero de seda y con su grueso bastón de
cerezo da. un fuerte golpe-su llamada de atención-sobre el pavimento.
-Ea!. ..... ¿estamos listos?
Esta vot del padre produce indescriptible
regocijo en loR muchachos y pone de. humor
mohíno á. las niiias; pues esta voz -qmere decir que el jefe de la familia tiene el propósito
de acompailar í1 la. prole, y si ello sirve á. los
muchachos, porqu" i;iempre logran mayores

-

EL MUNDO ILUSTRADO
beneficios pa1a sus compras dominicales d~ l_a.
relatiYa esplendidez del padre que de l_a. J~lciosa economía de la madre, en cambio disgusta á las niñaR, porque «Papá» no se hace
el disimulado y no tolera &lt;1ue, durante el pnReo 1 se acerque á saludarlas Rodolfo N., el pollo más elegante de la :\Ietrópoli. .
.
El padre se impacienta y empieza á l&gt;aJar
Jns escaleras· la prole le sigue; pero uno de
los chicos \'~elve á subir la escalera porque ha
olvidado el pailuelo, y una de las niiias hace
Jo propio, porque dice que se le ha usolta.d_o»
una Jiga, pero en realidad para darse otro v1Ktazo en el espejo.
Finalmente, faltan&lt;lo un cuarto para las
doce la familia desfila por la banqueta, con
rumlJo al «centro,» marchando por parejas como una patrulla. Toela~, cxceptuan&lt;lo un poco quizá ú la mam(1, \'an compuestos, Ju'
.
1 í ncientes
y 'posesionados dP la excepciona.
dole dei día domingo, de esn. ín&lt;lole que se
trasluce por un rictus singular en el rostro,
que "ª pregonando la conciencia de los trapos de cristianar.
Al llrgar al templo, ~l padre se retir~ á «fl:~near» un rato por dos o treR calles, s1 es ohhre pen!"ador,11 ó penetrn con la prolt' en las
na Yes olientes á incienso, si es «obserrnnte."
Ln. misa. da. princi pi 0, y se escucha ese peeuJia.r susurro de mil labios que rezan mecánicamente, produciendo el zumbido de una gig:rntesca colmena, interrumpido i-Ólo por accrsus
de tos en todos los tonos, tos contngio!:'a hasta para el oficiante, - por los gritos ele tal ó
cual parroquiano de pocos n1est&gt;!&gt;, ¡,or el argt•ntino tintineo de la campanilla de! monago y, á las veces, no muy mras por cierto,
por las desapacibles quejas de algún can que
es víctima de pi!'otones y de golpes.
La mamá, en la premurl\ dP la marcha, olvidó el libro de oraciones y como no t&gt;stá i"Cgura ele acordarse de memoria de toda la misa, recita, una trae otra, innumerables avemarfos, sembradas de tal ó cual pa.drenuet&lt;tro; los chicos preguntan á cada momento si
In misa está ya para terminar, y uno de ellos
insiste en pedir explicaciones acerca de si las
voces del órgano «~alen» por las bocas de los
úngelt&gt;s pintados sobre el frontispicio de aquél,
mientras otro se entretiene en dar golpecitoH
con la ¡.;ombrilla de ~[amá sobre las suelas
de un caballero arrodillado &lt;lelante de (.1;
las niñas, en cambio, aparentan leer con toda

¿Quieres, bardo genial, que te describa
el baile hermoso que en mi patria. priva.·?
Si tu paleta. mágica. tuviera,
qué digno el cuadro de tus ojos fuera!
Perv, aunque débil mi pincel, lo pinta
y escoge para. tí su mejor tinta.
Es, poeta., el danzón, ritmo cubano
con aires de andaluz y de africano.
Tiene las indolencias tropicales
con el cimbrar de los caila.verales.
Es al extraño disonante ruido
y canto delicioso á nuestro oído;
Música emocional que, cuando vibra.,
es tósigo y estímulo en la. fibra.
Esguinces tiene de elegante rango
y sacudidas gráficas de tango;
De tiple y de bandurria suavidades,
y de congo tambor, sonoridades.
Fué el da.nzón tolerado esparcimiento
en años de dolor y de tormento;
Reproche, al par, de intransigencia. airada
contra. una sociedad atribulada
Que en él buscaba elíxir embriagante,
como alivio á. su pena torturante,
Y que, indolente y dócil cua.ndo esclava.,
para ser libre fué rebelde y brava!

devoción en sus libros de marfil, pero con toda maestría desparraman ojeadas por las naves, para Yer y ser vistas ... .. .
La misa ha concluido. La familia se pone
en marcha y «alcanza11 todada. dos ó tres piezas f'n la. Alame,la, pre,·ia compra de pasteles
y otras golosinas t&gt;n alguna dulcería del tránsito. Los muchachos quieren globos; las niñas sillas en la calzada principal; y satisfechos unos v otras, escuchan la danza postrera y tornan· al hogar, encontrúndose con que
la criada ha olvido comprar el pulque antes
de las doc&lt;&gt;, por ignorar la última disposición
gubernati,·a, y la familia toma el pan de c,ada
día ..... domingo-esto es, aumentado con un
plato-y lo rocía con agua pura. y criRtalina.
Por la tarde, ;;egún los gu"to,:, Chapultepec ó teatro en palco~ i,egundos. Y en la noche cornmmación de la comicia de la mañana plática acerca ele las impre;;iom'!-1 &lt;lel día
y de lo,; propósitos para el domingo próximo.
· Tale;; son las delicias dominicales ele una
familia burgue~a y honra.da de !'sta :\letrópoli. 1&lt;:1 fiel cronista no ¡,ueele afirmar de una
manera positiva. Ri esas delicias i:on inefahlea
ú no; eso lo juzgarú d lt.&gt;ctor lwnt\'olo. Pero
sí ptH:tle ase11urar qu&lt;&gt;, «mutatis mutandiK,•
Jo mii;mo pa;':'l. en todas las ciudades ele alguna categoría.
La afluencia ele familias co1110 la anterior,
en los sitios públiro", prt&gt;sla ú la ~l etrópoli
un aspt&gt;cto especial rn los clomingo". En este
día &lt;•fü&lt;i todos as&lt;·it•nd"n, en a parit·ncia, un
esc,~lún en la enorme &lt;&gt;scalern Rocial: la hija
el&lt;&gt; la co"turem parf&gt;C&lt;' la ef:po;;a ele un oficial
lC?; la esposa clrl oficial 1&lt;:' parece una arist6crnta de muchos ca.pi tales; y la. aristúcrnta de
wras........ ésa. es la única que se pit&gt;rde, en
db domingo, entre la multitud at:\\'iada de
lujo, porque ésa es enteramente igual t'n todoe
los días de la semana.
Para muchos [para este humil&lt;le croniKta,
entre otros] el domingo es un día inr;;oportablc, y el mejor partido que en_ (,1 pueel~ ~omar•
i,e es el &lt;le no asomar las nances por filtro con•
t•t;rrido; para. muchoi- m(u,, ~1~1pero, c•l clo1!1in•
rro es el gran &lt;lía, y las delicias del domingo
;mbalsaman y matizan el.aburrimiento de loe
otros seis días ele la semana. Por eso hay que
ceder á éHtos el domingo, en propiedad absoluta y exclusiYa.

y

SARDÍN.

Es el danzón, para. bomb1·es y mujeres,
el más fascinador de los placeres;
Va unido á. nuestt-a suerte y existencia.,
con él celebra. el rico su opulencia,
Y en él buscando goces á la vida.,
mi pobre pueblo su miseria olvida! ....
Ese es el baile que el cubano sabe,
como en México el clásico jarabe,
La. mazurka en Polonia, en Alemania.
el vals, y las cuadrillas en Rumania.;
Como la. jota. en tierra aragonesa
y el bullidor can-ca.u en la francesa..
Cual ésos tiene en la expresión artística,
su originalidad caracteHstica.
Ha.y que escucharlo en la criolla. orquesta.
y entre el tumulto de mestiza fiesta.
Da la seí'lal el jefe del jolgorio
con un largo bastón de Directo1·io.
La bailadora típica, que enlaza
en tez, sangre y pasión, la doble raza,
Imprime á la. tensión de su cadera
un rítmico temblor de bayadera.
Irguiendo el busto, digno de un Tanagra,
{t Terpsícore entera. se consa.gt•a,
Y haciendo de su cuerpo sierpe y lazo,
se ciñe al compai'lero en un abrazo.
Lleva desnuda la morena. espalda,
ct&gt;í'lido el ciúturón, corta la falda.,
Una cinta. en el !Jelo envedijado,
una flor, en que el múrice ha toca.do,
Del dombo seno en el macizo lecho,
)' un lazo, como gdmpola, en el pecho.

EL MUNDO I LUSTRADO

Domingo 8 de Febrero de 1903.

E-

Los labios muestra. por el centro hendidos
al desgaste de besos repetidos,
Y tras el belfo, en vívido resalte,
brilla. el oriente de perlado esmalte.
Más que ventanas, a.l placer abiertas,
ele la. nariz las palpitantes puertas.
Arrebola su faz transfigura.da.
dE&gt; sus ojos la. intensa. llamara.da.:
La. exhalación de su mirar acrece
entre el negt·o capuz que lo guarnece,
Y es su vista cual luz en la penumbra,
ruando está más obscura, más alumbra!
El compás con la lengua. paladea
y con el pie en el piso lo rasguea.
Entregada. a.l da.nzón, menos á él sorda,
con pespuutes de suela. el piso borda,
Y si pintar pudiera. el za.patea.do,
luciera. el suelo oria-inal dechado.
El timbal la. conduce en raudo giro,
ó se aduerme, ondulante, al son clel güiro;
Del metal á los ecos serpentea.,
6 a.l rumor de la cuerda se marea;
Sin sentir, aunque finge que tí.él se lanza,
el deleite sensual, sí el ele la danza.
Retiembla en su cadera rurvilínra
la morbidez elástica. virgínea,
Y hay t&gt;n su contorsión y pal'.oxismo,
rua.l en la nota., etiópico attivismo.
Quita {i su compañero el jipijapa
y la. zalea de sus rilios tapa,
Poniendo nueva. nota {1 su desgarro,
al clavar pn los dientes el cigarro.
A su a.lredor, con zumbo de arbolPda,
la desga.jada. muchedumbre rueda;
Baila. el sudor los rostros agitados,
por la elt'.-ctrica. luz abrillantados;
C..:ien olo1·es, en mezcla. sofocant.P,
un perfume combinan excitan te,
Y del salón se esparce en la. onda tibia,
como un vaho enervante ele lascivia. ....
Ese es el baile que el cubano sabe,
como en México el clásico jarabe.
Va unido á nuestra sue1·te y existencia,
con él celebra. el rico su opulencia,
Y en él buscando goces á. la. vida.,
mi pobre pueblo su misel'ia. olvida.! .. . .
MANUEL

***
El lunes último, afite
un público numeroso y
escogido, el General dió
en el Teatro Arheu rn
primera conferencia, con
el objeto de reunir fondos para las viudas y
huérfanos de sus compatriotas que murieron en
la campaiia. El Sr. Lic.
D. Justo Sierra presentó ú. la concurrencia al
jefe bóero, pronunciando, con este motivo, una
bellísima alocuci6h en
que puso de relieve los
rasgos más salientes de la
vida de Viljoen. A continuación, éste pronunciú su discurso en inglés
haciendo la rEsefla histórica del Transvaal y de
la última. guerra.
La narración, traduci&lt;la a.l castellano por el
Sr. Lic. D. Rafael Par·
do, interesó vivamente
ú la concurrencia. Después se exhibieron, con
linterna mágica, alguno:;
pasajes de la guerra Sudafricana.
Los jefes bóeros que
acompañan al (¾enera.l
Yiljoen son el Capitán
M. 0' bonell y los Comandantes M. Touche,
G. Joubert, P. Kritzinger y M. W alan.

S. PICHAR!)().

EL BARRANCO.

La antel'ior composición, que publicó "El
Fígaro" de la Haba.na., está dedicada al poeta
vE&gt;racruza.no D. Salvador Día.z Mirón.

·-·

BOEROS EN MÉXICO.
«El Imparcial,&gt; ha da&lt;lo cuenta de la llegada á :\léxico del General Benjamín Yiljoen,
y de un grupo de sus compaileros de armas
en la porfiada lucha que contra Inglaterra sostuvo la. República del Transvaal.
Viljoen es una de las figuras salientes de
aquel cuadro que asombró al mundo y que
constituye una. de las páginas más nota bles
de la historia contemporánea.
Su primer ataque sobre laf! posiciones británicas, lo dió el 16 de julio de 1900 en Olitantsfontein, siendo ase endido entonces ú. general. Antes había sido oficial de policía., periodista y Diputado, sucesivamente.

El Gral. b6ero Benjamín Vi ljoen, en t raje militar.

Xo era el inmenso barranco sino una de
tantas resquebrajaduras de la sierra que alargaba sus picos audaces hacia el espacio re~ado de sangre luminosa, como si estallara la
suave onelulación de las crestas ó se desesperara la. curva imperturbable de la montaña en
aquellas rocas altas y duras, fecundas de vegetación y de rumores, en aquellos pefiascos
empinados al cielo como torres de espontánea arquitectura.
En lo alto del abrupto cantil asomaban las
piedras de la cumbre sus cabezas enormes de
monstruo,y las matas floridas y trémulas sus
verdes flecos 6 sus penachos triunfales; la
exuberancia. de la primavera surgía de entre
los agrietados paredones, de las cuevas-bostezos del abismo-de los senos abiertos de las
rocas, entrañas de cuarzo, geológicos desga-

rramientos; el musgo tendía sus ri&lt;'.os tapices
de seda., y árboles corpulentos nacidos en la
peña infecunda afianzaban la roca con sus
raíces gruesas y fuertes como nervios robustos.
El río era cabellera trenzada eh grueso manojo, preso en sus ondas de líquida plata el
nenúfar desfallecido 6 suelta y libre, derramándose por encima de la arena como bucle
de mujn sobre senos blahdos, y por encima
de la roca bruñida por el sol como las melenas desordenadas sobre las frentes invadidas
por el ensueño; ó bien cristal prodigioso qGe
se quebraba en las aristas del cauce 6 reflejaba las palmas abriendo sobre ei crepúsculo su abanico de púas.
Entre el mezclado rumor del agua y de la
fronda bajaba la torada innumerable, segura
la doble pezufia que chapotea el río, colgante la papada grasosa, fatigado el pecho, el anca
estrecha, la mirada tranquila-casi mirada de
optimista filósofo, -alto el testuz, rectos los
pitones, y del hocico que siempre rumia, pendiente el belfo en busca de la linfa fresca y
clara. La agradable emanación dilata la nariz y llena de salvaje felicidad el ancho rostro que las bestias introducen en el agua y
levantan después gotean te y satisfecho ..... .
Y la tarde que declina va prendiendo en
cada filo del monte un jirón de su regio estandarte, el río.. solloza, y el vimto, entre las
ramas que brotan de los troncos como las
cuerdás de la. lira, solloza también.
EDUARDO COLTN.

La verdad es una y en la naturaleza todo
sr correRponde.

***
Creer todo descubierto es un error profunelo
e!! tom'l.r el horizonte por el fin del mundo. '

***
M. Touche.
G. Joubert,

LOS JEFES BO E ROS.
P. Kritzinger.
B. J. Vi ljoen.

M. O'Bonell.
M. W alam.

El rayo es la electricidad en estado salvaje; el sonido es la música en su estado natural.

�EL MUNDO ILUSTRAIJO

Domingo 8 de Febrero de l 903.

Ca fiesta de los Reporters
en el fiidalgo

E

ON el prop6sito de allegar fondos para las víctin?as_ de la epi~emia reinan~e en Mazatlán, los rep6rters de los prmc1pal~s pen6dicos orgamzaron una agradable velada que se efectuo en el
teatro de la calle de Corchero el 31 del pasado, ante una concurrencia tan numerosa como distinguida.
El empefio de los promotorefl de la fies_t3: de caridad á que n?s referimos, por una parte, y, por otra, la solicitud c~n qu~ _la sociedad
mexicana acude siempre al llamado de la filantroprn, h1c1eron que el
éxito del festival superara, y con mucho, al que era de espera~·se. El
teatro estaba primorosamente adornado y lleno, como suele decirse, de
bote en bote.
Tres partes comprendía el programa. La primera, se _cubri6 con
escogidas piezas ejtcutadas por la orquesta del Couservat~no, con n_ú meros de canto y piano, y con una poe1Sía, que reproducimos, escrita
expresamente por el Sr. Luis G. Urhina. La señorita Carmen Rangel en el «Solo de piano,, que ejecut6 con verdadero amor; la Feñora
l\f¡ría Vega de Cuevas, con el «Raconto» de «Andrea Chenier,» cantado con dulce sentimiento y el Sr. Roberto F . l\Iarín, en la ccRomanza» que cubría el VII nú~ero del programa, se conquistaron much?s
y muy merecidos aplausos. Urbina supo con~over á la_ concurrencia
con su exquisita obra de poeta, y fué también aplaudido con entusiasmo.
La i::egunda parte consisti6 en la representación de la ~ermo~a
6pera ccEl Maestro de Capilla,» cuidadosamente ensayada baJO la dirección del maestro Arag6n. Tomaron parte en rl desempeño la seño-

Por último, se pu~o en escena ,,Los Martes de las de Gómez,» sainete en cuyo desempeño tomaron parte los rep6rters y los artistas de
la Compañía Fábregas.
. ..
La concurrencia, como antes d1J1mos, era del~ ~Íls s~lecto. El Sr,
Presidente de la República, acompañado de su d1stmgu1da esposa, y

de gigantes airados que en combate bravío,
luchan, y se deslíen en el aire sombrío;
de enormes barcas aéreas en un fúnebre piélago;
de aquelarres diabólicos y de alas de murciélago.
y en la noche cerrada que cruza el peregrino,
solo, triste y callado, por el agrio camino
pasa, impalpable y hosca, la caravana nubia,
blandiendo los sutiles puñales de la lluvia.
Las mil bocas del viento grita.o y clamorean;
son voces inauditas, voces que silabean
palabras misteriosas de un lenguaje profundo
que se queja con todos los dolores del mundo:
árboles que hirió el rayo, rocas que se descuajan,
hojarascas que suben y torrentes que bajan;
y entre aquellos rumores espantosos, de cuando
en cuando se oye, tierno, dulce, indeciso y blando
el gemido angustioso ele las frá~iles cosas:
los nidos a1•rancados, las desho¡adas rosas
se duelen del Destino y en amantes querellas
unen sus ayes á los ayes de las estrellas,
que hasta los astros de oro que por el cielo vagan
se quejan de las sombras que sus luces apagan.
Y todas esas voces juntábanse en un coro
magnifico y doliente, y terl'ible y sonoro.
Y decían: Viajero qufl caminas perdido
en la noche cerrada, solitario y rendido,
no hallarás lo que ahora tu cansancio apetece,
pan, lumbre, lecho, nada; eres hombre; padece.
No hallarás lo que buscas: pan,lumbre, lecho, nada,
camina sin descanso por la noche cerrada.
Somos tus guías, ;,sabes? Y nosotros sufrimos
y es fuerza que tú sufras, y nosotros sentimos
el implacable estigma de un gran dolor profundo
que llena los espacios y es el alma del mundo.
¿Y quién eres tú para evadirte al castigo?
'!'orna tu parte, sufre, llora, sé nuestro amigo,
recibe tus dolores, y funde tu tristeza
en la tristeza augusta de la Naturaleza.
Y así por el fangoso v empinado sendero,
en medio de la noche cenada iba. el viajero,
y en tanto, entre la sombra, la caravana nubia
blandía los sutiles puñales de la lluvia.
De pronto, bruscamente, algo informe y obscuro
cortó la ruta; entonces palpó el viajero un muro,
buscó la puerta; al rudo golpe pesado y seco
del aldabón, y cuyo rumor repitió el eco,
una voz dulce y santa, una voz adorable,
una voz exquisita, una voz inefable,
preguntó:-¿Dí quién eres, qué buscas?-Un viajero
que ha perdido la ruta, contestó el caballero.
-¿Y no encontraste alberg-ue·t-1Ay,nol Lo busqué en
vengo t1•iste y rendido; soy el Dolor humano. (va.no,
La voz, música angélica.-¡Oh caminante!, pasa
~gl'itó,-vive, consuélate, alienta.; ésta es tu casa.
Y el Dolor, que en la senda que se tuerce y se empil'a
era una mancha que anda, camina que camina,
al cruzar la imp1·evista radiosa puerta franca,
mfró una imagen blanca, muy blanca, toda blanca.
Y oyó la voz angélica:-Ven,entra, eres mi hermano:
esperándote estaba; soy el Amor humano.
Recobrarás las fuerzas, sentil·ás la alegría,
reposa, pe1·egrino, mient1·as que vuelve el día.
Y la frente inclinada de la fatiga al peso,
se irguió al sentir el tibio soplo de amor de un beso.
Afuera, entre la. sombra, la. ca1·avana nubia
blandía los sutiles puñales de la lluvia.

OrEJ:TJI.

e

ANTAS veces surge ante mí la visión
de Ofelia en las lejanías del recuerdo,
llueven en mi pensamiento flores para ella: la digo palabras que la reina madre de
llamlet la decía deshojando rosafl sobre su féretro· suavidades para la suave; y siento que
el a~biente ideal de la meditaci6n trascien&lt;le,
cuando ella se acerca, á azahares en botón y á
las violetas que, colmando el voto de Laertes,
han crecido sobre la tumba de la blanca novia
infortunada.

***

SR. RAFAEL LOPEZ

***

de su hija la Sra. Amada Díaz de la Torre, asistió (. la fiesta perman
ciendo en el teatro hasta que terminó el último número del program.
Los repórters, indudablemente, deben estar satisfechos del b
llante éxito que obtuvieron.
En este número publicamos los retratos de los aficionados que
maron parte en el festival. Los de los profesionistas, los hemos d
ya á conocer en otras ocasiones.

DOLOR-AMOR
En medio de la noche cerrada., iba el viajero,
solo, callado, triste. La sombra. en el send ro,
la sombra que era negra, la. lluvia que era helada,
el viento que gemía con voz desespe1·ada.,
ésos eran los guías del caminante. A veces
a.bríase en el fondo de aquellas lobregueces,
al fin del horizonte, tras la brumosa cumbre,
rnjiza .Y deslumbrante una grieta de lumbre.
Bl'illaba entonces en la fatídica fi¡!'ura
que en las tinieblas era cu¡,,l otra mancha obscura,
la cruz ele una tizona, la pluma ele un sombrero ..... .
y en medio de la noche cerrada, iha el viajero.
P, r la fangosa ruta que se tuerce y se e1:npina,
como una mancha que anda, camina que camina,
iba. c,allado y triste; y sombra. y lluvia y viento
SPgu1anle como nn formidable acompafiam1cnto.
Pero la sombra tiene un alma, y se t·eviste
de fantiística.., formas que amedrentan al u'.iste:
la 1lt1~ia. tiene brazos que arma, con furia y dolo,
de sutiles puilales para matar al solo·
el viento tiene bocas que clama.o: desgraciado
del que cruza la noche solitario y callado.
He aquí que de pronto el espacio se puebla
de fantasmas con la1·gos ropajes de tiniebla;
de extravagantes monstruos que en muda caravana
corren basta perderse poi· la ext:rnsión lejana:
0

Sra. MARIA vEGA DE CUEVAS

rita Beatriz Franco, que hizo la Gertrudis; el Sr. José Ruiz B., que caracterizó el Benetto, y el Sr. Rafael López R., que cantó el Barnaba
La representación fué del agrado del público, y constituye, tanto para el maestro Director como para la Srita. Franco y los Sres. López y
Ruiz, un trit:nfo.

Domingo 8 de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

e=-

Este es el viejo cuento, la fábula tontuna,
con que nos arrulla1·on al borde de la cuna,
llenos de cristalinas cadencias celestiales,
esos Perraults divinos, los labios maternales.
¿Quién volviera á escucharos, cristalinas cadencias
de las «Mil y Una Noches&gt; de nuestras inocencias!
Las madres son poetas; cuentan mejor, es claro,
que nosotros, que hacemos del artificio raro,
un oropel que oculte nuestras faltas seguras
de emociones sinceras y sencillas ternuras.
Yo aquí lo simbolizo, le pongo algunas gemas
retóricas, y adorno con mis estratagemas
de rimas y metáfo1·as, cual si bordara el viento,
la trama simple y pura del primoroso cuento.
Vosotros, los felices, ¿,habéis adivinado
la intención? Un viajero á, la pue1·ta ha tocado;
viene triste y rendido y lo siguen veloces,
su cortejo de sombras y su coro de voces.
Tiene mucha fatiga, tiene mucha tristeza,
y lo hiere implacable la cruel Naturaleza..
Vosotros, los felices, heraldos de concordia,
abrid las áureas puertas de la Miserico1·dia.
Abrid,que ese viajero que implora. es vuestro hermano;
lo esperaba.is, ¿no es cierto? Es el D0101· humano.
¡Oh felices y buenos! ¡Oh almas generosas!
Endulzad como abejas, reventad como rosas,
y sed como ellas siempre, que dan en abundancia
las unas sus panales, las otras su fragancia.
Sed pródigos, felices, de amor y de consuelo;
amar es como una santa misión del cielo,
y consolar es bella. forma. de a.mor sublime:
nos salva porque eleva; lo que eleva redime.
Allá lejos un grupo de hombres, por fatal suerte,
desesperado lucha con la sombra y la muerte.
Tocan, abrid, felices, tendedles vuestras manos,
que están tristes, y sufren, y son nuestros hermanos.
Abrid; entrn, viajero; la negra caravana
se perderá. por siempre tras la extensión lejana;
te volverán, en breve, la fuerza y la. alegría
descansa, pe1·egrino, mientras que viene el día.
No temas; venceremos, re~obra la confianza,
que al calor del consuelo reviva tu esperanza
por9-ue el amor es grande, porque el amor es 'ruerte
• Y triunfa de la. Sombra, del Mal y de la Muerte.
LUIS G. URBINA.

Ofelia, como todos los personajes de Shakespeare, respira naturalidad; pero entre todaf:
las creaciones &lt;le! poderoso vate, ella, que es
la más ideal, representa el candor, la inocencia, tal cual se presenta en la vida. Apellidnrla virtuosa es desconocerla. La virtud, justo
medio entre la pasión y el deber, excluye In
inocencia, que es privilegio virgin11l, frágil y
delicioso equilibrio de santas ignorancias y de
divinas curiosidades. La naturaleza, la apasionada por excelencia, gran romántica, ha
puesto lo más puro, lo más cálido, lo más
misterioso de su romanticismo, no en la juventud, que es su obra maestra, sino en la virginidad, su creación predilecta, antesala del
amor y de la primavera del ser. Las vfr~enes
no son virtuosas, sino puras: novias cándidas
que · presienten el altar é ignoran el tálamo
mientras juegan con sus rizos y hacen tembla~
sus velos, tibias auras acariciadoras que les
traen ecos de canciones de nidos y citéreos
rumores.
En Ofelia no hay artificio. Ama á Hamlet
y confiesa ciertamente que ama porque «á su~
juramentos iban unidos cuantos votos pueden
dirigirse-al cielo.,,
A ella es á quien Hamlet, al advertirla dice
t3:n quedo que ~lla misma no lo oiga: :&lt;¡Oh!
virgen, que mis faltas no sean olvidadas en
tus piadosas oraciones!» Al borde de su fosa
es donde él acepta el reto de Laertes y clama:
cc¡ Y o la amaba! La ternura sumada do mil
hermanos no iguala á mi amor." Su fe en Ofelia perdura y sobrenada en el deshecho temporal en que naufragan su fe en la humanidad
y el amor á la madre qt?e le dió el ser.

*"'*

SR. ROBERTO F. MARIN

SR. JOS~ RUIZ B.

En un teatro
todo lleno de crudezas' Ofelia
, .
aparece puns1ma,
guardada por el amor y el
respeto que sólo la inocencia 6 la alta virtud
inspiran. Loca, vestida de blanco en desorden la rubia cahellera, coronada d~ flores «el
infierno mismo y su horror cambian de n~turaleza expresados por ella, y se transforman
en encanto y gracia." Cuando c&lt;mantenida sobre las ondas como una náyade cantando
fragmentos de antiguas baladas,, l~s aguas se
entrea?ren par3: ,sep_ultarla, la muerte ccdeja su
melodiosa canc1on mterrumpida ...... » y, más
que m~ ser humano, lo que &lt;lesaparece es un
almo ritmo de amor, una santa ilusión que se
nos arranc__a del alma, una amada nuestra que
se va, sueno de ventura del que se nos despierta hruscamente..... .
En la eterna lucha de Atenas con Jerusalén
del Parnaso con Sión, de que nos habla Hei~
ne, esa vaporosa beldad que vive no más que
un día Eoñando amor, cáliz intocado que el
dolor rompe en la cerrazón de la locura es
santa en el cielo de la idea, igual que el ~ás
sagrado mármol de la Grecia. Habla y conmueve: anda, y la nube angélica la nube de
las celestes ascehsiones se for~a á su paso
)'. se condensa bajo sus plantas: sonríe, y el
Jim bo apunta en torno á sus sienes «·¡ gratia
plena!"
Y es eterna porque toda mujer es, un instan te al menos en su vida, Ofelia, y ese instante es el más humano, el más intenso y el má
pt~rf ?e su existencia: penumbra de au ror;s
?nsah?a de amor, de donde surge, al reclamii
~mpenoso de Eros, roja ó blanca, la mariposa
ide?-1, María, la de Efraím, 6 Julieta 6 Margarita.
CÉSAR Zm,mrA,

.

�EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 8 de F ebrero de 1903.

D ominp;o 8 de Febrero de UJU:l. ·

EL MUNDO ILUSTRADO

.. .,

($CULTURA EN MARFIL
PREMIO

•' MERCURtO" -...;
PREM•o

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,._._ , . ~

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S~ Braolio Rodri uez Granada~

r

DIEGO ALMAQAt 'f G Vl l l EIII .

'

..

�KljTEl Puñal del Ca~inante
1
~-,-~ ,

Un Califa tenía una hiJa úmca á
quien adoraba porque era de una belleza perfecta, y la había llamado
--Nouronnihar, que quiere decir «luz
del día,» nombre admirablemente
pues lo, pues parecía hecha de _un rayo de sol. Pero sufr~a por ella u~ gra~
tormento, á causa de que ~n _mgromante le había an_unciado que,Nour~nmhar se prendaría de un cristiano, y que esta desgrae1a le su~edena el dia en
e tocase un puñal olvidado en el brocal de un pozo. Sab1en~o esto y deseoso
conjurar el destino, p~ohibió term~n_antemente qu~ se aproximara á todas las
fuentes cisternas, manantiales ú otros sitios donde hubiera agua fresca y clara. En
su; salidas hacía que la acompañaran esclavas que llevaban agua, _Y, para mayor precaución, su cinturón era de cristal, su collar, sus pend~ent~s,
sus pulseras eran de c_ristal hue~o y llenos de agua p_erfectamente hmp~a.
Así caminaba, precedida y segmda de un largo corteJ0 de hermúsas muJeres de brazos desnudos como una princesa deslumbradora delante de la
cual todo el pueblo se' prosternaba como delante de una diosa. Al principio Nouronnihar se mostraba admirada de su escolta y de su extraño .
ontinente· sus esclavas se limitaban á decirle que así lo había ordenado el Califa,
~ues no er~ necesario que supiera el peligro que la amenazaba.
~ _, - ' 1
""· · 1

d~

***
Cierto día la madre de Nouronnihar murió de una m~nera tan repen_tina, que
nadie pudo decir cómo ni de qué enfermedad. Y más b:1llantes que_las ¡oyas q_ue
ornaban su belleza lucieron las lágrimas sobre el puro cristal de los OJOS de la prmcesa. Grande fué ;u dolor, pero noble y silencioso como convenía á una persona de
su rango. Quiso ver por última vez el rostro de la muerta, y se fué sola a la cámara mortuoria.l
El espectáculo fúnebre la llenó &lt;le tristeza. Levantó ligeramente por el lado de
la cabeza el velo que la cubría. y lloró. Hizo un movimiento y el velo cayó hacia
un lado dejando ver el pecho desnudo. Bajo el seno izquierdo, tenía una profunda
herida que aún sangraba y que había manchado el velo.
.
Experimentó un gran espanto. Sin embargo, no llamó, comprendiendo que la
mano misteriosa que había matado, debía quedar oculta. Pero lavó con sus propias lágrimas la llaga, y para lavar 1:ll velo delator, rompió sus joyas.
Interiormente se lamentaba:
«¿Para este triste oficio me habéis sido confiadas, frágiles joyas de que estaba
orgullosa? Y esta agua lustral debía correr más abundante que mis lágrimas, sobre
este cuerpo traspasado, antes tan lleno de vida que me la dió á mí, y ahora tan
inerte que mi desesperación es incapaz de reanimarla?»
,
,
A pesar de todos sus esfuerzos, la mancha se extendia, pero no desaparecia.
Un vago temoi invadió el alma de Nouronnihar.
-¿Cómo hacer ahora para que nadie sepa este crimen?- pensaba.
-Iré por el campo hasta que encuentre una fuente solitaria en la que
hundiré el velo y lo sacaré después limpio como estaba antes.
Furtivamente, por una puerta secreta, abandonó el palacio y ganó
de prü;a la campiña. Mucho tiempo camii.ió guiada por el sol poniente.
Ya su sombra se alargaba por detras de sí, cuando en un recodo del
camino, en un cerco de plátanos, se ofreció á su vista la delicada arquitectura de un pozo. Sobre el brocal relucía la h0ja de un pufial. Lo
apartó su mano con indiferencia, y, fatigada por la jornada, se apoyó
contra el mármol de una columnilla.
Inclinándose sobre el borde, desenredó el largo velo, cuya blancura descendía sobre el agua tenebrosa semejante á un
rayo de luna. Y he aquí que de sus dedos cansados ó distraídos, se le escapó, y cayendo con lentitud, acabó por desaparecer de sus ojos bajo el inmóvil y negro espejo que no reflejaba ya más que un rostro lejano. En vano, para cogerle, se inclinó hasta donde más
pudo; desesperada y sabiendo la inutilidad
del esfuerzo, tendía hacia el abismo sus be-

llos brazos en actitud implorante.
Su garganta palpitaba de sollozos.
Invocaba á los genios invisibles del
agua y del aire, que á las veces suelen ser complacientes . .....
-«¿Qué buscas? dijo una voz grave á su lado.
-Ayúdame! imploró ella volviéndose. Y quetlóse confusa, porque tenía el rostro descubierto en presencia
de un hombre; éste era de alta estatura, vestido de blanco, con una coraza de plata. En los pliegues de su manto trazaba una cruz su signo sangriento.
Ocultó como al través de una gasa áurea la gracia luminosa de sus facciones y
repitió:
-Ayúdame! Tú has llegado hasta aquí porque el Profeta te ha enviado!
-El Profeta? Qué quieres decir? Tu fe no es la mía. Qué ayuda
reclamas de mí y qué te ha sucedido?
Ella lo contemplaba sin responder, como si de su memoria hubiesen
huido todos los recuerdos desde que apareció el extranjero.
-Quién eres? le preguntó.
-El caminante.
-Yo me llamo Luz del día. Pero tú eres el sol!
-El sol no tardará en ocultarse. Dí antes de que llegue la noche, en que no
se puede obrar, qué debo hacer? exclamó con voz imperiosa.
Desde que habló con autoridad, Nour.onnihar le amó. Obediente y turbada,
contóle su historia, sintiéndose feliz en confiarle un secreto. El drama desaparecía
bajo la ternura de sentimientos enteramente desconocidos.
Cuando terminó, lanzó sobre él una mirada húmeda:
- Me traerás el veio?
-Allí está bien, déjalo. Ven!
Y arrastrándola hasta el brocal del pozo, le dijo:
-Que mi puñal le haga compañía!
La hoja de acero fulguró, dió algunos botes sobre las paredes eonoras hasta
encontrar el metal del agua, y se hundió.
- Había, murmuró, sangre en el velo y sangre en la hoja del pufial. Olvida
el velo, olvida el puñal; así me olvidarás tú también, así te olvidaré yo al fin.
-Pero no se olvida al Sol!
-Tú serás siempre mi Luz!
-La luz del Sol!
.
El_ ne~ro espejo inmó:7il, reflejaba e~ el fondo del pozo dos imágenes muy lepnas, mchnadas una hacia la otra. Arriba las nubes se teñían de sangre roja que
derramaba el sol desde su ocaso ........ .
Nouronnihar despertó en su cámara cuando la luz penetraba por las altas almenas, cuyos marcos estaban labrados sobre las maderas más preciosas. y se
admiró de no estar á la sombra &lt;le los plátanos, cerca de la frescura
del pozo. ¿En dónde estaban el puñal y el velo el sol el gran sol con
cuyo manto de rayos la había envuelto?
·
'
Le respondió el silencio de las mujeres mas como ella era una
princesa de gran sentido, se calló.
'
. , Pero no pudiendo okidar al caminante, de su pena hizo una cane1on, que tQdavía se canta por aquellas regiones desconocidas cuando
bajan los caballos á beber á las fuentes:
«El extranjero que se sentó en el brocal tenía los rayos del sol sobre los dedos, su manto tenía el sol en los pliegues su pufial
tenía el sol sobre la hoja, y sus ojos tenían el amo; por sol.,,
Pero apenas se ocultó el sol, como un pufial que un guerrero negligente deja ::aer sobre la hierba el hombre que se
envolvía con el sol desapareció.
'
Y los leones, irritados, bajaron á la fuente para refrescar
sus fauces ardientes, preguntando por qué el
hombre ha huído como el sol.
ROBERT SCHEFFER.

�Domingo 8 &lt;le Febrero de 1903.

Residencias Diplomáticas.
ta Ctgadón dt 1tatta.

R

ECIENTEl\Il~NTE establecida. la. Legación de Italia en la calle del Elíseo, por
el señor conde de Yinci, Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario de Hu
l\Iaje~tad Yictor )fanuel, cerca del Gobierno
mexicano, nos apresuramos á dar á conocer á
nuestros lectores algunas fotografías de esa
elegante residencia diplomática.
La casa. ,¡ue ocupa la Legación es pequeña;
pero tanto las habitaciones como las oficinas,
están artí:,;licamente· amuebladas y decoradas
con el mejor gusto.
A la entrada hav un corredor en el cual se
ven muebles austriacos v cuadros italianos
antiguod, y que sin·e de· sala de espera . •\l
lado izquierdo, está el departamento P-n que
despacha el señor ~Iinistro; es un gabinete
decorado con cuadros de mérito, y provisto de
sofás, estilo árabe, y aparadorefl 1omanos. l~n
él se encuentran fotografías de los reyes de
I talia. y de a lgunos hombres ilustres.
Sigue después la sala de recepción, en la
que se hallan una. hermosa. chimenea de metal y madera con lunas venecianas en su parte

-

LEGACI ON DE ITALIA.-Sal a de r ecepción .

mi Primtra tomunión

-¡ Seto! ¡Beto!

□

-Tía. ..... .'!
-¡Arriba.! Son las cinco v media.; todos están
y a en pie. Lá va.te na.da más.las mano;; Y. los oj_os.
¡~lucho cuidado con tragar agua! 1 v10lent1to,
que ya es la. hora!
-Voy, tía, voy .
Resuelto, salté do la. cama. Era el día de mi
primera comunión. Mis padres se habían visto
precisados á transferirlo repetidas veces, no por
falta de espíritu religioso, que en ellos nunca. escaseó, sino porque su triste situación pecuniaria les prohibía distraer lo necesario para tos
gastos que la fiesta origiaaba: el trajecito y los
za.patos nuevo~, el almuerzo familia1· después de
1·ecibido el sacramento, todas esas minucias con
que ellos soñaban y que en un solo momento,
echaría. por tierra. ese castillo de naipes que se
llama. cp1·esupuesto&gt; en la casa de un pobre.
Ahora., una circunstancia. casual les permitía
,·er rPalizados sus deseos. Mi primo, otro chiquillo, dos años menor que yo, iba ácelebrarsu
primera comunión, y sabedora. mi tía de las poderosas cau~as por las cuales yo no lo había.
hecho, ofrecióse í~ sufragar parte de los gastos,
que no montaban, ui con mucho, á grandes sumas, ni podihll dejar la más ligera huella en el
bien saneado capital de mi buena pariente.
Abiertas las puertas y bien bañado de luz el
cuartucho que de alcoba me servía, ¡qué inmens,L
alegría, alegría de niño pobre , arrancada. pal
mo á palmo al infortu010, hizo latir mi corazón!

LEGACION DE ITALIA.-Et Sr. Ministro en su Despacho.

superior é inferior; un centro de mesa con flores; y aparadores y rinconeras de estilo antiguo, muy valioso~. Tanto en esta sala como
en el despacho, las cortinas son de seda, café
claro, y muy elegantes.
.Atr:wesando por un amplio patio se pa~a al
corredor, pequeño romo todas las dependencias de la Legación, pero arreglado con exquisito gusto. Hus rinconera1&lt;, aparadores, etc.,
etc., son artísticos y constituyen un bonito
conjunto.
En la parte alta, como hemos dicho, están
las oficinas de la Legación y las rec:1maras del
señor Mini~tro; las primeras no eRtán aún definitivamente instaladas.
En una de la¡:; fotografías que pul,Jicamo~,
aparece el señor conde de Yinci en RU mei;a de
acuerdos, y en olra, acompañado del Có11s11l,
señor .J. Pollano, que hace algún tiempo reside en ~léxico.
El señor 1Iinislro de Italia es muy estimado en los círculos diplomáticos y cuenta, en
la mejor sociedad mexicana, con innumerables simpatías.

Domingo 8 de Febrero de 1903.

E L MUND O ILUSTRADO

E"L MUNDO ILUSTRADO

_,_

o

o

El Sr tn lnlst ro y ol C6nsul do I talia.

Ahí, sobre la. silla, la camisa. albeank, colgando las mangas perpzosamente; la corbata.
blanca., prueba patente de las ba.bilidosa.s manos
de una. de mis hermanitas; y pendiente del respaldo, el trajecillo negro .. . . no muy negro, pues
procedía. de cierto casacón que mi padre vistiera.
en mejores tiempos, y que, sometido til suplicio
de las tijeras, la aguja v la plancha, maneja.do
todo ello por mi madre con la destreza de un Coblentz (era el sastre de moda entonces} había
sufrido una. completa mC'tamorfosis.
.\bajo, juntitos, como dos gemelos, los zapatos, de punta achatada, acorazada con puntera
de metal, y relucientes como si por arte de birlibirloque se hubiese conver.tido en charol finísimo
la tosca_picl de que estaban fabricados, gracias
al entusiasmo con que mi padre los limpiara la
noche anterior.
Sonaron las seis de la ma.ñaca.; la eampana de
la pa1·rnquia dió precipitada.mente la última Jla·
mada; atl'onaron el aire los silbatos de las m{Lquinas, de las f,ibricas, de los talleres. Se oían
charlas de mujeres que picoteaban en (•I mercado
ve&lt;:ino; cloquetlr de a.ves de corral, que. en manoJos, colgando las l!abezas cong(•stionadas,
presag-ia.ban el saeriticio. El l'Ojo de los periódicos, repicando scC'amente con su pata de palo
sob1·e las baldosas del l'tnbauquetado. voceaba.
hi prensa del día; las vacas de la 01·deña mugiendo como si les dolic,e alg'o, atravesaban la.
boc~calle; el jalctinero, á ful·r,m de pregonarla,
realizaba su mcl'cancía, una substancia gelatinosa., roja, amarilla ó blan ·a, .encerrada en vasos de cristal, opacado por el roce demillarescle
bocas, y li lo lejos, rompiendo {L intervalos la.
algarabía de la calle, una murga. wagneriana.
anunciaba 1ü vecinclal'io la apertura. de un nuevo
&lt;Expendio de carnes,&gt; con los acordes de un paso doble obligado á tamborn.

planchado, sin una. mota y oliendo á esencia., que
mareaba, no á bencina, como ol mío. ¿,Y la corbata de crespón tra.nspareote·t ;,y las ma.ncuernilla8 de oro'? ¿y los zapatos do un charol suavísimo? ¿y el 1·eloj, el reloj cuyo tic· tac precipitado marcaba el compás á los latidos de mi pecho? ..... .
Cerré los ojos, y á la orden de «¡Sube!&gt; dicte.da. por mi tía., subí al crche acompa.ilado de no
recuerdo quién, y partimos.
La ceremonia debía efectuarse en una de las
capillas laterales de la parroquia, con asistencia. únicamente de las personas invitadas. El sacristán, dispend1osa.mente remunerado por mi tía
que, en trntandose de cosas de iglesia., abría basta.
revl'ntarlos los cordones de la bolsa, había hecho
alarde e1.1 cpaoneaux,&gt; guirnaldas, cruces y estrellas florales, de su buen gusto artístico; las
luces de los cirios de todos tamaños, repartidos
en candelabros y candeleros, arrancaba.o chispas (1 los filamentos dora.dos de las cornisas, del
tabernáculo, dl• las columnas que sostenían la
cúpula, en cuyo inte1·ior se divisaba la. imagen
de una. virgen pequeñita.
Junto al presbiterio, en el centro de la única.
na,·c, estaban coloca.dos dos reclinatorios. Ahí
nos anodillamos, mi primo en el de la derecha;
yo en el de la izquierda.
El piano. herido poi· las no muy diestras
manos de umi de mis herma.nas, dejó oír una
cprcghiera&gt; antidiluvia.na, apareció el sacerdote
v comenzó la misa.
• Previamente, mi tía se me había acercado y con
esa voz misteriosa con que se babia en los templos, me ¡.,reguntó si qnería reconciliarme. ¿Reconciliarme'! .... ¿Por qué'? ¿para. qué .... '! ¿Qué
pecndo, ¡ infeliz de mí!, podría yo haber cometido en las últimas catorce ó di&lt;-&gt;ciséis horas'! . ....
Y ahora, 1·epa.sa.ndo sin leei-las las bojas del

te, diminuta., la hostia. que a.penas sus dedos parecían tocar.

·······
···················· ··· .. ····· ...... ······
lloy que mi espíritu ha roda.do despeñado y

dando tumbos poi· los abismos del desengaño;
hoy que de mi fo sólo quedan recuerdos empapa·
dos en lágrimas, como sólo quede.o del buque
tablones podridos, después del naufragio ...... .
hoy comprendo que me es imposible dar una
idee. del estremt&gt;cimieoto mezcla de alegría y de
pavor, de placer y de miedo, de su¡,remo, infinito anhelo y de irresistible JJánico que recorrió
todo mi ser cuando la hostia blanca c1uedó tem·
blando entre mis labios.

***

-¡Cier1·a la boca! dijo mi madi·e. Obedecí y
media hora después subíamos al coche que debel'Ía conducirnos á la. casa. de mi tía.
En el patio, festonado coquetamente, do¡¡ músicas de cuerda. a.legraban con sus sones; una. a.1fombr a. de pétalos de amapola cubría el tt·ayecto por escaleras y corredores; los chicos de la.
se1·vidumbre, desde le. azotea la.nze.han al airo
cobe~es y «palomitas;&gt;. un.a .lluvia. de cag-asa.jo&gt;
a.rro¡ado por me.nos 111v1sibles, nos cubrió de
pies á cabeza. 'l'odo e1·a gritos, voces de mando,
ruido de cacerolas y de v a.jilla, risas, palmadas.
¡La. sana alegría de la. gente buena desbordándose por todas partes!
Yo estaba triste. Quería. refr, y al verme en los
espejos me a.terrurizaba la·mueca hon·orosa. que
como un zig-ze.g, plegaba mi rost1·0.
La~ felicitaciones, los abrazos, los besos, los
es~ruJones q~e h.acen, daño, todo e1·a pare. mi
pruno. Gracms s1 alla, de rato en rato alguien
que yo no conocía se ace1·caba. {t mí y rde decía:
-También tú, no'! ¡:.luy bien! Así debes ser
siempre bueno.
'
Pasamos al comedor. ¡Era. una. maravilla! Las
pared~s desapa1-ecían bajo cuadrilon!{os Je tela
artísticamente plegada, sa.lpicanos de flores· del
techo pendía un enorme cauastón, de musgo y
llores, del que se desprendían guías de heno fresco {~lasque se ent1·ela.zaban otras do rosas marg,L_l'lt~s, claveles, violetas, gardenias, to'da 1e.
!uJur10sa llora do la estación. El &lt;chemin de tab_le&gt; era una .obra ?e a1·te, así como la colocac16n de la cnstalel'la., de la loza, de las servilletas y de los cubie1·tos de plata que se sosten~au como. 3:rm.as en pabellones, poi· un pi•odig10 de equ1hbno.
:\le sentaron, junto á mi primo, en la cabecera
de la mesa., y después de un c¡A almorzar!&gt; dicho. en tono de ma~do pot· el jefe do I a casa los
cubiet·tos pasa1·00 a las manos y cu1Ltro cri~dos
se p1·cs.entar?º. a1&gt;rontando en :scndo,, A"anafones
le. beb~da. claswa: los huevos espirituales.
N ad1c quedaba. por ser sei·v ido, l', sin ciuba.rg?, noté que n.ad10 com~nza.ba, J sí que todos los
OJO~ c~taban fiJos en m1 primo. Este, ageno á la
curios10ad de quo era objeto, llevó la mano al
,·aso, alzó.lo Y, un grito de alegría al que siguieron los ¡vivas. y los ¡b1·avos! de todos tos concu~rentes, se escapó do su ga1·ganta.: en el plato,
baJo el va&amp;o que acab,L de lovauta.1·, brillaba como un oJo do fuego, una moneda de oro.
_lnsti~tivamente, siu reflexionar, levanté tambieu mi vaso : en el plato, débil, tímidamente relucía.. una monedita. de plata, pcqut:üila, muy pe4. uet11ta.
Alcé la vista. y mis ojos tropezaron con los de
m1 padre. En ellos, irisada por un rayo de sol
b1·illaba. una. lágrima.
'
Salté d~ la. sil_ta, mo abracé ít mi padre y recogí en mis lab10,., con ansias de sediento esa
lágrima bendita., esa lágl'Íma que e1·a el p~ema
LEGAC ION DE IT A L IA,-EI comedor.
ele toda.~ nuest1·a.s pob1·ezas, esa lí1grima quo yo
no hu.br1a. _cambiado poi· todas las monedas de
oro del unive1·so.
nuevo d~~ociona1•io, deslumbrado por el ful or
MANUEL hl. PANES.
~.e l~s c1nos, aprisiona.do en el traje nuevo lnHabía concluído de vcstir,ue y abil'rlo el bal1~1~ o que el coutraoru, de un zapato me iasticón. para que la gloria riidiante de aquel día de
m.~ &gt;a el cal~añal Y que los guantes oprimían imma,·o me bat1ara de pies ,i cabeza.
P!amente nas manos, experimentaba. un desa.soEstaba. alegre. pero con una aleg-l'Ía ne1·viusu.
E l mundo e3 una coqueta que no exige rnás
SIC'!-\:º, un a 117ol(•sti a irritantes.
·
r.unzante, .com? debe de ser la aleg-l'Í,i del que:
que homenajes urn pasajeros cowo sus encanb,8 \;:"º.t~nia. calg-o&gt; adentro, caigo&gt; que me susiendo un rnfchz, se sae.a. la lot(•l'Ía. y comp1·ende
rn. a,ta ª garganta. provocándom&lt;&gt; ganas de
4ue cada moneda que dilapida, lo acerca nueva.tos, y pretende al mismo tiempo que l:ie le
salivar, cosa que se me babhL p1·oh i bido· y ese
mente á su antigut~ mberi11.
guarde
fidelidad á su perfidia.
~algo&gt; crc~ía, crecía mucho cuando ab'rieDlio
Llamaban de nu(•,·o {1 misa cu,rndo entl'ú ,Í. mi
1 t!voluntariamente las ventanas de la' nariz a•euarto toda ~a. familia .. ~li pad,e, sie1upre1·arit&gt;.11·aba por ellas el perfume 1&gt;enetrnnte qu{,'Jnj~ñoso, pero swmprc serio y pan·o en sus dc1110~La. incertidumbre de la fl'licida&lt;l es más
r10samenu• se. des¡n·endía. de las ropas de las
tra.l'iones de afecto; mis hermanas. la. uua co11 un
cruel que la certeza de la desgracia.
lazo bhLnco, perifollo que arrancó á al.,uuo de
II!ªnos. del a.liento de mi primo. Y cuan~to quesus \'estidos y prendió en mi bn1zo iz(jui;rdo, la.
ria. engo.Harme, para no pensar 1mis en ellu en
l~~ orncwnes del devocionario ó adivinai· t•l ~i"otra con una vela de cen~ ces1·amada:» mi tía,
Hay cosas muy á la vista que los sagace,;
con una. novedad. su re!{alo pa1·ticuhu·: unos
mhl'ado de los l~tinajos que el sacerdote trit~gua.ntes diminutos que me pusic1·011 en gn1vcs
~·aba entre sus laoios, sólo oía el tic tac tic· tac
no ven.
aprietos y un devocional'io.
11n.p!a.c.able d.e :iquel. su reloj que aun no ~onocía.
Se oyó el roda.1· de un coche 11ue se detuvo en
_r.~er1~ cnVJfüa, tristeza del bien agcno, como
La. voz de lo que duerme el Ycrbo de lo,;
1a. p ue1·ta.
cltn.a ~'.u co~fesor. :· ... ·! ¡Q_ué ho~ror, Dios mío,
-¡Ya. est¡Í.11 abí'.-dijo ;ilg-uipn.
envHha ...... X ese caigo&gt; mexphcable estuvo á
muerto!' ilustres, nos empuj'a al i:,acrificio por
E1·a un calcsón cno,·mt&gt;, de flwrtcs sopandas
punto de asfixiarme.
la felicidad del género humano.
fona_do de ¡mño colo1· cn·ma. (·011 un pe,cant~
Concluyó la. !'.°isa. El sacerdote, dei;pojado de
seme¡ante al de.um~ diligencia y tintdo poi· dos
hL ca~~•lla,_ ab1·16 el tabernácul&lt;?, hizo varias gcmulas obesas, de anchas y humeant.,s fosas nanutlex1?nes, y ante nuestros OJOS maravillados
sa. es y orejas gigantescas.
,Lpart:1•1ó un copón de oro luciendo un doble cínEn su interior, que podía dar cómoda cabida.
gulo de pied1·a.s preciosas.
baste. á ocho personas, venían únicamente mi tia
l\Ian0o solícitas encendieron nuestras velas·
y mi primo. Al vedos, mi sana, mi buena mi huvoces eariñosas y tt·émulas poi· la emoción mur:
milde ~legl'Ía., sufrió el p1·imer golpe.
'
muraro1;1 í1 nuestro .oído no sé qué consejos. Al¡Oh! Qué contraste entre mi t1·ajecillo verdinecé los OJOS, angustiado, y vi ante mí la figura
gro, me.~ pesp~teado, con!esando aquí y allá,
~el ~acerdote, blanca, gigantesca., eno~me, en le.
con sus 1~re~ed1a.bles zurcidos su primer origen,
izqu1e1·da. mano el copón que parecía un haz de
y el de m1 primo, de &lt;satín&gt; fino, admirablemente
llamas y en la. derecha, inmaculada., trasnparen .

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�BL MUNl&gt;O ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 8 de Febrero de 1903.

Domingo 8 de Febrero de 1903.

por los afio!:' y la nieve, el viejo abuelo fuma,
rumiando recuerdos de ceúienterio .....
Y contra el seco barranco cuyos fantasmáticos cedros semejan inquietantes sudarios extendidos, me pierdo y desaparezco, cargado de
insultos del cielo aterido y maldiciones de la
tierra congelada ..... .

...

CONDE KOSTlA.

1903.

TU CABELLERA.
ROXDEL.

Lo que más de tí fascina,
y lo que más de tí adoro,
son los cabellos de oro
de tu melena leonina.
De tu carne alabastrina
el más p reciado tesoro,
es la cai::cada ele oro
ele tu melena leonina.
Cuando la muerte a!':esina
me hiera romo lo imploro,
ron crueldad y con inquina,
clame la. mortaja. de oro
ele tu melena leouina.
México.
JUAN

B.

DELGADO.

BESO DE ESCLAVA.

NUESTRO PAIS.-Una calle de San Cristóbal Las (;asas.

MINIATURAS,

La blanca. virgen que a.l tribuno adora,
La bella Eunice de Petronio esclava,
Absorta queda, coutemplando inmóvil,
Del clueilo amado la marmórea estatua.

.,,

La -sangre ardiente, palpitante el seno,
Alta la faz, en actitud gallarda,
Eunice piensa que mirando al mármol
La estatua adquiere sentimiento y almal

Al
r:T

..,

"'!"

Se acerca á ella y con afán que tienta
Un banco acerca y con amor la abraza,
Y loca de pasi6n estampa un beso
En la boca de mármol de la estatua!
México, 1903.

ALBA.

Cuando esparce su melanc6lica luz la luna
~lega: á mi alma el recuerdo de esa palide~
ideal, con que el amor ilumin6 tu faz!
Y llega taro bién después á mi alma triste
doliente, la negra remembranza de tu; mano;
yertas que yo aprisionaba con ardor entre las
mías, mustios lirios inm6viles entre la blancura de sus velos de desposada muerta!
¡Oh, mi adorada!
Cuando la luna esparce su melancólica luz
pienso en ti, porque así era esa palidez ideai
con que el amor borr6 las rosas de tus labios
porque así eran los últimos lívidos destello;
con que el ocaso tifi6 por siempre tu virginal
blancura........ .
FLOR DE TUMBA.

Tanto dafí.o le había hecho el perfume de
esa alma casta de mujer, era tan fuerte el escudo de virtud que se oponía á sus golpes ma-

lignos, que el vil hombre, no pudiendo mancillarla, la hundi6 un pufial en mitad del coraz6n!
Así, pensó, quedaba ya destruído por siem •
pre el polen de ese lirio de carne santa, blancura luminosa que sus ojos no podían resistir.
Pero después ........ .
Y cuando fué al cementerio, sorprendido
vió c6mo de la tumba que contenían sus despojos, brotaban rosas blancas, albas rosas cuya fragancia esparcían las mariposas en su
vuelo ........ .
Cór,ERA DIVINA,

¿Que ~o es subli_me la cólera? ¿Que no es
santa la ua que agita la roja flama del infierno? ¿Renegáis del poema que es revoluci6n y
exterminio?
Pues nada más hermoso ni gigantesco q11e
el océano embravecido rompiendo su cárcel de
rocas, convirtiendo !:'U rizada linfa en alborotada melena de espumas, haciendo ele su murmul_lo como hi~n_o atronador y escupiendo,
tern ble en su delmo, con el azul ele sus olas el
azul del firmamento!
RA F'A EL ANGEL '!'!to YO,

1

CANCIÓN DEL CAMINO.

S

OBRE la cima descarnada de los montes
que el cieno y la ráfaga han hecho ásperos é inaccesihles, pasea la obscura niebla matinal, al través de rígidos cipreses, sus
cendales de mauchado 6palo.
Un sol muerto parece burlar mi frialdad de
cripta; sus rayos sin fuerza, como implacables
espadas de escarcha, taladran los matorrales
que me bordan, y en los brazos secos de las
que fueron ramas de julio, penden como lacias cabelleras fibrosas los abandonados nidos,
sin plumas ni cantos.
Y bajo un tapiz de retamas y juncos descoloridos, trazo, caprichosamente, mi surco de

' #

plata que recorren tiritando, los glotones lobos de pelo gris y ojos como lámparas .....
En la inclinaci6n de las colinas, al pie de
los olivos espectrales, á lo largo de los muros
que el huracán agrieta y el granizo desmorona,
bajo el emparrado que la tormenta deshace
rudamente, entre las risas burlonas del cierzo
y las grietas satánicas del vendaval.
Sigo mi camino, elevando la blanca y fina
bruma-velo d e luz maldecida desgarrándose
á través de los cielos para espanto de vencejos que alocados huyen.....
Y atravieso las salvajes cercas donde en las
radiantes mañanas de mayo filtraba el sol inclinado sobre las ramas, haciendo temblar sobre claros corpiños la sombra de las cabelleras
destrenzadas ... ..
Y extiendo mi congelada cinta á la orilla del

hoy 16brego sendero, donde ayer sangraban,
cerca de los lirios, las amapola~, pr6ximo al
árbol donde reía, de pie sobre el columpio, la
más linda de las desposadas ...... ;
Donde el sol, como un broquel de oro se extendía dulcemente perezoso; donde, sobre las
parejas enlazadas por el baile, la tela de una
saya ciñéndose al cuerpo, dibujaba un terso
perfecto como el de una ninfa...... ;
En donde salían, de la yerba polvorienta y
cálida, gritos estridentes y acres perfumes,
mientras un lagarto, flexible esmeralda, huye
á perderse en la obscuridad tibia de los surcos ..... .
Hoy, desciendo, triste y solitario, hasta la
muerte, la llanura desesperadamente blanca;
costeo cerradas casucas donde desepcantado

ALREDEDORES

DE TLALPAM.-C himalcoyoc.

�Domingo 8 tde Febrero Id.e 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTE R DE SUZE.
ILU STRACIONES D E SIM ON T.
T RADUCCION Df "fL "1UNDO ILU!!ITRADO. "

ban el suelo y, con miradas llenas de luz veía el espacio, adorándole.
Luego, recogida, pensando en otros renuevos que presentía:
-Ansío ver que acabe de llegar la primavera á estas regiones alpinas. Será mny hermosa, ¿verdad, señor cura?
El sacerdote salió de su abstracción, como si viniese de muy lejos, del fondo de mi alma, donde se había hundido:
-¿Eh? ..... ¡Ah, sí! ¡1\Iuy hermoso!
Y sigui6 su camino, andando pesadamente.
Llegada á casa. me entristecí al entrar sola: hubiera querido qne
conmigo entrara toda la primavera.

(CONTINÚA,)

XVI

\

Habían transcurrido tres meses desde mi llr.gada á Chavoux.
Hasta entonces no había yo asistido jamás á las vísperas: lo incierto
del tiempo al obscurecer y mis ocupaciones, me lo habían impedido.
Aquel domingo comprendí que me fastidiaría en casa, no teniendo nada que resolver en las habitaciones ni trabajo alguno que preparar para el día siguiente. Me dirigí, pues, á la parroquia.
Hacía un tiempo encantador.
Transcurría abril con sus deshielos, con sus murmuradores arroyuelos cuya última capa de nieve se había roto al impulso de la estación primaveral. Hinchada ahora, la corriente saltaba cantando multitud de promesas, se derramaba en el canal, cubriéndose de copos de
espuma, formando cascadas llenas de murmurios; ae mezclaba á las
ondas de otros mil arroyuelos igualmente crecidos, que convergían de
todos lados del campo. Era el agua viviente, el agua reina, de la cual
surgiría todo el verdor de la campiña.
Ya en los lugares en que la nieve se había fundido más pronto,
se descubría la tierra morena, potente, pero mostrando apenas una
que otra hierba raqui:tica, de lejos en lejos-á los bordes del arroyo,
la hierba se acumulaba abundante, tomando la coqueta apariencia de
un listón verde.
Listones primaverales cortados á cada paso, á lo largo de las corrientes, por pequeños montones de nieve retenida aquí y allá en los
huecos de los peñascos, en las salientes del terreno. Listones que el
invierno hubiese sacado de algún estuche primoroso, como de una
canastilla, y 103 hubiera dejado esparcidos como deja un ladrón en
desorden el botín, al ser sorprendido y emprender la fuga. Me creía
estar Rofiando, al contemplar esas hierbas y esa agua, al mismo tiempo que aquellas montañas siempre inmutablemente blancas, y ciertos espacios cubiertos de nieve, endurecida aún ú lo largo de las salientes que la abrigaban de los rayos del sol.
De ese conjunto surgían misteriosas dulzuras, mia embriaguez
inexplicable. Algunas muchachas que, como yo, se dirigían á la iglesia, se me aparecían de pronto en lugares imprevistos. Recodos que
sin duda les eran familiares. Las muchachas correteaban y reían, y
sus pies ágiles saltahan hábilmente por las quebradas del terreno.
Al llegar al camino, me saludaban tímidamente, se replegaban
con sus compañeras, se erguían en el aire infinitamente puro, por el
cual pasaban poderosas ráfagas de vida.
Yo, menos lista para aventurarme en las cuestas empinadas, no
me mezclaba á las demás jóvenes; pero también me sentía embriagada, piadosamente embelesada. En la iglesia, hice remontar hacia Dios
la emoción ele que me había sobrecogido, en presencia de los primeros impulsos de la primavera. Rin embargo, tras de ese desbordamiento, esa abundancia de agua que acababa yo de ver, me pareció

Domingo 8 de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

que el lago de mi alma, antes tan tranquilo, se hinchaba poco á poco,
lenta y poderosamente, como los riachuelos de los campos. También
parecieron sacudirme los graneles estremecimientos de vida que habían surcado el espacio, como si yo hubiese sido algún hermoso manojo de flores, adormecido hasta entonces, pero cuyos perfumes iban
á esparcirse al soplo de esa brisa.
Arrodillada, con la cabeza entre las manos, escuchaba las voces
vibrantes de los muchachos que salmodiaban, con impaciencias y languideces, la harmonía de las vísperas.
En esas voces parecía' estallar un gozo nuevo, el de los pájaros
que saludan la llegada del buen tiempo. Alcé la frente, turbada de
que las demás jóvenes pareciesen experimentar lo mismo que yo: una
espera de dicha inexplicable.. ...... .
A través de las vitrinas, el sol llegaba hasta mí, derramando fulgores azulosos sobre mis manos. Yo las levanté, como si esa luz azul
fuese tangible......... y cuando la vi desvanecerse, sentí que algo me
faltaba ........ .
Al mismo tiempo, sentí que la divina paz de mi alma r;e había
fundido como la nieve ........ .

La l)rimavera no me siguió; pero me invitó á seguirla. Fueron
estratagemas, llamadas; una fuerza cada vez más poderosa, contra la
cual luchaba con heroísmo. Me llamaba con las manos, en el rayo
de sol que me hacía sefias á través de la ventana. Asomaba en el extremo de las ramas verdes excitando en su misterio á la hoja encarcelada, como esos cartuchos de sorpresa que hacen palpitar de emoción
á los niños que con ellos juegan. Me sonreía en el extremo de las ramas: «Mira: no apartes los ojos; verás el lindo secreto que surja cuando alce yo estos millares de puntas verdes.&gt;&gt;
Sobre los tranquilos montes, armaba descomunal desorden; pasaba su escoba de rayos, que hacían fu ndirse la nieve, inundando
con ella la hierba. Chorros de esta nieve queclábase, de trecho en trecho, en los agujeros, desde la cima hasta la hase de la montaña, en
largas y delgadas hileras ondulantes, parecidas á t renzas brillantes
sobre los hombros de alguna jove11 .
La primavera me decía:
,,Espera: voy á deshacer esas trenzas; voy á esparcirlas en musgosas fuentes, en ocultos anoyuelos, en min úsculos torrentes, que habrán de admirarte. No vuelvas los ojos; vas á ver!,,
Yo esperaba, palpitante, con los ojos divagados, durante el trabajo de las niñas, con el alma fatigada por la inquietud de esta expectación.
Vino abril, después mayo. Se hicieron vacíos en los ba11cos de
mi clase.
-Bertita, l\Iaría y Catali na ya no vendrán, pues. ¿Verdad, Rosalin&lt;la?
-:Xo, señorita, hai-ta el invierno. No hay suficientes criados en
su casa para los trabajos que comienzan. Es p reciso que ellas ayuden.
Otras siguieron el ejemplo de las primeras. Por las abiertas ventanas, entraba el aire y flotaba, después, sobre los vacíos bancos.
A vece!'&gt;, cual si se les comunicase el turbulento trabajo de la natu raleza, las chiquillas se agitaban, charlaban, iban y venfan, sin motivo y á pesar de mis esfuerzos para contenerlas.
Otras veces, amodorradaR, con el brazo izquierdo bien redondeado, ~a mano sobre la página y la otra mano con un portaplumas que
escnbía las letras con lentitud cuidadosa, permanecían petrificadas
largas medias horas.
-¡Vamos, hijas mías, sacudámonos! ¿Yase concluyó la página?
Un ruido semejante al de una colmena que se conmoviese de repente .... .. y luego, otra vez el dulce y cálido silencio.
Yo me quedaba entonces divagando.
l\Ie asaltaban escrúpulos que me impedían perturbar el éxta~is
obscuro de aquellas niñas. Hasta las permitía que se durmiesen.
Sonaban las once.
¡Oh! El alegre movimiento de las niñas que lo guardaban todo
para poderse marchar pronto! Era una resurrección. Y yo también
despachaba mi almuerzo á toda prisa.

Afuera, no marchaba yo tan de prisa como e_n invierno. La nieve había desaparecido completamente de los cammos. La s?m?ra de
las menudas hojas oscilaba bajo mis pies como flotante enea.Je, impalpable alfombra preparada para plantas de hada.
Mis pasos eran lentos en medio ele esta sombra.
Yo no soñaba, pero mi corazón estnba henchido de la misma savia que desbordaba en aquel!os juveniles pechos.
La hora de la próxima clase me obligaba á regresar pronto; pero
¿qué fiesta y qué sufrimiento cuando en la tarde volvía. ú comenzar
mi carrera á través del eampo!
Porque yo sufría. H ubiera querido hablar, correr, jugar un poco
ó inclinarme sobre un lago; contar cosas profundas y pueriles, que
me lastimaban el alma.
¡Yo no sabía qué!
Mis pasos se hacían, sin motivo, mús lentos. Hubiera querido
no regresar nu nca, caminar así, durante imposibles horar.
Porque al menos por aquellos caminos y en aquel espacio, me
era más llevadero el dolor sin nombre que me agobiaba. l\Ii pensamiento fijo, mas sin objeto, encontraba en qué distraerse, con las fruslerías que me cautivaban.
Así, por ejemplo, gustábamc permanecer inclinada sobre la tierra, buscando pequeñas flores embalsamadas, con las cuales adornaba mi corpiño y mi cabellera. Cuando á lo lejos oía la sonaja de una
cabrilla, quedábame suspensa, sin ver el animal, escuchando con toda mi atención el tintineo del C.'\Scabel. Ese sonido, suave y desigual, me parecía expresar el llamado hecho por voz extraña, á lo íntimo de mi ser! Un día en que la cabrilla se me presentó de súbito,
destacándose en una altura, me impresionó vivamente . ..... Oh! Lanzar al espacio la tortura inexplicable de mi alma! l\Iis ojos ardían;
mas no hubiesen podido llorar. Eh! De qué, Dios mío? ...... Se podía
acaso, libre de toda congoja, errar oor sitios más bellos?
Ay! Era necesario regresar tari pronto! Las montañas, sonroRadas, después azules, después violadas, se desvanecían en la noche,
llena de tonos opacos. Apresuraba el paso, temerosa de los reptiles
que á esa hora se deslizan entre la hierba.
En cuanto llegaba ú casa, me metía en el lecho, cuyas ropas se
impregnaban del aroma de los tomillos y los bálsamos que traía en
la cabellera y en las manos.
Tal vez por esto, mi sueño era tan pesado.

XYII
Phrasia había convenido en venir á buscarme el jue\·es por la
maíiana, para llevarme á Saint Romain, Ít ver los trabajos del A bate
Chavartl.
-Al mismo tiempo nos detendremos en casa de la profesora. Es
tan bella; la verá Vd.! Es amable como \'d. y también está sola. Será bueno que se hagan amigas.
La buena mujer se había puesto su más lindo delantal acab&lt;t.do
de planchar, y su vestido pardo, de los días de fiesta.
. -No ~~ porque, el señor Abate haga caso de mi vestido. l\Iira
siempre qmen sabe a dónde, que es como si no viese nada. Pero es
por respeto. En cuanto á Vd ........ .
Miró mi vestido negro y mi sombrerito, del que pendía el velo.
. -Vd. _con esas «máquinas» [se refería á mis guantes] y su sombri~la tan hgera,. y sus cabellos como un encaje, no hay qué decir:
esta V d. muy bien.
(CONTINUARÁ.)

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la plazoleta, haciendo alusi6n ú lo que había yo dicho un día respecto á mis fervores de piedad .... .. que me venían por accesos.
- Para ser franca, señor cura, le confesaré que m:1s bien es un
acceso de fastidio. No habría sabido qué hacer esta tarde en casa .. . .. .
El buen cura tosió, como si le hubiese subido un golpe de sangre á la garganta; irguió su talle, movió rápidamente el entrecejo, y
me miró con escrutadora é inquieta mirada.
-¿Qué hacía usted en los domingos anteriores?
-Me instalaba, sciior cura. 1\Ie familiarizaba con mis ocupaciones. Además, hacía demasiado frío para aventurarse afuera, cle~pués
de puesto el sol.. .... Mientras que ahora ......
Aspiré úvidamente la brisa.... Mis impresiones se desbordr.ron.
- ...... Ahora, señor cura...... , llega la primavera· la nieve se ha
fundido, entre el ramaje se estremecen los retoños. '
Mi rostro ha de haberse encendido, mis pies impacientes holla-

***

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 25 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

LL MUNDO ILUSTRADO
ANO X•••TOMO 1.--NUM. 5

Subscripción mensual foránea, SI 51&gt;
ldem. ldem. en la capital, Sl.2S

MEXICO, fIBIURO 1" DE 1903.

Gerente: LUI~ RtYf~ ~Pl ~ll0LA

Director: LIC. RAFAtL Rfl't~ ~PINDOLA.

Vista del exterior con parte de los carros para guardar las mieles

La industria en Sinaloa.
EL INGENIO AZUC ARERO DE "ELDORADO."
Los sefiores J oaquín Redo y sus hijos Joaquín, Diego y Alejandro han establecido en
el Distrito de Culiacán, en las
márgenes del río de San Lorenzo, un ingenio nzucarero
en su hacienda «Elclorado.»
En este Ingenio se hará la
primera zafra en los primeros
días del mes de Febrero pr6ximo. La maquinaria de esta fábrica de 11zúcar es la más grande de la República; con facilidad pueden molerse 600 toneladas de caña en 22 horas,
produciendo más 6 menos
4,000 arrobas de azúcar. Toda
la maquinaria es de lo más•
moderno que f:e conoce; el
motor es de 500 caballos y
cada uno de los seis rodillos
del doble molino pesa 20 toneladas.
La fábrica producirá azúcar granulada de euperior calidad y de aspecto llamntirn.
Cuando llegue á ser posible
la exportación de azúcar de
México para los Estados Unidos, ningún otro ingenio del
país podrá efectuarlo más ventajosamente que el de los sefiores Redo y Cía., porque el Ingenio está situado á 12 ki16metros del embarcadero.

Exterior del ingenio azucarero " Eldorado."-En construcción.

En este Ingenio se hará el acarreo de la caña con locomotora de vapor; la vía férrea tiene, en sus diferentes direcciones, 7 millas.
Las calderas son del sistema más moderno
conocido y tienen 1,500 caballos de vapor.

***

El Estado de Sinaloa, se ha considera-

den hacerse y se hacen hasta ci neo cortes deun plantío, siempre remunerativo, y porqueson sanos los lu¡rares en donde se produce la.
caña. Contra todas e8as ventajas hay un inconveniente de grandísima importancia: falta
de brazos para la agricultura, porque el Estado ele por sí mismo es despoblado y se trabajan en él numerosas minas,
ne~ocios que pueden reportar
jornales mucho más altos que
la agric-ultura.
No cube duda de que entre
nuestra prorl ucción agrícola.
susceptible de producir artículos ele exportación, después del tabaco, vendrá el azúcar.
El señor Don Joaquín Redo fué el pri111eru en explotar
la inJ ui-tria azucarera en Sin a loa, Estado que produce
ho.v máo &lt;le 600,000 arrobas de
azúcar y que probablemente
dentro rle algunos años producirá má,: del doble.
Una buena parte de s u producci6n se vende ya en Chihuahua y Durango.

***
Acarreo de uno de los rodillos del molino de caña.

do como el que reúne condiciones más favorables para el cultivo de la caña, porque pue-

lnduclablemente el ingenio
á c¡ue aludimo,; eHtíÍ llamadoá
ser, para la Industria en Sin a•
loa, un i mpulso tanto más
palusible cuanto que permitirá á innumerables operarios encontrar en él
ocupaci6n y gitnar!'.e la subsistencia.

Stñor 6tntral Don francisco f 1tñtdo
Jacal que ha servido de habitación
construyen el ingenie.

á los ingenieros que

Almacén para el azúcar del Ingenio.

6obernaaor '1d Estado at stnatoa.

'

�Domingo lo. de Febrero de 1903.

La Mujer yla Super-hembra
Jules Claretie el aplaudido director del Teatro Francés tie1~e un pensamiento cuya lectura arrastra ó, interesante:-; reflexiones : &lt;CEl hombre y la mujer, en el arte como_ !:'1_1 el amor,
efectúan un cambio de sus sentim1entos respectivos, y siempre hay un~ mujer en la obi:a
de un hombre, como hay siempn, un hombie
en la obra de una mujer.,&gt;
E l pensamiento es sugestivo y es h~rmos~;
¿será igualmen te cierto? .... .. Porque s1 la verdad es un factor poderosísimo de 13: b~lleza,
no puede decirse que le sea un factor 111d1spensablt:. El apotegma de Boileau e,; hermosC!,
pero no es cierto. «Rien n'est beau que le vrai,
le vrai seul est aimableJJ .. .. .... y hay much~s
quimeras, muchos ensueños, muchas mentiras que sun un portento de belle~a.
Tal vez bien visto el pensamiento de Claretie sea t;n hermoso'ensueño. Para acercarlo
á la verdad convendría, quizá, hacerle algunas
modificaciones tales, verbigracia, ~orno la de
suprimir los a;tículos indeterminados, á :fin de
obtener en la idea una representación «abstracta,&gt; de esa reprocidad de los E.exos que se supone. Es verdad que Claretie sólo la supone
en el amor y en el arte; pero el amor y el arte
son fue rzas tan poderosas y tan ubicuas, q~e
están y gobiernan en la vida t?da. Reconocido esto ¿será cierto el pensamiento'?
Con;iene examinarlo por partes. Creem~s
que la divinizaci?n de la muj~r es un sei:t.1miento que palpita t,n el corazon de la vieJa
h umanidad y constituye una potente palanc-a
para nuestras ambiciones, para nue:itros ensueñ os, para todos nuestros_ a~·dimi~ntos. Tal pa~
rece que Carl yle, al escribir su h bro «Los l:é
roes » que tanto se lee y tanto se medita, quiso
fort~lecer nuestro pensamiento en un_ fuerte
baño de individualismo. Pero ...... ¿quién escribirá «Las heroínasJJ?.. ... Debe hacerse; debe cantarse el triunfo de la juYentu&lt;l, ~e la
belleza, de la gracia, el triunfo todo de la idealidad femen ina alentadora del pecho humano,
engendradorll. ;n él de grandes y fecu ndas rebeliones, pobladora incansable de la mente que
crea y sostén perenne de la voluntad, que
triunfa! Vemos a l héroe, ya sea f:anto, apos,tol,
guerrero, legislaclor ó poeta, y ol\'idamos a la
heroína que vivf', palpita y pi~nsa dentro de
él. Podrá decirse que la Beatriz clel Dante_ Y
la Laura del Petra:rca pudieron no ha.1.Jer existido, sin que ~or ello clejasen de crea,1· el _uno
su «Divina Comedia)) y el otro sus langu1dos
y deliciosos sonetos; pero Beatriz y Laura son
símbolos del «eterno femenino)) que Goethe,
más :filósofo y menos exclusivista, supo p~·o•
clamar ante tos ho11,bres como una ver~ad mnegable. La Yenus I nspiradora es siempre
abstracta, aún cuando á las veces ap3:rez?a_encarnada. en crea.tura mortal y trans1tona, la
mujer, como musa inspira~l?r~, e~,eterna Y
abstracta., por virtud de la divm1za_c1_on femenina que palpita en el alma de la vieJa humanidad.
Tiene razón Claretie en una parte de su pensamiento. Es cierto que la mujer-no una rouje'l'-está siempre en la obra del hombre. La
mujer ejerce sobre el hombre, de mo?o con~tante y con fuerza ineludible,, Ulla v1r~ud dinámica y graduadora que no solo proviene de
-su profundidad sentimental, sino también.del
mayor equil!brio de la ni:turale~a femenina,
&lt;J.Ue es esencialmente altrmsta, a!:.'i en el º:den
moral como en las manifestaciones matenales
de la vida. Y el ejercicio de esa virtud so_bre
el hombre es la misión genuina de la muJer,
es el únic¿ concorde con sus aptitudes, es el
que sólo puede proporcionarle su verdad~r~
felicidad. Es cierto: siempre se encontrara a
la mujer en la obra del hombre.

***

La segunda parte del pensamiento de Cbretie es falsa, en nuestro sentir. En la ri:ra
ohm femenina que alcanza á ser concreta é_mdividual no se advierte ni á un hombre mal
hombre·' allí se pierde la noción del sexo Y
surge p¿derosamente el sentimiento de la es-

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
pecie; el amor se_t;ansforma e1;1 caridad, alcai:iza su manifestacion más sublime, se des~?Jª
de su envoltura de egoísmo, que está teJida
con hilos de placer en el pretexto de la procre~ción, y sin titubeos ni zozobras alca1_1za _el pináculo del sacrificio y del renuncia1mento.
Las heroínas-en la acción y en el arte,-las
llamadas varonas, porque la creaci?n _perdurable ha sido eminentemente varoml, siempre
se han distinguido por esas virtudes; para la
idealización completa de Juana de Arco, la
leyenda creyó indispensable conservarla p~c~la mientras á un Pela yo jamás SP. le ha exigid¿ la mancebía; la lira erótica pocas veces ha
sido tañida. por mano de mujer ( i:iue8 l_~s corte~anas se escapan ya í~ la clasificacion del
sexo como Safo no cupo en la estrechez del
gine~eo) y cuando lo ha sid~, ~u melodía no
ha acertado á alcanzar pecuhandad de sexo Y
se ha antojado una imitación ?-ª querella !11asculina. El heroísmo db la muJer, el hermsmo
propiamente femenino, ha estacl_o s~empre dentro del sacrificio; y en este sacrificio no ha habido casi nunca el irnpulso de un hombre, y
siempre se podría encontrar el impulso de la
Humanidad.
Hemos hablado de la mujer, tal cual es, tal
cual debe ser siempre; 119 _d el tipo hembra
creado mentalmente i)or la compacta humareda del feminismo propiamente dicho, porque
«esa» ya no es una mujer, cua~ Zarathustr_a ya
no es un hombre. Y nos refernnos al femuusmo porque nos parece que la re0iprocidad
ex¡cta que supone el pensamiento Claretie,
conque iniciamos esta charla, s?I? se finge
admisihle dentro de las teortas fem1111stas, que
no son las de conceder á la mujer el carácter de un «valor» en la vida económica y de
mejorar su condición social de acuerdo ~on
sus aptitucles :fisiológicas y psicológicas, , smo
la de equipararla al hombre en tod?s los ordenes de actividad y de vida. Este ideal de la
mujer «recíproca» del hombre, idfotic-a.~1hombre de esta «new style woman,» surg10 de la
pre~ipitación del feminismo: tan perfecto (?)
pero tan imposible, como el ideal de Zarathustra del cereuro de Nietgsche. E l «super-hombre,&gt; y la «super-hembra&gt;, habrí_an menester
una «su per- atmósfera,» que no existe, para ser
viables.
.
Pero hemos dicho que sólo «se finge» adnusible la reciprocidad exacta de los sexo~ en la
obra porque la «super-hem brai&gt; para 1p;ualar
a l h'om bre, para ejercer idéntica ~ctividad
que éste y para «vencerlo,», u_na vez 1gua.lado,
&amp;iquiera por la fuerza 1~umer1~a ?el se~o !emenino «new style » tendna que 1r identificando' en lo que más pued e estar a,
se con el hombre
su alcance, esto es, en lo m~ral é intelect;1al,
y entonces perdería sus cua.hdades femenmas
tan seguramente, cuanto la a~opción del talón oro en un sistema monetario supone restricciones de acuñación y hasta demonetización de la plata· y una vez idénticos espiritualmente el homb're y la mujer, la atracción de
los sexos vendría á descansar sobre bases por
demás groseras para que p'1diera seguir existiendo influencia moral alguna de un sexo sobre el otro. La «su rer-bembra&gt;, pierde, pues,
la virtud dinámica de la mujer sobre el hombre con el hecho de haberse igualado á él,
pu~s ya dijimos qu~ aquella virtu? proviene
de cualidades esencialmente femeninas y ahora agregaremos que no son a~enas á ella _las
condiciones actuales de la vida de la muJer,
que la preservan del incesante_ gasto de e!1ergía nerviosa. Y perdida esa v11tud femenma,
la «super-hembra,&gt; no se encontrará ya en la
obra dP,l hombre; y, además, también por gasto de aquella virtud femenina, en la obra de
la «super-hembra,&gt; se debilitará el sentimiento
de la especie, y la .obra femenina irá perdiendo su peculiaridad más preciosa.

?e

*
*'*
El hermoso pensamiento de Claretie, resulta, pues, falso en una de sus partes, ya se le
analice fuera ó dentro de los ideales del feminiRrno oficial.
Más precirn y verdadero quedará en esta
forma:
«El hombre y la mujer, en el amor como en

el arte se complementan; pero mientras en
la ohr~ de un hombre está siempre la mujer.
en la obra de una mujer está siempre la Especie.&gt;,
Se de~prendería entonres de esta fórmula el
hecho de que la mujer es moralmente superior al hombre. Pero ...... ¿r¡uién ha intentado
negar eso en buen terreno?
Sí, la mujer es siempre moralmente superior al hombre; la «super-heuibra," nunca; ésta, es lo que el italiano Ferrari llamó donosamente «el tercer sexo. i&gt;

Jlsaltos dt Esgrima.

@

omingo a nterior, por la mañana,
erificaron en la Escuela Nacional Preparatoria los asaltos de florete, sable y box organi zados por los señores ProfesoTes Rafael Dav icl, Manuel B. Carrillo y Rómu-

aplaudido!', entre los que formaban la primera parte del programa.
.
En cuanto á la segunda parte, fué cubierta
con algunos otro~ asaltoR, en que se distinguieron m ucho los señores Rómulo Timperi, Angel Escudero, Rafael David (jr. ), Manuel Carri llo, Felipe Lazo y Mauricio Cazessús. ~ara
terminar, los señores Fernando Colín y Silver io Santa María sostuvieron un reñido asalto
de box.

JUAN SÁNCHEZ- AZCONA.

El Señor 6obernador de Slnaloa.

E

N lugar preferente publicamos el retrato
del Sr. G,)bernador de Sinaloa, General
D. Francisco Cañedo, á quien debe Mazatlán en las aflictivas circunstancias por que
atraviesa, much os y muy importantes servicios.
La solicitud con que el referido funcionario
a.:udió en auxilio del puerto al iniciari,;e la
epidemia, y sus gestio_nes en bien d_el Yeci ndario amenazado, son digna!'! &lt;le elop:10, pues en
su empeñ o de ayudar á las autoridades sanitarias al mejor éxito de sus trabajos y de impartirá los habitantes de la ciudad infestada,
toda la protección de que era capaz, ha permanecido allí, aun á riesgo del contagio, para
vigilar más de cerca el cumpl imiento de las
medidas encaminadas á la extinción del mal,
y para promover, en favor de la clase menesterosa cuanto ha estado de su parte. La Leaislat~ra de Sinaloa acordó llamarlo á Culia~án, alegando que su presencia en aquel punto se creía indispensable, en los momentos en
que el número de inmigrantes y la miseria de
la gente del pueblo podía originar graves
trastornos, y el Sr. Gral. Cañedo, comprendiendo que su estancia en Mazatlán era más
importante toda\'ía. se excusó de cumplir tal
disposición rogando á la Cámara la revocara
en vista de'que no podía apartarse del puerto
sin grave peligro del ordei1 y de la salubridad
pública. Esta actitud del Sr. Gobernador le
ha conquistado muchas simpatías.
Nosotros, al publicar el retrato del distin·guido gobernante, no hacemos más que honrar á quien honor merece.

MARIO
Esclavo de insaciables amuiciones
que lo lanzaron contra el orbe en guerra,
de su bogar y su patria se destierra
el :fiero vencedor de los teutones.
Superando asechanzas y aquilones,
toca su nave en la africana tierra,
y el gran proscrito pensath-o yerra
á solas por las líbicas regiones.

LA "MURALLA."

lo Ti::nperi, con el laudable propósito de allegar
fondos para las víctimas de la epidemia rein ante en Mazatlán.
La fiesta, que fué presidida por el señor
S ubsecretario de Instrucción Pública, se verificó en el patio de «paf'a1ites» con\'enientemente arreglado para ello. y resultó en extremo
interesante. E n el cehtro del patio se levantó
la plataforma en que debían dar1&lt;e los asalto¡:,
colocándose á un lado, bajo un dosel de peluche rojo, la mei:;a destinada á la prei:;i&lt;lencia.
E l acto dió principio con la «muralla,» saludo correctamente hecho por los alumnos de
sPgun&lt;lo año, y con un asalto de florete que
ejt'cutaron, cou 1:otahle df'f:treza, los jóvenes
César Pedrazi y Juan Ruiz E¡.;parza. Los alumnos del Colf'gio Mili tar José Alf'si r y Francisco Montafio ocuparon def'pués la plataforma
entablando un asalto á ~n blf' que llamó mucho
la atención de la con('u rrencia. A éste, siguieron otros m:altos en que demo:;:traron sus habilidades, en el manejo del florete, los señores
F rancisco 'i'ilontaño y Mauricio Cazessús, y en
el del sable, los jóvenes Eduardo Prieto y Souza y Gustavo Garmendia, alumnos del Colegio
Militar. Este fué uno de los números más

En f'l intermedio de la primera á la segunda parte del programa, las niñas David y
Landgrave hicieron una colecta de fondos entre los conc-urrentes á la fiesta, reuniendo más
de cien perns que entregaron al señor Subsecretario de Instrucción Púolic-a y que se destinan á las víctimas de la peste negra.

Mu~oz LLOSA.

Cuaodo pasa, la tierra resplandece
Esparce claridad su blanca gasa:
'
Todo se alumbra en torno; y me parece
Que pasara la luz cuando ella pasa.
Cuando entra, un fragante cinamomo
Parece que en la estancia floreciera:
T?do se alegra y se perfuma, como
81 acabase de entrar la primavera.

***

***
En el gran teatro del mundo el apuntador
es el amor propio.

Asalto de f lorete ent re los Sres. Rafael
David (jr.) y Manuel B. Carri llo.

••••••••••••••••••••••

Blanca estrella que irradiara
su imágen en fuente clara
tal en ellos tu alma vi·J '

PARA UN ÁLBUM

La simpatía es la llave de oro que abre todos los corazones.

En los primel'os días del mes pasado, se ~eri:ficó en Querétaro la dist.r ibución de prem10s
á los ven..:edores en el Concurso Artístico abierto últimamente en aquella ciudad. á iniciativa del Sr. José Germán Patiño, Director de la
Academia de Pintura.
La exhibición de las distintas obras de arte d uró del 21 de Diciembre al 1~ de Enero,
ca'l culándose en más de 5,000 el número de
visitantes que en ese período, relatframen~e
corto, recorrieron los salones de la Exposición.
Entre las obras que en traron al cor,curRo,
había convenientemente clasificados, trabajos al'óleo, acuarelas, esculturas y dibujos,
que fueron muy elogiados. En el ramo de
composición original (al óleo) obtuvo el primer premio el Sr. José F. Frías, que presentó
el cuadro titulado «La Vocación de San Juan
y Santiago;,&gt; en el de Paisaje, la señorita Aurora GueYara, y en el de «Acuarela» la se?0·
rita Ofelia Montes de O(:a. De estos prem10s,
el primero fué ofrecido por el Sr. Gobernador,
el segundo por el Sr. Obispo, y el tercero por
el Ayuntamiento de Querétaro.
En cuanto al ramo de escultura, se otorgaron recompensas á los Sres. Diego Almaraz
Guillén, por un cristo en marfil; y Manuel
Muñoz Fuentes, por una «Dolorosa» en blanco; y menciones honorífic-as á los Sres. Federico Mosqueda y Braulio Rodríguez.
Además de las personas mencionadas, obtuvieron menciones honoríficas y «accesits~
las señoritas Ana y Guadalupe Balvanera,
Sofía Alvarez, Aurora y Consuelo Guevara,
Herminia Héfferan, Dolores Martínez, Dolo-

Qué profeta, ni qué Fabios!
llorosas entonces vilas
que hablaban como sibi1as
lo que callaban tus labios .. .... .

ANTONIO GóMEZ RESTREPO.

Más seguro es conducirse bien en la vida,
cuando se comprenden racionalmente la~ consecuencias buenas y malas de las acc10ne~,
que cuando sólo se creen según autoridad
ajena. .

QUERETANO.

1\Ie recuerdas sin reFabios
que en horas bien intranquilas
lloraron, ¡sí! tus pupilas
nuestros íntimos agravios.

CESAR .J.

«¡Anda, le dice al mensajero aciago,
y di le á tu señor que á l\lario viste
sentado entre las ruinas de Cartago!»

EL CERTAMEN ARTÍSTICO

mitntras Clorabas

Mas, como un cisne travieso
quiso mi alma darle un beso '
y tus lágrimas bebí!

Rudo lictor, en que piedad no existe,
partir le ordena con hostil amago;
y el héroe, alzando la mirada triste,

Domingo lo. &lt;le Febrero de 1903.

Todo el a z ul tlel cielo está en sus ojos
En sus trenzas, el oro de Tbolumes
'
Y entre sus labios húmedos y rojos
Toda la miel y todos los perfumes.
ALEJANDRO

P ARRA:M.

Asalto entre los j óvenes César Pedrazi y Juan Ruiz Esparza.

••••••••••••••••••••••

res Ruíz y María Gutiérrez y alaunos
otros
0
artistas y aficionados.
'
La :fi~sta de distribución de premios se vi6
concurrida por lo m!ts granado de la sociedad
queretana.
En el presente número damos á conocer algunas ~e las ?bras presentadas al concureo;
prometiendo a nuestros lectores publicar en
las próximas ediciones de «El Mundo Ilu;trado» l~s foto~r~ffos de otros de los princi¡,ales
trabaJos artist1cos.

�Domingo lo. de FebTcro de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Yd.? Pues de la manera más extraña.
Un día estaba en mi despacho, abrumado de
trabajo, porque aunque trabajaba de la mañana á la noche, nunca conseguí estar descansa-; do, cuando empezaron á venirme ~nos pensamientos, así, así.. .... como oscuros ...... ?omo
los que vienen en el sueño..... . Que me 1ba_á
convertir en mono de cristal; que ese cambio
-Deténgase, Feñor, deténga;:e; ¿no ve que
me quiebra'? gritó á mi lado una voz angustiosa.
Me volví apr1&gt;suradamente y me encontré
con un hombrl', alto, fornido, de mirada inteligente, que i:;e deshacía 1&gt;11 ceremoniosas cortesí:as. Pensé que no era un loco como los demás que acababa de visitar, y le tendí la mano que él e1&lt;trechó afertum;a.mente. Yo, ú mi
ve~, estreché la su_,·a; pero al sentir la presión
de mi:i declos, mi hombre gritó con el espanto
pintado en el semblante\
- No tan fuerte, señor, no tan fuerte, ¿.no
ve V d.?; y al mismo tiempo me mostraba una
tablilla que ll1&gt;vaba suspendida al cuello, en
donde sólo se l1&gt;ía esta palabra: «Frngile."
-¿.Qué significa eso? pregunté en inglés al
guardián q11e me acompaiiaba.
-Nada, 1111&gt; contPf'tÓ, que e., te pobre loco
cree ser de vidrio, y ve en cualquiera que se
le acerca un peligro para su integridad.
Me simpatizó aquel hombre, y de.:eando
trabar ron,·er.:aciún con él, formulé algunas
excusai:;, y le interrogué sobre la manera como
se había operado aquella extraña transformación de cuerpo humano en cuerpo de cristal.
-Eso, re:-ponclió mi entre,·ii:;taclo, es la cosa más sencilla ch·l mundo, y si Vd. tiene la
paciencia necei&lt;aria para oírme, se la contaré
punto por punto.
Acepté con gusto, y él continuó:
--Vd. quizíi no i-;epa que yo soy un abogado con bufete eFtal,lecido en la Villa de Ramos ...... Pues l,ien, allí vi\'Í con mi familia,
tranquilo y feliz, hm,ta
que comenzó á entrarme
esta enfermedad. ¿Cómo ■
fué eso, me pregunta ■

Domingo lo. de Febrero de 190J.

que aquella gota estaba incrnstaC:a en mi c:irne.
Creí volverme loco; corrí al lado de mi espoi,a y mis hijos, manifestándoles mi desgracia,
y no me ditron crédito; insistí, les mostré el
dedo en que temblaba aquella gota blanca, y
me dijeron que nada veían. Me creyeron atacarlo de enagenación mental, y á pesar de mis
protestas de que estaba cuerdo, perfectamente cuerdo, me obligaron
á encenarme en mi cuarto ....... .

•••
Allí noté la segunda
gota ele vidrio; era gruesa, como hueso de avellana, y estaba implanta da en la precisa base del
ta16n. Ya .:abfa yo que
allí la hallaría: la voz
que hablaba clentro de
mí me lo había dicho.
Llamé á mi familia para mostrarle esta nueva
prueba de que no e~;aba
engañado, y suced10 lo
que la vez prin:era: nadie vió aquel cnstal que
yo tenía delante de mis
ojos. Todas las personas
que me rodeaban me mi-

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se iba á operar esa misma tarde; que en aquellos momentos empezaba la traneformaci6n ... Me vino clara la
idea de que allí, á la extremi&lt;lad del dedo mefiique de
la mano izquierda, el fenómeno hab{a aparecido ya, y
apena,; tuve valor para mirará donde mi conciencia me
indicaba.....¿y qué cree Vd., SEñor, que encontré? ¡Pues
una gota cristalina! La sacudí con espanto; y la gota no
cayó; quise arrancarla, y me apercibí r.on terror inmenso

■

■

••
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•
••

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ALREDE DORES DE TLALPAM .-Chimalcoyoc.

Ch im alcoyoc.

·············•··••······································..............

raban de cierto modo, como se mira á un desequilibrado.
Pasaron algunos días sin novedad; pero la
noche del último tuve un sueño espantoso....
Sofié que aquellas gotas de cristal se extendían por todo mi cuerpo, creciendo, creciendo ...... ; que invadíafí. mis carnes, que transformaban mi naturaleza, que me convertían,
al fin en un mono de cristal. ... . .. Era de seguro Ía voz de mi conciencia la que hablaba
así esa voz que de todo me advertía y todo
adi'vinaba ... . .. Y adivinó en esto, como en lo
demás, porque al día siguiente el sueño. había empezado á realizarse: las gotas de cnstal
crecieron crecieron ...... ... ; y primero las manos y los' pies, y luego los brazos. Y. las pi~rnas, y después todo el cuerpo, se hicieron cristalinos; si Ee puede leer con ellos, como con
unos lentes .. . ..... .
Ahora ya siento el frío del vidrio aquí, cerca del ~oraz6ri .. ...... Y nadie quiere creerme,
señor nadie; todos me dicen que son preocnpacio~es. Al médico de V_i,lla de ~m~s f.ué al
primero que se Je ocurr10 ese drngnost1co y
después lo han seguido todos los d~más...... :
¡Los médicus! ¡qués ,ben los médicos de m1
enfermedad! Han llegado á decir que estoy loco y roe han traído á esta casa y entre personas extrañas para que cure.
-¿Y sufre Vd. mucho? pregunté compadecido de aquel hombre.
-¡Ah, lo indecible! me contestó. ¡~o puede Vd. imaginárselo! Eso de tener siempre
que andar cuidando esta caja de cristal.. ..... .
Que aquí un mal paso; que allá un golpecito
cualquiera; que acullá un descuido &lt;le algún
transeunte ...... Por esto último me he puesto
esta tablilla ... .... Y á pesar de tantas precauciones no siempresalgo bien librado: ¿ve Vd.
esta oreja sin su lóbulo? Pues fué un moscardón, señor, un simple mo!'&lt;cardón: pasó volando ta.n de recio y tan cerca de mí, que no
pude evitarlo: el animal chocó contra mi oreja y se llevó el lóbulo; como todo es puro cristal.. ...... .
No pude menos de sonreirme ele las ideas
de aquel hombre, y por decirle algo, le pregunté:
-¿Y no se alivia Vd.? ¿no tiene Vd. es:
paranzas de curar?
-¿Aliviarme? ¿Con qué? Los médicos me

recetan bromuros, ejercicios, baños....... .
¡tonterías! ¡algo han de hacer! ¿Curarme?
Ya no creo en mi curación. Poco á poco
me voy haciendo enteramente de vidrio
y eso no tiene remedio. Mis manos, mis
brazos, mis hombros, toda la cabeza, los
pies, las piernas, los muslos... ¿qué queda? Apenas el tronco, el pedacito donde
está el corazón; ese rinconcito querido es
lo único que está todavía sano; pero la ola
de cristal avanza y pronto no quedará nada; hasta esa islita de carne que todavía
hay en mi pecho desaparecerá, y entonces. ... entonces seré cadáver.
Sonó en aquellos momentos la campanilla llamando á los enajenados al refectorio, y el buen hombre se despidi6, diciéndome con triste sonrisa:
-Nos llaman; hasta que llegue la hora, es necesario alimentarse. Con permiso de Vd . ...
Y evitando los obstáculos y rodeando
los tropiezos, el pobre loco, serio, rígido , pesado , fuése
arrastrando penoi:amente su supuesto
cuerpo de cristal. FRANCISCO VEROU·
GO FALQUEZ.

Todo hombre &lt;l,·biera asir la idea de
que no es más que
un eslabón en la cadena de la creación,
y que á pesar de su
amor por la patria
tiene el rn u n d o
abierto ante sí para
la práctica de sus
hechos de abnegación y caridad.

*
Los autores muet~n pero sus obras
iñguen viviendo,

Jn~íaofán~~
0LLtJtR1'~

�Domingo lo. de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Febrero de 1903.

..

El cumpleaños de Guillermo II.
BRILLANTES FIESTAS.

A Colonia alemána residente en México, celebró el martes
último el cumpleaños del Emperador Guillermo II, con
diYersos juegos de sport que se efectuaron en el Hipódromo
de Peralvillo, por la mañana, y con un suntuoso baile dado la
noche de ese mismo día en los salones del Círculo alemán.
«El Imparcial» publicó la crónica pormenorizada, tanto del

[

Evoluciones en bicicleta.

Desfile de los miembros del Orfe6n Alemán, frente á las t ribunas.

baile como de los juegos, y, por lo mismo, sólo nos limitamos á consignar en nuestras columnas las notas más salientes de las fiestas.
Lo que más llamó la atención de la escogida concurrencia que llenaba las tribunas de Peralvillo, fué, á no dudarlo, la serie de ejercicios gimnásticos hechos por los miembros del orfeón alemán, y los
partidos de pelota, á mano limpia y con cuerda, en los cuales toma
ron parte caballeros pertenecientes al Cl~b de gimnasia, divicl_ido en
dos grupos: «blancos» y «negros.,, El pnmer torneo tardó cuarenta

.minutos y el segundo veinte, resul~ndo vencedores en uno. y otro_
«blancos.» Estos juegos, que por pnmera vez se ven en México, exm
· ron vivamente la curiosidad del público, que aplaudió entusias
aquel derroche de agiliqad.
Los juegos cíclicos cqnsistieron en vistosos ejercicios á paso len
y en una carrera á 1,600 metros, que resultó muy interesante. La
automóviles fué á tres millas inglesas, y la de caballos á 500 y 1,
metros. De las dos últimas, la primera fué ganada por los cab
«Toxca,» &lt;&lt;Ponciano" y «Perker» y fa · segunda por el «Rayo,» el «E
grant,» el «Sol» y «Old Bov.»
.
La señora baronesa de Flrecker, esposa del sefíor Secretario de
Legación de Alemania, distribuyó las recompensas otorgadas á los v
cedores, de la manera siguiente: Al señor Schmidt medalla de o
como director de las evoluciones en bicicleta.-Al Club A
tico, una ei.tatua de bisquit, por Jcis juegos de pelota.los que ganaron la carrera en bicicleta, un busto en bro
de Guillermo II, y una purera.-Al vencedor en la de au
móviles, una garrafa de plata y un bastón. -Finalmente,
corredores á caballo fueron premiados con· un estuche
viaje, úµa licorera, una ponchera y unos gemelos de oro.
A la una y media de la tarde terminó fa simpática fiesta,
jando' entre los concurrentes los más gratos recuerdos.

adornado con flores, banderas y ricas colgaduras. En uno de los muros, se destacaba el
busto del Emperador, y en el opuesto, un
buen retrato del señor General Díaz.
El señor Presidente de la República se presentó en el Casino á las diez de la noche, hora
en que comenzó el baile, y en que los salones
estaban ya ocupados por uno. concurrencia tan
numerosa como distinguida. Damas y caballeros de todas las colonias extrnnjeras y de la
mejor sociedad mexicana, se dieron cita ert el
aristocrático Casino.
·
Durante el baile, que se prolongó hasta el
amanecer, la animación y la cordialidad no
decayeron un solo momento. A la media noche se sirvi6 á los convidados una cena, pronunciando el señor bar6n Von Heyking un
entusiasta brindis, lleno de cariñosas frases
para el señor General Díaz. El Primer Magistrado correspondió á ellas con la galantería y la

Guillermo II, por la Colonia alemana y por
las damas alli reunidas.
Los organizadores de los festejos á que nos

Ejercicios gim.,5-•icos.

ELLA
;,Pero existe? Quizás. En ocasiones
me parece que sí, y en mi deseo
toma formas humanas, y la veo
con todas sus hermosas tentaciones.
¡Ensueño, así'en mi espíritu te impones!
Y al llevarme á la orilla del Lelieo,
callas de mi razón el clamoreo
y miro palpitar mis ilusiones!
¡Ficción·ó realid¡¡.d, qué importa! ¡Es ella!
La que á mi cuerpo miserable envfa,
algún vigor para el combate diario;
La carrera de automóviles,

sinceridad que son tn él características1 y terminó su alocución proponiendo un brin dis por

referimos, deben estar satisfechos del brillante
resultado obtenido.

***

.

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la que me inunda en luz como una estrella
me hará bendecir en mi agonía
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al Cristo del perdón y del calvario!

y

El Casino ·alemán, donde debía
brarse el baile, estaba primorosa.me
,

-La limosna fio hace más que tapar la
boca á la miseria; el trabajo y la economía la
extirpan de todo el pueblo.

•
Los automóviles.

IFRANCISCO CHACÓN.

�Primtr

Etrtamen Jlrtistico
tutrttano.

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"e~s'(~!"..
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�Do:tnyigo lo. de Febrero de 1903.

Domingo lo. de Febrero de 1903.

'.Et MUNDO n,USTR¡\DO

EL MUNDO ILUSTRADO

violetas eran para ,cNini,» su vecina, una
muchacha fresca y rosada que tenía los ojos
muy azules.
Los versos eran para nosotros. Xosotros los
leíamos y 'aplaudíamos. Todos teníamos una
alabanza para Garcín. Era un ingenio que debía brillar. m tiempo vendría. Oh, el pájaro
azul volaría muy alto· Bravo ¡bien! Eh, mozo, más ajenjo!

MAZATLAN MODERNO.
En el presente número damos á conocer
un grabado que representa lo que era i\Iazatlún hace medio siglo: un grupo de jac..'lles, y
otros en que puede apreciarse su rápido progreso y su desarrollo. Actualmente hay en el
puerto multitud de edificios particulares que
lo hermosean, buenos templo~, y dos plazas
de toros; un merc..'ldo-el "Romero Rubio,&gt;que satisface ampliamente las necesidades de
la pob!aciúri, y una plaza i:ecientemente inaugurada que ocupa el sitio más céntrico.
Entre sus paseos principales, se cuentan el
ele las «Olas Altas» y el del jardín «~fachado»
que son los preferidos. Las fiestas del Carna~
val, que se celebran alli hace muchos años
y que ahora, por la epidemia, se han suspendido, son muy notables: á ellas concurren familias &lt;le Culiacán, ·lel
Rosario, Tepic y otras
poblaciones del occidente del país.

*"'*

Principios de Garcín:
De las flores, las lindas campánulas.
Entre las piedras preciosas, el 7x'tfiro. De
las inmensidades, el cielo y el amor, es decir,
la:-; pupilas de Nini .
Y repetía el poet'l: creo que siempre e:; preferible la neurosis á la imbecilidad.
A veces Garcín estaba más triste que de
costumbre.
Andaba por los boulevares, veía pasar indiferente los h::josos carruajes, los elegantes, las hermosas mujeres. Frente al escaparate de un joyero sonrPia: pero cuando pasaba cerca de un almacén ele libros, se llegaba. á las vidriera!'&lt;, husmeaba, y al ver las
lujosas ediciones, se declaraba decididamente envidioso, arrugaba la frente, para des,, ,
ahogarse vol vía el rostro hacia el cielo y suspiraba. Corría al café en busca de nosotros,
conmovido, exaltado, casi llorando, pedía. un
vaso de ajenjo y nos decía:-Sí, dentro de la
jaula de mi cerebro está preso un pájaro azul,
quiere su libertad ....... ..

Desde entonces Garcín cambi6 de carácter. Se volvi6 charlador, sedi6 un baño de alegría compr6 levita nueva, y comenz6 un poema en tercetos titulado,
pues es claro: «El Pájaro Azul.»
.
Cada noche se leía en nuestra tertulia
algo nuevo en la obra. Aquello era excelente, disparatado, sublime.
Allí habia un cielo muy hermoso, una
campiña muy fresca, países brotados como por la magia del pincel de Corot, rostros de niños asomados entre las flores;
los ojos de Nini, húmed?s y grandes; y
por añadidura, el buen Dios que envía vol d .. l d sobre todo aquello, un pájaro azul que sin saber
an o, vo an o,
.
d l
b d 1
ta en donde quec6mo ni cuándo, amela! dentro e cere ro e poe ,
,
da aprisionado. Cuando el pájaro canta, se hacen versos alegres }
rosados. Cuando el pájaro quiere volar y ~bre l~s alas y se da
contra las paredes del cráneo, se alzan los OJOS al cielo, s~ arruga la
frente y se bebe ajenjo con poca agua, fumando ademas por remate un cigarro de papel.
He aquí el poema.
.
,
Una noche lleg6 Garcín riendo mucho y sin embargo muy triste.

***

La bella vecina habíapsido conducida al cementerio.
,. .
- t:na noticia! una noticia! Canto ultimo de m1 poema .. ~1111
}1a muerto. Viene la primavera y Nini se va. Ahorro de_ v10ktas
para la campiña. Ahora falta el epílogo del poema. Los editores n_o
se digr.an siquiera leer mis versos. Yosotros muy pi:onto tend_rf1t1
que dispersaros. Ley del tiempo . .El epílo~o, debe titularse ns1:
,De cómo el pájaro azul alzn. el vuelo al e1elo azul.»

***
Plena primavera! Los árbol~s florecidos, las nubes ros:idas en el
alba y pálidas por la tarde: el aire sua,·e que mueve las hoJaS y hace

..

••

***

EIPáia=

ro Jtzut

París es un teatro
divertido y terrible.
Entre los concurrentes al c..'lfé Plombier,
buenos y decididos
muchachos pintores,
1:;scultores, escritores,
poetas-sí, todos ·buscando el viejo laurel
verde ;ninguno más
queridó que aque) pobre Garcín, triste casi
siempre, buen bebedor
de ajenjo, soñador que
nunca se emborrachaba, y, como bohemio
intachable, bravo, improvi~ador.
En el cuartucho destartalado de nuestras
alegresreuniones,guardaba el yeso de las paredes, (entre los] esboEn la Isl a de B elvedere
zos y rasgos de futuros Clays, versos, ~stro!as ent~ras escritas en la letra echada y gruesa de nuestro amado «Pájaro Azul.,, «El Pújaro Azul»
era. el pobre Gar?m. No sa~é1s por qué se llamaba así? Nosotros le bautizamos con ese nombre.
Ello no fué un simple capncho. Aquel excelente much?cho tenía ~l vino triste. _Cuando le preguntábamos por qué
cuan?-o todos reia_mos como msensatos 6 chicuelos, H arrugaba el ceño v miraba fiJamente el Cielo ~aso, nos respondía con cierta amargura:
-_Ca~aradas: habé1e de saber que tengo un pájaro azul en el cerebro, por
consiguiente.. ..

Hubo· algunos que llegaron á creer en un
descalabro de raz6n.
Un alienista á quien se le di6 noticia de lo
que pasaba, calificó el caso como una mono.nanía especial. Sus estudios patol6gicos no
dejaban lugar á duda. Decididamente, el desgraciado Garcín estaba loco.
Un día recibi6 de su padre, un viejo provinciano de Normandía, comerciante en trapos,
una carta que decía lo siguiente, poco más 6
menos:
«Sé tus locuras en París.-Miehtras permanezcas de ese modo, no tendrás de mí un solo SOU. Ven á llevar los libros de mi almacén,
y cuando hayas quemado, gandul, tus rnanuscristos de tonterías, tendrás mi dinero.»
Esta carta se ley6 en el café Plombier.
- Y te irás?
-No te irás?
-Aceptas?
-Desdeñas?
Bravo Garcín! Rompi6 la carta y soltando
el trapo á la vena, improvisó unas cuantas estrofas, que acababan si mal no recuerdo:
sí, seré siempre un gandul,
lo cual aplaudo y celebro,
mientras sea mi cerebro
jaula del pájaro azul!

El muel le y la Aduana.

--

T-

----

-------

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· !;ai&amp;Nil-l;;-,w

1"

"""'"'--'

:nillll
MAZATLAN.-EI M ercado

***

Sucedia ta~bién que gustaba ele ir á las campifias nuevas, al entrar la primavera. El aue del bosque hacía bien á sus pulmones, según nos decía el
poeta.
sus ex&lt;:ursiones ª?lía traer ram~s de violetas y gruesos cuadernillos de maclngales, escritos al rmdo de las hoJas y bajo el ancho cielo sin nubes. Las

pe

Una corrida de toros en Maziltll n,

..

" Romero Rubio."

�Domi,ngo lo. de F ebrero ele 190:.l.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Febrero de 1903.
aletear las cintas de los sombreros de paja,
con especial ruido! Garcín no ha ido al cam·
po.
Hele aquí, viene con traje nuevo, á nuestro
afamado caié Plombier, pálido, con una risita triste.
-Amigos míos, un abrazo! Abrazadme todos, así, fuerte: decidme adiós, con todo el
corazón, con toda el alma...... El pájaro azul
vuela........ .
Y el pobre Garcín lloró, nos estrechó, nos
apretó las manos con todas sus fuerzas y se
fué.
Todos dijimos: GarcÍn, el hijo pródigo, busca á su padre, el viejo normando.-Musaa,
adiós; adiós, ~racias. Nuestro poeta se decide
á medir trapos! ¡Eh! Una copa por Garcínl

Oficial« mtxtcanos tn ti Eltrdto JlltmAn
Con autorización de la Secretaría de Guerra
y Marina, salieron rumbo á Europa los Sres.
Capitán Gustavo A. Salas y Teniente Nicolás
Martínez, oficiales del Ejército que, por una
s~ñalada distinción del Emperador de Alemama para el Gobierno mexicano, van á incor-

Entre el silencio, y la. quietud, y el frío
De la. vieja. ciuda.d, como un fantasma.,
Bajo el ojo doliente de la. luna,
Algunas madrugadas
El músico bohemio, el que tocando
En sucio bodegón la vida gana,
Cruza. las calles cabi,zbajo, solo,
Llevando entre la.s manos su guitarra.

..

Del viejo y melancólico instrumento
Maquinalmente arranca.,
A veces notas ágiles y limpias,
A veces notas lúgubres y largas:
Salpican el silencio aquellas notas
Que por entre sus dedos se desgranan:
Unas ascienden por el éter húmedo ,
Otras ruedan al suelo como lágrimas,
Y otras van á esconderse temblorosas
Como en una caverna entre la caja.

..

***

Pálidos, asustados, entristecidos, al día siguiente todos los parroquianos del café Plombier, que metíamos tanta bulla en aquel cuartucho destartalado, nos hallamos en la habitación de Garcín. El estaba en su lecho, sobre
laR sábanas ensangrentadas, con el cráneo todo roto de un balazo. Sobre la almohada había fracmentado ele masa cerebral. Qué horrible!
Cuando repuestos de la primera impresión,
pudimos llorar ante el cadáver de nuestro amigo, encontramos que tenía consigo el famoso
poema. En la última página, había escritas
estas palabras: Hoy, en plena primavera, dejo abierta la puerta de la jaula al pobre pájaro azul.
Ay Garcín, cuántos llevan en el cerebro tu
misma enfermedad!
RUBEN

GUITARRISTA

La. guitarra. es su amante. Aquel bohemio
Por ella diera el alma,
Por ella vive, y morirá con ella.
Entre las yertas manos agarrada..
En esas ho1·as quietas
Que preceden al alba.,
Cua.ndo con dulce mano ca.riñosa
Acaricia sus formas tomeadas
Y contra el pecho aprieta.el alto y duro
Pecho de la guitarra,
Como presa de extraño calofrío
&lt;~lla,&gt; febr~l, convulsa, apasionada,
Tiembla. ba.¡o la. mano del a.rtista
Vibran sus carnes y sus nervios ~a.ltan
Los bordones azotan el silencio,
'
El cobre grita. y el acero canta.

*

Por los trastes, que fingen
Una tendida escala,
Los arpegios sonoros y las notas
Circulan, suben, bajan ....
Se agitan, se columpian,
.
. Corren, giran, se paran,
Y como mqmeta. tropa. de funámbulos
Alegres ríen y en las cuerdas bailan.

DARIO.
CapitAn Gustavo A, Sala,.

porarse á ~no d,e los regimientos del Imperio.
Los _oficiales a ~ue hacemos referencia son
demas.1ado. conoCidos en Jos círculos militares
como mtehgentes y est~diosos, y es seguro que
durante su permanencia en Alemanja realiza-

*

Y las clavijas-postes telegráficosP?r la corriente eléctrica. agita.das,

S~enten que por los trémulos alambres
Circ~lll-n amorosos telegramas
Escritos en la. clave misteriosa.
En que los dos enamorados hablan.

*

.
Testigos de la escena:
La luna triste, las estrellas blancas
Los perros que en las calles merode'an
Y los serenos que la villa guardan.

ROSAS
El alma de las niñas que se mueren
de amar sin esperanza
es el aroma delicado y puro '
que esconde el cáliz de las rosas blancas.

*

Fots. Valleto.

De la mujer ardiente, apasionada
. que mata el desengaño, . '
habita el alma rosas encendidas
su embriagadora esencia derram'ando.

Y cuando yo me muera, sé de cierto
que la pobre alma mía
á perfumar irá de entre las flores
la más roja de toda la campiña.
JULIA.

Tte. Nicolás Marttnez,

rán grandes y positivos progresos en el ramo
á que se dedican.
En cuanto á la deferencia con que el Kaiser honra, una vez más, á México, habla muy
alto en pro de las buenas relaciones que existen entre los dos países.

