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                    <text>•
EL MUNDO I LUSTRADO

Domingo 14 de Enero ~e 19.00.

tL MUNDO ILUSTRADO
_AÑO VII--TOMO I--NÚM. 3

MÉXICO, ENERO 21 DE 1900.

Director: X.i c. B.A.FA.EX. BEYES SPÍ lfDOX.A..

da, impotente, bramando horriblemente, enseñando sus- anchas garras, fingía un horrible emblema
de la fuerza.
Shandranahur, refugiado tras del vencedor,
perdió, por el excesivo goce de la vuelta á la vida,
el uso des us músculos, y sostenido por Djuna, estupefacto se apoyó en el block de piedrn.
Mac Carthy tomó de manos de Bavadjí su segundo rifle y fué en tres pasos sobre el animal.
Intentó la tigre levantarse, ó al menos arrastrarse hacia el europeo y empujó su cabeza monstruosa, sus mandíbulas devoradoras de carne hui;nana, aquellas mandíbulas en qte tantas vértebras
fueron machacadas y confundidas tantas existencias; pero cayó sin fuerzas: James hubo de contemplarla con satisfacción vengadora y cruel, decíase que ya comprendía ella el poder del hombre;
q u e no osaría si quedaba libre, apoderarse de su
presa en las aldeas, ó que de matar lo haría apresurada y con susto, como se mata á un enemigo
peligroso.
·
·
-¿ K o la matas, señor? preguntó Bavadjí.
-No, la llevaré prisionera .. .. ¿Estás herido
Shandranahur?
-No, señor; sólo un poco débil.
Y vino á arrodillarse ante el euroneo y le besó
la mano con humildad. Gratitud y admiración infinitas brillaban en sus grandes ojos negros.
-Bueno _... . buen&lt;_&gt;, dijo James con ternura.

Una red de bambús ]a encerraba en una especie
de
jaula muy baja.
vadjí van á traer cuerdas, lienzo, parihhela y carLas
gentes de Nardonarés se apretaban en torgadores?
no de la tigre, que aun parecía formidable, con
- Ah! señor. , .. me siento más seiruro junto de
grandeza de deidad soberana, de deidad semejante
tí A11e tras de una triple muralla de bronce. •
-En ese caso, Bavadjí, puedes irte .... ¿Está á.las fuerzas mortíferas, á las siniestras potencias
de enfermedad y de muerte que han servido paen buen estado tu rifle
¿Sí?. , . Bien . ... . .
ra
que la India haga innumerables Entelequias.
Vete.
•
Unos á otros se ,alentaban, se tranquilizaban,
Bajo el cielo tan puro, la noche refrescaba. El
firmamento bebía el calor: la llanura debía estar sobre todo, con la presencia del europeo, y en el
glacial; pero, al menos, se difundía una tibieza en- momento en que 1os cazadores se aprontaban á alcantadora, una atmósfera de ensueño, ligeramen- zar al monstruo, un viejo S"e acercó, y dijo:
-Ya estás reducida á la impotencia, Devoradote pesada por la expir ación carbónica de los árbora de hombres; ya estás dominada y cautiva .. ...
les.
¡ 1::-n hombre te venció! Ahora conocerás la supreCaía la luz como nieve de átomos.
Ecitrellas muy pálidas, como que se ahogaban en macía de nuestra raza: bramarás tras de las barras
el zenit profundo, en los lagos imponderables de· de una jaula y los chiquillos irán á reirse de tu fu.
ror ! ¡Verás ciudad tras de ciudad, y desde lo alto
la Vía Lactea.
1í,nc Carty se sentó sobre una gruesa raíz de ár- · de los carros, pasar el jm¡cal y la selva de cuyas
bol y contempló á la tigre herida: tuvo, en momen- delicias nunca ya disfrutarás!. . .. ¡ Tu vida será
tos, piedad, calosfríos de misericordia que sugirió una humillación profunda, porque profanaste la
el esplendor nocturno; pero al voltear el rostro y nobleza de nuestros hermanos, y porque gozaste
ver á. Shandranahur pálido todavía y temblar á con sus angustias! . . . .
La fiera gimió debilitada por el sufrimiento; y
rada bramido lie la tigre, resurgía su cólera más
en
su sustancia obscura v en su cerebro estrecho
fuerte, semejante al odio contra un sacrilegio.
y feroz, creyeron los hi1idus que aceptaba ella la
IV
supremacia del hombre.
Cuatro horas más tarde la fiera era ya cautiva.
J. H. ROSNY.
Su cuerpo entero estaba amarrado.

¿Temes quedarte conmigo mientras Djuua y Ba-

r. . .

UNA POESIA RUSA.
Em])ezaba ;uayo cuando cayó rota la
lnverual yesttdura de Mosc.-ou. y cada
jirón de ella deshacfase en lluvia brillante que fecundaJ.m la tierra ll!lst:l
('ntonces c:omo pe,triti&lt;:Mla; y era· de ver
la colosllll cúpula ele! Salvador. donde se
quebraban refulgiendo maraYillosamenll:e los rayos de un sol primaYeral,
y cólll0 en los Mboles, que resucitaban
ií, l:1 1·i(la, asomaban, rompiendo la dura
,corteza, esos vel'des y menucl1simos brotes que son promesa de floridos ramajes.
Ya el v-eloz trineo no cor1fa las canes. Sin los pesa,dos abrigos de te1-ciope1o y pieles, se :11clverUa mejor la esbeltez ele las clamas: y en los mercado¡;;
donde se agrupaba la gente del pue.blo
con aire de fiesta, y trajes de chillones
percales las mujeres. y con la blusa r?ja del "mugik" los hombres y los chicos en los mercados babfan ya desapa1·ecÍdo lrus burdas y a!Us.imas botas ele
paño impermeable, las apenas curtidas
pieles de carnero. lo$ recios muletones
obscuros, y 'los sa.cos llenos ele pluma
con los que se cubren en el duro lecho,
ó al acostrurse en la "pieska" (que es
una enorme estufa), sobre la cual duermen las pobres ge'lltes tle Rusia. En los
tablaclillos Q'lle sostuvieron durante la
eruela estación las tarteras donde un
ne""t"l.1:uco pringue se vefa (cuando lo. mano &lt;ie.l comprador levantaba 1~ acolchadas tapa,deras) pescados ele un.posible clasificación, con las ca~as r~lena.s de cebolla picada y pmmenta en
!!1:ano y los ahumados arenques, ext€'11~idos' sobre rebanadas de pan negro,
que tenían el aire !le viejos ~ascotes dol'aclos sobre escombros pe~icl1dos, veianse en Mayo, muy col?ca.d1tas sob1-e pa.peles, sartas de rosquillas amasaclrus no
O

.;é con qué, '·b3rnizada~·• con clara de
11 ue1·0

v ",~tlornatda s" &lt;:on el menudo
grano' !le la aldormidem que se pega
:í ella$ clibujam.lo en f&lt;U brillante Sllll&gt;Cl'ficie manchas como la ,iruela malig11a .•••

En anrbos lJaJTiles rPíll.llSe nn,dar los
1)P,pinos eu espesa salmuera, los pepinos
q'lie i;,ou la tletlicia tlel pueblo ,¡·uso, Y
que lo mismo en la ca1baíía que en la
mesa señorial, son sen·idos y se com€'11
r•on gusto; y más allá a.piñábanse, sobre.
\Jlesillas clesvencijaidrus. frutas secas,
que acaso en siglos anteriores fueron
cogidas, y que, como reliquia, el vende~lor judío guarda de año en año. con •l a
clulc(' esperanza de eugañar al pol&gt;re
&lt;llablo que oompil:e poi' un par ele l&lt;0pekar aquella negruzca é incalificable
mercancía. ..... .
CoJ110 la uieve no €'1ll1Jaííaba los cristales de los escapairates, en todos ellos
!l. montonálxmse en llanrn tiva confusión
e'1 percal de mil flores, los bor'Clac!os. de
colorines, los pañ-uelos de seda as1át1ca.
r pndorosamente co1ocaclo euti-e chamnras ,istosas algún cors{) muy pespunteado y acabmlito. quP es la tenta&lt;'ión
•le la pr~umida maritornes. y que es
,m martirio desde el momento que somete sus recias costillas á la presión de
los hierros y ba'lleuas clel co1-sfl á la
moda.
En esos dfas, c,-perados con ansia.
&lt;lespués el€ "duco meses" ,de no ver en
los hol'izontes más q_uQala _blancura de
la nie,e confunclicla a t'111"1eJOS con la linea gri,:; de los celajes, la Naitura:leza
ofrece uno de sus más grandiosos esnectáculos !í s11s adoraclo1,es. El rfo Moskowa. be1Mlo dur!tnte el invlerno-y por
el cual cruzan los patinactores, que, como jóvenes que s~n, gustan de di,ver-

tiL-se sobre el ahismo-apea1as calienta
íll sol. la capa ele nie1-e que lo cubre
como si fuent de polvo de má11mol, derrítese, y se 1•p tersa y reluciente sn
~uc·ha superficie formada por un eJ10l'll1e cristal de l1ielo que á veces tiene
,m metro ele espeso!'. A esa primera seiial cid deshielo. toda la ciudad espera
1-,p,c!'earse viendo de nue,o el agua del
llookowa removida y espumeante al
paso ele los ln1ques. ~- al fin un dfa eil
hielo se agl'ieta, pesgá.r:rase con fomni•la,h le esuru,enclo. y en !eruta onda a•l
principio, y Jupgo con e1 fmpetu de una
sobrehumana p,1sión contenida, el agua
&lt;'one l'lll?iem'lo. se arremo1ina, estrecha
y clestro,m Pl neYaJOo témpru10 que ~emeja corde1·illo exánime, y suoo, y sube, arrastrando en su encrespado oleaje ramas, troncos ele ár·boles. el plateaclo per. que quedó muerto entre los hielos. la golondrina que pe1·clido el rumbo cayó n1 río cuando el agua lo cristalíz:i bn. ~• se desborda por las pobladas
orilfas. salpica,ndo los muros, a1,ra:ncando los ftrboles, coronando sus e.",IJ)umas
C'0B lo'&gt; roj i7.0S resplamclores del sol que
hl'il1'l en lfl s· revueltas oncla:s con fosforescenC'ias fantl't1&lt;-ticas. y ávida de movimiento y ele illmita,da extensión, no
para el flg1m . Sll loca caa-rera, y busca
el Oca, y unida con él, sigue basta el
Volga canda.loso. y el Valga la lleva
basta el mar CaSIJ)i0 ....
Por aquellos dfas cliéronrue á ronocer
una poesfa rnsa. bt-eve, extraña y eufóndca, hasta el punto de que, aun no conociendo el idioma en que estaba escrita, recrPaba con su airmónica resonancia el oído; modelo de esas poes1a.s que
sólo los poetas del l'torte pueden sentir

y Pxpresa,r senci•llampnte. r que son como sil V'{'stres flores, con algo de siniestra ne_r¡l'Ura en su cáliz.
Héla aq·nf:
"La selva verdegu&lt;'aba en el llano,
;r: Nl s11s pinos ele ramas obscuras. fest ouea.das de más clairo color, la h1z de
la aurora dejaba luminosos puntos, y
en sus nidos recién hechos, las tnamora das ])ft1·ejas de golondrinas canita.ban. presilllt iendo la nueYa nielada que
dentro de poco tendrían que alÍ!Illentar ....
"1' eu el. recodo mií,s hermoso de la
selrn, cloncle lrnbía más flores olorosas
r los ruiseñores cantabain mejor. y el
delo. ft tra,6s de los pinos secu'lares,
se vislmnuraba azul; allí don&lt;ie más
esplénd.ida y tranqu~la se ofrecfa á ]()IS
ojos la Natu1·ale¾a en calma, aHí. colgado de un árbol y balanceado ligeramente por la brisa primaveral. se Yefa
el cad,wer de un homb1re .... "
Confieso que tuve mucho tiempo delante el~ mí la silueta de aque-1 ahor"ªºº en medio de la selva llena de vl&lt;lH, y á YPces. al pasaa· por esos pinares. que son el mayor encalilto de Ru,;i'&lt;I. temo lm1
llflr pendiente d&lt;e un árbol
1m hombre muerto. que qulZ'á!&lt; ba sufri,fo sin ser &lt;'011s(Ylrudo y que ni aun tiene
tumba donde reposar .....
"Bra:n&lt;tkow." e,l ruutor de esa pOPsfa.
oue traducida pierde su encanto mayol',
la formfi, ha escrito otra.e; muchas que
~l público no cooocerá nunca. '·Rrautkow" vive solo, aisla.do; aiborrec,e la puhl!cidad y rechaza la gloria; porque el
&lt;lrama de su juventud es dp ,aquellos
que la sooiedacl critica despiadadamente y no olvida poi· el gusto de re!me a,l
recordarlo .....
SOFIA CASANOVA.

LA PRIMAVERA BE LA·VIDA.

SUBSCRJPr.10~ MENSUAL POB ...NE.I., $1.00
IDEM IDEM EN L.I. C.1.PIT.1.L, SL/25

Gerente: A.llfTOl!l'IO cU'i'J.S.

�•
Domingo 21 de Enero de 1900

EL MUNDO ILUSTRADO

)Ylarla querrero
Y ElTEATRO CLASICO ESPAÑOL.
~

María Guerrero se va á lo que ,licen muy en
breve cte la Metrópoli que tanto la. na qt'.eri&lt;lo y
mimado, y donde tan brillante terr.pon~!la.
hecho. Recorrerá los teatros de Puebla,•i..rtlllJHtJt1ato Monterrey, San Luis y Guadalajara; c:a!
q~iera de ellos superior á los q~e tenemos en México y acaso torne por Marzo a abnr un breve
abo~o en el que procurará darnos lo mejor de
lo mejor.
,
Ya hemos pasado J&gt;Or el primer deslumbramiento. hemo;; vii,,tc, ya á la mujer en su real tamano;
hémos comparado, porque aunque las comparaciones son odios!s, en esto de .arte dramático se
imponen, y tenemos, bien almacen~do ó c~mpando por sus respetos en esos cornllos dichosos
donde el que paga cinco pesos-ó no los pagaba derecho á opinar, nuestro juicio enterito sobre
la actriz. Como si dijéramos-y para que no se
quede sin decirlo, allá va-~Iaría Guerrero ya
está juzgada de Dios, si á Jo que afirma el antiguo
latinajo, la voz del pueblo es la voz de Dios; podemos ya discutirla; en este laberinto de nuestra
vida su presentación resulta lejana, relativamente
lejana, y sabido es que ciertos taniaños, se determinan, se hacen precisos, se proyectan y definen.
mejor con las distancias.
¿ Es una gran actriz la señora Guerrero? ¡Oh!
bien sabemos los mexicanos que ni por campanada
de bacante nos hacen la gracia los señores europeos
de tornar en cuenta nuestros laudes ó nuestras catilinarias.
Lo que del viejo continenteeviénenos consagrado por la fama, debe ser indiscutible para nos pecadores. Perclidos "en un rincón del mundo,"asendereada frase!-en un rincón del mundo que
va sin embargo haciéndose notar en el idem, ¡ qué
sabemos, pobrecillos, si hay más cielo, más sol y
más ambiente en que tender el ala temblorosa,atormenta&lt;la del amor al espacio! Nuestro caso es el
propio caso ele doña Inés de Ulloa, (mi señora
doña Inés!) confinada en la celda de su comento
y á quien Don Juan acaba por ilustrar . .. demasiado acerca de lo que hay por ahí afuera. Como
habremos de opinar por tanto! Qué sabe el neófito
de los misterios que oculta el velo de Tannit!
¿ Somos por ventura un público ó "la forma" de
un público? ¿Somos un hecho ó una virtuaiidad?

lla

cés; y por alto modo loable es en el español haber
sabido elegir su modelo.
.
El "resto·' de la compañía ... ¡..:-\.h! aquí querriamos ser un poquillo seYeros, más creemos que María Guerrero ·sabe tanto como nosotros á este respecto. Con cuántasdi:ficnltades ha luchado ele fijo la
distinguida actriz para lograr la selecc:ón que ya
se advierte en su compañía, para mostrarnos actores cómicos como el ·'Polilla" del ·'Desdén con
el Desdén!" 'l'odo se andará y se andará de modo
y manera que un día no lejano ese grupo simpático, al cual sonríen donde quiera la cJrdialidad
y el afecto, sea terso, absolutamente teno, sin otra
ingencia que la de ella, pero sin deslucimiento alguno.

• *.

:Me imagino yo la sorpresa de los buenos españoles cuando les dijeron:
-Ustedes tienen un gran teatro clási:co, acaso·
el mejor del mundo.
A los Españoles ha siclo preciso decirles muchas
cosas que han olvidado. Gn buen genio, algún hada madrina de María Guerrero, lanzó entonces á
ésta en bella retrogradación hacia el siglo de oro,
~- ella tornó ele allá como ele un maravilloso jardín de las Hespérides, trayendo consigo frutos de
oro p~ro, divina leche y tfüina miel; ambrosía de
los Dwses Inmortales.
Ningún talento ele buena ley hace este viaje en
balde. Recordemos á Ruben Darío, prestigioso
apóstata de religiones incoherentes, que se fné á
excursionar por las :floridas heredades e.a Fray
Luis y de allá vuelve 1'esticlo de amor á los niaestros y lleno de respetos clásicos.
_1faría Guerrero se enamoró de aquellos frailes
milagrosos, doctos en teología y conocedores donosísimos del mundo, y se dijo:. "Vamos á oforitt.
carlos" y glori:ficádolos ha con el tino, con propie.
dad tal, con tan escrupuloso estudio que nos los
impone sin esfuerzo, á nosotros &lt;1ue 'en las aulas
solíamos indigestarnos hasta ele Homero--á quie~
Hermosilla aplicó el sanbenito de una traducción
en verso con todas las propiedades ele la adormidera.
Cómo, pues nué no era una literatura momificada ya esa literatura oficialmente admirada
por todos los q1ie pegamos nuestra boca á las ubres
pletóricas ele la vieja madre? Pues qué la travesura
el emheleso, la ática sal&gt; la donosura de antaño'
son aún re~liclad_es que viven y palpitan? Pues qué:
se puede aun reir con Lope, discretear con Moreto y pensar con Calderón?
***·
Ante el mérito de estas pacientes y amplias rePno, c:m eso y todo, yo üic:ti:mo viejo_, castizo
surrecciones,
casi palidecen, por ser tan 0urande
como el garbanzo, súbdito de mi regalada volun'
tad, voy á permitirme el lujo de opmar, de decir los otros méritos de María Guerrero. .
.Abrillantar el recuerdo de la patria, incrustar
á mi guisa lo que se me ocurra sin darme cata de
propios y extraños, y opinaré con tanto más agra- con suave y segura mano de reina en nuestros cedo cuanto que en esta vez casi no voy á censurar, re~ros la convicción de la vieja grandeza ele Espues que censurar hay poco y que elogiar harto, sin . pana; hacernos amar por la emoción lo que fríanecesidad de que uno se encarame á las ramas de ment~ admirábamos por heredismo, magna tarea
es, seno;·a.~ por ella merecéis mucho de los mesh-os
la hipérbole.
y
de los extraños!
Y es el caso que en mi concepto, :María Guerrero es una gran aétriz, que sobresaliendo en · De tal suerte, en modo tal han triunfado de
ciertos caracteres, en determinadas obras, goza del nue~o merced á vos los clásicos, que vuestras copreciado y poquísimo común privilegio de una medias modernas-salvo las catalanas-inaenuamente insistentes, infantilmente doctrinari~s, te. flexibilidad de talento singular.
Podrá estar ora á grande altura, ora á menor, na&lt;'es en arreglos convencionalísimos ele hecho,; enderezados
á probar tesis ortodoxas' no nos ouustan
según sus idiosincracias y las afinidades más ó me.
nos misteriosas que hay siempre entre una actriz srno porque vos las hacéis.
Vuestro recuerdo es ya nuestro, señora. Hemos
y esta ó aquella creación de un genio; pero siempre es ella, con profundo estudio, con alto respe- de encen_derle una lámpara cuando marchéis una
to al arte, con recursos inspirados, con g~niali- blanda lámpara votiva que centellee clulce;rnnlo
dades adorables. Es siempre ella enseñoreada de en nuestro corazón donde habéis semb1;aelo la es•
la escena. Es siempre ella, dominadora del público. piga de oro de la emoción noble y santa.
Y sed bien venida y que Dios os acompañe!
.Algunas veces acuérdase de que es española y entonces solloza . .. con ese sollozo que ya nos sabemos
AMADO XERVO.
de memoria, timbre genealógico de qué sé yo
cuantos actores que de memoria no quisiéramos sabernos; mas afortunadamente la actriz moderna
~e impone á los resabios, á los heredismos, á la
~
fatal tradición, y entonces ... ¡ oh! entonces, todo
homenaje es merecido por su t3:lento.
En estos momentos, en que María Guerrero
En Díaz de ifendoza hay discreción, no en ese nos tiene envueltos en una densa atmósfera de arsentido misericordioso, conciliador y diplomático te español, y en que "}[inuto" y Fuentes nos tieque los cronistas de teatro van dando á, la pala- 11&lt;:n illlpregnaclos basta la médula, de pr&lt;~í.a,;
lJrilla, á las veces despectiva como el desolador tauromáquicas, viene á mi memoria un hecho.h1?epíteto de "virtuosa" aplic11clo á una fea; sino dis- roic9 que rcuercla á E,parta y con el que ,;e cuneción en el buen sentido del vocablo: justa apre- 1,ri~ d\ gloria e~ famoso matador P edro Romaro.
c-iación de los caracteres, sobriedad, conciencia,
Lnriendase bien que no se trata de una proeadaptación serena, repugnancia á toda exajeración. za taurina, de una ele e~as hazañas en las que el toFernando Díaz de Mendoza ha estudiado mucho rero ostenta, á la vez que su valor, su · destreá ese gran mago que se llama Coquelín; á la legua za, burlanc.lo las furia;; de la res y sus brutales
S'} ve la influencia omnipoderos.1 de! ir.genio franllCO!netidas; no se trata de c:1 qniebro en b ~1.r::,
0

HEBOE Y TOBEBO.

•

•

Domingo 21 de Enero de 1900

de un volapie en· las tablas, sino del sacrificio lfo
una vida en ara;; del 'pa~riotisrno y ele la clignida&lt;l.
Era el año de 1809; el gran X apoleón, el hacedor y clesfacedor ele reyes, había sentado sobreel trono de San Fernando á su hermano ,J osé.
E~paña arel ía; detrás de cad,t matorral se emboscaha un defensor de la nacionalidad y ele la j1,tiria; los frauceses no eran dueños sino del terreno
c¡ue -pisaban, y el rey José escribía á Napoleón:
'•]-&gt;ara gol,emar á España, necesito leva¡itar diez.
mil cadal~os v disponer de un ejército de quinientos mil honibres." El rey de pega hacia una figurilla bien triste en 1[adri&lt;l, viviendo menos preciado,
casi solo, sin más corte que su casa militar y tres
ó cuatro partidario~ e~~ñoles, tibios y poco entusiastas pnr su rey.

EL M"'(JNDO ILUSTRADO

para que sea un excelente c011trapunti?ta y un ~dmirable improvisador; nunca olndare las variaciones que en cierto día de Pascua y en el Canon
ele misa improvisó estando yo_presente, acerca de
este motivo melancólico, tan oído JJOr las calles
ele París:

~-&lt;:::,-

Para dar m1 poco ele animación y de vi&lt;la á aq11ella tótrica corte, para presenta, al tey ,losé al pueblo de }fadrid y para promover una manifestación,
ya qne no dr.entw,iasmo, siquiera de simpatía hacia el mo11ai-ra exótico, se organ:zó una suntuo~a
corrida que debía de presidir José Bonaparte.
Pedro Romero se encontraba á la sazón e11 1faclrid, y un poeta y dramaturgo adicto al nueYo rrg.imen, se encargó ele abordarlo y de proporner!,i
que toma:-;e parte en la corrida.
-Xo puedo, sei'ior, contestó con contrarie&lt;lt1&lt;1
el rnajo--mai'iana al amanecer parto para Sc1·illt1.
-Ko partirái- sino basta el martes. El !une.•,
&lt;le por fuerza torearás en Madrid.
-)lucho placer tendría en obedecerle, agn•gú
Ho111ero, pero eso que me pide es imposible.
-Pues tiene que ser; los carteles están y.1 in11-•reso$. Tú eres quien tiene que dar esplendidez
al espectáculo y serás pagado con largueza.
-La corrida, replicó con entereza el majo, ~k he presidirla ese rey que nos han traído ahora · al
brindar el primer toro, tendría que doblar la 'rodilla a~te él, y Pedro Romero, no la dobla, si11n
ante Dws y ante Don Fernando VII, que es el único monarca que reconcen los verdaderos espailoles.
El e~sario palideció hasta la lividez, contra.jll
los labws en un mohín de cólera, y .después ,1e
1ma pausa, exclamó con sarcasmo:
. -Pues la dobl~rás, mal que te pese. Pre:
viendo tu renuencia, he dado aviso al Corre&lt;lgio1;;á es!as horases~ás vigilado por la policía y no
1·c-dras salir de Madrid hasta no haber toreado el
Junes. Pi~nsa lo que haces; tienes mujer é hij0~,
Y los que tienen esas cosas si st1ele no temblar ante
. lai, ,lstas ele un toro, suelen temblar pte los palos
1
de la horca.
El emisa~·io ~e . retiró; Pec~ro permaneció unos·
m•)mentos mmov1l y pensativo, después lernntó
la caheza y se dirigió tranquilamente á su albergue.

•

Empujé la puerta, cuyos bordes estaban recubiertos con burlete y entré en la iglesia á la hQra
¡ Ropa vteJa que vender!
de la misa mayor.
.
¡ El trapero!
'Cna ráfaga de aire tibio, en que se combmaban
Estuvo tan hábil como el músico Bach, y estoy
€1 olor de los cirios encendidos, el perfume del
incienso y el tufo del calorífero ine clió en el ros- convencido de que al oírlo, lloraron de alegría•
tro, al m.ismo tiempo que llegaban á mi oído el mística en el Paraíso todos los ángeíes, arcángeles,
penetrante rumor de las monedas de diez céntimos serafines, querubines, potencias, virtudes, tronos
.aaitadas en la vieja. bolsa de terciopelo por la da- y dominaciones.
n~a postulante, y el canto llano, penetrante, uní- • En mi estado normal, soporto la música; pero
sono, de los chantres ,que decían allá, en el fondo cuando estoy triste, la amo, en especial la música
de iglesia. Por eso iba á visitar á Hermann.
de la iglesia, en el coro:
En aquel día estaba triste ¡oh! tan triste como
-"Et cum spiritu tuo."
Pero dí media vuelta á la izquierda, pasé por un mes de lluvia "en un puerto ele mar." ¿ Por
una pequeña puerta ojival y de repente dejé 'de qué? ~o lo recuerdo. Quizá á cau;;a de la niebla
}lercibir todo ruíelo, respiré la atmósfera perncla tjue siempre me produce una inquietud abrumade las cuevas y recibí en los lwmbros una impre- dora, ó tal vez por melancólica .displicencia, por~ión desagradable de frialdad: me encontraba al que la vida es corta y los días son largos. ¿ Sería
pie ele la escalera de caracol que conduce al cuar- · tal vez la causa de .aquel pliegue que sentía en
to del órgano, en donde iba á ver', en este do- el corazón, la deslealtad de algún a.migo ó la inmingo, á mi a.migo Hermano.
fidelidad de alguna mujer? ¡ Qué importa! Como
¿ Ha notado el lector la semejanza que hay en- ,quiera q ne fuese, tenía el espíritu conturbado;
tre las escaleras que conducen al cuartu~ho ele los mariposas negras volaban por mi cerebro, y me
organista.s y las de los entresuelos de las tiendas sentía inclinado á acusar al destino de no darnos
de vinos? Tal vez por este parecido mi amigo la felicidad más que en dosis homeopáticas.
Hermañn es muy aficionado á tomar en el alEl órgano de Hermann-~oel ~- Chapsal nos
muerzo vino de Chablis y caracoles, y suele llevar obligan á escribir esta frase bárbara--es "uno" de
algunas manchas de la salsa de éstos en la inamo- los más "grandes" de París: visto desde la nave
vible corbata blanca, todo lo cual no es obstáculo del templo, tiene un aspecto magnífico. á ocsar

~0-&lt;:::,.-

a"e su orname1!ación de pes1mo gusto, c.on sus
· altas torrecillas, sus enormes tubos ele perspectiva
que hacen pensar en las cartucheras de un circasiano gigante, y sus angelotes de madera tallada,
Yesticlos con pompa mundana v con los carrillos
inflados para soplar en sus trompetas ele oro. Subí
la escalera medio á obscuras, con menos cansancio
que vago pesar, y llegué hasta el sitio de llermann.

Llegó el lunes y la hora de la corrida.
:l~a~lrid pare?ía un cementerio; nada de aq1!c!
bulhc1oso y a1:imado desfile rumbo al circo; fütua
d~ caleser~s m n~anolas; nada de gl'itos de alegría
ni de man1festa?rnnes de regocijo. A lo Iaruo de
la carrera, los picadores, oabizbajos ytristone;y las
carror.as ele matadores y banderilleros. La pl· 7.
·
,.1.
e.,' t aba t am b.'
ien el es1erta.
Antes de la llecrada ael(•'
rey Y para -~acerl_e menos ,perceptible el desair;
de la po_blac1on, piquetes ele soldados hicieron una
leva y a culatazos llevaron alaún
público á L.l
0
plaza.
'
Llegado el momento de la muerte del toro P.c·n~~ro se acer~ó á tomar lo~ trastos, y al ha~erio,
d10 en voz haJa una: orden á un peo'n E,st
.
1 't'
•
e nlaHI·•
es o un estupor profundo y como que se rehusab~
~ obedecer, pero un ademán imperioso y tma m:rnda pentrante e.le Romero, le hicieron doblar la
cabeza y son!eterse. Fué el peón á los medioó&gt;
.:111rara11do
a la re&amp;' en trapo, l·'«- enfiJ,o y l a 1anzo
' ~
,
en lmea recta sobre el matador Rome . .ó
· á l ;!
•
10 v1 ,e111r a Hera; se cruzó de brazo~ se cua-1-,, ,
f t
·
~,
lUO a SU
ren e, y sm ~;splegar la muleta ni apercibir d
est~que, se deJo arrollar por ella.
J,omer? cayó y rodó por la arena enn1clto en
una ?ube &lt;le
vo; el toro lo enbistió, lo pateó, lo
lanzo por los. aires sin que el matador
descru 7 ara
l os brazos m 1anzara un uri to en1·, un
~
d
_
o
gellll.do·
v
cua~ o sus _companeros acudieron al quite -U:,(1
en t;er~a banado en sangre y moribundo. . ' } , '
. y dicen que el rey José, moviendo con el ,.
liento la cabeza exclamó.
e. ,L"¡ Es imposibÍe domar ¡¡, este pueblo!"

Pº!

))r. )Y1. Flores.

Encontré á mi amigo sentado en su taburete,
con los brazos cruzados, delante del teclado.
l ';w•isamente en aquel momento, clominanüo el
ruido de pisadas que desde las na,es laterales llegaban hasta nosotros, se oyó como á lo lejos la
,·oz gangosa del diácono:
-"Secuentia Sancti E, angelii .... secundum
:Matthaeum."
Entonces los dos c.angrejos de cinco patas que
sirven de manos á H ermann-vercladeras manos
de pianista-cayeron sobre el teclado, y un raudal de notas que causé un estreme.cimiento en el
corazón, se produjo tan claro, tan poderoso, tan
nutrido, tan sonoro, que apenas me dejó oír el coro. ele fieles que se unían á la música del órgano
para responder al diácono :
-"Gloria tibi, Domine."
Precisamente aquel conjunto armonioso, era el
que yo buscaba.
Pero el instrumento · debía permanecer mudo
hasta el fin del Evangelio, y, mientras tanto después de haber estrechado ·el cangrejo que ' Her0

•

�EL MUNDO ILUSTRADO
• macén pintoresco,"undibujo del hábil Granville, en el que se halla
r epresentado ese singular efecto de perspectiva. Y todas mis dichas
de niúo me acudían á la
memoria en un efluvio
de recuerdos. ¡ qué felices horas aquellas en que
abría mi caja de acuarelas y mojaba el pincel
con la lengu.a para iluminar los grabados de
un viejo librote! Quien
no haya tenido un ejemplar de los primeros
años del "Almacén pintore, co," antes de su
primera comunión, no ha
~iclo niño. ¡ Qué lejos
estaba ya de mi aquel
hermoso tiempo! Y me
~cntía más triste, más
. dcsgraciclo que nunca.
Sin embargo, el Evangelio había concluido,
los "Dominus vobiscum''
Yolvían á comenzar, se
había dicho el "Ci-edo"
y se llegaba al Orfertorio.
En este momento de
la misa, el órgano funciona sin acompañamiento, como se sabe. D~spués
de haber sacado y empujado algunos registros,
Hermann, teniendo sus dedo~ huesosos colocaclo;;
en formas de ·pata de araña sobre el teclado, y con
las piernas encogidas para oprimir los pecla_lcs,
hacía surgir del mágico instrumento un sublime
canto de oración,. y allá abajo, en el santuario,
donde se balanceaban los incensarios rítmicos,
se acababa de presentar el pan bendito.
0

mann me tendió muy cordialmente, apoyé los cpdos en una barandilla del órgano, al lado de uno
de aquellos ángeles sonoros de trompetas que era
verdaderamente monstruoso visto de cerca, con
sus mofletes de tritón de las aguas de V enalles.
Desde el sitio en que me había colocado, el golpe de vista er a admirable. La mirada podía descubrir hasta el fondo del ábside; y en verdad que no
me desagradan esas iglesias jesuíticas del siglo
XVIII, en que las nubes azuladas de humo de incienso suben hasta confundirse con los rayos de
sol que penetran por las grandes ventanas sin vidrios. Esas columnas corintias, esas estatuas del
gusto de Bernin, esos púlpitos de columnas retorcidas, esos deslumbradores altares, con sus nubes
de mármol y sus rayos de sol de madera dorada,
todo eso es de mal gusto, aunque sea de mucha
perspectiva y muy suntuoso: eso es propio del arte decllfmatorio, conforme; da idea de una plega- ·
ria escrita por un retórico, es cierto; representa
el período de decadencia, tQdo lo que se quiera;
pero á mí me gustan más San Roque ó San Sulpicio, que todas nuestras iglesias modernas, copias
de basílicas bizantinas ó de catedrales del siglo XV.
•
•
Sin embargo, aquel día, lo repito, estaba triste
y tenía ganas de llorar; nada podía distraerme, y
mientras que la nariz del diácono cantaba en monótona variedad de sonidos el pésimo latín en que
se tradujo el Evangelio, yo permanecía apoyado en
los codos en una posición de abandono, cerca del
coloso mofletudo, y dejaba caer mi mirada precisamente por debajo de mí mismo, como una plomada.
· M:uy grotesca és la humanidad vista desde semejante posición. A cada instante algunos fieles
entraban y sallan, y los sordos golpes d~ la puerta forrada de burlete retumbaban detrás de ellos
y acompañaban irregularmente la lejana salmodia del diácono. Y · veía pasar á UJ¼ hombre muy
grueso, cuyo abdomen ocultaba los pies y qµe parecía rodar sobre su vientre; con su morrión en un
brazo, un soldado, del que no se veía más que. el
círculo de su cabeza rasurada, el borde superior
de las orejas y su par de charreteras rojas; dos papalinas blancas que ocultaban á dos hermanas de
la caridad, y parecían alas que se agitan con el aspecto de dos enormes pesadas mariposas. Las calvicies eran especialmente dignas de verse desde
aquella altura; su desnudez, á las veces cruzada
por un surco, brillaba; y pude explicarme el error
del águila que habiendo suspendido una tortuga
en el espacio, tomó el cráneo de Esquilo por una
piedra, con la cual podría romper el caparazón de
su tortuga, y mató de un golpe al trágico griego.
Todos l~s que pasaban no tenían aspecto de
figuras humanas hasta que habían andado unos
cincuenta pasos en la nave central 6 en las laterales, y me recordaban un antiguo dibujo del "Al-

•

•

~

Domingo 21 de Enero de 1900

Domingo 21 de Enero de :í.900

EL M:U:NDO ILUSTRA.DO

visto al entrar situados debajo de_ la caj~ del órgano, infelices mujeres con rosan~, ancianqs de
pie ó de rodillas sobre su gorra, criadas con papalinas de aldeas,¡ por vida m~a! ¡ ta~to_peor para
los pue no pueden destinar cinco cent1mos para
la alquiladora de sillas!, vieron pasar por dclar~.te de sus narices las cestas vacías qne los monagmllo~ conducían á la sacristía, balanceándolas con
ademanes incultos. ·
.
En la situación fastidiosa de árnmo en que me
hallaba, aquella injusticia me molestó._ Hermann había vuelto á abrir y cerrar los r egist~·os;
había escogido las flautas más dulces y los somdos
más suaves para dejar oír ''las voces celestes" y
llenar la vasta iglesia• con un himno d? dul~ura y
de serenidad. :Me sentía con el corazon agitado,
y entonces tomé esta nota que acabo de encontrar
en un cuaderno de apuntes :
'-'La felicidad se parece al pan bendito de la
mil:la mayor: solamente se reparte un pedacito los
domingo·s y no todos los fieles participan de él.'º

uinas ara la guerra que tienen e~ constante es\ctacln al mundo entero, tanto mh cuanto que
pi
. , dole "pendan" á esos destrucfores efe~tos,
1acien
, t· d uerrillas
están los que producen la tac ,1ca e, g .
que en parte han acloptado los bo~ro_s, a lo &lt;11:1: se
·uzua or los telegramas que á d1ano se reci en,
Ju~ ior ellos se vé que son relativamente pocas
ias patallas formales que presentan y -~rnchas l~s
escaramuzas, que casi sin interrumpc1on se venfi~~
t
Los trenes blindados que repre~en!an nues r~s
ilustraciones, son unas de estas maqumas defensivas y ofensivas, muy útiles si se pueden 1:s_ar, por
la violencia en. los reconocimientos, la íac~~1dad de
dar un flanqueo oportuno ú ocurrir en_ ~l instante
preciso á dar alL'l:ilio á los puestos, deb1_htado~ por
el enemigo; pero cuyos efect_os esta haciendo mefic.íz muchas veces, las astucias y estra~age!nas de
los bóeros, que provocan catástrof~s, 1mpi?en el
il\'ance de los euros ó hasta los estac10nan y logran
hacerlos prisioneros, quitando en ~l mome1:t0 ~el
ataque los rieles por donde la resistente _1;1aquma
debiera caminar sembrando la destrucc10n Y la
muerte.

Pepito Rodriguez Arriola
~

El relato de viaje más antiguo.

E L BEB E P I ANISTA.

En i,l salón de concierto de la casa Montaño,
en Madrid, se presentó hace muy poco tiempo
á la admiración de la numerosa concurrencia que
llenab,1. el local, el niño Pepito Roilríguez Arriola, que á los tres años de edacl toca el piano con
un aplomo, una ejecución tan inverosímil para
sus diminutas manecitas y un instinto de expre-

~

••

••

&lt;:::&gt;,

•¡La espléndida torta! ¡ El triunfante bollo!
Este predominaba en mantel inmaculado, y se adivinaba, al admirarlo desde lejos, que debía oler
bien y estar recién hecho.
Después ele las oraciones, .aparecieron dos grandes cestas circulares llenas de trozos de pan bendito, pequeños y grandes, las llevaban cuatro niños ele coro que iban precedidos por un rozagan- •
te pertiguero con entorchados, dotado con un par
de pantorrillas que hubieran ·hecho soñar á Catalina II si las hubiera visto parecidas en un granadero
de su guardia. Cuando el real bollo había desaparecido al momento: sin duda estaba reservado para
el señor cura.
El pan bendito fué desde luego presentado á
los mayordomos de la iglesia, que estaban sentados en el banco de las autoridades.
Eran graves burgueses vestidos con pesadas
ropas de invierno, llevando gorras de terciopelo,
sentados en sillas de coro con la actitud tranquila y segura de los ricos : tomaron sin escrúpulo
entre sus &lt;ledos cubiertos, con guantes forrados,
los mayores trozos, y después de haberse santiguado, los comieron con lentitud: algunos de e;;os
encargados de la fábrica, ya antiguos amigos de
la casa, tomaban un segundo pedazo, y también sión, que fuera muy difícil de creerse si nQ hubieun tercero, y sacando de su bolsillo un periódico sen presenciaclo el hecho gran número de personas
envolvían con cuidado la torta para llevarla á su serias.
familia.
Según refiere su señora madre, solía, para c1isCuando las cestas llegaron á las primeras filas trnrrlo, colocarle ante el piano, en cuyas teclas golde fieles, cerca de la mesa de comunión, iban ya peaba como todos los niños; pero un día oyó tobastante mermadas; pero aquellos á quienes las car unos compases de jota, y cuando acudió á Yer
presentaban, gozaban toda vía de privilegios: quién tocaba, vi{', en el colmo de la sorpresa, que
devotos conocidos. damas piado,;as y postulantes, la impresionó vivamente, que quien tocaba era
penitentes del padre Tal ó Cual, todos feligreses su hijo.
notables, que tenían sus nombres ó suA iniciales
El niño Rodríguez Arriola no toca con um1
grabadas en una placa de cobre en el dosel de su exactitud automática que revela un largo aprenreclinatorio.
dizaje mecánico, se equivoca á veces, y cuando á
Esos aún pudieºr on tomar buena porción de su oído disuena un acorde ó una nota se le escapan bendito y hacer de él su pequeña provisión. pa, rectifica con plena conciencin. rl ln disonanA la décima ó duodécima fila no había ya mas que cia.
varios medianos trozos; despué~, á j:rsar de la
La precocidad de su ingennio musical, no ahopresencia de la hermana, las huerfanitas de papa- ga en este niño su natural carácter, y á cada molina negra y esclavina azul no fueron más discre- mento renuncia á la ovación del público para echar
tas; de modo que las gentes más retira~1as regis- á correr y jugar, y cuando escucha el aplauso, rié
traron en vano el fondo de las cestas; solo encon- y aplaude también, exclamando en su deliciosa
traron insignificantes migajas.
media lengua:
Cuanto á un grupo de pobres que yo . había
"¡ Bavo, bavísimo !"
0

INTERIOR DE UN TREN BLINDADO.

LA GUERRA EN SUD-AFRICA.
-&lt;::,..tf' -&lt;::,..

Si por algo es notable la guerra del Transvaal
&lt;!On Inglaterra, prescindiendo ya de la~ c~usas que
la motivan y del denuedo con que los deb1les se defienden en esta vez, sosteniend~ su autonomía,
tratando de ensanchar sm posesiones ~ cau~ando
mal al enemigo, que por su parte esta valientemente empeñado en la campaña, es_ porque esta ha
venido á ser, como lo fué la sostemda entre España y los Estados Unidos, un desastre aprovechado
para poner á prueba los más modernos m~entos de
máquinas de guerra, las má~ nuevas _t~orias sobre
-estrategia y las más caractenzadas op1mo~es ~e los
que están afamados como peritos en la ciencia de
la guerra.
En efecto, en la pasada guerra de Cuba, fuero!l
los torpederos, los cañones navales de gran calibre y alcance, la c~paci~ad de lo~ _buqu~s de guena, los que manten1an fi3ala at,enc1on umvcrsal durante aquellas desastro~as e~cenas qui; ya por fortuna han pasado á la historia; en la epoca a~tual,
dejando aparte las consideraciones que ~ug1~ran
los verdaderos motivos de la guerra, que msp1ren
]os sentimientos humanitarios al ver que la sangre de los valientes está regando los campos de
batalla, mucho se prestan al estudio, tan~o ~e los
militares como de los civiles, los acontecumentos
·de hoy por cuanto se relacionan con los progre110s realizados hasta ahora para hacer más ~~caz la
guerra más rápida en sus resultados dec1S1vos y
tal ve;, tal vez, mucho menos perjudicial aunque
más costosa.
Las destructoras bombas de Lidita, las célebres
balas Dum-Dum, que hay quien asegure no son tan

modernas como se presume, que ya han sido _condenadas eq épocas r emotas y _que e~ la actu~hdad,
tiene su empleo no poco numero de opositores,
los cañones de gran calibre, y por _últi~no, los trenes de acerado é impenetrable bhndaJe, son má-

Es el contenido de un papiro de la colección Gor enischeff, de San Petersburgo.
. .,
El nombre del autor es desconocido, pero v1v10
probablemente en tiempos ~e 1:8 _duodé~ima dinastía cuando Egipto estaba prmc1piando a ensanchar
su; fronteras y á explorar el mundo interior.
El Yiajero de quien se trata hizo, por lo tanto, su
excursión hace 4-l siglos.
.
Su objeto fué buscar las minas de oro de N ~VI~,
y refiere que la tripulación de ~u barco con~1stia
en 50 marineros de los más valientes de la tierra
de Egipto. Llegó á un gran océ'.1-no y se acercó á
una isla donde, al levantarse v1ento, las olas alcanzaban una .altura de ocho codos. El buque se
hizo pedazos y no se salvó nadie más que el jefe
de la Expedición. Arrojado á la costa, pasó, tres
días sin ver á nadie, y al hacer fuego para elevar
un sacrificio á sus dioses, escuchó un ruido parecido
al trueno, y se le presentó una inmens~ serpiente
con el cuerpo jncrustado en oro y la piel de color
de lápislázuli.
Otros muchos prodigios refiere el viajero con respecto á aquella isla, de la cual pudo salir y regresará Egipto, gracias á un barco que pasó cerca de
ella y que vió sus señales.
Entre otras cosas refiere que la isla aquella aparecía y desaparecía á voluntad de la gran serpiente, lo cual puede tener como fundamento el hecho
de que en tiempo remoto cubría la llanura que hay
junto á. Bahr-el-Ghazal, un gran lago seméjante al
de Victoria 1'yanza, donde había grandes masas de
vegetación flotante que á cada momento cambiaban
de sitio ó desaparecían.

.

SOLDADOS INGLESES OCUPA NDO UN 1:RE N.

•

•

�E L MU:NDO :::LUSTRA DO

Domingo 21 de Enero ele HlOO

Domingo 21 de Enero de 1900
t~s roja~, acento peninsular, tab¡~C•) C'r. boca v 153 •
liva_zo poTr el colmillo. 'ral es el ,{tr.1iici,nH) del
Coliseo ~ uevo.
·
. Cierto que :va el nombre de h calle anUJJ('i.t fl
giro : eso de Coliseo da á entenr1&gt;: qu~ ~e trnLt de
ieatro5, aunque hay quien pretende que da á ent en2er &lt;¡ue se trata de circos. Pero circo:; ó 1ea-

NgEZTRA NIETR@r?@LI
Cuando se sabe observar-dice un ilustre viajero
--es muy fácil llegar á "sintetizar la sensación"
de una ciudad que se ha visitado, en un color, en
una frase musical ó en un perfume.
Esa observación es riaurosamente cierta y llega
á tal extremo, que no ~ólo es dable sintetizar la
sen,ación de una ciudad, sino hasta la de una
calle.
En las metrópolis cada calle suele tener un aspecto genuino. Bl movimiento de los negocio, y del
trabajo llega á imprimir sobre cada calle una determinada füonomía.
Suele suceder así, que doR calles I imítrofes difieran radicalmente de aspecto entre sí.
Y )[éxico no se e~capa á ese fenómeno: nuestras
('alles tienen sus peculiares fisonomías y es asunto
c-urioso el obserrnrlas y señalarla~ siquiera ~ea á
\'Uela pluma. y digo esto. porque para entrar en
detalle•. ~e neceiütarÍtln verdaderas monografías.

calculable trascendencia. F:n Paríf-, para todas las
per wnalidades del arte y &lt;le la política exi~te una
euriofa y tiránica obligación : "faire son boulcvard."
El que no "hace su boulevar&lt;l," no logra natla
nuevo, 11i sabe luchar y pierde todo lo que haga-

EL MUNDO ILUST RADO

F.n verdad, ca,i sólo allí reside nuestro me! ropolitai1i~mo.
.
En la esquina. de la Sorpresa, nue;;tras muJen•s
que van á comprar telas; en las pu?rta~ del Jockey
('lu b, nuei-tro;; hombres que van a deJar;:e ,·er; y
en medio, las ;:eüoras que van á la Sorpresa y los
~cñorc~ que van al J oékey Club, mezclado~ con

de la noche. ¡ Oh, los revendedores! Ese gremio
paree~ que aumenta en progresión geométrica: antaño era planta casi de:5conocüla entre nosotros,
cuyo más conspícuo representante era "Uarterita~ ;" pero hoy son ya incontables, pulúlan por
doquiera, llenan la calle, y á la hora de las funciones, asaltan con una tenacidad que volvería lo-

•

L A AVENIDA DE P LATEH.OS.

nado en prominencia social. El paseo por el boulevard es una necesidad común á todo,; los notables y guay del que ose descuidarla: se nulifica
irremisiblemente.
Lo propio pa~a en ) l éxico, "toute proportion
gardeé:'' es preci;;o dejar-e ,·er cliriamente. ·cuantlo
menos una hora, por Platero;:, para ser alguien. .á.
pie ó en coche, e-;o no importa; pero e~ preciso
aparecer diariamente por Platero•.
Rn Plateros encontramo, á '·toclo )léxico."
Las niña, ,·an {t comprar sn~ listone~ y su8
rintas. Los "niño~" 'l"an á exhibi r sm jaqueB y
suf' americana~.
Y a,:í Fe puebla Platero~ y ha8ta re,ulta elegante.
El Duque Job fijaba la órbita de ~B i&lt;leale5
metropolitano,:.

gente de ambos sexos que no va á ninguna de
ambas partes, pero que
por Plateros.
Eso ele las puertas del Jockey, es muy nuestro: aquí no habrá t errazas como en la Rue Roya le, pero hay zaguanes. Cuestión de co,tumbrcs
y de imaginación!
Para los metropolitanos es tan grande la influeneia de su Plateros, que lo extrañan ha,ta en
el mi¡;;mí,-imo boulevard de los Italianos.
Y hacen l1ien: allá nadie lo c0noce á uno, v en
Platero;, todos nos conocemos.
·
Entiénclase bien que por Plateros, á pe;;,u de
la~ tradiciones municipales, de San Franci,co y de
~u puente. y ele otras _co8as, se entiende;
.
&lt;le,de la eFquina de la Sorpre a
hai'ta Ja,, puertas del J ccke.v Cluh.

"desde la esquina ele la SonH·r,a
hasta las puertm, del Jockey Club.''

E, PIRITU S.\XTO

"ª

Yo no sé cómo explicar á Don Luis González
Obrcgún y nuestro popular poeta Juan de Dios
Peza, el origen del n ombre de esa calle. pero sí
puedo a~egurar que, h oy en día, nada tiene que
ver con ella el verdad ero Espíritu Santo.
IIo:v eR la calle de las ferreterías · y ele los
·'corotes."
¡ ('oyote¡;; en )íéxico ! Sí, eñores: en )léxico hay
coyotes, lagartijos y otros animales. Sólo que nuestro, co~·otes anclan en dos pies y no ladran pe'
ro " ~uge~tionan." "Los "coyotes" son los i;orreclore,- ele acciones de minas.'
;, Que qt1é tiene que ver lo uno con lo otro? Xa&lt;la ah.;o&lt;lutam&lt;"nte, mientra~ no intervienen los
"pichone,;" pero CJiando interYienen e,-to:1. . . e:i
otra co,a.
En la calle tlcl Bspírioo Santo está la Bol$a ~\linera y en la calle clel Espíritu Santo jue¡r;i. h
ma~·or parte de los bolsillos ele la metrópoli.
En eonRecuencia, la calle clel Espíritu Santo es
una gran calle.

1!:L J OCKEY UL UB.

tros, ,: &lt;tué má, tlá? Del génern t;l1ico á la pista
en que el "clown" se disloca estÚ!1iila:nenl~, ni1 lwy
más que un paso.
,
La bitucaión del teatro Principal. el JT'Ús viejo y el más renova&lt;lo de nnestrci tc,1;,rM, cxpliea
sati,factoriamentc la afluencia eu ,;,,,t calle. ; l'ero
la de los toreros? Allí no hay "rJ~os,'' ni ~,gen_cia:; del ramo. ;, Por qué, pue~, nr,,fi!'fPll l'Sa &lt;·alle los "pulcros" retoño, ele Pepe-Hillo y ele Costillares? Ese es un mibterio callejero que tal vez
pue&lt;lP explicll',C, atendiendo á e-,1 ·• oliclariclad''
del arte español, ele &lt;JUC ~t• hahlaha últimamente.
La fi:;onomía ele la calle del Coliseo Nuevo cambia también según la~ hor·a~.
Por la mañana, á la hora del en~a!·o, tranr,itan
por ali í tiples, ten ore~, cori~tas de "ambos"
sexo~ y autores ... dramático, repre~entado:; y por
repre,entar.
-Oye, "Bachicha.''-grita uno,-;, me acompañaB á tomar una copa?
-Tengo ensayo.
-8í. J)ero "no entra~'' ha~ta el . (E~ decir,
Jia&amp;ta el So. número de la piez1.)
Y la gente de teatro ,Ya y viPne. echa su copa
y en,,1rn alternatirnmente.
F:n el pórtico del teatro, ,e agolpan los revendeclorC'~, haciéndose de lor,ilidaclc:,; para la función

1!:N LA ESQUINA DEL COLlt:iEU.

co al general ) Iethuen si la obi;:ervara al pie rle las
t r incheras bóeras.
Los jueves y los domingos, poco &lt;le;:pué,-. del medio día, la calle se anima extraordinari;1mente á
causa de las funciones vespertinas. El púhlico vespertino es siempre y en todas partes un público

Así pueden llamar~e mucha~ otras calles alejada~ del centro, que tienen muy peculiares fisonom1aK, pero que no entran ya en el movimiento
genuinamente metropolitano. .
Hay algunas que tienen hasta olorei; propios,
como las de ,J e~ús, que huelen marcadamente á
talabartería.

.l:CL PAS.W i) E N LA ALAMEDA.

COLISEO NUEVO
La calle del Coliseo Nuevo tiene también á no
dudarlo, su tipo y su· :fisonomía propiOs. '
Es una fisonomía rasurada, como la &lt;fo nn actor teatral ó la de un matador de toro$, con pc;nado "hacia el público," capa as¡,aii.ob c,¡n ''Ul'l-

UX GIROX DE YANKEBLAXDIA.
A media cuadra, allá por el Hotel Iturbide, la
fisonomía del boule\'ard rómpese de repente y
abre un parénte,is que se cierru: una Yez pasada
la bocacalle &lt;le Uante.
E~e parénte~is viene á formar un g ironcillo de
Yankeclandia, ~in que ~epamos de cierto por qué
razones.
Pero es el caso que allí se reune la "colonia:"
nm~ricana que_ no tiene la honra ele per tenecer al
&lt;·a•mo re:-pect1,·o. Tabaq uería~, cantina~, ramisería,, hotel: todo allí e,; america no y casi, casi da
miedo trafüitar por e~e fragmento ·del boulc,ard
.
,
'
i,;1 110 e,-ta uno ~eguro de ;aber ingié;:.
P ero e, un lugar tranquilo: lo,-. americano~ no
,lis(•nten en voz alta ni se meten &lt;·on nadie abso1ntamente. :-,uelen . al p,1,ar. "te,tercar:10,.. un puco; pero e,o depende, como ditr ua .nni~o mi•J,
ele que rnn ·•a,·entajado,- de e~tatura " recios en
el andar.''
·
.\llí puede harer,e un,1 ob,errnción : la co~tumhre dt&gt; ma,car tabaro. hrn gráfie,1 ent.rc los hijos
del tío H~rn, ~e c•ornierfr &lt;·on fa&lt;·ilidad . en )léxico,
en la de&gt; fumar de una m·mera hárhara.
F,..a e, una coni¡ui~ti1 de nue,,tro, puro~.

PL.\TEHOS Y SAX FR.\.\"CISCO
La arteria principal, el centro de la actividad
comercial y elegante de todas la,; c,1pitales; es muy
l'emejantc en todas las metrópolis.
Así pues, visto á cierta horas, nuestro "boulevard" no se diferencía mucho de una calle europea. Es cierto que á Plateros y San Franci,:co le;;
llamamog boulerard sólo porque se nos da la gana, pues esas calles no tie11en ninguna de las características inherentes á un "boulevard." Pero
e o es porque nosotros no tomamo esa denominación en su acepción lata; sino que con ella querernos dar á entender, simplemente, una calle movida y populosa.
Y en tal ~entido tenemos razón; á las hora, clel
mediodía y del crepúsculo vespertino, es igual, en
esencia, nuestra avenida central, al "Corso" de
Roma, por ejemplo.
¿ Cuál es la genuina fisonomía de Plateros?
La de una "calle de metrópoli," sencillamente.
El ir y venir de los desocupados elegantes; la
afluencia de los hombres de negocios que necesariamente tienen que transitar por ahí para dirigir~e á su "cupaciones; la ¡;ituación de lo que putliéramos llamar el "comercio femenino,'' esto es,
el de joyas, encajes y sedas; todo contr ibuye á dar
animación y vida á esa calle, pre~tándole el delicio,;o aspecto de un verdadero centro de cultura
y de eleganria.
En Plateros po&lt;lemos ver de~&lt;le PI emplea&lt;lo que
regresa de su palatina oficina. ha,!t el elegante
de,;ocupado que no tiene má~ quehacer l'i rnáR
preocupación que "ir á Plateros.''
Porque eso de "ir á Plateros" tiene una in-

de la Alameda, último refugio de nuestro no;:;tambuli~mo metropolitano.

EL CENTRO D E LOS «COYOTKS.&gt;

ruidoso y rico de color: de las clauclicantes calandrias clc-cienden familia, patriarcale:' que no olvidan en rn casa ni al ''último recién nacido;"
bu~na gente burguesa que no ,:•1hc, ni puede, ni
qmere tle~,·elarse, y que acude á la, ''matinées" con
ánimo ,-.incero &lt;le divertir. e de vcr&lt;lad.
En la noche ~'1. calle del Coliseo X ne Yo, su he
de punto y le arranca rn primacía al ''houleYard."
Este tórna-e cle,-ierto después de la~ ocho tle la noche y entonces la gente se va al Cofüeo.
El teatro traga y vomita espertaclore~; las- estridente11 C'arnpanillas que anuncian el final ele cada
tanda. rernenan simultáneamente en todas las
rantinas circu)1vecinas y la gent::- que vive de noche tran~ita y vuelve á transitar ha~ta que el último campanillazo la obliga á ir en bu,ca -ld tibio
lecho ó á seguir su brillo ante los azorados leones

,· El rumbo del Ra~_tro, naturalmente, pudiera
~1rnbohzar,-e por mecho de una gran mancha de
:angre. puesto que con ella-en sentido material
a 1~ par que figurado-e,,.tán cubiertos lo~ ilislingu,dos tablajero~ y carniceros que por ailí transitan.
Pero ~ para qué hablar de ello~?
Xo. los metropolitanos no salimos de nuestro
Platero.; y de su afluentes directos!
SARDIN.

�EL MUNDO ILUSTRADO

porningo 21 de Enero ~e 19~0

· Domjngo 21 de Enero de 1.900

EL MUNDO ILUSTRADO

llna obra de arfe.
Puede servir de emulación
á los que actualmente vivimos, y generalmente estamos acusados de ser indiferentes cuando se trata de
apr€Ciar las obras de arte,
el hecho de que las generaciones que nos han antecedido
han sido más justicieras y
entusiastas, si se les considera desde este punto de vista,
y prueba de lo que dejamos
asentado es el buen número
de verdaderas reliquias del
arte, que se consei·,·a en el
seno de las familias, y que
hoy solo son verdaderamente
apreciadas por los inteligentes.
U na de estas preciosas reliquias, que son recuerdo de
aquellas épocas en que la ·facultad de perpetuar lo verdaderamente bello, hacía
grandes y hasta inmortales
á los hombres, es indudablemente el cuadro de que da-•
mos una muy vaga idea en
la ilustpción adjunta, que
representa una Virgen hermosísima debida al pincel
del renombrado pintor Francisco Rizi.
Este cuadro fué adquirido
en una respetable suma por
el señor Héctor Labadie, y
es una de tantas reliquias
de las que al principio decíamos conservan las familias
de hoy, como una muestra,
que debiera estimularnos. del
amor que teman nue·,tros
antepasados á las p1wlnc·clones de mérito d 11. ing-e1~io
liumano.
'
Francisco Rizi, el autor del cuadro á que venimos refiriéndonos, con su solo nombre es capaz de
p:.estigiar cualquiera de sus obras; como puede

,.

verse por los muy ligeros datos biográficos que refiriéndose á él nos vamos á permitir recordar á
nuestros lectores.

Nació en Madrid el año Je
mil seiscientos ocbo y murió
en el Escorial en 1685; fué
su maestro Vinet Carducho
y tan aprovechado resultó
que en el año de 1653, valorizadas sus muchas obras ele
pintura, el Capítulo de Toledo lo nombró su pintor
predilecto y se le confió el
decorado de la renombrada
Catedral; también decoró el
templo de Notre Dame, y
por último, terminó el Viejo
Palacio de :Madrid, obra de
la que se encargó bajo el reinado de Felipe IV.
Era además un buen arqui tect.o.
Los templos de Madrid,
Toledo, Segovia, El Retiro,
el E¡corial y otros muchos,
conservan sus más preciosos
cuadros, acerca de los cuales
los más inteligentes han
vertido el juicio de que si
algo hay entre sus obras que
pueda calificarse de incorre.c:ción de estilo, nadie podrá dejar de reconocer en
esos cuadros un colorido admirable, sello de stis más
importantes obras, sin que tal
cualidad deje de hacer perceptible otra no menos valiosa : la ele la fecundidad de
su talento artístico revelado•
en el gran número de cuadros
que terminó.
La Virgen adquirida por
el señor Labadie es una de
las obras en que más puede
advertirse el mérito del colorido y la verdad ele la expresión, de suerte es que tiene
un gran valor, tanto por su
mérito como por su antigüedad. Sahemos que hay quien haya ofrecido la suma ele cinco mil pesos, pero el señor Labadie no se
ha resuelto á deshacerse de tan valiosa obra.

; Pabellón de la Bosnia. . Hsrz:sgobina sn la Rxposición ds París.

EL TRABAJO.
ÜUADllO DE A . SCHRAM.

Entre el pabellón del Austria tan rico en su
modernismo, y el de la Hungría que, por el contrario, es como una antología de los estilos arqueológicos del reino Magdyar, se levanta el pabellón
de la Bosnia-Herzegovina. Estas dos provincias
están en virtud del tratado de Berlín, ocupadas
por el Austria,
La gran exposición que ha de verificarse en este año mostrará palpablemente los progresos que
se han realizado en aquellas comarcas; pero antes
de indicar cuáles serán los prod~ctos sometidos á
la apreciación de los espectadores, es necesario hablar de la construcción que aquellos pueblos han
mandado hacer y que es tan original como pintoresca en su aspecto agreste.
Se nota desde luego una alta torre macisa que
:flanquea á la izquierda el edificio, que es una es- .
pecie de castillo fortificado.
•
A los ladt&gt;s se abren unos pórticos que reposan
sobre columnas cuyos chapiteles tienen una gracia severa en su simplicidad, especialmente uno de
ellos, decorado con gran¿ies cabriales de exquisita
originalidad.
.
Todos los detalles de escultura y de decoración,
sonde inspiración oriental, sin referirse de una manera precisa al estilo turco ó al árabe; la influen• eia local se ha apropiado y modificado ventajosamente estos elementos extraños; la característica
del nuevo estilo así formado, es una sobriedad de
líneas de un efecto poderoso.
La n¡.arquetería ejecutada en Bosnia, es del
mismo orígen de estilo y en ella son notables las
puertas, cuyos tableros afectan combinaciones de
líneas rectas á diversos ángulos muy interesantes
y mucho más graciosas que nuestros inmutables
tableros rectangulares tan monótonos.

El conjunto de la construcción no resulta poi;
todo e~to me~os agreste, porque hay u:fa preponderancia considerable de las par~es desnudas sobre
las ornamentadas. El estuco blauc0 de los muros
se aviva con el contraste de las maderas, que conser van su color natural y si algunas notas coloridas

se introducen después, serán de tonos muy discretos.
El juego de los relieves y de las grandes sombras
reflejadas, será muy suficiente para quitarle toda
monotonía al edificio.

�Domino-o
o 21 de Enero de 1900

EL MUNDO I LUSTRADO

~a&lt;"-&lt;:&gt;

La o-ran distancia que nos separa de la frontera
Nort/ muy especialmente de Sonora, es causa de
que en el centro de la República no se eonozcan
sus detalles, y pasen casi inadvertidos los esfuerzos
y fatigas que están reatiza1~do y sufr:n las trop,as
de la Federación en la activa campana que estan
hacienclo á las tenaces tribus rebeldes que habitan
en las riberas del río Y a qui; pero no sucede lo
mismo con los vecinos del mencionado Estado de
Sonora, que encontrándose mny cerca clel camp_o
de operaciones, y estando, por otra parte, muy directamente interesados en el término de la campaña, están al tanto de todas sus p.eripecias.
Así es como se explica que en todo el Estado y
muy principalmente en Hermosillo,. se profese
gran estimación al señor !teneral Lms E. Torres,
que es quien con incansable actividad y buen acierto, dirije desde hace tiempo la campaña.

vecinos &lt;le Bermosillo organizaron con motivo de
su viaje que hizo recientemente á ése ciudad el señor Torres para el arreglo de asuntos del servicio.
La recepció?l. fué verdaderamente brillante : las
principales calles por donde había de pasar á su
arribo, fueron adornadas con varios arcos triunfa• les, las fachadas también se adornaron y multitud
de habitantes pertenecientes á todas las clases sociales, fueron á recibirlo, ó por lo menos presenciaron su llegada á la población, desde las aceras, balcones y azoteas.
El primer arco, sencillo en su decorado, se levantaba en la avenida que queda inmediata á la
Estación por donde arribó el señor General Torres. Estaba sostenido por cuatro columnas que
realzaban so~re gruesas pilastras, cuyo decorado
simulaba cantería. En la parte alta, dentro de un
semi-círculo, artísticamente adornado, se veía pintada el águila mexicana, entre palmas y laureles
y en el remate del arco se leía esta inscripción:
"Honor y gloria al ínclito soldado "General Luis
E. Torres."
El segundo arco, de -gran altura, se colocó en
. una de las calles más espaciosas de la ciudad de
Hermosillo : sobre pedestales, cuyo adorno cenU na demostración de ese afecto, fué -ind-q.da- t ral consistía en grandes coronas de laurel, se
blemente la recepción que los más caracterizados sieron dos estatuas que representan á la Paz: I-1-~r-

m,-

U;
t-:1.~r,~

gabinetes europeos pidiéndoles que se comprometan á • impedir el cumplimien"ti de los tratados de comercio con China en las regiones que
dominan. Después ele algunas r esisteJH·ias cedieron
husia y Francia. Alemania no sólo cedió, sino que
se puso de parte de los Estado¡,, Unidos.
La puerta abierta significa, pues, que en el I:rnperio chino el comercio ele todas las potencias extranjeras tendrá clerchos iguales. Comprometida
Inglaterra en su lucha con las Repúblicas africanas, los Estados Unidos intervinieron muy á tiempo, impidiendo tal vez que valiilas de esa circunstancias las potencias continentales, lticiera11 por su
ctienta el reparto del Imperio Chino. La primera
caricatura, p11blicada por el "Worlrl" de Nueva

MÉXICO, ENERO 28 DE 1900. .

AÑO VII--TOMO 1--NÚM. 4

8 UB8CRl ~lON llENSU.lL ll'OB.lNB.l, f l .:--.0
IDBIII lDBll .&amp;:I Lol O.lPIT.lL, ft.25--

Gerente: All'TOJl'IO 011YÁS.

Director: Lic. BAl'AEL BEYES SPIJl'DOLA,

'
indios may¡s de Yucatán, que también se espera lograrse muy pronto, será absoluta la paz en todo el
territorio mexicano.

LA CARICATURA EN EL EXTRANJERO.

•

fL' J\VUNilO 'ltUSTRADO.·

mosas mujeres con el pecho semi-descubierto, b_ajo
el embozo de un largo manto y llevando en la diestra la significativa oliva.
En el remate del arco v en el centro, se pintó
un bonito monograma del Jefe del Ejército, á
qtúen se dedicaba la fiesta, y á uno y otro lado del
mismo remate, encerradas las letrás dentro de paralelóo-ramos
simétricos •y adornados con arle, se
o
veía la siguiente inscripción:
"Al Ciudada110. General Luis E. Torres, el
Círculo de sus amigos.''
En el tercer arco se veia el retrato del General.
Nuestro corresponsal, al hablarnos de e,te asunto, nos dice que el entu¡,iaf'rno foé general y que á
las públicas demostraciones sucedieron otras muchas de_sus amigos íutimos que pro~uraron agasajar en todas las formas usuales al Jefe de es~a campaña que afortunadamente se espera termmar en
breYe plazo, con lo cual, )' con la sumisión de los

GRANDES FIESTAS EN HERMOSILLO.

Dos de las caricaturas que r eproducimos, se
refieren á lo que ha dado en llamarse "la polí_tica
de la puerta abierta," política en la que se interesan principalmente Inglaterra, los Estados Unidos
y el Japón. La puerta abierta no. es la libertad del
~omercio extranjero en China; la significación de
la frase es esta: Las potencias europeas tienen en
China "esferas de inflúencia," regiones en las que
tienden á destruir completamente la soberanía
del I mperio.
Ya esto se ha explicado en las columnas de nuestro semanario. Los Estados "Gniclos quieren para
su comercio los mercados de China y como ''las
esferas de influencia" le obstru_ven el paso al tío
Samuel, el Gobierno_de Washington se dirigió á los

'

•

York, sugiere lo que en su unión se proponen las
tres potencias representadas en ella. La segunda
estampa muestra al tío Samuel abriendo la puerta china en su propio heneficio y dando á entender que no permitirá que la cierren Francia y Rusia.
Hemos reproducido muchas caricaturas relatirns á la guerra· sud-africana. En todas se ve el
sentimiento de viva satisfacción que causan en el
continente los reveses de Inglaterra. Si á dar
cuenta ele E!se sentimiento se limitara esta nueva
reproducción, sería superflua. La insertamos aqui
porque en forma ingeniosa representa á ~Ir. Cha.mberla in, el autor de la guerra, calentando ocultamente el termómetro de los acontecimientos para
que señale victol'ia cuando en realidad la temperatura es de muchos grados bajo cero ("muerte en
.erterrnómetro de la estampa.) El público se maravilla ~' no acierta á comprender cómo es que nieva
y el termómetro mnrca más de veinte grados ....
ele victoria.

~,W\ ARIEJ\TA
@1L
1

Se 'ijor ~er¡era/ Bernardo iteyes,
Secretario de Estado y del Despacho de Guerra y Ma rina .

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 7 de Enero de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

.Jllaría~uerrero

clásicos. El corral de la Pacheca volvió á ser la casa solariega de Lope y de Calderón, de Alarcón
y Tirso.
Años de inoh-idable esplendor fueron aquellos
para el Teatro Español. María Guerrero, dignamente. secundada por Fernando Díaz de Mendoza,
desempolvó las obras clásicas que yacían olvidadas en el polvo de las bibliotecas eruditas ylasllevó
ú i,;s tabla-, con todo el decor0 _v el n•;;pc·l0 &lt;¡;1e
{: t.:des rnomentos artístic0s ,,.,; de\,ido. Y :ll ln,fo
de los colosales gigantes del siglo XVII, estrenaron sus obras novísimas los autores que hoy son
licnra y decoro de la escena española: Echegaray,
Galdós, Sellés, Feliú y Codina, Cano, Blasco, altc-mando con los jóvene~ que andaban necesitat1,1~ de protección y aliento para sus ensayos
dramáticos, como Anzorena, Ballesteros y tant0s otros.
Aquella;- gloriosas campañas consagraron á
~!aria Guerrero como Reina indiscutible de la
cs.-cna egpañola; público y crítica unánimes asi
lo proclamaron, y después, cuando realizó su más
ca1a ambición de pasear por el mundo todas las
irnnarce~i hlcs glorias del teatro español, la descontentadiza y desdeñosa crítica prisién primen\ la er1.1ilita y severa crítica italiana, la entusiasta y talentosa crítica americana así lo reconocieron, complaciéndose en aplaudir sin reserva&lt;; á
la herm,.~a actriz que está realizando la obra
meritoria niás hermosa, más artística que alllla de
r.rl-riz coPc-ibió jamás:
Recorrer el Universo civilizado, mostrando
mueren, para consolar á su afligida patria con la
v.-,r tocb,; partes las glorias pasadas que nunca
(lfrenda dP. frescos laureles, de recientísimas desd tchas.
T.o que hasta hoy ha dado á la escena en el Racional, nuevo para nosotros á pesar de sus año~. es
una sola µarte de las novedades que aún nos ofrece
(aparte de lo selecto de los contemporáneos) y entre otras, la obra famosa de Rostand, "Cyrano de
Bergerac," cuyo argumento publicamos hoy.

En uno de los salones del palacete que habita
en :Madnd 1\laria Guerrero, hay un hermoso retrato de la e~1mente actnz, pmtado por ]!]milio Sala
cuando aquella tenía once años apenas. Y en la
bella cabecita pálida y reflexiva, donde brillan con
destellos de inteligencia los grandes ojos, negrot
y soñadores, fácilmente se adivina ya el poderoso
talento que había de alzarse pocos años más tarde
con el imperio v señorío de la escena española.
Creció ~1aría· felizmente en un medio esencialmente artístico; su natural buen gusto se afinó y
creció; entreg.'.1ndose al arte aquel temperamento
nervioso, senido por una inteligent:ia ciara y penetrante. Poserendo conocimientos musicales
poco comunes, a·dmiradora entusiasta de los grandes pintores, sintiendo profundamente las bellezas literarias, su pasión dominante fué el teatro;
compenetrarse en el pensamiento de )os grande,
dramaturgos dando movimiento, calor y vida á sus
concepciones íué su ambición predominante, ambición que, para bie'1. de la escena española, pudo
ver realizada.
Doña Teodora Lamadrid primero, el 1-!rnn ('oquelín más tarde, fueron sus maestros, y sólo tuvieron que enseñarla lo que de puramente mecánico tiene todo arte. La expresión dramática, la
adiyjnación y adaptación rápida del carácter de los
personaje~, el conocimiento perfecto de la ínilole
y condición de las obras, eso no necesitaba ~faría
Guenero que nacl:e se lo eneeñara; lo poseía en grr.•
do sumo, cual luego tan cumplida v gloriosamente lo ha mostrado.
María Guerero es madrileña n eta; madrileña de
nacimiento, de esencia, de corazón; y :Haría fué
testigo ele ~ns primeros triunfos escénicos. Al lado
de Don Emilio }[ario, en el Téatro de la Comedia
-único coliseo madrileño en quP, por aquel entorces se rendía culto respetuoso al arte escénico
-debutó )Iaría, mostrándo.se desde los primeros
papeles por ella interpretados, maestra del buen
decir, actriz irreprochable, llena ele gracia, de finm-a natural sin amaneramiento de espíritu, elegancia y distinción.
Ru esbelta y bien proporcionada figura, la peregrina belleza de !'U expresivo rostro, la música
encantadora de su voz clara, dulce y melodiosa,
su incansable constancia en el traba.jo, su comunicativo entusiasmo, su talento poderoso, rápidamente se impusieron al público, siendo para ella
un t riunío cada combate, pero ganando todos los
grados hasta el capitanato general de la escena,
por acción de guerra, en el mismo campo ele batalla.
Primera actriz de la compañía de Emilio ~Iario
todos los autores dramaturgos españoles la esco~
g ieron ele preferencia para intérprete de sus obras
y allí creó la "Mariana" de Echegaray, la "Dolores" ele Feliú, la "Augusta" ele Galdós, la "Gloria" de Ca~o y tantas otras figuras femeninas de
acusado reheve, que tanto deben ele su vida inmortal al autol' que las imag;inó, como á la artista que
supo interpretarlas.
Pero )Iar íá Guerrero necesitaba mayor_ espacio
para desarrollar cumplidamente sus facultades
l ihertad absoluta para real izar sus vastos pro~rec~
tos ar tísticos, iniciativa propia para exteriorizar
sus planes de renacimiento escénico. El anuncio
ele la subasta para el arrendamiento del Teatro
Español la ofreció ocasión propicia la realización.
ele sus deseos, un¡i jovencita, casi una niña, prumetía hacer lo_que acaudalados y hábile~ ,~mr,resariu;,
Jo que grandes y respetados actores 11ü hahían c·onseguido: resucitar aquel cadáver glorioso que se
llamaba "Teatro Español." K o contaba parn tan
bravo empeño más que con su talento, su exc¡u;,·ib
buen gusto, su voluntad inquebrantabl e. Y realizó con creces lo prometido.
El derrumbado coliseo de la Plaza de Santa
Ana se convirtió en pocos meses en la sala de espectáculo más elegante de Madrid; aquella sala
que años antes sólo era frecuentada por venerables
momias y modestísimos burgueses domingueros,
fué punto de reunión de la más encopetada aristocrática y elegante sociedad; y ante todo y sobre
todo en aquella escena donde la escéntrica Miss
Surline se zambullía en su acuarium, donde las
magias tenían su asiento, volvieron á resonar,
alados y melodiosos los versos maravillosos de l os

a

La estimación pecuniaria de la obra, se obtiene
por comparación con los datos que hay de la
apertura ele los túneles montañosos. El del San
Gotardo cosió á la razón de 3.800,000 franco8 por
kilómeti'.o; el del Arlberg (11 kilómetros) se hizo
en cuatro años y su presupuesto fué de 4.000,000
por kilómetro; el del Simplón que tendrá 20 kilómetros, no costará más de tres millones kilómee
tro con un avance de 4 kilómetros por año. A me&lt;:ida que !'e perfeccionan los procedimientos científicós, las obras de esta naturaleza se hacen más
violentamente y con menos dinero.
El ingeniero proyectista calcula que el túnel intncontinental se puede abrir en siete años y que
n0 se gastará en la obra más de 123.000,000 de
francos.
•
Creese en Francia que esta obra gigantesca no
es inferior al Canal de Suez, legado maravilloso
que deja nuestro siglo al que va á empezar, y dicen también los franceses que el túnel ínter-continental tendrá como corolario la gran línea férrea
de Marruecos al Senegal y al Golfo de Guinea.

El Túnel de Gibraltar.
El i11geuiero francés M:. Berlier ha presentado
al gobierno español un proyecto para comunicar
por ferrocarril á Europa y A.frica.
A medida que se explora este continente, misterioso hasta hace pocos años, aparecen enormes
recursos reservados para quienes sepan y puedan
explotarlos.
Los franceses má~ que I1ingún otro pueblo, tienen interés en buscar por tierra una ruta coioni ~,
¡ue ponga en contacto directo la metrópoli ~- las
uosesiones africanas. El túnel intercontinenta: v
~ 1 1bmarino entre Esuaña y M:arrueco~, eD í'Omhr"ílCión con un ferrocarril de Tanger á Lall::i-1\i ,,ghnia. ~cría-así lo dicen las revistas francesas al hablar de este proyecto-el principio de un
gran desarrollo colonial.
El estunio de las cai-tas marinas que consignan las nrofundidacles del mar en el estrecho,
llevan á la conclusión ele que es preciso renunciar
á la línea más corta, esto es, la que va del cabo
Ciris prarruecos), á la costa española (14 kilómetros). Estas profm1didades son de tal naturaleza. que forman peHdiente;. violentisimas, algunas
de GOO metros. En cambio, la línea recta de Vaqueros (España) á Tánger ()Iarruecos) tiene profon:
el iclacles mucho menores (396 metros como máxi1;1um, dando por resultado pendiente de 25 milímetros por metro. La longitud de la línea es de
32 kilómetros.
('orno el primer trazo presenta dificultades invencibles, es necesario adoptar el segundo, por
más que los trabajos de perforación en ambas costas, eleve la cifra de longitud total del túnel á 41
kilómetros. Estos trapajos, que son de -tres kilómetros en España y de 6 en Marruecos, no pueden evitarse si- se quiere reducir la pendiente á la
proporción indicada.
En el lado español, el túnel así trazado. en~
troncaría con la línea española que recorre el litori,l entre Málaga y-Cádiz y pasa por Algesiras y
Tarifa; en Africa se prolongaría siguiendo el trarn de Tánger Kais el Kebior, Fez Oudjda y Lalla
Magbnia para encontrar la red ferrocarrilera argelina.

.EL MUNDO ILUSTRADO
AÑO VII--TOMO 1--NÚM. 2
·

MÉXICO, ENERO 14 DE 1900.

8UBSCR!Pr.IO!l llll!NSUAL FORAIHA, Sl.50
IDEM IDll:I( EN LA CAPITAL, SL2á

Geren te: AJll''l'OJll'IO CUYAS.

llirecto:r: Lio. BAl'AEL BEYES SPÍJll'DOLA.

CYRANO DE BERGERAC. •

•

~;:-~
Muy pronto tendremos entre nosotros al buen
Cyrano de Bergerac. Ha viajado mucho; ah?ra V1ene de España; trae de allá prestada la vestimenta.
La espada, no; es suya, aunq ne al parecer, ?s la
misma que usó el valiente ele Cetvant~s. Aqm 11ega cargado de laureles y de hazañas. T_odo en él ~
atrevido y audaz. Hasta el nombre,-d1ce un escritor hispano,-parece reto. Hay en las seis sílab~s
que lo componen, un no sé qué de ostentoso atrevimiento que desafía. Entre las letras que componen
ese nombre suenan las espadas y las espuelas, y se
ve el sombrero de gran penacho. ¿ Admitirás que el
nombre es una representación de la· cosa ?-pregunta Sócrates en el diálogo del divino filósofo.
Pues es~ poeta fanfarrón y nobilísimo, Oyrano,
es un espíritu caballeresco, representa una época,
es la gracia y el valor franceses personificados.
No falta quien encuentre en este bravucón rasgos ele Don Quijote. Hay, efectivamente, en él,
cierta semejanza por cuanto á que, en ese vaso
francés se han mezclado el vino, la champaña y el
vino generoso: bravatas francesas y locuras españolas. Cyrano, como Don Quijote, es una caricatura
del ideal.
La comedia l1eróica de Rostand, por otra parte, no es más que una comedia de capa y espada,
que ha podido esucharse-clice un cronista~n el
moderno corral de la Pacheca, como si fuese obra
legítima de cualquier resucitaao ingenio de la
corte.
Rostand, de quien se dijo que había entrado en
el reino negro de la locura, ha obtenido el mayor
triunfo teatral de la época. La gloria le llegó cargada d.e presentes y riquezas. Ex1to más ruidoso no
hubo en París hace poco más de dos años. Y de
París se extendió á Italia, á Inglaterra, á España.
Damos en otra página el argumento de esta obra,
~tomándolo del " I mparcial" de )1adrid.
El mismo reputado diario dice lo siguiente acerca de le representación dada en Madrid por la
compañía que trabaja actualmente en el Nacional.
"La obra ha sido puesta en escena espléndidamente, á todo lujo, especialmente en lo tocante al
vestu ario. Es un buen preceldente, digno de ünitarse en las producciones españolas.
Fernando de Menaoza ha dado en esta obra un
gran paso adelante en su carrera artística. Su Cyrano es una verdadera creación. Sobre todo, en la
escena del duelo, en la presentación de los cadP.tes
(cadels en francés, segundones de casa grande entre
n?sotros), y en la escena tan inspirada y tan hábllmente compuesta del balcón, fué un artista de
cuerp,o entero. Logró muchos aplausos, que compartw con él María Guerrero. En general, todos
lo~ demás (iplp?sibles de citar nominalmente por el
numer~) trabaJaron con esmero. Mención especial
para C1rera y todos sus cadetes. La dirección deescena muy acertada. En suma, un éxito de honra.
y de provecho."

Señor qeneral 2011 felipe _B. .Berriozáhal,
Secretarlo de guerra y ]Ylarlna.
Jraci 6: 23 de A ,rono d e 1827.

(Pot. More.).

•

t 9 de Ene r o de 1900.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL O:ENERAL BERRIOZÁBA1

=

LA VIEJA GUARDIA.

•

l fa muerto el General Berriozábal; traidora
llolt·•1cia que_ minó sus fuerzas, sin remedio, púsole en Lreve tJ..!mpo, en los dinteles ele la ctnn1dad.
J:~; _!a tmnba del General Berriozúbal se podría
cscr1b1.r esta sola frase, que smtetiza su exnmmcia: "&lt;..:incuenta y tres afios de servicios ú la Patrü~; '' ¡ni necesita más epitafio, ni má3 elogio necesita! Septuagenario, abrumado por la enervante
carga. de los _trabajos que demandaba su pue.:to,
1l~vando e8Crita en l·ada una tic sus arruga~, una
lustoria t.le sacrificio por el país; ese hombre ~e
erguía, no obstante, incan:;able para Ja labor.· dc~clefian&lt;lo sus viejas dolencias física.:;, burlándo:-:c
ele !:iU ancianidad, pre~to siempre á una reform ·1.
manteniendo avi:mra la rigilancia de su complexn
ramo gubern ativo, ostentando por lema e~te
Jema: '_·nulla die sine labor:'
La viejá guardia ~e va; rirns su crepúsculo¡;;:.: más
admi rab]e
que 11uestras juveniles anror.u-.:.
Hombres han sido Ios que !u, integraron y la integran aún, de vigores homéricos. Cuando caen,
como en el c.livino poema iliático, sus armaduras
retiemLlan sonorosa~ sobre ellos!
Lns luchas de innarrables epicismos que sosturo
la patria, hicieron la selección de esa. familia de
~uerreros que cn]minan hoy, encanecidos, como
rngcntes montañas. Quien pudo salir con rida de
aquel hervor de fatigas titíi.nicas, acrisolado surgió.
Vigores caldeados en la ht&gt;rnaza de aquellas guerras santas de Intervención y ele Reforma, no podían desmentirse después, y no se desmintieron.
Duerma en paz el buen solda.do, el infatigable
trabajador, el hombre honorable que corno recordábamos ayer, en uno de los diarios, tuvo la entereza de morir, según sus propias frases, "como
buen soldado: en su puesto."
Y, s11 puesto, íué el tlebet· siempre rnmplido,
antes en los campos ele ha.talla defendiendo la
causa ele la República y la Libertad, después en
el alto puesto que se le confiara y que desempeñó
con el más grande es!uerzo de buena roluntacl.
Hace t res días, 1os honores militares que se le
tributaron, no fueron una despedida, porque el
nomh re del Ge nera1 Berriozába l viv irá latente t:ll
el l~jército.
Duerme en paz el .veterano. El cariño de lo5 mexicanos velará su inmutable suetio !

ª*u

1.-Alta justicia.-Francia parhunentaria.S ueños ele tiranias.- Reformas.
2.-Dos propaganclar.: panbritanismo y pani~lamismo.
3.-Impresiones boers.

I.-La alta Corte ha hecho en Francia con
Derouléde, Guerin y · Buffet, alta justicia; acaso
hahría sido preferible que hubiese hecho "jns•
ticia" á secas, sin epítetos. Todos lo presentíamos
y cuantos escribimos sobre estas cosas, lo a1rnll·
ciamos. ¿ No es cierto? Esta conspiración, que se
reduce ú tres conspiradores (los demás han sido
absueltos), que casi no se conocían, iba á ser
castigada. no por un tribunal, sino por un partido.
Lo ha sido duramente, la mano ha sido ruda; esperamos que se levan tará pronto de ·encima de esas
tres cabezas huecas. ¿ Qué ha querido hacer la alta Corte? un escarmiento, claro.
El proceso en cuan.to llegó á las partes con•
cretas de la acusación, estuvo ú punto de tornarse risible; resultaba que los testigos en que
el Ministerio Público se apoyaba, emn más bien
de descargo y resultaban favorables á los prcftuntos reos, y hubo que renunciar á sus declara-

ciones, ~o sin agravio de la defensa, que quería,
con razon, aprovecharlas. La verdad es qµe el
Ministerio Publico estaba poco preparado para
• esto; parece que no estaba preparado para nada;
contaba con el fallo de la mayoría del Senado,
favorable á sus conclusiones, y lo demás resultó
un vru10 aparato. ¿ Y bien, el fallo es injm.to en
consecuencia? Ya lo dijimos, se trataba de un juicio político, y si todo es relativo, aun trat.á.ndoso
de just.icia, cuando de política se trata se ilega á lo
relativo de lo relativo. Porque,¿ no e~ cierto, lectores, &lt;1uc si se hubiese tratado de un homicidio,
probablemente hab.rían sentenciado lo mismo la
mayoría del Senado que la minoría, lo mismo M.Falliere~ r¡ue M. Deroulede? ¿ Y no es cierto que
si las elecciones huhiesen dado una mayoría en
el Senado ú loR realistas, Buffet habría sido absuelto. y ~¡ á los "tapagenis" habría salido en
1riunfo tlcl Luxemburgo, el poeta Derouléde?
l'ues eso es lo mús relativo que puede hallarse.
l''.stuvo mal pronuncinda la sentenci{I. ¡oh! no; e!-o
es otra co~a. ¿ Quién creyó en la conspir~ción efectiva? Nadie.¿ Quién creyó en una especie de.conspira&lt;·ión latente, que en medio de la eferre:-:cencia
púhliC'a podía de súbito tomar las proporciones
de una. guerra civil? rr odoi--. ¿ Quién sti.puso evidtmte que en e~te caso póclrían conjurar::e fácilmente lo.: e..;:taclos mayoref- ele los pa r tidos militantes, pnra acaudillar la revuelta.? Mucho:-.
;, Formaban los tres acu¡;;ados la p rimera línea en
c~os e!-ita&lt;lo,; mqyores? Rin duda; mas en eso no
~e puetle fu nda~ uoa. sentencia, si no han sido
traducidas en acto:s. Ja¡.:, intenrione~ por clara-,
1~ue ~ean, no caen bajo el dominio &lt;le la. ley. En
la sentencia se hará una compo$:.ición de indicio:;
\' conn.tos. bastante .débi1e5. á fe mía, para fun~farla . Pero la dureza de la pena: diez años de
destierro ó de reclusión en mm fortaleza. ¿ en
qué !l3 fun:iarú? Esa pena eR romo el ·1ucro
·u surario, (¡ue sube en r-azón del rie:-:go que el prefrnmi.,;tn corre ele no recu perar ¡.:,u Lleuda; la pena
ei:;.rá en relación con el peligro que corr:a la, Hepúb1ica: Lle e$:.0 sólo son jueCes los fra nceses, los senat]ore:.:, los políticos: no:.:otros nos excusamos..

L1 Repúblic.-1. en Francia., no corre en realidad
peligro mús serio que el de las incurables discordias entre los republicnnos; la voz que ha resonado
en lil casa. mortuorifl del gr1rn León Gambettn,
11,unando á la unión. debería ser escuchada. Deber'. an :mnrnrse los partidos en dos grupos solos: el
liberal .Y el socialista . con su grupo moderador int::rmediario, y entonces ¡,:í funcionarían normalmente las instituciones parlamentarias; si éstas
han tenido en lnglatcrnt vida tan sana y robusta,
consiste en que la oligarquía reinante hasta hoy.
~e dividió desde su orígen. en dos partidos, qu('.
perfectamente organizados para el gobierno, P.e
pueden turnar normalmente l.1 ilirección de lo;;
negocios del país. Ahora estos partidos están profundamente modificado~ : el elemento irlandés, un
demento de prote;ta y de repu]¡;:,a í1. todo lo hritú1: ico. inconsideradamente inc:luído en el Parlamento nacional (era el error formidable que
Gladstone querí;1.. reparar c:on el ªhome ruleº' ú
autonomía de Irhmcla) ha sido la lerndura que lrn
hecho fermentar, descomponer.:e ." trastornarse íi
los viejos partidos, mientrns la incYitable exte11sión creciente dada al sufrag io popular. preparn
In. clisoluci/m definitiva de la ariscocracia en una
democracia industrialista é imperialistn , esr. de qne
precisamente ~lr. Charnberlain c1niso ser el portahandera y que, por una &lt;le las mús audaces evoluciones de que hay recuerdo en Ja historia política ele nuestro siglo, convirtió en el ala izquierda del partido conservador. logrando Íl un tiempf)
deshacer el partido liberal histórico y desorgani-.
zar el antiguo "tory" ó conservador, que hoy ¡.:,f'
llama "unionista." Ma.~ sea lo que fuere, estos
partidos nuevos ya tienen la tradición y el núcleo
lle partidos gubernamentales, y c~o hace posible el
parlamentarismo inglés, 1o repetimos.
El parlamentarismo eu Francia no es el gobier•
no del parlamento, es su omnipotencia; un gow
hierno significa. la acción perfectamente definid11
de un órgano limitado á su función , y eso no es allí
el Parlamentarismo. En Inglaterra puede serlo,
mas no lo es; la opinión se lo impediría. Es verdad que en las graneles crisis sociales el parlamen-

Domingo 14 de Enero de 1900.

Domingo 14 de Enero de 1900.
to inglés no conoció trabas y legisló sin empacho, :50bre asuntos religiosos, y decreto credos y
dogmas y persiguió atrozmente la libertad de conciencia; mas no juzguemos á las instituciones en
la.5 épocas críticas, sino en las normales. para.
encargarnos, no de su potencia, sino de su resistencia. J:.s verdad. que la omnipofencia de una a::;ainblea, heredera y perfeccionadora del absolutismo
de ]{icbelieu y Luis XIV, pudo salvará la Frnncia
revolucionaria, de ser ahogada en su cuná. por la
Europn coaligada; pero es verdad también, que
estas tiranías de las asambleas, producen las
anarquías y las dicta.duras terribles si gloriosas, de
los Cromwells y los Napoleones. El parlamentan ~mo, considerado como el poder ilimitado de Wlª
asamblea que tenga á stB pies el poder ejecutiVo
y el jlllliciaJ, no es un gobierno n0rma1.
El parlamentarismo importado, como en Francia, encontrará para funcionar hoy normalmente.
esta dilicultad suprema: fué •inventada la m{1quina
por una aristocracia y para una aristocracia; lamarea democrática rompe y .sumerje estos rn~canismos complicados y finos. En Francia, por eso,
µudo l1abe r un régimen parlamentario, cu11ndo,
en pos de la tiranía napoleónica, surgió la dominación de la oligarquía burguesa. obra de fa Hevolución. Bajo los Borbones y Orleans, de 1515. á
1848, e:~a. oligarquía reinó y hubo u na época 11011.
ro3ísima y fecunda de parlamentarismo. Pero entonces la democracia era una vaga aspiración delas nrn~a~, una prédica mística de los Lamesmais
y los Larordaire .Y los Leroux ó un fanta~eo denoveladores como Eugenio Siie ó Jorge Saml. Hoy
no, hoy la democracia, la multitud lo invade todo
con .su gran marea, y como Ja asamblea nace de e1la
.r ella ni sabe ni puede contenerse, de ella pro,·ieneuna dictadura colectiva, no un gobierno. lo repetimos.

¿ Qué remedio Íl este mal grave? Desde aquí f105
parece (ya lo dijimos en una de nuestras ··reYi:,tas,·' y 11 r iesgo de errar en nuestro papel de entrometidos, que tien e un encanto especial é irre!ó=istible para los "revististast) nos parece que lo
mejor sería una reforma de este género : sacar la
elección del Presidente de manos del poder leg1slat!Yo y darla á los Municipios, á las Conrunas.
lle Francia; este elemento electoral tiene la ventaja de esta r constituido de antemano, de poder
funcionar instantímeamcnte, á impulsos de una
conYocatoria. del Poder Ejecutivo, del Gabinete;_
1le ser el escogido del poder municipal, el más
popular ele los poderes populares. el ele más tradición histórica, el mlls genuino de todos; se eritnrá así la elección directa del pueblo, difícil de organizar ªad hoc," sin graves peligros, y que haría
al Presidente hijo de m1 plebiscito, base fundamental del cesarismo, porque quien reune en sus
!-ola persona el voto de una nación, se cree s,1perior á todos los otros poderes constituido~, de
donc1e dimana irresistible tendencia. á la dictadura,
ciue si es ele! orden militar, corno suele, resulta un
gobierno personal. un cesarismo.
Fso es. lo que quisiernn Deroulécle y amigos; eso
es lo que secretamente ansían muchos, en e130 sóJn
rreen y esperan, cuando expresan con hiperbolismo
cómico, sn horror por el gobierno parlamentario;
en ellos es, no lo dudo, un acto de patriotismo:
"Cesar, c'est la revanche;" por lo menos es la i11,,'lsión. Y como no hay "revancha" posible. sin
nliRnz;t . .Y como no haY alianz,1 posible parn. quien
provoque una guerra., y como jamás provocarán Jos
alemanes una guerra sin objeto, resulta que un
canelillo militar al frente de una República ele
guerra, es uno de los sueños más insensatos que
imaginarse puedan, una pc~adilla "egri somnia."
Pero la reforma no debe ]imitarse á substraer
ele la elección y. nor ende, de la tute1a del Parlamento, al Jefe del Estado; debe al mismo tiempo
hacér~ele no irresponsable como un monarca, como lo es hoy, sino responsable juntamente con
:;;us Mh1 istros, que f'n este caso pasan á ser verdaderos Secretarios clel Presidente, dejándolos casi
rnern del akance cle1 Poder Legislativo, como en
lo~ Estnclos Unidos, como en nuestra constitución.
Así la tiranía m inuciosa de los representantes del
pueblo que hov se jerre por medio del asedio constante ele los Ministros. que tienen que rendirse ,í
las exigencias de sus amos, que los pueden hacer y

E L MUNDO ILUSTRADO

mas del imperialismo; imposible le parece la forma
¡111litica.
_ Un parlamento ímperilll en Londres, se comp,mdría de una minoría colonial y una mayoría
rngleea, y entonces ¿para qué les servía á las colonia• y por qué habían de aceptarlo? Sería acabar
l'0n. sus sendas autonomías sin compensación alguua. Probablemente un imperio político trae, ía i, la larga la supresión de liberta.des políticas,
~ne era lo que preveía y deseaba el célebre historiador ]'ronde: "la Oceana-unida ("UnitedO,;cana") debe ser gobernada como un navío de
rue:rra" entonces había que borrar la divisa de
l .ord Beaconsfield adoptada por los conservadores:
• •·in·perium
et libertas;" no; ó imperio ó libertad.
• 2.-Puede ser que haya pasado bajo vuestros
Y Si el imperio político no es posible, menos lo
ojoi=; la reprodución de un "entrefilet" del "Sun"
(•~ el comercial ¿ cuál puede ser la base de este sint-h.: l..111dr&lt;&gt;s que en el mismo número en que auuu•
-ciaba la derrota de Sir Redvers, en las márgenes dicato, de este "trust," de esta federación aduana!
t1el l111rela, proponía con la sei-icd;,,.d cun. qnc los ele intereses mercantiles? El libre cambio, el
j1:~·h·61:"e. dicen sus bromas, un pla11 ,le dirir::iún y ··1 rec: tradc/' es una especie de dogma económic-o
&lt;.J ¡::-Lrihurión de Francia que se vc:r' ticarit Ue:ctro 1•n·,1 los ingleses. V crdad es que algunas Cámaras
de diez a1los : todos los pueblos que roílenn ú Fran- de Comercio han pedido tarifas protectoras con,:;ia ,itraparán su buen pedazo; quién la Champaña. 1n1 la ::izúcar importada de los países en que estn
(p1ién la parte septentrional, quiénes Ja merid.io- industria tiene primas, "porque permitiendo esta e:ntrada libre, dicen, creamos la más loca de la.-;
J);tl~ y la I sla de Francia con 'París en el cen1n1,
J,J~ ii1gleses. Este es un chiste; {i. él reS;)OlHliürun protecciones, la de las industrias extranjeras ...
l'l¡ro estas tarifas no podrán decretarse aunque el
](1:-: fi :rnceses con la repartición en progra•ra del
:-•..'iJOr Chamberlain se empeñe; un derecho sobre
1111 !h•l'io británico: no sé si daban Landre~ y su &lt;lis•
hito ú. los transvaalianos, pero sí concedían el 1~aís C'fcctos de primera necesidad tendría por cOnse,1e Gales á los Chinos, dejando la punta carbo- t 11c11e:fa el levantaviiento de los proletarios : Innífera de Cornwall, el "Lond'sor end," al príncipe hlaterra cstll provista, en gran parte, de vh:eres,
por sus colonias; trigos de la India y el Canadá~
de Gales, en recuerdo de Santa Helena.
La verdad es q1íe el odio intenso de los ingleses hma y manteca de Australia, té de Cevlún. azúcar
de llüuricio ~- Jamaica; el día que esfos ártículos
JWI' Francia, en estos momentos sólo puCde compal·arse al de Alemania por los ingleses. Estas pasio- sub.an por efecto ele una tarifa, hay un catacli~mo
nes con las que, naturalmente, nada tienen que 1'n Londres; y r íanse ustedes de los tumultos Ian ~r los gobiernos que contiin\an en las más co- f iJ1ue.
i-'ues bien, si Inglaterra es libre-cambista toneetas, si no cordiales relaciones, á la larga, si no
¡,c•: tluran, imprimen un cambio ~n la dirección de t.:Imente, fatalmente son proteccionistas las colola brú jula política. Los britanos, sea dicho en ho- ~ll·.s _:_ porque las colonias apenas tienen rentas
11~ 11_nores, apenas pagan otros tributos que los mu•
1\t)!'""dc la verdad, se han mostrado en los últimos
-.:1contecimientos, admirables de sangre fría y de nic1pales y sus presupuestps, por ende, son emiGoeii nio de sí mismos; nada de tempestades de ira ncnwmente aduanales, luego necesitan tarifas pro1...ontr&amp; el Gabinete ni contra los generales, críti- tectoras ¿ ~- qué unión aduana! posible ha.y entre
h bre-cam b1stas y protectores? El imperio mer&lt;'flS fuertes pero moderadas, y emplazamientos de
b opinión á los responsables para aj ustarles cuen- cnn til es 1m suefio.
El militar, si que es realizable dice Dilke ·
fas cuando la guerra haya concluido. No hay que
fia r, por supuesto; una multitud es en todas partes nn:1 flota. inmensa y un gran ejército formados
'CI mjemo animal feroz, cuando sus pasiones se pro rrnta en tre ]a metrópoli J'.: las colonias y es
~xacerban, lo mismo latina que sajona; más vál- ~me~tro el mundo; allá Ya el comercio do v3. Ja
ri.tlas de desahogo t iene quizás en sus vociferacio- IJandera.
--Pnes C'Sto: contestan los buenos in o-Jeses -de
nes delirantes la multitud latina, y no ha pasado
11,ucho más de un siglo desde que la presión de la ;·leja _cepa, muy egoistas y muy prú~ticos, es
!w~ J!l8sas exasperadas en los comienzos de la gue- olrc, su~no, es el peor de todos. En primer Jugar
na de Siete Años, obligó á un tribunal á condenar 11t&gt; e:- cierto que ]a expansión comercial esté en
raz ,:m directa, de la e:-:pansión armada. Y aqui
-Ú un gran soldado inocente, al Almirante Bing,
rntran lo_s numeros y ]a estadística para funclaL·
· &lt;Jlll' íué ejecutado al pie del palo mayor de un bu11ue de guerra, :í. pesar de los esfuerzos que hizo e, _1_11parac1ones: en 1883 el imperió contenfo ..305
p,1ra salvardo, Chatham, exponiendo su inmensa 1~· 11 nes de habitantes distribuidos en un área de
· po¡rnlaridacl.
7 n1i1J?nes de millas cuadradas-; en 1897 contenía
L.n. actitud de Alemania ha conmovido á Ino-la- 133 m,lloncs d_e habitantes en una superficie ele 11
,; c·na; q11e la soñada al ianza con el imperio no lle- 1111Hone8 de m11Jas cuadmdas. Pues bien en 83 la
tl'aza. &lt;le realizarse pronto, á pesar de los anun- Orm1 Rretalln exportaba 305 millone~ de esterli-cie,s del costoso ministro de las Colonias. Y todo ~1m:, tn 97 exportó 294, al cabo de una Laja con~el ;nuncio piensa en la única, en la ,·erdadera en !~!1tr•: después de adquirir Egipto, p1~rte del
1,! l!atural alianza: con los anglo•sajones de Ámé• ~: 1~er, }11. rosta de los Somali~, Socotora. los países
r1 c-,1. para re1)8rtirse el imperio, ya que no ]a pro- n_c. los Zec1rnanas y los Znllls. el Africa Oriental v
JÚL•ihid del mundo extra-europeo. Esto es lo que ( UlfraJ_. cte .. cte.! result~ que las exportariones
.::(' il.1ma el "pambritanismo ;" pero tiene sus in- l~~'~ ~ªJ~do d~ ü lib ra~-.: 17 c!wlin~s por cnbeza. ú 5
-conn·nientes que en un estudio concienzudo ex- ~t ,H11&lt;:.: 1, chelme~. 1" no solo, smo que se ha no•
u1,lo que _en lns nt~merosas adquisiciones inglesas
1Jº' ;¡; una excelente revista europea de que toma1110.: estos breves datos. El panbritanismos tiene
el t·.omerc10 C'XtrilnJcro aprovecha más que el hril'Ol' l,ase la doctrina de "la lifavor Gran Bretaña" t _'llll'O. c?mo ha suredido en Egipto con el c-omerc 11 1110 dicen allá del "imperialiimo," como se dice fl-:l _v!em¡¡!1 Y el belga. _Y es que Inglaterra roya en todas partes. Es la opinión dominante en r~r1na n~as ~on e1 e:-ttranJero que con su~ colonia~.
t11das las naciones heridas en su sistema nerrioso l or c:ons1guiente, no es cierto que el comen·io ~ipor el industrialismo á todo trance y el anhelo gn la ~3fola llel nado de guerra: el imperio milifehnl ,de r1q_ueza, es un cas? gigan_tesco de mega- hu ,~~ ~nútil. Es il~f1ti~ y es im¡)o¡.:,ihle. porque r e•
l ornnma namonal. Ahora bie~, el ID1perio, se han (!llC!JJ 1a ~m ~ran eJercito y el servicio ohligatoTio.
preguntado algunos soldados mrrleses tiene cuen- J~?r c?n~1gn1_ent~, en la Isla. 1rndie lo soportaría.
ta &lt;l los inglese~? El imperio p:ra las ~clases popuLl E'JC'rCl~o _rngles f-e eom poue de la c1 ristocracia
forns es una gigantesca y :flamígera decoración de ~n la oficrnlid~cl y del pueblo ínfimo en 1a tropa;
guetra, de victoria y de abundancia. Para Ja oli- J_~is__c·J.~s&lt;'s med1~s d_esdc Jo!- b;rnquero:-- Jrn¡;:,ta los ope,rarquía es un mecanismo político combinado en 1,11 ro~ ele 1,as .fab ricas detestan el :-ervicio militar,
1wo,recho de sus pri,·ilcgios, como lo es todavía Ja rg1 c. fld e1~1as, _arrancando el obrero de su industria
constitución inglesa. Para los mercaderes es la "!l &lt;:I 111(.lJOT tiempo de la vida, acarrearían la infew
c\"ploiación privilegiada de los mercados colo• l'!Ol'~1fo,l i_ndn¡;:,t}·ial _en Jnglaterra:como ha sucedido
:niales con e~clusión de tod? elemento extra-~ajóll, en 1- ranrw. 1. dcJemos, por ahora. e::;te capítulo.
(•:&lt; t..p formidable y maravilloso "bussiners." El
~
&lt;&gt;mi~ente _repúhlico Ch. Dilke es el propugnador
_~\I icniras buscan los europeos el modo de do&lt;lc-1 tmperw militar, y para realizar su propósito, ]):11mr el mundo asociando razas, los asiáticos se
lrnr.e una vigorosa censura de ]as otras dos for ~ th s-pon&lt;&gt;n á presentarles resistencia terrible asodeshacer á su antojo, cesa.ria, y cesaría sí el más
.grave de los inconvenientes que en país latino, sobre. todo, puede tener la institución parlamentana. S, hecho esto se constituye un poder judicial
soherano, en los límites en que lo serían los otros
dos _poderes, ~erdadera, única base de cuanto or•
g,rn1l'imo político crea tener por objeto el respeto
ni. derecho, u.n poder judicial soberano é indepen•
diente por medio de la inamovilidad, entonces el
gol,icrno parlamentario en Francia, habrase tro•
tado en representativo y vivirá y con él perdurará
fa Hopública.

á

'"ª

T

•

ei:111do religiones. Tal es el caso del islanismo que
C\'it.l.entemente tiende á unificarse en una acción
t·IJJl\Ún cimentada sobre su Biblia, el Korá,n. Esta
t oalición de los musulmanes contra los cristia1108 Fe dirige H la recon~titución del Kalifato, que
¡,n'tl.'11dc ejercer el ~ultún de Coustautinopla Abd,1!-Hamid, lo c1ue halirfo logrado ya, si no fuese
11orque, según~las tradicinne~ islámicas .. sólo pue•le r-:er Kalifa quien pertl·rwzca ¡, la familia del
pro!da y el c111p('rnllor turco 110 L&gt;&lt;llticipa de este
di,·i1.o ptirilegio: el 8ultún de )farruccos, si es,
~i11 ciubargo. como el ('herif dC' la M.t1cca, que tam-,
lii,·in es de 1a familia lle )fahoma. ha consagrado
,;nir i~ Abd-cl llamid y hasta cierto punto lo reco111K·(• eomo Kalifa. e:- dec-ir. como jefe de fodos los
creyentes, ya hay rnuc·ho rnrnino andado.
J·J pnnis.Janismo proc:e&lt;le. cn primer lugar, enf-111h'l :1rndo. S'_l área de vropaganda; esta religión,
M1110 la rr1!ó=tiana, cjerc·en ~in eee-ar el proletarlSmo
y. nn hay duda. f1ue en d .:\..frica t:'ntera, hasta en
,,¡ L.\trc•1110 ;Sur del rontinente negro. en la I11dia
_,. r11 L'hina hau hecho en todo este i;io-lo rnuchos
111í1~ prosélito:.: que los eri:-tianos ; &lt;le la~ religiones
111or.1le:-:, e:3 dec-ir. que tienen por fundamento la
1,liligoci{m
de la soc-iahili&lt;lad. el islanismo' inferior
. .
t1:c~r](·11me11te al cristiaui:--mo. Je aventaja en la fa(·il 1dad de acon1odnr~e mejor al temperamento de
l~: rnzn~ cíllidas; sic•mpre pl'Odurirll mayor sensa; ·1011 o~tre Jos negros el pan1í:-o de lfahoma, lleno
de !tur1s. de aYes, de flores y de agua fresca. que el
'·:-:J11to-si111to-santo que muere v renace eternamente c•n el éxtasi!- pere"nne ele lo's cielos.'' (Chatcau1,ri·rnd.)
J,oB
se oro-anizan
ensanchando sus
. pauislanistas
.
o
.i.;í'c-•acwnes 6 eofradías religiosas sin cesar· es
pro_huble que en los principios del siglo próximo
no JJ.t_r,a. u~1_solo mahometano del Sultán abajo que
no l'!-te nfihado en una de estas órdenes monásti•
c-?s que e-alientan y recalientan el ardiente fanatismo ele los sectarios. El punto de intersección
Lle .iodos estos afiliados. que abundan en grandes
grupos, hasta en el comzón del desierto africano
es la lfccca; ahí se ren, se entienden, se cambia~
pa!Dbras de esperanza, y consignas ele acción. Por
L;SO la$ peregrin aciones á la Mecca á pesar de todas
las protestas, de todos los consejos de salubridad
':an s1~odo cada día más crecidas y con más ahinc~
org-muzaclas .. . ..
llay algunos hombres tenazmente optimistas en
Enropa que, con todo el desalentador espectáculo
. 9ue 1•resenta la guerra del Transvaal sucediendo
a la c~~~renc1a de la Haya, persisten en creer en
la lJOs1~iltdad d_e una federación europea; creo en
?lla á pies pun tillas; creo que el día que los chinQs
~ !os árabes puedan proporcionarse el modo de
hllJ1~cnr grandes cañones como los que funcionan
&lt;'U t olenzo y en Lady Smith, los europeos tendrát\
qui~ federarse, pero no para la paz, sino para defemlerse eomo los hóeros ....
3.--.Y yo os quería hablar de los bóeros de ]as imprc!:-1ones ~e un priSionero bóero, mis le~tores. PePI espacw me falta y el fastidio os sobra. Lo deJarrmos para m~jor oportun _idad: reréis al c~noeerl¡ts, como una de las mayores ,·erdades q
¡
·1
¡·
.
ne os
E-ocio ogo$ 1ian c 1eho es é8tn; ~1ue el secreto del va•
J~r ~:~oral (tanto rale. _decir soci~l) de un pueblo1
con. t..te en la eduí'ac10n del caracter. v que entre
un
. pueblo
.
.de un e°ran ear·íct,..,·
• "' . ,,. otro ,¡· e una gran
,' 1c1~L' ia, _h:·tunfnrú siempre el primero. en igualdad
&lt;l&lt;• t·ond1r1one~ de poblarión ? recursos. Ese es el
nrn1bo Yerclatlcro
.. . de. la selección , es decir, d e¡ pro~r1, .: 0 ~- 111 Cff1 11zar1ón.

:º

---1 ~ J ~
2Jescubrirr¡ienfo de una huella ce ..l'indrée.
&lt;c&gt;O&lt;c&gt;l[a ce,
me .;:C'S _nn razaclor de forn~. noruego
In 15,:Ja del ReY
Carlo~· • dl
,.,, OI S plLS. '
]descubrro
0 · , ohre
j
•
)Cl'J:!. r1rnta . lrn_a hoya que- según todas las probalulidaclcs. p1~0,71enc de ht expediribn ~\ ndrée.
Li: boy~ esta Yacín . ele ~uerte es que el hallazgo
no tiene nT1.portancia.
De~puPs de_ Llos años, _la~ lm·estigaciones hechas
en Groen lanj Hl. en la tierra de Francisco J os,; .
en la rosta :Korte d_c Slberin, han resultado itúr~/
tuo~as, ): es ya cas1 ~np?s~ble dudar de la muerte
~e Andree y de sus mtrep1dos acompañantes. ~:a
Stol, o1mo mismo, ya no se tiene ninguna eHperanza de que regrese.
·

~l¡s

�Domingo 14 de Enero de 1900.·
EL M~O ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 14 de_ F.nero de 1900.

oCos funerales oel Sr. general Eerriozábal.'

ciedades obreras, las que llevaron sus estandartes
y sus coronas.
E l miércoles en la noche, después de que se cerraron l~s puertas del Palacio, numerosas personas
pretendian entrar y ya no fué permitido por haber una d1SpoS1cón especial al efecto.
E? todos los edificios públicos ha ondeado el pabellon nacwnal á media asta, y en muehos de ellos
se col_ocaron cortinajes tricolores con J1.1zos negros
en sena! de luto .
. Van_10s á mencionar un detalle: hace tiempo al
d1s?ut1rse la nueva ordenanza militar, ~e trató del
articulo de honores militare::;, en el 1-ent-ido de re-.
formar el existente.
El señor General Berriozál.ml. que era una de
J~s p~ L·sonas que discutía, opinó que el cañón deb1a d1s¡~arar cada media l,1o r~ en señal de duelo por
el _P_res,dente lle la Hepubl,ca y cad~ hora por el
Mmistro; con su carácter jovial decía que él era
modesto, y que si di scutía con c:&lt;.ilor este asunto.
era ~orque estaba seg uro de. estar organizando sud
prop10s funerales. No se engañó, de~graciadamente, p_ues el ~rtículo en cue~tión, al fin reformado.
ha sido aplicado para él por primern vez : a-:í es
q~e desde su muerte, e1 cailón no dejó de hacer
disparos cada hora.
-&lt;:&gt;O&lt;:,,.

'rerm inada la exposición &lt;ld c·adúrer, con
s ujeción ,: lo disp~iesto. para el sepelio, á las dos
&lt;l e la tardf; del viernes, rendían su guardia Jo~

•

Frente a.l Pa.la.cio llra.ciona.l .

?o,lor_es, y apenas fné avistado por el Cuerpo de
l:..Jcrc1:o, hts b~ndas que llevaban sus cajas y cor11~tas a la sordina, batieron marcha al pasar el cad1wer; todas las tropas y sus jefes presentaron
las armas.
Este acto f_uf' de lo!=: más imponentes en la se~e r~ ccrem~nu1: los subordinados saludaban por
ult11na ~ez a su .lefr, y también por última vez
las ensena~ de nuestrn patria se inclinaban ante
~!. ~t'.erp~ m~.rt: de quien tantas Ytces supo pa~ca, las victo, 10:--a:-- en los campos de batalla.
Ll e~amos al Pan!eón, y el cortejo, siempre
c~ca.Le,mdo 1;or
scnor General Díaz, Liceneiado
1
\
Hl'JSC;d _\' EmbaJacJor Clayton, se dirigió hacia la
L_oton&lt;la de los. Homhrei:: Ilustre:-. donde se hal)\a preparado 11.npro,·isaclo
salón con senciJlo
ª.do,.'n~ que &lt;'0~1s-,Rtía en moJios de punto negro,
lienzo,. de merino .Y coronas de cedro.
I'. l ar,to. oficial no fué menos imponente: El
&lt;l.llH~o .rnt1mo. el compaiiero de luchas aunque
l'n d1st111fas esferas, 1-;eiior .Lir. Don lanac.io M _
r i~c·.a!, ahordú la tribuna, y en nombte del E ·ª
Cl'ÍlYo, 1.H·onmwió la brillante oración fúneb!~
&lt;iuc• p11hlw;~n10s en ~~te. mismo número, porque 11 ~
hemos podido
del de,eo
de da, r á cono. prcscmdir
.
~
t·C;r lftn valiosa pieza á nnestros lectores.
los. . .:eüo,·e,
Ge,lera1 L.IC.
V dIl ahlaron
. l " , en seauida
h .
'
"
~
. , UflH.o Zarate, Diputado Antonio de la Peña
)_ Hey~s .Y Mayor José i ,~anuel ílutiérrez Zamorn, q111ene~ con sufl conocl(las aptitudes, supieron

e!

La capilla ardiente en el Salón de

EmbaJadoie■,

El cortejo en ma.rcha..

La desaparición eterna de aquel hombre re;petable, el sepelio .del señor General Berriozábal,
iué motivo de elocuentes y grandes demostraciones de que la . Patria, sabe estimar á sus bue110s hijoE.
Hnremos una descripción de la capill,1 ar&lt;lientú.
Los muros v toda la drapería carmes~ tle\ ,rra n
dosel se revistieron de merino negro. Bajo
corona que protege dicho dosel y alumbrado por cliycr~os focos incandescentes colocados en un reíiccto r, se veía el r etrato á colores del señor General
Borriozába), en w1 elegantísimo marco dorado.
Se colocó el ataúd en un plano inclinado y qui1íi.ndosele la. cub ierta superior, q11edó al descubj erto el r uerpo inanimado del ilustre veterano del
]~jéreito, vestido con su uniforme de General de
])ivif.:ió11 y medio envuelto por nna bandera tricolor que tiene su historia de batallas.
F11 la parte superior del túmulo se velan las charreter;lfl, la. banda azul y e1 sombrero montado, r e11rcsentación del alto grado militar del muerto.
Formando semicírculp, se colocó gran númeto
ele macetas y los trofeos que representaban las diYersnR Armas del Ejército. La Infantería, por medio de pabellones de fusiles Maússer, clarines y
tHJnhores enlutados. La Caba1lería, por medio de
c·a~ro.:.. corazas y lanzas ant~guas. Representan á la
artillería dos cañones sistema Hotchkiss, montados en enroñas cuadrupedales y varias cajas de metralla. El euerpo de Ingenieros estaba representado

1;

por pabellones de palas, zapapicos y cestones, y la
Marina por medio de una gran ancla.
Al pie del retrato del señor Beriozábal, se veía
un trofeo de banderas históricas, y al pie del ataúd
otro trofeo del mismo mérito del anterior, siendo una de las banderas, la que perteneció al Batallón de Libres de la Guardia Nacional de Toluca
y otra á un Batallón de Mlchoacán, que por mucho tiempo sostuvo el General Beriozábal.
Las cuatro banderas que\ hemos citado, fueron
entregadas al Museo de Artillería, por el seüor Ministro, seis meses antes de su muerte.
La plataforma estaba iluminada por cuatro candelabros colocados en los ángulos del féretro, y por
los dieciséis focos de luz incandescente que penden
ele los adornos de m etal que coronan los magníJlcos ti bores.
Una ancha faja de merino negro corría por toda
la extensión del cornisamiento del salón, el cual
es veía inun&lt;lado de luz, pues se aprovechó la nueva. instalación eléctrica.
-&lt;::&gt;()-&lt;::&gt;,

'l1oda ]~ noche del miércoles permaneció custodiado el cadáver del ilustre General por un grupo de miltares ele alta graduación que en las antecámaras del Salón de Embajadores esperaban su
turno, en tanto que en torno del ataúd los de
guardia con la espada desnuda velaban de eenti-

nelas.

~s entrantes guardando 1a mayor compost 11 rct
recibían su guardia después de hacer un saludo militar al cadáver que r eposaba en medio de un rcrdadero lecho de flores y coronas.
Desde las seis de la mañana del jueves se reanu?ó el envío de_ ofrendas florales, llegandoª ser más de doscientas coronas, ent re las cuales.
s~ ~n~ontraban las de todos los cuerpos de la guarmc1ón y de todos los j efes militares, así como nu~erosísim?s. de person~s allegadas al finado, &lt;:uya&amp;
vrrtudes c1v1cas le hab1an captado numerosas .-.impatías.
El personal de las legaciones y consulados, envió,
sus coronas con grandes lazos de seda. é inscripciones dedicatorias ; el lujoso fére tro quedó cubiertopor las flores .
-&lt;:&gt;O&lt;:,,.

A las seis de la mañana se abrieron ele ntwYo al'
público las puertas de la capilla ardiente. para dar
paso á los numerosos visitantes que va se en&lt;:ontraban r eunidos en los corredores dei Palacio.• esperando el momento oportuno para. entrar á ;·isitar el cadáver.
El desfil e de las manifestantes se hizo en el mayor orden, y poco á poco aumentó el número de
éstos, calculándose en tres mil personas las que durante las pruneras horaa de la mañana desfilaron,
frente al catafalco.
Visitaron el c·adáver diversaa comisiones d'e So-

últimos of:ciales que velaban el cadárer y se haci:m ]os preparativos para Ja ..;ond ucción del
.ataúd, cuya tapa estaba_ ado rnada con p lacas y
agarraderas de plata cmcelada; los numerosos
asletentes, em picados, part iculares y Jefes del
Ejército, proced ieron ú Jlevar las coronas hasta las
plntafornrns enlutadas que estabnn preparadas al
&lt;'fecto, y momentos ·después, se organizaba el cortejo fúnebre á cuya cabeza iba el señor Presidente de la República, sus Secretari os de Estado, su
E~Jado .Mayor y los más caracterizados miembros
del Cuerpo Diplomático.
A las tres en punto, partía el cortejo yendo por
delante el féretro que llevaban en hombros los sef&gt;ores Lic. Capdevielle, Capitán Aguil!ón y Tementes Pedro Castni\cda y Alberto Aragón.
Colocado el ataúd en ]a flamante carroza tirada por seis frjsones lujosamente enjaezados, ios
circunstantes oc uparon, seg ún designaciones señaladas de antemano, ]os carros que Jcs correspondían, y la carroza se puso en marcha.. 'l'anto
1as aceras de las calles como las azoteas y balcones se veían literalmente 1lenos de gente· las fuerrn.:, militares que debían hacer ]os houo;.es de ordenanza, esperaban la llegada del cadáver en las
i:nmediaciones del Panteón ele Dolores, de suerte
es que en todo el trayecto, sólo acompañaban al
cndáver los miembros ctcl Estado Mayor del Ministro de la Guerra y los particulares, funcionarios y empleados que ocupaban los carros.
Serían las cuat ro de la tarde, cuando llegó á

•

Paao 4e la carro.a. frente al Pe.lacio •--•
1 a1..
-ep

�D ommgo
.
14 de Enero de 1900.•

Domingo 14_de Enero de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

j)rofecfora de _las Bellas. firfes.

elocuentemente recordar los méritos del finado,
({Ue momentos después descendía á la fosa, al
mismo tiempo que las Bandas le rendían el último honor y las baterías saludaban con su estruendo al que para siempre nos abandonó.
Terminada la triste tarea, los dolientes, silenciosos, volvieron á ocupar los carros que debían
conducirlos á :México, en tanto que las fuerzas,
tc:rminada la ceremonia fúnebre, hacían los honores al Primer Magistrado de la Nación, dejando
fas Bandas que .resonara nuestro Himno Patriótjco en aquel recinto de la muerte.

,

Si algú~ mágico ~ijera á un arquitecto capaz
&lt;le poseer 1~eas grandiosas y ambiciones para realizarlas: "Tienes derecho de formular dos deseos "
es seguro que el arquitecto respondería: "Pido u~a
basta extensión en un lugar muv bello y millones
. que 'tales deseos
a' granel"P
. . ero es seguro también
no los consideraría sino como un ensueño.
Ese ensueño acaba de realizarse para el francés

ORACION FUNEBRE
PRONONCIAD.!.

j)or el Sr. ~ic. Ygnacio jlfariscal,
Jefe del Ga.binete.
~

Señores:
Otra_ pérdida sensible para la República, otro
fiel am1go del Primer Magistrado, otro de sus co·laboradores arrebatado por la muerte. En menos
de ~ años, Dublán, Pacheco, González, Romero
Rubio, Matías Romero; y ahora Berriozábal, su
c·ompañero de armas, su Secretario del Despacho
durante la época de regeneración y progreso, hoy
ya tan avanzada. Hombre de acalorados sentimientos, pero también d~ convicciones profundas
:i.n camino á l a. Roton da. de l os :Hombres. Ilustres· ~
y de inmutables principios, la religión del honor y
del deber fué su único y ferviente culto, el móvil en pundonor caballeresco de otros siglos. .Apenas Cerro de Guadalupe, donde la Fortuna coronó la
constante y poderoso de su infatigable actividad. terminado el cunfücto con el enemigo exterior. trente audaz de nuestros guerreros, lo fué también
De esa religión no sólo se mostró tidelísimo obser- sin a~pirar á recompensas ni empleos militares ó durante el sitio de Puebla, defendida con no mevante, llegó por su temperamento á ser fanático civiles, continuó modestamente sus estudios, y una nos honra, aun cuando allí sucun1bieron nuestrassectario. Fanatismo de1 honor y del deber que só- vez recibido de ingeniero, cl~clicóse á importantí- armas á la fuerza y al destino. Prisionero del ejérlo c9mprenden las almas pri'vilegiadas.
simos trabajos ele su profesión, que le dieron nom- cito francés, pudo escaparse y prestó aún, por alPara probar cumplidamente mi aserto sobre el bre en los Estados de México, Tlaxcala y_Michoa- gún tiempo, su eficaz ayuda al Benemérito Juácarácter de Berriozábal, para demostrar que esa es cán, siendo además el origen de su módica fortuna. rez e~ su éxodo glorioso, para salvar la nacionalila apreciación de un ánimo sereno en otras cirNo tardó en llegar otra crisis muy seria para dad y las instituciones.
cunstancias, no el arranque de mi pecho hoy lace- México, ya no por irrupción extranjera. sino por
Sus trabajos en la paz no desmerecen al lado derado por la muerte de un amigo, r.onvonrlría reco- la explosión natural de intereses contrapuestos que los laureles que conquistó en la ~uerra. Su consarrer todos los principales hechos de su vida pública. fermentaban en nuestro pueblo desde su indepen- gración al servicio nacional, su celo y laboriosidad'
Por desgracia me es imposible hacerlo en este ins- dencia. Vino la guerra civil llamada de Reforma, apenas igualables, su integridad absoluta por entante, ni aun á grandes pinceladas, ni menos con y Berriozábal, obedeciendo á sus simpatías y con- cin1a de la más atrevida -sospecha, eran prendaSc
la mesura y el cuidado que lo hará la historia al vicciones~ desde entonces hondamente arraigadas, notorias para sus amigos y aun para sus enemigosconsignar sus ínclitos servicios á la patria. Baste, fihóse entusiasmado entre los reformistas. NobJ- más preocupados. Como Gobernador del Estado,
sin embar go, recordar que desde su tierna adoles- ble Eué su cooperación para el triunfo del partido de .México, en sus floridos años, como Ministro decencia, cuando, huérfano y confiado á sus mezqui- progre~ista y constitucional, que lo señalaba con J uárez en edad madura, y luego en la provecta ~nos recursos, estudiaba en el colegio de Minería, orgullo entre sus prohombres.
avanzada, como Secretario ele Guerra durante la.
apenas se anunció la guerra de invasión americana,
próspera administración actual, no descansó un•
Bien conocida es la evolución de esa terrible lu- momento para alcanzar los más halagiieños resul-ofreció cuanto entonces podía ofrecer, su carrera,
su porvenir, su vida llena de ilusiones y esperan- cha de tres años en oti·a más larga y más terrible, tados, los ideales á que siempre aspiraba. Visible·
zas, en holocausto á la defensa nacional, y militó que sirvió no sólo para mantener á raya una inter- testimonio de sus largas y provechosas faenas lo,
con honra distinguida en una contienda que ya no vención extraña, promovida por los jurados ene- dan los numerosos volúmenes recientemente publideberíamos recordar, señores, sino al ::-endir ho- migos de la Libertad, sino para derrocar un im- cados sobre organización del ejército, sin hacer·
perio impopular y exótico.
menaje á nuestros héroes.
mérito de la moralidad, disciplina y levantado esEn tan tremenda. crisis, siguió Berriozábal liLit causa de la Nación fué para él como su caupíritu de nuestros militares, que hoy con justicia
sa personal, y la promovía con el mismo entusia."- diando con valor y constancia cuanto pudo y se lo enorgullecen á todo buen mexicano; cualidades:
mo fervoroso, además de un desinterés rayano permitió la suerte. Héroe del 5 ele ~fayo en el que ya los distinguían, y él supo cultivar con afanoso empeño. Nada lo hada desmayar en su labor·
continua y fatigosa, ni las más arduas dificultades,
ni la oposición con·que pudiera tropezar, ni la enfermedad y los achaques de una constitución mi--nada por los años y el trabajo excesivo, porque él
los dominaba todos con espíritu fuerte y siemprejoven. :Mas ¡ay! que al fin vencieron ellos, como en,
definitiva vencen y vencerán en lo futuro á la pohrc humanidad. Pasó ya como pasan las más brillantes, las más soberbias olas del Océano, estrellánclose y des\·aneciéndose en la costa.
;, Y de él nada nos queda? Mucho nos ha quenado todavía, que así como algunas de esas olas
depositan en la arena ricos tesO'l:os al parecer perd idoi:: en 1m naufragio, así deja nuestro amigo, en
ia,; pla! as del mundo que ab~ndona, preciosas y
~agradas reliquias, prendas val.iosas de su paso por
la tierra. Nos deja, sí, un esclarecido ejemplo queimitar, legado á todos y muy especialmente á la juventud que emprende ahora la azarosa carrera dehombre .público; y á nosotros los que lo amábamos
2011 el viejo cariño, ora de camaradas y hermanos·
en el campamento, ora de compañeros en pacíficas
tareas, nos lega una tiernísima memoria, que no
ha de perecer mientras vivamos, guardada en e!
relicario de nuestro¡; corazones.

Señora j)hebe fi j(e~rfs, .
M. Emile Bcnard, un arquitecto de cincuenta "
cinco años, que en 1867 obtuvo el Gran Premi~
ele Roma. Encontró al mágico, mejor clicho, á la
hada, y sus dos deseos han sido ya ~atisfechos.
La hada e~ la señora Phebe A . Hearst, apelliclada Appersm antes de Ru matrimonio, y nacida
t;&gt;n 1843. Desde 1891 es viuda, colosalmente rica
del Senador californiano Jorge R. Hearst.
'
California, comarca muL"ho mái- joven que los
Estados del Este, se esfuerza por desquitarse del
tiempo perdido.
Conocidas son las graneles -Cni rnrsiclades clel
bste: Princeton, Harvanl, etr.

Sa~ Francisco quier~ poseer algo mejor que el
Colegio Harvard, glona de Boston, y la señora
Phebe ~earst ha creído hacer un buen empleo
de s1;1s millones de dollars, realizando el grandioso
capncho de sus c9mpatriotas.
, El asunto se ha .desarrollado rápidamente. En
1
E~ero
de 1898 abnóse un concurso preparatorio,
~ªJº un prog~ama redactado por M. Guadet, Pro~esor de la Escuela de Artes de París. Pedíasc
a_ los c?ncu~rentes un proyecto de conjunto aproptado a ~n m~enso terreno sito en Berkely, cerca
d_e Sfn ]ranc1sco, y pa~a tal objeto se les propor1·1ono un plano, en relieve, del referido terreno.
Se necesita~a tomar en cuenta quince instituto,,
de diversa importancia material, casas de bah:tación para cinco mil estn&lt;liantes, gimnasio•, rn11,-;eos, etc.
J~l jurado internacfonal, reunido en Amberl':-.
&lt;'ll Octubre de 1898, retuvo once proyectos sohre
noventa y ocho que íuerón prer-entados.
llnbo entonc:t'f: un nuevo c:oncuroo entre los autore., de los proyectos retenidos, quiene,-;-curio,o
detalle-eran. todos, antiguos discípulos ele la E,&lt;'lll'la de ~ellai, Artes de Parí$. Tres eran Iran&lt;;e,-e:;,
llj) austnaco, uno suizo y seis americanos.
_1-;oc ~egnndo concnrso fué juzgado en San Fran&lt;·1sc:o. en el mes de Septiembre próximo pa:--atlo.
Los conc:urrentes presentaron planos en ma 1·or e,eala y e~,tudi~~ ~letalla~os de uno de los gr~1po,. á
~u elecc1on. Segun se dwe, hubo lanms duda- aterca de la atribución de las primas ofrecidas, á partir
de la segunda; pero el primer premio de 50,000
franc~s, fu_é acoraado por unanimidad, al pro_vect o
de M. Em1le Benard, cuya superiorida,1. tanto t&gt;n
el conjunto como en los detalles, era incontestable. Fué á la vez el más armonioso, el más práctico
y el mejor adaptado al terreno.
La ciudad univer;;itaria tendrá proporcione, colosales, ai::ombrosas. y ciertamente no se construiní en un día, ni en dos ó tres años. Pero )l. Benard partió ya para San Francisco, y no se tardará
mucho en colooar la primera piedra ..
Desde ahora tiene á su disposición cincuenta millones ele francos, de los cuales la señora Hearst
proporc~onó más de la mitad. Eso bastará parn
constnJn' uno de los grupos, calculándoi,e el costo
total ele la Universidad. en doscientos millones de
• francos, que es seguro no faltarán, á medida que

0

Despllés de l.a. inhuma.ción.

LA_füIYERSIDAD DE CALIPo'n.xu.

se vayan necesitando, pues la señora Hearst no ha
asignado0 á su generosidad más límites que los de
su fortuna.

Hacemos notar que la generosa señora Phche
Hearst es la misma que acaba de pensionar á nue~tro notable acuarelista Alfredo Ramos Martínez,
para que· marche á París á perfeccionar sus conocimientos y á desarrollar su talento artístico.

Recuerdos del baile de caridad.
La inol vida.ble fiesta verificada en el Circ:o Teatro Ornn la noche del lunes prrmero &lt;.lel actual,
grabada ya en los recuerdos ct.e cuantos t uvieron
1,t fortll11:a de asistir á ella, podrá perpetuar,,c y
dar una_ idea de lo que fué á las personas que no
~oncurneron, gracias á.la magnífica Iotograim que
a med1a noche sacaron los Sres. Schlattman llnu,,.,
empleando por prrmera vez, y con los mejoreb reoulta.do,, un nuevo procedimiento: una cornl.Jinaeión d~ luces ~léctrica y de magnesio, que produce
la (•!andad umforme que se necesita, para que queden en la placa basta los más mínimos deta.lles.
. Copia de dicha fotogtafía, es el grabado con que
1ln,-;tramos las dos página,s del centro de este número, y nuestros lectores podrán calificar su mérito
á la vez que se formarán juicio exacto· de la fiesta:
(1ue con el loab¼! fin de realizar obras de beneficencia. organizó la Colonia Americana residente
en e;;t a l'Í t~&lt;lad y á la ~al cooperaron distinguidos
i1orteamencanos, que v1ven en distintos puntos de
la Repúhlica.
La galería del Circo convertida en tupido bos'Jlle. entre cuyo ramaje brillaban hilos de plata;
lo,: grnncles macetones orientales llenos de flores
entre cnyos pétalos cintilaban focos incandescen~
te;;. lo~ gabinetes estilo japonés, la profusión de luz
y lo~ lienzo;, con l~s colores de nuestra bandera y
la ele los E8-taclos Umdos, que cubrían los antepechos
de los paleo~. daban al salón un aspecto precioso·
pero _f'u mejor adorno consistió en la belleza y ele:
gm1crn de las damas que asistieron á este baile que
~-a ha hecho época en los anales de nuestras ~ancle:; fie,:ta~.

�•

•
BL O Rf\N BftlLE DE Of\Rl'Df\D.

FOTOGRAFIA

TOMADA

A

MEDIA N OOH°S POR LOS SRES. SCHL!&lt;\..TTMAN HERMANO-.~.

�•

EL MUNDO ILUSTRADO

LOS FLORISTAS.

Domingo 14 de Enero de 1900.

DlDlJ'S'l'lUA.S POPlJ'LA&amp;ES.
Ca&lt;la país y cada comarca tienen sus industrias
populares típicas, pequeñas industrias que no po-

&lt;'as veces son reveladoras cJc, ,urrrndC&gt;s in.s.tintos artísticos, y que, estimularlas por el favor del público
y protegidas por la ap1ic-:wión df' siF-tcmas .Y procc•climicntos científicos y modernos. muchas Vt&gt;C'("S
Jlegan á ensanchar~e d(' un modo nrnravilloso, t rooínclose, de casi di~trac-(·iones tra&lt;licio1rnles , uc
1
eran, en verdaderos ramoF- de pingiie cxplotarió11
y en factores. por CJl{!r, de la Hcti,·Klnd y riqueza

nacionales.

A ese respecto

tenemos

1111

ejemplo muy f'!n-

&lt;·uente en los taHadores de mad eras ele Suiz:1. ] fn
1lichb Ju.Ji~ Leclcrcq que en cada suizo genuino

hay tres }rembrcs: un cazador) un relojero y un
1a11ador de maderas. ¿ J'or qué? 1-'or tradirión.
8encHiamcnfe; porque los hijos Yen el trabajo de
í:iU:i padres, Jo imitan . Jo aprend en y luego lo enf'.ó(liian á los nieto~. Bn las . florjda s falda s ele los
Alpes y á orillas de c•sos lagos suizos maravillos;.11Jente bellos, los f•nmpe:::inos:, mientras ven p.:1c1•r
el ganado, ó mif'ntra!- df'~can~an un instante ele la
pc r~cn·uC'ión del '"hork." rntrctienen el ocio de ~n~
111;rno-;tallando nrndern. rn tiloso cuchil loy un bloque de madern i-,u;t\('.dt• c•:0-a:5 &lt;¡ue c1h11ncl;1n Cn losre~i110::os, helvétil·Os hoi::que:--, le:: bn::tan ¡Mra harer
primore~. bui;::fot::, cajas labrada~ ph•gadera:--. jugnetes, animaleFi, alto y bajo-reliC'\'C!~. etc. J·:n nn
distracción y dada la g-encraliclad de su tfülll tt}Jriucipio ern~ artefoe:-to:::. c-01110 producto:-: 1lt1 llllH
factura, no eran ron~iclera1los como una indui-tria
lucrativa. Por lo general dábanse obserp1io
como prendas de amif:t;i,l y el111 Jo::: talismanes de
amor que se camhiab:m los mozo~ y las mozas. ])e •
ro el '"'turismo" emprzó {t fijarse en ellos y nlgnnas 6guril1as fueron compradns á los pastores y
guías de la mont.aña en buenos chC'lines y libras
de la vieja Inglaterra, que pregouó en bre~e la

Cortando .1.orea.

factos de madera y cuerno y esos característicos
rl'lojes "de cuco?"
En ?úé~xico tenemos también muchas de esas pcc¡ueiias industrias &lt;p1e bien pueden, con el tiempo y el trabajo, organizarse de modo de llegur ú ser ramos Jucrativos, y qua ya ahora son altamente apreciados por los extranjeros que nas visi -•
tan, no obstante de que todavía se halJan en embrión y de que apenas son cultivados, con rudi-

En el mercado .

habilidad de los "Ho!zschneider (cortadores ele
madera) de Suiza.
¿ Qué sucedió entonces? Que para los campei;;inos se abrieron nuevos horizontes; que comprendieron aquéllos que en un rató de tranquila labor
pocfrhm g.111arse tanto ó más que en todo un dia
de pe! ipToso ascenso por las cuestas nevadas, recogiendo matas de "edehveiss" y matando chivos;
.v qup, desde entonces se dedicaron con ahinco á
labrar matler~, creándose una competencia '}lle
como era nautral, muy en bre\'e ocasionó gran mejoramiento y variedad en 1os productos.
M,\s fordc. 8C estableciero!l. fábricas enteras de
ohjetos de palo tallado, y con la poderosa ayuda
del capital y de las máquinas, la tradicional habilidad ele los suizos es hoy una gran industria que
halla demanda por doquiera y que rinde cuD.11tiosas utilid11dei-. ¿ Qui(,n no C0JlO(·e hoy C'sos arte0

;'1 ser un ramo de trabajos que aumente nue~tra
exportarión y nos produzca buenas sumas de dilH:ro.

•••
Empeza remos con los floristas.
];as flores han JJ egado á convertir1w í'n artículo
casi de primera necesidad, y no es nada clespreci;1ble el consumo que de el1as se h11re diariamnt.J
en todas las grandes ciudades.
_.\parte de la afición general qu.c existe por las
flores, Ja vida social, los usos estahlerido:::. han aumentado sn consumo, y éste es tal. que en ~l éxiro
y sólo en el "kiosko de las flores' · l1a habi,lo día
en que la venta llegara á mil pesos.
Diíícilmcnte se encontrará un rjncón de la tierra en que la naturaleza l1aya prodigado sus tesor os floral es con mayor 9pulencia y en mús rarie&lt;lnrl
que en nuestro suelo. Niza mismn, e~n ent·anfoclora X iza que surte &lt;le flores á todM los boudoir
eleg-antes de París y que está represe ntada en colores y en perfumes sobre todas las mc:::as alegre-.
de la metrópoli del mundo, la ruismn. Xiza . clcein10~. ;;:~l'Ía ,~encida si con nuestros pen~iles i::e n1iclie:-e Pn torneo floral.
•
De.de las flores más lozanas que por propia vida
C'xuhenmte y rica brotan" expontáneamente y f'!lbre11 nuPbtros campos con Ja alegría de!'-lbordantc
de la plel.iC', como las amapolas multicolore¡;:. ha !sta
la:--: m,ís ariRtórratas, las reales princesas de Jn Florn. corno las gardenias, las camelias y las delicada.'- ro&amp;1s ingertndas que exigen un cuidado prolijo: todos las flores, todas las variedades, existen

•
EL MUNDO_IL1:T8_TRA_DQ

entre nosotros y existen en una abundancia que
maravilla.
. ·d d. d
t
La floricultura, bajo la berngrn a
e nu_es ro
el.1ma y eon la riqueza
· savia}. ele nuestra
t berra,
t·
está muy lejos de ser en_ Méx1coclese_ ar e me 1c 1loso ó mejor dicho, esa mtrmca a ciencia que e~
en Europa, en donde cada planta ha_ menester
ele un cuidado más sabio y más sostemdo que el
que la más cariñosa &lt;le las madres pudiera prestar
al más delicado de los r ecién n.acidos. ~on una
,oca ele buena voluntad X un cmdado _casi superfi~inl v nada afanoso, nuestros pensil~s florecen
''loca"'mente," como dice el poeta, :J 1:&gt;rmdan, ~urante todo el año, su perfumada Y_ óp1ma cosec~a.
La mesa central de Anáhuac_ pierde sus arideces en el risueño yalle de México, de modo que
los alreelores de nuestra metrópoli son ve_rclad eros
,rerjeles en donde la flora más. variada revienta sus
multicolores penachos y salpica_ sus notas yo_cuuclas sobre la verdura de una prnnavera cas~ l'?IDterrumpida. Ixtacalco, Santa Anit~, Xoch1m1Jco,
Mixcoac, Tacuha)'a, San Angel, Tlalpam, _Co_voacitn: son los nombres de lugares y _lugare¡os que
ciñen los contornos de la metrópoli ~ex1cana, y
son los nombres de otros tantos vcrJeles en perenne florecimiento.
No obstante tal opulencia, el precio de las flores
escogidas no es en llféxico tan bnJ? como pud1~m
rrecrse, debido á la demanda que tienen e? la crn~
dad v á la facilidad de obtener altos preetos, ~U)
especialmente de parte de las col_onias extran¡~ras
que estún acostumbradas á adqmnr en susdpai:-:es
muy' caras las flores. Por otra parte, suce_ e con
el de las flores lo que con todos los peqnenos &amp;omercios que no están dehidan,mte orgaruzad~s :
no presidiéndolos una explotación en. forma, t os
efectos de la competencia, en el prec10, son ardíos y poco sensibles.
Una viSitn matinal al mercado de las flores, reocija grandemente. Un penetrante perfume safura la atmósfera y 1ma plétora de colores se esarce en las grandes canastas y tapIZ~ el pav1~ento. Las crisantemas blancas, amarillas, ;frdes moradas cual rebeldes cabelleras, marav1 osa~ente acl~atadas en nuestro suelo, abren al
sus enoTmes corolas, hllmeUas alln por ~l roe o'
las violetas en enormes mazos, cantan el trrnnfo ~e
su humild;d vencedora; las clahalias-"flor mat;
dita
belleza senza cnore"-derrochan . co1?!' a
falt~ de perfume; las amapolas, con s~ risadmrlente, se burlan de la aristócrata palidez e as

~º'.

~q,;~Ú~

ro;: ·
una inefable sensación d~ fr~scura.
y no sólo en el centro del mercado ora ' s::.º
también en las esquinas de las calles mis J°én
cas se mira ese bienhechor espectácul,o e as tr
res v en torno de los vendedores md1~enas, o o~
" uino·os" igualmente frescos, de rubrns y sonroºa '~mÍssis" se disputan los ramilletes qu~ lian
~e ::rullar á la ritm ítica ondulación de sub!Stuo._
•
orte de las flores, de los pue . os c1rEI transp á la ciudad se efectúa dianan-,;mr
cunvecmos
Los ~dios efectúan la ro~wl,a
muy ele mauana.

a~:

mos arr1"ba ' hay grandes huertas
1 cul~
destinadai; exclusivamente ª.
tivo &lt;le gar&lt;lenias y ?ameJ_ms, y
producen ca&lt;la año varios millares
de pesos.
. b tra,
Las flores so n la poes1a a s ~ta . harer ramo:; es hacer ver~ol!,.
·Vimo~
'
ya que 1a, ma t e11-·• pnma
lld a e n .MéxiC'o v trataremos
b
au
~., .. sies
ahora de ::u "elaborac1on,
que elabor.1ción puede }ltl!nar~c
al agradahlc esfuerzo art1st1co e e
rimar fl ore~.
. ]
Ya. el ilu5tre Barón AlcJatlC ro
de lrumboldt, hizo notar qu~ _loa
in 1ígenas &lt;le est.1 tierra poseialn
' muy íehz
• lll
· t UJClOI
· ·' 1 t'nara, a
Ulh\.
combinación do los color?s ) Js
claro que tal cualidad. les sirve e
mu cho en la industrta floral: t
Ffeetivnmcntc, los flor1s as
rne;icanos !?-011 h{tbile:; para ra~-~11ficar las Rores de suerte que r~bal~
len sus bellezas y formen ronJuntos armónico:-; y bellos. Los ramos
co munes y corrientes que se ex•
te en el mercapenden d .mrLlllllen
~¡_
do ya sea que obedezcan á una ::i
m~tría minucioi-5a, 6 que esté~ hechos si n "pa rti pris" mar?a o _Y
·•
ostentando ¡;:óJo el atractivo ctc
la va riedad y riqueza ele las flores,
.ion en lo ge neral , obras que
. ha•
muy en favor de las d1spos~ciones relativas de nuestros md1genas.
.
P ero la cornpetent1a y ensena_11za de aigunos floristas extranJe.
los han refinado mucho,
ros,
• . fioy
hoy en díl crean ot_ras piezas rales que realmente pueden ser c011s1cleradas como

bia~

T ipo de :llo:data mex:ioana.

.
l
ar el alba, arnnrran tas
de sus huertec1llos
''t ¡ El., ) ' a enraygran d es bultos los trnnsflore~ ¡o~ ~~ad en donde verifican el separo.
ladan fio:et tro i~ales, como la camelias, en su
Las
pb
or íerrorarril, procedentes
mayor parte arri an p
m a ues por
de Orizaba, Córdoba Y _Jalapa,h:;his ~e\randes
demás originales y cunosos,
fume y su
hojas de plátanos, que_ conservan su per
frescura por mucho tiempo.
.

r::t;

Naturalmente, hay t•s es~e;!ª~Ti~:t:e
cios aJ comercio de 1~s ore~ui~ de Ja perfumada
la ciudad, doble
Soncantidda?
esos iasólos de los santos rum~~:::-;n~:ncepci~~~,:i~."d~~~;:' A~i;:n;i~v:,tcPaZ
los de fiestasé gde los p~didos extraordinarios que
rua etc. am n
¡ 1 1
'
ndo se verifican grane es )a I es.
1,
se meen cua
. .
de la ConmemoraOtro día muy propw10 es e1
.
l d
. , de los ·Muertos, porque las Rores tienen e don
~~;1mbolizar al propio tiempo, besos y recuefái::
En las ciudades de tierra caliente que c1

ob~asn~:ti~;;~- liras, cojmes, coron~s mortuorias,
dorno floral 'de tejido de mihrc, glllrnaldas, ªfor~o de mesas v hab1t11ciones: t~do ha progresac o y
gusto y habi:,dad.
el _,
to o uernue
.
fl
d ante las primeEn el mercado ele las ore:i, ur
h b ·1. ras horas de la mafiana, es muy grande la a fl1 o'
)' de piezas el' d d ]o" fabricantes el e rami·11etes
·

stra

r:1es. e L~s md í_gentas ttr~~v~~~~neº~tº:!e:at::i1:ª6
·aez y en un tm an e
d
f:ansforman una pi_edza quee~1ºse1::e¡·~~!~ ;p;;~
Jeto al consunu or, Y
. .
.
cf!~s se' sirven de sns dientes como prmc1pa1 rns4
~rumento cortante para trozar los tallos de las flo1 bilo con que han de ligarlas.
reDa~a la atención de los extranjeros la frecu:;
t• costmnbre ele sem_brar elntretlas fl~r:s,t~:..'Jen' ro ·as fresas y es digno e e no arse s
iisnlo" de nuestros floristas que en las fresas ven
fiores de carne.

• * •que hemos resena
- do,
á la industria
s1m1
ac
a
"
l
flore.:
uede considerarse la de "encerar as
. . , que
futimamenle se ha d·esarrollado ba~tante y que es
muy apreciada de propios y extranos.
•
Él procedimiento consiste en someter las flo~es
sueltas y los ramos ya formados, á un hgero
ño de transparente parafina, de sder~llqu:!: delme sobre cada flor, cada ho¡a y ca a
o,
adísima capa que proteja las flores de la destr_ucg_ó
Con tal procedimiento, los colores no piernada ab,olutamente, y las flores p~~seJJª~
el a.ipecto de flores de cera, pero con 1;1-Il~ . ~ a
en ¡~ forma )' en los colores, que sena irunutable
por cualquier otro artificio.
.
Las flores enceradas se conservan lozanas J_)OI
muchos días y aun por me,ses, cuando la operación
se ha llerndo "á cabo de una manera perfecta. y al
través de la parafina puede perc1brrse algo del
vago perfume original.
1 d
El éxito alcanzado en las exposiciones flora es e
Mixcoac Covoacán, San .Angel, etc., que siemp.ro
han agr¡dado grandemente á los numerosos_ turistas ue año por año ~os visitan, deben .estimular
á n!stros floricultores, tanto en el _cultivo de las
flores como en la mannfactma de piezas florales.
lo dijimos: en ese punto, pocas comarcas
ueden competir con nosotros. .
.
p No es mérito nuestro: es gracia de la nahnaA . ·1 l

fo~:

i~:~n

mentarios proced.imicntoF, por unos cuantos indígenas.
A esa clase de nuestra industria, nacional ~ertcnece la manufactura de filigranas ele plata, la de
enseres de barro poroso en Jalisco, Jade ornamentación y pintura con plumas naturales, la ele la
extrruia "Jaca" indígena de las jícaras y tandcjas
de Uruápam, etc., etc.
Nosotros desdeñamos: por lo general, esa clase
ele artefactos; pero no pasa lo mismo á los extranjeros, para quienes r esultan aquéllos de un exotismo atrayente y que, con ojos menos acostumbrados y m{1s imparciales que Jos nuestros, saben
apreciar sus bellezas y peculiaridades.
Rs, pues, interesante, ocuparse un poco de
esas pequeñas industrias y de ver de cerca á quienes las cultivan. No será remoto que mañana.,
lo que 1loy desdefiamos 1an injustamente, llegue

Domingo 14_ de_Enero _de 1900.

Ya'

Un• bonJ.ta. piesa.

leza.
OSCAR HERZ.

•

•

�•
EL UUKDQ ILUSTRADO

Domingo 14 de Enero de 1900.
nir aquí con el fin de asistir á los funerales
que en un principio se había pensado hacer en México, previas solcmnísimas exequias que habían de
Ycrificarse en nuestro primer templo, pero obtenido el permiso neceSario. se resolvió despu és translada.r el cadilver embalsamado Íl la citada citHl11&lt;l
de a\iorclia.
La translación se verificó. y por los telegramas
que hemos recibido. Silbernos quu en toda la Ar-

Domingo 14 de Enero de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

qui&lt;liócesi que c~taba á cargo del :Sr. Arciga.. han
!-ido unúnimes las rnanifCstc1c·io11es de co nclolenria
y muy ~olemnes la!- l'xequiai:,; &lt;1ue ~e ,·erificuron en
la :-;unluo:,o catc&lt;lral moreliana. t¡ue en época nada
r&lt;.•111ota, hará aiio r medio. ful' dec·orada é inaugu~urmla C'OD gran 1lompa. drhid9 ili zelo del Pü~tor
muerto.
Xuestras ilu~traeione~ rl•prr:-t•iitün el acto &lt;le los
funernlcs, que se no; (•omunic-a fueron de lo más
concurridos y suntuo:-:o.:. .

•••
Jlc aquí lo~ tclcgra111a1&gt;:
)loreha, Enero 11.-En la tarde d('] miércoles,
(k'spués de las honrosas ccremo ni_as Júncl,res, ce-

:J/mo. Sr. :Uon José :Jg17acio firciga, fir;(obispo de Jt(orelia.
t

E nero 7 d e 1900,

lebmdas en la Catedral ele la _\ rqui&lt;liócesi para
honrar la memoria del cligníoimo .Prelado, se cerraron las puerta¡,.. quedando w1a guartlia de honor
,·eJando el cadárnr del Sr. Arciga.
J-:1 jueves, á. las ocho &lt;le la mañana . '=e depositó
C'I cadáver en un ataúd lujo~o y ~e form ó el cortejo fú nebre. L a. comitiva era presidida por muchas
perronas con velas encendidas. ~• el cadáver eonduc-illo en hombros de cuatro sace rdotes.
L o más di~tinguido ele la ~oc·iedu,l de Morelia
ha a::; istido á los funerales . En lns azotea::;, en los
halcones y en las culles del trán1'ito, $8 apiñaba la
multitud, y hubo neeesidad de c¡ue las f.ucrzas de
~eguridad del E¡,:hulo COll$:errnra11 el orden.
Se calcula que mús de 20,000 personas se habían
c·ongregado en las inmediacione3 del P antéón general.
En un terreno de propiedad particular junto al
mismo panteón. se abrió una fosa rerestida de piedra en su interior. y Ee dice que la capi1la que se
levantará como monumento al S.r. Arciga, servirri
para inaugurar una e~pecie de Panteón católico ó
lote 11dscrito al Pan teón general.
Poco después de las 11 de la mañana llegó la
fúnebre comitiva; el cadáYer Iué depositado en el
salón de e3pera. Antes de cerrarse la caja, el Juez.
del Registro Civil la reconoció y certificó la existcnt:ia del cadárer.
, Después, el 8r. Deún. Don Julián Vélez, re,·eslido de copa pluvial. benJijo la fosa y entonó so-

SALIDA. DEL COBTEJ'O.--Catedra.l deKorelia.. •

ll•uinc responso.

Muerte del .Ilmo. Sr. Arciga.

•

r

La rei na i111phu·;1hle, la ir~exorable muerte.
nrrebató_ cn la 1-t•111~1n11 que 11(•alJ;i de pasnr. otrÜ
pcr~ onnliclacl por 11111 t ítulos distingnid11: el llu~trísimo s.r. Don .J oi-i• lgnac-io Arc1ga, Arzoi"li:-po
dC'. )~orelrn. t~·a::- tl t.· pt.•nos.a. enfermedad, clejú de
C'x11'r el clormngo lllltt.•rior.
l a en bien dc·lil·1u lo estado. rc:-olvió ,·enir í1 c:::ln capital en h11~(·.1 1h• ~alud: pero :,:u m11I er;i inemcdiable y al fin ,e llegó al funesto desenlace que
1a. ciencia habín pronosticado .
. LH g ravedad dL·l il u:-trc enfermo ~e aecntub tlc:-;de el :-itbndo en l11 IIO('hc y lo~ Preludo~ !li mo. Sr.
Al11r~ún y el Obi:-:po dl' ()ucrétttro. previendo que
el tn .. tc 1nomp11to i-t.' a&lt;:crcaba. le impnrtieron lo.:.
último¡,: a u xilio¡,. L':-pirituales, en l11 Ci.1$:fl del Sr .
' 11 irso Sa«:'n3. parit.&gt;ntt.• &lt;id finado . donde e.:-:tabu ;ilojndo el ~r. Al'c- i~11 y H&lt;·ilL·rió su defunción.{¡ la.; clo~
de la tarde dt·l domingo•
Er¡¡ el fin11do hornl11'l' t.le relenrn lc3 t'ualidn&lt;lr5:
in1-trnído. Yirhtoi-o y un protector infatigable de
1n ju\"entud. f'II l·11.n1. i11:,:trucción ponía espctial
cmpeJio. que s it• 111p1·t· ful• fruC'tuO$:O co mo lo demuc5tl'lll1 lo~ ntlt•lnmoi- ;t\cam::aclo:; en el n•11omLra do ~uni1111rio de )l on•lia.
'l'a l&lt;'i&lt; prendfü: rnlit•rnn al Prelado general e.:.timn cic'm. rnu,r 111·in&lt;·ipc1l111e11te entre los habi tant e$:
de :Morelia. capit.11 donde :,:e recibió la noti cia. de
su muertP con mani fo!-til &lt;· iones de viYa co ndol encia.
Los prin c· ipal c~ agri('ultores, come rciantes é inclu~tri ales de Morelilt telegrafia ron á raíz del acontceímento, mu.ni fce.tondo 4 ue se preparaban á

ve-L.-----------:-----.;P~l!_:•:n~p:!•~'"!!º;;'P~•:!l.!•!:•~M~••:!•:!;ll!_:•:;,·_______________J
En camino para el Pa.n.te6n.

�Domingo 14 de Enero de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 14 de Enero de 1900.

PABELLÓN DE B.1JMil11A,
1-:1 pal,cllón de llumanía, también destinado i,
figurar en la Exposición Universal, se leYnni:t
atrás de la línea de construcciones que ho1'Cl rr.!1
d ~cna, lo cual es de scntir:::e. Por la originalidad
y el aspeeto imponente de su arquitectura, este
C(~ific:io merece ocupar un lugar de primer rango:
sin embargo, eslá suficientemente aislado para pruducir un gran efecto, y el cuadro de hermosos ítrboles que Jo rodean agrega u.na nota pintorec::. :1.
al conjunto. Es el primer pabellón que se enc:ucntra partiendo del puente del Alma y subiendo h1rn:ia el puo.nte ele los I11vúlidos y está muy prú-'·i1~w á lo~ pabell ones helénico y se rvio, que cst[m
:n~pirados directi1111entc en el arte Bizantino. El
pabellón de Rumanía procede del mi:.:mo orig¡__•n
arquitectónico, pero co n la diíerc11cia de que i:l~
formas bizantinas importadas están modifirad:1 ..
por influencias étnicas y con~tituycn un arte prupio y nacional. La arquitec-tura. roman,t. crrsi cx.clnsivamente religiosa, ha dejado numerosos rnnnumcntos en clií•tintas pro,·incia;;, cuyo conjunt o
forma la Rumanía actual. Xo oh~tm1te nurnr •·
rosas visicitudes, las inrn:--ione.-:. dt· lo~ H1rtaro:-: .,·
clc.:pués las de lo~ tnrco:-:, c~to/" pueblo~ indornahl&lt;•:,
no Irnn dejado ele defender su nacionali&lt;laíl y ~11
relig-ión. l~l arte estaba ea:-i. t.•xc-lusin11ncnte rC'f11f)ado en los monnsterios fortificatlos, que en ~•¡
mayor parte se edificaron en las gargantns ele lo~
montes I'\arpathe~ . Al abrigo de esa~ espe¡;.a5 11 :11-rallas se levantaron iglesiao que la pieclacl de J.,::;.
teles decoraba co n una riquc¡;a desconoeicla, eo11 to
pnctlc verse en la célebre igl('Sia de .\ rgi.s..

Si }a Rumanía ha conserrndo &lt;ll':s&lt;lc hace ta-;to
tiempo hasta nuestros días }a tradición hizantin¡t.
esto se debe á las creencias religiosas, á la ortr: •
,loxfa que ha permanecido inmutable. Por otra Darte, en este país, constantemente atacado por'· Jo¡,;
jnvasores que siempre estaban acampados en ::-~• s
fronteras, no se podría producir la infiltración de
]as artes extranjeras, como sucede en otras nac:nncs, ía,orecidas por la paz, entregadas al comercio y en relaciones con el extranjero.

El pabellón de la Rmnaní,1. tal como lo rcpresc1o-

-Bien, dijo Mac Carthy .. . Entonces ¿ puedes

llevarme hasta allá?
-Lo haré, repuso el hindu con tranquila resignación.
-¡Andando, pues!
Dieron vuelta á un soto y hallaron un se ndero

natural, formado por el curso de las aguas de Invierno. Los tres hombres avanzaban penosamente
y con mirada aguda veían hacia la penumbra.
El roce de sus vestidos contra los ar\m¡;:.tos, de
sus pies sobre el suelo, se confundía casi con el

zumbar de los insectos y con los ligeros temblo-

Acaba de morir el crepúsculo tras de las colinas

r ornpuc:-to de piezas de orfeb rería. que ¡;:e suponcJlL'rtenec·icron e-orno botín á )Qs Godoí-l. :E stas piez,1:- figur11ro11 en la C?xposicii:m de 18ü'i'.
l "1111 z:,elección entre estas riquezas. comµomlril
nu nrn:-:t•o ar'lueológico c¡ue serú colocado en las guJc• rl.1:-: Lle! ¡rnhellón. Habr{i. además. en éste, un
nm.~.m íficn res taurant. donde además de senir:=e
lo mÚ:-! c-xqui:;ito de- la cocina do R.umanía, c¡ue es
farno~a. se exhibirá una gra11 orquesta de iudígc11.1:i: que ya t·n otra ocnsión estu\·o en boga en
P;irís.
~El ( 'omisa rio GC'neral de la Rmuauín es el scii or Ollane:-co, Ll iplomático, Presidente ele 1a Acidl'mia, literato y poeta &lt;le gran taleñto.

EN EL CAMPO DE MARTE

ta nuestro gral.,ado, está compuesto con elcmenlo:;
tOmados de los edificios más célebres de Human h1
y que no se remontan más allá del siglo XTT.
Ln Rumanía es rica en antigüedades romana~:
sus habitantes aun lo~ má s ignorante~. conse n Tan
Yivo el recuerdo del Emperador 'rrajano. {¡, qui0n
le atribuyen indistintamente todos los monurnc1;.
t,os en ruinas, cualquiera que Eea 8u origen. El Mn •
ECO cle·BucHrest, enriquecido so bre todÜ con donu1.ivos de particulares. po¡:=ée objetos del mús itl w
jnterés, entre olros, el famo:::o te¡;:oro de retros~s:

l)i &lt;·ho palaeio. uno de los m{l!; hermosos que P.g11n1rím rn la Exposición de París, está construído
ií la ·i zquierda del puente del Sena, para el esper·tad,,r riue esté t:olocado en el Trocadero. Ha c-e
ªpend ant'' _ron el palacio pe las florestas i-cspe&lt;-: o
del c· u11l tiene mu chas se mejanzas de estilo. hl
que se debe seguramente á que fué dirigida la
&lt; (;nsHuccjún por los mismos ingenieros. Sin emLnrgo, la semejanza no puede notarse en los detu-

lle~ ni en h1s grandes lineas, está en el conjunto
~icndo un estilo original, constituye el ~elio
dr lo:; autorm,. Estos no se han creído obligad1..•~
ú };is n•~titucioncs &lt;le un estilo cualquiera; sus
fatlrnda.s ~ou muy modernas -con detalles de capr~ •
c·!io y fantasí~ bien colocados, puesto que se trat:1
rle t•ditkio~ provisionales que han de figurar t•n
íJUL·

In h¡,osiriún. y han tenido cuidado de que el ,ht ino qul' ~e darádlos editieios que han dirigido.e8té
c·;1mc-terizailo pir los emblemas y alegorías 11uc
110 tlej&lt;1n duda e n el espíritu; pero que se •acerea n
rnucho á In antigiiedncl griega ó latina.
. \ ~i j)or ejemplo, la escalera exterior frnnrnnli.'ntc ;1bierta. co n sus ramplas y balaustradas. ,c;;.e
poclría lrnher modernizado. c1uiLíndole el aspedC1
ele- lo::: grandes galerías de la vieja Roma y de la
no menos antigua Athenas.
Xo obstante e:,tos que pudieran calificarse de defedo8. rl c·onju11to, lo reprtimos, es de lo más· her111080 y tiene. por otra parte, detalles de poRitiYo
1rn.'•rito.

=

a~

recobró su empuje y rebotó. El hombre se dejó

lagos nadaban en medio de la luz anaranjada.
Bavadjí se acercó á Mac Carthy : su horror se

compensaba con el intimo orgullo de servir á

,,se irlandés rechoncho, de pupilas belicosas, de

Al salir de una especie de desfiladero entre las
r ocas, Djuna se detuvo tembloroso y extendiendo una mano, suspiró:

Se deturieron . James tomó

Sobre una superficie simosa aparecía uno ele
esos rincones donde la majestad de las fuerzas
libres y la lucha de los instintos y de las plantlls
crean el esplendor y la podredumbre. Recortaba
la lima las higueras, los troncos secos, los bordes

de las hojas; tejía encajes entre las yedras, los
líquenes, los ricinos, y sobre un pantano que azol\'aban viejas cortezas, cañas á 1:nedio podrir y
algas esmeraldinas; el firmamento parecía hecho
de constelaciones ramusculares, una fauna si-

niestra t repaba y huía por sobre el suelo ó flotaba en las ondas pesadas. Por todas partes una
confusión de génesis y de agonías, de sombras si-

niestras y de brotes de flores argentadas, de efluvios húmedos y palúdicos, de finas esencias de
plantas aromáticas. En los intervalos del silencio se escuchaban los rumores de alguna. fuente
misteriosa que parecía subte,ránea, y el lamento

lejano de los clrncales.
-¿Allí? preguntó Mac Carthv. ¿Es ese el lugar exacto?
-Un día de invierno, coiitestó Djuna en voz
baja, persigníendo una oveja perdida ..... ví á la
Devoradora de hombres en la entrada de su cavernfl .....
Y con voz casi indistinta y tiritando. todo
eu cuerpo, agregó:
Shandranahur, e1 mismo que desapareció :n19che,
fué también testigo y en este mismo lugar, &lt;le una
escena semejante ...

11110

ele ]os rifles

one había. dejado llevar á Ba,-ndjí; á fin de tener
el brazo más ligero y más seguro en el momento
supremo.
Sin miís nalabras, deteniendo el oa8o, 11egaron
los tres 81 .block v se arrodillaron. Una m11leza fina loi:; cubría y bastaba á hacerlos invisibles; pero adelantanilo el rostro se podian advertir los
menore~ detalles del claro. apenas cubierto ele
phrntíli::: hajac;;. é iluminado toclo.
SunYemente. Mac Carthv ¡.;e inelinó por encima de la piedra y ncercó la frci1te á la maleza.

-Allí.

-Acababa de devorará una joven .... Después
EZPOSICIÓJI' DE PABtS.--P a belldu. de , um.~nfa,

-"Dam it all!'' murmuró James.
Sin embargo, alentado por la. persistente indiferencia de la Deroradora de hombres, el labrador
se arrastraba mús a prisa . Una desgnrradora esperanza alumbró sns pupilas; pero para desaparecer
en seguida : oyó que la fiera se movía . Bruscamente
caer en tierra) cataléptico, de nuevo entre }as
patas gigantescni-. fre1itc á frente ele las uñas pá-

II

, X11rlio1rn. re11omhr11da por su miel, no mer&lt;:&lt;·c.
,, lo que parece, la misma reputación por la cultnra
dl· ~u$ c-o:-t umhres políticas.
En la, cleeeiones legislativas de Mayo de 189~
tre~ c-a1~diclatos_ eR~!hau frente. á frente en la pri~
merH. r1 r,·11n scr1pcwn de esta cmdad : dos favorecido~: el Doc-tor Ferroul. socialista revolucionario.
}í. Bnrfüol. oportunista. y B. Cros-Bonnel radical
Tan 1:eJiida fné l;i elec·ción. que hubo nec:sidad
repetu· el e:;c·rutinio. y;\ [. Bartisol obtuvo algm11)~
,·otos de 111a1_rnría, pero ~u elección fué nulificada.
Y triuntó clC'fiuitivamente J[. Ferroul. Pero éste
no se confrntú ron una victoria tan calurosamente clisp~1fad,1. sino que quii:;o y logró poner á sus
rompehllore~ l111jo l,t acción rengadora de las leyes para que ft1L'Sen &lt;'81'tigados por los írau,le~
t:lectorales que ~r• Je¡;; imputaban.
. ~or razón._tnn e:draor&lt;linaria. en Carcasso111:-,
sitio de n•1m 1.on ele la eorte de Assises de l'Amle,
nr ahn ele ,·enfirnrse. un gran proreso sensacional.
Ocupar!)ll el lJan&lt;¡u!llo de los acusados treint,1 y
c1utlr~ perso1111¡::.. d.e importancia, entre ellas, trece
&lt;'~ni;:~Je.ro::. murntipa!e::-:. dos mm:inos, M . ~urrcl,
~x-l\f1m~tro. 1L Rarh;:;ol, ex-raml,dnto, y el ex-prc1~rto &lt;lel .deparh11_ne11to. En la fttH1iencia figuraron
c1e11to "emte te:-.t1gos. y cuatro notables aboO'ados,
e~1bt• otro.e;;.. )[arty, antiguo )[ini::-:. tro del C~rnerc10: se .tomaron medidas extraordinarias para co,~~errnr el ~rd_en, y todo (•:;to fué para . . . :nevar
a un a,·en11111ento general.
:.,

de ti~o.

ma, rondaba el peligro en torno ele ellos, transfi-

:fisonomía ruda y buena, irascible y afectuosa.
-¿ Ya estamos? preguntó James.
-Sí, amo.
·

.Cos fraudes electorales en Jfarbona.

movimiento ele Shanclranahur i¿J1posibilitó toda
intervención: su cabeza se foterponía en la línea

gurando el aspecto de las cosas. insrrihiendo por
escotadnm de dos selvas.
donde cpllera símbolos absurdos Y pcnetrante!-1.
La tierra, todavía cálida del ardor del día; la
• Barndjí ' f Djuna, á la pro){imidad inevitable de
súbita cesación de la brisa; los ,rumores de anila peripecia, caían en una especie de hipnosis,
malidad nocturna, la belleza del firmamento tenfuente ele la pasiva bravura de tantos orientales,
dido sobre comarcas no sometidas al hombre desfuente .de éAAs resistencias tranquilamente obstipués de los millares de millones de años de ci1·ilizanada!- an te la.s cuales el Occidente ha rctrored ición; una fecundidad implacable, feroz, vasta coc1o en ocasiones. Con las pupilas en:::.anchadas y
mo el éther, invencible como eL Océano, asaetea· el 'f)Cn~amiento semi-apaQ'ado. ihan como sonámba, dominaba, sorprendía el corazón &lt;le James Mac
lmlos, en hmto que en :Ma.c Carthy, la voluntad,
Carthy, y lo llenaba de una plenitud de grandeza los nervio!-. la razón, daban una Yiva batalla: pero
y de poemas.
la. costumbre de esos minutos te rribles hacía que no
'fras de él iba un lnnnilcle hijo de la Inclia, Ba- fuera dudosa ~u conducta: creía en la firmeza de
vndjí el Guía, flaco, &lt;le hombros altos y encorva- su brazo. en la lucidez y deci!,ión de su pupila.
dos, tallad'o en un minimwn &lt;le mate r ia, pero •Con las palpitaciones más rápidas de su corazón,
de cabeza lúcida, y boca buena, inteligente. Por ~entía ]a vigorosa voluptuosidad de los valientes,
delante, Djura, el explorador suministrado por la la eléctrica alegría de una lucha en que no podía
aldea de Nardonarés para que indicara el cubil de mezclarse dolor alguno.
•
la t igre, de la devoradora de hombres que hacía
Rumiaba esas cosas, á la manera noco analítica
pocas noches se llevara á otro labrador.
de loe.; h ombres de acción, cuando vió que Djuna,
A medida que avanzaban, murmuraba la noche sobresaltado, se volvía. hacia él.
con voz más alta y más terrible, prolongábase en
-All í. .. . en ese claro .... tras ele! block de
la llanura el rugir de lus fieras, y grandes murciépiedra.
•

y 18. Luna) gigantesca, se alzaba en la frangeuch

EJI' EL C.&amp;KPO DE M.4.BTE.-•P a.bellón de la llll'. uina Merca.n te.

res de las higueras. Una suav idad fúneb re, una
frescura siniestra y como ateroiopelacla. venía de
tod as las indecisiones del alrededor. Corno una al-

mirar .í otra parte, como si tuviera una indiferencia absoluta pam su presa, adormecida. Entonces Shandranahur. arrastrándose y describiendo una cnrv,1 lenta, logró franquear {rnos dos me tros. ~foc Ciuthv miraba acercarse el rostro lívido
del inícl iz y de" nneYO apuntó; por clesgracia, un

III
Se llenó su alma ele indecible horror.
En medio del cloro, á diez metros, á la entrada
de un cuhil formado por dos blocks superpuestos,
perfila_ba la forma ele la fiera soberana, de la colosal tigre acurrucada.
Entre sus garras mon~rnosnr,¡. yacía el labrador
Shanclnmalrnr. No estaba muerto. ni aun herido.
ó al menos graYemente. La penetrante mirada del
irlandés veía que sus párpados se abrían y se
cerraban á intervalos bastante largos. y que su pe-

cho palpitaba como pecho de gorrión cogido en
una trampa. La tigre le fijaba ele una manera
indolente, con las pupilas meclio encogidas, como
una gata .fija un ratón; J como una gata. hubo
1m momento en que •soltó sn µresa y se tendió
en posición de negligencia, de falso descuido, de
grncia que duerme.
El irlandés. con el rifle al hombro, no se atrevió á tirar; una revolución de cQlera, de piedad,
de dolor, hacían que su mano estuviera mal segura.
Transcurrieron dos espantosos minutos. Des-

pués lentamente, muy lentamente, Shanclranahur

lidas I de los graneles ojos terribles.
-¡Juega con él! murmuró Djnna que se había
unido á Mac Cartlnr.

-Sí, agregó éste; juega con él esa condenada
fiera.
Las tinieblas habían entrado en su alma. Vió
crecer, en apoteósis lúgubre, á la fiera que, todavía
eu nuestro tiempo, domina en el antiguo Indostún
y que más que á clifforar á los hombres, se atreve
á d ivertirse con ellos.
En medio del espanto del momento entrevió,
por algunas fuerzil.S sutilmente desalojadas, por
un poco más de astucia unida á la terrorífica velocidad á la musc,,latura de los tigres, por una
nad.a de espíritu de asociación, que todavía era

i:

posible el reinado del felino . A la vez subió en
él un espíritu de venganza, un violento deseo de

abatir á la Devoradora de hombres, sin matarla.
de atormentarla y de insultarla, de hacerle sufrir la supremacia del sér qu e tornaba en su presa

desde seis años : ¡ Calma!
Por grados consiguió que su corazón latiera
menos aprisa, que la cólera cesara de en.marañar
sus pupilas.
Entre tanto, la t igre, con movimientos liger os
y rápidos volvía y revolvía á Shand.ranaur, gmttan-

clo ásperamente del goce de dominio y de poder.
El infeliz, encogido, semejaba á algún ínfimo herbívoro caído sin defensa en poder de la reina de
los juncales y de las selvas, que, ahíta, quiso r ecobrar su juego supremo: retrocedió sin premura,

fremente de voluptuosidad, impresos en todos sus
·movimientos el desafío de los fuertes á los débiles,
símbolo brutal, ligero, elegante del combate por
la vida.
Cuando estm·o á dos yardas, se quedó inmó'°il, y entrecerró sus párpados. Expresaba la per-

fecta certid1ID1bre, la voluntuosidad de ese banquete ele carne ,--irn. que bien pronto resolvería darse
ella, la siniestra magnificencia del músculo triun-

fador.
Empero el vencido no renunc ió á la esperanza.
El instiJlto de viYir palpitó invenciblemente en
el fondo de su pupila. "Y dominó la convicción de
que sería inútil todo es-fuerzo. Desnnés de un ins-

tante de incertidumbre, y absolutamente, como la
primera vez, se enderezó v comenzó nuevamente
su fuga ele arrastre, cAlrn.rio de angustia, de es-

panto y ele humilde energía.
Ma,c Ca rthy había reconquistado ahora su entera Sa.DJ?Te fría. Dejó que Shandranahur se apar-

tara de la. línea. de tiro v permaneció vacilante
un segundo entre la. prudencia que le ordenaba

herir en el corazón y el punzante deseo de cas-

tigar á la fiera ..... .
Sonó la detonación. En medio de la nube de
humo se percibió la silueta ele Shandranahur que

los codos. La luna ilu,minó en pleno s¡1 rostro tor-

se ponía. en pie . v In tigre que aullaba, rota una
pata, ~r levantándose con estupor.

cido por la mueca de un terror inmensg., El toque
de la Muerte había puesto rígida su ffl!'ca, y llenado de estupor y agrandado desmesuradamente
SUF pn pilai;:.
Voh,ió la cabeza hacia }a tigre. Parecía. ·ella

-¡Valor! gritó el irlandés, que estaba. más allá
del hlork de abrigo.
Shandranalrnr corrió : la tigre dió un salto corto y rápido; pero no tuvo t iempo de da.r otro:
una bala de James le rompió otra pala. Derriba-

se movió, e.-xtendió }as manos, se enderezó sobre

•

�•
EL MUNDO I LUSTRADO

Domingo 14 de Enero ~e 19.00.

tL MUNDO ILUSTRADO
_AÑO VII--TOMO I--NÚM. 3

MÉXICO, ENERO 21 DE 1900.

Director: X.i c. B.A.FA.EX. BEYES SPÍ lfDOX.A..

da, impotente, bramando horriblemente, enseñando sus- anchas garras, fingía un horrible emblema
de la fuerza.
Shandranahur, refugiado tras del vencedor,
perdió, por el excesivo goce de la vuelta á la vida,
el uso des us músculos, y sostenido por Djuna, estupefacto se apoyó en el block de piedrn.
Mac Carthy tomó de manos de Bavadjí su segundo rifle y fué en tres pasos sobre el animal.
Intentó la tigre levantarse, ó al menos arrastrarse hacia el europeo y empujó su cabeza monstruosa, sus mandíbulas devoradoras de carne hui;nana, aquellas mandíbulas en qte tantas vértebras
fueron machacadas y confundidas tantas existencias; pero cayó sin fuerzas: James hubo de contemplarla con satisfacción vengadora y cruel, decíase que ya comprendía ella el poder del hombre;
q u e no osaría si quedaba libre, apoderarse de su
presa en las aldeas, ó que de matar lo haría apresurada y con susto, como se mata á un enemigo
peligroso.
·
·
-¿ K o la matas, señor? preguntó Bavadjí.
-No, la llevaré prisionera .. .. ¿Estás herido
Shandranahur?
-No, señor; sólo un poco débil.
Y vino á arrodillarse ante el euroneo y le besó
la mano con humildad. Gratitud y admiración infinitas brillaban en sus grandes ojos negros.
-Bueno _... . buen&lt;_&gt;, dijo James con ternura.

Una red de bambús ]a encerraba en una especie
de
jaula muy baja.
vadjí van á traer cuerdas, lienzo, parihhela y carLas
gentes de Nardonarés se apretaban en torgadores?
no de la tigre, que aun parecía formidable, con
- Ah! señor. , .. me siento más seiruro junto de
grandeza de deidad soberana, de deidad semejante
tí A11e tras de una triple muralla de bronce. •
-En ese caso, Bavadjí, puedes irte .... ¿Está á.las fuerzas mortíferas, á las siniestras potencias
de enfermedad y de muerte que han servido paen buen estado tu rifle
¿Sí?. , . Bien . ... . .
ra
que la India haga innumerables Entelequias.
Vete.
•
Unos á otros se ,alentaban, se tranquilizaban,
Bajo el cielo tan puro, la noche refrescaba. El
firmamento bebía el calor: la llanura debía estar sobre todo, con la presencia del europeo, y en el
glacial; pero, al menos, se difundía una tibieza en- momento en que 1os cazadores se aprontaban á alcantadora, una atmósfera de ensueño, ligeramen- zar al monstruo, un viejo S"e acercó, y dijo:
-Ya estás reducida á la impotencia, Devoradote pesada por la expir ación carbónica de los árbora de hombres; ya estás dominada y cautiva .. ...
les.
¡ 1::-n hombre te venció! Ahora conocerás la supreCaía la luz como nieve de átomos.
Ecitrellas muy pálidas, como que se ahogaban en macía de nuestra raza: bramarás tras de las barras
el zenit profundo, en los lagos imponderables de· de una jaula y los chiquillos irán á reirse de tu fu.
ror ! ¡Verás ciudad tras de ciudad, y desde lo alto
la Vía Lactea.
1í,nc Carty se sentó sobre una gruesa raíz de ár- · de los carros, pasar el jm¡cal y la selva de cuyas
bol y contempló á la tigre herida: tuvo, en momen- delicias nunca ya disfrutarás!. . .. ¡ Tu vida será
tos, piedad, calosfríos de misericordia que sugirió una humillación profunda, porque profanaste la
el esplendor nocturno; pero al voltear el rostro y nobleza de nuestros hermanos, y porque gozaste
ver á. Shandranahur pálido todavía y temblar á con sus angustias! . . . .
La fiera gimió debilitada por el sufrimiento; y
rada bramido lie la tigre, resurgía su cólera más
en
su sustancia obscura v en su cerebro estrecho
fuerte, semejante al odio contra un sacrilegio.
y feroz, creyeron los hi1idus que aceptaba ella la
IV
supremacia del hombre.
Cuatro horas más tarde la fiera era ya cautiva.
J. H. ROSNY.
Su cuerpo entero estaba amarrado.

¿Temes quedarte conmigo mientras Djuua y Ba-

r. . .

UNA POESIA RUSA.
Em])ezaba ;uayo cuando cayó rota la
lnverual yesttdura de Mosc.-ou. y cada
jirón de ella deshacfase en lluvia brillante que fecundaJ.m la tierra ll!lst:l
('ntonces c:omo pe,triti&lt;:Mla; y era· de ver
la colosllll cúpula ele! Salvador. donde se
quebraban refulgiendo maraYillosamenll:e los rayos de un sol primaYeral,
y cólll0 en los Mboles, que resucitaban
ií, l:1 1·i(la, asomaban, rompiendo la dura
,corteza, esos vel'des y menucl1simos brotes que son promesa de floridos ramajes.
Ya el v-eloz trineo no cor1fa las canes. Sin los pesa,dos abrigos de te1-ciope1o y pieles, se :11clverUa mejor la esbeltez ele las clamas: y en los mercado¡;;
donde se agrupaba la gente del pue.blo
con aire de fiesta, y trajes de chillones
percales las mujeres. y con la blusa r?ja del "mugik" los hombres y los chicos en los mercados babfan ya desapa1·ecÍdo lrus burdas y a!Us.imas botas ele
paño impermeable, las apenas curtidas
pieles de carnero. lo$ recios muletones
obscuros, y 'los sa.cos llenos ele pluma
con los que se cubren en el duro lecho,
ó al acostrurse en la "pieska" (que es
una enorme estufa), sobre la cual duermen las pobres ge'lltes tle Rusia. En los
tablaclillos Q'lle sostuvieron durante la
eruela estación las tarteras donde un
ne""t"l.1:uco pringue se vefa (cuando lo. mano &lt;ie.l comprador levantaba 1~ acolchadas tapa,deras) pescados ele un.posible clasificación, con las ca~as r~lena.s de cebolla picada y pmmenta en
!!1:ano y los ahumados arenques, ext€'11~idos' sobre rebanadas de pan negro,
que tenían el aire !le viejos ~ascotes dol'aclos sobre escombros pe~icl1dos, veianse en Mayo, muy col?ca.d1tas sob1-e pa.peles, sartas de rosquillas amasaclrus no
O

.;é con qué, '·b3rnizada~·• con clara de
11 ue1·0

v ",~tlornatda s" &lt;:on el menudo
grano' !le la aldormidem que se pega
:í ella$ clibujam.lo en f&lt;U brillante Sllll&gt;Cl'ficie manchas como la ,iruela malig11a .•••

En anrbos lJaJTiles rPíll.llSe nn,dar los
1)P,pinos eu espesa salmuera, los pepinos
q'lie i;,ou la tletlicia tlel pueblo ,¡·uso, Y
que lo mismo en la ca1baíía que en la
mesa señorial, son sen·idos y se com€'11
r•on gusto; y más allá a.piñábanse, sobre.
\Jlesillas clesvencijaidrus. frutas secas,
que acaso en siglos anteriores fueron
cogidas, y que, como reliquia, el vende~lor judío guarda de año en año. con •l a
clulc(' esperanza de eugañar al pol&gt;re
&lt;llablo que oompil:e poi' un par ele l&lt;0pekar aquella negruzca é incalificable
mercancía. ..... .
CoJ110 la uieve no €'1ll1Jaííaba los cristales de los escapairates, en todos ellos
!l. montonálxmse en llanrn tiva confusión
e'1 percal de mil flores, los bor'Clac!os. de
colorines, los pañ-uelos de seda as1át1ca.
r pndorosamente co1ocaclo euti-e chamnras ,istosas algún cors{) muy pespunteado y acabmlito. quP es la tenta&lt;'ión
•le la pr~umida maritornes. y que es
,m martirio desde el momento que somete sus recias costillas á la presión de
los hierros y ba'lleuas clel co1-sfl á la
moda.
En esos dfas, c,-perados con ansia.
&lt;lespués el€ "duco meses" ,de no ver en
los hol'izontes más q_uQala _blancura de
la nie,e confunclicla a t'111"1eJOS con la linea gri,:; de los celajes, la Naitura:leza
ofrece uno de sus más grandiosos esnectáculos !í s11s adoraclo1,es. El rfo Moskowa. be1Mlo dur!tnte el invlerno-y por
el cual cruzan los patinactores, que, como jóvenes que s~n, gustan de di,ver-

tiL-se sobre el ahismo-apea1as calienta
íll sol. la capa ele nie1-e que lo cubre
como si fuent de polvo de má11mol, derrítese, y se 1•p tersa y reluciente sn
~uc·ha superficie formada por un eJ10l'll1e cristal de l1ielo que á veces tiene
,m metro ele espeso!'. A esa primera seiial cid deshielo. toda la ciudad espera
1-,p,c!'earse viendo de nue,o el agua del
llookowa removida y espumeante al
paso ele los ln1ques. ~- al fin un dfa eil
hielo se agl'ieta, pesgá.r:rase con fomni•la,h le esuru,enclo. y en !eruta onda a•l
principio, y Jupgo con e1 fmpetu de una
sobrehumana p,1sión contenida, el agua
&lt;'one l'lll?iem'lo. se arremo1ina, estrecha
y clestro,m Pl neYaJOo témpru10 que ~emeja corde1·illo exánime, y suoo, y sube, arrastrando en su encrespado oleaje ramas, troncos ele ár·boles. el plateaclo per. que quedó muerto entre los hielos. la golondrina que pe1·clido el rumbo cayó n1 río cuando el agua lo cristalíz:i bn. ~• se desborda por las pobladas
orilfas. salpica,ndo los muros, a1,ra:ncando los ftrboles, coronando sus e.",IJ)umas
C'0B lo'&gt; roj i7.0S resplamclores del sol que
hl'il1'l en lfl s· revueltas oncla:s con fosforescenC'ias fantl't1&lt;-ticas. y ávida de movimiento y ele illmita,da extensión, no
para el flg1m . Sll loca caa-rera, y busca
el Oca, y unida con él, sigue basta el
Volga canda.loso. y el Valga la lleva
basta el mar CaSIJ)i0 ....
Por aquellos dfas cliéronrue á ronocer
una poesfa rnsa. bt-eve, extraña y eufóndca, hasta el punto de que, aun no conociendo el idioma en que estaba escrita, recrPaba con su airmónica resonancia el oído; modelo de esas poes1a.s que
sólo los poetas del l'torte pueden sentir

y Pxpresa,r senci•llampnte. r que son como sil V'{'stres flores, con algo de siniestra ne_r¡l'Ura en su cáliz.
Héla aq·nf:
"La selva verdegu&lt;'aba en el llano,
;r: Nl s11s pinos ele ramas obscuras. fest ouea.das de más clairo color, la h1z de
la aurora dejaba luminosos puntos, y
en sus nidos recién hechos, las tnamora das ])ft1·ejas de golondrinas canita.ban. presilllt iendo la nueYa nielada que
dentro de poco tendrían que alÍ!Illentar ....
"1' eu el. recodo mií,s hermoso de la
selrn, cloncle lrnbía más flores olorosas
r los ruiseñores cantabain mejor. y el
delo. ft tra,6s de los pinos secu'lares,
se vislmnuraba azul; allí don&lt;ie más
esplénd.ida y tranqu~la se ofrecfa á ]()IS
ojos la Natu1·ale¾a en calma, aHí. colgado de un árbol y balanceado ligeramente por la brisa primaveral. se Yefa
el cad,wer de un homb1re .... "
Confieso que tuve mucho tiempo delante el~ mí la silueta de aque-1 ahor"ªºº en medio de la selva llena de vl&lt;lH, y á YPces. al pasaa· por esos pinares. que son el mayor encalilto de Ru,;i'&lt;I. temo lm1
llflr pendiente d&lt;e un árbol
1m hombre muerto. que qulZ'á!&lt; ba sufri,fo sin ser &lt;'011s(Ylrudo y que ni aun tiene
tumba donde reposar .....
"Bra:n&lt;tkow." e,l ruutor de esa pOPsfa.
oue traducida pierde su encanto mayol',
la formfi, ha escrito otra.e; muchas que
~l público no cooocerá nunca. '·Rrautkow" vive solo, aisla.do; aiborrec,e la puhl!cidad y rechaza la gloria; porque el
&lt;lrama de su juventud es dp ,aquellos
que la sooiedacl critica despiadadamente y no olvida poi· el gusto de re!me a,l
recordarlo .....
SOFIA CASANOVA.

LA PRIMAVERA BE LA·VIDA.

SUBSCRJPr.10~ MENSUAL POB ...NE.I., $1.00
IDEM IDEM EN L.I. C.1.PIT.1.L, SL/25

Gerente: A.llfTOl!l'IO cU'i'J.S.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1900, Año 7, Tomo 1, No 2, Enero 14</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>ILUSTRJ\00
s0ssca1rr.1os xzssu•L roa ,u .iu ! t.fi!l
Jo&amp;X JOSM U

ENERO 7 DE 1900.

AÑO Vll--TOMO 1--NÚM. 1
J)irecior: Lic. B..&amp;.l' AEL BEYES SPtllDOLA .

•

•

!!BLIOTEC.A. UNIVERS!TMII A
''ALFO'lSO REYES''
(

•

r o1mo RICARDO COVARRU81A9

_) ~
'-,_,.

J(ofable arfisfa española

'

B AJA ACTUALMENTE E N E L TEATRO NACIONAL,
1

1 '

"

--:7 .

. /_
.

•

•

;.

FONDO
RICARDO COVARRUBIAS

L• CA.PiT AL, $l,'!b

Gerente: AJITOll'IO CVYÁ.S,

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 7 de Enero de 1900.
de las cosechas incendiadas. Cada· noche, la pesa-'
dilla de una revolución visita mi lecho . . , .
Sueño que mi sagrada cabeza y mis inviolables
miembros, son paseados en pequeños pedazos ha~ta por las más remotas ciudades del remo. Sena
más feliz como simple labrador, con una carreta
de madera, 6 como humilde marinero con una vieja barquilla.
.
.
., .
• .
He consultado á mis astrologos y a mis mag1cos · por mucho tiempo me disgustaron sus rcspue~tas y por eso mandé estrangular á nruchos de
eJlos. Por fin uno, adivino ciego y centenario, me
dijo :
-"Rey Gaspar, emperador del mundo, monta
tu caballo de guerra y dirígite al propio tiempo
hacia el mediodía v hacia el Poniente; una estrella
hasta hoy descono~cida, aparecerá en breve; oriéntate ei¡ la estrella, sin desesperar nunca. Una noche la estrella quedaráse i11móvil y,con un triple
ray~ alumbrará la cuna de un dios. i Si este dios
acepta tu fé; serás salvo y bienaventurado.
He atravesado Asia, co nla mirada fija, todas
las noches, en la estrella que me ha guiado
á través de las brumas y de los temporales ele la nieve. Pero cabalgo de este mismo modo
desde hace ya muy cerca de dos años; me siento
fatigado y quisiera descubrir al dios mañana,

Fué en el último año del reinado ele H erodes el ta ron eus trompas y lanzaron un ber~i~o frn·:oso:
Grande, príncipe de Jetusalén, que gobernaba á los los tímpanos y los tamboriles les 1mtabm, las
judíos en nombre de César A?g~sto, ~!nperador orejas, los rostros amaril1os y lus cuerpos vestide ]os Romanos. üna tarde ele nwrnrno, a lo 1argo dos de acero, entre el humo rojizo, los asustaban
de la playa Occidental del Mar Muerto, dos extra- El joven Rey ordenó desde su elevado tro110 ~ue
ños cortejos se acercaban lentamente el uno al se hiciera alto; el Rey _guerrero, con un tL•rr1ble
otro, á la luz de una multitud de antorcha~. _El golpe ele tam-tam, detuvo á su tropa, y 3.'.Tt~Hs l...:1que venía del Norte, llevaba al frente u~1a rnus1ca raYanas se observaron largamente, en un silenc·1t1
bárbara ele pífanos estridentes y tambonles de co- preñado ele amenazas. Los reyes cambiaron cm?abre. Rodeado de gueneros de rostros aplanados y jaclas y cada uno de ellos quedó mu,v sn,:pre11d1do
feroces, color de azafrán, con barbas negras como &lt;le] informe que le llevara su propio enviado.
el jaspe, con cabelleras torcidas en largas tre1~za~,
Una hora más tarde, al abrigo de una tienda
avanzaba, jinete en un corcel acorazado, con 1a!m- de pllr¡nua, reclinados sobre cojines, cerca de un
nas de acero, una especie de gigante, mas amarillo brasero en que los esclavos quemaban ios rnás exde faz y de aspecto más inquietante que el resto ele quisitos perfumes del Asia, los dos viajeros na.rrásu séquito; sus ojos negros y duros expresaban la Uanse el por qué se encontraban en aque~!a noche
insolencia de la dominación; un enorme mostacho sobre las tétricas riberas del Mar Muerto.
neuro
caíale hasta por sobre el vecho: con su cas-Soy el más infeliz de los príncipes-dijo ,,¡
0
co de acero v su cota de malla, brillaba sinies- Rey que venía del Norte.-Mi imperio es tan var.,..to,
* * *
tramente, cu~ un dios exterminador, vor encima que no conozco sus límites en la región en que
A
su
vez,
el
Rey
joven
ele rostro blanco, levan de un bosque de picas, de lanzas, de hachas, ele el sol se pone. Por todos lados, mi poderío no cesa
mazos y ele anchos sables curvos que rev~rbera- sino al encontrarse con la mar ó con montañas tan tándose trabajosamente sobre las flores de oro de
ban el rojo fuego de las antor~Jrns, co~o si estu- altas, que el pie del hombre jamás p'odrá violar- sus cojines, tornó la palabra:
-Hermano mío, yo soy aún más digno de lástiviesen impregnados de un roeto sangriento. )lás las, Todos los pueblos amarillos tiemblan bajo mi
lejos, en Ja retaguardia, una fila de _mulas ?ar- mano. Poseo provincias en que las flores siempre ma que vos; yo, Uelchor, emperador de la India,
gadas de tapices y de tiendas de campana, camma- están lozanas y los frutos siempre dorados, y po- · dueño de un reino en que brillan todos los esplenba pesadamente, estimulada por los roncos gntos seo desiertos c~1yo sólo recuerdo hace estremecer- dores de la tierra, en que las piedras preciosas
de esclavos semidesnudos: alumbradas por el fla- se: en ellos jamás se funden los hielos, nunca se pululan sobre el suelo cu.al las florecillas sobre
mear del real cortejo, arrastraban sobre las piedras encuentra Un animal viviente. El corazón de mi los campos.
'-!ero yo mismo y los reyes mis servidores y la
y las aguas negras del lago maldito, una visión ele reino es un vasto campó mágico sobre el que peinaudita
multitud ele mis pueblos, sonros esclavos
sombras monstruosas.
sa una eterna bruma surcada de demonios y de
Mas el formidable rey no veía á su alrededor ni fantasmas, cuyas voces, más tiernas al oído que de los diez mil dioses ubícuos, que nunca duerá los guardias que velaban sobre su misteriosa ca- los cantos de las vírgenes, atrae á los hombres ha- men y jamás sonríen. Numerosos sacerdotes, imbalgata, ni ]a mar impura, unida com? el mármol cia abismos sin fondo. Tengo también bellos y placablemente orgullosos, los más sabios y más
de una tumba:, ni el e.ampo color de violeta y sur- anchos ríos, muy cómodos para el transporte de ricos del imperio, sacerdotes sín piedad que jacado de vapores lívidos, ni las montañas tenebro • las cosechas, pero que en excesiva abundancia más han acariciado un dolor humano, odian á los
guerreros, desprecian á los pobres, efectúan los
sas que se alzaban en_ las_ profundidades del de- alimentan á los caimanes.
espantosos ritos de aquellos dioses. No hay un
sierto. Con la cabeza rnclmaela hacia su derecha,
Todas esas miserias que no traen más que pademiraba con ojos fijos y íebricitantes de terror re- cimientos á mis súbditos, no me impedirían, en valle, ni una selva, ni una montaña en doncl.e no se
ligioso, una gran estrella ~e ~ro que se. asomaba verdad, vivir alegremente. Llámame el Hijo del eleve un templo deslumbrador cuyas cúpulas y topor el Poniente y que solitaria se deslizaba en (;1elo y mis autecesore¡ fueron todos Hijos del · rres parecen amenazar al cielo. Allí, de 'dí.a y de
los repliegues del azur.
,
..
Cielo; pero en mi intimid~d, para mis doce cen- noche, los sacerdotes oran por sí mismos so1amente.
El otro cortejo, el que segu1a la playa mendio- tenares ele mujeres y para mis hijos, mi nombre Enormes reptiles se enroscan en torno de los fenal proveniente de las horrib_les estepas de Ara- es Gaspar. Por desgracia, el Hijo del Cielo no co- roces ídolos y cuidan los tesoros, de los cuales
bia, era todavía más extraordmar10. La luz vaci- noce á su padre celestial. ... Soy el pontífice úni- ni una sola pieza de oro ha caído nunca en las ma. .
lante de antorchas elevadas por esclavos de tez co ·ele un dios incierto. que surgió del cerebro de nos de un huérfano.
A las veces y con el fin de honrar la estatua
broncínea revestidos de blancas túnicas y con la. lm gran filósofo y que murió hace muchos cientos
ele las cien bocas clevorantes, queman, en hogueras
cabeza cubierta de velos blancos, alu111braba una de mlos.
tan altas como los templos mismos, á jóvenes
procesión de elefantes negros, ataviados de púr~Iis templos, sin sacerdotes ni adoradores, siem- mujeres más graciosas que la aurora.
pura sobre cuyas espaldas se apretaba una multiprn están vacíos. :Mis pueblos se conforman con diNuestros dioses no aman más que á la muerte
tud de hombres de rostro pálido, ele ojos dulcísiYinidades
tan asquerosas como ridículas, ante cu- y no dan m[1s que la muerte. En cada primevera,
mos y con trajes de seda de color bermejo, cubierevocan á la
tos ,fo pe~rería. Algunos ancianos, con la frente ya presencia, por buena política, yo me veo obli- desde las riberas de su río sa!?Tildo
o
'
.
ceñida de pequeñas bandas de lana blanca y cuvas gado á hacer riverencias. ¡ l?iguraos, augusto her- pes te y Ie arrojan como alimentos la mitad de
mano, á escorpiones del tamaño de bueyes, á ca- mis imperios, y el!-tonces, en mis magníficas ciudabarbas descendían hasta la cintura, llevaban cojines de armiño sobre los cuales temblaban chispas ballos con cabezas de serpiente, á dragones eri- des, falta á los vivos el valor ele enterrar á los
diamantinas; encantadores jefes arrancaban á li- zados de prnmas, á sapos cuyo hocico se trae-a- muertos.
Hace ya 1;1ucho tiempo que un profeta, u;,
geras cítaras de áureo cordaje, melodías lentas, do- ría sin esfuerzos al más grande de vuestros elelorosas, de una suavidad enternecedora: ascetas de fantes! Un gran dios quimérico y una multitud santo, pr~curo arrancar las almas á aquel1os diodescarnado cuerpo, ojos muertos y árido rostro, ele monstruos 6 pintados en te1as, son, por cier- ses terroríficos; mas no supo hallar más remedio
salmodiaban sordamente, sin interrumpirse nun- to, bases de una sei•ja policía. En rigor, con mi que el re1;1unciamiento á la vida, el sueño profundo
ejército, mis espías y mis verdugos, yo podría ase- del espíritu, un sueño vacío de ensueños sin
ca, melancólicas oraciones.
'
gurar la paz pública. Si una provincia se insu- amor ip. esperanza, en la cima de una columna
6
En medio del cortejo, en donde la música llo- rrecriona 6 rehusa los impuestos, desencadeno soen
el
recodo
de
una
roca.
/
raba, sus acordes más tristes, en donde la plegaria bre ella cien mil soldados ávidos de todos los bieYo quise ~scapar_ á esas dos ryligiones ;.,,pulcraera más lúgubre, marcnaba un elefante colosal nes terrenales. Tengo suplicios muy elegantes y
completamente blanco, adornado con una torre de razonablemente atroces; ese muchachón que he les._ Un sab10 vemdo desde muy lejos, desde las
marfil en cuya plataforma se reclinaba, entre la puesto hace un momento á la entrada de nuestra regiones del Occidente, me dijo una tarde:
-"l'ronto nacerá un dios de, bondad en los connieve de .pieles preciosas, un joven de una belleza tienda, es mi ministro de justicia : con un golpe de
fines
del Asia. Ponte / en elimino á lo largo del
maravi11~sa, envuelto en armiño, coronado d~ ru- navaja }mee volar á veinte pasos la cabeza de un
mar de Persia : te p¡:éclecerá una estrella que no
bíes y que parecía languidecer ele mortal lasc1 tud. hombre en movimiento.
conocen tus sacerdptes, y ella bañará con sus áuY todos, arrullados por los murmullos sagrados,
Mas la ad versa fortuna me trae á menudo em- reos rayos el tabérnáculo del dios. ¡ Y si éste
iban en actitud y con gestos hieráticos, semejando
ídolos perdidos en el pavoroso cr~púsculo de un barazos demasiado crueles. De tiempo en tiempo, U! bendice, tus pueblos quedarán consolados!
templo, atentos sólo á sus ensuenos, _sm ver_ m ejércitos de salvajes, venidos no sé de dónde, caí- te bendice tus pueblos quedarán consolados!"
la montaña ni la mar, ni el campo desierto, º! la dos tal vez de la· luna, se arrojan sobre mis más ri.:
noche cintilante. Sólo el joven Rey seguía con la cas comarcas y todo lo pillan y á todos pasan á
mirada, llena de u.na ternura infinita, el cur:o ele cuchillo. Cuando aparecen mis generales, ya no
Melchor y Gaspar se durmieron fraternalmente
la estrella solitaria que le sonreía desde el L--:clo encuentran á nadie ó, si alcanzan al enemigo, ge~ lado á lado, cerca del perfumado bracero. Am ba;
neralmente
son
batidos
de
un
modo
vergonzoso.
del cielo.
Entonces, el pueblo, cuyo espíritu es naturalmen- ti;opas encendieron fogatas en las playas del lagó
Los dos fantásticos cortejos ya no se encontm- te falso, se irrita contra mi dios y lo culpa de to- fun.ebre y al despuntar el día la mila~rosa estrella
ban ahora sino á una débil distancia, el uno ,]el dos sus sufrimientos; y, como ese dios no perte- palideció y se apagó entre los prime;os rayos del
otro. De repente el macizo carapach_o ~e los eJ,,- nece más que á mí, es á mí á quien el pueblo pi- sol.
fantes fué sacudido por un estremec1mient., ; ag1- de cuenta. de la sangre vertida, ele las ciudades y
. Los dos reyes, diariament~, no prosegujan su
v1a¡e antes del crepúsculo vespertino. Hasta la

•••

Domingo 7 de Enero de 1900.

EL MUNDO ILTTSTRADO
Melchor lo invitó el acercarse y el ruinoso camello condujo ponposagmente á su cababllero entre
el imperial elefante )' el éaballo de guerra acorazado de acero.
-¿ Quién eres? ¿ De dónde vienes- ¿A dónde
vas:-dijo el rey del blanco rostro.
-Soy Baltazar, el emp_erad~r de los hombres
negros, el prí~cipe. de Afnca. \ engo de un _u:undo ele clesolacion. \ ~y á donde me lleve esa e¡,tJella
y llevo el Divino. Xiiio que reposa en tila l~1z de
la estrella, el susp1ro de dolor de la r_aza neºra . ,
•-Iremos lo~ tres, hermano m10,--contesto
:Melchor-v entonrcs nuestro viaje será ,·ercladeramcnte' ulla peregrinación del género hru1~ano.
S encendieron las antorchas y el corteJo prosiguió su marcha por las de!oladas so.lecla~~s Y
por los sendero~ de la montana, con d1recc1011 Ít
Jerusalem .
Hasta que rayó el dia, contó Baltazar, el son de

•

la sed ele las bestias feroces y de los asesinatos.
Pero quisiéramos aprcndel· algo de to_dos esoss:i;
frimientos y no podemos; allá, un ~1c10no.~o rromás que lo que pueda saber un recién nac1 o. .
da nuestra Yida para en el fondo de u.u agnJ~r~
sombrío. Knestros dioses no .nos prop~rc10nan ~1·~guna luz. Son pequeño::; choses deb~les que :
nen miedo y que i-e. e:,eo1~?en &lt;l~baJO ,ele las ozas del hogar, e~m.o lagurtiJos, gr11,lo~ o ct~lc~r~i~
Somos demasiado ign0mntes para rnrnnta1 J1 eJ,
res djoses. Yo he llamado á los e_ncantadore~ mas
hábiles : dornc~tica11 á las serpientes, pe10 no
aduermen los corazones infundiéndoles esperanzas
d ..
Sin embargo. uno de esos encantadores me IJO
un día:
,
. C
d h ,.
-"HeY del Africa, Yete a Asia. nan
~)aS
lleo-ado .\ las plavas de un mar azul como el ;1elo,
set~ ap~recení lrna estrella, del_ lado del.. Norte.
Prosigue tu ruta. siguiéndola s.iempre:, Una _noche ella se detendrá sohre un dios recten nacido.
Ad¿ras [¡ ese peqncfiuelo y todas las llagas de tu
raza se curarán ..

°

* ••
Uelchor, Gaspar y Baltazar, ~·ep?saron tocl? un
día en tierra de .Palestina. Al s1gu1ente c:epusculo la .estrella brillo ron un fugor _tan vivo, q_ue
to'das presinU~ron cei~c~no el t~rmm? de su "~~je. ~.\scenclieron por ar1das colmas, a cu~os pies
se extendía un rnlle y en cuyas faldas ardian fueo-os por doquiera, que alumbraban á muchos pa~fores con sus reballos y sus perros. En medw
del Yallc, cabe un burgo, una pobre construcción apoyada {1 una gruta ele rocas, estaba como
iluminada por tres rayos de oro que se desprendían de la misteriosa estrella.
Gaspar hizo callar su n_1úsica bárbara. Melch~r
impuso silencio á las oracwnes de sus ascetas: so-

•

•

•

hora ele la tarde, recostados en los umbrales. c1e
.sus tiendas, paseaban silenciosamente _sus nuradas Ol· J.1s tfont~ montañas á la mar gns, por la
-cual pasaban los vientos sin trazar una sola
.arruga.
. b
, .
1
nielchor escuchaba la queJum rosa mus1ca c_e
Jns cítaras; Gaspar se hacía can~~r la s~mbr1~
-eronica de su abue lo, glorioso HtJO del Cielo. a
.qui~n los Tártaros sacrílegos habían sacado los
-ojos y arancado la lengua.
nespués, se plegaron las tiendas _Y l.os dos ~ortejos mezclados, se pusieron en rnovu111ento en · tor•
no ele ambos re~·es.
~
Ya Ja estrela brillaba sobre el ooraclo azul del
-&lt;Jielo ocidental. En ese instan.te, ,des~e lo alto d_e
:SU torre, el rey hlanco aclv1rt10. a un ,..num ~ arul&gt;ante y lo señaló al re~' amarillo. hl arr1ba~1te
-era un negro, jinete en un ~amello, con las pier1rns desnudas y el cuerpo cubierto ape1~as por·algu~
J1os pedazos de piel, con. un turbantillo de colo1
,&lt;ludoso atra,·esaclo sobre la frente, y con. un. rosal
,en la. mano. ]~l camello, roído por la miseria,. es'
&lt;lo de fatiga Y de hambre, con las vod1llas
,enua
,
b JI el
·
s en
-(!ns1mgrcnta_clas, alargaba sus e ~1 as pierna
tre las rocas y los cardos de! ?amrno: .
-Será algún esclavo fug1tivo.~1Jo G~spn~,~
pero su cabalgadura no lo llevara. ,muy !eJOS. r, Q¡,
_gustaría, hermano mío, pmbar en el la ligereza de
mi verdugo?
.
· ¡
~{e]chor contempló al llijo del C1e o con un estu por desdeñoso.
.
b •
·
-Nb.-dijo-yo tomo á este mocen~e ~Jo_ 1111
t . , Si es de estas tierras. po&lt;lra gu1a1nos
prto ec~wdn. las malezas v de los pantano:::.
á
· raves e ·
' ·
¡·· .
·t agudo
. En ese momento, el negro e io un gn o,
'
l111 rito de júbilo; con una mano se apreto el peg
la otra agitó su turbante, saludando
e ¡10 V COil
- ]
d .nfan
la radiosa estrella. Después, con ~ena ee e i .
iil placer, esperó el paso de los ,euores del Asia.

los pífanos y ele los tamboriles, la_s desgracias de
su pueblo; hah]ó ele los des1ert?s sm fin, estériles,
en los cuales no se encuentra 111 una gota ele agua;
del inflamado huracán que ahoga á. los ,·iajeros
dentro de una coJumna de arena ardiente; ele los
pantanos á cuyo borde se respira la muerte; de ,las
selras. de {irbolcs gigantescos, siempre sombn~s,
ele las cuales el hombre no puede volver á salir;
del hormio-uero de las serpientes cayas solas miradas dan°la muerte, ele los leones, las hienas, !as
panteras: ele los cocodrilos que pululan en los nos
y en los lagos; de las ham.bres, de las costumbres
feroces ele ]as tribus que comen holllbres, de las
exterminaciones, de los pueblos destruidos á sangre y fuego y ele los piratas, cazadores de esclayos, que en todas las cost.as echan sus redes á las
vírgenes y á los niños,
- eso no es nada aún,~clecía el nobre rey Baltazar.-Ya tenemos la costumbre del hambre, de·

�•
EL :MU NDO ILUSTRADO

Domin go "/ de Enero de 1900.
Domingo "/ de Enero de 1900.

lo se escuchaba el can to de las dtaras que expre•
saban una melodía moribunda, sembrada de suspiros y de sollozos. L os rebañ os miraban sin miedo el desfile de los elefantes, los perros se acercaban á olfatear á los esclavos y á los hombres de
armas. Algunos pastores cantaban con tan dulce
voz, que Baltazar lloraba y reía simultáneamente.
A media noche, los tres reyes se· apearon de sus
cabalgaduras, y seguidos de sus e:;c:larn~, qu e llevaban pr eciosos presentes, llamaron á la~ p uer tas.
:'.\Ielchor llevaba un incernmrio de oro en que
ardía el incienso, Gaspar un.a cazuela &lt;le oro en
que ardía la mirra, y Baltazar no ten ía en las manos más que su r osal.
Abriéronse las puer tas : era u n establo desnudo y frío, en don de entraba el viento del in vierno. Sobre la paja de 1111 pesebre dor mía un niñ o. r na mujer joven, vestida ele blanco. estaba
sen tada á la cabecera ele la pobre cuna, mientras
que un buey á la derecha del pesebre y u n asn o á
la izquierda, calen taban al n iño con su aljento.
:Mas los tres Magos habían reconocido al Dios, y
los tres h umanos se pr osternaron delante de J esús, con las fren tes en el polvo.
L os azul es vapores del incienso y de la mir::-a
ascendieron hasta el techo, por entre cuyas mal

unidas vigas veíanse el cielo, las estrellas y un aci:namien to &lt;le blancao alas y escuchábanse murmurios angélicos.
Gaspar ófreció primero sus presentes : u n haz
de armas incrustadas todas de diamantes.
-Señor,-dijo,-mírame pr ostemado an te t u
debilidad, á mí que me sient0 en la cima de la
grandeza humana. T e he buscado para obtener t u
alianza en .1a guerra y después de la guerra. H az
que e,-tas armas Yeng;m á cualquiera que elere su
brazo con el fin de re bajar m i pocbrío.
El X iño seguía durmie11do. Y , en las alturas,
las voc:es celestes respond ieron :
-Soy el dios de los pacíficos y no quiero más armas que la dulzura y la misericordia. L as que me
ofreces, ~ólo Eervirán á los reyes que, en los futuros
siglos degollarán á mis pueblos como á cabritillas
indeíensos.
i\Ielchor j un tó las manos mientras que sus esclavos desenvolvían delante del pesebre telas de
oro y de seda y vaciaban. sobre h1 paia del estab lo pu ñados de piedras pr eciosas.
-8e1ior-dijo-por largoR h e escuchado la ,,
labra de los sabios, y su sabiduría 1¡ e ha parecido
Yanidad. H e Yenerado á los san toF, v su sant iclad
no era más que una men tira. H e buRcado un dios
de vida con ahínro, y no he en cont rado más que

el duelo y la muerte. T oma, señor, todas mis riquezas, todos mis tesoros, y haz que el júbijo reflorezca sobre las metrópol 1s de mi imperio.
El Xiñ o seguía durmiendo. Y los ángeles respondieron :
·•
_ ..::;oy el Dios de los pobres; n o qu ier o más tesoros que la. pureza. Recoge tus presentes : ellos
sólo sen ·irían para mis pontífices y mis sac·erdote~ que, olviclando mi de,nudez, se vestirán deseda y se comtelarán de esmeraldas y de a metistaR.
A su Yez, Baltazar ~e al'l'odilló, ±ornó entre sus.
manos los piéR ele! Xiño y los besó llorando :
- P equeño Dios, más blanco y más dulce que•
la luz : no tengo qué ofrecerte, más que mi corazón y rnis lágrimas. Ten piedad de nii-· herman os
y roncede tu amor á nuestra inmensa t risteza.
· Ento~ es Jesú~ deRpertó y sonri ó ; abri ó sus pequefi os ñrazos y dejó caer una bendieión infa ntil
sohrc las miserias humanas.
Y soh_re el terho del ef;tablo. en tre el fulgor de
la estrella, Jo¡; angele,; de alas blan cas cantaron:
- ¡ Glor ia á Dios en las alturas, y naz en la tierra á los hombres de buena voluntad !

Cortada la línea, el hambre consumará la derrota
y aca.rá de dispersar las fuerzas ya disgregadas.
Por esto dice el Gen eral Hamley : '' Los que ven la
guerra desde lejos,creen que un general sólo piensa
en dar ó parar el golpe ; pero la verdad es que por

EL MUl\TDO I LUSTRADO
g uardia á retaguardia, agotará en un día ~os _ei~men tos del distrito ocupado, y que para vivir ::.! sig uiente necesitana t raer convoyes de los distritos circunvecinos ó apelará los almacenes de la base de operaciones. En consecu encia, si el país es

ocupado. Ningún general ser~a a_bsu~lfo por 1~ Corte Marcial si ordenara la d1stnbuc1on de v~ve~es
de r eserva en casos que no seanabsolutamente mdispensable obrar así.

REVISTA GRAFICA DE LA CAMPAÑA
~

E JflLIO GEBHART.

