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                    <text>Domingo 20 de Agosto de 189G,
EL MUNDO.

128

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México, Domingo 27 de Agosto de 1899.

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legero

LA

INSPIRADA.
CUADRO DE ÜONRADO KI..ESilL

�Domingo 27 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

132

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

---------------------------------------------·

LA ~EM.A.N.A.

Mes de verbenas populares es Agosto y sirve como
de amplio vestfbulo á las demás fiestas callejeras
ue de a uf en adelante abren semana á semana un
iaréntet1Ís de dicha entre los grises Y monótonos dhts
de trabajo. La verbena de lo.:, AogeleR ! la de Santa
María son de lo más famoso del afio. V1euen en seguida todas lai, otra~, menos pompo_sas y cele~rada!l:,
basta ue }a más grande, la más rica, la me~ lean a,
por exielencla, la de Guadalupe, cierra con nomenguado esplendor la temporada de las verbPnas.
A esta clase de regocijos solemos ir por mera curiosidad Jos que gustamos de hacer obsuvactones Y
stcolo ias al aire libre. Desde luego nos sentimos
¡traído~ por el movimiento ruidoso de lasmucbedumbres. Hay una emoción nir\'anesca, momentánea , pero
profunda 1 en dejarse }levar de Ja ola humana, en diluirse en Ja masa com1\n, en embeber el yo, como una
partícula, en la m·.:!ltitud lmperwnal, en ru_ndir las
impresiones propias en el vago anhelo colectivo, que
termina por apodei-arse al fin de todas nuestras ~ensaciones y por hacer suyas todas nuest!as energ_as,
con el fluido mágico de una invencible b1pnotizac1ón.
La fábula medioe\'al de ja sierpe a1ada, luchando
con el armado caballero y venciéndole ~on sólo el venenoso vaho se veriflc'i en cada uno de nosotros cuan•
do pretende~os conservnr nuestra. T01untad_ en el J.e·
no inquieto y caótico de las multitudes 1mpre,ionadac,;.
t
Son enormes almas locas que penetran en nues 10
organismo y se sirven de él para manifestarse en la.
vida exterior. Alll está nuestra boca pronta á lan7.ar el a1arldo; allí están nuestras manes dispuestas; á
sacudirse en las frenéticas palmadas; allf nuestros
músculos para agitarse en las convulsiones bi.-Jtértcas;
allí nuestro rostro para cambiar el gesto á cada ráfaga del aire Entrá. nuestro espíritu en una abrumadora incon~clencia. Y no obstante, gozamos con 1 m
placer extraílo al sentirnos brutalmente poseídos.
Complácenos vernos vencidos á las primeras Invencibles zarpadas del monstruo excitado.
y be aquí que la curiosidad va tomando en medio
del tumulto una forma de entusiasmo morboso que
concluye por embriagar.
Asistir á una verbena es sentirse i11vadido de la
alegría del pueblo, disuelta en átomos por los cuatro
vlentos·.entrar en un templo con las oleadas de creventes, 1recorre!' las calles entre los grupos abigarrados de la plebe; detenerse en las barracas de la plaza
hormigueante, escuchar cantares obf)cenos, risas beoJas y refranes picarescos.
,tEn qué se piensa, es decir, en qué piensan los demás los granos de aréna dé ese compacto bloque popul¡r? Se piensa en vivir, sacudido por impresiones
mundanag, por ardientes deseos de beber hasta saciar una sed Intempestiva y devoradora; de abrazará
mujeres Lermosas y de apostar ]a vida en un naipe.
No son nuestros estos anhelos; andan vagando en
la atmósfera como a1mas en pena. T~dos lo~ sienten.
Es una contagiosa epidemia de apetitos desenfrenado~ales 1:1íntomas indican, de seguro, un grave mal.
Repugna sin embargo, punzar con el escalpelo la
eptdermi; social. Tiene manchas purulentas que indican un repugnante linfatismo.
.
Esta es la primera pregunta que cualqmer observador se hace cuando asiste á una verbena popular:
¿Nuestro pueblo es creyente?
Ah! no seilor; posee, como todo pueblo Inculto, una
superstición. versátil y tornadiza, que sale de la cueva demoniaca de Ja adivinadora de cartas para poner
una ofrenda en el retablo de la Vfrgen; ere~, á la napolitana en los estupendos milagros de Ja patrona
que ayuda en su tenebrosa labor al bandido y protege bajo su manto nimbado, al homicida. Se encomi'enda á ella en sus inmorales tribulaciones, y sólo
la recuerda bajo el toldo de una camllla ó en el fondo
bl
de un calabozo.
Pero á pesar de todo, su veneración es adora e
porque es sfntoma de un patriotb,mo rudimentario
que toma la sugestiva terma del misticismo para
compenetrarse más en la conciencia de 110 pueblo _débil, que, como el nuestro, suele hundirse en éxtasis Y
sufrir alacinaciones.
En este caso, la Religión es un delicado pretexto
para amar el terruíio.

***

Música &lt;U cámara.-Andante.-.Minuetto .... cuando
se leen estas palabras, resurge en el espíritu una de
aquellas galantes miniaturas de finos lineamientos,
de aristocráticos matices, donde un poeta del clavecin rodeado de damas de amplios trajes1 rocal1a de
sed~ en la que la luz Re quiebra en aristas, damas
ensativll8 de ojos dulces, galanes de actitud pala~iega. escuchan embebidos la melodía ingenua y amo•
rosa ciue recita el violín para que le responda, trémulo y sollozante, el ruego de los etilos ó la breve exclamación de la viola.

de Cámma: una velada de invierno; una lla. t
tes dormidos en el
maradagenerosa de chimenea, ID¡ :n
isa blasonada
nte
_regazo de la madre, un perro ti.e e cam
husmeando los tizones en actitud de esfiage,du~~s so·
thr germano, mur;ho bienes~ar, y la musa .e ocen~
natas, en su Infancia, iniciando una !rase rn
como las frases de los nin os.
. .
lá tea.
Habla á los corazones ampHos esa mm,1ca e s d~
nada hay PD ella pequei'io; parece ser como el ;;o sui
la. naturaleza que la ba inspirado al cerebro os boshljos; en e11a se encuentra el rumor grave de 1 . téti·
ques, ¡:&gt;rima veras solemnes, noches augustas, pa.
cos dolores, elrgías á grandes héroes.
á1
idos
y se llama Br.ethoven, Beethovensord? fs ru es
de la vida común, para no escucbar smo ~s voc
CHóticas, fmpremas, tempestuosas ~e lo infimt_o~c!r-0
ella bay silencios que parecen de vieJa e3:tedra1, 1 ciedes que suenan al espfritu como llamamiento e
•o· lentitudes graves y acompasadas que evocan pro~e~iones de levitas y venerables patriarcas; dulzuf¡as
que ~on blancas plegarlas de seráficas voces, Y se
man· Sehastián Bacb, ese dialogador de los éx:r
i.u remos ese místico colosal que tiene la nota m ci/de las '"írgenes Y la cólera rte los espíritus airados
que cortejan con espada de llamas; y ese Mozart
·ba\leTesco ese Mozart delicado, ese Mozart de os
mim.iettos ~artesanos y los andantes poéticos. y M~mrle]hsonn encerrando tristezas en sus rimas brevesd Y
Hn.ydn remontándose¡\ las alturas de la tempesta y
Weber bordando con sedll8 pálidas sus personajes de
leyenda ... • • •
esta
Música de cámara . .. . y me entristece que en
época en que la humanidad llora por carencia de suenos no hava sino unos cuantos devotos que acuden
á J~ sala Wagoer para tener un punto de recogimiento y mirar sugestionados por esas melodías de otros
tleJT1pos, las divinas visiones que acuden, como al má•
leo erecto de un coujuro, llamados por la. voz caotante
~e los violines y la gravesúpllca de los v10loncellos.. ••
Duraote Jasemana, se han verificado dos hermo~as
audiciones que hicieron Ja deltcia de nuestros dile·
ta•tti. Luisa Rltter, la amada y aplaudida pianista Y
Matilde Bruglére, alta soprano dramática, cuya ta •
ma había llegado ya á nosotros antes que su hermosura rtejaron un,. luminoso recuerdo, como una blanca e~tela, en la corriente fangosa y negra del género chico.
u• .

.tU.USlca

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i"

't·

***

y á propósito. Se ba discutido en estos dfas el
mérlt,o de una joven y bella ~!ple recién llegada al
palco escénico, la cual, después de haber sido estrepitosamente aplaudida en la célebre obradeMascagnf, ha intentado interpretar La Reuolwsa. P•ra
mí, aht está el error y la. in~xpenencia dela seí1orlta Dimarias.
Sus facultades vigorosas y nuevas 1 no se prestan
para el género chioo. La flamante artista tiene talen to y no deberá encanallar!o. Que no cambie los relucientes luises de oro que pródigamente derrocha
en la zarzuela, en menudas y gastadas monedas de
cobre.
· o E
¿Habrá algún buen amigo que 1a aconse¡e. s
una lástima ver que aptitudes como 1a suya se
pierdan en la efímera y tonta Jabor de la tanda diaria!

EL EXTERIOR.
Revistas Políticas y Literarias,
COSAS DE FRANCIA.-!. DE COMO PUEDE UN
NEOTHAL CONVERTIRSE EN DREYFUSJSTA.
2.-¿EL PRIMER El&gt;JSODJO DE UNA OUERRA :&gt;E RELJOION?

3.-LA REPULICA PLEBISCITARIA MARBETE DE LA
DICTADURA. MILITAR.

Tengo un excelente amigo,,francés pur más senas y
escritc,r elegantísimo por añadidura, que, natural
mente está veinticinco veces más al tanto que yo de
los as~ntos de su patria, y que suPle, entre brom~ y
veras, formularme estas preguntas: ¿por qué no siendo usted francés es usted calurosamente dreyfuslsta?
¿Por qué cree usted á los periódicos americanos de
la prensa asociada, comprados por el Sindicato ju.
dio y no á los periódicos franceses que, e~osdel sentl•
miento público, sostienen, como siete ú ocho de los
primeros nombres del ejército y de lu; civiles que mejor conocen al ejército, Cavaignac, Freyclnet, que el
prisionero de la Isla del Diablo es culpable?
He aquf lo que contesté á mi amigo:
-No tengo la culpa, no tenemos la culpa Jos extran•
jerosde interesarnos casi apasionadamente ea losasun-

tos de Francia; dep_ende eso de] genio comunicativo ..
i O simpático de que los franceses se vanae~gr~~~'v d!pende de nuestra educación, depende de·
g ue todos Jos latinos tenemos dos patrias y la segu nq
siempre Francia, depende de que dan los trance.
~:s ~ sus asuntos particulares tan extraordinaria
resonancia y tenéis tal arte en vuestra lengua y vues.
tro talento para transformarlos en asuntos humanos,
ue obllg~is á todos á volver la cabeza hacia ellos, 4
!trarlos atentamente, i\ estudtarl.os y á. tomar un
puesto en pro ó t'n contra como s1 tueran nuestros.
asuntos propios. y esto es Irremediable.
Ahora bien, voy á dar una idea de la evolución que
muchos como yo, hemos sufrido en el asunto
b°;e;!us. Lo creí culpable, con prorunda ~mpaslón
1 conocer los detalles de la e1ecuclón inmediata del&amp;
!entencia y su ejecución normal en 1a Guayana. Su
es osa, sns hijos .. . . .. ¡Horror! ¡lnfellz.!-Cuando un
hlmbre comot'.,cbeurer-Kaestuer, super10: á toda sospecbade-venalidad, manifestó las prolundll8 dudas que
le turbaban, he aquí lo que todos peni:;amos : ¿sería.
posible que baya cometido el tribunal militar tamaílo errorf Entonces este hombre ha sufrido uno de
los martirios morales más tremendos que puedan
registrarse en los anales de la justicia humana. Cuando publicó Zola su tremenda requls'.torla, lohallamos enteramente exajerado¡ su hábito de ~ove..
lador de dar un relieve abultadís~mo á cuanto flJa su
atención lo mismo un beso de amor que la boca de
una cloa~, su teudencla genial á lo épico, al grado
de que allí donde los oCl"os gastan un rasgo de pluma
un poco cargada de tinta, el emplea un frasco decolor con un pincel que parece agitado por Jas tumé nides, teda esto nos hizo sospechar que ,aquel hombre se babfd forjado un cuento trágico y se habfa empellado en hacer en él un papel de prota gonista. Maa
cuando se le llamó á gritos traid,or, vendid,o á !os ju.
dios ultrojador de la reltgi.6n, cuando se desconoció so
mér'tto de escritor, su sinceridad de hombre, su valo ry su probidad, hoy proclamada por cuantos no _tengan
en los OJOS la cata1·ata (inoperable por desgracia, por•
que la tienen muchos bomlJres de talento) del anti semitismo· cuando pasó todo esto, cuando las multl•
tudes tren°éticas se pusieron á gritar ante él basta
hacerlo salir de Francia, nos sentimos de su lado;
aquello nos pareció innoble, horriblemente despr&lt;!cla•
ble, DOS hizo el erecto de uno de esos actos imbéciles
y crueles de 1118 muchedumbres que causan algo.as[
como basca en la conciencia
Entonces todos dudamos, todos creímos que h abía un misterio en el asunto Dreyfu!,, que la explicación d•da á la circunstancia estupenda de la absoluta similitud entre la letra de Esterbazy y la del
documento condenatorio le bordereau, era lmposi.
ble y los antecedentes del oficial aventurero que
entraba en escena tan desvergonzada, tan cinicamente, y la valiente rectitud de su acusado r
Plcquart, llevaron hondo recelo á todos los ilolmos ...... Pero un hombre honrado entra en la t:&gt;ecretarfa de la Guerra en un cambio ministerial y ese
hombre, be nombrado á M. Cavaignac, dice enrátlcamente ante la Cámara de Diputados: he aquf la prneba concluyente de la culpabilidad de Dreyfus y lee
un documento en que se mencionaba á Dreyfus y ....
todo el mundo quedó sorprendido, estupefacto. Muchos, yo entre ellos, se sintieron satisfechos, como si
una montaña se les hubiera quitado de encima; si 111.
justicia humana habfa tenido razón, babia herido al
verdadero culpable; las violaciones ;ie la ley, las irre•
guiarldades flagrantes del proceso, todo quedaba cu•
blerto con seis pa1abras: peligro de guerra, secreto
de estado .... Pocos meses. después un rayo cafa so•
bre toda esta seguridad, ·el documento de Cavalgnae
babia sido falsificado, el falsario estaba convicto y
confeso, era el principal manipulador del proceso de
Dreytus, era un jefe importante en el Estado Md.yor,
era Henry .... Al día siguiente Henry se suicidaba.
¿Estábamos todos, en todas partes, aquí en México, cc,n la misma fact1ltad con que los escritores fran.
ceses suelen juzgar a Santa Anna, a. Maxlmillano, á.
Juárez ó al General Dlaz, estábamos ó no estábamos
en nuestro derecho de decir: el honor de Francia y la
justicia y la civlllzaclón exl¡¡en que ese proceso sea
revisado? Asi lo pensó la Francia política y legal,
y por P.ncima de la violenta oposición con que algunos, absurda ó malévolamente, pretendían en vol \'er
en este asunto el honor del ejército francés y hacerlo
solidario de un tremendo error probable, de un espantoso crimen posible, el caso fué sometido al primero,
al más alto tribunal de Francia, á uno de los primeros del mundo por su ciencia y por su intachable ho norabilidad. Todo se procuró, bll8ta por medio de
una ley acl hoc, todo se allegó para facilitar y dar fundamento incontrovertible al tallo de la Corte Suprema; un magistrado, el tipo precisamente del politicien
judicial ingenuamente presuntuoso, de esos que Jla.
mJ.n los espalloles: un tonto ron campanillas, de quien
decía Julio Lemaitre: «tiene un ojo que de·scomponP,
pero que no resume1&gt; el poquisimamente leído M.
Glouvet ósea M. Quesnay de Beaurepaire, fué el au tor de la idea de encargará la C01te entera del asu o•
to de revisión, porque los magistrados de la Sala crl·
minal eran parciales en favor de Dreyfus. Y no era
esto verdad; la verdad era que los principales magls•
trados de la Sala civil bab!ao manifestado á su cole•

Domingo 21 de ~gos_to de 189S.
111 opinión contraria á la revisión. En fin, la Cor-

«' entera 6e reunió, los amigos de M. de Beaurepaire

EL MUNDO.

rna

brazos detener el pueblo francés y empujarlo hacia
atrás, á los tiempos cuaternarios ... . . .
Y he aquí como sin necesidad de la intervención
de los judíos puede uo quidcim como ( l que esto escrl•
be, pero que no está casarto ni con los delirios de M,
Jaurés, ni con Jos odios de M. Drumont, haber _;asa·
do de neutral á dreJfusista ....

Y sucedió; el populacho solicitado en sus más bajas
pasiones por energúmenos de encrucljada1 se mostró
' \odiaron el asunto y decidieron por unanimidad
es 18 re visase el fallo y alH están los cooslderandos
sin camisa .. .. (la camisa es, por reglc1. general, Ja
4
distancia que separa á un civilizado de un salvaje.)
18 in Here de ello•? Esto: es seguro que el docuIbamos á decir sans culouis. Y la escena de caníba~\oto capital no es obra de Dreytus, es probable que
les que esperábamos ver en la rue Chabrol se verificó
sea de Esterbazy. Y fuera de ese documento nada
en la Iglesia de Ot. Joseph, saqu~ada, medio destrut~ podido serv ir de !uodamento al hllo del primer
Y medio incendiada .. ..
consejo· Ja conresión del reo (al Capitán L. Renaud)
Todc. reap8rece en Ja hlstorla¡ Ja historia es una
supu~ta: el dossier secretes un cúmulo de talsifica*
**
noveJa que tiene ediciones en número in::Jeflnido:una
: ooes, capaz, en algún caso, de infundir sospechas,
Todo
es
obra
del
sindicato
judío.
Los
judíos
tiepor geueracióu ¡ sólo las Hustraclones varían: el graincapaz de ::,inistrar pruebas.
nen en Eure,pa el diocro, ]a m;tglstratura, la prensa; bado antano, la litografía después, el fotograbado
y si yo tuera militar diria á mi amigo en lenguaje ¿quieren invadir el ejército, No lo hemos de permi- hoy; estas escenas salvajes se vieron en la Edad Med• cuartel ;y po r qué diablos quiere usted, quieren tir. -El sindicato judío es un cabello en la sopa del dia, en la bohemia de los hussitas, en la Alemania de
1111,edes, los coDl'encidosdela culpabilidad de Dreyfus pueblo francés, sujeto á graves alucinaciones cróoila guerra de los campesinos en la NeerJandia de los
en virtud de una gracia especial del Espfrltu Santo; cas, seglln parece.-¿Qué cosa es un judio?-Sabéis, Gueux, en las guerras de k•s1 hugonotes, en la Revolur qué diablos queréis que prefiramos el dicbo de senores diputados, dccfa M. Thlers á quien reprocha- ción .... ¿qué sé yo? En la comuna; ayer en París,
o0ciales superiores y ministros de la guerra, ba la izquierda de Ja Asamblea nacional sus prefe- maflana en Barcelona, y pasado, en New York.
- de un par de falsarios: Henry y Paty du Claro, rencias por los empleados conservadores á quienes
¿No se deberá esto á la debilidad que su composique por boca de ellos han babladoduranteclnco a!los, llamaban carlistM; sabéis qué cosa es un carlista? Es ción profundamente heterogénea produce en el minisrqué los bemos de prererlr á la convicción de los un hombre cuyo empleo se desea.-Uo jndfo es un terio trancés? VeremOS; DO sería la primera vez que
riocuenta pri meros magistrados de Franela, cien ve- hombr~ qne ha hecho uoa fortuna cun liUUChas O'Jzas un revolucionario result:.l.ra un puilo férreo para rer.ea m'8 Imparciales en el caso, cien veces más peri. y sin ningún escrúpulo y cuya subida repentina en- primir una vez convertirio en gobierno; no sería ex.
1ilBi mú profesionales, dlrfamos, en el arte de analividian todos, Jos ri cuR viejos y los pobres de todas traflo que los socialistas de Gabinete ayudar~n con
ur pru~bas?
edades; en suma, eljtullo E'S un hombre de negocios brío al presidente del consejo en su tarea de guardar
LJegamDB al Consejo de Rennes¡ y declaramos: que turbios y lucros clarüs. ¡Con razón se los encueutnn el orden; si no, no queda otro recurso que echarlos á,
no creemos en la mitad de las interpretaciones de la en la sopa los franceses!
la calle y ... . frente á !rente estarfan mejor los dos
Es innegable, el mundo está lleno de judfos.-¿Pe- grupos, en honor de la verdad; hasta con una barripreosa americana, vendida al si7ldicatojudlo, según dicen los antisemitas presididos por los senores Dru- ro el sindicato? ¡Atl! si ya cooocecnos eso; eso er. la t•da de por medio.
mont y Roche!ort que lo saben muy l&gt;i&lt;TI; que nos im- época de] sitio de Parí..; Re Jlamaba el espia. prusiano;
port,ao un bledo sus apreciaciones; que nos dejan el afio de 48 se llamaba los jesuiUts y en tiempo óe
• **
!rfoo las ovaciones que tributan sin cesará los amigos Robesplerre se nombró Piit y Coburgo; es Ja necesideJ reo y aun á é-ite; ¡oh! ,ion, nous ne croyons pas á dad que tienen ]as masas cte atrlbulr los males sociaEl
gran
culpable
de
esta
situación es el régimen
wutu cea bourdes-lá. Bien; retenemLs las declaracio• Jes á una conspiración que envenE&gt;na las fuentes pú - parJamentarJo, es el parlamentarismo; est,o se dice
blicas en tiempo de Cólera-morbo y compra á los diDM d8'ta,orables; y encontramos: 1 ° que los testien casi toda la prensa francesa y se aplaude ea casi
gos ó acusadores, todo es uno, de Dreyfus han repe• putados y á lo~ jueces en estos momentos. «Sí, bur. toda Ja prensa europea. E;¡ cierto, dice el gobierno
laos,
exclama
mi
interlocutor,
es
que
desde
aquf
no
licio las decla raciones que dieron ante la Corte de
italiano, recordando los últimos dü,gusto.s que le
Casación y que en ese '.rribunal causar,,n la impre• podéis verJos ni sentirlos.&gt;
causara
el obstruccionismo: es cierto, dice el rey de
Está bien; pero entonces no neguéis á los clientes
llón contraria á Jaque deseaban causar sus acusadolos belgas, recordando Jas recientes y temiendo las
de
los
judíos,
á
los
periodistas,
clubistas,
socialistas
res. ¡\ EA ó no clertoi" 2 ° Que en el dossier todo se
próximas batallas de Bruxelas; es evidente, allade el
encamlnaá este fln1 según ]as interpretaciones singu- y anarquistas pagados ó subordinados poco más ó emperador alemán, de eso aquí no se babia: el parlamenos
inconscientemente
al
sindicato,
no
les
neguéis
lares de lOR acusadores: Dreyfus era curioso, debió comeotarJsmo es un artefacto inglés, una cotonada de
nocer tal ó cual punto, Ueva ba ta] ó cual vida, en fin, el derecho de explicar también lo extremadamente Manchester que no puede usarse en el con"jinente,
complexo,
por
Jo
extremadamente
simple,
y,,e.trlbutr
pudo ser el autor de la tralcióri. Pero prueba, pero
no viste bien . . . .
una prueba, pero una décima parte de prueba, pero todo lo que les desagrada á una conjura negrísima
E1 parlamentarismo no ha hecho, sin duda, m::1rat.na de esas luces repentinas en las tinieblas, que re- del ejército y del clero contra la república y as! en- villas en Francia, ni en ninguna parte; ningún régi•
tre
estos
dos
elementos
primordiales
de
los
flamanteS
velan el cáncer de una conciencia y que hacen excla•
men político hace maravillas; pero vamos á ver ¿,con
mar, un Juez: he aqui, ¿dónde está? ¿cuál es? 3 ° Que fenómenos históricos d conflicto es seguro y confir- qué va á ser reemplazado? Con la república plebisci&amp;t:terhazy reitera su confesión de ser el autor del ma Jo que os decía, Ject-Jres, en uno de mis primeros taria. Esta es una invención bonapartista que desde
bonlmau, la repite á gritos por 1118 plazas y encrucl- boletines: en el rondo de todo eso hay un conflicto los tiemp::..s de Boulanger, diez anos ba, auda trasjadu¡ mas los generales no lo creen,-¡ohl Jamás rel1gioso; se trata de una lucha implacable entre tornando los cerebros de los descontentos, de los fnIL creertn ;.Por qué nó?-¡Oh! porque este gar- quienes creen poder realizar por la violencia y para clastficados de todos los partidos, que forman la imellos su ideal de felloidad en la tierra y los que lo
S'OR ntraordinnaire, como dice benévolamente el
para verlo realizado en el cielo; es eJ comba- pedimenta de la república en marcha, ó más bien,
general Roget , el general de Paul Dérouléde, es apbt.zan
son los gépidos, como se djjo en tiempos de las invate
entre
la esperanza y el apetito.
. , de cualquier co:,3 1 pero no es un traidor.-¡Oh!
siones
bárbaras en el imperio, los rezagados. ¿ Pero
Lucha feroz: apunta siniestramente. En la superporque no podía conocer los documentos de que haqué quieren? Todos quisiéramos saberlo; los bonaficie
del
océano
social
(en
esto
comprendo
á
Europa
bla el bordereau. ;.Pero no dice él que oo,,fe,.cirmó (con
partistas desean que se consulte al pueblo por medio
perdón de PenJta) que rorjó el documento con ayuda y los Esiactos Unidos) que se biocba y enoegreee y de un plebiscito, si es su voluntad que continúe la
de un o0cial del Estado Mayor, como Henry rorjó el espumajea, como en los momentos precursores de la~ República ó prefiere el Imperio; suponen que Jos fran1u10? ¡ Pero su letra no es ldént,ca á la del oorde,,aur grandes tormentas, se notan síotomas de descompo- ceses olvidarán que la ramosa fórmula &lt;el Imperio es
- 61, Bf1 pero no, no es Esterhaz y, dice con teatral siciones y convulstone:'.I desesperadas. No salgamos h paz, quedó definlti vamente reemplazada por esta
adem6n Roget- . . .... ¿Y á esto se l1ama prubar? de b'rancla, ya que todo el mundo está en Francia otra «el imperio es Sedán.&gt; Pero los neo- plebiscitadY 4 los que alzan los bombros ante todo esto se les en estos dfas, de cerca ó de lejos.
rios protestan contra todo est,o, y juran y cantan su
El atentado contra Labor! ¡esto es de la edad del amor por la república, la república no puede f.JOnerse
llama •endldos á los judfos? No bay up solo gendarme en ldéjico, de esos que dirimen los pleitos de los chimpancé, precursor fnmediato de los jueces con á discusión, según ellos. es intan.gibile, como dijo de
lranaeuntes apoyados. en un poste del telégraro, que que sueOa Deroulédel El asesino no ba sido bailado: Roma ita\lana el rey Humberto. ¿Cómo entra, pues,
aea capaz de tener una cosa de estas como una prue- un mal punto al sellar ministro del interior, á quien el plebiscito en un régimen normal de gobierno? La
ba: vagas presunciones, indicios contradictorios, sos- venero mucho; pero no tiene remedio, un mal pun- demCtCracia representativa se ha imaginado precisapechas obscuras, eso es todo, nada, absolutamente to .... . . La casa y el caso de M. Guerin.-E,te es un mente porque el pueblo no puede gobernarse directaDada se ha presentado capaz de determinar una con- episodio heroico-cómico de los preliminares del commente á sf mismo. En una democracia de veinte ó
cleoeia despierta de hombre libre. Hasta la terrible bate-¿Con que había una conspiración orleanista, treinta mil electores, como Atenas, se comprende;
coincidencia contraria á Dreyrus ba desaparecido: el bonapartista. y antisemttlsta? 81 es cierto, sellar pero en donde se trata de millones ¿cómo puede ma&amp;eneral de Bolsdeffre declara: que c11ando Dreyfus ministro, no se ande usarced con pailas caUentes: ter!almente llegarse á ningún resultado:' ¿Cc;n qué
~ ba en el Estado Mayor, babfa desapariciones duro en ella ...... Y efectivamente: cateos, secues- mecanismo?
v...,) de documentos.-¿ Y después? prei,-unta un tro de papeles, de armas. prisiones, de todo ba habiParece, según las afirmaciones del cm iteo de los
do; ademá.1t la policía de ParJs ha pue:,to sitio á una plebiscitarios, que de lo que se trata, en realidad, es
COo&amp;eJero: han seguido, responde el general!!
Hu ta dónde bao penetrado 1118 nociones de justi- casa en dónde un substraído al orden normal, el mos- de hacer nombrar al Presidente de la República por
da crist iana, no diremos absoluta, en el alma d'! los tachudo y exaspP.rado Sr. Guerín, se ha declarado el voto de la nación entera, y esto es un pleblscil:,(I,
~•POI educados en el culto del deber que componen con veinte amigos en una Francia suya, apa.rte, au- según elloE;'y se trata de elegirlo así para que no se
~d: relto de un pueblo Inteligente y de grandes tonómica¡ por dessz-racla para el jefe antisemita, sin deje dominar por la representación nacional; se trata,
víveres. En esa Jerusatem van á llegará devorar Ja pues. nv de un sistema de equlllbrio, sino de com ba•
el al concluJ, el siglo XIX, es lo que vamos á
zuela
de sus zapatos y tal vez á sí mismos, como vul- te. Ya los francese~ conocen el régimen ese; es el
dentro de unos dfas. ¿Podrán sobreponerse los
es del Consejo de Rennes al espfritu de cuer- gares canacos; es el radeau. de Ja Méduse en eJ mar de del príncipe-presidente que luego fué Napoleón III.
po, una grave tiranía, al temor de la ira de sus jetes, París! QuMo sabe si e: terrible Ministro del jnterior Lo que con ello se quiere, es un lwmbre; es una dicta: 1\~•:f• taroblén, á la inmensa sugestión de las espera ese acontecimiento, para triunfar ...... Está dura militar.
Pues bien, á pesar de lo descabellado, de lo incohe,. di • es que se dicen patriotas y de la prensa que expuesto el mundo á ver en París quizás lo que últibab1 de vota incondicional del ejército? Si lo hacen, mamente sólo Se ha visto en •&lt;L'Js Sobrinos del Capi- rente, de lo balbucean te de esta doctrina de tlranla,
tán
Grant&gt;
una
escena
de
canibalismo
obligatorio,
y
no nos hagamos ilusiones, está llamada á triunrar en
n merecido el respeto de los que hoy mismo
~~: en CObl bi rlos y forzarlos moralmente y ba- de M. Guerln podrá decir alguna vez quizás un Dan- Francia, si se mantiene más tiempo fuera de la vía
creo vado á }'rancia de una guerra civil . ..... Yo te del porvenlr:!u, oocca sollevódaljieropasto ... ."Ha- normal. Los seis meses siguientes al desenlace del
bal'II que lo bartin, que la mayorfa de esos jueces lo blando en serio, comprendo perfectamente la actitud proceso Dreyfus, nos dirán qué hay que esperar ó
de M. Waldeck Rousseau, es un tanto ridícula, pero qué temer. En estos momentos la situación puede
llar 1~~-é,; · Es verdad que aquí hemos visto !unciosensata; ba tenido un miedo profundoá hacer már- definirse :Mf: una anarquía atenuada por Jos geoda.ry
rtea Marciales ...... es verdad que, ... . . es
tires. Tiene mucha razón; los mosquetP.r·os del antitn!o~eo que 1~ harán; yo creo que podrán ver llbre- semitfsmó parecen resueltos á fusflar á la policía, la mes. E:,e estado de tte .... re no puede continuar; no
ottctal ? ue se Intenta colocará ese judío, que es un policfa está en el Indeclinable deber de fusilarlos á puede seguir; ,1 siguiera la dictadura serfa lnrallqoe en raneés, Y que es un hombre, en una posición ellos ...... Y esto, la verdad, esto es muy trabajoso, ble ....
Sentimos haber dicho algunas palabns un poco se•
que lle ~ueive el contra-sentido Ju rídico más brutal esto DO se hace .. ... .
veras tratando de lus oosas de Francia; pero no hemos
( Proba •ya •i•to jamás: el de obligar á un acusado
Pero se corrfa un riesgo no pequeno: que la espan- hablado nosotros, sino los hechos, á el1os hemos de1Q cul~b~~~noceneia, cuando toca. á los otros probar
tosa excitación de los grupos adversos, con motivo de
noeat,An
ad .·•••. Creo que opmarán con cuantos esta aventura de cadets de GU8CO[Jne, acarrease una co- jado la palabra . .. . Además, no fué, ¡ohi mi caro
anrmó(d:egos, que el dfa que Don Pablo Dérouléde lisión en la callo, y un tumulto considerable y la ne- Balbino, no fué Tácito quien dijo pesimum inimico-ra ,., aba ~:' de Mende) que Drey!us necesitaba pa- cesidad de reprimirlo derramando más sangre que la rum genus laudantes? En romance: no bay peor eneJDOCencla ue • probar, no una, sino mil veces, su que hubiese costado el asa! to de la casa de M. Gue- migo que el que alaba siempre.
• ese dfa preteodió c&lt;1n sus largos y flacos rln ... .

ª!é

!:te

oo:

¡"

JUSTOSJJ!:RBA.

�Domingo 27 de Agosto de 1899
Domingo 27 de Agosto de 1899.

134

EL MUNDO.

EL VICIOYELESCANDALO.
PUDOR E HIPOCRESIA.

.a

135

do entero y se apoderan de la clientela que antes

tigado, ser amable con sere1:1 antipáticos y respetuoso con personas desprect11 •
bles.
Sin esta esclavitud, roto
el treno de las coovenien.
cias socialts, el bombre se.
ría uoa fiera salida de 1,
jaula y un solo hombre sin
educación hace en la 11,,ciedad el papel riel lol.,o en
u1ed10 del ret&gt;ai'iu.
La verdad y la ficci6n 1
por cons1guiente la fran.
queza y PI disimulo. titmen
su lugar bien definido eo la
vida humana. Por urbant.
dad un cajero no debe hacer
a parecer favorables los 11al.
dos adversos; en una aca.
demia científica no se de.
be acatar el error ageno
por i;lmple cortesía; h•
partidos en una c.lmara
no deben votar por slm?le
deferencia con sus adver.
i;arios; con el médico se está exento de las prescrlp.
ciones del pudor.
Pero tratándose de v1.
cios, ya que no pueden ex•
tirparse, que haya siqute.
ra el pudor de ocultarloa.
Autorizar, disculpar siquiera su ostentación w
pretexto de franqueza, de
sinceridad y de horror t la
hipocresía, es favoreLer su
propagación con el ejem.
plo y decretar el desenfreno.
La desnudez antigua produjo la estatuaria griega;
pero infiltró y generallz6
los másrepugnantes vicloe.
La desnudez moral proa
ti tui ría más aún á los hom
bres, y no es seguro que
llegara á. producir, en compensación, una ei.tétlaa
noble y duradera.

Los latinos tenemos una
marcada propensión á ostentar nuestros v I c i os,
nuestros crímenes y nuestróls defectos morales. Con
el nombre de franqueza y
de sinceridad tributamos
culto á una forma del cinisma que consiste, no en disinmlar, atenuar, ocultar
todo lo que rie repugnante,
ocjjoso 6 incorrecto tienen nuestros sentimientos
ó nuestra conducta, sino
precisamente en hacerlo
público y noto,io, en ostentarlo, basta en vanagloriarDO!I y hacer ga.la de ello.
Y vamos más allá; no nos
conformamos con aprobar
y aplaudir la ostentación
del mal sino que vituperamos y denigramos á quien
teniendo un vicio lo oculta, á quien se disimula y
disfraza para proceder mal,
á quien se afana y esfuerza
por mantener misterioso é
ignorado ese rinconcito negro del alma y ese vericueto sombrío de la conducta
que casi ninguna alma ni
ninguna conducta dejan de
tener.
Lo ,p1imero que se nos
ocurre cuando estamos beodos es echarnos á la calle á
lucir la mona; tener una
aventura amorosa y callarla es para nosotros tormento indecible; nada nos preocupa tanto como qne se,
¡,epa que jugamos ó trasnochamos y rara vez dejamos
de babi tar la casa de vidrio
DR. MANUEL FLORB8.
á través de cuyos muros
todo puede verse y juzgarse
desde la calle.
Como natural consecuencia de este modo de pensar
Pocas veces se ha juzgay de ser odiamos y denigrado
en Méxi~o con tanta
mos á los discretos, á. los
justicia y con menos apareservados, á los solitarios
sionamiento á una. cantandel vicio que se encierritn
te de ópera; hemos olvidapara beber, que corren cordo
todo snobisnw al apreciar
tinas y celosías para jugar
SRA. ROSA.LIA CHALIA, SorRA.NO DRHlA.TICA ABSOLUTA.
los grandes méritos de la
ó se envuelven para amar
Señora Chalia.
.en las nubes de Júpiter.
La Empresa y lo, a1miradores ae la artista la preDe hipócritas no les bajadad. La mujer cubre sus formas animales, las envuelmos un punto y cuando establecemos parangón entre ve eri gasas que qui!,iera fueran nubes, y cuaja sus sentaron como una estrella dei,prennida de las conasus vicios y los nuestros invocamos en nuestro favor vestidos de listones que aspiran á SP,r flores y :ie joyas telaciones del .llfetropotitan Opera Hou~e de Nueva
lo atenuante de la franqueza, de la lealtad, de la pu- q ...e aspiran á ser astros. El vestido vela, oculta, York, y con eso creyeron decirlo todo. El público,
blicidad de nuestro proceder; nosotros no engai'iamos desfigura, hace olvidar la forma material y animal; sin embargo, antes de aplaudir quiso juzgar por al
á nadie, no damos gato por liebre; todo el mundo sabe
es una muestra que disfraza una verdad y en el ve!.ti. mismo.
á qué atenerse tocante á nuestra conducta y si somos do hay pudor y no hipocresía; los partidartos de la
La Señora Challa no llevaba peligro ninguno Y 8111
perversos en cambio á nadie tendemos el cebo de franqueza y de la sinceridad no se desnudarían como reserva de los que hoy son sus admiradores la ~
nuestra fingida vi~tud.
Sócrates ante sus discípulos, ni harían desnudará más al to en el concepto de los aficionados, porque el
Esta polémica se ha entablado seriamente y en tér- sus
mujeres como Friné ante el areópago. Ocultarse talento y sólo el taiento de la artista ha determinado
minos precisos entre franceses é ingleses. Aqu~l~os como
Sus·ina para tomar un bafio, es pudor y no hi- su triunfo.
dicen siempre á éstos: nosotros parecemos más v1c10La Sei'iora Cbalia dejará en México un gran repocresía.
sos porque somos más sinceros; vosotros parecéis
cuerdo con el que lucharán to:las las que bagan el
Los animales ejercen á la luz del día, sin remordi- papel de la protagonista en «Cavallerfa Rustican&amp;.&gt;
más virtuosos porque sois más hipócritas; París vale tanto como Londres, hay en la una como en la miento y sin vergüenza, todas sus funciones y satisfaotra capital igual prostitución é iguales desórde- cen en público todas sus necesidades, si el hombre
nes, nada mas que Pa.rls se exhibe y Londres se procediera así por espíritu de s:nceridad y de franencierra y que Pc1.rís se desnud,:i. mientras Londres se queza, 1a sociedad sería nna cloaca y la vida soL\ ENSEÑANZA COMERCIAL EN EUROP!
cial se haría insoportable. Lo que pasa con la vida
vela.
¿ Qué pensar de este criterio y de este modo de con- flslr,a pasa igualmente con la vida. moral; los vicios
siderar las cuestiones elevadas de la moral privada y son expansiones y explosio.nes de la vida animal; la
La cifra de exportacione:1 anuales de una_grao
pública? ¿Qué preferir entre la ostentación cinica y ira, la intemperancia, la lujuria, no pueden osten- clón es la imagen más fiel de sus fuerzas v~vas Y
la hipocresía. repug-nante? ¿Quién tiene mayor valor tarse sin hacer repugnante y odioso á quien los ex- mejor signo aparente de pro,peridad, v sus uat08 8(18
hibe y sin contaminar por el ejemplo y la imltaciJn preferibles á los que presentan el poder militar Y:
moral, D. Juan ó Tartufo?
A nuestro juicio la solución estriba en la diteren- á quienes nos contemplan. Moderar un arrebato de extensión de los dominios coloniales para conocer
cia radical que media entre la bipocresíay el pudor Y ira, refrenar ante el público las expansiones á que adelanto.
en el avalúo de las ventajas y de los inconvenientes el amor incita; dejar rumplimiento en el plato para
Hay eu Europa dos naciones, Francia é Ioglaterrlt
disimular la gula; tocar apenas con los labios la copa que á mediados del siglo figuraban en primer tér~
que resultan de ocultar y de ostentar un v:cio.
La civilización propende á engendrar y acrecentar que se quisiera apurar hasta las heces, son deberes 110 como exportadoras; pero de treinta años á ta ff&gt;
en el hombre el sentimiento del pudor; el hombre as- sociales, convensionalí~mos sal vado res del pudor públi- cha, las condiciones de lo.3 mercados internaclJ
pira sin lograrlo á. dejar de ser un animal, una sim- co, prescripciones ineludible1,; tte ese código del disi- se han modificado en perjuicio de los intereses de 11'
ple variedad zoológica. El desenvolvimiento de su in- mulo, del freno, del vafladar pasional que se llama la dos naciones. Algunos de sus grandes comprado
teligencia, de su poder sobre la naturaleza, el pre~o- urbanidad y que coopera á mantener al hombre en como los Estados Unidos, producen ya los objet08~
minio de su espíritu sobre su cuerp•&gt;, sus ae1pirac10- relaciones grl!.tas, útiles y nobles con los demás hom- consumen y exportan lo que les sobra, compltle u,
nes á lo noble, á lo puro, á lo ideal, hacen que lleve bres.
audazmente con el comercio europeo en algunos 1
como un fardo la inexorable fatalidad de .sus necesino basta reprimir y disimular lo que se siente y gares del mundo.
dades animales, de su organización fisi.m, de sus ins- lo Y
Por t&gt;tra parte, algunos pueblos agricultores
que se desea, sino que es fuerza también fingir y
tintos y propensiones bestiales. El hombre civllizado y mimar lo que no :Se experimenta, aparecer jovial desarrollado su industria de una manera prodlgl
es materia que quiere ser espíritu, un cuerpo que estando triste, mostrarse benévolo cuando se desea- Alemania, Austria-Hungr1a, Rusta, Bélgica YS
quiere ser una alma, un-bruto que quiere ser un Dios. ría causar mal, comer sin apetito, ballar estando b- luchan contra los franceses y los ingleses en el 11
El pudor no es más que la vergüenza de la anima.U-

\

EL MUNDO.