Por fin, cuando la aurora se presenta.,
Y los astros se apagan,
Y se despierta la ciudad, y asoman
Las gentes por las calles solitarias
Con el cl!-nsancio aquel que sigue siempre
Al éxtasis de amor, ya fatigadas
Las manos y la mente, suelta el músico
A su fiel compañera., que se agarra
De su cuello y solloza., y se estremece
Con un furor de loca enamorada ....

•€

PROPINA.

N la pared de mi alcoba duerme un reloj vit&gt;jo comprado por diez céntimos, un
día de nit&gt;ve á una pobre hembra demaerada que cruzó por
mi calle llevando en
los brazos el fruto de
un amor dei;leal.
Hace mucho su negro minutero señala
· eternamente una hoia,
una hora misma, y es
á mi antojo como una
mano desconocida que
mostrase allá lejos algo cabalístico y cruel.
El minutero señala
eternamente las nueve, y esa hora maligna parece haber sido
en mi existencia la
destinada á mirar sueederse la cadena de
mis infortunios.
Eran las nueve de
la mañana cuando dejé mis lares patrios ,
por ir tras los besos
eruelesquernatan mi·y
&lt;lulcemente.
Eran las nueve de
la noche cuando Beatriz me abandon6, en
tanto que yo, con unos
buenos camaradas que
hacían versos tristes
:y cantaban cantinelas
.alegres, hablaba ele la
fidelidad de las mujeres en una d e las puertas del «boulevard.,,
Eran las nueve de
la mañana cuando un
viejo enemigo me trató de burguéR.
Y eran las nueve de
la noche cuando cerré
los ojos moribundos á
h casera que los días
&lt;le fiesta me daba pe--chent limpia y cuellos

mente en su mano huesosa una moneda de
diez céntimos, sea ó no día de nieve.
Anoche, no os extrafie, hermosa niña, vendí mi gabán único, que tanto he amatlo, por
tener diez céntimos que depositar cuidadosamente en la mano huesosa de una pobre hem-

Lo que el hombre sabe es nada en comparaci6n de lo que ignora.

..**

La educación es el aprendizaje de la virtud;
la instrncción es el aprendizaje de la ciencia.

***
La liberalidad no consiste en dar
mucho, sino d~1r en ocasión oportuna.

MERCADOS DE

LA CAPITAL-La Merced.

nU!l\'OS.

Ahora, no os extrafie, hermo~a nifia, que
-eada vez que cruza por mi calle una pobre
hembra demacrada llevando en lo;; brazos el
iruto de un amor desleal, deposite cuidarlosa-

brn demacrada cine cruzó por mi c.alle llevando en los brnzo1 el fruto ne un amor desleal.
l'HARf,ES BAUDELAIRE.

*

Así concluye el misterioso idilio
Y aquella fugitiva. serenata.
'
Es el epitalamio de las bodas
Del músico bohemio y su guitarra!
CLIMACO

Soro

BORDA.

Ml BARQUILLA.
I

II

'~iene en la mano un arpa laureada
:Y cingulo de estrellas en la frente·
v~gll; en el éter, y su huella ardie~te
fiJa rnmortales formas en la nada.

~lll;.ª en el mar st~ fijo derrotero.
.Bo,,.t al ocaso el hn"uido

Tie1;de el «velo de .Maya)) y hechizada
la realidad trnnsfigm:ar se siente;
Hebe del alm·1, un vrno fervescente
le escancia que sus penas anonada.

Rienlto ~cncarse, ten13bro!'-a y fría
1•01
a. noc 1e sm ma 1-1
•
,
,
' ana Y sm lucero.
1 1, tu, la maga de mi·
.
b · á •
amor primero
ªJª ' m1 barca para ser sn auí
,
o ,al.

¡A?! Yuelve á mí tus ojos, Poesía,
Y. el Jugo suave de la flor del loto
vierte en el cáliz que me di~te un día,

R ,

'.4hora de acíbar rebosante y roto.
¡Sirena, ven! Y la barquilla mía
lleva cantando á su ancladero ignoto.

¡Barquera, ven! Tus notas pl -·c1
me lleven por escalas m 1 d' ani eras
l
·
'· e o 10sas
a concierto de amcr de, lases feras.

~erenamente la barqui lla mía

, ,
l
' ,.,
remero
) ) a 1e a umbra Véspero la YÍa.

Adiós, cielos sin sol
.
val cabo ad.; · •
'campos sm rosas,
F'
ios rn 6 eles compañeras
&amp;zon y e, lumbreras engañosas! ,

l!l03.
RICARDO DEL MoN'rE.

LA TEMPORADA EN ORRIN.-Miss Dounie

notable ecuestre.
Mazatlin en Semana Santa.

MAZATLAN.--Pll!A do la RepCibllca.

'

�Domingo lo. de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Febrero de 1903.

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.--ILUSTRACIONES DE SIMONT.
TRADUCCION DI: "U .iUNDO ILU!;TR.4D0."
(CONTINÚA. )

A medio día, antes de reanudar el trabajo, si hacía mal tiempo,
ayudaba á las discípulas en la clase misma, y sentía placer en dejar•
me rodear de su dulce simpatía, en permitir cierta familia ridad sana
y agradable entre su inteligencia y la mía.. ...... .
O bien, si hacía buen tiempo, salía invitada por el sol espléndido de eF&lt;as regioneF&lt;. Era para mí una fiesta!
Montones de nieve, en las colinas y en los campos, sin un pliegue, sin una arruga, me llenaban de encanto. Arrebujada en mi chaquetilla negra, con las manos hundidas en el manguito, los ojos llorando de frío, andaba con garbo, pisando fuerte para entrar en calor,
caminaba como euvuelta en la ligereza de la atm6sfera.
·
Mis ojos no se saciaban de tanta blanqueza y tanta calma. Sonreía al espacio, á las bandadas de cuervos que pasaban muy alto, en
un cielo tan limpio como la. nieve del campo ...... Sonreía á los pocos
campesinos que encontraba y que me interpelaban ir6nicamente á
prop6sito de la rubicundez de mi nariz.
-Ah! Ah! Señorita! Se diría que está V. probando nuestro
clima!
-Sí, amigos míos; estoy probándolo! Y me gusta mucho este
clima; muchísimo!
Con el aliento apresmado á causa de !a rapidez de mis pasos,
contestaba con esas solas palabras, sonriendo y saludando con una
inclinaci6n de cabeza. Y seguía adelante, con las mejillas encendidas, la sangre hirviente, el rostro deliciosamente azotado por el
cierzo.

XIII
Algunas veces encontraba yo á la vieja Victorina. Trataba de saludarla con afecto, pero ella me respondía, encogiéndose de hombros,
alguna frase profunda que me dejaba pensativa.
-Siga, siga V. su camino, señorita! Yo le responderé más tarde,
cuando haya visto lo que V. vale!
Un día, quise hacerla hablar más. La detuve.
-Le ruego, Yictorina, que me explique el significado de sus palabras.
Ella insisti6 en su frase, sigui6 su marcha y me dej6 plantada,
en el camino, llena de prei,entimientos vagos . .. .. .
Jamás veía ni encontraba yo á otra persona. Habría podido dedir los nombres de todos los que me saludaban al pasar. El Sr. Raibert también se me presentaba; pero raras veces: algunos domingos
cuando él a1&lt;istía á misa-lo cual, por otra parte, era muy raro-ó
bien en nuestro camino, sembrado de arbustos, que sólo á nosotros
pertenecía, puesto que iba de un lado á la casa del alcalde, y por el
otra á. la escuela. El se descubría rápidamente; yo le saludaba con
deferencia, puesto que era el alcalde: eso era todo.
La idea más remota de que yo pudiese interesarle en lo más mínimo, me habría dejado estupefacta. Jamás, desde el día siguiente
de mi llegada, me había dirigido la palabra.
En cuanto á la señora de Raibert, pregunté al señor cura si debería hacerla una visita; pero él me indicó desde luego que ella no
gustaba de trabar relación con nadie, que no sabría apreciar mi cortesía; en fin, que valía más desistir dP. la visita. Yo consentí fácil1,1ente en ello.
Sucedía también que al salir de mi1,a, alguna mamá se me acercaba para pedirme noticias de su bija. Más tímida que ésta, la mujer
h ablaba poco, y ruborizándose me decía que de buena gana me in vitaría á ir el jueves á su quinta; pero que 1&lt;SU hombre" era tan rudo,
que ella no se atrevía á invitarme. Muchas se encontraban en este
caso; otras vivían demasiado lejos.
-El pr6ximo verano había que venir á nuestra casa, señorita.
Nos daría mucho gusto verla allí.
Yo daba las gracias á unas y otras sin desdén, pero sin el menor
deseo de trabar amistad con nadie.

XIV
Sin embargo, se había formado una verdadera amistad entre el
señor y la señora Albert, los profesores de Pinet, y yo. Estaban casados: él atendía la escuela de varones del lugar, y ella la de niñas;
ese matrimonio joven no permanecía encerrado en su aldea, á pesar
del invierno, sino que hacía frecuentes expediciones en un trineo alquilado, que guiaba el esposo, haciendo sonar ruidosamente el látigo.
Un jueves los sorprendi6 una tempestad y se detuvieron en mi
casa, pidiéndome un vaso de vino caliente, por humanidad y por
compañerismo. Inteligentes, alegres, llenos de vida y de gracia, me

agradaron los dos jóvenes. Ella era de Gardamira, cerca de Marsella;:
él de los Bajos Alpes.
La primera vez su visita fué corta; pero algunos jueves más tarde volvieron á visitarme; trayéndome ella un pastel que había confe~cionado. Ella se hizo de confianza mientras el esposo i ba á recorrer el jardín y la bodega; ella me refiri6 su noviazgo, el empleo deambos en Pinet, donde vivían de amor y de trabajo, y me pintó la.
casita nueva de la escuela, que amaban tanto como si fuese de ellos.
Regres6 el joven trayendo un haz de ramas secas.
-He encontrado esto por alli, señorita. ¿Lo quiere usted para
su fogón?
-Lo que es la costumbre-exclam6 la joven riendo.-Como es.
él quien se ocupa de esto en nuestra casa, cree que aquí también será
lo mismo.
Me eché á reír con ellos, y recibí las ramas secas, diciendo, extrañamente imprE&gt;sionada:
-¡Deje usted! Es un verdadero servicio...... ¡Cuántas veces mefalta un poco de leña!
El quedó contento, y me preguntó si en algo más podía sermeútil. Y cuando su esposa me decía:
-¿Entonces no la veremos á ui;ted por allá hasta el p róximo verano, María Teresa?
El, sin saber el mal que podía hacerme, le dijo:
-¡Eh, hija! La señorita no tiene á nadie que la ponga como á
ti en el trineo y la lleve por dondequiera. ¿O quieres que vaya á piede Chavoux á Pinet?
-Es verdad. ¡Usted está sola, querida señorita!
La joven se puso en pie, me estrechó las manos al despedirme yme acarició con una mirada compasiva. Sentí vago rencor hacia aquel
que me había hecho recordar mi soledad absoluta.
El joven insta16 á su m ujercita en el trineo, la cubrió con un
abrigo, me dijo adiós é hizo chasquear su fuete. Parti6 el trineo, dejando tras sí una nube de polvillo de nieve.

s.- ·

***
Regresé á mi saloncito, que me pareci6 muy vacío; pero esto dur6 poco. Mi soledad no me pesaba aún; más bien me agradaba, 6 quizá ya no la sentía.
El cura, que me estrechaba la mano todos los domingos, y hundía sus ojos de confesor hasta el fondo de los míos, podía aún sondearme con su mirada terrihle.
Amaba yo mi apacible habitación, sin desear nada fuera de ella.
Mis amigos &lt;le Pin et no regresaron; s6lo me escribieron dos 6 tres veces, diciéndome que aguardaban mi visita al llegar la primavera. Era
todo. Estaba yo absolutamente sola!
Solo Phrasia me veía con frecuencia. La buena mujer parecí&amp;
tenerme gran cariño. Desde mi arribo, había ella tomado la costum·
bre de hacerme mis compras cuando bacía las suyas. Se detenía al
pie de la ventana de la clase y llamaba. Abría yo; le daba mi pequeña lista y el dinero.
Si las nifi.as, ocupadas en un trabajo ya señalado, me daban
tiempo, Phrllf;ia por fuera y yo por dentro teníamos una corta charla en voz baja.
'
Las golondrinas, en otros años habían anidado bajo el techo de
la escuela. ~hrasia me daba consejoA sobre lo que debía hacer para
que en la primavera próxima regresasen allí mismo las golondrinas.
Ella me hablaba todavía de la criada de .M. Broadel- el cura -su
rival en fe_licidad, á los ojos de la poblaci6n: la una, declarando que
esta ha meJ?r en casa del señor cura que en la del señor alcalde, y la
otra sostemendo lo contrario.
, . -~ sin embll;rgo, no hay comparaci6n! me decía Phrasia con
com1ca 1mportanc1a. -En casa de un cura se fastidia una mortalmen·
te.-Después ...... debe una recibirá gentes de poco más 6 menos á
q_uienes aloja el santo varón. Sé algo de eao, yo, que durante largo
tiempo estuve colocada en casa del Abate Chavard de San Román.
Ah! Aquello acabó por cargarme, se lo aseguro! N~ me hablaba dos
palabras semana!es. Siempre correteando por los caminos, cuando no
moilela!ldo ~gur1llas de barro. No digo yo que el trabajo sea feo: al
contrario! 81 hasta ha ganado medallas de oro en u11a exposición de
Gre1~oble; y yo, á fuer de ignorante, me quedaba pasmada de CJ?e
pudiese hacer tan bellas vírgenes y tan bellos Jesuses ....... Pero ¡d1a·
blo! prefiero la casa del señor Raibert. La señora tiene mal carácter,
no hay para qué ocultarlo, pero, con todo, es agradable. Y el señor
lo mismo. Y se carne bien. Y á veces reímos durante las veladas del
invierno, Mi6n, la otra criada y yo. La charlatana no hubiera acaba·
do nunca.

A veces me ocurría ~~terrumpirla, interesada por algú,1 detal le
que me llamaba la atenc1on.
-¿l\Iodela, pues, figuras en barro el Abate Chavard? Se podrán
ver?
-¿Por qué? Yo la llev~r~. si Ud. quiere. Le &lt;lará mucho gusto
al pobre AbaU;. ¡Parece fast1d1arse tanto el pobre, allá arnbnl
~lla quena contarme la soledad del Abate.. ..... Pero mis niñas
se ag1tabau en la clas!'.
.. -La dejo, mi buena Pbrasia, veo que ellas han acabado su ejer&lt;:1c10.
qE'rré la ventana. DH1icada á mis nifia¡a, se me olvidaron las golon~rrnas, los yesos del Abate Chavard, las historias de tantaR institutr!ces de,los alre?edores, que Phrasia comenzaba siempre. sin llegar pmás a concluirlas.
-Sus cuadernos de dictado, Feñoritasl
. L~s dulces cari_tas de líneas curvas, las buenas mejillas frescas,
se mclmaban estudiosamente sobre los cuadernos abiertos
Yo dictaba lentamente.
·
Las plumas rasgueaban. Daba el sol contra los vidrios. A veces
en ~l fo,ndo _de Jl!i jardín, precisamente en el momento en que hacia
él d1r1g1a mis miradas, los espesores de la nieve se fundían á los rayos del sol.
.
Yo amaba el prodigio que realizaba la luz, fundiendo los lechos
mm aculados.
;\fi C?razón, ~ fuerza .~e paz, n~e parecía fundirse también como
aquella meve, baJo la acc1on de un suave calor.

En tanto que las mnas rcpa~aban su trabajo mi cerebro se
oaupaba, de combitiar el orclt•n de las ocupacione::1 que venían después_:_((como hacer el almu~rzo; dar una puntada al crespón de mi
corp1i:io, que estaba descosido; las muestras que pondría en hermosa
l~tn~ mglesa, en los cuadernos de las niñas, para la lección del día
s1gu1ente; una carta _al señor y á la señora de Cairol; y esto, y aquello ......... tenía yo t1em po para todo'?
l\Ii frente se erguía, orgullosa de tanto trJ.bajo.
-Ya repasamoi:;, señorita.
-Comience lJ'd., pues, Rosalinda. A ver la primera frase.
La pe9ueña ob~der:ía. Su voz infantil, vacilante, me encantaba.
Lo_s dia_s demasiad~ cortos ~1? dejaban desconsolada por no ha~er tem_do ~1e1~1po ~ufic1ente. V1via en una especie de plenitud ó de
mconF&lt;c1cnc1a 1nfi111tamente agradable.
Un día, me pareció que despertaba ......... Lo noté un domingo,
al atardecer ........ .
(CONTINUARÁ.. )

�ªrcn1.1.~

. s~

clt;~1úc~.

Cf 41

)"'A,

..

· EL MUNDO ILUSTRADO
ANO X•••TOMO 1.--NUM. 6

MEXICO, UBRERO ¡ DE 1903.

Subscripción mensual tor,nea, $1,S0
ldem. ldem. en la capital, $1,25
Cierente: LUI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAfAU Rtl't&amp; &amp;PINDOLA•

,¡.,.--.J...,

.:;r.. -

.

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e:.:.:~--

HlllQSlllATINA
1'AL.l.,,,-B""SH
A'
A'
A'
_¡;¡_ ~

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desde la edad de seis á siete meses, y particularmente en el mo
mento del dest&amp;te y durclnte el período del cr~lmiento. Facilita mucho la dentición; 1111egura la buena formación
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usted, suave, lustroso, rico y abundante. Mantendrá el
cuero cabelludo limpio de caspa é impedirá que su cabello
caiga.
El Vigor del Cabello del Dr. Ayer da al cabello aquella
apariencia sedosa y lustrosa tan natural en la primera
edad. Para la mujer es el adorno de la hermosura juvenil.
En ningún caso deja de restaurar el color natural del
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eor m,1yor: 20,rue St Laure,Parla,
..,4/r •ura F,,ma ,ob~·

~-~ A Cl1arr1llo

SAINT-RAPHAEL,
Vino fortificante, digestivo, tónico, reconstituyente, de sabor excelente,
más eficaz para las personas debillta::tas que los ferrugir,osos y las quinas.
Conservado por el método de M. Pasteur. Prescríbese en las molestias del
estómago, la clorosis, la anemia y las convalecencias; este vino se r ecomienda á las personas de edad, á las mujeres, jóvenes y á los niños.

AVISO MUY IMPORT.a}¡TE.
El único VINO auténtico de S. RAPHAEL el solo que tiene el derecho
de llamarse así, el solo que es legítimo y de que se hace mención en el
furmulario del Profesor BOUCHARDAT, es el de Mrs. CLEMENT y Cta.,
de Valence (Drome, Francia).-Cada Botella lleva la marca de la Uni ón de
los Frabricantes y en el pescuezo un medallón anunciando el "CLETEAS,"
Los demás son groseras y peligrosas falsificaciones,

POR UNA PARTB

la acción imtiséptica de las soluciones alcalinasde las Aguas
de ''Cruz Roja" Tehuacán, y por otra la alción purgante de las misi.nas Aguas, mantienen al intestino en un estado poco á propósito para la formación de cálculos.
Solicitamos Agentes activos fn todas las poblaciones de
importancia del país_

.Negociación de ~ guas Minerales de
"Cruz Roja." Apartado 128--Tehuacán, Pue·
bla.

el Quijote.
Cuadro de Fabrés.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 5, Febrero 1</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domin*o 18 de Enero de 1903.

EL 1fUXDO ILUSTRADO

[L
ANI X•••JOMO 1.--NUM. 4

Mu No·o

ILUSTRAD o

MfXICO, fNfRO 25 Df 1903.

91rccten uc. RAl'A(L Rtn&amp; &amp;PINDOLA.

Los em ple ados de " La Perla."

mento central. En él Fe halla la mús completa colección de bastones y rt&gt;lojes de pared,
de bolsillo, de escritorio y de pie.
... Entre los de pie, se distinguen los llamados
«Boule," que son especialidad de la easa. En
el segundo piso hay más salo1ws que se deFtinarán á la exhibición de novedades y ú los
que se tendrá acce!:lo por una hermosa escalera que se está acabando de construir.

Dada esta incompleta idea de. la distribución del nuevo edificio de ,e La Perla,¡• y de las
valiosas exhihiciones que tanto han admirado
sus visitantes, agregaremos alii;unas palabras
relativas á la inauguración. Más de 2,000 invitaciones repartieron los señores Diener entre
las fam ilias de la alta sociedacl mexicana, el
{;ue1 po Diplomático, la Banca, el Comercio,
la Prensa, etc. A las diez de la mañana, los
invitados comenzaron á recorrer el edificio,
:siendo galantemente obsequiados por los dueños de la casa con finas carteras, calendaril's
artísticos, y u n «lunch champagne.» Entre los
concurrentes ee repartió el vals «La Perh1,»
compuesto expreRaniente para la inaugurnción
por el señ or Lerdo de 'l'ejada, director de la
orquesta ~ue amenizó el acto.
Entre las familias y í'aballeros qne visitaron la joyería, vimos al Sf'ñor Ministro alemán
y su Secretario, y á los de Bélgica, Italia y
Austria; al seüor General Rinc6n Gallardo y
-su espo¡,¡a¡ y á las familias Fernández Castelló,
!caza, Barrón, Escand6n, Algara, Iturhe
y otia~. La seiiora esposa del señor Presidente de la República, que concurrió también á
la fiesta, fué oh~eqniada con una primorosa
Lombonera por los señores Diener, quienes en-

Ger ente: LUI&amp; Rtl'~ &amp;PI NDOLA

Cent ro de mesa .- Reproducción de uno existe nte e n el P alacio de Versalles.

viaron al señor Presidente de la República,
una. rica cartera.
Durante todo el día, en suma, la casa Diener se vió concurridísima. Los visitantes, de
sospresa en sorpresa, recori-ían los amplios
departamentos admirando, hasta en los más
in~ignificantes detalles, el derroche de gusto
a, tístico desplegado por los propietarios de la
rica joyería, en la exhibición de los distintos
objetos que alli se encuentran y que forman
sin duda, el surtido más bien dispuesto qu e
pueda hallarse en la metr6poli. Los escaparates estaban arreglados de tal manera y con tal
conocimiento del «efecto», que á primera vista cl~~pertaba~ la _c"?-riosidad del público, que
elogto y con Justicia, su magnífica disposición.
El triunfo obtenido en esta vez por los honrados y laboriosos joyeros, no puede ser ni
míis completo ni más significativo; pues, por
una parte, la impresi6n que causó en la culta
sociedad mexicana, fué muy o-rata )' por otra
.
• o
'
'
pone de mamfiesto lo que pueden la constancia en la empresa y la honradez.
La fiesta se prolong6 hasta las primeras horas de la noche. El hermoso edificio de «La
Perla« estaba iluminado con verdadero arte.

En el presente número publicamos fotog'rafías del exterior de! edificio de ,eLa Perla» y de
algunos de sus departamentos, así como los
retratos de los señores Diener_ La sola Yista
de esas fotografías basta para que nuestros lectores se formen una idea. &lt;le la importancia del
establecimiento mercantil inaugurado y de la.
suntuosidad que se observa en todos sus departamentos.

C~mplo d~ Santo Domingot ~n~Oaxaca.-Tnttrior.
Vis itando :os saloner.

Grupo de objetos de arte.

Subscripcídn mensual foránea. $1.~U
ldem. ldem. en la capital, $1.25

�EL MUNDO ILUST RADO

Domingo 25 de Enero de 1903.

ANTB EL PBLIGRO.

S

pueblo mexicano es sincera, es sólida, es permanente; el rictus sombrío que pueda ostenta r en su rostro es In máRcara heredada de la.
raza de bronce que-dígase lo que se quiera,
-no es ya el pueblo mexicano; pero en la
amalgama producida por el bronce indiano y
la carne ibera, aquél fi jó la apal"iencia del
metal nuevo, y éRta fijó su ley. Una ley sonriente, plácidamente sonriente, que es la a\egrfa. inexpu,znable, la que no la deja abatirse,
la que le defiende del dolor y del pánico.
Así, cuando el peligro le amenaza, el puPblo se da cutlnta del peligro y se deja guiar de
buena gana por los paternales consejos de sus
autor idades; pero encuentra siempre, en el
arroyo inacabable de sn alegría, la fuerza indispenRable para no abati rse, y esta entereza
que nutre en su sangre caliente, le da aires &lt;le
indiferente ó de fatalista. Pero no es ni una
cosa ni otra: es alegre1 plácida y permanentemente alegre ... .. .
Hasta para defenderse del peligro, necesita
que la sonr isa-su eterna sonrisa -esté con él.
Sabe que la defensa contra In peste ha menester ele mucho dinero, y desembolRa desde luego la mitad de lo que puede &lt;lar para auxiliar
á sus hermanos; más In otra mitad la reserva
..... para darla también, pero mediante una
corrida cl1: toros, un concierto, una función
teatral, mediante algo, en fin, que tenga una
base de alegría. Y en la corrida ele toros, en
el concierto, en la función tea.trnl, su gozo no
se desborda, su carcajada no estalla, su rostro
no pierde su fingido rictus doloroso; pero su
alegría fisiológica corre, corre como un riachuelo inacabable......... .

E ha dicho que la sangre latina, corriend o siempre con precipitación extraordinaria, tiene los ardimientos de la lava y
se p resta á todas las exageraciones y á todas
las explosiones, sin que nunca pueda guardar
esa temperatura próxima á Ogrados Réaumur,
que se conceptúa indispensable para obrar con
p recaución y seguridad. Cintamente, no somos los latinos bichos de sangre fría; el líquido q ue por nuestras venas co rre es muy rojo
y muy caliente, y es exacto también que con
sobrada frecuencia nos impele á adelantarnos
á los acontecimientos y á tergiversar el mundo. Pero debe tenerse en cuenta que esa «preci pitación» latina ha precipitado tambifo la
conquü,ta de muchos derechos y de muchas
emancipaciones, y siquiera sea por esto, los
h ombres fríos deben perdonarnos el calor de
n u ~,,tra sangre.
Y asevéraee q ue la sangre fría es indispen•
sable en las grandes empresas y en los momentos &lt;le grandes pruebas, porque el cereb ro humano es como el vino &lt;le Clrnmpagne:
mejor, mientras más helado :;e sirve. Un cerebro «frappé» vale más, dicen, que dos cerebros
"ªl tiempo»; pero es menester acordari!e de
qu e el propio vino de Champa~~e, aband?mi.do indt'fini&lt;lamente á las caricias del hielo,
tórnase á la postre en una mezcla de cristalizaciones y de alcohol, que hace daño al estómago, señala&lt;lament; _s i se consume en países
en que el clima es cahdo y el sol no encuentra b rumas que detengan su enardecido y fecundo beso de amor á la tierra. En consec uencia hay que graduar el enfriami ento de
la sang:e según los tiempos y segun los climas tanto m'is cuanto que, á las veces, la
calu'mniarl.a sangre caliente es mfü, sabia y
más prudente que la decantada sangre fria.
La sangre latina conserva mucho de su calor au n cuando el terror y el pánico pugnen
po~ helarla. Los ¡_&gt;ueblos latin_os han tenido
siempre una sonnsa en los labios aun ante los
peligros más inminentes; y el chiste,-esa
flor de fuego de lo3 trópicos, que nada tiene
que ver con (•l Mhumour», que es flor alpina,
-ha tenido siempre, entre los latinos, marnvillosos florecimientos delante de la boca de
un cañón y enfrente de las amenazas de una
epidemia........ .
¿gs li~ereza? ¿Es fal la de pre\'isión? ¿Es
«étour&lt;lerie,,?............. Yo no lo creo; creánlo
asi, si les place, los deturpa.dores sistemáticos del alma latina; pero aquellos que saben
que el peligro no Ae detienf' con miedos, sino
con decisiones, hallarán fuerte la inexpugnable alegría latina. Hay que defenderse, es
cierto; pero las lágrimas no defienden. Empúñe:;e la e8pacla, y una vez empuñada, ¿qué
más da que en los labios brote una sonrisa? ... •

***
En cambio, la alegría. es y ha Aido siempre
una fuerza; no la. alegría arti~cial, producida
por agentes externos y que se de,barata como
una pompa de jabón; no la alegría que se manifiesta en carcajadas sin motivo y en estrofas sin música y sin ritmo; ésa no es alegría,
es embriaguez; embriaguez &lt;le vino, de aire,
de sol, de amor, de t1 r rnra . ........ pero embriaguez al fin, que muy á menudo hace presa en los hombres de sangre fría. En último
resultado, es é:-x'l. una alegría patológica; y la
alegría fuerte, la que defiende y ampara, es la.
a\e,rría fisiológica, la normal, la permanente,
la que no ha menester explosiones ruidosas,
porque está. en la carne y corre mansamente
por las venas como un arroyo inacabable.
Se ha dicho hast&lt;:1. el cansancio que el pueblo mexicano es un pueblo triste. Debe decirse, empero, que «parece» un pueblo triste.
No ríe con grandes carcajadas, porque sonrie siempre. No pa8a bruscamente de una
carcajada á una líigrima, cual sucede en otros
pueblos de sangre muy fría. A las wces, los
fenómenos y las manifestaciones aparecen
gmndes sólo por la fuerza del contraste. Esas
son grandezas negativas. Pero la alegría del

***

NO ES ALLÁ!. .....
Afü1, me dijeron, rnÚ!• alh'1 de la torcida carretera, mús alltL del pueblo, en lo alto d e la
colina i;ilencio!:'a, bajo la so111hra ele aquel grupo de úrboles mui,;tios que Re inclinan tristemente sohre In tierra, ¡ullá e1;tú!
¿Allá? No, no era posible, no era ése el risuefio rincontito de v(•rdurn. que me pintahaa
en tus cartas, el pedazo &lt;le la huerta murciana, lleno &lt;le sol, lleno &lt;le flore:;:, lleno de pijaros que gorjeando la ale~ría de vivir en tu
ventana, parecía que te !!amaban para que
bajaKes ni jartlín Íl coger ro~ns. Y no eran de
allí las rosas que impregnadas de btlsos me
mandabas para que l,eso;; y rosas te llevara
cuando fuera por ti.
No, no era ése el frondoso h uertecito, refugio de tus últimas ternma-., donde tú me esperabas, no era ése. 'fe habías ido; te habías ido
para siempre del huerto, le habías ido por
aquel cam ino tan tri,.,te, Hquella lhi1la tarde
de otoñ(I tan hosca, aqudLt tarde tan fría ; t.e
habías ido y estab;1s all(1 "ola i,:in follaje, sin
luz, sin pájaro~, sin rosa~. 111ús allá de la polvorienta carreLera, mú~ all.'1 dt'l pueblo, en la
colina silenciosa, bajo los úrboles ayuellos de
m ustia!I desmayadas cabelleras.
Y allá subí á buscarte, 1,llú. El cielo estaba gris, el día también e,t Lha negro, la campiña estaba triste. Yo subí dese~perado y loco; subí dando tumbos, deseando caerme por
el barranco abajo. Subí yo no sé cómo por el
camino horrible, por el ca.mino lóbrego, siniestro, espantoso camino que recorriste tú la
víspera balanceándote entre flores, balanceándole en los brazos &lt;le la muerte.
Subí y c11í anonadado de rodillas para llorarte mejor; de rolillas para darte tus rosas y
tus besos mezclados con los mios, con todoe
los besos que yo pude darte, con todo.'! loe
que yo debía darte cuando fuera al huerto
por ti.
.
Ya ves! fuí á buscarte y te he traído; y aqm
estoy solo contigo, solo con tu recuerüo, solo
con tu imagen, con tu memoria intacta y pu•
ra en el fondo de mi alma. En el único sitio
hermoso que hay en ella he levantado yo tu
verdadero sepulcro.
Ya no volverán á decirme: ¡allá, más all4
del pueblo, en lo alto de la colina s ilenciosa,
bajo la sombra de los árholes de mustias deemayadas cabelleras ...... allí1 está!
¿Allá? No: no me lo vol\'erán á decir; porque no es allá donde tú estús ..... .... !

Por eso en los actuales momentos en que
estamos nmer.azados por la peste, aunque la
preocupación exi1-1te en todas las clases sociales y aunque todos nos damos cuenta exacta
del peligro y enérgicamente nos esforzamos
por conjurarlo, el pánico está muy lejos de
manifestarse en el público.
.
Eso es una fuerza y una enorme fuerza. A
pesar de nuestra sangre caliente y &lt;le n11ei&gt;tras
exageraciones ya le~endarinR, los mexicanos
estamos man ifestando ya una cordura digna
de envidia, mayor cordura que la que manifest6 la sangre fdn de los californianos al ocultar la existencia de la peste, poniendo así en
peligro á todo un continente ..... .
La caridarl., ese ángel blanco cuyas enormes y pt:rísimas alas siempre han amado las
diafanidade;; &lt;le nuestro cielo, ha venido ya,
como Riempre suele, trayendo ráfagas de consuelo y auras de esperanza. Ante el peligro
todas las clases sociales de toda la Repúhlica
han aprontado sus auxilios; y si la existencia
diari&lt;1. no se ha modificado, si las apariencias
de nuestra vida son las rnismaq, no debe significar que el peliµ;ro 110 nos al irme. Nos alarma, m1\s no nos abate. He aqui un e;itado de .
cosas que debemo:1 conservar; es preciso cerrar las puertas al pánico. A ello nos ayudará
poderosamente la i&lt;lio!;incracia de nuestro
puebl0, y ÍI ello deben tender los esfuerzos de
las clases dirigentes.
¿.Serán vanas las precauci1mes de la ciencia?
¿VemlrÍ\ 1,iempre la peste negra á devastar
n uestrns florecientes ciudades, como lo ha hecho ya Cún l\fazatl{m? .... ¡Quién :;:abe!. ...
Esperemo~, sea lo que fuere; esperemos serenamente; a.prestémonos á la defensa, pero
sin que nue-tra i::angre latina abandone sus vip;ores ni deje su alegría inacabable, que es
fuerza de prevención, de resistencia y-si el
caso llega,-de reconstitución!
◊SCARHERZ.

Domingo 25 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUS1'HADO

MIGUEL EDUARDO PARDO,

LA VIDA.
Leo en mi libro. Es y a la media noche.
El pelo de mi amada
es uo chorro de libras esterlinas.
Y surge sn cabeza de las blancas
coberturas del lecho
como el dibujo rle un pintor de bada~.
Me dicen: &lt;es un perro&gt; ó bien: &lt;le a.dora&gt;.
Hoy nos hemos 1·eído tí carcajadas.
Los amigos me envidian
mi casita, mi ocio, la muchacha,
mi juventud y la sonrisa et&gt;t•oa. ..... .
Mi ~onrisa es mi fuer1.a. y es mi máscara.
Yo soy feliz. Y bien! Esto es horl'ible.
Suspiro por mis uoches angustiadas,
por mi vida haraposa de bohemio,
por mis noches sin cama.,
por mi cruel desolación de huérfano,
por mi vida tle huérfano y de paria.
A qué vencí'! Poi· qué libru.1· las ruda s,
las tremeotlas batallas,
poL· la vida., el éxito y el nomb1·e?
Para qué la. a.sccns16n de las montañas?
Si esta noche, de súbito,
á mí viniera uoa. hada
y me dijese:
-Escúchame, poeta:
traigo para tus sienes esta 1·a.ma.
de florido laurel; traigo esta púrpura.
para cubrir de púrpm·a tu espalda;
para tu bolsa. un vellocino de oro,
y esta rubia. gentil para. tu cama.,a.l bada. bienhechora
le daría las gracias,
y á trueque de esos dones
la pediría.:
-Hada.,
pnnme en el brazo músculos,
y ambición en el alma.

R.

ministro de tolombia•en méxtco.1
El Gobierno de ln RepúhliC'a•de Colomhia
ha desi¡mndo al f&lt;eñor Genrral don Rafael Reyes para qne, con el carácter de Rnvinclo Extraordinario y :\linii&gt;tro Plenipotenciario, re-

mo Delegado á la Segunda Conferencia PanAmericana, á la cual prest6 importantes servicios, y reside aquí desde entonces.
La designadón hecha en su favor, ha sido
recibida con aplauso, pues en el corto tiempo
que el señor General lleva de vi\'ir entre nosotros, se ha captado francas y numerosas simpatía!-!.
El 11uevo ministro fué recibido solemnemente por el Primer Magistrado el martes de la semana pasada.

.Cos cambios eq el qabinefe
En nuestra edición anterior publicamos l os
retratos ele los nuevos Secretarios de Gobernación, Fomento, Guerra y Comunicaciones
que integran el Gabinete del Sr. Gral. Díaz. '
Para completar nuestra nota referente á este importante asunto, damos hoy á conocer
unas fotografías que
representan el aspecto
de los corredores de
Palacio, antes de la ceremonia, y la salida de
los Jefes y Oficiales
que concurrieron al acto.

volotean, y ruedan sobre la arena de oro las
ondas del arroyo; corriendo de un lado á otro,
ven á la pobre enferma, una de ellas se nrrrca y, mirándola con dulzura, la dice:
--EstÍls tri!,te, vuelve á tu alegrfo ...... ¿.No
tienes aqui todo lo necei::ario para dii&gt;frutar
de una npacible &lt;licita? ¿No te regocija \'er
esas verdes ramas que te protegen contra
el ardor del 1&lt;01? ¿.No te gusta reE&lt;pirar por la
tarde, Robre el floreciente mus¡zo y junto al
agua? Aquí hallarás el frei;co rocío de las flores; las zarzas de las selvns te darán alimento
delicado y este brillante manantial mitigará
tu Red. ¡Oh amiga mía! La verdadera dicha
consiste en saber contentarse con poco, y ese
poco se encuentra en todas partes.
¡Oh sabia filosofía, dijo el á1n1ila bajando
la cabeza. ¡Oh sabia filosofía! ¡Ilablas como
una. paloma!
GOETBE.

-Cuando el infortunio se generaliza en'un
país, se hace univE-rsnl el f'goíi,mo.

El Anila J la Paloma.

SR. GRAL. RAFAEL REY ES, M inistr o
de Colombia.

p resente {i aquel país cerca del Gobierno me"'{icano.
E l señor General Reyes vino á México co-

Un águila muy joven acababa de remontar su vuelo lanzándose con su presn
hacia las regiones del
aire. La flecha del cazador la hiere y la corta en el ala derecbn.
Cae en un bosque de
mirtos. Durante tres
días eternos devora su
dolor; durante t res largas noches sufre la tremenda herida, hasta L---------::,- - - - - - - - - - - - - - - - - - -...1
que por fin el bálsamo DESPUES DE L A PROTESTA.-Salida de los Jefes y oficiales del Ej6rclto
de la naturaleza la
cura. Entonces se arrastra hacia afuera del bosFRAGMENTO.
que, agita el ala ..... pero ¡ay! el nervio estaba
cortado, apen~s puede levantarla para coger
una presa indigna de su rango. Se posa trit,teNo hablaré de mi amor en las orillas
mente sobre una roca á la orilla de un arroyo.
donde el agua, al pasar flores arranque
contempla la copa de las encinas y la bóveda
azules ó amarill~.
d~l cielo, y una lágrima se desprende de sus
Yo hablara de mi amor junto al estanque
OJOS.
allí, donde la onda sosegada
'
En este momento llegan por entre las rano se estremece nunc&amp;., ni despierta
mas de los mirtos un par de palomas que rede su suefio-pupiln siempre abierta
ele ~arga y melanc61ica mirada. Alh, bajo la cúpula sombría
que le forman los chopos enlazados,
donde tienen cerrada celosía
los pájaros callados . .... ... .
y donde por las tardes dulcemente
va á morir un reflejo del poniente
l\lis frases de ternura. volarían
hac~a los tristes y temblantes chopos
cub1erl?s ya con _los primeros copos
de la meve; y mis lágrimas... caerían ...
caerían al estanque se hundirían
en el silencio de la~ verdes ondas
que al golpe &lt;le mis lágrimas despiertas
temblaran cual las fro~das
'
y quedaran después por siempre muertne...
MARÍA ENRIQUETA.

'!oda pasión sincera es egoísta, lo mismo
la rntelectua.l que otra cualquiera -P
IlOURGET.

·

AUL

***

_E_l extremo dolor tiene su miRterio de, u
bltc1dad como el extremo amor ALF
P •

BLANCO FOMBON A.

L os corredores de Palacio, a ntes de rendir la protesta los nuevos Secretarlos de E stado.

LAliARTINE.

.-

ONSO DE

�EL MUNDO ILUSTRADO

[JI PES(E
BUBOnTeJI En
fflJIZJltCJln
~~
Et SERUTtTO SJlnTtJIRTO

.

'

de Enero de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO

Domiingo 25 de Enero de 1903.

-

Dorruingo 25

........

·--

~r+3.\

FafQa de la Delegación Sanitaria.

***
Lo que anteriormente hemos expuesto con referencia á la~ dis_¡ o,iciones sanitarias puestas en vigor, hace suponer que la ep1dem1a no
tra;;pasarn los límites de la ciudad que ha invadido y que, por lo t~nto, el riesgo que corren las demás ciudades de la República, de ser diezmadas por la. peste, es muy remoto.
Urge, sí, en las circunstancias actuales, que los vecinos de l\fazatl~n
ayuden á la policía sanitaria en sus trabajos, á fin d e que pn nto se
Yean libres de la plaga que pesa sobre ello.s.

El Cerro de los Espantos
Hacía un frío horrible. Ko obstante mi
grueso abrigo de lana que me cubría de la cabeza á los pies, sentía que me helaba.
La caminata había sido lnrga, y llegué~ pensar que una vez en la po:mda, el cansanc10 cerraría mis ojos y podría r&lt;'ponerme c01_1 ~na
buena noche, de las fatigas de la exped1;1on.
Por desgracia el sueño se me a~u~e~to por
completo, y v~endo que. lucha~a ,rnutilme~t~
con el insommo y la fatiga, dec1d1 atemperar
el frío que me hostigaba, hnciendo compañía al rn:-1-rordo:no del
rancho y á su familia, Hentados
en el mero suelo, al re 1edor d e
una ho.,.uera cuyas llamas crepitantes ~ubían y bajaban en fantá.stica danza.
La ranchería entera ee entregaba al descanso, y en las chozas
esparcidas en el llano, sólo se percibía la lumbre continuamente
alimentada de las hogueras, al calor de las cuales dormían los huenos campesinos el sueño plácido
del hombre honrado.
Debía ser ya bastante tarde,
porque, al decir del mayordomo,
«e'. carro estaba ya muy cargado» y los gallos habían lanzado
al viento su tercer canto.
Arrellanado en un pequeño
banco y fijos los ojos en el fuego
que bailaba su interminable dan za me puse á escuchar la con ver'
' ,\
r, .m1
•
sación
del viejo mayordomo que d ecrn
m ozo sentado también al amor de la lumbre:
-¿El ceno grande, decía «Usté?. » Pues le
dicen el Cerro de los Espantos.
-¿Pues qué espantan allí•?
.
- ¡Ah sí señor desde hace mucho tiempo ...... ,;Naiden» p~sa de noche por esos lugares porque «segurito» que le dan su susto!
:.._¿Y no más de noche hay eqJantos?
-No más de noche, porque de día eso es
muy transitado y los espantos sólo ,:alen cuando no hav un alma.
-¿Y usted cree en eso? no pude menos de pregun tar al ver la
seriedad con que el campesino
trataba el asunto.
-Cómo 110, señor, si esto es
muy cierto; por esta cruz que es
cierto.
-¿Pero ha visto Ud. los espantos alguna vez?
-Sí, señor, con estos «mesmos» ojos, una vez que me anocheció en el «Ranchito)) y tuve
que pasar por el pie del cerro ya
&lt;cescurecido. ,, Por cierto que ya
no me pasará otra en mi vida. .. .
-¿Y c5mo fué eso? pregunté yo
movido por la curiosidad; cuénteme cómo estuvo eso.
-Pues le contaré el caso por
darle gusto, ,cmi amo;» aunque
«Ust~, no me lo crea, como otros
señores á quienes se lo he contado.
Hizo el aldeano una leve pausa para remover los tizones de la hoguera que languid ecía,
y luego continuó:
- Pues verá ((Usté» que, como le dije, tuve
que ir al «Ranchito» á un ,,encargue del patrón».
Salí de aquí poquito después de medio día
para estar de vuelta temprano; pero como ahí
tengo algunas amistades, por aquí un trago,
por allá otro, se me fué pasando el tiempo,
hasta que cuando menos pensé, ya estaba casi ,,pardeando.» Luego me acordé de los espantos: tomé mis providencias para venirme,
y después de acompañará mis amigos la última copa, salí- de priesa, pensando pasar el cerro antes de que anocheciera. Pero por más
que anduve no pude llegar á tiempo; porque
apenas había llegado á ((Las Vaquitas,» un
punto que·está como á media legua del callejón del cern,, cuando ya estaba «de á tiro»
anochecido. Me vino entonces á la cabeza

quedarme allí á pasar la noche; pe;.o rec~r,lé
que otro día tenía que coger nn toro ret1_nto
que bá]aba al aguaje «~uy de madru~a~1ta»
con el ganado, y no qmse &lt;~etenerme m,ts que
para tomar una ó dos cop1t~s de mezcal 3ue
me «brim1ó" tío Roque. ¡Ymll"e«Usté,,,senor,
lo que es la mala suerte!: Don. R( que me decía que me quedara, que qué iba~ hacer tan
tarde hasta mi casa; pero el mahhto toro «~e
me metió en la cabeza» y ya estaban los OJltos de Santa Lucía co~o por allí [y señalaba
un punto del cielo], cuan~o salí del rancho.
Caminé recio, con ((el pendiente» de pasar de
priei-a por donde salían los esl?~ntos, y pronto estuve á la entraaa del rallf&gt;Jon.

ACAPULCO.-EJ

Lazareto.

-¿Ve «Ustén aquel cerro que está allá, con
la figura de una campana? pues entre ese cerro y el de los Espantos está el callejón que
tenía que atravesar y que le dicen el Cañón
del Diablo. ¡Y del di..:hlo es, señor, para pasarlo de noche! Figúrese n.omás: un cerro
aquí y otro acá, y por el medio el cañón ..... .
No hay más que una veredita por donde a1~dar, porque por lln lado y otro rnn un&lt;_&gt;s rel1ces, ¡que válgame el Padre Eterno! 81 basta

ulululú ya más cerca, como ,ai viniera á «in' » Ya casi· lile (1evo1via;
' pero tem1'
contrarme.
que me fuesen. á burln r J&gt;?r eso, y ~rnciendo,
como dice el dicho, de tripas corazo~i.. .. segu(
adelante. Unos cuirntos pasos . hab,a Jdad?J
cuando otro ull!lulú¡ lí. este gnto respond10
otro, y se oía así como un «respon~o" de \ºOCt•i-;
luego se oyeron tres ~roces que c_o1:testaba~1, y
en segui tla, cuatro, eme~, u.n m,1llo.n degnto:&lt;;
1,Pro ya no delante de m 1, s1110 a 1111s P.Sp~ldas,
por donde yo había pasado. Por lo reCio &lt;1ue
se oían los aullidos, conocí que se acercaban,
gan{mJome t&lt;:lrreno;. entonces emp1·endí u na
carrera con todas mis fuerza¡;, como un loco,
por aquella veredita qne no se acababa nunca.
Pero de s1-guro que lo,: el'pfritus
rna.iciaron &lt;JUe yo coní.1, y corrieron también, ganá ndome siempre distancia; porque llega ron
más claros á n1is oídos los gritos
ele ulululú. Corrí un trecho largo, pero al fin 110 pude más; me
e.-taba ahogando; me faltal,n. el
«resuello;» ya casi me tiraba en
el suelo para que los demonios
hicieran de mí lo que qni~ieran.
Desesperado, echo entonces manos á la «media), y me la empino toda; apenas podía yo sostenerme..... Y aquellos g,istos ulululú, cerca, más cerca; ya los oía
á la distancia de unos c·uantos
pasos ..... .
De pronto sien~o un «ro1.ón,, en
este brazo y veo un bulto quepasa como una flecha. Doy entonces un grito horrible; pero con,o
si ese grito fuera una señal, en el
momento me «rodearon un montón de hultos negros,» que brotaban de los árboles, de las ¡,iedras, de cada rama, de todo ...... ; y en un instante se llenó aquel carnpo de puros el'píritus, señor, d e puros espíritus; gritando todos, haciendo ge~tos borribleia;,
bailando y dándome aquellos gol pes ¡qué válgame Cristo-Padre!-M:e pareció que me volvía loco; que todo el mundo se movía ai-:í,
como por todos lados; quise correr, y sentí que
mis pies habían echado raíces; entonces dí
gritos espantosos pidiendo auxilio; las cccorvas» se me doblaron,
y caí al suelo sin saber más &lt;le
mí ........ .
Los ojos del aldeano brillaban
ií la luz de la lumbre, como los de
un gato; el espanto se pintaba ele
tal modo en su semblan te, que
rnás de una vez, durante el relato, sentí que un escalofrío sacudía
mi cuerpo y que mis pelos se ponían de punta. Ante la verdad
del sentimiento ele aquel campesino, yo, hombre de mundo y
con mis ribet~s de filósofo, llegué
á fingirme la realidad de aquellos hechos tan pintorescamente
narrados, y temblé, como temblaba el labriego á la vista de los
espíritus agresores.

Depar1:amento de desinfección.

de día da horror pasar por allí, «contimás,, de
noche .. ... .
-Bueno ¿y pasó Ud. siempre?
-Pues, sí, señor, por mi mala suerte. ..... .
Yo nunca he tenido miedo, pero quién sabe
por qué aquella noche me entró un miedo muy
grande. Veía delante de mí aquel cañón «escuro," como la boca del infierno. Me«persiné»
tres veces, me saqué el rosario fuera de la camisa, y sin quererlo pensar más, entré al callejón. ¿Ah, señor, qué fué aquello!
Apenas habra andado unos cuantos pasos,
cuando empecé á oír unos como gritos lejanos
que hacían: ulululú. Al principio creí que
eran perros; pero después pensé que no, porque las casas estaban muy lejanas y los aullidos eran muy extraños, así como de una cosa
del otro mundo. Para crear valor me eché un
trago de una «media» de mezcal que me había
dado el tío Roque. Seguí andando y oí otro

-¿Y qué más pasó?-me decidí á preguntar viendo que el campesino suspendía su narraci6n.
-Nada, señor, ya no pasó nada; es decir,
ya no supe nada; quién sabe qué harían conm igo los ((malinos." Otro día, ya amaneciendo, me·«incontraron" unos lecheros que iban
«pá la ciudá;,, me dijeron que estaba tirado
como ccá la mitá,, del cañón, con muchos golpes en todo el cuerpo y «rasguñosn hechos así,
como por uñas de diablo ....... . . Un mes «enterito» estuve en cama entre la vida y la muerte; porque, á consecuencia del susto y de los
golpes, me entró ccun fiebre" que por poco me
lleva al otro mundo.

¡
1·

1

***
El fuego empezaba á languidecer; los tres
hijos del mayordomo ~e habían quedado dormidos al amor de la lumbre, y siendo ya ]?a8-.
tante tarde, nos retiramos á descansar. En toda la noche, sin embargo, no pude coger el

¡

'

! '

�Domingo 25 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL :\1 u~ 1)() J l.l"!::;TIIA

sueño: me sentía molesto y como sobresaltado; delante de mi vista se levantaba el Cerro
de los Espantos, como una inm,ensa m~ncha
negra; y como saliendo del Cafion del Diablo,
mis oídos creían percibir, lejano, muy lejano,
aquel ulululú lanzado por los fantasmas desde el fondo de sus guaridas.

•

FRANCISCO VERDUGO F ALQUEZ.

El Jlrt~ tristiano
~n mtxtco.
?:err¡plo de Santo Jomi17go de~óaxaca.

P

Dom,ingo 2,; ele g,ero ele 1903.

n1a Gage, las carretns cargadas con materiales
de constrncci6n, pa&amp;aban por encima de ellas.
Durante la época de la inclependencin estuvieron acantonadas en el convento las tropas
de l\Iorelos ( 1812) y después las del general
D. Antonio León, cuando derrot6 en Etht á
las ú ltimas tropas reali,:tas. Allí estuvo preso
el héroe suriano D. Yic,:mte Guerrero, víctima ele la infame traición &lt;le Picaluya, y por
último, en la capilla del Rosario fueron s~pultados sus restos. Exclaustrados los religiosos, el edificio se convirti6 en cuartel, y el
templo qued6 abandonado. El actual arzobiRpo de Oaxaca, Sr. Gillow,gestion6 la devo1uci ón de la iglesia al clero y la obtuvo en
Abril de 1895, dando comienzo á su reparad6n sin demora alguna.
Terminadas las obras resptctivas, el tem·
plo c¡ued6 abierto al culto nuevamente eri los
primeros días de noviembre último.

Mazatlán.

UBLICAMOS hoy en nuestro semanario algunas fotografías del templo de
Santo Domingo, de Oaxaca, reputado
como uno de los primeros del país.
Acerca de la construcci6n &lt;le este edificio,
verdaderamente notable, creemos oportuno
dar á conocer los siguientes da~os. La obra,
llevada á cabo por los frailes dominicos, secomenz6 el año de 1570, aprovechándose para
ello un solar que cedi6 el ayuntamiento. Los
religiosos, nl poner manos á la obra, contaban únicamente con veinte reales; el rey les
di6 más tarde, como ayuda,setecientos pesos,
y con éstos y el producto de las limosnas que
lograron reunir, compraron otros solares para
agregHlos al que ya tenían, obteniendo del
Cabildo la merced de otras fajas de terreno y
del agua suficiente para la edificaci6n de la
iglesia y del convento respectivo. Púsoles el
Cabildo á los frailes como condici6n precisa
para gozar de aquella merced, la de que en
un plazo de veinte años quedara terminado
el edificio; pero como esto no se logr6 por las
dificultades con que tropezaron los religioso8,
el ayuntamiefito quiso más tarde recobrar los
terrenos que les había donado, arrastrándolos
á un pleito que vino al fin á resolvt:lrse de manera pacífica entre ambas partes. Se señal6 á
los frailes nuevamente la canti&lt;Li.d de agua
que podíi,.n tomar para la obra, á cambio de
su ayuda pecuniaria para la introducci6n del
líquido á la ciudad; y les fueron cedidos los
solares en disputa, bajo promeea de que la
mayor parte del convento quedaría terminada,
á más tardar. dentro &lt;le treinta años.
Los dorni~iros cumplieron las obligaciones

nn

1
REPOSO
Como errante viajera fatigada,
quiero olvidar del t iempo en que he vivido
la punzadora espina que me ha herido
y la copa de néctar rebosada.
Ni nun sie.n to ahandonar la bien amada
tierra hermosa del sol en que he nacido;
¡tanto mi corazón ha padecido
&lt;le f&lt;u triste existencia en la jornada!
QLfédense aquí la gloria. lo;; amores,
l os (liamantef&lt;, los páj,u·os, las flores,
,cu:into á gozar y sonreír convi,b;
111i único anhelo es Yerme SPpnltada
en el seno del «'l'odon 6 de la 11:Nacla,,,
y no tornar á conocerle, ¡oh vida!
MERCEDES 11IATAMOROS.

ESCUEL \ DE FARMACIA

Fachada del templo.

que se habían impuesto y estuvieron en posesi6n del edificio hasta 1633, en que se mandaron reconocer y revisar los títulos. Estos

Las bóvedas del templo de Sto. Domingo,

se encontraron legítimos y en debida forma,y
no volvi6 á removerse la cue~tión.

***
«El convento dice el P. Gay, ensu «H istoria de Oaxaca,, ' fué destruído tres veces por
terremotos y r~construído con ventaja basta
quedar en su estado actual. Es un vasto edificio cuyo costo total, incluso el templo, pae6 de dos millones.,, Las torres del templo,
miden desde el suelo á las cruces, ciento treinta,vnras.
Hablando del interior del edificio, el cronista citado, dice que era un verdadero relicario par.a la religión y las artes: los _muros Y
las bóvedas estaban cuajados de primorosos
adornos de oro· á uno y otro lado babí'l. riquísimas capiu'as de las que, la destinada á
la virgen del Rosario, podía considerarse como un templo en toda forma; y un árbol, el
que representa uno de nuestros giaba&lt;los precis!j,mente, extendía por todas partes sus rarnaR y sus hojas doradas, entre las cuales sobresalían, en bajo relieve, bustos de &lt;;autos
que á proporci6n de la altura disminuían en
tamaño para formar un conjunto verdaderamente artístico. Las pinturas eran obra de
Concha.
En cuanto al conYento, el P. Gay, agrega
que sus inmensos dormitorios, sus galerías,
sus jardines, etc., etc., eran orgullo de los
frailes y admiraci6n de los viajeros, y 9-ue su
construcci6n era tan s6lida, que &lt;cla artillería,
funcionando sobre sus bóvedas y á veces disparando contra ellasn, ninguna mella les hizo.
La construcci6n ha resistido á los más fuertes
terremotos, y para que esto ni remotamente
parezca exagerado, agregaremos que las paredes de piedra son tan gruesas, que según afir·

Al emprenderse la construcción del Hospital General que se lleva á cabo en la Indianilla, se pensó en la conveniencia &lt;le formar,
para el mejor servicio del ramo de botica, un
personal apto é instruído, especialmente encargado de auxiliar á los profesores en el despacho de fórmulas y en las distintas pre¡,araciones farmacéuticae.
A esto se debe la creación de una escuela
teórico-práctica de farmacia, tornándose por
modelo la Botica del Hospital Militar, en donde, bajo la dirección del capitán primero Francisco Jiménez Learte, ha estado cursando las
materias priucipalei!, un grupo de señoritas.
Actualmente af&lt;isten ft las clases dieciocho

B6veda del coro alto.

alumnas que reciben una lección práctica de
ocho á doce de la maíiana, que es la hora del
despacho del hospital, y otra te6rica de doce
á una de la tarde.
A semejanza de las enfermeras que se emplearán en el ho,pit,al, la.s farmacéuticas usa-

Gru¡30 de alumnas

de la Escuela de Farmacia.

rán un uniforme consistente en falda y blu_
sa de holanda cruda con r ul6s blancos, delan _
tales de bramante blanco y cofias del mismo
~olor; además, llevarán distintivo en el brazo
izquierdo con la cruz roja y las iniciales del
Hospital referido.

�DoilllÍngo 25 de Enero de l no:l.

EL MUNDO 11,USTRADO

E L MUKDO ILUSTRADO

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EL MUNDO ILUS'TRADO

Domingo 25 &lt;le En€ro d&lt;&gt; 1V03.

EL :\fUKDO ILUSTRADO

Un "Dadmitnto" notablt.

DEL.A.. PAMPA

Como un recuerdo de las fiestas de Navidad
celebradas entre nosotros, publicamos fotografías del "nacimienton quP. la familia Pérez
Gallardo pu.so en su casa habitación de ]as calles del Pino, y que, á no dudarlo, fué uno de
los más notables.
· Las figuras, de cera primorosamente ,trab~jada, fueron hechas por la señora Mana V1llaseñor de Pércz Gallardo, quien, desde hace
tiempo, venía modelándolas.
.
El conjunto del «nacimiento&gt;&gt; á que nos referimos era del mejor efecto: los grupos estaban repartidos con arte, y hasta en los más
pequeños detalles se echaba de ver el primor
y la paciencia con que había sido arreglada la
composición.

Del vientre de la sier,·a descendieron,
:y con ramas de robles y de encina

sus músculos ciiiel'on.
Mugieron como toros atrevidos,
-corno yeguas otearon la colina,
:y como el mar lanzaron sus rugic'os.
Agitaron sus zarpas de colosos,
y sus crines hil'sutas
-sacudieron altivos y furiosos.
El rayo sus puñales le clavaba
al dorso de las grutas,
y á su:estruendo el ganado se agrupaba.
Huyó la tempestad; la noche entera.
se deleitó en Ia orgía
donde agotó sus fue1·zas de pantera.

IN PACE.

Y cuando el sol con fecundan tes rayos
sobre inmensos cadáveres hervía,
-el gaucho persiguiendo los caballos,
del pajonal surgía . .... .
JUS'l'O p ASTOR Ríos.

A la nave del tiempo indiferente,
no he de seguir la estela que ha dejado;
que grandes son los duelos del presente
para sufrir con el dolor pasado.

~• Sr .tanónigo D. .Rngtl .R. Uasconctlos

No ambiciono la gloria
de recordar las cosas fenecidas,
si vieue la memoria
á dejar más abiertas mis heridas.

Damos á conocerá nuestros lectores el retrato del señor Canónigo don Angel A. Vas-concelos, de la Catedral de Oaxaca, á cuya actividad se dehe, en gran parte, la reparación
del magnífico templo de Santo Domingo á
-que hemos hecho referencia en las páginas ~nteriores.

El recuerdo de sombras se reviste
y en sorda pena al corazón envuelve,

el que tl'iste pasó, porque fué triste,
y el del tiempo feliz, p01·que no vuelve!
¡Dejadme descansar! Nunca á mi oído
venga de ayer un eco ya lejano
á atormentarme con su ingrato ruido;
porque prefiero entre el tumulto vano
del festín en que pie1·do
á cada nuevo sol un bien querido,
á la vida punzante del recuerdo,
la muerte generosa del olvido! .....
MANUEL

S. PlCHARDO,

***

Se comprende mil veces mejor ]o infinito
por el corazón que por la inteligencia.

***

Para poder es preciso creer que se puede, y
esta fe debe traducirse inmediatamente por
los actos.
La "Adoración.''

Fingían trazos de un pincel tenue, mojado en besos,
Reviviendo sueños pasados y glorias idas ....

Bóveda del Coro Bajo del Templo de Santo Domingo.

Ida es la gloria de sus encantos;
Pasado el sueño de su sonrisa,
Yo lentamente sigo la ruta de mis quebrantos;
Ella .... ha jugado como un ¡,el'fume sob1·e una brisa!

El sabio practica el bien como respira: constituye su Yida.

***

La experiencia no es más que una mezcla
de hechos y de interpretaciones. La ciencia
deja de merecer este nombre, desde el momento en que se limita á coleccionar y á mencionar hechos puros.

***

El señor Canónigo Vasconcelos es uno de
los sacerdotes más estimados de la sociedad
o~aqueña, 110 sólo por su talento, sino también:por las virtudes evangélicas que loadornan.
MINIATURAS
No permitas que el sol ardiente seque una
lágrima de dolor antes que tú mismo la hayas
enjugado.

***
No hay enemigos más encubiertos que un
lisonjero, un ambicioso y un envidioso.

El trabajo, tn una palabra, no es otra cosa
que el restablecimiento parcial de equilibrio,
y toda fuente de trabajo se agotará el día en
que el equilibrio uní versal se alcance. Entonces la inmovilidad reinará en el mundo silenciosa y triste.

***

La educación puede considerarse como una
segunda existencia dada al hombre.

***
Las cualidades vienen de la naturaleza pero las virtudes son el fruto de nuestra educaci6n.

*"'*

Aquel que no ha comido su pan con lágrimas, y que no ha pasado noches de dolor llorando en su lecho, no conoce aúñ una fuerza
divina.

El viejo sol; Osiris,
que las arenas del desierto dora,
después que enciende con la luz del iris
las transparentes gasas &lt;le la aurora,
esplende en el zenit.
Su roja hoguera,
que finge el brillo de purpúreas clámides,
los átomos inflama, y reverbera
al pi':'l de l_as pirámides.
Mudas las aguas del sagrado Nilo,
sueñan con inundar pueblos remotos;
y moviendo las ondas con sigilo,
sobre azulados cálices &lt;le lotos
asoma la cabeza un cocodrilo.
Entre el follaje verde,
que la ribera esmalta,
pareja de ibis jugueteando salta,
y otra en el seno del marjal se pierde.
El viejo sol: Osirls,
que colorea con la luz del iris
las gasas de la aurora y de la tarde,
en lo más alto de los cielos arde;
y á través del desierto solitario
se divisa á lo lejos del camino'
la silueta borrosa del bedurno'
en la giba dorsal de un dro111edario.
ANDRÉS A. MATA, '

Quizás ya nunca nos encontrarémos;
Quizás ya nunca veré á mi errante desconocida:
Quizás la misma barca de amores empujaremos,
El uno á un lado y el otro al otro, como dos remos,
ToJa la vida bogando juntos y separados toda. la vida.
JOSÉ SANTOS

Los Reya. m.!gos.

DE VIAJE
Ave de paso,
Fugaz viajera. desconocida:
Fué sólo un sueño, sólo un capricho, sólo un acaso;
Duró un instante, pero un instante de los que llenan toda una vida.
No era la gloria del paganismo,
No era el encanto de la hermosura. plástica. y recia:
Era algo vago, nube de incienso, luz de idealismo ....
No era la Grecia,
Era. la Roma del Cristianismo.
Al rededor de sus dos ojos-¡oh qué ojos esoslQue las facciones de su semblante desvanecidas

Un grupo de pastores.

CHOCANO.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domñngo 25 de Einero de 1903.

....

·-

Domingo 25 de JDnero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

;:;~;·:
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...,:~- ..... ' ~·

X

-¿La Aeñorita Romane, no es esto? Tengo mucho gGsto en saludarla, seÍ1orita. ¿Cree usted que va _á estar contenta en nuestra al-

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··.·.·:

LA INSTI.T UTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.--ILUSTRACIONES DE SIMONT.
.,
TRADUCCION Df "fL ~UNDO llU~TRADO,"
(CONTINÚA.)

Acepté, y me ayud6 á instalarme; á poner en orden las cosas de
uso corriente. Cuando se retir6, tomé mi desayuno en un rincón
de la sala del tapiz verde. Las ventanas daban á la llanura silenciosa y blanca, sembrada de arbustos cuyas ramas tenue,; y sin hojas se destacaban airosamente sobre la limpidez del cielo.
Nada se movía en torno mío; el espacio no me enviaba el más
leve soplo.

Pensé que se había realizado mi sueño de otros días, cuahdo ansiaba encontrarme lejos del mundo.
Ahora iba yo á estarlo.
Sólo me acompañarían los pequeñuelos y el campo cubierto &lt;le
nieve. Pues bien: si Dios Re dignaba permitir que esto bastara para
llenar mi corazón, ¿por qué habría de quejarme?

•dea? Alto; llevando con soltura un elegante vestido. de tela p~rda;
-descubierta la frente amplia, coronada de cabellos grises¡ ,el conJ.~mto
•del rostro exce"ivamente distinguido y en él ?na expres1on d:, t11ste¡
za que conmovfo. no obstante la plácida sonrisa que a~ompadabad
-esas palahras: tal era el hombre, e!l a¡,ariencia. muy bien .e U?ª o,
-que me salu1!aba á 1~ f!lañana sigmente en el dintel de la 1gles1a, al
salir de la misa dom1111cal.
.
.
.
Alcé la vista, y él pareci6 sorprenders~ de ll_lIS miradas. Se rn-clin6 como si hasta ese momento me hubiese vist?. .,
~Soy el Sr. Raibert, ~eñorí~; el alcalde á quien se s1rv10 usted
hacer una visita ayer. ¡Cuanto siento no haber estado en casal ¿Ha
encontrado usted todo conforme á sus dese?s?
-Ab1&lt;olutamente, sefior, muchas gracias. Phrasia y el Sr. Durand no podían haberlo h~cho mejor _p~ra mí.
-Tanto mejor. señorita. Les felicitaré de nuevo P.ºr. ello. Un al-calde necesim ser algo corno el padre de todos sus ~dmm1.strados ..... .
Y sí encuentra usted algo que la desagrade, y está en mis manos el
remedio..... . ...
d
'
Le di nueni.ment.e las gracias, asegurándole que n~ a tema .que
-&lt;lesear, si no era á mis p 3queñas discípulas, entre quienes ansiaba
mucho encontrarme.
-¿No necesitaría ~1sted un día de rep,oso?
.
-~o, señor, no! ..ulegué ayer, y el dui. de hoy, con ser dommgo, me ha caído muy bien para descansar¡ con esto creo que me bas1ta y aún me sobra.
.
.
__ Bien veo que es usted ammosa! Nuestra anterior P:ofesora era
muy amada aquí; pero más bie?, rnn~rada. Usted, señorita, esté segura de conquistarse todas las !llmpat1as,-........
.
Al pronunciar estas palabras, hablo más quedo. M:1 rostro debe
baberse nublado hasta el punto de hacer que mi interlocutor-s~ arrepintiera de su última frase. Vi que se tu~bó. Trat6 de exphcarn;e
&lt;¡ue !'e refería á mi juventud, la cual consideraba como una garantia
-de éxito para con las alumnas.
Ltieao como en derredor de nosotros !'e formaban grupos de
personas°q~e salían. de mis:1, el alcalde, se dirigió á uno de esos grupos; con cierta grac10sa alt1".ez ~e, acerco t. las m~c~achas que lo for'lllahan y á ellas y á mí nos rnv1to á trab~r conoc1m~ento. El cm:a salía de la iglesia en esos momentos: también le llamo y me le traJo.
-La nueva pastora de este rebaño, señor cura.
.
-Ah! Ah! Bien, muy bien! Somos pastores de almas, señorita!
Yo he visto á usted durante la mi,;a. Por cierto que mostraba ustect
mucho recogimient:.! Ya lo quisieran para sí muchos de mis feli;gresesl
Se volvi6 á mirará la,; j6venes, encantadoras, inteligentes, aun-que campesinas (en el mús agreste sentido de esta expresión), ele
-franco reir, de robusto talle, de rostro fresco, encuadrado en la cofia
-ribeteada de encajes... . ......
-La piedad, querida hija, es la primera g~rantíal
--¿Garantía de qué, señor cura?-¡:;regu.1to una muchachii. n~uefia.
.
-Vea usted! Vea usted!-dijo el buen cura, desconcertado.Delfina mucho cuidado! Usted ríe de todo. ¿Qué pensará de uste&lt;l
~sta sefiorita? Ella parece muy seria, y así debe de ser. Le prohibiré
á. usted que la mire, si no ha de ser usted juiciosa.
La muchacha no rliú importancia á la reprimenda.. Sigui6 rien-do, y lueg) entabló con sus compafierns una charla en «patois» que
no pu&lt;le yo entender.
Esa alegría y ese lenguaje que no comprandí, me entristecieron.
El cura me hizo algunas preguntas acerca de mis antecedentes, de
mi o.igen, etc.
-Volveré á verla, hija mía. Vaya ahora entre esa juventud..... .
no es indigna de usted ....... . .
-Oh! ciertamente, señor cura. ¿Por qué había de serlo?
Murmuré esto con temblorosa voz, que contrastaba con la firmeza de mis palabras. Las muchachas nada entendieron. Se agolpaban
cerca de nosotros, mujeres y nifia!s, mis futuras &lt;liscípulwi, c¡ue no ,;e
~ansaban de mirarme. Los chicuelos, menos interesados en verme,
se dispersaron al momento, correteando y arrojándose bolas de nieve.
El alcalde había desaparecido; pero e11tre el grupo ele hombre1;:, no se
por qué me llamó la atención el rostro de un joven como de veinte
años, á quien miré como si fuese un antiguo conocido, y que se ruboriz6 cuando nuestras miradas se encontraron.
Toda la gente de la aldea se enJontrabn. á la salida &lt;le misa. A
poco anrlar se dispersó en familias que tomaron cada cual el camino
de m casa, y pronto me encontré i:ola, en lo alto de la vereda que
conducía á la escuela.
¡Sola! Un suspiro de ali vio escap6 de mis labios, y me caus6 alar"' ma. ¡Ohl Quién sabe si iría yo á estar siempre descontenta aquí. Durante tocia la misa, mi alma se había reconcentrado en una súplica
que reunia mis resoluciones y mis deseos de poder ,;orortar la vida
fácilmente; es decir, con amor, puesto que el amor es el secreto de la
posibilidad de vivir.
¡Dios mío!--murmuraba-permitid que les ame. Referíame á
todos los habitantes de la aldea... .. . El señor Raibert surgi6 ante mí,
en la misma vereda, que era también la d&amp; su casa. ¿Aparecía ante
mí como un alivio, como un contrapeso que me permitiese soportar

la vulgaridad y lo insípido que acababa de arrancarme un suspiro tan
dolornso? ...... ¡Lo ignoro!
. .
., Ol 'dé
Ese hombre me bahía saludado con exqmsita correcc10n. v1
el poquillo dei,precio que me causara su ~is~oria. Y luego, 1~ ema~ación moral debe tener una forma que se d1st111gue entre ma.mfestac10nes del mismogrado ...... Elegante y fina-¡de alma, por supuesto!acababa de reconocer los mismos matices en el alcalde. Hubo algo ele
dulzura en el saludo que dirigí á esa alma gemela de la mía!

XI
En esa misma tarde hice uha visita il sefior cura. Se mostró bondadoso aunque un tanto solemne, no dejando de prevenirme contra
ciertos'peligros que, segú!l él, debían abundar en mi soledad.
-Será tan penoso vivir sola á la edad de usted, sin que una esperanza legítima venga á sostenerla!
Y bajaba la cabeza, sin mirarme ya, pensando sin duda en otras
jóvenes solas y abandonadas como yo, á quienes había visto perderse en yo no sé qué rutas! También yo guardaba silencio, dejando á.
mi pensamiento hacia esos caminos qu&amp; adivinaba, con terror, bordeados de tristezas..... El cura había hablado de ,,esperanzas legítimas.»
Luego las hay ilegítimas, en el horizonte de una institutriz! ¡ Ah!
Que yo siga aµartada de ellas... .... Y, como á la vieja de la víspera,
murmuré:
-Quiero guardarme ele todo. Quiero no hacer siempre sino el
bien. ¿U61110 lograrlo, señor cura?
El murmuró, vacilante, como si hubiese expresado un medio imposible:
- Permanecer sin ningún deseo, pobre hija mía! Encontrarse
fe~iz en su soledad, no poblarla con ningún deseo ...... Ninguna esperanza ........ .
Esta última palabra me turbó. ¿Qué ciencia del corazón poseía
ese hombre que á cada momento insistía sin piedad, en prohibir las
esperanzas que llenan por sí solas la vida &lt;le una joven?...... Y me
miraba, ansioso de oír mi respuesta.
Un día, á una palabra de mi antigua protectora, y otra vez entre
las tumbas, me había yo sentido subyugada por las inefables promesas que un impulso de mi sangre joven había llevado hasta mi corazón. Pero, si para la realización de esas promesas era preciso desviarse un milímetro de la vía iiifiexible ...... ¡Ah! ¡Cuán poco me conocía el señor cura, si dudaba de mí!. ..... Me puse en pie, para dar fin
á la visita, con la frente erguida, y los labios sonrientes en su tácito
voto de austeridad.
-¿Jamás desear otra cosa que la soledad, señor cura? ¡Me será
muy fácil, yo lo aseguro!
Sacudí la cabeza, levemente, sin darme cuenta del peso que para ella alguna vez sería mi soledad. Repetí:
-¡Será fácil, muy fácil!

XII
Así lo fué .. Me agradaron mis discípulas; instalé mi pequeño hogar, y me apas10né pronto por el estudio y por el cuidado de rui casita. Así el tiempo me parecía breve. Ya era el arreglo de mi recá11;1ara, que me ?(~gustaba y qu.e cambiaba yo al momento; ya era un
sistema de rev1s1on de las lecciones, que me parecía preferible y en
cuyo desarrollo me ocupaba en las horas libres. El cuiuado de niii:!
útiles también me o~upaba mucho, porque era yo muy torpe.
También ~i cocinita me había ocupado¡ .pero me agradaba muy
poco. No ~abna yo encontrado pla0er en condimentar cuidado~am ~nte un platJIJo que después comiera yo ,;ola. Día tras día tomaba rnis
alimentos de prisa, casi siempre &lt;le pie, al lado de la estufa que humeaba aún.
Lo extraño e, que en aquella época, en que nada deseaba yo
me embarga.La la tri:steza á la hora de la comida. Comía, :siempre po:
seíd~ de vaga ansi_eda&lt;l, como si algo me falta:;e. Creo que habría yo
querido una me:;Ha con su mantel deslumbrante de l,lancura· una
flor en un vaso; al~uien .... :. una anciana madre, un chiquillo, ;lguno, ~n fiu, para quien hubiese preparado platillos. l\Ie imaoinaba la
m_eslta en 1~ pieza inmediata á la cocina¡ á mí, con un delabntal, inclrnada ans10samente ante la estufo, y después llevando la torta humeante, apetito~a, con una sonrisa de orgullo ...... EsiL vi¡;ión Rt: bonaba con ~l último bocado .. . ... Si era de noche, me retiraba rápidamente á m1 cuarto, donde me esperaban lo;i cuadernos de mis uisdpulas ........ .
( COXTINUARÁ. )

iCUIDADO, SEÑORA!

Vd. emp,ezaá engrosar, y engrosar es
envsJecer. Tomepues,todas fa, mauanas
en ayunas dos graJeas de THYROiDINA
ROUTY y su talle se conservará esodco
6 volverá á serlo.- El frasco de 60gra,Jeu 10•.
P.A.RIS, Laboratorio. 1, Ruo do CbO.teaudun.

IEDICAIENTG CIERTO t IROFENSITO El ABSOLUTO.
Téngase cuidado de eligir: Thyro1dlna Bouty.

o

a

a

e

�Domingo 25 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

LL MUNDO ILUSTRADO
ANO X•••TOMO 1.--NUM. 5

Subscripción mensual foránea, SI 51&gt;
ldem. ldem. en la capital, Sl.2S

MEXICO, fIBIURO 1" DE 1903.

Gerente: LUI~ RtYf~ ~Pl ~ll0LA

Director: LIC. RAFAtL Rfl't~ ~PINDOLA.

Vista del exterior con parte de los carros para guardar las mieles

La industria en Sinaloa.
EL INGENIO AZUC ARERO DE "ELDORADO."
Los sefiores J oaquín Redo y sus hijos Joaquín, Diego y Alejandro han establecido en
el Distrito de Culiacán, en las
márgenes del río de San Lorenzo, un ingenio nzucarero
en su hacienda «Elclorado.»
En este Ingenio se hará la
primera zafra en los primeros
días del mes de Febrero pr6ximo. La maquinaria de esta fábrica de 11zúcar es la más grande de la República; con facilidad pueden molerse 600 toneladas de caña en 22 horas,
produciendo más 6 menos
4,000 arrobas de azúcar. Toda
la maquinaria es de lo más•
moderno que f:e conoce; el
motor es de 500 caballos y
cada uno de los seis rodillos
del doble molino pesa 20 toneladas.
La fábrica producirá azúcar granulada de euperior calidad y de aspecto llamntirn.
Cuando llegue á ser posible
la exportación de azúcar de
México para los Estados Unidos, ningún otro ingenio del
país podrá efectuarlo más ventajosamente que el de los sefiores Redo y Cía., porque el Ingenio está situado á 12 ki16metros del embarcadero.

Exterior del ingenio azucarero " Eldorado."-En construcción.

En este Ingenio se hará el acarreo de la caña con locomotora de vapor; la vía férrea tiene, en sus diferentes direcciones, 7 millas.
Las calderas son del sistema más moderno
conocido y tienen 1,500 caballos de vapor.

***

El Estado de Sinaloa, se ha considera-

den hacerse y se hacen hasta ci neo cortes deun plantío, siempre remunerativo, y porqueson sanos los lu¡rares en donde se produce la.
caña. Contra todas e8as ventajas hay un inconveniente de grandísima importancia: falta
de brazos para la agricultura, porque el Estado ele por sí mismo es despoblado y se trabajan en él numerosas minas,
ne~ocios que pueden reportar
jornales mucho más altos que
la agric-ultura.
No cube duda de que entre
nuestra prorl ucción agrícola.
susceptible de producir artículos ele exportación, después del tabaco, vendrá el azúcar.
El señor Don Joaquín Redo fué el pri111eru en explotar
la inJ ui-tria azucarera en Sin a loa, Estado que produce
ho.v máo &lt;le 600,000 arrobas de
azúcar y que probablemente
dentro rle algunos años producirá má,: del doble.
Una buena parte de s u producci6n se vende ya en Chihuahua y Durango.

***
Acarreo de uno de los rodillos del molino de caña.

do como el que reúne condiciones más favorables para el cultivo de la caña, porque pue-

lnduclablemente el ingenio
á c¡ue aludimo,; eHtíÍ llamadoá
ser, para la Industria en Sin a•
loa, un i mpulso tanto más
palusible cuanto que permitirá á innumerables operarios encontrar en él
ocupaci6n y gitnar!'.e la subsistencia.

Stñor 6tntral Don francisco f 1tñtdo
Jacal que ha servido de habitación
construyen el ingenie.

á los ingenieros que

Almacén para el azúcar del Ingenio.

6obernaaor '1d Estado at stnatoa.

'

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 4, Enero 25</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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LA CANTADORA.
CUADRO DE

F ABRÉS.

�Domingo 18 de Enero de 1903.

fantasías dt Tnoitrno.
El frío mttropolitano.

B

enojo del cielo no quiere pasar. Ceudo y malhumorado amanece día con
día, y su capote gris envuelve los rayos
del sol que, bienhechores, pretenden llegar
hasta nosotros para traernos una poca de tibieza, que desentuma nuestros pobres miembros ateridos por el frío.
El frío es intenso, y como eu :México hemos
creído muy al pie de la letra la hermosa fábula de nuestra «primavera eterna,» no nos hallamos muy bien provistos de armas contra el
frío y por eso éste se da aires de sorprendernos cada año, fingiéndose siempre más severo
y despiadado que otras veces. En cada invierno solemos decirnos: nunca hubo frío tan duro como en este año!. ..... Y no es eso: es que
el frío corr:o el dolor, siempre aparece más
intens~ en su manifestación actual, y con facilidad lo olvidamos en la tregua que nos concede el cambio de estación ó la época de felicidad ... .. .
Si diésemos fe absoluta á las indicaciones
del termómetro, para juzgar nuestro invierno
metropolitano, lo encor,trai-íamos dulce en exct'so, parangonado con el de otras regiones.
Nunca tendremos aquí el extremo descenso
«bajo cero» que se observa en Berlín, Londres
ú París; y, sin embargo, el frí? de ~léxico es
cruel se hace sentir con una rntens1dad tortura~te, molesta y entume los miembros y las
energías. Es un frío seco, un frío desnudo,
que ni siquiera se trae la envoltura consoladora de una sábana de nieve, que ho trae di ver·
siones de invierno, que hiere sin piedad y no
permite que las aguas se congelen para que
sobre la tersura del hielo tracen los patines sus
caprichosas parábolas.
No tenemos ni diversiones invernales ni defensas contra el frío, porque nuestras habitaciones están hechas para la legendaria primavera perpetua y no tenemos el recurso de acercarnos á la chimenea y escuchar, al amor de
la lumbre los cuentos fantásticos de la abuela
ó los mur~ullos inefables de una canción de
amor ........ .
En México hace frío, pero no hay invierno ...
Porque el invierno no significa sólo el descenso de la temperatura, no es solamente la sensación de hielo que flota en la atmósfera; el
invierno es la nieve que cae, la leña que crepita, el vaho que d.ise~a fantasías sobr~ las v~drieras. Eso es el mv1erno; no estos dias grises que como enormes capeloe, vienen á posarse s¿bre nuestra Mesa Central y entristece11
la vida de la metrópoli.

***
Sin embargo, el frío es eminentemente voluptuoso. No en sí mismo tal vez, sino en las
sensaciones que la defensa procura.
Cuando transitamos por las euHes, envueltos en abrigos y paletós, y sentimos sobre el
rostro las mil aguzadas agujas del cierzo, nos
invade una egoísta satisfacci6n al considerarnos defendidos contra esos embates.
Sobre las baldosas helad!-1,S los tacones producen un ruido más seco y más sonoro que en
otros tiempos, y es un deleite marchar por calles y por plazas, bien abri~ados contra las
burlas del frío.
Las mujeres en invierno tienen mil recursos
para aumentar sus encantos y su misterio. El
frío les permite enmascararse á medias con
esos mil inventos de la moda que, confeccionados de telas, de pieles ó de plumas, arropan
cariñosamente los cuerpos friolentos y esfuman las características de las siluetas conocidas y encubren coquet.amente los rostros banales á fuerza de vistos, para sólo dejar adivinar una cabecita fina que se asoma entre las
fantasías del abrigo.
La mujer metropolitana, fina y nerviosa, es
adorable cuando se atavía de invierfio; tan
adorable, que fuera merecedora de fríos más
intensos y más largos. ¡Pobrecilla! Es lásti-

EL MUNDO ILUSTRADO
ma que no lleguen á nosotros los placeres invernales, porque ellos ofrecerían á la mtltropo•
litana un cam¡.,o vasto para lucir sus gracias.
Esos pequeños pies, cuya fisonomía ( véase
el texto del Dr. Flores) va haciéndose cada
día más sonriente, merced al cuidado nimio
que las m ujeres de México van poniendo en
su calzado, piden á gritos las emociones del
«patinage»; y al verlos trotar sobre el asfalto,
se experimenta un deseo loco &lt;le que, por un
arte de maravilla, se congelase el romántico
lago de Chapultepec, para que aquellos piececitos pudieHen lucir su agilidad y su finura,
armados de minúsculos patines, y conduciendo á sus poseedoras como en una fuga 1le ensueño y de placer.
Deci&lt;lidamente, ya que el frío es tan intenso, tenemos derecho para pedir que el invierno sea completo, y que no se limite á cubrirnos con ese capelo gris que entristece nuestra
vida.

EL MUNDO ILUS'l'RADO
y un volcán de purísimos antojos
bajo la curva trémula de un seno!

III
Una noche muy fría. Llueve.... llueve:
el trágico fantasma de la tisis
pasa sobre la nieve!
Es la salida del teatro. Hueca
resuena entre el tumulto
ruidoso, una tos seca!
IV
Unos ojos abiertos, exaltados
como los de una liebre
y algunos rizos luengos y dorados
por el sudor pegados
á una sien escavada por la fiebre!
V

Pisadas silenciosas!
Relampaguear de cirios!
Olor de frescas rosas,
de azucenas y lirios....

***

En México no se conocen los verdaderos
placeres del invierno. La poesía invernal nos
es incomprensible y por eso, . al recorrer las literaturas del Norte, muchas veces nos encontramos con símbolos inexplicables y con sensim1entos que se escapan á nuestro análisis.
Ibsen, Sudermann, Dickens, están llenos de
la gloria invernal; Goethe ha cantado los placerPS del hielo con un entusiasmo que á nosotros podría parecer .... .. pueril. Y sin embargo, todos los genios del Norte han hecho bien
en glorificar el invierno, porque en los países
del Norte el invierno es la estación de la poesía nacional.
En la calle y en la casa, el invierno ofrece
maravillas. El deleite de sentarse cabe el fuego, la familia toda, grandes y chicos, debatiendo los asuntos más tiernos, rememorando
añoranzas en los viejos y sembrando imperecederos recuerdos en los jóvenes; cuando el
frío de afuera, franco y completo. parece que
aprieta á los miembros de la familia unos contra otros, obligándolos á la unión y congregándolos-sin símbolo-en torno del hogar;
ese deleite es algo que á nosotros nos falta, algo que con nada podríamos sustituir, y que
es engendrador de ternuras, de anhelos y de
saudades especiales.
Por eso hemos dicho que nuestro invierno
es malévolo; porque nos ofrece las crudezas
del frío, sin compensaciones ni encantos; porque no permite que encendamos fuego en las
estancias ni tolera que discurramos bajo el cielo estrellado. Nuestro i nvierno es hipócrita,
indeciso, falso y despiadado. Mata de frío y no
ofrenda las delicias de la chimenea. Es como
un traidor que ataca sin dar lugar á la defensa. Es un monstruo.
Porque si nuestra prensa de información
rara vPz da cuenta con fallecimientos por congelación, no es porque nuestro invierno no
mate, sino porque es un asesino «cerebral,»
cauto, precavido, que no se atreve á dar un
golpe de una vez, sino que atormenta lentamente á su víotima, la envenena paulatinamente, debilita sus pulmones, infiltra en ellos
el germen de la tuberculosis ........ .
Y luego, cuando llega la primavera y la estadística de la mortalidad arroja cifras enormes, la gente llama asesina á la primavera.
¡Pero cuántas de las víctimas son .hostias rezagadas del invierno!
S'l'RINDBERG.

MICROPOEMA
I
Una cuna rosada que la luna
tras de un cristal con níveo rayo armiña
y en el mullido fondo de la cuna
'
un ángel... ... .. una niña!

II
Unos ojos ardientes, unos ojos
en que el azul del cielo es más sereno·
tersa piel, blancos dientes, Jabios roj~s

Domingo 18 de Eoei.'O de 1!903. _

.-.

JULIO FLORES.

NuevoMinistro de Gobernación.
tambios en d 6abinete.

E

L viernes á las doce del día, prestó la,
protesta de ley ante el señor Presidentede la Repúblic¡i., el señor don Ramón Corral, nombrado últimamente por el .l!;jecutivo
Secretario de Estado y del Despacho de Gobernación. El señor General don Manuel González Cosío, que desempeñaba ese alto puesto, pasó á encargarse de la cartera de Fomento, en substitución del señor Ingeniero don
Leandro Fernán&lt;lez, que se hizo cargo de la de
Comunicaciones y Obras Públicas. Para Secretario de Guerra y Marina, fué designado,
por último, el señor General don Francisco Z.
Mena.
Tanto el nuevo Ministro de la Guerra, como
los sefiores Ingeniero Fernández y General
González Cosío, rindieron también la protesta
el viernes pasado.

SR. O. RAM O N CORRAL, Secretario de Gobernación.

SR. G RA L. O. FRA N CI SCO Z. M E NA, Secretario de Guerra.

(Fot. Valleto..)

***
El señor Corral, que por primera vez forma
parte del Gabinete, nació en Alamos, Honora,
el 10 de enero de 1854, dándose á conocer primeramente como periodista en «El Fantasma,&gt;
y ccLa Voz de Alamos," publicaciones de combate que fundó y sostuvo.
El año de 1875 tom6 las armas contra el jefe revolucionario Gral. Pesqueiro, y muerto
éste, desde las columnas dela ccRevista Histórica del Estado" hizo un estudio desapasionado y justiciero de aquel jefe, reconociendo los
importantes servicios que prestó á la Reforma.
Después, y sucesivamente, fué electo Diputado á la Legislatura de Sonora; desempeñó
por algún tiempo el cargo de Secretario de
Gobierno; tomó parte en la formación de algunas leyes, hoy vigentes, relacionadas con
el Ramo de Hacienda, y colaboró con el actual Magistrado á Ja Suprema Corte, Don
Eduardo Castañeda, en la revisión del Código
Penal del Distrito, para su adopción en Sonora.
El fü. Corral ha sido también Diputado al
Congreso de la Unión, y Gobernador de su
Estado natal en dos ocasiones. Durante su administración se llevaron á cabo en Sonora mejoras de mu.cha importancia.
Por último, estuvo al frente del Gobierno del Distrito desde el 18 de Diciembre de
1900, captánd·ose en el desempeño de su cargo, los elogios de la prensa y de la gente sensata.

***

En cuanto á las demás personalidades que
integran el Gabinete del Sr. Gral. Díaz, hemos dado ya/\, conocer en nuestro semanario
sus datos biográficos. Sus servicios como colaboradores del Sr. Presidente, los hacen, sin
duda, dignos de la confianza que en ellos
deposita el Primer Magistrado.

SR. GRAL. D. M A NUEL GONZALEZ COSI O,
Sec retari o de Fomento.

(Fot. Va.neto.)

SR. ING. D. LE AND RO FERNA NDEZ, Secretario
de Comunicacionea,
(Fol Schlattman.)

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 18 de Enero de 1903.

NOCTURNO.

-ro~
,~ ..

Al llegar á su alcoba,
obscura y solitaria,
la engañosa careta.
á pedazos arranca,
y queda al descubierto
aquella faz tan pálida
que entre los muertos mismos
honda im presi6n causara.

rr~--·•••·.,"'"''"'••·•"•·

'

Elévanse en tumulto
aquellas notas raras
que las nocturnas aves
escuchan espantadas.
Y crecen, siempre crecen ...
Hasta que al fin el arpa
prorrumpiendo en un grito
de odio y amor, estalla!
FABIO FLALLO

PINTORESCOS.-La Venta de Cuaji'malpa .

Brillan de bélico deseo
sns pupilas de halc6n en la espesura
y hay heroicas barbaries de trofeo
en la furia triunfal de su escultura.

CINEGÉTICA.
Duerme la loba.
Cual colérica ceja
está encorvado el arco de raoba.
El dardo va, como una enorme abeja
zumbando al viento,
y del ijar á las nerviosas patas
cae un ch orro sangriento
cual racimos de abejas escarlatas.
Alza un nemrod coloso
el gran bronce del busto entre las ramas.
Crispa un soplo febril su vello de oro,
su tím ida nariz resuella flamas.

_)

.. - ~ - ~~--=

tos "J:itbuani."
¿Eran de Lithuania?
¿Quién sabe?
El mayor de los aplaudidos acróbatas, el
director de la familia de «los caballeros acrobáticos», decía que eran franceses, y así lo repetían el hermano siguiente, más fuerte, más
brusco, más hombre en apariencia (y más borracho) que Félix, y así lo aseguraban los dos

Si después de haber veetido al desnudo, le
echas en cara tu favor, es lo mismo que si lo
desnudaras ele irnevo.-FILEM6N.

....._...-

..-.

--Un Filósofo.-=(Cuadro de Fabrés.)

E l pensamiento es un poder; y el talento,.
una libertad.-VICTOR Hrno.

***

Los insolentes en la prosperidad, son siem•
pre viles eñ la desgracia.-.ANóNJMO.

i:_iiños que completaban la fam ilia de «Los Lithuani», como se anunciaban ante aquel público. ¿Quién sabía cuál era su apellido en
verdad, y de d6nde eran verdacleramente nativos? ¿Acaso no lo habían olvidado ellos m ismos?
Su patria era el circo, dondequiera que estuviese: en el circo vivían: vivían por el circo
y por tanto alentaban para el circo.
'
Nada les importaba ese mundo que se agitaba allá afuera de aquel recinto y que venía
á aplaudirlos alegremente cada ~oche.
Lo q ~e ~ ~llos importaba era estar seguros
en los eJerc1c1os que presentaban: "saltar siempre con limpieza, no errar los saltos sobre los
h ombros, no necesitar la repetición de las
suertes que pare_cínn m{~s difíciles al público;
en caso necesano repetir contentos la suerte
fracasada; y sobre todo, sonreir, sonreir siempre, aun cuando hubiesen sufrido una torcedura", era el semidecálogo que Félix repetía
á sus hermanos.
Y ¿serían en verdad sus hermanos?
Raramente y desgraciaclarnente eran en verdad hermanos los que formaban la familia de
los acr6batas que habían llegado á ser los artistas prefe~·!dos del público en aquel circo que
daba «func1on todas las noches, jueves tarde
y noche, y domingo y días festivos mañana
tarde y noche,&gt;.
'
'

-

-

,,

Es un ocaso:
incendiado del sol el bosque arde,
y un águila gigante va de paso
reinando en los azures de la tarde!
LEOPOLDO LUGONES.

.,¡- n"

~-

Vibra al principio trémula
en sus manos el arpa,
con un preludio lento
de notas apagadas;
después surge el '·motivo",
y es su armonía extrafia
inaudito concierto
de risas y de lágrimas.

SITIOS

Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO I LUSTRADO

En efecto, había entre ellos un parecido
aceptable, como el parecido de familia; todos
cuatro eran rubios, de frentes amplias, de ojos
verdes, de cuerpos bajos y robustos; hasta llevaban todos, para completar el parecido, anchas huellas de viruelas en el rostro.
Era el de «Los Lithuani» un o de los actos
que á mí, como á la mayoría del público, más
agradaba, y que esperábamos con ansia.
Siempre era el acto
7?--Acr6batas .................. «Los Lithuani»
y después seguía:
«Intermedio.-10 minutos.,&gt;
A cada suerte, á cada trabajo, el público
rompía la mon6tona pieza musical americana,
con salvas de aplausos, y aún con gritos entusiastas. ,
Era de verse &lt;tla limpieza. y precisi6n» con
q.ue ejecutaban sus trabajos y el cariño que se
demostraban los artistas, como se ha dado en
llamar (i todos los trabajadores de circo, á semejanza, y acaso con la misma razón que á
muc:hos trabajadores en mármol ó en «terracotta,&gt; y á muchos majaderos en palabras 6 en
notas musicales.
Antes de comenzar una nueva suerte, cuand_o se embreaban pies y manos los acr6batas,
siempre el di rector acariciaba la carilla pálida
de la niña 9ue iba rápidamente, por el desarrollo de piernas y brazos, camino de la pubertad, la besaba en la frente y la empujaba
C?~1 suavi_d~d al centro de la pista, y así tamb1en acanc1aba la cabellera rizada del muchacho que siempre serio y casi mal humorado,
cumplía cronométricamente con sus ejercicios
y s?lo plega1?a al público la boca grande, d~
· labios promrnentes, en un gesto más de amargura y odio, que de satisfacción y gratitud
cuando daba las gracias por los aplausos que
le regalaban después de sus trabajos.
Ese día:
Ya los programas lo gritaban en letras muy
g!andes y muy rojas, como buenas norteamencanas: «Beneficio de «Los Lithuani,&gt; .-Actos nuevos.-Gran sensaci6n.-La escalera de
«Los Caballeros Acrobáticos. i&gt;

,11~

. .: :

/.

~

'

Y todavía el acto no resultaba bien; todavía el chiquillo de boca plegada por gesto extraño, no podía sostenerse con seguridad, de
cabeza sobre la cabeza fraternal.
F élix se adaptaba á la redonda y dura cabeza, cabeza que dijérase escapada de un boliche, cabeza de acróbata, la r uedecilla acolchonada que sujetaba un barboquejo, y colocaba
encima, cabeza sobre cabeza, al pequeño Luis
provisto de la mandolina, la vieja por supuesto, que la vistm,a que tenía incrustaciones de
concha, era sólo para ia funci6n, para lucirla
y cuando no tuviera gran peligro, porque y~
Ja suerte resultara.
Entonces al compás de la música del niño
bocabajeado, empezaba Félix á ascender la es:
calera oblicua que conducía al pedestalillo,
para descender después por la otra igual escalera, siempre F élix con la vista clavada en
su carga, y balancP.ando cabeza y brazos para
conservar el equilibrio. «!l'fignón»- así llamaba el redactor de programas á la pequeña
acróbata de piernas y brazos gruesos y cortos
y carilla pálida- seguía por abajo la marcha
del grupo, pronta á prestar su ayuda al muchacho, si caía de la cabeza fraternn l.
Félix, sudoroso, chasqueaba el pulgar contra el medio, mientras el niño rubio, todo en
temores, rasgueaba el instrnmento y encogía.
6 alargaba las ¡Jiernas para buscar ~l salvador
equilibrio.
Los labios prominentes de su boca ancha
iban resecos y los ojos tijo3 siempre con la
mirada tendida hacia su frente, tom'a:ban decuando en cuando nublazones lacrimo~as.
Llegaban hasta el peldaño sexto 6 séptimo.
de I~_escale.ra azul ~ tendida oblicuamente, y
el mno vacilaba ......... y caía salvando siempre en la izquierda la mandolina, mientras
con la derecha desesperadamente abierta buscaba el apoyo que siempre le ofrecía oportunamente la «l\1ignon».

�Domingo 18 de Enero de 1903.
Entonces era cuando al propio tiempo que
se arrancaba el barboqu&lt;'jo y la ruedecilla
acolchonada, prorrumpía Félix en sus denuesios y en sus amenazas que iban in\'ariablemente perseguidos por los estrujones que imprimía al chico para adaptarlo nuevamente ú
la cabeza.
Y el niño protestaba primero.
-¡Oh! yo no puedo; no es tan fácil; tenga
paciencia.
(Aquí seguía la injuria: imbécil, estúpido
... ...... podía irse á robar; el trabajo no era
para él.)
-Vamos otra vez; cuidado, much.o cuidado.
Subió el acróbata que ante el público acariciaba antes de cada suerte la carilla pálida
de la niña y pasaba la manota sobre la cabellera rizada del niño.
Sólo se oía en el circo, á la 1-30 de la tarde, el sonillo de las cuerdas de la mandolina.
El gran circo estaba ya vacío; sólo en el
centro de la pista ensay:iban ellos, «los beneficiad os. &gt;1
Ya los acomodadores habían acabado de
arreglar por numeración las lunetas que los
concurrentes desaneglaran la noche anterior,
en su salida pre,rnrosa que no respetaba el alineamiento de los pasillos, y ya habían dejado
los mismos azules acomodadores limpios de
programas ajados el suelo y de polvo negruzco las barandillas de los palcos.
Ya los maquinistas habían preparado en el
foro la casa pobre para «Los Reyes del patín»
y habían corrido á medias el telón de anuncios.
Sólo se oía el sonido de las cuerdas de la
mandolina, la respiración agitnda de Luisillo,
y á inter\'alos irregulares el 11am golpeado de
Félix sobre las tablas de la escalera, y aquel
cha.,quido del pulgar contra el medio, ruido
con el cual el director de la familia de cccaballeros acrobáticos» quería mantener provechosa la 'ltención del muchacho, á fin de que no
rodara nuevame:1te al suelo.
No se oían los pasos de «Mignón», porque
pisaba sobre el serrín, y porque calzaba las
alpargatas de ensayo.
Llegaron los hermanos hasta la plataforma
que separaba las escaleras opuestas oblicuamente.
Félix respiró con fuerza, y dejó salir un
«vaya,, de descauso; pero al t.mpezar el descenso por la otra escalera, el niño perdió el
equilibrio y cayó hasta el suelo de la pista.
Apenas pudo ccMignón» detenerlo para que
el golpe no fuese muy fuerte, y por encima de
los brazos de ella salieron las manos de él: la
derecha abierta buscando el punto de apoyo,
y cerrada la izquierda apretando el brazo &lt;.le
la mandolina.
De un salto cayó Félix al lado de los niños
que, conocedoras de su suerte, ya temblaban.
Efectivamente: el director de la «familia de
acróbataS&gt;J rugió tres injurias, y descargó con
fuerza sobre la carilla pálida del niño, la manota ennegrecida y llena de cicatrices.
(No deben ustedes asombrarse: aquello en
el ensayo era siempre igual, á diario, porque
á diario ensayaban. Sólo en las funciones,
¡qué fraternal y qué hermoso era el cariño que
&lt;lemostraba á los hermanos Félix el director;
acariciaba la carilla pálida de la niña, la besaba en la frente, y pasaba la mano por sobre la
caballera rizada del muchacho que, siempre
serio, mal humorado, cumplía cronométricamente con sus ejercicios; solamente plegaba
al público los labios en un gesto más de amargura y de odio que de Ratisfacción y agradecimiento cnanclo le aplaudían sus trabajos. Desde las primeras suertes que el muchacho había ensayado, recibía como castigo la bofetada, y como premio un jadeante: ya está
bueno.)
La sangre saltó de la boca y la nariz de
aquella carilla ac.-obática, y «Mignón» sacó
de entre la banda del vestido viejo-el vestido de ensayo que en algunas partes dejaba
asomar la rosada carne-un pañuelo grande y
floreado.
Félix, gruñendo otra injuria para la criatura, se fué hacia la puerta para gritar á la can-

EL MUNDO ILUSTRADO
tina que le mandaran una cerveza, y volver á
trabajar.
Luis le repitió cuando ya estaba lejos, como siempre:
-Cuando yo sea grande,. me largaré.
Félix volvió la cara, y rió con provocativa
burla:
-Bien, bien: lo veremos ..... .
Sentado ~obre el redondel, apoyando los codos sobre las rodillas y la cabeza en las palmas ele las manos, quedó cubierto por la penumbra del circo, Luis, que sollozaba fuertemente y agitadamente. Se le mezclabaH en la
cara sudorosa, las lágrimas y la sangre tibias.
Entretanto crl\Iignón», apoyándole sobre la
espalda una mano, con la otra le ofrecía silenciosamente el pañuelo, sin acertar á consolarlo con palabra.«,y acercaba á la cara sangrienta
el contraste de su carilla púlida.

Domingo J 8 de Enero ele 1903".

EL MUNDO ILUSTRADO

Como es sabido, anualmente Ee celebra en
la pintoresca población de CoyQacán, un certamen de pájaros, peces y flores de ornato.
Luciclísimos son estos co11cursos y á su mayor
realce contribuye la presencia de damas dis•
tinguidas de nuestra sociedad, quienes se encargan de repartir los premios, alenta.ndo con
ello á los expositores.
Dentro de poco se efectuará el certamen correspondiente al año actual, y con ese motivo
publicamos el anverso y reverso de las medallas que se otorgarán como prernios. Por los
grabados se puede ver que dichas medallas serán verdaderamente artísticas, pues los bajosrelieves están trabajados con exquü,ito gusto.
La Junta Directiva de la Exposición publi-

á 1!éxico, y cumpliendo con la ley de lamateria, sustentó examen en la Academia de San
Carlos, siendo aprobado en él por unanimidad. A partir de aquella época, comenzó á tomar parte en distinto,, concursos artísticos y
á dirigir la ejecución ele importantes obras arquitel)tónicas, figurando entre éstas como unas
de las principale,:, el teatro J uárez' de Guanaj uato, y la Aduana de Santiago. El primero

corregir, en la parte interior algunos inconve-·
nientes que presenta en la distribución de los
salones, escaleras, etc., etc.
Las dos casas que tienen vista á la 31!' calle
de Colón, serán derribadas, según el proyecto,
para substituirlas por una serie de salas queocuparán las secciones, en la planta alta, y el
archivo en la baja. La fachada principal se
elevará convenientemente , construyéndose

EXP0SICI0N DE FLORES EN C0Y0ACAN.
Anverso y reverso de las medallas que se otorgarán á los vencedores.

El muchacho, ele pronto arr~bató el pañuelo y rugió más y dijo:
-)Ie largaré cuando sea hombre, sí; me
largaré ó lo mato!
,c:\Iignón&gt;, casi lloró:
-No digas eso...... .
(Yo, que era empleado de la empresa, desde mi escondite, tras la cortin3 roja que en la
última grada servía para disimular en unas
noches la ausencia del público que algunas
vfces llegaba á demostrar su hastío por la monotonía del espectáculo, comprendí por qué
motivo la misma empresa nos prohibía la entrada á los ensayos. )
Y por la noche, cuando ante el público se
presentaran los cccaballeros acrobáticos,&gt;, 1ujosos, sonrientes, y Félix acariciara y besara á
los niños, ¡cómo estaría gustoso el público,
cuánto simpatizaría con los artistas y hasta
qué ruido los aplaudiría!. .... .

***

cará en estos &lt;lías las convocatorias para el
certamen mencionado.

Dirtctor dt ta Escutla dt Btllas .Rrtts.
Para cubrir la vacante &lt;¡ue como Director de
la Escuela Nacional de Bellas Artes dejó el
Sr. D. Román S. de Lascurain, por renuncia
que hizo de su puesto, fué designado por la
Secretaría de Justicia é Instrucción Pública
el Sr. D. Antonio Ri\'as Mercado, notable arquitecto que cuenta en su abono con facultades muy poco comunes.
La personalidad del nuevo Director de Bellas Artes es suficientemente conocida y, por
lo mismo, nos limitaremos á consignar aquí
sus rasgos más salientes. El Sr. Rivas Mercado hizo sus estudios en París, donde recibió
el título de arquitectico y obtuvo seis medalJas de oro como premio á sus obras. Al venir

Reformas al edificio de la Secretaria de

de estos edificios, sobre todo le ha valido
muchos elogios.
'
En la actualidad, el Sr. Rivas .Mercado tiene á su cargo la construcción del monumento
á la Independer.cia que se levantará en la
cuarta glorieta de la calzada de la Reforma.

Lt\ SACUDIDA.
Es dolor ó placer, golpe 6 halago;
en l?s dulces espíritus, consuelo,
lluvia reparadora que del cielo
devuelve en gotas el ~apor del Íago.

En un periódico de una ciudad de la República, he leido que en cierto restaurant, mientras
comían varios artistas de la compañía de circo qne acababa de llegar, un jo\'en se arrojó
sobre otro hombre, y con el tenedor que usaba en la mesa, lo hirió varias veces ferozmente. Se agregaba que el heridor y el herido eran
hermanos, y que éste estaba muy grave. ,,.Parece que antes, durante un ensayo, el mayor
de los dos golpeó con crueldad al otro.»
......... Y yo be pensado en «Los Lithuani&gt;i
y en el público que tanto simpatizaba con
aquel cariñoso hermano que siempre suavizaba caricias sobre la carilla pá,lida de «Mignón»,
y por sobre la cabellera rizada ele Luis .. .
A pesar de todo, ¿se acuerdan ustedes dela
cara mal humorada, y del gesto más de amargura que ele satisfacción y gratitud que plegaba aquella bor:a grande de labios prominentes?........ .
FRANCISCO ZÁRATE Rurz.

Relaciones.-Fachada principal.

Et Edlfdo dt ta Stcrttaria dt Rttadonts.
Por encai:go de la Secretaría de Relaciones,
el Sr. Arqmtecto D. Nicolás Mariscal, ha proyectado algunas reformas al edificio que en la
calle de Patoni ocupa la Secretaría mencionada.
_La~ reformas á que nos referimos tienden
prmc1palmente á dar á la construcci6n que
ahora se confunde por su estilo y prop'orciones con las casas particulares, una apariencia
más adecuada al objeto á que se destina, y á

otro piso rematado por un ático de hermosoaspecto.
Como puede verse en los grabados que ofrec~mos en esta plana, el Sr. Mariscal se ha
aJu.stado e? la !ºi:mación de su proyecto, al
estilo arqu1tectomco del actual edificio.
Mejor es que venga l~ virtud acompaíiada
c~m la pobre~a, que la riqueza con la violencia;, la frugalidad con la salud, que la glotonena con las enfermedades.

Es en el pecho mi&amp;erable estrago
co!ltra toda virtud maldad' y duelo
Sacuden á la vez, ~elos á Otelo,
·
á Desdémona amor, envidia á Yago.
Va acompaña1,clo á cada sacudida
un germen propulsor de muerte ó vida
Es delito en la mente depravada.
·
nuevo ser en el seno fecundado
rede.nción en el pueblo subyugddo,
Y crimen en la tumba despeñada!
j\JA~UEL

Sr. Arquitecto O. Anton:o Rivas
Mercado.

S.

PICITARDO.

Reformas al edificio de la Secretaria de

Relaciones.-Fachada posterior.

�Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUS'l'ltADO
mi paseo, luego me detuve; cuando me cansaba de ver en el espejo, enarbolaba mis «gemelos» y veía furiosamente haf'ta que el tortico\i me rendía y tornaba á mi espejo y así
hice las tres \'eces que estuve allí, pues aunque estuve cuatro, la última no la cuento, porque solo vi al Papa.

***

' «Michel piú che terreno, angel divino", como dijo el Ariosto, era, ya se sabe, ei emperador sin bP.rederos de la escultura cincocentista. Así lo creía Julio U cuando le encargó
su sepulcro; ya estaba listo el ángel para desbastar los dos mil quintales de mármol que
en bloques formidables había hecho arrancu
á las canteras de Carrara, cuando el Papa varió de idea y quiso hacer del escultor un pintor. Furioso de horror y de ira, Miguel Angel
se evadió del pontífice, que no ce3Ó de rechmarlo á la sefioría de Florencia; hasta q 11e
por influjo de lo'I jefes de la República, del
gran bonachón Soderini, sobre todo, el artista tornó á ponerse en contacto con su iracundo Mecenas: el Papa acababa de aplastar á la
republiquilla de Bolonia y á sus jefes ·ó tirnnos que pretendían emanciparla del yugo romano. El escultor levantó al guerrero triunfante más bien que al Papa, un monumento
coronado por la estatua pontifical, digna de
un emperador de los tiempos altos (de esa estatua derribada por los boloñeses c·n un día
de exaltación republicana, no queda un· solo
fragmento). Y luego, ya sereno y resignado
á ser pintor, volvió á Roma, subió al departamento del Vaticano en que estaba la vasta Hala cuyos muros laterales estaban decorados
por frescos de Sandro BottiJelli, de Pinturri-

chio, de Ghirlandaio, de Signorelli, curiosos,
interesantes, bellos, apagados hoy por los destellos del estupendo reflector encendido en la
bóveda; vió, levantó su enorme andamio, hizo venir de Florencia unos cuantos artífices
que le enseñasen los secretos de la pintura al
fresco, se acostó eir su antro oculto junto al
techo y pintó, pintó, pint6 cuatro años largos. Ya su barba y su vientre se habían unido por un hof'io deforme, su rostro estaba sin
cesar maculado y convertido en mosaico por
el gotear de los pinceles y aquel hombre no se
sentía pintor, «ne io pittore». Bajó un día,
quitó sus andamios y vió todo lo que había
hecho. Tenía razón; aquello era una escultura ó una pintura esculpida. Roma entera. desfiló bajo la bóveda, desconcertada, estupefacta, atónita; la admiración vino al fin, dura.
todavía, durará cuando la :marteada bóYeda y
los frescos gigantescos hayan muerto.
Y allí fuí un &lt;lía, después de visitar largamente la basílica pontificia; pasé cuatro horas, sentí una fatiga infiñita, una trepidación
psicológica inexpresable, un deseo inmenso
&lt;le dar un grito que resonara corno un trueno
durantE; un &amp;iglo, un deseo inmenso de callarme para siempre. Dorm~ diez 6 doce horas
seguidas, si no me habría muerto.

***
¿Qué ·hay, pues, allí? No sé. Es como si un
Hirnala.ya ó un Ande le pusiera á uno la mano
sobre la cabeza. Es ésta una de esas obras
huma.nas que son, para nuestro limitado espíritu, superiores á las obras de la naturaleza;
éstas producen una sen!'ación envuelta en el
misterio, que es una emoción; las obras del,
genio complican la sensación y la emoción
con un mundo nuevo: el pensamiento. La bóveda de la Sixtina piensa.
Es un poema. plástico ¿hay otro igual? ¡Y
qué mal prevenido iba yo! Varias personas
me habían dicho en México, en París, en Madrid: ¡la Sixtina es una disilusión, es un «camelo»! El Juicio final, una rapa bituminosa.
en donde se amontonan hércules de feria en
convulsión; la bóveda, una placa de cuadros
apagados entre un laberinto de figuras desnudas y figurones vestidos; los desnudos, obscenos no por desnudos, sino por fuertes.
Entré, arreglé mis anteojos y vi durante
una hora C&lt;el Juicio final»; Iu ego tomé u no de
esos espejillos muy bien plateados que alquilan los guardianes de la capilla al entrar y fuí
viniendo paso á paso desde el lado contrario
al «Juicio», que fué por donde comenzó l\Iiguel Angel; luPgo rehice en sentido contrario

Sí, señores, permítanme ustedes ante todo
rezar por los que Yen un «camelo» en la Sixtina. ,,Perdónalos, Señor, no saben lo que diCP.n. Y si lo saben, Señor, por qué no has
permitido que yo fuese en su lugar, ruantns
veces han idu ellos? RehazleR, Señor, la mollera y líbranos de mal. Amén.,,
-Lo que sucede, me decía uno de pi;os aniigos míos, es que ibas "suge"tionado» por todo
cuanto has leído, clesde ·wíncktlman, &lt;le,&lt;le
Goethe, desde Michelet, ( no, esto no lo decía
él, lo digo yo) y Montegut, y Taine, y .Burckardt, y Klaczko, y Castelar (y fa mar) y
naturalmente no es uno hombre &lt;le talento, si
no le gusta la Sixtina y tú quieres pasar {1 todo trance por homlire &lt;le talento, sobre todo
á tus propios ojos.
-¿De modo que no me ha causado una
impresión inmensa la Sixtina·? ¿De suerte que
&lt;"S pura «pose" la mía?
-Lo juro.
Yo os juro, lectoref', que ésta es una calumnia infame. Os juro ...... Pero en fin, vayan
ustedes á ver...... ¡Y llévenme!