•

•
Ca.fión na.val del Gral. White en La.d;y Smith.

cada mirada que dir ige hacia adelante, mira cien
veces hacia atrás para estu diar y \tigilat su línea
de comunicación.''
En otros tiempos, cuan do los ejér citos eran
m en os numer osos y no tenían piedad para los habitantes de los países ocupados, éstos les daban
pr ovisiones; pero hoy los almacenes centralizado,:;.
son indispensables. El sistema moderno se funda
en estas tres máximas : l a. Obtener la mayor suma
de provisiones del país oclipado. 2a. Establecer en
las líneas de comunicación provisiones que suplan
l a falta de ellas en el país. 3a. T ener una reserva
de provisiones para algunos, días, por si fa~ta1~ ,en
el país ó se intercepta la lmea de comumcac10n .

estér il y si. n o pueden venir los víver es con r?gul~ridad y de una manera cierta, el general se ve obligado á dispersar sus fuerzas en un ár_e a extensa,
exponién dose á una derrota fragme,ntana., E n 18_1-!
el Mariscal Blucher n o pudo dar v1veres a sus cmcuenta y seis mil hombres y los repartió en cuatro
column as; Napoleón aprovechó la ocasión, y con
cuarenta mil h ombres derrotó sucesivamente á los
cuatro grupos aislados de su adver sario.
..lunque l os ejércitos modernos obtienen la mayor suma de pr ovisiones del país ocupado, no pue-

Los grabados que hoy figu~a~ en la sección de~tinada á la r evi¡;ta de las hostilidades en Sud-Africa tienen &lt;rran poder sugestivo, pues con verlos, se
co;11prend¡ más de un episodio de esta lucha tan
fecunda en heroicidades.
La Qal i&lt;la que h acen los ingleses de la plaz_a
; itiada, en un t ren acorazado, es empre~a que ex1&lt;re de quien es la in ten tan, valor t an fno y sost~~ ido, que sólo una disciplina per f~cta_ l~ace posible ; l a impetu osidad, el arranque mdiv1dua~ que
mant iene la ten sión de espíritu del co~ba~1ente,
8e t ruecan en estos casos p or un a obed1enc1a pasi rn y automática ~ l as ~r d~~es de los jefes, Y. por
el desprecio de peligros m v1s1bles, y por lo _m1smo
más amenazadores. Se comprende el obJeto de
estas salidas : explorar las pos~ciones de las fu?r ·
✓,a s sitiadoras, atacarlas y qmt,íirle á 1(1s batenas
enemigas la eficacia de u n fuego no perturbado. ·
)lucho se ha comentado la importancia de los
cañ on es de la brigada na rnl que tiene á sus órdenes
-el Gen eral ,,hite en Lady Smith. Presentamos en
n u estros grabados 11110 de esos cañon es, haciendo
fuego en lo más rudo de la jornada que lleva el
nombre de batalla de Lady Smith (30 de Octnbre.)
Por las dimen siones de la pieza, se comprender{i
que teniendo tales medios de ataque el general
inglés, los del ejército contrario no han de ser poco
perfectoe, cuando puede con ellos contrastar en
sentido vent ajoso los esfuerzos del defensor
de Ladv Smith.
Los bóeros se han h echo acreedores á la nota
de excelentes en el manejo de la artillería. Sahido es que esa arl.lla está manejada por notables
oficiales alemanes y franceses. Como la configuración del país permite á los bóeros si tuar su
artillería en colinas y gargantas, invisibles para
el enemigo, más ele una vez se han visto los ingleses tan rudamente acosados por un fuego certero,
que tienen que retirar su artillería violentamen te,
so pena de perderla, como le sucedió al General
Buller, una de cuyas baterías quedó en p oder ele
0

• *.
Cada soldado inglés lleva consigo ración para
un día y la consume sólo cu ando falta cualquiera
otro r ecur so. L a ración diaria se le entrega al
r endir las faen as del dfa, y consiste en una libra
de carne fresca, quince onzas de pan y cuatro de
otr os artículos. Estas provisiones le duran hasta
que se h ace el pr óximo r eparto. Concluído éste,
los carros del regimiento se cargan con nuevas
provisiones suficientes para una ración ordinaria
y otra de r eserva por cada s~ldado de los. q~e
componen el regimiento. 'lienen la com1s1on
de llevar las provision es á los carros, las columnas
del Cuerpo de Servicios del Ejérctto: un a división de infantería está atendida por tres de esas
columnas y un cuerpo de ejército de tres divisiones t iene á su ser vicio diez columnas.
Tren acn a.za.do d3l Ejérci to I ngl és en Sud-A fri ca..

• **

Cómo se provee de víveres el ejérci foinglés
en Sud-fifrica
~

La curiosidad que despiertan l os acon iec;imien tos ele Su cl-.\.frica n o se satisface 1•011 h1 d1,1r ia lectura de las noticias cablegráficas. L,, nwyoría ele los lectores busca en las reviscns .\1l0s
más preci os, narraciones metódicas, ,i,;t·1dios
técnicos sobre las cuestiones de orden m il itar cuya Rolución buscan en el campo de batalla lo~ "Cnerale~ ele los ejércitos beligeran tes. P ara fundar
p r011ósticos rac:ionales y explicar los varios sucesos d? la guerra, son in dispen sables estos dato,:,
p11es a fa l_ t ~ de ellos todo es confusión y caprichosas SUP0RlCl0n es.
Ya ·que desgraciadamen te las hostil idades t iendPn ~ prolongar se, no n os faltar ía t iempo para
publicar en el curso de la campaña, artículos ex-

pl icatiYOS sobre armamentos, medios de adquirir
proviRiones ele boca, organización de los trenes
de sitio y movi lización y t ranspor tes de los ejércitos adYersar ios. P ara empezar ha bla r.emos del
problema ele las pr ov ision es para el ejército inglés, remitién donos al estudio que ·ha hecho del
pun to u n oficial que escribe en periódicos londinenses.
El problema más interesante que dehe resolY(&gt;r
un general en campaüa es la ali men tación de los
soldados. L a d ificultad aumen ta en p roporción
á la distanci a- que lo separa ele la base de operacio11es, no sólo p or el t iempo mayor que requiere
Pl tran porte ele pro ri siones, sino por el peligro
que corren los vehículos de caer en poder del enemigo. P ara evitar ese peligro, es necesario situar
deRtacamentos que guarden de trecho en trecho
la lín ea de conninicaciones. P ara dar un ejemplo, supongamos que los ingleses hubieran empleado todas sus fuerzas expedicionarias en in-

vadir el Transvaal cruzando el Estado Libre ·
X ew!1ort liahr ía sido el pr imer cen tro el~
depósitos &lt;le las pro,,isiones traídas del
Cabo ó de otras rolon ias por los con tratistas. Al
alejarse las fuerza~ de X ewpor t h abr ía que estahlerer un o, dos ó tres depósitos mús, por ejemplo, en Colesberg, Bloemfontei n y e n algún otro
punto. E videntemente ser ía fácil para un cuerpo
de )1ócr os fla nqu~ar las líneas inglesas para destrmr el ÍcJTocarril ó aporlerarFe ele sn almacén de
provisiones, y para eritarl o ,;e apelar ía á los eles- .
tacamen tos e~calonado~ en la Yía, ele lo que se infiere que mientras nHÍR larga es la línea de comun icación, Ron mayores las fuerzas que deben separarse del cuerpo Lle operacion es, debilitándoseéste en proporción. La i mportm1cia vital de la
lí;1ea de comunicación se com prende al pen sar queaun derrotado, puede nn ejército rnhaccrse si ~e
mantiene en relaciones con su baFc y centro &lt;le
depósito.

La ración de r eserva se compone de carne conservada, vegetales y galletas. La dificultad princip al consiste en obtener la carne fresca para _1~ m ción ordinaria. E n país amigo todo se facilitasiempre que haya dinero para pagar. al ?ontad?:
lo grave es obten er provision es en terntono hostil,
pero todo lo vence el tacto de los o:ticiale~ . que
hacen la compra, si saben despertar la _cod1c1_a Ae
l os habitantes. Si la dificultad raya en 1mpos1b1li·dad, hay que emplear la fuer za Y. r esolver~? á todo,
pues no tardará en declarar se la msurrecc10n de los
· habitantes.
Cuando los lugares ocupados por el ejér cito no
tienen r ecursos suficien tes, hay que buscarlos más
l ejos y enviar escoltas que cuiden de las provisiones hasta traerlos al campamento, es lo que se llama ' formar un "convoy."
Dicen los alemanes qu e una fuer za de treinta y
cinco mil hombres con diez mil caballos, que opere en un país medianamente fér til, con u n frente
de cinco millas y una distancia de n ue,e, de rnn-

,,,

Artilleros ingleses poniendo en salvo su artillería. en un comba.te.

den atenerse sólo á esos recursos, principalmente
cuando la inminencia de una batalla r eclama la
con centración de fuerzas. Para ponerse á cubierto
de esa emergencia todo cuerpo de ei ército, lleva
su tren d&amp; víveres que tiene raciones de r eserva
para tres días. Esta reserva y los dos que llern
el soldado consigo, y las columnas de provisiones, le permiten operar cinco días independientemente ele las líneas de comunicación y del J?a ís

los bóeros, porque éstos no dejaron con. vida á los
animales que conducen las piezas y carros. En
la lámina, se ve el desconcierto de l os artillero~
ingleses,, temerosos de no sacar á tiempo sus tren es del objetivo del fuego adversario.

------·-·---.:.__ _

�EL MF~DO ILüSTRADO

r.omingo 7 de Enero de 1900.

Domingo 7 de Enero de 1900.

EL MUNDO IL.USTRADO

•

'rod;aóa &amp;ur ae~. ·:.~...
· la ri)i2&gt;ma quirJí ·....
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•

.

.

¡/ - -: a&amp;c ael Q)r ku1ái~ander

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 7 de Enero de 1900.

Domingo 7 de Enero de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO
que sabe. y mejor que el cura de 1a
1 o
dolora de Campoamor. Como en a c ·
media de Bretón .lf ¡ secretario Y uor
Cristián viene á ser Doi~ l'a/iricio Y
Cyrano Don Eugenio.
Don Fabrilli,o
exclama:
-¡Billete
ele amor!,•••
Yo ignoro esos embolismos

.A.BGUDIE:NTO
DE

"CYRAN O DE BERCERAC,''
ACTO I
Salóu del palacio de Borgoña, donde
se verificaban las representaciones dra,.
1m1tic:a S en rn.o.
Supónese que se rn á representar
La Ulorisc. Uran concurrencia y varieuad de personajes. Haguenea,1 (Dfaz)
lmblanclo con Ligniére (UrquijoJ cuenta á éste y á lo~ nobles que le acompañan, que Cyrano. en uno de sus
desvlauteii de guaµu, ha probibido al
t"ómic:o )lonttleury que trabaje lluraute un mes. Ragueneau, &lt;lueíio Je la
hoster!a llamada de los Poetas, desel'1be á su modo el c-arácte.r de Cyrano,
y alude ii la celebridad que le ha proporcionado su ellOIJlle · nariz. Cadete
de Gasc1111a, poeta. sol&lt;lado y caballero,
espadacb!n, valentón y pródigo ....
Erase 1111 hombre ti wui 1w,-iz pegado.
Aparec-e Magdalena Robín ~.Sra. íJue1Tei &lt;,1 llau1:1da Hox:ina, ¡1reci1111 u•! 1:,
época. protegilla del conde Unicl1t', pl"ima ele Cyrano. que la ama en silencio,
y enamorada ele Cristián de ll.euvillete, también cadete de Gascuña, muchaello de tortos alc~wtes. pero buen mozo.
Comienza la representación de La.
Clori.~e.
Sale )lonttleury. CJ-rano (F.
J\lendoza,) grita desde una silla.-¡Fuera, tunante!-El piíblico se le viene enci09l. al tl'emeni.Jón que afronta con
desparpajo las iras gPnerales. El vizconde de Ya! Yert (:.\l. :\Iendoza,) le reta personalmente. Cyrano le suelta una
tirada ele Yersos y una e!'tocacla "á, un
tiempo." Consumada la suerte, arroja

l➔'abricio
conquistará
la pretendí,.- ~ - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - ,· cla
de s~ para
principal.
Aquf llega
el_ heróico Cvr-ano al colmo ele . .. &lt;tUruismo.

Finge· la ,·oz de su amigo y . entona
el ]Iimno ele amor para conmoYer y renclir á Hoxana, que en los transporte~ Y
deliquios de la pasión. junt3: sus -~ab10s
con los de Crlstián. Gran s1tuac1on de
ópera. sin mfisica (saJvo la que tocan
uentro unos pajes en sus tiorbas ó guitarrai, para avisar la preseoncia de algún
importuno). ~\Iefistófeles ele Bergerac,
Fausto ·d e Ne.uYillette. '.\Iargarita Robín .
.Janlín. balcón ... basta el rayo de luna
para el inayor efecto teatral.
ün fi·aile ca,puchino, que viene como
llorido deJ cielo, casa inmediatamente
á Roxana y Cristián. Este y Cyrano
parten de seguida para Arras con la
compaiifa.
La noche de boda está afin lejanaexclama el burlado Gufche.
-;,:'lle escribirá-pregunta Roxaua.
- Os lo prometo-contesta. ... Cyrano, y cae el teló~
ACTO IY

A.et:&gt; I .--Escena. última.

, _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _.aao_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _

ciento. Ocho follones malandrines dejó
tencliclos el fuerte brazo del gascón,
huyendo los demás.
Llega Roxana, hace confidencia de
sus amores á Cyrano, y le pide que
proteja á Cristián.

Acto !.--Escena III.

una bolsa de"' oro al escenario para indemnizar á los cómicos y se queda sin
dinero para cenar .
En la escena siguiente desahoga sus
penas amorosas con su amigo Lebret
(Robles.) El. CFano, ama locamente á
su prima. Roxan.a, sin atreverse á revelarla su se&lt;;reto. porque /, cómo bal&gt;ría ele quererle 1i. él con aquella nariz?
Una dueña (Sra. Herrero) le da una
cita de parte ele Roxana. Termina el
acto saliendo el bra,o gascón á librar
descomunal batalla contra cien boml&gt;res, que e~tán ~postados para matar
á su amigo Ligmére.
.
Con 15 luchó el Cid en Zamorn victorioso: g;:¡ le sacará de ventaja Bergerac.
ACTO II
Interior ele la Hosterfa ele los Poetas. Rai:ueneau. pastelero Y amat~in-,
felicita á C)·rano por su duelo con '· ~1vert. Corno Cyrano. que se bate é 1~provi~a á la par. Ragueneau hace tortas y hojaldres en ,erso.
. .
(Srita. ~u1lrez) su muJe1. se deLl·,-a
..
ó
ja querer ele un farfant n Y b""otudo
i.,
mosquetero. parroquiano de la cas_a.
Esta señora prefiere las armas a las
le~~=:ios poetas Je dan _coba literaria
ni dueño del establecimiento Y co~en
de gorra. Se hal&gt;la del combate de os

ºe~rse dueño y señor de Roxana, pero
h ,.
fallan sus planes.
l!:scena del balcón. El Ileso de Ro.cana.
'.\lagdalena Robín, Cyrano de Bergera'&lt;' Cristián de ~ou,illete.
E~"'ta escena tiene también un prccedente,
pordeel Bretón.
lado cómico,
en laEugemo
c1t~a
l"Ome-dla
Allí Don
entona una serenata, fingiéndose Don

Asf se lo promete él, todo abnegación.
Como el capitán de El Juramento está
á punto de romper.

Campamento en Arras. al amanecer.
Cyrano anima y conforta á los gascones, desfallecidos por el hambre y las
fatigas de la guerra, y le escribe á Cristiírn una
carta
paraatraRoxana.
Llega
éstadeenclespeoicla
una carroza,

v~sa udo el campo español eneniigo y
confiacllt á la ''proven-ial hida lgufa castellana." Xuestra proverbial hidalgufa
la deja pasar no sólo á ella, sino acompañada de abundantes y exquisitas provisiones de boca.
Roxana y Cristilín solos, dfcele aqueDon Kuge11io:
lla .que está enamorada de la belleza
-Está bien.
lle su alma retratada en sus escritos, y
Do,i Jl'a!Jricio:
que aunque fuese deforme de cuerpo
Pondere usted bien mis ansia;; . .... . le amarra lo mismo. Desesperación de
Cvrano estribirá cuanto llaga falta y Cristilín al ver que Roxana ama el alma
adiestrará á su amigo con su much_a la- ele Cyrano. autor de las cartas. Oyense
tia.
los disparos {le la arcabucerfa. Cristián
Je serrtis ton esprit, tii seras mci Mute.
sucumbe de los p1'imeros. Roxmna y
r or de pronto. le entrega una cartn sus compañeros rodean el cadáver. Sueque ya tenla escrita y no firmada, de- na una desca1:ga. Caen casi todos. Un
cla rantlo su propio amor.
oficial español aparece diciendo: ¿ QuiéEscena final.
nes son estos va tientes?
El amante ele Lisa, que vió achicarse
Cyrano responde:
á Cyrano con Cristián, se crece y "le to-Ca,detes ele Gascuña.
ma la nariz." Cyrano le abofetea delante ele todos y termina el acto segundo.
ACTO V y último
ACTO III
Quince años después-1655.- Jardíu
Jardfn y plaza. ,La casa de Roxaua. de un conYento. Una capilla. Roxana
Jlluro y balcón esca/ali/e. El pastelero llora la muerte ele su esposo, con el que
Ragueneau nos comunica. que su ~eñora no cambió más que un beso. Entra Cyha tomado las de Yillarliego con el con- rano, herido en la cabeza mortalmente
sabido parroquiano de los mosta&lt;&gt;ho¡¡.
y á traición por un lacayo vengativo.
Además los poetas se le ' han comido Delira, :y al ofr de labios de Roxana
la pasteler!a y está arruinado.
las primeras frases de la carta de desRoxana se entusiasma con las cartal'l pedida por él eRcrita y que ella. encontró
de Cristiiin. escritns por Cyr,ano, y éste sobre el cadáver de IJristián, r epite todo
oye con reprimida amargura los elogios el contenido. Roxana descubre entonque hace la mujer amada de su afor- ces el amor ele Cyrano y su sacrificio,
tunado riYal.
y exclama:
E l conde ele Guiche anuncia qne loR
-¡Vive. yo te amo!-Pero es tarde.
cadetes ele Gascuña van á levantar el
El brarn gascón muere prorrumpiensitio que ban puesto los españoles á la do en arrogante frase.
ciudad de Arras. Este conde pretencle
- Genio y figura basta la sepultura.
ele sol. aurora, Parnaso.
Y luego más adelante:
Do11 Fa!Jricio:
... En un billete
quiero declarar la llama
que me devora.

Pasion queridci
i:::at 11u t o ,tq.i,:

Pero reprime los impulsos ele su corazón.
Oh!

110:

yo dcho

morir.
Entran los cadetes de Gascuña (Señores Soriano, 111. l.\Iencloza, T?rner,
Montenegro, Blasco. Juste Y "\•al&lt;&gt;ntín) y su capitán Carbón de Castel-Jaloux (Sr. Cirera.) Cyrano los presenta al conde de Guicbe (l\fedrano.)
A,p arece Cristián, nuevo en la compañfa. y deseoso de ba~er una bom1?rada se burla de la nariz de su temible
co{n1mñero. Est~ resignado Y fiel á
su promesa, aguanta la_ burla co_n
asombro ele todos. Solos los _d~s. arrojase Cyrano en brazos ele C1;1_stifin.
Le perdona su provocac1on. S_abe
que ama á Roxan~:.. á,, quien él qmere
"con fmte1•nal carmo. Sabe que R;o·
xnna corresponde á aquel amor. c_ristián es sn hermano. Rasgo sublime
que no•será el último.. ni el mej?r }e
este carácter excepc10naJ.. C1·1stl.an,
a "radeciclo. clisculpa su 1mprudenc~ , desea cliri¡?ir una carta á su amada. 'que tenga mucha miga y m~chos
requilorios. Pero el pobre no entiende
de esas cosns.
. .
calla11do

¡Quien .~u¡iirra.

escnbir!

Afortunadam ente, ahf está su amigo

Acto III.--Escena. última.

�Domingo 7 de Enero de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 7 de Enero de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

~~
BALA.DA..
Era una noche sombría
y el viento triste gemía,
cuando en la calle ·desierta
la niña el arpa tañía
de hambre y frío casi muerta.
Se puso la niña en pie
y un hombre se le acercó,
.'° le dijo . ... no se que;
y la niña gritó: ¡No!
y el homb¡ infame se fué.
Y era la noche sombría,
y el viento triste gemía,
cuando en la calle desierta
se quedó la niña muerta
junto al arpa que tañía.
DIEGO VICENTE TEJERA.

De ~~11 Libro de las Burlas.11
XXVII
¿ Que si me duele? Un poco; te confieso
que me heriste á trai&lt;,ión, mas por fortuna
tras el rapto de ira vino una
dulce resignación .. . . Pasó el acceso.
¿ Sufrir? ¿ Lolrar? ¿l\Iorir? ¿ Quién piensa en eso?
El amor es un huésped que importuna;
Mírame como estoy; ya sin ninguna
tristeza que decirte. Dame un beso
Así; muy bien; perdóname; fuí un loco;
tú me ctuaste,-gracias,-y ya puedo
saber lo que imagino y lo que toco:
En la herida que hiciste por el dedo,
¿ que si me duele? Sí; me duele un poco,
mas no mata el dolor. . . No tengas miedo ...

XXVIII
Por las áureas estrías de tus ojos
cruza, como un relámpago, el coraje,
y la efímera espuma del ultraje
mancha tus labios, á mordidas rojos,
Bien muestran tus histéricos enojos,
la ruano que se crispa entre el encaje,
las rígidas arrugas de tu traje,
tu pie impaciente y tus cabellos flojos.
• ¡ Qué torpe fuí! Cesó la confidencia
y te hablé de mi amor ele mi existencia,
que va embebida en tí, de mi alma absorta;
te dije la tristeza que me aflije,
te dije que soy tuyo .... y no te dije
que estás muy linda . . ¡ Y eso es lo que importa!

LI
J;&gt;eja que me refugie en el ensueño
como niño miedoso en el regazo
de la madre, que me ha tendido un lazo
la vida, y yo soy débil y pequeño.
El mal, en abatirme tiene empeño;
para emprender la lucha, brazo á brazo
con él, yo necesito en breve plazo
del invencible talismán de un sueño.
Déjame ir; la vida me traiciona,
el ideal se aleja y me abandona
en la senda más áspera y sombría:
Si ya no quieres ser mi compañera
en el viaje al país de la Quimera,
acompáñame tú, Melancolía.
LUIS G. URBINA.

�Domingo 7 de Enero de 1900.

EL MUNDO ILUSTRADO

.Jllaría~uerrero

clásicos. El corral de la Pacheca volvió á ser la casa solariega de Lope y de Calderón, de Alarcón
y Tirso.
Años de inoh-idable esplendor fueron aquellos
para el Teatro Español. María Guerrero, dignamente. secundada por Fernando Díaz de Mendoza,
desempolvó las obras clásicas que yacían olvidadas en el polvo de las bibliotecas eruditas ylasllevó
ú i,;s tabla-, con todo el decor0 _v el n•;;pc·l0 &lt;¡;1e
{: t.:des rnomentos artístic0s ,,.,; de\,ido. Y :ll ln,fo
de los colosales gigantes del siglo XVII, estrenaron sus obras novísimas los autores que hoy son
licnra y decoro de la escena española: Echegaray,
Galdós, Sellés, Feliú y Codina, Cano, Blasco, altc-mando con los jóvene~ que andaban necesitat1,1~ de protección y aliento para sus ensayos
dramáticos, como Anzorena, Ballesteros y tant0s otros.
Aquella;- gloriosas campañas consagraron á
~!aria Guerrero como Reina indiscutible de la
cs.-cna egpañola; público y crítica unánimes asi
lo proclamaron, y después, cuando realizó su más
ca1a ambición de pasear por el mundo todas las
irnnarce~i hlcs glorias del teatro español, la descontentadiza y desdeñosa crítica prisién primen\ la er1.1ilita y severa crítica italiana, la entusiasta y talentosa crítica americana así lo reconocieron, complaciéndose en aplaudir sin reserva&lt;; á
la herm,.~a actriz que está realizando la obra
meritoria niás hermosa, más artística que alllla de
r.rl-riz coPc-ibió jamás:
Recorrer el Universo civilizado, mostrando
mueren, para consolar á su afligida patria con la
v.-,r tocb,; partes las glorias pasadas que nunca
(lfrenda dP. frescos laureles, de recientísimas desd tchas.
T.o que hasta hoy ha dado á la escena en el Racional, nuevo para nosotros á pesar de sus año~. es
una sola µarte de las novedades que aún nos ofrece
(aparte de lo selecto de los contemporáneos) y entre otras, la obra famosa de Rostand, "Cyrano de
Bergerac," cuyo argumento publicamos hoy.

En uno de los salones del palacete que habita
en :Madnd 1\laria Guerrero, hay un hermoso retrato de la e~1mente actnz, pmtado por ]!]milio Sala
cuando aquella tenía once años apenas. Y en la
bella cabecita pálida y reflexiva, donde brillan con
destellos de inteligencia los grandes ojos, negrot
y soñadores, fácilmente se adivina ya el poderoso
talento que había de alzarse pocos años más tarde
con el imperio v señorío de la escena española.
Creció ~1aría· felizmente en un medio esencialmente artístico; su natural buen gusto se afinó y
creció; entreg.'.1ndose al arte aquel temperamento
nervioso, senido por una inteligent:ia ciara y penetrante. Poserendo conocimientos musicales
poco comunes, a·dmiradora entusiasta de los grandes pintores, sintiendo profundamente las bellezas literarias, su pasión dominante fué el teatro;
compenetrarse en el pensamiento de )os grande,
dramaturgos dando movimiento, calor y vida á sus
concepciones íué su ambición predominante, ambición que, para bie'1. de la escena española, pudo
ver realizada.
Doña Teodora Lamadrid primero, el 1-!rnn ('oquelín más tarde, fueron sus maestros, y sólo tuvieron que enseñarla lo que de puramente mecánico tiene todo arte. La expresión dramática, la
adiyjnación y adaptación rápida del carácter de los
personaje~, el conocimiento perfecto de la ínilole
y condición de las obras, eso no necesitaba ~faría
Guenero que nacl:e se lo eneeñara; lo poseía en grr.•
do sumo, cual luego tan cumplida v gloriosamente lo ha mostrado.
María Guerero es madrileña n eta; madrileña de
nacimiento, de esencia, de corazón; y :Haría fué
testigo ele ~ns primeros triunfos escénicos. Al lado
de Don Emilio }[ario, en el Téatro de la Comedia
-único coliseo madrileño en quP, por aquel entorces se rendía culto respetuoso al arte escénico
-debutó )Iaría, mostrándo.se desde los primeros
papeles por ella interpretados, maestra del buen
decir, actriz irreprochable, llena ele gracia, de finm-a natural sin amaneramiento de espíritu, elegancia y distinción.
Ru esbelta y bien proporcionada figura, la peregrina belleza de !'U expresivo rostro, la música
encantadora de su voz clara, dulce y melodiosa,
su incansable constancia en el traba.jo, su comunicativo entusiasmo, su talento poderoso, rápidamente se impusieron al público, siendo para ella
un t riunío cada combate, pero ganando todos los
grados hasta el capitanato general de la escena,
por acción de guerra, en el mismo campo ele batalla.
Primera actriz de la compañía de Emilio ~Iario
todos los autores dramaturgos españoles la esco~
g ieron ele preferencia para intérprete de sus obras
y allí creó la "Mariana" de Echegaray, la "Dolores" ele Feliú, la "Augusta" ele Galdós, la "Gloria" de Ca~o y tantas otras figuras femeninas de
acusado reheve, que tanto deben ele su vida inmortal al autol' que las imag;inó, como á la artista que
supo interpretarlas.
Pero )Iar íá Guerrero necesitaba mayor_ espacio
para desarrollar cumplidamente sus facultades
l ihertad absoluta para real izar sus vastos pro~rec~
tos ar tísticos, iniciativa propia para exteriorizar
sus planes de renacimiento escénico. El anuncio
ele la subasta para el arrendamiento del Teatro
Español la ofreció ocasión propicia la realización.
ele sus deseos, un¡i jovencita, casi una niña, prumetía hacer lo_que acaudalados y hábile~ ,~mr,resariu;,
Jo que grandes y respetados actores 11ü hahían c·onseguido: resucitar aquel cadáver glorioso que se
llamaba "Teatro Español." K o contaba parn tan
bravo empeño más que con su talento, su exc¡u;,·ib
buen gusto, su voluntad inquebrantabl e. Y realizó con creces lo prometido.
El derrumbado coliseo de la Plaza de Santa
Ana se convirtió en pocos meses en la sala de espectáculo más elegante de Madrid; aquella sala
que años antes sólo era frecuentada por venerables
momias y modestísimos burgueses domingueros,
fué punto de reunión de la más encopetada aristocrática y elegante sociedad; y ante todo y sobre
todo en aquella escena donde la escéntrica Miss
Surline se zambullía en su acuarium, donde las
magias tenían su asiento, volvieron á resonar,
alados y melodiosos los versos maravillosos de l os

a

La estimación pecuniaria de la obra, se obtiene
por comparación con los datos que hay de la
apertura ele los túneles montañosos. El del San
Gotardo cosió á la razón de 3.800,000 franco8 por
kilómeti'.o; el del Arlberg (11 kilómetros) se hizo
en cuatro años y su presupuesto fué de 4.000,000
por kilómetro; el del Simplón que tendrá 20 kilómetros, no costará más de tres millones kilómee
tro con un avance de 4 kilómetros por año. A me&lt;:ida que !'e perfeccionan los procedimientos científicós, las obras de esta naturaleza se hacen más
violentamente y con menos dinero.
El ingeniero proyectista calcula que el túnel intncontinental se puede abrir en siete años y que
n0 se gastará en la obra más de 123.000,000 de
francos.
•
Creese en Francia que esta obra gigantesca no
es inferior al Canal de Suez, legado maravilloso
que deja nuestro siglo al que va á empezar, y dicen también los franceses que el túnel ínter-continental tendrá como corolario la gran línea férrea
de Marruecos al Senegal y al Golfo de Guinea.

El Túnel de Gibraltar.
El i11geuiero francés M:. Berlier ha presentado
al gobierno español un proyecto para comunicar
por ferrocarril á Europa y A.frica.
A medida que se explora este continente, misterioso hasta hace pocos años, aparecen enormes
recursos reservados para quienes sepan y puedan
explotarlos.
Los franceses má~ que I1ingún otro pueblo, tienen interés en buscar por tierra una ruta coioni ~,
¡ue ponga en contacto directo la metrópoli ~- las
uosesiones africanas. El túnel intercontinenta: v
~ 1 1bmarino entre Esuaña y M:arrueco~, eD í'Omhr"ílCión con un ferrocarril de Tanger á Lall::i-1\i ,,ghnia. ~cría-así lo dicen las revistas francesas al hablar de este proyecto-el principio de un
gran desarrollo colonial.
El estunio de las cai-tas marinas que consignan las nrofundidacles del mar en el estrecho,
llevan á la conclusión ele que es preciso renunciar
á la línea más corta, esto es, la que va del cabo
Ciris prarruecos), á la costa española (14 kilómetros). Estas profm1didades son de tal naturaleza. que forman peHdiente;. violentisimas, algunas
de GOO metros. En cambio, la línea recta de Vaqueros (España) á Tánger ()Iarruecos) tiene profon:
el iclacles mucho menores (396 metros como máxi1;1um, dando por resultado pendiente de 25 milímetros por metro. La longitud de la línea es de
32 kilómetros.
('orno el primer trazo presenta dificultades invencibles, es necesario adoptar el segundo, por
más que los trabajos de perforación en ambas costas, eleve la cifra de longitud total del túnel á 41
kilómetros. Estos trapajos, que son de -tres kilómetros en España y de 6 en Marruecos, no pueden evitarse si- se quiere reducir la pendiente á la
proporción indicada.
En el lado español, el túnel así trazado. en~
troncaría con la línea española que recorre el litori,l entre Málaga y-Cádiz y pasa por Algesiras y
Tarifa; en Africa se prolongaría siguiendo el trarn de Tánger Kais el Kebior, Fez Oudjda y Lalla
Magbnia para encontrar la red ferrocarrilera argelina.

.EL MUNDO ILUSTRADO
AÑO VII--TOMO 1--NÚM. 2
·

MÉXICO, ENERO 14 DE 1900.

8UBSCR!Pr.IO!l llll!NSUAL FORAIHA, Sl.50
IDEM IDll:I( EN LA CAPITAL, SL2á

Geren te: AJll''l'OJll'IO CUYAS.

llirecto:r: Lio. BAl'AEL BEYES SPÍJll'DOLA.

CYRANO DE BERGERAC. •

•

~;:-~
Muy pronto tendremos entre nosotros al buen
Cyrano de Bergerac. Ha viajado mucho; ah?ra V1ene de España; trae de allá prestada la vestimenta.
La espada, no; es suya, aunq ne al parecer, ?s la
misma que usó el valiente ele Cetvant~s. Aqm 11ega cargado de laureles y de hazañas. T_odo en él ~
atrevido y audaz. Hasta el nombre,-d1ce un escritor hispano,-parece reto. Hay en las seis sílab~s
que lo componen, un no sé qué de ostentoso atrevimiento que desafía. Entre las letras que componen
ese nombre suenan las espadas y las espuelas, y se
ve el sombrero de gran penacho. ¿ Admitirás que el
nombre es una representación de la· cosa ?-pregunta Sócrates en el diálogo del divino filósofo.
Pues es~ poeta fanfarrón y nobilísimo, Oyrano,
es un espíritu caballeresco, representa una época,
es la gracia y el valor franceses personificados.
No falta quien encuentre en este bravucón rasgos ele Don Quijote. Hay, efectivamente, en él,
cierta semejanza por cuanto á que, en ese vaso
francés se han mezclado el vino, la champaña y el
vino generoso: bravatas francesas y locuras españolas. Cyrano, como Don Quijote, es una caricatura
del ideal.
La comedia l1eróica de Rostand, por otra parte, no es más que una comedia de capa y espada,
que ha podido esucharse-clice un cronista~n el
moderno corral de la Pacheca, como si fuese obra
legítima de cualquier resucitaao ingenio de la
corte.
Rostand, de quien se dijo que había entrado en
el reino negro de la locura, ha obtenido el mayor
triunfo teatral de la época. La gloria le llegó cargada d.e presentes y riquezas. Ex1to más ruidoso no
hubo en París hace poco más de dos años. Y de
París se extendió á Italia, á Inglaterra, á España.
Damos en otra página el argumento de esta obra,
~tomándolo del " I mparcial" de )1adrid.
El mismo reputado diario dice lo siguiente acerca de le representación dada en Madrid por la
compañía que trabaja actualmente en el Nacional.
"La obra ha sido puesta en escena espléndidamente, á todo lujo, especialmente en lo tocante al
vestu ario. Es un buen preceldente, digno de ünitarse en las producciones españolas.
Fernando de Menaoza ha dado en esta obra un
gran paso adelante en su carrera artística. Su Cyrano es una verdadera creación. Sobre todo, en la
escena del duelo, en la presentación de los cadP.tes
(cadels en francés, segundones de casa grande entre
n?sotros), y en la escena tan inspirada y tan hábllmente compuesta del balcón, fué un artista de
cuerp,o entero. Logró muchos aplausos, que compartw con él María Guerrero. En general, todos
lo~ demás (iplp?sibles de citar nominalmente por el
numer~) trabaJaron con esmero. Mención especial
para C1rera y todos sus cadetes. La dirección deescena muy acertada. En suma, un éxito de honra.
y de provecho."

Señor qeneral 2011 felipe _B. .Berriozáhal,
Secretarlo de guerra y ]Ylarlna.
Jraci 6: 23 de A ,rono d e 1827.

(Pot. More.).

•

t 9 de Ene r o de 1900.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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3 78

Domtngo 24 de Diciembre de 1819.

no ele rayos y de nubes donde se sienta el Padre
Eterno y donde yo me sentaría á mi vez, lo que,
en wrclad, me dejaría sumamente perplejo.

III
Al üía siguien te. de8pués de tantas r eflexiones y
sueño~. no quedaba en mí la menor vacilación.
Cuando entró el hada, c011templaba yo con ojos ser eno,- la perla que me había dado y que había p uesto, entre los papeles de mi mesa, en una copa de
bronce, en medio de un volumen de L eón Dierx y
otro de José María de H eredia.
l\Ic preguntó:
-;, Has hecho ya tu elección, poeta?
-8í, hada.
-¿.?efinitivamente?

Año VI- Tomo IC

-81.
-¿ Y no sientes ninguna tristeza por los bienes á
que has debido renunciar?
-Xinguna.
-¿ Xo dirú~ nunca que em1)leaste mal el privilegio que te dí?
-Kunca.
-Hahla pues, dijo el hada.¿ En qué quieres que
8e conYierta la perla, que bajo su nueva forma, que
será tu~·a, g-uardará su belleza incomparable?
-Yo le re8pondí : en un Soneto.

M é x ico, Domingo 31 d e Diciembr e d e 189 9.

►

CA'r ULLE MENDES.

A LA. MEMORIA DE PABLO AB.AOS.
He escuchado de pronto, en torno mío
Como un. rumor de algo que se muere,
El eco de una cuerda que se rompe,
El eco de una lira que enmudece.

~~

~~

( DE LESSING)

Plutón recibió la visita de Mercurio, que había bajado al Averno para ofrecer ·sus servicios
al dio5 de las tinieblas.
- ¿ Quieres algo para el mundo de los mortales?
-preguntó el mensajero de los dioses.
-Sí,-contestó Plutón.-Mis Furias han envejecido lllllcho; el constante trabajo les ha quitado
fuerzas y no martirizan á los réprobos con todo
el rigor que marcan las or denanzas. Deseo, por
lo tanto, relernrlas . . . ¿ X o podrías proporcionarme otras, jóvenes y fuertes? Anda, pues, y busca
por el mundo tres mujeres que puedan substituir
dignamente á mis pobres Tisiphone, Megara y
Alectona. (1)
Mientras ~Iercurio partía velozmente á cumplir
el encargo, Juno daba instrucciones á Iris, su diosu favorita .
-Venus,-le decía,-se muestra muy orgullosa é impertinente por tener á su lado las tres
Gracias, de quienes se cuentan en el Olimpo algunas historietas . . . . Quiero avergonzar á V enus
y humillarla, haciéndome servir ele tres doncellas
absolutamente castas, que jamás hayan amado y
delinquido (siquiera sea en el pensamiento) en materia ele amor .... ¿ X o se atreve á decir esa odiosa Yenus que todas las mujeres están sometidas
á su imperio ~- al del rapazuelo, su hijo? Vuela,
pues. mi l1uena Iris, y buscas por el mundo tres
mujeres de una castidad severa é inquebrantable.
Obedeció Iris, y no dejó rincón alguno de la
tierra sin visitar. . . ¡ Inútiles esfuerzos! P ersuadida de que no le era posible complacer á Juno
r egresó d'}salentada al Olimpo.
- ¡ Cómo !-gritó la diosa.-¿ Vuelves tan sola
como partiste? ¡ Oh, castidad, Yirtud sublime,
cuan ol Yi,lada te tienen los míseros mortales!
-Excelsa Juno,-contestó Iris,-hubiera podido traerte tre;; jóvenes perfectamente castas, que
jamás habían amado á ningún hombre, que á ninguno habían favorecido con una sonrisa v cu yos
corazones nunca habían palpitado á impi1Ísos c1el
más le,·e J.e~co amatorio. . . Pero ¡ay! llegué demasiado farde .. .
-;.Y bien?
- )Jercurio, en nombre de Plutón, se había ya
apoderado de ellas.
-~ F ;, posihle? i Tres jóvenes que eran la castidad, la virtud misma, que no habían amado
nunca ... ! ¿ Qué quería Plutón hacer de ellas?
-Furias ...
(1) F ;,to;: nombres significan : "rabia, carnicería
y envillia."
•

Yo conoc_í esa lira eu otro tiempo
Fugaz, fugaz, primaveral y alegre;
La conocí cubierta de amapolas,
La conocí ceñida de laur eles.!
~

¡ Cómo vibraba el ritmo cadencioso
Lleno de amor y de ternura siempre,
A la luz de la estrella matutina,
Bajo el follaje de las hojas verdes!
~~

¡ Ay, cómo entonces se acercó al oído
L a rima de tus versos dulcemente,
Con la magia de un himno que despierta
O el hechizo de un canto que adormece!

SIN SOMBRAS.

~

~~

Y áun oigo, dulce bardo t us cantare5,

La noche no es triste, si el cielo en que arde
el último rayo que alumbra la tarde
conser va los vivos reflejos del sol:
la noche, con astros lucientes y blanco!:'.
no -es triste si llega prendiendo en los flancos
de agreste montaña su azul pabellón .
Si esconde el ocaso su cinta escarlata,
si flotan las nubes con or las de plata,
si brilla la nieve del alto volcán;
si todo se cubre con diáfano velo,
que es luz en el astro, cambiante en el cielo,
color en el lirio y estela en el mar.
No es triste la· noche cuajada de estrellas;
n o es triste, si el aire, fingiendo querellas,
inclina los juncos y arranca un rumor;
si nace el misterio. si surge el encanto,
y ocultos exhalan, el ave su canto.
¡ la flor su perfume y el alma: su amor!
¡ Oh, luna, flor casta del cielo en la noche !
¡ Abriste en la somhra tu pálido broche
y viertes doquiera tu mística luz!
El árbol se argenta con claros reflejo,.;,
se esmaltan los campos, esplende á lo lejos
la selva, y el monte se viste de azul.
¡ Oh d iáfanas horas! ¡ Oh breves instantes!
los ángeles bajan y vuelan errantes
trayendo rocío, consuelo ~' amor.
Reptiles ~· monstruos descansan inermes:
¡ Oh anciano que vela!-, oh niño que duermes!
vuestra alma se hn, ido en busca de Dios!
¡ F eliz tú, si llevas la noche en el alma!
¡ Felices r ecuerdos que viven en calma!
¡ Felices memorias de cándido amor!
La noche no es triste, si el cielo en que arde
el último rayo que alumbra la tarde,
conserva los vivos reflejos del sol!

Lms G.

URBIXA.

En esas lejanías de la muerte
Donde la juventud alzó las torres
Que nunca al polvo derrumbadas Yienen !
~~

Cúspides altas donde el sol deshace
Del desengaño ~· de la echtd las nieves.
Donde van á abri_garse los suspiros
Que le arrancan al pecho los re,·eses !
~º~

Torres á cuyos pies, más tarde. ,emos,
J,a;; pocas dichas que en el alma duermen
Echúndose á volar como los pájaros
Que al sol las plumas de S115 alas tienden!
-&lt;::)- ~

~

'l'orres ú en.vos pies la fosa se abre,
Que guarrla el barro que la vida envuelve,
Do Íl la vida renace, como el tuyo
El espíritu en medio de la muerte !
"0-v,C ~

Donde hov escuchas nuestro acen to amigo,
Donde rnn ,i llorar los que te quieren,
Donde el último Rueño venturoso
Entre los brazos de la gloria duermes.
~~,;:::,..

uuo

Duerme! . ... y tu sueño venturo~o halaguen
L eves auras de amor de tu Campeche
Y del hermoso mar que tanto amaste
El dulce arrullo de sus ondas Yerdes !

.,

)lé.xico, 1-! de Diciembre de 1899.

,TOSE PEON CONTRERAS.

j

Número 2 7

�380

Director: LIC. RAFAEL REYES SPilfDOLA.

Bnropa ·'fin de ~iglo".-1. La Tríplice: Alemaui;l y ~u balance político.-Austria-Hungría,
¿ morirá el Imperio ?-l talia, ¿ habrá recaída?
2.-La duplice: Rusia.-Alta presión exterior.
-Expansión sin hiatoi-.-Francia.-Su nueva
orientación; su problema social y coloniái.--Dosciento¡; millones ele peFo~.
3.-En torno del Mediterráneo clásico.-En el
Mediterráneo escandinavo.
-!.-Inglaterra sola.

&amp;L MUNDO.

Su pro8perid11d industrial -es inmenM-, superior
á cuanto sus hombres de Bstado habían previsto;
puede inundar al mundo con sus artefactos, lo
inunda va.
'l'iene el Emperador que necesita: murmura de
él, le re;;iste, ruge ,:.ordamente á vece;:, pero su domador la magnetiza, y lo adora, en realidad; cosa
singular, no hay un alemán que le perdone, por
eiemplo, el haber de,µedido ca:-:i bru~amente al
viejo Bi~mark de la política y del trono diplomático en que se había ,;entado, y todos admiran, sin
embargo, el ra:-:go de energía .Y de ".-:elfhelp" que
aquel desaeato demo:-tró. Lo, ímpetus de paladín,
los ardorc1, de apóstol, la, actitudes de profeta,
que lo hacen apnreccr de repente como Ralido de
una armadura &lt;le la Edad }Iedia, encantan á las
mujereRyi::eimponen á los hombres; sus 'impromptus" político-: prorncan corajes, temores y algunas veC'e~ :-:ilbido,; : pero ninguna inquietud profunda, ninguna protc.:ta formidable, porque saben que
todo les i-ale bien á la postre.
La poteneia en auge de la producción alemana,
el inmenso capital en ella itwertido, la extensión
de ~u comercio neee:,itan mercadoi; seguros, y de
aquí la idea colonial: el mundo amnrillo y el negro,
e1-tán amagados de comprar la bisutería alemana,
porque el mundo blanco amenaza encerrarse entre las mu ralla~ de China del proteccionismo á todo trapo. De aquí e~as posei-iones de aborde y de
núcleo en In, rostas afriranas, en el }lar Amarillo,
en Hamoa; de aquí el ,·iaje del Emperador á Inglaterra: tenía que ir á besar la mano de su abuela la
noble y hon rnda anciaua, éasi sagrada para su pueblo, en momentm: en que la ultrajaba infamemente e:ia parte &lt;le la prensa francesa que ultraja el pudor ele toda~ la,; mujeres )' que la de buen criterio
y de buen tono, que e;; la mayoría en Francia, por
fortuna, e,-tigmatizó con su reprobación caballerosa y digna. Xo •e necesitaron para ello, las alusiones irritantes del 8r. Chamberlain y el incidente
quedó cerrado &lt;'Oll la digna y cortés invitación del
almirante Bere,&lt;lorf al representante de la marina franre,a en Londres y con la elegante y amable
C'Olltestación tle é~te. Corno era natural, al besamanos :;ig11ieron la~ entrevistas entre el Emperador
y su l1inif'fro de Rela('iones con los :Ministros ingleses, se puso en limpio no un protocolo de alianz2,, pero sí un pro~rama de acuerdo respecto de ciertos puntos ob:-&lt;:nros en que podía surgir algún conflicto y á ¡.eguida voh-iót1e el Emperador á su Imperio, no sin e,tampar de paso nn be,o en cada una
de las mejillai&lt; en flor de la fresca y encantadora
reina de Holanda, bef\o que clebe haber sonado mal
en los oídos de la vieja A.lbión como decimos los
viejo;; afi&lt;:ionado~ í1 la,; fra:;e~ estereotipadas. Y
luego,~' cuando se hahlaba de que la tríplice estaha á punto de con,·ertirse en cuadrúplice, el Sr. de
Buelow, pron uncia su gran tlii&gt;curso sobre política
exterior y adió:, alianzas y adiós ilusiones; y luego
vino el voto de un copioso crédito para la marina
de guerrn y adiú,- ilusiones y adiós alianzas: porque es claro. toda nación que hace crecer en Europa su marina, tiene delante á, Inglaterra.
La marina e,, la imprema necesidad &lt;le los puehlos coloninleB, v Alemania tiene la necesidad ele
~erlo; así C'ree ¡lespejar paulatinamente su enorme incógnita ,ocial. Y no hay imperio colonial
sin marina: Ri en vez de gastar España el dinero
de América en perennes aventuras de guerra, lo
emplea en crearse. aun después del desastre de "La
Invencible'' una marina superior á todas las otras,
limpia de corsarios los mares del Nuevo lfondo y
~alrn su imperio C'Olonial, ó al menos cambia las
conclicionei- de 511 emaneipación; así lo comprendió
á. principios del :-:iglo pa::1aclo el pobre Alberoni, pero era.ya tarde, Inglaterra habiacrecido. Y como sigue creciendo en el Océano, resulta que toda empresa marítima se la encontrará. en sus rutas merrantile, ó colo11ialeR; á todos ba. tomado un siglo
tle delantera y es difícil batir el "record" este.
Resultado: para Alemania ya no es Francia la
nrimera preocupación, ei\ la vieja Albión, y cuando
Chamberlain decía que la raza teutónica y los dos
grupo, anglo-;.ajones deberían hacer se solidarios
por su común origen r sus interefles comunes, la
p rensa alemana contestó "te creo" y el Emperador
dijo para su coleto "te veo."

1.-l"na centuria lega á la que le sigue todos sus
problemas,más complicados por las soluciones parciale~ que periódicamen te encuentran; toda solución á medias es ingerto tle un problema nuevo en
el viejo problema troncal, como decimos en español de ,-ccretaría de vía:; 1le comunicaeión; con lo
que lograulOS debilitar la C'Ue~tióu prim itiva multiplicando las derivadai&lt;. Y dejando estas reflexiones naturales en un viejo floricultor como yo,
daremos un brinco en materia C'0n la ligereza que
me caracteriza. Y creed ¡oh ! mi, lectores, ¡oh! pequeño g rupo de mii' lectore~, ¡oh ! po;;trera ilusión
de mi rnnidad literaria, creed que el reproche de
''ligereza" que algunas peri'onai; de aplomo suelen
lanzarme por ahí (hablo de m is amigos, naturalmente) no me enoja; halaga en ~erreto mi orgullito sentado sobre u n respetable petle»tal de gordura y de años;¿ ligero yo?¡ Oh ! Pimpleas, ¡oh ! musas, ¡ oh! T erpsicore, la de los piés alígeros, ¡oh!
Esculapio, dios prohibidor de féculas y exterminador de las tres razas del ilu,;trado autor de "El
porvenir de las naciones hispano-americanas," yo
os voto, si hacéis de mí un hombre ligero, coronas de flores y lfüarione~ 1le agua clara deliciosa y
fría, como "La. niña boba." que nos sinió }1aría
Guerrero en la copa de oro de su gracia pura y de
su talento impareahle.
¿ Qné dirían mis lectore,: ~i con e;,te motivo(¿ con
cuií.l ?) les hablara ahora de la triple alianza? Pues •
aquí va: la triple-alianza, la tríplice, el "dreibund,"
no existe, ha pasado á la historia. ¿ ('ómo? ~omprendo que es un atrevimiento ít la } Ir. Chamberlain, lanzar esta paradoja á los cuatro vientos
cuando precisamente los ·'cables" últimos nos hablan de ,:u renovación solemúe v el 1Iinistro de Relaciones del Imperio Austro-himgaro, Goluchowski, acaba de declar ar que nunea ha sido tan firme
como hoy. ~o importa, in,-i,-to: he aquí por qu~.
· Cuál era el objeto ele la alianza entre A.lemama
Au~tria para el An4ria ~ Pre:,errnrla un poco
de Italii1, un mucho ele Rn,-ia y a-,eg-nrarle su posición preponderante en una parte ele la península balkánica. P ues en el mismo di;,curso en que
dice que la tríplice e~ perdurable, el $r. Goluchow;,ki, participa al m un&lt;lo que, desde hace dos
añof', la armonía de Au,.:tria ,. Ru•ia uo puede ser
más cordial, que el acuerdo ~obre todo lo concerniente á la península balkánira e~ íntimo y que
mejorará más y má:,. ;, Entonce~, c·uál es el objeto
de la alianza por el la&lt;lo au,.triaeo? Xo ~e palpa ya.
¿ Y por el lado italiano? E l últ imo dil"curso de la
corona no dijo una palabrn de la tríplice, ¿ ohido?
Si, pero ya no hay má~ qne oh·idos Yoluntarios ¿ y
n&lt;-r qué? Porque la triple-alianza, para los italianos, era contra }~ranein, rontra la Francia papista,
contra la Francia colonial en 'l'únez y la Tripolitana. Ahora bien. la FranC'ia papit"ta (nos referimos
á la polí tica) no exii,te; el Papa la ha desarmado;
la Francia en Túnez ha mejorado la situación de
las colonias italiana¡.: y la Tripolitana problablemente iría al poder de Italia con má~ beneplácito
de Francia que de Inglaterra; además, las relaciones económicas entre las dos hermanas enemigas 11yer, son hov de mu•YO tan estrechas,
que bajo la presión de la comunidad de
intere!\es toda desavenencia irá desapareciendo. _La triple-alianza ceM. de ser un objeto
1le primera necesidad para Italia; es un artículo
de lujo; les cuesta mucho; le ha costado un deficit
enorme y una trabajosísima existencia füranciera.
Luego si ya no es un fin de propia conservación
La sue1-te del imperio austro-húngaro preocu¿ cuál puede ser el fin de la tr,:nlire? Yee.lDOf Ale- pa también hondamente á. los políticos europeos;
todos sabemos qqe es este imperio una combinamania.

y

Domtngo 3 l d~ Diciembre de 1899,

Domine-o a1 de Diciembre de 1899.

ción, no una nación; puede haber una nación formada con razas distintas: Alsasia y Lorena eran
francesa~, de alma y alema?-a~ de sangre; pero no
hay nac1on donde hay distmtas nacionalidades
es decir, grupos étnicos ó históricos que tien:
den con todas sus fuerzas á la. autonomía y que
no pueden ser una federación, porque son profundamente antitéticos entre sí: e~to sucede con Austria-llungría. Los magyares son odiosos á los eslaros, á quienes dominan duramente; por solo esta
circunstancia, los alemanes del imperio, igualmente odio::;os á los tcheques (eslavos de .Bohemia) son
aliados de lo$ húngaros; pero los c~lasos sometidos á Hungría y los eslaros polacos de Galitzia, no
tienen los anhelos de autonomía que sus congéneres lo~ bohemios. Todo este mundo heterocréneo es
un ~difi~io que se llama i~perio austro-l~ímgaro,.
gracias a una clave: la vida. de Francisco José·
muerto éste ¿ qué sucederá? El sobrino hereder~
es de una in:,ignificancia popular; ¿ subsistirá el
imperio? Lo;; bohemios formarán un reino aparte; los esla \'O~ polacos seguirán la suerte de sus
hermanos y caerán en manos de los rui,os; los otros
e~lavos se unirán á los balkánicos para formar una
federación entre el Adriático y el Mar Xegro · los
alemanes se unirán al imperio germánico qu.'e sea•omaría entonces al ~Iediterrá.neo por el Adriático en Trie~te? Los húngaros formarán otro reino
como los bohemios? Quién lo sabe? Los optimista!"
y puede que tengan razón, afirman &lt;1ue antes
llegar á un desmembramiento que desequilibraría 1!1~s de lo que ya está á la vieja Europa, se
reumrrn un nuevo congreso de Viena, como en los
comienzos de nuestro siglo, y reconocida la neceRidad de e;;:a entidad híbrida como cuña para
impedir el de~moronamiento de la paz y la reapertura de otra enorme cuestión de Oriente, formaría una federación de autonomías, presidida por
un emperador Habsburgo; puedeu los profetas
echarse á. volar entretanto.

mitido;; po~ ~- Loubet, retira sn mano de la urn~delaHepubl!ca y Re da al diablo. Todas son pamplmas que _l~. Delcas~é ha deshecho en su discurso
sobre la pohtiea exterior ante la Cámara de Diputados; l_a aha~za perdur~ por, la, si~1ple razón de que
su obJeto _;;e a.clara meJor drn a dia y como coincide
con el _obJeto alemán y como de lo que se trata es
~e obh~tll' ~ lng!aterra á compartir con ellas su
mdefürnlo_ imperio colonial, de lo que la dúplicti corre r1e5go es de hacer:;e tríplice á su vez sobre todo desde que las marinas de los Estdos Únido:1 )' el J~pón puede~ reun_irse á la inglesa. Hace
muchos anos que nadie sabia lo que esas marinas
signifitilhan; China y España han demostrado á
sus expensas el verdadero precio de los barcos que
las fulminaron en breves combates.
Y á propósito un oficial francés hablaba en no
sé cual periódico de I)arís, de la facilidad para la
n:iarina de evitar, encerrándose en los puertos contmen talci;, el ataque de las superiores escuadras
inglesai,; ''e' est bienot d it." Ahora resulta que
Francia está desprerepida para una gran guerra
marítima; d~spre~enida ante la fuerza gigantesca de sui- vecmos msulares tanto como ante la mar~na no!·~e-americana )o estuv~ España. ¿ Es posible? ); i buques sufic1ente1&lt;, m entre los existente,; bai,;t~ntes de primer orden, de acero y capaces
de me&lt;.l1rse con los gigantes de C'atorce y quince
mil toneladas que los inglese:- multiplican, ni la
defensa de las costas bien organizada, ni los puertos coloniales en un grado superior ele utilización,
etc. Si en estos momentos egtallara la guerra que
cuen tan que Mr. Chamberlain cle,ea, para rehacer
el prestigio perdido á orillaA del Orange y ·del 'l'ugela, Francia quedaría descalahrada en el Golfo
de T onkin, en las Antillas, en el l1editerráneo.
Ciertamente yo no me atrevería á decirlo ¿ con
qué competencia? ¿ con qué datos? Pero esto y
más dice y prueba en un estudio flamante Ed.
Lockro, dos veces ya }finistro de 1Iarina, perfecto conocedor de las nece~idacles ingentes del
departamento que en los ministerios de concentración ha regenteado. Y la comprobación de que no
son exajerados, se infiere del consentimiento de
las Cámaras francesas en arrojar i-obre los hom~
broa de un presupuesto enorme en el capítulo de
gastos de Guerra y :llarina, dosciento,, millones (en
pesos mexicanos) dedicados á la defensa marítima. Quién no desearía vivamente que Francia
abandonase sus perpetuas reyerta~ en que dos centenares de "tapageur~·, á quiene,;· ,:eguirán eternamente las multitudes ignaras y lmlliciosaR, pretenden imponerse á las a~amhlen~. al gobierno, al

d;

¿ Y la sacra Italia? Si alguna nación necesita
concentrarse, neutralizarse para toda ambición
exterior, completar y organizar su deficiente unidad nacional, que brotó de un gran arranque de
entusiasmo, pero que al día siguiente de los Cavour, de los Garibaldi y lo:, Yíctor llanuel, resul ta llena de dificultades y lagunas, y reparar concienzudnmente las ruinas de su erario, es la noble
nación latina. Si recae, todo quedarií. aplazado,
todo volverá al azar, si recae en el error de una
políti&lt;:a colono-militar; parece que los ingleses
la quiernn arrastrará ocupar una buena parte &lt;le!
8udán .Y del valle superior del Silo, para que ellos
puedan concentrar sus elementos en el .A.frica ..lustr~l ¿ á cambio de qué? ¿ De una futura alianza.
contra el Xegus. de Abisinia? La aYentu ra sería
peligrosísima y la posición de Italia en E uropa
~ería p recaria; ni los alemanes, ni los r usos, ni
los franceses le perdonarían esto; lo que es gral'"e.
Italia pre~enta en estos tiempos el grandioso
espectác·ulo de un gran "risorgimento" intelectual en que domina el espíritu científico de nuestro siglo, sus fuerzas no están compartidas, como
en el Renacimiento, entre la ciencia v el arte; la
primera domina, la era industrial será su resultado, y el arte erguirá después su figu ra eterna
de mármol de Carrara sobre el pedestal gigantesco de la verdad científica; la verdad, que es lo relativo, adquiere periódicamente en el alma inmortal de los latinos, ese esplendor que es la belleza y que ilumina al mundo.
Entonces si que la profecía del "re galantuomo'º se habrá realizado; Italia habrít hecho de sí
misma una nueva guiadora de la civilización humana: es s1i destino.

2.-La al ianza franco-rusa ¿ está deshecha como la otra? ¿la dúplice ha corrido la propia suerte que la tríplice? Así lo aseguran alguno8 ; los
hombres de estado del "Petit journal" lo hon declarado terminantemente, como que están en tod~
los ápices de la diplomacia; üÍ se lo hacen creer
al menos á los quin ientos mil especieroA, cor..ieteros
y provincianos que forman su principal clientela.
Por no haber aceptado una alianza ó por lo menos un acuerdo, como dice Mr. Chamberlain, con
Alemania en las cuestiones coloniales, el Emperador Guillermo alióse con Inglaterra y el 1.'sar,
ya descorazonado por los ataques al ejército per-

país ... . .

r
1

l

1

j

R u~ia marcha mejor; la ma&amp;i de la poblaciún
sigue soportando como un tlecreto &lt;lel Althlimo el
despotismo paternal y hierático del autócrata, las
clases ilustradas suspiran silencio~amente por el
liberalismo del porvenii; que probablemente ~erá
imposible antes d_el siglo XX~ y entreta~~o algunos restos cruelf¡;m10, de la !erren opre,1011 pa,;ada, como la deportación á :-iiberia, tienden á de~aparecer.
•
lh11,ia es una enórme ma,a l)oreal ~iu f'Olución
de continuidad su imperio colonial es ella. mi...mn.
Rusia se sient; europea, pero se quiere aRiática,
quiere ejercer la hegemonin en el _.\.sia. E~ dueñ.t
de todo el septentrión del conti1~e11te.. ha, !)or~ado
la frontera meridional de su mipeno 8ibenano
por un ferrocarril que dentro de poco tiempo habrá puesto en comunicación Cherbourg en el Canal de la Mancha con Plterto _.\.rturo en el Golfo de Petchili · al Snr de esto,: ocho millones de ki'
.
lómetros de terraplenes
herrado~ que _t~enen
por
estaciones fortalezas y que e,;tan m1htarmente
a!ministrados por el -;,.ohierno, e:-\tím ln Per.,ia,
ya casi un protectoradd"ru;;:o -". todo el ant_iguo Ir~n
át-iao é ingrato, en donde e-ni,, no ha~·. mas que t.,
tío é ;nvierno en donde el calor ei; ma, inerte que
en el Mar Roio y el frío irrual al del Spitzherg. un
horror climatérico, pero al través del c·1ial el ru ...o
altaico, mestizo de e::,lttro , de tátaro. hu~ul la
&gt;.1trada á China por lo-: itinerario!'- clásicos &lt;l~ los
Djingliis-Khan y ]os Timur-Leng y la ~pro.x.m~aeión al paraíso que riegan con i-u abamco :fi~nal
10!, siete hindrn, que luego ;;:e trenzan_ en el Hi_ndo
y bajan al Océano; el camino &lt;~e AleJan5lro trmnfante: 1trrancar ]a India á Joi- mgle~es o ayudarla
á arrancarse sola, ¡ qué tentado~ ensueii? ! Y tr~.(arse la mavor parte del com_erc10 ~e Ch!na, i q~
Mbrosa. tentación! En el Asta vera el siglo pro-

,.

EL MUN{)().

ximo desenlazarse el duelo formidable comenzad()
en los tiempos prehistóricos entre el germano y
el eslavo.

- ~ºº

países moribundos, como decía cru,,:
m:,nte en cierbl. célebre ?casión lord Salisbury,
y..~en en torno del :Mediterráneo ó cerca de el
es 1'1~rquía, es Grecia, es la península ibérica. Y~
TYI, :10 de estas profecías, la historia está llena
ue cadáveres de pueblos fuertes y de resurrecciones de naciones moribundas. Y tal nación gigavt~s?~, que veía señale~ claras de agonía en la 1.nprev1si_on suprema de .España en lucha con los Estados
Umdosha revelado una incuria igual, hasta ser sorprendente, llevando á sus bravos soldados á ser ruRilados _y capturados nor un puñado de pastores
sud~afncanos. No me vengan á mí con cuentos:
encienda V., no en la cabeza, sino en el corazón
le un hombre
un gran ideal ó una oerran pasión'
.
(] aR ¡~as1ones
son anetito~) y póngale V. un buen
::\Iartmy-henry en las manos y verá maravillas. En
~tma, hay algunos de estos agonizantes que nece:ntan federarse á otros para viYir al lado de los
Mloi-ales propietarios &lt;.lel globo, ¿ hay im posibilidad ele federarf'e? Pues es caf:i segura la muerte;
loR _tur~os n? ;~e pue~en unir á los balkánicos por
1nt1patia, 111 a los hungaro~, sus congélleres, por
la re! 1gión y la distancia, pue,; á sucumbir; los
helenos y los eslavos del Sur del Danubio , pueden federar~e? Pues lo deben hacer. ¿ E,-p;ña y
Portugal pueden formar un pueblo polítiC'o, como
10 forman por la historia y poi· la raza? Pues háganlo; así España tornará in•tantáneamente á ser
ma potencia de segundo orden, esperando el
,orvenir, y Portugal, &amp;irudirá el vasallaje mercan
j] que, en nombre de Inglaterra, le impuso el
, Jrnelo del actual vencido de los ''boers"en)Ia1
~er~fontein.
Esa 1nisma política está indicada pa_ra los escandinavos; en lugar de inventar pretextos para
"'eJ·ertas mortale,-, suecos y noruegos, reúnanse cou
Dinamarca y . ... . P ero ¡ qué diablos de mapa de
Euroua estoy haciendo, lectore8 ! ¡ Cnir, reunir 1
Ahí es nada; preci8amente e~o es lo diííci l, lo fác-il e-; dividir. En fin, dejemo$ al futuro congreso
tle Yiena esta tarea. Será sen:-ible que allí ni vosotros ni yo tengamos ..-oz y voto.
-!.-Inglaterra parece sola; 'ªu amistad con
los E,;tados l;nidoi-, repicada á vuelo en los
cliscursos optin1istas del señor Chambedain,
e;; positiva, por ahora; mas tiene tantas,
tantas prohahilillades de ruptura y desgarrones en lo porvenir; la masa del pueblo americnno le e~, en realidacl, tan indiferente; los elementos irlandés y alemán, crecen con tal rapidez
dentro de e•a ma&amp;i; ao11 estos elementos tan poco
de\'Otos á Inglaterrn, que sólo forjándose ilusiones
Íl propósito, Be puede c:reer en e;;ta solidaridad setular, de que en la I~la madre se jactan lnA pnlí.
tiros de cierta ei:lcuela. 8u, recientes ofertas á
_.\.lemania en Africa y A::1ia, á expenAAs de Portu~111, le traerán la benevolencia del gobierno del
Kai;:ser, que. ;;:in e~o. y viendo lejana la alianza
marítima con Francia y la. realización (cinco ó
,;eis años) de sus nuevo,; programas marítirnoR,
habría tenido buen cuidado de manife~tar otra
cosa, que amistad ,iincera hacia los súbdito,, de Su
Urado,:a Abuela. Pero mientra¡.: tenga mayor número de entrada-; .Alemania en la zona de lo. dorn inarión inglesa, ya en Asia ó en Africa ó en lR.
.-\u¡;tralasia in~ular, mavor ;:erá el conflicto de mtere~es y de apetitos entre regiones ifüulares y
re¡óoue,1 continentales.
Inglaterra debió á su ai~lamieuto geogr-~r.co la
imposibilidad de Rer atacada y la facultad de tomar parte á su g1tsto en las luchas europeas; las
fomentó á porfía durante todo el siglo XVIII y
lM &lt;'nmienzoA de e,-te, para que la deja~en en
1ibertad de organizar para siempre su imperio colonial y marítimo; por eso tomó parte en el siglo
pasado en las lucha;; entre Austria y Francia, por
e~o en la guerra de Siete Años, por eso en la10 coalic·iones contra la República revolucionaria y ~apoleóu; era claro, mientras Francia que, por su
posición, era entonces con España la sola temible
para ella, ~e lanzaba. á los descalabros de la Guerra de Siete AñoA, Inglaterra se apoderaba de su
imperio colonial en .América y la. India, y proC'Uraba desorganizar el de España; mientraR Franeia recorría Europa en pos del caballo de Napoleón y daba vida á una epopeya verdadera, ;,uperior á cuantas la historia ha engendrado, logia-

terra deshacía su poder marítimo en Trafalgar.
'l'odo para ella fué ganancia, su sol)('rbia no conoció límites; pero era una potencia colonial, luego co?tinental, au°:que muy lejos de Europa;
rn~s Europa se fabrica una paz forzada, su industria y su trabaj? crecen y se agigantan, pieasa
en buscar colomas nuevas en los huecos que la
orgullosa había dejado en el umndo y se tropieza en todas partes con una Inglaterra colonial
apenas militar . . . . Y resulta este u 11 curiosísim¿
apéndice al libro que sobre la superioridad lle los
anglo-sajones ha hecho )f. Dei&lt;molinR.
No importa: la sangre inglesa y holande~ que
se derrama en el Africa Austral, e,; una impiedad:
da horror, p~nsanclo en las cau,.:a~ tle la guen-a,
tanta desolación y tanto luto; admiran los oficiales ingleses, exponiéndose má.: que i,;us soldados
á las balas boeras; y sorprende la habilidad ele los
campesinos y pa.store de las repúblicas libres;
el _tercer acto de la campaña va á ahrirse; fué el
primero la invasión del territorio inglés por los
boers, que llegó á los sitios de ~Iafekin~, de Kimberley y de Ladv Srnith; fué el segundo el a¡.:censo
de Methuen y de Gatacre de me::eta en mesefa.
hasta las orillati d_el Orauge, y el de Buller por
los escarpados vencuetos que llevan de Pieterrnaritzburgo ó Colenzo: este acto terminó con tres
derrotas, una por ejército asaltante. :Mientras llegan los lords Robert~ y Kitehenrr, con "us copiosos
refuerzos, todo parece paralizado, todos se preparan á un choque decisil"o. Y será el acto tercero
del drama sangriento.
Entretanto, pueden hacer mái- mal á los ino-leses la epizootia en lo,; caballos y la debilitarión° de
las guarniciones de la India, que el bien que les
baga la llegada de los ,·encedores &lt;le los afghanes y
de los dervises.
Los boers se atrincheran y seguros de que no
serán atacados hasta el año entrante, han ido en
grupos numerosos á sus aldeas á celebrar la Xavidad y á reparar con crece¡¡ en una noche de amor
robusto y sano, las pérdida;.: que les ha ocasionado
la sagrada defensa de la Patria y del Hogar.

--------·-------E.l Arte y la Barb arie,
~

. A ~o largo de la po_h·oros~ calzada que la impaciencia hace parecer m~e~mmable, una impetuosa
oleada humana se prec1p1ta, corre, grita, se atrope)la en un frenético afán de llegar cuanto antes,
pnm_ero que los demá~. En pintoresca á la vez
q~e 11!1pouente confusión toda clase de Yehículos,
v1etorias, landaus, clogcart", faetons, tirados por
poderosas yeguas ó por microscópicos ponneYS · jinetes en briosos caba\lo~, o~tentando bordados,'galones, chapeta,, reluciente~; peatones vestidos á la
moda de todos los países y á la usanza de todas
las clase,: sociales; mujere~ dando al viento como
penachos de guerra las vi~tosas plumas de sus
sombreros, desplegando y haciendo flotar como estandarte_s de combate, la5 gasas, las cachemiras y
l?s encaJe5 de su ata do; lagartijos de exiguo vestir y formidable "rotten ;'' payos agobiados hajo
~l peso de monumentales sombreros de felpa: muJ~i:_es del p~eblo envueltas en rebozos multicolores;
nmos, ancianos, todo confundido, mezclado, tum~ltuoso y movido por el mismo impulso y siguiendo la mifima pendiente, corren, chocan, se
arrollan, fie empujan.
Si ,no fuera la elegancia del atavío, la bulliciosa
alegria que re~e.lan, el entusiasmo expansivo que
?stentru1_, se d1r1a que h11n&gt;n en tropel de una
munclnc1ón ó de un hnn&lt;.limiento. ¿ A dónde van
envueltos en la den,a polrnreda que el sol clora v
que la luz ~uatiza? ¿ Yan ataso á pre!'enciar el desfile armomo-o tle la teoría griega en los juecros
fl?rales? ¿ Acuden tal Yez al inmenf-o teatro á ~ir
como el coro comenta Jo~ &lt;lolores de Ed.ipo ó canta las glorias de Aquilea? ,: Sale al cneuentro del
v~ncedor ele )[arathón, 1lel héroe victorioso en
cien combates? ~o; ~quella multitU&lt;l ebria ya de
pl_acer y todavía sedienta ele emociones, va al
Circo_ Moderno, al combate sangriento, á. la lucha
salvaJe del hombre con la fiera, á los toros!
En el inmenso anfiteatro la esperan las emocio~es punzantes,. los sacu&lt;limientoR s11lvajes del peligro, las embriagueces de la lucha, las repugnan-

�382

J)omingo 31 de Diciembre de 1899,

Domingo :n de Diciembre de 18H,

EL MUNDO,

'F.L MUNn O.

La Guerra Sud-Africana.

Una battl'ia inglesa de montaña capturada por los boeros.
cias de la matanza, escenas odiosas de deserción v
anatomía, charcos de sangre, vísceras regadas po·r
el suelo, convulsiones de agonía. A disfrutar de
ese placer de dioses acude anhelante, á gozar con
esas escenas de pesadilla se apresta impaciente.
El espectáculo es grandioso y salvaje; los lu'.!hadores se atavían como para una fiesta; desfilan vistosos, bordados, recamados; el circo henchido, atestado, parece un mosaico de telas, de plumas, de joyas;por doquiera flotan :flámulas, ondean estandartes, brillan colores vistosos. Un inmenso clamor estallaá cada paso, y cuando la lucha comienza, aquella multitud, ebria de entusiasmo, ondea como un
océano, ruge como una tempestad, silba como un
viento desencadenado; á veces se precipita en cataratas la granizada del aplauso, á Yeces atruena el
estridor de la silba. Todo es allí ensordecedor Y
deslumbrador. La "corrida" es una orgía, con sus
chuscadas de carnaval y, sus episodios de tragedia.
En los toros el hombre arroja al circo la vestidura decorosa de que lo han medio cubierto dos
mil años de civilizRción y ostenta su alma desnuda; da rienda suelta á sus pasiones, saca á luz
el fondo animal de su naturaleza; rompe las trabas de, lo convencional y de lo conveniente, y se
abandona á sus peores y menos y nobles instintos.

Cómo les dan agua á los caballos en los campamentos ingleses.

------- -- -

.1

J

Soldado.; in¡JltJ11c11 cu,11bat itmdu

á

la marte1·a de lv11 boeros.

j

Geneml W. F. Gatacre.

Grita, blasfema, se agita como un energúmeno, pi- de un castillo feudal, no fueron bellos, ni concede á la fiera bravura devastadora, al lidiador arro- bidos con algún fin estético; fueron útiles, necejo ciego y audacia salvaje; protesta si no hay sarios, como lo son _hoy los braseros ó las puertas;
:sangre; ruge si ve despertar el instinto de la con- pero el tiempo los ha ungido bellos y hoy gozamos
servación; le exasperan las reticencias y los tan- contemplando las ruinas de un castillo feudal. Un
teos, y no se sacia sino cuando el bruto destruc- revólver es casi ridículo porque es moderno; una
tor cae á su vez aniquilado, vencido y tinto en espada es bella y noble. Los trajes romanos, medioevales ó de épocas remotas, se hacen bellos con
sangre.
¿ Cómo explicarse ese regreso al estado salvaje? el tiempo, y no tienen estética alguna asignable
¿ Cómo comprender este momentáneo olvido de to- nuestras levitas ó nuestros pantalones.
Lo que pasa con las cosa¡, pasa igualmente con
do un pasado de civilización? No es como muchos lo creen una especialidad de nuestra raza, los actos hum.anos. Cazar fué una necesidad imuna· peculiaridad de nuestra educación, la acen- periosa, una tarea enojosa; se iba de caza, no por
tuada inclinación que mostramos á ese sangrien- recreo, sino á más no poder, para purgar de
to ei"pectáculo. Tal opinión no es sostenible ante .fieras el bosque ó de alimañas la campiña; hoy es
los progresos que en la delicada y culta Francia un placer, porque es un acto viejo, inútil y par odia
hace la tauromaquia y ante el acentuado placer ó remedo de otro necesario v pasado.
Luchar y boxear fueron actos indispensables de
y afición que ostentan nuestros "primos" y nues·
defensa
personal antes de las instituciones de potras "primas."
Xo; no hay pueblo, no hay época, no ha_v civi- licía, y hoy los ven los anglo-sajones como especlización que no tenga y haya tenido predilección táculos de placer y ocupaciones recreativas. Los
por algún género de sport ó de espectáculo sa.L- moros, al invadir España, la encontraron plagada
rnje. La Grecia antigua y la antigua Roma te- de toros bravíos, peli~rosos y que imposibilitaban ó
nían la lucha, el circo y muchos sports más ó me- dificultaban el trabajo y la circulación Fué necenos salvajes; en la Edad Media, los torneos; en sario para extirparlos, aprender á luchar con ellos,
la civilización musulmana, los toros, de donde los y así nació la tauromaquia. .
Desde el momento en oue la cosecha de lo bello
heredó España y después la Amér ica latina; los
se
hace en el almácigo de lo pasado y
anglo-sajones cultivan el box, de un salvajismo imponderahle, las peleas de gallos, v recientemente el
'·foot-ball ," más salvaje aún, si cabe; y la caza, he•
catombe de seres -inocentes y ya inofensivos, es
igua)mente recreación salvaje y despiadada.
Y todo esto tiene su arranque y su razón de ser
en leyes y condiciones fundamentales de la naturaleza lnimana, que la civilización puede apena¡¡
modificar, pero que no llegará nunca á tranformar.
Es ley ineludible de la naturaleza humana, que
el tiempo todo lo embellece y que por el hecho
de ser antiguas las cosas asumen un acentuado
carácter estético. Y es un hecho, igualmente, que
lo estético es en el fondo una imitación, una parodia, una reproducción, á veces, de lo real. De la
combinación de estos dos principios resulta que
el pasado, por el hecho de serlo, acaba por ser hermoso y por consiguiente, doblemente. el remedo
de lo pasado.
No importa que un acto, una costumbre, un
objeto, no hayan revestido en su principio carácter estético alguno; con el tiempo acaban por
adquirirlo.
{,'n1eral Lo1'd Methuen.
Las troneras, almenas, puentes levadizos y fosos

�Domingo 31 de Diciembre de 1899.

Domtogo 31 de Diciembre de 1899

EL MUNDO.

384

~l lengua.~e de la. América. I spañola.

clesde el punto en que lo pasado, en general,
no fué pulcro. ni moral, ni civilizado; desde el
momento en que lo que llamamos espectáculos
y·'sport;· 0 on de toda preferencia remedos de acto~
de seres inc-ultos y menos civilizados que nosotros,
es inevitaule que el e:opectáculo y el ,:port nos retrotraigan á la barbarie y que haciénuonos Yivir
en el pa,-ado. reaviwn en nue~tro eorazón emociones baja-. remuevan en nueRtro e,-píritu ideas
atrasada~ y Ol&gt;tenten ante nuestra , i-;ta e,pectál'ulo~ repugnantes.
E~ta cloc.·trina no ab,nelre. explica. y habrá que
e•per,u á que la. civilización y la rultura emejezcan JJara que los espec·tác·ulo, puedan ser ;;iempre
pulc·ro,- é ineprochable;::. Y aún a,,í. cuarnlo nuestra.,; c·o,tumhre:; ,ean vieja~. }a;, que la;; reemplacen
serán mú, refinada" y Ja.; nuestras pareeerán to,;c·as y bárbara~ y saln1je sn parodia á nue,;tros remotos ~rn·1•~ore".

~

L a Comisión de diecionario que preside Don
Juan \ alera. ddJÍ,L informar á la ~\.cademia Española, i;obre la. eom·enil'ueia é inconveniencia de
emprc•nJcr el l'stucli_o de los americani,,-mos y neolog1smc;; que• _Don Ha·ardu l'alma, escritor peruano
y cor re_8ponchentl' ue hl s\t:adl'nHa. propone en rn
libro titulado ·· Hctuerdo~ de 1'.spaña. ·
E l Sr. D. Eduardo Benot. que tanta,; prueba~
ha da&lt;lo de ~u alt.i ilustr,Hjón tiloló"tea. eomo lo
a cr e&lt;litun su~ &lt;li\·cr,-a:, ol.irfü; ~obn, li~"iih,tic:a ca~tellana. fué l'l del&gt;ignado vara llcn1r la~ oz en nombre ele la N)]11i~ión del di&lt;·&lt;·ionario.
D es¡mé~ de bre\·e exordiu en c¡ue el Sr. Benot
hizo c·alnro-o t'll('()lllÍt&gt; c1el Sr. Palma c-omo hombre
de let ra~. elijo (¡uc lamentaba que el literato peruano hubiera da(!o · Ú Pntl'nder que en la Atademia
dominaba espíritu &lt;k ho~tilidad contra ..\mériea y
los amcritano~: ptH&gt; t•l ··c-ordón ~anitario," fra;e
del i':ir. Palma. que difü·11lta el ingre~o de neologismo,; en el di('(·ionario. tmo su origen en el exagerado amor ch• lo, antiguo, a(•iulémi(·o, ú lo que
ellos entendíau ne&lt;·e:;ario para t·onscn·ai· la pureza
del lenguajl', pero no en ¡,a~ion&lt;'illa, polítieas. Y
t a n cierto er,1 e4o. que el eordón ,-anitario había
mirauo emno fran&lt;lulenta no ,;ólo la entrada de
rncahlo, venido~ de tieri..a,: lej1ma,-, ,ino también
la de los naciuos en la Penhi,ml,1 rni~ma v u,ac1o;por todo~ lo,; qne saben e~c-rihir. tale;; c·omo ";;umariar," ·'agredir,'' ·'liina&lt;lor ,'' " eaptac-ió11:· '·ext eriorizar:· ·'maritata&lt;' "(•ompenetra('ión," "8ilueta." ..liberali~mo," ..rac·ional i-1110.'' "esperpento·· y otras 1·,rneha~ palalJrai' ele que no aleazamo~ á
tom ar nota. Pero lo~ tiempo;; han cambiado. y la
hi~toria de la relajat·ión del antiguo ~i:;tema (adopt ada con la mayor l;ueua re por acaclÍ'mieoR de autitudeF y c·onocimiento,:, pero á quiene• yo no t:tubeo· en talifü·ar de t,rirerio,.; r-&lt;trecho•), ~e encuentra heeha de m:i&lt;1o ma~i•tral en el reeiente
diFcur,o de rerepción de Don Daniel Cortazar y
en la conte:;tac-ión de Don Eduardo de SaaYedra.
'"Ambos di8c·urKos-añatlió el orador-son testim o11io de la Y11riación del ;:i,:t ema impue,;to por el·
espíritu amplio y liberal de la época, y· esta con-

LA TARANTELLA
La . "Tanrntella'' es uno de Jo;, bailes re"ionales
o
que tienen má, carácter y mayores peculiaridade;:.
Se cliferene1a de ca,-i todos los demás bailes regionales, aun de los mismos italianos.
Xinguno que haya e~taclo en el Sur de Italia,
en la bella Xápoles ó en la enc·antadora isla de
Capri, ha dejado de ver bailar la "tarantella," y
es seguro que ese baile le ha dejado recuerdos
imperecederos, por la gracia v la armonía de sus
movimientos.
•
Es cierto que lo esencial ele casi todos los bailes populares es igual en toda e, partes: la representación de una pantomima am orosa. Pero los
elementos de ella var ían siempre y hay algunos
bailes en que es da&lt;lo representar desde el amor
más puro hasta la pasión más desenfrenada.
A estos pertenece la "tarantella." El carácter
y la intención de quienes la bailan es lo que realmente define el baile. que puede ser de un eroti!'mo pagano ó de una deliciosa ingenuidad.
Los mozo, Y las mozas de la Italia meridional
aman la "tarantella"' ron todo el ardor de $U sangre y ~e entregan á ella en cuerpo~- alma. Cuando
no ha:r parejas. con frecuencia se ve á las muchac:ha;: que enlazan sus numos con el tradicional
pmi11elo para danzar alegremente al son de las
guitarrillas ó mandolina1:1 y dél pandero.
'C'na escena de estas es la que representa nuestro grabado. que e,: un fragmento de un bonito
c·uaclro del pintor alemán Hermann Katsch.

EL MUNDO.

vice1ón mía es la que deEeo que arraigue en el no nos pasma de admiración porque es de ocurrencia diaria, si el capitán de cada buque pudiese alccreuro del l:,r. Palma y de los americanos todos.
terar á. su antojo el Código de banderas?
Para. que una lengua sirva. de vehículo de las
Comentir que una lengua se disperse en diai&lt;lcai; ú rnu&lt;.:hos millones de almas, es preciso que
ledos,
es un ultraje á la civilización; es tanto cola lengua i-c con,,erve sin variat·ión en su esencia,
y que .:ca al mi6mO tiempo :;u,ecptible de los au- mo lernntar barreras intelectuales entre los pueblos, á semejanza &lt;le las murallas de la China; y
mcntoi:: exigidos por las diferencias de climas, inseso no lo hará la Academia Española, rechazando
titurio1w1:,, costumbres, ele. Si viviesen aún los
antiguo, rom,mo,, su latín no ~ería ahora medio de sm examen, sin diséntirlos, los neologismos americ•anos c¡l).e en su libro nos propone nuestro estudio&lt;·omunieal'ión entre los pueblos que hablan los diaso .r querido compañero de Limll.''
h•do,; en que ~e di,;eminó la lengua de Roma; y
'l'erminó así, de-pués de más de uaa hora que
ningún romano entendería ú lo, italianos; ni á los
durÍ&gt; ~u corree-to di,,('urso. el re,,petable Sr. Benot,
france~e", n i ú lu,; portugue-e~. easte!Janos, cataen me&lt;lio de fenoroi&lt;as folicitaciones.
Janl'H, etc·.
.\c·ademia, en rota&lt;·ión unánime, acordó que
t:1 ~r. Bl'not oyó mnchm• mmmullos &lt;le "¡bien ' " en La
el ;;uplemcnto dPl "l)ic-c·ionario," cuya irnpre•·, 11rny bien!" (•ntre lo;; académit·o,;, cuando dijo:
tiión ah-anza ya 11 la letra V, se consideren todos
"Yo &lt;'rro tan perjudicial p] propósito de ha(!er
lo, americ·,rni"mo~ y ¡1eologismos que la comisión
&lt;¡UP el &lt;•a,-tel lano ,:ólo ,;irrn para lo,: penin&lt;"ulare.::,
de le.\.i&lt;'o r,time dP ,,,rn, f:'niente admisión.
c·omn el de qne »u mi,-ma lengua sirva sólo para
Jo~ anwric·ano~. E,; contrario á la civilizaei6n y al
trato humano l'l acordonar Ja,- lenguas v hacer que
,e ('Oll\' ic•rtan en dialedof' . . \ntl'" aislaban á Jo,;
Remolque de los barcos de electricidad.
puehJo, la, di ...tancias, el t iempo y las diferencia;;
-&lt;::&gt;o~-::,..
rh• IPngnaje: pno. por fort u ila, lo" pmgre;;oi:; moderno~ han anulado el espaeio .\' el tiempo. Ei
La lentitud ton que lo~ pequeños vapores retiempo ho_v no tiene tiraniaf:. Al día siguiente de
mokahan
por lo, canales á las embarcaciones de
la rnuPrte &lt;le ( 'a,;telar, lo, diputado~ del Congreso
vela y á .las grandes lanc·has, que muchas veces,
de la HPpúhlil'a .Argentina oían· la triste noticia
por Hl exc-e,i,·o pe-o. ~uperaban en fuerzas de rede pie y en ¡,¡ rná:&lt; religioso silencio.
Xo pa-a. por dewracia, lo mi~mo con las dife- Hir-tencia ú la &lt;¡nl' podían ejercer los vaporcitos
remolcadore;;, ha hed10 que en el canal de :Finow,
. reneia¡: de lo,- idiomas. Todavía cf:as diferencias
Alemania.
~e hi&lt;·ienm experiencias, aplicando un
&lt;liticnl1all el eomercio nniver::-al. ruando no ,e opocarril remolea&lt;lor i;](&gt;,•tric:o. que ha dado muy
nen á él. llay, c:iertamente, tre" idiomas por eu_vo
bueno, re;,ulta&lt;lo~ y que c•F seguro que en breve
medio ~e comm1ican entre ,-í Jo,;, pueblos eiviliza~&lt;' aplicará en otro,: 1·anale".
do": el inglé~. el e,pañol _v el írancé;;. Son entenComo verún m1el&gt;tros lec-tores en el grnbado que
dido~ rn toda,- lai-; eoRtas, y romtih1ren una espe•
&lt;·ie de lengua ttniverRal con tres formas diferen- le~ ofrecemo~. el proc·edimiento no puede ser más
te:&lt;. Y atentará ú la ci,·ilizaciún quien no impida :,eneillo: á un l-aITO pequeño,-que se mueve sobre el carril elé('tric·o del ;;i~tema ele cable que ya
por todo" Jo;: medios posible•, la dialectización de
cono('en, y que ,e ha aplicado á los tranvías ele
t'"ª" ll'ngua,. E;;. pues, p reci"o e011servarlas en su
es~nt·ia. ,v darle,; flexibilidad ba,-tante para que re- e~ta eapital.--e ata el cable que ha de remolcar
el barco y el remolque 'le efectúa de una manera
ciban lo, aumentos necei;ario,;.
Do;, bu&lt;¡nes se entienden en alta mar por medio Hegura y rápida. ¡ &lt;lran ahorro de tiempo y di&lt;ll'l Cí&gt;&lt;ligo lntemacimial ele ::eüales, sin saber lo~ nero!
tripnlaillef' &lt;le un barco la lengua de loR tripulan te.;
&lt;le! otro. ;, Y podría realizar,e e~te prodigio, que

LA TARANTELL.A, baile populm· de Nápoles.
Cnad1·0 de H. Katsrk.

LA CARICAT UR.A. EN EL EXrrRA ~JERO

¡Bu,en bocado!

Godl . .... .

Los DOS ASPE CTOS DE LA CU.ESTION.
Der Walu·e Jacob, Stuttgard

El Tio Pablo pasa 1·evista á .ms tropae.

Pwnch, Londres.

'

J
Remolqne de um•cos en el f'wwl de Finow, de Ebersu:ald1,, Alemania, pvr medio de la elect;•icida&lt;t.

,1

385

�3136

F:t, MUNDO.

Domingo 31 de Diciembre de 1899.

Damtngc :n de Diciembre de 1,911

387.

EL MUNDO.

L,f\ FRINOESA OTILlf\
Levantóse la jon)n maquinalmente dejando las
blanduras del cojm en que estaba reclinada. Se
~cercó á la alta ventana y miró largo r ato hacia la
-ciudad que se destacaba sobre la cinta sombría del
regio parque.
Un grupo de doncellas tañía dulcemente las
-cuerdas de las tiarhas y de los laúdes cuyas notas

.,

llenaban los ámbitos de la torre octágona. La prin'Cesa Otilia nada oía porque era sordo-muda d~ :1a'Cimiento. Más de veinticinco años había v1V1do
-apartada del mundo :;in más comunicac_ión con
:sus semejantes, que alguno~ gest?s, rep~tidos . por
los que la rodeaban. Su ex1sten~ia corna tnste'mente, tan tristemente que la Jo,·en _nun?a sonreía; sus ojos color ele agua muerta, OJ?S sm p~n:sarnieHto y sin ensue1i.os, brillaban baJO los parpados con· el resplandor ele una piedra ~alsa ..
La intE,liz sordo-mulla nació del n'.atm1;1omo ~~l
rey de !::licilia con una prima, matnrnon_10 pohti'C0 oblio-ado. cuyo fruto in,ano enfure~1ó al r ey
· quien 1~0 paró ·hasta repudiar á su pruna Y es-

d
El rev no amaba á la princesa de boca mu a Y
d e mira.da ausente, cu_rn inmóvil y plácida belleza
'nunca se animaba. La hahía r eclmdo ~n u!1 departamento aislado del palacio, en,donde J?-IDªs entraron Jo¡, cortesanos. Los sombr1os follaJes del par
Que rodeaban. ocultánrlolo. el torreón. de míu:m~
rosa donde la dulce Otilia vivió desde su nacimiento hasta la época en que comenza~a á mar'Chitarse lentamente rodeada de sus ociosas dontellas.
, f lt d
Los torneos y las cortes de ,amor, 't ª ª
e
tesas galantes fiestas, el espectaculo stempre nue-

~ a

1

'1

l

ª

Yo del mar Y de sus horizontes, el moYimiento ele
la baliia, la· entrada y salida de las galeras y la
alegre turbulencia clel pueblo que circula en el
muelle y en el canal, tal Yez habrían distraído á
la princ:esa enferma; pero el rey tenía rergiienza de ella porque empañaba el lu•tre de su estirpe.-Oculta en su torre de mármol y en su jardín
umbroso, la pálid11. Otilia no salía de rn recinto
sino para asistir á alguna ceremonia regia y siempre su prestigiosa belleza impresionaba hoo.clamente al pueblo.
Sólo en raras ocasiones el Yicjo rey consentía
en wr á su hija. Su actitud hierática ante el desfile ele lo, guerreros cortejos, era la ele una reina:
la inmoYilidad de su rostro era majestuosa; creería~e al rerla que había nacido para reinar entre
nubes de incien$0 ~- bajo una lluvia de flores en.las
fiestas litúrgicas. bajo las altas bó,·edas de las catedrales. El orgulloso monarca Yeía su noble sangre. bajo el esplendor del oro, ele las pedrerías
y de los pesados armiños que cubrían á la joYen.
)las esas oc:asiones eran raras v de cor ta duración. El corazón del rey estaba clominaclo por el
amor ele su hijo, nacido de un segundo matrimonio celebrado después de la desgracia de la madre ele Otilia. Era el príncipe un jo1·en ele veinte
años, caprichoso y vehemente, que escandalizaba
al reino .'° cli,·ertía al pueblo y á la burguesía con
el lujo de sus fa,·oritas y de sus amigos.
) [enos que á su padre veía Otilia á su hermano.
Xo le gustaba pasar el tiempo con la muda de
mirada inquieta y ademanes de sueño; tanta gra,·edad lo amedrentaba. La pobre no tenía más
distracción que hojear los gruesos misales iluminados. pintar tapices con figuras humanas ó recibir
á los tejedores y joyeros que venían á presentarle. los unos, combinaciones de dibujos y colores
para las telas; los otros, modelos de ?r~ches, brazaletes " collares. Estas eran las umcas horas
claras de Sll soledad.
En la ~ornbra del gineceo cubierto de cristales,
las doncellas que se morían de tristeza, tocaban
con sordina para distraerse, ó jugaban en los rincones apartados.
La princesa estaba de pie,?~ la ventana, co~
las manos apoyadas en el alfeizar, pero sus mir adas no buscaban como otras veces, los campanario'° má!" allá de las palmeras y de .los cipreses,
¡;ino aue ~e fijaban con singular atención en los
jazmines y clemátides que había al pie de la
torre.
Tres hombres habían entrado al jardín. Los
tres, jóYenes ~- desconocidos para ell~ . . Uno de
ellos era aran señor; los otros dos, mus1cos, uno
tocaba h~ flauta y el segundo el violín, un
Yiolín particular; (cuyos sonidos penetrantes
brotan sólo al contacto del arco.) llamado
"violín ele amor.'' El jornn noble sentóse e~
un banco circular y clespleganclo un pergafill110 manuscrito que tenía en
la mano, hizo
una sefial á los otros dos, y la princesa, que desde lo alto de la ventana los Yeía, como en el fondo de un pozo, alejados, y cárdenos. por el reflejo de los cipreses,, ~egu1a con atenc1~n los movilnientos de los mus1cos. Uno se llevo la flauta
á la boca v el otro apoyó el violín en el hombro.
El joven gran seño~, ~levaba el compás; seguía
el ritmo con los movmnentos de su cuerpo y
evidentemente cantaba cosas que la princesa no
podía oír. Aquella música era algún concierto galante destinado á la amada del joven del manus-

crito, y si habían elegido aquel sitio, sería para
ensayar con toda tranquilidad. Ba~taba ver la cara febril del joven noble, sus ojos húmedos y su
actitud extática, para comprender que tanto la
letra como la música eran obra snrn.
Por primera vez lamentaba la p~·incesa no oír
los son idos ni el rumor delicado de las palabras.
Todo atraía en el joven dcsconocido,-su ,·ivacidad, su palidez ardiente, sus ojos húmedos_ de
emoción y la gallardía de su talle. Otilia habría
querido conocer la beldad á quien se di;rigía el
tierno epitalamio, porque aquello no porlía ser
canción ni serenata, y el galán sabía muy bien lo
que hacía al elegir el jardín solitario de la princesa sordo-muda para ensayar su obra. 8orclo-muda !. ... Sentía una angustia infinita al recordar
su miserable estado.
Una de las doncellas se acercó á la ,·entana
cuando se r etiraban los tres jó,·enes, pero pudo
reconocer al poeta.
E ra Beppino de Fiezoles, á la sazón favorito
del pr íncipe, quien le había dado todo;: los empleos de la corte, sin exceptuar el de amante de
corazón de la hermosa duquesa Simonetta de Aydaga, querida del delfín.

\

Esa noche, la princesa Otilia vió en sueños
al desconocido y á los músicos del jardh1; pero
¡ oh novedad milagrosa! oyó dulces sonoridades,
una música divina que llenó !.'U alma de júbilo,
que la extasiaba y la ha.cía desfallecer. ·como si

�388

su carne temblara de frío un momento y luego
circulara por ella un fuego abrasador.
Al día siguiente, al &lt;lar el reloj las cuatro de
la tarde, una semación dulcísima, hasta entonces
desconocida para ella, la forzó á ponerse en pie
y' la arrastró á la ventana.
Ya estaban en su sitio los tres artistas, el poeta sentado y los do~ músicos de pie. La flauta y el violín ritmaban una lánguida chacona
y siguiel1(1o el aire ardiente v amanerado de la
danza, Beppo pronunciaba ,:ersos formados de
palabras suplicantes, en los que había quejas y
elogios para una, dama. La prince,:a sorda comprendía el ~entido de la recitación y su alma se
llenaba de pena porque las rimas ~' ·1a música se
dirigían á otra mujer. Su corazón, súbitamente
iniciado, adivinaba la querella de amor.
Los versos del noble florentino celebraban la
sedosa y rubia ca bcllera de una beldad insensible
de carne ambarina y transparente como las uvas ·
c~lebraban la frescura húmeda y roja de los la~
b1os de una dama, cuyas pupilas eran de acero

rr.r, \ffNDO.

nomtnl!'o 3t de Diciembre de 1899.

Domingo

:n de Diciembre de 1899.

Sus .sueños se poblaron e~a noche de visiones deliran tes.
Pocos días dc,;pués,
una tarde en que el príncipe ~Uejandro, tendido
sobre sus cojines de
terciopelo de Génova
y sui: tapiceB de 8cutari,
jugaba con la~ trenza~ de
la bella Simonetta ¿ "Qué
se hac·e n ue~tro ~eñor
Beppo ., ? preguntó irnl iferentemcnte la duque~a,
El príncipe heredero,
con la lengua e~tropajosa por la embriaguez,
contestó : "X u e s t r o
Beppo debe estar loco;
se olvida de nosotroR,
¿ no os parece? ya hace
tiempo que no le vemos.

UN SUEÑO

y parecían puñales. Sin conocer el sentido de las
palabraf:, la prince~a Otilia sabía que sus cabellos
eran negr.o~ y lustrosos, que su palidez era intensa y que sus ojos eran azules como turquesas.
Cogió instintivamente el espejo que estaba á
su alcance sobre una mesa y se vió en él. Cuando
miró de nuevo hacia el jardín, el joven la veía.
La princesa Otilia se ~onrojó y echó el cuerpo
hacia atrá~.
Al día siguieute volvió á la ventana, Beppo y
sus compañeros ya estaban en la glorieta de los
cipreses y el violín y la flauta cantahan lánguidamente.
Pero, ¡ oh milagro! ya la música no era la misma; imploraba, más persuasiva y tierna, y la princesa sorda podía oírla. También los versos eran
otros: no hablaban de los ojos grises, de una rubia ele tinte de ámbar, sino de laR pupilas de
agua marina v de agua muerta, de una beldad
lunar con cabellos de tinieblas.
El poeta cantaba, con los ojos puestos en. ella,
y la -princesa, ebria de dicha, ya no se miraba
al e~;eio.

rencia, una caéta silenciosa en Bruges la 1Iuerta, un yac:ht en la rada de Argelia ..... Dios satodo lo que poseían.
Hacia un año que habían partido de su isla
,in Yoher, sin dejar en la casa ni siquiera un
criado de confianza que la atendiera, y sin dar á
nadie su,; nuevas ~eñas.
Habían pasado el inviemo en el Cairo porque
la ~eñora to,ía, y ahora:, en lugar de ir á pasar
el e~tío á alguna de sus po~e:;iones á orilla;; de
un lago de }..,:cocia, habían decidido pe una manera bru,:ca. ,-enir á. pasarlo ú su isla encantada,
como Clara la llamaba.
Y habían quericlo \'enir a,-,í de improviso, á
rnrpremlerla en el mi,terio de su n-ituraleza
ahandonacla. Celo,os de que otros lo hicieran ante~ que ello~, llegaban ,olo~ para ,.er los primero;;
&lt;1ne pu•ieran ele nue,·o la planta en ac;uella,; aYenidas cubiertas de- un fino mu&gt;&lt;guillo, B:1jo de
una~ roca¡;; oculta~ por frondo-o,; árbolc,, habían
clejado e$corn1ida la llaYe ele la puerta &lt;le entrada.
-Ya no,; acercamo~, dijo Hirnp,-on, Prepárate
á ,-er bien, Catarina, eRto CR nuern para tí.
La pequeña no conocía esto, por haber pa,ado
todo el año con una tía que re:&lt;iclía en E&lt;limburgo.
-He aquí ya la iglesia ele )Jarieourt !
-Pronto \'eremos ya nuestra i,;la, y el castillo y el jardín. Prepárate Catarina, mira. cuando
lleguemos á aquel ca•taño, entonces podrás ver
el río, la i;:la, el ca,;tillo, el jardín . todo .. .
&lt;.Jatarina batió palmaR y dijo al perrillo :
-Prepárate tú también, Loo.
Y al lleg-ar al castaño, el mi~mo grito de estupor se escapó de lo~ labios de los Simpson.
-¿ Y nuestra isla?. , . . .
El lfarne ,e extendía por todas parte~ azul y
tranquilo.
La isla, con su castillo, su jardín, sus fuente~,
la isla encantada había desaparecido .....
-Un campesino, que en ese momento pasaba por
-allí, se detuYo con curiosidad al reconocerles y
se los dijo todo.
El último invierno había habido una inundación tan terrible, corno en diez años no se viera. La crecien te subió muchí;,iino y la pequeña
isla bien pronto quedó sumergida. Por algún tiempo quedaron aún á la vista las tor recillas del edificio y las copas de los alto;;; árboles . .. después la
casa se fué á fondo, y los árbole,, arrancados por
la corriente. habían huído quién sabe á donde.
Nada quedaba de lo que antes había allí.
Xada había podido aviAárFeles. porque como
todos ignoraban su paradero ....
No quisieron ya e,cuchar al campesino, y volviénclm,e al ómnibu~. cargado de baúle;;, mientras que Catarina derramaba abundantes lág-rirnaR. los Simpson, tristes y pemativos y sahoreamln acaso una voluptuo•irlad más ama;ro-a, v
má~ delicada que cuantas h u hieran probado ÍrnRta
entonce;,, Yeían brillar al sol ern cinta de ao-ua
tranquila . hajo la cual quedaba hundido su ;1eño en la forma ele m1 castillo ele ladrillos rosados ...... .

ue

l

- ¿ Y para qué ha de tomarse el trabaio de vernos? ¿Xo es por ventura el favorito, el mimado
de Vuestra Alteza-? Lo habéis hecho conde, gobernador de Cer deña, á puñados saca dinero de
los cofres y puede aspirar á todo, Ha llegado
hasta pretender hacerme su querida.
- ¡ Cómo! ¿ se ha atrevido?
-Y duraute una semana de él solo dependió
conseguirlo. ¿ Xo es él, después de vos, el caballero más alto del reino? Pero el florentino tiene miras más altas : hace hablar á los 1:rndos y
oír á los sordos.
-¿ Qué queréis decir con eso?
-Xada que no sepa toda l a corte, con excepc1on de S. lI. y vos. Id á pasear mañana á la
hora de la siesta al jardín particular de la princesa.
-Otil ia, mi hermana? Bella duquEí'a Simonetta, si habéis mentido os decapitaré.
De allí á dos días, la princesa Otilia tuvo una
espantosa pesadilla. El hermoso conde de Fiezo-

389

EL MUNDO.

les, acompañado de los mus1cos, le dió su concierto de costumbre. L a canción era ardien te y
apasionada. y la princesa, incli11ada en su balcón
·se extasiaba. oyendo los reclamos de amor . .. cuan:
do de pronto el poeta palideció y la sombra de
los cipreses se hizo má,; densa. Fiezoles calló y
la
princesa
vohió en sí de su arrobamientoJ fría
l
,
lie angustia.
.\l día siguiente, cuando des--.ertó, un paje con
la librea del rey, le entregó un curioso cofre deVene&lt;'ia cubierto de pierlras precio,as. L a princesa lo abrió y vió en el fondo, sobre u n cojín
de seda, la cabeza, caliente· aún, del floren t in0,
Beppo, A l instante se apoderó de ella una fuertefiebre que se la llevó esa m iRma noche,
Así murió la. pr incesa Otilia por haber escuchado "el ,·iolin de amor."
,
JEAN LORRAI N.

j

l

J

En aquel perezoso ómnibus, cargado de baú- hermosa mans1on de ladrillos color de rosa, con
les, al paso de dos ycguab que camtanai.Jan m o- viguería de cedro, y "parterrc5'' esmaltadcs de flolest adas por los t.í.ba11os, y t ras &lt;le un cochero yue res que se metían en el agua.
se m oría ele sueño, los 81mpson, agobiados p or el
Se hubiera, creído que las hadas lo hacían tocalor y en meclio de un ~ol rabioso, no podían do; así &lt;le pronto los albañiles, carpinteros, heya co11 tener su impaciencia,
,
rreros y pintores llamados á toda pnsa y recom¡ Qué largo se hacía el camino!
pensados ampliamente, habían terminado el ediAl salir de una colina apareció el niarne, cu- ficio.
ya cinta clara tan pron to cruzaba un vallado co-¿ Te acuerdas, Santiago, del maestro de obras
mo desaparecía en las inmensidades del terreno, que siempre andaba con una rosa en la boca?
yendo á morir entre los árboles . ... .
E;,e sí que sabía dirigir á su gente!
-¡ Oh, Santiago! dec:ía la m ujer, deliciosamente
-Y aquel pintorcillo patizambo que mienvest ida con trajecillo vaporoso de muselina, ti;as trabajaba cantaba tan bonitas canciones ...
mientras su rostro, coloreado por la luz del sol, Pero, ved que ya estamos al final del camino;
semejaba una rosa viva de· esas que llaman "ro- ¡ qué musgos tan tiernos y qué flores_! Catarina,
sas de Inglaterra,''-,•erdaderamente la idea es prepárate á hacerle á tu madre unos hermosos
encan ta elora . . . . ¡ esto de llegar uno ú su casa sin ramos.
prevenir á nadie, así de sorpresa . . ..
La señora dijo:
-Sí, el encanto de lo imprevisto no l o tiene
-Estoy pensando que somos unos mnos al
nada,-respondió su marido, un hombre joven obrar así; ¡volverá la casa sin haber dado orden
todavía, delgado y corpulento ú la vez,-Creo de que se arregle! Quizá esté húmeda, fría , naque dentro de media hora podremos contemplar die la ha ocupado, nadie nos ha dado noti&lt;'ias ...
desde lo alto de aquella colina n uestra isla her-¡Bah! respondió Simp,on; panr qué serviría
el dinero, entonces, si no ínese para arreglarlo
mosa.
-¡ Qué felicidad, Santiago ! ¿ R ecuerdas , qué todo al instante?
alegre fué la última primavera, cuando se nos
La mayor debilidad de los Simpson era comocurrió comprar esta isla para fabricar en ella ,prar un pedazo de iierra en todos los países donnuestro castillo? Y los árboles maravillosos del de habían estado, posesión qne abaJ?,donahan á
jardín ... . los pájaros, las fuentes . .. . ¿ Llegare- poco :¡ que muchas veces resolvían no ver más.
De esta manera poseían un viejo jardín en Flomos tan pronto como dices?
- Sí sí· respondió Simpson ; veinte minutos á
lo más ' no' tardarnos ya en estar a 11'1.
-P;ro papá si nuestra casa está en una isla,
tendremos que ' nadar para entrar a l cast'111o ?.. ·, .
Esto lo decía una pequeñ a que apenas contana
siete años de cabellos rubios y 'ensortijados que
le caían s~bre una pelerina blan ca de linón.
-No respondió Simpson riendo, hay hotes y
una gr;n barcaza para pasar á l~~. animal;s.
-Entonces, dijo Catarina, acanciando a un
perrillo de ojos inteligente~ que la ohsen·aba, pareciendo comprender la pregunta-¿ e11tonces
Loo entrará también al bote?
-Por supuesto, re;,pondió la mad1:e.
.
¡ Qué sueño tan hermoso el que_ halmm _reahza&lt;lo
los Sirnpson ! Asíduo~ YiajcroF, neo;, ? l_i brese satisfacían todos sus :fantaFeoR. IJacla d1ec1ocho meFes que, al pasar por este bonito rincón. &lt;le la
Fran cia, descubrieron en el nlarne esa 1~la encan tadora, plantada de encinos y sauce,. Co11!pra,rla construir en ella una ca$a, plantar en el J,ll'dm
t;da clase de árboles, regarlo por medio de canalizaciones, transplantar á él flores rara~ de otros
países y amarrar á la puer ta tlll gracioso hoteeillo · 'todo esto no había sido obra más que de
tres 'meseR.
.
En tres mc,es, al golpe mágico de la varita '.1e
11 na hada.-v esta hada era C'lílra 8impson,-la 1~la se había transformado; h alJía allí ahorn una

L

PXC'L Y VICTOR )U.RG'GERITTE.

�Domingo 31 de Diciembre de 1819,

EL MUNDO.

390

Jaramn go.

•bomtngo 2 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

13

EL KU~YO DODEC.ASILABO.

&lt;:::::,.)C(&lt;:::::,.

I
El palacio está desierto, roto el arco; por la ojirn
va filtrando el sol que muere su mirada. pensativa.
su mirada agonizante, como el beso de un adiós;
el pinar parece un túmulo, vibra el arpa de las hojas,
traza el mar i;:obre la playa la inscripción de sus congojas
y en ~u zambra el viento errátil de lo ignoto mela en pos.

II
El c,:tanque está derruído; con saeta refulgente
no herirá su borde trunco la ígnea luz de un nuevo
ni ha d() Yerse á la princesa dibujada en su cristal:
se han deshecho los sillares, las estatuas han
y en el pórtico la alondra clama en lúgubre
por el ara un tiempo rhida del ho_v mustio flores

•
Oriente,
caído,
gemido
tal.

(A Amado Xervo.)
:\Iusa, prende nuerns ritmos en las liras.
nueYas formas, nuerns triunfos, nuevas palmas;
q~t~ en las for_m_as ya gasta~ª? sólo inspiras
neJas cosas. vteJOS temas, vieJas almas.
Xo en el carro de dos ruedas que gemían ·
bajo el peso del augusto Juan de :Mena:
hemistiquios de seis radios, que corrían
doblemente triunfadores en la arena.
Xo en la forma en que cruza claroscuros
la barquilla de sus locos pensamientos,
que va en busca de los puertos más segur0,
al azote despiadado de los vientns .....

III
De la antigua balaustrada se alza el lirio entre las grietas;
en el parque no hay nelumbos, no hay orquídeas ni Yioletas,
ni en la rerja abren su búcaro las campánulas en flor;
sube el musgo como víbora por la informe escalinata,
la ventana está vacía, no hay libélulas de plata
y la hiedra en laR columnas prende el mantotrepador.
IV
E~e lóbrego palacio que en su afán selló el ol vi&lt;io,
fué el magnético palacio por mis sueños erigido,
1
1 y al blasón de cuya clare puse el timbre de mi fe;
la princesa de su estrado, me dejó, fué la esperanza,
'salió en busca de -la dicha, la vió hundirse en lontananza.
y del rumbo de mi huella desvió el rumbo de su pie.
PEDRO J. N AON.

NY:UPHEE
~

La cuadriga del sol baja á Poniente,
." al ir veloz po.r la celeste arena
siente que Apolo su ímpetu refrena ... .
pero vuela sobre or o incandescente.
Se hunde en el mar, que en su hálito potente
y entre su sangrienta luz el orbe atruena;
y ya en la noche límpida y serena,
torna en plata su púrpura el Oriente.
Es la Jiora: al boi:de de la-clara linfa
tiende sin flechas el carcaj la ninfa.
Todo es paz. Muge el ciervo en los breñales.
La luna alumbra el nocturnal concento :
y el dios Pan, ante el ritmo de su aliénto,
ríe al ver que se animan los rosales.
ROSENDO VILLALOBOS.

Musa, canta tus cauciones en la nueva
triple forma de los nuevos cuatro radios:
carro de oro que á la musa rauda lleva
al escape por los líricos estadios.
Son tres golpes remachando la cadena,
son t res altos que coronan tres alturas:
se dirían tres corceles_ que en la arena
estamparan cuatro firmes herraduras
Triple lengua dragoniana, que vibrante
lame el cuerpo de la musa que se crispa:
triple corte sobre 'el dqrso de un diamante,
sobre el cáliz de una rosa triple avispa . ..
Es la sístole y la diástole en el verso,
vaivén loco de las olas en la lira,
trino alegre que gorjea limpio y terso,
aspa triple que en los aires rauda gira ....
Finge trípode en que r¿ja llamarada
arde, y rasga las penumbras más remotas:
es conjuro de sibila que inspirada
da tres veces en tres tonos cuatro notas . .. .
l\Iusa, canta; que así puedes en un día,
ya que tiran de este carro tres corceles,
conquistarte tres imperios de armonía
~- ceñirte tres coronas ele laureles . . ..
Lima, 1899.

JOSE S. CHOCAXO

FIO. !.-GRUPO DE TOILETTES PARA CASA.

Conocimientos útiles.
Manera de desecar nores.

No todas las flores se prestan á la ~nservación por
medio del desecado· las rosas, pensamientos, marga•
ritas el senvita trepador, la violeta, la amarantina
-00einea, la naranja y globulosa son más á propósito
que otras especies.
.
Se cortan de la planta antes de que bayan ab1ert0
absolutamente su corola, casi en el estado de capu•
no tratando de que tengan un buen trozo de tallo
pa~a sujetarlas; la operación se bace por la tarde. .
Se atan por parejas para poderlas colgar de un b1lo dentro de la caja, de modo que no se toquen una
á otra.
Ji
Luego debajo como 0, 50 ó 0,60,_ se coloca ~na gera capa de azufre cerrando la caJa Y se deJan doce

MANTECA REQUEMA.DA.
horas para que se saturen bien de los vapores azufrados· entonces se nota un ligero cambio de eolores.
Las 'rojas se vuelven blancas, _pero el color primiPara hacer bien esta salsa, empezad por dorar la
t ivo vuelve al cabo de dos ó tres días.
Si los pétalos conservasen todavía alguna bume- harina en la manteca ó en la grasa, hasta que haya
dad, habrá necesidad de cerrar nuevamente la caja tomado un bonito color rojizo, evitando sobre todo
que se queme, y meneándola continuamente. Tapad
hasta que sequen.
Deberá tener la caja un ventanillo de cristal para entonces la cazuela exactamente y metedla debajo
del hornillo, dentro de ceniza caliente; la salsa, sin
las observaciones.
Luego se pone en una babitaeión bien seca y orea- peligro de que se queme, continuará haciéndose, lo
da, teniendo cuidado de que no penetre el sol ni ba- que exige media hora larga. En este intervalo, reti•
je su temperatura hasta cero, siempre, por supuesto, rad de vez en cuando la cazuela de la ceniza y menead bien el contenido, colocándola de nuevo en su
colgadas sin contacto mútuo.
Sin más preparación se forman ramos del mismo sitio. La harina cocerá bien de este modo sin queaspecto que recién cortados y que sirven para con- marse, y la salsa, del mejor color posible, no habrá
contraído acritud alguna; mojadla con caldo consuservarlos largo tiempo.
.
Las rosas blancas thé no dan buen resultado; las mado ó salsa del guisado que se prepara. Este es el
único método que hay para hacer una buena requemargaritas pequeilas son mejores que las grandes.
Para conservarlas pueden encerrarse las cajas en- mada de manteca.
tre capas de arena fina dejando los pedúnculos al aire por las crillas.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 27, Diciembre 31</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>t •

EL MUNDO.

366

Domingo 17 de Diciembre de 1899

carcomidas por la lepra de los tiempos, que se es- no saben abstraerse en la contemplación de las co- jaron el cincel para acariciar la lira en cantos
conden en los recodos de los viejos parques? ¡Po- . sas silenciosas y quietas. Por lo demás, casi todos que solían empezar así:
"Ninón, rubia Ninón, mi .Amada, mi Delicia"
brecillas ! En sus pupil~ petrificadas, siempre he . los desocupados quieren ser poetas ó casi todos los
Cuando la piedra con sus rebeldías inconscie~:
creído hallar un amargo reproche; paréceme que poetas son desocupados: no lo sé de fijo. No me incuando allí fueron colocadas, para ornato de aque- . terrumpas y escucha: cuando se viene á un parque tes y purificadoras, detenía por un momento el
llos vastos asilos de amor, el enarcamiento de sus como este y en una tarde como esta, ó se viene á torrente de, . imp~tus con que el a~tista quería
labios debió ser más amable que el que hoy osten- cumplir mecánicamente un precepto higiénico ó hacer de 1Ill su obra maestra, Rogel10 no juraba
tan, y parecéme que hoy guardan un coraje pro- se viene á recrearse en tristezas y en despechos; y sino por Ninón. Y cuando quedé concluído y safundo y eterno contra estas nuevas generaciones como casi todos los hombres lloran desdichas de tisfecho él, para premiarse, como suprema reque no hemos sabido sorprender las delicias de la amor, y como todas las desdichas de amor tienen compensa, se atrevió á robar el primer casto
línea que recorta albamente los sombríos hacina- remedio, oye una historia que ha de servirte y beso á los frescos labios de su Ninón . ..
Y así pasó el tiempo .. .
que es tan vieja como la primavera y tan etermientos de las matas y de los arbustos.
Un día, como todavía hoy sucede, la sonronamente
nueva
como
la
prü.aavera
:
El Cupido de quien tengo la historia que voy á
saua_y pura Ninón fué puestai entre dos capas
11arrarte, habíase pasado luengos años inmóvil sode tierra para que durmiera el sueño eterno,
bre su pedestal, &lt;le suerte que sus ojos sin vida haIII
env11elta en las alburas de la batista y encebían visto ú muchas parejas enamoradas, y sus oírrada en una blanca caja, capitonada de raso.
dos de mármol habían escuchado los madrigales de '
Rogelio estaba inconsolable. Quiso hacerme pemás de diez generaciones. Había sido el confiden-:Ningún mozo ha amado tanto como amó
te forzado de más de un conflicto amoroso, y á sus Rogelio, e~ que me dió forma de la masa inex- dazos, porque decía que yo le recordaba su amor
pe,rdido. No sé por qué no lo hizo, pero dejó el
pies habían rodado las lágrimas de muchas vírge- . presiva de la piedra.
nes que hoy son polvo en las entrañas de la tierra,
Fué en los últ imos tiempos de los reyes ves- taller entre sollozos y por mucho tiempo no seny que, si vivieran, tendrían la suerte de contero- tidos de seda y de pelo empolvado, cuando gra- tí sobre mi dura epidermis más que la caricia
plarse entre nosotros en la veneranua calidad de ciosamente se reclinaba sobre las lises de Francia torturante del olvido y del polvo. .
Y volvió á pasar el tiempo .
bisabuelas.
la r.u bia. majestad de María .A.ntonieta y cuanUn día mi sueño fué interrumpido por un
.Aquella tarue de deshielo en que trabé relacio- . · do se presentía entre las vagas brumas del futuro,
- rumor de besos : Rogelio, el inconsolable Rogelio
nes con tan experimentado Cupido, r ecorria el · el pavoroso brillo de la cuchilla popular.
parque en pos de no importa qué quietudes, cuap.Rogelio amaba á una Ninón encantadora, son- amaba á otra, había olvidado á Ninón y se em~
do escuché un gemido, un gemido angustioso que rosada como un clavel y pura como azucena- briagaba de besos en unos labi.os nuevos!
Y mientras tanto, la pobre Ninón en su
perecía surgir del fondo de algún sepulcro milena- · (pensé en tí, oh her~ana armoniosa !)-y esa Nir io, y que detuvo mis pasos con el imperio de un nón ama:ba á Rogeho que era hermoso y gallar- tumba ....
conjuro mágico. Y, como era de rigor, lniré en do entre los gallardos y los hermosos.
IV
torno mío y no ví nada. Mas persistía la queja, y · La conoció durante un lninuetc campestre en
persistia de tal manera desgarradora que, en me- • los p, ados de Versalles y con ella danzó la paAl llegar aquí el relato del marmóreo Cupido
dio de mis propias tristezas, senti una piedad infi- vana, á los ojos del buen rey Luis que, al mi- un burgués cruzó las avenidas del parque y l¡
nita y me creí capaz del consuelo. ¿ Pero á quién rar tan apuesta pareja, tuvo una amplia sonri- estatuilla enmudeció.
consolar. si á nadie veía?
sa _de buen padre de sus pueblos y de cerrajero
Yo temblé, creyendo que no conocería ya el final de la historia. Pero cuando el burgués se
Seguí la dirección contraria al viento que en feh z.
sus vibrantes ondas traía. el gemido y tras mucho
Se amaron locamente. Ninón amaba á Rogelio hubo alejado, sonando su pesada cadena de oro
buscar. dí con un montón de nieve que envolvía co:1 el abandono y todas las timideces de los sobre la redondez de su enorme vientre intea-paren temen te alguna escultura. Escuché el sus- . primeros amores; le amaba con toda su alma na- rrogué al Cupido :
'
piro con mayor vehemencia, me acerqué más y da más:. así se ama por vez primera.
-¿ Y mientras tanto, qué sucedió á la pobre
más al níveo bloque y no dudé ya: de él partía la
Rogebo amaba á Ninón ... ¿cómo la amaba? Kinón en su tumba?
queja maravillosa que tan inoportunamente había Ah ! n? p0dré decírtelo : pero sus manos que en
-¡ Tenía frío !
roto el silencio vespertino del parque umbrío.
a9.uel entonces esculpían mis formas, tremaban
JUAN S.A.NCHBZ AZCON.A.
Empezaron mis manos á desgajar la nieve endu- sm cesar y alguna vez-¡ mira qué pícaro !-derecida, y poco á poco fué surgiendo la marmórea
escultura del Dios .A.lado, con su carcaj al hombro,
con su arco al cinto, con sus alitas frágiles y desplegadas.
o
Debieron mis ojos prenderse en ella con manifiesta estupefacción, porque, interrumpiendo
el gemido, surgió de la impasibilidad del mármol
una voz uniforme y pausada, y dijo :
.
-Se admira un hombre de que el mármol gima,
cuando la nieve lo profana? Sepan los hombr~s,
que cuando la piedra es símbolo, la piedra llora . ..
JUVENTUD DE MUS SI T

Año VI - Torno ll

México, Domingo 24 de Diciembre de 1899.

°"0-)0(°"0-

II
Y prosiguió de esta suerte el marmóreo Cupido
del bosque umbrío:
·
-Tu piedad es rara; es rara la piedad que liberta á los mármoles de los abrazamientos de la nieve.
Voy á premiarla . . .. ¿ Qué buscas en este parque
solitario en tarde de deshielo? Es evidente que no
Yienes á mover tus piernas ankylosadas nor el reuma ni á emancipar tu vientre de una indigestión
laboriosa, puesto que en tu testa no miro uno solo
de esos hilillos de plata que consigo traen semejantes sinsabores. Támpoco acudes á una cita de amor_,
porque los besos y los madrigales se entumecerían
en el frescor de este fin de invierno y en estos tiempos sólo se ama al calor de la chimenea. Ni higiénico ni erótico es tu paseo: luego eres poeta y vienes
á soñar tontamente, como todos los poetas.
-Pero,-dije entonces á la parlera estatuilla¿ no puede traerme aquí alguna otra causa ? ¿ Es
acaso preciso ser un enfermo á un amante ó un poeta para reco"!rer un parque?
El Cupido no contestó de pronto; su frente de
piedra pareció contraerse un momento, como por
una abstracción ó por una ofensa, y en la tersura
del mármol señalóse un reborde impoluto y opaco,
cual rastro de un cincel incipiente. Y con voz severa, con severa voz que luego fué dulcificándose
paulatinamente basta recobrar su extraña y rítmica monotonía, habló el Cupido en el silencio de la
tardemoribuncla,mientras algunos pájaros errantes
quejumbrosos y friolentos, entonaban vagamente,
allá en las alturas de la arboleda desnuda y albinegra, quién sabe qué plegarias vespertinas. Y dijo :
-Te quise llamar poeta, por no llamarte desocupado. Hoy sólo estos visitan los p~rques en_ tiempos de nieve, porque ya las generac10nes modernas

1

l\Iimi Pinson, la griseta
seductora,
arrulla, dulce y coqueta,
con su risa trina.dora
la juventud del poeta.
.Tunto !í su amada, el cantor
da al olvido
toda amargura y dolor,
al pie del rosal florido
donde mora un ruiseuor.
Y ella, con vivos fulgores
en los ojos,
al vate de sus amores
ofrece sus labios rojos
y una corona de flores.
Y á la luz de astros radiantes
y entre notas argentinas
tlel a,e, estallan triunfantes
las rotas frases divinas
Y el beso de los amantes.

------~-

---= - -

~

II

tarde resph1mleeiente
y aromada,
reclina el genio la frente
sobre el cabello esplendente
de su gentil adorttda;
cuando, envuelto en áurea bruma,
cruza el cielo
cisne blanco cual la espuma.
que, herido, pierde en su vuelo,
una ensangrentada pluma.
Con rápida sacudida
se alza el vate,
y ase, el alma conmovida,
la pluma en sangre teuida
cual lanza tras del combate.
Y arranca. de ella el tesoro
ele sus más tristes canciones,
bajo cuyas alas de oro
i,e anegan en dulce lloro
los dolientes corazones.
Agosto 97.
MANUEL REINA.
En

VIRGEN PALIDA
..,:::&gt;-)0(°"0Pfllida como una lila,
nevada gardenia en flor,
la neurótica vacila
entre el claustro y el amor.
Y cuando reza, medita,
6 los pétalos arranca

de nevada margarita,
por lo bella, por lo blanca,
La colocarfa yo:
en un verso 4e Verlaine,
en un lienzo de Watteau,
6 en un m!írmol de Rodin.
RUFINO BLANCO FAMBONA.

FLORES DE INVIERNO,

Ouadro de M. Simonidy,

Número 26

�...
368

Director: LIC. RAFAEL REYES SPDDOLA.

---------------------------------------------

A1;1taño, era es~a una temporada de jolgorio
contmuo, nueve dias de apuros y trajines ví,,peras
de otras tantas noches de fie,tas alegres en las
cuales no faltaban, por supuesto, su hora de rezar, su r~to de concierto, y un resto de baile para
que lo~ Jóvenes quedaran contentos.
~~é~1co se divertía en masa, el )léxico aquel ele
la_ Cmd_ad de los palacios," el de las calles con
canos abiertos, y empedrado común más lleno de
escarpaduras que una montaña, el de las ventana•
con r ejas ele prisión y los balcones con toscos ba:
randales, el de loJ faroles colgados en m edio de las
calles, el de las puertas claveteadas; ese :\léxico
que ~ontemplamos con cierta curiosidad risueña
al hoJ;ª~ cualquier libro viejo, y detenernos ant~
una, lam_ma de dibuj,o _algo infantil y perspectiva
conv en c1onal, ese ::\Iex1co que vive en los artículo~ de P ayno y _de Zamacois, en los versos de Juan
D 1az Cobarrubrn~ ~· en la " Linterna )Iágica" de
Facundo; ese Mex1co que se va delineando ante
n_oso~ros con precisión fotográfi&lt;'a, cuando en el
rmcon del estrado cursi, fuera de la charla loca de
l~s _muchachas, y de la grave conver sación de los
v!eJos, nos ponemos á echar palique con la más anr~ana de la casa, una viejecita de rostro rugoso baj" la~ clos blancas ondas del peinado, de mascada
colorida sobr~ el to!so enjuto, la cual nos cuenta
e1_1 su lenguaJe sencillo y pintoresco, lleno de modismos Y adagios, y mientras sostien e en la mano
hu_esos_a Y declamatoria una colilla humeante, los
episodios y costumbres de aquella época maliciosamente c~ndida é inocentemente supe;sticiosr..
Era el tiempo de las "Posadas " el tiempo go1,oso de los "peregrinos," las noches de procesión
casera en qu~ se cantaban las letanías y los villancicos, acompanados de los pitos de caña de los much~chos, fos panderos de los papás, y las risas y cuchicheos de los novios.
Entonces toda la tarde era animación y bullicio.
La Plaza de Armas parecía un mar agitado en el
que flotaban-mástiles verdes-las ramas del pino
chorreando _hebras de h eno; se balanceaban las
barracas baJo las cuales se guarecían cordilleras
d~ confites como pequeños volcanes cubiertos de
meve, ó a_ltos d~ pastillas como montones de piedras preciosas, o filas de pereg rinos, en supuesta
mar~ha por los pedazo_s de co_rteza de árbol, rocas
fingidas de aquel cammo fatigoso; gritos de los
vendedores, tumulto y batahola, ansia de lleo-ar
/i la casa par~ colocar el " Uisterio," dentro de las
ª!c.adas de pmo y he~o, puestas en el lu,e-ar mas
v1s1ble de la sala; gorJeos de los niños entusiasmo
de los g:randes y animación y tumulto por todos
los ba_rrios de la Ciudad; eso era la tarde de aquellos dias.
Por las noches las calles quedaban solas, alum-bradas por la lu~ ?lanca de los astros-en ,\léxico
l~s noches de D1CJembre son la primavera de los
ci_elos~y por los faroles colocados de distancia en
d1st_al!c1a, que derramaban una luz tan macilenta
Y debil que más parecían lámparas de ~,illa ue
n? representantes del alumbrado público:Pero\o
bien sonaban las ocho en los r elojes de la ciudad,
cuando de las c~sas cerradas, altas y bajas, &lt;'hiras
y grandes, surgia la salva de las "posadas:" un
regu~ro de c?hetes que rayaban la atmósfera con
caprichosa~ hneas de oro; una flora aérea, luminosa y ~~imera; rosetones carmesíes, ramilletes
azules. lmos de llama deshojándose en el viento.
. y el transeunte sol? que caminaba por la desierta acer~, ,tal vez sm familia, sin hogar y sin
amor, per c1b1a brotando en una onda de gozo de
cada ventana, d~ cada puerta, de cada case. et' ru,..
m?r. de las or~c10nes, los acordes de cristal de las
mus1cas, las risas de los niños y los suspiros de los
enamorados.

- Hoy au~ queremos retener esas costumbres que
ano por ano están más leios de nosotros· aun hav
"puestos" frente á la Alameda, y "po;adas" en

EL MUNDO.
las casas de nosotros los burgueses; pero ya en los
puestos hay pocos peregrinos, y en las "po~adas"
no se cantan vi)lanciccs. Esta animación que ahora tenemos no es fresca, es recalentada. Hemos
perdido el entusiasmo, como hemos perdido otras
muchas cosas.

Estas noches de i11Yierno empapadas de azul
con salpica~uras de astros s~n muy hermosas, so~
lo que, como los alfileres del frío asaetan en o-randes puñados las carnes descubiertas, muy pocos
transeuntes se atreYen á cruzar bajo el toldo Lliáfano &lt;le los cielos, las calles .de la capital.
Xo hien principia á caer la sombra, cuando se
va q~edan&lt;lo de_sierta la vía pública; en la gran
avemda l_~s cornll?s de los elegantes se desgranan,
la l'.roces10~ qu e nene del paseo se rompe y bifurca a cada mstante y h ronda de luciérnagas que
fosforece desde la Calzada de la Reforma hasta el
fin de la "gra!1 a_rteria," se derrama por las calles
transversales md1cando el rumbo de los carruajes.
Y queda únicamente brillando por un momento
sobre el crepúsculo de cris~al del Ocaso, la aguja
de uno que otro campanario con su toque (le Juz
en el remate.
Per? ya s:&gt;bre el plano obscuro de las fachadas
se en cienden los escaparates de las tiendas marcos de resplandor amarillo, tras los cuales lu~e una
fantasmagoría de colores; los cambiantes de las telas1 _la desl~m brante rutilación üe las joyas, los
gumapos brillantes de los juo-uetes v los reflejos
de raleidoscopio de las botell~s.
' •
·
Entretanto los huevos de leche de la luz
eléctrica arrojan su claridad temblona v linda hacia el cordaje aéreo del telégrafo. La decoración es
bella, pero le falta movimiento y vida.
"Ya las parejas de enamorados no van como en
pr1maYera á pasear su felicidad á la ca.ida de la
tarde y á decirse ternezas, aisladas entre la multitud inquieta.
A las nueve ele la noche ya no "flanean" los niños, c_antando sob~e las aceras rebosantes; ya no
se detien en las muJeres hermosas en bandas risueñas, soñando con los ojos entornados ante las telas y los encajes fantásticos ele los escaparates.
Y cuando el reloj de la Catedral da las diez ele la
noche, n o Quedan en las am_Plias avenidas más que
uno que otro gru_p? de ebrios, alguna mujerzuela
rezagada que va tmtando nor el arroyo desierto, y
alguno que otro enamorado escondido en el vano
obscuN de la fachada. .
La ciudad queda silenciosa v triste. Sólo las esfrellasrien en la transparencia infinita ele los cielos.
Xacla palpiti1 en el sutil cortinaje del viento. Acaso
el poeta. vidente que vela, sorprende rastros de
almas y huellas de oraciones en la diafanidad del
amhiente.
Sin embargo. hay seres que no se preocupan
del invierno ni procuran calentar sus ulaceres
junto á la lumbre del bogar t ranquilo.
Los ''bars" abiertos durante la noche arrojan á la vía su cudrilútero de fulgor amarillo. De
allí salen, como de una hornaza diabólica la carcajada cínica y la palabra brutal y obsc~na.
Es el antro de los desterrados ·del amor y de
la virtud.
Y si leYemente, por un ra~go de malsana curiosida.d, entrea_brís Jevem_en te la vidriera, podéis
v~r en un ~meón 1ummoso estP. personaje invariable. Es viejo, decrépito, sucio, macilento. En- ·
tre. una b~rba hirsuta de canas amarillentas y
lacrns, gesticula con dolorosa E&gt;xpresión la boca
desdentada. Sobre la palidez de los pómulos asoma una manc~a cárde~'l y tras los opacos vidrios
de tm?s anteoJOS de barillas torcidas, chispean bajo
las CeJas ásperas y blancas, las pupilas claras y vivas, como dos puas de acero.
·
Alrededor de la mesa ele e~te patriarca del
alcohol, se_ agrupan unas cuantas caras estúpidas y nerviosas que parecen iluminadas por la
llama verde de un ponche invisible.
. Cerrad. Allí no hay aleirría sana. ¿ Que oís tambi~n algazara y risas? Son las tristezas que se embriagan.
Seguid por las calles solitarias. Ya nadie pasa.
Y no es que clue:r:man los habitantes ele e,ta riuclad abandonada, es que el amor bueno se ha queen casa para bendecir el in vierno que
Junta las bocas y las almas .. . . .

?ªªº

Domtni?o 24 de Diclemhre rle l ll!li.

Domingo 2 4 de Diciembre de 1899

Los niños han escrito muchas cartas y los h
bres sonreímos. Estos pequeüos sOJiRdor·eº 1 om.11
.
'
~ te marav1 as nos contagian con su fe inocent e },'
b 1,
d
. .n CiH1a
a_ con, enA ?ªt· ª, vedntana, ur1 zapa tito e~pera el
mi1agro. sis ira, e seguro S:rn ta Cla u, : 1
cita misterio,;a. De allá \'eil(l;..-t • del Ori·e tH, ,i .1
·el ·
' '
n e azu 1
empah ec1do por un~ serena fulgeucia y atrave8 ar.i
con. su ma~to amarillo, su_ barha de niC\·e . sa
goria ele mgromante
la crndacl Jormi•,',
1.1- 1Y)e1&gt;e
•
t ~-aer, comdo s1em~re, un cargamento de c: huchcrias, q~e es(1e leJos, en la marcha apresurach á
la claridad blanca de las estrellas brill•1 r:111 '.
. t sment e como un eJérc1t.o
· · &lt;le luciérnao-as
'
' ' ,lllqure
,
,.. .•,, o
t an]aran en aparec~r •obre la esfumada cre~tería
q ue r ecor tat el ho~JZonte, reflejos de acero, astíl1as e1e p1a a y relampagos
fran'eados
de m:it·l('C,;
. .
J
como pe dazos de iris roto.
.
Espera á tu regio protector, za.patiHa charola&lt;l,1
que, cuelga_s, del barandal, l_anzando brillos d!!lce~,
y tu tambien, obscura botita de tacón o-astado
·
pun t a roi'd a ~ e1unesca,
y todos los quei:, curiosa-v
~1ente asom~1s por entre las brumas de las rcJ~,. como atisbando en la remota perspectiva ];1
sub1ta y _d e,lumbradora aparición; esperad la hora anuncrnda, en el mi•terio de la noche
)':__en el fondo de cad~ _uno. de rnsotros, pt•quenmes en vela, _qt~e habeis deJa&lt;lo la tibieza de
la alcoha por recibir los premios relesiillles. el
a~ba sorprender-á el juguete, la moneda ó la o-:&gt;losma.
i:,
Y o sé bie~ qu~ las manos de los ángel e, preparan esta ~1len c1osa '·kerme~sc" de la inorenria.
¡Oh, es c1ert? ! Ya por el mar azul profundo
de la noche. vienen bogando ''barcas de cr:~tal
llenas de lirios" ....

t

d;

r

Dejemos la descripción de la fiebre taurin&lt;i para otra vez. Que no se interrumpan egtas HneP~
serenas con aquellos alborotadores r ecuerdos. El
entusiasmo r ayó en frenética locura.
No mezclemos al azul del cielo el púrpura de
sangre.
::N"o falta rá lu ~ar. Y además, acaba de pisar e~ta
tierra María Guerrero. Pongámonos en pie 1n r;i
saludar al Arte excelso .... .
LUIS G. U RBIXA.

LA BENEFICENCIA PRIVADA.
Nada fija mejor el nivel &lt;le civilización &lt;le
los pueblos, que la organización de las instituciones de beneficencia. L os pueblos primitivos, h~
hordas salvajes, las tril&gt;us nómadas, desconocen d.:
t~do punto la caridad y ni la practican entre si
m menos aun con los extraños. En muchas de esas
agrupaciones, lejos de amparar y defender al in~á~~o, al enfermo, al anciano, se ies sacrifica por
mutiles y onerosos. En áspera y cotidiana luchil
por la vida, esos hombres se deshacen de tod,1
"impedimenta," aligeran lo más que pueden la carga, sueltan lastre para mejor marchar y ya, como en Esparta, sacrifictn al niño deforme, y.1
como en China, ahogan al hijo sobrante, ya conu
en la India, instituyen para las viudas el deber de morir con el esposo que las mantiene, y.i
coro~ entre las canacas, suprimen del catálogo al
ve~c1do de la existencia y asan y condimen tan
en barbacoa á sus padres ancianos ó á sus nudres impotentes.
Con los progresos de la civilización estas costumbres salvajes y menos que animales, se dulcifican; la caridad reviste la forma negativa de 110
dañar; para pasar más tarde á la forma positiva y activa de hacer el bien. Son los potentado:;
de la tierra, los monarcas, las castas pri,·ilegiada~,
las únicas ricas y poderosas, las que fundan !ns
instituciones de beneficencia, las que crean asilos, hospitales, orfanatorios, las que distribuyen í1
la puerta de claustros y palacios las migajas tle
sus banquet~s y los restos de sus festines. En
Ro~- se distribuye trigo á la plebe romana_ .Y I_J
solicitud de los poderes públicos va hasta mstituir el circo gratuito para solaz del público; en
la España medio eval al rededor de cada convento pululan mendigos á quienes se ctiEtribuycn
vi veres; los señores feudales van siempre rode~dos de parásitos, á quienes mantienen y dan 1:mosna.

~ os_ monarcas absolutos suelen mostrarse esplcnd1d~s
fundan gr~ndes in,tituciones de beneficencia de _su prop10 peculio., (léase del fruto ~e sus exaccio~es) p~ro la caridad privada langmdec~, apenas s1 se eJerce de la mano á la man?, baJo. la forma ele pobr~s y_ raras limosnas, ó
bien, b~JO _la
una hosp1tahclad momentá nea
y transit,oria. Y no \rnede ser de otro moclo bajo
esos r eg1menes, 1a riqueza pública está concentrada, la monorolizan contadas JJersonas V el resto es P?bre, miser~ble, casi mendigo.
•
De tiempo e~ tiempo ~urgen filántropos eminentes, como V1ce1;1te de Paul, como Carlos Borromeo, q1;1e mendigan para l0s pobres, que piden y obtienen, y con ello fundan instituciones
benéfic~s sin llepar, á pesar ele sus esfuerzos, á
ge~eral1zaclas ~ a promover acentuado movimiento
privado en su favor.
La caridad_ priva~a no se generali za, fortifica
y_ pr?spera, smo baJO el régimen industrial que
d.stribuye en muchas manos una inmensa riqu;za1 que crea burgueses má; opulentos que
prmc1pes, que unge reyes del oro del fü,rro del
carbón, ~el trigo á_ innumerable~ particul~res,
que desvmcula la riqueza ele mrnos de ks castas
privilegiadas y la difunde á torrentes en la masa
de los pueblos.
En csh1s rondiciones el archi1:1illof'll!,:,1 ']t,c 11'.l
luchado, t rabajado y sufrido y que ha acumulado
tesoros Pª~- sin transición y sin l'Onciencia, casi
de la avaricia á la generosiclacl, de la codicia
al ~esprendimiento, de la "tominería" á la prodigahda~. Al período de w ncentración y de acumulación sucede el de expansión y distribución.
Saciada su ambición, atesorados los caudales conj 1:1~ado todo peligro de miseria, allegadas probabilidades de mayor lucro, el millonario comienza á perc_ibir que hav seres oue sufren, que hay
dolores_ sm consuelo, penas sin r ecompensa, lab?res _s m fruto, y oue el comb11te en que él salió
victonoso, ha dejad_o tendidos en el campo
mucl~os luc)rndores sm f?rtuna, muchos paladines sm gloria; que otros, m~uficientemente armados, se aprestan á una lucha en que sólo les espera la derrota. El potentado abre entonces sus
cajas, prodiga á manos llenas lo yue acumló gran o á grano, funda hospitales para los herid:is
en la pelea, asilos para los inutilizados en la
campaña, escuelas para armar á los inermes; y
como los potentados nululan y los millonarios se
hacen incontables, la caridad privada extraofici~l, pr~spera, se prodiga y alcanza p~oporciones maud1tas y refinamientos sibaríticos.
Tal pasa en Francia, en Inglaterra, en ~orteAmérica. Ya es la baronesa ~ataniel ele Rostchild que lega millones y millones á la beneficencia; ya la señ ora Hea;t, que funda una Universid!!d; ya otras mil qu e crean ho$pitales sunt uosos como palacios, que levantan y sostienen escuelas monumentales y que organizan soberbias
ambulancias en caso de guerra.
Tal comienza ya á pasar entre nosotros como
consecuencia natur11 l de nuestra prosperidad y
&lt;l~l aumento y di fusión de nuestra riqueza.
Siempre hemos sido caritativos de la mano á lamano; pero desde la conquista hasta la r eforma fueron
los gobiernos, el clero -:y contacl0• magnates quienes hicieron importantes fundacione, benéficas.
Cortés fundó el Hospital ele Jesús; Lorenzana,
La Cuna; muchos ho•pita les el clero y el gobierno; }faximiliano ó más bien Carlota, "La ~fatern idad ;" alg,:¡TIOS mineros r icos como Borda, instituciones de importancia,
.
Después de la Reforma las fundaciones piadoi:as de origen privado fueron nocas; pero no esrasearon las de origen oficial. La ::\Iaternidacl de
Puebla es privada; l a Casa Amiga de la Obren1. también, a,t como los asilos de Colón ~f
rl_e Mendigos. Con esas instituciones uareció ini":ar~E' un r enacimiento de la car idad, v el Asilo
de Niños que acaba de fundarse en el Saltillo
e~ ele ello uTJa prueba. Un :filántropo sin hijos
nuiso hacer el bien á los hijos agenos, y con
~~gró closcientosmil pesos á fundar un asilo modelo
rl" la infancia, con todo el confort y el refinaT'' 'Pnto ele exigencias que h ubiera. Querido ofre"~r 4 su propia prole. Bn él vivirán "en familia"
l 0 R huérfanos, los abandonados y los deshereclMlo&lt;&gt;. Serán pocos para que puedan estar bien
noisticlns v recibirán no sólo l a cas'l, el vestido. el surtento y maternales cuidados, sine
t 11m bién enseñama que eleve su nivel moral Y
los arme ele p1mta en blanco para afrontt.r la
lucha por la vida.

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369

mr, Jm-lff&gt;O.

Grande obra y gran ejemplo; todo corazón 110ble debe conservar el nombre de ese noble filánatr opo que no sólo supo ser espléndido para
con _la orfan_da&lt;l, sino que supo dar á su filantrop1a la meJor de las orientaciones. Xo hay forma &lt;le caridad m~s tierna, más noble y más pura,
que la que se eJerce con la niñez.

~ ---PROF.t.:TAS ENGAIAI03.
-&lt;::&gt;)O(-&lt;::&gt;
Los enemigos declarados .de los caminos de hierro neg~ban á é3tos toda importancia comercial,
estr atégica, etc., por la razón (para ellos incontrover tible) de que las máqumas no alcanzarían la
deseada perfección para correr con gran velocidad
Y que _no era posible que prosperasen.
'
i 9mén les hubiera dicho que antes de morir
el siglo hablan de llegar á ser los ferrocarrile" el
factor más importante clel moderno pr ogreso
En nada acertaron. . . Consideraban el mavor
~le los abrnrclos pretender_ que los trenes sobrepuJaran en un doble la velocidad de las diligencias ..
Y he_ aouí _la progresión que ha resultado del perfecc1onanúento de las máquinas :
En el año de J825 recorrían en una hora las
locomotoras 9 kilómetros. En 1829, 25 kilómetros. En 183-!, 34 kilómetros. En 1838, 51 kilómetrcs. En 1839, 62, kilómetros. En 1868 (tipo
Crampton) 70 á 80 kilómetros. En 1899 9o'y más
kilómetros.
'
El tren que recorre el trayecto de Farfar á
Perth (Escocia) devora una distanem de 52'29 kilómetros en 33 minutos; unos 95 kilómetr os por
hora.
i Y aún se pretende duplicar esta velocidad
en?rme, suprimiendo en los trenes todo objeto
sahente que oponga resistencia al aire!
K o hay para qué hablar del inmenso desarrollo
alcan~~clo por est,e medio .de_ locomoción, que va
adqumendo d~ d1a en día gigantesras proporciones; baste decir que solamente en Alemania se fabric~n al año 1,500 locomotoras, y que en la a&lt;·tuahdad la longitud de las vías férreas en serYirio. es tal. que "podría" tenderse con ellas una
"doble" vía desde el planeta á sn satélite.
Si tan equivocadamente discurrían los sabios
;. oué extraño es que el vulgo se mostrase acérrimo enrmi!rn de los ferrocarrilE's?
_ En tod?s los naíses, y espe_cialmente en Espana. las primeras locomotor11s rnfuniliernn al pueblo ve~dadero terror, en parte justificado, porque
(s~a. dicho, d~ paso) la imperfección de las prim1tiva~ maqumaR y sus acce~orios, coches, frenos,
Ptc.. &lt;'&lt;'11sionab'l frecuentes de,rarrilamientos . . ..
I~a regla general era seguir viajando en diligencia, más cara, más lenta v m:Í&lt;; incómoda que los
trenes. pero en cambio más ~einrra.
AdPmás. clecíaf'P que el eqtablecimiento ele laR
vías -frrrea, haría imoosib1es 1~ pa1;tos: que el humo :l~ l"" loco1:1otoras envenenqr[a el aire; que
mor1nlll lo• pá1aroq; que ht:; chispas cfo las m.íquinas incenc1iarían los poblados y caseríos, por cerca de los cuales pasa,e el ferrocarril; que qued,,rían en la m:seria infinidad de arrieros, carreros
m:worales. nosaclero&lt;&gt; v empr esarios de coches . ..
Tan arrlligadas estaban estas creencias, que mnchos pueblos de no escaso vecindario, se opusieron ron inusitada tenaridad á que pasara por su
término tal ó cual vía férrea en proyecto.
Fiemplo ele est!l irra&lt;'iomil te•tiiruclez tenemos
en Fraga, importante nohlación de la provincia de
Hnesca. que hizo sobr&lt;'humimos esfuerzos para
evitar que pa~ara por allí el ferrocarril, y sil} él
,-i!{lle á estas horas. habiendo crnedailn rezagada v
"fuera ile concurso" entre otro,- pueblos que van
rreciendo v prosperando. I &lt;rUal lamentable condurh1 siITT.JÍÓ Carmona, (Sevi1111.) y cu&lt;indo "volvió en
sí," despuPs de ver oue se iba· queilanclo á la cola,
empleó todaq SU'- influenrias. su dinero y sus rerursos P.n rorregir el daño que por voluntad propia se haMa causado .. .. hoy ruenta ni1d!l men0R
nne con dos vías férreas que la unen á la capita 1 v al resto de España.
Tampoco f'e había Pnamorado de los ferroca-

i"

rriles el gQbierno español, pues como &lt;leda un escritor &lt;le aquella época (ld-1.ü) "en lugar de fomentar, proteger, alentar, activar y favorecerá la;;
empresas de ferrocarriles, lo que ha hecho ha sido
emlJar,azarlas y _entorpecerlas cuanto ha podido,
su,c1tandolas mil obstáculos, tropiezos, dilacionc.y dificultades:' Es la eterna historia ele esta pobre Espeña ....
La primera concesión que se dictó en la Península ll?va la fecha &lt;le 6 de Abril de 18-!,5, parJ.
la _sección d~ Almansa, comprendida entre )Iacln~ y _AranJuez_; pero no fué ésta la que se inauguro p1rmero, smo la de Barcelona á ~lataró en
;¿g de Octubre de 18-!8, concedida el 16 ele )lar7,0 del mismo año. A esta sig-uieron 111 de .\.ranjuez, Langreo á Gijón, Valencia al Grao, etc.
l&lt;,xtrernadamente curio,o era ob~erYar el indecible asomb.ro, la estupefacción que, ~egún testigos presenciales, causaba á las sencillas gentes del
camp? el ver pasar con rapidez Yrrtiginoi,:a el tren,
escupiendo ~apor y echando chi,pa~, sin que atinara_n á descifrar aquel enigma .... ¡ Tantos coches
corriendo · sobre la vía sin auxilio de mula~ n ¡
caballos ! Proverbial es ya la explicación ele aruel
palurdo : Los caballos iban dentro . . .
'
,otro moti~•o de terror eran los "tunnels,'' que
as1 se deno1:1i;1aban entonces los túneles, hasta que
se castellamzo la pala~ra; á muchos infundían pavor, con sus bocas abiertas v tenebrosas dispuestas ~ie_mpre á lra¡wr•e los trenes que e~ ellos se
pr ecipitaban con ruido ensordecedor . ..
Los relatos de lo que entonces pasaba las escenas á que &lt;lió lugar el establecimient~ de los
primeros ferrocarriles, nos parecerían ahora cuent~s y exageraciones anda! u1,as si personas muv
dignas .de crédito no las confirmasen en calidaZl
de testigos presenciales. Eran frecuentes las •io-re.
/, 1
'l:)
siones a os trenes, pedrada,, disparos de armas de
fuego, y hasta el hecho criminal de poner obst;iculos en los_ '~rails" ó r~il~s
He oído decir que
algunas v1eJas superstic10sas YO] vían horrorizadas
1~ cabeza y se santiguaban al ver pasar el tren,
firmemente persuadid~s de ~~e aquello tenía que
ser por fuer1,a alguna _mvenc1on del diablo; y que
la gente moza, las muJeres sobr e todo, si bien má i
despreocupadas en cuanto á la inter\'ención diabólica, lloraban presenciando la ver tiginosa marcha del tren, que conducía elegantes viajeras, alegres Y confiadas .... "Ay, pobres señoritas! (0rrritaban) ¡ Se van á matar!"
.
C.:n respetable amigo mío, el sefior B., me contó el siguinente caso, con el cual daré término á
estos breves apuntes :
D~cho señor hizo un viaje de Córdoba á 1Iaclrid
el an~ d_e 1865, cuando no había más trayecto
ferrovrnno que desde )ladrid á Alcázar de- San
u~n. 'l'uvo, _pues, que ir desde Córdoba á esta
:1Itima pob~a?ión e1; diligencia, y entre sus companeros ele viaJe_ vema un, pobre señor casi ciego, ó
enteramente CJego podna considerársele, pues lle,·aba una venda sobre los ojos. Iba á Madrid par.1
someterse á una difícil operación y acompañ.íbale un hijo suyo.
'
Des~ués de mu:has horas de diligencia llegaron
á ~lcáza,r; el sen?r B., al transbordar al tren,
se_ 11_1stalo en el mismo departamento que sus pri1mtivos compañeros de viaje.
Apenas se puso el tren en movimiento exclamó
el caballer o ~nferm? &lt;le la vista:-¡ Cara~ba, qué
hermosa y bien cmclada carretera! ¡ Qué marcha
más ~~ave! Así debiera ser todo el camino .. .
Sonnose el señor B., tomando aquellas frases
por una broma, y nada contestó; pero algún tiempo después tornó el caballero á decir :
-¡ Es extraiio ! ¿No les choca á ustedes el tiempo que tardan en mudar el tiro?
Compre~dió ,ento_n~es el se~?r B. que aquel caballero cre1a aun VJaJar en chhgencia, y va iha ;1
sacarle de su error, cuando le detuvo con un o-esto
el hijo del ciego.
l:) •

f

, :-Ruego, á usted_ que no le dé explicaciones,diJole al 01do.-M1 padre no sabe que viaje P'1
el tr~n ... Cre~ que sólo hemos cambiado de rlil ¡_
grn~ia; pero si ,se entera de que vamos en ferro/"'Arril. Fe apeara e11 1n primera estación sin que
fm-7.S!S humana&lt;&gt; le obliguen Acontinuar el viaje
Le horrorizrn los trenes. . . .
· ··
Como es ele suponer, el silbido ele la m·fo11in,1
el tufillo del carbón v mil detalles más revelarn~
al caballero la verdad. . . Se puso tnn desazonado
v fuera c~e sí, que hubo ner.,sidad ile suietarlo ...
T◄'n_ la pi:_imera estación en donde hizo alto el tren
(V1llacanas) se apearon padre é hijo.

�3i0

EL MUNDO.

EL SOLDATIO INGLES.
-&lt;:::,,~~

X? es este un estudio sobr~ la organización,
~•ual_1dac!';5 ~- defectos técnicos del ejército inglé&gt;'.
mstitue1011 que levanta en los días que corren una
polrnreda de críticas á cual m,ís se,·era por f'U
notoria deficiencia para afrontar una campaña
contra fuerza~ bien apercibidas. Tal vez en otro
artículo digamos algo acerca de la organización

DGmlngc 24 de Diciembre de 1899

hay en los regimientos cuando van á relevar á los
soldados que cumplen su senicio de ocho años en
la India. )Iuchos, empero, quieren que se les llame á ese servicio; los atrae lo desconocido y saben
que las penalidades no abundan allá, pues por lo
contrario, la vida es mejor que en la metrópoli.
Lo,., ocio¡; son interminables y las distracciones infinitamente variadas. X o ha·v servicio manual en
el cuartel; todo lo hacen los 'indígenas. ¡ Hasta los
barberos son indios que afeitan á sus clientes en
la cama! Los cocineros son indios también y le
sin·en el té al soldado i y se lo lleYan á la cama!
Afeitado y animado con el calorcito del té, se
decide el buen soldado á dejar la cama nara hacier
ejercicio militar, tarea bien corta _y nada fastidiosa.
Entretanto, los indios hacen la cama, asean el
dormitorio y mudan ag-ua.
Cualquiera se sentiría tentado de ir á disfrutar
e:,a riela mimada. Aun los peligros que allá se corren tienen sus encantos, los ele la guer ra naturalmente, que en los del clima no haY quien piense.
Por eso hay tantos imberbes en las füas de los
regimientos tropicale~ con ~er tan arenturado paun ad9lescentc meterse en las hornazas ele aquel
cluna. ); o obstante que se prohibe la admisión
de incli,·iduos menor~s de veinte años, no escasean
Fo!daclos ele dieciseis;
pero ¿ cómo impedirlo?
En el Reino 'C'nido no hay "estado civil " de lo
que resulta la imposibilidad de rechazar los infractores. Desde W"ellington hasta Kapier y Wolseler. todos los generales ingleses se han quejado
amargamente de este obstáculo para la buena organización del ejército: la frase de Lord Wolselev
e:: célebre : "mientras 110 se pueda determinar la
celad de un hombr~ como la de un caballo, por
el examen de los dientes, e~to no se remediará."
El clima diezma á los jóvenes en Egipto y en las
Indias, pero las 1·íctimas no se preocupan.

ra

li

PrPpará11cl ,se para el baile.

ele los ejércitos de la _Gran Bretaña. y de los países
que forman el J mpeno de S. ::\I. la reina Yictorifl.
Por hoy nos limitamos á hablar del soldado inglés, d~ ~u vida en el cuartel y en campaña, del
proced1m1ento que ~e emplea para reclutarlo y de
la formación de la ofi¡.,ial i&lt;lad, así como de las relaciones que existen entre esta :y la clase subaltern_a. Estas. iJ;clicaciones casi enteramente descripüvas, sernran para C'omprencler las causas de donde de:ivan las cuali,dad_es y defectos del ejército
,:ometiclo hoy á la ma~ rigorosa prueba experimental en las regiones :-ud-africanae.
El soldado inglés i::e di fcrencia del soldado continental en que es mercenario. En las otras nacio11es europeas de importancia, el scrl'icio militar es
oblig~to~·io y univer,-al: Inglaterra, apoyada en la
impenor1dad de su:; fuerza:;, cree que le basta y sohra par a las cxiirencia~ de su política con un ejército de tierra limitado. Si no tuviera que mantener
la paz en las India,. y adquirir y con¡:errnr_ colon ias, no vacilaría en licenciar su ·ejército.
apltcando al de,arrollo de la flota las economías
obtenidas de tal suerte.
Las exiguas proporcione¡., c1el ejército le permiten á Inglaterra, atraer eoldados con ~l cebo ele
Yentajas pecuniarias. El ejercicio de las armas es
para_ esa gente una profe&lt;ión lucratirn que les proporciona elemento::, para ,·il'ir cómoda y alegrement_e. Ko sólo,_ sino que puede llamarse regalada
eFa nda : á las siete RC lernntan, se desayunan á las
ocho, comen á la una. á la, cuatro v media beben
té, se pasean hasta la,, diez de la noche V á esa hora se recojen. Entre las horas señaladas, h acen
ejercicios que duran una ó dos horas, limpian sus
armas, se asean, fuman Y charlan. El cuadro es idílico : convida á hacer~e· soldado de S. M. n.
~

Para reclutar f,lolc1aclos en un t iempo y en un
paí~ en que la industria paga tan buenos salarios
á los obreros inteligenles y enérgicos, hay que dirigirse á las clases é indi,·icluos que carecen de tales cualidades, á los que en vez de luchas buscan
ociosidad, á los que quieren comodidades gratuitas y un porvenir aseg-urado contra toda eventualidad. El resultado es que las fatigas de la guerra los
ho~rorizan, aunque la guerra sea sn destino, voluntariamente acéptado. Prueba de esto el pavor que

p

•
las des~rciones, una vez que se divulga la lista de
los des1gnadoF, se les abruma á fuerza de trab ·
' .stas . é mspecc10nes.
.
.
8.JO&amp;
)' se l es a tm·ele _con 1ev1
El
cuartel se connerte en un_ mfierno : carros de
transporte, caballo~ que J:&gt;iafan, maletas que ruedan por las escaleras, muJeres y niños que lloran
toques ele clarín, ladriclo3 de perros. . . .
,.
El_ ~oldado que tiene ía~ilia legítima, la lleva
consigo; Tos otros ~e d~sp1den de los suyos y en
marcha. l:Tnos y otros, a fuerza, no lo disimulan.
son mercenarios que cumplen con su deber á re~
gañadientes.
Con todo, el valor no les falta. Lo han probado en todos los campo, de batalla. P ertenecen
á_ ~na raza "igorosa, habituada á todos los ejerClClOS corporales, Pe han fo~·t!fic~do con un régimen regular ~· altamente h1g1é111co y tienen cualidade;:, que valen r¡;¡ucho, flema v ·amor propio
C_iertamente, habituados como están á las como~
el 1cladeR, no las dejan a;;í como quiera; en Crimea
lnás de u_na vez lleg-aron con rPtardo á la cita y
e~o para mstalarse en el vivae con lujos de "confort" que no comprendían los franceses. Pero á
la hora del fuego, el francés los admir ó por su
bravura.
El ejército ingléR parece una supervivencia del
antiguo ré~imen; pu~~le _verse en sus filas algo de
lo que halna en loR eJerc1tos france¡;es &lt;lel sio-10 de
Luis XY, rcclutaclos en el Puente Nuevo / compuestos de soldado,- con apodo, valientes, pero sólo cuando les daba la gana, ~' tan inclinados á la
cle~erción, que tenía que adoptarse por fuerza la
táctica lineal que mantenía á los soldados codo
-con codo bajo la ineesante vigilancia dP los oficiales.
LoR "recruiting officers" OJ)eran en la Plaza de
Traialgar. Los tales "recruiting officers" son cabos ó sargento¡; retirados, á quienes se pao-a, además de ~u pensión, un tanto por cabeza d~ reclutas que logran alistar. Pm:an las de Caín para
atraer gente y aun tienen que apelar al charlatanismo en la enumeración de las ventajas de la
vida del regimiento. El oficio ele reclutador n o e
sólo difícil sino aleatorio, pues qi abundan las ~·-.1citudeR ele alistamiento en años de malas cosechas ó cua1~do hay huelga, ~n cambio hay t iempos
~n :iue nadie ~e presenta y el reclutador tiene que
1r a las aldeas a deslumbrar ron su uniforme á
los mendigo,, á los ngahunclos y á 10s inconstantes, sus clientes habituales.
El que se alista rara ,·ez se arrepiente. Ko hav
por qué, como podemos Yerlo, si rerorremos el interior del cuartel. Llamemos á un dormitorio á las.

Granaderos de la gu m·dia,

J

Al tocar diana .

EL MUNDO.

371

l

L er-tum &lt;fo la 1,1·.lP-n d,,t dia á !r(guardia
~os hombres_ maduros, por su parte, no se engnen con In_ nda a,·enturera, abominan de ella,
}_ cuando 1ec1ben or~en &lt;.le ~narrha sienten qu:~ Ja
b_erra_ se les abre baJo los pies. Obreros sin porvem~ _alts~ados en el ejército por pereza, jefes de fan11h:1:, irregulares, la deFerción es la única sal ;í!,
que tienen para eludir las órdenes de movilización
y en efcto, deFertan, á reser va ele darse de alta e~
otro regimiento, cosa no muv difícil dada la falta
de medios fehacientes para identificar á las
personas. De ese modo evitan el destierro temido
y sin correr grandes peligros reciben una nueva.
p_r_ima. Esta circunstancia. explica la gran proporcwn de desertores que aparece an las estadísticas del ejército inglés. Para evit&lt;Jrla se toman mil
pecaucioRes, tales como no publicar sino hasta
última hora la lista clefinitira del destacamento de
relern. Encierran al batallón, doblan guardias se
pone un co~dón de ,~entinelas á lo largo de 'los
muros exteriores. El prevost serl!eant" y sus ayu1
" como se les ~llama -recorren
.
dantes,-" sopones
los barrios de mala fama, la estación y' el interior
del cuartel. Si con tanta vigilancia se logra evitar

Domingo 24 de Diciembre de 1899.

siete de la mañana, mientr as el oficial de guarciia
Ta. y viene, calentándose al pasar por la chimenea
del garitón; un letrero nos dice el número de solda.dos que hay en el dormitorio v el peso del carbón que se les da semanariamente. Cada. uno de
ellos r ecibe diariamente doce onzas de carne, una
libra de pan y tres peniques para legumbres, sal,
etc. En el dormitorio los "nuevos" andan en ca··
misa y los veteranos están tendidos á la bartola
en sus camas; en el patio hay grupos de soldados
que se abotonan el uniforme con una mano y llevan con la otra. una escudilla de estaño, y los castigados juegan con las escobas. A las ocho, el clarín anuncia la hora del de~ayuno : los dormitorios
están ya aseados, las camas ·hechas, todos los solda.dos lavados de cara y manos y la. mesa puesta.
Se sirve el te y el extra del día, mantequilla,
arenques ó "porridge" (harina de avena.) Además
se proveen á su costa de alguna otra cosa que
compran á un soldado vendedor que va de dormitorio en dormitorio con sus mercancías.
El capítulo de la gastronomía merece lugar
aparte. El soldado inglés tiene un estómago de
gran capacidad. Frecuenta la cantina y un almacén anexo en el que se vende t oda clase de artículos de consumo diario; los precios son muy bajos, porque hay compensación en los que tie~en
las bebidas. Los bebedores pagan por los sobnos,
cosa muy moral. Sólo está permitida la venta de
cerveza, y el alcoholismo i.iende á desaparecer del
ejér cito. En cambio, no se matan ele hambre, como lo hemos dicho. En el c-áfé del "Casino" se
sirve por un penique: un plato .~e sopa, un plato
de arroz ó café y pan con mantequill~.
¿Y los ejercicios militares? El maneJO de las armas y las evoluciones figur_an apenas en _los
cuadros de distribución del tiempo. A esos eJerc-icios hay que agregar la ginmiu:ia, ~l "football"
y los otros "sports., nacionales. La vida del cuartel es divertida v sin duda por eso hay soldados
que salen sólo 1.lila ó dos veces al añ~.
.
La autorización para contraer matnm01uo "S un
favor que sólo se diRpensn: á. iJs e~eo¡{idí~~ ']UP.
t ienen siete año~ de ~rri,.10., y un ahorro 1.c C'lll·
co libras por lo menM. Como las mujeres de los

Soldado de caballf1'ia .
soldados ganan algo lavando y planchando nara los
demás, el matrimonio es un privilegio, objeto ele
las ambiciones del soldado.
Los cabos y sargentos pueden casarse á voluntad, y no es esa su única prerrogativa. Como los
oficiales son grandes señores que no han de mezclarse en detalles de poca monta, se valen de los
cabos y sargentos, pagándoles bien sus servicios,
no sólo con dinero sino con miramientos. En los
bailei,., el sargento le da el brazo á la esposa del
oficial.
Estos viven á lo grande y entre ellos no se ve
la diferencia de graduación sino á la hora de servicio. Pertenecen á la misma casta y eso los iguala.
En la mesa cada uno preside por turno.
Los oficiales hacen sus estudios en los grandes
establecimientos de instrucción, Eton ó Harrow,
y después cursan dos años en el colegio militar de
Sandhurts, en donde pagan como dos mil pesos
anual~ de pupilaje. Otros proceden de las fi.la.q
de la milicia y este medio de reclutamiento tiende
á generalizarse. Lo que no se ve es pasar de la
clase ele tropa á la de oficial, por ascenso, sino
en ciertos cuerpos especiales y subalternos, como
trenes y ambulancias.
¿Y qué decir del lujo de los oficiales ingleses? Tienen para el juego &lt;fe polo, caballos de dos
y tres mil pesos y dan banquetes esplén~idos.
Pero si visten con elegancia y aun son remilgados,
no por eso dejan de ser Talientes hasta el heroísmo. llijos de una raza vigorosa, !On enérgicos,
!:ensatos, y il@bre todo, tienen una. sangre fría admirable para afrontar los peligros de la guerra.
Estas cualidades, su fortuna y el prestigio de su
pOiic-ión y ele su educación excelente, los ponen
á la altura ele las emergencias más difíciles.
;. X o es esto todo lo que se necesita para ser un
wldaclo de primera? Es mucho, pero aún falta
algo que no se suple con nada y que sólo se adquiere con la experiencia de las maniobras y de
la. guerra científica.

1:1jneiode velota enel vaisvasco.
¿ Os ac-ordais de "Ramuntcho"?
Uuando Pierre Loti se aduerme muellemente.
entre los brazos de madame Chrysantéme, enfrente de un paisaje rojo sembrado de árboles pequeños; cuando contempla. los rayos de la luna
desde una terraz'a argelina; ó cuando de la inmensidad del desierto ve destacarse la blanca túnica flotante de un spahi, no impresiona tanto,
no traza tan hondo surco, como cuando del brazo
de Ramuntcho excursiona por las soberlxas montañas del país vasco.
Y es que la armonía de los hombres y de las
cosas resalta en ese libro de una manera maravillosa: para aquellas montañas, aquellos hombres.
Ilombres sanos de cuerpo y de espíritu, fortificados por la salubre brisa montañesa, viven los
vascos una vida amplia y robusta, una vida poderosa y desbordante, en estrecho y constante mariclo.je con la intemperie y el movimiento que, eon
sus caricias bienhechoras, fortalecen sus músculos hasta darles la consistencia del acero.
Esos hombres fuertes y sanos, necesitaban, naturalmente, un "sport" nerte y sumo, al aire libre, bajo las ardientes caricias del sol. Y e~e
"sport,'' es el juego de pelota.
La pelota es para los vascos una verdac!er&amp; pasión. La afición es en ellos congénita y si se pregunta á un niño vasco Qué es lo que le causaría
mayor plaecr, responderá siempre que desea una
pelota.
En el país nsco cada aldehuela posee su frontón más ó menos formal, más ó menos rice, pero
el frontón es allí tan necesario como la iglesia.
J~l vasco juega á la pelota diriamente, como si fuera una tarea fisiológica. é imprescindible, y es claB@,
que en un momento dado llega á serlo realmente.
El obrero, en un instante que el trabajo le deja
libre, aprovec-ha el tiempo ejecutando un centenar
ele rebote,; ]os domingos se organizan grandes
partidos entre los más hábiles jugadores y todo
el pueblo aeude á presenciar su espectáculo favo-

�372

EL MUNDO.

Domingo 24 de Diciembre de 1899,

Domlngc 24 de Diciembre de 1899

373

EL M TTNDO.

¡QUIETO!
~ JI~

El formalismo legal tiene en Francia aspectos
ridículos, casi incomprensibles para nosotros, que
por más que _se diga, no estamos tau empan'..anados en la rutma como los pueblos del Viejo Mun&lt;lo. Y a nuestros lectores saben lo bastante a('('rc,a
&lt;lel proceso seguido ante la Alta Corte de Fran~u
cont ra los señores Deroulede )' sc.cios por conspiración contra las instituciones, y todos los que no
e,;tán muy al tanto de esto,; escándalos, los ignoran
porque ya les fastidia la eterna grita ele protestas
contra-protestas, declamaciones efec:tistas y toda
la balumba que divierte á vece:: ~- aturde siempre
al Universo, porque las agitaciones y golpes dramáticos de la política franc·esa tienen el privilegio
de resonar en todo el mundo.
El grabado que publicamos representa una escena curiosa : para fijar el decreto de "decheance"
contra los conspiradores que tienen representación pública, va el ugier á los sitios indicados
acompaftado por un corneta y por el individuo que
pep:a en los muros los papele~. El ugier lee el
papel y se lo pasa al pegador mientr as el corneta
hwza al aire sus ríspidas nota~.
Las cosas se hacen en forma. :v más desde que
los fotógrafos de las graneles puhlicaciones anclan
en busca de asuntos para grabados.
El señor ugier y sus auxiliares desempeñan las
fun ciones de su cargo preocupándose más por "salir )iien'' en las negativas de los fotógrafos que
por llenar una formalidad á la que, allá en su fuero íntimo no le dan mucha importancia.
Llega, pues, el grupo á la puerta del Senado,
procede á cumplir con rn obligación y al oír la
VC'Z del fotógrafo que hace cabez,t : ·'"(;no, dos, tres,
¡quieto!'' se paran con firmeza en actitud de "pose" y no se mueven hasta que c-ae el obturador
de la cámara.

Partido de 1·ebute en una aldea de tierra vasca .
rito, con más ardor y más entusiasmo oue los
andaluces y l os castellanos cuando van á la plaza
de toros.
A las veces los jugadores no pertenecen á la
misma aldea, y, entonces el amor propio sube de
p unto y el conibate atlético adquiere enormes
proporciones. Españoles y franceses-no importa,
con tal de que sean "vascos"-cifran todo su orgullo en que su lugarejo venza á los otros.
Lo más curioso del caso es que, por lo general,
l as apuestas no son mayores _,. la codicia nada
t iene que ver en el .entusiasmo de los combatientes.
Los vascos aman su juego de pelot.J., por él mismo.
Los especuladores ciudadanos han querirl.n transformar ese juego regional, noble, sencillo é inocente, en una mina de tspeculación para arrancarse mútuamente puñados de oro y fajos de billetes de banco, y en gran parte lo i1an lografk•,
establecien do frontones en varias ciudades de España, en Buenos Aires,- donde el juego ha alcanzado puntos inauditos-en el Brasil y en México
mismo.
Pero el juego de pelota tal como es, noble,
desinteresado, persiguiendo sólo un viril solaz, sólo se encuentra en las blanquísimas· aldeas que,
cual bandada de palomas, cubren las arideces de
la montaña vascongada.
~&lt;$.

Es inútil de;;cribri t' el mecani~mo del j ucgo, ptwsto que en México todo el mundo lo conoce.
Basta presenciar un partido para darse cuenta
de la suma ele habilidad. de conocimiento y de
fuerza que es nece~aria para dominar el juego, y
para explicarse las atléticas cuadraturas y las
acertadaR musculaturas del pueblo vasco, vivificadas y forma~as al :vunque de un ejercicio tan viril.
Es tan general y tan arraigada la pasión por
la pelota en el ¡mehlo va.~co, que hasta los eclesiásticos suelen tornar parte en el juego. Leemos
en una revista que los actuale~ párrocos de San
Juan de Luz ·~.; &lt;le Biclart, son "pelotaris" de
primera fuerza.
En e} país vasco, puede decirse que cada muro.
cada pared, se convierten en frontón; la nelota se
halla siempre á mano y los pequeños partidos se
organizan constantemente y por doquiera. En urio

queotr omurohay inscripciones que prohiben usar
para rebote, pero pu ede estarse seguro de que, en
para el r ebote, puede estarse segur o. de que, en
ese caso, el dueño de la pared no es. ·vasco. ¡A
un vasco jamás se le ocu rrir ía hacer semejante
prohibición!
El juego ele pelota original y geJ1.uino es con
guante ó á mano limpia. La mayoría de los vascos
-aun los pertenecientes á clases elevadas-tienen
la palma derecha ligeramen te encallecida á fuerza
de jugar á man o limpia; los jugadores profesionales la tienen curtida y endurecida como un pedazo
de &lt;mero y privada de toda sensibilidad.
A menudo. durante el juego, la mano i:,e inflama
y se deforma por la afluencia de la sangre. No es
raro entonces ver que el jugador suplique á. cualauiera de los presentes, que le aplane la mano con
los pies. hasta voh-erla á sus proporciones naturales.
La invención de la "chistera" es relativamente
reciente y data apenas de unos treinta años. Alp-uien ha llamado á la chistera el "cañón rayado"
de los pelotaris, y el calificativo es justo, dada la
gran fuerza que el combo adminículo imprime á
la pelota.

Para lo~ buenos jugadores vascos se ha abierto
un nuern horizonte, porque merced á la fiebre de
apuestas pelotáricas que se ha desarrollado en las
grandeR ciudades españolas é hispano-americanas,
son coritnltados en muy buenas condiciones. El
primero. que ohturn una contrata semejante, fué
el expertí~imo "Chiquito de Eibar," hace unos
quinc-e mios, y desde entonces quedó formado el
:rremio de pelotaris profesionales, que aumenta cada día n~á,.
El mencionado Chiquito de Eibar, Portal, Brau,
Inm. )fa.neo do Villabona, )fardura, Elícegui, Beloqui ~- otros, llegaron á ganar_vercladeras fortunas.
Ac-tualmente no es raro que buenos pelotaris sean
contratados para. América á razón de siete ú ocho
mil francos mensuales.
Lo¡,, pueblos de Azcoitia, Azpeitia, Rentería, Eihar. Yerga.ra, Marquina, son céleb'res en los anales
del juego de pelota por los pelotaris célebres que
nacieron en ellos.

Actualmente el Brasi1 es el país en que con mayor fuerza florece la afición y los pelotaris más altamente cotizados son, entre otros, los hermanos
Salazar, el Chiquito de Ondorroa, Zabarte, Oláis,
Pasieguito ~• Ga:mborena.
Fuera de España, en los demás países no ha podido aclimatarse el juego de pelota. En París se hizo una intentona hace algún tiempo, por miembros
de las Colonias española y latino-americana, pero
fracasó.
A últimas fechas se sabe que el sport euskaro ha
sido inscrito entre los que figurarán en Vincennes
con motirn de la próxima Exposición internacional.
¡ Ojala se extienda, porque-prescindien do ele
su faz especulati\'a-es uno de l os sports más Yiriles y hermosos en que el hombre sano puede lucir la fuerza ~- la habilidad de sus músculos !
SARDIN,

Rra. Doña Trinidad N

ll11

Maas.

¡Qnii't,,! E1,ce11 as del proceso cont1·a JJÚ·oulede,
AS I L.O F"AR-"· I-IUe:RFANAS.
~~

m día primero del entrante se inaugurará en la
capital de Qoahuila esta casa de_ beneficencia fundada por el señor Don Ennque M:aas y su
esposa, Doña Trinidad Narro de :Maas, quienes
han cedido para tan noble objeto una hermosa
quinta situada en la parte más pintoresca é higiénica de la ciudad.
El asilo está dotado con e] &lt;:apita] de doscientos mil pesos que le asignaron los fundadores y
según la voluntad de éstos, las niñas asiladas
recibirán en él, educación, amparo y protección
cariñosa que les haga olvidar su de,gracia. En
tal virtud, y para que las beneficiadas sean atendidas con toda eficacia, se limita á cuarenta su
número, á menos que los rendimientos del capital
permitan ampliarlo, y sin que el aumento redunde
en perjuicio de las ya asiladas.
La quinta en que está el asilo es un local admirablemente apropiado á su objeto por las excelentes condiciones higiénicas que reune.
El señor :Maas es oriundo de Guterloh, Westfalia; vino al país el año de 1846 ~- en 48_ se e~tahleció en el Saltillo. donde contraJo matnmomo
con la señora Dofül Trinidad K &lt;1rro. Los esposos

or. D on E 111'ique Maas.
Maas n o han tenido hijos en su unión, :v hoy, que
cuentan con una gran fortuna, consagran buena
par te de ella á aliviar la suerte del huérfano.

OC: ORDEN DE LA EMPERATRIZ.
~

SALTILLO - Asilo « Tl'inidad N .ilíaas&gt; para /mé1'{anas.

JI,~

En un país dende el absolutismo es cosa qu e nadie se atreve á di~cutir, donde hay que aceptar ciegamente y sobre la marcha la orden de un superior,
el monarca má~ juüo y más sabio debe temblar
ante las fatales consecuencias de un mandato irreflexivo ó precipitado (,i es hombre de conciencia),
puesto que nadie o,aría hacerle objeciones, por
descabellado, c-rnel ó torpe que fuera lo que )llanda~c.
· J~jcrnplo mu~· c-urio~o de e~to es la siguiente
?nécdota, que el Conde ele Segur incluye en sus
memorias, aRegurando que se trata. de un hecho
rigurosamente hi~tóric:o, ocurrido en la corte de
RuRia, bajo el reinado ele Catalina II.
1:'n extranjero inmen~amente rico, llam:vlo Snderlan&lt;l, había-e naturalizado en Rusia y era ba1t-quero ele la C'orte.
Su amení,:imo trato, rn amahilidacl para con todo el mundo, ~- espec-ialmente ~u intachable h1,n raclez, le ~1ábían granjeado grande::; simpatías en la
capital; pero de nada mostráhase el más satisfecho que de la prirnnza en que c~taba con la Emperatriz, la cual sentía por Suderland un cariñoso
afecto y le ilistinguía sobremanera.

�.ltL HUNDO,

374

Una mañana despertó al banquero su ayuda de
cámara con la estupenda noticia de que la casa esta.ha rodeada de guardias y que el Jefe superior de
policía deseaba hablarle mmediatamente.
Reliew, que así se llamaba dicho j,efe, entró en
la habitación de Suderland con una cara
tan tristona y compugida que nada bueJl,o presagiaba.
-Señor Suderlancl,-le dijo-heme aquí en situación penosísima. . . ¡ E~toy verdaderamente
consternado . . . . . . y tanto que, á serme posible,
presentaría ahora mismo la dimisión de mi empleo
para no verme obligado á ejecutar la orden que
acaba de dar nuestra Soberana, orden tan severa
que me espanta sólo el recordarla . .. Cuando tan
irritada está con vos S. M. muy grave debe ser el
delito que habéis cometido.
- ¡ Yo, caballero !-respondió Suderland.-Si
vos ignoráis cuál es mi delito, no esperéis que os
lo declare, pues estoy tan ignorante como vos de
cuál podrá ser. . . ¡ Por mi honor os lo juro! P ero, en fin, ¿ qué orden es la que debéis cumplir ?
-¡ Ay, señor !-&lt;lijo Reliew bajando los ojos.En verdad que me falta valor para decíroslo . . ..
-¿ Habré perdido la confianza de la Emperatriz?
- Si fuera sólo eso no estaría yo tan consternado, pues el favor perdido puede recobrars.e.
-¿ Me desterrará tal vez á mi país r
-Eso sería, sin duda, una contrariedad, pero
con vuestras riquezas ¿ dónde no se vive á gusto:'
-¡ Dios mío !-exclamó Suderland temblando.
-¿ Me querrá enviar á la Siberia '.-'
-¡Ay! De la Siberia vuelven algunos, aunque
pocos. . ..
- ¿ Quiere encerrarme en una pri$iÓn ?
- ¡ Qué suerte para vos si fuera eso !
-¡ Bondad diYina ! ;. Ordenará. pues, que me
apliquen el tormento del "knout"?

-Terrible es ese suplicio, pero muchos lo resisten sin perecer.
-¡ Cielos piadosos!-&lt;lijo sollozando el infeliz
banquero.-¿ De modo que mi vida está en peligro? .... ¡ 'l'an buena y complaciente como ha sido siempre conm:.go la Emperatriz, que ayer mismo me habló con tanto afecto .... ! ¡No, no puedo creerlo! Por farnr, acabad de explicaros .. . .
¡ La muerte será menos cruel que la insoportable
espectación en que me tenéis!
-Pues bien, mi querido señor Suderland,-&lt;lijo al fin el jefe de policía con voz ahogada por
la emoción. Nuestra. graciosa. Soberana me ha dado
orden para que hoy mismo. . . os mande disecar.
-¡ Disecarme !-gritó el banquero en el colmo
del terror.
- Sí, disecaro,-, ni más ni menos que á un pájaro 6 un perro. . . de esos que se ven en los museos de historia natural.. ..
,-¡ Dios me valf!a ! ¿ Habrá perdido el juicio la
Bmperatriz? Pero vos, señor Reliew ¿ cómo no la.
habéis hecho comprender la extravagancia y barbarie de esa orden inaudita?
-¡ Ay, mi pobre amigo! Hice más de lo que,
en otro caso, me hubiera atrevido á hacer, permitiéndome formular humildes objeciones ...
Pero la augusta Roberana montó en cólera y con
tono irritado me dijo: "¡ Salid de aquí inmediatamente, y no Of\ olvidéis de que la primera de
vuestras obligacione~ es obedecerme sin chistar!"
Imposible sería. describir la desesperación del
banquero, que Reliew contemplaba con harta. pesadumbre; pero como el tiempo transcurría, y era
forzoso pensar en la propia seguridad, por mucho
que le interesase la agena, el jefe de policía advirtió á Suderlancl que sólo le dejaba un cuarto
de hora para disponer sus asuntos.
:Entonces el pobre señor le rogó por todos los
santos del cielo que le permitiera escribir cua-

Domingo 24 de Diciembre de 18H,

tro letras á la Soberana y que le diera de vida
el tiempo preciso para recibir respuesta ó denegación de ella. Tantas fueron sus súplicas que Heliew, haciendo constar que su complacencia podría ponerle en grave peligro, accedió á la solicitado y él mismo se comprometió á llevar el pliego, no sin poner antes guardias de vista al reo
con la consigna (bajo pena de muerte) de no de:
jarle salir de la habitación, ni hablar con nadie
y que si alguno intentase penetrar en aquella pie~
za fuese detenido por sospechoso.
Y a en la calle, se sintió Reliew sin valor para.
presentar;;e á la Emperatriz con semejante embajada . . .. y ocurriósele la luminosa. iilP.a ile poneren autos de aquel negocio al conde de Bruce rogándole que se encargase d.:; tan espinosa . c~misión cerca de S. 1'1.
· Cuando el conde supo de lo que se t rataba
sospechó que el jefe de policía se había vuelt;
loco, y por primera providencia mandó á los criados que lo ·sujetasen, mientras se llamaba á un
médico. . . . Las lamentaciones, gritos y resistencia de Reliew no dieron mejor resultado que confirmar las sospechas del conde; acordándose luego de Suderland, cuyo escrito tenía á la vista
partió inmediatamente á su casa; pero al quer e;
penetrar en la habitación donde gemía devoradopor la impaciencia el mísero banquero, los guardianes de éste, cumpliendo la rigurosa consigna
recibida de su superior, uetuvieron al conde, encerrándole en otra estancia.
Por lo que se ve, no llevaba trazas de desenmarañarsé aquel complica.do negocio: los guardias esperando nuevas órdenes del jefe, este prisionero del conde, el conde en poder de los guardias y Suderland entre la vida y la muerte, aguardando la. contestación de la Emperatriz .. .
Por fortuna, un alto dignatario de la corte,
atraído á casa ele Suderland por rumores que ya
corrían en la corte acerca ele una "vasta conspiración," pudo hablar con el conde y sin perder tiempo transladó la noticia á S. U.
- ¡ Corred,-díjole la Emperatriz,-y mandad
que dejen libre inmediatamente á ese pobre Suderland, cuyo terror será capaz de quitarle el juicio.
No sin trabajo se comiguió libertar á los presos; y cuando éstos se hallaron relativamente tranquilos en la cámara imperial, díjoles Catalina II :
-Sabed, caballeros, que desde hace algunos
años tenía yo un precioso perrito llamado "Suderland". . .. Esta maiiana amaneció muerto, y ordené á Reliew que lo hiciese disecar. Me pareció queReliew no aceptaba con gusto el encargo, é interpretando yo eso en el sentido de que, por una necia vanidad, juzgaba denigrante la comisión, ledespaché con bastante acritud sin más explicaciones ..... ¡He ahí. lo que ocasionó este incidenteridículo ... que pudo haber ,:ido trágico!
R.\.MIRO BLANCO.

-------•-------nuestros

abona~os.

GRAN EOIClON DE "EL QUlJLTE."

Los P11padas P,•ra,lolPs Fuentes y «Jlinuto» que f1-abnjan en la Plaza «l,fh:fr,. •
LFot. de Ln~ge.)

Hoy recibirán los abonados do este semanar i@
el primer pliego" de la obra. de Cervantes que
publicamos. cumpliendo la promesa. que les habíamos hecho.
Como se ve, la edición es lujosa y los grabados
ele alto valor artbtico. Cu;µiplimos, pues, ampliamente nuestro compromiso al ofrecer la obra
magna de la literatura española en una edición
digna de su mérito, v en la cual insertaremoslas ilustraci011es de Do.re y ele Balaca, que han sido hasta hoy los ilustradores más notables del
tiuijote.
-Las pági11as primeras que hoy damos, son
una gara11tía de lo que podemos hacer en
el orden del perfecc-ionamiento de nuestros trabajos para. satisfacer los deseos del público que
nos favo:rece.
Hemos ordenado un sobretiro del "Quijote"
para responder á la demanda de esa obra, que repartiremos sin r ecargo en el precio á loS" nuevos
abon ados con el primer número de Enero.
,
"NueF-tra Señora de P arís" quedará concluida
en la primera quincena l"!.e Enero.

Domingo 24 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO

;¡75

�EL MUNDO.

376

.oomtngo 24 de Diciembre de 1899.

Domingo 24 de Diciembre de 18119.

rías I Y se echo á reir

RBOf\L0 DE, NA.VIDf\D ·
Cuando se cerró la puerta, el corazón de Weston
latió fuertemente al mismo tiempo que de sus labios se exhaló un suspiro. Un viento frío barría
en las calles los copos de nieve, y á lo lejos las
campanas anunciaban con alegría que era noche
de Navidad. Mientras Weston abrochaba cuidadosamente sus guantes, por la cerrada puerta salían, débilmente, las nota:.; del piano: era Isabel
quien tocaba; y Weston la veía en t&lt;u imaginación,
con su puro y delicado per.fil, y su tiOnrisa discreta.
Mientras cruzaba la avenida, mil pensamientos
bullían en su imaginación. ¡ Cuán loco era! ¿ Qué
derecho tenía él, un pobre profesor de matemáticas de la escuela de Señoritas en Howm:d, para poner sus ojos en la hermosa Isabel? Ni qué razón
había para que hubiese ido á pasar sus vacaciones
de Navidad á Nueva York, en vez de irse á la quinta de sus padres, donde debía estar ya? ¡ La quinta! Eso era todo lo que poseía, "ensó amargamente; y ¡ cómo había de llevar a11í á esconder á
la pobre joven! Oh!. . .. ¡ cuán avergonzado se
sintió esa noche, cuando Llabel le dir igía la palabra!. y qué ruda le pareció su mano mientras
oprimía la de I sabel al despcrliTse ! ¡ Qué locura
pensar en ella! ¿ Por q•ué se le ocurrió á Buckley,-su condiscípulo y á la vez p1·imo de I sabelen un momento de espontaneidad cordial, llevarlo á pr E)sentar á la casa de aquella linda joven
que, sin saberlo, le causaba tantas preocupaciones? ¡ Cómo envidió el pobre W eston á su amigo
Buckley porque, siendo tan tarde, aun se quedaba
esa noche en casa de su prima. muy sentado cerca del piano, oyéndola cantar, con toda la familiaridad del amigo íntimo y del hermano! I sabel
aún estaría cantando .... Oh! su dulce voz! su
acariciadora y dulce voz!. .. .

1

El viento seguía soplando con fuerza. De
pronto, alguien se interpuso en su camino.
-¡ Feliz Navidad tenga usted, caballero! ¿ Sería usted tan generoso de proporcionar una ayuda á una infeliz mujer que hoy mismo ha enterrado á su marido, y que tiene dos hijos enfermos? ...
El profesor no pensó por esta vez en su corto
sueldo, y llevando la mano á uno de los bolsillos
de su paletot, sacó una moneda que alargó á la
vieja, quien se alejó rápidamente; pero, junto con
la moneda, salió del bolsillq un pequeño paquete,
envuelto cuidadosamente y atado con un listón
azul.
W eston, asombrado, no se cansaba de dar vuel-

tas al paquetito sin comprender lo que aquello sería. ¿ Cómo había venido á dar eso á su bolsillo ?
¿ Sería acaso una mala pasada que alguno de sus
amigos querría jugarle?
Después de un momento de vacilación, decidióse por fin á romper la envoltura del paquete. Era
una cajita de cartón. Abrióla. ¿ Qué había ~dentro? Un pequeño corazón de plata, reluciente
como un diamante. Lo tomó en sus manos para
examinarlo ..... ¿ Qué significaba aquello ? ... .. .
De pronto la calle pareció iluminarse con una luz
nueva, y á esa luz Weston creyó ver un rostro de
mujer .. .. sí, era ella que se levantaba del fondo
de su pensamiento, la misma, era Isabel con su
dulcísima sonrisa y sus grandes ojos .... X o, no
era una ilusión. Se apoyó en el poste y sé entregó
á los más halagadores sueños. ¡ Sería posible! Es
decir, que ella había comprendido la gran adoración que le profesaba, y mirando su humildad y
timidez le daba ese corazón, significándole con él
que admitía su afecto y que ella también. . ...
Una inmensa alegría sintió que le subía como
ola, del corazón al cerebro. Sintió que sus piernas
vacilaban, y que le faltaba la respiración.
-11.fañana, pensó, mañana volveré á verla, y entcnces podré decirle cómo la amo y cómo la he
amado desde el primer día que la ví.
Corto se le hizo el trayecto que debía seguir
para llegar al hotel. Deseaba ya estar solo y poder entregarse á sus pensamientos. La imagen de
Isabel transformar ía su cuarto.
Prendió la luz, colocó la cajita sobre la mesa y,
acercando una silla, sentóse y quedó mudo y pensativo ante el pequeño corazón, con la misma placidez con que los devotos clavan sus ojos en las
imágenes.
Sus pensamientos comenzaron á tomar forma, y sin descender del
país de los ensueños,
pensó de una manera
más formal. Cierto era
que su sueldo no ascendía á una gran suma, ni
mucho menos ;-aquí la
sangre se le subió al rostro--pero dentro de tres
años, quizá dentro de
dos, sus entradas serían
mejores. Y lá casita en
que el profesor de matemáticas vivía, allá en
Howar.d, ya sería suya
para entonces, y cada vez
que llegara á ella, una
vez terminadas sus clases, Isabel estaría esperándolo en el pequeño
vestíbulo. ¡ Y qué alegres
veladas serían aquellas,
endulzadas por el canto de la joven! ·
A este pensamiento,
los ojos de Weston se llenaron de lágrimas. ¡ Y
cuando pudiera llevar á
Isabel á la casa paterna!
¡ cuando su madre pudiera estrecharla entre
sus brazos!¡ Oh! qué hermosa i.a encontraría, le parecería un ángel y
cómo iba á quererla .....
Y en su imaginación veía abrazadas á las dos
mujeres, el cabello blanco de la anciana junto
á los rubios bucles de I sabel; la morena frente de su querida viejecita, apoyada en el hombro
suave de la niña encantadora ...
Era tanta la emoción de W eston, que las lágrimas resbalaban por sus mejillas, mientras repetía con sorda adoración:
-¡ Bendita, bendita sea!
Unos bruscos golpes dados á la p~erta, lo sacaron de su ensueño; y á la pregunta de ¿quién?
la voz del muchacho portero respondió:
-Una tarjeta para usted y u:::i. caballero que á
la puerta espera.
Weston abrió precipitadamente y se encontró
con que la tarjeta era de su condiscípulo Buckley.
-¿ Digo al caballero que suba? preguntó el
muchacho.
- Sí, y r1ue pase, respondió Weston.

l

Y de pie, en ei dintel de la puerta, esperó la
llegada de su amigo, mientras pensaba:"¿ qué motivo puede traerle á mi casa á esta hora? nunca
han sido frecuentes sus visitas." Un pensamiento repentino cruzó por su imaginación: ¿ sería
algo que viniese á echar por tierra sus ensueños?
Un siglo le pareció que tardaba Buckley en subir la escalera.
Rápidamente se dirigió hacia la mesa, tomó la
caja donde brillaba el corazón, y la sepultó en
el bolsillo.
Buckley entró en el cuarto con mucha naturalidad.
-Buenas noches, Weston; ya imagino que te·
extraña verme aquí á semejante hora; pero no ignorando yo que acostumbras salir muy temprano,.
quise venir á buscarte hoy rmsmo.
-¿ Se trata de la s(lñorita Isabel? ¿le ha sucedido algo ?-preguntó W eston.
-No, nada ha ocurrido á Miss Carston, está,.
bien; sólo que. . . ha sucedido una cosa graciosa,
inesperada ...
W eston, muy nervioso, acercó á Buckley un:)
silla para que tomase asiento.
Sentóse Buckley. La luz de lámpara iluminaba su rostro, bastante hermoso, aunque un
poco ajado por la vida disipada; y su aspectoelegante contrastaba singularmente con la apariencia humilde de aquel cuarto de hotel de segundo orden. Sacó su cigarrera ofreciendo un
papelillo á W eston; pero, éste, con un movimiento·
de cabeza indicó que no fumaba.
-Pues bien, dijo Buckley, lanzando una espesa bocanada de humo; la cosa es por demás
graciosa, y vas á oírla. Después que abandonaste
la casa de miss Carston, ésta se puso 5- cantar y
yo aún permaneci allí. Cerca de ias once me d€spedí, y al tomar del perchero mi paletot y comenzar á ponérmelo, Isabel, mirándome de pronto, fijamente, me preguntó con gran ansiedad:
"¿ Es éste su paletot de usted?" á lo que yo hubede contestar. "Por supuesto." Entonces ffilSS Carston, echándose á reír con toda su alma, se puso á
gritar: "¡ Dios mio, Dios mío! ¡lo que he hecho!''
Y entonces me contó ésto : que había comprado
para mí un regalo de Navidad, pero que Pª! ª
que mi sorpresa fuera más agradable al ver.o,
pensó no dármelo en propia mano, sino ir secretamente á donde estaba mi paletot y echar la
cajita en uno de los bolsillos para que y_o la
encontrase al llegar á casa. "¡Oh! las muJeres,
agregó Buckley, siempre andan haciendo tonte-

EL MUNDO.

dad.

Después continuó:
-Aquí está lo gracioso, qu_e en vez .de echar
la cajita en m1 paletot,
fué á echarla .. . .. .
.Al lle~ar aquí se inte-

l

doble! ¡ Fervor de las misas celebrada~ ante el
ara de incontaminada blancura! ¡ Embnaguez de
besos bebidos en los cálices de las purpúreas bocas! ¡ Apuraría todos esos goces. Y lernntaría el
Una hada me dió una perla orgullo de mi frente.
diciéndome :
.Pero en aquel momento la mujer q~ie. ado~o se
-Todos creen que las perlas apoyó sobre mi espalda, curiosa de nu silencio, y
se forman en las conchas, y no sentimuycercadel bigote ese soplo tierno precursor
es así. Las perlas son lágrimas del beso. Oh! qué hermosa es. ¿ ~le encantaría hasta
que caen en el mar de las pe- aquel grado la perla-mujer más bella quizá, pero
queñas Elegidas, regañadas por no más deliciosa'.-' ¿ Acaso, por el amor á la perf~~r::=-)
Santa Gudula y Santa Veróni- ción hay que renunciar á imperfecciones exqms1l_=-,
ca, (institutrices del paraíso) tas y adoradas r P erdería tal vez. Por otra parte,
por haber hecho novillos á lo al contrario de los grandes amantes que conducen
largo de la Vía-Lactea.
consigo un innumerable rebaño de Elviras desola-Siempre lo había dudado, das, yo he tenido ~iempre,-lo confieso--el horror
afirmé.
de la novedad.
-Por lo demás, repuso, no
¡ Qué hermo;;o sería habitar un palacio don~e
se trata ele esto. Mira bien lo como el que Pedro Comeille evocó para Psych1s,
que te doy. Es la más clara, la todo está hecho para el deleite de los ojos! La nomás pura, la más exquisita de bleza de las arquitecturas tiene por qué agradar á
las lágrimas lloradas por los co - las almas enamoradas de los poemas bien ordenados
legiales del cielo. Ni Teodoro y blanºcoscomo rcale8 vestíbulos. Pen~é que no sería
de Banville hnbiera podido en- malo convertir la perla en un soberbio edificio. ¿ Y
contrar una imagen digna de fi- si se transform:1ra en un suntuoso dominio, de angurar el milagroso esplendor chas avenidas, donde se pasearan hasta el horizonte
suave de esta perla. En una del mar mis suciios seüoriales? ¿ Si hiciera de ella
un corc~l rápido como el viento, de crines de repalabra: es perfecta.
-Cómo te agradezco tu re- lámpagos que me llevara por los v~rtigos d~ la
ilusión? ¿ Si la transformara en vestidos ta11: neos
galo, buena hada.
-Me lo vas á agradecer más. como no tuvo iguales Sardanápalo en su trmnfal
A esta perla maravillosa que hoguera, ó en un festín cuyo olor, derramado por
nada se le podría comparar, 1~ todas partes, fuera á despertar el hambre resucitahe concedido, tocándola con nu da clt: 3rillat-::i::,·arín y de 11onselet, ó una carroza
varita de avellano incrustada resplandeciente que atravesara entre el entusrnsmo
de rubíes, el milagro de con- de las multitudes, ó un manto de Emperador, ó
' vertirse, según tu deseo en no una corona tan cle~lumbrante que se humillaran
importa qué sér ó qué cosa y ante ella todos los diademas y todas las tiaras? Toconservar bajo su nueva forma das estas metamorfosis de la perla tenían por qué
su belleza incomparable. Esco- tentarme.
Podía también desear que se convirtiese en el trocoge pues : y si quieres que se con~ierta en es~r~lla,
brillará inmediatamente más radiante que Smo Y
Venus y Orión y Aldebarán. .
-Ah! grité entusiasmado, qU1ero que sea .. . ..
-¿ Una mujer? interrumpió el hada. De tí esperaba ese deseo · sabiendo que no eres de aquellos,
bastante raros, por lo demás, á quienes inspir~ horror el tono rosado de las frescas bocas íemerunas.
Sin embarcro no te apresures; nos solemos arrepentir de l~s' decisiones prontas. _?eja P!sar tiempo, reflexiona, y sobre todo, suena. Manana !endré á ver la elección que has hecho. ¿ Convemdo?
-Convenido.
-Hasta mañana, -poeta.
-IIada, hasta mañana.

El Poeta y la Perla

con la mayor naturali-

.

-

tem1pió bruscamente y mirando á_ W eston:
- ¿ Qué tienes? le preguntó te sientes mal ?
El profesor dió algunos pasos por el cuarto, y
rehaciéndose cuanto pudo volvió á sentarse diciendo:
-No, no es nada, gracias. Continúa.
Buckley sacudió la ceniza de su cigarro y concluyó diceindo :
-Pues no hay más sino que te has venido con
mi regalo de Navidad, y vengo á reclamártelo. A Isabel le dije que lo probable era
que no lo vieras; pero ella no quedó tranqu~a
sino hasta que le hice formal promesa de vemr
á recogerlo. ¿ Has dado ya con él?
,
Weiton echó hacia atrás los bucles que barnan
BU frente. Sus dedos apretados en la caja en
el fondo del bolsillo no podían alargar el regalo á Buckley. Por fin, haciendo un gran esfuerzo, entregó á su amigo la caja. , .
. _
- ¿ Será ésto? dijo con voz deb1l fingtencto
una sonr isa.
-Gracias Weston, respondió Buckley, gua~dándose la caja. Gracias, y permite que me retire, lo que no haré sin decirte que _Isabel Y yo vamos á casarnos Nuestros viejos han arreglado ya
el negocio v yo me dejo guiar por ellos. Des:
pués de todo no es Isabel una muchacha desp~eciable, y por otra parte no gusta de romanticismos, lo que me halaga mucho.
El profesor se clavó las uñas en las nalmas
de sus manos, y estuvo á punto de caer sobre
la mesa.
- ¡Cielos! exclamó Buckley al verlo, tú estás
malo. Vamos á que tomes algún confortativo, ó
permíteme ir por él.
Weston movió la cabeza:
- No es nada, no es nada, el frío ... . Siento
mucho haber sido la causa de que te molestaras,
teniendo que venir tan lejos, con esta noche.••·
- No eso no · dijo Buckley. En fin, todo se
ha arreglado. B~enas noches, no olvides ir á la
boda.
Al abrir fa puerta un gran murmull? lo i_nvadió todo. Un cañonazo se oyó á la dist~nCia,
Y en seguida todas las campanas de la cmdad
repicaron á vuelo.
- Noche de Navidad, gritó alegremente :i3uckley, mientras bajaba la escalera. Muy feliz te
la deso, Weston; aéüós otra vez.
,
El profesor cerró despacio la puerta Y au~
8~ ~uedó allí por algunos instan~es. Después,. dingiéndose hacia la mesa sentose en la silla,
mientras dejaba caer la cabeza entre sus manos. · ·
THEODOSIA GARRISON.

377

II
A decir verdad, estaba seguro de que ni la
refl.ección ni el sueño,
modificarían en modo
alguno, mi instintivo y
racional anhelo. ¿ Qué
tesoro equivaldría á la
más bella de las perlas,
convertida en mujer?
Ya el éxtasis que hizo
reventar en un instante todas las rosas de la
tierra, y encenderse la
luz y cabrillear el profundo mar
cuando
Afroditaseirguió en medio de un tenue vestido de espuma, me encantaba el corazón y
el alma, y, no lo creeréis el cuerpo también.
' estrechana,
'
V ería,
poseería la Quimera eternamente esperada Y
nunca alcanzada de la
perfecta belleza, la perfMta belleza que hizo
reir de placer y sollozar
de desesperación á los
Fidias y á los Cleómenes. ¡ Religiosos transportes hacia el infinito
cielo constelado de estrellas! ¡ Adoración con
las manos juntas y lue. go abiertas á la divinidad de la garganta, una

�.l!lL MUNDO.

3 78

Domtngo 24 de Diciembre de 1819.

no ele rayos y de nubes donde se sienta el Padre
Eterno y donde yo me sentaría á mi vez, lo que,
en wrclad, me dejaría sumamente perplejo.

III
Al üía siguien te. de8pués de tantas r eflexiones y
sueño~. no quedaba en mí la menor vacilación.
Cuando entró el hada, c011templaba yo con ojos ser eno,- la perla que me había dado y que había p uesto, entre los papeles de mi mesa, en una copa de
bronce, en medio de un volumen de L eón Dierx y
otro de José María de H eredia.
l\Ic preguntó:
-;, Has hecho ya tu elección, poeta?
-8í, hada.
-¿.?efinitivamente?

Año VI- Tomo IC

-81.
-¿ Y no sientes ninguna tristeza por los bienes á
que has debido renunciar?
-Xinguna.
-¿ Xo dirú~ nunca que em1)leaste mal el privilegio que te dí?
-Kunca.
-Hahla pues, dijo el hada.¿ En qué quieres que
8e conYierta la perla, que bajo su nueva forma, que
será tu~·a, g-uardará su belleza incomparable?
-Yo le re8pondí : en un Soneto.

M é x ico, Domingo 31 d e Diciembr e d e 189 9.

►

CA'r ULLE MENDES.

A LA. MEMORIA DE PABLO AB.AOS.
He escuchado de pronto, en torno mío
Como un. rumor de algo que se muere,
El eco de una cuerda que se rompe,
El eco de una lira que enmudece.

~~

~~

( DE LESSING)

Plutón recibió la visita de Mercurio, que había bajado al Averno para ofrecer ·sus servicios
al dio5 de las tinieblas.
- ¿ Quieres algo para el mundo de los mortales?
-preguntó el mensajero de los dioses.
-Sí,-contestó Plutón.-Mis Furias han envejecido lllllcho; el constante trabajo les ha quitado
fuerzas y no martirizan á los réprobos con todo
el rigor que marcan las or denanzas. Deseo, por
lo tanto, relernrlas . . . ¿ X o podrías proporcionarme otras, jóvenes y fuertes? Anda, pues, y busca
por el mundo tres mujeres que puedan substituir
dignamente á mis pobres Tisiphone, Megara y
Alectona. (1)
Mientras ~Iercurio partía velozmente á cumplir
el encargo, Juno daba instrucciones á Iris, su diosu favorita .
-Venus,-le decía,-se muestra muy orgullosa é impertinente por tener á su lado las tres
Gracias, de quienes se cuentan en el Olimpo algunas historietas . . . . Quiero avergonzar á V enus
y humillarla, haciéndome servir ele tres doncellas
absolutamente castas, que jamás hayan amado y
delinquido (siquiera sea en el pensamiento) en materia ele amor .... ¿ X o se atreve á decir esa odiosa Yenus que todas las mujeres están sometidas
á su imperio ~- al del rapazuelo, su hijo? Vuela,
pues. mi l1uena Iris, y buscas por el mundo tres
mujeres de una castidad severa é inquebrantable.
Obedeció Iris, y no dejó rincón alguno de la
tierra sin visitar. . . ¡ Inútiles esfuerzos! P ersuadida de que no le era posible complacer á Juno
r egresó d'}salentada al Olimpo.
- ¡ Cómo !-gritó la diosa.-¿ Vuelves tan sola
como partiste? ¡ Oh, castidad, Yirtud sublime,
cuan ol Yi,lada te tienen los míseros mortales!
-Excelsa Juno,-contestó Iris,-hubiera podido traerte tre;; jóvenes perfectamente castas, que
jamás habían amado á ningún hombre, que á ninguno habían favorecido con una sonrisa v cu yos
corazones nunca habían palpitado á impi1Ísos c1el
más le,·e J.e~co amatorio. . . Pero ¡ay! llegué demasiado farde .. .
-;.Y bien?
- )Jercurio, en nombre de Plutón, se había ya
apoderado de ellas.
-~ F ;, posihle? i Tres jóvenes que eran la castidad, la virtud misma, que no habían amado
nunca ... ! ¿ Qué quería Plutón hacer de ellas?
-Furias ...
(1) F ;,to;: nombres significan : "rabia, carnicería
y envillia."
•

Yo conoc_í esa lira eu otro tiempo
Fugaz, fugaz, primaveral y alegre;
La conocí cubierta de amapolas,
La conocí ceñida de laur eles.!
~

¡ Cómo vibraba el ritmo cadencioso
Lleno de amor y de ternura siempre,
A la luz de la estrella matutina,
Bajo el follaje de las hojas verdes!
~~

¡ Ay, cómo entonces se acercó al oído
L a rima de tus versos dulcemente,
Con la magia de un himno que despierta
O el hechizo de un canto que adormece!

SIN SOMBRAS.

~

~~

Y áun oigo, dulce bardo t us cantare5,

La noche no es triste, si el cielo en que arde
el último rayo que alumbra la tarde
conser va los vivos reflejos del sol:
la noche, con astros lucientes y blanco!:'.
no -es triste si llega prendiendo en los flancos
de agreste montaña su azul pabellón .
Si esconde el ocaso su cinta escarlata,
si flotan las nubes con or las de plata,
si brilla la nieve del alto volcán;
si todo se cubre con diáfano velo,
que es luz en el astro, cambiante en el cielo,
color en el lirio y estela en el mar.
No es triste la· noche cuajada de estrellas;
n o es triste, si el aire, fingiendo querellas,
inclina los juncos y arranca un rumor;
si nace el misterio. si surge el encanto,
y ocultos exhalan, el ave su canto.
¡ la flor su perfume y el alma: su amor!
¡ Oh, luna, flor casta del cielo en la noche !
¡ Abriste en la somhra tu pálido broche
y viertes doquiera tu mística luz!
El árbol se argenta con claros reflejo,.;,
se esmaltan los campos, esplende á lo lejos
la selva, y el monte se viste de azul.
¡ Oh d iáfanas horas! ¡ Oh breves instantes!
los ángeles bajan y vuelan errantes
trayendo rocío, consuelo ~' amor.
Reptiles ~· monstruos descansan inermes:
¡ Oh anciano que vela!-, oh niño que duermes!
vuestra alma se hn, ido en busca de Dios!
¡ F eliz tú, si llevas la noche en el alma!
¡ Felices r ecuerdos que viven en calma!
¡ Felices memorias de cándido amor!
La noche no es triste, si el cielo en que arde
el último rayo que alumbra la tarde,
conserva los vivos reflejos del sol!

Lms G.

URBIXA.

En esas lejanías de la muerte
Donde la juventud alzó las torres
Que nunca al polvo derrumbadas Yienen !
~~

Cúspides altas donde el sol deshace
Del desengaño ~· de la echtd las nieves.
Donde van á abri_garse los suspiros
Que le arrancan al pecho los re,·eses !
~º~

Torres á cuyos pies, más tarde. ,emos,
J,a;; pocas dichas que en el alma duermen
Echúndose á volar como los pájaros
Que al sol las plumas de S115 alas tienden!
-&lt;::)- ~

~

'l'orres ú en.vos pies la fosa se abre,
Que guarrla el barro que la vida envuelve,
Do Íl la vida renace, como el tuyo
El espíritu en medio de la muerte !
"0-v,C ~

Donde hov escuchas nuestro acen to amigo,
Donde rnn ,i llorar los que te quieren,
Donde el último Rueño venturoso
Entre los brazos de la gloria duermes.
~~,;:::,..

uuo

Duerme! . ... y tu sueño venturo~o halaguen
L eves auras de amor de tu Campeche
Y del hermoso mar que tanto amaste
El dulce arrullo de sus ondas Yerdes !

.,

)lé.xico, 1-! de Diciembre de 1899.

,TOSE PEON CONTRERAS.

j

Número 2 7

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO

354

parte, un día (¡cuánto tiempo había pasado desde
que habitaba allí!) un día que, alzando los ojos
noté que el retrato no estaba en el muro. Llamé
á mi criado que se había envejecido á mi servicio; tenía los cabellos blancos como yo; le pregunté:
-¿ Ha venido el antiguo locatario?-Pare Jió sorprendido.

-Nu, sell.or, respondió, no ha venido nadie.
-Entonces, volví á preguntar ¿quién se ha llevado el ratrato?
Me vió como quien vé á un loco.
-¿Qué retrato?
-El retrato que estaba en esa pared.
-No ha habido ningún retrato en la pared, me
dijo.

Domingo 10 de Diciembre de 1899,
-Bien, es posible, respondí, retírate.
-Y no me entristecí. No hay aposento nuevo
do:ide vara aquellos cuyo corazón vive aún no
traiga el recuerdo cambiantes imágenes; pero des,
pués de los aftos viene al fin el invisible olvido
que se lleva los retratos de 111, pared desnuda,
CATULLE MENDÉS.

A.i'io VI-Tomo 11

Número 25

México, Domingo 17 de Diciembre de 1899.

7, .

~ •$°d1.rwler f8S7,
De "El Jardín de los poetas."
ANDRES CHENIER
De cólera sublime el alma llena
y de piedad ardiente,
defiende al rey, con ímpetu valiente,
cuando el furor contra el monarca truena.
Y á prisión reducido, se enamora

de cautiva hermosura
que, olvidando la propia desventura,
por las desdichas de su, patria llora.
El rostro de la bella, dolorido,
y su seno de nieve
dignos son de inmortal bajo-relieve
en pentélico mármol esculpido.
Arde el sol en la rubia cabellera;
la luna en su mirada,
y en su frente má.s pura y nacarada
que la ccncha en que Venus la luz viera.
Junto á su amada tiembla de alegría
y de pasión el vate,
y es su cerebro arrulladora late
la paloma torcaz de la poesía.
Y grita ante el ,fantasma de la muerte
cuando fiero le acosa:
«Quiero vivir para mi joven diosa;
. quiero vivir por defender su suerte,
cQuiero vivir-después con ira clamapor saciar mis furores
azotando á. los viles opresores
de la nación, con látigos de llama.
«Quiero ¡oh franceses! conservar la vida,
para teftir mis manos
·
eon la sangre infernal de los tiranos
y escupir en su frente maldecida.&gt;
Y cuando, en tarde lúgubre y helada,
al patíbulo sube,
en los edpacios flota negra nupe
eual funeral bandera desplegada.

LUNATICA.
li'lsta yo que amo exaltado
las neurosis de la lucha,
me hipnotizo entre las redes
de esas tus miradas húmedas:
¡sonámbula de los cielos!
¡sirena de las alturas!
Cuando rondando las nubes
vas, con tu rostro de viuda
y con tus gasas de novia,
recuerdv las aventuras
de las damas que escondidas
van á las citas nocturnas ....
Tú, que eres la rosa blanca
sobre el mármol de la tumba,
así pá.lida y enferma
quizás tus pecados purgas.
¡Oh, tíaica inconsolable,
traviata de las penumbras!
Tú eres la pálida diosa,
que ebria de opio, triste y mustia,
hace mil telas de arana
y mil siluetas esfuma;
y duerme, y duerme, soll.ando
con fantasmas y con brujas .. ,,
Vas y vuelves y te alejas,
y apareces y te ocultas,
siguiendo exóticas ansias,
trl.lzando invisibles curvas,
¡con la blanca frente erguida
entre la estelaria chusma! . ...
Copa de un festín volcada
por la embriaguez de la altura,
derramando eternamente
eucarísticas espumas
y nítidos azahares
en adormecida lluvia ....
Por tu faz desencajada
y el beso que te circunda,
eres un copo de nieve:
algo así como la urna
en que yacen las cenizas
de las estrellas difuntas ... .
Tal vez, tal vez-¡oh misterios
íntimos de la Natural-tú eres la lente fantástica
con que un ojo enorme estudia
los microbios infinitos
y las monstruosas burbujas ....
JOSÉ S. ÜHOOANO,

&gt;·

LASMANO!i

Más süaves que un bálsamo, mis besos
FervienteR han ungido su blancura,
Y en mis rimas elogio su hermosura
Sin igual en los Paros y en los yesos,
Cuando hundes su marfil en tus espesos
Cabellos, las empapas de frescura,
Y mis fastidios sabe su ternura
Cambiar en inefables embelesos.
Bajando de su palma bondadosa,
Cuando estoy triste siento en mi ardorosa
Frente un haz de caricias boreales,
Y en las noches, calmando mis anhelos,
Las miro levantadas A los cielos
Mostrándome los astros inmortales.

LOS OJOS
Felinos y traidores como el viejo
Mar, su calma engafiosa me fiiscina,
Y veo en su llanura cristalina
Cruzar mis ideales en cortejo,
En sus aguas serenas, un reflejo
Verdiobscuro dibuja la divina
Esperanza, y como una golondrina
La ilusión raya el ónix de su espejo.
Mirando su cristal pérfido y hondo,
Presiento tempestades en el fondo,
Zafiros y coral en sus arenas,

ti

Y al abismo atrayendo mis miradas,
Saliendo de sus ondas hechizadas
Oigo el canto traidor de lu sirenas.
EFREN REBOLLEDO.

Y Chenier, sofocando sus querellas,
dice en la Guillotina:
«¡Muero por la verdad, virgen divina,
coronada de abrojos. y de estrellas!»
Del crepúsculo rueda á la vislumbre
la cabeza del lírico valiente,
y, en copioso raudal, su sangre hirviente
salta sobre la fiera muchedumbre.
MANuEL REINA,

Un

Lector de Baoccacio.

�EL MUNDO.

356

Dom1ngc 17 de Diciembre de 181111

na.l la dicisión de la Corte sobre su competencia.

de Suez y de Panamá la estatua J.c Lesseps para
absolverlo así ante la histori.1 :le los carg-os c0n
que sus contemporáneos llem,ia pretendi1ll) mandi..r ¡:,u nombre il:J.s~r'?.
'l la predicción s~ lrn cumpE-h
} .t,~eps tiene una e,-t.11t11. E.,; un 1frrnfod•Jl' ce
ultratumba.