LA SEÑORA CHALIA

n:¡

En Francia hay dos
tenían.
Sin entrar en pormenores minuciosos sobre las
establecimientos de
transformaciones á que nos referimos, baste decir
alta ensefianza coque de 1872 á la fecha! los Est~dos Unidos han aumercial: la escuela
mentado sus exportacwnes casi en la misma suma
de estudios comerque represent~baen aquel afio la exportación francesa.
ciales de París y la
En Alemama ba aumentado en una tercia parte
escuela. superior de
el número de los obre_ros empleados en la industria:
comercio; las dos tieel a.lío :le 1882, los dt versos establecimíentos indusnen un total de cuatriales ocupaban cerca de seis millones de hombres y
trocientm, á quinienmás de uu millón y medio de mujeres; en 1885 había
tos alumnos. La enocho millones de hombres y dos millones y medio de
señan za comerci&lt;1l
mujeres ocupados en los mismos establecimientt s.
t:ene nueve estableEl problema tiene su solgción, según los que mejor
cimientos y menos
lo ban estudiado, en la inferioridad de la enseñanza
de mil doscientos
comercial francesa, ó si se quiere en la generalinción
alumnos. Si se agrede la enseñanza técnica y comerclal de las naciones
ga esta et fra á otra
rivales de Francia. A lo menos esa es una de tantas
igual dei.lumnos que
concurren á los estacausas y de las ~ás serias, p~es claro esta que también bao concurndo á producir el fenómeno diversos
blecimientos de en·
se ñ a n za eomercial
factores s~1ficiente~ente estu'.llados ya.
.M. Yan¡oul, sab10 ruso que ha publicado un estuprimaria, comprendio notable sobre los TOedios empleados por ¡08 Estaderemos por qué el
dos ~uropeos para desarrollar su comercio exterior
pueblo francés no ha
decía: se ha repetido que el maestro de escuela a.lepodido luchar ventajosamente con sus
mán ha desarrollado 1a fuerza brutal de Alemania·
le ha hecho á su patria un servicio mejor, el de favo~
adversarios en el coELNUEVO -lNSTITUTO ,DE COMERCIO DE LEIPZIG (ALEMANIA.)
recer con to~as sus fuerzas el _aumento de su capacim e r c i o internacional.
dad productiva en el orden rndustrial y comercial.
Meditad este pasaje del informe de un cónsul ameri- nómico del mundo, que lo estudie en todos sus porq_ue
sobre
todo
caracteriza
las escuelas eomer.
Lo
cano dirigido últimamente al gobierno de Wasbino-- men~r~s para que pueda saber á donde ba de lle- males fra_ncesas, es la falta de interés
de
ton: «Los progresos realizados en Alemania de veinte var u_tllmente sus esfuerzos y para que medite los los e:,tu_dws, lo poco que se les inculca á utilitario
los
alumnos
años á la fecha-período brevís1m&lt;) si se tiene en traba¡os y la marcha de bUS competidores extran- el esp;n~u de iniciativa y la escasa comprensión de
Jeros.
los !11ult1ples problemas que tiene que resolver el ne_Es lo que bao hecho en Europa alemanes y aus- gomd.nte, cuando emprende operaciones lejanas d
tria_cos, belgas .y suizos; millares de jóvenes de esas compra ó vent&lt;l_Y más que todo la energía de lavo~
naciones, bao adquirido uoa excelente educación Juntad. No recibe ei,os estímulos que Ja hacen tan
comerc_ial. Habl_a~ y escriben muchas lenguas vi- sorprendentemente creadores de maravillas en los
vas, tienen opmwnes preeisas sobre los negocios
países del Norte.
en ~rna palabra, están mejor armados para la lucb~
sabia del negocio moderno. Natural es que proEL OCULTISMO EN FRANCIA
gresen.
En 1850 los Estados que después han formado el
~on mot! vo de haber causado eu Francia grande enl mperio Alemán, tenían apenas diecisiete escuelas
tusiasmo
y,sensación el horóscopo hecho acerca del Code comercio que daban una ensei'ianza prima ria superior, ó secundaria. Actualmente, bay en Alema- manda~te Marcband por una charlatana adivinadora
nia setenta y tres e~cuelas de ensei'ianza comercial que reside en París, llamada Mme. Thébes y que gos~gundarfa y dieciseis escuelas su pniores de comer- za ~e ~!to crédito entre la gente supersticiosa, lo.;
c10, cuyos alumnos tienen el privilegio cuando pa- periódicos de Parí~ emprendieron una campaña for.
san los exámenes, de no mal para desautorizar Ja predicción. Para conseguiríi
hacer sino un afio el ser- lo, recuerdan que en los momentos en que llegó á su
vicio militar. Las dleci- apogeo el general Boulanger de célebre recordación
seis escuelas superiores e1;1 Francia por las engañosas esperanz,;s políticas que
d!ó Y. que fraca~aron ridículamente; pues bien, en
Se reparten en todo el e~as
c1rcunstanmas no faltaron adivinadores que biterritorio del Imperio;
me~o~
para el dichoso general un brillante horóscopo
á saber: seis en Prusia,
cuatro en Baviera, tres pol1t1co á )ª medida del deseo de sus partidarios, el
en Sajonia, una en Wur- cual contnbuyó no poco á producir los trastornos que
ocurrieron. Del tal horóscopo nada se reaHtem berg, una enHessey entonces
una en el principado de zó, como era natural.
Ahora los periódicos nacionalistas y antisemitas
Reuss. Hay ademásocho
establecimientos, gim- le han hecho gran ?&lt;Jmbo al de Marchand, propagánnasios, escuelas reales dolo como cosa s~na hasta los periódicos católicos
credo proscnbe las isupersticiones. 1•Misterios d'
superiores y escuelas cuyo
las pasiones políticas!
e
técnicas, que con los
Po'.
eso
es
laudable
la
tarea
de
poner
en
caricatura
mismos programas for- semeJantes farsas, y es en verdad hábil Ja táct·
man industriales y comerciantes. El número de los que toman como ejemplo el chasco ocurrI~~
de alumnos de todas las con el horóscopo de Boulanger puesto que de M
escuelas de esta clase, chand predice !ª adivinadora que será un héroe c~rdn
llega á doce mil tres- todas las :mahdades reunidas de Napoleón I
·Pyo
e
Boulanger,
pero
sin
ninguno
de
sus
defectos
cientos. En algunas ciu- cosa!
· 1 ca
dades la escuela comercial recibe subvención
LA ESCUELA SUPERIOB DE COMERCIO DE PARIS.
del municipio.
fuenta la antigüedad de la cultura alemana-sus ade. En Austria Hungría hay un total de cincuenta y
tntos e~ todo orden son verdaderamente increíbles. siete escuelas, con ocho mil seiscientos alumnos y
a activ1da~ de sus_Export Vei·eine, la energía de sus doscientas cuarenta y seis escuelas de perfeccio~a~entes, la ms~rucc1ón que se adquiere en sus escue- mlento á que concurren generalmente más de treinta
as, la puntuahdad ~n la ejeución de las 5rdenes co- y ocho mil empleados, agentes y meritorios de co;rerclales, la habilidad con la cual se anticipan á los mercio.
eseos de las otras naciones en materia comercial taEn Suiza el nivel de la enseñanza primaria es muy
1es son los factores de sus rápidos y seguros progreelevado, y en la segunda parte, destinada á los niños
sos ...... &gt;
De estas _cualidades, sólo una falta á los industria- de nueve á diecisiete aflos, además de las lecciones de
1es Y !1egoc1antes franceees, la instrucción técnica co- cálculo rápido y ,de teneduría ne libros, se les enseel francés, el alemán ó el italiano, es decir, una
~Cial. En Francia y en Inglaterra se ha desarro- fla
de 1as lenguas no habladas en el cantón en que está
O
clal menos que en Alemania la enseí'ianza comer- la escuela, y frecuentemente el inglés.
o ac~sá.ndose en igual proporción el descenso de sus
En Bélgica la ensei'iania comercial secundaria se
pe~amon~s come~c!ales con el extranjero.
Ju~ ;ntiguo. m1mstro de comercio de Francia, M. recibe en los a¡,eneos en el Institu Lo de San Ignacio de
los
o~he, dice: &lt;Ya no estamos en el tiempo en que Amber~s, que es una escuela de e?señanza especial
per~:gociant~s Y los industriales franceses podían es- comercial, y la enseñanza comercial superior en el
en s ~ranqmla Yseguramente en su cl\Sa que viniese Instituto de Comercio de Amberes.
En los Estados Unidos bay doscientos setenta y
mu!~! usca la fortuna. Tenían el monopolio de una
de}.,' tu~ de objetos y el mundo entero era tributario cinco E&gt;stableclmientos de ensei'ianza comercial algues u~tnc ª· Todo seha transformado·: la competencia nos de ellos de primer orden, á los que concurr~n más
es n ver9'."l Y se m~nifiesta hasta dentro del país; de cincuenta mil j,~venes, de los cuales el quince por
lo alecesano p~rsegu1r al comprador y jugar á quién ciento cuando menos reciben enseí'ianza comercial
dicioC:nzará primero y más lejos en las mejorescon- ve.?"daderamente su_perior. La ensei'ianza es práctica
apuca:S de enta que sea posible. Necesario es pues, hasta donde es posible, y los alumnos dirigen oficih,, dla en e º:den comercial, el método científico, nas, dau órdenes de compras y de ventas ejecutadas
co!erci de umv_ersal aplicación; necesario es 'J.Ue el por otras oficinas, hacen contratos, negocios de banante francés conozca á fondo el tablero eco- ca, etc.
ÜFICINA S'UPERIOR DE COMERCIO EXTERIOR, p ARIS.

1

�Domtniro 27 de Agosto de 1899.

Domingo 27 de Agosto de 1899.

EL MUNDO

EL MUNDO.

136

La parte española, que es la central
y oriental, formó la República Domt·
nicana, y afortunadamente no ha conocido los horrores de la guerra de
razas entre el elemento europeo y el
africano, importado en tiempo de la
dominación española. La población
blanca ó mestiza se ha unido con el
elemento negro muy numeroso en las
costas, y domina todavía en los valles
del centro y en la parte alta del país.
Esta es la República Dominicana, cuya
capital es la ciuñad de Santo Domingo.
El General Ulises Ileureaux cuya
muerte nos transmitió el cable, fué
asesinado por un ciudadano de la República llamado Ramón Cáceres. Heureaux ocupó el puesto de Presidente
de la República Domiuicana diecisels
aílos y estaba reelectv para el período
que debía terminar en 1901, pero se
creía en una nueva reelección.
Era extraordinariamente activo,
enérgico y de una firmeza tiránica á
veces. Pertenecía á la raza negra, y
descendía de un antiguo esclavo de la
parte francesa de la Isla.

EL GENERlL DE NEGRIER,

Una de las medidas más enérgica¡., y
dolorosas que ba tomado el actual Mi·
nisterio francés para conserYar la disciplina en el ejército, rué la remoción
del general de Negrier, prestigiado
militar de aquella nación y miembro
del Supremo Consejo de guerra. .
Muy discutida fue la determinación
del General Marqués de Gallifet, Ministro de la guerra al separar á uno de
los Jefes más estimados y más populares; pero para quienes sin pasión
pueden juzgar los acontecimientos, es
evidente que nada se impone tanto en
las actuales circunstancias como la
consevación del orcen y el acatamiento incondicional por parte del Ejército, de los acuerdos que dicte el Ministerio llamado á restablecer el equilibrio moral en la nación francesa.
El General Negrier, hoy una de las
figuras centrales y de las más simpáticas para los que erróneamente quieren sostener los priYilegios del Ejército contra las exigencias de la justicia

GUZ:MAN BLANCO,

EL GENERAL F. 0. DE NEGRIER.

UL1$ES HEUREAUX,

México

Moderno

CASA DEL SR. ToR;:;Es ÁDALID. -AVENIDA Ju~REZ.

Presidente do San_to Domingo asesinado ú.lt.lm11mente.

E.x-Presldente de Venezuela. ten Paris.

y los intereses-dei pueblo, es antiguo alumno deSaintCyr, establecimiento al que ingresó cuando apenas
contaba diecisiete años, por lo' que hubo de solicitar
dispensa de edad.
Pasó por los grados de Sub-Teniente, Teniente y
Capitán de Cazadores de Infantería, y el afio de 1870
su conducta excepcional y heroica en Saint-Pri vat,
en donde fué gravemente herido, lo hizo acreedor á
una mención y á la cruz.
Restablecido de su herida, siguió la campaiia á las
órdenes de Faidber vc con el grado de Comandante
del 24 batallón.
En 1879 recibió el grado de Coronel y se distinguió por sus brillantes campaii&amp;s en Africa y en el
Tonkin.
En 1882 fué ascendido á General de Brigada, y en
1885 llegó á divisionario poniéndose bajo su mando
poco después el 7 ° Cuerpo de Ejército.
Sus méritus le han valido ser gran cruz de la Legión de Honor, y fütimamcnte ocupaba un puesto
en el Consejo Supremo·de Guerra del que fué removido por sus violentas críticas contra el Ministerio
Waldek Rousseau-Gallifet, en perjuicio deladisciplina y del principio de autoridad.

ella dominan los negros y los mulatos desde la terrible
insurrección de hace un siglo durante la cual destruyeron, expulsaron y absorbieron la población blanca.
Al hacerse independiente le dieron al país el nombre
de Haití, con el que designaban los indios toda la isla antes de su descubrimiento por Cristóbal Colón.

L!.

Era hombre instruido, pues además de estudiar
muclio, tenía el don de la asimilación y una gran
fuerza en el trabajo. Bajo su gobierno la República
Dominicana vivía en paz, aumentaba su población 7
progresaba en todos sentidos.

CARICATURA EN EL EXTRANJERO.

EL GENER.1.L G1JZ1'1A.N BLA.NCO.

Este antigo Presidente de la República de ·, enezuela, expatriado desde hace varios años, murió últimamente en París en el palacio de su propiedad de
la calle de la Perouse.
'.renía setenta años, y desde el año de l 888 se retiró definitivamente de la vida pública fijando su 1esidencia en París, en donde contrajo vínculos de parentesco con la nobleza de !'rancia, pues una de sus
hijas se casó con el duque de Morny y otra con el
Marqués de Noé.
Como~soldado tomó parte en las agitaciones políticas de"\ eneznela, y en 1870 se apoderó de la primera
Magistratúra de aquella República.
Su nombae es uno de los má&amp; conocidos en la América Latina, y deja en ella el recuerdo de una larga
carrera de soldado y político que ilustrará la his•
toria de las revoluciones latino-americanas·

El Presidente lJlises H .e ureaux.
La gran Isla de Santo Domingo es en parte espai'iola y en parte francesa. La parte francesa que está
al Oeste y es la más pequeiia, pues ocupa próximamente un tercio del territorio, es la más poblada y en

¿De qué lado se inclinará la balanza?

ÜASA DE LOS SRES. EsCANDON -MIRADOR DE LA ALAll.EDA.
(New York Jierali.. )

137

�Domingo 27 de Agosto de 1899
EL MUNDO.
138

NOVEDADES CIENTIFICAS.
,._

Viajes lnterplanetarios.-La geografía y la vida del planeta )!arte.
-El progreso ideahzado.-Tr1unt~s de la Pe..t11gogla: uu perro
que sabe matemática~.

El ilustre astrónomo M . Camilo Flammarion hizo
su viaje de bodas en globo para obsequiar los imperiosos deseos de la desposada, quien impuso este fantástico paseo como condición esencial para dar t:! clásico sí. El primer beso de ·amor fué cambiado entre
estos novios ultra-idealistas, teniendo por alcoba
nupcia.l el infinito espacio azul , magníficamente engalanada con cortinajes de nubes prendidos con estrellas é iluminada por la «misteriosa lámpara de plata,&gt; por la infeliz luna tan habituada á tomar parte
de grado ó por fuerza en e¡;tas escenas, merced á la
arbitraria voluntad de los poeta!:..
Las más desenfrenadas fantasías de los románticos
quedaron muy por debajo de la espléndida y original
realidad de este viaje nupcial; imposilile parecía imaginar una fiesta de amor celebrada con tan absoluto
desprendimiento de la Tierra y sus miserias, puesto
que los de1,posados estaban á varios millares de metrot. lejos de ellas.
Pues bien, á pesar de la extraordinaria novedad de
esa excursión, el progreso científico pronto va á darnos algo mucho más interesante y grandioso. Cualquier novio del siglo futuro, es decir, de maflana,
estará en posibilidad de preguntarle á la novia, la
víspera de la boda, si prefiere ir á pasar la luna de
miel á París ó á Marte, á Niza ó á Venus. Así, como
suena.
Y este viaje podrá hacerse sin peligro alguno, sin
la menor molestia, sin t,emor á que un naufragio ó
un descarrilamiento corten en flor el idilio apenas comenzado.
Esto que parece inútil charla, es, por el contrario,
hermosa verdad cientilica.
Uno de los más curiosos fenómenos que ofrece á
los espíritus observadores el progreso de la ciencia,
consiste en su marcada tendencia á usar de la materia y de todo lo creado sin consumirlo, sin cambiarlo
de forma ni de lugar, de una. manera virtual, ideológica por decirlo asi. Por una parte, de día en día la
ciencia se bace más positivista y se funda exclusivamente en be.:bos materiales, pero al mismo tiempo
sus conquistas se inmaterializan á fuerza de perfec•
ciunamient:os, y esto que parece una paradoja, es sencillamente una consecuencia lógica del predominio
que la inteligencia humana va adquiriendo soore la
materia.
La luz artificial es un concluyente ejemplo de este
hecho.
El primer hombre que consiguió encender luz frotando uno contra otro dos trozos de madera resinosa,
consumió, además de la madera, gran cantidad de
fuerza animal, todo oara obtener una llamarada de
, coita duración, rojiza y fuliginosa. Pues bien, después de luengos siglos em pleados en variadíslmos ensayos á cual más deficientes para obtener una luz
artificial perfecta, abon casi ha llegado el bombre á
conseguirla puesto que con una caída de aglrn, unos

,

.

..... -

Ar Al'

Domingo 27 de Agosto de 1899.

animal pasó ya y terminó con el enfrla.
miento del planeta. Mart,e sólo recib,
cuatro novenos del calor solar que la
Tierra recibe, y añadiendo este dato al
aspecto de desolación y á la ausencia de
agua que se observan en su superficie
puede pensarse que nuestro vecino es u~
gran agonizante, próximo á convertirse
en un trágico cadáver condenado á flotaren el espacio basta que un fenómeno de
la evolución sideral lo convierta de nue.
vo en nebulosa, luego en cometa, má&amp;
tarde en wl ó en parte de otro sol, después comience otro período de enfrla.
roientr, lo embellezca la vida ani mal 1
vuelva al fin á conve1tirse en cadáver y
esto infinitamente y en períodos dette:U.
po ante cuyo cálculo retrocede la intell.
gencia humana, espantada más que porla grandeza de ellos, por la miseria de la
vida del hombre comparada con la de loa
astros.
Con que ya vemos que se puede viajar
por los espacios ideológicamente, como
pronto se viajará por laTierra, cuando el
telégrafo sin hilos, el fonógrafo y el cine.
matógrafo, formen un sólo aparato, máa
notable que las i,iete maravillas del mun.
do antiguo reunidas. Y esto no es una
esperanza, ni una probabilidad siquiera:
es un hecbo. Existe la telegrafla sin
hilos; la fonofr¡,ffa ya fué aplicada al telégrafo; también es un hecho la transmisión de las imágenes luminosas por medio del telégrafo, sieodü indiferente transmitir una sola fotogra•
fía ó muchas romo en el cinematógrafo.
Falta únicamente reunir en uno todos esos prodigios y entonc~s, para viajar, las cosas y las personas
vendrán por esenci", presencia y potencia bacia nosotros, y ya no será preciso que nosotros vayamos hacia
ellas.

carta hablada. Vino después la carta escrita en la.arillos, en tablillas de madera, primero desnudas y
luego recubiertas de cera, más tarde aparecieron sucesivamente el papir0, el pergamino y el papel, basta
que la electric!dad dióles el golpe mortal á tan groi,eros medios de transportar las ideas. El único veliículo digno de la palaora, verbo encarnado de la
idea, es la electricidad omnipotente y rápida cumo
***
ella.
Vaya otro hecho maravilloso
para confundirá los
Y dominada la luz con las conquistas de la ópt:ca detractores de los sistemas modernos de educación.
y de la química; domiaada la electricidad con los
DejanJo á un lado por inútil la discusión de si loe
avances de la física, é invadido el espacio y vencida animales tienen alma, discusión ingrata entre otraa
la materia basta en sus más tenaces resistencias, coi,as, porque ni sobre la naturaleza del alma humapor la marcha triunfal é incesante de las aplicacione,¡ na, ni sobre su existencia bay dos metafísicos en comde la fuerza eléctrica, dentro de poco desaparecerá la pleto acuerdo-, pasemos á los becbos.
necesidad de exponerse á los peligros de un viaje lo
En París anda el mundo científico alborotado por
mismo para conocer nuestro mísero planeta, quepa- un caso al parecer vulgar, y que por el contrario, eg
ra hacer una excursión par Marte, Venus y, más
gran trascendencia.
tarde, por los demás sistemas planetarios y basta deSe
trata de un perro que sabe aritmética. Por IU•
por las remotas consLelaciones ahora más bien adi- puesto que no es uno de aquellos perros sabios que
vinadas que vistas.
Cuando bace algunos años se habló de conocer la pasan por tales á semejanza de mucbos hombre.a,
composición química de los demás planetas y bas- sólo porque señalan casualmente un número con la.
No.
ta de las estrellas, hubo .:na sonrisa de incredulidad pata.
Es un perro que por la educación racional y metódespreciativa para semejante idea, entonces calificada de absurd). Ahora, mediante el análisis espectral dica de los sentidos, hecha mediante los más estrlose sabe, átomo por átomo, la naturaleza de los cue1- tos procedimientos de la pedagogía moderna, llegó f.
pos de qne se componen los milenarios babit,antes adquirir la noción del número y, lo que es verdad&amp;
del espacio, su anatomía y su fisiología, digámoslo ramente admirable, la de sus combinaciones.
El sabio animal suma, multiplica y divide, expre•
asf, nos son famlliares, y sabemos de ellos tanto cosando con ladridos los números que combina. Par&amp;
mo de nuestro propio planeta ó muy poco menos.
Un soñador, mejor dicho, el profeta de la Ciencia, comprobar la educación de sus sentidos, se le vendan
imaginó un maravilloso cuanto inverosímil relato de los ojos, se le dicen los números y él responde acertaun viaje á la luna. Entonces los sabios rieron de la damente; con los ojos vendados y sin decirle nada.
idea y basta hubo quien la discutió demostrando su
imposibilidad. Pero ahora nos dice la Ciencia: ciertamente, es imposible que el mísero animal humano,
todo debilidades, se salga de su medio y viaje por el
espacio; pero ¿es nec.;esario que su cuerpo viaje1 no
puede bacer que su inteligencia sea la que se lance al
espacio y viaje so:a, puesto que para ella no existe la
pesantez, ili necesita del aire oxigenado para vivir y
ningún peligro sabría alcanza1la ni hacerle daño
alguno?
Y 0omo decir y hacer casi es lo mismo para la Ciencia, be aquí las pruebas.
Para hacer e1 mapa de nuestro planeta fué preciso
que muchas generc:1,ciones de hombres de excepcional
energía, emplearan siglos en viajar, arrostrando dific1,ltades sin cuento y desafiando la muerte cien veces
cada día, y aun asi, no conocemos del todo bien la
geografía terrestre; todavía hay regiones inexplora- '
das y rincones misteriosos por estudiar.
En cambio, unos cuantos astrónomos, cómodamente
~endidos en l~ cha~se longue de sus telescopios, con
alambres, una ampolleta de vidrio y una chispa de pae1encia
pero sm nesgo, pudieron ya levantar el
su genio, produce una luz bellísima, la incandescen- mapa fidelísimo de todo un llemisferio de nuestro ve- •
te, y que no consume un solo átomo de materia aun- ci~o Marte, á pesar de los catorce millones de leguas
que brille durante siglos. Y todavía los hombres de que nos separan de él. Y nos enseñan con la certeza
ciencia estiman que esta luz es defectuosa, puesto de ~u becbo científico, que!º qu~ antes pareció vegeque produce calor, y lo estiman con tanta más razón, tación y agua en Marte, &lt;DI es cielo, ni es ami &gt; ni
cuanta que Nicolás Tesla, el glorioso sucesor de es
vegetación, ni es agua, sino ilusiones ópticas, puesEdison, anunció haber resuelto ya el problema de tas en claro por el espectroscopio. Agua la hay en
producir la luz fría, es deci:-, la última palabra que
pero en escasfsima proporción y según parece cuenta con una pata las bolas de un ábaco y baCt el
al parecer puede pronunciarse en la cuestién del alum- Marte,
toda en estado de vapor en su atmósfera.. Los llama- cálculo, siempre sin equivocarse.
brad0, desde que el primer hombre lo produjo casual dos
mares son grandes cuencas vacías por ahora. ¿ EsEl hecho es concluyente: la Pedagogía puede hacer::
6 deliberadamente frotando do,; trozos de madera.
Pues lo mismo que aconteció con la luz, tiende á tu vieron llenas, lo estarán más tarde? La vida ani- de 1,n bruto un sabio.
existe en Marte?
hacer la ciencia moderna con los demás problemas mal
Casi puede afirmarse que no y basta basándose en
M. Ro:llERO lBAfl.!l,
sometidos á su omnipotente fuerza.
las observaciones hechas, se hace la hipótesis de que
El primer hombre que quiso comunicarse con otro el estado ~ctual de Marte en punto á vitalidad, es
á distancia, tuvo que transladarse á donde estaba su muy semeJante al de la Luna, es decir, que la vida
semejante ó que enviarle un mensajero, esto es, la

EL MUNDO

139

1,

QJ

:if~. francos que en las pomposas fiestas del cas«En_esto, aparece una carroza dorada tirada
por seis caballos en 1
.
sus hijas tiernos, d r a ~ua 1 ib.t la castellana con
pollos· u~a ro ' e rna os y encantadores pimto. L_a· madre ::d~~~eª~~c~~l~e~auny pcá~~~~r{:c~

~;;~~~:º! ª~::~':

1
ia~r:cíta un soberbio _tulipán:
0
1egre reunión mte•
rrumpió sus ·
·
sus seflores; ~~tf~~• %a:~!clinóóco1;1 respeto ante
co~ la más ligera inclina ció:~: c11s~:z:.aludar ni
Al ver á las tres graciosas niftas
té: ¿¡Quiénes zlerán los jóvenes destin!:orr:g~~-

~~; ~;:r~~ ;~ri::;:sf'Serán

ª

poderosos caballe:

«¡Ilu u hud! ¡Escapo! ¡Vuelo!
«Los campesinos hicieron lo
molinaron danzand
que yo, se arreo er: torno de la hoguera· y
en tanto el carruaje escapó al g I
'
«A media n h
¡
ª ope.
nud
.
oc e, a levantarme dispuesto A reapar:~::u crrera, la altiva castellana se acostó
pentina
~evantarse. Una enfermedad reyo emplear pud:r:.on tanta presteza como la que

~º1:~r/

Da:!net:t~~~ ~~;::rsª~fa:º;~;:iiempo, V:aldemar

II
«A orillas del Gr

:e~

.
d~cf ~ viento, se leroa de asperón y
oria , e gruesos mupiedras, des&lt;le . u o c?n~zco una á una sus rojas
eutillo de Mar-~
s1r;1eron para construir el
lido, Y las tran:
ig, asta que éste fué demoeon ellas el cast8i';~ar;n más lejos para fabricar
y que aún se mantie!e orre?y, á que me refiero,
«Yo h
en pie.
á t d 1
barones ey conocido
á tudas
o os os altos y poderosos
han habitado· ero ~s. bellas castellanas que lo
hablar más q~~ de V e~imoslas. Hoy no quiero
QUd un tiem o lo
a emar Daae y de sus hijas
en 1111 cróni:as. poseyeron. ¿Cuándo? Buses.di~
vanta un viejo cast~~o

B I

Jr

«;Qué altiva era 1 f
«re real corría en a rente del seftor Daael Sanhacer algo más q sus v~nas, y era hombre para
ciervo. Tenía en ~e ~aciar la copa ó dar caza al
y cuando halla bas1 ;::,1smo una absoluta confianza,
•¡~odo se andará!» 3tá_culos ~ sus e_mpresas,q111lamente Y .
solla decir sonriendo tran•~u espo sm ~dar nunca del éxito.
pareeía una sa _vestia trajes recamados de oro Y
arroianeia por
r e1na ' cuando pasa ba con solemne
~ruatado de m de1 gran_salón, cavo pavimento in.
a er as fmas b ·¡¡ b
peJo.
Magníficos t .
ri a a como un estea y los mueble ap1ce~ colgaban por todas parde ébano y marf~I argst1camente cincelados eran
grandes iique 1. uando se casó traj0 en dote
lujoso era el c:: :i~n doro y plata labrada. ¡Qué
ta~a llena de los º. e Bo:rebyl Su bodega esrehnchaban f
meJores vmos y en las cuadras
PU.as y estim~~osos caballos de las castas más
«Tr
as.
ea graciosas nifias jugaban en el _parque,

d

das de su !aud y cantar, y no los antiguos cantos
da~eses,_ smo endecba_s y baladas extranjeras.
La vida y el movimiento eran incesantes en
el castillo; de cerca y de lejos iban á él l0s huéspedes.renovándose de continuo. Los festines se
suced1an, Y e~a tan ruidoso el choque de las copas, que se o1a desde afuera aun en los días en
que yo bramab~ con todas mis fuerzas.
«Albo~ozo, luJo y soberbia, de todo había ali'1
menos virtudes.
,
«Una vez, érase la noche del primero de l\IaY?• Y fº llegaba del Oeste. A mi paso me había
divertido a_rrojando los buques contra las costas
dde Jutland1a,
JI
1 en donde
.
. se estrellaban , hu n dºé
1 nos? e os Y as tripulaciones: luego desfilé por
encima de las vastas llanuras cubiertas de mato•
rrales, atravesé como un r ayo la isla de Fionia,
y llegué al Gra~ Belt, fatigado, jadeante, tosiendo. Estaba sediento de descanso y me acurruqué
en las playas ne Sel1rnda,cerca deBorreby áf vor del_s_ombrío encinar que había entondes e:
aquel Sltlv.
. «Los mozos del país andaban atareados recogiendo haces de leña seca, y los transladaban á
la pl~za de la aldea, lo, amontonaban y los encend1an; y ellos Y las muchachas cantaban y bailaban en torno de la hoguera.
«Yo soplé suavente sobre el haz que había traído el más ~puest_-- joven, sobresalió de la boguera una gav1ll~ de llamas, fulgurando como u
rayo; ¡Qué gritos de alegría dieron las mucha~
chas. El mancebo ganó el premio Y fué durant
todo el afio el gallito del pueblo, pudiendo esco:
ger entre todas l RS mozas la que más le pi
que no era por cierto la que lo esperaba. I ,asug~,
risas y e l a l borozo fueron entonces mayores y

;~:~ ~~b~~:::frobusto lleg~ áefobfeº;::~;º~Ff~~
raron las much:f;~/~ee~:e~~za _en seguida. Llollos y escudero
.
a ea, pero los vasaIágrimas. ¡Rabí:~~;:~~e;~:;or qué.llenjugar sus
hitd! y yo huí con .:)l]a.
a su se oral ¡Hu u« Volvía volv' á
á. descans~r cer:: d mJnudo á las costas del Belt
bosque de enci
~ orreby á favor del espeso
zas reales
nas. n este encinar anidaban garEra la pri~palom~s torcaces, cuervos Y cigüeiias.
ban s s
avera, algunas de esas aves incubala pol1fa.d!u6;~8; á las otras ya les había nacido
trepitosa· tüda i6pente se _oyó una baraunda es1 1
·desatinada, exh!ia!~! ªg~i~~s ~ol~ti
I se dispersó
ra Resonab I h
e O1or Y de cóleel ·bosque ibªa ~ a!cha sobre los robustos troncoe:
saparecer. Valdemar Daae
h bí
ta a propuesto construir un soberbio navío ;e
e~e:e;use:~~s~~ma~~v~o: : guerra, seg~ro de qu!
decretó la des!parición d!l buen precio. P0r eso
espeso bosque que

�EL MUNDO.

140

era á. la vez abrigo de las aves, seftal preciosa reunirse grandes handadas de cuervos y grajos á
para los navegantes que andaban por aquellas cual ml\s negros, que se refugiaron en el na~o
abandonado sobre la playa: la muerte pareci_a
costas sembradas de escollos y peligros.
reinar
en. él. Empezaron á lanzar roncos gra~t"l•
«Los buhos huyeron los primeros; sus nidos
fueron destruidos. Luego las garzas, los cuervos dos: hablaban del hermoso bosque destruido
y el resto de aves y pájaros se decidieron A aban- inútilmente, de todas las aves que ~o alegraba~
donar un sitio en el cual centenares de genera- y que se habían dispersado, de los nidos destruiciones de PU raza por espacio de siglos enteros dos y del gran número de pequef!.~elos que ha•
habían tenido un domicilio inv~olable. Antes de bían muerto en tan terrible catachsmo, todo por
partir revolotearon á. bandadas, formando gran- una masa inerte, por el famoso navío que no ha.
des círculos y exhalando agudos gritos de furor. bía navegado nunca.
"Yo arremoliné la nieve que se extendió como
Yo les entendía perfectamente. Las cornejas gri•
taban: «Crah, c1•ah! . ..... nuestra casa cruje. un vasto sudario en torno del navío, Y se pos_ó
sobre los mástiles. LuE&gt;go soplé con todas mis
C1·ah, ci·ahf.,.
«Entre los •roncos derribados, Valdemar Daae fuerzas, y si bien nunca se balanceó en las olas,
y sus tres hijas contemplaban la obrad~ destru~- bien p"onto supo lo que son las tempestades.
ción, riendo á carcajadas de los salvaJes queJl· ¡ Ifü-it hud! ¡ [Th uh ith!
«y pasó el invierno y luego el verano; los
dos de tantos animales. Sólo Ana Dorotea, la más
pasaban volando, como vuelo yo,_ c~mo vuedías
joven, tuvo un rasgo de piedad, al ver que f ban
A cortar un árbol medio seco, en el cual tema su la la nieve, y f-.n seguida las flores y ult~mamen•
nido una negra cigüefi!l, Vió la niila A los peque. te las hojas de los árboles. Todo desfila, todo
fl.uelos asomando sus cabezas amedrentadas, Y vuela, todo pasa, ¡ Uhuh! y desfilan y vuelan Y
.
con los ojos humedecidos suolicó por ellos, y pasan los hijos de los hombres.
«Pero las hijas de Valdemar Daae aun no esel árbol salió ileso. Por lo dem!l.s, era muy poco
tab1rn prontas á. tomar el vuelo.
lo que valía.
«Ida resplandecia, joven y lozana, cual una
rosa recién abierta; así el pobre constructor d?l
navío la imaginó un día, así la adoraba. Yo sol~a
sorprenderla absorta y pensativa sentada baJo
los manzanos del huerto. Á mi aliento ondulaba
su obscura cabellera; se la cubría con las hojas
blancas y sonrosadas de los Arboles; y no se cu•
raba de ello, permaneciendo inm6vil Y_ contc.m---.¡
plando al través del follaje el sol pomente Y el
horizonte encendido como una fragua.
_}
'&gt;"" 1
«Su hermana Juana era alta y esbelta cual una
v· /,?
anémona y radiante de belleza; pero por su tie/J
sura recordaba á. su madre. Gustábale pasearse
"7-,
por la gran sala de honor, cuyas paredes cubrían
los retratos de sus nobles antepasados. Llevaban
las damas ricos trajes de terciopelo y seda Y un
sombrerito cuajado de perias sobre sus extraiios
tocados y resplandecía en ellas la más arrogante
«Arrasado el bosque, sucediéronse algunos me- belleza. Los caballeros llevaban cor11zas de aceses de incesante trabajo; era menester aserrarta• ro con embutidos, ó soberbias capas de pieles,
blones, pulirlos, ajustarlos y clavarlos para cons• una espléndida condecoración pendiente del cuetruir el navío de tres puentes. El arquitecto era un llo y la e•pada al muslo v no á la cintura, según
pechero; pero no estaba de ello menos orgulloso,
moda antigua.
y con razón, pues en su frente y en sus ojos bri- la «1,Qué
sitio oeuparía con el tiempo el retrato
llaba la inteligencia. Valdemar Dnae le escucha• de Juana, y qué traje llevaría el noble caballero
ba siempre con agrado, y su hija Ida, la mayor destinado á ser su esposo? Esto pensaba, y yo la
(tenia quince a:llos), sonreía al oírle.
oí hablar consigo misma, un día que encontrando
y en tanto que fabricaba el navío, el joven ar- una ventana abierta, me colé en la sala de los re•
quitecto hacía castillos en el aire, deseoso de entrar en ellos en compafiía de Ida. Fácil le hubie- tratos.
ra sido, teniendo esos castillos robustos muros
de piedra, grandiosas salas bien decoradas, extensos dominios A su alrededor, granjas y bosques.
«Pero no estaba en este caso, y á pesar d.e su
gallardía y de su inteligencia, el joven arquitecto no encontró mejor acogida entre la noble familia, que un gorrión que pretendiera alternar
con pavos reales. llu u-hud! El se fué y yo también.
«Acabado su empeiio, al salir de Borreby, la
hermosa Ida le lloró por espacio de 1ma semana;
mas luego se resignó con los golpes de la suerte.