**"
Ojos, anteojos y espejo me mostraron esto
sucintamente; una ilustraciún de la :Biblia.,
una Biblia plástica ¿lo he dicho ya? Pues lo
repito: un poema plástico, austero, titánico,
hecho con puro material humano que á fuer za de sencillez y de idea se vuelve di vino. Cou
puro material humano; allí no hay más que
piedra y músculo vestido ó desnudo; más bien
desnudo. Todo es pintado, piedra y músculo:

el limpio cañón de la b6veda se volvió un_a
arquitectura: entablamentos, tímpanos, p1la.strai:, ménsulas, cariátides, cornisas suben
del muro al centro, en donde, entre fuertes
marcos arquitectónicos, se desarrollan en trípticos conjugados cuatro grandes cuadros ( iba
á d ecir tapicerías) y cinco pequefi.os que rep re.-;entan los primeros momentos del Génesis: una teogonía, una cosmogonía: un surgimiento de la divinidad, un surgimiento del
uniYerso, un surgimiento del hombre, un surgimiento de la humanidad. Dios naciendo
del caos; Dios distribuyendo el cosmos, es
decir creándolo; Dios recorriendo su imperio
(« l~I «Pneuma&gt;: de lah,·é era llevado sobre las
agua;;»); D io,; com unicando al hombre lacentella psíquica, «animándolo».
Luego el drama humano: el idilio preliminar: Eva; el primer acto &lt;le la. tragedia: la necesidad de conocer, la Ciencia y su satánica
epifanía en el E&lt;lén; la expulsión del Paraíso
á este valle de lágrimas. (La mirada de Eva
es un mundo de dolor. de espanto y de esperanza. Parece decir: ya sé lo que es la desventura; no importa! l\Ie llevo unos momentos de
paraírn conmigo, me llevó el amor). Def:¡rnés,
ó poco después, aparece la humanidad en el
Dilu\·io (siniestro, sublime cuadro en su ho. rror y en su color) en fin, los hijos &lt;le Noé,
las razas, el .insulto al P_adre, el origen de la
raza maldita......... La redención por el agua·
que se llamó el Diluvio no había bastado;
reaparecía el pecado al otro día del castigo,
era preci;:a la redención por la f'angre .... . . Y
comenzó la preparación: eso es lo que anuncian esos profet:1s, esas sibilas, todos pensando, todos meditando, todos escudriñando la
ciencia humana para vislumbrar la ver¿ad divina: héla aquí: el olesías vendrá. Ved estas
familias pobres, sin historia ó con la misma
monútona historia de labor y esperanza infi nita&gt;&lt;, estos grupos de los tímpanos: pues allí
se elabora la buena nueva, de esas entrañas sociales nacerá el Cri~to. ¿Y será vencido el pe-

Domingo 18 de Enero de 1903.
cado? ¡Oh! no, el mal es eterno, el mal renacerá perpttuamente.... Y entonces habrá que
extinguir la humanidad, habrá que reincorporará Dios lo; buenoR y al mal los malos.
¿.Y cuúl será entonces el objeto de_ l_a lucha'?
Misterio, abismo. Eso cuenta "el Ju1c10 finaJ,,_

***
Y no hay más, como pensamiento; no hay
más en la bóveda de la Sixtina, á pesar &lt;le
que no ha habido visionario, soñador, .filósofo ó teólogo que no haya leído estas pí1ginas
maravillosas como los intérpretes las pictografías, descifrando símbolos y desatando enigmas. No, la interpretación vuelve estos episodios á su genuino sentido y de esta version
plástica del libro '!anto, sólo puede extraerse
lo que allí puso el arcángel-poeta del pincel y
del cincel: el libro santo.
Sí, pero si Miguel Angel no puso allí una
metafísica esotérica, de esas que solo pueden
comprender los iniciados, sí pu~o una alma,
su alma, su alma inmensa. Esa alma, ya se ha
copiosamente dicho, y no podía menos, y es
cierto, era la de un di~cípulo de Dante y del
dominico quemado por orden de Alejandro
VI, de Savonarola. Estos dos profetas, ardientes, batalladores de la verdad y del bien, descomponían la luz del mundo en un espectro
de tristeza, de dolm- y de ira santa. Era el de
ellos un pesimismo que no resultaba de esa
especie de fe en la nada como el de Schoperíhauer .v el de Leopardi ( 4ue es en la poesía
un Miguel Angel sin antorcha), sino el que resulta de la confrontación perenne de la realidad con el Ideal; confrontación dolorosa, más
amarga que la muerte. De este pesimismo estaba impregnado Miguel Angel. No hay una
sola sonrisa en aquel inmenso e&lt;lificio en &lt;¡ue
el material supremo y único casi es la figura
humana; hasta en las más dulces de estas figuras, la del padre Adán en su "animación", la
de Eva brotando de Adán dormido, la de la
Sibila délfica, que es una maravilla de pensa-

�Domingo J 8 de Enero de 1903.
miento y de forma, l:t de esa divina mujer
que ~e viRlumbra más que se Ye en el tímpan,o coloc.:l;o entre Daniel y la Líbica, os dirnn ~l m!smo sentimiento; en ninguna enco:-!trar~1e m. un solo anuncio de alegría; al contrano, mientras más clulcel', más tristes.
Así es como aquel hombre que sufría físi~mente por !a ~ootura en que pint6 cuatro
anos ( él lo dice a maravilla en su famoso soneto.á Juan de Pistoia) izado en su tablado
altísimo; que sufría moralmentP. con las desgracias de su patria; que sufría intelectualmente por su inconformidad con lo existente
que le parecía todo onentado hacia el mal·
as1, es como aquel hombre feo (la fealdad sin-'
gular hace á los hombres 6 misántropos 6 bufos 6 ambas cosas) á quien un compailero de
taller, cansa.do de sus sarcasmos, había aplastado las nances de una puilada; aquel hombre ca&amp;to que nunca se vi6 -nel diletto della
carne involto,» que nunca tuvo más que una
gran p~si6n de espíritu, la &lt;le la pura y luminosa é mefable Yictoria Colonna; así fué como con su ~lma, más que con su pincel, pintó 6 esculp10, porque todo allí lo repito es
~cultu.r;1, la b6veda de la Sixti:1a: por es~ la
imprts1on total es supremamente melancólica. ¡Cómo! Hasta Dios es triste? Oh! maestro
si J?ios fuera capaz de tristeza se resumiría eÍ
Umverso en una lágrima!
Pero esa alma era una complicación no
una simplificación; cada alma es un agregado de almas; por eso la psicología, con
perdón del maestro Ezequiel Chávez, es todavía una especie de alquimia; para llegar en
estas almas compuestas al elemento irreductible y simple, á la ((faculté maitresse» de Taine, ¡qué trabajo! y cuán vano, casi siempre!
El alma de Miguel Angel se distingue por
el don formidable y doloroso de concebir la
forma, pero no la forma escueta macerada y
nimfa de los primitivos 6 de los ~ísticos, sino
plena, rotunda, enorme, lujuriante como solí~n concebirla los paganos, como la concibieron el autor del H ércules Farnesio 6 el autor del Laocoonte; solo un pa&lt;&gt;ano podía entender así ~a plástica, s6Io un pagano, sUo uno
de esos artistas que podían decir: la forma es
~do, en la ~orma está el alma, era capaz de
pi!:~r el Cnsto Heraklés del Juicio final y el
ceJiJunto Júpiter olímpico del fresco de la
Creaci6n de la Sixtina ( todas las figuras de
Jehovah pintadas en la bóveda llevan en la
frente el pliegue clásico del rost~o famoso del
Júpite~ de ~tricoli) son hechuras paganas y
lo son mfimtamente esos pares de mancebos
mara~illosos que decoran en posturas que
co~sbtuyen un reto á todas las leyes de la estát1~, los .ángulos de los frescos superiores,
l~s .«1gnudL». Plásticamente esas figuras son
d1vmas; pero la divibidad les viene de que son
soberanamente humanas· es la misma explicaci6n del antropomoríis:Uo helénico· á fuerza
de embeber
de serenidad de belleza 'de pen.
samien.~, una figura humana, la daban una
-9xpres1on, un verbo divino.
Pero ad~más de ser pagano, era este hombre, lo repito, profundo, intensamente cristiano en su obra. ¿Cómo esta antítesis? Pues sí,
Y ~n pr.ofunda que puede inferirse de ella, al
ex1Stenc1a de otra alma. Veía como un pagano, sentía como cristiano ambas cosas hondísi';Il~n_iente. Porque veí~ como un pagano,
la drnmdad adquiría bajo sus pinceles el aspecto colosal; los super-hombres de Nietzche
~o son más que dioses paganos, en el sentid~
mtelec~ual; así los comprendían los paganos
e~ su aspecto físico; los dioses en comparac1on .de los hombres eran titanes; Miguel Angel ~ie.m_pre pint6 6 esculpió titánicamente á
la divinidad. Sentía como un cristiano: nun.
ca fué de la secta orgullosa y selecta encarnada en aquel gran Farinata de gli Uberti, que,
según el Dante, veía eón tan soberbio desdén
al_in.fierno (como que no creía enél)· fué un
cnstiano de corazón; el ideal del cristi~no según el maestro que acabo de citar es ten~r el
coraz6n religioso, eoo basta Dios no exije
más. (Con vito.)
'
Pero, en honor de la verdad Miguel Angel
era un v~rdad~ro díscípul.o de Savonarola, que
hab~a de¡~do imbotirwble impresi6n en su ánimo J.uveml; quién sa~e si pertenecía al grupo
de discípulos del ardiente ~ominico, al grupo
)

)

EL MUNDO ILUSTRADO
que celebraba en secreto su culto y adoraha
sus reliquias: el fierro en que había sido ahorcado, el cilicio que el fuego no había consumido, el vino que habfa bendecido antes &lt;le
morir, sus cenizas quizás........ Así como el
fraile temerario que, sintiéndose un Elías ó un
Jeremías, había gritado á la faz de la iniquidad del mundo: «el Papa Alejandro YI no
c~ee en Dios",. así .l\Iiguel Angel empapaba su
pmcel en las iras, en las negras venganzas que
relamp~guean sin cel'ar en la sombra trágica
del antiguo testamento. El ceño de Dios cont:aí&lt;lo desde que el primer hombre aparece,
s1~u~ a~í al través de toda la preparación del
cr~st1~msm? durante la ley mosaica. ¡ La Biblia t~e.ne sm emb~rgo sonrisas y escampado3
de Id1ho! Esto lo ignora Miguel Angel, lo ignoró Savonarola; su cielo fué relampa&lt;&gt;ueante
y ne¡zro; s6lo el cielo del Paraíso tien~ el co.
lor del zafiro líquido que el profeta veía en los
frescos del Beato Angélico en las celdas de Sa11
Marcos; pero era este un cielo ideal el de ultra-tumba.........
'

*

.
* después de conT rernta
afios, según *creo,
cluída la bóveda en cuyos ángulos, como soportes &lt;le ~u. obra, Miguel Angel resumi6 la
moral del vieJ0 testamento en castigos terribles
(el de la plaga de las serpiente~ sobre todo
que es un prodigio de pintura c;uel) treint~
años después, digo, acab6 ele pintar s~ .Tuicio
fi.nal. ~l. es tll mismo, es la misma interpretac16n trag1ca y negra ¿Que es el cielo Dios mío
con un amo t~n fuerte, tan terrible,' tan poco'
capaz de sonrisa ~ de misericordia•? El «pauci
rerum sum .e!ecti» es la regla sin excepción,
allí, en el J ~1cio final; puede haber premiados
por sus méritos, porque conformaron su vida
á un ideal d~ austera virtud, porque vivieron
como Fra Girolamo quería que los florentinos
viviesen cuando fundó la república de Cristo·
pero no hay perdonados, no hay pecadores'
solo hay justo.s; pecadores sí hay, llenan eÍ
cuadro de lágrimas, de lamentos de actitudes
pavorosas, de contorsiones fr~néticamente
exasperadas, pero todos caen hacia el infierno
como caen los objetos hacia el centro de la tierra en virtud de la gravedad.
T?do ello no era más que la traducción de
la vida por un alma dolorosísimamente inconforme ?~n la vida, por un alma que había sido espmtualmente bautizada por Savonarola
é iluminada con luz ~obrenatural por el Dan:
te. Los que se creen mamados, los que se juzga~ por. algún defecto físico capital incapaces
de mspirar amor ( amor de mujer se entiende
que es. el a~or), los artistas que ~e sienten an:
tiestét1cos, o retan á Dios ó retan al mundo·
la obra entera de Miguel Angel el inmens~
poeta de la nariz aplastada, es u~ desafío, es
un anatema al inundo.
Pero es un himno perenne á la naturaleza
que P,ara él es.la fuer za, ya que no la gracia;
¡oh! a la gracia llega tan pocas veces! Cuando
representa al ser humano en la plenitud de la

Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
vida, llega á algo que llamaríamos la gracia
d~ la fuerza, la lu~ del poder, como e11 esa divma figur~ de J o!'!a~, que anima el Juicio final
desde la boveda. No me cansaba de verla •fué
un efecto pasmo8o el que me causó; reduc~ibnes ~u.ras son todos los mancebos desnudos
q~1e decoran los trípticos del plrif6n. Ese Jon&lt;1s, es, e1~ su el'culturnl belleza, la villa inmortal, In Juventud .eterna; es la eterna juventud ~e la ohra de M~gu.el Angel sintetizada en
1~ mas r~~I, en la mas 1deaJ de las representaciones vmles ele] a.rte huma~o. Xo, ni el A polo del Belvedere, m el «A pox1omenos" de Lisipo ( que er,;tcfo. p~r allí á diez minutos de distancia de la S1xtma ) me hicieron el efecto de
esta estatua de J onás, que es una pintura.

***

PP.ro todo est?. es repensado, es hecho
luego, es el análisis, pluma en mano de un
bloque &lt;le sensación, de sentimiento &lt;le emoción,. todo jun~o. Por consi.guiente &lt;&lt;~o es.» La
renl 1mpork'lncia de la crítica para crear se infiere rlara de estos de8menuzamientos del ser
El crítico explica y cuando ha explicado un~
personal.idad humana hasta en sus elementos
1rredu~hble~, preten&lt;le rehacerla, se empeña
en la srntes1s y no resulta la vida, cuando más
resulta un «homunculus.,, Quien crea es el
po~ta, n~ e~ el crítico; es Miguel Angel, no
Tame . .Nadie ha llevado el análisis de un 1,].
ma humana más allá de lo que lleva Taine el
de Napoleón, y al rehacerlo le resulta un precipitado psicológico en el fondo de su retorta
dialéctica, un Napoleón &lt;le laboratorio.
Yo salí de mi~, visitas á la capilla arcangélic.1. con la sensac10n de que pesaba sobre mi ce1;eb.ro una humanidad entera, materia prima y
ultima de la bóveda. Era una Babel de cuerpos humanos que sentía yo pesar materialmente sobre el alma (¿puede decirse esto?),
derrumhars.e en el!a como aquella gente que
llovía del cielo al infierno de Alighieri. Mas
hay un modo de serenarse, de al igerar la carga de _pena que todos aqu~llos dioses y hombres tristes y aquellas muJeres dolorosas dejan
en el espíritu: tornará ver la cabeza de Jonásdivinamente escorzada en la misteriosa sombra, ó ver reflejarse en la tersa superficie del
espejo á Jahvé, el Dios animador comunicando al primer padre la electricida¡l vital que le
circula por las venas y lo hace pensar ya. y lo
prepara á .amar_, Una gra1~ onda de paz y de
serena resignación á la existencia viene de la
sublime figura y circunda el alma nuestra isla sin nombre, con el océano siu horiz¿nte
del alma del artista.
¡Pero qué fatiga, Dios de todos los cielos!
Vol~i':°os al hote).sin ver ú la Roma de hoy,
bulhc1osa y regoc1Ja&lt;la, que nos hace señas para arrastrarnos al fondo ele su fosa de historia
de pasado, de sepulcro; se encierra uno en s~
cuarto y cae sobre el lecho, «come corpo morto cade.»

Justo Sierra.

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.--ILUSTRACIONES DE SIMONT.
TRADUCCION Df "fL ~UNDO ILUSTRADO."
( CONTINÚA. )

, Y yo escuc~aba á 13: anciana, subyugada por sus palabras, cuyo
mas ho?dº. sentido traui:oa de comprender, cuando de súbito apareció
ante mis OJOS una especie de castillo de fachada blanca techo de tejas y á los lados unas torrecillas elecr~ntes
en tigura de palomar.
0
-Allí es-dijo la anciana.
-¿La casa del alcalcle?-pregunté--¡qué bonita es!. .....
La mujer exclamó con rudeza:
-¡Vaya usted! ¡Corra! ¡Es bonita! ¡Usted también es bonita!
¡El a.lcalde la e~pern !
escuela no está lejos: allí abajo, junto á esa
esquma ...... y el ¡msara por esa e1,quina! ¡ por allí pasará!. .... .
Y se alejó rápidamente, no obstante que tenía algún encargo para la casa. ;,Qué la sucedi6•? ¿Era realmente una loca? Se alejó golpeando el suelo con su bordón. l\fe causaba interés su figura encor:ada, su cabeza envuelta en un pañuelo, que le daba aspecto de bruJª· Creí estremecerme &lt;le espanto; de mí salió una simpatía que fué
tras aquella mujer.

1:ª

VIII
Llamé á la reja de la casa. La sirvienta vino á abrir, me hizo
atravesar el jardín y me introdujo al despacho del alcalde. ~Iuebles
elegantes. una revista sobre una mesa, libros en un estante, cuyos títulos, vistos de u ria ojeada, me asombraron ...... Me aturdí un poco.
Este conjunto y las palabras de la vieja, me turbaron. ¿Qué clase de
persona sería este alcalde, eq__quien yo creía encontrar un rudo campesino?
Phrasia, la sirviente, regres6 luego. Sus ojuelos bondadosos expresaban una satisfacción que yo no me explicaba.
-Es muy molesto para la señorita; pero el sefior alcalde no está
en casa. Creo que salió sin que yo le viese. ¿Ko querrá usted regresar
cuando esté él aquí?
-Vengo, buena señora, á hacer una visita al señor alcalde; pero,
sobre todo, á recojer las llaves de la escuela-dije sin contener mi impaciencia.-¿A d6nde quiere usted que vaya mientras·? ...... Soy la
institutriz.
-Lo sé, lo sé. Tanto que el señor esperaba ayer á usted. Ji~n
cuanto á las llaves, yo creo que las necesita usted ...... Si yo pudiera
encontrar á monsieur Durand, el ayudante.
Se asom6 á la ventana entreabierta, y llam6 á alguien que pasaba:
-Eh, Victorina, mira si el tío Durand está en su campo.
Me acerqué á la venk1.na, y vi que la llamada Victorina era precisamente la vieja que me había acompañado. Así lo dije á Phrasia.
-¿Entonces notaría usted que está un poco chiflada?
-Así lo creería yo; pero no es mala, ¿verdad?
-Eso, según ...... hay aquí gentes buenas que la iemen.
La vieja regresó diciendo que allí estaba el señor Durand, y Phrasia la envió nuevamente á decirle que Yiniese para un asunto del al•
calde. :Minutos después, un excelente campesino se presentó á saludarme con cortedad. Le presenté mis papeles de ideñticlad, mi nombramiento, etc.; él los examinó cuidadosamente, y luego, atendiendo
á lo que le explicaba la 1,in·iente, ofreció ir á la oficina á buscar las
llaves. Quedé sola con Phrasia, que cerró la ventana, corri6 las cortinas para que entrara el sol, y atizó la chimenea.
-No tiene usted más que sentarse y aguardar. El tío Durand no
tardará mucho. Pronto estará usted en la escuela, que desde aquí
se ve.
Me mostr6, á través de los vidrios, una construcción cuadrangular, amplia, rodeada de un jardín. Me pareció que aquella casita, soña&lt;la tanto, estaba bien aislada, no obstante su cercanía. á la del alcalde. No po&lt;lía apartar de ella mis ojos. Figuráballle ya que había
de sentarme en «aquella» ventana, que desde allí divisaba; que me
pasearía en «aquel» jardín, que tendría sólo, como vecino, al alcalde
y su sirvienta.
-¿Está usted triste, señorita?
-¡Oh! no, Phrasia. Estoy mirando mi futura casa.
La pobre mujer se ruborizó &lt;le placer al oír que la llamaba por
su nombre.
-Victorina ha:)rá dicho á usted mi nombre de seguro ...... Por
mi p!l.rte, me parece usted muy amable. Pero la señora no gusta de
que se haga nada en su ausencia, y, por esto, le había dicho á usted
que regresara.
-Bien comprendí que tendría usted alguna razón para ello, Phrasia. ¿,Es casado el sefior Raibert?
Dije esto con indiferencia. La buena mujer parecía tener gran

afecto á sus señores; el poquísimo interca r¡ue yo daba á mis preguntas pareció excusar su indiscreci6n. Comenz6 á hablar:
-¡ Por supuesto que son casados! No se podría decir lo contra-.
rio. Desde luego, yo respeto tanto al sefrnr como á la señora, y jamás
diré mal de ninguno. Pero la Reñora es mucho mayor que él. Y luego, él es de un carácter tan distinto al de la señora que, á fe mía, es
muy cierto que el pobre hombre sufre. Pero es culpa &lt;le él. ¿Por qué
se casó con ella? Era ella una pobre vieja, la «tía» Zoar&lt;l, como yo ó
como Victorina, vea usted! T1:mía muchos parientes ricos, que no la
ciaban ni una sola migaja, porque e,itaba refiida con todos. Un día,
no sé cómo se las arreglaron, pero ello es que los parientes murieron
uno tras otro, y qued6 ella como única heredera. Entonces le dijeron
riendo: «Ahora que es usted rica, señora Zoard, debería usted casarse. Tal vez haya galanes que la cortejen, el señor Pierce, por ejemplo.» Como á los dos meses la señora Zoarcl se casaba con el señor
Raibert.
-Pero-le pregnnté-¿quién lo oblig6 á c.'tsar e?
-Eh! Fueron los dineros de la señora Zoarcl, buena señorita!
En los días de abon1, todo se hace por dinero; véalo usted.
Y se echó á reír.
-Creo que hasta usted misma, si hubiera encontrado facilidacl
de esos dineros ....... .
-Oh! Phrasia ..... . .
Su rostro candoroso pareció turbarse porque yo hubiera encontrado algo malo en sus palabras.
Por otro parte, yo no estaba dispuesta á seguir oyendo esa charla. La historia del Sr. Raibert acababa de provocar todo mi desdén y
con él toda mi indiferencia.
Allí viene el Sr. Durand-dije, poniéndome en pie, porque adiviné su llegada al oír el ruido de la llave.
Y volviéndome á la mujer, que había quedado confundida:
-Si usted viniese con nosotros, señora Phrasia•?
Le encantó la proposici6n.
-Seguro que sí! Y vaya que la pobre difunta era mi amiga, y
yo conozco la casa mejor que nadie.

IX
Partimos en pequeña caravana.
El sol, briilante ya, fundía la nieve á or~llas del sendero, y bañaba de luz montañas deslumbrantes. Impaciente y conmovida marchaba á toda prisa, devorando con la mirada «mfo sendero la empalizada de «mi" jardín, la fachada de «mi» casa.
'
-Ve u~te&lt;l que no está lejos la casa-dijo Phrasiaen el momen~ en que el Sr. Durand abría la reja.
En seguida el pobre hombre, muy mortificado, con voz balbuciente; pero ayudado de Phrasia, me explic6 c6mo funcionaba cada
una de las cerraduras y me hizo Yisitar escrupulosamente cada uno
de los departamentos Je la casa.
Una hora después llegaba al salón de clases: una pieza con dos
grande~ ventanas, seguida de una salita d.e desahogo; con sus gises
y sus lienzos sobre una plancha; sus hanqmllos, un mapa-muncli en
un ángulo; escobas, gamuzas, todos los útiles de aseo.
En el lado opuesto un corredor, una pieza rntrecha. con las paredes y el piso muy bien cuidados: amueblada con un diván alaunas sillas y en el centro una mesa de caoba cubierta con una 'carp~ta
verde.
-Esta es para las recepciones, como si ·dijéramos el sa16n -me
dijo Phrasia. Cuando el inspector, ó el alcalde ó el señor cura' vengan á verá usted, aquí será donde los reciba..... .
Sub~ó por la escalera interior: abrió las alacenas, me mostr6 todos los uncones.
-~~lí pon.rlrá usted sus proY~siones; allá su ropa; por aquí las
cosas v1eJas. Tiene usted una cocma pequeiia, pero cómoda. Junto
hay una piececita; la pobre señorita Bellot no la empleaba para nada; usted Yerá en qué la utiliza. Por último, aquí está la recámara.
Vea usted, todo está muy bien, la cama, los muebles: nada falta.
No permanecía un momento quieta: todo lo registraba mostrándome los útiles de loza.
'
El bueno del ayudante la dejaba hablar, y también pronunciaba
alguna que otra frase, completando las de Phrasia. Abajo estaba la
ra.rbonera, en el fondo del corredor. Y estaba bien provista lo mismo que el bote del petróleo. Yo debería gastarlo á medida que lo n 6 cesitara, por supuesto, siu despilfarro.

�Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
Por último, me llevaron lí recorrer el
jardín, rodeado de unaempal!znda, y con
un rincón retirado y circuido por un
alambrado.
-En estío esto se cubre de verdura.
Ya lo verá usted. Las alumnas ho deben entrar aquí: esto es sólo para usted.
Todavía me llevaron á un pasadizo
chaparro, cubierto porun cobertizo, y en
cuyo fondo una puerta daba acceso á a l
go que debe haber sido en otro tiempo
una caballeriza; pero que ahora estaba
atestado de muebles viejos, libros no menos deteriorados, una ó dos cubas, una
escale1a de mano ...... qué sé yo cuántas
cosas más.
-Esto no es de usted, señorita,-me
dijo el ayudante-por más que usted guarde la llave. Todo esto pertenece á la oficina municipal: son corns viejas que no
hay doude guardar Y. que no es posible
echar~á la basura.
Al hablar así me mostraba aquel
montón de muebles viejos y f polilla dos.
Salimos.
-Ahorn,-me dijo Phrasia-ya conoce ust(d i::u casa. ¿Quiere usted que
en algo la ayude hoy?
(CONTI.:SUARÁ.)

INAUGURACIONDE LA ,JOYERÍA "LA PERLA"
NOTABLES PROGRESOS
Prneoa mu.v clara de lo que i-ignificnn en la época ele paz quP, atravesamos, el espíritu de empresa
prudentemente dirigido y la perseverancia en el trabajo, fué la inauguración del nuevo edificio &lt;le la
Joyería ccLa Perla,» efectuada el sábado 10 del corriente, y de la cual
han dado cuenta las principales publiraciones periódicas.
El auge, verdaderamente notable,
adquirido en los últimos años por
la importante negociación mercantil á que nos referimos, demandaba ya la construcción de un local apropósito para 1:iU objeto, provisto de amplios y vistosos escaparates, de bien arreglados departamentos para atender al públicu, y, en
suma, de tocias aquellas dependencias que hacen &lt;le los establecimientos de este
género, casas dignas de ser visitadas y favorecidas por los consumidores rnás exigentes
y &lt;le más refinado gusto artístico.

El edificio, s egún el proyecto.

tran doce esbeltos aparadores que rematah en
óvalo. Su entrada principal, de correctas proporciones y vistoso aspecto, cae á la calle de la
Profesa y está destinada al público que visite

Los Srs. Diener, prop ietarios de "La Perla."

Los Sres. Diener Hermanos, laborioso:,; y
emprendedores propietarios de c,La Perlan han
comprendido el"to, y en su afán &lt;le corresponder á su clientela la decidida. protección que
les dispensa, mandaron construir en la esquina oriental de la P rofesa y callejón de Santa
Clara, el hermoso edificio que acaba de inaugurarse y que en nuestro c,boulevard» figura como una de las más preciadas joyas de ornato.
La suntuosa finca tiene 35 metros de frente
por 16 de fondo, y en su fachada se encuen-

La ent rada á la Joyería.

puede exigir el gw;to m¡'1s delicado_
Hay allí, taml,i(.n, multitud de ohjetos indispensa.bles á toda clafle depersonai:; y puestos al alcance de todas las fortunas; pues desde la joya de más alto precio que sólo puedé adquirir el capitalista, hasta el
reloj que, sin i-acrificio alguno, es
&lt;lado obtener al olirero, se encuentran en lo~ aparadores colocado,. de
tal manera, con tal arte, que llaman desde luego la atención. Tocl&lt;&gt;
lo que allí ge exhibe, es de lo mejor
que se conoce y de calidad reconocida.
En el interior, al lado derecho, se
ve una st&gt;rie de primorosas vitrinas
de cristal, donde i;e expone á la vista de los visitantei,, una variedad
de objetos de arte verdaderamente
dign&lt;J. de ser admirada: collares ele perlas
y brillantes, braceletes, anillos, etc., etc., entre
los cualPs se encuentran jo_vaR c¡ue valen S25, 000
y aun S 30,000. Amplios pasillos, conveniente-

Exterior de " La Perla" el día de la inauguración.

el establecimiento. La otra, que ve al callejón
de Santa Clara, se destina al servicio del escritorio, de los empleados y de las habitaciones.
Los t:-ahajos arquitectónicos son obra de los
Sre&amp;. Ingenieros Dorner y Bacmeister.
La puerta principal da acceso á un salón oval
y tapizado con mosaicos de granito, en cuyas
paredes descansan lujosos aparadores. En estos puede verse, admirablemente dispuesto
todo lo que en materia de joyería y relojerí~

mente dispuestos, sirven para recorrer esta.
parte del edificio, notable por mil títulos.
A la izquierda, se ve una multitud de estatuas de alabastro, de bronce, de oro, de plata,
que forman un conjunto deslumbrador. La
variedad de formas y de clases, y el primor
con que están trabajadas, son para dejar y
con mucho, campo abierto á todos los gust~s.

***

Por último, baremos menci6n del departa-

Un detalle de la planta baja

�Domin*o 18 de Enero de 1903.

EL 1fUXDO ILUSTRADO

[L
ANI X•••JOMO 1.--NUM. 4

Mu No·o

ILUSTRAD o

MfXICO, fNfRO 25 Df 1903.

91rccten uc. RAl'A(L Rtn&amp; &amp;PINDOLA.

Los em ple ados de " La Perla."

mento central. En él Fe halla la mús completa colección de bastones y rt&gt;lojes de pared,
de bolsillo, de escritorio y de pie.
... Entre los de pie, se distinguen los llamados
«Boule," que son especialidad de la easa. En
el segundo piso hay más salo1ws que se deFtinarán á la exhibición de novedades y ú los
que se tendrá acce!:lo por una hermosa escalera que se está acabando de construir.

Dada esta incompleta idea de. la distribución del nuevo edificio de ,e La Perla,¡• y de las
valiosas exhihiciones que tanto han admirado
sus visitantes, agregaremos alii;unas palabras
relativas á la inauguración. Más de 2,000 invitaciones repartieron los señores Diener entre
las fam ilias de la alta sociedacl mexicana, el
{;ue1 po Diplomático, la Banca, el Comercio,
la Prensa, etc. A las diez de la mañana, los
invitados comenzaron á recorrer el edificio,
:siendo galantemente obsequiados por los dueños de la casa con finas carteras, calendaril's
artísticos, y u n «lunch champagne.» Entre los
concurrentes ee repartió el vals «La Perh1,»
compuesto expreRaniente para la inaugurnción
por el señ or Lerdo de 'l'ejada, director de la
orquesta ~ue amenizó el acto.
Entre las familias y í'aballeros qne visitaron la joyería, vimos al Sf'ñor Ministro alemán
y su Secretario, y á los de Bélgica, Italia y
Austria; al seüor General Rinc6n Gallardo y
-su espo¡,¡a¡ y á las familias Fernández Castelló,
!caza, Barrón, Escand6n, Algara, Iturhe
y otia~. La seiiora esposa del señor Presidente de la República, que concurrió también á
la fiesta, fué oh~eqniada con una primorosa
Lombonera por los señores Diener, quienes en-

Ger ente: LUI&amp; Rtl'~ &amp;PI NDOLA

Cent ro de mesa .- Reproducción de uno existe nte e n el P alacio de Versalles.

viaron al señor Presidente de la República,
una. rica cartera.
Durante todo el día, en suma, la casa Diener se vió concurridísima. Los visitantes, de
sospresa en sorpresa, recori-ían los amplios
departamentos admirando, hasta en los más
in~ignificantes detalles, el derroche de gusto
a, tístico desplegado por los propietarios de la
rica joyería, en la exhibición de los distintos
objetos que alli se encuentran y que forman
sin duda, el surtido más bien dispuesto qu e
pueda hallarse en la metr6poli. Los escaparates estaban arreglados de tal manera y con tal
conocimiento del «efecto», que á primera vista cl~~pertaba~ la _c"?-riosidad del público, que
elogto y con Justicia, su magnífica disposición.
El triunfo obtenido en esta vez por los honrados y laboriosos joyeros, no puede ser ni
míis completo ni más significativo; pues, por
una parte, la impresi6n que causó en la culta
sociedad mexicana, fué muy o-rata )' por otra
.
• o
'
'
pone de mamfiesto lo que pueden la constancia en la empresa y la honradez.
La fiesta se prolong6 hasta las primeras horas de la noche. El hermoso edificio de «La
Perla« estaba iluminado con verdadero arte.

En el presente número publicamos fotog'rafías del exterior de! edificio de ,eLa Perla» y de
algunos de sus departamentos, así como los
retratos de los señores Diener_ La sola Yista
de esas fotografías basta para que nuestros lectores se formen una idea. &lt;le la importancia del
establecimiento mercantil inaugurado y de la.
suntuosidad que se observa en todos sus departamentos.

C~mplo d~ Santo Domingot ~n~Oaxaca.-Tnttrior.
Vis itando :os saloner.

Grupo de objetos de arte.

Subscripcídn mensual foránea. $1.~U
ldem. ldem. en la capital, $1.25

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>..,,,1·~ ""

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--

EL

\aJ . '

,ANO X•••TOMO l..,,.NUM. 2

MUNDO ILUSTRADO
MIXICO, fNfRO II Df 1903.

Subscripción mensual foránea, $1,50
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Conservado por el método de M. Pasteur. Pre scríbese e n las molestias del
estómago, la clorosis, la anemia y las convalecencias; este vino se r ecomienda á fas personas de edad, á fas mujeres, jóvenes y á los niños.

Es el secretl) de la buena salud.

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las víctimas de su est6mago recurra á las

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DE PAB.IS.

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.tia Grinde lia R o bus t a .Ese Jarabe tiene

Ele1&lt;cesodetraha1omentalproduce
agotamiento
fuerzas y

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El único VINO auténtico de S. RAPHAEL e l solo que t iene el derecho
de llamarse así, el solo que es legítimo y de que se hace mención en el
furmulario del Profeso r BOUCHARDAT, es el de Mrs. CLE MENT y Cía.,
de Valence ( Drome, Francia).-Cada Botella lleva la marca de la Un ión de
los Frabricantes y en el pescuezo un medallón anunciando el " CLETEAS,"
Los dem ás son groseras y pelig rosas falsifica ciones.

ripida de I&amp;

LA LUCHA POR LA VIDA el
de
NEURASTENIA

Dirigirse al Apartado 123, Tehuacán, Pu~-

SAINT-RAPHAEL,

■uy

DE V E N T A

Racahout de los Arabes Delangrenier
l!l mejor alimento para los oióos

i!N TODAS LAS
DROGUE.RÍAS.

PETROL. . . . . -. . .
DEL DR. TORREL, DE PARÍS.

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1111io

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b1ai1,

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l"ÁAÍ8

ZO, lff d• F-'t-St (111Cq111
1 en /u Farmu/u .
0

Lilfatiamo, Em6fnla, 846
Infartos de los Ganglios, etc.

Unica pre paración que evita la caída prematura del pelo, lo
aumenta, s uaviz t y hermosea, á la vez que le.cvmunica un aroma agradable.

EL USO DRL PBTROL DEL DR. TORRBL, DE PABIS.
evita la calvicie prematura, que tanto a fea y comunica al hombre el r e pulsivo aspecto d e un joven viejo y gastado.

Excmo. Sr. D. Práxtdts matto Sagasta,
Notable Político Español.

t

EN MADRID EL 5 DEL CORRIENTE.

�Domingo 11 de En-ero de' 1903.

tos Santos Reyes.

m

ELCHOR, Gaspar, Baltasar ......... .
reyes sin corona h eredada por generaciones nuevas, Eoberanos de &lt;1uién
sabe qué reinos cuyos faustos precisos no han
pasado á lns páginas de la hi!'toria, jE&gt;fes de
Estado anónimos y al propio tiempo eternos
••. .. . ¿os disteis cuenta, al sE&gt;guir los argentinos destellos de la le¡¡:endnria ('Strella que os
condujo á Betblfm, de que con eFa ¡iereg1inaci6n que efectuasteis por montes y por Yalles
y por desiertos ibais á conquiFünos hi imnorta)idad por los siglos de los sigloi,? ..... .
La caravana avanzaba lentamente. la estrella, alumbrando la ruta con las fulguraciones de su cauda enorme, marcaba el rumbo
de la verdad, hecha carne en los frágiles y
tiernos miem br..,cillos de un infnnte que ronreía en la pobreza de un-pesebre. Los más útiles y pacientes cuadrúpedos conducían á los
reyes, á sus séquitos y á las ofrendas que llevaban para el divino recién nacido. El camello,plácido símbolo de la fllstinencia, caminaba á paso tardo, dejando sobre las arenas del
desierto la recia huella de su planta; el elefante, venerable en su burguern contextura, avanzaba absorto en sus eternas y mistniorns meditaciones; el ágil potro númida, con su pezufia nerviosa, iba ganando gloria y renombre
para su regio amo.....
Cuando la estrella se detuvo y sus fulgores
bañaron el mif'E&gt;rableportal hajo cuya techumbre había venido al mundo el ef'perado Mesías, los reyes detuvieron el paso de sui-; caravanas y alabaron á Dios. Luego def:ce11dieron
del paciente camello, del elefante corpulento
y del inquieto corcel, y se postraron ante el
pesebre en que yacía el rey ele reyes ....
No estaba sol o. En torno suyo agrupábanee
los humildes, los pobres pastores de la comarca que antes que nadie reconocieron el poderío del niño Jesús y que fueron los primeros
en cantar sus alabanzai;,. Por eso Cristo, es ante todo, una deidad de los pobres y de los humildes; por eso Cristo, despojado de las pompas litúrgicas que los siglos han amontonado
sobre su carne de redención, fué el primer
hermano de los hombres y el primer proclamador del reinado de los humildee ..... .
La mula y el buey calentaban con su vaho
los delicados miembros del recifn nacido, y
para esta expresión de miseria que significaba
en la tierra el nacimiento de Jesús, cuentan
los sabios intérpretes ele lo nunca visto, que
en los cielos se efectuaba la gloria del Padre,
y que innúmeras legiones de coros angélicos
pregonaban en inefables cánticos la gloria del
Hijo.
Entonces llegaron los reyes y, olvidando sus
orgullos, sus pompas vanas, sus omnipotencias terrestres, cou toda humildad se inclinaron ante el pesebre y reconocieron el dominio
ilimitado del Hijo de Dios.
Después del homenaje de los humildes, fué
el homenaje de los poderosos. Cristo está sobre los más grandes de la tierra, y el símbolo
había menester tres reyes magos que, significando la grandeza de la tierra, se humillaron
ante lo sublime del espíritu.
Los tres reyes ofrendaron sus presentes y
luego, fortificados por sus santas intenciones,
volvieron á sus reinos, :¡,l paso tardo de sus
caravanas.
¿A qué reinos marcharon los reyes magos
Melchor, Gaspar y Baltasar?....... A todos los
reinos de la tierra; porque erns reyes fueron
un símbolo y el símbolo es ubicuo y perenne
por la fuerza de su gracia.

Tal dice la leyenda cristiana. Pero los hombres, que nunca están satisfechos de las sencilleces reveladas, han forjado otra leyenda en
torno de los reyes magos. Esta leyenda es permanente; como un fen6meno físico, se efectúa cada año, por la fecha en que se conmemora el homenaje de los tres reyes magos y
consiste en que, al decir de quién sabe qué

EL MUNDO ILUSTRAD0

EL MUNDO ILUSTRADO
poetas desconocidos y populares, los tres reyes magos, que han Eeguido viviendo en es•
píritu y que en espíritu vivirán basta la conS\1mación de los siglos, no pueden olvidar los
inefablfs gozos que experimentaron al agaioajar al divi,10 infante y, «eficazmente)&gt; secundados por todos los padres ele familia de todas
las generaciones, han resuelto agasajar anualmente á la infancia humana, para revivir
constantemente aquel placer inolvidable que
en Bethlem inundara sus almas.
¿Quién descubrió y di6 á conocerá los mortalrn E',e loable propósito de los tres ri&gt;yes magos? No es fácil p1eciEarlo; pero la. costumbre
es vieja y según parece se manifest6 primero
en Francia, tal vez porque atraídos los reyes
magos por la infinita variedad de compañeros
suyos que aquella tierra ha producido, quisieron en ella reanudar sus relaciones con la gente tramitoria. Despuée, el aguinaldo de los
reyes pas6 á todas las comarcas cristianas, y
á nuestra América ha venido algo tardíamente, como suelen venir tantas cosas á las regiones nueYas que a{m no han tenido mucha
oportunidad de vivir en la tradición y en el
parndo. l\1ae:, como la manifestación anual
que de su e:xistencia hacen los reyes magos es
poética, es hermorn y se yergue sobre el indestructible zócalo del amor á los niños, es
cla1 o que perdurará y que se ampliará cada
día mús.
¡_A qué niños protejen los reyes magos? A
todos los niños buenos y que teñgan zapatos.
La primera condición suele dispensarse por
influencias y perdones de los padres; la segunda no ~é diispensa casi nunca. Los reyes
mago,:, para obsequiar á los niños, exigen que
éstos pongan sus zapatitos en la chimenea 6
en cualquier11 otra parte. Pero si no hay zapatos, no hay juguetes........ á menos que la
caridad intervenga y proporcione los zapatos
y los juguetes.
Sin embargo, ningún evangelista afirma que
el niño .Je::ús baya tenido sandalias...... .

***
También los grandes han tomado como pretexto á los tres reyes magos, para regalarse.
El regalo de los grandes es una torta que esconde una haba; á todos les corresponde un
pedazo de torta, p ero s6lo á \mo de cada grupo corresponde el haba. Pero el feliz conquistador del haba, por el hecho de conquistarla, adquiere determinadas obligaciones que
forzosamente tend1á que cumplir. Por modo
y manera, que también la torta de reyes es un
símbolo: el símbolo de la lucha por la vida.
En •la vida, es más 6 menos fácil á todo el
mundo adquirir una rebanada de torta. Es
difí&lt;!il morirse, más difícil de lo que generalmente se cree. Pero la torta no basta; es preciso conquistar el haba, pues sólo de esta
suerte hay preponderancia sobre los demás y,
dígase lo que se quiera, la esencia del triunfo
es la preponderancia. En cambio, el que en la
vida triunfa se echa á cuestas un fardo de obligaciones, como el que obtiene el haba de la
torta se ve precisado á obsequiar á los otros.
Por desgracia, no todos cumplen en la vida
como suelen cumplir en la torta, porque siempre ha sido más fál)il dar un baile que hacer
un beneficio.
Hacer beneficios es arte eximio que no está
a.l alcance de manos villanas. Ya hemos visto que hasta á los santos reyes magos se les
puede reprochar algo en los beneficios que
procuran: esa exigen9ia del zapato...... .. ¿Cómo no disculpar las imperfecciones de los
simples mortales?
Cuando ha pasado la noche de reyes y la
~en~e menuda se ~egocija de los juguetes que
~l cielo le ha env1ado-(mandados fabricará
_&gt;arís ó á Berlín )-y la gente grande sueña ante las migajas de la torta, es fama que Melchor, Gaspar y Baltasar, arrellanados allá en
sus tronos del empíreo, mandan alzar una esquina de la gran cortina azul de los cielos y
asomándose á nuestra vida y mirando á la
gente menuda y á la gente grande se ríen se
ríen paternal y compasivamente..'....
'
¿Será cierto?
ÜSCARHERZ.

Don Práxtdes matto Sagasta.

S

A GASTA, el viE&gt;jo jefe del partido }ibera!
l'f']'añol, ha pngado el ineludible tributoá la naturaleza. La muerte lo sorprendi6
cuando parecía alejar$C á la vida privad;., después de una lucha de cincuenta años que fué
minando, poco á poco, sus energías.
:Mucho podría escribi rse acerca del notable
estadista español; pero contrayéndonos á los&lt;latos más isalientE-s &lt;le ou carrera ele hombre
púulico, encontramos que desde 1842 estuvoafiliado al partido pr0gresista de España. Al
eF.tallar en la península la guerra de 1854, en
la cual tom6 parte muy activa, fué nombradoPresidente de la Junta Revolucionaria, y poco después pas6 Ct l\fadri&lt;l como Diputa.do por
Zamorn. Siendf Comandante de las milicias
nacionales, cuando el Gral. O'Donell disoh·ió
las Cortes á cañonazos, Sagasta dió una eloC\1ente prueba de ·su valor •.r sangre fría, re cogiendo un casco de grnnada que cayó á sus
pies y que conservó para inspirnr:-:e y pronunciar un elocnente discurso !'Obre los acontecimientos de 1856, que aumentó su popularidad
y su prestigio.
A raíz d e eFtos sucesos emigró á Francia·
,
l
,
r
pero no tarel o en ,·o ver a su patria, y de acuerdo con sus partidarios, publicó un rnanifiestoá la Sación en 1863, anunciando su retraimiento en política. Dos años después se declar6 en foyor de la revolución; estuvo con el General Prim en Yillan,jo, y viéndose obligado
n uernmente á salir del territorio espaJiol, se
dirigi6 á Londres, para preparar, desde allá,
la sublevación de las fuerzas de artillería,
acuarteladas en San Gil. El infatigable luchador, con riesgo de,f'u vida, Yolvió ú .Madrid, y
en la madrugada del 22 ele junio de 66, hizo
que los cuerpos mencionados lanzaran el grito
de insurrección. Sagasta fué perseguido y
sentenciado á muerte_; r ero logró evadirse y
marchar ocultamente á Francia, donde lo esperaba el General Prim.
La enumeración de los sucesos en que tomó
parte el ilustre español, exigiría en nuestrnscolumnas un espacio ele que no disponemos.
Baste decir, por lo mirn10, que Sagasta contribuyó en gran manera á d erribará IRabel II
y que, establecido el nuevo orden de cosas'
fué, sucesivamente, encargado del gobierno ci~
vil, diputado á Cortes, y ministro ele Hacienda y Fo1:11en~o. Formó, por último, el partido co11st1tuc10mdi:3ta, llegando á la Presidencia del ::\Iinisterio; y á la sublevación de llartínez Campos, en Sagnnto, que proclamaba á
Alfonso XII, dejó el poder á Cúnovas del Castillo. El señor Saf!:asta volvió á ser Presidente
d el Consejo de 1881 á 83, de 1885 á 90, 1892
á 96, y á Ja muerte de Cánovas empuñ6 de
nuevo las riendas del gobierno. En diciembre
último, una crisis lo obligó á retirarse del Gabinete.

Sra. Dol ores F lores de Michel.

NUPCIAL.

@

templo de Lourdes se efectu6 el jueúltjmo el enlace canónico de la señ~nta Dolores Flores con el señor L1cenci_ado don Ignacio l\Iichel y Parra, siendo
padnnos de manos el señor Dr. :M anuel F lor es, padre de la desposada, y su esposa la señora Dolores Urrntia, y de velaci6n el señor
don Sinforiano Sisniega y laseñoraJosefaParra viuda de l\Iichel.
El mismo día, en Santa Brígida, celebraron
su enlace el señor Licenciado don Francisco
Fernández Castelló, hijo del señor Secretario
de Justicia é Instrucción Pública, y la. seíiori. ta Dolores Rubio y Obreg6n, sobrina del señor
Gobernador ele Guanajuato. Los señores Licenciados don Justino Fernández y don Joaquín Obregón González apadrinaron el matrinio acompañado8 de la señorita Ana Rubio y
de la señora Adela Fcrnández de 1Iorphy.
Tanto en Lourdes como en Santa. Brígida,
la. concurrencia fué de lo más distinguido, y
los novios recibieron de sus numerosas amistade~, entusiastas felicitaciones y valiosos obseqmos.

•

Sra. Dolores Rubio y Obregón cie Fernández

Domingo 11 de En.ero de 1903.

�· Domingo 11 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

ca P~st~ Bubónica ~n mazatlán
que se propone acudir en auxilio de los necesitados, arbitrándose recursos por subscripvez son más desconsoladoras las
ción popular, y traer del extranjero desinfecnoticias que se reciben de Mazatlán
tantes y suero antipestoso para distribuirlos.
con respecto á la peste bubónica. Un
gratis.
telegrama fechado el día 5, nos da cuenta de
Pot último, y para que nuestros lectores
que casi la mitad de la población ha emigratengan
una idea del pánico que reina en Mado, temerosa del terrible azote, rumbo á diszatlán, diremos que en un solo día se presentintos puntos del Interior, y de que durante
taron á pedir certificado médico 526 personas
las setenta y dos horas anteüores, el recrudeansiosas de abandonar la poblaci6n. En el campo, al pie de un árcimiento de la epidemia fué verdaderamente alarmante. Treinta y
bol, fué encontrado el cadáver de una joven atacada de la peste, que
cuatro atacados por la peste murieron en ese período, y los que han
iba huyendo por temor de ser descubierta en su casa y aislada por oringresado al lazareto de Belvedere, últimamente, se encuentran en
den de las autoridades.
estado de suma gravedad.
Por todas partes, agrega el telegrama referido, hay cuarentenas establecidas.
Por informes posteriores se supo en México que en algunos ranLos $20,000 que envió el Gobierno Federal á la Junta de Sanidad
chos poco distantes de l\fazatlán se habían observado ya, casos de pesp&lt;tra que atienda á las necesidades más ur~entes del puerto, relaciote bubónica y que en
nadas con la asistencia
la Ensenada de Todos.
de los atacados y la
Santos, había tamextinción de la epidebién aparecido la epimia, se emplearán en
demia. En cuanto á
la construcción de balo primero, no está ofirracas y lazaretos procialmente confirmada
visionales, y en la limla noticia, y i)Or lo quepia de los caños del de
hace á lo segundo, si
sagüe,que se considera
bien se prer,entaron cade la mayor im portansos
de la terrible enfercia. El Sr. Gobernamedad, en la E nsena•
dor de Sinaloa, por su
da, el mal no llegó á
parte,ha ofrecido conspropagarse ni á reveitruir una barraca en
tir
el recrudecimientoBelvedere y otra en la
que se suponía.;;::)~
calle de Benito JuáComo una medida
rez, para aislar á las
encaminada á que: nopersonas que hayan
llegue !a epidemia á
1::stado en contacto con
invadir otros puertos,
los enfermos; poniense
ha ordenado quedo, además, veintilos buques que salgan
cin co policías y doce
de l\Iazatlán no to•
agentes especialmenquen sino en puertos.
te encargados de redodonde haya delegado
blar la vigilancia que
sanitario y útiles para
ejerce la Junta, para
la desinfección. Esto,
impedir la ocultación
indudablemente, conde los pestosos,' en q-ce
tribuirá á calmar el pátan empefiada está la
nico que se ha despergente pobre.
Bahía de Mazatlán.
tado en diversos punComo era de supotos de la costa del Panerse, la presencia de
cífico y á que los esla peste en el puerto,
fuerzos
que han despleha traído consigo el
gado las autoridadesalza de los artículos de
para contener el avanprimera necesidad, y
ce del mal sean más.
la miseria de las clases
fructuosos.
desheredadas. Algunas familias pobres á
quienes en beneficio
El orgullo de la cien·
de1la mayoría, se les
cia es humilde, com
han quemado sus haparado con el de la
bitaciones, atraviesan
ignorancia. -HERBERT
en estos momentos por
SPENCER.
una situación dificilísima.
La risa no es á meAfortunadamente, se
nudo en las mujeres
ha constituído, consino el pudor de las
vocada por los prinlágrimas .--EDUARDO•
cipales comerciantes,
Barrio del Astillero, donde más estragos causa la Peste.
PAILLERON.
una Junta de Caridad,

fl ADA

l:J

:Ps.z
Otro barrio invadido por la Peste.
,

. VIOLETA.
VIOLETA .

.

�Domingo 11 de Enero de 1903.

"EL MUNDO !LUSTRADO

EL l\fUXDO ILUSTR.\"'.JO

Domi,ngo 11 ele EneTo ele 1903.

Nunca levanta el vuelo
en pos del sol que con su luz calcina;
jamás batió sus alas
desafiando, atrevida,
las torvas tempestades
qne lÓs troncos desgajan y derriban ..... .
. Tú no puedes saber cómo es mi Musa;
-crisálida muy tímidase asusta con el rayo;
los profundos abismos la intimidan,
las tormentas del cielo
le hacen ple,gar las alas conmovida
la mucha luz la ciega,
'
y teme al grito de la mar bravía ....
Sabe que no has de hallarla
revolando en alturas infinitas:
la verás en los campos,
absorta ante las suaves lejanías.
De los lagos tranquilos
estará en I as orillas,
mirando en los cristales
movibles de la linfa,
cómo se desvanece
poco á poco tras la alta serranía,
él último destello
de la tarde que expira
la última oleada de o;o
con que el cielo se pinta
cuando el sol moribundo
se sumerge á lo lejos con el día .. . .
:b:n los bellos jardines
esmaltados de flores peregrinas,
no la busques: dirige
hacia el parque tu vista:
¿no la ves? .... anda errante
por aquellas sombrías
alamedas de sauces,
por aquellas oscuras avenidas
donde el viento solloza
sus tristes elegías .. . .
allá va .... é,qué la lleva?
¿_qué busca entre la arena removida?
No preguntes, muy quedo
voy á decírtelo, mas .... no te rías ....
anda cavando tumbas,
con mano compasiva,
para. las hojas muertas,
ptu•a las tt·istes hojas amarillas
que los vientos de otoño
arrastran, despiadados, en sus iras ....
Ya lo ves: ella busca
las opacas neblinas,

labra rota: «Amor,i, al mismo tiempo que exclamaba por lo bajo: ¡Pobre Arturo!
Entonces reconstruy6 en su memoria la escena de la noche pasada; él, sofocado, tierno é
i mpaeiente, le repiti6 en aquel día una vez
más la palabra amor. Pero ¿no sabía ella lo
que era? No. Y riendo le pidió un lápiz para
apuntar la palabra y buscar al día siguiente
su significado.
-¡Pobre Arturo! dijo, y un bostezo largo, le
separ6 los labios rojos.
El gato jugaba con el pie breve de la joven,

DAMAS MEX ICANAS.-Sr itas. Jcsef i na A r m ería, C lem entina Arteaga, Emma M eana, María Refug io Azco, A ngela ~rteaga, María Azco.
Carmen García y D elfina Azco.-De Ag uascalient es.
Fot. A. Cháv.,.~.

AMOR?
L piano abierto, mudo
y fatigado. Retrátanse
en el fondo negro las flamas de las velas moribundas-ojos parpadeantes, prontos á dormirse.
Las sillas en desorden;
m grupo unas, otras aisladas ; hay una frente
.
á otra, conversando con
la mirada-pareja ele enamorados. Sobre ellas mueren
unas flores olvidadas que no tuvieron la fortuna de pertenecerá
una hermosa; entonces algún galán las habría pedido para guar•
darlas.
Infortunadas flores; cuando la mano cruel
1as arranc6 de su tallo, cuando el verdugo cort6 despiadado sus venas, y, exangües, lanzando sus últimos dolorosos suspiros, las llevó á
aqtJ.ella fiesta, ellas abrigaron una última es•
l)eranza-- la esperanza del qne muere, de no
sufrir en el último instante de vida--de mor ir en el pecho de alguna mujer que las acari.ciase en sus momentos postreros, que en un

.
r

beso recibiera el único resto de perfume que
abrigara su coroÍa, y ......... ¡nada! morían solaf:l, marchitas inútilmente, envejecidas prematuramente, caldeadas por una atmósfera
'Viciada, asfixiadas entre el prosllico calor humano y el vulgar humo del tabaco.'
Sobre un sillón, un pobre pequeño abanico
ele papel pintado duerme en la postura en que
l'ay6, semiabierto, soñando con la declaración
que á su través oyó la dueña, dueña ingrata
.que lo ha olvidado en pago á su discreción.

Por encima ele unas rosas, en un hueco blanco del papel, hay trazadas femenilmente unas
letras: «amor», y después un signo de interrogaci6n.
Sobre las consolas y mesas hay copas ol vidadas y un pañuelito manchado de vino.
En l a. alfombra, contrastan las florei- tristes,
pisoteadas, decoloradas, con las flores siempre completas á pesar de las pisadas, y de polen siempre dorado.
De trecho en trecho brillan algunas «horquillasii y alfileres desprendidos de los tocados.
En los candela.~ros las bujías lanzan los ultimos suspiros de luz, y allá abajo, el gallo
grita tenazmente su canción monor rítmica.
El sol se burla de los que velaron é ilumina.
groseramPnte las caras ·de los últimos bailadores que se alejan &lt;le prisa, abrigándose contra
el frío para las carnes, y contra las risas para
la cara descompuesta por el placer.
En la recámara contigua á In sala, el robusto gato blanco de ojos casi azules, ojos más de
mujer que de gato, despert6, y tras el indispensable arqueo del ancho lomo, -saltó fuera
de la cama, en donde, por falta de su compañera, había dormido solo esa noche.
Sali6 á la sala y subi6 al sofá; retoz6 un
momento con el tigre del almohadón de raso.
Luego descendió y fué á afilar las garras
contra el taburete del piano. Se alejó; de paso
hizo presa en un listón negro abandonado, y
tras una silenciosa carrera fué á caer sobre el
sillón,en el cual el abanico,semi-abierto,como
había caído, mostraba por enci ma de unas rosas, en un hueco blanco del papel, unas letras trazadas femenilmente: &lt;&lt;Amor,» y después el signo ele interrogación.
Creyó oportuno hacer moscardones de aquellas letras, como antes había hecho ratón de
la cinta negra, y empezó 1iu fingido ataque en
recuerdo de los verdaderos,en los cuales tanto
gozaba criminalmente.
Se replegaba contra el brazo del sillón y
acechaba, fija. la vista en los plomizos cara-::teres; después daba en derredor de la presa, cautelosamente, algunos pasos cortos y sin ruido,
y caía de un salto, como si Yiniera de muy
lejos, sobre el abanico; todo para volver la espalda á los moscardones, ya harto maltratados, dejarlos caminar dificultosament., unos
pasitos, y vol ver á. hincarles la garra.
Se descolgaba del sillón; tendido en la alfombra, vuelto el vientre hacia arriba, dirigía
manazos al asiento de bejuco; se levantaba;
fingía que, olvidado ya de su pieza ele caza,
se alejc1ba, culebreando la cola, y repentinamente se volvía y recomenzaba el ataque.

El abanico sufría ajaduras nuevas á cada
acometida.
Por fin le pareció fatigosa la caza de los
plomizos moscardones, y se lanzó velozmenmente sobre ellos para, darles el último zarpazo, el que hacía saltar del cuerpo de sus prisioneros roedores el aperitivo chorrillo de &lt;;angre.
Prendió con furia fingida las uñas al pobre
abanico, y desgarró el papel en la parte mis-

mientras ella trataba, por mera curiosidad, de
recomponer la palabra rota por el felino.
Al fin, dej6 caer perezosamente el abanico·
se inclinó para recoger al gato, y acariciándo~
lo mientras sonreía á las travesuras del animalillo y repetía casi cantando: «Pobre.Arturo, pobre Arturo,» entró en la alcoba para reparar las horas de la prolongada vigilia.
Acurrucó al gato ladino en la cama, y sonriendo y tarareando el último vals oído en
aquella madrugada, de pie, ante el espejo
dejó caer en espesa lluvia negra sobre los re~
dondos hombros los lustrosos hilos de la undosa cabellera.
GUY D' AUDIFFRED.

PORCJIDJI.
[PARA MI LIBRO DE VERSOS «LUCIÉRNAGAS.&gt;]

ma en que los caracteres trazados femenilmente, decían «Amor,i, con un signo de interroga.,.
ci6n al final.
Algo apareció bajo el abanico, algo que llamó la atenci6n del felino; entoncE:s el cazador
espió; era algo rojo, como la sangre que teñía
apetitosamente los cuerpos de los roedoros cazados: ¿sería sangre? ..... .
Era un clavel rojo que aplastaba á un pensamiento negro, sombrío, triste ........ Quiw el
gato separar la mano de la ilusoria presa, y no
pudo; había introducido por el agujero toda
la mano y no podía sacarla; asustado realmente ó también en broma, echó á correr haciendo ruido sobre las consolas, hasta ir á
caer sobre el piano. Al pasar rápidamente sobre el teclado, arrancó notas que hicieron una
música extraña.
La joven, que daba la despedida á los últimos convidados, llegó corriendo y se echó a
reír fuertemente, llamando: «Mamá, mamá,
ven á ver el gato, y después: bichito, bichito,
Yen, ven.»
Y con cariño quit6 clti la mano del gato el
abanico de papel pintado.
El felino, cuando se sintió libre del estorbo,
se relami6 la mano con satisfacción y estor·
nudó.
:,a joven, que no cesaba de reír, revisaba el
abanico, y por curiosidad recomponía la pa-

No busques en mis versos
las frescas rosas y las siemprevivas
con que orlan los poetas
sus melodiosas liras.
No has de ballar en sus rAdes
topacios ni amatistas,
ni los bellos colores
que lanzan las facetas de los prismas.
Preso, no está en sus mallas
lo que deslumbra y brilla..
No hallarás en su fondo
esas radiosas tintas
que inundan todo el cielo
en pleno mediodía ..... .
Tú no p~edes saber cómo es mi musa.
De muy le¡os venida,
busca los tintes suaves,
arna I as cosas id as,
lo que entre el pol vo yace amortajado,
lo que se esconde en la pared derruída. ....
Tú no puedes saber. cómo es mi Musa..
No arriesga su barquilla
por los altivos mares:
desde la. playa mira
cómo al besar el cielo
á la extensión mal'ina,
se forma en lontananza
una azulada línea,
y cómo van rodando
las olas al impulso de la brisa.
Ya lo ves, no conoces ámi Musa.
Jamás ha osado ni escalar la cima
de las altas montañas
para ver desde arriba
cuál á sus pies se extienden
el bosque espeso y la gentil campiña
ni trepar por las rocas
'
que al abismo se inclinan,
para cazar el águila
que duerme entre las peñas escondida.

E

L primero de mano pr6ximo tomará posesión de su cargo, como Gobernador Constitucional de Jafüco, el Sr. Coronel D. Mi.
guel Ahumada, jefe en
la actualidad del Poder Ejecutivo de Chihuahua.
Las elecciones que
lo han llamf.do á la
Primera "i\fagistratura
de Jalisco, se verificaron el 28 de diciembre
último, y el voto en
favor del candidato
fué unánime. El Sr.
Ahumada estuvo en
Lagos ei día de la elección y fué objeto, durante sn permanencia
en esa ciudad, de entui;iastas demostraciones
de adhesión y de cariño. En Guadalajara,
población que visit6
después, sus amigos y
partidarios organizaron, asimismo, algunas manifestaciones en
honor del futuro gobernante.
Como Insaculados á
la administraci6n del
Sr. Ahumada, figurarán los Sres. he. l\fa.nuel Gómez y Luna,
Dr. Juan R. Za va.la y
Cor~mel Carlos Villegas, entre quienes, con.
forme á la C&lt;&gt;nstituci6n particular del Estado, elegirá la Legislatura al que debe
substituir al Gobernador en sus faltas absolutas 6 temporales.

la sombra de las cosas,
ó las cosas sin vida ....
Por eso aquí cn mis versos
no has de balla1· Jo que brilla:
que mi Musa no ha osado
engarzar deslumbrantes pedrerías!
¡Oh poetas! ¡oh bardos
que al cruzar por la vida,
vais dejando una estela
de sonoras y gratas a1•rnonías,
¡dajad para mis cantos
las notas indecisas
que en el pedal Jel eco
se quedaron dormidas!
¡Dejadme lo incoloro,
lo que apenas se mira,
lo que se desvanece
y presto en lontananza se disipa.
Dejad que a-quí en mis cantos,
con ternm·a infinita,
yo les diga en voz baja
á las mal'iposillas
sin alas, que los vientos
azotan : «¡pobrecitas!
venid! que son mis versos
urna de todas las tristezas mías ..
-sabed que nunca en ellos
guardo yo mi alegríavenid ! que son el nido
en que tengo escondidas
muchas cosas ya muertas,
y okas ¡ay! que agonizan .... l&gt;
¡Oh poetas sublimes
que pulsáis vuestra lira
corno di vinos magos,
con sin igual maestría:
¡cortad frescas guirnaldas
de rosas, y laurel y siempreviva,
y después que con ellas
coronéis vuestras frentes pensativas,
y después que embriagados
recojáis su perfume con delicia
para vaciarlo luego
en la copa del verso, cristalina,
¡dejad que yo recoja
de la floral orgía,
los pétalos caídos
y las flores holladas y marchitas! ..... .
MARIA ENRIQ:rJETA.

Tanto la elección del Sr. Coronel Ahumada
como la de !os Insaculados han sido recibidas
con aplausos por los'jalicienses.

SR. CO R ON EL M I GUEL A HUMA DA.

�Domingo 11 de Enero de 1903.

€

RA una mufieca preciosa. ¡Como que
se la había mandado á la futura marquesita de X, el día que tomó su primera comunión, su padrino el príncipe de"""*! ...
IJn príncipe ruso auténtico, quiero decir
con dinero, á quien después de haber pasado
en Biarritz su acostumbrada temporada veranie¡ta, tan próspera por cierto en las lides del
juego como en las de la galantería, se le ocu-

rrió venir ccá Yer Españan
y se detuvo cerca' de
";f ,
un año en la corte, donde bien pronto conquistó el campeonato de los salones por su figura arrogante y sus actos principescos, entre
101?-cuales no fué el paclrinazgo de la futura
marquesita ni el menos ostentoso ni e~ menos
comentado .. ... .
Cuando Rosita, que así se )Jamaba ésta,
cumplió con el precepto pascual, apresuróse á
manifestárselo á su padrino en cariñosa carta,
cuyo sobre costóle á la pobre reclamar el auxilio de la institutriíl, y hasta el de sus papás y
el del capellán de la casa, para que le ayudasen á distribuir todas las ccka:1» y las «efes)) correspondientes á un príncipe ruso; y aun así
y todo, resultó equivocado.
Lo cual no fué obstáculo para. que llegase á
su destino y recibiese como contestación la pequefia comunicante una muñeca digna de la
esplendidez y de la categoría del mandatario.
Era, según asegurab¡i, la tapa del estuche,
un modelo de los premiados en la última Exposición de París; un prodigio de juguetería
mecánica que cerraba los ojos, que lloraba, y
que reía, y decía «papá» y «mamá» y oha porción de cosas; que tenía, en fin, hasta un resorte para andar sola, llevímdola de la mano;
una verdadera nifia á la que no le faltaba más
que elalma ..... .
Casi tan alta como Rosita, de pelo rubio y
d~ ojos azules como ella, hasta en las facciones tenía cierta semejanza, por lo cual más
parecía su hermana que su muñeca.
En el palacio &lt;le la marquesa de X vino á
llenar el vacío de ccMimi», la hermanita de
Rosá, muerta recientemente, cuyo nombre y
-vestidos heredó, lo mismo que la cunita en
-que aquélla volara al cielo, y su asiento en la
mesa y en el carruaje, y la atención de todos,
incluso de los criados, algunos de los cuales
renegaban de ella vor «lo que daba que hacer»,
y hasta le tenían tirria.
Entre éstos figuraba, en primer término, el
lacayo, quien siempre que la subía al carruaje, tenía la mala suerte de oprimirla el resorte
del llanto, lo cual le costaba sendos regaños,

EL MUNDO ILUSTRA DO

pues el llanto mccúnico de la muñeca recordaba á los marqueses el de «su Mimii,, que lloraba también, indefectiblemente, en tales ocasionei::.
-Pero Juan, Je decía la marquesa, ¡cuidado que es usted brusco con las criaturas!
Y el buen Juan subía al rescante y Re consolaba con el cochero, á quien tampoco era
muy simpático el juguete.

con el rabillo del ojo hacia adentro y murmuraba: «¡Tú morirás 6 mis manos!i,
Pero Jo que más acrecentaba el odio de
Juan hacia la muñeca, era el ridículo que por
ella corría en todos los paseos.
Apenas se apeaban los señores en el Retiro
ó en la Castellana, le hacían llevarla de la mano como llevaba á la pobre «Mimi», que tampoco le era muy simpática por lo rabiosa y
antoja&lt;liza, y los chiquillos y las niñeras, y
hasta Ja¡¡ graves amas de cría, tan pronto se
apercibían del engaño, comenzaban á hacerle
burla y á decirle chirigotas ultrajantes para su
dignidarl de lacayo de easa grande.
Ya era célebre en el Retiro, donde ~e esperaban para diverlirRe como á los gigantones de
su tierra, y esto le ponía fuera de tino.
¡Cu{rnuis veceR apretaba frenético de ira la
mano de la muñeca, pretendiendo pulverizarla los huesos! Y como en ellas tenía, precisamente, el resorte del llanto, comenzaba á llorar con tal perfección, que el mismo Juan se
gozaba de su martirio creyéndole verdadero.
- Juan, no ser 1 bruto, le decía Rosita, que
la ha.ces daño.
Y la marquesa, por una extraña adaptación
psicológica, también se ponía hecha una furia y lanzaba sobre él todo el poderío de su
,eñorial estirpe. ¡Maldita muñeca! ¡Va á ser
mi perdición I murmuraba Juan para eu librea.

***

-¡Mira qué llamar criatura á ese trastajo!
murmuraba Juan. El mejor día le estrello
contra las piedras.
-Ten cuidado, le contestaba el cochero,
porque bien puede s'.lr que los tribunalrs de
justicia le consideren como tal, y vas á presidio por «infanticidia».
-¿A prisidio por una mufieca?
- Por m:1.tar á otras mu:ñecas con la c&lt;1.beza
y el corazón tan huecos como los de ésa, hay
muchos hombres perdidos para toda su vida.
Y Juan cerraba colérico los puños, miral,a

1

EL MUNDO ILUSTRADO

Aquel día se celebraba el santo de ccMimi,» y
como es natural, era la reina de la fiesta la
muñeca.
Los marqueses, buscando en esta mecánica
suplantación un consuelo, derramaban sobre
ella todas las graci::is de su paternal cariño,
hasta el punto de excitar la envidia de Rosita,
que ya participaba un poco de la mal!i. voluntad que el juguete causaba á la servidumbre.
Porque la primera doncella eRtaba hllrta de

rizarle los bucles, y el ayuda de cámara de
lustrarle los za patitos, y la segunda doncella
de repasarle los calcetines, que los rompía en
fuerza de andar como una persona, y especialmente el del pie izquierdo, y el mozo de comedor estaba harto de sentarla á la mesa y de
hacer que la servía, siempre que á Rosita ó á
los marqueses se les antojaba, porque también
se les antojaba á los marqueseP, sobre todo de
aquellos plato&amp; que más gustaban á la pobre
«Mimji,; y al ama que crió á ésta se la llevaban los demonios, porque veía en la suplantaci6n de la muñeca una profanación intolerable.
Y acaso estaba en lo cierto.
Ello es que se celebraba banquete familiar
en honor &lt;le la muñeca, y que los marqueses
llevaron su ridículo consuelo hasta vestirla de
primera comunión, porque aquel día la hubiese tomado ccMimi» si viviera, y á comprarle la cama grande que á ésta le habían prometido para dicha fecha, lo cual ya llegó á
colmar la envidia de Rosita, que hizo poco
menos que cuestión de confianza, después de
comer, la de acostarse eu ella.
Tal se puso, que la propia marquesa la
acompañó á la alcoba de la muñeca ó sea
la que C&lt;Mimi» ocupara en vida, y la dejó en
la cama nueva y reluciente, dándole un par
tle be3os y prometiendo coro prarle otra. igual
para acabar de contentarla.
Cuando la doncella subió para ccacostar á los
niños,1, frase con que se presentaba todas las
noches, la marquesa la ordenó que se retirara
porque ya estaban en la cama.

"

Ya era media noche, y todavía duraba abajo, en la cocina, la reunión de los criados, á
--q nieoes había llegado parte del familiar bauquete.
Juan había bebido un poco más de lo
111ucho que acostumbraba y estaba delicioso.
-Esta noche mato á la muñeca- exclamó
blandiendo el hacha de la cocina, con que se
partía la leña.
La idea fué recibida con · una salva de
.aplausos, prueba inequívoca de las pocas simvatías con que contaba el juguete.
En aquel momento ofrecía la cocina de los
marqueses de X el pintoresco cuadro de la
«Conjura» de ccHugonotes».
Hasta el ama de cría de «Mimi» blandía su
•cuchillo, pidiendo venganza ...
-¡Buen estreno de cama va á tener! -rugió Juan, desapareciendo con el hacha de la
cocina.
Los demás criados se quedaron mudos é
inmóviles, como deben ele qut:Llarse los cómplices de un crimen mientras éste se perpetra.
Al poco rato regresaba Juan, tambaleándo-se y con el semblante inundado de estúpida
alegría.
- Bebamos, compañeros - balbuceó llenando su vaso. -- Le he metido un hachazo
-en la cabeza, que de fijo le he hecho añicos
todos los resortes.
-Sangre! Sangrel-exclamó el cochero fijándose en el hacha.
Todos se sobrecogi.eron espantados.
-No hagáis caso- replicó Juan apurando
~u copa.- Hasta eangre tenía dentro? Lo que
inventan estos C&lt;franchutes!i,

'!,

A la mañana siguiente, una pareja de la
guardia civil se llevabaá Juan á la cárcel.
-Ya clecia yo que la muñeca iba á ser .mi
perdición!- ~e mía el lacayo con los ojos arrasados en lágrimas.
-Cuando yo te a~eguraba- repuso el co~~ero- que hay muchos hombrns en presi&lt;lto por matar á una muñeca!
EL SASTRE DEL CAMPILLO,

EXPOSICION

FABRE~

LADRONA.

Domingo 11 de En-ero de Ul01.

�EL ~1UNDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Enero de 1903.

El'.; :MUNDO ILUS'l'RADO

toncurso

para Edificios
Escolarts.

l

1·
~ -:¡

.

.

-

...

cretaría de Justicia é Irnitrucci6n pública. la
que á su vez los aprobó, indicando á su autor
algunas ligeras modificaciones de detalle.
Ambas Secretarías comisionaron al señor
arquitecto Mariscal para que procediera á hacer los dibujos de ejecución. E: señor Mariscal los ha terminado, y próximamente comenzará á dirigir la construcción de los edificios
mencionados.
Damos en esta plann las
fotografias de los cuatro
proyertos á que antes nos
referimos.

~~

7j ~
.
.
r
11
. . . ,. . . ...~~..,,...~- ---_- --

MINI ATURAS

1

l-

"GUADALUPE."
El domingo pasado fué puesto en escena
por la compaí?-ía del Teat~o !-Ii~lalgo el dra?1a
escrito por el Joven autor Jalisciense Marcelmo
Dávalos con el nombrede «Guadalupe.»
La obra ha sido objeto de elogios y censu. ras, pues mientras unos ven en ella un trabaio defectuoso en la forma y en el fondo, otros·

R. :M. RUBIO.

Escuela de niñas.

En septiembre del año de 1901,la Secretaría
de Comunicaciones y Obras Públicas invit6
á ocho arquitectos mexicanos á entrará un
concurso para la composici6n de edificios destinados á escuelas primarias, sujetándose á
un conjunto de bases pedag6gicas y arquitectónicas estudiadas previamente por una comisi6n técnica nombrada por el Supremo Gobierno, á fin de tener edificios modelos de todas las condiciones apetecibles en la presente
época, para la enseñanza de la juventud, de
los que se carecía en absoluto, pues las escuelas se han establecido en casas de alquiler en
las que se hacinaban niños en las peores condiciones higiénicas.
A cada arquitecto se encomendó la composición de cuatro edificios, y se procuró que
los terrenos en los que se debía
proyectar, fuesen también es-

D E COLORES.
Ilu!&lt;ión color de cielo
Que &lt;le mi alma á la puerta
Has detenido tu vuelo,
Entra, para ti está abierta,
llusión color de cielo.
Esperanza blanca, blanca,
Que desde tan lejos vienes,

nistas contemporáneos estén en contradicci6n.
Di()'o esto porque quizá habrá quien juzgue
"' la narración
'
falsn.
que se l eera' en ~egu!'d a, 1a
cüal tradujo un sabio sacerdote, _m1 amigo, de
un pergamino hallado ~n Palestma, y en el
que el caso estaba escnto en caracteres de la
lengua de Caldea.

***
Salomé, la perla del palacio de Herodes,
después de un paso lascivo, en el festín famoso donde bailó una danza al modo romano,
con música de harpas y crótalos, llenó de entusiasmo, de regocijo, &lt;le locura, al gran rey
y á la soberbia concurrencia. Un mai:cebo
principal arrojó á los pies de la serpentma y
fascinadora mujer una guirnalda de rosas frescas. Cayo Meni po, magistrado obeso, borracho y glotón, alzó su copa dorada y cincelada,
llena &lt;le vino, y la apuró de un solo sorbo.
Era una explosión de asombro y de alegría.
Entonces fné cuando el monarca concedió á
Salomé en premio de su triunfo, y á su ruego, la c~beza de Juan el Bautista. Y Jehová
soltó un relámpago de su cólera divina.
,
Una tradición asegura que la muerte de Salomé acaeció en un lago helado, donde los
hielos le cortaron el cuello.
No fué así, fué de esta manera:

***

Sr. Lic. Marce lino Dávalos .

Escuela de n iño::.

::;¡

geno. Para hacer que tal pexsona ejecute tal
acto, es suficiente hacerle
concebir tal opinión.
-La recompensa de haber
hecho un bien,
es el deseo de
hacer más. - DEMOGE0T.

*
La civilización
no ha de consistir en conocer las leyes de
la naturaleza y
violar las de la
justicia. ESTEBAN LAMY.

Escuela de niñas.

t udiados por otros concurrentes, y así obtener vari'os proyectos de distintos autores pa•
ra cada localidad.
En enero se reuni6 el jurado calificador para examinar los proyectos pre'!entados, y fué
compuesto por los señores arquitectos Don
Antonio Rivas l\Iercado, Don Ramón Ibarrola
y Don Guillermo de Heredia, ·el señor Ingeniero Don Isidro Díaz Lombardo como representante de la Secreta!i'a de Hacienda, y el
seño'l: Dr. Don Luis E. Rufa como director
general, entonces,.. de ~a in~trucción primaria.
.
·
Después de un laborioso estudio, acord6 por
unanímida&lt;l se premiase en primer término
los cuatro proyectos del señor arquitecto Don
Nicolás Mariscal.
Los proyectos premiados pasaron á lá Se- -

Tu esplendorosa veste Cte jacinto
puso en el bosque su temblor de aurora,.
y fuistes, oh mi virgen soñadora!,
¡Sacerdotisa del misterio exti,,tol. ....
Fuimos por el boscoso laberinto
unidos por los labios, á la hora
del amor, y tu veste de jacinto
nos envol\'iÓ con su temblor de aurora.
¡Y llegas tes á mí. corno una aurora!
¡Sacerdotisa del misterio extinto! ....
i Del infinito amor era la hora!. ...
¡Y tu e¡;p]énd ida vefite d e jacinto
Nos envolvió con su temblor de auroral..

Para teñir de rojo los
bue.sos de uu animal vivo
no s.e necesita arrancárselos violentamente¡ hasta
alimentar al animal con
ciertas sustancias coloradas, como la rubia. Para
elevar un aerostato, no es
preciso echarlo hacia arriba por medio de
un cable¡ basta
llenarlo de hidró-

••
l 11

*
La vii tud, como el cuervo, anida gustosa
en las ruinas. -ANATOLIO FRANCE. ·

Domingo 11 de EMro de 19Q3.

BOBI):fJL

Pasa, la entrada está franca.
¿Por qué, por qué te detienes
Esperanza blanca, blanca?
Ensueño color de rosa
Que mil besos has dejado
Sobre mi frente ardorosa,
No te apartes de mi lado,
Ensueño color de rosa.
Amor-crepúsculo rojo
De mis tardes estivalesMi alma descorrió el cerrrojo;
Dale de tu luz raudales,
Amor-crepúsculo rojo.
Nube negra, nube negra
Que anuncias la tempestad
Si mi corazón se alegra,
'
No tiendas tu obscuridad
En mi cielo, nube negra.

la consideran como una producción digna de
a plauso y abundante en pasajes y galas que le
dan importancia y la embellecen.
.
El sefior Dávalos, que ya en otra ocasi6n
&lt;lió pruebas de talento ofreciendo al público,
como primicias, su drama« El Ultimo Cuadro,"
fué ovacion ado durante la representación y
recibió algunas felicitaciones.

PALIMPSESTOS.
LA

MUERTE DE SALOMÉ

La historia á veces no está. en lo cierto. La
leyenda, en ocasiones, es v.erdadera, y las hadas mismas confiesan, en sus intimidades con
algunos poetas, que mucho hay .falseado en
todo lo q!le se refiere á l\lah, á Titania, á Brocelianda, á las sobrenaturales y avasalladoras
beldades. En cuanto á las cosas y sucesos de
antiguos tiempos, acontece que dos ó más ero-

· Después que hubo pasado el festín, sintió
cansancio la princesa encantadora y cruel. Dirigióse á sn al coba donde estaba su lecho, un
gran lecho de marfil, que sostenían sobre sus
lomos cuatro leones de p lata. Dos negras de
Etiopía, jóvenes y risueñas, le desciñeron su
ropaje, y, toda desnuda, saltó Salomé al lugar
del reposo y quedó, blanca y mágicamente
esplendorosa, sobre una tela de púrpura, que
hacfa resaltar la cándida v rosada a rmonía de
sus formas.
·
Sonriente, y mientras sentía un blando soplo de fiabeles, contemplaba, no lejos de ella,
la cabeza pálida ele Juan, que en un plato áureo estaba colocada sobre un trípode. De pronto, sufriendo extraña sofocacifo,, ordenó que
se le quitaran las ajorcas y brazaletes de los
tobillo;; y de los brazos. Fué obed~cida. Llevaba al cuello, {t guisa &lt;le collar, una serpiente de oro, símbolo del tiempo, y cuyos ojos
eran dos rubíes sangrientos y brillantes, Era
su joya fayorita, regalo de un pr~tor, que la
había adquirido de un artífice romano.
Al querérsela arrancar, experimentó Salomé un súbito terror; la víbora se agitaba, co?1º si estuviera vfra, sobre la piel, y, á cada
rnstante apretaba más y más su fino anillo
construído de escamas de metal. Las esclavas
espantadas, inmóviles, semejaban estatuas d~
· piedra. Repentinamente lanzaron ur. grito: la
cabeza trágica de Salomé, la regia danzarina
rodó del lecho hasta los pies del t rípode, don:

Obstsión.
Y Benjamín, el escultor, me dijo:
«No, no tocaré más estos cinceles,
Porque una idea. un pensamiento fijo,
Persigui éndome va con dudas crueles.»
«He visto á mi adorada en el instante
De abandonar el baño presurosa,
Luciendo la blancura deslumbrante
Del frágil cuerpo en desnudez gloriosa;"
,,y desde entonces ¡ay! en honda cuita.
Se pregunta mi mente obsesio!iada,
Si la carne es un mármol que palpita,
O si el mármol es carne congelada!»

Plañidtro.
No sé qué bella melancolía
Tiene la tarde con sus nublados¡
Menuda lluvia p.or los tejados
Baja entonando triste alEgría.
El viento silba y entre los prados
Gotitas cuelga la 11 ·: via fría .... ,
No sé qué· bella melancolía
Tiene la tarde con sus nublados.
Besan mi rostro soplos helados,

Y contemplando morir el día,
Recuerdo dichas, goces pasados,

Y siente mi alma con los nublados
No sé qué bella melancolía.
LUIS CASTILW.

Cog ida de "Segurita" en la Plaza México.
Fot . lnst. de "El Imparcial."

ta música.
·Dulce como la voz de la Serpiente,
Se eleva. entre el follaje rumoroso
De la Gama, y el beso voluptuoso
Despierta y la acaricia delincuente.

Iris &lt;le vivos colores
Que presagias la bonanza,
Luce siempre en mis- amores,
En mi sueño y mi esperanza
Iris de vi vos colores.
'
l\IARÍA. C.

de estaba, triste y lívida, la del precursor de
Jesús· y al lado del cuerpo, desnudo, en el
lecho 'de marfil, sobre la púrpura, qued'o enroscada la serpiente de oro.
RUBÉN DARÍ0.

Los restirados nervios, suavemente
Excita con su ritmovagaroso,
Y gime femen!! como el lloroso
Oboe cristalino de la fuente.

DE KATTENGELL.

t

Arrnlla en las cadencias sugestivas
El reclamo sensual de las lascivas
Tórtolas de cabezas tomasoles,

Y escucha sus murmullos el oído
Vagos y misteriosos, como el ruido'
Del mar en los rosados caracoles.
EFREN REBOLLEDO.
Escuela d€ niiios.
E L A RT E C RI ST IAN O E N MEXl ,:;O.-Altar mayor del temp lo de T axco (Gue.)

�Domingo 11 de Enero d~ 1903.
AN vuelto ya, con la primavera, las hermosas fresas rojas¡ aparecían primero tímidamente en los pequeño¡; tiestos, recostadas sobre las verdes hojas; pero hoy llegan,
apretadas las unas contra
las otras¡ en las canastillas de los vendedores nos aguardan, á nosotros los rimadores,
más ricos de alejandrinos que de monedas de
oro, á aquellos que ¡,refieren las sonrisas de
las muj~ffes á todos los
billetes del Banco de
Francia.

11

Yo iba á cumplirlos
dieciocho años; mRs
corno había crecido de
manera tan rápida, fuí
enviado al campo, á la
casa de mi tía Micaela, que contaba pocos
años más que yo. Hermosa y mucho era mí
tía, y de ello me di
cuenta en el momento¡
mas como se encontrara casada con un
hermano de mi madre,
no osaba yo ni siquiera
mir11rla de frente. y me
hubiera dejado hacer aí11cos antes-que confesar la delicia que experimentaba al contemplar sus pequeños dientes blancos, su sonrisa,
que profundizaba los hoyuelos de sus mejillas;
sus ojos obfcuros y aterciopelados, y,sobre todo, sus labios, labios apetitosos, rojos, inci
tantes como las fresas ~ ue bordaban las extensas avenidas.
Cuando digo que los labios de mi tía Micae-

la eran rojos como las fresas de su jardín, no
hago más que servirme de una metáfora, pues
que apenas las fresas asomaban á flor de tierra, pálidas y friolentas aún, cuando nosotros
íbamos, sin faltar un solo día, á tomar nota
de su desarrollo, sin que hubiese habido todavía manera de cortar una sola. Sin embargo, Dios sabe cuánto deseaba yo ofrecer una á
mi tía l\Iicaela.

EL MUNDO ILUSTRADO

Huía el invierno; la primavera asomaba
_ya, exhalando su amoroso aliento, hac\endo
asomar los retoños en los árboles, cubiertos
aún de ese moho que prece&lt;le á la verdura, y
los caracoles, también ellos, toma han parte en
los preparati vos, dejando grandes surcos de
plata en las avenidas, húmedas todavía del
hielo y de las lloviznas.

***

Una mañana una radiosa mañana, había yo

aban&lt;lonado el lecho desde el alba; el sol era
ardiente como en el mes de junio; en ~l polvo
luminoso, los dorados insectos revoloteabart
zumbando inc~antemente; en los troncos estallaban los renuevos; el amhiente hallábase
impregnado del perfume de la tierra, próxima á dar á luz sus maravillosas concepciones;
el cielo, de un azul pálido, dejaba ver, á través de los árboles, ligeras brumas que seme•
jaban los pliegues de un velo de
desposada.
Mi corazón palpitaba fuertemente, cual si hubiera hallado
ocasión de contemplar un raro espectáculo, y permanecía yo inmóvil. absorto en una deliciosa contemplación.
De pronto, mis ojos se abrieron cuan grandes eran, y apenas
pude contener un grito de alegrín:
acabaha de descubrir en medio
de los sembrados una gran fresa
completamente madura, que resplandecía como un rubí entre el
follaje.
-Qué felicidad! -exclamé,)' cuán ale-gre se va á poner mi
tía Micaelal
En aquel momenio escuché,no
lejos de mí, una voz que cantaba
una vieja canción de amor; la
voz era límpida y brillante, y al
sitio &lt;le donde partía encaminérrie al pnnto.
En aquel sitio un riachuelo
deslizábase tranquilamente¡ el
sol fingía mil ondas de plata
¡:;obre sus cristale&gt;&lt;; Ít la orilla
un sauce humedecía sus ramas
adormecidas, y bajo él, mi tía
Micaela cantaba, sumergien&lt;lo los
pies desnudos en el arroyuelo.
Sus medias y sus pequeñas zapatillas &lt;lescansaban sobre la yerba húmeda; estaba vestida con
un peinador verde pálido, y cantaba distraída, siguiendo el movimiento del agua, que semejaba pugnar por llevarse consigo
aquellos maravillosos pie~ blanco¡:;.
-Tía!-exclamé lleno de gozo,-tía, una fresa madura!
-Muy bien; ven á dármela-contestó ella
riendo.
Y como yo permaneciera indeciso, añadió:
-Cógela con los dientes, bobo, y levántate el pantalón.
Seguí el consejo, atravesé el arroyuelo, llegvé cerca de ella, y adelantando mis labios,
la ofrecí el fruto recién cortado.
Ella reía aún, mirándome con sus hermo-

Domingo 11 de Enero de 1903.

EL .MUNDO I LUSTRADO

sos ojos color de avellana; yo veía aquellns
largas pestnñas, aquellos rizos obscuros esparci&lt;lus sobre su frente, sus mejillas te1 sa,,
y sobre todo, ~.us dos labios rojos, entre los
c~iales brillaban los dientes como húmedas
perlae.
Tomó delicadamente la fresa de rni boca,
con el delicioso gesto de una cabra que ramonea en el prado, y entonces nuestros labios seencontraron, permaneciendo unidos no sé
cu:into tiempo ........ .
Algunos gritos de
llamada resonaron no
lejos de nof:otros; era el
marido &lt;le Micaela, el
mismo hermano de mi
madre, que llamaba
á su esposa.
Como nos hallábamos ocultos por _una
revuelta del camrno,
me dijo ella t:11 voz baja, ríípidamente.
-Calla¡ es preciso
que no nos enc·uentre.
Me precipité en pos
de mi tía, que había.
corrido á . ponerse lns
medias rápidamente;
pero como lo hizo con
demasiado apresuramiento, una de las medias desgarróse; entonces, impaciente, calzada á medias y siempre
seguida por su sobrino, que había perdido la
cabeza, huyó hacia una barraca destinada á
encerrar los útiles de jardinería.
Empuj6 la puerta. y penetró. volviéndose
hacía mí y dejándome ver sus mejillas encendidas y sus ojos, en los que brillaba. un fulg01·
extraño. .Tan bella y provocativa.estaba, que
me detuve en el dintel, tendiendo á. ella mis
brazos. ·
-Cierra en seguida-díjome en voz baja;aquí nadie podrá encontrarnos.
Pero, de pronto, pasó por mi cabeza y pormi corazón una cosa extraña: oía yo á lo lejos una amable voz que pronunciaba mi nombre; un s,mtimiento de horror conmovió todo
mi ser, y, como un buen muchacho que era
yo, huí i,in vol ver el rostro y fuí á encerrarme tn mi cuarto, en donde me puse á llorar
copiosamente.
He aqui por qué, hoy que he envejecido,
la llegada de las fresas hace palpitar acelerndamente mi corazón; he aquí por qué las.
amo cuando aparecen en las plantaciones,
recostadas sobre el verde follaje, y, más tarde,
en las cmmstillas de los vende&lt;lores. Y las.
compro ce.ando llegan hasta mí, yo, un rimador más rico de ah•janclrinos que de monedas.
de oro, y que prefiere la sonrii,a de una mujer i. todos los billetes del Banco ele Francia.
JUANA 1'H1LDA.

mmonartos tbinos en mé~tco.
Hace algunos días se encuentran de pa!'-O•
en la Capital dos acaudalados capitalistas chinos que, como jefes de una Compañía domiciliada en Hongkong, se 1,roponen establecer·
un ~ervicio directo &lt;le vapores entre el puerto
referido y las costas mexicanas del Pacífico.
Eng Hok Tong, Presidente de la Empresa,)"
~ung, Kam 'Ming, Vicepresidente, han recogido a este respecto importantes dat~s relatiYos al comercio y la industria del paí~,
y pronto establecerán el servicio de navegación mencionado. Según parece, los capitalil-'tas tratan, también, de organizar una compañía para la inmigración.
Es muy probable que el puerto escogido como terminal del servicio de vapores sea el &lt;le
l\1anzanillo, pues aparte ele que las 'obras queactualmente se llevan ácabo 011 él favorecerán
grandemente el tráfico, no está re~oto el día
en que su comunicación con los mercados del
interior sea uh hecho, debido á la rapidez:
con que el Central mexicano prolonga sus Jí-.
neas. rumbo á la costa

-Crees que hago también el
amor á las rosas?
-Vaya! yá cuantas flores rn
usted; yo creo que toda~ nacen
blancas, pero usted es qmen pone
ú la mayor parte de ellas ...... de
mil colores.
-Celosilla!
-Celosa yo?
-Entonces no me amas.
-Que no le amo á usted? Ingrato! Para qué habré pedido á la,
Aurora que me trajera esta mañana las más hermosas perlas deOriente, sino para engalanarme y
aparecer más bella á los ojos de
usted? Para qué habré pedido á la
lluvia de anoche que llenara. ese
hoyito de líquido criRtal, sino para ver en tal espejillo si mi hermosura era digna del amor del
Sol?
-Y para qué pides al Céfiro
que apart6 constantemente tu
brillante corola de mis labios, sino para probarme que es falRo
tu cariño?
-Todas las cosas cread.as le
aman á usted, oh Sol!
-Pero una más que todas .....
- Cuá1?
-LaXieve.
-La Nieve enamorada del sol?
Ella, que es la misma frialdad!
·-Sí, la Nieve, que es la primera en «derretirse» por mí.

ESPADA HISTÓRICA.
Publicamos hoy · un grabado
que repr~enta la espada que como un ol'&gt;Requio del primer Ministro de Inglaterra en México,
Mr. Ríchard, recibió D. Guadalupe Victoria, Primer Presidente ele
la República.
La espada, que conserva en su
poder el Sr. Francisco ·de Garay
y J ustiniani, es una primorosa
obra de arte.

LAS ENAMORADAS DEL SOL.

g

N rayo de sol deslizóse como una culebra de luz
entre las verdes frondas del
parque y fué á acariciar la coro-·
la de una Azucena, en cuyos
blancos pétalos brillaba aún la pedrería del rocío.
-Buenos días, hermosa- dijo el rayo, intentando depositar
un áureo beso en el seno inmacula&lt;lo de la flor.
-No Eca usted loco- exclamó ésta-, haciéndose vivamente
á un lado y tratando de esquivar
el beso, con ayuda del Cefirillo
que está siempre alerta y dispues~
to á volar en defensa de las virtudes atropelladas.
-Loco porque te amo?
-Porque así no se dan los buenos días á las flores honradas, y
ya debe usted saber que á mí me han tomado
por símbolo de la pureza.
-Perdona, hija¡ no pude resistirá los impulsos del amor que me abrasa.
---Pues está
muy mal hecho ... oh! vaya!
muy mal hecho! Que besara usted así á
esas locas de
Campanillas azules, que se dejan cortejar por
cuan to bicho
viviente anda
por esos trigos
de Dios, santo
y bueno; pero
atreverse á una flor delicada y pura como
yo!. ..... Ah! por qué no habré nacido rosa?

Leung

Kam Ming.-Eng Hok Tong.

-Rosa?
-Sí; porque mis pétalos de nieve no pueden encenderse jamás á los besos del Sol, como las rosas; y m,a flor que recibe tales:cari0

CASIMIRO PRIETO.

El poeta oye los susurros de la semilla q;e
trabaja debajo ele la tierra; el filósofo oye los.
de la germinación de las ideas en el pueblo. A.

GREARD.

*

**
La gratitud
es:
como aquel licor
de Oriente que
sólo se conserva
en jarros de oro;.
perfuma las almas grandes y
se agria en las.
pequeñas. ....._ JuLIO SANDEAU.

*

Espada de D. Guadalu¡::e Victoria.

cias sin ruborizarse, da una idea muy mala de
su pudor é inocencia.

*
La *desgracia
puede debilitar
.
la confianza, pero no debe quebrantar la convicción. CARLos-·
DE REMUSAT.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADn

Domingo 11 de Enero de 1903.

Domingo 11 de Enero de 1903.

e

LA INSTITUTRIZ.
Novela por Ester de Suze.-llustración de Simont.
Traducció n de ··Et Mundo llu5 trado•·

(CoNTINÚA, )

V
Llegó la época de los exáme11es, y después mis comparíeras empezaron (\ marcharse una tras otra, á medida que llegaban sus noffibramientos. Sólo el mío tardaba, á pesar de los esfuerzos del Sr.
Cairol.
Entonces los días me parecían larguísimos. El dolor r.ausado por
la muerte de mis padres, había acabado por calm::i,rse un ,poco; y de
ya no llorar ni desear-porque nad3: deseaba!-m~ c~razon. se cansaba de vivir. Habría yo deseado morir, como por mstmto cierra uno
los ojos cuando está en medio de las tiniebla~. , .
.
.
Este deseo me asaltaba por las noches, sm lagnmas, sm sufrimientos. Mi cerebro pensaba, pensaba. como. a~tes del sue~o; des-pués en lugar de sueño me venia un entorpec1m1ento extra.no. ....... .
A él'me abandonaba, y habría deseado morir... .. .
.
Sin embargo, durante el día estaba Y? tranqmla_y reco~raba m1
actividad siguiendo d6cilmente los conseJOS de la senora Ca1rol, que
me iniciaba en los secretos de la vida doméstica y me enseñaba algo
de cocina, de costura, y me daba consejos útiles I?ara mil y mil ca~os.
Era yo bastante hábil, excepto en costura. Un día, la señora Cauol
me dijo:
-Bah! Usted es mujer ya, y el arte de la costura le vendrá por
sí solo.
· h b.
·d
Estas palabras me hicieron estremecer, como s1 u 1esen s1 o un
resplandor de vida que viniera á disipar mis enfermizas tristezas de
antes. Era yo mujer! Es decir, capaz de llegar-~ ser esposa, madre;
aguardar algo, por fh~ .. .... Ah!, un bogar, un h1Jo, un esposo.. .... toda una vida que surgiera de m1, rorleáh&lt;lome de amor, a mí que me
creía ligada s6lo á dos sepulcros ..... Ah! el momento en que eso sucediera en que un ser humilde, pero noble, viniese á tom:\rme de la
mano á decirme: &lt;&lt;Heme aquí. Yo soy el que te estaba destinado ti&gt; .••
.. .... ¿Aceptaría yo? ¿La huérfana de la víspera se atrevería. á despojarse del luto, para lanzarse entre gasas blancas y flores,. hacia el porvenir? ¿O tendría yo el valor~ de rehusar? ¿!&gt;-e:1so la vida no es tan
imperio~a como la muerte? No se puede res1st1r á la muerte cuando

y

llama; ¿se podría resistir á la corriente, cuando pasa el torbellino de
la vida?
Y esa corriente, ese deslizamiento en el río de la vida, debe de se1
inefablemente bueno, puesto que en la naturale~a nada hay detestable. Y sonreía, inundada de ensueños y de lágrimas dulces, al abrazar por úitima vez las tumbas de mis amados padres ......... al fin había llegado mi nombramiento. Iba yo á partir y estaba bien arm1i.da.
de valor; bendecía á mis muertos queri&lt;los, les pedía perd6n por mis
vacilaciones de la víspera......... Sí, por fin aceptaba la vida, y ahora estaba convencida de que la vida me sería buena.
En ese momento, el crepúsculo caía suavemente sobre las tumbas erizadas de cruces. Me pareció que papá y mamá me tomaban de
la mano y me impulsaban sua\·emente, y me levanté, como siguiendo sus sombras, que murmuraron ú mi oído:
-Ve, amada nuestra; no ha llegado la hora de que vengas á
quedar entre estas tumbas. Ye, juiciosa y confiada, y vive...... IIas
acertado: la vida es tan imperiosa como la muerte!. .. . ..
Y salí de allí. Y en los momentos de la partida., tuve más energía que mis buenos amigos, que parecían agobiados. Cuando me arrodillé para bendecirlos en el dintel de su hospitalaria casa, vinieron á
levantarme y me miraron al fondo de los ojos. Mi rostro debe de haber estado radiante.
-Tiene usted algo, :María Teresa. ¿Es una tristeza? ¿Es una esperanza? ¿Qué es, niña?
Era el deseo de vivir una vida juiciosa y sencilla, pero ((plena» ...
Era la. confianza de que esa plenitud, ~iendo una deuda para conmigo, me sería otorgada.

El cielo densamente nublado; copos de nieve caían sin prisa,
seguros de seguir cayendo durante muchos días aún, sobre esa región
inclemente. A la derecha., saliendo de la estaci6n, la ciudad, que se
adivinaba pequeña, y sin embargo, amplia, silenciosa como una catedral, en esa hora. de bruma y de nieve. A la izquierda, un camino
que se diría muy corto, limitado por la. masa de las abruptas monta-

fias que le cerraran el paso; y que, no obstante, corre y se prolonga co ·
mo un laberinto entre esas montañas: tal se me present6 Embrún, la
an tigua ciudad de los arzobispos.
Era una tarde de los comienzos de enero; apenas habían dado las
seis, y ya era de 11oche. Mi nombra.miento era para Chavoux, que
está Í\ media hora de la ciuda,l. Habría podido llegar hasta allí en
ferrocarril· pero por equivocaci6n me bajé del tren una estaci6n
antes. No'habfa que pensar en aguardar por cinco 6 seis horas la llegada de otro tren; tampoco había coche ú 6mnibus en que hacer el
camino.
-¿Ye usted este camino? me dijo el jefe de estaci6n. Pu~s no
hay más que seguirlo: va á Chavoux; pero está largo, sobre touo en
este tiempo ...... A menos que encuentre usted una carreta que la lleve ...... En fin, no sé qué consejo darla.
En efecto, el buen hombre parecía estar perplejo.
Los empleados que pasaban, alzaban su linterna para verme el
rostro, sin miramiento alguno.
-La nueva institutriz de Chavoux? Respondí afirm'\tivamente,
y todos me mostraron cierto respeto vulgar. Por fin, alguien me dijo:
-Trate usted de comenzar el camino. Quizá encuentre usted
u na carreta.
:Xo vacilé ya. ~Ii corazón e,-taba oprimido ante tamaña indiferencia. Salí de la estaci(m, para estar sola, para sentir la brisa ........ .
Oh! ese camino! no ~é cúmo devoré una parte de él. No me detuve
hasta llegar á un pequeño puente bajo el cual dormía un riachuelo
congelado. Y me puse de codos sobre el pasamano y me eché (i llorar...... .
Me sentía mal ; mis piernas se negaban á sostenerme. Con l o 11
últimos copos de nieve, e~casos ya, se había desatado un frío seco,
sin ruido, sin la palpitación de ninguna rMag¡i.; un frío hecho de silencio y &lt;le espacio vacío como mi alma. Lloré. Oh mis locas esperanzas ele una hora de lo,)ura! Qué sola, qué abandonada estaba! ¿A
dónde iba yo·? ¿.Qué habría al término del camino'? ¿Quién me recibiría. allí? ¿Qué país era é,;e, de hielo y de tinieblas, que no tenía ni
una sola dulzura para la pobre institutriz venida de tan lejos para
traer á las niñas su cerebro y su corazón?
¡Qué soledad! Jí~n la estación na&lt;lie había tenido para mí· una
sonrisa; nadie se había ofrecido ú buscarme una carreta que me llevase á mi destino! Se me había deja&lt;lo sin compasi6n marchar por
ese camino frío y negro, entre las espantosas escabrosidades de las
montañas .... .... .
Y, salida de esa preocupación, pensé de nuevo en seguir mi marcha y alcé el rostro para mirar esas montañas que me causaban miedo ...... Y quedé maravillada y hube de retroceder algunos pasos,
para abarcar todo el panorama que aparecía ante mis ojos..... Era el
paisaje feérico de los Alpes, cubiertos de nieve, en una noche estrellada. En el cielo, casi enteramente despejado, brillaban rnillareR,
millones de astros. 1Ie sentía encantada por la limpidez de la nieve
á la luz sideral; por la majestad de las montañas bajo el prodigio de
esa nieve, en la que las aristas bruscas, dei:;nudas por el escurrimiento de la nieYe, resaltaban de trecho en trecho. No eran montañas;
eran reyes de armiño, silencioso~, contemplando sus:dominios, 4ue se
extendían á sus pies.
A ?lis pies se extendía la. campiña, como la gigantesca página
de un hbro, hecha de blancuras apacibles y de negruras rebeldes. Se
erguían en ella las rnmas sin hojas, todo el ejército de un bosque en
lucha con las tempestades recientes· las ramas torcidas)' tan secas
, .d
,
'
tan ng1 as, que no habían conservado un solo copo de nieve.
, La.temp~stad había pasado y, entre la nieve, las ramas perman~cian ~nmov1les. Aquello era hermosísimo. )li a.liento, al salir de
mis labios, se convertía en un va.por visible y tenue, como el humillo de un pebetero. l\Ii corazón se tranquilizó. La luna acababa de sali~ y a~cendía lentamente al infinito, encima de un campanario prendido entre la nieve. Y mi alma se elevó también á las altmas.
, Continué mi camino, como sostenida por nuevos impulsos. No
habian dado las once, cuando llegué á la hostería de la aldea, que
reposaba:"
VII
Al día siguiente muy temprano, bajé de mi recámara hasta la
puerta de la hostería.
. Una c_alle larga, .limitada por casuchas bajas, como acurrucadas
baJo los teJados; mugidos de vacaR; puertas cha.parras, entrecubiertas, de donde salían emanaciones de estercolero· el piar de las aves
de corral, que caúlinaban á sal titos entre los sur~os de nieve· en los
pu~nt~R, uno que otro campesino, ron traje grueso, me mü'.aba con
cunos1da.d ...A~í se me present6 la. aldea, dulce como una imagen-como un merl.10 para alcanzar la dicha, y no como un fin-incapaz de
respo~der &lt;:~n un ~olo, latido á la simpatía que yo pudiese mostrarle.
.
Una. chicuela alma una barrera, llamaba á las gallinas y les arroJaba pufiados ,de grano.
Poco mús leJ·os ' saltaba un chorro de la bo,
ca d e un d ragon a una fuente tosca de piedra, en torno de la cual, un
grupo de muchachos murmuraban y me veían de reojo.
En el fondo, las montañas que la vfapera me habían maravillado, me cautivaban aún, blancas de nieve coronadas de nubes en actitud de guardias colosos, protectores del 'nido, que era la alde~.
Aquí era donde iba ro :í. viYir. ¿Por qué no había de ser dichosa? ¿Qué era lo que me faltaba, que mis ojos buscaban en los ojos de

los muchachos, en el hueco de las puertas que se entreabrí:u1, 6 entre
los pliegues de las montañas?.... .. Todo lo que me rodeaba e,ra hermoso y bueno y tranquilo y puro. Así pensaba yo; pero haurrn querido ~lgo más que pensarlo: ()e~irlo! A quit:n'? Esos muchachos, a~n
cuando llegasen á serm.e familiares, me compre1,~;rfan?. Los aman~
si ellos sabían consegmrlo; pero ¿acaso habría umon poinble entre mi
alma y la de ellos?
"Pas6 un hombre ebrio, y unas mujeres le dirigieron bromas de
un lado á otro de la calle. Yo le miré. Lleg6 junto á mí, se detuvo,
me miró con los ojos soñolientoi;:, se pui-o la mano en el coraz6n ~• me
contó, con voz pastosa, que era yo hermosa y que me amaba. Después siguió su camino, tropezando ú. cada paso. Yo también estu\"e á
punto de caer, desconcertada por la vergüenza. El ebrio se alejó ..... .
pero las mujeres rieron y pensé que reían de mí, y esto me ca.usó
pena. Impresionable, como se es siempn, en situaciones difíciles,
exageré la intención de aquella ri!:'a, como la víi:pera había exagerado la indiferencia de los empleados de la estación.
En ese momento i::entí odio para todo el mundo, y de!'eé estar
sola cuanto antei-; en la casita que debía. ocupar...... P_isó una mujer.
-Señora, sírvase usted decirme: ¿dónde vive el alcalde?
-El señor Ra.ibert?
Con el extremo de su bordón, la vieja me señal6 una calle estrecha que subía.
-Allú, en una casa nueva. Voy allá á dar ·un encargo ú Phracia,
la sirvienta; si usted quiere, la acompafiaré.
-Es usted muy amable, señora!
La mujer era morena, de rostro pequeño, con ojos feroces de Yieja que ha visto mucho. CrE:Í oportuno trabar conversaci6n con ella.
- Usted es de aquí, ¿verdad, señora? Yo soy la nueva institutriz
y voy :í. presentúrmele al alcalde. No tiene usted alguna hijilla que
vaya á ser mi discípula?
-No!--respondió secamente-Yo no tengo hija; pero tendrá usted muchos discípulos. Por cierto que las mamás no saben que hacer
desde hace cinco 6 ,;eis días que se cerr6 la escuela, á causa de la.
muerte de la otra. Ah! aquélla era una. buena mujer! Era casi tan
vieja como yo; pero ésas son !'iempre mejores que las j6venes........ .
-Y al decir esto, la mujer parecía gruñir. Casi me di6 miedo
mirarla con su aspecto de encina derribada y sus pasos bruscos. Siguió hablando:
- Yea usted: las institutric'3s debían servir de ejemplo á las demás mucha~has. Pero son demasiado jóvenes y están muy ¡¡olas; no
saben lo que hacen ...... Decirme que era usted institutriz ......... Qué
bien! .. . ...... Yo lo había adivinado cuando la vi tan joven y tan bonita .... ..... Toda&amp; son iguales, la de San Andrés, la de Greoux, la de
Frene!' ... ..... .
Y me mostraba entre los montes las aldeas que se destacaban
de entre l:! bruma.
-Yen usted! Hay otras como usted allá, y más allá y más lejos.... ..... Todas son dignas de lástima.
pijo esto con firmeza.;_luego se d1;tuvo de~afiándome como pare.
ver s1 la contradecía ...... :t-;o me habna atrevido á ello. Esa mujer
me parecía loca ó inocente; pero me atemorizaba. Murmuré:
-Yo, señora, no deseo más que hacer lo mejor que pueda. En
verdad, no seré digna de lástima.
La vieja se calm6; me mir6 lentamente de pies á cabeza. y comprendí que en eRe examen sus miradas habían encontrado mi mano
muy blanca, m1 busto exuberante, y mis ojos de un azul sombrío en
que parecían fundidas todas las languideces del ensuefio.
Sin ser de belleza n~tabl~, al menos era yo joven, es decir, llena
de encanto. Era la flo.r, mev1tabl1;mente abierta á mis veinte años, y
que a.guardaba al elegido que debia cortarla ..... .Si no se presentaba
ese elegid~, ¿bajo qué ráfaga de decep&lt;'iones se deshojaría la flor?
¿A qué abismo me arrastraría el soplo implacable de la. soledad?
Leí en la frente plegada de la vieja esos pensamientos· pero creí
que no habría l}ega,do á ~xpresar,10. Permanecí serena b¡jo sus miradas. Se calmo mas y mas. ¿Que fuentes de pureza encontr6 en el
torrente tumultuoso que temía hallar en mí, como había hallado en
las otras?
Sus mi¡·adas s~ llenaron de piedad que me pareci6 grandiosa. Se
°:e ade!anto y ~ué a buscar E:n sus cabañas á las niñas á quienes babia, casi maldecido momentos antes, cuando su mano levantada parecia querer descorrer el velo de bruma que cubría los puntos que
me nombraba.
Murmur6 al fin:
-:Es. seguro que usted t~atar{\ de hacer lo mejor que pueda, pobre senonta. Las otras también querían lo mismo. .. ... No toda e8
culpa vuestra, no toda......
(CONTINUARÁ.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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FONDO RICARDO CO\/AfH,Ofi!,f.J

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�BIBLIOTECA UNIVERSl!AíllA
''ALFONSO REYES' •

J"\QNDO
ILUSTRAD
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Oº"ºº.

RICARDO

COVÁRR~~IA

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ANt X.--lf9'Q l ~UM. 1

ai.GA~OO:-iWARRUilAl»ou.

MEXICO, INERO 4 DE 1903.

Subscripcl dn mensual for4n••• $1-50
ld~m. lde11. ta la capital. $1.ZS

Cier ente: LUl6 R?Yf&amp; &amp;PINIIOU

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E LECTO OBL'lPO DE 1EHUANTEPE&lt;'.

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FONDO
RICARDO COVARAU81AS

�Domingo 4 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 4 de Enero de 1903.

EL :.\IUNDO ILUSTRADO

Por d Jlño nutoo....

,

y futuros de arrebol? ....... ..
¿Y entretienes los dolores
con tus vidrios ele colores
relucientes como el sol?
N afio nuevo ha roto el capullo misteBienvenidas sean tus mafia!':!
rioso del futuro. Esta vez se llama
Pero.... viejo, no me engañas
1003. Es el segundón del siglo XX,
con tus dichas de oropel,
....___.,._ _ pero como el primogénito ha
y bien f;é que tus prome!"as
muerto, he ahí &lt;1ue el segundón hereda el
son fingida11, como esas
mayorazgo de nuestras esperanzas y de nuesmariposas de papel. .....
tras i lusiones, que más tarde pasarán al terEf'ta es la manera de tratar á los vieJ0S
ciogénito y ...... así sucesivamente!
eternamente jóvenes. A veces, se les estimula
Pero, por lo pronto, el 1903 ha llegado;
el amor propio y suelen cumplir.)
apresurémonos á prrsentarle las armas, porSf, pues, bien venido. oh misterioso 1903!
que es merecedor de todo nuestro respeto: es
¿Qué nos traes, qué nos prometes? Ah sí
un año nuevo.
dices que todo lo deseado, todo lo soñado: to~
¡Un afio nuevo! ¡Qué palabra, qt1é concepdo lo grande y todo lo bueno ... Eso decían tus
to! Ciertamente, eso es sólo un convencionahermanos, y no cumplieron .. .
lismo, una cifra y nada más; sin embargo,
(rna vieja voz que mucho conocemos, pero
¡cuán ta influencia tiene sobre el alma humaque no sabemos en dónde la hemos escuchana, que tanto suele nutrirse de fantasías!
inte.rrumpe nuestra salut~ción y dice:
¿El afio n uevo? ... . ..... Ay!, como siempre,
·4Qué decís.. .. que no cumpheron? ¿Cononos parecerá tardío para traernos el bien que
céis acaso tocias las esperanzas que se realizaambicionamos, y nos parecerá el veloz )Iercuron, todos lo,; anhelos que se cumplieron torio pedialado cuando nos imparta contrariedos los deseos que trocáronse en hedhos
dades; vendrá salpicado ele la maldad de los
durante el reinado de los predecesores? ¿Es~
hombres y de los cataclismos de la naturaletáis, acaso, en todos los corazones y en todas
za; será lleno de tragedias y de lúgrimas, colas conciencias?,, -La voz calla, y nosotros
mo sus mil novecientoR &lt;los antecesores cononos vemos obligados á enmudecer y á pensar...
cidos y sus incontables desconocidos ...... EsPe1;? luego continúa nuestra salutación :)
to lo sabemos bien, estamos bien seguros de
Sm embargo, flamante año ele 1903, debes
ello: nos lo h'I. enseñado la dolorosa experienconfesar que no traes muy buena catadura·
cia de muchos siglos y de muchas generaciotus cifras suman trece, y ése es un númer~
nes....... ..
que, al decir ?e los, Nigromantes (¡que no
Y no obstante-¡cuán cándidos y cuán
fueran Ignacio RamHez, el de México!) eseternamente niiios somos los hombres!-no
tá henchido siempre de malos augurios!.'..
podemos menos de poner buena cara al afio
(La voz interrumpe: ¿ "Queréis que recon uevo, -01 recién nacido que aún no ha abierrr~mos la hist~ria ele los hombres y que exato bien los ojos, y de cuya mirada esperamos
mrnemos los b10nes que trajeron los afios que
la revelación de todos sus propósitos.
sumaron trece?" - Pero la pereza nos da vaParece ( es una ilusión, pero parece) que
lor, y no damos oídos á la interrupción.)
cada año nuevo deba ser un poquillo meSí, año de 1903, tienes razón, por doquiejor que los otros, que deba traer más sol y
ra se encuentra lo bueno y lo malo y muchas
menos tempestades; pal'ece que ha de traerveces las calamidacles que los hom'bres achanos algún regalo, alguna agradable sorpresa
c~n á los tiempos no son fruto de los tiempos,
que nuestra mente no acierta á adivinar, y
smo de los hombres. ¿Qué es lo que cambia
en el deRpertar del 1 ° de Enero, quién sabe
después de todo: los tiempos ó los hombres?
qué grata curiosidad nos invade.
He aq1;1í un problema curioso que la lírica no
Se aguarda, se desea, se espera ... ...... pero
ha sabido aún resolver, pues mientras Goe¿qué cosa?
the decía: "El tiempo es uno; la humanidad
Lo ignorado, ese ignorado que es la raz6n
varia", Lena~, el delicioso húngaro--wurtem~
secreta de la humana vida, la explicación de
tantas paciencias largas y penosas, de tantos , berguéf', pretendía que los hombres siempre
han _sido iguales y que no han hecho más que
espasmos morales soportados con resignaci6n.
refleJar el transcurso de los tiempos. ¿Quién
Se aguarda, se desea, se espera lo ignorado
.
'
de los dos habrá tenido razón? ...
que esta, en el porvemr.
.
Si eres tú filósofo, flamante 1903, tal vez
Esta ilusión es tonta sin eluda alguna y
puedas resolver el asunto. Pero no eres filóhará sonreír á los espíritus fuertes, á esos que
sof?, eres industrial por e_xcelencia, y un poquieren que el hot.i bre viva sólo de pan á
qmllo g~errero _por atav1$mo; mejor dicho,
esos que desprecian á las rosas porque no ;on
eres
un mdui:;trrnl-guerrero una especie de
útiles, cual solía decir el divino Theo GauFrif'derich Krupp ..,
'
tier ; pero los que ,,todavía,, soñamos un poco,
¿Qué
vas
á
traer
y
qué
,·as
á llevarte? Xo esá pesar de las duras reprimendas de la vida,
peraJ?l0S de ti mucho de trascendencia. Bajo
debemos amar, debemos adorar esa ilusi6n
tu remado no se derrumbará ningún sistema
como tantas otras que con el frufrú de sus
Rocial ni surgirá ningún sistema safvador· los
alas han rozado Jos ensueños de nuestra jufermentos seguirán canturreando durante' tus
ventud; debemos adorarla, como á las flores
doce meses, _como cantunea el agua h·irvienque se destacan ele la eterna verdura, como á
te en la barnga de la tetera; pero no serás tú
la nota que la alondra abandona ai aire inexel que entr~ espumas y humos hagas derrapresivo, como á todo aquello que es sencillo,
mar el líquido .... ..
suave, sereno y fragante.
¿O quién sabe? .... ..
Sé, pues, bienvenido, oh misterioso 19031
Sea lo que fuere. 1903, traigas lo que traje(Recibámosle con carifio, que tal vez de esa
res, puesto que hemos ele vivir en ti (y esS';1e_rte se anime {; cumplirnos alguna de las
ta esperanza sí creo que es universal!), te
vieJas promesas a que faltaron sus preclecesosaludamos y nos saludamos los unos álos
re~, que tal vez así se apiade de nosotros y nos
otros-los hombres deleznables y transitorios
br:nde con. un~ de las realidades que por cada
1 1
-Y. empunan(..o
,ª copa de champagne, nos'
rmllón de ilus10nes trae en su bagaje. Y si no
decimos
los
unos
a los otros, cual si fueras tú
queremos fingirle fe, cligámosle á su nuncio
un haz de esperanzas:
que somos ya gente corrida, que ya no no¡¡_
--¡Por el año nuevo!. .....
p~d;á sorprend~r pasándonos una gota de
m1et por l_~s labios, pero siempre saludémosOSC.\R HERZ.
le con carmo, q~1e, al fin y al cabo, es preciso querer á los tiempos en que se vive. Digámosle por ejemplo:

?.º•

Salve, salve, viejo Enero
que en· tu--alforja de embustero
traes juguetes á grane):
yo celebro tus engaños,
porque son para mis años
mariposas de papel. ... ... ..
¿Para tristes añoranzas
traes risueñas esperanzas

Palimpststos.
.,. __
F ebea.

f

EBEA es la pantera ele Xerón. Suavemente doméstica, como un enorn1e gato
real, se echa cerca del César neurótico
que la acarjc(a con su mnno delicada y vicio'•
sa &lt;le androgmo corrompido.
Bosteza y muestra flexible y húmeda lengua, entre la doble fila de sus· clientes finos y
blancos. Come came humana, y eRtá acostumbrada á ver á cada instante en la mansi6n del
siniestro semidiós de la Roma decadente tres
cosas rojas: la sangre, la púrpura y las ;osas.
Un día lleYa á su presencia Xerón á Leticia
rub~a. y joven virgen de una familia cristiana'.
Leticia tenía el más lindo rostro de quince
año~, las i:nás adorable~ !llanos_ rosadas y pequenas; OJOS de una divrna mll'ada azul· el
cuerpo de un ef~bo q_ue estuvi!)se para tr~nsformarse en muJer, digno de un triunfante coro de exámetros, en una metamorfosis del poeta Ovidio.
Nerón tuvo un capricho por aquella mujer:
d_eseó poseerla por medio de su arte, de su música y de su poesía. l\luda inconmoYible serena en su casta blancura, la doncella ;scuchó el canto de su formidable «impf:ráto1 ,,
qu~ se acompañaba con la lira, y cuando él
artista del trono, hubo concluido sus ,·ersos eróticos y bien rimados, según las reglas _de su ~aestro Séneca, advirtió que su
cautiv~,la vugen d~ s~ deseo caprichoso, permanecia muda y eandida como un lirio como una púdica vestal de 'mármol.
'
Entonces el César, lleno de despecho IJamó á Febea y le señaló la víctima de f:!~ venganza. La fuerte y 1,oberbia pantem llegó, esperezándos~, mostrando las uñas brillantes y
filosas, abnendo en un bostezo despacioso sus
ª1!chas fauces, moviendo la cola sedosa y rápida.
Y sucedió que dijo la bestia fiera:
-Oh Emperador admirable y potente! Tu
volun~ad es la d? un inmortal; tu aspecto se
asemeJa. al de Jupiter; tu frente está ceñida
con el laurel glorioso; pero permite que hoy
te baga s~ber dos cosas: qu_e nunca mis zarpas
se moveran contra una muJer que, como f;;ta,
derrama sus resplandores de estrella y que
tus versos, dáctilos y pirriquios, te h~u resultado detestables.