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

Esta es, año por año, una semana ruidosa,
J&gt;orque las tiestas populares, &lt;:omo el mar inquieto, atruena el aire con sus algazaras y sus
ruidos.
Sin embargo, para los espíritus solitarios y silenciones, estas alegíras escandalosas y frenéticas
t ienen una invencible repugnancia.
A veces esos rumores se convierten en causa
dolorosa de mil pern~amientos extraños y extravagantes quizá.
Es singular cómo ciertos ruidos, cierts notas
y ciertas voces nos desgarran, vierten en un segundo en el alma todo el dolor, toda la locura
y angustia que puede contener.
Un gran poeta describe así un estado de ánimo
que provocó un r uido cualquiera.
Escuchaba, esperando, y oí otra vez aquel
ruido que parecía salir de mí mismo, como arrancado á mis nervios, y que resonaba dentro de
mí com,o un llamamiento íntimo, profundo y desconsolado. El débil y caprichoso sonido pasaba
sobr e mí, como sembrando espanto y delirio, pues
al punto tuve la potencia de despertar el horroroso desconsuelo que de continuo dormita en el
alma de todos los humanos. ¿ Qué era ? Era la
voz que grita incesante en nuestro pecho, que
n os echa en cara, de modo continuo, obscuro y doloroso, punzante, inolvidable y fer oz todo cuanto
hemos hecho y al mismo tiempo lo que
hemos dejado de hacer ; la voz de los vagos remordimientos, del pesarirremdiable, de
los días acabados, de las mujeres que tal
vez no hubiesen amado, de las cosas que desaparecieron; las vanas alegrías, las muertas esperanzas, la voz de lo que pasa, de lo que huye,
de lo que engaña, de lo que desaparece, de lo
que hemos conseguido, de lo que no conseguire~~s nunca; la :flaca vocecilla que pregona la _inutilidad del esfuerzo, la impotencia del espíritu y
la debilidad de la carne. Me decía con su breve
murmullo, que comenzaba á cada paso en el trist e silencio, todo cuanto confusamente había des~ado, esperado, soñado, todo cuanto hubiera quendo ver, comprender, saber, apreciar; todo cuanto mi pobre, insaciable y débil espíritu había rosado con la inútil esperanza, todo aquello hacia
lo que intentó volaT, sin conseguir romper la cadena de ignorancia que lo sujetaba.
. Eso es lo que las almas solitarias y contemplativas suelen sentir en la honda noche, cuando
pasa frente á ellas la verbena popular con su algazara de mar inquieto.

Se ha levantado por fin una estatua á Fernando de Lesseps, el "gran francés," como le
llamó Gambetta en un momento de entusiasmo y
el pueblo parisiense en un instante de delirio.
¡Oh! merecía ese homenaje, á pesar de su caída de Panamá.
La obra monumental de Lesseps, ó bien la obra
monumental del siglo XIX, había de ser sin duda alguna el Canal de Suez.
Y un día, la mirada que se detuvo en Suezla lengua de tierra desde donde viera Moisés
desaparecer en las aguas de la marea que subía
el famoso ejéricto de Faraón- detúvose en Panamá,_ la tierra por donde pasó Bolívar para ir
hae1a el Sur á completar la Independencia de
América.
Panamá fué la tumba de grandes capitales, del
, honor de muchos hombres y de millares de perso1 nas. Y un contemporáneo escribía estas pala1ras á raíz ele la muerte del gran hombre:
E l venerable anciano hubo de ser condenado
como corruptor de altos empleados públicos, pero
la sentencia no fué notificada. La dureza empleada en el ruidoso proceso se calmó llegado que fué
el momento de anunciarle el fallo de los altos
T ribunales de J usticia. ¡ La cana cabellera del
moribundo anciano impuso el respeto que s~ debe á la desgracia. ¡Pobre viejo! ¡murió ignorante del formidable escándalo!
La posteridad habrá de le.antar .i. fa entrada

"ª

Los periódicos italianos anuncian el próximo
estreno de una ópera de Puccini : ''La Tosca,"
Me causa extrañeza y no acierto á explicarme
con claridad cómo los elementos dramáticos de
Sardou, tan deleznables y poco piscológicos, tienen, según parece, un atractivo tan grande para
los modernos compositores, todos ellos profundos conocedores del corazón humano.
Ya es sabido que Sardou, según la frase de
un escritor célebre, posee fortuna, gloria, un público atiborrado de golosinas, y una crítica idólatra.
Porque golosinas, y no alimento sano y fortificante, son las obras dramáticas del aplaudido
autor de "Dora."
Sar dou ha sido un gran triunfador, porque ha
sabido explotar á maravilla todos los asuntos de
interesante actualidad; posee el instinto del momento oportuno para lanzar una producción á la
escena. Ah! y conocimiento teatral. . . . . vaya si
lo tiene!
El conoce todos los ocultos resortes, todo el
convencionalismo escénico, todos los golpes de
efecto, y ahí le teneis dominando al público,
emocionándolo, forzándole á aplaudir, y manteniendo en apogeo sus obras por más de doscientas y trescientas representaciones.
Cuando Sardou llega, y llega las más veces, á
armar una obra con toda clase de tramas, logra
escribir escenas interesantes, diálogos, frases enérgicas, situaciones conmovedoras que absorben por
completo la atención del espectador.
Pero cuando de vuelta del teatro, se recoge uno
en sí mismo para analizar la impresión, nota inmediatamente que el artificio á que ha recurrido
Sar dou, no deja la más leve huella en el espíritu, ni genera una nueva idea, ni, como los grandes maestros, imprime el troquel de sus creaciones en la encendida plancha ele la memoria. La
impresión, pues, ha sido rápida y efímera. Inmediatamente volvemos en nosotros para reconoecr
el engaño.
Ah! las situaciones son falsas y están tejidas
con hilos mu,v gruesos; los personajes son manequíes, no hombres; Sardou ha logrado el movimiento, no la vida .... pero es un diestro prestidigitador que nos entretiene con sus juegos y escamoteos. Un crítico suyo dice : es un almacenista
de juguetes, que tiene á la venta preciosos muñecos parlantes. Sardou no se propone más que
una cosa cuando escribe: conquistar al público
á toda costa, achicándose á su medida cuanto
haga falta . Su ambición no va más allá de los
aplausos. Ya con esto se empieza á comprender.
Xada tan penoso como una verdad. Sarc1ou ameniza las verdades dislocándolas. Exagera todos los
pormenores, hasta ponerlos en caricatura;
coloca en un rinconcito novios de mantequilla,
y divierte á la concurrencia con juegos de salón.
Pero el armazón crujiente y defectuoso de sus
dramas está cubierto por telas brillantes y coloridas; suele asomar un alambre y rasgar ·1a vestidura, pero el habilidoso constructor pone allí
más luz y más interés para que la vista se deRlumbre y el criterio se divague. Es un consumado maestro en su arte, iba á decir oficio.
Sardou ha puesto su gran talento á disposición
del gusto dominante.
Dicen que cuando alguien le echa en cara sus
defectos, él se sonríe maliciosamente. Es académico; es popular; y tiene rentas suficientes para
p~gar un palacio. ¿ Puede ambicionar mayor gloria un hombre á quien el teatro ha dado todo
ésto?
No obstante, después ele la "Fedora" de Giordano, viene la "Tosca" de .Puccini.
Veremos qué pudo hacer ron este drama. de
un desesperante efectismo, el exquisito cantor
de Mimí y de Manón.

o~ go 17 de Diciembre de 1899.

1.-El Ministerio '\Yaldeck-Rousseau.
2.-Bl socialismo tranformánclose en partido
de gobierno.
3.-Un libro de Han, ~obre la intervención.
-!.-Lo que debemos á los Estados Unidos durante la intervención.
5.-Lo que ellos nos tlebieron.
Me empeño en creer que M. Waldeck-Rousseau
sacará su ministerio arnnte hasta el próximo receso; es Jo que se llama "un tour de force," en espafiol de "boulevard." :Xo ha siclo para él un lecho
de rosas Ell tal ministe1:io; el hombre menos jacobmo del mundo republicano, se ha puesto en ciertos momentos el chaleco de grandes solapas de Robespierre, y el más anti-colectivista de la F rancia
política, parece dar oídos á las sujestiones de su colega lifillerand que tiende á hacer del Estado un
órg¡¡no del "trabajo en lucha con el capital."
Esta actitud es sumamente curiosa, interesante
é inquietante; en honor de la verdad, nadie crevóque esta reunión de hombres venidos de puntos
tan distintos y tan distantes, para reunirse detrás
de una trinchera y cerrar con sus cuerpos una brecha, pudiera militar bajo una misma bandera al
día siguiente de la retirada del enemigo. ¿Hasta
dónde llegarán para mantener esta unión las concesiones mutuas? ;, Se ha formado un socialismo degobierno que de hoy en adelante puede tomar parteoficial en la dirección de la República? La verdad
es que si el partido socialista tiende á transformarse en uno de sus grupos más importantes desligándose por completo del anarquismo'(antagonista por
esencia de toda organización social procurada por
el Estado) el partido liberal se ha disuelto Tª ar
declarase impotente para facilitar la solución de lascuestiones sociales, por no mermar la facultad dol
individuo para disponer de lo suyo á su guisa, "para
usar y abusar," según la definición clásica, y que,
por consiguiente, niega al Estado el derecho de
obligar, v. g., al patrón de una fábrica á asegurar
contra la miseria final á los obreros inutilizados.
Este liberalismo del antiguo tipo es ya una reliquia; ahora el liberalismo parte en sus programas
de esta verdad, á cuyo establecimiento ha concurrido todo el trabajo de la sociología moderna para
definirse : individualismo y socialismo son denominaciones vanas si se presentan como antitéticas ;
precisamente el derecho individual está en razón
directa de su carácter social, y el objeto del Estado~
hasta en los tér1uinos mismos en que lo indican
las constituciones como la nuestra, está formulado
por una ecuación entre el interés social y el derecho individual: los derechos del hombre son la
base y el objeto de las instituciones sociales.
W alcleck-Rousseau representa este libernl isn10
nuevo, que no es moderado, sino moderador ; quetoma en cuenta todas las condiciones que al Estado
moderno rodean, todas las exigencias j Listas cie l0s
grupos que luchan por el pr•uer en el campo político y que las resume en una conrErión s11pre11lll :
la existencia de la República.-Cuando aceptó, con·
tal cual modificación, con tal ó cual letrero, la exhibición ele la bandera roja en la gigantesca manifestación política llamada "el triunfo de la República," yo temblé : de veras me pareció que una
concesión más y el ''leac1er" del partido republicano puro en Francia se volvía socialista y entraba á
depender ele :Millerand su colega, á pesar de sus:
breves declaraciones desdeñosas en la sesión en que
obtuvo tamaño voto de confianza : "nos hemos
puesto de acuerdo para defender á la República, Y
yo no había de ir á buscar mis colaboradores entre sus enemigos: pero ni mis colegas socialistas ni
,vo hemos abandonado nuestros programas y, pasada la urgencia cada uno encontrará el suyo."

Y yo me preguntaba: ¿ pues qué, el peligro no
ha pasado? Y me respondía: tal vez se espere el fin
ele los demasiado largos debates en ''la Alta _Corte," es decir, en el Senado, ejerciendosusfunc10nes
de cuerpo judicial. ¿ Cómo terminarán estos debates? Me parece un indicio claro del resultado fi-

desde la verdaderamente pecaminosa que pone en
parangón al diestro y agradable (y poco escmpulos?) narrador Luciano Biart, con el exquisitísimo
artis~a,que se firma Pierre Loti, hasta la que niega
con iromca cortesía á los mexicanos el apellidar
'.'una ~uerra de independencia" á la lucha con el
imperio y la intervención.
_Eso f~é, sin embargo, en toda la fuerza del térmmo; s1 una guerra eminentemenr.e nacional so~t~nid2 contra un ej€:rrit0 ex~r.rn,iero que ha invacl_1do un país para organizar en él un gobierno que,
sm raíces en la historia, en las costumbres ó en
la opinión, esté perennemente á la merced de
su sostenedor y bajo su tutela forzosa y forzada,
no e~ una guerra de emancipación y de independencia, mal pueden llamarse guerras de independencia las de Polonia en la última década del
siglo pasado y en 1830 y 63; la de Italia en
48--49, la de España iniciada en 1808 y la de
Alemania en 1813. No es preciso que una guerra nacional tenga por objeto "sacudir un yugo
secular" para poderse llamar de independencia,
dad.
Pero el mismo Presidente del Consejo lo ha di- basta que se trate de un "yugo extranjero," pacho: el peligro ha pasado. La penúltima vez que ra que lo que sea. No es, pues, legítima la censura
se reunió la Cámara, hubo necesidad de organizar del señor Hans, es una "chicana" de palabras.
toda la policía de París en torno del Palacio del
Y aquí va un recuerdo mío muy perlegislativo y acuartelar la guarnición; el ministe- sonal: yo, simple y gordo estudiante de filorio aotual no ha necesitado de cincuenta gendar- sofía y derecho, complicados con la lectura asidua
mes para cuidar de la seguridad de los legislado- de los folletos antinapoleónicos de V. Rugo y de
res en la apertura de la sesión actual. El peligro, cuanta obra revolucionaria podía pescar, asistí
á algunas conferencias de hombres perfectamente
pues, ha pasado.
Pero entonces surgió la idea, y era necesario que probos y liberales que dieron su adhesión al imBUrgiese, de aproVJJChar las lecciones de la expe- perio, en virtud de este razonamiento que oí reriencia para preservar á la república de confüc- petir cien veces: la República no puede restatos análogos, á los que la hicieran tambalear: blecerse contra el empeño del emperador franblindarla mejor para aumentar su coeficiente cés resuelto "evidentemente" á apurar en Méde resistencia á los choques. Todo lo que en mate- xico todos sus recursos hasta lograr la pacificaria de reorganización de la dirección suprema del ción; el gobierno legal de J uárez va á acabar
ejército y de la justicia militar, se ha propuesto ó ó ha acabado, sin substitución constitucional podecretado ya á ese fin, sin duda ha sido muy bien sible; J uárez para sobreponerse á los franceses,
pensado. Pero además, se han proyectado leyes un necesitará venir en los bagajes de cien mil amepoco inquietantes y ele cierto aspecto jacobino,aun- ricanos : la independencia del país, que es antes
que tal vez sea una simple apariencia : me refiero á que la República, tiene, pues, dos amenazas sula ley sobre asociaciones, que hará imposible la premas : el imperio sostenido uor los franceses;
vida de muchas asociaciones religiosas, y la que li- la república restaurada por los americanos. Tenemita la libertad de enseñanza con el pretexto de mos, pues, el deber de ayudar á quien trate
reglamentarla. No las censuro, no conozco los tex• de impedir estos dos peligros. Los que habían
tos; pero no desearía que, para desquitarse de la hablado con M:aximiliano (nodía yo citar
parte activa que una. fracción del clero y de los cle- nombres, lo haré en mis memorias) afirmaban
ricales, t omó en la inmensa confabulación para que el príncipe les había comunicado condesprest igiar á la República, á que dió origen el fidencialmente este programa: si el partido liasunto Dreyfus, se dictasen leyes que pudieran ser beral me ayuda, prometo, en primer lugar, y
tachadas de sectarias y se abriese un nuevo perío- esto de acuerdo con las miras de Napoleón, condo de "Kulturka.mpf." Claro que la República será solidar la obra reformista, con ó sin el asentiperdurable en la proporción en que mejor organice miento de la I glesia. En segundo lugar, hacer
la educación de las generaciones nuevas; inútil por medio de la paz no sólo impuesta,
claro que á eso tienden las leyes de salvación pr?- sino aceptada y por medio del divorcio con el
mulgadas bajo los auspicios del eminente Julio partido "mocho," que nos atraerá á los liberales
Ferry, que los clericales llaman ''les lois scelera- militantes, la permanencia ele los franceses en
tes," pero claro también que ellas bastan, y que México; obtenida así esta independencia, yo doy á
abandonaría el partido liberal su papel ele modera- ustedes (decía Maxirniliano) mi palabra ele honor,
dor, si para satisfacer la clerofobia socialista, a~o- de que me considero un jefe provisional y de tranyase al gobierno que renovara una lucha confes10- sición de la nación mexicana, -que, una vez consolidada nuestra independencia en ambos sennal.
Mucho más mal ha hecho al catolicismo como tidos, hemos de llamar al pueblo á una consulta
secta política en Francia, la actitud republicana de libre, enteramente libre. y si se pronuncia por
León XIII, que todas las prédicas iconoclastas de la República, entregaré el gobierno á quien elija;
los clubs socialistas, y se trata de no arranca:le las lo natural es que sea J uárez.
Ahora es cuando vemos la dosis formidable
riendas de la mano convirtiendo á la república en
de
ilusión que había en este modo de pensar;
1lil gobierno de pe;secución. Por fortuna, la actientonces
era muy difícil, casi imposible, ver claro
tud de W. Rousseau enfrente de la tentatin de
y
ver
recto.
De este error vino la adhesión
supresión del presupuesto de cultos y de la embajada en el Vaticano, tranquiliza bastant~ Y s~ ele muchos al Imperio, no del deseo "inhumano"
triunfo da esperanzas fundadas ele que, s1 permi- de traicionar á la Patria; creyeron servirla, los
tió pasear por las calles de París la bandera roja, que no estaban obcecados por la pasión política
ó religiosa, los que no podía.u partir del concepto
el andrajo de guerra civil, como le llamó ~~betta, de que no hay patria sin religión y menos conaun guarda la enseña tricolor de la repubhca, su
tra la religión. Y cierto, la franqueza en aparienlema verdaderamente nacional de "libertad Y
cia incontestable, del razonamiento que acabo de
paz."
simplificar en unas cuantas proposiciones realza
~
el mérito de quienes se mantuvieron firmes en
. Alberto H ans, el oficial imperialista que, con la torno de la bandera republicana en una lucha
imparcialidad posible en un vencido y. en un pro- que durante una época, fué sin ilusiones, casi sin
fllildamen te adolorido contó en un libro que es esp;ranza; esto lo ha de haber oído alguna vez el
popular, las trágicas y heroica; peripepcias del sitio Sr. Hans de boca de nuestro común amigo el Sr.
de Querétaro, acaba de reunir en un folleto algu- A1tamirano.
nos ar tículos recientemente publicados sobre los
historiadores mexicanos de la guerra de I ntervenEl autor sirve á sus lectores franceses una sución. T odo lo que ha ganado el antiguo oficialito posición que aquí y allá habrá de parecer peregrifrancés de la brigada del cruel Ramón Mé'?-d~~' en na. Hablando de la necesidad de la guerra entre
serenidad de juicio, en equidad de a~recrac1on Y los Estados Unidos y Francia, caso de que Napoen exactitud de información lo ha deJado ver en león III se hubiese resuelto á dejar en nuestro
su muy breve, pero muy inte~esante op-ásculo .Es- país el ejército de la intervención, da como segura
-to lo decimos á pesar de no estar conforme~ ~on el la rendición de las tropas francesas, lo que efectiexcelente escritor en toda una escala de opm1ones,

La ley abre la jurisdicción del Senado como Corte
cuando se t rata de un "atentado," y los "derudelistas" y colegas están acusados de "complot; pues
~tas" y colegas están acusados de "complot,' pues
la primera parte del atentado, y se declaró competente ! Es un Pº?º f?rzada la i_nterpretación, pero
indica cierta sohdandacl de miras entre el Ejecutivo y el Alto Cuerpo. Habrá, pues, condenación de
algunos, leve, probablemente; 1:11as ~ueclará establ-ecido qye no se puede conspirar impunemente
contra la República, aunque como los mismos acusados han dicho,'sus conspiracioPes fueron pueriles· esto es buscar el ridículo como circunstancia
ate~uante, dijo W. Rousseau. Y quedará demostrado que la conspiración no tenía importancia "interna" de ninguna clase, pero sí la tenía
"externa;" sí podía súbitamente constituir un nucleo de resistencia al gobierno, que en la tremenda
excitación de los días en que se rejuzgó á Dreyfus,
podía hacer nacer un peligro de suprema grave-

357

EL MUNDO.

vamente es indudable, y conjetura que á consecuencia de esto, habría caído el trono imperial en
Francia, lo que habría retardado la guerra con
Alemania hasta que los franceses hubiesen estado
en aptitud, por la realización de un plan de reformas militares, de aceptar la guerra con probabilidades de buen éxito. H ay en este ensueiío uos hipótesis pasmosas: la una consiste en creer siquiera posible (y lo posible sólo es conjmable) que
con la conciencia plena de una guerra inevitable
con los Estados Unidos, el emperador francés hubiera dejado aquí al ejército; éste habría sido el
más consciente de los suicidios y el más estúpido.
Consiste la otra en pensar que los alemane~, que
no sólo habían pem;ado en la guerra con Francia
y la habían preparado minuciosamente, sino que
clescle Sadowa estaban, con los ojos clarividentes
del terrible Bismarck, en acecho de una &lt;:oyuntura, no hubiesen aproYechado la guerra con los Estados Unidos para caer sobre la Fraucia desarmada y vencida de antemano; no habría habido ni
Sedan ni Nietz por ventura, pero de seguro habríanse registrado espantosos desastres en París,
Lyon y Burdeos ó cosa así, no habría sido la
ane~ión de Alsacia y Lorena la que se habría
registrado en el tratado de París, sino ademáslasumisión de la Champaña y la entrega de la escuadra.
Precisamente esto fué lo que determinó á Xapoleón á retirarse: tres cosas exi&lt;1ían con la exigencia de tres fatalidades inelucttbles, la retirada
del ejército francés : la. la imposibilidád ele aclimatar en el suelo mexicano formado por la laya ele
las revoluciones, una monarquía : la resistencia
?reci~nte ó decreciente, p_ero incesante del pueblo
a los mvasores, que llegó a fOTmar, para estos mismos, la demostración perfecta de la primera verdad
queestá documentada ya y lista para ser utilizada
por la historia: 2a. la amenaza cada vez más clara
de una guerra con la triunfante federación.americana; _cierto que_hubo_ unmomento en que se pensó
orgarnzar la resistencia y en que Napoleón ofreció
á Bazame mandarle los refuerzos uece~arios, pero
esto fué una de tantas veleidades uel irre,,oluto
soberano, y pronto se encomendó á. la diplomacia
dar un aspecto decente á un abandono ineYitahle :
3a. el estado de la cuestión germano-italiana en Europa. Si antes de Sadowa pudo haber vacilación
no la hubo después; la concenb-.1ció11 v rcor"aui~
zación de todas las fuerzas de FrnT•.CÜJ. er11 la ~eccsidacl suprema. Y estas tres fatalidades se con,binaron con una espontaneidad admirable: la resi1tenci~ del país_fué la base de la política ~¡;:pectr..nte primero, exigente después y apremiante al fin
del gabiente de Washington; esa fué la base: fué
la fuerza ele esa política el :fin de la o-uerra de secesión y la posibilidad de dar al ejército triunfante un empleo que, por cierto, habría sido desastros~ para nosotros, y que nuestros generales republicanos, aun en forma ele ayuda voluntaria. decl~naron ó, 1:echazaro~; y fué la ocasión pará esa
misma politica, la actitud de Alemania. Todo esto
resulta ya bien claro para el que estudia los detalles de esta lejana tragedia de ayer.
-S:::,..(X:&gt;-

y las lucubraciones clel Sr. Hans nos inducen á
resumir _aquí algunas observaciones sobre la ayuda
que debimos á l~s Estados Unidos, y que, hay que
confesarlo paladmamente, sea cual fuere su móvil
y aun cu~ndo ést~ se juzgue limitado precisamente á la misma sene de causas determinantes de la
famosa fórmuL rle lii. doctrina Monroe, el resultado obliga la gratitud nacional; la flamante carta del Sr. :Mariscal ha dicho en esto una incontrovertible verdad. P ero puede decirse algo más; yo
creo que aun cuando la guerra de secesión se hubiese pro1ong-ado tres años más, los franceses se
habrían visto obligados á abandonar su desatentada empresa mejicana y el imperio habría venido por tierra; así es como este problema debe
estudiarse, es inútil plantearlo en este otro sentido : ¿ los republicanos habrían acabado por oblig~ á los franceses á reembarcarse después ele vencidos en los campos de batalla? Esto es ocioso
históricamente hablando, porque la discusión no
llegaría_ nunc~ ~ _un fin cierto; no tendría objeto,
por la 1mpos1biltdad de pocler aplicar á la cuestión un rigoroso cálculo ele probabilidades.
Planteada la cuestión en los términos indicados
basta, en mi sentir, .fijarse en las tremendas difi~
cultades que fueron atajando la libre acción de
Francia en Europa, desde la entrada en plenaactividad militar del reino de Prusia en la lucha con Dinamarca para comprender lo que antes dijimos: no

�358

Domingo 17 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO.

hab~'l posibilidad para Napoleón de dejar comprometida la espada del Imperio en ninguna aventura marginal; le era forzoso, angustiosamente
forzo~o, tener en mano todo el ejército. Las exigenc:ia.~ de los l◄;~tados Unidos precipitaron esta
decisión, ó mejor dicho, proporcionaron á Francia,
ante la Europa ansiosa, un pretexto para volverse y
desamparar á stL infortunada criatura, sin neceE-idad de renilar º"ten~iblemeute sus gravísimos
temores por su propia eofüenueión.
:E:-to en nachi meHoscaba el servicio que los
Esta.dos l 'nidos nos pre:,taron; sencillamente
tiende á demostrar que si la. República les del&gt;ió una condición de primera importancia para
realizar ::-u triunfo ele fi7. no les debió la vida.

Pero ~i iue,:timahlc fué ese servicio, nosotros no
i::ólo pusimos al gobiemo de Washington en condicione,- de pre¡;tarle. por nuestra resistencia tenaz, ~ino que antes nue,-tra actitud constituyó también un 1:-enicio tan seüalado á la Unión americana. e~ decir. á la causa federal, que si no supera al que nos hicieron, sí es de elemental equidad histórica ponerlos e n parangón.
Constan estos hecho,-:-lo. Lo que Napoleón
Jil llamaba "el gran pensamiento de su reinadoº'
eonsi,-tía en crear un imperio en :México bajo los
au;,.pitio~ de Frn11cia, llamado á ejercer una suerte
ele lwgL•monia ~obrt• d mundo latino-americano
y á rnntencr el movirnitnto expansivo de los Estado, nido~. Con c:,;h• pensamiento "de derriere
la trte" fné el imperio francés á la convención
de Londres Y e~lo mi11i,tra la clave de la actitud
ele Franeia
la ejec·nción del convenio tripartito.--:.?o. ParlL· import,mtísima de la realización
de su de¡;ignio era pam Napoleón, no sólo la prolongac·iún ele la guerra de Secesión, sino el triunfo
ele lo" rnnfedcrado:-. f"'l decir, el desmembramiento
de la rniún anglo-americana. Y no hizo sobre esto
una tPrmiuank dec-larac·ión pública por los escrúpulos de Inglaterra. c,uyo gobierno deseaba unir
fm poi ítiC',l á la imperial, pero que no lo osaba
hasta , er hien dibujada la situación militar de los
E~tado~ rniclo~. rna gran fracción de la opinión ingle,:a, á peBar de la general antioatía hacia
la c·au,-a ele la e•claritud, apoyaba vivamente la
actitud ho~til ít los del Xorte; de aquí vino, como
primrr pa,:o, la declaración de neutralidad entre
lm- cm1trineankt-, que tendía á dará una guerra
ci,il 1111 f•arác-tcr internacional.
IIalag-anclo lo,: enH1t·ños napoleónicos la Emperatriz Eugenia ~- el duque ele Morny. hermano
ha,:tar&lt;lo del emperaclor, empujaron á Francia haeia }fhi&lt;"o para re:,;talll'ar el predominio del elemento hi,.pano-L•ele,:iú,tieo la una, para realizar
un agio inmen:--o el olro.
, \l c·ornenzar lc1 g11Prra de intervención todo
era irnlec-i-o en la eontiencla norte-americana. nada
podía lll'&lt;'Yer~e. no en ruanto al resultado que
generalmente ~e juzgaha favorable al :Norte, sino á
Ht dura(·iún qur lo;:: ronoreclores caleulaban en 10
años. ~las en lo~ último~ tercios ~fo! uíío de (i'?,

r

en

Domingo 17 de Diciembre de 1899.

J ackson primero y L ee después infligieron tan serios descalabros á los federales, q1te la. toma de
Washington llegó á dars:i por cier1.,1. Y he ,v¡uí lo
que de e:,ta n•miniscenci,1 re3•1: tu: si de ;,[ayo de
62 á Mayo dl' 63 los franceses no lrnbieran tenido
todas sus mirn:; concentradas en la conq ui~ta de
Puebla; ,;i no hubiese limitado su acción al camino de V cracruz la victoria del General Zaragoza; si esta victoria que inmovilizó al invasor
no hubiese permitido poner en movimiento los
elementos de resistencia posibles en un país agotado por la última cruentísima guerra civil, el
ejército franeés dueño desde entonces de México
y de las pri neipales ciudades u.el Iuterior, dueño de
los puertos del golfo, habría arrojado su espada en
la balanza del lado del Sur y habría arrastrado á
Inglaterra y á Espafia en pos suya. Entonces el
desmembramiento, destino forzoso, íbamos á decir
"biológico'' del enorme organismo anglo-americano se habr ía anticipado de un siglo y no es una
insubstancial metáfora decir que el porvenir del
mundo americano palpitaba en la bandera de victoria de Zar,1goza.
Cuanuo en l\Iayo de 63 Puebla fué tomada, el
cuadro había carn 1)iado ya; en vano dijeron las
ilumiuaciones de Richmoncl el regocijo de los
confederados por nuestra derrota; precisamente
en esos días la caída de Vicksburg, el Sebastopol
de la rebeli/n," en poder de Grant y la formidable
batalla de Gettysburg, comenzaban el período
agónico de los estados escla,·istas. Y la resistencia
que enlodas partes presentamos y la m'cu;idad
de los francese~ de dispersar sus columnas en todo
el país, y la ~ituación que definían así los oficiales, " no es nuestro más que el terreno que pisamos," y J uárez, que por su granítica persistencia
dió á la, Intenención el aspecto trágico de un
empeño insern,ato en lucha con la inmutable fatalidad, hicieron imposible todo plan de ayuda á los
secesionista,;. Cuando la invasión lanzó hacia el
N orle su postrer oleada, cuando Brincourt aeupó
Chihuahua, todo había concluído, la guerra ciYil en los Estados Unidos había pasado á la historia.
TodaYÍa no hay suficiente perspectirn para trazar una historia definitiva de la Intervención,
pero sí es tiempo de que la generación que la Yió
como un apasionante y grandioso drair,a. la cuente, sacrificándolo todo á la Yerdad, intentándolo
cuando menos; no faltará, según creo, quien acometa la cmpre~a de nuestro lado; del francés toca
hacerlo á Hans; tiene para ello condiciones espceiales de buena fe, de ciencia notable de los h1&gt;cho,,,
ele amor por el país en que comenzó Ht Yida de
soldado y de facilidad y limpidez ele estilo que le
son garantes del buen éxito. Ojalá. Ahora, lectore;, ramos Ít hablar de lo que pasa en el Exterior.
Tienen ustedes para bien saber y mejor entender .... . .

_j~J~

Patio di' la fábl'ica En el fondo el departamento donde comenzó el incendio.

tfetnando

359

EL MUNDO.

empezada con tan buen éxi~o &lt;;ontra la resistencia de los hombres, se contmuo más encarnizada
y sa.ngrienta co~tra la ma~e!ia inert~ y enemiga.
Diez, cien, doscientos, qllllllentos millones, nada

bastaba, aquellos arenales. absorbían el oro, como
Hoy que la gratitt~d de los accionistas del Canal
de Suez elern grandiosa estatua al prodigioso ingeniero y al fecundo é infatigable hombre de empresa, que rompiendo un istmo, corno Je un hachazo, m~dificó la C?~figuración del planeta y
transformo las cond1c1ones del comercio del
mundo; hoy, que una obra de reparación se lleva á cabo, lenmtando ante la posteridad la figura
del grande hombre sobre el océano de iniquidall
en que naufragó su prestigio, importa recordar
q:Uién fué el hombre y reavivar en la frágil memona de los hombres y para enseñanza de todos
el ejemplo de sus energías, de su labor inmensa.,
de sus luchas y de sus triunfos.
De L esseps, más que "gran francé~ " título
que justificadamente le otorgaran sus' con temporáneos, era francés completo, acabado tipo de
lo que de más noble, más grande y más 'brillante
tiene esa raza privilegiada. Era francés porque era
c'.1-ballcresco, gal~ntc y p_ulcro ;_ cuando el 4 ele Septwmbre, su amiga de mfancia, la Emperatriz
Eugenia, se Yió como )Iaría .Antonieta, sitiada
por una multitud indignada, ciega, dispuesta á
todas las Yiolencias y á todos los arrebatos, de
Lesseps, hendiendo la furiosa multitud Yino á las
'J'ullerías á ofrecer su brazo como apoyo y su pecho como escudo á la infortunada soberaP'l.
Ri era francés por lo c-aballcresco, lo era mús
ai'.m por el brillo de su talento, por el ímpetu de
su voluntad, por su desparpajo y su "cranerie''
para manejar hombre!', eosas y fortunas, y por
el carácter grandioso y altamente poético ele sus
eoncepcione~ técnicas. Romper un itsmo, comuntcar dos mares, di,:poner como un tábm,) el Jet ii.l
del canal de Suez al beso Í!l.t:111•&gt; v á la f 1:~d,a
completa de la ola amarga de! .\J c·.hirrrú n&lt;'O &lt;·r,·1
la onda i-alobre del }far Rojo, antes parece un
poema, una epope_ya., que :m hnrdo i.rr1u,1.in material. Ese carácter épico reYestían fos c·,rnquisl.13
napoleónicag y ese eBpleJHlor mágico el de,potismo
del Rey Sol, y esa grandiosidad, bien que trágica y sin ic~tra, los exce~os de la Gran He\'olución.
Grandiosas y bellas, tal es el carácter que el espíritu fran&lt;'('s da á todas sus concepciones y ]¡¡
energía francesa á todas sus ideas. La de Lesseps
era empre$a tan temeraria, al parecer, y al parecer también tan irrealizable, que cuando el Gran
Francés propu!'o eRe retoque á la ohra del Creador
y esa. portcnto!;;a ernlución al comercio uniYersal,
f'.C vió, como todos los genios, tratado ele iluso, y el
recelo, la dc•confianza, la sátira y ha~ta el anatema, se le atra,·e~aron al paso.
Lesseps, como Colón, hizo frente á la tempe,tad y persereró en ~u magna obra. Sedujo con
la magia ele im palabra la imaginación oriental
de Jsmail, recorrió Francia, hizo una propagan&lt;h
febril y pcr;,e,·erante, nucYO apó1'tol propagó la
fé )' dió al fin comienzo á sus tareas. La luc-ha

Estanques de aceite inctndiados.

El lunes 1t después de las diez de la noche se declaró un lncendlo en la Fábrica de Aceites de la f'alle de las Delicias negoclacllln de la que son doeftos los s
Go ál H
N b I te¡
n canll 'ad
de aceite depositada, 108 bomberos hábUmence d1rlgld01 cortaron el luego pocas horlU! después. Se eeiunan lae pérdldas'en máa de '50,000. Por esta cantidad ea~t! ase~tr:Ja J!i::'egoc~a~i~n":n
• gra

rocío. Ejércitos de trabajadores con la portentosa
artillería de una maquinaria formidable apenas
lograban arañar la rebelde corteza terrestre; el
istmo se defendía tenazmente contra aquella violación, ya era la roca dura é impenetrable que levantaba ante el trabajo de zapa reductos inexpugnables, ya la arena movediza que tendía redes y organizaba emboscadas y oponía el derrumbe y el hundimiento de los esfuerzos de la excavación; brotaban á veces las aguas subterráneas y
anegaban, inundaban y ahogaban los trabajos y á
los trabajadores. Aquello no era un canal, era un
abismo que había que colmar con oro. Inglaterra miraba aquel esfuerzo ciclópeo con irónicas
ojos y esperaba con burlona sonrisa el desastre.
De Lesseps se multiplicó ante el peligro y se
agigantó ante el obstáculo; la fecundidad de su
genio y de su saber técnico inventó recursos para
todos los eventos, soluciones para todos los problemas, teoremas para todos los cálculos. E l ingeniero vencería si el financiero combatía á su lado,
y Lesseps se hizo financiero el más fecundo, el más
ingenioso que puede darse. Inventó títulos cuya nomenclatura seria interminable, creó valores sin
cuento, ideó combinaciones :financieras prodigiosas; consumió un capital enorme, de imprevisible
magnitud y abrió al tráfico el canal en presencia de t estas coronadas con la bendición de obispos
y de gerarquías eclesiásticas y rodeado de cuanto de más grande é ilustre tenia entonces la Europa civilizada que aplaudía, incensaba y casi deificaba á aquel hombre.
Aquel opoteosis debía tener su cruel y doloroso reverso ; la materia vencida en Suez, tomaría
su revancha en Panamá y el vencedor de las
arenas del desierto, había de ser vencido por los
fangos del Chagres y los peñascales de la Culebra.
¿ Por los fangos y los peñascales? No; la justicia
histórica dirá que el coloso fué vencido por la
maldad y la corrupción de los hombres. Aquel
Austerlitz tuvo como epílogo un Waterloo, pero

Monumento e1·i9ido á Lesseps en Puerto Said.
no fueron un barranco y una escarpada meseta los
que obstruyeron y cortaron el camino del triunfo, fueron abismos de iniquidad y monst ruo~os
hacinamientos de vicios los que cerraran el paso
al triunfador de Suez é hicieron de Panam1 un
Waterloo.
Las finanzas salvaron la empresa de Suez, los
financieros hundieron á Lesseps en P·m:un!t, lo
saquearon, lo despojaron, lo arruinaron en complicidad con politicastros venales; y ese abismo es
incolmable, y ese buitre insaciable y si devoró
seiscientos millones sobre mil cutrocientos hubiera acabado por devorarlos todos y por vaciar la
alta :finanza y la baja política en sus cajas fuertes todas las medias de lana ele Francia.
El proceso de Lesseps no fué el ae 1m homhre,

fué como el de Galileo, el ele una época y el de
una institución. Condenado por los jueces salió
de la prueba engrandecido ante la opinión por
el injusto martirio; arrastró las gloriosas cadenas
de Colón, vistió un sambenito como Giordano
Bruno; pero la sentencia que no se atrevieron á
aplicarle le ungió vítima, sus ca,denas se transformaron en palmas y su coraza en laurel.
L os accionistas de Suez, enriquecidos por Lesseps. le levantan un monumento expiatorio y lo
rehabilitan ante la posteridad. Ese monumento
acabarán por hacerlo suyo Francia y la humanidad.
Dr, M. FLORES.

�m, HUNDO.

360

Domingo 17 de Diciembre de 181111.

ALREDEDORES DE

vomlngG 17 de Dlcíembre de 1899

EL MUNDO.

361

MEXICO.-TLALPAM.

1 ...

Antiguo c ·
z 3 G t
·
5. Alberca de la «F~ma ·Monta esa ,.ªm~n~:t1~- t.
~u; Y,tmdandan~ial de las Fuentes.-4. El canal de la «Fama Montañesa.»
11
,
uen es.- . v1 a a e .a casa de la Sra, Landa,-8. Ermita del Calvario.

1, Casa del 81·. Espinosa - 2

,1. Casa del L ic. Victoriano .Agüei•os.-2. Oasa del 81·. h·i~s.-.3. Una calle de '!~álpam. -4. Casa en q 1.1,e estuvo preso el libei·tador Morelos. Tiene una
lápida con za inscripción siguiente: «In Memonam. Esta fué tu prisión ¡oh gran sol~a~o! Por el crimen de habernos libe1·tado .»
fí. _ El Mercado én conslrucción. - 6, Oasa del Sr . Balme. - 7. El Mercado en ;,ervicio. -8. Detalle de la Alberca en ias Fuentes,

�Domingo l '7 de Diciembre de 1899

EL MUNDO,

362

de pie, con la cabeza erguida mostrando su obra gigantesca. La vista de esa
estatua disipa la atmósfera de tristeza
é incertidumbre dolorosa., que opacó los
últimos años del prodigioso Innovador.
Recordamos, sin quererlo, las fotografias que lo representaban, débil, paralitico, hundido en un sillón. Gracias
:l M. Fremlet y !l. la compañia, veril. el
r.. ,mdo al Fernando de Lesseps que fué
á, la vez una naturaleza tau enérgica y
un gran seductor: al "Gran Francés,"
erguido, glorioso, transfigurado, en el
teatro de sus proezas.
En la mano izquieraa tiene Lesseps
un plano, el del canal, tan fielmente reproducido en el bronce, que bastarfan
sus indicadones para hacer de nuevo
la obra.
En el pedestal se lee el nombre de
Lesseps, y más abajo, entre una corona,
la divisa "Aperire terrarn gentibus."
El monumento parece que surge del
brazo de mar formado por de Lesseps,
á la entrada del puerto.
La obra de Ifremiet fué conducida á
Puerto-Said por un buque inglés, porque ninguna compañia francesa se
atrevió íí transportar las enormes piezas de bronce. Amagado el buque por
una tempestad en el Golfo de Gascuiia,
regresó á Ing}aterra, para comprender
de nue,o su viaje que llevó íí cabo con
felicidad.

UNA INSTI'IUCION :MONASTICA
~)º(~

El P. BaiUy, director de «La Cruz,&gt;
senta la figura histórica del "Gran
Francés," asi es que sólo hablaremos
~)º(~
aqui del monumento que consagra á la
El 17 de Noviembre se inauguró en memoria del eminente Ingeniero la graPuerto Said la estatua de Lesseps, cos- titud de los accionistas del canal.
La estatua es obra del célebre escult eada por la Compañia del Canal de
tor Fremiet. Tiene siete metros de altuSuez.
En otro lugar se pubilca un artículo ra y se levanta sobre un pedestal de
en que el Doctor Manuel Flores, pre- ml'ls de diez metros. M. de Lesseps estl'l

LA ES 'l'A'IUADE M. DE LESSEFS

Acusados de conspiración los Padres
que dirigen "La casa de la buena prensa" de Parts, han recibido visita domiciliaria, en la que se dice que diez comisarios de policta encontraron la enorme suma de un millón ochocientos mil
francos, dentro de una caja de hierro.
Justa ó injusta la acusación, culpables ó inocentes los venerables Padres
de la Asunción, dueños y gerentes de
esa casa editorial, lo cierto es que la
institución que han fundado y que llega á un grado de prosperidad asombroso, despierta la curiosidad del mundo
civilizado, porque muestra uno de los
organismos Industriales m!í,s Importantes, puesto al servicio de la idea católica.
~·~
Los Padres de la Asunción ocupan
en Parfs, en el barrio de los Campos
Eltseos, la casa número 8 de la calle
de Francisco I y las que tienen los números 3 y 5 de la calle de Bayardo.
La sala de redacción de la casa es
muy vasta y trabajan en ella mlis
de cincuenta escritores de planta.
La imprenta est:l admirablemente
montada. Los talleres de composición

dan ocupación á m~s de cien sei'ioritas, obreras, aprend1ees y correctoras
bajo la dirección de Hermanas de ~
A:sunción. Los talleres de tiro tienen.
diez y nueve prensas de las mejores.
marcas y de los sitemas m!\s perfeccionados. En el subsuelo hay dos motores.
de vapor que mueven esas mli.quinas y
los dinamos de luz elcétrica, y un motor auxiliar de gas. En los talleres de,
fotograbado, de encuadernación y en.
los demás anexos, trabajan otras cien
mujeres. Por último, las oficinas de en_vfo y la administración, tienen un personal numeroso, organizado admirablemente. El efectivo total de empleados se ele,a á la cifra de quinientas..
personas.

e&gt;omtngo 17 de Diciembre de 1899.

363

EL MUNDO.

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¿ Qué relación puede haber entre un.

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establecimiento industrial de tan vastas proporciones y una comunidad religiosa? Héla a qui:
La idea de los fundadores de "La
casa de la buena prensa," se condensa
en los siguientes
términos:·
"Como la Iglesia tiene la facultad maravillosa de adaptar sus medios de acción á las exigencias de los tiempos, la
enseñam:a de la cátedra debe reforzarse con la propaganda por la prensa; al·
periódico propagandista de ideas sub-versivas. d~be oponerse el periódico sano." La empresa de los Padres de la·
Asunción, es la aplicación de esta fórmula.
Este es el origen de sus publicaciones
periódicas, veinticinco por todas, y de•
su diario de á cinco céntimos "La
Cruz."
Algunas cifras bastará.u para Indicar
el desarrollo y la gran prosperidad de·
esa casa. "El Peregrino," fundado en
1873,. tira 190,000 ejemplares: "Las·
Com·ersaciones Dominicales." 102.000;
"Las Vidas de los Santos." 500,000~
"La Cruz," fundada en 1883 y eser!:
ta á la manera de los diarios popularestiene un tiraje de 190,000 ejemplares~
"La Cruz del Domingo," con "El Labrador," para. los campesino!'(, tira ... .
520,000, y "La Cruz de los '.\farinos, . . .

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10,000.
Si á los periódicos, desde "El Cosmos," gran revista cientffica. hasta "Et
l\Ies Literario y pintoresco," y "Noel,"

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revista. infantil semanaria, se añaden
los libros, las estampas y las fotografías para proyecciones luminosas y clnematogr:íficas: si Ré considera que cada año hace circular la casa, ciento,
treinta millones de hojas impresas,
que todos los dfas le lleva el correo,
más de seiscientas cartas, y , por último, que con su personal administrativo y obrero, tiene cincuenta escritores de planta, na.die extrañará, onE&gt; los
reverendos Padres ocupen tres edificios
con su gran instalación.

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Imprenta de la «Casa de la buena prensa,&gt;

�364

Domingo 17 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO

Domlncro 17 de Diciembre de 1899.

mente, algunas arrodilladas, con las manos juntas, mostrando al cielo sus cabelleras tronchadas ..
Un eg,pitán acercó su caballo:
-Todo está listo, mi coronel.
Los cabellos cortados ,estaban alineados por
tierra, formando cerco a la plaza, á semejanza
-de un cortejo de serpientes ....
El coronel, muy divertido, pasaba delante de
las caballerías, corriendo al trote. Tras de él
iban los soldados á caballo, y se complacían i"'ualroente viendo á las mujeres que en medio d~ sus
llantos, se cubrían la cabeza con sus pañoletas
v mantillas.
~ Los cabellos eran negros, y de ellos se exhalaba
un suave y dulce olor á jardín . ...
De pronto el coronel detuvo su caballo.
-¡Dragones! gritó.
Y luego, de un salto, se puso al frente de sus
soldados, diciéndoles:
-¡ Poned esas melenas en lo alto de vuestros
-cascos!
Un estallido de risa se alzó del escuadrón.
Todos á la vez, se avalanzaron sobre las cabelleras, y como las había en profusión, cada uno
tomó la suya. Las más eran sedosas, "infantiles,"
:si cabe la palabra, y ondulaban como en los campos el trigo; otras espesas y pesadas, que harían
inclinarse hacia atrás las cabezas de los guerreros.

LOS

PENACHOS

A principios de Diciembre, poco después de
Entre tanto, los grupos de mujeres llegaban
que Lannes saliera de Tarragona, un escuadrón como rebaños; las calles se inundaban de zagalede dragones entró á esta ciudad.
jos claros, y mil voces agudas llenaban el aire
Era un gran regimiento destrozado, aunque con improperios. Una vieja, con los brazos lepoco temeroso, diezmado por las emboscadas, tan vantados, chillaba más que nadie.
abatido por los sufrimientos, que la mayor parLos soldados escoltaban á aquellas infelices;
te de sus hombres parecían viejos. Preocupados las bonitas sonreían, pero casi todas caminaban
únicamente por la gloria, habían atravesado la • á viva fuerza, con los dedos engrifados, presas
Europa y, de 1805 á 1808, eran los últimos del An- de horrible desesperación. Al oir las carcajadas
tiguo Ejército, los que durante las marchas re- de los dragones, insultaban al coronel, y algunas,
ferían sus aventuras, contando á los quintos con más valientes, lanzábanle guijarros á la cara.
voz baja que temblaba todavía los terribles su-¡ En montón, en montón 1
cesos de Austerlitz.
Había algunas que daban el seno á sus chicuelos desnudos; otras con un santo furor sacu-&lt;:::&gt;-()..;:::,,
dían ~us vestidos. Se les seperaba de los' viejos
en
qmenes encontraban amparo, y de los niños á
-¡Alto!
Habían llegado á la plaza del mercado, rodeada los que infundían valor. Una muchacha se daba
de bajas casuchas. La ciudad parecía muerta. Sólo golpes en el pecho y las otras hacían con su sanse oían, de tiempo en tiempo, las pisadas de unos gre el signo de la cruz, arrojándole después sozuecos ferrados, la monótona canción de los bre los soldados; y la vieja gesticulaba y gritaba
arroyos que cruzaban la ciudad y el inmenso grito del viento de la montaña que soplaba á lo
lejos ....
-i Hola! dijo el coronel; que registren las
casas!
El tal coronel contaría á lo más unos treinta
años. Era delgado, rubio, y seguramente al fuego de los eombates había ido á buscar todas las
heridas que, de pies á cabeza; se ostentaban en su
cuerpo. Columpiándose nerviosamente en la silla
de su caballo, miraba hacia las puertas que los
soldados estaban ya demoliendo, y se acariciaba
sus rojos bigotazos atuzados á la "gauloise.'
-i Ah! con que se han encerrado esos brutos!
En efecto, mujeres, ancianos y niños se habían
encerrado en las casas al ver llegar á los dragones.
-¡Juntad á las mujeres! dijo el coronel.
El terror invadió todas las casas y la ciudad
entera abrió sus puertas.
-~o se encuentra ni un sólo hombre dijo
un oficial.
'
-¡Diablo! dijo otro, esto quiere decir que
se nos prepara una emboscada.

7

0

con una voz tan ronca y tan terrible, que á lo
lejos, entre los inmóviles pelotones, los caballos
espantados se encabritaban . ...
-¿Ya? preguntó el coronel, ¿ están aquí todas
las mujeres?
-Todas.
-Bien; id ahora por todas partes á buscar tijeras!
Varios soldados, guiados por tres de las muchachas menos furiosas, entraron á las casas,
volviendo á los pocos minutos.
Entonces el coronel se acercó á las mujere~
y tomando á una por el cuello, al mismo tiempo
que señalaba á las demás con un gesto :
-Cortadles á todas el cabello, dijo, sin excep·
tuar á ninguna y á raíz de la piel.
Y se echó á reír mientras subido en su caballo, que se impacientaba po; lanzarse á la carga, miraba en derredor á las mujeres.
Adivinando más que oyendo el mandato, éstal'
se lanzaron sobre los dragones, entregándose e11a~
mismas á las cortantes hojas de las tijeras. Ilubieran querido morir, pero sostenidas fuertemente, no pudieron moverse ya, y bien pronto, con lo,
cuellos inclinados, vieron sus hermosas cabelleras
caer por ti.erra .....
Se les cogía por el talle, haciéndolas adoptar
una postura que las obligaba á deponer el orgullo de sus altivas cabezas, y ellas entoncel'
mordían con rabia los puños de las espadas.
Sus gritos fueron inútiles. El coronel, desde
su caballo miraba que ninguna fuese exceptuad,1
y asistía con regocijo á la operación. De la nuca á la frente, los hermosos cabellos caían formando una cascada, los unos largos, tan largo~
que llegaban al suelo, los otros espesos y opnlentos; y todos caían, caían á los pies de los
soldados, como velos, como pesados paños que
resbalan ....
-¿Ya? preguntó de nuevo el coronel, ¿ están
ya tonsuradas todas las mujeres?
Sólo se oían los gritos de las infelices. La mayor parte de esas cabelleras estaban prometidas
á la Virgen. Las mujeres se quejaban dolorosa•

La tarde caía. A los débiles rayos de un sol
melancólico, estos hombres parecían ochocientos
fantasmas, y las cabelleras que fl.otahan sobre
,sus cascos, semejaban ochocientas fuente~ ue
·sangre negra .... Un viejo sargentrJ, de altura
prodigiosa, balanceaba en alto el hermo5o pena-cho. Otro llenó sus botas con una d.e aquellas
·cabelleras. Un subteniente separó en dos bandas
la que á él le tocara, y hundió en ella su rostro,
:aspirando con voluptuosidad su perfume, mientras reía de júbilo. Algunos soldados muy jóvenes,
-escogian las más hermosas y aspiraban también con
-delicia el suave alor que emanaba de ellas. Esto
duró una hora. Al fin los cascos estuvieron listos.
Estos cascos habían sido en otro tiempo "á la
Minerva," y estaban todos acribillados por las balas y los sablazos, habían cambiado de dueño más
de una vez; habían cruzado la Europa y, de 1805
.:á 1808, eran los últimos del Antiguo Ejército,
,que durante las marchas, posados ya otras cabeias, contaban á los asombrados ginetes el gran
;suceso de Austerlitz.

365

EL MUNDO.

Sonó de pronto, una trompeta.
Inmediatamente el regimiento se puso en marcha. Todos los soldados eran altos, y de sus penachos se exhalaba un aroma delicioso.
El coronel desenvainó su espada y se colocó á
la vanguardia. De pronto oyóse un grito, y una
vieja que salió de entre unos matorrales, echó á
correr tras de los caballos. Era la vieja que poco
antes gritaba enronquecida por el furor. Uno de
los soldados se detuvo para arrestarla, y como no
se le hubieren cortado los cabellos, el coronel exclamó:
-¡Y bien .... . .
Alguien proporcionó al pronto unas tijeras.
-Deprisa ..... .
Los cabellos blancos como la Jlleve, cayeron al
suelo.
-Para mi casco! se dijo el soldado.
Y colocó en él aquella cabelicr&lt;1. l~iai:ca qu&lt;' parecía nimbarlo con una luz suave. En me&lt;liú •~e l.t
confusión de los soldauos, la vieja se reYolv1a como
una leona herida.
-Xada importa, dijo el coron,_•J, v mirando hacia la montaña, agregó: alli eslarán sus hijos esperándonos en el desfiladero.
Y á su grito de ¡marchen! los escuadrones se
pusieron en movimiento pasando junto á las mujeres que con los puños apretados, les lanzaban mil
injurias.
Los viejos soldados pensaban en la emboscada de
la montaña, pero los jóvenes veían en su imaginación á sus madres y herma.nas. Uno de ellos volvió
el rostro hacia las mujeres, y casi llorando, les dirigió un saludo.
A la salida de Tarragona, las veredas no son anchas; hay que cruzar caminos erizados por los picos de las rocas.
El regimiento avanzó por un desfiladero, caminando así por espacio de una hora, entre la sombra
azulosa de una tarde fría, hacia la emboscada, hacia los españoles, sin duda hacia la muerte. Y quizá una de aquellas mujeres que !'le habían quedado
allá en la plaza, arrodillada y atenta, se P,mocíon:1.ba mirando á la tropa vagar por los montes, decreciendo poco á poco como una banda de pájaros que
van ele viaje, y entristecida, se preguntaba mirándolos, cuál de todas aquellas cabelleras que agitaba el viento, sería la suya .... . .

&lt;8uento&lt;1

8i3 Íanco&lt;1.

Una Vieja Historia

GEORGES D' ESP.\ ,ni Ea.
l")uesto que tú lo quieres, sea, i oh hermana armoniosa!
Pero créeme: ha mucho tiempo que de mi pluma huyó el perfume lilial; ha mucho tiempo que
mi pluma, de infatigable mariposa que era, revolando siempre en torno de todas los pensiles y libando en los cálices de todas las rosas, se ha trocado, fatalmente, en acero disector que sólo busca corazones que mondar y estados de conciencia que
sorprender.
~las no importa, amiga mía: cuando vienes á mí,
radiante con la núbil alegría de tus quince años,
dando al aire el áureo chorro de tus cabellos y dispersando saetas azules y húmedas con el arco augusto de tus cejas, no sé qué viejas remembrru1zas
se esperezan y cantan en el fondo de mi alma y no
sé qué fulgores alumbran las crecientes sombras ..... .
Y tú, no me temes porque sabes que no pido más
caricia á tus·eucantos que el inefable júbilo de verte vivir; porque sabes que para conmover mi pobre
espíritu, aún sembrado de i-omanticismos á pesar
de todo, me basta contemplar tu virginidad nimbada de divinas inconsciencias.
Y quieres cuentos . ... . Pues bien, para tí, es
preciso que mi pluma sea virgen y santa, amorosa
y pura, blanca y piadosa. Lo será, por arte ele tu
blancura y el.e tu pureza, por tus ojos color de cielo~ por tu frente de marfil, por tu boca de frambuesa, por el oro de tus cabellos ....
Y porque tú lo quieres, amiga armoniosa.

I
Esta es una vieja historia que en una tarde de
deshielo, mientras las alburas de la niern se manchaban ele lodo y los hielos del estanque se rompían con fragqres cristalinos, me fué narrada por
el vetusto, marmóreo Cupido de un parque muy
viejo y muy sombrío.
¿ Conoces tú esas estatuas de mármol, sucias y

�t •

EL MUNDO.

366

Domingo 17 de Diciembre de 1899

carcomidas por la lepra de los tiempos, que se es- no saben abstraerse en la contemplación de las co- jaron el cincel para acariciar la lira en cantos
conden en los recodos de los viejos parques? ¡Po- . sas silenciosas y quietas. Por lo demás, casi todos que solían empezar así:
"Ninón, rubia Ninón, mi .Amada, mi Delicia"
brecillas ! En sus pupil~ petrificadas, siempre he . los desocupados quieren ser poetas ó casi todos los
Cuando la piedra con sus rebeldías inconscie~:
creído hallar un amargo reproche; paréceme que poetas son desocupados: no lo sé de fijo. No me incuando allí fueron colocadas, para ornato de aque- . terrumpas y escucha: cuando se viene á un parque tes y purificadoras, detenía por un momento el
llos vastos asilos de amor, el enarcamiento de sus como este y en una tarde como esta, ó se viene á torrente de, . imp~tus con que el a~tista quería
labios debió ser más amable que el que hoy osten- cumplir mecánicamente un precepto higiénico ó hacer de 1Ill su obra maestra, Rogel10 no juraba
tan, y parecéme que hoy guardan un coraje pro- se viene á recrearse en tristezas y en despechos; y sino por Ninón. Y cuando quedé concluído y safundo y eterno contra estas nuevas generaciones como casi todos los hombres lloran desdichas de tisfecho él, para premiarse, como suprema reque no hemos sabido sorprender las delicias de la amor, y como todas las desdichas de amor tienen compensa, se atrevió á robar el primer casto
línea que recorta albamente los sombríos hacina- remedio, oye una historia que ha de servirte y beso á los frescos labios de su Ninón . ..
Y así pasó el tiempo .. .
que es tan vieja como la primavera y tan etermientos de las matas y de los arbustos.
Un día, como todavía hoy sucede, la sonronamente
nueva
como
la
prü.aavera
:
El Cupido de quien tengo la historia que voy á
saua_y pura Ninón fué puestai entre dos capas
11arrarte, habíase pasado luengos años inmóvil sode tierra para que durmiera el sueño eterno,
bre su pedestal, &lt;le suerte que sus ojos sin vida haIII
env11elta en las alburas de la batista y encebían visto ú muchas parejas enamoradas, y sus oírrada en una blanca caja, capitonada de raso.
dos de mármol habían escuchado los madrigales de '
Rogelio estaba inconsolable. Quiso hacerme pemás de diez generaciones. Había sido el confiden-:Ningún mozo ha amado tanto como amó
te forzado de más de un conflicto amoroso, y á sus Rogelio, e~ que me dió forma de la masa inex- dazos, porque decía que yo le recordaba su amor
pe,rdido. No sé por qué no lo hizo, pero dejó el
pies habían rodado las lágrimas de muchas vírge- . presiva de la piedra.
nes que hoy son polvo en las entrañas de la tierra,
Fué en los últ imos tiempos de los reyes ves- taller entre sollozos y por mucho tiempo no seny que, si vivieran, tendrían la suerte de contero- tidos de seda y de pelo empolvado, cuando gra- tí sobre mi dura epidermis más que la caricia
plarse entre nosotros en la veneranua calidad de ciosamente se reclinaba sobre las lises de Francia torturante del olvido y del polvo. .
Y volvió á pasar el tiempo .
bisabuelas.
la r.u bia. majestad de María .A.ntonieta y cuanUn día mi sueño fué interrumpido por un
.Aquella tarue de deshielo en que trabé relacio- . · do se presentía entre las vagas brumas del futuro,
- rumor de besos : Rogelio, el inconsolable Rogelio
nes con tan experimentado Cupido, r ecorria el · el pavoroso brillo de la cuchilla popular.
parque en pos de no importa qué quietudes, cuap.Rogelio amaba á una Ninón encantadora, son- amaba á otra, había olvidado á Ninón y se em~
do escuché un gemido, un gemido angustioso que rosada como un clavel y pura como azucena- briagaba de besos en unos labi.os nuevos!
Y mientras tanto, la pobre Ninón en su
perecía surgir del fondo de algún sepulcro milena- · (pensé en tí, oh her~ana armoniosa !)-y esa Nir io, y que detuvo mis pasos con el imperio de un nón ama:ba á Rogeho que era hermoso y gallar- tumba ....
conjuro mágico. Y, como era de rigor, lniré en do entre los gallardos y los hermosos.
IV
torno mío y no ví nada. Mas persistía la queja, y · La conoció durante un lninuetc campestre en
persistia de tal manera desgarradora que, en me- • los p, ados de Versalles y con ella danzó la paAl llegar aquí el relato del marmóreo Cupido
dio de mis propias tristezas, senti una piedad infi- vana, á los ojos del buen rey Luis que, al mi- un burgués cruzó las avenidas del parque y l¡
nita y me creí capaz del consuelo. ¿ Pero á quién rar tan apuesta pareja, tuvo una amplia sonri- estatuilla enmudeció.
consolar. si á nadie veía?
sa _de buen padre de sus pueblos y de cerrajero
Yo temblé, creyendo que no conocería ya el final de la historia. Pero cuando el burgués se
Seguí la dirección contraria al viento que en feh z.
sus vibrantes ondas traía. el gemido y tras mucho
Se amaron locamente. Ninón amaba á Rogelio hubo alejado, sonando su pesada cadena de oro
buscar. dí con un montón de nieve que envolvía co:1 el abandono y todas las timideces de los sobre la redondez de su enorme vientre intea-paren temen te alguna escultura. Escuché el sus- . primeros amores; le amaba con toda su alma na- rrogué al Cupido :
'
piro con mayor vehemencia, me acerqué más y da más:. así se ama por vez primera.
-¿ Y mientras tanto, qué sucedió á la pobre
más al níveo bloque y no dudé ya: de él partía la
Rogebo amaba á Ninón ... ¿cómo la amaba? Kinón en su tumba?
queja maravillosa que tan inoportunamente había Ah ! n? p0dré decírtelo : pero sus manos que en
-¡ Tenía frío !
roto el silencio vespertino del parque umbrío.
a9.uel entonces esculpían mis formas, tremaban
JUAN S.A.NCHBZ AZCON.A.
Empezaron mis manos á desgajar la nieve endu- sm cesar y alguna vez-¡ mira qué pícaro !-derecida, y poco á poco fué surgiendo la marmórea
escultura del Dios .A.lado, con su carcaj al hombro,
con su arco al cinto, con sus alitas frágiles y desplegadas.
o
Debieron mis ojos prenderse en ella con manifiesta estupefacción, porque, interrumpiendo
el gemido, surgió de la impasibilidad del mármol
una voz uniforme y pausada, y dijo :
.
-Se admira un hombre de que el mármol gima,
cuando la nieve lo profana? Sepan los hombr~s,
que cuando la piedra es símbolo, la piedra llora . ..
JUVENTUD DE MUS SI T

Año VI - Torno ll

México, Domingo 24 de Diciembre de 1899.

°"0-)0(°"0-

II
Y prosiguió de esta suerte el marmóreo Cupido
del bosque umbrío:
·
-Tu piedad es rara; es rara la piedad que liberta á los mármoles de los abrazamientos de la nieve.
Voy á premiarla . . .. ¿ Qué buscas en este parque
solitario en tarde de deshielo? Es evidente que no
Yienes á mover tus piernas ankylosadas nor el reuma ni á emancipar tu vientre de una indigestión
laboriosa, puesto que en tu testa no miro uno solo
de esos hilillos de plata que consigo traen semejantes sinsabores. Támpoco acudes á una cita de amor_,
porque los besos y los madrigales se entumecerían
en el frescor de este fin de invierno y en estos tiempos sólo se ama al calor de la chimenea. Ni higiénico ni erótico es tu paseo: luego eres poeta y vienes
á soñar tontamente, como todos los poetas.
-Pero,-dije entonces á la parlera estatuilla¿ no puede traerme aquí alguna otra causa ? ¿ Es
acaso preciso ser un enfermo á un amante ó un poeta para reco"!rer un parque?
El Cupido no contestó de pronto; su frente de
piedra pareció contraerse un momento, como por
una abstracción ó por una ofensa, y en la tersura
del mármol señalóse un reborde impoluto y opaco,
cual rastro de un cincel incipiente. Y con voz severa, con severa voz que luego fué dulcificándose
paulatinamente basta recobrar su extraña y rítmica monotonía, habló el Cupido en el silencio de la
tardemoribuncla,mientras algunos pájaros errantes
quejumbrosos y friolentos, entonaban vagamente,
allá en las alturas de la arboleda desnuda y albinegra, quién sabe qué plegarias vespertinas. Y dijo :
-Te quise llamar poeta, por no llamarte desocupado. Hoy sólo estos visitan los p~rques en_ tiempos de nieve, porque ya las generac10nes modernas

1

l\Iimi Pinson, la griseta
seductora,
arrulla, dulce y coqueta,
con su risa trina.dora
la juventud del poeta.
.Tunto !í su amada, el cantor
da al olvido
toda amargura y dolor,
al pie del rosal florido
donde mora un ruiseuor.
Y ella, con vivos fulgores
en los ojos,
al vate de sus amores
ofrece sus labios rojos
y una corona de flores.
Y á la luz de astros radiantes
y entre notas argentinas
tlel a,e, estallan triunfantes
las rotas frases divinas
Y el beso de los amantes.

------~-

---= - -

~

II

tarde resph1mleeiente
y aromada,
reclina el genio la frente
sobre el cabello esplendente
de su gentil adorttda;
cuando, envuelto en áurea bruma,
cruza el cielo
cisne blanco cual la espuma.
que, herido, pierde en su vuelo,
una ensangrentada pluma.
Con rápida sacudida
se alza el vate,
y ase, el alma conmovida,
la pluma en sangre teuida
cual lanza tras del combate.
Y arranca. de ella el tesoro
ele sus más tristes canciones,
bajo cuyas alas de oro
i,e anegan en dulce lloro
los dolientes corazones.
Agosto 97.
MANUEL REINA.
En

VIRGEN PALIDA
..,:::&gt;-)0(°"0Pfllida como una lila,
nevada gardenia en flor,
la neurótica vacila
entre el claustro y el amor.
Y cuando reza, medita,
6 los pétalos arranca

de nevada margarita,
por lo bella, por lo blanca,
La colocarfa yo:
en un verso 4e Verlaine,
en un lienzo de Watteau,
6 en un m!írmol de Rodin.
RUFINO BLANCO FAMBONA.

FLORES DE INVIERNO,

Ouadro de M. Simonidy,

Número 26

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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EL MUNDO

Otra vez suenan lo timbales.
El hada de la Luna se convierte en luna llena
con un disco diamantino en la frente. Al mismo
tiempo la media luna del cielo ilumina todo su
hemisferio. Se eleva un andante. Es el estío y la
noche está clara. Se oye una danza sensu9l y
lánguida: es la madurez de la luna, la luna mujer. Pierrot quiere estrecharla entre sus brazos,
pero como está ella helada, lo hiela. ¡Birl
Sa~nan de nuevo los timbales.
El hada de la Luna se transforma, ya no lleva
en la frente sino un cuernecillo pálido y los cabellos se tornan grises. La luna del cielo se opaca, se opaca hasta no quedar sino un peque:fl.o arco luminoso. La noche se ensomorece. Suspira
un adagio. Espira. la danza del bada; es el oto:110 de la luna y el oto:fl.o de la m·u jer. Pierrot se
siente triste y desengaftado como ella, cuy a melancolía rechaza al amante.

Se oye el redoble de los timbales.
La luna desaparece. La noehe es obscura, Es
el invierno; nieva. La diadema desaparece de la
frente del hada que se aleja entre las sombras,
mecida por el lamento de un scherzo. Por fin
Pierrot la pierde de vista.

VI
Asoma-el alba triste y fria.
Pierrot se frota los ojos. ¡,So:fl.6? Se siente fa.
tigado. El frío de la maftana lacera su cuerpo y
lo asaltan mil reflexiones burguesas. Si estuviera en &amp;U ca1,a al lado de Colombina no sentiría
frío, comería. bien y bebería mejor. ¡Y los goces
del amor! . ... ¿Para qué exponerse tanto? Siente que ya no ama á. la luna. Llueve, el viento lo
molesta; ¿y Colombina? ¿A dónde habrá. ido?
¿Con Arlequín, con el capitán ó el banquero? ¿Se

OFRENDA.

Un perfume sutil de primaveras
.Me mostró como un ramo de jazmines
Tu seno, y en tus mieles y satines
El enjambre guardé de mis quimeras.
Quiero bajo el frescor de adormideras
De tus ojos, mirar nuevos confines,
Y distraer mi luto en los jardines
Azules de tus lánguidas ojeras.
Y en cambio de tus llses opulentos,
En cambio de los místicos ungüentos
Que hay en tu cabellera luminosa,
.Mi juventu1, que exhalará en las gradas
De tu altar, á la luz de tus miradas
Su perfume como una tuberosa.
. EFREN REBuLLEDO,

-------..•-------FUGACES.

Si eres p.iloma, yo tengo un nido
sobre mi pecho, blando y mullido,
para que arrulles, mi dulce bien:
será ese el nido de tus amores
donde te besen brisas y flores
de un armonioso, fálgido edén.
LOS BESOS.

Dame tus manos puras: una gema
Pondrá en cada falange transparente
Mi labio tembloroso, y en tu frente
Cincelará una ftílgida diadema.
Tus ojos soíiadores donde trema
La Ilusión, besaré amorosamente,
Y con tu boca rimará mi ardiente
Boca un anacreótico poema.
Y en tu cuello velado por las gasas
Del corpiño, pondré un collar de brasas,
Que tus bombros pulidos y morenos
Queme, y cuando en tu alcoba lo desates,
Ruede como una lluvia de granates
.Martirizando el lino de tus senos.
EFREN REBOLLEDO,

Si eres ensueíio, tengo una mente
bañada en rayos del sol ardiente
que hiere el prlsm!I. de Jo ideal:
allf viviendo feliz y hermosa
entre ilusiones eolor de rosa,
serás la reina, la sin rival.
Si eres aurora, tengo en el alma
límpido cielo que en grata calma
luce esplendente su regio azul:
cuando tú llegues á ese palacio,
tendrás alfombras de oro y topacio
y albos cendales de leve tul .. . .. .
Mas si al fin eres mujer altiva
que cruza el mundo provocativa
cual bella sombra de una visión,
para ti tengo luz en la mente,
nido en el pecbo, cielo esplendente
dentro del alma, y un corazón.
RANULFO PENAOOS.

Domtnge 3 de Diciembre de 1899.
ha~rá matadc,? _Sí, probablemente; todo ha con.
clmdo y ya no ,e queda más salida que collt'arse
de un árbol. Coge el chal de Colombina , haee u
nudo c?rredizo y busca con la vista una r ama :
propósito.
Entonces el Amor extiende el brazo y en clásico verso r~procha á Pie~rot su inconstancia. El
Amor es quien ha convertido á Colombina en el
h~da de la Luna, á fin de curar de su pasión A
Pierrot.
Si éste promete ser cuerdo, se la devolverá.
. -¡A.mala siempre! dice el Amor en tono imperioso.
Juramentos apasionados de Pierrot, el Amor
bendice á la pareja.
Fuegos de bengala.

p AUL

-.A.ilo VI -Tomo II

México, Domingo

10

de Diciembre de 1899.

MARGUERITTE.

E@.PEJISMO
Los dueloq de mi vida
son nubes que se alejan.
Hoy al tender la aurora
su rosado cendal sobre la niebla,
.;alí á llorar en mi ruinoso huerto
la inclemente orfandad de mis tristezas;
todo hallábase en pie, todo cambiado,
y en su dfa nupcial la primavera
ceñía una corona
de orquídeas y violetas.
El friso de las lilas festoneaba
el calado ojival de la glorieta,
la fimbria del rocío
temblaba en las libélulas,
colgaban en los olmos
sus balaustres de plata las falenas,
y en el raso del musgo los helechos
dei,ple¡mban sus túnicas de seda.
Vestí mi plectro entonces
con pasionarias y con rosas nuevas;
tomé la pauta de mis viejos bimnos,
dejé mi luto y me sentí poeta.
Los duelos de mi vida
son nubes que se alejan.
Mis dichas resurgieron;
volví á cantar la reja
velada entre jazmines,
nelumbos y camelias;
torné á evocar la imagen
sobre el marfil de cuya sien la estrella
temblara como nívea mariposa
sobre el diáfano tul de una caléndula;
soíié con un esquife fulgurante,
con un lago de .i.zúcnbares y anémonas,
y entreví la eminencia de una costa
s0bre el pórfido azul de cuyas peñiis
destacara el castillo de la dicha
la corona triunfal de sus almenas.
Todo alzaba otra vez en su lenguaje
la canción fes ti val de las promesas;
mis suelíos ·renacían,
tornaban mis quimeras.
Los duelos de mi vida
son nubes que se alejan.
PEDRO J. NAÓN,

1

0L ftzeoid ente· del ?5zanovaaL y ou eopooa.
•

Número 24

�EL MUNDO,

344

Dirflctor. LIC. RAFAEL REYES SPIJDOLA.

---------------------------------------

J.':i;tos horizonte~ de Diciembre, con sus blancas
y pctID.d11s cortinas ele brumas, sus montañas obscur:1s erizadas de ramazones secl\.S y l:iU luz triste
y soñolienta, provocan en los espíritus contemplativos una (le eeas melancolías mansas y suaves que
nús llernrn &lt;le la dulce resignación de ,·ivir.
Los grise8 pai~1:ijes ele invierno tienen en las
campiñ11~ americanas una belleza exótica. "Gn camino, tomo un cinto de tierra hlllnecla y negra,
tnt re do~ fila.:; ele árboles desnudos, un llano de
ycrbaje marchito, sobre cuya alfombra de verde
muerto. va silenciosa y pausadamente la vacada,
un pe&lt;lazo de jardín silvestre regado de pétalos
amarillentos y podridos, una lejanía envuelta en
, aho tenebrO!so, picado aquí y allá, por ]a cruz de
un ('ampanario. ó la boca ci'líndrica de una chimenea. ó el espinazo rojo de un tejado, despiertan en
nosotr:os una vaga y fantástica idea de In vida,
semejante á la emoción que experimentamos reconlanclo "Olla vieja leyenda clel N'orte, dormida
hat(.; mnt:ho tiempo en el fondo de la memoria.
He a&lt;¡uí el encanto que en este n1es nos ofrece
]a tierra que no tardará en deshacerce .en flores
En verdad que el invierno en :México no es otni cosn que una coquetería de ]a Primavera, que gusta
v,~siirse con tocas de luto y telas de matices opacos y atasiarse con gasas de niebla virgeu, ó peE:arlos mantos de brumas. Mas á través de este
trilje severo, cómo se adivina á la munduna pom!-'OSa y elegante, y cómo sonríe la pícara y traviesa
muchacha por entre el velo de largos y rígidos plieg,.1es. Estos campos solos, límitados por la franja
de acero de una agua. inmóvil, estos campos sin
fi~uras humanas, estos campos que se extienden
colllO desperezándose de fastidio hasta las remotas
se:aanías, son efímeros telones que de un momento á otro se transformarán, como en una comedia
de magia. en parques luminosos, en floridas colgt·ii urm:., en guirnaldas de pájaros, en aire azul,
rn11eical y deslumbrador.

qunm. ningunas tienen el delicioso encanto que
los que nos trae el buen Diciembre.
El Carnaval es una prolongación de las saturrnlies; es una costumbre romana que se ha filtrado
al través de los siglos y ha invaclido las sociedad&lt;~a modernas. Los señores se confunden con los
sirrvos, y el vicio, que se oculta dentro del abigarrado traje ele chillantes tono5-, nutoriZ'ado por la
c:ivHizaeión, arroja su carcajada orgiástira en la
yfa pública, )', beodo cínico, abraza con üupúdico
deseo el talle r ecio de las bacante;, y besa los
,lesflorados labios de las hetaira,.
El C'arnarnl abre la puerta de la orl(ÍU á las pa:,j1,nes romprimiclaF-. orna con rosa.R frep,cas las
Jrt!ntes jm-eniles, pone ósculos lúbricos en las hol'&lt;lS, toques ele luz quemante en las pupile:3 y vino
11r1l icntf' en los ,·asos.
El Carnaval se adorna C'On ca¡.;cabcles. ríe y se
(•rn briaga en las obscttras barraras de los barrios.
rnnta copla.-, obscenas, como los fialti!Tibancos.
La virtud frunce el ceño, v v,1 cerrando, con
,·ue•~tas de lJa\'e, las puertas eie los hogares honrntlo3.
La Semana Santa no es una fiesta. El Cristiani~mo ha puesto en e~a época el sello de in.finita
tristeza &lt;le sus ceremonias: apenas si el último día
descorre el negro velo ele los altares, arroja. puña~los de amapolas en el pórtico ele ]as iglesias y
ileja flotar las nuhes de incienso en el ambiente
violeta de 111. prima\"era.
Rn Semana Santa los niños juegan y los espírit m: contemplativos meditan. El cielo sonríe.
l:if: flores inundan los campos, e1 aire se perfuma
al pasar por ]os bosques; pero en ht ciudad las
ni 111as piadosas rezan, las músicas tocan marchas
júnebrcs, y la curiosidad vacía los hogares y llena
los templos.
La Semana Santa es triste v es la fiesta de la
primavera; y-oh contraste___:la noche Buena es
,,legre y es la fiesta clel Invierno.
Porque la Noche Buena es la fiesta del hogar,
la íutima, la ele las ternuras, la de las expansiones, la de los recuerdos.
¡ Oh, mes de las noches azulea. mes de las noches claras, mes ele la ~oche Buena, bien ve-

&lt;:;&gt; ,/1-'v-

;. Y ele qué podemos quejarnos? ~ os dan mañaRin aurora, mañanas morenas, que no vienen
vc~ridas ele blanco como van las niñas á la primera c·omunión, sino, por el contrario, cubiertas en
rardos mantones, como las devotas á la misa del
nlbu; nos dan tardes frías, lúgubres, con el sol
clorótico que cae sin majestad y sin fausto en la
cenicienta hornaza del Poniente; pero en cambio,
q•1é noches divinas, inmaculadas, puras, empapaclos de claridades 1nisteriosas, tejidas con argentinas transparencias, ele cielo tan profundo que no
parece sino que, ascendiendo, se aleja á cada instante de nosotros, de horizontes tan cristalinos
&lt;(He en ellos los níveos y sutiles vellones de las nubes se nos figuran alas de ángeles que pasan.
.~bajo no bay rosas; se han manchado y d~stefüdo las púrpuras; no hay lirios, se ennegreció la
plata de las urnas; el viento,al pasar, cerró piado-~mente los ojos azules de las violetas 1nuertas
y ele! quebrado y torcido alfiler de oro de las
;nargaritas se desprendieron los pétalos estrujatlos y marchitos. No hay ramas, no hay hojas,
no hay ni&lt;los, no hay pájaros que canten los salmDs funerales de las flores.
.
Pero las flores, que no son más que las almas
b~1cnas que se cansaron del encierro de la carne,
;·esucitaron allá arriba en el infinito cielo fulgurante, en el inmortal y sereno jardin que habitan
lo..: ensueños y riegan de lágrimas las esperanzas.
Allí están meciendo sus corolas de luz al hálito
rnave. que sube de ]a tierra, de los castos suspiros
y cic las tranquilas oraciones. Alli están las flores
herhas a~tros, allí están las rosas transformadas
en luceros joyantes, y las margaritas vueltas temUic-rMas estrellas.
¡ Oh, noches ele Diciembre, noches puras, mmacnLalas y cliYinas !. ...
n.l:;

iJ

1

il
1

"C::&gt;- ~ ~ -

'1

¡ Oh. mes de las noches radiosas, m es de la No(;l1e Buena!
En Diciembre, la humanidad se reconcilia con
la alegría. Entre todas las fiestas con que el muno o civilizado celebra los grandes acontecimientos,

-

Domingo 10 de Dlcleml re de 1899.

Domingo 10 de Diciembre de 189~.

LA VIRTUD PERNICIOSA.

Siempre que la conducta humana no va dirigida por
la razón y por la ciencia, que los sentlmleotoo é lm
pulsos que la sugieren y la. dictan no se ven contra·
pe8ado• por la reflexión y el cálculo, la cooduc1oa .;
e-xtravía, hierra. el golpe, se desvía de su objeto
•nele eo la mayoría de los casos orillar i re•ultad~
contraproducentes.
El hombre obra Impulsado por el instinto acoose
jado por la reflexlón ó arrastrado por la p~slóa· d;
abí que haya actos lm,Untivos, actos reflHlv~ 1
actos pasionales.
Deet:itos tres motores de nuestra acción, el primero
fS clE'g11 y rectilíneo, el último impetu06o y turbulento; sólo el segundo es ponderado, proporcluuado al re•
soltado que se busca, adecuado a.l fin que se quierealcanzar. Si el hombre quiere obrar ret t twente, hi
aspira. á que sus obras alcancen la posible perrec~lóo
s1 anhela el éxito y la realización de sus prupóstWO:
no d~be dejarse guiar ni por sus solos im"tlotos ot
por sus solas pastones. y ya que no sea dable ni desea.
ble despojarse completamente nt de los unOR ni de
los 1..,t,.ni,:;, debe ponerse á ambos el vigoroso y rieldo
freno de la razón y de ta reflexión. Sometido á. la accióu del solo tnbtiuto, el ho:nbre es un animal y, ve,.
ces una simple mltqulna, bajo la presión de las solu.
pasiones es un vc, Jcáo en erupción; sólo por lll acción
per;lstente de la tria razón , es propia y verdaderamente un hombre.
1nstintos y pasiones se fundan y amalgaman para.
constituir los vicios como también las virtudts hu~
manas; lnsLinto y pasión son la avar icia, la lujuria,
la gula; instintos y pasiones son el patriotismo1 la.
fllantrop1a , la caridad.
Ante esta asimilación del vicio y la virtud, con los
Instintos y las pasiones: sorprende en extremo que
siendo común su origen y común su naturaleza, todo
el mundo esté de acuerdo en aconsejar se moderen
los viclo3 y s~ atenúen bajo la influencia de la ,olun.
tad, que no es atoo la. reflexión y la razón en acthldaJ, y que nJ se aconseje lo mismo respecto de lu.
virtudes, que también su&lt;?len necesitar gobierno y di•
rección, y cuyos extremos necesitan también freno
porque suelen ser perniciosas.
Ante la celosa ceguedad de Otello todo el mundo
cl•wa y protesta; oe admira estéticamente el tipo,
pero el hombre resulta odioso y repugnante. Pua:iamos horas enteras en aconsejar al moro brutal
un poco de sangre fria y de sentido co múo bastantes
nido!
á restltu!r la rectitud á su conducta y la calma Asu
&lt;:;&gt; $ &lt;::&gt;
corazón. Si llegáramos á encontrarnos cara á eara coa
Al rededor de la !)lesa llena de viandas se en- Ilarpae-,m le reprocharlamos su parsimonia, le harla-labian las cónversaciones familiares, los cliálogos mos reflexionar en que la. prudencia, es decir, la ra~
zón, aconseja la economía, pero repudia la av1rtcl1;
que, vierten, corren de boca en boca las pa- que la pasión de poseer y el instinto de acumolu,
labras que acarician, las sonrisas que besan.
necesitan moderación y freno, y que el tuen sentido
Dentro de los hogares los cuerpos se juntan basta á establecer el justo medio entre atesorar ala
y las almas se confunden.
tasa y despilfarrar sin medida.
cPiensa en lo ue haces, reflexiona en lo que InAfuera silba el viento, parpadean los mech eros
solirt:: las desiertas aceras, lrny soledad, silencio tentas, calcula á o que te expones, medita en el mal
que á veces interumpen ]os ecos ele músicas 1eja- que puedes ca.usarte y causará los demás1»son fra&amp;el
1
!1as, ~• el tronar de los cohet es que rayan con que todos tenemos en los labios en rreseocla de 08
vicios, de las malas pasiones y de los ciegos arreba¡,arábolas ele oro el esmalte bruñido ele los cie- tos agenos y no se nos ocurre decir lo mismo y aco•
!os y derraman en la transparencia clel aire una sejar lo mismo cuando se trata de las pastones nobles
Rora de colori&lt;los fulgores. _\ fuera hay frío y y generosas. ¿E~, aca.80, porque éstas, intrfosecameo•
t&lt;l buenas no daflan, no perjudican jamás cualesqule•
tristeza. .
.
_!\.dentro están }os ambientes tibios, ]03 reflejos raque sean su grado y su exageración? Tal eftrma!?-C'renos, los rejocijos castos y las almas tranquilas. ción es insostenible ante la experiencia diaria; uo
Adentro se hacen confidencias tiernas, se cantan hay virtud, por excelsa que se la suponga, que lle,..
,;}l~ncicos, se sueñan cosas blancas. Y á un gol- da á cierto grado de exaltación no resulte perolclroa
pe de ala de ]a esperanza se pienc;;a en el porvenir y contraproducente, que no pueda sembrar la desola,
y la ruina eo la sociedad.
azul, tachonado de estrellas é infu:úto como el clóo
La caridad irreflexiva, ardiente y ciega, crea y•
firmamento del mes último del afio.
tlmula la vagancia, la pereza y el vicio y trae A1..
1Fiestas de Diciembre! Bajo las arcadas de h eno
pueblos á la decadencia; el amor locondlclooal y slo
que despiden aromas de penetrante frescura, ba- Hmites de los padrea á los bijos, conduce á coosentlr•
jo las caprichosas arquitecturas ele ]os farolillos los, á tolerar sus !altas y con ello á pervertirlos y eJ•
venecianos, ll8y viejos risueños que e,·ocan su travlarlos; la abnegación absoluta y la sumisión 11D
pasado, r ostros infantiles radiantes ele angélica protestas de la esposa al esposo, esti mula Aést.e, la
lnfidel\dád y al olvido de sus deberes conyugaleo; el
tr'rnura y jóvenes enamorados que cuchichean.
patriotismo rectilíneo, Intolerante, Irreductible Y
Lns músicas suenan á serPnatas ele mandolinas
extremado, conduce á los pueblos á descuidar su~
las c uerdas h eridas vibr,m con una. dulzura ex~ grf'S01 la. enmienda de sus vJcios, el mejoral_Dlento de
tr;1ña 1 como de cristal que se J"Omne.
SllS condiciones matertaleE-¡ la. generosidad s:n Hmltel
Y cuando el alba prenclC sus florones de nácar crea el parasitismo y fomenta la a.byeción cor1$D 1•
No acabaríamos de senalar los estragos que en 11
en ln cre.;ta de las montaña.: cae ~obre los párpados un sueño hermoso en el que van ú. reposar sociedad y en el corazón de los demás hombrea pueden cau(\_Br las ,•1rtudes excesivas si la ratóa ao gula
ntwf5tras ilusiones.
¡ Oh, noches ile Diciembre. nM•h""' ,,l ,.. los cie- su Pjerciclo, si la n flt&gt;xlón no las orienta y eafreBI
sus excesos. De ahí un resultado para.dojal en •~
los profun&lt;los y de las fiestas apacibles! ...
rler.cla: que puede bHber hombres ad mirables pouu

1

-S:::,. $ 'v-

El Xacioual cerró s 11 1:; puertas: ha quedado varía la jaula. Aún suenan en nue¡;:tro,· oídos los
últimos gorjeos de estas aves de Italia que de
c nando en cuando hacen su n ido en nuestro
vetusto teatro como en una. vieja techumbre.
Los "dillettanti" están tristes. Que esperen un
poco. Para consolarlos viene surcando el mar
~fnría Guerero.

coadar

virtud y excecrable• les por resultadJS de su
ta. Tal Torquemada que en su exaltación por la e
asoló la cristiandad; tal Robespierre cuyo excelso.,,..
triotlsmo y acendrado amor á la llbe1ta 1 y á loa prtoclplos de justicia le hicieron crear el i,,-,w Y cooslituir la gu11lottna permanente.
Tan es así, que la sabiduría de las Ncu-'if/Nt3 eoclerf'I
al lado del veneno el contraveneno, y que a.l tleat
máximas como: chaz bien y no veas á quléo,&gt; P~
na.otras, temperantes y mitigadoras, como
rldad bien entendida empieza por sí mismv. &gt;

,ta_.

345

=

EL MUNDO.

EstJa consideración determinó nuestra actitud espectante. No debe uuodesmentiruna cosa sino cuando está seguro de su tal•edad. Suponed que hubléra.
mos .desmentldo formalmente la noticia del fin del
mundo. En rigor podf'?.mos bacerlo· luli Informes re•
cogidfls por los 1cporteri-, las car~ ae provincia y
los cablegramas del ex .. nrnjero nos proporcionaban
d!l'tos para afirmar que la cat.ástrore era improbable;
sm embar~c1 , lo ia,p~ob11ble no es Imposible y si el
mundo se hut&gt;ind acabado á pesar de nuestras aseveraciones en contrario ¿cu,U babría sido nuestra. situación ante los lectoru al día siguiente? E-1 cierto que
aun en ese caso nu babríamos quedado tan ma.l ante
el público, pues nuestras medidas estaban tomadas de
antemano á tia de dar una información completa y
rápida del acontecimiento.
Será paraotraocaslón. Parece que el senor de Falb.
el astrónomo vienés que lanzó la noticia, se engafló
de medio á medio.
Ya tendrá ocasión de vindicarse. Anunció que la.
tle1ra chocaría. con ua cometa.: como se ve, la noticia
tenía cola .• \ caso el ctioque se verificó sin que nt la
tierra ni el cometa pararan mtentes; pudieron estar
distraídos, preocupados. A todos les sucede eso. La
tierra más qu e na,lle, tler.e mot.lvos para andar un
poco ensimismada; no hay existeacia máR ngitada
que la suya. ¿ Qué mucho. que no viera al cometa?

•
••
Quedamos en que el señor de Falb se eaganó; á
menos
que su error haya sido voluntario. Quién sabe
Miulstro Plenlpote=c hulo de J{élglca.
si ese caballero es un filántropo y nos quiso dar algunas sema.oas de ilusión y bact!rnus palpar lo efímero
L'\ virtud exaltada, ciega, extátlca é Irreflexiva, es de ciertas pasiones y de dertas vanidades. Es ev)denvirtud dé poeLas y de ar~1stas 1 ao es virtud de hom- te que la Idea del próximo fin del muodo es benéfica.
bres práctico~, ni de pensadores strlos, ni de ttlóso- Al principio se resiste uno, pero &lt;lespués de reflexiofos profu udOb¡ es peculiar de olilns románticas y bo- na, todo se acepta, porque al Hn·y al cabo, la catás,
0adorus, FiUele ser arma que se ef.grlme para preten- trote colectiva es menos dura que la muerte individer ofender sin conseguirlo, eM peculiar de patrwtems dual que se nos espera tardeó temprano. Lo ml\s pey no de patriotas, de txaltados y no de howbres cir- noso es la idea de la separación, la perocupacióo por
cunspectos.
los que sr. quedan cuando nos morimos; pero si todos
Se puede ser modeto de vtrtudeR y ei-tfmu 1o de vl- emprenrferuos Rlrnultáne'imente el viaje, la cosa camcl0t.; practicar la caridad y loment,1r la pertza; sen- bia de ª"pecto, y el tal viaje s~ bace excursión de
tirite inundado de patriotismo y dañará su pafs; s~r recreo. Los lamentos, el dulor, el luto son palabras
fanático :r ser por eso mismo 1 perseguidor; tilántro• sin s~otido.
po y dtti"io~o, con 13. s,1}R, condición de que esoFi St:DtiPensad todo el blt&gt;n que ha.riamos si realmente tumlentos sean exalta.dos, esas virtud es extremaR, esas vléramrns la segurlriad del tin próximo del mundo.
pa•dtJDes ciegas.
Eo primer lugar no nos preocuparfa tanto el qué diUn hombre mel.'!tana.mente experimentado, que rán, desa.parecerfanconvenctonaltsmos; ya. Renan nos
haya vivido un poco, estudiado algo y esté dotado ha mostrario en su Abelte de Jouarre los f:::liceb efec•
tan sólo de buen sentido tiene un modo seguro da tos de esa libertad de la conclencla.-Todos se ponprever si un hombre llegari\ ó no á ser pernicioso y drán en paz con eUa y verlamos tal vez tanto á los
dantoo. P,ra ello le basta inquirir si los vicios ó las pueblos como á los individuos acatar, sloulera por
'Ylrtudes del Individuo en cuestión son extremadas ó algunos dfai,:, los grandes principios de la. solidaridad
enjeradas.
y dt? la fraternidad qu~ todos predican y nadie obeEn siéndolo, no cabe ya duda, aquel ser podrá ser deCE". Apuesto á. que si d~ ven1s se anuncia el fin
y será dailoso, y, modelo de virtudes, puede, sin con- del mundo para quince dlas de la fecha, los ingleses
cietcla. y casi sin responsabilidad, causar graves reconocerían sin vacilar la Independencia de los bóem\lea.
ros. Mucbas cuestiones sociales se resolverían por sí
solas y la polltlca aparecerfa bajo otro aspecto.
En efecto h oy se presenta cómo cuestión muy grave la resistencia del gabinete á las primeras batallas
parlamentarlHi- y sus prnbahillda.des de vida. hasta la
época de apertura de la E'&lt;posición. Ciertamente,
más quJsiera prolong-t.r su vida hasta el fin del mundo. ¡ Esa si sería una bermoi.a caída ministerial!
En matn:a de pacitlcaclón y concordia no podía
tampoco inventarse nada mejor: es imposible sonar
,1n.1. amnistía más completa.
¡ Y cuántos que no pueden llegar al término de sus
aspiraciones, las colmarían si el mundo estuviese en
víi-p~ras de rend'r la c~rgal La Academia, por ejemplo, tiene dos vicantesy seria llegado el caso, ó nunVida nueva y nuevos propósitos.
ca lo será, de que lo(\ candidatos que se presentan cada vez que hay elección y qne nuoca son elegidos, lo
El anuncio del próximo ti n del mundo coiacldió en
fueran en esta coyuntura. Ilay y,entes que se contenEuropa con un fenómeno de los más curiosos é in- tarían
con ser inmortales siquiera por una quincena.
quietantes : cuatro parlamentos, el francés, el alemán1 el 1tallano y el belga, abrieron sus sesiones á la
vez. Probablemense eso era lo que hacía creer en el
•
tln del mundo. En efecto, siempre se ba dlcbo qui) el
••
fin del mundo sería. anunciado por signos alarmanNo hablo de Jos procesos en vb de Instrucción, los
tes, por perturbaciones precurspras y la reuni ón de
cuales se juzgarfan de un modo más co1dlal. En vístaatos parlamenws realiza plenamente la prorecfa.
Sin embargo, la alarma era infundada: el muado peras de una. catástrufo no tendría importancia que
no termina aún y la. noticia que iba tomando cierta :M. Deroulede se propusiese ó no alterar el orden de
consistencia no será para la mayorfa de ouestrOi co- cosas establecido. Habta Jas cuestiones de Imperio,
legu sino un tema de disertación á la francesa. Ea RepúbilM ó Realeza perderlan su Importancia. Todos tr ansigirfa.n lo bastaate para reconciliar los á.ot.l!'raocla todo se res u el ve en cróoicafZ.
Nosotros, por nuestra. parte, nos hemos propu':!:sto mos y al i,;er más corta la vida.. vlvlriamos mejor.
observar una reserva que nue~trus lectores sabrán e&amp;- Quedamos, pUPS, en que el Dr. Falb es un filántrot'O,
tlma.r en lo que vale. No le hemos dado gran crédito á menos quu sea todo lo contrario, por~ue bien pueA la nueva alarmante porque nos parecía. difícil que de ser un gran miAAntropo. Lo cierto es que nadie
un acon tecimiento de tanta monta, como es el ti.o conoce á. ese seflor Fa.lb; nunca se habfa habla.do tandel mundo se produjese sin que lo anunciasen pre- to de él hasta que anunció el fin del muodo. Bien
viamente Et Diario Ofl,,iat ó á lo menos la Agencia puede ser que al verse viejo y con la muerte encima,
ll•vas. Es Imposible que el fio del mundo nos baga quisiera que los demás slotleaen lo que él siente ante
tronar sin que el gobierno tenga aviso y sin que á su el to 1.ie or not to be. Es un consuelo para los ancianos
vez nos comualque la nueva por algún medio oficial, creer que después de su muerte vendrá el diluvio.
NI aun los más 11ustres se libran de este ettolsmo,
estando como estamos tan Interesados en el asunto.
Craemos, pues, que todas las noticias que circula- que ea iostlntlvo. Hay uo&amp; graciosa anécdota de la
ban no tenían un apoyo serio, aunque por otta par. época del sitio. Vfctor Hugo, el gran poeta algo olte todo ea posible; bien podla ,acabar el mundo á lo vidado ya y á quien hace de actualidad en eatos
meJor é inopinadamente; tantas cosas se han visto y momentos la publlcaclóo de su libro cCosas vistas.&gt;
una noche en que tenía. invitados, les dió cueata con
tantas veces se ha venido el mundo abajo!
81· Bm·ú11 ele ilfonrhP.m·,

El fin del mundo en Francia

S1·. Celedonio C. Ortiz,
Vlee-Gobernador de Sonora, en ejercicio del Poder EJceuttvo.

su solemTJldad babltual, de un medit&gt; que se le había.
ocurrido para que te!'mlnara el sitio de París.
-Es muy sencillo, lt-s dij o. Maflana., solo, sin armas, yo, Víctor Hugo, me dirigiré á las tnaR euf&gt;migas .... Me expondré al fu(\ilawienlo. Caeré, berido
d~ muerte .... y el Bit.o habrá. termlaadol
-Para vd. ! . ... le dijo tímidamente uno el~ los
oyentes. Vfctor Rugo encontró la observación irrespetuosa. y tal vez lo era; pero no por eso dejaba de
ser muy exacta..
El caso del Sr. Fdlb no es Idéntico, pero cada cual
cree lo que se le antoja y es muy posible que el fin
del mundo esté muy próximo para el abtróoumo vienés.
Por lo que hace á nosotro:i, parece que 1:,e nos prorroga el plazo. Aprovecbémosto, sin abusar y aun
procuremos ¿por qué nó? ser más justos, más tolerantes, más fraternales. Respetemos la. opinión agena, moderemos nuestros ímpetus en las polémicas,
esforcéa_wnos por ser mej ores, má" razonables y si lo
conseguimos, ese será verda.d~rawente el ti.o del
mundo!. .....

LOS PRIMEROS FERROCARRILES
No sólo las clases ignorantes 1 sino personas de notoria ilustración, fa~osos l1teratos, ti&amp;blos estadistHS
y hombres de ciencia, aceptaron eo un principio á
regailadlentes la magna. invención de la locomotora,
y unos en serio, otros en broma.1 ya. abiertamente ó
de maaera embozada, se declararon rnemlgos de las
vías terreas, suponiendo que ne prosperarían.
El célebre autor de Los tn,:; Mosqueteros, Alejandro
Dumas, hizo muy escamado ~u primer viaje en ferrocarril (~e Bruselas á Gante), y según confeslón
propia, obltgado á. ello por no eucontrar otro medio
de locomoción. Verdad es que babfan ocurrido dúS
descarrilamientos en aquella vía.
cLos caminos de hierro de S. M. Leopoldo I (die )
hacían de las suyas .... Como el establecimiento de
las locomotoras de vapor acabó con tas postas, noi
vimos obligados, á. pesa r de aquellos dos accidentts,
á tomar el ca.mico de hierro de Gunte, á. riesgo de
caer de cabeza en el tercero .... Los ferrocarriles se•
rán una maravillosa lovención para los comtslonlst1s
y las maletas, pero de seguro son la ruina de lo pintoresco y de la poesl&amp;.&gt;
El famoso doo Modesto La!uente (Fray Genmdio),
en su amenfslma obra 7'eatro social o.et siglo XIX, puso al frente de uno de sus sabrosos artículos las siguientes líneas: cPercanclllos acaecidos en los ca:nlnos de blerro en todo el pasado Julio del presente
ano (1846).&gt;
A continuación enumera los desastres !erro1larlos
de París, Bruselas, Valenciennes, Orleans, Ipswicll,
etc., etc., y 1efiere estos percances (dice) coada. má.11
para que sirvan de a.visillos saludables .... &gt; Y term!na así: «Esto no obsta para que ...sea. uaa dc:licia viajar por caminos de hierro, y más en Espana, donde
somos tan cuidadosos y precavidos.»
A dos célebres personajes franceses, Thlers y A1·ag:-1 no les entró por el Ojo derecho la nueva invención. El primero decfa en 1835: cCoovengo en que
los caminos de hierro otrec~n algunas ventujas para
el traasporte de viajeros, pe ro lhnitando el servicio
á pequeüas Haeas (sic), y eso en poblaciones de gran

�EL MUNDO.

346

A. SANTIAGO TLANGUISTENGO.
De g-ran provecho ha sido para los alumnos del Colegio Militar la expedición de este año, pues en ella
hicieron grandes aplicaciones prácticas de sus conocimientos en el arte de la guerra.
El lunes 27 del Noviembre tuvo el ~fecto el simulacro en las inmediaciones de Santiago. En el tomaron parte con los alumnos algunas tropas que los auxiliaron en sus operaciones de práctica.

Domingo 10 de Diciembre de 1899,

347

EL MUNDO.

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....

importancia, como P,uís&gt; (?) El mismo Mr. Thier&amp;
declaró en 1842, que los ferrocarriles csólo podrían
ser u tlliza.dos .. . . por las clases ricas,&gt; y no se olvidó
dd mencionar espantosas catástrofes.
Mr. Arago, á pesar de su sabiduría, hizo fiasco en
clase de profeta. Allá por el aiio de 1838 escribía
cPongáw0nos t&gt;n guardia contra las fantasías en materia de locomotoras de vapor; desconfiemos de la
imaginación, la loca de la casa, (como la llama Malebranchl·), y riámonos á todo trapo de los que creen
que los ociosos ricos podrán á primera hora de la mañana marcharse á Tolón para ver aparejar la escuadra, almorzarán en Marsella, visitarán los establecimientos termales de los Pirineos, comerán en Burdeos y antes de que expiren las veinticuatro horas
pod1 án regresar á París ;&gt;ara asistir al baile de la
ópera .... Rebajen, ret&gt;ajen de eso las nueve décimas, para el caso de que se lo lleve todo la trampa al
primer trayecto.&gt;
Algunos periódicos de la época, espallo'.es y extran,
jeros, se declararon abiertamente hostiles y refracta.
ríos al nuevo sistema do locomoción. Decían entre
otras cosas: cNo hay para qué ocuparse de esos visionarios que pretenden cubrir el país de ferrocarriles y
reemplazar las diligencias y postas por ese nuevo medio de transporte. ¿Hay algo más 1idículo, más absurdo que sostener que una locomotora nos llevará con
dob te velo::idad que una diligencia?&gt;
En la misma Io¡;laterra, cuna de las primeras locomotoras, el entonado y doctoral Times, se expresaba
en estos términos, algunos meses antes de inaug urar
se la línea férrea para viajeros ent re Stockton y Darlington (27 de Septiembre de 1825):
·
e Es evidente que la mayor parte de los proyectos
relativos á la creación de compailías que se proponen explotar esas nuevas vías de comunicación que se
llaman caminos de hierro, han sido ideados por gentes que desconocen por completo Jo que es un fei:rocarrll. Nada menos pretenden que alcanzar por medio de locomotoras una velocidad de 16, 24 . ... y aun
32 klómetros por hora, y sabido es que la mayor velocidad que &amp;e ha logrado hasta ahora. en las vías mineras es de 9 kilómetros.
e La perfección á que aspiran en la época futura es,
pues, más que problemática. Además, las locomoto.
ras act'lales tienen un peso enorme: las qne hacen
servicio e'l la mina de Killingworth, pesan ocho to neladas, y un peso tal lanzado á la velocidad de que
se habla destrozaría los carriles y la máquina y los
coches descarrilarían .... ¿y qué esfuerzos no serían
precisos para volverá ponerlos en su lugar?&gt;
L1 impresión del Times queda sobradamente disculpada si se recuerda que los primeros ensayos ferroviarios (como todo lo que empieza) estaban erizados de dlfümltades, y había que luchar con infinidad
de inconvenientes que poco á poco han ido desapa,
reciendo.
Se inventaron los mis absurdas sistemas .... Creyendo que las ruedas resbalarían por falta de cohesión sobre la superficie del ~arril, propásose que éste
y aquellas estuviesen provistos de asperezas 6 ranuras transversales; otros in ventores, creyeron resol ver
el problema fabricando ruedas dentadas que encajasen en ios rails, es decir, un ferrocarril de cremayera
para :erren os llanos ..... .
Bien justificado está que la primera locomotora
útil, construida por Stephenson, y que andaba sus
trein t a kllómetros por hora, la locomotora Rock.et
(cohete) se conserve como una reliquia en el Museo de
Kensington!

La eXI1ellición de los alumnos del Colegio Militar

Domingo 10 de Diciembre de 1891!

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BOUGUEE.EAU.-La Vfrgen de los Angeles.

La fortificación se construyó bajo la dirección del Teniente Alfredo Gutiérrez, con el concurso de 1011
principales alumnos que habían cursado la clase de fortificación pasajera. Aquella se hallaba en una elevada colina, cruzada por dos caminos difíciles.
Antes del simulacro, el General
Vlllegas dispuso que los alumnos
de artillería hiciesen con los caiiones :ie batal;a, Bange, y con los de
montaiia, Mondragón, el tiro directo é indi~ecto, á una distancia de
4,000 metros, observándose con gusto el resultado dado por los caiiones
mexicanos del Coronel Mondragón.
Estos ejercicios comenzaron á las
nueve y media y terminaron á las
once, teniendo los alumnos la di• rección
dP.l Capitán Rafael Eguia
Lis.
Los tiros más notables que se hicieron fueron los
primeros de tiro directo, con caiiones de batalla.

** *

El simulacro comenzó á las once y veinte minutos·.
El Colegio comenzó á moverse, destacando su línea
de exploradores, seguida de la cadena de tiradores,
sostén y reserva, llevando dos piezas de artillería. Salieron los alumnos de la Hacienda de Ateneo.
La columna de Zapadores había tomado el pueblo
de Almoloya, de donde salió dividiéndose en dos columnas, sostenidas éstas por fuerzas de caballería.

Santiago y Calpulhuac habían sido tomados por
otras fuerzas de caballería las cuales se msvieron para dirigirse al punto objetivo.
Generalizado el ataque, hubo un momento en que
los alumnos ganaron con rapidez la altura-de la colina, en combinación con los Zapadores, hacién.:ose un
fuego nutridísimo.
Este asalto dló por resultado la ocupación de la
fortificación, la cual estaba protegida p,ir dos piezas
de montaiia.
Tomada la posición, las bandas tocaron diana.
La multitud que seguía con interés to:las las peripecias del asalto, prorrumpió en nutridos aplausos Y
en vivas al señor Presidente de la Eepública y al seffor General Villegas.

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La construcción de los puentes fué muy notable.
el de balsas, lo dirigió el cabo de alumnos, Gustavo
Acosta, ejecutando la obra en ocho horas. Este puen•
te se colocó sobre el río de Almoloya.
El Teniente de Ingenieros, Rodrigo García, se hizo acreedor á felicitaciones, por el puente colgante
que dirigió, el primero de este género que han tenido tropas mexicanas.
Se aprovechó una barranca de quince á diez y sie:
te metros de profundidad, y de poco menos de 3o
metros de anchura.
Pasaron sobre él todas las tropas y los alumnos, Y
al llegar una de las piezas de batalla Bange_ al ceo·
tro del puente, se corrió uno de los cables y aqu~l
pareció ceder en resistencia, pero no fué así en realidad, pues el pesado caffón siguió hasta salir sin no•
vedad.

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�Domingo 10 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO.

348

Domingo 10 de Diciembre de 1699

349

EL MUNDO.

El Señor 'Ministro de Bélgica.
El Selior Barón de Moncheur nació en Bru •
selas. Es miembro de una antigua familia
originaria de la parte francesa de Flande&amp;.
Empezó su carrera diplomá.ticacomoag regado á la Legación de Bélgica en La Haya,
el afio de 1883.
Pasó luego á la Legación de Madrid en
calidad de secr~tario y con el mismo rango
diplomático estuvo después en Viena, B~rlín y Lisboa.
El año de 1892 se le nombró consejero de
la Legación de Bélgica en Roma. Después de
haber desempeliado las funciones de en?a.rgado de Negocios en Luxemburgo rec1b1ó
en 1897 el nombramiento de Ministro resl•
dente en México y hace algunas semanas le
llegaron las cartas que lo acreditan como
Ministro Plenipotenciario en nuestro país en
donde se ha hecho acreedor al respeto y á las
simpat,ias del público por el acierto con q_ue
desempelia sus funciones así como.Por la rn•
teligente atención con que estudia los problemas económicos que más nos interesan Y á
los cuales ha consagrado un folleto notable.

EL V ICE-GOBERN ADOR DE SONOR A·
Publicamos en otro lugar el retrato del Sr. Don CeJedonio C. Ortiz, vice-Gobernador del Estado de Sonora, encargado por ministerio de ~a ley del ejercicio
del Poder Ejecutivo de aquella entidad.
También publicamos un grabado que representa el
acto de la inauguración de las tranvías de Hermo•
sillo.

(.,lub de Ciclistas de la Isla d el Oa1·men.

OAXAOA. -Manifestación en honor del S1·. Geieral Dlaz -F1rente al Teatro Ju&lt;lrez.

y fidelidad, reprob~das por el hombre libre, y el primer acto de deferencia llevará en sí el germen de la.
hipocresía. La soberanía absoluta rige par la sujeción de los súbditos al código de su hipocresía y el
parlamentarismo, apoyándose en el sufragio unlver.
sal, finge la soberanía popular con· el espejismo del
vot'l electoral. La hipocresía es inherente á la fa •.
milia des~e la primera manifestación con tendencia.
á la futura asociación conyugal. Los novios se ocul.
tan sus defectos, y sometida ya á las imposiciones.
del Código, pone la esposa en juego toda su educación atávica para obtener por la astucia del marido cuanto en virtud de su autoridad legal y de su
carácter dominante pudiera rechazar, explicándose
así la inferivridad social de la mujer. El nlilo, con
su voluntad naciente, tiende á emanciparse de los.
padres, y colegial, cohibido por la prohibición de satisfacer los arranques espontáneos de su imaginación, devora á hurtadillas las lecturas que se le niegan. Más tarde, en Job cuarteles, en las oficinas, en
las redacciones, aparece la hipocresía Mmo mal necesario, y contrapesa les impulsos de los que se esfuerzan en esparcir la verdad, á costa de aparecer
como peligrosos pan la seguridad social. La madre,
que con una selia hace salir á su bija del salón donde va á referirse el escándalo del dia, se considera
idónea para saborear las más perversas conversaciones. El entusiasmo de una educación bipócritamente·
teñida de idealismo, nos hace á los veinte años romper lanzas contra estas bajezas, pero la gente sen•
sata de mayor edad, reprueba esa co!!ducta, y cuando,
llegamos á los cuarenta cesa nuestro franco quijotismo, y desarmados, callamos, porque á la par que ne•.
cesario, consideramos ese mal como incurable.

Mandó edificarlo el Conde de la Valenciana en el
último tercio del siglo pasado.
La parte arquitectónica del edificio es una verdadera obra de arte.
Los mineros del lugar tienen por este templo una
veneración grandísima.
Cuando se trató de demolerlo, porque se creía que
aliriéndose allí una entrada ó boca, aumentaría el
p1oducto de la mina, los barreteros s~ opusieron
tenazmente.

UN DlSCARRILA M llNTO
DEL

Ferrocarril dB sonora.
Una persona de Her·
mosillo nos en vía fotograrías referentes al último descarrilamiento
del Ferrocarril de Sono•
ra, ocurrido al llegar e.
tren de pasajeros á la estación de la capital del
Estado, el día 13 de Noviembre último.
El descarrilamiento
causó la muerte de un
pasajero y otras desgracias personales que llenaron de alarma á la so
ciedad de Hermos11io.

en la Sorbona, el país se conmovió, y la Cámara de que lo refin'ldO se con¡¡ervase entre los que quisieran
diputados emitió su opinión. Maillet, que emplea en culti vario, pero que se diese á la inmensa mayoría
su trabajo la nota humorística, deduce de todo lo pu- tan sólo lo conveniente y adecuado al fin del aprenblicado la absoluta incapacidad de los universitarios dizaje. La disputa enardeció á los contendientes, pe•
para rerormar la Universidad, porque casi todos ellos
caen en puerllidades y sutilezas dignas de la ironía
de Rabelals, y siguiendo cada cual su especialidad,
rooomlendan corno medios soberanos ó rechazan como Inútil el estudio de la filosofía, la retórica, la
qufmlca, las matemáticas ó el que se les ocurre. En•
tiende el autor que la discusión act11al puede compararse á la que Robre la equitación se entabló hace
treinta ai'íos, siendo entre ambas las relaciones muy
estrechas y enseñanzas semejantes.
Hubo un tiempo en que la equitación fué algo muy
sabio y complicado, y en que un buen ginete obtenía
más consideración que la que se otorgaba al que poseía un titulo académico. E '. prestigio de la equitación, caldo con la nobleza, conservó la tradición legada por los grandes maestros, y halló asilo en la Escuela de Ca.ballería de Saumur. El arte de montarse
afinó, los caballos aprendieron á saludar, á bailar, y,
graciosos y amanerados como señoras de la antigua
corte, recibieron en los carrausel.s los aplausos que
desde las tribunas les mandaban los iniciados en
aquel arte sublime. Los detractores del sistma declan que la Escuela de Saumur tenía por verdadero
objeto educar caballos manejables, dóciles, capaces
S a n Juan Bautist&lt;t Tabasco.-Manifestación
para &amp;alvar obstáculos y te.-renos difíciles, inaccesi•
en honol' d el 81·. General, Dlaz.
b1~•a1 miedo, fuertes y ardorosos, propios para las
rudas necesidades de la guerra. La equitación prác- ro al cabo las exageraciones se calmaron, y p':&gt;co á
tica se ponía enh'ente de la equitación sabia. Los poco se impusieron los métodos razonables que hoy,
ginetes sabios, como ahora los uní versitarios, veían con aplauso de todos, predominan.
Otros ejercicios han sufrido igual transformación.
mezquindad en los otros, desdeliaban un trabajo pu•
ramente útil, y hablaban de un pasado glorioso in• Media docena de sesiones bastan para iniciar en el
herente á la raza francesa. Los prácticos pretendían baile, del que hicieron nuestros abuelos casi una filo-

¿UTILIDAD O MODA?
I n augU1°aci6n de las t1·anv-ias en H e1·mosillo, Sono1·a

Fot. Monteverde.

TEM PLO DE LA VALENCIANA

LA HIPOCRESIA SOCIAL.

Es notable el templo de la Valenciana, de Guanajuat.:i, por las grandes riquezas que encierra. El tabernáculo del altar es d~ plata extra.ida de la mina,
así como los antiguos· candelabros que se conservan
todavía.

Alcanter de Brahm hace en La Oritiq¡,w rápidas é
incisivas consideraciones acerca de la hl pocresía social. Admitido el estado de guerra como natural entre los hombres, todo vencedor someterá al vencido
por medio de convenciones de obediencia, respeto

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LOS NUEVOS FINES DE LA E DUCACION
Este problema de la educación preocupa mucho los
ánimos. Arturo Maillet lo trata también en L a F rance de Demain, después de haber examinado los t rabajos á que ha dado lugar la investigación comenzada
hace tres alios por La France E xterieure, al pedir su
parecerá cuantos tuvieran algo que decir sobre tan
interesante materia. D1éronse muchas conferencias.

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Guaiwjuato. - 1'emplo de la l'alencicuw.
D esca1·rilamiento d e un tren de pasajeros en la Estación ele 1Ie1·mosillo, Sonom.
Fot. Monteve"&lt;le,

La manif1'sf.ací&lt;in en la Alameda
de la Libe1·tad .

so fía; la es¡Jada ha dest ruido al florete; y si se necesitaban seis años para manejar el florete bastan seis
semanas para presentar un tirador de espada aceptable. La educación general no debe escapará esta ley,
y rompiendo los moldtis en que se e!icerraba hace
un siglos debe lanzarse baci11, el porvenir, sin que
al adoptar los métodos que dan á Inglaterra una juventud vigorosa y emprendedora, se disminuya en
nada el carácter nacional, ni se haga más que ajustarse á las necesidades del día.

EL PELIGRO FRANCES
Y LA EXPOSICION UNIVE RSAL.

A la cabeza de la Rivista Politica e Letteraria, aparece, sin firma, un artículo rotulado «El peligro francés,&gt; en el que se revela espíritu hostil á la Exposición Universal que el ai'io próximo !::a de celebrarse
en Francia.
Según el anónimo escritor, y dado el lugar del trabaJo, la redacción de la Revista, la realidad de una
Francia desinteresada, generosa, guerreando en 61
mundo, convertida en paladín de la justicia, de la
libertad y de la frat ernidad, si ha podido existir alguna vez en el transcurso de los siglos como ideal de
algunos pocos individuos superiores que encarnaban
un principio humano, cual recientemente ha sucedido con ocasión del proceso Dreyfus, no ba sido
atendiendo á la masa de la namón, más que una fal~
sa, peligrosa y nociva leyenda, lo mismo para Francia en si miRma, que para el mundo entero. No son
el desinterés y la generosidad virtudes obligatorias
para los pueblos; mas nadie, como Francia, ha vrganizado sistemáticamente el egoísmo propio coa perjuicio ele los demás.

�Domtngo 10 de Diciembre de 1899,

3GO
Algo de esto sabe Italia, porque desde los tiemposde Pepino y Cario Magno, y desde la fundación del
poder temporal, objeto constante de la vida política
francesa, y pasando por Carlos VIII, Luis XII, Francl ..co I, Luis XIV, la Revo~ución, Napoleón I, los
Borbones, los Orleans, Thiers, Gambeta ó Mac-Mahón, y cuantos presidentes y ministros se han sucedido en el último decenio, sea cualquiera su nombre
y origen, sólc ha vis1,o una guerra declarada ó sorda,
func!ada en la conquista ó el predominio, y empresas en que Francia exigía usurario interés. Citase
con frec:iencia el egoísmo de la política inglesa; pero
Italia, en su renacimiento nacional, sólo debe á Inglaterra simpatías y amlstai, tal vez por la_ prvpia
conveniencia, perú leales y sinceras.
Carácter del pueblo francés es el de asociar la idea
de patria á un irreductible sentimiento de superioridad, bárbara vanidad nacional, que le hace intervenir á título de tutela con las armas ó con la diplomacia en los asuntos de otros pueblos, no exentos de
responsabilidad en el hecho por la perpetua adulación que con cualquier motivo prodigan á Francia,
cantando su generosidad y desinterés á compás que
acrecía en ella la tendencia egoista y exclusiva. No
es extrail.o que el humo del incienso provoque una
aspiración permanente á la dictadura intelectual.
En los últimos ail.os ha pasado la nación francesa
por terribles crisis internas. A partir de 1870, se la
ha visto recorrer una senda de errores, pero dete•
niéndose siempre al borde del abismo en que parecía
próxima á precipitarse. Ha sabido sortear la guerra
civil, ora le incitasen á ella los anarquistas_ó los imperialistas de Boulanger, y con exquisita. prudencia
ha evitado los conflictos de Terranova y Fachoda. En
el proces0 Dreyfus la energía de algunos hombres superiores se ha impuesto, evitando el espectáculo medioeval de una proscripción judía.
Hoy la Exposición abre á Francia un periodo de
paz y de fiesta, que la lucha antisemita ha podido
truncar, como la cuestión politic:i. la Exposición de
18i8. El éxito grande, inesperado é imprevisto de
esta última, fué parte á una política internacional
invasora, turbulenta, ofensiva, acrecida por el de
1889. Fuera prudente en la actualidad, por parte de
los Eitados europeos y cou respecto á la Exposición,
una reserva que llevaría á Francia un equilibrio mental y la consiguiente tranquilidad internacional. El
festejo universal que se prepara s6lo puede servir para aumentar un ansia de aventuras en que se confundan semitas y antisemitas, adversarios y defensores
de la República. El peligro francés es ahora para el
mundo más inminente y más grave qut:l nur.ca.

· LA MAQU INAR IA TEATRAL
El Ca.ba.llo de Troya en la. Opera. de Paris
El teatro de la Opera de París acaba de montar
una obra de Berlioz, cuya primera parte, bajo el
nombre de Los Troyanos, se re?resentó hace poco en
la Opera Cómica. La otra parte, que se está representando en la Opera, se llama La toma de Traya.

EL MUNDO.

Domingo 10 de Diciembre de 1899

EL MUNDO.

Damas

gramos. Las narices, los ojos y la frente están escuJ
pidos y lo demás está hecho de tablas ensamblad~
como las de un pavimento.
Como el Teatro de la Opera no presenta diariamente la misma pieza y un accesorio de este calibre e,itorba dem&lt;tSlado, era preciso que se pudiera desarmar al
caballo; y para ello se ha dispuesto cables que corren
dent ro de anillos ad hoc y subea y bajan las diversas
partes del c.i.ballo. Por lo que hace al armazón, en
mf\nos de una hora se desarma.
Sin embargo, cuando las obras representadas en la
semana no exigen muchos trabajos escénicos, el caba.
llo queda intacto, pero hay que ponerlo á un lado
para lo cual se le levanta á una altura de cincuen~
centímetros y mientras algunos maquinistas retiran de allí el pl.rno inclinado en que descansa otros
le dan una desviación de noventa grados y á ~na señal se le deja caer sobre otra vía de rieles perpendicular á la primera y por donde se lo llevan al fondo
de la e.;cena. Es de ver esta maniobrll angustiosa para los qne la presencian; á cada momento se cree que

351

Mexicanas.

Simulacro del transporte del caballo pvr los troyanos.
La gran particip1ción que to'Ili el célebre caballo
le da á la. obra un carácter cómico que no ca-:-ece de
encante.
í"' Lo probable es que Homero, Virgilio y lo&amp; otros
autores que sobre el caso escribieron, seguían más ó
menos literalmente lo que la tradición decía sobre un
suceso militar que. hizo mucho ruido en el antiguo
continente; pero bien vista la cosa, no es de creerse
que los griegos fueran tan niños para encerrar á sus
guerreros más reputados en un armatoste de palo,
n_l que los troyanos cometieran la torpeza de permitir que entrara al recinto de la ciudad un cuartel
tr~nsportable sin advertir que venía poblado de enemigos. Por otra parte, aun cuando hubiesen llegado
á ese extremo de candor, dados los medios de trans•
porte de las grandes masas con que contaban entonces los hombres, mucho tiempo se habría necesitado
para conducir el caballo al Jugar de su destino.
Pero los_poetas y los músicos no se paran ante esas
tnenudencrns y para seguirlos á donde los lleva su
capricho, se han visto precisados los
hombres prácticos de fines del siglo
XIX á construir el Caballo de Troya.
Y ahí tenéis á M. Vallenot1 el hábil
maquinista del Teatro de la Opera
encargado de la tarea que ha llevado
á buen remate como podrá verlo todo
el que pase la vista por lo'&gt; grabados
de esta página.

va á caer sobre los maquinistas la enorme masa suspendida de dos cables.

*
* *
El caballo no es habitable, pues el libreto no exige
la entrada y salida de los guerreros griegos delante
del público; pero tiene que atravesar la escena en toda su longitud, saliendo de los bastidores á la izquierda del espectador para entrar por la brecha del muro
de la ciudad en el Jado opuesto.
"Esto da lugar á una interesante procesión formada
de troyanos que arrastran el caballo.
Como por grande que sea el escenario no se produciría la ilusión de un largo trayecto, han ideado los
maquinistas el siguiente engafio: las cuerdas de que
tiran los troyanos se atan al caballo, el cual se supone muy lejos (en realidad esté muy cerca, detrás de
las bambalinas);,pero las cuerdas estan enrrolladas

* **
Los documentos instructl vos no abundan: sólo uno que otro bajo-relieve, y:i.
gastado por el ~iempo, recuerda lo que
fué ó lo que imaginaron en la antigüedad que fué el caballo de Troya.
En los comentarios de La lliada y
de la Eneida se dice entre otras cosas
que las piernas estaban hechas con cuatro troncos de encina joven y que el
cuerpo y la cabeza eran de pino rojo.
Para seguir esta descripción, los barnices empleados imitan la coloración
de las maderas de que se habla en los
poemas citados; el conjunto resulta, y
podemos admitir que así era la máquina de guerra que construyeron los helenos para entretener sus ocios durante el sitio.

*

**
El caballo de la ópera tiene más de
¿¡ metros de alt ura y descansa sobre
una plataforma de 3 metros de largo
por 2 ó 3 de ancho; pesa 4,200 kilógramos.
Las piernas forman la base de una
gran armasón sobre la cual se adaptan
·el vient-re, la grupa, los lomos, las cost illas y la cabeza del animal; sólo éstl\
tiene 3} metros y pesa más de eoo klló-

El caballo.
en varios tambores instalados dentro del armazón Y
provistos de frenos á fin de que aquellas queden ti·
rantes como si en efecto los troyanos arrastrasen un
peso enorme.
En realidad, el caballo se mueve por la acción de
las máquinas que lo a.rrast:an sobre una vía herrada en plano inclinado para figurar el talud q ue con·
duce á los muros de la ciudad.
El efecto que produce esa masa al atravesar la
escena es imponente y ate~tigua un éxito más de la
mecánica teatral.

S1·ita Elena Labat de México.
Fot. de tange.

EL HIJO DE LA TRISTEZA.
( DIE HERDER).

A la orilla de un arroyuelo, que se deslizaba
IDurmuraodo entre guijas de colores, estaba sent ada la Tristeza, mustia y silenciosa como siem•
pre...... Entregada por completo A sus melancólicos pensamientos, tomó distraidamente entre
A lll dedos un poco de barro y se puso A modelar
la figura de un nilio.
Pasó J úpiter por allí, y admirado de ver el trabajo a. que la Tristeza se dedicaba, Je pregun~ó:
-¿Que es lo que haces, oh diosa pensativa?
-Ya lo ves . ... esto es eólo una tosca imita-cióo de la r ealidad-contestó.-Pero tú, padre
de los dioses, podrías si quisieras darle alma y
vid11.
-,Que viva, pues, y me pertenezca!- exclamó
Jti.piter.
-¡Oh, no .... , no me prives de él ¡es tan lindo!
-dijo la diosa estrechando contra su seno A la
tierna criatura q ue le sonreía.
Entonces d ijo la Tierra:
-Este nilio me pertenece, es mío, puesto que
ha salido de mi seno.
-¡Esperad!-replicóJúpiter.-Aquí viene quien
ha de fal111r el pleito en favor de alguno de nosotros; resignémonos á acatar su decisión.
. Era Saturno el que llegaba., el cual, con la sab~~uria que le da la experiencia dd los siglos,
d]JO:

.

- Que ese nilio os pertenezca á los tres; eóa es
la voluntad del Destino. Tú, Júpiter, que le has
dad~ el alma, le poseerás después de muerto. A
ti, Tierra, te corresponde el cuerpo; no tienea
derecho á más .... Pero tú, Tristeza, su madre,
le poseerás mientras viva, nunca te abandonara.
Y 8118 sufrimientos se prolongarán hasta el sepulcro.

ZARZUELAS MEXICANA_S -Personaj es de «La Cuarta Plana,,
Fot de Lange,

�•
EL MUNDO.

352

Domingo I O de Diciembre de 18 911.

Domingo 10 de Diciembre de 1899.

roe eo el Circo, ignora lo que ea el esplendor del
IDAB espléndido de los dioses olímpicos.
Al dar vuelta al límite del fondo, allí sobr e
todo, se eleva_ el alma al verlos, en medio de
ese esfuerzo siete veces renovado á cada carrera y con peligro cada vez mayor, á medida que
lo; caballos van juntos más arrebatados y con
mayor fatiga, ebrios de su propia fuga y de los
golpes que los fllst'gan, y de los clamores del
Circo entero exaltado con las maravillas del voltear. ¡Nada más admirable entonces que el cochero inclinado sobre el caballo de mano y reteniéndolo mientras que azuza á los otros tres para que el cárro sólo r oce el poste y no detenga á
la rueda! ¿Hay algo más trágico, más adecuado
para sobresaltar el corazón que el choque-sucede A veces - de una ruc:da contra el poste, que
el carro despedazado en el momento, y que el

353

EL MUNDO.
cochero que cae entre las patas de los caballos,
en momentos en que otro carro se precipita Su·
bre esos obstáculos imprevistos, y que un tercer o y un cuarto vienen á estrellarse, formando
así en un minuto, los caballos, los carros, las
r iendas, los ammales y los hombres una. mezcla
horrorosa y magnífica, convulsa, intrincada, mul.icolora y multiforme que se muere en medio de
una nube de polvo de oro, sobre el amarillo tapiz
de la arena que purpuran manchas de sangre y
que semeja la piel de un león constelada de anchos carbunclos? ¿Hay algo que embriague m(ls
que el delirio del momento augusto en que la victo"ia se decide, cuan jo la multitud enterd. puesta de pie, jlesticula, vocifera, au'la y desencadena huracanes de cólera y de entusiasmo?
¡Vengan, pues, si deben venir, los días anua·
ciados por las aves de siniestro augurio! ¡C,mti-

núen las nuevas sectas royendo en su base el culto de nuestros antiguos diosesl ¡Acaben los bárbaros de devorar nuestras fronteras! ¡Encamínense á su fin los destinos de la Cindad de las
Siete Colinas! ¡Qué importa! ¡Dejemos que digan
y que hagan, y vivamos! No será la generación
de hoy la que vea esas cosas fúnebres. Y, entre
tanto sucede eso, Roma sigue siendo Roma, la
única Roma, la prestigiada y prodigiosa Roma,
la Roma en donde se levantan mil doscientas estatuas de cocheros, la Roma en donde los emperadores guiaron carros, la Roma ev donde un
caballo estuvo á t'unto de srr Cónsul, la Roma,
en fin, donde cuando se dan carreras en el Gran
Circo, trescientos ochenta y cinco mil espectadores son los pétalos vivos de esta colosal rosa de
mármol.
,JEAN RICHEPIN.

EL RETRATO SOBRE LA PARED DESNUDA.
JI. JI. JI. JI. JI. JI. JI. JI. JI. JI. JI. J ) ..-i $ $ JI. JI.

En aauel 11,posento donde me alojé en los primeros días de ese invierno tan crudo, habh quedado un retrato de mujer, sin cuadro, clavado en
Ja p,1r ed de la pieza que iba á ser mi cuarto de
tra bdjo. Lo miré apenas, en tanto que los _criados ponían mis mueoles en su lugar, Rostro borrado, vago, una pintura mediocre, El anterior

OUENTOS DE Lf\ DEOf\DE,NOlf\ ROMf\Nf\
•

L A S

C ARRERAS

Df'jemos que grulian los estoicos de cráneo cal
vo, barbudos, bebedores de agua avinagrada!
DPjemos que digan que la corrupción de las
costumbres públicas y privadas ha hecho de Roma la cloaca máxim11 del mundo! Dejemos también q11e declamen los que se jactan de viejos
quirites, sin tener de viejos quilites más que las
ct&gt;jas enmarañadas y las piernas en arco! Drjémosles que catonicen contra las i:uevas sectas
que van royendo en la base el culto de los antiguos dioses protectores de nuestra gloria, y que
escipionicen contra los bárbaros que, poco á poco, van devora1,do las fronteras dd imp~rio! Dd·
jemos que todos esos pájaros de siniestro augu rio graznen, que lús destinos de la Ciudad de !as
Siete Colinas se acercan á su término. Dejémos
los y vimamos, porque los or áculos sibilinos llOS
aseguran la eternidad, porque los bárbaros están
lejos, porque las costumbres son lo que siempre
fueron, por que todavía nos aman los dioses, por que el imperiú á pesHr de tod(I está en pie, porque,
finalmente, Roma no dejará de ser Roma mientras subsista el Gran Circo construido por Julio
César, reconstruido por Nerón, hermoseado por
Tito, restaurado por Domiciano, concluido por
Trajano, y en donde las carreras se dan hoy ante trescientos ochenta y cinco mil espectadores .
¡Por Epona. diosa de los caballos! ¿No basta
para nuestra gloria este arte de las carreras con
q •1e se entusiasma el pueblo todo, desde las clases más altas hasta los últimos infelices de la más
humilde plebécula; _este arte maravilloso entre
cuyos adeptos se cuentan no sólo aficionados sino hasta los especialistas y los emperadores,
este arte que prt firieron á todos los d11más un
Calígula, un Nerón, un Vitellio, un Lucio Ve
ro, un Cómmc.do, un Caracalla, un Domiciano,
un Heliogábalo? ¿Se ha olvidado qué prestigio
Je dan hechos históricos c0mo éstos, por ejemplo:
Vitellio que en su juventud se dedicó á curar en
las caballerizas de los azules; Calígula que rega1 ~ dos millones de sostercios al cochero Eutycbio
que era del partido de los verdes; el mismo Calígula que quiso nombrar cónsul á ~u caballo Iocitato? ¿En suma, no tendría yo raz&lt;', n par?l. de•
cir quti quien niega la grandP1.a de las carreras
es porque está enteramente ciego, toda vez que

el Gran Circo es por sí solo grande crmo una
ciudad y toda vez que Roma posee unas doscien•
tas estatuas que representan cocheros de circo?
¡Oh, grandeza de las carreras! ¡Y sus delicias,
y su embriaguez, y los esplendores de semejante
espectáculo, y los encantos sin número que en
ellas encontramos! .... ¿quién pudiera pintaros
A no tener, á la vez, el soplo épico del viejo
Eonio, la gracia descriptiv,-1. de Virgilio Marón,
la. abundar.ciR de Ovidio Nasón, la precisión de
Manilio, el ingenio de MarciaP Y no obstante,
¡oh suaves y feroces placeres! ¿quién puede ha b !•
ros gustado sin desear pintaros?
En cuanto se llega al Circo, en sus alrededores, bajo el vestíbulo de arcos, ya so está en
medio de la fiesta. y del goce, con la multitud
que pulula tumultuosa, y se empuja frente á las
popinae que humean con las frituras, á los mostradores de quienes venden vino, á ~os acróbatas
que lucen su faerza y su destreza, A l0s astrólogos y á los brujos vendedores de pronós1icos, á
las danzadoras gaditanas que mueven la cadera
y el vientre al martilleo d.e los crótalos y al re sonar de los tamboriles. ¡Ah, cuánto mienten los
que afirman que ahora hay desprecio para los
antiguos dioses! No tienen sino venir aquí para
ver con qué fervor se hacen sacrificios á Baco, á
Ceres, á Venus y al rojo niiio de L\mpsacol
Empero ya estamos en el Circo, al que huhimos de penetrar sin trabajo, no obstante la multitud de los q ue llegaban, gracias á tantos vomitorios sabiamente dispuestos ¡Qué inmenso hormiguero de cabezas el de esas gradas en t.,rma de
anfiteatro y cúyas últimas fil9s tocan al cielo!
Dada esa luz que tamiza el velario de color de
azafrán, dijérase una cesta de flores humanas
dispuestas en crátera; y de esta crátera salen risas, gritos, canciones, llamadas, en continuas explosiones que zumban y crepitan, que se hinchan
de súbito y estallan como una fanfarria cuando
lod cousulares ó la 1 Vestales, ó tal mimo célebre
ó cual cortesana a.'1mirablemente hermosa, entran, y sobre todo, cuando César se sienta en su
palco y con el esplendor fürmeimte de la pedrería finge que el Sol ha descendido sobre la tierra.
Y decir que todos esos ruidos se apaciguan:
primero un grutiido sordo semejante al lejano
estrépito del mar, luego un murmullo ligero, y al
fin un prdundo silencio en que únicamente se
oyen los latidos de tamos corazone3, en cuan-

to se ve a~a.recer en el balcón que domina la entrada principal al que preside las carrer as y que
arrojará en la arena el sudario blanco, solemne seilal de la salida! ¡O.il Entonces todos los
rostros se ponen graves, te.dos los cuerpos rígidos,
en inmóvil actitud de estatuaE; todas las miradas
se dirigen hacia las barreras tras de las cuales
piafan los caballL s impacienteb! Esa es la concordia entre los ciudadanos, la perfecta concordia
en que trescientas ochenta y cinco mil almas se
funden para ser una sola alma., la propia alma de
Roma.
Bruscamente alza el vuelo el sudario, r echinan los cerrojos, se abren las barreras, salen las
cuadriga&lt;1 por el espacio abierto y con ellas y á
la vez truena el clamor unAllime de todo el pue•
blo que saluda á los concurren tes, á esos héroes,
á esos dioi;es, A los sublimes cocheros.
Sólo los filósofos ó los pontífices, hábíles para .
pcnetr11r los arcanos de las cosas, podrían decir
qúé significan los colores de las facciones; por
qué, en el origen, nada más había blanco y rojo;
cuándo y por que misterio ée Bgregaron el verde y el azul; cómo. é inútilmente, intentó Domiciano ail.1tdir el púrpur1t y el oro, y qué ley del
Destino quiso que no quedann sino dos: el verde que representa la tierra y el azul con que se
figura el cielo. En cuanto á mí, sólo sé una cosa:
aue frenética é inquebrantablemente org ulloso,
porque en esto sigo á los emperadores Calígola,
Nerón, Lucio Vero, Cómmodo y Heliogábalo,
estoy por la facción verde; y si algún día Roma
debe pert:cer, sea cu1mdo dtfinitivamente triun•
fe la facción azul! Así entiendo mis funciones de
ciudad11no romano y la gloria. de Roma .
Pongamos punto á las disertaciones y continuemos describien-:o la carrera que, entre torbelli•
nos de polvo, va á toJo empuje, Ver des ó azules, los cocheros sublimes son lo más bello que
pueden contemplar los ojos de los mortales. De
pie sobre sus carros ligeros, pequeiios y de dos
rnedas vertiginosas, con las túoicas cor tas y sin
mangas, con loi gorros que cuelgan sobre la
frente y azotan las mejillas. con los crujientes
látigos y con los amplios cinturones en donde s~
enrollan las riendas y de donde cuelga el cuchillo destinado á cortarlas en caso de caida, los
cocheros son la imagen misma de Apolo, ó para
decirlo mejllr, son todas las encarnaciones -vivas
de él. Quien no vió correr á los sublimes coche·

locatario, pensé, olvidó este retrato y vendrá
por él dentro de un momento ó maiiana. Resolví
dejarlo alli y no tocarlo; tal vez sería precioso á
quien viniera á reclamarlo. Pero nadie lo reclamó. Como dos días más tarde me Bentara ante
mi mesa me molestó á la vista. Llamé: ya mi
criado se lo llevaría y lo refundiría en algún rincón, Esperando, lo contemplé con atención; Y
cuando al llegar el criado me preguntó: ¿Qué
desea el seiior? Nada., le respondí. Porque se me
figuraba que reconocía no aquel retrato sino la
mujer cuya imagen era.
Bi, la. r econocía, segura, indudablemente.
¿Quién era? No lo hubiera podido decir. Aquellos cabellos castailos sin brillo, aquella frente un tanto amarillenta, muy lisa, atravesada
por una sola arruga, aquellos ojos que tenían el
azul gris de los lagos poco profundos ¿dónde los
habia visto, vivos? no lo sabía. El verlos me causaba una melancolía que no carecía de dulzura, y
al mismo tiempo me pareció que flotaba en el aire un olor de fuego extinto, de ceniza, como si
el viento que se colaba por la chimen6a hubiera
esparcido en torno mío, spÍ&gt;re mi, antiguos recuerdos.
Oh! exclamé.
/
Bi, era Ja. semej,nza, evidentemente deb!da á
la casualidad, per}udicada además po~ un pmtor
torpe, de la tiern1i amiga, amante casi maJ¡.ernal,
de la tlulce cons?.ladora que con sus brazos siempre abiertos á mi llegada, siempre clemente en
mis faltas,fué ~l caro arrullo de mis primeras fatiaras y mis r,,rimeros arrepentimientos.

¿D:nde estaba? donde están los muertos. Aquel
olor á ceniza que había llenado el cu11rto era ta l
vez el perfume de su lejana tumba. A través de
mis lágrimas más vagamente veía el retrato.
Después tuve un temor: que se me quititse aquel
retrato. Pero pasaron muchos días sin que tuviera noticia del locatario anterior y acabé por per
suadirme que el. lienzo era mío. Le puse un cuad ro de madera negra, pero no lustroso, donde coloqué un ramito de esas flores que parec.i endo
muertas no se marchitan. EN el sosiµgo de mis
horas inquietas, tener allí, frente a mí, muy cerca, á la dulce y consoladora amig11.
Pero una vez que, obligado á un trab11jo nocturno, había encendido todas mis lámparas y las
bujías de cuatro candelabros para que hubiera
claridad bastante, no pude al lev1rntar los ojos hacia el retrato, retener un grito de sorpresa. No,
r.o, ya no se parecía. á la maternal amante de mi
adolescencia. ¿Qué engailo ó qué ilusión me hicieron reconocerla en él? Por borrado que estuviese, culpa del torpe pincel, se asemejaba, no
podía dudarlo, á la resplandeciente y maravillo•
sa criatura que en un añ.o de goce y de gloria
encantó mis ojos é inflamó mi espíritu. La iluminadora de mis viríles aiios triunf11ntes, extinta
¡oh! hace tanto tiempo, estaba allí, 11rdiente-mente · bella, como un astro vuelto á encender.
Y estaba seguro de ello, aunque viese mal el retrato en aquel deslumbramiento.
Durante algunas semanas, dormí durante el
día y trabajé por la noche. ¡Oh! si me dejaran ti
retrato. Le había hecho un cuadro de oro, radiante, donde ardí~ un ramillete, cada dfa. renovado, de lirios de oro y de sangrientas adormider as. Y cuando veía extinguirse mi genio lo reavivaba á la llama de la resplandeciente y maravillo0a criatura.
Pero una vez que, 11gobiado por el estéril es fuerzo de los desgarradores y penosos trabajos por la ideal obra
nunca acabada, me babia dormido con la cabeza sobre la mesa, tuve,
despertado por la luz del
alba, una extraña sorpresa -yiendo el retrato. Y
pensé que durante mucho
tiempo había estado loco. No, no, no tenia ninguna relación con la belleza de la espléndida
amante y de la lumino•
sa inspiradora! Aquella
vez vi, al pálido rubor de
la aurora, poco esquisita. es cierto, demasiada
humanizada tal vez por
mi pintor poco idealis•
ta, á la deliciosa criatura
que, siendo tan niila, y
tan casta se dignó amarme, siendo yo ca.si viejo, y que con su primave•

ra hizo el sol de mi otoilo. Ella también había
muerto ¡ab! como mueren tódas. Pero la volvía
á ver, en la ingenuidad de su juventud próxima,
semejante á todo lo que aerá flor, canto, rayo, y
no lo es aún. Estaba seguro de ello, aunque apenas me fuese visible al través de las lágrimas que
teda en las pestañas como un rocío matinal.
Durante varios ml'!ses, trabajé á las primeras
claridades de la maliana. ¡Qué desastre si el antiguo locatario me hubiera pedido el retrato! En
el cu~dro de madera pintada de blanco ponía, cada aurora, una pequeña margarita, una sola margarita, ó un lirio silvestre ó una eglantina apenas
sonrosa.da; y bajo el seráfico candor ae la deliciosa niila que se dignó amarme, siendo ya casi
viejo, mis poemas se llenaban de un aliento fresco
como la brisa, y de perfume de rosa que no ha
reventado aún.
Pero poco á poco me entró el desdén de las
obras antes realiza.das y el fastidio de J1;1s obras
futuras. Ya be.cía largo tiempo que estaba alojado er: el aposento donde el locatario anterior había dejado el retrato, Y cada día se parecí!l. menos aquel rt trato á la niña muerta algún tiempo
resucitada en él. Bien pronto ya no se le pareci9
nada.. ¿Serh que habría recobrado lus rasgos de
la triunfal amante ó de la maternal amiga? No,
ya no se asemejaba á ninguna de las que amé y
que me amaron; no se asemejaba á nadie. Ya no
veía en él más que cabellos castaños sin brillo,
unli fre·n te un tanto am'\rillenta, muy lisa, atravesada por una sola arruga y unos ojos que te•
nían el azul gris de los lagos poco profundos. Y
ya no pensé en él, ya no lo miré; no hubiera
sentido ninguna pena si hubieran venido á !levárselo.
Sin embargo me asombré, sin tristeza, por otra

�EL MUNDO

354

parte, un día (¡cuánto tiempo había pasado desde
que habitaba allí!) un día que, alzando los ojos
noté que el retrato no estaba en el muro. Llamé
á mi criado que se había envejecido á mi servicio; tenía los cabellos blancos como yo; le pregunté:
-¿ Ha venido el antiguo locatario?-Pare Jió sorprendido.

-Nu, sell.or, respondió, no ha venido nadie.
-Entonces, volví á preguntar ¿quién se ha llevado el ratrato?
Me vió como quien vé á un loco.
-¿Qué retrato?
-El retrato que estaba en esa pared.
-No ha habido ningún retrato en la pared, me
dijo.

Domingo 10 de Diciembre de 1899,
-Bien, es posible, respondí, retírate.
-Y no me entristecí. No hay aposento nuevo
do:ide vara aquellos cuyo corazón vive aún no
traiga el recuerdo cambiantes imágenes; pero des,
pués de los aftos viene al fin el invisible olvido
que se lleva los retratos de 111, pared desnuda,
CATULLE MENDÉS.

A.i'io VI-Tomo 11

Número 25

México, Domingo 17 de Diciembre de 1899.

7, .

~ •$°d1.rwler f8S7,
De "El Jardín de los poetas."
ANDRES CHENIER
De cólera sublime el alma llena
y de piedad ardiente,
defiende al rey, con ímpetu valiente,
cuando el furor contra el monarca truena.
Y á prisión reducido, se enamora

de cautiva hermosura
que, olvidando la propia desventura,
por las desdichas de su, patria llora.
El rostro de la bella, dolorido,
y su seno de nieve
dignos son de inmortal bajo-relieve
en pentélico mármol esculpido.
Arde el sol en la rubia cabellera;
la luna en su mirada,
y en su frente má.s pura y nacarada
que la ccncha en que Venus la luz viera.
Junto á su amada tiembla de alegría
y de pasión el vate,
y es su cerebro arrulladora late
la paloma torcaz de la poesía.
Y grita ante el ,fantasma de la muerte
cuando fiero le acosa:
«Quiero vivir para mi joven diosa;
. quiero vivir por defender su suerte,
cQuiero vivir-después con ira clamapor saciar mis furores
azotando á. los viles opresores
de la nación, con látigos de llama.
«Quiero ¡oh franceses! conservar la vida,
para teftir mis manos
·
eon la sangre infernal de los tiranos
y escupir en su frente maldecida.&gt;
Y cuando, en tarde lúgubre y helada,
al patíbulo sube,
en los edpacios flota negra nupe
eual funeral bandera desplegada.

LUNATICA.
li'lsta yo que amo exaltado
las neurosis de la lucha,
me hipnotizo entre las redes
de esas tus miradas húmedas:
¡sonámbula de los cielos!
¡sirena de las alturas!
Cuando rondando las nubes
vas, con tu rostro de viuda
y con tus gasas de novia,
recuerdv las aventuras
de las damas que escondidas
van á las citas nocturnas ....
Tú, que eres la rosa blanca
sobre el mármol de la tumba,
así pá.lida y enferma
quizás tus pecados purgas.
¡Oh, tíaica inconsolable,
traviata de las penumbras!
Tú eres la pálida diosa,
que ebria de opio, triste y mustia,
hace mil telas de arana
y mil siluetas esfuma;
y duerme, y duerme, soll.ando
con fantasmas y con brujas .. ,,
Vas y vuelves y te alejas,
y apareces y te ocultas,
siguiendo exóticas ansias,
trl.lzando invisibles curvas,
¡con la blanca frente erguida
entre la estelaria chusma! . ...
Copa de un festín volcada
por la embriaguez de la altura,
derramando eternamente
eucarísticas espumas
y nítidos azahares
en adormecida lluvia ....
Por tu faz desencajada
y el beso que te circunda,
eres un copo de nieve:
algo así como la urna
en que yacen las cenizas
de las estrellas difuntas ... .
Tal vez, tal vez-¡oh misterios
íntimos de la Natural-tú eres la lente fantástica
con que un ojo enorme estudia
los microbios infinitos
y las monstruosas burbujas ....
JOSÉ S. ÜHOOANO,

&gt;·

LASMANO!i

Más süaves que un bálsamo, mis besos
FervienteR han ungido su blancura,
Y en mis rimas elogio su hermosura
Sin igual en los Paros y en los yesos,
Cuando hundes su marfil en tus espesos
Cabellos, las empapas de frescura,
Y mis fastidios sabe su ternura
Cambiar en inefables embelesos.
Bajando de su palma bondadosa,
Cuando estoy triste siento en mi ardorosa
Frente un haz de caricias boreales,
Y en las noches, calmando mis anhelos,
Las miro levantadas A los cielos
Mostrándome los astros inmortales.

LOS OJOS
Felinos y traidores como el viejo
Mar, su calma engafiosa me fiiscina,
Y veo en su llanura cristalina
Cruzar mis ideales en cortejo,
En sus aguas serenas, un reflejo
Verdiobscuro dibuja la divina
Esperanza, y como una golondrina
La ilusión raya el ónix de su espejo.
Mirando su cristal pérfido y hondo,
Presiento tempestades en el fondo,
Zafiros y coral en sus arenas,

ti

Y al abismo atrayendo mis miradas,
Saliendo de sus ondas hechizadas
Oigo el canto traidor de lu sirenas.
EFREN REBOLLEDO.

Y Chenier, sofocando sus querellas,
dice en la Guillotina:
«¡Muero por la verdad, virgen divina,
coronada de abrojos. y de estrellas!»
Del crepúsculo rueda á la vislumbre
la cabeza del lírico valiente,
y, en copioso raudal, su sangre hirviente
salta sobre la fiera muchedumbre.
MANuEL REINA,

Un

Lector de Baoccacio.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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EL MUNDO.

Domingo 26 de Noviembre de 1899.

Año VI

LA ULTIMA JORNADA.

Tomo 11

México, Domingo 3 de Diciembre de 1899.

Número 23

�..
EL MUNnO.

328

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

Ahora que con motivo de la zarzuela de unos jóvenes literatos, estrenada reciencemente en el Principal se babia. del arte popular mexicano, bueno es
recor'dar q:ie el vlejd\Fidel es el padre de este género de poesía que tiene el don de despertar en las
multitudes el amor á estas tres cosas santas: la P:ltria, la Libertad y la Belleza.
Guillermo Prieto es bardo de alta entonación líxica cuando canta á esas sus deldades. Con la caoellera y el traje en desorden en un di vino. arrebato1 vuela su inspiración á las alturas. Sus libros de
ve rsos contienen fragmentos de epopeyas gloriosas.
Es olímpico narrador de batallas. Su Romancero es
una marcha tocada en m~dio del campamento por
una banda de clarines de guerra. J ..:gó de joven en
el Olimpo. Es un lwplita.
Mas este poeta homérico, es también á las veces
Arlstófanes. Nadie como él para la sátira de costumbres. Y antes que par11. la sátira, para la pintura;
todo un Melssonier por lo fino y por lo intencionado.
Después de leer la Musa Callejera de Guillermo
P!'ieto se queda uno satisfwho, sonriente, tranquilo,
como el que torna á casa, ya entrado el día, de vuelta de un paseo matinal , después de empaparse en las
campiñas, de rocío, de perru~e y de sol. No conozco
artista que despierte la emoción de modo más sencillo y natural.
La rima corre fácil y ligera, dAliciosamente desalii'!.ada, retozona y risuei'!.a, como linda muchacha
que, á medio vestir, salta del lecho despertada por la
luz de la aurora.
Los hábitos populares toman artístico y brillante
atavío en caprichosas conversaciones de versos de arte menor que chorrean picarezca gracia. Los roman.
ces y seguidillas, sobre todo, suenan á canción de callejuela, acom pafl.ada de rasgueos de guitarra, y risas
frescas como de mujeres alegres.
Se antojan los sueños -de_ Ffdel á manera de esos
sueños coloridos, de esos pa1saJes esfumados que la
fantasía de los nUios suele ver en un frasco de cristal
lleno de agua, y puesto á través de la luz. Todo en
elles es límpido, !rizado, radioso. Todo derroche de
color é inquietud de ondas.
y en aquel relampagueo de reflejos, el verde es esmeralda, el blanco nieve, el rojo púrpura.

*

**
La Musa Callejera es un hervidero de chinas t,jínegras y brunas, de clwrros barbudos y de léperos parranderos, y audaces.
Por allá va la enagua roja salpicada de lentejuela,
siguiendo el rítmico movimiento de las caderas; la
zapatilla azul como chapín de reina, h01Iando el empedrado de las plazas; el rebozo de &amp;eJa transparente
y abrillantado como chal de odalisca, prendiéndose
en las birolas de plata de las botonaduras. Allá va el
sombrero deslumbrador, lanz11.ndo chispas de oro de
los galones, y sobre la chaqueta de cuero, el zarape
de bordaduras vívidas, agitando los hilos del fleco.
Cada romance de Prieto es un cuadro pintado á
grandes brochazos, pero de un efecto admirable. Como
esos lienzos tan estimados por los devotos, deben ser
contemplados á cierta distancia.
¡Qué color! ¡Qué movimiento! Os acercáis y todo
se desvanece. Sólo quedan grumos de pintura, montones informes de color, como si alguien t raveseando
se hubiera eritretenido en frotar sobre aquel lienzo
una paleta. Guillermo Prieto es un poeta altísimo
\iue habla en caló. Ma~ el dialecto popular sale de
sus labios excelso y purificado.
y es que el lenguaje de envilecida dicción y aspecto bajo sirve de verbo á ~asiones nobles, á ide.~les supremos, á ter~~nos l_nfimtos, como tosca vasija que
contiene exquisito vmo.
El bardo desciende á las últimas capas sociales para
sorprender costumbres y arrancar al argot obscuro las
ideas grandiosas como la negra piedra del mineral los
átomos de oro que la abrlllantan.
li'idel hizo versos con el idioma que vacila y tartamudea. Volvió á las crisálidas mariposas.
En esas estrofas se agitan nuestros t ipos nacionales. Sólo que á través de la poesía del maestro, aparecen esos tipos idealizados.
Apenas hoy fermento ?e vicio en esos protagonistas callejeros. El patriot1smo, el amor, la compasión,
la lealtad, encubren las perversidades, las degradaciones . los odios. Alli todo es bueno; el contento
sano, Ía ironía. inofensiva, la embriaguez jocosa, el
chiste a1ado.
Fidel es un modelo que debe servir á nuest1os jóvenes literatos para costumbres y tipo~ del país, ahora
que el género chico ha tomado ese serio y provechoso
camino.

***

En este combate de teatros, á última hora ha
triunfado el Nacional. ¿No es verdad que todos celebramos esta conquista del Arte, esta toma d~ una
plaza amurallada por la indiferencia, esta hábil batida á los insurrectos contra el Buen Gusto?
La victoria de la ópera ba sido completa, á pesar
de las desgracias y contratiempos de \a última semana.
Hemos oído Carmen y FausU&gt;, durante ella, y las
dos magnas obras pudieron salvarse sólo por el respeto y el amor que de antaño les tenemos.
¿Quién ha dicho que Carmen es e_spañola?. No, sellor; Merimée, el creador del tipo, hizo una g1t~na, y
Bizet, el maestro, una andaluza ..... . traducida al
francés.
Las pasiones sí pueden ser espallolas:son un horno;
caldean. Hay mucho fuego y mucha luz en el dra1!1ª·
Huele á clavel el aire y suena la guitarra á lo leJoS.
Y á pesar d9 eso, á la letra y á la música se les conoce que, aunque bien disparadas, no son de España.
ál pasar los Pirineos se refinaron con.o le sucede
al aceite, y al vino. De la monotonía de los cantares
ibéricos Bizet hizo maravillae de movimiento. Enriqueció con nuevos sonidos las castañuelas, la pandereta y la gui¡,arra. Vertió una gota de champagne en
las cañas de Manzanilla.
En cuanto al Fausto . . .. ¿le parece á usted bien,
sei'ior Sienl, que en lugar de hablar de la audición
hable de Goethe?
El viejo Goethe era un impasible. Amaba la serenid~d olímpica dé la eterna belleza. Meditativo profundo, hundía tranquilamente su pensamiento en el
Océano de la vida, sin temor á los temblores de la
ola. Analizaba mucho este poeta excelso que no sintió jamás los frenesíes de las pasiones cuando se
exaltan ni los arrebatos de los ideales cuando se enloquecen. Por eso las creaciones de este inmóvil sublime son todas símbolo. Bajo el nel{ro birrete de
Fausto sueña la Humanidad; con la carcajada de Mefistófeles se ríe la Duda; dl corpiño azul de Margarita, como el níveo peplo de Helena, cifle los s~nos palpitantes del eterno femenino.
¡Feliz tú, buen viejo, divino viejo, que arrellenado en tu sillón, de rojo y oro, puesta la mano firme
subre la ruuosa mejilla, serena y pensadora la frente
bajo el bla~co palio de la peluca, escéptico, burlón y
risueño, viste pasar la procesión desordena.da de
n·1estros anhelos, el tumultuoso séquito de nuestras
esperanzas, el apocalíptico desfile de nue~tros dolores, el visionario cortejo de nuestras ambiciones, el
infame. aquelarre de nuestras perversidades! ¡Feliz
tú que pudiste reunir lo disperso, atar lo alado, encadenar lo enfurecido en nuestras almas, y sin rencor y sin odio, nos arrojaste, viejo Goethe, tu ironía
hecha libro para que nos reconociéramos en Fausto,
amáramos á Margarita y tuviéramos un fiel compaiiero de insomnio en Mephistol Gracias á tí, nos asomamos á la véntana OJival en busca de la Verdad
Eterna, durante las noches diáfanas y frías de tu
Alemania, y nos sentamos junto á la nliia rubia, á
la fresca sombra de los árboles, para deshojar flores
y contar melancolías ... . . .

Domingo 3

ne Diciembre de 1899.

ecuación especial (cada alm&lt;1 tiene la suya), no es
sensible á todo en el mismo grado, el poeta (hablo
del músico) no lo vió todo pero lo que vió lo vió bien
y nos lo dice encantadora.mente.
Así el primer acto es francamente !.imbólico; la incurable friYolidad de la sociedad en vísperas de la Re.
votución, ftivolidad heredada de un siglo entero de
galanteos y placeres; el amor á la virtud, predicad1,.
por Rousseau y su secta con vertido en una moda en
un juguete, en una especie de traje á la griega 'quedeja.ba á la naturaleza toda su libertad de movl~ientos y de extlibiciones, el amor á la libertad del géne.
ro humano profesado por las marquesitas de tacón
alto, meJia calada, seno al fresco, peinado en las nu.
bes: deliciosas cabezas de Boucher y de Watteau, que
en las puntas de las picas, iodaviaconservarfanlosrlzos del tocado empapado en sangre coagulada y sobre
la tez lívida dt: muerte, el carmín y los lunarcillos delos afeites postreros; la igualdad aclamada en los salones con las rosas y los pomos de esencia en las na.
rices para no sentí~ el aroma animal del pueblo soberano; la fraternidad profesada en forma de luises de
oro dejados caer en las manos negras y húmedas del
hambre, por las manecitas finas de uñas rosadas y
piel de seda, y un sordo delirio por gozar mucho, por
gozar pronto, por saberlo todo, por apurarlo todo,
como si en la luz azulada y triste que SE' mezclaba á
la de las bujías al fin de una noche de baile, se ad!.
vmase una agonía, un fin; de todo eso hay un poco
en el primer acto, que parece un idilio en los umbrales de un cementerio. Marquesas; perfumados abattirw.~ que agotan la dulzura de vivir, como el futuro
príncipe oe Benevento; poetas declamadores; lacayos
insolentes en quienes el odio y la envidia maduran á.
los próximos proveedores de la guillotina; pastorcillos de comedia acicalados y pomponados y trascendiendo á jazmines y el grupo escuálido, brutal y astroso de los famélicos, en quienes la plebe del día.
siguiente muestra los colmillos afilados y la gola roja,
son los personajes de ese primer cuadro un poco Incoherente y murmurante y_ vago como era la época;
delicioso paisaje decadente y lánguido al través del
cual serpea el grácil dibujo melódico de una gavota.
fin de s :glo ....
Muy bien; pero siyo hubiese sido el autor (no aoy poco presuntuoso como veis) le habría da.do un segundo
cuadro á ese simbolismo claro del co=iienzo, habría
contado y puesto en acción la vida de las prisiones
durante el Terror; allí precisamente donde estuvo
Chenier, en donde conoció y cantó, en las inmortales
estrofas de la Joven cautiva, á la d llCJ uesi ta de Fleuryla Magdalena de Coigny del libre¡¡o: dice así la prisionera:
La i!usión fecunda aquí en mi seno habita,
Sobre mí en vanc pesan de una pri&amp;ión los muros,
Pues mías las dos alas de la esperanza son;
Cuando escapa á las redes del pajarero impío,
Más feliz y más vivo del cielo en los espacios
· Cantan to vuela el ruiseñor.
¡y qué! 1morir yo puedo! yo que duer1no tranquila.
y que tranquila velo, sin que en vigilia ó sueño,
El cruel remordimiento me haga padecer.
1Mi bienvenida al día me ríe en tantos ojosl
y en tantas frentes triste¡¡, un poco de alegría,
Con solo mi presencia casi bago renacer!
¡Oh! mi hermoso viaje tan lejos del fin se ballar
Voy; de los verdes olmos que bordan el camino,
A penas los primeros acabo de pasar;
Y á penas de la vida en el festín que empieza
Los bordes de mi copa, que llena todavía.
Un instante mis labios acaban de tocar.
Estoy en primavera, q::iero ver la llosecha;
De una estación en otra yo como el sol deseo
Mi afio concluir .. . .. .

................ ............ ............

A propósito de Andrea Chenier.
¿Queréis, amables lectores míos, y pacientes y nobles, que dejemos por hoy el Transvaal á punto de