'í

=

III
Relinchaban en la cuadra los a1rogantes corceles de pelo negro y reluciente. Eran unos soberbios animales. Cuando yo no tomaba mi andar
mAs rApido, luchaban conmigo en celeridad. Des•
de lejos venían las gentes A admirarlos. El almirante enviado ¡.'Or e-1 rey con objeto de examinar
el navío y adquirirlo si lo encontraba conforme,
hizo de ellos los más cumplidos elogios. Yo lo oía
todo: él y Daae se paseaban por la playa hablando del navío, y yo amontonaba en torno del sefl.or de Borreby las dispersas pajaJ de color de
oro, pero no es oro todo lo que reluce, y el oro
verdadero que él codiciaba, le escapó. El almirante deieaba poseer los arrogantes corceles, por
eso los encomiaba tanto; pero no fué comprendido y el navúo quedó por comprar, y como sólo
era propio para el rey, permaneció en la arena,
rual cubierto de tablas, cual nueva arca de Noé,
sin que jamás flotara 11obre las ondas.
«¡Hu-n-hud! ¡Escapo!¡ Vuelo! lfü•it por el frondoso bosque, arrasado inútilmente!
«Llegó el invierno, aiiadió el viento, y cuando
los campos se cubrieron de nieve y el mar de
témpanos y yo rugía A lo largo de ~a costa, ví

«Ana Dorotea, el pálido jacinto, era una nif!.a
de catorce aiios escasos y permanecía siempre silenciosa. Sus grandes OJOS azules y profundos
como el mar lanzaban miradas p,.msativas, y en
sus hermosos labios brillaba la dulce sonriaa de
la primera juventud. Por nada del mundo hubiera querido yo marchitarla.
«Sin cesar la en contra~a en el jardín, en el parque y hasta en los campos, cogiendo flores y yer•
bas de las que su padre hacía gran uso para des•

Domingo 27 de Agosto de 189_9.

Domingo 27 de Agosto de 1899.
tilar remedios y breb~jes. Si estaba Val demar·
Daae saturado de orgullo, no estaba menos lleno
de ciencia, conociendo los secretos de l~s plantas
y las piedras y de toda la naturaleza, circunstan.
cil. harto rara en aquellos tiempos, por ~o que se
contaban misteriosamente cosas muy s10gulare1
de su vasto saber.
«Ni en los días
mAs insoportables.
de verano se apagaban las hornillas
de su laboratorio,
en el cual permanecía encerrado día y
noche, de bruces
sobre sus retortas
y crisoles. No hablaba nunca A na•
die del objeto de
sus investigaciones,
pues ha.,.to sabia
que para hacerse
duell.o de las fuer,
zas de la naturale•
za, es preciso guardar el silencio mb
absoluto. Sin embargo aspiraba á poseer el arte
supremo, y creia tocar á su ~érmino, que no era.
otro que ooder hacer oro roJo.
.
«Por eso 111. r.himenea humeaba de contmuo.
¡Qué fuego! ¡Qué llamaradas! Yo solia mezclarme
en el asunto, y soplando por el tubo de aquella,
cantaba: «¡Escapa, huye! Todo se irá. en humo y
cenizas. Que te abrasas, que te abrasas .... . .
Hu u hud! ¡Escapa, vuela!&gt; Pero Valdemar se
sostenía con tesón y no quería soltar su presa.
«Y los ricos corceles ¿qué se han he:!ho? ¿Yqu6
las copas de oro y las vajillas de plata sobredo•
rada, y los ganados, y las granjas 7f las alqu~rias?
Todo se ha derretido, todo se ha 1do vendiendo
para alimentar el insaciable crisol, empeiiado
en no restituir una sola partícula del oro que de•
vora.
.
cGranjas, bodegas, graneros y armarios v~n
Jimplándose sucesivamente, desaparecen los criados, y aeuden los ratonet1 en su lugar. Se rompe
t.n cristal salta otro, y yo ando á mis anchas
por la antigua morada; ya sin necesidad de espe•
rar que abran una puerta, ni de deslizarme por
la chimenea, entro y salgo á mi gusto. Sop_lo al
través de la puerta de honor, re..onando m1 vo&amp;
como la bocina del guardián, pero y a no hay guardián: hago volte..ir la veleta de la torre, con_un
rumor estridente y bronco, como los ronqwdo•
del vigía, pero ha tiempo que ést~ ~artió, y loa.
buhos y las comadrejas son los umcos moradores de la altiva torre. Se desgoznan las puertas~
se hienden, se resquebrajan, se destrozan. Y aaí
entraba y salía, aiiadió el viento, y por eso pude
enter/lrme de todo.
«Sin separarse de t:ntre el humo y las ceniza•,
la espectacióL, la fiebre y las vigilias corroían el
cuerpo y el alma de Valdemar Daae: su cabeza y
su barba se le llenaban de canas, pero al igual
que en la hornilla de su laboratorio, no se apaga·
ba nunca la llama de aus ojos, brillando con loa
salvajes destellos de la codicia y de la insaciable
sed de oro.
«Y en el crisol nada, siempre nada: ya nada
quedaba por vender, las deudas se acumulaban;
y yo cantaba alegremente al través de los crista•
les rotos y de h1s grietas de las murallas y me re•
volvía por los cofres de las seiioritas en donde
yacían revueltos y ajados los ricos vestidos de
otros tiempos, los únicos que tenían y que ya ne&gt;
podían reemplazar con otros.
«No habían oído cantar nunca esas orgullosas.
niiias la antigua balada- «Vivieron en Jauja Y
murieron de hambre,» --y no obstante esto es loque les sucedía.
« Y yo andaba cada vez más suelto por el CU-tillo, soplando melodiosamente por los largos CO·
rrer!ores. ¡Qué extranos sonidos! Pero harto •
nían que hacer para escucharme. El invierno era.
glacial y yo arremolinaba la nieve en torno del
castillo, pues según dicen esto resguarda del frío;.
todo inútil: las tres seftoritas, sin lef!.a con qué ha·
cer fuego desde que desapareció el bosque, pasa·
ban todo el día en la cama.
«Valdemar Daae también tiritabl:I; pero ni el
hambre ni el frío bastaban á dominar su orgullo.
«En vano yo le decía» ¡lfa-u-hitd! Escapa! Huye!,,,.
él permanecía impávido.
-«Tras el Invierno viene la primavera, exela«maba; después de las penas las alegrías. ¡PacieD·

«cfal ¡Paciencia siempre! El ca11tillo y sus domi.
«nio• eatAn empef!.ados á los usureros, se agotan
clo• recursos ... ¿qué importa? La hora del triun«fo , e acerca: el oro va á aparecer en el crisol,
,me consta, serA por la próxima Pascua, así lo he
«leido en las estrellas del firmamento,.,.
, Viendo un día á una aralia hilando su tela, le
dijo:
. f a t·1gabl e t eJe
. d orll l T u· me ense- «Tenaz é m
«llal 11 tener firmeza. Si la telaraiia se desgarra,
, en seguida la recompones; la arrancan y vuel«ves A empezarla y la terminas. Yo haré lo mismo,
•Y no ha de faltarme la recompensa. »

EL MUNDO.

141

en el castillo durante su vida• pero rehusó esta nueva humillación. Y ento~ces ví al señor
Da~~• un día tan opulento y después sin abrigo,
cruJir su cabeza como nunca altiva y abandonar
con firme paso la morada de sus :nayores. ¡So-

l. if)~1'.

"~~

IV

«Erase 11' mafiana de Pascua, y la11 campanas de
la vecina iglesia sonaban alegremente echadas á
vuelo; hacía un sol espléndido, y todo respiraba
~
fiesta, Sólo Valdemar Daar. se consumía en la
fiebre y la congoja. Había pasado la noche en
vela, fundiendo y dejando enfriar, mezclando y
de1tllando, y mezclando nuevamente. Yo oía sus
suspiros de desesperación, intercalados de blasfemias y oraciones; luego permanecía inmóvil y
retenía el aliento, contemplando la fusión que se
operaba en las retortas.
«Se apagó l&lt;t lámpara,
y no lo notó siquiera.
Se sopl11 ba el fuego de
---.;_
\ " -~' .,,
la hornilla, y un rojo res f
r(:_;- , ... . ,..
plandor iluminaba su rostro
como la cera.
- fl , -,~ - Susblanco
ojos hundidos esta- berbio espectáculo que me impresionó tanto que
ban fijos; pero de súbito me hice atrá.s para franquearle paso, hasta 'des): 'e,~&gt;f
se abrieron, se dilataron gajar una robusta rama de uno de los viejos tilos
A .
{::
/
y parecía qne iban á es- del patio!
A
tallar.
«Terrible era aquel instante y se necesitaba un
7
- «¡Hé aquí por fin g~an !emplc de alma para sobrellevarlo con digel vidrio alquímico! ex- mdad, pero Valdemar Daae tenía el corazón de
clamó. ¡Cómo brilla en roca.
la retorta! ¡Qué puro es
«Ni él ni sus hijas poseían más que los vestí•
y qué macizo!» Y con sus dos que llevaban. Pero no, poseílln aún una nue/
trémulas manos levan• va retorta comprada á fuerza de privaciones, en
tó el recipiente, vaciló la cual conservaban los últimos restos del prevencido por la emoción, y ciosc producto alquímico, ,lUt: hr.bían logrado
balbuceó: «¡Oro... ,. oro!.,. recoger del suelo.
«Estaba tan poseído del vértigo, dijo el viento,
«Valdemar Daae la estrechó contra su seno con
que yu habría podido derribarle al mAs leve so- el mayor cuidado, y el seilor un tiempo tan rico
plo. Cuando hubo vuelto en sí, seguí sus pasos. y tan temido, salió del castillo de Borreby con
Se dirigió A la sala en que se hallaban sus hijas sus tres hijas. Sus mejillas ardían de cólera reeatrechl!mente agrupadas para resguardarse del primida; pero yo se las refrescaba con mi suave
frío. V11ldemar llevaba los vestidos cubiertos de aliento, jugueteaba con su luenga cabellera cana
ceniza y en desorden su cabellera y su luenga y le consolaba cantando~ IIu u hud! Escapv, Vitebarba. Se irguió con aire triunfante y levantó en lo! Pero quizás con ello no hice más que recorlo alto la retorta, y con ella el tesoro que tantos darle su opulencia que había volado también, coafanes y sufrimientos le costara.
mo arrastrada por una ráfaga lluh-u-hud! IIu-ih!
- «¡Albricias! gritó. ¡Es oro!. .... . Vedlo! Es
«Ida marchaba al lado de su anciano padre,
oro!» Y sostenía sobre su cabeza la retorta que Dorotea en pos de él y Juana detrás de todos.
herida por la luz del sol brillaba como un as- Esta al pasar los dir.teles de la puerta, se volvió
tro. Pero, ¡ay! ésta se desprendió de sus trémulas para lanzar una última mirada al lugar en que
~•nos, Y se quebró en mil fragmentos. Su pre- había vivido en el lujo y la opulencia, y aunque
cioso contenf~o se derramó por el suelo, y filtró sus ojos no se humedecieron, este rasgo de altipor las rend1Jas del pavimento. El júbilo de Val- vez no ablandó á la suerte.
demar Daae du;ó lo que una pompa de jabón, se
«Recorrieron el camioo que tantas veces ha•
evaporó en un mstante.
bían seguido ·en carruaje; mas á la sazón se les
•Hu-ii-hucl! Escwpu! Vuelo!
· hubiera tomado por una familia de mendigos.
•Y salí volando de Borreby.
Atravesando campos y breiias, llegaron A una
choza de fango, que habían alquilado por un escudo y medio anuales, y allí se instalaron, ein
V
muebles, sin ml\s que las paredes desnudas, co•A fines de Otoiio volví por aquellos parajes, y
como estaba de buen humor arremoliné las nube,, despejé el cielo y desgajé y arrastré las ra~8 Becas de los árboles, tarea poco ditícil es
fierto, pero que constituye mi trabajo de todos
os allos. Y debía cumplirlo.
•También la desventura había cumplido el su~n Borreby. Owe Ramel, el sell.or de Basnaes,
P &amp;cable Y m~rtal enemigo de ValdemarDaae
~cab~ba de presentarse provisto del título hipo~
0 , por el cual se le transfería la propiedad
e •~fiorío, del castillo y de todo cuanto este ena. Yo -~e deslicé por entre los cristale3 rorrtlrnbce crnJir _las viejas puertas de goznes hedij /~osos Y silbé al través delas grietas y rendía~ u ht hl! Qué baraundal Trataba con mis
del duraa de ~acer desistir al noble Owe Ramel
llo f eéseo d? mstalarse en Borreby. Inútil empea el mio.
yA D
lo •Ida
Jua
na- orotealloraban amargamente. Só- mo las del castillo que acababan de abandonar.
Paeata ª!ron_ta_ba con altivez esta desgracia, Cuervos y grajos revoloteaban á bandadas, grazel PUlg n pie, h vida de de&lt;Jpecho y mordiéndose nando con voz agria: C1·ah, c1·ah, crah, c1·ah, co•O ar hasta hacerle brotar sangre.
mo cuando arraaaron el frondoso bosque.
we Ramel ofreció A Valdemar dejarle vivir
«El sell.or Daae y sus hijas oían esas voces bur-

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lonas, ¿mas qué les importaba después de lo que
habían sufrido?
«Allí les dejé, en esa choza miserable, para
conLinuar mi tarea, arrebatar las hojas secas de
los árboles, barrer las nubes, amontonarlas, derretirlas en lluvia, agitar las olas del mar y sumergir los buques.
«Jlu -u-hup E.scapo! Vuelo!»
VI
Qué fué de Valdemar Da11e y de sus hijas?
. ~Medio siglo había trascurrido cuando vf por
ultima vez á Ana Dorotea, el pálido jaeinto de
otros tiempos, envejecida y encorvada. Había
sobrevivido A sus hermanas y se acordaba de
todo.
«Asomada al balcón del hermoso castillo del
preboste de Viborg, se hallaba la noble dama de
la casa en compailía de sus hijas, contemplando
la vasta y árida campifla. Sus miradas se fijaron
en un árbol aislado en .medio del yermo, del ~ual
pendía an nido de cigüeilas y que tenía adosada
al tronco una cabafia destartalada cubierta de ramaje y mmgo y peor conservada que el nido.
«Cuando pasaba por allí, reprimfa el aliento
para no disp&lt;1rsar los restos del miserable albergue. Era el único obJeto que se destacaba en el
pai_saje! y á n~ ser por e_l n~do, pues el ave de Egipto 1_nsp1raba cierta curios1dad, habrían desaparecido el árbol y la cabaiia. Gracias al nido de
la cigiieila, la pobre viej~ tenía un abrigo. ¿Era
esto en recompensa del mterés que siendo niila
había demostrado por el nido de la cigüeila? Así
lo creia ella, pues se acordaba de todo
«¡Ay de mí! oí que suspiraba. No tañeron llls
«campanas por tu entierro, infortunado Valde«mar Daae, ni acudieron los niiios de la aldea á
centonar los salmos cuando fué enterrado el úl«timo vástago de los nobles y poderosos señores
«de Borreby.
. «¡Ya ~abía él que nohabían de honrar su cadá«ver! _No obstante víó la muerte con alegría. To«do tie:°e fin, ha_sta la miseria. Nada logró abatir
«su altivo espíritu, hasta que mi hermana Ida
«v_encida por los sufrimientos y privaciones, con:
«smti_ó en casarse con un labriego. Esto fué de«masiad~ para V~ldemar Daae. ¡Su hija, mujer
«de un siervo, SUJeto al impuesto y adscrito al
«terruño, á quien podía su sefior clavar en la pi«cota, á la menor falta! ¡Cómo no había de esta«llar el !loble corazón de Valdemarl Ida, se libró
«del hambre, pero murió de pesar y de ver1?uen«za. tOh, en_vidiable suerte la tuya! ¡Yo sola no
«puedo morir! ¡Seiior, Seiior misericordioso, li«bradme de esta larga tortura!»
«La otra hermana, ailadió el viento, la altiva
Juan8., dotada de un ánimo varonil y un corazón. ente~o. se vistió de hombre. Como las penas
h~b1an aJado su belleza, con este traje nadie podia tomarla por una hembra. Se alistó en un buqu~ en calidad ~e mari~ero. Siempre sombría y
taciturna, trabaJaba de firme y no mereció nunca reprensión alguna. Se limitaba á recibir el salario Y á multiplicarse en la maniobra. Una no,
che de tempestad, la barrí de á bordo. Yo creo
que obré bien y que le presté un favor.
VII

«En una maiiana de Pascua, tan risuefl.a como
aqu~lla en que Valdemar Daae creía haber descubierto el secreto de hacer oro, oí un canto en
la cabaf!.a que había al pié del nido de la ciguüeña. ¡Dulce y conmovedora era la voz que lo entonaba, como el rumor de las cafias cuando yo
las acaricio. 1Era el último canto de Ana Dorotea, que estaba mirando la campiña por la única
abertura Je su albergue; el sol brillaba como
una esfera de oro, y á este espectácuto se amontonaron_ en su alma todos sus recuerdos. Exhaló
un su_spiro: fué el último; su corazón se partió,
sus OJOS se cerraron para siempre.
«Yo solo canté en su entierro, aiiadió el viento. Yo solo conozco donde está su sepultura y h
de su padre. Nadie mAB lo sabe.
«En el día pasa una línea férrea por el sitio en
q~e descansan: ~n largo tren de wagones se aprox_ima con estrépito, pasa, y se alej~. Aún se percibe el rumor: ¡IIit-ii-hucl ¡Escapo, vuelo!
«Y yo hago lo propio.
«Se acabó la historia.»
.ANDERSEN.

�Domingo 27 de Agosto de 181111

EL MUNDO.

142

[J1] fj_J
-era el nombre de la muertecita, y de la vie,ja casa de provincia que
babitAbamos entonces, ella en el tercer piso y yo en el segundo, y el
jardín de la casa y el circo de montaft&gt;ts volcánicas
que se ve en el horizonte de todas las calles. Recuerdo el color casi negro de la lava de que está
hecha la ciudad, las cailejuelas sobre cuyo empedrado suena el sordo repiqueteo de los suecos de
los campesinos que vienen al mercado, la Catedral que dominaba la ciudad sombría, y otros detalles: en el piso bajo de nuestra casa un pana•
dero que cocía tortas de pan en forma de trébol,
un herrador en cuyo esta ble cimiento los brazos
·d esnudos de los operarios descargaban martillazos sobre el hierro enrojecido entre un torbellino
de chispas; delante de las ventanab la eotatua de
un general de la primera república atacando sa-

Aunque apenas he llegado á esa edad de que
habla melancólieamenre el poeta:
Nel mezzo del cammin di nost1·a vita . ...
teugoigual númerode amigossobre la tierrayba•
jo de tierra, y en ciertas épocas del afio, cuando
irnuncian fiestas las calles y loa calendarios, los
hogares y los ojos de los nil'us, me acuerdo con
singlar ternura-y á veces también con tristeza,
de aquellos para quienes no habrá ya días de
fiesta. ¿Cómo pensar en los muertos, sin sentir
el remordimiento de no haberlos amado suficientE&gt;mente cuando vivían? ¡Cuántos rostros fami·
liares evoco en esos momentos! Unos, fatigados,
envejecidos. hollados por el tiem,-10; otros, jóvenes, con la frescura de la gracia adolescente: iªYl
son iguales la juventud y la vejez en la sombra
eterna que los envuelve.
Despué,, como el que visita un museo, acaba
por detenerse á contemplar una tela de tantas
. ,,
que ha recorrido, yo elijo entre esas sombras una
r '.: ,
fisonomía ó un recuerdo. La fisonomía se ha•
,%'...ce palpable y el recuerdo se precisa basta acele
+ l,
rar las palpitaciones de mi corazón. La púrpura de la sangre tiil.e de nuevo las megillas
para siempre descompuestas; se llenan de luz
y miran las pupilas apagadas, los labios tiemblan
y tal parece que ya van á sonreir, A hablar ....
He aquí las manos, f&gt;l cuello, una silueta, una respiracióu, un alma. Es una semi alucinación tan
poderosa: que les tengo miedo á esas crisis de la
memoria, á causa de las inevitables visiones que
pueblan el sueño de la noche siguiente. ¿P!lro
quién no ha sentido después de un entierro, esas
pesadillas obscuras, tan extraftamente mezcladas
de delicias y de terror, en las que se ve á los
muertos con la doble sensación de su presencia ble en mano al enemigo, y mi amiga Alina vestireal y-de q'ué esUn muertos? Hablamos con da de luto-su madt'e acababa de morir cuando
ellos, los abrazamos, vivimos con ello~ la exis- su padre viuo á habitar la casa-y en derredor
tencia cuotidiana y recordimos al propio tiempo de elli,, el jardín que filé el asilo de nuestros más
el fúnebre cortejo que seguimos ó que presidí• hermosos juegos.
mos · acaso, sin comprender como están con nosotros sabiendo que están allá.
El jardín pertenecía á la propietaria, anciana
Ignoro si todos
son víctimas has- muy piadosa y enferma que nunca bajaba á pata ese grado del searse por él. Veíamos su perfil ennoblecido por
doloroso reflujo dos largas inglesas blancas y tocada con un bonedel pasado sobre te de cintas claras. Se asomaba á la ventana del
el presente. Es primer piso, uno de ct.yos crütales era de color
de creerse que glauco, diferencia de matiz que daba un aspecto
no, puesto que
tantos ancianos
sobreviven alegremente A sus
compañeros. Mi
destino quiso que
siendo nifto viese
partir á algunos
seres queridos,
y aun entonc,s
seguía amán•
dolos. Y desde
aquella época, en
la que cada día parece una nueva existencia, tuve
en mi memoria numerosos aniversarios, Para no
hablar sino de uno entre tantos, diré que desde
que tenía diez y seis anos, el día de Navidad,
tan lleno de alegría para los otros niftos, me trae
el recuerdo má.s mehneólico, el de una nifta de
mi edad que murió dos días antes de la fiesta, y
que habfa sido mi primera amiga. Aun hoy, que
han transcurrido más de veinticinco alios, y que
tengo otras cruces para las cuales llevo c:&gt;ronas de vejez á su rostro siempre inclinado sobre un
al cementerio de los afectos muertos, cuando lle- libro de oraciones ó sobre una labor de gancho
ga esa época del afio, evoco el recuerdo de Alina, destinada á los pobres. Más allá del jardín, que
'

0

.,

m
~

lindaba con otros, las montaftas levantaban sus
conos truncados y sus cimas esféricas, y se vPian
á lo lejos, en las cumbres, las siluetas de caati•
llos fortificados. Podría yo dibujar el jardín con
sus hileras de boj, sus groselleros cubiertos de paja
en el otofto y sus perales abiertos como manos A
lo largo de las tapias. Sólo con pensar en ello
siento el aroma del arbolillo del fondo , A cuy~
sombra se sentó Alina una de las últimas tardes
en que pudo salir, tosiendo fehrilmente y pAlida
como las flores del arbusto. Recuerdo también
las filas de rosales sostenidos sobre delgadiaimQS
troncos, y cuajados en la estación prcpicia de
magníficas rosas de corazón purpúreo y otras en
botón, cuyos pétalos abría yo con mano curiosa.
«Ah, Claudio, eres muy malo! me decía Alina, la&amp;
mataste!» Creo que no he visto después mariposas como las que revoloteaban en derredor de
aquellas flores, aunq.u e no eran de las más raras.
Las perseguía con er.carnizamiento de cazador,
aunque Alina no me permitía clavarlas con alfl.
leres como yo quería, y cuando le llevaba alguno
de esos insectillos, cogíalo para admirar la dell•
cadeza de los matices y luego abría la mano y lo
veía escaparse con au vuelo desigual y giratorio,
Estos eran los placeres del estío; pero nos encantaba tambíé..:. bajar al jardín en invierno, cuando
la nieve borraba las formas de las avenidas, cuando la escarcha nocturna hacía puñales de hitlo
en las ramas y cm los muros, cuando ponfam('B
en obra nuestro proyecto, siempre irrealizable,
do construir con nieve una verdadera casa en
que pudiéramos abrigarnos Alina, yo y, ¿lo diré?
•una grim mufteca que ~enía, y á la que llamaba
alternativamente «María&gt; y «nuestra hija,» una
maravillosa mnfteea de ojos azules con pestatlaa.
verdaderas, de megillas sonrosadas, de c1tbellos
de seda blonda, de piernas y brazos articulados,
en fin, un precioso juguete que me habría cubierto
de eterna vergüenza si mis compañeros de liceo
hubiesen podido sospechar su existencia. Pero
cuando estaba con Alina ¿qué cosas no hubiera
techo yo por complacer á aquella hermana que
el azar de la vecindad me deparaba?
El encanto de Alina se cifraba en una especie
de dulzura seria que hacía de ella una niiia muy
diferente de todas las que he conocido desde entonces. E ra pequeftuela delic·1 da, frágil y lo
he dicho ya, muy plllida, con una palidez que
oprimía el corazón 111 pensar que su m11dre habfa
muerto de una enf-rmedad del pecho. Desde
aquella época tenía la gravedad precoz d" las
criaturas destinadas á morir prematuramente, y
ese aspecto de e-olución cumplida que las dis·.
tingue. La mesara que aquella pequeftuela de
nueve aftos ponía en sus acciones mas inslgnifi•
cantes, la modestia de su ademAn, el orden meticuloso conque colocaba los objetos en su derredor, una antipatía involuntaria para los juegos ruidosos, la prudencia irreprochable de su
conducta, la sensibilidad visible de su ser íntimo;
eran cUe lidades que á primera vista la des tic: aban i
hacer la odiosa para un muchacho como yo, to•
goso y desbaratado, desobediente y brutal. Sin
embargo, el efecto fué contrario y desde el dfa
en que comencé á ser su amigo, tuvo sobre mf
una influencia tanto más irresistible cuan to que ee•
día á ella instintivamente. Hoy que quiero recons•
truir mi alma denino al tr"-vés de los aftos. reeo•
no~co qu~ aquella nifia inocente cuyos pies ligerOI
~aJaban srn ruido la escalera de piedra de la antigua casa, fué la primera que despertó en mf el
culto del dulce espíritu femenino que no desa·
rraigan nunca por completo del corazón las m
u
crueles experiencias. No había travesura de la
que no fuese capaz con mis camaradas y hube
de ser castigado severamente por haber burlado
en diversas ocasiones la vigilancia de mi cria,da

Domlngc 27 de Agosto de 1899

con el fin de llevar A cabo ciertas empresas re.ervadas A los peores v~gabuodos de la ciudad:
S11birme al brocal de la fuente que decora la plaza de Ja Poterne y beber en la boca misma del
león de cobre; sentarme á horcajadas en la rampa de hierro de la escalera que une el boulevard
del Ho5pital con una callE&gt;juela construida en pendiente, y deslizarme hasta a bajo. Naturalmente,
caí en la fuente y me golpeé en la escalera; quedé mojado, de~garrado, despellejado y después,
eastigado BÍJ~tunadam~nte . . . . . . Sin embargo,
apenas me veia con Alma la¡, tardes de los jueves
y los domingos en que se nos permitía jugar jnotos, se desper taba una nueva alma en el muchticbo semi-salvaje, dejaba de gritar, de s&gt;1ltar, de
gesticular por temor de cau~ar disgustos á esa
hada en miniatura cuyos dedos delicados no tenían ni una mancha y cuyos vestidos no tenían
una sola desgarradura. llfe la. presentaban como.
modelo y yo no objetaba ni me exaspernba: la
obedecfa IJaturBlmen te y con la misma facilidad
conque desobedecía á los demás. Aceptaba. sus
j11egos en vez de proponerle los mfns, y tn&lt;io lo
q·1e vrnía de ella lo a !miraba, d E&gt;s&lt;le la sua, id d de
aas cal:lellos r ubio::i y la dulzura de ::iu voz, n,,sta los indicios mAs insignificantes de su razón:
por ejemplo, el cuidado conque guarda b et sin tocarlo el Arbol de boj cuajado de p steles que nos
daban el domingo de Ramos. El mío estaba despedazado la misma noche y el suyo dur1tba hasta 111ny entrado el otofto. Es cierto que habiendo
querido un día jugar á la comida con uno de
esos pastelillos que ella conservaba, tuvimos que
romperlo con una piedra, tan duro así SL había
puesto, Nunca los lllÍOd me dieron esa satisfaceión.

EL MUNDO.

guito. Las cortinas descorrida;; atenuaban la luz
Y el fuego ~r~ía en la chimenea crepitando débilmen te. El umco reloj que h1toía en ese c~arto
eran los _rayos del sol que penetr'abao por la ventana ha~1endo bailar un pc,lvo de !\tomos y que
se movian con el transcurso del día. En la chi•
~enea una_ casita barométrica hacía entrar y sa~tr alterna~1va_mente á un capuchino y á una monJ~, Y ha bna sido yo perf.ictamen te feliz si no hubiera _sorprendido lágrimas f&gt;n los ojos del padre
de ~hna cuan~o por caaualidad venía á vernos
los Jueves y mi compaiiera lanzaba su tos desgarrador_a que me bahía inquietado ya vagamente
por primera vez bajo el arbolillo.
Al mostrarme el museo
de su~ antiguos juguetes, Alina tenía una especie de gracia piadosa
dando vuelta á las hoj·•s
de los libros con las deli.·
cadezas de un soplo, poLiendo el papel de seda
sc1bre los grabados sin
dejarle un pliegue, y más
que nunca hada, comparada conmigo que era un
patán brusco y que lo
era m 4s cuando veía cada uno de sus ademanesdelicados.
Pero no habríamos sido nilins si no sehubie~emez.
ciado fa p~erelidad ála poesía denuestros jueg-os y
esa puenl1dad estaba representada p or la mufteca
de que hablé. Tenía un lugar tan preferente en
los e_nsueftos de Alina, que yo mismo aes bé por
considerar á «María» como , na persona de carre
Y hueso, prestándome de buena fé á la comedia
que ~odos l~s nil'los de todos los tiempos han improvisado, improvisan é improvisarán para gusto de su fantasía. Cuando Alina comenz11ba A
Cuando no jugAbamos en el jardín-y el últi- hablarme de «Marfa » diciéndome: «Ma1fa » ha hemo alio ya no pudimos baj lr juntos por que mi cho esto ...... diaria » hará aquello .... á «María»
amiguita estaba muy débil-nuestro lugar predi- le gusta este vestido y no quiere ese otro ..... ,.
lecto era su cuarto, una pieza estrecha con una estas frases me parecían naturales y yo me avenía
sola ventana que daba á la plaza y de la quepo- á ayudarla para dar de comer á la mnl'leca mila:
díamos ver distintamente la pluma del sombrero grosa; preparaba !a mern en un rincón cerca de
del general de bronce p,i.rado en su zócalo de la chimenea, lugar que habíamos elegido ,·orno
cationes y metrallas. ¿He dicho ya que Alina vi- c~arto para la m_ufieca. Ese cuarto imaginario tevía sola con su padre y con una criada paisana ma muebles microscópicos desproporcionados
de la mía y que se llamaba Miette? El pa dre de para el tamaño de la mufieca. Eran los muebles
Alioa desempel'laba uu emplee, modesto e'l la pre- que le habían dado en otro tiempo á lt1. madre de
fectura, pero la familia tuvo sus días de f irtuna Alina con una mufteca
Y la habitación estaba llena de muebles antiguos pequefia sin duda, y la
q~e de~o_taban elegancias antiguas también y ta- nuestra parec-i a entre
pices VleJOS que 8hogaba~ el ruido de los pasos. ellos un gigante. «MaPara que fuese más completa la impresión de épo- ría » tenía sólo un sillón
á su medida, el cual ha4188 remotas, sucedía que Alina y yo colocábamos sobre ese tapiz de bía comprado yo para
matices antiguos los ju- ella y en la que la seota•
guetes que habían sido ba Alina como de visita,
de su madre. Sin duda, sinquenos extraftase que
aquella mujer desgracia- el sillón por sí sólo ocuda. había sido una nifia nara un lugar dos veces
tan cuidadosa como su mayor que el de la cahija, pues se conservaban ma. La estupidez de una
los juguetes que exami• sonrisa eterna estaba fija en la boca de porcelana
nábamos, casi todos te- de la mufteca y permanecía siempre inmóvil en
- oían una fisonomía de su sillón con las manos en el manguillo y una toca
de terciopelc en los cabellos. Alina me decía
cosasan1igoa~,un 1tspecto
siempre:
del:cioso que les venía de
-¿No es verdad que está bonita? Se creería
-,.::;-¡ ~
su fragilidad y de sus tinque
va á habl11r ...
;-'))
tes desvanecidos. Nos
Otras
veces sus labios pronunciaban frases de
. . '-"·
gustaba principalmente
esas
que
no se admite que digan los niftos, s:n
una colección de personajes de cartón de coloduda ¡,orque es demasiado fuerte el contraste en~88, que se sostenían de pie merced á un pedazo
e madera sobre el que se apoyaban y que re tre la necedad habitual de sus diversiones y la
:resentaban en un medio adecuado los habitantes tristeza de una nflexión. Así, á propósito de un
.e nn pueblo, pero un pueblo en q~e los campe- ave perdida, recuerdo que un día en el mismo
aioos llevaban trajes de pastores del antiguo ré&lt;&gt;'i- cuarto, y entre los mismvs objetos, hablamo8 de
tnen. Los c11mparábamos con un interés nun~a la IDUl'rte, y ella me preguntó:
-¡,Tú no tienes miedo de morir?
:gotado A los vendedores de patatas y de pollos,
-No sé, le contesté.
tae P
; ras Y uvas, según la estación. Nos gustab"n
-Ah, dijo ella, es tan fastidiosa la vida ....
m 1én los libros, almanaques de aiios remotos
::pastados Y puestos en bolsas de seda descoio• Siempre lo mismo, levantarse, vestirse, comer,
te 11 • Y otros libros de estampas en las que con- jugar, acostarse y luego vuelta á lo mismo. Pero
cuando se ha muerto uno ....
8 : piábamos extasiados niftos con sombreros de
-Cuando se muere uno se hace esqueleto, dije
ee· a ~ casacas de cuello morumental, v niñas de
1
yo
acabando la frase que la ponía pensativa.
n.~ con pe!nados á la Prud'hon. Había tam•
-No, dijo ella, va uno á verá su mamá y á
el ti ª J1llas ~ntiguas de porcelana destefüda por
&lt;lis/Dlpo Y linternas mágicas en cuyos vidrios los ángeles.
l"Dl ingufamos los uniformes de los soldados del
perador,
*
**
unLa difunta madre de mi amiguita aparecía en
Entrego estas palabras con el candor y la laxiba cuadro colgado al muro y que la representaea en una escena de familia á la moda de la épo- tud prematura que entrafta á los filósofos de la psi' pequetia Y acariciando la cabeza de un borre- cología de la infancia. El único mérito que tienen

b~:º;

143

es ser auténticas, y en cuanto a mí he renunciado, hace mucho tiempo, á comprender ese misterio entre los misterios, el alborear de una inteli•
gencia y de un corazón, ;,En qué momento comienza en nosotros el sufrimiento de pensar, y
en qué segundo el mal de am~r? El alma de la
mujer y la del hombre ¿no aparecen ya en la inf&gt;Xplicable sorpresa que produce la separación de
la madre muerta en la pequefta huérfana, y no se
ve en la ternura apasionada que inspira á un niilo de ciiez 8lios la delicadeza enfermiza de su
compafiera de juegos? Delicada y enformiza lo
era mi pobre Alinu, y lo era más de lo que adi~inaba mi sir:np,,tía obscura de amigo, y llegó un
tiempo, el principio del invierno de mis diez años,
en que y11. no se me permitió j ugar con ella para
no fatig11rla- una semana er.. que no dejó el lecho -y un día, la víspera de Nttvidad, oue entré
llorando á ese c11arto tan dulce para mí, y en el
que ví á Alina por última vez. Estaba muerta,
tendida en su lecho al amparo
de un Cristo, tan
inmóvil como la
mufieca SPotada
jun~o á ella por
un postrer capricho de enferma,
y que la miraba
desde su sillón
puesto al pie de
la cama. Mas los
ojos aznlPS de
«Marfa,» ojos de
cristal tan ale
gres entre sus negras pestañas, segufa n 11biertos
y brillaban, mientr11e qu:i los ojos
azules de azul
amoroso, estaban cerrados para siempre; las megillas de porcelana, teftidas con el más claro bermellón, su boca de rosa conservaba el brillo juvenil, mientras que la palidez de cera de las megillas hendidas de Alina y la lividez violeta de Sil
boca, causaban una impresión do1orosa. ¿Cómo
conservé ese contraste en aquel momento en que
derr11mé lAgrimas sinceras? Parece que los niftos
tienen una actividad tan viva en los sentidos, que
éstos funcionan casi solos, ann cuando el alma
esté ocupada por el pesar más hond0. Sí, recuerdo haber visto esto al mismo tiempo: mi amiga
muerta, la mufteca junto á ella y mAs ~ejos, hundido en un sillon, el padre de Alina oprimiéndose la mano izquierda con la dert cha, en cuyo
puño se veía la línea obscura de una malla. Flotata en el cuarto un olor dulce de lilas blancas:
la anciana del piso bajo, cuyo perfil nos fascinaba A Alina y A mí, envió esas f lores tan raras en
nuestra ciudad. y que jamás había aspirado yo.
Des pué I de algunos minutos de inmovilidad, de
estupebcción, ante ese espect!lculo, Miette, que
me había introducido, me tomó por la mano y
medW:
-Ve á decirle adios.
Avancé hasta el pequefto lecho y me aleé sobre
las puntas de los piés, y entre el perfume de las
lilas sentí á la vez en mis labios el frío de la megillas de la muertecita y en mi megilla la caricia
suave, viva, de los bucles de sus cabellos, que toqué al inclinarme, y en mi corazón una inexplicable tristeza.