El Arbol del Rey David.

~ día-apenas había el viento del cielo
mflado en el mar infinitC, las velas de
oro del bajel de la aurora-David anciano, descendió por las gradas de su al~ázar
entre leones de mármol, sonriente, augusto'.
apoyado en el hombro de rosa de la sunamita, la rnbia Abisag, que,desde hacía tres noches, con su ciíndida y suprema virginidad
calentaba el lecho real del soberano poeta.
Sedoc, e~ sacer~ote q~ie se dirigía al templor
se pregunto: ¿á donde uá el amado señor?
~donía!-1, el ambicioso _arrogante, de lejos,
tras una arboleda, frunció el cefio al ver al
re-:r y á la niña,al frescor de la maliana, encarrnnarse á un campo cercano donde abundaban los lirios y las azucenas.
. Natán, profeta, que también los dí visó, inclmóse_ profundamente y bendijo á Jehová
exten_diendo los brazos de manera sacei:dotal.
Re1hí, Sem~í. y Banáis, hijo de Joiada. se
postraron y di¡eron: ¡Luz y paz al sagrado
pastor!
D~vid y A?isag penetraron á un soto que
hubiera podido $er un jardín, y en donde
se oían arrullos de palomas bajo los boscajes.

Ü

** *
Er3: la vic~oria de la primavera, y la tierra
y el c~~lo i;e J~ntaban en una dulce y luminosa umon. Arnba, el sol espléndido y triunfal·
ª?ajo, el despertamiento del mundo, la melo~
diosa fronda, el perfume, los himnos del bosq~1e, las ~lgaradas jocundas de los pájaros, la
diana universal, la gloriosa armonía de la naturaleza.
Abisag tenía la mirada fija en los ojos de su

señor. ¿~Ieditaba, quizá, en algún salmo el
omnipotente príncipe del arpa'?
Se detuvieron.
Luego, fuése David al fondo de una trémula gruta de verclores celegógicos, no lejana, y
retorn6 con una rama en la diestra. Y poseído
de temblor profético:
-Oh mi tierna sunamita! exclamó. Plantemos hoy, ha.jo la mirada del eterno Dios el
árbol del infinito bien 1 cuya flor será la 1'.osa
mística dol amol' inm ortai, al par que el lirio
de la pureza Yencedora y sublime. Nosotros
le sembramos; tú, la in rnaculada esposa del
profeta viejo; yo, el que triunfé de Goliat
con mi honda, de Saúl con mi melodía y de
la:muerle con tu juventud.
• Abisag le escuchaba como en un ensueño
como en un éxtasis amorosamente místico· )'
el resplandor del día naciente confundía' el
oro _de la cabellera de la virgen con la plata
copiosa y luenga de la barba blanca.

NOTA MILITAR.

JI

causa de la renuncia hecha por el seiior
General Bernardo Reyes, de la cartera
de G~1erra y Marina, se hizo cargo de
esa Secretana ele Estado, con el carácter de
Oficial :Mayor interir,o, el seiior General de
Brigada don Juan Villegmi, quien por algún

dades legales,· tom6, en días pasados, posesi6n
de su puesto.
Además, el señor Licenciado don Francisco
Pérez, que fungía como Magistrado del Tribuna_! Superi?r del Distrito, fué nombrado por el
seno!' Presidente de la República, Procurador
General del Ejército, en substituci6n del señor
Lice1;1ciado_don Eduardo Zárate, que pasa al
l'efendo Tnbunal con el mismo carácter que
en él tenía su substituto.

***
Por último, debemos hacer mención del ascenso del señor General de Brigada don Jesús
Alonso J.:'lores á General de División, ascenso
t!ue ha sido muy celebrado en los círculos milrtares.
La hoja de servicios del señor General Flores, está_ l~ena de notas brillantes por los bueno, servic1?s que ha prestado á la Rllpública.
El amentado jefe es oriundo de Guanajua-

SR. L IC. F RANCI S CO PE REZ, P rocu rador
General de l E jército.

SR. GRAL. JUAN VILLOOAS,

Sr·bsecretario de Guerra, interino.

Plantaron aquella rama, que había de ser un árbol frondoso y centenario.

tie~ po ;5irvió como Jefe del Depai t:tm1Jnto de
~rt1ll,ena del l\Iinisterio mencionarlo. El seno: General don Alejandro Pezo, que desempenaba .el emple~ que hoy ocupa el señor Yillegas, tu~ removido al ele Presidente del Tribunal Superior Militar, y previas las formali-

SR. GRAL. ALEJANDRO PEZO

r=-::=::::=~~-~11~~~~:=-:=-.._=-_-_-_
-_
-:._-_
-_-:.;..,. ,.-:-.,.
._-_-_-_-;_=-_-_- _--::-.;:-.:-.:::-.:-::-::=:-=:-P-re....,sidente
del Tribunal Superior 1\filitar.
t?, donde comenz6 su carrera miliJar_ como Subteniente de la Guardia
~acio1;1al de aquel Estado. Por orcl~n. ng~roso obtuvo sus ascensos
c~istin~méndose siempre por su inte'..
hgencia y valor á toda prueba
Concurrió á innumerables bata])
y en una de ellas fué hecho prüion:~
r? por el Ejército francés. Su bautrz~. de sangre_ ~o obtuvo con una.
lie1~l
ida que
en el pie d erech o.
_ recibió
G
, senor eneral Flores, por lo
dernas, ha desempefiado importante:; car~os y recibido honrosas condecoraciones que le han sido otorgaclas, tanto por el Gobierno Federal
como por los ele los Estados.

***
Tiempos desp~és, en días del Rey
He1odes,..el carpmtero José, hijo de
Jacob, htJO de Matán, hijo de Eleazar, hijo de Eliud, hijo de Akim
yendo un día al campo, cortó deÍ
árbol del santo rev lírico la vara que
floreció en el templo, cuando los desposorios con l\faría1 lu estrella la
perla de Dios, la m adre de Jesós el
Cristo.
RUBÉN DARÍ0,

UN CANTAR PERSA.
Fuí de mafianita al monte
mi rebaño á apacentar,
y hallé en él una muchacha
como yo no vi jamás.

Uhta y Jlmor.
De un bardo la voz dorada
dulce y doliente sonó:
«¿qué vale la triste vida?
¿qué vale un sueño de amor?»
¡~y! Así bajé al abismo
sm fondo del corazón
llevando vi vas mis a~sias
lle,:3ndo muerto mi amor~
Y ~olo l~nos negros seres
mi pupila sorprendió
escondidos en las gri~tas
d!: ese abismo de dolor.
N_1 una gota de dulzura,
u_na estrella ni una flor,
solo esos seres horribles
que cantaban á una voz·
"El amor, _vana quimera;
.
~l mundo, mmeñso crisol;
,qué poco vale la vida!
¡qué poco vale el amor!"

-Un beso dame, lucero
la dije lleno ele afán.
'
-Si con.,oro me lo paaas
o '
respond10, venle á buscar.
-El oro que tengo, niña
guardado en mi alforja e~tá:
mi alforja está en mi camello
y mi camello en Kermán ·
'
y ella replicó con risa
'
mirándome faz á faz:'
-En mis labios está el beso
mis dientes están detrás
&gt;
la boca donde los guard~
cerrada con llave está:
tiene la llave mi madre
y mi madre está en Ke;mán.

n;

MANUEL DEL PALACIO.

S R. GRAL. JESUS A L~NSO FLORES.

�Domi,ngo 4 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRs\DO

Domi,ngo 4 de Enero de 1903.

BL MUNDO ILUSTRADO

nutVo Obispo de t:ebuantepet

la población, la aduana marítima estahlecid,1
A propúr::ito de 1n com:ngrnción &lt;le! P. ,:\fejín
rn Presidio. Sus construcciones son por lo
se reliere que cuando ocurrió el falleci111i&lt;,11t~
mismo modernas, y cuenta con algunas not.c1.del virtuorn Obispo &lt;le Ym:atún-en 1888hles, como el cuartel federal y el mercado "Roclon L~andro Rodríguez ele la Gala, al tiempo
111ero Rubio,,. El cuartel está edificado sobre
lJBLlCAMOS hoy el retrato del ~eiior
de ser rnhuu1ado su caclúver, su sueesor &lt;•1 i-a1111a eminencia que domina los fonuea&lt;leros y
don Carlos ue .Jes(1s l\Icjía, actual !lector
bio prelado yucateco don Crescenc:io c'an-il lo
e_l camino ó única entrada que co11cl11ce por
dt&gt;I Seminario Conciliar de YucatÍln y
y_Ancona, quitó al cadáver el pectoral, y dirit1erm_á In. ciudad. La iglesia parroqmal es
electo Obispo de Tehuantepec.
giéndose al Redor Mejía, le dijo !ns siguientes
tHmh1én notablo, tanto por su belleza arc¡uiEl P. Mejía nac:iú en la ciudad dr .fa lapa y
frne:es:
te 1t6nica, como por su
«Conserva este pecelegante decorado intoral de nuestro lloraterior, y el teatro, que
do prelado y guárdalo,
lleva el nombre de11Ruporque no está lejano
bioii, un edificio sóliel día en que, elevado
do y de hermoso aspecá la dignidad, podrás
to.
usarlo.»
En dos ocasiones
diFtintas, ~[azatlánha
INAUGURAGION DE UN PUENTE
sido bloriueado: en
1847 por los invasores
Cerca ele Zinapécuanorte americanos , y
ro, Michoadrn, y en teen 1864 por los franrrenos ele San Joaquín
ceses. Durante este úlJaripro, se acaba de
timo bloqueo, la fragaconstruir un puente
ta "Cordeliere&gt;i fué baque es sin diRputa uno
MAZATLAN.-Una
huerta
en
Belvedere.
tida desde tierrn con
de los más importanuna pequeña boca de
tes ele aquel Estado.
fuego, cuyas punterías dirigió el oficial Gamhnce veinfüéis años que re8ide en :Mérida 1 sienEst~ constrníclo sobre una barranca profunhoa. En este episodio, uno de los más sado_ Rector d~l Se!~inario ele aquella ci udacl,
da y tiene noventa y tres metros de longitud
lientes en la historia de Sinaloa, tomaron parbnJo cuya d1rerc1on este establecimiento ha
por treinta de profundidad. Con motivo de la
te, en defensa de Mazatl{m, Sánchez Ochoa y
1;,rogresado notablemente en los últimos años.
conclusión del puentr, se organizó una pequeMarcial Benítez.
El nuevo prelado goza de generales simpatías
ña fiesta, apadrinando el acto el Sr. Aguado,
El desarrullo comercial de Ma.
r
ain-::;;~---,------- - -~ Jefe Político ele Zinnpécuaro.
1~1tlán comenzó con el dt&gt;ecubri- 1 ·
El costo total del puente, que
m iento de los placeres auríferos
es de mampostería y fierro as&lt;l~ la Califo_rnia2 época en que teciende á ocho mil pesos.
'
ma comerC10 directo con China y
el Japón. Actualmente el comercio extranjero lo hac¡ con San
El misantropo tiene todos los
Francisco California.
vicios de los hombres y ninguna
de sus virtudei:, y cuando i;,e ve
contrariado en sus negras delibeEl mundo es, en todas sus parraC'iones, pone fin á su vida con el
tes, una aritmética viviente en su
v~neno 6 el puñal, creyendo
~esarrollo, y una geometría reatrnmfar de los arcanos de Dios.
lizada en su reposo.
MAZATLAN.-EI Desembarcadero en Belvedere.

P

--------------------

~~

P~st~ Bubónica ~n mazatlán.
clel examen microscópico practicado por el D~ A&lt;lemús, como las casas ocupadas por los
en exatacados se están drFinfectando 6 de,:truyenFabela, resultó comprolmcla en los atacados
tn mo rnn lns notic·im;
' do, según sus condicioneR, para hacer que desla presencia del bacilo de la peste. Parece, por
que con relnción {i la
aparezcan los focos de infección, el Gobierno
lo 111irn10, fuera de toda eluda, que la naturat&gt;pidemia reinnnte en
ha comprado treinta gnmcleR tiendas &lt;le camleza de la enfermedad está ya definida y que
Mnzatlún :-el1nn recipaña para dar abri~o á las personas que no
nue~tros temores no cian infunclaclof',como albido en los últimos
tengan donde alojarse.
gunos p~riGclico&lt;i lo !&lt;uponían.
elfo~: la f'xi~t encia ele
Por Fil parte, la Srcretaría de Gobernación
O1..&gt;mndo con la eficacia que reclaman las
la 1,e1,te buLGnica se
se
dirigió á los Gobernadores ele los Estados
nece,;idaclei;
del
momento,
el
Corn;1,jo
orden(&gt;
coJ1firn1ó ya ofü:iallimítrofes ele Sinaloa, encareciéndo]e¡; la neceque ee ampliara y mejoiara el local f&gt;n que los
me11te, y el púnico
sidad ele poner en juego todas aquellas n,ediatacados por la pe!&gt;te rnn ahora atendidos, y
de los hal,itantes del pne r to 110 tiene límites
uas que directanwnte se
en las actuales circunsencaminen
á impedir
tancias.
la propagación del mal.
Por informes anterioEl Coneejo, y esto eleres, se sal..&gt;ía que la enbe consignarse ron en
fermedad iha poco á pocomio,
anduvo, pues
co cediendo y (]lle la.
acertado al dictar, elesconfianza clel público
ele un princi]JiO . dispoera cada vez mnyor; pesiciones sanitarias conro por de;:gracia, el retra la peste, por más
crudecimiento repC'n ti no
que la exii;tencia no hade la epidemia y la deya estado entonces comclaración de los dele~aprobada..
dos del Consejo Superior de Salubrid&amp;d f.'O ·
breque en el caso se trata
***
efectivamente, de la pesMAZATLAN.-Uno de los pabellones en que se encuentran aislados los en fel"mc~.
Por ser de oportunite negra, vinieron desdad,
damos en ~eguida
pués á echar por tierra
al~unos datos referentes a l puerto infestado.
que se construyeran en la isla de Belvedere,
aquella confianza y á hacer mús aflictiva la siMazatlán (,,Tierra de Venadosi,) fué fundado
donde se encuentra hoy el lazareto, las batuación de los moradores de l\1azatlán.
hace setenta años aproximadamente; época en
rracas suficientes para aislar á las personas
Los médicos enviados por 1•\ Consej') hicieque
se transladó, al lugar en que se halla ahora
que
hayan
tenido
contacto
con
los
enfermos.
ron su primna vi:-ita al lazareto el día 30, y
LAHlllANTES

***
T~marse trabajos y luchar contra las resistencia_s, es una necesidad para el hombre, como mrnar para el topo.

en el ERtaclo ele Yucatán, y su fama ele bomb_re de talento y notable orador, es bien conocHla en los círculos sociales:
La co11~agración del nuevo Obi,;po ele Teh_uantepec se _efectnnrá en la Catedral de ,:\féncla, el domrngo 11 uel corriente me,;, con
g_ra11 pompa y ~olemnidad, oficiando de, ObiRpo consagrante el
ue Yucatan, Monseñor Trítsch!~1-, Y de asistentes los obispos de
1abns&lt;'o y ele Belice.

* *

Para la mayor parle de Ja"s mujeres no es
necesario más que lo supertluo y lo positivo
más que lo ideal.
,

***

El discernimiento vale mús que el precepto, pues lo auivina y aplica oportunamente.

MAZATLAN.-La Plaza de Armas
Puente de 93 metros de longitud construido en

*

* *
Para la ignorancia
existe un
remedio, q_ue es la ciencia; para el fanatismo eso mismo será
su muerte.

S. Joaquín Jaripeo.

�Domi.ngo 4 ae Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

earreras ae eaballos en Pera1vmo.

C:
~

asistencia del señor Presidente &lt;le la
República, se efectuaron, el domingo
en la tarde, en el Hipódromo &lt;le Peralvillo,
las carreras de caballos organizadas por el
Club Hípico Militar y en las cuales tomaron

~ en un pueblo pequeño de mi patria.

__rl :;:!í
la naturaleza, fecunda y pródiga,
derrama sus tesoros con c,;plendidez que

se creería soi1nda. Allí he gozado de las más
perfumadas_\' melancólicas noches de luna, de
los más luminosos crepúsculos y de las más
blancas y sonrm,adas mañanas. Allí vi todo
est.o e::.1belleci&lt;lo y envuelto en un ropaje de
visión intensa, porque P.l amor, como un ave
sin mancha, batía sus alas silenciosamente,
dulcemente en mi corazón.
Cuando la conocí, tenía ella diez y seis años,
traje de luto, un gmn sueño en sus grandes
ojos negros y era delicada como nna azucena.
También como las azucenas, tenía porte aristócr:üa y gentil. Su voz era suave é insinuante, como una serenata lejana, de un hermoso
tiempo pasado, y la recuerdo con un estremecimiento de pasión muy doloroHO.
Yo hubiera querido que su modo de ser fuera enteramente extrnño {I ciertas vulgari&lt;lades
del mundo exterior. i'lli;; lecturas &lt;le raros poetas ideólogos; mi amor á sueños y á meditaciones &lt;le un mundo encantador, &lt;le orden enteramente metafísico, y un estremecimiento
de vaguísinrns visione~, que ocaso habían nacido con mi alma, puesto que recorilalia yue me
poseían desde los más lt&gt;janos días ele mi infancia, todo esto me había hecho cobrar desprecio profundo por las diarias preocupaciones
humanas y me había creado una orgullosa ri~a interior, llena &lt;le escepticismo y que sólo
respetaba á las cosas que traían ensuefio.
Como después de la caída &lt;le mis primeros
nmores, al encontrarme por primera vez en la
1lesolacla aldea del Desencanto, no volviera á
creer ya en la realidad de la amada sofiada,
cuando apareció ella en mi camino, hube de
i;ostener tremenda lucha entre mi doloroso escepticismo arraigado en mi sn y la imagen
blanca ele ella, que me atraía C'0n su encanto
ultraterrestre. Algunas veces yo sufría infinitos desconsuelos: un gesto, una frase, una inflexión de su voz que desarmonizaran y empeq ueíieciemn la idE'a i¡ue de mi novia me ha1,ía formado, de;;truían en un momento todo
el esfuerzo que hubiera hecho para creerla superior. Algunas \·rces comprendía Pila que algo suyo me clii;g11staha, ~· bastaba entonces una
mirada que me dirigiera húmeda ele pena y
ele melancolía, para cambiar mis sentimientos v llenar mi corazón de par. conmoretlora.
Pero el Amor, como una primavern, invadió pronto los campos &lt;le mi alma y llegaron
los días felice,.:, muchos días muy felices que
no olvidaré jamúF&lt;. !:;ólo una nube ele poética
nostalgia, doliente á veces, desde el primer día,
acompañó siempre nuestros pa!&gt;os por el luminoso camino.
Una tarde, á la hora de un bello crep6sculo que di[undía rosadas claridades en la es-

=-

tancia, estábamos ella y yo, solos, en alto balcón, de cara al horizonte del poniente. Acabábamos de abandonar la lectura de una de las
maravillosas historias de Edgard A llan Poe.
Yo comprendía que el alma de ella, lo mismo
que mi alma, agobiadas por el poder ele ensueño de aquel misterioso poeta, se colmaban de
las mismas tristezas; de ese melancólico biene$tar del espíritu, atrayente y conmovedor,
que &lt;leja, como h[tlito divino, como revelaci6n
&lt;le mundos más oellos, el alma de los poetas
seculares. En nuestro interior glo$áhamos la
historia. E'Xtraordinaria de Edgard Allan. Y la.
hora, y la va¡rneda&lt;l del crepúi,culo y la pasión contemplativa de nuestras almas, hacían
de nuestros corazones una plegaria al Dios de
los infinitos ideales.
·
Y así fué que esa tarde. á la hora de un be~
llo crepúsculo, extendió el la la eni$fmáticn noche de sus ojos sobre el dilatado desierto de
mi espíritu; porque cuando sus ojos 1,e encontraron con los míos, ella vió el secreto de· mi
cornzón y yo vi el secreto del corazón &lt;le ella,
y el Amol' tendió la música tle sus alas sobre
nuestras almas.

el Ma ror Luis Pérez Figueroa, y el tercero el
Teniente Manuel García Lugo.
Pasada la última carrera, con obstáculos y
en que vencieron los SE'ñores Raabe y Bóker,
del Club Alemán, siguió un desfile al galope,
por fracciones, ejecutado por g}ndarn:es_ del
Ejército y Foldados del 3?, 4? y 1? Regimiento. El desfile fué con obstáculos &lt;le 2 metros
de altu1:a.

L as tribunas del Hipódromo de Peralvillo.

}&gt;arte, además &lt;le algunos miembros de la citada agrupación, los socios del Club liípico
Alemán y algunos cadetes del Colegio Militar.
La presidencia del Jurado fué integrada por
los señores Generales Francisco M. Ramfrez y
Gregorio Ruiz, sirviendo como jueces de campo los señores )layor Alfonr-o Pra&lt;lillo, Capi-

El sefior General Dfaz hizo la entrega &lt;le
recompensas á los vencedores, que eran saludados por la concunencia con aplausos. Más
&lt;le cinco mil personas concurrieron á la simpática fiesta.

MANUEL DE LA PARRA.

tCa exposición c1a6rés.
La Exposición Fabré!', tan ansiosamente tsperndn. por los devotos &lt;le la Belleza, abrió
ya sus i:alones al público.
Es ésta una nota que debemos Ealudar con
aplauso. Las obras mÍl'l celebradas del notable
pintor, traído por nue$tro Gobierno para que
sirva como maestro rn la Escuela Nacional de
Bellas Artes, se encuentran ahora en las galerías de la vieja Academia de San Carlos, despertando el interés y la admiración de una
multitud de visitantes.
Las salas en que Fabrés exhibe sus trabajos
de eximio artista, son cuatro. En la primera
se ve lo que pudiera llamarse su "obra menuda,,: estudios y bocetos, dibujos á pluma y á
lápiz, y acuarela;:; en la segunda, una serie &lt;le
cuadros en los que llaman poderosamente la
atención "La Ladrona,» 11Por Orden del Sultún, ,, "Bonita y ::\lala» y "La Cantadora,» obras
primoroFas que atraen y convencen.
La tercera sala encierra, como joyas de valor
iner-timahle, 11El Abanderado Flamenco,» "La
Lectura del Quijote,» "Almuerzo en el Campo,1,
"Centinela muerto en la Nieve,1, ccLos Borrachos» y "El Regalo del Sultán». ,cLos Borrachos,1, ó"Bacanal,» es una ef&lt;cena báquica en
que ~e ven quince figuras de tamaño natural}
admirablemente ejecutadas.
En cuanto á la cuarta sala, sólo se ve en ella.
11El Cristo en la Columrra,1&gt; un solo cuadro, que
acusa, en Fabrés, si no la más pura inspiración religio$a, sí las excepcionales facultades
de artista que lo distinguen.
"El )J un&lt;lo Ilustra&lt;loi, da hoy á conocer dos
bellísimas acuarelas del maestro : ,cLimpiando
la Lámpara" y ,cLeyendo el Corán.1, En nues. tras ediciones próximas pu l,licaremos algunas
otras obras del señor Fabré~, que nue!'&lt;tros lectores, estamos seguros, verún con gusto.
El ·matrimonio es una enredadera que la
esperanza embellece, que la dicha conserva y
la dei::gracia fortifica.

*

* * Ít los nifios, que
Los h"rnbres se parecen
adoptan malas maneras en cuanto se lPs mima.

***

Una noche íbamos juntos, bajo los árboles
de avenida solitaria, bajo la luz &lt;le la luna, y
un perfume sutil ~e esparcía. en nuestras almas, porque un ramo de rosas frescas estaba
en el fonrlo de nuestro;; cornzones.
Yo hablé el primero. Le dije estrechando
su mano:
-Hermana, hel'mana, hermana, tengo celos de las e~trellas que te quieren llevar. ¿Ves
cómo parpadean allá lejos? Parecen ojos que
te llaman ....... .
Y un obscuro presentimiento me estreme, ........ .'
cm
Entonces ella, eon ternura inolvidable (¡oh,
eFa noche cómo era doliente su ternura! ), acarició mi frente con su mano y me habló dei,n
alma, de mi alma visionaria, y de mis sueños,
y de los sueños de ella, y de nuestras miRteriorns Yoces interiores y del estupor de ~11 espíritu cuando penetró toda i:u alma en los países
encnntados de mis jardines.
Yo, que nunca la había oído hablnr así,
fasrinatloramente, que la veía aparE&gt;cer por
primna Yez en los campos _de mi alma, con
la bellE&gt;za encnntndora de una heroína de ShakPspenre, sentí estremecer~e mi ser como si
Dios lo poseyera, y una corriente de ensueño,
la más podero~a que haya jamás llegado á nii
corazón, me 1117.0 llorar por vez primna en mi
vida, be~ando l~s cabellos de ella, bajo los negros árooles, baJo la claridad misteriosa de la
luna. Llol'é interiormente sin que ella Yiera
mis lágrimas.... .. ...
'
Y seguimos en silencio por la vía florecidn,
eon nuestro gran suefio en el corazór,.

Domingo -1 de Enero de 1903.

Una carrera.

tán Abraham Plata, Teniente Nicolás Martínez y Subteniente Pablo Zayas Jarero· como
jueces de salida y llegada., los señores Capitán
E!rén Batis _Y Teniente Coronel Rafael Eguía
Lis, respectivamente; y como totalizador el
señor l\fayC&gt;r l\figuel Ruela~.
'

***

Las carreras efectuadas fueron cinco, y el
resultado tl siguiente:
La primera á aoo metros y plana, se jugó
por_ los alumnos del Colegio Militar Roberto
Albises, )lanuel Amezcua, José Alessio Miguel Barrios y Rodolfo Casillas resul¿-indo
premiados los tres primeros. La' segunda carrera, á ;;~ ,metro_~, entre oficiales, fué ganada
por ~l Capitan ~u1s G. Pradillo, á quien tocó
el pr1mer premio! y por el Capitán Santiago
~duna y el Teniente Alberto Salas, que recibieron el segun&lt;l? y el tercero, respectivamente. La tercera, Jugada por los miembros del
Club Hípico :\.lemán, fné á 800 metros: la ganaron los Fenores A. Chatand, que llevaba
traje &lt;le seda a.zu I y blanco, y W. Tenss, que
vestía de blanco y rojo. En cuanto á la enarta
carreri_i., á 800 metros también, fué plana y ú
paso hbre, y tomaron parte en ella los militares que se disputaban los premios ofrecidos
por el Club Alemán. El primer premio lo obtuvo el Capitán Gustavo A . Salas, el segundo

EXCURSION A P IE.
Los periódicos del Salvador dan la noticia
de h~ber lle~a&lt;lo á la capital de esa República
el se?o~ Ennque )f. Crouffort, uno de los excurs10mstas catalanes que emprendieron en
n~osto, ú~timo, el viaje de México á Bu~nos
1
Aires a pie.
El señor Crouffort es el único que ha llevado adelante la proyE'ctada excursión, pues de
sus compafier~s, algunos se quedaron en Oa;aca., arrepenti~os d~ la empresa, y otros en
fehua1~tepe&lt;', srn ah~ntos para proseguir en
su cammo. El excursionista ha recogido una
buena . suma de datos- importantes acerca &lt;le
las regiones que ha visitado.

Sr Enrique M. Crouftort.

�EL ~I UN DO ILUSTRADO

Domi.ngo .J Je Enero de 1903.

EL UUNDO ILUSTRA DO

Domingo 4 de Enero Je 1903.

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"Leyendo el Corán." ( Acuarela de Fabrés.)
"Limpiando la lámpara." (Acuarela de Fabr6s,)

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EL UUXDO ILUSTR.&lt;\.:,O

Domingo 4 de EneTo fie 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Rdlqulas Históricas.

yecto al Virrey el 29 de agosto de 1781, abriéndose sus clase,; en la casa de Moneda el 4 de
noviembre de 1781.

NTRE las reliquias hist6ricas que se lutllan en poder de particulares, se encuentran las que en reproducciones fotográficas damos á conocer hoy á nuestros
abonados.
La carta de H idalgo es un documento im-

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VIVO

Más tarde, aprobada y dotada con trece
mil pesos anuales por Carlos III, se abrió de..,
un modo solemne el 4 de noviembre de 1785,
y por último, en vista del aumento de alumnos, se tra.nsla,d6 la Academia al local que
ahora tiene, instalándose definitivamente eh él en septiembre de 1791.

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JtAnut.d~,....,;

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I''"" /4..

,,1.r.,x,.,¡,._

p

MADRIGAL .
Rosa que mustia y ajada
miras á tierra, apenada,
vuélvete á. alzar orgullosa.,
pues no hay una Hor, ¡oh rosa!,
que junto ÍL ti valga nada.
Porque tú, que te has erguido
entre la mata de pelo
de mi dulce bien querido,
puedes decir que has tenido
un trono encima de un cielo.
Cielo incomparablemente
más hermoso y esplendente
que el de Dios, pues el de Dios
tiene un sol únicamente
y en el tuyo ¡brillan dos!
JOSÉ GoNZÁLEZ GALÉ.

:~

Cf1'1n-ó

,
1 ¡uaJGIA.0.- lf',:-r

DIA DE MUDANZA.

J
/a.

z4ncc, no/.u~ . t Á, ~ e
1

"1

......,. bf,,.,t,1,,.,1,._ c.,,,,__'/"' .¡¿

E

N mi casa, hace ya varios lui;tros, era para nosotros un gran
{JU .JIMl'J&lt; d,,t,_/_,.,._ "'- ,In ¡J"uk,~&lt;/
día el «día de mudanza.-» Ni ha~ l., ~ j, f,m~/o (J. /)Un. t!J/&gt;"7'&lt;"•-'
bía que penFar en la escuela-«amiga»
se llamaba entonces, -ni en abluciones
inútiles, ni en ninguna de esas zarandaja¡, que amargaban nuestra cuotidiana vida de chiquillos.
portante por todos conceptos, pues vino á es¡Xada de eso! Ese día era de holgorio, de
clarecer un punto largamente debatido y cojuerga, de libertad absoluta, pues los padres,
mentado: ¿por qué motivo el inmortal Cura
tíos, nanas y demás tiranos del hogar, no pode Dolores, encontrándose á dos pasos de la
dían repicar y andar en la procesión.
metrópoli, y victorioso en el Monte de las
Tanto como nosotros gozábamos sufrían
Cruces, no tom6 la ciudad dando fin dti esta
ellos. El natural trajín de una casa puesta remanera al gobierno de virreyes?
pentinamente en movimiento; la torpeza de
Según parece, la carta que publicamos fué una especie de circular
enviada á. distintas partes, con el fin
de acallar los gritos de desconfianza
, / ( ~ J.
c,;.Ü.1t ~ ¡.i.
a Jt. ft~:J.&amp;n ,~,...
que se levantaron á raíz de la retirada del sefior Hidalgo, del ~fo11te
lo..
de las Cruces.
/'""1,,J. /&gt;. J t1f ,.-., Ul#T•I r, • 1 M lt..' l'\
Esto explica por qué la carta no
{~,,1rir, ,,,., Jt. 1t 'b•" lv l1c-..u1tft4..,.,.._,.
tiene dirección expresa, y por qué
está escrita por Don Ignacfo Rayón
':7f!. ,~Jri,U,llt&gt;r
, a.'1 i'Jtd , .. 'l',J "" hhP-x..
,
I ,!
/
y firmada s6lo por Hidalgo el 13 de
/t.ntd·,~
u. ¡: ,. )""( C'•I , , w .. ~rl.,. ~,,r,..JJ.dltJ.noviembre de l 810, 6 sea pocos días
después de la retirada.
Al final de la carta, y fechada rl
día 5 de octubre de 1827, se encuentra una anotaci6n del puño y letra
&lt;le Rayón, en la que declara que la
letra de la carta es de su puño, _y
la firma que.aparece al calce, la que
us6 siempre el Cura Hidalgo.

----------------------"=

''" ,:. . ~ ,.,,. , , ,., .,; ..... /. , , ,. _ /

cía derrames biliosos en «la gente grande," integrada por mis padres y dos tías.
La menuda la formaba yo en unión de dos
primos, mayor uno y menor el otro; todos llevábamos el miFmo nombre de pila, y como los
regafios, amenazas de encierro y zafacocas ó
zapa.tazo limpio, nos eran repartidos por partes iguales, llegamos á constituir una alianza
tripartita, para cometer todo género de infantiles tropelíaF, dividiéndonos hermanablemente las consecuencias.
Las niñas, que eran tres, mayorcitas que
nosot.r os y con humos ya de pollas, quedaban
en «la casa vieja,» guardando la ropa en los
baúles, empaCRn&lt;lo la loza y el cristal en sendos canastones, dei1colgando cuadros, retratos
y repiFaF, procurando, escobeta en ristre, que
las camas llevasen al nuevo hogar el m111or
número de incómodos vecinoF¡ desarmando
guardarropas, y, á plumerazo limpio, quitándoles las telarañas y no pocas arañas que, erguidas en sus múltiples patas, corrían ágran&lt;les pasoF, azoradas de que aFÍ, sin previo a viso, i:-e las pusiese en dispersión.
Pero los tres Manueles, la pilletería de la
familia, ésos ¡á la casa nueva! á fisgonearla
bien por arriba y por abajo, con el pretexto
de "recibir los muebles.)) ¡Buenos estábamos
nosotroF pará recibir algo que no fueran palizas 6 filípicas paternas!·
Ya e1,tábamos allí, desde muy de mañanita, vacío el est6mago, pero el espíritu alegre
como una esquila.
Por más que la fortuna, nunca abundante,
de mi padre iba en mengua, y al cambiar de
casa sufríamos un sensible descenso en comodidades y en condiciones higiénicas, nosotroF,
mocosillos de cinco á siete afios, nos entusiasm{tbamos, nos atraía la novedad; el desorden
que originaba la mudanza estaba de acuerdo
con nuestro temperamento inquieto, bullicioso; gozábamos.
-¿Ya viste?-decfa mi primo-la escalera
es muy bonita; de palo.
-Y en el comedor hay una alacena queparece puerta.
-Yo ya fuí á la azotehuela, es muy grande y tiene dos...... uno para los criaqos, y otro
para nosotros.
-¡Ahí están ya loe; cargadores!
Y bajábamos y subíamos escaleras á mÍts y

/,o/',,

IJ.
ue,,,,6.Slr) ~ u.n.r/

C 1 A~ ..•.,. /hr.W; h • , l,1 /t:.,,; '""' . . ¡_, CEn la inaugurad6n de la Academia de Bellas Artes efectuada á fines
,.,,._...,b,3, t'tJ,•At•,,../. /¡, 4¡..,, /' ert fqnJ"tJ
del siglo XVIII, se repartieron como un recuerdo, entre los que concu2 ,i; .,,.. '- """"'J w /,,_-.(J.1r. , ,
turt1f ~,.,. ''"
1
rrieron á la festividad, unos plati/t ..,.;
,,.,•1.'f'.4"""::).
/
tos de porcelana, primorosamente
¿ ( A~•,.
'( ../{, 1..,~ ).,, , " / . ' t.l¿.., f ,.,..·ron..~
grabados, como puede verse por la
fotografía que de uno de ellos-pron1tr.,/''f
~, ,.,.,.,., 4 ,.....,.,.,¡z..
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ba b) emente el Ú1nico que exi.;tepudimos tomar, debido á la deferen,
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tiniani, su actual poseedor.
Sobre la fecha de la inauguraci6n de la
los mozos de cordel, que hacía menguar en -no
mejor; «ayudábamos» á los criados á poner los
Academia, no están de acuerdo los cronistas.
pocas piezas el menaje; la irrevérencia de alcopetes á los guardarropas, á clavar alcayatas,
La idea de su fundaci6n nació de Don Ferguno de ellos; que cogía el nicho de la Virgen
para colgar de ellas, ya el retrato del abuelo,
nando José :i\fangino, Superintendente de la
6 la capilla del Sagrado •Coraz6n como si toque parecía miramos con miedo y decirnos:
Real Casa de :Moneda, quien present6 el promara una silla y un bast6n, todo esto produ"iA ver si me matan! », ya un espejo poco se&lt;,i;

1 ,... ..

,....,.,

4.

&lt;. ,., . ,.,

guro en su marco y menos en nuestras manos, ya la cazuela del mole, que era un cacharro como de una vara de diámetro.
Comíamos mal y de prisa al cuidado de las
criadas, olvidando hasta los más nimios rudimentos de educación que nos habían enseñado. Y con el bocado en la boca, como vulgarmente se dice, volvíamos t1 la tarea; &lt;lesempa-cábamos la vajilla, causando en ella considerables bajas; nos mecíamos, tirados boca arriba, en los cctambores» de las camas; subíamos
ú la azotea por una escalerilla de mano, provistos de un jarró lleno &lt;le agua 6 del líquido
que 1¡,e pudiese i;acur, y lo vaciábamos por las chimeneas de
la cocina vecina; nos apersonábamos con el chico de la
portera y le soltábamos algunas groserías de las finas.,
acompafiadas, á veces, de algún soplamocos, para entablar
amistad con él, hasta que, al
anochecer, agobiados, rendidos, llenos de polvo, caíamos
en postura ele fusilados sobre
el primer lecho, :-:i!l6n 6 silla
con que tropezábamos, para
esperar el malditíFimo día siguiente, en cuyo rosado amanecer se esfumaba la grisácea
figura del :-:eñur Argüelles, el
maestro de e:-cuela..

.

la familia, á los conflictos pecuniarios del jefe
de ella.
La hnllé triste; ni una ventana abierta, ni
un tiesto de flores en los balconei,,, ni un canario piando contento y saludando al sol.
Pregunté al portero; no me conocía y se
concretó á decirme:
-¿Quiénes, los del seis? Se están mudando.
Efectivamente, fm el patio se veían las parihuelas cargadas con muebles, para mí muy
conocidos; los mozos de cordel, sudorosos, jadeantes, mal olientes, bajaban las escaleras
cargados como bestial".

Domingo 4. de Enero de 1903.
má y mi tía eAtán en la casa nueva ...... yo me
he quedado aquí para ayudar en lo que pueda ..... . y la abuelita ...... la abuelita se mud6
hace ocho días ...... no sé d6nde!
¡Qué dulces sus palabras! ¡qué ternura en
su vor.! con qué delicadeza clav6 en mi alma,
suanimente, ¡.ioco á poco, el puñal que me
del"garró el alma!
l\Ji madre había muerto, como mueren las
madres, todas, ¡para siempre!

***
Y como era cedía de mudanza,» fué esta señora de diez
años, de cabellos rubios, de
clientes menudos como granitos de arroz, de ojos azules, lle
abundosa y fácil verba, de hoca de roFa, la que dirigía la
e&lt;mudanza. &gt;&gt;
Porque la otra, la viejecita
de cabellos grises, de piel ¡irrugada, de secos y delgadós labios, enclenque el cuerpo y el
habla trémula, és:1, que debió
hacerlo, ccl"e hahía muda&lt;lo antes» ..... Y no ~a\:Jíamos ni sabemos d6nde.
MANUEL l\l. PANES.

Hay en el abismo de la conciencia humana un deseo innato: la posesi6n &lt;le la felicidad. Este es el único pen!-amiento que subordina todas las
voluntades.

** *
Pas6 el tiempo; crecí, me hi-ce ó me hiciPron hombre, por
mitad los años y las miserias de
la vida; tuve hambre y apren&lt;lí á ganarme el pan; tuve an helos de querer mucho y aprendí á leer de corrido en el libro
&lt;lel amor; me enamoró la vida
aventurera. y fuí y vine, camhiando á mtinudo de paisaje,
-despreciando hoy lo que envi&lt;liaba ayer, viendo muchas carns hermosas y muchas almas
P lato conmemorativo de l a inauguración de la Academia de San
feas, gozando una hora para
sufrir un día.
Al fin, el hastío, un hastío estúpido, vul-¡Vaya!-exclamé.-¡Día de muclan· a!
gar, que no podía llevarme al suicidio ni al
Recordaré mis buenos tiempos. Y entré.
idiotismo, se apocler6 de mí.
La casa olía mal: olía ccá botica;» gente!':'exUn residuo de energía me alent6; quise comtrañas i,alieron á recibirme. Daban 6rdenes
1,atir ese hastío y busqué en mi ayuda el tibio
disponiendo de lo que era mío, de lo que er~
re,-coldo de mi hog:n. ¿,Por qué no había d~
nuestro, romo si sobre sus propiedades manencontrar bajo el yugo de mi madre-lo únidasen. Sólo una sobrinita. mía, chiquilla de
-co que me quedaba,-sometido á la esclavitud
diez años, vino á mí con los brazos abiertos.
&lt;le la familia, lo que la libertad, la indepen -¡Nené!. ..... ¿Y tu mamá, y tu tía?....... .
&lt;iencia, el "judaísmo erranten me negaban?
¿dónde están?..... .
Hay cadenas de hierro que se antojan guirnalCa116, bajando la rubia cabecita.
&lt;l11s de flores ; hay 111anoH rngosas que oprimen
-¿Y mi madre, tu abuelita? .. ... .. .
y que gustoso besa el opri111ido.
Entonces la niña, con esa perspicaz comMe resolví y volví t1 mi rasa.
·prensiór. de los muchachos, tartajeando y sin
Era aquella misma donde mis primos v yo
alzar la vii;ta, dijo:
i-etozábamos alegres, ajenos á las miserias tle
-Tío: hoy es día de mudanza ...... mima-

***

La vejez es la edad de oro
de las Yirtudes negativas.

***

Carlos.

La alegría íntima que nos
enajena, va siempre mezclada
de un deseo ardiente que nos
atormenta.

VOT O.
Destaparé mis ánfora3 de esencia.
Y prenderé mis candelabros de oro,
Cuando la diosa pálida que adoro
Llene mi soledad con su presencia.
En su pelo de blonda refulgencia

Y en su labio odorífico y sonoro

Hay el fulgor de un candelabro de oro
Y el perfume de un ánfora de esencia.
Vendrá con su ropaje de inocencia

Y hostigando mi amor con su decore•,

Pero al fin gozaré de su oµulencia
En medio de mis ánforns de esencia
Y mis ardientes candelabros de oro.

EFRÉN REBOLLEDO.

�Domingo -1 de Enero tk 190:3.

EL MUÑDO ILUS'l'RADO

EL 11TXDO ILl~STRADO

los días rstrechamente juntas, como luchando con una fuerza que intentara. apartarnos! ..... .
Ay! Pero ni siquiera había de quedarme esta compañía que endulzaba los sufrimientos de mi corazón.
Quince &lt;lías después salíamos de la iglesia ele San \'icente y tratábamos de atrave~ar la calzada frecuentadísima que desemboca en
la Avenida &lt;le Meilhán, por la que pasaban multitud de carruajes. 1\fi
madre, no repuesta aún de la emoción durante la misa, y con los ojos
nublados todavía por las lágrimas que corrían bajo su velo, tenía prisa de regresará casa. Vi bajo el crespón el brillo de sus dientes que
mordían los l:i bios sollozantes. Llena de impaciencia, quería llevarme muy de prisa hacia el hogar abandonado, d.on&lt;le pu.diéramos llorar sin descanso.
Se lanzó á la mitad de la calle y la seguí; pero al mismo tirmpo
me detuve y dejé escapar un grito. Un carruaje amenazalia pa~ar sobre ella: le ve, se aparta, pero se aparta demasiado y otro la clerriua:
una pesadt.. carreta que parecfo. inofensiva, que caminaba paso á paso. En mi dolor no he tenido la satisfacción ele decirme q ne si esto
ó aquello no hubiera ocurrido, se hubiera evitado el irreparable accidente.
Madre adorada, tú sola te arrojaste á la muerte corno llevada &lt;le
tu firme voluntad! Y en el último momento, en medio ele la nonvulsión postrera, tu mano tuvo un ademán que comprendí súbitamente.
Me decía:
-No avances! Yo muero ...... tú vive! ........ .
Y quedé aturdida. Y no arnncé. Y moriste sola. El timón te
hirió e11 el pecho. Tengo en el corazón el grito sordo, ronco, arrancado
de tu pecho sorprendido. El caballo, bajo la mano del carrero que
&lt;JUería detenerlo, se encabritó y dejó caer su cal'co sobre tu pobre cabeza, caída en tierra. Este golpe fué mortal. Se ha dicho que no habrías muerto del primero. La multitud gritaba y se aglomeraba. ::\Ie
desYanecí.

II

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.--ILUSTRACIONES DE SIMONT.
TRADUCCION Dt "tl JrlUNDO ILUSTRADO."

Hay almas que son tal vez como las semillas de c-iertas plantas,
que no pueden germinar sino en determinado suelo. En los centros
mundanos, en los cursos ele educación á la moda, donde las muchachas llegaban cuhiertas de seclas y encajes, empolvadas y perfumadas,
acompañadas de una institutriz de adorno, a!lí mi alma no Ee encontraba en su medio vital.
lfoé preci!'O que una rúfaga ele viento arrebatase á los míos, á los
que me proporcionahc1n el bienestar, para que yo fuese llevada, como
una semilla, al terreno que me destinaba la Providencia. l~ntonces
creí: mi alma se ensanchó y se ahondó; conoció los sufrimientos y se
llenó Je piedad.
Más aún: mi maho torpe, tomará la pluma para pedir socorro;
no para mí-que, á Dios gracias, no lo necesito, -sino para las otrils,
para, mis compañeras las maestras de escuela. Y escribiré este libro.

¿,Cómo llegué á maestra ele escuela·?
Fuí la hija única de un doctor de l\Iarsella, y de una mujer muy
cuidadosa del bien parecer ele la casa. Este bien parecer estaba asegurado por la fortuna que nos dejó mi abuelo. Pasaban los días en
medio del lujo y la tranquilidad. Sabía yo que era rica; pero quería
ignorar cuál es la magia de la dote. Em muy bien recibida en sociedad. Debía el éxito á mis ojazos azules, franjeados por la línea obscura de las pestañas; á mi talle redondo y fino; á la hermosa trenza
castaña cobriza que me caía sobre la espalda. Era feliz; siempre alegre, siempre haciendo ruido en casa.
Mas,
desde esa época, el fondo ele mi carácter era más bien si•
,J
.

lencioso y lleno de sensaciones «obscuramente luminosas». Por ejem
plo: me sentfa vagamente turbada siempre que ante mi dicha se Hlzaba una miseria ajena. Papá y mamá parecfan hacer de n;i dicha
todas las leyes del uniYerso. Jamás medité acerca de mi egoírn10 deamor; tocábnme sólo dejarme amar, y asi lo hacía.
Pn día la de~gracia cayó súbitamente sobre nosotros, como Rúlntamente se arnontonan las nubes en el cielo y se desata la tempestad.
He dicho que éramos ricos; mas esto no bastaba á un bnen pnclre que tenía locas ambiciones para mí y me quería rica entre las
ricas. Oyó hablar de una empresa de minas, se alucinó y arriesgó nlgunos fondos, que no tardaron en desaparecer; y tras de éstos .:iguieron otro!'. Luego mi padre se ,·ió }lOseído de nna especie de fiebre:
enloquecido, siguió arriesgando lo que le quetiaba, y no tardó en
arruinarse. Entonces se le declaró una enfermedad del coraz6n, antes.
anunciada vagamente. Le vi mortalmente enfermo y no supe la cnnsa, porque él, por un supremo pudor, por lo que llamaba «su culpa,,,
quiso que yo la ignorase. Cuando, al morir él, quedé como petrificada á la cabecera de su lecho, vi á mi madre que gritaba:
-¡Ha muerto porque estamos arrninados!
:No comprendí nada. ¿Qué significaba eso de "arruinadoR»? Sólo.
me laceraba las entrañas la muerte ele aquel ser queriJo. ¿l~ra posible que hubiese muerto?....... Veía, como en un suelio, su hermoso
rostro lívido y descompuesto, sus manos enclavijada~ en el pecho, y
un desfile de personas que acudían silenciosamente á la cámara mortuoria ........ .
No volvió á ser la misma la querida y alegre casa. Por todas partes
pe1iclían grandes corti nnjes. Mamá y yo, vestidas ele In to, pasá hamo~

Los periódicos refirieron el acC'idente mortal de mi madre, recordaron la muerte de mi patlre y dedicaron algunas frases discretas á la
hija que que&lt;laha huérfana y sin fortuna. Porque no se había olvidado la historia de la ruina ele mi pobre padre, y eso ba:;t6 para hacer
el vacío desde luego en derredor de mi recuerdo.
Sólo,dos amigos me quedaron: el Dr. Cairol ysuesposa, que me
llevaron a su casa desde el día de la desgracia. De nada me acuerdo,
hasta un momento en que me encontré junto á los dos ancianof. Fué una maüana; estaba yo acostada en una recámara elegante·
!~asta mi lecho llegaban ;ayos ?e sol. Mis ojos distinguían aquel!¿
sm comprenderlo. Loca, o med10 muerta, murmuraba frases sin sentido. A cada palabra movía lentamente la cabeza en las almohadas.
No tenía fiebre; pero sí algo como un aturdimiento y parece que de
ello llevaba ya algunos día!'.
'
A mi cabecera meditaba el Dr. Cairol. Era él q11ien había cuidado mis achaques de niña, para los que mi padre no se fiaba en su
propia ciencia. Ahora no tengo padre; y el viejo amigo no ha abandonado sn puest?. Mira ,:on ?esespe.ración á la huérfana que no quiere consuelo. Hamtentaclo mil reactivos y su mujer me ha arrnllado
como se hace con los pequeñitos que gimen; pero de mis labios seco~
no se aparta la queja. El doctor está perplejo ....... intentará un Cilti1~0 supremo medio'? Consulta á su mujer y eila pilidece al oírlo. Yac1la por algún tiempo. Por fin, me pulsa, sacude la cabeza y se resuelve.
Pide á su mujer que le ayude, pero ella se aleja y se niega..... .
. Después he recordado to~os esos detalles. En aquel instante, casi
e:i:,:tmto, .nada comp~·endo: nu cabeza se mueve lentamente y mis labios repiten su gemido loco; el doctor desliza su brazo bajo esa pobre
cabeza; habla:
-Escuche usted, hija mía, está usted enferwa y consiento en cuidarla; pero ¿dónde ponerla? Esta es la recámara de mi hijo. 'Usted
eabe, mi hijo Gastón, que acaba de casarse.
La~ p~labras me llegan como ele muy lejos; las oigo mal; el doc tor contmua:
-Escuche usted, María Teresa, es necesario salir de esta recámara para dejársela á mi hijo. Ahora ya no tiene usted casa!
Murmuro:
-Por qué?
--.P~rque es usted P?bre como los pobre.s de las calles. Su padre
l~ arrumo antes de morir. La he~1.os recog~do por compasión, pero
1esulta que nos molesta un poco, l11Ja mfa. Es neceisario que Jo comprenda usted y que tenga en~rgía para que pueda trabajar.
-:Basta! exclama ~uphcante la esposa del doctor, y nos dirige
una mll'ada cuya a11gustia acaba de curarme.
-P~rque .mi pensamiento apenas flota ya; debo sanar. Sentada,
con los OJOS bnllantes, con YOZ tranquila, interrogo:
, -¿Nada tengo ya, nada? Sabía que estaba arruinada, pero no
hacia caso de ello! Antes de la muerte de mamá nada había cambiado en la casa,. aunque ya,p~pá hubiese muerto ...... ¿Por qué?
Por las sumes del medico corrían gotas de sudor.
.
-~orque los acree~ore~ re.spe!aro1~ el luto de su mamá. Pero eso
no t;-rdo mucho, y l~ ~1sena v1i:i~ meYitablemente ...... Sí, la miseria,
Mana Te~esa! La evito su ex.qmsita madre. Pero ahora usted vive,
pob;e amiga mía; sabe usted que no somos ricos ...... su presencia
aqm .....
--Ba~ta ya! repite la señora, torciéndose las manos.
-DéJele usted, señora! El ~octor tiene razón. Es necesario que
me levante, que tome algún partido. ¿Dónde están mis ropas, sefio-

Domingo 4- de Enero de 1903.

ra? No las veo. Sírvase usted dármelas. Sin. duda t,fltedes no pnetlrn
tenerme siempre consigo. Estoy arruinada ...... Es una dicha que
mamá haya muerto.
Me desmayé ror la segunda vez en mi vida.
Cuando Yoll"Í en mí, el llanto surcaba la~ mejillas del doctor.
1\1i corazó:1 estalla en Follozos hienhechoref' . ..... Estoy !'al\'ada.
Ah! las súplicns del buen hombre! Lns exolicnciones &lt;le la .:eñora. Amb.~s están junto á mi lecho, con el rostro radiante ele ternura
y confus10n ....... .
-•-Era para curarla ...... Es usted altiva ...... Sólo eso podía sr.carla de aquel e~tado. No nos vuelva usted á hablar de ello. Nosotros
la querernos mucho, mucho!
Me abrazan, estrechan mis manos; son momentos indecibles dedolor y de afecto. Les &lt;levuelvo rns cariño~. les consuelo ...... Ahora
soy yo la fuerte y ellos los que están abatidos, porque no desisto demi propósito de partir.
-¿.Dónde iría usted, después de todo? pregunta colérico el doctor.
-¿,Dónde? Buscaré y encontraré...... Tengo dieciocho a Ji os, soy
instruída; mi deber es trabajar. Concédame algunos días para reflexionar, para buscar mi ruta.. .. ... .
-Algunos días! Ingrata!
Están aturdidos y vacilantes. Por fin, el doctor inclina su blanca cabeza.
-Tiene usted razón, es el deber. Que nuestro cariño no la estorbe ........ .
Salen ele la pie-za. 1Ie le,·anto, me baño el rostro en agua fre¡.:ca,
y cuando me veo al espejo, me asombro de la seriedad que habían
tomado mis rasgos .... .. hay en ellos algo mús de nohlrza; se ha calmado el temblor de mis labios; mis ojos brillan con fulgor tranquilo.
Nada de lo que busco se ha niostrado aún en mí; pero siento que estoy en la \'Ín. recta: el ambiente moral que respiro place á mi ~ano
pensamiento, que las mas abruptas cimas del deber no espantah.
l\Ie presento ni comedor. Mis amigos me rodean tle las mayores
ntencione~. Xn se habla una sílaba de lo que á todos nos prt&gt;ocupa.
En la noc-he siguie11te, con el codo apoyado en la almohada, paso
las horae soñando despierta. Lo dije ya: soy instruída y quiero trabajar; rero ¿.cómo? Soñaré en una casita modtstísima donde virn !'lula
sin ser una carga para nadie. ¿.Qué trabajo me ¡.ermitirá loararlo·?
me pongo á dnr leccionef:', ¿me bastarán para los gastos ir~dispensables·? Ignoro la totalidad de las exigencias de la vida pero tengo el
instinto de tantas necesicladEs, que me espantan.
'
En mi espíritu surge la Yisión de una institutriz que conozco.
No pue~o rec~rclar su nombre; pero lo~ detalles que se me agolpan,
cubren a e,;ta JO\'en fisonornfa de humildad y ele tristeza que me oprimen el corazón . Seguramente que esa muchacha de veinte nño;:: ha
de tPner alegría, ingenio, esperanzas! Pero nada asoma á su pá'lido
rostro .
. ~s el re~ejo rngo de la ~eñori ta mayor de la casa, y á los ojos de
la nma, .¡.:u d~~cípuln, .es un Juguete de la señora de la casa. ¿,Aceptaré una situac1on semeJante? En la sombra de la noche mi frente se
contrae ...... Xo! no! Nunca! ..... .
l\Iejor estar i-ola y libre! Construir una casita no sé dónde· reinar en ella. Dónde? Cómo? Jamás había oído hablnr de la vida de
la in~titutriz municipal ;mas he aquí que la casita de mi imaginación se
convierte en casa de escuela; hay una clase llena de niños· uua. recámara doncle me ~·etiro ?e~pués de mi trabajo; por todas pa'rtes flores,
ventanas de co1:rnas rusticas, que dan sobre un campo apacible ... . . .
Cosa extra!ia! A mí ll~gan los .perfumes de esa campiña! l\Ie
duer!no tranqu1!?11lf&gt;nte.. ~I1 pensam1~nto ha resbalado de la inquietud a la r;soluc1on clefin1tn-a, como si una fuerza mágica acabase de
llevarm~, a esa vía y_ ~firmarme ~n la dicha de ella. Sin esta previa.
persuas1on &lt;le la fel1c1dad. habna fatalidades.
Seré maestra de escuela!

Si

III
Al día siguiente doy cuenta de mi hallazgo. La señora de Cair?l .escu~l1a; el c!~ctor trata de disuadirme ...... He dado desde el princ1 pio m1 res~lu?10n final; por fin, el doctor aprueba, á medida que
desarrollo mis ideas de la víspera.
, -Uste,d institutriz en mi familia? Vamos! ..... .Ha tenido usted
r~zon •••·••No era e~o lo que se necesitaba . ..... ni dar lecciones en la
cmdad: es~o es peligroso. Allá en mi lugarejo, es distinto: el campo,
la verde_ hierba, el .canto de loR gallos, el balido de las ovejas ... ..
La senora, lo mismo que yo, mira al buen hombre que al fin no
puede contenerse: .
'
. -Con~·enido, nifia! Usted es muy instruída. Xo nos será difíCJl consegt~1rle en:ipleo en una población corta. Falta el diploma .... . .
gsted no tiene diploma; y, en verdad, á pesar de su ciencia necesita
ste1 ese papeh~cho. Así ee que permanecerá usted aquí. Sabe que
Gaston no _necesita de su rccá~ara, pues hace el viaje de bodas, que
du~ará meses. Por consecuencia, será usted nuestra hija, quiera óno
qmern, en tanto que consigue sus papeles. Magnífico!
Quedo estupefacta. El doctor se frota las manos. La señora encantada, me besa. Pero es cierto lo que dicen : tengo que perma~ecer
allí.
-Pero, amigos míos, ustedes no son ricos.
-Y~m~s, niña, hasta por hoy!
, ~fe _mclmo ante su decisión, llena el alma de gratitud. Desde el
d1~ s1gt~1ente entro en campaña. Quiero gastar lo menos posible r.
n:11s amigos; así e~ que no seguiré estudiando en mi antigua escuel/
srno en una gr~tu1ta, puesto que soy pobre y aspiro á emplearme e~
una escuela as1.

�Domingo 4 de Enero de 1903.

EL :MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO
M:e echo á buscar. Entro en la escuela que encuentro mfts_cerca.
-Aquí-me dicen- no es más que una escuela primaria. Usted
habla de diploma, y necesita dirigirse á una escuela superior, por
ejemplo la de la calle de Bergers .... .... .
l\Ie dirijo allí, pero mi estoicismo se detiene ante esa resoluci6n.
Un :fondo de orgullo en rebeli6n, uua altivez de mala ley que me decidía á mezclarme lo mehos posible con las niñas e.le la escuela. Fuí
introducida al despacho de la di rectora. Jamás olvidaré ese instante.
Mi voz vacil6:
-El diploma elemental, señora, y también el superior. Quisiera ambos en este acto. Podré alcanzarlos trabajando día y n-oche, si
es necesario. Quiero saber solamente si este establecimiento está á la
altura de tales estudios; si aquí se siguen todos los programas.
Que adivin6? ...... Sus ojos grandes me miraron.
-Quiere absolutamente concluir este año? Por qué no, si está
Usted resuelta á trabajar? Sí, la escuela está á la altura. . .. D6nde ha
hecho antes usted sus estudios?
Sentí un impulso rebelde; no quería recordar nada de mi pasado. Iba, no obstante, á responder; pero la directora me interrumpi6
con su voz dulce.
- En fin, no es necesario saberlo. Voy á inscribi r el nombre de
usted, y le quedarán abiertas las puertas de la escuela.
Acerc6 un gran libro de registro; buscó una página; luego, cor,
la pluma ya lista, alz6 h::i.cia mí su hermosa frente. l\Ie atemorizaba
tener que decirle mi nombre, que podía hacerle conocer mi historia.
En ese momento llamaron á la puerta' y e; ,tr6 una niña.
-Ah! mi pequeña Cecilia-dijo bondadosamente la directora,falt6 usted esta mañana; lo noté en la clase de aritmética .......... Por
qué?
Muy rubia, intimidada,no de mí, á quien ni siquiera había visto, sino probablemente de la directora, respondi6 la niña:
-Mi padre se hiri6 con una. herramienta al estar trabajando,
señora. :Mamá, para cuidarlo, dej61a ropa que debía entregar y que
no estaba acabada de lavar, y he tenido yo que terminarla.
-Es grave la herida de su papá, Cecilia?
-No,sbñora. Un día de reposo, según parece. Lo principal era
esa ropa.
-Bien, bien ...... Prncure usted ahora ponerse al corriente con su
clase.
- Lo haré, rnñora.
-Una palabra, Cecilia. Ruegue usted á la señorita Vernet que
venga un momento.-Ya la mandé llamar con una niña que ha de
haber olvidado el encargo.
Y, volviéndose á mí, iba á hablar, cuando llamaron de nuevo.
Era la Señorita Vernet,que se disculpaba de haber tardado.
-El profesor de dibujo me retenía, señora...... . .. .
-Bien, querida señorita. No es sino una palabra acerca de la
clase de geografía. Habrá que arreglarse de manera que las niñas
puedan estudiar de día ese libro. La mayoría de ellas tienen en casa muy poca luz, y los nombres de los mapas son tan finos que sus
ojos se fati~an pro~lto. Más 0rde hablaremos del asunto; por ahora
vea usted s1 es posible cambiar la hora de estudio.
Sonreía dulcemente para acompañar con su sonrisa la retirada
de la joven profesora. Y luego, volviéndose á mí, me dijo resueltamente:
-Señorita.
Yo debo de haber estado muy pálida. Refugiada en un extremo
de la pieza, había asistido á esas escenas. La colada de la niña Cecilia•
esos hogares entrevistos, en los que la luz no baetaba para alumbrar la~
páginas del atlas; esa bondad de la directora; esa tranquilidad en el
deber........ . Qué era aquella pobreza cuya revelaci6n, en lugar de
ocasionarme disgusto, me causaba una emoci6n extraña, una emoci6n
de asombro?
-Bien, señorita, es necesario decir su nombre; es un requisito.
Me agité para volver en mí.
-1laría Teresa Romane-murmuré.
-La hija del Dr. Romane, de quien han hablado los peri6dicos?
Sí-dije con brusquedad.
Ah !-exclam6 dejando la pluma. y viniendo hacia mí.-Pobre
pobrecilla! Cómo adiviné que sufría usted!
'
l\Ie hizo sentar, y quedó de pie, mientras yo me ocultaba con
las manos el rostro, inundado de lágrimas..... .. ..
.
-Llore usted. ... .... .Conozco su historia! un padre y una madre
muertos ambvs en tan poco tiempo.
A poy6 su mano en mi hombro.
-Y no es eso todo. Ha ve!1ido usted aquí tan pronto, porque
no tiene nada ni á nadie, ¿no es verdad?
Quiere usted sus diplomas para hacerse un porvenir? ¿Qué
porvenir?
-No tengo hogar, señora, y pediré un empleo al gobierno.
- D6nde, en una poblaci6n corta?
-Sí, seüora.
. Después h~ recordado que, en aquellos momentos, sus ojos se
pusieron sombnos, y su frente se contrajo al pronunciar las palabras
siguientes:
-Por qué no mejor ser institutriz en una familia?
Y después de una corta vacilaci6n:
- .... .. . .. O empleada. en un al macén, 6 en un puesto cualquiera
en el teléfono ó en el telégrafo!. ...... .. Por qué preferir la soledad de
un 1ugarejo?
.
-Así lo quiero-ineistí, s~jeta aún á la magia de la palabra ccsoledad, J&gt; que acababa de pronunciar la maestra. Así lo quiero!

Domingo -! t1c Enero de 1903.

Retir6 su mano de mi hombro. ·Ahora tengo la impresi6n de que
desde ese instante qued6 resuelto mi dP-stino. Su ade~án significaba
((La compadezco, pero adela.nte ...... debe de estar escr1to)).·:· ··
El rostro expresivo de la. directora, sus maneras delica.d.as,, su
bondad las escenas que había yo presencia.do, todo me conquisto.....
Hice a1;te ella reflexiones' acerca de mi es:.Udo de ánimo,
que no. ha.
bía hecho ante mis amigos los Cairol. La hab~é de m1 permanencia. e.n
casa del doc~r, de la posibilidad que me br~ndahan yar~ hacer mis
estudios en donde quisiera; pero que yo hab1a preferido 11" á una .escuela gratuita: Hasta. me atreví á decir que bendecía esa resol uc16n
que me había llevado á elfo..
. .
-Es usted complaciente, sefi.ora.. Los sufmmentos no la arredran; es que debe usted de h~ber visto tantos.
,
.
.
J\le miró como p1·eguntántlome lo que yo habia quendo decH, y
pareci6 haberlo comprendido luego.
-Sí,esa tarea de lavado, esa herida del padre de Cecilia, esa historia de las lámparas .. . ... todo eso asombra á usted sefi.orita ......... Lo
comprendo: ha vivido usted siempre tan lejos de las miserias!. ....... .
si usted supiera qué poemas hay en estas miserias! ....... .
8u rostto se había transfigura.do.
.
Después afiadi6, con sonrisa tranquila, en tanto que su voz vibraba aúu por el entusiasmo con que pronunciaba las palabras:
-Este pueblo, .sefi.orita, es el hermoso pueblo de Francia. Usted mer~ce pertenecer á él, puesto que ha venido á nosotros y quiere
trabajar valero.samente.
Se puso en pie. Salí de allí deslumbrada por no sé qué visiones
adivinadas. He leído en alguna. parte que las almas, aun aquí en la
tierra, antes de haber franqueado la muerte, que es una elevación,
suben algunas veces un grado en la escala misterio&lt;:1a del conocimiento.
Creo que yo acababa de subir un grado.
IV
Fueron horas únicas en mi vida. Ignoraba lo que es el pueblo:
le conocí y le admiré. Todo el Marsella obrero, pero que piensa. y
que no se cree inferior por ser pobre, envía allí á sus hijos. Belleza,
inteligencia, valor, deberes formidables y cumplidos con amor; trabajo admirablemente arreglado en la eseuela y seguido con fiebre noble y sana; el porvenir meditado con calma y aceptado de antemano
en todo lo que tendrá de riguroso: tal fué la impresi6n que me causaron las j6venes de la escuela.
Aceptaban su situaci6n en calma, aun con cierto gozo tranquilo
que prendía en sus hermosos ojos fulgores de juventud y de fe. Por
qué no haría yo lo mismo? Qué más era yo que ellas?
Oh! sus pesadas trenzas, sus talles esculturales de marsellesas
su tiute sonrosado, sus pupilas azules como el mar, 6 negras, de u~
negro aterciopelado. Y su lenguaje, á la vez entusiasta y puro! Y su
gusto por tudo lo que es poesía, arte!. .....
Adorables criaturas, tan modestas y tan llenas de perfecciones
cuyos ensueños todos se resumían en ese diploma que debería hace~
ros independientes de vuestras familias...... Sin duda que esa situación, tan soñada, se os aparecía con probabilidades .de dicha ..... . Yo
veía estremecerse la esperanza en la sonrisa de vuestros labios entreabiertos, cuando alguien relataba ante vosotras la historia de alumnas que os precedieron.
Armanda, la institutriz de los niños de una. gran familia en Rusia, y que s.e cas6 con.el intendente del castillo. Luisa, la s~bprofesora de un mternado importante, y que acababa de ser solicitada en
matritl]oni? por el profesor d~ historia. Rosa, la bella é inteligente
Rosa, a qmen había yo conocido y que iba á casarse con el hermano
de uno de sus discípulos. Seguían los detalles menudos: la casita de
Rusia, que Armanda había descrito en una carta· la instalaci6n de
Luisa en una babitaci6n modesta, que todos habí~n ido á visitar·
por fin, y sob1:e todo, Rosa: había pedido un puesto de institutriz e~
un pueb!o, y sólo esperaba su no.mbr~mien~o} para casarse; después
~archana al pueblo con su mando: el abrma un taller; ella trabaJaría. en la escuela.
Y al fin sucedió ........ ..
Lo supimos inmediatamente...... La carta pas6 de mano en mano. Las j6veues la leyeron conmovidas y soñadoras, y por sus frent~~ puras surcaron, como nubecillas, muchas esperanzas........ Tamb1en ellas serían felices. -¿Por qué no?
·'
-Te confieso que yo preferiría un profesor, un maestro de escuela c?mo yo, decía una4 cándida como si en su mano estuviese el
porvemr.
-En e~ecto, decía otrn, pero Ger6nimo es un excelente obrero.
. -No digo que no .. .... Y, además, se amaban mucho desde ha?e tiempo. l\Ias p3:ra nosot~as, que no pensamos en nadie, sería meJor UJ: profesor. M~ra: la misma cultura de espíritu, las mismas ideas,
las mismas ocupaciones, lo misma casita de escuela.
. L~s hermosos ojos de todas aprobaban en silencio, con esa ligera
d1l¡tta~6n de pupila en que parece que el alma, para entregarse al
ensueno, abre la ventana. y se pone de codos á ella. Y esos silencios
~dora?les se prolongaban y hacían asomar el carmíh á las mejillas
JUvemles.
(CONTINUARÁ.)

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--

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EN MADRID EL 5 DEL CORRIENTE.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Año Nuevo</name>
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        <name>Árbol del Rey David</name>
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                    <text>..
TÓNICO - RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

De todas partes del país nos informan los médicos haber
devuelto la salud á un número considerable de enfermos
de tisis con la administración del Pectoral de Cereza del
Dr. Aye1•. En muchos casos la curación ha sido completa,
en otros ha proporcionado notable alivio.
Y nada hay tan excelente para la tos como el Pectora1
de Cereza del Dr. Ayer. Esta eximia medicina ha curado
toses por espacio de casi sesenta años. Téngase siempre
á mano. Cuando no se tiene cómprese t:na botella á la
primera oportunidad, y si algún miembro de la familia
padece de un resfriado, convendrá procurarse una botella
sin demora.

EL MISMO

EL MuNo·o

"'"'ºSo

_AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 26.

FERRUGINOSO : SIETE M~AS•eORO FOSFATADO:
be11ia,
Cloro1i1, Counlecenciu, ,te.

PARÍS

ZO, lut des Fot1'1•Sl•Jacques
1 en tu F~rm,ciu.

ILUSTRADO

MÉXICO, DICIEMBRE 28 DE 1902.

Director: LIC. RAl'Al:L RtYf~ ~PINDOLA.

Oerente: LUtl; Rtlt~ ~PINDOLA.

Linfatismo, Em6fola, 846
Infartos de los Ganglios, etc.

Ele:,cesoóetrahaJomentalprodure el agotamiento óe fuerzas

LA LUCHA POR LA VIDA NEURASTENIAy

Preparado por el DR. J. C. AYER &amp; CO., Lowell, Masa., E. U. A.

de,gastP rlt&gt;I s,s,pma 11~n·1oqo. r1·eando una cleb1hdad tal
~"" ara ha ron l,l"- n1wnnas \'ttales . en una palabra, la

LA KOLA FOSFATADA BOTTA &amp; BALTA
nhnrnrln r,~·no alimento de primer orden, da vigor a la celula nerviosa. normaliza.

las secreciones del jugo gastrico regularizando las funciones digestivas.

Breve: DI:VUELVE LAS FUERZAS, DEVUELVE LA VIDA
De venta en las principales larmacias.-Representante en México: D. L. Pigout, Ortega. 27.

Vlao t.rtlfloante, digutiv•, t6nloo, reoon■Utuyente, ele nl&gt;or esoeleate
.... etiou para 1aa penonaa debWtadaa que loa ferrugino■oay la■ qubaaa.
0.uerYaclo por el m•todo de llll. Puteur. Preacrü,e■- 911 la■ moleatla■ ••
~ • • la oloro■ia, la anemia 'T 1u oonvalecenolu 1
vine a
11~,-19aue;DD-4a • lu per■onu el• eclecl, • las mujerea, j6'NDea 'T • loa suAoa.

SUPERIORES COMO AGUAS DE MESA

••te

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ª"· ,, ,,,

Ql80 .MUY lfflPQP:UNTI,. - El l1nlc1 VINO •utdntlct
i A F ~ . ,,
eüítíín, ,, lllflChO di /11m,rs,
11 ,,.tt/f!IIY di fUI 81 hac, m,nctdn ,n ,, ftl'fmull/'IO di/ ProfHOII
OUOBAIU&gt;AT 11 ,, da 14" OLEMENT y c1a, di Ya/1nc1 (Dr,m,,
r•nol~, - C•'• lot111a 1110a ta marca di ta UD16n de loa i'abricuttl
,n llPIICUlll un m1dal"n ,nunc/ando ,, " CLETEAS ...
LII di/MI 11n 111ru y p1111rosas falslltcacton11.

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BAÑO
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á las.~ales
"LA REMP1A~ANTE"
Agua para
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hermosear la
Í',_sle ban,, _muy h1g_1en1_co, refresca Ysuav1za la piel, la hmprn perfectamente,
dejándole un agradable perfume. Está
particularmente recomendado como
locion cotidiana para los niños. Durante
los grandes calores es un tónico excelente de la piel y los músculos.

cara á las plantas 111isleriosas de Orieute
'
.
.
•
conserva el t111t_e. ev1la las arruga&lt;, y
reíuerza los teg1dos de la cara f.1t1gada.
..

Depo11toGeoml:B.vG.GCETSCHEL,

MARCA DE FABRICA.

/YIEX 1CO. A P"rtado 468.

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DEL DR. TORREL1 DE PARÍS.
U nica preparaci6n que evita la caida prematura del pelo, lo aumenta, suaviza y hermosea, á la vez que le comunica un aroma agradable.
Su acci6n antiparasitaria y antiséptica, unida á un no·
table poder excitante del folículo piloso, hace nacer el
pelo en las afecciones decalvantes del cuero cabelludo y
evita la caspa.
Una cabellera abundante y bien cuidada, es, sin duda
alguna, el ornato mejor de la mujer; el PETROL proporciona el medio más eficaz para conservar este bellísimo
atributo.
El uso del

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T□RRB.1, DE. PABIS,

evita la calvicie prematura, que tanto afea y comunica al
hombre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado.

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PR'l'R01 DR1 Dr.

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DE VE.NTA EN LAB DROGUERIAS Y FARII/IAO/AS.

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ldem ldem. en la capital,,. 1.25

MAZATLAN.
VISTA GENERAL DEL PUERTO.-EL PASEO DE LAS "OLAS ALTAS."

�Domingo 28 de Diciembre de 1902.

EL )1U.NTIO ILUSTRADO
Domingo 28 de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

ministro de mtxico en 6uatemala.

LOS SENTIMENTEROS
No hay que confunclirlos con los sentirnentaleR.
Los sentimentales F&lt;on harp:1s eólicas, &lt;le
cuer&lt;lai- de&gt; oro y de dobles peclales, que vibran al menor contacto. que resuenan al menor soplo y que reprrcuten loi- más fugitiYos
eco!':. Ph;cas de gelatinobromuro, los sentimentales, todo io reproducen y todo lo refüjan; én su espíritu &lt;lejan huella8, aunque ~ugitivas, todos los sucesos y todas las emociones.
Ven llorar y lloran, oyen reír y ríen. la indio-nación loi; contagia, b cólera los contamin:. Son patriotas, fil{:ntropos, apóstoles, justicirros, ven.l ugos y re&lt;lentorrs, srgún las circu11--tancias del momento ~• la. variepad &lt;le los
suce~os. Son cap:ices de ape&lt;lrear obispos en
Yeracrnz y de llorar la exclaustración de las
monjas. Jtl día del crimen fulminan al asesino y el día de la expiación lo lloran y piden
su'indulto. No pue&lt;le.1 soportar el espectáculo
de la iniquidad, &lt;le la injusticia, de la miseria · pero si se ofrece, son ca paces de ,:aquear el
Pa;.iún. El tre~ de Ocluhre odian á Maximiliano, y el diecinueve de Junio 8e arrojan ú los
pies de Juúrez é imploran para él su misericordia.
En suma, son camaleone8, bnt&gt;ncs chicos y
locos de atar; ateos cuando pierden un hijo, y
creyentes ruando 1&lt;e sacan la lotc•l"Ía.
El sentimenlero C'S otrn co!'n v mucho ctwnto. E,-te tipo parece creer que s u pen,onali&lt;lad
es el centro de todo y la con nirgencia necesaria del resto. No puede concebir que se le olvide ó que se le posponga; reclnma con imperio ó lamenta con amargura que i=:c le haga esperar, que no i:.e le ;;alude, que no se le dé la
acera ó no se le ceda el paso. A_y de aquel que
olvida felicitarlo el año nuevo, enviarle tarjeta
el día de su santo, festejar sus triunfos ó participar de su~ clolore!-!
El protocolo, sobre toclo, le preocupa terriblemente. En la me:a:a ha de ocupar la cabecera, ha de apadri nar el conyungo, presidir el
duelo, y como decía Cánorns de Caf'telar, en
el entierro quisiera ser el muerto y en el casamiento la novia.
Si cae en cama, no nos perdona qur lo lrnyamos ignorado,como tampoco que no lo hayamos im·itado á velarnos en nuestras enfermedades. Suele descuidar el pago de sus visitas;
pero exige se le paguen las i:.uyas. Llega á la
hidrofobia ó á la postración melancólica,cuando sabe que, urgidos de dinero, hemos recurrido á otro que á él, sin perjuicio de estar
s iempre exhausto de fondos cuando á él recurrimos.
Qurere ser siempre él quien nos presente á
los magnates y nos recomiende á los potentado,, y suele padecer, á la vez que el delirio
de las grandezas, la manía de la perFecución.
Cuando viene á menos, es cosa de echar á
coner. Le parece que todo el m1111do lo esquiva, le huye, lo menosprecia ó le escarnece.
Con la espuma en los labios ó las lágrimas en
los ojos, s_e gún su temperamento, ya desafiando con la vista, ya sonriendo á la vez irónica
y melancólicamente, distribuye á todas sus
amistades y conocimientos impertinencias,
saetas, reproches amargos, jesuíticas reconvenciones.
-Adiós, tú; ¿qué ya no me saludas desde
que dejé el avalúo de empeíios?
-¡Qué quieres, hermano! ya ni amigos tengo desde que salí de la Comisaría del 5'? J\lenor. Los que comían en mi mesa,se hacen disimulados; los que se disputaban las invitaciones á mi;; posadas, se hacen patos y me dejan con el saludo. ¿Y tú por qué no has vuelto por nllá? ¿Nos has echado tierra porque nos
ves t!e capa caída? Ya Yolveremos á subir y
entonces contaremos contigo; no es verdad?...,
-¡Uomlire! ni una palabra me has dicho
de mis ver~os. Está bueno ... así son los amigos. J\Iientras más se vive, más se ve.
Y así por ese orden.
Si en vez de ser él quien va ámenos, somos
no'!otros los que vamos á más, es peor todavía.

Todo se vueke chifletas, sátiras y reproches.
-Cuando éramos capenses en San Juan
de Letrári, n o me dabas antesalas; y ahora que
eres ministro, me pe~as cada plantón ..... !
-Oye: vrocura que conmigo no se te suba
l o coronel; yo te conocí ciruelo. ¡ A otro perro
con e~e hueso!
- Nunca esperé ele ti que porque me ves sucio y arrancado y despu~s de lo de )a supue~ta
estafa ya no me lleves a tu casa m me qmeras re~omendar en el Banco Hipotecario. Bien
dicen que en la cárcel y en la cama se conoce
á los amigos! y tú ni fuiste p'.lra irme á ver
á Belén, y cuando lo del navajazo, ni preguntaste por mi salud.
A yeces, de pronto y sin saber por _qué, un
antiguo a migo nos niega el saludo, nos pone
mala cara y nos barre con los ojos.
-¿Qué rnosc:1. le ha picado á Antonio, que
ya ni me saluda·?
_
.
-Pues dice que eres un mgrato, un cochino y un indecente. Que el día del temblor
echaste á correr y le dejaste con la palabra e n
la boca; q ue una vez que subió al tren, hiciste como que leías, para no saluclarle; que no le
diste parte de casa, y que un día que esté de
mal humor, te ha de romper el alma.
Y I u ego hay quien se sorprenda de que en
:México no haya vida social po~ible!

h oras ele duelo, nos van olvidando. Apenas el
dolor empieza Ít atenuarse, cuando ya no somos, en el espíritu de to&lt;los los que amamos
y que nos amaron, sino_ un:i- n1ga_sombra melancólica, que la banal mcl1feren_cia del mundo no tar&lt;lal'Ú en horrar. A medida que nuestra memoria se extingue en su corazón, surgen en él otras ternuras, y otras imúgcnes ocupan nuestro lugH. El amante ó esposo muerto
ve cómo otl'o ho111bre llena l uego e l alma de
su am tela · ve cómo la acaricia y la hace suya,
mient1a, él sufre un tormento ::atánico en el
fondo del sepulcro. El hijo, el hrnuano ó el
amigo, aherrojados en la trrmen&lt;fa. cú rcel_, se
estremecen continuamente de dolor, hendes
por la fragiliclad de los sentimiento,, humanos.
Y esa espantosa pena se a larga indefinidan~ente seo-ún la magnitud de las faltai:. cometidas
e1~ la tierra· h asta que al fi n, terminado el negro castigo,' nos envuelven las plúciclas sombras del nirl'ana.
-Pero ¿no crees que pueda existir un ser
superior que haga ele su corazón el santuario
religioso de un recuerdo? Yo 1'é amar hasta la
muerte, hasta más n llú de la lll nertr. J\Iafürna
mirn10, si tú m urie:-;es, querido IIéctor, mi
boca dejaría ele sonreír y ninguna alegría humana hallaría eco en mi e,;píritu. Por lo demá,; vo creo en la vidn eterna. l::ii yo muero
unt:s "que tú, mi alma ,;e manifesta1:ú á la tuya de u1;a manera profunda.

Para cubri r el puesto de J\Iinistro Plenipotenciario de México en Centro-Amé1ica ha sido
n ombrado ú ltimamente por el Ejecutivo el Sr.
Lic. D. José F. Godoy.
Nació el Sr. Godoy en 1851; fué por algún tiempo Oficial 2'?de la Secrf'taría de Relaciones Ex te, iores y, tlespué~, Vicecónsul de
J\Iéxico en San Francisco Californin. En 1893

LA MESTIZA.
Es de la tierra yucateca, gala,

v hermosa flor de nítida blancura.
Radiante de belleza y donosura,
con el perfume que su cuerpo exhala,
con su terno tan blanco como el ala
de vaporoso cisne, y con la pura
y clásica es bel tez ele su escultura,
nada en donaire y juventud le iguala.
En sus jugosos labios encendidos
la palabra es arrullo dulce y tierno
que despierta amorosas sensaciones;
por eso cuando pasa, van prendidos
á los bordados de su limpio temo
muchos enamorados corazones!

III

0

ROMANZA DE ULTRATUMBA.
I
Cuando ella vivía sobre la tierra, nuestras
almas unidas soñnron en este fúnebre aniversario muchos sueños profundos.
Tras los cristales opacos cae la lluvia, tenuemente. Grises neblinas cubren las montañai=:, en el horizonte; y todas lM cosas, en el
pálido crepúsculo, parecen quejarse de su dol or inconsolable.
Cuando ella vivía sobre la tierra, nuestras
almas unidas soíiaron en este fúnebre aniversario muchos sueflos profundos.

II
El año último vagamos por la necrópolis
desierta, como dos sombras errantes.
-Héctor -me dijo la amiga inolvidable,¿crees en la vida futura? ¿A dónde van los sueíios del espíritu y el amor de las almas cuando la losa del sepulcro se cierra sobre los cuerpos inanimados? Yo no tern o la muerte; más
bien la considero como una piadosa libertadora; pero á veces me conturba su terrible misterio.
Yo le expuse mis dudas y meditaciones sob re el ccmús allá;» y mis extrañas teorías la dejaron pensativa.
-La vida material se extingue-concluí.Pero en la forma fría, en el cerebro inmóvil, y
después en los huesos amarillos, queda aún
una fuerza prodigiosa. El recuerdo persiste y
hace ver, como en la alucinación ele un sueño,
todo lo que pasa en el mundo. Una clarividencia singular, una sutilidad en los detalles,
nos rnue,tran los actos y los sentimientos de
las personns á quienes estuvimos unidos. La
expiación de nuestros crímenes ó errores está
en esa trágica persistencia del recuerdo. Desde el inst.ante en que concluye el vigor vital,
todas las muertas energías se resumen poderosamente en esa única fuerza. de visión. Ya
en la tumba, nosotros ccvemos, oímos,» todo lo
que hacen ó dicen y aun piensan, los seres
que en la tierra estuvieron ligados ú nosotros
por la sangre ó por el afecto. Escuchamos sus
voces, sentimos su presencia; y sufrimos horriblemente al ver cómo, pasadas las primeras.

Hace ya much os aíi.os que la dulce cría.tura
reposa bajo la tierra, que cc,·i ve» bajo la tirrra;
y h e nquí de qué modo su t•~píritu Yino á besar mi espíritu:
... Ella amaba la mú,.ica hond1i é intensa,
que h·ice soíiar nobles cosas y embriaga el alma con un vino de ilusión. 8abía hacer llorar
al piano, de amor ó de pena. Era su fa\"Orita
una romanza impregnada de lúgrima!-; una romanza delicio~a y pura, cristalina y triste.
Gui:túbale tocarla en la hora del crepú~ctilo,
cuando el Rol ngoniza, cuando el sol se llena
de som b~as surca&lt;las por fugaceR resplandores
de oro. Hundido en un sofú, t'n un ángulo
ob~curo, yo recogía, en lo mús recóndito de
mi ser, la:- nota,- dolorosas.
Hallábarne a.l anochecer de un día de otoño
en nna tiPrra extraña, muy lejos del 1ugar en
que ella duermr. Era e11 el ea111po y reinaba
el silencio. La lu na se alzaba, en la misteriosa
l ejanía, como un enorme pájaro de p lata. Pensaba, como siempre, en la muerta adorada,
viva como nunca en mi f"Spfritu .
De improviso llega á mí, del brnmoso horizonte, ele no sé qué úmbito lejano, una melodía sobrehurnanamente triste, ()lle me habla.
de cosas profunclnR _v nie hace sufrir una pena
mortal. ..... Cerré lo, ojo,i, estrrmceidos de dolor; y sentí durante un segundo, mientras se
extinguía la rnmanza d e ultratumba en el aire
inmóvil, sobre mi hoca 6 solire mi corazón, el
sabor, i,ólo por mí conocido, de sus besos ... .. .
de sus besos deliciosos _y crneles, que enseñaron {¡ mi alma una nuM·a tristeza)' dejaron
m is labios pálido!-, pálidos ha~ta la muerte.

pai:.ó á Centro Am éri ca á desernpeíiar el puesto de Primer Secretario de la Legación &lt;JUe,en
calidad de Encargado de Negocios «ad ínterim»
tuvo á su cargo durante un período de tres
años.
Más tarde fué removitlo á la Legación ele
J\Iéxico en \ráshington, con el mismo carácter de Primer Secretario; en dos ocasiones distintas estuvo encomendada á su tacto y laboriosidad, por falta del 11i nif-tro, la Legación.
Por último, al reunirse en México la 21~ Conferencia Internacional Americana, el Sr. Li c.
Godoy recibió el nombramiento d e Secretario
de la Delegación ele J\Iéxico, prestando al Congreso importantes servicios.
El nuevo l\linistro Plenipotenciario es muy
estimado en los círculos dipl omáticos y su
nombramiento se ha recibido con aplauso.

***

SR. LIC. D, JOSE F. GODOY

Vedla; de su cabello, que es tesoro
de gracia y opulencia, baja el leve
rebozo, en tanto que el fustán de nieve
el raso besa del chapín sonoro.
Con la &lt;lulce esbeltez del sicomoro
su talle cimbrador airoso mueve,
y en su garganta escultural y breve
cuelga el rosario de corales y oro.

En el baile es manojo de primores;
y es mús bella, y gentil y deslumbrante
si al compás &lt;le! rima&lt;lo taconeo,
dan&lt;lo al aire los brazos seductores,
se desliza, gallarda y ondulante,
girando en el rumboso zapateo!

~·
LUIS ROSADO VEGA.

ARTEMIS.

Un acre olor de bosques surgiendo en todas partes,
¡oh Cazadora!, en ondas ardientes envolvía
tu castidad de virgen, tu indómita energía;
y h acia la espalda echando tu cabellera, partes.
De los leopardos roncos los ásperos gruñidos
se escuchan en la calma de las nocturnas hora!',
y quedan, en la senda que ~-ápida devoras, .
tus perros, sobre el rojo tapiz del bosqu e, heridos.
Así te place, 10h diosa!, que la espina te hiera,
que en tus gloriosos brazos las garras de la fiera,
dejen los anchos surcos de su furor marcados;
Y gozar con la bárbara dulzura sin !gual
de unir, en tus combates, la púrpura rnmortal
con la sangre que vierten los monstruos degollados.
JOSÉ MARÍA DE

HEREDIA.

FROILÁN TURCIOS.

Noviembre de 1902.

UH DOCUl!llENTO CUBIOSO.
En l os archivos del Colegio de la~ Vizcaína~ ~e guarda, com'? positi·oso el pliego que contiene la s:.h c1tud que, para mgresar
van1en t e cnn
· · ,to como alumna pn:sento, á l a .J un ta D"Hect·1va D ona
al E stablecimien
'
d 1C
"d d Q
María Josefa Crescencia Ortiz, despu és e~po,:a e orreg1 or e ueéta Y heroína de nuestra Independencia.
.
,
r EÍo liego á que nos referimos y del cual damos copia fotog1 afica, aparece f~chado en 1789 y se conserva perfectamente.

"

"EL MUNDO ILUSTRADO"
PARTICIPA)IOS Á XUESTROS LECTORES QUE EN
EL CORSO DEL AÑO E:'.'&lt;TRANTE L\IPLAJ\'"TAREMOS
EN "EL MUNDO ILUSTRADO" 1!EJORAS DE GRAN
IMPORTANCIA.

rt· á la Junta Directiva del Colegio
Solicitud presentada por Doña Josefa O ,:z,
de las Vizcaínas.

que el temor á la muerte;
El amor a, 1a v i"da no es en el fondo más
:-,
, l
· d d ·
así el instinto eocial no descansa sobre ei amor a a socie a , smo sobre el~temor á la soledad.

�Domingo 28 de Diciembre de 1!)02.

19~ c_liamantes, 342 e~meralclas, 26 rubíes,
4 J_acmtos y !_!&gt;47 perl,as. Parece, por otra
p:ute,gue la\ 1rgen fue despojada alguna vez
de vanas ele sus joya~.

'

mtxico en San touis m1ssour1.
I?,esde q~te nuestro Uobierno acrptó l:t invitac1~n oficrnl del de Estados Cnidos pam concurr~r al próximo certamen de San Luis )liRsoun? se han h_echo todos lo" preparativos nec~sa_r10~,encnmmad_os al mayor lucimiento y
d1s~mc10n del contmgente mexicano.
En nue~tros diario'? nos _h~mos ocupado frccue~ltemcnJE&gt; de las d1spos1c10nes dictadas por
la Secretaria de Fomento, y hemos dado cuen~ ,Je los nombra_mientos Je comisiones etc.
~n este semanano puhlican1os hoy la fotografrn. que representn el proyecto conforme al
c~tal se construirá el Pabellón de l\Irxico en el
~crtamen, y otra de uno &lt;le los detalles intenores.. El autor de ebte proyecto es el seíior
lngemero BonC't.
J_~l edifici_o,, c,11.v~ estilo es renacimiento espanol, mJ&lt;lm~ liO pres de longitud por ,jQ ele anchura. F,btara corn-trnído &lt;IE&gt; madera y "staff,,,
y en sus alrededores Re plantarán numerosos ejemplareR
omamentale!l de la llora me-

o

MAZATLAN.-Edificio de la Aduana Marltima.

ta tpidtmia d~ mazatlán.

r
L

AS clesconsoladoraE- .,oticias que se han

recibido con J'l•lación á la epidemia declarada últimanwnte en )lazatl:111, embargnn, con ju;.ticia, la atención de todo t-1
país. Diariamente !&lt;e tienf'n nue,·os informes
de los e1-tragos que ha cansado el mal en aquel
puerto, y aunque no llega á definirse todavía
si se trata ó no 1le la peste bubónica, sí se reconoce, en d ca!-o, la exi1,,tencia de una enfermedad qne por 1:1us caracteres especiales se considera !'umamente gran•.
Como sucede Pn l\Jazatlán, sobre todo durante las epidemias de fiebre amarilla, la enfermedad reinante ha invadido la parte de la
población que se encuentra en peores coHdiciones higiénica!l y que compren&lt;le desde el
punto llamado «La Colorada» hasta el Astillero. Las casaR, en ese barrio, f:011 de madera y
muy bajas en su mayoría, y están habitadas
por la gente pobre del puerto y por gran número de chinos que viven en el más completo
abandono. Ademá!'l, por todo el trayecto de
«La Colorada» al A1-tillero, pasa el cafio, en un
largo tramo de¡.;cubierto, que conduce los desechos de la población hasta la playa donde
desemboca. Ilay también allí una curtiduría
que arroja sus desperdicios á la orilla del mar
y que constituye una amenaza. constante para
la higiene.

Digna de encomio, por lo demás, es la actitud que, tanto ~I Consejo Superior de Salubridad comQ l~~ autoridades de Sinaloa, han
asumido en ésfa ócasión pa.ra evitar el contagio y pteveilit 'rtlayore!&lt; males. El ayuntamiento de Mazatlún prohibió que los habitantes de la ciudad salieran huyendo de la epidemia. rumbo á otr~ poblaciones, sin el correspondiente certifiúlj.dti ,fanitario,
y las casas in restadas. sex!m destruídas por el fuego. éabe aquí
consignar t~n ~~cjf, !i)l'.'ljtropía: los pnnc1pii1es comerciantes
se han reunido pa.ra arbitrarse
fondos con qu~ . indemnizar(\ las
fa oiilias. cu'yai 111\\;iüacionés sean,'

9uém,afü1.~r

J'

' For Sl\ parte, ~l bonsej9 ha librado las 6rdenes necesarias pant
que el aislamiErntQ de lo&amp; enfermos sea riguroso, sin d,ístinción
de edades, nacionali&lt;lacl y condición social, y para que --úrrieam~nte se wm~tar l~ ¡;aljda del
puerto {1 las personas 5;1.nas. En
los caminos que conducen de
Durango, Sonora y Tepic á Mazatlán, van á establecerse estaciones sanitarias con el objeto de que

Domingo 2!-i

EL MUNDO IL1:'STR.\DO

EL ~IU~DO ILPSTRADO

Una imag~~~aliosa.

la epidemia no se propague por la vía terrestre
Las &lt;lefunciont&gt;b causadas por la epidemia
d1 un solo día, fueron 12.

tos que )léxico ha obtenido en
los últimos aíios respecto ÍL comercio é industria.
m edificio comenzarÍt á construin,e en los primeros días dE&gt;l
entrn:nte enero y deberá quedar
te~·mmado PI día 30 de junio del
nnsmo aiio. .\demáR dt este edili_~io, en terrenos ele la Exposic1on se
destinado un lote para la m11~1&lt;·a y tropa mexicana-;
que concmrirún al certamrn.

~ª-

)

a~ llil·icmbre

sm, se1 pi1&gt;ntes flamígeras fulmina
la monta»a sinit•st1•a sustentabtL '
m,a hogm·ra divina.
H6lo Moisés.que&gt; lel{isló á la tierra
¡ llClo, inhpirado y rudo
'
al mi~mo tiempo que c¿n vasto au[belo
grababa sus &lt;lo-, pie&lt;lras, sólo él
(pudo
t-star ahí en mc&gt;dio del contacto
de la 'fiena ~· el Cielo.
Y pasmados de hor1·or, mientras
[oían
truenos, voces ingenti s
de pie ante el sacro Hin~í, veían
de las nubes salit· los israelit11s
lo~ clarines corno. ascuas refu)&lt;reu-

-"'

•

Je 1902.

,

(tes.

FR.\XCISl"O GA \'IDI~

xicana.

La pla!lt.'\ baja se dedica para recepciones y banquete!&lt;.] Iabrít t.'1mbién en ella dos oficinas destinadas para el público
y en las cuales podrán encontrar los mexicano!&lt; toda clasP
de pub!icaciones periódicas
que vean la luz en nuestra
República. En la planta baja
1&lt;e mstalará una oficina de eorreos, telrfono~, telégrafos, tocadorE&gt;s para señora, etc.
De la parte superior se destinarún dos corredore." con
.
n:ies~s, asientos
y útiles 'de escritorio, á los pe·
nodistas ,mexicano~, y en es.ta planta se
en~ontraran las oficmas del Jefe ydel Secretano de . la Comisión.
El Jefe es el seíior
don Albmo R. Nuncio.
Tft.ln,bién habrá en ella dos bodegas destinada~ a guardar las numerosas publicaciones
q~e. nnpreRa~ en inglés, piensa nuestro Gobierno repartir, para dará conocer los adelan-

C.

X E&gt;I co10 aito de la iglesia del cole¡do dela Paz, se conservnba--expuesta al culto -- una imagen de la Yirgen que,
rnmlestmnente vestida y colocada en nn eRcaparate de madera y cristales, d ejaba únieamente itl desru bierto el rostro y la,; 111:rnM.
Las celadoras de la enfermería del t•~tahlecimiento solicitaron, no hnrt- mucho, 1:-e les
permitiera cambiar las vestidura~ de la ima!(en con otras nue,•a,;, y, con este motivo se
abrió el escaparate, descubrifnclose ento,;ce!l
que lo que se creía u11a escultura común v corriente, era una hermosa obra de arte
un
hallazgo, por todos conceptos, valioRísimo.
Según el informe rendido por el Sr. D. Enrique de Olavarría y Ferrari á la Junta Directiva del Colegio, la. imagen mencionada estÍl
revestida de plata y se fü,ienta sobre una peana cubierta con una lámina del mismo metal
en que se ven primorosas labores doradas{\
fuego. La peana con!'ta &lt;le dos cuerpos; tiene
en su mayor base 72 por 64 centímetros su altura es de medio metro, y estí1 so~ten¡'da. por
cinco $erafineR, también tle plata, macizo!&lt;.
La imagen, que mide un metro y quince
centímetros, apoya los pies sobre un grupo de
cabezai- de úngeles, que en un tiempo fueron
siete,ahora se reducen á cuatro. 'Gna de las cabezas aparece cortada, con sierra á la altura de
los ojos, y una media luna, {~accionada en
dos partes, está clavada sobre dos de las otras
Posible es ,que, andando el tiempo, se hay~
agregado .ª la escultura la media luna, y se
haya mutilado el grupo de ángeles, queriendo
tran~~ormar la eEcultura en Yirgen de la Concepc10n.
•Sobr~ la talla de ln. imagen, not~ble por la
corrección de sus detalles, se extiende la lámina de plata sujeta á la madera con clavos del
mismo metal en su mayoría. El pecho de la
Virgen luce un anagrama formado con cientoonce esmeraldns engarzadas en oro, y la túnica cuatro m~dallones y una mariposa
del mismo metal y con las mismas piedras. "Cn collar de 42
perlas adorna el cuello de la Virgen, y una cadena de filigrana de
oro, limitada por dos hilos1 también de perlas , forma el cinturl,n, del cual pende un bejuco de
oro vrimorosl\mente trabajado.
Las pulscrns, los aretes y los anillos, son joyas valioRísimas así
como también el manto y 1~ corona.
Para dar, en suma, y ya que
no nos es posible hacer una descripción completa de la imagen
una idea de su riqueza, diremo~
Imagen que se f?Onserva en el Colegio de la Paz.
que los adornos se componen dt&gt;

C

y

Proyecto de

Edificio Mexicano en el certamen de S. Luis Missouri.

EL SINAÍ.
La mon~afla era negra,
po1·que Dios y su cohorte de querubes
se velaba.o tremendos ea la cima.
eon los pliegues flotantes de la.s nubes.
L_a montafla era. negra.; pero encima.,
ntmbada. de la blanca
luz del rayo potente, que al espacio

;

Un ángulo interior del

Edificio.

...

EL ADIOS DE " SAFO!'
J?ues bien, no te acompa.i1o, más no puedo~
d~JO rota por siempre la jornada; ·
m1 sen~a está de abrojos erizada
y segun' adelante me da miedo.
Pasión espiritual 6 tentadora.
d~1do al dejarte solo en la partida.
s1 la que sufre es mi alma conve1·tida.
6 es acaso mi carne pecadora.
Que !}evo por igual, con sangre impresos.
absorbiendo de un todo mi existencia.
tu cariño ideal en la co,,ciencia.
'
y tu amor voluptuoso hasta. en los buesos.
, A?sent~, no estoy sola: viva llama
a ~1 J)as16n enardecida presta
tu mc1tante recuerdo .... ¡Aún me resta
el olor de tus rizos eu tu cama!
i 1~1. rayo_ de tus ojos centellea
en m1 pup1I a azul, y siento el goce
que d~;aba en !1li ser tu at·diente roce,
qui' a:un por mis venas fíltrase y serpea!
Y cuando el !(cho mi cabeza toca
dulce rumor se fingen mis deseos '
rumores semejantes á, gorjeos '
qu~ b1·ota1·a11 del nido de tu boca!
. :No acuses de traidor á mi cariño
~1 cua11to mús vehemente, más se aleja ....
c.~? ves qu!: ya me voy poniendo vieja
Y tu eres, m1 :dorado, casi un niño\'
~!e rebelo á pasar por la amargura
mas que la muerte, despiadada y fría'1
de ver que, ';lº muy lejos, vendr:i el d ía,
q~e no te ?rinde nada mi hermosura.
,ru 1_&gt;e~s1stente afán es mi consuelo·
aun v1 vué algún tiempo en tu memoria:
cunn~o en amor se trunca alguna histoda.
se av1 van los rescoldos del anhelo
'
Jam{ts olvides cuimdo en o-rata r.ifia
en tus locas ca.ricias desmaybada
'
á la. gl'is claridad de la alborad~
1·odábamos los dos por la campifla..
Y etE'mamente tu memoria guarde
aquellas horas íntimas, secretas
en que rubor sentían las violetas'
al vemos tan unidos por la. tarde.
Y no te desespere mi desvío
nuestro amo1· no conviertas e~ t1·agedia·
aguarda tu final en la comedia
,
corno Y? espero,. resignada, el •~ío.
Por tl he sufrido
. mucho·, al fin , me canso·
es la. escaIera f at1gosa y larga
,
Y quiero 1·elevarte de la carga'
antes que llegue el último descanso
Al pensar_ que te dejo, desvarío ·
Y corro hacia tus brazos, lo confi .
pero ya es imposible .. ¡Adiós' u~"º··'. ,
c¡El último, en el cuello, due.i~"mío!~so .....
'.\lAXCEr, S. PICHARDO.

�Domingo 28 de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO
-Para qué? Dímelo, y te llevaré en mi nube ha~ta él.
-Oberón, querido enano, hermano mío por
el infortunio, me inspiras confianza y puedo
decirte que amo, he aquí todo ..... .
-Todos los hombres lo dicen.
-Amo ií una mujer de aleumia; joven y
hermosa.
- La ves á menudo?
--Todos los días. Yo soy quien va por la
mañana á buscar en el cofre de ébano sus pequeñas zapatillas; yo soy quien aparta, desde
que la aurora aparece, las cortinas de su vasto
lecho; mis manos son las que colocan el lino
en su rueca; son mis ojos, mis ojos los que. ...
- No hablemos tan alto, que hay alguien
que puede escucharnoe. Oigo como un aliento, como una respiración anhelante, contenida, y algo como el latido de un corazóiJ..
-También oigo yo el suyo, por la noche,
cuando encorvado junto á su pt:erta, heso la
huella de sus pasos en la tierra removida sobre la cual ha puesto sus pequeños pies. También oigo el suyo cuando ..... .
-Pero, hermoso paje, si tanto la amas,
¿por qué no decírselo?
--Decírselo? El rayo descendería al instante sobre mi cabeza; las murallas más altas me
sepultarían bajo su peso. Decírselo no· tan
· y ..... .
' '
so'1o pensar, sonar,
suf nr,
-Puesto q ue, ha&lt;:e un instante, habfo,bas de
magia, por qué no ensayar ... ... ?
-Sí, he visto á Georgina, la célebre hechicera.

EL fondo de la sel rn elevóse ungran ruido;un clamor e¡¡parci6se desde los
olmos musgosos hasta los
alti\·os robles; una voz
grave, profunda, misteriosa, surgió de las cavernas
en que dormían los gamos y los siervos; los arroyos tornáronse murmuradores, los prados florecieron, y los pájaros dejaron
escapar el torrente de sus
trinos, celebra ndo así el
lento despertar de laR poderosas hadas del valle de
Orfont.
Sobre el fino plumón robado á los polluelos
por los céfiros juguetones; entre las flores recién abiertas; bajo la sombra ligera de los sau ces llorones y los abedules, Na, Men y To, las
tres hadas, elevábanse extendiendo caprichosamente sus cuerpos propicios á todas las metamorfosis. Na era blonda y de ojos negros; la
seguuda, morena y de ojos verdes; To era á
la vez, y según RU capricho, semejante á. sus
dos hermanas. Un rayo de sol, entibiado por
las frondas, descendía furtivamente sobre las
hadas, y, en el agua de una fuent~ cercana,
al capricho del viento que besaba las bojas,
la luz mostraba sus cambiantes rt-flejos policromos.
En medio de esta deliciosa calma, las tres
misteriosas compañeras sentíanse profundamente tristes. De pronto, el cuerpo de To se
agitó nerviosamente y el sol ocultóse por un
momento._ To había desaparecido; mas en los

ojos redondos y fijos de un buho aferrado á
las ramas de un roble del bosque, Men y Na
reconocieron bien pronto al hada fugitiva. Entonces ellas también desaparecieron, y el bosque volvió á hundirse en su misteriosa calma:
las aves emprendieron el Yuelo, los riachuelos
ocultáronse bajo la tierra, se agostaron las flores, y los erguidos r.rbole8 extendiero11 sus ramas como muertos brazos. Poco á poco, el invierno deecendió sobre el silvestre palacio de
las hadas. Llegó la r.oche, y, á la luz de la luna, ante los vallados de boj, los robles del
valle de Orfont vieron detenerse á uno de esos
seres insignificantes que no tienen ningún poder sobre las cosas, uno de esos cuerpos sie111pre esclavos de la tierra y á los cuales puede
destruir el menor choque. Era un joven ; llevaba sobre los hombros un a corta capa cuyo
capuchón le cubría la cabezfl, y por debajo de
la capa, bordeada de anchas franjas cortadas
en forma de trébol, brillaba al rayo de la luna
la limpia cubierta de un estoque que golpeaba sobre las calzas de cuero.
La minúscula silueta de este paseante solitario, se detuvo de improviso ante las inmensas eombras que proyectaban en el s uelo los
gigantescos árboles. Aquellos mil amplificados arabescos, aquellas curvas agrandadas,
aquellos troncos cuyo tamaño exageraba la
mirada de Diana, intimidaron al joven. Un
estremecimiento le agitó como á los á rboles·
pero, después de haber mirado de arriba aba~
jo el roble más alto del valle de Orfont, el joverí arrojó su capa y ensayó trepar por el enorme tronco. E l espesor del tronco era tal que
no podía alcanzarlo con los brazos, y las rnm~s más altas del roble se perdían lejos de sus
miradas.
Sin embargo, á medida que crecía su deseo
y sus esfuerzos se repetían, ascendía el joven
co~o si dos brazos le sostuvieran por el talle'.
Miraba á veces d&amp;trás de sí. Nadie; estaba solo con su sombra, entre la de las ramas. Extenuado, logró llegar á la prinwra corona nudosa del roble. Asegu róse allí y cerró los ojos;
pero el s usurro de alas de un pájaro nocturno
le despertó: en la copa del árbol, To el hada
bajo la apari~ncia de un buho, le miraba fija~
mente. E l nuedo se apoderó de él; miró hacia
el pie del roble, y no distinguió más que una
bruma, uua nube que se elevaba y le envolvía rápidamente. De ella surgió un hombrecillo cubierto por un jubón verde y amarillo,
tocada la cabeza por un bonete blanco de pierrot, ornada de cascabeles.

-Yo soy-pronunció el hijo de la nube
-Oberón, el enano verde; y tú, quién eres tú
hermoso viajero?
'
-Soy-dijo el paseante solitario- Roo-er
0
de Vignemont, paje del rey.
A estas palabras, elevó8e de la selva un
gran ruido confuso, la luz de Dia.1a reapareció, iluminando la cima del roble, y el buho
después de cantar tres veces, alejóse voland~
á la izquierda.
-Por qué te encuentro aquí, verde enano
de que habla11 l_os li bros de magia?-interrogó,
después de un rnstante e.le miedo, el paje del
rey.
-Yo amaba !as florer;-dijo el enano·-- he
cortado las más hermosas, cuyos cálices ~ncerraban el alma de las hadas de estos lugares,
y más tarde fuí condenado á vivir entre nubes, es decir, á marchar sobre las flores á
hollar con mis pies esas somisas de las pl~ntas, que yo amaba: los tímidos narcisos las
resedas olorosas, las prima veras y laf' mdr¡raritas, siendo así la burla de las hadas de Orfont. Y tú, que paseas en este bosque te trae
aquí la pena ó la alt&gt;gría?
'
- La una y la otra - dijo Roger,-puesque
no es el amor de las flon,s sino el de una mujer, bl que me arrastra á ~stos sitios encantados.
~Cuéntame tu pena, amigo mío, y si puedo, te consolaré, te ayudaré, te prestaré mi
nube para que desciendas del árbol.
-He venido para subir á él..... para cortar ese muérdago que, allá arriba, en la cumbre del roble, florece cada año desde que desapareció el último druida de la sel va no teniendo como visitantes más que lo~ pájaros
nocturnos.
- Y qué harás tú de ese mué1·dago? Morgana repo!!a á la orilla del océano en su tumba
de gr:1 nito; los druidas se han tr~nsformado en
menl,ires, dolmens y cromleehs, y el poder
del parásito acabó, murió con los sacerdotes
de Tcutaes.
- No. yo deseo e~e ramo de f-lor&lt;'~-

-Y bien?
- Y bien, ha practicado el sortilegio contra
aquel que la ama; ha buscado entre las piedras simpáticas la que podría atraerla hacia
mí; ha compuesto brebajes, n·eitado conmigo
las letanías del Gran Alberto, y trazado sobre
un muro blanco. coi, un tizón á medias apagado, el cuadrado mágico:
S

A

T

O R

A
T
O
R

R
E
P
O

E
N
E
T

E T
R A
A S

p

o

- Y bien?
-Y jamás la dama que adoro ha vuelto siquiera los ojos á mí.
-Quién es, pues, esa mujer.
-Es ...... -la amante del.. .... Rey Carlos; la
hermosa mujer del blanco cuello de cisne.
-Ah! Ah! Oh! Pero no has vuelto á casa
de Georgina?
-Sí.

-Y'?
-Y me hadicho: «Xo tengomásqueun último, pero diabólico consejo que darte : roba
del cofrecillo de oro macizo en que se conser\'a el tesoro de Saint Ours, el cinturón de la
Santa Virgen, y ve á cortar al valle de Orfont
el muérdago sagrado, en la copa del más alto
roble. Pero para que triunfes, para que mi
encanto ~ea eficaz, en tanto que cumples estos
dos actos, deberán tus mi-,
radas no detenerse sobre
el sem hiante de mujer alguna.»
'
-Y tienes el cinturón?
-Profané el santo lu\
gar, he robado el cofrecillo, pero el muérdago...
~Lo tendrás. Y el enano, envolvü~ndole en su
nube, elev6 á Roger. Pero antes de alcanzar la
copa del árbol, la nube
iluminóse de pronto, tiñéndose de rosa, y el efiano desapareció. Na, Men
y To, las tres hadas de
brillantes ojos, sueltos los
largos cabellos sobre las
espaldas, sin más que un
cinturón de iris tejido de
rosas, sonriéronle y le dijeron:
-Ven, hermoso paje,
bello doncel, ven á nosotras. Te conocemos, tú
eres Roger, el bello Roger de Vignemont.
Na dijo: &lt;eAyer estaba
yo sobre la almohada de
Agnés, cuando el Rey la
besó sobre la dulce frente.»
:Men añadió: «Yo estaba ayer cerca de su blanco cuello, cuando el Rey
Carlos posó en él su mano temblorosa. &gt;,
To dijo á su vez: «Yo
estaba allí cuando los bucles de marfil y oro cayeron sobre la cintura de
Agnés."
Y las; tres agregaron :
«Ven con nosotras, ven,
ven con nosotras. . ... »
Roger sintióse arrebatado muy alto, muy alto;
deshojó entre sus dedos
la parásita, sus ojos contemplaban á las hadas, y
pos6 sus labios en los labios de ellas, candentes
y pérfidos.
Aquel beso fué una
mordida más terrible que
la del áspid, más dolorosa que la de las salvajes
fieras; pues al siguiente

T&gt;om'ingo 'ZS de Diciembre de 1902.
día,euando a 1gunos hombres de armas enviados por 1;;] Rey, para recobrar el tesoro robado, llegaron al pie del roble, bailaron el pequeño cofre de oro, y, cerca de él, sobre una
rama del árbol, recientemente arrancada, eomo si acusara un supremo esfuerzo, el cuerP&lt;? mutilado, sangriento, inerte, de Roger de
V1gnemont.
Oh! Vosotros á quienes seduce Cupido y
Venus atrae, jóvenes, pajes y donceles, guerreros ó clérigos, jamás adoréis á una dama de
alcurnia; pues iréis, sí, iréis á perderos en el
valle de Orfont, cerca de los riachuelos ignora-.
dos, en el misterio de los bosques, á la sombra de los robles en donde se hallan Na, Men
y To, las tres hadas mentirosas.
J A COBO ROUGÉ.

[a tandón '1d último Jauno.
Sov el fauno de Yida cansada
que de la Reh•a umbría nl través
rapto ninfas tle carne rosada
hollando la hierba con trémulos pies;
el qt.:e apura en el cúliz de un lirio
el purpúreo elíxir del placer,
aún sintiendo el ardor del delirio
por entre sus venas exhaustas correr.
El que tiene un palacio á la orilla,
tapizada de eterno verdor,
de un rayo de plata que brilla
con ampos de nieve de senos en flor·
. en marmorea
,
'
y mira
ter raza
una regia caída de sol,
y girar columnillas de brasa
de las glaucas ondas en el caracol.
El que viene en las noches de luna
con el dulce misterio á soñar,
la extensión de dormida laguna
en su negro esquife cruzando al azar;
y ve, ¡oh raro capricho de amores!,
reflejarse en el mismo cristal,
con las sombras de todas las flores,
las estrellas todas de un cielo estival.
El que aspira divino perfume
en el beso impalpable de luz,
cuando el sol del ideal desentume
sus prístinas alas abiertas en crl1z;
y escuchando la etérea armonía
que preludia invisible laúd,
siente á su alma volver la alegría
dichosa y sencilla de la juventud_
El q ue sufre de triste neurosis
difundida en la bóveda gris,
y en el cuerpo minar la clorosis
que fuera nostalgia de un vago país;
y mirando caer las deidades
abrumadas del mal de vivir,
como sola verdad de verdades
abriga el consuelo de joven morir.
JOSÉ FIANSÓN.

ELOGIO.
:Mis versos no dirán la aristocracia
Que en tu belleza pálida culmina,
Ni tu armónica voz, ni la divina
Sonrisa de tu boca ebria de gracia.
Yo quisiera los pétalos de acacia:.
Para zahumar tu cabellera fina;
Del insigne Leonardo la retina.
Para pintar tu lánguida eficacia.
Para ofrendarte milagrosos lirios,
Y o a.pagaré los dolorosos cirios
Que conocen mi grande desventura,
Y diré cuál es bella tu mirada,
¡Oh extraña flor de América, adorada
Por el que vió su lírica blancura!
EUGENIO DíAZ ROMERO.

�Domingo 28 de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUS'l'RADO
j·,rán al cementerio de las cosas que no se pudren, que es la «viña,ii los guiñapos marchitos,
los cacharr?s desmenuzados, todo lo que que.da de la almibarada piñata, de la gloria de
ayer, del despojo de ahora.
Y las piñatas, al regocijar á los niños, dan
-de comerá los pobres. Muchas manos proletarias se ocupan en confeccionar esas glorü,s
de un día y tal vez se encuentre uno de e~o;
polichinelas rid1culos que se bambolean junto
á alguna de las barracas, que escondaen su ridiculez el ignorado heroísmo de haber salvado
del hambre á una
familia. ¡Así pasa
también en la vida!
\..

@

arque está triste; no llcga.n, en nuesclima!'l, á despojarse los árboles de
todo su ropaje ele verdura, porque
nuestro invierno, cruel con una crueldad dantesca, parece que se reserva el placer de conservar en torno de la.s rama'l heladas algun a 8
hojas negras y mustias para estar torturnndo_
las co1i sus besos de muerte y conservarse nna
di\'ersión durante su reir,ado fugaz.

Otras, llevadas en hombros ele los vendedores :ambulantes, recorren el costado del parque, van y vienen colgantes ele altos palos, y
con oscilaciones de ahorcado, muestran á la
crítica mercantil de los paseantes sus bellezas
y sus fealdades, engendrando por aquí una
sonrisa y acullá un gran deseo infantil, uno
de esos grandes deseos infantilei-, tan grandes
y tnn inten!&lt;os como quizá no nrnlvan á tener-

:;e ya en la Yida, aun cuando el objeto de ellos
sea tan inulticolor como una piñata....... .

** *
Y el parque estft tri::-te porque sus obscuros
y escuálidos nimajes. destinacfos al martirio
temporal, no albergan ya nidos ni son pentagramas que marcan las notas aladas del buenDios, ~- cuando el a(Juilón los atraviesa y los
11ace estremecerse, no se escucha ese m urmu110 seh·ático que en tiempos de primavera es
el deleite supremo de la umbría, mas se oye
un crujir de ramazones moribundas que es
parecido al tétrico crujir de huesos con que
los cuentos fantústicos atemorizan la imaginación de· los nifios-niiios y los niiios-hombref:.....
Entonces, en el costado m:u; triste del parf]Ue, brota una pululación de hongos enormes,
de barracas de l01ia blanca, (JUC encierran golosinas y juguetes, pinos mutilados y cargamentos de heno, y en cu.'·os extremos se bambolean tristemente las «piñatas» de Yientres enorm es, ya coquetas y multicolores en la reprtsentación de alguna flor apolíptica enorme é
imposible, ya cómicas y pintarrajeadas cuando fingen el cuerpo deforme de un payaso ó
la cari0átura ,le algún tipo socinl.

Es alegre y es triste, al propio tiempo, la
fiesta anual de las piñatas. Es alegre porque
la muchedumbre que
Ya á mirarlas ó á adquirirlas, discurrccompacta por el sombrío
,·

costado del viejo parque, y con sus risas,sus gritos y sus comentarios, anima esa calzada otras
veces callada y triste.

PENSAMIENTO S.
La casunlidad no existe; todo ef' prueba ó
castigo, recompensa ó previsión.

***

Las pasiones son las velas del barco; algunas veces le sumergen, pero sin ellas no podría bogar.
La bilis hace al hombre colérico y eufermo,
pero sin la bilis no podría vivir.