p~:r~~:t~:f~:irn~~~h~!~!s

;~1f!º;d:~gs
~~~:~~!
por los maxims y los dum-du:ms y á los tagalos probablemente ya despojados de su Aguinaldo ysu hosca y
bravía libertad, y al Emperador Guillermo borrando
con la champaña de Windsor el telegrama al presidente Kruger, para hablar un poco de arte, un poco
de un poeta muerto á los treinta ailos y que por eso
me es dolorosamente querido? Supongo que decí&amp;:
¡Bah! Veamos. Ved, lectores.
En la obra aplaudidísima de Giordano y que es de
veras interesante, la música traduce con elegante sobriedad algunos de los principales elementos de aquella época infernal y divina y los combina en un tono
de pasión y de sangre. El joven artista italiano se metió dentro de aquella gran historia como en uno de
los círculos dantescos, procuró vivirla, dejó que se
imprimiera hondamente en su alma y nos tradujo en
música su impresión; es reducida, su alma por su

Y por cierto que esta joven cautiva no fué lapasión del poeta; fué la encantadora mujer que en al·
gunos divinos versos llama Fanny (Mme. Laurent•
Coulteux); y por cierto que la bella Franquetot de
Colgny salvada de la guillotina á fuerza de oro por
su ama~te M. de Monrond, se casó al fin con este caballero y pudo ver brillar la aurora del renombre de
su cantor que murió en plena noche; la luz que brotaba de su tumba tardó mucho en traspasar el olvido· los dioses los dioses heléniccs de este último de
lo; poetas paganos, que mostraron, como suelen, su
dilección por él haciéndolo morir joven, le dieron lentamente la gloria; don divino, don eterno.
Pero vol vamos á nuestros carneros; la vida de las
prisiones durante e!"Terror, allí, sobre todo, donde
abundaban los nobles, las señoras y la gente de buen
tono, al través de miserias indecibles y de mortales angustias, continuó siendo la vida t_rí~ola de los salones y los boudoirs; citas amorosas, liaisons d&lt;tngereuses,
bailes, comedias en que reían las muchachas Ylaa
viejas de la horrible protagonista Mme. la Guillotine,
eso constituía la ocupación de los prisioneros que no
pudiendo evitar la muerte le hacían la mamola. Algohabría dado, por ver musicada una escena de este género, con el antiguo lacayo bacien~o el papel con tan:
ta energfa trágica burilado en sus iambos por Chenier ·
Et sur les gonds de fer soudain les portes crlent;
Des juges-tlgres, nos seigneurs,

Domingo &amp; de Diclemtre de 1899.
Le pourvoyeur para.it. Quelle sera la prole
Que la hache appelle aujourd'hui?
Ch!Ulun frissonne, ecoute; et cb~cun avec joie
Volt que ce n 'est pas encore lu1.

y el pueblo asomado por ahí bajo las nuevas espe.
eles de soberano abso:uto, decorado con el gorro fxi .
glo de los antiguos libertos, descalzo y hambriento,
como en el coro de los famé!icos del primer acto, pero

aatlsfecho con su coron¡¡, roJa;
.... il demande du pain,
Oo lui donne du sang. Il vol tomber des tetes;

II chante et ne sent plus la faim.

y entre risas, desmayos, gritos de an11;ustia, solloga-

r.os de agonía, y risas, y ecos de carmai'iolas y de

ira serpea-: el dibujo melódico de la gavota fin de

slgio .... trasporta.da al tono menor para darle aire
de marcha fúnebre ... . ¡obl qué bien, que bien, en
esta&amp; escenas que yo sueño, daría valor á las transiciones-que son todo el arte-Adela Gin! con su maravtlloso poder de expresión.

329

EL MUNDO.

No, los poemas perdurables son los del sentimiento, esa es la.sola verdad que eterniza el arte: la del
amor, la del dolor, que es la misma; querer descubrlr
las causas de las cosas, hará de un poeta un Fausto,
nunca un Da11te; nunca un Virgilio, este otro rimador
divino que pegaba el oído al corazón de la naturaleza
y murmuraba, escuchando sus misteriosos latidos:
son las lágrimas de las cosas.
Pero si la empresa de Pste último heleno era imposible, el solo intento engrandece el alma .... Y así,
entre ensuei'ios de amor indeciblemente voluptuosos,
que parecían depurarse al ser vaclado1:1 en el molde
purísimo del arte, el joven hijo de Bizanclo, que llevaba en sus venas la helénica sangre materna y que
había nacido á la inteligencia silabeando los poemas
homéricos, llegó risueño á los umbrales de la Revolución.

*
* *

Era una aurora, la saludó, en el estilo de los líricos de su época, como una venida de sol; había rastros de sangre en esa aurora, sangre derramada por
la demencia de las multitudes hambrientaii, pero es*
**
to era pasajero; efectos de púrpura en el Oriente; asCbenier es casi un ausente en la obra; viva y pre- cenderfa
Apolo en su carro de oro y las nubes se disisente está Magdalena, no Chenier que es allí un dul- parían y la
luz serfa., en el zafir inmaculado, esa
ce y declamador poeta erótico cualquiera, sólo ha nueva luz nueva
entrevista por los grandes precursores,
servido de pretexto á la descripción de las pasiones seria la libertad. ¡Ohl qué sublime delirio, qué emde aquella época convulsivamente trágica, en que briaguéz sagrada; asistir al Génesis de un mundo
los cantos eran rugidos y los suspiros esterto:es de mejor: en la noche del 4 de Agosto, en el momento
agonía· diez ó doce poetas como ese deben de haber de
suprimir para siempre el derecho feudal á ruegos
muer~ en la guillotina. No, la ópera de Giordano de la nobleza y la Iglesia, la Asamblea nacional prodebía titularse «La Revolución:&gt; el protagonista es nunciaba el fiat lux de la flamante creación.
Gerard y Gerard es la Revolución.
Adorador de la libertad, pero desde arriba, in
Chenier era otra personifil;3.ción no tan grande, excelsis, una libertad inmaculada como la Pallas-Aquizás pero más bella; es la poesía pagana, de már- thené, una diosa de acrópolis helénico, digna del
mol p~ro y claro como el dios de Klaros, mutilada
de Fidias y de la adoración de Atenas, una lipor el martillo de los iconoclastas y arroja:la de su cincel
bertad á la griega, 1:1. república, no como los griegos
pedestal enflora.de, á un charco de sangn La poe- la habían practicado, ¡~r 1sino como la habían amado
sfa pagana ha tenido después imitadores, repr,1duc- algunos de ellos, los Cbenier del tiempo de Periklas;
tores perfectos, pero no en mármol blanco, sino ne- pero el joven poeta francés olvidaba que esa libertad
gro de pesimismo y de dolor secrAtu (pienso en Le- por él adorada, que esa redentora de manos }luras,
conte Dellsle). Chenier no es eso, no es un imitador, que esa agua lustral más clara que la de la fuente
aunque Imita, no es un reproductor, es un creador Kastalia, no había existido nunca; pensaba en Arísde poesía transcripta en lengua inbelénica, exacta- tides y en Catón, ¿por qué no recordar á Kleon, á
mente como lo eran los Alejandrinos, los deliciosos .A.mytos, á Clodio? .... En suma, confrontaba, muy
poetas del ocaso espléndido de la poesí!l' griega; es lo pronto inquieto, desilusiona.doy triste, su ideal platómismo que Tibulo, que Catulo, también creadores, nico de virtud republicana, con la realidad brutal que
también latinos que reproducían, pero que eran poe- crecía tumultuosa ante sus oj0s de. artista, y vaciló y
tas completos, poetas griegos en latín; de esta selec- dudó .. . . Despuéi,, cuando vió todo respeto humano
ta y exquisita familia fué este «primer poeta de su escarnecido, cuando presenció el arrastramiento de
época, el artista superior y delicado que reabr~ó las la inocencia sobre el pavimento ensangrentado de las
fuentes antiguas y abrió las modernas.&gt; (Tame- calles por las multitudes epilépticas, cuando asistió
La .Revolmion-VI).
al estupro feroz de la impúber libertad republicana,
¿Abrió las modernas? No creo; no hay en su copa todo lo que en él había de pasión por lo bueno y por
una sola lágrima cristiana y si el siglo XVIII es el lo bello subió desde sus entrañas en una ola de hiel
fln del movimiento esencialmente pagano del Rena- á sus 1a'bios y empezaron sus odas á silbar como el
cimiento, ca.si exactamente como el período alejan- sarcasmo (el himno á los soldados de Chateauvieux)
~rino de ciencia y de flébil y deliciosa poesía, fué el y luego á crugir como e~ hierro ~ndente plantado
período final de la cultura helénica; el alma cristiana · en la carne vi va, y luego mventó el iambo francés, pa·que renace con las alas teñidas de sangre por la Re- ra desahogar su cólera inmensa, inmensamente novolución eu el alma de Chateaubriand, anima toda la ble y justiciera: los alejandrinos combinados con los
poesía moderna hasta la de los que la rechazan con octosílabo!ó! con una maravillosa gracia de movhniendesdén ó con ira en nombre del arte puro; no, no to suelto, ctljerón en rimas alternadas lo que nadie
hav un solo vislÚmbre de ese espíritu nuevo en la se atrevía á decir, lo que nadie quería pensar: que
poesía de Andrés Chenler; cuando decía:
aquellos imbéciles trágicos que subs~ituían la liber811,r des pensers nouveaux f aisons des vers antiques tad con la guillotina, pasarían, mondan, ó moralhablaba de pensamientos, no de sentimientos: el mis• mente cambiando la adulación al pueblo en adulaterio, la inquietud, la sublime angus~ia del senti- ción al César, y trocando la blusa de la secci6n por la
miento cristiano, el don de lágrimas de la poesía mo- librea napoleónica, ó materialmente, y estos eran los
derna, que ha tornado á perder la fe conquistando mejores tragados por el ídolo que babían levamado
como elemento supremo el incurable dolor de haber- sobre la~ aras volcadas de la justicia y la piedad ....
la perdido, todo &amp;to es un mundo, ni entrevisto siquiera por el divino poeta del Ciego y de la Joven ta*
múina. El pensamiento nuevo, sí; la eterna ambición
**
de los poetas de alas grandes: reducir, como Lucuando aparece Chenier en el drama lírico que ·tocreelo, la ciencia de su época á fórmulas poéticas, dos hemos aplaudido, ya circulaba en manos de mucontar, al son de la lira, los orígenes del Uni verso y chos la oda á la matadora de Marat, á Carlota Corde la Tierra y de la sociedad, mostrar todas sns le- day,-'la Juana D'Arc del homicidio. Al piE: de este
yes resumidas en una ley suprema y todo movimien- artículo la encontrarán nuestros lectores rápidamento, es decir, toda libertad, convergiendo hacia la uni- te traducida.
~ y sumándose en el orden. Vano empeño este de
El poeta no sólo tenía un gran valor, sinouna~ran
hacer decir á la lira la verdad de la ciencia, que es razón, no en santificar á la homicida, sí en a~~uar. un perpetuo d.e-llenir, una relatividad perenne; hoy sí, la: no en levantar el pui'!.al sobre los que hicieron
mai'!.ana no, siempre quién sabe; empresa sobrehu- imposible, con la guillotina, la consolidación de la
mana la de hacer caber en una ánfora delicada y pu- república en Francia, pero sí en enderezar su ~usa
ra del Cerámico,
altl va y vengadora en frente del patíbulo y decir al
Terror, encarnado en unos cuantos demen.~ y en mul' ocean et.ernel oú bouillonne la vie
chos cuantos foragidos: no sólo eres crimmal, eres
estúpido. Es muy fácil y puede eso servirnos para
que era lo que Andrés quería .... Pasan, se mo::lifican
ubrir nuestras pavorosas pusilanimidades cívicas,
las doctrinas de los sabios, la verdad de un gran s.s. ~n la máscara de una feroz virilidad retr~specti va
tema se dt!rrumba minada por sus errores y el monu- ensalzar el Terror, cubrir con flores el cuchillo de la
mento poético que la contenía se deshace en fraguillotina como si fuese la espada de Harmodio oculmentos 11ue cubre el polvo de la eterna marcha hu- fa bajo los mirtos, y atizar )as lámparas que ardían
mana. Suelen esos fragmentos ser gemas fulguran- en los altares dc,nde recib~a culto el sag1·ad.o cerrazón
tes; de esas hay en el Hf!l-m.es, que empezaba el poeta de, Marat; pero esta manía Jacobina, buena !?ara asus4 ~uejar; pero una obra imposible.
tar á los ignaros ó á los cobardes, no seducirá nunca
Lucrecio la llevó á cabo y del sorprendente edificio ni á ;a justicia ni á la historia.
&amp;ólo retenemos un ángulo de cornisa, la hoja de acanArmar á la Revolución con el hacha, para combato admirablemente volutada de un capitel de már- tir á los enemigos intericres, aunque est~s fueron
mol, un trozo de friso digno de Fidias, la estatua creados e,xpi·ofeso por los errores de los legisladores, enmutilada de Venus:
hGrabuena: los instantes eran supre~o~, formidables
los peligros; Francia era una plaza s1t1ada, hervía la
Alma Venus hominum divomque voluptas.

conspiración á sus pies, el patriotismo en forma de
cólera roja, le congestionaba el cerebro v no había
remedio: la muerte era una arma que defendía la república; mas poner esa arma en manos de la pasión
más brutal, más ciega, másimbécil, encargándoselaá
la injusticia misma personificada en unos animales
de instintos puros de sangre, encarg:n el castigo á los
ant ropófagos, esto es indefendible, h8.l&gt;t,1 la defensa
se v11elve horrenda. Y si el Terror constituirlo adrede
pan no poder jamás discernir la culpab1 h&lt;lad de la
Inocencia, t iene alguna explicación pató'og-ica cuando la república est aba en peligro, después, cuando la
Coalición fué becha pedazos, cuando fué vencida en
Fleurus y el peligro cesó y la republlca. sP. volvió
Invasora y los ejércitos he1oicos de la revolución despert aron los ecos de la gót ica Alemania con lase&amp;trofas de la Marsellesa, entonces ¿ qué significación
podía tener? ¿que era más que una de las má• temerosas aberraciones que han afligido á la hii,toria?
Y, sin embargo, sig uió y siguió: la guillotina no se
LJaclaba, tenia que devorará la revolución misma, tenfa que hacer posible á Napoleón.
Cuán heroicamente grande aparece el joven prisionero de Saint Lazare, irguiéndose en medio de ..stos
horrores con · su lira de fierro en la mano p:ua rimar sus mald-iciones elocuent es. Falta este Chenler
en el drama, así corno fal t a el poeta griAgu; y cuenta
que no incrimino al autor del libretw por babn alterado casi toda. la historia del poeta, este era isu &lt;lerecho, Ri de tillo resultaba una obra de arte; en manos
de uu creador de belleza la historia sólo puede ser mat eria prima transformable, pero cuando se quiere resucit ar en el mundo ideal del arte una peri,onalidad
histórica, preciso es respetar su alma y su carácter,
que es la e~teriorizaclón del alma. ¿No os parece,
lectores?

*

* *
Bueno, ¿habéis leido por curiosidad el proceso de
Andrés Chenier publicado como introducción de sus
obras en prosa? Lo habéis leido con sus e-qui vocaciones y sus equívocos, su redacción s~l vaje, su ortografía inverosímll? qué efecto os ha producido? A mí me
ha causado siempre la impresión de un efebo hermoso y tierno mitchacado hasta la muerte por las férreas patazas de unas mulas desbocadas, ¿ Y sus pus.
t reros versos, su último suspiro de poeta, ese que
Glordano traduce en una esquisit•a melodía:
«Como un rayo postrero, como una ráfaga última,
ensayo mi lira al pie del cadalso; pronto vendrá mi
turno.-Acaso antes que la hora girando en circulo
haya descansado en el pulido esmalte su pie vigilante y sonoro, el sueño de la tumba, pesará sobre mis
párpados-antes que el verso aquí empezado, baya
llegado á la última de sus dos mitades, quizás entre
estc.s pávidos muros, el mensajero de la muerte, negro reclutador de sombras, conmoviendo con mi nom.
bre estos largos y sombríos corredores, en que, solo
entre la multitud, discurro aguzando estos dard&lt;1s
perseguidores del crimen, de súbito la rima suspen.
derá en mis lábios. Y cargando de ligas mis brazos,
me arrastrará, atrayendo en tOI!:!O mío á mis tristes
compaileros cautivos; todos me conocían antes del
mensaje espantoso, pero no me conocen ya.
«Y qué ¿nadie sobrevivirá para conmoverá la historia, sobre tantos ju~tos asesinados? Para que es.
tos omino~os foragidos tiemblen ante sus retratos,
negros de semejanza, para descender hasta los infiernos, anudar el triple látigo, el látigo de la venganza ya levantado sobre los malvados; para cantar sus suplicios! ¡Ah! ahoga tus clamores; sufre,
corazón pre!'íado de 1)dio, hambriento de justiuia...
Virtud, llora tú si muero.&gt;
Bravo, poeta, así se muere; así se pasa, ó con infinit a misericordia, 6 con supremo valor; eso corno
decía. uno de tus augustos abuelos, eso es morir en
roí. Tu corona ensangrentada empezó á irradiar sua .
vemente en la tumba y después fué una constela ción frente á la cual gira en su órbita inmensa el
sol del artie. Eres más que un poeta; eres la musa
trágica del amor á la verdad y á la justicia.

--1 ~ J ~
A CARLOTA DE CORDAY.
E jecutada el x8 de Julio de x893

¡Qué! mientras que los perversos y los cuh .Jen
consauran entre los inmortales á su Marat, e, ,, ,;i,.
grim~ y sollozos ó fingidos ó sinceros, y que. ~u ..~r bio sacerdote de este ídolo vil, un reptil iwpu•, , vo
mita desde el fango del Parnaso un bimno inf,,,. e ú
pie de sus altares.

*

*
La verdad calla! En su* gélida
boca, la leng11 , r•.i.
ralizada ,por el miedo, escatima un justo homc ..aj~
á las proezas gloriosa.si ¿Vivir es, pues, ta.n 11 '!c.•~
¿Cuál es el precio de la vida, cuando, esclaviza.o , el

�EL MUNDO.

330

pens&lt;\miento bajo un yugo ominoso, se esconde á todos los ojos temblando en el fondo del corazón?

***
¡Ohl no, no, yo no quiero honrarte á tí en silencio,
á tí que creíste re!&gt;ucitar á Francia con tu muerte Y
consagraste tu vida á castigar el crimen. La espada
armó tu brazo, nifia grande y sublime, para avergonzará los dioses, para reparar su iniquidad de haber
dado á un monstru..i las facciones de un homb:e.

*

Sí la serpiente neura, *en* su caverna impura, sintió, ~l fin, desgarrado por tu mano segura, el venenoso tejido de sus horrendos dhsl A l~s entrañ~r. del
tigre, á sus dientes homicidas, tú v1mste á pedir los
lívidos miembros, la sangre de los hombres que de.vorado había!

***

Sus ojos moribundos alcanzaron á verte, soberbia
en tu alegría, felicitar tu brazo y co~templar tu presa. Tu mirada decía: «ve, tirano fur10s0, ve, corre _á
abrir el camino á tus cómplices. Fué ~u mayor dehcia bañarte en la sangre humana, báñate en la tuya
y confiesa que hay dioses.&gt;

***

La Grecia, ilustre niiia, de tu valor admirada, habría agotado los mármoles de Paros, para colocar tu
imagen al par de la de Harmodio y d~ la de su amigo· cien coros en tu tumba, con embriaguez sagrada,
hahrían cant~do á Nemesis, la tarda y lenta diosa
que hiere á los malvados en su solio dormidos.
;;:

cuando, sin temor y sin apoyo frente á_ ellos, tu dulzura, tu simple y magnánimo lengua¡~, les enseñó
que, por potente que el crimen sea, qmen renuncia
á la vida es más potente que él.

***

Bajo el gentil aspecto de tu jovial sonrisa, largo
tiempo los senos impenetrables de tu alma, ocultaron
la suerte segura del perverso. Así acumula decretamente la borrasc!l el cielo azul, que rie, mientras se
apresta mudo á fulminar los· montes y á sacudir los
mares.

*

* *cuando ibas al verdugo,
Joven, brillante y bella,
llevada, parecías, en triunfo al himeneo; tu frente
era apacible, serena t,u mirada; en lo alto del cadalso,
tranquila despreciaste la rabia de un pueblo abyecto,
servil y fe0undo en ultrajes, que sólo así sé cree soberano y libre.
***
La virtud sola es libre. Honor de nuestra historia,
nuestro inmortal oprobio vi ve allí con tu gloria; tú
sóla fuiste un hombre y v~ngaste á los hombres.
Nosotros, viles eunucos, rebaño cobarde y sin alma,
sabemos repetir algunas quejas de mujer; mas pesaría el hierro á nuestras flaca,s :nanas.

***

Tú no pensaste nunca que á los.manes de Francia,
que á su venganza tuera bastante un traidor muerto, ó que tú sola podías sacar del caos sus dispersados miembros: querias, inflamando los corazones timidos, un despert'lr de hierros sob~e esos parri_cidas,
hartos de sangre, grasos ;!e infamia y de rap1iia.

*'*

Mas la Francia abandona 9.1 hacha tu cabeza, y á
quien prepara fiestas es al monstruo rodeado de sus
compai'lerosdiunostodos desu suerte. ¡Ohl Cuán no.
ble desdén son~eía en tu boca, cuando un foragido,
queriendo vengar á la fiera, creyó ponerte_ pálida
mostrándote la muertel

*

***

E&amp; un criminal menos, que se arrastra en el fango· y la virtud te aplaude; de su viril encomio, oye,
bella heroína, oye h voz augusta. 1Obl Virtud, el
puñal, he aqu[ tu arma sagrada; el pu~al, s_ola esperanza de la tierra., cuando el rayo deJa reinar el
crimen y te vende á sus leyes.

* *él y t u~ ~lniestros _jueces
El debió ponerse pálido,
y nuestro ominoso senado y sus mm1stros ommosos,

Domingo 3 de Diciembre de 1899.

J)olll1DgO 3 de Dlotembre de 1899,

EL PLACER Y LA FELICIDAD.

EL MUNDO.

331

MONTERREY.-Manifestación en honor del Sr. General Diaz.

Acaba de darse un caso de suicidio típico, característico, admirablemente descriptivo de cómo
solemos entender la vida, de la desmesurada
importancia que damos en ella á todos los goces á todos los deleites, á todos los placer es y
tlo '1a bancarrota de la felicidad que resulta de
aspirar tan sólo á ser felic_e~.
Un joven de buena !aD11l~a he~eda. un8; fortuIJ'ta no despreciable. S1 hubiera sido mgles, norframericano ó siquiera francés, su primera
preocupación habría sido . invertirla en algo
productivo, hacerla fructificar, acrecentarla.
Tomándola como punto de apoyo y sirviéndose
del trabajo como de una palanca, hubiera emprendido, negociado primero en pequeña escala,
después y poco á poco en mayor proporción;
hubiera comenzado con un tendajón y hubiera
i,c-abado con un almacén. Acumulado grano á
grano el ahorro diario y el fru~o del trabajo cotidiano hubiera empezado poquitero y acabado
inillonario; se habría casado, fundado y educa&lt;lo una familia numerosa, socorrido desvalidos,
fundado obras benéficas, calmado hambres, vest.i.do desnudeces, restañado lágrimas, prodigado
consuelos y hubiera vivido largos años feliz y
derramando en torno suyo el bien y la felicidad.
A lo largo de esa senda de labor y virtud
hubiera .cosechado flores y frutos, gozado de las
más nobles satisfacciones de la existencia, del
respeto de sí mismo, de la posición dignamente
conquistada, de la conciencia de ser útil y bueno
y de haber llegado á ser poderoso con sólo el propio esfuerzo y la personal energía.
Ante los inevitables contratiempos de la vida
y ante las dramáticas peripecias de sus empresas y de sus negocios hubiera encontrado como
consuelo la fé en sí mismo, la nobleza del
fin perseguido, y al sentir la presión de las energías internas, jamás abatido y siempre confiado,

01·ganizp.ción de la procesión civica en la Alameda Porfirio Diaz.
Fot. D. Lagrange.

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1
El Estanque de Saint- Cucufa.

M. Bucquet.

hubiera afrontado adversidades, soportado catástrofes y hubiera sido feliz en fuerza de no preocuparse de la felicidad.
Así proceden y así viven los hombres fuertes
Y los pueblos enérgicos; "tiran" sobre la felicidad por elevación; apuntan, como los billaristas,
por tabla. Se proponen un :fin cualquiera, la riqueza, la gloria, la grandeza de su patria ó de
su familia, la conquista ó la propagación de la
verdad, cualquier cosa difícil y remota, elegido el fin se consagran á realizarlo, luchan y
bregan, salvan obstáculos, sortean escollos, inventan medios y combinan cálculos y siempre
c?n la vista fija en el norte que los guía, sólo
piensan y se afanan por llegar á la meta. Si se
les _p regunta ¿ cuáles rnn tus goces, tus sa.tisface1ones y placeres? Contestan: luchar y si
posible es, vencer.
Nada más profundamente sabio que vincular
la felicidad en la lucha. Desentenderse de la dicha
actu~l y tangible, menospreciar la victoria misma sm dejar de perseguirla; gozar con solo combatir,_ disfrutar con solo emprender, hacer del
.tra~aJo un deleite, de la lucha una voluptuosidad
es Jugar una "mala pasada" á la adversidad,
burlarse del sino que nos condena á la desgracia,
reír á las barbas del destino que nos acosa y
:ranformar la parrilla de San Lorenzo en el
echo de rosas de Cuauhtémoc.
La ~icha es esquiva y voluble, huye de quien
1a persigue y busca. á quien la desdeña, hay que
t nderle r edes como á un ave, que ofrecerle ces Y anzuelos como á un pez; los niños que
pretenden atrapar mariposas con las manos, corren, giran, saltan, se afanan y fracasan; sudorosos Y agitados acaban -por caer rendidos
Ylallorosos con el corazón desolado y las manos va-

e s.

Tal el suicida de que antes hablábamos.

Una vez en poses1on de su herencia se traza un
plan descabellado, estilo Espronceda, propio y
peculiar de nuestras almas volcánicas y de nuestros corazones ardientes. ¿ Qué quieres? parece
decirle la fortuna ¿ trabajo, prosperidad, posición,
grandeza, gloria? Pues ahí tienes los medios de
alcanzarlas. El contesta: quiero gozar, quiero
inundarme de dicha, disfrutar de todo, aspirar
todos los perfumes, sentir todas las embriagueces,
habitar todos los paraísos, amar á todas las huríes. Y se lanza y aquellas embriagueces son de
alcohol con resabios y náuseas; aquellos perfume~
son de alhucema; aquellos cálices de amargura.
Las huríes, mercenarias; los amigos parásitos,
los paraísos, antros. En vano clama :
Inventad otros placeres
Otro mundo, otras mujeres!
No 1os hay; los grandes goces humanos son de
imaginación y no de realidad; las emociones extremas y. sublimes son propias de poetas y no de
vividores. :Mientras más sed se siente de goceH
inéditos, refinados, exquisitos, más turbias é
impuras resultan las linfas que han de calmarla.
1Iahoma colocó su paraíso más allá de la vida,
porque no existe ni puede existir en la tierra.. La
sed de placer mata la felicidad; el sibarita acaba por no tolerar en su lecho de rosas las arrugas de un pétalo. Consagrarse al placer es condenarse al sufrimiento y á la muerte, como consagrarse al ocio es condenarse á trabajos forzados. Por no querer slúrir, por rehusar la lucha,
por aspirar tan solo el deleite el hombre se ata
al pie una cadena de galeote.
Para sentir blando el jergón es necesario
rendirse de fatiga en el trabajo; para encontrar
delicioso el pan es forzoso no abusar de la trU-1
fa, para beber con avidez el agua pura es inclispensable no estragarse con el alcohol~ para sen-

tirse feliz en el seno de la familia hay que huir
del casino y del club. Una ley natural é ineludible
obliga al trabajo para que sea grato el ocio,
Pxije haber sufrido para ser capaz de gozar é
impone como precio de la felicidad una indispensable dosis de sufrimiento.
Quien olvida esta ley ó trata de transgredirla
se condena al hastío ó á la desesperación. El infortunado suicida que despedazado el cráneo yace
desnudo y abandonado sobre la plancha del
anfiteatro en espera de la autopsía, es ejemplo
vivo y palpante ele ese olvido y de esa transgresión.
La fórmula de la felicidad está toda constituida en la frase profunda de Juan Valjean á
un ladrón:
-Ah! quieres holgar? pues trabaja.
DR. MANUEL FLORES.

LA GRAN MANIFESTACION AL SR GENERAL:nuz
EN MONTERREY
De La Voz de Nuevo León tomamos la siguiet:Lte
completa reseña de la notable manifesta·!lón con que
fué acogida. la candidatura del Sr. General Díaz para·
la Presideucia de la Repúbiica:
La circunstancia de estar próximo el tiempo en
que debe efectuarse la renovación del Poder Ejecutivo, ha movido á todos los que sienten verdadero interés por el progreso de México á fijarse en la persona que ha de desempeilar tan alto puesto; y ninguno
se ve, dadas las notables condiciones por que atraviesa el país, que pueda ser más á propósito que el integérrimo y notable estadista Sr. General Porfirio
Diaz.
Al conc~birse la idea de que hacemos mérito, procuróse con prudencia explorar la opinión pública, y

�EL MUNDO.

ésta de un modo maní fie~to i,e ha pronunciado en fd•
vor del ilustre caudillo de la paz.
Es i rnpos!ble arrancar oe la conciencia del pueblo
mexicano, el afecto que si,mte hacia el gobernante
moclelo, que ha sabido encumbrará México, notable•
mente, y encumbrarlo por me&lt;iios tan firmes que ellos
mismos harán que sean perdurables losadelautosque
alcance en las luchas del trabajo.
La minería, la agricultura, el comercio, to-lo ,o
que es grandioso elt!mento para el progrebo de los

833

E L MUNDO.

indlforente á tan justa muestra de gratitud y patrio•

Hnnterr.-y. Manifestación en honor del Sr. General Diaz

C'omimza el ilnfile i/P. Ta p l'nce.-ión cirfra , snlir 11dn de la AlamPcla Porfi1'io Diaz.

po~ingo_3 de Diciembre de 1899.

Domingo 3 de Di~lembre de 1899.

tiSmO.

Fot D. Lagrange.

p11ehh,s, ha p&lt;,dido encontrar apoyo en el esfuerzo táneas simpatías que se sienten pr~,fundamente por
del acLU"I Primer Magistr ldO d e la República, y así , el que asi ba hecho grande y próspero á México.
es ..:orno palparnos esta voluntad incansable y perseOomo al principio expresamos, las clases que mlis
v,mrnte, que no cesa en su labor por robustecer la suponen en ~l país, se propusieron bacn una maniobra que t1n patrióticamente principió á levantar festación de aprecio en honor del Sr. General Díaz.
por sobre los escombros de nuestras extintas revoluEn México se efect~ó esa manifestación, según lo
clúnes pasadas.
Todo esto lo sabemos los que hemos visto cómo esa ha expresado la prensa; y 11qui en esta ciudad, que
obra ha ido agigantándose, alentada por un.L vo- hlen refit·ja la atinada gestión g ubernativa del seilor
luLJtad enérgica. En estos hechos radican las espon- Presidente de la R ~pút.lica, no be podía permanecer

El jueves de la semana que boy termina, á la vez
.que en la Capi tal de la República se verificaba lamanifestación de que antes hablamos, aqui tenía lugar
la misma, entusiasta y digua, como la hemos presenciado todos los que asistimos á ella.
o~conformidad con el programa y ceremonial respect,i vos la que aquí se efectuó tuvo un éxito hermol
1IO cual convenía á la alta personalidad á quien se
de1fü,aba.
En la procesión civica que partió de la Alameda
Portirio Dlaz, figuraban las representaciones del comercio, la banca, agri~ultura é industria.
La procesión cívica formaba un conjunto verdaderamente grandioso. Cada corporación llevaba al frer.. te el estandarte que la simbolizaba, y cuatro músi-0as Iban interpoladas en la columna. Se distinguió,
por las especiales banoeras que llevaban los que for•
maoa.n el grupo respectivo, por un carro artísticamen te ornamentado y aun porlo numeroso desu per-sonal, la Cervecería Cnauhtemoc, así como los gremios
de obreros presididos por el Sr. Marin Peña, y la S'Jciedad del Sr. Pedro Treviíio.
Por lo demás todos los grupos se esforzaron en pre.sentarse decorosamente y centenares y centenares de
pequeiias bauderas con los colores nacionales ondean~º en lo alto cuando la música sonaba, daban un aspecti&gt; arrebGtador á la solemne procesión cí vic;;, en
la que no se advirtió una nota discordiante ni un
solo atropello siquiera; y bien se miraba que Lodos
i;in excepcion interpretaban el objeto de la fiesta y se
conducían como á ella correspondia.
Contri buyeron á su mejor organización las acertadas disposiciones con que fué preparada y la correc-0ión del Sr. Ingeniero Ignacio Morelos, maestro de
· ceremonias y las personas que le servían de ayudan•

tes.

Al llegar los manifestantes á la plaza de Hidalgo,
e n donde se levantó una amplia plataforma, frente á
la er,tatua del padre de nuestra independencia, el Sr.
Lic. D. Vicente Garza C,intú, pronunció un discurso
,(que ha merecido muyjustos elogios).
El paseo siguió en la Alameda Porfirio Diaz, con-0urridísimo por todas las clases sociales y amenizado
po,· tres bandas de música.
E n lo general casi toda la Ciudad se engalanó para
la llest,L óe que hllblamos.
Los eddkios públicos y particulares, presentaban
en sus fach;1das bellos adornos, figurando con profu~lón muchísimas banderas que ostentaban con ga•
llardía nuPstros colores nacionales.
Las P;azas de Zaragoza é Hidalgo estaban hermO·
:$&amp;mente adurnadas con multitud de banderas y gallardetes.
Por 1~ noche 13. iluminación de las Plazas de Zara;goza é Hidalgo y la vistosa ornamentación atraían
-con sus encar,tos irresistiblemente. Millares de focos
,Incandescentes ele colores y de luz de arco derrama-

Un transporte inglés batido po,. la tempestad en el Golfo de Vizcaya.
ban su fantástica luz sobre aquellos hermosos lugares.
La serenata, no obstante que al principio de ella
hubo un paréntesis ocasionado por una fuerte 1luvia
1ntempestiva, estuvo esplendidfslma, durando basta
las once de la noche.
Gratos recu.erdos dejó en el alma la manifestación
que Monterrey ofreció al Ilustre Gobernante de Mé•
xico, al Ciudadano dlgnísimo, cuya histori.:1, sin manella ofrece nuestra patria como ejemplo de h eroica
virtud y de excelso patriotismo.

co obrero de la ventura bumanR.
Que su inmarC€sible memoria sea
el faro que alumbre el camino u.:
los que empiezan á vivir.
LUIS E. Rmz.

LA

NOVELA
DE

LA INSTRUCCION PRIMARIAEN MEilCO
DR. VALENTIN GOMEZ FARIAS

II

DON V A LENTIN GO::IIEZ

T,a c&lt;
,mitha hace alto en la Plaza de J;idrtlgo, e11 donrlP se fo d'il·ige un d iscu1·.,o dr.qde l o alfo d'! una p lnt(.f&lt;,rm a en qve se reunen los estandades

de las corpo1'adone.~ que la t ormai·on.

Fot. D. Lagrange.

F ,, IU .\S.

En el límpido cielo de nuestra amada Patria se
...,resenta, cronológicamente, como segundo astro de
la enseñam.a primaria el bene mériro Dr. Valentín
G lmez Farías, 11amado por muchos el Patriarca de la.
Dem~cracia.
Ocupando la primera. Magislatura de la República,
el memorable afio de 1833, expidió leyes y reglaroe ntos que hermosamente forman la magestu.osa port ada del ya sólido templo erig idJ á la lnstn.1,cci6n P rimn,ria en la Nación mexicana.
La claridad con que percibió los caracteres funda•
mentales de la Enseñanza pública, el acierto con que
sustit nía lo informe y sin objeto con la coordinación
de medios ¡,ara alcanzar un fin, bien definido, y la
inflexible voluntad con que emprendió la gran tarea,
hacen de este notabilisimo ciudadano, más que factor politico, po:leroso ariete de la refori:na y el pro•
greso sociales.
E3te sencillo, pero sincero y grato recuerdo, es bu•
milde homenaje al inteligente, al bueno y al enérgi•

"El Mundo Ilustrado."
CJmo lo ofrecimos á nues,
tros lectores, este mes recibirán TODAS las entregas '}Ue
faltan para la conclusión de la
n ovela de Víctor Hugo,

"Nuestra. Señora. de Fa.ris."
En nuestro próximo número reanudaremos el r e parto,
pues ya llegó el papel en que
se imprime esa novela.

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y el análisis de la materia.prima vino

á comprobar una vez más q ue los

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má rmoles mexicanos, cualesquiera que
sean sus especies variadas, compiten
con el artículo similar que á los Es•
tacos Unidos se importa ue ot1os países.
Debe mos hacer constar que los mármoles que mayor aprecio tuvi eron en
el Ce1 tam~n, fueron los que presentó
el :::ir. D. Amador Cárce:ias, de l11s ri cas caot&lt;&gt;ras que tiene en Jimulco,
del Estado de Coahuila. Los vit,itantes tomaron diversos info1'mes acerca
ae esos mármoles, los cuales obtuvieron el primer premio. Las ricas cnuteras del seflor Cárdenas se verán muy
en breve explotadns en toda forn:a,
constituyendo la nueva Industria una
fuente más de riqueza para el Estado
de Coabuila.
Otros artículos, como las frutns secas, alcanzaron el debido premio; gustan mucho los norteamericanos de esos
productos, principalmente de los pro,·enientes de la zona tórrida de México. Algunas de nuestras frutas son
poco ó nada conocidas y por esa circunstancia no tienen demanda en 1,,s
grandes mercados; pero hay otras en
cambio, que desde hace tiempo bao
sido aceptadas y que van cobrando ma.
yor demanda. Por lo que respecto á
las frutas frescasGde las que no se enviaron ejemplares á la Exposición, po-

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México en la f.XI1osició11 Internacional de san Antonio Texas,
EI vasto contingente que el Gobierno Gentiral de México y el de
Coa hulla remitieron á la reciente Exposición Internacional de San
Antonio Texas, fué bien recibido en aquella impJrtante población
con la que pocas relaciones comerciales había entablado nuestro país
antes de ahora. No hay hipérbole alguna al asegurar que los miembros de la DJreclón del Certumen esperaban mucho de nosotros, pues
ei,,taban y están ciertos de que nuestros elementos industriales y
agrícolas bien podían entrar en concurso con los de algunos Estados
de la Unión Americana, lo que resultó exacto del todo, con beneplácito para los productores mexicanos y provecho para los comerciantes de una extensa región próxima al Bravo.
Entre los numerosos artículos enviados á Sao Antonio, llamaron
Ja atención prerer&gt;nte los deshilados y mantas flnils del Estado de
Durangu, ciertos cereales de zonas septentrionales, los azúcares de
Morelos, los vinos de frutas que se ehboran en esta ciudad, los chiles jalapellos, poco ó nada conocidos en los mercados de Téxas, y las
labores manuales de sel'loras, debidamente apreciadas por los conocedores y las cuales no entraron en concurso por no haberse presentado en el Certamen ohjetoR similares que pudieran fundar la competeocin. Fueron también dignos de figurar e n la Exposición los ri •
cos cigarros y tabacos elaborados en México por casas bien conocldos y acredl1 a das. En este ramo se encuentra nuestro país á una alttJra superior á la de los Estudos Unidos, toda vez que los productos naturales siempre han tenido la meJor aceptación en los mercadnR norteamericano!&gt;.
~o c,bstante qur los Estados Unidos pueden ser considerados como
el granero del mundo, las muestras de trigo que fueron de México
llamaron la atención por la calidad del cereal. Bien saben nuestros
vecinos, que México tiene escasa producción de los principales ce· reales de consumo, pero no lgn.:&gt;ran que en materia de calidad los
nuestros s~n superiores á muchos de los que sus terrenos producen.
Fueron objeto de especial atención las figurillas de tecali que se

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dr mos decir que su calidad es superior á las análogas del país veci•
no y que la compE&gt;tencla que con las de California vienen 1,osteolendo, será mayor dentro de algunos a!I s.
A juzj!'ar por los cooceptvs vertidos en público por los se!IoresSayers y Hogl!', Gobernador el primero y ex-G,Jberoa'lor el segundo
del Es~ado d e T i:xas, el Interesante concurso de México determinó
el éxito de la Exposición.
El Estado de Coahulla remitió su contingente por separadt\;cuan•
tas riquezas agrícolas, lndustriales y mineras posee esa entidad federatl va figuraron en el Certamen texano. Quiso &lt;ji sef1or Goberna.
dor Cárdenas corresponder ampliamente á ,a especial invitación que
recibió para concurrir con los productos del Estado que gobierna, y
pudo lograrlo, dando provecho á los habi~aótes de Conhulla y contribuyendo al desallo comercial entre los mismos y los hombres de
negocios que tienen de vecinos muy cercanos.
El contingente pre~entado po· el Delegado del Gobierno de México, constante de productos de esta capital y de algunos de los Esta•
dos de la Unión, obtuvo veintitres premios; el del Estado ,deCoahulla alcanzó cincuenta y seis.
Los grabados representan los salones del Departamento de Méxt.
co, en los cuales se exhibieron la mayor parte de nuestros p1 oductos. Ea estanterías de rlc 1 madera 7 vitrinas se ven las botellas de
vinos, aguardientes y llcorei, las frutas secas, los puros y cigarros,
los deshila.rlo,, las pinturas al óleo y acuarela~ que Ll\n bien reclbi•
&lt;fas fueron, los varios folletos y muestras de pro iuctos minera.les
que envió el Instituto Geológico de esta el udad; en suma todos los
artículos producidos ó elaborados en el país.
Ei Departamento mexicano, que obtuvo el primer premio por su ador
no y dec•,u io, e~tatn coustruido de madera, revestida en su Interior
por elegante taplc_rfa. de raso de los colores nacionales, en plissé. El
aspecto de los salones era agrad,ible por el colorido de lqs adornos y
por la excelente colocación de los objetos, que fo:mabab. artístl-cos
grupos.
Cuatro medallas especiales fueron concedidas por la Dirección del
Certamen: una de oro para el Sef1or Presidente Dfaz, otra de plata
para el selior Secretarlo de Fomento, Ingeniero Fernández Leal, y

SALONES DEL DEPARTA.MENTO MEXICANO EN LA. EXPOSICION INTERNACIUNAL DE SAN A.NTONIO,TEXAS.

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�Domingo 3 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO.

336

EL MUNDO.

il37

UN GRAN BUQUE MODERNO.

Un entierro en Dawson (.b..londike)

dos de bronce, una para el señor Gobernador de Cuahuila y la otra para el señor Ingeniero .Albino R.
Nuncio, Delegado del Gobierno Federal en la Exposición. Los premio3 ordinarios, acompañados de sus
respectivas dlplomas, se entregaron ya á sus duefios.

ENKLONDIKE
Hemos elegido para esta plana dos grabaaos que
muestran aspectos típicos de lo quses la vida y también de lo que es la muerte en la metrópoli boreal.
El primero es el cortejo fú::J.ebre de .Mrs. May L.
Edgren, hija del Capitán Bennett, célebre en aquellas regiones. La llevan á su última morada los fieles

perros que pocos días antes la paseauan, feliz y sonrlente, por la llanura cubierta de nieve.
No es un entierro común y corriente, pues se trata
de una persona distinguida. cuya muerte habrá sido
comentada en Dawson como lo es la de una Carnegie
en Nueva York.

** *
El otro grabado es el arribo de un cargamento de
o.-o á Dawson.
La policía escolta el convoy, cuyas mulas cargan
cuatro sacos de oro cada un:1,. Los sacos pesan cincuenta libras del precioso metal.

Ensayarlo éste, los bancos pagan de 80 á 90 frao
cos por ooza de 31 gramos.
Luego lo envían al Canal!~ ó á los Estadc,s Unidos.
Una cláusula del contrato celebrado por los Bancos y
las Compafíías de seguros marítimos estipula que en
1~s buques que hacen la travesfa á Vancouver ó San
.l!'rancisco no podrá embarcarse más de cinco millones de oro virgen en cada envío.
·
Como rasgo curioso diremos que algunas de 111&amp;
notas que hemos consignado en Et Mundo llustradosobre la vida y costumbres ne Klondike, las tomarnos dlrectamentP. de periódicos de Dawson en donde
hav cinco publicaciones, una diaria y cuatro semanarias. ·

La navea-ación marftima se ha transfor~ado t'.ltalmente en ~tos últimos tiempos, no sólo por la aplicación del vapor, sino por el aumen~o de la velocidad
que se ha obtenido después de aplicada la máquina
de vapor.
para satisfacer la necesidad creciente de rapidez
en las comunicacirnes, vemos que se ponen á flote buues cada vez más gigantescos.
q La flota pacífica se h1. enriquecido con dos poderosos leviatanes, el Kaiser Willulm y el Oceanic.
Pero al mismo tiempo que ganan en velocidad ganan en comfort los buques modernos. El 1ujo que hay
en algunos de ellos es extraordinario. Los buques
belgas que hacen el servicio entre Ostende y Douvres
&amp;&lt;&gt;n soberbios; pero no igualan el lujo de los grandes
paquetes de la Co:npaffia de Mensajerías Maritimas.
Esta Compaflia es la más antigua de todas las de
navegación en Francia. Actualmente tiene líneas
que surcan el Atlántico del Sur, el .Mediterráneo, el
Mar Negro y que pasando por el Canal de Suez llegan á los puertos de Indo-China y .Australia. En esta última tiene sus buques mejores para luchar con
la&amp; Compañías inglesas y los habitantes de la Gran
Bretaila la prefieren á los buques de las empresas de
au tierra.
·
Entre las últimas adiciones de la flota. de las .Menaajerfas Marítimas, debemos citar el Laos y el CordiUere.s, que ofrecen el lujo más grande que se baya
TiatO fl bordo y acaso en los mejores hoteles.
El Laos fuá puesto al servicio público en Julio de
1897; es un poderoso navío de cerca de 150 metros
de longitud total por 15,50 de anchura; desplaza
8,910 toneladas y en las wuebas dió una velocidad
de 18 nudos y medio, aunque ordinariamente camina
con una velocidad de 16 nudos, no teniendo que entregarse á la terrible competencia de tos trasatlánticos que hacen el servicio de Nueva York.
El Lao3 tier..e cabida para 143 pasajeros de primera clase, 71 de s~gunda y 81 de tercera.
Lo notable de este buque es su elegancia, como lo
es de casi todos los de la Crmpañfa propietaria del

El Paquebot "Laos·•

Las últtmas aDlicaciones de la ciencia
Los rayos X y la. Tipografía.
Ya se~habla mucho en el mundo científico de la impresión por medio de los
rayos X.
Dicen los que pretenden saberlo que
esta aplicación clentffi.ca está en sazón y
que muy pronto tendremos libros y periódicos sin el concurso obligado de los
tipógrafos.
Hace algunos años se pensó en reproducir sobre bleques de hojas de papel los
caracteres de una hoja-tipo, empleando
para ello la corriente eléctrica, como Jo
hizo Caselli en el pupitre de su telégrafo
de 1864.
L0s rayoh X presentan un resultado
más sencillo y día á día se multiplican
las tentativas de los sabios .en todos los
lugares del globo.
Los rayos X pueden atravesar cien hojas de papel yuxtapuestas é imprimir radiográfica.mente todas á la vez en el momento en que E.e las sitúe ante un manuscrito-tipo ó un texto, para lo cual basta exponerlas algunos instantes á los rayos Roentgen.

ÚJ/&gt;8.

Una conocida casa recibió el encargo de amueblar
y decorar el salón ae conciertos de primera clase, así
como la entrada principal y dos corredores del puente superior.
En el puente principal está el gran salón que se
domina desde las galerías con balaustradas situadas
á uno y otro lado de un gran espacio libre de donde
re:ñbe luz el salón.
Es maravillosa esta parte del buque. Las galerías
cayas balaustradas y puertas se ven en el grab~do
que representa el gran salón, están decoradas al estilo Luis XIII con profusión de ornamentos de un
gasto exquisito. Hay en ellas notables panneaux de
flores obra de un artista de talento, M. Cerbron. El
mismo grabado nos presenta, transversalmente al salón, una balaustrada de madera y un vestíbulo cou tapicerías, que da al salón de música.
Este l1ltimo es ::na joya estilo Luis XV: también
lo reproducimos en esta página.
Las puertas vidrieras, fas maderas esculpidas, los
espejos, ias pinturas de Cerbron sobre las pue, tas, el
clt;lc, pintado por .Moreau-Neret, todo esto hace olYidar que está 11no en un buque.
La parte decor!ltiva del gran salón es de Jo más
bello y la profusión de luz y la amplitud di, la esta.a-

***

Gran salón.
cla hacen olvidar al viajero la sensación de '.\sfixla
que se experimenta en los buques de otra clase.
El salón de fumar es también elegantísimo y el aspecto de los dos que aparecen en esta página les indicará á nuestros lectores lo que será esa otra maravilla del lujo de los buques modernos que tienen la
primacía. en materia de seguridad, comfort y buen
gusto.

Con lo dicho se comprende cuál es el
nuevo sistema de impresión.
Para imitar la tlpografía se cubre de
tinta grasosa el papel-tipo y se escribe en
máquina con tinta azucarada ó engomada, obteniéndose con el desarrollo ca.rae- teres negros en fondo blanco.
Para imprimir las dos caras del papel se sensibilizan en bandas paralelas, de tal modo que las líneas
del anverso correspondan á las interlfneas del reverso; se pega el texto de ambos lados por bandas y en
caso de corrección, se rectifica ndda más la banda que
contenga el error.
Naturalmente es posible radiografiar muchos bloques á la vez; si se opera con 20 bloques de 100 hojas
cada uno, se obtienen como 6,000 ejemplares por minut,o, pues se desarrollan y se secan automáticamente. Así, pues, diez personas producirían en ocho horas de trabajo más de 7.500,000 de ejemplares, desarrollados, lavados y secos.
Todo esto es seductof, pero la máquina de escribir
no proporciona un texto regular y elegante, a~í es
que tendríamos muchos ejemplares aunque detestabl~s,. á meuos que se perfeccione la máquina de escribir y se obtenga con ella un texto que pueda servir de tipo.
También hay que examinar si industrialmente el
tiro es más económico por la radio~rafía que por la
prensa mecánica.
Esta ec; la incógnita del problema; pero de todos
modos la impresión radiográfica podrá ser muy útil
en ciertas circunstancias y servir como auxiliar del
invento de Gutenberg.

NOTAS
Cuando visito un país me preocupo menos por conocer las leyes que por saber si las aplican.
Montesquieu.

*
* *valen lo quP, su gobierno.
Las alianzas de un país
G. Valbert.

***

El"cumplimiento del deber, como toda victoria, es
tanto más glorioso cuanto mayores son las di.ticultalles que se han vencido.

Llegada de un convoy de &lt;&gt;ro á Daw,on.

Sal,ón de

C&lt;&gt;ncurtos.

Valtour.

I

�EL MUNDO,

Domingo 3 de Diciembre de 1899,

Et reflejo, el olor, la flama y la imagen.
Una tarde que estaba muy pobre, más pobre
todavía que el día anterior que estuvo tan pobre,
Albo Cirilo, hacedor de Vc!rsos por vocación y
muerto de h'¼mbre por costumbre, se empezó á
convencer de que el tiempo era largo. No habiendo podido di~traer su fastidio ni por su aplicación ferviente á. acabar un soneto, tomó el partido de dar una vuelta por el boulevard: allí al
menos se oye ruido y se ve muchas cosas.

Al torcer una esquina, c imino del bonlev&amp;rd,
vió por las cuatro ventanas abiertas de un primer piso un suntuosísimo salón, donde bajo los
cristales deslumbrantes de las aranas coruscaban
los moarés rojos de las tapicerías y de los muebles y chispeaba el oro de las molduras: algún
salón preparado para una fiesta. Y más lejos,
por el claro menos iluminado de otra ventana se
veía las sedas pálidt1s y. los encajes vaporosos de
un lecho. Albo Cirilo, expulsado tre3 días antes
de un hotelíllo de la C'llle de Alemania donde ocupaba un enarto miserable.juzgó brutal, mediocre
y burgués el lujo de aquellos salones, y banal el
elegante misterio de aquella alcoba. Y seguía au
camino, cuando vió. sobre el asfalto brillante por
la lluvia el reflejo del palacio. Lo vió hermoso,
se mclinó, lo recogió como se haría con una hermo9a tela, lo dobló cuidadosamente y lo guardó
en la bolsa derecha de su gabán para hacer uso
de él en caso de necesidad.
Un olor lo atrajo. Guiado por su instinto notardó en encontrarse frente á un almacén de comestibles, donde tras el cristal de los escaparates,
apezonados aquí y ~llá por las negras redondeces de las trufas, ostentaban los pavos sus enormes vientres entre dos platos de rombos adornados con perejil, bajo una especie de emparrado
donde se entrelazaban ramas de cerezo y de donde colgaban naranjas y anonas con la corteza
chorreando azúcar.
Desde que ya no tuvo crédito en el fonducho
situado en la esquina de la calle de Alemania y
del Ahorro, Albn Uirilo comía en las mafianas
(nunca comía en las tardes) en un mezquino restorante que vendía por seis céntimos una tajada
de ternera porque era de caballo, y por tres una
costilla de carnero porque era de perro. Cirilo

despreció los pavos, volátiles prosaicos y vulgares, los rombos tan eatimadoa en las cenas de
bodas y en los banquetes burgueses, las frutas
maduras aunque exóticas, y sólo las diminutas
naranjas que temblaban en el aire le pqrecieron
graciosas, tan graciosas que las habría mordido.
Una sola cosa le agradó completamente: el incitante olor de los manjares y el fresco perfome
de frutas que exhalaba todo el almacén. Entre
sus dos manos que cerró apresuradamente para
que nada se escapase, aprisionó aquel olor y lo
puso en el bolsillo izquierdo del gabAn. Qt1izá.
se presentaría ocasión de servirse de él.
Una multitud ávida, en la que se veía por entre
los cuellos de los hombres adelantarse cabezas
de mujeres con lo~ ojos deslumbrados, en la que
se crispaban con instintos de apropiación los punos
codiciosos, se agrupaba, se amont0naba, se encarnizaba. frente á un escaparate de joyería que
en un enorm~ estuche de terciopelo azul pálido,
mostraba todas las alhajas de la archiduquesa de
Tesalia: collares de triples sartas de diamantes del Brasil, brazaletes de rubíes del Cabo y
pendientes abiertos en pétalos de zafiros, como
rosas hechas con esplendores az11les. Cuando llegó de su provincia, Albo Cirilo traj) consigo una
crucecita de oro hueco. q ne su a bue la, una anciana con la cabeza RiPmpre envuelta en una mascada roja, muv ab ·igada, con las manos seniles
vueltas hacia los brazos di&gt;I sarmiento, bajo la
gran chime!'lea, le había confiado como un talismán; y como la habfa empefiado en tres francos
en el Monte de Piedad no se explicab!\ que se
pudiese codiciar las vt1lgares alhajas modernas
hechas con piedras finas que se encuentran en
todas partes. Lo que hubiera querido ver era ·la
diadema de la P11loma Pico de Hierro, con que
Camira, reina de Asiria, viuda de Menonés y de
Nino, se engalanó para desposarse en el sepulcro real con
el cadá.ver de Ara el hermoso.
Sin emb11rgo, derram ,do por
encima de las cabezas atónitas
el esplendor del i&gt;scaparate era,
muy bello. Levantando una
mano, Albo Cirilo atrapó aquella flama como se haría con
una ma.-iposa de luz y la encerró en uno de los bolsillos
de su chaleco. En ciertas circunstancias las menores cosas
pueden ser útiles.

En la plaz¼ de la Opera, se detuvo frente Ala
escalinata de breves peldafios á ver las mnjerea
hermosas que b!ljaban de los carruajes. Primeramente aparecieron muchas viejas y muchas
feas, porque con frecuencü, las pobres son Ju
que en compensaciin de tantas cosas que no tienen, poseen h gloria (más gloriosa en los vestidos sucios y los harapos) rle tener veinte an.os y
de ser guapas. Sin emb11rgo, he aquí que salió
de un coup_é capitonado_ de seda malva, y aquí,
y allá., lummoso de espe¡oe, la perfecta Princesa
en quien triunfa el m&amp;s milagroso deslumbramiento qlle pueda producir una mujer, y que
tiene, aprisionado y oculto, bajo una bruml\ de
encajes, las gracia~ de Afrodita, hechas con espuma marinq, redondeada y solidificada por la primera caricia de la mano de un dios. Albo Ci"ilo
se quedó frío. Y no era que tuviese alguna mujer cuyo amor lo apartase de cualquier otro amor•
su último amor fué una criada de cortesana'.
una mujer casi vieja, casi sucia que se encontró
en el fonducho de la esquina delas calles de Alemania y del Ahorro; sino que poco pagano (desde que el Pttrnaso no existe se ha renunciado al
Oiimpo) se había consagrado á las pálidas y delgadas y melancólicas gargantas de las vfrgene~,
ya enflaquecidas por el próximo martirio; y la
fdrviente devoción de su sueno ac,niciaba aque,
lla belleza divin1:1.. Corno se alejara vió en uno
de los espejos del coupé la imagen de la Prince~a
que se volvía á tomar su abanico olvidado. Y
aquella.imagen més bella que la mujer de quien·
era imagen lo entusiasmó á tal grado que se precipitó sobre el coupé para robarla. La multitud
entonces se arrojó sobre é', lo injurió, lo amenazó con conducirlo á la cárcel. fuá necesario golpearlo; pero él se dejó maltratar y se alejó,
contento, porque había aprisionado la imagen en
su rauda m11no. La guJtrdó en una de las b:&gt;h u
de su gabán, pero no en una de las de abajo, sino

Domingo 3 de Diciembre de 1899.

EL MUNDO.

en esa bajo la que late el corazón. Aquella ima.gen la sabría emplear muy bien, ¿cuándo? al insiants tal vez.
Atravesó el boulevard, la Calle Real, Cruzó la
plaza de la Concordia, costeó el Sena, caminaba
velozmente por la banqueta del muelle entre los
transeuntes á cada momento m&amp;s raros. No habiendo dormido desde hacía tiempo en un lecho
cansado, con el vientrA adolorido á causa del po'.
.co alimento, sombrío por las tinieblas que arroj aba en él la esperanza extmta, y también de
solado por no ser querido ni por la criada de la
,oortesana, .b uscaba algún refugió donde pudiera
eatar solo, aunque triste. Sabia que existe un
puente cuyo primer arco cubre una ancha acera
embaldo~11da. Allí había dormido algunas veces.
..Reconoció la escalera, se encontró completamente solo bajo la ojiva del arco, y el silencio ruido·10 del agua corría á lo largo de las piedras,
Divagó largo tiempo.
Y sonrió
De la bolsa derecha de su gabán sacó el reflej o del salón y de la alcoba, más bello que la alcoba y que el salón, tapizó con él las piedras gri..aes del puente y todo el crepúsculo y quedó enmedio de una fiesta. Como tenia hambre tomó de
-su bolsa izquierda el olor de los manjares y de
las frutas, y sobre una mesa ofrecida por el reflejo del salón hizo un hermoso festín. Pero ¡es tan
lúgubre comer á obscuras! Se acordó de la flama
que llevaba en su chaleco y al instante ardieron
por todas partes diamantes más luminosos que los
diamantes, zafiros más azules que los zafiros y
todas las mar11villas deslumbrantes de una ideal
j oyería; no, no eran más cl11ros los fulgores de
las pedrerías de la diadema de la Paloma Pico
de Uierro. Y en la incomparable luz, entre la
pompa soberana de las telas y de los muebles de
oro se puso á comer, teniendo en las manos un
-cuchillo y un tenedor de plata, platillos fabulosos
y frutas que no se maduran más que en el jardín
de l~s He~pérides. Comía furiosamente, comía y
-comia Si por momentos se veía obligado A
cerrar los ojos á causa de la mucha luz que había en torno suyo, no podía dejar de abrir más,
más, y siempre más la boca, á causa de su
apetito renovado por manjares milagrosos é imprevistos. ¡Pero es tan fastidioso cenar solúl Y de
la bolsa de su gabán, esa bajo la cual late
el corazón, sacó la imagen, la imagen más bel la que la Princesa, la imagen que parecía una

339

frágil mArtir demacrada. Y cenaron juntos, la
imagen y él, en el suefio del palacio y en el sueno de las pedrerías. Pero como el suefio A
veces exige la realidad la llevó, reflejo ideal, al
reflejo del lecho más misterioso en el inefable es,
tremecimiento de las sedas y de los encajes. Y
de la misma manera que había comido mucho A
la luz de engaflosas el Árida des, softó mucho sobre
aquel lecho de ilusión. Y se sentía transportado
en una purificación celeste, hacia los países maravillosos del amor, donde los goces se perpe•
túan y se realizan los más locos deseos. Y sofiando, soflando, le faltaron las fuerzas y el aliento y desfalleció extasiado.

*

* *
Algunas horas después de salido el sol, el trasquilador de perros y descuatizador de gatos que
une á su oficio ordinario la fnnci ~n de afeitar al
aire libre á los marineros de los buques mercantes, vió á alguien que estaba muerto sobre el embaldosado, baJo el arco. Ft1é á avisar al comisa1 io de policía que se apresuró á acudir acompafi11do de un médico. Un tumulto de gente que se
amontonaba _en torno del muerto, viendo los mis~rables vestidos, murmuraba: alguien que se suicidó á causa de, la miseria, alguno que se murió
de hambre. El Doctor, con una rodilla en tierra
comprobó la muerte de Albo Cirilo. Pero ¡qué
asombro cuando después de un examen atento
del cadáver declaró que contrariamer.te á. todas
l11s ver0similitudes debió morir de un exceso de
mesa, d.i indigestión en una palabra, y de algún
otro exceso, un exceso de amor. Y los ojos de
Albo Cirilo no
cerrados aún, estaban secos y
calcinados como
los de un hombre que hubiera
estado mucho
tiem¡&gt;o con la cabeza adelantada
hacia un horno,
ó que durante
muchas horas hu•
hiera visto de
frente a! sol.
Ü.ATULLE

MENDES.

OUf\TRO PRETENDIENTES
En la aldea, entre las muchachas casaderas,
'tan aólo la hija del labrador Denizot era hermosa,
oon la belleza de la campesina, las mejillas rosa-das y los brazos bien torneados y llenos de hoyuelos. Ademá.s, Celestina tenía mucho de seflollita, pues había sido educada en la ciudad, en el
-colegio de las Hermanas.
Así, pues, los más apuestos mozos del pueblo
habíanse enamorado locamente de la hermosa, y
-cada uno juraba conquistar su amor. Entre los
enamorados contábase Teodoro, el hijo del al-calde, un p0co pagado de sí mismo y que se morfa por ejercer su mando á propósito de todo.
~ lemente era el segundo enamorado, un moreno
muy peripuesto que estudiaba para profesor; y
'?ra el tercero Aug:!sto, albafiil inteligente, trabaJ ador obstinado y hombr, de constitución robus•
ta que se ganaba espléndidos jornales. Era el
enarto pretendiente-i1un cuando nadie lo sospe~hab_a-Desiderio, un jovenzaelo pálido, cuya
intehgencia era mucho más aventajada que su
,Pers_ona, de modestos i-leales y de carácter de~ as1ado tímido para osar ponerse en competen·ci11 con los otros, contentándose con suspirar en
secreto, y sin permitirse otra cosa que lanzar á
la bella Celestina una mirada de soslayo cuando,
al llegar el domingo, la muchacha iba á la misa
P~sando entre la fila de sus admiradores, muy
bte~ vestida, con su aspecto un poco altivo que
hacia á los mozos atuzarse nerviosamente el bigote, mientras que Desiderio se ocultaba detrás
de ellos, avergonzado y confuso.
F.l tio Denizot y su hija no habían hecho aún
'111 ~le:ición. Celestina era deml\siado joven.

-No l~ casaré sino hasta que pasen tres afios,
-había dicho el labrador;-de aquí á entonces
hay tiempo suficiente para escoger la mercancía
y pesarla bien. Dentro de tres anos Celestina hará su elección.
Así, los enamorados decidieron hacer proezas
para ver cual de ellos se llevaba á la hermosa
muchacha cuando llegara el tiempo fijado.
-Los galones! -dijo el primero, á quien gustaban las campaflas y quien, por otra parte tenía

qu~ hacer_ su servicio militar;-no hay para las
muJeres smo la gloria; los galnnes de oro sobre
las mangas y un hermoso uniforme. Voy á eng~ncharme eu .Aftica, y dentro de tres afios, á
m1 vuelta, ya con el grado de sargento, me despos11.ré con la bella Celestina.
En cuanto á. Clemente, que estudiaba para profesor, había resuelto irse á la ciudad para ingresar en la Escuela Normal. ·
-Profesor en un colegio, proresor en la ciudad, he ahí lo que es preciso que yo sea; un ver dadero senor como M. Duhamel el profesor de
matemáticas en el Liceo, que va por allí con su
gran s?mbrero_ de copa, su bastón bajo el brazo,
Y una mstrucc1ón superior. De esta manera eclip•
saré á todos los campesinos.
. Por lo_ que hace á Augusto el albafiil, no temendo smo sus brazos para trabajar tomó también su partido.
'
-Tr.,s aflos .... es preciso que en tres afios
haga yo una fo:::-tuna, una verdadera fortuna; quA
pu~da yo llena~ con oro un gran saco, para constrmrle á Celestma un castillo que haga palidecer
á todos_ de envidia. Precisamente acaban de ser
descubiertas en América unas minas de oro· allí
es donde los hombres esforzados hacen dU f~rtuna. Yo me casaré con Celestina.
Y Augusto se fué también como los otros llevando. algunas economías y sus dos fuerÍes y
nervudos brazos.
Y ~sí fué como ~n 1~ aldea. no quedó más prete~d1ente que Des1derio, tan mofensivo, tan tímido, que nadie_ se fijó en él .... y sí por la primera vez Celestma.
Ahora que estaba él solo esperándola A Ja ea-

�340

EL MUNDO.

Domingo 3 de Diciembre de 1899.

Domingo_ 3 de D~ciembre de 1899.

341

EL MUNDO.

CANCION DEL ALCOHOL

lida de la misa y que los otros no se enc?ntraban 1111! para_ ocultarlo con sus estudiadas posturas, Celestma no podia deJar de
mirarlo al pasar; y él, desembarazado de sus rivales, parecía más
Acaricio al Dolor y lo duermo
alto y menos delgado, y sus grandes ojos se haci~n más dulces
con mi onda que robo al Nirvana.
y tiernos cual'.ldo, con la punta de los dedos, o!rec1a el agua benEste siglo caduco y enfermo
dita á la muchacha. Así, poco á poco, Celestma llegó á encon·
me apura, me apura como una tizana.
trar gran placer con la presencia de Desiderio.
_
Y un hermoso día de primavera, fastidiada por la ausencia
-:*** •
de sus pretendientes, instintivsmente_bus~ó á alguie~ á su ~erredor y sus miradas cayeron sobre Des1der10, mudo é mmóv1l, ab
Soy blanco, soy rubio, soy hecho con rayos de sol
sorto en la contemplación de
soy negro, s: y verde, soy rojo: me llamo el Alcohol~
su amada. Ella entonces sintióse también conmovida, y
su corazón latió fuert~mente
Contemplad la mundana balumba;
como nunca había latido ni
impotente el hambriento en su afán,
por el hijo del alcalde, ahora
y
ve á sus hijos cual larvas de tumba
en .Africa,ni por Clemente que
que sudan miseria, gritándole: pan!
estudiaba en París, ni por Augusto que se había marchado
¿Mas que importa la sucia caverna
á buscar· oro á Klondike.
y los gritos del lívido enjambre?
al entrar en la humada taberna,
El tio Denizot, al caoo de
se borra, se borra el fantasma del hambre ...•
algún tiempo, sorprendióse vivamente al encontrarse, en su
*
paseo por el campo, con la
* *
pequefta vifta de Desiderio,
El que llora imposibles amores
tan bien cuidada, que el fruto
y de lutos eternos se cubre,
parecía doble, y las cepas
y vió muertos sus sueños, cual flores
más eRpesas.
que tronchan los vientos del pálido Octubre,
-¡Vaya con el perillán de
En mis brazos de mago se enreda
Desideriol ¡Quién lo hubiera
y realizo su ardiente deseo:
creído!. .....
yo le tiendo la escala de seda;
Absorto estaba á la vista de
le finjo la dicha que tuvo Romeo ..... .
tanta belleza, cuando se presentó Desidnio, un tacto conToda pena se aboga en las cubas
fuso por hallarse delante del
donde bulle la sangre de Bacc,
padre de la que adoraba.
exprimid hs pletóricas uvas
-Y el perillán se pone co·
y alzad el sonoro .:arquesio d:osiacol
lora.do siempre que me encuen
tra, como si me hubiese robado algo,-pensé el naje con su gran sombrero de copa, su bastón
*
* *
bajo' el brazo, y su levita bien abrochada.
viejo.
.
El tio Denizot al encontrarlo en la calle quedóSoy blanco, soy rubio; soy hecho con rayos de sol,
Y como dijera esto en voz alta, un campesmo
malicioso que á. la sazón pasaba, dijo al tio De- se encantado y mientras le echaba los brazos al soy verde, soy negro, soy rojo: me llamo el Alcohol.
' ternura que ponía 1agr1mas
.
cuello con una
en sus
nizot:
*
- No enrojece por lo que te robó, sino por lo ojos, se decía interiormente con unsentim_iento d~
* *
que quiere robarte .... ¿.Acaso no has observado orgullo: «He aquí el marido que necesitaba mi
El anciano que trémulo marcha,
las tiernas miradas que dirige A tu bija á la sali- Celestina; hoy verá cuánta raz.5n tenía yo en
apoyando los piés sobre ruinas,
querer
esperar
hasta
el
último
momento.»
da de la misa?
con la frente cubierta de escarcha,
- Al fin volvemos á verte, querido Clemente.
El tiv Denizot nada dijo, y se fué prontamente
con la vieja frente cubie"ta de espinas,
Mucho
tebas
hecho
esperar;pero
ahora
sí
que
to
A su casa para interrogar á Celestina.
Halla en ::::í su ya muerta energía;
- Cierto- dijo la muchacha- y es verdad tam- das tus ansias quedarán satisfechas y tus esfuerzos
soplo en él los alientos del fuerte,
recompensados. Celestina es tuya y la boda se
bién que lo quiero.
y al calor de mi roja ambrosía
efectuará tan pronto como lo quieras.
-¿Y los otros, Teorloro, Clemente, Augusto?
piensa el pobre viejo que engalía á la muerte.
-¡Cómo! ¿no sabe usted. tio Denizot?-dijo
- ¿Para qué se fueron?-dijo Celestina.-Sime
Clemente
un
tanto
sorprendido-¿no
sabe
usted
hubieran amado estarían aquí. ¿Es que puede uno
*
* *
alejarse de los que ama? Lo que ellos querían que me casé en París y que traigo conmigo á mi
esposa?
eran vuestras tierras. Además ¿dónde están ellos
Y ese :oco genial que vislumbra
El viejo, avergonzado y confuso, no encontró
á la gloria-querida cruelahora? Han visto ya el mundo Y. nos han olvidauna sola palabra que contestar y se alejó apreY sólo halla la envidia-penumbrado, es seguro que no se acuerdan de nosotros.
que marchita en su frente de augur, el laurel.
-Veremos-dijo el viejo-tienes que esperar suradamente.
Al llegar á su casa, fué Celestina quien le dijo:
hasta que llegue la fecha que he f!jado.
En países de ensueño se pierde,
-Padre mio, acabo de ver pasar por aquí á
-Pero, padre ¿por qué he de esperar si es á
y el arcano ideal quizá ve,
Clemente,
tan
repantingado
en
su
levita
y
tan
Desiderio á quien amo?
cuando prendo en su cráneo.la verde
-He dicho que tres ailos,- dijo secamente el . ridículo que aunque me suplicase de rodillas que
estrella de absintio que amó De. Musset.
consintiera en ser su esposa, no accedería yo por
tío Denizot.
nada á su petición. .Amo á Desiderio y pido á us*
* *
ted su consentimiento para casarme con él.
Pronto iban á terminar esos tres ailos, cuando
Con mis aguas lustrales, remedio
-Lo tienes hija mía. Yo también he encontrael hijo del Alcalde volvió. Buen soldado, ofi- do en la calle á Clemente, y me ha parecido lo
el fastidio del oro: el spleen,
cial, pero de conducta completamente deprava- mismo que á ti, muy ridículo y muy pagado de
y á mis risas febriles, el tedio
reprime un bostezo, se vuelve.Arlequín.
da, con el rostro ennegrecido, el uniforme aban- sí mismo. Avisa á Desiderio que consiento en tu
donado y sucio, y un olor á ajenjo que no le aban- boda con él, y dile, además, que lo e..timo y que
Enrojezco la faz de la Anemia,
donaba nunca, Parecía haber envejecido diez siempre lo he querido por haber reconocido en
mi caricia es mordente y extraffa;
ailos, y desde su llegada se instaló en la taberna, él al hombre trabajador que para nada se ocupa
y en el fino cristal de Bohemia
- Ya lo ve usted, padre, ¿á qué esperar más?
ríe la burbuja del áureo champaña.
en vanidades.
- He dicho que tres ailos.
Y la boda se efectuó ooco después en uno de
Sí! yo arrullo al dolor y lo duermo
Vino después Augusto. Tras de largas fa- los más hermosos días de primavera. Desiderio
con mi onda que robo al Nirvana.
tigas había logrado recoger en Khmdike un po- estaba radiante de alegria y el rostro de CelestiEste siglo caduco y enfermo
co de oro, pero habiendo caíjo enfermo, su pe- na coloreado por la felicid11.d, parecía una rosa
me apura, me apura como una tizana.
queflo tesoro le fué robado, y con terribles penas silvestre caídA sobre la nieve de su hermoso tray trabajos había logrado volver al pueblo, gas- je blanco de novia.
*
tando lo poco que le quedaba en su pasaje y en
* *
ENRIQUE CORMIELLE PERIER,
medicinas. Al verlo no se le hubiera reconocido,
Soy blanco, soy rubio, soy hecho con rayos de sol,
tan amarillo estaba y tan pegada tenía la piel á
soy verde, soy rojo, soy negro: me llamo el Alcohol.
los huesos. Lo había perdido todo, hasta su fuer•
za y estab'l oculto en su casa, lleno de confuRAFAEL LOPE7..
sión.
.:....Ahora sí, padre, ya no hay que esperar-dijo Celestina con impaciencia. Amo á Desiderio,
¿para qué peraer más tiempo?
-Falta Clemente ..... .
El tío Denizot estaba ansioso por la vuelta de
Clemente, pues mucho era lo que á sus oídos babia llegado sobre las aptitudes del muchacho y
sus éxitos.
Y al fin llegó también; venía hecho un pe~rn-

IV
Colombina sale de su es•
condite y se desespera porque ama á Pierrot. En su
angustia va á colgarse de
su chal; pero vuelve la cara,
ve al Amor niilo de pie en
el altar y se arrodilla é implora su auxilio con fervor.
El Amor sale de su inmovilidad, se anima, sonríe, se
de'spereza, cambia de postura y recita unos versos.
-Puesto que siempre me
has servido y Pierrot te
abandona, voy á proporcionarte los medios para
que lo castigues. Te olvida por la luna sin saber que
ese amor es insensato. Diviértete á eosta de él y para curarlo de su insania,
conviértete en

~ \\
~~,'!
-·

,r¡~'

HADA DE LA LUNA,

la luna, exponiéndose á caer en el agua. Salta al
brocal y se inclina. Quiere coger á la l~na en el
agua que le refleja y quiere besarl '\ y se tiende en
la orilla. Se moja los dedos y bebe un poco de
sgua que lo hace estornudar como un gato resfriado.

II

PIERROT ENAMORADO
DE

LA LUNA.
La escena pasa en un parque Watteau baila~o
por la luz de la luna. Setos vivos. Bruma sutil.
La luna llena, en el centro de la decoración, se
refleja en un estanque azul rodeado por un brocal de mármol blanco. En primer término, á la
derecha, un altar del Amor, baftado por la claridad de la luna y cubierto de guirnaldas. En el
zócalo, la estatua del Amor-niño, con arco y carcaj, y dos alas blancas, se destaca blanco Y sonrosado en el cielo pálido.

...................... ............. ....... ..

I
Pierrot llega corriendo como si alguien lo persiguiese. No viene vestido de largo saco flotante
da algodjn; trae una blusa algo ajust~da de primoroso Gi!les. Tiene la cara enharmada como
siempre y la cabeza cubierta con su montera yu~
eombrerillo. Huye de Colombina quien le p~rs~gue como una abeja importuna cuyo rumor uri1ta. Ella lo hostiga ó quizá lo cree loco porque está
enamorado de la luna. y ¿por qué no habí:3- de
sentir ese amor? La luna es bella, suave, brillante, pura como un lirio, magnífica como una rosa•
La contempla y la admira arrobado.
Le canta una balada.
Se arrodilla y eleva hasta ·ella una oración. .
Lo llama con palabras dulces. Implora su piedad,- ¡Nadal
Quiere ir á ella, puesto que ella no :viene á él.
Una navecilla está amarrada A la orilla del e~tanque; entra en ella y levanta los brazos hacia

•

Suenan los timbales, caen
la" ropas de Colombina y
aparece en la forma de media luna, vestida de falda
corta de g-asa azul sembrada de pedrería y con
una diadema en los cabellos. El rostro, los brazos y las piernas tienen la l}alidez d9l astro,
La luz nocturna se va disipando.
La luna del cielo, por efecto de transparencia,
se reduce á su cuarto creciente,
Suspira un scherzo.
Es la primavera.

V
Pierrot despierta y admira, deslumbrado, al
bada de la luna. ¡Qómol ¿es ella? Sí, ella es; ha
bajado á la tierrs: baila, simbolizando rn
danza la juventud de
la Luna y su propia
juventud. Pierrot qui e•
re sujetarla, pero fa
virgen se le escapa de
entre las manos v lo
amenaza como si· fue.
ra una cabra, con 11\
punta de la media Inna luminosa, prendida
en los cabellos.

Llega Colombina, vestida con su falda rayada y su chal lila, Le hace á
Pierrot amargos reproches. ¿Por qué
huye de ella que lo cuida tanto y le da
golosinas? ¿Ya no se acuerda de las
piernas de carnero asadas, de· los enormes jamones, de las tortillas de huevo tiernas y sabrosas? ¿Y los vinos
suaves que calientan la sangre, y el
champagne que estalla y hace espuma? ¿Y ella, el regalo más suculento,
merece tanto desprecio? Sin embargo...
y se mira y encuentra que sus gracias
son dignas de un Dios.
Pierrot permanece insensible.
-¡Vamos! Elh lo engaftarA con un
capitán de bie-otes de media luna,
insolente y bello.
Pierrot no se inmuta.
-Entonces lo dejará por Arlequín,
el brillante abigarrado.
Pierrot sonríe con incredulidad.
._
- ¡Vaya! pues en ese caso, se irá
con un banquero barrigudo, de cuyo vientre bro
tltrán los luises de oro.
Pierrot se encoje de hombros.
Ella se desespera.
-Me mataré, dice.
-Perfectamente, yo te ayudaré. ¿Qué quieres,
1
cuchillo, cuerda, fuego, veneno?
- ¡Ay! exclama Colombina; ¡qué desgraciada
soy! Todo por esa Luna maldita, pintada de blanco, horrible, vieja, decrépita! ¡u_fl ¡horror!
y amenaza con el puilo á su rival, escupti en el 1
estanque sobre su imagen. Pierrot indignado la
amenaza y Colombina se ríe de él. Pierrot la
persigue y ella se refugia en el altar del Amor.

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III
Pierrot vuelve jadeante por la inútil persecución, Prefiere vagas amenazas contra Colombi·
na invisible y cediendo á la fatiga se tiende sobre un banco de flores y se queda dormido.

V;i.f!,-_v. t

:,¡

.

.'

�342

EL MUNDO

Otra vez suenan lo timbales.
El hada de la Luna se convierte en luna llena
con un disco diamantino en la frente. Al mismo
tiempo la media luna del cielo ilumina todo su
hemisferio. Se eleva un andante. Es el estío y la
noche está clara. Se oye una danza sensu9l y
lánguida: es la madurez de la luna, la luna mujer. Pierrot quiere estrecharla entre sus brazos,
pero como está ella helada, lo hiela. ¡Birl
Sa~nan de nuevo los timbales.
El hada de la Luna se transforma, ya no lleva
en la frente sino un cuernecillo pálido y los cabellos se tornan grises. La luna del cielo se opaca, se opaca hasta no quedar sino un peque:fl.o arco luminoso. La noche se ensomorece. Suspira
un adagio. Espira. la danza del bada; es el oto:110 de la luna y el oto:fl.o de la m·u jer. Pierrot se
siente triste y desengaftado como ella, cuy a melancolía rechaza al amante.

Se oye el redoble de los timbales.
La luna desaparece. La noehe es obscura, Es
el invierno; nieva. La diadema desaparece de la
frente del hada que se aleja entre las sombras,
mecida por el lamento de un scherzo. Por fin
Pierrot la pierde de vista.

VI
Asoma-el alba triste y fria.
Pierrot se frota los ojos. ¡,So:fl.6? Se siente fa.
tigado. El frío de la maftana lacera su cuerpo y
lo asaltan mil reflexiones burguesas. Si estuviera en &amp;U ca1,a al lado de Colombina no sentiría
frío, comería. bien y bebería mejor. ¡Y los goces
del amor! . ... ¿Para qué exponerse tanto? Siente que ya no ama á. la luna. Llueve, el viento lo
molesta; ¿y Colombina? ¿A dónde habrá. ido?
¿Con Arlequín, con el capitán ó el banquero? ¿Se

OFRENDA.

Un perfume sutil de primaveras
.Me mostró como un ramo de jazmines
Tu seno, y en tus mieles y satines
El enjambre guardé de mis quimeras.
Quiero bajo el frescor de adormideras
De tus ojos, mirar nuevos confines,
Y distraer mi luto en los jardines
Azules de tus lánguidas ojeras.
Y en cambio de tus llses opulentos,
En cambio de los místicos ungüentos
Que hay en tu cabellera luminosa,
.Mi juventu1, que exhalará en las gradas
De tu altar, á la luz de tus miradas
Su perfume como una tuberosa.
. EFREN REBuLLEDO,

-------..•-------FUGACES.

Si eres p.iloma, yo tengo un nido
sobre mi pecho, blando y mullido,
para que arrulles, mi dulce bien:
será ese el nido de tus amores
donde te besen brisas y flores
de un armonioso, fálgido edén.
LOS BESOS.

Dame tus manos puras: una gema
Pondrá en cada falange transparente
Mi labio tembloroso, y en tu frente
Cincelará una ftílgida diadema.
Tus ojos soíiadores donde trema
La Ilusión, besaré amorosamente,
Y con tu boca rimará mi ardiente
Boca un anacreótico poema.
Y en tu cuello velado por las gasas
Del corpiño, pondré un collar de brasas,
Que tus bombros pulidos y morenos
Queme, y cuando en tu alcoba lo desates,
Ruede como una lluvia de granates
.Martirizando el lino de tus senos.
EFREN REBOLLEDO,

Si eres ensueíio, tengo una mente
bañada en rayos del sol ardiente
que hiere el prlsm!I. de Jo ideal:
allf viviendo feliz y hermosa
entre ilusiones eolor de rosa,
serás la reina, la sin rival.
Si eres aurora, tengo en el alma
límpido cielo que en grata calma
luce esplendente su regio azul:
cuando tú llegues á ese palacio,
tendrás alfombras de oro y topacio
y albos cendales de leve tul .. . .. .
Mas si al fin eres mujer altiva
que cruza el mundo provocativa
cual bella sombra de una visión,
para ti tengo luz en la mente,
nido en el pecbo, cielo esplendente
dentro del alma, y un corazón.
RANULFO PENAOOS.

Domtnge 3 de Diciembre de 1899.
ha~rá matadc,? _Sí, probablemente; todo ha con.
clmdo y ya no ,e queda más salida que collt'arse
de un árbol. Coge el chal de Colombina , haee u
nudo c?rredizo y busca con la vista una r ama :
propósito.
Entonces el Amor extiende el brazo y en clásico verso r~procha á Pie~rot su inconstancia. El
Amor es quien ha convertido á Colombina en el
h~da de la Luna, á fin de curar de su pasión A
Pierrot.
Si éste promete ser cuerdo, se la devolverá.
. -¡A.mala siempre! dice el Amor en tono imperioso.
Juramentos apasionados de Pierrot, el Amor
bendice á la pareja.
Fuegos de bengala.

p AUL

-.A.ilo VI -Tomo II

México, Domingo

10

de Diciembre de 1899.

MARGUERITTE.

E@.PEJISMO
Los dueloq de mi vida
son nubes que se alejan.
Hoy al tender la aurora
su rosado cendal sobre la niebla,
.;alí á llorar en mi ruinoso huerto
la inclemente orfandad de mis tristezas;
todo hallábase en pie, todo cambiado,
y en su dfa nupcial la primavera
ceñía una corona
de orquídeas y violetas.
El friso de las lilas festoneaba
el calado ojival de la glorieta,
la fimbria del rocío
temblaba en las libélulas,
colgaban en los olmos
sus balaustres de plata las falenas,
y en el raso del musgo los helechos
dei,ple¡mban sus túnicas de seda.
Vestí mi plectro entonces
con pasionarias y con rosas nuevas;
tomé la pauta de mis viejos bimnos,
dejé mi luto y me sentí poeta.
Los duelos de mi vida
son nubes que se alejan.
Mis dichas resurgieron;
volví á cantar la reja
velada entre jazmines,
nelumbos y camelias;
torné á evocar la imagen
sobre el marfil de cuya sien la estrella
temblara como nívea mariposa
sobre el diáfano tul de una caléndula;
soíié con un esquife fulgurante,
con un lago de .i.zúcnbares y anémonas,
y entreví la eminencia de una costa
s0bre el pórfido azul de cuyas peñiis
destacara el castillo de la dicha
la corona triunfal de sus almenas.
Todo alzaba otra vez en su lenguaje
la canción fes ti val de las promesas;
mis suelíos ·renacían,
tornaban mis quimeras.
Los duelos de mi vida
son nubes que se alejan.
PEDRO J. NAÓN,

1

0L ftzeoid ente· del ?5zanovaaL y ou eopooa.
•

Número 24

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 19 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO

31(1

Encontró más de lo que esperaba. De la caja
musical surgió Blanca-Bella, que era la que había cantado sin que el rey lo advirtiese. En el estado en que el rey se hallaba, puede juzgarse el
efecto que producirfa esta súbita aparición.
Blanc~-Bella estaba mlis hermo~a, y el rey fué
con ella más carifloso que nunca. Se amaron mucho· ningún enemigo turbó su ventura; fueron
sie~pre adorados de sus súbditos; tuvieron hijos
tan hermosos como ellos. y no cesaron de ser
protegidos por la serpiente, quien les r:galó el
castillo de alabastro, en el que establecieron su
corte.

EL DESPACHO

¿No has visto, cuando prendes la hamaca en los naranjos

Antes de que pudiera ve~garme, ni aun d~rme
cuenta de mi mal, ya la obscuridad del encierro
me cercaba. Horas eternas pasé á solas con mis
celos, sordo al ruidoso traqueteo, sin otro afán
que el de terrible venganza.
Al fin un hombre pálido y ensangrentado me
dió libertad, despnés de colocar en mi ala un des-pacho.
¡Qué cuadro desde lo alto! Una ciudad murada
ocupaba el centro de inmenso valle, surca~o por
un río de rojizas ondas. En torno pueblos meen•
diados, campos sembrados de 11rmas y de cadáveres, y llenando de humo elambiente y el esp~cio de clamor, un círculo de caftanes tronando sm
tregua.
Mi horrib'le pena se mitigó al pronto ante aque•
lla inmensidad de sufrimiento. Pero el recuerdo
de mi amor perdido venció á mi dolorosa curiosidád y tendí el vuelo. Al mirar por última vez á
la ciudad, á la cual afluía innúmera muchedumbre dispersa y derrotl;\da, sobre la puerta de la
mnralla flotaba una manchita blanca. Se rendían!
Volé á todo vuelo, con la vaga idea de que era
portador de la noticia de un desastre y exclamando con feroz alegría:-¡Voy á vengarme! Ví
entre suenos ruinas humeantes, mieses abrasadas, campos desiertos, soledad y muerte que n~
me apiadaban .... ¿acaso eran comparables á mi
duelo?
Al llegar sin aliento me aguardaba el jde, que,
apoderáudo~e turbado de mi despecho, huyó dejando mi jaula abierta ....
En ella estaba sola la infame ...... quiso fingirme am0res ... . .. ¡cuánta hiel y qué amarga
· cabe en nuestro pecho! A picotazos la maté y su
sangre enrojeció mi plumaje.
Desde la airosa veleta contemplé á mis pies la
gran ciudad insurreccionada, Yo había sido el
portador de la infausta nueva que la enloque•
cíll ...... ¡Venganza justa! ¿Por qué habían destruido mi felicidad?
Por las anchurosas vías circulaba negro torren•
te entre bramidos de cólera. Y al ver el estruend~ con que se hundía un trono, me pareció que
el mundo lloraba en los funerales de mi dicha
muerta, y que era la sangre que goteaba mi pecho la que ensangrentaba á París.

¡Qué alegre vida la nuestra en los palomares
de París!
¡Qué paz tan dichosa; bien cuidado por ague•
llos simpáticos veterar.os, adorados por nuestras
companeras!
De cuando en cuando, por ejercitar nuestro
instinto, nos llevaban lejos, muy lejvs, durante
horas enteras, encerrados en grandes banastas,
oiamo~ en las tinieblas entrechocar ruedas velo•
ces sobre carriles rle hierro, silbidos agudísimos
y trepidación atronadora, que nos angustiaban al
principio y á los que nos habituamos en breve.
Al llegar á puntos elegidos, cada vez más distantes del palomar, nos daban suelta. Eramos
dos centenares: deslumbrados al principio, nos
elevábamos á gran altura, con atolondrado vuelo
y describíamos ancho círculo volando iguales.
De repente, nosotros, los guiones, sentíamos la
misteriosa atracción del palom9r, ese impulso secreto que nos orienta y guía más allá del límite
de los sentidos más perfectos, y allá íbamos como flechas, seguidos por los pisteros de instinto
menos seguro. Y ¡qué peripecias! Ora las aves
de rapiil.a dispersaban el numeroso bando; ora
elevadas montanas nos oponían valla casi insu•
perable, y el viento contrario y la nieve fatigosa.
Algunos faltaban al recuento; otros ostentaban
heridas de garras ó perdigones. Pero ¡qué al6gría al llegar! ¡Con qué júbilo nos acogían los
veteranos! ¡Con qué amor nuestras esposas! ¡Bendito aquel adorado hogar tranquilo, tan apacible,
pese á los atributos bélicos que le adornaban!
Un día uno habló de nuestra misión guerrera,
y aseguró infatuado que se contaba con nuestras
alas, como preciosos elementos de la defensa na•
c,ional. Milagro fué que no muriéramos de risa
al oírle. Nuestros irónicos arrullos alarmaron á
JUAN ARZADUN,
los veteranos de cabellos blancos, tan pacíficos
como nosotros; ¡y decir que éramos de guerra!
¡Quelle blague!
Pero no hay dicha eterna. A mediados de Julio del 70, una actividad desusada reinó en nuestro palomar; los veteranos encanecidos hablaban
de la guerra con los dientes apretados y un aire
fiero del que yo no les creía capaces.
Nuestros companeros fueron expedidos por
centenares á todas las plazas fuertes del territoI
rio, al Este sobre todo, y les esperamos en balde
durante muchos días. El primero :,ue regresó
Yo mojaré una pluma del ala de un arcángel
herido en una ala nos refirió cosas horribles. Ha•
Eo la más blanca estrella,
bía visto aldeas incendiadas, ejércitos inataca- y en la olorosa página de un pétalo de nardo
blea, legi'Jnes en derrota arrastrando su desaTe contaré mis penas.
liento por todos los caminos, dejando en pos de
sí muertos y más muertos, de bala y de fatiga.
Sin duda, el despacho que traía. confirmaba
aquellas cosas horrendas, porque durante todo el
Serías mi perfume, si al florecido valle
día oímos maldecir á nuestros custodios; por vez
Tu paso dirigieras,
primera nos olvidaron á la hora de nuestra co- ¡Pues orlaría todos !05 flecos de tus rizos
mida, y tarde y al re,·és, nos sirvió un viejo con
Con mucha Primavera!
los ojos encendidos, que se mordía los mostachos y si algún día unieses á tu adorable espíritu
Mi alma de poeta,
por no sollozar.
Estas escenas me llenaban de fúnebres presen- ¡En todas las batallas y en todos los torneos
Serías mis bandera!
timientos, pero la horrible realidad la superó en
¡Oh!
flor
de
las e.urora.;, sultana de las tardes
breve .
Y maga de las tiestas,
Una t,arde el anciano tembloroso, jefe de los Señora del castillo de oro de mis suelios
demás, vino en persona á sacarme de mi celda,
Y esplendorosa reina!
tan bruscamente que no pude despedirme de mi
amada compailera.
III
-Alguna mi•ión difícil-pensé sin temblar,
viendo cómo en mi presP.ncia preparaban con ex•
¡Oh! ¡cuánto me subyugan tus árabes pupilas
quisitas precaueiones la ceata que había de conY tus pestafias negras!
ducirme.
¡Bien sabes que á tus galas es1:oltan mi_s ternuras
Antes de guardarme en ella cometieton una
C,,mo rendidas siervas!
crueldad inenarrable, El jefe mismo me vol- ¡Bien sabes que en las flores azules del romero,
vió á mi celda, en la que vi, estupefacto primero,
Que en tu balcón golpean,
y enloquecido luego, a. mi rival odiado ocupando Cuando abres las persianas, se agitan mis canciones
Como un tropel de abejas!
mi puesto, arrullando á mi adorada companera . .

De tu oriental flor&lt;Jsta,
Caer mis azahares que esmaltan los primores
De tú amplia cabellera?
Pues bien, esas caídas de símbolos nupclale~
Son flores que voltea
El melodioso enjambra de versos de mi lira
Que síguente doquiera.
¡Porque eres la paloma, la Venus de mi patria,
La Musa prindpesca,
La luz de mis malianas, la luna de mis noches
Y el canto de mi selva!

Año V I

Tomo

[l

México, Domingo .26 de Noviembr~ de

r~o&lt;.J

Número

IV
¡Escucha! Cuando exoirP, me arrojas una lágrima,
Que en el fulgor de ella
Se 1:1.vará mi alma para ascender radiante
A la celeste esferal
Entrar al Paraíso, que es donde van las novias,
Mi espíritu desea,
¡Para tejerte un solio de rosas y de astros
Al lado de Graciela!
GUZMÁN PAPINI y ZAS.

1

l

r· .
1

CRISTO.
Recepción en el patio central del Palacio Nacional.
Venía de Oriente, como el Sol. Venía
de la Mesopotamia,
dejando sobre mares y desiertos
larga estela de lágrimas.

Fot. de El Hundo.

Su inefable mirada, siempre triste,
se quedaba en las almas,
como un rayo de sol, hecho brillante,
se queda en la montaña.
Su palabra era pan. Y la echó toda
sobre la hambrienta raza
que gruñó al recogerla. ¡Cocodrilos
atrapando una garza!
Y mientras él, humilde, proseguía,
como uoa nube blanca,
lloviendo sobre estepas infecundas,
su bendición de lágrimas;
la tribu miserable se nutría,
de aquel pan con substanc_ia
que fecundó malditos embriones
de flores escarlata.
Y se fué la blanquísima silueta
perdiendo en la distancia ... ~
Como un dolor, la negra cabellera
le caía en la espalda ....
Ya sólo quedan de él, del compasivo,.
fulgores da miradas,
como raros diamantes, incrustados
en el duro carbón de nuestras almas.
JOSÉ MARÍA QUEVEDO..

La Junta Directiva organizadora .de la manifestación.

Fot. deJ'. P. Amago..

22

�312

EL MUNDO.

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

¡,
¡
1

Es bueno leer, de c11anrlo en _cuando, algunas pá.
glnas de cualquier libro de Lamartine, abiertas
al acaso. Eso rejuvenece. E'! una e~capatorta de
mucbacbo á las campiiias luminosas del ideal donde
el bc,rizont:, como el del mar, es sólo una línea de
claridad azul. No hay poeta que, como Lamartine,
sepa bacer de la vida un" melancólica aspiración,
una perfumada nube de incienso, un vago y tímido
suspiro, un extático sueño de amor y de esptranza.
Para este maravllloso narrador de Ja11 co:,as di vlnas,
la existencia es un combate bíbll~o entre ángeles y
demonio.;. Las mujeres de este sublime lírico tienen
las p~oporciones inverosímiles pero sugerentes de las
vírgeoe'I prerrafaelitas. Cuando las vemos en nuestra
fantasía, venir hacia nosotros, con silencioso paso de
sonámbula~. tenemos miedo de que al más ligew ruido de una afiuranza torpe, abran las alas y se echen á
volar como pájllrossorprendidos. En verdad queGrazlella y Julia :son ángeles caldos. Han tomado de la
realidad la f,,rma más delicada é ia:precisa, y el contorno de su cuerpo, de líneas purificadas y suaves, se
deslfe en la luz, como pronto á &lt;'.e~vanecerse.
Pero en el momento en que Lamartine baja la mi.
rada y se pone á contemplará loshomlires, es un ad.
mirador, un vidente, un profeta, un intuitivo filósofo
de ltmpia y caudalosa elocuencia. Allí están sus Gi1·ondi·1ws, magna obra de pensador y de poeta que, á
través de las decepciones y vicisitudes del espíritu humano, nos sirve todavía para confortar y vig-orfzar nuestra fe desfalleciente y nuestros débiles é inciertos entusiasmos.
Ent-:-nces Lamartine es vigoroso, enérgico, terrible y de sus cláusulas de fuego salen las voces atropellándose y armadas como guerreros que de improviso oye~en á lo lejos el toque de guerra.
La H istoria de los Glrondinos es un libro de aliento y fuerza, ent·e cuyas hojas palpita, como águila
prisionera, el alma loca de nuestra amada Francia.
Taine, un observador sereno, un estupendo f?OCiólogo, un minucioso y admirable analista, ba pensado
más, pero ba sentido menos los episodios de ese inaudito melodrama de la revolución francesa que es algo
así cerno el desbordamiento del mar del dolor y de la
mlserh1.
Y sin embargo para juzgará aquellos ho=ibres colosales repletos de pasión y de odio, tiene Lamartine
no sé qué milagrosa adivinación. Es un profundo psicólogo, que amplifica. la vida sin desproporcionarla.
Como .Miguel Angel, engrandece y vigoriza ,ms figuras con un dibujo lleno de relieve y atrevimiento.
Mas esos seres titánicos siguen i;iendo, á pesar de la
estatura gigantesca que al poeta plugo darles, hombres mezquinos, vasos de sentimientos ruines, juguetes de una inexorable y tremenda fatalidad.

***
Despué!&gt; de leer algunas páginas de los Girondinos
de Lamartine puedes irá ofr, i;i quieres joven escéptico, la ópera de Giordano que es el triunfo de la actual temporada en México. Ei una música becha á
propósito para acompafiar este pasaje doloroso:
... . ~Sesenta y do&amp; cabezas habían rodado la ·víspera entre el primer discurso de Robespierre y su caída.
Entre ellas se coi:tatan la de Roucber, autor del poema de los Meses, esos Fastos franceses y la del joven
poeta Andrl!s Cbenier, la esper.anza entonces, el luto
eterno después de la poesía francesa. Estos dos poetas estaban sentados el uno al lado del otro, en el
mismo banquillo, con las manos atadas á la espalda.
Hablaban tranquilamente del otro mundo, y con desdén del queabandonaban;apartaban la vista de aquel
tropel de es~lavos y recitaban sus versos, inmortales
como su memoria. Manifestaron la firmeza de Sócrates. Sólo Andrés Chenier, al verse en el pat íbulo, se
dió con la frente en un poste de 1a gulliotina diciendo: 1Es lástima; algo tenía yo aquí! lJnica y tieroa
reconvemión al destino, con la cual &lt;;e quejó, no de
la vida, sino del numen arrebatado antes de tiempo.
La Francia, como Ofelia, la loca de Shaskespeare,
arrancaba de su cabeza y arrojaba. á sus pies, entre la
S3pg re. las flor~s de bu propia guirnalda.&gt;
La ópera de Giordano es de una arrebatadora se,.
noridad, es ruidosa, desbordante de clarinada.s, hasta el punto de ahogar muchas veces las voces ó de
combi11arlas de una. manera extraiia que impresiona
por la verdad de la descripción. Así deben de haber
aullado las multitudeb desenfrenadas y ciegas. El
maestro italiano muslcó la época de un modo admirab'.e. Su ópera suena á canto patriótico. H iy en
ella una mezc:a conmovedora de grito&amp; de venganza,
de lloros de desesperación, de himnos de triunfo, de
rumor de batalla!l. Está hecha en un soberbio to:10
lírico. Es viva, furiosa, exultada. Oyese en ella el
crugir de la carreta, el rechinar de la gulllotlna, los

·]amentos de los débiles, }ns arengas de los revolucionaric,s, y á lo lejos, fragmentos ne Mar.•ellesa entonados por las muchedumbres hlstérica11. El idilio de los
amores de Andrés Cbenler y de Magdalena de Colgny apenas si pasa cantando, á través de esa música
febril, la eterna estrofa, ~e ritmo lánguido y doiien•
te; apenas si en rápidos silencios mientras callan un
instante los tambores v la multitud se b, cansado de
alular, suena el chasquido de un beso furtivo, ó la
palabra dicha en voz unclosa y pura como un cántico
Así tenía que i,er. Ese es el colorido r.on que tenía
que pintarse '?Se torme'ltoso episodio. Giordano puso
ea él, todo su talento ju venll y logró rudur la ficción dramática de un artístico ambiente de realidad.
El .Andrés Ohenie;- f'S obra escrita con genial y subyugadora audacia. Tiene escenas grandiosas, d~sarroll11das con entereza y soltura extraordinarias. El
compositor hallé amplio el camin.:&gt; aunque escabroso
y echó por él á su inspiración en busca del sa¡:-rado
ideal del arte. La creación de Giordano, si bien meditado, está becha con sobuda espontaneidad. Hay
en ella efectos teatrales, pero no rebuscamientos. Es
una música que sale sin esfuerzo cocno brota el agua
de los manantiales. Posee ignoro qué nuevo y virginal encanto. Es anunciadora d~ fuLUras concep~iones
artísticas.
¡Oh. de estaópern moderna n1s quedarán imborrables recuerdos! ....
***
Adela Gini ha sido la heroína d~ este triunfo artísco Sus raras facultades dramáticas se prestan para
interpretará estas mujeres sublimes que cortan el
conflicto con su muerte ó desatan el nudo con los crispamientos de su angustia; de estas mujeres que lloran
con todos los dolores, aman tofos los infortunios, estrechan á su corazón todas las tristezas, rezar, junto
á todas las agcnías, mueren con todas las afrentas.
Temperamento intensamente apasionado, sopló su
aliento p1deroso sobre la figura imaginada por el poeta, le infundió su espíritu abierto á las emociones
como una flor á los rayos del sol, y surgió la conmovedora encarnación de Magdalena, palpitante de verdad y de vida. La Gini ha descubierto los secretos
del corazón humano: sus recursos escénicos no son
solamente obra de una meditación bonda, sino que
entra en ellos, por mucho, el arranque sincero, la
expresió11. eilpontánea que es la caracteristica de
los grandes artistas italianos.
Como cantante, la voz de esta soprano corresponde
á las facultades de la actriz. Aunque la voz ba perdido quizá algo de su frescura y flexibilidad, es pastosa y limpia todavia y está impregnada de entonaciones elrgiacas que enternecen basta las lágrimas.
Es una voz que, cuando quiere, se deslíe en una ternura infinita, como los astros en el azul del cielo
cuando aparece la mañana.
Y así fué como la Magdalena de la Glni ha logrado,
como dice el poeta, triunfar del olvido.

***
.Andrés Ohenier es la noticia de la semana, la noticia que pudo recoger la crónica de entre el montón
de apuntes de los reporte'l·s.
Joven escéptico, te aconsejo que después de leerá
Lamartine vayas á oirá Giordano. Uno y otro han
hecho óperas sonoras sobre temas de la R evolución.

i!L TEATRO OBSCENO
Y LA. F.RIVOLJ.OAD FEMENINA .

U na última producción escénica en la que el estilo
y las artistas han rasgado Lodos los velos y ostentan
el uno toda su cr udeza y las otras t8dos sus encantos vestidos de una simple hoja de parra, ha venido á sembrar la alarma y á producir escándalo. En
el seno de las familias hon~rables se h ,m formulado vehementes y justas protestas y se ba r~suelto no
poner más los pies en teatros que tan po~o se respetan y respetan tan poco á su público; la prensa ha
levantado indignada la voz y ba propuesto á las empresas la institución de «teatros de hombros solos&gt;
en los que puedan darse cita t1dos los viejos verdes,
todos los lagartijos iosust;anciales, todos los pseudocala veras de vecindad y á donde las damas que se estiman y los hombres que estiman á las damas, sepan
de antemano qne no deben jamás concurrir.
Prensa y particulares nci Be han cónformado con
protestar y vituperar, sino que se preocupan de buscar remedio á un mal cada día más grave y á un escándalo cada. vez mis ruidoso, y como para encontrar
remedios nada hay más e.fbn que investigar causas,

Domingo 26 de Noviembre de 1899

Domingo 26 de Noviembre de 1899.
todo el mundo se ba afanado por llegará averiguar.
las y const!guir definirlas y nemine discrepante se ha
opinado que es el público mismo el culpable.
No era difícil llegará es:io conclusión; prensa pror.az, literatura libre, teatro obsceno, suponen público
frívolo, mal inclinado, am:mte de la difamación y de
la calumnia, de la obsicnidad y de la exhibición pornográfica. Sin público d_e este género toda publicidad
inconveniente sería imf)OSible y el libro, el teat ro y el
periódico se verían obligados á amoldarse á las e:xt.
genclas del decoro y de la moral, si el público les impu~iera esa actitud y los obligara á ese modo de concebir y realizar el arte.
Dasde el momento en que sin público adecuado
las formas diversas del arr,e no pueden subsistir, ea
claro que la enmienda y el mejúramiento del arte suponen uno, correlativo, en las inclinaciones, lat1 costumhres y las preferencias del público. Corregido
el público, el mal desaparecería y~ante el vacío delos
salones de espectátulos, autores y empresas buscarían y acabarían por encontrar su camino de Damasco.
Formulado a~í el correctivo se percibe desde luego
cuán dtficii es poder aplicarlo y cuán larga, labor!o.
sa y tardía en resultados sería la empresa de moral!.
zar el arte moralizando previamente al público. Vi•
cios emanados de la raza y de la educación, tendencias que la tolerancia del medio ha arraigado y desen vuelto, sólo se modilicm á través de los siglos y
mediante cambios radicales en el medio ambiente.
Hay una parte del público, honorable. moralizada,
de costumbres morigeradas: padres y madres de familia, !::ombres laboriosos y austeros, damas bonestas que se abstendrán, que ya desde hoy se abstienen
de concurrir á ese género de espectáculos, que n1e.
g,m el contingente de su presencia, de su dinero y
cm mayor razón del estimulante aplauso, á ese géne.
ro de ;&gt;oraografía teatral como á todo género de por.
nografía, y si la proporción de esta clase de público honesto fuera suficiente, no habría espectáculo
obsceno posible.
Pero bien que la mayoría del público piense con
esa rectitud y proceda con esa cordura, existen clases
sociales bastantes á alimentar ese zénero de recrea.
ción malsana y á llenar los teatros de esa clase, CO·
mo á sostener publicaciones y producciones de arte
Inconvenientes y desmoralizadoras. Solterones, viejOB
vE:r11:lS y sobre todo la jw;entud dorada de la goma,
del calaverismo y de la aventura, subvencionan, á vece!! con esplendidez, todo género de malsanas instituciones y constlt::yen público bastante á dar vida y
auge y procurar lucro á este génno de empresas explotadcras de vicios y de malas pasiones.
Que la juventud ame los placeres; que sedienta de
goces toque á cada paso los lindes de Ja prostitución;
que beba. que juegue, que busque amores fáciles y se
deje arrebatar por el torbelltno de la vida alegre y
aventurera, es tan deplorable como ir~emediable. Todos ó casi todos tenemos una época en la ..-ida en que
de¡;os y arrebatados, impetuosos é inexpertos, caemOB
en tentaciones reprobadas, nos pervertimcs más ó
menos, hasta que el hastío, los desengaííos ó nuevas
aspiraciones nos encarrilan y nos traen á la buena
senda.
Perc una cosa es el extravío y otra más grave es
su publicidad; un&lt;\ cosa es el vicio y otr~ su ostentación ; una cosa es el P.rror y otra su d1vulgaclón, y
nosotros no sólo padecemos esa pasajera enformedad
juvenil que nos impulsa á todos lo-i excesos, sino que
sen'timos igualmente la necesidas de bacerla pública,
de darle notoriedad. El placer discreto no nos parece grato; necesitamos de la plaza públ~~• de espectadores y de auditorio y querríamos er1g1r tablados
para practicar nuestros vicios.
Fh,rece entre nosotros el espectáculo inmoral porque satisface á la doble necesidad que sentimos de
practicar ó de contemplar el mal y de practicarlo ó
de contemplarlo en público. Uon sólo qu&lt;:! nos faltara
esta segunda propensión, con sólo que, au.ique vicio·
sos, no fuéramos escandalosos; con sólo cer1ar puertas y correr persianas al rededor de nuestras abyecciones, bast aría p'l.ra que el espectáculo pornográO.co
muriera de inauíclón. t:H nos embriagáramos, como
los ingleses, á puerti cerradii, no ser~amos menos bo•
rracllus. paro darí,uno11 mtlnos mal eJemplo y produciría.mus menos escándalo.
E,ta tendencia á ostentar nuestros vicios t iene
t,ambién su ra.zón de ser. El hombre joven es lo que
la mujer quiere; agrad u y conquistar á la mujer es
una de las aspiraciones preponderantes d~l bombre,
y esa propensión tan natural y tan dom1a.i.dora es,
según el caso, freno ó e1 pue1a para las pasiones; estímulo ó valladar p.i.ra la, constumbre~; cebo ó retraent e para los vicios. L1. LDUjer holandesa y la alemana
son CIJ,S(ll'itas, laboriosas, mujeres de bogar y de familia, y sus preferencias y simpatías p~r los hombres
que piensan y proceden como ellas estimulan á éstos
á, la vida metódica y arreglada. E a Holanda Y en
Alemania, es casi desconocido el calavera, y cuando
los hombres tienen vicios ó aventuras, las ocultan.
En Inglaterra y los Estados U nidos las mujeres gustan de los hombres de trabajo, de empresa, de iniciativa, capaces de acumular millones, serios Y adus•
tos; el gomoso Inglés está siempre forrado de I un
hombre de trabajo: comerciante, iud..istrial, polít.oo.

~

La americana despreciaría á un hombre que no fuera respetuoso y sumiso con las damas, y así son los
.americanos. Cuando Byron escribió el Don Juan, fué
, buscar su t ipo á España; el tipo del joven Inglés es
Robtnsón Cr usoe, nt1 Lovelace ni Grammont Caderouse. La italiana gusta del amor pasional, arrebat.Mto, trágico, cap:lz de conducir á la muerte y á la
~t,'8trote, y t rágicos, impetuosos y dramáticos son
108 italianos. La ·francesa ama al hombre de socle-dad, de mundo y de salón; encuentra poético que su
pretendiente haya tenido amantes y batíduse en

313

EL MUNDO.
duelo: el calavera de buen tono, semi velado, casi
discreto es un tipo trecuentíslmo y esencialmente
francés.
En Espafia, en México, en toda la América latina
privan, en las preferencias de la mujer, el lagartijo, el
ser frívolo, elegante, y sobre todo, desocupado, imítll é insustar&gt;cial; el calavera turbulento, pendenciero, estilo Perico V ,die ó Pepe Bucbelll, es objeto de
singulares preferencias y realiza valiosas conquistas
femeninas. Cuando la novia ó la promet ida lo ve medio ebrio, del brazo de una mujer ligera, cuando sabe

que ha. perdido una fuerte suma al juego ó la ha empre11dido á palos con U!) amigo en la cantina, llora,
sufrt', se siente mor!r, piensa en el claustro ó en ~¡
suicidio; pero lejos de despreciarlo lo ama car.la dfa
más y en lo íntimo de su conciencia siente cierta vanidad de amar y ser amada de un hombie que ba vivido, que ha mo.ripo.~eado, que ha hecho tantas conquistas y que ella tendrá la gloria de subyugar y de
rendir.
El gomoso siente vagamente que el géuero chico,
1a cantina, el bacarat y otros excesos sun nuevos tí•

j

Un grupo de la C'ol-Onia Alemana.

lolonia Au stro-llú 11ga1"Ci

Cownia Espaftola.
fr to,¡raJ!as de J . P. Arr.aga,

�Domingo 2ll de Noviembre de 1899

EL MUNDO

314

315

Domingo 26 de Noviembre de 1!199.

Fot. de J. P. Aniaga.

D esfile ele los m anife:;ta'flte.~ en la Plaza de la Constitud6n .

El Sr, Lic. Rafael Dondé p1·onunciando su

-acepta, como acepta los grabados hechos según las

discu1·so ante el Sr. Presidente.
Fot. de El Mundo.

tulos á la preferencia femenina, garantías de más
frecue:1t,es Y. preciadas conquistas, y que acaso su asi&lt;lua as1stenc1a á la platea del teatro libre, le facilita el
atrapar una heredera rica que pague los trastos rotos
y cubra las brechas que el vicio y la incuria han
abierto en su patrimonio.
Como se ve, el ejemplo y el estímulo vienen de
arriba; la frivolida5. de la mujer, los vicios de su educación, sus arrebatos pasionales, su amor á lo llaero
á lo inconsistente, sus preferencias por la maripos~
sobre el águila y por el libertino sobre el hombre
fuerte, son parte principalísima y causa indirecta.
pero eficaz, del desenvolvimiento de nuestros vicios,
y como consecuencia de ellos del auge :ie los esDectáculos pornográficos.
·
E l b-Ombre no es circunspecto sino allí donde la
mujer es sensata, y de la mitad ó más de nuestro~
vici~s tienen la culpa la frivolidad y h ligereza femenmas.
DR. M. FLORES,

Comi~iones de los Estados.

LA GRAN MAN'IFESTACION
En honor del Sr. General Diaz.
NUESTROS

GRABADOS.

Permftasenos seiialar á los lectores de nuestro sem3:narlo los grabados que á la Gran Manifestación ~e
refieren, como una prueba de la perfección que en
b!ev_e tiempo ha alcanzado en nuestro país t:1 P"·
rwdismo Ilustrado, poniéndose á la altura de las rt.
yistas de esta índole que se publican en el extranJero.
Y pase no ~o~o inmoil2stia sino ce mo expresión
del orgullo leg1t1mo que caui,a la sath,facción de dar

Fot. J. P. Arrlaga.

f otografías, sin poner reparos. porque conoce las difi•
i:ultades de la labor perjodfstica. Nosotros limitando
nuestros esfuerzos al medio tono, somos más exigentes
en la •aceptación de los originales fotográficos y de
aquí procede que nuestros fotógrafos sean más ex-i¡Ulsitos y hayan logrado dominar todas las dlliculta&lt;1es del arte, haciendo en las peores condiciones de
luz y en los sitios menos a;roplados, fotografías que

serían muy buenas, excelente.~, si ~e hicieran en el gabinete.
Es muy grato para nosotros hacer aquí una mención pública, muy honorlfica., para los fotógrafos, Señores Arriaga (E ~píritu Sa.nto) y Romero It&gt;ái'íez (de
los talleres de EL MUNDO).
También sefialamos el hecho de la rapidez con que
fueron ejecutados en nuestro taller de grabados, los
de la Gran Manifestación que publicamos, pues si esta hubiera t enido lugar el viernes, el sábado habría

Eot. de El Mundo.

podido Imprimirse nuestro semanario, sin perjuicio
de la ejecución perfecta de nuestras ilustraciones.

... **

Nada tenemos qué decir sobre la Gran Manifestación, cuyos pormenores son conocidos de nuestros lectores por la ampiia Información de la prensa diaria:
nuestro deber está cumplido al publicar los grabados
que aparecen en las primeras páginas de EL MUNDO
!LUSTRADO.

cima á una empresa para la cual los medios han sido
C?n mucho, inferiores á las dificultades que era pre:
c1so vencer.
Compárese la parte gráfica que hoy publicamos en
las primeras páginas con los grabados de actualidad
de las revistas europeas y se verá que podemos presentar_ los nuestros s.in temor á ninguna comparadón,
p_ues s1 examJnados desde el punto de vista de la exactitud los nuestros salen airosos, la oportunidad con
que los damos á la estampa es la misma de que tanto hacen nlarJe los editores de ultramar.
Los periódicos ilustrados de Europa dan grabados
en los q_ue la :ealidad queda á veoes velada por la Imperfección, disculpable, del trabajo fotográfico, y luego sobre esos modelos imperfecto&amp; los grabadures en
madera hacen planchas convencionales que el públie&lt;&gt;

Desfile de los mnnifestantes al partir de la Alameda.
ret. J. P. Arrlagli,

L os manifestantes en e.~per a del Sr. G1·al. Di az en el p atio central de Palacio.

Fot. de El Mundo.

�l)Omtngo 26 de Noviembre de 1899.

Domingo 26 de Noviembre de 1899,

EL MUNDO.

316

1

t'

Alrededores d e M éxico .

1

foé que la construcción de fincas adecuadas menudeara, y ! la construcción pesada y et~rna de los espaft~les, que tod~via pued~ verse en la an•
tiga&amp; finca veramega de los Arzobispos de México, sucedieron construcciones de nuevo estilo, construcciones modernas y elegantes,
siendo b primera que rompió de lleno ccn la rutina y que por
aquel entonces mllyor atención llamó, la finca del negociante
francés Monsieur Bardet, que sucesivamente pasó después á. la
propiedad de Don Martín_ del ~a~tillo, :f.H~istro del Imperio, de
Don Manuel Romero Rubio, M1mstro vanas veces de la República, y que hoy posee uno de los miembros de 111. familia Escandón.
En nuestras revueltas intestinas y en nuestras guerras ex
iranjeras. T acubaya ha hecho gran papel y más de una vez
ha grabado su nombre en las páginas de nuestra historia.
A menudo ha sido cuartel general de fuerzas sitiadoras de
iodos los bandos y desde Tacubaya dirigieron sus operaciones
varios generales antes de tomar nuestra metrópo!i, como MArquez, cuando se salpicó de sangre inocente en
1859, y el General Don Porfirio Díaz al mando de
las fuerzas liberales.
Por su posición estratégica, el jefe que tomaba
Tacubaya podía considerarse casi duetlo de la Capital.
En la cruenta guerra que con tanta desgracia sostuvo nuestro país centra los Estados Unidos del
Norte, los campos que rodean ! Tacubaya se im pr11gnaron de sangre: la batalla del Molino del Rey
tuvo efecto á un tiro de callón de la población citada.
El Plan de Tacubaya, expedido por el general
Santa-Anna para recuperar y afirmarse en el poder,
fué signado igualmente en la entonces villa que le
prestó su nombre.
I,os seis kilómetros escasos que separan á Tacubaya de la Capital, han
sido recorridos por ,ía férrea desde hace cerca de cincuenta años, empleándose primero tracción de vapor y luego tracción animal. Actualmente existen dos vías, una de tracción de vapor y otra de tracción animal, cuyos vehículos podrían cómodamente recorrer el trayecto en

Jm·din de San Diego.

TA.CUB A Y.A..
Hay en el Museo Vaticano un enorme mármol
que representa el Nilo: u n anciano, soberbiamente musculado y de luenga barba, en actitud yacente, se entretiene jugando con un enjambre de
pequeftos amoreillos, chicuelos yocundos y regordetes, que se le trepan por todos lados, que
se asen de su barba y de su cabellera, que cabalgan sobre sus rodillas, mientras que el viejo,
con una benevolencia de abuelo, les deja hacer y
les !1}lra con expresión de caritloso orgullo. El
anciano es el Nilo, los chicuelos son los afluen•
tes del poderoso río.
Es hermosa esa alegoría tan de acuerdo con
e ~ antropomorfismo pagano que tiende á. humanizar cuanto plásticamente representa, y que en
todas sus creaciones, con esa humanización constante, pone un gran sello de vida amplia y opulenta.
Y al recordar ese mármol, paréceno, que no
sólo cuadra al asunto que r11presenta, y que con
mucha propiedad podemos ver en él
un símbolo de las grandes ciudades,
en medio de sus pueblecillos circuns
tantee, de esos villorrios que ee acurrucan en torno de la metrópoli como
los niftos en las faldas maternales ó
junto ! las barbas del abuelo.
No hay ciudad de importancia quP
carezca de ese marco de lugarejos que
le son por cierto modo tributarios, y
que nacen, crecen y florecen Asu abrí •
go Y bajo su protección. Y ·casi todos
los pueblos que rodean á. las grandes
ciudades son hermosos y pintorescos,
ó cuando menos, hacen la impresión
de tales, por fuerza de su contraste
con la monotonía y la febril agitación
de las ciudades. Entorno de Parisbrotaron Passy, Suresnes, Saint-Cloud,
Saint-Mandé, etc.; en torno de Méxi-eo, Tacubaya, Mixcoac, San Angel,
Atzc~potzalco, Tacuba, T lalpam, Guadalupe, etc.
.
La cadena de montes que encierra
el hermoso Valle de México, engasta
i toda una pléyade de pequenas po-

blaciones frescas y floridas, cuyas casucas blanqueB.n sobre la eterna verdura de los llanos y se
destacan sobre el fondo obscuro de los boscajes,
E l cie1o del Valle de Méx ico es un cielo casi
único en el mundo, por su limpidez y su diafanidad atmosférica, y nuestro azur nada tiene que
pedir al proverbial azur de Italia. lle aquí una
prueba: todos conocemos el magistral ¡)aisaje
de Don José María Velasco, que representa la
Villa de Guadalupe Hidalgo, y la ciudad de México, vistas desde el cerro del Tepeyac.
En ese lienzo, nuestro maestro-•paisajista copió
el insondable azur de nuestro cielo con asombrosa fidelidad, y expuesto el cuadro en París, en
1889, muchos le tacharon de falso y de exagerado, y aún los que conocían el cielo napolitano se
preguntaban ante el lienzo mexicano:
-Pero, ¿en qué parte de la tierra existe un
cielo tan maravilloso?
La respuesta era obvia: ¡en México, seft.c,res
nuestros!
Esa esplendidez natural de nuestro clima, de

El Mercado.

nuestros paisajes y de nuestro cielo, hace resal•
tar todavía más la belleza intrínseca de las poblaciones del Valle de México y si satisfecho,
podemos estar de la cultura creciente de nuestra.
metrópoli, no menos satisfacción ha de proporcionarnos la belleza de los pueblos adyacentt,a,
que son siempre el complemento obligado de lai
grandes ciudades.

*

**
Hemos hablado de pueblos.

Pues bien, - a tout
seigneur tout honneur,-Tacubaya no es ya un
pueblo: es una. gran villa con honor es oficiales
de ciudad,
Tacubaya es víeja, hasta donde en este país
puede haber poblaciones vieJas. La factura de
sus construcciones m!s antiguas y una que otra.
inscripción que los ojos pacientes pueden encontrar-en la Parroquia, por ejemplo,-se remon•
tan al siglo XVI, es decir, al primer o de la do•
minación espatlola, de suerte que Tacubaya fué
uno de los primeroil cacicazgos que los iberos es•
tablecieron en torno de la conquista•
da y reconstruida TenoxtitlAn.
¿Dióse importancia é impulso á. la.
población en los primeros tiempos?
Parécenos que no, si hemos de juzgar
por la rara mención que de ella ha•
cen las viejas crónicas, y decimos ea•
to á reserva de lo que sobre el partí•
cular juzgue el erudito Don Luis GonzAlez Obregón.
Pero es el caso que, pobre y aban•
donada, ó rica é impulsada por la me•
trópoli, Tacubaya se fué desarrollan•
do paulatina pero seguramente, y que
en breve fué sitio de veraneo campes•
tre de mucha gente noble y principal,
tradición que, por muchas causas, se
ha conservado hasta nuestros días, no
obstante haber adquirido hoy tal des•
arrollo y tal índole urbana la población que, salvitndo el inconveniente
de los justamente zarandeados Ferrocarriles del Distrito, vivir en Tacuba·
ya equivale ya en todo sentido A vivir
en México.
Como lugar de veraneo, natural

31'1

EL MUNDO.

El observatorio.
menos de cuarenta minutos. Como es sabido, en la última se va á
emplear próximamente la. tracción eléctrica, por vez primera en nuestra
Capital, y además hAllase en vía de conclusión el nuevo carril para
tracción de vapor, que va á. denominarse «Ferrocarril I ndustrial,&gt; de
suerte que las comunicaciones de Tacubaya con la Capital, llevan buenas
trazas de mejorarse por la competencia, para bien de ambas
poblaciones.

***
Pero, para recibir una. impresión completa de Tacubaya moderna, para sentir todo el atractivo de aquel riente retotlo de
lametrópoli, es preciso ir en carruaje y descubrir paso ! paso
•ua bellezas.
Cl
El camino es delfoioso: la calzada de la Reforma primero, el
futuro boulevfl,rd de México, bordada de chalets y sembrada
de monumentos, que á la hora matinal, umbrosa y recién rega•
da, brinda exquisitas frescuras que hacen olvidar el monótono
aol de las ciudades; después, el parque de Chapultepec, cesto de
verdura coronada por la airosa magestad del Alcázar, Y por
últimolos dos tramos de calzada que unen A Chapuhepec con
Tacubaya, umbrosos también, bordados de frondosos !rboles, '
Y de pavimento propicio al carruaje y á la bicicleta.
La entrada de Tacubaya está marcada por la casa habitación de la soberbia hacienda de la Condesa, que
•e extiende hasta tocar las lindes de la metrópoli
Y que, por desgracia, no está. cultivada como debiera estarlo. Allí, se experimenta una sensación de
campo: el mugir de la vacada y el acre olor de los
establos recuerda todas las delicias de la bucólica,
mientras que la brisa de los montes, soplando libre
Y sin obstáculo, riega sobre toda la campiña su sano olor de yerba fresea y de tierra húmeda.
Esa sensación de campo amengua. no obstante,
al entrar en la antigua can~ Real de Tacubaya, hoy
Avenida JuArez, que r ecibe desde luego y conduce
hasta la plaza principal de la. población, la de Car-

L a Parrvquia.
t11gena. Es e·s a una calle de ciudad, flanqueada de sólidas construcciones
tiradas á cordel, sin jardines frontales y sin carácter rústico alguno.
La única nota agreste está constituida por la doble fila de aftosos y grandes árboles á orilla de las banquetas, que la sombrean de tal suerte que
nunca en la Calle Real de Tacubaya reverbera el sol; es una penumbra
discreta y deliciosa durante los hostigantes calores del
1 estío.
Al primer tramo de esa calle, en el minúsculo jar•
din de la Ermita, la vía se bifurca sobre un arco que
tiene toda la apariencia, á primera vista, de )03 triunfales del foro romano, pero que, bien visto y consi•
derando las exiguas construccio11es adyacentes, aparece impropio, de poco gusto, sin objeto, sin estilo y
sin arte. Es el arco de la casa Mier y Celis, cuyo solo
mérito está en la mano de obra de la piedra labrada. La vía se bifurca, hemos dicho: recta prosigue
la calle Real hasta desembocar en la plaza de Cartagena; el 01ro ~razo fórmalo la calle del Calvario,
moderna y graciosa, que muestra verdaderas casas
de campo, rodeadas de amenos jardincillos por los
cuatro costados, y que, ! su vez, desemboca en la
.Alameda.
Porque, como la mayor parte de las ciudades mexicanas, Tacubaya también tieLe su jardín principal,
llamado Alameda tal vez porque en él no hay muchos álamos. La Alameda de Tacubaya está. bien cuidada y es un hermoso parquecillo.
Para unirse con la calle Real de la Alameda, parte la tortuosa calle de
la Doct,ora, con su puente sobre un río eternamente seco y con el nuevo
mercado central, amplio y moderno, bien provisto y mucho más limpio
y mejor acondicionado que la ma yor parte de los de la Capital.
La plaza de Cartagena, que hemos setlalado como el centro de la población, ofrece
un aspecto muy pintoresco, principalmr,nte
los domingos y los días festivos
en que numerosos naturales de
los lugarejos Próximos, acuden á.
vender sus productos agrícolas
y sus artefactos. En tales días la
plaza hierve de gente y los trajes
blancos de los indios, salpicados
aquí y acullá. por la nota roja y
caliente delos zarapes,fomran un

Plaza ele Cartagena.

•

�EL MUNDO.

318

Domingo 26 de Noviembre de 1899.

Domingo 26 de Noviembre de 1899.

3111

EL MUNDO.

LOS NlJEVOS C ARROS DE LOS FERROCARRil~ES DEL DISTRlTO.

La E7·mita.

•

En dos clases pueden tlividirseaus habitantes: los que sólo veranean y los per,
man entes.
Hay en Tacubl\ya activa vida decomercio, más que suficiente para sus trece
ó cat0J.'.Ce mil habitantes, y goza de amenas distracciones públicas, tales como
las audiciones que los domingos da una
bacda militar en la Alameda por lamafl.ana y en la Ermita por la tarde,
En suma, no ya como pueblecillo veraniego, sino como casi barrio de la me•
trópoli, Tacubaya es uno de los puntos
más agradables del valle de México, y so.
porvenir será brillante, como ya lo de,
muestra el afán de construcciones que
ha ligado la ciudad de Tacubaya con la
métropoli.
La propiedad en Tacubaya aumenta
de valor cada día más, el comercio se
desarrolla de una manera notable, el
Ayuntamiento actualmente tiene e&amp; caja
más de cien mil pesos, y todas estas son
razones más que suficientes par11 justifi•
car nuestra predicción del futuro bienes,
tar de Tacubaya.

conjunto lleno de color y de vida y muy grato á
las miradas exó,icas.
Las calles Jatera!es de las que hemos apuntado, son igualmente cuidadas, rectas y ostentan
fincas hermosas y propias para el veraneo. Entre
estas son notables, especialmente por sus jardines, las de los señores Ernandón, la de Don Ig·
nacio de la Torre y
Mier {1mtigua casa
Bá1·ron), la de Don
Antonio de Mier y
Celia, la de Don Romualdo de Z1mora
y Duque, la de Dvn
Fernando de Teresa, y otras muchi\s
que alargarían h
lista en demasía.
Y he ahí que Tac u baya reune, á ,
más de su proximidad á la metrópoli,
otras dos ventajis:
tiene las comodidades y todos los r ecursos de un a ciu h 1 y tiene el cam JJ, el pleno
cam;io, á Stl'I p11'lrtas, coa sólo eac1miaer3e á
ciu.lq11ier.1 d! su1 3il.b:irbio3,
_.
j _J

SARDÍN.

***
La vida de Tacubaya es uniforme y tranquila,
pero no es tampoco la de un pueblo rústico y
aislado.

nr,lle del Calvario.

La Alameda.

Intt1·i1w d e u n cm·1·0 de primera de la via de tra cción Pléctrica.

Cm-ro de dos pisos de la via d traccitn el éctr ira.

ta Fotografía de las nubes.
El afio p•óximo pasado publicamo8 en estas columnas unas fotol{rafias de uubes obtenidas en el Observatorio Metereológico de la Escuela Normal, é indicamos la importancia rle esta clase de investigaciones.
El Sr. Profei-or Luis G. León ha dirigido á nombre de
lacSooiedad Mexicana para el Cultivo de las Ciencias,&gt;
una excitativa á los Señores Directores de los Observatorios de la República y á las perso:ias amantes de
laclencia metereológica para que desde el día p:imero del año entrante, se dediquen á obtener fotografías
de las nubes, anotando la hora de la observación, la
clase del meteoro, el cuadrante en que se obse1 va, la
ve:ocldad con que camina, si dió ó no lugar á lluvia, etc.
•
Los estudios durarán todo el afio de 1900, que será conocido entre los meteorologistas mexicanos con
el nombre de caño de las nubes.&gt;
Para la fotografía de las nubes hay que advertir
que cada vez que hay nubes sombrías sobre un fondo
azuló blanco, no es difícil obt3ner buenas pruebas con
placas de gelatina, bromuro de plata y con un obturador que permita pequefias exposiciones. Pero para la
fotografía de las nubes blancas y ligeras, tales como
los cirrus y los cirro -cúmulus que se destacan sobre un
fond~ de cielo azul claro, se presentan algunas dificultades. En efecto, sobre las placas ordinarias, la acción fotogr:Uica del azul es cal!i idéntica á la del blan.
oo. Se necesita, pues, buscar un artificio para opacar
la luz azul del cielo, pero conservando la luz de las
nnbes. Sin esto, la;; aparieni1ias nebulosas quedarían
muy débiles en el cliché, tanto para las medidas como para las reproducciones positivas. No se obten,
drla más que un cielo casi uniforme.
Para evitar este incoovenien te, se emplea entre otros
procedimientos, el de interponer sobre el haz luminoso una pantalla amarilla. El azul del cielo no conteniendo rayos de ei.ta luz en cantidad apreciable, será detenido, mifmtras que las nubes impresionarán la
placa fotográfica por su :m. amarilla.

Con las presentes líneas publicamos dos fotografías
de nuhes obtenidas por el Profesor León el día 6 del
presente mes á la 1 de la tarde.
Son unos hermosos cúm·ulos con tendencia á eon vertirse en pallío-cúmultlS.
El viento los disipó cercarle las tres de la tard?.
El rumbo de aparición fué de N. W.

LOS NUEVOS CARROS
DE LOS

Ferrocarriles del Distrito.
La próxima inauguración de la vfa de tracción
eléctrica, ·hace oportuna la publicación de los g1abados que representan el inter10r de un carro de primera clase y uno de dos pisos de los que próximamente pClndrá al servicio público la empresa de los
Ferrocarriles del Distrito en la mencionada vía, que,
como saben nuestros lectores, se extiende de la Villa
de Guadalupe á San Angel.
No describiremos estos nuevos euros, pues con ver
los grabados basta para formars'l cabal y perfecta
idea de ellos.
Se dice que los carros de primera clase son muy
elegantes y que t ienen todas las comodidades apetecibles.
.
Una de las reformas reglamentarias que se pondrán
en vigor, es la disposición terminante de que e.o se
detengan los coches para que suban ó bajen los pasajeros, sino en las esquinas.

Una civilización entre los hielos.
En el país del oro.
Las grandes civilizaciones se han cristalizado á la
orilla del mar ó de los grandes ríos de las regiones
templadas. Era lógico que la humanidad se orientase
hacia los puntos de menor resistencia.
Pero los progresos milagrosos de la ciencia y de la
industria todo lo ban cambiado, toda vez que el hombre puede corregir la naturaleza á su antojo. Se
acerca la hora ea que la inclemencia de los climas sea
un facto~ despreciable que no impedirá ya que toda
la tierra sea indiferentemen:e habit able y que las S)·
ciedades florecientes y las fecundas civilizaciones se
desarrollen en la zona glf.cial cuyas riquezas, largo
tiempo inaccesibles, yacen inutilizadas.
Klondyke da el primer ejemplo. Dawson es ya una
ciudad casi tan civilizada como París, Londres y Berlín. El cbampagne es algo y aun algos más caro, pues
cuesta así como veinte pesos oro la botella; pero hay
en cambio más se~uridad que en los bulevares de París, y esto lo confiesa más de un viajero francés de
los que borronean cuartillas en las grandes redacciones parisienses.
En Dawson son muy raros los crímenes, y cosa curiosa, en un país en donde la codicia debía de ser
atroz, dominan los crímenes pasionales en las estadísticas de la delincuencia.
El oro, factor de tantas maldades y de tantas degradaciones, el amor al oro, la pasión '}Ue hace nacer en los hombres y que llevó á tantos y tantos
aventurero'&gt; á las ingratas regiones do.nde se asienta
Da.wson City, es el autor de ese nuevo centro de ci•
vilización que será en lo porvenir una de las ciudades célebres del mundo, cuna futura de grandes di•
nastías de m1llonarios y acaso de sabios, poetas, filósofos y estadistas.

�Domingo 26 de Noviembre de 1899,

))omtngo 26 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO.

321

EL MUNDO.

e

EL :MONTE RAINIER YEL PARQUE WASHINGTON
Desde 1790 conoclan los espaOoles 1• reglón del estrecbo de Puget y la inmensa montana llamada Ta.
coma por los Indios.

l.

¡

En 1792 ,Vancouver hizo trecuentes explo!'actones
en el estrecbo de Puget (l'uget Sound) y levantó unas
cartas de )a reglón. A los monteR que veía á Jo lejos

t

les dló los nombres de B•ker y Roo:! y al Tacoma Je
puso el de R Linier, en b.oaor de Los lores del Almi-

rantazgo inglés. Los americanos conservaron esos
nombres geográficos, aunque era má.s natural que
cuando menos al monte Tacoma se le restituyese su

designación lodfgena.

La magnificencia del monte R:\lnler y las bellezqs
excepcionales de lo'i slth,s tnmecllatos b1cieron nacer
en los Eitados Unidos el deseo de bacer de aquella

----

reglón un parque nacional. Et gobterao, con muy

...... ~." .. ---- -

muen acuerdo, ha tomado d eterminaciones semejan-

tes para el Yellowstone en Wyomiag y para el célebre valle Yosemlte en California.. InspirAndose en
esos precedentes1 el afto de 1893 ordenó Cleveland
en una proclama que se reservase para el Estado una
extensión dJ 3:) mll,as cuadradas en cuya superHcie
ouedara comprendida la parte occidental d ;.l monte
Ralnter y una gran extensión de bosquP.s vírgenes.
La. parte orieotal de este terreno diHere de la occidental por el cllina, la fauna, lc:1. flora y el aspecto
de los paisajes. Las pendientes occidentales de Ja
montana tienen más cascada.11 1 y los preclptcios son

-

El Mo e Rainier
que las alturas nivosas, van á conocer el maravUloso
Valle del Paraíso, célebre en el muado por sus patsa•
jes ,:raodlosos.
El valle está. situado en una región cuya altura
varfa de 1,500 á 2,000 metros. Para llegará él, el

que espeso, en un lugar delicioso por su aspecto
agreste y primitivo, une á esto una ventaja más, sua
aguas rerruglaosas y gaseosas con las que se ha formado allí una reputada estación de ag uas t ermales.

El

•••

Paraíso -visto desde la cima del Monte Rainier •

1 de los electros polarizados ó de la corriente alt.eroatl va y de alta teaslóa , permltla obtener todos
108 electos c:n sólo dos h!los.

'DU&amp;

A Ha de facilitar 1, protección oficial de t ao bella
comarca, el 11 de Junto de 18 91\ se propuso al Congreso de los Estados Uoielos una ley para ec.saocbar
el dominio que alll tiene el Estado y forma r despué&amp;
un parque de grc:1.0 extensión que llevará el nombre
de «Parque Washington.&gt;
En el último período de sesiones de la anterior Le.
gh:;Iatura iba A votarse la ley en referencia, pero h•
habido moratorias que Im posibilitan la sanción presidencial, indispensable para dar A esas maravillas
Jtaturales y á esos bosques antiquísimos, notables en
el mundo entero, la protección que ha. de salvarloe
de manos destructoras.
Es rle suponerse que muy pronto quedará fo rmado
y reglamentado el E,randioso cParque Washi ngton.&gt;

La cienci a de los espectáculos.

1·uue del

mo tienen tres ó cuatro metros de largo caben varias
personas á bordo, pero no vast.no una en cada buque.
Decir que el tripulante est~ cómodamente Instalado
serla exagerar, pero, en fin, no le falt,a un regular
a,:itento sobre los acumuladores. Mueve el timón Y
tiene al alcance de la mane una manl vela que le permite int,.oducir resistencias en el circuito para variar
las velocidades é lnvert.tr la corriente y cambiar dirección. Ilay un conmutador para encender lámparas
incandescentes en el tope de los mástiles y que representan proyectores ó sella.les. Por último, tiene al alcance de la lllaDo un revólver cargado de cart.ucbos
sin proyectll coa el que hace el bombardeo.
Para subir á bordu el «Almir,lnte&gt; levanta una
parte del puente que está bajo una torre, una chi•
menea ó a1gúu otro apéndice importante y una vez
sentRdo todo vuelve á su Jugar y él queda oculto á la
vista de los espectadores aunque pu~da ver perfectamente el campo de maniobrai;, al través de numerosos orificios que tiene la torre.
Los buquas condenajos al naufragio no son tan
completos como el descrito y como hacen pocas evoluciones no tienen mecanismo: un hombre que cami•
na en el piso del estanque los lleva en hombros, y en
el momento oportuno encienda los ruegos de benga~a
que producen el incendio y los bace naufragar según
las instrucciones que se le. hayan dado.
De noche. sobre todo, el tspectáculo es muy bri•
nante y termina con una gran revl&amp;ta naval en la
que hay petardos, fuegos ae bengala é iluminación
eo. la ciudad y en las fortifica.clones.

•••
Ahora se trata de otro combate naval, más en
grande, por lo cual se ha tuscado un sitio á extramu:ros de París y se ha hecho un vasto estanque de
10,000 metros cúbicos. Ese estanqne representa la
rada de un a lmportinte ciudad que se ve á lo lejos,
1'Qdeada de montanas y guarnecida por excelentes
:fortificaciones.

. -. :

--

,,ri'.

~

-,\,Y_

. ~i

•

Combate naval en miniatura.

Bosque de '.l'acoma, Camino del Valle del Paraíso.
frecuentes, sobre todo cetca del monte Rainter :uyos
muros rocallosos se elevan Aalturas enormes. Al Norte y al Sur el suelo descleade gradualmente y los
boJq ues son má.s espesos; abundan allf los cedros y
los pinos de hasta cuatro metros de dlli.metro y noventa de altura.
El R11.tnter no es como el Monte Blanco, punto
culminante de un, larga cadena con picachos nevados,-es majestuoso en su aislamiento con el Fuji
Yama del Japón y se eleva á mils de 2,500 metros
sobre las alturas que lo rodea!l. A lo lejos, desde la
nueva ciudad de Ta.Coma, se admiran sus contornos
majestuosos que le dan el aspecto cte una colosal pt~
rámide truncada que se desta.ca en el cielo á 4,400
metros sobre el nivel del mar.
Eite monte es un volcá.n apagado de cuyo crlter
se escapan adn vapores sulfurosos .

turista atraviesa bosques magolflcos formados de pinos de la especie blanca, roja, amarilla y la llamada
de Alask,, árboles de grao corpulencia.
Long Mirea es el Jui¡ar donde babltualmente se detienen los turi~ta.... Sitn~'i11, en el tundo de un bos-

Hace diez afios, los periódicos francesf's hablaban
de un especMculo náutico arreglado por M. Soltgoac
para el nuPvo circo cuya pista se transforma en piscina. Diez pequeilos acora1.ados ejecutaban todas laa
operaclo □ es de un combate naval, y cosa notable, In•
teresa.ate desrle el punto de vista cientifico, no habla
tripulantes á bordo, no obstante lo cual, evoluciona-bao los buques en todos sentidos, hozaban callana•
zos, se incendiaban, se iban á pique, etc., bajo la di •
rección de un solo hombre oculto entre bastidores 7
que manejabi un teclado en co::uotcación con lo&amp;
,paratas eléctrlooa. El empleo de la corriente contl•

El Arsenal.

El puerto, las f01·tificaciones y la ciudad.

Un buque mercante escoltado por baques de gue.
na y protegido por los ruegos de las tortlflcaclones,

-entra al pue rto con provlslo~e3 . para la ciudad. La
Got.a enemiga, compuesta de torpederos y ~couzados,
Yiglla la rada y corta toda comuotcac16n con el
mar. D e ese conflicto nace el combd.te entre los bu•
"!•as 1 el bombardeo de la ciudad y de lo• fuertes.
Los espectadores ocupan una gradería de 80 me•
'tros á la orllla del estanque y al ver los buques creen
11,ne son acorazados reales y verdaderos vistos Jesde
"'1Uy lejos.

•••
Ea 1870 se hizo la primera ascensión en el Monte
Ralnler, dlrlgleado la expedición el general Hazard
Stevem1.
Pasaron por el camino que siguen a.et ~al mente t.odos los turistas, es decir, por el Valle del Paraíso y
las rocas cte Gibraltar.
Después de pernoctar en la cima bajaron por el
mismo camino. Al referir su expedición determina•
ron el movimiento de curiosidad que puso de moda
el pico R,lnler.
Ea Octubre del mismo allo de 1870 los sabios Wllson y Emmons, de la expedlcióa geológica del paralelo 40' en los Estados Ualdos, hicieron otra ascensión en la que recogieron Interesantes datos elent!ficos.

El bombardeo .

•

De diez allos á la !ecba•el• monte Ralnter es más y
mils visitado por numerosos turistas, los cuales, más

Entre b,stldores está el cArsenal• donde se alista
'Y prepara las unidades de combate para que entren
1!n acción.
Los buques se mueven per su propia tnerza¡ cada
de ellos está pro•l•to de una baterfa de acumula&lt;foreo, un motor eléctrico, una héltce y un timón. eo.

"ºº

BafloB de Long bffres.

Inte1"ior de un acorazado cm el "almirante•• á bo,·do.

�Domingo 26 de Noviembre de lo99
EL MUNDO.

322

Mas si de la Omnipotencia
Mayor bien deseando estás,
y á rezar al templo vas,
Y una maravilla quieres,
Pide á Dios ... . Ser como eres,
¡No se puede pedir más!
JAVIER SANTA MARIA,

Mérida,

De u n poema que todos bao escrito
y todos e.c,lb1ré.n. J)Orque es la esen•
cla misma de la vida,

En la ventana tú; ye junto al muro;
tu mano entre mi mano prisionera;
y en el confín del borizonte ol:iscuro,
la lun,¡, alzando su amarilla esfera ..... .
-¿Me das un beso . . .. ? P or mi amor, te juro,
que es tuyo el labio que tu labio espera.
Nadie nos mira. Ven l Si Amor nos hizo,
cede de Amor al invencible hechizo.

·---------------------------------------------·
E L MILAG RO.

Tu frente virginal de blanca nieve,
sa tifió de rubor, pvr ser más bella,
y ce,n tu mano de alabastro, breve,
me dijiste que nó. ¡Blanda que1ellal
-¿Tc:mes, repuse, mi amorosa aleve,
que deje el beso de mis labios huella? . . ..
Y el fuego huyendo de los tuyos rojos,
busqué la luz y te besé en los ojos.

(Del album de la Srih.. Manuela Llzarraga),

Cuando á Dios rezando estás
1,Qué cosas le pedirás
Con esa boca de guinda?
Eres buena y eres linda
Y eres feliz ¡,quiéres más?
;.Si? Pues pídemelo á mí
Qne en mis reinos de poeta,
Una colección completa
De maravillas reuní.
Coronando un pe!íascal
Tengo un castillo feudal
Tan inmediato á las olas,
Que vienen, de espuma llenas,
A dejar conchas y arenas
En sus campos de amapolas.
De nocbe allí las sirenas
A cantar empiezan solas;
Y antes de que el día vuelva
Ya se oye juntos cantar,
.A. los faunos de la selva
Y las sirenas del mar.
T ras las torres almenadas
Hay princesas encantadas
Desde hace siglos dormidas;
Y Po los amplios corredores,
Guerreros y trovadores
Que cantan CO?las sentidas,
Y cantan himnos de amores
De sus liras á compás.
¿Quiéres, Nelly, quiéres más?
Pues cuanto sue!ía el deseo
Y finge la fantasía,
Yo lo conquisto y poseo
¡Me lo da la poesía!
¿Quiéres nubes astros, flores,
Fuentes, peces de colores,
Lucernas, cocuyos, aves,
Limpios lagos, selva u.!!bria?
¿Templos de góticas naves
Llenos de melancolía,
Vitrinas de tonos suaves
Y aras donde el alma mía
Se te ofrezca en holocausto?
¿Quléres grutas misterl'.&gt;sas?
¿Quiéres de Siebel las rosas?
tQ·Jiéres las joyas de Fausto?'

~

• Gloria, placer, alegria,
Irisadas ilusioóes
Que animan los corazones
Y pueblan la fantasía,
Encantada pócsía
Que del .mundo.es embeleso
Y en el cielo enciende el día,
1Yo a tesoro tod~ eso 1
y no vale lo que un beso
De tu boca fresca y pura
Llena de miel y de esencia.,
Lo que vale..tn.Jnocencia.
Lo que vale tu hermosura.
Lo que vale la ventura
Que gozas en tu existencia.

REQUIEM.
La luz por las ojivas penetra y biere
Los lienzos que nos cuentan largos martirios·
Se oyen las notas tristes del MISERERE· ,.
Se quejan las campanas, lloran los cirios.:..

1► 95.

FRAGMENTO.

SRITA . MANUELA LIZARRAGA [DE MERIDA.]

Luego el alma, turbada en su retiro,
sa asomó á tus pupilas con ternura,
y de tu pecho se escapó un suspiro
mezclado de plac:!r y de amargura.
Juego fué más ardiente tu respiro
y tu mano en la mía más segura;
que el capullo de rosa, antes opreso,
abrió las alas al calor del beso.

Poema del amor! ¿Quién, en la aurora
juvenil de la vida, no ha temb!ado,
al recibir de la mujer que a.dorl¼
el dulce beso de su labio amado?
¿ Y qué mujer, cuando el amor devora
con su torrente ciego y despe!íado1
pudo tener el corazón en calma,
Tranquilo el pecho y en silencio el alma?

La luna resbalaba el disco suyo
y en silencio lloramos de alegría;

tú, feliz, al saber que yo era tuyo;
yo, feliz, al sabe1 que tú eras mía.
Luego, turbando ese silencio cuyo
la.mento singular enardecía,
Joco yo de pasión, tú de ansia loca,
nos desmayamos al juntar la boca.

Extiende la tristeza su negro manto,
El alma, en lo pasado, vuela perdida,
A todas las pupilas acude el llanto
De los viejos dolores sangra la heri'da.
¿Quién no siente del pecho las fibras rotas

Al ver que le recuerda cada sonido

"Esas que a.compafiaron, dolientes ~otas
Al pedazo de su alma que se baya ido?'
En tropel los recuerdos brotan y vienen
E l hombre se concentra dentro sí mism~
¡ Y los ojos que miran al suelo, tienen '
La suprema fijeza q ue da el abismo!
El Réquiem funerario suena en el coro
Apagados ac,1rdes que se agigantan
Y ascieudeo en concierto dutce y s~noro
Unas notas que lloran y otras que canta~.
Sus notas son el himno de los dolores
La humanidad que llora sus alegría.~'
Es la profunda queja, son los clamor~
De todas las humanas melancolías. . '
AlJí, cual un arrullo, dolfonte brota
Del corazón herido la íntima fibra
La plegaria y el grito lanzan su n~ta
Modula la esperanza, y d amor vibra'.

Cuando ·partí, so!Ianáo en el mal'iana,
noté que, como un áugel de consuelo,
flotaba en el azul de tu ventana
con alas de paloma tu pa!íuelc ;
y, desde el borde de la mar cercana,
prestando vida á mi amoroso anhelo,
flotó el mio también.-Y al ser mecidos,
fueron dos ave&amp; que buscaban nidos.
MANUEL UGARTE.

U Nf\ DELf\OION INVOLUNT f\Rlf\

Allí de lc1, paloma la lastimera
Queja, que apenas _nace fugaz desmaya,
Las nacientes canc10nes de primavera
Y el tumbo de las olas sobre la playa{

La rubia mamá bordaba tranquilamente y su
liijo Mario, sentado en la alfombra., recortaba una
hoj'l con figuras de soldados rojos y azules.
Cuando más entretenidos ~ataban, se asomó á
la puerta el papá.
-Mario, chiquitín, que te vista tu mamá. Va•
mo'I a. pasear.
La setl.ora arrugó el ceiio y siguió bordando
-eomo si nada hubiese oído; pero Mario, se puso
en pie de un salto y abrazándose de las piernas
del papa. se a pretaba contra él como un gato mi•

El canto de los cisnes en la laguna
Y soplos de tormenta que se dei;at~
Arrullos maternales sobre la cuna '
y lejanps rumores de catarata. '
Tiene todas las notas del sufrimiento
Encierra de la vida todo el amargo '
Ese pr?fundo _li~quiem, pausado y iento,
Ese adiós al v1aJero del viaje largo.
Y del órgano en tanto las notas graves
Con un clamor de ruego, suave y dolie~te
A_l subirá los cielos, cual grupo de aves '
Piden misericordia para el ausente.
'

Y parece que el alma, libre precito, •
Que los lazos del mundo por siempre deja
Enendidas las alas al intinito,
'
Al compás de 'lUS notas, fugaz se aleja . ..•
La l~z por las ojivas penetra y hiere
Los henzos que nos cuentan largos martirios·
Se oye1;1 Jas notas tristes del MISERERE, •
Se queJan las campanas, lloran los cirios.

. . .. .. . . . . . . .. .. .. .

París, 1897.

323

EL MUNDO.

Domingo 26 de Noviembre de 1899

.. . . .. . . . . . . . . ..

... . ... . ........... . ... .

•

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4 •

••

;,is;, Luego lentas pisadas que ya se alejan,

Y el d?lor que nos clava su diente agudo,
Las brisas 9ue ~n las ramas tristes se q úejan.
La tierra silenciosa y el cielo mudo!

10ado.
-Papa.sito, papa.sito querido, decía riendo y
bailando de gusto.
-Vamos, Eugenia, viste á Mario porque se ha•
·ce ..arde.
-Pero 1,es cierto que lo vas á llevar contigo?
preguntó sorprendid1t, sin dejar su labor.
- Figúrate. . . . Tengo dos horas libres. Esto
-es un milagro, porque Mario jamás sale conmigo.
- Si vas á llevarlo al Pincio piensa que hace
:mucho frío.
-No, no lo lleva::é al Pincio. ¿No es cierto,
monín, que lo mismo te da ir al Pincio que á
-cualquiera otra parte?
-Sí, papadito, siempre que vaya contigo y que
:mamá me ponga mi traje de terciopelo .
-En el Castillo está muy húmedo, dijo la se1lora.
- No iremos al Castillo. ;,Quieres que no salga
el chiquitín? ¿Estila celosa?
-Vaya u na tontería, dijo alzando los hom•

'broa.
DIEGO URIBE,

Levantóse lentamente, como con repugnancia,
anduvo de aquí para allá lentamente, abrió todos
loa roperos sin encontrar lo que buscaba, y por
tin, A llls mil y quinientas vistió A Mario.
Este entre tanto, de pie en la cama, se agitaba
como un diablegín mientras Je traían el vestido:
jugaba con su padre, pedía que le hiciera cosqui•
llas, y se dejaba caer sobre las almohadas. ríen•
-do A carcajadas y besando al papá el cual A su
~ez se acostaba junto á Mario.
Mientras la seflora vestía al niflo, al ponerle las
medias y al anudarla las cintas de los zapatos se
tncl~nó como par a besarl&lt;&gt;, pero en realidad para
decirle algo en secreto.
Ptro no había modo de conseguir su intento
porque el setl.or no se apartaba de allí, co;nplaci-do en la contemplación de su hijo.
L~ 11etl.ora puso mal el primer botón y no lo
advirtió sino hasta que llegó al último. Tuvo que
-empezar de nuevo su tarea. Mario rabiaba de
tmpaciencia. Ya tenía el sefior el sombrero pues-

to y todavía a ndaba la seftora buscando un pa•
:ll.utlo para el niiio.
- Le daré el mio, Eugenia, si lo necesita.
-No lo necesitaré; vámonos, papa.sito.
- No vayas A comprarlP. juguetes, le dijo la se•
:iiora á su marido, en voz baja.
- No tengas cuidado.
Lll maml\ besó la frente de m hijo y aquel beso faé tan largo que se dijera que quería darles A
sus labios la expresión de un lenguaje desconocido. S,llió á la antesal,i, y mientras el padre y el
hijo bajaban. salt,mdo y hllblando á vocea.
-¡Mario! gritó la se:ll.ora.
- ¿Qué, mamá?

-Ove.
-Dime desde ahí lo que quieres, mamasita.
-Vas á tener frío, toma tu abrigo.
- No, no tengo frío. Adios, mamá.

Al llegar á la puerta de una barraca en donde
habitt tíl{res enjaulados y cocodrilos en una laguneta, el valor y la curiosidad de Mario disminu •
yeron .
Miraba á su padre con una cara que revelaba
la lucha interna entre el miedo y la curiosidad.
Ni se atrevería á dar un paso.
- ¿Son muy grandes los cocodrilos, papá?
- 8í y tú muy cobarde.
-¿Son del tamaiio de Nana la cccinera:&gt;
-;:,on de otra forma, son largos y aplastados.
- Vámonos de a,uí papá . Ya me contarás cómo son los tigres y los cocodrilos, eso es mejor,
y ahora puedes comprarme un juguete con el di·
nero que les i oas á d1tr en la barraca.
-No, ya tienes muchos juguetes.
-¡ y si vieras cuántos tiene Alejandro! Son muy
bonitos, tienen mecanismo para andar. Hay un
ferrocarril con tres wagones y viajeros adentro;
en la caldera está el maquinista, muy negro; po•
brecito! Alejandro tiene también un circo con
caballos que dan muchas vueltas. Y tú, papá, ¿tenías juguetes cuando eras chico?
-Yo no tenía tantos como tú.
- ¿Y hacías travesuras?
-Menos que tú.
-¿Y te pegaban??
--Sí, monín.
-¿Y te dolía?
- Algunas veces.
-Mira, papá, ~uando mamá. me da un cachete
no me ca.usa mal; lloro y grito por no dejar.
Ahora ya no me pega.

-;,Y quieres mucho á tu mamá?
-Sí, papa.sito, pero á tí te quiero má.s.
- No digas eso. ¿Por qué me quieres más qué
A tu mamá?
-Porque A tí sólo te veo á la hora de la comida, mientras que con ella estoy á todas horas. Si
me crmpras un juguete diré que á los dos loa
q uiero igual.
- Vamos, mentiroci!lo. ¿No q uieres ir á comer
un helado en casi\ de Singar?
-Sí, papá , un helado de frambuesa, color de
rosa.
Después de comi,rse su helado muy despacio
para que le durara, Mario quiso llevarle A su mamá
unos pastelillos. ¡Pobrecita mamá·, se habfa que•
dado en la casa y no comió su helado! El mismo
le llevaría los pasteles, enredándose en u 'l de 1o
la cuerda del paquete.
-Papá, J.CUá ndo sea grande podré comer un
helado todos los días?
- Eso te haría daft.o.
-No, no me haría daiio. Papá, yo quiero ser
c0racero.
-¿Y si te qaedas chiquitín? Eres uca criatura,
eres mi ni:ll.ó mimado .
-Mira, dame mucho de comer, p iira ser grande y grueso, porque si me quedo chiquitín no
me harán coracero.
Al paslir por la calle Nacional, lo deslumbró el
aparador de la. juguete,í• de Natalí y se quedó
mudo de asombro. Tantas maravillas le extasiaban y se puso á contemplarlas con los ojos fuf.
gurantes de deseo.
Con su mamcita apretaba la de su papá, como
para comunicarle su i,stremecimiento: el rostro
pálido, y las mi radas llenas de asombro, formulaban una súplica mudt1, tsn elccuente, que el pa•
dre no puclo resistir y eutró á lt1 tienda para com•
prarle un juguete.
-Eotoy contentísimo con esta aldea que me
compraste, murmuraba el niiio cuando iban camino de la casa. ¿Cullntas casas crees q aé tieÓe?
-Veinte tal vez.
-Bueno, pues te daré veinte besitos y si hay
una iglesia con campan&gt;trio te daré un beso muy
largo. Estoy muy contento porque con este ju•
guete me divertiré mucho en casa. El viernes
mamá. me compró un aro y una Te lota. ¿Para "'
qué me sirven un aro y una pelota en la casa? Podría romper los muebles y los espejos, ¿no?
-Pero podrías divertirte con ellos en el Plncio.
-No, no, en el Pincio no. Dondeyn me divier•
to es en la villa Pamphil Y'. El viernes fuimos maro~

�EL MUNDO.

324

y yo; en el coche iba muy aburrido, pero mamá
me dijo: «Al llegará. Pamphily, bajaremos.»
- ¿Nunca babias ido en coche cerrado, Mario?
- Nunca. papá,
-¿Y en Pamphily jugaste con tu aro y tu pe•
lota?
- Sí, mientras mamá platicaba con Ricardo.
-;.Con Ricardo?
-Sí, papá..
- ¿Y qué hacía allí Ricardo?
-Se andaba paseando. Me estuve un momen•
to con él y con mamá, pero no me hacían caso,
v entonces me fui corriendo delante con mi pe•
iota. La pelota se fué rodando hasta otra aveni•
da y por buscarla se me perdió mamá. Oye papá,
¿~i yo me hubiera extraviado en el bosque me
habrían comido los lobos?
-Sí. . . ... tal vez. Y ...... ¿tu mamá?
-La encontré cerca del coche en dondt me
aguardaba ya.
.
-¡,Cuánto tiempo te estuvo aguudando?
-Cinco minutos, papá.
- ;.Cinco minutos nada más?
-O cinco horas. Me regaftó y yo me puse á.
llorar. La _culpa la ttnía la pelc,ta y le pegué. Ri·

cardo subió al coche con nosotros y bajó las cortinas; no se veían las calles. Nos apeamos en
Ripetta pero antes Ricardo le dió á. m11 má un beso
en el cuello. ¿Por qué baria eso, papá.?

.. ~N;s· f~í~¿~ y éi S~· q~~dó
0

0

~~- ~i ~~~h~. 'p~;~.

;.por qué besó á. mamá.? El no es papa.sito, ni ea.
Mario, el chiquitín mimado, para que bese á mamA.
Dile que ya no lo haga, papá.
-Ya se lo diré.

* **

La madre esperaba A su hijo en la antesala
poniendo atención al ruido de sus pasos.
'
-;.Estás sólo, Mariojl
- Si, mamá., !!olito. PapA me compró una ald e~Y paste les para tí.
Estaba pálida y temblorosa; el nifto la mirab11.
con sus ojos candorosos y brillantes.
·
-;.A dónde faé tu papá., Mario?
-Fué á decirle A Ricardo que no te bPse.
-¡Hijo mío! gritó, y cayó en tierra con los brazos abiertos.
MATILDE SERAO.

UNA VENGANZA.
El naturalista después de levantar el bordado
gorro, para cosquillearse la cabe:i;a calva, con los
afilados dedos, y alzarse hasta la frente las gafas de color, para restregar los ojos irritados por
la prolongada lectura, salió de la pieza en donde
durante tantas noches como aquella, se había
entregado á los estudios quA constituían su espe•
cialidad, y le habían dado nombre entre la gente
docta.
Y recorriendo piezas amplias y solitarias, en
cuyas paredes la bugía le dibujó, caricaturizAn•
dolo, su cuerpo · envuelto en aquella larga bata
floreada, empequeileciéndolo y alargá.ndolo, extraordinariamente, ridículamecte, llegó al cuartucho húmedo, lóbrego, destinado A bodega y biblioteca.
La bugía seilaló con su dedo luminoso las grotescas figuras de todos los desechos de la casa
que habían ido á sepultar allí, en desordenado
hacinamiento, en abigarradísima multitud.
Unos zapatos viejos hacíanse guifios, burlán•
dose de una an~igua bailera que, reina destrollll·
da, ostentaba aún los brillos de la corona, y unos
sabihondos librotes, muy serios y orgullosos, aunque vestidos de polvo, y olvidados en ridícula
postura de vulgares ebrios que van á caer.
Dejó en el suelo la amarilla palmotoria para
levantar el viejo diccionario, y vió entonces moverse a lgo muy cerca: ¡un animal! Y lo ba:ll.ó de
luz; era una lagartijilla entumecida, asustada,
acasc medio dormida ó moribunda que, apenas
po Ha menearse.
y era preciosa, ¡qué piel! hubiéraso creído que
era un trozo de cé3pe~húmr,do y animado.
¡Un ejemplar raro!
¡Un buen ejemplar!
Con la hoja brillante del pe1uell.o cortaplumas
de cubiertas de concha, la pinchó en mitad de la
espalda, la prendió contra la madera del piso y
¡cosa rara!, sintió que un estremecimiento le recorrió el cuerpo, y le pareció que un quejido dé•
bil, apenas ptirceptible, quejido de lagartija, extraflo como lamento de flor azotada, brutalmente
golpP.ada por el viento, salió de la boca del ani•
mal herido.
Vió con tristeza cómo se retorcía ansiosamente cómo levantaba del suelo la cabez11, agitaba
la~ manos y la delgada cola haciendo esfuerzos
para huirá aquella mortal presión, y sólo conseguía hacerse mayor la herida. Deseó que muriera pronto, para ahorro de sus dolores y sus ansias· sintió en el pecho un pequeflo -oeso de tris•
tez¡ y de temor que bien pudiera ser remordi•
miento por el crimen cometido. Ante los agóni•
cos estremecientos del reptil, recordó á. cuántos
a nimales babia aA.do muerte, sólo porque eran
hermosos, para enriquPcer so colección, á cuántas
plantas había sorprendido en momentos de amo·

Dominio 26 de Noviemhre de 11199.

Tlom1n2'0 26 de Noviembre de 1899.

Cuando volvió á. sentarse ante el tapete verde de la.
mesa, notó que Uovia.
Hasta entonces, y toda la tarde, con aburridora constancia se hllbía oido el repiqueteo de los dedos ociosos de la lluvia, en la vidriera de 18. pieza. T uvo frío •.
Tendió sobre la tapa del tintero el cuerpo de la in•
fortuna da criatura, y abrió nuevamente el libro .
En el fondo negro de la taza de café apar eció un ojo•
brillante que le miraba atentamente. Retiró la bugía.
Se s~n~ía fatigado, sentía en el rostrola calentura de
la irritación, v resolvió irá. la cama.
Mientras se desnudaba oyó á un grillo que en un
rincón de la pieza silbab9, y silbaba. Otro•
le contestó; le despertaron la idea de esos
b11ndoleros que en mitad de los obscuros..
caminos, se ponen de acuerdo para salir a¡l
encuentro de la victima que se aproxima,.
por medio de silbidos significativos.
Luego, un negro moa•
cardón revoloteó en tornosuyo. Quién sabe que le
dijo en su lenguaj~ y conuna voz ronca v solemne,.
como la de un ·riscal acu•
sador ante los jueces.
Con el cuerpo ya cu•
bierto por las blancas sA•·
banas del lecho, y la ca•
beza oculta entre el espeso velo de la obscuridad.
tendido sobre la alcoba,
quedó pensando: «¡si los.
deudos de los animHle&amp;
muertos por losnaturalis•
tas,
se vengasen!»
rosa unión y con la misma hojll l&gt;rillante del cor
Y los grillos silbaban en los rincones de la al•
ta.plumas de cubiertas de concha, había roto esos
coloquios con la muerte. Pensó en las muchas coba. Había aumentado el número. Dentro dealegrías criminales que babia experimentado la escala aguda de sus voces, había infinita va•
cuando se apoderó de esos lYUenos ejempla1·es, y riedad; eran muchas voces distintas, seguramerr
sintió un remordimiento equivalr,nte á la suma de te de muchos grillos iguale5.
Y el negro moscardón zombab'\ &lt;iicien do qu:én
muertes que habfa causado. ¿Tenía él derecho
sabe qué en su lenguaje silbado y con voz ronca
sobre todas aquell&gt;1s vidas?
Esp:.&gt;ró; los movimientos se hicieron menos rá- y solemne.
En el techo los alacranes gritaron algunas pa• .
pjdos, menos fuertes, menos frecuentes, y a1 oa.
bo vino la inmovilidad, se fué aquella pequefia labras, gorgoritearon algunas frases.
Sobre
el
buró
se
oyeron
·
p
asos
menudos
y
d1a•
vida.
Salió rumbo á. la mesa de estudio con la pal- cretos, y cautelosas palabras, apenas murmura•
matoria en una mano y el cadá.ver flexible en la das.
Después le pareció sentir esos pasos ligeros.
otra; por el vientre blanquizco asomaba la punta
menudos, sobre sus piernas, como si un ratón co·
brillante del arma.
·
Y tomando por pantalla la pared, nuevamente rreteaee por encima de él.
se entretuvo la bujía en dibujir ri&lt;liculizá.ndolos,
Algunos cuerpos poco pesados caían desde e)
los cuerpos del vivo y de la muerta.
techo sobre el suyo. Pero eran tan leves los gol·
Pareció en un m(lmento que iba á. saltarle á la pes que, sólo por su excesiva sensibilidad, el na•
cara el animal aun vivo, y en un temblor instan- tura.lista podía darse cuenta de ellos. ¿Sería ap~en·
táneo, dejó caer su ejemplar el nervioso natura- sión suya? ¿De veras estaría.u cayéndole encima
lista.
algunos animales? .. ..

1

l

Sintió en la cara la misma ligera molestia que
babia eent.ido tantas veces, al tropezar en un jardio con una telarafta tendida de un árbol á. otro
cercano, y quiso pasarse la mano por lA. cara, pe
ro una ligera presión Pj ~rcida en el brazo se lo
impidió, la presión de una lig1tdura hecha con del
gado hilo; ¡y no pudo vencerla!; era un hilo del
gado y fa~rte como finisímo alambre de acero,
un extraordina"io hilo de arafla.
Pretendió incorporarse; l'O pudo; iguales ligaduras le oprimieron en las pLirnas. en los brazos,
en el tórax, AD todo el cuerpo, y le oprimían mfts
y más, como si alguien estrechara las mallas de
11 qnella grande y extrafla red. Cuando no pudo
absolutamente moverse sintió sobre el cuerpo el
cosquilloso y horripilante andar de innumerables
aratlas.
y las vió, las pudo ver milagrosamente, á través de la compacta sombra. Entonces pudo darse
cuenta de su angustiosa situación.
Un golpe de horror le hiio estrem ~cer,
Las ara.ti.as recorrían por todas partes el techn,
entrllndo y saliendo por las ropas que mostrahlln
algunos agujeros. Los ratones con tezón trabaj&gt;l•
b&amp;n y abrían otras nuevas bocas en laR sAbanas
despedazadas, y mientras roían incansablemente,
moviendo sus hociquillos en donde temblaban los
largos bigotes, haclanle muecas, y le clavaban en
Ja cara, como desafiándc,le, sua miradas brillanteP, negras, vivarachas.
Bien pronto la obra estuvo concluid!\.
Las ropas roídas con faria, le rodaban sobre
el cuerpo en pelmazas, como grumos espesos d"l
j11bón, y hasta como cenizas volaban los mAs pe•
quetlo11 pedazos.
Entonces comenzó una invasión inesperada.
Del cielo de la pieza se desc.0lga ban las arai\11s, '
bajaban por sus hilos, cabriolellndo y deteniéndose A trechos, como esos saltimbancos que en
los circos detcienden de los trapecios por una
cuerda, poco á poco, tomando figuras efectistas
ó ridículas. Luego se desprendfan cerca de su
cara y oía la agitada respiración de los pu!mones
de las a raiias funambulescas.
Se de~ató una lluvia negra, muy negra; los ala•
cranes chirriaron, agitando sus tenazas, caían, se
revolcaban sobre él, lograban tomar su posición,
y ligeramente se resbalaban por la cama. Algunos como por distracción le hirieron con sus armas. E l dolor le atrofió los órganos voc1des y no
pudo gritar.
Alguna colmena se vació y el emjam~re invadió la pieza. Todl\s las abejas seguían á su reí•
na; el ruido que producían era ensortlecedor, y
reianse cuando él, el desgraciado naturalista, cerraba instintivamente los ojos al verlas acercAr•
sele aterradoramente, hasta rozarle las mejillas
con sus alas.
¡Las abejas! y pensó en la miel y en los cirios.
Anunciándose á la puerta con ruidosos aleta•
zos, llegaron aviones y salangos que rompían á.
gritar como si viesen una ave de rapiila. No salla aún del nuevo temblor miedoso que le causaba la reciente aparición, cu11ndo hizo su entrada
triunfal, como todas las suyas, nna nube de lan•
gestas que hacían retumbar el aire con su estru.,ndoso vuelo.
Bandadas espesas de mosquitos revoloteaban
por todos los ámbitos de la pieza museo.
Sólo él, él que era un notable naturalista, po•
día distinguir las voces de tantos animales, y po•
dia distinguir unas de otras las variadas especies.
Mientras se fijaba en los mosquitos, cuyas picador~ tanta molestia le causaron siempre, un en• ·

325

EL MUNDO.

zó á. chupar la sangre
basta d ..jarlos pálidos,
muy pálidos, ceráceos,
«Debían llamarse bemófilos. » -quiso gritar.

!-

L
jambre de cantáridas le llamó la atención. No
pudo fijarse en el hermoso color de los élitros,
porque pensó en 111 fiebre que iba A causarle el
olor de ellos; y sintió la fiebere, y quiso esca•
parse al delirio que veía aproximárs.elel
Bajó la vista; el suelo estaba sdfombrado; desagradable alfombra l\nimada. Por los pies del
catre subían escorpiones rabiosos agitando des•
sesperadamente los garfios de sus colas ya henchidos de veneno, y sobre ellos cabalgab&amp;n las
tará.ntulas.
Se arrastraban penosamente incontables aligatares iguales á los del Nilo,-con los ojos desbor•
dantes de sangre y los cort!lntes dientes descu•
bie rtos,-pero empequeilecidos hasta como una
lagartijilla; ¡ h, la lagartijilla muerta!
Tortugas que andab1n inusitadamente despacio, tortugas viejas, subían también produciendo
con sus carapachos al chocar, ruido de castafluelas rotas, manej!ldas por manos torpes. Y abrían
las bocas para morderle y le mordían, ¡qué dolor!
Había en la movediza alfombra un fragmento
rojizo que se agita ha sin cesar, y b. illaba á intervalos, como las lentejuelas de u, traje fant4stico, cuando las golpea la luz: las hormigas. Su•
bían, subían y cubrían completamente las cuatro
piernas de lR. cama. En los cuatro estremos del
catre vió á cuatro cuervos que graznaban á com•
pás.
Describiendo elipsoides, voltejearon entonces
en derredor de sus ojos unas falenas. Se le ocu ·
rrió: r,despedirían luz sus ojos? ¿El estaría vien·
do á. favor de esa luz?
Y p11rpadeó repetidas veces.
Sir.,tió en los pies un hormigueo y logró ver á
dos hormigas que se colocaban riendo-de veras
refan -en una misma línea, y se preparaban á.
A correr. Empezaron la carrera en línea recta,
cada una por una pierna.
Ellas creían que era carrera, y el cosquilleo le
molestaba profundamente.
U n hidrófilo se le clavó en los labios, y empe•
0

Una abeja se le había
prendido en Pl vientre,
y empezaba á introducirle poco á poco el
aguijón.
El naturalista recordaba el suplicio de Prome•
teo y él se creyó un sen•
tenciado de lo!! diúses.
El piquete de la abeja
fué la seflal de ataque.
Todos los animales se
avalanzaron sobre él y
le picaban ó le mordían
por todas partes, hasta
los de ordinario más ino•
fenslvos, como las golondrinas. Algunos no OOD·
tentos con herirlo, le
arrancaban pequefios pe·
dazos de c11r ne. Le pa•
reció que era un caballo
muerto arrojado en mi•
tad de un muladar pobla•
_J
do de hambrientos ZOt"i•
lotes.
En un Angulo de la alcoba convertida en jrnla•
una triste tórtola lanzó su lúgubre cucú.
Las hormigas fatigadas, seguían, sin tomar des•
canso, su carrera á través del cuerpo del infeliz
sabio, lleno de piquetes y mordeduras, salvaban
las zanjas abiertas y desbordantes de sangre, y
les dejab'ln paso libre las araflas, los alacranes,
los grillos y las hormigas sus compafleras. El las
vió aproximarse y apretó los labios blancos, te•
mía que le entrasen por la boca, perc, no llegaron
y aignieron su camino.
Creció su angustia. ¿A dónde iban?
Al llegar á los ojos se detuvieron; P-ra el punto
marcado para final de su carrera. Todos los animales cr,lebraron la llegada con gritos.
¡Apareció una lag-artíja con un cortaplumas de
ca1.1has de c0ncha clavado.en la espalda!
Se arrastraba penosamente, quejáoase con
amargura.
Y empezó su peregrinación sobre el cuerpo
destrozado.
Por última vez quiso gritar, llorar, moverse,
correr, huir. ¡Imposible! Cuando ella llegó al
corazón se detuvo.
Muchas hormigas comenzaron á. subir sobre el
cortaplumas, como A una percha.
·
¡Iban hundiéndolo poco á. poco en el pecho del
naturalista!
Las dos hormigllB se arrojaron al fondo de los
ojos como dos nadadores á un estanque.
Su desfallecimiento creció grandemente.
Y lo último que vió, con los oj J i! ya ciegos, fué
otro naturalista igual á él, quizá. él mismo dentro del vientre de una gran vaca que se e~hibía
en un tablado, y un mono con la cabeza llena
de canas que le hacia muecas de burla y de des
precio.
FRANCISCO ZÁRATE

Rurz.

�326

EL MUNDO.

Domingo 26 de Noviembre de 1899.

Año VI

LA ULTIMA JORNADA.

Tomo 11

México, Domingo 3 de Diciembre de 1899.

Número 23

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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298

Domingo 12 de Noviembre de 1899

z_

A flo VI-Tomo 11

México, Domingo x9 de Noviembre de

T~Q9•

Número

21

a

Tres noch~s recorriendo las laderas
Penumbrosas, selváticos follajes
Con greiludas malezas que se erizan
Como crines de bestias espantables.
Tres noches comumidas en ardiente
Ojeo, escudriilando matorrales,
J&lt;~n alto las orejas Janceoladés
Erec.as, como dos índices graves
Que seiialan la sombra. Las pupilas
Brillaotes con los brillos del esmalte,
Y los lomos hirsutos y la fiebre,
La fiebre araiendo llamas en las fauces.
Así los lobos van por la ladera
Con fatigas y angustia&amp; en la carne,
Fundiéndose en 111. sombra como manchas,
Y desgarrando aullidos: ¡tienen hambre!

***

El torno, el grande horror de lo lejano,
De lo que nunca llega; el innsondable

MI REINA DE LA FIESTA
Ultim~ po~s:a p~emiada en los Juegos florales de Cartagena.

Verás .... ¡ Yo soy Jo mismo
que aquel romero triste dd alto de la sierra ....
que aquel romero triste de pálidos verdores
y de áspera corteza
que, dci;medrado y viejo,
da flores t1.,cla. vfa, se viste en pr1 rna vera
y todavía ofrecn su néctar delicado,
que l;&gt;Uscan fas abe~asl
. . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. .. . . . . ..
Qué! ¿quieres que haga versos?
¡Pues he de hacerte versos, y tantos como quieras!
Yo romperé mi lanza
.
luchando en el torneo brillante de la'l letras,
y venceré en la lucha para 'l ue tú sonrías ....
¡ para que tú lo veas!
Tú me verás intrépido: para lograr el triunfo
he de agotar mis fuerzas ... ·.
Tú me verás magnánimo tirar todo un tesoro:
1el escondido y san Lo tesoro de mis penas! ... . . .
Me voy haciendo viejo
como el romero triste del alto de la sierra;
¡pero aún me quedan flores y néctar delicado
que dar á las abejas!

..

..

.... ............................ . ..............

Yo lucharé, aunque sufra sangrando por la herida
que tengo en Jo profundo del corazón abierta ....
mas quédese en secreto, si alcanzo la victoria,
y aquél y tú, Sátedlo, sin que otro más lo sepa:
Yo quiero, si es que triunfo, que seas elegida
la reina de la fiesta, ·
y quiero que te elija, cii'iéndose triunfante
wis lauros ae poeta,
el mozo aquel que adoras,
aquel que en tus ensueños con tus amores reina.

.. . . . . . . . . ........ . .. ....... . ................. .
'

Cel llbr-o "Ce el C o l or,

Mar de tiniPblas y olas, y el desierto,
El desierto de tantas soledades.
El frágil bote cabalgando á tumbos,
Cabalg-ando en las olas espumantes.
A tumbos que son vértigos, crugiendo,
Crugiendo á cada golpe y sin velamen,
Abajo en E:l abismo, hondo murmullo;
Arriba en el abismo, quietud grave,
Y el bote como una ánfora de angustias
Perdido entre las dos inmensidades.
Los nAufragos se ven, se ven con odio;
La aflicción arde en todos los semhlantes
Como una llama verde, verde y pálida,
-Blandón sobre el altar de los desastres.y rechinan los dientes y blasfeman,
Y maldicen al cielo imperturbable,

¿Que esto es un sacrificio?
¿Que acaso no me faltan amores que merezcan
de mi glorioso triunfo
la delicada ofrenda?
Verdad que no me faltan amores, que en amorei,
,:.:ifré mi vida entera;
pero los tengo lejos ....
1Tan lejos, que no aguardo que ya á mi lado vuelvan!. ..
se fueron una tarde de otoño en que las hojas
se desprendían se;as ....
se fueron una tarde con sus azules ojos,
con sus miradas tristes, con sus sonrisas tiernas! ....
Se fueron y no vuelvei: ....
Ha tiempo que me espera
la nii'ia encantadora de los azules ojos,
de las miradas dulces, de las sonrlsas tiernas ... .
Ha tiempo que me aguarda... durmieudo eternamente
debajo de unas flores, mi reina de la fiesta!
VICENTE MEDINA.

Cartagena (España), Junio de 1899.

RIMA~ ..

l

Al negro cielo, indiferente, mudo,
Y se asechan con odio: tienen hambre!

1
t

*

* *

El harapo es dolor, dolor mas triste
Porque cruza el asfalto de las calles
Como 11\grima triste de la inopia;
Porque exhibe sus llagas y es cobarde.
El fausto de los próceres lo humilla,
Y humilde se resigna, herir no sabe,
Ni convertirse en rebelión, en ira,
En épica bandera de combate.
El harapo es ml\s triste porque ca.Ha,
Los lobos aullan con dolor salvaje;
Los náufragos maldicen, y blasfeman;
Los harapos se arrastran: tienen hambre!

M. LARRAÑAGA PORTUGAL .

II
.... Ya ves cuánto gozaste: sonreía
Tu boca angelical!
Platícame, paloma, los ensueños
Que te hicieron rdr y no llorar!

*
. ... Ya ves como la noche no es temible
Pues convida á soñar,
Y lo que juzgas ilusión, despierta,
8oiiando se convierte en realidad.

HI
¡Levántate. paloma! el sol que explende
Te devuelve la paz;
Ya no exist,e la noche que temías ....
¡Bajo el auspicio de la luz estásl

*
Compara el Sol radiante con la noche,
¿Qué te deleita más:
Esa estrella que borra los ensuei'íos,
O la noche que brinda el ideal .... ?

IV
A****

I
Es la noche: paloma, ¿por qué temes
Su densa obscuridad?
¡Aquiétate, la sombra se disipa
Como pasa con todo lo fugaz!

*

Duerme tranquila, velaré tu sueño
Que narlie turbará,
Hasta que el rayo de la luz hermosa
Te venga con su be50 á despertar.

.... Goza, paloma.! cifro mi contento
En mirarte gozar;
1Adoro el día porque no le ternes
Y te devueJ ve la per.iida paz!

*
... Lang-uideces?.. comprendo lo que sufres,
Tu pena calmará:
¡Próxima está la noche, no le temas .... 1
Otra vez con loi sueños vol verá .... 1
RICARDO

Som.

&lt;j/llmo. (l!Íz. :i)r. :i)on &amp;antiac90 Je la {jawv g'ambzano,
NOMB&amp;ADO ARZOBISPO DE MONTERREY,

'
/

I

Fot de Mora.

�Domingo 19 de No"._iembre de 1899.

EL MUNDO.

296

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

.... «Manon era una criatura extraordinaria. Jamás tuvo al oro el menor ape~o, pero no podfa gozar un momento de tranquilidad con el temor de carecer de él. Necesitaba placer y distracción. En estando divertida todo le era indi,erente; ni siquiera se
informaba de nuestro estado económico con que pudie"a pasar agradablemente el día. Nada, pues más
fácil que com?lacerla, improvisando todos los días
diversiones á su gusto. Sin este estímulo, no había
que contar con ella para nada. Aunque me amaba
con ternura, y según su propia confesión, era yo el
único capaz de hacerle exp,rimentar el a:::ior, podía
estar seguro de que su cariño no triunfaría de ciertas inquietudes.&gt;
He aquí una alma femenina del siglo XVJII que
hizo de la novelilla del abate Prevost, una obra inmortal. Las escenas, un poco picantes, de esta historieta, las aventuras jocoserias de rufianes y perdidos,
la narración exacta y sencilla de un amor ardiente á
través de peripecias innobles, la confidencia de una
alma enamorada y viciosa, dan á este viejo libro un
tentador y piadoso atractivo que va aumentando página á página, y complicándose de ternura y miseri.
cordia. hasta estallar en un grito de d&lt;1lor humano en
las últimas líneas rebosantes de amarga é infinita
triste1.a. Ese cuenLo juvenil y picar1::sco, q•Je parece
una canción acompañada con ruido de espadas, cho•
car de vasos y estallidos de ósculos, termina con un
petético lamento que seme¡a un canto litúrgico harmonizado por las voces graves y roncas del órgano. Al
principio, huelen las hojas á flores de primavera; lue.
go á esencia de tocador, á exquisitas fragancias, á
perfumes de salón, y después, por el campo desolado
en que agoniza. una coqueta. cansada de vivir, pasa
una ráfaga de incienso.
Massenet puso en música las mundanas baza!'ias de
esta locuela deliciosa que, asomándose á ca.da paso
por la puerta del ensueño, sonríe á todos los muchachos de veinte años.
y es un encanto la obra de Massenet, porque en
verdad que ha seguido las carreras y semi vuelos ele
esta alondra inquieta que salta de rama en rama, sacudiéndose el rocío del plumaje, por el viejo árbol oe
la vida.
La música de Massenet, esencialmente delicada y
tierna, posee. quizá como ninguna, la característica
del espíritu francés: la gracia. Es de una maravillosa elegancia y de una admirable flexibilidad. El maestro francés ba hecho en Manon alta psicclogía musical. Aquella frívola y sensual, vana, y apasionada.,
enamorada del placer efímero, impaciente, generosa,
cruel ávida de ternura y deseos, que apuraba el goce
de u~ sorbo, y presentando al desr,ino su copa vacía,
pedía más, síemp1e más, en una insensata y voluptuosa embriaguez; aquella casquivana que cambiaba
besos por monedas, y que imploraba de su amante
oro y amor, está dibujada por Massenet, en una mústca fina y suave, que tiene toda la_emocionante elocuencia de ese sutil y divino arte de las notas. Massenet ha escrito con lágrimas, y rimado con r isas y
suspirns sus aladas y cristalinas melodías.
No, maestro Campa, ya lo sé; no hemos oído á Ma·
non pero siquiera la hemos soi'íado.
1y la fantasía hace tantas cosas bellas y luminosas
de las toscas y obscuras realidades!

*
* *

amor está el alma de esta tísica que cruza toslend o
á travéi. de nuestras locuras juveniles, y que en el silencio de la noche, bajo las cortinas del lecho, de vuelta de nuestras aventuras y amorfos, nos hace ñerramar sobre el libro a.;ierto una lágrima de pena, y
atraviesa, ennoblecida, por entre los recuerdos de la
orgía y los deseos torpes!
Dentro de la alcoba de tapices obscuros, perfumada
y tibia, hemos bailado á Sn.focon su desnudez envuelta en luz; con su globo de insolente claridad de alum brado público, esperando en la acera al tr11nseunte
ebrio, tropezamos con Naná; posible es que en nuestras correrías de trasnoctladnres empederuidos hayamos visto cómo la risueña .Manón abre los brazos á
D&lt;lS Grleux.
•
A la pálida enfe1 ma, á la triste Margarita., á esa no
la hemos visto porque se encuentra en el límite' preci~o en que acaba la existencia real y c0mienza. la vida de la poesía.
Marga.rita es humana; es de la carne de que somo~,
sólo que se iergue más ante nuestras miserias, está
más alta, y no 1mele darnos la mano en los bacanales
vulgares.
La Vt:tusta ópera de Verdino~ produce fastidio;
sólo el innegable talento de la Pa.dovani logra, por
un milagro, hacernos escuchar esta música aburridora.
Y sí que nos conmueve en el final, cuando la muerte llega á apagar la llama de la dicha sobre el marchito semblante de Violeta. Ella se pone en pie, recibe, con sonrisa de inefable gozo, el soplo frlo, porque
cree que es el aliento de un ángel, la ráfaga de uua.
primavera, el saludo ce la vida nueva, é inclina la
fre nte hermosa y soñadora, basta el hombro del ena•
morado, que estrecha el CU&lt;:lrpo enflaquecido-el pretexto para que una alma quede aún sobre fa tierra,
como dijo el poeta. -Después .... al abrir los brazos
AlfredJ, la pobre tísica cae blandamente, sencillamente, como caen las ves:iiduras que se desciñen . .

"* *

Hago un esfuerzo de memoria y veo al segundo
representante de la dinastía de la zarzuela.-El primero, Ramsés el Grande. fué Don José Cleofas Moreno, y genitor, (en sentido figu rado, se entiende) de
la actual familia reinante.
Eran los buenos tiempos del teatro ¡oh buenos
tiempos!
Todavía cuando paso frente al Teatro Nacional,
paréceme ver la sombra de PasLor errante y desconsolada, como la de César en ios campos &lt;:le F illpo.
El Currillo Pastor era bajo de cuerpo, vestía casi
siempre de negro, y correctamente, como si á diario
estuviese dispuesto á ejercer funciones diplomáticas.
Un rojo clavel decora.ha. á continuo su solapa.
Recargado en una de las columnas del pórtico, ,e.
partía saludos y sonrisas con un aire de satisfacción
burguesa de lo más simpático y expresivo. Eo su cara afeita.da, iluminada por no se qné resplandor de
alegría, brillaban dos ojillos vivaces con una chispa
de carbunclo en el fondo de las pupila,;.
Por aquel entonces la zarzuela no se encanallaba
aún y el público aplaudía los inocentes retruécanos
de «Las dos Princesas,&gt; los discreteas y sutilezas del
«Estudiante de Salamanca&gt; y los diálogos color de
ro&amp;a de las operetas de Suppée y de Lecocq. «El PStudiante Polaco&gt; fué el clau de la temporada. El público se divertía con las aniruadas y vistosas escenas
de estas comedias líricas cuya música reía con la
franca y sonora risa de un regocijo sano.
Abara recuerdo aquellas épocas felices, en que la
zarzuela conservaba cierto viso de cultura, cierto disfraz de buen tono y elegancia, cierto respeto, siquiera fuese fiogido, á la decencia.
Aquel era el bajo imperio del sprit, pero aun su
Majestad !a Gracia, no se disfrazaba de chula para
b1ilar, entre alusiones de callejuela, la da01.a del
vientre.
Poco á poco el mal gusto fué adueñándose del público. Se respiraba en la atmósfera como un miasma.
Acabó por asfixiar un pobre arte anémico y desfalleciente.
Y un teatro licencioso y brutal se adueñó de los
escenarios bajo las reglas de una estética encanallada y de una plástica degenerada y torpe.
Hoy parece que, como reacc:ón, un gesto de asco
y repugnancia frunce las alegres má:,caras de la comedia.
¡Oh, si fuese cierto que el público está dispuesto á
abandonar el chiste obsceno y las desnudeces groseras de la tanda!

.A.delina Padovani, la suprema cantante, ha interpretado Tra1Jiata. El talento de esta artista es un
taumaturgo: resucita á los muertos.
«Traviata&gt; ya está envejecida, manoseada, vulgar.
Llora en los tubos chillones de los organillos de Berbería y se encanalla en las vihuelas.
¿Por qué se nos presenta Ja rugosa quintañona,
que nos sirvió de aya, vestida de fantasía y con pre. tensiones y coqueteos de joven galante? Ah! lo com.
prendo. El grupo de delicados la desdeña, pero vulgar y vieja, Lada via se siente amada de las multitudes admira álos libertinos Ignorantes y humedece
los ~jos de las inocentes señoritas. ¿Por qué? Por la
pai,ión. Por lo miRmo que Massenet se hace aplaudir
*
**
de los esco"idos. Y la pasión está, no en la mflsica
El Cómico comenzó á publicar el cuento más lindo
impetuosa,ºpero monótona y desmafiada, sino en el
drama, en esa Margarita Gautbíer de baile de Carna. de 10s que se hayan escrito en espaflol: «El sombrero
val, en esa Violeta que conserva, no obstante lo tosco de tres picos.&gt; Es un grano de sal andaluza que visto
de pronto parece un diamante. ¡ De tal suerte en él
de la caricatura, algunos rasgos del original.
Este tipo ba teni&lt;lo la fortuna, según la frase de juega y se descompone la luz!
Nada más encantador é intencionado que esta doun crítico francés, Je mostrar por primera vez en el
teatro, el mundo sombrío de las muchachas de vida nosa burla que pinta á la Meissonier, con pinceles
lib~e y de los jovenes ' que arrojan sus corazones al mojados en los verdes patios de Sevilla ó en los crepúsarroyo. «En el fondo de toda mujer-decían los Gon- culos del claro cielo de Granada, los cuadros más deC"ourt-bay algo de febril, de estremecedor, de sen- liciosos de la Espa!'ia de principios del siglo ....
sitivo, y de herido.&gt;
LUIS G. URBINA,
¡ y qué profuudamente herida, qué trémula de

.l)Ollllngo 19 de Noviembre de 1899.
-texto del asesinato de unos misioneros, católicos
r· más senas, envía unos cuantos buques de guerra
Amarillo, pone solemnemente á su propio ber0 al trente de la escuadra y ocupa casi á la endel golfo de Petchlli la,bahíade Kiao-Tcheu, es
decir, el predominio sobre la cuenc~ carbonífera del
Wel-hO,
Este golpe maestro cambió la situa~lón; he aquí
cómo se encuentra, hoy que los telegramas nos hablan
de una alianza entre Inglaterra, los Estados Unidos
el Japón. Bien sabéis, lectores, que en la inmensa
~osula terminal de la China geográfica al S., los
franceses poseen la Cocbinchtna Cambodge, Annam,
oomo tutor&amp;, y como duei1os el Tonkln, pegado á la
trontera china, y que Inglaterra posee ó manda en
todo el resto de la península, en el reino de Siam, en
Jalarguíslma.subpenínsula de Malacca y en Blrmania;
JIO 800 muy ricas las regiones cb.inas cvnfinantes con
eataa comarcas inglesas y francesas, pero cada una
de las dos naciones europeas quiere atraer á sr estera de influencia el Yunnan; los ingleses llevan la
,eotaja. Subienjo bacía el N. por el litoral del imperio ee1este nos encontramos arriba del ext:-emo sur
que Francia. ocupa, á Hong-Kong; de este puerto insular en las bocas del Si-Kiang ba hecho Inglaterra
un puerto mercantil y militar de primer orden que
comprende, puede decirse, á Cantón bajo su gobierno y que por medio de nuevas concesione~ en islas y
)lk,rales vecinos va á constituir un centro de fuerza
que tendrá pocos rivales en el mundo. Subiendo,
trente á la Isla Formosa de que es dueflo el Japón,
el litoral puede considerarse japonés también: y entramos An el mar de Cnina propiamente dicho; aquí
todo eii de los celestes, en apariencia, en realidad todo ello está entre los labios y pronto en el estómago
togléil. Por medio de un t1atado celebra.do con el
Tllong-Li-Ya.men eo 9t! Inglaterra SE' coloca en una
admirable posición; he aquí un rápido resumen del
dor.umento diplomátic'J: todos los ríos chinos quedan
abiertos á todos los b11ques de todas las naciones (esto es lo que se llama la política i1e la puerta franca) ;
00 se dará por ningún moti va á ninguna potencia, en
propiedad ó a.rrendamie~to, porción ~lnguna de ,la
cuenca del Yavg- Tsé-K1ang; a.hora bien, este no,
uno de los mayores de la tierra, riega las más fértiles
comarcas del imperio y las más pobladas (l!SO millones de habitantes), y esa neutralización, como dicen
loa ingleses, quiere dee:ír que se dejaá ellos dominarla de hecho, porque su marina y su industria mara'111011&amp;mente preparadas para esa difusión, llenan ya
el río, imperan en su tráfico, mandan en sus mcrcadoa y explotan sus riquezas.
Por eso defienden los ingleses á todo trance la po•
Htlca de la libertad de comercio ó de la puerta franca, contra la de las esferas i1e influencia, es decir, contra los privilegios mercantiles concedidos en determinada región á determinadc1. potencia; saben que la
puerta abierta hará, por n:i_ucho tiempo, caer á todas
1aa evmarcas del imperio bajo su esfera de influencia
marítima é industrial: tienen el dinero, tienen las
iúquinas, tienen los buques. Y nadie se hace iluBlones, el tratado á que a.ludimos, que termina con
la cláusula eo que se deja la inspección de las aduanas (ministerio de hacienda en China) en manos de
uo funcionario inglés, ba hecho caer bajo el dominio
de Su Graciosa Magestad, todo el centro del imperio
celeste. Slguien fo nuestro camino hacia el Septentrión y pasada la costa que se han apropiado los alemanes, entramos en el golfo de Petcb.ili, es decir, en
el vestlbulo de Peking, cuya entrada vigilan al N.
Puerto-Arturo y al l::i. la rada enorme de Wei-baWei, en sendas lenguas peninsulares. Al tratado de
neutralización del Yaog-Tsé-Kiang, respondió Rusia
con la toma de Puerto-Arturo y de otro cercano, con
la concesión de un ferrocar!il que unies~ su nueva
adquisición con el ferrocarril transiberiano y el permiso de fortificarse á su gusto. ¡Tableaul Los inglellell gritaron, idem los japoneses. ¡Puerto-Arturo;
10 conquista; su gloria, en poder de los rusos! Inglaterra calló repentinamente; había tomado posesión
de Wei-ha-Wei, en la punta que se hace frente á
Pnerto-Arturo. ¿ Y el Japón.? La Rusia lo había
contentado con un tratado de garantías sobre la independencia de Corea . .. . 1 Y allí veis cómo se han
di,tdido lo no-suvo las potencias que tienen grandes
ejércitos ó grandes acorazados. Es muy curiosa la
h!atoria de este siglo que nació proclamando todos
108 derechos y acaba violándolos todos. En fin, así es.
Por supuesto que esas adquisiciones son temporales, por veinticinco afias, por noventa y nueve: ¡cuando se venzan e.c;tos plazos veréis cómo se _apresuran á
devolver sus presas las naciones civilizadas! Entonces dirán los periódicos: ¡cómo devolver! Allí está
noestro trabajo en forma de docks, de ferrocarriles,
de fábricas, de minas; allí está la sangre (si ha babido algún choque cruento entre los concesionarios)
alll las t umbas de nuestros hermanos .... ¡Oh! no,
81 el Tsung-li-Yamen no renueva nuestras concesiones, nos quedaremos con ella.~. Apuesto áque dentro
de noventa y nueve años esto sucede: tendré cuidado,
amables lectores, de recordároslo aquí mismo.
lndtil es decir que cada uno de estos fragmentos
de litoral, arrancados á la corona del Hijo del Cielo,
e'! U!l!l hchada oue cubre un buen terreno de fondo;
este fondo se lla::ia, en ien¡;; -¡a;ie de can:mería, wna·

lT~ar

:=a
1.-LA

CHINA Y SUS COMENSALES.
2.-EL FIN DEL lllll.NDO.

La China, el célebre Ca.tay, para un estudiante deartes en la Universidad ó San Ildefooso de México,
en el siglo X VII, era un pa.fs maravilloso y deforme,
una muralla intioita que subía por las montañas, bajaba á Jo,_ valles y cruzaba los ríos; dentro de esa muralla un país de porcelana, de 8eda y de laca, de todos los colores v de todos los oros; unos templos á.
galsa de ti bares altfs.mos cuajados de esm':llte fino,
unos tibores pequeños que andaban con parasoles.
orlados de cascabeles y que se llamaban mandarines, unas mujeres de ojillos vi vos, que parecían..
ir de las sienes á la punta de la nariz, y que sepasaban la vida sentadas porque los atrofiados pies
no les permitían moverse; unos pájaros que pare.
dan serpientes, unas serpientes que parecían .pájaros, en fin, una China de mantón de Manila y de SO•
brPcama bordada en Cantón ; en suma, la China de la.
Nao, la que atestaba ite sedas las cómodas de nuestras bisabuelas, con gran enojo de los alcaiceros de
Sevilla y de Granada. Setecientas cincuenta y cuatro
veces más sabe boy de China mi buen amigo el profesor Miguel Schultz, y sabe poco todavía, de estepa.is er.orme de trescientos ó cuatrocientos millones
de amarillo~, hasta hace poco entreabierto apenas al
comercio inglés y violado y abierto de par en par por·
los amarillos del Japón que hicieron la olla gorda á
los europP.os, en el tratado de Simonosaki en 1895.
Una g igantesca panza remojada en el grande océ'I•
no cuya curva comienza en el paralelo de New York.
y acaba en los de Yucatáo, esa es la China vista por
la fachada, llena toda de puertas en las desemboca.duras fluviales ó en las vueltas y revueltas del litoral, desde el golfo de Petcbllí al N. basta el del Ton-.
kin al S ; apoyada la espalda en las petrificadas olas.
del levantamiento orográfico del. Tibet. Aquella región es un mundo que se basta á sí mismo, tiene todos los climas, todas las producciones, todos los aspectos y en sus mesetas y sus valles y las cuencas de•
sus espléndidos ríos, junto con la morera de la seda,
y el algodón, y el arroz y el té, se produce con abundancia extraordinaria. la planta hombre; son repues•
t fsimas allí las sementeras humanas: cuatrocientos.
millones de indi viduos ¡qué tentación para convertir•
los en con&amp;umidores de las industrias europea.si Ha
de tener uo sabor particularísimo la lectura. de ese
libro formidablemente moral y pornográfico tiue llama Zola «Fe&lt;Xmdité,&gt; en medio del infinito pulular de
los chinos en China, 1qué fecundidad la de aquel
vientre continental!

*

* 4imperio asiático la fron•
Ru~ia que limita oon su
tera septentrional de Cb.ina y se asoma al mar del
Japón por la vent ana de biela de Vladivostok, en
donde termina el ferrocarril transiberiano, Rusia no.
vió con ojos tiernos la brutal preponderancia que el
vencedor japonés quería imponer á la pobre vieja caduca que había tendid0 magullada á sus pies. Recordó lo que le habían hecho los alemanes en el congreso de Berlín, c.:.on su tratado de St. Estefano, y·
convocando en su ayuda á las avideces europeas modificó de tal modo lo convenido entre Cnina y ,m vencedor, que re:,ultó que la guerra turco -japonesa había sido hecha en favor de Europa. Inglaterra no
tomó parte en estos arreglos; ella los hizo por su
cuenta y r:esgo con el gabierno chino, el Tsung-liYamen. Su primer cuidado, su primer empefio fué
explotar el rencor de los japoneses contra los rusos;
los rusos eran los protectores del celeste imperio, la
Corra que avanza su elegante masa peninsul~r entre,
el mar del Jap6n y el mar .Amarillo, era el territorio
que Rusia y el Japón se disputaban y en donde los
conflictos iban á nacerá cada instante; manifiesta•
mente el ministro Li- Hung- Hang era un aliado de
Rusia; los franceses, que algo habían obtenido al Sur
del imperio, eran aliados de los rusos; todo esto decían los ingleses al oído del Mikado para excitar su,
deseo de rf:stablecer de golpe el derecho de ser el
primero en el reparto chino, derecho gloriosamente·
adquirido en P ing- Yang. Si en esos momentos (mediados de 97) el Japón declara la guerra á Rusia, la
habría encontrado muy mal preparada.-«Bien, de•
cían los japoneses á lnglaterra, nos aliaremos.&gt;-·
«No, cootestaba esta señora, no bay precisamente
necesidad de esto.&gt;
Claro que no había necesidad, como que en dos me••
ses pueden los rusos mover, gracias á sus nuevos ferrocarriles, cien mil hombres sobre la frontera de la
India; y no bay fidelidad de los mjahs que valga ante·
un: «sois libres,&gt; y no hay poder suficiente en Inglaterra para ~eprimir una sublevación índica apoyad~ por
cien mil rusos. Por eso no hubo alianza anglo-Japo•
nesa. Y mientras andaban en cuchicheos el marqués.
Ita y Lord Salisbury, se levanta el Emperador Gui·
n~rmo resuelto á dar -..:na gran campanaia, y c.:n el

297

EL MUNDO.
i1e penetrad,6n, y es indefinida como la e.ojera i1e influencia que, en suma, es lo mismo.
Mas la penetración no es sólo en esta forma; tam-

bién lo es en forma de influencia en la corte imperial;
y ya se recuerda que de intrigas en Pekin. Los rusos apoyan el sistema de lenta iniciación de China en
la civilización europea.; Li Hung-Hang, era el jefe de
este partido; mas se sobrepuso el partido del progreso rápido, el de los japoneses, empujados por los ingleses y por poco obtienen una verdadera revolución,
si no hubiese intervenido á tiempo la emperatriz-mactre y Li-Hung-Hang, hoy el hombre más rico y más
astuto del mundo, no hubiese vuelto al consejo imperial.-¿Qué ha pasado después? ¡Oh! tantas cosas!
Hoy los ja¡:,oneses parecen encargados de administrar
el imperio; ellos van á hacer muchas obras, ferrocarriles, puertos, ;,qué se yo? Van á salvar el imperio·
Allá veredes, dijo el otro.
Otra cosa que ha pasado es la toma de posesión, no
sin protestas, de las Filipinas por los americanos.
Este elemento repentino y tormida.blP. cambiará todas las combinaciones de los convidados al banquete
chino (convidados de sí mismos que son los más glotones). ¿Será cierto lo que nos dicen los coblegramas
snbre alianzas anglo-americo-japonesasY ¿Cuál es el
objeto posible de esas alianzas? ¿ Arrojar á los rusos
de sus posesiones en Cbina1 ,Ballenas contra elefantes?
Si el Japón que, natuulmente, se opone á todo lo
que en C0rea signifique un refuerzo de la posesión de
los rusos (los cables hablan de la adquisición de un
nuevo puerto) quiere de una vez jugar el todo por el
todo, que no cuente con sus proble'lláticos aliados que
no están en estos momentos en el caso de conflagrar
al mundo p~ra dar satisfacción á los súbditos del Mikado; en estos instantes obligarían á las flotas rusas
á estará la defensiva, porque son todavía inferiores
á las japonesas en las estaciones de China y Corea,
dentro de tres años no lo serán, ni las alemanas tampoco; verdad es que entonces, precisamente, los ingleses bo~ar.l.n al mar su nueva flota en construcción
que, con ser solo un complemento de su poder naval, iguala á las escuadras juntas de los Estados ·
Unidos ..... .

***
Suspendí esta crónica. china para ver el fin del mundo; fué una tontera mía; nadie verá el f 1n del mundo: en primer lugar, aun concretando á nuestro planeta la significación indeterminada del vocablo mundo nadie, rodeado de esta suprema decoración de ópera de Wagner, exhalará el último suspiro; cuando la
tierra muera, es deci::, no cuando la tierra caiga de
nuevo en el sol que es su inevitable destino, ,;ino
cuando desaparezc;;. en ella la vida, ya habrán tras•
currido unos cuantos años, seis ó siete mil, de la desaparición del hombre, de los últimos hombres, de esos
adoradores de la belleza, ligeros como silfos, que, según cuentaMallarmé,se reumrán sobre una costra de
hielo para contemplar la ascensión de Venus y un SO·
lo estremecimiento de placer de sus cuerpos semtfluídioos será bastante para romper el cristal del suelo y hundirlos para siempre.
y be aquí un fin seguro de nuestra pobre humanidad: el frío; así está acabando la humanidad de Marte, á nuest,·a vista; si no les tiramos una cuerda y
salvamos á unos cuantos náufragos de esos, perecerán congelados; bay que apresurarse, dentro de quinientos aflos tal vez será tarde. Pero aun cuando no
nos pase lo que á los pobres marcianos, por una causa
local, nos pasará por el enfriamiento total del espacio planet ario; el sol que era una lámpar~ blanca, es
hoy amarilla; cuando acabe su condensación, comenzada cuanrlo la tierra era un átomo de la nebulosa solar ent onces empezará á vol verse sólido y a.dios calor.
y á. pesar de cuanto haya inventado la .:ivilización para calentarse, pronto acabará su reserv'.3-de viejos rayos
solares(es bien sabido que el carbón romeral no esotra
cosa que calor solar fósil) y se morirá, pero muchos
otros organismos le sobrevivirán siglos y slglos; no, no
veremos el fin del mundo. Ni éste, ni t impoco el q.ue
pueda ser causado por la taita de agua lo verán los
hombres· eso va á suceder indefectiblemente á causa
del enfriamiento del núcleo central que, á medida
que se va convirtiendo en roca, va t ragándose al Océano que por su propia pesantez tiende á filtrarse hacia el centro y á combinarse con enormes masas de
fierro y el día que el Océano d isminuya seriamente,
a.dios nubes y a.dios ríos. E;;to si es temible, no la colisión con un cometa, qne se '.lompone de un cuerpo
que, por su tenuísima densidad, es incapazde detener ]a marcha de nuestro planet~, y de un fenómeno
luminoso que se llama cauda; durmamo~ tranquilos,
el cometa de Biela podrá ser una pesadilla, no puede
ser la muerte.
E,o no quiere decir en rigor (yo me muero por contradecirme) que no veamos el fin del mando; cuando
el hombre apareció en la tierra y se dió cueuta de su
presencia en ella, ya la tierra comenzaba á morir, ya
estaban en plena actividad, desp~és de los períodos
glaciales debid0:, á fenómenos a.cc1dentale~, _el av~nce normal de los hielos de los Polos, y la solld1ficación
del sol y la del núcleo terrestre. DJ manera que la

humanidad es un fruto de decadencia del árbol de la
vida universal y la historia una agonía.

_.J ~ J

~

-

Una pieza de gran aparato.
nobinsón Crusoe.
Desde hace dos siglos todas las generaciones de niflos ban saboreado la lectura. del Robin.,6n de Daniel
Foe. un libro maravilloso del cual dice Rouseau en
su Emilio que es el mejor tratado de educación natural. El interés de esa novela original, consist,e prh,cipalmente en la fidelidad con que pinta la lucha del
hombre aislado contra las fuerzas de la naturaleza,
y en la narración,de sus esfuerzos pacientes para dominarlas y servirse de ellas.
Para c,rnservar los elementos fundamentales del
libro y llevar á la escena los personajes que en él fi guran, se requiere un genio especial y superior; la fi,
lusoff,. práctica y la moral en acción que informan
la nova.la. dt. Foe no tienen los caracteres de un espectáculo dramático.
He aquí por qué los autores del nuevo .RobinRón que
acapa de estrenan.e en un teatro de París, Blum y
Decourcelle, bao tomado sólo del original lo más pintoresco, recurriendo á su propia imaginación para
completar el cuadro.
El nuevo Robins6n es víctima de maquinación melbdramáticos. Todas sus desgracia:,,, comenzando por
el naufragio, son obra criminal de un primo suyo, el
pérfido Lord Wilmore, quien desea suprimirlo para
recibir la herencia. de un pariente riquísimo, Lord
Traveyla.n.
Este Lord Traveylan maldice á Robinsón porque
se ba casado con una muchacha francesa llamada 8usana. Al verse arruinado y sin porvenir, hobinsón
deja á su mujer y se lanza á las aventuras en busca
de fortuna.
El pérfido Wilmore teme que el caprichoso é inconstante Lord Traveylan se ,compadezca del exp ,triado y le conceda de nuevo su favor, por lo que ¡,dsuade á Robinsón de que debe tomar pasaje á boI"do
del Velleda, buque cuyo capitán, un bandido italiano
llamado Spargolletti, es instrumento de Wilmore para consumar la pérdida de Robinsón.
En efecto, en uno de los parajes más lejanos del
Océano Pacífico, Spargolletti encierra á Robinsón
ensu camarote é incendia el buque, que naufraga.
Lord Wimore cree haber •hecho desaparecer al nifio y uno de sus sicarios recibió el precio de su muerte; pero .el _a.gente criminal se compadeció de su víctima y en vez de arrojarlo al mar, lo deposittl en la
casa de asilo. Diez años después lo hacen figu,·ar brillantemente en la comedia los señores Bl um y Decourcelle.
Los espectadores asisten al naufragio y ven á Robinsón luchando con la muerte y asiéndose á una tabla para salvarse. .A.si llega á la isla desierta. Entretanto los tripulantes del Velleda son recogidos por
un buque holandés.
Susana, la esposa de Robinsón, entra á la casa de
Traveyla.n en calidad de ama de llaves, gracias á la
protección del intendente Pa.trik, quien la baee pasar como pariente suya. En poco tiempo conquista
la buena voluntad del amo, y cuando éste sabe quién
es y la suerte que ba corrido su esposo, le abre los
brazos y nombra herederos á ella y á su bijo, nacido
unos días después de la partida de Robinsóo.
Entre tanto Robinson, instalado en su isla, vestido pintoresca.mente, con el 1raje tradicional de todos los Robinsones, vi ve rodeado de cabras y pericos.
El perro sobre todo, excita la admiración y las simpa1,ías de los espectadores.
Después invade la isla una borda de salva jes 4ue
ejecutan danzas triunfales en derredor del cauti vu á
quien van á degollar. Ese cautiva es Viernes, sal vado milagrosamente por Robinsón del cual i;e hace
siervo y coro pañero.
Susana, eririquecida por la muerte de Lord Traveylan, fleta no nado, el Eiiperanza para irá buscará
su marido. William el hijo de Robinson va en el buque en calidad de marinerc, así como Lord Wilmore,
este último con el sombrío propósito de malograr la
expedición. Descubiertos los planes de Wlimore por
\Villic1,m, aquel no tiene más remedio que ord~nar el
ataque del Esperanza por el Jaguar del corsario Spargolletti. El combate naval es de gran efecto, pues
bay cañonazos, -abordaje y demás episodios interesantes.
Los pirat as triunfan y de.lembarcan á sus prii,ioneros en la isla de Robinsón para dejarlos abandonados
en ella, pero los salvajes de las islas vecinas, aliados
deRobinsón, acuden á su llamamiento y valiéudtsede
astucias, desbaratan las bandas de Spargollertl y de
Lord Wilmore y ponen en libertad á los prisioneros.

�298

LA GRAN PL!NCHA,
Sedecía: cPérfi:ia como

la onda,&gt; hoy puede decir-

EL MUNDO.

Domingo 19 de Noviembre de 1899.

Domingo 19 de Novtemhre rlA 1111111.
comenzaron á amontonar.
se y á invadir el espacio, y
como no s~ organizó ningún servicio de orden y no
hubo un mal gendarme,
digo, viento que las di~peri,sara, acabaron por cubrirlo todo, esfumarlo todo y
echarlo á perder todo. El
telón cayó, pues, cuando
iba á empezar la represen.
tación. ¿ Pasaron 11111 leónidas? ;,Se verificó la fun.
cióo á telón corrido? Vaya
usted á saberlo. Los astrónomos di rár: más tarde que
sí; yo reservo mi opinión.
Segtrnda noche.-Cielo
despejado, etc., como la
primera noche. Fada de
bruma ó casi nada; pero rle
lt::ónidas, 1,i si, luz. Los 311.
tróoomos contaron ocho ó
diez dispersas; pero vaya
usted á 11aber.
Tercera nocbe.-Idem,
ídem, i&lt;lem. Disper11as, ni
agua. Y pare usted de
contar.
¿Qué ba pasado? ien qué
quedamos? lo ignoro; en
cuanto á mi est oy resuelto
á no espera rlas más; esta
noche las veré en sueilos ó
no las veré; pero no me
expongo á. una puiwonla
en su obsequio.
Losa.,tróuowos titubean,
se disculpan, no saben qi,é
cara poner: e .. . . luna llena., .. bruma .. . . &gt;
Esos son pretext os y merecen tanto crédit o coruo
°las Ind isposiciones de Cornubert; todoslosmaioscan.
tantes padecen ronquera y
las leónidas no han de haber estado en voz.
Ante tamaiio desencanto
dan ganas de exclamar como JIJl de los claveles dobles;
&lt;;Pero qué plancha, Dios
mío! ¡Qué plancha se ban
tirado esas criaturas! ¡La
gran plancha del slgiol&gt;
A no ser que los que se
bayan tirado la plancbasf&amp;•
wos nosotros y. . . . los astrónomos!

se claconstaate como la estrella.&gt; Lo que acaba de
pasar no tieue nombre, ni
ejemplo, ni oiS ;ul pa en la
historia de !_o s grandes sucesos humanos. Los ast,ros
nos habían mal acostumbrado á una exactlvud
cronométrica, matemática, en sus evoluciunes; con
siglos de anticipación y sin
equivocarse en una tracción de se;;rundo se podfa
pronasticar el pas·i de un
planeta por un punto preciso del cielo; de hoy para
dentro de diez mil años podrá anunciarse una conjunción ó un eclipse á día,
1,ora, minuto, segundo y
fracción fijos, sm temor
de error perceptible; con
un com pás podía trazarse
en un mapa los puntos de
la tierra en que el fenómeno sería observable: Eclipse total en Tecomavaca,
anular en P uente de Ixtla,
parcial en Cacah uawii pa.
EnS&lt;J1ioreadas del espacio,
trazando majestuosas órbitas con velocidades vertl•
ginosas, recorriendo ámbitos infinitos, cruzándose y
barajándose en esplendent e minuet, soles, estrellas,
planetas y satélites con ser •
vaban sus distancias y revolucionaban al reloj, como soldados prus1anes, sin
·choques, si n encuentros,
· sin retardos, grandiosos y
éxactos, raudo~ y precisos
como los aj ustes de una co, losal maquinaria de diamant es.
E n estas condicione'! no
h abía más que consultar
los anuncios de los obser vatorios, con más fé q~e las
tiras del Circo ·p ara conocer el pro~rama estival y
· estar listo á a11lstir á tal
· ó cual magnífica peripecia
DR. M. FLORBS,
de la evolución de los munEL SR. MINISTRO MARISCAL Y SU COMITIVA EN EL NIAG.ARA,
dos. Hoy, eclipse; manaFot. tomada el 19 de Octubre de 1899.
. na, faces de Venus; pasado, t 1ansformaciones del
.
LAS GUERRAS Y LA PAZ.
a nillo de Saturno. Había t iempo de tomar el tren suntuosa, las estrellas fijan su luminosa y aZ01ada puó el paquebot, para asistir á un fenómeno cósmico y pila en el retozón enjambre, la aurora boreal suele
La guerra puede definirse con un a sola palabra: la
n unca se dHeria la f unción por indisposición de algún · formar mágico telón de fondo á la e1,cena y en ocasio.
artista, ni se modlfiCdba el programa con permiso de nes las nubes complacientes fungen .de bambalinas violencia.
entre las cuales jnguetean y se persiguen las leónidas
Un lobo hambriento encuentra u n corderillo en el
la autoridad.
Había, es verdad, elementos revolucionarlos, as- y en ocasiones la luna, discreta como los artistas á bn¡,que; se echa sobre él, le degüella y se lo come.
t ros un si es no es anárquicos, que, refractarios al quienes no se puede elogiar, presta s11 crecierJ.te de Esta es la guerra, porque, para que haya guerra no
es preciso que la fuerza de los combatient es se'i Igual.
" rden y á la disciplina celestes, evolucionaban al ca- plata para complemento de la decoración .
Tal rezaba el programa, y tal ha sido en otras y Es una grao condición para la guerra el ser mucho
pricho, se retardaban en flirteos extemporáneos y solfan no entrará tiempo como los trombones y contra- más felices épocas, el espectáculo. Pero la ratalidad, más fuerte que el adversario.
Otro lobo encuentra al matador del cordero. Quiebajos de la.orquesta de Sieni; pero en suma, eran la · que en todo se mezcla y todo lo echa á perder, ha queexcepción y no la regla y si los c_o metas, estos anar- . rido que en esta ocasión el público encuentre el teatro re coger la presa: gruñe y enseña los dientes. Se en•
quistas del espacio, solían retardar, acababan en su. cerrado, el telón corrido. Invitado por el Sr. Miranda tabla la lucha entre los dos lob'os, también esta es la
ma por llegar si bien, á veces. con sigloi,s de retardo. y Marrón, un numeroso concurso se apiliaba y tomaba guerra. Porque no es preciso tampoco que los dos
por asalto 1"8 mejores localidades; en las balaustraPero no se había dado nunca el caso. en la ópera das de las torres, en las cornisas de las azoteas, se combatientes sean de distinta especie ó familia para
celestial, de que des?rtaran en masa la figuración y el alineaban sombras negras como bandadas de cuervos que haya guerra. Los hermanos se bateo entre ellos
cuerpo de baile; si artli,stas de primera tila solian no y los lentes de los catalejos brillaban en la noche co- sin piedad.
Llega el hombre á su vez: quiere castigar al lobo
acudir a l llamado, las masns corales habían estado mo ojos de bubas. Puede decirse que la capital y aun
siempre puntuales y los directores de escena no ha- lasentidadesfederativas no han dor mido en tres noches. que le comió el corderillo. Con su ba.,tóo, su machete ó carabina, entabla la lucha; también esta es la
bían tenido ·ocasión de Imponerles multas.
Bien que no hubiera ?Odido fijarse la hora ni aun el
Viene todo esto á propósito del fiasco completo de día de la representación, todo el mundo estaba re- guerra.
Es posible que el derecho esté de parte del hom•
las leónidas en su primera presentación de la tempo- suelto á asitir en razón, sobre todo, de la modicidad
bre y no de parte del lobo. Pero no es porque el hom•
rada; till.SC0 tanto más deplorable cuanto que el esbre t enga razón por lo que matará al lobo, sino porpectáculo se anunciaba como magnífico y exornado con de los precios.
Se esperaba el suceso, según unos, para la noche que tiene más fu~rza. Aunque no tuviera razón triun•
todo el luio que el argum.mto requiere.
fa.ria, porque es el más po1eroso. Esta es la esencia
Una lluYia de estrellns! Figuraos una cascada de del 13 al 14; según otros, para la de.! 14 al 15, y sa,- de la g uerra; asegurar el triunfo del más fuerte, no
dlamantesdespeflándose desde las alturas incomensu- gúo algunos, para la del 15 al 16. El público se remás Justo.
rables de las roostelaclooes; luces de bengala, radia- solvió á asistí r las tres noche&amp; manifestando con ello delEn
todos :tempos ha habido guerra entre los hom:
gran tolerancia á la empresa. Hé aqu[ lac, tres jorciones, fulguraciones, relámpagos, surgen, cruzan el
bres. Tribus salvajes ó naciones llamadas clvillzadllll,
espacio, irradian en todos sentidos, divergentes como ·nadas de la epopeya:
Primera noche.-Cielo despeja.do, luna deslumbra- todo es uno. En todos tiempos los hombres ban em•
las varillas de ped rería de un regio abanico, se en•
dora,
horizonte purísimo, ¡toda la lira! hasta las once pleado su energía, su talentJ, su valor, en destruirse
cienden y se apagan dejando tras de sí estelas lumiá otros.
nosas y multicoloras. El cielo así surcado de iris es- y pico de la noche. A esas horas debieran ya haberse unos
¿ Es esto bueno? ¿ Es necesario? He aqul lo que
plendente, psarece inflamarse y transformarse en chis- visto las avanzadas; las leónidas, en efecto, practican
examinar sin cólera ni pasión.
peante hornaza: una g ranizada de solitarios se des- la táctica prusiana y hacen preceder sus tiatallones debemos
Ea una palabra. ¿Es preciso dejar á la violencia
de
una
cortina
de
01iballería.
A
las
doce
nada
de
cortina
p rende, destella, flamea, y todo lo Ilumina. Las leóde
nidas re visten sus més lujosos ternos de luces, (sic) para ni de r,aba¡leria. El observatorio contó de treinta á gobernar el mundo?
¿Es pm1ible concebir sociedades en que el estado ?
la su ntuosa fiesta; un'ls aparecen con verdosas y si- cuarenta dispersas, pero esa no me la cuenta á mí,
niestras livideces, otras se envuelven en púrpura, testigo presencial. A mí y á mis colaboradores no guerraabiertoólatente noconstltuya su modot1:rr.
Y si así fuese, ¿por qué medios podría cons
aquellas se recaman de oro; en esa zarabanda se dan nos constan más que dos, que lejos de venir del ense, en plazo breve, un nuevo estado social?
cita. todas las piedras preciosas, la esmeralda, el ru- jambre le salían al encuentro y que anoto en el pasic. R1cmrr.
bí, el zafiro y el diamante. La decoración es también vo. A la media noche las nubes, curiosas también,

299

EL MUNDO.

SR. ALFREDO RAMOS MARTINEZ.

---------------

El mmo.Sr. Arzobis~o de Mouterray.
El Arzobispo electo de Monterrey, cuyo ret,rato

-aparece en la primera plana de EL MUNDO lLUSTRA.JIO, es un miembro respetabilísimo del clero mexi,cano.

De un puesto elevado que varios al'ios ocupó en el

cabildo de Montérrey pasó el Sr. Garza Zambrano al

...

()blspado del Sal tillo y más tarde al de León.
En todas partes ha dejado el Sr. Garza Zambrano
recuerdos muy gratos, porque reune todas las cuallda-desque cuntribuyen á dar respetabilidad y prestigio á
·1a misión que él sabe desempel'iar con tauto acierto.
Es un grao carácter y un gran moralizador. Adews tiene la preciosa virtud de conocer y respetar
los lfmltei, de su Influencia como prelado, por lo que
ilO sólo acata :us preceptos de la ley sino que sabe W·
mar Inicia ti vas cuyo tin es la concordia social y I a
lf,ranP.formación de nuestro pueblo en el sentido del
j)rogreso.

El Sr. :Ministro Mariscal en el Niágara.
Publicamos un grabado que represeIJta al Lic. Ma'J'lscal ron su comitiva en su visita á las cataratas del
:N°Jjgara.
Ei,te grabado se publicó en varias revistas de ios
"Estados Unidos, en las que se tributan al Sr. Maris-cal grandes y muy merecidos elogios y se habla del
·entu&amp;la~mo con que fué recibido por las autoridades
-, el pueblo de aquella República.

.ALFREDO RAMOS MARTINEZ.
UXACUARELISTA MEXICASO.
'Este joven. notable ya como acuarelista, parti:á
'Próximamente para Europa, á donde va pensionado
,por una respetable dama de California, Estados Uoi·dos Unidos, cuyo retrato publicaremos en nuestro

,semanario.
El Sr. Ramos Martínez antes de levantar el campo
tuvo la fi neza de darnos algunos esbozos que agrupados
figuran en esta. página. No son cuadros acabados, son
est.udtos, fragmentos sueltos, apuntes que el artista
tiene en poco, pero que nosotros, entusiastas admira-dores de su talento, recogimc.s para dar á nuestros
lectores un obsequio digno de su cultura.
Ramos M11rtínez, cuyo retrato también aparece aquí,
ea un talen to 01igioal y fecundo y es ac!emás un labori0110 y un audaz.
Se ha formado solo, sin maestros ni estímulos artificiales. Tal vez á esto debe la gallardía y la liber'tad de su lni;piración: no _imita, no ha tenido á quien
imitar ni lo ha necesitado.
Hoy que t iene ya un no.nbre y que merced á la
reputación artística que ha conquistado, obtiene una
protección para perfeccionar sus facultades y ensanchar el vuelo, no hay peligro de que se 2manere y_ se
avasalle á ningún maestro : su personalidad artlst1ca
·está formada.
Los que inician una educación artística, mjentras
mAa alsladoE están, siguen con más fidelidad la paut a
de los ,?randes creadores; RRmos Martlnez no tuvo
la timlélez que sujeta á un modelo, supo ser él y lo
·eon&amp;lj!"uló gracias á un esfuerzo cuya magnitud sólo
puedlll apreciar los que están cautivos Irremediablemente por el eiipfritu de imitación, contra el que no
•ae rebelaron el primer día.
Ramos Martinez es ya un maest~o admirado cuando pinta las flores de nuestro valle, los tipos y las es-canas populares. Haoe paisajes en los que vemos como

APUNTES DE RAMOfl MARTINEZ.

Fut. de Ar1iaga y C,,mp.