***
Pasaron los meses y mis padres seguían viviendo en la vieja C!lsa de la antigua ciudad. A mí
me pusieron de in terno en el Liceo, sin duda,
porque desde la desaparición de Alina y de su
dulce influencia me había convertido en un animal indomable. Salía cada mes siempre que no
había sido muy indisc1plinado; pero dos veces
porsemana, jueves y domingo, íbamos de paseo
y dos A dos atravezábamos la ciuda1 sin hablar,
tales eran los reglamentos de los colegios de entonces, Sucedíame á veces cuando desfilábamos
por el boulevard donde estaba la prefectura, que
encontraba al padre de Alina que iba ó volvía de
su oficina. Vestía de negro y caminaba algo encorvado aunque no tenía aun cuarenta !liios, apoyándose en un baat.5n, un junco con pufto demar•
fil que conocía yo muy bien. Jamás dejaba de
buscarme en la fila de colegiales de túnica sombría y me saludaba con una sonrisa muy tristey

�144

l)OJJllDgO 27 de Agosto de ;s9S.

Domingo 27 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

de colegial, el salto súbito del_salvaje que se lanza sobre su enemigo ó del ammal que arremete
muy dulea. Yo, por mi parte, todos los días de
contra su presa. Cometí este robo tao sú bitamensalida subía A su casa. Miette salía A abrirme y
te concebido, con la sencillez de astucia de loa
me hacía entrar después de dirigirme cumplisalvajes y de los animales, Apr oyeché un segunmientos. Entraba A una especie de sala despacho
do en que mi camarada me volvia la espalda y
en la que estaba el viudo y que comunicaba con
daba con las phmta s de los pies en un árbol, Afin.
el cuarto de mi amiguita. Un día que la puerta
de hacer caer la nieve amontonada entre el tacón y
estaba abierta no pude contenerme y dirigí A la
la zuela de madera. Tomé á «Mar ía» en el lugar
pieza vecina una mirada furtiva; el padre que me
en que estaba, y corriendo para llegar hasta lo
observaba me dijo simplemente:
alto de la pendiente donde nos deslizábamos, I&amp;
-¿Quiéres ver su cuarto?
Entramos, Era un día de estío. El padre abrió
arrojé á un cober tizo abier to que había allí, con
las ventanas y el sol inundó con su luz el cuarto
peligro de que se r ompiese su hermoso rostro d&amp;
. /1
de la muerta, la luz alegre cub1ió el tapiz gastaporeelaca al chocar con la lefia amontonada, y la.
do, en el que habíamos jugado tantas veces y el
ví rodar basta caer junto A un carretón que estalecho cubierto de sarga verde en el que la vi tan
ba cerea de la lef!.a. Al lanzarla dí un grito tan
')
pá lida, tan tristemente inmóvil, y la caja de los
penetrante, que abogó el ruido del objeto de tal
'~
juguetes en que dormían los campesinos y «Mamodo, que mi camarada no a divinó la acción
ría,» la mufi.eea, ~entada en su sillón sobre la eó•
culpable que a cababa de cometer. Hénos aquí de
moda con los ojos azules siempre abiertos, la bo• nifl.a y se le oprime el cor azón ; su mirada se cru- nuevo persiguiéndonos, deslizAndonos y jugueea sonriente y el traje de visita.
za con la mirada de la mujer que busca en su ros- t eando a más no poder, cuando la criada de Emi-¿Te acuerdas có;no quería Alina A esta mu- tro la huella de su emoción ccn el celo que las lia apareció bajo la bóveda de la puerta. Mira i
ñeca? me dijo el padre tomándola en la mano pa- s~g uodas .esposae tienen siempre de las primer11s derecb" y A izquierda; se sorprende y mira á b.ra mostrármela.
y él no se atreve A decir una palabra. Una vez quierda, á derecha, arriba y a l jardín.
¿Creerás que me pidió que la pusiese en sus mh los muertos nada pueden contra los vivos.
-¿No han vi~to ustedes la mulieca de la seftoribrazos después de muerta para llevarla al cielo Pero y o que no había olvidado á mi amiga muer- ta Emilia? preguntó.
y ensefiársela A su mamá? Miettequería enterrar- ta, sentí desde aquel momento el odio más instinPor fortuna mía se dirigió A mi camarada, e)
le con ella . ... pero y o no pude separarme de tivo contra Emilitt..
cual le contestó con esa buena fé de inocencia.
uno solo de los objetos que ella quería.
Habíamos tenido un gato muy ura:f!.o que vi- que simulan tan difícilmente ciertos niftos.
- ¿Una mu:f!.ecajl No.
vía casi siempre en los tejados y en el jardín f
-Me dijo que la dejó a quí cuando quiso ir i
lo ví un día al entrar á la ca sa A la hora de la
*
**
comida frente A frente de un perro que le traje- jugar, objetó la cria da.
- No es posible, contestó el otro: nosotros no
Pasaron muchos meses después. Era la tercera ron A mi padre el mismo día. El gato se detuvo
en
el
alféfaar
de
la
ventana
mirando
al
huésped
nos
hemos sepa rado de aquí. ¿no es cierto? insisNavidad que venía en seguida de aquella en que
murió Alina, y habían ocurrido muchos cambios. desconocido y ~in atreverse á afrontar la proxi- tió dirigiéndose á mí.
-Ni un minuto, r epliqué acercándome. Yo debí•
Yo era un muchacho de trece af!.os y había fuma- midad de esa bola de pelos negros ruidosa y turdo mi primer cigarro un jueves de salida en bulenta. Durante cuatro días pudimos verlo así de estar muy colorado; pero el aire era tan fuer•
aquel jardín tan amado en otro tiempo por Ali- inmóvil y con un estupor anoioso en las pupi- te y habíamos P.Orrido tanto .. . . .
- Es muy extraordinar io, insistió la criada.
na, y no lejos de la fila de rosales en donde ea- las. Después desapareció para no volver mas.
za ba aquellos hermosos insectos verdes con re- Rencor igual y tan animal como el del gato sen- ¿Dónde puede haberla dejado? . ... Ah, le van A.
flejos negros y los coleópteros dorados que dormían tía y o, y sólo ese sentimiento podría justificar la da r una tunda . . . .
entre los pétalos de las rosas. La anciana de mala jugada que le hice A la muchacha gord11,
Yo no era malo, sin embargo, pero la idea de,
largas crenchas blancas estaba todavía detrás de tan torpe, pesada y rústica cuanto era graci()sa que Emilia, además del disgusto de haber perdido
la ventana del primer piso; pero habiendo roto ·y bonita Alina. Pero no, més que la malicia, me su mufteca iría á sufrir una buena reprimenda, lela caída de una escala la vidriera de la v entana, impulsó áobrar de ese modo una piedad casi r i- jos de causarme el menor r emordimiento me llenóel cristal más verde que los otros había desapa- dícula en su forma , que me conmueve cuando del placer más delicioso. Mi placer hubiera sido
recido. Miette también había desaparecido. Una pienso en ella y que no puedo deplorar.
Ha cía pues tres aiios que Alioa había muerto, eompletosialvolverá la casa no me hubiera visto
tarde A la hora del recreo, llegó al vestíbulo del
aunque era el aniversario de su muerte, no lo obligado á preguntarme lo que haría para impe•
y
colegio, hizo que me llamaran al locutorio, y la
dir que encontrasen á «María.» Mi preocu~ación.
buena mujer de tinte plomizo -del color de las recordaba aquella tarde. Un manto de nieve cu- duró todil. la noche. Ni el plato con castai'las, planueces secas que sacó de su delantal azul-me bría el jardin y uno de mis camaradas había ve- tillo tradicional, que se ser vía aquella noche, niél
trajo una noticia para mí monstruosa. E l padre nido á visitarme para organizar en la avenida árbol de Navidad prepar ado en la casa de•
de Alina se volvía A casar con una viuda que te- . principal un juego depatines.Eranuestra distrac- camarada que vino á jugar conmigo aquella tarnía una nifta de ocho af!.os y esta nifta ocuparía ción favorita y la rude za de los inviernos en ese de, ni el regalo que recibí, ni la vuelta tardía porel cuarto de Alina. Miette me contó cómo se des- país le era tan propicio, que habíamos aventaja- las calles de la ciuda d, blancas á fa luz dela luna,.
pidió del amo cuando el matrimonio fué asunto do mucho en este juego_. Henos a quí pues bajo de una mágica blancura de nieve, ni el proyecto
un cielo purísimo lanzándonos el ui::o tras el otro ya
arreglado:
arregla do para ir al dfo. siguiente á jugar A un
-El Seftor es .el amo, le dije; per o quise mu- rígidos y con los pies juntos, ya en cuclillas y so- es tanque congelado en el que esperábamos pati•
bre
un
solo
pie,
con
una
pierna
horizontal
y
ca
cho á la sefi.ora y á la senorita para ver A otros
nar , nada en una palabra pudo distraerme de esteen su lugar. Yo ~reo que causarles disgustos A yendo y rodando, gritando y riendo. Sucedió pensamiento fijo.
de
nuestro
juego
v
olvió
Emilia
que
á
lo
mejor
los muertos trae desgracias.
«Con t al que la mul'leca no haya sidoeneontra•
Y Miette me narró la historia de un viudo que del paseo. Nuestros gritos la atrajeron y la vimos
da
esta noche y que no lo sea mafiana» • .. . Acosun
minuto
bajo
la
b
óveda
que
daba
al
detenerse
la víspera de casarse en segundas nupcias, despertó la noche anterior á la ceremonia y sintió jar~ío, aeompa:f!.ada de su cria da. Llevaba en bra- tado en mi cama, 1:1se cuidado se hizo punzante
zos la mufleca causa de mi profund11. cólera con- b llsta el dolor. Las violentas sensaeione::1 de rela mano oprimida por una mano fría.
-Era la de la difunta , af!.adió Miette, y se mu- tra ella. No habría sido yo el r apc1.z insoportable pugnancia que me había dado el segundo matri•
que era entonces, si no hubitise renovado los gri- monio del pa dre de Alina, renacieron mezcladas
rió ese a:f!.o.
Miette se fué para su pueblo y el matrimonio tos, las risas y las locura s que, hacía entregán- con los sentimientos tiernos que tenía por ella.
se hizo. Yo púr mi par te no necesité que mi que- dome á sus ojos á u nos juegos que no podía com- El cuarto profanado por la presencia de la intru•
rida Alina volviese en la noche y me apretase la p artir. Sin embargo, sus deseos se avivaron y ea surgió a nte mis ojos tal como lo había conoci•
ma no piua cobrarle horror A la que la reem- sin que su cria da pudiera impedírselo, dejó la do, y la especie de alucinación de que hablaba
plazaba de e9e modo en nuestra casa y en el co- mu:f!.eca en una de las hojas de la puerta y se al principio de eeta nar ración se r eproducía con
ra zón de su padre. Natural era que el desventu- lanzó. Resbaló en la nieve y cayó. La criada vi- fuerza ex traordinaria .... Rea pareció mi amigui•
rado quisiese rehacer su vida; pero era natural no por ella y E milia, a vergonzada de su caída y ta con sus sonrisas, su palidez, sus ademanes de
también que un muchacho de trece afios no lo con el manguillo mojado se puso á sollozar. I.a cria- delicada y con todos los viejos objetos de los que
comprendiese. Interrumpí, pues, casi absoluta- da la reprendió y tomándola por la mano se la era la vigilante y dulce depositar ia.
En el mismo relámpago de impresión vi A l&amp;
mente mis visitas a l piso superior y al llegar la llevó ;ara cambiarle ves tidos. Desaparecen deN avidad que debía de ser el tercer aniversario jando olvidada A la mufteca que sigue sonrien- otra apoderándose del lecho eu que Alina habít.
de la muerte de Alina, creo que no le habría ha - do con su boca r oja y sus ojos azules en la puer- entregado su alma, la ví cogiendo con sus deblado diez veces á Emilia-así se llamaba la re- ta cochera como cua ndo Alina la llevaba par a dos feos y descuidados las pastas de seda desva•
cién llegada. - L a pobre, inocente del odio que yo hacerla tomar aire y como aquel día en que la ví necida, la ví ensuciando con sus zapatos de ta•
eones gastados-babfa nvtado también esto en
le tenía, era una muchacha regordeta y simple al pie del lecho de la pobre muerta.
ella, el tapiz en el q ....e disponíamos los antojos d&amp;
que hubiera querido jugar conmigo en el jardín.
nuestras comidillas; - la ví r o bando á Alina, por·
Pero esta sola idea hacía nacer en mí una es*
**
que para mi corazon d e nif!.o era un r obo esa po•
pecie de cólera contra ella, cólera que aumentó
¿Por qué me a!!altó sú bitamente la idea de ro- sesión que toma ba de los juguetes de mi mueriecuando á los dos meses de su llega da á la casa
vi en sus brazos la misma mui'leea de mi antigua b ar esa muiieea que Alina había amado tanto, cita. ¡Muerta! Me repetía esta palabra maquinal·
amiga , la «María» que fué su hija-nuestra hija. por qué pensé en eso yo, cuando cinco minutos mente y veía la tumb a que visité el primero de
-Recuerdo aún el a cceso de rabia que me domi- más tarde no tenía en la cabeza sino la locura de Noviembre, en otro tiempo adornada de fresca&amp;
nó cuando ví ese espectá culo sacrílego, un jue- mis juegos de pat ines? H e aquí una cuestión más flores y ahora a penas cuidada y con su Angel
ves de paseo en que encontré al padre, á la nue- que entrego A los psicólogos de la infancia. Lo de alabastro ya sin manos y siempre Heno de
v a esposa y A la nifia. Ahora me doy cuenta de cierto es que entre el momento en que se me ocu- polvo. Era demasiado creyente en a quella ép~·
la escena que debió de haber habido en la ca- rrió la idea y el de la e jecución , no transcurrie- ca para no estar cierto de que la des-aparecida Vl·
sa .. . .. . La mamá encuentra la mulieca y la po• ron más de cinco minutos. F aé una de esas ten- vía en el cielo como ella lo había dieho, con 811
ne por algunos minutos en las manos de su hija, taciones, á la vez rápidas é irresistibles eomJ ma dre y otros á ngeles, ángeles verdaderos eon
vuelve el padre, vé el jaguete en poder dela otra ,)tras que recuer d o haber te.nido durante ~i vida lirios entre sus dedos hechos de pura luz Y quit

~r

odian romperse. Sin embargo, mi imagina0
~ói
figuraba al po bre cuer pecillo tendido en
la i1erra y tal como le dije adios en el cuarto per-

'

145

EL MUNDO.

montón para que la remoción fuese menos v1s1ble.
Miraba á veces al cielo amenazador buscan88
do en él la promesa de una nueva nevada que
faJDado de lilas blancas. Una horrible impresión borrase mejor todas las huellas. Cerca del muele soledad me punzaba el alma. Recordé el de- chacho una forma de niiio más pequeiio estaba
eo que babia formulado la ni:f!.a de llevarse á tendida; per o á primera vista se hubiera comhija A la tumba. ¡A?! eómo ha br!a qu erido ir al prendido que esa forma er a la de una m uiieea
eementerio con la muueca que ha b1a recuperado, cubier ta con una toca y con las manos metidas
dar dinero al sepulturer o y que «María» desean- en un manguillo microscópico pendiente del cuello. La mul'leca parecía hllber sido elegante en
use cerea de Alina- y para ,;iempre.
una época y muy descuidada después, al ver las
desgarraduras de su traje, la desiiudez de uno
*
de sus pies sin z11pato, y su rostro de porcelana
**
descascarado, Flotaba sin embargo una sonrisa
Al día siguiente en la ma:f!.a na, á eso de las inmóvil en su boca roja aún y en sus ojos de crisdiel si alguien hubiese venido al j ndín desierto tal. Y he aquí que lenta, 1mavemente, comenzaJ' al rineón más apar tado, habría visto al pie del r on á caer d1:1 la bóveda fúnebre del cielo, esarbolillo delfondo, seco y desnudo ya, á un mo- trellas de nieve.
ulvete vestido de colegial que abría la tierra
El muchacho miró de nuevo el cielo con singuapresuradamente con una azada. Caía sobre la lar placer; ya el hüyo era demasiado grande y caoludad una bóveda baja de neblina, una neblina si ta11 profundo como su brazo. Tomó la mu:f!.eca
negra entre la cual vaeiiaba el sol r ojo como una y con a demán infantil imprimió un beso en la
bola de fuego roída por las tinieblas. L11 nieve fría megilla de porcelana y otro en la seda blon011brfa A lo lejos les tejados. En la casa todos se da y suave•de los cabellos. De11pués acostó cuiocupaban sin duda en los preparativos de la co- dadosamente el cuer po en l&lt;t tier ra como si fuese
mida y algunos habían ido á la misa mayor . Con el despojo de un ser que hu biese tenido un a lma.
pie torpe el cbicuelo apoyaba todo el peso del Llenó la fosa con la prisa de un culpable; una
011erpo sobre el hierro de la piqueta y luego co • ventana del segando piso se babia abierto en la
locaba cuidadosamente la tierra negra en un casa; allá en el fondo del jardín. Una voz gritó el

:U

1

nombre de Claudio y aftadió: «Entra.» «Ya voy.D
gritó el joven colocando la piqueta junto al muro y con el vestido blanco de nieve corrió alegremente al lugar de donde salía la voz que le llamaba.
- ¿Qué has hecho? Le dijo la misma voz desde
lo alto de la ventana.
-He preparado un precioso deslizader o para
maf!.aoa, contestó, y era una mentira después de
un robo.
Y sin embargo, cuando se confesó algunos días
despué:!' con los esc1úpulos de u n fervor precoz,
el joven no pudo arrepentirse nunca, nunca, de haber robado para enterrarla así, aquella ma:f!.aoa
de Navidad, bajo la nieve, á la nifta de ojos azules, de mejillas sonrosadas y cabellos 'r ubios, ju·
guete de su primera amiga.
POUL BOURGET.

LA INUT1L VIRTUD.
En la casa de mi abuela, aquella donde pasaba mis
tae11Ciones, casa de altos techos, estilo Luis XIII, de
lumbreras siempre cerrada&amp;, se extendía en toda la
loogitud de la morada, un inmenso granero; todas
Ju antiguallas de los siglos pasados estaban allí
amontonadas bajo el pulvo; allí dormía, bañado de
claro-obscuro, apenas rosada por la. luz que se esca•
rrla por entre las tejas, una pila de cosas extraordinarias y que nos hacían soñar; á mí sobre todo, muchacho ya curioso é inquieto, con la imaginacion
Blempre viva y despierta y de una nerviosidad preOOli toda oportunidad era buena para escaparme del

coarto donde Norina eosfa, vigilando nuestros juegos; subía los escalones de cuatro en cuatro, y 00n el
corazón oprimido por una emoción deliciosa, me detenía falto de aliento, á la puerta. de aquel ccdiciado
grapero, temiendo encontrarlo cerrado y no temiendo menos encooLrarlo abier~o; vacilaba siempre para
entrar á él; era para mí un lugar de misterio, una especie de retiro exLrafiamente poblado. Había grandee armarios llenos de libros, y en estos libros, estampas; había también un viejo escritorio con cajones y
IIDI tablilla para escribir forrada de marrcquín verde, manchado de tinta; un gran péndulo con figuras
que debían aparecer. pero el péndulo no andaba; haliía además un mapa-mundi pint a do de cont inentes
uulea, una vieja caja de colores y otras cosas del
llllamo género que contemplaba largo t iempo en éxtaais, osando apenas tocarlas, y me deleitaba en per~ ecer allí horas y horas, porque allí me sentía lejos
uv todo, en und at mósfera sobrenatural y extrafia,
en 1º no sé qué lu1. aparte, t ransparente y verde, co•
en el fondo del mar. Sí, en aquel silencio, en mete de todas aquellas viejas cosas abandonadas, paladas de moda, olvidadas, se respiraba l.t atmósfera
:ulante y turbia de los abism"Js del agua; además,
la táotos libros, la mayor parte en alemán y que
no comprendía pero cuyas estampas miraba, y ¡qué
cantidad de estampas! E ntre todos, un volumen me
atrafa: un viejo libro de cuentos. El título lG be oll'ldado; en la primera página tenia una lámina horri:e que representaba la muerte con un arenario y una
ll neeUa, y después, otras con iglesias, palacios, .cal ea 1 grandes buques deslizándose sobre el mar; y
: ~as las historias de aquel libro pero no meacuerbl e ninguna; las recordaría si alguno me las bull era contado, porque es de cera el cerebro de los nifl8 Yno recibe más que el sello de las seo.iaciones
~~as. Pero cuando pienso en este granero, tengo
'POm tata.mente como una visión glauca, atravesada
aa: aIgas movedizas, reflejos .de muaré y muchas col desplomadas, velas, mástiles, naves q.e catedraespectros de despojos de otros tiempos, fantasno de antiguos naufragios, y de toda esta confusión
to
Yerdaderamente más que un cuento, un cuenton go de un simbolismo fugitivo y triste que en•
rn4acea no comprendía. ¿He leído así e'!te cuento ó es
den ten mezcl~ de varios, recordados al azar, s:n oreomo mal digeridos por mi joven imaginación? Tal
lbaneea, vago, tembloroso y difuso, me agrada aún á la
ra de un reflejo sepult ado en un espejo verdioso:

lo intitularé pues, CUENTO DE MI GRANERO, porque
tal es su verdadero nombre, y no ~sta paráfrasis de
su texto simbólico: LA INUTIL VIRTUD,
Hacía tres largos días que cabalgaba á lo largo de
las dunas florecidas de cardones pálidos; ninguna vela emblanquecía el horizonte; del alba á la noche reinaba la monótona inmensidad de uu mar quieto, de
un mar sin arrugas, color de pizarra, bajo el implacable brillo de un cielo blanco; á veces su caballo se
detenía bruscamente, .:;on las pezuñas hacia adelante y relinchaba hacia el mar; y en un sedoso azoramiento de alas, las gaviotas, saliendo de algún agujero del despeñadero, volaban muy alto en el a:re, se
desvanecían luego y la arena roja se cubría con su
sombra.

:o

i:a
:00

El joven no volvía siquiera la cabeza; con la fren.
te grave bajo el vuelo desplegado de su casco, cami~
naba pensat ivo al pie del despladero: una alta muralla que caminaba hacia muchas leguas á lo largo del
mar t riste; algunas malvas secas pendían como cabelleras al flanco de la roca, y solamente algunos pájaros de mar habitaban aquellas muert as cabelleras.
Por la tarde, los despeñaderos se teñían de rosa;
las dunas mismas se inflamaban en el incendio del
poniente, y el joven, echando pie á tierra, dejaba á
su caballo pasear por los cordones azules de los arenales, engañando su propia sed y su hambre y mordiendo la carne salada de algunos caracoles. Y luego, bajo la luna que ascendía, continuaba su camino.
En el claust ro donde había sido _educado por orden
de la reina su madre, había hecho el juramento de
encontrar muerto ó vivo al caballero de pelo claro á

quien debía la vida: Bertrán era fruto de una falta.
Adulterio de la reina de Aquitania había sido nutrí•
do y madurado como la idea de la venganza misma
por la princesa adúltera: había jurado hacer encontrar por el hijo de su lujuria al infiel errante que la
había abandonado. Un convento de Barnalitas había
visto crecer al joven príncipe: la reina había presidí·
do á su educación, invisible, oculta, desconocida de
aquel hijo que destinaba á un trágico desenlace. Los
monjes habían educado pacientemente al niño en el
odio del amor de la mujer y de t odo lo que ríe y florece bajo el cielo; el ayuno y la oración habían forjado
un alma ru~a á este hijo de reina que llevaba un cilicio bajo su armadura damasquinada y una triple
cuerda de cái'iamo apretada en torno de su cintura
Y luego, en una hermosa mañana, embriagado por
un flltro, frotadas con sangre de loba la palma de las
manos y la planta de los pies se había dejado partir
al joven vengador á t ravéi. de los campos. «Reconocerás al hombre que hizt tu existencia obscura y
dolorosa por la triple esmeralda que brilla engarzada
en la cimera de su casco. Que su pelo sea de nieve ó
de oro, hiere y mata, y habrás vengado tu vida humillada, á tu madre, á tu raza y á tu Dios.&gt;
Estas fatídieas palabras las pronunció una voz de
sueño en la misma capilla del convento donde había
pronunciado &amp;u velada de armas; una forma disimulada en la sombra dictó el mandato, y. al otro día, al
bajar el altar Bertrán se aventuró en el campo, enguantado, acorazado, cubierto de plata melada desde
la cimera de su casco hasta la est rella de sus espuelas, con el doble relámpago de oro mate de un águila
enorme l:Jat iendo alas, sobre su morrión.
Desde lo alto del campanario del convento una
mujer lo siguió iargamente con los ojos, á los rayos
del sol naciente; cuando la silueta del joven aventurero desapareció á lo lejos, en la niebla, la reina f ué
á prosternarse ante el altar mavor donde la sorprendió lc1. noche, ameoazandJ y orañdo.
Y cabalgando bajo el claro de luna que argentaba
el mar tranquilo, oprimía al joven guerrero al recuerdo de extraños encuentros.
Primero fué, al tercer día de su partida del claus1!ro, la aparición de tres doncellas en el lindero de un
bosque, las tres bijas del vieJo selior, como habían
dicho llamarse saludándole familiarmente por su
nombre. Sentadas á la entrada de la selva, se habían
levantado á su vista y habían querido engalanar con
flores la brida de su palafrén; eran obsequiosas; tenían caperuzas de anémonas en sus cabezas de trenzas flotantes y parecían desnudas bajo sus ricas túni•
cas de seda floreada. De pie sobre el césped humede.
cido, lo habían rodeado con su grupo como una ronda ligera, y con su actitud, la caricia de sus miradas, con su voz y sus brazos flexibles y frescos habían
querido retenerlo; pero él pasó dando de espuelas á
su caballo, con riesgo de atropellarlas; las hadas de
las praderas tienen la costumbre de aparecerse a.sí
por la noche á los viajeros, y él pasó, feroz, voluntariamente sordo á su llamamiento.
Cabalgó dos noches y dos días en el bosque de en-

�Domingo 27'de Agosto de 1899.
Domingo 27 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

146

cinas, y después vastas llanuras sucedieron á lo~ alto~ árboles, y tristc:s valles, atravesados por c~rtrnas
de álamos, á las llanuras; los estanques espeJeaban
allí entre las grandes yerbas, y día y nocbe flotaba.o
vapores, tejiendo en torno de equ1 vocos troncos de
sauces, apariencias de sudarios; Juego entró en un
país de hornaguaas y pálidos pantanos, donde el ~ue-

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vieja que huía al galope sobre un ~sno. «Otra ~mboscada del Maldito,&gt; pensó y pros1gu1ó su cammo
un poco triste, un poco cansado ya.
Llegó al fin á una especie de albergue, una rama
de beno sombreaba la ,JUerta y tres hermosas_ muchachas estaban en el umbral. Con los senos hbres ~n
el tosco jubón, con la cabtza descubierta y los p1és
descalzos reían robustas en el cálido crepúsculo; la
una hilaba en ~u rueca; la otra inclinada sobre una
artesa de piedra embalsaba '.láñamo, y la tercera, á
la vista del caballero, entró precipitadamente ~n el
albergue para S'llir con una vasija de vino; ofreció de
beber á Bertrán y las otras dos le rogaban que se
apeara.
Olían á sudor, á pan y á alhucema, pero Be~trán
las recbazó se retiraron ente,nces riendo á carcaJadas,
cerraron 1a' puerta del albergue y el joven permaneció sólo en el camino.
8u cabalgadura se acercó á la artesa para beber, Y
al abrevarse en ella el palafrén, Bertrá!.l que se había inclinado hacia delante lanzó un grito.
.
El real aventurero acababa de aparecerse á si mismo; el fondo de la artesa había suvirlo de espejo Y
en él un rostro de viejo le sonreía; el rostro de un
viejo guerrero de larga barba blanca, de mirada cansada y triste, de compasiva sonrisa; un semblante li-

vido rematado por un casco de oro donde relue!a11
tres esmeraldai-, y Bertran recono~ió al Lombre que
debía berir. Se iba á matar á si mismo hinendo á su
imagen, en el corazón lleno de tristez~ _intinlta,
Bertrán comprendió que se había vuelto vieJo; aque-

Jlos cabellos blancos eran los suyo; aquellos ojos opacos ob! eran sus ojos, y comprendió muy ·sarde que
había corrido en pos de una imposible aven~ura.
Es menester vi v!r su vida sin desdeñar el a mor, la
voluptuosidad, el placer y aun la ocasión que pasa, y
él se había dejado seducir por una ilusión engañadora como el polvo del silencioso navío. Y no babia
q~e pensar en volver atrás, porque el tiempo huye,
irreparable.
JEAN LORRAIN.

.-

EL 5JEMPLO
¡0 negrusco se hundía bajo sus paso~; y u-na n_ocbe sin
luna tn que costeaba una de estasc1éne!:{aslngubres,
su palafrén se encabritó &amp;úbitamente baJO él y levantando los ojos, Bertrán '!percibió :le ~i~ sobre el agua
Lomiza, una belleza. sobrenatural y llv1da.
.
.
p Era un -:uerpo dP. muJer, de palidez .:_xtraord1rian~,
ero un extraño éxtasis abogaba sus OJOS y su sonnfa: babia surgido como un fuego fátuo _sobre una espesura de nenúfares y sonreía embriagada. como
torcida por un espasmo, los senos erectos, la boca
abiP.rta y un pequeño espej? de pl~ta en _la mano.
Una lunairuprevista surgió al mismo tiempo ~etrás
de Jos mimbrerales, y 1,oda nacarada de refleJOS, la
muerte dichosa obstruía el paso al caball&lt;!ro, tendiéndole á la vez su boc'l azulada. y 13: l)lata del
espe'o· un viejo sauce sin ramas babia. sub1tamellte
reflejado en el estanque la silueta de un fauno, y bablendo el joven guerrero rechazado con horror el cadáver impúdico, una enorme rana saltó brusc~mente
de entre las yerbas, y se hundió en el agua páhda con
un ruido seco.
y Bertrán marchando á lo largo de los arenales,
pensaba en tÓdos aquellos sor~ile~ios, en todo&amp; aquellos lazos y en todas aquellas 1lus10nes. ¿Qué l~ querían aquellas máscaras de la sombra, aquellas tiguras
· errantes en la noche y cuál era el símbolo de todas
aquellas tentaciones?
y observó que una galera silenciosa que no babi~
apercibido ni por el estremecimiento de las vela~, 01
por el ruido de los remos, b?rdeaba._ la p_laya al mismo
tiempo que él; los altos mást1les. las¡~r?1as y los cabos
se destacaban transparentes en las tm1cblas, y s~ hubiera creido un navío de sueño, porque se deslizaba
sobre el agua sin hender las olas, y tod~ parecía_ dormir en profundo sueño á su rededor, m un marmero
sobre el puente. ¿Seria un barco abandona~o ó_ un
buque fantasma? La onda no i;e encrespaba s1q~1era
en torno de s ..s flancos, 1:enicienta, avanzaba misteriosamente á un lado, y se bubiera creído Be~tr~n
juo-uete de alguna otra visión si no hubiera d1stmgu1do de codos sobre la proa á un viejo inmóvil! el
¡,Hoto sin duda, cuyos dedos at'.lrmentaban una lira,
pero una lira encantada porque las cuerdas heridas
no producían ningún sonido.
cuando apareció el día, Bertram se encontró eu
un país de pequeños valles y collados sembrados de
setos vivos y cercados de manzanos; el buque-fantasma la playa de rosada arena y el a.lto despeñadero
se habían desvanecido, y el joven aventurero que comenzaba á no asombrarse de nada, espoleó á su caballa y caminó por los pastos ~ los setos de oyaca?to de
aquel campo de jardines. Remaba la soledad mas profunda el mar tenía el tinte del cielo barrido por las
nubes' y de los manzanos torcidos por el viento, f cabalgaba bacía ya ci neo largas horas .,n una especie de
camino hueco, cuando se le apareció una hermrn,a ~ama. Tenía un vestido de brocado sembrado de boJaS
de álamo, y esbelta y recta como _un lirio, montaba
un unicornio, bello y fabuloso ammal de sueño, ~e
pelo lustroso como el metal. La dama del umcormo
llevaba sobre sus cabellos negros, un casco de oro rematado por una pequeña corona, y como los caballeros tenia en ristre su lanza.
Interceptó el paso al joven señor, y mientras lo
amenazaba con su lanza, desmentía su mala intención
con una sonrisa y con el dedo designaba á Bertr án
una enorme rosa ensangrentada P.n i;u cintura; pero
él no tenia en su mente otra idea que la del asesinato; separó con el lomo de su espada la lanza de fino
acero de la bermo,;a guerrera y pasó.
La hermosa dama al pasar le azotó el rostro con la
rosa de su gola, una rosa seca que s_e deshojó,_ y como
volviera el rostro el joven sorprendido, solo nó á una

La boda quedó fijada para el 1? de E?ero de_1893.
En tal fecha Ernestina V illalar, pnmogémta de
los condes de Medina, pasaría á ser la espos~ de Don
Eduardo Santurce, joven, huérfano, muy neo, Y de
profesión .... sportman, una de las más atareadas Y
difíciles de nuestra vida moderna.
Cuando se decidió la fecha del enlace babia comenzado el mes dP. Diciembre de 1893, y faltaba, por consiguiente, un mes escaso.
Ernestina y Eduardo eran tal para cual. Una pa1ejita deliciosa, como decían los amigos; buena pre-

conseguirlo necesitaba escribir con buena letra, ó
bacer con exactitud una suma; pero pensaba con
singular lilosofia, que para algo se han becbo lo, secretarios y los administradores. Ella, se habría muerto de hambre, si para aplacarla tuviera que acercarse al fogón, ó concluir correct~mente !JO dobladillr;
pero á semejanza de su prometido, deCiase q ue para
eso están las cocineras y las costureras.
Se vieron una noche en bríllantisima soirée; se gustaron más que nada por sus res peeti vas irrepro~nables maneras de vestir; al día. siguiente le pareció á
ella maravillosa la yegua inglesa sobre la que cabalgaba él por el Retiro, y á él le resultó un colmo de
elegancia y riq uaza el tren en que ella paseaba acompañada de unas amigas: se trataron á la l_igera, superficialmente, unas cuantas semanas, siem pre de
prisa, entre las vueltas precipitadas del vals ó al trote largo de los paseos, y. . . . cosa resuelta. El supo
por su administrador que Ernest,ina vendría á reunir
unos 40,000 duros de renta; 1i1la averiguó, pur medio
rle su instit utriz, que la de Eduardo no bajaría de
20 1000, y hecho «el balance,&gt;en el aire, casi al unísono y sin consultar ni tener en cuenta ninguna consideración ni sentimiento, Eduardo fué prosentado en
la casa, donde reinaba la más desconsoladora independencia, consecuencia de la exageración del modernismo irreflexivo; habló al padre de Erne11tina, y éste,
viudo de una sefiora á la moda también, que sólo fué
madre de Ernestina en los itlstantes de darle vida,
porque en seguida la nodriza asturiana, la bonne francesa y la institutriz inglesa-casi una «triple allanza&gt;-ocuparon su puesto, dió el consentimiento para
la boda que le dejarla en absoluta libertad, y sin cuidados-aunque pocos se Lomaba-y como queda dicho,
la ceremonia se señaló para el día 1 º deEoero de 1893.
-Va á ser verdad aquello de «Año nuevo vida nueva,&gt; pensó F.rnestina, y acto continuo, dió órdenes
urgentes para. los trabajos de su trousiseau. ·

*

sencia los dos; los dos millonarios; quizás más afeminado él que ella (coruo suele ocurrir con reiterada
frecuencia en estos tiempos), pero iguales en educación, en gustos, aficiones, «indiferencias&gt; y frivolidade1:,. Dos jóvenes, en fin, «á la violeta&gt; como se decía Antaño, dos «impresionistas~ como se dice hoy;
dos seres perfecta y absolutamente inútiles para todo
lo que no fuera gozar y divertirse, ajenos á toda amargura, de cumplido ante todo dolor; dos primorosas
«figuritas de cotillón,&gt; dos maniquíes de modista y
sastre respectivamente, que en el gran cosmorama de
la vida habían tomado turno fijo, para no asomarse
más que á lo:, cristales de color de rosa.
A primera vista resultaba él más simpático que
ella. Estudiándolos un poco parecía ella más buena
que él. El, no bubiera podido ganarse la vida, si para

* * niüa mimada y volun8obraba tiempo, pero ella,
tariosa, no lo creía así, y en pocos días &lt;volvió loca~&gt;
con sus impaciencias, á cuatro ó seis modistas de Ma•
drid.
Con una rle ellas, sobre todo, y ya avanzado el mes
de Diciembre, los apuros fueron tales, que exigió le
dijesen el domicilio de la oficiala ocupada en la confección del vestido de boda, (que por concesión especial no trabajaba en el obrador) para ir personalwen•
te á averiguar la causa del retraso, y á. darla prisa.
Madam.e•** no pudo excusarse de satisfacer ese capricbo formulado de manera impetuosa y casi destemplada, y en una tarjeta que entregó á Ernesttna,
escribió:
DOLORES GUTIERREZ
Pasi6n, 57, piso 4°
Al siguiente día, sin más espera, se fué allá la con·
desita en ciernes, acompañada de la Miss, y con un
«coraje&gt;-como decía ella-que daba miedo escuchar
lo que iba á decirle á aquella estúpida y perezOSll
obrera.
·
La calle de la Pasión, ¡qué lejos! La subida basta
el cuarto piso .... ¡qué Cal vario le resultó á Ern&amp;1·
tina!
La ascensión e:-a penosa. ¡Qué olores en aquella
escalera pendiente como vereda de los Alpes y ubscU•
ra como interior de túnel! Las paredes enyesadas eiitaban tan próximas á :a barand1lla, es decir, res•.tlta·
batan angosta la escalera, que el abrigo y la !ald&amp;
de Esnertina se mancharon de blanco varias vecest

tantas á lo menos como se teñirían de rojo en lo interior 4 causa de la anhelo.sa y sofocante respiración,

EL MUNDO.