Al día siguiente, en el carro de In. ba~nra,

Siempre que oigo la voz de las campanas
·· ya cuando el sol en el ocaso arde,
y se extinguen sus notas cristalinas
en el hondo silencio de la tarde,
memorias dolorosas y lejanas
-cual bandadas de errantes golondrinas
cansadas de ltevar el ala rota
y de vivir en las desifrtas ruinas-llegan á mi alma de una tierra ignota.

***

La raz6n y las leye8 naturales, son más an-

***

"l\Iemorias dolorosas y lejanas
despierta en mí la voz ele las cam panas.ii

Hoy en día,la pi-

En esa muchedumbre domina, además, el
elemento infantil ó, cuando menos, la idea de
la infancia, pues para ésta es la fiesta de las
piñatas; y dondequiera que por los labios
purpurinos de un niño se escapa una de esas
risas sonoras, más cristalinas (]lle el cristal y
más estremecidas que un derrumbe ele campanillas, la alegría halla su sitio, y hasta los recodos más sombríos del alma adulta penetra
un gayo toque de luz para alumbrar dormidos
recuerdos ó aletargadas esperanzas.
Si la fiesta de las piñatas es para los niños,
es ta.mbién para los padres. Y he ahí por qué
la fiesta de las piñatas es un acontecimiento· he
,
'
a h 1 por qué apenas habrá un metropolitano que
deje de ir en estos días, siquiera sea en cortos
minutos, al costado del viejo parque en que
se yergue actualmente ese pequeño mundo de
barracas, como una extraña pululación de
hongos enormes.
La fiesta de las piñatas es también triste,
porque rememora los tiempos idos para siemp,e, porque se celebra cuando el año muere y
el frío impera; porque, en fin, la piñata es un
símbolo de lo que son las glorias humanas
es una representación objetiva del "vánitas va'.
nitátumn ...... pues vedla allí, llena de dorados y de colorines, alta, erguida, flamante, codiciada, disputada, adquirida, llevada á domicilio con infinitos cuidados, alimentada con
las m/ís exquisitas golosinas ...... ¿y todo para
qué? ...... Para que la mano delicada de un
chicuelo, armada de un garrote por previsión
paterna, desgarre los oropeles, aje los brill:rntes encarrujadm,, desmenuce el vientre y ee
regale con la muerte de la piñata!

Domingo 28 de Diciembre de 1902.

l

Ese débil acento plañidero
se extingue sollozando en el obscuro
confín del horizonte. Y su gemido
me habla de los secretos del futuro
y de seres amados que se han ido
á dormir á la sombra del misterio
el sueño sin ensue11os,junto al muro
del triste y olvidado cementerio.
«~Iemorias dolorosas y lejanas
de::.pierta en mí la voz de las campanas.»
El trágico silencio de las cosas,
cuancto sus alas tiende la tiniebla,
canta en mi alma canciones angustiosas
de hondo mi:;terio y fúnebre harmonía;
y creo ver entonces en la niebla
que surge en la borrosa lejanía
ó en las nubes que pafan, los inciertos
contornos de los seres ya perdidos
en la sima profunda; y semejantes
la luz de la-, luciérnagas errantes
y el alma misterio!'a de los muertos.

tigua~ que las leyes humanas que ha consagrado el tiempo.

,.

iiata ya, perdiendo terreno. Hay ya muchas
,,posadas» de las que se la ha proscrito por
rnmpleto. Ha perdido también en significación actual, pues antaño las piñatas eran casi siempre una caricatura: caricatura de una
acrrupación
"'
, de un acontecimiento ó de un
personaje. Esto se ha perdido y nosot\·os
agregaremos que ...... afo!'tunadamente.
En otros puntos la piñata ha sido conservadora. Así,por ejemplos, 1af' hermanas de la
caridad y los monjes ya hoy Rólo se ven en piñata,y según parece, no tienen ya la demanda
de antaño.
Hoy privan los toreros, las "mariposas del
amor» y otros personajes anónimos de actualidad.
Cuando llega la última noche de posadas,
las postreras piñatas son objeto de grandes
preocupaciones ?ara sus autores. Una pifrnta
que «se quedan, es como una solterona: no encontró aplicación en su vida ..... .
Y cuando el servicio de limpia recoge las
bas;ras dd mundo de barracas que ha desaparecido, suelen encontrarse en esos cleRpojos fragmentos de papel dorado, pe&lt;lazos de
piñata, confites y frutas perdidas, restos, en
fin, de toda una vida, de todo un 111omento
que pasó.
::\Iientras tanto, las piñatas siguen bamboleándose y el viejo parque disimula por unos
días su honda tristeza invernal.
SARDÍN.

"l\Iemorias doloror,,as y lejanas
despierta en mí la Yoz de las campanas.,,

***

FROILÁN

Tuneros.

El individuo que sólo teme el juicio de los
demás sin temer el suyo propio, ni se aprecia
ni se respeta á sí mismo.

***

Si queremos establecer algo duradero, no
soiiemos en hn&lt;'rrlo etPrno.

Hay veces en que sumadas todas las excepciones, producen una regla.

.

***

Las buenas leyes haceñ otras mejores;
J.i-, malas las hacen peores.

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�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 28 de Diciembre de 1902

Dom!ingo 28 de Diciembre de 1902.

En fionor dt mordos.

;

..'

LA PRIMERA PIEDRA DF. UN MONUMENTO

ON el entuHiasmo ele siempre, se efectuó
en San Cristóbal Ecatepec la ceremonia
que año por año organizan el Ayunta. miento de aquella población y alguna:-;
s~c1~dadcs mutualistas de la capital, pararendir Justo homenaje á Jn memoria del Cura D.
José ~forfa 1Iorelos y Pavón héroe de ln. Indep~mlencia de ~léxico, f:acrificado allí por los
realistas el 22 de diciembre de 1815.
~a _fiesta cívica, en esta oca~ión, tuvo un
lucmuento extraordinario, debido, vor una
parte, al e¡1:1peiio que tanto el cabildo corno
las agrupaciones mencionadas. desplegaron en
la organización, y por otra, á la circunstancia
de haberse colocado, ese día, la primera piedra del monume11to que se erigirá en honor
del héroe, en el sitio miRmo donde recibió sepult~n~ .su.cadáver, después de la ejecución.
La 1mcrntiva de perpetuar el recuerdo del
grande hombre, levantando -un monumento
conmemorativo, partió del señor Cura de Ecatepec, Presb. Francisco Escartín y ha sido
recibida con general aplauso. 'fa1;to el señor
Jefe Político de Tlalnepantln, como el señor

'

Desfile de la Brigada frente á la "Casa de Moretos:"

HuerLa, en representación del Ministro de la
Guerra, colocó la lof:a que cubrió la urna. En
esos momentos se e&amp;cuchó una salva de veintiún cañonazos.

De los sentidos que se atribuyen al.hombre,
el más escaso, sin duda alguna, es el sentido
común.

** *

Todo nuestro mal viene de no poder esta1~
solos.

Como do&lt;'urnento curioso, reproducimos en
seguida el acta de defunción de Morelos que
se conserva en el curato de Ecatepec.
«En esta Santa Iglesia Parroquial de San
Cristóbal Ecatepec, el día 22 de Diciembre de
1815, se le dió sepultura eclesiástica al cuerpo
del Bachiller Don .José lllaría Morelos, Presbítero domicilia.río y excura que fué del pueblo de Carácuaro, del Obispado de Valladolid. Recibió los Sacramentos de Penitencia y
l~ucaristía; y para constancia de todo, lo firmo. -Bachiller José Miguel de Ayala, interino.

Sr. Cura Francisco Escarttn.

La vida se nos da á conocer por la poesía
antes de revelarse por la realidad.

***

MELANCOLÍA.
Me siento á veces triste
como una tarde del Otofio viejo,
de saudades sin nombre,
de penas melancóli~s tan lleno ..... .
Mi pensamiento entonces
vaga junto á las tumbas &lt;le los muertos
y en torno á los cipreses, y á los sauces
que abatidos se inclinan .... Y me acuerdo
&lt;le historias tristes sin poesía..... Historias.
que tienen casi blancos mis cabellos.
]\f.

,r.

Vista del muelle de Progreso.

PROGRESO.
Damos en ef&lt;ta plana una fotografía del muelle de Progreso, y otra que representa «un día
-de carga» en el puerto mencionado.
Como se Rabe, Progreso es en 111. actualidad
un centro mercantil de suma importancia, debirlo á las grandes partidas de henequén que
-de allí se exportan á los mercados extranjeros,
y que provienen de las fincas yucatecas que
explotan esa fuente de riqueza nacional. El
puerto está unido á los principales centros
productores de In. preciada fibra por ferrocarril, y es uno de los que, en un período de
tiempo r':llativamente corto, han logrado elevarse á grande altura.
Antes de que los ojos puedan ver, es necesario que se hayan vuelto incapaces de llorar.

El loco corre tr.is los pfacrres de la vida y
halla una decepción; el prudente evita los males.

*

*
En la soledad toda*compañía
es buena, aun
la mala.
*

* *significa arrojar por la
Perdonar y olvidar,
ventana experiencias caramente adquiridas.
FIGULINAS.
¡Qué bonita es la princesa!
¡qué travi~sa!
¡qué bonita
la princesa pequeñita
de los cuadros de Watteau!
Yo la miro, ¡yo la admiro,

Gobernador del Estado de México han ayudado al iniciador con cuantos ei'ementos les
h~,s~do posible, para el mejor logro de tan patr1ohco pensamiento.

***
El tren que condujo á los invitados 6. San
Cristóbal, salió de Peralvillo á las 8 a. m.,
lle~ando á borc!o á los representantes de lm;
sociedade~ «~món y Concordia," «Obreros Libres,» «X1cotencatl,» ccFe, Espemnza y Caridad" y algunas otras á varias familias v la
Banda de Artillería. '
' ·
cer~m&lt;?nia &lt;lió principio á las diez y conª!stio, pnnc1palmente, en un discurso pronunciado por el Sr. Heriberto Frías y en una
composición en verso recitada por ei Sr. Fernando Luna y Drusina. En los intermedios,
la música_ de Artillería y la del 8er. Batallón
to~aro~ piezas escogidas, rlesfilando después
fren.t,e 1~ la ,«Casa de Morelos,, la J;rigada que
envio a . Ecatepec1 para dar rnavor realce al
acto, la Secretaría de Guerra.
·
Los invitados se dirigieron en seguida al
pun~ ~onde va á erigirse el monumento, para as1st1r á la colocación de la primera piedra.
A_ la entrada ~e la capilla se levantó un arco
tnunfal, con inscripciones alusivas y vistosan:ie~te adornado. La urna depositada en los
cmuentos, contiene el acta firmada por los señores G.eneral Díaz y Gobernador del Estado
de México, una colección de monedas mexicanas Y periódicos del día. El señor General

_½

Un "dla do carga" en Progreso.
Sitio en que se erigirá et monumento á Morelos.

yo la adoro!
Si suspira, yo su¡:piro:
si ella llorn, tmnbién lloro;
si ella ríe, río yo!
Cuando alegre la contt-m1,lo,
como ahora, me sonríe,
. .. y otras veces su mirada
en los aires se deslíe
pensativa ..... .
¡Si parece que está viva
la princesa de Watteaul
Al pnsar la \"ista hiere,
elegante,
y ha de amnrla quien la viere.
... Yo adivino en su ~emblante
que ella goza, goza y quiere,
vive y ama, sufre y muere ..... .
¡como yo!
)f.\ \TEL '.\f.~CITADO.

�•

Domingo 28 de Diciembre de 1!)02.

UA.N'DO el alférez Zúñiga
fué alta en el regimiento,
no maliciaba de seguro, ni
remotamente, el noviciado
que le aguardaba allí. El
día en que se present6 al
cuartel, vistiendo flamante
uniforme de caballería y
seguido por una criada que
llevaba un ~acode viaje,cuyo contenido era las pn,ntlas de Zúñiga, dirigióse atentamente al oficial ele guardia pre&lt;runtando po1· el jefe clE:l regimien0
to,
á quien d eb'1a presentarse a' su
ingreso al cuerpo.
El coronel, que tenía ya noticias del ñuevo
oficial recibi6 á éste sin grandes muestras de
amahÜidad, aunque sin descortesía, diciéndole :
- Preséntese usted al capitán Gordillo, del
segundo escuadr6n, al cual pertenece usted
desde hoy.
El capitán Don Sabino Gordillo hacía un
verdadero contraste con el subteniente que iba
á ser alta y á quedar bajo sus órdenes. Rudo
en el físico y en las maneras, de hablar estent6reo cultivado en las voces de mando, imperioso'en sus gestos y en su mirar, que trataba
de hacer inquisidor, distinguíase enormemente y á primera vista del oficial Zúñiga, un joven de bigote incipiente, un tanto cuanto tímido cuidadoso en el vestir y en cada uno de
'
. .
sus palabras
y movimientos.
El capitán hallábase en-el patio de macheros ocupado en la instrucci6n de los reclutas,
cu¡ndo Zúñiga se presentó á cumplir las órdenes recibidas. Gordillo miróle acercarse, y en
seguida, cual si no se hubiera dado cuenta de
la presencia d,•l recién llegado, prosiguió diri&lt;riendo
la palabra á los neófitos:
0
-El caballo se considera dividido en tres
partes, á saber: cuarto delantero, cuarto de
en medio y cuarto trasero. El cuarto delantero
se compone......... ( dirigiéndoseá un recluta)
De qué se compone el cuarto delantero?
El recluta. - La cabeza comprende: las
orejas, la frente, los ojos, la quijada, los ollares ........... .
El capit-án. -Señale usted los ollares.
El recluta ( señalando los labios del caballo). -Estos, mi capitán.
El capitán.--Esos? Animal! Parece increíble que no conozcas á tus Se:,mejantes!
Mientras tanto, el subteniente le miraba á
respetuosa distancia, sin atreverse á interrumpirle,' aguardando á que el capitán terminase,
hasti que éste, volviéndose de pronto al recién
llegado, miróle con ademán del que interroga.
Zúfiiga acercóse, seguido de la criada que
llevaba el equipaje y no exento de cierta emoción: ;
- El señor coronel me ha dicho que debo
venir: á ponerme á las 6rdenes de usted.
-Amiguito, no se dice «el señor coronel",
cuando uno habla de sus jefes, sino «mi coronel,,. No lo eche usté al olvido.
-Está bien, mi capitán.
- Con que usté viene á cubrir la vacante?
-~J, mi capitán.
- f esa mujer, qué hace ahí? :Xo querrá
usté que sea su asisten te ..... ,

EL MUNDO ILUSTRADO

_:_No, mi capitán, sino que ......
-Retírela usté. Vivo y á la vez! Ah! Y no
olvide usté tampoco (seflalando los zapatos
de charol del subteniente) qµe un cuartel no
es un sa16n de baile. Quítese eso antes de que
Jo den á usté á reconocer. Vivo y á la vez!
Bajo tales auspicios, la permanencia del pobre oficial, durante algún tiempo, no podía
tener nada de grato. Para el capitán Gordillo,
el buen soldado era aquel que jamás se preocupaba por la buena forma del calzado 6 por
el buen corte de las diferentes piezas del uniforme. Un hombre de voz ronca y de movimientos bruscos; un individuo de bigote y cabello "alebrP.stados», con la «visera» caída hasta ocultar casi uno de los ojos, de piernas en
paréntesis y de pesado andar, siempre afect-ando tm reconcentrado mal humor al hablar
con los inferiore~, era el tipo ideal para aquel
hombre ya de edad madura, «tajado á punta
de hacha,,, según frase propia, y que adoraba
al regimiento antes que todo, y, después del
regimiento, á las mujeres.
A su rudimentaria educación había suplido
su constancia en la carrera, en la cual alcanzara el grado de capitán á fuerza de inque-

EL :MUNDO ILUSTRADO

á su víctima con dos ó tres:frases que él esti-maba ele intenso colorido: -·~
-De esa misma alzada ern,"a.l poco más ó
menos; bien amarrada, ojo de.:;.venado y con
una fibra ...... !
-y proclamaba en seguida sus teoría~, muy
suyas, acerca de la mujer, de su carácter y de
los procedimientos que él conceptuaba infalibles en toda empresa amorosa.
Sin embargo, alguien del regimiento, que se
decía bien enterado, aseguraba que las conquistas del capitán Gordillo no valían la pena.
Conocido, pues, el carácter de aquel Yiejo
soldadón, fácil nos fué prever que nuestro nuevo compañero de armas no iba á pasar muy
bien el noviciado, y así sucedió. Diisde los
primeros días, el nombre del alférez Zúñiga] legó á ser una especie de obsesión para el capitán:
&lt;&lt;Subteniente Zúñiga, cuántos hombres tenemos en el hospital?J&gt; «Subteniente Zúñiga,
vigíleme usté muy pnfectamente bien ese forraj1::». «Subteniente Zúñiga, ese parte de novedades. Vivo y á la vez!,,
Y si por la noche entraba á las cuadras de
tropa y percibía el olor de la marihuana, 6 si

-De mi esposa y mía. Es día de su santo, y ........ .
-¿Hombre, es usté casado? La primera noticia ...... Puei,, ~í, sel1or, con mucho gusto.
Al día siguiente, después del toque de llamada, el capitán y el alférez abandonaron el
cuartel y dirigiéronse á la casa del segundo.
Algunas personas amigas encontrábanse ya en
la sala, y Zúñiga dijo al entrar, dirigiéndose á
su esposa:
-Conchita, tengo el gusto de presentarte á
mi capitán Gordillo, el jefe de mi escuadrón.
El capitán ensayó una de sus muecas más
expresivas para con aquella morenita de veintiséis años, bajita de cuerpo y de pupilas intensamente negras y brillantes.
Durante el almuerzo, la amabilidad de Conchita, esa atractiva amabilidad que es tan peculiar y sugestiva en la mujer mexicana, rayó á
gran altura tratándose del capitán Gordillo.
Sentada cer_ca de éste, la joven colmábale de
atenciones, mirándole á menudo con todo el
fulgor de sus hermosos ojos; y el capitán, á su

ciando casi en voz alta su exclamación favorita: «¡Vivo y á la vez!"
Y, llegada la oportunidad, el capitán Gordillo no falt6 una sola noche á la casa del alférez. Había que entrar «con fibra," como él
decía también habitualmente. Para colmo de
su fortuna, el mismo día de Noche Buena el
alférez lamentóse con el capitán de no poder
acompañarle á casa, como las noches anteriores: el oficial de guardia había sufrido un accidente que, aunque ligero, le impediría durante quién sabe cuánto tiempo llenar su cometido, y Zúñiga era el llamado· á «sostenerlo."
El corazón de Gordillo latió apresuradamente.
-Hombre,- lo siento, lo siento mucho.
-Pero usted irá, mi capitán.
-Sin usté ..... En fin, iré á dar la mala noticia.
En la casa del alférez, la cena de Noche
Buena fué de lo más animado y cordial, y pasados los brindis de la medianoche, los invi-

Domingo 28 de Diciembre de 1902.
se efusivament1i á su marido;-siempre llegas
á tiempo para que yo pueda repetirte cuánto
te amo ........ .
Y el capitán, desde su escondrijo, pudo
aquella noche asegurarse del cariño sin límites
que Conchita abrigaba hada su esposo.
**
Pasado el tiempo, y* cuando
preguntaban al
capitán Gordillo: «¿Cómo pasó usted la Noche
Buena?", respondía en una explosión de su Mrácter:
-¡Canario! ¿Pues cómo había de pasarla'.'
¡Divertidísimo!. ...... . .
Y giraba en seguida sobre s1.1s talones.
Tacubaya.
AURELIO GONZÁLEZ CARRASCO.

Es más fácil conquistar que reinar.

***

Los pueblos, como lof, hombres, sólo son d6ciles en su juventud.

'

t.

El amor propio es un globo hinchaq.o de
viento, del que salen tempestades cua::ido se
le hace una picadura.

brantable tenacidad. Había cruzado el territorio en todas direcciones, sufrido el rigor de
todos los climas, tomado parte en algunas acciones, y, cuando el buen humor rebosaba en
él, las anécdotas y los episodios borbotaban
en sus labios, mezclados con la realidad los
chispazos ele la imaginación:
-Hoy hace veintinueve afios-clecía en su
lenguaje desaliñado.-Cómo me acuerdo de
mi general Herná1,dez y de aquella. noche que
nos sorprendieron los traidores. Serían como
estas horas ..... .
O bien, despiertos sus recuerdos ante una
mujer que cruzaLa la calle, hallábala parecida
á alguna de sus viejas conquistas, y delineaba

un dragón extraviaba alguna• correa de su
montura, 6 si un caballo resultaba «picado de
asoleo," el subteniente Zúñiga tenía que soportar la andanada de interjecciones en que el capitán estallaba á cada momento.
De pronto, su conducta cambió de un modo ?Usi radical. El pobre subteniente, que
abngaba un vivo temor á la disciplina concibió cierta vez una idea que le pareci6 'acertada, y al instante la puso en ejecución:
- 1\li capitán.
-¿Qué novedades?
-Mañana estamos francos, y quísiera yo
que usted comiese en nuestra compaliía.
-En compañía de quiénes?

..
•.

vez, sentíase gratamei:i-te hala~ado e!1 lo II_:ás
vivo de su amor propio, y quizá, quizá, sonaba ya en una nueva víctima que afiad.ir á. la
interminable serie que formaba su meJor timbre de gloria.
.
Se charló animadamefite de mil asuntos;
concedióse la palabra al capitán, para que. relatase algunos de sus más interesante~ epis~dios y cuando una de las hemhras al.i reumdas habló de la proximidad de las «posadas,"
Gordillo suspiró expresivamente.
-¿Le agradan á usted?- pregunt6 la esposa
de Zúfiiga.
- Ya lo creo, ya lo creo, tengo tantos recuerdos ....... .
- Pues vamos á organizarlas, ¿verdad, Zúfiiga? y queda usted invitado á ellas desde
hoy.
h
El capitán &lt;lió las gracias. La cosa marc aba perfectamente.
.,
A la salida de la casa, junto&gt;' el capitán Y el
alférez marchaban el uno al lado del otro,
pensativos de muy distinta manera. El subalterno soñaba en que los días de rigor ~caso
vendrían ámenos, en t:a,nto que el.superior se
abstraía en 1a preparación del asedio, pronun-

ta dos se despidieron, después de haberlo hecho
el capitán, uno de los primeros en salir.
Cuando el último abandonó la sala, Conchita quedó algunos instantes meditabunda, sentada en una mecedora. De pronto sus miradas tropezaron con una espada de puño negro,
apoyada en uno de los rincones, una espada
que no era la de Zúñiga.
,
- Es mía-dijo una voz á espaldas de Conchita;-vengo por ella ......... y por usté.
El capitán avanzaba hacia ella, cega~o por
los impulsos más vehementes; y Conch1ta había retrocedido hasta la puerta que comunicaba con la alcoba, rehuyendo los brazos de él,
ansiosos de apresarla. Sin arredrarse ante los
obstáculos el capitán Gordil1o penetró en la
alcoba en'pos de Conchita; pero, de improviso el ;uido de unos pies que arrastraban acicates hízose oír en el corredor, y hasta la habitación llegó la voz de Zúfiiga, que llamaba
á su esposa.
Conchita tuvo un momento de estupor; mas,
en seguida, como quien adopta una resoluci~n
suprema, corrió hasta e~ ,guard~1-rop.a, lo abri.6
violentamente, y empuJo á su mter10r al capitán, que había permaneci~o indeciso también,
de pie en el centro de la pieza.
- Creí llegar todavía á tiempo-dijo el alférez.
--Pues sí que llegas-respondió Conchita,
apagando las luces de la sala y estrechándo-

***

Nada se hace sin causa, asi bajo la ley de la
raz6n como de la naturaleza.

***

El acuerdo de todos los intereses se forma
con la oposici6n del de cada uno.

Cuando el carro de Dios se bambolea
Y el látigo del viento al bosque azota;
Cuando en la entraña de la nube brota
El rayo, todo luz como la idea;
Cuando el trueno iracundo tabletea
Y el ronco mar se encrespa y alborota,
Sobre la tempestad vibra la nota
Que lanza un ave ansiosa de pelea.
El paladín alado lucha y sube,
Toca en las cimas de la negra nube
Y canta sin temor y sin desmayo.
Que es el alci6n, en su triunfante vuelo,
Como el genio creador que halla en el cielo
Trono en la tempestad, cetro en el rayo!
M. R. BLANCO-BELMONTE.

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St. GEB.lYU.~ 1

Del Dr. LATOUR BAUMETS. París.
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TONICO

RECONSTITUYENTE -~·

Con extracto ue aceite de bacalao "Morrhnol"-Ictiol-kola y estricnina.
Cura Anemia, Clorosis, Escrofula, Raquitismo, Reumatismo,
Enfermedades de la piel, etc.
. .
TómcoPoderoso Para Convalcscientcs. Tnbercnlosos y Enfermos del Corazon.
.. .
Tonificar el sistema nervioso y reconstituir la sangre es volver á la vida y recuperar el uso de todas sus facultades. EL VINO DE SAN GERMAN por sus atractivos y poderosos componentes, por sus asombrosas curaciones, es el Vino Tónico
reconstituyente más recomendado por todas las celebridades médicas del mundo; lo
certifican los profesores de la Universidad de París y de la Escuela Nacional de 1'Ie..
dicina, de }léxico.
:l&gt;r. lfoc:¡ue JY{acouzef.

:l&gt;r. jjandera.

:l&gt;r. ifafael .Cavisfa.

"He usado con excelentes resul" Hablendo experimenta do en al• tados el VI NO DE SAN GERMA.N
EL VI NO DE SAN GER:\IAN, es
gunos enfermos el YD,O DE S.A.~ en casos de Usis pulmonar, de a ne- una buena prep:ua.cl6n, tónico Y reGERMAN, lo recomiendo como un rula y de enfermedades cr6nicas de constituyente, lo he emplea.do siembuen t6nlco y reconstituyente."
la piel."
pre con buen éxito.
DR. RAFAEL LAVI STA,

DR. BANDERA.

Subdirector y Profesor de Cl1nlca
Profesor de Flslolo:t!a de la EsE xterna en la Escuela Nacional de cuela Nacional de )le&lt;licioa de Mé·
México.
xico.

:l&gt;r. 1{. JY{acias.

~r. )danuel qufiérez

JliJj
~~

11:..ro

La especial composición del VI·
NO DE S.\.~ GEIDIAN en el que se
a d unan los reconstituyentes, los tónicos neuros ténicos y cardiacos,
a l lctbyol, hacen de esta preparación una. de lns ruÍlS adecuadas al
tratamiento lle las enferrui-dades, en
las que predomina la pobreza de
sangre y el debilitamiento del lndi•
v!duo.

"La. composición rlrl YI~O DE
SAN GER:\I.\N, ~arantizn sus buenos efectoa y aquí. ,lon,le tanto
abundan las enfl'rmt'clntle!; por de•
bill&lt;lad en la. uutricl6n. e!&lt;pero que
i&lt;erl\ de pos.'l':a utilidad para el
público."
DR. R. :\UCL\.S.

DR. R OQUE MA.COUZET.
Catedril.dlco de la Escuela. Naclo
nnl de Medicina de México.

j)r.

~

Recomiendo el Vl¡\O DE SAN
GER) lAN, como útil y eficaz en las
enfermetla&lt;les que causan profunda
debilidad en la economla; as! como
en las anemias, tuberculosis, atrepslas, etc.
DR. CARLOS TEJED.\..
Profe~or de Cllnica. infantil en la
Escuela ~- de Medicina ele México.

if. JI. oe firel/ano.

:l&gt;r. fi de qaray.

..

He t1!'nclo en ,·arios de mis enfer·
mos rl \"1:-.ODE S.\~ GER){A); y
lo corn;idcro una nw&lt;litlna excclen•
te: es un tónico po1leroso. de s:1 bor
a::-radahle Y muy etkaz para los ané·
mico!'. linfí1ticos. tuberculosos. con•
exC'elentes para los di,ersos e:statlos nilest·lentcs y enfermos del cora·
patológicos.
, zón en gen&lt;&gt;ral.

EL YI:-SO DE S.\.INT GEil)!AI~
es una feliz comb\naoión acepta•
ble por su gusto 6. todos los enfermos y tiene propiedades curativas

r
DR. MANUEL GUTIERR EZ.
E.'
Profesor de Oustetricia en la Escue•
la N. de :\[ecllcina de :\léxico, l\Ilem- Profesor adjunto de Cllnlca. exterhro de In Academia. de :\Iedlclna., na. de la Escuela ).aclonal de :\ledl·
~Iédl&lt;-'O ele! Hospital de San Andrés. cina de México.
)

~ i=~t]I~

j)r. Carlos 7ejf!oa.

..

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fOt!:"-Mei!JWl,ltll,

~~e~eii~e

_ FONDO

Rl~AADO COVAHRUB1AS

A.. DE GARAY.

Proft'sor ele Anatomfn en la E!&lt;·
cnc&gt;la ::--nt'ionnl de :\le1llclna, Clru•
jnno de los Hos¡iitnlt•s .luárcz y Es•
p:1 iiol. Prc•i-;ltleote de la Societlad
:\l&amp;lica "Pedro Escobedo," etc.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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        <name>El Valle de Orfont</name>
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                    <text>u

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LOS MEJORES ELEMENTOS DE LUCHA

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Mu No o ILU STRÁDO

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1u 1u1u 1u1u u1u 1u1u 1u~
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AÑO IX.--TOMO II.-NÚM. 25.

MÉXICO, DICIEMBRE 21 DE 1902.

•trccter, LIC. RArAu. Rtn&amp; &amp;PINDOU.

EL DOLOR YLA ENFERMEDAD •••-

Subscripción mensual foMnea, $1.50
Idem ldem. en la capilal, ., t.23

tlerentct UJt&amp; Rnm &amp;PINDOLA•

-

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IS

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U

¿Cuáles son las dos arme.s principales con que el bombre
!! puede combatir ventajosamente contra la multitud de enemiU gos que le cercan y que se resuelven en dolor, enfermedad y
U muerte? LA SANGRE Y LOS NERVIOS.
U
Una sangre pura y unos nervios sanos son la garantía más
u segura de una larga vida. Con ellos, el organismo cumple norii malmente sus interesantes funciones fisielógicas¡ el estómago,
u los intestinos, el hígado, el cora1ón, los pulmones, etc., no es·
ii tán expuestos á sufrir las mil afecciones que padecen en las na•

u

turalez.as débiles; se aleja de todo temor de esos terribles malee cerebrales que matan ó agotan al Individuo basta el extremo de convertirlo en idiota y en loco, y lo mismo el hombre
que la mujer, lo mismo el anciano que el niilo, concurren con
alegría y con vigor al trabajo universal de la naturaleza en su
constante obra de reproducción de las especies.
También mata, es cierto; pero mata cebándose sobre todo
en los seres euenuados por el abuso, por la enfermedad ó por
la indiferencia, porque

LA INDIFERENCIA PARA CONSIGO MISMO

; ES EL PEOR ENEMIGO DE LA VIDA

u
u
El bombre que entregado al trabajo, ó después de abusos te y que camina á grandes pasos á la escrofulosis, al raqulti•u
!! femeniles ó de enfermedades agudas, siente decaer sus fuenas mo; todc;&gt;s en una palabra, los que pagan tributo al mal de la

I

U la mujer que se siente debilitada por la siempre dulce pero á época llamado
''ANEMIA"
!! veces peligrosa labor de la maternidad y la lactancia¡ la joven
!! que al mirarse en el espejo -ve palidecer y amarillear su antes
!! rosado cutis, y sufre jaquecas frecuentes y perturbaciones en su y que son víctimas de sus m-6ltiplesy dolorosas manitestactoU menstruación; el niilo cuyo crecimiento se efectúa difícilmen- nes, recurran al uso del

•--u
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VINO

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DE sa■ GERIIIAN

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-u

DEL DR. LATOUR BAUMETS

u

~

-uu
-u
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-

une la de su sabor agradable, circunstancia que no hay en otros
Preparado que por su composición, en la que figuran tóni·
medicamentos cuya eficacia se ve casi siempre entorpecida por
ii cos, reconstituyentes y purificantes tan poderosos como el
la repugnancia que inspiran á las personas que deben tomarlos.
Se recomienda muy especialmente á todos aquellos padres
u
u
que nl'ten que sus hijos están anémicos, que las jóvenes se po- u
u
nen cloróticas y sufren padecimientos nerviosos, cat~rros y u
u
bronquitis frecuentes, trastornos intestinales, palpit11elones -u
u
u
de corazón, insomnios, vértigos, dolores neutálgicos, etc., de- u
U es la más recomendada para
bidos á la pobreza de nutrición y á la deb111dad progresiva, re- u
!!
Aliviar los Dolores, Purifioar la sangre,
sultado fatal de la falta de pureza y energía de la sangre y del u
u
-u
Vlgorizar los nervios
agotamiento del sistema nervioso.
u
-u
Entre los muchos males que cura radicalmente el
u
y B.obustecer el organismo.

ACEITE DE HÍGADO DE BACALAO, LA COCA,
LA KOLA, EL ICTHIOL
Y LA ESTRICNINA,

u
A estas cualidades reconocidas por los eminentes médicJS
u que ban becho uso de él, aplicándolo en multitud de enfermos,
ii
u

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!!

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u
u
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!!

11 '11 lNO DR SAN ClllBM AN,

VINO DE SAN GERMAN

'

su uso es de resultados eficaces en

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::r.

u
u
Abcesos escrofulosos, Afecciones nerviosas, Anemia, Falta de apetito, Clorosis, Convalescencia'
Depleuresías, Pulmoníaa, Tifo ó fiebre tifoidea Dabilidad constitucional, E3crófula, Flores bh.ncas, Gan- u
-u
grena senil, Enfermedades de la cintura, Neuralgías, etc., etc.
u
u

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DE VENTA en TODAS las DBOGUEBÍAS y BOTICAS.

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• ,u1u1u1u 1u1ututU IUIUIUIUIUIUIUIU IUIUIU IUIUIUIUIUIUIUIUIU l~IUIUIUIU IUIUIUIUIU IUIUIU IUIUIUIUIU IUIUIUIUlnla

1ª\

1~ 1

€1 tonflido Europto=-Utntzolano•
Crucero alemán que tom6 parte en el bombardeo de Puerto Cabello el 14 del corriente.

�Domingo 21 de Diciembre de 1902.

tolor~s y tolorin~s.
AXDO en una exhibici6n de cuadros
público se encuentra con una tela
en la que impera11 el rojo vivo, el
verde perico, el amarillo canario, todo lo que
de chi llante y de abigarrado ha con tenido lapaleta del autor; cuando para admirar la obra
hay que cnlar¡:e lentes ahumados 6 gafas azules; cuando los paños brillan como esmaltes y
las lontananzas relucen como azulejos, cuando
el cuadro parece hecho con los vidrios policromos de un calidoscopio, inmediatamente
los espectadores dan al pintor el cnlificativo de
colorista, y aun de gran colorista, en proporci6n de los colores que emplea y del deslumbramiento que producen.
Para la generalidad de las gentes, tal parece
que para ser pintor colorista, basta y sobra
pintar con puk1ue de apio, sangre de toro y
salsa mayonesa. Si así fuera, no habría mejores coloristas qne esas niñas que bordan en canevá con los colores 11acionales y que hacen
guacamayas ,¡y las dedican á sus amados padres."
A e:lta clase de personas y aun lÍ muchas
otras menos vulgares, les sorprenderú saber, y
así es la verd11d, que se puede ser colorista sin
usar de relumbrones y que coloristas hay, y
de prilnera magnitud, que pintan con colores
obscuros, y otros que suelen en sus telas no
usar más que matices de un solo color.
Muchas personas han podido admirar en l_a
galería de pinturas de D. Ciro de Acevedo, ministro que fué del Brasil en México, un monje de Velásquez, verdadera maravilla y obra
magistral de pintura colorista. El monje, sentado en un escabel y junto á una mesa, con:
templaba, en mística y profunda abstracción,
un crá.n eo, símbolo de la muerte. Ahora bien,
todo el cuadro estaba pintado con simples matices de color café, desde el hábito del monje
basta lae carnes del asceta y los amarillentos
huesos de la calavera.
Al análisis, aquello era una sepia qué iba
del café negruzco en los pliegues del hábito,
hasta el café claro y amarillento en las carnes;
pero á la vista, jugaban, aunque en tonos graves y severos, todas las coloraciones.
.
Los 'pintores flamencos, grandes coloristas,
pintan admirables paislljes en los que jamás se
ve azul el cielo, que en F landes se ve poco y
nunca azul; el follaje de sus árboles es generalmente verdeoscuro y profundo, sus nubes
grises sus aguas turbias, sus montañas violadas, hacen con esa~ tintas opacas prodigios
de verdad y de colorido.
Los venecianos y los españoles suelen usar
las tintas vivas y brillantes; pero no sou coloristas porque d e ellas se sirven, sino por la
manera magistral é inagotablemente rica con
que saben matizarlas.
El colorista, en suma, no es quien posee colores vivos, ni menos aún muchos colores, sino
el que percibe, interpreta y domina .los matices variados de cada color. Estos son innumerable~, casi diríamos infinitos. Una tela plegada, violada, roja, azul, de cualquier color,
según la acaricia la luz 6 la mancha la sombra, ofrece á la vista una gama inagotable de
matices diversos, todos del mismo origen, pero todos diferentes. Lo mismo las nubes, las
montañas, la naturaleza toda. Para interpretarla con el pincel, hay que percibir todos los
tonos, todas las intensidades, todos los esfumamientos, todos los resaltos del color fundamental.
Ahora bien, la gama musical es limitada,
en tanto que es iudefinida é inagotable la del
colorido. En S. Pedro de Roma hay, copiado
en mosaico, entre otros muchos, un cuadro de
la escuela española que representa el martirio
de una santa. Para poder reproducirlo en color, hubo que fundir en vidrio ocho mil matices diferentes de los colores de la pintura, y
cuenta que en el mosaico más perfecto se salta siempre de un tono á otro, omitiendo algunos i11termedios; cosa imperdonable en pintura.
En ver toda esa gradaci6n, en percibir to-

y

EL MUNDO ILUSTRADO
das las tonalidades y en interpretarlas con
maestría, estriba el talC'nto del colorista. Fabrés, el gran pintor que hoy contamos e~tre
nosotros entre muchas obras maestras, tiene
una que' pronto pod_remos admirar, un cuadr?
que se llama «¡Centrn~la, alerta!» y que está
pintado todo con matices d~l blanco. .
Este modo de considerar a los coloristas, se
corrobora con el hecho de que todos 6 casi todos los más renombrados viven en países húmedos, cerca de mares, lagos 6 pantanos, en
climas lluviosos 6 impregnados de vapores. La
humedad, según su grado, según la densidad
de las nieblas que produce 6, de l~~ br?mas
que forma,según se acumula o se d1s1pa,mterpone entre las cosas y el observador, ya gasas
tenues, ya velos densos, d~ penetra~ilidad_ ú
opacidad infinitamente van_ables; baJO su mfluencia los colores se matizan, se esfuman,
se ensombrecen 6, por el contrario, brillan_ 6
chispean, y ésta es la escuela y ésta la. magotable colecci6n de modelos en que se forman los grandes coloristas.
En los países secos, por el c~ntrario, la atmósfera es transparente y límpida; los c?lores
destacan y se sobreponen bruscamente sm casi matizarse· los contornos ele las casas resaltan el line¡miento predomina sobre la mancha',y en estas condicione~ surgen l_os mejores
dibujanws pero muy débiles coloristas.
Por eso ~uestros pintores, especialmente en
la Mesa Central, dejan tanto q~~ desear como
coloristas. Si les fuera dable v1s1tar Holanda,
Inglaterra 6 estudiar un poco en ciertos lugares de nu~stras costas, no tardarían en dominar el color, tanto 6 mejor de lo que dominan
la línea.

uidosa fiesta de la «Noche Buena,&gt;,
conmueve y regocija á toda la humanidad cristiana, tiene orígenes
que se pierden en los tiempos primeros de la
religi6n que la motiva y, á punto fijo, no ha
sido posible á los historiadores precisar la época exacta en que dicha fiesta empezó á celebraree.
Lo único que puede asegurarse de una manera positiva, es que la fiesta de Navidad es
una de las más antiguas del Cristianismo, como acabamos de decir, y que ya se encuentran
vestigios de ella en las prácticas de la primitiva Iglesia de Occidente, que fué la que empez6 á dar liturgia propiamente dicha al culto
nazareno y á fijar las costumbres cristianas.
El primer prelado de quien á ciencia cierta
se sabe que celebraba ya la fiesta de Navidad,
es el obispo Telesforo, que vivió en el segundo
siglo de la era cristiana; pero en esos tiempos
la fiesta de referencia no era una conmemoraci6n que correspondiese á un día fijo, sino que
celebraba en abstracto el nacimiento de Cristo
una vez al año, cuando el obispo lo disponía,
siendo en consecuencia una fiesta movible que,
al decir de los cronistas, celebrábase de preferencia en el mes de enero 6 en el de mayo.
La costumbre de la celebraci6n y la movilidad de la misma, indujo al obispo Cirilo de
Jerusalén, en el siglo IV de la era cristiana,
á solicitar del Papa Julio II el ordenamiento
de una investigación minuciosa para precisar
el día. del año en que Cristo había. nacido; y
el pontífice romano acogió las indicaciones
del obispo y orden6 esa investigaci6n, encomendándola á los doctores más eminentes de
Oriente y de Occidente, quienes después de
muchas labores y de largas discusiones, convinieron por mayoría en que la fecha más probable del na.cimiento de Jesús era la de 25 de
diciembre. Esa decisión fué impugnada durante largo tiempo por teólogos y doctores, y

EL l\fUXDO ILUSTRADO
es un hecho que en los evangelios no se encuentra ningún indicio que á ella se refiera.;.
pero con el transcurFo del tiempo llegaron á
agotarse las discusi~mes, y toda la CI'i~t!andad
ha venido reconoc1endo el 2-5 de d1c1embre
como la fech i~ del nacimiento de J ~sús.
Según parece, las celebraciones primitivas
de la fiesta de Navidad, tenían un carácter ·
exclusivamente religioso y no ha ll&lt;'gado hasta.
nosotros el ritual de ellas. Pero ya en la Edad
.Media, la iglesia ele Occidente empezó á dar á
la festividad cierta amplitud, consistente en
celebrarla por medio de juegos escénicos, en
los cuales aparecía el nif10 Jesús en el humilde pesebre de Bethlem, rodeado de San J osé,
de la Virgen y de los pastores, representados.
todos por in&lt;lividuos de carne y hueso. Recitábanse composiciones y entonábanse cantos
en loor del divino infante, y ése fué prohablemente el origen de los «nacimientos,&gt;• que aún.
se conservan en nuestros días. Con el t iempo,
merced á los disfraces y á los cantos, esa clase de fiestas degener6 de tal man&lt;'ra, que fueron prohibidas en los dom~nios de la iglesia.
de Occidente.
Sin embargo, como en todos tiempos y en
todo lugar, las prohibiciones han encontrado desobediencias, dícese que en algunos l ugares
persisti6 la costumbre de la representaci6n viva del nacimiento de Jesús, señaladamente en
Valladolid de España, cuya fiesta de Navidad
tenía fama extensa y asumía un carácter verdaderamente popular. Empezaba al caer la
tarde del 24 de diciembre y concluía al despuntar la aurora del 25; y como en el transcurso de más de doce horas no pudiesen los
asistentes mantenerse sin refrigerio y alimen,
to para sus cuerpos, adopt6se la costumbre de
llevar consigo colaciones á la iglesia y de consumirlas allí mismo, siendo éste el origen de
nuestras cenas de Navidad y del &lt;(réveillon»
francés. Si la fiesta caía en viernes, los obispos permitían quebrantar el precepto de la
abstinencia y consentían el consumo de carne,
fundándose en que en tal fecha el Verbo Divinose bahía hecho carne, al tomar apariencia h umana, y por ende no podía prohibirse el consumo de viandas.
Es un hecho que en las primitivas celebraciones de la Navidad de Jesucristo, se verificaban ceremonias que todavía recordaban en
mucho los usos de la idolatría y que, modificadas en el transcurso de los tiempos, todavía suelen haberse conservado hasta nuestros
días. Así, por ejemplo, el legendario árbol de
la Navidad tiene su origen en la costumbre de
los primeros celebrantes de la fiesta-costum•
breque sin duda arra.nea de la idolatría- de
bendecir dura11te la festividad una rama de
árbol, que simbolizaba á la Naturaleza, para
implorar del cielo que los productoa de la tierra no falta.sen en el año nuevo, pues hay que
advertir que en la época de Carlomagno el año
empezaba en Navidad. La bendici6n de la rama se verificaba rociando ésta d e vino y diciendo: uEn el nombre del Padre, del Hijo y
del Espíritu Santo!»

***
En los tiempos actuales, las ceremonias conque se celebra la fiesta de la Navidad varían
en sus detalles en di versas partes del globo, ·
según las modificaciones que en cada lugar ha
venido sufriendo la celebración primitiva.
En donde más ha conservado todavía ese
carácter idólatra á que hemos hecho referencia,
es en el mediodía de Francia, en donde se b1mdice el fuego nuevo en la noche &lt;le Navidad y
se le coni:;agran poéticas cantilenas, rogándole
que en lo sucesiYo siga, como hasta ahora, calentando y alegrando los hogares y prestando
vida á los niños y á los viejos.
En las otras regiones de Francia, ~a fiesta
de Navidad tiene carácter ruid9so y pierdemucho de su distintivo religioso. En París el
«réveillon» consiste en magníficos saraos que
se interrumpen para ir á oír la misa de ·medianoche, y que en seguida se reanudan.
En los barrios alegres de la ca pita! de Francia, como lo son el latino y el de X uestra Señora de Loreto, el &lt;(réveillon» se convierte en
fiesta callejera de índole carnavalesca, y los.

estudiantes y las grisetas recorren alegremente los cafés y las cervecerías, en grupos numerosos .Y entonando canciones báquicas.
Algo parecido sucC'cle con el uXatale» italiano, aun cuando éste tiene muchas ceremonias
religiosas e,:peciales, como el serm6n de Xochebuena en Roma, en que la cátedra sagrada es
ocupada. por niños vestidos de sacerdotes.
En Inglaterra es el «ChristmaR» la fiesta íntima el~ la familia, del hogar, de los 1.iños. En
el «Clmstmas» hasta las faniilias más humil·des tie1,en en su mesa. el nacional ((pucldingn
y el gráfico ganso a,:ado.
Pero c1uizás en ninguna otra parte del mundo se celebra. la noche de NaYidad con tanto

entusiasmo ni con tan íntima veneración como en Alemania. Allí el c¡"'eihnacht» es una
fiesta univerrnl; toda tarea se suspende, las calles cobran un aspecto eRpecial de fiesta, único en esa noche; .v lo mismo e1t el palacio del
prócer que en la humilde esta:icia del proletario, centellea y resplandece el adornado árbol
de Navidad, en cu.vo torno se reúnen todos los
miembros ele la familia y ft cuyo pie se encuentran los regalos que se hacen mutuamente
amigos y deudof&lt;. En esa. noche y solemnemente, debajo de las extendidas ramas del
simbólico pino luminoso, se verifica la publicación de casi toda!l las promesas de matrimonio.

Domingo 21 de Diciembre de 1902.
En Espafia, en fin, la celebraci6n de la fiesta
tiene muchos puntos de contacto con la que en
:México se celebra, y el episodio capital de ella
es la iluminación del clásico é ingenuo ,,nacimiento,» tan admirablemente descrito por el
P. Coloma en r(La almohadita del niiio .Jesús.»
Sería prolijo enumerar las incontables pP.·
queñas industrias á que por doquiera da vida·
la celebraci6n de la Navidad; la fabricaci6n de
golosinas y ele juguetes acrece notablemente
sus rendimientos en ese día.
Y en el Norte y en el Sur, en Oriente y en
Poniente, las sonoras campanas de los templos
ensalzan la gran fiesta cristiana ..... .
SARDÍ~.

«Y eran una sola sombra larga .... »
JOSÉ A . SILVA.

I
... Recuerdo ... Es un recuerdo triste ... Sentado
en nspera roca, muy cer&lt;:a del agua,
veía las olas hervir con reflejos
de limpias escamas.
Las nubes espesas
en lo alto y compactas,
sus copos cuajados de tul y de armiüo
del ma.r el movible cristal reflejaba.

..

**
Llegaban las ondas tranquilas y lentas
besando la arena sutil de la playa..... .
La luz de la luna
la espuma irisaba;
y trajo eri sus alas la brisa apacible
lejanos murmullos y suaves fragancias.
¡Qué noche tan bella,
tan suave, tan fresca, tan linda, tan blanca!

..
**
Hendían el aire veloces gaviotas
en rondas lejanas,
así como flechas
por arco invisible lanzadas;
y también á lo lejos, borrando la línea
brumosa y opaca
del vago horizonte, con ritmo batía
su vela una barca.

..
**
Hermosos recuerdos de viejos amores,
de dichas pasadas,
en rondas volubles, cual humo de incienso,
llenaron mi alma.
¡Cuán dulces las horas de vagos ensueños!
¡Cuán dulcel:l las horas de tristes nostalgias!
Aquel prestigioso paisaje de sombras
inciertas y diáfanas,
hiri6 mi cerebro cual hiere la lumbre
tan plácida y triste del astro de nácar;
soñaba despierto gozando en mi sueño,
profunda tristeza mi pecho llenaba,
y sentí la caricia de un 6sculo ignoto
y lluvia de lágrimas.

II
Veían m is ojos
- los ojos del almaun misterioso desfile de ef'pectros,
de blancos fantasmas,
envueltos en tules,
cubiertos de escarchas,
y una sombra inmensa,

una sombra taciturna, extensa y Yaga,
sus mu das si Iuetas
en la arena de la playa proyectaban.

......
Pasaron tan cerca,
que vi reflejarse á la lumbre fantástica
los púli&lt;los rostros
de bellas mujeres un tiempo adoradas.
Una en la frente
marmórea lle,,aba
las huellas ele un beso,
de un beso arrancaclo del fondo del alma.
Aquélla lucía
como un manto de oro en la mórbida espalda,
los rubios cabellos que en horas remotas
me dieron sus suaves fragancias.
Y un poco más cerca,
muda y tri¡:,te, estaba
la que tanto he amado en la vida,
la imagen que nunca de mi alma se aparta,
aquella que ha escrito en mi libro
la más dulce página
de amores, de dichas, de suefios, de anhelos,
de olvido y de lágrimas.

..

* ..
Aquellas visiones,
con voces confusas-un tiempo escucbadas,con voces distintas-que ya no recuerdo,me hablaban ..... .
me hablaban de cosas que tengo en olvido,
de dichas lejanas,
de viejos ensueños,
de mis esperanzas,
ya mustias y secas cual hojas caídas
de las muertas ramas.

································ ···························
Pas6 el misterioso desfile de espectros
y blancos fantasmas
de aquella noche triste,
de aquella noche trágica,
tan suave, tan fresca,
tan linda, tan blanca.

..

**
Mas ay! que de pronto
en la húmeda arena sutil de la playa,
alz6se una sombra
enn1elta en crei:;pones y fúnebres sábanas.
¡Cuún lívida era!
A mí se acercaba

con paRo angustioso
In muerte, la Pálida,
trayendo en los hombros su signo de espanto,
su negra guadaña.

......

. .... . La luna entre tanto
la espuma irisaba . .... .
y lentas, tranquilas, llegaban las ondas
besando la arena sutil ele la playa ......
FERNANDO

E. BAENA.

Barranquilla-C0lom bia.

DÓNDE?.... ...
Frentes cubiertas de albas tocas.
por las vigilia¡¡ au reoladas;
marfiles tersos de las bocas
de las vírgenes supliciadas.
Frágiles manos que los rudos
rosarios llenan de dolores,
y finos pies casi desnudos
que se marchitan como flores.
Rubios cabellos olvidados
que en las recónditas gavetas,
soñáis r.on líricos tocados
y con románticas peinetas.
Novia dollente del suicida,
que cuando triste profesaste,
como un recuerdo de la vida,
s6lo el anillo te llevaste.
Decidme, en d6nde hallaré el fino
verso que diga vuestro duelo,
de albura cándida de lino
y suavidatl de terciopelo?
ALEJANDRO CARIAS.

�Domingo 21 de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUS'l'RADO

La "~aza de la Zorra"
impátíca «ententen á que han llegaos clubs Hípico Militar é Hípico
Alemán, originaron ya un vivo entusiasmo de parte de todos los miembros de
estas dos agrupaciont&gt;s, entusiasmo manifestado en ocasiones diversas y con plausibles resultados.
Entre nosotros, la afición á los ejercicios hípicos supera á la de cualquier otro «Eport,,,y el

dos meses, y preparado en sus detalles por el
señor capitán Gustavo A. Salas, uno de los
miemuros más entusiastas de aquel círculo.
La «caza de la zorran ofrece á los aficionados á la equitación una grata oportunidad rle
poner en juego las facultades de que son poseedores. En México,el relacionado «sportn ha sufrido, á su «im portaci6n», dgunas modificaciones. De los ingleses, para quienes la caza verdadera ofrecía mil dificultades , bien
por la distancia, bien por la carencia de piezas importantes, nació la invenci6n de este
juego, que consiste en que el jinete designado
como «zorra» tome la delantera de los «cazadores»,llevando coneigo una bolsa de «confetti,»
cuyo contenido deberá ir dejando caer sobre
el camino que recorra. A continuaci6n los «perros», vistiendo caeaca verde, parten en seguimiento del "rastro», y, en pos de ellos los ~cazadores»,dirigidos por el «master», emprenden
la marcha. Transcurrido el tiempo fijado de
antemano, el «mai-ten, da la voz de «caza libre!», y los «cazadores» entréganse á la persecución de la «piezan, obligados, sin embargo,
(1 pasar por todos los oustáculos que la "zorra.&gt;&gt;

de orgulloso ostentar el disputado gallo, que
no siempre queda dueño de todos sus miembros.
Otro juego hay que se denomina el "enterradon, en el cual el gallo es también la víctima; pero en este caso el animal es colocado
en el suelo, en un agujero de donde no asoma.
más que la cabeza; el jinete, pasando á escape,
deberá «balonearsen hasta el suelo, para apoderarse del animal; y éste, á su vez, se defiende moviendo de uno á otro lado la cabeza,
6 recogiér.dola cuanto le es posible.
En estas dos diversiones netamente naciona1es, la agilidad, la fuerza, el tino, la maestría en el manejo del caballo, p6nense á prueba á un tiempo mismo, y, excusado es decirlo, los peligros son infinitamente super_iores á
los de la primera; pero no por tal motivo deja de ofrecer ésta un gran atractivo, tanto para el público espectador cuanto para las personas que en ella toman parte.
A la última fiesta verificada en Anzures,
concurrieron activamente veintisiete súbditos
alemanes y más de cuarenta oficiales de nuestro ejército; por ser jmposible asistir á ella al

Subteniente Manuel Carrillo.-(La "La Zorra.''

atractivo de aquéllos no aminora la gran parte
útil y educatiYa que entrañan. Para una importante mayoría, el ejercicio á caballo es, y
con mucho, Leneficioso, ora corporal, ora cspiritualme11te; pues, cabe decirlo, el individuo
que aprende á dominar un brioso alazán, ad-

Domingo 21 de Diciembre de 1902.

€1 f0nflict0 Utntz01an0.
STROS lectores conocen ya, por la
undante información cahle¡náfica
que acerca del asunto ha dado á
conocer «El Imparcial», el giro verdaderamente lamentable que han tomado las cuestiones
surgidas entre Inglaterra y Alemania por nna
parte, y la República de Venezuela por la
otra.

El conflicto embarga en estos momentos la
atenci6n de todo el continente y ha parecido
alejarse cada día más del terreno de las negociaciones pacíficas. Algunos buquei- venezolanos fueron capturados por la acción combinada de la flota anglogermana, y otros echados
á pique, precisamente cuando el Gral. Castro
había ordenado la prisión de los súbditos de
ambas naciones, que residían en Caracas. y el
Ministro de los Estados Unidos, l\Ir. Bowen,
se disponía á nego.:iar la liberaci6n de los
prisioneros. El buque insignia de los venezolanos-el «Bolívar,,-fué también apresado,
sin que presentara resistencia alguna al enemigo.
Posteriormente. el cable transmiti6 la noticia de que una división del ejército venezolano compuesta de 2,100 hombres y al mando
del Ministro ele la Guerra, había llegado á la
Guayra-punto bloqueado por la flota extranjera, -y de que una partida de marinos ingleses y alemanes desembarcó allí para llevará
bordo de su&lt;; buques á algunos súbditos de las
dos potencias aliadas.
Los buques «Charybdis»,«Vineta» y «Schloss»
entraron á la Guayra el día 13, tomando posiciones para dominar el fuerte y la costa, :-·
al día siguiente se presentaron los dos primeros en Puerto Cabello rompiendo sobre la
aduana y las fortalezas un nutrido cañoneo
que apagó las baterías enemigas en cuarenta
y cinco minutos. El gobernador del fuerte
fué hecho prisionero y los marinos se apoderaron de las trincheras.
Fuera de otro'l incidentes que se han presentado en el curso del conflicto, éste es hasta hoy el más notable y el que más ha contri-

LA CAZA DE LA ZORRA.- Los cazadores.

buído á recrudecer los ánimos y á levantar,
tanto de una como &lt;le otra parte, protestas y
recriminaciones. La prensa sudamericana, que
se había abstenido, dentro de una prudente
reserva, tle aventurar opiniones y comentarios,

Parecía, por lo demás-esto no es 1rnís que
una información cablegráfica,-que tanto en la
Argentina como en Chile, la opinión de los gobiernos estaba del lado del presidente Castro.
«Argentina ha instruÍ.do á eu rrpresentante en

LA CAZA DE LA ZORRA.- Un salto á lo largo.

comienza ya á ocuparse del asunto en términos en que se echan de ver, muy á las claras,
la importancia que ;;e concede á la actual contienda en las repúblicas del Sur, y sue simpatías hacia Venezuela.

Caracas-dijo un despacho-para que le informe de lo que cuentan hacer los Estados
Unidos, y ele la manera como traten de aplicar la doctrina Momoe ante la actitud agresiva de Inglaterra y &lt;le Alemania. :::ii los Esta-

Un salto de altura.

haya salvado. En los últimos ejercicios de este género realizados en México, debido á las
condiciones del terreno en que han tenido lugar, se opt6 por la supresi6n de los ccperros»,
cuyo objeto era nulo.
El juego, en sí, no es Huevo entre nosotros.
En algunos Estados del interior, la ceca za de la
zorra» tiene su similar en la «carrera del gallo»,
con la diferencia de que, para este último

señor teniente Bartels, fungió como «masteri,
el señor teniente coronel Rafael Eguía Lis, y
fué la «zorra» el señor subteniente de caballería Manuel Carrillo, á quien logr6 vencerel señor D. Manuel Chavaud, uno de los «cazadores" pertenecientes al grupo alemán.
A los llanos de Anzures concurri6 oportunamente el Sr. Secretario ele Guerra, invitadopor los organizadores de la diversi6n, y ésta.

Sr. Manuel Chavaud, vencedor.

quiere insensiblemente mayores energías que
oponer ante los peligros; en el cuerpo la sangre se apresura, eclúcase la vista, y la facilidad
de recorrer las distancias y renovar los paisajes, contribuye al buen humor y al esparcimiento del ánimo. Si al simple acto de montar á caballo, se añaden todas las peripecias y
variaciones á que se presta en sus diferentes
ejercicios, el atractivo se acrecienta; y la certeza de su bondad es indiscutible cuando á
ellos se entregan los miembros de nuestro ejér·cito, llamados, como nadie, á semejantes prácticas.
El pasatiempo que tuvo lugar el domingo
último en los llanos de A.nzures, y que di6
margen á las instantáneas que hoy publicamos, fué ofrecido por el Club Hípico Militar
al Club Hípico Alemán, en correspondencia
al que éste tuvo la atenci6n de ofrecerle hace

Teniente Coronel Rafael Eguía Lis, "Master."

«sporb&gt;, se requiere, ademÉ.s ele la ligereza del
caballo, la vivacidad en sus movimientos;
pues si en el primero de estos pasatiempos, al
«cazador" le basta acercarse á la «zorra,, para
desprender de su hombro la cola que lleva ligeramente prendida, no pasa lo mismo al tratarse de la «carrera del gallo», en la cual el jinete, que lleva en alto un gallo auténtico, se
defiende con energía, y la lucha se entabla
hasta que, pasado el tiempo, el vencedor pue-

termin6 con un banquete con que el Club Hípico Militar obsequió al Alemán, y asistieron
casi todos los que en los ejercicios hípicos tomaron parte.

CAPITOLIO DE CARACAS.-Edificio en que celebra sus sesiones el Congreso de Venezuela.

�Domingo 21 de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

1.

·:t2:~;;:i~=k,f:;~~:~;~:,-

numeroso público que concurrió al festival,
n~ s?lo por lo bien escogido de ellos, sino
prmc1palmente por el derroche de gracia con
que, tahto las niñas como los niños desempP.ñaron la parte que
'
les correspondía.
El coro de los Organillero,; y «La Cafete-

Domingo 21 de Diciembre de 1902.

En cuanto á los demás números del programa llamaron mucho la atención «El Asalto á
Ch~pultepec,» cuadro histórico en que tom6
parte un grupo de niños, y el coro «Gato~ y
Ratones," cantado por vemticuatro niñas.
Tanto el Sr. Ministro de
Justicia, como el Subsecre_

.,

ra,» juguete, este ú lti-

Palacio Federal de Caracas.

dos Unidos permanecen impasibles, Argent ina, considerando que
la autonomía de las
repúblicas americanas
está ,·iolada, asumirá
una actitud simpática
hacia Venezuela, y
ofrecerá su apoyo al
p re,;idente Castro. Chile abriga intenciones
parecidas á las de Argentina.»
A hacer mas grave
aún la dificilísima
situación en que está
colocada Venezuela,
han venido, por último, las reclamaciones
que al Gobierno de
Castro hace el de Ita1ia, y las que presentaron, según las noticias
más recientes, al ::.:iis1110 Gobierno España
)' Bélgica. No obstante la tirantez del conflicto, prevalece la opinión de que llegará
á resolverse de una
manera satisfactoria.

***

EL GRAL, CASTRO,
Presidente de la República de Venezuela,

«El l\Iundo Ilustrado» da hoy á conocer
fotografías del «Vineta», buque que, como
antes decimos, tomó
parte en el bombardeo
de Puerto Cabello, así
como las vistas de la
Guayra y del Capitolio
y el Palacio Federal de
Caracas.

Publicamos ademas, los retratos del presidente Castro de Mr. BowPn, ministro de los
Estados Unidos en Venezuela.

y

MR. BOWEN,
Ministro de Estados Unidos en, Ca,racas.

La Fiesta Escolar en Tacubaya.
Muy !ucida resultó _la fiesta con que las escuelas uficiales primarias de Tacubaya clausuraron sus clases en días pasados. Los distintos números de que se componía el programa, dejaron agradablemente impresionado al

mo, en que tanto se luce Frégoli, fueron muy
aplaudido s, disti Rguiéndose en el desempeño, entre otras, las
niñas Leonor, Carlo
ta, Margarita y Elena
Murphy. La primera,
caracterizando al notable transformista,
estuvo graciosísima.

lario de Instruccióa
Pública, concurrfaro:i.
á la simpática fiesta.

Carlota, Leonor, Margarita y Elena Murphy.

-

.¿.

---

-:-__~
~
-

..

~

-- = ·

...

-

Vista de la Guayra ( Venezuel a.)

Leonor Murphy, en " La
-

Cafetera.

$✓

-El h ombre mirn10 es un prob1m1a, y un
ser de mediana inteligencia, tiene en sí ! mismo un volumen cuyas páginas nunca acabará de leer.
-El mayor de los tormentos y el último
•de los crímenes que se perdonan. es el~ de
anunciar las verdades nuevas.
-El hombre de genio es siempref.:deEpreclado cuando avanza más que su 8iglo en
cualquier cuestión.

�Domingo 21 de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

]utgosJltltticos tn ti aub "Rtforma."
cudero y Dr. Gaines, que la ganaron en el orden citado.
Hubo, además, otras carreras á pie y de
,cponies)) y saltos con garrocha, suspendiéndose los juegos para reanudarlos en la tarde.
Los soci_os &lt;lel Club imitaron á las damas y
caballeros concurrentes á la fiesta á un ,el unch))
que se sirvi6 al medio día en el pabellón del
hip6drorno. Entre los juegos más notables de
la tarde, son ¡&lt;le mencionarse una carrera á
880 yardas, ajustada entre los del Club Americano y los del ce Reforma», uno de ,ccrickeb&gt; con
18 enti:adas, y el de carreras de animales dirigidos por señoritas. Borregos, guajolotes, gallos, conejos, palomas y un gato se «disput::ron)) el triunfo, resultando victoriosos un borrego y un conejo. Los saltos á lo largo estuvieron, asimismo, muy lucidos.

Carreras

fi

***
Los vencedores en la simpática fiesta recibieron sus premios de manos de la Sra. F. R.
Philips, disolviéndose la reuni6n al caer la
tarde.

de jóve;nes menores de quince años.

ACE pocos días se verificaron en el hip6dromo que el Clu? «Refon~ia» tiene e~tahlecido en la Capital, los Juegos atle.
ticos que año por año organiza la agrupaci6n
como una fiesta dedicada á las familias pertenecientes (t las colonias extranjeras y á algt1nas de la sociedad mexicana.
Los juegos, como era de esperarse del entusiasmo reinante entre los miembros del Club,
resultaron verdaderamente lucidos. Multitud
de personas se dieron cita en el hipódromo,
ansiosas de presenciar, tanto las carreras á pie
y á caballo, como los saltos de altura y con
garrocha. ajustados para los ejercicios de eRe
día.
Ei1 el primer !'alto «handicap» triunfaron
los señores M. S. Turner, H. H. Branch y H.
J. Holt, jugándose después una carrera á pie
por jó\'enes menores de 15 años y á cien yardas, que ganaron James Perkiiis, Donald Allíson y Fred. Paterson. La carrera cchandicapi,
fué también á cien yardas y tan reñida, que
se repitió dos mees. Los señores Turner y C.
M. Butlen, contrn O. M. Bennett r G. D. Gibon, la hicieron en once segundos dos quintos; y los señores R. J. Blackindre y W. J.
Honey, en once únicamente. En la última
partida triunfaron Turner y Honey.

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~~i
11.
·.,¡t,

Domingo 21 de Diciembre de 1902.

taibs sobre bs peñas, empezamos á desgranar
la silen&lt;'io,;a cadena de uro de las horas dulces.
Y la hora del misterio llegaba ......... !
CRISÓFORO lBAREz.

l\Iéxico, noviembre 2! de 1902.

Rl sacrificio, alegría de las grandes almas,
j tm 'ts ha sido, ni será, la alegría de la~ sociedades.

***

Car, eras de "ponies" mexicanos

JI

TARDECIA ...... El mago sol encantó
las cosas: la silenciosa. barranca. las cercanas peñas y los azules monte·s. Todo
lo cubrió de colores suaves, tiernos y calientes, y de la tierra se alzaba una infinita dulzura. Las quietas aguas dormían; me acerqué á
-ellas, las agité, y un color tras otro color iban
surgiendo como si vinieran presurosos desde
países ignorados con aviclez de ver el mundo
-exterior, y luego se hundían para no volver jamás. El verde obscuro fingía un profundo pensador que rneditH.ba tenaz en la palabra «Mu-dez. i, El color de vino tinto era un triste viajero que iba r[ipido al país de la muerte. El
violeta, medroso, se envolvía en su alargado
manto y pensaha. aterrado en el no ser de las
cosas. E( úmbar era un taciturno poeta orien-

á

440

yardas.

tal que sabía adormecer con el poema del esplendor. Yol \'Í el rostro y Je dije á la dulce
amada mía: Así son tus hermosos ojos ........
Cuando la,; manos de la impresión Jo,: a¡!itan,
surgen en ellos los sentirnie11 tos de nosé dónde.
El Amor, con su:, alas abiertas y su sonrisa
lumin,)sa y buena, se inclina cándidamente y
llena de unción las dese,,peraciones de mi alma. El Deseo, atado de pies, devora con sus
febricientes ojos el camino que conduce á la
Tierrn Prometida. La ciega Tristeza llega silenciosa, se sien ta inm6vil y empieza á contarte el hondo desconsuelo de la vida y de las
cosas, l lena tn corazón de amargura y del asco
de vivir. l\Iira cÍ&gt;mo me reflPjo en estas aguas;
así también me retrato en el fondo de tu alma
sincera. J&lt;:lla sonrió, llena de una vida interior exquisita y vaga, y me besó ......... Así
quPdamos ...... Así qnedamo~ ......... Después
enlazamos tiernnmente nuestras manos, y sen-

Lo que jamús se ha puesto en duda, nunca
se ha probado. El escepticismo es, pues, el primer paso hacia la verdad.

***

L,s democracias comprenden dos especies
de grande, hombres: aquello;; que la'3 fundan
y aquello;; q •1e las ren nevan.

-----

-

Un buen salto del Sr. Branch.

El "lunch."

La carrera de ,cponies)) mexicanos fué de
-iOO yaroas, corriéndose los caballos «1\Ielado»,

AMIMUSA

«8ileno,i y ccBeani, por los st-ñorl'S Honey, EsDivino panorama, hermosa mía,
Ante mis ojos en el sueño extiende
mientras tu amor mi corazón enciende
al desmayar en el ocaso el día.
En tus carmíneos labios la ambrosía
le brindas á mi afán. En tanto prende
su luz el firmamento, y veloz tiende
su vuelo por el mar mi fantasía.
Así los dos, con nuestro amor sin penas,
iremos juntos al Edén del Arte,
uniendo, mientras cantan las sirenas
el misterio del lago, al adorarte,
tu frente, coronada de azucenas,
á mis labios, ansiosos de besarte!
li'RANCISCO lZÁBAL lRIARTE.

Saltos "handicap," con sarrocha.

Frente al 1ago de Chapala, octubre 1902.

CHAPULTEPEC.-La fuente.

�Domingo 21 de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
Pues yo, pobre cuadrúped

,1

°g~~~

:~a~t ;~1:r~~oe:~!ªs.ratas ya° b,~~:1~~e
iba á' ad
n!no 9ue esta aquí y que
la cue~da e~~:· mCont ~1s viejos dientes rompí
~l camino de Be~h~e~~ y corrí muy lejos por
-¿Por qué muy lejos?
b' --Porque, como tú comprendes, si me huiera quedado cerca ' no habrían
uerid
ice¡;.tarme, les parecería en robo y J ¿sé o
u iera devuelto; mientras que mu l . me
~si un deber conservarme, á fin
re;t1::i:~

a/

~• .!l..C RAGIL y delicado, yace
]l~.ai-,~
el niño en su cuna, cuna
~
de pobres, cuna de paria,

JJ

,J

hecha en un pesebre relleno de paja.
Para otros el lino, para
otros los vellones y las finas lanas de Sid6n. Envueltos en malas ropas, sus miembros se estremecen; su carne,
apenas nacida, conoce el sufrimiento, y los frágiles pies y las
manitas delicadas, se lastiman
con las agudas aristas.
¡Qué mal acostado y qué mal
vestido está el pobre niño!
Para otros, también, la suave
luz de las lámparas cuyas flamils están perfumadas; para otros las claridades ardientes y
cromáticas que se escapan de la chimenea,
cuando sobre las brasas chispeantes se arroja
un puñado Je granos de enebro.
Aquí todo está helado, aquí todo está negro.
Ningún fuego en este triste establo, ninguna
claridad en estas tinieblas; s6lo-mirad ¡oh
milagrol-la luz rubia que circuye la frente
del recién nacido, que nimba la cabecita de
ese hijo de pobre, como si fuera el hijo de un
monarca; pero si irradia, no calienta. ¡Oh
cuánto frío tiene ese niiiol A través de las desgarraduras de los andrajos que le envuelven,se
ve su cuerpo de querubín, enrojecido por el
cierzo, que entra por todas las hendiduras del
techo, de la puerta y de las paredes; por todas
las heridas de aquel edificio desmantelado.
Afuera, la nieve alfombra el suelo; una sola
estrella brilla en el zenit, precisamente arriba
del establo, como si la almita de aquel niño,
al caer en tierra, hubiera agujereado el firmamento, desgarrado el velo de terciopelo azul
que oculta á los ojos humanos los esplendores
celestes.

Detrás de las ventanas de las casas del lado
de Bethlem, cintilan también luces ........... .
Allí viven ricos que han venido para someterse á la ley del censo y que se ahitan de pasteles de miel y beben, con las bailarinas y con
los mimos traídos por los romanos, vino de
higos. Son opulentos mercaderes, jueces, sacerdotes, soldados. Sus túnicas, teñidas de
púrpura, son de un tejido más ligero que la
ondulaci6n de las serpientes, y más blando y
más tibio que el pelaje de las cabras del Tibet. Lucen las antorchas en los anillos de las
paredes, arden los braseros, y ráfagas de música pasan volando á través de la campiña entenebrecida.
No hay fuego, ni abrigo ni salvaguardia.
Ese niño morirá, seguramente, de frío y de miseria. ¿Nadie vendrá á socorrerle?

***
En la mano derecha, en la mano izquierda,
una sensaci6n de calor, de buen calor penetrante que descrispa los dedos; como un beso
tierno y humilde, como una caricia llena de
adoraci6n y de piedad.
¿Qué es eso?
Sube hasta el surco sonrosado del codo, llega al hombro, se extiende por sobre el pecho,
el vientre y las rodillas.
El nifio renace, y aun sonríe, porque aquel
soplo tibio le cosquillea. Toma sus pies entre
las manos. con el movimiento familiar á todo
nifio; se inclina, ve moverse en la penumbra
altas siluetas fantásticas, y como es muy valiente, puesto que nada sabe, extiende sus puños al azar y trae ú sí, para mirarlas á la luz

de su aureola, dos gruesas masas velludas que
tienen cada una un par de ojos, un par de
orejas y un hocico.
-¿Quién eres?-pregunta á la derecha.
-Soy el asno.
-¿Quién eres?-pregunta á la izquierda.
--Soy el buey.
El niño Jesús les besa y se duerme, en tanto que el asno, con su lengua rugosa, le mantiene calientes los pies, y el buey le envuelve
con su hálito humeante.
Y conversan, conversan á su manera; pero
conversan.
El asno dice:
-¿Crees qne hemos hecho bien en acercarnos de puntillas á mirar si necesitaba algo?
-Sí; pero pon más cuidado, que vas á ensuciar las ropas de la Virgen. Además, no olvides esas orejas tan grandes que nunca acaban, y que por poco le metes una en un ojo.
El asno, mortificado, se calla.
-Mejor cuéntame-prosigue el buey-¿c6mo llegaron aquí, por qué entraron juntos?
-Te lo diré. José es carpintero y venía
á hacer algunas composturas en la casa demi amo, que es pretor en ~azaretb. José y su esposa son gentes sencillas, nada felices, pero que siempre tenían para mí, al paso, una caricia 6 uil repollo de verdura. Oí á
María llorar la víspera de su partida. Se quejaba: «Se acerca el momento del parto, y nunra, por más fuerzas que Dios me preste, podré
llegar á pie hasta Bethlf:m. » Y José contest6: «¡Ay! ¡qué hacer! El empleado de Cyrinus vendrá á decomiFar mis cepillos y mis
garlopas. ¡Qué sería entonces de nosotros!»
-¿,Y tú qué hiciste?

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tfiol aglomza. Todo lo que hizo en la tierr:; (;~:~
a enta.mente ante El.
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_Co': tod?s llenó su m·¡"~¡"¿~; con todos fué
m1f'er1cord10so, abnegado J. usto La . 1 l
huérfat1
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VIUl a e
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'i .º• e eF&lt;c1avo; aquel ft quien el im puei:;o ago .na; aquel á quien la carne excita· ia
adúltera, el ladr6n arrepentido y hasta la ~ortes~na, ~odos-halla~·on gracia en el tribunal de
su rnfimta clemencia.
sav1a
. ro· Siente¡ El con embriaguez, co1·rer la, ..
Jª tqt1 ~ e sus venas cae, gota á gota para res
ca. e. e mund?. ¡Que no pueda suf;ir más su:
phc1os para aligerar el fardo de la 1
.
dad!
rnmam1

~

mema
despuésp á u1i• .1•ropielano. &lt;c·Tomal
El asno
&lt;le
,
• ese ro¡;1trn~ corriendo por el campo y
-e:xpuesto á qu~ cualquiera se lo robe. Es prefenble que lo cmdemos.»
-Veo que eres juicioso.
-Es~. dicen. Sea como fuere, logré mi intento. S1 hubieras visto á María ¡qué lástima
-dab~! Apenas, po:lía arrastrars.,,' y mi coraz6n
-salto de ~legna cuando sentí que se sent6 sobre
comodamente, aliviada, consolada.
--Si, i pero qué paliza te ao-uarda cuando
,1:egreses!
º
-Me lo tengo sabido; pero ya e,,tá hecho
Desde luego comenz6 José, que me atizó do~
buenos palos, para que aprenda á no huir
¡Ah! Si no h'.1biera sido por l\Iaría, y sobr~
tado por este mocente..... .
sabes quién es? Es el Mesías.
. - ::ii, lo sé, Y por eso doblado sobre mis rod l 11as estoy ante El.
- Y o-dijo el buey-lo esperaba. Los corde.ros, al volver, contaban que un astro nuevo
brillaba en el horizonte. Los pastores sabei
Cuando h~blan d~ sus penas, aquí, por la;;~:
che, les 01go, decir siempre: cc¡Ah! Cuando
venga e~ Mesias ...... !i&gt; Ya vino, ya no habr[t
desgraciados.
-¿Lo crees?
· -:¿Por qué no? Si nuestra pobre existencia
pud1e1;a ~er I?~nos dura ......... si pudiera haher mas JUst1c1a para nosotros, hermanos menores del hombre, y por él tan cruelmente explotad?s, torturados, mutilados ..... .
-Mira, antes de pensar en nosotros, sería
bueno que los hombres fuesen menos malva•dos, que la fraternidad reinara ..... .
. -Sí, pero ya está aquí el Redentor el que
"
1ene
'1
3: sa var a'toelos,'a rescatar á todos
' ....
-¿S1 le pidiéramos que pensara en nosotros ...... ?

m!

***

~

me~, joyas, ricas telas. El niño Jesús no «o]
vera a tene1• f no.
'
I legada la noche se va ' Ene1 momento en que María va á mo'ntar e~ el
asno
un ibcuya flaca grupa est'a cu b.ierta ahora con
a ornoz constelado, presente de un re
neg'.od, el buey? muy trifite, se acerca á su cfmara a y le dice:
-Tú _eres más feliz que yo, puesto ue le
acompanas. Procura q·:e no olvide ,
d
nuestra raza.
a os e
Jesús, que ha escuchado hace una señal de
prom~"ª, y el bueno del buey contento se
~rrodtlla, le lame la mano, le m'ira alejars~.....
) vuelve al pesebre á rumiar su esperanza
~ En Nazar~th, frente á la puerta del taller. el
asno se detiene.
'
./.-dGrlacins, buen asno-dice María acarici,m o e el cuello.
'
y e~-asno, arrodillado, lame el pie desnudo
el el nmo Jesú::i.
tro-;~arad_or del mundo, no desprecies nues, St'. 11m1entos...... ¡Acuérdate de nosotros!
1-responde Jesús.
-

***
En el. Calvario, en la cima clel Gól"ota C .

-(rJº

~

Domingo 21 de Diciembre de 1902.

Y la uocI1~ trai:scurre lenta y serena; nada
apartli la v1gilanc1a de aquellos buenos animales, nada interrumpe su piadosa labor. Jesús duerme com? en un nido, como durmi6
antes que él el mfio San Juan.
Al día siguiente, las recepciones. La víspera fueron los pastores, ahora son los magos,
los hermosos monarcas del Oriente, deslumbrantes como el arca de David. Traen perfu-

Pero ...... ¿quién canta en el camino que f;ale d~ Jernsalén?. c¡uiéu Yiene á injuriar •;u
fgºft?: ..... su~ OJOS enturbiados, velados por
a~ , gr_imas, ensangrrntados, apenas pued
mirar a travé; de lns indecisiones del . en
púsculo.
ereLa vo_z es jU\·e!1il, fresra, como si la
acompa~ara un trntinear de medallas.
Un gnto de mujer:
-¡Oh! ¡El Nazareno!
En Heguid,i, la que habla se acerca {t la

cruz,, y le
l p_1e
· en l a si·¡¡ a de su cab::i.lgadura,
besa las heridas de .Jesús, la-, rocía con l[Pri11:as amargas y se hiere lo~ dedos con la,"e1p111as de la corona.
, El la reconoce. Es una muchacha á quien
dias. ante,s maltrataba la multitud y á quten
~l ltb~rto con ~na parábola y una bendición.
on tuste sonn:,a le da las gracias.
Mas abajo, su mirada tropieza con otra mirada llena de reproche·y de dolor. ¿D6nd . ,
El• e'a'
á d.d
.
e vio
.,, 8 c· n i as pupilas, tan ardientemente
fiJas en las suyas?
¡Ah, rec~;rda .... ..... ¡el asno de Betblem!
Aquel mn.i:10 desde h~ce mucho tiempo; pero
éste, su lHJO acaso, tiene en lo, ojos el mismo refiejo de tristeza y ele bondad.
A lo lejos ladra un perro, muge un buey ...
y de _los cuatro rumbos del horizonte, en alas
del viento, llegan ~oces que suben de lo;; surcos, caen de las cunas, brotan de entre l
aguas.
a3
Dicen esas voces:
_-Niíio Jesús,. niño, Jesús, ¡olvidaste tu
prom~s,~! ~os deJaste victimas de la barbarie
~le la m1qu1dad; nada hiciste por no,otros; n~
1as pa~a&lt;lo tu deuda. Somos tus acreedores
¡oh Cnsto!
,

y .J.esús siente que un gran remordimiento
1e oprime el corazón.

.... ...... ....... ................

Des~e enton.ces, en el can~~~:·~~-~~·~¡~·1~~;~
llevar a los an11nales á la misa de Noche Buena. ~!los, 'lue todav~a esperan ú su Mesías
van a recoi:darle al mño Je_;ús el compromis~
que contra.Jo y que no cumplió.
Alguien,que pertenece á la Iglesia v que sabe que yo creo tanto en el alma animal como
en,el alma humana,me ha asegurado que tendran su reco111 pensa ...... en el l'araíso.
SEVERINE.

T1·aducción de «El Mundo Ilustrado&gt;

�EL ~lU~""DO ILUSTHADU
lJ•Jmingo 21 de Diciembre de 1!)0~.

ha bufar rencores ante mí " I
pronta al daño.
. a argar la garra
• ~~ vano
tía procuró que hiciese en elefi11ltl\ a l_as amistades con la negra gata.
~amas pudo lograr la realización ele su empeno.
~¡ Su precl~caci~n de paz se perdía, en el ele. erto ele mi,; odios, como se perdieron en los
c:u:r_ipos del Trarn,vanl Y del t)range las preclimciones ele fraternidad ~- de concordia que
e:&lt;pet6 el Emperador de Rusia á las ¡)otencias
del mundo.
. La Yíspera ele ausentarme de mi ciu1lad nativa, ~ara.empre.nder estudios superiorc.-., quise d~sped1r.me dignamente de mi adversaria.
.A dicho obJeto, até del rabo de aquel animal
-;tan bueno _11egún mi tía-una carretilla de
poh·ora, previamente enceudida.
El susto de «Favorita)) y sus lamentos dcse~perados ni i,entir In chamusquina, nw rego~IJa~on t~nto &lt;JUe apenas si me impresionó \'er
a nu ª!1ciana parienta enjugarse las lú¡:i:rimas
&lt;J~e 1111 crueldad hizo subi r á sus cansadas pup1 1a!l.
111.i

El puente antes de la voladura.

La segunda, no meno,- apetecida, aunque
menoR suculenta que la merienda, era lit con¡,eja fantústica, el cuento peregrino con que
me obsequiaba mi buena pari1rnta mientras
Dimos ú cono~er, díns pasados, algunas fohacía !'U intnminahle calceta., al amor de la.
tografín11 relativas (1 ln voladura de un puenlumbre en el invierno, y á la sombra. &lt;le un ro***
te-construído en Anzures por los cadetes del
mero del jardín en Jo,- mese» estirnle--. El
Col egio Militar-con petardos provisionales
El dinero es vapor &lt;le la inmensa máquina
euento no ha.,· para qué decir que cm manjar
preparnclos por Jo._ alumnos de la Escuela de
predilecto ele mi imaginación apenas despierele la vida.
Tiro ele Hn n Utr.11 ro.
ta. Oyendo á la i;eñora ,le C[mlenas, el hlancl&gt;
potro de mis sueño!, galopaba desbrida1lo
por los janlines deslumbrantes que mostraba.
«.\ladino,» merced ú su lámpara maravillol"a;
p:v,eaba. por los estérile,; campos que rodean
el castillo de «Irús y no volverás;)) corría por
la umbrosa selva con "Caperucita encarnada;»
saltaba lle\·anclo ú la grupa (1 la triste "Cenicienta,» .v se detenía á escuchar las quejumbres ele ,d'ulgareito» y el e~pa.nta.hlc fragoroso
resuello de "Soplín :-\oplón, hijo del buen ::,oplaclor.»
Y, en fin, la tercera. de las cosas que iba :vo
á bu~l'ar en el recinto del vetusto palacio, queblasonaban &lt;los lobos cúrdenos en campo rojo.
ern...... ocasión para hacer alguna diablura
con h\ mansurrona gata, siempre tendida ú
los pies de mi tía.
LA VOLAD U RA.-(De fotografía instantánea).
Odiaba yo al inofensivo animalejo del mismo modo que Nerón odiaba al pueblo romaEn Chihuahua se efectuaron últimamente
no; con la diferencia de que el feroz Enobarl,o
unas pruebas análogas, que resultaron intedeseaba que su Imperio tuviese una 1-,o)a caresantes en extremo. El puente, que represenbeza para. poderla cortar ele un solo golpe, l'n
ta. uno de nuc~tro,; grabados, afectaba. ln. fortanto que yo hubiera querido que :e Favorita,,
ma de un:i. fortnlezn y fué construí,lo con matuviese cien colas, parn tener cincuenta sitios
ODAS las tardes, al salir &lt;le la escuela,
teriales de l.llam¡,ostería.
ele que colgar petlazo!I ele hoja de lata, y cinantes de volver {1 la casa de mis padres,
A uno y otro lado ele la construcción se ve
cuenta agarraderas de que asirme con fuerza
me iba derechamente á la sola.riega manformado el 1~ Batallón, que co11currió Íl las
brutal.
siím
de
Doña
,\ntonia
de
Cárdenas,
en
busca
experiencia;;. Los oficiales del Cuerpo referiSin razón alguna)' sin cau;:a que lo explicase, yo guardaba para el n.ohlote "Canelo» !ns
sobras de mi merienda, y reservaba para ,,Favorita» los pellizcos y la,; punteras.
Del blanquirrubio lebrel me gustaba todo:
desde su adhesión muda, hasta las manchas
de oro que lucían sobre la nieve de sus lornoH.
De la inocente gata toclo me em antipático:
su piel negrísima, con negrura azuleante, me
recordaba el traje del preceptor, mús amigo de
d:u-me pnlmetazos que &lt;le concederme premios;
sus uiias me hablaban, con dolorosa elocuencia, de arañazos aún frescos en mis mano~, y
ha¡,;ta ~u nombre de ,e Favorita)) se me antojaba
un insulto para mis indiscutibles é indiscutidos derechos á la predilección y al cariño de
Doña Antonia.
Lo que m:ís me desesperaba C'ra que tan
pronto como rompía las hostilidades contra
, el maullador animalucho, su señora ama 1-e
DESPUES DE LA VOLAOURA.-Restos del puente.
ponía re,meltamente al lado de mi enemiga. y
me tonminaba ("On la supresión del cuento ó
do fueron los que prepararon los petardos,
de tres cosas que tenía la seauri&lt;lad
compleui
0
con la privación de la merienda si no deponía
obteniendo en las pruebas un éxito completo.
de encontrar.
mi actitud belicosa.
La primera y--¿por qué nega.rlo"?-la más imTales conminaciones resultaban ~iempre
portante, era la merienda, compue¡.;ta, según
eficacísimas.
PENSAMIENTOS
la estación, de naranjas, peras, uva:;, melocoLa idea de perder mi refacción vespertina
tones, granadas, queso, miel ó almíbares,
De todos los teatros, el alma es uno en donó de no disfrutar del relato de las estupendas
amén de tal cual trozo de embuchado de lomo
de se ponen en escena los únicos drama? cuaventuras de «Tragabuches» ó de .-)1ed1opollió de chorizo curado al humo, acompañado
yo interés jamás Re debilita.
to,» era llave que sin tardanza cerrnba las
todo ello ele un blanco y sabroso "minguito,»
***
puertas del templo &lt;le .fano; templo edificado
cocido c11 el horno de la casona al mismo
Cada pueblo debe tener el culto de Pu hisen
el reino de mis sentimientos antipáticos
ti•:mpo
que
las
enormes
hogazas
destinadas
á
toria, porque el patriotismo está hecho de tohacia.
la raza felina en general, y muy señalalos gañanes del cortijo y á los guar&lt;las del lados los duelos y t odas las glorias de los antedamente hacia el ejemplaraborrecido que Oba·
gar
y
ele
los
olivares.
pasados.

PRUEBAS DE PETARDOS.

l&gt;omingo 21 de Dicicmbr(' de 1!102.

EL )IUXDO ILUSTRADO

La crítica, para. combatir á los vi,·os, gusta
de resu citará los muertos,que Ron poco morosos para irá cualquier parte sin tomar el lugar de nadie.

FAVORITA.

su hijo. 8e. hizo re,·olto~a, porque el gatito era
revoltofio; Jugaba J&gt;flr que "Lucero)) jugase, Y,
para no cansarte, su celo rnaternal y !"us cuida1los confirma~on plenamente la opinión ele
que tu a&lt;lvcr,-ana era, como siempre creí, un
modelo de honcl111l.
~hora bien: cuando llegó la época del esqmleo, ~·a ~abes, la ca~a l"e llenó de 1rente· con
la«· OYeJ·
· ·
" y 'pas. :a ~ , ·1111eron
ra ¡1a&lt;¡ane!', zagales
tore..., ~ c0 n lo,; pastores los ma8tines encargado11 ?e, la guarderfa dt·l rebaño.
¿F ne. un mal iutencionndo el que hurtó á
1cLucero?»..... .
¿,Ft~~ un. mastín el &lt;)lle cli6 cuenta, ú dentellad_a rnnprn, del .lindísimo gato'? ........ .
~o he const·gmclo aYeriguarlo. Cuando notamos la falta del hijo, notamos el cnmbio que
!le opera ha en la madre. ,,Favorita» se oh·itlaba.
de comer y de dormir; corría de!'esperada111ente por la'&gt;. salas; llenaba de maullido;, lastimeros el paho;.husmeaba en los alfolíes; exploraha 1.0 s teJado,;, Y no dejaba mueble en la
casll: m espemra en el huerto i:;in registro minucioso. Su dolor nos con moda. Era en terne-

ce~ora la angustia de la gata. no queriendo
resignarse con la pérdida de su.hijo.
Por último, «Favorita» ~e convenció de quesu mal no tenía remedio. A partir de e~a fecha, '.10 .,·~h-ió ú quej~r,-e, ni í1 recorrer los graneros 111 a bus&lt;'ar baJO loc:i mtl('ble~.
Do11 Franci~co, toma11clo chocolate una mafü\lla después de celehrar la )lisa, ohsen·ó que
)¡~ ~ala -;-.rn recor&lt;larús 11 uc ern 1wgra-princ1piaha a encanecer.
Ocho días ~le~pués ele la obserrnción, la
gata c,;taba casi blanca.
Aho.ra, ahora ...... juzga tú-dijo ~eñalando
á un r111có11. .
_, Y.oh:í la Yis~a, y, s!n rubor lo cleclaro, una.
l.1gnm.~ temblo en 1111s pe~taíia,; al contemplar
un .gato flaco, C!"pe!uznat)o,, .c&lt;'nicicnto, que,
lnn~ando un maullido tn,..tis1mo, :m¡ueaba. el
espma;-o y se clejaha. caer t:n el rincón mús
som bno ele la e:,tancia.
• ~C'.1 ~.i11cón ,neg.ro, ,como la primitirn piel de
«I a,011ta.» Un nncon negro, como !apena de
una madre amorosa ..... .
M. R. BLANCO·BEL:\IONTE.

***

Al cabo de algunos año... de nusr.ncia.-cuando ya había pen~trndo todos los secretos ele la
carambola. por tabla, del «picado" y del recodo, y cuando, mal que bien habí:i obtenido
l a apro b~c1on
·' en aquellas ramas
'
de la ciencia
ennohlec,clas ~or Bcrthelot, por Amo y ::\Iora,
1,or Henry Bu,gnet, por Orio y otros perspicuos Yaro,~cs-regresé á mi hogar, en el que
la pref'e1~c1a del futuro próximo "pucherólogo•
fue festepda con arroz y gallo muerto.
, ~ocas horas después ele mi llegn&lt;la me clirig1 la. casa solariega de los Cárdenas, con el
obJet~ ele dar un apretado abrazo á la ~eptuagenar1a heredera de las glorias de aquella casi
extinta estirpe.
Al poner el pie en el amplio zaguán ele la
cas~ma, salt6 «Canelo» ladran,lo alegremente
~· nno presuroso á frotar::-e contra mis piernas
a lamer mis manos y á imprimir sobre mi ro:
pn las huellas de sus manazas sucias.
:'ili excelente tía me dispew,ó un recibimiento más efusiYo y mí1s limpio que el lebrel. La anciana señora lloraba de puro gozo
y no se hartaba de mirarme, encontrándome
más alto, más paliducho y mús hombre. ¡Cómo no, si hasta en mi labio superior había. ya
asomos de bigote!
Doña Antonia, rindiendo culto á la tradicional costumbre de otros tiempos, me hizo
sentar á su lado, y de la alacena del comedor
fué sacando, y poniendo ante mí, un medio
jamón, unos bizcochos de canela y una bote•
Hita de oloroso Montilla.
-¡ Buena. merienda!-exclamé.
-Pues á despacharla, y veamos si aún conRervas el apetito de la niñez-me contestó la
amable señora.
-Ahora Yeremos-repliqué;- pero, para
ser fieles cumplidores del antiguo ritual, es
preciso que empiece usted á referirme uno ele
aquellos deliciosos cuentos, más sabrosos para
mí que este jamón de Trfvelez y más dulces
que estos bizcochos, que, ó mucho me engaño,
6 proceden por línea recta de la cocina de las
monjas de Santa Ana.
Sonrió melancólicamente la dama, inclinó
la cabeza, llena de pensamientos generosos y
de ideas cristianas, y en fin, como respondiendo á invisible llamamiento, me preguntó:
-¿.Tan flaco de memoria andas, que no me
pide!i noticias de tu aborrecida é irreconciliable enemiga·? ...... ¿Xo te acuerdas ya ele «Favorita.?)) ..... .
Callé, avergonzado por la vergüenza de la
jugarreta que á modo de despedida hice á la
mansurrona gata.
-Pues ya tenemos el cuento-prosiguió mi
tía,-que, por esta vez, no es cuento y sí verídico ,csucedido. »
Un año después de salir tú para la Facultad de Farmacia, tu ri'rnl nos sorprtndió dándonos un huésped: un gatito negro con una
mancha en la frente; un animalejo tan gracioso y tan mono, que al poco tiempo de nacer
era objeto &lt;le nuestros mimos y de nuestras
má11 Pxquisitas predilecciones.
,cFavorita» no se apartaba un punto de «Lucero. » )faelre amante, velaba día y noche por

:t

No )&gt;ic-n el aire trajo ele la huerta.

1!ª p~nnera cnnci&lt;Ín-ave canora:-

~º bien. por las rendijas ele la puerta

Co~10 &lt;".lllta Je luz. bri:16 la aurora: '
r ~o bu·n se iluminaron los cristalPs
1 en la fronda tan verde como espesa
IJesonaron los himnos matinales,
Sacudí de mi mente la triste;rn.
, De~pués ele aqu~lla noche larga y muda
CuJ as ,hora,, coutc de,cle mi lecho
J?~sJ?utos del negro insomnio en qt{e la duela
Cl,n ab.~ sus arpones en el pecho,
::'11~ d1¡0 aquella voz tranquila. y buena:
del a buscar el alma, de las cosas
L~,, co~as tienen alma &lt;¡ue las lle~a:
¡El iierfnme es el alma ele las !"Osas'
&lt;hl alma de la tarde, los colores;
~a dureza es el alma tlel granito;
l~l alma de la estrella., los fulgores;
1 ~¡ alma dl'l espacio, lo iDfinito!&gt;
El eco ele la vida p1·oviDciana
Lleg:aba como un don, como una ofrenda•
Abr1 ,ele. par en pa1· la gran ventana
'
La/'usllca ventaua ele la hacienda. '
\ 1 doblarse.las ramas bajo el peso
De los frutos.Jugosos, y en un nido
~a.rece que vibraba como un beso,
En los troncos y yemas. un latido
• Y un renuevo _ti-iunfol en cada t~l1o.
Y la raíz, rompiendo los terruños
Como al e;.fuerzo germinal de mayo
Levant~ba sus brazos y sus puilo;,. '
J::'rod1g~ba_n su olor Jos azahares
Ahe1;1to vu·gmal ele los pensiles· '
La s1e1·ra, coronada de palmarc's
Recortaba en el cielo sus pe, files'
1-'or encima del bosque y de la Íoma,

ALR EDEDORES

DE

f'.or encima del triste ca;;erío,
c. orno J?h1m1Ls albean tes de paloma
Se cua¡ahan la lluvia y el rocío.
Del borde de los cerro-; ~- las cumbres
-;;-Espalda ele mon&lt;;truoso dromedario!•~! humo se elevaba ele las lumbres,
'i: la cansada. voz, del campanario.
. Arrugaban sus pliegues las alturas
S~•bre el mar ond~tlaute de las caña~,
D¡-,Joca~a1, sus petreas coyunturas
Y ~u., m1en~bros robustos la-; mont,iñas.
C.ual de;file de grue;.os batallones
13a¡aban a través ele las laderas
Los sembi:aclos, en alto los pendones
De s~s bo¡~s flotante;; cual 1.rnn!lerns
Y ,i lo le¡os los árboles del clima.
~ordaban de relieve,, la sabana,
•
1' en el dorso quebrado de Jii cima
He;entab.a. la flor ele la mañana!
1 me .~1¡0 la voz de los jardines,
Y me dtJO la. voz ele la enramada
Y me dijo la voz de lo:s confines '
Y 1~1e ~iJO la voz de. la alborncla:
. &lt;,.LeJos la august1a. y el pesar que a.bate!
iLe¡o~ la peo~ que en_ la mente anida!
1Le¡o;s los othos! ¡LeJos el combate
Y e(.10 menso cansancio ele la viclal
&lt;~• el alma de los seres os atlige
J d a busca1· el alma de las cosas '
co:sa;, tienen alma qu1o las rige:
~,erfume es el alma de las i·osa.s!
, LI alma de la tarde, los colore ..
~a, dureza es el alma del ai•anito· ~,
~I alma de la estrella, Jo; fulgor~s·
x el alma del espacio, ¡ 0 infinito!&gt;'

!--,~.,
1E;.

EDUARDO COLÍN.

MEXICO.-EL CONTADERO

�..
TÓNICO - RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

De todas partes del país nos informan los médicos haber
devuelto la salud á un número considerable de enfermos
de tisis con la administración del Pectoral de Cereza del
Dr. Aye1•. En muchos casos la curación ha sido completa,
en otros ha proporcionado notable alivio.
Y nada hay tan excelente para la tos como el Pectora1
de Cereza del Dr. Ayer. Esta eximia medicina ha curado
toses por espacio de casi sesenta años. Téngase siempre
á mano. Cuando no se tiene cómprese t:na botella á la
primera oportunidad, y si algún miembro de la familia
padece de un resfriado, convendrá procurarse una botella
sin demora.

EL MISMO

EL MuNo·o

"'"'ºSo

_AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 26.

FERRUGINOSO : SIETE M~AS•eORO FOSFATADO:
be11ia,
Cloro1i1, Counlecenciu, ,te.

PARÍS

ZO, lut des Fot1'1•Sl•Jacques
1 en tu F~rm,ciu.

ILUSTRADO

MÉXICO, DICIEMBRE 28 DE 1902.

Director: LIC. RAl'Al:L RtYf~ ~PINDOLA.

Oerente: LUtl; Rtlt~ ~PINDOLA.

Linfatismo, Em6fola, 846
Infartos de los Ganglios, etc.

Ele:,cesoóetrahaJomentalprodure el agotamiento óe fuerzas

LA LUCHA POR LA VIDA NEURASTENIAy

Preparado por el DR. J. C. AYER &amp; CO., Lowell, Masa., E. U. A.

de,gastP rlt&gt;I s,s,pma 11~n·1oqo. r1·eando una cleb1hdad tal
~"" ara ha ron l,l"- n1wnnas \'ttales . en una palabra, la

LA KOLA FOSFATADA BOTTA &amp; BALTA
nhnrnrln r,~·no alimento de primer orden, da vigor a la celula nerviosa. normaliza.

las secreciones del jugo gastrico regularizando las funciones digestivas.

Breve: DI:VUELVE LAS FUERZAS, DEVUELVE LA VIDA
De venta en las principales larmacias.-Representante en México: D. L. Pigout, Ortega. 27.

Vlao t.rtlfloante, digutiv•, t6nloo, reoon■Utuyente, ele nl&gt;or esoeleate
.... etiou para 1aa penonaa debWtadaa que loa ferrugino■oay la■ qubaaa.
0.uerYaclo por el m•todo de llll. Puteur. Preacrü,e■- 911 la■ moleatla■ ••
~ • • la oloro■ia, la anemia 'T 1u oonvalecenolu 1
vine a
11~,-19aue;DD-4a • lu per■onu el• eclecl, • las mujerea, j6'NDea 'T • loa suAoa.

SUPERIORES COMO AGUAS DE MESA

••te

1

ª"· ,, ,,,

Ql80 .MUY lfflPQP:UNTI,. - El l1nlc1 VINO •utdntlct
i A F ~ . ,,
eüítíín, ,, lllflChO di /11m,rs,
11 ,,.tt/f!IIY di fUI 81 hac, m,nctdn ,n ,, ftl'fmull/'IO di/ ProfHOII
OUOBAIU&gt;AT 11 ,, da 14" OLEMENT y c1a, di Ya/1nc1 (Dr,m,,
r•nol~, - C•'• lot111a 1110a ta marca di ta UD16n de loa i'abricuttl
,n llPIICUlll un m1dal"n ,nunc/ando ,, " CLETEAS ...
LII di/MI 11n 111ru y p1111rosas falslltcacton11.

"'º

-ÍI.

ª'

ESPJCJ&amp;\J,~.~ft1!~~r~CJ.~~J'º•~I~.I NE ·1

1
1
:J
.....................................................

BAÑO
JEANNE
o•ARC aromahcas.
á las.~ales
"LA REMP1A~ANTE"
Agua para
.
_
. .. .
L V
hermosear la
Í',_sle ban,, _muy h1g_1en1_co, refresca Ysuav1za la piel, la hmprn perfectamente,
dejándole un agradable perfume. Está
particularmente recomendado como
locion cotidiana para los niños. Durante
los grandes calores es un tónico excelente de la piel y los músculos.

cara á las plantas 111isleriosas de Orieute
'
.
.
•
conserva el t111t_e. ev1la las arruga&lt;, y
reíuerza los teg1dos de la cara f.1t1gada.
..

Depo11toGeoml:B.vG.GCETSCHEL,

MARCA DE FABRICA.

/YIEX 1CO. A P"rtado 468.

,~~.,,,,..--';,-.,,,__.,,_...,,,__.,,,._.,,,._~.~-~-~~?,!!..--';,.,,,,._,,,,._,,,,._~..-,¡.•...,,,._...,,,._.;¡,¡....:;,_,,,,._.,, ;l-.--'.'!-..,,.,..--'.'!-.--&gt;,!J..--'.'!-.--'.'!-..,,.,.•...,,,._-'i'l-....,,,.. ,,._.,.,,,__,,.,._...,,,._...,,,._--'.'!-•.,,,,.•...,,,._.,,,,._.,,,._...,,,.•...,,,._.,,.,.__,.,,__.,,_.,,,,._..:;,,._...,,,__.,,,._~_..:;,,._;,,._-:,._.:;,_..:;,_~.--';,•

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DEL DR. TORREL1 DE PARÍS.
U nica preparaci6n que evita la caida prematura del pelo, lo aumenta, suaviza y hermosea, á la vez que le comunica un aroma agradable.
Su acci6n antiparasitaria y antiséptica, unida á un no·
table poder excitante del folículo piloso, hace nacer el
pelo en las afecciones decalvantes del cuero cabelludo y
evita la caspa.
Una cabellera abundante y bien cuidada, es, sin duda
alguna, el ornato mejor de la mujer; el PETROL proporciona el medio más eficaz para conservar este bellísimo
atributo.
El uso del

}
~

T□RRB.1, DE. PABIS,

evita la calvicie prematura, que tanto afea y comunica al
hombre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado.

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PR'l'R01 DR1 Dr.

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PETROL

E--~V...l.,!~~;..-~

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DE VE.NTA EN LAB DROGUERIAS Y FARII/IAO/AS.

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0

0

0

0

0

0

Subscripción mensual foránea, $1.50
ldem ldem. en la capital,,. 1.25

MAZATLAN.
VISTA GENERAL DEL PUERTO.-EL PASEO DE LAS "OLAS ALTAS."

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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1

1

DISrErSifl
úflSTRfl~úlfl
GflTflRRO
INTESTINfll,

:m orgullo de la mujer.

Es su cabello. Y por qué no?
Aun una cara hermosa pierde su atractivo si el cabello es
claro, corto, basto y descolorido.
Un cabello hermoso, rico, un cabello sedoso siempre
atrae. Puede usted poseer ese cabello con sólo emplear el
riuo1· del Cabello del Dr. Ayer. Quedará usted encant ada
con él. Cura la caspa, hace crecer el cabello é im:;:iide que

HERMOSO
PECHO
por medio de PUulea Orienta.les

"'

hue~osu de 101 hombros y daa al Busto
una¡zracioaa loianfa.A¡lrC'lbattas por laa
eminencias médii.:.1s.,on benltfca,pa.,i l •
salud y coo"iencu á. loa más delicado,

temperamento!I. - Tratamiento f6...:il.
Rr,~ul lado duradero. - El rra~co con,

noLicia ft'. 6.35.J. RATd:1 Ph1P,5, Pau.Verdeau,Parl■,11'.
En Mexico : :r. LABADIE Sno'" y e•.

Prepara.do por el DR. J. C. AYER &amp; CO., Lowell, Mass., E. U. A.
L o venden bs farmacias y los tratantes en perfumería ó articulos del tocador.

Los principales médicos de M6•
xico y de las Laciones mis civili•
zadas lo recetan ya como el me•
jor medicamento para el

ESTOMAGO E INTESTINOS
V1ae lertUloante, dlgea1.1vo, t6nioo, reoon■tltuyento, do eaboresool■•to

.... etlou para 1aa ponona■ dobllltaclu quo lo■ ferrugino■o■ yla■ qu1Daa.
~ d o por ol m6toclo el.o M. Putour. Pre11cribo■o en la■ mole■tla■ do
la oloro■ia, la anemia 7 lu oonTal■cenolaa 1 -■to vino •
naa • 1aa peraonu do o4ad., 6 las mujeru, JtwoR• '1' • loa JliAoi
.111..UI 1■ pol:TANTI,. - El tln/CI VINO .utdntlCI
._Í~F:.ti:AR, 11Í1/o ültíín, ,, t1r1cho Jtamars, a,t, 11 ,.,

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OUOBAJWAT IJ ,, di 11,. CLEMB~T y c1a, di Yat,nc, (Drlm,,

roall)~ - C•~• a,talla 11,oa la marc, di la Dn16n de 101 i'abrioaai..
,n IIPIIIJUIZI un m1dlll"n ,nunclando 11" CLETEAs·.
LII tlllllll lln lf'lllrU y p1111rosas talslllcaclon11.

La fama adquirida por este Elixir en todo el mondo lo ha hecho
tan popular, qoe hacen indtile1 loe
elo~ios.
• No dejen de tomar el Blizir . ..
kaaoal ae s,1s ae Cario•.
D• venta en Droperiu-, Bell. .

SEÑORA, SI TIENE VD.

entre los JJldJvíduos de su familia 6
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�EL MUNDO ILUSTRADO

11:L MUNDO ILUSTRADO

Domingo 14 de Diciembre de 1902.

Domingo H de Diciembre de 1902.

MARGARITA.
~,A}IÁBASE l\fargarita y se_ la espernha en el Paraíso, pues Dios había
dicho de ella: «Es una alma excelente· y como puede ser víctima de la_s desgraci~s terrenales, piem,o llamarl_a hacin_ ~í u~10
de estos días.» Era una hum1lcle y tierna JO·
ven: la llamabarí el án~el del lnlga\b
t das
Madruoadora
Y fresca como e a a,
o
0
las mananas
a1· d espei•tar¡;;e
•~ ' murmuraba la
lE' aria que 'ae los labios ele su mac1re apren~ie~a- luecro se vestía E'n su ~]coba, y c_onto n1
poseí~ ric~s adornos, ni siqmera se mira a a
espejo.
,
y
Después como lo había hec110 1a v1spera,
'í a ,~~l d1'a siguiente' SP. consagraba
como·1 o 11ar
al trabaJ·o para vivir con decoro.
d t
.
Y, cigarra
a1 l)ar que a beJ·a• cantan o rabajaba.
•,
· ón de
Cantando una vieja canc1on,_ canc1
glo1~ia Y de amor, canción pecammo$a, c~yos
versos; ¡,ropero, poclían_atr~vesar un alma mocente sin empañar su hmp1dez.

ello y un aíi.o después, saliendo de la iglesia . Margarita advirtió á un joven que le ofreció' el agua bendita.
.
Su corazón era de niño; su espíritu, secu1ar.
y se llamaba Fausto.

t::J,,i

***

Una tarde de estío, sentada delante de su
ca¡;;a hilaba para el hogar.
t 11
E~a la hora en que, una á una, las es r~ as
:
· l o J, .,c 1·rven de guía
tl los
de'-plertan
en e1 c1e
.
.
a~antes quiene1,, con sus ímpetus _J~v;nd11es,
'
'
r la cita ant1c1pan ose
corren presuro¡;;os el '
' ,
d l t
siempre, pues siempre el corazo11 se a e an a
al cuadrante.
.,
iran~lo la
l\faro-arita cantalJa su canc1on g
•
rueca ºcuando pasó delante de ella una de,s~s
vecin~s que se dirigía á la fiesta &lt;le la l~~ox\
ma aldea. Yestía un traje nuevo '! co1_1 ,ª a
llamado de los tamboriles, cuyo ruido tiaia el
viento ele los alrededores.
d 1 t d
Pero se detuvo un momento e a_n .e e
l\Iargarita para que la viese con su traJe nue;
vo su collar y sus pendientes.
le prese!1¡º
su'mano para que pudiera admirar el am o
de oro ue brillaba en uno de sus_ dedos. _De~;
q
·chó rie11do y l\Iarganta la s1gmo
pués se mai
' • , 1.
r,
el tu
con una mirada que inqmeto a su ang
-

Y

telar.
l h"l
t
Corrió entonces menos rápido e l o e~ re
los dedos de Margarita; cesó el ru~or monotono de la rueca, y el huso se le cay,o de hls n:a•
nos. El golpe del huso la de~pert~ _!le su _arrobamiento y al levantar los OJOS, v10 en pie del~nte de ~lla - en la diestra el SOJ:?brero, don;
de ondulaba una pluma con vív~da lla~a-a
un caballero magníficamente vestido, qmen le
dirige un saludo respetuoso, y c~n voz dulc~
y galante le pregunta por el cammo que con
duce á la ciudad.
Margarita le contestó extendiendo la ma?o
para indicarle mejor la ruta qu~ de?í~ segmr.
Entonces el desconocido se rnclmo; Y, en
recompensa del servicio que acababa de reci bir se despojó de su aiullo de oro, donde
fulgí~ un brillante como un_a estr~lla, y ado~;
nó con él la mano de l\larganta., qmen encontrn
el brillante más bello que el de_ su coD?pafi~ra,
mientras el rostro del desconocido se üi:_mmaba con una sonrisa intensamente extrana.
Presentóse á poco' inesperadamente, un
mendigo cubierto de harapos. Detúvose delante de Margarita, y con voz entrecortada le
pidió una limosna. ,
.
,
Margarita se quito el anillo y se lo dio a1

e

Hijo del Cielo trabaja una vez en el
Un día, parn llenar este H"
deber
ano.
en la fecha ordena.da, Khan- i, e1
ENRIQUE l\1ÜRGUER.
sabio emperador, doblaba ~u cuerpo sobre la
re·a de un arado, del cual tnaban blanc~s bueJ d 1 '"-=bet Rin ve::- la muchedumbie que
ve&lt;&gt; e .1 1 • •H" · b
de~de lejos acudía, el ilust~e Kha1_1- 1 gma ª
su arado y miraba pensativo abnrse delante
de sus pasos la tierra húmeda Y fecu nd ~- -~',
ahondando el surco,murmuraba:-«Oh tie11_a.
la vida es un enigma, y l_a muerte es un nusterio; pero tú, que la esp1~a abonas con cadáveres para nutrirá los vivos; tú, madre del
cedro y de la grama, ~ú debes de conocer el ~ecreto de nuestro de_stmo. Acei:ca de este prnTus veleidades han cavado en lo hondo
blema sobre el cual he reflexionad? en .:'ano,
De las frialdades en que yo me escondo
respó~deme p~es. Yo soy -~(han-~1, h1J~ de
Una cruel tumba de implacable fondo.
Chun-Tchi. m1 brazo Vf'nc10 al T1bet y ,, la
y el amor santo, santo como un culto,
Fonnosa; ;oy grande entre los más grand~s;
Que ante tus gracias siempre tuve oculto,
nadie se atreve á elevar ,-u voz aote mí, sm
En la cruel tumba con dolor sepulto.
antes haber tocado nueve v_eces el ,;uelo co!1
la frente; soy el señor, á qmen todo es_ perm1:
y para siempi·e ...... ! y era, cual los míos,
tido· sin em.bargo, mi corazón es humilde, ll_ll
E se amor grande .... Mas de los desvíos
alm~ es sumisa y carezco del orgullo que _mis
'
,
Tú le clavaste
los puñales f r10s.
antepasados tuvieron. Para crecer en sab1d11ría y en virtud, hice grabar ;n los n~~1:os de
y quedó muerto .... Charca ensan~rentada
mi palacio, rindiendo culto a la tra&lt;l1?10n, la_s
Son mis ensueños .... Negra es tu mirada...
sentencias de los sabios,. t~l como un JO Ven siSobre mí es negra noche desplomada .... !
gue los consejos de un v1e¡o._
.... ······ ..... .............. ·······
Odio á los cortesanos, y s1 fuera menos buey lloro á solas .... ! Oh salobres gotas
no ordenaría. que se les cortase la le11gua. Soy
De las cortezas por las hachas rotas,
tie;·no: prohibo con la, pena de la argolla_ la
En los sabinos de arrugadas cotas!
extinción de la prole femenina. Toco varios
instrumentos e.le música, leo. correctamente Y
¡Oh luengos llantos de torrentes furns
h9.go yersos de amor. Soy vahen te, no com_o el
En precipicios trágicos Y obscm·os
horrible Tunur, por .''ano deseo de gloria Y
De enotmes pasmos de agl'ietados muros!
sanguinario instinto, smo para caer ~oro~ el
·Oh dolorosas lágl'imas de brillos
1-ayo sobre el chato mongol y el ruso sm Dios,
L~s más siniestros, t'ojos y amarillos,
si osaran atacar el. Imperio ~el_ Centro. S?Y
De las canter~s bajo los martillos!
sabio: conozco los ntos y los cod1gos. Soy,piadoso: rindo homenaje en sus pagodas a los
Lloros de rocas silenciosas, tiernas,
bonzos de K.en-Tsen como á los sac~rdotes de
Vertidos dentro de hórridas cavernas
Fo, y protejo tamb)én á Jesús, e! Dios nuevo,
En formas raras, múltiples y eternas!
que nació de un~ virgen y predica el amor.
Soy justo, y aspiro á qu~ sea del, labrador, al
¡Oh llantos todos .. . . Fieras cata1·atas!
llegar la siega, todo el trigo por el ~em br~do.
Turbios rocíos sobre flores gratas!
Soy en fin, un soberano buen~, sabio y granChispas purpúreas bajo férreas patas!
de y mi nombre es bendecido por cuantos
Entre los cierzos miel de las corolas!
vi~en, del levante al poniente, en el Celeste
Imperio. Háblame, pues, ¡oh tú ?uya fecun~
Bajo las quillas copos de las olas!
didad nos concede el arroz, el tri~o y el té.
Hoy os comprendo .... ! Tanto lloré á solas! .. .
.. ······· ........... ····· · · ........ ······ .... . ¡Oh Tierra maternal, do?de cada cnatura busca su vida y encuentra finalmente su tumba,
y á los despojos de mis esperanzas,
Ante la sombra que sobre ellos lanzas
tú que &lt;le todo en el mundo ~res la caus~ y
Ven, como torvos cuervos, las venganzas.
el efecto, di ¿qué restará de m1 _obra? ~espondeme. ¡Para ello sería necesario t~n milagro!n
Pero es en vano... Mi desgracia ahuyenta
Su arado tropezó con un obstáculo. Y ?-1
Todo vil vuelo de pasión violenta. • ••
hundir entonces con más fuerza la aguda re¡a
y el pie en mis celos un placer asienta.
para ahondar el surco, saltó una calavera de la
tierra.
Como el que tuvo tal vez el desierto

pobre.
. d
b. l d
Lanzó al instante un grito e ~a ia _e esconocido y extendió la mano hac1~ la JO~en.
Pero el pobre, que no era oti:~ s1110 el angel
guardián de l\largarita, la c~1bno con sus alas.
y Satán, que había _veme.lo para tentarla,
retrocedió ante el espíntu celeste.

***

La Respuesta de la Tierra,

Esa misma tarde el á~gel guar~ián refirió
lo acontecido al buen D10s y le d1Jo: .
-Señor sería bueno que la llamaseis.
'
.J:,
.Y Dios responwo:
_ En f.fecto, pienso eh ello.
Pero, al día siguiente, ya no pensó más en

LLANTO

FRANCISCO COPÉE.

Cuando sacat·a del peñasco abierto
Vara increíble manantial incierto.

l_gs f?remio3 en el ~olegio Nlilitar
.-.