eu un ensuello, Iglesias ruinosas, celajes de crepú~culo, todo maravillosamente poetizarlo, pero que es
111.te~tro, que lo rec ,nocerno11. Irá á P.uís, conocerá á
los grandes maestros y visitará las grandes pinacoteéas, puo no dejará de ser el acuarelista mexicano, el
cindiscutlble maestro de 1a acuarela en nuestro paí'I;&gt;
porque auoqne mucho aprenda-y aprenderá mucho
en Europa-no olvirlará lo que sabe hacer, y á su
vuelta vendrá á completar una obra que es una manifestación muy simpática, nohle y exprei;iva 'ie un
tempzramento arti!,tico excluslvameote mexicano.

•••••

OBSE ~VAC IONES
La vanidad profesional e~ el sent,imient,,1 que predomina en el alma de tus cówku,; , s má~ fue rte que
el amor.
J . L env,ilre.
Es menos triste vivir ignorado que,, orr r mal compr1:1 dido.
Vultou1·.

S,ilo RP. quejan de l&gt;t. brev.,&lt;hd de la virla los que
llegan á la muerte sin hJ.ber aprendid" á vivir.
St. George.

�300

EL MUNDO.

Domingo 19 de Noviembre de 1899,

ALRBDEDORE8 DE

Domingo 19 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO.

MEXIOO.-TLf\LFf\M.

8

:t
0

-

1-« Un ser feliz,» Estudio del natural, 2-0asa del Sr. Fernando Oamacho, 3-0asa del Sr. Fernando Labastida, 4-00¡Sa de la Sra, Oonde..

5-0asa del Sr, Rubal, 6-0asa del Sr• .A. del Rio. 7-0apilla de la Fábrica de San Fernando,

1-Casa del Sr, Lic. Barrios. 2-Fábrica de San Fernando. 3 y 5-0asas del Sr Jesús E. Vall;nzuela. 4-Zócalo de Tlálpam. 6-0asa del Si·
Jlolmes. 7-.Avenida en la Fábrica de San Fernando. 8-0asa del S1·. Zorrilla, 9-0asa del Sr, Garay.

301

�Domingo 19 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO

ltELIQ, 'O'IAS PROFANAS.

Tonerina, la incomparabl
contralto.
e
Y para facilitar la dlges.
tlón tomarían el café frente
á_ la vitrina del museu duwéitt 1co, contemplando ¡1111 reu.
quías anunciadas
¿ Qué no invén1 arán -tos
hombres en el porver,lr par~
hacerse má¡¡ extravagante11 de
lo que son en el día:~jemplo de que la imagt.
nación no descansa eu sus tuvenciones macabras: Ha surgido el proyecto de et.tat.,le.
cer en el subsuelo de París un
1'eatro de las Catacumbas.
Hay allí colocados en arti,,.
tica simetría, huesos y cala,e.
ras. La luz eléctrica hará un
papel de importancia, con h,a
juegos multicolores de sus rayos, proyectándose desde el
fondo de las cuencas vacías de
los ojos de las calaveras pua
quebrarse en las convexidades
cr11neanas de los muertos decorativos y de los concurrrntes calvos.
Preparados así los favorecedores de esos egpectáculüs,
escucharán conferencias so tire
la brevedad de la vida ó plezas de música de cámara ea.
cogidas entre lo más fúnebre
de los repertorios clásica&amp;.
"'

Ya los caprichos de los millonarJo¡, VllQ tomando aspectos mae&amp;br-0s que dan escalofrío.
Cuenta una crónica que
cualquiera de esos ricos uorteam.er!canos le dló á Adelina.
Pa1iti un cheque por valor de
500,000 !rancus como precio
de una venta horrible. L.~
cantante le cede al caprichoso millonario su garga~ta, ó
lnejor dicho, le da el derecho
para que después de su muerte haga cortar su garganta y
la conserve en un !rasco ho•
norilko.
La anécdota no se confirma. Ojalá que no se confirme
y que sea una invención reporteril.
Si fuera Yer jadera, no tardaría en sancionar 111, moda,
un linaje de transacciones que
desenfrenaría el capricho de
los ricos con perjuicio de la
respetabilidad delos personajes célebres.
Ya os imagináis á los coleccionadores disputándose fragmentos de poetas, de oradores, de cantatrices, de cómicos, de polftlcos, de pintores
célebres, aun antes de la muerte de ellos ó de ellas.
Se organizarían batidas en
regla para adquirir pequeños
pedazos de celetrirlad: se for•
marfansiniestros muset s, panteones de despojos fragmentarios, en los que las diversas
partes del cuerpo ee una celebridad se clasifica1 ían en el
orden de las c&lt;,tizaciones del
mercado de reliquias. El rledo índice de la mano derecha
de Zola raldria más que una
clavícula del mismo e5critor,
y si le quedaban manchas de
la tinta con que escribió su
última obra, mejor.
A la hnra de los postres esos
mecenas de cadávere!. les dirían á ~us invitados:
-Señoras y señores, acabo
de adquirir dos maravillas.
La primera es un molar auténtico del novelista Loti, la
segunda, una amfgdale de la

A nuestros abm·ados.
Por retardo del vapor que
trae el papel en que se tira la novela, no damos hoy
la entrega que coaesponde 11
PSta seruana. En cambio, aumentamos el número de loa
pliegos de esta edición del semanario y damos el bellfsimo
Minueto de la ópera Man6n.
Garantizamos á nuestros lect,ores que este afio quedará
concluida NUR,Stra Señora ds
París.

romiD~o 1_9 de Noviembre de 1_8~9.

EL MUNDO.

EN E.L CAN1PO DE LA GUERRA.
Desde que se rompieron las hoGtilidades entre los ingleses y los
boers, hemos procurado que todas las ilustraciones relati vas al co:itlllcto sean alg•&gt; más interesante y útil para el lector que las esi:enas de ma;,anza cruel que con tanta complacencia reproducen los
periódicos de actualidades.
Más interesante que las cargas del Coronel Baden- Powell en las
que aparece el jefe m 61és en actitud épica lanzándose al galope solire las lilas de los boers, de mayor atractivo que las horribles catás trofes de los trenes acorazados, y las sorpresas en las (l'argantas de
las montai'ias, son á nue¡,tro juicio los uniformes típicos de los cornb11tientes, las costurubres de los pueblos holandeses del ACrica rlel
Sur, el aspecto de bUS granjas, sus montañas en las que la defensa BLOEMFONTEIN.-El P1·esidente del E~tado libre de Orange con su escolta.
puede ser etic·az con efectivos mucho menores que los del enemigo
cuando los ingleses de in, adidos se tornen invasores por la espec,al
tándüse ~e vecino~_tan at&gt;sorbentes, tan superiores en fuerza y en civilizaciór ,cooflguracíóa de e~as montai'ias. Y lo mismo en punto á interés puede decirse
tl_ ~ r_es1dente K1 uger se. presenta rn le,s balcones del Palacio de Pretoria I ara
de los grabados que hoy publicamos.
du1g11se á ~us compatnotas, y les babia sobre los gra.ves acontecimientos del
Sabido es que Kiüger, y como él todo Presidente del Transvaal, más que
día con la srncillez de un predicador y la confianza de un amigo, de un i·gual
Magistrado á la moderna es patriarca, completamente Identificado en intereses
puest? por la Providencia al fren_te de un pueblo de creyentos r¡ue atribuy~n á
y sentimientos con sus conciudadanos.
s~ pr;mer mandatario una espeue de derecho divino emanado de la libre elecSiempre que '{lay alguna complicación difícil con los ingleses,-y los conción del pueblo.
tllctos Lieneu _que ser frecuentes y lo han sido en efecto como es natural tr11-

UNA ANCIANA ESPAffOLA.
Fot. de Arrlaga y Comp., Calle del Esplrttu Santo,

LA CARICATURA EN EL EXTRANJERO

---~--- -~~-·;

A.STUCIA. DE LOS BOERS.

:

Y'i
.f

~
•

Fabriquemos una caja ...... una
magnífica caja .... bien .... . .

Vamos á p: nerles una celada.

.. '.':) -s~!

;?e? -

r ong1 mos un letrero: &lt;Valor.:.
diawautes.&gt; ....

Pongamos din.1mlta en el fondo
y enciwa vidrio1:1 que pare1.can dla•
wantes.

'1',IV!/ ,I_J¡ ~ \.'

-1\

~ ,,,--.
-=----

; - '------.. ~

,) ..,"' .,. '\ ---- -'l✓J

:.'l.

/

,,.,,,.__,, ~
/'-, . --..?~~
:"\ . ,,, ,,,.

»~

... ''••~iv..

~

~

Un Lilo •eléctrlco nos comunicará·
con la caja. La dejaremos en una loma. El olor de los diamal.ltes atraerá
á los ingleses.

· - God!

· .:...su·peflor qu·a nty.

-Yell

-La fortuna.

- Ail right.

-.

,,

Ilorrible detonación.-La codicia rompe el saco.

303

PRETORIA.-El PI-endente Kruger pronunciando un discu1·so patricíticn

�304

EL MUNDO.

Domingo lll__ de 3-ovlembre de 1899.

Domingo_19 de Noviembre de 1899.

FL MUNDO.

que no lej os de la boca del cañón hay una abertura
por la que se escapa una parte del gas del disparo y
que la fuerza de este gas mueve un pistón que está
paralelo al alma y lo recbaza bacla atrás compriwc1 aes. La .nayor parte de las piezas son
rfe sitio, de 155 mili metros; y de campa- miendo un ]argo resorte antagonist.a.
Cuando ya no se siente la presión el pistón ocupa
í1a. y tiro rápido, de 75 milimetros.
Con tanta actividad y prudencia se ha Ja posición primitiva y este movimiento alternativo
llevado á cabo la instrucción de los arti- produce el automatismo.
El arma tiene una culata que se apoya en el hom lleros del Tran.svaal que los ingle.ses reconocen la eficacJa de i,u servicio en Glen. bro del tirador, como se ve en el grabado 1 y asf quecoe, del mismo modo que ban hecho jus• da asegurada la puntería.
Los cartucbos están dispuestos en láminasrlelgadas
1 icla á la excelencia del plan de campa.
de latón, á razón de 30 por lámina, y ésta~ se superfia desarrollado con tanta habilidad.
ponen en cajas de cartón.
Se emplean dos hombres para ejecutar el tiro: uno
apunta y el otro mtroduce sucesivamente las láminas
de cartuchos en la ametralladora.
Se puede regular la velocidad del tiro continuo para ello se varia por medio de un tornillo Ja capacidad
Una revista mHitar presenta la eme- de! espacio en que hacen sentir su acción los gases.
En 10 segundos se desarma y en 15 se arma. El matralladora automática Hotchki&amp;; como el
;-irma adoptada por el ejército francés pa• nejo puede hacerse con toda seguridad, pues la pre.
ra. luchar contra la ametralladora Maxim stón de prueba es de 5 1 000 atmósferas y no se nece¡;i.
ta hacer uso de más de 3,000.
elegida por los alemanes.
Para la guerra de montana se monta sobre un triPor otra parte el uso que se hace de la
pié que se conduce en mula: cada animal de estos
1futcbklss en la campaña sud-africana le
da. al estudio de esta arwa un gran inte- puede llevar la amerralJadora, el trlplt! y 600 cartu Ametralladora de ti?-o rápido llotchkiss.
chos: otra mula puede llevar 1920 cartuchos, lo que
res de actualidad.
Fué inventada hace t!'es anos por un hace una dotación de 2,520.
En la guerra de campaíia se monta en una flecha
oficial aus~riaco llamado Odkolck y perfeccionada S'.l·
LA ARTILLER!A DE LOS BJERS.
sostenida por un eje y dos ruedas. Ea el eje hay un
ces! vamtnte basta ser lo que hoy es
El objeto de las ametralladoras es retarzar el füe- escudo que pone á los tiradores al abrigo de los proSe ha hablado mucho de la efioacla de la arti fierra go de Ja infanterfa. Es un fusil de tiro extra-rápido. yectiles del enemigo.
-de Jos boers y á ella se atribuye más de uno de los La Ilotcbkiss reall:,.a esta cendlción puesto que hace
Por último cuando se emplea la ametra11adora en
,tctorlosos resultados de la ca::ipaíla de NaLal.
hasta 600 disparos por minuto; además para dotarla un fuerte ó á bordo de un buque se apoya sobre un
Aunque el boer no tiene Roldados proreslonaJes, de municiones con más racilldad emplea los mismos soporte fijo.
.hubo de comprender que los artilleroi:;•no se improvt. cartuchos que las tropas de infantería.
La ametralladora pes• 24 kllógramos y el trlpi~
Mn el dfa de la guerra y organizó un cuerpo de artiEl principio que aplica es el empleo del ,automa- 15. Con estos datos podrá apreciarse exactamente las
llería que tiene un efectJvo de 1,200 plazas.
tismo del gaS&gt; ó Jo que es Igual cada disparo se pro- noticias de la guerra en las que á veces se bab!a de
j Los artllleros boers tienen unirorme que no difiere duce por la acción que ejerce en el mecanismo una ametralladoras Hutchkiss.
do! traje del volun tario. !Sólo los ottciales llev•n tra- parte del gas de la :,ólvora del disparo anterior.
je milU.ar, como Jo entienden los europens Algunos
No entraremos eu detalles fastidiosos para explide er,os oficiales son de origen holandts O ah:wá.u.
car el mecanismo de la ametralladora. Baste decir

Hace tres ó cuatro ailos hizo el Trans-

val sus pedidos serios de cafiones y se dirigió á los Industriales franceses y ale-

La ametralladora antomática,

GCERRA DEL 1'RA,YSl'AAL -Las ambulancias
También verán n\.lestros lectores Ja esoolta ddl
Presidente de la República de Orange. El aparoto
mtlitar de P.ste magu;trado no es el que rod ea á un
Gu1llermo 11 ó á un Pr~sideote de Fi-ancla: en aquellos pueblos el representante !iupreruo de los destinos
nacfc,uales nada tiene que tem~r de la insurrección
ni del atentado anárquico.

No se ve en ese grupo de rudos glnetes á los mercenarios sin más consigna que la desconfianza para
tod1..1 el mundo Y con una responsabilidad tremenda
y ditícil, la defensa de un hombre amenazado¡ los
boers que forman la escoltJI, de Steia como lo~ que
custodian á Krüger, son ciudadanos á 4utenes I.:1. costumbre de los pueblos p1imltivos encomienda una
comisión de ceremonial, tan infantil como simpático.

Ea la ambulancia que se ve en uno de n11estros
grabados aparece el guerrero boer como lo que es un
voluntario para quien la guerra no tieue Ja tmPurtancia pr?f~slooal que le da el soldado eu ropeo. El
boer considera una campana como una de tantas cootlugenclas de la vida, íntimamente relacionada con

los asuntos cuottd!anos que preocupan normalmente
á 110 hombre de trabct.jo. Guerrear es para el holandés de Afr,ca como para el holandés de Europa hacer

diques en la playa: aquél sabe que su granja, sus ganados y su habitación no sólo exigen los cuidados con
q ne atiende sus negocte,s un ganadero de Australia.
La condición de su vida es tal, que entre sus atenciones existe la necesidad de combatir contra un enemigo eterno, el inglés, y esa necesidad, como decimos,

GUERRA DEL 1'RANS VA.AL. -Los transportes militares.

forma parte de las exigencias ordinarias de su vida
La lámipa en que hay un tren boer vadeando u~
río es wuy tnstruCtiva porque reveJa la diferencia
de condiciones para loN contendientes de Sud-A trlca
El inglés necesi ta grandes trenes, movidos rápida:

305

mente y á todo coi,to; el boer por más que actual.
mente es invasor ae territorios ingleses, no se ve en
la precisión de transportar grt1.ndes mesas de mate•
r1a1es de guerra y subsistencias. Fuera de la artille.
ría para cuya conducción tiene ferrocarriles, el boer

no necesita muchos recursos de vida.

E:1 esencialmente móvil como soldado porque es
frugal, buen glnete y buen tirador: necesita menos
víveres y menos CJ.rtuchos qud el europeo.

La artillu·ia de lob boers - Ejercicio de tiro.

�Domingo 19 de Noviembre de 1899.

307

EL MUNDO.

Domingo 19 de Noviembre de 1899.

LA DICHA.
..

Era la hora del té, antes que las lá.mparas se
eneendiesen. Li Quinta dominaba. al mar; el sol
aeababa de desaparecer dejando, á su paso, rosado y salpicado de polvo de oro; el MediterrAneo sin un oleaje, sin movimiento alguno,
liso reluciente todavía, bajo los últimos fulgores
1
del día., parecía una. inmensa lámina de metal pulido.
A lo lejos, hacia la derechq, las montan.as dentadas, dibujaban su perfil obscuro sobre la pálida púrpura del sol poniente.
Se hablaba del amor, se discutía sobre ese viejo amnto, se decían cosas que se habían repetido A menudo. La dulce melancolía del crepúsculo
suavizaba las voces, hacía flotar la ternura en
las almas y esta palabrB: «amor,» que viene sin
eesar á los labios, ya pronunciada por
una voz fuerte de hombre, y a murmurada por la de timbre lijero de una
mujer, parecía llenar el salón, revolotear como una ave y cernirse como
un e'lpíritu.
-Podrá amarse durante muchos
aftos seguidos?
-Sí, pretendían algunos.
-No, afirmaban los otros.
Se d iscutieron los casos, se estableeieron las difer enci~s, se citaron ejemplos; y todos, hombres y mujeres, llenos de recuerdos que surgían turbadores, que no podían citar y que les
llegaban hasta los labios, parecí,v1 conmovidos, al hablar con un ardiente
interé3, con una emoción profunda,
de ese sentimiento tan banal y tan soberano, del acuerdo tierno y misterioso de dos seres.
Repentinamente alguno, fijando los
cjos en un punto lejano, exclamó:
i·
-¡Oh! Mirad allá ¿qué será?
Sobre el mar, en el fondo del horizonte, surgía u na masa gris, enormey
confusa .
Las mujeres se levantaron y rieron
sin eomprender ese fenómeno tan sorprendente que jamás se había preseQtado á sus ojos.
Alguien dijo:
-Es Córcega! Se puede ver así dos
ó tres veces por afto en ciertas y ex
cepcionales condiciones atmosférfoas,
cuando el aire de una limpidez perfecta no la oculta con esas brumas de
vapor de agua que velan siempre ltis
lejanías.
Se distinguían vagamente las crestas de las
montafl.as, se creía recono1;er la nievt, de las cimas. Y toda la reunión permaneció sorprendida,
turbada, casi espantada por esa brusca aparición de un mu.ndo, por ese fantasma salido del
mar Tal vez tuvieron esas mismas visiones extraftas, los que partieron, como Colón, á través
de los Océanos inexplorados.
Entonces un caballero anciano, que no había
hablado todavía, dijo:
-Yohe conocidoen esa isla, que se levanta delante de nosotros, com" para responder ella mis~ª á lo_ que antes decfamos y traer á mi memona un smgular recuerdo, un ejemplo admirable
de un amor constante, de un amor dichoso hasta.
lo inverosimil.
Oíd:

LA .PRnfERA ORACION.

montón de rocas en la cima de un monte. Ningún cultivo, ninguna industria, ningún arte. Jami\s se descubre un pedazo de madera tallada, un
trozo de piedra esculpida, jamás el recuerdo del
gusto infantil ó refinado de los antecesores para
las cosas graciosas y bellas. Y esto mismo es lo
que más llama la atención en ese soberbio y agreste país; la indiferencia hereJitttria por ese deseo
de descubrir formas seductoras que llamam.Js:
; el arte.»
La Italia, en que cada palacio lleno . de obras
maestras, es una obra maestra también en que
el mArmol, la maderí'I, el bronce, el h' erro, los
DH,tales y las piedras ponen de manifiesto el genio del hombre, donde los más peaueftos objetos
antigos qu~ adornan las viejas casas revelan esa

V~ l¿. ·~,
~·\-_ ,.._i..4·,~
.

&lt;..,P"-

"'a:.

s,

. ..... -~ "'l 'r .

,

.........

divina inquieted de la gracill, es para todos nosotros la patria sagrada que se ama porque nos
muestra y nos prueba el esfuerzo, la grandeza,
la potencia y el triunfo de la inteligencia creadora.
Y enfrente de ella, la CórcPga salvaje h11. permanecido como en sus primeros días. El hombre
vive allí en su casa tosca, indiferente á todo lo
que no toca de cerca su existencia propia é: sus
cuestiones de familia; ptrmanece con los defectos y las cualidades de las razas incultas, violento, rencoroso, inconscientemente sanguinario; ;- ero hospitalario t ambién, generoso, adicto y sencillo, abriendo su pue"ta á los transeuntes y dando su amistad fiel en cambio de la menor muestra de simpatía.
Hlicía un mes que erraba á través de esa isla
magnífica, coa la sensación de que estaba yo al
otro extremo de 1 mundo. Ningún albergue, ninHace cinco aftos hice un viaje á Córcega. guna taberna, ningunos caminos. Solo por estre•
Es una isla salvaje más desconocida y ml1s leja- cbos senderos atravesados por mulas, FOdía llena de nosotros que la América, aunque se la dis- gAne á esas caballas fijadas al flanco de las montaftas, que dominaban los tortuosos abismos de
tinga algunas veces desde las costas de Francia
eomo hoy.
' donde, durante las noches se oye subir, el ruido
Figuraos un mundo todavía en el Mos una continuo, la voz sorda y profunda. del torrente.
tempestad de montailas que separan barráncas Se toca á las puertas de las casas; se pide un
estrechas do_nde corren torrentes; ningún plano, abrigo para la noche y con qaé vivir basta la
Sólo ~ocas mmensas de granito, gigantes on- maftana siguiente. Se toma asiento en la humil•
dnlac1ones de tierra cubiertas de matorrales y me mesa, se duerme bajo el humilde techo y al
~Ita~ selvas de castallos y pinos. Es un sue- otro día se estrecha la maco que nos tiende el
.o virgen, inculto, desierto, aunque de cuando en bué,ped que nos conduce hasta los límites de la
cuando se encuentra una aldea, parecida á un aldea.

Una tarde, después de diez hcras de marcha,
llegué á una pequen.a morada muy aislada en el
fondo de un estrecho valle que se prolongaba hasta el mar, una legua más lejos. Las dos pendientes rápidas de la montaila cubierta de matorrales, de rocas desiguales y de grandes árboles,
encerr11 ban como dos sombrías murallas esa barranca lamentablemente triste.
Al rededor de la cabafta, algunas vilias, un pequeilo jardín y, más lejos, algunos altos castaftos,
lo necesario en fin para vivir, toda una fcrtuna
para ese pobre país.
I.a mujer que me recibió era anciana, severa y
limpia por excepción. El hombre, sentado en una
silla de paja, se levantó para saludarme, volviendo á sentarse sin pronunciar una palabra. Su
compaftera me dice:
-Excusadle, está enteramente sordo. Tiene ochenta y d0s al.los.
Ella hablaba el francés de Francia.
Esto me sorprendió:
Entonces le pregunté. ¿No sGis de
Córcegar
-No, me contestó, somos del con'l
tinente, pero hace cincuenta al.los que
' habitamos aquí.
Una sensación de angustia y de miedo se apoderó de mí al pens,.r en esos
cincuenta aftos trascurridos en ese agujero sombrío, tan lejos de las ciudades
donde viven los hombres. Un viejo pastor entró y se le dió de comer el único
plato que componía la comida, una so p11 espesa donde se habían cocido juntos jamón, patatas y coles.
Cuando terminó la corta comida, fuí
á sentarme delante de la puerta, con
el corazón oprimido por la melancolía
del sombrío pBisaje y por esa angustia que sobrecoje algunas veces á los
via jer.,s en ciertas tardes tristes, en
ciertos lugares desolados. Me parecía
que todo estaba próximo á terminar,
la existencia y el Universo. Se percibe bruscamente la espantosa miseria
,,.,...
de la vida, el aislamiento de todos, la
nada absoluta, y la negra soledad del
corazón que se mece y se engalla él
solo con ilueiones hasta la· muerte.
La anciana· se reunió á mí, y torturada yOr esa curiosidad que vive siempre en el fondo de las almas más resignadas:
-¿Venís deFrancia?-me preguntó.
- Sí, y viajo por placer.
-t',Sois de París, sin duda?
-No, soy de Nancy.
Entpnces me pareció que una emoción extraordinaria la agitaba. Cómo sentí y ví esto, no lo sé.
Ell11 murmuró lentamente:
-¿Sois de Nancy?
El hombre apareció en la puerta impasible como todos los sordos.
La anciana dice, mirándolo:
- No importa. No oye nada.
Pasados algunos seg:mdos, continuó,
::-¿Entonces conocéis los habitantes de Nancy?
-¡Oh! Sí, casi á todos.
-¿La familia de Saint Allaize?
-Sí, muy bien; eran amigos de mi padre.
-¿Cómo os !lamáis?
Dije mi nombre. Ella me miró fijamente, en seguida pronunció con esa voz muy baja que despierta los recuerdos:
- Sí, sí, yo me acuerdo perfectamente. Y ¿los
Brisemare, qué se han _hecho?
-Todos han muerto.
· -¡Ah! Y .¿los Sirmont, los conocéis?
-Sí. el último es general.
Entonces me dijo, temblando de emoción, de
angustia, de no sé qué sentimiento confuso, poderoso y sagrado, de no sé qué necesidad de hacer confidencias, de decir todo, de hablar de esas
cosas que ella había tenido o~ultas hasta entouces en el fondo de su corazón, y de esas gentes
cuyos nombres habían trastornado su alma:
-¡Enrique de Siemont! ¡Ah! Es mi hermano.

�308

EL MUNDO.

Lleno de sorpresa levanté los ojos hacía ella.
Repentinamente el recuerdo me vino.
Una joven, bella y rica, Susana de Simont había desaparecido con un sargento de húsares del
regimiento que mandaba su padre. Esto había
causado antes un gran escándalo en la noble Lorena.
Era un joven guapo, hijo de campesinos; pero
llevaba muy hien el dormAn azul, ese soldado
que había seducido á la hiji de su Coronel. Susana lo había visto, admiradc y amado al mirarlo
desfilar en los escuadrones, sin duda. Pero ¿có·
mo le había hablado, cómo se habían podido ver
y entender? ¿Cómo 'había osado ella hacerle comprender que le amaba? Esto no se supo nunca.
Nada se había adivinado, nada presentido. Una
tarda, cuando el soldado terminó su guardia,
desapareció c,m ella. Se les bus:!ó y no se les encontró. JamAs hubo noticias de ellos y entonces
la familia de Susana la consideró como muerta.
Y sin embargo yo la encontré en ese siniestro
valle.
Entonces dije á mí vez.
-Sí, recuerdo bien. Vos .;ois la sei!orita Susana.
Ella hizo un movimiento afirmativo con la cabeza. Las lAgrimas rodaban por sus mejillas. Y
mostrá.ndome con una mirada al anciano inmóvil
en el umbral de su cabafl.a, me dijo:-Ei él, y
comprendí que le amab:1 siempre, que ella le veía
con ojos llenos de ternura infinita.
-¿Al menos habéis sido díchosa? le pregunté y
me respoJ:dió, con una voz que le salía del corazón:
-¡Oh! Si muy dichosa. Meha hecho muy dichosa. A su lado jamás he extraftado nada.
Yo la contemplaba, triste, sorprendido, maravi-

Domingo l!l de Noviembre de 1899,
tos, ni el tibio perfume de las cámaras cubiertas
de cortinajes, ni la suavidad del lecho donde ae
hundía su cuerpo para reposar. Ella estaba satisfecha con sólo él, con tal que e¡.,tuviese A su l1t.
do, nada ambicionaba ya.
Había abandonado el mundo, muy joven, así co,
mo á los que la habían amado y educado. Se
había retirado sola con él, á esa salvaje barranca. Y en él se había concentrado todo para ella,
todo lo que se desea, todo lo que se suefta, cuan•
to se aguarda sin cesar, cuanto se espera sin fin.
El había llenado de dicha su existencia de un
extremo al otro. No había podido ser más feliz,
Y toda esa noche al escuch~r la ronca respira,
ción del antiguo soldado extendido sobre su humilde lecho, al lado de la que le había seguido
tan lejos, pensé en e•a sencilla y extrafta aventura, en esa dicha tan completa, he::ha cou tan poco,
Partí al amanecer después de habt-r estrechado,
muy conmovido, la mano de los viejos esposos.

liado por la potencia del amor! Esta jcven rica habiaseguido Aese hombre, áesecampesino. Ella mis·
ma se había convertido en una campesina. Se ha·
bía acostumbrat.lo A esa vida sin encantos, sin lu·
jo, sin delicadezas de ninguna especie . Se habh
plegado A esas costumbres sencillas. Le amaba
toda.vía. Era la esposa de un hombre rúatico; cubría su cabeza con una modesta cofia y su cuer;,o con un traje de tosca tela. Comí11 en un plato
de barro, sobre una mesa de madera, sentada en
una silla de paja, una sopa de col y de patatas
con jamón, y dormía sobre un colchón de paja al
la.do de su marido.
Jamás había pensado en nada que no fuese él!
Nunca había extraftado ni las alhajas, ni las telas
de seda, ni el lujo, ni la comodidad de los asien-

*

**

El narrador 11e calla. Una mujer dijo.
-Es igual, ella tenía un ideal demasiado fácil,
necesidades demasiado ¡,rimiti vas y exigencias
seoci11ísimas. No debía ser mlis que una tonta.
-Otra pronuncia con una voz lenta:-¡Qu6
importa! Fué dichosa.
Y, allA A lo lejos an el fondo del horizonte, la
Córcega se hundía en .a noche, se escondía lentamente entre el mar, borrándose su gran silueta
aparecida, como para revelar ella misma la historia de los dos humildes am11,ntes que abrigaba
su ribera.
G ú Y DE MAUPASSANT,

Lf\S OENIZf\S.
I
Valentina de Terneuse no ha llegado aún A la
edad en que comienzan á apuntar las primeras
C!l.nas, pues se halla en ese momento de la vida
en que todavía se es joven.
Si no ha querido ir al e.: treno de La 1·ueca de
cristal no se debe á los treinta y seis afl.os de
existencia que lleva en este mundo; se debe á que
está harta de todo y no encuentra lenitivo A su
soberano aburrimiento.
Ha dicho á su marido: «Eres un hombre insoportable;» y después de haber indicado A su
doncella que se retirara, se ha echado en una butac.J. colocada junto á la chimenea.
,
Acaban de dar las nueve. ¿En qué piensa Valentina? ¿En su marido, No ¿En su amante? No
lo tiene ni quiere tenerlo. Piensa en su pasado.
Antes de llamarse Valentina de Terneuse se 11&amp;.maba Valentina A secas. Ha sido actriz antes de
ser condesa. No se había distinguido nunca por
su talento y había rendido culto A esa honradez
relativa que basta para la buena reputación de
una mujer de teatro. Después se casó con M. de
Terneuse, el cual la adoraba con delirio.
¿En qué detalle especial de su pasado pensaba
Valentina?
Eo un amor que tuvo en los primeros aftos de
su juventud.
Tenemos todos en nuestra memoria un sitio de
refagio que nos acoge durante las horas de indiferencia y de fastidio. No hay alma que no sea
vestal inconsciente de una llama que no ha de
extinguirse nunca.
Valentina ha amado hace diez, doce, quince
aftos, acaso más.
Siendo casi una nifta desempeftaba papeles sin
importancia en un teatro de tercer orden. Su
amante Aureliano, estaba empleado en una alcaldía, donde ganaba cien francos mensual~s y
estuvo á punto de ser despedido porque escribb
comedias en el papel del Municipio.
'
Hoy es un hombre ilustre que ha tenido grandes éxitos en el teatro y ha logrctdo obtener una
fortuna muy regular.
¡Cuán felices eran Valentina y Aureliano en
aquellos tiempos de miseria!
Se habían conocido en un café de Montmartre,
en el que se desayunaban diariamente.
Estaban tristes, descorazonados y enfermos;
pero deliciosamente satisfechos.

Los domingos, cuando tenían algún dinero,
iban al Vesioet, donde comían eo una modesta
posada que existe todavía.
Valentina recuerda aquellos tiempos ya muy
remotos y teme haber envejecido.
Pero no. Levántase de su butaca, se mira al
espejo y se sonríe de satisfacción. Si Aureliano
la viese la reconocería en seguida. Pero ¿á. que
pensar en eso? ¡Hace tantos aftos que no se han
visto!
Ella vive muy retirada y
él estA muy distraído con
los triunfos literarios que
de continuo obtiene.
Si Valentina frecuentase
los bailes y los teatros podría encont. arle alguna vez.
-La verdad es - piensa
la condesa- que oi me empefiara en verle no me costaría gran trabajo lograr
mi propósito. Estoy seguro
de que no falta á ningún
estreno. Nada tan sc,ncillo
como hacerlo seguir á la salida para averiguar dónde
vive. Pero no quiero, porque respeto á mi marido, á
quien debo todo g énero de
atenciones. A pesar de to•
do, me gustaría verle, aunque fuese de lejos.
Valentina toca un timbre,
y A los pocos instantes se
presenta su doncella, trayendo en una bantleja el
billete correspondiente á
un pal!o para el estreno de
L a 1·ueca de cristal.
- Rosa, vísteme en seguida y dí que enganchen. Voy
al teatro.
Al cabo de un cuarto de
hora hallábase Valent~na en
su coche, pensando en Aureliano y en la modesta posada del Vesinet.

II
Los dos amantes se encontraron al fin. La condesa hizo seguirá Aureliano á la conclusión del
espect9.culo, á fin de que llegaran á sus manos
las siguientes líneas: «Si reconoces mi letra, vé el
domingo á donde tú sat-es.»
Aure liano la reconoció, en efec~o, y recordó inmediatamente la posada del Vesinet.

Domingo 19 de Noviembre de 1899.

309

EL MUNDO.

de la enemiga duranLos dos antiguos ama~tes acu~ieron puntuales atrás nos unía. Entre tú y yo se ha interpuesto
te un viaje que el rey
,Ala cita. ¡Ccn ~~é apetito comieron. el pan de algo, y e9e algo eres tú. Somos muy desgracia
su esposo tuvo que em. unición y el vmillo blanco de otros tiempos!
dos, porque lo que y o siento lo sientes tú tam• 1
preLder. Júzguese el
~ Se hicieron mil juramentos de amor y desea- bién .
'
peligro en que se han
ser
pobres
para
reanudar
su
antigua
y
aza«Adiós
para
siempre,
Valentina.
Huye
de
mí
'1'o
.
llaba
la joven reina sin
como
yo
procuraré
evhar
tu
presenc;a,
y
procurosa existencia.
la protección de su herDespués estuvieron en el café &lt;le Montmartre, raremos olvidar A fin de acordarnos de nuestras
mana; la reina madre,
por )a noche asistieron al teatrilllo donde em- pasadas venturas. »
proponiéndose hacer~zó su carrera Valentina. ¡Qué hermosa era la
Valentina dejó caer la carta al suelo y se que•
la sufrir mucho tiem·vida! ¡Qué bien habían hecho en buscarse don- dó absorta y pensativa. Removió con las tenaci• ,
po, hizo que le corta •
de entonc&lt;::s 6ólo podría separarles la muerte!
llas el fuego de la chimenea que iba á extinguirran las manos y que le
Al día sig uiente, mientras Valentina estaba es- se. Bajo un arco de cenizas había un diminuto
sacaran los ojos; desperando un carruaje de punto que había manda- tronco que aún ardía. Cayó la ceniza y el tron•
pués la abandonó en
·do á buscar para ir á ver á su amante, entró Ro- co se apagó.
1
un camino apartado
sa y la entr egó una carta de Aureliano.
-¡Ah! -exclamó Valentina.-¡Tiene razón! ¡Al
, . ... _ _ _ 1 y
lleno de precipiLa condesa se estremeció de gozo al ver la le- remover las cenizas hemos apagado el poco fue1
go
que
quedaba!
tra de su amigo.
He aquí lo que decía la carta de Aureliano:
C ATULO MENDES '
cNo vengas esta tarde, ni man.ana, ni nunca.
:Si tienes piedad de mí y de tí refúgiate en el pa-aado. E res hermosa y yo soy Joven; pero ya no
BLANCA-BELLA. ·
nos amamos. Somos unos muertos qu 3 tratamos
(Cuento de la época de PJrrault.)
-de parodiar una existencia anterior.
Había
una
vez una mujer, próxima Adará lu~,
«Al beber yo en el Vesioet el vino de la posa- que se paseaba
por el hermoso jardín de su casa. cios. Esta última circunstancia pareció á Bl mea,
da hice un gesto in visible de desagrado y al
Un día durmióse en él, rendida de cansancio y Bella el único conmelo que un ser tan desgrapasearnos después por el boulevard exterior tu- · de calor. Su boca había qutidado abierta y por
viste frío y pensaste en las comodidades de tu ella deslizóse una serpiente. Ttascurrido algún ciado podía. eneontrar. Deseaba la muerte. La fortuna la había conducido al borde de un abismo.
-casa. Terminemos de una vez esta farsa ridícu- tiempo, la mujer tuvo una nilla. Pero esta nifl.a No
tenía más que dar un paso para caer al precila y no intentemos galvanizarnos. La poca ter- tenía el cuerpo rodeado por una se:piente que picio,
cuando sintió un brazo que la detenía.
nura real que sub3iste en nuestros corazones es asustó á todos, pero que por fortuna, desapareció
Pretendió
desasirse inútilmente, y al fin reconocomo ese r esto de savia vital que hace crecer la
al
punto.
ció
por
la
voz
A su herm'lna, que se obstinaba en
·barba y el pelo á los cadáveres.
Se creyó que la nifi.a no podría vivir mucho no dejarla perecer. La condujo á una casa vecina,
«Para el hombre no hay má.s que un amor y tiempo. Un dia que la aya la condujo al y allí la dejó algúo tiempo, privada de ojos y
una primavera que no renacen jamás. N_u_estra jardín, donde ;;e entretenía en coger flores, se de manos parll. hacerla expiar su falta.
deaventura actual tiene un efecto retroactivo y mostró A ella la misma serpiente que se había
Algún tiempo después, creyóndola suficiente:hemos dado muerte al pasado. El caso es horri- presentado á su m!l.dre, y le dijo que era su her- mente castigada, le devolvió su hermosura prime"ble pero irremediable. A nuestra edad no se tie- mana, y le prometió toda clase de venturas, ra. No podía la reina aprec~ar esta ventura. La
ne~ ilusiones. El recuerdo es lo único que hace siempre que no hiciese nada sin su consejo.
vida sin el rey, su esposo. á quien amaba loca8118 veces. La separación da á la antigua reali•
Comprometióse á ello la nifta, y mAs tarde se mente, no le era posible. La culebra trabajó para
dad el suficiente encanto para que se asemeje al- confirmó en la promesa. Algunos aftos después completar su dicha. Averiguó que el rey había
,go al ideal.
la serpiente le pidió que pasease un día con ella regresado y que tal había sido su pesar alsaber la
«Cuando somos jóvenes nos preceden las ilu- en el jardín, á lo que accedió. Cuando hubo en- pretendida muerte de su esposa, que juró no volsiones· cuando llegamos á cierta edad nos signen. trado en el jardín y cerrado la puerta, encontró ver á casarse jamá.s¡ pero el tiempo y las instan·
Pues bien, nosotros hemos matado nuestras ilu- preparado un bafto lleno de lech~, má~ blanca cías de sus súbditos comenzaban á alterar su re•
aion,s, que eran nuestro único refugio contra las que la nieve, mezclada con agua perfomada. Su solución.
Juzgó la serpiente que era preciao apresurar•diarias amarguras de la existencia. Te confieso hermana la dejó dentro, y en seguida la colocó
que be cometido contigo una traición al tratar para que·reposase en uo lecho de algodón, sus- se, ~ hizo construir en un momento un castillo de
de amarte todavía. Si no te hubiese amado en pendido de los árboles más elevados. Al desper- alabastro resplandeciente, cuya construcción era
•otro tiempo, tal vez te amaría hoy mucho má.s tar la misma serpiente la arregló los cabellos. Y tan perfecta que hasta entonces no se había ad-que antes. Pero te adoré tal como eras entonces tales atractivos pidió para ella, que su belleza mirado una obra semejante. Estaba rodeado esnatural aumentó excraordinariamente, y al salir te palacio de balaustradas de oro; los capiteles y
y ya no eres la misma.
del jardín fué la admira- los frisos eran del mismo metal, así como la cución de cuantos la vieron, bierta, que consistía en una plataforma muy esEl baflo delechehabíada- paciosa. La situación y los alrededores de este
do á su piel una blancura castillo respondían á su belleza, y era imposible
y un perfume, que nada que el que descubriese de lejos til maravilla no
del mundo podía a.lte - se apresurase A contemplarla de cerca. El hada,
rar. Como esta blancura para no atraer las multitudes, hizo que el palacio
excedía á todas, su her- no fuese advertido má.s que por el rey, qu:i en la
mana le dió el nombre caza se había extraviado con su favorito. L'.egó
de Blanca-Bella. S11s ca- al castillo con su acompaftante, donde encootró
bellos que eran de un ru - al hada, que no era entonces serpiente, quien le
bio único, no podían dis- permitió venir á descansar en este lugar deliciominuir ni obscurecer . so, pero á condición de no ser acompailado má.s
E ran largos, espesos y que de su favorito. El rey encon.ró encantador
ondulosos. Cada vez que este retiro, que le atr11ía constantemente. Un día,
se los peinaba, caían una durante las horas de calor, reposaba en un gabiinfinidad de diamantes, nete cubierto de diamantes, que servían de escon los que su cabelle- pejos y que embellecían de un modo inexplicable
ra quedab1 siempre or- todos los paisajes y jardines cuya imagen conada.
piaban; en un lecho, suspendido de la techumNo tardó mucho en ins• bre, gozaba del fresco que producía una fuente
pirar amor. Un rey era, que estab, debajo y cuya concavidad era un solo
A la vez que el mAs no ble rubí de O·iente. El hada, queriendo unir los plade sus amantes, el pre- ceres dP.l oído á los t.le la vista, hizo aparecer una
feri do de Blanca-Bella. máquina de forma portentosa, de la que surgían
Celebróse la bodaalegre- los sonidos mAs delicados. El rey guedó embar•
mente. Blanca, loca de gado de placer y de asombro; pero cuando a esgozo al ver su inclinación tos sonido., maravillosos se ur.ieron bellas y tiery su ambición satisfe- nas palabras el príncipe parecía fuera de sí. La
chas, olvidó comunicar voz misteriosa cantaba las desventuras de Blaná su hermana tan impor- ca--Bella. El dolor y la ternura fueron mAs vivos
tante suceso. Esta, justa• que nunca. El hada hizo desaparecer el artificio
mente irritada por tal para no extremar el sufrimiento. El rey hizo en
ingratitnd, pensó en cas- seguida pesquisas secretas y públicas sobre la
muerte de Blanca--Bella. Vió confirmadas las Dü·
tigarla cruelmentti.
El rey, conducido por tieias que había sabido en el palacio de alabastro.
la pasión, celebró el ma- Muchos vinieron á quejarse de las tiranías y crueltrimonio
sin
co:isentimiento
de un.a madrastra dades de la reina madre. Ella mism·\ compren«Has engordado-lo cu.al te sienta muy biene
le
había
gobernado
con
autoridad durante dió que no podía defenderse, y tuvo el valor de
lpero yo te quise cuando eras delgada. Te has
;:
infancia.
Esta
muJer
imperiosa
desaprobó la preparar los verdugos y de procurarse una muer1lustrado, y á mí me encantaban tus cartas lle•
alianza,
y
cuanto
más
digna
~e
ser
am~da
la te inevitable. El rey, tranquilizado por esta venIJlas de faltas de ortografía. No podemos pedir al
ganza, volvió en busca de la música misteriosa
nueva
reina,
mayor
era
el
odio
que
le
mspuaba.
Pasado los consuelos que antes nos prodigaba,
que le eonmovía de dolor y de placer.
Vivió
la
desgraciada
Blanca-Bella
á
mer
ced
e&gt;ues se ha roto el encanto misterioso que aftos

~:ª

�Domingo 19 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO

31(1

Encontró más de lo que esperaba. De la caja
musical surgió Blanca-Bella, que era la que había cantado sin que el rey lo advirtiese. En el estado en que el rey se hallaba, puede juzgarse el
efecto que producirfa esta súbita aparición.
Blanc~-Bella estaba mlis hermo~a, y el rey fué
con ella más carifloso que nunca. Se amaron mucho· ningún enemigo turbó su ventura; fueron
sie~pre adorados de sus súbditos; tuvieron hijos
tan hermosos como ellos. y no cesaron de ser
protegidos por la serpiente, quien les r:galó el
castillo de alabastro, en el que establecieron su
corte.

EL DESPACHO

¿No has visto, cuando prendes la hamaca en los naranjos

Antes de que pudiera ve~garme, ni aun d~rme
cuenta de mi mal, ya la obscuridad del encierro
me cercaba. Horas eternas pasé á solas con mis
celos, sordo al ruidoso traqueteo, sin otro afán
que el de terrible venganza.
Al fin un hombre pálido y ensangrentado me
dió libertad, despnés de colocar en mi ala un des-pacho.
¡Qué cuadro desde lo alto! Una ciudad murada
ocupaba el centro de inmenso valle, surca~o por
un río de rojizas ondas. En torno pueblos meen•
diados, campos sembrados de 11rmas y de cadáveres, y llenando de humo elambiente y el esp~cio de clamor, un círculo de caftanes tronando sm
tregua.
Mi horrib'le pena se mitigó al pronto ante aque•
lla inmensidad de sufrimiento. Pero el recuerdo
de mi amor perdido venció á mi dolorosa curiosidád y tendí el vuelo. Al mirar por última vez á
la ciudad, á la cual afluía innúmera muchedumbre dispersa y derrotl;\da, sobre la puerta de la
mnralla flotaba una manchita blanca. Se rendían!
Volé á todo vuelo, con la vaga idea de que era
portador de la noticia de un desastre y exclamando con feroz alegría:-¡Voy á vengarme! Ví
entre suenos ruinas humeantes, mieses abrasadas, campos desiertos, soledad y muerte que n~
me apiadaban .... ¿acaso eran comparables á mi
duelo?
Al llegar sin aliento me aguardaba el jde, que,
apoderáudo~e turbado de mi despecho, huyó dejando mi jaula abierta ....
En ella estaba sola la infame ...... quiso fingirme am0res ... . .. ¡cuánta hiel y qué amarga
· cabe en nuestro pecho! A picotazos la maté y su
sangre enrojeció mi plumaje.
Desde la airosa veleta contemplé á mis pies la
gran ciudad insurreccionada, Yo había sido el
portador de la infausta nueva que la enloque•
cíll ...... ¡Venganza justa! ¿Por qué habían destruido mi felicidad?
Por las anchurosas vías circulaba negro torren•
te entre bramidos de cólera. Y al ver el estruend~ con que se hundía un trono, me pareció que
el mundo lloraba en los funerales de mi dicha
muerta, y que era la sangre que goteaba mi pecho la que ensangrentaba á París.

¡Qué alegre vida la nuestra en los palomares
de París!
¡Qué paz tan dichosa; bien cuidado por ague•
llos simpáticos veterar.os, adorados por nuestras
companeras!
De cuando en cuando, por ejercitar nuestro
instinto, nos llevaban lejos, muy lejvs, durante
horas enteras, encerrados en grandes banastas,
oiamo~ en las tinieblas entrechocar ruedas velo•
ces sobre carriles rle hierro, silbidos agudísimos
y trepidación atronadora, que nos angustiaban al
principio y á los que nos habituamos en breve.
Al llegar á puntos elegidos, cada vez más distantes del palomar, nos daban suelta. Eramos
dos centenares: deslumbrados al principio, nos
elevábamos á gran altura, con atolondrado vuelo
y describíamos ancho círculo volando iguales.
De repente, nosotros, los guiones, sentíamos la
misteriosa atracción del palom9r, ese impulso secreto que nos orienta y guía más allá del límite
de los sentidos más perfectos, y allá íbamos como flechas, seguidos por los pisteros de instinto
menos seguro. Y ¡qué peripecias! Ora las aves
de rapiil.a dispersaban el numeroso bando; ora
elevadas montanas nos oponían valla casi insu•
perable, y el viento contrario y la nieve fatigosa.
Algunos faltaban al recuento; otros ostentaban
heridas de garras ó perdigones. Pero ¡qué al6gría al llegar! ¡Con qué júbilo nos acogían los
veteranos! ¡Con qué amor nuestras esposas! ¡Bendito aquel adorado hogar tranquilo, tan apacible,
pese á los atributos bélicos que le adornaban!
Un día uno habló de nuestra misión guerrera,
y aseguró infatuado que se contaba con nuestras
alas, como preciosos elementos de la defensa na•
c,ional. Milagro fué que no muriéramos de risa
al oírle. Nuestros irónicos arrullos alarmaron á
JUAN ARZADUN,
los veteranos de cabellos blancos, tan pacíficos
como nosotros; ¡y decir que éramos de guerra!
¡Quelle blague!
Pero no hay dicha eterna. A mediados de Julio del 70, una actividad desusada reinó en nuestro palomar; los veteranos encanecidos hablaban
de la guerra con los dientes apretados y un aire
fiero del que yo no les creía capaces.
Nuestros companeros fueron expedidos por
centenares á todas las plazas fuertes del territoI
rio, al Este sobre todo, y les esperamos en balde
durante muchos días. El primero :,ue regresó
Yo mojaré una pluma del ala de un arcángel
herido en una ala nos refirió cosas horribles. Ha•
Eo la más blanca estrella,
bía visto aldeas incendiadas, ejércitos inataca- y en la olorosa página de un pétalo de nardo
blea, legi'Jnes en derrota arrastrando su desaTe contaré mis penas.
liento por todos los caminos, dejando en pos de
sí muertos y más muertos, de bala y de fatiga.
Sin duda, el despacho que traía. confirmaba
aquellas cosas horrendas, porque durante todo el
Serías mi perfume, si al florecido valle
día oímos maldecir á nuestros custodios; por vez
Tu paso dirigieras,
primera nos olvidaron á la hora de nuestra co- ¡Pues orlaría todos !05 flecos de tus rizos
mida, y tarde y al re,·és, nos sirvió un viejo con
Con mucha Primavera!
los ojos encendidos, que se mordía los mostachos y si algún día unieses á tu adorable espíritu
Mi alma de poeta,
por no sollozar.
Estas escenas me llenaban de fúnebres presen- ¡En todas las batallas y en todos los torneos
Serías mis bandera!
timientos, pero la horrible realidad la superó en
¡Oh!
flor
de
las e.urora.;, sultana de las tardes
breve .
Y maga de las tiestas,
Una t,arde el anciano tembloroso, jefe de los Señora del castillo de oro de mis suelios
demás, vino en persona á sacarme de mi celda,
Y esplendorosa reina!
tan bruscamente que no pude despedirme de mi
amada compailera.
III
-Alguna mi•ión difícil-pensé sin temblar,
viendo cómo en mi presP.ncia preparaban con ex•
¡Oh! ¡cuánto me subyugan tus árabes pupilas
quisitas precaueiones la ceata que había de conY tus pestafias negras!
ducirme.
¡Bien sabes que á tus galas es1:oltan mi_s ternuras
Antes de guardarme en ella cometieton una
C,,mo rendidas siervas!
crueldad inenarrable, El jefe mismo me vol- ¡Bien sabes que en las flores azules del romero,
vió á mi celda, en la que vi, estupefacto primero,
Que en tu balcón golpean,
y enloquecido luego, a. mi rival odiado ocupando Cuando abres las persianas, se agitan mis canciones
Como un tropel de abejas!
mi puesto, arrullando á mi adorada companera . .

De tu oriental flor&lt;Jsta,
Caer mis azahares que esmaltan los primores
De tú amplia cabellera?
Pues bien, esas caídas de símbolos nupclale~
Son flores que voltea
El melodioso enjambra de versos de mi lira
Que síguente doquiera.
¡Porque eres la paloma, la Venus de mi patria,
La Musa prindpesca,
La luz de mis malianas, la luna de mis noches
Y el canto de mi selva!

Año V I

Tomo

[l

México, Domingo .26 de Noviembr~ de

r~o&lt;.J

Número

IV
¡Escucha! Cuando exoirP, me arrojas una lágrima,
Que en el fulgor de ella
Se 1:1.vará mi alma para ascender radiante
A la celeste esferal
Entrar al Paraíso, que es donde van las novias,
Mi espíritu desea,
¡Para tejerte un solio de rosas y de astros
Al lado de Graciela!
GUZMÁN PAPINI y ZAS.

1

l

r· .
1

CRISTO.
Recepción en el patio central del Palacio Nacional.
Venía de Oriente, como el Sol. Venía
de la Mesopotamia,
dejando sobre mares y desiertos
larga estela de lágrimas.

Fot. de El Hundo.

Su inefable mirada, siempre triste,
se quedaba en las almas,
como un rayo de sol, hecho brillante,
se queda en la montaña.
Su palabra era pan. Y la echó toda
sobre la hambrienta raza
que gruñó al recogerla. ¡Cocodrilos
atrapando una garza!
Y mientras él, humilde, proseguía,
como uoa nube blanca,
lloviendo sobre estepas infecundas,
su bendición de lágrimas;
la tribu miserable se nutría,
de aquel pan con substanc_ia
que fecundó malditos embriones
de flores escarlata.
Y se fué la blanquísima silueta
perdiendo en la distancia ... ~
Como un dolor, la negra cabellera
le caía en la espalda ....
Ya sólo quedan de él, del compasivo,.
fulgores da miradas,
como raros diamantes, incrustados
en el duro carbón de nuestras almas.
JOSÉ MARÍA QUEVEDO..

La Junta Directiva organizadora .de la manifestación.

Fot. deJ'. P. Amago..

22

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Acuarelista mexicano</name>
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                    <text>:? i4

EL MUNDO.

Domingo 29 de Octubre de 1899.

•

A.iio VI - Tomo U

M é xico, D o m i n go 5 d e N ov i.,rnb re de 1899.

1

DUELO

EL ABECEDARIO
Mlle. Thc,rnam.

Número 19

�EL MUNDO.

276

Director: LIC. RAFAEL REYES SPJNDOLA.
----································································º"""""""""""

El gran día. de fiesta en las necrópells no es en ve~dad un día de recogimiento y de dolor para los vi.
vos. Lo que sucede es que la alegrí,;. se pone un yoco
melancólica para visit,ar las tumbas, y la vamdad,
cansada de ostentarse en teatros y paseos, encuentra
oportunidad de lucir su fantasía en los adornos d~ los
monumentos sepulcrales. El hombre ha de ser si~mpre un aferrado á la vida, y, por,lo,tanto, un olvidadizo de la muerte. Esta manifestación de pena obligatoria, consagrada por una secular costu_mbre, se ha
desvirtuado con el tiempo hasta convertirse en protanadori1, verbena popular.
.
.
.
Bien es cierto, que vist'l. la existencia, baJo el ~specto pesimista de un Schopenhauer, puede repetirse con el filósofo que la vida de cada !::o~bre contemplada de lejos y desde arriba, en su conJunto y en sus
rasgos más salientes, nos presenta ~n espectáculo trágico pero si se recorre en detalle, tiene el carácter de
una 'comedia. El modo de vivir y el tormento del
día el incesante malestar del momentv, los deseos y
· los 'temores de la semana, la desgracia de cada hora,
bajo el azar que trata siempre de chasqueamos, son
otras tantas e'-cenas de comedia.
Pero los annelo1&gt; siempre burlados, los vanos esfuerzos las esperanzas que huella la suerte implaCd•
ble los' funestos errores de la vida entc.ra, con los suf rl~ientos que se acumulan y la muerte en el últim_o
acto, he aquí la eterna tragedia. Parece que el desti no ha querido afiadir la befa á la desesperación de
nuestra existencia cuando ha llenado nuestra vida
con todos Joi, infortunios de la tragedia, sin que ni
aun siquiera podamos sostener la dignidad ~e los personajes trágicos. Lejos de ello, en el ampho detalle
de la vida representamos inevitablemente el ruin papel de cómicos.
Sin embargo este mismo filósofo, tan descreído,
tan desengañad~, tan dolorm,o, tiene en uno de sus
libros esta página, colmada de consuelo y de fé: «Cuando en Otofio se ob:,erva el pequefio mundo de los insectos y se ve que uno se prepara un lecho para dormir el' pesado y largo sueño ~el _invierno, que otro
hace su capullo para; pasar el invierno en estado de
crlsálida y renacer en un día de primavera con toda
su juventud y en toda su perfección; y, en fin, que la
mayoría. de ellos, al tratar de tomar descans~ en brazos de la muerte, se contentan con poner cuidadosamente sus huevecillos en lugar favorable para renacer un día rejuvenecidos en un nuevo sér, ¿qué otra
cosa es esto sino la doctrina de la inmortalidad enseñada por la naturalE\zaº Esto quiere darnos á entender que entre el sueño y la mue~te no hay dife.
rencias radicales, que ni el uno m la otra ponen
en peligro la existencia. El cu.ida.do con que el,insecto p1 epara su celdilla, su aguJero, su nido, as1 com_o
el alimento para la larva que ha de nacer en la primavera próxima, y hecho esto, muere tranquilo, pa•
récese en todo al cuidado con que un hombre coloca
en orden por la noche sus vestidos y dispo~e su comida para la mañana slgGiente, y luego se situa á dormir en paz.&gt;

dora Mise-ricordia. El alférez veneciano del inspira~o
libretista no es un hombre, es un espíritu; es el Diablo.
i
·
Cuando dice el Credo-monólogo de peslm smo mfernal-esperalllos ver, de un momento á otro, que
se abran sus grandes alas de murciélago Y que. aho•
gue en ellas túdo resplandor. Yago tiene ca~caJada~
Je Satán rabioso, é ironías de demonio vencido. E:.
un filósofo más serio, pero menos experlmenta~o, Y
sobre todo, menos agudo que el Perverso de Goe~he.
No lo imaginó así el excelso poeta inglés. Bo1to,
quizá para hacerlo más lírico le dió esos vuelos tan
poderosos.
.
Yago es el alma de la ópera de Verdi. Siempre en
escena, iosinuante y sutil, vertiendo sus palabras,
recelosas en el gran corazón de Otelo, como quien
gotea veneno en una ánfora de bronqe; Sólv cuando
reza Desriémona no le vemos, pero le 01mos; es la r~faga de vieoto que golpea desesperadamente la vidriera de la cámara nupcial y hace oscilar la llama
de la lámpara.
Otelo es un puñal de ébano esgrimido por la m~no
de Yago en torno de Dt!sdémona, esa blanca epifanía del cando, y de la piedad.
Boito no debió haber cambiado nombre á su libreto escri-to en rotundos y elegantes versos; no debe
llamarse Otello ese drama musical. No es él el héroe
de esa trágica desventura; en el fondo de esa sombra
parpadea una roja llamarada hacia la que van los
ojos atraídos y en la que se queman las almas como
nocturnas mariposas.
Cada vez que oigamos esta ópera la llamaremos co•
mo el poeta pensó: Yago.

*
**
También es muy amada nuestra la obra de Gouncd. El fragmento del gran poema alemán, puesto
en so!ra tiene para nosotros un dulce y sereno encanto.
El viejo Goethe era un impasible. Amaba la serenidad nlímpica de la eterna belleza. Meditativo pr~fundo, hundía su pensamlentv en el océano de la vida sin temor á los temblores de la ola. Analizaba
m~cho este poeta supremo que no sintió jam~ los
frenesíes de las pasiones cuando se exaltan, m los
arrebatos de los ideales cuando se enloquecen. Por
eso las creaciones de este inmóvil sublime son todas
símbolos. Bajo el negro birrete de Fausto suefia la
Humanidad; con la carcajada de Mafi,st6feles ríe la Duda; el corpifio azul de Margarita como el níveo peplo
de Helena, ciñe los senos palpitantes del eterno f emenino.
La celestial música de Gounod encontró en el_ pentágrama notas de suprema expresión. En med10 de
ios cantos idílicos cuyas frases de amor están hechas
de rocío, luz de luna y perfume de flores, s~ena la epiléptica carcajada de Mefis~o. Es la historia de todos
los amores. Es nuestra propia historia. El inmortal
maestro encerró en la pauva nuestrc,s secretos. Era
un vidente.
Ahora la compafiía de ópera nos promete la a-qdición de estas dos magnas obras. Las esperamos con
entusiasmo.

***

La semana Urica ha sido de un inesperado aburrimiento. Dicen que el aire de estas altura~ tiene la
culpa de los contratiempos y fracasos. ¡P1caro ele.
mentol La verdad es que el catarro no sólo dañ_a )as
gargantas de los apreciables artistas,. sino_ que violenta un poqulllo al público y estas v10lenc1as se resienten en la contaduría. Hemos oído esta semana
un Rigoletto muy fastidioso.. &lt;?ualquiera diría que el
aire no quiere ya música vie¡a y que fastidiado de
tocar temas de ópera en los organillos, se venga de la
manera más cruel introduciéndose en la boca de los
artistas é impidiéndoles cantar.
Pero, en fin, la empresa del Naciona~, para recompensarnos un poco, nos promete Ot.ello y Fa·usto.
Ah! la gran obra de Verdi. Para seguir la figura
del terrible moro no se necesita más que apretar el
lápiz: la allueta debe ser muy fuerte y muy negra,
con el objeto de buscar el contr~te, porque el contorno de Desdémona, hecho con extraordin~ria delicadeza apenas sí ha de verse, como embebida en la
luz, i;obre ld blancura del papel. Asi ha de ser el croquis de este cuadro sublime.
Pe.-o, bien pensado, ni Otello. ni Desdémona son
los principales personajes, dramáticamente hablando,
de la ópera de Verdi. La primera figura es Yago, un
Yago distinto del que Shakespeare creó, y como más
alto, más metafísico, menos humano, menos real por
lo mismo.
.
Arrigo Bolto, sugerido por su Mejist6feles, le dió á
Yago todos los caracteres del ángel rebelde. No es
sólo la vengativa envidia lo que domina al Yago de
Boito es la maldad infinita, el odio eterno, el rencor
á la l~z, inacabable y profundo, del rival de la Orea-

1.-Los LATINO-A.MEYtICANOS,
2.-GABINETES EUROPEOS.
3.-FRANCIA; LA RECONCILIACION NA.CION'AL; UN
POCO DE FILOSOFIA HISTORICA,
4. -AUSTRALAFRICA.
Las repúblicas latino-americanas, hermanas nu~stras, van saliendo difícilmente del estado de eqmlibrio instable en que nuestra falta de preparación en
la práctica de las instituciones libres, nos colocó en
el periodo subsecuente á la lucha de emancipación.
Visto en su aspecto inferior todo ello, parece responderá estos móviles: deseo de los hispano-americanos
de gozar de las rentas públicas (empleos, contratos,
granjerías) sin la terrible competencia de los peninsulares; después disputa de la presa entre los criol!os,
que disponían del ejército y el clero, y los mestizos
que carecían de privilegios, tanto ,en el orden social
como en el político. Victoria de éstos; empefio de los
vencedores en enganchar el carro de la patria en el
tren express de la civili1,ación: colisiones, descarrilamientos, stniestros, retardos (parece que estoy hablando de los ferrocarriles del Distrito); mas, en suma, marcha el tren.

Domingo 5 de Noviembre de 1899.

J)Omtngo 5 de Noviembre de 1899.

Visto desde un poco alto, se nota cómo este mo'flmiento no es puramente del orden económico, íbamos.
á decir, intestinal, es también del orden psicológico
y en el combustible del mo~or no ha_ habido solo pa~
siones inferiores y utilitarias, sino ideales excelaoa,
ensueños na,trióticos, anhelos de levantar de un arranque solo, ~na raza mantenida sistemáticamente en
los limbos de la civilización humana á sus cimas más.
elevadas.
Pero no todo lo que en el orden ideal es bueno, en
el orden real es práctico, y de aquí tantos contrasentidos tantas lncompa~ibilidades entre las teorías y
la po;ible, tanta mentira. escrita, tanta 'falta de libertad en los hechos, tantas ideas muertas, tantas
necesidade.c. vi vas y ta.mafias dificultades para ajuatar y empalmar todo esto y para que todas estas antinomias y luchas se sumen en un pocu de ¡,rogreso
y de vida. Cuando por todo ello se _censura á los la,.
tinos de América, cuando se les qmere escatimar el
tiempo para resolver definitivamente problemas que
en ot:as partes se han resuelto á medias en siglos y
siglos de civilización y orden, y se quiere atribuir
todo esto á imposibilidades radicales de la raza para
llegar á donde aspiran, se comete una suprema Injusticia. Lo que no quiere deci r que no sintamos un
movimiento de impaciencia dolorosa cuando vemog
que toda vía en algnnos de los grupos sud-americanos.
se pretende fiar á las asonadas mili tares, á los pro-'
nunciamienws á las guerras civiles que son forzosa.
mente el gér~en de otras guerras civiles, la realización de progresos políticos y sociales.
Ya no es hora de esto, ya es preciso cerrar est&amp;
cadena, ya es preciso llegar á la última de estas escenas desalentadoras y comenzar una nueva vida.
Por eso, sin fijarnos en programas, ni en planes, ni
en manifiestos, aun cuando parezcan ma~avtllas de
liberalismo y progresismo, no.; vemos inchnados, cada vez que el telégrafo nos habla de revoluciones en
Venezuela en Colombia, en el Perú, en Guatemala,
á hacer votos por el triunfo del Gobierno sea el que
fuere. Sólo hacemos excepciones en los casos en qu&amp;
el gobierno siguifica obstrucción resuelta al progreso
moderno y resuelta decisión en mantener la sociedad
aplastada bajo el pri vllegio de una clase. Pero en
donde Ja ley misma deja la puerta abierta para la :e.
forma aun cuando esa reforma esté por hacer, aun
cuand~ haya inmensa resistencia para llegar á. ella,
deseamos que se bagan á un lado las soluciones mlll•
tares, á todo trance, á todo riesgo. En el ~uadorlas comprendemos; en Venezuela, en Colombia, no.

En espera de los acontecimient os políticos que
traerá consigo la reapertura de la mayor p_arte de JO&amp;
parlamentos europeos, casi _todos los gabmeU3 viven
quietos, pero parecen provisionales. Las Cortes funcionan en Madrid desde hace do&amp; ó tres días y 1&amp;
cuestión financiera, la suprema en la España actual,
tornará á ser revisada, discutida y resuel~ á medias.
Libre el ministerio espafiol de la pres_enc1a embarazosa del general Polavieja, que manifiestamente
nía la conciencia de constituir una entidad tan lm
portante como el resto del ministerio y que se babi&amp;
aferrado, no sólo en no hacer economías en el ramo,
sino en exigir aumentos en su presupuesto, para le&gt;
que habría sido preciso prescindi¡: de los gastos In•
· dispensables en los otros departamentos, y cubierto&amp;
la vacante con el cuerdo y desilusionado, si no desalentado general Azcárraga, el ministro de la guerra.
de Cánovas el gobierno del señor Silvela ha readqol•
rido consisteucia, y hasta la visita intempestiva del
ministro ruso de relaciones extei lores del Tsar á. la
reina, le ha dado cierto prestigio: paree~ que ¡ten&amp;
entre manos una profunda combinación d1plom tlca,
No lo creemos; tampoco creem~s que haya sid~ la del
conde Muraviev una simple visita de cortesía. ¿á.quéfué? Lo del matrimonio de una infanta con un gran
duque ruso, no puede ser; _Jados l~s temperamento&amp;
de ambos pueblos es imposible casi que uno de 1()8.
cónyuges abandc,ne su religión, y este requlsitobaes.
indispensable, sobre todo en Rusia. Yo creo ~!erecf.
que buscar el hilo por el lado de D. Carlos q ó del
bía si no es que recibe todavía, una peo~ 0 mu.
Ts~r. U n acuerdo definitivo entre ambas am au•
importaría más para el porvenir d_e España q~Ora..
mentar con diez blindados su mariaa · · · · por
ue
Pero sobre todo el ministerio Sil vela vivirá., porq
no hay otro posible. Los ultraconservadore!t~n:
las cuatro quintas partes de la opinión e1;1 co 60~ los.
sagastlnos, esos reconstlt,uidos con otros Jeteg cuatrosucesores probables, pero no a~tes d~te~or suvela.
años ¿los republicanos? Imposible.
se bl roo que,
es, como la república de M. Tbiers, ~l go e tiene,
divide menos: por eso, si uo nos flqmvocamos,
el tiempo frente á él.
.
d 1 senor
En Italia, ,gracias á la respetabilldad e sin _
Visconti Venosta, igualmente estimado,_co: 0
lar, en Francia que en Alemania, el gabm;eales (110varo con su sistema precario de decretos. á. básta
bre ~eguridad pública) en vez de leyes, viv_1r y 188
el próximo periodo de ciclones parlamentarios. lftieol
nota contra él la conjura de diversos grupos po
que le harán una vida muy difícil.
t tambliB
En Viena el ministerio Clary represeq ª

te:

J!

transaceióo, casi funda su derecho de vivir en su
:gnlftcancla; el grupo alemán y el grupo eslavo, el
bOhemlo, sobre todo, ¿desarmarán ante él? Precisate tendremos la respuesta en estos días en que
=oda también sus sesiones el parlamento, después
de nueve meses de receso. Es en realidad una situact6n dnlca la de este imperio austr-:&gt;-húngaro; el pacso de unión entre las dos grandes personalidades nactonaJes que lo componen, no se ha renovado; rige un
aooerdo puramente provisional, un expediente; y be
aqof que una tercera personalidad cada vez más pocteroea, la eslava, (polaca, bchemia y eslavona) quiere una silla de honor en el banquete! No es chtco el
enredo este, ¿pertenece al género grande?
En Berlín, todo el trastorno que se predecía con
mott,o del voto de los conservadores, contrario al caDll del Elba, defendido con el ímpetu pomposo que
al Emperador es habitual, terminó con la dimisión
dedOBministros; ¿pero el envidiadíslmo Herr Miquel,
el coni.ejero tavorit,o de quien se decía que era el tnsdpdor secreto de los conservadores, por qué no renunclóP Porque á ese no renunciará Guillermo II,
811 mocbottempo, quizás en ning6n tiempo; tiene mucbfalmo talento, mucho conocimiento de los partidos
de los recursos del imperio para poder ser reerri1i,luado
en el ánimo imperial. No puede ser canciller
ilel Imperio, porque no es hombre de alta alcurnia,
pe.-o es quien lo dlrlje en realidad.

EL MUNDO.

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regretterit), al monarca, y al Presidente lo tratan, ofl.• tado, exasperado unos contra otros, comenza1 ¡oh!
clales Y obispos, como si fuera un rey, es la imagen, hermanos enemigos, por hacer á nuestro 'Jaís esta jusel espectro del Ausente. Ahora bien, en torno de estos ticia, que es acaso el solo en el mundo en q ne tantos
elementos que han representado el orden al través de hombres sean capaces de atorment arse á impulsos de
toda la historia, y que lo representan todavía, se ~obles sentimientos. Y apaciguaos en esta idea que,
agrupan instintivamente todos los hombres de orden
Juntos todos, sois la Francia una persona histórica
inclusive un gran número de republicanos, todos lo~ muy grande, animada de paisiones que, una por una,
conservarlores; los_ liberales se arriman á la iglesia de tienen su fuente en nuestra historia y que por ende
León XIII por Justo horror á la revolución Rocial; vuestras querellas resultan inevitables manifestaciohay en el fondo de er,o «uoa preferencia dada al agua nes de nuestra vida nacional.
bendita respecto del petróleo.&gt;
&lt; Y comprended también, cuantos habéis defendk o
En _el campo con~rarlo todo es división y discusión: lo qui', en vuestra conciencia. creíais que constituía.
socialistas y repubhcanos son fundamentalmente in- el bien y _el honor de la Pc1otrla, comprende~, repito,
compatibles; «no existe una idea común de orden re- que el odJO mutuo de los ciudadanos es, para la Papublicano capaz de concentrar á todos los adversa- tria, un peligro de muerte. Antaño, en lo más encorior del orden monárquico.,. El estudio que resumi- nado de las guerrl\s de religión, Miguel de l 'H,,pital.
mos hace hincapié más de lo justo en esta situación interponléudose entrA los combatientes les rogaba
del partido avanzado; estas divisiones no pueden con- que recordaran que eran franceses. «Atrás, decía
cluir, es verdad, pero sí pueden convivir por medio esos diabólicos nombres de hugonotes y papistas.;
de treguas y transacciones; ahora bien, es una máxi- Las palabras dreyfruseros y antidreyfuseros son más
ma política profundamente cierta qne sów lastran- diabólicas todavía; echadlas fuera, continuad defenRacc!ones perdurao.-Lo único, añade Lavisse, qúe diendo en libertad, ante vuestro país, vuestros crelos hga es una especie de hoRtilidad á todo sistema dos políticos contrarios que sobrepasan al proceso y
de contrapeso á la voluntad de la ·ARamblea que re- le sobreviven; pero como patriotas, ofreced á la Pc1opresenta. directamente al sufragio público; de donde tria el sacrificio de vue~tros 1encores.
re:,ulta un odio común al Senado y á las facultades
cOs juzgará vuestro país y su fallo será justo. Pordel Presidente.
que otras crísis vendráu, acaso movimientos de reacPara este grupo la Iglesia es el más ~emibleadver- ción, acaso golpes revolucionarlos y h;ibrá villanías y
sario. El ideal de la Iglesia, que considera la tierra deformidades-males de constitución en la historia.
*
* *
No es en la voz de los corifeos políticos, por sensa- como un pasadizo de dolores y lágrimas entre el pa- de los-hombres-mas la resistencia á lo pasado y el esto&amp; y respetables que sean como M. Meline, que se raíso perdido y el parafso celeste se contrapone al de fuerzo revolucionario, deteniendo el uno y empujanatrven para conmover a, país y presentarse como sus los nuevos, que creen que en la tierra puede realizar- do el otro, tubajan de consumo en la creación de una
lllndores posibles, del espantajo socialir,ta de la guar- se lentamente uo paraíso por la supresión de la mise- Frdnci~ en que habrá mayor libertad, más justicia,
dia nactooal substituida al ejército, porque de este ria y la me.jor distribución de la justicia. Y como de menosmterés. Emancipemos nuestro pdiS de lo pasa(faideratum no hacen caso ni los socialistas mismos; l'.us ideales nace para la Iglesia la necesidad de ser do sin renegar de él, resol viendo problemas, en otras
que no tienen inconveniente en solidarizar con el ac- conservadora por Inmutable, resulta para unos el de- p:1ortes apenas plantados, encontrará su fuerz'I. y su
'811 Ministro de la Guerra, que no tiene trazas de seo de sofrenarla, para otros el de romper todo coo- empuje, y, al mismo tiempo prestará un servicio con
querer desempeñar el papel de Comandante general tacto con ella, para muchos el de reducirla por la per- su ejemplo, una vez más al resto de los hombres.&gt;
de la guardia nacional, como Lafayette; no, cuando secución y el miedo. Estos no saben historia.
*
Para el mismo grupo el ejército también es odioso,
• quiera saber lo que piensa la Francia, que verda* *
porque
es
una
escuela
de
obediencia
pasiva
y
el
obsLas
nuticias
de
la
guerra
en Natal, en el Bechuana
deramente piensa, la que piensa alto y siente hondo,
baJ que recurrirá los escritos de hombres de indis- táculo natural á las esperadas revoluciones. Además, y Gricqualands, es decir al Este y Oeste ce tas Repúcutida imparcialidad, cuando á un conocimiento pro- la aventura boulangista conmovió la carlfiosa. con- 1,licas libre~, son por todo extremo interesantes. Sifundo, lnsuperado, de la historia de su pat:ia, unan fianza que en casi la unanimidad de la nación existía tiando á Mafeking,. Vryburg y Kimberley, sobre la
una lntellgencld capaz de hacerlos penetrar analizan- en el ejército, representante armado de la Patria c1onte línea del ferrocarril que va del C~bo á la tierra que
do, dentro de la sttuación actual, hasta dar con sus la insolencia irónica del vencedor. De aquí vino cier- lleva el nombre de Rnodesia, en honor del famosoCe'llementos irreductibles. Un ejemplar de esta especie ta inquietud en unos y el deseo de destruir el ejérci- cilio, llls boers han inmovilizado la invasión posible
por el lado occidental, á reserva de quebrantarla dede hombres que no se hallan ciertamente por doce- to en otros.
Lavisse busca el terreno de la reconciliación de es- finitivamente á pesar de los trenes blindados del co• ni en los rMetings, ni en la prensa y m en las academlaB, es Ernesto Lavisse, maestro, de cerca ó de tas dos Franelas en lucha entre las mismas fronte- ronel -Baden Powell, para los cuales suelen ponerse
leJOB, de cuantos nos ocupamos en estudiar historia. ras; el ensueño patriótico consistiría en que la. lucha en práctica la destrucción de las vías y las bombas
Acaba de publicar un estudio con el titulo de «La prosiguiese en la libertad y por· la libertad y, por me• da dinamita.
Por el lado oriental en la línea que une á Pretoria
ñconclllatlon nationale,&gt; que es lo más filosófico que dio de mútuas concesiones, llegase á ser una reconIIObre el estado de la sociedad francesa, al desembar- ciliación. Nunca ;iodrá.n realizarse los programas ex- con el mar á través del territorio de Natal, es en dontremos; ni resucitará jamás el absolutismo del Rey de el supremo interés de la lucha se ha concentrado.
car de !'affaire, se ha esc1 !to en el último afio.
Ella explica la feliz audacia del ultimatum del TransJ'Avlsse (y si yo fuera más tonto, ó lo que es lo mis- apoyado en la Iglesia y el Ejército; ni puede entremo, más presuntuoso de lo que soy, me daría el ino- verse siquiera el momento histórico en t1ue pudie- vaal; convencidos de que Mr. Chamberlain arrastraba
cente placer de remitir á mis lectores á la primera ran suprimirse ó la Iglesia ó el Ejército. La Iglesia á Ioglaterra indefectiblemente á la guerra, y que toreYlsta en que hace algunos meses hablé del caso da á las multitudes preceptos, esperanzas, terrores, das las meditaciones y consideraciones y silencios no
Dreytos) muestra que, no en el proceso que no fué una explicación de la existencia, y en suma, lo poco eran más que ardides diplomáticos para triplicar los
mu que la causa detern::lnante de la explosión, sino de vida moral que las eleva por encima de la animali- efectivos ingleses en el Cabo, no quiso dejarse degollar
en la terrible disensión oi vil, cq ue es al proceso lo dad. Cierto, añade, creo en la emancipación final de como una oveja y ha saltado como un león al combaque la mar al navío,&gt; hay una lucha que tiene su la razón. ¿Pero cuándo? ¿la fecha? Será por el alio te. Y al cabo de muchas peripecias, , de que no conoftfz en toda la h istoria de Francia, entre dos modos 19,0001 ...... Y el ejército tampoco puede transfor- cemos sino lo que los telégrafos vigilados por las audialmtos de CO'll.Cemrla; entre dos maneras distintas de marse al grado de que deje de serk,; la situación de toridades Inglesas nos quieren dar á conocer, resclta
qu ·• conforme á las máximas de los grandes maestros
eomprender la vida nacional. El eminente profesor la Francia mut,!lada exlje un ejército que lo sea.
Pero no todo debe permanecer así, no puede nin- en el arte de guerrear, que son iguales á las de lus
recuerda la íntima unión, la solidaridad que en el pallado había entre el altar y el trono, y como de estas guna ill3titución substraerse á la ley del perpetuo del arte de pugilar, «quien da primero da dos veces&gt;
lb fnentes provino el espíritu que informaba al ejér- devenir. La Iglesia debe aspirar á ser y lo será, una y que, entrando casi bruscamente en la liza y concito basta los tiempos de las cruzadas. Luego el ejér- gran asociación libre; esto es lo que llamamos la in- centrándose con su rapidez característica en puntos
elto en los tiempos modernos, no era de la nación, de dependencia entre la Iglesia y el Estado ¿será enton- bien estudiadas de antemano, los holandeses han re~ pueblos, de mis pueblos, como decía el monarca que ces más temible? Tal vez, pero que el Estado se de- ducido sus pérdidas y descalabros á accident es y han
fienda. Tiene para eso la Escuela. En cuanto al Ejér- obtenido el resultado total, de localizar, ya. por bds.. Yeia Asus pieii, sino del ~ey.
Las revoluciones disgregaron la trinidad: iglesia, cito su traosformaclón debe ser distinta de la In- tante tiempo, la guerra, fuera de sus territorios y de
ejército y, ~n Francia, acabaron con el rey; mas sensata sofiada por los socialistas; el E~ército debe hacer retroceder el ataque inglés que se dibujaba en
Iglesia Y el eJército, instituciones especiales, de convertirse en una escuela de educación nacional. Newcastle antes del ultimatum, hasta Ladysmith, es
~UCIClón especial, ha&lt;;t,a de traje especial, vi ven ais- Así reforzará su energía moral y se unirá intima y decir, hsta la mitad del camino entre las fronteras
del Transvaal y del Estado libre, y Puerto Natal (Dur08, por decirlo así, de la sociedad, y como viven profundamente á la Nación.
Esta transación no es un suefio; no se hará entre ban) y que este retroceso puede marcarse con una
param,mte de historia, viven en lo pasado, á lo meen la conciencia de sus jefes. Ahora bien, el ejér- el que persiste en ser el gentilhombre m-:&gt;narquistay línea roja; harta sangre lo ha regado.
En diez y seis días se transladó el generalísimo Riorganlzado forzosamente de un modo jerárquico, el socialista revolucionario, sino entre los que jlrigen
como la Iglesia, tiene en la República una causa per- los batallones políticos en que se esconden el monar- vers Buller de Inglaterra al Cabo, y apenas terminade desorientación, si no de descontento: no ve quista y el comunista: entre M. Mellne por un lado ba el lunch con que lo obsequiaba el gobernador y no
punta de la pirámide jerárquica, no ve al jefe. El y M. Bourgeols, por otro, verblgratia. Y yo agrego: cesaban los vítores de los entusiastas aoglocabenseb,
jere,
- _l&amp;f.(m la constitución, es el Presidente de la un principio de transa~ión está simbolizada precisa- cuando los despachos del General White anunciaban
dad. bllca; pero eso es una fórmula, no es una ver- mente en el ministerio en que bajo la dirección del el desastre de Ladysmith. Claro, el General White,
lle I 1no es un hombre. No es un hombre que sepa politico más rminente de la Francia actual, Waldeck- ha obtenido bastante gloria en Egipt~, más no es lo
bl ,ar 108 escuadrones y 0atallones á la guerra: ahora Roussedu, se encuentran reunidos Gallifet y Mille- mismo luchar con los pobres dervlses haciendo fantaen,_Ia guerra es al ejército como la función al ór- rand; es1 e es el primer esbozo serio de reconciliación s-ías con sus espingardas del tiempo de los mamelucos ante los rifles certeros de los tiradores ingleses y
Pno, Bln la función ¿cuál es el porvenir del órgano, nacional.
Lavisse termina su estudio con esta11 palabras elo- egipcios, que con estos burghers diestros en el manequé sirve? Jefes del ejército, como presidentes
-~que no amen la guerra, sino la paz, parecen . cuentes, dictadas por el más acendrado y reflexivo de jo de las armas modernas.
Habrá victorias inglesas, no lo dudamos; habrá
ildades. ntidos al ejército, y son, sin embargo, nece- los patriotismos:
c¡Ob! vosotros todos los que durante este terrible · aglomeraciones formidables de artlllería y de tropas
~ SO.ma, la semejanza de organización, la c-:&gt;mu- afio, sin inrerés egoista, honradamente, habéis sufri- de linea y auxiliares dentro de un mes en Durban; la
do tanto y en vuestras leales conciencias francesas; flemát!ca bravura dE; los soldados de la reina, no se
~ 0 8 recuerdos, la alteza de los ideales, la cirPlra 1 ia de que las instituciones en donde hay vosotros que, en la contraposición que u~a cs,ranta- derretirá ni con el calor del combate ni con el calor del
al OS Individuos peligro de muerte son rellgiosas, ble equivocación habla causado entre la JU!itlc1a y el verano austral que comenzará entonces, pero no habrá
·
IU ~o de que &lt;Si la religión se retl!ase de la tierra, ejército, os habéis afiliado entre los partidarios de Omdurnans como en el Sudán.
Probablemente el General Whlte tendrá que repledado.. mo refugio estaría en almas de marinos y sol- éste ó de aquélla, Igualmente con vencidos de que deyel E~~o ello explica la simpatía entre la Iglesia tendiais á la Patria en peligro: los que habéis segui- garse á Petermaritzburgo y si allí no encuentra re¡ lelltir ;,e to, Y demuestra que no puedfm dejar de do las preferencias de vuestros instintos, ora el pasa- fuerzos, á la costa y los boaros quedarán duefies del
do os encante y os retenga en la provecclón de su Natal, por lo pronto; el dinero que es el nervio de la
1 lino ue supresión de el R ey. No que conspiren, no;
, el~ «floran (Emilio Castelar daba á este provin- 6 ran sombra· ora améis el presente y creáis en el por. guerra reconquistará el terreno perdido. No le hace,
o espano1 el valor mismo del vocablo francés venir dela F;ancia republicana; los que os habéis exal- una reflexión se Impone. ¿Con qué derecho se quiere

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�EL MUNDO.

2i8

imponer la soberanía c1mpleta á un pueblo que
sabe desplegar tama!las energlasl'
¿Con qué derecho, cuando ambas repúblicas
estaba!'.! dispuestas á aceptar y aceptaba.o, y una
más que otra, el Transvaal la tutela de Inglaterra en los asuntos exteriores y el E,;ta.do libre de Orange el protectorado británico, se les
quiere privar de toda libertad?¿ Pues qué '10
110n dignos de ella los héroe!&gt; de Duadee y de
Ulencoe y de Ladysmltb? Laconquh,Upurasólo puede pallarse en nuestros tiempos coa los
inte1eses superiores de la ctvillzacióa, ¿emites
son aquí? No había acaptado el congreso de
Pretoria, las propuestos de arreglo de Mr. A.
Milaer~ No iban á igualarse casi uitlanders y
boer.s en el gobieruu de la casa? ,; Qué más,
pues? Es el secreto de los beñores Cbamberlain
y Rtlodes.
La Gaceta de S James, órgano de los conservadores puros, dice, con énrasis, que, á pesar de
los :evesc:s, uo abriga la. menor inquietu i sobre
el resultado tinal de la guerra. Bien está, pero
cuando no se tiene más razón que la fuerza pura, no va,e la pena de llenarse la boca con el
nombre de nación cristiana y civilizadora, diga
usted, «porque me llamo león&gt; y basta.
¡El resultado tiaall El resultado final será el
triunfo de Inglaterra, se oirán en la~ calles de
Pretoria sonar aguda y melancólicamente las
gaitas de los 1Jipers de tres ó cuatro regimientos escoceses. Bien, ;,y dt&gt;spuési» Hace un p1co
tnás de dosclentvs aíi ,s, Gllillermo d'! Oraoge,
después de la batalla del Boyne, que ganó el
viejo hugonote Schoemberg, vió el resultado
tina) de la guerra de ()ooqu1sta de Irl,rnda¡ y
bace veiotedía~cu indos~ emh-trcab.1.0-Slr Redvers Buller y 8ir Arcbibatd Hunter y un nieto
de la R.iina para el C&lt;ib'l, Irlanda cel,1braba co,
mo una gran tiesta patriót~ca la inauguración
de los trabajos dd monum ~nto que va á eri•
glrse eo DJblin en hooor cte Cuartes P&lt;1.rnell el
organizador de la resisteocla nacional, y el pueblo entero de la capital de la isla, encabezado
por el lo1·d-mayor lar.zaba formidables burrahs
de simpatía. en nonor de sus hermanos del Tra.nsvaal.
Todavía no se ve el resultado final de la batalla de Boyne; el siglo entrante verá el resultado final de la conquista de las repúblicas
bolandesa5 del A frica. Quizá&amp; en ese resultado
no desempeaen papel nioguao las gaitas de los regimi&lt;'ntlls escoceses. El porvenir es &lt;1e Dios, como die~
el Tío Pablo.

_J ~ J ~
iPOR LA HONRA DE MI PADRE ..... MUERTO!
Si las cosas siguen como van, antes de mucho los
maridos de las clase.~ populares y no pocos pertenecien•
tes á las capas lnrerlores de la clase media, acabarán,
como los príncipes orientales, por hacer enterrtr consigo á su ó sus mu1eres, y de descuidar ellos esa precaución, no faltarán hijos que se ofrezcan voluntariamente á hacer respetar la última, si bien tácita,
voluntad de sus amados padres.
En México todo el trabajo es que una mujer pertenezca legítima ó ilegitlmameote á un hombre; llenado este requisito, y aun sin llenarlo, ya esa mujer
no puede pertenecer á nadie, ni á sí misma. En
vano el abandono del marido ó del amante, su ausencia del domicilio conyugal ó amnoial, la falta de
gasto y ainstenciu, su instalación baio otro cielo y otro
dios, devolverán á la esposa, ó á la amante sus derechos de mujer libre; para el ol vldadizo y el fugitivo,
para el vicioso y el desentenaido, los deberes de ella
subsisten intactos ó incólumes cuando ya los de él
yacen olvidados en el fango de todas las abyecciones
ó en el basurero ce todas las igaomiolas y un bello
dia Otello se presenta, pullal ó garrote en mano, en
casa de Desdémona, y ebrio de tlachique y de celos,
traspirando Indignación y aldelda por todos los poros, la reclama, le exige de nuevo la vida común y la
común miseria, en caso de negativa arremete contra
la intiel y la desleal y la hiere y la mat~ con el mayor desparpajo en nombre de la dignidad ultrajada,
del honor mancillado, del derecho bollado y de los
solemnes juramentos cambiados al pie del altar ó al
borne del mostrador de,la taberna.
Que los maridos propiamente tales crean conservar sus derechos á pesar de baber maltratado, desatendido, robado y abandonado á sus legítimas, nada tiene de escandaloso en el orden jurídico si bien
subleva en el orden moral. Mientras la justicia no
pronuncia un fallo de divorcio, la espo~a sigue siendo esposa y el marido no deja de serlo por más que
haya dado ocasión y justificación á todos los extravíos de la mujer.
Pero la cosa comienza á hacerse intolerable cuando él y ella no son marido y mujer, cuando su unión
es ilegal y mera.mente ocasional, cuando, en tal virtud, ni él tiene derechos, ni ella deberes, cuando en

SR.

DR. DON

RAFAEL ZALDIVAR,

Minlslr.:i Plenipotenciario de la Repll'&gt;llca del Salvadcr en México.

suma vi ven y se unen bajo las solas leyes de la más
baja animalidad. En este caso tan iibre es el uuo
como libre la otra de romper un lazo que la volun.,ad
ató y que la voluntad puede desatar y si él clama y
ejerce venganza, lo mismo que si ella la ejerce y la
clama, el uno y el otro son criminales vulgares, no
merecedores de esa compasión sentimental que tan
fácilmente se les otorga..
Cuando el hombre compra y p1ga una mujer como
en Oriente, tiene derecho á encostala.ria y arrojarla
al Bósforo. Cuando ante la ley la toma por esposa
t iene definidos sus derecbob y puede rec1a.marlos y
ejercerlo~ con Ja amplitud y en lo~ términos previstos por la ley; pero cuando la posee tan sólo por la
voluntad de ella, todo derecho cesa donde se extingue esa voluntad y es ésta tan res¡.&gt;eta.ble, en la especie, cuando da como cuando quita.
La mujer no es cosa, es persona; su voluntad es
respetable y sagrada cuando no la ligan y encadenan la ley aceptada ó el contra.to jurídico y legítimo;
abolida la servidumbre y la esclavitud humana, los
actos de la mujer siguen cayendo bajo la jurisdicción
de la ley moral que los ensalza y vitupera, que los fulmina ó los exalta; pero ya no deriva de la jurisdicción despótica del hombre, ni de sus capricho,; ni de
sus extravagancias.
La mujer d:!be ser, en la unión libre, anatematizada por el moralista, severamente juzgada por el pensador, repudiada por la sociedad; s610 el cómplice de
su delito no tiene sobre ella derechos, ni ella para.con
él deberes.
De ahí la superloridai y santidad del matrimonio,
que impone deberes recíprocos, derechos venerables
y que da los medios de hacerlos acatar y cumplir.
El tirabuzón que sirve de criterio á uuestrai;: masas.
pasionales é Incultas y orientales de media sangre,
marca otro norte y traza otro itinerario y la prensa
diaria consigna sin cesar becbos dramáticos que sublevan y repugnan. Ya es un marido que se finge
muerto para poner á prueba la fidelidad de su mujer
y que se hace matar por el amante por venir en són
de guerra á reclamará su viuda¡ ya es un amasio que
abandona durante años enteros á su querida para vivir con otra mujer y que tiene la veleidad de exigir
á, aquélla de nuevo la vida común; la querida resiste
y él la mata¡ ya es un ex-novio -hl)1Tesco referdnSque rapta, C'lmo dicen los reporters, á su ex- novia el
día de su boda y la hiere y maltrata en ejercicio de
sus ya extinguidos derechos.
Estos colmos son 0otldianos y escandalo~os, y sin
embargo bay todavía un reciente colmo de esoj colmos
y que la prensa ha narrado y comentado.
Trátase de una viuda; éi&gt;ta tiene un bljo casado
que vive con su esposa. La viuda tiene un desliz y le
nace un niño. El hijo casado se present,a en la casa
de la madre, que aun no entra en convalecencia y

Domingo 5 de Noviembre de 1899

Domingo 5 de Noviembre de 1899,

guarda cama ; desnuda un par de monst ruOlla
tijeras y cae á pullalarta limpia sobre su propia
madre y sobre el recién nacido, gritando: cHe
de vengar la honra de mi padre muerto.&gt;
Et.te hecho Inaudito es una encrucijada en
la que se dan cita todos los horrores y todos loa
disparates.
Este bijo desnat,uralizado no ha leído Hain.
let. Ilubiera abí visto á un bijo lncrPpando A
su madre por el delito de haberse casado con el
ase~ino de su marido, colmándola de soeces in.
juri:is, agobiándola bajo tremendas recriminaclones y echando mano á la espada para vengar
la honra y el asesinato de su pad re, y hubiera
vist&lt;• cómo el padre ofendido y asesinado 11&amp;le
de su tumha, cómo su noble y veneradasoml&gt;ra
se interpone entre la madre criminal y el bljo
vengador y desarma su brazo y lo hace ~er de
hinojos antt- ella.
Si no ba leido Hamlet, habrá leído al me.
nos los «Veinte a!los después.:a Abi el llljo de
una mujer perversa y criminal tiene una esce.
na terrible con los asesinos de su madre, sobre
quienes quiere ejercer justa venganza¡ ellos ae
defienden narrándole los lncon1,ables crímenes
de Milady, y á cada uno de los cargos el bljo
no da más contestación ni disculpa que es1e gri.
to del alma: ¡Era mi madre!
Así deben ser los hijos: para ellos la madre
no es nunca criminal, ni viciosa, ni abyt&gt;cta;
para ellos debe aparecer slemprecomo uoasan.
ta. Que la sociedad segregue, que la ley castt.
gue á las madres viciosas ó criminales; el hijo
sólo debe amarlas, bendec'.rlas, ampararlas,
protegerlas.
El bljo no debe ser jamás el vengador del
padre contra la madre; el pad re se levantaría
de su tumba piira maldecirlo; ni hay deshonra
del padre muerto por el extravío de la viuda;
la honra del marido queda incólume, aun cuar,.
do su viuda llegue á encenegarse en la más ab.
yecta prostitución.
A lo~ hijos cuyas madres son viciosas ó crl.
minales presentamos este noble ejemplo: Uoa
señora de buena familia se entregó desenfrena.
damente á la embriaguez. Un día al llegar su
hijr, se encontró á la madre abogada, semidea.
nuda y tendida en la banqueta á cien pllllOI
de la puerta de su casa. Los vecinos, amigos y
conocidos de la familia, instigados por malsana •
curiosidad, presenciaban el hecho desde sus balcones
y ventanas.
Llega el hijo, reconoce á su madre ebria¡ vuelve la
vista azorada á todas partes y sólo ve cabezas curiosas y gestos de burla ó repugnancia; sin vacilar se in.
clina, toma en brazos á la madre y cubriéndola de
besos y de lágrimas la lleva á su casa y recorre aquel
camino del Cal vario entre las lágrimas de las muje•
res conmovidas y el aplauso de las madres entu11laa.
madas.
Quisiera grabar en letras indelebles el nombre de
ese bijo subtlme. No lo puedo; honrar al b lju dando
11u nombre sería dE&gt;nimclar y deshonrará la madre.
E-1e gran corazón dejó á poco de latir¡ el hijo 11ubllme
murió ya y tal me parece qne si lo nombrara su s.im•
bra, como la del padre de Hamlet, dejarla el sepulcro y vendría á pedirme estrecha cuenta de la bonr,
de su madre.
E,;a nobleza y ese h~roismo pl\sarán inadvertidos;
pero acaso ese ejemplo sea benético á los hijos desnaturalizados.
DR. MANUEL FLORElil.

EL MUNDO

2iV

EL DESCARRILAMIENTO DEL FERROCARRIL DEL VALLE.

LA NOTA DEL DIA.
El domrngo 2!l de OctubrE', á las 3. 30 de la tarde,
el tren del Ferrocarril del Valle que salió de la Estación de la Ciudadela para Tizapán á las 3.15 descarriló en terrenos de la Colonia Hidalgo. Se volcaron tres carro~, uno de los ~uales quedó pulverizado,
y de los trescientos pasajeros más de treinta y ocbo
fueren heridos y murieron en el acto ó ban muerto
posteriormeute tres.
El becho ha causado honda sensación en el público
por tratarse de una líae'I. suburbana en las que la seguridad debe ser y es de hecho en el mundo entero,
mayor, mucho mayor, Infinitamente mayor que eu
las g randes líneas que cruzan cañadas, salvan abismos, siguen lQ margen deleznable de grandes cauces
torrenciales y se aventuran á través de ríos candalosos; mas no sólo por e&amp;to se indigna la sociedad, siuo
porque la incuria de la empresa. l:lba ya tan escáadalosa, las pésimas condiciones del material amenazaban las vidas Je los pasajeros en términos que la catástrore estaba prevista, anunciada casi por EL IMPARCIAL, periódico que ese mismo dh, pocas horas
antes del descarrilamiento, ad\'irtió á la sociedad del
peligro inminente en que estaban los que I or la linea
del Valle se aventurasen.
La naturaleza. de los descuidos en que ha incurrido
la empreha ,no le permitió repllr•r eu un día. las md-

Los coches volcados vistos por delante.
las condiciones del tráfico, pues no siendo las causas
del desast re Imputables sélo á ineptitud de los empleados sino al deterioro del material rodante, el peligro quedaba en pie y bubo de suspenderse el movimiento de la línea por el gobierno.
Este precedente garantiza para el ¡:,orvenlr en todo
el país una notable mejora en el servicio de las líneas
ferrocarrileras, pues la energía con que en el caso se
ha procedido servirá 1e útil advertencia á las demás
empresas que no pueden contar con la complacencia
del poder público para disimular SLS desmanes. CJ
No todos los mates son males en lo absoluto, á veces traen a parejadas,ciertas ventajas delas que se aprovecha la sociedad, y en este caso, la prensa respetable ha conseguido que penetre en la conciencia popular, la noción del valor de la vida humana. Todas las
víctimas y los herederos de los que han fallecido,
se preparan á exi¡zir respoasabtlidadts, rosa qt:e hasta ayer nadie bacía ea casos tales por uni,ignorancia
que los periódicos han lograoo ilustrar y por un abandon o que va cambiándose en actitud enérgica.
Las f1,tografía.~ que figuran en esta plana dicen más
que todos los artículos de información porque dan un
te:;timoaio irrefutable del hecho, toda vez que la fotografía nada inventa ni exa1era la realiaad.

EL MINISTRO IJEL SALVADOR.
El Sr. Dr. D. Rafael Za.ldívar, Ministro PlenlPo•
teuclario del Sal ndor, na.ció en el pueblo de San
Alejo departamento de San Miguel el allo de 183-l.
Comenzó su~ estudios en San Salvador y los contlou.S
luego en Guatemala, recibiendo el 1,ítulo de Doctor
en Medicina el año de 1860.
En Guatemala desempeñó puec:;tos importantes 1
bonorfficos.
En 1865 regresó á su patria y allí sigui 1 distln•
guiéndose en Ja vida pública como protesor y como
Presidente del Congreso. Pasó luego á Alemania como Ministro Plenipotenciario, y en 1870 volvió al
Salvador para ocupar el puesto de Secretarlo del Despacho en los ramos de Guerra y Ibcieada. DJ•
rrocado el gobierno, se refugió el !:ir. Zaldívar en
Costa Rica, y en ese paf., como en todas partes desempe!ló cargos importantes.
Ocupaba el puesto de Ministro P lenipoteoclarlo
de Costa Rica en Guatemala, cuando estalló la ,i:ue••
rra entre esta República y el Salvador. El Sr. Zaldf•
var intervino como mediador, y á él se debió el arre•
glo de las dificultades y la conclusión de la gue:i,
por lo que se le nombró Presidente interi no del
•
vador, y al hacerse las elecciones, Presidente Collltltuclonal, siecdo reelegido por dos períodos.
En 1885 salió del país y se dirigió á Europa e0
donde permaneció hasta hace poco que fué llamad0
para encargarlo de la repL'e~ent1ción que boy tleDI
en México.

1

l

El tren desca1·1·ilado visto po1· la parte posterior

�7

1

¡

I •

jlLRED

~

Carn del Sr. Arámbu1·0.

-

Iglesia de la Conr,epción.

-----:--~ ~ - 7

Casa del Sr. Bcnuquets.

Quinta de
Casa dd Sr. D. de Ohapeaurouye.

«La,

Torre, &gt;

La Expobi ción de Ganadería.

�J)OJlltDgO

282

EL MUNDO.

5 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO.

283

Domingo 5 de Noviembre de 1899.

EL TR!HSVAAL EN LA EXPOSICfON DEPARIS
En la parte izquierda de los jardines del Trocadero como se ya al ()ampo de Marte, hay un edificio
el~nte cuya ~lancura se destaca sobre un fondo
sombrío de follaJes.
En la cúspide de la torrecilla flota una larga oriflama cuyos co10res t raen á la memoria los del pabellón
holandés.
Ese palacete es el del Transvaal, nación que entre
todas las que tendrán representación en el gran certlimen de 1900, se distingue por la exactitud con que
acudtó al llamamiento de Francia.
El avance dP. los t rabajos de su sección bastaría por
si sólo para que el Transvaal llamase la atención cie
lU!I curiosos que visitan el Trocadero; pero el interés
bUbe de punto por tratarse de un pueblo que es actuilmente objeto de las simpatías y de la admil ación
del mundo entero, pues aun en Inglaterra no faltan
personas caract erizadas que por amor á la justicia
tributan á los bravos pastores de Sud-Atrica sinceros homenajes de redpeto.
ü Los franceses quieren ver en la cooperación de los
traosvaleses á la gran feria, un signo del excelente
espíritu que anima al gobierno del tío Pablo para con
la nación francesa. Además del pabellón principal
que reproducimos en esta página, y en el que seráu
-expuestos los documentos
oticiales relativos al ~obierno, á los servicios públicos
y á la población del T ransvaal, hay un grupo de edi·
ficios anexos que
/
tormarán una run.:hería en ese rin- /
-concilio encanta-

\

/

real inglesa y que son de la misma sangre de Guillermo de Orange cuyo nombre, adoptado oficialmente porla República vecina del Transvaal, debía iser
un escudo para la libre existenJia de los holandeses
de Africa.

EL F AVORITO.

LA BOHEMIA DE LEONCAVALLO.

LA. GUERRA DE SUD-AFRIC.A

Exploradores boeros.

Familias inglesas que emigran del Transvaal.

'1lor del Trocadero, donde corren los arroyuelos que
alimentan el aquarium diri&lt;Yldo por M. Touseet de Be•
lleyme.
º
Los edl_ficlos anexos á que nos referimos formarán
una gran¡a boera, con pab~llones en los que se explicará de un modo atrae ti vo y práctico todo lo relativo
á la lcdustria aurífeia del sur africano. Puede afirmarse que allí quedará reasumida la historia política
Y económica del Transvaal.
La granja, con su interior rústico y sus dependene1as pobladas de animales domésticos, nos contará la
vida pastoral de los conciudadanos del viejo Krüger.
Evocará las costumbres bíblicas de ese pueblo migratorio que con sus largas columnas de carros y de bueye¡¡ huye del Cabo y de la dominación inglesa, hasta
que provocado en sus quietas 1;oledades por el codicioso britano, apresta el ágil potro, el certero fusil
las frugales provisiones, y se lanza á una guerra en
a que el fuerte sutre los primeros reveses.
Los dos pabellones en que se exhibirá todo lo rela-

¡

tlvo á la industria aurífera, nos presentan otro aspecto del T rausvaal. Sin el descubricnianto de las
minas de oro, los bóe•os de Krüger serían un pueblo
de pastores y nadie les disputarla el país que bci.bitan
y que conquistaron contra los ne~ros ?e C:afrerfa;
pero los yacimientos auríferos atra¡eroP mm1grantes
del mundo entero, capitales que se valúan encentenares de millones y determinaron ua cambio profundo en las condiciones de la vida social, económica y
política de los primeros ocupantes.
Los intereses comprometidos en aquella región del
continente africano son tan cuanti0sos y de tal modo se relacionan con los del mundo civilizado, que no
bay potencia indiferente al término final de los acontecimientos.
Ojalá que en 1900 la curiosidad de los concurrt-ntes á la Exposición no sea solicitada por el Transvaal en razón de sus luchas con Inglaterra, y ojalá
que ésta, ya que lo olvidó, rec~erde pronto que los
bóeros son holandeses, compatriotas de una dinastía

Los franceses no les perdonan á los italianos que
sean ellos y no algún cooopatriota quien baya llevado á la escena lírica los personajes y los episodio~ del
libro de Mürger. He aquí lo que dice una revtst~ de
París acerca de las sendas creaciones de Puccini y
Leoneavallo:
¡,No os parece que ya estamos hasta la coronilla de
Bohemia? Después de la de Puccini e!! la Opera Cómica, la de Leoncavallo en el Teatro del Rtnacimiento; las dos con sus cualidades respectivas (y respetables) nos dejan la pena de que esta obra francesa, casi esencialmente parisiense, no haya sido puesta en
música por un compositor francés, pues sólo un francés podría apreciar la delicadeza, el ingenio y sobre
todo la sentimentalidad á flor de piel que exigían las
situaciones ingenuas ó tiernas del libro de Mürger.
El público parisiense festejó la obra de Puccini y
acaba de acoger triunfalmente esta segunda edición,
revisada y aumentada considerablemente por Leoncavallo.
Algunos prefieren la partitura de Pucclni, de esencia musical más delicada, tal vez de sentimiento melódico más patético, aunque en 00asiones lacrimosa,
y de estilo castigado, menos libre; nosotr1)s por nuestra parte le damos la preferencia á la de Leoncavallo; hay en ella más movimiento teatral, más variedad escénica y cualidades melódicas excepcionales
(aunque no siempre originales); la orquestación, si
bien algo brutal, es más sólida.
La pieza de Leoncavallo está manejada con mi\yor
habilidad, sobre todo, en los episodios cómicos. El segundo acto, es de uo efecto irresistible de alegría co,
muniLativa.

�Dcmlngo 5 de Noviembre de 1899

rior estaba sembrada de plantas de sombra, de rada está allí inmóvil, lívido el semblante! Y sfn
obscuro y húmedo follaje.
embargo, Villadiego no se había equivocado: un
Allí depositaron el cadáver, encendieron en tor- suspiro prolongado ha partido de aquel sitio: nin•
no de él multitud de braserillos con incienso, y gún ser viviente se descubre en el antro.
colocando á un lado búcaros llenos de agua
Se acerca al cadáver cubierto de frescas flocestos con variados alimentos, la que fué en vida res renovadas no ha muchas horas. Los ojos de
joven hermosa de expresivo semblante, inanima- la doncella están ligeramente entreabiertos: su
da y lívida se quedó sola en el fondo de la yá- cuerpo no está rígido. Le toma una mano y va á
llevarla á sus labios p .ra imprimir un beso ....
Cllta.
Pas11ron dos días: la noche había caído pesada ¡aquella mano oprime la suya]
y obscura: los ruidos fueron extinguiéndose, la
Villadiego quiere huir, pero el contacto se hace
población entera estaba sumergida en profundo más pronunciado, como si la doncella le suplica,ueft.o. Villadiego comprendía lo delicado de su se que no la dejara sola.
situación; era seg-uro que al llegar A Tzintzúntzan
Villadiego vacila entre el temor y la esperanza.
seria sacrificado: había notado el odio con que Mira el rostro de lll joven. Son tan correctas sus
Jos tarascos trataban á los mexicanos, y ningún facciones, tan suave su tez aterciopelada, que el
motivo tenía para creer que los espailoles no fue- · guerrero no puede contenerse y estampa un beso
ar&lt;iiente, prolongado y opresor en
aquellos labios de dulce morbidez!
Atzimba abre los ojos, contempla estática la faz del guerrero, exhala un nuevo suspiro, y, respirando awor, devuelve con usura aquel
sonoro beso. que le infundió el calor
de la vida.
Iba A amanecer: Atzimba, emplean•
do elidiomanahuatl que había aprendido en su infancia, dijo A Villadie•
go, seflalándole la yá1.1ata:
-Hasta la noche, amor mío. Aquí
te esperará tu Atzimta.

ATZIMBA(l)
Tenía Tzimtzicha una hermana menor llamada
Atzimba, joven de veinte aiios y de hermosura singular. Ultima hija de Siguangua, había
sid&lt;' el encanto y las delicias del anciano: los nobles la amaban por su belleza, las mujeres la distinguían por la modestia y dulzurl\ de su carácter, El mismo Tzimtzicha, egoísta é indolente,
babia concentrado en ella el único afecto tierno,
puro y sincero de su pecho.
Impresionable como toda mujer del:cada, 101
acontecimientos de la conquista la afectaban pro·
fundamente, sin darse cuenta del origen~de aquella impresión. ¿Era el amor de la patria, amor inconsciente y vago, que despertaba en su alma?
¿Era el temor á Jo desconocido?
Fuese cualquiera la causa del extraiio malestar, Atzimba cayó en una prcfunda melancolía y
sus deudos llegaron á temer por su vida.
Tzimtzicha convocó á los más hábiles xhuríquiecha del reino, y au opinión unánime fué que
la joven estaba enhechizada y que sería conveniente enviarla á las fuentes termales de Zinápecuaro, consagradas á la diosa Cuerápperi, para
limpiar su cuerpo de la tristeza; y para purificar
su alma, la doncella debía ser consagrada al culto, como la esposa inmaterial del sol.
El consejo fué aceptado, Atzimba, con una bri1lante comitiva, se 'dirigió á los floridos campos
de Queréndaro, y luego A las pintorescas campilias de Vo~ámeo y de Táimeo.
«Junto á este pueblo hay unas pefias, las que
tienen dos bocas, y de ellas salen dos brazos de
agua, el uno muy cálido y el otro frigidísimo, pero uniéndose los dos á corta distancia, la frialdad
del uno templa lo ardiente del otro, y entonces
aprovechan á la salud sus baflos.»
En estas deliciosas termas que en a:,uellos
tiempos estaban rodeadas de jardines y de bosques de flores aromáticas, la princesa permaneció algunos días. Después fué conducida á Zinápecuaro, y en medio de faustosas ceremonias, to·
mó el velo de la Hucháar-Nande, la jefe ó cabeza principal de las guanánchecha.
En aquel triste y solitario albergue iba A consumir Atzimba los afios de su vida.
Allí se la veía recorrer los verdes bosquecillos
que existían entre la casa de las vírgenes del sol
y el palacio, entonces desierto, de los reyes de
Michoac~n. Ignorante de lo que pasaba fuera de
aquel sagrado recinto, pero llena de curiosidad
por saberlo, cada día más bailaba su semblante
el tinte pálido de una letal melancolía. A veces
caía en un profundo abatimiento, á veces experimentaba contracciones musculares ó falta de sensibilidad. Los síntomas de una enfermedad desconocida traían cada día más alarmados á cuantos la rodeaban.

EL MUNDO.

Domingo 5 de Noviembre de 1899.

EL MUNDO.

284

y

y eran de tanto aprecio en el país, como presen- cerrarlos en el palacio real en esta última poblates ó como rescates de oro; pero Villadiego par- ción, y dar parte de su prisión á Tzimtzicha par&amp;
tió y no volvió nunca á saberse de él ni de los que ordenase lo que le pareciera.
que lo acompaflaban,&gt;
*
Todos los historiadores de la conquistR nos di* *
cen lo mismo que acabamos de copiar. Extrafl.o
La mafl.ana estaba fría; el sol comenzaba á doen gra~ manera es, que jamá3 se haya tenido noticia alguna de Villadirgo ni de los naturales de rar la cima de los montes. Atzimba recorría porMéxico que lo acomp fl.aron en su expedición; milésima vez loe bosquecillos del palacio, cuando.
pero nosotros, refiriéndonos á una vaga tradi- repentinamente vió penetrar en el recinto á un.
ción, vamos á procurar saber el paradero de aquel gallardo mancebo ginete en un caballo blanco, y
soldado. Antes diremos que la Relación que nos -llevando en Ja mano la brill1mte espada toledana~
0

1

*
**

'

¿Qué pasa en el palacio? ¿Por
qué corre la gente en todas direcciones? ¿Eor qué se agitan espantados los sacerdotes del templo?
~
Las guanánchecha entonan cantos
de alegría y conducen en sus hombros, en andas cubiertas de flores, á la hermosaAtzimba que respira salud y felicidad.
Los habitantes se refieren unos á otros el prodigio de la resurrección de la princesa. El cacique del pueblo nombra mensajeros que vayan á.
Tzintzúntzan á contar al rey aquel sorprendente
milag.o, y en el momento de partir, Atzimba los
llama á su presencia y les ordena que de su par•
te digan á Tzimtzicha que venga á TzinApecuaro, porque tiene que hacerle importantes revelaciones que le interesan personalmente, lo mismo
que á su pueblo.
Cuatro días tarda el rey en venir. Cuatro noches de amores y deleites tejen la dulce pero frAgil tela de la felicidad de los amantes. Al fulgor
de la luna se les ve cruzar los bosquecillos im•
pr~gnados de aromas, perderse en lo más obscuro
de las sombras y reaparecer cuando el alba sonríe esperando la salida del sol.
¡Qué fugitivas pasan las horas de amor y de
delicias! Si se pudiese detener al tiempo! . . . .. .
!

__,;...

~•

Rodeábanle multitud!
de guerreros con los
arcos preparados.
Atzimba quedó inontemplando la aparición, Villadiego á su vez fijó sus ojos en los de la
princesa, y la mirada larga y ardiente de
aquellos dos seres, fué un manantial de
fuego para sus corazones. ·
Los soldados se apresuraron á introducir al espa:fl.ol al patio del palacio, y lo,
ha servido de guía en gran parte de este relato, encerraron en un calabozo.
menciona á uu espaflol que llegó á Taximaloyan
La princesa, de pie y extendido el brazo hael día 23 de Febrero (suponemos que de 1522), cia el Oriente, en cuya dirección estaba la pueren la fiesta de Purecoragua. Venía en un caballo ta del alcázar, quedó herida de una inmovilidad
blanco, estuvo dos días en aquella población y completa, como petrificada y conservando la actornóse á México.
titud que tenía al desaparecer el mancebo.
N adíe más que Villadiego puede haber si&lt;lo ese
Las guanánchecha que la servían no se atreespailol del caballo blanco; pero mientras que el vieron á interrumpir el éxtasis de Atzimba, la
cronista tarasco nos' dice que aquél tornó á Mé- contemplaron largo rato, mas al fin cayó en tiexico, los historiadores de Cortés afirman que no rra la joven, y una de aquéllas, llena de terror-,
exclamó:
volvió á tenerse noticia de su paradero. (2)
En efecto, Villadiego y su comitiva de nobles
-¡Nuestra madre está muerta!
***
mexicanos llegaron á T11ximaloyan durante las
Aquel grito fué oído en el palacio de las vírgeMientras que la princesa era víctima de tan ex- animadas fiestas en que los tarascos renovaban nes del sol, y pocos momentos después las gua tra:fl.a y peligrosa aituación, ¿qué pasaba en el anualmente los utensilios de su cocina, estrenan- nánchecha y los sacerdotes rodeaban el cadáver
teatro de la vida pública? ¿Los espafloles se ha• do molcajetes, metates y demás objetos.
de Atz"imoa.
bfan contentado con su conquista de México y liEl espaflol se dijo enviado de U erná n Cortés.
Los criados salieron en todas direcciones á dar
mitaban ya el furor de sus armas? Si así no era, El cacique del pueblo vaciló dos días, meditando la fatal D:oticia, y los nobles y gran parte del pue•
¿qué pensaba Tzimtzicha, el indolente, el sibari- si dejaría ó no pasará los mensajeros. Recientes blo acudieron á prestar sus auxilios.
ta rey de los tarascos? Los guerreros purépecha, estaban los acontecimientos de Tenochtitlán y
El cadáver fué conducido al gran salón en el
vagaban tristes y avergonzados por los campos aunque Tzimtzicha no se preocupaba de Ja su~r- palacio de las vírgenes del sol. Lo lavaron con
de la patria, sin arco y sin carcax.
te del imperio que le estaba encomendado, los agua impregnada de plantas aromáticas le pusieHernán Cortés, en su palacio de Coyohuacán, generales de su ejército ardían en deseos de me- ron ricas vestiduras, y colocá.ndolo en' finísima
se consagraba á la reedificación de México, á la dir sus armas con las de los espafl.oles. Por fin
estera, lo rodearon y lo cubrieron de rosas. Y
reorganización del gobierno y al _cuidado y fo- el seflor de la frontera michoacana tomó la reso:
¡cosa extraila! aquel cuerpo conservaba las pos~
mento de las arcas reales, sin dejar por eso de lución de aprehender en la noche á los extrar:jeturas que las gnaná.nchecha le imprimían para las,
tomar informes de los reinos lejanos, de la ri- ros y enviarlos secretamente á su rey. Si éste los operaciones indicadas. Por fin Atzimba quedó,
queza de sus tierras y de sus elementos de po- recibía como embajadores, se habría cumplido el
.
suavemente recl ma
en su lecho ' de flores, cruza•
blación.
objeto de la embajada; pero si el rey quería sa- dos los brazos y los ojos medio cerrados.
«Comenzaban á ser ya en estos días más preci- crificarlos, iban ya prisioneros, conducidos con
El sol hundía su frente en el Ocaso en esa hosas y halagüeflas las noticias sobre el gran reino toda reserva, A fin de que, juzgándolos extraviara de indecible misterio que los tar¡scos llaman
de Michoacán. Cortés, tenienno conocimiento de dos en los caminos, el general espa:fl.ol no tuviera
incháti?-o, cuando las vírgenes del sol condujeron.
ese reino por las conversaciones de los mexica- pretexto para intentar nada contra MichoacAn.
en hombroJ el cadáver de aquella que llamaban.
nos, envió,á un soldado ~~ellidado Villadiego, Al pueblo se le hizo entender que los mensajeros su madre.
que conoc1a y hablaba el 1d1oma de Jo,. mexica- habían regresado á México.
Tristísimos eran los cantares fúnebres que ennos, con objeto de que fuese á explorar las tieLos presos caminaron de noche; eran vigilados tonaban las doncellas. La concurrencia prorrum•
rras de Michoacán, dándole por compailía algu- eon mucho cuidado y llegaron á Zinápecnaro al
no11 naturale~ amigos y proveyéndole de objetos smanecer. Sus guardianes tenían la orden de en- pía en tiernos sollozos y en el templo taliían los.
sordvs caracoles.
de los que acostumbraban regalar los espailoles,
Había entre los floridos setos del parque red
una yácata nueva, cubierta en la parte exterior[lJ Oel libro Mlcboacán. Paisajes, tradiciones y leyendas del Lic
[2) De aqul trae origen el refrán de " Tomó las de Villadiego," apll•
~uardo Ruiz, publlca·10 en 1891.
·
caclo ti alguna perbona que desaparece siu razón ni motivo alguqo.
de verde césped y de flores, y la· gruta de, inte--.'"'"""--'..~

'
1

aen igualmente aborrecidos. Dos días había estado meditando el medio de evadirse y de regresar
A México. No podía comprar á sus guardianes,
porque en Taximaloyan lo habían despojAdo de
todos los cascabeles y espejos que traía para proporcionarse recursos. Podla romper la estacada
que amurallaba el recinto y huir en su caballo,
pero ¿A dónde? Ignoraba el camino, puesto que
lo había recorrido de noche, y además, le parecía
larga la distancia que lo separaba de México. Hu•
biera deseado consultar con los nobles mexicanos
que lo acompatiaban; pero todos estaban incomunicados y no sabía el lugar en que se hallaban.
Había otro inconveniente insuperable, el idioma
tarasco le era del todo desconocido y no podía
entenderse con nadie.
El valor de Villadiego no desmayó sin embargo. No podía fraguar ningún plan, pero ¿no pudiera presentárselo la casualidad? Así es que juzgó conveniente salir á todo trance de la prisión
A inspeccionar el terreno.
Por otra parte, no había separado de su memoria un sólo instante á la hermosa joven que había visto al entrar al palacio. ¡Si púdiera en~ontrarlal ¡Si ella correspondiese á. su amor! ¿Qué
le importaban entonces el martirio y la muerte?
Lejos de la patria, ausente de la mujer que le
había dado al ser, habría quien derramase una
lágrima al verlo morir, quien recogiese su cadá·
ver y le diese sepultura.
Apartando de su alma estos pensamientos, trató sólo de buscar una salida. En las puertas de la
prisión había centinelas, pero observó con alegría que en uno de los extremos del aposento se
abrían anchas cuarteaduras en la paretl, tal vez
A consecuencia de los últimos terremotos. Pudo
fAeilmente introducir la mano por una de ellas,
desprendió ain hcer ruido una piedra grande y
le fné fácil pasar por la abertura.
Una vez en el bosque, su primer pensamiento
fué, no buscar una salida, sino dirigirse al alto
edificio que veía enfrente. Se imaginaba que dentro de él estaría la joven de triste mirada y flexible talle que embargaba su corazón. Se acercó á
las paredes, halló una puerta y penetró por ella.
¡Reinaba un profundo silencio en los corredores
desiertos! Perdida esta esperanza, volvió á salir
al campo y se dirigió resueltamemte á la muralla.
Al pasar por la yá.cata: que él creyó una peque:fl.a
~olina, sus oídos escucharon un débil gemido, sa•
hendo del fondo del montículo. Dió vuelta al rededor, descubrió la entrada de la gruta y penetró en ella.
¡Qué ven sus ojos! La joven de la dulce mi-

'

::Jl#~.:'.,

*

* sacerdote de CueTzimtzicha llega. El *gran
rápperi ha ido á encontrarlo en el camino y le ha
hablado en secreto.

285
¡Qué adusto está el semblante del rey! Cuando
Atzimba se presenta á saludarlo, los ojos de
Tzimtzicha despiden rr.yos de cólera. Se domina
sin embargo, y á la vista de la numerosa ·cúncurrencia, sonríe á su hermana y oye atento de sus
labios las siguientes palabras:
-«Mi rey y seflor: Cuando después de muerta
era transportada á los cielos, una voz desconocida de un ser invisible me ordenó que regresase
á la tierra para exhortarte á que no hagas oposición á los hombres blancos que vienen á conquistar estos reinos. Su ley es la verdadera y la que
habrá de prevalecer: que en prueba de ello un
mancebo hermoso, con una luz en la mano, ha
venido por la parte del Oriente, llegando á estas
regiones á la hora de ]a salida del sol. Escúchalo, porque es el mer 1:1ajdro de la nueva ley »
Atzimba no era una mujer cínica que guisiera
sorprender al rey y cubrir su falta con un rasgo
de audacia. Creía, como todos, haber estado
muerta, y que por obra deun milagro había vuelto á la vida. El encuentro con Villadiego en la
gruta, durante el período cataléptico que había
suspendido su vitalidad. la hizo creer en el prodigio. Su muerte la había desligado de sus juramentos como esposa del sol. Una nueva vida, una
nueva religión la hacían libre y podía entregar
su pecho al hombre á quien amaba. Esto le h'lbía dicho la misma voz misteriosa que le había
ordenado hablar con el rey.
Tales fueron, en efecto, las palabras de Villadiego, cuando penetró á la gruta, en momentus
en que la princesa, antes de abrir los ojos, comenzaba A dar se:fl.ales de vida, ofuscado aún su
entendimiento. ¿Qué extrafl.o es que aquella voz
le hubiera parecido la de un numen celestial?
Y cuandv despué&amp; del prolongado beso recobró
su entendimiento, ningún obstáculo puso á dejarse bautizar con el agua que V1lládiego tomó de
un búcaro de plata. Atzimba creyó que esta era
la ceremonia nupcial entre los cristianos, y desde
aquel momento se tuvo por esposa del hermoso
mancebo.
Tzimtzicha oyó la relación de su hermana. Era
víctima de emociones que no podía ocultar, y mAs
de una lAgrima de rabia brotó de sus pupilas. El
pueblo pensó que su rey lloraba la pérdida de su
imperio y que palidP.cía _d e miedo.
Concluida la audiencia, el rey entró en Consejo con sus ministros, que eran entonces su hermano Tz·intzuni, conocido por los mexicanos con
el n_ombre de Huitzitzilj el príncipe Ecuángari,
capitán general de los ejércitos; el anciano Huémaxh, gran sacerdote de Tzintzúntzan, y el prín•
cipe Cuininángm·i, sobrino y secretario íntimo
del rey.
Puso éste en conocimiento de los consejeros
que el gran sacerdote de Tzinápecuaro había Qorprendido á Atzimba faltando á sus votos religiosos y que su cómplice era el extranjero que se
hallaba en prisión; el mismo sacerdote agregaba
que la princesa había muerto realmente y que el
extranjero la habla hecho resucitar, valido de
conj.iros hechos á su Dios.
Tzimtzicha, fanático y supersticioso, vacilaba
en el castigo que había de imponerse á la princesa. Sacrílega y perjura, debía ser enterrada
viva; mas su resurrección, obra de un patente
milagro, la ponía faera del alcance de la justicia
humana. Sobre este punto debía rolar la discusión. En cuanto á Villadiego y á los nobles mexicanos que lo acompailaban, debían ser sacrificados en el templo de la diosa Xharatanga.
Largo rato duró deliberando el Consejo. ¿Cuál
fué la resolución que acordó?

�Domingo 5 de Noviembre de 1899.

.mL MUNDO.

286

***
En la tarde de ese día emprendió el rey su regreso á Tzintzú tzan. La princesa Atzimba marchaba entre los viajeros. L'ls lágrimas surcaban
sus mPjillas y una intensa palidez velaba su semblante. Al mirarla el pueblo, creía que lloraba
por el cielo que había perdido, y que anhelaba
. franquear de nuevo la sagrad-\ puerta de las cuatro estrellas.
A los trds dfas de estos sucesos, los habital'tes
de T úntzúntzac se agrupaban en llls calles á ver
pasar unos embajadores que se decía habían venido ele México. De repente circuló la noticia de
que aquellos eran falsos mensajeros, pues que se
su¡)onían enviados del rey de México, cuando
eríl notorio que é;te había cesado de reinar.
Villadiego no marchaba entre la comitiv,i El
rev habfa dado orden de que no faese introduci•
do·, sino á las altas hora'! de la noche.
Se e ía en el templo el r-&gt;nco eón de l 1s caracoles congregando al pueblo, y sin embugo, no era
la época de ninguna fiesta, ni la hora acostumbrada de las oraciones.
La multitud ocupó el espacioso atrio que rodell ba al templo.
U nos sacerdotes conducen diez pri~ioneros,
suben las gradas del santuario, y, pocos momentos después, los corazones humeantes de !os compafieros de VilladiPgo son ofrecidos A la terrible
diosa, cuya efigie representa al astro apacible de
11.\ noche.

***
Cuatro horas hacía que e! sol había desaparecido en el horízonte. U na canoa tripulada por
diez rdmeros se desliza sobre la onda quieta de
la laguna. Los remeros son grandes personajes
de Tzintzúntzan que conducen á. Atzimba y á
Villadiego. I.os jóvenes se entregan á los transportes de la felicidad.
Desembarcaron los viajeros en un puerto escondido de las floridas playas de Carichero, sitio
veraniego de los reyes, por aquel entonces desierto y solitario.
Allí se pasa el día: los amantes ocuparon la
más lujosa cámara del palacio, desde cuyas ventanas contemplaban el lago, las piraguas que surc·1ban la superficie líquida, las aves que nadaban
ó se dejaban llevar por las delgadas olas, y aquel
cielo Bzul, tan limpio y tan sereno. Los guerreros vigilaban el recinto para que no hubiese
ojos indiscretos q ne revelaran el secreto ....
Llega la tarde y la comitiva continúa el camino. Los d.os jóvenes ocupan un cómodo y elegante palanquín.
Atzimba está. impaciente por llegar á los fértiles campos de Curíncuaro. en donde la brisa tibia y embalsamada de la Tierra Caliente será el
aire que respire su pecho. Allí los manantiales
&lt;!e cristalinas aguas murmuran dulcemente y
convidan con su frescura á tomar los deliciosos
bafios; allí cintilan vivamente las estrellas en la
prdundl.\ bóveda de la noche: los dulces cantare~, las horas de amor interminables, los rumores
dd bosque, la ansiada soledad ..... .
Los amantes creen que el cor11zón del rey se
ha enternecido. limitando su castigo á un destierro delicioso. Villadiego piensa ademas que se
le guarda como un rehén precioso, colmánaolo
de dicha y de riquezas.
La comitiva llega Bl amanecer á un alcAzar
arruinado en' los alrededores de Surúmucapio.
La nueva jornada de la noche va á terminar
en las escondidas sementeras de Píndero. Allí
los árboles de la tierra fría y los de 1 a Tierra
C11liente enlazan sus ramas. Los amantes pasan
el día á la sombra de un bosque impenetraole,
escuchando de tiempo en tiempo el rumor majes•
tuoso de la vecina catarata.
Los nobles de la escolta aument, n su vigilan•
cia para que ningún caminante extraviado pueda
burlar el secreto de la expedición.
A la caída de la tarde, Atzimba, nerviosa y
exigente, insta á los conductores A cootinuar el
viaje. Villadiego experimenta un vago temor y
no participa del entusiasmo de su amada. ¿Es
que ya se desvanece en su corazón la. ilusión satisfecha y no tiene para él e::cantos una vida de
amor en bosques solitarios, en vergeles floridos
y perfumados, pero siempre desiertos?
La comitiva emprende esa noche su viaje, m!s
temprano que de ordinario.
Ya entrada la noche, llega A la orilla de la ba-

rranca de Curíncuaro,
cuya sima se pierde
en espantosa profundidad. Las paredes están
aca11tilad11s. Ea el hon•
do lecho se oye el rumor confuso y vBgo de
un arroyuelo cuya corriente va chocando
en las pellas.
At:¿imbl\, aterrori •
zada, vuelve sus ojos
hacia los conductores,
La luna, que en esos
momentos asoma por
un claro de las espe•
sas nubes que cubren
el cielo, ilumina la faz
rle aquellos hombres,
f.iz pAlida,·hosca y te•
rrible que hitce estremecer á la princesa.
De repente los guerreros se dividen en
dos grupos. Uno de
elloR se apodera de Atzimba y el otro de Villadiego. Sin darles
tiempo de oronunciar
una palal;&gt;ra, atan á los
do'l amantes, los descuelgan con larguí~imos cables, y cuando
calculan que han lle•
gado á la mitad de la
altura de la barranca,
el jefe de los conductores esfuerzll su voz
y lee grita para ad ver•
tirles que existe allí
una gruta y les ordena
que penetre:i en ella.
.
Los amantes obedecen, y los conductores recogen los cables. Después bajan provisiones Je boca y d.os grandes tinajas lh,nas de agna.
Luego, todo queda en silencio. Apenas se oye
en el fondo de la barranca el vago rumor de las
aguas que ·chocan en las pellas.

Menos aún se explicaría ese viajero la existencia de dos esqueletos humanos en el fondo inaccesible del antro.
E::&gt;UARDO Rmz.

*

**

Han pasado mAs de tres siglos: el viajero que
atraviesa la barranca de Jicalan Viejo ve con admiración las tinajas que estAn en la entrada de
una grma, A la mitad de las paredes acantiladas
de aquella profunda sima, y no puede explicarse
cómo pudieron ser allí colocadas.

TRES SONETOS.
A.i'ío VI-Tomo II
Faro de los abismos, alba pura
De un saoto amanecer, que en alto brillas,
Luz de las almas buenas y sencillas
A quienes sed de inmensidad apura;
Por tí, en el seno de la noche obscura,
Triunfos canto, y espero de rodillas
La explosión de sonadas maravillas
En los hondos arcanos de la altura.
MI fuerza es el amor, afán sagrado,
Mis alas son las ansias del deseo
Y mi suspiro un himno á lo lgnoradú;
Y en pos de un sol que siento, aunque no veo,
Ante el Misterio angm,to prosternado,
Beso el humilde suelo, adoro y creo.

Guadalajara.

*

Casta paloma: ¿á dónde has Ido
El ala nívea á desplegar? . ...
¡Cuánto tu ausencia hemos sentido!
¡Cuán solo y triste quedó el nido,
El pobre nido del hogart

,...,

',

JOSE LOPEZ PCR'IILLO Y ROJA~.

Has emi~rado á otras reglones,
Tendiste el vuelo á otro verjel
Donde florecen ilusiones
-Urnas dt! aromas y de miel.-

*

de Noviembre de 1899.

&lt;JA.RIDA.D.
De mi vida, Seflor, turba el encanto
Del mendigo la trágica agonfa,
Y del sollozo amargo la elegía
En mis pálidos labios mata el canto.
De todos los que sufren, el quebranto
Es la sombra que nubla mi alegrfa;
¡En el fondo de amor del alma mía
Infinita piedad Lay para el llanto!
Señor, concede somtlra al peregrino,
Amparo al niño sin hogar ni madre
Y paz á todo aquel que sufre angustia;
¡Más si llorar es su fatal destino,
Cuando retornen á tu seno, oh Padre,
Corona de astros su cabeza mustia!

¡Un premat.uro triste invierno
Con soplo helado te arrancó
Del tembloroso tallo tierno,
Y desde entonces un eternn
Dolor inmenso mP. embargó!

En él todo habla con tristeza:
La fuente, el pájaro y la flor ....
A veces ¡ayl Naturaleza
Nos acompaña en el dolor!

12

ESPERANZA.
No hubo desdicha ni pasión bastarda
Que no me hlliesen con su dardo impfo:
Desengal1o, dolor, d.:sdén y hastío
La fo:ra abrieron que mis sueiios guarda.
La paz que tanto en sonrelrme tarda,
Es el laurel que fatigado am,fo,
Como la tierra que abrasó el estío
Frescor de lluvia con afán aguarda.
¡Perecer es triunfar! La tumba es puerta
Al infinito y á la luz abierta
En este mundo de baldón y escoria.
:Venid, penas y abrojos de la vida,
De pie os ag1·ardo con la frente erguida,
Porque el dolor es padre de la gloria!

¡Oh encantadora peqnemta,
Gardenia pálida en botón,
Desde que ví tu faz marchita
Qué hondo solloza el corazón!

1

México, Domingo

FE.

Su clara luz t rocóse en sombra,
Su estancia en urna sepulcral;
Si en su rectrito algu!en t,e nombra,
Cobarde espántasP. y aeombra
Oyendo el eco funenl.

*
Y 1cómo crece mi martirio
Y hace extinguir mi juventud,
Ver en la mPsa el blanco cirio
Que ardiera junto al ataudl

¡

1

Mirar las ro11as todavía
Y aliá, en la alcoba obscura y fi fa,
La blanda cuna ya vacía
Abandonada en un r 1ncón.

*
¡Gol ;,e cruel! ¿ Por qué, Dios mí 1,
Tu mano así nos castigó?
,¡Qué prematuro invierno frío
~el verde tallo la arrancó?
¡Oh pequeñita, alzaste el vuelo!
¡Cuánto be sufrido y sufrlrts!
Y pues feliz subiste al cielo,
En mi profundo desconsuelo
Pronto quizá te seguiré ....
JUAN B. DELGA.DO,

UN BUEN FUMADOR.
Cuadro de A. Schoeder,

Número

.20

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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EL MUNDO.

Domingo 22 de Octubre de l~AII.

Año VI-Tomo 11

México, Domingo 29 de Octubre de x899.

BELLAl!i ARTES.

PRIMEROS RAYOS DE SOL.

Cuadro de Juan Sala.

CURIOSIDAD.
L . Passini.

Número 18

�Domingo 29 de Octubre de 1899.
EL MONDO.

264

EL MUNDO.

Domingo 29 de Octubr e de 181h,.

te? La solución no puede ser general

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.
--····················································· ··················•·······················•··•··•·······

Florilegio de José J1.1,n11 '.J\.il,l((da. -E~te libro que acabo de desflora1 tiene para mi un méntosupremo: encierra una alma. Es difícil ballar en la moderoa poei-ía americana, hecba por lo común de mar11;inal_es y
pastiches, esa misteriosa huella de _la personal_1dart
ue, al través de la retórica y de la runa, nos obl!ga á
4
11t•clr lo que el viajero que ve el molde de un pie en
la floja arena del camino: por aq~í pasó un _hombr~.
l &gt;e algún tiempo acá noto en los Jóvenes recién vem1Jos al arte, la falta absoluta de impresiones directas
y propias, y el afán de oc1·ltar la miseria psicolog~a con
¡!árrulos ,rebuscamientos y vocablos raros y bnllan.
1 es. Son las estrofas de estos flamantes rimadores á
manera de frágiles vasos fabricados con limo tan delt&gt;znable que un soplo basta para desba: atarlos.
El Florilegio de José Juan Tablada no es una urna
,·a ·fa, y aunque se ve que el artífice, al labrarla y
pulirla tuvo delante célebre¡, moiP-los, no por eso co1,,,í co~ el servilismo de un impotente; ~ntes bien,
1,ajo la presión de su mano experta se abneron flores
nuevas, enarcáronse pétalos exóticos y una palpita•
ción de vida recorrió los platerescos oroatoi;. No son
flores artificiales lae de este jardín exquisito; son extrallas á tal punto, que algunas veces semejan extravagantes fantasías. Pero, óyeme bien, curioso em morado de la belleza, si te acercas á esos cálices caprichosos, no encor. trará~, como creías, pétalos · de
alambre y bojas de terciopelo, sino qu~ te ª?!Dirarás
viendo cómo está animada, esa flora rnclas1ficada y
casi sobrenatural, de savia ardiente y !ecu!:!da.

7

/

!

Lo que en Tablada parece artificial no es otra cosa
que el hallazgo de alguna forma que la mult'tud no
trasegó y que el artista aprovechó con la intuición
maravillosa de su t emperamento.
En efecto; no hay exquisiteces más francas, más PS•
pontáneas ni más hondamente sentidas, que las que
caracterizan el Flm·il•;gio, cuyas páginas, nuelen, i;uu
una aristocrática vaguedad, á arrozales del Japón, á
bi"OS de Smirna, á incienso, y á no sé qué i,uave fraga~cla de /¡ibelot t.cado por manos de mujeres herro'&gt;sas.
Mas dentro del verso amplio, sonoro, transparente,
como en el rondo d e una copa de abierta. coroh de
cristal, burbuj(,a y bulle la sangre como un_vino generoso. La poesía de Tc1.blada, llena de primores, de
finuras, de filigranas, obra de un aurlfa.brista deliclo,
so es un modelo de belleza. Y no sólo por su dicclóa
p~ra y clara y por sus felices combinaciones rítmicas,
seduce esta poesía nueva, sino, por que, á la vez tiene un eco lejano, pero constante, de gritos doloroso&lt;:.
E.1. ]as com posici )'lCS batdelalr!a1as se acentúa m&amp;s

el amargo rei.abto de sufrimiento descreído Y ~artlrlzado que el poeta dejo esca.par por entre las Junturas dela rima.
Tablada es ante todo un apasionado; más bic.n, un
pasional. De su pensamiento hiperertesiado por 111.rgos ensueííos y rie su corazóu rebosante de ternuras,
na salido esa dulce y musical elocuencia con que nos
transmite sus raras Pmociones basta t~anspo1 tarnos,
por el poder de una divina taumaturgia, á sus extraflos y luminosos paraísos.
Porque el pueta. del Florilegio es un visionario refinado que por odio al vul"O, ama esos erotismos místices, ~s~s perversiones tra°madas de sensualidad Y de
retigión, en ]as que el deseo oficia como ~n sace~dote,
en misteriosos y satánicos ritos. Tabladarntrodu¡o en•
tre nosotros, el 11uevo estremecimiento de .Baudelalre; Y
de sus vlajfS al alma enferma y hosca de Huysman
trajo el recuerdo de esas infernales y negras ceremonias. Cuando nos da á. CJtnulgar sus lwstias negt~, experiment?.mos una sensación de malestar co~pl1cada
de voluptosidad y de regocijo: en .la obscuridad ~el
templo enlutado, la tantación roza nuestros lab10s
con sus alas velmda~.
El poeta nos contagia con sus suellos d~ opio, y al
rumor metálico de las estrofai:, y á la luz 10t~rmite11te de los tropos, sentimos que
·
El coraz,ín desangra herido
Por e! cilicio de las penas
Y corre el plomo derretido
De la. neuro~is en las vem•s.
Ah! con cuánto phc1 ~ llegamo, al fin.l del 1:bropara
murmurar como á la salida. de un culto;prob1bido, el
Lo.us Deo, con que mansa y serenamente se despide el
poeta de nosot,ros, convencido ya de que el goce satánico no da la. feltcidad y si el hastío,

lentas, las magníficas; nos entusiasman, nos arreba
tan, nos sacuden; pero no bien desaparecen, cua•
ya preguntamos:- r. En dónde está Ml mí?
A hora acabamos de llorar con ella; volvió como
de costumbre, muy tieroa, muy linda, muy dulce,
mny sumisa.
La fresca y deliciosa música de Puccini fué Interpreta.da de una manera excelente por el maestro Bovi. Se conoce que el maestro está como nosotros· en,.
carillado con Mimf.
'
Y, dime, muchacha de los ojos risueños ¿no ener-.
dad :i_ue tiene razón?

***
Confieso que esa parte del libro es la más seductora
para mí, po·rque á través de ella, como á tra\·és de un
símbc,lo artístico, entreveo el espíritu de Tablada,
triste, adolorido, inquieto, nostálf!iCo de ideal y enfermo de escepticismo y dese1&lt;peranz.a.
El Onix-una admira.ble página moderna -es un
profundo sollozo de la tristeza humana, un suspiro
del dolor eterno, un g1 ito de la infinita angustia de
vivir.
Bien hizo en anunciarnos el poeta desde la portada
que su libro era una jaula, una lápida y una lámpara;
jaula de !&gt;US sueños, lápida del RP.pulcro de su fe, lámpara de su amor; su vida, en fin, el resumen de su
vida int,ranquila que promete terminar en la beatífica tranquilidad de un arrepentido y de un resignado.

***
El Florilegio es un libro encantador como obra de
arte; señala un rumbo; fija una época; marca una
ernluclón.
Después de Rubén D u ío y de Manuel GuLiérrez
Nájera, ha sido Jobé Juan '.rabiada. el propag-tndista
más avanzarlo de la actual estética francesa. Este Ji.
terato es japonófilo por inclinación: se sintió desde el
principio de su carrera hermano menor de los Goncourt; y ellos lo llenaron de amor por los crisantemos
y de veneración por las flores de lis.
¡Oh, excelsos admiradores del Japón y del siglo
die-i y ocho!
De sus autores favoritos, de sus e'-tudios y de sus
lecturas, !:O ha tomado sino aquello quf\ con venía á
su temperamento y á la segura formación rie su personalidad. Claro es que en la poesía de Tablada se
siente la caricia de Baudelaire; se oye h voz unciosa
de Verlaine, se ven pasar rápidamente las sombras
de los poetas malditos; pero el cantor del Flo1·ilegio
hace creaciones de sus reminiscencias, y en todas
partes halla su sinceridad y su estilo.
Tablada es un espléndido colorista, y a,í en sus
miniaturas como en sus lienzos decorativos tiene to•
q ues de luz y matices de un vigor extraordinari, 1. Los
poemas exóticos son verdaderas joyas en PSte sentido.
La .Atlántida, el Canto de los gemas, los FUÁ!gos artijlciale.~. son un derroche de pollcromias admirables.
Y cierro el Florilegio pensando en que he admirarlo la labor de un ar!iista y oído la. confidencia. de
un hombre.
¡On, cu::ia rara en estos t!er;µpos de las rimas efímeras y de las estrofas frágiles y vanas!

** *
... . Y no podría contarte más: son muy escasos
los bUCe::ios de la semana.. Cun vén conmigo, muchacha de Jus ojos risu~ñus, que eu México la aparición
de un Ji oro bello es un sui;e~o. Por eso te entretuve
h abl,indute del Florilegio. ~o te eut'ades. Pase mos á
otra cosa. ¿!fas ido á la óperai'
Nos visitó Mimi. .IJ:s imposible ol vidarla. ni d ejarla
de ver por mucbo tiempo. Nada. hay tan tierno ni
tan conmovedor para nosotro'l que verla del brazo de
Rodolfo, mientras cae la nieve en la mallan Ita gris y
triste en que prometen deja rile los dos bohemios cuando vuelva la tiena á cubrirse de flores.
Del idilio callejero nos queda siempre una memoria dulce. Van y vi.:nen las grandes óperas, las opu-

LA FE Y LA FELICIDAD.
Lo, creyentes dicen: &lt;El escéptico es un egolata;
duda. de todo para eximirse del cumplimiento deau
más altos deberes; nie~a el más c1.llá para evitarse la
angustia y el tormento de creer en el eterno caat,lgo,
duda de Dios ó lo niega para no tener,que temerlo ni
que respetarlo; niega el alma para tributar homeuje á la materia y crearse el derecbo á todos los go.
ces. En el fondo de cada escéptico hay un sibarita,
c1eer es maniatarse, aherrojarse, ponerse cadenaa al
pie y esposas en las manos; la creencia es Itinerario
que encarrila y obliga á seguir una senda determinada; dudar ó negar equivale á jlanear, á echar por el
atajo, á proclamar la libertad desenfrenada de la &amp;e•
ción.
&lt;El escéptico es un sediento de goces que rompe todas las trabas y desa'.:a t odas las ligaduras; qulerego•
zar de todo y derriba al rededor de sí los muros que
lo aprisionan y los valladares que lo contienen; tira el
fardo para ali gerar el paso, no tolera presiones ni tell·
sionPs; quiere, como la mariposa, volar de flor en flor
y se aligera de escrúpulos, de reticencias, de susceptl•
bllidades y de preocupaciones para volar más 6gllf
libar mejor miel, en más perfumados cálices!
cEn el fóndo, d escéptico es un sediento de placer y de felicidad que pisotea tradiciones, estruja 1
desgarra respetables textos, vuelve la espalda al ~
sado para mejor vivir de presente y da de barato el
maña.na para disfrutar más completamente de la di·
cha actual.&gt;
Losescépticoscicen: &lt;Felices los que creen! no puede darse mayor dicba que la de esperar y confiar! Saber que tras de esta vida hay otra y eterna vida; que
todo dolor tiene como recompensa un goce lnetablt
é inextinguible; estar cierto de que t ras de cada _.
cuan za hay un amparo; tras de cada desengallo uncOD•
suelo, tras de cada lágrima una sonrisa; sentir al l&amp;do de sí y sobre sí una protección perm ..nente, un•
cudo que cubre contra la saeta, un casc,o que deflendec,mtra la maza, una cota que embota el pulla!, 1JIII.
mano que aparta de Jo;; labios el cáliz amarg'!!,,!.
ciego y contar con un guía; ser ignorante Y ~
un Mentor, caminar extraviado y encontrar una~
jula, na.da puede haber 01 más dulce ni más CO
dor.&gt;
, JII;
eV ivir sin creencias es vivir solo, atenido
•
propias fuerza~; es tripular una barca abandon~
mar proceloso, lanzarse á un c1.rrecif_e sin_ faro,}o8o~
la selva sin una tea. No es la fé qmen t iene
vendados; la duda es la ciega. :Quien c!e~:
palpa; quien duda, tantea, tropieza, nc1la, apaPJaluz quien abandona la fé y está condenado,
medio Errante, á marchar sin objeto, á ~aminar ansa .S.
ta, á sufrir sin consuelo, á luchar sm esper
triunfo.&gt;
r,á ¡ radlf.
En cuál de estos encontrados alegatos~ ~ J~
te
y á quién de esto;; dos contendientes asiS
al'-'"
cía? Es el creyente quien debe men:°sprec1~
céptlco ó el escéptico quien debe envidiar al

ve,º':

nu:

ni absolut1.; hay escépticos y escépticos como hay creyentes y creyentes.
Creer á la usanza musulmana en un
más allá de goces infinitos, tangibles y
materiale~, en bosques frondosJs y lag os tranquilos, en palacios suntuosos,
en h uríes semi di vi nas, en perfumes
embriagadores, en la eternidad del placer y la eteroldad de la dicba, debe ser
una felicidad. Comprar con abluciones
y cort1s plegarlas un paraíso inefable
y cterr.o, nada puede haber mejor. Pero creer, á la usanza india, en di vinidades monstruosas y desmesuradas,
r.rueles como tigres, implacables como
Gorgonas, asoladoras como huracanes
deb? ser el más cruel de ,os torm entos: la mitología escandinava no puede crear ilusiones, ni esperanzas, ni hacer surgir consuelos. El puritano inglés, sombrío, acosado de terrores 11:lÍS·
t1cos, amagado de tremendas asechan ,zas, tiene por patrimonio el dolor y no
la fel icidad.
Creer, no es ser feliz, sino con la cond ición de que la creencia esté i m prego ada de esperanzas y embebida de
i luslóo. Con un paraíso griego, con
d ioses de ópera bufa, se puede á la vez
-creer y gozar; si la fe reviste las sombrías formas puritanas, indias ó escan-dioa vas, t iene más cuenta dudar ó ne-

I

¡

.gar.
La folicidad del creyente está basada, pues, en la naturaleza de su creen-cia, en las promesas que formula, en
las esperanzas que alienta, en las ilu,siones á que da pábulo, f'D las aspira-clones á que promete satisfacción.
-Cuando la creencia que se adopta, con•
-suela á la vez que amenaza, estimula
-á la vez que amedrenta, empuja á la
vez que retiene, el creyente no deja jamás de hacer pie en el lado dulce, con-solador y tierno de su fe, y punto omi•
so ó poco menos en su lado amenazador. Se cree más fácilmente en la mi:sericordia que en la justicia, en el perdón que en el castigo, más se espera
~l cielo que se teme el infierno, y la
t e es sin disputa, en estas circunstancias, un element o de consuelo y de bienestar.
El escéptico no es tampor.o, ni tan sibarita ni tan
-desgraciado como se le pudiera suponer; todo depende de la naturaleza y alcance de su escepticismo. Uu-dar de todo ó negarlo todo, es de todo punto imposible; el filósofo que dijo «dudo de que dudo .... &gt; lo
hacia por jugar del vocablo. En el fondo de todo es-céptico bay un creyente; quien niega lo sobrenatural
-ó duda de ello, cree-en lo natural, y quieu no acepta
~¡ más allá apechuga por lo menos con el más acá. La
duda absoluta, general, universal, no existe; cuando
más, se presenta como un caso patológlco, como una
~nfer medad del e~píritu cuyo tipo inmortal es Hamlet, y B a.mlet creía en muchas cosas, entre otras en
.la Rombra de i,u padre y en su venganza.
P,ua. el esc~ptico hay también un balan;ie que pu;i-de serle favorable ó desfavorable, según la nat,Urale'.f.a y t rascendencia de lo que acepta y de lo que niega
-ó le Inspira duda.
E l escéptico que negara el infierno y aceptara el
J&gt;a1aíso, no podría menos de ser feliz. No dPja. de serlo ta mpoco, puede al menos serlo plenamente, el que,
-como es lo general, niega lo sobrenatural y acepta lo
natural. Negar lo sobrenatural, ya lo hemos dicbo,
~s prescindir de goces, pero también prescindir de
-dolores; es vedarse esperanzas y matar ilusiones; pero
1.'.S también suprimir te~rores é inquietudes. Abora
bien, es indudable que con esa supresión pierden los
:sedientos de place:·es, los insaciables de goce¡,; pero
es Indiscutible que ganan mucho los tímidos, los In-quietos, los que prelieren sacrificar el placer con tal
d e no exponerse al dolor y esta clase de seres son leg ión. En nuestra raza, especialmente, abundan quienes prelieren no gozar con tal de no exponerse á sufrir, y quienes sacrifican gustosos sus goces con tal
de no experimentar contratiempos. Contentars.i con
poco, ren unciar al poder, á la gloria, á la riqueza, con
tal de ev it.arse enojos y desagrados, de trabajar poco,
d e no prescindir de la ,;iesta, d el paseo, de la guitarra, es la regla y no la excepción entre nosotros.
Nuestras clases medias podr!an ser escépticas sin lle•
gar á ser desgraciadas y nuestros indígenas ,o son de
hecho si n ser por eso más infelices.
L o quP.bay en el fondo de esta timdebatidacuestión,
es que la relicidad no es cuestión de fe sino de temperamento y de carácter. Todo sistema de creencias
t iene su lado alhagador como su rincón sombrío; to•
dos encierran esperanzas y temores, ilusiones y desencantos; t•&gt;do~ pro.neten placeres y penaij, todos seducen y todos aterran. Del carácter del creyente depende apoyar de un l&amp;.do ó del otro; sentarse del lado
dp la luz ó del la.do de la sombra; dar mayor importancia al elemento goce ó al elemento dolor, al aspee-

SR. GENERAL BERNARDO REYES,
Gob~rnador del Estado de Nuevo León.

t-0 esperanza ó al aspecto desengaño. Musulmán,
boud ista, católico, Demócrito hubiera.siempre reído;
Heráclito hubiera siempre llorado; Voltaire, católico
no h·Jbiera sido menos feliz y Lamartine, protestante
ó judío no hubiera sido menos gemebundo.
Y es que la felicidad no está ruera sino dentro, y
no radica. ni vincula en el saber, ni en la fe, ni en la
ciencia que se estudia, ni en la filoi\ofía que se profe•
sa sino en el carácter del hombre, en el juego de sus
sentimientos y pasiones, en la forma impetuosa, ex •
ploslva ó serena y perseverante Je la voluntad. Se
puede ser feliz sin fe y sin ciencia y desgraciado sin
ella y al contrario. La ciencia y la fe no hacen por
sí mismas felices á los hombres; pero , pueden hacerlos fuertes: la ciencia siempre, la fe, segúu sea ella. No
hay más que una clase de escépticos desgraciados
necesaria aunque temporalmente: los queban creído;
pero es defecto é inconveniente que, como el de la
juventud, se cura con el tiempo.

HISTORIA DEL EJERCITO.
En una obra que con el título de «México y su evolución social&gt; publicará espléndidamente ilustrada la
casa Ba.llescá y Cía., la parte relativa al ejército ba
sldc. confiada al Sr. General D. Bernardo Reves. Engalanamos nuestras columnas con la últi ·oa página
del estudio del Sr. Reyes, que rc1rnme, en rasgos magistrales, la acción de este magno organ ismo y su
transformación laboriosa y sangrienta de clase pri v1le"lada en instit ución nacional. El ilustrado autor
h ; escl'ito con amore su trabajo, y nuestros lectores
juzgarán con qué 11.rte espontánP.o sabe comunicar la
seria y viril emoción que Jo domina al sintetizar la
obra de sus mayores y sus iguales al través de nuestra dramática bii,toria.

** *
Hemos pasado por las amargas pruebas que nos impuso la ley ineludible de nuestros antecedentes histó-

365
rico,, de los atavismos de las razas de
que somos la resultante, de la ebullición de sangres enemigas, que se mezclaron con sus odios y sus energías contrarias; y al fin, depurados por el fuego de todos los tormentos, acr!solados,
después de sufrir el martirio de tre•
mendas luchas, nos podemos presentar
ante el mundo, con un ejército que ha
sabido, sacrificándose, formándose entre la matanza, salvar la independencia y la libertad de la patria, formidablemente amenazadas en el luctuoso
periodo de sesenta aíl.os de constantes
guerras.
Aquí está, pues. este Ejército 11Iexicano, con sus 26,000 soldados en la
paz, cun sus 160,000 soldados en la
guerra, teniendo por h1storia la que
hemús trazado, por norma el deber, y
por religión el honor.
Para saber cómo este Ejército ha venido á formarse, hemos asistido á la
gran epopeya de la República, y bemús
v isto á sus héroPs luchar, remontánélose gloriosos á la luminosa región de
los inmo:tales.
¡Qué cuadro el que hemos present,adol Se emboza el campo c11n su maleza bravía, su arbolt&gt;da. sombrosa, sus
montañas y s~,s torrentes salvajes; el
flechero cazador de al;í, es el guerrero
que disputa la presa ensangreutada, y
alza el chuzo con nervioso empuje, y
lo hunde en el pecho del contrario.
Aparece la tribu armada de lanza y
arco, que defiende un campo en que
bizo brotar la planta noble, que brinda el alimento tan buscado. Se advierte la ciudad embrionaria, que se apresta á la luchii por su sosiego, en quP, anhelante trabaja po:- su bien, y que
turba la atrevida hueste ávida de botín. Se mi;a la Nación, la raza que
reune sus contingentes y que forma.
las falanges guerreras, que defienden
la tierra en que se extiende y se sustenta, la tierra en que su vida se desarrolla, ó que se lam.an á dar más amplitud á las fronteras, á buscar para
su acción nuevos países.
E~ la raza azteca esa raza, y se la ve asentarse en
el A.nánuac, sobre un valle cubierto de lagos y arboledas; se la ve combatiendo con los vecinos, y organizando un ejército asombroso; pero hombres extraordinarios, cubiertos de hierro, invulnerable á las armas de los aborígene1,, y que disponen del fuego y
del rayo [ el arcabuz y el cañón J, aparecen por el
Oriente, aliados con sus innúmeros y antes vencidos
enemigos, y abogan á sus 11;uerreros en su sangre, y
sujetan al pueblo subyugado, á largo cautiverio.
De la mezcla de cautivado res y cautivos, nace una
nueva y ardorosa gente, que arroj'i al fin á los advenedizos, que siempre engreídos, conservar quisieron
el dominio, cansándolos, venciéndolos en cruenta y
prolongada guerra; y entonces se forma una naciona
lidad beterógenea, la nacionalidad mexicana, de distintos orígenes y aspiuciones, de ilustración di versa; y luego esa Nación escampo deanarquía: conmueven por sesenta allos su tierra, la pelea y ,la lucha, contra propios y ext,raños. ¡Cuánta sangre y qué
vitalidad para soportar las terrible y constantes hecatombes!
¡Qué época la de nuestras guerras! L&lt;lS batallones
que combaten, y SUi restos ensangrP.ntados que son
vencidos ó que triunfan ; los escuadrones arrebatados
por el vértigo de la carga, que caen destrozados; los
cañones que truenan é ilucninan siniestramente; los
estandartes flotando, corriendo con llamas encendedoras, en lo:, amigos y enemigos campos; tropas cho
rreando sang re, q ue se miran entre el fuego y el bu
mo; brille, de armas, fragor de bronces, toques de
cornetas y t ambores, flamear de banderas vencedoras ó vencidas. Tal fué el cuadro apocalíptico de nuestras luchas intestinasl-Y así, despedazados por ellas,
nos agobia la in vasión anglo-sajona, y lu~go, más tarde, viene el galo á nuestro festín sangrien':,o; pero
nada se agota: ruedan instituciones envejecidas. ruerlan cabezas con coronas, y al fin, t,rai; tanto padecer,
tras brega tanta, se alza nuei,tra R~pública glorio~a,
se yergue al cielo, por nuestro ejércit o so,tenida, la
nacional bandera mexicana.
Al reflejarnos la historia en su gigante espejo fiel,
la perspectiva de los t iempos tudos, el vértigo de lo
infinito nos invade, se siente el dest&gt;o de acciones
grandes, y la emoción, electrizando nuestros nervios,
nubla la vista y aprieta el corazóu.
GRAL. BERNARDO REYES.

�Dom1n~ 29 de Octubre de 1!199

EL MUNDO.

266

UN PINTOR DE MUJERES.
HE:LLEU y

LAS

mti·!r:~

***
· ·
¡ ·
J
l lápiz con el mismo buril sobre el coNadle como él ha sabido escnbir co~ ed P;~c:~~~~a~nadie' como él ha aabido pener,rarse de
breó
el yacer~
esta encanto
supremacor
motnogra
ese
raro
delicado
esano dae 1:s muJ·eres d; Watteau, su maestro lejano, su eterno

a imiradol
.
1 t lle ó 4 tan decidido y bello culto por la muCómo, por qué camino, e~e e;Xdl~ls1¡º1~in~:ae vo!ación · era el llamado, era el elegido; era el
ier? Por vocaci_ón, por una eci á
al perflles sus mis altas y serenas concepciones.
único, Y la muJer le debe sus ~ .., 1 e :s ras del siglo X VIII t an amadas por los Goncourt;
El ha resucitado todas esas iv nas gu
m ~lidecida de un ramo de flores próceél ha sabido fijar los viejos encanto:: de unau:ri: e~ ~n parque' abandonado de Versalles por
res en un vaso de Se~res; ~e una t~s a~ua ji:1a1 que ríe ante la majestad triste del sol ponlenlas gulas Y las parásitas; e udn rmrnoecodo umbroso· de una cabecit 11. risueña 11ue se inclite de un pensador q11e se pler e en u~ r la mar en de'un riachuelo, asf á la sombra de un árna hacia un es;,anque pl:cido. d.. y
tta un :red lo así en el bote ligero que boga sobre el
bol, así tras
ver e ql~e
m·er, enigmáti~a, elegante, soñadora ... ... hermosa,
e,tanque
....laempal_iza
la muJer, a.f.iempre
a muJ
infinitamente hermosa!

ªN•

EL MUNDO.

267

LA FRINOBSA DE, LOS GANSOS.

f&gt;ARISJE:NSliS.

Hay músicos feministas, esta ~s la palaura,
en cuyas melodfas, en
cuyas lnstruruentaclunes, en cuyüs mismos
trozos descri ptl, os, palpita el eterno femenino, como siluetas armónicas de hembras tristes ó alegres, en que la.
hembra alta ó baja, plebeya ó hid"lga, rfc, llora, canta, gime; que han
sorprendido y aprisionado en el pentagrama, la
armonía de la mujer.
Hay poetas feministas, que consagran á la.
mujer un platónico culto de ebtrofas, que la
hacen destilar pür sus
versos con ideales fisonomias, que impregnan
de vaguedad melancólica, ó de su embeleso penetrante todo lo que escriben; poetas de alma
llena de su delirante
platonismo para la gracia. femenil que pasa. Y
son muchos estos poetas'.
.
·a to de la hembra en sus pac;teles, en sus
Ha.y por último pintores hechos para fiJar e1 ene ~g ias fuertes· artistas de elección, dlviacuarelas, en sus carbones, en sus cradyotns, dene::sgraci~ eternamP.~te dominadora. en el munnizadores del encanto femenino, sacer o es e
, .
do . ..... Helleu es uno de _ellos; es acaso/o~ por ~~Yc~/!1ti~ntusiasmo, con más delicadeza
como élde ha
po~t1ficado_
con flmores,
s sm
nlflas, estos son los modelos de Helleu,
enNadie
esa capillita
la muJer.
MuJeres
raro maestro de las elegancias, cuyas ob1as están llenas de ensneño.
.

fa

Domingo 29 d_e Octubre de la-99

r&gt;-UI~
···············•1111111~
!i1J~11111111111............
A media noche vaga !a bella Tifa!na
Bal!ada por la luna., al borde del pantano,
y de 1118 rosas frescas la tropa. purpurl na.

antcrchas pendiente3 de argollas empotradas en
y dPjrndo correr lágrimas grandes
el muro, el anciano Seftor del casti!lo, hundido en ydPscarnad11.Q
frías exclamaba:
s_ ancho sillón de baqueta claveteado de bronce,
-Tifoina!
·. Ya los criados haM11n levantado los platos, las se entregaba á la melancólica reminiscencia del
carnes ricamente sazonadas, los enormes past~- pasado,
Tifaina. . . . . . y se borraban las visiones de
les de trigo y miel; ya los pajes habían encerra.Afuera, según la estación, ó se engolfaba todo en hierro y sangre de 11us aftos guerreros, enrojecido en su perrera á galgos y lebreles, ya c1e había el encanto de la luna que platea los -iampos de dos campos de ba!alla sembrados de cad~veres,
alzado el silencio entre las sombras, cuando en avena verde y las florescencias de Mayo, ó los bajo citlos coléricos, incendiados y melancólicos;
el alto salón abovedado, alumbrado apenas por bramidos de la tormenta corrían sobre las olas saqueos de ciudades que retemblaban con los
lllaridos de los vencedores y los gritos de las poencrespadas, en tanto que algunas gaviotas cega
das por los relámpagos y a,rebat11das por la llu- blaciones pasadas á cuchillo; Potradas triunfales
via, venían á estrellarse contra las vidrieras. En bajo los ondulantes pliegues de las banderas; con
noches así, el vetusto edificio asediado por No- el escudo embrazado y la lanza en ristre. entre el
viembre crujía por todas las ensambladuras de su repique de h1s campanas alegre~; march'¼s forarmazón, y las pesadas puertas batían con férreo zadas durante noches frías; emboscadas en la
y espantable ruido, y al mismo tiempo á lo largo sombra bajo Ja lluvia, al borde cenagoso de los
de los ir.terminables corredores de la fortaleza pantanos, todo, todo eso se esfum11 ba en el vacío,
resonaban como sordos golpes de bigornia y ge- y emergía la aparición vapurosay flotante de una
midos siniestros, toda una procesión de almas en joven esbelta, pensadora y graciosa, con manos
pena que hHcía sudar de miedo al scldado, do como hech11s para dllr limosna. Era T faina la
centinela, agazapado en su garita, y tenía des- bella, la que con sus sonrisas y sus caricias había
piertos y con lúgubres pensamientos bajo el crá- como embalsamado el cuadragéiimo ano dela vi•
da de Bertrand y que reapare;ía poco á poco deneo á los hombres de 11rmas, de servicio en lasa- lante
de él
la baja del cas1illo.
Parecía.
cautiva entre los árboles azules de la
Pero ya fuese que la tempestad rabiosa barriera
la nieve de Diciembreó arrastraralas bojas muertas tapicería, sonriendo al través de las ram1ts realde Octubre á los fosos del antiguo dominio, ó ya fue- zadas de los manzanos amarillos de selv11s fabuse que la luna de Junio cirniendo su haz de rayos losas inventadas por los bordadores. Pájaros
por el camino de ronda, recortara en simetas fan- maravillosos de plumas resplandecientes revolotásticas y movibles la sombra de los jaramagos teaban en torno de aquella caheza, y eran los ojos
floridos que pobla'::-an los canalones, el vif-jo Ber- de Tiraina, sus ojos brilladores, transparentes y
trand Du Guesclín, en estío como en invierno, en azules, aquellos ojos inmóviles; y eran rns pies
primavera como en otofto, tenía, al empezar la desnudos los que lucían dulcemente sobre la yerba, en el enmaraf!.ado boscaje de enormes y sunnoche, su hora funesta, la de las lamen.aciones, tuosas
flores.
la de los ensueftos retrospectivos, la de !os espec-Tifaina, . .. !
tros que servían de cohorte á esa huésped de los
Y dentro de su corazón de antiguo jr fe de
ancianos que se llama la Tristeza. Y estando así,
mesnada,
he aquí que la volvía á ver tal como se
en aquel recogimiento, en la sala melancólica, llegaban las veladas largas hasta muy avanzada le apareció la primera vez, sentada junto á la
fuentP, cerca del pantano que limitaba una aftosa
la noche, y el conde permanecía frente á frente selva.
del recuerdo que, algunas veces, llegaba con sanFaé, al caer la tard~, poco antes de que anodalias mudas y presentaba en Pl vano de alguna
checiera,
cuando la sombra de la montafia CHía
puerta sombría su faz risue:lia de otros días;
y el anciano seftor, sumido en una especie de so- lentall1ente sobre el valle y algunos rayos de sol
nambnlísmo,percibía los contornos vagos de per- prófugos doraban por instantes la cima de los
sonajes reclinados en los sillones del recinto, cori pinos y se apagaban luego en el crespón de la
ojos softolientos y labios inmóviles; y susurraban noche. El aire era en ese momento de tan peneen sus oídos los nombres de antiguos compafteros trante dulzura, que Du Guesclin, por esa época
de armas, aclamados en otro tiempo entre el fra- en el vigor de la edad, tuvo que violentarse casi
para no deefallecer ... .
gor de Jos combates ó balbuceados en la embriaLa vió .... Estaba envuelta en una larga túguez cariliosa de los festines; y entre los pliegues
de 11",s tapicerías, figuras de pesadilla con sonri- nica gris, y cafa desde sus hombros un manto de
sas y gestos conocidos, aparecían trayendo en sus pafto color de rosa, bordado de anémonas. Permanos las flores de la juventud, antes resplande• manecía como una estatua, apoyado el codo en
cientes y ahora descolorid11s y mustias; y el an- el brocal de una fuente, y estaban rodeá.ndola
cial!o
levantaba trémulo, erguía su faz surcada numerosas formas blancas que se apiftaban con
por arrugas profundas, y enclavijando las manos suave rumor y produjeron de pronto cierto rnido
de alas. Fijándose el conde, reconoció que era
En los tallos selrgue .Para besar su me.no.

.....

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.

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,

I~
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ª"

�268

EL MUNDO.

Domingo 29 de Octubre de 1899

llevaban las estolas al brazo, y el cura vestido de casulla bajo las franjas del
palio; las vírgenes amigas de la novia, sueltos al viento los cabellos luminosos, y llevando en las manos ramilletes de lirios; los hermosos donceles conduciendo la trabilla de los perros; la mesnada, de caras impoh,ntes y rudas con loa
morriones enguirnaldados en sefl.al de tiesta; los niJios rientes y mofletudos
estrechando contra sus vientres manojos de yerb_as aromáticas; los trajes
imponentes de las seJioras, el cornete de las seJioritas, las caperuzas de loa
músicos; los portadores de antorchas incendiando las tinieblas azules del bosque; los caballeros vestidos de gran lujo. y la luna reverberando en sus armaduras y en sus escudos de acero .... Tifaina .... !
Y tornaba á verla cu:1ndo, castellana ya, orabii como una santa en la capi,
Jla, trabajaba con 3Us mujeres en el gineceo tejiendo lana ó bordando oro
f ino; colocaba sobre el mármol negro que pavimt:nta el corredor del castillo
macetas de heliotropos, ó aparecía en el ángulo de algún sendero de la campi- ·
fta, á la sombra de los tilos, acompall.ada por el paje nifl.o que cargaba la es-

una parvada· de ánades salvajes, que tendían hacia lo desconocido el es•
faerzo simultáneo de sus cuellos.
.
Apesar de que se hall,1 b11 sentada, le parectó grande, en orme, gigantesca, y a pesar de su proverbial valor y franqueza, él se detuvo vacilante enfrente de tan extraJia silueta crepu11cular, que se perfilaba como Ju·
minosa en el lindero de la selva, junto al pantano engrandecido por la
noche.
Vacilaba aún, cuando la desconocida, levanUndose del banco de piedra
en que descansaba, le saludó con tan dulce voz, que él se imaginó que
estaba oyendo hablar al chorro de la fuente.
-Desde maf1ana, hermoso sef.ior de Tombelaine, le dijo ella, esperaré
á usted todas las tardes de mi vida, aquí, como en la tarde de hoy.
y los ánades tendieron el vuelo parloteando, y la joven apareció por un
momento envuelta en un torbellino de alas, y se veían en tanto centellear
radiosas pedrerías en la seda rubia de sus cabellos y en su manto reca•
mado de rubíes.
Du Guesclin volvió todas las tardes, conducido como por la mano, j1m•
to al pantano, al soto florido que regaba la fuente; y venía no más que
para ver de nuevo al sol ponerse y tell.ir con su último reflejo el manto
y la cabellera de la joven, y sentí~ diluirse su ~orazón como una fr?sa madura, y pasó así tres meses de tiernas entrevistas, tres meses dehcwsos,
hastala nochedeSanJuan, noche inolvidable en la que, entre el claro obscuro de los
grandes árboles rejuvenecí•
dos, fué á buscar, al son de
las flautas y los laudes, á su 1
novia que, vestida de bodas,
adornada y eng,llada como el
camarín de la Virgen, lo esperaba en el dintel ruinoso de 111.
mansión paterna.
Oh! aquel vi!lje al través de
los breiiales de la antigua selva baiiados por la luna, el
olor embriagante de los pinos,
la caricia inconsciente de los
musgos que retardaban su
marcha, la mirada profunda
de las lucernas que parecían
haber deQpertado sobresaltadas entre las raíces nudosas
al pie de las encinas. . . . Oh!
Todo el encanto del bosque
feérico poblado esa noche de
canciones, másicas, banderas
y antorchas errantes, y en
medio, por el sendero tortuo•
so, la desposada vestida de
blanco y cubierta por trans•
parente y tenue velo, conducida al dominio sef1orial de su
esposo,

...... .....................

Y he aquí que de nuevo, e.:•
tre los cortinajes bordados y
las tapicerías descoloridas, el
anciano veía pasar el cortejo
nupcial con los é!.iáconos que

carcela de las limosnas, sierupre con su gran cornete de no ble y poderosa dama, rematando aquel
rostro encantador de ojos siempre bajos y sonri•
sa siempre bondadosa; cornete extra:fl.o de ma6a
..:on la doble punta de sus velos que el menor so•
plo de viento agítala con estremecimientos de
alas, prestándole extraf.io atractivo. Y en pos de
ella, la cola de su gran traje blasonado serpen•
teaba y producía un rumor á veces inquietante. ..
Oh! esta cola ondulante que tenía deslizamlen·
tos de culebra, ¡cómo desmentía lo imponente de
aquel cornete puntfogudo como campanario, que
alzaba su remate á los cielos! ..... .
Y Du Guesclin dió oídos á las insinuaciones
alarmantes del anciano capellán, monje pusi!Ani•
me que der.·amó en su corazón la ponzofia de la
desconfianza, que hiere de muerte al amor y Ala
lealtad.
En efecto: la aparición de esta mujer había si·
do bien extra:fl.a; á la hora misteriosa del crepúsculo, en aquel sitio solitario y que tenía mala b·
roa á causa de la fuente en otro tiempo consagra·
da A los falsos dioses, genios .y ninfas desterra·
dos p,)r el Evangelio .... y es~ amor súbito se•
mejante á una fiebre maligna, y las languideces
que sobrevinieron, y la fuerza irresistible que le
condujo todas las tardes, A pesar suyo, al Jugar de
la cita, y hasta su nombre pronunciado con voz
de agua que habla, y la parvada de á nadt&gt;s, fan•
tasmas tan rápidamente evaporados en la noche.
en todo eso debía haber hechicería y sortilegios,
Y el conde se debatía, cautivo de maléfico amor.
presa en las redes de algún demonio ó de alguna
hada.
Embriagado por el espanto del monje, Ber trand
dió cabida á sus medrosos consejos y entró en
sospechas contra la dul~e y hermosa Tifaioa,
-Por las noches, le decía el sacer dote con vol

,Domingo 29 de Octubre de 1899,

opaca, ella ab~ndona el lecho conyugal, gana el
campo por antiguas poternas que se cr"'ian condenadas, y acompaf.iada por un enano de cabe2a monstruooa que aparta A su paso la ortiga y
la yerba loca, va á sangrar la mandrágora y á
eoaechar la cicuta en las tumbas de los ajusticiados.
y loco de espanto y de ansied11.d, Bertrand quiao verla y seguirla una noche, pero no i,udo pro-

EL MUNDO.
recen mis primer as aterradoras sensaciones de miP.do.
¿Por qué me causaban, desde tan pequen.o. impresión tan
honda los atardP.ceres?
Cuando las campanas daban
el pausado toque de oración,
~omo si se quejasen porq.ie
iban á quedar sumidas en la
obscura soledad de las torres,
me invadía una tristeza infinita, sentía en mis ojos pléto•
ra de lágrimas y la tristeza
era precursora de mi miedo.
Llegaba mi inseparable itcompa:11.ero nocturno haciéndome
sentir siempre su llegada, como en los rieles se siente la
aproximación del tren, por estremecimientos1 por vibraciones.
Odiaba yo la noche, deseaba para tranquilizarme que
pronto encendieran luz.
Las hondas heridas abiertas en mi amor propio,
por mis padres y h1:rmanos, no bastaban á hacerme acometer !a tem~raria empresa de entrar en
una habitación obscura, En una pieza negru. y si•
lenciosa, babía para mí enorme cantidad de miedo que me bailaba al entrar. Se me desplomAba,
abrumándome con su peso, sofLcándome con sus
mil brazos constrictores, como sofoca el boa con
su anillado cuerpo cuando se desprende del árbol
sobre la ternera.
Una noche mi padre me obligó á entrar en la
sala sin luz.
Entré. ¡Cómo me aumentaron las pulsaciones!
Anduve despacio y en silencio; hubiérase creído que temía yo despertará alguien.
Y cual s; manos invisibles me hubieran oprimido bruscamente las costillas, me estremecí, enar•
qué el cuerpo hacía atrás, y volví viol,m tamente
la cara, con un grito de espanto.
Contra un mueble me descalabré y á la carre•
ra salí, chorreando sangre y lágrimas.
En la misma recámara dormíamos, muy cerca•
nos nuestros lechos, mi hermano menor y yo.

longar el espionaje, pues apenas llegado á los foeos del castillo, b3.jo el arco mismo de la entrada
principal.
-Adiós par a siempre, le dijo y volviéndose á él
alladió: adiós, hermoso seftor de Tombelaine, ya
note esperar é más todas las tardes, como la tarde
~quella, porque la tarde de la muerte ha llegado
para T1faioa, Dudaste, y muero: adiós!
Y en tanto que él agonizaba de espanto y de
angustia asiéndose al muro con dedos crispados
,que sangraban, ella se desvaneció en el cawpo
inundado por la luna, vibró un leve rumor de
.aleteo y ya no volvió mAs, nunca más.
¡Tifaina, Tifainal
JEAN LORRAIN,

¡MlEOO!
«Sí,amigomío, beresuelto aceptar esa def,m sa,

_Y,no voy á ser yo quien la haga, va á hacerl1 el
m1sm~ acusado; yo sólo repetiré lo que él me dijo:

- St nunca h'l probado usted ese agrio manjar,
si nunca ha sentido calofriársele la piel. mezclár•
•ele ~a sangre misma dentro de las venas, con el
:frío intenso d el miedo, no acepte usted mi defen•
ea; n? sa~rá defenderme, porque no comprende•
~• m~ crimen -comenzó el imberbe encarcelado
e mirada febril y adem4n nervioso.
JamAs he experimentado la hermosa, la engran11ecedora, la varonil impresión del valor. Nací
,:h4rde, v~rgonzasamente cobarde, desesperan•
mente miedoso. No conozco má~ sentimiento
que el miedo; como los ebrios experimentan to·
~ ~us sensaciones, al travé~ del alcohol, yo he
de~ti.do todo_, todo lo he visto al través del míe~• ahora mismo he deseado e~ntir el remordí. ento, no lo conozco; he seguido sintiendo mi
1niedo generril, un miedo á todo, sin particulari•
!!rlo, &amp;in que me aterrorice la flgu:·a del muerto
·r vr 1as noches.
Con mis primeros recuerdos de la infancia apa-

Nnestro padre se hllbía apiadado de 11quel muchacho raquítico, endeble, deliMdo, fem\!nil que
deshonraba el mayorazgo, que sufría horribles
pesadi,las y prematuros insomnios, y había permitido que nos alumbrase durante la nocbe, velando nue3tro suefto, una lamparilla que á veces
como si quisiera tamblén dormir, parpadeaba. Mi
angustia era grande: ¡quedar A ob,curas!
Envidiaba yo á los gatos que según el dicho de
la abuelita sirvienta ven en la obscuri tiad, «el os
pueden huir del peligro, pueden defenderse de
los enemigos.•

269 7

Juntos entrábamos los dos hermanns en la rec11marita, y me apresuraba á dormir antes que
Felipe entr&amp;se en el suello. ¡Qué horrible quedar•
me solo!
¡Y en la pieza contigua dormían mis padres!
No pocas Yeces, Felipe rendido al cansancio
provocado por sus juegos de atletA, sus retozos
de muchacho sano y fuerte, dormí,1, con sueno
macizo, invencible para el y para mí que pr1-.tendía. me acompa:fl.ara en mi temible soledad. (Yo
prefería á la pelota y el trompo, una novela por
entregas, prffería la inmovilidad á la c'\rrera, y
mi pequelio teatro era el que más me atraía entre mis juguetes) Entonces procuraba que despertasen mis padres; una tos persistente me ata•
caba ó bien un dolor repentino, una neuralgia me
bacía quejar ruidosamente.
Nunca en esas noches tuve Vlllor, sino para
descender de la cama castalleteándome los pocos
dientes que me quedaban delos primeros que ha•
bfa tenido, y acercarme al bulto de ropa que se. m1. consoladora presunción, era el que fingía
'
gun
en la pared, la figura de un burro enorme ó de
un hombre agazapado.
Alguna vez el catre estremecido por mis movimientos, chillaba
como grillo, y no seguro de que
fuese el catre necesitaba yo cambiarlo de lugar.
Uc1:1 noche desperté bruscamente· á Felipe, preguntando qué
le sucedía, porque me pareció
que no respiraba, yo no oía el
ruido de su respiración en el silencio de la alcoba. ¿Estarla
muerto? Me pidió indignado que
le dejase dormir.
Parece que babia una. dvble
personalid11d, y que yo, el menos
cobarde, iba á convencer al ot1·0
yo de que no l 'evaba razón cuando se 11temorizaba.
- «¿Lo ves? no tenías razón.&gt;
Y sonriendo volvía á arroparme.
Pero me engafiaba yo mismo;
mientras apretaba los párpadoi,
y me cubría la cabeza con las
sá banlls, para protegerme de los
mosquitos que entonaban sumonótona serenata, con el oído
atentp pllrecfa. cuidarme de enemigos invisibles, iadefmidos,
imagirarios.
Primero el ruido de un ratón
que entretenía sus dientecillos
contra la madera de un mueble,
despué:1 la tos seca de la vieja
criada allá léjos luego d Iúguhre maullido de un g11to, y yo me echaba á temblar con un estremecimiento constante y suave,
interrumpido á intervalos por fuertes sacudidas
breví•imas, como sucedía á nuestro f.no perro,
cuando le ponían al sol después de bafiarlo.
A veces empezaba yo á dormir y me descubría
vinlentamente la cara, arrojaba lejos las roplls;
había sentido, había tenido la seguridad de que
un fantasma se me acercaba. El coco, ese coco
nunca definido que era para mí bacía algunos
alioR, según la voluntad de mi nodriza, un mendigo de voz ronc3, «que iba á llevarme,» ó un mou-

�EL MUNDO.

270

tón de harapos verdosos que encuadraban una
cara arrugada y negra, me h!zo despertar todo en
llanto muchas noches. Con su reaparición, yo sentia el mismo terror que cuando 11penas empezaba
A hablar. Me invadía todo el cuerpo, pero con es•
pecialidad la frente, un sudor frío.
¡Oh! si, el sudor del miedo es frio, ce&gt;mo el sudor de un bloque de hielo cuando siente calor.
Cuando me berenaba disminuía la impresión.
Los va~ientes deben sentir pocas veces calas•
frío. ¡Qué raramente ba de enfriárst&gt;les el cuerpo!
Ahora aquí, en esta celda, he recordado muchas veces aquellas noches, por estas que paso;
la misma impresión df'sesperante cuando, al despertar entre el silencio, sólo oigo las campanas
del rel"j vecino que indican los cuartos de hora.
Esperaba impaciente, contándolos con cuidado y si
daban cuatro ¡qué al gríal una hora más de marcha lenta, como mar~ha forzada, de la imponente
noche hacia su ocaso.
¡Ah, la Auroral Me producía el mismo efe~to
que be visto luego que causa á Jo., enfermos que
no logran conciliar el sueno.
Me volvía la calma, la confianza en los seres y
en las cosa~. Hasta la esperanza de que viviría
más; muchas noches sentía ahogarme, me hitaba
aire, ¡ignorante puerilidad! ¡el corazón no me la•
tía! Entonces llamaba, gritaba .... Siempre «¡la
pesadilla!;» no me pedfan explicaciones ya.
No olvidaré cuando subía la escalera, silbando
fuertemente para ahuyentar l'l susto, y en el corredor, acurrucado, me aguardaba mi hermano.
Saltó á mi paso, y gritó: ¡abhhl
1,as lágrimas, que procuré ocultará miradas
ajenas, fueron de dolor , de rabia, de desesperación , de impotencia, de vergüenza. ¡Mi hermano
menor me había atemorizado!
Y bien, ¿no era yo hombre? ¿no tenía por mi
sexo obligación de ser valiente? ¿no debia luchar?
Y yo trataba de convencer me: en resumen
¿qué er a lo que temia? ¿qué lo que me causaba
miedo?
¡Si hubiera sido algo definido! Yo no habrfa.
sido, no sería un infeliz cobarde. He conocido á
un hombre que temía horriblemente á los perros,
por pequet'l.os que fuesen; pero sólo eilos le causaban temor.
Trataba yo de per;;uadirme: ¿por qué en las
contiendas con mis compai'leros, cuando preveía
que terminaríamos en una lucha cuerpc á cu erpo, el temblor me in"'adía las carnes, y mi cara
se hacía pálida, como la cara de aqMl viejo santo que en u n nicho cuajado de prismas cristalinos estaba en nuestrll recámara alzando al cielo
sus miradas vidriosas?
En todo caso, si la derrota se declaraba por mi
parte, no podía ser lo que sufriera sino un golpe
má'l ó menos doloroso que nada significaba.
Sin embargo, siempre lo mismo, entonces con
ningún talento, y después con alguna diplomacia,
hui de los asaltos de pugilato callejero, tan comunes entre los escolares.
Una vez, en los momentos en que se levantó,
para descargarse sobre mí, la mano cerrada de
un compat'l.ero, con quien rellía, la vi agigantarse, antieipadamente sentí con descomunal fuerza
el golpe, y grité y corrí miserablemente, sin intentar siquiera defenderme.
Por fortuna no había testigos, y rogué á mi
adversario que al día siguiente no pub:icara mi
desnonrosa derrota,
Lo hizo; seguramente pensó que esos triunfos
no merecen publicarse.
Sólo una vez recuerdo haber llevado en la cara, las huellas de una lucha corta y desigual; urgía demostrar que no tenía miedo y acepté ¡con
qué gran esfuerzo de voluntad!
Pc1·0 Joaquín fué quien comprendió muy bien
hasta qué punto era yo cobarde, y muchas ve,..es
me hizo con sus burlas, con sus sarcasmos, el ludibrio de todos los demás compalleros nuestros,
en aquella escuela primaria.
Ni yo mismo supe por qué aquel muchacho,
diJtraído, juguetón, que parecía no observar hecho alguno, llegó á tener el conocimiento y la
exacta meñida de mi cobardía,
Yo habría sido muy feliz, si el destino nos hubiera separado al salir de aquel destartalado y su•
cio salón, en donde hiciéramos nuestros primeros
estudios.
¡Juntos fuimos á. la Escuela Superior!
Llegó á. tratarme con carillo, pero su carillo
que llevaba lil ternura de la compasión y la fria!0

dad del desprecio, me ofendía, me injuriaba. Me
queria porque no era yo digno de que me odiase.
Su orgullo le obligaba de cuando en cuando, á.
hacerme sentir su superioridad, á. recordarme
que me conocía, que habfadescubiertn la vergonzosa enfermedad, el asqueroso mal de que era
víctima mi espíritu.
Comprenda usted todo lo grandioso de mis esfuerzos, para hallar siempre una contestación ingeniosa á la frase en que iba envuelta una injuria, una respuesta. que les hiciera olvidarse de
que yo debía proferir otra ofensa. Y les hacía
reir con mis palabras, cuando !a rabia me ahorcaba, y el miedo destfü,ba gota á. gota helada en
mi COrllZÓD,
Al separarme me entregaba Ala desesperación
de mi ira contra él, y contra mí que no podía dominarme. Yo empezaba á pensar seriamente: ¿qué
iba á ser de mí en la lucha d:- la vida, si no sabía,
si no podía dominarme, vencerme á mi mismo?
Formaba mi resolución; le injuriaría, re iliria
con él, aun cuando perdie~e; eso ya no era mi
culpa, sino obra de su notable superioridad física.
Y, á la mat'l.ana siguiente, cuando le veía, y sobre todo, cuando el me veía, mi túnica de valor
se me rodab1 hasta los pies y me dejaba al descubierto, tal como yo era: un tembloroso cobarde.
Llegué á. dominar mi amor propio, y una tarde, tarde tempestuosa, lo recuerdo . ..... en esas
tardes el relámpago y el ravo me producían tal
impresión de terror, que huía de la soledad, iba
á buscar compafl.eros; ría usted: ¡al lado de ellos
temía menos al rayo! Esa tarde le supliq!lé: si
era más fuerte, si era más valeroso, podfa. mejor
protejerme contra los demás, que ridiculizarme
ante ellos. Si era duefl.o de mi secreto ¿por qué
no lo guardaba? Me oyó seriamente.
Aquel día sintió, es segu'ro, crecer su desprecio
hacia mí, hasta el extremo de necesitar hacérselo
sentir á los demás, y se los dijo; yo era un cobarde: Gno habían visto cómo procuraba huir
siempre las rifiasil ¿no habían observado cómo me
estremecía mochas veces, con sólo que me grl~asen mi nombre cerca, para llamarme cuando estaba distraído?
1fü era yo miedoso como una mujer, más, más
cobarde que una nill.al Lo verían, Y lo vierou.
Al entrar á mi dor mitorio dí un grito, y salí corriendo.
Los brazos musculosos de Joaquín me scjetaron en la misma puerta, y tal fué el estruendo de
las car:!1:1jadas, que deben de haber desperta&lt;io
de su profundo suet'l.o al esqueleto que yacía en
mi cama, y él mismo debe haber reído del terror
que me inspiró su descarnadv é inofensivo cuerpo.
-T11mbién los cobardes matan; cuídate-le
dije enfáticamente, ridículamente, cuando estuvimos solos.
Un día puso en mis manos un revólver para
que le matara y ¡¡no le maté!! Eufrente, con los
brazos cruzados, sonriendo y mirándome con fijeza, aguardó hasta que arrojé el arma al suelo.
Imposible, me estaba mirando.

Domingo 29 de Octubre de 1899.
¿Temí errar el tiro? ¿Temí las consecuenc1
11
si lo acertaba?
_No sé; «¡tuve miedo!&gt; es lo único que puede&gt;
afrrmar.
Mi mal se exacerbó.
Cuan_do bebía alcohol, al contra~io d e lo que
yo babia notado en otros, me volvta aún mAa cobarde, y al siguiente día peor; sobr e todo la aole:
dad era lo que más me aterrorizaba. No querf&amp;
hallarme solo.
A menudo, en las noches, cuando inclinado 10•
bre el libro. procuraba la resolución de un problema, sentía entrarme el miedo por la cabeza
caerme ~orno si fuese un chorro de agua.
'
Y muchas veces la mismll palabra me abofeteó:
«cobarde, cobarde;» en suenos la oía; salía. de 11lla
garganta poderoSl:l, me ensordecía, y despoés como si me rodeasen montarlas y moi::tat'l.as, t i eco
me la arrojaba muchas veces á la cara: «cobar.
de, cobarde, &gt;
Decidí matarle; me vindicaría á los ojo■ de
quienes me creían incapa z de dar muerte ni á 1111
perro. Me vindicaría á mis propios ojos,
Me urgía confi rmar lo dicho: «también loa cobardes matan», y así me libraría de aqutl dominador mio.
Me bafiaba con sus temibles mir adas, me recorría con la v ista de la eabeza á los pie~, r en el
lugar en que más se detenía mirándome, nlli mismo, sentfa el pinchazo de las agujas de sus miradas y por allí me entraba la inyección del miedo
que se difundía lentamente por el cuerpo. Necesitaba evitar que me viese, llegar sin que sintiera mi aproximación, m11tarle por la es palda.
Gozaba durante el día con la idea d e mi venganza, pero por la noche mis sufrimientos t&gt;ran
grandes; despertaba sobresaltado buscando bajo
la almohada mi acariciada arma, temía que me
la robasen, que él, conocedor de mis i uteccioner.
se me adelantara y fuera A darme muer tP, Y sin
embargo no acababa de resolverme á llevar A cabo mis propósitos,
Pero ese día me injurió nuevamente: «Ere■ t111
cobardts,» y me volvió con desprecio sus ancha1
espaldas presentando un magnifico blanco, aun
para mi mala puntería.
Sin vacilar y~, hiee fuego, y cuando le vi caer
agitándose como culebra herida, temía que se le•
vantara, y disparé, disparé basta que ya no bub1&gt;
proyectiles en el cilindro ¡qué lástima! ¿Qoé habrá. pensado cuando se revolcaba en la sangre que
le brotaba de la herida abierta por la mano deeste cobarde?
Y hoy. en la prisión, me siento libre, afürer11do
de aquella mirada abrumadora, independiente
de aquel dominio,
Yo que he sido 1esesperantemente miedoso,
irremisiblemente cobarde, me siento algunas veces curado de mi mal; ya no huyo á la eoledadt
y creo sentirme valiente.
Ahora comprenderA usted porque maté A eo
hombre.
FRANCISCO Z.ARATE RUIZ,

])Omlngo 29 de Octubre de l o99

EL MUNDO.

271

LOS LUN ARES DE M6XIOO .
En el dorado siglo XVIII, el infinitamente galante y el infinitamente perverso, los artistns ~a
pilare,, vulgo peluqueros, á. sus delicitdas labores
unían otra que ya ha pasado al olviuo, barrida
por las j11foios11s ~implicidades y sencilleees de
81ce siglo moribundo. Me nfiero al arte de hacer
luoares. Un lunar, para la estética erótica del ' i•
l(lO pasado, era algo sublime. Se me dirJ. que to•
davia hoy los l unares están en auge, puesto que
811e1en aú n florecer en los labios de los poetas; pe-

ro hay que advertir que, con la honrosa
exeepct:pción del fresco viejo Campoamor, los poetas que hoy cantan los
lanares andan como los tranvías de esta
muy noble y leal ciudad, es decir, atrasados,
Antallo sobre todas las mesas de toilette de toda m ojer hermosa y hasta de toda mujer fea. babfa estueheti con lunares
artificiales; les había de tafetán para imi•
iar las motitas lisas y opacas, y de ter ciopelo para i mitar esas maucbas lustro·
eae y velludas de la piel que semPjan mi
núsculas zaleas. Los drogueros de en ton•
ces vendían millares de esas ruedecillas,
Y loe de hoy, en materia de ruedecilla s,
sólo venden billones de eonfetti; en cam •
blo, anuncian á montones los específicos
para cubrir lunares di sgraciosos que dicen !ns franceses, y los epilatorios para
limpiar el cutis de ~odo vello aun cuando
eea fino y BU!lve como el del durazno.
De todo lo cual, lógicamente se deduce
que en este siglo les ha caído oolvo á. los

lunares.
Una metrópoli es como una mujer hermosa:
puede ser que un pequefi0 lunar en sitio propicio
coatribuya A embellecerla, sub rayando su carAc•
'4:r; pero confesemos que es muy dirícil atinar
con la oportunidad del sitio y del lunar, y por
ende ■ería prderible que tales lunares no ex istleaen, so peligro de dar al traste con la mejor estética,

México es una ciudad ht&gt;rmusa entre tedas las
ciudades hermosas. Su clima inmejorable, la opulenta cadena de montes que la rodea, la exhuberante vegetación de sus alrededores, todo contribuye á que llegue A ser una gran capital en la
más lata extensión de la p ,tla bra.
~ ~n gritn p"rte lo ha logrlldo ya. El cosmopoht~smo se hl\ it,filtrado en ellll, como se i11fütra Slémpre en todas las gr,mdes metrópolis, hastll el grado de borrar toda d1foreneia en tre la

l r¡ulevarrZ, á la hora de les paseos vespertinos,
cuando e~plenden las doradas incandescencias
de los apandares y repercuten sobre el aEfalto
los cascos de sooerbios corceles que tiran de
magníficos trenes, es igual á cualquier Clille céntrica de cualquiera metrópoli europea.
Las tiendas de todos los giros son ef pléndidas
en el c entro de la. ciudad; por doquiera se lev•1nt11n suntuosos palacios para residencias particulares; la Calzada de la Reforma es un paseo que

muy poco tiene que pedirá sus anillo•
ges de Europa ; el •bosque de Ch11pultepec, umbroso y centena, io, engastan do al histórico Castillo como A una
piedra preciosa montada al aire, es
envidiable y toda gran ciudad se enorgullecería de poseerlo.
La vida de México corresponde al
metropolitanismo del cuadro. La ani·
mación es grande á todas horas v la vida nocturna empieza á iniciarse hasta
donde lo permite la índole tranquila y
a parta da de nuestras costumbres sociales. En fin, el cosmopclitismo ha
sentado sus reales de tal suerte entre
nosotros, que muchos extranjeros que
vienen á la vieja capital de .M:octt&gt;zuma, ávidos de t&gt;xotismo y de novedad,
sufren grandes decepciones al encontrarse simplemente con una ciudad mo•
derna y civilizada.
¡Pero si se apartaran un poquillo
del centro!... ,
E scena en la calle de la Merced.
Es natural, por lo demás, que las
cosas fe11s da las metrópolis se manivida central ostensible de París y de Roma, de fiesten :&gt;n los barrios masó menos alejados, á.
Londres y do Madrid, de Berlín y de Viena.
los que no llega el movimiento que podríamos
Ese cosmopofütsmo que trae aparejadas la be-· ll_amar netamen~e metropolitano y que es pro(lu.
lleza, la c,)modidad y la limpiez.i, siempre em- c1do por el tráfico mercantil y administrativo
pi, zit á. i1 filtra rsP. por el corazón de las ciudades. y ~ lo_s que las_ miradas de la gente culta
El corazón de México es ya completamente cos- qmsqmllosa casi nunca penetran, si no es muy
mopolita ; la avenida de Plateros y San Francisco, de tarde en tarde, superficialmente, y guiadas sótan impropiamente calificada pe r nosotros de lo por móviles de curiosidad ó de dccumentación.

L as baiTacas de la Plaza .r1e San Juan.

y

Pla::ue?a del J ardin, [aj El Baratillo.

�EL MUNDO.

272

Domingo 29 de Octubre de 1899.

Domt_ngo 29 d~ Octubre de 1899.

Los barrios son las enfermedades y deformidades
de la metrópoli: pueden ser arrugas, gibas, pústulas. llagas ó abscesos. ¿Son cur1tbles? ¿Son amputables? Creemos que sí, pero es evidente que para tales operaciones há.se menester de uu gran transcurso de tiempo,
porque muy á menudo la causa de semejante dolPncia,
más que en vicios de conformación y en negligencias de
cuidado, radica en impurezas de la sangre, que no be
curan má.s que con prolongadas sujeciones de todo el
organisno á determinados rt&gt;gímenes de fortalecimiento. Es sabido que la sangre de las ciudades es su vecindario.
El específico único que purificará. esa sangre, es el
progreso moral, y la forma en que ha de administrarse
es en prédicaE&lt;, en periódi,:os y en_ libros. Y noóotros
debem0s confesar que siempre, aunque lentamente, hP,mos v.mido notando la mejoría de nuestra metrópoli
porque ya sus llagas sec1·etan menos podredumbre, ya
sus barrios producen menos homicidios. Por ende, estamos convencidos de que
debemos seguir aplicando el remedio.

27::l

El Baratillo es un formidab1e lunar de México

ea una cosa superlativamente f~a.

'
Participa del aspecto de un suburbio constantinopolitano de truhanes y de mercachifles y ae
una verdadera Corte de los Milagros.
Todo el que por vez primera se encuentra tren.
te al Baratillo, titubea mucho rato antes de atreverse á penetrar en aquel hormiguero erizado de
barracas de madera ennegrecida y apestosa.
Y si penetra, puede estar seguro de que irá pasando de sorpresa en sorpresa, en el conjunto y
en los detalles, y le parecerá un sueno que tod&gt;t.
esa población de podredumbre y de fealdad exista dentro del casco de nuestra ciudad.
El Baratillo en la Bolsa de nuestro puebl0, y las
mercancías que allí se cotizan se componen ue
todos lo.4 desechos de la ciudad y de todos los hu, toa del g énero chico. Por ende, er, el Baratillo constante albergue y no pocas veces ratonera de rateros; por ende, cada barraca del Baratillo tiene
un aspecto original é inde&amp;criptible, entre kahidoscópico y macabro.
Venden allí ropa de todas clases, interior, exterior é intermedia, pero en el extremo estado de
uso; perillas, fierros viejos, sombi eros, z11p tos,
todo lo que una ciudad desecha, después oe haber pasado por muchas manos y por muchos
duefl.os.
Allí, tras de una sabia tran~formaci:in, tras de
un artificial l ejuvenecimiento. te do , uelve á ser
revendid o y vuelve á ser usado por los brujas de

*

**
¡Los birrios! Si á uno de esos turistas superficiales y numerosos que de las ciudades que visitan no ven si no el rostro, es decir, el centro de elegancia, de placer
y de dinero, 1J lleváramos por modo para é l inconsciente á cualquiera de nuestros
oarrioa y de golpe le preguntáramos en qné ciudad se encuentra, de seguro no
sabría qué contestar.
Si, por azar, nuestro turista er!l. gente viajada y observadora, es casi seguro
quu, al mirar las casucas agrietadas, bajas y planas, y !Js pavimentos sueltos
y polvosos, y los caftos reventados, diría:

1

EL MUNDO.

Pl'imera calle de las Damas

Una escena en el Bai·atillo.
Una que otra mujer de enagua almi&lt;lonada y crujiente, de rebozo
nuevo, arracadas de cobre y botín de charol, uno que otro charrillo
ataviado de pai\o, de sombrero galoneado, tilma al hombro y zapato de vaqueta rechinante. Estos son los tipos pintorescos, los que
con una buena mano de idealismo de parte del poeta y otra de buena voluntad de parte del público, pudieran pasar á la escena nacional metropolitaM siempre que ésta sea del género chico.
Pero en lo ger.eral: miseria, sueiedad y descuido, son la BÍ'lteBls
de nue11tros barrios.
Algunos de ellos que fueron nuevos hece más ó menos tiempo,
pero que ya han d ejado de serlo, esperan todavía su definitiva 11dop,
ción por la ciudar! en form&lt;&gt; de pavimento y de empedrado: de modo que son desiertos de Sahara con formidables simvunes en tiempo
de sequía, y tenebrosos y traidores lodazales en tiempo de agoaL
Afortunadamente que esos lunares los tiene nuestra metrópoli
en partes poco vi~it les de su cuerpo. que si no fuera así, ¿que dirian
de nosotros las nacionos e:&gt;:tranjeras?

1

**
*

La Candelarita de los Patos.
-Es un suburbio de ?thrruecos, pero con los habitantes disfrazados.
-No, seftor: esto es México, la capital de la República Mexicana, la antigua y nob'.e Tenoxtitlán; estamos
en plena América civiliz~d!l., no en Africa.
- ¡Quite usted allá! si México tiene hermosísimas calles y avenidas, borJadas de lujesas tiendas y surJadas
de elegantes trenes; magníficos parques umbrosos sembrados de bronces i:le arte y regocijados por los Yibran•
tes ecos de estupendas múücas militares y por las inquietantes miradas de muchas mujeres, bellas como un
ensuefl.o! No, ésto nJ es México. ¿No ve usted que el
ilustre fürón de Humboldt, hace casi un siglo, llamó á
México la ciudad de los palacios?
A lo q ne ncsotros contestaríamos sin vacilar:
-Muv bien, amigo mío, pero en primer lugar, el Se:ftor de Humboldt en muy g9lante, y en segundo .•....
no conoció nuestros barrios « bajoe. »
El que no lo quiera creer, que se dé una vueltecita
por los Angeles, la Merced, la Palma, la Candelarita
de los P!l.tos, el Carmen, la Soledad, Santiago TJaltelolco, Martínez de la Torre, el Baratillo, etc., etc.
Casas bajas, viejas, sucias y agrietadas; olor de miseria, de hacinamiento y de podredumbre; pululación de
un veciodllrio abigarrado, soez, desvergonzado y asqueroso. Las pestilentes pulquerías como centro de reunión de muchas malas hembras y de muchos hombres
de valiente renombre á diez cuadras á la redonda; ellas
desgrefl.adas y &lt;lesceftidas, mal terciado el rebozo descolorido sobre flotante saco agujereado, que acusa por
modo poco decente, como diría un maestro nuestro, las
Ii,situdes de la carne; enzarapados ellos y de pelo hirsuto y luengo que se escapa por las roturas del somhrero d e palma.

¿Conocéis el B 1ratillo? No es probable, porque las dos terciu
partes de los habitantes de esta ciudad no conocen esa interesante
mexican curiosity, no obstante que la tenemos á un paso y que ee
una especialidad neta de la metrópoli. Pero los metr opolitanos somos
así: d f'j imos que nos observen, analicen y conozcan algunos extranjero11 y muchos fuereftos; nosotros sólo nos m:.vemos de la Ala•
meda al Zócalo y del Zócalo á la A lameda.

\

I

Oallejón del Puente de Solano.

Galle de Roldán.

aolemni iad, y hay elegante levita cruzada que
tras de repetida" metempsícosis baratillescas 11c~ba en guante de plancb&gt;\ ó en gorra de «golfo.•
*** calle amplia, limpia,
A la vuelta de cualquiera
moderna y aereada, se tropieza con C'l.l!ejones
angostos, sucios y mal olientes. como el de la Alcaicería, los de Dolores y el de TabaquP,ros; otros,
cerrados en un extremo, constituyen verdaderos
culs de sac, como el del Progreso [,ic!]
Lunares también son las vendiwias ambulantes de fritangas y de carn.itas, que son muy capacea de voltear al revés los estómagos delicados, así como las pulquerías que trascienden A
algo . que no se' puede escribir y que á. lo mejor
aparecen en las esquinas de las calles céntricas
Y nuevas.
¡Y las tortillerfasl 1Y las vecindades!
En las pr!m Jras, dentro de un cuartucho de
cuatro metros cuadrados, aparecen cinco molenderas, una cocinera. y ocho chamacos en traje na.tura! Y primitivo. En aquella pesada atmósfora de
s~dor, sin ventilación alguna, se confeccionan las
triguefias tortillas de maíz que se ofrecen al mercado Y cuyo aspe'!to, francamente, mata el gusto
por el "pan nacional. 11
L~s vecindades son también pavorosas: cuart?s sm más ventihs que la puerta que da al patiWo comú~, ~? las cuales viven familias r.nterae;
· C. prim1t1vos que sólo se limpian por campa•
nada de vacante; borrihles hacinamientos de gente miserable que trabaja dos dias de la semana
para embriagarse cinco . .... .

**

La vecindad de San Antonio, BaiTio de la Soledad de S anta Oruz

¿Desaparecerá t.000 :so?
Es de esperane pero de esperarse . ..... ·e"\

'ªªº·

,

~ ARDÍN,

Gall,j ún ele la Alcaiceria

�:? i4

EL MUNDO.

Domingo 29 de Octubre de 1899.

•

A.iio VI - Tomo U

M é xico, D o m i n go 5 d e N ov i.,rnb re de 1899.

1

DUELO

EL ABECEDARIO
Mlle. Thc,rnam.

Número 19

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 18, Octubre 29</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo U de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

25()

nueva

temporada de Bpera.

L~S ARTISTAS,
A.ño VI -Tomo ll

3

México, Domingo

22

de Octubre de i:899.

BE LLAt!i ART .ES.

5-SEÑO'RA LEONILDA GABBI,
Prima D0nna Soprano Dramática..
(

6-SEÑORITA ~ERF.NA VAREl'&lt;A DEI RONC0NI,
Prima Donna M~zzo Soprano.
7,-SEÑORITA E'mIA. CRIPPA.
Soprano llfera.
4-SEÑORA ADELA GINI PIZZORNI,
Prima_ Donna Soprano Dramática absoluta,

r

T
t
I

COMPROMETIDA.

Número i:7

�EL MUNDO.

252

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

-No, me dijo mi amiga,-va para nuestro temperamento enfermizo y neurótico, no tienen encanto
las fi,orituri, los arabescos de trinos. las mallas sutile11 de gorgeos, las explosiones de fermatw;. todo ese
alegre juego de las notas, todo ese fino desgrane de
escalas y apoyaturas en que se deshace la vieja música italiana como una nube se deshace en rocío. Los
maestros modernos nos emocionan, nos 3acuden, nos
subyugan con una música dol•)rosa y fuerte en la cual
la voz humana entra como 1m elemento de la polifonía. Ya no canta sola, como antes, St!guida sumisamente por la crquesta, como una reina por los cortesanos obedientes; ya no es soberana y señora, á cuyo mandato iban los instrumentos subrayando con
timidez las melodías; vibrllban con exquisita delicadeza las cuerdas, trinaban con dulzura las maderas,
y de vez en cuando, los latones, á la sordina, intervenían en el acompañamiento con sus quejas mP.tálícas y
duras. Ya no .:s la voz humana la única todapojero
sa y expresiva en el concierto de los sonidos; ya está
descoronada, y aunque coni;erva la nobleza de su linaje, ha perdido su omnipotencia. El arte antiguo
se preocupó mucho en hacer de las gargantas nidos
de ruiseñores y de las aere...s tramas de esa música angélica y candorosa cuelgan, ~ manera de d!á_fanos ornatos y guirnaldas, las más Joviales y del1cwsas sutilezas del canto. No habría entonces pasión sino ternura, ni tristeza sino melancolía ..... ¡ohl las lágrimas no eran tan amargas, ni las quejas tan hondas,
ni el dolor tan desesperante y huraño. ¡Oh, Bellini;
rublo como las mieses, dulce como los ángeles, joven
como la aurora, melancólico como el ocaso, tú eres
u n símbolo! .... Tu música, como la de Donizetti nos
aburre un poco y nos empalaga bastante: es un vaso
colmado de miel, que cuandó álguien lo acerca á
nuestros labios, nos repugna, porque ya estamos habituados á los acres y malsanos sabores. Música sana,
pero sin nervios; sin vigor, sin estremecimientos, sin
angustias, requiere cantantes educados hasta lo imposible, voces sujetas á largos y difíciles estudios,
vocaciones decididas, órganos privilegiados que venzan á la naturaleza y hagan del grito, del suspiro y
de1 sollozo primores de notas. Para tal especie de
cantantes todo rumor debe queda1 dentro del pentagrama: es ésta una terrible gimnasia de las cuerdas
vocales, en las que se enredan y suben y hacen los
sonidos inauditos escarceos, como ágiles y pujantes
acróbatas. Pero, amigo mio, el ideal artístico ha variado de rumbo. Las óperas nuevas no necesitan de
esos 6 lorlosos esfuerzos. Pasan por el escenario de
los teatros primeros, uno, dos, tres, un redncido grupo de cantantes admirables, cuyo antiguo repertorio
es algo así como un museo de chucherías y curiosidades. Convénzase usted; dentro de algunos años no
habrá cantantes para las añejas óperas italianas. Nosotros asistimos á los funerales del bel canto.

***
Y al terminar el en~reacto, me despedí de mi amiga, corrí á mi butaca, y me puse á escuchar á Adelina Padovani.
Es posible que sea una de las últimas sacerdotizas
de la vieja y divina escuela. No estoy seguro de que,
como dice mi amiga, esté próximo á extinguirse la
raza de estc,s prodigiosos cantantes. Pern puedo afirmar que el goce que producen es aún de una infinita
intensldad.
La voz de la Padovani es una maravilla; voz de oro
y cristal, que brota, sonora y pura, como manan las
linfas de las fuentes; voz que se nos entra hasta el
alma, sin quebr.use, con la apacible suavidad con
que se filtra en las umbrías un rayo de la luna; voz
ligera y alada, cuyo timbre argentino tiene no sé
- que de mágico sortilegio para despertar ensueños y
fantasías ..... .
¡Ah, Lucía, la Ilucía de Don~etti, la esbelta y
blanca figura de nuestra ilusión de adolescentes, la
pálida y lacrimosa romántica, la intangible y vaporosa heroína hecha con nubes y lirios de la noche,
cómo te habíamos olvidado, por las mujeres modernas que a;iarecen ante nosotras ebrias de sensualismo, locas de dolor y de ira, crispadas de desesperación, impacientes de amor, empapadas de amargura
y de lágrimas!
No, nos entusiasmamos ya; pero nos conmueves todavía con tus expresiones ingenuas y dulces; tus son1isas tristec; y tus inmaculadas ternuras. Al oírte,
nenc;amos en muchas cosas amadas, que están muy
lejos, que quizá no existieron nunca, pero que llenan
la memoria de un suave perfume de flor muerta ....

Domingo 22 de Octubre de 1899

***
y la Padovani, seguía su aria erizada de t~inos
y apoya.turas que semejaba un despert~r de pá~aros
en una selva virgen. No hay frescura igual á la d_e
esa voz acariciadora afinada como una harpa angélica, que vierte en 1~ atmósfera ~ue re..piramos una
misteriosa y paradisiaca fragancia.
Es tan sutil, tan frágil el tejido de luz en que envuelve la cantante las delicadas melodías, q•ie tememos
por instantes, que la red de hilos áureos se rompa al
tia, ó que la nota audaz dete~ga el vuelo en lo alto,
y descienda rápidamente ahrrota ,como ave mal herida. Pero no; nuestro miedo es pueril y vano; las
notas, como en el verso del poeta, cantan aunque la
rama cruja.
¡Como que sa;:,en lo que son sus ala~! y llegan á la
cadencia sin fatiga, bullentes y sacudiéndose el rodó
del brillante plumaje de colores.
En verdad que la P.1dovani es una consumada maestra. Para.ella el bel canto no ha tenido secretos.-Y
cosa extraordinaria en esta artista su perlor !-lo raro
es que no sólo posee el irreprochable método de c~nto, sino que es dueña, además, de una alma apas10nada y ardiente que la inspira á cada momento y que
le permite expresar hasta las más t riviales frases melódicas con un vigor extraordinario y una verdad pasmosa.
Hemos oído sopranos ligeras que son como cajas de
música, de voz flexible y linda, de registro extensu,
de fácil y educada emisión; pero que no lograron reunir. como la Padovani á las excelentes facultades, el
espíritu rebozante de ternuras y la genial intuición
del Arte, t&gt;Se sonambulismo divino que no se aprende en Conservatorios ni Academias.
Al salir del teatro, vibrante de emoción y entusiasmo, Je pregunté á mi amiga:
- -¿No es verdad que es triste que ya no se cante
de esa manera1
-¡Ob, sí!-me respondió-pero tampoco se siente
así ya. Estos no sólo son los funerales del bel canto,
sino también los del romanticismo. Creame usted; la
Padovani ha galvanizado un cadáver. Lucia está
bien muerta.
Y añadió:
-¡,Qué noticias tiene usted de la Manon de Massenet?

***
Y á propósito de resurrecciones y romanticismos.
La superstición popular, según cuentan _los periódicos, ha inventado una espeluznante conseJa. Una perdida que hace algunos años se suicidó de un modo
escandaloso, ha vuelto al mundo en calidad de alma
en pena.
Reruerdo que el día en que. esta desdichada se quitó la existencia, logró unas cuantas horas de celebrid:i.d. Desde entonces aún han seguido su ejemplo varias pobres muchachas de su clase, las cuales ponen
no sé qué frenesí y vehemente afán en aparecer románticas y sublimes en medio del fango de la vida.
El suicidio les llama la atención por lo que tiene de
aparatoso y teat,ral. Les agrada imaginarse redimidas por un amor que las lleve á la muerte. y como
una justa venganza piensan en lo que las va á compadecer la sociedad que vivas las desprecia. Por llegará ser interesantes logran ahogar sus preocupaciones y sus miedos. Y en fuerza de sufrir c~trariedades alcanzan de veras á desdeñar la vida. Estas infelices tienen su patrona: Nuestra Señora la Dama
de las Camelras. Son fíeles á su culto.
Y he aquí que la superstición popular prolonga el
romanticismo de una existencia, más allá de los tenebrosas lindes de lo desconocido.
El pueblo no dejará nunca de ser poeta.

*

* *
Dos compaíieros míos-un bardo de altos vuelos y
un músico de expontánea inspiración acaban de dar
á la escena el esbozo da un dramita del género chic.:,.
Con este motivo ha vuelto la rancia discusión del
arte dramático en sus relaciones con la zarzuela por
tandas.
¡Oh, señores! Creo que basta de escándalos y garrulerías. El Arte, como Dios, puede estar en todas
partes.
¡l!'eliz el que sepa ver estrellas en los guijarros!

El porvenir de Cuba comienza á preocupará los cubanos; á nosotros nos preocupa tant;o como á ellos; nodeseamos más solución que esta: el cum plimiento
honrado de la palabra de los Estados U nidos: la libertad. Comprendemos que hasta hoy la nación, á quien
Cuba debe favores de madre, se haya tomado y se tome aún todo el tiempo necesario para meditar el mo.
do de salir del apuro: puede que crea que ese tiempo
debe de ser indPfinido, para que el apuro se vaya des.
leyendo en él. Cuando decimos que no deseamos otra.
solución que la libertad, no queremos decir que la.
esperamos. Mucho antes del tin de la guerra
con España temíamos lo contrario de esa solución.
Mientras tanto los americanos hacen la policía de la.
Isla, bastante bien según unos, y cobran los productos aduana.les bastante bien según otros.
Si en e~te momento se recurrwse á un plebiscito resultaría un número considerable de votantes; nada.
alborota más á los pueblos recientemente libres que
el cumplimiento del deber de votar; todos van; todos toman por lo serio el sufragio; luego vienen la&amp;
desilusiones y los retraimientos; luego se abdica~cita.mente el cumplimiento de esta pri mordial obU.
gación cívica en manos de los políticos de profesión
ó de los individuos de la policía. Pero todavía eso no,
sucedería en Cuba; habría, pues, una verdadera gran
votación que se dividiría así: anexionistas, autonomistas, h:dependlentes.
Los anexionistas creen que haciendo ingresar su
estrella en la gran constelación fedtral, fuera de que,
según ellos, este es el 11nico modo para el pueblo cu.
bano de hacer su educación en la libertad, tendría la.
inmensa ventaja económica de un zollverein, de la
unión aduana! forzosa con los otros Estados, y los.
productos de Cuba entrarían libres de derechos en la.
Unión. Esto es contar sin la hué"&gt;pede, es decir, sin
el interés de los Estados Unidos. Es verdad que los
treinta ó más millones de pesos que perdería el Tesoro federal por la libre entraña del producto cubano,
estaría en parte compensado por los prod uctos aduanales en Cuba, pero esto apenas resarciría la mitad
de la pérdida, por lo que se verían los amer!canos
obliga.dos á recargar el impuesto reportado por la in•
dustrla azucarera Cubana y entonces la azúcar subiría. de precio y las cosas quedarían en el mismo estado 11ue ant,es de la anexión desde el punto de vista
económico. Y ello haciendo á un la:o la oposición
formidable que harían á esta política absorvente los
productores americanos de azúcar; el problema ea,
pues, soberanamente difícil,, desde este punto de
vista.
Otros votarían por e, protectorado; estos son los
autonomistas; estos también se fijan en el lado puramente utilitario de lii cuestión, que va resultando,
no una suprema cuestión de honra y dignidad humana, sino un simple bussiness. Los autonomistas son los
mismos que protegió Espafia cuando ya no era tlem•
po. Estos creen, no sé por qué, que los Estaaos Unl•
dos les concederían en esta situación, ciertas ventajas aduanales, que les darían tarifas pri_vllegladaa
bastantes á permitirles luchar con la azúcar de remo•
lacha (alemana y francesa) la gran enemiga de la d&amp;
caíia, y vencerla, lo que urge porqu_e la produccióB
remolachera aumenta á la d-Oliia de diez en diez afi&lt;&amp;
Yo no sé si el gobierno americano consentiría en bacer aquí el p~pel de Dugues0lin en la riña entreT1astamara y D. Pedro, entre la remolacha y !ª ~aíia; no,
veo qué cuenta pueda tener esto á la pob1ac1ón con•
sumidora inmensamente consumidora de azúcar, dela Unión.' Además Java y, sobre todo, las l!'iliplnas,
Puerto Rico en poder de los Estados Unido~ ~an 'extremar su producción azucarera apenas lnc1p1ente,
gracias á los trusts que van á regar oro sobre aquella&amp;
tierras americanas y á decuplicar sus rendimlent-aJ.
agrícolas. A tal punto es este el porvenir cierto, qu&amp;
los yucatecos que han convertido en fibras de plata.
las de su hen~quén gracias á la situación del arc!:I•
piélago filipino, ne~esltaa con ne~esidad urgente la
adquisición y preparación de las tierras fe.taces subatraídas al cultivo por los indígenas. su~tevades,
que cinco años después de la orgamzac1ón de la&amp; Bias asiáticas, las fibras de allí traínas á los mer~
yankes habrán reducld0 el henequén á la nada
·

Pf•

***

i:J:

Los que quieren la independencia ª?soluta,_
la fe en la palabra del Congreso americano, tie d
razón. No tienen razón, no es práctico, abstenerge e,
ir á los comicios, como lo recomienda el (!ubano
no de los independientes; su actitud c~s1 hostil á. lí•nación libertadora, como por allá se dice, es
la
tica, y no lleva á nada. Yo desde mucho antes iein '
guerra y durante ella, y así se los manifesté ai ~
fo1tunado Martí y al inteligente. Y ardoroso ª%buca,..
de Quesada, y así me atreví á proclama:1° Pfatal la.
mente en una memorable ocasión, he cre1do

r':

knj°

Domingo 22 de Octubre de 1899.

=

rclón de la Isla por los Estados Unidos; pero
es donde debe mani festarse el carácter y la entereza de un pueblo, en la resistencia á esas fatalidades históricas que, en suma, son relativas, pues que
la voluntad humana es un elemento importantísimo
de transfo rmación de los fenómenos sociales.
Slel pueblo cubano q'.1e claramente mani~estó que
deseaba su independencia de España. la qmere también de los Estados Unidos (lo que es diferente) que
lo diga con claridad y po: cuantos modos pueda con
108 boletines de voto. Si se retrae, si calla .... «Quien
calla otorga&gt; dice el proverbio, y en este sentido forzosamente interpretarán los americanos el retraimiento. Por lo que el consejo de la abstención nos parece una Imprudencia suprema; es el ¡,uicidio.
No podemos ni debemos meternos en asuntos que
no nos Incumben; perc, tampoco nos es posible ni de-aentendernos, ni desinteresarnos de lo que puede tener grave t rascendencia en nuestro destino, por más
,que digan los optimistas. Pero no es solo nuestro
Interés mexicano lo que nos induce á desear, más
bien que á esperar, la independencia de Cuba. Es que
-creemos que, como algunos periódicos cubanos nos
han dicho, la anexión, desde el punto de vista económico sería un inconveniente para la federación y para
la !si~. Sería el triunfo de los Estados industriales
-contra los agrícolas, sería un triunfo en la guerra
,económica, que es una guerra civil que, menos la san,gre, es tan desastre,sa como la armada. Y esos triunfos preparan el inevitable desmembramiento futuro de
la Unión, y lo precipitan. Una isla libre, con un tratado comercial ó un zollverein temporal con los Estados Unidos, saturada de oro a;nericano que hará de
,Cuba una potencia productora de primer orden, satlafarí a á t odos. Una isla autonómica y protegida, es un contrasentido constitucional en el régimen
-americano; es una absoluta transformación del sistema; es abrir brecha á todo lo que envuelve de aleatorio una alteración repentina del modo de ser político. Una Cuba libre, enteramente libre, no sería
una Cuba anárquica, no podría serlo; la presencia
-del capital americano empleado en mover la enorme
-opulencia agrícola de la isla, rica á pesar de que apenas está explotada en una parte relativamente insignificante de su terrirorio, y la vecindad de la nación
.americana., no son auspicios favorables al crecimiento de la zlzaíia, del alboroto y del desorden, menos de
las luchas civiles. Pues un pueblo latino obligado á
la paz entra rápidamente en los carriles de la prospe?ldad y, á la larga, en el último furgón del tren llega
la libertad.
Por desgracia el partido de la independencia no se
muestra capaz de cohesión, sin la que no hay fuerza,
asilas not icias que nos llegan son ciertas. Un grupo
:se separa del que en derredor del viejo patriarca m11urgente, del Gral. Máximo Gómez, pretende llegar á
realizar su ideal de libertad por medio de un acuer-do con la nación libertadora, aun cuando sea preciso
-esperar bastante y aplazar mucho. Otro grupo, diri,gldo por uno de los más bravos guerrilleros de color
de la guerra de insurgencia, ha adoptado una actitud
hostil á los Estados Unidos, y sobre todo, rencorosa
1 vengativa contra el elemento español. No se neceatta ver muy lejos para comprender que la existencia
de esta facción va á servir de pretexto para retardar
la resolución de los Estados Unidos; á otro día de las
grandes lu::has, los partidos extremos son los peores
-enemigos que la realización normal de los ideales en~entra. Tememos que eso esté sucediendo en Cuba.

Por un lado discursos complicados y altivos, hin1:hados basta rebosar de sofismas y avidez, sorpresas
fingidas ante un documento en el .fondo equitativo y
racional, emanado de la exaspEración de una minús,
001&amp; nacionalidad de hombres libres ante quienes se
bahía levantado, primero un muro y luego una montafia de exlgencias, y á quienes con el pretexto de dejar Ala diplomacia el tiempo de maniobrar con toda
prudencia, se quería encerrar en un cerco wilitar in!ranqueable, y la calificación de ultimatum apropiada al documento en cuestión para provocar las iras
nacionales, y los mutings de indig-nación en que mul,itudes inmensas, ébrlas de valor y de orgullo, hacen
-olr lll rugido del leopardo británico atisbando los corderos de los llamados pastales del Transvaal, y
la movilización de los b!l.tallones acampados en Aldshort,y losoficiales escoceses que dejan el mess eleganltíalaslmo, las salas tapizadas con todos los recuerdos de
hazanas y los viajes del regimiento, el confortable comedor rodeado de escaparates y credencias car.gadas de porcelanas y cristales finos, de vajillas de
plata vl~ja, y los vinos deliciosos de España y Francia,
el Wb~skey natal y las mesas de juego y los prados