Jol pulmones cde estufa&gt; de la elegante joven, en abpoto lnacostumbrados á semejantes subidas.
For fin, llegaron.
Mientras la Jlliss, hecha un puro remilgo de precauciones para t ocar lo menos posible el agarrador
negruzco de la campanilla, que colgaba medio roto
en marco de metal, la bacía sonar con estrépito. Erneetlna, agitado el pecho y de LO!or púrpura las mejillas, exclamaba con extraño tono:
- Se necesita gusto para vivir en estas alturas y
en semejante casucha. ¡Qué atrocidad! ¡Ni un mal
llaneo en que sentarse!
Abrieron. Apareció en la puerta un hombre joven,
pobremente vestid0, de porte fino, y con aspecto
ae Insomnio ó de enfermo.
-La oficiala de Madame***, la Dolores, ¿vive
-¡qof?
-Aquí vive.
-Necesito hablar con ella, en 'leguida.
-Tenga usted la bondad de pasar, señorita.
Ernestina entró en la habitación con profunda repu,rnancla, recogiéndose la falda, mirando al techo
como temerosa de t ropezar en él con la cabeza, pa. Al bajar por la pendiente escalera, Ernestina, sin
1111do y repasando el pañuelo perfumado por la n!lriz,
fiJarse ya en los olores ni etJ la obscuridad, iba penporque le olia aquello á cocina y á hospital.
La hicieron entrar en una sala bastante espaciosa, sando:
-Yo_no conocía este sabor amargo de la vida. ¡Qué
amueblada con decencia, pero muy humilde.
Era el cuarto que servía de taller á Dolores. Rei- compas1óo me da est a gente! Y qué hermosas son
naba en la habit ación algún desórden. Ropas t ira - esas niñas!
dla; sobre una silla recetas y frascos; en una mesa un
ffllllrlo, un pulverizador y más botellas con etiquetas
** *
de botica. Junto al balcón, dos niñas de t res á cinco
-Ernestina
encontró
su
casa llena de gente. Estaallos, á lo sumo, jugaban sin hacer ruido con una muban
allí
su
tía
Amalia,
su
prima
Car mela, varias amileca desnuda, despeinada, manca, ciega. . . . becba
pedazos. En una banca destacaba de aquel conjunto gas íntimas y Eduardo Santurce, á quien rodeaban
gris de opacidades, una falda de raso blanco, bil va. aquellas.
-Señ01es-dijo Ernestina siguiendo la costumbre
nada, y junto á ella azabaches y sedas, blancas taminverosímil y novísima en cie1tas elegantes de diribWo, para bordar. E ra el vestido de Ernestina.
-MI mujer saldrá er. seguida; voy á. llamarla. Te- girse á una reunión, aunque, como la indicada, se
nemos muy malito al niño, y me permito por esacau- forme casi en absoluto de mujeres;-¿qué sucede?
• rogará ustedes que haplen óajo-=-dijo el joven á ¿he tardado mucho, verdad?
-Nada de eso, querida; estamos extasiadas viendo
ltoestioa y á la Miss.
-Bien; y despache usted pronto, que tengo prisa la «primera remesa&gt; de los regalos que te decica
Eduardo, y ehgiando su buen gusto. AcérJate y pre,
-contestó Ernestina.
párate, porque te vas á deslumbrar.
Afladiendo apenas el hombre hubo salido:
Ernestina se acercó á su prometido, y realmente
-¡Qué Impertinente!
Dejó vagar breves momentos la mirada por la ha- quedó deslumbrada por el resplandor de los magnífibitación, pero la excursión de indagatorio era tan cos brillantes, que formaban una hermosa diadema.
Había además, otros dos estuches: el primero, con
corta y tan árida, que en el acto la volvió al balcón,
1 al hacerlo encontró clavados en ella cuatro ojazos una pulsera literalmente cubierta de chispas de brinegros, hermosísimos, con lindos toldos de pestañas: llantes que le daban originalisimo aspecto; 61 segunbde las hermanitas que la miraban con asombro y do con dos solitarios de incalculable valor. E rnelltlna
la escudrifiaban con curiosidad. Ernestina, no obs- elogió y agradeció mucho los regalos; pero dijérase
illlte la violenta situación y la extremada excitación que no experimenta.ta á s.µ vista la alegría que fuera
nervlOBa en que se encontraba, se fijó en la belleza de suponer.
-Fíjate en la pulsera-la dijo su prima-parece
llognlar de aquellas niñas, y dijo á la Miss:
una
lluvia de lágrimas.
-Son monísimas, ¿verdad?
- ·¿De lágrimas? No me resulta la comparaclon,
-Yes:-le contestó la inglesa, sin mirarla, apenas,
con .la frialdad, la impasibilidad y la «cronometría&gt; Carmeb. No br!llan así las lágrimas, nl son frias; sólo pueden seme¡arse en una cosa, en ...... 10 «que
que caracterizan á la raza.
En este momento entró Dolores. Venia secándose cuestan&gt; contestó Erne,.tina.
Y volvió á callarse. su pensamiento no estaba '\llf,
1- ojos, turbios de llorar, y arreglándose el traje.
Ira una joven y linda mucbacba, de aspecto suma- estaba en casa de Dolores, tiJO en las niñas de la ofimente simpático. Se enteró de quién era la señora ciala, insistente én la enfermedad del niño de la poque tenía delante, _le explicó la causa del retraso su- bre obrera. Y no ciertamente esto último porque tefrido en la confección del vestido y no perdió el tiem- miese no recibirá tiempo el vestido, sino porque alpo-dicho sea en honor de Ernesti na-con sus expli- go extrai'io muy nuevo y muy dulce palpi~aba con
Clciones. Doce noches de no acostarse; catorce días fuerza allá. dentro, muy en lo profundo de su ser.
Y asi, cerrando pronto los estuches, sin que nade Intranquilidad y sobresalto incompatibles con toda
die,
y menos que nadie Eduardo, se fijasen en su emoclaae de trabajos; allí a l lado, con separación de un
llgero tabique, su hijo casi muerto. . . . las razones sión, cogió á los niños de su prima -Carmela, abrazó
~ tan atendibles, que Ernestina las tomó en con- á. la pequeñita de una de las señoras allf presentes, y
los colmó de besos con apasionamiento.
-v~lón, y concretando, dijo:
Uno de los niños de Carmela se puso entonces á ju-COmprendo cuanto me dice y la compadezco, pero, en fin . .. . usted comprenderá á su vez .... ; para gar con Eduardo, y quiso montará caballo en sus rode que la enfermedad se prolong11e voy á. de- dillas. El atildado joven lo rechazó en el acto, &lt;m.si
lo dáé Madame*** que le recoja á usted el vestido y se con brusquedad.
Ernestina no perdió un detalle del gesto y actitud
á otra oficiala.
-8eliorita, eso no. Yo haré un esfuerzo, se lo pro- de su prometid'J en ese momento.
Al poco rato la comida y el teatro reclama.ron á
meto á usted; pero dejar este trabajo que es de los
que nos pagan mejor, ahora que mi marido no va al los contertulios, y Re quedaron solos, esperando al pa.
porque no se atreve á separar&amp;e del niño, ni ten- dre de Ernestina, ésta, Eduardo y la tía Amalia.
-Eduardo, dijo la anciana al joven, parece que no
_,::erzas para ::ioverse con el tiempo que lleva.sin
sar; ahora que casi todos los ahorros se los ha te gustan los niños, ¿verdad?
-¿Por qué?
tragado la botica, equi valdría á quedarnos nosotros
-Porque hace un instante be visto la poquísima,
~tas dos pobrecitas sin pan, y el niño sin medició mejor dicho, ninguna paciencia que bas tenido con
. · •• no baga usted eso.
Luislto.
-Sf, pero yo ... .
--En realidad ignoro si me gustan ó no; jamas me
-Créame usted lo que le digo; baré un esfuerzo, y be ocupado de ellos, y en definitiva estoy por decirle
ho, ganar tiempo ...... vuelva usted. Hoy estamos á. usted que más me aburren que otra cosa. ¡Son tan
O,st mi Juanito se alivia, así lo espero de la Vir- pesados, tan tontos! De gustarme, son únicamente
5:8cl&amp;otisim&lt;1, sobrará tiempo; vuelva usted dentro los que son muy guapos, pero entonces como ..... .
neo dfas; dfgale usted á .ihadam,e*** la verdad de
111181tuaclón; dígale usted lo que ofrezco y verá cómo objetos de arte; parecen propiamente, algunos mui'Iecos de los mejor hechos y más caros.
llO laengai'io.
Ernestina arreglaba durante esta conversación
-~ranqullfcese, Dolores, volveré, y aquí probare- unos papeles de música.
.
un v Vestido. Después de oir á usted, no quiero que
--Y creame usted; con los niños, lo que se bace
6l~~~ de novia, tenga que bacersP. poniendo en ahora: á distancia, á distancia. ¡Obl Si en nuestro
te
"'fi• 1mas que puntadas. Mientras tanto, acep•
matrimc.nio los tenemos-y le aseguro que lo sentiré,
te~ este recuerde (y dejó en el velador un bille- -ya verá usted cómo los alejo cuanto yo pueda de
el ntnoº en pesetas,) para que atienda mejor á. lo que nosotros. De lo contrario es imposible es imposible la
necesite.
vida.
~¡Dtoa la bendiga á uste~, sei'Iorital
Ernestlna envol vió, al escuchar esto, á Eduardo--

:rcaso

:f:

147
que estaba de espaldas á ella -en una fulgurante mirada, mezcla de dolorosa sorpresa y de repentino desprecio.

***

Al cumplirse el quinto día de los seííalados por
Dolores, Ernestina, que ya haLla enterado á la modista Mudame*** de la i,ituación en que se encontraba la oficiala y de la determinación tomada de hacer
la primera prueba en la casa de ésta, se apresuró á
encaminarse á la calle de la Pasión.
Fué la misma Dolorei:; quien salió á abrirle la puer~a. El ligero desorden que el primer día notó Emestina en la habitación, babia cesado: todo en su sitio,
todo limpio, bien oliente y alegre, daba á la casa aspecto de fiesta.
- Mejor--exclamó Dolores al ver á Ernestina;Juanito está mucho mejor: casi curado. El dia que
us_ted estuvo aquí, hizo crisis la enfermedad. Aquella
misma nocbe pudo ya descansar algún rato mi warido. Hace dos días que ha vuelto al taller. Yo también me he repuesto, y e: vestido de usted, mírelo·
si no está en disposición de que lo probemos hoy, e;
porque, casi segura de no equivocarme y de aceptar
~l gusto de la señorita, lo he adelantado y mañana
iré yo á su casa, y allf baremos en vez de la pr:ruera,
la segnnda prueba. tMe dispensa usted?
Ernes_tina no necesitó decir que sí, por'lue su cara
y sus OJOS se hablan anticipado á hacerlo.
-Ya que estoy aquí, la veré á usted coser un rato,-dijo.
Y quitándose el abrigo, afiadió:
-1, Y las niñas? ¿ Dónde las tiene usted?
-Están jugando en el cuarto de su hermanito
Ahora vendrán.
·
'
- ¡Pilar! .... ¡Emilia! .... gritó Dolores.
Y las dos hermanas entraron en la sala con sus delanta_les blancos, contorneando el cuerpo, y sus grandes rizos sombreando el rostro.
-¡Qué hermosas sonl-dij,, Ernestina besándolas.
Pero us~ed debe sufrir _mucho con las estrecheces que
por lo visto pasa y temendo que cuidar en absoluto
de tres criaturas.
-¿Sufrir? No, sei'Iora; no lo crea usted. Todo se
lleva con paciencia cuando, como á nosotros nos sucede, n,l marido y la mujer se quieren de veras. Las
alegrías de un instante compensan las amarguras de
~ucbos meses. La carga de las penas se reparte po~
igual; la m1tad la lleva la mujer, la otra mitad el
marido. Mi Antonio ne mi alma es t an bueno tan
carlño,o ... . .. y dispense usted que le bable co~ esta
franqueza. No crea usted tan poco que lo pasamo~
de todo mal. El t rabajo de ambos nos da para tener
relativa holgura. Estos días últimoc; si hubo apuros·
la enfermedad de mi bijo lo agotó todo· mi marid¿
ha en~anecido á los pies de una cuna ; abrazado á.
su muJer, y la verdad, seiiofita, casi llegó á faltar el
dinero. En cambio, cuando bay salud, todo es júbilQ
en esta casa· Con nuestra libreta de la caja de Ahorros, lo que ganamos y lo que ecor10mizamos, basta
tenemos á veces lujo, que lujo es para nosotros ir á
merendar con los pequei'Ios al campo, algún domingo
de sol.
,
--De todos modos, Dolores, el matrimonio con esa
esclavitud rlel trabajo y de los h ijos.. . . . .
1
-Eso no es esclavitud, s:ii'Iorita; eso es gloria
¿Qué _mayor alegría que trab1.jar para ellos, y, al
~rabaJar, acostumbrarse á la virtud? ...... ¿Qué meJOr recompensa ni satisfacción más grande que poderlos crear como yo hago. y tenerlos siempre al lado, siempre al alcaµce d!l .la1;1 manos que los proteje;
y de los labios que no se cansan de besarles?
-Tiene_~sted razón; desgraciadamente en la esfera que yo vivo, hay muchas exigencias ....
-Eso la que quiere someterse á ellas que i:;¡ no
¿dónde bay nada más libre que la voludtad? Mire
usted yo de soltera estuve de doncella en casa de la
duquesa de Córdoba, quizá la conLzca usted.
-De nombre, pero no la t rato.
-Pues bien, esa señora llena de millones y de bellez~, _n? se dej í n~nca arrebatar por el mundo en
perJUJCJO ~e sus ~IJOs. Y como á su marido (que estuvo por cierto cmco años en relaciones con ella) Je
g_ustaban l?s niños cou delirio, dieron á la vida soCial lo estrictamente indispensable para cumplir cun
ella, reservados para la íntima, para adentro de t!U
c~sa, para sus choras de dichosa soledad&gt; (como dec!a la duques_a _aludiendo á las mfinitas en que no recibían) la fehc1dad más envidiable: la de estar siempre contentos, siempre con sus hijos y sin testigos
importunos.
- Pero tendrían, como es lógico, ayas, inst:tutrices......
·
--No, señ:,ra. La duquesa á las nii'Ias y el duque
á los niños, eran los únicos que les ense!Iaban á todo
Ni ayas, ni misses, ni nada, y repito que me perdon~
usted este lenguaje_. E llos solitos, repartiendo bien
las horas del día y JUnt&lt;1ndo con gran previsión en la
~ducación de sus hijos los Idiomas, el plano, el dibuJ0 y la costura, con la cocina, el plumero, la aguja y
la escoba.
-Pues yo insisto, Dolores. Para resignarse, para
~ufrir penas, para no preocuparse más que de los hlJOS, y sobre todo. para luchar con apuros de dinero·
debe baberalguna razón que....
'

�Domingo 27 de Agosto de 1899.

Domingo 27 de Agosto de 1899

149

EL MUNDO

EL MUNDO.

VIII

148

Acusando á la misma Providencia
De ser tibia en su celo

-Si, seiíora; ya be dicho á usted una: la resignación. Pero hay otras dos: la fé en Dios y el carillo
del marido. Faltando cualquiera de ellas, la segunda
sobre todo en ciertos casos, seria terrible. Poseyéndolas, todo se sufre, en todo se encuentra encanto 6
consuelo, para todos ~e tienen y aún sobran fuerzas.
Lo que importa es no cai;arse sin tener la S€guridad completa de que está uno enamorada de un buen
marid,i. Y .... no dirá nsted que no ha avanzado el
trabajo, á pesar de la conversación, ni que hoy, con
alegría de ver bueno á J uanito, contento á mi esposo y á usted en esta casa, no estoy hasta casi literata .... Pero lo que aprendí de la marquesa, y ahora
con las seiíoras á quienes visito por .il[adanie***, oigo
tantas cosas, que siempre se pega algo.
-Tiene ust,ed ideas muy sanas, Dolores. Me voy
antes de que sea más tarde. Como tengo á la institutriz en cama, y he venido sola, no quiero que se
me baga de noche en la calle. La espero maflana.
-Sin falta iré.
Ernestina besó otra vez á las niñas, dió la mano á
Dolores, y al salir, entró un momento de puntillas
en el cuarto del enfermito, que se nutría á la sazón
con un sueño tranquilo.

,,~"'-~

. · ii~~~·s· ú~g~d~·~i ár~ ·1· i&gt;. a~· :iD'n·e·r~· a~ ºislii.' .... . .
La boda de Ernestina se ha deshecho. ¿Por qué?
nadie sabe la verdad, y menos que nadie el novio, á
quien la joven dicen que no retirió la entrevista de
aquella tarde con la oficiala de Madarne.***
.
Ello es que cartas y joyas se ban devuelto; que los
vestidos, á los que todavía alcaD1,aba la orden cte suspensión, no se empezaron; que todr, está como se encontraba antes de que Ernestina y Eduardo se conocieran.
Es decir, todo no ha quedado lo mismo.
Ernestina, al acostarse esa noche el 1 º de El'l.ero,
pensó:
-A.hora si que es verdad. ¡Año nuevo, vida nueva! ¿Habré hecho bien 6 mal? Bien, seguramente;
yo no conocía la vida, Eduardo no me quería como se
necesita ser querida, Sí, ¡vida nueva! El día que me
case tendré las condiciones q~e hoy me faltan, iré al
matrimonio preparada para todo, para la adversidad
más que para la fortuna, y cuando me decida será
porque habré encontrado, rir.o &amp; pobre, el hombre á
quien ame y roe quiera lo suficiente para confiar en
que habrá de servirme de amparo, de báculo y de
consuelo en las vicisitudes de la existencia. Rico ó
pobre, es igual. La felicidad que he adivinado en el
ejemplo de ese hogar, debe de ser tan hermosa con
1
,marco dorado&gt; como con &lt;marco de madera.&gt;
¡Vida nueva! Si me hubiera casado, hoy hubiera
continuado siendo la mfa la misma del año pasado, la
misma de Sidmpre. A.hora va á ser «nueva del todo:&gt;
sigo soltera; pienso de manera muy distinta á como
pensaba hace un mes; y sobre todo, he llegado á saber
clarísimaroente . . .. en qué lado tenemos el corazón.
ENRIQUE SEPULVEDA.

.

,./ ,

. . ,_&lt;
.

IX
\._
i)
l.

*

* trote largo del hermoso
Dentro de su berlina, *y al
pur-sa11g que la arrastraba, Ernestina cerró los ojos
y meditó.
El dulce sentimiento de la maternidad, despertado
en ella de manera tan brusca como inesperada, la
absorbía por entero, entrelazándose con el de la modestia y la humildad. Después de tantos aiíos de vida insustancial, de fiestas y alegrías sin cuento complacíase ahora en purificarse, pensando que la vida
no es sólo dicha y goces; de las que juzgaba faltas localmente cometidas.
Las palabras de Dolores le sonaban sin ces!l.r en los
&lt;&gt;idos.
'
Era un caos aquella cabecita rubia de Ernestina.
¿ Quería ella lo suficiente á Eduardoi ¡,~e conformaría éste con el género de vida que Ernestina le iba
á proporcionar totalmente distinto del que los reglamentos de la vida moderna imponen? ¿No sabia ya y
de manera tan cruda como ingenua, que á Eduardo
le fastidiaban los niños, y que si Dios se los concedía
en su matrimonio, los tendría muy separados. ¿Ella
misma, si por cualquier azar de la fortuna tan fáciles y tan repetidos, tuviera que vivir madestamente,
estaba en condiciones morales y físicas de poderlo y
saberlo hacer? ¿Pcdría llegará ser, sino la verdadera
madre del Evangelio, la compañera cariñosa y económica que supiera realizar, llegado el caso, el milagro
de los peces y los panes? ¿Sería Eduardo capaz de
pasar una &lt;noche en vela&gt; en cosa, para compartir la
carga de las penas,&gt; á pesar de su hábito de pasarlas
así á, diario, fuera de ella, divirtiéndose?
Las oleadas luminosas de los faroles del alumbrado
público que comenzaban á encender, se precipitll.ban
can resplandor y rapidez de relámpagos, en el interior de la berlina, iluminando el rostro pálido de Ernestina, que conservaba los ojos cerrados.
En la tempestad de aquella alma, después de lQS
relámpagos de los faroles, reson.S una especie de trueno largo y opaco.
Lo produjo el piafar del caballo, y el rodar del carruaje sobre las baldosas del portal del Hotel Palacio
de Ernestina. Saltó presurosa á tierra, subió con rapidez las escaleras, y se encerró en su cuarto
Pocos instantes después, un criado salía de la ca~a
llevando en la mano una carta cou sobre pequeflito de
ancho timbre, dirigido á DON EDUARDO SANTURCE,

'

.

Por no esperar F idel en su impaciencia
Que ninguno al ~orir piense en el cielu,
Al ver á una muJer quo acabó en santa
y á muchas que olvidaron sus deberes,'
Fué su cólera tanta,
Que Je. dijo al Señor:-«A esas mujeres
No es posible absolverlas,»Mas Dios Omnipotente,
Con frases, que caían dulcemente
Como en un vaso de cristal las perlas,
Resnonde con palabras amorosas:
- «Fidel, ten más clemencia
Con todo el que ha probado en la existenc:a
La amargura del dejo de las cosas·
Y perdona á la pobre Magdalena '
Q11e, sino es pura, es más que pura: es buena.»

~
----&lt; ._'

-

~,,,...- ,

V,

\

'

~

\

.

-

IV
Así quedó con providente celo
La mano de Fidel del rayo armada,
Cuando Dios sacó el mundo de la nada,
Y lo metió bajo el fanal del cielo.
V

CANTO

PRIMERO.

EL ANGEL FIDEL.

I

La bondad de los cielos es tan clara,
que, con verdad os digo,
Que Dios, cun su clemencia, es quien separa
Los actos de la culpa, del castigo.

II
Hay una cierta hhtoria
Que, uniendo lo divino con io humano,
Va viviendo del mundo en )1\ memoria,
Como flota en el aire lo lejano;
Historia apocalíptica que empieza
En el día infeliz en que nacieron
Y en que á Dios le pidieron
Talento el hombre y la mujer Belleza.

III
El rey de la justicia soberana,
Es de tollos los padres el más tierno,
.
Aunque hay necios que piensan que el Eterno
Es un Dios bebedor de sangre humana.
Por eso, aminorando los horrores
De cuanto hay de más negro en el destino
El Dios de las estrellas y las flores,
'
Con su labio divino
Dijo al ángel Fidel: - «Que tu pericia
Castigue con razón á los humanos» Y con sus santas manos,
El rayo le entregó de la justicia
Así fué al brazo de Fi1el atada '
La justicia divina,
Lo mismo que la cólera camina
Enroscada en el puño de la espada.
Nombrado ya Fidel, Cid de la altura
Ministro de la muerte y de la guerra',
Por ser tan ambicioso, que en !a tierra
Llt1garía hasta Abad si fuese cura
Al verse tan honrado
'
Con armas defensivas y ofensivaa .
Se quedó contagiado
'
Del mal de las virtudes excesivas;
Y como ya tenía
Un genio con tendencias á lo horrible
Y además no sabía

.

'\

•,. - .... \
'..
'"'--_;éJ ✓-~~~~~

Que todo sér cruel siempre es peque:lio,
Haciéndose el terrible,
Volvió frunciendo y desfrunciendo el ce:liJ¡
Y aunque no de bondad, de or~ullo rico,
l\Us que justo inclemente,
Pensó pasar Vi. vida alegremente
Como el gran Federico
Que jamás se aburrió matando gente.

(ULTIMO POEMA OE CAMPOAMOR.)

"
"

Aquel rayo forjado el primer día,
Con que nunca extermina, aunque amenaza,
Lo ostentaba Fidel con gallardía.
Paseando su importante medianía
Con la altivez de un espa:f!.ol de raza;
Y, para honrar la celestial milicia,
Pensando en p.oner cara de asesino,
Nunca observó su militat· pericia
Que la bondad, más bien que la justicia,
~s lo humano, que toca en lo divino.
VI
Y pasó un siglo y dos sin pasar nada,
Mas juzgando á la tierra consternada
Con la muerte de Abel, en el instante
Fidel de rabia ciego,
Sintiendo no tener en el semblante
Para que al cielo y á la tierra espante
Alguna cicatriz de arma de fuego,
Pregunta á. Dios: «¿Mato á ese vil hermanoh
Mas Dios, amigo del dolor humano
Con celestial ternura
•
Le responde á Fidel:-«Espera, espera;
Hay horas en la vida de locura,
Mas la hora de Dios es la postrera,&gt;
Y asi el Seflor, mAs justo que terrible1
Dejó á Caín de turbaciones lleno,
Condenando al malvado á la insufrible
Inquietud natural del que no es bueno.
VII
Y así fueron pasando
Los siglos como sue:lios de una hora
Fidel amenazando,
'
Y el Señor perdonando
A todo sér que vive, gime y llora.
Y queriendo ejercer constantemente
El rígido deber que se hace odioso,
E l ángel, cada vez más inclemente
Creyendo,. cual si fuese un juez cei'oso,
Que no existe en el munG.o un inocente
Viendo su alma foroz aunque crütian¡1
En cierto siglo una m'oral mal sana,
Le ~reguntó á Dios: Seil.or, ¿Qué hacemoaP
Y Dios con su clemencia sobrehumana
Miró A la tierra y dijo:- «Ya veremos&gt;-

\

\

Ya odiando la '6ondad de un Dios augusto
Q11e, solo perdonando, cree que es justo,
Murmuraba F1del frecuentemen!e:
- «El mundo está perdido»
Por no tener presente
Que, más que á un inocente
Dios prefiere á un culpable ~rrepentido·
Y el gran Rey d e la altura
'
Con voz que es una fuente de ternura
Le dice de esta suerte:
'
- «Deja siempre el castigo para luego
Que el_ hombre, á veces ciego,
Ve meJor A la hora de la muerte. »-

X
Sigue Fidel por sa excesivo celo
Estudiando dulzura en las pantera's
Como un inquisidor que cree de veras
Qaaa~ndo gaDa..- almas. para...el cielo:
Y cual siempre, olvidado
De que Dios odia al mal y no al malvado
Exclama A fuerza de rigor ia:pío:
'
-¡Cuánto crimen, Dios mío!
c~No e~ ho~a ya! Seftor, de que matemos?»
D10s m1sencord1oso
sepu.tando
'
lo justo 'en lo ¡.,iidoso·
Vue_lve ~ decirle ,eomo un rey- «Veremos"
Y Fidel iracundo
'
Queriendo exterminar á medio mundo
Haciendo también guerra
'
.
~ los que cree ~icbosos en la tierra,
o~tra todo feliz, á cualquier hora
Qwer~ lanzar el rayo, porque ignora
~lle s1 el homb:e ~s dichoso algún memento,
yUJ días de aflicción !JO tienen cuento,
L q~e del globo en el helado infierne
a dicha es la excepción de un mal et~rnol

CAXTO SEGUNDO
ATALIA

I
Y despué , de pasados
Algunos siglos máE, un hombre un día
Acusaba á Atalía
Del :11ayor y menor de los pecados.
Atalia es variable de tal modo
Q_ue del amor sólo ama los placeres,
Siendo de esas mujeres
que c~entan con el diablo para todo.
Uon OJOS del matiz de la avellana .
y el bronceado color de una gita¿a
Más que uno á ~no, en aquel rostro 'bello
Pueden contarse á pares,
Como besos del diablo, los lunares
Qu~ esmaltan sus mejillas Y su cuello.
MuJer de gran talento
Que, como todas ellas
Cree que son clavos d'e oro las estrellas
Con que D10s asegura el firmamento.

II
Invocando á los cielos ·
Con la cólera amarga de los celos
El a:nante exclamó: - «Dios sober~no
Castiga por traidora
'
A esta falsa mujer que sólo adora
La f~ci~ musa del amor pRgano.
Por mfiel, por ingrata y descreid!l..
Mata á este ser maldito
Cuyo nombre está escrito
En ~ª. cr_ónica negra de mi vida.
Esta mf1el por quien peno,
Tan mala como bella
Con el aliento de ella'
Se pue~e envenenar hasta el veno.
Que la ira de Dios se una á la mía
'
Y sL a l cielo algún día
Se atreviese á llamar, cerrad la puerta·
Porque sé que Atalía
'
Ha de ser mala hasta después de muerta...

III
Al ~scuchar Fidel tan gran lamento,
C_on aire de un,actor de melodrama,
Sm dudar un momento
Ni encomendarse á Dios «Eipera&gt; exclama
Y con su diestra mano
'
Y su instinto de llena..
Lo m_ismo que un valiente cirujano
A quien nunca espantó la sangre ajena
Vengando tal falsía
'
Se inclina, el rayo toml\
Y mirando á la pérfida A.talía
Como mira el halcón á la palomR.
A un sol que de la tarde á la caíd/\
Ya alumbraba á la Europa de soslayo
Apunt~, lo despide, y parte el rayo '
Cual s1 fuese una espadA. retorcida·
Y como ésta .?l brillar, alumbra y ~irga,

Miéntras al fin de su destino llega,
La atmósfera parece un calabozo
El cielo un tragaluz, la tierra un pozo,
Y perturbado el suelo,
Qutdó todo lo mismo
Que si se hunde sobre el mundo el cielo,
Y el mundo se cayese en un abismo.

IV
En tan breves momentos
El Dios que ve nacer los pensamientos
Echó desde su espléndid•a morada,
Por delante del rayo una mirada
Y como de este modo
'
Llenó de efluvios de piedad del todo
Por Dios purificado el rayo luego, '
Em_pezó á verter luz, en vez de fuego.
Y siendo un mensajero de venganza
Se convirtió en un rayo de esperan~a.
V

Cuando el rayo de muerte
Brilló con nitidez fascinadora
Como, al tocar las aguas se convierte
La luz del sol en claridad de aurora
Deslumbrada al fulgor de brillo tant~
Con el ro3tro de un niño que despier(a
Atalfa de espanto
'
Pidiendo á Dios perdón se quedó muerta:
Y mostrando una cara
Más lí~ida que un mármol de Carrara
Cual s1 fuese Ulla lápida mortuoria
Su espíritu que ve al fin para ella'
El rayo en una estrella
Que le ensefta el camino de la gloria··
Y de este modo la mujer amada
'
A quien llamó su amante un sér' maldito
Por el r ayo del fuego iluminada
Fué á tomar posesión de lo infinito,

VI
Y cuenta el cronicón de una abadía
Que por su mucho celo
'
En juzgar á Atalia
Perdió ~l áng~l Fidel desde aquel día
Su propia ~st1m11eión y la del cielo·
Y que más adelante
'
Angel á veces, y demonio á rato"
Se hizo hipócrita, frío é intoleranfe,
y acabó en fracmasón de los beatos.
VII

Y cuando ya A Atalia
Un borbotón de llamas la rodea
Y la vida futura la atraía
'
Como atrae el abismo que marea
El pobre amante de tristeza llen~
Apren_dió á perdonar en el Dios b~eno;
Y subiendo á los cielos Ata1ia.
«¡Qué bueno es Dios! que bueno es Dios!" decf
Y fué A gozar las dichas del Eterno
a
En vez de ir, por infiel, como debí~
A enseñar nuevos vicios al iQfierno.'

�150

EL MUNDO.

Domingo 27 de Agosto de 1899.

==

.A.í'io VI-Tomo Il

rflLLmo. @r. 2),-.

México, Domingo 3 de ~eptiembre de 1899.

:IJ. !Jacinto

Número

10

Jl,/yJe5, 84izobi.Jpo electo Je {juadalaja-cCkJ.
FOT. DE MORA.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>momingo 13 de Agosto de 1899.
EL MUNDO.

106

A
Miedo me da el pensar lo que en mí siento,
y por eso en sus males, importuno,
sólo sabe ir á tí mi pensamiento.
Por tus renglones, que besé nno á uno,
ya sé que están en nuestra llumilde casa,
todos muy bien, aunque fJliz ninguno.
Que arrastren, como yo, su dicha escasa
con católica fe, con pecho f.ierte;
que la vida es cruel, mas pronto pasa.
Y sufriendo por Dios, tendrán 1~ suerte
de vivir esa v!da de alegría,
que no muere en el día de la muerte.
¿Quieres saber mi hi,toria, madre mía?
¡Ay! ü el saberla yo me da tormento,
el contártela á tí, ¿qué me darfa?
De un pesar que no espera es mi lamento,
por eso hoy busca tu materno lado,
maniático de tí, mi pensamiento.
Del hijo más que r.ddos desdichado,
abre tu corazón á sus gemidos,
por la vida tan triste que le has dado.

MI

::s

MADRE.

Al fijar tus pupilas en las mías,
como es la voz del alma tu mirada,
¡qué de cosas, callando, me decías!
Ya mi mente en tu e,píritu filtrada,
dejaré deslizarse mi existencia
en tu augusta belleza vinculada.

De tanto ser cc,mo encontré perjuro,
ya dejo hasta el recuerdo, que maldigo,
por tu amor siempre grande y siempre puro.

Año VI-Tomo IC

Desde este día á tu mejor amigo
ya no le importa oscuridad ó gloria,
gusto ó pesar, sufriéndolo contigo.

México, Domingo .zo de Agosto
· de 1899.

Tú sola en mi dolor me das paciencia,
pues siempre con tu imagen me acompaiias,
confidente leal de mi conciencia.
Tú de luz pura el pensamiento baiias,
la infernal lobreguez trocando en cielo,
del hijo, antes feliz, de tus entralias.
Pueda hoy contigo desahogar mi duelo,
pues sabe bien tu natural tristeza
que el placer de llorar es gran consuelo.
Turbios mis ojos, blanca mi cabeza,
perdí con la esperanza la energía,
y ya basta tengo de vivir pereza.
Fué tan larga y terrible mi agonía,
que por tu hermosa senectud te juro
que, á no vivirme tú, me momoriría.

Pensando en goces, para siempre huidos,
mi mano sofocando la agonía,
dtil corazón retiene los latidos.
¡Cuánto recuerdo ahora, m'\dre mía,
aquel dulce mirar con que afrentabas
al sol de otolio al acabar;ie el día!
¡Cuántas dichas entonces me augurabas,
mientras viendo nacer mis sentimientos,
con el alma en los ojoa me mirabas!
L

Y aunque las dichas se volvieron cuentos,
¡cómo, en recuerdo de tan bello3 días,
hoy te besan los piés mis pensamientos!
Del alma, que consagro á tu mem~ria,
presto lo3 males curará la muerte,
desenlace final de toda historia.
Y nntes la edad, más que las penas, fuerte,
me dará poco á poco ese desvío,
que la t•üteza en hábito convierte.

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1

Buitre de l11s pasiones, el hastío
con sordo bfán mi corazón devora,
y el pecho se me queja A pesar mío.
Mas así iré viviendo hora tras hora
basta que ponga fin á mi existencia
aquel Dios que es más Dios del ser que llora.
_Y querrá, en su hondad, la Providencia,
mientras llega ese fin, dar á mi mente
la angustia que se abisma en la paciencia.
;,Recuerdas la tersura de mi frente?
¡Oh, qué ¡ay! darías sus arrugas viendo,
de esos que dais las madres solamente!
Mas concluyo esta carta, porque entiend o
que lo mismo que á mí cuando te escribo,
te se caerán l11s lágrimas leyendo.

\

· No llores, madre mía, pues concibo
que es pagar con un ¡ay! con mucho exceso
1a ruin parte de vida que ahora vivo.

~---.~
\

¡Cuánto lloras mi mal! A cuenta de eso,
para estampar en tu anchurosa frente,
además de otros mil, te guardo un beso.

·.

~

Dame tu bendición, que ye impaciente
a darte voy cuanto tu amor desea,
que es la ansia eterna de tenerme enfrente.
Y si Dios no permite que te vea
de mi vida los últimos alientos '
besos serán que te daré en idea.
Desde que hallé insufribles mis tormentes,
cuantas horas los días han tenido,
tuve yo para tí de pensami,mtos.
Adiós, mi santo amor; tú ~iempre has sido
el ángel para mí de las mujeres·
recuer?a sin cesar que no te ol;ido,
Y escnbeme á menudo que me quieres.
R AMÓN DE CAMPOAM0R,

EL

CA:NTO..

Número 8

�Domingo 20 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

110

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.
--···················································· ··········•····································

LA SEMANA.

***
Con motivo de la reciente discusi ón sobre~~ te~~o
se ha traído y llevado el nombre de Dumas, h1JO, i '
siempre Francia para nosotros!
á .
Dumas hi jo es para mí el primer dram tico 1rancés De ~us cdmedias, como del amor,-esa otra comedia ese otro drama!-lo que prefiero s_on los próloo-os '·Cuánta oportunidad y cuánta gracia! Lha p~uma d~ Dumas es una pluma de Toledo. He _ec
además esta otra obse7vación que me pahre: J~st
cuando'Dumas habla mejor, es cuando a a e
mismo! En ews prólogos suele contarnos sus má~_secret,as intimidades. Gracias á ellos sabemos la ~ta
que vestía cuando escribió «Diana de Lis,~ y ~s
ant,uflas que calzaba cuando comp~so «La. Prrncesa
~e Ba&lt;Tdad.&gt; En ellos también amplia Y sostiene la t~sis, más ó menos discutida, de sus dramas. Dog':°atiza; se defiende; saca afuera sus puas, como el enzo, y
.
raso-a la epidermis de sus contnncantes.
Yo, sin embargo lo perdono todo, Y leo con deleite
esas obras de .gracia intencionarla. Me entu-lasman
los tiradores que hieren y los litera~os que flageiim.
Una gota de sangre sobre una págrna blanca, es un
rubí.
*

º:
~¡

Tieí los telegramas con una avidez febril, y al dejar
el periódico sobre la mesa, como se deja .un. ª?ónimo
Ueuo de groserías é insultos, pensé en m:s vie;as lleturas y recordé muchas cosas tristes de mi amada
Francia.
• á
Llovía llovía y en el silencio de la noche, vmo
mí el su;ño con' un cortejo de pesadillas extravagantes.
y soñé que una figurit gigantesca, inclinada. en el
borde de mi lecho, como en la barra de una tnbuna,
repetía el iracundo y terrible discurso:
•Oh les abandono mi vida sin pesar! ¡poseo la ex'
'
. ¿ Q ué an11.
periencia
de lo pasado y veo lo porvemr:
go de la Patna puede sobrevi vir al momen~o en q~e
ya no es permitido servirla ni defender la 10ocenc1a
oprimida;&gt; · para qué seguir permaneciendo en un orden de cosa~ en que la intriga triunfa eterna_mente
de la verdad, en que la justicia es una mentira, e_n
15 de Agosto.-Felicit¡clón de las Marías.
. .
que las pasiones más viles, en que los temores más ri_ Decididamente yo amo, como di~e en su del1cio•
dículos ocupan en los corazones el lugar de los mte- sa galiparla, la más divina de las muJeres que conozresrs sagrados de la humanidad. ¿Cómo ~aportar el co yo amo esas reuniones íntimas en que no hay mesuplicio de ver la horribl~ sucesión de tra_1doreF, _más sa; de ecarté ni cuerpos rígidos; yo amo esas alegres
6 menos hábiles en ocultar su alma terrnble b:tJO el fiestas de familia, tan llenas de rrescma y de perfu.
velo de la virtud, pero que todos legarán á la poste- me como el jardín á la hora que amanece.
ridad la dificultad de decidir cuál delos enemigos del
Allí los hombres dejan el paraguas y la gravedad
pafo fué más cobarde? Viendo la multitud de vicios en man·,s del lacayo que les aguarda en la antesesaque el torrente de la Rev?luci.Sn ha ª:rastrado, mez- la; allí la corbata blanca no congestiona ni. agarrota
clado con las virtudes cívicas, he ter:':udo alguna ve~, el cuello· allí se habla y se conversa en el rmcón del
lo confieso, verme manchado. á l•s OJOS de la po~te~1- canapé, 1bajo las hoJaS de uua planta exótica, detrás
dad por el impuro contacto de los perversos. ITe vis- del abanico de plumas y de oro. El salón con sus granto en la historia á todos los defensores de la libertad des racimos de bugías, es el rojo interior de una amaatacados .por la calumnia. Pero sus opresores han pola; el gabinete capitonado, tibio, azul, e~ el cor~muerto también. Log buenos y los malos desapare- zón de una viole:a. Los que tenemos ya la vista faticen de la tierra, ¡pero en qué Jistintas condi?ionesl gada, preferimos las claridades de la veladora. .
F rancP.ses, no consintáis que vuestros enemigos se
Por eso huyo de esas reuniones en que la luz irraatrevan á humillar vuestras almas y enervar vuestras dia, reflejada por los espejss de yenecia, y busco la
virtudes con sus desoladoras doctrinas! ....
apaclble claridad de esas tertunas que nuestros pa¿Por qué los que antes os decían: os declaro que ca- dres conocieron tanto y que nosotros ¡ay! apenas comino:nws sobre volcanes, creen marchar hoy sobre ro- nocemos.
.
.
sas? Los que os dicen que la fundación de la _RepúDejo las grandes salas donde las pareJas tiraban
blica es una empresa fácil, os engañan ó más bien no competencias de pugilato y busco la penumbra elepueden engañar á nadie .... ¡Pueblo! acuérdate de gante de esas fiestas íntimas sin cuadrillas de honor
que si en la República no reina la jus~ici_a con ª?solu- ni brindis oficiales .. ..
to imperio, y que si esta palabra no s1gmfica la igualdad y el amor pat rio, la libutad n,i es más que un
nombre vano! P ueblo! tú á quien se teme, á quien
i;e adula y á quien se desprecia; tú, soberano reconocido á quien se sigue tratando siempre como á esclavo acuérdate que donde no reina la justicia, domina~ las facciones de los magistrados, y que el pueblo, en tal caso, ha cambiado de cadenas, pero no de
destino! ..... .