.} OX la solemnidiscurso, qne la concurrencia el'cuchó con indad acostumbraterés. Tul'o, para el plantel del cual es hijo,
da, se verificó el
sentidas frase;; &lt;le ngrndecimiento, y en forma
domingo pasatlo
galana y amena analizó, punto por punto,
la distribución
los progresos realizado¡;; durante los últimos
de premios á los
alios por la Escuela. 1Iilitar. Para concluir,
alumnos del Copuso de relieve la solicitml con que el Gobierlegio Militar que
no acutle á todo lo que directmnente se relamás se distinciona con el nclelanto &lt;le! ColE&gt;gio.
guieron por su
El Sr. Presidente de la República entregó
conducta y aprodespués á los alumnos los premios con que el
vechamiento en
Gobierno recompPnsa su amor al estudio y su
los cursos de 902.
buena conducta. Los primeros premios fueEl acto, que resultó en extremo lucido no
ron los siguientes: Primer aíio, A bel Dú \"ila;
i,ólo por lo bien combinado del progra~a á
Segundo alio, Vidal Enl'íquez; Tercer año,
que estU\'O sujeto, sino también por la nuLuis Robles Gil; Cuarto año, Eduardo Prieto
merosa concurrencia que llenaba el local, se
y Saui:a; Sexto alio, Jesús Tavera; Séptimo
efectuó en la. hermosa tribuna &lt;le piedra manafio, Carlos Rojas.
dada construir en el Bosque por la asociación
Para terminar, el Sr. Lic. Rafael de Zayas
del Colegio, ~• fué presid i&lt;lo por el Primer )fa.
Enríquez ocupó la tribuna, pronunciando una
gistrado de la Nación. Acompañaban
al Sr.Gral. Díaz, que
se presentó en Chapultepec á las diez y
media de la mañana,
los señores Secretarios &lt;le Hacienda, de
Fomento y de Guerra. En el lugar clf'
honor tomaron asiento, atlemás: los seriores )Iinistro de Cuba,
Geneial D. Car! os
García Yélez; Conde
Stadricke; el Encargado de Negoeios de
Chile, y los Generales D. Alejandro Pezo y D. Agustín Pradillo.
Pasado el primer
número del vrograma, que cuLrió la
banda &lt;le Zapadores
con una fantasía de
«Tosca,&gt;&gt; el señor Director del Cole¡óo ,
Coronel J uaq uí n BelEl Sr Gral. Dtaz. preslcilendo el acto.
trán, leyó un impor/
tante informe en que
hermosa pieza oratoria que fué muy elose detall&amp;-, con suma escrupulosidad y métogiada.
do, la historia del plantel correspondiente al
año escolar que finalizaba. De los datos que
contiene ese informe, todos muy importantes,
Siguiendo la costumbre establecida, termitomamos sólo el que se refiere á los últimos ,
nado el acto ele distribución de premios, el
exámenes: se efectuaron, en junto, dos mil,
Sr. Presidente ele la República y sus honoraperdié!ldose únicamente dos cuatro décimos
bles acompañantes se dirigieron al comedor
por ciento. Los resultados no podían ser más
tlel Colegio, donde debía celebrarse el bansatisfactorios.
quete.
En seguida, e1 señor Teniente Coronel y
El amplio salón estaba primorosamente
Lic. Enrique Beltrán pronunció un entusiasta

***

Como el que tiene la hora desolada
De la victoria .... Negra es tu mirada ... .
Sobre mí es negra noche desplomada .... 1
ROBERTO ARGUELLES BRINGAS.

México, noviembre de 1902.

El progreso es, por ~ecirlo así, ~o qu_e sellama el abarídono sucesivo de las trad1c1ones.

***

El que duda y no bl_lsca, es á la vez muy
injusto y muy desgraciado.

*** haber sufrido.
Para perdonar es menester

EL MANANTIAL
Bajo el dosel de musgo de la roca
Un chorro bullidor, desde la alta
Piedra agrietada, se desprende y salta
Y en un lecho de guijas hierve y choca....
Cuanto el agua, al caer, salpica y toca,
De césped blando y florecido esmalta;
Es un sitio de amor y nada falta:
¡Todo al tleleite embriagador provoca!
Encantada en las glorias del paisaje,
Llega la moza; al recoger el traje,
Descubre á trechos desnudez divina,
Y cuimdo al agua su hermosura ofrece,
Toda su carne tiembla y se estremece
Al beso de la onda cristalina.
ENRIQUE GONZÁLEZ MARTÍNEZ.

La concurrencia.

aclornaclo con haces de banderas, guías de laurel y trofeo~. En :.,l centro 1,:e colocó la mesa
de honor, y á lo largo las de,:tinadas á los
profesores y á los alumnos. El Sr. Gral. Díaz
ocupó el lugar preferente, tomando asiento á
su derecha los Sres. Secretario &lt;lr Hacienda,
Ministro de Cuba y Gral. Practillo. A la izquierda se sentaron el Secretario de la Legaci6n de Austria, loe; Sres. )Iinistro de la Guerra y &lt;le Fomento y el Gral. D. Juan Yillegas.
Del brindis que a la hora ele los postres
pronunció el Sr. Presidente de la República,
impresionando á toe.los sus oyentes por la elevación e.le los conceptos que lo informan y la
sobriedad &lt;lel estilo, tomamos los párrafos que
siguen:
.¡¡
«Amis nuevos compañeros que han mPrecido el ascenso á caballeros oficiales del Ejército y de la Armada, les doy mi cordial bienvenida, no para cumplir un deber de '!ortesía militar, sino impulsado por la sim patía que inspira esta
juventud estudiosa y
ambicio,:a de gloria,
en cuyos tiernos corazones germinan vi rtudes militares que
son fundamento (le
la confianza con que
la patria espera el
porvenir. Ojalá que
diafanizadas las pupilas de su criterio
por la ciencia, que
todo": lo sublima, y
poseídos Jel sentimiento moral que el
mando requiere é imprime la educación
militar, acierten á
tonificar los rigores
de la Ordenanza, haciendo efectivas para
nuestra briosa carne
de cañón las consideraciones, la probidad
y estricta justicia con
que debemos tratar á
héroes anónimos, cuya sangre, al derramarse en
servicio de la patria, sirve también para fundar nuestras reputaciones y magnificar nuestro mérito y honra militar; consideraciones
que caben en la más estrecha severidad disciplinaria, y sin relajarle la dulcifican, porque
engendran en el corazón del soldado agradecido y bien educado, el generoso anhelo de corresponderlas con diligente, rápida é inteligente subordinación; anhelo que fanatizán&lt;lole en el tema de su deber, le induce por hip-

�,

i -

el l.ado derech_o, y arra~!ró á los demñs, que

!

ca) e~on por tierra hac1t.-ndo:-e pedazos. Los
pas:i¡eros que resultaron ile~os ó levemente
heridos, ~reRas &lt;le un ¡,:'rnico terribl~, procuraban abnrse paso entre el hacinamiento de
tabla~, fierros y cristales rotos que cubría el
campo en ai¡uel punto.
Tan luego como la Ernpresii tuvo noticia
del ~t!ceso, se dispuso el em·ío &lt;le un tren &lt;le
auxilio llernn&lt;lo á bordo Íl un médico a)ounos
ayudantes y dos ingenieros. Cuand~
tren

el

t·na aclam:wií,a tan e.,pontúnea como r11i-

&lt;lo,-,1, --:iludí, el import,rntbimo brindi!&lt; Llrl Sr.
Pn·sid1•ntl•.•\1 abandonar el i-alón el Uml.
Díaz, fué u\'acionado.

UN INCENDIO FORMIDABLE
OT.\ sensacional de la última sPmana,
ha sido r1 incendio registrado el domingo por la noche en la fabrica de
mueble:- que los s¡,fiores -\mhro
siu:; ,- Blacke tenían e:-tahlecidn en Xonoalco.
Toda la üoche de ese día e411,·o ardiendo el
&lt;·&lt;lificio, sin que los bomberos se dieran punto
de repo,;o en sus trabajo:-. El fuego inmLlió
con una rapi&lt;lez cxtraordinari:t los &lt;listintos
d1:partnmcnto,; de la fáhric,,. eonsumiendo ca-

llegó, los heridos habían sido transladados ya
en tamillas improvi!-'adas, á Zempoala población poco distante de 'l'epa. Dos m~jeres
resultaron muertas, y entre los numerosos heridos &lt;¡ne se levantaron del campo, bahía algunos q,.e presentaban lesiones muy graves.
Tanto los cadáveres como los heridos fueron
llevados después {~ Pachuca, dándo~e parte
&lt;lel accidente al Juez de Distrito del Estado
&lt;le Hidalgo.
l'an•ce que h1. causa del accide,,te fné la

imprudPncia de un c•mplen1lo de la Empresa,
que ordenó entrara el tren en uno de lo~ brazos de la ,, Y,» que por su exceRh·a inclinación
no permite el movimiento de grandes tn•nes.
Adcmús, y como el brazo no tiene l:i l'X tensión suficiente. el último carro quedó sol,re el
vértice de la• Y, haciendo im·ertir el eambio
de tal manern, que el de~carrilamiento fué inevitable.
El número total de pasajeros heridos pasa
de tn:inta.

El C:~pnrtamento de maqulnarlu.

L:i Carpinterfa.

notismo {1 &lt;le,dl'fülr todo pc·ligro por la gloria
&lt;le su 1,amlera, por la honra de la patriii y por
Jade sus .Jd&lt;•,:, quP l'll l:ill heruic.i ah1wgaciún
estima romo propia.
! ~
"El Ejérrito que nwjor llegnl' á nutrir_\' ú
&lt;len si fiea r In Ira II ia q UL' tPj«'n eH,s genero,n,.; spnt i m ien tos n·eÍpl"CIL'O", ÚlllL'O faelor dt&gt; h ,·enla&lt;lera fuerza. serú sin duda el m{1s podero-.&lt;1 i'i
:-us ofirialp, pt&gt;rl'il1L'll eo11 darida«i y determi11a11 con l'X:1c-tit1ul el lí111itP dL· tan hunrnnitario trat:1111iP11lo, ~- a¡,rP11d1·n ú dis)&gt;L'lls:trlo evn
alt&lt;•za de digni1lad jerá n¡llil'n. par.1 que no del,!Pl1l'l"C &lt;'11 tol .. ranl'Ía, &lt;¡UL' es la gangrL•na de los
Ej ~r .. ito-..
,, :--i vnsotro,, 111i-. jíi\'l-'llC~ eompafier11s, cultiYúi,, l'll \"Ut&gt;stm-. filas t'ste :-ist1•11rn liiPn enten1li1lo y prudPntL•mente aplit'ado, ~-oº" a..:eguro que contan:i,; con :-ol1l:1do:; innwjorahlL•s,
que :\l'ost11111lirad11s hien pronto {1 n•11cer, os
condu&lt;'irún :1 ]a,-. m:1s elPrndas 1·ima; de la jeran¡11ía militar por la \'Ía m(1s honro,.;a. con el
aplau,:o de ,·11e;.tras propias co111.:iencias y acla111:1&lt;10, por b gratitnLI 11acion:1l. "

Domingo 1 ~ d&lt;' Dieiembre de 1902.

EL :MUXDO ILUSTRADO

Domingo 14 d., Di&lt;"iC'rnbrC' clC' l !l02.

Catástrofe Ferrocarrilera.

"i en su totali1l:Hl la,-; existt&gt;ncias que bahía en
los almacpm•:-. y la ma¡.(nífiea instalnciún con
que contaba p] estnl,IPcimiento.
Cl'r&lt;'ll de dos mil pnpitn·s f111•ron clP~truí1\os
D \ imprc:-iún ha rau,;ado la terrible
por las llamas, perdiénclo,-e, a1\em;1s, una cst:1,-trol'e ft.rro&lt;'n rri lera ocurri&lt;la el
1ufa para secar madera, que i111¡,ortaha una
artes por la tarde, c'n la estariún de
fuerte Ruma, y las n1úc¡uinas dP lahr:ir, pulir y
Tepa, del fnrocarril de lli&lt;lalgo y
a,-errar.
del
Xorde~l&lt;&gt;.
:--,•¡rún todas 13s prohahilidad&lt;·s, (') i11ecn&lt;lio
Re ini ·ió l'll el dPpartatnento dt&gt; calcl.-ras , comuni ·:'u1dose de-;¡&gt;ue:-. ú la.;
nt ras d p•·nilt&gt;1wias
&lt;le la negociaci 'm.
Las 11ér&lt;lid is, se_.!;Ú n
lo declarado t•Ot" los
señorei:i .\111hro:-it1s
y B\al'kt', montan,
a¡Hoxima&lt;la111cn1e,
ú 8'-0,000 OO.
El tral,ajo de lo" liomhcrn,; se ¡,rnlongÍ&gt; l1asta las d i1-z de
l:\ m 'lflana d •I l111ws, horn en que la
fúhriea hahía queda&lt;lo red neida á
1110n tones de ese unhros. L• s tt-ch,&gt;s de
1:'unina ylascolumnaR que !'o4enía n
Los duei.os de lu Fúbrle:i r el ¡ier,onal ,1~ ¡iolll"fa.
los coherti zo¡.;, i-e
derrumbaron ,-epul•
Cerca de mil JV' regrinoc; que hahí:m Yeniclo
tando las múquinac; y laR hcrramienlaR.
en romería ú la Basílic:i &lt;le (:;.u:ulalupe, rrgreLos tnllerc,, que se !'ncontrahan e..:tahleci&lt;los
sah:1.n e.-:e día ú la..: pohlncione,; &lt;le su rt&gt;sidenen la fábrica, eran: carpintería, ehanistería.
cia, ocup'1·1&lt;lo once carro&lt;; cntrP de segunda y
tallado, y t]p &lt;lucia,; y mol1lur:1-.. La negociatercera clase. El Yiaje se hizo ..in nin~ún conción daba allí trahajo á multitud d e operatratiempo hasta J]pgar ú la e;;taciún mC'nciorios.
na la, don le. par.1 dej:n el paio ú un tren de
p11lqueR, entró el dl' pa~ajeroc; :'1 la uY,» ocupando uno &lt;1&lt;&gt; los escapes. Lihre ~·a la línen,
el con ,·oy ,·oh·iú ú poner,;;e en marcha, y Pll
e--e n11imento uno 1le los carro'- ~e n1lcó ,;obre

Exterior de In Fílbrlca, después del siniestro.

D epartam ento d e est ufas y ca ldera ~.

La Estación de Tl'pn.

SAN CRISTÓBAL LAS CASAS.

~
~

~

,UIOS en este número una v isbi
panorámica de la ciudad de Sa.n
Cristóbal Las Casas, una de las
más perjudicndas con motivo de
)
t,11
la lhn·ia de cenizas ocac;iona1la
~ por el Yolcán de Santa ~In.ría, de
la República de Guatemala.
:--an Cristóbal es una de las pohlacione,, más anti~uas del país.
1
1
En 1~ ele marzo de 1.528, el cnpitún D. Diego de )Iazariegos salió
del pueblo de Chiapa en busca de
'·
J
un lugar conveniente parn fun'./
dar una villa que fuera como el
centro de operaciones de las autoridades espafiolaf'l, para reprimir
los alzamientos de los indios en aquellos rumbos. Se construyeron á corta &lt;lic;tancia del
· pueblo referido algunas caiaaR, y púsosele por
nombre á la naciente I oblación Yillarreal.
Poco despué.s se escogió otro ~itio para la
fundación, por carecer el que antes se había
elegido de algunas condiciones indispensables
á su objeto, y se trazaron ralles, templos, etc.,
etc. nombrándose los regidores correspondientes.' L'I igle:;ia se dE&gt;&lt;licó á la Anunciación,
primero, y á San Cr istóbal clespm~1-&lt;, y tal era
el &lt;·elo que por el emhellecimiento de la nueva
villa de1-&lt;plegaron SUR autoridades, que se ordenó1 entre otras cosa&lt;\, que el que trajera yeguas ó potros por las cn.llrs, los ¡wrcl iec;e ó pagase un pe~o de oro !'ara la falricación de la
iglesia, lo mi~mo que el que
dejara salir los puercoi:; tic los
corrales.
L:i primera Audiencia de
)léxico ordenó que \'illamal
f-e llamara en lo sucesi\'o \'illavil"iosa, penando con una multa ele cincuenta castellanos de
oro al que In llamara como
desde su fundación se había
llamado. Andando el tiempo,
se olvidó el nomhre de \'illariciosa, y se le &lt;lesign ó con el de
¡;an Cristóbal de los Llanos,
hashi que la Reina ({oberna&lt;lora en 1536, le puso el ele
Ciudad Real. En 1535 se le

t( \

'

r

concedieron armas, consir-tentes en «do!,; sier:as por medio de las cuales pasa un río, y enc·1~na «le_ una el~ e}las U11 castillo &lt;le oro y un
lcon ~rnmarlo a el, y en la otra una palma y
un leon, tocio en ca111po rojo."
El obii-pado de Chiapas fué erigido en 1:;;3t,;
y el pri1~1,er ~l,isp? quG se nombró para gober~
nar la choces1:; fue D. ,Juan &lt;le Arteaga. E~te
no llegó Ít ejercer sus funciones, pues murió
antes de hacerse cargo del obispado, y entonces se designó parn cubrir la vacante á Fray
Bartolomé de Las Casas, enemigo acérrimo de
los conquistadores y defensor insigne de los
indio~. Fray Bartolomé sufrió penas y contrariedades indecibles, captándose por su elevado eRpíritu evangélico y su caridad inagotable el amor ele todos los ,·eja&lt;los y de los oprimido!4. :--an Cristóbal lleva ahora su ilu,;tre
nombre.

Por último, San Cristóbal fué por mucho
tiempo la rc,;idehcia del Poder Ejecutivo de
Chiapas.

•

PENSAMIENTOS .
Xo hay nada tan fácil como lo que se ha
descubierto la víspera, y nada tan difícil como lo &lt;¡ue se debe descubrir al día siguiente.

***

Se persuade mejor muchas Yeces por las razones que ha hallado uno mismo, 111e por las
11ue proceden &lt;le! entendi miento &lt;le otros.

***

S in las pasiones nada hay sublime ni en ·
las co,-.tumhres ni en las obras; las bellas artes Yuelven Í\ su infancia y la virtud se ,·uel,·e minuciosa.
•I

/~ ../
LoR edificios tle Kan Cristóbal, en
su mayoría, tienen los techos de teja, con aleros volados, debido á que
las constantes lluvias destruyen las
azoteas e11 término de unos cuanto3
meses.
Entre sus fincas notables se cuenta el templo de Santo Domingo, uno
de los rnús antiguois de.\ mérica. En
cuanto al comercio, en su mayor
parte es con las poblaciones de G'uatemala.

:,,c.;ESTRO PAIS.-R!o de Coatzacoalcos.

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(Fot. Waite.)

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�EL MUNDO ILUSTRADO

EL :\nIXDO ILUSTRADO

Domingo H de Dioicmbre &lt;le 1902.

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LA FIESTA ESCOLAR.

Á UNA ARTISTA.

Como lo ofrecimos en nuestra edid6n anterior, publicamos en estaR p(Lginas algunaR fotografíns relativas á la gran fiesta escolar efectuada hace poco en Arbeu.
Damos también á conocer el retrato del ~eñ~r Dirf'ctor de lnf'trucci6n Primaria, Ing. D.
Miguel F. l\fartínez, n quien se debe principalmente el éxito logrntlo, y los grupoH de las
profesoras y profesores &lt;JUe con él intervinieron en la organización del festiYal.

Te admiro por tu ¡i:Pnin, ¡oh ,obe:·nnn!
i11térpr1&gt;tc fiel &lt;l(' las l'ª"io11es
qne dt-ntro, ('11 ]o,- nn·anos corazo1w",
han co11111ol'ido {L la exi~tl"IH.:ia l1uu1n11n.
QnC' te cante la lira americana,
Uniendo su canción á las canciones
con que ]:is li1as próceres tus dones
.
h'1spana.
a 11 a, cantaron en tu• tierra
Augusta rmperatriz del sentimiento:
yo rindo mi homenaje ú tu talento,
que es el regio y magnífico estandarte

El hien deja de ser útil cuando la opim6n
pública.Jo rechaza.

•

**

i1

Domingo 14 de Diciembre de 1902.

con qne pa~as en triunfo por la eseena,
eneendienclo en las almas la Rerrna
y misteriorn lúmpant &lt;lf'l arte!
FHAl\Cisco IzÁBAL IRI.\RTE.

*
Frecuentemente las pretensiones
ele la librrtad se asocian con las costnm bres &lt;le la esclaYitud.

***

..

Es inhumano reprochará las gentes los defectos y flaquezas, cuando son las primnas en
rercibi rlas y las primetas en sufrir las conf'1•c111&gt;n&lt;·ia ;:,

-

Sr. Ingeniero ::111¡."uel l·'. ~la1·tlnPz. Director
de Tnstrncclón l'l'lmaria.

.Jamíis ~e han visto amant1&gt;s que marchen
1an unido,-, corno son en el mnnJo la ausencia _v el ol\'ido.
·

Vista panorámica de San Cristóbal las Casas.-(Tomada dos días después de la lluvia de cenizas).

EL BIENHECHOR.

E

RA "ª de noche. El estaba solo.
y¡'ó (1 lo lejos los muros de una cin&lt;lacl circular, y march6 hacia la ciudad.
Como se aproximase :1 la ciudacl, oyó rnmor cll:' fiesta, risas Je
a]ecrría y h:i rmoni osos
so1~e,; 1lc laúd. Golpeó
la pu&lt;&gt;rta. que ahriG uno
de los guanlM.
De1ú1·ose ante una
casa tle múrmol, co11
bellos pilares en la fnch::v \:1. Col¡raban ¡tuirnalllas en el lo~. v adentro v fuera hahía antorc.'has de cetlro. Entr6 en la casa.
Cua.n&lt;lo hubo atravesado la. sala d e calcedonia ,- la sala de
jaspe, l11&gt;~ó ú la de festines. Extendido sobre
un ledrn de púrpura,
viú i't un jo\'en coronado de rosas rojns y cuyos labios estaban rojos de 1•ino.
Y El, todntk,le en
la espalda, díjole:
-¿Por qu~ Yives &lt;le
este modo?
El jo1·rn Re l'Olvió r,
reconociénclole, respondió:
-Era leproso antes y Tú me has curado.
¿C6mo podría vivir &lt;le otra manera?
El sali6 de la casa y de nuevo fuése por las
calles.

A poco vi6 á una mujer cuyo rostro y vestidos estaban pintados y cuyos pies estaban
calzados de perlas. Y detrás de ella venía lentamente, como alguien que persigue, un joven
que llevaba un traje de dos colores. Y el rostro de la mujer era tan bello como la faz de un
ídolo, y en los ojos del joven brillaba el deseo.

-Era ciego antes y Tú me has devuelto la
vista: ¿de qué otra manera podría yo mirarla?
La mujer se volvi6 :,·, reconociéndole, se sonri6 y le dijo:
-Tú rne has perdonado, y la vía por donde
ando es una vía encantadora.
El sali6 fuera de la ciudad.
Y cuando hubo salido fuera de la ciudad,
vió sentado en la orilla del camino á un
joven que lloraba.
Y El se acerc6 al joven y, tocándole los
bucles de sus cabellos,
le dijo:
-¿Por qué lloras?
El joven a\:1.6 los
ojos y, reconociéndole, respondió:
-Estuve muerto ·y
Tú me hiciste levantar de entre los muertos. ¿,Qué podría hacer yo sino llorar?
ÜSCAR

LA FlE~TA ESt'OLAR.-Ilimno á la Escuela.

0

El los sigL1ió rápidamente, tocó la mano del
joven v le dijo:
-¿Por qué mirnR &lt;le tal modo á e~a mujer?
El joven (-e volvió y, reconociéndole entre
risa!', respondió:

WILDE.

Nada puede matar
el amor propio y todo
lo hiere.-Mme. de
Ségur.
Vengarse de aquellos que nos han hecho mal, obligándolos
al reconocimie11to, es
un placer de los dioses.
La fuerza v el valor nunca mienteu.-Reina Cristina. ·
Aquel que hace nn servicio debe olvidarlo;
el que lo recibe debe acordarse.-Mme. Aissé.

Grupos de Profesoras y Profesores que tlmaron parte en la organización de la Fiesta Escolar

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�Domingo 14 de DicicmbTe de 1902.

EL MUNDO IT,USTRADO

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Domingo 14 de Diciembre de l!W2.

�EL :.\IUXDO ILUSTRADO

Domingo 14 de Di-ciembr.e de 190-2.

AMAS se hubiera imaginado Jorge que la dicha completa, transitoria tal vez, pero completa, estuviese tan al
alcance de una mano mortal.
Nunca hubiera creído, después de largos años ele correr
en pos del placer y del contento, que la felicidad había
de venir baciaél precisamente cnandó él ya desesperaba
de alcanzarla nunca, á. pesar
de sus locas carreras y de sus
tenaces persecuciones. Pero
hubo al fin de convencerse:
la felicidad estaba ahí, transitoria tal vez, pero completa.
Si Jorge hubiera leído alguna vez al poeta alemán que
dijo queen la mayor parte de
los casos no encontriimos la
felicidad, sólo porque tendemos la mano demasiado lejos
para aprehenderla, tal vez no se hubiera maravillado mucho de que al 1·etirar el brazo fatigado
y desfalleciente, tras de titánicos', pe1·0 inútiles
esfuerzos, y al doblar desencantado y furioso
los dedos de su mano, casi inertes por la tensión,
hubiese encontrado en su diestra á la felicidact,
aprisionada como una mosca.
Pero Jorge no había leído al poeta alemán;en
general, no había leído á ningún poeta: que no
es leer á. poetas el pasar la vista ociosa, en la
biblioteca del club, po1' sobre las líneas equidistantes y equimedidas &lt;le alguna 1·evista dominical! Las lecturas de Jorge, las únicas que lograban apasionarlo, eran las crónicas del &lt;turf&gt; Y
las crónicas de bastidores; en unas y otras encontraba revelaciones interesanks para sus gustos hípicos y cortesanos, que informaba.a la médula de su ser y que le hacían pasar la vida oscilando entl'e las panto1Tillas de las tiples de
sangre mezclada y los lomos de los corceles de
sangre pura. Y de tal vida y de tales aficiones
llevaba ya doce buenos años, p1:1es cont~ba ~e
edad treinta y dos, y desde los vemte babia disfrutado de la libertad y del poder que prestan
una doble orfandad y una pingüe hacienda.
Aparte de dos paréntesis, de á quince meses cada uno que había abierto en su vida mexicana
para
á ponerse inyecciones de «parisina&gt; en
los corredores del Folies-Bergere y á darse barnices de cosmopolitbmo en las deliciosas explanadas de Niza, para él todos los días de esos doce años babíanse asemejado los unos á los ot1·os
como se asemejan entre sí las cuentas iguales de
una camándula, y apenas podía designa1· c?mo
acontecimientos turbadores de esa monoto01a á
los cambios de nomb1·e de la suripanta prefel'ida ó del caballo favorito. En suma, Jorge había
llevado la vida que estrictamente corresponde á
nuestros aristócratas de nacimiento.
Pero un día, mejor dicho una noche, vino á él
la felicidad; una noche en que malhumorado, h~rido por la inexplicable virtud que para él quiso desplegar y desplegó una tiple que no era virtuosa, tuvo la ocurrencia, rara para un caballerete de su alcurnia, de buscar con tesón hasta
por los sitios más escabrosos y de peor at·oma
moral á cierto gañancillo andaluz, bajo de cue1·po y alto de lengua, de quienhabíanle dicho que
era el íntimo favorecido de la desdeñosa y la
causa, tal vez, de los desdenes que lo torturaban.
Y le halló en b1·eve, engastado en una corona de
toreros que ceñía á una mesa cargada d~ &lt;cañas&gt; y de botellas; le halló, trabó pendencia, y
tras de un sopor que no se explicaba y de una
singular pesadilla du1·ante la cual desfilaron ante su retina faroles de gendarme y actas de comisaría, volvió en sí de sus furores y se encontró acostado en su propio lecho y con un navajazo en el vientre ... .
Ese gran acontecimiento de su vida, provocado
con instrumento punzocortante, obligándole á
guarda1· cama y soledad durante treinta ó cuart!nta días, facilitó á Jot·ge la ocasión de pensar
un poco con pensamientos serios, cosa que jamás
se le había ocurrido y que le produjo esa extraña y atrayente sensación que algo muy nuevo y
nunca sospechado nos produce. 'Í poi· el hilo de
sus reverdecidos pensamientos fué llegando hasta el ovillo ae su informulado anhelo, y con asombro advirtió que el ovillo no encenaba otra cosa más que el trilladísimo incidente del matrimonio, llamado por algunos ilusión y esperanza, mientl'as que otros recurso y epílogo lo apellidán.
Jorge no hubiera podido decir áciencia cierta
si la primt:lra intención de aquel acto tan discutido por los demás se le apareció á él en forma. de
remefilo' inevitable ó de cúspide apetecida; pero

si podía jurar sin el menor peligro para su alma
de pecador creyente y arrepPntido á medias, que
al pensar en el matrimonio, simultáneamente
pensó en Amelia.
.
Más tarde, efectuada la boda, solía decu:le á
su dulce mujercita, para demostrarle su fidehdad
y su ternura:
- Mira, hijita, para divertirme pensé en muchas mujeres, cortejé á muchas, amé á m~cb~s,
pero nunca para casarme .... Para esto, tu fmste la primera ..... .
Y no mentía.
.
Pensó 1 pues 1 luego en Amelia, una cbiqmlla
llena de encan tos y de seducciones, eleg~nte, hermosa é instruída basta donde lo permitía también su calidad de aristócrata educada en el Sagrado Corazón: es decir, que tenía todas las cua-

EL MUNDO ILUSTRAD"-

la dulce coyunda ruatrimonial, sobraríanle la
buena crianza y los dineros necesarios para envolver su empecatado libertinaje. en un cendal
decoroso que defendiese á la niña de lesiones envenenadas y detuviese las h_abli_llas sociales d~ntro de la órbita de esa ad1mrat1va murmuración
que no menoscaba las reputaciones exteriores de
las o-entes ni empece los goces exteriores de la
vid:; pue~ parece convicción arraigada en sujetos mecidos en cunas de marfil y de orn, la. de
que los descarríos realizados con buen modo y
paliados con dinero, no alcanzan á mayores, dela propia suerte que los duelos con pan son menos
De ese modo, mny en breve vi6se iidornada de
azahares y de blancas rosas la capilla ele Nuestra Señora de Lo urdes- de turno temporal para.
los enlaces aristocráticos,-y Amelia y Jorge,
arrodillados ante el ara sagrada y á la vista del
&lt;todo México&gt; selecto, jur,fronse amor ete1·no
ambos con una since1·idad conmovedora y con el
firmísimo propósito de constitui1· un hogar de
cristiano ejemplo y mundana felicidad.
Sólo turbaron la unánime aprobación de aquel
enlace algunas tímidas insinuaciones de antiguos camaradas de Jorge, que pretendían que
mucho habría de arrepentir-se éste del sacramento, en cuanto se sintiese coyunda.do. l\las esos.
malévolos augurios se abogaron en las armonías del órgano que, con sonoridades de día defiesta, entonaba la marcha de Méndelssobn ... . .

t1:anquila marcha del autómovil, merced á un jubiloso estremecimiento que Jorge transmitió á la
manija directora del vehículo.
-¿Qué te pasa·?-dijo Amelia al advertir el singular fenómeno.
-Nada, amor mío, no me pasa nada .. . Es sólo que me ha venido una idea, ¡ah!. una idea ext1·aordrnadid Voy á prepa1·arte una sorpresa colosal. ...
Y la mii·aba con aire regocijado y riéndose
con toda su alma, como quien pr·eviene un acontecimiento de inusitada satisfacción. No pudo
a.nanear Amelía ninguna revelación ace1·ca de
la sorpresa proyectada; únicamente advirtió que
apenas llegados á la casa, Jorge entt-egóse á la
esc1·itu1·a de uua larguísima epístola, y que ordenó fuese certificada esa misma noche en la estafeta postal. El sobrescrito de la carta contenía
el nombre de Arturo Ancira, viejo compai'iero de
los desórdenes de Jorge y residente á la sazón
en Londres . .l!'ué cuanto Amelía pudo soi-prender
ele los preparativos de la sorpresa.
Pasó el tiempo y aquélla no venía. Mejor di-

***

Y cátate casado á Jo1·ge y
con la felicidad en I a. mano.
Porque era feliz, real y positivamente feliz: Amelia le adoraba con una gracia llena de encantos, y cuando en las tardes
otoñales que siguieron á la época del matrimonio, recorrían
la calzada de la Reforma y se
internaban en las somb1·eadas
avenidas del Bosque, bubiérase dicho que el automóvil que
los conducía fuera una renovación eléctrica del mitológico
carro de la Dicha. .-_ ,, _,
Jorge dividía todas sus aten-

it:

·

lidades de una perfecta cultura exterior
aun cuando en las intimidades de su intelecto predominara
más el talento natural que la escolar
cultura. Pero esto no
importaba á Jorge,
ni lo advertía siquiera; Amelia había sido la única muchacha de su clase que
en tal ó cual ocasión
le atrajera. un poco;
...
la única á cuyo lado
,,
había sido capaz de sacrificar una velada de teatro y de club sin grandes_sacrificios, y ~un recordaba que en cierta ocasión había olvidado por
completo una cita erótica, trabaj~samente o_btenida, por encontrars~ ?ºn Ameba en pláticas
amenas acerca de las ultimas carreras de caballos en el hipódromo de P eral villo.
Luego que pasada su convalecencia, el elegante Jorge trocó por uno más interesa_do el tono basta entonces inocente de sus entrevistas con
Amelía y la requirió de amores, entró la chica
franca y lealmente á las primeras de capa, Y. e¡
noviazo-o fué tema favorito de los comentarios
metrop'olitanos y se desarrolló en medio de una
atmósfera de simpatía, pues todos enconkaban
que los contrayentes eran como mandados bace1·
el uno para el otro ambos bien criados, ambos
ricos, ambos jóven~s, constituyendo, en fin, una
pareja de lo más brillante y adecuado, cepa segura de fut~1·as elegancias para el esplendor de
la metrópoh.
Los pal'ientes de Amelia fácilmente echaron al
olvido los ligeros pecadillos y la mala fama que
á Jorge se le reconocían, porque, tratándose de
un buen mozo nacido ent1·e talegas de duros, es
claro que esas cosas no son dignas de ser tomadas en severa cuenta, ni mucho menos pueden s~r
motivo de estorbo para futura paz y concordia
en el hogar. En último 1·esultado-y e~to lo sabían quizá experimentalmente los parientes ~e
Amelía, -si el garzón no sentaba la cabeza baJO

ciones y sus
cuidados todos
entre su mujer
y sus caballos;
las suripantas
de afeitados
rostros y de
cascadas voces
habían caído
en los más profundos ant~os de su olyido, y la
regia mansión de los azule¡osapenas s1 le arrancaba un saludo casi furtivo, dirigido á los_ aburridos elegantes que en el soportal se est~c10nan
á la hora vespertina, rememorando r es1gn~dos
la famosa terraza de la plaza de la Concordia..•
Una tarde, al regresar del Bosque, como encontraran en su camino á dos gallardas amazonas que, al trote corto de sendos palafr~nes_ Y
seguidas de un lacayo de muy pulcra apariencia,
asimismo tornaban á la ciudad, vínose á: las
mientes de Jorge un propósito que lo emocionó
de manera t:a.l, que por un instante alteróse la

cho, ¡valiente sorpresa fué la que Acnelia tuvo
en el transcurso de ese tiempo! La s01·presa de
ve1· preocupado á Jorge, pei-o tan precupado,
que con frecuencia desoía sus conversaciones y
las dejaba sin respuesta alguna; hasta que enfadada Amelía, clejóse llevar de su irritación y lle- ·
gó á abandonar el comedor y á encerrarse en su
alcoba por toda una noche, 1a primera que pasaron separados desde la fecha de su matrimonio.
Al día siguiente, cuando ella esperaba que su
esposo, arrepentido ele sus distracciones y malos
modos, buscase la reconciliación conyugal-que,
según dicen los sabios en la materia, recuer:da
las delicias del primer beso,-Jorge preguntó sunplemente:
-¿No han traído un cablegrama para mí!
Desde ese día, por mañana, tarde y noche repetía Jorge la misma pregunta, por modo tan
insistente, que en el espfritu ele Amelia b1·otó un
virroroso o-ermen de curiosidad con 1·especto al
misterios; cablegrama, ge1·men que en el b_ieu
pre"arado terreno femenino se desanolló con 1mpet~osa vitalidad l' fructi,ficó en _l~ firme resolución de violar la cablegrafica m1s1v.t tan luego
como llegase, para satisfacer prontamente tamaña expectación.
,
. .
Y así lo hizo. Una mañana-Jorge babia sahdo á efectuat· su cuot1diano paseo bípico-Amelia tuvo en sus manos la azulosa y COLlici~da cu;
bierta, y haciendo un poderoso llamaunen.to a
toda la 1ue1·za de su voluntad, que 1:1.aqueab~anle
el segut·o enojo de Jorge, rompió la débil envoltura del secreto y de ella extrajo un papel que
decía:
«Encontrada. Sald1·á pronto. Espera carta.Arturo.&gt;
¿Encontrada .... qué'? ¿,Qué había encontrado
Arturo y qué debía salir pronto·? .IJ:n vano se devanaba los sesos la encantadora cur10?ª• pero
no acertaua á colegir lo que Arturo hab1 a encontrado. Por&lt;.¡ut: en materia de hallazgos, llano es
el campo y vasto como el ci~l,o, y á _fe que en el
&lt;Jeloso cere brillo de una 1·ec1en casada put:lden
tomar muchos aspectos 3ospechosos las cosas
susceptibles tle ser halladas. Luego que _pudo
Amelia quebrantnt· el emba_rgo á que la su¡etarn
su nue\·a curiosidad y se d16 cu~nta ?~l momento en qno se encontraba, de l:J- v10lac1on que h~bía cometido y del muy p1·óx11110 regreso ~1e_Jo1 ·
ge al domicilio, asustose de su a~to y de?1d1ó no
mostrar á Jorge el cablegrama violado srno basta que su caletre, aguzaao por el descanso Y la

tranquilidad, le revelase algunas razones más ó
meaos aceptables para di~culpar su falta. A la
hora ele comer miraba á Jorge, que, como de sólito, había preguntado por el esperado cablegrama recibiendo respuesta ne¡rativa; le miraba y
hubiera deseado taladrar el hueso de su frente
para espiar en su pensamiento y descubrir la incógnita que la torturaba. De pronto, siempre
aguijoneada por la curiosidad, ocurriósele un
expediente azás fácil y aparentemente eficaz, sin
saber que es empleado con mucha frecuencia por
los jueces del crimen para arrancar nna confesión, y de repente, en el tono más nMural del
mundo y á quema ropa, preguntó á su mal"ido:
-Dime, Jorge, ¿qué es lo que te va á mandar
de Londres Artu1·0 Ancira:!
Si algún bicho dañoso y mal intencionado hubiese bnndido su órgano ofensivo en las carnes
de Jorge, ele seguro que éste no hubiera brincado de su asiento con tanta precipitación, ni mos•
tracio en sus mejillas con tanto vigor de tono la
riqueza de su sangre, ni puesto en su rostro mueca reveladora de tanta extrañeza, como lo hizo
al escuchar la tranquila pregunta de su mujer.
Y como quien no ba eutendido bien ó no quiere
haber entendido, con voz vi b1·ante por la emoción y por el asombt·o, pudo apenas p1·eguntar á
su vez:
-iQué dices ...... ?
-Te preguntaba qué es lo que va á enviarte
de Londres Arturo Ancira ..... .
Repuesto Jorge de su estupor, había tenido
tiempo de adivinar lo sucedido, y estallando en
cólera hirviente é impetuosa,
por vez primera usó del grito
-del grito frl:nco r completo,
-para increpar á Amelia,
que, asustada por 1a expresión de su marido, pe1•clió iuego su fingida tranquilidad y
empezó á comprender las
trascendencias de su·--. ndiscreción.
-Has abierto un cableg1·ama que ha llegado para mí...
¿_no es cierto:-&gt; ¿,Sabes que eso
es una indignidad, una infamia, un delito:' ¿Eso te ense~a1;~n tus padres y tus mon¡as .....
Y como ella pt·esentase bumillacla y llorosa el malaventurado cuerpo del
delito, mientras trataba de encontrar una frase
ele disculpa, el frenético consorte se lo arrebató
de las manos y se pu~o á leerlo ávidamente.
Muy luego pareció calmarse su ira., y la atribulada Amelia le vió abandonar el comedor y
encerrarse en su alcoba. Mas, desde el siguiente
día,di6 principio un período de enojoso silencio
en aquel hogar, y desde la siguiente noche, dentro de la (·asaca tle sus buenos tiempos de célibe,
,olvió Jorge á marcharse al club, regresando solo á las altas horns nocturt1as.
Amelía entretanto, cavilaba.; y el airado demonio de la sospecha, ofreciéndole las más descabelladas suposiciones y las deducciones más
temerariamente colegidas, no cesaba de verter
nuevas y constantes gotas de aceite en la inextinguible hornaza de su curiosidad ... .

***

Días después del enojoso suceso, vemos á Amelía con u,.¡a carta en la mano, luchando nuevamente contra la tentación. Mejor dicho, no luchaba; retardaba únicamente el momento de una
nueva violación, sobrecogida por los temores de
irritar otra vez el ánimo de Jorge, pero con la
resolución ya en pecho tomada de perpet1·ar un
nuevo desll.bogo de sus ansias de saber. Hizolo al fin y se encontró con una epístola á. vuela pluma, que decía:
«Dear» Jorge: No sin gran ti-abajo he podido
cumplir tu delicadísimo encargo, 1,1ero doy poe
bien empleados mis afanes en vista del éxito obtenido. En el próximo vapor saldrá Elsa- ése
es su nombre,-y estoy seguro de que habrás de
enamo1·arte de ella, poi· exigente que seas. No sé
cuánto podrá costarte en total el caprichillo; pero, chico, todo lo bueno cuesta y tú no te a1·ruinarás despegándote de un pufiaaito de miles. Eisa
fr,i acompanada de Tom Buwen, ¿te acuerdas·!incli viuuo de confianza y muy
idóneo para estos encargos,
quien es,oy seguro te entregará á Eisa sana. y sal va. Es tan
hermosa, que si no hubiera
tenido en cuenta tu desbo1·dacla impaciencia, de buena gana huoiera retardado el envío
para disfrutarla durante algu
nosctías y pavonearmeconella
por estas calles de Londres.
Se ha retratado y por este mismo cor1·eo recibit-ás el retrato; he recomendado al fotógrafo te lo dirija al Ulub, pues
supongo tendrás gran satifacción en enseñarlo á los amigos, quienes sin duda hab1·{m
ue envidiarte. ¡Figúrate: basta el pl"Íuc1pe cte Gales hab;,i
perdicto los sesos poi· Eisa!
Gózala en paz y no olvides .'L
tu viejo amigo-AR'l.'URO ANCIRA.&gt;

Domingo 1-1 de D'ioicmbrc de 1902.
Amelía quedó inmóvil y sintióse helada,cual si
su joven carne bubiérase ti-oca.do en pentélico
mármol. ¡Qué desvergüenza, qué cinismo! ¡Oh,
ella sabía ya que el libertinaje actual de los hombres alcanza puntos inauditos:pe1·0 nunca hubiérase im:i.ginado que entre cabal !eros del linaje de
Jorge y de Arturo, se diesen y recibiesen encargos ele naturaleza tan baja y rufianesca! Pero
bien casti¡rndo iba á verse Jorge, ah, eso sí! .... le
despreciaría ella, volvería al lado de sus padres
y le dejaría que se solazase en el fango con esa
Eisa de todos los demonios que, por hermosa
que fuese, no pasaría de ser una de esas inglesas
rígidas como un leño, rubias como un haz de
paja y frías como un sorbete de limón! ¡Qué gustos tan singulares tienen los bombr8s!
Aquella nocbe, al regresar del club un poco
más tarde que de costumbre, sorprendióse Jorge
al encontrar en la antesala cara á cara con su
amada esposa,que, erguida y arrogante entre los
amplios pliegues de su «deshabillé,&gt; le esperaba
en la actitud ele una furia humanizada. Antes
que pudiera interrogarla, ella, frunciendo el ceño como un manojo dé encantos, dominó el couvulsi vo wmblor de sus purpurinos labios, para
increparle duramente:
-¡Infame, cínico, miserable, lo sé todo; sé que
indigno de que yo te quiera; sé que me engañas: sé que nunca serás un hombre honrad~;
sé que tú y los de tu calaña, como Artu1·0 Anct·
ra y todos ésos, no sois más que unos canallas,
sé que ..... .
-Pero bija, ¡yo ignoraba que fueses tal portento de 'sabiduría!-la interrumpió Jorge con
muy sincera calma.-Sosiégate y dime quién te
ba traído :ibismes y cuentos, y verás cómo todo
resulta un embuste de marca mayor...... .
- ;.Serás capaz de negarlo todavía? ¡Hip ócrita! A ver, dime quién es esa Eisa cuyo 1·etrato
debes de traer en el bolsillo ..... .
Por el asombrado rostro de Jorge pasó un relámpago, de risa primero, que se deshizo en una
lluvia de ira después.
-;.Has vuelto á violar mi correspondencia?
Pues bien, sí, aqu{ traigo el retrato de Eisa y
voy á enseñártelo para que veas lo tonta que
eres, pa1·a que tu curiosidad se satisfaga, para
que no me tortures ya con tus sospechas y tus
extravíos ...... Míralo ... . . .
Y extrajo Jorge de los bolsillos de la_ casaca
una. cubierta sellada con azules y exóticas estampillas de coneo,y de ella un retrato. l\.melia
se acercó á verlo con una precipitación que tanto tenía de coraje cuanto de curiosidad,y su delicioso entrecejo fué desarrugándose, hasta que
sus hermosos ojos negros mil-aron á Jorge con
una mirada de interrogación,de eluda y de extrañeza ... . .. ¡ ¡La fotografía era el ret1·ato de un caballo!
Jorge, con voz temblorosa aún por el desag-r~do explicó que Eisa era una yegua, una magn1fic~ yegua que para su Amelia había encargado
á todo costo, porque quería ver en un solo cuer·po lo que más amaba en el mundo: su mu¡er y
un caballo perfecto.
Entonces se oyó un beso, dos besos, t1·es besos y ..... .
Víctor Hugo ha dicho que,e_n la noche de bodas
y en los umbrales de la nupcial alcoba,se yergue
un ángel, con un dedo puesto sobre los labios,
que ordena el silencio y la discreción; yo crto
que ese ángel permanece oculto en algún recodo
del hogar para cumplir nuevamente su cometido
en las reconciliaciones conyugales, y .... con dt:l
voción acato su mandamiento.
JUAN SÁNCHEZ-AZCONA.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 14 de Diciembre de 1902.

EL :MUNDO ILUSTRADO

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Cuando salí de C6rboba, la aurora,
con m{tgicos pinceles, dibujaba
el camino del sol. Era la hora
en que la vida universal empieza
y en que la sombra de la noche acaba.
La inspiradora fuente de belleza,
radiante de esplendor, me sonreía
desplegando sus galas en un canto
de luces y gorjeos. Parecía
que la diosa, rendida á mi cariño,
me revelaba el misterioso encanto
con que soñ6 mi espíritu de niño.
La fiebre del amor, las ilusiones,
la dulce fantasía
que inspira las canciones
allá, en la primavera de los años
-primavera fugaz como la espuma,alentaban mi fe con la harmonía
de su raudal sonoro,
cuyos giros extraños
internan el espíritu en la bruma
de los ensueños de oro.

***

Tras larga ausencia, contemplar quería
sus gracias seductoras, y el arrullo
de RU voz encantaba mis oídos
como flauL'l. sonora que gemía,
levantando mi orgullo
hasta el excelso trono de h gloria,
porque labré los nidos
donde naci6 su amor ..... .
De mi memoria
no se ha borrado aún aquella escena,
que os contaré otro día, si la vena
fuente de inspiraci6n, no se agotara.
D6cil el noble hoYero á mi albedrío,
secundaba mis ansias con su brío
como si fuerza oculta le animara;
en su veloz carrera,
dejaba atrás los valles y colinas
que, como banda de florido encaje
tejido por lozana primavera,
donde rnn á jugar las golondrinas,
circunda la ciudad.
Aquel paisaje,
grabado para siempre en el obscuro
rinc6n de la memoria,
disipa la amargura del presente
y los trisu,s presagios del futuro.
Sentía el dulce beso de la gloria
acariciar mi frente,
y, entusiasmado, sobre el lomo inquieto

de aquel pegaso que mi buena estrella
&lt;li6me, como si fuese un amuleto
para escalar del Helic6n la cima
donde, amorosa, me aguardaba ella
--la solitaria musa que hoy anima
y engalana mi hogar .. . .. .
-tan abstraído
iba, rimando estrofas, que el hovero,
libre á su voluntad, por un sendero
extrafio me llev6. Desconocido
era el camino aquel, y mi alegría
troc6se en amargura
al ver el horizonte,
donde quebraba el sol que se escondía
sus últimos reflejos,
limitando la plácida llanura;
sin divisar un :::nonte
á que subir para mirar más lejos ..... .
y en el aire flotando esa tristew.
que inspira la agonía de la tarde
á la naturaleza..... .

***

Me detuve. Mi espíritu cobarde,
en tan amarga hora,
alej6se, dejándome abatido;
implorando algún alma protectora
para llegar, con su feliz ayuda,
al templo de mi amor; algún sonido
que me brindara el eco para guía ..... .
¡Oh, qué miedo sentí! La pampa muda,
muy perezosamente se envolvía
entre los tenues velos del ocaso
que desplegaba el sol en su carrera;
y mi pobre pegaso,
con la pupila ag6nica, miraba
In. inmensa soledad, cual si temiera
el deber de llegar al horizonte
que tai1 lejos estaba ..... .

***

Juventud, que, en la vida,
buscando vais el monte,
palacio de esa diosa fementida
que llamáis Ilusión, os aconsejo
que no dobléis la frrnte si el camino
os interrumpe la canción ingrata
de un dolor juvenil. Como aquel viejo
de la leyenda, eterno peregr;no,
no vaciléis, porgue la duda mata
los entusiasmos de la fe más ciega.
El dolor engrandece
al que vive con él y con él juega;
él concede del genio el atributo,

y en sus grandes dominios brota y creceel árbol de la gloria.
Y si del árbol os incita el fruto,
emprended el camino
y perseguid, tenaces, la victoria,
que si e~ tortuoso el mágico sendero,
para esquivar los golpes del destino
debéis tener un coraz6n de acero.
,!:

*'*se llega
Llegué ...... como
ú conquistar la cumbre apetecida
cuando no se doblega
el coraz6n al miedo; cuando el alm!l,
Yibiando en la cadencia de la vida,
va navegando, con la mar en calma,
en el bajel del sueño, viento en popa
con rumbo ·al ideal; cuando la copa,
que alzamos de la vida en el banquete
no tiembla al acercarse á nuestros labios
porque no se yll'ejuzga el contenido .....
Edad feliz que pasa como ariete,
dejándonos recuerdos y resabio&gt;&lt;,
y q 11e despierta el coraz6n dormido
trayendo á la memoria
las valientes proezas
y las maravillosas aventura,,
que cubrieron de gloria
los pfchos juveniles. ¡Oh grandezas
que os trocáis amarguras!. .....
Bajo el cielo estrellado,
ante la «flor silvestre,i&gt; condolida,
caí, cual ave con el ala herida,
doblemente postrado
de fatiga y amor ........ .
E. MENr':NDEZ BARRIOLA.

=

Gerineldos, el Paje.

go una violeta ruyos pétalos, del
más hermoso azul,
s6lo pueden compaDel color del lirio tiene Gerineldos
rarse con el matiz
dos grandes ojeras;
ele sus ojos 6 el
del color del lirio, que dicen locurai,
manto del firmade amor de la Reina.
mento. :;\las la dulce florecita parece
tan triste que Lidia, conmovida, la
Al llegar la t:rnle,
contempla con afecpobre pajecillo,
tuo¡:a compasión.
con labios de ro&gt;&lt;a,
-Querida florecon ojos de idilio;
cita, le dice, ¿por
al llegar la noche,
()né estás tan triste?
j_unto á los macizos
¿.TieneR algún pef'ar
ue arrayanes \'aga
secreto? Dímelo, te
cerra del castillo.
lo rnego.
Pero la flor, temblando, responde:
Cerca del castillo
-Xo, no tengo naYagar Yngamente
da.
la Reina lo ha visto.
Lidia pregunta á
De i,edas cubierto,
la rof'a:-¿.Qué tiesin armas al cinto,
ne tu hermana?
con alma de nardo,
-No lo sC-.
con talle de lirio ..... .
Se vuelve hacia
la az 11cena: - ¿Co1'°1ANUEL l\J ACHADO.
noces tú el ser:reto
de l a violeta?
-Tampoco á mí
Más pueden adelantar los que lentamenha que,·i&lt;lo comute caminan, si siempre siguen el camino re&lt;"n ic[mnelo.
to, que los que corriendo velozmente se alejan
--¿Y ú ti, margade él.
rita?
-En Yano le he
La costumbre y el ejemplo pueden miís en
preguntado; la viouosotros que ningún conocimirnto exacto.
leta es la rnús ref':erEl ocio es miís temible que la muerte ffair:,,
yada de todas nosporque mata el ::ilma á la vez que el cuerpo.
otras.
Lidia se aleja
Entre hacer el mal y ser injusto, no hay disuspirando, porque
ferencia alguna.
no se atreve á auESCl ELA X. DE BELLAS AR'l'ES.- El Buen Samaritano
(Cuadro de l. A. Rosas.)
mentar el dolor de
la violeta separándola de su retiro, y admiranclo su discreCuamlo partir te viera
ci6n, sin pensar que ella es también discreta
Para ser el encanto
De otro sol, de otro cielo y de otras tierras,
con sus amigas.
Al penetrar en el sendero, so e:-icuentra rPTan triste como sola
pentinamente con Frank, el gallardo cazador,
Llor6 tu eterna ausencia.
á quien ama ocultamente hace mucho tiempo,
pero á quien su pudor le ha impedido siempre
*
**
manifestar su sentimiento.
1\Ias, no-me dice mi amoroso anhelo,
-¿.Qué haces por el campo tan de mañana,
Tu ausencia no ha de ser. no sen, eterna.;
querida mía"?-le pregunta él.
Tú has de voh·er; tras el iiwierno rudo
- He Yenido á buscar flores; por cierto que
Torna siempre otra vez la Primavera.
he encontrado en el bosquecillo una violeta
Y así te veré entonces,
t..1-n dulce y tan triste!, parece que tiene algún
Así como lo es ella;
secreto que la atormenta, pero no ha querido
Dando luz á las almas
decírmelo.
Y flores y perfumes Íl la tierra;
-¿Quieres que yo
Eternamente joven,
te ayude á descuEternamente bella.
brirlo?
~léxico, marzo 15 de 190'2.
-Oh! me alegraJOAQUÍK D. CASASC:-;.
ría mucho.
Frank, sonriendo,
fija sus ojos llenos
ele amor en los de
Lidia, que por primera vez se atreYe,
aunque sólo un mom ento, á devolverle
IA la blonda, la niña de ojos tan
les corno un cielo &lt;le verano, sale
la tierna mirada; pero en seguida baja
mu)· temprano al rampo con el ob·
los suyos tímidajeto de llenar de flores un cestillo que quiere
mente, mientras un
ofrecerá la Yirgeu :\faría, ú quien arna y veruborprecioso y una
nera profundamente, porque es el emblema
suave melancolía se
santo del candor Y la. modestia.
extienden por su
Lidia está triste algunas veces, sin que ella
~em blante encantamisma pueda comprender l:l razón de su trisdor. Entonces Frank
teza· pero en esa mafiana. cantando alegrese arrodilla ante ella
rne1{te recorre los prados y las colina"; ha~e
y besando su lindescedder de su verde trono á la rosa, alti ,·a
da mano, exclama
-emperatriz de los valles¡ seduce con dulces betransportado de gosos á las tiernas azucenas, y cotwierte en cauzo; - Ah queri~a
tivas á las margaritas, qu~ Re rinden humikles
nna! yo soy mas
á la presi6n de su mano, y cuando ha conseafortunado, porque
guido ya el rico botín &lt;]Ue desea ¡,ara la Yirhe descubierto en
gen, recuerda que exi,.;te una flor encantadora,
tus pupilas azules el
muy difícil ele encontrar, y que ha de ser el
secreto ele la Yiolemejor adorno de su cestillo. Penetra en un
ta ...... !
bosgue perfumado, y d espués de registrarlo
NUESTRO PAIS.-Cailún de la ll!ano en Iguala.
(?ot. Waite.)
M. ~IAT.-DIOROS.
por todas parteR, descubre al fin entre el mus-

***

***

EL SECRETO DE LA VIOLETA.

EN EL ÁLBUM DE LA SEÑORITA

Adelina. Alvarez dé Calderón.
Joven como lo es siempre la esperanza,
Tierna como el ensueño de un poeta,
])nlce como las almas de los niños,
Belhi cual flor sobre la rama abierta,
Así te vi yo un día
Cuando por ve✓, primern
A México llegaste
Para ser el encanto de esta tierra;
Tan tierna como joven,
Tan dulce como bella.

***
Triste como las noches invernales,
Llorosa cual las ánimas en pena,
Y sola cual la tumba de los muertos
Que un amor siempre vivo no calienta~
Así quedó mi patria
VIAS DE COMUNICACION.- Puente de hierro cer ca de Cuautla.

Domingo 14 de Diciembre de 1902.

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LOS MEJORES ELEMENTOS DE LUCHA

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1u 1u1u 1u1u u1u 1u1u 1u~
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AÑO IX.--TOMO II.-NÚM. 25.

MÉXICO, DICIEMBRE 21 DE 1902.

•trccter, LIC. RArAu. Rtn&amp; &amp;PINDOU.

EL DOLOR YLA ENFERMEDAD •••-

Subscripción mensual foMnea, $1.50
Idem ldem. en la capilal, ., t.23

tlerentct UJt&amp; Rnm &amp;PINDOLA•

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¿Cuáles son las dos arme.s principales con que el bombre
!! puede combatir ventajosamente contra la multitud de enemiU gos que le cercan y que se resuelven en dolor, enfermedad y
U muerte? LA SANGRE Y LOS NERVIOS.
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Una sangre pura y unos nervios sanos son la garantía más
u segura de una larga vida. Con ellos, el organismo cumple norii malmente sus interesantes funciones fisielógicas¡ el estómago,
u los intestinos, el hígado, el cora1ón, los pulmones, etc., no es·
ii tán expuestos á sufrir las mil afecciones que padecen en las na•

u

turalez.as débiles; se aleja de todo temor de esos terribles malee cerebrales que matan ó agotan al Individuo basta el extremo de convertirlo en idiota y en loco, y lo mismo el hombre
que la mujer, lo mismo el anciano que el niilo, concurren con
alegría y con vigor al trabajo universal de la naturaleza en su
constante obra de reproducción de las especies.
También mata, es cierto; pero mata cebándose sobre todo
en los seres euenuados por el abuso, por la enfermedad ó por
la indiferencia, porque

LA INDIFERENCIA PARA CONSIGO MISMO

; ES EL PEOR ENEMIGO DE LA VIDA

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u
El bombre que entregado al trabajo, ó después de abusos te y que camina á grandes pasos á la escrofulosis, al raqulti•u
!! femeniles ó de enfermedades agudas, siente decaer sus fuenas mo; todc;&gt;s en una palabra, los que pagan tributo al mal de la

I

U la mujer que se siente debilitada por la siempre dulce pero á época llamado
''ANEMIA"
!! veces peligrosa labor de la maternidad y la lactancia¡ la joven
!! que al mirarse en el espejo -ve palidecer y amarillear su antes
!! rosado cutis, y sufre jaquecas frecuentes y perturbaciones en su y que son víctimas de sus m-6ltiplesy dolorosas manitestactoU menstruación; el niilo cuyo crecimiento se efectúa difícilmen- nes, recurran al uso del

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VINO

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DE sa■ GERIIIAN

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DEL DR. LATOUR BAUMETS

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une la de su sabor agradable, circunstancia que no hay en otros
Preparado que por su composición, en la que figuran tóni·
medicamentos cuya eficacia se ve casi siempre entorpecida por
ii cos, reconstituyentes y purificantes tan poderosos como el
la repugnancia que inspiran á las personas que deben tomarlos.
Se recomienda muy especialmente á todos aquellos padres
u
u
que nl'ten que sus hijos están anémicos, que las jóvenes se po- u
u
nen cloróticas y sufren padecimientos nerviosos, cat~rros y u
u
bronquitis frecuentes, trastornos intestinales, palpit11elones -u
u
u
de corazón, insomnios, vértigos, dolores neutálgicos, etc., de- u
U es la más recomendada para
bidos á la pobreza de nutrición y á la deb111dad progresiva, re- u
!!
Aliviar los Dolores, Purifioar la sangre,
sultado fatal de la falta de pureza y energía de la sangre y del u
u
-u
Vlgorizar los nervios
agotamiento del sistema nervioso.
u
-u
Entre los muchos males que cura radicalmente el
u
y B.obustecer el organismo.

ACEITE DE HÍGADO DE BACALAO, LA COCA,
LA KOLA, EL ICTHIOL
Y LA ESTRICNINA,

u
A estas cualidades reconocidas por los eminentes médicJS
u que ban becho uso de él, aplicándolo en multitud de enfermos,
ii
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!!

ii
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!!

11 '11 lNO DR SAN ClllBM AN,

VINO DE SAN GERMAN

'

su uso es de resultados eficaces en

-uti
::r.

u
u
Abcesos escrofulosos, Afecciones nerviosas, Anemia, Falta de apetito, Clorosis, Convalescencia'
Depleuresías, Pulmoníaa, Tifo ó fiebre tifoidea Dabilidad constitucional, E3crófula, Flores bh.ncas, Gan- u
-u
grena senil, Enfermedades de la cintura, Neuralgías, etc., etc.
u
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DE VENTA en TODAS las DBOGUEBÍAS y BOTICAS.

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€1 tonflido Europto=-Utntzolano•
Crucero alemán que tom6 parte en el bombardeo de Puerto Cabello el 14 del corriente.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>~

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11
-11
11
-1:
tu ralezas débiles; se aleja de todo temor de esos terribles ma- 11
-11
son las dos armas principales con que el hombre les cereb1ales que matan ó agotan al Individuo basta el extre11
-u puede¿Cuáles
combatir ventajosamente contra la multitud de enemi-11 gos que le cercan y que se resuelven en dolor, enfermedad y mo de convertirlo en Idiota y en loco, y lo mismo el hombre 11
que la mujer, lo mismo el anciano que el niffo, concurren con 11
u muerte? LA SANGRE.Y LOS NERVIOS,
alegría y con vigor al trabajo universal de la naturaleza en su 11
-11
Una sangre pura y unos nervios sanos son la garantía más constante obra de reproducclófi de las especies.
11
-u segura de una larga vida, Con ellos, el organismo cumple norTambién mata, es cierto; pero mata cebándose sobre todo
-11 malmente sus interesantes tunctones fistelógtcas; el estómago, en los seres exoonuados por el abuso, por la enfermedad ó por 1111
-u ¡os intestinos, el bfgado, el corB1ón 1 los pulmones, etc., no es· la Indiferencia, porque
11
-u tiin expuestos A sufrir las mil afecciones que padecen en las na11
11
11
11
u
u

LOS MEJORES ELEMENTOS DE LUCHA

CONTRA
EL
DOLOR
Y
LA
ENFERMEDAD
..
-

-

LA INDIFERENCIA PARA CONSIGO MISMO

-11
-u
-11
-u
-u
-u
-u
-u
-u

ES EL PEOR ENEMIGO DE LA VIDA

El bombre que entregado al trabajo, ó después de abusos
temen1les ó de enfermedades agudas, siente d~er sus tuerzas
la mujer que se siente debilitada por la siempre dulce pero A
veces peligrosa labor de la maternidad y la lactancia; la joven
que al mirarse en el espejo ve palidecer y amarillear su antes
- rosado cutis, y sufre jaquecas !recuentes y perturbaciones en su
u
- menstruactón¡ el nttlo cuyo crecimiento se efectda dificllmen11
-11

-11

te y que camina A grandes pasos II la escro!ulosls, al raqultl1mo; todos en una palabra, los que pagan tributo al mal de la
época llamado
,, ANEMIA"

-uu
-11

"~

DE SAN GERIIIAN

-11

DEL DR. LATOUR BAUMETS

-11
-11

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-11

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11

une la de su sabor agradable, circunstancia que no hay en otros
Preparado que por su composición, en la que figuran tónimedicamentos cuya eficacia se ve casi siempre entorpecida por
cos, reconstituyentes y purlficantes tan poderosos como el
la repugnancia que Inspiran al las personas que deben tomarlos.
Se recomienda muy especialmente A todos aquello• padres
que noten que sus bljos están anémicos, que las jóvenes se ponen cloróticas y sufren padecimientos nerviosos, cat.rros y
bronquitis !recuentes, trastornos 'tntestlnales, palpitaciones
de corazón, insomnios, vértigos, dolores neurAJgicos, etc., dees la más recomendada para
bidos A la pobreza de nutrición y II la debilidad progresiva, reAliviar loe Dolores, l'urifioar la sangre,
sultado fatal de la falta de pureza y energia de la sangre y del
_Vlgortzar los nervios
agotamiento del sistema nervioso.
y Robustecer el organismo.
Entre los muchos males que cura radicalmente el

-u

-11u ACEITE DE HÍGADO DE BACALAO, LA COCA,

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1,

LA KOLA, EL ICTHIOL
Y LA ESTRICNINA,

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A estas cualidades reconocidas por los eminentes médlcJs

11 11IN0 DI SAN GB.RMAN,

-1111

-11

su uso es de resultados eficaces en

Abcesos escrofulosos, Afecciones nerviosas, Anemia, Falta de ap11tito, Cloroais, Convalescencia,
Depleuresías, Pulmonías, Tifo 6 fiebre tifoidea Dabilidai cln3titucional, E1 crófula, Florea bl&lt;1nca 3, Gan-

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DE VENTA en TODAS la.s DBOGUEBÍAS y BOTICAS

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-11 grena senil, Enfermedades de la cintura, Neuralgías, etc., etc.
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VINO DE SAN GERMAN,

que ban bacho uso de él, aplicándolo en multitud de en!ermos,

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Subscri pción mensu a l fo rá oea, $, áO
l d ero ldem. en la ca ••ILlll,,. l 2S

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y que son victimas de sua múltiples y dolorosas manl!eotaclo- 11
nes, recurran al uso del
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A~O IX.--TOMO 11.--NÚM. 23.
•lrcet..-s

MÉXICO, DICIEMBRE 7 DE 1902.

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VINO

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11

l"\UNDO ILUSTRADO

esoolar.-él'arejas del cfl(inué.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 7 de Diciembre de 1902.

El despilfarro de la energía.
La perfección de una máquina, como la ele
un aparato, no consiste tan sólo en que dé
productos acabados y bien acondicionados, sino también en que esté dispuesta en forma y
mo&lt;lo de economizar la fuerza que consume y
en acrecentar su rendimiento, en que el resultado se obtenga con el menor esfuerzo posible
y sea el mayor posible.
· Si para moler una carga de trigo se ha de
neceRitar el soplo del huracán en lae aspas &lt;lel
molino, si para arrastrar una carreta ha ele
emplearse el empuje de una locomotora, si
para levantar un fardo ha de exigirse la palanca de Arquímedes manejada por Encelado,
y si es Hércules el que ha de hacer silbar la
honda y lanzar la piedra de David, molino,
carreta, palanca y honda, resultan imperfectai,, defectuosas, torpes en su función y mezquinas en sus resultados.
Lo que pasa en los organismos inertes que
llamamos múquin::u,, se verifica igualmente en
las má&lt;¡uinas vivientes que llamamos organismos vegetales, animales y sociales. Emplear
robustas encinas para producir raquíticas bellotas, organizar y amontonar esqueletos monstruosos, musculaturas desmesuradas para llegará la inerte rnmnolencia del hipopótamo,
serían faltas imperdonables ei1 un mecanismo,
faltas en 1¡ue la naturaleza incurre con tanta
frecuencia. Por el contrario, la espiga cuyos
granos pesan más y son más nutritivos que la
cana en que maduran, el insecto que pesa miligrnmos y despliega fuerza y agilidad sorprendentes, son modelos acabados &lt;le la economía
en lit materia y en la fuerza con el máximo
rendimiento del aparato.
En el orden mental y moral ocurre lo mismo. Hay inteligencias que trabajan con exceso
y se fatigan con extremo para llegará concepcione~ insignificantes ó Yulgares, y en ocasio-

Domingo "/ de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUS'l'RADO

nes, pasiones volcánicas, con hervores de calderas, y resoplidos de fragua y conmociones
de volcán, se disipan en inconsistentes humaredas, en llamaradas de petate y en histéricas
convulsiones &lt;le terremoto.
En este orden &lt;le ideas, á cada paso tropezamos con mecanismos y maquinarias de una
horripilante ó de una desoladora imperfección.
Hay erudito que consume su actividau y su
vida en el estudio y en la investigación, que
amontona en volúmenes inacal.,ables sus ideas
y sus meditaciones, y que no llega jamús á
descubrir un hecho nuevo, ni á sentar una ley
natural, ni á explicar un fenómeno,ni á prever
un suceso, ni á plantear una regla ni á ericontrar una solución. Dialécticos conocemos que
pasan su vida razonando, polemizando, deliatiendo, que ensartan deducciones corno chaquiras, que hacen ramilletes vistosos de inducciones y que nada logran resolver, ni dirimir ni probar. La historia de la filo~ofía y
de la vieja ciencia, abundan f'n ejemplos &lt;le
esta clase de inteligencias que, como las múquinas primitivas, son enormes y desproporcionadas y meten un ruido y traen un traqueteo infernales para nada producir ni na&lt;la
rendir.
En el orden moral hay seres t.ambién imperfectos que gastan dosis formidables de ambición, de pasiones, de emociones, para no
salir jamás de la medianía y, en ocasioneio,
para sólo labrar su ruina y sembrarla alrededor suyo.
En lo que se llama el mundo &lt;le los negocios, abundan esta clase de tipos: financieros volcánicos, atestada la cabeza de proyectos
colosales, de empresas estupendas, creadores
de combinaciones que costarán uno y producirán mil, explotadores de negocios nuevos,
de cultivos exóticos, de industrias translunares, condenados á la camisa sórdida, al zapato
destalonado y á la miseria negra.
Hay poetas que arden solos, que se incen-

dian espontáneamente, que estallan al menor
choque y que, desrués de muchos paraísos artificiales v muchos infiernos naturales, dejan
en cafüla~l de obras completas una cuarteta de
álbum ó un soneto patriótico.
En punto á despilfarro de energía y á polireza y mala calidad de productos, nada es
comparable á los malhechores, como no sean
los viciosos. ¡Cuánto afán, cu{tnta labor, cuánta lucha, cuánto sufrimiento y cuánta humillación hay que pasar en la vi&lt;la cuando se
quiere vivir en el ocio y los placeres, y cunnto se tiene que padecer en la existencia para
darse la satisfacción de morir en el patíbulo!
Una anécdota á este propósito: Junto á un
labra&lt;lur cubierto aún del fecundo sudor del
trabajo, pasa un anacoreta. --Padre, le pregunta el campesino, ¿es verdad que ustedes van
siempre descalzos?-Sí, hijo mío.-¿Que no
usan camisa?-Sí, hijo mío.-¿Que duermen
en el suelo?- Sí, hijo mío.-¿Que comen ta11
sólo yerbas?-Sí, hijo mío.-¿Qne viven de
limo!,na?-Sí, hijo mío.-;,Que sufren toda
clase de humillaciones?-Sí, hijo mío.-¿Que
se condenan á no tener mujer ni hijos?--Sí,
hijo mío.-¡Cnántas penas y cuántos dolores
-agregó el labrador--sufren los hombres con
tal &lt;le no trabajar!
A los viciosos, á los laclrones y á los bandoleros les viene admirablemente el saco y puede decírseles lo que Juan Valjean á Montparnasse:-((Ah! quieres holgar? pues prepárate
para trabajar.-Ab! quieres gozar? pues prepárllte para sufriri,.
Toda la moral humana está condensada en
esas frases.

jlT/porfanfes j)rácficas j'liilifares

'i).,(

VOLADURA DE UN PUENTE

NA expeáeuda de ve,dmlem
importancia i;:e efectuó el domingo pasallo en los llanos de Anzu res. Nos referimos á la voladura
de un puente militar de caballetes, por medio
de cargas de dinamita.
Los alumnos del Colegio Militar, bajo la &lt;lirecci6n del capitán E-egundo de la Plana Mayor Facultativa de Artillería, Gabriel Terrés,
construyeron el puente, que me&lt;lía 30 metros
de longitud, 2 y medio &lt;le anchura y 3 y medio de elevación. Los trabajos duraron cuatro día1:1, y tanto la forma de los caballetes
como la del puente, se ajustaron en todo á las
reglamentarias del er¡uipaje de puentes militares del ejército francés.
En esta obra hicieron su práctica los alumnos del Colegio l\lilitar que en el presente año
cur:,aron la clase de Puentes y Aerostación;
y á fin de demostrar la solidez de la construcción y los servicios que ésta pudiera prestar á
un ejército en campaña, la Secretaria de Guerra dispuso que sobre ella pasaran cuatro secciones de caballería y una batería mínima.
Estas maniobras se efectuaron por la tarde,
en presencia del Sr. General D. Bernardo Reye!,, Secretario &lt;le Guerra y Marina, quien se
presentó en Anznres acompañado de su Est.:·
do Mayor y de los Generales Huer,a y V1llegas.
Así que hubo examinado el puente y dictado algunas disposiciones, el señor Ministro
ordenó que pasara sobre aquél la artillería de
campaña y después las cuatro secciones &lt;le caballería. Regresaron los dragones y, durante el
paso de éstos y de las bocas de fuego, se vió
que el puente permanecía innamovilile, co1\lo
cual quedó demostrada su buena construcc10n
y las facilidades que podría prestar.
El puente se construyó en la confluencia de
los ríos San Joaquín y de los Morales, cerca
de la calza.da de la Verónica.
'J'erminadas las maniobras militares, se procedi6 á. la voladura de la obra, por medio de
petardos provisionales. El ,Sr. T~niente Coronel D. Enrique Mondragon, Director de la
Escuela Nacional de Tiro, con el personal necesario de sus alumnos, fné el comisiona&lt;lo
por la Secretaría de Guerra para llevar á cabo
la voladura mencionada.
El sefior Minit;tro y sus acompañantes, ai;:í
como el numeroso público que :isistió
las
importantes experiencias, se al?Jaron a. un_a
respetable distancia del puente, a fin de evitar un accidente dei;:graciado durante la voladura.
.,
En seguida se procedió {~ la pre~a.rac10!1 e1e
petardos con pólvora Borhnete, é mme&lt;liatamente se colocaron las cargas en los caballetes del puente. La expectación públic~: ern
muy grande, pues todas lris personas allt pr&lt;'·

Jt

AUREA.
Son color de oro Yiejo tus ca.bellos,
Y como en tus dos ojos Re, reflejan, '
De tus pupilas en el fondo, dejan
De oro viejo el color que tienen ellos.

La boca que á besar Cloris me ofrece,
Frnto es de estío de dulzura lleno.
Que oculta entre su miel letal veneno.
Quien la llega á besar muerte padece.

Y áureos por eso son tus ojos bellos,
Y por su luz y su color semejan
nos S;)les en ocaso, que se alejan
Circundados &lt;le fúlgidos de.,tellos.

Y es una tentación; roja, parece
Temprana flor cuando desvuelve el seno;
Y mientras más el apetito enfreno,
Más el deseo de besarla crece.

Por eso áurea eres tú, y á tu cabeza,
Color de hoja otofial, esplendoroso
Nimbo, como un encaje, la circunda.

l\Ias ¿qué mucho morir, si siempre vela
La Muerte tras nosotros en acecho
Y por llevarnos á su reino anhela?

Aurea se mira 11sí Naturaleza
Cuando del sol un rayo luminoso
De grana y oro el horizonte inunda.

Nadie ávida inmortal tuvo derecho.
Pues &lt;lame un beso, Cloris; de esta suerte
Como él tan dulce me será la muerte.
·

sentes aguardaban con ansia el momento de
la e~plosión. Generalmente se creía &lt;¡ne al inflamar,:e los petardos no quedarían ni restos

ele! puente, pero tales suposiciones_ er3:n_ exageradas, pues sólo se_ trataba &lt;le rnut1lizarlo
para el paso de la artillería.

El puente, antes de la voladura.

�EL MUNDO ILUSTRA no

Domingo 7 de' Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

/

La voladura del puente.

Por fin se vió que del suelo se leYantaba
una gran columna de humo y tiena, é instantes después se escuchó una fortísima det.ona&lt;:ión. Una serie de explosiones sucedió á la anterior; y así que todos los petardos produjeron
sus efectos, el señor Ministro se dirigió al

)

«...... Todos, como te he dicho, estamos
bien; sólo la pobre Felicitas parece encontrarse peor que otras veces, y el doctor teme que,
con la llegada del inYierno, no pueda vivir
muchos días. Creo que, viéndote, la infeliz
sentiría un gran consuelo."
Este era el párrafo final de la carta que una
de mis hermanas me dirigía, para informarme
de las nuevas de casa, durante mi pasajera
ausencia. Y Felícitas, de quien aquellas líneas
hablaban tan poco satisfactoriamente, era la
buena, la serYicial, la siempre adicta criada
que años tras años había servido incondicionalmente á la familia.
Mis hermanos y yo casi habíamos per&lt;lid0
la noción exacta del tiempo de sus servicios.
Al abrir yo los ojos á la vida, la había encontrado ya en la casa; su recuerdo estaba ligado
á todos los de mi niíiez. Mis hermanos mayo- ·
res sí guardaban memoria de su ingreso: una
vez en que faltaba una sirvienta, presentóse

lugar donde se levantó el puente para ver el
estado en que éste se encontraba.
Los resultados de la experiencia fueron satisfactorios, pues la construcción quedó inutilizada por completo, en pocos minutos.
Las experiencias se repitieron el jueves.

cierta mujer ya entrada en edad, en compañía
de una joven, casi una niña, demandando trabajo para esta última, de quien era tía y única
parienta. Y en la casa fué recibida la muchacha. no sin algunas vacilaciones previas de
parte de mis ascendientes, que atados aún á
viejas preocupaciones, preferían para su servidumbre personas de madura edad y cuya
conducta no exigiese la vigilancia y el continuo sobresalto en que viven las buenas madres de familia que tienen mujeres jóvenes (1
su servicio.
Admitida al cabo la joven, retiróse la tía, no
olvidándose de hacer todo género de recomendaciones respecto á su sobrina. Desde su acomodo, la fámula había obtenido permiso para
salir dos veces al mes, por la tarde, y de esta
licencia aprovechál.,ase siempre que la tía vi~iese por ella; pues entre las recomendaciones
más importantes de la vieja, se contaba la de
no permitirá la muchacha pisar la calle sin
la compañía de su &lt;CÚn,ica" parienta. Sin embargo, muchas ocasiones se daban en que la
recamarera no hacía uso del permiso durante
dos quincenas, por ausencia de Sil tía; pero al
término de este plazo, que coincidía con el pago del ,,mes,» la vieja Ha lograba robar un momento á sus quehaceres, para acudir en busca
de su sobrina y proporcionarla algunas horas
Je libertad. l\fas á la quincena siguiente, fácil
era asegurar que la buena Felícitas se quedaría sentada en la azotehuela, inútilmente entretejido en la trenza el lazo de listón azul, inútilmente sacados del baúl el rebozo «coyote»

y la enagua de holanes, inútilmente en espera
de la tía, á quien sus quehaceres impedían
preRentarse á menudo.
Y el carácter de la criada era incapnz de rebelarse ante estas contrariedades. Cuando la
tarde del domingo, esperada con tanto anhelo,
agonizaba antes de que la única parienta hubiese aparecido, la recamarera, un poco más
triste tal vez, pero sin proferir una queja, volvía á doblar cuidadosamente el rebow ,,coyote», cambiaba la euagua recién planchada por
la de trabajo, y per.etraba M- las habitaciones
á reanudar la diaria tarea, á encender las lámparas, á preparar las camas ó entrecerrar las
maderas de 10s balcone8.
Su espíritu era de una completa pasividad,
producto tal vez de algunas generacioneR de
antepaRados nacidos y muertos en la ei::clavitud del trabajo miserablemente remunerado,
en la existencia del pobrf' indígena de los campos, sometido á todas las brutalidades del
amo y sin recibir de él más que el puñado de
maíz para su sustento y el pedazo de burda
tela para su abrigo.
Llegó vez en que la tía no apareció por In
casa durante mucho tiempo, y, alarmada la
sirvienta. manifer--tó sus zozobras á los amos.
Mi padré escribió á la primera autoridilcl del
pueblo en que moraba la vieja, pidiendo informes acerca de ella, pero éstos no fueron
nada satisfactorios: se ignoraba ta111bién allí
su paradero.
IJesde entonces se conceptuó á Fclícitas corno privada en ab¡:;oluto de allegados, y, con
el tiemvo, fué vista por todos como una hija
adoptiva de la familia. La muchacha lloró
sinceramente la desaparición de aquella mujer, que había sido, á pesar de todo, su más
vivo afecto; pero resignóse al cabo y terminó
por hallar el lenitivo de su pena en el calor de
aquel hogar al cual sentíase ya ligada por
fuertes vínculos de cariñoso reconocimiP.nto.
Su situación mejoró un tanto;~ repetidas instancias de mi padre, que amaba la libertad
de todos, permitíase á Felícitas ,:alir en compañía de las demás sirvientas, cuya conducta
uada hacía sospechar, y algunas veces también encargábasela de acompaí'iar en su paseo
á mis hermanos mayores, nilios aún.
Pero después de cierto tiempo, aconteció
algo que vino á desconcertar la pacífica existencia de aquella infortunada criatura. Una
noche en que mi padre entraba al comedor,
después de haber pasado la mayor parte del
día en su bufete, insta lado en uno de los edi-

.licios más importantes de la ciudad, fué recibido fríamente por mi madre, que había acabado de cenar, hacía ya buen rato. Estas situaciones de espíritu no eran raras en ella,
que tomaba á pechos, muy á menudo, verdaderas nimiedades, cosa que mi padre no ignoTaba. Sentóse, pues, á la mesa, dando principio á las viandas que diligentemente había
traído Felícitas, espemnclo en calma á que mi
madre se desahogara de la agitación que la
poseía.
Cuando el último plato estuvo en la mesa,
Felicitas fué despedida c&lt;·n un «vete á cenar;
ya te llamaré,» pronunciado secamente por mi
madre, y quedaron en el comedor mi padre,
mi madre y mis rlos hermano¡:; mayores.
-Harías bien-prorrumpió al fin mi madre-en no volver á enviarnos á Julián, bajo
ningún pretexto.
J ulián era el criado del bufete de mi padre;
un mocetón de veinte años, con cierto aire de
bestia, brusco ea palabras y movimientos y
con algo de taimado en su actitud.
-Por qué?-preguntó mi patlre-lla cometido alguna falta? Rompió algo?
En pocas palabras fué explicado el motivo:
había llegado por la mañana, conduciendo
-ciertos objetos de que mi padre le hiciera en,eargo; todo estaba perfectamente, y se le
había despedido en seguida; pero aquel idiota, en vez de alejarse, se había detenido en un
rincón del patio, detrás de la escalera, en donde platicaba sigilosamente con Felícitas cuando mi madre les sorprendió. No cabía la menor duela; P-1 criado y la recamaren~ se entendían; dijéralo si no aquella turbación con que
la muchacha subió á reanudar sus labores del
día.
Mi padre tuvo una sonrisa de benevolencia.
Y eso qué'? Si se querían, podrían casarse.
Ella era una magnífica mujer, digna ele buena
suerte; él, aunque no de lo mejor, pues tenía
el defecto de rehuír el trabajo á la menor ocasión, no había dado motivos para que se le
expulsara. En fin, acaso podrían ser felices ...
Pero mi madre no opinaba del mismo modo. Feliz la muchacha uniéndose con aquel
taimado que á la mejor la plantaría en la calle? Qué mayor felicidad podría ambicionar
-que la de vi\'ir siempre en aquella casa en
-donde era objeto de consideraciones que acaso
no había soñado siquiera? Iba á sacrificar sus

ella misma había experimentado en su juventud, antes de conocer á aquel á quien había
rendido el alma; ese llamado inolvidable del
amor que golpea en nuestro corazón a1iunciando un mundo nuevo, lleno de deleites y de
ternuras infinitas, generador de alientos, fuente de energías para recorrer hasta el fin el agrio
sendero de la vida, y manantial Ragrado ele
plegarias á la buena, á la fuerte, á la bendita
y omnipotente madre Naturaleza.
Accedió al cabo mi padre, el criado no volvió á
la casa, y mi madre extremó su vigilancia sobre
la infortunada recamarera.
Felícitas, por su parte,
no tuvo una sola queja
para quienes así la prirnban de un afecto en que
ella había tal vez em peñado el alma entera; sometióse á la voluntad de
aquellos que seguramente tendríaü razo!'es de
gran peso para obrar así,
y ahogó en su corazón
aquel amor naciente fr
través del cual cteyó haber adivinado infinitos
espacios llenos de luz y
d_e maravillosas concepC1one,;.
Por aquel tiempo vine
yo al mundo. Difícil hubiera sido asegurar si los
brazos de mi madre mecían mi sueño más amorosamente que los de Felícitas. Desde los primeros días de mi existencia,
jamás escaRearon para mí
las atenciones y los desvelos. Cuando mi madre abandonó el lecho,
y, aprovechando los momentos en que el sueño me hacía suyo, íbase á vigilar las labores
de la casa, repetidas Yeces, á su regre;:;o, sorprendía á Felicitas cerca de mi cuna, meciéndome suavemente, contemplúndome en
éxtasis: una viva turuación se apoderaba de
ella, balbucía alguna frase ininteligible ~, se
alejaba en i,eguida á reanudar su trabajo abandonado por un momento.
Insensiblemente llegó ú ser ella la encargada de mi cuidado. Por la mañana, apenas
despertaba yo, Felícitas venía á buscarme,
abrigábame con la mayor solicitud, levantábame &lt;le la cuna en que había pasado la noche, y, cubriéndome de caricias, estrechábame contra su corazón, con un amor muy vivo
que no puclo pasar mucho tiempo ignorado
para mis padres. Horas y horas pasaba contemplándome con una mirada vaga en que
palpitaban todo!' los e·,sueños de su ser. Tal
vez mi presencia había despertado en ella el
sagrado instinto que es la vida de la huma1iidad, y ausente del afecto que florece y esparce su polen para fecundar incesantemente los
campos de la exi;:;tencia, soñaba en que yo era
el fruto ele aquel amor que había cruzado un
día cerca ele ella, acariciándola. fugitivam311te
con la dorada punta de sus alas; acaso experimentaba la doloro-,a angustia de no ser ella
quien ncercaría á mis la.bio3 el alm(bar de la
vida, haciéndome sano-re de su san 0-re, flora., el
o
cwn e todts su~ enel'6 ias, form'l p.ilpable de
todos su~ en&lt;;uelio3.
Después de m[, otros h ermanos vrn1eron,
pero ninguno logró alcJ.nzar aquel c:1rif!o tan
grande, tan vehemente, tan desinteresado,
que Felícitas abrigara hacia mí. Y yo tamuién
llegué á nutrir mi alnn ele niño con a1¡nel
afecto; á ella, m í.s que á mi mJ.dre, a cadía en
todas mis querellas, seguro de encontrar m1.yor benevolencia en su acogid:1; cun.ndo era
objeto de ca&lt;;tigo de parte de mis mayore.,, corría en po3 de Felicitas, las lágrim i.s en lo.,
ojos, repleta de sollozo., la g,u-ganta,y á la voz
de mis queja, también el llanto asom:i.ba á SLB
párpados, y m3 estrnchab:i nervio3:1m ,nte contra su pecho, en un transporte sentimental ele
a4. u ella alm.i c.'.mdid1, de aquella alm, inganua y transparente com:&gt; el agu:i. que corre so0

comodidadf's para seguir ú un h om 1&gt;re que la
engañaría desde el día siguiente, que la engañaba ya, abusando de la inocencia de sus po•
cos años? :N"o, y cien veces no!
Protestaba ciegamente contra el atentado,
celosa tal vez de aquel que ,·enía ú arrebatarle
algo que ya mi madre conceptuaba como suyo,
dominada por cierto prejuicio contra el hombre vulgar é inculto, el hombre del pueblo,
seductor de infelices obrera~, ebrio consuetudinario, incapaz del menor sentimiento de nobleza. 01 vi&lt;laba, en su arrebato de mujer decorosa y un tanto cuanto rígida, creyendo
obrar con la mayor justicia, olvidaba el imperio absoluto de ésa necesidad d e afecto que

Domingo 7 de Diciembre de 1902.
bre ]P.cho de rocnc;, retratanrlo en sus cristales
la infantil angustia que me oprimía.

···Y ~Í;~r~.. -~q;~¡¡¡· -~;;.t,~ -~~-¡~-~~~¡~¡;~··¡~~¿:
nicarnerite' el probable fin cercano de la mujer
que más me había querido en el mundo, _á
travé;, de treinta años de prueba. El sentimiento ele un deber, asociado al amor que
abrigaba para aquella mártir silenciosa de un
error involuntario, impuls6me á acelerar mi

rc6 res,&gt;, y en tanto que é,;te se realizaba, contesté la carta en cuestión, ma1üfestando que
pronto estaría de vuelta en el paterno hogar.
AguaL"dé, pues, impacientemente, los tres
días que aún debía permanecer alejado de la
familia; tenía yo algunos pequeños asuntos
por ultimar, y además, la víspera del día fijado para mi partida, fuí. invitado por uno de
mis buenos amigos de la localidad, para asistir á una cena de confianza con 4ue deseaba
obsequiarme antes de despedirse de mí.
1\lás de la media noche sería cuando abandoné la casa de mi amigo, en donde la buena
mesa, la música y la conversación de las mujeres hermosas me habían proporcionado deliciosos momentos. Llegué al hotel en que me
hallaba alojado, mi equipaje estaba casi hecho;
dejé para el &lt;lía siguiente su terminación y
me metí en el lecho, acariciado aún por el recuerdo de las breves homs precedentes.
Pero cuando volví á abrir los ojos, asombróme el ver que mi cua.rto se encontraba lleno de luz, y salté apresuradamente. El reloj
per;:;uaclióme de que, por desgracia, la hora de
partida había pasado ya. Me había dormido
como un podenco.
Tuve, pues, que resignarme á esperar urt
dia aún; pensé que sería oportuno aprovecharlo correspondiendo al obsequio de que era
deudor, y dirigí una esquela á mi amigo, invitfodole, en unión de su familia, á aceptar
el almuerzo con c¡ue de,,eaba m'l.t'.llfestar mi
reconocimiento. Elegí el almuerzo, temero,o
tal vez de que pudiera acontecerme nuevamente lo que no cesab:1 de lamentar, y en las
primeras horas d e la noche regresé al hotel,
dirigiéndome á la administración en busca ele
un criado á quien recom,mdar la hora fija en
que debía &lt;le:3pertarme.
Y al día siguiente, cutndo el criarlo 11am '&gt; á
mi puerta, puso en mi~ m 1.1103 un m :ms.1,je recibido la noche anterior. El mensaje clecia:
«E-,perábamo.'! tu llegad.a hoy, segút1 avi~o.
Felicitas ac.1.b1, de tn..Hir; expiró pronunciando tu nombre."
L1. n oticia m3 dejó helado. L:&gt; senti mac'11,
verdaderameute.
A.

Tacubaya.

G:&gt;NZALEZ CARRASCO.

�Domingo "/ de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO JT.,tTSTRc\1r,.

Obras en los }'uerfos-

PÓRTICO.

El nuevo NJuelle de Jampko.
L ensanche cada día
más rápido de nuestras redes ferrocarrileras, y el desarrollo
que al amparo de un
gobierno estable y
previsor adquieren las
relacioi.es comerciales de nuestro país
con las naciones extranjera:;;, hacía inclispensa ble la implantación en los puertos de
las costas mexicanas, ele todas aquellas mejoras directamente encaminadas, tanto á proporcionar á los buques las facilidades necesarias para la carga y descarga, protegiéndoles
contra las fuertes avenidas y los \·ientos, como
á lograr hacer de aquellos puntos insalubres y
mortíferos, en su mayor parte, lugares perfectamente saneados y habitables.
Así, vimos inaugurar, con grandes demostraciones de regocijo, las colosales obras de
Veracruz, que tan elogiadas han siclo, no sólo
en México, sino en el extranjero; y vemos que
en :Manzanillo se llevan á cabo en la actuali-

mús tiempo. El vapor «Cromtll'ty,» ele la c&lt;Cnban 8. R Linr,» fué el primero en atracar, i::iguiéndole el «Copella,» ele la &lt;cHúrrison,i&gt; y el
«Syrin,» de la «Hamburg Amrrican Line.»
~o ob~tante qne, como decimof-l, la inau-

Domingo "/ de Diciembre de 1902.

Quiero labrar un cáliz peregrino
para enterrar mis sueños de belleza,
cuando de mí ¡;e aleje la tristeza
a~perjando de flores el camino.

guración no tuvo el carácter de una fiesta, el
muelle se Yió muy cnncurrido. A las siete de
la mañana, hora en que atracó el «Cromarty,i►
había en la playa muchas perf:onas.
que esperaban el arribo del barco.

Hoy que comprendo que en mi ser empieza
la noche del amor, quiera el destino
que tallar pueda un cáliz peregrino
para enterrar mis sueños de belleza.
Y al ver la imagen de Yola2.da impresa
en mi espíritu, imploro del destino
( cuando de mí se aleje la tristeza)
que tallar pueda un cáliz peregrino
para enterrar mis sueños de belleza!
R. l\I. RUBIO.

COPO DE NIEVE.

m

Colombina llora,
Colombina ríe,
Colombina quiere
morir y no sabe
por qué ...

cobertizo.

r=-- - -- - - - - - - - , - - - - -- - - - - - - -,

Pierrot, todo blanco,
de hinojos la implora,
la besa y le pide
perdón, y no sabe
de qué...
La luna sonríe,
la señora luna ...
Y nadie ha sabido,
ni sabrá ni sabe
por qué ...

Yista desde el Rfo Pánuco.

El aspecto que presentaba el muelle con los
tres grandts vapores efectuando sus maniobras de deEcarga, fué de lo más sugestivo. En
una de las fotografías que publicamos, puedeverse con qué facifülad se lleYan á cabo esas
maniobras. Dentro del «tinglaclo» están lo~
carros del Central Mexicano, correspondiendo
el piso de los furgones al nivel de la parte del
muelle destinada á la línea ferrocarrilera. A
un lado queda el soberbio edificio aduanal,
recientemente inaugurado, con sus espaciosos
almacenes y oficinas, que alumbra una dota
ción, propia, de luz eléctrica.
La construcción del muelle es de lo mejorque se conoce, y los materiales de que se compone lo ponen á cubierto, tanto de la acción
destructora de las olaR, como de los incendios
En cuanto á su capacidad, se considera más
que suficiente para el tráfico ordinario.
Por demás está decir que con esta mejora.

MANuEL MACHADO.

VIDA NUEVA.
El "Syria" y el "Cromarty.''

PENSAMIENTOS.

el c~mercio resulta altamente beneficiado, y
que Tampico alcanzará muy pronto el más
alto grado de prosperidad, pues terminados
1os trabajos de la nueva línea que el Central
ba comenzado á construir entre México y aquel
punto, su comunicación con el centro del país
·será más fácil y más rápida.

***
Las desgracias no c~ni°pri&gt;ndid:lS
son las más
terrible!:'.-1\11110. E. Girardín.

***

La astucia no pueJe durar largo tirmpo
contra la sinceridad.-1Ime. ]IJontmarsón.

Cuando se corre tras del talento, se atrapa
la tontería. -1\Ime. Deshoulieres.

***

Las fotografías del muelle que aparecen en
nuestras columnas, nos fueron galantemente
-facilitadas pc,r el señor J. Ibáñez Del hom, fotógrafo muy aYentajado de Tampico.

*
*'*
El más grande arte 'de nn hombre hábil
consiste en ocultar su habilidad. - :\lile. de
Lespinasse.

Rindan otros insano vm,allaje
al prócer que en el auge resplandece,
y extremen la lisonja que envilece
y consientan la befa y el ultraje.
Bridón sin ligaduras ni rendaje
que en los vírgenes bosques aparece
quiere ser mi opinión,que se envanece
de su impulso libérrimo y salvaje.
Con mezcla de Cirano y de Quijote
anhelo conseguir que nunca brote
la servil alabanza de m is labios;
y he de cambiar desprecios por desprecios
y be de odiar el elogio de los necios
'
y he de amar la censura de los sabios.

HOJA DE ÁLBUM.
El muelle visto por el lado Este.

Grabar debieran el Amor y el Arte
en pentélico mármol tu hermosura;
el Arte, cual espléndida escultura,
y Amor, cual Pigmalión, para adorarte.

dad trabajos muy importantes. En Salina Cruz
y Coatzacoalcos se han emprendido también
obras de cuya utilidad se esperá, con razón,
una suma de bienes incalculables.
Por lo que toca al puerto ae Tampico, uno
de los más notables en el día por lo activo de
su comercio, tenemos que agregar á las notas
que con relación á sus progresos ha dado ya
nuestro semanario, lo referent.e al magnifico
muelle de acero construído para reemplazar
al de madera que allí existía y que fué, no
hace mucho, destruído. por un terrible incendio.
La inauguración del muelle mencionado se
efectuó el veinte de noviembre último, sin
pompa alguna, debido á que las exigencias
del tráfico no permitían que se retardara por

Y yo quisiera el pedestal labrarte
-donde serena, y arrogante y pura,
prodigio de estatuaria, tu figura
-se irguiera, como he!énico estandarte.
¡Quimérica ilnr,ión! Ilechos pedazos
&lt;le! cruel destino por los férreos brazos,
rodaron entre el polvo mis cinceles,

y dejo que cantando sus amores
se acerquen á t.u altar los trovadores
á conquistar olímpi&lt;.:os laureles!

.

FRAXCISCO lzÁB.\L lRIARTE.

Los vapores en el muelle.

El "Capella"' atracando en el muelle.

Ruü:-r A. U.BANO.

�Domingo 7 ~ Diciembre de 1902.

EL MUXDO ILUSTRADO

~L :MUNDO ILUSTRADO

sentaba u~ magnífieo a~perto: bF&lt; prqucñnelas
que lo binlaron, luciemlo la em)'olrnda cnl•ellera: ~l justillo y la falda. corta, se Yeían bermos1s1mas.

~a c!iesfa escolar

En suma, el festival constiluve un verdadero triunfo, tanto para su infatigable organizador, eomo l ara los niño~ q11e ('11 (1 torna rn11

BRILLANTE ÉXITO.
los. Recorren entonces las niñas el foro, y á
sa lecci6n aprendida «de bulto,» si cabe la
una indicación de su directora de juego, se
Pocas veces, sin duda, se habrá efectuado
frase, fué de lo más llamativo: las niñas que
detienen para pronunciar :el nombre de-una
en México una fiesta tan simpática y conmo•
en él tomaron parte hicieron derroche de grade las constelaciones. Laj1ue acierta, pas(á
vedara como la que el martes por la tarde se
cia. Se supone que al salir de la clase las pedesempeñar el papel ;de la Tierra, y el Sol le
verific6 en el teatro Arbeu, con asistencia del
queñuelas, tratan de divertirse: Julia Mons,
designa á la Luna como su inseparable satéliSr. Presidente de la República, de altos funque fué la que dirigi6 el juego, escoge entre
te. La Luna gira después al derredor del placionarios de la administración y de numero!'11"' eompañeraf", para qus represente rl sol, á
neta, siguiéndola en
sas familias de la mejor socied,Hl.
un vals que baila con
Nos referimos al fesdesenvoltura y correctival organizado por el
ción.
Sr. Director deinstrucNo fueron éstos los
ci6n Primaria, Iog.
únicos
números del
Miguel F. Martínez, y
programa
que desperen el cual tomaron partaron
el
interés
de la
te los niños de las esconcurrencia;
el
c,Hocuelas oficiales. :2:~--'
menaje
á
la
Ciencia»
La celebraci6n de un
fué un cuadro verdaacto de esta naturalederamente hermoso, y
za es más significativa
que nos abstenemos de
de lo que á primera visdescribir, tanto porque
ta parece: es laconfirccEl Imparcial» lo hizo
maci6n plena, la prue •
ya pormenorizadamehba concluyeute ~de ""G
te, como por la falta de
mucho que ha hecho-;!
espacio. La recitaci6n
Gobierno en beneficio
del poema de Rafael
de la educaci6n del
Obligado, c,i3antos Verueblo, esforzándose
ga, el Payador,» hepor implantar en el
cha por los alumnos de
país los modernos sisla Escuela número 4, y
temas de enseña11za.
el «Himno á la EscueLa fiesta escolar conla,» cantado por ciento
firma nuestra opinión:
Almonte y dos jefes insurgentes dando órdenes antes de la defensa del fuerte de San Diego.
diez niños é igual núel simulacro de defensa
mero
de
niñas,
merecieron
asimismo de parte
de San Diego por los
la más guapa, y separa á las otras en grupos
de la concurrencia muchos aplausos.
insurgentes (19 de febrero de 1812), durante
que representan las constelaciones del ZodíaDebemos también hacer menci6n de los
el sitio de Cuautla que hizo inmortal el nomco, designando á cada una de las niñas como
ejercicios
militares, que resultaron muy visbre de Morelos, es, al par que una· lecci6n de
una estrella.
historia patria, que no olvidarán nunca los
tosos, ejecutados por un grupo de 60 niños,
Una vez qmi pueden distinguirse las c&lt;estreniños, una bella lecci6n de civismo, que deja
y de la c,gimnasia estética,» en que demostrallas» por sus nombres impresos sobre bandas
en sus almas recuerdos imborrables y muy
ron sus habilidades niñas vestidas de negro y
que les coloca sobre el pecho, designa á las
rr jo. En cuanto al «minné,» el e1-cenario pregratos.
que, con los ojos wndadoF&lt;, deben adivinar
El Juego de la CoFmogrnfín, otrn herma-

Domingo 7 de Di..:iem 1 re de hlJ

MINIATURAS.
Unga la mujer totlo
el bien que le sea pnsililc; ame y socorra {1
los menesterosos;y por
Lle~graciada que sea su
vida, ~i PmprP trrnlr:'t

.,
)

Las tres principales figuras en los ejercl ,vs de Gimnasia J•:stétlcn.

en sus 1·ecnercloG un
pedazo de cielo azul,
un horizonte sereno,
adonde volver sus fatigados ojos.
** *
El mundo, es ver-

recrea con su celestial aroma 6. la f.ociedad',
encubriendo los defectos de quien la posee.

dad, rinde vasallaje á
la opulencia; pero s6lo rinde culto á la virtud: aplamle los talentos brillantes, el fans ·
to, t~do aq~ello, en fin, que des'.umbra; pero
al mismo tiempo trata de empañar esos talentos con los tiros de la eñYidia.
'Cnicamente ama y estima verdaderamente
á la modestia, porque la modestia es la bar-e
de muchas.virtudes; y,semejante á una perfumacla diadema que adorna una cabeza herid:i,

La s9ledad tiene sobre el alma una pod~rosa influenci_a; ella la cm peq ncñece (, agranda.
-"\ftn". f'nnrinl'll.

\

Moreios, los hermanos Galeana y el abandernti'o en el cuadro
to de Calleja lí. la plaza de Cuautla.•·

parte. Deseosos nosotros de consignar esta
nota altamente simpática, puh!iP-amos en este
número algunas fotografías que nuestros lectores, estamos seguros, verán con gusto.

***

En nuestro pr6ximo número completa.remos la informaci6n relativa al festival con
gra.haclos muv intere!'antes.

dramJítico,

"Asa!-

El egoísmo y el orgullo son casi i II evi ta.blet
en el ser que no ha comagrado su vida á un
objeto superior á él.-Mme. Kécker.

***

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Dos parejas de l m·n::'
RI Sol, la Tierra y la Luna, en el juego de la Cosmografla.
$agarra y Rul frente al parapeto de los ln~mgentrs.

::\Ioreno, en el

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'Ilomec:1je .=i la Cienc-la."

�Domingo 7 de Diciembre de 1902.

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EL UUXDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

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EL turíbulo ai·dieote subía el incieoso, tt·emolaudo y extendiendo sus nfrea.s muselinas; resonaba la bacina al golpe repetido de las monedas de cobre; las
pequeñas flamas aleteantes de
las lá1Dparas v(&gt;tivas parecían mariposas de luz
que se ahogaban, y Flntt·e el abigarrado tropel
de gente devota, salimos del templo apretujados,
juntos, muy juntos y alegres, quizá porque fui mos á rngar por nuestro amor, que presentía metamorfosis en la auseocia. Cerca de la última
hornacioa. nerviosa.mente me santiguó, y tembloroso y mudo, ¡con qué uoción besé la. cruz que
formaba su manecita. blanca como un lirio, como
una ala pequeña de paloma, ó como uoa marmórea. benditera. l!":u el ábside sonoro los postreros
cantares resonaban aún!
¡Oh, cmío cierto es que los recuerdos son las
rugosidades del alma, que semejantes á las de los
peñascos, oecesitau, p1tra borrarse, años de estar
en pugna coa las aguas del tiempo!
Yaen la.calle, seguimos la.calzada que conduce á las afueras de la ciudad. Por el cielo escampado pasó un vuelo fugaz de golondrinas. ¿A
dónde irán, me preguntó dulcemente, mientras
yo contemplaba sus diminutas orejas como conchuelas de nácar; su boca, que me recordaba las
fresas que la madurez empurpuró, y su rostro,
tatuado por el sol r esplandeciente, que d ibujaba
sobre él las móviles ramas de los sauces, tatuaje fantástico en forma de plumas, palmas é insectos.
Sin respondet· á su pregunta, susun é á su oído
esta estrofa de una antigua canción: «Ea silencio se mezclaban cual perfumes, -y en silencio se
mezclaban como soplos,-y en silencio se fundían
como lágrimas-nuestras almas en un beso silencioso.&gt;
El anoyo gorgoriteaba en el hueco labrado
por sus ímpetus, semejante á un eoorme hocico
que hacía gárgaras imposibles. Un hombt·e canoso sonrió al vet·nos, y con voz hiposa é intermitente, coa secuencia del paso tot·pe de su cabalgadura, nos dió los buenos oías.
-Oye, dijo Taide, mi corazón ha sido tuyo,
pero temo que este año al terminat· tus estudios
de pintor, el triunfo, la lisonja, la frecuencia de
círculos elegantes, todo haga que te olvides de
mí. .. ¡recuerda he crecido á tu sombra para ti!...
Su voz se fué extinguiendo como el trino del
ave que se interna en un bosque; cubri6seelrosko con las manos, y sus lágrimas corrían como
cristalinas arañas á esconde1·s.: entre los encajes
de su gola.
El a1·royo seguía locamente carcajeácdose;
he1·vía, salpicaba las flores de la orilla, y en sus
pequeñas caídas agitaba su espuma como una
erunarañada madeja de hilo; algunas raíce:s redondas, como miembros anquilosado::s, fingían
lavarse eu la co1·riente pura, en titnto que á nuestro paso los álamos de co1·teza manchada cual si
estuvieran envueltos en pieles de peces pintos,
movían sus hojas como monedas de plata.
-Calla, dije á Taide ; si obtengo triunfos, será
por tu amor. Inocula1· en mi espíritu un cariño
y poder sentir sus liebres, sus dolores íntimos,
sus estremecimientos, sus dudas; tener mi pensamiento clavado en ot1·a alma, como la ma1·iposa
en el cáliz de la ilor; eso queda: ¿no se han cumplido mis deseos·! Guardaba temuras infinitas,
multiplicándose apiñaaas, esperando como la
mazo1 ca de maíz heredad fecunda para de:.gra-

narse y florecer. ;.No be aumentado mis sinsabores con el único fin de que seas mía? Too ta! ....
Anduvimos en silencio. Nuestros corazones, al
hablar así, se consolaban momentáneamente, pero temblaban por algo lejano, vago é impreciso
que llegaría; temblaban como las alondras en
sus nidos, adivinando que á la madrugada el
rocío ele la aurora bordaría. con chaquiras su
plumaje esponjado. Teníamos la seguridad de
que el porvenir- si nos hubiéramos equivocado!
-escondía. para nosotros un precipicio un obstáculo -á cuyos bo1·des áridos tenddamo; que despedirnos.
Y era \"erdad lo que decía á Taide. Antes de
conocerla me atara;rnba el fastidio, y en mis fu.
gaces momentos de nerviosidad, ansiaba, no un
amor sosegado, sino impetuoso, turbulento que
rasgara el velo de mi tristeza, que me cubrü~ como polvorosa telaraña; que luchara por quebrantar mi voluntad, me hiciera caer de capricho en capricho, y ser, en fio, igual {t la flor que
el torrente buode, sostiene 1'L .flote, y despedaza
besándola siempre. l\Ie sentía capaz de amar con
la vehemencia de un león, y podía también pasar
horas eoteras junto á mi amada, con la delicadeza y curiosidad de un niño que observa sucederse con rapidez los colores fugitivos en las
burbujas de jabóu. En ella eucoatré todo.
La úuica familia de Taide se componía de una
vieja tía, propietaria de una finca contigua á la
de mi madre. La tía Paz, así la decíamos, á pesar de su 1·ostro ma1·chito, trnscendía á elegancia y hermosura, tal cual las flores guardadas
durante mucho tiempo ea un libro exhalan un
iwoma muy leve. fogenuamente devota, empleaba sus ocios en la confección de afiligranados
sobrepellices, que r egalaba {t los curas humildes
de las pai·roquias cercanas, y en devanar con
sus maravillosas manos débiles, seda pa1·a síngulos que tenían el mismo destino. Para estas
uos mujeres buenas, mi madre y la tia Paz, la
alegría estaba en nosotros y la tomaban de nuestros semblantes. BaJo su custodia y á su calor
nació nuestro cal'iño, sencillo como las tapice~
l'Ías que el musgo tiende en las calladas, a1·1·0Jla
á los árboles y teje enlascicatrices &lt;lelas rocas.
-Deotro de una hora frás muy lejos, dijo Taide apoyaodo eu mi bomb1·0 su cabeza. ¿Pensarás en mí":' De pronto, deteniéndose, exclamó con
su som·isa luminosa: -¡Qué tontas somos nosotras! ¿Sabes en qué venia pensando:'¡ Figúr..te
una. bobería! Pensaba: &lt;Hubén no de be frse, m¿
quedo sola, puedo morirme quizá y no le volveré á ver!&gt; ....
Se calló brnscamente, como si su pensamiento
hubiera hallado en su camino un obstáculo, como las tórtolas que refrena.u el vuelo cuando el
azor apenas se dibuja en el hol'izonte.
-¿En qué miís pensabas':' insistí yo.
-En muchas cosas que no quiero ni debo decirte, me contestó lloraucto; ¡soy una loca.! ....
::;us palabras llegaban á rn1 01do vagas y confusas como el susu1T0 lle una selva. ::;u vestido
ondulaba movido por el iü1·e; oprimía su busto
un corpil1o ligern, y entre las vapornsas blondas negras de las mangas, sus manos semejaban
copos ue nieve pendientes de ramas de ciprés.
- No llores! exclamé con los ojos erupañu.dos
tamoién poi· el llanto; óyeme. i Ah, uo sabré nunca qué augustias clestlorai·on e n ese momento los
cristales ue su alma! Sabes, continue, que nunca
he siuoce!Oso, y uo lo he sido, porque teugo absoluta fe y conlianzu. absolutu. en tu bondu.d. Así
no atribuyas u. celos lo que voy á supltcarte : es~

--:

--

tás obligada·á asistir al paseo que anualment
hacen en honor de la tía Paz, y el cual tendrá
verificativo dentro de dos días en la falda de
puente que dista de aquí seis leguas. Asistirá
Gustavo, lo sé por él mismo, y no extra11es que
siendo mi mejor amigo, te ruegue sea la última
vez que lo trates.
¿,Fué que una nube opacó instantáneamente la
luz del día ensombreciendo todo, ó, en efecto, veló su semblante un torvo presentimiento? ¡No lo
supe entooces: ....
Anduvimos largo trecho distraídos. En las
brumas de mi memoria aparecía Gustavo, cuya
estúpida sensualidad, propia desu temperamento,
ardía en sus fras&lt;-s aliñadas y flexibles como
víboras;en su5 miradas lánguidas é intensas, pe1·clidas én una vaga lontananza, donde el ensueño,
la febricitl111te abstineucia y la h .. juria, desbandan sus visiones frescas de vida, que sobre muelles edredones revuelcan sus fastidios ó adormecen voluptul)samente sus cansancios. Sus lecturas, su exquisita sensibilidad y fervoroso cu lto
á la belleza, afinaron su lujul'ia, que plegaba, sin
que él St&gt; diera cuenta, sus labios húmedos y carnosos. En sus ojos claros se adivinaban á ratos
profundidades atl'ayeutes; se me antojaban límpidos rema.usos en los que el sol, filtrándose á
través del follaje de uo sauce, comunica t1·anspareocias á la masa de agua sin iluminar el fondo.
¡Oh Dios, qué inmensamente dolorosos son los
recuerdos &lt;le mi juventud!
Hepeotinamente, como invisibles tórtolas ai·rulladoras, salieron escapados ele la tol'l·e de la
aldea los sonidos de la campana.
- ¡Las nueve, excli.iné apesadumbrado, es preciso volvernos! Deben de esperarme ya con los
caballos que han de conducfrme á la estación.
Agregué en tono muy bajo: - Sé fuerte al despedirme; nos ahorra1·ás un sufrimiento.
s...,uozaba y no pudo responderme.
-¿Por qué te afliges·:' le preguoté. Cuando vuelva, serás mía, no nos sepa1·aremos, te contaré los
encantos y amarguras de estudiante, te most1·aré
mi vida ctía poi· ella como las hojas de álbum; tú,
en cambio, me arrulla1·as con tu charla armoniosa, en la que br1llarán como curiosidades sacadas de un cofre pet'fumado, tus travesurns ioocentes, tus sueños, en 10s que viviré escondido,
y tal vez alguoos dolores ieves colados de ronuón en tu espíritu.
La hice apl'esui·a1· el paso. El sol bañaba los
arbustos de la. avenida, que al dibujar sus frondas en el t,uelo, fingían cnarcos caprichosos úe
tinta; en la plaza principal una turba de vendedores ambulantes voceaoa sus mercancías, y la
pequeña esquila ct.: la iglesia, poseída de un gran
regocijo, seguía pirnete ando.
.Gn el portón éncontn1,mos á la tía Paz, á mi
madre y á un criauo. Por sus eoca1·gos, y súplicas y consejos, s.:ntia m1 corazón ues1allec1do.
Ap1·tlsm·é la ue~pell1da; besé tí Ta1&lt;1e, y en ese
beso no sé poi· qué c1·eí que nuesti·as aunas se
desprendían pai·a siemp re.
Rápidamente desauuaé el cabi·esto de la escarpia; el caballo, al se ntir el peso de mi cue1·po,
partió al galope.
.l!:l aii·e uel campo quién sabe qué cosas susurró á mi oiuo, rerrescó mi frente, agitó mis cabellos ¡ay!, pe.ro no pudo evapo1·ai· m1s lágrimas!
.l!:l pano1·ama e¡_ ue se desarrollaba. ante mí, adormiló mt pumante melancolía. Los montes verdinegros ue ocotes uesllecados y silbantes, cuya
so1emne ma¡.:stad ac1·ecentaban los gorjeos rncomptetos de los pájaros; las nubes rozando los

'

árboles, como si éstos humearan incendiados· el
río que culebreaba en el profundísimo barran~o
negro como nu hilillo de betún ; el sol chorrean:
do fueg&lt;? Y abrasand_o la campiña, por cuyo calor la berra, en varias partes cubierta de musgo
verdoso, con reflejos metál~cos color de hiel, parecía que_ sudaba; las cemzas nopalel'as como
mu_est:ar10~ de extraños fetos; cada color, cada.
paisa¡e de¡a.ba su gota de miel sobre mis dolores.
":nocbecía cuando clistinguf las luces de la estación ferroviaria. El silencio aguzaba mi oído,
y clara1;1ente oía el roce de una hoja seca de mafa
q~e el viento ~octurno venía empujando. A pocos
mrnutos dormitaba en el t ren, arrullado por su jadeo, y á la mañana siguiente instalado en mi cuarto de estudiante, recordaba los rosales florecidos
de las casas de mi pueblo, las cercas de piedra
doode se posan al mediodía los lagartos verdiobscuros como puilales pavonados, la hacienda
de mi madre, silenciosa y blanca, v sobre mis recuerdos tod?s, Taide pura y bella.'
1\Iis estud10s y trabajos diarios hicieron recobrar su buen humor á mi espfritu. El quinto día
de mi estancia en la Capital, á mi vu&lt;-lt:, de la
Academia de Bellas Artes, ent•ontrésobremimesita de trabajo la anhelada carta de mi hogar.
Nadie trazará .í rasgos finísimos la urdimbre de
impresiones que sa&lt;!uden el será la vista de una
carta amada. Cuando rompí el sobre. sentía apretada la garganta por una alegría ó angustia que
no sabré explicar.
l\Ie decía mi madre que en el paseo verificad O
en honor de la tía Paz, Taide había caído del
caballo )' había muerto.
¡Ab! morir cuando en nuestl'os corazones rayaba el día; morir cuando ella sintetizaba mis anh elos y esperanzas! ¡ Ah! morir cuando el prime1•
amor salpicaba las concieucias de perfume; morir cuando todas las ideas, todos los pe11samientos, todas las bondades, convergían en un punto; mori r cuando .... ! ¡Oh Dios mío, tú que eres
eternamente bueno, que regaste la semilla del
consuelo en las alma~ inconsolables, que abriste
los veneros del amor en los pechos sin arrullos,
y regaste tus resphtndo1·es en los corazones que
eran noches . ... ! ¿por qué me quitaste á ella, que
e r a mi porvenir, que e1·a mi juventud, que era mi
vida? ..... .