e ejercicios de fuerza en donde, después de las cot,loau Y suculentas comidas, se entregan á su pasión
por las luchas corporales, sin distinción da grados, Y
'1111a vez revistados por el príncipe de Gales, empren:enlaA la cab~za de sus sanguíneos y atléticos solda08 ruta del pu~rto próximo para trasladarse al
~~ después de recojer los h1J1rrahs y las flores y los
..._.delas muchedumbres urbanas; y ya en el camc_mento africano la reunión con las tropas colontaes, Vestidas de lienzo °Blanco para soportar el furioso

1

EL MUNDO.

calor del est:o austral y la marcha para el territorio
del Natal, teatro probable de la guerra, y la llegada
á Ladysmlth y las incursiones en tren blindado basta los campamentos boers con el objeto de ensayar
los cañone¡, maxim y probar el efecto de las dumdums
en los cuerpos robustos de los burghers.
Por un lado ...... por el otro, las familias ent eras ,
a~andonando el trabajo para seguir la voz de sus patnarcas, las mujeres preparando el bastimento de
los hombres y abandonando frecuentemente la cómoda granja pastoral para refugiarse en la ciudad, des.
pué.s ce haber leído al alba los grandes versículos de
los libros guerreros de la Biblia, después de haberescuchado las graves palabras del sacerdote armado ya
de su rifle, como los calvinistas que seguían á Gui.
llermo de Orange y después de haberse despedido de
todos los hombres de la familia d ~sde el viejo de cincuenta ó sesenta años, jefe y caudillo de su hogar,
hasta el muchacho de diez y seis años para quien la
campaña y la muerte son una alegre aventura de juventud.
¿De parte de quiénes está la simpatía y la piedad
del mundo? Los holandeses de Africa son de una raza heróica y fuerte: los que, por no soportar la dominación inglesa, abandonaron la punta extrema del
Africa, para erigir un hogar libre en las vastas soledades africanas de un lado y otro del Vaal y los que
quedaron como súbditos de la reina no rompieron
sus vínculos de familia; todos han continuado unidos por la sangre y por la aspiración á la libertad, y
hcy que son mucho más numerosos de lo que al principio del siglo eran, han apretado más los lazos que
los unen y con el nombre de afrikanders tienen el dominio legal del Africa del Sur; esta situación es la
que, largo tiempo hace, han querido transformar los
imperialistas; Mr. Rhodes y Mr. Chambt!rlaln quieren que el vértice meridional del continente negro
sea exclusivamente inglés; esto acabará por la victoria de la fuerza, ya sólo la fuerza trlunfa, la única
esperanza del derecho es convertirse en fuerza tambMn. Esto acabará por la victoria de Inglaterra; los
cuarenta ó sesenta mil burghers que puedan oponerse á los sólidos regimientos británicos á la larga ó
á la corta sucumbirán; la compañía explotadora de
las riquezas africanas que gobierna el Sr. D. Cecilio,
que tan desdeñosa.mente hizo no ha mucho la filosofía de nuestra historia, será la reina desde Mozambique al Cabo; las tumbas de los boers desaparecerán
bajo las casas improvisadas de las colomas mineras,
y la bandera británica y la bandera de la chartered
flotarán juntas en el rústico palacio de Pretoria.
Pero est,os árboles europeos transplantados á tierra feraz crecen extraordinariamente con la poda, cobran fuerza nueva; la familia boera serulrá multiplicándose después de la guerra y una Irlanda protestante brotará para Inglaterra en la tierra de la
Buena Esperanza. Esto dentro del imperio; fuera de
él la cuestión asumirá un gravísimo carácter; las libres repúblicas africanas encadenadas al estupendo
acorazado inglés, harán reflexionar un poco más de lo
que probablemente reflexionan todas las noches á los
franceses, á los rusos, á los alemanes, á cuantos están en vía de forjarse imperios coloniales.
No sería improbable que de la sumisión de los boers
resultase la necesidad de una triple alianza marítima
en Europa; no sería entonces extraño que el océano
asiático viera, en el primer cuarto del siglo próximo,
la lucha más terrible que la humanidad haya presenciado, y que en las ond~s del Mar Amarillo, espumeantes de sangre, be escnba algún día el epílogo de
la conquista del Transvaal.

-ILAA5to ✓ ~

LA HERMOSURA Y LA SALUD
BELLEZA CLASICA Y BELLEZA ROMANT!CA.
Dicen los poetas que la primera obligación de la
mujer es ser hermosa, y contra lo que es común, en
este punto se encuentran de acuerdo los poetas con
los hombres de ciencia. La razón de este acmerdo entre poetas é higienistas es, pura y simplemente, que
hermosura y salud, belleza y vigor son sinónimos, y
que nada suministra mayor contingente de eneantos
al hombre, como á la mujer, como el funcionamiento
normal de todos sus órganos, el desarrollo proporcionado y armonioso de toda su estructura.
Veámoslo si no. El tipo supremo de la belleza plástica femenina es, sin di&amp;cusión, la Venus de Milo y á
la vez, la diosa es el tipo acabado y completo de lasalud y del vigor. Desde luego llama la atención en ese
portento de belleia plástica, la armonla y la propor·
clón admirables de sus diversas formas: torax amplio
y levantado, que revela una "espiración profunda y
vivificadora; cadera vasta, que traza una curva majestuosa, indicio cierto de fecundidad; brazo y pierna finos, pero acojinados, duros, reveladores de tejidos firmes, sanos y bien nutridos; cabeza pequeña, es
verdad, pero ángulo facial abierto, casi recto, caja

\

153
cómoda de un cerebro voluminoso y bien conformado; labios delgados, no ingurgitados por la linfa mal
sana., sino impregnados de sangre generc:,sa; oreja pequeña, bien aplicada al cráneo, que no revela decadencia ni degeneresencia.
Son éstos atributos de un individuo sano y fuerte
descendiente de una raza vigorosa y gimnástica. Entrando en pormenores, se acentúa el contingente que
la salud da á la belleza.
Desde luego una persona sana tiene la piel tersa,
sonrosada, sin cicatrices de viruela, sin costurones de
escrófulas, sin pecas, caspas, botones que afean é insp:ran 1epugnancia; la sangre generosa circula en
abundancia y tiñe de rosa el cutis, de carmín los labios, c!e r,ácar las uñas; la cabellera, abundante y fi na,
cubre la espalda como un nµnto.
Los ojos, bien hendidos, á flor de cabeza, sombreados por pestañas largas no se!l'adas por los parásitos
ó las oftalunias, tienen espresión, brillo y profundidad; uniformemente negra, azul, verde ó garza, la
pupila mobil y bien perforada da espresión y elocuencia á la mirada. El cuello erguido se destaca
arrogante sobre los hombros, sin deformidades ni vicios de curbatura. El andar aplomado y agil envuelve en magestad ó gracia toda la persona, y el cadencioso balanceo oe la cadera revela el vigor de la complexión y la solidez de la estructura.
La debilidad constitucional, las enf0ormedades habituales, deforman, corroen, manchan y se revelan en
el tipo especial físico de quien las padece afeándolo
y haciéndolo risible ú odioso. Los labios gruesos,
colgantes, invertidos, revelan escrófula ó linfatismo;
la nariz aplastada es propia de raquíticos y tuterculosos¡ los ojos opacos y mortecinos denuncian males
ocultos y afecciones crónicas; cualquiera que sea la
conformación original de un ser, la salud lo embellece y ya es mucho conseguir el que no haya nada que
acentúe y agrave la fealdad nativa y el allegarse el
contingente de frescura que de la salud y del vigor
deriva.u.
Hay sin embargo, se me objetará, tipos de belleza enfermiza, delicada, frágil y no menos pvtente y
denominadora. Estúdiese la plástica bizantina; aquellas vírgenes son escuetas como el bejuco y pálidas
cerno el marfil; carecen casi de formas, ni el seno ni
la cadera se delinean ni dibujan bien; hundido el pecho, demacrado el rostro, sombreados los ojos, transparentes las manos, huesudas y flacas, parecen convalescientes ó tísicas, y esas vírgenes constituyeron
durante siglos un tipo ideal de belleza, á sus piés se
arrodillaron los pueblos y cayeron las naciones en éxtasis místico; todavía hoy sobra quien las encuentre
idealmente bellas y sublimt!s.
Otro ejemplo; la escuela romántica tiene por tipo
ideal de belleza á la mujer pálida, delgada, trar:slúcida ojerosa, lánguida. Sanciona el váhido, la crisis
nerviosa, la jaqueca y los vapores; qufare á la mujer
inapetente é infecunda. Las románticas, es bien sa.
bido, tomaban vinagre para anemiarse, no comían
para enflaquecer, vivían á oscuras para palidecer y
enfermar. Y este tipo de belleza patológica fué aclamado, cantado, incensado ó idealizado por toda Europa y por.muchos años. Aún hoy los poetas cursis
entonan endechas que co:::iieman: Pálida joven! ....
prefieren el junco al arbol, y fuerzan á las mujeres
á pintarse ojeras.
Hay pues belleZl, puede haberla al menos, fuera
de la salud y del vigor, y la cloroanemia, la tisis y
hasta la diarrea pueden procurar á la mujer encant os y atractivos.
Nuestra objeción fundamental á este modo de ve.!'
es que toda belleza enfermiza es transitoria, que el
tipo es efímero y no perdura en las preferencias humanas y que las desviaciones del ideal de lo bello acaban por encauzarse de uuevo en el tipo Inmortal de
la belleza griega. Con la caída del Imperio Romano y
la,generalización del cristianismo, vino una reacción
contra la vida gimnástica, puramente física, característica de las repúblicas helénicas y que Roma heredó. Al gimnasio y al baño se substituyó el templo,
al atletismo la maceración, á la actividad flsica la
meditación y la plegaria; todo el hombre se concentró en S'.l propio espíritu y en su propio corazón; se
odiaron y pros'lribiron los juegos, las danzas, las carreras y se orga.nizaron las proce&amp;iones y las tandas
de ~iercicios; los sentimientos místicos exRl::.ados basta el delirio, absorvieron todo la activid d y monopolizaron todas las preferencias y toda la atención. El
hombre había dejado de ser cuerpo para transformarse en espíritu, y la estética, siguiendo el inevitable
impulso, menospreció el cuerpo y aspiró como única
belleza á la del alma. La plástica bizantina describe
dent,ro de un mínimun de forma,material, quea tenúa
y esfuma cuanto más puede, almas exaltados en el
amor divino, corazones torturados por la angustia
mística, espiritus extáticos en la contemplación del
más allá; los cuerpos demacrados por el ayuno y macerados por el silicio, enflaquecidos por el tormento
moral y por la devoción desaparecen envueltos en flo tantes y castas vest iduras; ninguna mujer ostenta
el seno, nido de funestas tentaciones ,ni muestra la
cadera, germen de reprobados apetit: s; sólo á sus
ojos atónitos, profundos y sembreados asoma su alma
angustiada y torturada.
El mismo fen5meno se repite con el florecimiento

�Domingo 22 de Octubre de 1899.
EL MUNDO,

254
d'Eil puritanismo en Inglaterra y con
el del romanticismo en Francia; pero
estas reacciones, lo repetimos, no son
duraderas. El único ideal posible de
belleza es el que pinta al hombre completo, acabado, compuesto de sus dos
elementos fundamentales, cuerpo y alma; el que no lo mutila, ni lo deforma, ni lo tortura para representarlo y
para pintarlo. La plástica griega fué
incompleta por inexpresiva; se consagró al cuerpo y olvidó el alma. Sus
creaciones son forma y no idea, relieve y no pasión; no piensan ni sienten,
ni aman, ni sufren, ni gozan. Las bellezas bizantina y romántica,por el con trario, suprimen el cuerpo, desdeñan la
materia, lo postergan y posponen el
alma y resultan tan incompletas como la otra. Durante e.l Renacimiento
comenzó y se llevó muy adelante la
fusión en un todo armónico del cuerpo
y del alma para pintar al hombre; to•
da vía Rafael es pagano por lo insulso
de sus figuras y lo decorativo y mural
de sus composiciones; todavía Fra Angélico es bizantino por la profundidad
de su misticismo y lo vaporoso é inma
terlal de trns creaciones.
Pero Miguel Angel, Leonardo de
Vinci, Tiziano, Rubens, los flamencos,
hacen plástica perfecta y completa;
adunan á la belleza impecable de los
cuerpos la potente efervescencia delas
almas; sus diosas, sus profetas, sus
apostole8,son hombres acabados, almas
soñadoras, pensadoras, activas encerradas en estructuras armoniosas, poderosas, sanas y la plástica del porvenir se inspirará perdurablemente en
ellos.
No; todo ídeal de belleza dentro
del raquitismo corpóreo es un absurdo; belleza·es fuerza, salud, agilidad,
acción, y es pensamiento, emoción y
pasión.
La mujer que quiera ser bella, que
procure ser sana y vigorosa y á la vez
que trate de ser inteligente y buena.
Que busque primero un cuerpo y luego
aloje en él una alma.

LA INSTRUCCION PRIMARIA
EN

MEXICO.

F ray Pedro d e Gante.
I
Entre los factores del progreso humano, descuella
por su indiscutible importancia la Escuela. Y entre
las divisiones de ésta es de mayor valor la primaria,
porque si bien menos intensa, es en cambio más extensa puesto que aspira á impartir los conocimientos indispensables á todos. Esto hace que sea á la vez
que interesante, grato recordar lo relativo á ella, y
muy particularmente placentero lo que atañe á la
Escuela Primaria en.t re nosotros.
Por eso consideramos benemérito de la Ense!Ianza
en nuestra amada Patria, al F ranciscano Fray Pedro
de Gante; y con entusiasmo y fruición se!Ialamos el
afio de 1522 y la ciudad de Texcoco, como el origen
grande y fecundo de la Instrucción Primaria, propiamente dicha, en el Continente Americano; y lleva la
gloria de haber establecido la primera Escuela en
ese lugar y en esa fecha el insigne Gante.
El más sencillo, pero el más sincero aplauso, tributamos hoy al benemérito Franciscano, presentándolo en este momento á la generación que se levanta, como acabado modelo de virtud, de abnegación
y de ardiente caridad.
LUIS E. Ruiz.

LA DANZA ESPAÑOLA.
Me gusta, ,entre todas, la noble danza espaliola. En
ella se asocia el orgullo castellano á la voluptuos;dad
oriental. F átima y Zoraida la transmitieron á Do!Ia
Jimena, que le ha dado su orgullo, dejándole su languidez. E l doble genio católico y musulmán de la
Espalia, se delata en todos sus movimientos y en todos sus gestos. Allí pasa la mujer por bruscas transicionei;!, de la molicie del harem á la energía del
combate, de la esclavitud al imperio, de la tierra al

Fray Ped1·0 de Gante.
Cielo. Después su pantomima describe movimiPntos
serviles, su cuerpo suave y acariciador parece ascender hacia invisible due!Io.. . . On soplo de aire pasa,
su cabeza se levanta, su nariz se hincha, un Njo de
altivez enciende su pupila, su mantilla adquiere plieguez de manto real; la odalisca se ha t ransformado
en infanta. Otras veces la veréis tomar el aire y el
mov!miento extático con los cuales las vírgenes de
Murillo flotan sobre la media luna, en un cielo purpúreo y rosado. Orgullo, pasión, negligeIJcia, entusiasmo del amor, frenesí del placer y ensuelio de felicidad, todos esos matices del alma se mezclan y
confunden en la danza pintoresca de Andalucía. Expresa, en un instante, pensam!entos de reina y locuras de bohemia. Antes marchaba sobre las nubes á
pasos de diosa, y ahora salta sobre el tablado de los
farsantes y de los titereros.
Hay momentos en que la bailadora entabla con tiU
caballero un1. lucba apasionada, rápida y deslumbrante como esos diálogos de Calderón en que las réplicas
chisporrotean. Ella llega con la cabeza envuelta y los
codos salientes en la mantilla negra, c::,n rosas en la
sien, con la pierna extendida en sus medias color de
azafrán, haciendo silbar entre sui. dedos el abanico,
llevando como una coron~ su alta peineta de carey
calada y piafando, bajo sus arneses de fiesta, con pie
resuelto. El caballero voltea al rededor de ella, implorando una palabra, una selial, una mirada, y dirige á la mantilla las súplicas que el amante, en las serenatas, envía á la persiana cerrada, tras de la cual
se encuentra su ador11.da. La dama se hace sorda y se
oculta más en su velo; su marcha se complica y se
confunde: diríase que pretende derrotar á su adorador y extraviarlo en el embrollo de sus pasos. De
cuando en cuando, lanza de sus pupilas acechadora.'!
una mirada vi va, cruel y traidora, como una pulialada en la noche, luego se escapa, oblicua y ferozment~
por el laberinto imaginario que dibujan sus pies. Al
fin, el amor la vence, una súplica más tierna la ha
herido el c1razón, su resistencia se cansa, su 0 1gullo
se desarma, la mantilla se aparta, se entreabre, cae
al suelo y la bailadora de mil colores, fulgurante de
lentejuelas de oro y plata, brota de ella, con los brazos desrl,.ganos. Las castañu~las desgranan, bajo sus
dedos, las 01,tas petulantes.
Entonces com,eoza una danza soberbia y fantástica, llena de impulsos competidos, de agasajos lasci-YOS, de avances eludidos, donde la cara que se caía
hacia atrás, enervada de amor, se levanta ardiente
en cólera, donde el gesto desmiente la mirada, donde
el abanico se burla de la sonrisa. La joven se debilita
y se rinde al fin: algunas veces cierra los ojos y apoya sobre la espalda del bailador su cabeza inflamada.
El caballero la conduce á pasos lentos, con el dedo so-

bre los labios ... . sus ples bailan toda.
vía y su cabeza flota ya en !a sombra
de un ensueño. El efecto de este reposo después de aquellas violencias tiene algo de mágico; parece que ~ asiste á un encantamiento de amor. Ha.
ce pensar en los intervalos de suenos
y de desfallecimiento que entrecortan
de pausas tan divinas las estrofas del
cántico: «Sostenedme con manzanas
fortificadme con perfumes, porque m~
muero de amo:-. &gt;-«Os conjuro por los
pavos y los ciervos del bosque, á que
no despertéis, ni hagáis levantar á la
bien amada antes de que ella qulera.,U no de los rasgos característicos de
la danza española es su suprema galantería. No tiene diou, como la danza
francesa. El hombre se borra detrás
de la mujer: la sigue, la escolta, la
protege, la rodea de solicitudes y de
homenajes; no tiene la estúpida pret ensión de agradar á su lado ni mostrar sus gracias ante su belleza. Qu6
t riste figura harían los céfiros asmáticos y los silfos derrengados de nuestros bailecillos junto á esos caball-eros,
atrevidos y corteses, que parecen
apearse de un caballo de guerra y cuya
pantomima varonil simula un rapto
novelesco. Así sucede muchas veces
en las fiestas populares de Andalucía.
En medio del bolero comenzado, llega
arrastrándose, desde el fondo de la sierra vecina, un majo en traje de cuero,
la navaja en la cintura, la chupa bordada á la espalda. Lleva en la grup&amp;
su compaliera; el caballo está atado f.
un árbol, y los dos, al saltar del estribo, entran resueltamente en el baile.
No hay más noble ni más encantador símbolo de la servidumbre amorosa que esta figura de b Sevillana. El
hombre tiende ante la mujer la punta
de su man.to; ella-pisa desdeliosa:nente y prosigue la vuelta; el bailador la
sigue repitiendo su maniobra, el manto se mult iplica para reD11lrle homenaje y se desarrolla ante sus pasos como ancho tapiz.
A veces la bailarina, absorta en s(
misma, improvisa el ritmo y las figuras del baile. 8&gt;
ievanta muelle y perezosament e, como pantera des•
pertada que estira ampliamente sus miembros flexibles. Lo11 hombres se enfilan al rededor, la acompa!Ian con un murmullo de guitarra ó la espolean con
las castañuelas. Ya es una avispa lo que busca entre
los encajes de la saya, como en los pliegues de un&amp;
rosa de cien hojas; ya su pié que arquea, admira,
vuelve y revuelve, como una joya encontrada sobre
una mesa divirtiéndose en hacer resonar el talón sonoro. Sus brazos forman al rededor de su cabeza esbeltas guirnaldas, 6 rozan la tierra como alas.
Hace la corte á su belleza, la ostent a, la provoca,
lanza su pierna hacia _fuera con deslumbrante golpe
de basqui!Ia. ¡Bien sacada está/ murmuraría entre
dientes el viejo Goya. Ella se mirá amorosamentb
en el círculo de los ojos ardientes que la rodean.
Pronto el entusiasmo se apodera de los espectadores,
desabrochan las chupas, se desatan los cintu~ones Y
los echan en envuelto m~ntón á sus piés. La bailadora se dibilita lentamente y se apoya en ese trofeo
con aire triunfal.
Alguuos pasos han conservado casi enteramente
el carácter orient al. Allí se encuentra el est ilo de 10&amp;
bailes moriscos en que el busto se mueve so_bre pler•
nas casi inmóviles y con las cuales se asPmeJa la bai·
ladora á una mujer petrificada que se agitase en todos sentidos para salir de su envoltura. Los plés están libres, es verdad, pero caracolean en un círculo
estrecho: el movimiento se concentra en las cantor•
siones y en las ondulaciones del talle. Nada más llamativo ni más extraño. Si la danza europea tiene la&amp;
alas del pájaro, la danza oriental tiene los anillos de
la serpiente. El pájaro encanta, pero la serpiente
cina. Cuando este paso lo ejecuta una bailadora
pura raza, la ilusión es completa y creerels ver
personita árabe bailar la Zambra sobre las losas dal
Pat io de los Leones, delante del califa, sentado
fondo en una posición de ídolo. La mira con sus
fijos, rodeados de antimonio, y su mano cargada e,
sortijas, acaricia lentamente su barba t renzada.

r:,
ºO:

ojr

PAUL DE SAINT VIOTOR.

255

EL MUNDO.

Domingo 22 de Octubre de 1899,

Y de sus losas pesadAs
Van resurgiendo ilusiones
En aladas
Procesiones .. . .

¡Muertos! .. .. y entonces los míos,
Presa de letal quebr,rnto,
Silenciosos v sombríos
Dejan resbaiar su llanto!. ...

Tri,tes ojos errabundos
Que exploran lf'j ,m os mundos!
Aunque ellos estén abiertcs,
No me parecen despiertos:
Los miro siempre abismados ..... .
Y si se cierran, cansados,
Me parece que están muertos . . ..

Si se cierran, si naufragan
Del sueilo bajo el capuz,
Mis ojos tambi én se apagan
Nostálgicos de su luz,
Y si ven, enternecidos.
De mi alma las soledades,
Bailados en claridades
Se alzan mis sueilos caídos ....

.A la luz de esAs m iradas,
Abrense las tumbas frías
Donde están mis alPgrías
Sepultadas,

¡Dulces ojos que se empeilan
E n seguir idealt&gt;s idos .... !
!Ojvs que mirAn dormidos
Y que suefian!
¡Ojos que al sentirse heridos
P,1r resplandorPs brillantes,
Tilmblorosos deEfdllecen,
C•rn.l rll dian y se estremecen
Al ver la luz, los diamantes
¡Ojos que jamás reflejan
Los enojos ....
¡Son tus ojos!
Ron tus ojos que semejan
Gra ndes gotas de rocío
Que de algun cáliz rodAron:
E5'.rellHS que á ti bAjaron
En una noche de estío!
¡ Pupilas ensoilt1doras
Q 1e ocult11s por las pesta.tias,
Huyen á e~f&lt;lras extrallas
En ·pos de extraflAs AurorAs . . . . 1
1

.llfARÍA ENRIQ,UETA.

Bf\LOONE8 f\BIERT08.
E l dedo metálico y movible del barómetro se
detuvo en los límites extremos de las bajas presiones; la columnilla capilar del termómetro, en
un d escenso brusco, seilaló nueve grados,, bajo
cero; por todos los hilos telegráficos vino de provincias y del extranjero la palabra nieve, y la
nevada empezó á caer de un cielo turbio, en copos menudos.
El silencio y la paz de la calle, por la que no
transitaba nadie, eran profundos, y hacían más
frío todavía el airecillo manso que bajaba de las
cailadas de la sierra. Todos dormían cerca de la
llama alegre de la chimenea ó dentro del tibio lecho, pensando durante el sabroso y vago limite
que separa la vigilia del sueilo, en la nieve que
cae fuera, y en el vientecillo manso que mueve
la persian a. con cadencia intermitente.
No todo duerme.
En la fachada cerrada y obscura de una casa,
hay un balcón iluminado, á ,eces abierto, como
un ojo que vigila la calle y espera algo: aquella

luz alumbra á uo muerto ó á un enfermo; el ojo
vigilante de la fachada espera al médico 6 á los
lúgubres empleados de la Funeraria. Con un poco de atención, se dif,.rencia la luz del enfermo
de la luz del muerto. La del muerto parece más
inmóvil, más triste.
Durante estos días de frío son muchos los balcones con luz y no pocos los balcones abiertos;
si el piso no es muy alto, se Vdn desde la acera
opuesta los cabos encendidos de las hachas, terminadas en llama larga, inmóvil y humosa. Aquel
hueco ilumina do hace entonces un poco tl! efecto
de las dos ventanas de la casa misteriosa que mi •
raban con terror los chicos de qu_e habla Víctor
Hago.
Como aquellas miraban ínquisiti va mente, é,tos
miran trauquilos, solemnes, fijos , como miraría
el muerto si no tuviese los ojos piadosamente cerrados, La apari:ión brusca de la muerte así, en
medio de la calle fría y sileneiosa, sin aparato,
sin aviso, recogida y anón ima, d eja una impre-

¿Seré el extraño A.rgonauta
de algúh falso Vellocino?
¿Será mi eterno destino,
-bella incauta,
andar como el peregrino
tras tu huella
y no dar jamás con ella?
¿Y esta fabula de amores
te será desconocida?
¿Pasará toda su vida
sin que llores?
Somos dos hojas que el viento
puede juntar un momento
en sus marchas inseguras ....
Ya sabes que el viento es loco
y que A.mor dura muy poco ..... .
¿Te aventuras?
Ni te he v isto, ni me has visto,
pero tu sabes que existo,
como yo lo sé de ti.
Tú me esperas, yo te espero ....

sióc. profunda y melancólica que ha~e menudear
el paso para huir de aquello que parece un 11viso;
pero la obsesión del balcón abierto sigue ya le•
jos. y se piensa como el personaje de un cuento
de Coppée, en quién será el muerto; tal vez una
mujer j oven y bonita, quien sabe si un niilo, prob 1blemente un v iejo A quien hi derribado la primera helada del invierno, y se medita sobre que
ya han pasado, en que ya no tienen que sufrir el
temido conocimiento del tránsito al más allá obs•
curo y amenazador.
Ya sabéis lo que ve de madrugada el transeunte, cuyos solitarios pasos en la c11lle oís en compaiifa de la llama ale¡rre de la chimenea ó dentro
del ti bio lecho. Y coDvandréis conmigo, en que
no tiene nada de 11gradable para contároslo á.
fdlta de cosa más alegre, pero ¡hay tan pocas cosas alegres!
FEDERICO URREOHA.

;,Vienes? .... ¿Voy? .... ¿Por qué seniero?
¡Nn lo sé! ¿Lo sabes, di?
N uestro amor es sueilo vago .... . .
Me adivinas, te adivino ... .. .
¿Sabe el lago cristalino,
si á su lado hay otro lago?
Si á los dos poner pudieras
frente á frente, en su embeleso
juntarían las riberas,
como lab ios, en un beso.
Cerca están, pero se ignoran .. , ..•
No se ven, pero se esperan,
Cuando bullen y se alteran,
Es que lloran!
Yo he de hallll.rte, estoy seguro ....
No sé cuando, más te juro
que tu boca he de besar .... l
Tú eres musa, yo poeta ..... .
¿Qué distancia, qué planeta
nos podría separar?
París.

MANUEL UGARTB:,

�Casa del Sr. Tablada,
Casa del Sr. Adolfo Jlegewisch.

/

__ ,

Quinta del Sr, Gral,. Don Manuel, Gonzdlez Oosio.
Quinta «Rosalia »

Casa del 81·. Natalio Sdnchez.

)

Casa del Sr. Don Carlos Rivas.

Casa del Sr. Dqr¡ g,,,,ardo llegetoi8ch.

Quinta «Margarita.»

�258

EL MUNDO.

Domingo 22 de Octubre de 1899.

&lt;3ampií'íaó dv 8Tt&gt;éxico.--t6Lzededouó de/ &lt;3oJ/oacáv.

Domingo 22 de Octubre de 1899.

2511

EL MONDO

EL SANEAMIENTO DE LA CIUDAD DE MEXICO.

Detalles de constrnrción de las compuertas, VÍ1Jta posterior.

Reseña de las obrasd1saneamiento.
Es por demás i nterEsante conocer algunos
detalles de la magna. obra que i;é tSlá Ilevand1, á cabo en la Metrópoli. Hoy publi-

1. Calle Real de Coyuacan. - 2, a y 4. Estud-ios de paisaje ent?·e Coyoacán y San Angel.- 5. Parroqitia de Ooyvacán.-6. La cantera de basalto.

camos algunos de esos pormenores. tomando
de una reseña especial los siguientes curiosos datos.
La Ciudad de México está asentada en el
fondo de un valle sin salida, y en el que, por
ésto, se acumulan todas las agues de lluvia
que caen en una cuenca tan extensa, que
llega á Pachuca por el Norte, á los Llanos
de Aparo por el Oriente, y está limitada
por las serranías de Ajusco y de las Cruces,
al Sur y a! P oniente.
Esas aguas de lluvia, que vienen á formar
el lago de Texcoco, no tenían más salida
que la at mósfera, pues sólo bajaba su nivel,
cuando disminuía la cantidad de agua por
efecto de la evaporación. A ese mismo lago
tenían que ir los des'lgües y los desechos de
la Ciudad de México, y como el terreno en
que ésta fué construida, está tan bajo, que
muchas veces las aguas del lago invadieron
varias calles de la ciudad, resultaba, que la
expulsión de esos desechos, era muy lenta y
dificil, aun en las circunstancias más favorables, es decil, cuando el nivel del agua de
Texcoco estaba muy baju. El conjunto de
circunstancias que se acaban de indicar, hacían que la vida de la Ciudad fuera en extremo dificil y sujeta á crísis, como las que produjeron siempre las grandes inunq~ciones.
La descripción de todas las obras emprendidas, y de todas las energías que se consumieron durante cerca de cuatro siglos, ha,
ciendo esfuerzos para mejorar las condiciones del desagüe, será bastant,e para ocupar
un libro, que afortuoa.dameote la Junta Directiva ctel Desagüe.del Valle. publicará muy
pronto, y que tiene encomendado el inteligente escritor, seilor Goozález Obregón. No
han sido menos laborio:sos y ta rdíos los esfuerzos que se hicieron p.u a expulsar de la
Ciudad los deshechoi, de las hablt:i.ciones,
pues las primeras atarjeas se construyeroná
mediados del siglo pasado; pero por una par'6 las malas condiciones do México. y por
otra, la imperfección con que en todo el
mundo, se construyeron los desagües de las
poblaciones hasta mediados del presente si-

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~ ~~:J~r!s de pequell.a esc.,11ár!a en las grandes escavac!ones.
que se ha usado par.&lt; em¡, ea

glo, hicieron que resultara en extremo imper fecto el sistema de atarjeas que hasta la
ftcha ocupa la mayor parte de la Ciudad.
Cuando en las principales eludades del
m undo se inició el movimiento q_ue hamod ificado radicalmente el sistema de desagüe,
mejorando mucho lar, condiciones higiénicas,
se trató en México también de llegar al mis•
mo resu!tado pero se tropezó siempre, con
que faltaban las obras del Desagüe del Valle,
que era la base fundamental de cualquier
proyecto para mejorar, las condiciones del
desagüe interior de la Ciudad.
Entre los esfuerzos que se hicieron para
llegar á un resultado, el más vigoroso fué el
emprendido el año de 1876: en el que, una
comisión de Ingenieros bastante numerosa,
estudió en muchos detalles, la pendiente, la
capacidad y las condiciones hidráulicas de
las antigt1.as atarjeas, para definir, de un modo científico, si era ó nó posible mejorarlas.
Los miembros de aquella comh,ión, no llegaron á ponerse d~ acuerdo, acerca de cuáles
eran las obras que deberían hacerse, y como
las condiciones políticas del País, obligaron
á suspender los trabajos de la comisión, nada se resolvió en definitiva, y quedó el asun.
to en suspenso, hasta el año de 1885, en que
se emprendió un nuevo estudio del asunto á
iniciativa del señor Ingeniero Don Man~el
Maria Contreras, que á la sazón era Regidor
de Obras Públicas; pero se tropezó con la
misma dificultad de siempre, con la de que
mientras no se concluyeran las obras del desagüe, no era posible modificar la pendiente
de las atarjeas:
Enton~s se inició de nuevo la prosecución de d1cb~s obras del Desagüe, las cuales
están ya casi termi nadas, debido al grande
cmpeflo qve en Lacerias tuvo el sei1or General Diaz y la Junta Directiva que nombró el
Gobierno, para administrarlas.
En los all?S de 1887 y 1888, sobrevino una
de aquellas 10undaciones que periódicamente afligían á la Ckdad, y entonces, el Ayuntamiento dispuso qne se establecieran las
bombas de San Lázaro, que tuvieron por obindepend_er del lago de Texcoco, el Desagüe
del intenor de laCiudad, mientras se terminaban las obras del Desagüe del Valle.
En ese mismo año de 1888, y á iniciativa
del Sr. Regidor de Obras Públ!cas, Ingenie-

�EL MUNDO.

260

ro Don José María Velázquez, se creó la comis!ón de
Saneami1mto, para que 1::studiara el proyecto definitivo de las obras que debían emprenderse para mejorar el desao-üe interior de la Ciudad, sobre las bases generalesºya aceptadas el año de 1855.
Esa Comisión trabajó tres años, tomanJo d3:tos topográficos y estudiando un sistema, que estuvier_a d_e
acuerdo con los adelantos modernos, y con los pnn~1pios sancionados ya por la experiencia adquirida, en
las poblaciones que han hecho obras semeJantes á las
que aquí se debían emprender.
Los fundamentos técnicos del proyecto, están ampliamente detallados en la memori~ que al .A.~untamiento presentó el jefe de la Comisión, el inteligente
é ilustrado joven Ingeniero Sr. Roberto Gayo!, el
año de 1891, y el Ayuntamiento qu~ entonces_ funcionaba, resolvió pasar dicha me mona al estud10 del
Sr. Ingeniero D. Luis Espinosa, quien presP.ntó su
dictamen á fines de 1893; este dictamen y el primer
informe pasaro~ d:ispués á una comisión compuesta
pcr los Sres. Ingenieros D .. Man~el Cont_reras, D.
Leandro Fernández y D. Lms E;prnosa, quienes concluyeron por aceptar en todos sus detalles el proyecto del Sr. Gayo!, después de que durante seis meses
hicieron el estudio minucioso del asunto.
E l proyecto en lo esencial es el siguieu~e:
El Canal del Desagüe del Valle que t iene su orígen en el extremo oriental de la Ciudad, establece
el punto más bajo de todos los alrededores :le la población, punto á donde ;:ior esta circunstancia deben coneurrlr todos los desagües de la Capital.
Allí comienzan los colectores que tienen su ?rigen á

t:~

Domingo 22 de Octubre de l o99

EL MUNDO.

261

~. - VI sta del frente de las compuertas en vía de construcción.

3 .- 0ubetas de los colectores del Nm·te. Cent?-al y del Sur en el punto donde se r·eitnen para entr·ai·
en las compuertas.
cosa de cinco metros abajo del nivel del terreno y con
una pendiente unif'lrme, entran en la Ciudad.
El Colector general dP-1 Norte se bifurc_a en un pu?to situado algo más de 700 metros del or1gen, Y en 1a
bifurcación se divide en dos colectores de m,ás pequeño diámetro, qne llamamos el colector num. 1 Y_ el
colector núm. 3. El colector general del Sur también
se difurca en otro punto que está á algo más_ ~e 'iOO
metros al Sur del origen, y al bifurcarse se divide en
dos colectores más pequeños, á los que llamamos colector núm. 2 y colector núm. 4.
Cada uno de los colectores, central, 1, 2, 3 y 4, ocupa la linea media longitudin_al de una área, que representa próximamente la qumta parte de la superficie total de la ciudad.
.
Cada una de estas fracciones de superficie, la lla•
mamos zona, y están separadas una de otra por las
líneas que en el plano respe~ti~o van señaladas con
untos y raya&lt;1, que á la vez mdican cuál es. el t1 arecto que deberán seguir los tubos de distribución.
Estos tubos tienen por objeto conducir el agua que
servirá para lavar las atarjeas, de la manera que :i.delante se indicará.
A partir de los tubos de distribución, comienzan
las atarjeas que )Jamamos laterales, que son de peueño diámetro y construidas con tubos de barro vl€rificado. Estas atarjeas están marcadas en el pla.no con líneas delgadas formadas de pe~uei'ias rayas.•
El trayecto que siguen estas atarJeas laterales,
siempre es sinuoso, pues pasan alternativamente de
una calle que va de Poniente á Oriente á otra que se
dirige de Norte á Sur, ó viceversa.
.
El objeto de esta disposición es ~onsegmr ,.,,&lt;i,ue
no quede sin lavai ninguna de las atarJeas de la cm•
d d pues los tubos de distribución están á cosa de
cuadras de distancia de los colectores, y si se
construyeran las atarjeas pequeñas, síg:ulendo
rectas ya fuera en dirección de Onente á o:f:te ó d~ Norte á Sur, seria muy difícil proveer

Domingo 22 de Octubre de 1899.

del agua á todas estas atarjeas, y fácil es convencerse por la simple inspección de los planos, de que la
disposición que ~e ha proyectad? p~ra ias at~rjeas laterales, es la unica que permite mt,roduc1r el agua
con que se bao de lavar todas las atarjeas sin excep,
ción.
Estas atarjeas laterales tienen su pendiente siempre desendiendo del tubo de di,;tribución al Colector,
de manera que este ~irve para recoger ó colectar la&amp;
aguas de la Zona, y por esta razón se le llama Colector.
Las aguas para lavar las atarjeas, se toman del Canal de la Viga, proyectándolas por medio del Canal
de deri vadóo, hasta el crucero de éste con la calzada de la Piedad; e1'l. este crucer0 toma el agua una
bomba poderosa que se ha establecido, y que es capaz
de forzar un metro cúbico de agua por segundo, que
entra á los tubos de distribución, con uoa presión
inicial equivalente á una columna de agua de 12 metros de altura.
En la bomba comienza un tubo de fierro de 108
centímetros de diámetro interior, que sigue por las
calles de Buca.reli y corre ha.Ata Nonoalqo y tendrá
algo más de 3 200 metros de longitud; de este túbo
parten 12 ra~ales: 6 al Oriente y 6 al Pouiente, ~ue
sirven para distribuir el agua á todas las atar¡eas
laterales y que por estas circunstancias llamamos tubos de distribupión.
·
Los ramales tienen O. 76 de diámetro interior y son
capaces de conducir dos de ellos, toda _el agua que
lleva el tubo principal; se les dió ese diámetro con
el objeto de concentrar toda el agua y toda la ener-

5.- Boquillas de los colecto1·es al desembocm· en las compuertas.
gfa de la bomba pc1,ra lavar sólo una zona; pero como
la operación será muy rápida, en un s-:lo día se podrán lavar todas las atarjeas de la ciudad.
El punto en donde conviene colocar siempre una
bomba que debe hacer el servicio de aguas de una superficie cualquiera es siempre el centro de esta superficie, pero como en la ciudad, seria difícil ó casi imposible, colocar la bomba en el centro de la ciudad,
se eligió el crucero de la Calzada de la Piedad con el
canal de deri vación por ser el que estando más cerca
de la línea media, no presentaba dificultad para colocar el !ubo general de distriliución.
En el origen de cada una de las at,ujeas en las cuales entrará un t ubo de fierro de 0.16 ó 0.20 de diámetro que se enlace con los tubos de distribución, y entre
éste y el origen de la atarjea, habrá una compuerta
de fierro y bronce que funcionará con presión hidráulica, y arreglada de tal manera, que con un tornillo
se podrá re'l'ularlzar la cantidad de agua que entra
á cada una de las atarjeas laterales, y una vez que
eae tornillo esté fijo en su lugar, pasará por la compuerta siempre la misma cantidad de agua.
Esta cantidad, la necesaria para lavar cada atarjea, varía con las condiciones de pendiente y diámetro que tenga cada lateral, y estará comprendida entre 90 y 200 lit ros por segundo.
P~r las condicione&amp; de secciór:. y pendiente de las
atarJeas laterales, la velocidad del agua del lavado
será de un meLro ó más por segundo, pero .:omo al
entrará la atarjea el agua llevará una velocidad inicial de 10 á 12 met,ros por segundo, la velocidad media en las atarjeas la pasará por regla general de 2
metros en la misma unidad de tiempo.
Las compuertas de las tomas de agua, 'le tendrán
abiertas todo el tiempo qi:e sea necesario para que
la pr11!1era que entre á la lateral llegue al colector, y
tenientlo en cuenta la longitud de la atarjea y la ve)ocldad con que el agua pasará, en muy pocas atarJeas será preciso tener abiertas las compuertas más
de5 ó 6 minutos.
Con la cantidad de agua que es capaz de elevar la
bomba ya. establecida, se podrán lavar simultáneamente de 6 á 8 atarjeas, y suponiendo que en todos
casos se conserve la corriente en cada una por diez
minutos y fijándose en que cada . una de las atarjeas
laterales ocupa 5 calles por regla general, resulta que
diez minutos se podrán lavar las atarjeas de 30
40 calles, y por lo mismo, en unas cuantas horas,
~ueden limpiar las atarjeas en toda la ciudad. La
~ tica Indicará cuál es la frecuencia con que se de~ dar los golpes de agua, pero probablemente no
se necesai:10 dar más que 1 ó 2 cada semana y co:~el maneJo de las compuertas es tan sencillo, basun personal de 12 á 15 individuos entre maqui~perarios, para conseguir este resu!tado, y
la única ciudad en el mundo que pueda
11mplaréx1co
sus atarjeas con tanta frecuencia y de una
manera tan eficaz.
Los detalles de los pozos de visita, pozos de ins~~n, las coladeras para el pluvial, el sistema de
Bid~ ~Ión Y todos los detalles de construcción, han
qne ObJe_to de un estudio minucioso y '.)rolijo, estudio
las se h~zo analizando la práctica '}Ue se observa en
d principales ciudades de Europa y los Estados Unios, Y eligiendo lo que ha dado mejores resultados,
para aprovechar la experiencia adquirida en otras

partes, y evitar así que se reproduzcan en México los
inconvenientes que se han observado en muchas de
las disposiciones que para todos los detalles se han
ensayado en Europa y los Estados Unidos.
r~
La construcción de todos los elemenLos, cuyo conjunto formarán las obras de saneamiento de la ciudad, ha exigido el estudio de numerosisimos detalles,
cuya rlescripción baremos poco á poco, y que al .fin
se han de compilar en la publicación que haga la
Junta Directiva para drscrlbir las obras.
Por ahora publicamos algunas vistas que dan Idea
de ciertos datalles: unas que representan las obras en
vías de ejecución, tales como el dibujo número 1, que
da idea de las dificultades que en ciertos Jugares se
presentaron para sostener el terreno y poder trabajar á gran profunilidad.
Los dibujos números 2 y 3 representan las compuertas que ligan las obras de la c!udad con las del
Desagüe general del Valle, en el momento en quedichas compuertas estaban en vfa de construcción.
El dibujo número 4 es una vista del aspecto que
presentan los colei::tores en la parte interior y abajo
de un pozo que hay, en el punto en donde se enlaza
el Colect or General del Sur, con el condi;cto de las
bombas de San Lazaro.

El dibujo núm. 7, da una idea de la maquinaria que
sirve para mover la bomba.
La administración y eJecución de las obras, la ha
encomendado el Gobierno á una junta en la cual el
Presidente es el :::lr. Lic. Don José l. Limantour y
los vocales, Ingeniero Don Manuel M. Contreras,
Don Luis G. Lavie. Don Gabriel Mancera, Lic. Pablo Maceao, Ingeniero Don Leandro Fernández, Ingeniero Don Santiago Méndez y Don Pedro Rincón,
quienes desde que se iniciaron los trabajos, nombraron Ingeniero en Jefe y Director, al Sr. Ingeniero
Don Robe1to Gáyol, autor del proyecto y persona entendidísima.
E&amp;te señor tiene á su cargo la Oficina técnica en la
cual hay una sección de Ingenieros que trabajan en
el campo, levantando los planos de las calles y avenidas para que dibujadas en grande escala, puedan
servir de base para ir proyectando uno por uno, todos los detalles de las obras. Los datos así recogidos,
pasan á la oficina ne dibujo en donde otro grupo de
Ingenieros, construye los planos, sobre los cuales el
Director proyecta las obras, y en seguida se calculan
todos los elementos del desarrollo, curvatura y pendiente, y demás que ~on indispensatles para la ejecución material de le,s trabajos.
El mismo Director tiene á su cargo el Dep:1.rtamento de inspección, compuesto de un Inspector General y un grnpo de inspectores auxiliares q1 e á su vez
tienen á su cargo la vigilancla de las obras, para ir
comprobando,pun to por punto, que ellas se ejecutan de
acuerdo con las estipulaciones del contrato respectivo.
Anexo al departamento de inspección, hay una oficina para experimentación de materiales, en donde,
por medio de máquinas y aparatos construidos para
el objeto, se estudian las condiciones de resistencia
y demás, que están detalladas en las especificaciones anexas al con1 rato, y que sirven para impedir
que en las obras se usen materiales de mala calidad,
reduciendo á números sus cualidades, dentro de los
límites estipulados.
En este departamento, además de los materiales
que se emplean en las obras del saneamiento, se estudian y analizan todos los materiales de construcción que llegan á la oficina y que se emplean en los
trabajos públicos y privados, estudio que es de grande importancia, porque se tienen ideas vagas respec,
to de la verdadera reslatencia de los materiales que
en México se emplean.
En esta magna obra ha tomado participación muy
directa y meritislmo empeño el Sr. Gral. D. Manuel
González Cosío, actual Ministro de Gobernación, el
cual desde que ocupó la presidencia del Ayuntamiento, hace algunos años, hizo comprender la necesidad
de llevar á cabo esta importante mejora para la
Ciudad.

,ra

:~"!l

Ji-

4. -Pozo en el punto de enlace del Colector General del Snr y dµl conrluct r· á las bO'l11bas de
San Lázaro; vista mirando hacia el Sur.

7. - Bomba de la Piedcd

F. B. E¡

�262

EL MUNDO.

Domingo 22 de Octubre de l~AII.

Año VI-Tomo 11

México, Domingo 29 de Octubre de x899.

BELLAl!i ARTES.

PRIMEROS RAYOS DE SOL.

Cuadro de Juan Sala.

CURIOSIDAD.
L . Passini.

Número 18

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>�240

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

Por fin llegaron las tardes de Otoño con sus brumas de rosa y sus crepúsculos de cristal, con sus paisaje!l dorados y melancólicos y su aire fresco y transparente que trae el acre perfume de las hojas secas
y de las flores moribundas.
Son divinas estas tardes de Octubre en cuyos horizontes hace el sol incoucebibles juegos de luz. Sobre
la seda azul de las montañas, pringada de gemas
chispeantes encórvase el acero luminoso de los cielos sobre el 'cual se deslíen las nubes en diáfanas y
caprichosas rantasias. Y abajo, en los llanos y en las
campiñas, tiende la claridad su red sutil y deslumbradora, clavada á la tie1ra, aquí y allá, por largos Y
frágiles dardos de sol. Es este un Otoño nuestro, matizado y lleno de savia, en el que la naturalez~ se ve
más hermosa que en primavera, como una muJer de
veinte años, embellecida por el amor y por el_ deseo,
es más hermosa que la niña de formas angéllcas que
ni sabe aún ataviarse ni conoce la alegría de vivir.
En otras partes, el Otoño es áureo y rojizo, de un
tono uniforme y seco, que no es otra cosa q?e la
transformación rápida del verde muerto. La tierra
no tiene jugo ya; está fría, y en vano los árboles la
cubren con hojas para de vol verle el calor. T• :rlo el
día cae por lus S!nderos y los surcos, una lluvia d•!
alas amarillas que el viento se entretiene en arra11car de las obscu ras ramazones.
En nuestro Otoño, el ve1de no muere; sP. enferma
nada más, palidece, toma un suave tinte flavo y lívido que es de uua infinita variedad de campo á campo,
de tronco á tronco, y de rama á rama. No es el oro
viejo, monótono y sin brillo, _el que cubre )a arena
gris de los caminos y que man posea en los aires y los
llena· es la esmeralda jugosa, bañada en luz de plata,
con dulces reflejos de sangre anémica ó matices de
púrpur,1, desteñida. La tier,a t iene savia; sólo que
está perezosa y soñolienta, y qu iere dormir un poco
porque como el sol la ba acariciado tanto, se siente
camacla ele clar jlr&gt;re.~, de la misma manera que una
amantP. que se fc1tiga de dar besos ....

•

Los diarios de información se ban entretenido durante la semana en pormenorizar dos sucesos, no originales, ni extraños siquiera; pero &amp;í inte~esantes: el
proceso de unos ladrones de cincuent~ m il pe_sos,. y
la aprehensión de otros, que, con hábiles comb10ac10nes, engañaron á un rico español para robarle algunos miles.
.
Estas n'Jticias serían de una aburridora Insignificancia, si en ellas no apareciera el tipo del heroe novelesco de folletín, hecho con un poco de Rocambule
y otro poco de Conde de Montecristo. Hablo del ladrón de levita, del misterioso personaje que se presenta en sociedad con los aparatosos modales de un
actor, de un galán joven, que vi.;te con elegancia,
come y b~be con es plendidez, sabe bailar boston, y
babia del honor como de un ideal ya conquistado y
seguro.
En las sociedades exquisitamente civilizadas se
presenta este caballero con bastante frecuencia y sus
proezas hayan en ellas campo libre y rico. La vida
de estos hombres debe de ser interesante y curiosa
por extremo; debe de estar compuesta de escenas y
episodios jocoserios, como las memorias de Casanova, con un gran fondo de filosofía callejera, pervertida y amarga, en cuyo vulgar pesimismo no palpitará otra cosa que una gran sed de placer y un sensualismo encanallado y brutal. La educación les
ofrece poderosos recursos para llevar á cabo sus fe chorías; y la moda y la urbanidad ponen á su disposición agradable.s disfraces para ocultar sus intenciones y malevolencias. Son hábiles prestigitadores, comediantes de buena escuela, y andan por esos mundos, urdiendo planes y fraguando acechanzas entre el
estruendo de una orgía inacabable, ccmo si la sociedad fuera para ellos lo que para los rom'l.nos de Petronio, fué la casa de Trimalción.
No era común entre nosotros este peligroso embaucador. Nmstro era y henchía las cárceles el tipo del
ladrón miserable que, por las noches, en las calles solitarias, burtaba, puñal en mano, y echaba á correr
con el reloj y la bolsa á su lejano escondite, á su tenebrosa Corte de los Milagros. Nuestro era el haraposo, el hambriento, el vagabundo, que, ignorante y
estúpido, arrebataba á la existencia, para poder vivir, lo que ella no le daba de buen grad~. Pero este
malhechor era fácil de conocer, y la policía lo atrapaba con facilidad entre sus mil y tres tentáculos.
Mas al ladrón refinado, al elegante, al que flanea
por el houleval'd del brazo de lo~ amigos aristócratas,
al que asiste á teatros y clubs, Juega al bacarat, va

EL MUNDO.
en carruaje al paseo, galantea á las perdidas de m~da,
y desafía á los que se atreven á poner en tela de Juicio su nobleza, á ese autor de estafas y eng&amp;i'ilfas, á
ese flamante Plcolet, no le veíamos apa~e~er sino de
cuando en cuando, en los anales del presid10.
Hoy, quizá por primera vez, nos damos cuent3: de
que nos invadió l&amp;. plaga y d~ que la propiedad tiene
un nuevo enemigo, más terrible que el pobre ratero
que va entre la multitud, avispado y audaz, buscando la punta de un pañuelo que extraer, y que el legendario salteador de caminos, que antaño, iba por escarpaduras y ve_.ricuetos, e;1-poniend? la vida, en persecución de algun convoy imaginario.

** *

El ~eatro Nacional, durante nueve ó diez meses_d~l
año, es una jaula abandonada; una jaula, muy v1eJa
y grande que acaba de abrir sus puertas á una buena
bandada de aves que vienen de los antiguos bosques
en que soñaba Mignon.
Por la página que boy publica el Semanario, se
comprenderá que la belleza es la nota dominante en
ia compaiíía de Sien!.
Primero, veamosá las artista&amp;. ¿Verdad que son
bellas? Ahora; silencio, vamos á escucharlas .. • •

La vanidad y la muerte.
Dicen que la vanid?u sobrerive al hombre, que lo
acosa y persigue wás allá d~ la vida y más allá de la
tumba; que el in&amp;tinto de la ostent,acióo, del atavío,
del lujo, que la sed de llamar la atención y d~ producir impresión no tiene por límites los mezqmnos y
estrechos de la bu mana existencia y que perdura y
sub!!iste cuando el último soplo se ha disipado.
En vida, el hombre quiere ser visto, distinguido,
a,dmirado; anhela fijar la pupila del público y atraer
la mirada de la posteridad. Pasar inadvertido es el
más cruel de los tormentos y la más dolorosa de las
desgracias; brillar, figurar, oir vibrar su nombre en
las múltiples trompas de la fama; despertar, y si posible es, acaparar la simpatía, la atención, la. admiración de l1Js demás hombres parece ser la dicha suprema, el éxtasis sublimi&gt;.
Por dejar de ser nadie ó uiw ele tantos, no hay empresa que el hombre no acometa, ni aventura que no
emprenda, ni peligro que no afronte, ni catástrofe' á
que no se exponga. Lo que los capitanes llaman gloria, los poetas f 1.1,ma, los ¿stadistas prestigio, los financieros renombre no son sino formas de la humana. vanidad.
No bay guerrero que no pretenda ofuscar á Alejan.
dro ó á Napoleón, ni a rtista que no aspire á hacer olvidar á Miguel Angel, ó á Leonardo; ni financiero
que no llnhele desbancar á Vanderbilt ó á Gould.
Desde el fondo de su buhardilla el último de los·poetas
sueña con los lauros de Homero y desde el fondo de
su tonel todos los Diógenes envidian á todos los Aristóteles.
Una pasión tan intensa no puede menos de extraviarse, cegarse y ofuscarse á menudo, y si hay quien
vincule la. vanidad en el talento, en la virtud, en el
beroismo útil, en el sacrificio necesario, en el trabajo
fructuoso y en larlquezalegítima, no faltan quienes la
finquen en fll vicio, en el crimen, en la extravagancia. Diógenes aspira á singularizarse y á brillar más
por sus andrajos y su cinismo que por la pro.undidad
de su filosofía; Byron estima en más sus escándalos
que sus poemas y aspira antes á ser D. Juan que á escribir su epopeya. Erostrato, no teniendo de que
echar mano, se bace incendiario para pasar á la posteridad y lo consigue.
Otros, de un género más inofeDRivo, se arruinan
por gastar lujo ó se dejan crecer uua barba monument.al, como único título á la admiración, y los bay que
comen en cuclillas ó d::ermen en su ataúd como se dice de Sarab Bernardt. E l medio es lo de menos, el fin
principal es no pasar inadvertido.
Entre los vanidosos del género inofensivo figuran
los que están poseídos de la vanidad del sepulcro. La
magestuosa columnata y la cúpula arrogante bajo la
cual Uonba su viudez Art,emisa; las mostruosas pirámirles que guardan los restos de los reyes egipcios;
los templos interminables en que duermen su último
suti'io los príncipes indous, son monumentos desmesurados de la desn::esurada vanidad humana. Felipe
II se construye como tumba t0do un escorial; los reyes de Francia no quieren menos que la basílica de
S:i.int Denis para abrigar sus restos; la abadía de
Westminster parece pequeña á los monarcas y grandes hombres ingleses; Napoleón I miraba el Panteón
con la restricción mental de que le sirviera de sepulcro y tuvo que contentarse con los Inválidos.
En menor escala los modernos sabemos construir
suntuosos mausoleos para abrigar nulidades; eu el

Domingo 15 de Octubre de 1899.

Domingo 15 de Octubre de 1699.
Pére Lacbaise, en París, hay un monumento llamad&lt;&gt;
el pilón ele azúcar, rl val de la torre d ' Eiffel y que ca.
si ni se sabe de quién es; en el famcso cementerio deGénova bay un sepulcro, con estátua en p ié admirablemente cil;1celada y pedestal armonivso y elegante,
todo de mármol de Garrara y suscrito por grandes.
maestros. Es de una recaudera que vtvió en la más
sórdida miseria, que se privó de todo, que no disfrutó de nada, que sisó en el peso y la medida de sus.
legumbres y economizó sueldo á sueldo los ciento y
tantos mil francos que destinó en vida para levantarsu propio monumeuto. Este sacrificio de la vida para construir la casa de la muerte es un colmo en su
género y no conocemos nada más extravagante. Las
cenizas de la recaudera deben de estremecerse de
alegría en su sepulcro cada vez que el viajero-en los
cementerios parece no haber otra cosa-al leer la
inscripción que narra la proeza, la califica de pura y
simplemente imbécil.
.
Ver esto los americanos y picarse aljuego fué todo
uno ¡cómo! la libre América que ba levant ado el Capitolio, que construye á diario portaviandas de veinte y treinta pisos para alojará sus compañías de seguros, que ha fabricado los mataderos y graneros d&amp;
Cbicago con elevadores Atlas capaces de levantar al
mundo entero á un quinto piso, batía de dejar á la
vieja y decad!)nte Europa, á la India vé_dica, á la España medioeval, al Egipto de las setecientas mil dinastías la gloria de poseer los monumentos sepulcrales más vastos, más pesados, más feos y más costosos
ne la tierra! Peosar esto y caer sobre el pobre de
Wasllington fué todo uno. En el acto ~e le construyó á guisa de tumba uu enorme cirio pascual de cant!-\ría qne puede ver:,e desde todos los con fines ile la
Uni611 y cuyo úoico mérito es la inscripción: E l p rimero en la gue:rro, el primero en la paz, el primero en ei
c ,raz61t de su.-; conciuduclww.•; igual fortuna epigráfica
ya que no monumental, tocó á Fr,mkliu con el lema:
Eii·puit celwn Júlmine

Cetmnque tirnnis
que en buen romance d!ce:
Arrebató el rayo al cielo y el cetro á los t iranos.
Ante tan saludable y patriót;co ejemplo los reyes.
del oro, del cobre y del plomo, los del jabón pr!tto
y del azúcar moscabado, del jamón gordo y del petróleo
bruto se apresuraron á construirse sns t umbas en relación con sus pingües recursos. El p recursor fué
Jay Gould que gastó sesenta mil dollars en su SP.pulcro el cuJ.l velal,an noche y día unos guardianes con
librea negra franjeada de blanco de uu gusto irreprochable.
Comenzó entonces la puja, pero Jay Gould, muerto, no pudo ya pujar, y por la primera vez d_e su vida, ó mejor, de su muerte, perdió e n Di'~oc10 y lo
pP.rdió por varios cuerpos ele luz. Hutch1son le sucedió con una tumba de ochenta mil dollan;, construida con un mármol especial, único, cuyas cantera.~
adquirió al efecto de que nadie tuvi~ra t umbas del
mismo mármol. E,a previsión lo honra; pero no le
ha asegurado el record del sepulcro.
El cámpeonato recayó por un momento en R obert
Grelett, cuyo cadáver tuvo la satisfacción de ce!lir
por breves días el codiciado cintur~n. Su sepulcro
cuesta ciento veinte mi l dollars corridos. E~ uno de
los más gigantescos de los Estados U nidos; consta de
sesenta departamentos con sala de recibir, des pacho,
y 1:,upongo que también buzón y telHon?; es de estilo jónico y como si esto no bastara, imita la disposición interior de los sepulcros hebreos, muy anterlo•
res á las tumbras griegas y romanas conocidas, con lo
cual el difunto, que aun vive según creo, revela mucha cronología y mucha con!!ruencia a,tfstlca, Y no
incluye-el sepulcro-sino materiales neta~ ente norteamericanos, con lo que prueba-el dll unt o, que
aun vive-su incondicional adhesión al arancel Mac
Rlnley.
Pues bien, esta maravilla arqueológica, arquitectónica y proteccionista, tiene ya una rival: la última
morada de W. A. Clark, el rey del cobre, que por lo
visto no quiere dejarlo ver. El monumento costari
doscientos mil pesos oro, y hay que ~&amp;per_ar que el estilo sea chinesco y la disposición rnt,er!or sea ,l a d~
las tumbas posteriores á todas las conocidas. :Si asi
fuere, Robert Grelett no se levantará del golpe, bieu
que, en obsequio de la verdad, Sir Rober_t haya_construido su sepulcro precisamente con la rntenc1ón de
no levantarse más.
Si así seguimos, acabará por no bastarnos la vida
para ganar lo necesario para abrigar nuestra muerte,
y tendremos que imit'l.r la ava_ricia de la v~rduQler:
genovesa. A cada paso nos mterpelaremos. - ¿ ,U
haces de tu dinero que andas tan desarrapado.Estoy juntando pan mi sepulcro.
_
Y qué menospreciables hemos de ver con el t lem
po á la virgen que duerme bajo el ros~!, Y ª!af~j~
:
que descansa bajo el sauce!.. . . . . Casi tan n e
como á los que andan en calancl?ia.

EL MUNDO.

241

&lt;Eoóaó ant~qua:J de 8T6ext'co.
LA C A TEDRAL.

II

D.t.:T.1.LLES CURIOSOS.

se Indicó en el precedente artículo
-que hoy daríamos á conocer algunos
datos curiosos de nuestro Templo Metropolitano, y á fé que habrá necesi-dad de dejarnos mucho en el tintero
para dar cabida á lo más culminante,
por faltarnos espacio para toao.
Especialment e nos detendremos en
-detalles del interior de la basHica,
Ya se dijo que en las naves cerradas
-estaban distri buidas trece capillas, cada una de las cuales merecería un estudio especial. Enumero simplemente
lo1ue más lla me la atención.
¿Cómo no fijar desde luego nuestras
miradas en la CAPILLA DE SAN JosE,
donde el patriotismo mexicano se agl:ganta y sepulta entre flores ,uariamente la urna consagrada que guarda las
-cenizas de los héroes inmortales, que
tornaron en libre y soberana á nuestra
hermosa Patria 0
Los restos yacían, primero, en la pe-queña cripta del Altar de los Reyes;
-algunos de dichos restos fueron solemnemen~e transportados á la Catedral la mañana del 17 de Septiembre
-de 1823, permaneciendo en esa cripta
hasta el 30 de Julio de 1895, en que
-con no menor solemnidad se colocaron
-en la capl\Ja citada, desde la cual, es
de esperarse que cuanto antes se lleven al sitio que el Supremo Gobierno
en nombre de la Nación les Je~tina.
La CAPILLA DE SAN FELIPE DE JE.
:sus guarda otro monumento patriótico: el se:,ulcro de D. Agustín de Iturblde. Pomposamente se hizo la translación de los restos desde Padilla hast a México, por decreto del Congreso de
6 de Agost o de 1838; celebrándose la
solemnidad en 27 de Octubre de ese
-3110.

Monumento don:1e yacen los restos de los Héroes de la Independencia

Sobre la urna de madera que encie•
rra otra donde se hallan los huesos, se destaca esta
-11.igante inscripción:
AGUSTIN DE lTURVIDE (SIC.)
AUTOR DE LA INDEPENDENCIA MEXICANA
CoMPATRIOTA LLORALO,
p ASAJERO, ADMmA:.o
.EsTJ: MONUMENTO GUARDA LAS CENIZAS DE UN HER0E
Su ALMA DESCANSA EN EL SENO DE DIOS,
Fuera de la reja de esta capilla, se observa una
tuente baut ismal , la que, á su vez, está circundada
-oon otra reja de madera dorada. Dícese que en esa
pila recibió las aguas bautismales el Santo mexicano
.Felipe de Jesús. Es dudosa la especie; porque ni 'lun
.ta ;&gt;artlda de bautismo ba podido encontrarse.
La CAPILLA DEL SANTO CRISTO conserva los bue-

Reja del Coro

sobre las alas de la santidad, dejó profunda huella sobre la tierra!&gt;
Algunas capillas contienen famosos
altares churriguerescos, pero ninguno
como los llamaios del PERD0N y de
LOS REYES.
El primero forma el trascoro del
templo. Al decir de Seflano se dedicó en 19 de Junio de 1737. &lt;Se cuenta que un preso pintó la imágen en la
puerta de su prisión y esto le mereció
su libertad. Torquemada babia de él
y dice que es así llamado por las innumerables indulgencias que se han
concedido en favor de las almas del
purgatorio.&gt;
Efectivamente, la denominación con
toda evidencia no le viene por la
principal imágen que en el altar se venera; pues desde antes de que el retablo existiera, la puerta principal del
Templo frente á la que el altar se encuentra, ya se llamaba del Perdón.
Arriba de la imágen de la virgen
está un San Sebastián cuya pintura,
en opinión de alguna respetable autoridad, tiene el sabor de la escuela de
Baltazar de Ecbave el viejo. Cabrera
en RU E.•cudo de Armas de México hace
referencia ~ este cuadro, &lt;como &lt;imágen excelente pintada por una mujer;•
quizá alguna de las dos esposas que lo
fueron del mismo Echa.ve; aun cuando
se ha dicho por error que la artífice
fué una señora apellidada Sumaya, confundiendo est:&gt; nombre con el del lugar donde Ech11 ve nació en España.
El Altar de los Reyes es también
muestra famosa de ese esttlo original
inventado por el español Churriguera,
que no por ser extravagante nota de
un arte decadente y singular, deja deser rico y de maravilloso efecto. Est;\
colocado, como en nuestro primer artículo indicamos, en el ábside del
Templo ocupando todo este lugar con
sus tallados ornato~, su colección de
santos y de reyes bíblicos esculpidos y
pinturas originales de celebridades
mexicanas y españolas. Citaremos especialmente el
gran cuadro de la .A.sunción de la Virgen, titular de
la Catedral, obra del pincel de Juan Rodríguez Juárez, hermano de Nicolás apellidado el Apeles Mexicano; así como el lienzo que representa la Adoración
de los Reyes.

sos del lamoso eremita Gregario López y la del canónigo Juan González, su compañero. Gregario López
aparece siempre en las viejas crónicas como un ser
mi&amp;terioss y ,;lnl!'ular; las consejas le suponen ser el
mismísimo príncipe D. Carlos, el bullente hijo de Felipe II, al cual retirado en su ermita de Santa Fe, en
el Valle de México, le sorprendió la muerte al cabo
Bajo la bóveda de la nave mayor se yergue el alde los aíios después de una vida austera y ejemplar.
Las ruinas de su solitario retiro todavía se conservan. tar principal de la basflica, el Ciprés, ante el que se
En la CAPILLA DE SAN PEDRO descansan las ceni- celebran las más solemnes funciones :le! Templo Mezas del humilde Arzobispo de M6xico D. Fray Juan tropolitano, y en el mismo sitio donde se alzó el Cide Zumárraga, tras de una lápida de tecalí, que pue- prés antiguo que tué reemplazado por el actual, que
de verse fácilmente en el muro de la izquierda del es de escayola, en 15 de Agesto de 1850, edificándoobservador.
lo el arquitecto Don Lorenzo de la Hidalga.
En la de la PURISIMA yacen el Arzobispo Don LáUn detalle histórico curioso: cuando en 2 de Fezaro de la Garza y el benemérito franciscano Fr. brero de 1656 se verificó la primera dedicación del
Margil de Jesús, modelo de virtud y caridad cristia- Templo, después de la procesión se descubrió al
nas, fundador de los tres colegios de Querétaro, Za- Santfsimo é bízose la señal pata empezar la misa socatecas y Guatemala y de quien El Nigromante dijo lemne; pero tan luEgo como se hubo acabado el In
como el más acabado elogio que &lt;caminando al cielo tróito fueron, respectivameste, ocupando los cuatro

Sede Arzobispal y dllerla del Coro

�Domingo 15 de Octubre de _1899.

EL MUNDO.

242

Domingo 15 de Octubre de 1899.

EL MUNDO

243

cuales enumeraremos en el próximo y
último artículo relativo á nuestra intuesante basflica.

altares del Ciprés, cuatM prestes con
sus ministros, ciriales, incensarios,
maestros de ceremonias y acólitos,
correspondiendo á cada grupo otros
tantos coros de cantores; cantánse ádo
su tiempo cuatro misas, que fueron:
la del deán de la Catedral, por la dedicación dela Iglesia; la del arcediano,
dedicada al Santí11imo; la del provisor,
por la Purificación; y la del tesorero,
por ia Asunción. Las ceremonias todas se veían simultánea1&gt; y completas
y á &lt;la novedad-dice el cronista Guijo-de cantarse cuatro misasá untiempo, juzgando por acto de mofa, concurrió á la Catedral todo el reino y religiones, que quedaron confusos y admirados de ver el acto más grave y má'l
grande que la iglesia de Dios ha usado, y lo que más admiró fué ver obrar
á cada uno lo que competía, como si
fuera solo, guardando sus ceremonias
con toda autoridad y limpieza, sin
confundirse ni ellos ni sus miuistros,
acólitos y músicos.&gt;
Réstanos hablar de algunos otros
detalles, muy es¡&gt;ecialmente de las ri•
cas alhajas que poseía la catedral, las

JESUS GALINDO Y V ILLA,

Con el presentenúmero repartimos á.
nuestros subscriptores la Prima del gran
,vals .de

FEDO RA.

~~Altar del Perdón

..

--

-•

::;:··.ft~s~t:~::::::_?&lt;-=. --

_-

-· --

·-

-jj!

··~,;;:::;;;::;--:-.~ ' · - -····~··-·

.. - ~""•'.' ' i:..: .,..,-j-

_,,,

Artil.'er/a del ·Transvaal.
ti tulo invocado contra los B ieros es muy dudeso que
se aplique en derecho y en equidad á esos heroicos
campesinos.
L" Holanda se había adherido á la coalisión contra
Francia, y era muy difícil que se desposase brutalmente al colono del Cabo en el momento en que se

el preci'l rle la sección del Cabo y no habiendo hec:ho
nada la Inglaterra para vo, verla. á posición de él ¿ no
ha..:.ía la Holanda de apoderarse de nuevo de su antigua colonia? Lo., Boeros lo han comprendido a.sí, de
r.uerte que desde 11ue Pretorius hubo ei,tablecido la
República Na.tal, envió secretamente una carta

La traición de los príncipes destruiría acaso el derecho de los pueblos, sobre todo cuando se trata de
un pacto tantas veces desgarrado?
Damos coa este artículo un grabado que muestra
la a1tillería del '.rransvaal muy bien organitada, y
que uo deja nada q ue desear.

LA CUESTION DEL TRANSVAAL.
EL MAN IFIESTO DE LOS BOEROS.

El manifiesto de los Boeros, al cual nos referimos
al comentar la caricatura qae en la siguiente plana
verán nuestros lectores, establece cifras muy elocuentes: que la monta de los impuestos percibidos sobre
las minas del Transvaal es inferior al 10 por ciento
del producto, y que éste se abate á medida que la cifra total del rendimiento va en aumento. En todo
caso, particularidad cómica, es menor que el que el
gobierno inglés deja que rija en el Klondike por el
gobierno canadense. Por otra parte, las medidas de
policía tomadas en el Transvaal contra los robos co-

La ilusión sería tanto más difícil de mantener,
cuanto que M. Chamberlain se encarga de disiparla. En efecto, él pretende que los Roeros no han podido desembarazan1e jamás de esa cualidld de súbditos ingleses, de'la cual los bienaventurados utlanders pueden desvesuirse tan fácilmente.
La cualidad de súblito británico se pega á la piel
de los Roeros como una lepra,· de la cual no ban po•
dido curarse desde hace más de sesenta años, aun
cuando hayan tomado más de un baño higiénico.
En 1836 los Boeros renunciaron á ella solemnemente por un elocuente manifiesto firmado por Pedro Retief, descendiente de uno de los trescientos

cia sobre todo la política tortuosa del gobierno colonial. Lo que prueba superabundantemente que l&amp;.
cuestión de la esclavitud era secundaria, es que Pretorios, el Washington del Africa Aubtral, se apresuró á abolir la esclavitud, apenas fundó un Estado republicano y á condenarla como un acto imcompartt.
ble con todo gobierno libre. Por otra parte Retlet
mostró un poco más tarde cuales eran los verdaderos
enemigos ante los cuales bufan los Boeros. E l artículo primero de la Contstitución de la República que él
estableció, prohibía &lt;á los misioneros de la Sociedad
Bíblica de Londres poner ahí los piés &gt;
Sobre todo trataba de evitar á los colegas del

Tropa de boe1·os en marcha.
hacía pes ir sobre él una corona. Como Inglaterra ba•
hía siempre anhelado la posición del Uabo, se mostraba muy rígida. S ~ dieron en compensación las provincias belgas al príncipe; pero en 1850 los holandeses
lle revelaron á un mercado eu el cual se les babía trat ailo como á carneros.
Surgió entonces una cuestión á con~ecuencia de est,a luf,rn1e trági-come Ha; ha.bieudo la Holanda. perdido

al Rey de Ilolanda para pedirle su protectorado.
Este monarca prudente no bólo renunció, sino que
envió él mismo h carta al i:;-obierno inglés que se
a¡¡resuró á owanizar contra Natal dos expediciones.
La. cabeza de Pretori us que babia. firmado la misiva
fué puesta á precio y el beróico boero fué obligado á
poner los montes del Dragón entre los ingleses y él
para escapar al fierro de los asesinos.

Una de nuestras fotografías representa, adem~s, l!,
los voluntarios con su uniforme cómodo y élegante,
otra á un grupo de Bueros, y la última á una gran
tropc1. de los mismos en rnari.:ha. Los Hueros son una
pob1ación eminentemente guerrera y eminent~mente
robusta.
Quiera Dios que el éxito esté de parte de la justich1.

LA CARI:,ATURA EN EL EXTRANJER,.

Boe1·os en armas,
metidos por el personal minero, son menos severas
que las que se han adoptado en Kiembrley, en el
distrito que el gob!erno Inglés administra soberanamente desde que se apoderó de él, con desprecio ce!
derecho de gentes.
· La solicitud que el Colonial Office experimenta para
ayudar á los uitlanders á despojarse de su rlerecllo de
súbdito británico, como se despoja uno de su sobretodo al entrará un salón, sería inexplicable si M.
Cllamberlain no preparase un raid electoral, destinado
á reparar el mehec del raid militaire de M. Rbodes.
;,Se puede creer que las autoridades del Transvaal
sean demasiado igenuas para dejar entrar en su República á un caballo de Troya tan grosero?

La espiritual caricatura que reprodGcimos está tomada de un periódico de Londres, que la ha publica.do para acompaüar uu m'l.nifiesto, j ustiticando la IU•
transigencia cte lus Hueros sobre la cuestión de trlbutariado. Este documento ha producido un efecto tan
considerable, que se ba constituido riel otro lado del
estrecbo uo comité de defensa de los Boeros. El Presidente no es otro qne Mr. Frederick Harrison, eminente publicista, cuya rnfluencia es granr:lísima sobre
la. v.erdadera Inglatera, que más de una vez ha detenirlo las 1.1a11guinarias excentricidades del gobierno de
los Jingoes. Caricatura más expresiva y más grálica
uu, p_uede darse, y ha sido muy aplaudida por los pt!nod1ros europeos.

Los volirnta1·ios.
hugonotes franceses que los Estados Generales enviaron al Cabo en 1838. Los franceses adoptaron la&lt;;
costumbres y la lengua de los bravos colonos que los
recibían como hermanos. Pero comunicaron el ardo:de los Teodoro de Beza, de los Celigny y de los Agri ppa de Aubigen, á esas gentes de las cuales hicieron
un pueblo decidido á vivir ó á morir republicanamente.
El manifiesto de Pedro Retief es una pieza que
un Priestey, un Lafayete ó un Franklin habrfan firmado con sus dos manos. No se limita como se ha
dicho falsamente á protestas contra la emancipación de los esclavos, acto admirable que hará el eterno honor del parlamento británico, sino que denun-

farmacéutico abarrotero Pritchard, y prefería exponerse á la zagaya de los zoulous mejor que á los golpes de aguja emponzoñada de esos tráficantes de de•
vocióny virtud al más a.to precio. Como los hebreos
que se iban al desierto para conservar su lengua, su
manera de orar á Dios, su libertad de acción, así
los boeros querían no una policía impotente para protejerlos, querían defender ellos mismos sus mujeres,
sus hijos, sus ganados y todos sus bienes, no querían
exponerse á ser ahorcados por los verdugos de au
~raciosa Magestad como algunos·de ellos lo habían
sido.
En cuanto á los odiosos tratados de 1815, el sólo-

Pronuncia bien: «Soberanía,» p ero el pájaro no sabe decir más que «Convención.•

�1

Domingo 15 ~e Octubre de 1899

EL MUNDO.

244

Domingo lv de 0..,~ ... ,.,re de 1899.

EL MUNDO.

EL GRAN INeE/~D IO UE e HieAGO
RELATO DE U N

TE~TIGO P RESENCIAL

- G R A BADOS D lt LA

COMO F UE.
Con motivo de las sunt'Josas fiestas que se afectúan en la actu11Jidad en Chicago y que celebran justamente la reedificación de la gran ciudad, surgida esplendorosamente de las cenizas á que la redujo el incendio de 1871; hemos creído de sumo interés publicar la. narración que· sigue, escrita por un testigo
presencial é Ilustrada con dos magníficos grabados de revistas de aquella época, conservados á través de mil vicisitudes por la persona· que nos los ha proporcionado y que nos comunica á su vez lo!! datos que aprovechamos. .Juzgamos que nuestros lectores verán con el interés que merece asunto tan curioso
y de tanta oportunidad.
Daba principio la noche del 9 de Octubre de 1871 cuando emptzó á cundir
la alarma del fuego. Sabido es que los Estados Unidos son el país clásico de
los incendios; desde aquella época ba.tian rewrds en este sentido; y no es ni ha
sido raro jamás que en una noche se cuenten dos.
De aquí que los habitantes, flemáticos de suyo y avesados á las sorpresas no
se preocupen mucho de los siniestros, a menos que les toquen muy de cerca.&gt;
Aquella noche que debía ser célebre en ws anales de las grandes catástrofes, los vecinos del barrio en que se incendiaba-la casa en que se inició la conflagracióu, creyeron q11e se trataba de un incenJio común y corriente y se recogieron con toda tranquilidad sin sospechar la magnitud de la di sgracia.
El que esto escribe se despertó á eso de las dos de la mañana, merced á un
ruido in11sitado y ano1mal en el Hotel en que sn alojaba, situarlo en la Rue.h
Street, cer..m del primer ¡:uente y denominado Lake J-Iouse.
Descendió rápidamente á la calle y el primer espectáculo que se ofreció á
su vista fué el de un rojo piélago de chispas qrte lleuaban el aire: ¡la atmósfera
era nn mar de fuego! y estas chispas impulsadas por el viento llev':1.ban rápidamente la desolación á todas partes.
Una multitud· lnmensa se movía en la calle: La confusión de vehículos y
gente era indescriptible. Oíanse gritos por todas .partes. Algunas personas,
enloquecidas en medio del espanto, clamaron: «Todo el centro de la ciudad
está ardiendo. La casa deCorreos y el Ayuntami'?nto están envueltos en llamas.&gt;
Otras, más serenas sugerían á la multitud que se refugiase en la parte oeste
de la ciudad, atravesando los puentes.
'
Por mi parte me apresuré á ligar tres baúles, que me vi obligado á abandonará poco, en la calle, donde había otros muchos y el movimiento era ya dificilísimo. La gente tenia que ocuparse más que en salvaF sus intereses, ,m evitar que las cbispas que á millares llovían sol)re todos, incendiasen las ropas. La
sensación de quemadura que producía sobre la carne aquella infinidad de puntos rojos era intolerable.
Me dirigí hacia el lado oeste de la ciuda1, pasando entre dos muros de llamas. El pavimento, de madera y alquitrán ardía también. A lo lejos, á favor
de los siniestros fulgores escarlata, se distinguían los esqueletos de los grandes edificios que ardían, así comu las torres de las Iglesias, y de cuando en cuando una de aquellas moles gigantescas se desplomaba con estruendo.
Desde hacía tres días soplaba sobre la ciudad un viento del Este; b sequedad era excesiva, y esta circunstancia fué favorabilísima para. el elemento,
acelerando sus progresos.
Por telégrafo se llamó á los bomberos de las ciudades vecinas. La hornaza
era tan inmensa, que según s~ supo despué3, las llamas se distingu!a.n hasta á

1871.

EPOC.A -

r.
..

""tt'

RUINAS DE LA DIVISION NQRTE MIRANDO AL SUR HACIA LA CALLE NORTH WELLS.
cuarenta mtllas de distancia, de suerte que mucha poblaciones relativamente
dist&gt;tntes se dieron cuenta del espantoso siniei.tru.
D!spués de que gracias al telég,aro se supo en tofa S)l extensión la catástrofe, de todos los rumbos d~ Estados U nidos llegaren trenes llenos de provisiones, ropa, etc., para los que quedaban sin hogar y sin pan, y que en sumayor parte se alojaban en los templos, durmiendo sobre las bancas.
Aquella multitud de infelices tingia un ejército de emigrantes, con los restos
da sus ajuares que habían podid:, escapar: colchones, baúles, j,;,ula.s de pájaros. etc.
Yo me refugié en la igles.a situada en la esquina de las 16 th y Wabash

Avenue, hasta que logré descubrirá algunos amiO'0S, loO'rando
pocos días des0
pués salir de la ciudad.
º
... **
E 1 espectáculo de la flr,reciente metrópoli
envuelta en llamas, considerado
desde la parte OdSte de la misma era indescriptible Ante los ojos se extendía
como un gran t elón, de fuego que cubría el horizonte en una extensión de ocho
millas Y que encrestado de llamas gigant.,scas se elevaba hasta los ciP-los y parecfa querer lamerlos. Q11ien vió esto no podrá olvidarlo jamás. Yo creo que el
lncen~lo eu su apogeo duró tres d,ias, mas ocbo días rlespués no se podía transitar au n por parte alguna de las que sufrieron el horrible be!&gt;o de las llamas,

pu~ se encontraba uno_ ácada paso el humo sofocante que surgía de las ruinas
baJo las cuales había aun materiale;; en Ignición.
~P prete'ldí llegar hasta mi bote!, pero me ví precisadu á detenerme á ocho
ó diez cuadras.
Ji'ué preciso proclamar la ley marcial. Las autoridades de la ciudad se encontraron desde luego sin oficinas. Todas las familias, todos los negociantes, vagaban de aquí para abí buscanrlo la. manera de instalarse, y no era extraflrr ver
bancos y empresas financieras instalados en casucas de madera (cottagel'). El
correo fué estable?ido provi_sionalmente en una casa part icular, y no pudiendo
dar abasto al servicio, trabaJábase sin desr.anso frente á una inmensa cauda de
gente ávida de comunicar noticias á sus parientes y amigos lejanos.
Los que huyeron amagados por las llamas. sia baber sido advertidos de que
debfan refugiarse en la parte Oeste de la ciudad, tuvieron que ir hasta Lincoln
P~r-k. Abí enco_ntraron un gran cementerio y se gi:arecieron en las tnmbas, comiendo Y durmiendo al lado de los muertos, inofensivos 1ay! en su silencio ante
las Jlamas devoradoras que todo lo reducían á cenizas.
Jamás pudo saberse el número de víctima¡¡ sepultadas bajo las ruinas enormes._ La ciudad animadfsima antes de la catástrofe, animadísl~a después, fué
surgiendo más ~ermo~a que antes de los escombros. La curiosidad y el espíritu
de empresa atra1eron rnnumerable gente. Palidecieron los terroríficos r""Uerdos
•

'7

Pase general para ~allr de Chlc8R'o, otomado por el Gobenador
á las victimas del Incendio.

- ~. . &lt;!

.:-

'

-

-

do.

*~'

L-Club Standaro..
2.-Salón del Congreso.
3.---De¡:óslto M. S. Y R. I. . 4.·· Primera Capilla pre•blterfana.
5.-·•falle del congrem.
6.--Prlmera Iglesia presblt.erlana.
7....calle del ~sóUCO.
13.-casa de Correos.
14..-Oficina de La TrlbUD&amp; Y l!.ven.lllg Post.
fo,•·•Prlmer Buco._ 16,--Gian Llb1e1!a.
17.---Iglula Me1cdl 61a J!plEtOJ&amp;J de la Trinidad.
18.- -Palaclo del Obispo
•
•
~s.---Lego Mlchlian.
24.•··Te1raza11.lchlgan,
25,-•J, I. scamxnon.
-

RUINAS DE LA DIVISION SUIL-VISTA DESDE EL TECHO DEL SALON DEL CONGRESO EN LA CALLE DEL CONGRESO•

-.

9 -AVPD!da W
de cbJeaiá:
20.-JJeJ&gt;&lt;!ib ash.

DE LA.

i.--Hot.el Btgelow.
lL--Manzana Honore.
!2.--San Pablo.
21.-- Elevador B,
22.--Avenida M!chlgan.

to Centra) d,i lllinois.

. A.VENIDA W.AB.A.SIT, MIRANDO AL NORTE.

~i

y boy Chicago cele_bra el aniversario. de su destrucción con fiestas que harán
época, y cuya alegna ne turbará la leJana memoria del tremendo siniestro del
cual no existe la menor huella.
'
Ilustrando estas líneas verán los lectores del MUNDO dos magníficos grabados
de recorte de una de las principales revistas de aquélla época, y que á pesar del
maltrato de los años, mu'!_Stran detalladam,mte la magmtud de la ya histórica
catástrofe.

.

AR.MANDO
MAURI:Ee.
.

'

�I
246

EL MUNDO.

Domingo 15 de Octubre de 1899.

DnminQ'n U ñP Octnhre de 1899.

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EL MUNDO.

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Psiquis, mujer al ca.bo, era imprudente y curiosa. ltlíl desventuras le costó su primera curiosidad, cuando quiso ver el rostro del amante dormido y una gota ñe aceite escapada de la funesta
!Ampara ahuyentó al hijo de Venus. Desde entonces, y por muc'lo tiempo, la vida fué para Psiquis una serie de malandanzas. Errante de país
en país y de templo en templo, saboreó todas las
amarguras; padeció dolores y martirios extraterrenos; de sus ojos, convertidos en manantiales
profnndos, continuamente desbordados, corrían,
cruzando sus mejillas, dos ríos de lágrimas; y caminó tanto, tanto, y por tales veredas, que la sangre varias veces tiiió de púrpura los cAndidos
jazmines de sus pies, y los jazmines lucían como
rosas.
La miseria de Psiquis turbó al fin la impasibilidad augusta de los dioses; y la misma cólera de
Venus pa,ió como los íncendios del crepúsculo.
Fidelidad y consta ncia dieron el triunfo á Psiquis, y Psiquis dicposa y en paz reinó sobre la
tierra. Su trono, el más alto; su corte la mAs ilustre: en ésta no había sino grandes artistas. poetas
de corazones puros, filósofos de labios disertos.
~os aduladores de la reina tenían por incensarios
hraa, y como único incienso el Verbo, hecho música en las cuerdas, flor de luz en lvs labios. Pero Atronco tan ex celso y cortesanos tan ilustres
d_ebían, según dijeron much0s, corresponder en
r1_queza y esplendor el cetro, la corona y los atavios reales. Y no mAs dijerun así, cuando artistas
de gusto exigente partieron A buscar, por todas
las comarcas del reino, las preciosidades mAs raras, dignas de resplandecer en la frente, el cuello
Y las manos de Psiquis; revolvieron tesoros ahondaron minas, rasgaron las ent..aiias de la tierra y
d_el mar; Y_ la tie1 ra dió su oro y sus gemas: topacios, amatistas, esmeraldas rubíes de sangre milagrosa, ~afiros de tinta ide~l, diamantes de aguas
puras, m1e~tras el mar profundo y rico, si bien
pobre de piedras preciosas, dió, en corales y perlas, lo meJor que tenfa. de besos muy rojus y ensuetlos muy cAstos.
De vuelta á la corte, los grandes artífices echaron . sobre los hombros de la reina el mar.to de
armitto Y púrpura; luego se dieron A trabajar el
día Y 'loche, puliéndolo, repuliéndolo, cinceb ~ olo, para despué3 embutir en el oro bien traaJado muchas piedras fúlgidas y acabar la corona Y el cetro; por último engarzaron perlas y
corales • Y un rio
· de corales
' y perlas corrió por
1
ª ~frganta de Psiquis.
d 1 cetro Y la corona, fulgurantes como soles,
~s udmbron A la multitud puesta de hinojos á los
P188 e la reina.

fIºd

;~a

, TARDE DE OTOÑO.
Ouadro de José Wencker·.

Y
ar_on d~fas, afios, generaciones de hombres,
liras 4uis,. _ichosa Y en paz, oyendo música de
el min~~siea de labios disertos, reinaba sobre

247

cas, el zafiro marimosa azul, en tanto que de las
piedras policromas volaron policromas libélulas.
Psiquis, como todos los creadores. halló buena
su obra, y se regocijó mucho sl ver su tesoro
convertido en bandada de insectos. Libélulas y
mariposas, antes de huir, se posaron en la frente,
el seno, Ja espalda ·y sobre todo en el cabello
destrenzado de Psiquis, y en el cabello des~renzado mari '&gt;Osas y libélulas fingieron un torrente
de pedrería; lnégo, revolotearon, llenando la estancia real de música de alas y palpitaciones de
élitros, para escaparse al fin al través de la ventana entreabierta y perderse Alo lejos, como Psiquis las vió perderse, entre las flores, entre los
árboles, eu el cielo azul, amAndose al aire y al
sol, muy libre y sanamente.
La reina, con refinada lentitud, saboreó su acto
Pero una maiiana, en el silencio de su alcoba
real, sola con RUS riquezas, que brillaban en la piadoso y, satisfecha de haberse conducido sepenumbra con fulgores mortecinos, se sorpren- gún el amor y la verdad, no adivinó las consedió reflexionando en lo inútil de la corona y del cuencias fatales de au obra . .Ah! no hay como la
cetro, en la mezquindad fastuosa de su manto, en piedad para cometer grandes errores, y el acto
la vana luz de sus joyas, y se arrepintió de ha- piadoso de P11iquis fué el último y el mayor de
ber aceptado como tributo el presente de las ge- sus errores. Cuando se apareció de nuevo ante
mas. En sus reflexiones llegó A sentir u::o como los hombres, cuando su befüza, en lo alto del
vago impulso de piedad, acomp11fiado de un mo- trono, surgió blanca y desnuda como un lirio, los
vimiento de rebeldía, Se despojó de la corona y hombres la desco.coderon: miopes estultos, de no
el manto, depuso el :!etro, y se tió de pies á ca- ver sio o el esplendor de las joyas, habían olvidabeza, blanca. y desnuda, como en remotob días do la b.,lleza incomparable de Psiquis. Y no sopasados. Nostalgica de su ser antiguo, se aver- lamente la desconocieron: entre la multitud hubo
gonzó de vivir di3frazada como una mujerzuela imbéciles que gritaron al ver la: inmoralidad! invanidosa. En sus atavíos regios vió una injuria famia! usurpación!
A su belleza incomparable, porque la belleza de
'A tales gritos, la muchedumbre puesta en pié,
sus formas era superior A la belleza de las pie- desconcertada y loca, semejante á una ebria de
dras preciosas mAs raras, su cabello más rico y mil cabezas empezó á girar, á remolinar, A tituluminoso que todas las coronas, su desnudez más bear, sin saber hacia dónde dirigirse, falta de
casta que el armif1o.
amo, sin saber ante qué ídolo postrar sus rodillas
No contenta con despojarse del manto, el cetro de sierva habituada á la genuflexión, y así estuy la corona, Pdiqui;¡ resolvió destruir s us rique- vo, desesperandv y vacilando, hasta caer á los
zas, á fin de no r ecaer en pecado de vanidad. piés de un grotesco mamarracho de oro, que tePero sus manos, deliciosamente blandas, no sa- nía forma de asno, con _aire grave de pensador
bían destruir como destruye la mano brutal de taciturno, sobre lomos y anca un trapo carmesí y
los hombres. Ella no era capaz de reducir á. pol- por ojos dos inmensns crisolitas.
vo inerte su fortuna, y de aventar luego el polvo:
Aún en lo alto del trono, Psiquis experimentó
su piedad, infinita, abarcaba los seres y las co- la sensación desesperante que han matado dessas, y su piedad era infinita por ser grande su pués á muchos hombres, la sensacjón angustiosa
ciencia, Estaba iniciada en todos los misterios de de una soledad infinita en medio de la muchela vida, y ninguco tan prodigioso como el miste- dumbre. Viéndose perdida para siempre, bajó del
rio de su propia sangre. Nunca se derramó en trono y, como en su anti~ua romería expilltoria,
vano la sangr e de sns venas: en •ionde ésta caía se fué por el mundo, de templo en templo, de
despertaba el germen de un ser de belleza pura, país en país, caminando, caminando. porque sus
graciosa y con alas, como la belleza de Paiquis; alas entorpecidas por la inacción no recordaban
y A favor de tan inefable virtud, la soberana el ímpetu glorioso del vuelo. Recorrió todas las
pensó desembarazarse de sus gemas, convirtién- comarcas, de las cuales había sido reina y sefiodolas en frágiles seres primorosos.
ra, y en ninguna parte la reconocieron los súbditos; despojada como iba de
suotuos9.s insignias reales
Por fin, después de muchos
desengaiios, decidió alejarse
de los hombres y vivir, mientras las alas débiles cobraban
nuevos bríos, en cumbres deshabitNdas, Y así, alejándose de
los hombres, vengóse de éstos
pues A medida que ella se ale~
jaba, los hombres padecían más
y más de una extrafia ceguera que les obligaba á ver las
cosas como al través de un
velo Aureo.
Pero los dioses reservaban
á Psiquis, como la suprema alegría dt- 1 vuelo, la alegría de
hallar en una delas cumbres á
las CUAies trepó, en la cumbre
má s alta, al único de sus vasallos que supo reconocerla
porque Ja nube color de oro no
empaliaba sus pupilas. Era un
pobre diablo moribundo en la
Sin echar si:¡uiera una ojeada sobre la foneata flor de los atlos, mitad mendigo, mitad trovero.
lámpara que debía de recordarle su imprudencia Bohemio le llamaban desdenosamente los hom,
de antailo se dispuso A realizar su pensamiento bres y lo creían estúpido porque despreció la
en la fBji de luz que desde una ventana entre- riqueza, el poder y los abrazos infames. No trnfa
abierta llegaba á morir á sus pies. Con un largo sino nn manto agujereado por las lluvias del cielo
estilo, Aureo y teuue como rayo de sol, hincaba y las piedras del camino, pero él no se hul:&gt;iera
sus dedos, y despué 3 con el estilo húmedo de san- tr.:cado por el mas rico poseedor de tesoros. Dugre tocaba las piedras pr_eciosas ha_sta no dejar rante su vida vagabunda recogió claros de luna
ni una sin el extratlo bautismo sangriento.
puestas de sol, gorjeos de pájaros, fragancias y mú'·
Al contacto de la sangre hubo en todas las pie- sicas del bosque, y con todo tiso construyó suedras un estremecimiento de vida, y !as gemas ilos, muchos suefios, hasta haber en su alma tandejaron de ser piedras para convertirse en lar- tos suenos como hay celdas en el panal y flores
vas. Muy pronto desperezos de alas estallaron en por primavera, en las acacias.
'
las orugas de color; y corales y rubíes fueron maY como Psiquis no sabía de ingratitudes, no
riposas de alas rojas, las esmeraldas mariposiu desamparó esa alma de poeta; antes bien la llevó
verdes, l0s diamantes y las perlas mariposas blan- consigo, al irse en busca de un mundo nuevo, no

�EL MUNDO.

248

-¡Búscamelo, por Dios! ¡yo no puedo vivir así,
no quiero vivir así!
Me volvió la espalda y salió hosco y silen-

cioso.

No volví á verá f.ibéluh en dos días. Había
huido del café porque decía que un hombre sin
corazón como él, no gustaba el placer de la conversación, y aunque para curarle la había yo
asegurado que todos le t.Chábamos de menos, no
pude conseguir que volviera. Le vimos dos noches acerc~rse al puesto del fosforeru y comprar un periódico
que leía rápidamente bajo el
faro de la esquina de la calle
del Arenal, sólo la cuarta plana,
porque me aseguró muy serio
que era materialmente imposible
que nadie hubiese encontrado la
víscera oreciosa que había perdido, en cuyo caso, y si era persona de conciencia, debía anunmanchado de hu manidad: y siempre en compatiía
de esa alma voló, basta posar los ct\ndidos jazmines de sus piés en la Vía Láctea luminosa y
desaparecer por la gran ruta del cielo, blanca y
azut, empedrada de zafiros y diamantes.
MANUEL

DíAZ RODRIGUEZ,

CUENTO FANTASTICO.
El corazón de Libélula.
-Serénate, Libélula -dije al pobre muchacho
poniéndole la mano en la espalda. Lo que acabas de decir es un disparate ...... Sí, un disparate sin precedente, afl.adí con mayor energía al
ver que Libélula movía negativamente la cabeza.-Bueno, pues pon aquí la mano -me contestó muy serio, llevl\ndo mi diestra al lado izquierdo de su pecho. ¿Sientes algo?-No, le contesté;
nada siento, pero eso no prueba nada. La circulación es en ti lenta y silenciosa, y el centro de
la vida trabaja hondo en tu pecho. Libélula volvió A mover la cabeza de derecha á izquierda.
Evidentemente .no- había manera de convencerle.
-Oye,-me dijo fijando en mí sus ojos enérgicamente expresivos: -tan cierto como que yo darla por ti la vida si me la pidieras, es que desde
hace ocho días ando por ahí sin corazón. ¿Qué
sabes tú de esto si no te ha sucedido j ~más? Te digo
que lo be perdido hace ocho días, en mitad de la calle, no sé de cqal, Cdrea, cerea de la casa de ella.
Por allí ha debido caérseme, por allí debe estar.

Cojió mis manos entre las suyas que ardían con
la fiebre, y antes de irse me dijo mirándome con
ex presión de súplica tan honda que me dió frío:

ciarlo un día ú otro. GPara que podía querer nadie ~l corazón de Libélula teniendo ya uno? No
ví jamás idea fija más enérgica incrustada en cerebro alguno. Cuando por vez primera nos refirió el hecho, me aterró el aplomo con que lo contó.-Iba yo á su casa, de noche, nos dijo, cuando
ella no puede distinguirme en la ealle, porque
ya sabéis que no quiere verme, y de p.onto, al
abrocharme, porque sentía frío, eché de menos
el corazón. Palpé por todas partes m~tfa los dedos con ira por las eostillits ... . Nada, ya no estaba allí. Volví atrás, registré todo el camino ....
Tampoco. Llamé á un guardia, le conté lo que
me pasaba, y el imbécil me contestó que no podía ser. ¿Conque no podía ser, y yo, que era el
interesado, había. dejado de sentirle en el pecho?
Busqué yo solo .... y nada. Me fui á casa y en
el camino vi el cuerpo de un asesinado, en el arroyo, guardado por los serenos y con tremenda expresión de agonía en el rostro. ¡Y le miré y pasé
sin sentir nada, como quien ya no tenía corazón.
Y pensando en ello á solas, en mi cuarto, maldije
de mí mil veceR y no me pe¡?né un tiro porque no
sentía .... ¡L1t falta del corazón, os digo!

Domingo 15 de Octubre de 1899.

***
Me puse el frac y fui á verla; á ver si aquella.
mujer quería h \Cer la caridad de curar á Libélula de su terrible manía, aunque fuese engallAndole. Yo tenia duda de que por ella andaba mi
pobre amigo tim des~quilibrad? de facultades, y
si ella no halía perdido también el corazón, se
apiadaría. Iba aquella noche de baile y la encon,
tré en el jardín. Parecía con el abrigo de pieles
una emperatriz bajando á dar A su pueblo la limosna de la vista '1e su persona. Tomó mi brazo
y seguimos un rato á pie, Se lo conté todo, y al
oír la rareza de la manía del pobre Libélula, ae
rió.con la risa fresca y juvenil que á mi me pareció una pufialada, por tratarse de cosa tan serla
pero no la dije nada, ni retiré el brazo. Llegué Á
3entir miedo. Llegamos silenciosos hasta la cr.lle
y como dij'.l que tenía frios los pies, quiso aegui;
andando un rato. En la esquina de una calle, solitaria como todas las de aquel barrio aristocrA,
tico me detuvo de pronto apretándome el brazo.
Me paré en seco y ella se inclinó hacia el suelo,
donde distinguí algo que me pareció una piedra.
Se irguió en seguida y dijo:-¡Tom/l., pues era
verdad! Es el corazón de Libélula. Lo apartó con
el pie, regiamente calzado, llamó al coche, subió,
se despidió de mí y me quedé en el medio de la
calle, clavado por el espanto.
Volví temblando A la acera y recogí el corazón
de Libélula, que con el pequen.o puntapié de ella
había rodado hasta el arroyo. Noté que según
iba andand0, el corazón, que llevaba cuidadosamente envuelto en un pafiuelo, se esponjaba agradecido al seutir el calor de alguien que le trataba
compasivamente y ¡hechos extra:lios que se producen cuando pasan por nuestra vida real y pro•
saica girones de fantasía! hasta me pareció que
la humedad que el corazón destilaba en el palluelo, eran lágrimas del infelicísimo Libéhtla.
Entré en el café y llamé aparte á Ar tiera, el
médico de todos nosotros, y juntos nos fuimos a)
cuarto piso de Libélula. H,1cfa ya dos horu que
estaba dorm;do y no quiso Artiera despertarle;
con ayuda del cloroformo, insensibilizó al hombre sin corazón, y luego, delante de mi, que temblaba de espanto, con maravillosa destreza le
abrió el pecho y colocó en su sitio el corazón, como quien coloca ur:a piez'l de relojer ía, dAndole
luego movimiento con un golpe del dedo fn,
dice . . ..
Pero la locura de Libélula era irremediable.
Tuvo su corazón, pero no le dejó el punzante recuerdo de ella.-Esto no tiene remedio, nos dijo
en el café, días antes de que le lleváramos almanicomio. Le siento aquí, pero enfermo; alguien

J)omtngo 15 de Octubre de 1899,

249

.EL .MUNDO.

le hirió antes de que me lo encontrárais y me lo
devolviérais.
y todavía cuando vamos á verle á la casa de
salud los días de hermoso sol que templa á oleadas tibias el jardín del manicomio, suele decirnos con melancólica sonrisa y resignado acento:
- ¿Oís? Tic-tac tic-tac... . lo mismo que antes, pero más despacio, como si le doliese
herida. Y se queda como en doloroso éxtasis, mirando al cielo con sus ojos dulces y serenos, y la
mano derecha junto al corazón .... ¡Pobre Libé -

!ª

lula!
, FEDERICO U RRECHA,

SERENATA.
Princesita, princesita .
Tan bonitll.,
Sal á hablarme á tu balcón,
T,·aigo versos, traigo flores,
Traigo amores
Y un rayito de ilusión.
Ya la lona misteriosa,
Vaporosa,
En las nubes se escondió;
Y la estrella blanca y bella,
Nuestra estrella,
La que amamos, ya surgió.
Ya del bosque en la enramad9.
Perfumada,

Canta alegre el ruise:lior:
¿Qué no escuchas lo que canta,
Que le encanta
Seas la reina de mi amor.
Ya la fresra enredadera
Hechicera
Al oírme despertó
-.. -·--y sus hojas -eii guirnalda
De esmeralda
Para ornarte preparó.
Princesita, princesita
Tan bonita;
Sal á hablarme á tu balcón,
Trai~o versos, traigo flores
Traigo amores
Y un rayito de ilusión,
DAVID.

·♦

♦

•••

♦

...,.

~

Luego despertarás, sin un reproche,
Bendiciendo tu dicha y mi fortuna,
Sola y dormida estabas, es de ncche,
Y entré .... como entra un rayo de la luna.
Si de tus ojos grandes te envaneces,
Si te recreas en tus labios rojos,
Si amas tus luminosas morbideces,
Es porque son festín para mis ojos.
¿A qué, pues, recatarme tus primores
Que exaltan mi ardorosa fant/\sía?
Mentir enojos ó finjir pudores,
Indigna farsa para tí sería.
Ni teme¡, encender celos ó agravios
Con una confidencia que me asombre:
¡,Hablas dormidli~ Pu~s dirán tus labios
Inefables ternez as y mi nombre.
Soy tuyo y eres mía .... Eternamente
Surgen con simultáneas vibraciones,
Un mismo pensamiento en nuestra roen te
Y en~nuestro cuerpo iguales sensaciones.
Duerme, Nellyl Tu lámpara süave
Envidiosa tal vez, nos acompaila,
Y afuera se alza misteriosa y grave
El nocturno rumor de la monta:lia.
¡Q11é bella estás durmiendo! Ríe leda
La inocencia en tu faz blanca y tranquila,
Y a! través de tus párpados de seda
Centellea tu mágica pupila.

Así te quise ver. , . . Cuando dormida,
Plena y augusta paz tu pecho siente;
Cuando las tempestades de mi vida
No amontonan sus nubes en tu frente.

¡Qué opulenta del lecho entre el armiilo
Emerge tu belleza soberana
Mientras duermes con hálit~ de ni:lio
Y desnudeces de deidad pal:?'anal .

No vine aquí traidor ó temerario
Esclavo torpe de pasión impura:
Soy creyente, penetro en el santuario,
Y es fé mi amor y culto mi ternura.

Lámpara de cristal color de rosa
Ilumina tu alcoba de princesa
Desliza por tu lecho luz medr~sa
Y con sus rayos tímidos te besa.

Junto á tu lecho caigo de rodillas
Y absorviendo el deleite en que me ba:lias,
Ni aún me atrevo á besar en tus mejillas
La sombra que proyectan t~s pesta:lias.

¿Por qué tiemblas? ¿Por qué ya no sonríes
Con la ingénua sonri&lt;1a de la cuna?
Duerme Nellyl Soy yo, no desconfies,
Entré .... como entra un rayo de la luna.
¿ Qué pesadilla trágica te asalta
Y el espanto en tu frente deJa impreso?
¿Lloras N elly? . . .. Ya sé lo que te falta: ·
Acércame tus labios, toma un beso!
Me abres los brazos . . .. ¡ah! bedito sea
Tu amor . ... No temas dolo ni perfidia!
La lámpara vacila, parpadea
Y muere .. .. ¡pobre! se muríó de envidia.
JAVIER SANTA MARiA,

�Domingo U de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

25()

nueva

temporada de Bpera.

L~S ARTISTAS,
A.ño VI -Tomo ll

3

México, Domingo

22

de Octubre de i:899.

BE LLAt!i ART .ES.

5-SEÑO'RA LEONILDA GABBI,
Prima D0nna Soprano Dramática..
(

6-SEÑORITA ~ERF.NA VAREl'&lt;A DEI RONC0NI,
Prima Donna M~zzo Soprano.
7,-SEÑORITA E'mIA. CRIPPA.
Soprano llfera.
4-SEÑORA ADELA GINI PIZZORNI,
Prima_ Donna Soprano Dramática absoluta,

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T
t
I

COMPROMETIDA.

Número i:7

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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Domingo 1 ° de Octubre de 1899_

EL MUNDO.

EL SACRIFICIO.
Entonces la tierra temblaba ante el rey de 1
yes, Asurnazirpal. La gloria del mar y dt! la 08"6,
ña estaba sobre él, los espíritus del abismo
mando. Cuando los reyes del Occidente se le,'!-_ JI¡
ron contra él, los doblegó como los sauces sob~ •
pantanos. Los reyes del Oriente vinieron co ...,_
sol y los enganchó entre sus caballos.
n
Después aconteció que un jefe de Caldear
hombres contra el Estandarte del mundo y
sorpresa, la ciudad de ladrillos y betún de her~
murallas defendidas por put!rtas de bronce
-Los reyes de Siria y los nómades de los ~renal•
unieron al ruido de sus trompetas. Y marchaba •
diez ejércitos cuyos pasos hacían retemblar
nas y retroceder el firmamento.
•
Pero el rey de los reyes llamó á su&lt;, hombNS de
guerra. Llegaron por los ríos como numerosos calla,
verales y salier~n de las sel vas como leones. Estaban
preñados de od10 y rugían de coraje y marcharon 11
son de la trompeta á la ruina y la venganza. Loa
hombres de Caldea, los reyes de Siria y los oómadel
de los arenales se desplomaron como cisternas enrutn~; llen~ron la Mesopotania con su pavor. Murieron
veinte mil, cuyas manos fut!ron depositadas ante el
rey de los reyes con las armas de bronce los vasos
?ro y las piedras deslumbrantes. Desc~artlzaron
Jefe ?e los Caldeos y á los reyes de Siria les sacaroiil'
los OJOS y los engancbar:m á los carros de Nfolve.
El rey pensaba en su corazón: mi felicidad se
va en su plenitud; he puesto un límite á la montana
y un obstácu_lo al mar. Los hombres se rebelan pero
su fuerza, es impotente contra mi fuerza· he disipa?º á las naciones como rebaños; sus cóler~s 800 11emeJantes á la cólera del insecto contra la hornaza.
Se creía inaccesible al mal.
~ o volvió el Rey á Níoi ve sino después de dOI
primaveras. Cuando penetró en su g1ueceo vló ,
una doncella ta.o hermosa que solamente las d1om
podían serle comparadas. Estaba vestida C&lt;Jn tela&amp;
de oro y bisos venidos de T&lt;!bas. A su vista A11uroazirpa.l olvidó sus velorios y permaneció confundido de
gozo.
-¿Quién es esta que los dioses hicieron crecer para mi aeseo?
. --Es tu hija, rey semejante á los dioses, respon•
dieron sus servidores. Ld. dejaste pequeña y ha lllecido como una acacia..
Entonces se desesperó el rey porque era piadO&amp;O y
observaba los preceptos. Y en aquel tiempo los diuses de Asur consideraban como el mayor de 1011 cr[,
mene~ el comercio de un padre con su hija.
El rey hizo recitar oracion':!s en todos ws temploa
á fin de curarse de su mal, pero no cesaba de penl&amp;l'
en la belleza de su hija. Su corazón estaba lleno de
veneno, recorría Ja~ tinieblas con sm,piros de voluptuosidad y veía el mundo adornado cun la tela deoro
y los bisos. Sus qjos se hundieron en su rostro ftaco
como estrellas en un pozo, estaba. vestido de lnquie,
tud y atado de tristeza. Pensaba:
- Los pueblos me celebraban; era semejante á una
torre entre las cabaflas; mi w1rada era Ja fdeund&amp;ci_ón del país de Asur, mi palabra semejante á la llu•
v1a de la primavera., y todas las nacioot!t1se ri:1or:fao
de pavor al ruido de mis tropas de guerra. Y beaquf
que i.oy más miserable que la langosta cogida por el
gorrión, y estoy más triste que el leoparao mart.irl•
zado por las flechas, y des-:::lado como los campos don,
de esMn agotadat1 Jai; fuentes.
No obstante, su pena. se hacía insoportable; sintió
q~e no podía impedirse el tram,gredir los wanda·
wientos de Asur, si su hija permanecía viva sobre la
tierra. Entonces reunió á los sacerdtites y á lot1 jefell
guerreros y les dijo:
- Estoy enrermo de un mal extraño que los dioses
condenan. Mi corazón está lleno de uu deseo sl.1111·
mi tes; estoy necnizado por la belleza de mi hija, YDO
cen viene que vuestro señor haga lo que está pwh1bldo
en todos sus reinos. No tendré re¡&gt;oii0 bino 1111Cr1dc&amp;D•
do á mi hija, como se riega una planta de peratclóD,
Ordeno que se la conduzca el verdugo y que se Je cur•
te la cabt!za ante la asamblea.
La hija del rey llegó entre los sacerdotes Y los Jefes guerreros. ::;u belleza había aumentado co.no el
sol cuando sale de Jas nubes. Brillaba 1Jumo el broa•
ce fundido en el horno y ruodiáo p•Jr tos arteS11n08
del fuego. Estaba rodeada de su cabellera á tra\'éil
de la cual resplandecía su rostro· avanzaba mail! r,ran•
quila que los corderos al borde cte los ei.Laoquei1.
Asurnazirpal fué nacia ella y la estrt!cbó cunt,rl,
SN corazón. Sci sintió morir j unt,o á aquellos cab6!1Ull
s
de llama y aquellos oj1,s claros como ¡as rueoLeS 118
d
las , rocas. Péro la volYió á poner eu maoo:f ael 4
tema el puñd.l de la justicia y mando cortar 1allur
humana.
Mientras la cabeza ro iab1 á sus pies el rey de 1ol
reyes teofa el I ostro bailado de lágrimas Y 1us Jetel
de guerras decían á los sacerdotes:
¡1
.-En verdad Nuestro Señor ei, más grande por
piedad y la justicia, que por la ftterza de 1,u bf11ZO•

::.illli,.

La reina Maritornes era el terror de las nii1oe,
golosos y ladrones; reinaba en el granero donde
se maduraban, er.filadas, las manzanas y las peras, y en las vasijas donde se guarda el vino era
también el castigo de los borrachos y surgía inesperadamente de las barricas agujereadas fraudulentamente por el sirviente indelicado. Nadie la
había visto nunca pero se sabía que estaba pre·
sente y velaba en todas partes: estaba en las con•
serveras acariciadas por los ojos de los nifios hi•
pócritas y en la penumbra de los armarios de la
repostería; la cómoda ventruda donde las abuelas escondían sus cajas de mazapanes y sus bomboneras repletas de dulces, también estaba defendid~ por tlla, y quien i;e hubiera arriesgado á
abrir el mueble de las golosinas, habría encontrado á la Reina Maritornes teudida á lo largo en
un cajón.
Castigaba á los nii1os glotones que se enfermaban en la mesa y llevaba en los pliegues de su
vestido terrificas indigestiones; distribuía fiebres
y cólicos á todos los culpables, y todos los estómagos rebeldes eran suyos. Residía también en
las cocinas, emboscada á veces detrás de L:s
confiteros y las enormes caserolas de cobre donde en Otoi'io se cuece:: lentamente los guisos de
liebre, frecuentaba así mismo los sótanos obscuros, los fruteros embalsamados, olieutes á ni~pe•
ros, y la sombra de los montones de legumbres.
Tal como vivía, indistinta y vaga eil la imaginación de todos, su silueta obesa y ventruda pe•
saba como un malestar sobre la conciencia y el
estómago de los criados y los nii1os bribones.
Fué inmenso el terror del pequéflo Wilhem,
cuando, llevado de la mesa por haberse hartado
como un gastrónomo de tortas de ciruelas y crema de colt!s, se vió acostado en su camita, en su
recamara obscur,1 y soliraria, con un pril'cipio
de indigestión, solo, en 111 enorme recámara donde dormía con su niflera, completamente solo en
el tercer piso de aquella gran casa, mientras todo el mundo estllba abajo cenando.
Por bajar A donde estaban los otros criados,
su niiiera lo h~ b'a dejado sin luz y por ltA alta
ventana cuyas cortinas se habi11 descuidado correr, entraba 111 luna extendiendo en el suelo una
inmensa tela blanca y congelando en extraflas
actitu~e~ los contornos indeeisos de les objetos.
Y subitamente, en fl cuarto solitario gesticular~n perfiles desconocidos, primeramente, bajo el
v1dno del cuadro el pastel destell.ido de su padre. Allí con su co"bata de muselina, con la levita vientre de cierva abit'rta sobre la camisa
abullonada, mostraba, recto como una cu3todia
un austero y pálido rostro de antiguo magistrado. Repentinamente r,us cPjas se fruncieron y un
rel~mpago de legítima indi5 nac1ón encendió sus
pupilas.
El cólico torció entonces más implacablemenle al infortunado Wilhem que aterrorizado desvió vivamente los ojJs. C,iyeron después en un
sillón donde había un montón de vestidos equívocos; lentamente las piernas flC1jas de los pantalones se animaron, dos pies imprevistos salieron de
ellos, y mientras el busto se enderezaba en un
súbito imflamtnto de la chupa, dos brazos nerviosos se apretaban sobre un pecho escuAlido y
una siniestra cabezR. de viPj'.&gt; &amp;e rió en el silencio. ¡Qué rictus! Todas las teclas blancas del
clavicordio aparecieron E&gt;n la cara de rompenueces del estrambótico vejete.
Pero no filé más que una aparición. La recámara volvió A la sombra, y cuando Wilhem que
había escondido la cabeza bajo las sAbanas aventuró una mirada temerosa faera de su escondite,

no vió nada de anormal; todo había recobrado su
lugar acostumbrado, los objetos manchados de
claro ob,curo, se habían como borrado en la no•
elle y sólo le quedaba una ligera inquietud por
su jarra de agua puesta sobre el lavabo y extra:iiamente colocada enmedio de la jofaina como un
enorme sapo blanco.
··y el pequeflo Wilhem comenzó á respirar pero
su quietud no fué larga. Un ruido iuusitado lo
hizo estremecer. Subían la escalera, y oía pasos,
pasos como el ruido de un ejército en marcha.
Una multitud se amontonaba en las gradas; la
oía atropellarse en el descanso del segundo piso
y luego subir por la escalera del tercero. Seguramente venían á su cuarto.
~ en una gran ola de luz su puerta se abrió
brutalmente. No pu!]o ni lanzar un grito. Toda
la batería de cocina entraba tropezándose en el
umbral; había deslumbrantes caserolas de cobre
llenas hasta los bordes de arroz y de empanadas,
inmensos confiteros contoneándose pesadamente
sobre tres pies imprevistos; moldes de bizcochos
de Saboy11 y escalfadores de caras maléficas,
evidentemente mal iutencionadas, y teteras de
reflejas metálicos, y cafdteras con largos picos
insidiosos, de aire hostil. Tudo aquello hormigueaba, hervía y penetrabi en silencio á la recámara, arrastrándc,se como f rntasma en la tarima;
rodeaban su lecho y como una m ,rea muda su
bfan lentamente ct1yendo y subiendo después á
lo largo de sus ropas.
Baftado de sudor, l·Oo los ojos agundados por
el pavor, el nifio permanecía. mudo ante aqut!lla.
invasión aterradora. El cuarto estaba lleuo de
t?dos aquellos cobres y aquellos t!Rtaflos f intástICos que seguí rn entrando por la puerta, y vió
entonces, mezclados á los escalf.1dores avinagrados y A las cafeteras amenazadoras, salchichones
c~n patas, jamones con figuras de gnomos y gallmas extravagantes revoloteando por e! cuarto,
ya embroquetados y fritos.
Las cabezas de l11s liebres guisadas levantaban
los cuvérc~Jos de las caserolae; los picos de las
alondras puban; los purés, habas y guisantes
estall~ban y reventaban en burbujas en los platos brillantes; un ganso untado de grasa bailaba
co_n la rab_adilla arremangada, presto para la parrill11., y pichones escapados de las estufas fJrm:lban un cortejo de carne hervida á un con ..j, en
gibelota_, T~do eso era horroroso, y en aquel aparato culinario y f1rntástfoo Wilhem reconoció estupefacto, á la R~ina ?ifttritoroes.
'
Era ella: alta, impasible. acoraz·\ da de cobre
rojo, svanzando penosamente en su pesada faJJa
de campana, con la ci 1tura 11.prhionada en una
sopera. Era una criatura horrible, calva y p \!ida, que mostraba sobre su cráneo el desplit•gue
de una cola de pavo-real, adornado y preparado
para la mesa. Lo que se veía de su piel ei:taba dorado y tot1tado como el estóma.,.o dt! un
pavo, ! tenía por mano~ dos enorm:s patas
de galhna. Un collar de salchichas jugaba. so•
bre 1~ porcelima de su pt-cho, y dos monstruosas
morcillas pendían de su cintur11, á manera de
arracadas. En una mano tenía un ramillete de
puerros: de cebollas y zahanorias, y como verda•
dera rema de 111s marmitas bl,mdía con la otra
una enorme cucoara, que intr0ducía sin descanso en los puréi, en las salsas y las empanadas,
aumentando el terror del nifto. Pero lo que no
pudo soport~r, fué la mirada de la espect, a l mufleca, una mirada automática, esmaltada y sin vida, que se clavaba en él despiadadamente. L rnzó un gran grito y despertó á la luz de una lámp~ra Y una bujía; su madre, s11s hermanos y su
mfiera lo rodeaban; estaba confu50 y desconcertado; el pequei1o Wilhem había sido olvidadv en
su lecho.
JEAN LORRArn,

tom:-W

Año VI

Tomo IC

--- - - México, Oomin go 8 d e Octubre
- de

1

s99 _

Número 15

las::

A. DABVlLL&amp;

MANON
A. LYNCH.

�Domtn¡¡c 8 de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

228

DirBctor: LIC. RAFAEL REYESSP!WDOLA.--------------------------------

Mientras, dejando el libro Yel sueño, ba:o ~~~~l/¡
ada escapatoria á los teatros1 mientras a ra
~i udad adormecida y fangosa bajo el capelo
mala lluvia al rededor de mi p~rag~as, d~~! de es•a
do en la realidad de mi sttuaci o. d osacunadas p~r
semana nu son otra cosa que mone as
n·
la mano del fastidio. ¿Qué bacerdenl est;e~~:, pa:~
mio? No es posible hablar ya e as

q::t:~~=

da~¡ placer por lo general, no deja buenas de s~
00
0 • ó 8 ¡ l~s deja, son tan débiles que, como
~ mPa de jabón, se deshacen en el viento. Es trág 11l

el :ecuerdo de Ja dicha gm.ada. La memor~~~;a~,
arca santa de las cosas tristes; de las que pe t os
de las que eternamente viven en casa con n7sc, r .
¿No os acordáis de las E11Zwul.a, del
¡Pobrecito! ;No os acordáis qué decla1

~•IIJU•

Suelen dejarme cuando sonriendo
Mis pobres esperanzas
Como enfermitas ya convalesclentes
Salen alegres
A la ventana.
Corridas buyen, pero vuelven luego,
y por la puerta !&amp;Isa
Entran trayendo ~omo nuevo huésped
Alguna triste
Livlda hermana.

nosamente. ¡Qué imbécil! No ha logrado arraoc9,rle
una sola molécula de fastidio.

*••

á~:t;~~~a

Para entretener las últimas velad~s del
hermosa seflortta, de exquisito y ar1r~i°crimprovlsad~
me pregunta, st en cualquier teatr o
d de
podrá ella co~ algunos compafieros ded¡uv~~J~~ en
alegría poner en escena vteJas come as
re
lugar d'e petlplezas Y esbozos dra~átlcos, con su ~pecti va música ligera del géneJ'O chioo. .
. so es
Pur supuesto que sf, encantadora criaturad e
loablt• ·Comedia final y no puedo menos e aco~darm~ d~ aquel Trianon, de aquel rinconcito _de teli cidad un poco tardía y rápida, do0:de una reJDa ~:
traje de batibta blanco, flch(~ de gasa y so~blero le•
paja, corría por los jardines, 1ba de la granJa áa tocherla llevaba á los Invitados á beber leche Y
mar h~evos frescos, obligaba al rey á dejar el br)Squ.e
en que leía, y á merendar sentado en )a bler~a, mi raba ordeí1ar las vacas, pescaba en edl llagboo, ~ b~~n ~
tada sobre el césped, descansaba e
r a
Y
malla, hilando en una rueca de aldeana..
.
Esa reina quiso hacer lo que usted, hada !nterroadora: divertir sus ocios con finas comedlas, y el
~ia 19 de Agosto de 1785 Marla Antonleta h izo de
Rosína el Conde de Artols, de Fígaro, M. de Vandreuil de Alma viva, el Duque de Guicbt, de Bartola,
y Mr. de Crensol, de Basilio.
.
r
El autor era un t11.l Beaumarcbats, un poeta bu lesco que adrede mojó las saetas de su sátira en e1
perf~mado veneno de una filosofía pesimista.
¡Oh, claro que será delicioso volverá ~ir en un ~atro de campo, una de esas viejas y clásicas ~medias
que rechazó el mal gusto y empolva el olvido.

sef

*••
Mientras la ópera llega nos quedamos con nuestra
fiel amante la zarz.uela. Es una mujer tentadon. E:i
nuestra más constante novJa. Nunca uos i:leja, por
más que, algunas veces-muy pocas por cle1 to-finjamos desdenarla.
¡
Napoleón Sien1 Sf' anuncia ya. Que no sea la próx ma temporada el Waterloo de este Napoleón.

Abrese á recibirlos la Infinita
Tiniebla de ml alma,

y van prendiendo en ella mis recuedas
Cual tristes cirios
.De cera pálida.
. Las fiestas de ayer? Bah! ;Quién piensa en el~t

F rieron unas coquE. tas que se nos acercaronbnos

e.

•••

!1

i

se

C'etalt de la chalr vive a veo dn granlt brut,
Une lomoblltté hute d'lnqulétude
Un é 1tt1ce ayaot un bruJt de multude,
'Oe&lt;i truus no1rs étollés par des faroucbes yeux,
D~s evolutlonsde lt'.roupes mn11J1trueux,
Devastes bas-rellefs, des f1':sques coloeeales... .._.,

Pero este enorme muro vivo, no tenia el aspecto t,Ji..
uico de ta visión de Hugo, era un muro q_ue 88 tapa.
ba. de la 110\'izna y del sol r.on dosclentob mil paraguu
sombrlilas y que á la menuda sombra de estosklCllimos de seda, llno ó encaje .que cernían la luz ó d•
untaban las to visibles agu¡as de hielo de lasr4111111
boreales, engullia concienzudamente seis mtllonee de
sandtoichs por hora y tragaba otros tantos millo.
es de bocks de cerveza que trablormada por los ftltnll
~enales debe haber formadv inn um erable&amp; t~ibu1ilrlos del H udson.
Todo eso que vivía turlosamente, con toda la gana
y la facultad de vivir de que es ca paz el hombre,•
concentró, se unimismó en un sólo gr tto, en un 16lo
hurra}¡, cuando pasó el viejo almirante descubierto ea
la opa del Ollmpla. ¡Qué espantosa mol.. ttal iQult!n
butlera sido éll Su dogo de las F ilipinas dormla6
sus pies ó fingía dormir; de cuando en cuando abda
un ojo húmedo y abur, ido. Los perro3 quieren mucho
á los hombres, pero desprecian secretamente, la ha.
manldad. ¡Ingratos! ¿No ha dicho un gran ttlóeofo
chino qae lo mejor que tiene el hombre es el perrot

•••

ron un beso, nos htcteron un juramento, y uyeron,
después; riendo y prometiéndonos volv~rÓ·
Ha cosas sertas y tristes que contar, pero 1a cr
otea ¡o debe ser una prédica nt Jas cláusulas de una
revista etfmera deben sonar á marcha fúnebre ó á
elegia.

En semanas así es cuando me he preguntado qué
es un cronista. y Jo be dtchu ya: una. con~ t a es un Triboulet. .En la vida mundana como
i n la corte del rey gala11tuonw, ba de llegar sonando
u corcoba cascabeleada, batlando su l?antomima
~laudicante Y grotesca, moviendo en un nctU-$ eterno
su cabeza de histrión ...... Lara, lara ..... ¿Qu~os
parece el bufón del rey, magnf!cos caballeros, neos
hombres cortesanas hermosas.
Viene á, sacudi r vuestro hastío, á. poner mo~~'i ~
improvisar chanzonetas, á rimar burlas. Cerf e.
está stem re de buen humor, porque para eso epaan. arl ue reparta la alegria, la inagot~ble ale:rta.'
mioantial tnexbausto de sus gracias. Tr:e
na 'inmensa provisión de canelones de pecheros, e.
;rcverblos plebeyo•, de chistes populares. La calle
es un arsenal.
De todo hablará, soplándose los dedos, Y acompad todo de su música exagerada y ridfcula.
na; 0º1e pidáis una buena ide9:, un cuento bello, una
fábula Ingeniosa. ¡Qulál No sirve para eso. No abre
. f,ol·o
nunca un u1
i , no sabe descifrar un manuscrito
sanscrlto.
D t d su
Ali! está el tlsico árabe que lo sabe. en ro e
birrete negro anida la Sabidurla.
Oh si el cronista tuera el poeta de la Corte'. .
~er¿ él no está obligado á. conocer la gaya c&amp;ena.a,
ni á entfar en lucha con los troveros.
D . dl l'ues que divierta con sus monstruosas
~!.i!'as co~ sus truhanerías regocijadas, porpan cuando~ enseria, u0 tantico siquiera, cuando
iu~ su jubón listado de rojo y amarillo, se ve batir
1:~~tral:la entusiasmada, cuando se le escapa po~ entre las junturas de la risa, algo de lo que tiene ~no cuando pasa junto á una mujer y se le oye etrr-' ué linda!; cuando levanta al cielo los ojos Y se
e 0· 1 ritar: ¡qué azul!¡ cuando se acuerda de un
le ~ Jnoro y rotundo y exclama: ¡qué soberbio! en::~ces el rey frunce el ceno, y la corte entera que
eceslta sacudir su hastío,
siente Irritada.
n _ Eb, Trtboulet, qué es eso? Baila Y ríe.•• •
y !Trtboulet pasa sonando sus cascabeles y bailando su danza claudicante.
La corte del rey galantwmw lo mira pasar desde•

cuares en torno de los kioskos, de las casucas, por el
lado d~ New-Jer~ey, el verde r,riunfa aún, en lu 11.
rombras de alto liso de la grama, peinada y cuidada
como un tapiz de casa de Vanderblldt ó de Astor. Al
pie del ribazo, como los dientes de un pei ne de glgan.
te, los docks; y los vapQres que por ellos ent ran y 11,.
Jen emborronadoi; de humo, que un poco más al1' 11
concreta en penacho ondulante y deja plntane ea
el crlstsl de la babia los gráciles perfiles del barco que
busca los canales del océano. Coronando la margea
del rlo, por el Jado de New York, la amplia calada
del RI verslde. acotada por un muro kilométrico de
palacios de quince pisos.
y ya me ttguro lo que serian los pal acios en cuyOI
tejados cornisas y aberturas rntlnltas borbollonaba
la gen~ y flameaba.u al fresco viento otoiial millonlli
de flámulas y gallardetes y banderas de todos IOI colores que de cuaudo en cuando, el sol salpicaba del111
con un g¿lpe de su brochó~ de oro. Y ya, me figuro lo
e serian los ribazos cua¡ados de multitud desde 111
~~laustradas de la avenida. hasta los mue1les. Eecll
muros humanos son como los que el poeta vió en
suenos:

u. s.

EL TRIUNFO DE DEWEY. Los
SE FESTEJA.NA SJ MISMOS.
2. EL nadie hace lo qm !JO hago EN LA NACION Y EN LOS
INDIVIDUOS; LOS RICOS EXCENTRlCOS.
3. APACIGUAMIENTO EN Fn.ANCIA. LA TRIPOLITANA,
AL ÜOURRIER DU ME:X.IQUE.
4. EL TRANSVAAL.

l. COSAS DE LOS

U. S.

1. Cuando hace un poco menos de_ veintidós siglos
el consul Dullius batió á los cartagrneses en Mylae,
sus compatriotas, llenos de entusiasta ~ratltud al
autor de una. victoria que convertía. á Roma en potencia marftima, le decretaron una columna rostral
en el foro con una inscri pelón votiva, y el prt vlleglo
de ser conducido á su casa por las noches, por flautistas y porta-antorchas. Por puro amor á su patria ~ebe de habe1 aceptado este tormento Dullius, pero JU•
ro que si al almirante Dewe,v quisiesen honrarlo del
mismo modo seria capaz de huir de su patria... y yo
también. Pase por Jo de la columna rost ral, que.de
seguro se alzará pronto en proporciones gigantascas
en el Central-Park ó en el arsenal de Brooktyn, pero
las ftautasl Oh\ no, eso nunca.
y, sin embargo, no pocas han de haber resonado
en el triunto del vencedor de Mantla. Los Esta.dos
Unidos, Nueva York, sobre todo, se pagan lujos in.
verosímiles por lo enormes, Ct1mo esta fiesta, muy
merecida por más que digan, en honor del viejo almirante; no sé en qué otra parte pueda lograrse pasar revista á una formidable escuadra en el corazón
de una ciudad, gracias al Hudson que, amplio y profundo, borda la isla en que ha crecido como Inmensa.
selva de fier ro, mármol y granJto la ciudad- Imperio.
Veo la decoración, los ribazos pardos del rfo, sembrados en Octubre de árboles de todos los colores y ma.
tices con que el verde huye hach las palideces enfermas del amarillo, del rosa¡ hacia la pó.rpura terrugi..
nosa como las manchas de sangre vieja, y el pardo quemado que dejan en las cortezas y las hojas
los besos de las primeras heladas; verde, ¿el verde ha
muertu? No; en derredor de los jardln~tes, en los es-

Inútil es decir que en este homenaje los neoyorklnos en particular, y la Unión en genera\ han querido disputar el campeonato de las fiestas trlunl&amp;IOI,
El imperialismo vencedor, que ayer era apenu u
desideratum y boy es una realidad tormtdable, ae ha
CP.lebrado á s[ mismo en la cabeza venerable de •
viejo Jobo de mar nacido de la mis ma cepa que lcll
Drapper (el capt•Jrador de Manila e~ 1762), losBodney, los Nelson y los .F'a.rragut, maguer el origen •
talán de éste.
ue4e11
El arán de hacer gala de poder lo que no p
otros es propio de la nación como h&gt; es de los 11111tuosi;lmos advenedizos que están hoy al trente de la
riqueza del mund•&gt; y que, ellos ó ~us padr~,
todavía hombres de pena y trabaJO material, pero
conquista de la fortuna es para nuestro'l prlm~ o
sport, la lucha por Ja vida tiene entre ellos,
ttvo de una carre ta d~ caballos ó de un com
púgiles al box.
d d
ente
Los ricos americanos, es decir, los ver a era~mt,.
ricos, no los que, como yo, solo tienen cuato óse•n•
lloneH de pesos,-ese como yo, pueden mis lecto res
pretarlo á su guisa-los arcblm lllonarl os, en • ~
cifran su ventura en bacer lo que ot ros
tener lo q,ue 00 tienen otros. Una de ast'ª1r •
Vanderblldt, por ejemplo, se ha hecho
plena .New York, un palacio en~ramen e ~ rohll
.Malmaison de la emperatriz Josefi na, á qule ,!'.,.
1111
devoción piadosa; otra. señora ha intentadoci ";CIII
quedarse atrás, reproducir en el lnterlor
(situada !rente ai Museo Metropolitano &lt; ó Park) el del palac\o de los duxes; todf
etano ó prehistórico, dice el autor de es 1 ~
pesco estas Intimidades; ali! hay aldabones
de la primera edad del fierro, pavi men~
musaica, que dice Berna! Dfaz, Y ent r~ º !sm iOI •
vieja encina ricamente tal1ada, a mpltos f ~
.,.
109
coradosde,papel rojo rameado de o~ol :1~ºb~ 'no brilllD
jones del artesonado brillan, ó me¡or
d° V ~
vetustísimas pinturas delosantecesor~to ~ojo et•
y Tlzlano y sobre la chimenea d';,,Vªºla el allO pi,
trato de un Dux .... pintado en - ra nc
sado.
nas m!IIC)llllllil,
Bien está; comprendo que los ape rctonant ll
se rodeen de cierta pacotllla, para propo to OOII ij
dulce Ilusión del lujo de arte, por su ~uesro
_.
4
que•tenga algún sello de buen gusto,,irtist!CIIOIII
nes pueden pagar verdaderas obras
si es lllO'
80
pren pacotilla, con tal que sea car:; ~lnero deClllt
1 en 11
mtnable. Uno de est,os señorones vefa
delante delcl814&gt;de Melssonler, que

~rana,:
"t:.'::

ºf 11aoe::.,_
r~s :~ ,1a

iCensn1
~r
\u ':';,,qaiea

)a ,_

ª .-.-

que

Domingo 8 de Octubre de 1899.

-coteea de un o de sus émulos: yo tengo un cuadro

•gual, enteramente igual á éste, pero de otro autor;
me costó se.qenta pesos en un remate, mientras que

EL MUNDO.

Y. la admirable cantatriz sufría un ataque de parállris que aun la tiene inmóvil y muda; también se congreg_aron inútilmente en casa de la dica los mejores
médicos de Europa: y como su pasión por la músi.
ca tomó proporciones extraordinarias1 su mMJdo
se dispuso á satisfacerla: era el único modo de a.liv!ar sus dolores. Un violinista de primer orden se
comprometió á tuerza de oro á no separarse de la casa y un dia que la paralítica puio hacer comprender
su deseo de escuchar Escla1-nHmde, la ópera de Massenet que había sido su principal triuuto, los mejo,
res artistas de la Academia :Nacional de música de
París, organizaron y representaron, en la sala de la
casa, t eniendo por público á la enferma y á su esposo1
la deseada ópera. Mr. TNry no se separó un instante de su triste y excéntrico hogar hasta que murió hace poco en plena juventud; Slbyl Sanderson ha quedado herida de muerte y viuda.

229
y que, muy á mi pesar, no quebrantaré, ni hoy siquiera.

-' Astor Je cuesta el suyo cien mil! Y leyendo esta
•
anecdotllla recordaba yo á aquel cónsul romaoo que,
••
-después de la destrucc:ón de Corinto, remltia á RoLos Ingleses han obtenido en su litigio con Venema algunos cuadros y estat~as de los maestros helezuela m~s de lo que pedian; el fallo de los árbitros
nos, previniendo á los soldados porteadores que, si
les ha sido, en suma, favorable, cegando para la repú,
dejaban perder 6 averiar aquellos ejemplare.~, harían
blica nuestra hermana una. !uentd de peUgrosísimos
-otros Iguales. Algunos ha.y entre estos cresos adveconflictos; todos bao ganado, pues. Ya. no queda más
nedizos, incapaces de distinguir sin guias la superioque marcar materialmente los límites. Pues si tan
ridad de un a pintura sobre una oleogratfa; son de Ja
buen viento sopla á .los brltanos en materia de arbimilma familia 1 diremos del mismo ganado, que altrajes ¿por qué no aceptan la proposición de Krliger,
.gano de nuestros.pudientes que paga, en sólo un maraunque sea haciendo Ja expresa res~rva de la cuesoo de una acuarela de ilustración, exactamente el
tión de soberanía? De veras que se los agradecerla el
precio de uno de esos delJciosos cuadritos de Ramos
mundo entero que va tomando en este asunto poco
.l[arth:iez, el maestro indiscutido de la acuarela en
más 6 menos la misma actitud que en el de Drey)lé1tco.
rus; aquí se trataba de un hombre, allí se trata de
Volviend o á las excentricidades de los reyes del
un pueblo: pero de un pueblo débil y pequeño y trabamlllóo en tierra yankee, NorvJns cuenta que la mlsmíjador que tiene sobre su cabeza por espada de Da.••
.stma duena del palacio veneciano, la Sra. Stuyvesant,
mocles á todo el imperio británico pendiente de un
•
i ~iah, en una fiesta nocturn1 de su casa balnearia de
Sólo be podido permitirme esta digresión porque cabello1 es decir, de una p,labra del Sr. Ministro
New-Port, bacía conducir los juguetes del cotillón el material Dreyf1l8, como lo había previsto, escasea Chamberlaín.
-que valían bastantes mlllares de pesos, por un e.s~ ·y~; la combinación del veredicto y del indulto han
Lo que los boers cllsputan es el derecho de mandar
no berrado de oro puro y guarnecido de piedras pre- apaciguado, el uno al a~to ejército y el otro á la pie- en su casa, lo que disputa Inglaterra. es el derecho de
·cJosas. Pero de estas tantasfas áureas, ninguna co- da.d pública; vale mfs así. El proceso de la viuda mandar en la agena¡ ya he cuestión de las tranq'limo Jade la esposa de W. K. Vanderblldt, á la cual su Henry contra Reinacb, la instancia dal proceso Zola cias electorales de los uitlanders (sobre ella. be con ver•
marido regaló un ani!Jo de boda oon un solitario galvanizarán, pero no darán vida á un muerto; asun- sado en otras revistas con mis lectores) parece pues.
-que valía cerca de cien mil pesos; estasenora1á quien to concluido. Lo interesante es examinar la prensa ta ~ un lado y de hecho_ el Raad, el congreso de Pre.sos amigos llaman por carh1o Birdie (Virginia Fair) de Francia los días siguientes del veredicto; los anti- toria, ha concedido todo Jo que el agente Milner exi,ee hizo construir, iba yo á decir edificar, un lecho
semitas que bao hec ho del energumenismo un eotllo jía. de Krüger en la conferencia de Bloemtonteln;
nupcial de oro macizo, decorado de sedas y blondas normal como Rocbetort y Drummoud, estallan en ahora se trata de que el Transvaal reconozca expre.auperlatl vamente caras; con el precio de los encajes selvas de aleluyas; si se pudieran comerá Dreytus, á samente su dependencia de la corona Imperial; hoy
-que llevaba en su enagua interior el día de la boda, pesar del régi::ien dietético á que ha estado por tan- esto, mafia.na la aceptación de un gobierno inglés eo
bab:la habido. dice un estadista neoyorklno, para ali- to tiempo sometido. lo harían, de seguro : es un caso Oraoge y otro eu el Transvaal y entonces todo el
mentar y vestir durante un ano á los niílos de todo bien caracterizado de canibalismo espontáneo. Los Sud-africano queda en manos de la chartered, de la
un block de casas. Esto es encantador; pero ¡all! mis
dreyfusistas rabian y muestran los p11íios á la Temis companfa organizada por Mr. Cecil Rbodes que, selectoras, poneos neuróticas de envidia al leer esta militar decorada con las dos colas encrespadas de ga- gún parece, no hace buenos 11egocios todavía.! No los
-otra estadistiqu11la; se trata del calzado de Miss to blanco constitutivas de los mostachos del coronel haría malos en la republlqullla holandesa en donde
13rooks-hoy casada: doce pares de zapatos de paseo, Jouaust. Entre estos dos grupos de fratricidas, está. no escasean ni los diamantes ni el oro ¡y este es el
-4 la moda inglesa, suela doble y puntas (?) cuadra- la Francia ilustrada y du efia de sí misma que se ba tondo del pastel! Por desgracia va á ser este un uoldas, oCbo de botines franceses, seis para el golf ó el inclinado sin reserva~ ante el fallo y ha proclamado au..11e11t de carne humana.
El llamamiento de los holandeses de Ilolaoja á los
-tenms,.cuatro para patinar, ocbo pares de zapatillas la necesidad humanitaria del Indulto; y es de ver co.
finas de soiré.e, de seda, bordada:; de perlas con hebi- mo estos periódicos, p. e. e· Journal des Débats y la sentimientos cristianos Je los gobernantes imperiales
llas de piedras del Rbin 1 acero y plata; ocho pares Revue des Dtux Mon.&lt;W;, que bao mostrado tanta se- t:s patético: &lt;Nosotros, dice, neerlandeses1 vinculados
de cabritilla para las recepciones, conciertos y five renidad é Independencia en sus juiclos insinúa.o la á vosotros por un origen común, por las tradiciones y
•o'd.otks y doce de eatin color de rosa, verde Ni1o, oro generosidad y la j usticla de la gracia,1 que la teroz la analogía del desenvolvimiento histórico, por la seviejo, turquesa enterma, bordadas de crisantemos prensa antl-semi{;a a.tribuyó al dominio qut: ejercen mejanza de costumbres é instituciones, orgullosos con
este parentesco, somos osados á deciros: no cometáis
'iS acianos y salpicadas de ametistas, esmeraldas y los dreyfusistas sobre el Presidente Loubet.
robles; pero lo que nadie poseia, y esto es lo intereYa puesto á un lado, por fortuna, el atormentado una espantosa injusticia con la república sud-a!rJllllte, era un par de botines de cabritilla del Cabo de la Isla del Diablo y d.e vuelto á sus hijos y á la es- cana, vástago de nuestra cepa-germánica, con ese
-que su bían hasta las rod!Ua, en donde los cerraba una posa admirable en quien se han encarnado las cuali- pueblo débil por su número y fuerte por sus ,·trbebllla de diamantes.
dad es más nobles de la Francia !emenina, el asunto tudes.&gt; Y acaba así esta deprecación. &lt;03 pedimos
En estos dlas tiene locos á los riquísimos y, so- puede entrar en un período puramente especulativo esto, no sólo porque de otro modo sólo puede resultar
bre todo, á sus mujeres, la conquista del record y científico; ya no hay que ilustrar á los jueces, pa- la violencia, la efusión de sangre, el rratricldio, sidelos sepulcros, ¿quién tendrá el mejor mausoleo? só la hora de los alegatos. Ahora hay que apelar á no también porque el derecho seria profanado y man.
Hasta principios de este aílo se llevaba la palma el la posteridad mejor Informada, pero hay que infor- ciJJado el renombre britá.nico .... &gt; Cien mil firmas
·aenador Ciark de Montana, el rey del cobre; sólo el marla; sobre el veredicto del consejo. de guerra nada al pié de este documento.
¡Hum! No sé por qué se me figura que esta clase
frontón del templo es una pieza de grani.to que pesa hay en el orden judicial; en el orden moral queda el
-cerca de tr~inta y cinco toneladas; costará. más de Jaudo SU'Jremo de la historia. Ya no se trata de la de argumentos tan IJellos desde el punto de vista modoscientos mil pesos este caplcho digno de la reina justJcia, ·se trata de Ja verdad, y después de leer la ral, han encontrado muy poco eco en los oídos ingleArtemisa. Y la pasión de los sepulcros no está ecli p- requisitoria de Carrlere y la plaidoirie admirable de ses; el interés, el business, endurece endiabladamen.'81da, por la de los sombreros y los zapatos, sólo quiserenidad y de juicio de Demange, se comprende que te el tfmpano1 y es causa de sordera nacional¡ Mr.
zás la de los perros le hacen parangón. Extasiadas es- la última palabra de la razón no está dicha. todavía; Cbamberlaln anda enfermo de eso desde hace tiempo.
taban las lindas mises de la Unión, cuando les conta• la paz está hecha, la luz no. Para mí sí, pero no SP. ¡Y lo duras que son estas enfermedades de los ofdos!
ron los periódicos que una de las millonarias más trata de mi, se trata de los que sinceramente han Ciertos doctores las creen Incurables.
Entretanto, el viejo patriarca del Transvaal, diri,ma,t de Baltimore, la Sri ta. Horwitz, en la ceremCJ- creído crlruinal á un desgraciado. Tengo fe profunda
nta nupcial se acercó al altar llevando apretado conen que ese momento no tardará en llegar; cuando ba- giéndose á sus bravos pastores bíblicos, en vez de
tra su corpiílo de seda á su fox-t.e:rrier Jock coronado ya caldo el poi voy se haya desvanecido el humo del hondas armados de m.ausers, clama á ,Jflhveb, y lo llama en su auxillo y en él contía: Domine in aditUoriuni
de crisantemos blancos.
comba.te.
meum intende .... Francamente conmueve esto; pero
Una senora mexicana me decía en New-York: no
ay! también invocaban á Dios los pobres dervJses de
-quisiera para mis hijos mujeres americanas, porque
•••
Ondurnam, &lt;¡ue se erguían con tos brazos abiertos badeliran por el lujo y gastan mucho; en cambio, sí deCon el título de grove rumo1· públicó el Courl'íer du J/e,
,_, maridos americanos para mis hijas1 no 1os hay xique un telegrama rererenteá la próxima ocupación de jo sus alquiceles blancos, y caían por mmares y mimejores. Cierto¡pero hasta en eso pretenden, los que la 'l'rJpolitana por las tropas trancesas. Con razón llares perforados y desbaratados por las dum-dum,,!
El estado de ánimo de estos europeos africanos que
pueden, hacer singularidades; hasta en la. mantfesta- llamó grave á la noticia; no podía serlo más como que
han
vhido retraldos en sus 111.nadas pasta.les desde
1
-eión del afecto. Vayan dos casos: entérmase la sefio- sería la guerra. Jamás la generosa é lmprudentt:
hace tanto tlem!)o, reproduce exactamente el de los
'11 Wblt ney, una de las más bellas mujeres de New1
Francia habría cometido imprudencia de mayor ta.
York, de América por lo tanto; su marido abandona mano. La invasión de la Tripolitana equivaldría si- campesinos del s glo XVI que se reunían en derredor
de Munzer y morían sin quedar uno, cantando los
'1118 negocios, se instala á su cabecera, reune en demultáneamente á la protesta armada de Turquía,
rredor de la. paciente á los mejores médicos de los que e~ la. nación soberana en las comarcas líbir.as, y versicuios de la Biblia, ó el de los hugonotes de DuEstados Unldos 1 y uno de ellos es contratado para esa protesta sería resueltamente apoyada por Ingla~ plessis- Mornay, que penetraban en las batallas ento•
dedicarse exclusiva mente á la en terma, abandonando terra y por ItaUa, de modo que Ja conversión de la nando el salmo de Lutero. ¡Ob! grande alma del gran
viejo Gladstone, ¿por qué no eres hoy el alma de tu
'IU cltentela. Otro médico se consagró á vigilar los
triple-allt:i,nza en una alianza qufntuple por la adhe- patria1
alimentos que un chef traído de Parls á precio de oro sión de los ingleses y los turcos, tal sería f'l afecto
debla prepa rar; el mejor jardinero de la ciudad lué instantáneo de semejante insensatez. Si ha costado
-empleado en escojer y disponer ias flores que, de mi- tanto sacrificio de 1encor y amor propio á los Italia.
·llares enviadas de todas partes, debfan otrecerse to• nos vol ver á su concordia tradicional con Francia,
dulas maf'.i anas á la ente, ma¡ un literato de nota se después de la toma de posesión de Túnez, ¿qué In-encargó de la correspondencia de la joven senora y mensa explosión de coraje acompallaría á la ocupade leerle diariamente algo de sus autores favoritos ción de Trípoli, tan tenazmente codiciada por Itai\cntles serían ?). En este oficio tuvo por colaborador lia? No creemos, pues, en la noticia; no es posible.
propio Mr. Wbloney, que tomó para ello lecciones
Y aquí me permitirán mis amables lectores una
-de dicción y declamación de un actor de gran crédi- simple
nota á propósito del Courn·e1·: nuest ro entendiEl descarrilamiento ocurrido hace poco en Ja línea
to. Mdslcos y cantantes de ambos sexos, como dicen do y cortés amigo el Sefior director de este aiarlo
loe &amp;nuncios de conciertos escolares, regiamente pa- trancés atacó muy vehementemente un fragmento de del c~ntral. cerca de Apaseo, ba sido entre los tris-lldoe, esperaban las órdenes de la doliente, tarde y mi última revista sobre el asunto Drey!us, reprodu, ter. acontecimientos de estos últimos días, uno de
DOChe, para sattsracer sus caprichos .filarmónicos. cldo por el lmparcial; bien se conocía en el a.taque los qne más comenta el pó.1,llco. Por tal razón nos Ji.
,¡Qué tal? no es este el marido m111onario Ideal? No que su autor no había leído todo mi artículo. No por mi tamos á publicar las tres lotogral!as que tomó un
-M yo que ent re mis palsanos haya uno de estos ejem- tal ta de. deseo, ni de deferencia, sino porque no soy artista de la Photo Supply Co. que venia como pasaplares.
jero en el tren descarrilado. Como quiera que los gramás que periodista ocasional en sólo este periódico y
Pues hay otro caso y este si por extremo slmpátl- y en este sitio, mientras torna á ocuparlo el aprecia- badoq que publicó &lt;El Imparcial&gt; pudieran parecer
por más que tengan bien mar-:'; sabido es que la hermosisl ma y lamosa Slbyl San- ble escritor encargado de él, me es imposible, con- apuntts fantásticos,
1
en«Jn Re casó hace poco con Actonlo T erry , joven vertir esta revista en sección de pnlémtrR, y i:idemA~, cado el sello del or ginal rotográHco, las ilustracion, a
'C&amp;pltalt•ta !ormtd,bie. No acabab• la luna de miel quebrantaría así u11 propósito que we he lwpuestu, qne ha~• damos establecen la autenticidad de la. in·
tormacióu dt! uue~tros diari os.

. . . J ~ J ~.

Un descarrilamirnto en 1~ línea del F. c. Central.

�Domingo 8 de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

230

Domingo 8 de Octubre de 1899.

FEDORA.
Los músicos de la viPja escuela
y de la antigua chapa, los partidarios del gargarismo lítico y dd
clownismo vocal, se han queda&lt;!o boquiabiertos, estuptfactos á
la audición de la «Fedora;» con
un poco más de instruccióv clásica, hubieran exclamado: Delen•
da est Cartago! Q,uosque tandem
ab1..ite1·e . ... ! Quam 1·empublicam
habemus! Uno de ellos meneaba
la cabeza con desaliento profundo y sorrla desesperación.
«Dan ganas, decía, de preguntar, parodiando al payo del cuento, ¿dónde está la música? Esto
no es ópera, sgregaba, es un rompecabezas: he ahí un ruido monótono á veces, ensordecedor
otras, ¿dónde están las arias, loe
concertantes, los grandes finales?
¿en qué momento cantan los
personajes? Yo no veo ni oigo
cantos, modulaciones, trinos, sino actores dramáticos que rugen, ahullan, declaman acompaftados de u na orquesta de energúmenos ó de hipnotizados, se•
gún el caso. Ese Homer o dormita á menudo, pero suele roncar
desagradablemente. Ve usted salir un montón de personajes y espera usted un coro ar monioso,
mesurado, original como el del
Silencio de Norma, ó bien sonor o
y retumbante como el de los gitanos del «Trovador,» y nada ...
aquellos personajes no cantan ni
hacen conjunto. A poco, el tenor
se queda á solas con la soprano;
se prepara usted á oír e1 dúo de
amor, la pieza de resistencia del
banquete, con su andante, su alle•
gro y su coda, como Dios manda, y tampoco. . . . Los dos personajes hablan, se arr ebatan la
palabra, gritan; en la orquesta
atrapa usted fragmentos incompletos de melodías truncas, salta usted del compasillo al seis p01·
ocho, del adagio al p1·esto, del pianissimo al fo1·ti simo, y aquel par de badulaques no se arrullan
ni tortolean, ni replica al dolcissimo de él, el dol·
cissimo de ella, y luego dan un grito y caen en
los brazos el uno del otro. Eso no tiene sentido
común; y que con ese fárrago llore el público,
y que esa monserga arranque aplausos y promueva entusiasmos y ovucionesl Los dioses se
van, y primero que nadie, Euterpe; yo hago

UN CAMPESINO RECIBE LA ORDEN DE ALISTARSE
PARA LA GUERRA,

lo mismo y no me vuelven ni á ver el polvo!»
Para quie'l siente la música sólo con el timpa•
no, para quien se sirve de ella como de un rasca
oídos, para quien la reputa golosina y no ambrosía, cosquilleo y no pasión, nada más natural que
opinar y que juzgar así: iba en busca de pastillas, y le sirven acíbar, y se exalta y protesta de
que le hayan amargado la fiesta.
Pero felizmente para la música hay, y cada
día abundan más. a-entes que la siente:: con el
alma y que la analiz11n y jnzgan con el espíritu;

tortura porqu~ sus personajes sufren, atruena
porqu_e las pasiones estallan;· hace gritar, llorar
Y rugir porque sólo con lágrimas, gritos y alaridos pueden e~presarse tan intensas pasiones.
En suma, G1ordano no es un músico para baile~; esos hay que buscarlos en el género chico·
G1ordano es un dramatista lírico y su «Fedora~
es una creación admirable del nuevo género por
lo verdadera, por lo apasionada, por lo complexa y por lo adecuada.
Y cuando quiere, y las circunstancias lo exigen, sabe ser_ e~oiritual y ligero como en las coplas de du S ITl€Ux, elegante y fácil como en el
vals del ~cto segundo, pintoresco é idílico como
e_n las primeras escenas del tercero, melódico y
tl~rno como e~ )a romanza de Loris. En suma,
G10rdano I?amfiesta suficiente flexibilidad para
haber escrito «Lucía de Lamermoor:» el arte le
agradecerá siempre que baya preferido escribir
la «Fedura. »
DR. M. FLORES.

P.ABLO KRUGER.
Presidente de la Reptl blica del Transvaal.

SIR ALFREDO MILNER,
Gobernador de la Colonia del Cabo.

as~sino Y su ven1ranza viene á recaer sobre Valer1ano, Y_sobre la madre de su amado Loris; éste la maldice y ella lo sathface dándose la muerte.
_¿Cabe en este torbellino otra música que Ja de
G~ordano; es posible oue «Fedora » gorgée, qne
acabe :y redondee rns frases, que viertan miel
sus labios? ¿No; en Suiza misma el idilio amororn
es ~mar_go para los dos amantes, la -:!na asaltada
de mqu~etude1 y de remordimientos, fugitivo y
perse~mdo el otro y 11cosado de temores y de d¿lor? S1 todo es complexo, atropellado, tumultuoso, deforme, en las almas y en los sucesos todo
debe serlo en la música que los pinta y que Íos in•
terpreta.
Por _eso ~l público que no lleva ideas preconc?~1das sient_e y llora y aplaude; percibe que
el mus1co se b~ impregnado del medie&gt;, d el alma
de los personaJes. de las peripecias del drama·

'

j

ENVIO DE CABALLOS Y MULAS PARA SERVICIO DE TRANSPORTE

EL REGIMIENTO DEL REY SE J:MBAROA EN EL CABO
P ARA EL NATAL,

231

F edora ~s una muje~ ~oderna y en calidad de
tal, complicada y cas1 mcomprensible· de alt
m1;1ndo y de _alta ilustración ; por ser ;slava e~
oriental, a_pas1?na~a y ardient e; por ser aristócrata es histérica, imperiosa, turbulenta; por viu•
da conoce to?a la vida y toda la pasión. Su alma es movediza
y brillante cómo el Océano, pro
.
f und a y pel 1grosa como él. Loris es también unl\
Fedor a del sexo fuerte, el diplomático es un
.
h
·
es
e épt1~0, . a visto tanto, vivido tanto, gozado tanto é .·rn.tngadol tanto! No hay almas simple S, DI·
sent1m1entos .e ementales,
ni amores pastorile8 1 DI·
l
escenas patriarca es con person11jes de esa índo- ·
le. Y luego el drama tremendo en que va1...
vueltos
: Vladimiro
.
'd . asesinado·, Fedora, su en
ar
d1ente promet1 a Jura consBgrar su fortun» '
d
t
á
ª•
bU
v1 a en era vePgarlo y las consagra en efecto·
de pronto se rasgc1. el velo, Vladimiro, víctim~
apar ente, resulta
. d. d ser traidor é infame•, Lori·s ver
d ugo_d esp1a a o, es un noble vengador de FU
propia ho~ra. Fedora ante tales revelaciones
am/l. á Lons, pero ya lo ha denunciado e orno ,

LA CRISIS DEL TRANSVA.AL.
que no le piden sensaciones, sino
emociones; que no la quierf'!n artificiosa, sino real, y á quienes
en circunstancias dadas, agrad~
más una enarmonía qu e un acor•
de perfecto, é impresiona mAa
hondamente un recitativo que
una melodía. Y esta preferencia
no es estragamiento del g usto
ni decadentismo lírico, ni degene~
1·escencia, es un f.:nó meno natural, lógico, inevitable y evolutivo del arte, y especialmente del
drama lírico. Ya hemos ex plicado por qué, y ahora vamos á
aplicar á casos concretos la ley
estética que informa el drama lírico.
Tomemos como punto de partida «La Soná mbula .» Esa nilia
es cándida, sencilla, tierna, no
ha oído al rededor suyo sino
cantos de aves y mormullos de
bosques; su.a pasiones son patriarcales y pastoriles, sabe llorar y sabe sonreír; pero en la
dulce tranquilidad de los campos y en el curso tranquilo de su
vida, no ha aprendido á gritar,
ni á rugir, ni á declamar; su
amante es como ella, y como ella
ha vivido; patriarcales, benévolos y dulces el seftor del lugar,
los campesinos confidentes y amigos. ¿Qué género de músicl\ conviene á la descripción de ese
medio, á la pintura de esos personajes, á la expresión de sus
sentimientos y emociones? Puea
esa música debe ser simple, CO•
mo son simples aquellas almas;
esencialmente melódica, como
lo es toda una música padtoril,
profundamente tierna como loa
sentimientos en acción. Lo mismo en «Linda de Chamounix •
er.. «Dinorah.» y la intuición de
los autores se ha acomodado á
esas fundamentales condiciones,
y por haberse adaptado á ellas~
se han podido escribir esas deliciosa s comedia.
líricas.
Pero ccando se trata del drama, cuando ae van
á pintar pasiones de otro orden, pe..,.sonajes de
otra categoría, espíritus complexos, agitados por
p%iones contrapuestas, en lucha consigo ~ismoa
y con el medio que los rodea, la música simple,
puramente melódica, resulta disparatada, á tanto
equivale como poner versos de Lamartine en boci de Otello ó églogas de Fray Luis en labios de
Lady Macbetb.

.EL MUNDO.

..

EN EL NATAL•
OFióIALE5 Y MILITARES DE LA REPUBLIC.A. DEL TR.A.NSV.A.A.L.

MARTIN TH. STE IN,
Presidente lle! Estado Libre de Orange.

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La Casa Colo1·ada, p1·,x'1!iedad d ,, Don Ftrnando de mLlresa.

Casa del Sr. Ollys.

Casa de la Sra Segum.

Casa del Sr. Payró.

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�234

EL MUNDO.

CAMPINAS

Domingo 8 de Octubre de 1899.

Domingo 8 de Octubre de 1891!

DE lYIE X:ICO

235

EL MUNDO.

---

DESCARRILAMIENTO DEL F.

u. CENTRAL-EL TREN DESPUES DE LA. CATASTROFE.
(Véase la pág. 229).

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p ,-LA LOCO:lfOTORA QUE REMOLCABA AL TREN VOLCADO.

revela claramente la luminosa doctrina de Comte y
la alta competencia del exposit:ir que la aplica á casos concretos, La gran capacidad del Dr. Coogreve
para tratar los intrincados problemas de la política
internacional, no ha sido debidamente apreciada por
el público en general á causa del punto da vista en ,
que siempre se colocó y que no es con el que se ba1aga ni á los políticos ni á las multitudes: la subordinaci6n &lt;le la política á la moral.

De los opúsculos políticos del Dr. Cong;eve, el primero publicado en 1856, se refiere á examinar el problema de la posesión de Gibraltar por los ingleses.
Notable es desde todos los puntos de vista el folleto,
en él reclama su au~or como sabia medida poiitica la
devolución del Peñón á España. Con este trabajo
inauguró el Dr. Congreve su larga y gloriosa carrera
de publicista; inspirado por Augusto Comte, dicbo
trabajo mereció su deseada y preciada aprobaciún.
Cuando tuvimos en Londres la satisfacción de conocer y de tratar al Dr. Congreve, nos ex;&gt;resó su ardiente deseo de que fuese conoc~do por el público español su folleto s@bre Gibraltar. De regreso en nuestra patria un inteligente joven ingeniero nos ofreció
su concurso y efectuó la tradución en la que colaboró
el Dr. Congreve con la interpretación de un pasaje
en griego. Causas agenas á nuestros propósitos y á.
nues~ra voluntad han retardado la publicación castellana de Gibr'.Lltar.
,
E l nombre del Dr. Congreve será uno de los má.:1
notables en la historia del movimiento posit!vista de
Inglaterra; su recuerdo vivirá 1,iempre en los discípulos de Augus1'-&gt; Comte. Pertenece el Dr. Congreve

El Dr. Ricardo Congreve.

~;:m;lo

1-Puente~de San'Antonio.
2-R ·
la Casa Qolorada en San .Angel.

ri~~;nade caS~~e Je rj/l.an Ange3l•-Presa
de la huerta '1o,l Convento del Carmen.
4-Pabellórl,_ _de
7-El Panteón.
8-Presa de la Haciend(I. de la Concepcwn.

d lC
t dl C
JJvi:r°me~.

11

El 5 de Julio último pasó á la existencia del recuerdo en Hampstead (Inglaterra), el Dr. Congreve,
uno de los primeros y de los más distinguidos discípulos de Augusto Comte. Nació en Leamington
Hastings, condado d~ Warwick, el 4 de Septiembre
de 1818, y de los ochenta años diez meses que vivió,
más de la mitad fueron por él consagrados con incomparable constancia á la difusión de la Religión de
la Humanidad. Después de haberse edut.:ado en Rugby bajo la dirección del célebre Dr. Arnold, ingresó á
Oxford, Wadham College; en Oxford se distinguió
como estudiante, y en 1840 figuraba entre los primeros de sus camaradas. Su antiguo colegio de Rugby
reconcciéndole méritos, lo nombró uno de sus colaboradores y acudió al nombramiento como maestro ayuJante. Volvió otra vez á Oxford, hacia el año de 1850,
Yhallándo1,e en la vieja y justamente célebre Umversidad, tuvo conocimiento de la existencia de la
doctrina positiva; en un viaje que efectuó por el Continente compró en París las obras de Comte, y tuvo
la dicha de conocerle personalmente y de tratarle allá
por el año de 1852. En Oxtord conoció el Dr. Congreve, hacia mediados del siglo, á los distinguidos estud~antes E. Spencer Beesly, J. H. Bridges y Freden c Harrison; la buena amistad que unió entonces
á los cuatro, fué altamente benéfica ~ara las ideas de
Augusto Comte; los jóvenes escolares abrazaron las
ideas positivas, y boy son los tres escritores, ingleses
distinguidísimoi;, y entusiastas é inteligentes paladines del positivismo en su patria. Pasado algún
tiempo d~ su iniciación en la nueva síntesis, el Dr.
CongrevE&gt;, á fin de consagrarse á su propagación,
abandonó á Oxford y comenzó sus estudios médicos
para completar su educación é instrucción, en King's
College Hospital, alcanzando el grado de miembro
del Real Colegio de Médicos.
Una vez pru1 bto de los medios necesarios para su

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EL CARRO DE EQUIPAJES Y CORREOS VOLCADO EN UNA ZA.NJA.
difícil apostolado, se dedicó á propagar la Religión de á la legión de los que forman «la edad de oro de la'! rela Humanidad, ya por medio de notables dii,cursos, ligiones&gt; según la bella frase de Renan, pues adoptó
ya valiéndose de instructivos y sugestivos opúsculos la idea positiva en la obscura época en que ignorado
ó ya, en fin, en la conversación familiar en la q11e do- el Posit ivismo, era realmente meritorio abrazarlo, y
minaba su estilo persuasivo. Dos voluminosos tomos sacrificando los éxitos inmediatos y los c,ropeles de
cou algunas de las obras del Dr. Congreve se han pu- la vida, con perseverancia y abnegación consagró toblicado, otro tomo también· vol umi noso p0drá. for- dos sus esfuerzos á vivir para los demás.
marse con las no reunidas. De los t rabajos del Dr.
AGUSTIN ARAGON.
Congreve, aquellos que llaman más la atención son
los que se contraen á. cuestiones políticas. En ellos se

�Domingo 8 de Octubre de l o99.

EL MUNDO.

236

BERE,NIOE DE, JUDEf\.
I
Nos cuenta el buen Suetonio que Tito, apellidado más tarde las delicias del Género humano,
fué al principio un personaje bastante malvado.
Prometía ser un profesional imperial á la manera
de los Tiberios, los Nerones y los Vitelios. Era
cruel, vvluptuoso y glotón. Hacía venir curiosidades de boca de las extremidades del mundo ba•
bitable, de los abismoi;: de todos los mares del
Asia, de la Libia y del Océano de los atlantes.
Se rodeaba de hermosos eun11eos 1 de esclavas voluptuosas, de ef,ibos de formas armoniosas y de
bailarinas hábiles en representar lt1.s delicias variadas del himeneo y en despertar los sentidos
adormecidos por el licor de Dionysos. Le gustaba hacer morir á sus enemigos ó á los que creía
tales, ó sencillamente á los que le eran desagrada bles.
Parecía destinado á resucitar aquellas fiestas esquisitas en que los hombres vestidos con pieles de leopardo y
de jabalí eran arrojados á los perros
de Tesalia, al resplandor de los con: {,:
denados untados de betún y de nafta
y transformados en vibrantes antorti
chas.
Esta concepción bastó al principio á
Tito, principalmente cuando no era
más que el lugarteniente de su padre.
Pero la historia nos dice vagamente
que entrevió al fin que no sería muy
dichoso oyendo los lamentos de sus
víctimas y temiendo eternamente el
cuchillo de los asesinos. Prefirió satisfacciones más tranquils.s.

que se cerraba sobre su cuerpo, sembrado de esmeraldas y de ónices. Permanecía inmóvil, exasperada de encontrarse entre hombres ébrios y de
sentir su belleza inútil.
Dijo en voz alta en la lengua de su país:
-¿Quién es aquel que moriría por un beso de
la reina Berenice, como se cuenta que murieron
por Cleopatra de Egipto?
A estas palabras, Lucio Flavio, personaje con•
sular, levantó la cabeza. Todo su cuerpo se estremeció sacudido por un gran frío. Era el único
que tenía el espíritu y el estómago libres en el
festín y se deleitaba viendo á Berenice. Pero como estaba oculto tras las tapicerías, nv lo había
apercibido la Reina Berenice.

~II

Era de noche.
Berenice hacía caer sus vestidos y su cabelle-

IV

II
Una noche, Tito y sus compafteros
estaban embrutecidos por la orgía. Habían comido de todo lo que producen
[
loo archipiélagos, las llanuras líbicas
,.
y los bosques célticos. Flores ardientes y perfumes raros disimulaban el
/
olor humano de la fiesta. Las esclavas
no podían animar ya á los convidados cansados
de vino y de caricias. Pero se continuaba comiendo hígados de mustelas y escaros, rubios muertos en el garum, lenguas de ruiseftores, salmue•
ras mezcladas con nieve y todos los frutos encantados de Sicilia, de Iberia y de Cartago.
Berenice de Judea estaba canstda, Yacía recostada sobre plumas de cisne y de avestruz, y
desde hacía largo tiempo n0 tocaba ni los vinos
ni los platos puestos sobre la mesa de citr a, con
embutidos de concha de tortuga, lámiaas de
plata y marfil de Mauritania.
Se sabe que Berenice era la fav:orita de Tito.
Ejercía esta princesa profundo dominio sobre el
joven .á.ugusto y se esperaba que la hiciera su
esposa. Poseía el secreto de las voluptuosidades
orientales, un cuerpo milagroso construido para
las hermosas actitudes y los bailes, ojos grandes
y suaves que podían expresar todos los sentimientos y la boca admirable con que había esclavizado César á Cleopatra.
Escuchaba distraídamente á tres esclavas que
imitabau la voz de los ruiseftores por medio de
callas húmedas.
Aquellas voces la transportaban á los jardines
de su país á las colinas de olivos, de vides y de
terebintos: cerca de los bosques aromáticos y de
las fuentes brotadas de las rocas, Veía sus cielos
implacables, sus crepúsculos rápidos y sus sec11.s
montaftas perfiladas sobre el horizonte resplandecientr..
Sabía que la vida es triste, árida y solitaria,
En el fondo de su memoria reaparecían esas breves horas eu las que se ha tenido la ilusión de las
cosas. Casi todas pertenecen á la ü:fa.ncia y su
recuerdo es obscuro como el goce mismo que han
dado,
Oía Berenice el aleteo de un en~uefto queno debía realizarse nunca y que había leido en tres
versículos del Cántico de Schelomo.
Sus pupilas profundas moraban ante ella; una
sonrisa confusa vagaba en su rostro pintado de
rosa, y brillaban su~ Is.bias . crueles y voluptuosos, La cubría un rico vestido de tela de plata

Los ojos de la reina no se apartaban de loa de
Lucio, Le gustaba aquella flama devoradora,
aquel amor acre como los perfllmes de su país.
-Lucio,-le dijo,-aun es tiempo de arrepen.
tirte de tus palabras. N adíe te ha visto entrar A
esta alcoba. Si no quieres morir, retírate.
Al pronunciar estas palabras, palpitaban aua
senos; tanto era el miedo de que el Romano le
arrebatase su suefto.
Pero él, altivo, respondió:
-No me arrepiento de mis palabras; eambio
mi vida por un solo beso tuyo, reina Bereniee.
Ella le contestó tiernamente:
-Porque en verdad, Lucio, no podrías vivir,
No conviene que un hombre guarde semejante
secreto.
Lucio alzó las espaldas ligeramente.
Ella sintió una voluntad profunda como el abia,
mo y el amor de cien siglos resumido■
en un solo hombre; miraba á Flavio
con · una especie de veneración y casi
de humildad, pero no olvidaba su pro•
mesa.
Fué suavemente á cerrar la puert11 y volvió sonriente á apoyar sua
roanos en los hombros del Consular,
Le dijo en voz baja:
-Tendrás más que el beso de la
reina Berenice, tu alma ha penetrado
en mí, estoy enferma del mal de tu
amor.
Y lo arrastró como la leona arrastra al león.

ra á la luz de pequeñas !Amparas de Siria, cuya
llama era clara y suave. Miraba su imagen en un
espejo de plata con la tristeza de su belleza inútil. Tito d,;rmía y la hija. de los reyes de Judá
tenía un corazón orgulloso. Desdeilaba las caricias ancilares y no quería comprometerse con los
hombres que la rodeaban.
Se hizo quitar por sus esclavas el polvo de su
rostro y de sus párpados, se lavó en agua perfu.
mada de jazmín. y quedó aún más bella que cuando estaba adornada, con su cuerpo fresco envuelto en una túnica de lino y en la noche fluente de
su cabellera. Despidió á sus esclavas.
Entonces, tendida sobre un vellocino negro,
pasó sus manos por su cuerpo y se dijo á sí
misma:
-¿Quién es aquel que moriría por un beso de
la reina Berenicei&gt;
Se levantaron las tapicerías y apareció un rostro moreno y lleno de energía:
-Lucio Flavio quiere morir por un beso de la
reina Berenice.
La reina quedó rígida de pavor. Pero se serenó oroato. Min, b 1 con arrobo al hombre que la
hacía semejante á Cleopatra.
- ¿Es posible, dijo, que quenis dar vuestra
juventud que es tan b&lt;illa y vuestras esperanzas
que soo tan g.andes po~ un baso de mi boca?
Lucio respondió:
-0, pongo por encima de la juventud y la esperanza. He sentidó mil veces el soplo de la
muerte en las bat1:11las y sé que siempre está próxima, ¿No es preforible que escoji mi hora? No
encontraría otra más bella.
Sus ojos contemplaban á Berenice. La suave
luz de las lámpar11s siriis mostraba todas las armonías de la joven oriental, su rostro, donde se
mezclaban en ritmo Pxtrafto la ternura ingenua,
la curiosidad insaciable y el instinto duro de las
hiJas del sol.
Lucio había nacido para adorar aquella bellez \, má; antigua y má;, profonda que la belleza
latina ó griega. Conocía todo su encanto por haber vivido eu la B.1bilonia y en la B.1ctriana.

Aunque fuese ya de día, no habfa
en la alcoba obscura otra claridad que
la de las lámparas. La reina de Judea
contemplaba cariilosamente el rostro
de Lucio Flavio dormido. Apenas ha•
bían pasado algunas horas y ya aquella cabeza le era más cara que toda
persona viva. Parecíale duro conaa•
grarla á la muerte, pero su alma orien•
tal nutrida de principios seculares ne imaginaba
que Lucio plldiese vivir. Tenía ademAs en el
fondo el ejemplo de Cleopatra, como un soldado
heroico la historia de los Mucios Scévol11, de loa
Dejanvias y de los Leónidas,
Lo despertó suavemente.
Lucio se volvió hacia ella con una sonrisa de
gratitud y de gozo.
-¡Ah! murmuró: ¿es verdad que se ha cumpll•
do mi deseo? Bendita seas, reina de Judea.
-Te amo, Lucio, y te lloraré eternamente,
respondió ella.
Después siguió un gran silencio. Afuera se levantaba la maftana, y los dos comprendieron que
había sonado la hora.
Lucio dijo con indiferencia:
-Estoy dispuesto.
Entonces Berenice abrió lentamente la puerta
y llamó á sus esclavas:
- ¡Socorro! Daovel, Abij!\, Mical.
.
Acudieron las mujeres y los eunucos. La onen•
tal dijo con voz clara:
-Este hombre ha penetrado en mi alcoba Y no
conviene que vuelva á ver la luz del día.
Los esclavos se apoderaron de Flavio y le ata•
ron los braz )S. Desoué, lo arrastraron hacia loa
departamentos de Tito.
El príncipe, que había dormido bien, estaba dt
buen humor. Hizo comparecerá Berenice Y oyó
los detalles de la. 11ventura, Supo que la reina ha•
bfa encontrado á Flavio oculto en su alcoba,
Flavio declaró. Dijo sencillamente que se había ocultado en el atrium y que al amanecer,
confiado en el sueño de los esclavos, hábla pene•
trado en la cám11r11 de la reina.
Esta historia que no podía excitar 11us celos,
interesó á Tito. Rel!ordaba que Lucio l!"'Javlo ha•
bía seguido fielmen~e á Vespaciano y que él Du
podía menos que a 111 bar sus servicios. Tuvo una
de esas crisis de clemencia que debían hacerlo
célebre después.
-Lucio, le dijo, tu crimen es grande y merece
la muerte, pero quizá has sido víctima deun diOI
cruel. Quiero proporcionarte la ocasión de rep•

Domingo 8 de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

rar la injuria que has hecho á la reina Berenice
y A tu emperador. Partirás para el país de los
Cattas que se han revelado y tomarás el manio
de las legiones y permanecerás alli hasta el día.
que crea que puedas volver á Roma.
Esta sentencia llenó el corazón del Consular de
gratitud nacia el Augusto y se pro ..ternó ante él
pero al levc1.ntarse se encontró con la mirada de
li&amp; reina.
Aquella mirada estaba triste, llena de desdén
y de desilusión,

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V

Berenice estaba hundida en un suefto melaneólico. Con los cabellos esparcidos permanecía
sentada sobre las pieles de animales y las telas
de seda, y veía por intervalos la belleza de su
cuerpo y el encanto de su rostro en el gran espe
jo de Neapolis.
Las tenues lámparas sirias alumbraban el lecho adornado de plata, de nácares, de púrpuras
y esmaltes. Había pocas figuras y ningún simuJaero de dioses, porque Berenice era fiel, si no á
las creencias, al menos á las repulsiones de su
raza. U na poca de mirra ardía en una cazoleta,
Pensaba la reina de Judea en la última noche,
Su cuerpo se estremecía, su alma se turbaba, Pero el disgusto amargo de la esperanza perdida
hacia odioso aquel recuerdo y execrab~e aquella
- turbación. Ber,mice se sentía humillada en su potencia y ee decía con de;iesperación:
-¿Qué filtro poseía, pues, la reina Cleopatra?
¿Por qué los hombres morían por ella? GSeria
acaso más bella que yo?
Después continuaba:
-Pero Lucio quería morir y hubiera muerto
aiu quejarse. ¿No hubieran aceptado el perdón
los amantes de Cleopatra? Perecieron ¡)orque la
necesidad los obligó á ello. Puedo creer que alguien ha marchado al suplicio por un beso de
mi boea.
Pero tales razones no podían satisfacerla. La
aventura parecía. un cuento y no podía siquiera
creer en la voluntad de Lucio.
Apartó de despecho su túnica. Se habría dicho
que todos los divinos escultores habían coopera•
do para modelarla. Unía la elegancia de la Ana•
diomena á las formas firmes y finas de las diosa&amp;
del agua y de las selvas. Su cadera era amplia
y robusta y Bin embargo ondulaba ligeramente;
sus piés pequeflos parecían poder conducirla tan
velozmente como los de un efebo hábil en la carrera.
La pequeflez de su boca era tentadora y no
era ni muy suave ni muy tierna la curva de sus
mejillas.
Se contempló largamente, y sus ojos se llenaron de asombro.
Sin duda Cleopatra era más hermosa, dijo, y
se puso á pensar en Lucio.
Vió su rostro moreno acercarse á ella con los
ojos llenos de amor y d" muerte, y no pudiendo
rechazar la duda murmuró con voz languidecida.
-¿Querrías verdaderamente morir, Lucio Flavio?
Como la víspera las tapicerías de púrpura se
levantaron; apareció el Consular con su barba
corta y sus ojos resueltos y dijo lleno de dulzura:
- Lucio Flavio quiere verdaderamente morir,
Reina Berenice, y no ha aceptado la gracia del
Emperador,
Sintió la reina que una vida abundante y orgullosa llenaba sus venas. Sus ojos resplandecie•
ron. :No podía cansarse de mirará Lucio. Se concebía igual y tal vez superior á Cleopatra porque
é;ite volvía á la muerte después de haber sido
salvado.
Repetía las palabras del Cántico:
...He buscado durante la noche al que ama mi
corazón,»
Y agregaba muy bajo:
-Lo he buscad 1 y lo he encontrado.
Y volvió el alba como el día anterior, pero
Flavio y Berenice nu se habían dormido.
Lucio habló.
~Ha llegado la hora, reina Berenice. Ni tú
puedes llamar á tus esclavas ni yo comparecer
ante el Emperador. Sería una irrisión, También
es peligroso huír. Sólo la muerte parece natural;
vuelve la cabeza si no quieres ver mi r.gonía.
1.A Ella se arrojó sobre él pero luego retrocedió
OM1Sta el muro ocultáddoee los ojos.

237

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Lucio tomó un estilo de acero azul que llevaba escondido en su pretexta, hirió sin vacilación
porquo est11ba ejercitado y se dejó expirar dulcemente sobre los toisones y las púrpuras.
Berenice al principio temió volver la ·cabeza.
Había oído una caída sorda, un gran suspiro,
después el silencio, y se apoyabá enelmurotem•
blorosa.
Al fin haciendo un esfuerzo se volvió. Vió á
Lucio Flavio tendido sobre el suelo con el rostro
ya inmóvil, La belleza de la muerte comenzaba
á derramarse en él.
Entonces sed ,avaneció todo temor en el corazón de la reina, se arrodilló junto al cuerpo bien
amado y unió largamente sus labios á los labios
aun tibios del Consular.
Jamás ninguna ternura, ningún goce, ningún
dolor habían llenado hasta aque. punto su ser.
Repetía con arrobo mezclado de espanto:
-Al fíu soy semejante á Cleopatra, reina de
César y de Marco Antonio.
La hora avanzaba, Berenice con los ojos lle,
nos de lágrimas dió un último beso A Lucio é hizo venir á sus esclavas.
J, SOLDANELLE,

LA BARBERA.
-Francamente,mnchacha, tienes una mano maravillosa. En mi vida me habían afeitado con
tanta ligereza.
-Pues el afeitar á su eminencia no es tan fácil
como parece. En mi vida he encontudo una barba tan difícil.
-Sí, es muy áspera y recia, y, sin embargo no
me has cortado ni una sola vez.
-Porque soy una barbera única en su clase,
-Te daré un di,:&gt;loma con mi sello cardenalicio.
-Mif gracias, seftor.
Acto continuo, la barbera volvió á enjabonar
el rostro del cardenal.
-¿Te has vuelto loca?-dijo éste-¿Qué vas á
haceri&gt;
·
-Hay que repasar la barba de su eminencia
para hacerle los honores que le corresponden,
-Cuidado, muchacha. Creo que me adula~, y
has de saber que no me gusta cierto género de
lisonjas.
-Si fuese yo aduladora no habría dicho á su
eminencia que su barba no es fácil de afeitar.
-Tienes razón. Haz, pue&amp;, á mi barba los honores que quieras, y veremos qué es lo que aún
tiene que afoitar tu admirable navaja.
-Mucho más de lo que su eminencia puede suponer.
y la b1:1rbera volvió á pasear su navaja por el
rostro del cardenal.
-Eres única en el género.
-Y hoy más que nunc'I., puesto que se realiza
el suefto dorado de mi existencia.
- ¿Qué quieres decir con eso?
-¿No se a:merda su eminencia de haber hecho quemar vivos á unos hechiceros de Santa Ma·
ría de los Angeles, en la provincia de Alicante?
-He mandado á la hoguera á tantos hechiceros, que no me es posible recordar lo qa.e me dices.
-Mo refiero á unos gitanos ....
-También han sucumbido muchos en la hoguera.

-Aludo á una familia cempuesta de once personas.
-¿Qué significa eso ante el número infinito de
herejes cuyas almas ha purificado el fuego? ¿Y
qué relación hay entre su muerte y el sueno dorado de tu existencia?
-El día que su eminencia hizo quemar vivas
á las once personas &lt;:le qu.. hablo, tenía yo cinco
aftos. Hoy tengo dieciocho. Pues biE,n, durante
los trece aftos que noa separan de aquel terrible
día he a!imentario mi corazón con 111, esperanza
de que habría d_e llegar el momento en que pudiera hacer la bar ha á su eminencia.
- ¡Con qué suavidad me afeitas mientras vas
hablando!
-Su eminencia no comprende la alegría inmensa que, como buena católica. experimento al
ser la barbera titular del gran inquisidor que ha
hecho perecer en la hoguera á tantos herejes y
hechic~ros
-¿Y estás segura de que serás al fin mi barbera titular?
--Su eminencia es demasiado justo para negarme semejante privilegio,· después de la brillante
prueba que estoy haciendo. Pásese su eminencia
la mano por el rostro y dígame si no está tan liso
como la cara de una doncell8. ¿Quién podría hacer A su eminencia la barba de una manera tan
primorosa cvmo yo?
-¡Nadie, nadie!. . . . Tienes razón, y desde
luego quedas combrada, como deseas, mi barbera titular.
-¡Dios sea loado! ..... .
El cardenal, al pasarse la mano por la barba,
encontró un pelo áspero y solitario 4ue le había
dejado la barbera.
-¿Qné es esto? ¿Por qué me has dej ,do este
pelo?
-Temía hacer dafto á su eminencia al afeitárselo. Es un pelo cuya raíz es muy profunda; tan
profunda, que llega hai;ta el corazón,
-Decididamente estás local
- Nada de eso; por más que su eminencia opine lo contrario.
-Te advierto que si tu razón no está firme, te
retiro el título de barbera que acabo de conferirte.
-Crea su eminencia que no lo seré por mut'lho
tiempo. ¡Lo juro por Santa María de los Angeles!
-¿Por qué lo dices? ¿Porque estoy viejo y no
est&gt;1 lejana mi mu~rte?
-Eotá más cerca de lo que su eminencia puede sospechar.
-¿Qué quieres decir con eso? Habla, dL .. ,
La barbera blandió su navaja, cuyo filo había
aguzado con la palma de la mano y dijo al cardenal:
-¿Tiene empeflo su eminencia en que le efci•
te ese pelo cuya raíz es tan profunda, tan profunda -íUe llega basta el corazón?
-Sí, tengo empefto en ello, pues quiero que mi
piel quede tan limpia como la tuya.
-Y como mi conciencia también,
La barbera besó la hoja de su navaja, y luego
con voz grave y gutural exclam5:
- Hace trece ailos que en Santa María de los
Angeles, en la provincia de Alicante, fueron quemados vivos por orden de su eminencia once gitanos considerados como hechiceros, Eran mi
padre, mi madre, mis hermanos, mis hermanas y
mi primo José, que más tarde debía ser mi esposo.
Y mientras el gran inquisidor la contemplaba
lleno de terror, inmóvil ante las mágicas miradas con que le tenía petrificado, la barbera le
degolló de un solo tajo, amplio, profundo y lento, murmurando once veces:
-¡Aménl
JUAN RICHEPIN,

PARA ENTONCES.

Humilde, aislada, triste y escondida,
así quiero mi tumba, oíd mi canto;
que sea como mi vida:
humilde, aislada, triste y eecondida
y como ella, mojada por el llanto,
MIGUEL E, PEREYRA.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 15, Octubre 8</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domtngo·2.i de ~eptiembre

EL MUNDO.

1.. 1i11111.

Año VI

Tomo I

1

México, Domingo

1°

de Octubre de r899.

CARRO DE LAS FABP.lCAS DE HILADOS Y TEJIDOS,

LAS NOVIAS DE HUMO

I
Cuando nadie me rodea es cmando estov más
acompaiiado. Repan1igado en un sillón de ·mi alcoba y fumando un cigarrillo mientras se afanan
por llegar basta mí los ruidos de la vida comercial, me encue.,tro en una sociedad exquisita,
evocada por mis ensueflos siempre en parranda.
Entre las nebulo3idades del humo. vr.porosas
y Sútiles vieuen á mi. en largísimo cortej ,, las vi
siones que han vivido alguna vez en mi fantasía
efervescente.
Recibo. Pálida y con los ojos secos viene Otelia, la rubia, arroj,rndo en su camino lo¡¡ pétalos
de las rosas que su mano alba arrancó en el jardín. Sí, la veo vagando loca entre las combas on•
dulaciones del humo de mi cigarro. Delira y me
ofrece sonriendo una campAnula. Acércase en su
amable demencia á ponerla en un ojal de mi vestido. Oh! cómo brillan sus ojos! La inccente niiia
está muy pálida, pero sus labios son rojos y su
complaciente sonrisa despierta en mi organismo
á los enanillos de la sensualidad que bailan furia•
sos por toda mi espina dorsal y pinchan mis nervios. Luego se arremolinan en torno de mi cere•
bro y atizan la maldita llama con sus murmura•
ciones iosolante3 y maliciosas. Mis ojos brillan
también. La hermosa delicada y nerviosa del
cuerpo de Ofelia la presiento bajo su túnica. Extiendo los brazos para estrechar á la virgen loca
y saciar en sus labios purpurinos la sed de amor
que me mortifica, pero el beso queda tembloroso
en mis labios ...... Ofelia huye. La canastilla de
flores se vuelca y, entre las espirales del humo,
veo las rosas cayendo en el espacio como ma~i
posas muertas... . La ceniza de mi cigarro se ha
caído.
II
Vienen, lejos aún. Vagamente escucho el balali
de los caracoles y el ladrido de los perros. Es el
Conde Lascaro que va á la cacería del oso Atta•
Troll. Al fin se acercan. En rápidos corceles que
briosamente galopan, vienen las damas y los caballeros, ataviados con ricos vestidos. Las javalinas y los cuchillos de caza despiden brillores
de plata. bruiiida.
Pt1san junto á mi y resuelv,' tomar parte en la
eaccria. Monto en un caballo ricamente enjaezado, que un paje tiraba de la mano. La hij11 del
conde, desdeiiosa y altiva, va á mi lado en obediente hacanea .. . . El humo de mi cigarro se me
espesa y forma espesos bosques y montaiias rocallosas, en donde nuestras cabalgaduras caminan con dificultad. Eglantina, la hija morena del
conde, apoya imperiosamente su mano sobre mi
hombro con la insultante familiaridad que se tiene con la servidumbre. Sorda cólera me hace palidecer, A la vez que el intenso deseo de humillar
la altivez de la dama y de ser amado por ella.
Nos apeamos porque el terreno se hace difícil. ..
Allá lejos vemos al Conde Lasr.aro, blandiendo
la javalina. El oso Atta-Troll cae herido y ruge
espantosament1:1 ....
Eglantiua se apoya en mi hombro de nuevo y

vo más atrevido, la cojo p0r la cintura y estampo1 un rápido beso en sus labios. Un fustazo crú
zame el rostro. La dama ha castigado mi osadía.
-O~ amo.
-Lacayo insolente y cobarde!
-03 amo: No soy lacayo, ¿por qué me humi•
llAis?
-Mal caballero!
Eglantina levanta nuevamente la fusta :-Te
iimué si me vences-me dice furiosa, arreme•
tiendo contra mi.- ¿Qué hacer? ¿No es ridículo
Juchar con una damai' ¿Herirla? ¿Verter su sangre?-Cobarde!-aiiade con los ojos brillantes de
ira: ¡Qué hermosa está! Par¿ce una walkiria. Un
nuevo fustazo me hiere y veo á Eglantina prepa•
rándose á herirme con la javalina. No reflexiono
ya. Luego. Repetimos el combate de Gunther y
Brunequild11, de que habla la leyenda de los ni·
belungos. Varias veces estoy á punto de ser atravesado por la javalina de Eglantina, quien la
manej&gt;\ con la destreza de un montero; pero mi
destreza me salva, y al fin hiero levemente en el
l'aello á mi adorable enemigo. Suelta el arma y
e1e en mis brazos llorando como una niiia. Sus
r-&gt;pas de seda se han desceiiido en la lucha .. . .
l'lle has vencido, te amo-me dice pegando sus
labios ardientes A los míos. La apretada arboleda
invita á los idilios. Los enanillos q:;.e hay cabalgados en todos mis nervios, despiertan más irritados que nunca. El cutis suavísimo de Eglanti·
na, su seno virginal entrevisto en las agitaciones
de la lucha, sus ojos negros de gitana enamorada, me enloquecen . .. Tomo en mis brazos á
Eglan1ina .... pero el Conde Lascara regresa
inunfante. El oso Atta-Troll cuelga sao~riento
de las ancas de su caballo ..... .De pronto empieza todo a disfumarse, A desaparecer: el bosque, la cabalgata, el Conde Lascara, Atta-Troll,
Eglantina ... . Quiero atraerl11 para darla un beso
h1rgo, muy largo . ..
Mi cigarro ~e ha apagado, el humo se ha des•
vanecido y chupo, chupo en vano la colilla. Vuel•
vo á encenderla.

-¿Porqué me sigues, joven? ¿No sabes quién
soy?
-Sé que eres una reina, la reina de la hermo,
sura y de la gracia. Sé '}Ue te temen ó respetan
todos, viejos y mozos, mujeres y niiios. Quiero
s11ber quién eres, niña gentil. Te veo con los ojos
de mi pasión. Quiero sabet· quién eres, por que
te amo. Ignoro si eres mala.
-No, no lo soy. Soy buena y amable con loa
poetas. Soy la querida de todos los hombres, pe•
ro á unos los trato mal y á o~ros bien. Eso es to•·
do ..... .
-Pero ¿quién eres? Dímelo, adorada rnitia.
¡Querida de todos los hombres! Mientes, eres pu•
ra y virgen como un ángel.
-Iluso, me encuentras joven y bella ... Tú
debes ser poeta. Lo eres?

-Sí.

- Entonces, sígueme. Sígueme, te amo.
La noche av&gt;\nza y llegamos á un palacio blan•
co que hay en las afueras de la ciudad. Es todo
de mármol; parece estar deshabitado, pues no
se oye el meoor ruido.-L1. luna tille con una
luz pálida la silenciosa mansión. La joven toca
en la puerta y ésta se abre inmediatamente. En•
tro. Es un vasto salón. lujosamente ornado. Es,
tán llenos los sofás, las sillas, las v 'ntanas, de
per11nnas con los más variados vestidos. H11y bai•
le. Un melodium toca los acordes primeros de
una cuadrilla triunfal. En cuanto eutramos todos
se ponen de pie para salud11r á la ilustre joven.
Mozart es quien toca; Goethe y Reine saludan fa•
miliarmente á mi guiadora; varios trovadores
provenzales se inclinan ante ella y ella les son•
ríe y con la punta de los dedos envía un beso i
un joven poeta que está de pie en un rincón, pre•
l!"Unto como se llama y me dicen que JuliAn del
Casal. La dama sigue de largo y yo ebrio ~e
amor y curiosidad la sigo. Penetra en su alcooa
f'n donde hay un amplio le,1bo de extral!.a f.irma.
Estamos solos. E la se desciiie la cabellera Yuna
muda cascada de ébano cae sobre sus hombros.
Delirante la estrecho entre ruis brazos; ella, con
III
fuerzas de varón f Jrzudo, me arrastra á su le•
Tvdos al verla pasar dicen con terror: «E3 la cho. Nuevamente me extrafla la formdo de éste-Rdina» - ¿Quién es esta reina á la que todos te• Dime, oh reina amada, ¿qué lecho es aqueli'-EB
men t seflalan? me pregunto, y la curiosidad me el ataúd, mi lecho de dei:1pos11da. Ven. te amo,-:arrastra á 1ieguirla. Voy detrás de ella. Su cin- Un estremecimiento de frío me sacude y estroJa
tura es esbelta. Su vestido es riquísimo, blanco y los nervios al paso que una dolorosa voluptU?·
ceiiido. Su andar rápido, pero majtistuoso. To - sidad me incita á entrar en esa enorme eaJa
dos, al verla, palidecen. Los seiiore:! y la gente negra. ·
-Quién eres, novia mía?-la preguntó con ao•
del pueblo al encontrarse con la «Reina» se es•
tremecen, se descubren con miedu y se alejan siedt1d. . ...
procurando no tocarla. ¿Pero quién es esta rei-Soy la muerte, la rdna muerte ... .
Nos unimos en un estrecho abrazo y murmn•
na?-me digo. Pasa un poeta morfinómano y la
saluda con carifloso respeto. Al fiu nota la joven rllntes, convulsivos de amor, caemos en el siniea•
misteriosa que yo la sigo. Oh! Dios santo, no he tro lecho.
-Dame dame un beso-la digo euplicante,
visto mujer más extraiiamente seductora. Es una
nifla casi, de cabellera y cejas negras como la Entonces ¿lla junta sus labios á los míos y siento
noche; pero sus ojos son verdes, en sus labios hay un dol0r de muerte agudo y terrible que me ha·
como plllpitaciones de besos que pugnan por sa- ce gritar. .
.
Equivocadamente me había llevado el c1g11rro
lir. Pálida, pálida como una viuda joven y adolorida, tiene sin embargo en sus ojos chispeo...de á los labios . . .... por el lado del fuego.
sensualidad y alegría. Su rostro me ha conmovido
C LEA"E ,TE P .\LMA,
hondamente. Se detiene ai oír mis pasos tras ella.

•

RETRATO de MUJER por Franz von lenb~ch.

Número 14

�Domingo 1 ° de Octubre de 1899

EL MUNDO.

220

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

los vivos suenos, haces resplandecer los tdeales que el
destino de pueril veleidad Cescuelga entre rosas, la
última noche del invierno, cuando arde sobre la ca•
beza la simbólica fiesta de los Reyes que llevaron á
los creyentes camlnant,es á Betlem y A nosotros á la
tumba! ....

•••
Est,e semanario consagra hoy unas páginas al recuerdo de la ópera que dura.ate la corta tt:!mporada de
Orrin, impresionó más completa y justamente al público melómano. Fedora tué la última mujer á quien
acariciamos en nuestro ensueño.
Nos pareció muy bella y elegante, y nos hizo olvidar por algunas nocbes á. la melancólica. Mimí. Le
hemos dado con tristeza, el abrazo de despedida.
Donizzeti, Cbalia y 8igaldi, bao sido los héroes .
Sigaldi interpreta de muy brava manera el Loris de
Federa. Tiene arranques de pasión y ternura que
conmueven basta las lágrimas. Ha sido aplaudido
con todo entusiasmo.
Después d~ tan inquieta temporada., se van los ar•
ttstas de Orrin. Quizá no vol vamos á ver á muchos
de ellos.
¡Pobres! ...... 1 P&lt;Jgliacci!

El fria ha. comenzado sus nocturnas correrias por
]a ciudad . Las primer~s tm;~s del invierno se o~en á
lo lejos como un coro de vleJOS cascados, á semeJanza
de los de la Kermei$se del Fausto.
¡Oh, las nocheti de invierno! En los cielos la mística florescencia de los astros, las grandes lunas blancas, y en la. ciudad dm mida, en las calles solas, barridas por el cierzo, el gendarme acurrucado frente á
la linterna anémica, el can que trota en busca de un
abrigo, de on umbral, de un vagabundo quizá á
quien acercarse pa,a sentir menos dure el dard o del
frío. El eco devuelve las pi~adas de un rezagado de
la callejuela, se muere á la distancia el rodar del CO·
cbe, el vendedor á tiempo dobló la esquina con su CO·
mercio á cuest.as. y los i,ospechosos, los ebrios, los
desO"raciados, ,las pecadora~, ó el oficial á caballo, tur•
baoº esa calma de Ja atmósfera congelada. Pero qué
calor se adivina t.ras de los visillos de los balcones,
allf en las rendijas de una puerta, y en la estrel,la de
un respiradero.
Las meditacloneo de un abarrotero que recuenta la
venta; en la cantina et último diálogo incoherente
de dos obstinados; más lejos el triángulo de un velador de porcelana y en. torno cabezas bajas que leen la
novela ó cuentan los hilos de la femenina labor; en
un ventanillo pobre la flama inquieta de un velón de
estudiante; tras de la malla, salpicada de pájaros y
flores, el abat jour carmesí que salpica de rubíes
el dorado de los espejos, enciende la seda de los
cortinajes ,y finge como una penumbra de horca•
za. Suena el plano; casi se adivina el aroma del té,
más lejos aún el candil de los saraos, y en la placa
negra de las tachada.'-, bay un sólo balcón abierto de
par en par, uno solo que deja penetrar el soplo
glacial, uno que arroja intensas y luminosas boca•
nadas. El que pasa y lo mira siente miedo y tristeza;
es un muerto; cuatro flamas largas y tranquilas de
cirio, lo denuncian. Puedes entrar, invierno, es tuyo,
cedió como las bojas de los árboles, las amarUlas ho•
jas que aletean un punto, no para vo1a.r sino para
caer!
y desde abara pienso en la muerte je} ano, en la
anemia agónica, símbolo del eterno reposo del no ser,
pienso en les meses invernales, los meses de los re-cuerdos lejanos, de las evocaciones tristes, de las resurreciones queridas, los meses en que se avista después
del vario viaje, una playa, la última quizá, la de la
vida desierta de los caldos, ó la florida ¡ay! que no es
sino un oasis marino y fugaz en el desierto de las
aguas amargas, las que mecen 6 fustigan, cantan ó
clamorean la amenaza ó la sentencia. El nauta recuerda entonces los paisajes lejanos, la salida del sol,
la nube, el pija.ro, la siesta, las espumas, la estrena
vespertina, las tormentas que. pasaron, las quietudes
gratas ó el implacable ruego de las tardes de fiebre.

••*
Por lo demás, la semana teatral, monótona y sin
accidentes como un pedazo rle Sabara. ba t.enido su
oasis: el beneHcio de Rosa Fucrt.es. Ha adquirido la
hermosa artista grandes shnpat.ías entre nosotro.:i, y
sobre ella. flota uoa admiración en continuo aumento, porque Rosa está en estos instantes plena 1e vi•
gor y de tuerza.

Ida la Cbalía, nos quedamos con el género chico, y
la esperanza de que llegue cuanto antes SienL
Mientras eso sucede, di vertámonos con aplaudir
las maripoeas de las lnstantáneas.
No queda. otra cosa.

EL MUNDO.

slones y sentimientos que expresa la letra, que la interpreten fielmente, la acentúen y la subrayea, y que,
sean su imagen acabada y perfecta. Supongamos que
la let,ra. bable de amor; pues bien, ese amor ba de ser
de por fuerza, 6 tierno 6 impetuoso, ó melancólico ó
regocijado, y el músico, eligiendo los matices é inflexiones características, puede cantarlo tal y como el
poeta lo describe, sin incongruencia, sin disparate;
recíprocamente apoyadas, mutuameot,e sostenidas y
acentuadas, la poesia ganará con asociarse á la música
y la música ganará con inspirarse en la poesía, resultando de ese noble y fecundo consorcio una ot ra de,
arte superior, más estimable que la sola ,poesía y la
simple música.

SI este principio se aplica á las complicadas pasiones del drama, si se armoniza su juego, st se sig ue su
evolución, si se cbs~rvan las transiciones, resultará el
dtama lirlco1 concepción estupenda. del genio mo•
dern o.
Pasando de las pasia11es á las situaciones se observa.
un becbo análogo. La música puede pintar las situaciones de una de dos maneras, susceptibles de co mbinación: describiendo los sitios, los panoramas, los
ruidos y sonidos naturales: rumores y cantos de aves
en las selvas, fragores y truenos en la te mpestad,
clarines, vocerío y estamp!dos de caíión en la batalla, sacudimientos, ruidos subterráneos en el terremoto. Con elemento&amp; musicales pueden describirse el
valle florido, el arroyo susurrante, el mar agitado, loa
múltiples rumores de una ciudad, el silencio, la quietud de una alcoba, la confusión y el desorden de un
momento de páalco.
Además, se puede pintar una situación con reminiscencias de pasiones anteriores, con recuerdos de he•
chos pasados ya descritos, con ideas y emociones y&amp;
experimentadas por el personaje y de antemano expresadas lfricamente. En el momento del desengai'io puede evocar la música las ilusiones del pasado;
en el instante de la muerte, los episodios capitales d&amp;
la vida.
Para esto la voz humana no ba.c;ta ya y entra á figurar, con sus Inagotables y poderosos elementos, la orquesta. En tanto el personaje canta sus penas y sus
alegrías, sus desencantos ó sus esperanzas, la orquesta hace desfilar ante el espectador una sucesión de
cuadros vivos, de recuerdos extinguidos, de sensaciones muertas¡ mezcla su voz á la del personaje, pinta.
su situación, describe los e~tados del alma siempre
complexos y completa y acata no cuadro maravilloso
de verdad y de belleza, análogv,c-..mgruente,consletente, vasto como un panorama y complexo como un mo•
numento.

EL DRAMA LIRICO.

!

PANTEON DE DOLORES.
MONUlIENT(l DEL SR DR. JOSE MARIA. MATA.

••*
Con estos elementos y dentro de esos princi pios,
Wagner podrá describirnos la stlva en que sueña..
Stg!redo y en que le bablac. las ~ves; nos h ará penetrar en las purísimas linfas del Rbin y asisti r al jugueteo de sus Ninfas y al cabrilleo de tiUS ondas; ha·
rá flamear y chisporrotear en la orquesta la hoguera
de Brunllda como la !ragua de Mimo y nos bará asistir á la destrucción de los mundos y de las di vlnida,
des en el crepúsculo de los dioses. Verdl nos hará
sentir el desplanamlento de toda el alma y de ~
las energías de Otelo en la escena de las revel aciones
de Yago, y nos hará vivirla vida del héroe, sus t rlun•
!os, sus glorias, sus amores y su crimen en la escena.
final de su admirable drama.
Puccinl, en la Bohemia, nos transportará en alas de
su genio de la buharda miserable y lrla á la t urbulenta y alegre verbena, á la solitaria barrera y al le.
cho de Mimí moribunda cuya alma inocente, cuyo
corazón tierno, cuyo amor abnegado, nos habrá becbo absorber en cantos y armonías, y Giordano en
las impreciClones de Fedoru ante el esposo muerto,
en el formidable y admirable raconto de Loris, 00&amp;
impregnará de las pasiones, de las ansias, de los
odios, de las penas de sus personajes y uos hará vivir
su propia vida, llorar sus mismas lágrimas y expiar
sus crímenes como si fueran nG.estros.
La música, que era ya un arte con los si n!ontstas,
acabará. por ser el arte por excelencia., la manltest&amp;-ción suprema y la síntesis de todas las artes, porque
con el drama lirlco ha llegado, sin dejar de ser md·
sica, á ser poesía, pintura, naturaleza y vida.

221

I

*••

El drama Urico no es tan sólo, como muchos lo
creen y como por largo tiempo fué comprendido, un
drama cantado y acompafiado de música. Sl esto fue•
ra asi, merecerian y llevarían tal nombre 1a cLucfa,&gt;
de Donlzzeti, como la «Sonámbula,&gt; de Bellini; el
cOtello,&gt; de Rossini, como «Los Lombardos,&gt; de
Verdi; babría drama lírico donde quiera que sobre e\
monólogo de Hamlet se escribieran unas peteneras
ó sobre la locura de Ofelia una arla de concierto.
• *
No; el drama lírico, propiamente dicho, parte de
En invierno el alma hace su balance; diríase que otro principio, y aspira á. la realización de otro ideal,
pronta á partir receje su tienda, quema sus tesoros, tiene otras raíces) otra flo:ación, y entre el dra.ma
desconfía del maílana, se sieute arrastrada á la me- cantado y el drarua Ur:co media el abismo que separa
ditación de t:Se elomente aviso que le dan los pájaros lo convencional de lo real, lo artificial de lo natural,
1dos, los árboles desnudos, los surcos quejumbrosos lo verdadero de lo falso.
de hojas secas, el cielo tachonado de estrellas, como
página obscura. de áureos y amenazantes leyendas ca*·*•
balísticas, y, mojados los ojos en ternuras inmensas,
evoca lo más puro y lo más lejano.
El drama lírico tiene por objeto la interpretación
Como un vlej1J, piensa en los ninos, porque ¡ayl en musjcal
de las pasiones humanas y la descripción de
torno de esas caberas pensativas, abrumadas de dolo• las situaciontS de la vida. Su punto de partida es el
re8 y de canas, chispean los ojos azules, y la misma hecho incontestable de que las pasiones ano expresa•
1
flama del hogar juega en la nieve de los que se van, das con meras palabras, incluyen y entrafian
un ele•
y en los rizos de oro de los que llPgan.
mento musical !unC.amental, y de que )as diversas
En tnvierno1 las creencias visten las vestes blancas, situaciones
de la existencia no dejan de ir &amp;.compa•
los órganos severo&amp; entonan el canto pastoril de las nadas de sonidos y ruidos que, musicaUzados, pu~den
misas de Aguinaldo, Dios se bace niño y ríe, y en describirlas y caracterizarlas. Comencemos por las
torno suyo suenan ]as risas de la infancia, los cara• pasiones: es evidente y de cotidiana observación que
millos, la flauta de los églogas. . . . cuando los cam- cada género de pasiones se expresa por gritos, gemi•
pos, yertos de frfo, amarillean, y las almas se vuel- dos, rugidos, murmullos peculiares y propios, y si se
ven como la regia caravana, á la estrella de un Be- expresa de palabra, por entonaciones é inflexiones de
tlem remoto.
voz, que bastan á hacerlas conocer. Por sólo la tona•
Tú eres de invierno, ¡oh, Arbol de Navidad, oh Hdad
aguda ó grave de la vez, por su intensidad, por
árbol de !rondas muertas, de balsámico olor, ob pino la
ó lentitud de su emisión, por las inflexiode las soledades montaiiesasl Cómo te visten de es• nesrapidez
del grave al agudo y del agudo al grave, por los
carcba, cómo enredan á tus vacilantes hojas los hilos intervalos
tonales que median entre las silabas y las
de plat.a, cómo las luces de colores arrancan chispas
palabras, se puede saber si una pernona está triste ó
á, la maravillosa flequería, cómo el heno cubre los
alegre, enamorada ó entusias_mada, si cree ó si duda,
frutos relucientes, el juguete codiciado, el rosetón de si
teme ó espera, si siente ó finge. Las inflexiones y
oro¡ cómo se mecen üual maravillosos frutos, el ángel
tonalidades
de la ironía no pueden contundirse con
de cera, la bolsa de dulces, la joya, el arabesco de
cristal; cómo tu vejez infecunda se adorna y se dis• la.s de la desconfianza, ni las de la interrogación con
de la admiración.
traza con riquezas de altar y fiestas de luz, para que lasSiendo
esto así, es perfectamente posible, estu•
las manos de los ntnos, una por una, te despojen de
dlando á. rondo las inflexiones de la voz bu mana y
la efímera opulencia! . ...
¡Ob espíritu, cómo en el iov!erno que te entumece acentuando y baciendo se destaque su elemento mu•
y te doblega, te vistes las mejores ilusiones, prendes sical, escribir cantos que se cman de cerca á las pa-

•

Domingo ! º_de Octubre de 1899.

MONUNENTO DE DON MELCHOR Ü CA:lrPO.

En el P anteón de Dolores .

La Ur lols d e l T ransvaal.

Los dos monu:J.entos que figuran en esta página son
1ie los últimos que se han concluido en el Panteón de
Dolores y la parte escultórica de uao de ellos el del
:~- Ocampo, fui; objeto de observaciones, ati~1.das ó
pero sinceras, que estampamo:i en estas columnas
&lt;&gt;uóando se exhibió en los salones de la última Exposi1'1 ? Nacio nal de Bellas Artes.
d
de ello lo que fuere, este monumento como el
ttfi ~~ Dr. ~Iata ba sido dedic•do por la piedad
') a hombres em1nen~es de nuestra hJstorJa aate
08 cua1es nos incliaamos con respeto.
'
c':,as huellas del Sr. Ocampo son de gloria para Mé•
11
tim'
Ydon.de quiera que su nombre esté escrito sen•
patrtótlco orgullo, porque ese nombre es de Jo·
JUed onran á una nación, graude ó pequeiia obscur~
v po erosa.
'
Sr Utdo al Sr. Oc,mpo por vlculos de parentesco el
&lt;¡u·e ht~ª lué tambléa tldelfslmo á los principios
lié c eron grande Y augusto entre los héroes de
xI00 al mártir mtchoacano.

El mapa que publicamos dará á nuestros lectores
una idP.a del Ferrocarril estratégico de la Bahía dti
Delagoa á Pretoria, asf como el.el campo de manio•
bras de la frontera entre el Transvaal y la "'OSesión
portuguesa.
rSI de.sgr~cladamente c1mo lo hacen presumir todos los lnd1clos, se desencaddna la gu~rra ang lo-sud.
africana, los lectores de e El Muado Ilustrad.o&gt; podrán ver en esta carta má.s de un Jugar que ilustra•
ran glvrlo~os y trágicos acontecimientos militar~
Como siempre que surge un conHlcto entre dos
pueblos todo el mundo se da. á. bacer suposiciones so•
..,re los recursos y las tuerzas respectivas de !os ad•
versarios, divfdense en sendos bandos l;1s opiniones
se pronun_clao fallos proféticos favorables á aquiÍ
tras de quien se van todas las simpatías.
. En el caso presente, hablar dP. los medios de ac•
c1ón de Inglaterra es laútil : la primera potencia na•
val y. uaa de las más formidables en empresas de
conquista, no admite comparación con la diminuta
republlqu1lla de pastores que preside Krüger, pastor .... protestante.

r

ºb

Sin emba_rgo, la desigualdad misma de las dos naciones, la d1 versidad de tipo social Y de medios de
combate con que cada una el.e ellas cuenta nacen in•
teresante y curioso el comentarin.
'
Por eso los periódicos hablan, ya de los procedi•
mtent.?5 de guerra de las naciones civilizadas, ricas Y
coaqmstadoras, de los procedimientos de la guerr¡¡
n:ioderna en una palabra, ya de las cualidades de re•
s1stenc~a de ]os pueblos poco adelantados, hostiles al
extranJero, independientes, virtuosos, f-obrlos, bábiJes para todos los ejercicios viriles Y dominados or
alguo fatalismo rellgloso ,S político. En preseactlde
este conHlcto, la duela de la mayoría sobre el resulta•
do fln~I de la- coatienda no es muy grande, or ue no
es posible creer ea la inagotabilidad de 1of re~ursos
del débil en Jucba con un fuerte que es persevsrante·
pero en camhlo son pocos los que no teman que ei
patriarca de Prett,ria presidirá al suicidio glorioso d
un pueblo.
e
MIPntras_el cable no nos traiga la noticia fatal de
un rompimiento, esperaremos que el conflcto se allane con medios pacf Jicos y lo esperaremos ansiosos.

M.\PA DEL TRANS 1tAAL CON EL FERROCARRIL ESTRATEGICO
DE DELA GOA QUE PASA POR PRETORIA.
'

�.l!lL .MUNDO.

22.2

... .

Domingo 1 ° de Octubre de 1899.

Domingo 1 ~ de Octubre de ~899.

EL MUNDO

223

EL SUCESO ARTISTICO DE LA TEMPORADA.

....

LA FEDORA.

odiarlo, tiene el propósito de vengar á Vladlmiro,
Lo ama y lo denun•
cla como autor del asesinato. Loris le ha confe¡¡ado
RU deW,o y ella escribe una carta delatora. Pero el
delincuente le revela des¡&gt;ué,; toda una historia dolorosa de pasión infeliz, de traición y venganza. Vlay sin saberlo ama al matador.

Pocas veces noshi dominado con tanta fuerza el pofler suge~t1 vo de 1a. mú ...i,.;a como en el primer acto de
FWJJra. Tórnase en palpitante realidad un mundo
remoto, que hemos habitado en espíritu como una
patria literaria amada tiernamente, y lleno de recuerdos: en ese sillón está la enigmática barina, junto al samovar, arrullado pur sus rumores, sueña largas horas el conde Katilint:; s.e oye el ruido de los
trlnP.os que surcan silenciosam~nte la nieve endurecí-

SR. ALFREDO D01'11ZZE'l'TT 1
Director de On,u~sta de 1,. Com~•ñla de Ope,a de O:rin.

SL. M. SIGALDI,
Tenor de la Compañia de Opera de Orrln.

da. Olvidamos el drama de Sardou para recordar escenas más reales que los personajes del teatro francés, y la imaginación, que es ligera; y la música, que
es omnipotente, nos traen ev0caciones voluptuosas de
la Rusia de Turquenef.
Junto al salón está la alcoba en donde expira el
conde Vladimiro, víctima de un atentado misterioso.
La policía interroga á los criados, todo _lo invest iga
escrupulosamente para castigar el dd1to¡ Feil.ora,
prometida del Conde, está anisosa por saber el nombre del malhechor, para vengar á su novio. Hay presunciones que acusan á Loris, dueño del palacio frontero: corren allá loi- agentes, excitados por los gritos
angustiosos de Fedora.... . . Ent retanto Vlad1mlro
muere.
Pasa el tiempo. Fedor11, da una recepcl5n en su
casa de París. Loris la corteja y el.la, que cree

dimiro era amante de Wanda, esposa de Lori~; éste,
se desposó en secreto cou ella y ~u~ engañada vilmente: cuando Lorls det.cubre la tra1c1ón, mata á Vladimiro en lucha franca. Fedora vt las pruebas, cartas.
de Vladimlro á la infiel esposa de Loris; ya no puede
amar el recuerdo de un au,or pérfido, i.ma á quien,
como ella, fué víctima de Vladlmlro, y ese amur no.
tiene obstáculos, pues Wanda. ha mutrto.
Los amantes vi ven en un c·halet de Suiza. Son fe.
llces allí: olvidan las antiguas penas y el germen de
trágicas desdichas que arrojó entre los dos la delación

Io vi prego come si prega Iddio.

de Fedora. Un día llegan cartas de Rusia, cartas fatales que anuncian nuevas de muerte. Valeriano,
hermano de Loris, preso por la carta delatora, estaba
confinado en una fortaleza á orillas del Volga. Una.
creciente del río inundó la prisión y Valeriano pereció ahogado; su muerte mató de dolor á la madre
Infortunada.
La situación es horriblemente cruel y más cruel
aún por el contraste entre el abismo de negro;i odios
que separa á los amantes y los recuerdos de su '.iivino
idilio, blanco y puro como las nieves alpinas que c!errall el hc.rizonte de su nido. Cuando estalla Ja amenaza mortal en los labios de Loris, Fedora bu~ca en
el suicidio un perjón que la vida baria impusible y
muere entre los brazos del amado.

Fot . Lange.

-~.-.

Fot. Lange.

¡Parla!
~ectos humanos, la lucha con el destino inexorable, con las leyes de la
11aturaleza, en una palabra, cou la voluntad de Dios· mientras la comedia
-estudia al hombre en sus relaciones con otros homb;es.
Pero siga~os el hilo de la acción del drama. La situ11ción de impor1anela que s1gue es aquella en que Loris le pregunta: «¿Qué sabes tú?»
Ella responde: _«Nulla io s?,» dando á entender con esto que el amor que
eie&amp;te por Lor1s ha l!recido, aunque ella misma no sospeche siquiera
que exiote.
Este ª!Dº r que siente su alma y que su conciencia ignora, no impide
,que e1~r1b~ la carta fatal (ótra manifest lCión de sus ímpetds salvajes] que
1&gt;reclp1ta violentamente el desenlace en el tercer acto.

Di. vendicarte io giuro.

Fot. Lange.

El ~mor vence. Las sospech 1.s de Fedora desaparecen y con ellas el
propósito de venganza qn.e tantas veces juró.
Suena la hora fatal. Han llegado las cartas de Ru.sia con sus funestas
noticias para Loris.
Inútil la congoja y desesperación de Fedora. Exclama: o:Che feci? Son~
io che li uccisi!»
En ~l mo~ento sup~emo, cuando Loris la acusa, la maldice y la atne•
na.za. 1mpehda. por la impetuosidad que la caracteriza apura el veneno
diciendo: «Non uccidP.rme. Gu11rdal E la mortel. . • . '
Y la música de la Fedora de Giordano? Ne tengo palabras para expre.
sar lo mucho Que me encanta. Tuve la fortuna de interpretar el papel de

--- - -

MI IMPRESION DE "FEDORA"
El conde Vladimiro Andrejevich yace moribundo en la alcoba contigua al salón. Los implacables 11gentes de la policía interrogan á los a f igidos criados del conde, que no aciertan á aclarar las circunstancias del
misterioso atentadu. La Princesa Fedora Romaozoff. prometida del moribundo, rindiéndose al dolor, da suelta á un torrente de lágrimas amargas· mas de pronto se yergue, exasperada por la torpeza con que dt&gt;c_laran' los criados. Cirilo, el cochero del conde, acaso lo sabe tocio y la princesa le grita: «¡Parla!»
. .
Acaricia felioamente á Dm1tn, el peque:lio g?·oom, par11. alentarlo, y cuando comprende que nada s1tbe, lo arroja de su lado con desprecio, y con
acento de rabia le dice «1Sciocco!»
Los gemidos dolorosos de Vladímiro la despiertan de sus sueiios de
venganza, y vuelve á aparecer en ella la mujer tierna, atribulada_por bon da
pena. Se dirige hacia la puerta de la al,coba y ~uega qu_e la dt&gt;~en. entrar.
&lt;Prego come si pre~a Iddio,-salva_~e lamo~ mio,» le dice nl ciruJan().
En este rápido vaivén de contranas emociones, colma su alma de desesperación la apatía rutinaria de la justicia, y ~or la cruz que lleva al
cuello jura. sacrificar en aras de la venganza, su Juventud y su corazón.
Cuando ve la'I sombras de los agentes de la policía que di3curren c11utelosamente de una á otra estancia en el palacio del presunto acesino, Fedoi·a, fuera de sí, grita: «Prendetelo,» y luego exclama con feroz alegrfa:
o:L'ha.n presso."
La idea de la venganza domina en su alma los sentimientos de piP.dii.d
y de amor hasta qae el cirujan? anuncia _la muerte de Vladi~iro y transforma de nuevo la fiera vengativa en muJer desconsolada y tierna.
He aquí la clave del Mrácte~ de. Fedol'a tal ~omo la pint,a S.ird)u, se•
guido al pie de la letra por el libretista Col_lantt1.
.
Creo que según los prec~~tos de los críticos más acreditados toda obra
drtimática tiene una expos1s1ón, un nurlo y un dest'&gt;nlace.
El dramaturgo francés, siguiendo las tradiciones de rn patria, se ajusta al canon del filósofo griego, y en el primer acto, pinta los rasgos característicos dominantes de eus persona.Jea.

·Napoleón dijo que todo ruso ocultaba uno alma de cosaco, con lo queen mi concepto quiso decir, que la educación y la aparente suavidad demoda les no impiden que los rusos se dejen dominar por sus instintos de
ese salvajismo. cuya nota dominante es, 6egúo la idea convencional que
de él tenemos, el espíritu de venganza un!do á una impetuosidad incon•
tras table.
No es aventurado suponer que este convencion11lismo y el famoso epig-rama de Bonaparte, sirvieran de punto de partida en la creación de la
Fedm·a de Sardou.
Nos presenta con gran habilidad 11n tipo de mujer dominada por sentimientos y pasiones de extraordinaria potencia: el amor, la superstición,
el odio y la venganza, el desprecio á los cov vencionalismos de la vida
, civílizada, todo revela en Fedo1·a un ser pasional en g rado sumo.
Verdad es que tuvo que elegir entre una violación de propósitos sagra•
dos para ella ó cumplir su venganza y ver morir á un hombre inocente á
quien ya amaba.
En la acción moral dPl drama predominan dos tendencias que deter-•
min11n el carácter de Fedo1·a, la venganzll tradinfonal v la impetuosidad
salvaje.
•
Estas dos tendencias explican el fatal juramento del primer acto. En
el segundo,-la parte media ó el nudo del drama los dos afectos unidosproducen el enredo que culmina. en la confe;ión de Loris obtenida
por los artificios de Fed01·a, en la carta acusadora, y por últi~o en la fe•
roz alegría con que dirige á su víctima la terrible acusación: «¡Assas·
sino!»
Asesino! Así increpa al ~ombre á quien ama sin saberlo, y esto pocos.
momentos después de sentir el alma iluminada por la esperanza de com·
probar la inocencia de Loris.
En_ esta _escena agota el autor todos lo~ recurFos d"l arte : no puede ha·
ber situació~ tea.tr~l más conmovedora. No creo que alcance laa altura~
de la tragedia, y digo esto porque en mi opinión la tragedia sólo ve lo~

Fot. Lange .

Prendetelo.

Nu!laio so.

l'ot. Lange.

�Domingo 1 ° de Octubre ele 1899

EL MUNDO.

224

Domingo l::, ~e Octubre_~e 189G.

EL MUNDO.

225

EL ESPIONAJE INTERNACIONAL.

Recuerdos del Primer Imperio.
Sería curiosa é interesante una historia del espionaje militar; sería más dramática que la historia de
}as revoluciones.

Con sus episodios se formaría una

gran novela de diplomáticos astutos, de polizont es

Eri tua Assassina!

Fot. Linge.

Magdalena en las primeras representaciones que se dieron en América de
y ahora por nna carnalidad feliz me veo interpretando su
li'edora.
Muchas veces me pregunto ctmc, podremos honrar Jo bastante á un hombre que c:-eó obras que tanto deieitan, inspiran y ennoblecen al ~énero
humano.
[
.And1·és Cheniéi·

Ghefeci'f Sono io che li uecisi.

Fot. Lange,

Escribe la carta.

Su Andrés Chenier teca las lindes de la perfección. Si de su Fedora no,
se puede acaso decir lo mismo, es tal vez por las limitaciones del drama.
de Sardou que obstruyen de vez en cuando la caudalosa corriente(deinapiración del gran maestro contemporáneo.
México, 21

de Septiembre de 1899,

Ro!'ALí A CHALíA,

Fot. Lange.

Fot. Lange.

Non uccidenne, Guarda! E la morte.

vendidos, de barbas postizas, de ant~ojos azules, de
suicidios y resurrecciones que dejaría muy atrás los
folletines montepinescos.
Como prueba de ello referiremos dos anécdotas,
una cómica, y trágica la otra.
Cuando penetraba Napoleón en los dominios del
Czar el afio de 1812, el gran cunquistadur se preocup.1ba como es de suponerse por conocer la topografía
del Imperio moscovita.
Sabia que el estado mayor ruso acababa r'le imprimir una inmensa carta, cuyos ejem piares, numerados,
se repartieron entre los principales jefes del ejército
de Alejandro.
¿Qué hacer ? La habilidad del General Lauriston
resolvió el problema. Sin saberse cómo ni cuándo, logró el jere francés sustraer no un ejemplar del mapa
sino todas la.~ plancha.~ de cobre que sirvie1·un para hace1: la
impresión. Ba.jo las narices de los oficiales del estado
mayor ruw, sa.có el General Lauriston la masa enorme de planchas depositadas en el Arsenal de Peter,sburgo.
Se hizo una edición de la carta en París y tr es meses después, t0dos los 'jefes del ejército invasor tenían
un ejemplar del precioso documeot o geográfico que
no se hubiera podido consegu!r en Petersburgo á
precio de oro ... ..
La otra anécdota es menos conor&gt;.ida tal vez, aunque tuvo un desenlace dramático. Como la anterior,
data del prlmer imperio.
La escena pasó en la capital austriaca el afio de
1809. El futuro suegro de :Napoleón se preparaba pa.
ra una nueva guerra contra Francia y esperaba sólo
para abrir las hostilidades que se retirara de Viena
el Embajador francés que era á la sazón el Gen~ral
Andreossi.
El Emperador de Austria comprendía que la lucha
decidiría para siempre de la t.uerte de su imperio y
es probable que como lo temía el soberano, el Austria hubiera sido borrada del mapa después de la batalla del Wagran que terminó la campafia, si la. ambición con la máscara del amor no hubiese traído un
desenlace de comedia burguesa a aquella tra1?edla polltlca, -el matrimonio del nuevo Carlomagno con la
bija del César vencido. Pero esa peripecia no podía
dreverse en 1809 y el Emperador de Austria, resuel-

PAL~CIO MUNlCIPAL DE C. PORFIRIO DIAZ. (COAHUILA.)

to á so,teuer una lucha á muerte, confió la dirección
de la campaña al Archiduque Carlos que era el único
militar capaz de medirse con Napoleón.
El Archiduque preparaba pues tranquilamente, en
Viena, su plan de campai'ia cuando recib)ó ~~ anónimo: iba á arrojarlo al montón de papeles rnut1les, pero la curiosidad detuvo su primer movimient,1, pues
vló varias veces repetido el nombre del Embajador
de Franela.
Leyó.
La carta anónima explicaba que el Gene1al Andreossi había recibido ya desde bacía algunos días
sus cartas de retiro y que si no abandonaba Viena
era porque estaba en relaciones con el Feld-Mariscal K ...
quien le vendía los estados de
organización del ejército austriaco y los planes de marcha
de los diferentes cuerpos.
El Feld-Mariscal K era uno
de ICJS jefes más instruidos del