** *
La otra noche, escuchando «Aida,~ cantada admirablemente por la señorita Chalia, en el Circo Or~in,
me formulabá á mí mismo un problema drolát1co:
, Podré :imar alguna vez á una Venus Negra?
G Un habi tante de Mozambique habría dicho precisamente lo contrario: ¿amaré alguna vez á una Venus
Blanca?
.
El hecho es que el criterio con que se aprecia la
Belleza cambia según los climas y regiones. Lo que
es verdad aqui no es verdad en el centro del Africa.
Lo que es bello en Cb_ina es horrible en Europa. Los
.
negros dicen que el d!ab~o es blanco.
i::,i un conquistador africano entrara trmnfante en
la ciudad de Roma, mandaría que untasen de betún
las grandes estatuas. Los ojos de ese hombre no
son, pues, iguales á los míos: su cereb~o está_ conformado de una mauera distinta: no es m1 semeJante.
Pero el criterio se modifica y transforma. Hay flores que trans¡:,lantadas cambian de color. Hay cerebros que no piensan lo mismo en el Ecuador que en
el EstrechodeBehriog. On negro, arrebatado de Hokanga y puesto en el Boulevard d~ los Ita_liano~, reforma su' criterio con el tiempo. S1 lo ponéis en Londres,•acaba por enamorarse de una rubia, ~uy rubia,
ó de una albina. No he visto sapos que m1_ren el sol;
pero sí he visto negros enamorados de muJeres blanca~.
Ahora bien: ¿ocurriría lo mismo_con nosc.tros si nos
aprisionaran en el centro del Africa? ¿Llega~íamos
á apreciar la hermosura sombría como aprecian los
neo-ros la hermosura rubia? Verdad es que nosotros
oc~pamos un lugar más. alto en la escala ascendente
de la humanidad, Europa es la florescencia de la tierra. Tenemos datos para presum:r que n~estro criterio vale más que el de los negros. Pero bien miradas
las cosas, ellos dirán lo mismo que nos?tros. . . .
Aurelien Scholl decía, con sobrad1sima Just1cra,
que el más insignifican~e diputado no trocaría.su importancia por la de un Jefe de tribu, como el ¡efe de
tribG, á su vez, se negaría á cambiar su posición por
la de un diputado.

JOSE ANTONIO CALCAÑO.
Fresca está aún la memoria de tu muerte, gentil
trovador. Frescas las rosas que deshojamos en tu féretro. Frescas la!. lágrimas que lloramos en tu sepulcro!
Todavía no se ha borrado en nuestras almas el recuerdo lastimero de aquella tarde húmeda, de aquella tarde triste en que te dijimos adiós, por la vez
última en la ciudad doliente coronada de túmulos,
ea la cludad llena de mármoles y de jardines, ciudad
que es al propio tiempo recinto de la paz y albergue
del dolor.
Todavía no hemos olvidado aquella tarde meiancólica de tu entierro; vibraban en el ambiente ráfagas
de hielo y de tumba; el cielo, en parte azul, á trechos
pálido, de un blanco de nácar, se deshacía en lluvia
como llorando tu desaparición, poeta. Y por entre el
.tango del arroyo, bajo la llovizna azotante y sutil,
ibas Lú, sobre nuestros hombros, en hombros de poetas, como alguien dijo, blanco de rosas, blanco de
jazmines, camino del templo, á los ojos de tu capital
querida.
Y ya en la iglesia se desplegó, en honor tuyo, la
gran pompa religiosa: las preces, los psalmos, las hopas purpúreas, los roquetes de.;lumbrantes de blancor, la mitra constelada de pedrería; la luz verde pálida de los hachones, el negro fúnebre de los paramentos, lo violeta arzobispal del Prelado; las cruces
de plata, los cristos de marfil y de oro, los hisopos
abrillantados de níquel.
Después, sobre tu sepultura recién cegada) vimos
nacer, entre las flores frescas, una flor de poesía; vibró en el aire, sobre los cantos de los cipreses funeralei,, el canto de un poeta, el adiós de un j&lt;1.rdinero
del arte que sólo cultiva en su verjel flores de antología.
José A.nt:mio Calcaño es, en América, uno de los
mejores y más eminentes representiantes del romanticismo.

En España ni en América, acaso por exi~üidad de
savia artística, acaso por otras ~ás recónditas razo.
es no apareció nunca el Gaut1er, el Benvenuto del
;e;so; ni el alma, sublimemente desolada, ~e Leopardi; ni el desbordamiento lírico de Hugo; m ~a poesía, toda cumbres, de Byron. :1'ero el romantnlsmo
dió á la Península y á la América trovador~s excelentes, algunos de ellos príncipes en la herá_ld1ca d~ la&amp;
letras, émulus en cierto modo, de los magn(l)S artistas.
del verbo castellano.
En E~paña el más calificado entre est?s poetas PSel cantor de /'.J.ranada; en Venezuela qu_ien supo rimar El paso doble y Los arabescos de Ed~ino.
Bien pudie:a decin,e que José Antomo Calcailo er.
nuestro Zorrilla; pero entre ambos _existen diferencias. zorrilla supera á José ~nt~mo Calcaño "n la.
pompa lírica, en el esmalte or1?01al, en ~l deslumbramiento prismático, excelencias que . a, aloran los
versos del poeta español._ José Anto~10 Calcaño lo
aventaja en elegante sobriedad de estilo, en corrección. Además, el poeta venezolano n_o ~s sombríamente religioso, ni estrechamentie patr1_ót1co. _
zorrilla canta pueblos e~pañoles, monJa&amp; es_panolaa.
militares españoles, reyes españoles, conse¡as españolas. Los Cantos del trovador, pongo por caso, es obra
escrita solamente para España, para la España conservadora y clerical. En los Poemas Y leyendas deJ086
Antonio Cah:año no sucede lo prupio : el poeta ama 1\.
todas las musas, bebe en toda¡; las fuentes, llora to•
das las desgracias, conoce todos los pt.eblos, canta.
todos los cantos. Es más cosmopolita, más moderno.
La relio-iosidad militante de Zorrilla degenera en
fanatismo'? la fé de José Antonio Calcaflo perfuma el
arte con u~ li &lt;Tero perfume místico, lleno de encanto;
perfume que flot,a bObre algu!1as rimas del poeta como el alma fragante de sus versos.
. .
Obediente al prr¡pio temperamento, y. sohc1tado
por las grandes influencias literarias del s1gl~ ~n que
le tocó tlorecer, José Antonio Calcaño s~ adb1_r1ó á la.
escuela romántica, no sin que pagase líneo tnbuto al
viejo ideal clásico, muriente.

Los poetas romántico~ supe!ªº el arte clásico eo
el revoloteo amable del rngemo; en el arrebato, e~
la frondosidad, en la frescura de rosas del poema; en
la música variante y seductora de los metros Y las.
rimas; en el desorden armónico de la inspiI ación.
La inspiración ro01ántica ora vuela hasta perderse
entre las nubes, como un águila; orii se posa en un
grana:lo florecido y canta, á la luz de la luna, comoun ruiseñor; vibra tiernamente como un laúd; espuma
como el mar· aroma como el jazmín; es blanca y pura.
como una vi;gen escandinava, rosada y lasciva como
una bacante, guerrera y legendaria como Juana de,
Arco; es pálica como hilo de lun~, negr~ como punta.
de tinta, azul como franja de e1elo, roJa como chl1:rpa de rubí.
La inspiración romántica llena el alma de ensuei'ios, de mariposas los jardínes, los campos de verdor;
se alza como banco de coral por entre las ondas ~zules; y canta como la estatua de MemoóIJ. á los fulgl•
dos besos de la aurora.
El clasicismo es correcto, pero monótono. El clá-sico diluye el sentimimiento, como una d:og3:, en la.
copa dorada del estilo; pone á abrasarse la 10sp1raclón,.
como un incienso, en el t uríbulo de plata del len•
guaje.
No es que se decadente la rudeza del estilo poético,
La inspiración ha de vestir traje de reina. El vem
ha de brillar como el oro; tener consistencia de di&amp;•
mante; arrastrar púrpura como uri Emperador. Peroque pueda también volar libre como una palom~qu&amp;
en el ritmo no se ahoguen las ideas; que la mef.rica.
no sea jaula de la inspiración; que el verso ande fran•
coy resuelto come un caballero abroquelado en ar•
madura resplandeciente, y no tembloroso ~orno un,
perlático, ni en silla rodante como un hemiplégico..

***
Si José Antonio Calcaño floreciera ahora, no á pr~
medio del siglo, ante!'&gt; que un gran poeta rou:iánUCOsería un poeta original, con marcada tendemaa propia.
Hoy las escuelas, como los dioses, se van. Ningúlll
poeta. se resigna á desaparecer sumado en una escuela. Cada quien aspira á vivir, á perdunr, por derecho propio. La desesperación de los poetas es la orl-ginalldad. Lo bello es lo raro, expresan algunos, 1
cultivan primorosas plantas exóticas. Para ot~osdla.
suprema expresión del arte consiste en una rig~
marmórea. Se ha puesto en boca de la belleza
canto:
Je hais le nw1.t1:ement qui déplace les lígnes;
Et jamais je ne pleure et jamals je ne ris
Hay quien suspira por hacerse pálida lumb:e que,
al través de la obra de arte, esparza rósea claridad
velador, suave luz de poesía. Muchos no conciben
verso sino vibrante de intenso subjetivismo. El verso.
como la nube, debe centellear. La poesía debe
médula de alma.

Domingo 20 de AgoRto de 1899.
Lo cierto es que ya no se habla, ó se ha'::la poco, de
escuelas literarias. Las personalidades llenan toda la
crítica, Sin embargo, las teorías_ han legado_ mucho de buPno á las nuevas generaciones de artistas:
la idea de una forma elegante: l_a i~dependencia revolucionaria; la verdad, la conciencra de cómo es puro elemento de arte lo propio que una. estrella de oro
una estrella de fango, lo mismo que las vírgenes las
cortesanas, igualmente cándidos ensueños de la fantasía y repugnantes lepras de una carne en putrefacción.
.
José Antonio Calcaño, asiduo lelltor de los poetas
italianos franceses é ingleses, se empapó un poco, en
los últim~s años de su vida, del espíritu moderno; pero
éste sólo se manifestaba en nuestro cantor por lamolicie de una factura rosa primorosa.

*

*'*mueren cuando los espíLas tendencias artísticas
ritus se con vierten hacia la aurora de otro ideal. Pugnar por redivivirlas equivale á querer resucitar una
momia. El clasicismo murió. También elromanticismo ha muert o. Su cadáver, en descomposición, produjo miles de gusanos. Bien pronto los gusanos sel.Jicleron mariposa~; las marlposas echaron á volar,
atraída:. por la púrpura de los claveles, por las azucenas eucarísticas, las violetas episcopales, las magnolias, los jazmines y los lirios en flor. Ellas venían de
lo negro, de la muerte, y volaban en busca del color
y el aroma, volaban haci~ la ju_ventud perfumada de
los jardines, volaban bac1a la vida.
Esas mariposas nacidas del romanticismo son las
nuevas estéticas. Y las nuevas estéticas, la juventud
en las venas, el sol en loi ojos, el lauro en la frente,
cab&amp;.lgando á su turno en el Pegaso, sin herir al noble corcel alado con el espolín de oro, lo conducen
por verdes y luminosas cumbres, mientras miran, como los Conquistadores del poeta, cuál surgen nuevos
astros en cielos desconocidos, en cielos de un azul
deslumbrante.
Muchas de estas novísimas flores de estética son
cultivadas por un solo poeta. Todas ellas de distinto color y fragancia forman juntas el gran jardín del arte
moderno. P ero en una cosa, en la cual era descollante
José Antonio Calcaño, están acordes todos los poetas; en cincelar el lenguaje á manera de florentina
joya; en labrar como urna primorosa el estilo; en pulir las rimas como ánforas; en teJer con donosura la
delicada urdimbre de los versos.
***

Tu muerte no ha simado en el dolor, dulce poeta
ido. Rodó tu cuerpo exánime junto al arpa trémula
todavía con la música del postrer cántico: y los poetas, en voces delirantes de amor, queremos, para tu
memoria, rosas; para tu sepulcro, el laurel; para tí,
el mármol.
RUFINO BLANCO FOMBONA,

LA CATEDRAL DE BURGOS.
Al caer la tarde de un domingo de Abril, cpntemplo la ciudad de .Burgos rodeada del esplendo: de una
primaver¡i. meridional destacándose en el fondo áureo y rosado del poniente.
La suave atmósfera está tranquila, una irradig,clón de noche serena y sin júbilo se difunde á medida que va acelerándose la fuga del día, sobre esta ciudad ant igua, aislada, envejecida, moribunda á la orilla de un riachuelo, sin comnnicación con la Inmensidad del mar que alegra y vivifica. Autójaseme que
la opresión de este nombre soberbio: Burgos, de este
nombre evocador de magnificencias antiguas, pesa
al declinar el día sobre las calles festejosas por las
que circula, vestida á la moderna, la España actual,
tan pequeña si se la compara con 1a España de antailo.
La célebre catedral se ve desde lejos: sobre las casas se destacan en la atmósfera dorada, flechas, puntas, inlmag!nables recortes, de una labor delicadísima.
P&amp;recen encajes de papel que d viento va á llevarse,
Y allí están desde hace muchos siglos, inmutables y
ligeros á un tiempo. Baflados por la roja luz del ocaso, dentro de unos instantes, cuando eJ sol desaparez_ca, sólo ellos re~ibirán sus rayos, mientras las calleJuelas sombrías irán quedando solitarias á medida
que la multitud penetre en las casas obscuras.
En medio de la ciudad se alza la catedral á la que
&amp;eme conduce por entre un laberinto de casas centenarlas,-muy de prisa porque me propongo partir al
cerrar la noche. Llego por fin. Allí están los altos muros con venLands góticas, las escalinatas, los pórticos
suntuosos en los que se alit!ean y se superponen las
estatuas de piedra rojiza. Franqueo las verjas majestuosas y me siento envuelto en la penumbra crepuscular; baja basta mí un frío de sepulcro mezclado con
suave olor de incienso en aquella humedad subterrán,ea: penetro en un mundo de increíbles magaificenc.as, en una soledad de encantos sombríos.
Las lejanías huyen, obscuras é iluminadas á intervalos por )a luz de algún vitral; las baldosas tienen
una sonoridad de caverna en aquel silencie que turba
e1 ruido de nuestros pasos ....
Esta es la catedral, la catedral legendaria, mara-

111

EL MUNDO.
villa de los tiempos que fueron, más sorprendente
que las de Milán, Estrasburgo ó Toledo. Está desierta y casi da miedo verla en esta hora crepnscular jel
domingo, cuando ya han callado los grandes órganos
y se han extinguidc, los incensarios.
La primera impresión lo hace á uno creer que está
en medio de no bosque petrificado, bajo el follaje ,d e
árboles gigantescos. Las columnas, troncos monstruosos, se lam.an hacia arriba, cubiertos de guirnaldas que parecen plantas trepadoras, y que son en
realidad esculturas delicadas y maravillosas. Y arriba, en don~e las pilastras dispersan como ramas
sus arcos, los fol!~jes se entretejen, las frondosidades
de piedra forman algo como la bóveda de un bosque,
dando testimonio del trabajo paciente de toda una generación. Todo esto lavrado en la piedra viva, todo
indefinidamente duradero y á pesar de su rara delicadeza, trai¡mitido hasta nosotros de muy atrás por
les siglos pasados.
Crugías inmensas, de treinta pies de altura, prodigiosamente e~culpid&lt;ts, corren en todas direcciones
entre los pilares altísimos, separando de la gran nave
una multitud de capillas secundarias de magnificencia más in verosímil aún, follajes infinitamente delicados que suben hasta las bóvedas también y que no
son de piedra sino de oro deslumbrador.
El guardián de tantas riquezas abre una tras otra
con llaves cinceladas y del tamaño de una daga, las
pesadas puertas de hierro ó de bronce, y el ruido que
hacen al cerrarse de nuevo, resuena largamente bajo
las altas bóvedas.
-Es yd muy tarde para verlo todo; la ncche se nos
viene encima. Y me lleva á toda prisa.
Al principio estábamos solos en este lugar eRplendido; pero á poco entran cuatro ó cinco montañeses,
vestidos á la antigua, y de aspecto hosco, tímido y
miserable. Piden permiso para seguirnos y se nos
reunen, formando entre ellos un grupo compacto,
mirando de cerca en la penumbra aquellas cosas suntuosas, tocanifo con el dedo los oros, empañando con
la respiración los mármoles.
Visitam1-s el coro, tesoro de riquezas inestimables,
encerrado en una especie de jaula de bronce calada,
oculta bajo cortinajes de brocado que caen desde la
parte más alta de la nave. Frente al altar mayor resplandecient e de oro se alinean los candelabros de plata repujada, de cinco ó seis pies de altura. Después
recorremos las capillas secundarias cuyas verjas, al
abrirse despiertan sonori'.iades cada vez más pesadas
y más largas en la creciente obscuridad; vistas de
cerca, sus frondas de oro que imitan acentos y ligeras flores se pueblan de centenares de personajes y
animales.
Cada vez más de prisa, nos muestran las tumbas
de los santos «fundadores;&gt; el guia levanta bruscamente los sudarios de terciopelo rojo y {le oro que
cubren las imágenes de alabastro ó de mármol, las
blancas estatiuas yacentes.
Después cruzamos un dédalo de claustros, lleno de
recuerdos y de reliquias, con puertas cuyas cerradu.
ras son ti.guras humanas gesticulantes en cuya boca
entra la llave. Y por último volvemos á la inmensa
nave, casi negra ya, á la cual penetramos por una
puertecilla medio oculta.
No es la impresión de la paz religiosa la que se recibe; al contrario, el sentimiento de una magnificencia orgullosa, imp:acable, que aplasta. Ni aun se sien:
te la calma, á pesar de las penumbras y del silencio,
ó esa unidad que serena el ánimo, como por ejemplo
en ciertos santuarios japoneses de la Montaña Santa
que son, como éste, los más espléndidos entro los templos de los dioses respeLados aún por el tiempo. En
esta extravagante acumulación de riqnezas se siente
no sé qné ag-itación, algo pesadamente humano, casi
sensual. Se evoca un pasado prodi!{ioso: toda la España de los grandes siglos rebosantes de oro y de poderío; pero la -paz, la dulce paz de tantas otras iglesias cristianas, está ausente.
He experiment,ado ya que esto de ver por la primera vez las cosas, furtivamontie, al atardecer, con la
iebre de las breves paradas, es la manera de recibir
de ellas una impresión completa, definitiva y justa.
Cuando ví por la primera vez el Acrópolis de Atena,,,
de noche y por breves minutos, á costa de mil dificulcades y con la inquietud deque se fuera mi buque,
recuerdo haber entrevisto la magnificencia antigua
de una manera violenta y nueva que no he encontrado después en los mismos lugares. No quisiera, p'.les,
volver á Burgos y detenerme en esta ciudad más
tiempo; por '.llgunos detalles incomparables que descubriría sin duda, se debilitaría y se em pequeffecería mi impresión del conjunto.
Ibamos á salir ya ....
Pero, vemos brillar dos llamas, en las lejanías de la
inmensa nave y cerca de ellas una forma negra, de
rodillas. Veamos qué es. Y nos acercamos sigilosamente para que el ruido de nuestros pasos sobre las
losas no despierte al fantasma que ora.
Los cirios-muy modestos-arden ante un cuadro
de la Virgen que se oculta en un rincón i_gnorado,
en un nicho, detrá&lt;; de uno de los pilares monstruosos.
Sin embargo, es demasiado suntuosa esa imagen por
su cuadro de oro viejo.·

Una mujer vestida de negro y con la mantilla de
luto está allí postrada de hinojos. Tiene en los brazos un niño de algunos meses de edad con el rostro
marcado ya por el dedo de la muerte. Ruega fervo.
rosamente por él, mientras se consumen los cirios.
¡Pobre enlutada que busca la imagen más humilde
para ofrecerle sus cirioR de á dos céntimos!
Ora y tiene los ojos llenos de lágrimas.
Es violento y cruel el contraste entre las riquezas
prodigiosas del santuario y los ve~tidos de la devota;
entre la duración persistente de los mlllares de santos vestidos de oro y la fragilidad de ese pequeíiuelo
sin maíiana, cubierto de harapos, á quien han traído
á su presencia, presentándosele tímidamente para
que se apiadan de é l, y que pronto volverá á la tierra.
Ya es decrépita la desventurada cuya actitud revela un dolor sin límites: es acaso una abuela que
disputa á la muerte el netezuelo huérfano, ó alguna
madre que dió á luz en edad avanzada un hijo no
viable.
Sostiene y cubre con infinita ternura al peque1io
remPdo humano que debe á algún azar su miserable
é incompleta existencia; cubre con un velo negro
su inquietante rostro que expresa ya una clarividente angustia; rodea con una mantilla su frágil cuerpPcito de muñeca, para librarlo de la humedad de sepulcro que baja hasta él desde las bóvedas de piedra.
Y entre tanto, continúa de rodillas, moviendo los labios para repetir los rezos obstinados y vanos.
Alza los ojos y me dirige una mirada desolada, adivinando sin duda la piedad que yo siento por su infortanio. Parece que me pregunta: ¿No es verdad
que tiene cara de enfermito mi pobre niño? Desvío
la vista para eludir la pregunta muda que me oprime
el corazón y aparenw fijarme en :itra cosa.
Pero viendo que no me voy, alza de nue1·0 los ojos,
y despu~s de contemplar un momento los esplendores
de la catedral, nuestras miradas se cruzan otra vez.
No está muy convencida, se comprende, y con mayor
angustia, sus ojos preguntan; c:¿Me escucharán las
divinidades magníficas?&gt;
Dios mío, no sé si la escucharán.
En su lugar, sin embargo, yo habría preferido llevar á mi chico á una de esas capillas rurales. en las
que se complace la Virgen de los humildes y de los
sencillos.
Las madonas y los santc,s que habitan este lugar
son ante todo, al menos así lo creo, seres fastuosos y
altivos, endurecidos por la pompa secuiar.
No, yo no puedo Imaginármelos preocupados por
una vieja infortunada que llora, y por el pequeñuelo
qua va á morir.
PIERRE LOTI.

GnillBrmo II en la Exposición de 1900.
La cuestión de saber si el Emperador de Alemania
irá á visitar la Exposición de 1900 en París, ha encendido recientemente viva:. polémicas en la prensa tanto de F-rancia como de Alemania.
En la primera, la opinión esta dividida, como es
natural suponer, pues deEgraciadamente parece imposible que haya un asunto sobre el que diez francese,; tengan una opinión acorde. Los nacionalistas, ardientes partidarios de la revanchg, soñada, no transigen: mientras Alsacia y Lorena sigan sustraídas á
la soberanía francesa, las relaciones entre Francia y
Alemania sólo deben y pueden ser cordiales en el papel de los tratados y en las melosas cuanto banales
fórmulas diplomáticas; pero recibir al monarca teutón, imposible, porque para la cortesía legendaria del
pueblo francés, esto significaría la obligación de festejarlo y prodigarle atenciones galantes, cosa que es
incompatible con los resentimien~os políticos del pueblo, especialmente ahora que hay interés en avivarlos.
Otro grupo sensato de la prensa francesa cree que
es absurda é indigna de un gran pueblo esta política
de falsa amistad.
O la paz ó la guerra, pero franca y leal. La revancha por ahora es una utopía, y muy ridículo y
pequeño resulta el carácter francés, desahogando sus
justos odios políticos con manifestaciones propias
tan sólo de un chiquillo mal educado.
Con ellas sólo conseguiremos hacer reír, dicen los
de este bando; p:,r el contrario, que venga en buena
hora el Emperador; que nos vea de cerca; que palpe
y aprecie la vn,alidad de este pueblo y así le temerá;
que reciba sus obsequios y cortesías, y así aprenderá
á respetarle y estimará la superioridad moral é intelectual de la raza latina, de la gloriosa. moribunda de
la historia.
Por lo pronto, una intelígencia franca y honrada
con Alei:oo.nia, iuteresa grandemente á los negocios
coloniales de ambas potencias, y buena prueba de
ello es la actitud destem piada y agresiva con que la
prensa inglesa acogió la noticia de la visita de Guillermo II á c:L'lPHIGENIE.&gt;
La prensa alemana y lüs altos círculos políticos
berlineses, opinan esto mismo, y se aventuran á a.firmar que la escena de B-?rgen fué el prólogo de las
que se desarrollarán ea París cuando el soberano vaya á acercar á los dos pueblos r,ivales.

�112

EL MUNDO.

Oom!ng-o 20 de Ag-osto de 1899.

Dommgo 20 de Agosto de 1899.

113

EL MUNDO

LA GUERRA

EL ATENT!DO CONTRA M. LABORI.

EN LAS FILIPINAS.
El lunes 14 de este mes. á las 6 de la maií~na, se
dirigía M. Labori al local del Consejo de Guerra del
procesado lJreyfus, cuando al_ lleg-ar al puente q_ue
cruza el Vilaine en lo~ suburb10s de Rebnes, dos rndividuos desconocidos se acercaron á él y uno de ellos
le agredió á traición disparando un tiro de revólver
que hirio al abogado porla espalda cerca de la sexta
vértebra dorsal.
Al sentirse berido Labori abrió los brazos y cayó.
Algunos labradores que estaban en _aquel Jugar y el
Coronel Picquart y su cullado corneron en persecución del asesino pero no pudieron alcanzarlo. A poco
se presentó la policía, y 1\f~d_. Labor!, a~vertida de
la desgracia, acudió en auxilio de su rnfellz esposo. .
La escena que si!!'uió á la llegada de Mad. Labon
fué tierna: la pobre señ11ra recostó ea i;u regaz0 la cab•'za de M. Labori y le daha aire con un abamco, procurando á duras pPnas dominar la emoción que la
embargaba. El heroico defensor sonrió y dijo: c:Yo
moriJé acaso, pero Drt:yfus está salvado.&gt;
Afortunada.oente para M. Labori y para la causa
de la justicia, bizarramente defendida por el abo)!arlo
rle Dreyt'us, la bala no interesó la columna vertebral,
y darla su constitución hercúlea y la serenidad df': su
espíritu, es de esperars~ que p·ooto estará en aptitud
cte reanudar sus tareas en el Consejo de Guerra que
juzga á su cliente. ~~ muy si_gnificativa la fr~s~ que
en tono de ch&gt;tnza diJo Labon cuando fué á v1s1tarlo
Mateo Dreyrus, aludiendo á su resistencia: c:Con un
revólver nada me pueden hacer; m.cesitan un cañón
para matarme.&gt; l!:ste buiin humor, esta ecuanimidad
en el cumplimiento del deber, cuando el deber es
sacrificio, dolor y heroísmo, caracterizan al hombre
recto, de conciencia pura como un cristal y de carácter inrlomable. Nunca se ha revelado mejor lo que es
ese sacerdoc:o de la abogacía cuando no se complica
con Ja chicana, cuando no se turba ante las amenazas
ni vacila en el peligro.
Decía atinada mente un escritor mexicano: «El disparo contra. el defensor es como prueba plena en favor del acusado; no se suprime al defensor sino cuan- ·
do no bay ma11era de rebatirlo y deconfundirló; quien
pretende tener la irrecusable demostrac!ón del_ d~lito
no necesita atentar contra la defensa, 01 supnmirla,
ni inutilizarla, y sacriflcar al defensor prueba lo que
todo el mundo sabe hoy: que la prueba no existe, que
por el contrario, vista la inocencia, no puede sostenerse y triunfar la acusación.»
En este proceso que no es el proceso de un bom bre,
pues el mundo entero ve en la causa instruida contra
J)reyfus, en los sufrimientos que ha apurado la víctima y en los esfuerzos que ha costado su rehabilitación, el pavoroso duelo entre la virtud de una humanidad emancipada y generosa y el l'anibalismo cruel
que se oculta en los odios de Roget, en las frías imposturas de Merc1er, en las falsedades de E-;terhazy
y en el criminal encarnizamienta de sus cómplices;
en e$te pro:ieso ha querido el azar, admirablemente

Las publicaciones francesas, semanarias y diarias,
ban abierto una averiguación desapasionada sobre la
uerra de Filipinas, enviando corresponsales que esfudlan escrupulosam&lt;Jnte las condiciones y los resultadas de la campana.
C&lt;imo prueba de imparcialidad publicamos algunas
Impresiones de esos corresponsales, sin comentarios
favorables ó adversos para ninguno de los partidarios
contendientes. Un articulista de El Fígaro, condensa en un artículo lleno de apreciaciones justas los
acontecimientos de la campai'la iniciada el 4 de Febrero y hace atinadísimas ob,ervaciones sobre el fin probable de las hostilidades. Extractamos algunas de
esas observaciones.
Por un esfuerzo de dinero relativamente insignificante, de algunos buques y de unas cuantas armas,
ganar un archipiélago tan vasto, tan rico y capaz de
expedir á los grandes fabricantes de la metrópoli
tabacos y a1,úcares nacionales gracias á la conquista,
es decir, que no paguen derecbrns aduanalt!s, hubiera
sido una operación maravillosa aún para los Estados
Unidos habituados como están á hacer en grande su
negeclo. Pero se había contado sin el Tagalo: desde
queA¡rulnaldo y sus partidarios comprendieron la realidad de la conquista, el aliado de la víspera se convirtió en enemigo irreductible al oro americano. No

MAPA DEL TERRENO DE OPERACIONES.

M. FERNANDO LABORI, ABOGADO DE DREYFUS.

SOLDADOS AMERICANOS DEFENDIENDO EL CAMINO DE CALOCCAN,

auxiliado por las pasiones exacerba- ·
das, que todo sea sombras del lado
de los verdugos y todo claridades
del lado de la víctima.
Con aquéllos han estado Mercier,
un perro de presa; Roget un calumniador despiadado; Henry un falsificador; Esterbazy «un hermoso tipo
de criminal;&gt; Lebon, un Torquemada en frío; Guerin, un singular y
falso depositario de los secretos de
la justicia, etc. etc. etc.
Con Dreyfus y para defevder su
honra y fueros del hombre saltaron á las arenas candentes· 1:icbeurer-Koestner que abdicó las prerrogativas de su alta posición política;
Pi.:iquart, un justo, un desinteresado, un valeroso, el más joven de los
coroneles franceses, que rom¡Jió su
espada y su carrera brillantísima
para hacer bonra á su conciencia;
Zola, un apóstol; Mad. Dreyfus, mártir y heroína, y por último, Labori,
herido en plena lucha por mano
alevosa, y que reproduciendo la leyenda de Anteo, cayó para levantarse más grande y más fuerte.

es sólo dinero lo que se necesita, sino sangre y mucha
sangre de electores americanos para llevará cabo una
conquista en la que todos los elementos conspiran
contra el invasor.
Lá situación del General Otis es dificilísima; para satisfacer á la opinión americana excitada en algunos Estados, y para no dejar un arma electoral peligrosa en manos del partido demócrata, es necesario
el fin de la guerra el General Otis debe pues, ó hacer la paz ó sojuzgar á los filipinos. Ambas cosas tienen grandes dificultades: el amor propio americano
que no reconoce nada igual en el mundo, no puede
admitir una composición con gentes de raza inferior:
Washington no aceptará la paz á menos que los filipinos entreguen sus armas y se rindan á discreción.
La destrucción de los filipinos no es asunto de poca monta y desde hace seis meses los acontecimientos prueban que los americanos no los conocen ni
pueden conocerlos, porque los ciega el orgullo de raza; no pueden creer que el tagalo sea un hombre capaz de medirse con el cow-boy de Nebraska ó con
las tropas regulares de Young. Una escuadra que
bloquea las costas, una flotilla que penetra por todos
los rios y cuarenta mil soldados con armamento superior, con veinte baterías de campana y otras tantas ametralladoras y con todos los medios q u~ procura el dinero, con la libertad del mar y una base de
operaciones como Manila; con todos estos medios
empleados contra rebeldes de raza inferior que disponen de quince mil fusiles y que se ven obligados
ellos mismos á fabricar una pólvora de calidad inferior, no han ganado positivamente sino las siguientes ventajas: al Norte de Manila la vía del Ferrocarru, 60 kilometros, y el curso del Río Grande, 40 kilómetros.
EL ATENTADO CONTRA

M. LABORI.-LA POLICIA ACUDE EN AUXILIO DEL IIERIDO.

Al Este de Manila 20 kilómetros hasta las tomas
de agua de la ciudad en un río navegable.
Al Sur de Manila, 4 kilómetros basta Pasay en donde el corresponsal vió á las vanguardias americanas
á 800 metros de las vanguardias filipinas.
La Península de Cavite está ocupada, pero cuatro
meses de combates y bombardeo,; de Paranaque no
han podido establecer la comunicación ni un solo día
entre Manila y Cavite.
Los Puertos de Ilo-Ilo, Negros, Cebú,y Yolo.
Como se ve, esto es muy poco y examinando un
mapa general de las Filipinas comprende uno que eso
no es nada.
Sin ser profeta se puede asegurar que á menos que
sobrevenga un acontecimiento extraordinario y poco
probable como una t raición de los jefes filipinos ó algo por el estilo, necesitarán los americanos para avanzar mucho tiempo, más dinero y un ejército considerable. A medida que avancen, las dificultades serán
mayores en un país cada vez más inextr'. c3.ble en don•
de en vez de ejército enemigo encontrarán cada no7
che gavillas fugitivas ocultas en las malezas.
Una sola vez han podido los americanos dirigir sus
esfuerzos contra todo el grueso del enemigo: fué al
principio de las hostilidades y no pudieron aniquilarlo; después, no se les ha vuelto á presentar la ocasión.
En el Oeste y en el Sur se confiaron las operaciones al General Wbeaton, y ya hemos visto que ha
g-anado sólo algunos cuantos kilómetros. Conviene
lldvertir, sin embargo, que el esfuerzo más importante se ha dirigido hacia el Norte, por el General Mac
Arthur, y que todo lo que se ha conquistado en esa
dirección lo fué en los meses de Febrero á Junio. En
esta región se han librado los combates más númerosos y más sangrientos; para que se sepa qué clase de
·t erreno es ese, imagínense tres bandas paralelas y
distintas: la primera á la orilla del mar, formada de

UN TREN DE REFUERZOS LLEGANDO A MALOLOS.

�..
EL MUNDO.

114

Domingo 20 de Agost,0 de lRIIII

Oo'llln~c 20 de A~o&lt;¡to de 1899

EL MUNDO.

Gt'1A A LA -'4LTA ESCÚELA.