***
Ignoro el tiempoqueestuveenfermo, pero cuando comencé ií pasear mi convalecencia por los
j a rdines y arboledas, tenía en los labios y en la
mirada una amarga dulzura de un bien perdido
y lejano, muy lejano.
Un año hacía que había cambiado mi domicilio á una alegre barriada del poniente de la ciudad. A llí soñaba pensando en Taicle, al can,ado fulgor mortecino de los crepúsculos clolieotes.
F1·ente á mi habitacióo estaba un balcón cerrado
siempre, y festonado caprichosamente por yedras
y madreselvas frondosas . De tarde en tarde llegaba á mis oídos, conmoviéndome profuodamente por los recue1·dos que despertaba en mi memoria, una voz trémula, dulce y sollozante que cantaba con infinita vagnedad y tristeza:

«Volverá mi recuerdo cuando muera,
A traerte, mi biPn, melancolía:
C'omo vuelve, alejándose el invierno,
A su nido de ayer la golond1·ina.
No me olvides, yo te amo, está seiruro
Que volveré á tuc; hl'azos al¡rún día.
Como vuelve, alejándose el invierno,
A su nido de ayer la golondrina.&gt;
¡CuiÍntas ternezas &lt;lespertaha en mí la vocecita ele mi clescouocicht cantadora!
Así las risas de los címbalos lejanos encuentran en al,rún polvoso piano un eco que les
responda, y que acurrucado dormitaba como un
niilo abandonado por sus padres.
Rentía {L veces el imperioso deseo ele ir á su
deparmento, preguntar quién era, hablarle. decirle que le estaba infinitamente agradecido, porque su voz y sus canciones me hacían pensar en
oh'a voz y otras canciones que había oído ele
unos labios amados que callaban entonces porque estaban aprendiendo nuevos ritmos en un
pafs de misterio y de silencio donde las almas se
convierten en cantos inefables.
¡En cadr1 hígrima que me arrancaban esas estrofas, rodaba una bendición!
Uoa tarde• de crepúsculo sang-riento, esperaba
la llegada de mi madre y la visita de la, tía Paz;
¿,qué conversación nuestra no tendría por trama
la bondad de la inolvidable muerta'?
:\Iientras lleg-aban, distraje mi impaciencia
observando el desbanclamiento ele nube, escarlata, anaranjadas y violetas; oyendo los vagos
susurros de los árbolM poseídos ele súbitos estremecimientos. la bulliciosa algazara ele par•
lanchines go1Tiones empeñados en meliflua contienda p01· logl'ar un camarín en la em·amada, y
vieoelo al gato, sobre la silltL esparrancada, en
quieta somuolencia, con su eterno hervo1· en el
cogote.
Todos los detalles de aquella época de mi vida, dolorosos y alegres, los conservo de tal manei'a grabados en mi mente, quec1·eo que niagúu
sacudimiento trágico vivirá en mí con mayor inteusidad de precisión.
H,.bía dejado de ver á la tía Paz mucho tiempo; y cuando la vi en el dintel ele la pue1·ta tendiéndome los brazos, con el rostro c1·uelmente
ajado y los cabellos canos, débil y encorva.da,
parecía. que mi pasado esti, btL frente á mi porvenir.
Respetuosawente besé sus manos y la senté en
mi lecho.
-¡Qué viejo estás! me dijo en tono simpático y
burlón. Dentro de dos años se te verá la cabeza
como si la tu vieras envuelta en un pañuelo
blanco.
-No es difícil, contesté soarieud.o.
Agregó:-Tengo que decirte algo muy grave
antes que llegue tu madre, que supongo no tarda.
La vida te ha vuelto reflexivo, prudente y sobre
todo l'azonable. E,·es ya un homb1·e capaz de soportai· con calma. cualquier hecho, cualquie1·
acontecimiento, por intensamente abrnmador que
sea. Eres algo más que un homb1·e; como te dije
al principio, er es un viejo á quien yo quiero como á un niño, y para el que todas las alegdas
me pai·ecen pequeñas si poi· un momento se las

Domingo i &lt;le Dicirmbro de 1902.
pudierlL dar todas. ;),le entiendes·~ agregó conmovida. Ahora escúchame, y sé fuerte.
Tal solemnidad había en la tí11 Paz al expresarse, que instintivamentP incliné el cue1·po como euando SP &lt;-spera 110 ¡ olpe rucio.
-T11ide no ha muerto, exclamó más blanca
que la cera y con los ojos fijos~- brillantes.
-;.No ha muPrto:' elije non voz 1·onca ahandon;inclo mi asiento y tomándole con brusquedad
las manos.
-No ha muerto, contest6 iÍspPt•amente, y aun
cuando comprendo qu&lt;' serás capa1 ele estrang-ularme por saberlo todo de un g-olpe. e~ preciso
que me oigas portándote como un hombre y no
como un niño: siéutMr.
l'recipitaclau1ente continuó: -En el paseo del
año pasado. que debes recordar, iba como invitado de una dr mis amigas Gu,ta\·o Hartmana.
-Gustavo IIartmann, grité desl'sperndo.
-Calla, contestó jadeante, es&lt;·tíchame.
'.rodos íbamos á ca hallo, y it la entrada. del
monte, en el lugar preci~o en que el boscaje• se espesa, el animal que Taicle montaba se enc,Lbl'itó
por el ruido ele alguna hoja seca y em2,rendió la
carrera. Nos parnlizó el espanto y el pensamiento de que en la falda resbaladiza el golpe era seguro y la caída mortal. Todos quisieron marchar tr~sella,p?ro Gustavo,como un relámpago,
se teud1ó sobre el caballo,que azuzado,brincaba
como un gamo, perdiéndose bien pronto entre la
obscura malt&gt;za y las quebradas de la montaña.
Inútilmente esperamos su regreso, v entonces
nos diseminamos en el bosque con ei fin ele encontrada. Todos teníamos el alma cuajada de
preseotimientos.
Xuestro p1·ime1· hallazgo fué espantoso. Ea el
fondo ele un barranco estaba Gustavo con el cráneo despedazado. ¡ Ay I e!1 ese momento comprendí que en una hora se puede en vejecer. M1ís adelante encontramos desmayada {L Taide, pero viva aún.
Ahora escúchame y sé más fue1'te aún. Voy á
concluir.
Cuando Gu~tavo corrió eu busca de Taide,
¿sabes lo que hizo'! :No detuvo el caballo; poi· el
contrario, lo fu:stigó brutalmente para que se
desbocara y caye1·a. ¡Oh Dios! ¿po r qué los árboles no vol viet·on hacia él sus brazos y lo desmenuza1·on en el aire! Cuando la vió tendida sobre la yerba .. ¡ah Rubén, Rubén, todas las azucenas deben de habei· ceri·ado á esa hora sus cálices!
-¡Maldito! exclamé como un loco. No haz
muerto y debes morir despedazado por mis dientes, magullado por mis manos, pisoteado por mis
plantas! ¡Taide, Taide! sollozaba. Como á un
conjuro, abrióse la pue1·ta y apareció ella vestida
de negro y con una palidez ult1·ate1·reste.
-Gustavo ha muerto, dijo, yo soy la desconocida cantadora; te amo, y he vivido con mi amargu1·a incomparable sólo por ti.
-Retírate, exclamé con voz abogada.
-Calla, gritó mi madre, entl·aado en ese momento; nadie sabe nada, y yo, que soy tu madre
y que para ti quenía lo más saeto, te ruego que
la quie1·as: quiérela, dijo juntando nuestras cabezas, que bañaba con su llanto.

--~
-~

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~:~

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..,~·-. .::;.S..~~.
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---~_;;

�EL 2'1UNDO ILUSTRADO

Domingo 7 de Diciembre de 1902.

~L t\l UNUU lLU::,'J'l{AlJI/

Domingo 7 die Diiciemhre de 1902.

. -Te pido que robes ]as carnes frescas quetien~n los ho1;1bres de la llanura. Te pido que
asesines al primero que encuentres. Te pido
que te apoderes de ]as víctimas ofrecidas á tus
,dioses y que todo lo deposites á mis pies.
El le agradeció que no pidiera más é hizo
lo que le había exigido.
'
Durante una hora tocó delante de ella; pero
después rompió su lira y vivió como si estuviera muerto.-PIERRE LOUYS.

E

La ■uerte de las murallas.

medio de un universal encogimiento de
· hombros, único comentario hecho á su
n:iemoria,sola y muda oración fúnebre pronunciada sobre sus esrombros, van cayendo las

ra ¡uíticos y escuálidos,
los niños se acurrucan
ante el rescoldo cárdeno;
y allí tiritan .... lloran
al escuchar los ásperos
y lúgubres chillidos
de los siniestros cárabos.

sus alas el relámpago,
despréndense las hojas,
despiértanse los pájaros,
azota las vidrieras
cor: recio impulso el ábrego
y el rayo cruza y hiel'e
como celeste lc'ttigo!

mis delit·antes súplicas:
bien sé que estíts muy lejos,
¡oh blanca estrella fúlgida!
Por eso, de mis labios
se disipó la púrpura ..... .
y están mis ojos trist,,s
y mis pestañas húmedas!

Ya lh:1,ra !'l rudo invierno
-con sus 11101·dieutes 1·áfagas,
&lt;'On sus tupidas nieblas
como flotantes sábanas:
ya rueuan de los troncos
enfermas las parásitas ...
y están I as flores mustias
l' las mujeres pálidas!

Por las obscuras grietas
de las mortuorias lápidas,
las gotas de la lluvia
descienden frías, lánguidas·
¡ob trágico destino!...... '
Tal vez únicas htgrimas
que en su mansión de sombras
1·eciben los cadáveres!

Refúgiate en mis brazos
en estit noche tétrica
Y esconde eut1·e mis manos
tus manC'citus tl'émulas!
Calor y luz ansío
de tu mirada angélica,
mientras la bri,m cbarla
con la llovizna gélida.

Tal vez mn.íiana mismo,
cuando estos melancólicos
cantares á ti vuelen
con su vibrar monótono,
yo duerma solitario
bajo el sepulcro lóbrego,
soñando que me estrechas
contra tu seno mól'bido!

La dl·nsa llu\'ia cae
&lt;ion ei;pantoso estrépito;
sus membranosas alas
agitan los 111u1·ciélagos,
y en las inmensas playas
el mar undoso y pérfido
.queb1-ántase en las r@cas
con ímpeUl colérico.

Doliente y ojerosa
la luna avanza tímida,
y escóndese en las nubes,
ya inmóviles, ~-a undívagas;
en 1as desiertas calles,
sobre las losas frígidas,
mellio desnudas tosen
las pordioseras tísicas!

llesuene en nuestras bocas
el beso como un dntico;
y en t,into que apuremos
nuestra ventura extáticos,
que azote las vidrieras
con r~t:io impulso el ábrego
y el rayo cruce y biera
como cdeste látigo!

Pues yo sé que este invierno,
con lento p,tso rítmico,
se irá con sus tristezas
y su ropaje lívido!
pero este que yo guardo ..... .
tal vez el más fatídico
de todos los iu\"iernos ..... .
eterno es en mi espfritu!

En las pajizas chozas,

Allá lejos sacude

volver, todo lo negro y trágico; quedaba únicamente lo hermoso, lo inofensivo: los monumentos, la tradición, la leyenda bizarra y hermosa nimbada y consagrada por el beso amoroso del Tiempo.
Y la prisa febril y loca por destruir esos
restos menospreciados y entregados al olvido,
habla con voz doliente de nuestra desnudez
de espíritu, con la voz misma con que hablan,
en derredor de las murallas que se vienen abajo, los rostros atormentados por el afán insaciable de ccl'argent,,, y los antiestéticos trajes
modernos de los transeuntes.
Muy cerca también, l os carros eléctricos pasan apresuradamente lanzando al aire la canción triunfal del repiqueteo de sus timbres.
Edificios utilitarios y feos, ceñudos, sin ale-

JULIO FLÓREZ.

Mas ¡ay! bien sé que no oyes

Nuestro pats.-Parroqula. de Taxco (Gue)

(Fot. Waite.)
I

LA FLAUTA ENCANTADA.
otro tiempo habitaban ]a Tracia ani•
mn]es salv:ijes y algunos hombres ame- - - - drentaclol".
Los animales ernn muy hermosos: había
leones rojos como el sol, tigres rayados como
la tarde, y osos negros como la noche.
Los hombrei::, enanos y chatos, mal cubiertos de viejas piele,:, armados de lanzas toscas
y arcos grosero,:, i::e e1,cerraban en las cavidades de las montañas tras monstruo·sos bloques
que ellos rodaban trabajosamente. Pasaban la
vida cazando, y corría la sangre en los bosques.
Era tan lúgubre el paíf', que los dioses lo
habían abandonado. Cuando salía Artemisa
del Olimpo, al clarear la mañana, jamhs seguia ca mino que llevara al nQrte. Las guerras
de allí no inquietaban á Aree; la fªlta de flautas y de cítaras alejaba á Apolo, y solamente
brillaba la triple Hécate como una cara de
medusa sobre un paisaje petrificado.
Entonces fué ú habitar allí un hombre de
una raza más feliz, quien no vestía pieles como los salvajes de la montaña.
Usaba larga túnica blanca que ]e arrastraba
un poco. Gustábale errar de noche á la luz
de la luna por los mullidos claros de los bosques, llevando en la mano un pequeño carapacho de tortuga, en el que habfa clavados
dos cuernos de uro, entre los que se tendían
tres cuerdas de plata.
Cuando tocaba con sus dedos las cuerdas
música delicioi"a las recorría, mucho más dul~
ce que el murmullo de las fuentes, que las
frases del viento entre los árboles ó que lamodulación de las aves. La primera vez que tocó, despertaron tres tigres, tan prodigiosamente encantados, que lejos de causarle ningún mal, se le aproximaron lomásquelesfué
posible, y se retiraron cuando cesó. Fueron
más los que acudieron al día siguiente, así como lobos, hienas y serpientes que se paraban
sobre la cola.
Y tanto fué así, que muy poco después iban

los animales mismos á suplicarle que l es tocase, sucediénclole con frecuenria que u11 oso
llegara solo junto á él, y con tres acordes maravillosos se marchara contento. En cambio
de sus complacencias, las fieras le proporcionaban alimento y le protegían de los hombres.
Pero le fatigó su fastidiosa Yidn. Tan convencido llegó ri. estar &lt;le su genio y del placer
que daba á las bestias, que ya no se esforzó en
tocar bien, y las fieras, con tal que él lo hiciera, quedaban siempre satisfechas. Notardó en negarse aun á concederles este gusto, y
dejó de tocar por indolencia. Toda la selva
quedó triste, mas no
por ello escasearon á
]a puerta del músico
les trozos de carne ni
las frutas sabrosas.
Continuaron alimentándole y le amaron
más, porque el corazón de los animales
es ar:;í.
Un día, sin embargo, en que, apoyado
en su puerta, miraba
cómo de:::cendía el sol
tras ele los árboles inmóviles, pasó cerca
una leona. Dió él
muestras de entrar,
cual si temiese mole!&lt;tas solicitudes; rero
la leona, sin cuidarse
de él, pasó tranquilamente.
Entonces le preguntó sorprendido:
-Por qué no m e
ruegas que toque?
Ella le contestó que
no lo deseaba.
Díjole él:
-:So me conoce,;?
Y ella le respondió:
-Tú eres Orfeo.
Agregó éste:
Nuestro

-Y no quieres oírme?
-Xo quiero-repuso ella.
-Oh !-exclamó el músico-cuán digno sov
de lástima! Tú eres ¡ior quien yo hubiera tocado. Eres mucho más bella que las demás v
debes de comprender L1ejor. Por que me escuches una hora solamente, yo te dar é cuanto
soñares.
Ella le respondió:

murallas t errón á terrón-dijérase más bien
que van derramando gota á gota sui, lágrimas
de piedra.
Lloran acaso los viejos murallones, doblegándose y desapareciendo bajo la piqueta indiferente é impasible del ,cprogrei,o,» la poesía
del pasado que con ellos muere; todo lo que
&lt;¡ueda de un mundo cruel y hérpico desaparecido para siempre, impulsado por un mundo
nuevo, más justo, pero más prosaico.
Yo las miro caer, entre la indiferencia estulta ó ciega de la multitud, y siento sobrecogida el alma; porque veo en su caída y la in•diferen::ia de hielo con que la miramos, un

gría como nuestra época, muestran sus freutes
grises de piedra en los alrededores.
El progreso triunfa. ¿Pero sómos más felices?
Siempre apresurados, sin parar jamás, Judíos
Errantes de un ideal sin grandeza, hostigados
por la neurosis del oro que nos ciega
la vista con á ureo velo, y sin tiempo
para admirar, ni para comprender ni
para realizar la belleza, vamos perdiendo á la carrera la alegría, la salud del
espíritu y del cuerpo, la serenidad, la
risa juvenil que un tiempo tonificara
y confortara y llenara de gozo con su
argentino tintineo los orbes.

ESTCIJIU FOTOGRA!i'I CO.-(M.

Torres. -Profesa, 2

la uniformidad e~túpi&lt;la del sombrero de r,opa y de los absurdos pa n ta.Iones de la mesocracia.
La n1lgaridad triunfa. Triunfa Sanrho. Don
Quijote sigu e siendo apalrado y silbado á cad,a arranque heroico de su brava y generosa
a1ma.
Todo el mundo llegará á tener, según ansiaba Enrique IV, una gallina en su puchero. Y
cuando haga un alto el hornbre en esta furiosa
c~rrera en pos &lt;le .la l'iatisfacción del cuerpo
tuano, y el alma tienda los brazos en busca
&lt;le lo suyo.. , . .. tal vez lo bu~que en vano an guRtiada y mortalmente an~iosn.
'
Hallará un mundo de gentes rollizas uniformadas, viajando en ferrocarrileR, vi ,;iendo
en hoteles lujosos, l eyendo periódicos exclusivamente, embrutecidas por el trabajo y las
comodidades.
Y el ~lma se encontrarñ, estupefacta, con
que ya, a aquellos hombres gordos y sibaritas, no les puede ella servir más que de estorbo ..... .
Kovbre., 1902.
LUIS RODRIGUEZ-EMBIL.
Nuestro pals.-Suburbios de Córdoba.

símbolo de esta época de8provista del Arte
•consolatlor y sagrado, que embellece y perfuma la vida como una flor del cielo.
Con las murallas rugosas y venerables como
un abuelo, se ya quizás el último vestigio de
1a exquisita poesía del recuerdo. De la era que
-ellas representaban, pasó por suerte, para 110
pats.-Tina

calle de Tecalpulco ( Gue).

( l!'ot. Wal te.)

Acaso esté destinada á concluir la civilización contemporánea apoplética &lt;le riquezas,
&lt;le comodidades, de lujo burgués y chabacano, pero consumida por inmensa é irremediable murria, sintiendo al cabo el tedio infinito
de lo vulgar, y aplastada por la "{)erfección suprema y mecánica del &lt;ccomfort» moderno, por

�-

1

1

DISrErSifl
úflSTRfl~úlfl
GflTflRRO
INTESTINfll,

:m orgullo de la mujer.

Es su cabello. Y por qué no?
Aun una cara hermosa pierde su atractivo si el cabello es
claro, corto, basto y descolorido.
Un cabello hermoso, rico, un cabello sedoso siempre
atrae. Puede usted poseer ese cabello con sólo emplear el
riuo1· del Cabello del Dr. Ayer. Quedará usted encant ada
con él. Cura la caspa, hace crecer el cabello é im:;:iide que

HERMOSO
PECHO
por medio de PUulea Orienta.les

"'

hue~osu de 101 hombros y daa al Busto
una¡zracioaa loianfa.A¡lrC'lbattas por laa
eminencias médii.:.1s.,on benltfca,pa.,i l •
salud y coo"iencu á. loa más delicado,

temperamento!I. - Tratamiento f6...:il.
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Depo1110 Ceo•ral: B. Y G. GCETSCH:JL,
l'IIEX C'I. ,._ p ,ntado 468.

...................................~,...

AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 24.
••rectors LIC. RAl'AfL Rtl'r&amp; &amp;PINDOU.

ELIXI~ ESTOMACAL
DE SAIZ DE CARLOS

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las

one en 2 meo:es deearrollan v endurecen 6
)O;i 1enoe,hacun d~,-.1p., 1•eccr 1.ti sal td,ll

Y todas las enfermedades del Es·
t6mago é Intestinos por cr6rdca■
y rebeldes que sean, laa cara radicalmente el famoso

se caiga.
Si el cabello ha perdido su brillo 6 se vuelve gris, el
Vigor del Cabello del Dr. Ayer le restaurará con seguridad

~•t
Af.'lli

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Rojo y Blanco en chapetas.
¡ Pomada RQja para los labios, eo botes y en rollos.
tos Prodados de CH. FAY se muealm 11 ,1 Jundo .nlm. 11 ra,a de les Pri,cip,111 P11fu■isl11 J Dronistas.

I

MÉXICO, DICIEMBRE 14 DE 1902.

Subscripción mensual foránea, $1,50
Idem ldem. en la oapital, ,, 1.25
Oercnte: llJt&amp; Rtl'f&amp; &amp;PINDOU.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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tu ralezas débiles; se aleja de todo temor de esos terribles ma- 11
-11
son las dos armas principales con que el hombre les cereb1ales que matan ó agotan al Individuo basta el extre11
-u puede¿Cuáles
combatir ventajosamente contra la multitud de enemi-11 gos que le cercan y que se resuelven en dolor, enfermedad y mo de convertirlo en Idiota y en loco, y lo mismo el hombre 11
que la mujer, lo mismo el anciano que el niffo, concurren con 11
u muerte? LA SANGRE.Y LOS NERVIOS,
alegría y con vigor al trabajo universal de la naturaleza en su 11
-11
Una sangre pura y unos nervios sanos son la garantía más constante obra de reproducclófi de las especies.
11
-u segura de una larga vida, Con ellos, el organismo cumple norTambién mata, es cierto; pero mata cebándose sobre todo
-11 malmente sus interesantes tunctones fistelógtcas; el estómago, en los seres exoonuados por el abuso, por la enfermedad ó por 1111
-u ¡os intestinos, el bfgado, el corB1ón 1 los pulmones, etc., no es· la Indiferencia, porque
11
-u tiin expuestos A sufrir las mil afecciones que padecen en las na11
11
11
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LOS MEJORES ELEMENTOS DE LUCHA

CONTRA
EL
DOLOR
Y
LA
ENFERMEDAD
..
-

-

LA INDIFERENCIA PARA CONSIGO MISMO

-11
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-u

ES EL PEOR ENEMIGO DE LA VIDA

El bombre que entregado al trabajo, ó después de abusos
temen1les ó de enfermedades agudas, siente d~er sus tuerzas
la mujer que se siente debilitada por la siempre dulce pero A
veces peligrosa labor de la maternidad y la lactancia; la joven
que al mirarse en el espejo ve palidecer y amarillear su antes
- rosado cutis, y sufre jaquecas !recuentes y perturbaciones en su
u
- menstruactón¡ el nttlo cuyo crecimiento se efectda dificllmen11
-11

-11

te y que camina A grandes pasos II la escro!ulosls, al raqultl1mo; todos en una palabra, los que pagan tributo al mal de la
época llamado
,, ANEMIA"

-uu
-11

"~

DE SAN GERIIIAN

-11

DEL DR. LATOUR BAUMETS

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11
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une la de su sabor agradable, circunstancia que no hay en otros
Preparado que por su composición, en la que figuran tónimedicamentos cuya eficacia se ve casi siempre entorpecida por
cos, reconstituyentes y purlficantes tan poderosos como el
la repugnancia que Inspiran al las personas que deben tomarlos.
Se recomienda muy especialmente A todos aquello• padres
que noten que sus bljos están anémicos, que las jóvenes se ponen cloróticas y sufren padecimientos nerviosos, cat.rros y
bronquitis !recuentes, trastornos 'tntestlnales, palpitaciones
de corazón, insomnios, vértigos, dolores neurAJgicos, etc., dees la más recomendada para
bidos A la pobreza de nutrición y II la debilidad progresiva, reAliviar loe Dolores, l'urifioar la sangre,
sultado fatal de la falta de pureza y energia de la sangre y del
_Vlgortzar los nervios
agotamiento del sistema nervioso.
y Robustecer el organismo.
Entre los muchos males que cura radicalmente el

-u

-11u ACEITE DE HÍGADO DE BACALAO, LA COCA,

-u

1,

LA KOLA, EL ICTHIOL
Y LA ESTRICNINA,

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-1111

A estas cualidades reconocidas por los eminentes médlcJs

11 11IN0 DI SAN GB.RMAN,

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-11

su uso es de resultados eficaces en

Abcesos escrofulosos, Afecciones nerviosas, Anemia, Falta de ap11tito, Cloroais, Convalescencia,
Depleuresías, Pulmonías, Tifo 6 fiebre tifoidea Dabilidai cln3titucional, E1 crófula, Florea bl&lt;1nca 3, Gan-

-11

•

DE VENTA en TODAS la.s DBOGUEBÍAS y BOTICAS

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-11 grena senil, Enfermedades de la cintura, Neuralgías, etc., etc.
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krentes LUt&amp; Rtl'~ !IPINDOI 4 .

uc. R.4.r.4.tl Rtl'Ut &amp;PINIM)l.A.

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VINO DE SAN GERMAN,

que ban bacho uso de él, aplicándolo en multitud de en!ermos,

-11

Subscri pción mensu a l fo rá oea, $, áO
l d ero ldem. en la ca ••ILlll,,. l 2S

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y que son victimas de sua múltiples y dolorosas manl!eotaclo- 11
nes, recurran al uso del
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A~O IX.--TOMO 11.--NÚM. 23.
•lrcet..-s

MÉXICO, DICIEMBRE 7 DE 1902.

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VINO

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11

l"\UNDO ILUSTRADO

esoolar.-él'arejas del cfl(inué.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 7 de Diciembre de 1902.

El despilfarro de la energía.
La perfección de una máquina, como la ele
un aparato, no consiste tan sólo en que dé
productos acabados y bien acondicionados, sino también en que esté dispuesta en forma y
mo&lt;lo de economizar la fuerza que consume y
en acrecentar su rendimiento, en que el resultado se obtenga con el menor esfuerzo posible
y sea el mayor posible.
· Si para moler una carga de trigo se ha de
neceRitar el soplo del huracán en lae aspas &lt;lel
molino, si para arrastrar una carreta ha ele
emplearse el empuje de una locomotora, si
para levantar un fardo ha de exigirse la palanca de Arquímedes manejada por Encelado,
y si es Hércules el que ha de hacer silbar la
honda y lanzar la piedra de David, molino,
carreta, palanca y honda, resultan imperfectai,, defectuosas, torpes en su función y mezquinas en sus resultados.
Lo que pasa en los organismos inertes que
llamamos múquin::u,, se verifica igualmente en
las má&lt;¡uinas vivientes que llamamos organismos vegetales, animales y sociales. Emplear
robustas encinas para producir raquíticas bellotas, organizar y amontonar esqueletos monstruosos, musculaturas desmesuradas para llegará la inerte rnmnolencia del hipopótamo,
serían faltas imperdonables ei1 un mecanismo,
faltas en 1¡ue la naturaleza incurre con tanta
frecuencia. Por el contrario, la espiga cuyos
granos pesan más y son más nutritivos que la
cana en que maduran, el insecto que pesa miligrnmos y despliega fuerza y agilidad sorprendentes, son modelos acabados &lt;le la economía
en lit materia y en la fuerza con el máximo
rendimiento del aparato.
En el orden mental y moral ocurre lo mismo. Hay inteligencias que trabajan con exceso
y se fatigan con extremo para llegará concepcione~ insignificantes ó Yulgares, y en ocasio-

Domingo "/ de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUS'l'RADO

nes, pasiones volcánicas, con hervores de calderas, y resoplidos de fragua y conmociones
de volcán, se disipan en inconsistentes humaredas, en llamaradas de petate y en histéricas
convulsiones &lt;le terremoto.
En este orden &lt;le ideas, á cada paso tropezamos con mecanismos y maquinarias de una
horripilante ó de una desoladora imperfección.
Hay erudito que consume su actividau y su
vida en el estudio y en la investigación, que
amontona en volúmenes inacal.,ables sus ideas
y sus meditaciones, y que no llega jamús á
descubrir un hecho nuevo, ni á sentar una ley
natural, ni á explicar un fenómeno,ni á prever
un suceso, ni á plantear una regla ni á ericontrar una solución. Dialécticos conocemos que
pasan su vida razonando, polemizando, deliatiendo, que ensartan deducciones corno chaquiras, que hacen ramilletes vistosos de inducciones y que nada logran resolver, ni dirimir ni probar. La historia de la filo~ofía y
de la vieja ciencia, abundan f'n ejemplos &lt;le
esta clase de inteligencias que, como las múquinas primitivas, son enormes y desproporcionadas y meten un ruido y traen un traqueteo infernales para nada producir ni na&lt;la
rendir.
En el orden moral hay seres t.ambién imperfectos que gastan dosis formidables de ambición, de pasiones, de emociones, para no
salir jamás de la medianía y, en ocasioneio,
para sólo labrar su ruina y sembrarla alrededor suyo.
En lo que se llama el mundo &lt;le los negocios, abundan esta clase de tipos: financieros volcánicos, atestada la cabeza de proyectos
colosales, de empresas estupendas, creadores
de combinaciones que costarán uno y producirán mil, explotadores de negocios nuevos,
de cultivos exóticos, de industrias translunares, condenados á la camisa sórdida, al zapato
destalonado y á la miseria negra.
Hay poetas que arden solos, que se incen-

dian espontáneamente, que estallan al menor
choque y que, desrués de muchos paraísos artificiales v muchos infiernos naturales, dejan
en cafüla~l de obras completas una cuarteta de
álbum ó un soneto patriótico.
En punto á despilfarro de energía y á polireza y mala calidad de productos, nada es
comparable á los malhechores, como no sean
los viciosos. ¡Cuánto afán, cu{tnta labor, cuánta lucha, cuánto sufrimiento y cuánta humillación hay que pasar en la vi&lt;la cuando se
quiere vivir en el ocio y los placeres, y cunnto se tiene que padecer en la existencia para
darse la satisfacción de morir en el patíbulo!
Una anécdota á este propósito: Junto á un
labra&lt;lur cubierto aún del fecundo sudor del
trabajo, pasa un anacoreta. --Padre, le pregunta el campesino, ¿es verdad que ustedes van
siempre descalzos?-Sí, hijo mío.-¿Que no
usan camisa?-Sí, hijo mío.-¿Que duermen
en el suelo?- Sí, hijo mío.-¿Que comen ta11
sólo yerbas?-Sí, hijo mío.-¿Qne viven de
limo!,na?-Sí, hijo mío.-;,Que sufren toda
clase de humillaciones?-Sí, hijo mío.-¿Que
se condenan á no tener mujer ni hijos?--Sí,
hijo mío.-¡Cnántas penas y cuántos dolores
-agregó el labrador--sufren los hombres con
tal &lt;le no trabajar!
A los viciosos, á los laclrones y á los bandoleros les viene admirablemente el saco y puede decírseles lo que Juan Valjean á Montparnasse:-((Ah! quieres holgar? pues prepárate
para trabajar.-Ab! quieres gozar? pues prepárllte para sufriri,.
Toda la moral humana está condensada en
esas frases.

jlT/porfanfes j)rácficas j'liilifares

'i).,(

VOLADURA DE UN PUENTE

NA expeáeuda de ve,dmlem
importancia i;:e efectuó el domingo pasallo en los llanos de Anzu res. Nos referimos á la voladura
de un puente militar de caballetes, por medio
de cargas de dinamita.
Los alumnos del Colegio Militar, bajo la &lt;lirecci6n del capitán E-egundo de la Plana Mayor Facultativa de Artillería, Gabriel Terrés,
construyeron el puente, que me&lt;lía 30 metros
de longitud, 2 y medio &lt;le anchura y 3 y medio de elevación. Los trabajos duraron cuatro día1:1, y tanto la forma de los caballetes
como la del puente, se ajustaron en todo á las
reglamentarias del er¡uipaje de puentes militares del ejército francés.
En esta obra hicieron su práctica los alumnos del Colegio l\lilitar que en el presente año
cur:,aron la clase de Puentes y Aerostación;
y á fin de demostrar la solidez de la construcción y los servicios que ésta pudiera prestar á
un ejército en campaña, la Secretaria de Guerra dispuso que sobre ella pasaran cuatro secciones de caballería y una batería mínima.
Estas maniobras se efectuaron por la tarde,
en presencia del Sr. General D. Bernardo Reye!,, Secretario &lt;le Guerra y Marina, quien se
presentó en Anznres acompañado de su Est.:·
do Mayor y de los Generales Huer,a y V1llegas.
Así que hubo examinado el puente y dictado algunas disposiciones, el señor Ministro
ordenó que pasara sobre aquél la artillería de
campaña y después las cuatro secciones &lt;le caballería. Regresaron los dragones y, durante el
paso de éstos y de las bocas de fuego, se vió
que el puente permanecía innamovilile, co1\lo
cual quedó demostrada su buena construcc10n
y las facilidades que podría prestar.
El puente se construyó en la confluencia de
los ríos San Joaquín y de los Morales, cerca
de la calza.da de la Verónica.
'J'erminadas las maniobras militares, se procedi6 á. la voladura de la obra, por medio de
petardos provisionales. El ,Sr. T~niente Coronel D. Enrique Mondragon, Director de la
Escuela Nacional de Tiro, con el personal necesario de sus alumnos, fné el comisiona&lt;lo
por la Secretaría de Guerra para llevar á cabo
la voladura mencionada.
El sefior Minit;tro y sus acompañantes, ai;:í
como el numeroso público que :isistió
las
importantes experiencias, se al?Jaron a. un_a
respetable distancia del puente, a fin de evitar un accidente dei;:graciado durante la voladura.
.,
En seguida se procedió {~ la pre~a.rac10!1 e1e
petardos con pólvora Borhnete, é mme&lt;liatamente se colocaron las cargas en los caballetes del puente. La expectación públic~: ern
muy grande, pues todas lris personas allt pr&lt;'·

Jt

AUREA.
Son color de oro Yiejo tus ca.bellos,
Y como en tus dos ojos Re, reflejan, '
De tus pupilas en el fondo, dejan
De oro viejo el color que tienen ellos.

La boca que á besar Cloris me ofrece,
Frnto es de estío de dulzura lleno.
Que oculta entre su miel letal veneno.
Quien la llega á besar muerte padece.

Y áureos por eso son tus ojos bellos,
Y por su luz y su color semejan
nos S;)les en ocaso, que se alejan
Circundados &lt;le fúlgidos de.,tellos.

Y es una tentación; roja, parece
Temprana flor cuando desvuelve el seno;
Y mientras más el apetito enfreno,
Más el deseo de besarla crece.

Por eso áurea eres tú, y á tu cabeza,
Color de hoja otofial, esplendoroso
Nimbo, como un encaje, la circunda.

l\Ias ¿qué mucho morir, si siempre vela
La Muerte tras nosotros en acecho
Y por llevarnos á su reino anhela?

Aurea se mira 11sí Naturaleza
Cuando del sol un rayo luminoso
De grana y oro el horizonte inunda.

Nadie ávida inmortal tuvo derecho.
Pues &lt;lame un beso, Cloris; de esta suerte
Como él tan dulce me será la muerte.
·

sentes aguardaban con ansia el momento de
la e~plosión. Generalmente se creía &lt;¡ne al inflamar,:e los petardos no quedarían ni restos

ele! puente, pero tales suposiciones_ er3:n_ exageradas, pues sólo se_ trataba &lt;le rnut1lizarlo
para el paso de la artillería.

El puente, antes de la voladura.

�EL MUNDO ILUSTRA no

Domingo 7 de' Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

/

La voladura del puente.

Por fin se vió que del suelo se leYantaba
una gran columna de humo y tiena, é instantes después se escuchó una fortísima det.ona&lt;:ión. Una serie de explosiones sucedió á la anterior; y así que todos los petardos produjeron
sus efectos, el señor Ministro se dirigió al

)

«...... Todos, como te he dicho, estamos
bien; sólo la pobre Felicitas parece encontrarse peor que otras veces, y el doctor teme que,
con la llegada del inYierno, no pueda vivir
muchos días. Creo que, viéndote, la infeliz
sentiría un gran consuelo."
Este era el párrafo final de la carta que una
de mis hermanas me dirigía, para informarme
de las nuevas de casa, durante mi pasajera
ausencia. Y Felícitas, de quien aquellas líneas
hablaban tan poco satisfactoriamente, era la
buena, la serYicial, la siempre adicta criada
que años tras años había servido incondicionalmente á la familia.
Mis hermanos y yo casi habíamos per&lt;lid0
la noción exacta del tiempo de sus servicios.
Al abrir yo los ojos á la vida, la había encontrado ya en la casa; su recuerdo estaba ligado
á todos los de mi niíiez. Mis hermanos mayo- ·
res sí guardaban memoria de su ingreso: una
vez en que faltaba una sirvienta, presentóse

lugar donde se levantó el puente para ver el
estado en que éste se encontraba.
Los resultados de la experiencia fueron satisfactorios, pues la construcción quedó inutilizada por completo, en pocos minutos.
Las experiencias se repitieron el jueves.

cierta mujer ya entrada en edad, en compañía
de una joven, casi una niña, demandando trabajo para esta última, de quien era tía y única
parienta. Y en la casa fué recibida la muchacha. no sin algunas vacilaciones previas de
parte de mis ascendientes, que atados aún á
viejas preocupaciones, preferían para su servidumbre personas de madura edad y cuya
conducta no exigiese la vigilancia y el continuo sobresalto en que viven las buenas madres de familia que tienen mujeres jóvenes (1
su servicio.
Admitida al cabo la joven, retiróse la tía, no
olvidándose de hacer todo género de recomendaciones respecto á su sobrina. Desde su acomodo, la fámula había obtenido permiso para
salir dos veces al mes, por la tarde, y de esta
licencia aprovechál.,ase siempre que la tía vi~iese por ella; pues entre las recomendaciones
más importantes de la vieja, se contaba la de
no permitirá la muchacha pisar la calle sin
la compañía de su &lt;CÚn,ica" parienta. Sin embargo, muchas ocasiones se daban en que la
recamarera no hacía uso del permiso durante
dos quincenas, por ausencia de Sil tía; pero al
término de este plazo, que coincidía con el pago del ,,mes,» la vieja Ha lograba robar un momento á sus quehaceres, para acudir en busca
de su sobrina y proporcionarla algunas horas
Je libertad. l\fas á la quincena siguiente, fácil
era asegurar que la buena Felícitas se quedaría sentada en la azotehuela, inútilmente entretejido en la trenza el lazo de listón azul, inútilmente sacados del baúl el rebozo «coyote»

y la enagua de holanes, inútilmente en espera
de la tía, á quien sus quehaceres impedían
preRentarse á menudo.
Y el carácter de la criada era incapnz de rebelarse ante estas contrariedades. Cuando la
tarde del domingo, esperada con tanto anhelo,
agonizaba antes de que la única parienta hubiese aparecido, la recamarera, un poco más
triste tal vez, pero sin proferir una queja, volvía á doblar cuidadosamente el rebow ,,coyote», cambiaba la euagua recién planchada por
la de trabajo, y per.etraba M- las habitaciones
á reanudar la diaria tarea, á encender las lámparas, á preparar las camas ó entrecerrar las
maderas de 10s balcone8.
Su espíritu era de una completa pasividad,
producto tal vez de algunas generacioneR de
antepaRados nacidos y muertos en la ei::clavitud del trabajo miserablemente remunerado,
en la existencia del pobrf' indígena de los campos, sometido á todas las brutalidades del
amo y sin recibir de él más que el puñado de
maíz para su sustento y el pedazo de burda
tela para su abrigo.
Llegó vez en que la tía no apareció por In
casa durante mucho tiempo, y, alarmada la
sirvienta. manifer--tó sus zozobras á los amos.
Mi padré escribió á la primera autoridilcl del
pueblo en que moraba la vieja, pidiendo informes acerca de ella, pero éstos no fueron
nada satisfactorios: se ignoraba ta111bién allí
su paradero.
IJesde entonces se conceptuó á Fclícitas corno privada en ab¡:;oluto de allegados, y, con
el tiemvo, fué vista por todos como una hija
adoptiva de la familia. La muchacha lloró
sinceramente la desaparición de aquella mujer, que había sido, á pesar de todo, su más
vivo afecto; pero resignóse al cabo y terminó
por hallar el lenitivo de su pena en el calor de
aquel hogar al cual sentíase ya ligada por
fuertes vínculos de cariñoso reconocimiP.nto.
Su situación mejoró un tanto;~ repetidas instancias de mi padre, que amaba la libertad
de todos, permitíase á Felícitas ,:alir en compañía de las demás sirvientas, cuya conducta
uada hacía sospechar, y algunas veces también encargábasela de acompaí'iar en su paseo
á mis hermanos mayores, nilios aún.
Pero después de cierto tiempo, aconteció
algo que vino á desconcertar la pacífica existencia de aquella infortunada criatura. Una
noche en que mi padre entraba al comedor,
después de haber pasado la mayor parte del
día en su bufete, insta lado en uno de los edi-

.licios más importantes de la ciudad, fué recibido fríamente por mi madre, que había acabado de cenar, hacía ya buen rato. Estas situaciones de espíritu no eran raras en ella,
que tomaba á pechos, muy á menudo, verdaderas nimiedades, cosa que mi padre no ignoTaba. Sentóse, pues, á la mesa, dando principio á las viandas que diligentemente había
traído Felícitas, espemnclo en calma á que mi
madre se desahogara de la agitación que la
poseía.
Cuando el último plato estuvo en la mesa,
Felicitas fué despedida c&lt;·n un «vete á cenar;
ya te llamaré,» pronunciado secamente por mi
madre, y quedaron en el comedor mi padre,
mi madre y mis rlos hermano¡:; mayores.
-Harías bien-prorrumpió al fin mi madre-en no volver á enviarnos á Julián, bajo
ningún pretexto.
J ulián era el criado del bufete de mi padre;
un mocetón de veinte años, con cierto aire de
bestia, brusco ea palabras y movimientos y
con algo de taimado en su actitud.
-Por qué?-preguntó mi patlre-lla cometido alguna falta? Rompió algo?
En pocas palabras fué explicado el motivo:
había llegado por la mañana, conduciendo
-ciertos objetos de que mi padre le hiciera en,eargo; todo estaba perfectamente, y se le
había despedido en seguida; pero aquel idiota, en vez de alejarse, se había detenido en un
rincón del patio, detrás de la escalera, en donde platicaba sigilosamente con Felícitas cuando mi madre les sorprendió. No cabía la menor duela; P-1 criado y la recamaren~ se entendían; dijéralo si no aquella turbación con que
la muchacha subió á reanudar sus labores del
día.
Mi padre tuvo una sonrisa de benevolencia.
Y eso qué'? Si se querían, podrían casarse.
Ella era una magnífica mujer, digna ele buena
suerte; él, aunque no de lo mejor, pues tenía
el defecto de rehuír el trabajo á la menor ocasión, no había dado motivos para que se le
expulsara. En fin, acaso podrían ser felices ...
Pero mi madre no opinaba del mismo modo. Feliz la muchacha uniéndose con aquel
taimado que á la mejor la plantaría en la calle? Qué mayor felicidad podría ambicionar
-que la de vi\'ir siempre en aquella casa en
-donde era objeto de consideraciones que acaso
no había soñado siquiera? Iba á sacrificar sus

ella misma había experimentado en su juventud, antes de conocer á aquel á quien había
rendido el alma; ese llamado inolvidable del
amor que golpea en nuestro corazón a1iunciando un mundo nuevo, lleno de deleites y de
ternuras infinitas, generador de alientos, fuente de energías para recorrer hasta el fin el agrio
sendero de la vida, y manantial Ragrado ele
plegarias á la buena, á la fuerte, á la bendita
y omnipotente madre Naturaleza.
Accedió al cabo mi padre, el criado no volvió á
la casa, y mi madre extremó su vigilancia sobre
la infortunada recamarera.
Felícitas, por su parte,
no tuvo una sola queja
para quienes así la prirnban de un afecto en que
ella había tal vez em peñado el alma entera; sometióse á la voluntad de
aquellos que seguramente tendríaü razo!'es de
gran peso para obrar así,
y ahogó en su corazón
aquel amor naciente fr
través del cual cteyó haber adivinado infinitos
espacios llenos de luz y
d_e maravillosas concepC1one,;.
Por aquel tiempo vine
yo al mundo. Difícil hubiera sido asegurar si los
brazos de mi madre mecían mi sueño más amorosamente que los de Felícitas. Desde los primeros días de mi existencia,
jamás escaRearon para mí
las atenciones y los desvelos. Cuando mi madre abandonó el lecho,
y, aprovechando los momentos en que el sueño me hacía suyo, íbase á vigilar las labores
de la casa, repetidas Yeces, á su regre;:;o, sorprendía á Felicitas cerca de mi cuna, meciéndome suavemente, contemplúndome en
éxtasis: una viva turuación se apoderaba de
ella, balbucía alguna frase ininteligible ~, se
alejaba en i,eguida á reanudar su trabajo abandonado por un momento.
Insensiblemente llegó ú ser ella la encargada de mi cuidado. Por la mañana, apenas
despertaba yo, Felícitas venía á buscarme,
abrigábame con la mayor solicitud, levantábame &lt;le la cuna en que había pasado la noche, y, cubriéndome de caricias, estrechábame contra su corazón, con un amor muy vivo
que no puclo pasar mucho tiempo ignorado
para mis padres. Horas y horas pasaba contemplándome con una mirada vaga en que
palpitaban todo!' los e·,sueños de su ser. Tal
vez mi presencia había despertado en ella el
sagrado instinto que es la vida de la huma1iidad, y ausente del afecto que florece y esparce su polen para fecundar incesantemente los
campos de la exi;:;tencia, soñaba en que yo era
el fruto ele aquel amor que había cruzado un
día cerca ele ella, acariciándola. fugitivam311te
con la dorada punta de sus alas; acaso experimentaba la doloro-,a angustia de no ser ella
quien ncercaría á mis la.bio3 el alm(bar de la
vida, haciéndome sano-re de su san 0-re, flora., el
o
cwn e todts su~ enel'6 ias, form'l p.ilpable de
todos su~ en&lt;;uelio3.
Después de m[, otros h ermanos vrn1eron,
pero ninguno logró alcJ.nzar aquel c:1rif!o tan
grande, tan vehemente, tan desinteresado,
que Felícitas abrigara hacia mí. Y yo tamuién
llegué á nutrir mi alnn ele niño con a1¡nel
afecto; á ella, m í.s que á mi mJ.dre, a cadía en
todas mis querellas, seguro de encontrar m1.yor benevolencia en su acogid:1; cun.ndo era
objeto de ca&lt;;tigo de parte de mis mayore.,, corría en po3 de Felicitas, las lágrim i.s en lo.,
ojos, repleta de sollozo., la g,u-ganta,y á la voz
de mis queja, también el llanto asom:i.ba á SLB
párpados, y m3 estrnchab:i nervio3:1m ,nte contra su pecho, en un transporte sentimental ele
a4. u ella alm.i c.'.mdid1, de aquella alm, inganua y transparente com:&gt; el agu:i. que corre so0

comodidadf's para seguir ú un h om 1&gt;re que la
engañaría desde el día siguiente, que la engañaba ya, abusando de la inocencia de sus po•
cos años? :N"o, y cien veces no!
Protestaba ciegamente contra el atentado,
celosa tal vez de aquel que ,·enía ú arrebatarle
algo que ya mi madre conceptuaba como suyo,
dominada por cierto prejuicio contra el hombre vulgar é inculto, el hombre del pueblo,
seductor de infelices obrera~, ebrio consuetudinario, incapaz del menor sentimiento de nobleza. 01 vi&lt;laba, en su arrebato de mujer decorosa y un tanto cuanto rígida, creyendo
obrar con la mayor justicia, olvidaba el imperio absoluto de ésa necesidad d e afecto que

Domingo 7 de Diciembre de 1902.
bre ]P.cho de rocnc;, retratanrlo en sus cristales
la infantil angustia que me oprimía.

···Y ~Í;~r~.. -~q;~¡¡¡· -~;;.t,~ -~~-¡~-~~~¡~¡;~··¡~~¿:
nicarnerite' el probable fin cercano de la mujer
que más me había querido en el mundo, _á
travé;, de treinta años de prueba. El sentimiento ele un deber, asociado al amor que
abrigaba para aquella mártir silenciosa de un
error involuntario, impuls6me á acelerar mi

rc6 res,&gt;, y en tanto que é,;te se realizaba, contesté la carta en cuestión, ma1üfestando que
pronto estaría de vuelta en el paterno hogar.
AguaL"dé, pues, impacientemente, los tres
días que aún debía permanecer alejado de la
familia; tenía yo algunos pequeños asuntos
por ultimar, y además, la víspera del día fijado para mi partida, fuí. invitado por uno de
mis buenos amigos de la localidad, para asistir á una cena de confianza con 4ue deseaba
obsequiarme antes de despedirse de mí.
1\lás de la media noche sería cuando abandoné la casa de mi amigo, en donde la buena
mesa, la música y la conversación de las mujeres hermosas me habían proporcionado deliciosos momentos. Llegué al hotel en que me
hallaba alojado, mi equipaje estaba casi hecho;
dejé para el &lt;lía siguiente su terminación y
me metí en el lecho, acariciado aún por el recuerdo de las breves homs precedentes.
Pero cuando volví á abrir los ojos, asombróme el ver que mi cua.rto se encontraba lleno de luz, y salté apresuradamente. El reloj
per;:;uaclióme de que, por desgracia, la hora de
partida había pasado ya. Me había dormido
como un podenco.
Tuve, pues, que resignarme á esperar urt
dia aún; pensé que sería oportuno aprovecharlo correspondiendo al obsequio de que era
deudor, y dirigí una esquela á mi amigo, invitfodole, en unión de su familia, á aceptar
el almuerzo con c¡ue de,,eaba m'l.t'.llfestar mi
reconocimiento. Elegí el almuerzo, temero,o
tal vez de que pudiera acontecerme nuevamente lo que no cesab:1 de lamentar, y en las
primeras horas d e la noche regresé al hotel,
dirigiéndome á la administración en busca ele
un criado á quien recom,mdar la hora fija en
que debía &lt;le:3pertarme.
Y al día siguiente, cutndo el criarlo 11am '&gt; á
mi puerta, puso en mi~ m 1.1103 un m :ms.1,je recibido la noche anterior. El mensaje clecia:
«E-,perábamo.'! tu llegad.a hoy, segút1 avi~o.
Felicitas ac.1.b1, de tn..Hir; expiró pronunciando tu nombre."
L1. n oticia m3 dejó helado. L:&gt; senti mac'11,
verdaderameute.
A.

Tacubaya.

G:&gt;NZALEZ CARRASCO.

�Domingo "/ de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO JT.,tTSTRc\1r,.

Obras en los }'uerfos-

PÓRTICO.

El nuevo NJuelle de Jampko.
L ensanche cada día
más rápido de nuestras redes ferrocarrileras, y el desarrollo
que al amparo de un
gobierno estable y
previsor adquieren las
relacioi.es comerciales de nuestro país
con las naciones extranjera:;;, hacía inclispensa ble la implantación en los puertos de
las costas mexicanas, ele todas aquellas mejoras directamente encaminadas, tanto á proporcionar á los buques las facilidades necesarias para la carga y descarga, protegiéndoles
contra las fuertes avenidas y los \·ientos, como
á lograr hacer de aquellos puntos insalubres y
mortíferos, en su mayor parte, lugares perfectamente saneados y habitables.
Así, vimos inaugurar, con grandes demostraciones de regocijo, las colosales obras de
Veracruz, que tan elogiadas han siclo, no sólo
en México, sino en el extranjero; y vemos que
en :Manzanillo se llevan á cabo en la actuali-

mús tiempo. El vapor «Cromtll'ty,» ele la c&lt;Cnban 8. R Linr,» fué el primero en atracar, i::iguiéndole el «Copella,» ele la &lt;cHúrrison,i&gt; y el
«Syrin,» de la «Hamburg Amrrican Line.»
~o ob~tante qne, como decimof-l, la inau-

Domingo "/ de Diciembre de 1902.

Quiero labrar un cáliz peregrino
para enterrar mis sueños de belleza,
cuando de mí ¡;e aleje la tristeza
a~perjando de flores el camino.

guración no tuvo el carácter de una fiesta, el
muelle se Yió muy cnncurrido. A las siete de
la mañana, hora en que atracó el «Cromarty,i►
había en la playa muchas perf:onas.
que esperaban el arribo del barco.

Hoy que comprendo que en mi ser empieza
la noche del amor, quiera el destino
que tallar pueda un cáliz peregrino
para enterrar mis sueños de belleza.
Y al ver la imagen de Yola2.da impresa
en mi espíritu, imploro del destino
( cuando de mí se aleje la tristeza)
que tallar pueda un cáliz peregrino
para enterrar mis sueños de belleza!
R. l\I. RUBIO.

COPO DE NIEVE.

m

Colombina llora,
Colombina ríe,
Colombina quiere
morir y no sabe
por qué ...

cobertizo.

r=-- - -- - - - - - - - , - - - - -- - - - - - - -,

Pierrot, todo blanco,
de hinojos la implora,
la besa y le pide
perdón, y no sabe
de qué...
La luna sonríe,
la señora luna ...
Y nadie ha sabido,
ni sabrá ni sabe
por qué ...

Yista desde el Rfo Pánuco.

El aspecto que presentaba el muelle con los
tres grandts vapores efectuando sus maniobras de deEcarga, fué de lo más sugestivo. En
una de las fotografías que publicamos, puedeverse con qué facifülad se lleYan á cabo esas
maniobras. Dentro del «tinglaclo» están lo~
carros del Central Mexicano, correspondiendo
el piso de los furgones al nivel de la parte del
muelle destinada á la línea ferrocarrilera. A
un lado queda el soberbio edificio aduanal,
recientemente inaugurado, con sus espaciosos
almacenes y oficinas, que alumbra una dota
ción, propia, de luz eléctrica.
La construcción del muelle es de lo mejorque se conoce, y los materiales de que se compone lo ponen á cubierto, tanto de la acción
destructora de las olaR, como de los incendios
En cuanto á su capacidad, se considera más
que suficiente para el tráfico ordinario.
Por demás está decir que con esta mejora.

MANuEL MACHADO.

VIDA NUEVA.
El "Syria" y el "Cromarty.''

PENSAMIENTOS.

el c~mercio resulta altamente beneficiado, y
que Tampico alcanzará muy pronto el más
alto grado de prosperidad, pues terminados
1os trabajos de la nueva línea que el Central
ba comenzado á construir entre México y aquel
punto, su comunicación con el centro del país
·será más fácil y más rápida.

***
Las desgracias no c~ni°pri&gt;ndid:lS
son las más
terrible!:'.-1\11110. E. Girardín.

***

La astucia no pueJe durar largo tirmpo
contra la sinceridad.-1Ime. ]IJontmarsón.

Cuando se corre tras del talento, se atrapa
la tontería. -1\Ime. Deshoulieres.

***

Las fotografías del muelle que aparecen en
nuestras columnas, nos fueron galantemente
-facilitadas pc,r el señor J. Ibáñez Del hom, fotógrafo muy aYentajado de Tampico.

*
*'*
El más grande arte 'de nn hombre hábil
consiste en ocultar su habilidad. - :\lile. de
Lespinasse.

Rindan otros insano vm,allaje
al prócer que en el auge resplandece,
y extremen la lisonja que envilece
y consientan la befa y el ultraje.
Bridón sin ligaduras ni rendaje
que en los vírgenes bosques aparece
quiere ser mi opinión,que se envanece
de su impulso libérrimo y salvaje.
Con mezcla de Cirano y de Quijote
anhelo conseguir que nunca brote
la servil alabanza de m is labios;
y he de cambiar desprecios por desprecios
y be de odiar el elogio de los necios
'
y he de amar la censura de los sabios.

HOJA DE ÁLBUM.
El muelle visto por el lado Este.

Grabar debieran el Amor y el Arte
en pentélico mármol tu hermosura;
el Arte, cual espléndida escultura,
y Amor, cual Pigmalión, para adorarte.

dad trabajos muy importantes. En Salina Cruz
y Coatzacoalcos se han emprendido también
obras de cuya utilidad se esperá, con razón,
una suma de bienes incalculables.
Por lo que toca al puerto ae Tampico, uno
de los más notables en el día por lo activo de
su comercio, tenemos que agregar á las notas
que con relación á sus progresos ha dado ya
nuestro semanario, lo referent.e al magnifico
muelle de acero construído para reemplazar
al de madera que allí existía y que fué, no
hace mucho, destruído. por un terrible incendio.
La inauguración del muelle mencionado se
efectuó el veinte de noviembre último, sin
pompa alguna, debido á que las exigencias
del tráfico no permitían que se retardara por

Y yo quisiera el pedestal labrarte
-donde serena, y arrogante y pura,
prodigio de estatuaria, tu figura
-se irguiera, como he!énico estandarte.
¡Quimérica ilnr,ión! Ilechos pedazos
&lt;le! cruel destino por los férreos brazos,
rodaron entre el polvo mis cinceles,

y dejo que cantando sus amores
se acerquen á t.u altar los trovadores
á conquistar olímpi&lt;.:os laureles!

.

FRAXCISCO lzÁB.\L lRIARTE.

Los vapores en el muelle.

El "Capella"' atracando en el muelle.

Ruü:-r A. U.BANO.

�Domingo 7 ~ Diciembre de 1902.

EL MUXDO ILUSTRADO

~L :MUNDO ILUSTRADO

sentaba u~ magnífieo a~perto: bF&lt; prqucñnelas
que lo binlaron, luciemlo la em)'olrnda cnl•ellera: ~l justillo y la falda. corta, se Yeían bermos1s1mas.

~a c!iesfa escolar

En suma, el festival constiluve un verdadero triunfo, tanto para su infatigable organizador, eomo l ara los niño~ q11e ('11 (1 torna rn11

BRILLANTE ÉXITO.
los. Recorren entonces las niñas el foro, y á
sa lecci6n aprendida «de bulto,» si cabe la
una indicación de su directora de juego, se
Pocas veces, sin duda, se habrá efectuado
frase, fué de lo más llamativo: las niñas que
detienen para pronunciar :el nombre de-una
en México una fiesta tan simpática y conmo•
en él tomaron parte hicieron derroche de grade las constelaciones. Laj1ue acierta, pas(á
vedara como la que el martes por la tarde se
cia. Se supone que al salir de la clase las pedesempeñar el papel ;de la Tierra, y el Sol le
verific6 en el teatro Arbeu, con asistencia del
queñuelas, tratan de divertirse: Julia Mons,
designa á la Luna como su inseparable satéliSr. Presidente de la República, de altos funque fué la que dirigi6 el juego, escoge entre
te. La Luna gira después al derredor del placionarios de la administración y de numero!'11"' eompañeraf", para qus represente rl sol, á
neta, siguiéndola en
sas familias de la mejor socied,Hl.
un vals que baila con
Nos referimos al fesdesenvoltura y correctival organizado por el
ción.
Sr. Director deinstrucNo fueron éstos los
ci6n Primaria, Iog.
únicos
números del
Miguel F. Martínez, y
programa
que desperen el cual tomaron partaron
el
interés
de la
te los niños de las esconcurrencia;
el
c,Hocuelas oficiales. :2:~--'
menaje
á
la
Ciencia»
La celebraci6n de un
fué un cuadro verdaacto de esta naturalederamente hermoso, y
za es más significativa
que nos abstenemos de
de lo que á primera visdescribir, tanto porque
ta parece: es laconfirccEl Imparcial» lo hizo
maci6n plena, la prue •
ya pormenorizadamehba concluyeute ~de ""G
te, como por la falta de
mucho que ha hecho-;!
espacio. La recitaci6n
Gobierno en beneficio
del poema de Rafael
de la educaci6n del
Obligado, c,i3antos Verueblo, esforzándose
ga, el Payador,» hepor implantar en el
cha por los alumnos de
país los modernos sisla Escuela número 4, y
temas de enseña11za.
el «Himno á la EscueLa fiesta escolar conla,» cantado por ciento
firma nuestra opinión:
Almonte y dos jefes insurgentes dando órdenes antes de la defensa del fuerte de San Diego.
diez niños é igual núel simulacro de defensa
mero
de
niñas,
merecieron
asimismo de parte
de San Diego por los
la más guapa, y separa á las otras en grupos
de la concurrencia muchos aplausos.
insurgentes (19 de febrero de 1812), durante
que representan las constelaciones del ZodíaDebemos también hacer menci6n de los
el sitio de Cuautla que hizo inmortal el nomco, designando á cada una de las niñas como
ejercicios
militares, que resultaron muy visbre de Morelos, es, al par que una· lecci6n de
una estrella.
historia patria, que no olvidarán nunca los
tosos, ejecutados por un grupo de 60 niños,
Una vez qmi pueden distinguirse las c&lt;estreniños, una bella lecci6n de civismo, que deja
y de la c,gimnasia estética,» en que demostrallas» por sus nombres impresos sobre bandas
en sus almas recuerdos imborrables y muy
ron sus habilidades niñas vestidas de negro y
que les coloca sobre el pecho, designa á las
rr jo. En cuanto al «minné,» el e1-cenario pregratos.
que, con los ojos wndadoF&lt;, deben adivinar
El Juego de la CoFmogrnfín, otrn herma-

Domingo 7 de Di..:iem 1 re de hlJ

MINIATURAS.
Unga la mujer totlo
el bien que le sea pnsililc; ame y socorra {1
los menesterosos;y por
Lle~graciada que sea su
vida, ~i PmprP trrnlr:'t

.,
)

Las tres principales figuras en los ejercl ,vs de Gimnasia J•:stétlcn.

en sus 1·ecnercloG un
pedazo de cielo azul,
un horizonte sereno,
adonde volver sus fatigados ojos.
** *
El mundo, es ver-

recrea con su celestial aroma 6. la f.ociedad',
encubriendo los defectos de quien la posee.

dad, rinde vasallaje á
la opulencia; pero s6lo rinde culto á la virtud: aplamle los talentos brillantes, el fans ·
to, t~do aq~ello, en fin, que des'.umbra; pero
al mismo tiempo trata de empañar esos talentos con los tiros de la eñYidia.
'Cnicamente ama y estima verdaderamente
á la modestia, porque la modestia es la bar-e
de muchas.virtudes; y,semejante á una perfumacla diadema que adorna una cabeza herid:i,

La s9ledad tiene sobre el alma una pod~rosa influenci_a; ella la cm peq ncñece (, agranda.
-"\ftn". f'nnrinl'll.

\

Moreios, los hermanos Galeana y el abandernti'o en el cuadro
to de Calleja lí. la plaza de Cuautla.•·

parte. Deseosos nosotros de consignar esta
nota altamente simpática, puh!iP-amos en este
número algunas fotografías que nuestros lectores, estamos seguros, verán con gusto.

***

En nuestro pr6ximo número completa.remos la informaci6n relativa al festival con
gra.haclos muv intere!'antes.

dramJítico,

"Asa!-

El egoísmo y el orgullo son casi i II evi ta.blet
en el ser que no ha comagrado su vida á un
objeto superior á él.-Mme. Kécker.

***

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Dos parejas de l m·n::'
RI Sol, la Tierra y la Luna, en el juego de la Cosmografla.
$agarra y Rul frente al parapeto de los ln~mgentrs.

::\Ioreno, en el

1

'Ilomec:1je .=i la Cienc-la."

�Domingo 7 de Diciembre de 1902.

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EL UUXDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

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EL turíbulo ai·dieote subía el incieoso, tt·emolaudo y extendiendo sus nfrea.s muselinas; resonaba la bacina al golpe repetido de las monedas de cobre; las
pequeñas flamas aleteantes de
las lá1Dparas v(&gt;tivas parecían mariposas de luz
que se ahogaban, y Flntt·e el abigarrado tropel
de gente devota, salimos del templo apretujados,
juntos, muy juntos y alegres, quizá porque fui mos á rngar por nuestro amor, que presentía metamorfosis en la auseocia. Cerca de la última
hornacioa. nerviosa.mente me santiguó, y tembloroso y mudo, ¡con qué uoción besé la. cruz que
formaba su manecita. blanca como un lirio, como
una ala pequeña de paloma, ó como uoa marmórea. benditera. l!":u el ábside sonoro los postreros
cantares resonaban aún!
¡Oh, cmío cierto es que los recuerdos son las
rugosidades del alma, que semejantes á las de los
peñascos, oecesitau, p1tra borrarse, años de estar
en pugna coa las aguas del tiempo!
Yaen la.calle, seguimos la.calzada que conduce á las afueras de la ciudad. Por el cielo escampado pasó un vuelo fugaz de golondrinas. ¿A
dónde irán, me preguntó dulcemente, mientras
yo contemplaba sus diminutas orejas como conchuelas de nácar; su boca, que me recordaba las
fresas que la madurez empurpuró, y su rostro,
tatuado por el sol r esplandeciente, que d ibujaba
sobre él las móviles ramas de los sauces, tatuaje fantástico en forma de plumas, palmas é insectos.
Sin respondet· á su pregunta, susun é á su oído
esta estrofa de una antigua canción: «Ea silencio se mezclaban cual perfumes, -y en silencio se
mezclaban como soplos,-y en silencio se fundían
como lágrimas-nuestras almas en un beso silencioso.&gt;
El anoyo gorgoriteaba en el hueco labrado
por sus ímpetus, semejante á un eoorme hocico
que hacía gárgaras imposibles. Un hombt·e canoso sonrió al vet·nos, y con voz hiposa é intermitente, coa secuencia del paso tot·pe de su cabalgadura, nos dió los buenos oías.
-Oye, dijo Taide, mi corazón ha sido tuyo,
pero temo que este año al terminat· tus estudios
de pintor, el triunfo, la lisonja, la frecuencia de
círculos elegantes, todo haga que te olvides de
mí. .. ¡recuerda he crecido á tu sombra para ti!...
Su voz se fué extinguiendo como el trino del
ave que se interna en un bosque; cubri6seelrosko con las manos, y sus lágrimas corrían como
cristalinas arañas á esconde1·s.: entre los encajes
de su gola.
El a1·royo seguía locamente carcajeácdose;
he1·vía, salpicaba las flores de la orilla, y en sus
pequeñas caídas agitaba su espuma como una
erunarañada madeja de hilo; algunas raíce:s redondas, como miembros anquilosado::s, fingían
lavarse eu la co1·riente pura, en titnto que á nuestro paso los álamos de co1·teza manchada cual si
estuvieran envueltos en pieles de peces pintos,
movían sus hojas como monedas de plata.
-Calla, dije á Taide ; si obtengo triunfos, será
por tu amor. Inocula1· en mi espíritu un cariño
y poder sentir sus liebres, sus dolores íntimos,
sus estremecimientos, sus dudas; tener mi pensamiento clavado en ot1·a alma, como la ma1·iposa
en el cáliz de la ilor; eso queda: ¿no se han cumplido mis deseos·! Guardaba temuras infinitas,
multiplicándose apiñaaas, esperando como la
mazo1 ca de maíz heredad fecunda para de:.gra-

narse y florecer. ;.No be aumentado mis sinsabores con el único fin de que seas mía? Too ta! ....
Anduvimos en silencio. Nuestros corazones, al
hablar así, se consolaban momentáneamente, pero temblaban por algo lejano, vago é impreciso
que llegaría; temblaban como las alondras en
sus nidos, adivinando que á la madrugada el
rocío ele la aurora bordaría. con chaquiras su
plumaje esponjado. Teníamos la seguridad de
que el porvenir- si nos hubiéramos equivocado!
-escondía. para nosotros un precipicio un obstáculo -á cuyos bo1·des áridos tenddamo; que despedirnos.
Y era \"erdad lo que decía á Taide. Antes de
conocerla me atara;rnba el fastidio, y en mis fu.
gaces momentos de nerviosidad, ansiaba, no un
amor sosegado, sino impetuoso, turbulento que
rasgara el velo de mi tristeza, que me cubrü~ como polvorosa telaraña; que luchara por quebrantar mi voluntad, me hiciera caer de capricho en capricho, y ser, en fio, igual {t la flor que
el torrente buode, sostiene 1'L .flote, y despedaza
besándola siempre. l\Ie sentía capaz de amar con
la vehemencia de un león, y podía también pasar
horas eoteras junto á mi amada, con la delicadeza y curiosidad de un niño que observa sucederse con rapidez los colores fugitivos en las
burbujas de jabóu. En ella eucoatré todo.
La úuica familia de Taide se componía de una
vieja tía, propietaria de una finca contigua á la
de mi madre. La tía Paz, así la decíamos, á pesar de su 1·ostro ma1·chito, trnscendía á elegancia y hermosura, tal cual las flores guardadas
durante mucho tiempo ea un libro exhalan un
iwoma muy leve. fogenuamente devota, empleaba sus ocios en la confección de afiligranados
sobrepellices, que r egalaba {t los curas humildes
de las pai·roquias cercanas, y en devanar con
sus maravillosas manos débiles, seda pa1·a síngulos que tenían el mismo destino. Para estas
uos mujeres buenas, mi madre y la tia Paz, la
alegría estaba en nosotros y la tomaban de nuestros semblantes. BaJo su custodia y á su calor
nació nuestro cal'iño, sencillo como las tapice~
l'Ías que el musgo tiende en las calladas, a1·1·0Jla
á los árboles y teje enlascicatrices &lt;lelas rocas.
-Deotro de una hora frás muy lejos, dijo Taide apoyaodo eu mi bomb1·0 su cabeza. ¿Pensarás en mí":' De pronto, deteniéndose, exclamó con
su som·isa luminosa: -¡Qué tontas somos nosotras! ¿Sabes en qué venia pensando:'¡ Figúr..te
una. bobería! Pensaba: &lt;Hubén no de be frse, m¿
quedo sola, puedo morirme quizá y no le volveré á ver!&gt; ....
Se calló brnscamente, como si su pensamiento
hubiera hallado en su camino un obstáculo, como las tórtolas que refrena.u el vuelo cuando el
azor apenas se dibuja en el hol'izonte.
-¿En qué miís pensabas':' insistí yo.
-En muchas cosas que no quiero ni debo decirte, me contestó lloraucto; ¡soy una loca.! ....
::;us palabras llegaban á rn1 01do vagas y confusas como el susu1T0 lle una selva. ::;u vestido
ondulaba movido por el iü1·e; oprimía su busto
un corpil1o ligern, y entre las vapornsas blondas negras de las mangas, sus manos semejaban
copos ue nieve pendientes de ramas de ciprés.
- No llores! exclamé con los ojos erupañu.dos
tamoién poi· el llanto; óyeme. i Ah, uo sabré nunca qué augustias clestlorai·on e n ese momento los
cristales ue su alma! Sabes, continue, que nunca
he siuoce!Oso, y uo lo he sido, porque teugo absoluta fe y conlianzu. absolutu. en tu bondu.d. Así
no atribuyas u. celos lo que voy á supltcarte : es~

--:

--

tás obligada·á asistir al paseo que anualment
hacen en honor de la tía Paz, y el cual tendrá
verificativo dentro de dos días en la falda de
puente que dista de aquí seis leguas. Asistirá
Gustavo, lo sé por él mismo, y no extra11es que
siendo mi mejor amigo, te ruegue sea la última
vez que lo trates.
¿,Fué que una nube opacó instantáneamente la
luz del día ensombreciendo todo, ó, en efecto, veló su semblante un torvo presentimiento? ¡No lo
supe entooces: ....
Anduvimos largo trecho distraídos. En las
brumas de mi memoria aparecía Gustavo, cuya
estúpida sensualidad, propia desu temperamento,
ardía en sus fras&lt;-s aliñadas y flexibles como
víboras;en su5 miradas lánguidas é intensas, pe1·clidas én una vaga lontananza, donde el ensueño,
la febricitl111te abstineucia y la h .. juria, desbandan sus visiones frescas de vida, que sobre muelles edredones revuelcan sus fastidios ó adormecen voluptul)samente sus cansancios. Sus lecturas, su exquisita sensibilidad y fervoroso cu lto
á la belleza, afinaron su lujul'ia, que plegaba, sin
que él St&gt; diera cuenta, sus labios húmedos y carnosos. En sus ojos claros se adivinaban á ratos
profundidades atl'ayeutes; se me antojaban límpidos rema.usos en los que el sol, filtrándose á
través del follaje de uo sauce, comunica t1·anspareocias á la masa de agua sin iluminar el fondo.
¡Oh Dios, qué inmensamente dolorosos son los
recuerdos &lt;le mi juventud!
Hepeotinamente, como invisibles tórtolas ai·rulladoras, salieron escapados ele la tol'l·e de la
aldea los sonidos de la campana.
- ¡Las nueve, excli.iné apesadumbrado, es preciso volvernos! Deben de esperarme ya con los
caballos que han de conducfrme á la estación.
Agregué en tono muy bajo: - Sé fuerte al despedirme; nos ahorra1·ás un sufrimiento.
s...,uozaba y no pudo responderme.
-¿Por qué te afliges·:' le preguoté. Cuando vuelva, serás mía, no nos sepa1·aremos, te contaré los
encantos y amarguras de estudiante, te most1·aré
mi vida ctía poi· ella como las hojas de álbum; tú,
en cambio, me arrulla1·as con tu charla armoniosa, en la que br1llarán como curiosidades sacadas de un cofre pet'fumado, tus travesurns ioocentes, tus sueños, en 10s que viviré escondido,
y tal vez alguoos dolores ieves colados de ronuón en tu espíritu.
La hice apl'esui·a1· el paso. El sol bañaba los
arbustos de la. avenida, que al dibujar sus frondas en el t,uelo, fingían cnarcos caprichosos úe
tinta; en la plaza principal una turba de vendedores ambulantes voceaoa sus mercancías, y la
pequeña esquila ct.: la iglesia, poseída de un gran
regocijo, seguía pirnete ando.
.Gn el portón éncontn1,mos á la tía Paz, á mi
madre y á un criauo. Por sus eoca1·gos, y súplicas y consejos, s.:ntia m1 corazón ues1allec1do.
Ap1·tlsm·é la ue~pell1da; besé tí Ta1&lt;1e, y en ese
beso no sé poi· qué c1·eí que nuesti·as aunas se
desprendían pai·a siemp re.
Rápidamente desauuaé el cabi·esto de la escarpia; el caballo, al se ntir el peso de mi cue1·po,
partió al galope.
.l!:l aii·e uel campo quién sabe qué cosas susurró á mi oiuo, rerrescó mi frente, agitó mis cabellos ¡ay!, pe.ro no pudo evapo1·ai· m1s lágrimas!
.l!:l pano1·ama e¡_ ue se desarrollaba. ante mí, adormiló mt pumante melancolía. Los montes verdinegros ue ocotes uesllecados y silbantes, cuya
so1emne ma¡.:stad ac1·ecentaban los gorjeos rncomptetos de los pájaros; las nubes rozando los

'

árboles, como si éstos humearan incendiados· el
río que culebreaba en el profundísimo barran~o
negro como nu hilillo de betún ; el sol chorrean:
do fueg&lt;? Y abrasand_o la campiña, por cuyo calor la berra, en varias partes cubierta de musgo
verdoso, con reflejos metál~cos color de hiel, parecía que_ sudaba; las cemzas nopalel'as como
mu_est:ar10~ de extraños fetos; cada color, cada.
paisa¡e de¡a.ba su gota de miel sobre mis dolores.
":nocbecía cuando clistinguf las luces de la estación ferroviaria. El silencio aguzaba mi oído,
y clara1;1ente oía el roce de una hoja seca de mafa
q~e el viento ~octurno venía empujando. A pocos
mrnutos dormitaba en el t ren, arrullado por su jadeo, y á la mañana siguiente instalado en mi cuarto de estudiante, recordaba los rosales florecidos
de las casas de mi pueblo, las cercas de piedra
doode se posan al mediodía los lagartos verdiobscuros como puilales pavonados, la hacienda
de mi madre, silenciosa y blanca, v sobre mis recuerdos tod?s, Taide pura y bella.'
1\Iis estud10s y trabajos diarios hicieron recobrar su buen humor á mi espfritu. El quinto día
de mi estancia en la Capital, á mi vu&lt;-lt:, de la
Academia de Bellas Artes, ent•ontrésobremimesita de trabajo la anhelada carta de mi hogar.
Nadie trazará .í rasgos finísimos la urdimbre de
impresiones que sa&lt;!uden el será la vista de una
carta amada. Cuando rompí el sobre. sentía apretada la garganta por una alegría ó angustia que
no sabré explicar.
l\Ie decía mi madre que en el paseo verificad O
en honor de la tía Paz, Taide había caído del
caballo )' había muerto.
¡Ab! morir cuando en nuestl'os corazones rayaba el día; morir cuando ella sintetizaba mis anh elos y esperanzas! ¡ Ah! morir cuando el prime1•
amor salpicaba las concieucias de perfume; morir cuando todas las ideas, todos los pe11samientos, todas las bondades, convergían en un punto; mori r cuando .... ! ¡Oh Dios mío, tú que eres
eternamente bueno, que regaste la semilla del
consuelo en las alma~ inconsolables, que abriste
los veneros del amor en los pechos sin arrullos,
y regaste tus resphtndo1·es en los corazones que
eran noches . ... ! ¿por qué me quitaste á ella, que
e r a mi porvenir, que e1·a mi juventud, que era mi
vida? ..... .

***
Ignoro el tiempoqueestuveenfermo, pero cuando comencé ií pasear mi convalecencia por los
j a rdines y arboledas, tenía en los labios y en la
mirada una amarga dulzura de un bien perdido
y lejano, muy lejano.
Un año hacía que había cambiado mi domicilio á una alegre barriada del poniente de la ciudad. A llí soñaba pensando en Taicle, al can,ado fulgor mortecino de los crepúsculos clolieotes.
F1·ente á mi habitacióo estaba un balcón cerrado
siempre, y festonado caprichosamente por yedras
y madreselvas frondosas . De tarde en tarde llegaba á mis oídos, conmoviéndome profuodamente por los recue1·dos que despertaba en mi memoria, una voz trémula, dulce y sollozante que cantaba con infinita vagnedad y tristeza:

«Volverá mi recuerdo cuando muera,
A traerte, mi biPn, melancolía:
C'omo vuelve, alejándose el invierno,
A su nido de ayer la golond1·ina.
No me olvides, yo te amo, está seiruro
Que volveré á tuc; hl'azos al¡rún día.
Como vuelve, alejándose el invierno,
A su nido de ayer la golondrina.&gt;
¡CuiÍntas ternezas &lt;lespertaha en mí la vocecita ele mi clescouocicht cantadora!
Así las risas de los címbalos lejanos encuentran en al,rún polvoso piano un eco que les
responda, y que acurrucado dormitaba como un
niilo abandonado por sus padres.
Rentía {L veces el imperioso deseo ele ir á su
deparmento, preguntar quién era, hablarle. decirle que le estaba infinitamente agradecido, porque su voz y sus canciones me hacían pensar en
oh'a voz y otras canciones que había oído ele
unos labios amados que callaban entonces porque estaban aprendiendo nuevos ritmos en un
pafs de misterio y de silencio donde las almas se
convierten en cantos inefables.
¡En cadr1 hígrima que me arrancaban esas estrofas, rodaba una bendición!
Uoa tarde• de crepúsculo sang-riento, esperaba
la llegada de mi madre y la visita de la, tía Paz;
¿,qué conversación nuestra no tendría por trama
la bondad de la inolvidable muerta'?
:\Iientras lleg-aban, distraje mi impaciencia
observando el desbanclamiento ele nube, escarlata, anaranjadas y violetas; oyendo los vagos
susurros de los árbolM poseídos ele súbitos estremecimientos. la bulliciosa algazara ele par•
lanchines go1Tiones empeñados en meliflua contienda p01· logl'ar un camarín en la em·amada, y
vieoelo al gato, sobre la silltL esparrancada, en
quieta somuolencia, con su eterno hervo1· en el
cogote.
Todos los detalles de aquella época de mi vida, dolorosos y alegres, los conservo de tal manei'a grabados en mi mente, quec1·eo que niagúu
sacudimiento trágico vivirá en mí con mayor inteusidad de precisión.
H,.bía dejado de ver á la tía Paz mucho tiempo; y cuando la vi en el dintel ele la pue1·ta tendiéndome los brazos, con el rostro c1·uelmente
ajado y los cabellos canos, débil y encorva.da,
parecía. que mi pasado esti, btL frente á mi porvenir.
Respetuosawente besé sus manos y la senté en
mi lecho.
-¡Qué viejo estás! me dijo en tono simpático y
burlón. Dentro de dos años se te verá la cabeza
como si la tu vieras envuelta en un pañuelo
blanco.
-No es difícil, contesté soarieud.o.
Agregó:-Tengo que decirte algo muy grave
antes que llegue tu madre, que supongo no tarda.
La vida te ha vuelto reflexivo, prudente y sobre
todo l'azonable. E,·es ya un homb1·e capaz de soportai· con calma. cualquier hecho, cualquie1·
acontecimiento, por intensamente abrnmador que
sea. Eres algo más que un homb1·e; como te dije
al principio, er es un viejo á quien yo quiero como á un niño, y para el que todas las alegdas
me pai·ecen pequeñas si poi· un momento se las

Domingo i &lt;le Dicirmbro de 1902.
pudierlL dar todas. ;),le entiendes·~ agregó conmovida. Ahora escúchame, y sé fuerte.
Tal solemnidad había en la tí11 Paz al expresarse, que instintivamentP incliné el cue1·po como euando SP &lt;-spera 110 ¡ olpe rucio.
-T11ide no ha muerto, exclamó más blanca
que la cera y con los ojos fijos~- brillantes.
-;.No ha muPrto:' elije non voz 1·onca ahandon;inclo mi asiento y tomándole con brusquedad
las manos.
-No ha muerto, contest6 iÍspPt•amente, y aun
cuando comprendo qu&lt;' serás capa1 ele estrang-ularme por saberlo todo de un g-olpe. e~ preciso
que me oigas portándote como un hombre y no
como un niño: siéutMr.
l'recipitaclau1ente continuó: -En el paseo del
año pasado. que debes recordar, iba como invitado de una dr mis amigas Gu,ta\·o Hartmana.
-Gustavo IIartmann, grité desl'sperndo.
-Calla, contestó jadeante, es&lt;·tíchame.
'.rodos íbamos á ca hallo, y it la entrada. del
monte, en el lugar preci~o en que el boscaje• se espesa, el animal que Taicle montaba se enc,Lbl'itó
por el ruido ele alguna hoja seca y em2,rendió la
carrera. Nos parnlizó el espanto y el pensamiento de que en la falda resbaladiza el golpe era seguro y la caída mortal. Todos quisieron marchar tr~sella,p?ro Gustavo,como un relámpago,
se teud1ó sobre el caballo,que azuzado,brincaba
como un gamo, perdiéndose bien pronto entre la
obscura malt&gt;za y las quebradas de la montaña.
Inútilmente esperamos su regreso, v entonces
nos diseminamos en el bosque con ei fin ele encontrada. Todos teníamos el alma cuajada de
preseotimientos.
Xuestro p1·ime1· hallazgo fué espantoso. Ea el
fondo ele un barranco estaba Gustavo con el cráneo despedazado. ¡ Ay I e!1 ese momento comprendí que en una hora se puede en vejecer. M1ís adelante encontramos desmayada {L Taide, pero viva aún.
Ahora escúchame y sé más fue1'te aún. Voy á
concluir.
Cuando Gu~tavo corrió eu busca de Taide,
¿sabes lo que hizo'! :No detuvo el caballo; poi· el
contrario, lo fu:stigó brutalmente para que se
desbocara y caye1·a. ¡Oh Dios! ¿po r qué los árboles no vol viet·on hacia él sus brazos y lo desmenuza1·on en el aire! Cuando la vió tendida sobre la yerba .. ¡ah Rubén, Rubén, todas las azucenas deben de habei· ceri·ado á esa hora sus cálices!
-¡Maldito! exclamé como un loco. No haz
muerto y debes morir despedazado por mis dientes, magullado por mis manos, pisoteado por mis
plantas! ¡Taide, Taide! sollozaba. Como á un
conjuro, abrióse la pue1·ta y apareció ella vestida
de negro y con una palidez ult1·ate1·reste.
-Gustavo ha muerto, dijo, yo soy la desconocida cantadora; te amo, y he vivido con mi amargu1·a incomparable sólo por ti.
-Retírate, exclamé con voz abogada.
-Calla, gritó mi madre, entl·aado en ese momento; nadie sabe nada, y yo, que soy tu madre
y que para ti quenía lo más saeto, te ruego que
la quie1·as: quiérela, dijo juntando nuestras cabezas, que bañaba con su llanto.

--~
-~

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---~_;;

�EL 2'1UNDO ILUSTRADO

Domingo 7 de Diciembre de 1902.

~L t\l UNUU lLU::,'J'l{AlJI/

Domingo 7 die Diiciemhre de 1902.

. -Te pido que robes ]as carnes frescas quetien~n los ho1;1bres de la llanura. Te pido que
asesines al primero que encuentres. Te pido
que te apoderes de ]as víctimas ofrecidas á tus
,dioses y que todo lo deposites á mis pies.
El le agradeció que no pidiera más é hizo
lo que le había exigido.
'
Durante una hora tocó delante de ella; pero
después rompió su lira y vivió como si estuviera muerto.-PIERRE LOUYS.

E

La ■uerte de las murallas.

medio de un universal encogimiento de
· hombros, único comentario hecho á su
n:iemoria,sola y muda oración fúnebre pronunciada sobre sus esrombros, van cayendo las

ra ¡uíticos y escuálidos,
los niños se acurrucan
ante el rescoldo cárdeno;
y allí tiritan .... lloran
al escuchar los ásperos
y lúgubres chillidos
de los siniestros cárabos.

sus alas el relámpago,
despréndense las hojas,
despiértanse los pájaros,
azota las vidrieras
cor: recio impulso el ábrego
y el rayo cruza y hiel'e
como celeste lc'ttigo!

mis delit·antes súplicas:
bien sé que estíts muy lejos,
¡oh blanca estrella fúlgida!
Por eso, de mis labios
se disipó la púrpura ..... .
y están mis ojos trist,,s
y mis pestañas húmedas!

Ya lh:1,ra !'l rudo invierno
-con sus 11101·dieutes 1·áfagas,
&lt;'On sus tupidas nieblas
como flotantes sábanas:
ya rueuan de los troncos
enfermas las parásitas ...
y están I as flores mustias
l' las mujeres pálidas!

Por las obscuras grietas
de las mortuorias lápidas,
las gotas de la lluvia
descienden frías, lánguidas·
¡ob trágico destino!...... '
Tal vez únicas htgrimas
que en su mansión de sombras
1·eciben los cadáveres!

Refúgiate en mis brazos
en estit noche tétrica
Y esconde eut1·e mis manos
tus manC'citus tl'émulas!
Calor y luz ansío
de tu mirada angélica,
mientras la bri,m cbarla
con la llovizna gélida.

Tal vez mn.íiana mismo,
cuando estos melancólicos
cantares á ti vuelen
con su vibrar monótono,
yo duerma solitario
bajo el sepulcro lóbrego,
soñando que me estrechas
contra tu seno mól'bido!

La dl·nsa llu\'ia cae
&lt;ion ei;pantoso estrépito;
sus membranosas alas
agitan los 111u1·ciélagos,
y en las inmensas playas
el mar undoso y pérfido
.queb1-ántase en las r@cas
con ímpeUl colérico.

Doliente y ojerosa
la luna avanza tímida,
y escóndese en las nubes,
ya inmóviles, ~-a undívagas;
en 1as desiertas calles,
sobre las losas frígidas,
mellio desnudas tosen
las pordioseras tísicas!

llesuene en nuestras bocas
el beso como un dntico;
y en t,into que apuremos
nuestra ventura extáticos,
que azote las vidrieras
con r~t:io impulso el ábrego
y el rayo cruce y biera
como cdeste látigo!

Pues yo sé que este invierno,
con lento p,tso rítmico,
se irá con sus tristezas
y su ropaje lívido!
pero este que yo guardo ..... .
tal vez el más fatídico
de todos los iu\"iernos ..... .
eterno es en mi espfritu!

En las pajizas chozas,

Allá lejos sacude

volver, todo lo negro y trágico; quedaba únicamente lo hermoso, lo inofensivo: los monumentos, la tradición, la leyenda bizarra y hermosa nimbada y consagrada por el beso amoroso del Tiempo.
Y la prisa febril y loca por destruir esos
restos menospreciados y entregados al olvido,
habla con voz doliente de nuestra desnudez
de espíritu, con la voz misma con que hablan,
en derredor de las murallas que se vienen abajo, los rostros atormentados por el afán insaciable de ccl'argent,,, y los antiestéticos trajes
modernos de los transeuntes.
Muy cerca también, l os carros eléctricos pasan apresuradamente lanzando al aire la canción triunfal del repiqueteo de sus timbres.
Edificios utilitarios y feos, ceñudos, sin ale-

JULIO FLÓREZ.

Mas ¡ay! bien sé que no oyes

Nuestro pats.-Parroqula. de Taxco (Gue)

(Fot. Waite.)
I

LA FLAUTA ENCANTADA.
otro tiempo habitaban ]a Tracia ani•
mn]es salv:ijes y algunos hombres ame- - - - drentaclol".
Los animales ernn muy hermosos: había
leones rojos como el sol, tigres rayados como
la tarde, y osos negros como la noche.
Los hombrei::, enanos y chatos, mal cubiertos de viejas piele,:, armados de lanzas toscas
y arcos grosero,:, i::e e1,cerraban en las cavidades de las montañas tras monstruo·sos bloques
que ellos rodaban trabajosamente. Pasaban la
vida cazando, y corría la sangre en los bosques.
Era tan lúgubre el paíf', que los dioses lo
habían abandonado. Cuando salía Artemisa
del Olimpo, al clarear la mañana, jamhs seguia ca mino que llevara al nQrte. Las guerras
de allí no inquietaban á Aree; la fªlta de flautas y de cítaras alejaba á Apolo, y solamente
brillaba la triple Hécate como una cara de
medusa sobre un paisaje petrificado.
Entonces fué ú habitar allí un hombre de
una raza más feliz, quien no vestía pieles como los salvajes de la montaña.
Usaba larga túnica blanca que ]e arrastraba
un poco. Gustábale errar de noche á la luz
de la luna por los mullidos claros de los bosques, llevando en la mano un pequeño carapacho de tortuga, en el que habfa clavados
dos cuernos de uro, entre los que se tendían
tres cuerdas de plata.
Cuando tocaba con sus dedos las cuerdas
música delicioi"a las recorría, mucho más dul~
ce que el murmullo de las fuentes, que las
frases del viento entre los árboles ó que lamodulación de las aves. La primera vez que tocó, despertaron tres tigres, tan prodigiosamente encantados, que lejos de causarle ningún mal, se le aproximaron lomásquelesfué
posible, y se retiraron cuando cesó. Fueron
más los que acudieron al día siguiente, así como lobos, hienas y serpientes que se paraban
sobre la cola.
Y tanto fué así, que muy poco después iban

los animales mismos á suplicarle que l es tocase, sucediénclole con frecuenria que u11 oso
llegara solo junto á él, y con tres acordes maravillosos se marchara contento. En cambio
de sus complacencias, las fieras le proporcionaban alimento y le protegían de los hombres.
Pero le fatigó su fastidiosa Yidn. Tan convencido llegó ri. estar &lt;le su genio y del placer
que daba á las bestias, que ya no se esforzó en
tocar bien, y las fieras, con tal que él lo hiciera, quedaban siempre satisfechas. Notardó en negarse aun á concederles este gusto, y
dejó de tocar por indolencia. Toda la selva
quedó triste, mas no
por ello escasearon á
]a puerta del músico
les trozos de carne ni
las frutas sabrosas.
Continuaron alimentándole y le amaron
más, porque el corazón de los animales
es ar:;í.
Un día, sin embargo, en que, apoyado
en su puerta, miraba
cómo de:::cendía el sol
tras ele los árboles inmóviles, pasó cerca
una leona. Dió él
muestras de entrar,
cual si temiese mole!&lt;tas solicitudes; rero
la leona, sin cuidarse
de él, pasó tranquilamente.
Entonces le preguntó sorprendido:
-Por qué no m e
ruegas que toque?
Ella le contestó que
no lo deseaba.
Díjole él:
-:So me conoce,;?
Y ella le respondió:
-Tú eres Orfeo.
Agregó éste:
Nuestro

-Y no quieres oírme?
-Xo quiero-repuso ella.
-Oh !-exclamó el músico-cuán digno sov
de lástima! Tú eres ¡ior quien yo hubiera tocado. Eres mucho más bella que las demás v
debes de comprender L1ejor. Por que me escuches una hora solamente, yo te dar é cuanto
soñares.
Ella le respondió:

murallas t errón á terrón-dijérase más bien
que van derramando gota á gota sui, lágrimas
de piedra.
Lloran acaso los viejos murallones, doblegándose y desapareciendo bajo la piqueta indiferente é impasible del ,cprogrei,o,» la poesía
del pasado que con ellos muere; todo lo que
&lt;¡ueda de un mundo cruel y hérpico desaparecido para siempre, impulsado por un mundo
nuevo, más justo, pero más prosaico.
Yo las miro caer, entre la indiferencia estulta ó ciega de la multitud, y siento sobrecogida el alma; porque veo en su caída y la in•diferen::ia de hielo con que la miramos, un

gría como nuestra época, muestran sus freutes
grises de piedra en los alrededores.
El progreso triunfa. ¿Pero sómos más felices?
Siempre apresurados, sin parar jamás, Judíos
Errantes de un ideal sin grandeza, hostigados
por la neurosis del oro que nos ciega
la vista con á ureo velo, y sin tiempo
para admirar, ni para comprender ni
para realizar la belleza, vamos perdiendo á la carrera la alegría, la salud del
espíritu y del cuerpo, la serenidad, la
risa juvenil que un tiempo tonificara
y confortara y llenara de gozo con su
argentino tintineo los orbes.

ESTCIJIU FOTOGRA!i'I CO.-(M.

Torres. -Profesa, 2

la uniformidad e~túpi&lt;la del sombrero de r,opa y de los absurdos pa n ta.Iones de la mesocracia.
La n1lgaridad triunfa. Triunfa Sanrho. Don
Quijote sigu e siendo apalrado y silbado á cad,a arranque heroico de su brava y generosa
a1ma.
Todo el mundo llegará á tener, según ansiaba Enrique IV, una gallina en su puchero. Y
cuando haga un alto el hornbre en esta furiosa
c~rrera en pos &lt;le .la l'iatisfacción del cuerpo
tuano, y el alma tienda los brazos en busca
&lt;le lo suyo.. , . .. tal vez lo bu~que en vano an guRtiada y mortalmente an~iosn.
'
Hallará un mundo de gentes rollizas uniformadas, viajando en ferrocarrileR, vi ,;iendo
en hoteles lujosos, l eyendo periódicos exclusivamente, embrutecidas por el trabajo y las
comodidades.
Y el ~lma se encontrarñ, estupefacta, con
que ya, a aquellos hombres gordos y sibaritas, no les puede ella servir más que de estorbo ..... .
Kovbre., 1902.
LUIS RODRIGUEZ-EMBIL.
Nuestro pals.-Suburbios de Córdoba.

símbolo de esta época de8provista del Arte
•consolatlor y sagrado, que embellece y perfuma la vida como una flor del cielo.
Con las murallas rugosas y venerables como
un abuelo, se ya quizás el último vestigio de
1a exquisita poesía del recuerdo. De la era que
-ellas representaban, pasó por suerte, para 110
pats.-Tina

calle de Tecalpulco ( Gue).

( l!'ot. Wal te.)

Acaso esté destinada á concluir la civilización contemporánea apoplética &lt;le riquezas,
&lt;le comodidades, de lujo burgués y chabacano, pero consumida por inmensa é irremediable murria, sintiendo al cabo el tedio infinito
de lo vulgar, y aplastada por la "{)erfección suprema y mecánica del &lt;ccomfort» moderno, por

�-

1

1

DISrErSifl
úflSTRfl~úlfl
GflTflRRO
INTESTINfll,

:m orgullo de la mujer.

Es su cabello. Y por qué no?
Aun una cara hermosa pierde su atractivo si el cabello es
claro, corto, basto y descolorido.
Un cabello hermoso, rico, un cabello sedoso siempre
atrae. Puede usted poseer ese cabello con sólo emplear el
riuo1· del Cabello del Dr. Ayer. Quedará usted encant ada
con él. Cura la caspa, hace crecer el cabello é im:;:iide que

HERMOSO
PECHO
por medio de PUulea Orienta.les

"'

hue~osu de 101 hombros y daa al Busto
una¡zracioaa loianfa.A¡lrC'lbattas por laa
eminencias médii.:.1s.,on benltfca,pa.,i l •
salud y coo"iencu á. loa más delicado,

temperamento!I. - Tratamiento f6...:il.
Rr,~ul lado duradero. - El rra~co con,

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cara, a las pla1!las 1111s~enosas de Or1eute,
conserva el tml_c-. ev11a las .irrugas, y
refuer1.a los leg1dos Je la cara fali:lada.
..
Depo1110 Ceo•ral: B. Y G. GCETSCH:JL,
l'IIEX C'I. ,._ p ,ntado 468.

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AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 24.
••rectors LIC. RAl'AfL Rtl'r&amp; &amp;PINDOU.

ELIXI~ ESTOMACAL
DE SAIZ DE CARLOS

_. su color natural.

TÓNICO

EL MUNDO ILUSTRADO

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)O;i 1enoe,hacun d~,-.1p., 1•eccr 1.ti sal td,ll

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I

MÉXICO, DICIEMBRE 14 DE 1902.

Subscripción mensual foránea, $1,50
Idem ldem. en la oapital, ,, 1.25
Oercnte: llJt&amp; Rtl'f&amp; &amp;PINDOU.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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[L MUNDO ILUSTRADO

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LOS MEJORES ELEMENTOS DE LUCHA

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 21.

CONTRA EL DOLOR YLA ENFERMEDAD

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¿Cuáles son las dos armar, principales con que el hombre
puede combatir ventajosamente contra la mul~ltud de enemigos que le cercan y que se resuelven en dolor, enfermedad y
muerte? LA SANGRE Y LOS NERVIOS.
Una sangre pura y unos nervios sanos son la garantía más
segura de una larga vida. Con ellos, el organismo cumple nor•
malmente sus interesantes funciones :flslalógicas; el estómago,
10s intestinos, el bfgado, el cora2ón, los pulmones, etc., no es·
tán expuestos á sufrir las mil afecciones que padecen en las na-

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Gerente: LUf&amp; Rfl't&amp; &amp;PINNLA,

LIC. RAl'AU Rfl'f&amp; &amp;PINDOU,

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Subscripción mensnal forfloea , $1.50
ltlem l dem. en la capitH.l, ,, 1.25

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MÉXICO, NOVIEMBRE 23 DE 1902.

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turalezas débiles; se aleja de todo temor de esos terribles ms•
les cerebrales que matan ó agotan al individuo basta el extremo de convertirlo en idiota y en loco, y lo mismo el hombre
que la mujer, lo mismo el anciano que el nlfio, concurren con
alegría y con vigor al trabajo universal de la naturaleza en su
constant&amp; obra de reproducción de las especies.
También mata, es cierto; pero mata cebándose sobre todo
en los seres exr.enuados por el abuso, por la enfermedad ó por
la indiferencia, porque

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LA INDIFERENCIA PARA CONSIGO MISMO

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ES EL PEOR ENEMIGO DE LA VIDA i
El hombre que entregado al trabajo, ó después de abusos
femeniles ó de enfermedades agudas, siente decaer sus :fuerzas
la mujer que se siente debilitada por la siempre dulce pero á
veces peligrosa labor de la maternidad y la lactancia; la joven
que al mirarse en el espejo ve palidecer y amar1llear su antes
rosado cutis, y sufre jaquecas frecuentes y perturbaciones en su
menstruación; el nlffo cuyo crecimiento se efectúa diffollmen -

te y que camina á grandes pasos á la escrofulc,sli., al raquiLi - !
mo; todos en una palabra, los que pagan tributo al mal de la U
época llamado
!!_

'-'-ANEMIA"
y que son víctimas de sus múltiples y dolorosas manltestaclo- !!_
nes, recurran al uso del
u

VI.NO

DE SAN GERMAN
DEL DR. LATOUR BAUMETS
Preparado que por su composición, en la que figuran tóni1: une la de su sabor agradable, circunstancia que no hay en otroi.
cos, reconstituyentes y puri:flcantes tan poderc,sos como el
medicamentos cuya eficacia se ve casi siempre entorpecida por

ACEITE DE HÍGADO DE BACALAO, LA COCA,
LA KOLA, EL ICTHIOL
Y LA ESTRICNINA,
es la más recomendada para

Aliviar los Dolores, Purificar la sangre,
Vigorizar los nervios
y Robustecer el organismo.
A estas cualidades reconocidas por los eminentes médicJS
que ban hecho uso de él, apllcándoio en multitud de enfermos,

E:L VINO DE: SAN QERMAN,

la repugnancia que inspiran á las persona~ que deben tomarlo,i.
~e recomienda muy especialmente á todos aquellm1 padres
que nC&gt;ten que sus hijos están anémicc,s, que la1&gt; jóven1:1&gt; 1,e po-

u-

nen cloróticas y sufren padecimientos nervk,sos, cat,1 mos y
bronqulth1 frecuentes, trastornos inte&amp;tlna es, palpit!lclonts
de corazón, Insomnios, vértigos, dolores neurálgicos, etc., de-bidos á la pobreza de nutrición y á la deb111dad progresiva, resultado fatal de la taita de pureza y energ(a de la sangre y del
agotamiento del sis_tem,a nervioso.

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Entre los muchos males que cura radicalmente el

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VINO DE SAN GERMAN,
su uso es de resultados eficaces en

Abcesos escrofulosos, Afecciones nerviosas, Anemia, Falta de apetito, Cbrosis} Con valescencia,

-u
-u Depleuresías, Pulmonías, Tifo ó fiebre tifoidea Dabili&lt;lal cJn:3titucional, E:rnrófula, Flores bhncas, Gan-u grena senil, Enfermedades de la cintura, Neuralgías, etc., etc.
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-u DE VENTA. en TODAS las DBOGUEBÍAS y BOTICAS
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SAN LUCAS ESCRIBE SU EVANGELIO.
CUADRO DE GONZAL O ARGl\EI LE¡:,, - PRIMER PREMIO E N EL CONCURSO DE LA ESCUELA DE BELLAS ARTES.

�EL MUNDO ILUSTRADO

La mala índole de la lengua inglesa.

EL ~lU~üO lLUSTH.\.DO
afior-:, y también y en cierto modo tal cual
resultado. Se llegó, en efecto, á una que otra
regla, tres ó cuatro todo lo mús, de este corte
sencillo y elegante: «La''ª" se pronuncia como la "gi, moldo-válaca cua11do va seguida de
,cz¡¡ y precedida de «th»¡ si la «z»
ú su Yez seguida de una letra labial 6 de cmi, la «a)) sonarú
como la "e,: persa abierta, á menos de que la
11th)) no esté precedida de diptongo, en cuyo raso la supradicha ccaii se pronuncia como ccb lapona.i,
El Eureka se imponía.; pero pronto se pudo
percibir que había que tener en cuenta, no sÓ•
lo el orden Y distribución de las letras en la
palabra pai:;1 pronunciar una de ellas, i-;ino que las letras de las palabras próximas ó
remotas ejercían decish·a influencia recíproca y se entremodificaban unm: á otrns en las formas más pintorescas y vnriadas. En eRtas condicionei::, para pronunciar el rubro había que
leer todo el capítulo, y no i::e podía articular
el principio de una obra sino hasta haber llegado al fin. Por eso tal ,·e:r, nadie ha leído en
inglés ni creo que nndie haya tmdut:ido á esa
lengua las obras de El Tosta&lt;lo.
Esta mala índole de la lengua ingle,:n rxplica ciertos chascanillos y maLi.s apreciacionl's de que ha sido objeto y &lt;le que tal vez no
es merecedora. l'na señora decía: «¡E~tos inglesei,! ....... Ri,criben ,,bread» y pron uneian
«brecl,,; ¿no sería más seneillo decir «pan»·n·íctor IIugo daba este sano consejo: para bien
pronunciar t.na palabra inglesa, lo mejor es
abstenerse de pronunciarla; y mi maestro de
inglés me decía hace aíior,:: «En ingléR, amiguito, euando na ustecl escrito «;-;alomóm,, lea
«Xalmcodonoson,, y esta1J10,: al otro latlo.,i Y
es probado.
Próximamente insistiremo,: sohre las dificultades ideológica¡: que ofrece al neófito la
lengua de l::lhakespeare y que no son menores
que las ele orden fonológico y ortogrúfico.

Las lenguas, como las personas, tienen su índole y de ella nos hnhlan á cada paRo .r á ella
se refieren sin cesar gramúticos y retóricos en
sns disc¡uisiciones.
Admitido c¡ue las lenguns tienen índole,
hurlga probar que ésta ha de ser buena ó maln,
y huelga aún mr.s demostrar que no hay peor
índole que la ele la lengua inglesa. La vieja
mús gruñona, el coronel mús ,ltrabiliario, el
solterón más misántropo son miel. dulzura,
expansión, accesibilidad, en comparnción de
esa sucesión de graznidos y de esa mezcolanza
de signos disparatados que constituyen el habla y la ei-;critura inglesa,;.
.\ las pruebas me remito: Es sabido que no
hny reglas de pronunciación ingler-a. Escrita
una palabra, 110 ha)· manera racional de presumir cómo ha de leerse, cómo ha de sonar.
Y la raz6n es ohYia: cae.la rncal puede sonar
como todas las ,·ocales y aun como muchas
consonantes, y éFtas, ú su Yez, i-;uenan las unas
como las otras indiferentemente. La «a,» que
entre pnri::ntei-;is se llanrn ccei)) ó co,:a parecida,
tiene personalmente eatoree manl'ras diferentes, a hiertas, cerradas, rn lreeennda.s y «á piedra y lodo," de r-:onar. l'.11 in~lés ilustrado y,
&lt;le más á mús, amigo mío, me confesaba ingenuamente y con rierto rubor, que ele eso;: catorce sonidos poi-;iblel', r-:u oído no logra ha discernir más e.le diez ni su boca imitar más de
siete, y ya me parecen rn uchos. Si á esto se
agrega r¡ue la ya citada «a» puede sonar como
«e.» t·omo «i," como «on y como «u" y tomar
tantos maticeR CO!llO ea,la. una ele ('Rtas últimas, matices tan uum('roso~ .r ,·ariados como
los dela misma"ª" múR aún i-i ca be,r-:e comprenderún sin ei-fuHzo las dulzurns y Jas facilidades de la lectura, pronunciación .v escntura
inglesar-:. ·Ténga.-,e en cuenta que nada, ni por
asomo, en la letra escrita, ni un acento, ni un
asterisco, ni un apóstrofo indica cuál es el
2J.r. )Y{, Flores.
tono, cu[¡l el sonido 11ue c01wiene darle en cada
caso.
Algunos filántropos, que por tales los reputo, deseosos de facilitar la lectma y la pronunciación, han inquirido con desvelos sin
cuento, si acaso sería posible. dentro de cierDEBE hacer winticinco ó treinta mios que
tas condiciones .v mediante las precauciones
asistí á una montería en el término ele IIorindispenr-:ahles, llegar, aun cuando fuera por
nachuelos, proYincia ele Có1·doba.
casualidad, ú establecer siquiera algunas, vaya
Parúbamos c•n la hermosa finen «La )lezdos, pongamos una regla aproximativa que de
quitilla, » pert¡,neciente hoy al excelente amilejos y ªt?nque con poca seguridad, pudi era
go Sebastián Heja1,o.
en casos &lt;lados guiar al neófito en el laberinto
Era el anfitrión D. Cristúl.&gt;al de Pina, homde la pronunciación y de la ortografía. En
bre anciano, rico, a legre, gmn cazador y muy
vano¡ todos los hilos de A riadna se han roto,
relacionado con magnates y hombres políticos
y cuando se ha llegado á algo, el remedio ha
de la corte. De los ocho com·idarlos, cuatro
resultado peor que la enfermedad. Para figurar
pertenecían ú los que dejan su nombre en la
los innumerables sonido8 de las letras, se ha
historia, y loi,: rei;tantes, entre los cuales me
recurrido ú la «j» y á la«g)) francesas; á la 1&lt;sch))
cuento, no pasábamos ele granujas ó soldados
y á la «ch" alemanas; Íl la «vi, y á la «11·)) rurasos.
sas; á la «Zll persa; á la «xi, asiria; á la «m» y
La comida era siempre al&gt;untlante y sabrola «ñi• china¡;; á la «Ri, y á la «t)) groe11landesa, pero sin refinamientoi:: gaFtronómicos. II uesas; se ha recurrido igualmente á las le;iguas
vos fritos, migas y chocolate para almorzar¡
muertas: á la omega griega, á todo el alfabeto
sopa, buena olla y dos principios para cower;
hebreo, á la notación sánscrita, y han quedado
vinos de Jerez y ele l\Iontil!a, coilac, calé,
aún algunos centenares de sonidos sin reprecigarros habanos en abundancia, camas limpísentación asignable. La invención del fonósimas y criados diligentes, completaban el alografo dió grandes esperanzas de poder trasmijamiento de D. Cristóbal.
tir al que aprende y á la posteridad los inconComo la categoría de los cazadores no se
tables y musicales zum birlos, chirridos, grazmide por sus títulos y honores mundanos, sino
nidos, 1·esoplidos, ronquidos de que consta tan
por su p ericia, nadie le di,-putaba la cabecera
armoniosa lengua; pero el fonógrafo es aún
á Cmro ,cPerdigones;» scguíale un General,
muy tósco y muy impreciso, y el ochenta por
Grande de España¡ Juego otrn señor de color
c!ento de lo que recihe se le queda en la bocma.
bilioso, y bajo de cuerpo, á quien el anfitrión
llamaba Juanito; después yo, y luego los cuaDe manera que en punto á sonidos fundatro compañeros restantes.
mentales, e~tamos atenidos al sistema prehisEn el primer ojeo, la misma tarde de la lletórico de la «viva YOZ» d el maestro, voz viva
gada á la finca, se cobraron seis piezas mayoque, en lo general, parece muerta, tanto así
res. Al regresar á la casa traíamm; barruntos
es lúgubre, siniestra, sepulcral é impenetrable.
de hambre, y se nos alegró el paladar con el
Otros, no menos filántropos que los a!lterico olor y vaho de una hem10sa sartén de
rionis, se han extnn-iado por distinto camino.
«sopas de ajo. i, Estaban riquísimas. Todos reHan creído que se podría encontrar algún vat.,etimos y las celebramos. menos J uanito, que
go bosquejo de regla ortográfica, buscando el
no p ermitió ni aun probarlas, por más elogios
sonido probable ó posible de cada letra no en
que del plato se le hicieron Y. por más instanella misma, que era lo que parecía n~tura1
cias con que lo &lt;1-fligió el bueno de D. Cristósino en el c.ortejo de las que le preceden y d~
bal.
1as que la siguen. Este ingenioso procedimien--¡Vaya por Dios! ...... -excla.maba éste co n
to clió mu chas esperanzas durante muchos
\"erdadera p ena. - Si hul.Jiera sanido que no te

'"ª

Sopas de .1fjo.

gusta han, no se huliie;-;c•n puesto. ¡Quién diría
que un mozo de tu t1&gt;111ple 110 come «sopas de
ajo!" ¡En fin, Yil'ir para Yer!
-Xu se apure \'111., D. Cristóbal: tomaré
de otra cosa; "º me moriré de hambre. Ya.
contaré el jw,tificado rnotirn de mi aborrecimiento á las sopas.
Se comió, se charló y se comentaron, con la
minuciosidad propia de cazadores, los lances
de aquelJa tnrtle. Cuando tomúbamos el café,
curioso yo del asunto de lns sopas, del que
quizá nadie ,;e ncortlabn, me atreví á decir:
-8i no es tema reserrnd0, ¿,querrú contn rnos Juanito la causa de su a,·en;ión al primer
plato de nuestra comida?
)Ii vecino de mef'a me dió un rodillazo de
los c1ue anuncian que se ha cometido alguna
inoportunidad. Xo pude comprender cuál fuese; y ni mismo ti empo que me tranquilizaba
con sus ojo:-, .Juanito, en medio del mayor silencio, y haciéndome un saludo ó signo afirmati 1·0 con la eabeza, dijo lo que sigue:
-Tendría \"O unos dieciocho años cuando
salí á cazar e11 el término de la ;\fosará. Había
mata&lt;lo un par &lt;le perdices, y me hallaba loco
de placer. Fatigado y hambriento, después de
cinco horas de ejercicio, di,·isé una 1n.,sía y
me encaminé ú rlla para de1-cansar. Cuando
llegué, se LalJaban apurando Ja sartén de sopas de ajo un hom ure como de cincuenta afios,
acompañndo de su mujer é hijo.
Después ele los mutuos saludos, dijo el hombre:
-¿Quiere comer el seiiorito?
El buen tufo del manjar, que en ac¡uella
ocasión me olió ú gloria, duplicó mi harnbre.
-Sí, seiior-respondí;-quiero eomer y pagar unas so¡x1s como esas que se hallan ui&lt;tedes agotando.
-Esto no es po,:acla ni bodegón- contestó
el hombre con rusticidad catalana;-aquí comerú, pero sin pa¡mr.
-:\Iuch11:; gracia~-repliqué.
La mujer y el hijo se marcharon á la l\Iuf'ará. El hombre limpió la sartén, arregló el
fuego y comenzó á migar pa11.
- ¿liahrá suficiente'?-me preguntó.
-Eche \'ni. m[u,.
Siguió mi hombre migando, v dijo:
- ¿Ba~tarú ya?
·
-Ponga. \'111. un poco más.
-Pero ...... ¿rn el señorito (t comer tanta
sopa'? ... .. .
-Sí, ,:eñor, y dobl¡:i; \'m. no sabe el hambre que )"O traigo.

-Bien. bien; no hablo por miseria, sino
para que no sobren y haya que tirarlas.
-Descuide \'m., que no r-:obrarún.
Aiient!·as R~ preparaba el banquete, me refino el t10 Jaime algo de su vida y milagros:
había andado al contrabando en sus mocedades, y por heridas ó muerte, ó cosa semejante
fué huú:ped del presidio ele Ceuta. En fin el
tal Jaime, según re,·claba en su conversación
con 01:gullosa ingenuidad, era una buena
prenda.
Cuando vi la mesa con un jarro de vino del
Priorato, m edio queso y la sartén rebosando
de olorosa y humeante sopa, m e entre"ué en
ella con el mismo gusto que Sancho Pa~za en
aquel salpicón y aquellaP manos de ternera
que, si mal no recuerdo, le sin-ieron en la ínsula.
Consumilla la cuarta parte de la sartén quedé satisfecho.
'
-¿Qué e:; eso-dijo el Tío Jaime -no le
saben bien?......
'
- Están mu." ricas, pero no tengo más gana.
- P.ues yo no he migado dos Yeces pan contra 1111 ,·oluntad para que las sopas se tiren:
el seíiorito me obligó á migar y yo le obligo á,
comer.

Y cogiendo mi escopeta, que dejé en la puerta de la masía, me apuntaba á cuatro pasos
de distancia.
Seguí comiendo, pero á las pocas cucharadas me fué imposible continuar.
- Tío Jaime, no puedo más...... .
- Pues de rodillas, y encomiéndese á Dios
si es cristi~no._. .. .. fero, en fin-añadió, -voy
á tener misen corcha...... Dos cucharadas solamente ... ... y quedamos en paz.

po:;ici(¡ 11 en que puede darse mud1a an.imación )' Yida á las figurai&lt;. Así lo ent1-m(1ero~
los jóvenes artii,:tas, quienes, con buena 111sp1racióri y gran celo, interpr_etaron perfc-:tamente el tema á que nos refenmo,a.
.
Cn&lt;\ vez preRentadas las obras. y conocido
el fall() de los sinoclalei-;, el ~r. Lic. D. Jrn,to
Sierra, ~u b~ecretario de lnl"trncción Pú l~li?a,
visitó la fü-cuela de Bellas Artes con el umco
fin de examinar las obrns que se pre;~ent.'lron
á este concurso. El Sr. Sierra, despu~~ de, un
atento examen ele Jo,. cuadrm;, marnfe~to su
complacencia y felicitó eariño~amente á los
autores
El l11ismo funcionario indicó la con:·eniencia
que habría en c¡ue los alumnos prem~ados fueran á_turopa ú continua~· y perfece1onar sus
estuchas artíRtico~, pues rndudahlemente que
allá, en el Viejo Continente, y a,l lado.ele los
buenos mae~tros, se desarrollaran meJor sus
faculttt&lt;les.

EL SR. MAGISTRADO DON EDUARDO IUIZ.

SAN LUCAS ESCRIBE SU EVANGELIO
(Cuadro de Ignacio A. Rosas)•

Tragué, sabe Dios cómo, aquellas terribles
cucharadas que me indultaban de la_ n:i?erte,
y en seguida el T!o Jaime InE_; a~lvirt10, ~on
toda la dulzura posible en un rnst1co catatm,
lo que signe:
.
1
·-Creo que el señorito no olvidará que ~
pan crece mucho en las sopas; l?ero el c~nse¡~
que yo deseo fijar en su memona, y poi cuy
motivo le he amenazado, es el de que nunca
abandone la escopeta en las puertas de casas
desconocidas. Tome su arma y pregunte en
la Musa.rá por el Tío Jaime ::\Iontagut. Deseo
quedar amiao del señorito, Y que .sepa p~r
otros que iü"'soy mal hombre ni he sido presidiario.
.
d
d' el l
Mohino y cariacontecido me espe 1 e
Tío Jaime, del cual supe en la ::\Ius.arn que era
h ombre bondadoso, excelente é rnca_pa~, del
e
matar m. á una pa1oma. Quiso
. , .y cons1"u10
º
mu taimado que yo lo considerase un perYerlo para m~jor intimidarm!l con su estupen~ bromL
Vean ustedes por qué aborrezco 1as ccsopas
de a·o i, por qué sé que el pan empl eado en
ell;sl drece mucho, y por qué no abandono las
armas cuando me hallo entre gentes desconocidas.
...... ····················· ············
,
1 inó el -!Uento &lt;le !uanito.
Luego se refirieron otros vanos de.m~s o
menos subido color, hasta que D. Cnstobal

-Pues perdonado¡ pero con su penitencia.
-)Iárquela Ym., s~~or Conde, y se cumplirá con exactitud militar.
.
y echándome su brazo por.}ª cm tura y
apretando cariíiosan1ente, anad1_o:
d.
- Pues la penitencia es que siempre me igas c,.Tuanito» y que siempre me hables de tú
por tú.
................................
···D~;p·t~f~i~·~q{{eÜos días de_ caza no se presentó ocasión de seguir cumpliendo el pa_c~,
or ue nunca más Yolví á ver al desventura o
p v~liente General. Transcurridos muchos
rños ( e n el pasado de 1890), estuve otra v~z
en «La ~Iezquitilla,i, donde el_ generoso
tián Rejano obsequ_ia y agasap téanllíesp b ~ ii
damente ií, sus amigos, y recor? .ª so ~e e
terreno el origen e.le mi conoc1mieuto y i.elaC1ones con el célebre Marqués de los C:istille.
¡os,
que fué de la manera y con las c1rcunstancias que acabo de contar.
EL DOCTOR THEBUSSE:.lf.

~éb~~-

CONCURSq DE PINTURA.
CUADROS PREMIADOS.

···~~~·~~¡~·~~~:~

dijo:
,
¡· •o que
-·Senores, cada mochue1o a su o n: '
hay que madrugar.
.................
:~~~·~{~·;~·~
~sa,
~ i vecino _(el del
1
1
rodillaz~) me dijo que su anso eDra CP~.r tJ;1t
.
el dueño de la casa, . ns o a'
muy en los trotes de la finura; que
debi6 haberme presentado, poi:que ......
-Pero ...... ¿quién es duamton? 1
·¡El
. 1....... •D.
Juan Pnm ...... .
- ¡H om b 1e
,
Conde de Reus!. ••· · ·
l ·'
Sor rendido yo con semejant e re:'e ac10n,
p. , ,á él roaándole
que me excusase y
me d 1ng1
.,,
P erdonase.
d'" 1
eral
-·Perdón de qué? ...... - 1J.0 ~ get1
·
-~eñor Conde, de la famihar1da&lt;l c?n que
1
• ,. de llau1arle ((Juamtoi&gt; en
h e trat a d o ,ir vu,
vez de ,,Conden ó ,,General. n

···¡~·~·~·~:.~

~~t~~~~e

Con l'er&lt;ladem pena se recibió en la ~apital
la noticia del fallecimiento del Sr. )[a¡r1i-trado
á la Sup~·ema Corte de J.usticia d~ la Xación,
D. Edt1ardo Ruiz, acaecido en Druapan hace poc&gt;os días.
El 81•. )[agistrado Ruiz nació en 'G:nap~n
en 1830, y tras una b1}!lan,te carre:a hterana
en el 0o]egio de San ¡'\1colas de Hidalgo, en
~Iorelia, obtuvo el título ele abogado ~n 1862.
La efervesl!encia política en que ¡.:e ag~taba entonces el país, lo empujó á la r~voluc1ón_, y al
lado del inolvidable General Riva Palac10, luchó en defensa de la causa nacional.
Fué, más tarde, sucesivamente, Dipntado á
la Legislatura de )Iichoacún, al Congreso de
la Unión, y Procurador General de la Suprema
Corte hasta el año de 18!)8, en que se reorganizó e$te Alto Cuerpo, suprimi.é~dos~ la Pr?cnradllría para e'3tnblecer el )Iurn:teno Público Federal. Poco despuéi', el Sr. Ruiz fué electo :Hagistra&lt;lo, ci:rgo honro~ísimo que desem-

Sr. Magistrado D. Eduardo Ruiz.