Imperio y el Archiduque que
lo teníaen grande es\iima, hizo de él su. ayudante y jefe de
su Estano mayor. Tenia puesta en él su confianza y no podía abriga r sospecha. alguna.
Rompió, pues, la carta y no
pensó más en el asunto.
Al día siguiente, nueva misiva. El corresponsal anónimo
afirmaba haber descubierto
que todas las noches el FeldMariscal tenía citas en una
casa solitaria del vasto barrio
de Leopoldstadt cuyo número
t1eí1alaba la carta.
El Príncipe . Carlos tenía
t.a.nta. seguridad en la fidelidad
de su ayudante, que creyó cal umniu:sa la acubación y no tomó nrnguna medida para descubrir la verdad.
Entretanto, el Embajador
de Franela había hecho sus
preparativos de viaje y anunció su partida para dentro de
. cuarenta y ocho h oras, cuando
el Archiduque recibió una
tercera nota, en la que se le
decía. que el Feld- Mariscal,
. después de haber trc1,bajado á
solas en su gabinete, en donde tenía los estados del ejército, celebraría esa noche una
conferencia con el General
Andrecssi.
El Ar&lt;;biduque, lejos de
creer esas revelaciones, exasperad0 por no poder castigar
al misterioso calumniador, y
Rt&gt;t•nt&gt;rdoM d e b,M fléliltnl!I.
á fin de disipar toda sombra
OAXACA,-KERMESSEDEL 1 6 DEL ACTUAL. - PUESTO ·DE TE 1" CAFE.
de sospecha que temía conserFot. R. A. c as,•fiecla,

Fot. M. Rodrtguez Pérez.

var, á pesar suyo, contra un jefe que le era tan que
rido, resolvió comprobar su inocencia.
Esa misma noche hizo llamar á uno de sus ayudantes y le dijo:
-Tomad un traje sencillo que os sirva de disfraz,
y venid á las doce de la noche á reuniros conmigo en
la Graben. 8ilenclo y discre.:ión absoluta . . .. que
nadie sepa que os be dado esta cita. No es necesario
que llevéis armas, pero que no os fal te una linterna.
El oficial llegó puntualmente al lugar Indicado:
iba vestido Je obrero, y cuando encontró al Príncipe
pudo apenas reconocerlo, disfrazado como estaba de
burgués.
-:Seguidme sin decir un, palabrP, ordenó el Archiduque.
Y uno en pos de otro, siguieron las calles tortuosas que conduci'in á la de Leopoldstadt. La casa que
se le babia señalado estaba situada en una callejuela
estrecha y sombría. No había luz ninguna, todo estaba cerrado, parecía un edificio abandonado.
El Príncipe y su acompafiante se apostaron en el
quicio de una puerta y e&amp;peraron en silencio. Al cabo
de algunos instantes se oyeron pasos y una svmbra
se deslizó por la callejuela ...... Era un hombre cu.
bierto con una ancha capa, -como los personajes de
novelas en boga ya desde entonces--y con el indispensable soro brero de anchas alas que caían sobre la cara.
.Acer,·óse á la c1sa y llamó suavemente á la puerta,
que se abrió cerrándose luego que le dió paso.
El ayudante del Archiduque no pudo reprimir un
movimientu de sorpresa: el Príncipe con un ademán,
le impuso silencio. Cuando la callejuela quedó otra
vez desierta, se inclinó Lacia el oficial y en voz baja
le interrogó:
- ¡, Y bien:' ¿Os habéis fijado en ese hombre?
-Le ví, Alteza, aunque sin poder distinguir sus
facciones.
-Pero ¿ese modo de andar? . . ..
E l oficial vaciló.
-Mis suposiciones son t an inverosímiles . . .. es t an
poco probable que el que he creído reconocer venga á
estos sit ios apart ados y á esta hora ... . . .
-Bueno, decid quién creéis que sea ... .
-Me ha parecido. . ... en fin .... podría decirse que
ese desconocido es el Embajador de Francia.
-Basta; callad.
En ese momento otro personaj'e ent ró álacallejuela; no se recataba como el anterior. Llegó á la casa,
llamó y desapareció en el int erior. Cuando la puert a.
se hubo cerrado el oficial del Príncipe Carlos quiso
lanzarse á la casa, pero el Archiduque le puso h. mano sobre el hombro. Los dos temblaban de emoción :
habían reconocido al Feld- Mariscal K .. ..
La entrev:sta duró algunas horas, durante lai,cuales el Archiduque, indignado, pues ya no dudaba de
la traición del jefe de su estado mayor, permaneció
pacientemente en acecho ante la casa.
E ra todavía de noche cuando la puerta se abrió y
dió paso al General Andreossi y al Feld-Mariscal.
El Príncipe Carloi; se había situado á un lado dela
puerta y el oficial al ot ro lado : t enía en la mano la
linterna sorda y dirigió la luz hacia el rostro del Embajador.

�Domingo 1 ° de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

226

PALACIO ?iroNICIPAL

Becoerdol!I de las fiestas.

DE

Dml~ngo _1 o de Octubre de 1899.
SAN LUIS POTOSI. - BAZAR DE CARIDAD.

Esta poblacion f ronteriza que tanto ha progresado
en los últimos tiempos, tiene algunos edificios notables como son las Oficinas Federales, las del Ferro.
carril Internacional y esta que hoy publicamos 7
cuya construcción se debe al inteligente y labori~
Pre&amp;idente Municipal de aquella ciudad, Coronel D.
Fructuoso García.
Es satisfactorio, no sólo para los vecinos de C. Porfirio Díaz, sino para la Nación entera, que las auto.
toridades federales y Jo'}ales se empei'ien en hacer de
una población coruo esta, colocada en la línea divisoria
ddMéxico y los Estados Unidos, una.ciudad que nonos
avergüence, sino que, al contrario, nos honre con sus
edificios ptíblfoos, en nada inferiores á los de pobladones de igual categoría, situadas del otro lado del
Bravo.

SAN LUI S POTOSI.-BAZAR DE CARIDAD.

El Bazar d e Carldad de San Lui8 Potosi

El conocido y hábil fotógrafo D. Emilio Lobato nos
Pnvía, de la capital potosioa, los retratos de las oiíias que tomaron parte en el Bazar de Caridad últi mamente organizado en aquella ciudad, y cuyos productos se destinaron al fondo de gastos del Hospital
Ir. fantil.
De las fotografías enviadas por el Sr. Lobato, publicamos los dos grupos de esta página, lamentando
nn dar una nota gráfica completa de la simpática
fiesta.
'

Una. Xermesse en el Jardín Juarez de Oa.xaca.

DESFILE DE LOS CARROS ALEGORICOS FRENTE AL PALACIO NACIONAL EL 15 DEL AC.TUAL.

El Congreso de Apatzlngan.
Con gusto verán nuest ros lectores este grabado que
representa el ·estado actual de la casa en que se reunió el prlmiwCoogreso Mexicano, asociado en la historia tte la, Guerra de la Independencia á la heroica
figura del gran Morelos.
De pai;,o haremos constar el interés que 11e despierta en los mexicanos por conocer y reproducir fotográficamente los edificios y lugares h istóricos, que
hasta hace pocos años no merecían alguna atención
sino de parte de los especialistas.
Nosotros p..:blicamos siempre con gusto esta clase
de grabados y es de esperarse que loi, lectores del semanario, sigan como basta aquí, proporcionándonos
Jas pruebas fot1 ,gráticas que-posean para dará cono•
ct:r al público el mayor número posibl,:: de nuestros
monument·,s histór1cos.

·~CIUDAD PORFIRIO DIAZ

Sentimos no publicar sino un grabado relativo á
esa fiesta de la que tu vieron oportuna noticia los lectores de nuestros diarios. Desgraciadamente no todas las pruebas fotográficas que recibimos pudieron
aprovecharse en el taller de grabados de El .ilfundo.
En el que aparece en la página anterior figuran las
distioguid1s sei'ioritas Rebeca Pérez Reguera, Terry,
Elvira Pérez Reguera, JosefaOlivdra é lgnacia Canseco y las niñas María y E. Sodi.

227

EL MUNDO.

N!RAS

MARIA H.ELGUElU

Y LF.ON"R

NIRAS Doum.Es GEDOVI'(Tf'

UNNA.

V

RARA PALAZUELOS.

Fot. Emilio G. Lobato.

.l'ot. J;;m1lio G. Lou1u,,.

Fot, Manu?l Romero.-•-CJNlobanes 2.

Cuando éste recibió la luz en plena faz, retrocedió
sorprendido.
-Buenas noches, señor Embajador de Francia, dijo el Príncipe tranquilamnnte.
~ ,y sin dignarse hacerle un solo reproche al FeldMarlscal que estaba inmóvil con la frente abatida,
pálid~ de terror, se contentó con iluminar el r0i,tro
del traidor; pero el ayudante, menos circunspecto, lo
abofeteó diciendo:
- Este es el infame K . . .... á qaterr se ctegradará
, mai'iana.
.A.ndreossl aprovechó ese incidente pa.ra escurrirse
en silencio. El mismo día salió para París y la guerra entre Francia y Austria quedó virtualmente declarada.
-;_ El asunto permmecló en secreto. El Mariscal Lan•
nes supo el caso por Napoleón, y lo refirió después á
Marbot, el cual dice algo acerca de él en sus Memorias. Los archivos ddl Ministerio de Relaciones de
Francia serían más explísitos si se les consultase.
Para terminar, dire mos que el Feld-Marlscal K ...
cogtdo,en flagrante delito, y conociendo de antemano
la suerte que se le esperaba, entró á su casa y se
voló la tapa de los sesos.
' Corrió el ru~or de que había muerto de un ataque
de apoplegía fulmlnant,e, pero en las esferas oficiales
se supo que había recibido del Emperador de Francia, como precio de su t'rafción, la suma de dos millones.
GUANAJUATO.-UN CARRO ALKGORICO.

LAS FIESTAS PATRIAS
EN

CUANA.JUATO.

APATZINGAN.-CABA EN QUE SE REUNIO EL PRIMER CONGRESO MEXICANO.
Fot. M. Gutlérrez.----Aguascallentes.

El carro representa en alegoría la I ndependencia Nacional. Sobre un fondo de
nubes, orlado de plata y matizado con los
colores del iris se destaca la figura de Hi•
dalgo, enarbolando el estandarte con la
imagen de la Virg-en de Guadalupe, que
le sirvió de enseña para iniciar nuest ra
emancipación.
A su dereeha y sobre un fondo acoilnado de raso blanco se ve la figura de Morelos, con su tradicional pai'iuelo blanco
ciñendo su cabeza. A la izquierda Allen·
de, con el uniforme que llevaban en
aquella época los generales españoles.
Más adelante aparece la figura de otro
jefe insurgente 0obijandocon el pabellón
tricolor la figura de nuestra patria.
Y por último, delante se ve la diosa
de la Libertad, coronada por el simbóllr
ramaje de oliva, que significa la paz e
que gozamos y teniendo á sus plantas los
emblemas de la ciencia, el comercio Y la
agricultura y las bellas letras.
ToA Hidalgo lo representó el n li'lo
más Orte~a; á Allende, Gustavo LabOr•
de; á Morelos, Salvador Monroy; al Ins~rgente, Manuel Bustamante; á la Patr ':
la seflorlta Cat!l.llna Ramírez, y á la Ll
bertad, Naborina G0nzález.

LA CATEDRAL DE JIIEXICO

;;ºª

I
BREVE IDE.TORTA Y DESCRIPCION.

edificios religiosos despiertan siempre el
nderé'l Y. la curiosidad del viajero, del pensador
Y e1 artista.
coD: sde los sencillos y admirables templos helénid~a;ª~
la suntuosa basílica crist.iana, el arte s e
A O la Y muestra en todo su esplendor.
remun cuando entre nosotro¡; sólo se tenga idea
ota- entre quienes no hayan palpado las be·

llezas de los monumentos r eligiosos del Viejo
Mundo-de cuanto encierran los órdenes y estilos arquitC' c'óoicos que han servido de norma
para elev11r hasta el Cielo las plegarias petriricadas del crevente. SE'g-ún expresión de un insigne
arquitecto francél (Viollet le-Duc). no dejiná de
comprenderse, para nuestra historia artíst ica, la
importancia de los edificios cristianos que Espafta nos le~ó; alziidos muchos de ellos en los momentos mismos en que la Península sentía también la m11ravillosa agitación del grandioso p eríodo del Renacimiento.
Abre hoy EL MUNDO ILUSTRADO una nueva sección, y en ella habremos de ocuparnos á grandes

pi celadas, en describir algunos d e nuestros más
afamados tem plos.
La pluma que llenará la página que se le des•
tina en este culto seman11 r io, es reconocidamente
indocta; pero rebosa de buena voluntad.
Dilremos hoy comiP-nzo con nuestro Templo
Metrvpolitano, que se asienta erguido limitando al
Norte la gran Plaza de Armas de esta Nobilísima
Ciudad.
En el propio lugar donde lil gentilidad azteca
inmolaba las víctimas á sus númenes feroces, allí
se fabric6 la primera basílica de México, que
hubo de construirse como provisional y de ser
miserable y raquítica para el objeto á que esta-

�228

ba destinada. Así lo comprendieron los monar•
cas espatioles, y en cédula de 26 de Marzo de
1551, se ordenaba que "las dos tercias partes que
ha montado este arzobispado, en el tiempo en que
ha estado vaco, se gaste en el edificio de la Iglesill catedral de México, y lo otro se guarde para
e! prelado, 11 di~posición que no pudo llevarse á.
cabo; sin embargo de lo que, insistióse en ello, y
un atio después de expedida la cédula anterior
(20 de Agosto de 1552) Felipe II, que A la sazón
gobernaba en nombre de su f:adre el Emperador
Carlos V, dictó nuevas disposiciones en real mandato de aquella fecha. No pudieron tampoco
cumplimentarse las órdenes inmediatamente por
falta de fondos; hasta que en 1573 se colocó la
primera piedra «en el sitio más eminente y opot·.
tuno de la Ciudad, inmediato á la antigua Igle•
sía con el Animo de que, demolida ésta, que&lt;la ie el sitio que ocupaba, por atrio ó cementerio, en la parte anterior del nuevo Templo »
Comer zaron la obra los maestros Claudio de
Arciniega y Juan de Cuenca; continuAndola
Alonso Pé1·ez de Castatieda, arquitecto de Felipe III.
Les trabajos se prosiguieron con perseverancia y tt:Són, y al caho de media centuria hallábase concluida la difícil labor de los cimibntos; alzados los muros del perímetro á más de la mitad
de B- altura; las paredes transversales de las capillas; los piés derechos de los arcos, algunos hasta los capiteles de las columnas y otros hasta lns
últimos tercios, y diversos espacios cubiertos con
bóvedas.
U na vez concluida l'l S rnristfa mayor, se transladó A ella el Santísimo, que se encc,ntraba en la
Catedral antigua; y ce&gt;mo é ita era ya inú•,il, se
demolió quedando el sitio donde se encontraba,
de atrio del nuevo templo ( 11ll.o 1626). Desde ésta
época hasta 1641 l'e celebraron en dicha c¡acristia los divinos oficios; y se concluyeron las capillas de San I~idro Labrador (hoy entrada al Sagr11rio Metropolitano) y del Sagrario (hoy capilla
de Nuestra Seil.ora de las Angustias de Granada),
en cuyas bóvtidas se varió la disposición haciéndolas más ligeras por lo malo del subsuelo.
Agobiada la ciudad bajo el peso de la inundación de 1G29, la obra quedó suspensa durante
cer ca de seis ailos hasta que en 1635 volvieron
activamente á emprenderse los trabajos, al grado de que ya en 1664 sólo faltaban tres bóvedas
de lit nave mayor y cuatro de las menores, estando ya ejecutada. par te de la cúpula, de la qae
se habían concluido las pechinas y cerrado el
anillo,

EL MUNDO.

J)OJJJ.l.ngO 1 o

Domingo 1° de Octubre de lAAO,

229

EL MUNDO.

de Octubre de 1899.

AMOR

DE G A T O .

se había puesto en camioo, se decían adiós . ... al fondo se volvía subterráneo, asomaron unos
ojos de mirada inquisitiva é inquisidora.
un adiós de enamorados.
Y el noble pardo, el odioso tirano del castillo
La pobre enferma de absurdo amor, recorr!a
eternamente
obscuro, vió al felino que aún se reentonces con cauttlla, silenciosamente, la amplia
lamía
las
fauces,
y volviéndose atrAs se alejó á
galería, para irá. su alcoba--celda de prisionera
paso lento royendo unas palabras:
real-A soil.ar con él.
«Amor de gato.»
El centinela dormía.
FRANcrsco ZARATE Rurz.
Con sus paaos mudos, se alejaba el felino gczando con la idea del descanso y del suetio.
Después, ¡durante todo un día! encerrada. al
lado del odioso tirano del castillo eternamente
obscuro, de su dueilo, de aquel noble pardo de
mira da inquisitin é inquisidora., á. quien su familia la había vendido.
¡Qué negros eran los días! cuánto tardaban en
llegar las noches, esas noches que sí tenían luz,
la luz fosforecente de unos ojos oblongos.
Só'o gozaba cuando no tenia encima el peso de
aquellas miradas negras de su tirano, y podía
pensar en las amorosas palabras que él le decía
en su lengu11je de emes.
El no bahía nacido para sentir el frío y el hambre de las azoteas. Era de estirpe real; una de
las má.s puras noblezas de la raza de los felinos,
era la nobleza suya.
Nadie se atrevía á arrojarla tl.el cómodo sillón
que había adoptado como lecho, y en donde run1·uneando pasaba las horas del día sumido en su
incurable somnolencia, la somnolencia de los en•
La seh'a estremecida, en abanicos
fermos.
Abre sobre los vientos sus ramajes,
Muchas manos iban á prodigarle la voluptuo3a
Ondulantes encajes
caricia. Se incorporaba, esperezábase y erguía
En gotas de rocío y savia ricos.
la cola negra, delgada, esbelta, que levantad.a
*
Peina la fronda el sol con peine de oro,
parecía culebra que q uisiera s• lir de su triste siY á través de las hojaF, sobre el suelo
tuación de reptil.
Por supuesto, no pocas veces, cuando se hallaDe verde terciopelo
ba malhumorado, contestó á las caricias eon un
Que de aroma y frescura es un tesoro,
Al filtrar su fulgor que reverbera,
manotazo que acardenaló la mano humana.
Con lunares de luz mancha la sombra,
De cuando en cuandv, pensaba en la dama ne•
gra de ojos br111antes y redondos, en ll\ cautiva
Y del bosque en la alfombra
Finge la regia piel de una pantera.
que era su único amor.
*
¡No podía tener otro!
El silencio solemne de la umbría
Algunos días bajaba, y se ponía á saltar, y coTurba y llena de pronto un clamoreo
rrer por toda la casa, silenciosamente, sin que su
Con rítmico, vibrante martilleo:
cuerpo de terciopelo negro y blanco hiciera soEs el bravo latir de la jauría,
nar un mueble, ó derribarse un objeto.
Y allá va, jadeante en la maleza
Subía á las mesas cuaJadas de bibelots y se
Chafando el césped y saltando troncos,
complacía en andar por entre ellos, coloc~nd?
Y á sus ladric.os r oncos
Envuelto en un saco las manos y las patitas en los lugares más difíc1Más tiembla y huye la espantada pieza.
de recio lienzo, lo lleva- les; ejercitaba su habilidad y bajaba triunfante.
ron allí cuando era muy
*
De tarde en tarde, hacía sus visitas A la desSalta al claro del bosque, alta la frente
pequetio todavía.
pensa, pero el ama reía de la travesur~, y reDe arborecentes cuernos coronada
Temeroso de los hom· prendía al que había dejado la puerta abierta.
El
ciervo, y la mirada
bres y de las cosas descoSólo una vez lo golpearon, pero no se fué porCo11 angustia en redor vuelve doliente.
nocidos que allí miraba, fué á ocultarlos temblo· que allí estaba muy bien tratado. ¿Iba á vulgariCruza. el aire la flecha silbadora,
res de su miedo bajo amplia cama de p11.lo santo, zarse A las azoteas ó al patio; á vivir en la misey en pie, junto á la res que está tendida,
Ella salió á su acosturo brado paseo nocturno, ria para encanallarse y ser un ladrón, t¡n salteaY sangra p0r la herida,
seguida de una dama, y bruscamente, inespera- dor? ..... .
Se alza gentil la Diana Cazadora!
damente, sorprendentemente se halló cerca de
Una vez el tirano de su amada sospechó de la
M. LARRA~AGA P ORTUGAL,
él; se aterr orizó por el olor que revelaba la preexistencia
de aquellos amores dcblemente crimisenela de un enemigo temible.
El pobrecillo inexperto se echó á temblar Y á nales. ¡Qué vergüenza! ¡Tender la mano á la
odiada raza, á aquella con la cual tenían guerra
maullar pidiendo auxilio.
FUGACES.
Ella que conocía muy bien el idioma, cambió declarada desde hacia tanto tiempo, desde que
sus
antepasados
riileron
en
una
Arca!
1111 temores por confianza y lástima para el inEl noble pardo compró 111 mano de un asesino
fante.
Cuando gozas y ríes y se encienden
Se le acercó, y le prodigó palabras de con• que fué á llevarle un tósigo en un apetitoso pedacual amapolas tus megillas blancas,
zo de carne. Pero el asesino nunca volvió, Aqueauelo.
me figuro que veo entre celajes
El se lo agradeció inmensamente. Podía haber- lla noche, después de las caricias del saludo, ella.
una hermosa maliana;
.
le hecho mucho dalio, porque era grande, era ex- le dijo Jo que ocurría.
y cuando sufres y en tus ojos tristes,
Malas noticias. El, su dueilo, sabia la historia
perimentada.
próximas A caer, t iemblan las lágrimas,
de
los amores criminales.
Desde aquella noche siguieron viéndose todos
me parece que miro agonizante
Una sonrisa deVoltaire asomó á la boca del fefos d[as y siempre á la misma hora, cuando el siuna tarde callada.
lencio iba cubriendo toda la casa, cuando todas lino. De pronto se oyó ruido. Ella pegó A la puerCuando me hablas de amor y en armonía!&gt;
ta su fina oreja. Eran pasos. y eran los suyos, no
las voces morían y ningún paso resonaba.
se desborda tu acento que arrebata,
Ella no volvió ml\s cuando él creció; tenía la había duda, los conocía muy bien.
me figuro que suena en mis oídos
y sus redondos ojos negros y brillantes, se lleobligación de buscarla.
una música extraila;
Y a_ll[, envueltos en sombra, él recost11do, y ella naron de angustia.
y cuando sin hablar y pei:sativll
- «El » dijo implorando ayuda de su amante.
en pie algunas veces. otras dejando perder su
juegas con los encajes de tu foMa,
El felino, sin contestar, sin moverse, hincó los
negro cuerpo entr e los pliegues del blanco y neme parece que escucha en el silencio
gro del am11do, y siempre acaricil\ndose con bo- agudos dientes en el femenino cuerpo negro, en
una música el alma.
cas Y manos, pasaban las horas, viendo con ter- donde la. sangre pintó un listón ~hillante, La ro~RANULFO PENAGOS.
nura inmensa los ojos negros y brillantes, 1\ los dora dió un grito ríspido, metAhco, y todo volvió
al silencio.
ojos verdes y lumíneos.
A !a puerta de ·1a amplia galería del sombroso
Hasta que un gallo amigo suyo les avisaba con
c~stillo
que agujereaba los muros de la casa, Y
l1l canto cortado por aletazos, que ya la. aurora

lió de su somnolencia, dentro ~e la cual run•
Sa do había pensado muchv tiempo con pe,u~nla Ílegada de esa hora. Irguió en el blan111'sillón
en su delicado cue~po, con e I que .r·rngi'ó e l
::CO de un acueducto antiguo, y con fehna suavidad descendió á la alfombra.
Con la boca llena de bostezos reveladores de
tidio emprendió la marcha.
.
fa~ djos llameaban como foquillos de luz en
de J&amp; sombra. Sacudió la cabeza para esID tar el bochor no perezoso, y avanzó resueltapan
ce moviendo la
cola, como si yOr su finura,
189D
•
el viento la impe1iese. .
Se agitaba ccmo serpiente gozosa, la cola nea delgada, esbelta.
gr avanza entr e la silenciosa negrura de la alcoba, Ya lo buscaban en la obscuridad, dos
jlllos negros, dos brillazones de carbunclo.
0
A la puerta de una amplia galería del sombroso castillo que agujereaba los muros de la casa,
y al fondo se volvía subterráneo, estaba ya la
amante esperándole.
.
Llega, y la apasionada con sus ma_nec1tas roaadaa, acar icia la ~legan!e cabeza felina.
El coloquio Pmpieza.
De la delicada boca de la roedora, ruedan pro1881811 de un etPrDO amor, brotan dulces afirmaciones de una poderosa é inmortal pasión.
El la acaricia, procurando ocultar del todo las
corvas y afiladas uiias.
La historia de esa pasión empezó hace ya mucho tiempo, mucho, haee 60 n oches.

:O
y

CATEDRAL DE M:EXICO.-ALTAR MAYOR.

El afio de lí!Jl el arquitecto Damián Ortiz concluyó ca!li las torres, cu vo cuerpo lo ha hían fabricado Juan Lozano y Juan Serrano; siendo la
altura dP. ellits, según su autor, de 72 varas dos
tercios (60.m90) «desde la cruz ha.sta el pavimento. »
La construcción total duró cerca de dos siglos,
sin incluir las int'er'"upcfones; el material empleado fué la cAntería, la chiluca y el tezontle. Sin
temor de exagerar puede calcularse el costo de
la. obra en más de dos millones y medio de pesos.
*
* *
Nos falta espacio para UDI\ descripción que pudierit dar á. los lMtores siquiera una idea vaga
del Templo Metropolitano.
La erguida mole se levanta en elegante forma piramidal sobre planta en cruz latina. orientándose de Norte á Sur (á. este rumbo la fachada.
principal.)
Quisiera hablar con ciert0 detenimiento del exterior de la. basílica, que s~ muestra severo é interesante á pesar de los defdctos arquitectónicos
de detalle que saltan á la vista.
La iglesia. tiene cuatro fachadas que miran sen•
siblemente á los tantos y principales vientos car•
dinales, Compónese la. del Sur de tres puert11s
arcadas y exornadas con columr.as dóricas y jó•
nicas superpuestas respectivamente. En los ángulos de la fachada se levantan !os campanarios
ó torres, de base rectangular, sobre un vasto paralelipípido, y rematando en una cúpula de figura de campana, const.rucción fe!icísima que caracteriza á. aquellos campanariosi..
Los relieves y muchas de las numerosas está •
tuas de gran talla que se muestran al exterior
son muy notables.

En seg-ando término se destac11. la airoea cúp11.,
la ó c imborrio, coronada por una esbelta linternilla.
Complementan todo el exterior series escalonadas de balaustradas con pedebta.l fs y j11~on•
de cantería, y que corresponden, aquellas, A 1111
límites de las bóvedas.
Si el exterior merecería un estudio detenido J
curioso, no meno9 interesante se nos presenta el
interior, que dQ lugar á numerosas consideraciones y á. prolongadas vigilias.
La perspectiva interior es hermosa, elconjonto
severo y quizá. grandioso; aun cuando, como n
otra ocasión el que esto escribe lo ha dicho, apa,
rece desconsoladoramente desmantelado y con
unl\ decoración abandonada y pobre.
Tiene ci1.1co extemas naves: dos cerradas, dOI
orocesionales y la nave central. E n las ¡,rlmeraa
se encuentran distribuidas las ca pillas, en número
de trece: eiete al Poniente, quellevanlos nombrea
de San Miguel Arcángel ( cubo de la torre); dt1 loa
Santos Cosme y Damián, de San José, de la Vi,gen de la Soledad y del Serto1· del Buen De,paCM,
nast'l el crucero; de la T'h-gen de los Dolare, y de
San Felipe de Jesús; seis al Oriente, y se llamar.
de la Virgen de las Angustias de Granada (cubo
de la torre); de la Purisima, de la T'irgen de Gua·
dalupe, y &lt;le la T'frgen de la Antigua hasta el cl'llcero; de San Pedro y del 8 ...nto C,-isto. Algullll
conservan sus hermosas rejas de tllpincerAn,
La nave mayor se halla cubier ta por espléndl
da bóveda de catión, y las colaterales por plallllos principalmente, sobre pechinas. Termina la
iglesia, al Norte, por un ábside exagonal, doudl
está colocRdo el famoso altar de los Reyes, de e,•
tilo churrigueresco.
En la intersección del crucero se alza la cúpula, en la cual hay un fresco pintado por Jim• ;
bajo ella se levanta el ciprés, obra mod1:rna qd
citaremos en nuestro segundo artfoulo.
La C11tedral posee numerosos retablos, a l ~
muy dignos de nota, entre los cuales hay que el,,
tar á los churriguerescos, y diversos detallel 81nosos que reservamos para el próximo escrito,
por haberse Rlargado ya el presente mu delt
que suponíamos.
JEsts GALINDO v VrLLA,

-------•------ Lápida conmeinoratl-va
EN EL TEMPLO OE LA SANTA VERACRUZ.

Hoy debe de colocarse en la fachada de este
plo, una inscripción que recuerde á la po&amp;terldad
en el ant iguo cementtirlo adyacente á la iglesia, f
ron inhuwados los resLos del caudillo de la Iode
cia, Ltc. D. Ignacio L. Rayón.
En uno de nuestros números anteriores publ
mos el retrato auténtico del héroe mlcbOacaoo, 1
con ocasión de la ceremonia á que hacemos
eta, aparece en nuest,ro semanario el grabado
acom pana á estas lineas.

re,

TEMPLO DE LA SANTA VELUCRUZ EN CUYA FACHADA SE COLOCARA HOY UNA LAPIDA CONME:llURATIYA.

Del libro "PURPURA:"

�230

Domingo 1 ° de Octubre de 1899_

EL MUNDO.

EL SACRIFICIO.
Entonces la tierra temblaba ante el rey de 1
yes, Asurnazirpal. La gloria del mar y dt! la 08"6,
ña estaba sobre él, los espíritus del abismo
mando. Cuando los reyes del Occidente se le,'!-_ JI¡
ron contra él, los doblegó como los sauces sob~ •
pantanos. Los reyes del Oriente vinieron co ...,_
sol y los enganchó entre sus caballos.
n
Después aconteció que un jefe de Caldear
hombres contra el Estandarte del mundo y
sorpresa, la ciudad de ladrillos y betún de her~
murallas defendidas por put!rtas de bronce
-Los reyes de Siria y los nómades de los ~renal•
unieron al ruido de sus trompetas. Y marchaba •
diez ejércitos cuyos pasos hacían retemblar
nas y retroceder el firmamento.
•
Pero el rey de los reyes llamó á su&lt;, hombNS de
guerra. Llegaron por los ríos como numerosos calla,
verales y salier~n de las sel vas como leones. Estaban
preñados de od10 y rugían de coraje y marcharon 11
son de la trompeta á la ruina y la venganza. Loa
hombres de Caldea, los reyes de Siria y los oómadel
de los arenales se desplomaron como cisternas enrutn~; llen~ron la Mesopotania con su pavor. Murieron
veinte mil, cuyas manos fut!ron depositadas ante el
rey de los reyes con las armas de bronce los vasos
?ro y las piedras deslumbrantes. Desc~artlzaron
Jefe ?e los Caldeos y á los reyes de Siria les sacaroiil'
los OJOS y los engancbar:m á los carros de Nfolve.
El rey pensaba en su corazón: mi felicidad se
va en su plenitud; he puesto un límite á la montana
y un obstácu_lo al mar. Los hombres se rebelan pero
su fuerza, es impotente contra mi fuerza· he disipa?º á las naciones como rebaños; sus cóler~s 800 11emeJantes á la cólera del insecto contra la hornaza.
Se creía inaccesible al mal.
~ o volvió el Rey á Níoi ve sino después de dOI
primaveras. Cuando penetró en su g1ueceo vló ,
una doncella ta.o hermosa que solamente las d1om
podían serle comparadas. Estaba vestida C&lt;Jn tela&amp;
de oro y bisos venidos de T&lt;!bas. A su vista A11uroazirpa.l olvidó sus velorios y permaneció confundido de
gozo.
-¿Quién es esta que los dioses hicieron crecer para mi aeseo?
. --Es tu hija, rey semejante á los dioses, respon•
dieron sus servidores. Ld. dejaste pequeña y ha lllecido como una acacia..
Entonces se desesperó el rey porque era piadO&amp;O y
observaba los preceptos. Y en aquel tiempo los diuses de Asur consideraban como el mayor de 1011 cr[,
mene~ el comercio de un padre con su hija.
El rey hizo recitar oracion':!s en todos ws temploa
á fin de curarse de su mal, pero no cesaba de penl&amp;l'
en la belleza de su hija. Su corazón estaba lleno de
veneno, recorría Ja~ tinieblas con sm,piros de voluptuosidad y veía el mundo adornado cun la tela deoro
y los bisos. Sus qjos se hundieron en su rostro ftaco
como estrellas en un pozo, estaba. vestido de lnquie,
tud y atado de tristeza. Pensaba:
- Los pueblos me celebraban; era semejante á una
torre entre las cabaflas; mi w1rada era Ja fdeund&amp;ci_ón del país de Asur, mi palabra semejante á la llu•
v1a de la primavera., y todas las nacioot!t1se ri:1or:fao
de pavor al ruido de mis tropas de guerra. Y beaquf
que i.oy más miserable que la langosta cogida por el
gorrión, y estoy más triste que el leoparao mart.irl•
zado por las flechas, y des-:::lado como los campos don,
de esMn agotadat1 Jai; fuentes.
No obstante, su pena. se hacía insoportable; sintió
q~e no podía impedirse el tram,gredir los wanda·
wientos de Asur, si su hija permanecía viva sobre la
tierra. Entonces reunió á los sacerdtites y á lot1 jefell
guerreros y les dijo:
- Estoy enrermo de un mal extraño que los dioses
condenan. Mi corazón está lleno de uu deseo sl.1111·
mi tes; estoy necnizado por la belleza de mi hija, YDO
cen viene que vuestro señor haga lo que está pwh1bldo
en todos sus reinos. No tendré re¡&gt;oii0 bino 1111Cr1dc&amp;D•
do á mi hija, como se riega una planta de peratclóD,
Ordeno que se la conduzca el verdugo y que se Je cur•
te la cabt!za ante la asamblea.
La hija del rey llegó entre los sacerdotes Y los Jefes guerreros. ::;u belleza había aumentado co.no el
sol cuando sale de Jas nubes. Brillaba 1Jumo el broa•
ce fundido en el horno y ruodiáo p•Jr tos arteS11n08
del fuego. Estaba rodeada de su cabellera á tra\'éil
de la cual resplandecía su rostro· avanzaba mail! r,ran•
quila que los corderos al borde cte los ei.Laoquei1.
Asurnazirpal fué nacia ella y la estrt!cbó cunt,rl,
SN corazón. Sci sintió morir j unt,o á aquellos cab6!1Ull
s
de llama y aquellos oj1,s claros como ¡as rueoLeS 118
d
las , rocas. Péro la volYió á poner eu maoo:f ael 4
tema el puñd.l de la justicia y mando cortar 1allur
humana.
Mientras la cabeza ro iab1 á sus pies el rey de 1ol
reyes teofa el I ostro bailado de lágrimas Y 1us Jetel
de guerras decían á los sacerdotes:
¡1
.-En verdad Nuestro Señor ei, más grande por
piedad y la justicia, que por la ftterza de 1,u bf11ZO•

::.illli,.

La reina Maritornes era el terror de las nii1oe,
golosos y ladrones; reinaba en el granero donde
se maduraban, er.filadas, las manzanas y las peras, y en las vasijas donde se guarda el vino era
también el castigo de los borrachos y surgía inesperadamente de las barricas agujereadas fraudulentamente por el sirviente indelicado. Nadie la
había visto nunca pero se sabía que estaba pre·
sente y velaba en todas partes: estaba en las con•
serveras acariciadas por los ojos de los nifios hi•
pócritas y en la penumbra de los armarios de la
repostería; la cómoda ventruda donde las abuelas escondían sus cajas de mazapanes y sus bomboneras repletas de dulces, también estaba defendid~ por tlla, y quien i;e hubiera arriesgado á
abrir el mueble de las golosinas, habría encontrado á la Reina Maritornes teudida á lo largo en
un cajón.
Castigaba á los nii1os glotones que se enfermaban en la mesa y llevaba en los pliegues de su
vestido terrificas indigestiones; distribuía fiebres
y cólicos á todos los culpables, y todos los estómagos rebeldes eran suyos. Residía también en
las cocinas, emboscada á veces detrás de L:s
confiteros y las enormes caserolas de cobre donde en Otoi'io se cuece:: lentamente los guisos de
liebre, frecuentaba así mismo los sótanos obscuros, los fruteros embalsamados, olieutes á ni~pe•
ros, y la sombra de los montones de legumbres.
Tal como vivía, indistinta y vaga eil la imaginación de todos, su silueta obesa y ventruda pe•
saba como un malestar sobre la conciencia y el
estómago de los criados y los nii1os bribones.
Fué inmenso el terror del pequéflo Wilhem,
cuando, llevado de la mesa por haberse hartado
como un gastrónomo de tortas de ciruelas y crema de colt!s, se vió acostado en su camita, en su
recamara obscur,1 y soliraria, con un pril'cipio
de indigestión, solo, en 111 enorme recámara donde dormía con su niflera, completamente solo en
el tercer piso de aquella gran casa, mientras todo el mundo estllba abajo cenando.
Por bajar A donde estaban los otros criados,
su niiiera lo h~ b'a dejado sin luz y por ltA alta
ventana cuyas cortinas se habi11 descuidado correr, entraba 111 luna extendiendo en el suelo una
inmensa tela blanca y congelando en extraflas
actitu~e~ los contornos indeeisos de les objetos.
Y subitamente, en fl cuarto solitario gesticular~n perfiles desconocidos, primeramente, bajo el
v1dno del cuadro el pastel destell.ido de su padre. Allí con su co"bata de muselina, con la levita vientre de cierva abit'rta sobre la camisa
abullonada, mostraba, recto como una cu3todia
un austero y pálido rostro de antiguo magistrado. Repentinamente r,us cPjas se fruncieron y un
rel~mpago de legítima indi5 nac1ón encendió sus
pupilas.
El cólico torció entonces más implacablemenle al infortunado Wilhem que aterrorizado desvió vivamente los ojJs. C,iyeron después en un
sillón donde había un montón de vestidos equívocos; lentamente las piernas flC1jas de los pantalones se animaron, dos pies imprevistos salieron de
ellos, y mientras el busto se enderezaba en un
súbito imflamtnto de la chupa, dos brazos nerviosos se apretaban sobre un pecho escuAlido y
una siniestra cabezR. de viPj'.&gt; &amp;e rió en el silencio. ¡Qué rictus! Todas las teclas blancas del
clavicordio aparecieron E&gt;n la cara de rompenueces del estrambótico vejete.
Pero no filé más que una aparición. La recámara volvió A la sombra, y cuando Wilhem que
había escondido la cabeza bajo las sAbanas aventuró una mirada temerosa faera de su escondite,

no vió nada de anormal; todo había recobrado su
lugar acostumbrado, los objetos manchados de
claro ob,curo, se habían como borrado en la no•
elle y sólo le quedaba una ligera inquietud por
su jarra de agua puesta sobre el lavabo y extra:iiamente colocada enmedio de la jofaina como un
enorme sapo blanco.
··y el pequeflo Wilhem comenzó á respirar pero
su quietud no fué larga. Un ruido iuusitado lo
hizo estremecer. Subían la escalera, y oía pasos,
pasos como el ruido de un ejército en marcha.
Una multitud se amontonaba en las gradas; la
oía atropellarse en el descanso del segundo piso
y luego subir por la escalera del tercero. Seguramente venían á su cuarto.
~ en una gran ola de luz su puerta se abrió
brutalmente. No pu!]o ni lanzar un grito. Toda
la batería de cocina entraba tropezándose en el
umbral; había deslumbrantes caserolas de cobre
llenas hasta los bordes de arroz y de empanadas,
inmensos confiteros contoneándose pesadamente
sobre tres pies imprevistos; moldes de bizcochos
de Saboy11 y escalfadores de caras maléficas,
evidentemente mal iutencionadas, y teteras de
reflejas metálicos, y cafdteras con largos picos
insidiosos, de aire hostil. Tudo aquello hormigueaba, hervía y penetrabi en silencio á la recámara, arrastrándc,se como f rntasma en la tarima;
rodeaban su lecho y como una m ,rea muda su
bfan lentamente ct1yendo y subiendo después á
lo largo de sus ropas.
Baftado de sudor, l·Oo los ojos agundados por
el pavor, el nifio permanecía. mudo ante aqut!lla.
invasión aterradora. El cuarto estaba lleuo de
t?dos aquellos cobres y aquellos t!Rtaflos f intástICos que seguí rn entrando por la puerta, y vió
entonces, mezclados á los escalf.1dores avinagrados y A las cafeteras amenazadoras, salchichones
c~n patas, jamones con figuras de gnomos y gallmas extravagantes revoloteando por e! cuarto,
ya embroquetados y fritos.
Las cabezas de l11s liebres guisadas levantaban
los cuvérc~Jos de las caserolae; los picos de las
alondras puban; los purés, habas y guisantes
estall~ban y reventaban en burbujas en los platos brillantes; un ganso untado de grasa bailaba
co_n la rab_adilla arremangada, presto para la parrill11., y pichones escapados de las estufas fJrm:lban un cortejo de carne hervida á un con ..j, en
gibelota_, T~do eso era horroroso, y en aquel aparato culinario y f1rntástfoo Wilhem reconoció estupefacto, á la R~ina ?ifttritoroes.
'
Era ella: alta, impasible. acoraz·\ da de cobre
rojo, svanzando penosamente en su pesada faJJa
de campana, con la ci 1tura 11.prhionada en una
sopera. Era una criatura horrible, calva y p \!ida, que mostraba sobre su cráneo el desplit•gue
de una cola de pavo-real, adornado y preparado
para la mesa. Lo que se veía de su piel ei:taba dorado y tot1tado como el estóma.,.o dt! un
pavo, ! tenía por mano~ dos enorm:s patas
de galhna. Un collar de salchichas jugaba. so•
bre 1~ porcelima de su pt-cho, y dos monstruosas
morcillas pendían de su cintur11, á manera de
arracadas. En una mano tenía un ramillete de
puerros: de cebollas y zahanorias, y como verda•
dera rema de 111s marmitas bl,mdía con la otra
una enorme cucoara, que intr0ducía sin descanso en los puréi, en las salsas y las empanadas,
aumentando el terror del nifto. Pero lo que no
pudo soport~r, fué la mirada de la espect, a l mufleca, una mirada automática, esmaltada y sin vida, que se clavaba en él despiadadamente. L rnzó un gran grito y despertó á la luz de una lámp~ra Y una bujía; su madre, s11s hermanos y su
mfiera lo rodeaban; estaba confu50 y desconcertado; el pequei1o Wilhem había sido olvidadv en
su lecho.
JEAN LORRArn,

tom:-W

Año VI

Tomo IC

--- - - México, Oomin go 8 d e Octubre
- de

1

s99 _

Número 15

las::

A. DABVlLL&amp;

MANON
A. LYNCH.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO.

204

A esta hora faé 00.ando roñó en pedazos
La piedra que sellaba aquel sepulcro
Donde estuviste como Cristo, muerta
Para resucitar al tercer dfa;
A esa hora faé cuando se abrió la puerta
De su hogar, que en rn seno te veía
Con un supremo miedo en su alegría
De que tu aparición no faera cierta;
Y desde ese momento, y desde esa hora,
Tranquila y sin temores en tu pecho,
Tu sue:llo Fe cobija bajo un techo
Donde el placer es lo único que llora ....
T us hijos ya no gimen
Como antes al recuerdo de tu ausencia
Ni cadenas hay ya que los lastimen ..... .
En sus feraces campos ya no corre
La sangre de la lucha y la matanza.
Y de la paz entre los goces suaves
Bajo un cielo sin sombras ni vapores,
Ni se avergüenzar. de nacer tus flores,
Ni se avergüenzan de cantar tus aves.

Grande eres y á tu paso
Tienes abierto un porvenir de gloria
Con la dulce promesa de la hi11toria
De que para tu sol nunca habrá acaso ....
Por él camina y sigue
De tu lección de ayer con la experiencia;
Trabaja y lucha hasta acabar e ➔a obra
Que empezaste al volver á la existencia,
Que aun hay algo en tus cárceles que sobra,
Y aun hay algo de Eipafia en tu conciencia.
Yo te vengo á decir que es necesario
Matar ya á ese recuerdo de los reyes
Que escondido tras de un confesonario,
Quiere darte otras leye.; que tus leyes ....
Que Dios no vive ahí donde tus hijos
Reniegan de tu amor y de tus besos,
Que no es el que perdona en el cadalso,
Que no e@ el del idtar y el de los rezos,
Que Dios es el que vive en tus cabafl.as,
Que Dios es el que vive en tus talleres
Y el que se alza presente y encarnado

Domingo 17 de Septiembre de 1899
Allí donde Bin odio á los deberes
Se come por la noche un pan honrado.
Yo te vengo á decir que no es preciso
Que muera á hierro el que con hierro mate,
Que no es con sangre como el siglo quiere
Que el pueblo aprenda las lecciones tuyas·
Que el siglo quiere que en lugar de templ¿s
Le des escuel&gt;ls y le des f'jemplos,
Le des un techo y bajo dél lo instruyas.
Así es como en tu frente
Podrás al fin cefl.irte la corona
Que el p.Jrvenir te tiene destinad/\;
El, que conoce tu alma, que adivina
En tí, i\ la santa madre del progrei;o,
Y que hoy ante el recuerdo de aquella hora
En que uno de sus besos fué la aurora
Que surgió de tu noche entre lo espeso,
Mientras el pueblo se entusiasma y llora,
Te viene á acarici1tr con otro beso,

A.ño VI-Tomo ll

México, Domingo 24 de ~ept1embre
.
de 1s99 .

Efieótaó ceLelnadaó en !1onoz JeL c:!!Jz.
d
Cí-&gt;
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d e La CJbepuoLicCkJ
CD
/1
«:&gt;Zeótuente

MANUEL ÁCUÑA.

DIEZ Y 8 El.8 D E S EP TIEMBRE,.
«Cual al romper las Pléyades lluviosas
El seno de las nubes encendidas,
Del mar las olas antes adormidas
Súbito el austro altera tempestuosas,
De la cater,a osada
Así 'los restos nuestra voz espanta,
Que resuena indi~nada,
Y recuerda, si alti 1a SI': levanta,
El respeto profundo
Que inspiró de Vespucio al rico mundo.
«Ay, del que hoy más los sediciosos labios,
De libertad al nombre lisonjero
Abriese pretextando novelero,
Mentidos males, fútiles agravios,
Del cadalso oprobioso
Veloz descenderá i\ la tumba fría
Y ejemplar provechoso
Al rebel1e será, que en su porfía
Desconociese el yugo
Que al invicto espafl.ol echarrn plugo.,.
Renueva, ¡oh Mu~a! el victorioso aliento
Con que fiel de la Patria al amor santo,
El fin glorioso de su acerbo llanto
Audaz predije en inspirado acento:
Cuando más orgulloso
Y con mentidos triunfos más ufano
E I ibero sanoso
Tanto ¡ay! en la opresión cargó la mano
Que al Anáhuac vencido.
Cantó por siempre á su coyunda unido.

Así los hijos de Vand l\lia ruda,
Fieros clamaron cuando el héroe augusto
Cedió de la fortuna al golpe injusto,
Y el brazo fuerte que la empres11 escuda
J!'altando á sus campeones,
Del temor y la muerte precedidos
Feroces escuadrones,
Tales impunes campos florecidos
Y al de&amp;ierto sombrío
Consagran de la paz el nombre pío.

«Al misera ble esclavo (cruel dP.cía)
Que independ,mcia ciego apellidando
De rebelión el palellón nefando
Alzó una vez en algazara impía,
De nuevo en las cadenas
Con más ri~or á su cerviz atadas
Aumentemos las penas
Que ! su última progenie prolongadas
En digno cautiverio
'
Por siglos aseguren nuestro imperio.

No será, empero que el benigno cielo
Cómplice fácil de opresión sangrienta,
Niegue i\ la Patria en tan cruel tormenta
Una tierna mirada de consuelo
Ante el trono clemente.
Sin ce;ar sub" el encendido ruego,
El quejido doliente
De aq,uel prelado que inflamado en fuego
De caridad divina
La América indefensa patrocina.

«¿Qué sirvió en los dolores vil cortejo
Que el aleve pastor el grito diera
De Libertad que dócil repitiera
La insana chusma, con afán prolijo?
Su valor inexperto
De sacrílega audacia estimulado
A nuestra vista yerto
En el campo quedó y escarmentado
Su criminal caudillo
Rindió ya el cuello al vengador cuchillo.

Padre amoroso, dice, que á tu hechura
Como el don más sublime concedi,te,
La noble libertad con que quisiste
De tu gloria ensalzarlo hasta la altura.
¿No ves que á un orbe enteco
Genio privado de excelencia tanta
Bajo !ll dominio fiero
Del excecrable pueolo que decanta
A3esinando al hombre
D.1r honor á tu excelso y dulce nombre?

Cuánto, ¡ay! en su maldad ya se gozara
Cuando por permisión inexcrutable
De tu justo decreto y adorable
De sangre en la conquista se bafl.ara?
Sacr ílego arbolando
La ense:lla de tu.cruz en burla impía
Cuando mi\s prof mando
Su religión con negra hipocresía
Para gloria del cielo
Cubrió de excesos el indiano suelo.
De entonces su poder ¡cómo ha pesado
Sobre el inerme pueblo! ¡Qué de horrores
Creciendo siempre en crímenes mayores
El primero á tu vista han aumentado!
La astucia seductora
E l auxilio han unido á. su violencia,
Moral corrompedora
Predican con su bárbara insolencia
Y por divinas leyes
Proclaman los caprichos de sus reyes.
Allí se ve con asombroso espante
Cual traición castigado el patriotismo,
En delito erigido el heroísmo
Que al hombre eleva y engrandece tanto,
,!Qué más? En duda horrenda
Se cvnsulta el oráculo sagrado
Por saber si lll prenda
De la razón al indio se ha otorgado
Y mientras R'.lma calla,
Entre las bestias confundido se halla.
;,Y qué, cuando llegado se creía
De redención el suspirado instante
Permites, justo Dios, que ufana cante
Nuevos triunfos de odiosa tiranfa?
El adalid primero,
El generoso Hidalgo ha perecido:
El término po~trero
Ver no le fué de la obra, concedido;
Mas otros campeones
Su.Jcita que redimen las naciones!
Dijo, y Morelos siente enardecido
El noble pecho en belicoso aliento;
La victori&gt;l en su ense:lla toma asiento
Y su f'jemplo de mil se ve seguido.
La sangre difundida
De los héroes su númen recrece
Como tal vez herida
De la segur, la encina reverdece,
Y más vigor recibe,
Y con más pompa y más verdor revive,
ANDRÉS QUINTANA

Róo.

PL.1Z.A. DE LA CO:.'i'STITUCIO:N Y A VENID..i. DE PLATEROS.

Número 13

�EL MUNDO.

208

Es el aire del campo; aquella brisa de Becquer que
la sangre orea.

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

-----------------------------------------

~

LA SEMANA
En esta semana musical anotamos la aparición de
la Fedora de Giordano y la repetición de «Cavallería&gt;
y «Payasos.&gt; Estas tres óperas un~das á la «Bohemia&gt; de Pucini forman los cuatro· clavos de oro de
una Orión recientemente aparecida en el cielo del
Arte. El realismo ba entrado bravamente en la zona.
lírica. La inspiración nueva deja el rumbo ide~l de
la leyenda, y no se rinde ya, como esclava sumisa, á
los impalpables dominios de la fan~asía.
.
Wagner es un soñador teuton. 8u~ personaJes, están hecbos de niebla y misterio. Vienen de las profundidades de las bosques sagrados, tum~n cuerpo en
una ráfaga de luna y se desbacen en el aire com~ nubes. Nunca llegan hasta nosotros. Se qued~n srnmpre en la línea azul del horizonte. No camrnan, se
deslizan. Se diría que vuelan. ¿Aman? ¿Sufren?
¿Lloran? ¿Se desesperan?
.
.
Sí, pero de un modo singular, con una existencia
~xtraña y fantástica que nos seduce.
.
Cuando estéis uo poco tristes, sentaos á la orilla
de un río, en una tarde serena. Contemplad el agua
que pasa clara, ond~lante y rumorosa .. Absorbeos.
Allí, bajo la placa de cristal que os salpica el rostro
d.: rocío, se agita otro mundo, esta otra naturaleza;
un cielo que centelleá más luminoso, una!; frondas
que se mueven más lejanas, un ambiente más puro
por donde cruzan los pájaros con las alas rnmóviles y
tendidas. Hay mucho que se esfuma, que
se desvanece, que no se alcanza. Aquel es
el mismo cielo que tenemos sobre nosotros, aquellos son los mismos juncos que
crecen en la ribera; el sauce meditabundo que se inclina para llorar sobre la corriente, las aves que atraviesan el aire
que respiramos; pero todo está purificado, vago, remoto. No es la naturaleza vivida, es :a soñada. Y entretanto que el
agua corre por aquel cauce de zafiro, pensad en vuestras tristezas, en vuestros
amores, en vuestros desengaños, arrullados por el eterno canto, por el misterioso
monólogo de la linfa, cuyos sonidos tra.
ducís con la maravillosa intuición del
sentimiento.
Esta impresión es semejante á la que
experimento con una obra de Wagner.
El cisne de Lohengrin es 1m fragmento
de bruma; el báculo de Tanhausser es
una grieta de sombra; la cabellera de Eisa es poi vo y sol; la capa del Holandés
errante es una nube de tormenta.
Pero así como Wagner viene del sue•
ño, estos flamantes músicos italianos vie•
nen de la 1ealldad. Wagner es la leyenda,
ellos la vida; Wagner trasciende á incien
so, ellos huelen á carne; Wagner es divino, ellos son humanos.
Las primeras obras de estos grandes
múaicos en gestación nos indican sus ideales. «Cavallería&gt; es una escena de amor
caldeada por el sol de Sicilia. «Pagliacci&gt;
una gusanera de pasiones brut,ales, cuyo
nido es una barraca de saltimbancos.
«Bobemia,&gt; es una risa de París empapa
da en lágrimas y ternuras, y hoy «Fedora&gt; es un gemido de rabia y de pasión
termin&lt;1-do en un sollozo de muerte.
El arte ha puesto la decoración, ha trazado loscontornos, pero el movimiento, el
impulso, el combate,son obra de la vida.
Allí hay nervios, músculos, sangre, calor
de besos, miradas de odio, súplicas, llantos y sonrisas. Allí hay hombres, hay t ragedia humana.
Las figuras de más relieve en estas
obras son las mujeres. No son símbolos
sino hembras.
Poner música á cuadros vivos, encerrar
en la pauta caracteres, dar á cada grito
su nota, á cada frase su entonación, pin•
tar líricamente tipos que vibran v se convulsionan tan cerca de nosotros, ha sido
la aspiración de los jóvenes composit0res
italianos. Las tentativas resultaron soberbias.
Durante la semana nos hemo!! conmovido con aquella música juvenil que canta
alegrías nerviosas, que se levanta basta
el himno uncioso, basta la oración extátlca, que 1101 a y se enternece, y se desespera que es voz de angustia, imprecación
de rabia, adiós adolorido, grito de espan•
to, mugidor torrente de odio.
Y al terminar el drama, al caer rápidamente el telón, después del alarido de
Oavalle,-ía ó el sarcasmo de Pa!Jasos, ó del
suspiro de Fedma queda en nuestros oí•
dos, por muc,b.o tiempo, un rumor lejano.

***
La mita.d del triunfo de esta ópera, pertenece á la
Chalfa. Es indiscutible ya el talento de esta cantante adorable. No olvidaremos jamás la cabeza expre•
siva y rica en gestos de esta mujer que no es bella,
pero que se embellece siempre que lo desea. Ro_stro
franco expresivo, enérgico, ojos de una ob&amp;cundad
de nocie, con toques de luz abrillantada por las lágrimas, boca contraída por los sollozos, moid1~ndo
las maldiciones, reteniendo el suspiro delat,r, humeda por los ósculos, testa, ya erguida, ya inclinada,
ya implorando al cielo con el fervor de la plegaria,
ya inclinándose en la tierra, abrumada b~jo el yeso
de los recuerdos, pero siempre con el rad10so mmbc,
de la tristeza, ó el halo de nácar del amor, ó el fuego
de hornaza de la ira .... todo en la Chalfa forma un
conjunto estético del que se desprenden, precis_as y
conmovedora~, las ardientes figuras de las herornas.
La Chalía, de voz firme y clara, con algunas notas
de oro recorre el registro de las pasiones: empapa
en lla~to las notas, hs hace temblar de angustia, las
arroja como un insulto al : ostro del amante, las sua.
viza como una caricia en un rapto de ternura, las
eleva como una oración. Es inspirada. Siente y ex•
presa con valentía y ardor. ¡Feliz ella 1

***
«El Mundo Ilustrado&gt; dedica hoy su parte gráfica
á conservar el recuerdo de los arcos de triunfo y los

ARCO DEL ESTADO DE TABASCO. (VISTA LA.TERAL,)

Domingo 24 de Septiembre de 1899.

Domingc 24 de Septiembre de 1899.
carros alegóricos que fueron el atractivo de las p3.11a.
das fiestai:.
México se vistió de gala. Hubo p'.étora d.i multitudes alegres. Solamente las nubes se empeñaron en
impedi r al sol que se asom:1se á su balcón de oro del
cielo. Y la lluvia, malhumorada y rabiosa, deshilachó sus efímeros y transparentes estandartes sobre
la ciudad emperifollada como aldeana en dom mgo.
La alegría, sin embargo, lanzó á los cuatro vientos
el retintín de sus car::ajadas y los gritos de aire de
sus cantare.e;.
1Oh, qué buena es la alegría de vivir 1

EL EXTERIOR.
Revistas Políticas y

Literarias.

l. COSAS DE FRANCIA: l'affaire finie; LA PSICOLOGIA.
DEL CASO; FRANCIA EN DECADENCIA: lNE X ACTI•
TUDESj LA SITUACION DEL 1ITTNISTERIO: ESPB•
RANZAS.
2. DEWEYj M.A!~KI NLEY. LAS PLATAFORMAS ELEC·
TORALES DE LOS NUEVOS PARTIDOS IMPERIALISTA.
Y DEMOCR,\TICO.
3. LA GUERRA EN EL TRANSV.AAL.

Que diablura para los cronist as de mi
calaña que concluya i•ottai?'e La frase sa. cramental faffaire fi;nie resuena lúgubremente en nuestros oídos; era un mate.
rial abundant,e, interesante é incesante
de que se podría dispouer en cualquier
instante. Ahora no, dentro de pocos dias. ,
todo habrá pasado á la historia, no sin
dejar lecciones y enseñanzas que pueblos
y gobernantes se apresurarán ... . .. á no
aprender. Así somos todos.
Si, había una diliculiad que surge, gra,e y á primera vista insuperable; este
asunt:o está empedrado de dificultades
insuperables, que han sido mal que bien
superadas; qué diablo, el mundo marchat
como decfa un viejo maestro de lo~ muchachos de hace treinta años, y á quien
creíamos infalible oráculo ¡inocentes! Se
llamaba Eugenio Pelletan. Veo la diflcul•
tad: para que el asunto concluya precia&amp;
un indulto, pero el indu1to no puede concederse sino á petición de parte. Dreyfus lo pedirá? 8i lo pide se confiesa culpable, loquees imposible. Si no lo pide cómo
indultarlo? La brava carta de Zola, á
quien es preciso absolver de sus magnos.
errores estéticos, en vista de la incomparable grandeza desu actitud moral, anun•
cia el propósito de llevar hasta el último
extremo su lucha por la justicia y el derecho. Palmas; pero ¿y la patria? ¿y la
prolongación de esta guerra civil en poten·
cia, que con cualquier motivo deflagrarA.
en un ambiente saturado de pasión y de
odio? ¿Qué, no vale la.pena de t omar esto
en cuenta? ¿Por qué el Capitán Dreytllll,
uno de los grandes atormentaJos del siglo,
de quien ridículamente se quiere bar.et
un Cristo de kepf, no prescinde de todo&amp;
sus derechos, no hace este supremo sacri•
ficio á la paz de su país? ¿Tiene ó no el
corazón alto y bien puesto? Ent onces podrá el gobierno mot·u proprio hacerle gracia.
de la pena y ponerlo en libertad.
Esto pensaba cuando el cable informó
que el perdón está concedido. E l gobierno ha hecho bien y ha obrado cuerdamente; y como ninguna persona seria, á noser que esté movida por inconfesables sen·
timientos de odio religit.so ó de raza, ó
de idolatría á todo trance por la instltU•
ción militar, lo cual es en el fondo la m~
ma pasión que servía de resorte á los W&gt;pishqui de Hultzilipochtli, atenuada por
el miedo al código penal; co:::io ninguna
persona en la plenitud de sus facultade&amp;
morales, después de la lectura de las crónicas detalladas de las audiencias, Y después del veredicto, puede creer indudnblt
la culpabilidad de Dreyfus, ha ! es~Itado
que el apagamiento de la excitación e&amp;
rápido y que c'est une affaire jinie. ~~10sea Dios. Este resultado pone de r_.•
to la inteligente conducta del Presiden·
te Loubet y de su minis.terio.
Los enemi "'vS de Francia habían aprovechado la injusticia fundamental del ta·
llo del consejo de guerra, para procn·
rar destruir con delirante desr.emplan•

209

EL MUNDO

za su prestigio de nación culta y para minar su
ettuaclón internacional sugiriendo la idea de un inex.
plable ultraje hecho al emperador de Alem,mia; Jo;¡
ingleses eran naturalmente !03 autOrf S de esta mtri•
ga; pero jugaban á cartas vistai. y nadie cayó en esr,a ratonera Claro es que cuando, no un oficial, ni
un agen te diplomático, sino el ministro cte relaciones
del Imperio y no al gobierno fr"ncés, sino al parla.
Diento Imperial, declaró en nombre del soberano que
110 habían existido relaciones de ningún género entre
Ja embajada alemana y el capitán Dreyrus, nadie pudo vacilar; esa declaración era la verdad. 'l'an cierto
l'B esto que in mediatamente se inventó la conseja de
que la traición habfa sido hecha en tarnr de Rm,ia
(un ..:uento capaz de hacer á uno dormir parado.) Si
-el consejo de guerra condenó, esto no era asunto qu.i
pudielle enojar olicialmente al gobierno alemán; un
-consejo de g-uerra no representa á la nación en sus
rdai:iones exteriores, la representa el poder ejecuti,·o de la repú blica; el poder ejecutivo ha indultado;
á un traidor no se le indulta. El presidente de la repúhllca francesa sólo ha podido indu1t~r cr::iyendo in-culpable á Dreytus; tienen razón• los energ1ímenos
-en dlrlgir las más terribles lnsinua/\iOnes contra los
Seftnces Loubet y \'f. Rousseau, tienen razón de fS ·
tar frenéticos contra el.os; el indulto motu proprio ·
no tiene otra significación posible que la que los pia-dosos antlsemiLas le dan: el gobierno creti en la iuo-c11ncla de Drey fus; cree en la palabra del emperador
.alemán. Y nosotros encontrawos I sto perfectamen te honrado, enteramente justo y cuerdamente po.f.

uco.

***
Viendo en conjunto la cuestión, abora que sus
.grandes peripecias pueden incluirse una en la otra,
1JOmo quien cierra un anteojo que va á guardar des.
pués de haberse servido de él para observar el estado
moral de un pueblo, todo resulta Iógko y claro.
Nosotros, en este plural comprendo no sólo á h,s latlnus, sino á la gran mayoría de los hombres ilustra·doa de ambos mundos, exij íamos de un grupo militar
un acto que tormar'.I ecua~ión perfecta con cierta mi.
:¡¡Ión de justicia absoluta que atribuíamos á una F.ran.
-cla Ideal y sed uct0ra que se fuuda más en la literatu.ra que en la blstorh. Teníamos miedo de que esta
-quimera no resultase cierta y nos h·\ dado coraje palpar la realidad : uo, esa nación no es el ángel de, la
. .Justicia; no, el promedio del alma francesa resulta
una alma burguesa, calculadora, escéptica, positiva,
-enalldades excelente:; para llegar á un buen suceso
ftnal, pero exceslvamenLe orgullosa y aticlonada con
invencible instinto á la gloria militar, que es la tuen·te de su org ullo, exacerbado por la humillación y la
-derrota basta el paroxis.no. Y como e,e orgullo se ex-t.erioriza en explosiones ruidosas dd más flexible

Aneo DEL ESTADO DE SONORA.

ARCO DEL E;TADO DE TABASCO. (VISTO DE FRENTE,)

ARCO DEL ESTADO DE MOUELOS.

�Domingo 24 de Septiembre de 1899

EL MUNDO.

210

Domingo 2! de 8eptiembre de 1899.

tiarlo, ban hecho san~ameote; no sé~ qué medws
habrán recumdo, pero de1:laro que el objeto no ba
podido ser ni más grande
ul más moral é Insisto en
preferir á los de 10s sel1ores Esterbazy y Paty de
-Clam, la vida del señor Zadoe - Kahugranrabl as de
Francia) sin miedo al otro
anunciado del ejército, el
parlamento puso la mano
én el boaibro rlel ministerio y la revisión fué decrPtada. Es ó no esto honroso,
cuando se piensa, que si alguna cosa ba resultado
clara del p1oceso de Rennes, es la espantosa deti·clencla del primer proceso
1 Ja presión ejercida sobre
el Consejo que absolvió á
»,terbazy, era un acto de
grao j usticla de la. repre-sentación nacional? Y el fa
Uo de la Corte de Casación
¿no es una reparación hecha, e~ nombre de la cien-eta y de la conciencia, pür
bowbres de distintas convicciones políticas y filosó ficas, pero incomparables
perito&amp;en el arte de juzgar,
de las flagrantes violaciones del derecho que hibfa n
escandalizado al mund o~
Y cuando nay esta justicia
civil en un país, puede decirse que es caduco y que
muestra el fin de la. virlli,
dad de una raza? ¡Oh! no
-dertamente¡ pero el veredlctode Rennes? Pue~bien¡
no os admira que á pPsar
11e lo infinitamente cobibi-

y plástico de los idiomas hablados, resulta que la maravillosa sensatez de este puetlo y su real y religioso

patriotismo, toman el aspecto de la ,·anidad, rtlsuena.n como una g ritería y todos nos llamamos á decepción, cuando de este conjunto de cualidades y defectos, resulta un acto nat,ural cuando esperábamos algo sobrenatural y milagrm,o, cuando esperábamos de
ellos lo que ne "!Speraríamos de nosotros mismos, alemanes, Ingleses, ameri&lt;.:anos ó japoneses, en un caso
idéntico.
Aseguro que bien visto, lo que La pasado, no re.
sulta sublime, pero resulta lógico. tY qué pedíamos
en suma? Que un inocente no sufriera más y fuPse
solemnemente rehabilitado¡ lo primero se ba logrado
de hecho y de derecho por el veredicto seguido de su
consecuencia forzosa, el Indulto; lo segundo se ha logrado de hecho; ese hombre está rehabilitado ante la.
conciencia humana. ¡. Qué más?
Separándoncs del punto de vista absoluto que, en
resumidas cuentas, no es un punto de vista humano,
rlebemos pensar en la situación psicológica de los jueces; apenas con lo que los periódico1&gt; nos han dicho,
podemos formarnos idea de la presión ei,tupenda que
sobre este grupo de soldados que yo persisto en creer
honrados y llanos ejercían la. educación, la disciplina,
h religión gerárquica, el respeto á los jefes, la costumbre de considerarlos casi como infalibles, lapasión de las dos terceras partes del pueblo francés que
sistemáticamente exaltado en su militarismo patriótico, que es en él como la hemoglobina en la sangre,
en sus pasiones religiosas más vivas hoy que antes de
la revolución, y escandecldo basta el paroxismo por
los insul tos brutales y omlno~os al ejército, que, hoy
más que nunra, es la patria armada, vociferaba al
oído de los jueces: no condenéis al ejér ;ito, no lo pongáis en ridículo, no entreguéis á vuestros generales
al ludibrio, no .... Y Cassagnac y Paul Déroulede lo
habían dicho: O Dreyrus es culpable, ó los jefes del
Estado Mayor del ejército francés son los hombres
más inicuos y más d1gnoR de castigo que se han presentado ante la narra de un tribunal ele justicia ....
Los jueces, al declarar culpable á Dreyfus, absolvieron á los generales. Y como la simple condena los
ponía á cubier to de la persecución, inmediatamente
absolvieron de hecho al culpable con la mayoría en
los vot'.&gt;S, con las circunstancias atenuantes, con la
d isminución de la pena, con la solicitud de la nodegradacióo ¡ lo trataron como á un oficial incorrecto,
no como á un t raidor á la Patria. Y, sin embargo,
ante la jus!.icia absoluta no había medio: ó traidor y
la pena suprema, ó no traidor y la libertad. La libertad ba venido. E l veredicto no fué, puPS, un fallo,
fué una transacción; no fué un acto de justicia, :fué
un acto de política.
¿ Y por qué persistí en creer ó en decir, basta el
último momento en el fallo absolutorio? Pues, por
lo iocorregiblemente francés que soy, porque quería
una cosa sublime. no un acto vulgar. Y cuento con
que los defectos de nuestra educación son tan arraigados, que Jo que. queríamos en Francia no nos hubiésemos atrevido á quererlo en otra parte: creo firmemente que los ingleses ó los alemanes hubieran
fusilado á. Drey:fus después del primer consejo.

211

A.ltCu DEL ESTADO DE OAXACA.

dos, (hablo moralmente) de
la imposible Independencia de aquellos hombres sometidos á iaflujo omnipotente de lo que se llama
la solidaridad corporativa,
l'e..~rit ~ co1·ps que los franceses dicen, baya habido
suficiente valor en los jueces para neutralizar su falta encontrando al más abominable de los delitos en
el orden político y mili1 ar .... circunstancias a,~
nuantes? Y qué decir de
esos dos heroes del deber,
de esos dos oficiales que te·
nieodo sobre sus cabezas
la pirámide de J{heops que
se II ama el prettigio del
ejército, habilísimamente
explotado por los oficiales
que complicaron la causa
sa.ota del ejército con la suya 11011 sancta? Cómo, después de esto, insultar á
Francia, desesperar de
}&lt;'rancia, anatematlzarla v
renegar de ella~ No, nunca. Los impíos, los matos
franceses que han querido
hacer creer al mune10, porque siempre se han dirigiClo al mundo y Juego protestan contra el mundo que
fija su atención en elios,
It,s que han sostenido, que
era uecesarlo para salvar la
patria sacrificar á un ino,·ente, no cuent an, son espectros y resurrecciones.
Nobles? son de los tiempos
feudales. Clérigos? son de
los tiempos de la inqui1,i' lón. Plebeyos? son de los
que inventaron el terror·

***
¡Oh! no, lo que sucede, exclaman algunos pesimistas amigos míos, es más hondo y más t ranscendente;
estos hombres no han sabido hacer justicia por ineptitud para el bien, porque Francia es u:i pats que
moralmente agoniza, porque la raza. latina es una
raza qi.e declina, que se va.-.A. 1o que contesto invariablemente: no es cierto, no lo creo; la única enfermedad de la raza latina es el intelectualismo, es un parásito éste capaz de producir ó el s-urmenage ó la neurastenia social. Entiend:i por intelectualismo, e.u el
sentido pa~ológico de la palabra, la tendencia á dará
la vida por objeto el goce Intelectual, lo que se aviene muy bien con el goce físico que los intelectuales
consideran como generador de sensaciones que se analizan, como se paladea el vino, y se convierten en cert!braclones. Así como el siglo pasado estuvo enfermo
de sentimentalismo que acabó en punta, en la punta
del cuchillo de Robespierre, así el tntelectuallsmo, la
religión del talento, el de&amp;preclo del goce m,iral,
puesto que el ideal humano en esta ó la otra vida no
es más que un goce selecto, engendra el egoísmo, la
desconfianza de todo, y acabará en su antítesis, en la
barbarie de los nuevos iconoclastas saqueadores de
iglesias é incendta'lores de museos. La enfermedad
esta es general¡ pero en los latinos está mal compensada: es la enfermedad en que naufragó el hombre típico del intelectualismo actual, Federico Nietzcbe.
Por Jo demás, metiéndose un poco en los antros de
la historia, como se dice en cliché, se ve que los latinos ban pasado por crisis más agudas que la actual,
y que al fin se han sobrepuesto objetiva ó subjetivawente. Y si no, veamos los motivos de la excomunión de Francia en este asunto que vamos á enterrar.
Un consejo de guerra, Inducido á. sabiendas á cometer un crimen judicial por la comunicación clandestlua. de piezas desconocidas por el acusado, sentencia á
la. más dura de las penas imaginable!! á un Inocente.
Algunos años después, un grupo de hombres capaces

ARCO DEL EsT.u: o DE DURANOO.

de honrar los fastos morales de la burnanldad el ofici~I P~;quart, el senador t:;cbeurer-Kestner
el escritor Zola descubren la fuente del error judicial
y uno se encara al gob!erno, miedoso, y el otro se en~
~ra. á las multltud~s frenéticas, y el tercero al ejército, sañudo, y le dicen: e Dreyfus es in()&lt;.ente.&gt; ¿Son
ó no franceses e,1tos hombres honrados?
El terror de l,;,s complicaciones Internacionales ha-

y

ce va ~ilar al gobierno, pero los Incidentes y las ren12clo ,es se suceden y una ,,la de piedad y de duda •
a·za de las eotrafias mismas del pueblo francés 1 •
t1elta su espuma en la tribuna dbl parlamento.
-,
Sin miedo á las insinuaciones de venalidad, de formación de un sindicato judío para comprar adbellO•
nes [si los judíos ~e han aseclado para gastar una
rart~ de su fortuna en sacar inocente á un correllglo-

ARCO D.EL E STADO DE GUJfüLU:rnu.

ARCO DEL ESTADO DE CHIHUAHUA.

�EL MUNDO.

212

Domingo 24 de Septiembre de 1899,

Domingo 24 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

:e

d la escuadra española y de sus arsenales; ya sabía
había negligencia, pero no tanta, no se había
4rovisto la bahía de los medios usuales de defensa
pi si uiera en su entrada y los barcos y sus ,cañones
tal punto históricos ó arqueológicos, dada la
apidez del avance de la ciencia de la destrucción,
r ue a se vió: en Ca vite no hubo batalla, hubo eje~uci3n de una escuadra inerme por otra colocada fuera del alcance del tiro español. ¿1::ie tuvo la culpa
Mcntojo de todo es~o? ¿I_ba á improvisar buque-; _de
fierro y proyectiles rncend1antes y cañones de tuo
rápido?
.
Esto no disminuye la ¡;lor1a del vencedor, y se
comprende que el imperialismo americano se dé á sí
mismo una gran fiesta en las canas del formidable
lucbadfJr del mar coronadas de honor. Y el imperialismo refor:1.ado así con estas ren0vaciones periódicas
de sus repentinas y formidables glorias, podrá ir al
combate electoral con bríos redoblados; ya se ve su
Jan de campai'la: reelección de McKinley; dejarlo
krminar su obra; á él se debe la posición de primera
importancia que ocupa la federación en el mundo;
Inglaterra, la reina _del mar, busca. el asentimi_en~o
de su antigua coloma para moverse; nada más significativo, nada que remueva tanto hasta en la médula
el orgullo de Sam. Tanto más halagador as esto para Ja vanidad americana, cuanto que ellos, los Estados Unidos, suelen usar aun de sus modales un tanto
rudo,i con su robusta y coqueta mamá: y ya se niegan á reconocer los derechos del ~anadá en las costas
del Klondike y ya se pagan el lu¡o de quemar en pfi.
gie en una plaza de New York en medio de frenéticos aplausos la efigie de Mr. .A.&amp;ht('r, el archimillonarlo que se ha convertido en súbdito de bu Graciosa Magestad la Emperatriz Reina. _
Los reeleccionistas agregan: á Mr. McKinley debemos la creación de un vastísimo campo de desahogo para nuestros productos (Cuba_y las Filipi~as) y
para seguir p!anteando el monro1smo econó1mco de
Blaine-los mercados de América, para los productos
amerlcanos; y, á pesar de la enormidad de los gastos
de guerra, la prosperidad de la Unión ha t omado un
vuelo tan admirable, que de la guerra acá la brecha
en la fortuna pública se ha cerrado diez vecei, con oro.
¿A qué se debe esto? A la política semi-prohibitiva
iniciada antaño por el diputado McKinley y acrecentada bajo los auspicios del Presidente McKinley.
A él, pues, nuestros votos, dicen los que antes sellamaron republicanos, y en lo sucesivo, imperialistas.
Los demócratas se conciertan para la lucha: lo primero ha sido la reconquista del Estado de New-York,
perdido por el capítulfJ de libre acuñación de plata,
que fué el principal de la plataforma deBryan . .A.hora se notan síntomas de reconciliación. Mr. Croker,
el jefe de los demócratas neoyorquinos y acerbo enemigo del tipo-plata, ha declarado su adm:ración por
Bryan que, á su vez, en uno de sus quinientos mil
discursos ha manifestado su deseo de poner en segundo término su tesis favorita: la plataforma democrática se b&amp;.sará, según parece, sobre estas cláusulas:
anti-imperialismo (si la próxima campaña en Filipinas no tiene éxito, esta parte del programa será de
supremo interés), anti-trustismo y anti-tarifismo.
Estos dos puntos se corresponden íntimamente; los
trusts ó sindicatos, son el resultado de una verdadera

Prefiramos en esta tremenda discordia en que, según parece, llevan la vanguardia los franc-~a~on~s
y los jes,•itas prefiramos los que no somos m Jesmtas ni franc-~asones, al supremo magistrado de_la
Repút,lica frdncesa diciendo perd611. y al supremo Jerarca de la iglesia católica diciendo paz.

!ran\

** *
y el gobierno, dicen los burgueses ¿Por qu~ ~o nos
deja en paz? ¿Por qué al día_si~~ien~e ~e i•affairen~;;
proporciona est&amp;.recaída del1u1c10po1ít1co de la Alta
Corte es decir del Senado transformado en tribu nal
como 'en 88? Yo creo que lo mismo debe decirse el
gobierno ¿por qué no me dejan en paz á mí'? A~ora
bien, toda paz se com pone del miedo de los guerristas,
de los levantiscos y de la confianza de los hombres de
orden, y, generalmente, lo segundo está en razón directa de lo primero; bien lo sabemos por acá. Pues
bien buscando este saludable efecto, en momentos
en que la anarquía si no es aparente. es latente en
Francia, el gobierno que regentea M. Waldech Rousseau ha quetido poner de resalto ante su país y ant,e
el mundo que, precisamente del mismo modo ~ue él
juzgó necesario unir todas las energías republicanas
en un plan de defensa de la república sin atender, á la
incompatibilidad de los programas de grupo, as1 l_os
enemigos de las instituciones han bu~cado un terreno
-de transacción entre ellas en su sentimiento de od10
y que la adición de estos sumand?s plebi:-ci~ari?s, antisemit,as, orleanistas, bonapartistas, cler1cahstas y
nacionalistas, ha sido posible por el elemento que les
es común y suman: abajo la República: Y como en ~l
estado neurótico de Fiancia es excesivamente fáml
pasar del com plot al atentado (aunque, en cambio, excesivamente pasar del atentado al triunfo) resulta que

ARCO DEL ESTADO DE GUANAJUATO.

hipertrofia industrial, producida per la obstrucción
de las tarifas á la concurrencia pel producto extranjero; y los sindicatos, digamos monopolios, han establecido una tiranía económica inmensa y han dado á

CARR0 DE LA CO:UPAN!A. DE SEGUROS
e LA MEXWANA,&gt;

Muy merecidas las espléndidas fiestas navalfs queprepara la Unión norte-americana al almirante Dewey
y New-York espera un alud de medio mi!lón_ de per•
sonas, por lo bajo, para presenciarlas; casi c?mcldirá
el triunfo del viejo marino con la condenamón de su
infortunado adversario de Cavite; háganme ustedesfavor de índuitar á este; es inútil buscar chives e~píatorios. Pregunten los severos jueces del conse¡o
de guerra, pregunten su opinión á Dewey; la bah 8
de Manila estaba desprevenida como todo en EspaDa,
cuando el almírant,e yankee realizó con est~pen12a..
audacia la maLiobra que terminó con la fulmrnacióB

la cuestión social un negrísimo aspecto pa~a el porvenir de la paz en el próximo siglo.

***
Día á día los cables nos anuncian la guerra próxima á estallar entre el Transvaal é Inglaterra; Mr.
Chamberlain, que ha hecbo cuanto ha estado de su
parte para t,acerla necesaria, parece un hombre que
manda y recibe proposiciones con el solo objeto de
dar tiempo á las tropas inglesas de recibir refuerzos.
Los vencedores de Majuha se batirán admiratlemente, la famosa infantería montada de Joubert hará
movimientos prodigiosos, al fin cederá y el Transvaal
se doblará ensangrentado ante la ley del ,encedor:
el uitlande1·, el forastero ele la región minera, llegará
á la mayoría de votos en el raad y á la mayoría de
votos en la urna piesidencial, y por este camino Inglaterra habrá hecho suya el Africá del Sur. Esto
era fatal; está escrito. Los boers y los burghers del
Orange, que desean unírseles, pueden tener el derecho de su parte, ese viejo derecho que viene de la
necesidad de mandar uno en su casa, pero Inglaterra
tiene á Mr. Cecil Rhodes y unas preciosas balitas,
que al encontrar la ligera resistencia del cuerpo se
abren en una flor metálica rotativa, que produce en
los tejidos y los huesos el efecto de cien balas: se lJaman durn-dum; los conferencistas de la Haya quisieron prohibirlas; de donde dedujeron los ingleses que
la Conferencia era un complot contra ellos. ¿Pensarían en los boers?

el gobierno tenía que defender la Constitución y el'
mismo: veremos sí acierta.
Creo que sí; creo que el ministerio W. Rou8seau
puede presentarse dentro de poco tiempo á las Cámaras con este haber: el socialismo revolucionario
desarmado (veanse las anodinas circulares de dos co•rifeos del colectivismo, los seliores Baudio y Mille•
rand); el negocio Dreyfus terminado; el com plot contra la república revelado y castigado; el tratado de·
alianza con Rusia apretado; el au.en vecinismo (¡oh ! Pe-liite)-con Alemania consolidado y el éxito de la E~posición asegurado. Las cámaras dirán, entre la g~1te•
ría de los extremos que van á ser ineliiportables, s1 es-·
peraba algo más que esto. Y para despojar má_s 1~ si•
tuación, tienen ustedes para bien saber y meJor en-tender, que M. d'Artagnan, dijo queM. Gutirin seha.
rendido; empezó diciendo primero la muerte. cYabo•
ra la muerte ha pasado al seguudo término; lo f~lici•
tamos por ello y felicitamos al gobierno por ~u mte•
ligente paciencia; siempre debe temerse el r1dfculo,
alguna vez hay que desafiarlo, cuando está uno segu•
ro de vencerlo.

ÁRCO DEL EST.~DO DE HID.ILGO,

213

-l~J~

ARCO DEL ESTADO DE PUEBLA.

�Domingo 24 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

214

J)omlngo 24 de Septiembre de 1899.

215

EL MUNDO.

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UAU!lO DE LA AGRICULTOR,\,

ÜARRO DE LA lNFANTElUA,

El plagio en música.
En carta publicada ya por EL MUNDO diario, el
maestro Cha pi, el aplaudidoautor de cCurroVarga~,&gt;
se defiende del cargo que se le hizo cte haber plagia-

nJ una frase de Puccini. A este propósito creemos debido invest.igar en qué puede consistir el plagio en
música, en dónde resiae y en qué principalmente
consiste y quién incurre ó no en él.
Chapí se defiende del cargo, afirmando que mal pudo haber copiado á quien no conocía, que sólo ha venido á bojear la partitura de Puccini recientemente,
y con motivo de un cargo análogo que se formuló en
Barcelona. Este alegato absuel ve plenamente á Chapí del cargo de plagio en el orlen jurídico, hace, _ante
un tribunal, prueba plena en su favor y moti vana un
fallo judicial absolutt.rio. Pero ante el público y ante el arte nadi e logra redimirse del pecado de haber
pens.;do y escrito lo mismo q1,eotro, aun sin concienr•ia de ello ni posibilidad de imitación. Alfonso Daudet acusado de haber plagiado á Dickens juró y proclamó no haberlo conocido sino con posterioridad á la acusación y no obstante eso no pudo
evitar ni atenuar siquiera la mala imprE&gt;sión de
ese vlogio illc0rtscie11te, de esa In voluntaria y for-

.7

-

tuita coincidencia entre dos pensamientos. Nunca
es tan cier to como en este caso que el que da vrimero da
dos veces, y quien ha tenido la desgracia de escribir lo
mismo que otro y después de él, sufrirá las consecuencias, aunque sin justicia.
La conciencia del maestro Cbapí puede y debe estar
tranquila; pero n i el público dejará de resentir la
mala impresión ni la crítica omitirá consignarla.
y es que u na cualidac dominante del artista, lo
que todos le exigen con imperio, y en música con
mayor apremio, es la originalidad, la personalidad;
todos queremos, y sólo los genios lo logran , que el
modo de sentir y de pensar del compositor les sean ·
propios, peculiares, novísimos; admiramos á Beetho•
ven y no admiramos á sus imitadores aun inconscientes y de buena fé.

*

**

El punto importante en el caso en cuestión, e11 discutir y aclarar qué se entiende por plagio en música,
y trataremos de inquirirlo discutiendo las doctrinas
del maestro Chapí. A su juicio no debe j uzgarse de
si hay plagio ó no por el sonsonete de unas cuantas_notas sino por el conjunto de la composición y cons1de•
rando todos sus elementos. De no proceder así, dice,
no habría autor original en el mundo, p~esto que es
siempre posible, ae-regamos nosotros, para r eforzar
el ara-u mento en.:ontrar unas cuantas notas iguales en
las c~mposici~nes más disímbolas. ~in duda alguna;
á cada paso en frases musicales sin semejanza, encontramos tres ó cuatro notas iguales, q ue se suceden de la misma manera, y serla simplemente estú·
pido pretender que eso no sucediera, siendo tan lne•
vi table como irremedia1-&gt;lf'.
Pero si la simple coincidencia de iwas cuant((S ntJtaB
conduce á afirmar que no hay música orig inal, la exl·
gencla de Chapí de que la semejanza ba de ser tQtal
é incluir todos los elementos musicales lleva recta•
mente á inferir que no hay plagio musical posible, lo
que es igualmente absurdo. En efecto, siendo la música un arte complexo en el que figuran f undamentalmente: melodía, armonía, ~ontra_punto ~ lnst~~
mentación, es de todo punto 1mpos1ble segun el
culo de probabilidades que dos composiciones masl·
cales ó fragmentos de ellas. escritas independientemente, puedan á la vez contener la misma melodía,
la misma armonización, el mismo tejido contrapuntístico y la misma instrumentación. E l plagio In·
consciente, en ese supuesto, .:is de todo punto imposible. Y si el Inconsciente es imposible el consclent.e
sería imbécil; n'.: hay plagiario que calque y
duzca foto&lt;Tráficamente una composición agena 5 •
quiera un fragmento import ante, porriue sería lapida
do sin miserirordia.
r
Si pues los dos extremos son inadmisibles por se
igualmente absurdos ¿en qué consiste el plagio Y
cuál es el criterio para definirlo?
.
,
Un poco de análisis nos permit irá aproxima.in~
una solución. La música, decíamos, consta de melod~
armonía, contrapunto é instrumentación; de es
cuatro elemento!&gt; pueden faltar algunos; ~ued~
cerse música con simple me'.odía sin armomzación •
acompailamiento alguno; los ejemplos de frases
les ó instrumentales sin armonización ni acompaecel
miento, abundan y constituyen música Y á v

excelente. La posibilidad de hacer música simplemente melódica y la simplicidad que la caracteriza y
la hace Lan accesible á tofos los oídos, explican la
preponderancia de este elemento, su pdpel capital y
la predilección de las wasas por él Puedt haber música puramente a rmónica, y de alto vuelo y exquisita.
lnsplraclóo; pero no puede haber música ni pura nenteoontrapuntíst ica, ni pur.surente instrumental, co- mo nn sea 11\ música rítmica p rlmlti ra ejecutada en
el t.amboril, el tam-tam, el
ttpo1111xtle ele., q ue casi no
werece tal nomore.
En un trozo m usical que
conste, como es hibitual,
de el!OS cuaLro elemen Los,
¿eui\l sirve de criterio · y
de ple1ra de toque para
juzgar del plag io? Eviden1remente la meloiía; desde
luego porque ts la parte
ma\s ac.:esib'.e a l público,
y A la que, en noventa
ocasiones sobre c ien se subordln.1n todas las otras.

Y cuenta que el públicn no es de despreciarse en esta
cuestión; la crítica es impotente para modificar su
opinión y el fallo subsiste y la fama del autor se empaña. Y no puede ser de otro modo; tomemos la meJodfa del andante de la quinta sinfonía de Beetboven;
no hay duda en que es facultativo armonizarla y,aeompailarla en otras muchas formas que la que el autor
eligió. Así arm()nizada y acompaiiada en
otra forma, peor sin duda, pero diferente·
de la que ideó Beethoven ¿constituye
plagio? Según Chapí, no: según todo el
mundo, i,í.
Si se le ocurre á cualquiera armonizar
y acompailár el aria Di,quella pira, como
unas peteneras, habrá plagio quiera ó
no Chapí.
Nos~ necesita plagiar toda la mE&gt;lodía;
compuesta de frases sucesivas que son como las cláusulas aisladas de que consta
un periodo, puede el plagio versar sobre
alguna de ellas y no sobre las otras y
sE&gt;r real y ~ ft et! vo. De otro modo, cobiendo frases sueltas de melodías distlr,•
tas, podrán escribirse cantos y aspirar
á una originalidad de mala ley que nadie
reconocería lE&gt;gítima.

··· 1

Si del canto pasamos al acompañamiento, salta á

la vista que, como materia de plagio, tiene una importancia secundaria. En la ro ús10a anticuada, estilo
Donizze:-.ti, los acompañamientos tienen ritmos con
frecuencia Idénticos y armonización semejante, y nadie for muló por ese concepto acusación de plagió; lo
mismo pasa en la música de baile.
Ec. la alta música y en la novísima, el acompailamiento es á la vez armónico y contrapuntístico,acordes variados y nuevos cantos se mezclan y combinan
con la melodía fundamental. El cargo de plagio, por
concepto del simple acompañamiento, es ya más fácil de for mular y de probar si las melodías secundarías son plagiadas. 8i el acompaflamiento e:i puramente ar món ico como suele suceder, se necesita una.
· identidad casi completa en la sucesión y resolucl6n
de los acordes para acusar de plagio. Con la armonía pasa lo que con la instrumentación, hay creadores de armonías, de res0luciones de acordeF, de conjuntos simultáneos de wnidos, como los hay de combinaciones instrumentales; pero á poco esas creaciones
acaban por ser del dominio público y por pasar al
acervo cvmún, y fundan mal y difícilmente acusa-

•

-✓
- -

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.

-

regrr

h:.

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MONU:llENTO DEL E STADO DE ÜAll1PEORI!:.

Üll:lfAMENT AClON DEL Ei:,T.ADO DE VER.ACRU Z EN EL COSTADO SUR DE LA ALAMEDA.

Aneo

DEL ESTADO DE CHIAPAS.

�Domingo 24 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

216

Domingo 24 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

ciones de plagio. Acompañar con el cuartero es la regla, pasar del tono mayor al menor ó al contrario; es
el pan de cada día y no se hacen cargos de ¡&gt;!agio por
este concepto.
Desmenuzada la cuestión en s•.1s elementoll, resulta
que la acusa(lióo de plagio tiene por principal fundamento la imitación de la frase melódica ya fundamental, ya accesoria; que imitada la melodía fundamental hay plagio, aun cuando varíen el acompañamiento, y la instrumentación. T&lt;1.l es el caso de
Cb.api, probado por la asernración del mismo hecho
en B:1.rcelona.
Jurídicamente queda absue!t(), puesto que la imitación fué casual; lo cual no quita que el público encuentre des1gradable esa segunda edición de un tema
que ya le era familiar.
En cuanto á que el maestro, en caso de imitar, hubiera preft!rido modelo más grande y más alto, le
haremos observar que eso no es facultativo y que se
imita lo que se puede y no lo que se quiere. Jamás
Dehlle bobiera podido imitar á Shakespeare, nl
Scarron á Moliere.
DR. M. FLORES.

·LASFIESTASDESEPTIEMBRE.
NUSTRAS ILUSTRA..CIONES,

Dedicado especialmente el número de hoy á la revista gráfica, que presentamos á nuestros lectores,
creemos inútil repro:iucir pormenorizadamente la
crónica de las fiestas que publicó la preni-a di.aria.
Sólo consignaremos aquellos datos que sirvan para explicar ni.:estros grabados.
El arco de Tabasco oc.ipó la entrada de la avenida
de Plateros. Era de elegante senci.l!ez y llamó mucho
la atención, mereciendo unánimes felicitaciones sus
antures los señores Ingenieros I&gt;!nacio y Luis de la
Barra y el señor Alfredo Hijar y Raro.
El de Sonora se colocó en la l .e . Calle de Plateros.
,Dirigió su construcción el se!ior Fdlpe H11ro.
El de Morelos fué formado de plantas y flores y tenía en la parte superior del lado oriental un ,retrato
del héroe Morelos. Estaba situado en la esquina del
templo de la Profesa. Lo dirigió el Ingeniero Antonio F. Torres.
El arco de Durango, obra del sel'ior Ingeniero Adolfo Obregón, se erigió al terminar la tercera calle de
San Francisco.
El de Guerrero, situado frente á la Fama Italiana
en la segunda calle de San Erancisco, fu~ dirigido
por el Ingeniero J. M. Alva.-El de Chihuahua se alzaba en la esquina del Jockey
Club. El perito que lo construJ ó fué el seflor arquitecto Alcérreca y Comonfort.-EI
de Hidalgo e.taba al comenzor la .Avenida Juárez. Fueron las autores los señores
.Herrera Gutiérrez y Enrlq.oo Gómez, y autorizó la obra el señor Alcérreca y Comonfort.-El de Chiapas se alzó frente al callejón de Coajomulco y fué proyectado y dirigido por el señor .rosé M. V!ll!tsana.-La parte decorativa que costeó el Gobierno
de Veracrm,, ocupaba todo el costado Sur de la Alameda y fué dirigida por el seiíor
Guil;ermo Valleto.-El de Guanajuato se vela en la desembocadura de la Calle Nueva. Lo dirigió el Ingeniero Gonzalo Garita.-El de Puebla, construido por el Ingeniero A. Ollivier, estaba en la calle de San Dieg-o frente al Hosp!cio. -El de Yucatán ocupaba la desembozadura de las calles de Humboldt y el de Campecbe el frente
de la calle de Balderas. El autor de ellos fué el seiior Ingeniero Leopoldo Batre,.EI de Oaxaca eitaba á la entrada de la Calzada de la Reforma. Lo p1 oyectó el señor
Lic. Alfredo Cbavero.

ARCO DEL ESTADO DE YUCATAN,

CARRO :)E LA AR'IILLERIA.

CARltO DE LA CAB.\LLl!:RIA.

CA.KRO Dll: L.A MINERIA,

217

�Domtngo·2.i de ~eptiembre

EL MUNDO.

1.. 1i11111.

Año VI

Tomo I

1

México, Domingo

1°

de Octubre de r899.

CARRO DE LAS FABP.lCAS DE HILADOS Y TEJIDOS,

LAS NOVIAS DE HUMO

I
Cuando nadie me rodea es cmando estov más
acompaiiado. Repan1igado en un sillón de ·mi alcoba y fumando un cigarrillo mientras se afanan
por llegar basta mí los ruidos de la vida comercial, me encue.,tro en una sociedad exquisita,
evocada por mis ensueflos siempre en parranda.
Entre las nebulo3idades del humo. vr.porosas
y Sútiles vieuen á mi. en largísimo cortej ,, las vi
siones que han vivido alguna vez en mi fantasía
efervescente.
Recibo. Pálida y con los ojos secos viene Otelia, la rubia, arroj,rndo en su camino lo¡¡ pétalos
de las rosas que su mano alba arrancó en el jardín. Sí, la veo vagando loca entre las combas on•
dulaciones del humo de mi cigarro. Delira y me
ofrece sonriendo una campAnula. Acércase en su
amable demencia á ponerla en un ojal de mi vestido. Oh! cómo brillan sus ojos! La inccente niiia
está muy pálida, pero sus labios son rojos y su
complaciente sonrisa despierta en mi organismo
á los enanillos de la sensualidad que bailan furia•
sos por toda mi espina dorsal y pinchan mis nervios. Luego se arremolinan en torno de mi cere•
bro y atizan la maldita llama con sus murmura•
ciones iosolante3 y maliciosas. Mis ojos brillan
también. La hermosa delicada y nerviosa del
cuerpo de Ofelia la presiento bajo su túnica. Extiendo los brazos para estrechar á la virgen loca
y saciar en sus labios purpurinos la sed de amor
que me mortifica, pero el beso queda tembloroso
en mis labios ...... Ofelia huye. La canastilla de
flores se vuelca y, entre las espirales del humo,
veo las rosas cayendo en el espacio como ma~i
posas muertas... . La ceniza de mi cigarro se ha
caído.
II
Vienen, lejos aún. Vagamente escucho el balali
de los caracoles y el ladrido de los perros. Es el
Conde Lascaro que va á la cacería del oso Atta•
Troll. Al fin se acercan. En rápidos corceles que
briosamente galopan, vienen las damas y los caballeros, ataviados con ricos vestidos. Las javalinas y los cuchillos de caza despiden brillores
de plata. bruiiida.
Pt1san junto á mi y resuelv,' tomar parte en la
eaccria. Monto en un caballo ricamente enjaezado, que un paje tiraba de la mano. La hij11 del
conde, desdeiiosa y altiva, va á mi lado en obediente hacanea .. . . El humo de mi cigarro se me
espesa y forma espesos bosques y montaiias rocallosas, en donde nuestras cabalgaduras caminan con dificultad. Eglantina, la hija morena del
conde, apoya imperiosamente su mano sobre mi
hombro con la insultante familiaridad que se tiene con la servidumbre. Sorda cólera me hace palidecer, A la vez que el intenso deseo de humillar
la altivez de la dama y de ser amado por ella.
Nos apeamos porque el terreno se hace difícil. ..
Allá lejos vemos al Conde Lasr.aro, blandiendo
la javalina. El oso Atta-Troll cae herido y ruge
espantosament1:1 ....
Eglantiua se apoya en mi hombro de nuevo y

vo más atrevido, la cojo p0r la cintura y estampo1 un rápido beso en sus labios. Un fustazo crú
zame el rostro. La dama ha castigado mi osadía.
-O~ amo.
-Lacayo insolente y cobarde!
-03 amo: No soy lacayo, ¿por qué me humi•
llAis?
-Mal caballero!
Eglantina levanta nuevamente la fusta :-Te
iimué si me vences-me dice furiosa, arreme•
tiendo contra mi.- ¿Qué hacer? ¿No es ridículo
Juchar con una damai' ¿Herirla? ¿Verter su sangre?-Cobarde!-aiiade con los ojos brillantes de
ira: ¡Qué hermosa está! Par¿ce una walkiria. Un
nuevo fustazo me hiere y veo á Eglantina prepa•
rándose á herirme con la javalina. No reflexiono
ya. Luego. Repetimos el combate de Gunther y
Brunequild11, de que habla la leyenda de los ni·
belungos. Varias veces estoy á punto de ser atravesado por la javalina de Eglantina, quien la
manej&gt;\ con la destreza de un montero; pero mi
destreza me salva, y al fin hiero levemente en el
l'aello á mi adorable enemigo. Suelta el arma y
e1e en mis brazos llorando como una niiia. Sus
r-&gt;pas de seda se han desceiiido en la lucha .. . .
l'lle has vencido, te amo-me dice pegando sus
labios ardientes A los míos. La apretada arboleda
invita á los idilios. Los enanillos q:;.e hay cabalgados en todos mis nervios, despiertan más irritados que nunca. El cutis suavísimo de Eglanti·
na, su seno virginal entrevisto en las agitaciones
de la lucha, sus ojos negros de gitana enamorada, me enloquecen . .. Tomo en mis brazos á
Eglan1ina .... pero el Conde Lascara regresa
inunfante. El oso Atta-Troll cuelga sao~riento
de las ancas de su caballo ..... .De pronto empieza todo a disfumarse, A desaparecer: el bosque, la cabalgata, el Conde Lascara, Atta-Troll,
Eglantina ... . Quiero atraerl11 para darla un beso
h1rgo, muy largo . ..
Mi cigarro ~e ha apagado, el humo se ha des•
vanecido y chupo, chupo en vano la colilla. Vuel•
vo á encenderla.

-¿Porqué me sigues, joven? ¿No sabes quién
soy?
-Sé que eres una reina, la reina de la hermo,
sura y de la gracia. Sé '}Ue te temen ó respetan
todos, viejos y mozos, mujeres y niiios. Quiero
s11ber quién eres, niña gentil. Te veo con los ojos
de mi pasión. Quiero sabet· quién eres, por que
te amo. Ignoro si eres mala.
-No, no lo soy. Soy buena y amable con loa
poetas. Soy la querida de todos los hombres, pe•
ro á unos los trato mal y á o~ros bien. Eso es to•·
do ..... .
-Pero ¿quién eres? Dímelo, adorada rnitia.
¡Querida de todos los hombres! Mientes, eres pu•
ra y virgen como un ángel.
-Iluso, me encuentras joven y bella ... Tú
debes ser poeta. Lo eres?

-Sí.

- Entonces, sígueme. Sígueme, te amo.
La noche av&gt;\nza y llegamos á un palacio blan•
co que hay en las afueras de la ciudad. Es todo
de mármol; parece estar deshabitado, pues no
se oye el meoor ruido.-L1. luna tille con una
luz pálida la silenciosa mansión. La joven toca
en la puerta y ésta se abre inmediatamente. En•
tro. Es un vasto salón. lujosamente ornado. Es,
tán llenos los sofás, las sillas, las v 'ntanas, de
per11nnas con los más variados vestidos. H11y bai•
le. Un melodium toca los acordes primeros de
una cuadrilla triunfal. En cuanto eutramos todos
se ponen de pie para salud11r á la ilustre joven.
Mozart es quien toca; Goethe y Reine saludan fa•
miliarmente á mi guiadora; varios trovadores
provenzales se inclinan ante ella y ella les son•
ríe y con la punta de los dedos envía un beso i
un joven poeta que está de pie en un rincón, pre•
l!"Unto como se llama y me dicen que JuliAn del
Casal. La dama sigue de largo y yo ebrio ~e
amor y curiosidad la sigo. Penetra en su alcooa
f'n donde hay un amplio le,1bo de extral!.a f.irma.
Estamos solos. E la se desciiie la cabellera Yuna
muda cascada de ébano cae sobre sus hombros.
Delirante la estrecho entre ruis brazos; ella, con
III
fuerzas de varón f Jrzudo, me arrastra á su le•
Tvdos al verla pasar dicen con terror: «E3 la cho. Nuevamente me extrafla la formdo de éste-Rdina» - ¿Quién es esta reina á la que todos te• Dime, oh reina amada, ¿qué lecho es aqueli'-EB
men t seflalan? me pregunto, y la curiosidad me el ataúd, mi lecho de dei:1pos11da. Ven. te amo,-:arrastra á 1ieguirla. Voy detrás de ella. Su cin- Un estremecimiento de frío me sacude y estroJa
tura es esbelta. Su vestido es riquísimo, blanco y los nervios al paso que una dolorosa voluptU?·
ceiiido. Su andar rápido, pero majtistuoso. To - sidad me incita á entrar en esa enorme eaJa
dos, al verla, palidecen. Los seiiore:! y la gente negra. ·
-Quién eres, novia mía?-la preguntó con ao•
del pueblo al encontrarse con la «Reina» se es•
tremecen, se descubren con miedu y se alejan siedt1d. . ...
procurando no tocarla. ¿Pero quién es esta rei-Soy la muerte, la rdna muerte ... .
Nos unimos en un estrecho abrazo y murmn•
na?-me digo. Pasa un poeta morfinómano y la
saluda con carifloso respeto. Al fiu nota la joven rllntes, convulsivos de amor, caemos en el siniea•
misteriosa que yo la sigo. Oh! Dios santo, no he tro lecho.
-Dame dame un beso-la digo euplicante,
visto mujer más extraiiamente seductora. Es una
nifla casi, de cabellera y cejas negras como la Entonces ¿lla junta sus labios á los míos y siento
noche; pero sus ojos son verdes, en sus labios hay un dol0r de muerte agudo y terrible que me ha·
como plllpitaciones de besos que pugnan por sa- ce gritar. .
.
Equivocadamente me había llevado el c1g11rro
lir. Pálida, pálida como una viuda joven y adolorida, tiene sin embargo en sus ojos chispeo...de á los labios . . .... por el lado del fuego.
sensualidad y alegría. Su rostro me ha conmovido
C LEA"E ,TE P .\LMA,
hondamente. Se detiene ai oír mis pasos tras ella.

•

RETRATO de MUJER por Franz von lenb~ch.

Número 14

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 10 de Septiembre de 1899.
EL MUNDO.
190

ALA MEMORIA DEL POETA JOSE MARIA BUSTILLOS.

gracia sin fin, en su resignación dolorosa, en esa
resignación, especie de embrutecimiento. con que
se entregan las almas á las grano.es de~dichas sin
remedio. Y todo ello, quizás, después de una risueña y crédula esperanza.
Gonzalo se sentía anonadado. Dernlvió al ciego
el papel sin decirle una palabra: las mil fórmulas
ele consuelo que en aquel momento acudieron á sus
labios no solamente le parecieron mezquinas, sino
irrisorias. Qui~o darle una limosna, pero un miedo absurdo de ofenderle, de echar ú perder con la
grosería del acto la nobleza del intento, le produjo
una de esas turbaeiones que tan bien conocen los
temperamentos delicados.
El viejo juzgando, ;;in eluda, aquel silencio como
una despedida, saludó amablemente y echó á andar
hacia :fuera. 'l're$ lágrimas brotaron de i,us ojos :
una bajó por el carrillo derecho, untáudo~e eu él,
hasta verderFe en la harba; otra corrió por el izquierdo, pero á la mitad del camino la detuvo el
obstáculo de una arruga, y la tercera. di;;puesta á
engrosar e,;ta última, temblaba, redonda y brillante, en el borde del párpado.
Gonzalo )ledina estaba desengañado de sí mismo. Pesaba en su conciencia. como un delito, la
facilidad con que había oh·idado Hl primera entrevista con el ciego. Juzgúbase n:o de un :fraude co-

INVERNAL;
Ya se ve de los montes sobre las cumbres
La nieve semejando blancos pena;hos,
Hay hielo de las chozas en las techumbres,
Escarcha de las peñas en los picachos.
Las flores se march itan, cierran sus broches
Al sentir el contacto del cieno aleve;
Y pálida y hermosa brilla en las noches
La luna como Inmenso globo de nieve.
Las aves entumidas piando tiritan,
Se congelan las aguas del arroyuelo, .
Los árboles sus frondas con fueria agitan,
El ambi;;ote está helado, diáfano el cielo.
¡Oh! flores predilectas de los poetas
¡,Por qué abrls hechiceras ~l cál_iz tierno?
Ya descubrí el secreto; bellas v10letas,
Sois las celosas novias del crudo invierno.
Nacéis cuando están mustias las flores todas
Para no sentir celos de sus encantos,
Y os preparáis festivas para las bodas
Ataviadas con ricos y azules mantos.
Por eso me entusias!Jlo cuando la cima
Del montecillo enhiesto de blanco viste.
•.romad, puras violetas, mi humilde rima;
¡I nvierno, á tus nupciales mi musa asiste!
MARIA

C. DE KA':'TENGELL,

GOLONDRINAS

metido ante aquellas personas, por cierto no escasas, en cuyo concepto era él hombre de corazón
compasivo. Y entre estos cosquilleos de su conciencia, sentía rn su amor propio, como punzante
alfilerazo, el conyencimiento de que, hasta allí, se
había engañado á sí miRmo, creyéndose mejor de
lo que era en realidad. No se hacía ilusiones de su
conducta futura: había comenzado por dejar partir
al ciego sin una triste peseta, y acabaría por olvidarle como la Yez anterior.
l\fas corrieron los días y el recuerdo del ciego no
se apartaba de su memoria: en ella vivía, e,·ocando con vortentoso vigor la imagen del viejo con su
roto calzado, sus miserables ropas, sus trémulas
manos, sus móviles párpados cubiertos de lágrimas ...... Lágrimas que no se sabía si eran fenómeno peculiar de la enfermedad de sus ojos ó desahogo del dolor que debía de cauf:ar en el corazón de
aquel pobre el convencimiento de su eterna ceguera.

J. G.\RCIA RODRIGUEZ.

En el azul de los cielos
y en forma sencilla y gráfica,
de la línea telegr!Hica
los alambres paralelos
un pentágrama formaban,
y sobre ellos, peregrinas,
dos amantes golondrinas
gravemente reposaban.
La una fingiendo un bemol,
y la otra un sí sostenido,
habíanse detenido,
cuando se ocultaba el sol.
A un eléctrico fanal
voló de pronto una de ellas
y, al quemar sus alas bellas,
en la bomba de cristal,
la infeliz cayó aturdida.
Su compaflera amorosa
se fué en pos de ella, afanosa,
y con queja. tan sentida
piaba y piaba sin cesar;
y 'una nifia que esto vió,
-¡Dios mío!, al punto exclamó:
¡si la pudiera ~alvar!
Un muchacho que jugando
estaba allí. se encarifia
con h piedad de la nilia,
y el poste enhiesto escalando,
y1J. llegaba placentero
al vivísimo fanal,
cuando un grave policial,
con ademán rudo y fiero,
al chicuelo hizo bajar.
Presa de intensa emoción ·
y sintiendo con razón
lai;i lágrimas asomar
A sus pupilas divinas,
se fué la oift.a hechicera
para que nadie la viera
llorar por las golondrinas.
Mas el llanto en vano, en vano,
pudo ocultar, pues lloraba,
y los ojos se enjugaba
cou el dorso d e la mano.
Esa noche no durmió,
¡Qué iba á d ormir! .... ¡Pobrecillal
Recordando la avecilla
toda la noche pasó.
Con el alba, diligente
corrió la nl:ft.a al fanal,
y al fijar en su cri~tal
los ojos, clamó doliente:
- ¡No es una sola, gran Dios!

.... ................ .... ... .

Con las alitllB abiertas
y una junto A otra, ya muertas,
estaban allí las dos.
EmLIO PACHECO,

-------•--------

Joven, llevando en el cerebro ardiente
Pensamientos risueños,
Sintiendo aletear sobre la frente
Bu!llcloso, impaciente,
El misterioso enjambre de los suenos.
Arrancando de su alma apasionada
La trova del amor dulce y secreta
Para ofrecerla á la mujer amada
Que su lira dorada
«Ado1Daba con ramos de violeta.&gt;
Así en la tumba reclluóse el bardo.
-Sol que temprano se ocultó en ocaso..:
La pálida beldad dijo: «Te aguardo,&gt;
El murmuró: «No tardo&gt;
Y ... . se murió feliz en su regazo.
Foy en su fosa lloran los amores,
Y hará ese llanto g-ermlnar las flores
Pc.rque rué de las flores el poeta,
Y su laúd, paleta
Que vistió la ilusión de mil colores.
Los genios tutulares del carií!o
Se postrarán de hinojos,
Y con sus alas de crespón y armiño
Cubrirán los despojos
Del soñador de corazón de niño.
Feliz él que vogó sobre los mares
Del mundo, en el esquife del ensueilo
Entonando cantares.
Era un proscrito quP- volvió á sus lares,
Lo llamaba ,m patria con empeño.
Brotaba el verso de su lira de oro
Impreg nado de notas celestiales
Remedando de alondras dulce coro.
Poeta, duerme mientras vierten lloro
En tu ataúd tus bellas «Inmortales.&gt;
Y en tanto que la fama lisongera
Entusiasta pregona
Tu nombre por doquiera,
Con rosas de la hermosa primavera
Te formará la Gloria una corona.
1\1ARIA C. DE KATTENGBLL.

Año VI-Tomo 11

México, Domingo 17 de ~Pptiembre de :r899.

••

TAPIZ DUCAL .
Ampliando las alas en un arco sonoro,
la hermosa cola abierta. cual panoplia oriental
cruzada de mil sab!PS con límpidos puños de oro,
bajo d negro eukaliptus está un pavo real.
La inmensa emoción pálida de una tarde de rosa
tiembla sobre las nubes solemnes de esplendor,
y soberbiamente ebria de lascivia orgullosa,
como un 8ultán el pájaro glorifica su amor.
Hay una joven blanca, que es una joven bel:a;
sueña en los moribundos éxtasis de la luz.
Tal vez sea tan blanca el alma de una estrella,
tal vez sea tao bella una perla de Ormuz.
Suena un amor de príncipe; intenso aroma exblla
cual brasa de incensarl'J, su boca de carmín.
El pájaro se a.cerca y roza con su ala
la ¡?ala de la falda de crugiente satín.
Y el amoroso pico en la boca entreabierta
se g-uarece, buscando deleites de embriaguez ... .
Ved cómo la doncella contempla el ave muerta
de amor, las alas regias tendidas á sus pies.
LEOPOLDO LuOONBS.

A UNA ACTRIZ
Es preciso que te bable con la franqueza
con que dos aves hab an dentro del nicto,
hablemos, pues, del Arte: de la Belleza
en la estatua, en el lienzo y en el sonido.

Los dos somos bohemios, los dos hermanos;
y, al conquistar serenos triunfos y palmas,
aparentamos siempre rostros ufanos
escondiendo la herida de nuestras almas.
C".láotas veces acaso traidora pena
tu razón deje obscura y enajenada,
y sintiéociote triste sobre la escena
se escape de tus labios la carcajada.
Todo artista, Se!Iora, sufre en secreto .. •• · ·
qué importan los aplausos? .. . . . . la ¡;!orla es , _
yo me rlo y sollozo con Rlgoletto
en esta miserable tragedia humana.
Adios, maga hechicera, .. . ... yo te bendigo
en estos versos-hijos de mi ternuramaüana en otro suelo piensa en tu amigo,
esclavo de tus gracias y tu hermosura.
Adios, guarda mis flores ...... y oye Y
algunas á tus plantas de diosa esparce,
y otras agrega al peso de la corona
que te ha dado la tierra de Nú!ier. de Arce.
Que te conceda el Genio que tanto adoras.
al cruzar por las sendas donde te canten,
no manos que te aplaudan atronadoras
sino manos benignas que te levanten.
JUAN B. DELGADO•

perclolf

J. OlJSA.OHS.-RetraCo del Sr. General Porfirio Dlaz.

(Wase la página 193. ¡

Número 1z

�EL MUNDO.

Domingo 17 de Septiembre de 1899. ~

Domingo 17 de Septiembre de 1899.

194

teosible de las relaciones humanas, sin relación alprestó á la excelsa causa; alguien atl~ma_ que es_ uaa guna con el medi0 y ~n las circuastanci_as, y á veembustera, que no llamó á la misa de .a L1 bertad, que ces con sacriliclo, no digamos ya de la hbertad sino.
se quedó muda é iadifereata, contemplando el suceso hasta de la dignidad personal.
---------------------------------------------- en ¡0 alto de Ja to~re; que no sirvió como clarín de Para est,is aaa.rqulstas de la cort~ia, de?ir á una
guerra, que ao llamó al primer combate. .
dama: cA. los piés de ustied,&gt; es humillarse maecesay yo me digo: bien estaba en el campanario de una riamente; el «Sabe usted que puede mandar lo que
~residente de la República. iglesia
de villorrio, domlaando las campiñas bafia1as guste,&gt; es mentir con descaro; permane~er de_ pie ande sol, Jos último:; peñachos de la arboleda, el oro ~n- te una persona respetable, es fatigars~ sm obJeto; es.
dulaate de los maizales, las ~ules y hermosas leJa•
con atención una conversación msulsa, es a.bu.
Tenemos la. honra de ofrecer al Sr. Gral. nías. Allí nadie dudaba de ella_; era dichosa porque cuchar
rrirse sin necesidad; y bien qu_i~ieran aplicar la dinaDiaz el testimonio de nuestra respetl_i~sa soñaba en un pueblo sano y vigoros0, Y porque po- mita á Jos cimientos de ese ed1ticlo estorboso y ridídía, á sus anchas, recordar lo que había vist~ una
adhesi6u, en el aniversario de su natahc10. ma!i'ina en que el alba despertó, á par de los páJaros, culo y condenar al fuego ese código tan insulso como.
ansias aladas en los corazones oprimidos. Ahora est_á absurdo.
Un examen más atento del asunto prueba que la
15 de Septiembre de 1899.
allí, junto al viejo reloj del palacio, mal puesta, cohi- Inmensa mayoría de los preceptos de la urbanidad
bida, fuera de su sitio, como una intrusa en la asi- son ó regla de blgiene ó preceptos de moral dMrau.
métrica fachada. ObJeto de curiosidad, queda allí dos y que su observancia es saludable, filantrópica y
avergonzada, nostálgica, en espera de la noc~e del
_
año en que vuelva á cantar con su voz fiaay tr1s~e, Y benéfica.
Pongamos como ejemplos los preceptos más fundaoyendo á sus crgullosas hermanas de la Catedra, al• mentales y nos cercioraremos de ello. Uno de los preborotar y aturdir á la ciudad á cada momento con ceptos más fundamentales de la urbanidad es el aseo.
Cuando á Dreyfus, después de la sentencia, le ~re: sus len'{uas charlatanas y escan:lalosas.....
Nadie debe presentarse en público, ni recibir visitas,
guntaron qu6 deseaba, él tuvo esta respuesta tru;te.
ni asist,ir á reuni,,nes si no va lavado, peinado, cepillado. Ea las ropas no debe haber polvo ni manchas,
---Uaa novela.
f t ·
quiere
*
**
El obre hombre cargado de in or umos,
ni Jodo en el calzado; la camisa albeando debe res. de los desengallos de la vida, trepando por la
Las grandes fiestas celebradas en honor del Prime1 plandecer de blancura y de pulimento: el sombrero
sa1ir
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fi
·Oh
Ja
realidad
es
una
Magistrado de la Nación, han tenido un eco de estu- cepillado y planchado debe ofrecer los ocho clásicos.
escala de Jacob de1 vDSUe o., '
d bTt·
carga abrumadora para las almas heridas Y e l l a- siasm0 y de admiración en toda la República.
reflejos· la cara, las manos, la.s ullas especlalmeate
En Ja capital rué especialmente inusitada la bri- deben dstentar frescura y Jimpiezg,. Este precepto
d l
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as
í a lo he dicho otra vez Y no me cansaré llantez y Ja magalficencla. Arcos triunfales, carros de urbanidad es pura y simplemente una regla eled/:::e:riJ. sofiar es el consuelo más grande de los alegóricos, procesiones de obreros, desfile_ de escola- mental de higiene considerada en el individuo queres; por todas partes alegría y salud púbhca.
1
la observa y de alta moralidad en relación con los dees~t!!!u~~f!isttene con nosotros las crueldad~s
más uombres.
de la realidad. Nos da siempre más de lo que pdedlLa limpieza es por todo extremo saludable, ella.
**
os
mima·
hace
Jo
que
las
roa
res
*
precave de multitud de males, erupciones cutaneas.
mos· nos contenta, n
'
os
con ios niños; para tenernos en casa, par~ que non
¿Quién vencerá en esta batalla de tiples de zarzue- úlceras, granos, etc. En el polvo, el lodo y las impude él para evitarnos el tropiezo de una la? Hay para todoslosgustos. En Arbeu, Rosa Fuer- rezas de todo género, van contenidos los gérmenes.
~~da¡~~sperve~sión de un desengaño,. nos entretie- tes artista discretísima., que tiene la maestría de la de multitud de enfermedades. El desaseo y sobre tone con cuentos de hadas, nos rodea de l uguetes maral. esc~na porque no se violenta, ni languidece tampoco, do en sociedad, es tifo, viruela, esca"latina; el cólera
ue tenemos una estrella en a y que da á los personajes que interpreta todo el colom~1 bo y la peste bubónica diezman á las desaseadas.
villosos, nos asegura q
d m'Jver el caleidoscopio
rido y el realce que necesita.a, sin preocuparse de poblaciones orientales; la religión musulmana presfrente, y no se cansa nunca e
arrancar un aplauso intempestivo, con esos agr~ga- cribe las abl::ciones.
deJitse~!~'::i:~ngaíia ni es traidor mientras le so- dos y salidas de tono, que suelen tener los cóm_icos
La generalización del aseo en las personas, en laa
mos fieles Y lo preferimos á las malévolas ficciones cuando no son inteligentes y están ávidos de trmn- h1.bitaciones, en las calles, ha extirpado ó atenuado,
d la realidad. La mentira que seduce, que acaricia fos. De modo que con cler~ guliio malicl~so y pleno
eale ra no es mentira; mentira es la verdad que en- de gracia, y una voz bien timbrada y propia así para las grandes plagas que antes aislaban á la humanidad. La urbanidad, al prescribirlo, ba prestado sn
ytristece,
. g ' que desengaña. y que golpea;
mentira
¡
t es el los lánguidos cantos flamencos, como para las hir- sanción á la higiene y su colaboración al bien huma.
mal mentira la ingratitud, mentira a muer e.
vientes coplas francesas, como para las apasionadas
~te deliquio inocente recordaba yo 1;11ientras leía y sensuales romanza.., ltaliaaas, ya t,enemos una real no.
Otro ejemplo: La urbanidad prescribe la moderalos telegramas del asunto Dreyfus. El mfeliz conde- hembra, primeia tiple, que deleita y subyuga! y hace,
ción en el hablar, la sobriedad en el ademán, la conado quiere olvidarse de la vida.
cada noche crecer el número de sus partidarios.
·Qué libro pondrán en sus manos para esof ¿Acaso
La Soler: la adorable Pata, que es la gracia, la ju- rrección en la actiud. Estas exigencias tienen directa.
10;'estudios modernos tan tristes, tan dolorosos, tan ventud y la primavera de la escena, lucha por hacer atingen;la con la moral. La E&gt;ociedad se hizo para
nuevas conquistas y logra, una cosa heroica: que todo gozar y no para sufrir en ella; se acude á una visita
desconsoladores?
ó á un baile no á ser importanado, incomodado, atro.
No Dreyfus necesita de uoa novela de e11as que co- el público sea su admirador.
mo dice un crítico, se compl_azca en presentar un
Ahora, en el Principal, si se quiere una miniatura pellado, sino á gozar del trato de los demás, á re.
sentimiento como divino, inclrnar ante él_ todas las que trine como un pájaro y se mueva como una ma- crearse con la conversación, con el movimiento y con
instituciones, pasearle á través de una_serie d~ a~l_o- rip•Jsa ahí está la Rodríguez; si se quiere una tiple la vida de otros hombres. Las palabro~as, los gritos,
nes enerosas cantar con una especie de mspua- esbelt~ blaaca, con poca voz, pero con dos ojos co- los ademanes brutales, los movimient;is bruscos ofencióngberoica l~s combates que empeña Y los asaltos quetos ''lue anden traveseando por el tea~ro, ahí está den, molestan, mal t rata.a, lastiman y. por bien de to•
stlene enriquecerle con todas las fuerzas de la Ja Obregón; si se quiere .... ¿pero á dónde voy á pa- dos hay que imponer á todos la moderación.
~;:,~~~ncia ~oronarle con todas las flores de la poesía; rar? El ejército de tiples es muy numeroso y no me
Quien en nombre de la verdad, de la sinceridad 6una novel~ que pinte la vida que produce co1:110 más alcanzarían las galanterías.
de la libertad disputa en vez de discutir, ofende en
bella Y más alta que las demás; muy por encima de
Jugar de. refutar, substituye,al ademán el wanoteo, la
¿Quién vencerá en esta batalla?
tod~ las pasiones Y de todos los deberes, en una recarrera ála marcha, e1 brinco, el descoyuntamiento
ión sublime, sobre un trono donde brilla como una.
al bailEya hiere una susceptibilidad, y1.1. ofende una
uz, como un consuelo, como una esperanza y atiae
dignidad, ya maltrata ó lastima de obra, pisa, da em•
***
hacia sí todos los corazones.. • • •
pellones, rompe muebles y trastos y causa daño i\ los,
La
Compañía
de
Orrin
prepara
una
novedad,
que
y la sombra de Papá Dumas sonríe en el fondo de
con todo ahinco esperan los dilettanti: la ópera de que con él se reunea. DéJese la polémica vehementepara el parlamento ó para el club polít ico, la discumi pensamiento.
Giordano, Fedora.
sión
despiadada y testaruda para la academia clent(Esta obra, según los j ulcios europeos, es de un mofica, el ademán furibundo para la riña y el combate,.
*
dernismo
y
uaa
originalidad
notables.
Se
trata
de
**
una música bordada sobre la famosa comedia de Sar- las carreras y empellones yara el "sálvese quien pue,
Hemos vuelto á oir, después d~ un año de silencio dou. La lírica teatral comieaia á ennoblecer la época da.'' En sociedad no se va á salvar á la patria ai á hala campana dP. la Indepeadenc1a. La que vtno en presente. El frac adquiere majestad y elevación. Ve- cer apostolados, sino á esparcir el ánimo, á gozar yi
prodigar momentos de placer y la moral y h urbl•
roceslón cívica, hace buen ti_empo, engulr~aldada remos . ... . .
nidad están de acuerdo en las reglas que para lo-~e rosas y seguida de un corteJO de magaateo, la ~ue
grarlo han de observar!se.
cruzó Ja ciudad al compás de una marcha her01c~,
compuesta expresamente para ella, la que ascendió
Un anfitrión que vertiera acíbar en la copa, distrl•
ante Ja muchedumbre basta colocarse sob~e el balcón
buyera moscas en el ragout, adornara la mesa con cacentral de Palacio y fué saludarla con dianas y dl1:1laveras y canillas é instalara pebeteros con asufre,.
cursos, y circuida por la noche, de ~n ~splendoro~o
sería tac:ado de envenenador y de malvado. Eo la
círculo de fuego, y cop!ada en los periódicos con _luJO
musa la higiene, la moral y la etiqueta se adunan
de pormenores, cantada por Juan Mateos, corte3ada
para prescribir el modo y forma de comer en sooleor los principales hombres de Estado, acaba d: todad sin despertar náuseas excitando el apetito Y Ja.
~ar la hora que nos entusiasma, las 0~1;e del 1? de
digestión de los comensales y procurando no les
Septiembre, y la catarata humana vol vio á he!vir lomal el banquete. En esos principios está construida
camente por abajo de su bronce sagrado, curiosa de
toda la etiqueta de la mesa.
Y L~ MORAL.
verla y de oírla y con el vago anbelo ?e que al volcar
Debe comerse espacio, porque a..&lt;;í se gusta, se mas•
sobre Ja multltad su voz broaca y vibrante, despertica y se digiere mejor; se debe comer y sobre todc&gt;
tara Jas energía., dormidas. Sus campa~adas son coLos espíritus superficiales y poco d¡i.dos al estudio reber con moderación por ser eso vano y por evitar
mo una épica narración de nues~ras glorias: sus repi- y al
análisis de los hechos familiares y comunes, es- las consecuencias morales de la ero briaguez; no debeques suenan como himnos de tnun~o; cada nota que tán muy
inclinados á creer que las reglas de la urba- mancharse el mantel ni dejar el rocío de las sai.
se expande en el aire es como el JatidQ de un corazón nidad revisten
un carácter arbitrario y caprichoso, ea los labios ó el bigote para no inspirar asco; el 1IIO
de héroe.
que
impera
en
ellas un convencionalismo extrava- del cubierto quita al acto de comer mucho de lo qae
1
y para ver y oír esa simbólica c~mpana, aiio por gante y que su única
de ser y el fundamento tiene de animal y de repugnante. Llevar el cucbll e&gt;
aiio, el pueblo curioso llega _á hench_ir la plaza, y sin- en que descansan es elra;.ón
á la bo~a es peligroso v sucio, lo es Igualmente mecapricho
de
un
momento
getiéndose estrecho en el ampho cuadrilátero, se desbor- neralizado por la imitación y perpetuado por la cos- terse el dedo en la nariz, sonar la boca al mastlCll't
da or Jas calles cercanas, como el agua que se sale
escupir, etc.
-•
del~auce, ó bien se encarama á cuanto ofrece un apo- tumbre.
En este caso se ve cómo basta en sus más inslr;-•
Creer esto y rebelarse contra las reglas de la corteo, un saliente, un sitio vacío: las tazas de las fuensía es todo uno. Los espiritu.s f u.ertes, los crit.erios inde- ficantes pormenores la moral y la higiene apoylll 1
ies, las copas de las árboles, las cornisas de las casas, pendientes
se sublevan á la sola lrlea de que se les im- sancionan la urbanidad.
el pa~io de la. catedral ....
Los rebeldes preguntan. ;Por qué ao me be de~
pongan
actitu1es,
movlmieatos, frases con el carácSin embargo, á pesar de esta espontánea ~enerade gratuitas y obligatorias, sin razón de ser, sin car si me pica? ¿Por qué no be de tomarme el ple "t
ción no falta quien, asaltado por la duda, diga que ter
me place? ¿Por qué no he de comerme las ulllll
no ~nemos certidumbre del servicio que la campana utilidad práctica, sin '}()nexión aparente con el fin os-

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

LA SE:MANA

f

ta Urbanidad, la Higiene

ca•

••

EL MUNDO

me agrada? ¿A quién perjudico con ello y qué mal
U' en todo eso1 Hay uao Y muy grave: el hombre
-4 medida que se civillza se hace más delicado y más
sensible; un hecho cualquiera susci~a en él por aso~laelón Ideas accesorias que suelen ser malsanas 6
Inmorales ó por lo menos despertar otras de carácter
repugnante; un hombre que se rasca aate un ,¡alvaje
00 despierta Ideas asociadas ni produce repugnancia;

195

lo que es más: después de aceptado el sacrificio el do, porque agrava su crimen y confirma la monsdolor que nos produce tiene algo consolador ......' Y truosidad.
cua~do ya la tempestad es pasada, el recuerdo de lo
Y es tal la fatalidad con que todas las fuerzas husurrido se ostenta como cicatriz gloriosa y se siente manas trabajan en el sentido de hacer del género
orgulloso al decir: cr.on mis brazos be logrado soste- humano uaa vasta unión de pueblos, que basta la
ner á estos seres :iueridos; me deben la vida, no uaa guerra misma, queriendo contrariar ese resultado le
vez Y por el azar de la naturaleza, sino cien veces, sirve á su pesar, acercando entre sí á los mismos puemll 1•~ces, por mi esfuerzo, por mis desvelos, por mis blos que tratan de destruirse. Este hecho de la hisante hombres civilizados se suscita la idea de un in- coog-oJas y angustias.&gt;
toria ha dado lugar á la doctrina que ba visto en la
-,cro repugnante, de uaa erupc:ón asquerosa, de un
1'.Uás vale--dice ei personaje de Tolstoi,-más vaestado de des'.lseo y hay que evitar causar esas impre- !e pas'l.r hambre y sed, ser espulsado de la casa por guerra un elemento de civtlizaclóo, como podría poseerlo también la peste, el Incendio, el tormento, que
,a1ooes.
rnsolvente; val~_ más encontrarse en J,¡ calle, privado
La mitad de la urbanidad está contenida en este de todo, que vivir en una certidumbre dolorosa ro son causa ocasional de reconstrucciones nuevas, más
.aolo precepto: Xo Inspirar repugnancia;---precep- una soledad ~onti~ua, en un disgusto, que turb~ la bellas y perfectas que las obras desaparecidas.
En ese sentido negativo, la tiranía misma, la intoto higiénico, si los hay, por cuaato á que la sangre, pervierte 1c.s sentidos y acaba por empujarle
ler,mcia, las preocupaciones del fanatismo, han con,impresión de repugnancia interrumpe ó trastorna á uno al abismo.&gt;
tribuido al cruzamiento y enlace de las naciones, por
la digestión, ocasiona náuseas y vértigos y otros camlas emigraciones y proscripciones á que han dado Jubios orgánicos perniciosos-y precepto moral, porque
gar. La tiranía de Carlos I de Inglaterra, tiene gran
la repugaaacia es un sufrimiento de los más desagraparte ea la población y el vilización de la América del
&lt;lables, y nadie debe 1afligirlo á aadie.
Norte. Las persecuciones de los hugonotes han dado
Los rebeldes á la urbanidad prueban UP sentido
un impulso á la industria inglesa.
moral deplorable y un sentido higiénico extraviado;
Ya bemos dicho que .Alberico Gentlle y Hugo Gro(A PROPOSITO DE LA CONFERENCIA DE LA IlAYA).
la urbanidad nace y se impoa., con la ilustración del
cio ao s&lt;.rfan los autores del derecho de gentes mohombre, con su mejor inteligencia de la vida y de sus
derno, sin el destierro que los sacó de Italia y Holanverdaderos intereses; lejos de ser una farsa insulsa y
¡Abolir la guei·ra! Utopía. Es como abolir el Cl'i- da para habitar lares extranjeros. La moderna polí.in simple paso de baile, es una garantía de salud, de
t ica de unión eatre Inglaterra y Franela no
dignidad, de bienestar y de virtud, y sólo con su es- men, como abolir la vma.
La guerra como crimen, Yivirá como el hombre; la sería tal vez un hecho, hoy día, si largos años de emitricta observancia es posible y es grata la vida social.
guerra como pena de ese crimen, no será meaos du- gración ea Ingiaterra ao hubieran hecho de Naporadera que el hombre.
león III el más iaglesado de todos los franceses.
¿Qué hacer á su respecto? En calidad de pena suaTizarla según el nuevo derecbo peaal común: ea caliIY
dad de crimen, prevenirlo como á lo común de los
crimeoes, por la educación del géaero humaao.
Pero ¿qué causa pondrá principalmente fia á la reEsta educación se hace por sí misma. La operan petición de la guerra eatre nación y a ación? La misl~s cosas, la ayudan los libros y las doctrinas, la con- ma que ha disminuido las rlllas y peleas entre los
firman las necesidades del hombre ci vlllzado.
particulares de un mismo Estado; el establecimiento
No será de resultas de la idea más ó meaos justa de tribunales substituidos á las partes para lá decique se baga de la guerra, que ella se hará menos fre- sión de sus diferencias.
'IJN RETRATO DEL GENERAL DIAZ cuente.
El criminal ordinario no delinque pc,r un
¿ Qué circunstancias bao preparado y facilitado el
error de su espíritu en el modo de evitar el hecho establecimiento de los tribunales interiores de cada
POR J. CUSACHS.
criminal: las más veces sabe que es criminal; el la- Est,ad;i1 La coosolldacióo del país en un cuerpo de
En la casa Pellandlni se encuentra en pública drón sabe siempre que el robo es crimen, y jamás ro- nación, bajo un gobierno común y central para to-ei:blblción un magnífico retrato del señor General ba porque piense que el robar es honesto. El crimen do él.
Este mismo será el camiao que conduzca á la asoDíaz, queal propio tiempo que es una obra de arte se impone á su conducta por uaa situación violenta
_pletórico, como composición y como ejecución, tiene y triste, por un vicio, por un odio. Bastaría una si - ciación de las naciones que forman el pueblo mundo
tuación opuesta para que el crimen dejase de ocurrir. á la adquisición de los tribunales que han de subs:
un notable parecido con nuestro Primer MagisEl crimen de la guerra no difiere de los otros en su tltuir á las naciones beligerantes en la decisión de
trado.
Hay que advertir que el pintor español Cusacbs, manera de producirse. Los soberanos se abstendrán sus contiendas.
.Así, todo lo que conduzca á suprimir las distancias
naturalmente, no contó para ejecutar el cuadro á de cometerlo á medida que otra situación más feliz
,que nos referimos más que con fotografías del ilustre de las naciones Je de lo que su ambición pedía á las y barreras que estorban á los pueblos acercarse y forcaudillo que está al frente de los destinos de nuestra guerras; á medida que la economía polftica les de lo mar un cuerpo de asociación general, tendrá por repatria, lo que á todas luces hace más meritorio el per- que antes les daba la conquista, es dech, el robo in- sultado disminuir la repetición de las guerras interternacional; á medida que el miedo al desprecio del nacionales basta extinguirlas ó disminuirlas á lo metecto parecido.
Nuestros dlarics han descrito ya ampllameate el mundo les haga abstenerse de hacer lo que es despre- nos.
Cread el pueblo internacional, ó mejor dicho, de-cuadro en cuestión, y hoy ofrecemos á nuestros lec- ciable y ominoso.
jadle nacer y crecer por sí mismo, en virtud de Jaley
tores una exacta reproducción de él.
II
que os hace crecerá vos mismo, y el derecho interDebemos agregar que el tratamiento del cuadro
nacional ~mo ley vi va, estará formada por sí mismo,
'88 distingue por una sencillez que sólo es dable doLa guerra no será abolida del todo; pero llegará á
minará los verdaderos maestros, como lo es á no du- ser menos frecuente, menos durable, menos general, y con solo eso. Cuando vacfais un líquido en una
fuente, no tenéis necesidad de ocuparos de su nivel·
darlo el eminente Cusachs, de uai versal nombradía menos cruel y desastrosa.
él mismo se cu-ida de eso, y se nivela mejor que 1~
-en su especialidad de pintor de asuntos militares.
Ya lo es hoy mismo en comparación de tiempos pa- haría el primer geómetra. La humanidad es como ese
sados, y no hay por qué dudar de quP. las causas que líq'.liJo. Donde quiera que derraméis grandes porciola han modllicado basta aquí, sigan obrando en lo nes de ella, la ~e•éls nivelarse por sí misma, según
venidero en el mismo sentido de mejorar; como se esa ley de gravitación moral que se llama el derecho.
EL PRELUDIO DE CHOPIN.
ha.o cambiado las penas, como los crlmenes se han Antes de darse cuenta del derecho, ya el derecho la
Con este título ba publicado recientemente uaa hecho menos frecuentes con los progresos de la ci vi- gobierna, como se pára y camina el hombre en dos
novela el hijo del céleb:e escritor ruso León Tolstoi. lización.
pies antes de tener idea de la dinámica.
Ese cambio estaría lejos de realizarse si su ejecu.El Preludio de Ohopin es un elocuente alegato en faAs~, dejad que trabajen en el sentido de una orgavor del matrimonio, así como la novela ae su padre ción estuviese encomendada á los guerreros, es decir, nización iateroacioaal del género humano los siguienLa 8&lt;&gt;nata de Kreutze¡-, es un violento ataque al ma- á los soberanos. Ellos al contrario, están ocupados tes elementos conducentes á esa organización esponen fomentar las invenciones de máquinas y procede- tánea.
trimonio.
Al hablar de este nuevo libro, dice el célebre críti- res de guerra más y más destructores.
Primero. El cristianismo y su propagación, si no
No son la política ni la diplomacia las que han de como dogma. al menos como doctrina moral. El de-co espal!ol Zeda:
Cuando el hombre ba llegado á su madurez y tiene sacar á los pueblos; de su aislamiento para rormar esa recho no e~cli.:ye á los mabometaaos, ni á los hijos
ya trazado el rumbo de su vida, el matrimonio, lejos sociedad de pueblos que se llama el género humano. de Confuc10; son ellos, al contrario, los que excluyen,
-de ser una traba, es un estímulo poderoso á sus am- Serán los intereses y las necesiJades de la civiliza- pues es un hecho que son los pueblos cristianos los
biciones y á sus legítimos deseos de prosperidad. El ción de los pueblos mismos, como ha sucedido hasta que han dado á conocer basta hoy el derecho internacional moderno.
•
-que más y el que menos de los humanos es algo pere• aquí.
Desde luego el comercio, industria esencialmente
ZOSO¡ el trabajo es una maldición ...... «Con el suLa moral cristiana no necesita más que una cosa
-dor de tu frente ganarás el pan,&gt; dijo el Creador, y iateraacional que hace de más en más solidarios los para completar la conquista del mundo, en el sentido
para cumplir con relativa conformidad este casti- intereses, el ble11estar y la seguridad de las naciones. de su amalgama; -que la desarméis de todo instruEl -:omercio es el pacificador del mundo.
,go, son menester mucbas y poderosas causas.
mento de ,·lolencla y la dejéis sus armas naturales
Luego, las vías de .::omunicación y las comunica- que son la libertad, la persuaelón, la belleza.---Un sa:
El ~ombre casado no lucha por él solo, lucha por
clones que el comercio crea y necesita para su labor cerdote de Jesucristo, armado de callones rayados y
•'BQ muJer y sus hijos. Cuaado desfallece, mira en torno suyo, y sus brazos ó su inteligencia cobran nuevo de asimilación.
fu,iles de Cbassep?t para imponer uaa ley que se imLuego, la libertad, es decir, la intervención de ca- pone por rn propio encant::,, es cuando menos un
'Vigor. ¡Cuántas bumillaclones no se sufre y cuántos
-quebrantos no se soportan pensando, no en nosotr1-s da estado en la gestión de sus negocios y gobierno error que aleja al mundo de la c:mstltución de su
'81no en los seres '}Ue de nosotros depeadenl ... . .. Y de sus destinos, que basta por sí sola para que les unidad. Para coa vencer al mundo de la belleza de la
luego que solamente son grandes y nobles las obras pueblos no decreten la efusión de su propia saagre y Yenus del Capitolio, no bao sido necesarias las pe-qne Re nacen para el porvenir. . . . Estas son las úni- de sus prop!os cauda!es.
nas del iatlerno y de la inquisición, ni Maquiavelo
Pero, sobre todo el agente más poderoso de la p!lz, ha tenido que sujerlr el menor lnventv á la tiranía
cas duraderas . . . . como que las hacemos pensando
es la neutralidad, fenómeno moderno que no conocie- para Imponer á los ojos la belleza de la Venus de Mé-en nuestros hijos.
el matrhnoaio es estimulo de la v!da, no sólo del ron los antiguos; cuando Roma era el mundo, no ha- dlcls.
Dad á leer el Evangelio á un hombre de sentido
h1duo, sino de la sociedad, es también el único bía neutrales si Roma estaba en guerra.
&lt;'Omúa; y si no corren de sus ojos esas dulces lágri:uerto tranquilo de la (,Xisteacla. A la puerta de un
III
mas que hace verter la más sublime unción, la más
ogar formado por el amor y mantenido por el tra•
alta y noble poesía, decid que ese hombre no tiene
!-Jo, parece que los cuidados y las Inquietudes se deSe babia con cierto pavor por el ponenlr del muu- alma ó carece de un sentido, pues ni Rafael, ni el Tiienen, como las furias que perseguían á Orestes, se
-e:itenían en el vestíbulo del templo. Y cuando las do de los inventos de máquinas de destrucción, que ciano, ni Miguel Angel, han dado á Jesús la belleza
d amina.des descargan sobre esos bogares, cuando la ba~e cada día el arte de la guerra; pero se olvida que que tiene su doctrina por sí misma. Conquistando á
~~ha Y la mala suerte se desencadenan sobre ellos, la paz es menos fértil en conquistas é Invenciones los conquistadores del mundo, el cristianismo ha pro,.
a entonces el esposo y la esposa, rodeados de que hacen de la guerra una eventualidad más y más bado ser la moral de los hombres Ubres, pues los gerhijos, encuentran fuerzas para luchar y bríos tmpo8ible.
manos han encontrado en él la expres!ón y la !órmu.
Con sus inventos la guerra Be suicida en cierto mo- la de r,us instintos de libertad nativa.
Bacrificarse f alientos para no desfallecer . ... Y

ABOLICION DE LA GUERRA.

------

----------------

tni

:a

�D_o~l!3go _17 de Septiembre de 1899.
EL MUNDO.

ble acepción del vocablo. Picquart tenía tod1Js los
motivos para no obrar por cuenta propia, pues pertenece á un país en que el hom.:;re se entrega á una pa:stón general, á un partido,. á una clase, sin reservas
personales, y por su profesión. por su situación espe·clal-en el Estado Mayor, estaba ,Jamado á hacer esa
fatal y fructuosa re~uncia de las propias convicciones en beneficio de intereses superiores indiscutible'!
,segdn la teoría del Estado que priva en ciertos pa{

196

ses.

Pero Plcquart es antes qu~ fra~cés y antes que sol-

-dado, hombre moral, de cooCieocia serena exio-ente·
-cuando crey_ó en la culpabilida_d de Dr¡,yfus, ~plau:
dló el veredicto conJenatorlo. s10 piedad para el reo·
,cuando creyó en su inocencia, hizo la revisión, po:
ntendo en esa obra toda la impasible energía que los
hombres de voluntad emplean en sus actos cuando la

1117

EL MUNDO.

Domingo 17 de Septiembre de 1899.

t

oc:1 nt~guo jefe de la oficina de informes secretos
to P 1a ar,:a de _los tPstigos el jueves 1 ¡ de Agos:
tó/ s \te1timomo fué una exposición precisa y me. icab e os hechos en que se basaba su opinión
f avora le á Dreyfus.
noDteíl? de sí mismo, el teniente Coronel Picquart
ó em ª &lt;1ue sus palabras se perdiesen en la atm sfera fü~l salón. Como todos los hombres que son
una autoridad, las dejaba caer una á una sin bus
fªr efectos; el auditorio la:, escucbaba con' atención·
as avaloraba, se sentía arrastrado por ellas en ei
curso de la ai:gumentación que la inspiración del alma de aquel ¡usto hacía elocuente.

~nvlcclón los imp.:.lsa.

Sucedió al anterior el arzobispo de Nlcnsia, quien
con el nombre ele Esteban Pedro X ocupó la sedebasta hace mes y medio que murió.
El nuevo Patriarca será recibido en audiencia por
el s_ultán tan luego como se promulgue el decreto impenal.

LOS DESORDENES DE PARIS.
El Sr. Guerin sigue en su fortaleza de la calle de
Cbabrol, observando á l&gt;\ po1icía que lo vio-ila á su
vez_. ... sin impedí, que los amigos y partid;rlos del
f~r~oso rebe!?e le enví~n. de las casas fronteras, poco
v_1~1ladas, nveres sulic1entes para resistir el larg0s1t10.
Ultimamente ha sobrevenido una cnmp'icacióo que
pnede ent orpeüer los propó_,itus 1.:ómicu-1Jero1cos del

Los OBISPOS C'ATOLICOS ARJIIENIOS REUNIDOS EN SINODO PARA EL NOl1BRAMIE;s-TO DEL NUEVO P.1.TRIARC ,\ ,

La figura de este hombre es la misma en todas las
1lirounstancias. En su oticma del Estado Mayor 1 en
lacát.edra en que enseñaba topografía, en Africa, peraeguldo Y ccnctenado á . muerte por sus jefes, en la
prisión de Cherche ~id1; insultado por Esterbazy, en
su duelo con Henry, siempre es el mismo: un impasible
·que no tiembla, q Je no se exalta, que no se abate.....
Y cuando el partido de la revisión derroca un mi:lsterlo, forma otro, obtiene la sentencia de la Corte
: Casación y Picquart sale de su celda, el bravo teente C?ronel no pierde la cabeza: comparece ante
1conce¡o de Reunes como ante los jueces que vieron
~u propia causa, como iría ante el pelotón si Jo con...~~ran á muerte, imperturbal)le; ni abatido ni
-.......ello.so.
'

!

PICQUAR'.l' RINDE eu DECLARACION ANTE EL CoNSEJO DE RENNES.
r:::. Segundo. Después del cristianismo que ha ense-

ñado á los pueblos modernos á considerarse como una
familia de hermanos, nacidos de un padre común,
ningún elemento ha trabajado más activa y eficazmente en la unión del género humano como el comercio, que une á los pueblos en el interés común de
alimentarse, de vestirse, de mejorarse, de defenderse
del mal físico, de gozar, de vivir vida confortable y
civilizada_ El comercio ha hecho sentir á los pueblos, antes que se d~n cuenta de elle, que la unión
&lt;le todos ellos multiplica el poder y la importancia
de cada uno por el número de sus contactos internacionales.
El comercio es el principal creador. del derecho internacional, como construc~or incomparable de la
unidad y mancomunidad del género humano.
El 'ha creado á AJbérico Gentlle y á Grocio, inspirados por Inglaterra y Holanda, los dus pueblos
más internacionales de la tierra por su rol de mensajeros y ::onductort!S de las nac:ones.

El derecho de gentes moderno, como hecho vivo y
como ciencia, ha nacido en el siglo XVI, siglo de las
empresas gigantescas del comercio, de los grandes
descubrimientos geográficos, de los grandes viajes,
de las grandes y colosales empresas de emigración y
de colonización de los pueblos civilizados de la Europa en los mundo~ desconocidus hasta ento;ices.
Esas conquistas del genio del hombre en el sentido
de la concentración del género humano, han sido
preparadas y servidas por otras tantas que han hecho en el dominio de las ciencias los CopérniC•)S, Galileo, Newton, Colón, Vasco de Gama, etc.
Poniendo al mundo en el camtno de su consolidación por la acción de sus instituciones sociales y necesidades recíprocas, estas ciencias han preparado la
materia vi va, el hecbo palpitante del derecho internacional, que es la organización del género hu ruano
en una vast'3. asociación de todos los pueblos que lo
forman.
El comercio, que La realizado hast,a. hoy las aspira-

ciones del cristianismo y de la ciencia, será el que
trabaje en lo futuro eri el complemento ó coronamiento de la civilización moderna, que no será más que
una semi-civilizaciqn, milmtras no exista un meillO
por el cual pueda _la soberanía del género humano
ejercer su intervención en el desenlace y arreglo de
los conflictos parciales, dejados hoy á la pasión Y i la
arbitrariedad de cada parte interesada en desconocer
y violar el ctn,recho de su contraparte.

EL TENIENTE CORONEL PICQUART·
Est-? notable tes ti o-o, factor principal de la rerlsió:;
es no sólo una figur~ en el proceso, es una figura ,
la época. De él se ha dicho como supremo doglO·
«éste es un bombre.&gt;
Y Jo es en la más amplia y también en la más llOl

Juuo GuERIN, JEFE DE LOS .ANTISEMITAS
FORTIFICADOS EN LA CALLE CHABROL.

El nuevo Patriarca de ..i_rwenia.

Sr. Guerin y dar al traste con su empresa· la fiebre
se h~ enseñoreado del cuartel de los aritise'mitas ....
Mientras el farsante Guerlh hacía guardia en el
tejad? del d'uerte Chabrol,&gt; el Sr. Sebastián Faure
am_otrnaba á las turbas. Ya el cable nos dijo qué Jina¡e de horrores cometieron esos energúmenos en su
asalto á la iglei,ia de San josé, asolada por los revoltosos,. co~o se ~e en nuestro ¡!rabado.
Ep1sod10 cur1oso: á 1íltimas fechas intentaron un
nuevo asalto á la misma iglesia, pero ó los asaltantes
er~n pocos ó el clero no estaba en disposición de sufnr ot~o atentado, y para impedirlo armó de un fusil
al sac~1stán de la iglesia, el cual dispersó la fuerza
enemiga poméodola en vertigino'la fuga.

La muerte del P~trlarca Este_ban P¿dro X dejó vacante_ el trono patriarcal armemo-católico. Los quince obispos que rep_resentan las diócesis del imperh
Otomano, ¡¡e reumeron en sínodo para elegir al nuevo titular, lo que hicieron pocos días ha.
El prelado que reunió la mayoría de vutos es MonSE'ñor Emanueliano, quien bajo el nombre de Pedro
XI fué solemnemente proclamado Patriarca de los
armenios católicos. Recibida la noticia del nombra.
miento en el Vaticano, S. 8. León XII1 lo ratificó.
La comunidad a.rmenlo-católlca fué fl::ndada en
Turquía hace más de ciento cincuenta años, pero hasta 1827 se constituyó oficialmente, separándose de
la comunidad armenio-grei?orlana. • El primer jefe
fué Monseñor Nouridjian,
quien llevó el título de Arzobispo de los armenios -católicos.
En 1831 se promulgó un
firmán imperial que creó
la dignidad de patriarca.
Junto á esta dignidad existía la de jefe e11piritual de
la iglt'lia armenia, el cual
era un arzobispo titulado
Cathólicos de Cilicia que
reconocía la supremacía papal. El Catbólicos residía
en el Libauo y su cargo era
vitalicio.
El año de 1866 el Patriarca Hassoun unió á su dignidad la de Cattólicos; pero el al'lo siguiente la bula
Re•1ersa1"US originó una escición en la comunidad y el
Patr larca se retiró á Roma,
en donde murió después de
CASA DE LA CALLE CHABROL EN p ARIS, DONDE SE HA l!'ORTIFICADO
haber sido hecho cardenal.
GUERIN.

�Domingo 17 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

198

EL MU NDO.

199

~

La columna á la Independencia, erigida en 1822 y
bra del célebre Tres Guerras es po&lt;.0 conocida, por
fo que creemos de interés publicar el grabado que la
e rtlSenta. Narla diremos del mérito de ese monu~!nto ni de su hermosa significación en la época en
ue fué levantado, palpitantes aun los recuerdos de
guerra libertadora en uno de los lugares en que se
s~ntleron los primeros estremecimientos de vida independiente.
En el S,mtuario de Atotonilco el Grande tomó Hidalgo el pendón que sirvió de signo de alianza y 11berr.ad á los primeros com bat,ientes de la Patria. Hoy
se conserva ese estandarte en el Museo de Art illeria que atesora tantas reliquias históricas en E.us salones.
La cas&lt;L del sub--delegado y del h éroe Abasolo en el
pueblo r!e Dolores son históricas. Allí se derramó,
como es.sabido, la primera sangre al iniciarse la revolución de 1810. Mas no sólo guardan ese recuerdo;
son un test imonio de la miseria del pueblo y de la
cruel explotación de sus trabajos en la época virreinal. Cuentan las viejas crónicas que esas casas se hicieron por miserables operarios que sólo recibían en
pago de su rudo t rabajo, una pieza de pan negro y
un pui'lado de maíz .. . .. .

¡

El Puente ae Salvatierrav la Roca del Venadito.
En Septiembre de 1811 salió Castillo y Bustamante de Valladolid en persecución del f}abecilla insurgente Muñiz.
Librada una sangrienta batalla,los independientes
fueron derrotados, coosuwando esa derrota Iturbide,
al frente de su caballería.
En el mismo lugar de la batalla que se ve en nuestro grabado fuerun inhumanamente f usilados tresclentGs prislooer,,s.
Se recordará que Mina, el intrépido caudillo espai'lo! y t:l mexicano D. Pedro Moreno, llegaron en ia
mailana del 26 de Octubre de 1817 á la Hacienda de

ALHONDIGA DE GRANADITAS. ANGULO EN QUE SE CLA VU LA CABEZA DE f-II::&gt;ALGO.

la Tlachiquera. Acompaiíábanlos D. Pascual Moreno,
hermano de D. Pedro, y algunos oticlales que ei,caparon de las matanzas del Sombrero.
Muchos dlas de fatigas llevaban ya los jefes insurgentes; el cansancio los dominó y se retiraron á dormir esa noche en las trojes del rancho del Venadito,
situado en terrenos de la Tlacbiquera.
Orrantia venia siguiendo los pasos de Mina, y en

Mina contestó con entereza y entonces el iracundo
español le dló dos ciotarazo11, que iw,piraron á Mina
estas nobles palabrai;:
«Siento haber caído prisionero; pero este infortunio es mucho más amargo para mi, por estar en manos de un hombre que no respeta el nuwbre español,
ni el carácter de soldado.&gt; Habe querido negar la autenticidad de la frase de Mina, pero quieu conozca.

LA IGLESIA DE S AN JOSE (PARIS) SAQUEADA POR LOS ANARQUISTAS.

Recuerdos de la

l

CASA CURALj B.ABI'l.ACION DEL SR. HIDALGO
EN DuLOliE•.

Ü.ASAS DEL SUB-DELEGADO Y DEL HEROE ABASOLC.
EN DOLORES.

Independencia.

llm,tramos esta edición
de nuestro semanario con
algunos g rabados de la epo•
de la Independencia.
Es el primero de ellos el
que representa el estudio
del Padre de la independencia en la casa cural de
Dolores; tiene de p,nticula.r y g rato para los mexicanos el que están allí reu nidos los objetos de uso
diario del Sr. Hidalga. Toda una época se revela en
esa habitación bumide,austera, de cura de almas; se
comprende al verla que un
hombre superior, tenido
en mucho por el clero alto y en más por la socia.
dad, preocupado pür altas
ideas de regeneración en
prPsencia de la mezquina
condición de la colonia,
viviese torturado en aquella celda, hecha para al•
bergar el embrutecimiento
y el eplcureismo de un cura vulgar, bien cebado y
bien provisto de rentas. Si
es grande Hidalgo en la lucha, es más grande en la silenciosa labor de gestación
de su obra: el que lo admire, lo admirara mucho más
en sus fecundas vigilias
consagradas á la meditación que en los moment(IS
apocalípticos de la matanza.
Presentamos también á
nuestro,; lectores un'\ vlst a
del conocido edificio de la
Albóndiga de Granaditas,
visto por el lado en donde
fué clavada la cabeza de
Hidalgo, condenado como
se sabe por la brutalidaci
virreinal escarnio póstumo en ese lugar que es boy
objeto de la veneración de
todos los mexicanos.

ROCA DEL VENADITO EN LA QUE FUE MUERTO EL JEFE INSURGENTE
D. !'EDRO MORENO.

S.ANT'C'ARJO DE ATOTONILCO EL GRANDE, EN DONDE EL SR. HIDALGO
TOM ú LA IMAGEN QUE SlltvlO DE PJ!.NDON A L OS I NSURGENTES.

la madrugada del 27 llegó al lugar en que estaba el
héroe, mandando que ciento veinte dragones avanzasen al golpe para impedir la fuga de los jefes independientes.
D. Pedro Moreno percibió el rumor de los caballos
enemigos, levantóse violentamente y t omando su espada huyó á una cañada que está cerca de las trojes; el criado que lo acompañ'aba volvió para traer los
caballos, pero habiéndolo aprehendido los enemigos,
á fuerza de amenazas les dijo el Jugar en que estaba
su amo. Dirlgiéronse á él al gunos oficiales y soldados
de Orrantia, trabándose un combate sangriento: Moreno, sin otra arma que su espada, se defendió con
valor be1 oico. Los realistas querían llevárselo vivo,
pero al ver su resistencia dispararon contra él.
Recibió un balazo en la cabeza y cayó cubierto de
sangre. Los soldados le cortaron la cabeza lleváodo .
sela á Oran tia, el cual la envió como trofeo al Brigadier Negrete.
Asi murió Don Pedro More&gt;::Jo en el lugar que se ve
en nuestro grabado.
Entretanto Mina había huido también, sin casaca
y sin armas. Quiso r·e unir á los suyos, pero fueron
vanos srs esfuerzos. Todos habían escapado. Fué
aprehendido por uno de los dragones alli apostados
por Orrantia y atado con fuerte!. ligaduras. se le llevó
á la presencia de er,te jefe,quien •·olvidandolos fueros
de la desgracia,'' como dice un historiador, insultó cobardemente al prision8ro llamándole mal español y
traidor á su rey.
P UENTE DE SALVATIERRA,
ESl'UDIO DEL

SR.

HIDALGO EN SU CASA DE DOLORES,

¡
·
..

MONUMENTO A LA INDEPENDENCIA, OBRA DE TRES
GUEltRAS Y ERIGIDA EN ÜELAYA EN 1822.

�Domingo 17 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

2J O

l)omtngc 17 de Septiembre de 1899

EL MUNDO.

RETRATOS AUTENTICOS.

DE UN DISCURSO
Pr~nunc'ado el 1R de Sepuemt,re de 1805, en el
campamento de "[A s,,.
b•na," junto l\ Acapulro,
J or encargo de la Junta
patriótica de la ml•ma
ciudad, que con la pob•a•
rión se babia translada~ei~.expnsado campa-

RA.YON.

ALLENDE.

ALDAMA..
Ic,s antecedentes del noble joven, reconocerá el gran
corazón que alentó en él toj a su vida.
Don Jo&amp;é María Liceaga, Don Pascual Moreno y
otros compañeros de Mina huyeron, los demás fueron
muertos en aquel sitio trágico. Pudo salvar la vida
el duP.i1o de la hacienda, ::i1. Herrera, quien conducido á Irapuato, se fingió !eco durante varios ai1os para
no i;er ejecutado.
Mina fué llevado á Silao y de ese lugar á Irapuato. Pusiéronle grillos en los piés; al verlos exclamó
Mina: &lt;¡Biirbara costumbre española! Ninguna otra
nación usa ya este género de prisiones; más horror
me da verlas que cargarlas.&gt;
En el campamento de Liílán, frente á los' Remedios, se le quitaron las prision~s, y recibió luego el
tratamiento debido á su gran carácter y á su altacateg,1ría. No fué este cambio una gracia inspirada en
la bondad; los espai1oles querían sacar partido de su
vícti.na y llevarlo de grado á la confesión de los secretos relacionados con la. expedición orga.nizada en
Londres y en la que tomó parte el célebre Padre
Mier, preso á la sazón en México.
Mina no desmintió sus altas virtudes, y es fama

que todos admiraron la entereza c0n que se resistió á
hacer unaconfesión que perjudicara á otros, y que esta
conduc¡,a le granjeó las simpatías del ejército.
La barbarie espai'iola celebró con repiques y TeD l':Um la aprt&gt;hensión del temido Mina. Los jefes y
soldados que se apoderaron de él fueron premiados, y
!\l Virrey Apodaca recibió el ridículo título de Conde
del Venadito.

Mina era un hombrP. muy simpático, y más lo fué
en su infortunio; así es que hubo de apresurarse su
ejecución para impedir que se hiciesen represeutaciones para obtener su indulto.
Pocas ejecuciones ha habido tan solemnes y aparatosas como la de Mina; llevósele al cerro del Bellaco, y ante los defensores de los Remedio~, se le fusi&gt;
16 por la espalda el 11 de Noviembre por la tarde.
Murió Mina con valor, como murió Moreno, en el
Venadito como mueren tocos los que tienen la conciencia d~ un alto deber noblemente cumplido. Y
Mina, que no apagaba aun los primeros entusiasmos,
(tenía apenas veintiocho años) era quien mejor y más
bizarramente podía afront.u uua mutlrte de néroe
sin desfallecimientos.

MUSA

Aquí. celebramos el irran día de la Patria en-

Suplemento de novelas.
•
Comenzamos hoy á repa rtir en rnplemento las novelas ilustradas que hemos ofrecido
á nuestros lectores. lJa.m·•s prP.ferencia á
Nuestra Sen.ora, de Víctor Rugo, mientras acabamos de preparar la gran edición
del Quffote, que requiere muchísimo trabajo previo.
lJe todos modos, hemos de procurar siempre que nuestros abona&lt;los queden satiefechos, como de seguro quedar~n hoy con la
afamadísima obra de Víctor Rugo, cuya pu·
blicación durará poco tiempo.

HEROICA

Hay versos de oro y hay notas de plata;
Mas, busco, sei1ora, la estrofa escarlat'.I.

MANUEL GUTlERREZ NAJERA.

1895.

IGNACIO

M. ALTAMIRANO,

No se traduce nuestro pittriotismo en vanas

frasea, ni es besando una cadena como nosotros
1

itlorificamos el hecho glorioso de haberlas quebrantado; no es adulando á un extranjaro vás\ago de tiranos, como nosotros proclamam'os la
aobe~~nfa de nuestro pueblo, no: quédese esa ignomm1a pa- a aquella mu ltitud envilecida del
een_tro, raza sin vigor y sin dignidad, sin virtud
Y a1n eeperanza, raza que como el pueblo de li•
rae! adc,ra hoy al becerro de oro desconfi,rnd0
del Dios v erdadero pero que esta~á prontll después á ha~er pedazos su ídolo, cuando baje del
Sinaí, radian te y terrible el Decálogo que lll condena y espanta.
No: nosotros somos los hombres que cotfiamr s
:iernpr? _Y los que ~reemos que la independencia
glor1f1ca combatiendo por ella, muriendo por
a, ~oso~ros somos el Sur, ese pueblo que com:ren~1ó Hidalgo desde los primtros días de su
ero1co levant amiento, y 111 que con tanta razó a
como confianza, envió á Morelos sin armas v sin
tt:0Paa, á la sazón que él mismo se dirigía ;\ Mé·
11co
., ·
. .
tr con un eJerc1to,
como d1c1endo:
- « Al cen°n~e ne~esita vencerlo; al Sur, basta iluminarlo.»
d loa hizo leer á Hidlllgo, como hace lt&gt;er á to·
0 • loa genios en e l libro del porvenir y desde
~ntonces e_l Sur ha realizado el vatici¿io del pll·
re de la m depencia.
~ -r~Jos, g e~io tam?ién y conf.iado por _eso en
80
•uelt lSión: sah ó de M1choacán, y tranqm io re seguO Y 8lll d etenerse, penetró en nuestro rumb0,
cf ro de encontrar á sus hombres. El no co~onombres, pero pronto reconoció sus almas
resacó de las 111as1ls á sus escogidos, E,os
e ayer eran pobres la brit&gt;g'Js ó ganaderos per •

Ji

El chorro del agua con ímpetu rudo,
En alto su acero, brillante y desnudo,
Brufiido su casco, rizado el airón,
Y el iris por banda, buscándote salta
Cual joven aman te que brinca á la alta
Velada cornisa de abierto balcón.
Venid á la fronda quc:l os brinda hospedaje,
¡Ob. pájaros raudos de rico plumaje;
Los nidos aguardan; venid y cantad!
Cantad á la alondra que dijo al guerrero
El alba anunciando: ¡Desnuda tu acero,
Despierta á los tuyos. . . Es hora . ... Marchad 1

blante sus frescas emanaciones.
Aquí, no se ostentan columnas de mármol, ni
estucadas paredes, ni ricos artesones, ni bordadas colgaduras, encerrando la imagen del divino
anciano de Dolores, pero en cambio, enmedio de
eataa montaftas altivas, bajo el hermoso cielo del
tr~pico, junto á este muro de bayonetas, junto á
eate muro de cor azones y fren te al enemi&lt;TO de
la Patria, es donde se levanta, se yergue
flamea el pabellón de la República.
¿Qué más hermoso templo, oh Libertad s11gra da, qué más armonioso himno, oh Patria querida, qué_más ardiente recuerdo, oh sublime padre
de México, qu e este templo, que esta armoní&gt;t
guerrera y que esta efusión sublime de las almas

heroicas?

¡Oh noble sei1ora! La tierra te canta
El salmo de vida, y á tí se levanta
El germen despierto y el núbil botón;
El lirio gallardo de cáliz erecto;
Y fúlgido, leve, vibrando, el insecto
Que rasga impaciente su blanda prisión!
La casta azucena, cual tímida monja,
Incensa tus aras; la dalia se esponja
Como ave impaciente que quiere volar;
Y astuta, pr,mdiendo su encaje á la piedra,
En corvos frstones circunda la yedra,
Celosa y constante, señora, tu altar!

Al viejo primate, las nubes de incienso;
Al héroe, los himnos; á Dios, el inmenso
De bos4.ues y mares solemne rumor;
Al púgil que vence, la copa murrina;
Al mártir, las palmas; y á tf---la heroína-•Las hojas de acanto y el trébol en flor.

el tronco de las palmeras, de los mangles y de
laa caobas. Aquí no es el ju!!'o exprimido en el
Jaborarorio lo que Pmbalsama el templo de la
Libertad, aino esas flores silvestres, de cuya corola se desprende en alas de los céfiros un torrente de aromas, y que matizan esta pradera y
que marcan coa cien colores las arrugas de 'la
montana, y que limitan el cauce de blanca arena
de eae río cuya" linfas de cristal se arrastran
frente Anosotr os y que envía hasta nuestro sem-

y

Que sea toda sangre, la estrofa oriental:
Y húmedas, vivas, calientes y rojas,
A mí se me titmden las trémulas hojas
Que en gráciles redes columpia el rosal.
¡Brotad, nuevas flores! ¡Surgid á la vida!
¡Despliega tus alas, gardenia entumida.!
¡Botones, abríos! ¡Oh mirtos, arded !
¡Lucid, amapolas, los ricos briales!
i Exúberas rosas, los pérsicos chales
De sedas joyantes al aire tended!
¿Oís un murmullo que, débil, remeda
El frote friolento de cauda de seJa
Eo mármoles tersos ó limpio marfil?
;.Oís? ...... ¡E~ la savia fecunda que asciende,
Que hincha los tallos y rompe y enciende
Los rojos capullos del príncipe Abril!

A LA CORREGIDORA

medio de "sta salvaje floresta 11mericana y con
el corazón sincer o Y resuelto. Virgen está nuestra alma de ideas bastardas, como están vírgenes
estos bosqu es, como está virgen esta admira ble
Yatnraleza que por todas partes nos rodea y no'I
proteje. Aquí los colores nacionales se mezclan
Aloa irallardos festones que forman las lianas en

didos en las tinieblas de la nulidad, serán al día
siguiente Hermenegildo Galeana, Vicente Guerrero, los Bravos, Montes de Oca, Pedro A~encio
Pinzón y .Alvarez.
'
El primero será el br11zo derecho del inmortal
caudillo; el segundo será la inquebrantable columna de la i11depencia, aquellos formarán una
pléyade que la Grecia ó Roma desearían tener
en su cielo, éstos será n los bravos montañeses que
salvaron la bandera de la insurrección, el ú ltimo
qu edará en el mundo como el representante de
la generación pasada para ver si es digna de ella
la gen eración presente,
En efecto, nuestro venerable caudillo que presenció las grandes luchas de la primer época de
independencia, ha alcanzado por un priv,legio de
la suerte, las luchas de esta segunda; y ha podido
conocer que su país siempre tiene vigor para
combatir contra los monarcas.
Y es, conciudadanos, que aquul Galeana, que
aquel G uerrero, aue aquellos Bravos, que todos
nuestros héroes no eran seres producidos por el
capricho del Destino; eran la encarnación del espíritu soriano, eran destellos del alma de nuestro
pueblo. Aquellos destellos falgurar0n y se apagaron después en la noche de los tiempos. pero
el pueblo está en pie y aquí el odio á los tiranos
es tradicional. Las generacior_es se suceden á las
generaciones, pero el amor á la Libertad se mama por los niilos surianos en los pechos de las
madres, se aprende por los mancebos en el t&gt;jemplo de los padres y la antigua Epopeya siempre
está pronta á recomenzarse, ora sea Fernando
VII el déspota contra quien se comb11tl\. ora sea
Napoleón III, ora Maximiliano de .Austri~; va sea
que la lucha dure once ailos, como la otra vez,
ya sea que dure un siglr.
El soriano odia á los reyes, y esto basta.
Así: el soldado que tiene un fusil ó un cuchillo
de_labranza, encuentra en él un auxiliar de su
srntimiento.- El rlébil anciano se aleja sombrío á
los bosques en los que pueda esconder sm libres
canas, la débil mujer nit&gt;ga su sonrisa y sus amo res al soldado aborrecible de los déspotas y el
niilo aprende en este divino alfabeto del patriotismo, las lecciones del porvenir.

ESTATUA. DE LA CORREGIDORA
que se colocará en un monumento en el Jard!n Josefl\ OrU• -;
de Dom!nguez de esta c!uda1 : La poesla de Gutlérrez ~ti.jera fué
111tima que compuso el poeta.

v!::a

q,

DEL DI S CUR S O
pronunciado por D. Ignacio Ram1rez, en la Ala meda de M6xico el
16 de ::iepti,mbr.: de 1S61.

Hacer de la fraternidad el grito de guerra para
una nación oprimida y la cuna de sus instituciones
no fué la iospiracUn de Moisés, que sobre todas las
clases levantó al levita, ni fué el programa de Mahomet que con la saogre de los in lides alimentaba su
espad"", ni ese acento de redeución se escapó de los
labios de Washington q ue antes bien á ejemplo del
primer Bruto, retiró el manto de la Repú bl ica de
las espaldas del esciavo: sólo el grande libertador de
México, ha tenido valor para llama.r las primeras bajo su glorioso estandarte á las turbas envilecidas. Hidalgo en la aurora del 16 de Septiembre de 1810 arrojó el guante no solamente á los es¡)añoles sino á la
nobleza, al clero, á todas las autoridades, á todas las
clases, á todas las razas, á todos los individuos que
pudieran tener la pretensión de colocar~e más arriba
que la soberanía popular; nosotros, los que como título de nobleza legaremos á nuestros h ijos la heren-

201

cia de nuestros padres, un lugar en lo que el orgullo
y la ambición llamaran la vil muchedumbre, en este
glorioso aniversario recordamos las b.azañas de aquel
caudillo que puso bajo nuestros pies todas las coronas que no podía ceíiir á nuestra frente, todos los.cetros que no podía colocar en nuestras manos y que
supo improvisamos un trono del suelo nacional y un
dosel del estrellado firmamento.
Descubra la cieocia en mi patria las momias de
cien épocas encerradas por cien diluvios bajo las bases del Popocatepetl y el Ixtacihuatl; niegue si qu:e
re la historia que el cielo estrechó entre sus brazos
un día á la V irgen América. y la dejó fecundada
ocultan-lo sus amnres para a lejarlos del harem dunde
prodigaba sus caricias al Asia, al A frica y á la Europa; y declárense razas expósitas, todas las que pub 1aron en los primeros tiempos el Nuevo Muodu; yo sólo
sé que los reyt&gt;s desde entonCP.S se aclimataban muy
mal en el suelo mexicaoo: yo sé que las instituciones
se levantaron h asta la R'lpública, la A.rq uitectura
basta los palacios y los templos, !a poesía basta la
epopeya y Ja cieneia nasta encerrar los días del año
y las estaciones en un círculo de pórfido, desde cuyo
centro el sacerdote revelaba la expedición misteriosa
del sol por el Zodiaco; y yo sé que entre esas naciones se present6 la azteca, guiada por un geolo sobrehumano, que en el canto ae una. avecilia Je clamaba
sin cesar: adelante! adelante! desde tan antiguo apareció en ouestra patria el oráculo de la Reforma! Pero esa nación c1yó luchando con Cortés y tardó tres
siglos para curarse de la herida.
También en el sistema co'onial nuestra atmósfera fué funesta para los conqulstad,ires como antes
lo había sido para los monarcas; lo, guerreros de Granarta, de San Quintín y de Lepanto aquí se trans tormaron en bandido~; los sabios que en las cátedras y
eo los concilios europe0s resucitaban la historia, aquí
incendiaron sus tesoros; sólo q ue el clero allá quemaba á los herejes, á los judíos y á los moros, y aquí
fabricaba milagos; podía el espai1ol en su patria aliment,arse con algunas ambiciones generosas, podía
distiogui~se como héroe ó como sabio; pero al llegar
á Veracru1, encontraba sobre la plaza escrito: lasciate
ogni speranza oh 'VOi chi entrate. La clase dominadora,
la raza privilegiada, dei-pojándose de su inteligencia,
como de una arma prohibida, se entregaba á movimientos automáticos, dirigidos por el reloj de la Parroquia más cercana; el primer repique del campanario, prebcritía las prolongadas oraciones de la maí'íana; el segundo, llamaba á misa, y después de hora
en hora, hast::. entre los placeres dd lecho continuaban los ejercicios piadoso~,· y la siesta y las repetidas
comidas y el j uego, no dejaban á las ocupaciones del
hombre laboriaso, sino cuatro horas del día.
Así vi vía la nobleza; pero la turba, sin cont;:i.r con
otro capital que con su trabajo, no sabía dónde colocarlo; tras de las horas consagradas á la devoción y
tras de las falanges de días festivos encontraba cerrados los puertos por el sistema prohibitivo, incendiada la viña, el tabaco y la morera por el mooopolio, ocupados los primeros puestos por los extrañ•Js y
la inteligeocia recogidas sus alas y palpitando azorada eotre las manos de la inquisición. Por eso es que
en hombres y mujeres el modelo de la vida era el
conwnto; el fraile y la monja se repruducían en el
mundo con sus trajef:, sus vicios, sus costumbres y
sus preocupaciones. ;,Cómo es que dónde antes se rezaba abora se piensa~ ;.Cómo es qut: el espectro de
la conquista que guardaba nuestros puertos ha per.
mitido la entrarla á las banderas rle torlas las naciones y saluda respetuoso á la nuestra? ;,Cómo es que
la ciencia. el co11Jercio, la industria, la libertad y la
reforma, como el oro inagotable de una Nueva Cali·
fornía, se encuentran regados por el suelo, á merced
de todas las razas desheredadas? ¿Cuándo, cómo se
verificó este prodigio? Al desembarcar en Veracruz
el Virrey Don Francisco Javier Venegas, siutió bajo
sus pies que la parte rle la Nueva Espaí'ía, encomendada á su gobierno, se e~t remecía, anunciando una
vasta axplosióa 1evolucion;iria; Hernan Cortés ~e hubiera regocijado ante esa promesa de luchas y de rapiiías, pero hacfa tiempo que los representantes rle la
monarq uia española no veoían á buscar los agüeros
del combate, sino á esquilmará los pueblos t-i11 encontrar resistencia; y Venegas, fugitivo cid los cam,
po~ de ~atalla donde sospecllaba uoa lucha, tré11Julo,.
se I magmaba ver la sombra de sus derrotas.
Sin embargo, á proporción que se acerc1Jba. á la capit.i.l del Virreinar,o, el horizonte político le sonreía
cambiando sus densr,s nubarrones en un iris de paz
de r_iqueza. LI\ c?nspiracióo n istía, pero estaba descubierta; los traidores, como los reptiles 1·ener.osos,
s~ agita_n cuando la tompestarl se acerca y la. rlenuncian; Dios l?s coloca en el i;t-ndero de h,s h éroes, y
ellos, repudiando una noble alianza, ¡,e anticipan á los
aco_otecin:ii~ntos y se complacen en la popularidad de
su 1gno011n1a y en la grandeza rle su cri meo; en pos
de los denunciantes se extendió por t0da la Nueva
~spaña la P?licía civil, alumbrada por la policía rel1g1osa; y srn saberlo, ya aprisionados dentro de un
edificio de cristal, trabajaban los conjurados.

y

�EL MUNDO.

202

¡Si supiera evocaros! Hoy que henchido
~--:::::::::::::::::::,• de amor el corazón del ¡,ueblo late,
por ren~var la fé que enciende auroras
tras la impura tiniebla. del combate;
1tquí mostrara el colosal espectro
,le Hernán Cortés 1 á quien la historia adula
hundido el pié en la sangre de Cholula,
y rellajando en la mirada fiera
~e Cuauhtemoc la inexpiable hoguera;
reencendería la cruel memoria
,te los días primeros, en que esclav9:
fué la ti•rra de Anáhnae, en que altivo
sentó el coiiquistador aqui sus tiendas
v á un pueblo inerme, exa.nime y cautivo
crucificó en sus regias encomiendas.
Y la divin&lt;t acción del misionero
mostraría, trocándose mundano
banquete de riquezas en que el clero,
cual de una presa 1 arrebató á girones
los fragmentoq del suelo americano;
mientras mudados para el mundo azteca
la patria' en odio, en hórridos vestiglos
1
los dioses bajó el indio lentamente
un peldai!o en la escala de la mente
. y fué el triste menor de los tres siglos!

INDEPEN D ENCIA *
CANTO

t-llSTORICO .

¡Noche en que el sol brilló! Tiniebla densa
de súbito alumbrada por el di•;
sombras de muerte cuya espira inmensa
se rompe y evapora derrepente;
irradiación del místico estandarte
de: cura redentor que sin orieme,
ni esperanza, fué heroica1n:ente ~l~ad_o
sobre un infierno de opresión é rn1ur1as,
y del tiempo y espacio en un momento
borró como relámpago sangriento
el profundo negror de tres centuriac;!
¡Explosión sorprendente del destino
que del no se1· un sol de vida arranca
y brilla en nuestro cielo matutino
con claridad misterlosa y blaoca;
aureola de Uidalgo nnestro padre,
hecha de amor, de anciar.idad radiante,
de inspiración, de audacia de gigante¡
en su foco concentran sus fulgores
tanta piedad, tanto valor unidos,
.
.
que aun brilla intacta y pura en nuestra h1stor1a;
como el sol muerto, extintos ya sus rastros
irradia en plena noche, de los astros
reverberando en la inmutable gloria!
1Santa tres veces seas,
antorcha por un ángel encendida
en el limbo auroral de las ideas!
¡Paréntesis de vida
grabado como cifra indeficiente
en la cuna de un mundo!
¡Omnipotente
Dios que Hidalgo invocó, Iú del Pasado
la sombra vi,te, el Porvenir miraste
que Je la sangre fecundaba el riego,
y entre esas dos noches colocaste
n n eslabón de fnego!
¡Si pudiera evocarte! Era sombría,
ya que aún tu mortaji en nuestro suelo
arrast ras por menguar la luz del día¡
recuerdo de una triste historia rota,
así como se rompe una cadena
de opresión férrea y de callado duelo;
período genésico que aún flota
en los vestigios del obscuro cielo
en que surgiera nuestra libre cuna¡
y eres como el doliente y no extinguido,
globo de ópalo rojo de la luna
que se pone en los mares del olvido!
• composición leida en el Teatro Nacional, ante el Sr. JuArez, en

la noche del 1-':i d e tklptlem bre oe ISGS; al dl11. slgulent.ese luo.uguró el

Fcrrocarrll enntl M.é.z.lco y Puebla.

Cúmulos de ignorancia, espesa bruma,
cubrió á aquel pueblo de su vida reo,
sin redención, sin luz , sin horizontes¡
enclavado en las roc11s de sos montes
higubre y sil~ncioso Prometeo,
en quien de Espatla la gigante maza
tritll.rabA. el cerebro de una raza ....
¿Y comprendéis ahora, cómo al cabo
de tanto padecer, de tanta mengua,
faé un poderoso grito de venganza
el primordial sonido de la leng11a
cu~cdo fué libre? ¿Oomprendéis ahora,
cómo tamalla humillación y ultraje,
tanto sollozo ahogado entre dolores,
trocó en un grito de rencor salvaje
el Fiat-lux de Dolores?
¡Mas no! Por qué la procesión de sombras
evocar melancólico, en los días
en que México, libre de agonías
vuelca de flores y oro en las alfombras
la urna de sus santas alegrías?
Vosotros si venid, Manes aug11stos,
Mártires de la Patria,
que con la sangre audaz de vuestras venas,
engendrásteis sl pueblo mejicano,
educado en el juego soberano
de romper tronos y quebrar cadenas¡
apóstoles de un credo de justicia,
de un ignorado símbolo: el derecho;
paladines A quienes en su ,rnna
acometiera Espafia
con zarpa de l•ón y ronco grito,
por arrancaros d6l oaliente pecho
el corazón de bronce y de granito!
¡Oh! joven libertad de la montat!a,
á cuyo pie p.,lpitan los torrentes
y las águilas cantan en la hora
en que besa las tumbas insurgentes
con su sonrisa de mujer la auroral
¡Oh! si venid; el pueblo que os reclama
un día, al def~nder vuestra memoria,
al cielo como un Dios, arrancó el rayo
y el cuadrante esmaltó de nuestra historia
con la divina luz del Sol de Mayo.
¡Patria, artístico y regio perfumero
coronado de estrellas encendidas,
y puesto ea ara inmensa, euyas gradas,
por todo el oro de la luz hrui!idas
y por todos los climas enfloradas,
guarden dos océanos, dos titanes¡
cáliz de Indico bálsamo cerrado
por el níveo cristal de los volcanes;
fo.ente rica en aromas,
en donde encudntran manantial profun do,

Domingo 17 de Septiembre de 1899.

Domingo 17 de Septiembre de 1899.

203

EL MUNDO.
De Chihuahua inmnrtsl. y con terneza
Pintarle de los tuyos ~l deseo.
En su seno renueva to pujanza,
Y renueva tus vetos en tu día,
Para que oiga de tí la patria mÍAj
P11eblos del Anahmrn, F E Y ESPERANZA.

las ideas, enjambre de palomas,
qne vaga por el mundo. .
.
Oh mi Patria, tu altar des1e~to has visto,
el pálido quernb de !a agon1a,
te veló con sus alas, su sombría
faz reflejando en tu mirar de Cristo ....
Mas siempre que á perder vas la esper anza,
brilla un astro en tu noche, patria mía,
foco imperecedero de ilusiones,
ojo de Dios, abierto en lontan~nza,
sobre el Getsemaní de las nactones!

G mLLEinlO PRrETO.

Chihuahua, Marzo 21 de 1865.

Por eso aunque la man&lt;, despiadada
del infortunio, amargue tus manjares,
annque rompa el dolor de tus polluelos
los blandos cuerpos y l• ciega muerte
se siente desolada en tus hogares,
marcha y trabaja, que con aJma fuerte,
tus hijos su vigor en eso empleen,
que la fortuna es de los que saben
arrebatarla, porque en ella creen.

y hoy que Dios, presente en tus recuerdos,
eucarístiea forma de la gloria,
marca de nuevo en tu radiante horario
esta suprema noche de tu historia,
ante él arrodillate y le ruega,
por todos tus hermanos de ca_lvario:
por nuestra Cuba, por la reg~a Antilla,
caliente nido tropical que brilla,
de nuestra aguila regia con las plumas,
Y hoy en el albor de sus espumas,
á sus nítidas perlas ha juntado

los rubíes de fuego ens•ngrentadol
Por Esp•i!a también, por la gran madre,
que en sos entrsf'ias seculares siente
estremecerse incógnito Medas,
que ha de engastar en no remotos días,
al sol de la República en su frente!
Ruega, rur ga por todos los que sufren,
como ayer tú, por todos los qne lloran;
por Francia, de un sombrío aventurero
espléndida cautiva;
por Italia, que mira en torno suyo,
girones rojos de su carne viva;
por la martir Polonia, en su impotencia,
del alma heroica de los pueblos buenos,
mostrando la inmortal supervivencia.
Por los fieros y rígi'élos helenos
del Paraguay, de cuya sangre se harta
de dos ríos gigantes la corriente
y que ensefl.an al nuevo c1ntinente
la silenciosa abnegación de Esparta.
Y juego álzate y anda; que á tus puertas
A nueva luz, y A nuevo amor abiertas,
llegará. á ti, cuando despunt'3 aurora,
ígnea y negra, la audaz locomotora;
monta en ese corcel, monta triunft1.nte,
es del Apocalipsis del,Progreso,
la férrea bestia alada y palpitante;
silba eomo las Aguilas,
que anidan en tus cumbres, con tremendo
ímpetu, por la ciencia sofrenado;
sus dos alas de acero estremeciendo
te invita á hacer el viaje á lo ignorado.
Del mundo en lo futuro sepultado
el velo, para tí, rompe el poeta.:
allí de un sol de gloria á los destellos,
el Iris de la paz brillara siempre
prendido cual diadema á tus cabellos;
y más allá la libertad, sagrado
ideal del espirito latino!
óleo que unge de esplendor divino
á todo oueblo fuerte,
que como tú, ni próximo á. la muerte,
perdió la fé viril en su destino.
15 de Septiembre de 1868.

La patria estA con su hechicero encanto
Es un rayo de sol que ann si resbala
En la nube sombría,
Allí ae mira sonrefr el día
Formando el iris del pendón de Ign,la!
A tí, no inciensos 1 no¡ no la riqueza:
A ti, la prueba, el torcedor martirio:
A tí, huracanes y fragor de rayo;
Pero á ti, de los héroes la grandeza
Y en tu cielo de gloria el sol de MAYO!
Si, qne se doble al estallar del trueno
PATRIA.
Lo débil cai!a demandando abrigo
A la ruin yerba y al bollado cieno;
'Pero el cedro opulento
Luche esforzado: al trueno desafie,
Brota incendiando, anúnciate tonante
Y si lo incendia destructora llama,
Sublime inspiración, y tu ala ardiente
Quede en pie, mutilado y sin follaje,
Se ■acuda, y qne lluevan cual centellas
Tostado y despareiendo sus cenizas
Los vividos concentos de mi mente,
En el bosque salvaje, ·
Como un raudal de estrellas
Hasta verse terrible monumento
En un océano de éter transparente! . .... .
De su pujanza y del furor del viento!. .....
Alzate de mis canas, como se alza
¡Gloria á los fuertes! ¡gloria á los que llevan
Inmensa llama de la eterna nieve
En alto tu pendón, ¡oh patria mía!
De Irritado volcán, que al agitarse
Para ellos las caricias de la gloria:
Y la ígnea lava despetlar tremendo,
En sus copas contentos y ambrosía:
Ilumina la plácida campii!a,
A su paso, los lauros de los pueblos:
Loe eampos y los rústicos hogares,
Para sus pechos el amor de hermanos¡
Con1e11tando á su estruendo
Sustento y agua, y luz para sns huellas:
En eintieos magníficos tos mares!
Bendigan su camino los ancianos:
¡Oh patria! ¡Oh patria! nombre sacrosanto,
Inúndenlo de flores nuestras bellas.
Sangre del ttlma, esencia de mi vida,
Cuerda de arpa celeste estremecida
¡Ah! y ellos vencerán: al enemigo,
A loe húmedos besos de mi llanto.
El brazo del poder y la fortuna,
¡Patria! foco de sol. ¡Núcleo di vino,
La riqueza y las naves de los mares,
De cuanto ardiente el corazón adora!
Y la traición y su infernal milicia;
Nueatro dosel de púrpura en la aurora,
Pero á la causa de tu patria, ¡oh J nárezl
Ltmpara en tu lucero vespertino:
La pnjanza del Dios de la justicia!
¡Ven, que yo soy el bardo de tus glorias!
¡Ah! y ellos vencerán . .. . .. De Dins la mano
¡Ven, qne soy el cantor de tus dolores!
Llena de indignación se abrirá un día,
¿CuAndo mi musa le negó sns flores,
Y grande y libre el pneblo mexicano,
Jamás, ni á tu atieeión ni á tns victorias?
DirA á la tierra: LA VENGANZA ES MÍA,
¿Y á qué v enir aquí? ¿puede orgullosa,
Sus verdugos caerán, el hondo abismo
La pobre mano del poder y el oro,
A recibirlos tenderá sus brazos,
Alladir una cuerda melodiosa
Parodiando el ltossana
De esta mi lira al tímpano sonoro? ... . . .
Que hoy elevan malditos al Eterno,
¡Puede surgir en medio al estampido
Entre astillas del trono hecho pedazos!
Del ronco bronce que victoria alcanza,
Tú, ¡oh Chihuahua! la fuente de mil huertos,
De la alabanza la flot~nte llama
Que bolles en inmensas soledades;
En medio del espacio estremecido¡
La gacela dormida en los desiertos,
Y alzar, bardo servil, como oriflama
Liza de bravos, ramo de beldades!
Su tributo á un tirano aborrecido!
Blanca garza que animas la llanura
¡Puede al que dieta con su espada leyes,
Junto á las aguas del alegre río,
Infame foragido de corona.
A tí, la gratitud y la ternura
Coplero vil dobl•rle la rodill~I
En estas horas de dolor impío!
¡Puede ha ber un Almonte que traiciona,
Dormido está á tus plantas el desierto
Y ■u lira á sus pie• tender Zorrillal
Como manso león, linda matroua,
¡Eso no supe yo!. ..... Dulce es su nombre
A ti, se llega, cual se llega al puerto:
Cuando ardiente y tan casto como beso
Alegra de tos montes la corona.
De amor de ni n.o nuestro ser despierta:
Ven, le dijiste á Juárez: ven y lneha:
Ese nombre es la madre, es la sonrisa,
Veo, y tu nombre, ¡oh JuArezt eterniza:
Que noa abrió del existir la puerta,
Ven, guardaré tu gloria, que yo guardo
Y 81 dulce nombre en la extensión del cielo,
De Hidalgo y de los suyos la cenizal
Alba formand o y produciendo día,
Y cuando su orna el ancho firmamento
Un nombre que en las alas del consuelo
Posa sobre las torres elevada,
Lleva vertiendo en la alma la alegria.
De la excelsa ciudad, finjo un momento,
Pero un hombre á la música del alma
Matrona al templo que ora al Ser divino,
Hoy transmite sns ricas melodías:
Hincada y con las me.nos levantadas
E■ el verdor de la gallarda palma;
:Mirando de sus huestes el camino!
E, la eeperanza en los acerbos días
81 • nombre, es tu nombre . ... .. ¡feliz Juárezl
Tú, J uárez, sólo á ti digno te creo,
0 . .u, se hace la P•tria ... . .. donde flota,
De abrigar á tu pecho la grandeza,

l

15 de Septiembre.
Después de aquella página sombría
En que trazó la historia los detalles
De aquel horrible día,
Cuando la triste Méxitli vela
Sembradas de cadAveres sus calles;
Después de aquella página de duelo
Por Cnanhtemoc escrita ante la historia,
Cuando sintió lo inútil de su anhelo;
Después de aquella página, la gloria
Borrando nuestro cielo en su memoria
No volvió á aparecer en nuestro cielo.
La santa1 la querida
Madre de aquellos muertos, vencedores
En su misma caída,
Fué hallada entre ellos, trémula y herida
Por el mayor dolor de los dolores ..... .
En sn semblante pálido aur. brillaba
De su llanto tristísimo una gota ..... .
A su lado se alzaba
Junto A un laurel una macana rota ..... .
Y abandonad~ y sola como estaba,
Vencido ya hasta el último patriota,
Al ver sus ojos sin mirada y fijos,
Los espatloles la creyeron muertR.,
Y del incendio entre la llama incierta
La echaron en la tumba con sus hijos . .... .
Y pasaron cien a:flos y trescientos
Sin que á ningún oído
Llegaran los tristísimos acentos
De su apagado y lúgubre gemido;
Cuando nna noche un hombre que velaba
Soi!ando en no sé qué grande y augusto
Como la misma fe que le inspiraba,
Oyó un inmenso grito que le hablaba
Desde su alma de justo ..... .
-Yo soy-le repetía,
Descendiente de aqu éllos que ,in la lucha
Sellaron su derrota con Ja muerte . .... .
¡Yo soy la queja que ninguno escucha.
Yo soy el llanto que ninguno advierte!. .....
Mi fe me ha dicho que tu fuerza es mucha,
Que es grande tu virtud y vengo A verte;
Que en el eterno y rndo su(rimiento
Con que bace siglos sin cesar batallo,
Yo sé que lú has de darme 1o que no hallo:
Mi madre que está aqní porque la siento.Dijo la voz y al santo regocijo
Qne el anciano sintió en su omnipotencia,
-Si el indio llora por su madre-dijo,
Yo encontraré una madre para eoe hijo,
Y encontró aquena madre en su conciencia.
A esta hora, y en un día
Como éste, en que incensamos su memoria,
Fué cuando aquel anciano lo decfa,
Y desde ese momento, patria mía,
Tú 89hes bien que el astro de tu gloría
Clavado sobre el llbro de tn historia,
No se ha puesto en tus cielos toda vfa.

�EL MUNDO.

204

A esta hora faé 00.ando roñó en pedazos
La piedra que sellaba aquel sepulcro
Donde estuviste como Cristo, muerta
Para resucitar al tercer dfa;
A esa hora faé cuando se abrió la puerta
De su hogar, que en rn seno te veía
Con un supremo miedo en su alegría
De que tu aparición no faera cierta;
Y desde ese momento, y desde esa hora,
Tranquila y sin temores en tu pecho,
Tu sue:llo Fe cobija bajo un techo
Donde el placer es lo único que llora ....
T us hijos ya no gimen
Como antes al recuerdo de tu ausencia
Ni cadenas hay ya que los lastimen ..... .
En sus feraces campos ya no corre
La sangre de la lucha y la matanza.
Y de la paz entre los goces suaves
Bajo un cielo sin sombras ni vapores,
Ni se avergüenzar. de nacer tus flores,
Ni se avergüenzan de cantar tus aves.

Grande eres y á tu paso
Tienes abierto un porvenir de gloria
Con la dulce promesa de la hi11toria
De que para tu sol nunca habrá acaso ....
Por él camina y sigue
De tu lección de ayer con la experiencia;
Trabaja y lucha hasta acabar e ➔a obra
Que empezaste al volver á la existencia,
Que aun hay algo en tus cárceles que sobra,
Y aun hay algo de Eipafia en tu conciencia.
Yo te vengo á decir que es necesario
Matar ya á ese recuerdo de los reyes
Que escondido tras de un confesonario,
Quiere darte otras leye.; que tus leyes ....
Que Dios no vive ahí donde tus hijos
Reniegan de tu amor y de tus besos,
Que no es el que perdona en el cadalso,
Que no e@ el del idtar y el de los rezos,
Que Dios es el que vive en tus cabafl.as,
Que Dios es el que vive en tus talleres
Y el que se alza presente y encarnado

Domingo 17 de Septiembre de 1899
Allí donde Bin odio á los deberes
Se come por la noche un pan honrado.
Yo te vengo á decir que no es preciso
Que muera á hierro el que con hierro mate,
Que no es con sangre como el siglo quiere
Que el pueblo aprenda las lecciones tuyas·
Que el siglo quiere que en lugar de templ¿s
Le des escuel&gt;ls y le des f'jemplos,
Le des un techo y bajo dél lo instruyas.
Así es como en tu frente
Podrás al fin cefl.irte la corona
Que el p.Jrvenir te tiene destinad/\;
El, que conoce tu alma, que adivina
En tí, i\ la santa madre del progrei;o,
Y que hoy ante el recuerdo de aquella hora
En que uno de sus besos fué la aurora
Que surgió de tu noche entre lo espeso,
Mientras el pueblo se entusiasma y llora,
Te viene á acarici1tr con otro beso,

A.ño VI-Tomo ll

México, Domingo 24 de ~ept1embre
.
de 1s99 .

Efieótaó ceLelnadaó en !1onoz JeL c:!!Jz.
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Cí-&gt;
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d e La CJbepuoLicCkJ
CD
/1
«:&gt;Zeótuente

MANUEL ÁCUÑA.

DIEZ Y 8 El.8 D E S EP TIEMBRE,.
«Cual al romper las Pléyades lluviosas
El seno de las nubes encendidas,
Del mar las olas antes adormidas
Súbito el austro altera tempestuosas,
De la cater,a osada
Así 'los restos nuestra voz espanta,
Que resuena indi~nada,
Y recuerda, si alti 1a SI': levanta,
El respeto profundo
Que inspiró de Vespucio al rico mundo.
«Ay, del que hoy más los sediciosos labios,
De libertad al nombre lisonjero
Abriese pretextando novelero,
Mentidos males, fútiles agravios,
Del cadalso oprobioso
Veloz descenderá i\ la tumba fría
Y ejemplar provechoso
Al rebel1e será, que en su porfía
Desconociese el yugo
Que al invicto espafl.ol echarrn plugo.,.
Renueva, ¡oh Mu~a! el victorioso aliento
Con que fiel de la Patria al amor santo,
El fin glorioso de su acerbo llanto
Audaz predije en inspirado acento:
Cuando más orgulloso
Y con mentidos triunfos más ufano
E I ibero sanoso
Tanto ¡ay! en la opresión cargó la mano
Que al Anáhuac vencido.
Cantó por siempre á su coyunda unido.

Así los hijos de Vand l\lia ruda,
Fieros clamaron cuando el héroe augusto
Cedió de la fortuna al golpe injusto,
Y el brazo fuerte que la empres11 escuda
J!'altando á sus campeones,
Del temor y la muerte precedidos
Feroces escuadrones,
Tales impunes campos florecidos
Y al de&amp;ierto sombrío
Consagran de la paz el nombre pío.

«Al misera ble esclavo (cruel dP.cía)
Que independ,mcia ciego apellidando
De rebelión el palellón nefando
Alzó una vez en algazara impía,
De nuevo en las cadenas
Con más ri~or á su cerviz atadas
Aumentemos las penas
Que ! su última progenie prolongadas
En digno cautiverio
'
Por siglos aseguren nuestro imperio.

No será, empero que el benigno cielo
Cómplice fácil de opresión sangrienta,
Niegue i\ la Patria en tan cruel tormenta
Una tierna mirada de consuelo
Ante el trono clemente.
Sin ce;ar sub" el encendido ruego,
El quejido doliente
De aq,uel prelado que inflamado en fuego
De caridad divina
La América indefensa patrocina.

«¿Qué sirvió en los dolores vil cortejo
Que el aleve pastor el grito diera
De Libertad que dócil repitiera
La insana chusma, con afán prolijo?
Su valor inexperto
De sacrílega audacia estimulado
A nuestra vista yerto
En el campo quedó y escarmentado
Su criminal caudillo
Rindió ya el cuello al vengador cuchillo.

Padre amoroso, dice, que á tu hechura
Como el don más sublime concedi,te,
La noble libertad con que quisiste
De tu gloria ensalzarlo hasta la altura.
¿No ves que á un orbe enteco
Genio privado de excelencia tanta
Bajo !ll dominio fiero
Del excecrable pueolo que decanta
A3esinando al hombre
D.1r honor á tu excelso y dulce nombre?

Cuánto, ¡ay! en su maldad ya se gozara
Cuando por permisión inexcrutable
De tu justo decreto y adorable
De sangre en la conquista se bafl.ara?
Sacr ílego arbolando
La ense:lla de tu.cruz en burla impía
Cuando mi\s prof mando
Su religión con negra hipocresía
Para gloria del cielo
Cubrió de excesos el indiano suelo.
De entonces su poder ¡cómo ha pesado
Sobre el inerme pueblo! ¡Qué de horrores
Creciendo siempre en crímenes mayores
El primero á tu vista han aumentado!
La astucia seductora
E l auxilio han unido á. su violencia,
Moral corrompedora
Predican con su bárbara insolencia
Y por divinas leyes
Proclaman los caprichos de sus reyes.
Allí se ve con asombroso espante
Cual traición castigado el patriotismo,
En delito erigido el heroísmo
Que al hombre eleva y engrandece tanto,
,!Qué más? En duda horrenda
Se cvnsulta el oráculo sagrado
Por saber si lll prenda
De la razón al indio se ha otorgado
Y mientras R'.lma calla,
Entre las bestias confundido se halla.
;,Y qué, cuando llegado se creía
De redención el suspirado instante
Permites, justo Dios, que ufana cante
Nuevos triunfos de odiosa tiranfa?
El adalid primero,
El generoso Hidalgo ha perecido:
El término po~trero
Ver no le fué de la obra, concedido;
Mas otros campeones
Su.Jcita que redimen las naciones!
Dijo, y Morelos siente enardecido
El noble pecho en belicoso aliento;
La victori&gt;l en su ense:lla toma asiento
Y su f'jemplo de mil se ve seguido.
La sangre difundida
De los héroes su númen recrece
Como tal vez herida
De la segur, la encina reverdece,
Y más vigor recibe,
Y con más pompa y más verdor revive,
ANDRÉS QUINTANA

Róo.

PL.1Z.A. DE LA CO:.'i'STITUCIO:N Y A VENID..i. DE PLATEROS.

Número 13

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 3 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

168

-Siete clavos, como.garfios, se bao hundido en mis entra!'ías,
Oh Injusticia, cómo triunfas! Oh Tiniebla, cómo creces! . ..

La Fosa:
_ Yo soy la tela insi~ible que tejen negras ara!'ías ... .
y con lágrimas y sangre se alimentan los cipreses! ... .
Primel' sepulturero:
-Uno! Dos! Tres!. . . Un esfuerzo! Empujad bacia la fosa!
E l muerto: (Sin desplegar los labios amoratados, ycon
sonrisa resignada)
-Oh! Martirio! También tienes tus profundas embriagueces!
Tel'cer sepulturero:
•
-Se alza la Luna siniestra con una mueca espantosa!
El muerto: (con voz opaca)
-Oh! Injusticia, cómo triunfas! Oh Tiniebla, cómo creces!
Primer sepulturero:
-Cae una lluvia de sangre de una nube pavorosa! ....

El Arrecife mudo, bajo la bruma helada,
Es una Esfiinge ciega que el horizonte mira ..... .
El mar gime y solloza cual una inmensa lira,
Y cae la noche fúnebre como ala ensangrentada
De un negro cisne trágico, que en el silencio expira.
El mar gime y solloza cual una inmensa lira
Y Cllnta el Viento astuto su pérfida balada.
El Arrecife mudo se iergue en el Misterio.
Pasa una Sombra, y dice:
-«Ohl mi siniestra huella
Donde la ortiga brota! Oh mi fatal imperio
Donde brilla una sola y agonizante estrella!:1&gt;
Pasa otra Sombra y dice:
-«Yo vivo en lo más hondo
De la Desesperanza y del Remordimiento:
No hay abismo más negro que mi abismo sin fondo;
NQ hay filo lascinante como mi Pensamiento?&gt;
Pasa otra Sombra y dice:
-«Yo soy como el gusano
Que se arrastra en las tumbas y en el horror camina:
Espanto, eres mi guía! Dolor, eres mi hermano!
Cómo acaricias, látigo! Qué blanda eres, espina!&gt;
Pasa otra Sombra, y dice:
-«Yo soy cual una inmensa,
Cual una taciturna floresta desbojada;
Mis hojas van rodando por la planicie extensa
Al soplo de los Vientos febriles de la Nada!&gt;
Todas las Sombras cantan:
-«La muerte nos conduce
Por sobre adelfas mustias y amargos asfodelos:
EJ Miedo es nuestra lámpara funesta que reluce
Debajo de la enorme tristeza de los cielos!&gt; ..... .
Cuatro sepultureros fornidos, en sus homoros
Conducen un gran féretro con una marcha extrafia;
Cuatro sepultureros conducen entre escombros
Un atahud más grande que un trozo de montafia.
Llegan al borde obscuro de una profunda fosa
Y clavan siete clavos sobre la tapa negra;
Retumban siete golpes en la extensión brumosa
Y el gran martillo lívido parece que se alegra.
Luego, los cuatro empujan la cija lentamente,
Pero la caja, inmóvil, clavada sobre el suelo
Parece el negro monstruo.de suefio febriciente,
Una Quimera horrible, que ba replegado el Vuelo . ..
Sobre el cielo sombrío, donde no luce un astro,
Detrás de nubes grises, como alas de vampiros,
La Luna, inmensa y roja, deja un sangriento rastro
y como una intangible diadema de Suspiros ..... .
Se inclinan los adustos cipreses macilentos
Cambiándose un saludo con aire sigiloso,
O cabecean tristes, con vagos movimientos,
Como siguiendo el ritmo de un baile silencioso.
Y las nubes parecen empapadas en llanto,
En el llanto diabólico de invisibles Satanes:
Y el silencio se rompe, á veces, con el canto
De infinitos Dolores y estériles afanes.

La Fosa:
-Y con Ugrimas y sangre se alimentan los cipreses!
(Se hunde la Luna roja en el mar, y todo
queda en silencio.)
Como pulpo en acecho, proyecta el Arrecife
Entre la bruma pálida su amenazante orilla,y van las Siete Sombras, en un extraffo esquife,
Sobre la Noche fosc.t cual una pesadilla .. . .
Y van las Siete Sombras .... Y el Mar gime un lamento,
.El Mar gime y solloza, cual una inmensa lira,Y, como negro cisne quP. en la ribera expira,
Sus elt:gías hondas canta al Azur el Viento!

por la lluvia, se ven puntos
de tan di versos matices,
-vivos, opacos, obscurosque en la rica policromía
de ton'JS suaves y crudob,
la pared arlequinesca
que, á trechos, ornan los musgos,
parece heno manchado
traviesamente con grumos
de color. U na parásita
en los ladrillos desnudos,
hinca su ramaje como
los tentáculos de un pulpo,
y entre la marafia verde
un juguetón rayo súbito
en cada gota de lluvia
prende un rubí diminuto.
Y en la fantasmagoría
de la luz, que hc1,ce del muro
mo:.aicos de pedrería
y deslumbrantes y estucos,
h,s dos muchachos semejan
en medio de tanto lujo,
dos príncipes del oriente
en espera de sus súbditos.
1Qué tocado de diamantes
en el ceniciento rubio
del ca.-.ello de la nifla!
qué reluciente y qué fúlgido
el toisón que ostenta el pecho
del rapaz! ... y qué conjunto
de áureas telas y tisués
sobre los harapos sucios!

Ai'io VI-Tomo ll

México, Domingo

10

de ~.-ptiembre de 1899.

Andrajosa reinecita
que vistió la. luz y cuyo
corpiño de re:lplandores,
cubre el talle y cifle el busto!
Duquecito del arroyo,
Buckingbam que el cielo tuvo
á bien ataviar con sedas
y brocados del crepúsculo!
Tú 6 qué cuentas? Tú ¿qué oyes?'
Tú la grave, tú el adusto? ...
Yo me acerco poco á poco
y sonrío y lus escucho.

LEOPOLDO DIAZ.

Ginebra.-1899.

Primer sepulturero:
-CuánM pesas! Cómo abrumas! Cuánto pesas, negra caja!
Segundo sepulturero:
- Se diria que es un mundo de tristezas y dolores.
'l.'ercer sepulturero:
-O que el mue1to es un gigante, y es de ptomo la mortaja . ..
Ouarto sepultt¿rero:
-O el cadáver de tres siglos de venganzas y terrores ....
El muerte: (mentalmente, y dejando correr de sus ojos
hinchados gruesas lágrimas)

Bien, muchacho! Fuiste al bosque
corriste mucho, mucho,
y flores y mariposas
la traes .... ¡Lindo tributo!
Tn gorra de saltimbancohecha una criba--es refugio
de caléndulas doradas
y de rosae, donde ocultos,
se agitan entre los pétalos
los cuerpecitos convulso¡¡
de las pobres mariposas
heridas. Hundes los puños,
y narrando tus proezas
sacas con pueril orgullo
tu presente de perfumes
y de alas ...... y el tributo
va cayendo, va cayendo,
del aire sereno y puro
á la falda de la niña
que oye con asombro mudo
la historia de la aventura,
mientras fijos en un punto
miran cosas invisibles
sus ojus meditabundos.
y

VERSOS INOCENTES.
PUESTA D.E SOL.

Por la calle solitaria
cuyo t érmino confuso
vagamente se deslíe
en el oro del crepúsculo,
silencioso y pensativo
como siempre, voy sin rumbo
enhebrando fantasías
en el aire azul y puro.
Tranquila está la barriada,
los talleres están mudos,
no se ven las chimeneas
empenachadas de humo,
y á lo lejos, de las fábricas,
salen alegres, los últimos
obreros, que se atropellan
en caprichoso tumulto,
y cuyas blusas azules
borda el sol de hilos purpúreos.
Yo callado y pensativo
como siempre, voy sin rumbo ..... .
Mas.de pronto me detengo,
mis quimeras interrumpo,
y las vanas fantasías
del pensamiento sacudo
par¡¡, ver curiosamente
á dos chicuelos-un grupo
adorable-que cabría
en una canción de I-Iugo.
El la. llama y ella acude,
se hablan bajo, y así, juntos,
siéntanse en los escalones
del portón, al pie del muro,
y en una seriedad cómica,
ella grave, y él adusto,
principia la conferencia
más inefable del mundo.
¡Ohl viejo pintor de niiios
que andas en busca de asuntos,
mira: la luz pone toques
divinos á este conjunto!
En el fondo de sillares
con lepra, rojos y húmedos,
frescos y recién la vados,

Cuando mi presencia notan
ella inquieta y él ceñudo,
parecen decirme: Vamos,
no nos turbes; vete, intruso.
Y yo me alejo sin pena
pJrque dejar soio es justo
á Buckingham de siete años
con Ana de A ustrla de un lustro.
Y pienso: yo también tuve
aventuras, y dí muchos
relalos de alas y flores,
y fuí amado y tuve orgullo.
Dí esperanzas, ilusiones,
fe, ternuras, con el único
placer de posar los l;lbios
en unos cabellos rubios.
Un coloquio de chiquillos
fué mi amor ....
Y taciturno,
solitario y pensativo
como siempre, voy sin rumbo
por la calle silenciosa
cuyo término confuso
vagamente se deslíe
en el oro del crepúsculo.
Luu; ~-

UnBINA.

Composición artística y cliché fotográfico de Don Octaviano de la Mora.

Número n:

�EL MUNDO.

l'l6

Director: LIC. RAFAEL BEYES SPINDOLA.

-----------------------------------------

LA SEMANA
He visto en los periódicos de estos días una noticia que quizá baya pasado inadvertida para muchas
pobres gentes que no busmean, como otras las huellas del escándalo. La tal noticia está semivelada,
castamente encubierta, y aunque no por vulgar, deja
de ser triste, pasa entre las demás, sin despertar la
curiosidad ni dar pábulo á la murmuración. Es un
cuento vulgar en el que los personajes se llaman él_ y
ella.~ Et, es el seductor; ella, la víctima. Un pobre JOven enamorad,,, que llfga más tarde, al conocer el secreto, retira su palabra de casamlento y hace pública
la deshonra de su prometida.
Los periódicos no dicen los nombres; 1Jero los nom•
bres importan poco. El problema es eterno: una muj.er caída en el infame lazo de un amor mentido, manchada en la blancura dé su cast:dad ;.puede elevarse
luego basta el- matrimonio? ¿puede, sin mepgua, caminar por la vida de la mano de un hombre hon-

rado?

¡Ab, sf! Cuando la mujer, después de la falta , rug-e
-como leona ante los fragmentos de su honra mancillada, cuando vfctfma de un perjurio amoroso llora
basta borrar la huella de la caricia lasciva, y después,
cuando sufriendo mucho, y ocultando mucho su vergüenza, siente que entra, por fin, en la convulsa sombra de su espíritu el hálito perfumado de un amor
nuevo que le dice: Yo beso los ojos que se humedecen con lágrimas, y las frentes que gúardan los pensamientos puros: yo vierto bálsamo de consuelo sobre
las alas heridas ;iara que sanen y tornen á 'l'olar: yo
despierto esperanzas en las almas cansadas y pongo,
en silencio, sonrisas castas en los semblantes tristes:
yo perdono, yo 01 vid o .... entonces, elevada, dignificada, asciende del fango de 13: culpa la muj~r caída,
y pU&lt; de abrir los brazos al esposo, la conciencia al
deber y las puertas del bogar honrado.
¿No es ·verdad, pensativo Dumas, que opinas lo
mismo, tú el glorificador y el defensor de la perpetuamente débil, de la.eternamente herida? ¿No es
verdad, buen Micbelet, gran compasivo, viejecito de
nieve cuya casta sonrísa de .abuelo feliz nó ha plegado nunca labios más paros, ni servido de expresión á
alma más noble y santa?

da tentativa para humanizar la guerra es un avancebacia la paz, es poner de resalto la inhumanidad fundamental de la guerra y eso es lo que sin sensibler~
ni declamaciones hao hecho los delegaaos en la capital de Holanda. Ya sé todo lo que aquí puede salir.
me al encuentro, desde las flamantes teorías del profesor Gurnplovicz atribuyendo toda la evolución nu.
mana, y dentro de ella á su accidente (con perdón decierta escuela) el progreso, á la ~uerra, hasta las paradógica!i afirmaciones de Brunet1ere que recomendan.
de&gt; á la juventud francesa en una reciente conferencia, elocuente, espiritual y laboriosa, como todo 10 ·
i,;uy J, Ja vuelta al catolicismo y á la devoción al ejér.
cito. sostiene que la. guerra, y su condición necesaria
el ejército, es causa prlncipalísima de la prosperidad
actual. El publicista francés no ha hecho más que am.
pliticar las famosas frases dei feld-mariscal Von .Molt ke &lt; La. guerra es parte del orden di vino: en ella se
desenvuelven el valor, el desprendimiento, el sacrift.
c:o al precio mismo de la vida. Sin la guerra el mun.
do se abism:i.ría en el materialismo.&gt; ¡.l&lt;'ormidablesofismat Resultaría el triunfo de la fuerza (puestoqueel arte de la guerra consiste en aglomerar sobre el
punto menos ruert~ el m~s. fuer~e peso) •idéntico a}
del espíritu. No, s1 el espmtuahsmo nace de la guerra es por reacción. Y qué? nu bay un millón de obje-.
tos v dé fines, fuera de la guerra, en esta tierra de
dolor, de miseria y de resistencia, en donde el sar.rift-'
cio y el desinterés pueden emplearse á costa de la vida? ¿Quien es más admirable, el conductor del .Me.
rrimac iendo al naufragio y á las balas en el canal de
Sintiago de Cuba, por deber, ó el padre Damian ten.
do á la Isla de la Lepra por amor? ¿Quién levanta
más el corazón hacia lo ideal, ese triunfo ó esta
muerte; ese héroe ó este martir? El teniente amerl•
cano recibió los besos de diez mil muchachas (y ¡ay!
algunas viejas) anglo sajonas; si el alma de la humanidad pudiera concentrarse en un beso sería S')brelos.
labios agonizantes del pobre sacerdote católico incen.
diado por la lepia é iluminado por la fé.
Por supuesto, no soy tan poco profesor de historia.
que niegue la nobleza suprema de la guerra, en cier** *
En los anaqueles de las librerías se ve un diminuto tos momentos, ni sus inmensos servicios para realirecién llegado; es un humilde tomito de versos, en zar la selección, la civilización; no. Pero sé que, res•.
cuya portada puede leerse este titulo cal!rlchoso: G¡i.- to y denuncia del origen animal de la borda bumaua,
lería genérica de Miguel Ulloa. ¡Ah! Miguel Ulloa, pasó de ser una necesidad, á ser un estado permanen.
un bohemio incorregible! Sí; sólo que en él la bohe- te y luego un estado intermitente y después un temor general. Sé que todo avance humano ha sido una.
mia y la poesía son dos hermanas inseparables.
Parece increíble que en esa vida loca, se haya con- lucha; pero sé que desde la lucha por comerse 1Q8.
servado tan sutil y tan exquisito el ensueño. La va- unos á los otros basta la lucha por conser var la par.
sija ha ido de mano en mano; á veces en alto como interior en las naciones, la guerra si no se ha transforllevada por alas invisibles, á veces por el suelo, dan- mado en paz normal, sí se ha transformado en par.
do tumbos por ~scarpaduras y matorraleR; pero el v_i- armada y la paz armada es por razones económicas
no generoso que contiene n·o ha perdido su fragancia el preámbulo de la paz entre pueblos civilizados.. ...
¡Oh! si, pasará much') tiempo antes de que los tiburoni su fuerza.
El nuevo libro de Ulloa es una colección de cien nes pierdan la tentación de comPrse á la~ mojarras,
décimas- En estos mil versos hay algunas preciosi- pero e,;e tiempo pasará ... Y la conferencia de Le.
dades; algunas rimas flojas; algunos descuidos ..... . Haya habrá marcado una etapa en esa marcba vaciy un gran aliento de poesía, cargado de aromas, co- lante hacia el estandarte blanco; el trabajo dela civilización humana, para expeler de si la guerra,.
mo un sm,piro de cármenes lejanos.
comenzó á ser consciente el día mibmo en que un caLUIS G. URBINA.
rro de ambulancia atravesó un campo de batalla llevando entre un torbellino de combatientes, de gri•
tos, de sollozos y de estampidos la sagrada banderita
de la cruz roja ..... .
Es curioso seguir en la prensa europea los diferen•
tes aspectos del efecto causado por la publicación deRevistas Políticas y Literarias, las resoluciones de la Conferencia. Los alemanes,
uno de los delegados entre ellos, protesta en tono
uraño y hostil contra ciertas medidas referentes lila
l. LA CONFERENCIA DE LA PAZ, CONFERENCIA- DE
beligerancia reconocida en los cuerpos irregulares,
L._ GUERRAj L0S IRREGULARES; LA CORTE DE Ai-permítaseme expresarme así, y otras relativas á la
BITRAMENTO.
mediación y arbitramento. ¿Quiere esto decir que
~- ,:Los boers TIENEN RAZON? LA OPINION y LA Alemania no firmará? Los ingleses, á quienes moles•
GUERRA SUD-AFRICANA.
ta todo lo que no hacen ellos, y hoy los amer!canos,
3. Los CIRIOS y EL INCIENSO. .
emiten la sospe~ha de que la Conferencia se reunl64. LA CRlSIS MINISTERIAL EN PRUSIA.
para perjudicarlos. ..:Querrá decir esto que tampoe&amp;
5. EL KAISSER Y EL ASUNTO DREYJms.
los ingleses firmaráni No importa, nosotros(ysomos,
¿Han tenido mis lectores, los cuatro lectores de si no recuerdo mal, los únicos latino americanos quemarras, la paciencia de leer las numerosas conclusio- estamos en ese caso), '.:losotros lo hemos firmado todones, publicadas ya, de la conferencia de La Hayal con los E4ado:; U a idos, Francia, España, Rusia,
A fe que son muy interesantes; corre uno el riesgo etc. Y repito, que bemos hecbo muy bien; á primera.
de dormirse (y yo que soy :..en insomne quisiera co- vista pudo parecer que nuestra adhesión iba á serrrer ese riesgo con r:-ecuencia) dos ó tres veces du- puramente platónica en sus transcendencias, Y que.
rante la lectura; mas entre sueño y sueño, bien vale sólo respondía á la idea constante que el Presidentela pena de saber lo que bao trabajado esos gordos di- ha tenido, de que no haya un solo grande ac~o lnter•
plomáticos en pro de la paz. E~to de gordo:i, lo di~o nacional de carácter artístico, científico, soe1al ó popara mi. propia satisfacción, no es una afirmación sin lítico en que México no figure; idea excelente cuy,.
base; la tiene muy sólida, naturalmente: ved los re- importancia moral se palpa; la República, coa la pletratos; casi todos los delegados son del tipo de los na conciencia de su obra, toma asiento entre los puenuestros, gordo reconocido el uno y el señor Zeail, en blos civilizados; muy bien pensado, muy bien becbO.
vía de engordar. Y á propósito de nuestros delegaPero en este caso otro, y más práctico y más gra,e,
dos, preciso es con venir en que el gobierno mejicano ea nuestro interés; nosotros no vemos ni entrever::
obró con muy buen consejo haciéndose represeptar en una guerra en nuestro horizonte; con nuestros ' •
ese concilio, que se empeñó en no ser un congreso de nos y primos estamos cada vez más íntimamente ll•
utopistas, uno de tantos congreso~ de la paz de esos gados en el orden económico y social por consecuenque celebran un puñado de poetas, filósofos y ¡,ocia. cia, y no ouede presumirst siquiera en qué n.ir.mr.
:istas cada cierto tiempo y en donde suelen decirse podría venir un conflicto, fuera de un súbito é lnel'
verdades de á folio; pe:-o sin resultado inmediato. perado y quizás imposible estado anárquico en noel'
Estos congresos los preside en espíritu León Tolstoi:; tro país ó en el país vecino. Sea lo que fuere, n«-el de La Haya lo presidió el autócrata de las Rusias otros no queremos ni debemos atacar á nadlt; ~~
en espíritu también; pero ese espíritu se ha vuelto podemos y debemos y queremos que se sepa Y se .iun tratado ...... ¿de paz? Pues si, de paz.
pe que estaremos siempre apercibidos para la deYo no niego que también puede llamarse: confe. fensa,
. . h
rencia de la guerra, pero he aquí en qué sentido: toPues ble.11, si algo eminentemente positivo ba e-

alabar á los nuestros; pero al salir á la calle.: .. •:
¡qui!\! si alguien 00:1 babia de.ellos en to?o admiratl•
vo, sonreímos, damos las graCJas y una rnm~nsa alegría nos invade porque cada palabra de elogw es como un beso que le dan á uuestro cariñe;.
y el público de México considera ya á la Cbalía como de casa ... ·. La aplaude á rabiar; p~ro _es como si
Jc1, acariciara. No niego -1 ue baya ad m1 ración, pero sí
estaría por asegurar que hay también ternura en
esos aplausos.
.
La Chalia no ba triunfado tanto por la voz; sus indiscutibles méritos de cantante no han bastado por
sí mismos á conquistarnos.
Hay en esta mujer de g~a? cor~zón una_ co'H superior: su intni;ión, su clanv1denc1a para interpretar
las creaciones artísticas de un modo nuevo y conmo,·edor. Entra en los tipos y los vive; les marca su pr:sonaliqad, los ajusta á su temperamento y se comh1na, por decirlo así, mara,v iliosamente con ellos. Su
N edda y su Swntuzza-las dosheroinas que nos bao causado verdadero entusiasmo en la semana-no _está~
aprendidas-á leguas se les ve-en conservatorios m
academias. Son originales.
.
y mientras esto estoy escribiendo, me digo: .
La Ch~lia no ha necesitado de la belleza para imponerse. El famoso mármol d~ Canova no la simboll·za; no es la hermosura domrnand•&gt; á la F.uerza. La
fiera indómita, cuyos ojos relampaguean de róí'e-!:1!,,
levanta la airada garra y dispone los recics ~ú~culos
para saltar sobre la presa; pei:o no _puede resistir á la
primera caricia de la Venusv1ctonosaydesnuda ~ue
en ella cabalaa. Tiende bumiUemente el lomo Jaspeado é incli~a el cuello melenudo; se siente satisfecba de llevar la blanca y pura carga de una belleza
triunfante.
y sin embargo, mejor y más ~ronto que la_ Hermosura dominas á la Fuerza; una alma ap~s1oaada Y
fuerte vibrando en el fondo de unas pupilas luminosas ....

*

**

· Ha sido esta semana para los dilettanti á manera de
inesperada fontaea, de alma y brillante linfa, abierta de improviso, á pleno sol, en la arena tostada del
desierto. Iban los caminantes fatiga~os y sedientos,
y el milagrc bajó en un ravodeluzque hirió como un
venablo de oro la ·tierra, para. que de la herida brotase aquella songre transparente. ·
Los melómanos están de plácemes. Rl aire se ba
llenado de sonidos. Una estimulante ráfaga de entusiasmo ha sacudido el alma de nuestros músicos jóvenes, de tal suerte que no parece sino que, los inquiews sólo esperaban, para ponerse á cantar, lo que
los páj~ros al amanecer: un perfil de luz inviolada en
la remota serranía. Para marcharse, rumbo al Arte,
han encontrado, no la vía imperial, abiertQ entre arcos y columnatas, por donde va la opulenta _procesión de los escogidos, sino la senda estrecha, fangosa
y t,riste, por donde caminan más plebellos y pecheros que hijosdalgmj y capitanes.
Mas para ir á la gloria no existe hoy en México,
¡oh los jóvenes maestres! más que esta senda, y, bah,
bala, alla van los peregrinos que creen en las hadas
buenas y se enr,omiendan de todo corazón á Nuestra
Sefiora la Suerte.
Ya que la ópera no les abre sus cien puertas de
oro, que entren por la húmeda. poterna de la zarzuela, que de todas maneras han de aduefiarse y de
purificar poco á poco nuestro gusto en las aguas
lustrales de su ingenio.
Los compositores mexicanos pasan en estos momentos por un benéfico período de producción, . que
se 10e antoja algo así como el alba de un día feliz.
La pren.;a ha dado cuenta de algunas audiciones
de obras nuevas, y las empre.sas teatrales no cesan
de anunciar estrenos de zarzuelas mexicanas.
Y be aquí como sucedió i'o que en el cuento de Perrault; que la calumniaqa, la despreciada, la que
siempre estaba junto al fuego, manejando marmitas,
la pobre Cendrillon, es la escogida por el princi pe enamorado.
La moraleja del zapatito de cristal suele tener sus
aplicaciones oportunas en la vida ordinaria.

La Challa es nuestra ya; nos pertenece. La hemos
mimado mucho. Eso tenemos los mexicanos cuando
nos encarllíamos con una artista como la Chalía; que
después de admirarla la queremos, y que Juego el
cariño crece b1sta el punto de confundir y dejar corrida á la arlmiración.
Porque vamos á ver; ¿á los de casa se les admira?
Bien está que en lo íntimo nos bagamos 1enguas para

EL EXTERIOR

Domingo 10 de Septiembre de 1899.

Oomlnl!"o 10 de Septiembre de 18111&gt;.

ebo la Conferencia, es reglame11tar la guerra, lo que
equivale á reducirla, á limitarla, á hacer, en suma,
obra de paz; no sólo revivió todo lo que hace más de
veinte años se acordó en Bruselas, y le dió fuerza obligatoria para los signatarios, sino que se ocupó en dar
~utías á los g-rupos irregulares de defensa efecti,a (leemos gue:rriUas) que basta boy ban sido implacablemente tratados por las tropas regulares; para
ellos uo había leyes de la guerra, contra ellos reterna
IJ1ldl)ritas esw, decía el derecho internacional. De boy

en adelante no será así; los pueblos no preparados
especialmente para la guerra, podrán hacerla por
medio de todos rns hombres válidos, estén ó no
comprendidos en las fuerzas regulares. Para · ello
sólo tendrán que someterse á cuatro cond:ciones que
me parecen absolutamente equitativas: tener un jefe• un distintivo; armas visibles y respetar las leyes
d;la guerra. Es verdad que, y esta limitación explir.a el retraimiento de algunos países pequeños como
Suiza, estas t ropas irregulares sóto pueden aspirar
al tratamiento de re&lt;JUlares cuando se organicen en
paf&amp; todo.vía no ocupado por el enemigo; por consecuencia, la sublevación contra la ocupación extranjera
queda fuera de convenio. Mucho se ha ganado, sin
embargo, y, entre otras cosas, la idea que debe irse
aclimatando entre nosotros, de que el servicio obligatorio, que tiende á preparar á los pueblos á convertirse en ejércitos regulares en caso de invasión, es
· ta suprema necesidad en el período que va á abrirse
para el mundo, y que esperamos que !.erá el que
preceda inmediatamente á la era de paz, que todos
deseamos y con la que soilamos todos.

* **
Todo el capítulo de la mediacién y arbitramento
es Interesantísimo hasta en sus últimos pormenores;
como tenemos la seguridad, lo repito, de que no bemos de provocará nadie, tenemos la certe;.ade poner
11lempre la razón de nuestro lado y la decisión de un
árbitro y la mediación benévola de una nación amiga
nos dan derecho á esperar que ya no encontraremos
un estorbo por el estilo de la intervención francesa en
nuestro progreso económico. Verdad es que nadie está obligado á recurrir á la Corte arbitral; pero los
Blgoatarios de las resoluciones, como, por ejemplo,
nosotros y los Estados Unidos, estamos moralmente
obligados. Y tendremos nuestro representante en
la Corte permanente y hemos de influir en nuest,r,is hermanos sud-americanos, para que pongan
su firma al ladv de la nuestra y debemos de haber dejado entender á nuestros cofrades los conferencistas de La Haya por la boca ó por la pluma de
nuestros comisionados la importancia que damos á la
resolución y nuestra decisión de trabajar sin desfallecer porlareuuión de la «Conferencia del arbitramento obllgirorio.&gt; Nuestros primos norte-americanos
~enen idéntico propósito. AU right.

Claro, mientras llega esta nueva edad de Astrea,
los tiburones tendrán una tendencia irreprimible á
4 comerse á las majorras. Detrás de la figura tribunicia del ministro Chamberl'lin tenemos la pícara
manía de ver como si fuese su sombra proyectada
sobre ua¡¡ mampara blanca, la silueta (con perdón
de la A".3demia) del Napoleón del Cabo, del insigne
Mr. Cec1J Rhodes, el mii,mísimo personaje que nos .
sentenció al papel de mojarras hace u nos cuantos
meses. ¿ Lo recordáis, lectores?
En ~~o este ir y venir de proposiciones y contra&amp;ropos1e1ones entre Inglaterra y el heroico estadillo
íblico del Transvaal, lo que ha puesto las cosas de
de guerra, lo que ba hecho áspera y punzante
discusión es el tono de los discursos Je! leader unionista._ El_mini~tro es de un temperamento muy cálido ba¡o su arrogante flema de inglés rico. Y dice Jo
~ue se le ocurre, aunque su jefe Milord Salysburi se
o medio tome á mal. Y los rumores de guerra hacen temblar todos los cables eléctricos del Globo y
Dboá.1111be uno á qué atenerse ¿quién tiene razón? ¿Har por fin guerra?
ti ¿Quién tiene razón? El débil, señores, el débil
ene razón. Yo no creo que la república burgher