Entre nosotros el sport de la rueda cuenta con un
UNA PUENTE PROVISIONAL DE BAMBU.

arenales bajos y con una anchura de 2 á. 5 kilómetros; la segunda, rie llanuras de 5 á. 10 kilómetros
cortadas por ríos, arroyos y canales, y llena de po•
blaclones entre bosques y matorrales, cruzados por el
ferrocarril de Manila á Dagupán, y por último, la
tercera, más montuosa y con un buen camino.
~n la co~ta del Sur y en los ríos navegables, las
operaciones han estado encomendadas á los cailoneros, contra los cuales nada tenían que oponer los filipinos; algunos de ellos tienen seis callones y cuatro
ametralladoras, y son más formidables que diez regimlentos.
En la llanura cruzada por el Ferrocarril con la
vfacomo base, como centro y como medio de avance y
de aprovisionamiento, en una palabra, como órgano
esencial, las brigadas del General McArthur avanzaron
lenta y ::ietódicamente hostilizadas las fuerzas
mejores de los filipinos. llubo cuatro jornadas principales marc'ldas con batallas muy rudas: 31 5 de Febrera los americanos tomaron Caloocán á 5 kilómetros
de Manila; el 25 de Marzo tomaron Malinta y Polo á.
15 kilómetros; el 31 de Marzo, Malolos á. 40 kilómetros; el 20 de Mayo Calumpit á 45 kilómetros, y el 24
de Mayo Santo Tomás y 8an Fernando á 70 kilómetros.·
DP.spués de la derrota del b de Febrero, Aguinaldo
instaló su cuartel general en Malolos detrás de las posiciones sucesivas de Mallnta, Polo, Bocá,Blgaa, Guigulnto y Santa Isabel defendidas por trincheras y
obras de tierra con bambús eutretejidos. Por mal de
)os filipinos-había entre ellos un ingeniero educado en
Bélgica, y recordando el trabajo que les costó tomar
las trincheras y los blockhaus defendidos porlos espatloles de Manila, supusieron que esas obras los pro..eger!an contia los americanos. Le dieron pues carta
blanca á su ingeniero, el cual puso en práctica todo
Jo que ensefian los tratados más completo,; de fortificación de campana. Esto les perdió y es fácil comprenderlo.
En una anchura de quinientos á dos mil metros á
tra,•és del ferrocarril cerraban la llanura con sus
obras de fortificación. Los americanos ponían delante de sus locomotoras wagones blindados armados de

CENTINELAS GUARD&gt;.NOO UNA PUENTE,

odmtro locrelble de adeptos, que pertenecen á todas

las clases sociales, y que muy frecuentemente llegan
, sentirse cansados y abandonan al «caballo de acer,,, &gt;
aólo por que ya han recorrido repetidas veces el
«ciclo&gt; de excursiones que están á su alcance y ya no
encuentran atractl vo en seguirlas.
Si varios de éstos se reunen en una pradera que sea
suficientemente plana para la bicicleta, con muy ln:slgnlflcantes accesorios pueden di vertlrse con amplitud, aprovecbando las hermosas tardes otollales que
ya se aproximan.
Pueden ejecutarse con la bicicleta casi todos los
juegos acostumbrados en los manéges de equitación.
As! por ejemplo la Gula á la a/tu escuelo, que es tan
~noclday que recrea, no obstante que tiene poca diferencia con un juego de nillos.
También el sport de ensartar los anillos peo-dientes de un cordel y puesto.e, en movimiento, pi;ede
ejecutarse en bicicleta.
Más divertido y eligiendo mayor destreza y seguridad en el manejo del cwheel&gt; se presenta el «sube y
wja&gt; que, como puede verse en nuestro grabado, consiste en trasponer una tabla, puesta, en 1:1u centro, sobre un apoyo de muelle!&gt;.
El juego de pelota en bicicleta es tam blén muy atractivo. Se observan en él las mismas ó análogas reglas
,que para el polo, que todos conocemos, pero es preciso
advertir que aquel es mucho más dificil, puesto que
una bicicleta en determinados casos, no obedece con la
misma docilidad que un caballo.

for último tenPmos la caza al zorro que cont1lste en

cafiones y protegidos con ellos:
los obreros reparaban la vfa hasta que estaba á. tiro el tren bateria. Entonces se cubría de obuses el terreno de las trincheras
en las que sucumbían como moscas los soldados de A~ulnaldo, y
cuando se creía limpio de enemigos el lugar, la Infantería atacaba por el frente y por los flancos.
Naturalmente cuando llegaba á
la posición enemiga ya no encontraba sino cadáveres. Lo único
que sorprende en esta campana

-alcanzar a un Individuo á quien se ha dado determinada ventaja en la partida y que lleva como distintivo una cola de zorro.
,
Estamos seguros de que muy en breve podremos ver
-ea~ juegos ejecutados por nuestro:. ciclistas.

***
cSUBE Y BAJA.&gt;

es la fuerzii. de resistencia de los filipinos ante 111
enemlgo y ante un procedimiento de ataque tan formldables.
8erfa. erróneo concluir de estos hechos en la ideriorldad militar de los americanos y lo único qt1e
puede sacarse en claro es que son muy lentos en aua
maniobras. Así cuando hubo que hacer el gran el•
fuerzo de fines de Marzo que concluyó con la tomadt
Malolos, el plan de campa!Ia exigía que la brigad_a
McArthur atacase de frente por el ferrocarril.
mientras que la brigada Otbon debía seguir el caml•
no de San José á Bustos para flanqueará. Aguinaldo.
El camino era de cincuenta kilómetros y los voluntarios americanos emplearon veinte días en recorrerlo y
cuando llegó á. Malolos la brigada ya la plaza estaba
ll)mada de11de bacía ocho dlas y los filipinos se reorg-anlzaban en Calumplt.

En los últimos tiempos el sport al aire libre que
pone en sana agitación todos los músculos, se está
'
;aclimatando entre nosotros.
En los po1 reros que encuadran la talzada de la he1orma, puede verse día á día ,zrupos de jóvenes que
'8e entregan é esos juegos de fuerza importados del
Norte.
Antallo, los ejerclcl•;s corporales de n11estra juven1.cd se reducfan á. la gimnasia de salón que se efec.
toaba en los colegios primarios y luego, con la natu-

JUEGOS PARA CICLISTAS.

JUEGO DE PELOTA,

Entre los numerosos adepws de la blcllcleta, ha,
algunos que no tienen la obsesión del «kilómetro&gt; 1
que más aprecian en su sport favorito la calidad que
la cantidad.
Para éstos, que no abrigan las pretensiones debatir crecords,&gt; '&gt;&lt;&gt;n los juegos que en grabados presentamos á nuestros lectores, juegos que están muy ea
boga en Alemania y que quisiéramos ver aclimatarll
entre nosotros, porque á. su gran recreación reunenll
circunstancia de ser higiénicos, pues contltuyen 1111
buen ejercicio sin fatigar sobremanera.

ENS.Ht'!',\N:CO CARTAS,

115

leznables é inconsistentes ante el severo y frío trabajo del aná.llsls ra.
clona!.
Desde luego M. Flammarlon resulto ser un excelentemedium y para
no desaprovechar sus facultades medlan!mlcas, púsose á hacer Invocaciones y, ¡cosa naturalfslma! el esp!rLu que primero acudió á. ellas
fué el de Galileo Galllei.
Esto pareció por entonces muy lógico: claro es que el espíritu de un
genio exclusivamente consagrado en vida á la más noble de las ciencias
y q1:e tan grsndes conquistas supo hacer en ésta, no habría de querer
ponerse en comunl&lt;'ación con un quidarn que le hiciese preguntas
necias é Indiscretas á él que ante el patíbulo supo decir la inmortal
frase: c¡E pur si miwvel&gt;
'
Galileo, es decir, su espíritu, sólo podía consentir en comunicarse
con un bcmbre capaz de e&lt;,mprendPT toda la grandeza del genio Inmortalizado por la humanidad sin necesidad del espiritismo. Y ¿quién más
capa1. de comprender á Galileo que Flammarion, Nadie ha sabido
como el ilustre francés dominar la aridez de la cosmografía mat~mática p:9-ra rem?ntarse basta las altísimas cimas desde donde, sin prescindir de !amencia, alcanza el hombre á. vislumbrar la grandiosa é Infinita poesía de la Creación.
Y co~~ era preciso, Gallleo y Flammarion entablaron sublime plática espmtual sobre el mecanismo del universo, y juntos sorprendieron
asombros~s secretos que la ceguedad física y la estrechez de concepción de la humanidad, habían basta entonces velado á. la ciencia; Juntos oyeron quizá. aquella misteriosa música de las esferas, aspiración
suprema delos místlevs medloevales.

ral pereza física de nuestra raza,
entregábase la juventud á una vida
sedentaria, atrofiándose y matando su energfa física, que, es uno
de los má.spoderosos elementos pa1 a el bienestar de las naciones y de
1os Individuos.
El ejercicio de la equitación, ya
proverbial entre nosotros, está pasando á la historia. Apenas si en las
fincas rústica!&gt; se ejercita todavía de
una manera completa y sólo por ga=-==i~ ~
llanes bravíos.
Pero en las ciudades, en donde-el
ejercicio físico se hace todavía más
indispensable para aliviar los nervios de las tenciones del asfalto, es
preciso fermentar enérgicamente
toda clase de sport sanos y nuestro
Semanario se propone, de tiempo en
tiempo, dar cuenta de los juegos y
ejercicios más usados en el extranjero, con la esperanza deque hallen
aficionados y cultivadores en México.

----

Flammarion traidor.
El mundo de los espíritus anda
alborotadíslmo y la cosa no es para
menos: un traidor vivía entre ellos
y de tal modo ha comprometido la
causa no muy boyante del espiritismo, que si no dió al traste con ella
muy cerca anduvo.
'
El traidor es M. Camilo Flammarlon, el Ilustre sabio, el poeta de la astronomía, el vulgarizador más
inteligente de la ciencia menos vulgarlzable.
Este simpático hombre de colosal talento y dotado
con una Imaginación volcánica, 1:1e prendó del espldtlsmo al primer golpe de vista como sucede á casi todos los hombres de Imaginación siempre que leen por
vez primera esas prodigiosas concepciones espiritas, tan seduct,oras para e1 sentimiento, como de-

Los

ANILLOS.

Del transcendental diálogo del espíritu de un genio difunto, indiscutiblemente inmortal, con un talento vivo y en plena actividad material, de esta especie de unión metafísica y misteriosa, nació un libro
cuya paternidad atribuyó Frammar! on á Galfleo, haciendo el sabio trancé¡¡ de su alma con esta declaración, una nueva rosa místi.:a fecundada por el Verbo
eterno de la Idea.
Después escribió Flamm:irlon otros libros plet6rlcos

�116

Domingo 20 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

samente dentro del círde fé en la teoría de dogculo de su capacidao
mas espiritas. Llegó á
moral é intelectual, dehacer coll su potente
sus aspiraJiones y, en
imaginación, maravillouna palabra, de su vid&amp;
sas evocaciones de la vipsíquica.
da de los espíritus en
No se da el caso de
otros planetas, más leque un médico, por ilusjos aún, en astros y sotre que sea, Pasteur por
les cuya lejanía de este
ejemplo, recibiera la vimísero átomo en quemosita espiritual de Galiramos, parecería ciealeo para hacerle centlción imaginativa si las
dencias sobre Id pluramate(l'láticas no la imlidad de los mundos
pu,;ieran como verdad
habitados como lo reciabsoluta.
bió Flammarión. Esto
Y uniendo en prodilo dice el mismo astrógioso consorc:o la ciennomo invirtiendo el cacia y la novela, la verso. En cambio, si Fas,.
dad impuesta por la rateur hubiese sido espiri.
zón á la c,el!eza .::reada
tista y hubiese hecho
~
por b fantasía, produjo
una evocación, difícil ea.
verdaderas obra¡¡ de arpensar qué espíritu hute en las que es imposibiera acudido á su llable admirar más al sa.-,---;
mamien
to, puest o que
bio que al artista.
siendo la Bacteriología.
Obras que abundan en
unacienciadel t odo nuebellezas literarias creava, no habría habido esdas para engarzar como
píritu legalmente autovaliosísimas gemas, las
rizado para venir á haverdades científicas que
~
.
..:..,
cer revelaciones sobr&amp;
podrían creerse re a!ella.
mente debidas á la reCierto es que el espt•
velación si solo se atenritismo atribuye la con.
diera á su novedad y á
miciencia á los espíritus
que aún noestándel tolibres de la materia, de
do confirmadas por la
tal modo que el mismo,
observación directa aunGalileo puede, según ese
que sí lo estén por el.adogma, acudir á una evociocinio estrictamente
cación y hablar con el
cientfflco.
mismo acierto é igual•
Pues bien, he aquí que
dominio del asunto, tandespués de haber dedito de astronomía, como
cado la mejor y mayor
de bacteriología, de meparte de su vida á la
cánica celeste ó de los
propaganda y á la creenrayvs X, del ferrocarrn
cia del sistema espiritisó del teltígrafo sin hilos;
ta, M. Flammarión con
todo le es igualmente
la serenidad del verdaconocido á un esplrit1&gt;
dero creyente en la Ciendesligado de las debllicia, exento de las tenadades é insuficiencias de
cid9.des del fanatismo
y dotado de esa grandela materia: pasado, preza de espíritu capaz de
sente y porvenir.
comprender que la conY sin embargo, cosa.
fesión de un error, surara y que deja abierta
pone un triunfo sobre
y amplfsima brecha eola mentira y no una dela coraza lógica del sis•
bilidad; pues bien el
tema espiritista: no S&amp;
gran astrónomo acaba
ha dado el caso de que
de declarar que debido
un espíritu venga á coná una serie de estudios
versar con los vivos SO•
psico-ffsicos, ayudados
bre asuntos que descode pacientes observacionozca. Muy al contra,
nes, ha llegado á aaquirio, el mismo Allan Karrir la convicción de que
dec para escribir los u.
no existe ni puede exisbros fundamentales deCASA DEL SR. OCTAVIO FERNANDEZ,- CALLE DE ROSALES,
tir la pretendida comusu sistema filosófioo,
nicación entre los espíritus de los vivos y-los supuestos cede en todas las sesiones caseras de espiritismo: á cual nuevo Moisés que acude á J ehovah· para escribir
espírítus libres ó errantes de los muertos; que las re- preguntas necias .. . . respuestas choca.rreras.
su Decálogo, así él acudió á los Santos y á los filósovelaciones de hechos al pare0er sorprendentes y solo
Este hecho, universal y constantemente observa- fos místicos para darle cuerpo de doctrina á sus in•
conocidos de quienes las reciben, son simples casos do en las comunicaciones medianímicas, es el más po- mensas creaciones imaginativas.
de auto-sugestión, soliloquios, confesiones íntimas, deroso para desmentirlas. Todo el que con más ó meYa vemos por este ligero estudio, muestra pequeexternaciones cuando más del propio espiritu, de la nos buena fe ha evocado, bien á un espíritu determi- iHsima de los hechos por Fll\mmarion y de los quepropia fuerza psíquica.
nado, bien á cualquiera que tenga á bien obsequiar pueden hacerse sobre la interesante cuestión del mási
Por eso es que á él le visitó de preferencia el espíritu la evocación, se ha encontrado con que ese espíritu allá del espíritu, del «ser 6 no ser&gt; del príncipe dina•
de Galileo, como un militar habría sido visitado por le habla en su lenguaje habitual, de sus propias preo- marqués, que el autor de Urania no modificó so&amp;
el de Napoleón Bonaparte, un ladrón por el de Di- cupacionos, de sus secretos íntimos y, en general, de creencias tan ligeramente como parece.
mas y un necio por el de otro necio que es lo que :,U• hechos que le son conocidos y que se encierran forzoM. ROMERO !BAREZ,

o omtngc 20 de Agosto de 1899

MEXICO MODERNO.

t-r-.

q::

donable seguir ilustrando nosotros las si- y Dos aventuramos á decir que será una de
guientes obras, cuando ni en Europa, en don- las mejores ediciones hechas hasta hoy. Conde hay consumados artistas en este género de tendrá las mejores ilustraciones de Balacar~
trabajo, se han alentado parn hacerlo.
y de Gustavo Doré.
Ahora
bien,
como
el
tomo
que
da
nuestra
Los Tres Mosqueteros.
Las obras de Riva Palacio.
edición de Los TRES MosQUETERcs es basA varios de nuestros lectores les ha causa- tante delgado para encuadernar UD volumen
Con extraordinario cuidado y con grao
do extrañeza que al concbir la publicación regular,·publicaremos la otra obra de Dumas, acopio de (Jatos relativos á la época en que
de L os TRES MosQUETERos, no se publi- EL CABALLE:ao DE LA. C.AsA RoJA.
se desarrollan los acontecimientos se están
Esta obra y Los T.&amp;is MosQUET-ERos, for- ilustrando las obras de uno de nuestros más
cara la siguiente obra de Dumas, ceV EINTE AÑOS m.SPU.ES.)&gt; La siguiente explicación marán un volumen á todo lujo que dejará sa- aplaud:dos escritores.
convencerá á todos: nuestro objeto al hacer tisfechos á nuestros más exigentes abonaLa publicaremos también en edición de·
.l a edición l ujosa de Los TRES MosQUETEROS dos.
lujo, y de la mejor manera que esté á nues·
En el folletín de EL MuNDO DIARIO, se tro alcance.
no fué dar á conocer la obra, que apenas hapublicarán
después las obras de Dumas.
brá persona que no la haya leído; nos preoComenzaremos á cumplir estos ofrecimien•
cupamos por publicar las notabilísimas ilustos desde el mes entrante, para lo cual, en
traciones de Leloir que tanto han llamado
I.a gran edición del Quijote. estos momentoH se esta armando la nueva.
la atención en el mundo artístico. Pero Lemaquinaria que se pjdió á los Estados Uniloir no ilustr,ó otra obra de Dumas más que
Preparamos la publicación de esta obra t.os, y que nos es precisa para las edicione&amp;
la pnblica&lt;la, y sería una profanación imper- con más lujo que Les TRES MosQUETEI:.os, de lujo.

Nuestras obras ilustrada~.

117

EL MUNDO.

B AJO E L SAUCE.
I
A CAMPIÑA que rodE.a la pt'quefta ciudad de Kjoegé, en
Seeland, es muy pobre;situadaá orillas
del mar, aunque este elemento ofrece
siempre singulares
en,,.antos,las playas
de Kjoegé, á decir
verdad, podrían ser
más bellas. Al rededor de la población se extiende
una llanura monótona, sin el menor
:,
accidente, com,. ,
puesta de campos
sin árboles y con
un camino que en';_\(
'/..J.: ~v.
fila en línea recta
' ~~_¡ J.1,.,.,/
';Ji
"'
•
el bosque más cercano.
No obstante, basta haber nacido en un país
para tenerle apego: por oobre que sea, no es di1fcil descubrir algo en él que ofrezca un encanto
-particular, y que más tarde, en los días de ausen-eia, se echa de menos y se desea ver nuevamente:
algo que no puede hacer olvidar la presr.ncia de
·comarcas más deliciosas.
Ahora digamos en honor de Kjoegé, que al extremo de la población, junto al arroyo que desemboca en el mar, se encuentran algunos pequeftos
.jardites, en los que, en verano sobre todo, siempre
que medie un poco de buena voluntad, puede uno
creerse en un paraído.
Así por lo menos lo consideraban un niilo y una
nin.a, hijos de dos familias vecinas, los cuales so•
lían ir á jugar á aquel sitio, deslizándose por en·tre la cerca de groselleros que separaba los jardines de sus casas respectivas. En uno de esos
.jardines había un sauco y en el otro uo sauce:
este últim,&gt; era el árbol favorito de la infantil pareja, per mitiéndoles sus padres jugar á la sombra
·del mismo, aunque por su proximidad al arroyo
hubieran podido caer en el agua; pero afortunadamente la Providencia vela por los p equelluelos, sin lo cual más de una vez éstos serían dignos de lástima.
Por su parte los dos niilos ponían mucho cui·dado en evitar una desgracia; el muchacho tenfa
tanto miedo al agua, que en la estación veraníe•ga no había medio de decid irle á darse un remojón en el mar; sin embargo de que t odos los nillos de su edad se recreaban zambulléndose en
las olas. En vano picaban su amor propio y le
·dirigían pullas y chanzor.etas; todo flra inútil
para hacerle vencer sli horrur al agua; sufría
las bromas y se callaba.
Pero J uana, su compafterita, soiio una vez que
·dentro de una barca andaba bogando por el mar,
Y que él (él se llama Knoud) corda hacia ella;
que el agua le cubría el cuello, que Juego le cubría la cabeza y que últimamente acababa por
desaparecer envuelto en las ondas. Desde que
Knoud tuvo noticia del sueflo de su amiga, ya no
aguantó por más tiempo las bromas de los demás
-ehiquillos. El había estado en el agua: Juanita lo
había visto en suellos; pero no por .esto se aventuró nunca á zambullirse, contentándose con ponerse muy orgulloso con el sueño de su amiguita!
Los padres de ambos ninos eran buenos
amigos. Knoud y J uanita iban siempre juntos, jugando ora en los jardines, ora en la carretera, en cuyos bordes había. una hilera de sauces;
pero tan desmedrados y con sus cimas tan des·coronadas, oue bien se veía no los habían plantad~ por la sombra que pudieran dar, sino por la
U~l.1d~d que reportaban. En cambio, el sauce del
VIeJo Jardín ya era otra cosa: nada más hermoso
-que este árbol con sus prolongadas y espesas racnas formando una especie de glorieta., en donde
1

los dos muchachos gustab!ln de pasar la mayor
parte del dfa,
Había ,:m la población una gran plaza, y en ella
se celebraban ferias y mercados. En días de feria llem\base de largas calles formadas de mesas,
tiendas y barracones que se cubrían de cintas,
juguetes, calzado y de todos los objetos imaginables. Por esas calles discurría sin cesar una espesa mucbedumbre. Entre las mesas se contaba
una l'.ena de piezas de mazapán, y el mercader
que la tenía á su cargo durante los días de feria,
se hospedaba en casa de los padres del pequen.o
Knoud, lo que bacía que éste de vez en cuando
se viese obsequiado con un pedazo de esta sabrosa golosina, que, como es natural, compartía con
su Juanita.
Pero lo que para los muchachos valía indudablemente más que estos regalos, era. que el mercader sabía un sin fin de cuentos sobre toda suerte de cosas imaginables, inclusos los mazapanes.
Una noche contó una historia á propósito de esto,
que produjo. en los dos nillos una impresión tan
profunda, que ya nunca, jamás, en toda la vida,
debían olvidarla. Creo que será bueno reprod11cirla íntegramente, pues tiene la ventaja de no
ser muy larga.
«Tenía en el aparador de mi tienda, dijo, dos
figuritas de mazapán: la una era un hombre y
llevaba sombrero, la otra una seftorita y no lo
llevaba. N0 tenían forma humana más que deun
lado; del otro no había que m:rarles. Por lo demás, todos los h0mbres son lo mismo, y nb hay
que examinarles por su enves. El monigote llevaba pegada á su costado izquierdo una almendra amarga, era su corazón; -en cuanto á la sellorita, era toda ella una masa de miel. Yo les había
puesto de muestra en el aparador y estuvieron
juntos durante tanto tiempo, que acabaron por
amarse; pero sin que ni el uno ni el otro se atr~viera á declarárselo. No obstante, era necesano
que se hablasen i,i querían ver correspondida su
ternura y llegar á algún resultado.»
- «A. él, como hombre, le toca comenzar,» pensaba ella, y no ambicionaba otra cosa que saber
si era correspondida en su secreta afección.
«Respecto á las ideas del joven, eran mucho
más vastas, como suelen serlo siempre, tratándose del sexo fuerte, Imaginábase que era un muchacho callejero, uco de esos que él veía pasar
todos los días por delante de la tienda, y se hacía
la ilusión de que tenía cuatro cuartos, con los
cuales podía compra.r á la sefl.orita para comérsela.
«Así, ensimismados en estas ideas, pasaron
días y semanas en el aparador, hasta que con el
tiempo se secaron. Las ideas de la joven eran ca•
da vez más tiernas, afectuosas y dignas de una
señorita bien educada.
- «Ya puedo darme por dichosa, . se drnía
suspirando, de haber podido permanecer tanto
tiempo á su lado»
Y ¡crac! de repen~e se agrieta, se parte en dos
y muere.
- «Si hubiese comprendido mi amor, exclamó
el joveu, ¡oh! de fijo que habría sQportado la existencia.»
«A.quí acaban la historia y sus dos héroes. Tened presente que no son ellos los únicos que por
su culpa se encuentran en el mismo caso._ A otros
que no son de m11.zapá.: les sucede lo mismo: el
amor mudo á nada conduce. Tomad, os las regalo,»
y entregó á Juanita la figura. del joven que aún
estaba entera, y K noud recibió los dos pedazos
en que se había dividido la de la seftorita. Pero
á los dos muchachos les había impresionado tanto
esta. conmovedora historia, que no tuvieron ganas de hincar el diente en los dos enamoradoe.
A.l día siguiente llevaron las figuras al cementerio. Sentaronse en el césped junto al muro de
la iglesia, tapizado, tanto en invierno como en
verano, con ricas guirlnaldas de yedra. Colocaron
las dos figuras en una hornacina rodeada de verdura é inundada por la luz del sol, y contaron á
un enjambre de muchachos la historia del amor
mudo que no conduce á nada.

El cuento gustó extraordinariamente; pero cuando se disponían á mirar de nuevo á la infortnnada pareja, encontráronse con la novedad de que
la seftorita había desaparecido; un muchacho algo
crecido, aprovechando la di~tracción de los de·
m!ls, sela babia zampado disimuladamente. Knoud
y Juanita rompieron á llorar con
nmargura; pero por
último, probablemente para no dejar al joven solo en
el mundo, se lo comieron también, sin
que por esto echaran la historia en
olvido,
En lo sucesivo
continuaron jugan. do bajo el sauce y
el sauco. La nifta
solía entonar 1as
más hermosas can. ciones con una voz vibrante y pura como los
sonidos de una campana argentina; en cuanto
á Knoud, el pobre no tenía voz para acompaiiarla en el canto; pero sabía la letra de memoria,
y con esto se contentaba. L as gentes de Kjoegé,
incluc1a la esposa del fabricante de juguetes, que
había. residido largo tiempo en la capital, se
paraban con frecuencia á oír los cantos de Juinita.
- «Esta muchacha, decía la indicada seftora.,
tiene una voz deliciosa.
Días de ventura eran aquellos, que no habían
de durar mucho. Las dos familias se separaron.
Murió la madre de Juanita, y su padre trató de
casart1e nuevamente, pero en h capital, en donde
le dijeron que se ganaría lf vida mejor que en su
pueblv, entrando de recadero en una buena casa,
cuyo lucrativo empleo le tenían reservado.
Al separarse las dos familias, virtiéronse algunas lágrimas: en cuanto á los nillos lloraran y
sollozaron, prometiendo escribirse por lo menos
una vez al año.

II
Knoud eqtró de aprendiz en casa de un Z!lpa.tero, pues ya era demasiado talludito para que
sus padres le dejaran correr por los campos perdiendo el tiempo. Por fin hi.:o las pruebas del
aprendizaje; ¡y qué no hubiera dado en un día
de fiesta tan sellalado, por hallarse "n Copenhci·
gue, en presencia de suinolvidableJuanital Pero
¡ay I aún debía permanecer en Kjoegé durante algún tiempo.
No había estado nunca en la capital, á pesar
de que ésta se bailaba situada sólo á cinco millas
de.su residencia. En los días serenos, Knoud divisaba más allA del golfo las altas torres de Copenhague, y el día d,e su confirmacion vió distintamente los reflejos del sol sobre la cruz dorada.
que corona la cúpula de la iglesia de Nuestra Seftora. ¡Cómo volaron sus pensamientos hácia su
antigua compafteral
Y elb ,.pensaría en él aún? Sí. Por Navidad recibieron carta de su padre, notificándoles
que todo les iba á pedir d e b oca en Copenhague;
y que respecto á J uanita, á cama de su hermosísima voz, la auguraba todo el mundo un porvenir brillante. Aiiadía que la nilla tenía colocación en la comedia, es decir en la comedia en
que se canta, ganando algún dinero, y que era
ella la que le encargaba enviase un escudo á sus
queridos amigos de Kjoegé, para que pasaran
una divertida noche de navidad. «Bebed un sor •
bo á mi salud," afiadía de su pullo y letra en la
post-data, y además las siguientes palr:tbras: «Mis
mejores recuerdos· A Knoud,»
La lectura de esta carta hizo verter lágrimas á
toda la familia; pero como las notic:as eran tan
satisfactorias, esas lágrimas fueron de alegría.
El recuerdo de J uana había venido embargando
sin cesar el pensamientu de Knoud, quien no cabía en sí de gozo, al observar que ella tampoco

�EL MUNDO.

Y el buen hombre llamó á la puerta discr~tamente como si en vez de ser el padre de la mfia,
fuese ~n forastero y entró seguido del joven.
¡Qué lindo era tod~ en aquel cuartito! Ni la re~na
"tiene una casa mejor, pensaba Knoud; no, es imposible. Allí había alfombras, cortinajes qu?caían
hasta el suelo, un sillón forrado de terci_opelo,
flores y cuadros á profusión, y un magi::ífico ~spejo al que uno no se atrevía á acercar3e de miedo de romperlo con los pies, pues era grande como una puerta.
Knoud abarcó de una sola mirada todas aquellas maravillas sin embargo de que no tenía ojos
bastantes para'contemplar á Juana, de pie delante de él. Encontróla hecha una seftorita, muy distinta de lo que había imaginado; pero infinita•
mente más hermosa. De fijo que enKjoegé no había otra que pudiese comparársele, pues -por _su
aspecto distinguido, casi era imponente. Juamta
pareció asombrarse de ver á Knoud; pero sólo un
momento, pues luego se precipitó hacia él; como
si hubiese querido besarle, y aunque no lo hizo,
poco le hitó.
Sí indudablemente tuvo una inmensa alegría
de v~Iver á ver á su compaftero de infancia. Pues
qué, ¿no se le llenaron los ojos de lágrimas? ¡Y
qué de preguntas no le dirigió! Quiso enterarse
de todo, y de todos pidió noticias: de los padres
de su amigo, de la comad'!'eSaucv y del compadre
Sauce, así designaban á los dos árboles en los
venturosos tiempos de su infancia, atribuyéndoles cualidades personales.
- «Después de todo, por qué no habían de tenerlas, preguntaba Juana, en unos tiempos en
que las adquirían hBsta las figuritas de mazapán,
según reza un cuento que en estos instantes me
viene á la memoria?
Juana se refería á los monigotes del mercader
de la feria, recordando perfectamente su amor
mudo durante el largo tiempo que permanecieron uno al lado del otro en la parada, hasta que
por fin uno de ellos se dividió en dos pedazos.
La joven sonri6 al recuerdo de esta historia; en
cambio á Knoud le subió la sangre á las mejilias
y redoblaron los latidos de su cnrazón.-«Loado
sea Dios, dijo para sus adentros:
después de todc no se ha vuelto or/
~'
gullosa.»
-Ella fué ademáE-y esto lo tuvo el
joven muy en cuenta -quien hizo
que sus padres le invitaran á pasar
con ellos el resto del día. Después
tomó un libro, y dió una lectura en
voz alta, y á Knoud se le antojó creer
que lo que leía se relacionaba con
su amor, de tal suerte los pensamientos del autor estaban identificados con los de su alma. Luego .
cantó una canción muy sencilla y
Knoud se figuró que los pocos versos que encerraba eran todo un
poema rebosando del corazón de la
doncella. De suerte que ella le amaba, no cabía duda. A este pensamiento no pudo contener dos lágrimRs que brillaron en sus ojos, pero
en cambio no acertaba á proferir
una palabra, y creyó haberse vuelto tonto, á pesar de que ella le estrechó la mano diciéndole:
- «Tú tienes buen corazón, querido Knoud: procura conservarlo
siempre.»
Aquella fué una velada sin igual,
Dió con la casa que andaba buscando, y tuvo y no había que pensar en dormir en toda la noque subir tantos escalones, que hasta temió tener che: en efecto, el enamorado mozo no pudo cevértigo, sobre todo al considerar, no sin horror, rrar los ojos, máxime recordando que al despela manera de vivir que tienen las gentes en aque- dirse el padre de Juanita le babia dicho:
-«Ahora ya sabes dónde está tu casa; suponlla horrible capital, hacinadas las unas sobre las
go que no nos olvidarás y qu~ no dejarás pasar
otras.
Todo en la habitación respiraba comodidad y todo el invierno sin volver á hacernos alguna vibienestar. El padre de Juana le recibió de buen sita.»
Estas palabras, á su modo de ver, le autoriza.
talante, y en cuanto á la nueva espoaa de éste,
aunque no conocía per;;on~lmente á Knoud, le ban para volver á casa de Juana el próximo dotendió la mano y le sirvió una buena taza de mingo, y aun cuando resolvió hacerlo así, todas
las noches después del trabajo (y esto que en el
café.
-¡Qué contenta se pondrá Juana de volver- taller se velaba) salía á dar un paseo, recorriente á ver! dijo el padre. Noto que te has hecho un do cada día la calle de Juanita. Así tenía ocasión
soberbio mocetón. A ella ya la verás. ¡Oh! Es una de contemplar las ventanas de su cuarto, casi
chica que ha venido al mundo para darme mu- siempre iluminadas. U n día ¡qué día aquel! divichas alegrías: muchas me ha dado ya; pero espe- só la sombra de la joven proyectada en la cortiro que con la ayuda de Dios aún me dará más. na. En vano á su patrona le sental-an muy mal
Aquí, junto al nuestro, tiene un cuarto para ella esas contínuas salidas, meneando la cabeza en
sola. Mira, Knoud, ella misma se paga el al- seftal de disgusto: el amo sonreía diciendo:
-«Considera que es joven y que hay que dar
quiler.

le olvidaba. Cuanto más se aproximaba el término de su aprendizaje, más persuadido estaba de
que se casaría con Juana. A esta ,idea dibujábase
una sonrisa en sus labios, y este pensamiento le
venia 11 las mientes en su trabajo, por lo que tiraba del hilo con doble rapidez, y aún le sucedió
alguna vez que, apoyándose con todas sus fuerzas en el tirapié, se clavó la lesna en un dedo,
sin hacer de ello caso alguno. De lo que Knoud
estaba bien seguro, era de que cuando llegara el
caso, no había de perderse por callar su amor, á
imitación de los dos ena:rnorados de mazapán;
cuya historia debía servirle de ejemplo y enseftanza.
Por fin pasó á oficial. Con el morral .1. la espalda, vedle ya en camino de Copenbague, en
cuya ciudad no ha estado nunca, y á. la cual va
colocado de antemano en casa de un maestro zapatero. ¡Qué alegre se pondrá. Juana al saberlo! ¡Qué sorpresa experimentará c..:ando le vea!
Juanita tenía diez y siete aftos y Knoud diez y
nueve.
El joven trataba de comprarle una sortiJa en
Kjoegé; pero después dereflexionarlomejor, tuvo
nor seguro que había de encontrarlas más hermosas en la capital. Despidióse de BUS padres y en
un Jluvioso día de otofio dejó su ciudad natal, haciendo el viaje á. pié. Caían las hojas de los árbOle~; y llegó á Copenbague bastante calado, dirigiéndose en seguida á casa de su patrono. Al
inmediato domingo dispúsose á visitar
al padre de
/
Juana, poniéndose su traje
nuevo y un
sombrero comprado en el
pueblo, que le
.
sentaba mu y
/ ./ /
bien. Hasta en,. / //
tonces Knoud
,
sólo había llevado
gorra!
,,;
/
/

Domingo 20 de Agosto de 1899.
á. la juventud lo que de la juventud es pro..
pío.»
- «El domingo --;-olveré!'í verla, pensabaKnoud
y le diré que reina en mi alma, Y que ha de se; .
mi esposa. Es cierto que yo no soy más que un,
mísero oficial zapatero; pero me pasaré á maestro, trabajaré, me sacrificaré, en una palabra,.
haré cuanto de mí dependa para llegará ser al-go. Fuera vacilaciones: el domingo me declaro, .
le hablo con entera franqueza. El amor mudo no
conduce á nada: desde ni:l!.o conozco la historia
de las figuritas de maza pan.
Llegó el domingo y Knoud cumplió su propósito, presentándose en casa de Juana; pero ¡oh,
desgracia! la encontró disponiéndose á salir,.
pues estaba invitada á una tertulia; y como Knoud
no se marchase, fué menester advertírselo. No .
obstante Juanita le dió un apretón de manos diciéndole:
-«¿No has ído todavía al teatro? Pues quiero .
que vayas una vez. El próximo miércoles yo
canto, y si estás desocupado te enviaré un billete. Mi padre ya sabe donde vive tu amo.»
¡Cu!'ínta amabilidad! pensó Knoud. El próximo,
miércoles al mediodía recibió en efecto un pliego cerrado, que contenía el billete que le había .
ofrecido Juana, sin ninguna carta acompaftatoria. Por la noche fué al te~tro por primera vez,
y vió á su amada en la p.sce11a. ¡Qué oella esta-- ·
bal ¡Qué graciosa! Bien es verdad que la casaban con un extranjero; así lo disponía el autcr ·
de la comedia; sin embargo ya comprendía
Knoud que aquello era una ficción, pues de otro,
modo Juana no habría tenido la crueldad de enviarle un billete para hacerle presenciar una
monstruosidad semejante. Todo el mundo aplaudía y aclamaba á la joven artista, y el mismo
Knoud se unía al general entusia3mo, gritando::
«Bravo! bravo! »
¡Aht Hasta el rey sonreía á Juana, demostrando el placer que experimentaba al oírla. ¡Qué pequel'l.o, qué insignificante se sintió Kcoud en
aquellos momentos!
·
-«Y sin embargo, se decía, yo la amo y ella .
me ama también: el amor lo iguala todo. En estos casos al hombre le toca decir la primera palabra; esto pensaba la se:l!.orita maza-pán, y su,
historia encierra más de una enseftanza.»
Al inmediato domingo hizo una nt¡eva visita A
sus paisanos, hall!'índose tan en extremo conmo•
vido, como en el día de la confirmación. Eacon-tró sola á Juana y le recibió: todo, pues, marchaba viento en popa.
- «Me alegro de tu visita, le dijo Juana: pensaba enviarte recado por mi padre; pero porotr&amp;•
parte tuve el presentimiento de que est1t tarde ibas á venir, y no lo hice. DeseabR participarte
que el próximo viernes salgo para Francia: de•
bo emprender este viaje si quiero hacer algo de·
provecho.»
Al pobre Knoud le pareció que el mundo sel•
venía encima; todos los objetos del cuarto empe•
zaron á bailar ante sus ojos: . sintióse el cor azón
próximo á estallar en mil pedazos, y ni una IAgrima acudió á sus ojos. No obstante la pesadum•
bre más intensa se reflejaba en su semblante.
-«Qué bueno eres!» dijo Juana. .
A esta cariliosa exclamación, Knoud desató sa
lengua y le dijo que la amaba y quería hacerla
su esposa.
Apenas acabó de pronunciar estas palabras,
observó que Juana se demudaba y palidecía,
dejaba caer sus brazos y respondía con voz gra·
ve y afügídB:
- «No te hagas desgraciado, Knoud, ni me ha-gas desgraciada á mi. Yo seI é siempre respecto
de tí como una buena hermana, en quien puedes
tener plena confianza; pero nitda más que una
hermana.»
Y paeando con dulzura su linda mano por la
ardorosa frente del mancebo, aftadió:
-- «Dios nos conserve la fuerza necesaria para
llevar á cabo las cosas más difíciles, siempre que
nosotros tengamos valor y voluntad.»
En estos momentos la madrastra de Juana en··
tró en el cuarto.
,
-«Knoud, dijo la joven, está fuera de sí á cau•
sa de mi viaje. Ea, amigo mío, sé hombre.&gt;
Y hablando así, le pasó cari:l!.osamente·1a ma·
no por la espalda para dar á entender que se ,ra•
taba del viaje y no de otra cosa.
-«Vaya, no seas nifto, continuó diciendo; ahora y siempre quiero verte bueno y razonable, como en los felices tiempos de nuestra infancls,.
cuar.do jugábamgs bajo el •sauce,»

Domingo 20 de Agosto de 1899.

A Knoud le parecía que el mundo se desquiciaba; sus agitados pensamientos podían compararse á un hilo suelto flotando en el aire al soplo del viento. Permanecía clavado en aquel sitio, sin saber que partido tomar, ni si le habían
dicho que se quedara; pero tanto Juana como su
madrastra er an amables y compasivas, y aquella le sirvió una taza de té y cantó. Su voz no
vibraba como otras veces, pero era incomparablemente arrobadora, y al escucharla, se iba dilatando el corazón del pobre mancebo.
Después se separaron y como Knoud se marchase sin tender la mano á Juana, ésta le dijo:
- «¿Y te irás sin dar la mano á tu hermana,
mi antiguo compaftero de infancia? ... »
Al decir estas palabras sonreía á través de las
I•grimas que se agolpaban á sus ojos y resbalaban por sus mejillas.
Todavía repitió alguna otra vez la palabra
hermano, ¡Bonito consuelo para Knoud!
Aaf se despidieron.