C . u liendo con las disposiciones reglamentf . ~~
la Escuela Nacional de Bellas Arte~,

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s;r~,tfe~tauae;no1~0~ª~~1~ºiZ~ d!~~~:o~~n;~~·;is
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t dios aralumnos que han tenmna o su_~ e~/ el~ los
tísticos. Tres fueron los concuu en s,
llJtablemente, ha
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cua es merecido
·
·, d e todo el probiendo
la apro b aCJon
fesorado de la Escuela. ..
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ien obEl ¡·oyen Gonzalo Arguelles u e qul
e',
. , I o-nacio A Rosas e ccacc st~1vo el prem\°' e d~ los dos. artistas aparecen
s1t. J&gt; Los cun.t ros
· .·
nuestros lectores
hoy en nuestro semana11_0 ,)'.
. del mépodrán formarse exacto JlllC~o. acerca
rito y belleza de las composiciones.
. el
E l asunto que se dió á los al~rn~os par~
. 11
n la tela fué el s1gmente: ,,S1:n
d
esa1ro o e
' li
· t·d orla vuLucas escribe su evange ~ asis i o .P
aún
gen María, madre de Jesus, de qmen, se.,mla tradición, hizo el retrato/ Como se co prende, el asunto ,:e presta a una buena com

peñaba últimamente. En la Escuela Nacional
de J urispru&lt;lencia servía la clase de Derecho
Constitucional en la que se tiene hasta hoy
como texto m;a obra escrita por ~l, y muy
elogia&lt;la.
.
Por lo demás, el Sr. ~Iagisti:ado Rmz fué
un liberal de convicción y un literato que enriqueció las letras nacionales con leyendas Y
trabajos históricos muy importantes. Nuestro
semanario lo contó siempre entre ,:us colaboradores mús distinguidos.

�Domingo 23 de Noviembre de 1902.

EL :MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

;..

Domingo ~3 de Noviembre de 1902.

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ULTDIO RETRATO.

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•

La puerta giró lentamente sob:·e sus goznes.
Por una de las ventanas de la cúpula, que
estaba entreabierta, penetraba un rayo &lt;le luna y se deslizaba entre las naves iluminan&lt;lo
con su pálido reflejo los gruesos pilares, que
se perdían en la sombra de las bóvedas; y en
el fondo, detrás de las rejas cerradas, un poco
elevado, blanquísimo, se veía el altar &lt;leslumbrante y tranquilo, co11 sus dos grandes candelabros de plata.
En la iglesia adormecida, el aire dulce estaba impregnado de un aroma de incienso y
de rosas; un infinito silencio vagaba en este
divino reposo, y los dos hombres se detuvieron.
En tanto que el más pequeño cerraba la
puerta sin ruido, el mayor tomó su fieltro entre los dedos, extendió la mano como para buscar la pila de agua bendita, pero su brazo permaneció inmóvil. Por un instante olvidó que
había entrado allí para robar, y el perfume de
las cosas santas acababa de despertar en su alma los recuerdos lejanos del tiempo en que,
siendo un adolescente, ayudaba en la misa
al cura de la aldea, é hincaba la rodilla delante de las imágenes sagrn.das.
Arriba de su cabeza sonó el martillo de un
reloj, dejan&lt;lo caer de lo alto de las bóvedas
sus notas graves y como dolientes. En ondas
solemnes, flotó el ruido algunos instantes.
después se extinguió ..... .... y volvió á reinar
el silencio. El la&lt;lrón sintió que lo asaltaba
una inquietud, m1 pavor que no tenía razón
de ser; dióse á sí mismo un poco de valor, i,e
encasquetó su fieltro y abrió su enorme navaja, esperan&lt;lo.
-Pardiez! dijo d otro en tono de mofa
has tennina,lo tu oración? ......... Vamos!. .... '.
vienes ó no?
Bajo las vitrinas páli&lt;las, el resplandor de
la luna hacía chispear el oro de los relieves y
de los frisos.
Por fin, el mayor sacudió su estupor, y
marcharon los dos entre los oratorios y los
pfüpitos, deteniéndose algunos segundos detrás de los pilares y los confesionarios, fijos
los ojos en el altar, que cintilaba con sus joyas.
En sus cabezas criminales, la visión de todas
estas riquezas pasaba rápida, alentadora.
Ya cerca de una capilla lateral, el grande se
puso á temblar.
--Por d6nde comenzamos? qijo el menor ...
Primero la arquilla; veremos el rei;to si hay
tiempo. Tú está en acecho, mieutras que yo
tuerzo la cerradura.
Volvieroh hacia la izquierda y entraron en
la nave de en medio.
Bruscamente pasó una nube en el cielo. La
obscuridad envolvió todas aquellas cosas, ahogando en una sombra compacta las esculturas

y el altar........ Solamente una veladora que
pendía de una cadenilla sutil, liería las tinieblas con su flama, pero era tan fina la cadenilla y venía de tan alto, que este resplan&lt;lor
tenía el aspecto de una estrella empaíiada en
la bruma melancólica.
El mayor tembló y dijo á su compañero:
-Has visto?
-Qué hay!
-La luna se ha oculta&lt;lo ..... .
-Y eso qué?... encenderemos cerillos. No
has trnído?
-No.
-Tanto peor!; pero, en fin, eso no vale nada.
Ya he visto dón&lt;le está ...... Tú espera.
Dió dos ó tres pasos y se detuvo. Un ruido
metálico interrumpió el silencio y la voz burlona exclamó :
'
-Aquí está la caja. Tú, alerta!
Pasó un minuto durante el cual se oía un
sonido metálico.
-No hay L1edio de abrir esto con las llaves. Pásame el cincel y el martillo.
Al oír goipear el fierro, el mayor se sintió
de nue\'o presa de un gran terror. Inútilment~,_ para apar~ar su obsesión, evocaba sus raprnas á la orilla &lt;lel bosque los transeuntes
que había medio estrangul~do en la noche
en el extremo de las calles solitarias: la igle~
si~, fría é inm.ensa, le helaba de espanto. Su
m11·ada, hundida en las tinieblas distinguía
formas extra~as, el silencio se poblaba de voce~, ,Y repentmamente, al levantar sus ojos,
~~ro al resplandor de. la veladora crepitante,
v!o un rostro descolondo, flaco, inclinado hacia él, y qu.~ lo. ron.templaba fijamente, con
una expres10n mfimtamente dolorosa y triste.
Pas6 el revés de su mano por su frente sudorosa, cerró los párpados y dijo con voz casi ahogada á su cómplice:
-Acaba pronto.
:-Espera, contestó el otro; tú tienes mucha
pnsa?
Abrió los ojos esperando que la pesadilla
se hubiese desvanecido; el rostro descolorido seguía en el mismo
sitio.
Entonces pensó para si:-Esto no es posible.... yo estoy loco!
Pero la aparición se
dibujaba más netamente. Veia su cuerpo blanco, las costillas que sobresalían
bajo las carnes enflaquecidas, y sus largos
brazos extendidos que
parecían llamarlo.

•

Recordó entonces que, siendo muy niño
cuando tenía miedo por Ja nocho, para ahu~
yentar á los espíritus malignos, recitaba alguna oración. Pero desde cuánto tiempo bacía
que las frases santas habían escapado de su
memQria? Además, no era el demonio el que
surgía delante de él; era el Otro con su semblunte de sufrimiento; el Otrd que llora lo
mismo po~ los malos que por los buenos; Aquel
cuyas lá~nmas de sangre habían corrido por
los mártires y por los ladrones crucificados!. ..
Y la aparición se puso á hablar suplicante:
-Vete ...... Vete ...... Yo te perdono ........ .
Con acento ele rabia, el menor murmuró entre dientes:
- Tanto peor! Tomaré el martillo!
Entonces quiso gritar: t1Xo!. ...... No!. ..... .
No hagas eso!i, Pero su voz se ahogaba en su
garganta.
Sonó u~ ruido profundo como un ataúd
que se cierra. Con todas st;s fuerzas el ladrón
palanqueaba sobre las cerraduras ..... .
La aparici6n palideció todavía más, se inc!inó, y sobre el pecho descarna&lt;lo, que parecm elevarse por las sacudidas se entreabrió
una llaga sangrienta.
'
El homhre juntó las manos implorando:

--

--

-

- .----&lt;___

-........

~
~ 1
r :1p ·

�EL lffiNDO JT,TT~TRAno

Domingo 23 de Noviembre de 1902.

ET, MUNDO ILUSTRADO

é'

-Dios mío, perdón!... . ... . Piedad, Dios
mío!. ...... .
El otro dejó su martillo, tomó la arquilla y
se puso á sacudirla furiosamente, tratando de
arrancarla.
Entonces la divina cara se inclinó, dej6 caer
los brazos descoloridos haciendo ver en las
manos las anchas cicatrices. Todo su cuerpo
se plegó y la herida del costado izquierdo pareci6 ponerse más roja, ...
-Detente! Ahí está, delante de mí, mirándome!. ... .. .. .
El otro seguía forcejeando. l\Iovida por un
brazo invisible, la veladora oscilaba, paseando
sobre las bóvedas fantásticas sombras, y, súbitamente, el mayor sintió caer sobre sufrente una eubstancia viscosa y tibia y oyó el ruido sordo de un objeto seco que se rompió.
Anonadado, gritó:
- Sangre! Ha caído su sangre sobre mí!
En ese mismo momento se arrojó sobre su
cómplice, arrancándolo de la arquilla á la cual
se afen-aba; lo tomó por el cuello con sus dos
manos y golpeó su cabeza contra el suelo hasta dejarlo exánime, llamánnolo:
«Asesino! Asesino!.. .....Judas!. ..... »
Al día siguiente, las persohas que primero
entraron en la iglesia, se encontraron dos hombres sobre las ba.ldosas: uno muerto, con el
rostro hinchado; el otro, &lt;le rodillas, golpeándose el pecho y murmurando ininteligibles
oraciones.
Sus cabellos estaban pegados á su frente
por un barniz espeso y grasoso, que escurría
por su barba enmarañada.
La gran cruz de madera ennegrecida de la

arquilla, estaba casi arrancada del suelo; y el
crucifijo, con los brazos abiertos y la cabeza
baja, parecía, entre sus párpados medio cerrados, mirar tristemente á los dos ladrones que
estaban á sus pies.
i\1AURICE LEVEL.

POEMAS DE COLOR.
CANCION DE LA MISERIA.

Soy carne fuerte por el sol tostada,
carne de pueblo en el taller vencida;
si por todos los yugos oprimida,
de todos los cansancios fatigada.
Llevo ante el mundo la cerviz doblada
por un negro atavismo de la vida,
cual pobre bestia con sudor ungida
sobre el árido campo maltratada.
Yo soy la rebelión, soy la Miseria,
soy la fecunda y vigorosa arteria
que huye de las sociales podredumbres.
Yo soy la apocalíptica campana
que pregona las misas del Maíiana
colgada como un Sol entre dos cumbres!
CANCIÓN DEL BRONCE.

Como el carbón-diama~e, que reclama
primoroso cincel para el bruñido
y que luego, en brillante convertido
sus estelas de prismas desparrama, '

~ota saliente de la crónica ne las últimas
semanas fué, sin duda, la celebración de los
Juegos Florales organizados por los alumnos
del Colegio del Estado de Puebla, para conmemorar el aniversario de la Independencia
de México.
De los cinco temas sacados á concurso, sólo
uno, el segundo, se declaró desierto: en el primero, premiado con la flor natural, obtuvo e1
.triunfo el Sr. Lic. Miguel Bolaños Cacho,'ac.

Soy simbólico heraldo en los torneos,
corona en los sorn brío¡¡ mausoleos
y esquilón en el templo de los fieles.
Soy la memoria de las grandes vidas,
el canto de las razas extinguida!',
la petrificación de los laureles.
LoPEZ DE MATURANA.

CLARO DE LUNA.

Sobre la línea undosa de la sierra
su arco de rosicler alza la lu nn;
recorren chispas F&lt;Úbitas la tierra,
y pliegues luminosos la laguna.
Entre la espPsa hierba verdeoscura
se ve á trechos brillar agua tranquila·
y sobre un mar inmóvil de verdura '
blanco velo de luz pende y oscila.
EXRIQUE .fo,;~; VARONA

Reverso de la medalla ofrecida por
la Colonia Española.

l.

,M

So. tema.-Premio ofrecido por la Colonia
Francesa.

•

Con rumor cadencioso la floresta
arrulla el sueño de la vega en calma;
quiebra sus hojas el banano; enhiesta
su penacho real yergue la palma.

roen Blumenkron. La Corte de Amor fué formada por las señoritas Jacoba Olea, Josefina
Bret6n, Josefina. G6rnez Daza, Josefina Ala.triste, Ana María Isunza, Josefina Traslosheros, Ana Ortiz Borbolla, Julia Revilla, Carmen Haro, Sara Díaz Cevallos, Amalia Ilevia,
Concepción Sánchez Gavito, Elisa Rivera, Enriqueta Contreras, Delfina Pérez Salazar, Dolores !barra, Gertrudis Diego y Guadalupe
Almendaro.

4o. tema.-Medalla ofre&lt;:ida por la Colonia
Española.

i.ual Gobernador de Oaxaca; en el tercero, el
Sr. Lic. Victoriano Salado Alvarez; en el cuarto, el Lic. D. Leonardo S. Viramontes, y en
el quinto el Lic. D. Atenedoro Monroy. El
Jurado Calificador, compuesto por los Sres.
Lic. Felipe T. Contreras, J. Manuel Lobato
y Dr. Rafael Serrano, otorgó, además, c,accésitsn y menciones íi otros escritores concurrentes á los Juegos.
La fiesta se verificó en el Teatro Guerrero,
:ante una selecta y numerosísima concurrencia, eligiéndose por el Presidente del Jurado
reina del Torneo, Íl. la distinguida señorita Car-

Así, noble en estirpe, mi oriflama.
de dos metales á la unión surgido,
glorioso y fuerte, destinado ha siclo
para el sonante ~;unque de la fama.

El mantenedor de los Juegos, Sr. Lic. Ernesto Solís, pronunció un bellísimo discurso
que fué aplaudido con entusiasmo por la con:
currencia.
Eu el presente número publicamos fotografías de la Reina y de las señoritas que formaron la Corte de Amor, así como de los principales autores premiados, del Mantenedor de
los Juegos y de los miembros del Jurado Calificador. La medalla ofrecida por la Colonia
Española residente en Puebla, para el vencedor en el cuarto tema del Concurso, es una
valiosa obra de arte.

•

•

Domingo 23

ae Noviembre de 1902.

�Domingo 23 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

DoJ11·nrro 21 &lt;le Noviembl'e d 1902.
0

�Domingo 23 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL UUNDO ILUSTRADO

~ ·· ..M.'Y.

?~
/

-~,

Rscuela de enfermeras.
C0111POSICIÓN PREMIADA CON LA FLOR NATURAL.
EN LOS JUEGOS FLORALF.S.

r

Por mansiones reales y palacios
Ronda Morfeo, transformado en hombre;
lcelón, hecho ave ó fiera sierpe,
Vuela ó se arrastra. Mientras cauteloso,
Tornado en árbol ó en oculta roca
Vela Fantaso e! sueño de los grandes,
Los otros dioses de los sueños viven
En torno de las míseras cabañas ..... .

..

* ..

'

Domingo 23 de Noviembre de 1902.

¿De dónde vienen? ¿.Hacia dónde huyen
En innúmera. serie cual arbustos
De prolíficos campos, como el polen
De gigantescos bosques seculares,
O como arenas de la. playa. Egea?
Vienen de las cavernas invisibles
Que cerca de Cime1·ios y en la falda
De un monte sin verdor, abren sus fauces.
¡Templo y mansión del sueño!:
Allí es la. vida sempiterna. noche;
Jamás el sol con su mirada ardiente
Pudo allí penetra1•, ni el gallo altivo
Con sus arpegios de tenor anuncia
Que abre el Oriente la. divina Eos
Y Ilelios viene en su cuádriga. de oro;
Ni el vigilante ca.o dió alebresta.do
Como toque de alarma su ladrido;
Ni el ánsar pudo, con oído grácil,
Un clamor escuchar. Todo reposa
La vida de la. sombra. y de la. inercia;
Y si en el fondo el a.gua det Leteo
Corre sobre su lecho de guijarros,
Tan sólo a.duerme con rumor monótono.
En el soberbio lecho se reclina.
El a.lt-0 dios, entre mullidas plumas
Y sobre el terso ébano que opaca
Una sombría clámide,
:Mientras en impensa.das actitudes
De estáticos placeres,
Cien inmóviles dioses le rodea.u.
¡Triste y dulce mansión! .... sólo en los huecos
De la eriza.da. c1·átera.,
Crecen a.dormideras, y amapolas
Y plantas cabalísticas de donde
La noche toma, en el silencio augusto,
Los jugo,. misteriosos y letárgicos
Que esparce Juego por la tierra inerte,
Y da el placer unive1·sal: el sueño .. . .. .

......

Duerme sob1·e el regazo
De la. madre feliz el bello infante,
Y su blancura. virginal imita.
No la.va.do vellón ni fresco lino,
Sino anima.da. nieve
C-Omo capelo de encendida. lámpara;
Su corazón ignora. lo que esconde
'l'ra.s el amor la juventud voluble;
No ha. sentido el ardor del pensamiento
Ni pueoe conocer, desde la. cuna.,
Lo que habrán de ignorar sabios y estultos;
Es ama.do, no ama, vi ve y ct•ece
A expensas de otro ser-único sa.nto.¡Ah, no le despertéis! .... si despertara.
Del sueño de su edad, sólo os da.ría

Su justa maldición! ¡Dejad que duerma
En el regazo tibio
De la. mad1·e feliz, el bello infante! ..... .

***
Duerme el ardiente joven
El sueño de sus veinte primaveras·
¡Todo es color de sol: las esperan~as
La. fe, el amor, la. dignidad, la. ¡¡-lori~!
Allá divisa en la. extensión sin término
La.s lides del valor, la g1·itería.
Tumultuosa a.l diapasón del triunfo:
El verbo huma.no derramando ingente
Fulgor en Ja.s compactas multitudes
Y tras su luz--rnatrona incorruptible
De sombra. hospedadora- la Justicia.
Allá mira el amor llevado al colmo
Del silente y eterno sacrificio;
La mujet· como lágrima celeste
Uristalizada en ideal co1·ona,

Lic. Miguel Bolaños Cacho.

Límpida fuente de inmo1·tal consuelo:
Ya. es la blanca Eloísa, ya Julieta
Colgando ansiosa la flota.nt~ esca.) a·
Ya, _Prodig~ndo cánticos y flores, '
Ofeha en nimbo de perenne angustia. ....
No conoce el dolor, ni la. falsía
De un amor que hacen perecer bien pronto
En sus.ondas letales, el olvido,
_1
Y el c1·1men 1 en sus redes invisibles ....
¡Oh! deja.die que duerma
Joven feliz su prima.vera ardiente .... !

***
Duerme poco el anciano, mas el sueño
Reparador de su organismo, calma.
La pálida visión de sus memorias.
No ve surgir-como antes
en su potente juventud solíaLa mujer hecha fuente de placeres·
La amistad vuelta. mistel'ioso ha.l¡go
De personal provecho;
La Religión, sibila aparatosa

De contorsiones místicas, y ocultas
Garras para sangrar; la virtud frágil,
O esclavizada al formidable vínculo
De apetit-0s sin té1·mino; 1a Patria.,
Objeto y blanco de profa.nos ímpetus
De medro y de poder, no cull.l debiera.
La santa. patria., culto de sus hijos:
La gloria. coronando
No la causa mejor ni el mejor triunfo,
Sino el éxito audaz, que preconizan
Con c1·uces y medallas,
Pechos cobardes, corazones débiles,
Ajenos al valor y al heroísmo;
El pueblo, pobre carne de cañones,
Viviente combustible de tabernas,
Hecho á mirar el suelo bajo el fardo
De su propio dolor y vilipendio
O de la ajena. perversión bursátil;
Y en honda. tempestad .... la.s ilusiones:
Parvada de palomas que no th,ne
En alta mar donde plegar las alas .... !
¡Ah! dejadle que sueñe
Al través del cerebro empobrecido,
Un &lt;más allá&gt; de vida perdurable
Tal como le soñó la fantasía.:
Brindando goces ó infligiendo penas!
¡Dejad que el sueño borre del anciano
La pálida visión de sus memorias .... !

..

**
Duerme sólo el cadáver
El sueño perdurable de la tierra;
En el crisol del cráneo obscurecido
En donde un tiempo germinó la. vida
En santa. lloración de pensamientos,
Un enjambre vivi,:mte de gusanos,
Como un pueblo de ilotas,
En hervidero pútrido se mueve;
De las cuencas vacías
Surge, como mirada. del abismo,
Una expresión sin luz y sin idea·
Del frontal descubierto
'
Un mechón de cabellos se desprende
Como vegetación de los sepulcros;
Et corazón, que palpitó gozoso
O doliente tal vez, pero con alma,
Hoy es infecta víscera
Como un embrión de hiel y pod1·edumbre;
La boca. huma.na. que alentara. el verbo
Ríe enseñando un maxilar deforme
'
Con una. horrible mueca de vestiglo ...•••
Y a.sí duerme el cadáver
-Con la insensible muerte de la vida.La. vida. fecundante de los otros:
Desde el mic1·obio vil de sus entrañas,
Hasta la. flor que en el altar perfuma·
Desde la mariposa--flor vi viente - '
Has.ta. el hocnbre-¡ la. humana mariposa.!
¡DeJa.dle, pues, dormir!.. ¡qué gi-ito ho1·rendo
De espa..itosa verdad no lanzaría
Al despertar y ve1·se carcomido
Como despojo de it-risoria bestia!
Al ver su cuerpo, antro de o-usa.nos
Y su divino espíritu,
"'
'
Inconsútil esenllia evaporada
Como una gota de éte1· impalpable!
¡Y qué pena infernal, visión horrible
Si el cadáver, viviente levantándose '
Con su co1·te de larvas y de harapos
Llegara. hasta el lugar donde los suyos
Quizás en el delirio de la fiesta.
O del olvido en la egoísta ca.lm~
~,o~•iríao de esp~nto al contempl~rle!
1Ir1ste resurrección ...• dejad que vi va
El cadáver tranquilo,
El sueño pe1·dura.ble de la tierra .... !

EL JURADO CALIFICADOR.

Dr. Rafael Serrano.

Lic. Felipe T. Contrera~, Presidente.

Lic. Ernesto Solla, Mantenedor.

El cielo como un ojo de los orbes
'Cierra. su inmenso párpado y oculta
Su pupila de oro: el sol de ocaso;
'Sólo el fulgor fosfórico
Del cocuyo que corta las tinieblas
Como una chispa vívida
De intermitente luz; sólo el chirrido
Del grillo bajo el hueco de los surcos,
Suelen romper la obscuridad y el hondo
Silencio de la noche taciturna.
Al beso de las sombras
La flor se aduerme recogida. y quieta
Para morir acaso con el día;
El arroyuelo cristalino gime
Con su mm·mullo triste y sempiterno,
sin que la luz alumbre
Los invisibles genios de las aguas
Que en el silencio de la noche mo1·an;
El aire fresco mueve resonante
Los maizales tupidos, de hojas verdes,
Con sus mazorcas de rizadas crenchas;
Y en el rama.je oculto
El ruiseilor-el músico sonámbuloComo un eco de Pan lanza. sus notas;
La potente metrópoli desea.osa.
De su drurna. y loca algarabía.;
No resuenan sus calles
Al fogoso tl"'otar de los corceles,
Ni al sonoro roda1· de los carruajes
Ni al grito clamoroso de las máquinas .....•
Todo es silencio y paz; Nat.m·a. duerme
El sueño de los seres y las cosas,
El sueño universal. ... Duerme Na.tora.•••

Sr. Agustín Cruz CeliE, Presidente
de la Junta Organizadora.

rra; toda sonrisa encierra una lágrima; y entre
los lirios marmóreos y las rosa&lt;s escarlatas crecen los asfodelo,-, de la muerte. Lo mejor es
morir joven, llevando de la vida una id~a ilusoria, algo así como üna melodía.
-Sin embargo, nosotros somos jóvenes y
ya sentimos ~obre nuestros espíritus el peso de
una lápida fúnebre ...... No sé cuándo debiéramos haber muerto.
Ella guardó silencio.

Las deficiencias que se observaban en los hospitales con respecto al servicio de enfermeras
aptas, hicieron concebir la idea de fundar una
Escuela práctica en que puedan recibir la competente instrucción las eefioras y señoritas que
se dediquen fL la asistencia de los pacientes.
Con este objeto se trajo de los Estados Unidos una hábil maestra, y la Escuela quedó establecida en el Hospital de Maternidád.
Las alumnas visten de uniformt&gt;,de acuerdo
con los mejores modelos que han sido presentados á las Convenciones sanitarias, y han alcanzado ya, como se vió en los últimos exámenes, notables progresos en la enseñanza.
Además, y para quP. las señoras pobres puedan
dediearse á la enfermería, las alumnas reciben una gratificación mensual.
Las futuras enfermeras irán á servir, concluído su aprendizaje, al Hospital General
que se está construyendo.
-Es de almas grandes rechazar las "injurias&gt;&gt; con beneficios.
-Las "injurias» son las razones de los que
carecen de ellas.

.,.

MIGUEL BOLAROS CACHO.

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BAJO EL CIELO INMUTABLE.
En la tarde amarillenta, bajo el cielo inmutable, sintieron caer sobre sus espíritus frater·
&lt;nales una sombra mortuoria.
-¡Cuán lentos pasan los años! -exclamó él.
,¡C6mo han envejecido nuestros sueños!.. ..... .
-Siento mi alma llena de remotas memorias de
antiguas imágenes. Una dulce nostalgia des•ciende sobre mí, haciéndome sentir la angustia de las cosas lejanas, de las cosas perdidas
para siempre. A veces el recuerdo se clava
-como un áspid sobre mi corazón y prende una
nueva tiniebla en la noche de mi tedio pro·
undo.
-Sí-dijo ella con melancolía;-los años
pasan lentamente. Nuestros sueños son perfumes, que, una vez extinguidos, no pueden
irenacer. Todo es triste y amargo sobre la tie-

Grupo de enfermeras.

Y ae quedó mirando, con una tristeza. que
no era de este mundo, la línea gris del hori•
zonte ...... las nubes que pasaban ú lo lejos... .
FROILÁX TURCIJ:'.

Si uno se contentase con ser feliz, pronto lo
sería: pero uno quiere ser más dichoso que
los demás; y esto es casi siempre difícil, porque nosotros creemos á los d€rnás más dichosos de lo que son en realidac'!:
-Todo el mundo se queja de la memoria y
nadie se queja de su raciocinio.
-La 11hurla» es, entre toda.'l las injurias, la
que menos se perdona.
-

Sr. J. Manuel Lobato.

-La "injuria)) que se desprecia se des,·anece por sí misma; si uno la recibe, le da valor.
-No cont&amp;is vuestras dichas á un hombre
que sea desgraciado ó menos dichoso que voe.
-Cuando uno sueña y calla, existe más
profundamente que cuando habla y obra.
-La palabra es grande y bella, pero má.~
gmnde aún y máe oello es el Silencio, rey del
ensueño.
- Dios también
ensayó el hacer dos
obras de distinto gé•
nero; su prosa, el
hombre; su poesía,
la mujer.
- El libro del
tiempo es tan stunamente grande, que
no nos cabe más
que una página de
él en la cabeza.
-Cuando el corazón experimenta
sinceramente un
amor profundo,
siente a I m is m o
tiempo una languidez, una fntiga que
le hacen apetecer la
muerte.
DE LA TIERRA TAPATIA

Lic. Victoriano Salado Aivarez.

Lic. Leonardo S. Viramontes.

Srlta. Josefina MArtlnez

•

�nomingo 23 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL ~I UNDO ILUS'rRADO

Domingo 23 de Noviembre de 190:2.

Que llestle allí arriba
Parecía risible y grotesco,
En pocos instantes,
De borrones llenaron un pliego.

Los temblores en Quezaltenango

Pensando, pensando,
Al mirar aquello,
Inundaba el alma
Un torrente de sano desprecio,
Que envolvía las cien figurillns
De los vivos que en torno del muerto
l:le agrupaban, unos por la imbécil
Y brutal seducción de lo horrendo,
Y los otros, «los hombres obscuros,»
l'or ganar cuatro viles dineros ...

Por ser de oportunidad, damos

La prrrn;a de informaeiGn 11:1
hablado ya de los terribles temblores que de un año á esta parte
se han registrado en Quezaltena11go, una de las ci uda eles más importantes de la República de Guatemala, y de los perjuicios camaclos por ellos, tanto en la población como en sus contorno!'.
En abril, Qunaltenango fué casi destruido por los terremotos:
las fincas principnles que no se
derrumbaron, sufricron avería?
muy considerablee, y hubo familias que perdieron con la deFtrucción inesperada &lt;le sus edificioR,
toda su fortunn. Confindos, sin
duda, los moradores &lt;le la población, en qne no se regist.raría otra
catástrofe semejante, comenzaron
á reedificar sus casas; pP-ro los tembiores no tnrdnror. en repetirsr, ,v
en el mes de septiembre la ciudad fué \'Íctima &lt;le nueYos sa,:udimientus, que produjeron un pánico indescriptible. Las pérdidas
nuevamente registradns fueron
muy grande¡.:,

á conocer en esta1s ¡,áginas unas
vistas de los principales edificios
destruí dos por los temblores de
abril.

Pensamientos.
La perseverancia ha alcanzado
triunfos increíbles. Una persona
de muy pocos alcances puede llegar con la con1stancia adonde no
llega el más luminoso y elevado
talento; y es que, por lo regular,
al gran talento va unida la carencia ~e perseverancia y de fe.

Y lo único grande,
Lo único serio
Que inspiraba en aquel cuadro vivo
Piedad y respeto,
Era la terrosa
Figura del muerto,
.\.rrojado en mitad de la arena,
Vestido de ovas,
~lanchado de cieno.

No hay nada más perjudicial
á una verdad nueya, que un errorviejo.
Es imposible llevar nada en la
vida con un rigor extremado, por~
que es impo,:ible que los que nos
rodean lleguen á la perfección
que nosotros mismos no podemos
alcanzar.

.

",.

Con ef:tos nntecedentes, fácil es
suponer la alarma que con motivo de las n cientes rupciones del
Santa l\laría reina en el país vecino, y el riesgo que de ser totalmente destrnído corre Quezaltena11go.
Edificio del Banco de Guatemala en Quezaltenango.

Nadie nace perfecto: el carácter tiene sus alternativas, com0las tiene el ccraz6n, como eT mar
tiene sus mareas, como el cielo
sus nubes; toda persona que siente mucho, es desigual, porque.Ja.
variedad de sus imp res10nes serefleja en el exte ..1or, si no tiene
gran dominio sobre sí misma.

F.

El amor, como la oración y la poesía, es el
imán que atrae al sentimiento.

UN AHOGADO

Que, acercándose al pobre anegado,
Le miraron, palparon, volvieron
Y, con mucha pausa
Y ademún reposado y severo,

***

La avaricia del amor es el constante afán de
retener al dueño ama&lt;lo.

Yo lo Yi: le arrastraban tlespacio
Del río las ondas,
Manchado de cieno,
Vestido de ovas.
La mansa corriente
Arrojóle ú la orilla arenosa,
Y allí quedó solo, como algo perdido,
Como algo que sobra.
Yo vi, desde el puente,
Dibujarse allí abajo su forma,
Blarn¡ uear los ojos cuajados y abiertos
Entre Jo amarillo de la cara tosca;
Asomar la hilera de dientes feroces
Por entre las fauces; las greñas cerdosas
Y la inculta barba encuadrando el rostro
En un marco de tétrica sombra;
EFtirados los brazos nervudos,
Rígidas y abiertas las piernas vellosas,
Y el blancuzco vientre
1Iostrahdo su horrible redondez hidrópica.

NUESTRO PAIS.-Panorama de Taxco (Gue.).

..,.

Llegaron dos hombres
Que el cadáver vieron,
Y otros dos y otros muchos, y pronto;
)lujeres, y chicos, y mozos y viejos
Formaban un corro
Trabado y espeso,
Que absorbía con sus mil bocazas,
El tufo del muerto,
Y, por ver de cerca
El hinchado cuerpo,
Sin piedad se estrujaba y gruñía,
Los ojos bestiales en redondo abriendo
Y mezclando, en impía salmodia,
Comentarios y dichos obscenos
Con cien carcajadas
Y mil juramentos.

••
1

~

De súbito se hizo,
"En el corro apretado, el silencio,
Al llegar un grupo
De hombres graves, obscuros y tétricos,
Interior de una casa destruida por los temblores.

***

El temor del ser que ama, es el de penler á
su ídolo.

Quezaltenango~Una finca en ruinas.

El sol en la arena
&lt;Con crueltlad acusaba la forma,
Daudo á los contornos del yerto cadáver
Proporciones tan raras é insólitas,
Que á ln fantasía,
Llena de zozobra,
Se Je figuraba
Contemplar absorta
Del genio del río
La imponente figura ciclópea.

,
........

El edificio consular de los Estados Unidos.

KAVAIWO y LEDESMA.

Una calle de Taxco.

�.,.

rno-~.
EL )IUNDO JLUSTRADO
,.--e:====
=====~==;;;,,;;,~,;;;;,;;;.;;;;;;;;;,,;=================-

Domingl&gt;2:1 tlc :-ovi&lt;.&gt;mbre ele

[L MUNDO ILUSTRADO
Subscripción mensual foránea, $1.50
Idem ldem, en la capiLal, ,. 1.25

MÉXICO, NOVIEMBRE 30 DE 1902.

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 22.

Gerente: UJI&amp; RtTt&amp; &amp;PINDOLA.

elrector: LIC. RArAtL anr&amp; &amp;PINDOLA.

Sr.

cCic.

!D. cn¡ilio j)i1J1enfel,

c;OBERXADOR COX~TITU'l'IO:NAL DEL Et&lt;TADO D.f! OAXACA

('romarl!. l)Osesl6n de su alto puesto el dta de mallana).

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 9 de Noviembre de 1901.

EMILIO ZOLA
\. PAGINAS DEL 1cDIARTO DE LOS GONCOURT»)

Sábado 27 a!?osto 1870.-Zolá viene á almorzar conmigo. Me habla de una serie de novelas
que quiere hacer, una epopeya en diez volúmenes, de la historia natural y social de una familia, de una obra que tiene ambición de iatentar,
con 111. exposición de los tempe1·amentos, de los
caracteres, de los vicios, de las virtudes, desarrollados según el medio ambiente y diferenciados como las partes de un jardín «donde hay
sombra aquí. sol allá.&gt;
Me dice: Después del análisis de lo infinitesimal en el sentimiento, tal y como lo ha ejecutado Flaubert en «Madama Bovary ;&gt; después del
análisis de las cosas artísticas, plásticas y nerviosas, tal y como ustedes lo han hecho; después
de esas «obras-joyas,&gt; de esos volúmenes cincelados, no hay lugar para los jóvenes; no queda
nada por hacer. nada por constituir, ni u n personaje ni una ligura por construir; únicamente
se puede ya hablar al público por la ca ntidad de
los volúmenes, por la potencia de la creación.

***
Lunes :3 junio 1872. -Hoy Zolá a lmuerza. en mi
1•a~¡1. Lt ,·eo co¡:er ¡t dos mAnos su vaso de Bur-

,

EL :MUNDO ILUSTRADO
Turgueneff nos interrumpe, diciéndonos con la
originalidad de su pensamiento y e~ dulce murmullo de su palabra.: «La compa.rac1ón no es 1,10ble, sefiores, pero permitidme comp!l'rar á Ta.me
con un perro de caza que yo be temdo: vente~ba. hacía la muestra, realizaba. todo el maneJO
de'un perro de caza á las mil maravillas; pero,
¡ahí tienen ustedes!, carecía de olfato y tuve que
vender le.&gt;
.
Zolá es completa.mente feliz, está entus13:~ma.do con la excelente cocina, y como yo le dl¡ese:
-Zolá, ¡,es usted por ventu:ra &lt;~our~9:nd&gt;?
-Sí-me respondió;-es m1 úmco v1c10, y en
mi casa, cuando no ha.y algo bueno de comer, me
siento desdicha.do . . ... . No ha.y más que esto. •.
las demás cosas no existen par a mí. . . . . . ¡Ah!
¿ustedes no saben la vida que llevo'?&gt;
Y helo aquí ensartando con una faz sombría el
capítulo de sus miserias. Es curioso cómo las
expansiones del joven novelis~a vienen á dar en
seguida en pal abras melancóhcas.
Zolá ha comenzado uno de los cuadros más
negros de su juventud, de las .ªl!lª~guras de su
vida de todos los días, de las m1ur1a.s que _se le
han dirigido, de la suspición en que se le tiene,
de la especie de cuarentena. que se hace en derredor de sus obras.
Turgueneff dice á media voz: «Es particular:
un ruso amigo mío, hombre de gran ingenio, afkma.ba que el tipo de J . J . Rousseau era un tipo
francés, y que sólo se hallaba en Francia.&gt; Zolá, que no ha oído, continúa gimiendo, y al decírsele que no tiene por qué quejarse, que ha b, -

Lunes 19 febrero 1877.-... Entonces Fla.ubert
se pone á atacar-siempre con grandes sombrerazos al talento del autor,-se pone á atacar los
prefacios, las doctrinas, las profesiones de fe natura.listas de Zolá.
Zola responde poco más ó menos esto:
« ... Tiene usted una pequeña. fortuna que ba
podido usted defender de muchas cosas.... . Yo,
mi vida me he visto obliga.do á ganat·la. absoluta.mente con mi pluma; me be visto obligado á
pasar por todo género de labores, sf, de las más
«despreciables&gt;.. . ¡Ah Dios mío!, me budo como
usted de esa palabra «natur alismo&gt;, y sin embargo, yo la repetiré, porque ~as cosas necesitan un
bautismo para que el púbhco las crea nu~vas ...
Vea usted, bago dos partes de lo que escr_1bo: de
un lado mis obras, por las cuales se me ¡uzga y
p0r las cuales deseo ser juzgado; de otro Jado
mi folletín del «Bien Public,&gt; mis artículos de
Rusia, mi correspondencia de Marsella, que no
representan nada para mí, que desec_h o que sólo me sirven para hacer espuma á mis libros.
«Primeramente be puesto un clavo y de un martillazo le he hecho entrar un centímetro en el ce
rebro del público; después,de un segundo golpe,
le be hecho entrar otros dos centímetros... Pues
bien, mi martillo es el periodismo, el ruido que
hago yo mismo alrededor de mis obras.&gt;

~L MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 20.

MÉXICO, NOVIEMBRE 16 DE 1902.

Oerente1 LUl6 Rtl't&amp; &amp;PINDOLA.

a1recton LIC. RArAtL Rtl't&amp; &amp;PINDOU.

r

***
Lunes 30 junio 1881.-La. casa de Zolá en Medán ... Una propiedad que le ha costado ya 200,000
francos y cuyo primitivo precio de adquisición
creo que fué 2,000 francos. Un gabinete de trabajo amplio y alto de techo; sobre la chimenea se
lee: «Nulla dies sine línnea&gt;; en un rincón se
percibe un órgano &lt;melódium&gt;, con voces angé·
licas, del que el autor naturalista hace saltar
acordes á la caída de la tarde.

***
Martes 10 abril 1883,-La. narii de Zolá es una
nariz particular, es una nariz que interroga., que
ap1·ueba, una nariz que está alegre, una nariz
que está triste, una nar·iz en la cual reside la fisonomía de su dueño; una verdadera na1·iz de
perro de caza; las impresiones, las sensaciones,
los apetitos, dividen su punta en dos pequeños
lóbu1os que, en ocasiones, parecen inquietos.
Hoy no ebtá inquieta esa punta de nanz y repite
lo que la voz contristada del novelista formula,
en el tono de un «Hermano, morir habemos,&gt; a
propósito de la venta de nuestros libros futuros:
&lt;Las grandes ventas ... nuestras grandes ventas
han concluido.&gt;

***
Sábado 2 mayo 1885.-Esta tarde hablábamos
de supersticiones. Zolá está realmente curioso
hablando en voz ba.¡a de estas cosas, misteriosamente, como si tuviese miedo de una oreja ttmit&gt;le que le escuchase en la somlira de la habitación. No cree en la vfrtud del número 3; el número 7 es el que, por el momento, constituye su
«porte-bonneur.&gt;
Y deja oír que la noche en Medán cierra sus
puertas por medio de combinaciones diabólicas.
Emilio Zolá, en su estudio.

deos y le oigo decir: «¡Vea usted cómo me tiemblan los dedos!&gt;
Y me habla de una enfermedad cardíaca. en
germen, de un principio de enfermedad en l a vejiga, de una amena.za de reumatismo articular.
Nunca los literatos parecen haber nacido tan
muertos como ahora, y sin embargo, nunca el
trabajo ha sido tan activo. tan incesante. Enclenque y neurosténico como lo es, Zolá trabaja.
todos los días de nueve ~ doce y media y de tres
á ocho. Todo esto necesita en la actualidad, con
talento y casi un nombre, para ganar su vida.
«Es p reciso-repite,-y no ere&lt;\ usted que tengo
voluntad; soy por naturaleza ua ser débil é incapaz de todo trabajo l argo é intenso. La voluntad, en mí, se halla reemplazada por la «idea fija&gt;, que me haría enfermar si no obedeciese á su
obsesión.&gt;
Mientras recorta una obrita dramática de &lt;Teresa Raquín&gt;, se dedica, por el momento, á buscar una novela en los mercados, te!ltado de pintar este mundo.
Y parte del día la paso hablando con este amable enfermo, cuya conversación se pasea, de una
manera ca.si infantil, de la esperanza á la desesperanza: «H;l periodismo, en el fon do-dice,-me
ha hecho un servicio: me ha hecho fácil el tl'abajo que en otro tiempo me era muy difícil. Era
una especie de fl.uio de ideas y de fórmulas,
obstruyéndose unas á otras hasta tal punto, que
me veía. en ocasiones obligado á dejar la pluma.
Hoy es un flujo regul ar, una corriente menos
abundante, pero que corre sin estorbos.&gt;

** *
Lunes 25 enero 1875.-Las cenas de Flaubert
no tienen suerte. A la salida de I a primera, cogí
mi fluxión al pecho. Hoy Fla.ubert, enfermo, falta; está en la cama. No somos más que Turgueneff, Zolá, Da.udet y yo. Se habla primero de
Ta.ine. Ca.da uno busca la manera de definir las
cualidades y 111,s imperfecciones de su ta.lento¡

ch o un camino b rillante para un hombre que no
cuenta aún treinta y ci nco años:
«¡Pues bien! ¡,Quieren ustedE's que les hable
desde el fondo de mi corazón?-exclama..-Me
mirarán ustedes como un niño, pero tanto peor.. .
Yo no seré jamás condecorado, yo no seré jamás
de l a Academia, yo no tendré jamás una de esas
distinciones que afirman mi talento. Para el público seré siempre un paria, sí, un paria.&gt; Y re•
pite cuatro ó cinco veces &lt;un paria.&gt;

. .... .. . ·· ··· .. .... ... ··· ··· ·· ····· · ... ......... .
Zolá está de vena y continúa hablándonos de
su trabajo, de la «puesta&gt; cotidiana de cien líneas que se arranca todos los días, de su vida
interior sin distracciones; tan sólo por la noche
algunas partidas de dominó con su mujer ó ln.
visita de algún p aisa.nc,. En medio de todo esto,
escápasele el confesarnos que en el fondo, su gran
satisfacción, su gran placer es sentit· la acción,
la dominación que desde su humilde agujero ejerce sobre París, y lo dice con el acento de un hombre de talento que ha brujuleado largo tiempo en
l a miseria.
Durante la confesión acerba del novelador realista, Daudet se r ecita á sí mismo versos provenzales, y parece gar garizarse con I a dulce sonoridad mus ical de la poesía del cielo azul.

***
Viernes 7 enero 1876.-En casa de Daudet, a.legre y encantadora cena a lrededor de una sopera
de &lt;bonillabaisse&gt; y de un asado de zorzales de
Córcega. Todo el mundo se sienta codo con codo
entre nerviosidades simpáticas y se come mejor
entre talentos que se estiman.
La satisfacción de Flaubert estalla en violencias de palabra, ante las cuales la gentil
señora de Daudet parece achicarse perezosament~; la satisfacción de Zolá se expansiona. en la
dicha, muy natural, de ver la fortuna y el dinero
tomar el camino de s11 hogar.

***
Martes 23 enero 1889.-Hablo un momento con
Zolá de nuestra vida entregada á las letras, en tregada como no ha sido entrega.da. por nadie en
ninguna época, y nos confesarnos que hemos sido
ve1·daderos mártires literarios, tal vez unos «bestias.&gt; Y Zolá me confiesa que este año, en que
frisa casi en los cincuenta., se ha visto cogido oe
nuevo por un retoiia.r de vida, por un deseo de
goces materia.les, é interrumpiéndose de pronto:
¡Sí,_ no veo pasar una mujer ¡oven, como esa, siu
decirme!: ¿Y no vale esto más que un libro'!

***
Miércoles 12 marzo 1890.-&lt;¿Qué hace usted
aho1·a?&gt;-dije al a.u tot· de la&lt;Bestia humana &gt;que
vino á sentarse junto á mí.
'
«-Nada..... decididamente no puedo comenzar .. .. Además, el«Dinero&gt; es de tal ma.neraextenso, que no sé por dónde cogerlo . . . . y los doc umentos de este libro, para hallarlos, para sab~r dónde hay que dar........ estoy rodeado de
dificult a.des como nunca .... ¡Ah! quisiera haber
concluido esos tres libros .... Después de el «Dinero&gt;, sí, vendt·á la «Gue1-ra&gt;, per·o no será una
novela; más bien será el paseo de un francés á,
través del Sitio y de la Cornmune .... En el tondo, el libro que me babia, que tiene para mí un
encanto especialísimo, es el último en donde pondré en escena á un sabio .... Este sd.bio ... estoy
tentado de hacerlo como un Claudio Bernara,
con la comunicación de sus papeles, de sus cai·tas .... Será entretenido .... h .. ré un sabio casado con una mujer retrógacta., beata, que dest1·u1rá sui:; obras á medida que él tra.ba¡e.&gt;
- ¿Y después, qué hat·á usted'?
-Después, lo más p1·udente sería no hacer más
libros .. . . irse de la liter atura..... pasar á una
nueva vida, mfrando la otra como acabada.. ....
-Pero ... no se tiene nuuc¡i, ese Vl\lor,
-¡Es ¡:r¡uy posible!

Subscripción mensual fon!.nea, $1.50
Idem ldem. en la capital, ., 1.25

GOBERNADOR L,TERIXO DE OAXACA.

�.Domingo lA de Noviembre de 1902.

Et MtJNt&gt;O !LUS'l'RADO

EL MUNDO ILUSTRADO
Apresuramos el paso, vemos &lt;le prisa, vamos de prisa. Quiero llevar á mi amigo á la
Sixtina; es formidable eHto de ver la Sixtina
después de recorrer S. PeJro; es una ascensión al Popocatepetl ( moralmente hablando, se
entiende). Pero sin broma, quecla el espíritu
fatigado por días enteros; y no hay tiempo que
perder, mañana Raldremos para Xápoles.

II

V:

• t

LVI, volví y ........ volví. ¿Volveré?
Chi lo sa? Arrojé deYotamente cinco ó seis monedas en la fuente de
Trevi, porque quien esto hace, vuelve ...... Todo es bello en Italia, hasta lo feo tiene un alma de belleza; al menos así lo quise ver y lo
vi así; pero Roma, Roma, agrega un trozo de
mundo ideal al mundo del espíritu, se siente
uno dueño de más......... Ya Goethe lo había
dicho: Roma agranda las almas de quienes
la comprenden. ¡Ay! ¿la comprendí yo? La
pude apenas comenzar á deletrear........ Pero
supe amarla; me queda en el fondo del corazón la deliciosa amargura de haber sabido
amarla, de amarla todavía. Con razón dicen
los eruditos que el not'nbre sagrado y esotérico de Roma, es su anagrama «Amor.,,
Volví á San Pedro. Torné á pararme junto
de las toscas, soberbias fuentes, negras y estallando en agua empenachada de irises [reincido en este pluralillo antiacadémico]; torné á
contemplar sobre el cimborrio de )lignel Angel la curva soberana &lt;le la cúpula, reentré en
el inmenso pórtico, reví la estatuaza de Carlomagno, resonreí ante los temas de los relieves
en bronce del portón de Filnrete, y por una
de las puertas de In derecha nos colamos en
la Iglesia.
Rompiendo brumas y nublados invernales,
había salido por fin á cara descubi...-rta el sol
[lo ministro maggior della natura [Dante];
había barrido con su gran brocha de oro el
cielo, dejando amohtonadas en las montañas
fl-abélicas los copos de nubes y de nieves; había dado á la sombra húmeda de las calles su
marco bruñido, y multiplicado en las ventanas, balcones y cornisas altas, los pintorescos
abigarramientos de ropas tendidas á secar, lo
que mis compañeros encontraban indigno de
la cacareada cultura europea, y á mí me parecía encantador. Xo sabemos en mi tierra el
oro que tenemos con tener el sol tan barato;
aquí, aun en Italia, el país del sol. tiene una
demanda incalculable, supera terriblemente á
la oferta, y en sólo un turno de dos horw, sec~n su ropa por dos semanas treinta ó cincuenta mil «almas", como dicen los estadísticos,
para quienes las almas gastan 1.apatos y pantalones.
,,
Bajo el sol que la iluminaba y la penetraba
como si fuese un bloque de cristal de roca, la
claridad «sui géneris" de Sa.n Pedro parecía
mayor, más nítido el ampo de los mármoleR,
más clara y pura la soflama misteriosa que
irradiaban los pilareR, las estatuas, los sepulcros; todas las penumbras daban relieve á las
formas y matizaban con vagas azulosi&lt;lades
las crudezas blancas de las piedras; todos los
mosaicos parecían hechos de gemas, vidan,
no había sombra.

Por supuesto habíamos suprimido al guía;
la última vez Araluce y yo fuimos solos y la
iglesia estaba sola casi: dos ó trescientas ¡,ersonas: era todo, era nada. Hedeker dice: á la
derecha; nosotros tomamos á la izquierda. Ya
11abia de memoria mi itinerario, es un desfile
de maravillas de segundo y hasta de tercer orden ¿puede decirse esto? La tapa de p6rfido

del sepulcro del emperador Hadriano, convertida en fuente bautismal; si el delicadísimo escéptico que se llam6 H11driano se hubiese imaginado el destino de su mausoleo (Santangelo ), el de su sarc6fago (fuente bautismal),el de
su Pantheón (Santa María la rotonda-el Pantheón actual), se habría encantado de antemano, le divertían mucho las Rorpresas del destii:o, para él Zeus debió haber sido un Anpremo titiritero. Luego la «sagrestia»; las sacri~tías
debimos decir, dentro de ellas caben varias
iglesias; también aquí hay columna;: &lt;le la «vill1u de Hadriano: y cuadros de Giot.to, que estaban en la antigua basílica: ¡qué cu11drosl
todo se ve venir allí en esos cuerpos rígidos,
en esos coloridos marchitos y e-in jugo, C'D &lt;'ROS
San Pedros y San Pablos horriblemente torturadoR, en aqtielln «madonna&gt;1 tristísima y dulce que canta un poema sordo con la luz ,·ciada de los ojos; todo se ve venir, la forma, el
color, el arte: Giotto no es un primit.iYo todavía, es un ancestro, un precursor. Y, sin embargo, ya la poesía italiana hablaba en aquella aurora del siglo XIV su lenguaje eterno:
Dante Alighieri había escrito la «Commedia»,
que nosotros llamamos divina y de la cual ·
puede educirse toda la poei.ía. romance, aun
la nuestra, aun la de hoy .....
Dejemos estas disertacioneR para otro día en
que mis lectores estén prevenidos y no ~e embarquen; y dirán y con razón, para leer e:stas
cosaf',allí están los diccionarios, los Larouses y
los enciclopédicos...... Perdón, pues, y salgamos de la sacristía. ¿No quieren uRtedes que
nos detengamos ante esta dalmática. de C'arlomagno, ante estas primorosas miniaturas de
Giotto (todos los «primitiv0sn eran miniaturistas que sabían dar á sus miniaturas proporciones enormes), que en un libro vetnstfaimo
del «Archivo de S:i.n Pedron nos muestra un
risueño cleriguillo?
Fuera, pues, de la sacristía, hay cosas allí
para admiradas en veinte 6 treinta visitas y
volvamos á nuestra nave izquierda. Siga el
desfile, es decir, Rigamos &lt;lei-fil11ndo; para meternos en la sacristía, habíamos dejado atrás
una buena parte de la nave: defl-anclamos paso
á paso el camino n.ndado, no para ver suntuoRos sarcófagos de pontíficeR, por Tenerani, ó
Thorvaldsen, 6 Cario Maratta ó los viejos Pollajuoli, por interesantes que sean, ni los mosaicos reproduciendo en triples ó cuádruples
proporcione~, pero con fidelidad notable, algunos originales cflebres como la «Transfiguraciónn de Rafael, sino para hacer nueva estación clelant.e rle los últimos Yást1gos directos
de l\Iaría Stuardo y de su nieto Carlos (entrambos degollados), vástngoH sin savia que se
extinguieron, 6 tristes, ó alcohólicos ó im potentes. ¡Qué bien lloran sin lágrimas el fin de esta
raza «de lus dolientes destinosn ese par de figuras en relieve que se apoyan sobre sus antorchas muertas y en las que Canova, genial esta
vez á fuerza de simple sinceridad, ha esculpido un acorde de infinit'l, de incurn.ble melancolía! Enfrente, sobre una puert'l, la tumba
de la madre de estos pobres degenerado;:, una
Sobieska, un nombre glorioso que es como el
epitafio de un pueblo muerto, ele Polonia,
cuya suerte hemos llorado los hombres de mi
generación con lágrimas materialeA, como que

nos parecía que llorábn.mos á nuestra pobre
Patria, también en agonía entonces! Y yo que
decía que no había sombras en S. Pedro; todo
es muerte aquí, todo es sombra.

***
Unos grandes tablados forrados de paños
rojos, á entrambos lados de la sección superior del crucero entre el baldaquino y el áb:;;ide, nos drscomponían la bellí11ima perspectirn
de conjunto que se abre ante la vista. deRde la
puerta de la sacristía y que abraza todo el fondo y toda la altura del inmenso santuario.
Seguimmi, pues, «detallando» sepulcro;:: los
que más dicen por los recuerdos, son los de San
Gregorio :\Iagno, el verdadero fundador del
pontificado universal, y de Palestrina, cuya
alma es todavía de este mundo, pues que la
re.¡ucitan perennemente los órganos y los orfeones que dan alas á sus &lt;livinaR notaR, y por
cierto que tocla la evolución de la múi&lt;iea religiosa está encerrada entre rsos dos nombres:
Snn Gregorio )Iagno y Palestrina, el organizador del c:rnto-llano y el que hace brotar la
m(1sien. religiosa. de su capullo litúrgico como
una mariposa de oro y de luz; toda la edad
media, toda la edad mí1;tica esti encerrada entre ese papa y ese inspirado; falta un nombre
para completar esa trinidad &lt;le creadores de
la música cristiana, el del monje renegado
que puso en música sublime y sencilla la letra bíblica de la protesta y In. revolución religiosa: )lartín Lutero.
Sepulcros y mosaicos: en San Pedro triunfa
el mosaico, el mosaico absorbe y domina.; tapiza la cúptila entera, las pilastras, los altarei;;
sólo aquí cerca de nosotros había un cuadro
1\1 óleo, pintado en una pizn.rra: no me dice
nada; en cuanto á lafl copias amplificadas de
Rafael, del Dominiquino, de Güido Reni, «e
tutti quanti1&gt;, son e!:&gt;pléndidas y maravillosas;
á la primera vii,iü1. imbyugan; def'pués hacen
el efecto que una sinfonía de Beethoven toen.da
por un piano mecánico de primer orden. ¡Y
Bernini ! )fi obsesión; me empeiio en admirarlo; aquí tenemos el sepulcro de Alejandro
VII: ¡qué lujo de enormes pafios imitados profusamente en múrmoles y pórfidos de coloreR
monumentales! 8i este hombre hnhiei-e tenido
gusto, es decir, el don de la proporción harmónic.~, el de la sobriedad en la exuberancia
que Miguel Angel tiene! Entonces no r-ería
Bernini. Xo le hace, e;:ta pompa me seduce,
aunque no me persua&lt;le.
Saltamos por encima de los palitroques; sacristanes benévolos ante nuestro aspecto exótico nos a.bren las barrera;:, hacemos nueva
ertación larga en el úhside, la est1tua de la
Julia Farnesio (la llamamos así en honor de
nuestro gufa) agarra bien á mi compañero y
por fin seguimos y hacemos otro alto largo,
pero bien largo, frente al mausoleo de Clemente XIII, de Canova; no he visto cosa igual,
por el realismo y exactitud &lt;le! detalle, á la estatua arrodillada que corona el monumento;
desde un úngulo de la pilastra vecina, '&gt;e la ve
mo,·er los labios en un rezo perpetuo. ¡Y los
leones! Estos son populareR, ei-tún copiados en
todas partes; el que duerme, sobre todo, es
magnífico.

Signen los mosaicos y los monumentos sepulcrales. En esta capilla nos detenemos, después ele wr, no de n.dmirar, los mausoleos en
que yacen dos mujere!'&lt;, una. grande por su firmeza, por su prudencia, por su fe, la condeRa.
)!atilde, la amiga del inmenso hombrecillo de
bronce que fué Hildebrando, el fundador del
pontificado teocrático en In Edad )Ieclia que
no pas6 de un boceto gigantesco y trágico,y la
reina Cristina. de Suecia, la hija del apÓRtol armado de acero y de gloria que :sal ,•ó para siem- ·
pre la suerte del protestantismo en la Europa
central, la versútil,melaucólica y siniefl-trn
Cristina que se convirtió en Roma al catolicismo y cuya grandeza.
teatral está en perfect:1.
coni&lt;onancia con sn
pomposo sepulcro.....
Dería yo que nos cletm·imos frente á la reja de hierro de una capilla, para ver otros
fl-epulcros: uno muy
bajo, un lecho de
muerte, hecho ú maravilla, con RU paño fúnebre tendido sobre In.
estatua yn.cente, plegado y arrugado lwst'l
hacerlo parecrr flexible como un lienzo. PS
la tumba &lt;le Rixto IV;
al pie &lt;lel lecho mc,rtuorio hay una lúpicla
de bronce, es el Repulcro de un Robrino• de
Rixto, de otro· Hon•re,
¡de Julio II! ~ingular,
singular ..... .

do,en una especie de jaula dorada, una colum•
na d~l templo de Salomón, bastante raquítica
por cierto, y bastante poco salomónica., de se·
g~1r?, que fné el pa~rón amplificado por Bermm en _el «bal&lt;laqumo» y copiado después en
los retablos barrocos, platerescos y churriaue•
rescos de que están i11unclados Italia y E~pa·
ña y sus antiguas posesiones ultramarinas.
En el fondo, sobre un altar ( cuando su autor la supuso al ras del suelo), el grupo diYino de ((la Pietá:" una Nuestra Señora de las
Angustias, como dirían en mi tierra. El Cristo es un Apolo (el Apolo del Belvedere había
sido ya descubierto y Buonarroti lo conocía),
es un Apolo herido, exangüe y sin músculos
casi, que descansa, en el regazo de una mujer,
del dolor de vivir, y que se ha dormido 6 ha
muerto;no es fácil precisarlo. La Virgen,dulce·
mente joven, mira sin ve:. aquel largo cuerpo
eshelto, que sostiene en sus brazos, y el bellísimo rostro ligeramente barbado que cae exánime y que se adivina pálido bajo la nítida transparencia del mármol. Ella ( ¡qué mara,·illosa

Domingo 16 de Noviembre de 1902.
mano esa que· comprime y se imprime en e1
costado del cuerpo desnudo!), ella, sin lágri ·
mas, parece pre:;a &lt;le mortal angt,stia intelectual y moral, ¡~arecc que una sombra. pasa por
su alma: ¿resucitará'? ¿es Dios? ¿no es másqu3
mi hijo'? m artista que esculpió este admirablr grupo, era ya un filói-ofo por el espíritu,
apenas era un cristiano. ¡Oh! sí, conozco Ju
interpretaci6n auténtica. da&lt;la por l\Iiguel-Angel: «he querido que expresara la inmaculada
pureza de la Yirgen, por ceo el rostro ef&lt; tan
joven.,, A pesar de tollo, la angustia aquí no
e::; la expresión de un profundo dolor de madre impregnado de horror por la ciega injusticia de los hombres; es una honda tragedia
psicológica lo que ei;a fü;onomía austera. y pum me dice. Y no oigo que eso mismo os dirá
á vosotros, ¡oh lectores!, pero de vosotros no
respondo; dti mí, con mucho trabajo.......
.

***
Para resumir la impresión de San Pedro,
¿qué hay que hacer'? ¿Yoh·er á paran;e en la

***
En la c:tpilla de l\I iguel Angel, rcrc.'l. de
la puerta., recién cc,rrada, del jubileo, nos encontramos ú un peregrino rezagado, á Alberto Binnchi, nomhrr
no sé si conocido hoy,
pero mn_v popular en
mis tiPmpo,- de político, cuando rl Sr.
Lerdo, sin cmwicciún
y sin ganas hacía enRayos de rlPRpotismo.
El Sr. Lerdo, muy se,·eramente autoritario,
pero i rn prcgnaclo, co •
mo todos lo;: ahogado,;
lo estamos. de i-uperstición lep;al, á pesar ,le
su profundo ei-cepticismo, había nacido
para ser un gran ministro; pero no puclo
;:rr un gran ministro
de sí mismo, porque
le faltó ...... Renuncio
á dar á mis lectores
una lección de hist0ria política, que tras
de Her probablemente
errónea como todas las
de los contemporÍlueos, habría de fastidiarles tanto, por lo
menos, como á mí.
Entramos en el antro
-..el monstruo: á un la-

13ASILICA DE SAN PEDRO,-"La Con:ei;lón,"

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

las naves, en todos los idiomas, agitando sus
banderas de todos los colores, prosternándose
en todas las adoraciones, encrespúndose y calmándose rítmica.mente como un nuevo mar
Rojo, surcado por una procesión sin fin de centellan tes alabardas, de mitras coruscantes,
de tisús de oro, de sedas, de púrpuras, de encajes, y en medio de las azulosidades embalsamantes de los incensarios y de los vaivenes
lentos de los ventalles de plumas blancas, alzado en andas como una divinidad de Oriente,

rueda de pórfido de los emperadores y recoger
en el foco visual aquellas inmensidades arquitectónicas de la na ve principal, los arcos asentados sobre altísimas simetrías de relieves y
mosaicos, desplegando bajo triunfales esculturas sus impecables curvas, los perfectos medios cilindros de las bóvedas decoradas hasta
lo infinito de tableros ornamentales, y más
allá del baldaquino, soberbio y solo bajo la
claridad celeste de la in visible cúpula, la gloria de oro de la «cátedra» de S¡¡.n Pedro en el

Sepulcro de Clemente XIII.

fondo del ábside, que se ve como por el otro
extremo de un anteojo, muy lejana, muy grande, muy precisa... ? No, éste sería un fragmento de impresión material; el monumento es
más aún que una maravillosa perspectiva, es
un ser moral.
Precisa verlo llenando su función, ¡;,irviendo de albergue á la iglesia católica, á la asamblea de los fieleR, y de marco apoteótico al vicario de Cristo. Tres ó cuatro millares de peregrinos gritando sus cánticos religiosos bajo

un hombre blanco, surgiendo de su manto rígido á fuerza de oro y de gemas, bajo la cúpula simbólica de la tiara, tendiendo á la multitud que fija en él las delirantes.miradas azules, los apasionados ojos negros, la mano trémula y bendecidora, mientra&lt;; pliega sus labios
una perenne sonrisa de ternura v de absolución. Así, en esas horas en que ·¡a iglesia militante se tiende como un puente ,·isible de
esplendor hasta tocar los bordes de la iglesia
triunfante, es cuando el templo católico «es,iJ

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

en toda la fuerza de la palabra, entonces se
explica á sí mismo, entonces vive, entonces sí
que su cúpula parece un firmamento reducido
á las proporciones de la frmte de un pueblo ...

Es evidente; no para mí, no es en la «sedia
gestatoria,i en donde está la clave ele esta obra
estupenda. Sino aquí, en esta capilla sepulcral de los La Rovere, aquí en esta tumba casi oculta al pie de la
de Sixto IV; en el sepulcro de Julio II. Del
fondo del alma del
hombre extraordinario
y duro, que aquí humildemente yace, nació San Pedro; pero
por grados: primero
quiso, como los faraones, tener un mausoleo
inmemo y verlo. Llamó á Miguel AngP.l, el
artista le proyectó una
montaña de mármol
prodigiosamente animada por todas las
graneles figuras de la
]glesia anterior y posterior al Cristo. El Papa aceptó. ¿.Y dónde
alojar aquel milagro
escultural? En San Pedro mismo. Pero la
viE&gt;ja basílica de Constantino v San SilvestrE&gt;, en la·que cada agonía y cada triunfo dr.
la Iglesia. habían dejado una reliquia, en
donde cada 1,iglo había
puesto un monumento, en donde las huellas de las profanaciones, de los sacrilegios,
de los nsaltoi&lt;, &lt;le los
incendios, babínn sido
cubiertas con las argenterías, y los relicarios y los moFaicos de
los donativos imperiales y populares, E-n
donde no había un objeto sin historia, ni un
ara Fin recuerdo, ni
una obra r-;in la firma
de una fpocn, la cateclral de los Carolingios
y de los OtémidnR, de
Grrgorio Mngno, de
HildE&gt;brnndo, de Jnoce11cio III, rste templo
renunen del nrte criRtinno en los siglos precur~orefl, 110 hastahn
para contener el sepulcro &lt;le Julio II, e1apequE&gt;iio, y, ademfü,,
amenazaba ruina. RntonceF, mientras Miguel Angel iba á vaciar
las canteras de Carraia
de sus bloques de mármol inmaculado, apareció Bramante «il rovinatore;&gt;J y, efectivamente, estos divinos
artistas del Renacimiento, en su horror á
lo que no era el arte
helénico, eran á un
tiempo sublimes constructores y destructores
vandálicos; el pasado les era odiorn de Alejandría hacia acR.
Y Bramante proyectó su incomparable templo, coronado por la cúpula del Panteón de
Agripa extraída de su concha y erigida á la
plena luz del cielo. Y entonces el Papa olvidó
su sepulcro y enfureció á Migliel-Angel y empezó á extraer dinero al mundo católico para
aquel edificio que aplastó y deshizo á la vieja
basílica llena de historia y de unción bajo

El MoiEés de Miguel Angel.

-

sus pies de mármol (apenas quedan de ella
fragmentos enterrados en las criptas de San
Pedro, en las «sagre grotten). Murió el arquitecto, murió bebiendo oro líquido (sic) el
Papa Julio, y sus sucesores continuaron su
obra. gigantesca y extrayendo de todas partes
el oro sólido, sobre todo de la fe y el temor de
las almas; de aquí la venta de las indulgencias en AIP.mania, y la lava de la protesta germánica entrando en ebullición espantosa, y el
cráter abierto en la boca de Lutero, y la erupción y el cisma. Todo ello pudo nacer de mil
otras cosas; pero nació de la idea de construir
una tumba á Julio II. ¿En dónde está e8a
tumba? En fragmentos ciclópeos, aquí y allí
esparcidos. En «S. Pietro in Vincolin está
uno de esos fragmentos, el Moisés de MiguelAngel. Pero la verdadera tumba está aquí.
aquí están los huesos, aquí está el singular
monumento que los rodea, el templo católico
por excelencia. ,Julio II quería una pirámide
y tuvo por sepulcro una basílica; su basílica
es su espíritu inmortalizado en mármol; su
paño fúnebre está en otra parte, está enclavado en la bóveda de la Sixtina. ¡Qué siglo, y
qué hombre y qué hombres! Y cuán fastidiados estarán mis lectores.

Justo Sierra.

EL ACTUU GOBBRNADOR DE OAIAr.A.
Publicamos en nuestra primera plana el retrato dP.l Sr. Lic. Miguel Bolaños Cacho, actual gobernador interino de Oaxaca, que ha
substituído al Sr. Gral. D. Martín González,
que es el gobernador constitucional.
El Sr. Bolaños Cacho es el gobernador más
joven en toda la República; le tocó ocupar ese
alto puesto en condiciones políticas muy difíciles para él, y lo ha desempeñado, á decir verdad, con toda cordura y prudencia, dejando
sii.tisfechos á todos, aun á los más exigentes,

E!-ta es-una prueba de q"ue tiene dotes especiales que seguramente serán aprovechadas en
alguna otra ocasión.
Una de las notas más sobresalientes en su
gestión, ha sido la lealtad para todos, especialmente para quienes debía. tenerla..
Enviamos un afectuoso saludo al joven gobernante, deseando para su carrera política
grandes y merecidos triunfos.
LA VISIÓN,

Un fantasma va pasando
Por el perfil de la sierra,
Un fantasma que parece
Ave y hombre, monstruo y fiera.
¿.Es un manto vaporoso
Lo que tras él se despliega,
O es un jaique lo que lleva?
De «tanto mirar,, su forma,
Toma figuras diversas, .
Y andar simula unas veces,
Y otras que inmóvil se queda,
Y días, semanas, años,
Está la visión perpetua,
Si se pierde ó no se pierde
Tras del perfil de la sierra.
Parece, al venir el día,
Guerrero de extraña tierra
Con dalmática vistosa
Y rutilante cimern.
Si se mira en los instantes
En aue la cálida siesta
Como en dorada neblina
A la montaña rodea,
El guerrero se transforma
En ave enorme que lleva
Sobre las alas gigantes
Un dios, en alto la diestra.
Entre el crepúsculo rojo
Manchado en tintas bermejas
Con bord1:1,dos de oro y plata

Y cortinajes de estrellas,
Sobre la cima del monte
El raro monstruo semeja
La apocalíptica forma
De evangélico poema.
Finge dE&gt; noche el fantasma
Desmesurada silueta,
Cuya frente da en la luna
Que le sirve de diadema.
Esta visión multiforme
Nünca pasa, nunca trepa,
Aunque parece que anda
Y aunque parece que vuela.
Cuando niño, ella ha formado Mis visiones de poeta,
Y quise mirar un día
Su horrible cuerpo de cerca.
Andando, andando y andando,
Subí trabajosas cuE&gt;stas,
Y al compás que más andaba
La visión era más bella.
Llegué hasta su pie gigante,
El alma en miedo deshecha,
Y al ver la visión sublime,
Lancé un grito de sorpresa:
Era un árbol milenario
Todo bíblica grandeza,
¡Con una ciudad de nidos
En la enorme cabellera!
SALVADOR RUEDA.

1os Juegos Florales da Puebla.
La circunstancin de haber logrado reunir ya
muy tarde, las fotografías de las damas v c~ba~
Jleros que tomaron parte en los Juegos Florale.f!
de Puebla, nos impide ofrecer á nuestros lecto.
res, én el presente número, la información ilustrada relativa al torneo mencionado.
En nuestra próxima edición la daremos tan
completa corno pudimos obtenerla, y con el esmero con que ahora, por la premura del tiempo no
nos hubiera sido posible hacerlo.
'

�~omingo 16 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL 1fUNDO ILUSTRADO

,

cinco de la mañana, las inciertas luces del
Oriente comenzaron á infiltrarse á traYés ele las
espesas sombras que nos envolvían. La voz de
uno de nuestros compañeros nos hizo abando-

"

La narración hecha por el Sr. Deelí estÍI llena de detalles interei&lt;antes, y nos da. á conocer
las ca.usas por las que esta montafin no ha sido
escalada. tan ú menudo como el Popocatepetl.
X uei;tro interlocutor nos informó, en efc!'to,
que las enormes grietas y los desfiladeros del
Ixtaccihuatl constituyen una serie de obstúculos para la ascensión.

***
Las fotografías con que ilustramos estas páginas, dan ielea de los hermosos panoramas
que se presentaron á la vista de los atrevidos
extranjeros.

,

UNA ASCENSION

al Jxta~dQuatl

El Po pocatepetl visto desde el lxtaccihuatl.

grupo de extranjeros entuia:iastas,
cmbro_¡, d&lt;&gt;l Club de Alpinistas ele
Suiza, e"inprendió hace pocos días
una. atrevida ascensión al Ixtaccihuatl, gigantesro compañero del Pop~ratcpetl, cuyas r{,pidas pendientes y profundos precipicios han
:-ido siempre obst.1culoi;, casi insupPrahle:&lt;,
para la realización ue esta clnse de ascensionrs.
Provistos de cables, za.pnpicos y elemÍls instrumentos necesarios pa.m el ca.so, los «ttnistas» comenzaron su viaje por la montafia, poco antes de medio día, acompañados de algunos indígenas de Amecameca, en calidad de
guías.
Durante las primeras horas del viaje no se
registraron peripecias de ningún género, pues
el Ixtaccihuatl presenta en su parte baja amplios caminos por donde puede fácilmente escalari-e. 8ólo las fatigas naturales y propias
de una expedición de ef'a naturaleza, fueron
lasque experimentaron los «alpinistas», hasta
llc~.,r á la &lt;&lt;cm•va».
La &lt;ccueva» es una inmensa oquedad formada entre las rn~as y situada l'rrcif'nmrnte en
los límiteR de la nieve. Ln tf-niperatura en ese
lugar era de dos grados bnjo cero. Allí pernocta.ron lo« excursionii;ta~, aunque f'in conciliar el sueño, puefl el frío exngerado que i::e
ha.cía sentir ÍI :tquella altnrn, entumeci6 i"Us
c•uerpo,;, poniéndolo~ en con&lt;licionrs naJa prvpieinfl para. entr&lt;'garse ni descnnf&lt;o.
«Con ansia. ei;peramos -nos elijo el Sr. Dedí,
uno de los excursionistaf'-á que el sol hafinrn con sus rayos los inmensos bloques de hielo para disfrutar de un panorama ap!'nas imaginado por nosotros. ~Iinutos después de la:-

Domingo 16 de No,·icmbre de 1902.
madas por un::i de los miembros del «Club de
Alpinistas,» quien bondadosamente nos las
facilit6.

PÁGINA DE ALBUM.
En la primavera vi una mariposa saliendo
de su crisálida como del estuche de un abanico.
Primero aturdida, como deslumbrada por
la l uz solar, se arrastró torpemente por el suelo, estirando sus alas gomosas, aglutinadas,
pegadas al cuerpo como un vestido de seda
estrujado¡ pero el sol bien pronto le sec6 las
alas, y como una flecha desapareci6 en lamañana cálida.
Después de su partida, el interior de la crii;álida conservó por mucho tiempo sus colores:
bandas de púrpura, estrías de azul y puntos
de oro.
Pensando en e,:ta. crisálida y en las hermo-

Sobre los hielos.

Ori llas de Amecameca.

nar el estado de sopor en que nos encontrábamos, y con el miís grande de los entusiasmos
nos dispusimos á reanudar el Yiaje.
«Si el día anterior-continuíi nuestro informante- experimentamos fatigas n,eramente
corpora.lei:, no fué lo mismo e! día ele nuestro
viaje por las nieves; pues aparte del cansancio, llegamos hasta smtir el temor de la muerte, á cauia:a de habernos extra,·iado entre los
blancos témpanos. El ca.so fné como sigue:
Entregados mis compañeros y yo á merced de
los «gufas,» fiarnos en··ellos ·y ningún recelo
nos asalt6 al emprender la ascensión. Poco
después de caminar por la nieve, uno de nueRtros compañeros no tu-vo fuerza para. continuar
el viaje, pues se vi6 atacado del terrible «mal

Un "barranco.''

U?•a Yez en las altas planicies del Ixtaccihuatl, los &lt;cturistn!'» descorcharon una botella·
de champagne, y ha.hiendo apurado i;u contenido, pui-ieron en el casco sus tarjetas. La botella quedó sepultada en una ,&lt;tumba&gt;, de nieve, abierta por ellos con ese único objeto.
Sólo diez minutos permanecieron los ,&lt;alpinista~» en la. cúspide, pues los rayos sola.re~,
que caían á plomo sobre la inmensa mole de
nie,·e, y la falta de oxígeno hacían insoport,lble su permanencia en aquel punto.
El vértigo de las alturas comenzaba á inYndirlos y emprendieron el regreRo provistos del
cnhle que se ma en e~te grnero ele excursioneA. En el descl'nso, por m{1s precauciones que
i;e tomaron, no pudieron evitarse las caídas

En la cima.

sas huellas que había dejado ese espléndido
peregrino del cielo, me acordé de los corazones por donde el amor ha pnsa.do.
JosÉ E. C&lt;mPIAXl.
Buenos Aires.

·-·

En amor se p'.:!rdonan las ofensas recibidas,
pero un doloroso rccuerelo no Re borra jamás
del coraz6n.

***

En el amor valen más las pruebas que los
juramentos: las primeras son la seguridad, y
los segundos la duda.

***

El amor es sordo á los consejos y ciego al
precipicio, porque no reconoce ante el mundo
otra ley que la libertad, ni más dominio que
la locura.
·

Los "alpinistas.''
D espués de la ascensión.

r

-

'-

·.

Los "guílls.''

~~

.,

de montaña:» vómitos de sangre, vértigos, desprendimiento de la epidermis, ojos inyectndos,
etc., fueron las manifestaciones de la enfermedad. Alarmados todos, pretendimos emprender el descenso; pero nuef'tra nflicci6n no
tuvo límites al Yer que los guías desconocían
por completo aquellas regiones, y que no acertaban á imlicarno~ cuál era la vereda que debíamos seguir. Fiíci~ es comprender, dice ~l
Sr. Dedí, los trabajos que pasamos para, sal~r
del dominio &lt;le las nieres. Al fin lo conseguimos, y llevando á nueHtrÓ enmarada á cuestas,
lo dejamos en la «cueni• acompafiaclo de dos
indígenas.
.
«La tentación de subir basta la cúspide rlel
Ixtaccihuatl fué iiwencible para nosotro:&lt;, y ele
nue\'O emprendimos la_ caminata. :'.'.Iú'.' afortunados que en la vez pnmera, no tu,·1mos ya
otro accidente 1esgrnciado que lamentar, y
con miles de pe11alida.dEl? ll~gamos á la cumbre ca.si inhollada· del Ixtaec1huatl.-)) - ·-· -

'
.

..

~I lxtaccihuatl,

.

--

j
!-,-a bajada.

...
que sufrían &lt;'Ontinuamente los exp~elici&lt;!narios. Indudablemente que el cnble liberto de
la. muerte ÍI Yarios de ello,;. Atados con él,
de la cinturn, lograron mÍls de una vez ponerse á salvo del peligro. Dos horas duró el
descens0 hasta la «cue,·a,» en donde los esperaban las cabalgaduras que debían conducirlos á Amecameca.
Según nuestras noticias, ésta es la quinta ó
sexta. a.scen:-iún al Ixtaccihuatl.
' Las fotograffa-s q-ue pueblica-m-0s fuerQn tQ,·
'

-

...

·-

~

regreso á Amecam~

�EL MUNDO ILUSTRA.DO

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domñngo 16 de Noviembre

~

1902.

Nuevas estatuas en la Reforma.
serán descubiertas en
Paseo de la Reforma
estatuas de los Generales D. Juan José de la
Garza y D. Pedro José Méndez
fundidas por cuenta del gobiern¿
de Tamaulipas.
Los importantísimos servicios
prestados por estos Generales á la
causa nacional en las épocas aciagas de nuestras luchas por las
instituciones democráticas, y por
el afianzamiento definitirn de la
segunda Independencia, justifican, sin duda, el honor dispens:ido á la memoria de los dos il usT

____

.....

r ---

Estatua del General Méndel,
Aspecto de Tehuantepec después de la lluvia de cenilas.

de casas entre las cuales se cuenta la del Sr.
Gobernador del Est.ado y la que ocupa la Escuela Normal de Profesoras; otro en el que
están comprendidos el Palacio Municipal, que
destruyó el temolor de Septiembre, y uno de
los pril'lcipales establecimientos mercantiles.
Los edificios ofrecían un aspecto bellísimo, á
los rayos del sol.

La lluvia de Cenizas.
· _- Completati.,qi:-: nuestr¡i iníor~aci6n relativa
.á la. ll~via de cenizas ob;ervada el mes pasado
e~ una/extensa zona cle'fa República, con las
f~tograffas d~ Tehuantepec y TÚxtla Guti€rrez, _que aparecen en_ estas páginas y considerarnos de importancia.
· La vista general de Tehuantepec, tomada
por el señor F. Rabiella, muestra el aspecto
que de~pués de la lluvia presentaba la ciudad.
Los tejados y los árboles se ven materialmente cubiertos de cenizas. Fuera del pánico que,
c~nno, e~·a natural, produjo el fen6meno entre
l{&gt;s yecinos de aquella comarca, el espeQtáculo
d:E:bió de ser grandioso.
,:/En cuanto á Tuxtla Gutié-rrez. una de.las
poblaciones de Chiapas donde los movimientos sefsmicos y la 11 uvia fueron más notables,
pueden verse,en nuestros grabados un grup~

· ***

Un grupo de casas de Tuxtla Gutiérreiz.

...

Publicamos también otra fotografía en que
se ven: el portal derrumbado en parte por el
último temblor, en la Plaza Principal de Tuxtla, la Parroquia y la Alameda. Una de las
torres del tPmplo se mandó derribar, en vista
de que por las grandes ti.verías que sufri6, era
una amenaza para los trans.-iuntP.s.
Las fotografías de Tuxtla nos fueron bondadosamente remitidas por el señor José F.
Ca.macho, aficionado á cuya galantería las
debemos.

-

tres liberales. Méndez comenz6 su carrera militar á
las órdenes del general de la
Garza, y obtuvo fliempre sus
a!'censos como recompensa á
su brillante conducta militi~r y á su extremado Yalor. A los Yeintinueve años
de edad, poco después de recibir su despacho de General, murió combatiendo contra los francese8.
En cuanto al General de
la Garza,es una de las figura!' más grandes en la hisEstatua del General de la Garza.
toria de Tamaulipas. Fué
un soldado valiente y un
patriota que puso al servicio de la Nación todas sus energías cuando el
país necesitaba, para salvarse, el esfuerzo y el sacrificio de los buenos
mexicanos.

¡Oh reina!, ante tu solio me postro reverente,
pues tú eres la belleza, la gracia y el amor;
Apolo te designa lugar tan eminente,
las musas amontonan coronas en tu frente
y en medio de su triunfo te aclama un trovador.
Mujer mil veces reina, mujer cien vei::es diosa
y siempre para el hombre su claro luminar,
de ti surgi6 la madre, de ti naci6 la esposa
y ,Je un trozo de mármol de tu cantera hermosa
la Virgen sacrosanta que hoy brilla en el altar.
Tú animas y diriges el brazo del guerrero
que en la h6rrida batalla termina por vencer,
tú guías al marino que va sin derrotero,
tú alientai, al artista que asombra al mundo entero
y todo lo que es grande proviene de tu ser.
Permite que un !'aludo te envíe mi garganta,
ya ronca en el sonido, ya flaca en la expresión,
y sufre, reina mfa, la voz del que te canta;
su espíritu á tu impulso del polvo se levanta
y en Lázaro se trueca su pobre corazón.
Los dos representamos, por modo diferente,
el alma en esta fiesta de ,,Patria, Amor y Fe» :
yo evoco lo pasado, tú encarnas lo presehte;
yo me hundo en el Ocaso, tú luces en Oriente;
tú empiezas la jornada...... ¡yo presto acabaré!
Yo soy la lira rota y tú la poesía;
yo brújula de acero y tú la piedra imán;
idólatra ferviente, te sigo noche y día;
te di mi sentimiento, te di mi fantasía,
mis últimas endechas también por ti serán.
Permite, pues, ¡oh reina!, que traiga á la memoria.
estudiantiles tiempos que alegran mi vejez,
permita el auditorio que cuente aqui la historia
de cómo un Don Quijote sali6 en busca de gloria
y hoy vuelve á Zaragoza más loco cada vez.
MARCOS ZAPATA.

El valor en el sexo bello está sostenido por la dignidad: así, pues, la
joven coqueta, la esposa ligera, la viuda verde y pretenciosa, no pueden poseerlo; pero la mujer cristiana, suave y fuerte á la vez, como la
de la Escri tur!l., puede dar ejemplo de valor al más esforrado guerrero.
-Las ideas tienen tres gl'andes órganos para hacer eu aparición e11
el mundo: la prensa, la cátedra y la tribuna.

,-,,e~1-mr~!
..........

El po_rtal destr~ído por. los ~mblores, _

La Alameda y la Parroquia en Tuxtla Gutiórrei,

Una tehuana en traje de baile.

(Fot. Rabiolla),

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
te ti, y que ahora surgía-más conmovedor que
nunca, más grato, más inalcanzable.
Por qu6 crnzó en aquel entonces ante su camino·? :;in conocerla, acaso él, más tarde no
habría sospechado In. existencia &lt;le una' dicha fugitiva, apenas contem piada Ít distancia.;
mas el recuer.io llamaba á su puerta como el
pregonero de _goces _infinitamente dulces y tan
dulc~s como_1mpo~1hle~, Y. pensaba que, fli el
Destino hulnese sido s1qmera misericordioso
l'ªra con él, no habría pnmitido qnP ~e &lt;leí'-

••
RAMOS cuatro dentro
la caja de un viejo si1
món que nos molía
los huesos so pretex'
to de conducirnos, ya
en las últimas horas
de la noche, á la población en que habit:"
tábamos,
no muy dis.
¡tante de la Capital.
=7,~~::s
Habíamos entretenido el tiempo en diversiones propias de individuos como nosotros, jóvenes y dispuestos á aprovechar debidamente los mejores instantes de la vida, y
regresábamos al hogar cuando ]a última peseta había huído de nuestros bolsillos, y la idea
de una marcha pie á tierra por la amplia calzada hacía vacilar nuestro ánimo.
Afortu.1adamente, René, uno de los cuntroj
era un muchacho previsor, capaz ele morigerarse si era necesario, y á í'U precaución debíamos el no tener que cambiar el buen rato
precedente por la fastidiosa hora de caminata,
sin más espectáculo que las estrellas suspendidas en el obscuro azul del cielo.
Sumidos los cuatro, como cuatro uvas de un
ra~imo dentro el estrecho simón, envueltos
en la atmósfera cargada de humo del cigarro,
d6 Juliáu [quien así procura!}a~Y_engarse de
n9sotros por no haber aceptado su idea de bebernos t¡i,mbirn el último .peso conservado por
R~né), acomp:Íñados, por el'chirrido molesto
de,l alquilón, qne amenazaba, desarmarse porm~mentos, apo~•áhamos las cabezas.en los rlncones, adoptando la mejor postura para dejar
trq.nscurrir el1 tiempo, y con muy pocos deseos de ent..'l.b)}tr conversación..
El vehículo avanzaba lent¡imente, arrastrado con dificultad por, una pareja de rocines
a.gpnizantei-. La impaciencia de ,Tulián, que
er'- un charlaJor nervioso y divertido y á quien
el movimiento &lt;lel f.imón impedía dormitar
siquiera, manifestóse á poco en palabras..

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~ ..,.

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J;,

,..

· ,~Casi siempre que.me aventuro en u~1a de
esf,as «góndolai-»,an1.enazadas qe naufragio, rec~rdo una historia, triste que, me imp~esionó
vivamente.
,. .
, -~
h.'ov á i:eferi11]a,:ja que el insopqrtable rodar
de esta caneta alar~a nuestro cmni¡10, y así,
la; relación del i-uc~o entretendrá al insomne
como
y. scn·irá de arrullo al soñoliento.
.-Conformes-respondió Ernesto;-á con-.
di,ción. de que suprimas el l_iumo de tu ~hime-.
n~, que es ló' único que nos impide conciliar
pqr completo el suefio.
Es uno de esos casos-añadió Julián apaga,ndo el cigarro-que acontecen en cualquier
nirel social, pero de l.os 9.ue nadie se cuida
cu¡1ndo los_personajes sólo ,üsten el .chaqu~tón
ó Ja humilde blusa del jornalero....... ·
iNació el muchacho en el1'ondo de una obscura covacha, en un barrio de la Capital. La
madre «molía,, y el padre era remendón, amboi- poco apegados al trabajo, mas en cambio,
fieles devotos de todos los vicios.
Cuando el niño vino al mundo, la comadrona dijo á los padres : ,,Se me figura que el nifio ha de vivir pocos años, si es que Yive»; pero á pesar de este augurio fatal y á pesar también del medio en que había uacido, el mu,

yo

-,e

chacho triunfó de la muerte, no sin llevar en • zas, arrullado por el rumor de los caballos que
el cuerpo la marca indeleble del vicio de que . masticaban el grano.
era producto. Nacido prematuramente, viciaFué, :¡JOr fin, cochero; le habilitó de ' tal el
da su sangre desde antes que abriera los ojos .
patrón, un día en que «el propietarion tuvo
á la luz, desarrollóse de manera lenta y trabaque ir á rendir ciertas cuentas ante III justicia,
josa, contribuyendo á esta dificultad la misey c,El Espanto,» como le habían apodado sus
rable existencia al lado de los padres: de la
compañeros, trocó el ayate por las riendas y
madre, que miraba como verdadero estorbo al
fuése al "sitio» á esperar la «car¡?a,» á dormipequeño, sucio y defectuoso, que se a.ferraba
tar sobre el pescante, calcinada la espalda por
ávidamente á sus senos, siempre ·hambriento;
los rayos del sol, echado el sombrero á- la cadel padre, que adivinaba en aquella nueva bora y las riendas entre las rodillas, ó á recorrer
ca la obligación de consagrar al trabajo malas calles á diestra y siniestra, azorando, al
yor tiempo.
grito de «Aire!,» á las be¡.:tias flacas y sofiolienDes4~ la edad de ocho meses, el pequeño
tas que tiraban del vehícu,lo.
conocía la vecindad del uno al otro extremo.
Uei,alentado y solo, llevando á cuestas All
En tanto que la madre cuidaba el «comal» ó se
fealdad, cual un madero de ignominia, genHase proscripto de la fortuna, de la amistad
lS
Aincera, del amor que todo lo ilu_mina. y embellece, y experimentaba furiosos arranques
de cólera y de despecho, que desahogaba al
grito de cc¡Aire!, descargando en los lomos
de las acémilas los latigazos que silbaban dolorosamente.
Y por no contemplar tan á menudo la
belleza Ü1alcanzable, la vida de los dem:Ís, tan
diferente de la suya; por no mostrará la luz
del sol su Femblante defectuoi-o, «El Espanto» . prefería. sacar uno «de velada» y pasar
la existencia lejos del bullicio del día, aun
cuando para ello tuviese que tiritar bajo el
""
rigor del invierno, que entorpecía su,; miem~~
bros, ó soport&amp;.r la llovizna tenaz que le azo.
.
taba el rostro y le calaba las ropas.
-f., .
,..,
Una noche en que la tristeza del tiempo co'·
&gt;"
rría parejas con la de su espíritu, vagaba al
azar por las calles solitariai-, al pa1:;o lento de
refrescaba en «El Cantón de los Amigos»,el ,·áslos jamelgos, aguardando una «rarga» quepatago arras.traba ·sus rodillas desnudas sobre las
recía. no llegar nunca. Los e,-pect.ículos haQaldosas del patio, almacenaba en su estómabían terminado ya, y tan sólo una que otra
go.todol! los, qesechos. con que tropezaba en
t.'l.hernn. anunciaba la vidit nocturna de la casus correría.i:, alternaba con los canes del vepital; por las puertas escapaban al exterior los
cindario y conocía los efectos del aguardiente
rumores del placer, las palmada11, las risas de
y la bebida naciona_l, que los padres hacíanle
las noctívagas, las &lt;lerlamaciones de los bebegm;tar «pa que se juera enseñando á homhre.»
dores excit..'l.dos; afuera, una llovima tenaz y
CrPció qe la misma manera, probando la
molesta hacía re,·erherar el asfalto, penetraba
bebida y los golpefl, !':Stos últimos Pn mayor
hasta la piel del cochero, y resbalaba sobre los
cantidad que aquélla; Como era de repulsivo
rocines, que inclinaban mustios la cabeza.
i;emblante, las caririns habían sido un manjar
De un restaurante surgió un hombre cubierignorado para él; el hijo de la «Cucha», como
to con un sobretodo, levant.'1do el cuello hasllamaban á la madr!f. á causa de la profur.da
ta las oreja!', y llamó al cochero. Apareció en secicatriz que. dividía eh dos su labio superior,
no conocí¡, más afec!P que el del «Selín», un . guida una mujer, oculto á medias el rostro por
un abrigo de estambres y un paraguas abierperro l~udo, sucio como él,_ con quien comto, y ambos penetraron apresuradamente en el
partía ~s horas de sol,y los insectos que amasimón, después de haber pronunciad0 el indidri'gaban en sus andrajos.
viduo del sobretodo el nombre de una calle.
]f. los siete años, tuvo una amiga: una peEl whfoulo se puf-o en marcha. Al llegar á
q_ueñuela algo mayor que él, de grandes ojos
una esquina, un policía detm·o al cochero, paneli9.c¡1 de pelo ensortijado y grata voz de &lt;-hira ordenarle que encendiese uno de los farocuela cariñosa. Fué la única que, á diferencia
les, y c,El Espanto" descendió de su asiento.
de Io.if'otr&lt;;&gt;s muchachos, no tuvo para él el reA la luz del cerillo miró el Remblante de b
proche de la. deformidad.
mujer, y experimentó una conmoción extraPero est..'l. amistlld fué de una fugaz duraña.; en seguida, un recuerdo lejano, pero im-.
ción. Peregrinos de todas las vecindades, arroborrable, llamó á su memoria.
jados los padres continuamente por los caseTrepó al pescante y los caballos reanu1laron
ros, el, muchacho vióse privado-de aquel afecla marcha. Mas "El E!&gt;panto» había. olvidado
to, que.había sido en su miserahle existencia
ya hacia dónde debía dirigirse. En su mecomo, 1,ma flor abierta entre el ramaje de un
moria sé irguió rúpidamente su pasado; volárbol agostado.
vió á mirarse niño, aherrojado á la YoltrnMoribunda la madre en el hospital, y preso
tad paterna, soportando las blasfemias y reel padre por lo de i-iempre: á consecuencia de
huyendo los gol pes que á diario caían sobre él.
una riña de taberna, el muchacho, casi un
Y después, la dulce amistad, tan dulce como
hombre yn, encoritró destino de caballerango
efímer11, que le había ligado con aquella chien una «pensión» en donde aseaba los carruaquilla, compadecida acaso de su fPaldad y de
jes, «nyateaba&gt;, á los caballos, tendía pastusu abandono; única vislumbre de felicidad
ras, barría los pesebres y descansaba por la
pocbe ep un tapanco, epcirull, q~ las caballeri~
cuyo recuerdo habfa aparecid&lt;? ~il ve~es a11•

-

..

vaneciern. en el obRcuro horizonte aquella ave
mensajen: tal vez de un bienestar futuro.
Y aquel semblante de mujer era la evoluc~ón del de la rapn.~a. de otro tiempo; era ella,
sm duda, embellecida por la felicidad, iluminada por el aD1or, vi l'ificacla por las caricias
del ser amado. También ella amaba, también
ella había logrado tocar ese cielo menos menti~oso que ~l de todas las religiones y cuyo
chos habla a los hombres con la divina voz
del lleso........ .
U11a de las acémilas tropezó en el pavimento, «El Espanto» sintióse arrebatado por la expresión de un furor indomable, y al grito de
&lt;CjAire!,,&gt; el látigo silbó sobre el lomo de las
bestias, que acelera.ron el paso al instante.
Los latigazos se recloblaron, crujiú el simón
cual si protestara contra una velocidad jamús
conocida hasta entonces, y el látigo seguía cayendo sin descanso, rabioso, terrible, sobre
los azorados rocines, que emprendieron vertiginoso esc.'lpe á lo largo de las calles solitarias.
Cuando el carruaje fué detenido, el cochero
había desaparecido de su a!:iento; pero más
t.'1rde, al &lt;le:::puntar el alba, un gendarme !JIIP
volvía del relevo, presentó en la Inspección
el cadáver de un hombre, cochero á j uzg;ll' p&lt; ,r
la fusta que aún conservaba en la die,-trn. El
practicante de guardia, soñoliento y mal humorado, diagnosticó atribuyendo la murrte n.
una congestión akohólica; pero despuéi&lt;, ya
en el Hospital, los facultativos aseguraron que
e! indi l'iduo había fallecido víctima de la rnptura de un aneurisma.
Unic.'l. vez en que la opinión le fué favorable.
AuREL10 GoxzÁLEZ CARRASCO.

Tacubnyn..

Á MI MADRE,
la Sra. Dolla Maria del Pilu Contreras de Peón .

De niño al asomar en el Oriente
'
El sol esplendoroso
de este el'rn,
~le acercaba á tu lecho, ma1lre mía,
Pnra poimr mis labioH en tu frente.
Des¡rnéfl con mis hermanos juntamente,
' qué placer, que' a 1~ara1Jia
' ..... .
Qué risas,
¡Y de todo me acuerdo todavía,
Como si fuera entonces el presente!
Hoy, cuán distinto todo y qué can~l,iado:
Dispersos en las tumbas los &lt;lespo¡os;
De otro dueño el hogar idolatrado;
A trueque de las floreH, los ahrojoH..... .
¡Y ese sol que es el mismo del pasado,
Alurnbra~do una lágrima en mis ojos!
e,

12 de Octubre.

JosE fE;ÓX

y CONTRE;nAs

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

j&gt;oen¡as de eolor.
CANCION DE LAS NUBES.

CANCION DE LOS PAJAROS

Larvas de un hondo semillar qne encierra
la terrestre i-alud gern,inaclora,
flameamos en las pampas de la Aurora
como el blasón de una fecunda guerra.

La caprichoAa randa del plumaje
nos sin-e de fantástico yestido.
colgamos e11 lo,- árboles el nido
y somos los bohemios del ramaje.

Nacidas en el llano ó en la sierra,
es nuestra vida siempre bienhechora;
ptH sto que Íl una misión e11ranfadora
nos lanzan las matrices de la tierra.

La Yirgen selva de opulento encaje,
donde trabaja el leñador curtido,
de nuestras rimas al triunfal sonido
se alza con menos expresión salYaje.

Hadas vestidas con flot.'111ies tules,
del vacío en las páginas azules
trazamos luminosos pensamientos;

ViYimos·para amar. Nuestros amores
dan envidia á las auras y ú las flores,
dan entusiasmo á la Creación entera.

y al morir, en diamantes tembladores,
formamos la corona de las flores
y el vigor de los frutos opultntos!

Somos del mundo la preciosa gala,
de los colores la luciente escala
y el canto de la rubia Primavera.
LóPEZ DE )L\Tt;RAXA.

UNA OBRA DE ARTE
El Dr. José Peón Contreras, uno de los más
ilustres literatos yucatecos, ha conseguido en
vida, como una elocuente manifestación de cariño de sus compatriotas, lo que pocos consiguen ya muertos: que el mejor teatro de ~Iérida lleve su nombre, y que en fl se cultive el
arte sano, el arte bueno, al que Pe(,n Contreras ha dedic.'1do todas sus devociones &lt;le poeta.
Coronará el frontispicio del teatro "Peón
Contreras&gt;i el lrnsto del :Maestro, busto del que
presentamos hoy á nuestros lectores una magnífica fotografía.
El ci;cultor Sr. Alciatti, profesor de la
Ac.1dem ia de fü•llas
Artes. firma ci::ta obra,
hecha con verdadero
amor de arti:-ita, y que
con la vida del mú rmol perpetuar,, el 110111bre de José Peún Contreras.

DOS RICOS
Cuando ante mí ge
celebra al millonario
Rothschild, quien con
sus inmensas riqnezas, consagra sumas
cuantiosas á educ.'l.r
niños, curar enfnmos
y fundar asilos para
Íos ancianos, también
yo le elogio y le admiro.
Pero, al alabarle y
admirarle por eso, no
puedo dejar de acordarme de una pobre
familia ele labriegos
que habín recogido á
una huérfana en su
misera.ble choza.
-Si nos hacemos
cargo de Ka_tia.-decía
la campesma,- no~
dejarú sin nuestros últimos céntimos, y ni
siquiera tendremos para comprar sal con que
s11,zon11,r la sopa.

-Pues bien, II\ comeremos sin sal -contestó el marido.
Cuán lejos estú todavía Rothschild de ese
labriego!
IV.\X TURGUE'.\"EF.

La caridad es un deber para todos; pero~te debn se convierte en una satisfaccióil muy
dulce para la mujer, porque es innegable que
la mujer ha nacido con un caudal más rico de
sentimiento que el: que ha sido otorgado al
hombre.

�Domingo 16 de Noviembre de 1902.

Et MU:NDO ILUSTRADO

EL MUNl)O ILUSTRADO

RE O que faltaría una
medalla, y no la menos
rara y la menos bella,
ú mi collar d.., recuerdos
gladiatorios, si no contase aquí cómo murieron los dos Lá brax, ambos ilustres en los fa11tos del anfiteatro; el hijo por haber i&lt;ido el fundador &lt;le la escuela llamada «La Fulgurante,» y el padre por haber
sido el último y el mús admirable representante de la antigua, llamada «La Tourbillonnante. »
Como los libros, los juegos tienen sus destinos, y la nueva e;icuela prevaleci6 definith·amente, puesto que es la que ~s~á en uso ahora;
mas sin duela me 11erá perrrntido afirmar-á
mí que soy partidario de la antigua-que los
de11tinos no han siclo justos condennndo al olvido una escuela cuyo último repreRentante
muri6 al fin invencible y en el triunfo y la apoteosis de su arte.
Para i,er imparcial, como com·iene en tan
graveR materias, debo confe,:ar que el método
de Lábrax hijo se adapta mejor á los gustos
de la época pre9ente, inclinados hacia lo simple y lo lógico, y no pondré mús embages para
reconocer que con ella. e-e «fabrica.,1 más de priAA y fácilmente gladiadores correctos; mas espero que en recompensa se me conceda este
voto irrefutable: que no ha producido todavía
un gladiador comparable en belleza á Lábrax
padre.
Todo lo que podría objetárseme es que Lábrn.x padre debió menos á su escuela que á

la naturaleza. A lo cual responderé triunfalm ente que entonces los dioses mismos parecen
preferir la segunda escuela, puesto que fa rnrecen los parangones de una manera tan manifiesta, y con esto tendré más autoridad para
defender una, escuela, dando por garantes á los

tt~ralidad de su_s ataques y de sus arrestos, eran
dignos de elogio. Pero qué decir del juego de
Lábrax el grande, con sus vueltaR de danzn,
con_ su~ saltos dE; felino, que arreglaba según la.
euritmia? Jamas estuvo más admirable. Se
sobrepasaba. Aquellos que r.o han asistido
nu?ca á es~ e~pect~culo, no sabrán jamás
cuanta super1ondad tiene la «tourbillonnante»
sobre la «fulgurante.»
Repentinamente, con un flamígero golpe de
revés, Lábrax hijo fné herido á despecho de
la coraza y desarmado.
Todo!! los pulgares se vol vieron hacia la arena. Era su condena á muerte.
-Levántate, grit6 Lábrax padre. Yo nomataré á mi hijo.
-Es porque tú eres mal gladiador respondi6 el vencido.
'
-Di lo contrario, exclamó el padre.
-Digo, replic6 el hijo, que eres un mal
gladiador.
Sin embargo, la mt1ltitud aullaba. pidiendo la muerte del vencido, y á César mismo se
le veía gesticular furiosamente en su asiento.
Se adivinaba entre el tumulto, por la mueca
de su bocn, que gritaba. con la multitud:
«¡Hiere! ... . . ¡¡Ilierel!,1
Y Lábrax hijo, de rodillas, con su casco
deshecho, presentando la garganta, no cesaba
de repetir:
-Si no me hiere!", eres un mal gladiador.
-Soy el emperador de la gladiatura, dijo
Lábrax el grande, con un ,:ollozo que levant6
todas sus medallas sobre su pecho.

inmortales, y en particular á :\[arte y á Yenm,.
Pero son ya muchns dist:rtacione:'!, y ést&lt;ls,
sin duda, no serán gratas sino á aquellas personas que lleven su pasión por el arte glacliatorio, como yo, hasta la filosofía. Yolvamos ú
la narraci6n prometida y no nos expongai!10s
por más tiempo al reproche que se pud1ern
hacer de preferir en literatura, lo mismo que
en e,:grima., el método «tourbillonnante» al
«fulgurante.,,

***
Dei"de que Lábrax padre se hubo retirado,
después de quince años de victorias no interrumpidas, con el pecho cargado de medallas
y el puño ornado con el pequeño cetro blanco
que lo designaba como gladiador emérito; des•
de el día memorable en que había sido proclamaclo emperador de la gladiatura, RU hijo lo
había sucedido en la admiración de todos, y
debo confesar que con justicia. Gracias á las
lecciones de su padre-esto no me lo negarán,
-gracias también-lo declaro muy alto -á sus
famosos golpf's derecho¡;:, rápidos como el relámpago, y gracias ademús-convenid en elloá la rlebilidad de los reprei,;entantes sobrevivientes de la antigua escuela, Lí1hra.x hijo
triunfaba. Y con él, esto se compreude, triunfaba su método, adoptado hasta por sus hermanoR, que llegaron á ser sus discípulos é imita.dores. Tanto y tan bien, que el hijo ll&lt;'gó á
olvidar las lecciones del padre y toda. la veneración que le debía; á tal extremo llegó la fatuidad &lt;le sí mismo, que un día se atrevi6 á
decir:
«Es de sentir que el primer L'ábrax esté pr6ximo á cumplir los cincuenta; porque si esto no
fuera, el segundo Lábrax combatiría. con él
para probar que no hay más que un solo Lábrax.»
Refirieron la bravata. al padre. Este sonrió,
y ~e limit6 á reRponder que, durante quince
años, había servido á. Marte y á Yenus junta.mente y que entretanto, le bastaba servir á
Venus'. cosa que el segundo Lábrax no podría
hacer jamás.
Fuerza es saber, paracomprenilerestachuscada, que Lábrax padre, como todos los gladiadores de la antigua escuela, se ha.hía &lt;lado
la gloria de llevar de frente las luchas de la.
arena y las del a.mor, en tanto que Lábmx
hijo entre sus reformas bahía introducido la
de Ías costumbres gladiatorim,, pretendiendo
que el gladiador debe permanecrr casto.
Irritado por la burla sobre su castidad. Lábra.x hijo se deshizo en injurias contra su,
padre, hasta. osar decir que el emperador de
la gladiatura había sido siempre el favorito del
a.zar v que él, Lábrax hijo, sentía vergüenza
de t~~er por padre «probable» (tuvo la audacia
de este sacrilegio) á un gladiador tan mediocre.
.
Lábra.x padre recibió la injuria y dijo:
«Doy mi cetro de emérito y estoy pronto á
ir al anfiteatro para darle la última. lección.»

Piénsese cuál sería la afluencia de gente que
llev6 el cartel pintarlo c&lt;·n bermell6n, sobre el
cual se anunciaba el asalto entre los dos Lábmx. El anfiteatro presentaba un lleno á reventar. Céi-ar en persona llegó con un cuarto
de hora de anticipaci6n, cosa desconocida en
los analer, de los juegos. Xingún otro com hate sirvi6 ele preludio al combate único y supremo que bastaba para tener impncientes á.
más ele cien mil esprctadores. Láhra.x hijo fué
el que primero entr6 en la -nrena.. Ei&lt;taha armado de hoplómf!co.- Em ora1.aha adarga, y su
cuerpo estaba tan cubierto de hierro como lo
permitían las leyes de la gla.diatura. Se le
aplaudió por la elegancia de su porte, por la
rectitud estricta de sus movimientos, de los

LA IGLESIA DE SHIPKA.

cuales ni uno solo era inútil; por su actitud
fría, fiera y amenazante. Pero sus partidarios
mismos hubieron de reconocer que tenía más
bien el aspecto de una máquina ele guerra que
&lt;le estatua en marcha; y nadie entre los espectadores pudo sentirse encantado con la belleza de su rostro, que ocultaba la careta de su
casco.
Muy distinta fué la impresión producida á
l:\ entrada de Lúbrax padre.
Armado como un samnita, con sola una
· pierna protegida con la piara de bronce y los
flancos con un f:im plr cintur6n de cuero blanco con c::camas de plata, desnudo el dorso,
llevando por (111 ica coraza sus medallas, el ros•
tro descubierto bajo un ligero casco, en el que
montaba un hermoso penacho roj_o, se parecía
á Marte, pero Marte saliendo del lecho de Venus. Porque sn cuerpo esbelto y gracioso, que
el tiempo no había deformado, estaba lo mismo hecho pnm el amor que para la guerra;
bajo sus mejillas, semejantes á un mármol dorado ·por el sol, se hubiese dicho que las huellas de los yugularfs se habían borrado y pulido con las caricias; y su boca con dientes de
lobo, era una flor escarlata que llamaba á. los
besos; y sus ojos claros y luminosos, color de
mar primaveral, evocaban la imagen de las
olas voluptuosas, de donde había salido ya
Anadiomene.
Y hien prorito toda;; las mujeres, aun las
Vestales, levantaron el pulgar al aire, pnra pe·
dir·que el combate no se efectuam. A lo cual
respondi6 con un gesto ele gratitud y de amor
significando que tomaba los pulgares al aire'.
no como piedad hacia él, sino como un emblema. de su virilidad siempre joven. Se le
romprendió, se le aclam6 con entusiasmo y él
sonriendo, se puso en guardia.
'
Desde el primer paso todo el mundo sinti6
que Lábrax hijo estaba perdido. Ciertamente, sus golpes rectos, su rapide~ certera, la n~•

El año de 1877, durante la guerra ruso-tmca, en el paso de Shipka, los rusos efectuaron
una defensa heroica contra las fuerzas turcas
que iban al mando de Suleiman-Pashá.
Al cumplifl'e el aniversario vigésimo quinto
de esta acci6n, el gobierno de Bulgaria, en cuyo territorio queda ahora el paso de Shipka,
determin6 construir en el sitio una iglesia. del
rito oriental ortodoxo, cuya dedicaci6n se verifi?ó precisamente en la fecha de este aniveri,¡;1rro.

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

,

Y blandiendo su espada y despu~s dirigiendo la punta hacia su hijo, la hundi6 de un
gol pe hasta el puño en la garganta del vencido, gritando con una voz estent6rea:
«¡Por la gladiatura!»
Después de lo cual, sacándola del cuerpo y
apoyando el puño contra la arena, se arroj6
sobre la punta, gritando con voz más fuerte:

Im·ita&lt;los los miembros de la familia imperial de Rusia para que asistieran á la ceremonia de la inauguración, concurrieron, en el
nombre y con la representaci6n oficial del
Czar, el gran duque Nicolás y los miembros
de su estado mayor.
El príncipe Fernando de Bulgaria 11e encontraba presente con toda su corte en la ceremonia, que consisti6, fuera de los cánticos
de rigor, en una procesion que recorrió bajo
palio los sitios más importantes y de mayor
interés en el campo de batalla.

***

La importancia de este hecho se calculará

«¡ Por los manes de mi hijo!"

Así muri6 Lábrax padre, matador &lt;le su
hijo y matador de sí mismo, habiendo sido y
querido ser, no solamente un perfecto gladia•
dor, sino ta.mbi(.n un hombre, y en esto superior ÍI aquellos que no pueden ser mús que lo
uno ó lo otro.
JEAN RICHEPIN.

por el rumor que corre de haberse firmado con
este motivo una alianza entre Bulgaria y Rusia, en contra. del imperio del Sultán.
-El amor siempre se inclina á perdonar
las traiciones del dueño amado, ámenos qm•
se le relegue al olvido.
-Los enamorados á veces se fingen engañados para gustar de los encantos, que hasta en
sus mentiras tiene el amor.
-Siendo el amor el más seductor de los sentimientos, es incomprcn ..ihle que de él nazcan
horribles fenómenos por su hechma y modo d,i
ser.

ENSU ELOGIO
Tienes el nombre ilustre C:e las emperatrices,
Y tus hombroR, en donde resplandecen las gemas,
Y tu frente, que pueblan remembranzas felicel'l,
Añoran los suntuosos mantos y las cliademas.

•

El oriente impecable de tu mórbido cuello
Opaca los albores de la perla exquisita
Sepultada en los hondos mares, y tu cabello
Es tan dorado porque te llamas l\Iargarita.
A tu paso relucen y ·cornscan las sedas,
Y al trote cadencioso de tus raudos corceles,
En tu muelle carruaje vas por las alamedas
Con tus ojos dormidos cautivando do!)celes.
En tu mano hay destellos de blancuras lilialef',
París te dió la clave de su excelsa elegancia,
Y adornarán tu mano con sortijas nupciales
O Prfocipes de Gales 6 Delfines de ;Francia.
En los bailes te sigue respetuoso cortejo,
En la calle te asedian amorosas miradas, ·
Y como en la tranquila claridad de tu espejo
Ríen en mi memoria tus líneas adoradas.
Yo alabo tu hermosura, princei'la ~fargarita,
Yo persigo la huella de tu sandalia breve,
Y pensando en tu nombre, blasono mi leYita
Con una estrella de oro &lt;le fulgores de nieve.
t

EFRÉ:-. REBOLLEOO.

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[L MUNDO ILUSTRADO

~1u1u1u1u 1u1u1u 1u1u 1u 1u 1u 1u 1u 1u 1u 1u 1~IUIUIUIUIU l~IUIU IUIUIUIUIUIUIU IUIUIU · UIUIUIUIU(U(U1UIUIUIUIU IUIU JUii

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LOS MEJORES ELEMENTOS DE LUCHA

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 21.

CONTRA EL DOLOR YLA ENFERMEDAD

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u:
¿Cuáles son las dos armar, principales con que el hombre
puede combatir ventajosamente contra la mul~ltud de enemigos que le cercan y que se resuelven en dolor, enfermedad y
muerte? LA SANGRE Y LOS NERVIOS.
Una sangre pura y unos nervios sanos son la garantía más
segura de una larga vida. Con ellos, el organismo cumple nor•
malmente sus interesantes funciones :flslalógicas; el estómago,
10s intestinos, el bfgado, el cora2ón, los pulmones, etc., no es·
tán expuestos á sufrir las mil afecciones que padecen en las na-

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Gerente: LUf&amp; Rfl't&amp; &amp;PINNLA,

LIC. RAl'AU Rfl'f&amp; &amp;PINDOU,

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Subscripción mensnal forfloea , $1.50
ltlem l dem. en la capitH.l, ,, 1.25

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MÉXICO, NOVIEMBRE 23 DE 1902.

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turalezas débiles; se aleja de todo temor de esos terribles ms•
les cerebrales que matan ó agotan al individuo basta el extremo de convertirlo en idiota y en loco, y lo mismo el hombre
que la mujer, lo mismo el anciano que el nlfio, concurren con
alegría y con vigor al trabajo universal de la naturaleza en su
constant&amp; obra de reproducción de las especies.
También mata, es cierto; pero mata cebándose sobre todo
en los seres exr.enuados por el abuso, por la enfermedad ó por
la indiferencia, porque

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LA INDIFERENCIA PARA CONSIGO MISMO

D

ES EL PEOR ENEMIGO DE LA VIDA i
El hombre que entregado al trabajo, ó después de abusos
femeniles ó de enfermedades agudas, siente decaer sus :fuerzas
la mujer que se siente debilitada por la siempre dulce pero á
veces peligrosa labor de la maternidad y la lactancia; la joven
que al mirarse en el espejo ve palidecer y amar1llear su antes
rosado cutis, y sufre jaquecas frecuentes y perturbaciones en su
menstruación; el nlffo cuyo crecimiento se efectúa diffollmen -

te y que camina á grandes pasos á la escrofulc,sli., al raquiLi - !
mo; todos en una palabra, los que pagan tributo al mal de la U
época llamado
!!_

'-'-ANEMIA"
y que son víctimas de sus múltiples y dolorosas manltestaclo- !!_
nes, recurran al uso del
u

VI.NO

DE SAN GERMAN
DEL DR. LATOUR BAUMETS
Preparado que por su composición, en la que figuran tóni1: une la de su sabor agradable, circunstancia que no hay en otroi.
cos, reconstituyentes y puri:flcantes tan poderc,sos como el
medicamentos cuya eficacia se ve casi siempre entorpecida por

ACEITE DE HÍGADO DE BACALAO, LA COCA,
LA KOLA, EL ICTHIOL
Y LA ESTRICNINA,
es la más recomendada para

Aliviar los Dolores, Purificar la sangre,
Vigorizar los nervios
y Robustecer el organismo.
A estas cualidades reconocidas por los eminentes médicJS
que ban hecho uso de él, apllcándoio en multitud de enfermos,

E:L VINO DE: SAN QERMAN,

la repugnancia que inspiran á las persona~ que deben tomarlo,i.
~e recomienda muy especialmente á todos aquellm1 padres
que nC&gt;ten que sus hijos están anémicc,s, que la1&gt; jóven1:1&gt; 1,e po-

u-

nen cloróticas y sufren padecimientos nervk,sos, cat,1 mos y
bronqulth1 frecuentes, trastornos inte&amp;tlna es, palpit!lclonts
de corazón, Insomnios, vértigos, dolores neurálgicos, etc., de-bidos á la pobreza de nutrición y á la deb111dad progresiva, resultado fatal de la taita de pureza y energ(a de la sangre y del
agotamiento del sis_tem,a nervioso.

U

!!.
u

u

u
u

Entre los muchos males que cura radicalmente el

u

VINO DE SAN GERMAN,
su uso es de resultados eficaces en

Abcesos escrofulosos, Afecciones nerviosas, Anemia, Falta de apetito, Cbrosis} Con valescencia,

-u
-u Depleuresías, Pulmonías, Tifo ó fiebre tifoidea Dabili&lt;lal cJn:3titucional, E:rnrófula, Flores bhncas, Gan-u grena senil, Enfermedades de la cintura, Neuralgías, etc., etc.
-u

ili

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-u DE VENTA. en TODAS las DBOGUEBÍAS y BOTICAS
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SAN LUCAS ESCRIBE SU EVANGELIO.
CUADRO DE GONZAL O ARGl\EI LE¡:,, - PRIMER PREMIO E N EL CONCURSO DE LA ESCUELA DE BELLAS ARTES.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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