haya hecho todo Jo que bubiera podido para conjuel mal. El monopolio de artículos indispensaes para la minería [dinamita p. e. ] que se ha re:~~o el Transvaal para tener siempre la canasta
los mineros de Johanesburg; el veto que
1es Impedía la entrada aun al ejercicio de los cargos
:fnlcipales en una región en donde esos mismos
rua~eros! los uitlanders como les llaman los boers, !orlos a m~ensa mayoría de la población, lo duro de
·nImpuestos, lo parcial de la justicia revelan el emo de los pastores transvaalenses de bacer la vida
:pislble á los susodichos extranjeros. Mala polítiaupeuando un ~ueblo se bc1olla en contacto coa otro
deber1or en n~mero, en riqueza y en actividad no
endós querer . 1mpe~ir por medios artificiales la
con¡ DlOSls, smo deJarse penetrar y asimilarse las
las• enrh extral!as, apropiárselas y transformarch~
emos hecho nosotros, y eso que hemos belograg 1~ han querido los boers; han querido, ;:iero no
0 acer otra cosa. Resultado, que ha acampa-

tuuto

:r

r

:S

EL MUNDO
do dentro de la Repúbica un grupo enemigo, pero
que no se irá del suelo que explota y Jo enriquece,
basta que lo baya agotado completamente, lo que
tiene que suceder tarde ó temprano: mejor dicho,
lo que antes de medio siglo habrá sucedido.
Pero poniendo á un lado esta pésima política, convengamos en que la enormidad de las concesiones
que el gobierno inglés pide casi en tono de amo explican bien la irritación de estos hijos de !os holandeses del_ Cabo que bu.} eron al Orange y al Transvaal precisamente para no estar en contacto con los
dete¡,tados angJo.c;ajones. El monopolio de la dinamita queda derogado: las franquicias otorgadas ¿Qué
fraoquicias1 las electorales: que todo uitlander que
baya cumplido, ó cada vez que cumpla cinco años de
permanencia en el Transvaal tenga 10s derechos electorales del ciudadano en el orden municipal y general, _aun cuando no se haya naturalizado, propone el
gobierno de la emperatriz-reina. No, contesta Krüger, si se naturaliza, enhorabuena; pero si no, serán
~ecesarios siete años.-No admitimos, replican los
mgles'3Sj pero que resuelva una comib-ión mixta que se
reuna en el Cabo. -Una comisión ;.nixtaslgnifica, reponen los boers, que concedemos derecho á Inglaterra para intervenir en nuestros asuntos Interiores; y
eso nunca. Pero someteremos la cuestión á arbitraje.
-N•,, exclama el Sr. Cbamberlaia, eso nunca; porque equilvaldría á que confesara Inglaterra que no
tiene un derecho eminente de soberanía sobre el
Transvaal: y lo tiene. -No Jo tiene, dice el parlamento de Pretoria, según e: último tratado; pero admitimos la comisión mixta, con la condición de que
se reconozca la independencia absoluta del Transvaal.
Y afü\dinse á este diálogo las precauciones militares
de los boers para impedir á los uitlanders que ayuden
á Inglaterra en caso de lucLa, y la llegada de los regimientos ingleses al Cabo, y el ir y venir de comunicaciones ent,re los bravos holandeses y el gobiernito de Orange y el jefe del ministerio en el Cabo, que
simpatiza abiertamente con los boers y. os formaréis
idea del embrollo ~ud-africano.
Si la guerra estalla será dura; el viejoJoubert (un
descendiente de hugonotes) comandante militar de
los boers ,.,0noce y practica á maravilla el aforismo de
Mauricio de Sajonia «todo el secreto de la guerra está en las piernas.&gt; Y s11.be moverá sus soldados pa&lt;itores, que son por el estilo de los cow boys de Tejas,
con una rapidez y oportunidad singulares. Los ingleses saben eso; hace 18 años lo experimentaron, y magullados y ensangrentados tuvieron que desisti r de
su empresa de cast igará aquella brava republiquilla,
que tiene como córligo fundamental la Biblia. El caso es que ostensiblemente se hacen de ambos lados
preparativos para el futuro conflicto y que en vista
de la nueva actitud del parlamento de Pretoria que
ha retirado las concesiones becbas, si los telegramas
no mienten, el gobierno inglés ha enviado ya su ulttmatum.
No será, bien acogido por la opinióu en Europa; las
iglesias de Holanda escuchan á cada instante las
prédicas ardientes de los pastores, sosteniendo la
causa de aquellos hijos lejanos, pero no olvidados de
la vi~ja madre patria; la reina Wilbelmina. ha interpuesto toda la simpatía que le profesa la gran abuela
Victoria en favor de los h olandeses de Africa, y el
más ~ulto y mejor filósofo entre los bombres de estado ingleses, John Morley, haciéndose eco de la
mayoría del partido liberal, ha calificado de antemano esta guerra como un acto de piratería. Pero, por
desgracia, el sentimiento imperialist a de que es porta-estandarte Mr. Cilamberlain prevalece ....

***
Mientras unos liberales, (hablo de los antiguos sol·
dadoE de Gladstone,) se ocupan en estos asuntos internacionales, otros, ce,mo Harcourt, emplean su actividad contra los cirios y el rncienso. Sabido es que
la Iglesia anglicana fué, a.l nacer, una simple iglesia
católica nacional y que la revolución consistió en
substituir al Papa con el rey y el Parlamento, á lo
que ya estaba la susodicha iglesia preparada. Ritos
y ceremonias, obispos y cabildos, todo se conservó;
pero el Rey y el Parlamento comenzaron á modificar
pronto todo esto y la opinión puritana que llegó
hasta la supresión de la vieja máquina oficial, dejó
en ella su huella de rigorismo y de odio al ceremonial católico. Mas todo ello tiende de nuevo á modificarse y una gran parte de la comunidad anglicana
ha maaift.stado en este siglo su inclinación á resucitar los hábitos primitivos de esplendor litúrgico. Los
católicos, cada vez más numerosos en Inglaterra, ven
el caso con muy amables ojos; el Papa.debedesonreir
benévolo y las procesiones se suceden entre el bumo
del incienso y el resplandor de los cirios en los templos anglicanos. Abominación, exclama lord .ETarcourl; el Parlamento se conmueve y los arzobispos de
Canterbury y de York, después de serias reflexiones,
deciden prohibir el uso del incienso y de los ci rios.
La religión, coIDo se ve, está salvada; no hay cuidado, no se deslizará entre el humo perfumado el espíritu de los ritos viejos y de la vieja autoridad pontifical; no; nunca, no popery for ere1·. Pero los arzobispos, cuentan sin la huéspeda; su decisión no tiene

177
sanción. Las iglesias que usan el incienso, pueden
seguirlo usando y nosotros lo desearíamos; UJl- templo sin incienso, sin luces y sin flores y sin órganos...
;.1ué es? ¡Ah! incorregiblemente sensual latino que
haces de la religión un placer artístico. me diría un
excelente amigo inglés que tengo, sorbiendo á copas
unos tragos de whÚJkey de Escocia ..... .

También S. M. el emperador Guillermo, suele fu. n,.
gir [como decimos en México los abogados que hemos
lanzado nuestro grito de Dolores contra el idioma de
Cervantes] de pastor luterano y celebrar los oficios
á bordo del Hoheuzollern, anclado en los fiordos noruegos y basta predicar largos sermones; uno que
otro marinero se duerme; pero el Kaiser conserva
sus t.iesos bigotes de paladín y su actitud hierática....
Sea lo que fuere, estamos seguros de que en esa actitud, gusta más á los conservadores, que cuando
reempla,.a sus sermones con los terribles discursos
en que compromete á conciencia la actitud del Gobierno prusiano ó imperial en algún asunto en que
no ba habido acuerdo previo de sus ministros y que
cuenta con la hostilidad de la mayoría parlamenta~ia que, sin embargo, le es devota. Así es y S&lt;lrá; es
mm?d_i!icable; su inteligencia es de una pasmosa
flex1b1hdad, pero cuando su voluntad entra en juego
procedeá golpes en un yunque ó en ul\a campana ... '.
Es un cortador de nudoti gordianos ..... .
Ved, si no, el asunto del Canal del Centro, del fa.
moso canal que ha de unir las riquísimas regiones mineras del Rbin con el Elba y Berlín. A este proyecto
se oponen los señores feudales, digo, los conservadores que ven así amenazado el monopolio de que disfrutan en la capit~l para la venta de los productos
del Este, casi todos suyos, y por este interés egoísta
l,bstruían, viene bien la palabra, obstruían resueltamente el proyectado canal. Además de esto, los conservadores tienen una regla inflexible: cuanto favo.
rezca á la industria, favorece al socialismo, es así que
el Canal del Centró favorecerá eno1memente el desarrollo industrial, luego ..... .
«Luego, dijo en s~ discurso el emperador, luego el
Gobierno jura hacer el canal; el canal se hará ... &gt;
Así antes del Canal del Centro quedó partido en
canal el partido conservador. Y como algunos ministros estaban tratand-0 de asegurarse, por medio
de concesiones, á los viejos conservadores, para que
cesaran su política de obst1 ucción, y como en medio de este servicio amistoso, Guillermo rompió los
platos, allí tienen ustedei; la crisis. ·
¡Ba.h! esto nada significa; cambiar de cuando en
cuando ministros es h igiénico en los gobiernos monárquicos; siendo el sol inmutable, preciso es renovar los planetas y exceptuando al canciller del imperio y al babilísimo ministro de hacienda Herr Mi-que!, los demás están ya substituidos .. .. E l canal se
hará.

*

**
Otra preocupación le ha caído al Emperador encima, que debe ser muy más grave. La venia que el
Consejo de Guerra de Rennes ha dado á los defensores de Dreyfus para solicitar permiso de los respectivos sobe1anos con objeto de que se presenten á declarar los ex-agregadoi militares de Alemania é Italia. ¿Lo permitirán? Lo dudo; una manifestación
imprudente, un interrogatorio mal dirijido pueden
hacer surgir una situación eJicesivamente delicada.
Además, si las declaraciones son consideradas como
falsas por el Consejo, puesto que tienen que reducirse á esto: «no hemos tenido relaciones con Dreyrus,&gt;
será una grave humillación para los gobiernos alemán é italiano. Por otra parte, si el terrible embrollo que ha resultado en el proceso y que no ha de desatar la demasiado lista declaración del general Billot: Estcrhazy y Dreyfus son cómplices-si estas tinieblas pueden recibir el rayo de luz suprt&gt;cna con
las palabras de los agregados, el bombre rígidamente justiciero que bay dentro del abotonado uniforme
del emperador debe estar á· punto rte preponderar
y .... veremos, lectores; · la próxima vez con vers'.l.remos sobre este tema; ya habrá material.

*

* *
Ya escrito lo anterior hemos sabido que el gobierno alemán ba hablado oficialmente. Pues bien, sin
meternos en los asuntos de los l'n,oceses, porque nadie les niega el derecho de hacer con el reo lo que les
dé la gana, pero expresando libremente nuestra opinión sobre un becho que pertenece á la historia y
cae bajo el pleno dominio de la conciencia humana,
sostenemos que no h ay un solo bombre á quien no
ciegue la pasión capiz rle vacilar un instante entr,:
la palabra de M. du Pd.ty de Clc1,m y la del emperador de Alemania.

_J ~ J

~-

�Domingo 1@ de Septiembre de 1899

EL MUNDO.

178

EL MIEDO AL RIDICULO.
Es una cosa generalmente admitida y establecida
sobre sólidas bases que somos valientes hasta el heroismo y basta la temeridad. A diario recoje la policía de nuestros barrios un número no despreciable
de heridos y muertos, víctimas del impulso que los
lleva á la riña sangrienta y al combate singular con
pret extos más ó menos frívolos y á veces p~ra y exclusivamente porque son muy hombres, por simple ost ent ación de valor y de audacia.
En los campos de batalla, durante nuestras-guerras civ:le¡; y extranjeras, nuestros soldados han prod io-ado su beroismo y su vida, sin regatea1la ni esca':notearla. y nuestra historia está atestada de proeza-i casi legendarias, de altos hechos casi épicos, de
sacrificios sin cuento, consumados como dice la canción del guerrillero:

r-·--- --------------------;;:~---

1

Con la sonrisa en los labios
y la altivez en la frente.
Pues bien, hay una cosa que intimida á este pueblo arrojado, hay algo que lo hace temblar como una
muJer y llo-:-ar como un niño, hay un hecho y un peligro ante los cuales huye, de lo!.' que se esqui va y esconde, que le infunden pavor y espant,,, que lo arredran y amedrentan más que el enemigo airado que empuña la daga., que el ejército contrario que asesta
cañones y dispara fusiles, que el huracán que siega,
que la tempe:,tad que arrasa, que el terremoto que
derrumba, que la mar desencadenada que hunde y
aboga. Ese algo que hace erizar en nuestra frente el
cabello, que biela la sangre en nuestras venas y empapa en helado sudor nuestra piel es pura y simplemente: El ridículo.
Vemos con impavidez consumarse la ruina de nuestras esperanzas, disiparse nuestras ilusicnes, hundirse en el abismo de la bancarrota nuestro patrimonio;
con irónica sonrisa recibimos á la enfermedad que
ha de paralizar y aniquilar nuestra actividad y nuestra vida; como Ouauhtemoc, somos estoicos ante el
tormento físico y ante la tortura moral; mas no bien
el ridículo asoma su silueta. raquítica y deforme y
muestra su siniestro é irónico rictus, huimos como
los llamas andinos al anuncio del terremoto, como los
potros salvajes ante el incendio de la pampa, y ocultamos el rostro y vol vemos la espalda y emprendemos la fuga como niños asustados por el coco.
Por buír del ridículo, por esquivarlo y evitarlo,
no hay sacrificios que no estemos dispuestos á consumar, ni peligro ni daño que no nos sintamos resuelto!'. á afrontar ó sufrir. Nos arruinamos por no
caer en el ridículo de parecer pobres; nos exponemos
á la enfermedad y á la muerte por evitar el ridículo
J e pa1ecer prudentes y cautos; y hay amante y hay
marido que matan ó mueren por hufr de.l ridículo de
la situación de desdeiiados ó burlados.
E$te miedo cerv;J.l al ridículo paraliza muchas de
nuestras energías, sofoca nuestra iniciativa y nos
condena á la vida rutinaria é imitativa de carneros
de Pa.nurgo.
No hay ridículo posible dentro de b usual, de lo
habiLual, de lo aceptado; quien viste, come, piensa
y procede como todo ei mundo no se pone jamás en
ridículo. Se exponen á él y an él pueden incurrir
j m,tamente el inovador, el iniciador, el que, tascando el freno de la rutina y hastiado del sendero trillado rompe con lo usual, toma por el atajo en busca
de nuevas rutas y de nuevos horizontes; quien se-

EL ATENTADO CONTRA. M. LA.130RI, DEFENSOR DE DREYFUS.-Ml!:E. Ll130Et[ AUXILIA AL HERIDO,
dien~o de novedad, inventa, sug iere, predica y promueve nuevos usos, nuevas ideas, nuevas costumbres.
Galileo, Oopérnico, Darwin, la mayoría de los pensadores y filósofos, de los revolucionarios é inventores, han comenzado por ser ridículos antes de llegar á
ser sublimes. El Capitolio se codea con la Corte de

DREYFUI! PROTESTA CONTRA LAS INCULPACIONBS QUB LE DIRIG&amp; EL GENERAL °MBRCIBR.

l 1&gt;s Milagros. Heráclito, el llorón, y Demócrito, el rl•
sueño, fueron juzgados locos y befados en calidad dó
tales; Juan J. Rousseau, que había de remover .,¡
mundo, era superlativamente ridfr.ulo ante la aristu·
cracia francesa. Los muchachos berlineses silban en
las calles á Joe~er, el Inventor del t raje higiénico,
como los granujas parisienses silbaban á Mirmao,
que había adoptado la religión musulmana y el pin•
toresco y cómodo traje anexo.
Lus grandes ridículos de la humanidad se cosechan
entre los regeneradores filósofos, políticos, morales Y
sociales, y tan ridículo nos parece el inventor de la
máquina de volar, c:,mo pareció Cristo á los magna·
tes y al pueblo romano. Jesús, coronado de espinas
y con su cetro de caiia, es el símbvlo del ridículo,
torturando á la grandeza.
.
Tener miedo al ridbulo es tener miedo á la 1000
vación, á la reforma, á la invención y al descubrimiento; es decir, es tener horror al progreso; como
ser satírico y sangriento es tener honor á la l!ber•
tad. El miedo a1 ridículo paraliza y enerva y son
siempre más progresivos y más libres los bo~ bres Y
los pueblos que no lo tienen y que no practican la
sátira.
Los pueblos que, como los del Norte, no temen el
ridículo y casi no saben en qué consiste, se expone~
á ver pulular los seres P.xcéntricos y extrav~g~nf~
pero en cambio ganan en libertad y progres1v1da · 0
Los pueblos meridionales que huyen del ridfcu1
como de la peste, se expon~n á cada paso á enfrenar
el progreso y á encadenar la libertad.

Domingo 10 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

179

LA CORTE MARCIAL DE RENNES

~bor~ el soldado, venido de las capas
mfenores del grupo social, recibía su
pré y recogía su rancho que iba á devorar en el suelo entre sus camaradas.
En el Batallón de Zapadores tiene ya
bancas donde sentarse y mesas con
manteles blancos donde comer.
La mejora inaugurada en Zapadores
con honradez, orden y economía, tiene
u_n a;to fin educativo que encontrará
sm duda imitadores en los cuerpos del
ejército nacional.

Dos días antes de aquel en que fué
.herido el defensor de Dreyfus comparecieron como testigos el ex-presidente Casimir Perier y el General Mer,eler. El pr imero vestía 1arga levita y
nevaba en el ojal la cinta de la Le.glón de bonor; al oir su nombre avanzó
gravemente y negándose á tomar
.asiento, empezó su declaración. Dijo
que su objeto principal era protestar
-contra las versiones relativas á su conducta como jefe del Estado en el asunto Dreyfus. Habló en voz alta, con el
tono autoritario del que ba acupado
puesLos elevados y su declaración fué
un discurso político, una defensa de su
intervención oficial en el asunto, una
conferencia sobre las trabas constitu~loles que entorpecen la acción del
.Presidente de la República Francesa
en ,los negocios más difíciles del Es-

EL INCENDIO DE LA CASA TIPOGRAFICA
"LA. EUROPEA.. "

Uno de los acontecimientos más tristes de la semana ha sido este siniestro en el que sufrió graves pérdidas
el propietario de «La Europea&gt; y un
golpe rudo la industria de la capital.
«La Europea&gt; era, en efecto, uno
tado.
de los establecimientos más sólidos y
El General Mercier, avanzó después
de porvenir más abierto. Pasan de
lentamente y cuando acabó de protescuatro las empresas de este género que
.t,ar, pidió permiso para sent"l.rse y hahan fracasado en México y si «La Eubló largas horas. Al terminar se diriropea&gt; se sobrepuso á todas las dificulgió al Capitán Dreyfus y declaró que
Los GENERALES MERCIER
y füLLOl' EN EL CONSEJO DE RENNES.
tades que obstruían su cam!no, fué
1
al se bubiese engallado no vacilaría en
gracias al espíritu animoso y amplio
reconocer su errer y repararlo. Entonces Dreyfus se
Co medor para la t ropa e n e l Bat allón
de su propietario el Sr. Aguilar y Vera, el cual babia
levantó de un salto, y tembloroso, con voz enronqued e Za padores.
conseguido montar un modelo de taller tipográfico.
~Ida, gritó:
El fuego lo consumió en breves horas, no obstante
e¡ Eso es lo que deberíais decir! . . . &gt; e¡Es vuestro
. ~l ~um_in~o p~sa~o el seiior Presidente de la I\epú- los oportunos y solícit')S auxilios de las autoridades
-deber! .. .... &gt; El Presidente hizo un signo con lama- buca se s1rv1ó as1stu á la inauguración del comedor del cuerpo de bOmberos y del vecindario.
'
no y el oficial de gendarmes
~ue estaba junto á Drey:fus lo cont uvo, recobrando
el acusado su actitud serena. Un minuto duró esta
@Cena patética, un minuto .nada más; pero caus6
tanta impresión que el Pre.aldente levantó la sesión
del Consejo.
Ya hemos referido en otro
lugar el atentado contra
Laboti; nos falta sólo decir
~mo se reci bió la noticia
~n el Consejo. E l lunes 14
de Agosto, abrió la sesión
~l Presidente dirigiendo
una advertencia á los concu•
rrentes que en la sesión
-del sábado Increparon duramente á Mercter. Iba á
abrir los debates cuando M.
Tauney, vice- presidentede
la Sociedad de la prensa
judicial, lanzó este grito
en la puert a del Sil.Ión: «Labor! está herido.&gt; El públiC!l se llenó de estupor al
~irlo.
Otro de los incidentes
más notable" fué el careo
entre Casimir Perier y Merder en el cual este jefe del
~Jerclto, este «débil de espíritu&gt; como lo llama Zola
quiso apasionar el debate
relacionando con los hechos
,que se discutían u!la complicación diplomálica entre
Francia y Alemania.
lNAUGURACION DEL COMEDOR PARA LA. TROPA EN EL ÜUAfi.TEL DE ZAPADORES.
Durante algunos momentos salieron á plaza secretos de Est ado, intimidades de esa situación anormal
para tropa que ha estableciclo en el batallón de
Nuestras ilustraciones tomadas de fotoo-rafías
fmo la llamó Perier, en virtud de la cual el jefe d~ mando el señor Coronel Manuel M. Plata.
que hizo un apreciable aficionado, la noche del sábaa Nación francesa puede ser y es en ciertas ocasioProcurando en lo posible la dignificación del sol- do_ 2 _á la hora del siniestro, mue:.tran el estado del
nesgobierna
un func1·onario
· nomma
· 1, un nwnarca que nina y dado, dándole instrucción, moralidad y disciplina, ect1fic10 en su parte interior. Ni aun las vio-as de ace-no
faltaba elevarlo un poco en su nivel social. Hasta ro pudieron resist ir y se _Jas ve en uno de los graba•

su

ASPECTO GENERAL DEL CO:.IIEDOR DE LATROPA EN EL CUARTEL DE ZAPADORES.

�Domingo 10 d~ Septiembre de 1899,

EL MUNDO,

Dcmtngc 10 de Septiembre de 1899
==

/3L incendio dv ltt&gt; caó~

ESCOlrBKOS DEL IJEPAR'l'A)IENTO DE PRENSA8.
ASPECTO EXTERIOR AL DIA SIGUIENTE DEL INCENDIO,

dos caer como cintas de tela sobre los escombros encendidos.

DE

"E!.. MUNDO."
Por los grabados que publicamos hoy, verán n~estros lectores que acabamos ya de montar la maqu_rna- .
ria, y hemos comenzado á trabajar :n ella: los prime•
ros trabajos que se ban emprendido, son los de las
novP-las que daremos en una forma nueva y mucho
más cómoda, siempre espléndidamente ilustradas.

ll&amp;'CON EL PROXIMO NUMERO
COMENZARA EL REPARTO. ~
Al principio de este año, por circunstancias agenas
á nuestra voluntad, dejamos de repartir tres novelas

de prima con ofrecimiento de repo;:ierlas: en el mes
:ie Julio estaban repuestas, y esto nos abona para la
seguridad que deben tener n~es_tros abonados del
cumplimiento de nuestros ofrecimientos.
Con creces serán satisfechos los lectl.res de EL
MUNDO,

Matilde L. Brugulere.

Los

BOMBEROS SOFOCANDO EL FUEGO EN EL INTERIOR,

Sr. Emilio Lange.

Esta soprano de voz deliciosa, formada. en la mejor escuela, tiene en México admiradores que con justicia 111, aplaudieron poco ha en la sa:a Wagner.
:Matilde Brugulere volverá prontoá :M~xlco, y hará
muy bien, porque todos los dillettanti la esperan de•
seosos de tributar nuevos homenajes á una de sus artistas predilectas.

También el Sr. Lange merece grandes y vivos elo•
gios por la excelencia de los trabajos de su fotografla.
Ilace poco publicamos un retrato de la Sra. Challa,
que nos fué proporcionado por el Sr. Lange.
Hoy nos da otra prueba del acierto con que maneja su arte: el retrato de la Sra. Plummer, en el que
verán nuestros lectores una belleza arrogante y un&amp;
fotografía de gran valor artístico.

Sr. Octaviano de la Mora.

EL SR. C. C. i:0S10.

Reproducimos hoy en nuestra primera plana un
grupo de fotografía
hecha en el reputado taller de este caballero, uno de lo~
que impulsan con
más talento y ahinco el arte fotográfico
en nuestro país.
Creemos que ese
grupo, artístico en
su composición y de
notable exactitud,
ser,á del gusto de
nuestros lectores, los
cuales pueden apreciar en él, no sólo la
perfección del grabado, sino el mérito
del fotógrafo.

Es el autor
de los grupos
y de los dos retratos de nii'las
que figuran en
la página 184.
[]Ilacemos es•
ta mención del
aventajado artista, en agrademmiento á
la bondad con
que nos hizo
tan preciado
envío.

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8RITA, J.!ATILDl!:

L.

BRUGUIERE,

Soprano de Concierws.

SR,

ÜCTA VIANO DE LA MORA.

EL MU~DO.

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ENTRAD.A. DEL COLEGIO MILIT.A.R Y ES'l.ATU.AS EN_BRONCE DE LOS HEROES MUERTOS EN EL ASALTO AL Ü ASTILLO1 DURANTE L.A INYASION .A.MERIC.ANA

1

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�.Domingo 10 de Septiembre de 1899.

Domingo 10 de Septiembre de 1899

EL MUNDO.

185

EL MUNDO.

f\VENTURcf\ DB HEOTOR.
Los Fossemagne ocupaban tace diez al1os el lu.¡ar envidiable de matrimonio excepcional en los
,écUlo., dela altasoeiedad parisiense, y sunomb,e
aervfa'á los optimistas ( dos ó tres que hay toda•
'ria) para decir que no todo sucede de la peor manera en el má.s malo de los mundos imaginables.
Si alguien decía que ya el amor no existe, que
lo• jóvenes buscan sólo dotes y no corazo_es, al
punto se objetaba:
-Sin embar go, Héctor de Fossemagne que
«a muy rico, se casó con Susana de Craponne
f()f los lindos ojos de la novia.
Contra los lamentos variados de los pesimistas,
toa Foaaemagne, 6 uno de ellos, servían de argu-

mento:

-Todavía hay jóvenes de la altasociedad que

no ae arruinan, y sinó ahí estAn los Fossemagne.
-Por lo menos hay en P 11rís un matrimonio

feliz: los F ossemagne.
11.

12.

n

:14

16.

~_!:·_J~~~~:'.'.:.__~-~~~~~:~~~:°..

1
n Eroestloa cossa. 11 Laura Temo. 13 C{,,rmen Travancc. H Ana Yar!a Co,;sa. _

--------------------------

---

c¿bna velada a:tÍótica en el Cf5eatio &lt;3auz de [/alapa.
d licioso parque. Es proverbial llamarle la tierra de las flores, que, como en el
Jalapa es un e
•
hermosas
apólogo del poeta, son hermants de la: ~u¡eres aquella Óudad una fiesta noble en el Teatro
La noche del 2-l ~e Ago.st
tim\ uu1 p:~a celebrar las obras de misericordia; para conso.
Ca.uz. Flores y mu¡eres, se eron ci ª ª
tlval de caridad que hizo 6¡¡oca.
la1 á los tristes Y socorrer ádlobsl po~re~. Fué ~~~~cuenta una miniatura, un encanto, un friso
Entre las notas más agra
es e reum
enel'csos que las flores y las muJe•
de inocentes cabecitas. Los niños no qulisleron s~~:~~º~a~taron el coro de Doctores del Rey
res Se vistieron de fantasía, Y entre r sas y ap
1 .
'6 i uiente·
Rabi6. ¡Picaruelost Un cron~sta jalapeildo ºsºesl~:~~rpl~:c~c~:p;:~~ ~l s ~te Y p·ara lo bello,
Los niilos de hoy son precoces, pero cuan o
hay que aplaudir Y no entristecehr~e:
stas crlaturitas! Un grupo de dieciocho cabecitas
¡Qué coro de los Doctores nos e1eron e
I miis monas! y que bien lo ht.
infantiles, lo más frescas, lo m1s bonitas, lo mis plc:1.res~,1,s, i~ de todo lo qJe hay de delicacieron esos diablillos! Parecía que tenían comp~.:taácenc encuso música Cnapí - Era de ver
d d r
d picante y de ingenioso en la sátira
que P
·
6
1
a~~ei8gd~~;~ d~ facu~:~~=os, iyº~~ép~:~1s:ae\~nÍ~~~rf;c!~;~:1~~ :1o~~!t:!to
t~=~: y
pauan o, con una m
m
'
. vedad que únicamente se puede adqulexperiencia clásica del agua! Y todo ésto, co_n la gra t ía y Fisiología y todas las demáa
rir después de estudiar muchos anos Pc1.tolog1a Y Ana om

g/
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ª

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tl!f

~:~~~~~h~~~=í~~~~:ad~ ~~
~~f:~!~~€a

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~!il~!~/u~~nt:e ~~r~fd~t~! ;::cei~oi°~es~~u~~::1f~~::~l1~:i~
remediar aquello en pleua escena? Era un pro?le~a átmpr~i~/h!~:;;, Jlla opt~ por llevar•
1
1
~~c~1i J~~:~ou;l :a;2;!\;
;1ªtu~ie~~~
~;:0 r;g~:e~=

:~i

¿\~u:i~~~s~~~~~l

:~l~rn~us~ªf:~t1~::ii~º~ne:! r:::~~~i~~t!fn~ ~~e!:S\a~ :e!es que en consulta se juntan de dos
representantes de la Facultad para arriba!
d
f m
El Mundo Ilmtrado rinde hoy un homenaje á la Ciudad de Jalapa, publican ~ e1 ª 080
grupo de Doctores y dos de los más graves y graciosos, como un eco de la simpática Y encan•
tadora fiesta.

i:co. 3 Guadalupe Jlménez. 4 Marta Parlange. 5 Rosario Cuesta. 6 Ana Fresse. 7 Laura Sandoval, 8 Doloree Teráo. O Emllla :úutlérrez.
Amlnta HernAndez Pé1ez. 2 DlºDISIQ Trava
17 Emllla Gutiérrez. 18 Marta Parlaoge.

-Hay una mujer que no tiene aventuras, y no
f()rque aea fea, la marquesa de Fossemagne.
-Hay un marido fiel: Rector de Fosf!em¡¡gne.
Y aaf auMsivamtnte.
Conocí á. Héctor en el colegio, estaba él entre
toa chicos y yo en las clases superiores, pero la
múaica nos aproximó, él era soprano en los coros
ele la capilla y yo un bajo que hacía temblar las
Tidrieras cuando cantaba. Nos volvimos á vn alpos allos má s tarde: Héctor ya no era soprano,
felizmente para él, pero toda vía le gustaba la mú
alca. A no ser por la mala idea que tuvo su pa•
-dre de dejarle una gran fortuna, sería hoy uno
-cle tantos imitadores de W agner y no de los menos aplaudidos. Tenía á lo menos una cualidad
-de las má.s raras, la de no creerse un genio.
lllly tímido para no ser ostentoso, ocultaba sus
eompoaieiones en el fondo de un cajón y no hablaba de ellas sino á sus amigos íntimos, negán-cloae siempre á. dar audiciones.
-Cómo ha de ser, decía ; guardo para mí las
flores del arte ein dejarles A los otros las espi•

us.
Una fr11sca maff.ana olvidó sus oratorios y sus
sonatas: estaba enamorado, magnífica, poéticamente enamorado de la deliciosa Susana d11
Draponne. Para que la conociera y para saber
mi opinión, me llevó á un baile al que ella conarrfa. Mi opinión, si he de se~· franco, fué que
-ila bella S11sana le faltaba algo para que me
.gastara: lo que le faltaba era sencillamente tener
eorazón. Por lo demAs, teEía todas las cualid11dea, muchas por cierto, que puede dar IR. ed11ca•
-cion A una al ma sin ternura. Reconozco también
i¡Ue la educación de nuestra época eon el d"S·
arrolloexagerado de lai facultades del espíritu, lk
.ga fatalmente á. eliminar la ternura; las especies
de florea crea das en los últimos tiempos por el
-eul.stvo científico, eareeen de perfllme, lo que no
obata para formar eon ella deliciosos ramilletes;
pero estos ramilletes no tienen ese algo indefini
ble, cuya ausencia me inquietó cuando conocí á.
8uana. Nada preciso tenía que decir contra ella
Ynada dije sino que era superiormente bella,
verdad indiscutible.
Me abstuve de calmar los terrores de mi
~migo que en sucAndida modestia veh probabili·
cladea imaginarias de una negativa por parte de
ella que A mí me parecía imposible. Héctor erl\
j'&gt;ven, de buen porte, inteligente, honorable y
artiata hasta donde pu~de strlo un hombre de
sociedad, que no Quiere salir de su circulo . .A.delDia era r ico y la familia de S11sall&gt;l esuba en la
llliaeria y la muchacha ya teni11. más de veinte
atlos. Héctor t1&gt;nía todas las condiciones necesa•
riaa para triunfar, pero era de esos jugadores
-' quienes sólo les interesa una partida difícil. Le
dejé, pues, la emoción de la empresa, las atn!iedadea de la duda y el estremecimiento de su eo•
razón, joven y generoso. Fué el mAs encanta&lt;ior
Y el mb tfm\(10 de los enamorados y su ídolo
PU.do imaginar a l ver el f"rvor de aauella adora.
rión que el pretendiente combatía á veinte rivaea, lo qne en mi concepto estaba muy lejos de
aer la verdad absoluta. Despuéi; de un asedio
demasiado largo pero delicioso, el barnmetro
•entimeual mareaba pasión por parte de Héetor:
-el fdolo eay ó en los brazos del adorador, y el
illlundo loa perdió de vista un allo entero.

Reaparecieron 111 fin más felices que nunca, manifi,stando con un buen gusto muy raro, cierto
malestar por una ventura que los singularizaba
entre la multitud, como si anduviesen vestidos á
la usanza de otro hethisferio. El apogeo de la felicidad humana llegó para Héctor el día en que
tuvieron una hija, A la qut· le pusieron el nombre
de Susanilla. ¡.A.y! el astro de la vida de 11.quel
hombre habfa llegado al extremo de la órbita de
su fortuna, y volvía A acercarse A la tierra. Re•
cuerdo la vaga opri,sión qne me causaron ]Aspalabras de Héctor cuando me hizo esta confesión:
-Tú que analiz11s los corazones, explícame Jo
que me sucede. Desde que nació mi bija mi di
cha es mayor, cosa que yo creía imposible. ¿Por
qué me creo ent0nces menos tranquilo? .A.penas
se a bren los ojos de esa nin.a, y ya me siento perturbado cuando me mira; suspiro como cuando
no tenía la seguridad de ser amado; hay en mi
una especie de malestar absurdo é indefinible.
¿Cómo va a. acabar estor
Por primera vez desde que Sil casó, brotaba
de los labios de Héctor esta horrible palabra: análisi~. En el jardín de mi ponre amigo la orimera
flor otofl.al anunciaba las mallanas grises y las
breves tardes. Sin decir todo lo que sentía, le
contesté:
-Probablemente estés celoso, y si no lo estAs
todavía, un vago instinto te dice que pronto lo
estarás. Si, estarás celoso de tu hija: en ciertos
momentos la madre se interpondrá entre tu corazón y la amada; habrA tres en donde antes se
cantaba el dúo sublime. Es la ley fatal; pero la
naturaleza que nos hiere en cada nueva etapa de
nuestra vida, venda nuestras heridas con admira ble bondad. Nada importa que el río de tu fdlicidad se divida en dos brazos, pues no por eso
deja de correr una sola gota en él.
Héctor meditaba la contestación que yo le dí.
-¿Sabes una cosa? me dijo al cabo de un inPtante; creo haberle dado un nombre al malestar
que siento. Es algo así como el remordimiento
anticipado de UII crimen que voy A cometer. Sí,
siento que voy á amar á mi hija mAs que á ....
nadie.
-¿Y llamas á eso un crimen? le dije riendo.
-E I todo caso es una horrible injusticia. Mi
mujer ha sido durante dos an.os, el único objeto
de mis pensamientos; todos mis actos, todos mis
deseos, todas mis esper.rnzes se han encaminado
A hacerla feliz. Hoy tiene una rival y ¿por qué?
¿1\CaFo ella ha dejado de amarme? ¿la reina ha olvid1,do á su fiel &amp;úbdito? No; meses y meses ha
sufrido las torturas más insoportablee; ha arriesgado su vida tanto como nosotros la arriesgamos

la vida recobra de nuevo su lugar de mujer, los
vagidos de la bija le dicen que debe compartirlo
eon ella. Confiesa que nunca hlls pensado en
esto.
-Sí, he pensado, y, como, gracias A Dios, mi
alma es menos complicada que la tuya, mi conclusión y menos perturbadora. El remordimiento de que hablas es una t'Xager11ción ele refinado;
yo no voy tan lejos como tú y me !illlito á decir
que debemos perdonarles muchas cosas á las mujeres, en primt r lugar porqueaman más que nos
otros y luego porque los sufrimientos físicos y
morales á que estAn expuestas y los peli~ros materiales que corren ha~en que el papel c:myugal
d e ellas sea mAs importante y su situación más
delicada y respetable. La paternidad es en ti
matrimonio, lo que las grandes m1:1niobras para
el ejército y la maternidad es la verdadera guerra eon las balas que silban y los sables que tajrn. Los hombres olvidan esto fácilmimte.
- ¡Ah! exclamó Rector; yo no lo olvidaré. Mucho miedo he tenido en esa guerra de que hablas.
Es problable que Fossemagne llegara A adormecer esos escrúpulos que manifestaban en él un
espíritu nada vulgar. Adoraba A su hija con una
exaltación inquietante, y todos sus amigos creían
que no le sobreviviría Susaoi.la r.i é3ta llegara á
morir. Cuanto á Susana, embellecida por la maternidad, no manifestaba celos; para leer los secretos ocultos bajo ese exterior soberbio, necesitarfanse los rayos de luz negra recientemente
descubiertos. Una cosa sí era indudable: nunca
fué mAs feliz aquella pareja, ni se la vió jamás tan
unida, tan intacta en medio de los peligros que
dominaba como domina el impasible sol la peligrosa agitación de las olas. Héctor despreciaba
á la sociedad, muchas veces me lo dijo, pero tenia demasiada prudencia para manife,tar su sentir íntimo. El y su mujer hacían y recibían visitas, aunque sólo las muy necesarias para no pasar por misántropos ó avaros; muchas jóvenes en
la situación de la marquesa habrían encontrado
demasiado severo ese género de vida, y así se lo
dije un día, elogiándola por su filosofía. Ella me
contestó:
-La filosofía para mí es muy fácil. Estaba
destinada á no saber lo que es un traje eleg.m'te,
un coche ó una joya: tener esas cosas es lo esen.
cial; ostentarlas, lo accesorio. Sólo hay dos seres
en el mundo a quienes me interesa ·tener contentos, mi marido y yo.
.
Era un gran elogio que la marquesa haci1:1 de su
propia virtud; pero creo que no había en París un
solo hombre que lo creyese exagerado. Tal vez
habría hecho mejor en decir «yo y mi marido,&gt;
pero aún así la afirmación no era menos desalen.
tadora para los terceros. Lo que hay de cierto es
que pocas veces he visto una plaza menos sitiada. ¿Cómo podrían perseguirla cuando su marido la acompal1aba á todas partes? Galantear A
la sel1ora cuando el SP.11or e11tá á. dos pasos, y os
mira sin celos y con sonrisa benévola, es un pasatiempo ridículo, y sabido es que en nnestra her•
mosa Francia el dia que sea 1·idiculo come-r, toda
la nación se mo1'irá de hambre.

II

en una batalla. L11. diferencia es que nosotros tenemos tambores que redobla n, banderas desplegadas una mención honrosa en la orden del día,
los galones nuevos, la cruz, todos esos estímulos
que exasperan el valor. ¡Pobre Susana! ella nada de esto ha tenido, y e1111ndo salvada, vuelta A

Si 111. sociedad parisiense tuviera tiempo para
a nalizar por sí misma y no se atuviera a, leer los
análisis que hacen los estritores, se habría preguntado por qué un día Héctor se puso á componer música. Confieso que yo me pregunté la causa de ese cambio en su vida. Creí que mi amigo
volvía A tr11 bajar después de muchos afios de
ociosidad, porque su mujer le reprochitba su inercia, y cuando una mujer comienza á advertir que
su marido está ocioso, la conclusión lógica es que
se fastidia de él. Susana, cuya habilid1:1d me Cl.lU·
só admiración esa vez, comprendió indudablemente la necesidad de impulsar los trabajos de!
compositor, dándole el goceineomparable de ha
eer aplaudir su música. Para un aficionado que
tiene buena casa, este placer es de fácil realización. El marqué3 de Fossemagne no tenía más
que invitar á sus amigos A una audición de sus
obras, y así lo hizo.
Hay en ambas márgenes del Sena 50.000 per-

�EL MUNDO.

186

Domingo 10 de Septiembre de 1899.
la Marcha de Chopin acompaliaba las exequiaa
de la dicha conyugal de mi amigo. Aventuré
pues, esta pregunta filosófica.
'
-¿Es cierto entonces, como dijo Balzac, y mAs.
recientemente un predicador de ejercicios, quela mujer no debe enorgullecerse de su virtud antes de los treinta aflos?
-¿Quién habla de mujer? La pobre marquesa
siempre ha sido irreprochable; el marido fué.
quien hizo el escándalo.
Aquí para inter nos, debió
de fatigar al cielo eon su.
música, y salió de las corcheas para caer entre las.
garras de una damiselaquelo tiene bien preso.
- ¡Héctor!... . . . ¡Héctor
infiel!. . . . ¡Héctor en laa
garras de una intrigante! .. ,
No lo creo.
- Si no lo crees, dílea.
por ahí que te enselien en
la calle de Antibes la villa
de una actriz de cuarto orden llamada Lucila Regnier. Pregunta el nombredel seflor que le ha deparado ese asilo, muy lindo por
cierto, y que se encierra.
allí diariamente. Si es par•
tocar sus composiciones,
compadezco á la infeliz.
-;.Y la marquesa nada
sabe?
- Difieren las opiniones.
Si nada sabe, tiene uns graa
dosis de buena voluntad su ignorancia. Vive fuera de la sociedad, entregada á la educación d&amp;
su hija, di:iliciosa criatura de nueve aftos. No en•
tra un solo hombre á la casa de Susana, ia cual
como lo verás, está más linda que nunca con Stl
belleza triste. No hay que contar con la fellcidad
terrestre: una mujer no debe casarse.
-Sin embargo, querida tía, A todas horas s&amp;
lanzan !lnatemas contra los hombres porque no
quieren casarse. ¿Cómo nos las compondríamos.
entonces? .... Por lo demás, yo no ereeré en la.
aventura de Héctor hasta que tenga pruebas.
Las tuve dos días despuéR. El mundo entero
conocía á Lucila Regnier. El primer transeunt&amp;
á quien le pregunté, me mostró la casa, verdadero nido de enamorados, oculto entre palmeraa.
y baliado por el mar. Para colmo de certidumbre, ví salir de esa casa á mi amigo, el cual teni&amp;
más trazas de amante desdeliado que de Don
Juan triunfador. Al verme se Je iluminó el ro3tr0
con una. alegría que no me gustó mucho.

sonas para quienes constituye el peor de los ma•
les el fastidio de quedarse en casa después de
comer, sentadas en muelles sillones junto á una
chimenea crepitante, en compaliía de un buen li•
bro ó de la mujer legítima, según el caso; companlda con esta que juzgan calamii:lad, los infortunios
secundario"! de la vida les parecen no sólo soportables sino insignificantes. De ahí viene que no
)laya pieza teatral, por mala que sea, sin espectadores, ni sofrée monótona sin una fila de coches
frente á la puerta de la casa. Ddcir que las au·
diciones de Héc~or eran agradables parecería
adulación; vale más decir que desde luego se pusieron de moda. Dió tres un invierno. Aquel alio
su mujer cumplió treinta alios.
La casa cambió de aspecto desde que el arte
se enselioreó en ella; aparte de las veladas mu•
sicales, se veía allí otras veces á varios instrumentistas, algur.os de los cuales eran amigos
íntimos de los Fossemagne. Cit11remos al violi·
nista Kopriva, que entusiasmó á Paríi! un día y
cuya desaparición inexplicable para todos lo será
menos para los que lean estas líneas. Ese joven
húngaro de fisonomía tranquila y sonrosada de
clérigo inglés, no tenía técnica al decir de los intt:ligentes; pero á pesar de e~o puedo decir que
jamás he oído á ningún violinista que lleve á un
grado igual la fuga de la impresión.
Una noche, jamás lo olvidaré, se nos invitó á
comer en la casa de los Fossemagne. A la hora
de los postres, discutíamos Koprive y yo lo po·
tencial de los diversos instrumentos; yo á pe1:1ar
de mi incompetencia me atreví á sostenor que el
órgano es el primero de todos ellos. Esto indignó
al joven artista como si fuera un ataque personal.
Más de una vez había observado que la marque- amplitud magnífica de la obra maestra ejecutada
sa "-ontrariaba lasideas del artista y admirélali- por Kopriva en el boudoir perfumado cubierto de
bertad con que éste sostenía sus opiniones como
tapices ....
si no discutiese con una de las mujeres más be- sordos
L1 tempestad se había calmado. Una melodia
llas de París. Yo mismo no me habría atrevido á len ta, serena, interpretaba la resignación de los
tanto por más que sólo viese una amiga en la mu• que quedan, la eterna pa.: de la tumba despué,
jer de Héctor. Esa noche Susana nos dijo:
-A:ver fuí á San Sulpicio invitada á un entie• de las fatigas de la vida y la esperanza de una
mejor. Al comenzar la segunda repe•
rro. Widor tocó la Ma1•cha fúnebre de Chopio y existencia
tición
del
canto,
el húngaro se paró frente á Su•
todavía me estremesco de horror al recordar a que· sana y entonces la
misma melodía, transformada,
lla música sublime. ¿Qué podría hacer un violín se convirtió en un canto de amor tiernísimo, tan
para igualar la poderosa expresión del órgano? claro, tan audaz, tan manifiesto que vol vi los 0jos
Aun veo la irritación dolorosa que contrajo el
hacia el acompañante, espantado de la escena
rostro de Kopriva é iluminó sus ojos negros.
-¡Vamos! exclamó. ;.El señor Widor leha da- que iba á seguir. Comprendí sin embargo que
do á usted una impresión de horror con ,ms te- Héetor no era en aquellos momentos un marido
clas, sus pedales y sus tubos que parecen chime- sino un mú~ico; parecía no ver los ojos de su muneas de fl\brica? Yo haré que la M.,,rcha fúneb1·e . jer baliados de lágrimas, su pecho jadeante, su
la haga llorar, temblar y pedir gracia .... Ya ve- rostro en el que babia muerto el desdén. Subyu•
gado, abstraído por su tarea de acompaliante, el
rá usted lo que puede un violinista.
Se levantó de la mesa como un loco, y por una infeliz sólo pensaba en dar relieve á la ejecución
especie de extrali11, fascinación lo seguimos sin de Kopriva. ¿Ignoraba la obra maldita, infernal,
pronunciar una sola palabra, Creí de pronto que á la que se Je asociaba? .. . ... Despué, de los úlhabía entre él y Widor alguna rencilla profesio- timos compases, cuya quPja atenuada expiró en
nal, desconocida para el público. Llegó al bou· un agotamiento mortal, Kopriva, con la frente
dofr de la marquesa, iluminado con la luz roja de baliada de sudor, partió sin despedirse, dejándo·
una lámpara velada; en la chimenea se extin- nos abrumados. Casi inmediatamente le seguí.
guían los tizones que habían templado la atmós- El marqués, pálido como un muerto, no me acomfera. Un perfume fuerte, del que abusaba Susa- palió á la puerta y no recuerdo cómo me despedí
de aquella. casa.
Jl a desde hacia algún tiempo, ponía nuestros ner•
El resultado manifiesto de la velada, fué entivios en tensión. Ya el húngaro tenía su violin, y
biar
mis relaciones con lo, Fossemagne. Cuando
con el arco selialó al marqués el banquillo del
ví
á Héctor ya no existía entre Dosotros la fran•
piano. Héctor tocó los acordos, sucesivamente
mayores y menores del preludio, y con eso em- queza casi fraternal con que nos hablábamos
ant s. Me sorprendió encontrarlo súbitamente en•
pezó una escena que jamás olvidaré.
La seftora de Fossemagne se sentó cerca de la vejecido; ya no tenia el mismo placer en vt-rle y
lámpara. La expresión desdeftosa de su rostro sentía que mi presencia le era desagradable.
admirable, le daba el aspecto de una guerrera Nuestra amistad de veinte años, pasó rápidamendispu6sta á combatir, y no el de una dama del te de la espontánea franqueza á la frialdad, y esto
gran mundo que se dispone á escuchar dos pági· aliadido á la separ1tción anual de los parisienses,
nas de música. El genio vibró en las cuerdas después de la estación, hizo que perdiera de visoprimidas por la mano del artista; olvidó el arco, ta á los Fossemagne, los cuales pasaron el siguieuel instrumento delicado y el auditorio que Je es• te invierno en Caones. Era la primera vez que
cuchaba; una fuerza irresistible lo arrastró furio- . visitaban esa eotación de invierno, cuya. vida fastidiosa ponderaban antes como insoportable. A
samente,
Se desarrollaba el drama de los funerale3; nos- mi vuelta de Itaiia me detuve también en Cannes
otros oía::nos los gritos del dolor que brotaban y como pensaba no permanecer mucho tiempo,
de los labios, seguidos de e&amp;os sollozos en los que creí inútil presentarme en la easa de los Fossese _a divina la tem;estad interior de lágrimas con- magne. Sin embargo, tomé infvrmes de ellos y
t'enidas; seguimos con el ritmo lento de los pasos una tia, en cuya casa me alojé, me los dió com·
del cortejo, la lúgubre y pesada carroz11; la mul- pletos.
-¡Ah! sobrino, sobrino, me dijo. Hay todR. una
titud parecía crecer y la orouesta parecía aumentar su fuerza. No era, no podía ser un violín el historia, un escándalo ...... ¿No sabes nada? ¿de
-¡Hola! me gritó sin acelerar·ni acortar el pi-'
único foco de esa. tempestad armónica, de ese dónde vienes que lo igno: asjl Aquí no se habla
so.
¿Qué diablos haces aquí?
de
otra
cosa,
porque
has
de
saber
que
en
C,mnes
vapor µisgoético cuya tensión crecía. de minuto
-¿Y tú? .... le pregunté á mi vez, estrecbP'"
en minuto, al grado de creer que iban á de• somos virtuosos. Si á lo menos ocurriese esto en
rrumbarse las paredes de la pieza, demasiado pe• Niza en donde están habituados A esta clase de dole la mano con poco entusiasmo.
-Vengo de una visita. Pero .... ¡qué fr(o dquenas para contener tamafio desbordamiento de aventuras ..... .
tás
conmigo! ni pareces amigo antiguo.
Tenia
aún
vivo
el
recuerdo
de
cierta
velada
notas. JamAs 11leanzarAn los órganos más pode- Seria más exacto que dijeras que tengo frú&gt;t
rosos, ni la cohorte 1Jumeroea ue ejecutantes, la en la que sentí, por extralio presentimiento, que
0

Domingo 10 de Septiembre de 1899.
le contesté. ¿No te ha pasado lo mismo al ver una
1
casa amiga hecha ruinas?
-¿Y qué e3 lo que cae en ruinas? ¿Mi virtud?
-Para llorar la virtud perdida seria preciso
ser virtuoso y yo no lo soy; _¡:ara la.mentar la dicha que se va, basta ser hombre. Lo que me hace
suspirar es tu dicha destruida,
--Frases, amigo mío, frases nada más. Du'"ante diez atlos he sido feliz y virtuoso; oero esto es
sólo cosa mía. He dado ampliamente mi parte de
moralidad y de f~licidad á la especie humana
¿Acaso no ha cambiado mi cuerpo en estos die~
aflos? ¿por qué entonces mi alma no tendría también el derecho de cambiar?
-Pero no hablo sólo de tu dicha, hablo de tu
mujer ...... de tu hija ..... .
-EstAn bien, gracias. ¿Las has visto?
-No, yo no tengo valor para verlas. ¿De qué
hablaríamos?
-De mí. Las compadecerías; Je dirías á mi
mujer que merecía otro hombre mejor, porque lo
crees así, naturalmente Todos lo dice.o. ¡Se ha
resignado con tanta nobleza!
Una carcajada diabólica, cruel, acompalió sus
palabras, todas ellas tau extraliamente cínicas
tan nuevas en los labios de Héctor que me · llcna~
ban de estupor Y sentía como si hablase cou un
desconocido. ¿Había sido un hipócrita ese mal
marido? ¿Me engalió durante veinte afios? Hice
un supremo e&amp;fuerzo y le contesté:
-Mi pobre amigo, si tú mismo me decías cuando tu bij~ vino al mundo: «Siento que voy á amar14 demasiado y temo que mi mujer se encelt!»
¿Qué, ya no amas á tu pequen.a Susanilla?
Cual si lo hubiera herido e'l ei corazón, llt,vó
Ju manos á su pecho, mu~murando:
-¡Mi hija, mi hija!. . . . No sabes .... Vames,
déjame, que me asesinas!
No me atreví á detenerle. Todo aquello era
tan misterioso, que mi papel de amigo se hacía
intolerable. Partí al día siguiente muy 'descon-eertado y r egresé á París, en donde proi:to oí hablar de la «aventura » de Héctor.
En los primeros días de.Mayo, la habitación de
~os Fossemagne aún estaba cerrada. Después y
J~stameote cuande París iba á quedar desierto,
supose que aeitbaba de pronunciarse uoa sentencia de separación en favor de la marquesa, naturalmente.
El invierno siguiente hallóla instalada en un
modesto entresuelo, con una vieja pariente. Veía
Amuy poca gente y se decía que sólo se consa¡raba á su bija, cuya educación vigilaba minuciosal!1~ºte. .Mi antigua amistad con su m!lrido,que viaJaba fuera de Francia-me impedía ir á
verla.
Aquella pareja que ocupara en mi vida un lu,gar tan comiderable, no constituía ya para mi
más que un recuerdo, pero un recuerdo infinitamente doloroso.

EL MUNDO.

187

cual nr,tarios en funciones. Me aseguró que me
teo~a en concepto de hombre honrado, lo cual
a~r1ó la puerta A sus confidencias, que, debo decirlo'. fueron algo complicadas. No obstante para mi gra~ sorpresa, me declaró que conside~aba
el amor platónico superior al «otro.»
-~Quiere usted decirme qué cosa es el amor
platómc0?-:-la preg1mté con Ja pícara intención
de desmentirla.
-El amor platóoico,-respondióme -es cuan•
do se ama uno sin hacer tonterías.
-¿C?noce usted algunos ejemplos?
-Ciertamente. El hombre á quien más he
a~ado, no me besó jamás ni en la frente. Ni en
mng~na_otro parte!-(11greg6 al ver brotar una
sonrisa 10crédula por b11jo de mis bigotes.] y 1 sin
embargo, le recibía todos los días durante seis
semanas, Me había arreglado una c11sita en Can•
n_es, en. la avenida de Anti bes. Cuando partió el primer día Pin haber hecho más que estrecharme la mano, f..tmar cigarros en mi terraza

'

III
. Apenas me a corda b~ del nombre de Lucila RégDier,. cuando, tres aftos más tarde, una circunstancia fo:tuita nos pg.so en presencia uno de otro.
lJno~ amigos representaban en su salón una comedia pequeliita cuyo autor era yo. Entre los intérpretes recojídos en diversos teatrillos que estaban á mi disposición, se encontraba la. antigua
«aventuro de Héctor y es de comprenderse que
me i~teresa~a más por esta circunstancia que por
mi pieza misma. Como no le faltaba. aliento y
h'\sta tenia una relativa distinción, pront o fuimos
camaradas y en la noche de la representación, bi.zo lo_que pudo para dar valor A la obrilla, que
por cierto no conocerá la posteridad
. Al retirarme, cargado de esos «bravos&gt; que
;iempre se obtienen en un salón, alcancé á Luci•
ª que esperaba un coche:
-¿No cena ~sted? la pregunté.
e· Me contestó que la desagradaban esas colaion~s en que se sirve á los artistas aparte, como si faeran apestados
s·
.
Si - . lD embargo, -agregó-me muero de sed.
1
m ~ autor fuera un ángel, subiría á mi cupé y
e ~ria tomar algo muy fresco antes de irme á
dormir.
guContesté que deseaba ser un ángel y tras de aldo~~s {º.dadas llegamos á un restaurant, en
y e ª Joven actriz tomó una docena de ostras
deu~. ala de pollo frío, rociadas con tres copas
hallt?uot. Era tarde; la sala común en que nos
Lucil amos se encontraba casi desierta y como
ª tenia la champafta triste, estAbamos serios

examinand~ las olas y martirizar mi piano, creí
que era tímido y me burlé de él con mi doncella
de servicio. ¿Creerá usted que después de dos
semanas de tal régimen, e. ruido de sus pasos en
la avenida. me producía sobresaltos y palpitacio.
nes? Yo, que solo comprendo los valses, me pasaba horas enteras escuchando su música, una música capaz de atraer al diablo mismo sobre la.
tierra. Y si hay algú,¡ hombre que pueda vanagloriarse de la fidelidad de una mujer, es él. . ..
Cuando se iba, yo tomaba la pluma .... .. Es
probable que usted haya recibido cartas de
amor, pero como las que yo escribía, jamás!
Cuando concluyó el ensuelio, creí que iba á morir!
E'l vano pedi el nombre de ese ser extraordi •
nario, no pude arrar..earlo á los labios de Lucila.
Por lo demás, no lo necesitaba: Héctor de Fossemagne hl¼bía sido, con toda evidencia, el héroe
de esa extralia novela. Pregunté A mi compalie•
ra, sin dejarla comprender que había adivinado
ese nombre:
- ¿Fué usted feliz durante mucho tiempo?
-Durante seis semanas. El era casado y sin
duda &amp;u mujer sorprendió mis cartas. Hubo es•
cAndalo y separación, ¡y todo por a:gunos cigarrillos, por mucha música lamentable y por charlas poco alegres! ¡Figúrese usted!
Yo no me figuraba nada, pero tampoco mote- .
jé á mi amiguita por su raro amor platónico. Te-

nía enfrente otro misterio que agregar á los muchos que he sorprendido en el curso de mi vida.
y que se desecan poco á poco en mi memoria. Y
de esta suerte, el de la «aventura» de Héctor estaba casi olvidado, cuando recibí una. carta del
marqués, á quien no había vuelto á ver desde
Cannes. Me escribía simplemente, como si nos
hubiésemos separado la víspera:
«S~bras por la prensa lo de la boda de Susa•
nilla. Dame el gusto, ó, mejor dicho hazme el
servicio de asistir á ella. Las cerem¿nias de ese
género nunca son agradables para un padre se·
parado y desearía abandonar la iglesia del brazo de un amigo, pues mid fuerz'ls físicas y morales no son ya las de hace diez alios . Cuento contigo, ¿verdad, quérido mío? ¿Irás?»
No bólo se casaba Susanill i, sino que se casaba bien: «un gran matrimonio » un' matrimonio
de á ~incuenta lineas, como di~en los repórters
especiales. Me encontré el templo de S'ln Agus. tín henchido de concurrentes, y I qué concu.rrentesl¡Qaé flores, qué música, qué .traj ~s, qué nombres!
No ob3tante, sobre aquel millar de personas, empezando
por mí, se cernía una vaga'molesti_a. Creo que muy p~cas
hubieran querido encontrarse
en el lugar de Héctor, oblicuamente arrodillado so'.:-re su reclinatorio, de manera de no
verá su mujer, que también
había cambiado mucho. El
discurso del celebrante fué
~uriosc. Aquel sacerdote, vie•
JO y vener'\ble, no era la primera vez que se hallaba ante
una: situación delicada, evidentemente. La sefiora de Fossemagne obtuvo cumplimiento por sus virtudes, que sin
duda pesaron mucho sobre su
modestia, pues los escuchó con
la. cabeza entre las manos y
sollozando. Hay que suponer
que el orador no había recibido, como yo, las confidencias de Lucila; su dii!curso no
mencionó las virtudes de mi
P?b~e. Héctor, pero se desquitó
g,orif1cando A sus ascendientes, lo que prueba que la nobleza le sirve hasta aun predicador en aprietos.
En la sacristía, el suplicio
f~é v:erdaderamente cruel. De
pie, Junto á su esposa, pudo el
marqué3 estudiar toda la gama de los desdenes, los rápidos apretones de mano las
sonrisas fingidas y obligadas
las fe:icitaciones en voz con:
fusa; de tiempo en tiempo
. .
también la omisión de algun~
vieJ!l, aferrada á las buenas costumbres.
Era c~mo un invitado neces1trio, como un invitado obhgado, cuya presencia helaba á todo el
mundo. Se contuvo, no obstante sus sufrimientos
Cuando se sen_tía dominado por el c ,nsancio d;
su papel, su mirada, en la. que brillaba un rayo de
amor,.s~ tornaba h~cia su hija, A su hija radiante
de fehcidad, de lUJO y de belleza.
Por fin formóse el cortejo para la salida y y
esperé_ al desventurado en el pórtico. Apen'as pu~
do reti~arse, tomó mi brazo y nos perdi mos entre
la ~ultitud. ~os ll~vó un fiacre, con las cortinas
?ªJas, como s1 hubiese llevado, á la salida de un
Jurado, á dos acusados puestos en libertad· despuéi de UDll absolución dudosa.
. Cu~ndo finalmente nos encontramos en la ba_bitación de Héctor, éste se dejó caer sobre un silló~, agotado; yo noté que en ese momento casi
tema el aspecto de un anciano.
. - ¡Pobre amigo! - suspiré -¡Cuánto has cambiado! ¿ Estás enfermo?
. -¡Enfermo!. . .. exclamó, riendo con una sonrisa dolorosa.-Usado por el vicio, agotado por
los desórdenes:
he ahí lo que he leído en los OJOS
·
. . d
Y a d ivma o en los cuchicheos de todos esos idiotas que aca~amos de dejar . ..... ¿Cómo quitarles la creencia de que esta habitación, en doude jamás ha entrado una. mujer, sea el lugar de cita
d; toda s_las. pe~adoras de la capital? ¿No lo has
oido decir tu mismo? ¿No lo has creído tú mismo?

��Domingo 10 de Septiembre de 1899.
EL MUNDO.
190

ALA MEMORIA DEL POETA JOSE MARIA BUSTILLOS.

gracia sin fin, en su resignación dolorosa, en esa
resignación, especie de embrutecimiento. con que
se entregan las almas á las grano.es de~dichas sin
remedio. Y todo ello, quizás, después de una risueña y crédula esperanza.
Gonzalo se sentía anonadado. Dernlvió al ciego
el papel sin decirle una palabra: las mil fórmulas
ele consuelo que en aquel momento acudieron á sus
labios no solamente le parecieron mezquinas, sino
irrisorias. Qui~o darle una limosna, pero un miedo absurdo de ofenderle, de echar ú perder con la
grosería del acto la nobleza del intento, le produjo
una de esas turbaeiones que tan bien conocen los
temperamentos delicados.
El viejo juzgando, ;;in eluda, aquel silencio como
una despedida, saludó amablemente y echó á andar
hacia :fuera. 'l're$ lágrimas brotaron de i,us ojos :
una bajó por el carrillo derecho, untáudo~e eu él,
hasta verderFe en la harba; otra corrió por el izquierdo, pero á la mitad del camino la detuvo el
obstáculo de una arruga, y la tercera. di;;puesta á
engrosar e,;ta última, temblaba, redonda y brillante, en el borde del párpado.
Gonzalo )ledina estaba desengañado de sí mismo. Pesaba en su conciencia. como un delito, la
facilidad con que había oh·idado Hl primera entrevista con el ciego. Juzgúbase n:o de un :fraude co-

INVERNAL;
Ya se ve de los montes sobre las cumbres
La nieve semejando blancos pena;hos,
Hay hielo de las chozas en las techumbres,
Escarcha de las peñas en los picachos.
Las flores se march itan, cierran sus broches
Al sentir el contacto del cieno aleve;
Y pálida y hermosa brilla en las noches
La luna como Inmenso globo de nieve.
Las aves entumidas piando tiritan,
Se congelan las aguas del arroyuelo, .
Los árboles sus frondas con fueria agitan,
El ambi;;ote está helado, diáfano el cielo.
¡Oh! flores predilectas de los poetas
¡,Por qué abrls hechiceras ~l cál_iz tierno?
Ya descubrí el secreto; bellas v10letas,
Sois las celosas novias del crudo invierno.
Nacéis cuando están mustias las flores todas
Para no sentir celos de sus encantos,
Y os preparáis festivas para las bodas
Ataviadas con ricos y azules mantos.
Por eso me entusias!Jlo cuando la cima
Del montecillo enhiesto de blanco viste.
•.romad, puras violetas, mi humilde rima;
¡I nvierno, á tus nupciales mi musa asiste!
MARIA

C. DE KA':'TENGELL,

GOLONDRINAS

metido ante aquellas personas, por cierto no escasas, en cuyo concepto era él hombre de corazón
compasivo. Y entre estos cosquilleos de su conciencia, sentía rn su amor propio, como punzante
alfilerazo, el conyencimiento de que, hasta allí, se
había engañado á sí miRmo, creyéndose mejor de
lo que era en realidad. No se hacía ilusiones de su
conducta futura: había comenzado por dejar partir
al ciego sin una triste peseta, y acabaría por olvidarle como la Yez anterior.
l\fas corrieron los días y el recuerdo del ciego no
se apartaba de su memoria: en ella vivía, e,·ocando con vortentoso vigor la imagen del viejo con su
roto calzado, sus miserables ropas, sus trémulas
manos, sus móviles párpados cubiertos de lágrimas ...... Lágrimas que no se sabía si eran fenómeno peculiar de la enfermedad de sus ojos ó desahogo del dolor que debía de cauf:ar en el corazón de
aquel pobre el convencimiento de su eterna ceguera.

J. G.\RCIA RODRIGUEZ.

En el azul de los cielos
y en forma sencilla y gráfica,
de la línea telegr!Hica
los alambres paralelos
un pentágrama formaban,
y sobre ellos, peregrinas,
dos amantes golondrinas
gravemente reposaban.
La una fingiendo un bemol,
y la otra un sí sostenido,
habíanse detenido,
cuando se ocultaba el sol.
A un eléctrico fanal
voló de pronto una de ellas
y, al quemar sus alas bellas,
en la bomba de cristal,
la infeliz cayó aturdida.
Su compaflera amorosa
se fué en pos de ella, afanosa,
y con queja. tan sentida
piaba y piaba sin cesar;
y 'una nifia que esto vió,
-¡Dios mío!, al punto exclamó:
¡si la pudiera ~alvar!
Un muchacho que jugando
estaba allí. se encarifia
con h piedad de la nilia,
y el poste enhiesto escalando,
y1J. llegaba placentero
al vivísimo fanal,
cuando un grave policial,
con ademán rudo y fiero,
al chicuelo hizo bajar.
Presa de intensa emoción ·
y sintiendo con razón
lai;i lágrimas asomar
A sus pupilas divinas,
se fué la oift.a hechicera
para que nadie la viera
llorar por las golondrinas.
Mas el llanto en vano, en vano,
pudo ocultar, pues lloraba,
y los ojos se enjugaba
cou el dorso d e la mano.
Esa noche no durmió,
¡Qué iba á d ormir! .... ¡Pobrecillal
Recordando la avecilla
toda la noche pasó.
Con el alba, diligente
corrió la nl:ft.a al fanal,
y al fijar en su cri~tal
los ojos, clamó doliente:
- ¡No es una sola, gran Dios!

.... ................ .... ... .

Con las alitllB abiertas
y una junto A otra, ya muertas,
estaban allí las dos.
EmLIO PACHECO,

-------•--------

Joven, llevando en el cerebro ardiente
Pensamientos risueños,
Sintiendo aletear sobre la frente
Bu!llcloso, impaciente,
El misterioso enjambre de los suenos.
Arrancando de su alma apasionada
La trova del amor dulce y secreta
Para ofrecerla á la mujer amada
Que su lira dorada
«Ado1Daba con ramos de violeta.&gt;
Así en la tumba reclluóse el bardo.
-Sol que temprano se ocultó en ocaso..:
La pálida beldad dijo: «Te aguardo,&gt;
El murmuró: «No tardo&gt;
Y ... . se murió feliz en su regazo.
Foy en su fosa lloran los amores,
Y hará ese llanto g-ermlnar las flores
Pc.rque rué de las flores el poeta,
Y su laúd, paleta
Que vistió la ilusión de mil colores.
Los genios tutulares del carií!o
Se postrarán de hinojos,
Y con sus alas de crespón y armiño
Cubrirán los despojos
Del soñador de corazón de niño.
Feliz él que vogó sobre los mares
Del mundo, en el esquife del ensueilo
Entonando cantares.
Era un proscrito quP- volvió á sus lares,
Lo llamaba ,m patria con empeño.
Brotaba el verso de su lira de oro
Impreg nado de notas celestiales
Remedando de alondras dulce coro.
Poeta, duerme mientras vierten lloro
En tu ataúd tus bellas «Inmortales.&gt;
Y en tanto que la fama lisongera
Entusiasta pregona
Tu nombre por doquiera,
Con rosas de la hermosa primavera
Te formará la Gloria una corona.
1\1ARIA C. DE KATTENGBLL.

Año VI-Tomo 11

México, Domingo 17 de ~Pptiembre de :r899.

••

TAPIZ DUCAL .
Ampliando las alas en un arco sonoro,
la hermosa cola abierta. cual panoplia oriental
cruzada de mil sab!PS con límpidos puños de oro,
bajo d negro eukaliptus está un pavo real.
La inmensa emoción pálida de una tarde de rosa
tiembla sobre las nubes solemnes de esplendor,
y soberbiamente ebria de lascivia orgullosa,
como un 8ultán el pájaro glorifica su amor.
Hay una joven blanca, que es una joven bel:a;
sueña en los moribundos éxtasis de la luz.
Tal vez sea tan blanca el alma de una estrella,
tal vez sea tao bella una perla de Ormuz.
Suena un amor de príncipe; intenso aroma exblla
cual brasa de incensarl'J, su boca de carmín.
El pájaro se a.cerca y roza con su ala
la ¡?ala de la falda de crugiente satín.
Y el amoroso pico en la boca entreabierta
se g-uarece, buscando deleites de embriaguez ... .
Ved cómo la doncella contempla el ave muerta
de amor, las alas regias tendidas á sus pies.
LEOPOLDO LuOONBS.

A UNA ACTRIZ
Es preciso que te bable con la franqueza
con que dos aves hab an dentro del nicto,
hablemos, pues, del Arte: de la Belleza
en la estatua, en el lienzo y en el sonido.

Los dos somos bohemios, los dos hermanos;
y, al conquistar serenos triunfos y palmas,
aparentamos siempre rostros ufanos
escondiendo la herida de nuestras almas.
C".láotas veces acaso traidora pena
tu razón deje obscura y enajenada,
y sintiéociote triste sobre la escena
se escape de tus labios la carcajada.
Todo artista, Se!Iora, sufre en secreto .. •• · ·
qué importan los aplausos? .. . . . . la ¡;!orla es , _
yo me rlo y sollozo con Rlgoletto
en esta miserable tragedia humana.
Adios, maga hechicera, .. . ... yo te bendigo
en estos versos-hijos de mi ternuramaüana en otro suelo piensa en tu amigo,
esclavo de tus gracias y tu hermosura.
Adios, guarda mis flores ...... y oye Y
algunas á tus plantas de diosa esparce,
y otras agrega al peso de la corona
que te ha dado la tierra de Nú!ier. de Arce.
Que te conceda el Genio que tanto adoras.
al cruzar por las sendas donde te canten,
no manos que te aplaudan atronadoras
sino manos benignas que te levanten.
JUAN B. DELGADO•

perclolf

J. OlJSA.OHS.-RetraCo del Sr. General Porfirio Dlaz.

(Wase la página 193. ¡

Número 1z

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>150

EL MUNDO.

Domingo 27 de Agosto de 1899.

==

.A.í'io VI-Tomo Il

rflLLmo. @r. 2),-.

México, Domingo 3 de ~eptiembre de 1899.

:IJ. !Jacinto

Número

10

Jl,/yJe5, 84izobi.Jpo electo Je {juadalaja-cCkJ.
FOT. DE MORA.

�Domingo 3 de _Septiembre de 1~1111.

l)O!lllngo 3 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

155

EL MUNDO.

154

DirBctor: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

---------------------------------------

LA ~EMANA
Me desdigo: no es Septiembre mes de verbenas
nada más. :Ks mes de fiesr,as y de pompas, este SeptiembrP. voluble y falso que muestra por las mafianas
un ...ol limpio, primaveral y fast,uoso, y p0r las noches
una luna fría con su balo joyante y húmedo, y sus rosas
y oriente de perla que traen á la memor'.a los ciel_os
de Enero y los paisajes invernales. Las tardes. lluv10sas y grises, están entrii.tecidas por una luz opaca Y
soñulienta qne parece cansada de haber alumbrado
tan to por el día.
La Naturaleza se pone romántica en Septiembre,
como las mujeres que al terminar el baile, á la luz
indiscreta del alba, se ven en el espejo de su alcoba,
y o.:.servan las primeras canas entre las flor_es de su
tocado y las primeras arrugas tras de los afeites de su
rost.ro.
Todavía son hermosas; pero ya no con la frescurc:1.
de la juventud: la alegría irreflexiva y loca ha buído
de ellas para siempre, y apenas si de cuando en cuando entreabre su boca la ingenua y dulce sonrisa que
era el encanto de los primeros adoradores.
Mas el gozo humano no se preocupa por eso: celebra
sus festivales en los campos melancólicos del Otoño,
bajo los árboles que empiezan á cubrirse de_ hojas _secas y frente á los horizon1 es, cuyas nubes mmóv1les
y brumosas, fingen en las obscuras lejanías fantásticos y caprichosos mausoleos.

***
La fiesta de Covadong1. es en la América latina,
una de las más afamadas y brillantes. Suen,i, á castaíiuelas y bandurrias, sabe á manzana, huele á cidra.
Recuerda aquella agria montalia española que tanto
hemos subido y bajado de la mano de Dvn Antomo
de Trueb¡¡,, mientras el buen viejo para entretenernos, nos narraba uno de sus cuentecitos sencillos Y
tiernos, ó nos -::antaba coplas populares, quejumbrosas y suaves.
En este año el proverbial entusiasmo asturiano estará quizá como en los anteriores, mezclado con un
poco de tristeza. Todavía duele la herida. Las almas
1,e buscarán entre el ruido para hablarse de la madre
desconsolada. U n soplo de pena pasará á veces, por
entre el cordaje de las guitarras, y el cristal de las
risas se quebrará por instante!? sin motivo aparente.
En la profundidad de la mirada, es posible que asome
una lágrima. De seguro no sonará un sollozo ni se
escapará un suspiro; la indomable energía de una raza vigorosa encarcelará á t,iempo en todos los corazones á esos hijos imprudentes del dolor. Se aturdirá
en el ruido la tristeza.
El contento dirá como el poeta:
Parad el vuelo, tacitumas horas

***
La fiesta de Covadonga abre la puerta á las nuestras. En primer lugar viene una, callada y envuelta
en at9,víos de luto: año po, año se acerca á nosotros
para recordarnos la divina muerte de unos cuantos
niños. El viejo avaro ha bebidu ":tvaramente sangre
virgen y mártir. El verso que canta la gloria de estos muchacho;; heroicos, sacude alegremente las
alas bajo las blancas cabelleras de los ahuehuetes
pensativos. 1Canta, canta, estrofa de hierro y oro de
la moderna epopeya, la audacia infantil de estos chicos que entraron en la inmortalidad por una sublime
travesura! Canta la eterna lucha de Goliat y David,
del titán y el niño, de la Fuerza torpe y la Gracia heroica, canta, abre las alas bajo la blanca melena de
los ahuehuetes pensativos .... . .

En pos del 8 de Septiembre, entra el diez y seis, el
estrepitoso, el venerado. En él esta hermosa prolongación de ego!smo que llamamos Patria, palpita en
nuestro esplritu con mayor .:xaltación, como vigorizada: por la luz de esa aurora, y bruscamente sacudida por las primeras dianas de las músicas militares.
Nos sentimos poseídos de un triunfal entusiasmo
y recorremos con la violencia de la imaginación desencaneda, los episodios de lo pasado, las guerras de
nueRt~¡i, vida social.
Es qello el espectáculo.
Vemos, al principio, ese movimiento imperceptible, débil, inctefin!do que imprime en un pueblo la
fecunda savia de la lil,ertad, y que es como la pugna
misteriosa de la planta que rompe el terrulio para
beber la luz.
Del postrer aliento del último héroe muerto en el
campo de bitalla ó ejecutado dentro de un cuadro de
fusiles, brotaba un héroe nuevo: 1Quéverdad tan profunda encierra la fábula de Graco!

saba to lo, interpretaba todo, suplía todas lM deficiencias salvaba todt,s los obstáculos y hacia vibrar
honda, profund~, vivamente todas las cuerdas de la
lira y todas las libras d_e la pasión._ .
. .
No tenia como Adelrna el prest1g10 ad1c10nal de la
belleza y de la suprema e_legancia, de los modales aristocráticos, de la pducacrón cortesana; era una artista un poco bohemia, pero que amaba y conocía su arte; que se prodigaba y se ostentaba; que no regateaba ni ponía á subasta sus notas; r¡ue cantaba porque
el canto era en ella la natural y genuina expresión de
sus pasiones, como en el ruisei'ior, y que derrochó ,·oz,
alma, vida y fortuna por puro y desmteresado amor
al arte.
y Juego· académ:ca, correcta, impecable, modelo
de escuela~ y de métodos clásicos, griega por la corrección del estilo, italian&amp; por el desbordamiento de
la pasióti, francesa por su gusto exquisito, alemana
por la nobleza de su ideal, mexicana por la siucer\.
dad la franqueza y la prodigalidad. Artista, eu Ruma.' como lo son todos los grandes, sintetizando en
su alma t,odas las almas y en sus creaciones toda la
vida humana.
Detrás de la artista había todavía una mujer; tier.
na duh.:e compasiva, generosa; y coronada de W·
da~ estoi; ~imbus y aclamada, lisonjeada, arrastrada
su carroza por la plé_yade de sus admiradüres, ungida
reina cada noche é incensada como una divinidad,
todavía tenía tiempo de ser modesta, humilde, exenta de vanidad y orgullo, hospitalaria y complaciente
y nada más me queda que decir, muchacha curio- como una burguesa.
Pesa sobre el artista cantante una fatalidad de la
sa v burlona.
qud recientes descubrimientos hab1án de redimirlo:
Én esta semana han pasado los días en blanco.
no puede aún, como el poeta, legar ,á la más remota
Se parecen al verso del Lied:
posteridad sus estrofas, como el escultor, sus estaUn cielo gris, un hurizonte eterno.
tuas, como el pintor, sus cuadros. La mar.ivlilosa arY andar ...... andar ..... .
¿Qué quieres? ,.:Lees mi crónica, para di~t• a~r tu tista no ba podido legar más que el recuerdo de Rll
fastiidio,? Pues haz de cuenta que leü;te la historia de gloria y el culto que sus admiradores profesan aún
á su memoria; pero sus amigos la aman todavía pürlo que no ha sucedido . .... .
que fué buei;ia y muchos desgraciados la bendicen
porque fué caritativa y generosa.

Es preciso romper la tutela para no perecer, como
es fuerza que la crisálida rompa el capullo para que
vuele la maripos'I.
. d l Re
Al reflejo de las JlamaradaR ele incendie P- a . ·
volución Francesa que alumbró nuestras obscun da•
deR nos vimos fuertes y nos ser,tim0s apt,os.
Üna ~áfoua épica sopló en las tinieblas de nuPstras
almas y no:lanzamos seguros y resueltos á la conquista del ideal.
vencíNo caímos en el abismo. desesperanzados Y
.
dos como los caballeros ele! Apocalipsis .. _A_nte!. b~en,
á través de las penalidades y de los sacr1fk10s ai,.,anzamos la Tierra Santa.
Pero no adelantemos los sucesos. ¿Acaso soy
·· ··
el cronista
de lo que va á suceder ? ;.•11e b·ª n nomú
brado acaso para declamar una arenga en la plaza P •
b~a?
.
Ya veremos-no vamosá esperar, por cierto,-:lo que
nos prepara el día de la patria. La noche del qiimce va
á ser, se&lt;&gt;ún dicen los '1eri6dicos, una maravilla.
Tocar~, como en otros aiios, la campana del curato
de Dolores.
.
,
No seamos impacientes. Faltan muy pocos dlas para la fiesta.
H·1blaremos de ella cuando pase.
Los recuerdos suelen ser ,oás elocuentes que las esperanzas.

ANGELA PERALTA.
Angela Peralta ha sido la artista lírica más admirable que ha producido México y una de las más grandes de que se ufana la humanidad. Sus dotes. naturales, su educación musical, su inspiración y su amor
exclusivo al arte hicieron de ella un admirable conjunto que rara vez la naturaleza y el medio logran
combinar.
Desde luego, estaba dotada de la voz más admirable que pueda jamás soñarse, voz á la vez de hada, de
ángel y de ruiseñor; voz de sirena. Era la voz de Angela un resumen de toda la naturaleza; en ella había
susurros como en la brisa; murmullos como en la sel
va, gorgeos como en los nidos; ecos sonoros como en
las cavernas. Revoloteaha como la mariposa y planaba magestuosa como el águila.
Escalaba las más altas cimas de la gama y descendía á sus más hondas profundidades, siernpre pura,
siempre igual, sin adultera~iones de timbre ni desfallecimientos de sonoridad.
La agilidad de su garganta era prodigiosa; cascada
de perlas, tal era su gorgeo; para ella la vocalización
no tenía secretos, ni misterios ni escabrosidades; en la
escala más vertiginosa, en el grupeto más complicado,
en la más inestricable maraña de notas, cada una de
las suyas se destacaba pura. independiente, distinta
é individualmenr,e perceptible, y además, matizada,
acentuada, intencionada.
En el canto amplio, lento, modulado, recorría órbitas inmensas; el balance de su canto era majestuoso, como giración de astro, y su voz, que podía retozar, juguetear, rizarse y ondular como un arroyo,
sabía también correr ma;estuosa, imponente, inmensamente serena, como un Nilo ó como un Ganges.
Por su timbre y su modulación, por su a¡;ilidad y
su amplitud, en aquella voz maravillosa se encerraba
la expresión de todas las pasiones humanas; lloraba
y rela, gemía y &lt;Jamaba, sollozaba y atronaba. Amor
y odio, ternura y entusiasmo, caricia ó herida todo
en1;ontraba 'su nota adecuada, su timbre propio, su
expresión estética. Aquella voz era á la vez arpa eólica y lira sagrada, flauta de Pan y trompa épica, y ni
Adelina Patti, la semidiosa; ni la Miolhan Carvalho
h emperatriz; ni menos aún la Melfa ni la Nevad~
ni la Van- Zaut, las marquesas del arte lírico, poseyeron esa garganta divina ni esa voz celeste de Angela Peralta.
Detrás de aquella voz había un alma de fuego
apasionada, sedienta de ideal, torturada y dolient~
como toda alma de artista. Angela era artista· no
una artista escénica; su ceguera casi completa vedaba
á su juego, la a.mplitud, la rapidez y la oportunidad de
1~ acci?n. Cantaba _en las tinieblas, y no pod!a servirse sino de la actitud y del adem.ln para completar
la expresión del sentimiento; pero la voz sola expre-

----EL ILMO. SR. DON JACINTO LOPEZ,
ARZOBISPO ELECTO OE GUADALAJARA,
Honramos la portada de nue&amp;tro semanario con el
retrato de este disting•1ido y virtuoso prelado que
sucederá en la sede de Guadalajara al difunto Sr.
Loza.
·
El Sr. López rigió por muchos años la diócesis de
Linares. elevada más tarde á la categoría de arquidiócesis, y su tacto le grangeó aprecio universal en
los Estados del Norte y la veneración de sus fieles
diocesanos.
Es originario del Est1J.do de Jalisco, circunst ancl&amp;
que unida á las cualidades de espíritu y carácter que
tiene el Sr. López, lo hacen idóneo para ocu par la
nueva sede para la que ha sido electo.

La primera audiencia del Consejo de Guerra de Rennes.
La sala de a~tos del Liceo de Rennes, local elegido
para el Consejo de Guerra de Dreyfus, es una nave
rectangular, espaciosa, de 22 por 15 metros y 8 dealtura; las paredes están pintadas de ocre y las later~les tienen seis ventanas; en el friso que corre aba¡o
de los tragaluces, hay inscritos varios nombres de
bretones ilustres.
En el fondo hay un foro de un metro de altura, Y
en el ex~remo opuesto un busto de la República. En
tres días se hicieron todos los muebles necesar!Jll,
mesas, bancas y barandillas. El tribunal se instaló
en el foro, y á él se llevaron los muebles ordinarios
del Consejo: la mesa cubierta de paño azul, los sillones de telas desteñidas y la silla del presidente con
su respaldo monumental. Detrás de los asientos de
los jueces hay otros destinados á las autoridades, Y
en la pared del fondo, sobre la silla presidencial, el
indispensable crncifijo, la imagen del Cristo, obliga•
da á presenciar, del año de 189-l á la fecha, escenaJ
tan poco cristianas. .
El toro fué ensanchado á uno y otro lado para dar
lugar en el de la derecha del presidente al banco del
Miuisterlo público y á la izquierda al de la defeO:
En el centro están los testigos y á la derecha de •
tos el acusado, dando Ja espalda á SUb defensores.
La sala e~tá dividida en tres departamentos por
medio de barandales: el primero es el de los testlgUS.
con sillones de terciopelo rojo para ios generalaut
ministros y demás personajes de alto fuste Y 8 a&amp;

DIST.RAIDA
comunes ele paja par i la gente menuda; el último dep~rtarnento que es el más pequefio, está de~tinado al
Lb~ico, Yel del centro ocupado por k,s representan-·
ctn e la prensa del mundo eotero, tiene por un lado
co filas de mesas paralelas al gran eje dP- la sala, y
~~::_1 otro, diez y nueve mesas perpendiculares á esa

ba~ primera audiencia, que reproduce nuestro gra-

reA º¡. 00 fué lo que han 1:1idu las aurliencias posteriola detd~el dfa en qut&gt; el público hostilizó á Mercier,
rt la d en que se cometió el atentado contra Labolt¡clde et careo eotre Perier y Mercier, tan lleno de
A. D PS drarnáticos.
dad v1~ seis Y. media de la maüana, la pacífica ciu1 de ª el desfile de los testigos, de los periodistas
os curiosos que venían de París y del extran-

f

1

jero á presenciar _l~s audiencias d~l proceso. Ne. hay,
sin embargo, ind1c10s de esa febnl ag11,ac1ón del proceso Znla; los espectadores y testigus que se dirigen al Liceo, van Lan tra~quilos en apariencia, dice
un periódico, como l~s _m1emb_ros de un Congreso de
economistas-que se dmgen á rnaugurar sus tareas.
E: público y los periodistas se instalan en los lug::.res que tienen designados; bay pocas damas, casi todas ellas de la prensa: en el foro, detrás del tribunal,
una vestida de blanco, la misteriosa «dama blanca&gt;
de quien tanto ha hablado la prensa.
.
Ya están instaladüs el Comandante Comére, Comisario del Gobierno, su adjunto el Comandante Mayence y el Secretario Coupois; á la derecha, Demange y Labori, ocupan los ~xtremos del banco con sus
secretarios Collenot y H1ld entre ellos. Llegan los

testigos: Casimir P erier, Mercier. de Boisdeffre, Zurliadeu, Cbanoine, Picquarr,, Lebrun-Renault,, la viuda de fTenry ....
Suenan las siete: se anuncia al ConsPjo, la guardia
present,a sus armab; el bilencio se h'ace prot'undo y
lus jueces vestidos de riguroso uniforme, penetran al
salóo y ocupan sus asientüS.
Todo el interés se concentra en la figura de Dreyfus: el aparecido de la isla rlel Diablo se presenta, su
pabO es lirme, su busto erguido, lleva guantes blancos; sube las gradas de la plataforma, se detiene an te sus jueces, se para con los talones juntos. militarmente, saluda, ,;e descubre y se sienta. Todos dicen
que ba cambiado poco; está más delgado, más nervioso, su pelo ha encanecido, pero el rostro es enérgico y no acusa depresión ....

�Domingo 3 de _?ept.iembre de 1111111.

154

J)ODliogo 3 de Septiembre de 1899.

155

EL MUNDO.

EL MUNDO.

saba 1o lo, interpretaba todo, suplía todas las defiEs preciso romper la tutela para no perecer, como ciencias salvaba todt,s tos obstáculos y hacía vibrar
es fuerza que la crisálida rompa el capullo para que honda, profund3:, vi va mente todas las cuerdas de la
---------------------------------------------· vuele la maripos&lt;1.
lira y todas las libras ~e la pasión: _
__
d" d ¡ Re
Al reflejo de las llamaradas &lt;'le incen IC e ª . ·
No tenia como Adeltna el prest1g10 ad1c10naldela
volución Francesa que alumbró nuestras obscur1da· belleza y de la suprema elegancia, de los modales arisdes nos vimos fuertes y nos ser, tim'ls apt,os.
tocráticos, de la educación cortesana; era una an isÜna ráfaga. épica sopló en las tinieblas de nuPstras ta un poco bohemi;i., pero que amaba y conocía su arMe desdigo: no es Septiembre mes de verbenas almas y nos lanzamos seguros Y resueltos á la. con- te; que se.prodigaba y se osten~aba; que no regateanada más. Es mes de tiestas y de pompas, este Sep- quista del ideal.
d
venci- ba ni poma á subasta sus notas, c¡ue cantaba porque
tiembrP. voluble y falso que muestra por las mañanas
No caímos en el abismo. desesperanza os Y .
el canto era en ella la natural y genuina expresión de
un ...01 limpio, primaveral y fastuoso, y por las noches do~ como los caballeros &lt;'lel Apocalipsis.. _A_nte1,_ b~en, sus pasiones, como en el ruise!ior, Y que derrocbó \'OZ,
una luna rríacon su balo joyante y húmedo, y sus rosas á través de las penalidades y de los sacr1fü:10s ai...an- alma, vida y fortuua por puro y desinteresado amor
y oriente de perla que traen á la memor;a los ciel_os zamos la Tierra Santa.
al arte.
de Enero y los paisajes invernales. Las tardes. lluv10.... Pero no adelantemos los sucesos. . ¿~caso s:z_
y Juego· académ:ca, correcta, impecable, modelo
sas y grises, están entri ...tecidas por una luz opaca Y el croni!;ta de lo que va á suceder? ¿)le ban no ,
de escuela~ y de métodos clásicos, griega por la C/J•
soñulienta que parece cansada de haber alumbrado brado acaso para declamar una arenga en la plaza pu- rrección del estilo, italiana por el desbordamiento de
tanto por el día.
l ue Ja pasiór.,, francesa por su gusto exquisito, alemana
La Naturaleza se pone romántica en Septiembre, bica?
Ya veremos-no vamos á esperar, por cierto,-: 0 q
por la nobleza de su ideal, ~e~icaaa por_ la sincericomo las mujeres que al terminar el baile, á la luz nos prepara el día de la patria. La noche clel qu,mce va dad la franqueza y la prodigalidad. Artista, e11 suindiscreta del alba, se ven en el espejo de su alcoba, á ser, según dicen los ...eriódicos, una maravilla.
ma.' como lo son to::los los grandes, sintetizando en
y o.:.servan las primeras canas entre las flor_es de su
Tocará, como en otros aiios, la campana del curato su alma t,odas las almas y en sus creaciones toda la
tocado y las primeras arrugas tras de los afeites de su de Dolores.
.
,
vida humana.
rost.ro.
No seamos impacientes. Faltan muy pocos dias paDetrás de la artista había todavía una mujer ; tler.
Todavía son hermosas; pero ya no con la frescur" ra la fiesta.
na duh;e compasiva, generosa; y coronada de ~ode la juventud: la alegría irreflexiva y loca ha buído
H:iblaremos de ella cuando µase.
da; estos ~imbus y aclamada, lisonjeada, arrastrada
de ellas para siempre, y apenas si de cuando en cuanLos recuerdos suelen ser 1aás elocuentes 'lue las es- su carroza por la pié.vade de sus admiradures, ungida
do entreabre su boca la ingenua y dulce sonrisa que peranzas.
reina cada noche é incensada como una divinidad,
era el encanto de los primeros adoradores.
todavía tenía tiempo de ser modesta, humilde, exenMas el gozo bu mano no se preocupa por eso: cele~ra
ta de vanidad y orgullo, hospitalaria y complaciente
sus festivales en los campos melancólicos del Otono,
una burguesa.
como
y
nada
más
me
queda
que
decir,
muchacha
curiobajo los árboles que empiezan á cubrirse de_bojas_sePesa sobre el artista cantante una fatalidad de la
cas y frente á los horizon1 es, cuyas nubes mmóviles sa v burlona.
qu~ recientes descubrimientos hab1án de redimi rlo:
Én esta semana han pasado los días en blanco.
y brumosas, fingen en las obscuras lejanías fantástino puede aún, como el poeta, legar _á la más remot&amp;
al
verso
del
Lied:_
Se
parecen
cos y caprichosos mausoleos.
posteridad sus estrofas, como el escultor, sus estaUn cielo gris, un hur1zonte eterno.
tuas, como el pintor, sus cuadros. La mardvillosa arY andar ...... andar ..... .
¿Qué quieres? ;,Lees mi crónica, paradi~t,a~rtu tista no ba podido legar más que el recuerdo de su
***
fastidio,? Pues haz de (menta que leiste la historia de gloria y el culto que sus admiradores profesan aún
á su memoria; pero sus amigos la aman todavía p11rLa fiesta de Covadongi. es en la América latina, lo que no ha sucedido . . . .. .
que fué buena y muchos desgraciados la bendicen
una de las más afamadas y brillantes. Suen&amp; á castaporque fué caritativa y generosa.
iiuelas y bandurrias, sabe á manzana, huele á cidra.
Recuerda aquella agria montaña española que tan~o
hemos subido y bajado de la mano de Dvn Antomo
de Truebci, mientras el buen viejo para entretenernos, nos narraba uno de sus cuentecitos sencillos Y
tiernos, ó nos ,:iantaba coplas populares, quejumbrosas y suaves.
En este año el proverbial entusiasmo asturiano estará quizá como en los anteriores, mezclado con un
poco de tristeza. Todavía duele la herida. Las almas
se buscarán entre el ruido para hablarse de la ma.dre
desconsolada. Un soplo de pena pasará á veces, por
Angela Peralta ha sido la artista lírica más admientre el cordaje de las guitarras, y el cristal de las
EL ILMO. SR. DON JACINTO L0PEZ,
risas se quebrará por instante~ sin motivo aparente. rable que ha producido México y una de las más granARZOBISPO ELECTO DE GUADALAJARA,
En la profundidad de la mirada, es posible que aso_me des de que se ufana la humanidad. Sus dotes. natura.
una lágrima. De seguro no sonará un sollozo DI se les su educación musical, su inspiración y su amor
escapará un suspiro; la indomable energía de una ra- ex~lusivo al art,e hicieron de ella un admirable conHonramos la portada de nue&amp;tro semanario con et
za vigorosa encarcelará á t,iempo en todos los cora~o- junto que rara vez la naturaleza y el medio logran
retrato de este disting1iido y virtuoso prelado que
nes á esos hijos imprudentes del dolor. Se aturdirá combinar.
Desde luego, estaba dotada de la voz más admira- sucederá en la sede de Guadalajara al difunto Sr.
en el ruido la tristeza.
ble que pueda jamás soñarse, voz á la vez de hada, de Loza.
·
El contento dirá como el poeta:
ángel y de ruiseñor; voz de sirena. Era la voz de AnEl Sr. López rigió por muchos afios la diócesis de
gela un resumen de toda la naturaleza; en ella había Linares. elevada más tarde á hl. categoría de arquiParad el vuelo, taciturnas horas
susurros como en la brisa; murmullos como en la sel diócesis, y su tacto le grangeó aprecio universal eo
va, gorgeos como en los nidos; ecos sonoros como en los Estados del Norte y la veneración de sus fieles
las cavernas. Revoloteaha como la mariposa y plana- diocesanos.
ba magestuosa como el águila.
Es originario del Est&lt;1do de Jalisco, circunstancia.
Escalaba las más altas cimas de la gama y deseen. que unida. á las cualidades de espíritu y carácter que
La fiesta de Covadonga abre la puerta á las nuestras. En primer Jugar viene una, callada y envuelta día á sus más hondas profundidades, sierupre pura, tiene el Sr. López, lo hacen idóneo para ocu par la
en atg,vfos de luto: año po,· afio se acerca á nosotros siempre igual, sin adultera:iiones de ~imbre ni desfa- nueva sede para la que ha sido electo.
para recordarnos la di".ina muerte de unos cuantos llecimientos de sonoridad.
La agilidad de su garganta era prodigiosa; cascada
nilios. El viejo avaro ha bebidv g,varamente sangre
virgen y mártir. El verso que canta la gloria de es- de perlas, tal era su gorgeo; para ella la vocalización
tos muchacho;. heroicos, sacude alegremente las no tenía secretos, ni misterios ni escabrosidades; en la
alas bajo las blancas cabelleras de los ahuehuetes escala más vertiginosa, en el grupeto más complicado,
pensativos. ¡Canta, canta, estrofa de hierro y oro de en la más inestricable maraña de notas, cada una de
la moderna epopeya, la audacia infantil de estos chi- las suyas se destacaba pura. independiente, distinta
La sala de a~tos del Liceo de Rennes, local elegido
cos que entraron en la inmortalidad por una sublime é indi vidualmeme perceptible, y además, matizada,
para
el Consejo de Guerra de Dreyfus, es una nave
acentuada,
intencionada.
travesura! Canta la eterna lucha de Goliat y David,
En el canto amplio, lento, modulado, recorría ór- rectangular, espaciosa, de 22 por 15 metros y 8 de al•
del titán y el niíio, de la Fuerza torpe y la Gracia heroica, canta, abre las alas bajo la blanca melena de bitas inmensas; el balance de su canto era majestuo- tura; las paredes están pintadas de ocre y las later~so, como giración de astro, y su voz, que podía reto- les tienen seis ventanas; en el friso que corre aba¡o
los ahuehuetes pensativos .... . .
zar, juguetear, rizarse y ondular como un arroyo, de los tragaluces, hay inscritos varios nombres de
sabía también correr majestuosa, imponente, inmen- bretones ilustres.
samente serena, como un Nilo ó como un Ganges.
En el fondo hay un foro de un metro de a)tura, Y
Por su timbre y su modulación, por su ag"ilidad y en el extremo opuesto un busto de la Repúblwa. _Ea
En pos del 8 de Septiembre, entra el diez y seis, el su amplitud, en aquella voz maravillosa se encerraba tres días se hicieron todos los muebles necesariJII,
estrepitoso, el venerado. En él esta hermosa prolon- la expresión de todas las pasiones humanas; lloraba mesa&amp;, bancas y barandillas. El tribunal se instale&gt;
gación de egoísmo que llamamos ~atria, palpi~a e_n y r~fa, gemía. y damaba, sollozaba y atronaba. Amor en el foro, y á él se llevaron los muebles ordinarios
nuestro espíritu con mayor ;:xaltac1ón, como v1gon- y odio, ternura y entusiasmo, caricia ó herida, todo del Consejo: la mesa cubierta de paño azul, los sillozada por la luz de esa aurora, y bruscamente sacudi- enc.;ontraba 'su nota adecuada, su timbre propio su nes de telas desteñidas y la silla del presidente con
da por las primeras dianas de las músicas militares. expresión estética. Aquella voz era á la vez arpa ~óli- su respaldo monumental. Detrás de los asiento&amp; de
Nos sentimos poseídos de un triunfal entusiasmo ca y lira sagrada, flauta de Pan y trompa épica, y ni los jueces hay otros destinados á las aut oridades, Y
y recorremos con la violencia de la imaginación des- Adelina Patti, la semidiosa; ni la Mlolhan Carvalho, en la pared del fondo, sobre la silla presidencial, el
encaneda, los episodios de lo pasado, las guerras de lq emperatriz; ni menos aún la Melfa ni la Nevada indispensable crncifijo, la imagen del Cristo, obliga•
ni la Van-Zaut, las marquesas del arte lírico, pose- da á presenciar, del año de 189-! á la fecha, escenll&amp;
nuest~¡i, vida social.
yeron esa garganta divina ni esa voz celeste de An- tan poco cristianas. .
Es qello el espect~culo.
. _
.
.
Vemos, al principio, ese movimiento impercepti- gela Peralta.
El toro fué ensanchado á uno y otro lado para dar
Detrás de aquella voz había un alma de fuego
ble, débil, imlefinido que imprime en un pueblo la
lugar en el de la derecha del presidente al banco del
fecunda savia. de la liliertad, y que es como la pugna apasionada, sedienta de ideal, torturada y dolient~ Ministerio público y á la izquierda al de la deren:.
misteriosa de la planta que rompe el terrufio para cerno toda alma de artista. Angela era artista· no En el centro están los testigos y á la derecha de
una. artista escénica; su ceguera casi completa vedaba tos el acusado, dando la espalda á sm, defensores.
beber la luz.
Del post,rer aliento del último héroe muerto en el á su jw;go, la amplitud, la rapidez y la oportunidad de
La sala ei;tá dividida en tres departamentos por
campo de b 1talla ó ejecutado dentro de un cuadro de la acción. Cantaba en las tinieblas, y no podía ser- medi? de barandales: el primero es el de los testlgoB,
fusiles, brotaba un héroe nuevo: ¡Qué verdad tan pro- virse sLno de la actitud y del adem,in para completar con sillones de terciopelo rojo para los generalall:
la expresión del sentimiento; pero la voz sola e:xpre- ministros y demás personajes de alto fuste Y 8
funda encierra la fábula de Gracol

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.
LA SEMANA

A'NGELA PERALTA.

I

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R D o

EDAD MEDIA

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SIGLOS XV

-----

LA . IND'l.ISTRIA TEXTIL EN LA EDAD MEDIA •

Aquí tenemos un grupo de
hilanderas que nos da idea de
lo que la industria de los te,.,
jidos es en la época medie,.,
val. Están trab~jandó, con el
huso y la rueca, en la prepa,.,
ración de las lanas que más
tarde han de ser tejidas. Se
trata de un ¿¿gran" taller y, no
obstante, su labor nos pro,.,
duce una triste impresión de
lentitud,. sobre todo si recor,.,
damos los métodos mecáni,.,
cos y rapidísimos que en el si,.,

-------~--------

La primera audiencia del Consejo de Guerra de Rennes.

glo XX se empleaban. Las. te...
las preparadas en talleresÍe~
j
pecialmente dedicados a Uo
e·s casean tanto que,. en r
dad,. son un verdadero artfcu..
lo de lujo,siendo muy frectren.. ·
te heredar trajes que usaron
los padres y hasta los abuelos. En los campos las famf,.,
l\as tejen unas telas bastas~
la. lana. de sus propias oveja(
o el ¿¿lino'' de sus tierras, !el•
que dedican a. la. confección
de los toscos vestidos.

6'1
( Muestra de una página del libro LECTURAS HISTÓRICAS)

comunes
p, rtame
público
tes '
el de la n:osa ae1 mundo entero, tiene por un lado
filas de _mesas paralelai; al gran eje de la sala, y
rinea.l otro, diez y nueve mesas perpendlculares á esa

!~

badLa primera audiencia, que reproduce nuestro gra-

fe.i º¡. ~ fué lo que han sidu las aurliencias posteriola detdlel día en qut&gt; el público hostilizó á Mercier,
rl la d f ea que se Cúmetió el atenta.do contra Labocareo entre Perier y Mercier, tan lleno de
tu'ctd
en.,..s dramáticos.
~ ~~ seis y. media de la mailana, la pacífica ciu1
ª el d_estile de los testigos, de loi; periodistas
os curiosos que venían de París y del extran~A

de!

erier, Mercier. de Boisdeffre, ZurPicquart, Lebrun-Renault, la viugen al ·Liceo, van Lan tranquilos en apariencia, dice
un periódico, como l~s_miemb_ros de un Congreso de
economistas-que se dirigen á maugurar sus tareas.
E: público y los _periodistas se instalan en los l?g::.res que tienen designados; hay pocas damas, casi todas ellas de la prensa: en el foro, detrás del tribunal,
una vestida de blanco, la misteriosa cdama blanca&gt;
de quien tanto ha hablado la prensa.
Ya están instalados el Comandante Corriére, Comisario del Gobierno, su adjunto el Comandante Mayence y el Secretario Coupois; á la derecha, Demange y Labori, ocupan los ~xtre mos del banco con sus
secretarios Collenot y H1ld entre ellos. Llegan los

Suenan las siete: se anuncia al Consejo, la guardia
present,a i,;us armas; el :,ilencio se hace profundo y
los jueces vestidos de riguroso uniforme, penetran al
salón y ocupan sus asientos.
Todo el interés se concentra en la figura ae Dreyfus: el aparecido de la isla del Diablo se presenta, su
pa:,o es tirme, su busto erguido, lleva guantes blancos; sube las gradas de la plataforma, se detiene ante sus jueces, se para con los talones juutos, militarmente, saluda, se descubre y se sienta. Todos dicen
que ha cambiado poco; está 'más delgado, más nervioso, su pelo ha encanecido, pero el rostro es enérgico y no acusa depresión .. . .

�Domingo 3 de _Septiembre de 1~1111.

Doinlngo 3 de Septiembre de 1899.

155

EL MUNDO.

EL MUNDO.

154

DirBctor: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

---------------------------------------------·

LA SEMANA
Me desdigo: no es Septiembre mes de verbenas
nada más. Es mes de fiestas y de pompas, este SeptiembrP. voluble y falso que muestra por las mañanas
un ...ol limpio, primaveral y fastuoso, y p0r las noches
una luna fría con su halo joyante y húmedo, y sus rosas
y oriente de perla que traen á la memor;a los ciel_os
de Enero y los paisajes invernales. Las tardes. lluv10sas y grises, están entrh,tecidas por una luz opaca y
soñolienta que parece cansada de haber alumbrado
tanto por el día.
La Naturaleza se pone romántica en Septiembre,
como las mujeres que al terminar el baile, á la luz
indiscreta del alba, se ven en el espejo de su alcoba,
y o.:.servan las primeras canas entre las f\or_es de su
tocado y las primeras arrugas tras de los afeites de su
rost.ro.
Todavía son hermosas; pero ya no con la frescurd.
de la juventud: la alegría irreflexiva y loca ha huído
de ellas para siempre, y apenas si de cuando en cuando entreabre sn boca la ingenua y dulce sonrisa que
era el encanto de los primeros adoradores.
Mas el gozo humano no se preocup~ por eso: cele~ra
oUS festivales en los campos melancóhcos del Otouo,
bajo los árboles que empiezan á cubrirse de_ hojas_secas y frente á los horizon1 es, cuyas nubes mmóv1les
y brumosas, fingen en las obscuras lejanías fantásticos y caprichosos mausoleos.

***
La fiesta de Covadong, es en la América latina,
una de las más afamadas y brillantes. Suena, á castaíiuelas y bandurrias, sabe á manzana, huele á cidra.
Recuerda aquella agria montaña española que tan~o
hemos subido y bajado de la mano de Dvn Antomo
de Truebli, mientras el buen viejo para entretenernos, nos narraba uno de sus cuentecitos sencillos y
tiernos, ó nos -;antaba coplas populares, quejumbrosas y suaves.
En este año el proverbial entusiasmo asturiano estará quizá como en los anteriores, mezclado con un
poco de tristeza. Todavía duele la herida. Las almas
se buscarán entre el ruido para hablarse de la madre
desconsolada. Un soplo de pena pasará á veces, por
entre el cordaje de las guitarras, y el cristal de las
risas se quebrará por instante!! sin motivo aparente.
En la profundidad de la mirada, es posible que asome
una lágrima. De seguro no sonará un sollozo ni se

escapará un suspiro; la indomable energia de una raza vigorosa encarcelará á t,iempo en todos los corazones á esos hijos imprudentes del dolor. Se aturdirá
en el ruido la tristeza.
El contento dirá como el poeta:
Parad el viielo, tacitumas horas

La :fiesta de Covadonga abre la puerta á las nues•
tras. En primer lugar viene una, callada y envuelta
en atavíos de luto: año po, año se acerca á nosotros
para recordarnos la di".ina muerte de unos cuantos
niños. El viejo avaro ha bebidu ":tvaramente sangre
virgen y mártir. El verso que canta la gloria de estos muchachos heroicos, sacude alegremente las
alas bajo las blancas cabelleras de los ahuehuetes
pensativos. ¡Canta, canta, estrofa de hierro y oro de
la moderna epopeya, la. audacia infantil de estos chicos que entraron en la inmortalidad por una sublime
travesura! Canta la eterna lucha de Goliat y David,
del titán y el niño, de la Fuerza torpe y la Gracia heroica, canta, abre las alas bajo la blanca melena de
los ahuehuetes pensativos ..... .

En pos del 8 de Septiembre, entra el diez y seis, el
estrepitoso, el venerado. En él esta hermosa prolongación de egoismo que llamamos Patria, palpita en
nuestro esp!ritu con mayor c:xaltación, como vigorizada por la luz de esa aurora, y bruscamente sacudida por las primeras dianas de las músicas militares.
Nos sentimos poseídos de un triunfal entusiasmo
y recorremos con la violencia de la imaginación desencaneda, los episodios de lo pasado, las guerras de
nuest:/l vida social.
Es qello el espectáculo.
Vemos, al principio, ese movimiento impercepti•
ble, débil, im1efinido que imprime en un pueblo la
fecunda savia. de la lil,ertad, y que es como la pugna
misteriosa de la planta que rompe el terruño para
beber la luz.
Del post,rer aliento del último héroe muerto en el
campo de bitalla ó ejecutado dentro de un cuadro de
fusiles, brotaba un héroe nuevo: ¡Qué verdad tan profunda encierra la f1bula de Gracol

saba to lo, interpretaba todo, suplía todas las deficiencias sal vaha todt,s los obstáculos y hacía. vibrar
honda profunda, vivamente todas las cuerdas de la
lira y todas las tibras ~e la pasión._ .
.
No tenia como Adeltna el prest1g10 adicional de la
belleza y de lasuprema e_legancia, de los modales aristocrár,icos, de la Pducac1ón cortesana; era una artista un poco bohemia, pero que amaba Y conocía su arte; que se prodigaba y se ostentaba; que no regateaba ni ponía á subasta sus notas; &lt;¡ue cantaba porque
el canto era en ella la natural y genuina expresión de
sus pasiones, como en el ruiseñor, Y que derrochó \'OZ,
alma, vida y fortuoa por puro y desmteresado amor
al arte.
y Juego· académ:ca, correcta, impecable, modelo
de escuela~ y de métodos clásicos, griega por la corrección del estilo, italiana por el desbordamiento de
la pasión, francesa por su gusto exquisito, alemana
por la nobleza de su ideal, mexicana por la siacert.
dad la franqueza y la prodigalidad. Artista, e1t RU•
ma.' como lo son to:l.os los grandes, sintetizando ensu álma t,odas las almas y en sus creaciones toda la.
vida humana.
Detrás de la ;utista había todavía una mujer; tier.
na dulce compasiva, generosa; y coronada de wda~ estos ~imbus y aclamada, lisonjeada, arrastrada
su carroza por la pléyade de sus admiradores, ungida
reina cada noche é incensada como una divinidad,
todavía tenía tiempo de ser modesta, humilde, exenta de vanidad y orgullo, hospitalaria y complaciente
y nada miis me queda que decir, muchacha curio- como una burguesa.
Pesa sobre el artista rantante una fatalidad de la
sa v burlona.
qud recientes descubrimientos hab1án de redimirlo:
En esta semana han pasado los días en blanco.
no puede aún, como el poeta, legar ,á la más remota
Se parecen al verso del Lied:
posteridad sus estrofas, como el escultor, sus estaUn cielo gris, un horizonte eterno.
tuas, como el pintor, sus cuadros. La mar.ivlilosa arY andar ...... andar ..... .
¿Qué quieres? ;_Lees mi crónica, yara di~t1 a~r tu tista no ha podido legar más que el recuerdo de su
fastidio,? Pues haz de cuenta que leiste la historia de gloria y el culto que sus admiradores profesan aún
á su memoria; pero sus amigos la aman todavía. pi,rlo que no ha sucedido ..... .
que fué buena y muchos desgraciados la bendicen
porque fué caritativa y generosa.

Es preciso romper la tutela para nQ perecer, como
es fuerza que la crisálida rompa el capullo para que
. d I B
vuele la m¡i,ripos1.
Al reflejo de las llamaradas de incendie P. a . "evolución Francesa que alumbró nuestras obscurida•
des nos vimos fuertes y nos ser,tim&lt;is apt,os.
Una ráfoga épica sopló en las tinieblas de nuPstras
almas y nos lanzamos seguros y resueltos á la con._
quista del ideal.
No caímos en el abismo. desesperanzados Y ve~ci
dos como los caballeros clel Apocalipsis.. _A_nte!._ bien,
á través de las penalidades y de los sacnfü:ius alcanzamos la Tierra Santa.
Pero no adelantemos los sucesos. ¿Acaso soy
el ~~¿~ista de Jo que ,a á suceder? ¿)le han no~brado acaso para declamar una arenga en la plaza puhlra?
.
Ya veremos-no vamosá esperar, por c1erto,--:lo que
nos prepara el día de la p~tr!ª· La noche del r¡timce va
á ser, sea(m dicen los "'er16d1cos, una maravilla.
Tocará, como en otros anos, la campana del curato
de Dolores.
.
No seamos impacientes. Faltan muy pocos días para la fiesta.
Hablaremos de ella cuando pase.
Los recuerdos suelen ser 111ás elocuentes IJUe las es•
peranzas.

&lt;

HISTORICAS

FCTURAS
D. JOAQUIN

IZQUIERDO

CROSELLES

lbooo

PARA LA FORMACIÓN EN EL NIÑO DE
ÚN CONCEPTO CLARO DEL TIEMPO HISTÓRICO

El ensayo qne presentamos a los señores profesores quizá pudiera parecer a algunos un atrevimiento pedagógico, pues invierte el orden de la
cronología, conduciendo al lector desde la época actual hasta los tiempos
p~ados, en lugar de partir de la antigüedad para llegar a nuestros días.
Nos parece que este método presenta ciertas novedades ventajosas para
la ,enseñanza y, por otra parte, su aceptación entusiasta en ciertos países
~xtranjeros y la adhesión sin reservas de algunos ilustres profesores es-·
pa,ñoles nos ha decidido a publicarlo, esperando sea recibido con agrado
por los amantes de la renovación de la enseñanza.
Se pretende con este método pedagógico, ya adoptado, como decimos,
por algunos señores profesores, y al que damos un aspeeto elemental, que
el niño adquiera desde sus primeros estudios el sentido de la Historia, es
dtoir, una noción intuitiva de que han existjdo, antes de la vida actual,
otras vidas y otros tiempos diferentes.
No sólo es desarrollable en los niños este sentido de la cuarta dimens' , del TIEMPO, sino que lo adquieren rápidamente, como cualquier
f~sor qui emplee este sistema podrá observar desde los primlros días.
Nadie dudará de lo importantísimo que es, en los albores del conocimiento, adquirir unas nociones dar~ de la existencia de un pasado, así
como la evidencia de la duración de ese pasado y de los cambios fundamentales que en él han tenido lugar ; de este modo el niño se sitúa en 'una
posición más segura de su vida, logra comprender el significado de la
hora presente y, por contrapartida, adquiere uná lúcida visión del porvenir, calculando las consecuencias de sus actos.
Si el alma del niño se ensancha en el espacio tridimensional de la
Geografía y los viajes, mucho más se enriquece su.espíritu cuando consigue una noción indeleble del Tiempo, verdadero hilo de la Vida y sustento _.de todo pensamiento racional.

ANGELA PERALTA.

L

Angela Peralta ha sido la artista lírica más admirable que ha producido México y una de las más gran•
des de que se ufana la humanidad. Sus dotes natura,
les, su educación musical, su inspiración y su amor
exclusivo al arte hicieron de ella un admirable conjunto que rara vez la naturaleza y el medio logran
combinar.
Desde luego, estaba dotada de la voz más admirable que pueda jamás soñarse, voz á la vez de hada, de
ángel y de ruiseñor; voz de sireaa. Era la voz de Angela un resumen de toda la naturaleza; en ella había
susurros como en la brisa; murmullos como en la sel
va, gorgeos como en los oídos; ecos soaoros como en
las cavernas. Revoloteaha como la mariposa y plana.ba magestuosa como el águila.
Esralaba las más altas cimas de la gama y descendía á sus más hondas profundidades, sierupre pura,
siempre igual, sin adultera\)iones de ~imbre ni desfallecimientos de sonoridad.
La agilidad de su garganta era prodigiosa; cascada
de perlas, tal era su gorgeo; ¡&gt;ara ella la vocalización
no tenia secretos, ni misterios ni escabrosidades; en la
escala más vertiginosa, en el grupeto más complicado,
en la más inestricable maraña de notas, cada una de
las suyas se destacaba pura. independiente, distinta
é individualmenr,e perceptible, y además, matizada,
acentuada, intencionada.
En el ranto amplio, lento, modulado, recorría órbitas inmensas; el balance de su canto era majestuoso, como giración de astro, y su voz, que podía retozar, juguetear, rizarse y ondular como un arroyo,
sabía también correr majestuosa, imponente, inmensa1Dente serena, como un Nilo ó como un Ganges.
Por su timbre y su modulación, por su agilidad y
su amplitud, en aquella voz maravillosa se encerraba
la expresión de todas las pasiones humanas; lloraba
y refa, gemfa y tlamaba, sollozaba y atronaba. Amor
y odio, ternura y entusiasmo, caricia ó herida, todo
en~ontraba 'su nota adecuada, su timbre propio, su
expresión estética. Aquella voz era á la vez arpa eólica y lira sagrada, flauta de Pan y trompa épica, y ni
Adelina Patti, la semidiosa; ni la Miolhan Carvalho,
h emperatriz; ni menos aún la Melfa ni la Nevada
ni la Van- Zaut, las marquesas del arte lírico, poseyeron esa garganta divina ni esa voz celeste de Angela Peralta.
Detrás de aquella voz había un alma de fuego
apasionada, sedienta de ideal, torturada y dolient~
como toda alma de artista. Angela era artista· no
una artista escénica; su ceguera casi completa vedaba
á su juego, la a.mplitud, la rapidez y la oportunidad de
la acción. Cantaba en las tinieblas, y no ¡&gt;odia servirse slno de la actitud y del adem,1n para. completar
la expresión del sentimiento; pero la voz sola expre-

EL ILMO. SR. DON JACINTO LOPEZ,
ARZOBISPO ELECTO OE GUAOALAJARA,
Honramos la portada de nue1,tro semanario con et
retrato de este disting11ido y virtuoso prelado que
sucederá en la sede de Guadalajara al difunto Sr.
Loza.
·
El Sr. López rigió por muchos años la diócesis de
Linares. elevada más tarde á la categoría de arquidiócesis, y su tacto le grangeó aprecio universal en
los Estados del Norte y la veneración de sus fieles
diocesanos.
Es originario del Est'l.do de Jalisco, ci rcunstancl&amp;
que unida á las cualidades de espíritu y carácter que
tiene el Sr. López, lo hacen idóneo para ocupar la
nueva sede para la que ha sido electo.

PRECIO :

-------·-------

La urinrnra audiencia del Consejo de Guerra de Rennes.
La sala de a~tos del Liceo de Reunes, local elegido
para el Consejo de Guerra de Dreyfus, es una nave
recungular, espaciosa, de 22 por 15 metros y 8 de altura; las paredes están pintadas de ocre y las later~les tienen seis ventanas; en el friso que corre aba¡o
de los tragaluces, hay inscritos varios nombres de
bretones ilustres.
En el fondo hay un foro de un metro de altura, Y
en el extremo opuesto un busto de la República, Ea
tres días se hicieron todos los muebles necesarlJR,
mesas, bancas y barandillas. El tribunal se instaló
en el foro, y á él se llevaron los muebles ordinarios
del Consejo: la mesa cubierta de paño azul, los sillones de telas desteñidas y la silla del presidente coa
su respaldo monumental. Detrás de los aslentoS de
los jueces hay otros destinados á las autoridades, Y
en la pared del fondo, sobre la silla presidencial, el
indispensable crncifijo, la imagen del Cristo, obliga•
da á presenciar, del año de 1894 á la fecha, escenll8,
tan poco cristianas. .
El foro fué ensanchado á uno y otro lado para dar
lugar en el de la derecha del presidente al b¡¡.nco del
MiDisterio público y á la izquierda al de la defeO:
En el centro están los t estigos y á la derecha de •
tos el acusado, dando la espalda á sui, defensores.
La sala e1&gt;tá dividida en tres departamentos par
medio de barandales: el primero es el de los testlguSt
con sillones de terciopelo rojo para los generaJazOA,
ministros y demás personajes de alto fuste Y silla&amp;

Para pedidos:
. Manuel

4

PES ETAS

EDITORIAL.

Paso,

2.

URANIA

GRANADA

DIST.RAIDA
comunes ele paja par i la gente menuda; el último de~~t~ento que es el más pequeño, está destinado al
tea d00, Y el del centro ocupa.do por ic,s representan-·
cin e la prensa. del mundo entero, tiene por un ladíJ
co lilas de mesas paralelas al gran eje dP. la sala, y
ri~~l otro, diez y nueve mesas perpendiculares á esa

badLa primera audiencia, que reproduce nuestro gra-

~º¡~rué lo que hao sidu las auiiiencias posterioladefdtl d!a en que el público hostilizó á :Mercier,
rl la d t en que se cometió el atentado contra Labol;clde et careo entre Perier y Mercier, tan lleno de
n PS dramáticos.
~ seis y. media. de la mai1ana, la pacífica ciu1 de ~ía el destile de los testi gos, de los periodistas
os curiosos que venían de París y del extran-

;as

jero á presenciar las audiencias del proceso. N&lt;, bay,
sin embargo, indicios de esa febril agit,ación del proceso Zola; los espectadores y testigos que se dirigen al Liceo, van Lan tranquilos en apariencia, dice
un periódico, como los_miemb_ros de un Congreso de
economistas-que se dmgen á rnaugurar sus tareas.
E: público y los periodistas se instalan en los lug:1res que tienen designados; hay pocas damas, casi todas ellas de la prensa: en el foro, detrás del tribunal,
una vestida de blanco, la misteriosa «dama blanca&gt;
de quien tanto ha hablado la prensa.
.
Ya están instalados el Comandante Comére, Comisario del Gobierno, su adjunto el Comandante Mayence y el Secretario Coupois; á la derecha, Demange y Labori, ocupan los ~xtremos del banco con sus
secretarios Collenot y Hild entre ellos. Llegan los

testigos: Casimir Perier, Mercier. de Boisdeffre, Zurlindeu, CIJanoine, Picquart, Lebrun-Renault, la viuda de flenry ....
l:;uenan las siete: se anuncia al ConsPjo, la guardia
present,a sus armas; el :,ilencio se hace profundo y
los jueces vestidos de riguroso uniforme, penetran al
salón y ocupan sus asientos.
Todo el interés se concentra en la figura de Dreyfus: el aparecido de la isla del Diablo se presenta, su
pa:,o es tirme, su busto erguido, lleva guantes blancos; sube las gradas de la plataforma, se detiene ante sus jueces, se para con los talones juntos, militarmente, saluda, se descubre y se sienta. Todos dicen
que ha cambiado poco; está ·más delgado, más nervioi¡o, su pelo ha encanecido, pero el rostro es enérgico y no acusa depresión ....

�EL MUNDO.

Domingo

a de Septiembre

0om1ngo 3 de ?epti!l!D_!&gt;re de 1899.

de 1R99.

15

EL MUNOO.

sara.h B;rnardt en el papel de lbmlet.
Se ha discu tido y aun_ ocasiunó un duelo entre, dns
¡t,eratos,
interpretación del Harulet, hecha ult111Dameote la
por l::iarab al represent,ars !. una nueva t.ra•ducelóo francesa del drama dP Shakespeare. .
MorenPt- 8ully .... qué gran precedente! Sm embargo, dh:en por ahí que laSarah es admirable en bU
pel de prln-:ipe dinamarqués.
paNue~tro g rabado, que es adrni rabie J:Or la preri:&amp;ión, da á nuestr~s lec tOrPS un E'.lemento suficient~ rle
juicio para que digan ellos. 1&gt;Pgun i-usgu1,1osy su ir11presión propia, si es ó no. Saral.J, fiel mtérprtte del
;gran poeta.

PERFILES FEMENINOS.
La italiana es la mujer quP. prPsenta casi toda la beileza de la edad moderna. Plfoida y de curvas exagerad11-~ y senimales en Lombardfa, con su color rubio
,á to T1claoo en Venecia, de formas escult,urales en
Boloola, marmórea en Roma y de belleza clásica grie,ga en Nápoles..
. .
.
Artista apas10nada por rnstmto, ;gnorante en general, modesta, menos fiel que mucnas otras muje·res, se ca.o;a siempre sin amor y por tener á mano el
•recunio del di 1•orci o.
Gato y serpiente, palma y violeta es la francesa;
frágil 1:11 apariencia é impávida en las luchas del
amor, llena de gracia aunque no hermosa; es tres ve-ces mujer y tres veces adorable.
En su parte moral es amable; cequeta incorregible,
no allla casi nunca por temperamento, siempre es infiel razonadamente.
Ejercita nn_a influencia sobre el hombre mayor que
las dem.\s mujeres, por su cultura y sobre todo por
:su esp,-it y por su travesura.
En su mismo tipo está el temperamento de la fran-

cesa.

Rubia, con ese rubio pálido; fría, tranquila; lo!!
-ojfJII azulPS, la nariz aristocrática, los dientes correctislmamente formados, y joven siempre, pnsee el
temperamellto frío y razonador.
Su belleza física es demasiado correcta para ser art~1ca, pues le falta el sentimiento. La explicación
de su carácter es asimismo demasiado entero y ené r¡ico, demasiado frío y demasiado serio para recordaroOB á la mujer.
Reservada, casi hipócrit-a, exag-eradamente casta,
-esclava de los respetos bu manos, ama fríamente y por
convencimiento, sin estar nunca dominada por los
tJDpulsos ~el corazón.

M.

Y

M.ME.

LABOlU SE .:)lttlGE:.

AL

CONSEJO DE

GUERRA.

de tantos desean por sobre todas las
cosas, un empleo que les asegure vida
tranquila, y no sueí'ían sino con gangas sin responsabilidl\des, no se repetirá demasiado que nadie tiene derecho para abstraerse lejos del mundo,
que el hombre crece lanzándose á la
lucha, no despr,·ciando nada de lo que
es honesto, y que se eleva por la acción.
l::iin embargo, cuidémonos de no dejarnos engallar por una nueva ilusión.
Para ser legitima y aun necesaria, no
bast,a la predicación, y además, el carácter esencial de la acción verdadera,
f'S que sea determinada y precisa.
Ahora bien: pululan por abí jóvenes
que anuncian con énfasis su intenc!ón
de «obrar.&gt; de «luchar.&gt; No lPs pre•
guntéis cómo; no lo saben todavía;
tal vez no lo sepan nunca; pero tened
por cierto que estarán convencidos de
:ser bom bret; de acción. Y estad per_suadidos también de que entre todos
los lite~atos que quieren seguir el ejemplo dado por sus maestros, se observa
el mi~mo fenómeno. Predicando la
acción, creen obrar.
Es ni más ni menos como lo que
sucede en los coros de ópera, que cantan: «Marchemos! Marchemos!&gt; dando
en el entablado. Tratemos de no caer
en semejante ridículo. Bastante campo se presenta á nuestros esfuerzos;

cura.mente en el derrumbamiento de lo viejo, reclama obreros. Hermanos, solo la acción es bendita:
hermanos, es necesario obrllr.&gt;
Y, ciertamente, el espectáculo es bello, el celo de
los apóstoles admirable, y su doctrina excelente en
todo sentido. Para poder pensar es necesario vivir, y
1i vida práctica tiene derecho á todos los miramientos de los pensadores. La metafísica ó la poesia no
son, seguramente, ocupaciones despreciables ó va'las;
pero tampoco son, necesariamente, superiores á la
construcción de caminos ó á la fabricación de conservas. La grandezlJ. de una depende en gran parte
del modo con que se la ejecuta! Tal comerciante posée más elevada inteligencia que muchos escritores,
y por lo mismo que se ocupa 'con celo en los progre.
sos materiales, trabaja quizás e ticazmente en la me•
jor moral del muudo. Eu uu país como Francia, don-

La alemana es poco graciosa en los mov..imlentos y
en las líneas, pero sólidamente construida, resistt:nt.e á todas las injurias del tiempo y del amor.
Rubia, cerúlea y blanca, parece formada para efectos dJraderos, y es en su modo de ser mejor esposa
,que apasionad~ amante.
No 11e deja dominar nunca por los entusia&amp;mos del
'COrazón y solo ama de un modo espiritualista, con in.genuldad Idealista y fantástica.
EL TENIEN'.lE CORONEL PICQUART,

La espa!'iola soberbiamente hermosa por los espre'llvus rasgos de su cua, los pies y lds manoi peq Ué ñÍ·
Rilllos, dos grandes ojazos como ventanas abienas en
~o palacio de mármol las curvas de su cuerpo p:1.lpitantes de vida y voluptuosidad y el cabello sublimemente negro y lustroso.
Ama como no aman las demás mujeres, con amnr
salvaje, dominada por la sangre caliente que recorre
'8U8 venas y se entrega en un momento de delirio, sin
'Cálculos, sin amor á los respetos humanos, febril de
pasión.

, bastantes obras reclaman nuestra buena voluntañ.
Nosotros, pues, que creemos en la necesidad de la
acción práctica, y que nv tenemos una ardiente
palabra que arrastre las turbas, escojamos en silen-. cio una empresa que nos convenga, y sea cual fuere,
'. démosla concienzudamente nuestro tiempo y nur!i,, t ros esfuerzos. El mundo no sabrá nada, y por tan1o, no nos colocará entre los hombre de acción, pe1 o nosotros merecemos quizás ese titulo.

PEoao PvLON3K[.

CHKI~TIAN SCHEFER.

Las mejoras ofrecidas.

NUEVOS IO~ALES.
PENSAMIENTO Y AOCION.

La acción esta de moda. Por mucho tlempc, el do•
~lnio del pensamiento puro y el de la realidad prác11lll permauecierou voluntariamente separados. Con
:88;:e~clones, los tilósofos ó literatos que se con- ,,
p g~
a, primero, creían deber ignorar y aún des- ✓&gt;, ..,
ttree ar el segundo, ju1.gando que la grandeza de las _:"
... peeulaclones ó de los sueíios provenía sobre todo &gt; uesQ
' ,,
1 ad. Pero las luchas del 'mundo, cada;,
dla IIIt t·tld
De
ásperas, van desvaneciendo los espejismos en •'
ibo aquellos ut opistas se complacían: y estos sienten -'-·
pro:confusamente que todo cambia, y los tenibles ·
11len~mas de la existencia se les t_m~onen brutal meo- tts:,.
'IIDo á · Turbados así en su q u1et1smo, los ;,oetas,
ffk." . ..

t,"l

f.~tC::g~ ;~ ~~~=:tºa1t::,use~ ~~!!s~ep~:i~~\[a;ª;
0

'iteen,
un nuevo evangelio: «Han llegado los tlemen que la grande obra que se elabora os-

-c=:;.\ti:&gt;&lt;-,···

ll08,

SARAH Be:KN.~RDT EN EL PAPKL DE IlA.MLET.

Como toda maquinaria nueva, la nuestra,
al armarla, edtá f;!;astándonos mucho tiempo
y trabajo, más del tiempo que habíamos supuesto; por eso no hemos podido comenzar
las mejoras ofrecidas de que ya tienen cabal
concepto nuestros abonados.
En esta semana quedará listo el departamento especial que estamos instalando, y ase. guramos que el retraso involuntario que se
· ha sufrido, quedará ampliamente comFensa.do.

�Domt?go 3 de Sei:tiembre de 181111

Domlngc 3 de Septiembre de 1899

EL MU~DO.

EL MUNDO
158

ramaje exuberante y lujurioso que, como una cabe•
llera de Furia, se desparrama en su carga de higos
maduros y verdes por el balcón del pibO alto; por úl·
timo, en el otro ángulo del fondo una pequen.a p_uer•
ta da acceso á la extrafl.a bab:taclón, que á un vempo es cocina, sala, centro de tertulia y comedor de
los poco favorecidos por la suerte, pues que nos~tros los dos únicos huéFpedes que merecen cum,1•
der~ción en el albergo, hemos de l'Omer siempre en
íntimo aparte, arriba, en el balcón, asombrado P!'r
la higuera. En el centro de la habitación á tao u,ultiplti, uf.OS destinada, l,ay una larga mef\a er,tre
dos bancos de igual longitud; á un lado, una gr~ll·
de y tl ..nada chimenea, en cuyo hueco se ma11t1e•
ne sobre un montón de etniza, y sujeto de una cuer•
da ahumada y gorda, el caldero donde se cuece y
ablauda la amarillosa polenta; cerca de la chimenea
arranca una escalera que suoe como la del patio al
pisu alto, y en el miswo punto comienza la verd~de•
ra cocina, es decir, el Jugar com,agrado á los hornillos
humeantes y á la espetera limpia como un sol y llena
de cacerolas y sartenes en ad111irable ordenco!ocados.
E11 la atmósfera de humo y olores de cocina true•
na la seilora, dueña y cocinera de la casa, vieja re•
gordeta y rechoncha, pero que guarda en las lineas
lle la cara, arrugada como una pasa, seilales evideo•
tes de haber sido codiciada y bonita en sus ya leja•
nas mocedades. Cuando llegamos, nos viene al en•
cuentro con una sutén en la mano Izquierda y uno
como hurgón en la derecha, nos regala ~u más ama•
ble sonrisa, y para darnos la bienvenida nos espeta

un discurso, del que apenas comprendemos dos ó tres.
palabras, cosa que achacamos á nuestros pobres alcances en el habla divina de Petra.rea; pero, al cabo.
de algunos días y para consuelo nuestro, sabemos-porexperiencia propia y por lo que lenguas maldicientes murmuran, que la seora Rosa, coLDO la llaman.
en el pueblo, ou ba podido nunca fo rmar siqµiera.
una frase de puro tosca.no, y por más esfuerzos que
hace cuando na.blacoo personas de calidad, no logr&amp;.
sino hablar, y eso no correctamente, el áspero y mal•
sonante dialtcto de Lombardía.
No es necesario ser caballero andante, movido de
generosa locura: cualquiera que llegue desprevenido
al hotel de las dos espadas deslucidas por la herrumbre, puede, en los pri1oeros días, padecer i lusiones.
quijotescas. No son para menos ciertos ruidos noctu,nos insólitos, unos atribuiblesá jugarretas de hechicerof, otros á pesadas bromas de malandrines y
follones; sin contar con que la hija y úntca heredera
de la seora Rosa bien se miraría, sin hacerse violencia á si propio, como princesa convertida á media&amp;
en fregona por arte de los oiablos. He dicho fregona
á medias, porque se ocupa á veces en las más recias.
labores, y no porque ande jamás desaseada y pringosa, que antes por por el contrario brilla de pulcra y.
va, por donde pasa, derramando frescura y perfumecomo una flor serrana. Más alta que la madre, Clotilde cuenta dieciocho años y es morena, lo que quiere decir que la sangre no se le está quleLa en el cuer~
p0. sino que hierve, rebulle y comienza á decirlti y
coutarle, en la" sienes, cerca del uído, cosas tentado-

ALDEA LOfdBARDA
En la tarde calurosa de Julio, todo pare•

ce hundido en profundo letargo. El lago se
extiende, hasta perderse de vista, hacia el
norte, entre colinas y aldeas, quieto, brillan•
te, y copiando como una lámina de acero
bruilido los últimos arreboles del crepúscub
E&gt;n tanto que hacia el sur se estrecha, se
a ielgaza basta cambiarse en río, después de
rormar un remanso y de rodear, no lejos de
la orilla, una pequeila isla, bosque de rosa•
les y manida de patos silvestres.
A la derecha de un promontorio eoronado
por un castillo feudal, detrás de una ala me•
da de castailoR, alineados en cuatro hile•
rab á la orilla del lago, se dPscubre la al•
dt·a silenciosa. á donde venimos buscando
rt&gt;poso para nuestros cuerpos, serenidad para. nuestras almas, un soplo de aire puro que
harra de nuestros pulmones el Infecto polvo
de la gran capital, un puco de sol que nos
recuercle el sol de la patria; soplo de brisa
y rayo de sol que, trayéndonos la salud coro•
pleta, vigoricen nuestros nervios reseoti•
,tus y desvanezcan en nuestros cerebros los
fantasmas de la neurosis.
El absoluto recogimiento de este rinconc!llo de Italia satisface cumplidamente nues•
tr•,s deseos dP. calma, pero nos vuelve mudos y tristes. Sin proferir una palabra, desembarcamos, después que el bote, guiado
por un viejo remero, penetra en un espa•
cio circuido de muros, especie de puerto in•
vadido por altas yerbas que Sd asoman á la
superficie del agua, y ceden, doblegándose y
gimiendo, al paso de la pequeña embarcación. El mismo barquero se encarga de
nuestras balijas y noi, endereza hacia el
ho~el.
Digo hotel como diría ventorrio, figón,
posada ó fonda, pues de to'.lo esto hay, aunque, en realidad, la casa en donde hemos de
posar es más que hotel. ventadecaminoc0n
aires grotescamente seiloriles, que nos despejan el ceño, haciéndonos pensar en a ven tu•
ras quij0tescas. Nada t,an á propósito, en
efecto, para dar al traste con el meollo poco
firme de algún andante caballero, cvmo este
caserón, que bien podría ser tomado por castillo ó vivienda solariega, con su holgada
puerta cochera, sobre la. que se cierne, destacándose de la pared, una.corona, probable•
me~te de hojalata, injuriada por la iotem•
pene, tomada de orín y sostenida por dos espadas en cruz, del mismo metal que la co•
rona, y limpias de todc, crimen si no de herrumbre y moho.
El patio, á donde el portal nos conduce
no deja duda sobre el género de casa en qu~
noshallamos. En un ángulo del patio, una
chica extrae por medio de gruesos cordones
de las profundidades de una cisterna, u~
cántaro rebosante de agua fresca; á la de•
recha de la entrada, se está quedo, con sus
timones en el aire, un coche polvoriento que
espera, quizá, las órdenes de los huéspedes;
en el fondo, en el án¡1;ulo izquierdo, se le•
vanta una escalera de piedr~, tan angosta,
que no puede una persona bajar mientras
que otra sube, y, al pie de la escalera, crece
una higuera centenaria de tronco espeso y

ras, de esas que hac.:n :-uborizar á las ni•
nas. sus cabellos son ébano luciente; sus
c,jos, vivos carbunclos, sus mejillas, dos
rusas que el sol no se cansa de besar; su
alma es toda fuego cuando se asoma á
Jos ojos, y toda sal y donaire cuando vie•
ne á los labios, hendidura de una granada entreabierta, á decir palabras bellas
de un italiano algo embastecido por el
acento rudo de los campesinos lombardos;
su cuerpo robusto, ágil, no acostumbrado á estrecheces y apreturas, es, cuando
i;e mueve, gracia y zandunga; y sobre todo esto, dos puños más fuertes, capaces
de poner á raya á los más atrevidos mocetones de la aldea, clientes revoltosos de
la media noche.
Al principio fatigados por el viaje, y
luego molidos por largas excursiones en
los alrededores, dormímos en los primeros
días con el sueilo de los justos, plácido y
sereno. Al fin, una noche nos levantamos
sobresaltado~, oyendo voces violentas, ai.
radas, que gritan un número y se acompanan de terribles puñetazos, recibidos
aparentemente por una mesa. Creemos
en una rifla trabada en la cocina. Las voces callan un momento, pno á poco rei;uenan de nuern, repitiendo los mismos
ndmeros. y continúa el alboroto de gri•
t.0sy puiietazos. Son unos jugadores de
morra. No hay una venta de vino, ni
hostería de villorrio lombardo, donde no
estalle por la noche el E&gt;strflpito de la morra. Es el juego del país. Dos jugadores,
de ple, se muestran el puño cerrado: simultáneamente extienden uno ó más de•
dos, y simultáneamente gritan un míme•
ro, que debe ser el que resulta de la suma.
de los dedos extendidos por ambos contentlores. El que acierta, gana. Un chiquillo de mi tierra desdeilarfa tal vez jugar, por demasiado pueril, este juego por
el que en Italia se desviven hombres her•
cdleos de barba hirsuta.
Los que j!1egan á la morra en el alber•
go de la seora Rosa s9n los pndidos, le s
libertinos.. del pueblo, los que se van de
taberna en taberna, gastando en fran.
cachelas y vino el dinero y la vergüenza
de sus honradas familias. Llegan casi
siempre á la ce cioa cuando ya ha ter .
minado la tertulia de las personas de pro;
traen el sombrero ecbado hacia atrás ó
llObre una orej:i, y miran á tod~s partes
con aire de valentones y perdonavidas.
Dos de ellos nos llaman especialmente la
atención: uno. cariancho, de mandíbula
saltente y poderosa; otro, delgaducho,

México Moderno

sobrino del alcalde, la boca inmensa, y los
dientes tirados en desorden hacia adelante, como si se atropellaran por salir,
lo más rápidamente posible, de aquel
abismo de inmundicia. Beben, Juegan á
la morra, y gritan basta desgailitarse,sin
que se les importe un bledo el sueño de
lús vecinos. Mientras la mesa inocente
sufre el mal t.rato de los puilcs callosos
y la vajilla tiembla en el viejo arma1i~
de madera, Clotilde, con los ojos medio
soilolientos, observa á l0s j ugad0res y es•
pei:a una oportunidad para empujarlos,
quieran que no, basta la puerta de la calle. Y entonces, pasan bajo nuestras
venta_nas, y se van cantando á veces, lc¡s
~uy irrespet~osos, con la voz enronqueoda por el vrno, alguna rle esas canelo•
nes que vuelan por el cielo de Italia
tortas ternezas y amor, endechas de rul:
seílores caídas una á una como lágrimas
en el silencio de la noche, desde la cop~
de un ciprés ....
Más agradablemente que la desapaci•
ble serenata de los jugadores de morra
nos sorprende un murmullo misterioso
que oímos algunas noches desde el balcón.
Es un cuchicheo, sostenido abajo, en la
sombra del patio, al ple de la higuera v
entrecortado po.:- algo así como cbasq:1i.
dos, que no son otra cosa que besuqueos
d~ enamorados. Srn pecar mucho de in•
discretos, reconocemos por fin en los causantes del misterioso murmullo al mejor
mozo del p~eblo, pastelero de profesión,
y á una pnma de Cleotilde, recién llegada del Piamonte, y que, según parece, no se duerme en las pajas, cuando
lleva ya prendido á aquel pobre diablo de
muchacho en su red de seductoras artimailas. Nuevas parejas vemos1 en el cur•
so del tiempo, sucederse en el mismo si•
tlo, c~mo si todas buscasen de propósito
á la b1guera centenaria para muda confidente y protectora de sus enredos amorosos. Es lo cierto que siempre las hi•
gueras han andado mezcladas en . tales
bistoria~, ! no sé de dónde les venga el
ser prop1crns á corazones amantes, si no
es de algún viejo resabio contraído en
el Paraí~o, donde, segtín la bíblica. leyenda, cubrieron con sus hojas la desnudez
pecadora de nuestros primeros padres.
[:Cel libro «Sensaciones de Viaje&gt;
de Díaz Rodríguez. J

CASA DEL SR. LIC. JESUS

F. URIR:'E. -CALLE DE TARASQUILLO,

•1

rJ

,I

N.,.

r,~
- -..::...·

LAS VIRGENES D"i!: LAS Jt;)CAS,

.

CASA DEL SR. GENERAL LAURO CARRILLO.-GLORl ETA. DE CCLON, P.A&lt;"EO DE LA REFORMA.

�l60

NOVEDADES CIENTIFJCASLA. FE y LAS MATEMAT,CAS,-LAS CASAS AN~~~•.
-ARTE E IND!JSTRIA.-LA MECANICA VENC
RA,-TESTWUS AUTOJIUTICOS.--LA VERDAD y LAS
MAQUINAS,
La fe t, aosporta las mootailas,&gt; decían se~tencio~eote nuet1Lros abuelos, aludiendo á la rnme~s!I'
~~erza que desarrolla toda creencia hondamente arraI •
gada en el espíritu.
• , ·
d la
y por si álguien duilara del p,,der dinamico Y 1iaplicación exacta Y material de la fuerza desar¡~
da por la fe al transporte de mon_tañas,. ª.hí _es\ 'ión
vas Y erectas las pirámides de Egipto para con us
de excéptkos.

!:

-. - .

'

¡ . ....
1
1

. C Ión sin haberlo he- color Y la forma, han sido invadidos y conquistados
el movimiento propueSlo, u~ p~día darle la vuelorla Industria, basta el punto de que h~y. pesimi....
p poco reflexivos que concluyen pred1c1endo que
cho, sabia de antemano \ verdad matemática; del tas
ta al Mundo, Lndado en un .
ó miaió un as- el ane está c,JOdenado á muerte.
mismo mo::io Leverrier descf!rI~j6sesclfri videt!tes del
Pero importa tijar las ideas sobre lo que.es el Arte
Y sobre lo que la Industria le roba, supomendo qu.,
T rigooometría..
.
rfg!~ªrav,e[!ºG:~~ei~:
rtan las montañas, meJor algu pudiera robarle.
Por eso ahora se traospo
· ·1t 1·¡ pero sí las
A te todo hav que tener en cuenta que en toda
ñas
porque
es
1 número!
dicho 110 las UlOn t ª 1 '
ohraºde arte hay dos partes bien distiutati y que su.
' .
antaño con la fe·· · · en e
d s géoeros diferentes de aptitud en el aruitar una casa y ponerla
casas, como
• .
On iuo-ciniero necesita q
.
,·dad de unas P.º_tt~ la~oocepcióo y ]a ejecución. La P.rimera co.011 º
í
Ja pesa s10 oeces1
más allá 6 más ac ;_ pues
d sde su gabinete, y con ~:~uªv·:i las personalidades artfi,ti~as, rac11ca esencial.
1a 1·otelio-eocia y es siempre un don de la
balanzas inverm,ím1tes, s!r:iºdce a el Y un l~piz, y no mente
en
°
I d
·ó • 1 se
uo simple rne~ro, una h~!!°0
ués de pesada, lo naturaleza, nunca uo pro?ucto de a e ául~acf1 n, ª16 .
e
unda
or
el
e0otrar10,
es
ageoa
a
ormac
n
se equivoca 01 en un.:r~de.termigar
la excursión que
demas es Juego de 01 os.
le sus nuevos cimien- ~eguna glbria del arte, 6 cootribu~e muy poco á ella,
ba de hac~r la wole, preparar meterle debajo una es del todo mecánica y procede directamente de la
tos. ~epararla de losdant1góuopi,,la{arorma rodante, Y la educación.
.
arma ura
Poned
cualquiera
de
los
mar~vm.osos
rnveotos
.con
casa cambia de sitio.
.
ue la Industria, trabajando rnsp1rada por la CienPur supuesto que sin la fe en laCienomc&gt; en esta operación no caben ~. h dotado al hombre para resolver ias d1ficulta~~pe~imeotos, nadie arrost~~r~a el pe- ~1a, !cánicas de la producción dt&gt; una obra de arte;
es mdl
dio-o en las manos de un imbécil, y sólo
ligro de perecer bajo el ed1tic10 ªttes pone
os, .mamarracho.s;
o ,
y crea•
oducirá
dadias á un ar t·st
J "ª• .
desplomado que movido; ~ero n~ ay
porque
la
creación.
artfatica
es
prerrogat1
va satt&gt;•·,or alguno, porq•1e media la e,
1 . ieneo ustedes un arco de tnuo o grada de la inteligencia huma~a.
J• v
aque
En consecuencia, ia Iudustna no am,eoaza_ io~adlr
actualmente ao d a de. paseo escoh
giendo su nueva residencia en Roe e- los saarados dominios del Arte, ni eo e. sentido ideolóo-icoº ni en el cJnvencion~l.de la palab.ra; antes bien
fort, Francia.
Lo notable de este caso, es que no l ~ u'da Je sirve fiel y sol1c1ta, removiendo los obsse trata de una de estas colmenas ~O· t~:%l JS y'quitando las espinas del gl~rioso camino del
t·1 t e O el concurso de la mecamca vencedo~a de
dernas, todas de una pieza y re~a;t~ vameo Le ligeras, lo que bace fac1hs1mo
1: ~u~tades puramente mate~iales. Por la misma
su desplazamiento: no, este arco es razón ni la obra de arte ni el ~rt1sta pueden co~si~e~na estimada obra del .arte a~ti~uo, con rarse anulados ó si•.¡11iera rebaJados porque en la eir
tres siglos de existencia encima, y que, cución de una obu de arte inter~engan los proce •
sin desmoronarse, anda echando 1:1ºª mientos industriales modernos, siendo así que, s!n la
.. a al aire por esas calles de Dios, personal1.da d del artitftia , la obra de arte nu existe,
can
gradas si~mpre á 1a fe·· · · Todavía
les falta á h,s pirámides, =======~
que ya han de creers.e las
muy vanidosas á cub1~rt.o
de tuda sorpresa, recibir
la estupenda de.que, como
su paisano y qmen sabe s1
amigo, el obelisco de Luksor, el capricho de un monarca europeo les ordena
cambiar de clima Y fija.r su
residencia en cualqmera
plaza de Vmdres.
.
y entonces sí que se reirán las pobres viejas de los nombres_, P;ro no de
los modernos á quienes od1anan ~n tal
caso por haberlas expatrhdo, srno de
los antinuos que las hicieron tan grandes precisamente para im,iedirles m?•
verse .... sin presentir el poderdel nu.
mero!

ti~

in, ·

bef

f:s 1

·

Por mi parte cr.:o firmemente q.ue, si esa~dtrdágáicals
. tau enérgica tenac1 a
a
an~iaoas se ar~;!ºe~º~nico objeto de atestiguaroos
ex1steoc1a,
es 1
ida de ultra.tumba y en el poder
6 0 la fe en a v
bo divino de los faraones, pudo hacer que
e m
por/':[e~s montañas de rocas fueRen arrancadas del
ueleto de la madre Tierra, transportaver ~ er
~~s°~1:~~~~:ssqd istaocias y con vertidas en figuras geoét · amente dispuestas.
.
m yr~c esto último debemos felicita:nos, porque sm
e
ular de las pirámides, ev1dentemeote gela fo~map~;~I saber humano, los hijos del siglo de la
nera a
m larlas después, de las cuarenta ceo.
dud_a, al conte p e uivocadameote les atribuyó ne
t11~1as q~e
Jeroqy áltimo de los Napoleones, reex1steoc1a e p ,
ndríamos formadas por una de
sueltam.~~~eul:fo~~~~eológicas y las confu~dirfamos
tan~as e
con la más vulgar y pat1mondad.a
last1m~sªfaen;:scooocieodo así la demostracióu eVJ:o~ta~:tio'me~so poder dinámico de la fe, digno aneo e del invento ce los Papio, los Fulton Y los
tecesor

Pt~f

Sterhe~s:á.s cuanto que la fe andaba de capa caída
d 'I:nque el ~acionalismo contemporáneo. le arran:ó
es e
simbólica venda. Hay -iuten se atr ~·
~~u¡~:Cf~~:~ªnada le dió á cambio de la venda rota;
na calumnia insostenible.
esto. est0u es ue el racionalismo desvendó á la re, la
Cier 1 r~er momento debe de haberse sentido un
que en e ps d slumbrada por la falta de custumbre de
si es no 1ida
e "en luengos siglos
.
de cegued a d vo¡ unta.
ve~, per• lueao advirtió-que su libertador ha blale puesria~~e~~s m~no,;; preciosos juguetes de gran novedad,
~~ales son el telescopio, el microscoplo Y sobre JºdJ,
y de to o a
uno que todo l o ve, todo lo comprende
,
b lé impecable noción: el numero.
de este modo la fe ciega se transformó en la fe
e observa analiza y sabe.
quDicen los 'metafísicos que esta ouev~ fuerzan~ es
la fe sino una falsificación, más todavia., una ant1tesis d~ la idea origmal de la. fe.
Puede ser no discuto porque me asustan las controver8iast ~etaffsicas que en lo general se áme anto. hermosos torneos de palabras y nada m ~.
lªto cierto es que la fe, con el sentido metafísico de
1 alabra en la infalibilidad del número, ha llegado
áaiealizar 'prodigios muy superior~s en c~nt1dad Y
alidad á los realizados por la fe ciega é ignora~te
~el número; la imaginación creadora (no es para~o~a)
de las matemáticas, ha engendrado cuantos prod1g10s
constituyen el glorioso monumento del progr~o co~tempo1áneo, si~ verlos materi~lmente, pero sm equ1unca en sus alirCD6c10nes.
vocarse necáoico no necesita construir una máquina
p!º s~er con evidencia absoluta que obtendrá

EL MUNDO.

161

Lf\ HBRENOlf\ DEL TI0 FL0ROT.

0

l rI,

Arco triuof11Í trdnsport.do en Roohefort, Fr4acla.

Domtngc 3 de Septiembre de 1899

Domingo 3 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

*

**

El Arte Y la Industria: «ésto matará á aquello!&gt; No sé si álguien añadió
ya esta parodia á las much~s que, como todo lo grande, ha sufndo la enorme frase del Maestro.
.
La Industria bate en rncansable
1 . ta registro.
ataque al Arte hasta ea sus últimas Reloj registrador de entradas Y salidas de los trabaJadore~ H muestr~ acin .
defensas; armada de todas armas p~r
la augusta Palas, cada día nos anuncia . d á ida puesto que la mecánica es capaz de ejecutar' pero
haber akaozado un nuevo triun.fo, hacie.n ~ Pt. . nunca de concebir.
oda
fácilmente h, que el Arte por rntermedlo e ar is
Actualmente la escultura recibe .u na gran:: ria bacía en luengos años de paciencia y .estudl~. .
de la fotoo-rafía mediante un procedimiento q f
Ora es el piano automático que substituye~
mite hace~ alto~ relieves .hermosí~imos, aprobvi~:o!~:
nista; ora la fotograrfa que primero d~i;~aoc a l· do las propiedades químicas dP. la gelatina
cada
bujaote más tarde al colorista, y por ultimo, al es- tada. El procedimiento se llama FuTOSTERIA., .~ d11
cultor
aldominios
escultor también.
':rod'os~¡1'os
del Arte, el sonido, la línea, el día se extiende más. Nuestro grabado da una I ea
sus magoíiicos efectos.

f

t~~-

** *

C!J.;

Alto reueve en b:o:ice oblentdo por m}dto de la foto :r1fla.

Parece que los hombres van convenciéndose de que
ld. Verdad
,.
" .........Es flor del cielo que se marchita en la tierra.
Permítaseme la paráfrasis.
uestra
En efecto, el aparato ingeniosísimo .que 'fn error
nuestro tercer grabado, sirve para intctr, : sus la•
posible, la Lora de llegada de los emp ea º \ave nu•
bores: el emp,eado, al llegar, introduce ~ut de papel
mer11da en el aparato, y marca en una c O .ª acióo al
su número de urden y la hora con aproxim ·
minuto.
d
len nr. de•
Esto quiere decir que los emplea os ~ue
da el
cir con verdad la hora de llegart.a;. ta~bi!~ ~~abajacaso de que los eocar!;"ados de v1g1lar á 1 t stlgo au•
dores los calumnien; entre ambos eSt e e
tomático, insobornable é incapaz de cUal~:nlr~ ton6Por la misma razón, en Estados 01 06
grafos sirven de tei,tigos Y hacen prue~a. las máqui·
¡Pobre Verdad! Solo en la buena fe e
nas puedes confiar:
M. R. I.

L dicha no necesita grandes espacios, á veces

:~.t

: caber en el compartimiento acolchonado
expresa. Si no queréis llamarle dicha, conId en que es algo que se le parece, el placer
"den
de veinte
e ce ntemplar á una bella desconocida
á
.
.
aloa, seria, rubia, dulce y a1tiva un tiempo,
aeompaftada por una mamá bonachona y res~eiable-. El corazón se alegra, y, no h~y remedio,
108 sentimos tentados de trabar amistad con la
Jfiida joven.
Tal era el caso en que se veía Mauricio Girard
81 el trayecto de París al delicioso lugarejo de
las Ardeoas, término de su viaje, contra el cual
habfa prote,tado en su interior, porque i~ter~~mpfa BU farniente de solter~ y porque no JUst1!1caban tanta molestia co~o .1 ba á tomarJe, los. mt J·
reses aleatorios que sol1c1tabm su presencia en
aquel pneblo. Iba tlll vez á recibir una herencia
Ó, •.. . A volverse como fué. . . ,
.
-,Para qué diablos me escrib1na ese notario?
Yo n~da tengo que esperar de la sucesión del tío
FJorot ... ,. •
La carta de 1.0aese Boubert, notario de Sancy,
era evasiva como lo exigía la decencia y tan po•
oo p·ecisa como tentadora. Decía así:
cSeftor: T engo el honor de comunicar á usted,
que habiendo f,dlecido su pariente el sefl.or l!'lo•
rot. el martes 15 del corriente, se romperán los
1eilos puestos en los muebles.
cComo pariente del difunto, se invita á usted
para que asista á dicha diligencia. que se efec•
'1lará en presencia del juez de paz y de los otro1:1
parientes y en interés de los derechos personales
de U8ted y bajo la reserva dtl testamento que podrfa encontrarse entre los papeles del difunto
hasta hoy intestado.

Mauricio una admiración íntima, callada. Y la mirada azul, luminosa y altiva de la joven, que sorprendió furtivamente el observador, lo pPI'turbó
de tal modo,que ya no pudo reconocerse. V1toid030 y sPguro de sí mismo hasta aquel momento, se
sin tió de pronto humilde como un nifl.o, de eseu•
cia grosera é inferior, avergonzado, tímido a1.te la belleza de expresión y de alma que adi•
vinaba.
Los poetas orit&gt;ntales comparan los ojos de la
amada con el sol, y nosotros sooreímo:1 lll leer
esa hipérbole. Pero Mauricio se pregunt11 ba si no
había realmente una verdad en la metáfora declamatoria. La pura luz de vida y de pensamiento que alborea en nuestra alma, bajo unos párpa-

cSoy de usted, etc.»
El tío Florot era un sclitario, un misántropo,
eaprichoso y desconfiado, que vivía en su propie•

dad de Sancy, apartado de la sociedad y de los
pocos parientes que le quedaban. Tan completo
era BU aislamiento. que se le había olvida.o o y
llin la carta del notario no habría tenido Mauricio
noticia de su muerte.
-El pobre viejo ro habrá querido que asistiera yo A sus funerales y con mayor razón debo
creer que no pensó en mí al hacn su testamento.
Sólo en caso de intestido puedo esperar algo, la
mitad de la herencia, pues la otra mitad les toca
t DO se qu é parientes de otra rama, á los cuales
les ha de haber dejado todo si es que testó.
Estas preocupaciones de her~dero no er an tan
~andes que le robasen su tranquilidad á Mauricio, demasiado rico para pensar más de lo debí
do en una herencia que nunca había esperado.
Hás bien por deber de conciencia y para llenar
una fórmula iba á la cita del notario. Deseaba
ante todo conocer aquella región montuosa en la
que se había aislado el tío Florot, y encontrar
las huellas de la existencia del buen hombre, sin
dejar por esto de renegar contra las molestias del
viaje.
Su mal humor se disipó bien pronto por la sorpresa agradable que sintió al penetrar en el compartimiento. Al princi pio sólo fué agradable su sorpresa, pero al cabo de tres horM que duró el vi11je
Ydespués de ruúltiples observaciones, se convirtió en un verdadero descubrimiento, un descubrimieuo psicológico de otro mundo más seduc~~ q~e el conocido y antiguo; un descubrimiento
lllltórico en los anales juveniles de la existencia
de Mauricio y que prometía hacer época; un descubrimiento r evolucionario, pero que no se reve
laba como tal al principio y que no era sino
~-'!11~ª.de pequeiios descubrimientos sucesivos,
11111go1f1cantP.s en apariencia.
Al entrar en el vagón, dijo:
-¡Qué linda joven!
Primera observación, completada luego por
e•ta otra más analítica:
-Cuánta seriedad y cuánta resolución en esa
cabeza rubia!
Pero «seriedad» y · «re3olución» le parecieA Mauricio términos insignificantes, infs:i,.~rea en realidad á las cualicfa.dcs evidentes de

:n

.. ,oven.

En efecto, había en aquella mujer no sé qué
nobleza, un hermoso heroísmo que inspiraron á

dos aterciopelados, tiene á veces el poder de ilumin11r súbitamente la obscuridad de un corazón,
y tifl.e con un color maravilloso de aurora la existencia crepuscular y gris; se ve el mundo más
grande, más claro y mas alegre. como si en efecto el sol hubiese aumentado su fulgor.
Asi avanzaban las ideas de Mauricio, con velocidad de tren expreso, cuando la voz de la joven
que habló un minuto á su madre en una parada,
acabó de conmover deliciosa~ente al viajero.
-¡Eolia! exclamó el joven An su lirismo. Esa
es la palabra y no ha.y otra. 1Eolfa ! Cada sílaba
es una música, una cuerda vibrante de harpa; llega al oído, palabra á palabra, como una piedra
preciosa.
Pero se rehizo, y mientras partía de nuevo el
tren murmuró:
-¡Vamos! ¿Dónde tengo la c&gt;1leza? ¿E,t11ré
11caso en vías de enamorarme? V!lya una estupi •
dez ..... .
Pero ¿qué estupidez era aquella?
- Dios mío, se respondió maquinalmente Mauricio; vivir como yo vivo. ¿Es vivir vegerar 11sí, solo.
ó en compaitía de amigos que se ríen de uno, irá
derecha é izquierda sin objeto; llevar esta vida
de soltero, vida de oso, de inútil, de guardacantón. de araiia y de rata, como el monomaniaco
tío Florot, pudiendo ser feliz completamente?
El hecho es que sin buscar el por qué, desde
que vió la aurora que asomaba en los ojos azules,
Ja vida que había 1:evado le pareció la ocupación
m!is trivial y menos interesante.
Un espejismo que Jo atraía, apartaba su vista
de todo lo demás. Nunca había sentido nada
igual ó comparable á la impresión que conmovió
todo su ser cuando puso los pies en el coche.
Inconsciente del tiempo q ae transcurría, se
dijo:
-Iría ·hasta el fin del mundo ..... .
El tren se detuvo y un empleado gritó:
- Sirncy.
M,rnricio sintió como si despertara á la realidad.
,
- iCómol ·¿ra IJegamos?
Era necesario bajar, dejar para siempre á aquella mujer, su ensuefl.o de un instante, el espPjismo
efímero que se desvanecía . . ... .

-¡~o! se -dijo: que rompan los sellos. Yo continúo el camino.
.Pero ias sefl.or11.s hajaron del tren.
-1Cómol ¿también ellasi'
Entonces notó quP. estaban de luto como él. Ya
ha bfa salido del cuch ,, y recordando de pronto,
avanzó hacia ellas.
-Perdóneme usted, sefl.0ra, dijo, saludando á
la madre; si me permito dirigirle la palabra, es
pcrQue nuestra llt'gt1da bimultánea á este lugar
me h ~ce auponer que 110s rt une la misma circunst11ncia ...... ¿Tengo el honor de hablar con Ma'.i.
Delize?
-Madame Delize. siiior, pqra servir á usted.
-P,.,rmic11mP u,ted qutl A mi vez me presente:
l\Iauricio Girard.
- Sobrino nieto del seflor Florot, de
quien soy prima hermana. Casi somos
parientes, sefl.or, dijo amablemente la
1:1nciana.
En eso se acercó un mozo:
-El notario ·b izo prep11rar aloji•
miento en la casa del sefl.or FJorot.
Aquí está U!l coche.
Madame Ddize subió a él con su
h ij {.
-r.No viene usted á la cas11, sellor?
-Dispénseme ueted, dijo Mauricio,
prefiero ir á la fonda. Hasta maiiana se
practicará la diligencia; pero recibiré
·uo gran honor si me permiten ustedes
que vaya es1a noche á presentarles
mis res petos.
-Con gusto, sefl.or.
El co. he caminaba ya y Mauricio ~e
quedó en la carretera, con la maleta
en la m11no, sin volver en Eí de su asombro todavía.
-¡V1:1mob! se dijo; acaso la Providercia anda en el asunto.
Ya comenzaba á interesarle la herencia del tío Florct, y viendo en derredor el
c11mpo y los bosoues iluminados por la luz cruda
del med10 día, le pareció aquel lugar el más bello del mundo.
*
* *
Si para Mauricio fué el viaje de Sancy una obligació n penosa 1t! principio, y luego una de las
más deliciosas expediciones de descubrimiento
en los mágicos países del ensuefl.o, aunque de
importancia muy secundaria desda el punto de
vista de la perspectiva aleatoria ele la herencia
no era lo mismo para sus dos compafl.eras de cu:
che.
Mildame Delize y su bija tenían, por el contrario, u11 ioteré3 muy- vivo en la sucesión y esperaban con ansia, valerosamen te disimulada la
diligencia de ruptura de los sellos qúe iba á decidir de su suerte.
Viuda de un antiguo oficial de marina, la madre de la j oven ac-t baba de perder su fortuna en
una serie de operaciones desgraciadas. Las dos
mu¡eMs, Y. sobre todo. la madre, tenían graves
prciocupac1ones. Perdida en el desastre financiero la dote de Georgina, Mad. Delize veía á su hija nifl.a encantadora, de carácter noble y con todlls las t-legancb.s d3 una educación distinguida
expuesta á las mil penalidades de nn porveni~
mediocre y sin recunos. T ,d era la situación de
ltts dos mujeres que G ~orgina con la energía de
su alma valerosa, había resuelto expatriarse y
estab.t ya en arreglos para contratarse como instill~triz .de .una rica f , 1:llilia. americana. Más que
la 10fer,onp.ad de su s1tuac1ón precaria las atormentaba la amargura de la separación. Estaban
don.inadas por esa angustia de las resoluciot1es
desesperadas, cuando recibieron la carta del notario con la noticia de la muerte del tío FJorot y
la esperanza de una herencia que vendría á rehacer su eituación en el momento supremo.
Como Florot siempre había mantenido re1aciones amisto3as con ellas y aun llegó á manifestar
seotim;en~os patern~les h~cia Georgina, hasta
qu.e la vrJ•z 1? volvió definitivamente hipocondr.aco y retra1do, las dos sefl.oras creían tener
ciertos derechos á la herencia. Si el tío no ¡:ensó
en mejorará Georgina, por lo menos era de supo •
nerse que no hizo testamento Dd ese modo h e-

�162

redaba" la mitad de Joq bienes. lo que las i:alvaría, según la frase de Mad. Delize, sin perjuicio
para nadie.
Desheredadas, volvería á presentarse la cruel
necesidad de la separación de Georgin11 .... De
ahí la emoción que las angustiaba, no obstante
la resignación que se h 1bían impuesto de antemano para el caso de un desengailo.
Al día sigui ~nte se reunieron con Mauricio y el notario en presencia del juez de paz pllraabrir los ca·
jones de los mnebles del tío Florot, de los que iba
á salir para ellas como de un ánfora de lote1 ía,
la felicidad ó la dese-racia, escrita en un pedazo
de papel por la mano caprichosa de un anciano.
A pesar do sus preocupacic,nes, no pudieron
contener una sonrisa cuando se acercó á ellas
Mauricio cada vez más contento de ver á la joven
y con una vivacidad templada por el respeto
que Jo hacía tímido en preseucia de ella.
La víspera habló algunos minutos con la ma•
dril y la hija en el jardín del tío Florot, ante el
magníftco horizonte de colinas boscosas que ro•
dean la propiedad y en las que el sol ponient,
tendía largas sombras maje~tuosa!'; en la intimi•
dad breve y deliciosa de su presencia, de su voz
y (le su mirada, el entusiasmo jo"en y viril de
Mauricio iba en aumento hRsta el punto de t0mar
el partido deliberado de reconocerse defü;itivaIDf'nte enamorado.
Cuando se encontró de nuevo jnnto á Georgi·
na su vemura era. tan grande que ya no sabía á
lo qne iba ni qué era lo que htcia el notario, chiquitín, gordinflón y jovial, ni el juez de paz, alto,
seco, taciturno y solemnemente envuelto en una
levita negra. Bien poco significaba la herencia
del tío Florot para Mauricio, nada mejor dicho,
pues todos loe bienes de la tierra eran polvo dP.s•
preciable, comparados con los tesoros de belleza
y juventud de Georgina.
En nada ni en nadie paró mientes y se absorbió ei:. la contemplación asidus. de la joven sen•
tada con su madre cerca de una mesa en la que
se iban amontonando los papeles A medida que
el juez y el notario los sacaban de los muebles.
Ya se había prolongado mucho aquella operación, seguida con el ansia que es de suponerse
y que ocultaban bajo apariencias de tranquili !ad
las dos mujeres. Todos los papeles habían sido
examinados y en ninguno de ellos se encontró el
testamento.
-Ya lo suponía, dijo maese Boubert. En mi
concepto no hay testamento.
-Bueno, agregó Mauricio, sin saber lo que
decía.

Madame Delize y su hi:ja se sentían más tranquilas ya, cuando al vaciar un cajón cayó un
pliego muy grueso sobre la mesa.

EL MUNDO.

-¡Vl\yal ¡Vaya! dijo Maes~
BoubPrt. calándose las gafas; s1
habré hablado antes de tiempv .. ,.
Con grave lentitud abrió el sobre. Era, en efecto, un testamento muy corto, p1:ro decisivo.
Sancy, .... de Junio de 18~...
.. sano de cuerpu y de e~píntu
escribo aquí mi testllmPnto.
«Instituyo al senor M mricio
Girard, sobrino nieto mio, legatario universal de todos mi&amp; bie1aes .... &gt;
Maese Boubert se volvió áMauricio:
-Usted es el heredero, seflor.
-¿Cómo? exclamó Mauricio
que apenas había oído; supongo
que yo no soy el único hereder?·
-No, señor; usted es legatario
universal.
-¿No hay otros legados, algunas cláusulas?
-Nada.
-Es imposible.
Avergonzado des~ vent~j~ involuntaria, aunque s10 ad1vmar
toda la crueldad del golpe secreto que recibían las dos desgraciadas mujeres, dirigió una
mirada de excusa á Mad. DeJiz.,
y á su hija.Aquella estaba pálida,
próxima á desfallecer, pero al
pronto se repuso. Georgina no
hizo un so!J movimi1mto que alterara el tinte purísimo de su
cara,
-Ei incomprensible, re¡,itió Mauricio, verdader11mente contrariado. Mi tío me conocía. muy
poco y ya me había olvidado. Acaso ustedes se
engafl.an; debe haber otra cosa.
-Puede haber otro testamento, pero no hay
naiia escrito sobre este.
Bus1.:aron, pero los otr os papele'! eran insignificantes.
-Es claro, concluyó el juez de paz. Todo lo
hemos examinado, y hasta h'lV no se ha depositado otro testamento en la oficina de ningún no,
tario; usted e~ el único heredero.

Ya ee habían levantado Madame Delize y su
hij-1,
-¿Se van utitedes? preguntó Mauricio desolado.
Madame Delize pudo l!Onreír.
-Tenemos prisa y volveremos por el primer
tren. T,o dejamos A usted en su casa.
-¡En mi casa! exclamó Mauricio. Pero si yo
no quiero esta herencia, renuncio al testamento,
n0 11cepto sino mi parte legítima.
M11dame De!ize se volvió:
- E~ usted muy bueno. seilor; pero no podemos aceptar en esas condiciones. Los bienes pasarán al Eitado.
Mauricio estaba cada vez más abatido; se representaba A sí mismo ·como un monstruo de
egoísmo, como un acitparador. Si el notario
no lo hubiese impedido, habría roto el maldito
testamento.
- Vaya una tontería del tío Florot, dijo, una
vez que las dos damas hubieron salido. Darme todo8 sus bienes, cuando tenía una sobrinita tan
linda, tan adorable, tan ..... .
Al v~r el entusiasmo del joven, m'lese Boubert
se sonrió malieiosamente.
-Vamos, dijo con su vocecilla clara; todo puede arreglarse todavía. ¿Quién sabe? Y vale la pena porque mucho me temo que esta decepción
sea un verdadero desastre para esas sen.oras.
-¿Cómo es eso? preguntó con inquietud Mauricio.
Dadas las buenas disposiciones de Mauricio,
maese Boubert no creyó conveniente ocultar la
verdad y en dos palabras Jo puso al corriente de
todo.
Mauricio ya no pudo contenerse mh y dejan•
do al notario y a.l juez con el testamento se lanZ? en busca de Madame Delize. ¡No, no aceptana! Cnando creyó que sólo era una vejación de
heredeu se apenó; pero era algo mh, ¡era la ruina de aquella pobre anciana y de su hijlll y se
juzgaba á sí mismo como un ladrón, como un bandido digno de execración s1 aceptaba una herencia que para él, rico y enamorado no era nada
y para Georgina era la fortuna, el'porvenir, una

oomlJlgO 3 de Septiembre de 1899,

Domingo 3 de Septiembre de 1891
vida feliz, al lado de su madre. No conaenttrfa
en esa monstruosidad Y obligaría A Madame DeJize A aceptar su parte legítima.
Ya iban A subir al coche cuando llegó Manrloto
como un loco.
-¡Sefl.oral ¡señora! gritó.
.Madr.me Detze lo miraba sorprendida,
-¿Qué desea usted, sefl.or?
G,mrgina bacfa los mismos preparativos, aUq.
ciosa y tranquila.
-¿Qué desea usted, seilor, repitió Mad, Dellae
ya molesta.
Mauricio se cortó, avergonzado de sí mismo de
su impulso, de su actitud; se creyó indiscr~to
importuno, y no sabía qué hacer ni qné decir:
Comprendió todo lo que había de humillante 8ll
su insistencia. No teuia el derecho de tocar Ja
desgracia oculta de Mad. Delize por dolieada.
mente que lo hiciese. Ante la 1&lt;ltivez sombrfa 1
cerrada de las dos mujeres se sintió lleno de 1'6mordimientos. Se sonrojó y se inclinó.
-Seil.ora, perdóneme usted: sólo deseaba 11•
ludar á ustedes por última vez y presentarles 11111
respetos antes de su partida.
.
- Es usted muy am!lble y le agradecemos q
atención.
Georgina inclinó ligeramente la cabeza y Ha•
ricio saludó con una profunda inclinación,
Cuando el coche se alejó, perdido entre una
nube de polvo, Mauricio se quedó, triste primero; pero animado por una idea corrió en buoa
de maese Boubert. ¡A.diós! sí, pero no para eiempre. Maese Boubert sabía las seil.as de la cua
de Mad. Dclize y Mauricio concibió un plan que
no sólo le sirvió de consuelo sino qne exaltó•
espíritu á un grado de entusiasmo que ditfoll•
mente pedía contener. Como dijo maese Boubel1
todo podía arreglarse. Había en efecto un medio
deque heredaran al mismo tiempoGeorgina y 61.
¿Cómo no pensó en eso desde antesi' Porque Maa•
ricio lo que pretendía era no heredar sólo, como
avaro, como egoísta y soltero.

EL MUNDO

'llll fórmula de cortesía; la sdiorita De-

lile DO me quiere, es evidente
_Serfa muy tonta, objetó Mad, Carlier No tiene dote.
·
_:No todo lo hace el dinero, dijo Mau-

ri~~
.
En efecto, en la segunda entrevista,
)(ad, Delize manifestó categóricamente
,que no se aceptaban las proposiciones
-de J(auricio. La fortuna que é,te poseía
DO era uno de los menores obstáculos
que ae oponían A la unión deseada, En su
orgullo de sensitiva la seilorita Delize
nbmaba un matrimonio desproporciona1lo y al que daban las circunstancias cier.
to aepecto de compensación que estaba
muy lejos de la intención real de Mauri-cio pero que no por eso dejllba de ser
ad, La seliorita Delize tenía su plan determinado, ir A América.
Cuando volvió la tía de Mauricio y le
dló cuenta de su misión, llegó un tele•
,grama del notario. Decfa así:
«Segundo testamento depositado en estudio de notario en París• .A.nula el anterior éinstituye legataria seilorita Delize. »
Era en efecto un teStlimento hecho por
-volubilidad de anciano en la primera no1aria que encontró al paso durante un
viaje AParís.
Poco le importaba á Mauricio el cómo
y el por qué de aquello. Lleno de conlfianza en su suerte, ni aun permitió A su
1fa que tomase aliento.

163

-Tienes puesto el sombrero. Vete en una
Mrrera, y sí sólo tenían un escrúpulo de
dignidad, diles que ya todo cambió; dirA.
quP si ... .
Mad. Carli~r partió de nuevo para volver á la media hora.
¿Q11é sucedió? preguntó con ansia
Mauricio.
-Mad. Delize recibió un telegrama
igual.
-Ya lo supongo; pero ... .
- Va A e0nsultar de nuevo con su hija.
-1,Y no podía hacerlo desde luego?
-Qué prisa, hijo mío. Esas cosas no
se hacen á la carrera.
-1,Nada podré saber entonces?
-Nada preciso, pero la afab ilidad de
Mad. D~Iiz:i y su benevolencia dan á entender que no está mal dispuesta.
Mauricio se arrojó A los brazos de su
tía,
••••

1

••••

•

••••••••••••••

•

••

•

••••••••

Algunos días de3pUé3 Mauricio fué autorizado A presentarse como novio oficial
en la casa de Georgína,-una Georgiaa
nueva, cuya belleza se dulcificaba y se
hacía mt\s seductora, A medida que la felicidad de su situación pre~ente dejaban
libre curso á la ternura de su alma virginal.
HENRY FEVRE,

LA BOHEMIA DE MURGER.

***
En su impaciencia y temeroso de que Mad.
Delize y Georgina tomlisen resoluciones extra•
mas, á los pocos días de su regreso á Paría, eovt6
A su tia Mad. Carlier para que pidiese en su DOlll•
bre la mano de Geo:-gina.
-Hazle comprender á Mad. Delize que amo A
su hija, que estoy loco por ella desde que la 'ff,
cuán grande sería mi orgnllo si ella consintic,ra 1
mi pena si. ..... Porque ¿quién sabe si no me
quiere? Mauricio se quedó lleno de inquietud, liR
poder comprender cómo la bella, la noble, la a;
quisita Georgina podía aceptar A un bárbaro ele
su especie ....
· l\fad. Carlier trajo una respuesta evasiva¡ Jhd.
Delize había e&amp;tado muy fría, pero nada dijo 1
ofreció comunicar el asunto A su bija.
- Se acabó, dijo Mauricio desesperado. Eso•

Tendrfa yo diez y ocho aftos cuando conocí A ustedes IQ noche juntos; está en la prevención y
ptraonaje bastante singular, que shora, á dis- reclama á usted como fiador,
tancia, se me aparece cumo la viviente encarna- El sefl.or Des roches .... ¡ah, sí! ... . perfecta'Clón de un mundv aparte, de lenguaje especial, mente. Bueno, pnes si me reclama como fiador ...
-de costumbres extrailas, mundo que hoy ha des- ¡que lo suelten!
- Usted perdone, pero hay que
p11gar un franco y cincuenta céntimos.
-¿Por qué?
-Es la costumbre.
Di el dinero El del frac ne. • gro se marchó y yo me quf'dé
sentado en la cama, medio dormido
y me daba bien cuenta de las aventuras extrailas A consecuencia de
las cuales me encontraba yo obligado - nuevo hermano de la Merced
- á rescatar, mediante un franco
cincuenta céntimos, á un redact0r del P lgaro, no de las garrns de
los turcos, sino de la~ de la policía,
-aparecido Y casi está. o! vida l\1is reflexiones no dutaron mudo, pero que tuvo grande imcho. Cinco minutos después, Desportancia durante algún ti"mroches, libertado de sus cadenas, se
'PO en .el París del Imperio.
presPntaba, sonriendo, en mi cuarto:
lle refiero á esa partida g:ta.
- Mil perdones, querido colegP,
na, soldados irregulares del
de todo ello tienen la culpa Las
sublevados de la filosouvas ·moscateles . . . . . . sí, Las uvas
fa Yde las letras, fantaseado..
moscateles. mi primer artículo pur~ie todas las fantasías, que acampa b,q, trente blicado ayer por el Fígaro.
~ ouvre Y al Instituto, y á la cual partida En• ¡Malditas uvas moscateles!
IUqueMurger, embelleciendo y poetizando=un poco Ya comprenderá usted que
reeiuerdo, ha celebrado con el nombre 1de «Bo- al cobrar. . . . como era el
bem
a.»
•
primer dinero que cobraD Designaremos al personaje con el nombre de ba .. .. se me subió A la ca- ,
~oches.. Le había yo conocido en un biile del beza . ... .. Cuando nos se• ;
. 'ter O Latino, con unos amigos, cierta noche de paramos de u ,ted corretea
la
¡olví muy tarde A casa,-mi cuutlto de mos todo el b,q,rrio ... . al
1lía 1 8 e Tornon-y dormía como un lirón al fin. . . . se turb.rn mis re
, 1~ g~ente P~r la maliana, cuando se presentó cuerdod . . .. pero teago la
1raee!t;s te mi camaun caballero,defrac negro, sensación vagn de un pun- \
procur ec O Y de ese negro raro que sólo solían tapié recibido en cierta par
-V:rse los pofü:ontes y los enterradores.
te ... . Luego me eucontré {
_ E¡"go de Parte·del seilor Desroches.
sin saber cómo .. .. en J .
•dije O fsefl.or Desroclres? ¿Qué seft.or Desroches? prevención. . . . unli noclrc: \
dos
rotándome los ojos, porque mis recuer- deliciosa: Primero me me'IIIUeh&amp;quella mafiana se obstinaban en despertar tieron en un sótano... . . un
~'8 tarde que mi persona.
aguj&lt;.' ro n.-gro que huele
1
ebr Desroches, del Ftgaro¡ han pasado rulil ... . ; pero hice reirá L.&gt;
'11D

.;ne,

:..~r
t

_¡

seilores agentes .... y tuvieron la bondad de llevarme con ellos al cuerpo de guardia ..... charla•
mos ..... jugamos A las cartas..... me hicieron
que les leyera Las uvas m oscateles . . . .... ¡qué
éxito! .. .. ¡Qué buen gusto tienen los guardias

municipales!. . ..

¡Juzgad de mi asombro y del efecto producido
en mi cándida y provinciana juventud por la revelación de esas extravagantes costumbres lite•
rariasl Y el colega que de tal suerte me contaba
sus aventuras, era un hombrecillo rechoncho. cepillado, afeitado, que demcstraba modales muy
corteses y cuyos botines blancos y levita de corte burgués hacían el más perfecto contraste con
los endiablados gestos y las muecas de su cara
de borrachín, Me asombraba y me asustaba· y
como evidentemente lo conocía él, se complacía en exagerar. en obsequio mío, el cinismo de
sus paradojas.
-Me es usted simpático, me dijo al despP.dirse;
vaya usted A verme el domingo que viene por la
tarde .. .. Vivo en un rinconcillo delicioso, cerca
del castillo de las niebli.s, en los terreros, por la
parte que mira á Saint-Ouen .... ya sabrá usted
la viila de G11rardo de Nerval.. .. Lo presentaré A
usted á mi mujer, que vQle la pena .. .. Precisamente acabo de recibir un barril de vino bueno¡
beberemos en tazas, como hacen los comerciantPs ricos en Bf'r&lt;•y, y dormirPmos en la cueva....

�Domingo 3 de Septiembre de 1899.
164

Además, un amigo mío, un dominico exclaustra•
do irA á leerme un drama en cioco actos. Lo oirá
usted· asunto magnifico; al1i se viola A todo el
mundo. Está convenido. La vifta de Gerardo de
Ntirval· no olvide usted las senas.
Tod¿ lo que me había prometido Desroches se
cumplió. Bebimos vino de lo lindo y por la no~h~
el supuesto dominico nos leyó el drama. Don,101•
co 6 no l era un bretón alto, buen mozo, sober·

b:o, de 1rnchos hombros, cortados p1Ha vestir PI
hábito, con algo de predicador en la redondfZ
de la voz en el ademán y en el gesto. Luego ha
sabido h¡cerse un nombre en la literatura.
Su drama no me asombró. Pero hay que ?rl
vertir que después de pasar una tarde en la v1fh
de Gerardo de Nerval, en lo que Desroches lla ·
mab&lt;1. su casa, no es fácil asombr~rse por nad&gt;&lt;.
Antes de subirá 1 0s terreros ..¡mse yo vclver
á leer Jao: p:lginas exquisitas que Gerardo, el aman·
te de Silvia. consagra. en sus Paseos y recuer~os
á la descripción de aquella pendiente septentno ·
nal de Montmartre, pedazo de campo e1 cerrarlo
en París, y por lo mismo más precioso y querido.
«Quédannos unos cnantos ribazos cerra.dos po_r
espesos vallados verdes, decorado_s por los esp1 ·
nos, con sus florecillas color de v10let11 .. .. _Hay
en ellos molinos, ventorrillos y tabernas, ehseos
campestres y calJPjuelas silenciosas .... . . Hay
hasta una vifta., la última del céli-bre puro Montmartre, que competía en tiempo de los romanos

Domingo 3 de Septiembre de 1899. _

EL MUNDO.

rra con rayas encarna~as
echada á la oreja, y el lát1~0
metido en la correa de la ern•
tura.
-El sefior A1 fonso Dau•
det .. . . . . La seftora Ddsroche• ... .
Porque aquel monstruo ~r~
realmente su mujer, su legi· 1 ·
maesposa, siempre vestida con
aqueltraje quele agradaba
y que en verdad sentaba á las mil mar11villas á su cara Y á
su voz. Fum&lt;i ba, escupía, jura•
ba tenía todos los vicios del
ho:nbre, dirigía su casa á latigazos, empezando por su I,Da·
rido que estabacompletamente domado. y siguiendo por
dos chiMs f[&gt;1cuchas .... ¡sus
hijas! de 11specto extrafto. Y
hvmbruno, cuyos trece y qu~nce anos, maduros prematuramente, y ya en sazón, prometían que se parecnían ~ su
seflora madre cuando tuviesen
los cuarenta. que ésta contaba.
Verdaderamente valía la pena de cc:,nocer aquella

enrojecidoci, la barba rala, indicios de la medillna san"'re p11.risiense.
Viví; en Marlotte, P.erca del bosque de Fontaf.
nebleau; siempre con la escopeta al hom?re, haciendo como que iba de caza. pero en rigor corriendo en busca de la salud, más que en buaea
de perdicPs y conejos.
.
Su residencia en el pueblo hab1a llevado allí
toda una colonia parisiense, hombres y mujeres,
flores de betún y c!e café que produc_ían un efecto singular deb11jo de las vetmtasencmas de Fontainebleau. Marlotte se resiente todavía de aque111111 visitas.
Diez años después de la muerte de Murger,que murió como es sabido, en el hospital Duboat
'
-estuve allí con
'
unos amigos en casa de la tía Anto•
ny, una taberna célebre. U n hombre
del campo, viejo,
bebía allí á nuestr&amp;
lado; ur. campesino
J como los de Balzac,
negro y curtido.
Una vieja harapienta. fué á buscarlo,
con la cabeza cubierta con un pa•
ftuelo encarnado. Le llamó tragón, borracho; él
quiso hacer que se la llevaran presa.
-Su mujer de usted no tiene el genio suave,
dijo uno cuatdo la vieja se hubo marchado.
. -No es mi mujer es mi querida, contestó el
campeBino.
¡Pero había que oír el tono con que lo dijot

c11i;e·s·r~~b~F, era, sin embargo. hijo de un _rico
comerciante de París. fabricante de joyas si _no
me equivoco. Su oadre Je había echad? varias
veces su maldición y le pasaba un reducido suel•
do. No escasean tn Frimcia ejemp~os de esos lo
cos de atar especie de azotes de Dios que se presentan de pronto en las familias para turbar la
tranquilidad del hogar y para hacer circular más
que de prisa las monedas de oro ahorradas ~~­
rante mucho tiempo; en una palabra, para castigar á la burguesía en su propio egoísmo.
He conocido más de un pato de esos, encubado por gallinas, que apenas h,¡, podido comer
solo se ha marchado á la laguna. La laguna, el
pan{ano mejor dicho, es la literatura, son l~s l~tras, la profesión abierta á todo el mundo srn tl·
tul0a y diplomlls.
,
.
.
.
Desroches, al salir del colegio, se ~ab1a metido
en el arte en todas las artes. Hab1a empezado
por la pin{ura, y el paso por los estudios de aquel
cínico muchacho, frío, regular, abrochado, que
conservaba aún, en medio de las m!\s dese_afre•
nadas francachelas y calaveradas, el sell? mdeleble Ja marca de fábrica del burgués, fue desde
anto~ces ]pgendario. La pintur_a lo rech~zó Y
entt nces Desroches la emprendió con la literatura. Acab&gt;1ba de escribir Las ·uvas moscatelestal vPZ inspirado por su vifla-¡un artícu.o de
cien líneas! En vano procuró después hacer otro;
jamás volvió á estar de veua, y llegó á los c~arenta aflos, y sus obras completas se compusieron de Las itvas moscateles.
.
con el vino de Argenteuil y de Suresnes. Tod"s
La conversación, las salidas de tono del amigo
los anos ese humilde ribazo pierde una línea de Desroches rue diver'.ían; pero su casa no me ~us•
sus cepas. que van á parar á Jo hondo de una taba. No volveré nunca á Montmartre, pero si pacantera. Hace diez :-iños lo hubiera podido ad- saba el rio algunas noches para irá verlo al café
quirir al precio de diez mil frnncos . . .. . •Y hu• de la calle de los Mártires.
biera hecho en la vifta un edificio muy llgero;
El cafetín de los Mártires, tan tranquilo ahora,
un bonito hotelito imitando los Pdificios de Pom• en el cual juegan á las damas los tendero_s de l~
peya, con una cisterna y una cella ... . . •"
calli&gt; representaba entonces una potencia en 11En el Jugar de aquel ensueftogriego de un p~e- tera(ura. El CRfetín daba diplomas; se era céleta era donde vivía mi amigo Desroches. Alhbre por el cafetín y en medio del gran _silencio
¡oh espantosa antítesis!-á la luz de la luna, b11jo del Imperio, París volvía la cabeza al ruido que
un cenador cubierto de saucos en flor, en donde metían todas las noches ochenta ó cien mucha•
se oía el ruido producido por el vuelo de las abe· chos, mientras fumaban sus pipas Y tebí_,m
jas, me presentó á un monstruo andrógino en trai sus jarros de cerveza. Se les llamaba Bohemios
je de carretero: blusa azul, calzones de pana, go· v no se enfadablll. El Fígaro, el de entonces, pe·
riódico no político que se publicaba una_vez po_r
semana, era casi siempre el 'lUe les servia de tribuna.
.
Había que ver el cafetín-y decimos el caf~tm
á secas como los romanos decían la ciudad cuando habÍaban de Rom11; - había qae ver el cafetín
á eso de las once de la noche, ensordecido por la
bat11hola de todas aquellas voces y envuelto enel
humo de todas aquellas pipas.
¡Murger peroraba en la mesa del cent~o! Murger, el Hómero d ... aquel mundo des_cub1erto por
él, y que ha sido sonrosado y poetizado por la
fantasía.
Condecorado y Y"' célebre, cuando publicaba
sus novelas en la Revista de Ambos Mundos, no
dejaba de asistir al cafetín para refrescarse como
é l decí.J. y para recibir los homen11jes de aquellos
buenos muchachos que él había des,:rito. Me lo
ensei:laron:: una cabeza aplastada y triste, los ojos

Evidentemente aquel viejo conocía

á

marcial que envidiaría un capitán, estaba A su
lado, imitandv su voz, copiando sus gestos, Fernando Desnoyers, un original que escribió B1·azo
Negro, pafüomima en verso. Al otro lado de la
mesa discutía uno con Dnpont; era Reyer, nervioso, rabioso, que tomaba nota de los aires improvisados por el poeta; Reyer, el futuro autor de
La Estatita, de Sigit1·d y de otras obras bellísimas,
¡Cuántos recuerdos evoca en mí el nombre sólo del catetínl ¡Cuántas fisonomías ví allí por primera vez envueltas por el humo y al reflejo de
Jos vasos de cerveza!
Citemos algunos al azar, entre los mnctísimos
que han desaparecido y entre los pocos que sobreviven. Ahí tenéis á Monselet, prosista delicado, buen poeta; sor.riente, gordinflón, co:.:. pelo risado, el seiior de Cupidon parece un galanteador
abate del antiguo régimen; sin querer se busca
sobre sus hombros la esclavinilla corta, flotando
al aire como un par de alas.
Champfleury, por entonces jefe de escuela, pa•
dre del realismo, el cual confundía en el mismo
farioso amor la música de W agner, las porcelanas antiguas y la pantomima.
Al tin las porcelanas pudieron más: Champ•
fleury ha visto colmados sus dPseos, porque es
hoy consE1rvador del Museo cerámico de Sevres.
Alli estaba Castagnary, con chaleco de grandes solapas, á Jo Robespierre, cortado del terciopelo de un sillón viejo. Primer pasante en casa
de un procurador, se había escapado del bufete
para venir á recitar los Castigos, de Víctor Rugo,
con todo el sabor de fruta prohibida. Lo rodean,
Jo aclaman, pero se va en busca de Courbet; necesita A Courbet; necesita hablllr con Conrbet so•
bre su Filosofia del ai·te en el salón de 1867. Sin re•
nunciar al arte y sin dej11.r de escribir cou elegante estilo páginas notables sobre nuestros sa·lonea anuales, aquel muchacho simpático, siem•
pre con su burlona sonrisa en los labios, medio
ocultos por sus bigotes caídos, se ha ido metien•

Murger y i

sus amigos, y hacía la vida de bohemio á sumanera.
Pero volvamos al cafdtín. A medida que ü
ojos iban acostumbrándose al picorcillo dtl humo, veía yo ir saliendo por la derecha y por la
izquierda, en la densa niebla que nos rodeaba,
una porción de cabezas famosas.
·
Cada hombre tenía su mesa, que venía á sere)
núcleo, el centro de toda una legión de admira,
dores.
Pedro Dupont, vit·jo de cuarenta y cinco all.011
grueso y encorvado, con sus hermosos ojos d&amp;
buey de labor, apenas visibles bajo sus pesadoa
párpados, trataba, con los codos apoyados en l&amp;
mesa, de cantar alguna de aqu ellas canciones políticas ó rústicas de hermoso ritmo y palpitan•
tes de los bellísimos ensueftos del 48, en l11s cu•
les resonaban los mil ruidos de los oficios de la
Cruz Roja, embalsamados por los mil perfam•
de los valle&amp; lioneses. Ya no tenía voz, destruida
por el alcohol, parecía un ronquido.
- ¡Necesitas el campo, pobre Pedro! le decfa
Gustavo Mathieu, el autor de L os Buenos Vil&amp;Oli
de El Gallv Gafo y de Las Golond1·inas.
De buena cepa de burgués auverné3, éstehabfa
navegado en su juventud y conservaba de BU
viaj es una gran afición á los aires puros y A }08,
vastos horizontes. Los encontrnba al rededor de
su casita de Bois-Je Roi, y no asistía al café Jml
que para pasar por él, encorvado, sonriente, coa
aspecto de Enrique IV, y en todo tiempo con D
ramito de flores del campo en el ojal.
Dupont ha muerto en Lyon, en aquella negra
ciudad industrial, pobremente.
Sano y seco como un sarmiento, le ha sobre,
vivido mucho tiempo Mathieu. Hace muy P~
aftos que, después de una corta enfermedad, •
amigos le condujeron al cementerio de BoiJ.leRoi, cementerio separado por una simple barU
de los campos, verdadero cementerio de poe&amp;lt
donde se descansa sobre las rosas y A la sombnii
de las encinas.
El primer dfa que vi á. Gustavo
muchachote alto, colorado, flaco,

EL MUNDO.

biando licores ingleses en compaiiía de Constantino Guys, el dibujante, ó del editor Malassis.
Aquel era un editor como no los hav hombre
de talento y literato, gastaba á Jo prí~cipe una
bonita fortuna, editando obrac; de gentes que Je
agradaban. También ha muerto; murió sonriendo, casi sin dinero, pero sin quejarse. Y me &amp;iento emocionado siempre que me acuerdo de aquella cabeza trapa'cera y pálida, alargada por las
dos puntas &lt;le una barba roja que le daba aspecto de M:tfistófeles del tiempo de los Valois.
Alfonso Duchesne y Delvau se me aparecen
también en un rincón del cafotín. ¡Otros dos!
¡Destrno extraiio en esa generación agostada en
flor, en la cual nadie pasa de los cuarenta aftos!
Delvau, parisiense, enamorado de París, lo admiraba por sus flores, amaba hasta sua defectos
sus libritos, muy cuidados y llenos de hechos
pequeños y de observaciones pintorescas, han
llegado á. ser el regalo de las gentes de buen gusto y la alegría de los bibliófilos. Alfonso Duchesne, famoso entonces por su gran disputa con
Francisco Sarcey, el cual, enarbolando el pabe•
llón de los arreglados enfrente de la bandera de
los Bohemios, acababa de hacer sus primeras armas en literatura, publicando un artículo de ba•
t_a lla: L os melancólicos de café.
En el cafetín era donde Alfonso Duchesne y
Delvau escribían sus Oa1·tas de Jitnius, las cua-

les eran ll~vadas Ala redacción del Figa1•0 toau

.v '

do poco á. poco en la política. Concejal, luego direc!or del Siecle, hoy consejero. de Estado, ya no
recita versos ni lleva chalecos de terciopelo
grana.
Allí estaba Carlos Baudelaire, un gran poeta
~tormentado en el arte por la necesidad de lo
Inexp~orado, y en filosofía por el terror de lo des•
conocido. Víctor Rugo ha dicho de él que ha in~entado un estremecimiento nuevo. Y, en ef~cto,
d~ hecho habl11r como él al alma de las cosas; nar le ha traí~o de más lejos esas flores del mal.
esplandec1entes y extrafias como flores tropica1es_que CNcen hinchadas de veneno en las mís:1osa11 pr?fundidades del alma humana. Pacien•
f do Y delicado artista, muy preocupado de la
Y del vocablo, Baudelaire, porunacruelirosuª· e la suerte, 111 muerto afásico, oonservando
t ttelig~ncia, como lo espresaban dolorosamen•
t; as queJas de sus negros ojos, pero sin enconlD~ Ya para traducir sus pensamientos, sino el
18 0
Juramento confuso, repetido mecánica•
01811~
c e. Correcto y frío, de ingenio que cortaba
e1rac~o inglés, de una cortesía paradógica.,
ca etrn asombraba á sus compafteros be•

n~ª•:

e:~r

las semanas por un emisario misterioso, y que
traían vuelto fl juicio á todo París. Villemessant
ya no jnraba más que por aquel Junius misterioso. Evidentemen!e era un personaje. Todo lo indicaba así: el corte de las cartas, el tono burlón
y caballeresco, cierto perfume de nobleza y de
barrio aristocrático. Así es que hubo verdadero
furor cuando cayó la m!\scara y cuando se supo
que aquellas páginas aristocráticas estaban escritas á vuela p'.uma por dos bohemios llenos de
necesidad en la mesa de una taberna. 1Pobre
Delvau! 1Pobre Duchesnei Villemessant no les
perdonó nunca.
Prescindo de muchos, porque se necesitaría todo un lihro para ir describiendo et cafetín mesa
por mesa.
·
Allí había también la mesa de los pensadores:
esos no dicen nada, no escriben; piens•n. Se les
admira, se dice de ellos que son profundos como
pozos, y el hecho es que bien podía creerse que
lo eran, al verlos tragar jarro tras jarro de cer•
veza.
Cráneos desnudos, bar•
bas en cascada, olor á
tabaco fuerte, á sopa de
coles y á filosofía.
Más al!á blusas, boinas,
gritos de animales, cargas, palabras de doble
sentido: son artistas, escultores, pintores. En medio de ellos una cabeza
fina y suave, Alejandro
Leclerc, algunos de cuyos admirables frescos,
que cubrían las paredes
del ventorrillo del Moli·
no de Piedra, en Chati•
llon, destruyeron los pru•
sianos.
A ese se le encontró un
día ahorcado, se había

165

ahorcado él mismo en medio de las
tumbas, en el patio alto del cementerio del Pére-Lachaise, en el sitio mismo desde el cual Balzac ensena á Rastignac la inmensidad de París. En mis
recuerdos del cafetín de los Bohemios,
Alejandro LeclPrc aparece siPmpre
risueiio y cantando canciones de Picardía; y aquellos aires de su país natal,
aquellas coplas rú~ticas esparcían en
torno de la mesa donde él se sentaba,
en aquella atmósfera saturada de tll•
baco, no sé qué penetrante pcesía de
los trigos de los llanos.
Se me olvidaba hablar de las mujeres, porque también había allí muj ires; antiguas modelos de pintor, ht:rmosas hembras, un poco ajadas.
Cabezas singulares y nombres extraftos, 'apodos que huelen á malos sitios, partículas presuntuosas. Titina de
Barancy y Luisa Nabajazo. Tipos irregulares, extraiiamente afinados, que habían pasado de mano en mano, y que de cada uno de sus
amantes habían conservado cierto tinte de erudicion artístic,1 ,
Ellas tenían opinioLes sobre todas las cosas,
y se declaraban según el amante del día, realhs .
tas ó románticas, católicas ó ateas. Aquello era
conmovedor y ridículo 111 mismo tiempo.
Muy pocas nuevas, jovencillas á quienes h11bía
admitido en su seno el terrible areópagc; ]ll mayor parte de ellas envejecidas en aquella vida,
habían conquistado por rigurosa antigüedad cierta autoridad indiscutible. Luego había las viudas,
las antiguas queridas de autores 6 de artistas conocidos, dispuestas á educará cu.alquier prin'.!í•
piante recién llegado de su pueblo. Un conjunto
revuelto donde se fumaban cigarrillos que arrojaban pequeftas espirales azuladas de humo en
medio de la densa niebla producida por las pipas y por los alientos.
Los jarros de cerveza ruedan, los mozos corren, las discusiones se agrían; hay gritos, bra•
zos que se levantan, melenas que se sacuden, y
en el centro, gritando nor dos, gesticulando por
cuatro, de pie encima de una mesa, moviéndose
como si nadara en un mar de cabezas, Desro•
ches, que guía y domina, con su voz de Paltimbanqui, la batahola de aquella feria. Estaba muy
bien de aquel modo, con aspecto inspirado, con
la camisa abierta, la corbata. suelta, flotante, hecho un verdadero bastardo del sobrino de Rameau.
Todas las noches iba á aturdirse, A emborracharse de palabras y de cerveza, á buscar colaboradores, á h11 blar de proyectos sobre libros, á
engaftarse á sí mismo y á olvidar que su casa le
era odiosa, que era imposible trabajar sentado. y
que ya no sería capaz de volver á escribir Las
itvas moscateles. Cierto que había alJí, en aquel
cafetín, espíritus no bles y serias preocupaciones.
Y á veces, un hermoso verso, una paradoja elocuente refrescaba la atmósfera como coniente de
aire puro que disipase el humo de las pipas. Pero
si había algunos hombres u.e talento, en cambio,
¡cnántos Desroches! Si había algunos instantes de
viveza, en cambie;, ¡cuántas horas tristes y perdidas!
L1..1ego, ¡qué tristeza al día siguiente; qué despertar más amargo en el descorazonamiento de
la náusea; qué dis~usto de aquella vida que, sin
embargo, no tenía uno faerza para dejar! ¡Ahí
tenéis á Desroches; ya no ríe, queda en suspenso

�EL MUNDO,

Domingo

a de Septiembre

de 1899.

Domingo 3 de Septieo:ibre c'e 189!i.

166

desde por la mal'iana estuvo tomando en la ta•
berna.
la mueca qua estaba haciendo, acaba de _pensa:
Pe"O alguien camina por el corredor: es el heen sus hijos que van creciendo, en su muJer qu
rrero
que vuelve.
1
envejece, y que cada vez se encanalla m_ás; en e
- Cristián, ahí está ya tu padre, pronto, escónlAtigo t-D la gorra, en la blusa, en el _traJe de cadete mientras tengo tiempo de hablarle, de ex,
rreter'o, que parecía original en otro u~mpo-una
plicarle . . . .
.
noche de baile de mbcaras fué 111. primera que
y Jo empuja tras del gran hormllo; después
se lo puso,-pero que le p~rece nauseabundo
quédase de pie, con las manos tembloroeas. Por
ahora!
·d
D ~s
desdicha el fez del zuavo se ha quedado sobre la
Cuando Je acometían esas negras l eas,
mes!\, y es lo primero que Lory. ve al entrar. La
roches desapRrecia, se iba á un pueblo y se llevapalidez de la madre, su confusión ...... lo comba A. su extraiia familia.
prende todo.
.
Vendedor de relojes, cómico en Odessa, algua-Cristian está aquí!. ... grita con una voz tecil en Bruselas, compadre de un esc~moteador,
rrible, y, descolgando_ su sabl~,.. con loca preci·cuántos cxtral'ios of:c1os no ha tenido? ~uPgo
pitación, se lanza hacia el bornul -~ donde el zuatolvía cansado, disgustado basta _de es? mismo.
vo está. escondido, lleno de ve, guenza, apoyAn,
Un día, en e l bosque de Boloma, q~1so Rhordose en el muro para no caer.
carse pero lo de icolgaron unos guardias. En el
La madre se arroja entre ellos.
cafetí'n le dieron broma, Y él mismo bab!ib~ de
-Lory, Lory, no le mates ... . . -~ºY !º quien
su aventur a con una sonrisilla f,ilsa. Alg~n. nemle ha hecho venir, diciéndole que tu temas necepo después, deciJido á concluir, se pr_ee1p1tó ~~
sidad
de su ayu ia en la fragua . • .. •..
una de esas espantosas canterai!, ab111mos f! y
se
arroja á los brazos de su mando, henchises y calcáreos que hay en las cercatias de las
da
de
sollozos.
fortiticaciones de París. Alli pasó ll\ noche, reEn la sombra de su recAmara los nillos lloran
ventado V con los br11zos y las pi~rnas rotos.
al
escuchar esas voces llenas de cólera y de li•
Aún vivía cuando lo sacaron de la cantPra.
grimas, tan cambiadas que apenas las recono«Vaya, ahora van A decir que soy el hm,bre
cen ..... .
que marra siempre.»
El berrero se detiene, y mirando á su mujer:
Esas fueron sus últimas palabras. Tuvo s~sen-¡Ahl
¿eres tú c¡uien le ha hecho venir? . .. . en•
ta días de agouia, y luego murió. No le olvidaré
tonces . ... está. bien, qua vaya á acostarse. Majamás.
nana veremos lo que hay que hacer.
A la siguiente manana, al despertar Cristian
de un pesado sueno lleno de pesadillas y terro•
res, se encontró en su recámara de nil'io. Al través de los vidrios encuadrad~s en plomo y don•
de se extienden grandes ramos en colores, se ve
el s , 1 bien alto ya en el cielo. Abajo los mart.iEl grueso her~ero Lory, de Saint-)iaric-1uxllos golpean sobre el yunque .... La madre estA
Mines no e3tab&lt;1. contento aquella tarde,1
allí, á su cabecera; no le ha abandonado en toda •
Un~ vez apagada la fragua y luego que el_ sol
la noche temiendo la cólera del padre. El viejo
acababa de o:!ultarse, tenía por costumbre ir A
sentarse en un banco, delant~ de la puerta, para m s al ver este honr11do rostro de alsaciano, en- tampoco' ha dormido. Toda la noche ha recorri11
do la casa, llorando. suspirando, abriendo y cesaborear esa laxitud que dPJa el mucho traba- negrecido
y quemado por el sol, con esas bla~JO después de un caluroso día; y antes de despe- curas y esas sombras que toml\n los colores vi- rrando armarios. Y de pronto, entra en la recAdir á los aprendices, bebía, con ellos, algn:nas co- vos en plena luz, el viejo), súbitamente se calmó, mara de su hijo, severamente vestido como para
un viaje, con altas botas, el gran sombrero y el
pas de cervezR fresca, mientras los trabajadores
prorrumpieLdo en risas.
bastón de montana, sólido y de punta ferrada.
abandonaban la fAbrica.
-De nada se me calienta la cabeza, como si Avanza, recto, hacia el lecho.
Pero aquella tarde el buen hombre se qu~nó
-¡Vamos! pronto, levAntate.
en la berreria basta que llegó el momento de 1r ~ nuestro Cristián f.1era capaz de eso .... •.
y reanimado, volvióle su belio humor, y el
El muchacho, un tanto confuso, va A tomar 111
111. mesa, y aun allí, todavía estaba como ensibuen hombre acabó de comer alegremente, y sa- uniforme de zuavo.
mismad().
-No, no, ese no .... dice el padre gravemente.
La viPja Lory peLsaba mirando á su hom~r~: lió de la casa df!spués de haberse tomado un par
Y la madre. apenada, responde:
-¿Qué será lo qne tiene? ... . ¿H?~rá r~cibi- de copas d11 « Yille de Strasbourg.»
La vieja Lory quedó sola. U ua vez que _aco~tó
- Pero, amigo mío, si no tiene otro traj?·
do del regimiento alguna mala noticia qt.e no
- Dale los mios .... yo ya no los necesito.
quiere darme? . ..... ¿Estará enfermo nuestro á sus tres pequenuelos cuy a pausada respiración
se oía en el cu11rto de al lado, chiquilín como un
Mientras que el muchacho se viste, Lory dobla
hijo? .. · · · ·
d
l
Pero no osaba preguntar nada, ocup'l a st a- nido, tomó su costura y se puso á zurci_r junto á cuidadosamente el uniforme, el chaquetón, los
mente en hacer callar á tret1 pequPl'iuelos ru. ios la puerta que daba al jardincillo. De tiempo en grandes calzones viejos, y hecho ~l paquete, 18
color de espiga, que reían en derredor de la me• tiempo sus¡iiraba pensando ....
cuelga del cuello el estuche de ho¡a de lata don•
-Sí, lo sé bien .. . . Son cobardes, son rene- de guarda su pasa~orte. .
.
sa, ml·entras saboreaban una buena ensalada de
gados .... Pero 1es Jo mismo! Sus madres estarAn
-Ahora bajemos de pnsa, dice.
.
.
rabanillos con crema.
Al fin el herrero, poseído de cólera, empujó su tan contentas de volver á verlos ..... .
y los tres caminaron hacia la fragua sm ha•
Y, con el pensamiento, se remont~ al tiempo blar. . . . El fuelle lanza resoplidos; todos estio
asiento.
-¡Ah! holgazanes, canallas!
en que su hijo, que entonces estaba adí, ~eoia que en el trabajo. Al vol ver á ver la gran galera
--¿A quié'.l te rdieres, Lory?
partir para el ejército. Mira el pozo arteaiano don• abierta, en la que tanto pensab~ cuando e~taba
de acababa de llenar sus regaderas, en blusa, los lejos, el zuavo recordó su infancia, cuando ~uga•
y él por fin estalló.
.
.
-Me refiero, dijo, A cinco ó seis perillanes que cabellos largos, sus hermo~os cabellos que le ba en aquel calor, mirando entre lae bnllan•
desde esta manana he visto andar vagando por fueron cortados para ingresar á los zuavos.
tes chispas de la fragua subir y bAjar el polvo
la ciudad, vestidos con uniforme desoldado franSúbitamente la vieja se estremece. La puerte negro. Vínole un gran acceso de ternura, un de:
cés del brazo de los Mvaros ...... Son de esos cilla del fondo que da al campo, se abre. Los pe- seo inmenso de obtener de su padre el perdón,
qu~ ... , ¿cómo se dice? .... han o~tado por la rros no han ladrado .... El que acaba de entrar mRs al levantar sus ojos encontrAronse con una
nacionalidad de Prusia...... ¡Y decir que _todos camina á lo largo del muro como . un ladró~, se mirada inexorable.
.
los días vemos volver á esos falsos alsac1&lt;1nos. desliza entre !as colmenas . ...
Al fin el herrero decidióse A hablar.
¿Qué es lo que han bebido? ..... .
-Muchacbo, dijo, aquí está el yunqu~, los úd·
-Mamá, mamá!. .....
La vieja trató de defenderlos.
Su Cristián está allí, con el uniforme desabro• les .... todo esto es tuyo . ... Y eso tam b1én, all.a·
-¡Qué quieres, hombre! después de todo no es
cbado, ruboroso, casi tero blando, la boca seca .. dió mostrAndole el jardiocillo que se miraba en
tan grave la folta de esos muchachos. . . . está
El
ir.feliz ha llegado al lugar con los otros, y ha- el fondo lleno de sol y de abejas, por entre el
tan lejos ese Argel de Africa A donde loa mance
una hora que ronda al derredor de la casa en marco recortado de la puerta ..... .
dan
Allí sienten el mal del país, y la tenta•
-Las colmenas, el viftedo, la casa, todo leper·
espera de la salida de su padre para entrar. Ella
ció~ d~·volver es tan grande, la obligación de
querría refl.irle pero no tiene el valor de hacerlo. tenece ...... Puesto que has sacrificado tu hoser .. oldados. • • •
nor á estas cosas, bien está que las guardes••··
1Hace tanto tiempo que no lo ve, que no lo abraza!
Lory dió un pul'ietazo en la mesa.
.
E res tú aquí el amo ya ... y() .... yo. parto.···
y
Juego
da
él
tan
buenas
razones
...
.
..
Se
fasti·
-¡Cállate, cállate! .... ustedes las mu¡~res lo
diaba del país, de vivir siempre lejos de los su- Debes cinco anos A la Francia, voy á pagarlOI
ignoran todo. A fuerza d_e vivir con los mii?s y yos; además, la disciplina babia llegadv á ser por tí.
sólo para ellos, todo lo discurren como 1~ discu-Lory, Lory, ¿á dónde vaa? gritó la pobre
muy dura y aquella manía de los companeros de
rriría un chiquillo . . .... ¡Vam0sl te digo que
llamarle
con
el
sobrenombre
de
'll
prusiano
A vieja.
esos hombres son unos holgazanes, unos renega•
- ¡Padre mio!. ..... suplicó el mu&lt;!bacho,
caul!a de su acent•&gt; de Ahacia ...... Ella le credos, unos cobardes, y si, por una negra _desgr~Pero el herrero babia partido ya, y se alejaba
yó
todo;
no
tenia
sino
mirarlo
para
creerlo.
.
cia nuestro CristiAn fuera capaz de una mfamia
Siempre conversando, llegaron á la sala ba¡a. á grandes pasos, sin volver el rostro .. • • • ·
semejante, tan cierto COJ?O que me llamo Jorge
E n Sidi-del -Abbes en el cuartel del tercero
Lory y que he servido siete _anos en l?s cazado- Los pequenos, despertados por el ruido, vinieron de zuavos, hay un e~ganchado voluntario de ein·
con los pies desnudos y en camisillas de dormir
res de Francia, le atravesana con mi sable de
para besar al hermano mayor. Ofreciéronle algo cnent11 y cinco anos .. . . .
parte á parte.
A LFONSO DAUDET,
y terrible, erguido, mostraba su gran lanza de de comer, pero no tenía hambre, sólo sentía sed,
colgada al muro, debajo del retrato de mucha sed, y bebía grandes tragos de agua pa•
dor
&lt;1aZ11
h
Af . . ra refrescarse un poco del vinCI y la cerveza que
su hijo, un retrato de zuavo, hec o en
nea,

creadora, el punto de unión con los abuelos, era
l..&gt; que no tendrían ya. Quedaban solitarios, aislados, no podían ya mirar detrás de ellos.
La religiosa dijo á su hermano: ¿Recuerdas
que mamá leía siempre sus c11rtas? todas están
allí, en su escritorio. Si las leyéramos, si vivié•
ramos esta noche toda su vida junto á ella. Sería
nuestro camino de la cruz, y conoceríamos á
nuestros abuelos, A todos nuestros antepasados
desconocidos cuyas cartas están allí, y de quienes ella nos habl11ba tan á menudo ¿te acuerdas?

- --,

V

EL MAL ZUAVO

167

EL MUNDO.

-

Había ronerto sin agonía, tranquilamente, como una mujer cuya vida fué irreprochablP; repo.
taba en su lecho, sobre la e1,1pald11., con los ojos
eerrados, las facciones serenas, con sus largos
cabellos blancos, cuidadosamente peinados como
1i ae hubiese hecho el tocado diez minutos antes
de morir, con su fisonomía pálida de difunta tan
.apacible, t11n reposada, tan resignada, que luego
110 adivinaba qué alma dulce habí1 habitado aquel
-cuerpo, qué existencia incontaminada había llevado aquella anciana tranquila, qué muerte sin
acudidas y sin remordimientos había tenido
.aquella sauta.
De rodillas junto al lecho, su hijo, un magis•
&amp;rado de principios inflexibles, y su hija Margarica, en religión Sor Eulalia, lloraban sin consue
lo. De..de su infancia los había armado de una
moral inquebrantable, ensefl.ándoles la religión
aio debilidades y el deber sin gazmonerías. El
bombre era magistrado. y blandiendo la ley heria sio piedad á- los débiles y á los desfallecido,,
la hija, penetrada de la virtud que la había ba1lado en aquella familia austera, se había despo•
udo con Dios, por di~gusio de los hombres.
No habían conocido á su padre; sólo sabían
-que babia hecho desgraciada á eu madre, sin co•
noeer mas detalles.
La religiosa besaba locamente una mano de la
muerta, mano de marfil semejante al gran Cristo
yacente sobre el lecho. Al lado opuesto del cuerpo ieodido la otra mano pareda estrujar aún las
aibaoas con ese ademán errante que se llami;, plie•
,gue de los agonizantes, y el lino lo había conser•
vado como un oleaje de la tela, eomo un recuer-do de los ú ltimos momentos que precede~ A la
eterna inmovilidad.
Unoit golpes ligeros dados en la puerta hicie•
ron levantar las dos cabozas sollozantes, y el sacerdote que acababa de comer, entró. Estaba rojo, sofocado por el trabajo de la digestión, y había mezclado su café con fuertes dosis de conac
para lnchar con la fatiga de las últimas noches
pasadas y de la noche de velada que comenzaba.
Estaba triste, con esa falsa tristeza de eclesiás•
tico para quien la muerte es un oficio Hizo
la aell11l de la cruz y dijo acercándose consu ges•
&amp;o profe~ional: vengo á ayudaros A pasar estas
\rii;iea horas, hijos míos; pero Sor Eulalia conteslólevantándose: gracias, padre mío; deseamos mi
hllrmano y yo permanecer solos con ella, son los
1\l&amp;imos momentos que tenemos para verla y queremoaeatar solos, como antes, cuando.... cuando éramos pequelios y nuestra. . . . . . nuestra pobre
madre .. .. No pudo terminar, tan ..bundantes
eran sus lágrimas y tanto la ahogaba el dolor.
Tranquilizado el sacerdote, se inclinó pensan-d? en su lecllo: Como queráis hijos míos. Se arroililló, se santiguó, oró, se levantó y salió suave•
mente murmurando: era una sa!.ta.
Se quedaron solos la muerta y sus hijos. Un
péndulo oculto lanzaba en la sombra su ruido
regular, Y por la ventana abierta penetrabll el
:~~. olor de los pastos y de los bosques con la
--swdeacente claridad de la luna. Ningún sonido en el campo, sino las notas rfrpidas de las ranae Y A veces un zumbido de insecto nocturno
1}Ue entraba como una loba rozando los muros.
0

Una paz infinita, una divina melancolía, una si·
lenciosll serenidad rodeaban á la muerta; parecían emanar de ella, exhalarse al exterior y spa•
ciguar á la na!;uraleza misma.
Entonces el magistrado, siempre de rodillas,
con la cabeza hundida en el lecho, con una voz
lej,rna, desgarradora, lanz11da &lt;.!entro de las sá.banas y l11s ropas, gritó: Madrer madre, madre,
y la hermana, abatiéndose sobre la tarima. pe
gando en la madera con su frente de fanática,
convulsa, torcida, vibrante. como en una crisis
de epilepsia, gimió: Jesús, Jesús, madre míll.
Y sacudidos los dos por un huracán de dolor,
jadeaban. aullaban.
Después la crisis lentamente se calmó y lloraron de una manera más suave, como l, s calmas
momentaneas siguen A las borrascas en el mar
agitado.
Después, mucho t!empo después, se levantaron
y se pusieron A contemplar el cadáver. Y los recuerdos, esos recuerdos lejanos, ayer tan gratos,
hoy tan torturantes caían en su espíritu con to•
dos los detalles olvidados, esos detalles íntimos
y familiares que resucitan al ser desaparecido.
Recordaban circunstancias, palabras, sonrisas,

entonaciones de voz de aquella que no les hablaria más. La veían feliz y tranquila. encontraban frases que ella les decía, y un ligero movi•
miento de su mano derecha, cuando pronunciaba
un di:1curso importante.
La amaban como no habían amado nunca. Y
notaban, midiendo su desesperación, cuánto la
habían querido, y -tué abandonados iban á quedar...... .
Su sostén, su guía, su juventud toda, toda la
parte alegre de su existencia era lo que desa,:&gt;a•
recia; su lazo con la vida, su madre, la carna

***
Tomaron del escritorio varios paquetes de papeles amarillentos, atado~ cuidadosamente y colocados uno contra otro. Pusieron sobre el lecho
aquellas reliquias y escogiendo una de el111s en
la que estaba escrita la palabra «Padre&gt; la ab:ieron y leyeron.
Eran de esas cartas viPjas que se encuentran
en los secret.-:.fres de familia, cartas que huelen al
siglo pasado. Lll primera decía: mi adorada;
otra: mi hermosa hija; Juego otras: querida bija
rnfo; otras aún: hija idolatrada; y luego la religicsa leyó en voz alta, leyó á la mu11rta su historia
y todos sus tiernos recuerdos. El magistrado,
con un codo sobre el lecho, escuchaba, con los
ojos sobre la muerta. El cadáver inmóvil parec1a feliz.
Interrumpiéndose Sor Eulalia, dijo: las pondremo~ en su tumba, le haremos un sudario con
todo esto y lo sepulraremos con ella, y tomó otro
paque~e en el cual no estaba escrito ningún nombre revelador. Y comenzó en voz alta: «Mi adorada, te amo locamente. Desde ayer sufro como
un condenado, quemado por tu recuerdo. Siento
tus labios sobre los míos, tus ojos sobre mis ojos,
tu carne sobre mi carne. Te amo. Te amo. Me
has t:nloquecido. Mis brazos se abren; me estremezco sacudido por un deseo inmenso de abrazarte aún. Todo mi cuerpo te llama, te quiere.
Guardo en mi boca el sabor de los besos,&gt;
La religiosa se interrumpió. el magistrado le
arrancó la cartli y ouscó la forma. Solo habfa
estas palabra~: E l que
te adora, y este nombre:
Enrique. Su padre se llamaba René. No era pues,
él. Entonces el hijo, con
mano rápida, buscó en
el paquete de cartaR y
tomando otra leyó: «No
puedo vivir sin tus e , ri •
cias." Y de pie, severo co.
mo en B:! tribunal, miró
á la .muerta impasible.
La religiosa, rígida como
una estatua, con las lágrimas en los ojos, vie::do á su hermano, esperaba. Entonces él atravesó
el cuarto con pasos lentos, llegó hasta 111. venta•
na y con la mirada perdida en la noche, pensó.
Cuando volvió lacabeza, Sor Eulalia, con los
ojos secos, estaba aún
en pie, cerca del lecho,
con la cabeza inclinad1.
Se acercó, juntó apresuradamente las cartas
que arrojaba desordrnadamente en el cajón, y luego cerró las cortinas
del lecho.
Y cuando el día hizo palidecer las bujías que
ardían sobre la mesa, el hijo abandonó lentamt!nte su sillon, y sin ver una vez más á la madre
que había condenado, dijo: Ahora, vámonos,her~
mana mía.
Guv DE MAUPASSANT.

�Domingo 3 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

168

-Siete clavos, como.garfios, se bao hundido en mis entra!'ías,
Oh Injusticia, cómo triunfas! Oh Tiniebla, cómo creces! ...

La Fosa:
_ Yo soy la tela insi~ible que tejen negras araíias ... .
y con lágrimas y sangre se alimentan los cipreses! ... .
Primer sepulturero:
-Uno! Dos! Tres! ... Un esfuerzo! Empujad bacía la fosal
El muerto: (Sin desplegar los labios amoratados, ycon
sonrisa resignada)
-Oh! Martirio! También tienes tus profundas embriagueces!
Tere,e1· sepulturero:
•
-Se alza la Luna siniestra con una mueca espantosa!
El muerto: (con voz opaca)
-Oh! Injusticia, cómo triunfas! Oh Tiniebla, cómo creces!
P1imer sepulturero:
-Cae una lluvia de sangre de una nube pavorosa! ....

El Arrecife mudo, bajo la bruma helada,
Es una Esfiinge ciega que el horizonte mira ..... .
El mar gime y solloza cual una inmensa lira,
Y cae la noche fúnebre ::omo ala ensangrentada
De un negro cisne trágico, que en el silencio expira.
El mar gime y solloza cual una inmensa lira
Y c11nta el Viento astuto su pérfida balada.
E l Arrecife mudo se iergue en el MiE.terio.
Pasa una Sombra, y dice:
-«Oh! mi siniestra huella
Donde la ortiga brota! Oh mi fatal imperio
Donde brilla una sola y agonizante estrellal:1&gt;
Pasa otra 8omlira y dice:
-«Yo vivo en lo más hondo
De la Desesperanza y del Remordimiento:
No hay abismo más negro que mi abismo sin fondo;
NQ hay filo lascinante como mi Pensamiento?&gt;
Pasa otra Sombra y dice:
-« Yo soy como el gusano
Que se arrastra en las tumbas y en el horror camina:
Espanto, eres mi guía! Dolor, eres mi hermano!
Cómo acaricias, látigo! Qué blanda eres, espina!&gt;
Pasa otra Sombra, y dice:
-«Yo soy cual una inmensa,
Cual una taciturna floresta deshojada;
Mis hojas van rodando por la planicie extensa
Al soplo de los Vientos febriles de la Nada!&gt;
Todas las Sombras cantan:
-«La muerte nos conduce
Por sobre adelfas mustias y amargos asfodelos:
El Miedo es nuestra lámpara funesta que reluce
Debajo de la enorme tristeza de los cielos!&gt; ..... .
Cuatro sepultureros fornidos, en sus hom!"Jros
Conducen un gran féretro con una marcha extra!'ía;
Cuatro sepultureros conducen entre escombros
U n atahud más grande que un trozo de monta!'ía.
Llegan al borde obscuro de una profunda fosa
Y clavan siete clavos sobre la tapa negra;
Retumban siete golpes en la extensión brumosa
Y el gran martillo lívido parece que se alegra.
Luego, los cuatro empujan la c'\ja lentamente,
Pero la caja, inmóvil, clavada sobre el suelo
Parece el negro monstruo.de sueño febriciente,
Una Quimera horrible, que ha replegado el Vuelo ...
Sobre el cielo sombrío, donde no luce un astro,
Detrás de nubes grises, como alas de vampiros,
La Luna, inmensa y roja, deja un sangriento rastro
y como una intangible diadema de Suspiros ..... .
Se inclinan los adustos cipreses macilentos
Cambiándose un saludo con aire sigiloso,
O cabecean tristes, con vagos movimientos,
Como siguiendo el ritmo de un baile silencioso.
Y las nubes parecen empapadas en llanto,
En el llanto diabólico de invisibles Satanes:
y el silencio se rompe, á veces, con el canto
De infinitos Dolores y estériles afanes.

La Fosa:
-Y con Hgrimas y sangre se alimentan los cipreses!
(Se hunde la Luna roja en el mar, y todo
queda en silencio.)
Como pulpo en acecho, proyecta el Arrecife
Entre la bruma pálida su amenazante orilla,y van las Siete Sombras, en un extral'io esquife,
Sobre la Noche fosc.i cual una pesadilla ....
Y van las Siete Sombras .... Y el Mar gime un lamento,
.El Mar gime y solloza, cual una inmensa llra,Y, como negro cisne quP. en la ribera expira,
8us elt,gías hondas canta al Azur el Viento!
LEOPOLDO

Ginebra.-1899.

Primer sepulturero:
-CuánM pesas! Cómo abrumas! Cuánto pesas, negra caja!
Segundo sepultul'ero:
-Se diría que es un mundo de tristezas y dolores.
1'ercer sepultiirero:
-O que el mue1to es un gigante, y es de ptomo la mortaja ...
Cuarto sepulturero:
-O el cadáver de tres siglos de venganzas y t errores ....
El muerte: (mentalmente, y dejando correr de sus ojos
hinchados gruesas lágrimas)

por la lluvia, se ven puntos
de tan di versos matices,
-vivos, opacos, obscurosque en la rica policromía
de ton'JS suaves y crudob,
la pared arlequinesca
que, á trechos, ornan los musgos,
parece beno manchado
traviesamente con grumos
de color. Una parásita
en los ladrillos desnudos,
hinca su ramaje como
los tentáculos de un pulpo,
y entre la mara!'ía verde
un juguetón rayo súbito
en cada gota de lluvia
prende un rubí diminuto.
Y en la fantasmagoría
de la luz, que hc1.ce del muro
moi,aicos de pedrería
y deslumbrantes y estucos,
h,s dos muchachos semejan
en medio de tanto lujo,
dos príncipes del oriente
en espera de sus súbditos.
¡Qué tocado de diamantes
en el ceniciento rubio
del ca.:.ello de la niña!
qué reluciente y qué fúlgido
el toisón que ostenta el p€Cbo
del rapaz! ... y qué conjunto
de áureas telas y tisués
sobre los harapos sucios!

Ai'io VI-Tomo ll

México, Uomingo

10

de ~.-ptiembre de 1899.

Andrajosa reinecita
que vistió la. 1uz y cuyo
corpiño de re..plandores,
cubre el talle y eme el busto!
Duquecito del arroyo,
Buckingham que el cielo tuvo
á bien ataviar con sedas
y brocados del crepúsculo!
Tú ~qué cuentas? Tú ¿qué oyes?
Tú la grave, tú el adusto? ...
Yo me acerco poco á poco
y sonrío y lus escucho.

Duz.
Bien, muchacho! Fuiste al bosque
corriste mucho, mucho,
y flores y mariposas
la traes .... ¡Lindo tributo!
'.ru gorra de saltimbancohecha una criba--es refugio
de caléndulas doradas
y de rosae, donde ocultos,
se agitan entre los pétalos
los cuerpecitos convulsos
de las pobres mariposas
heridas. Hundes los puíios,
y narrando tus proezas
sacas con pueril orgullo
tu presente de perfumes
y de alas ... ... y el tributo
va cayendo, va cayendo,
del aire sereno y puro
á la falda de la niíia
que oye con asombro mudo
la historia de la aventura,
mientras fijos en un punto
miran cosas invisibles
sus ojllS meditabundos.
y

VERSOS INOCENTES.
PUESTA DE SOL.

Por la calle ~olitaria
cuyo t érmino confuso
vagamente se deslíe
en el oro del crepúsculo,
silencioso y pi,nsati vo
como siempre, voy sin rumbo
enhebrando fantasías
en el aire azul y puro.
Tranquila está la barriada,
los talleres están mudos,
no se ven las chimeneas
empenachadas de humo,
y á lo lejos, de las fábricas,
salen alegres, los últimos
obreros, que se atropellan
en caprichoso tumulto,
y cuyas blusas azules
borda el sol de hilos purpúreos.
Yo callado y pensativo
como siempre, voy sin rumbo ..... .
Mas de ;:ironto me detengo,
mis quimeras interrumpo,
y las vanas fantasías
del pensamiento sacudo
par¡¡. ver curiosamente
á dos chicuelos- im grupo
adorable-que cabría
en una canción de Hugo.
El la. llama y ella acude,
se hablan bajo, y así, juntos,
siéntanse en los escalones
del portón, ~l pie del muro,
y en una senedad cómica,
ella grave, y él adusto,
principia la conferencia
más inefable del mundo.
¡Oh! viejo pintor de ni!'íos
que andas en busca de asuntos,
mira: la luz pone toques
divinos á este conjunto!
En el fondo de sillares
con lepra, rojos y húmedos,
frescos y recién la vados,

Cuando mi presencia notan
ella inquieta y él ceñudo,
parecen decirme: Vamos,
no nos turbes; vete, intruso.
Y yo me alejo sin pena
p:irque dejar soio es justo
á Buckingham de siete años
con An:i. de .Austria de un lustro.
Y pienso: yo también tuve
aventuras, y di muchos
re¡.,;alos de alas y flores,
y fui amado y tuve orgullo.
Dí esperanzas, ilusiones,
fe, ternuras, con el único
placer de posar los l,abios
en unos cabellos rubios.
Un coloquio de chiquillos
fué mi amor .. ..
Y taciturno,
solitario y pensati ,o
como siempre, voy sin rumbo
por la calle silenciosa
cuyo término confuso
vagamente se deslíe
en el oro del crepúsculo.
LUIS e-. UUBINA,

Composición artística y cliché fotográfico de Don Octaviano de la Mora,

Número u

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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