III
Desde que Juana se embarcó· para Francia,
Knoud iba vagando todos los días por las calles
de Copenhague; y sus compafteros de trabajo,
después de preguntarle inútilmente por la causa
de esos paseos sombríos que le sumían en las
mAs prof11ndas preocupaciones, le invitaron á tomar par te en sus placeres.
-c¡EH! le dijeron los jóvenes, á divertirse !&gt;
Un día les acompafló á la sala de baile, que estaba llena de hermosas mujeres. Ninguna, no
obstante, le pareció tan bella como Juana; y le
auc;dió precisamente que habiendo ido allí para
olvidarla, tuvo con más tenacidad que nunca fija su imágen en el pensamiento.
- cDioe nos da fuerza, había dicho ella, siempre que nosotros tengamos valor y voluntad. .,,
Al recordar esta frase tuvo lástima de Juana.
Sonó la orquesta y aquellas jóvenes bailaron
con alegría haciéndole estremecer de espanto.
Parecíale encontrarse en un sitio al cual no habría podido acompafiar á Juana, y no obstante
ella estaba allí, puesto que la llevaba en el corazón.
Salió del local y recorrió varias calles, pasando por delante de la casa en que ella había vivido: la noche era obscura y por todas partes reinaban la soledad y el silencio. El mundo seguía
•u ~ mino y Knoud el suyo.
Vmo el invierno, se helaron las aguas y la naturaleza trocó sus galas por los fúnebres arreos;
tero al renacer la primavera, cuando el primer
tiuque_ de vapor se hizo á la mar, Kooud se sinó estimulado por el deseo irresistible de hacer
un
F
vi~je largo, muy largo, hasta más allá de
rancia.
Preparó su saco y se marchó lejos, muy lejos;
~: av~sando toda la Alemania, de pueblo en pueU : sin hacer alto ni detenerse en punto alguno.
d: Jc~mente al entrar en la antigua y curiosa cjudu e Nuremberg, le pareció que volvía á ser
Nilo de sus pies, decidiévdose á quedarse allí.
lle e~remberg es una pobl;;ción singular que tieUn .ª~Pecto de una estampa desprendida de
? eJa crónica ilustrada. Sus calles serpetean
las~ chosamente: sus casas se separan de las fieadellando la línea recta: multitud de está•

ea;

EL MUNDO.

tuas sobresalen de las paredes sobrecargadas de
~aras y extrav:agantes esculturas; y desde los te•
Jados, á _cual más caprichosos, se prolongan en
el espacio hasta mitad de la calle gárgolas de todas formas, semejando perros, liebres, dragones
y monstruos.
Knoud con el saco á la espalda, hizo alto en la
plaza d?l Mercado, permaneciendo de pié junto á
una antigua fuente adornada de soberbias estátuas de brunce, figurando personajes bíblicos, por
entre los cuales surgen los chorros de agua. Una
linda criada de servicio llenaba el cántaro, y como Knoud, cansado del camino, sintiese una sed
abrasa~or~, ella le ofreció de beber, regalándo!e
al prop10 tiempo una rosa que extrajo de un ramo que llevaba. Esto le pareció á Knoud de
buen augurio.
Los vigorosos sonidos de un órgano proced.:ntes de una iglesia vecina recordáronle su país,
pues se parecían mucho á los que resonaban en
el templo de Kjoegé Penetró en el vasto santuario: los rayos del sol filtraban á través de las
pintadas vidrieras de los ventanales iluminando
caprichosamente las hileras de altas y esbeltas
columnas: la piedad embargó todos los pensamientos de Knoud, y la paz y el reposo penetraron en su eapíritu.
Buscó y encontró en Nurembergun buen maestro: se hospedó en su casa y así aprendía el idio•
ma aleman.
Los antiguos fosoc1 que circundan las fortificaciones
están divididos, trocados en huertas , pero
.
aun permanecen en pié las altas murallas flan•
queadas de macizos torreones, así comv los caminos cubiertos que actualmente utiliza el soguero
para la elaboración de sogas y cordeles. Espe·
sos grupos de sancos arraigados á las grietas de
los viejos muros, cobijan con su ramaje~las casitas adosadas á las fortificaciones, Pues bien, en
1ma de estas casitas vivía el maestro de K noud.
Precisamente el joven oficial trabajaba junto á.
una ventana sombreada por el ramaje de uno de
aquellos daucoe.
Knoud permaneció en .ia misma casa todo el
verano y hasta el invierno; pero volvió la primavera, floreció el sanco, embalsamand&lt;1 todo el
ambiente, y Knoud empezó á entristecerse y preocuparse pensando en otro sauco y sintiéndose
transportado al jardinito de Kjoegé, por cuyo
motivo despidióse del maestro y buscó nueva colocación en el interior de la ciudad, donde no
hubiera sancos que despertaran en su ánimo dor•
midos pensamientos.
El nuevo taller se hal~aba situado en las inmediaciones de un viejo puente, por debajo del cual
corrían con rapidez las aguas deun arroyo, que hacían dar vueltas con estrépito ála rueda de unmoli•
no. Las aguas pasaban tlncajonadas entre dos casas, que parecía que iban á sacudir sobre el arroyo sus destartalados frontispicios. Bien es verdad que por allí no había ningún sauco; pero precisamente delante del taller crecía un robusto y
viejo sauce cuyas raíces se agarraban á la casa
para vencer el ímpetu de la corriente, y cuya3
ramas se reflejaban en el agua de un modo parecido al sauce del jardín de Kjoegé.
En realidad el pobre Knoud había ido del compadre Sauco á la comadre Sauce; y las noches
en que brillaba la luna tenía este último un aspecto indefinible, que le lleg-aba al corazón llenándoselo de ternura y abatimiento. Ya no podía Knoud permanecer por más tiempo en Nuremberg, y si queréis saber por qué, preguntád•
selo al sauce, preguntádselo el sa.ico en flor.
Despidióse de su maestro y abandonó la ciudad,
sin que jamás hubiese hablado á nadie de Juanita, sepultando sus pesares en el fondo de su alma.
Varias veces le asaltaba el recuerdo de la historia de las dos figuritas de mazapán, y entonces
se daba cuenta de que el hombre tuviese una almendra por corazón: también e! suyo era todo amargura. En cambio J uanita tan dulce, tan
amable, tan afectuosa, ¿no estaba acaso formada
de azúcar y miel como la señorita de aquella historia tan sencilla y tao ingénua?
Su imaginación no podía desprenderse de esos
recuerdos que le oprimían y apenas le dejaban
respirar. Creyendo que esto dependía de las correas del saco que llevaba á la espalda, se las
aflojó, pero sin resultado. Para Knoud había dos
distintos muncos, el exterior que le rodeaba y el
que llevaba en el fondo de su espíritu, mundo de
recuerdos y de sentimientos en el cual vivía con
preferencia al otro, que le era poco menos que
indiferente. Tan solo al divisar las altas ,mont,a-

119

ftss pudo su espíritu desechar las sombrías ideas
y fijarse en los objetos exteriores. Ante tan imponente espe~táculo, los ojos se le llenaron de lágrimas.
Aparecféronsele los Alpes como las alas plegadas de la tierra. «¿Qué sucedería, decíase, si d'erepente desplegase y extendiese esas alas inmensas con sus bosquee sombríos, con sus torrentes
y masas de nieve? Sin duda la tierra el día del
supremo juicio se elevará al ir., finitc, y como una
pompa de jabón á la luz del sol, estallará dispersando los millones de Atemos que la componen,
al resplandor de los rayos de la Divinidad. ¡Oh!
¿Por qué no han de sonar en estos momen tos l •s
trompetas del juicio final?» exclamaba K noud
exhala!'ldo un profundo suspiro.
Y atravesó aquél país, que iba tomando á
aus &lt;'jos el aspecto de un verdadero paraíso: las
muchachas que batían el cá:l!.amo, le saludaban
con un airoso movimiento de cabeza desde los
balcones de las queseras, y á este halagüe:l!.o saludo respondía Knoud cortésmente, sin aftadir una
sola palabra alegre, como suelen hacer en tales
casos todos los jóvenes de su edad.
Cuando á través del follaje descubrió los vastos lagüs de verdosas Bguas, víoole ála imaginación el recuerdo del mar que bafta la s playas en
que había nacido y la profunda bahía de Kjoegé.
Pero esta vez y a no sentía dolor alguno, sino
profunda melancolía que le embargaba el alma.
Vió al Rhin precipitarse todo entero desde lo
alto de una roca, raegándose en millones de gotas que forman una masa blanca y vaporosa á
través de la c~al se descompone y toma todos los
colores del iris. Este imponente espectáculo le
trajo á la memoria la espumeante y rumorosa
. cascada del arroyo de Kjoegé, al precipitare sobre la rueda del molino. Por todas partes le acosaba el recuerdo del lug.llr de su nacimiento y de
su venturosa infancia.
De buen grado se hubiera establecido en una
de las tranquilas ciudades que se levantan á orillas del Rhín, pero el país estaba cubierto de sancos y sauces. Continuó marchando, atravesó las
~Itas montaftas siguiendo los senderos que se deshzan por entre rocas cortadas á pico, divisó las
nubes flotando á sus piés y escuchó el estrépito
de los torrentes que corren por el fondo de los
valles, á una profundidad prodigiosa, sin experimentar pavor ni asombro.
Desde las nevad11s cumbres en que florece la
rosa de los Al pes se dirigfa al país del sol: dió ua
adios á las camarcas del Norte y llegó por fin á
los bosques de casta:l!.os, á los viñedos á los maizales. Una cordillera de escarpadas montaftas le
separaba ya del lugar en que había ·dejado ya
tan tristes recuerdos.
- «¡Por fin! se dijo; ya era hora de que así su•
ce&lt;.liera.»

IV
Había llegado á la vista de una populosa y
magnífica ciudad; las gentes del país le daban el
nombre de Miliin. Encontró en ella un maestro
alemán y que le proporcionó trabajo. Era un viejo y guapo sujeto y su cónyuge una mujer buena
y muy piadosa. Ambos se prendaron en seguida
del oficial ext:anjero que hablaba poco, trabajaba mucho y vivía honesta y cristianamente,
Parecíale á Knoud que Dios por fin se había
digna~o librarle del ~n~rme peso que Je oprimía.
Su meJor placer cons1stia en subir á los terrados
de la Catedral, cuyos mármoles eran blancos como la nieva de su país, y correr á través ~ las
agudas torrecillas, de las agujas y de los arcos·
pero en cada recodo, en cada ojiva descubrí~
blancas estatuas mirándole y sonriéndole. Extendíase sobre su cabeza la azulada bóveda Jel
cielo, á sus piés la ciudad, en torno de ésta la inme~s~ llanura ~e la verde Lombardía y al fondo,
en ultimo térmmo, altas y soberbias monta:1!.as.
Pe_1;1saba á veces ~n la iglesia de Kjoegé, en sus
roJizo~ muros tap1z~dos. de yedra; pero ¡qué diferencia entre esta iglesia y la Catedral milanesa!
Knoud no deseaba ciertamente volverla á ver
antes bien se hizo el propósito de dejar los bue'.
sos s.llí, detrá.s de las monta:l!.as.
Llevaba. ya un afio de residencia en Milán y
hacía tres que había abandonado su país. Un
su maestro 1
distraerle, le llevó no al Circo
á ver los eJermcios ecuestres, sino al gran teatro
de la Scala, es decir, á la ópera. La sala valía la
pena de ser visitada. Sus siete galerías de palcos
adornados con ricos cortinajes de seda, desde la

Pª:~

día

�Domingo 20 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.
primera á la última, y en toda su extensión estaban atestadas de elegantes damas, compuestas y
prendidas como para ir á un baile, y ostentando
hermosos r amos de flores. Los caballeros vestían
asimismo su traje de etiqueta, y algunos llevaban uniformes recamados de oro y plata. El vasto recinto estaba iluminado como en pleno día, y
llenaban el espacio los brillantes acordes de una
nutrida orquesta. Aunque este templo del arte
era infinitamente más bello que el teatro de Copenhague, ta mbien allí debía renacer poderosamente en el ánimo del pobre Knoud el recuerdo
de Juanita.
Como por arte de encantamiento, apenas se levantó el telón, apareció Juana cubierta de joyas, de bl 0ndas y seda y ceflida su frente con
una diadema de oro. Cantó como sólo los ángeles del ciP,l o pueden hacerlo, y adelantándose hacia el proscenio, Knoud vió brillar en su., labios
una encantadora sonrisa, como sólo podía brillar
en los labios de Juana. Sus miradas se dirigían
al joven, y el pobre mozo cogieudo las manos de
su amo, exclamó en voz alta: «¡Juana!»
Sólo el anciano pudo oírle, pues los acordes de
la orquesta ahogaron su acento. Y el 11mo de
Knoud, haciendo con la cabeza un movi miento
afirmativo, dijo. «En efec o, sí, se llama Juana. »
Y al mismo tiempo sacando del bolsillo un programa impreso, le ensefió este nombre puesto en
letras muy grandes que cogía por .;u ancho el
papel de parte á. parte.
No, aquello no era un suefio: el oúblic0 transportado de entusiasmo, inundaba el palco escé nico de flores y coronas, y cada vez que Juana
dejaba la escena, era llamada, dos. tres y cuatro
veces, recibiendo los fren éticos aplausos del auditorio.
Termi nada la función un grupo numeroso rodeó el carruaje de la diva; la multitud desenganchó los caballos y so dispuso á. arrastrllrla llevándola en triunfo. Knoud estaba en primera fila, ébrio de contento y más entusiasmado, 8i cabe, que el resto de la muchedumbre congregada
á las puertas del teatro. El carruaje se paró enfrente de una casa espléndidamente iluminada,
en la cual Juana se hospedaba. Cuando ésta bajó del coche, Knoud estaba pegado en la portezuela. La luz caía de lleno sobre el agraciado
rostro de la joven, quien sonreía dando las gracias á todos con una amabilidad sólo comparable á la profunda emoción que experimentaba.
Knoud la miró en los ojos, y ella le míró también
pero sin reconocerle. Un caballero que llevaba
en el pecho una deslumbradora condecoración
cuajada de diamantes, le ofreció el brazc .
- «Es su novio .... se vaá casar con ella, » decía la muchedumbre.
Knoud volvió á su casa y preparó en seguida
su s11co de viaje: le era forzoso regresar á su
país, irá ver los lugares de su infancia, contemplar de nuevo el sanco y el sauce. ¡Ah! Bajo el
sauce basta una hora para que un hombre pueda
hacer concienz udo exámen de su vida entera.
En vano las buenas gentes que le habían acogido en su casa, le rogaron que se quedara; en
vano le hicieron notar que iba á. v enir el invierno, que las montafl.as se cubrirían de nieve, que
los caminos estarían intransitables.
- «Es necesario, respondió Knoud, que los carruaje¡¡ se abran paso de un modo ú otro, y yo
no haré más que seguir el surco que dejen en el
camino.»

Domingo 20 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

121

V

Tomó el saco y el bastón y se marchó, camino d~ los montes: subió y bajó, y sus fuerzas iban decayendo, sm ver casa
ni poblado. Se encaminaba al Norte; llls trémulas estrellas
brillaban á. su alrededor, sus piernas vacilaban, su cabeza se
desvanecía. En el fondo del vall~ veía parpadear nuevlls estrellas, como si se encontrase suspendido en la inmensidad, con
un cielo arriba y otro cielo abajo.
Sentíase enfermo: las es~rellas de abajo iban en aumento, creciendo en numero y en intensidad y moviéndose de un
lado á otro: eran las luces de una aldea; y en cuanto se hizo cargo de ello,
reunió todas sus fuerzas y llegó á una
vemana pobre y desmantelada.
Pasó en ella toda la noche y el día siguiente, pues sentía necesidad de reposo
y de cuidados. En tanto vino el deshielo y llovía á mares. A la mañana siguiente llegó á la venta un mendigo en
compafl.ía de una anciana, y tocó un can·
to que se parecía tanto á. una melodía
danesa, que á Knoud ya no le fué posible
permanecer un momento más en su hosped11je. Púsose en marcha nuevamente,
siempre hácia el Norte, anduvo días enteros, sin descansar, lleno de excitación
y con p11so precipitado, como si temiese
que al llegará su país debiese encontrarse con que todos hubieran muerto.
A nadie contaba el motivo desu viaje,
aunque era fácil leerlo en sn semblante
que reflejaba el pesar más vivo que puede sufrir un hombre. Estos dolores no
suelen interesará na die, ni á los amigos, y Knoud debemos el haber alcanzado nuestro pr opósito J
por otra parten.: los tenía, pobre extranjero que estar á punto de cas1Jrnos. »
Esto decían y atravesaban las calles de Kjoe,
atravesaba países d esconocidos, siempre en digé, cogidus de lila manos, present'lndo un aspeo,
rección al Norte.
Al caer de una tarde, andaba por la carretera, to decente á. lo sumo, y sin que por su reveno
el viento era glacial, el terreno llano y cubierto diesen nada que decir. Dirigíanse á. la iglesia, 1
de campos y prados. A orillas del camino se le- Knoud y Juana les seguían cogidos así mismo
vantaba un robusto sauce. Todo le recordaba á de la mano. La iglesia tenía el aspecto de siemKnoud su país natal. Sentóse bajo el á.rbol, ren- pre con sus paredes tapizadas de verde yedra.
dido de fatiga, dobló la frer.te y el suel'i.o entor- Abríanse de par en p ar las dos hojas de la puerta; resonaban los sonidos del órgano y los cuanó sus párpados
Esto no obstante, vió al á.rbol extender y bajar tro penetraban en la espaciosa nave,
sus ramas, formar un pabellón, convertirse en
- «Los amos delante,» decían los novios de
una especie de vigoroso anciano, tomar la forma mazapán, abriendo plaza á. Knoud y J uana que
del compad1·e Sanee de Kjoegé, levantarle entre se arrodillaban al pié del altar. Juana inclinaba
sus brazos y translad11rle, viendo su~ fuerzas ago- la cabeza apoyándola en el rostro de K noud, 6
tadas, A su querida patrh', á las monótonas y uni- i nundándol11, con sus frías lágrimas. Era q ue el
formes playas de su pueblo. Sí, era el mismísimo hielo de su corazón íba derritiéndose al calor del
compadre Sauce que había recorrido el mundo amor ardiente de su novio.
en busc!l de su querido Knoud, y que al enconEn esto despertó y se encontró sentado bajo el
trarle le transladaba carifl.osamente al jardín de enorme sauce, solo, en un país extranjér o, en m•
su casa, junto al arroyo, en donde Juana le es- dio de una rigurosa noche de invierno. Caiagraperaba. con todo su explendor, cefiida la frente nizo y le azot~ ba el rostro.
con una diadema de oro, tal como la había visto
- «Estos, dijo, h~n sido los mejores momentol
la última vez, la cual corría á su encuentro y de mi existencia. ¡Dios mío, dejadme sofl.ar ata
desde lejos le gritaba:
un poquito más!»
- «Bien venido seas.»
Y volvió á. cerrar los párpados, se durmió 1
Veh además delante de él dos figuras, á. quie- volvió á. soflar.
nes conocía desde su infancia; pero tenían entonA la madrugada empezó á nevar, el vienw
ces una forma más humana que antes; habían arremolinaba los fríos copos alrededor de Knoud
cambia do mucho, ganando en el cambio. Eran que seguía durmiendo.
los monigotes de mazapán, el hombre y la mujer
Más tarde pasaron por ahí las gentP,B delaa oaque le miraban con regocijo.
baiias circunvecinas yendo á la iglesia, y vieroa
- «Gracias, mil gracias, le decían, nos has he- e1 cuerpo de un hombre tendido al borde de Ja
cho un favor inmenso: has desatado nuestras len- e arretera. Era un joven oficial zapatero.
guas, enseiiándonos á no callar los sentimientos
Knoud había muerto de frío bajo el sauce.
del alma, pues el silencio no conduce á. nada; te
ANDERSEN,

/

J,,.;,,.,,,,,=-=----- ---------------------r-...,._t

como si el dios pretendiera satisfacer en la débil Si-,
ringa de caña, todos los deseos inspirados por la Siringa de carne, hecha de lirios y claveles. Bajo sus
labios, y seg1\n et deseo del momento, la flauta cantaba, sollozaba, ó reía, pero siempre dulce ó melodiosa. Y_la natural~za entera e~cuchaba sin comprender,
extasiándose ó riendo: dejatían de past,ar los rebaños;
las fuentes paraban su curso, tratando. luego de remedar, en su murmullo f. esco y delicioso, la canción
de la flauta; y en los viliedos, ent.re lus pámpanos,
los racimos repicaban alegres como resonantel&gt; '.'.:ampanillas de oro.
. Pero nosotros, los sátiros, penetrábamos el mister~o doloro~o y cruel de la música nueva; con todaclar1dad leíamos en el porvenir el destino de la flauta y
sabíatno!i todo lo que encerraba de desventura y dolor para mu..:hos hombres Abandonada de Pan, la
~a.uta habí~ de recobrar, con el Liempo, su primitiva
figura de vi rgen montañesa; y este milagro se realizó cuando la gran catástrofe anunciadora del advenimiento de Jesús, el dios nuero, cuya ley domina el
mundo.
Entonces, precisamente, fué cuando los semidioses, fa~nos y _sátiros, nos dispersamo.; por la tierra,
Y el mis_mo d10s capr~pede hu yó despl!,vorido, olvidando, al pié de una encina, la •flauta prodioiosa. Si algunos sátiros, proscritos de los perfuma"'dos bosques
helenos, ban sucumbido á la nostalgia, la mayor parte perduran, más ó menos conformes coa sus actuales condiciones de vida. Por ahí existen muchos disfrazados de poetas, dh,. raza.dos de labradores, disfrazados de políticos, y no l 1lta uno que otro sátiro académ ico. Pero nadie sab.:: hoy de Pan: tal vez en el
rondo de una gruta espera que se acabe el imperio
d_e la fealdad y la tristeza, ) vuelva á reinar, sobre
tierras y mares, en ciudades v vlllorrios la vieja y
'
sana alegría del paganismo. ·
Ea el momentu de }a gran catástrofe, Pan dormía
á la sombra, descuidado y fel!z, soiiando en fugas de
radiantes desnudeces de ~infas al través del follaje
traspasado de saetas lummosas. Un clamor inmenso
l? despertó, y sus ojos, dilatados de terror, presenciaron un espectáculo fatídico: en medio de un estrépito colosal se desgajaban los bosques; las montañas,
vac!lando s?bre sus cimientos, parecían bailar como
etm~s; la tierra era toda convutsiones, como un epiléptico; una gran tiniebla en volvía las cosas y en el
seno de la gran tiniebla caían :odando los s¿les CJmo
lágrimas de diamante.
Pan, sobrecogido de pavura, huyó dejando olvidadas las coronas de jacintos, la bermeja piel de lince
y la flauta de sones mágicos.
Más t~rde, y_a en reposo la tierra, apagado el estrépito, mmóv1les las montail.as, desvanecida la sombra, se realizó el mi.agro previsto. Siringa, la virgen
agreste, libre d.: los dedos y labios de Pan volvió de
su lar_go sue~o harmonioso, bella como antes. Poseía
los mismos OJOS verdes y turbadores, las mismas rosas de las mejillas, los mismos labios dulces y purpúrt!OS, la misma garganta como un torrente fresco. y
los mismos senos como botones de magnolia, firmes
Y bi~ncos. Pero su alma no era la misma, y en eso
consistía la venganza de Pan. Este había transformado aquella alma, recia como troncu de encina
fuerte como el bronce, inexpugnabie como una for:
taleza1 en alma de caiia endeble ó de rosales huecos, dispuesta á vibrar á cada Instante. Lleno de ira

Pues bi~n, en esa época feliz, cuyas memnrias guar·
do como s1 fuesen oro acendrado, era Pan el Dios omnipotente de la camp1ña. Todos los seres y las cosas
le re~df'\n homenaje: los pastores le sacrificaban los
ca!m~os más tiernos; para él criaba el campo azafrán
Y Jacrntos; para él danzaban las ninfas en los claros
del bosque¡ los manantiales le decían en su Jeno-ua
pura y cristalina, los secretos de la ti~rra; y los á;boles mismos, á fin de proteger el sueño clel· Dios, á la
hora del bochorno, entrelazaban sus ramajes, baciendo mayores la sombra y la frescura. De Pan, soberanamente dichoso, fluía, derramándose por la tierra,
el contento del vivir. El vino era alegre, y el amor
no turbaba los corazones, como eso que llamau amor
los h~mbres actuales. Pero un día se i nterrumpió la
plac1ae~ augusta de Pan, y germinaron las tristezas.
U:□a h1Ja del hombre se atrevió contra el poder del
d10s cap•fpede. Se llamaba Siringa y era virgen montaraz y g uardadora de cabras. De virtud áspera y
fuerte co~o t ronco de encina, su virginidad se conservaba sm mengua como la vi rginidad del mármol
no acariciado ni por loi. besos de la luz en las entrañas del monte. Los ocios del pastoreo Siringa los llenaba_ cantando con_ vo~ blanda y melodiosa, ingenuas
canc10nes. Y fué s1gmendo el sonido de su voz como
Yo meditaba, apoyado en el tronco de un árbol. Pan llegó á ver, sin ser visto, oculto enlasombradel
boscaje, el esplendor de su belleza. Entre zaoalas y
)!! amigo, acostado en la hierba, de codos en el suelo, la cara entre 1as manos, me veía de cuando en boyeros nadie recordaba hermosura comparabie á su
cuando con ojos cada vez más escrutadores. A pesar hermosura: eran sus ojos como agua de la mar, turmfo, sus OJOS me penetraban como puñales. Y cada badores y verdes; sus mejillas como rüsas de Jonia·
vez, después de observarme por alj!'ún t iempo, y como sus lab!os rojos y dulces, como vino de Chipre y can'.
si quisiera libertarse de una obsesión, tendía su mira- to de cigarra::,; su garganta, como un torrente frese'&gt;
da, ya por el lago azul, dormido al pie de la Roca Bo- y harmonioso; y cada seno, entreabierta magnolia
rromea, ya por las viñas cercanas, entre cuyos pám- henchida de rocío.
Pan amó á Siringa, pero ésta desdeiió sn amor dipanos, aún verdes, los racimos, próximos á la madu •
rez perrecta, empezaban á reír al sol con risas de oro vino y rechazó con repugnancia el abrazo de sus miembros velludos. ~es d~sdenes incendiaron el pecho del
y púrpura.
lJe pronto mi amigo empezó á hablar, y parecía Dios, y con rabia, tristezas y dolores corrompieron la
fuente de lo antigua alegría,
como s1 sus palabras vinieran de muy lej0s:
El furor de Pan, desdef!ado por la primera vez, no
-Sé en lo que estás pensando. Piensas en lo mismo que hace días te trae meditabundo y caviloso; tuvo límites, Juró no dd.rse punto de reposo hasta
piensas en la Marzuchelli, esa italiana, reciente ami- ver prisionera de sus brazos á la pastora temeraria·1 y
ga nuestra, cuyo cuerpo es flnr de gracia y perfume la persiguió por valles y oteros, como autes á las ni nlo~f~bles. Pero no es la belleza de su cuerpo sino la fas por la espesura de las frondas. Lleno de furia y
entregado por completo á perseguir á la humilde
mus1ca de su voz lo que ha turbado tus sentidos.
Es inútil negarlo: á mi experiencia no se oculta un g~ardadora de cabras, Pan ol vldó los placeres de la
solo repliegue de t u alma. Y, si no deseas caer vícti- vida: en vano los campos le ofrec'eron jllcintos y azama de un maleficio, escucha mis consejos. En tus frán, en vano los pastores le sacrificaron los cabritos
oídos canta continuamente esa voz dulce y tentado- más tiernos y lo invocaron las ninfas, tristes é inra. Parte, huye, ó el encanto de esa voz pasará á tus consolables, á orillas de las fuentes. Pan no echaba
venas y emponzoílará tu sangre como un tósigo. ¡Ahl menos la belleza al el amor de las ninfas; antes reba_stante conozco esa voz de seducción y perfidia. Yo cordaba con náusea y hastío sus formas blancas, terasistí á sus primeros balbuceos tímidos en la caiia so- sas, lustradas en la onda de los arroyos Impolutos.
nora de un instrumento rústico. Los labios de un dios Sus deseos iban todos, como tropel ce leones hamlB despertaron y esparcieron por bosques y praderas, brientos y bravíos, detrás de los pies de Siringa, meY rué, al nacer, paz y alegria de pasLores y rebaños. nudos y ligeros como pétalos con alas. Pero por más
Inofensiva y pura, al resonar en las praderas y en los dei,enfrenados que corrieran, los deseos del Dios no
bosques, pasa_ba como una bendición por sobre los se- llegaron ni aun á rozar la piel de la hermosa fugitiva.
res Y las cosas; y nadie la hubiera creído destinada á Detrás de los árboles, detrás de las rocas, Pan espió
..
ser la ejecutora implacable de una venganza tremen- los movimientos de la virgen zagala, esperando la
da. Hoy, al resonar, suspende su hechizo como una ocasión oportuna para caer sobre ella; y cuántas ve~"' ..... '
espada de fuego sobre la cabeza de los hombres. Y ces intentó sorprenderá Siringa, otras tantas, ágil
l'~ 1.I
como yo sé el secre~o de su origen y el misterio de su y despierta, Siringa se le escapó de entre las manos,
.
conversión, por eso temblé por tf al reconocerla días como una sombra.
,.,,.;J
atrás en la voz de Teresa Marzuchelll. 1. No recuerdas
l:iin duda la virtud, como una coraza inquebrantacómo se estremeció todo mi cuerpo al oírla cantar, en ble, defendía á la pastora esqui va y zaharef!a. Y el
"r ◄
el ambiente perfumado del jardín, impetuosa y vi- buen dios Pan, fatigado de una persecución larga y
brante como alondra sedienta de luz? En mi memo- difícil, desbordante de cólera ante aquella virtud In¡' _,.~I
ria~ alzaron-inacabable teoría de figuras resplan- capaz de ceder á r uegos, llsonjas ni vio!encias, implod~c1entes-los recuerdos de una edad maravillosa y ró el auxilio de Júpiter, á !In de vengarse de Sirinle¡aaa. Entonces era yo uno de aquellos sátiros, di- ga y de la raza de Siringa.
vinos habitadores de la selva, más tarde fugitivos
Aún perseguida de Pan, Siringa se convirtió, por
por ciudades y montes, cuando el advenimiento del mandato de los dioses, en bosquPcillo de caf!as flexidios nuevo, an te cuyos altares te arrodillas. 1. No lo bles y verdes. Sonriendo con sarcástica sonrisa, Pan
crees? Bajo mis apariencias de juventud paplta un se llegó á las callas, las cortó, y con desiguales cañualma_casi tan vieja como el mundo, y dentro de mi tos, puestos en orden, uno á otro ligado, construyó
feo disfraz de hombre del siglo, se aburre un pobre su flauta famosa.
llátlro medio muerto de pesadumbres y nostalgia.
Pero si muchos conocen la historia de esa flauta,
¡,Rfes? ¿Acaso no has visto cómo enarco las cejas sólo unos cuantos conocemos el mal de ella prove- contra aquella virtud orgullosa que siempre recbazó
abr_azo de sus miembros nervudos y el hPso ne sus
cu_ando una emoción brusca rompe la monotonía de niente. Cuando los labios del dios le arrancaron un labios
sensuales, Pan convirtió esa virturl, pri~ioneIllJS hcras, ni te has burlado muchas veces de mi pie
torrente de música, la naturaleza toda vibró alborode su flauta, en música, sonido, rumor viLno.
Izquierdo, contrahet:ho y deforme?
zada ante el prodigio, y no vió en la venganza de Pan ra Poco
después de tomar su primitiva fionra Rlrfn.En la manera como enarco las cejas, conservo el sino algo así como una venganza de artista, bella y ga estaba
condenada á ser totfn de un so~fad¿ de RorecuerJo más fiel de mi antigua máscara sardónica, y generosa. Pan llevó por todas partes el hechizo e:x:~¡ r:r deforme es el residuo viviente de mis prlmitl- trahumano de la música nueva, y tan furiosamente ma. Luego, de brazo en brazo v de caricia Pn caricia
habh de ir, voluntariosa y fácil, caprichuda y Ji via:
~ ,1fias de cabra.
apretaba la flaut&amp; con labios y dedos, que parecía na,
sembrando por donde quiera, una simiecte mal-

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�Domingo 20 de Agosto de 1899

EL MUNDO,

122

dita. Y de la simiente, sembrada con profusión, viene toda esa casta de mujeres de voz blanda como el
terciopelo, suave como plumón de cisne, dulce y melodiosa como són de flauta, y de virtud quebradiza
como el cristal muy tenue. 800 criaturas bechas de
fragilidad y harmonía, ce gracia y de pecado. y, semejantes á las cañas frágiles y á los rosales hueros,
al menor soplo ceden, cantan y se rompen Guardan
un eco para todas las voces, contestan á todo reclamo
y, ejecutoras de una venganza cruel é injuRta, esparcen c:m la música de su voz un filtro ponzoiiobo. 1Ay 1
de aquel á q ulen balague y turbe eRa ,·oz hecnicera!
víctima dócil del encanto, verá un ola 1,u destino encadenado para siempre al debtino voluble y perverso
de una hija de Siringa; envuelta en una red inextricable de maldad, irá tropezando de trakión en traición, de asecbanza en asecbanza, hasta dar en el crimen ó la muerte. Y ninguna de las voces de mujer
que he oído hasta hoy recuerda tan bien las suavida-

des de seda, las frescuras de arroyo, las finezas de
cristal y fas dulcedumbres de miel de l.i. voz de Siringa, como la voz de Teresa Marzuchelll. Por eso este
viejo sátiro, amigo tuyo, te aconseja que partas; de
lo ce,ntiarlo, el maleficio de esa voz penetrará en tuii
venas y quemará tu sang re, como un tósigo.
Unas veces mudo de admiración, sospechando otras
veces una falaz jugarreta del sabroso vino italiano,
oía yo sin decir palabra la historia narrada por mi
amigo.
- No dudo-me atreví por últ,imo á responder-no
dudo de la verdad de tu blstoria, delicada y sutil C0·
mo rayo de luz, ni de tu origen y alcurnia celestes;
pero he conocido y conozco mujeres de voz áspera Y
ruin, como la voz de las campanas rotas, y de virtud
vana y deleznable como el vidrio. Abí está ....
- ¡.Ah! sí-me interrumpió mi amigo el sáti?o, considerándome á la vez con cierto aire amblgi;o, entre
enojado y menospreciador-esas de voz cascada y de

virtud efímera deben de provenir de algún calluto
roto de la flauta de Pan, caída en el lecho de piedras
ó guijarros mientras el Dios trepaba, como solí.¡, alguna cuesta penosa.
De improviso, muy cerca de nosotros, resonó tur.
bando el silencio y la calma del mediodía, la voz de
Teresa Marzuchelll. Como de un solo resorte movl.
&lt;los, el sátiro y yo nos pusimos en ple y nos apresura.
mos á ir al encuentro de la italiana encantadora. En
el mismo instante la brisa, hasta entonces quieta, 80•
pió como obedeciendo á un conjuro; agitó, al ple de
la Roca Borromea, la superficie dellago, como un sueño de amor agita el seno de una virgen dormida; aca.
rieló nuestras frentes mojadas de sudor; besó nuestros labios húmedos de vino, y penetró en la ,iña cercana, murmurando no sé qué discursos burlones. y
entre los pámpanos verdes, los racimos danzaban y
reían al sol con risas de oro y púrpura.
RUFINO BLANCO FOMRONA,

Dommgo 20 de Agosto de 1899.

EL MUNDO

1.23

sar las tijeras por la hendidura, después de las
tijeras mtrodujo un guijarro como el puilo y luego
una piedra. Así, poco á poco, fué abriendo el árbol
basta que pudo pasar su hijo. El niño se había dormido diciéndole mil monerías á la luna.
Lannefranque se descubrió piadosamente, tomó á
80 bljo en brazos, y pronunciando una oración, ¡0 introdujo en la h~ndldura de la encina. Como apenas cabía, despertó el m'.1cbacho con el frotamiento, pero
00 1:oró; miró á su padre con cierta sorpresa y reanudó su conversación con la luna.
Lannefranq ue estaba emocionado.
-¡Anda, chiqulllo! dijo cuando el cuerpo de Mauricio pasó por la hendidura; ya verás como sanas.
y lo acostó de nuevo, á fin de cuidar sin tardanza
la herida del árbol. Con lodo del pantano vecino cubrió las fibras desgarradas, y ató el tronco. Tembláensaya?cs, cantan el himno de victoria de la natubanl~ las manos al ha~r esta dellcad" operación; en
raleza mmortal.
108 o;os tenía la expresión de la plegaria muda .q ue
Meses ban transcurrido y el caballPro no ha dejaJlrlgía á la tierra en demanda de jugos fecundos para
J'EAN RAMEAU.
do un solo día l_a caballa encantada. Un viejo monje
las rafees del árbol mutilado, y al cielo cuya luz dede luenga y mvea barba, el mismo que casó á Mabla alimentar las hojas, á fin de que la muerte no hitllde con Maleck Adel, el mismo que casó á Julleta.
riese .ni á la encina desgajada ni al ni ño raquítico.
con Ro!Deo, el mismo que no tiene más oficio que
-Sanarás, decía. Y estas palabras se dirigían al
bendecir los amores de romance, bendijo la unión de
4rbol y al chicuelo.
es, os dos ámantes venturososAl acabar, Lannefranque sintió un ruido extrallo
Menguando va ya la dulce luna, á modo de torta
que salía del prado.
-Me bao visto, tal vez. Alguie'l anda por ahí
Fuerza es que en los cuentos los reyes y prfncipes servida á nliios g?losos. La rústica nii'la no es tan
Exploró las tinieblas, pero nada vió. Entonce~ co- cazadores se extravfen en el bosque, y tuerza es que lerda que no advierta el fastidio atroz que de su hergió en brazos á su hijo que dormía y se alejó rápid,- llegada la noche una lucecita que á lo lejos pestafiea moso cazador se apodera. Varias vt:ces ha sorprendido e~ su antes ardiente boca el bostezo vil de hartura
mente, temeroso bas1 a del ruido que hacían sus pa- les gufe á la pobre cabañ:i, en donde una doncella matnmonial.
sos en los matorrales.
hermosa Y cuanto hermosa ingem1a, aguarda el lan.
. -¿Qué tiene mi amado, qué anhela mi sei'lor? le
El nlllo ~ejoraba y la enci na no languideció. To- ce para Irse á la grupn. del caballero á ser soberana dice
con acento de terníslma queja.
dos los dommgos el padre de Mauricio visitaba la en- de un gran pueblo ó sellora de un opulento ducado.
-Y
él, sin devorar á besos su cuello di vino; sin micina y cubría de estiércol sus clcatriceb amontonaba
rar siquiera aquel:os sus ojos adoratierra vegetal junto al tronco y matab~ las hormigas
bl~s, que parecían dos cielos que suque Pubfan por la corteza para que prosperase, para
plJCan, pensativo y suspirando le resque viviese mucho tiempo el árbol querido cuya
ponde:
'
suerte estaba unida á la de! nifio.
En Ago,to Mauricio se indispuso. Lannefranque
_-;, Ves aquel monte azul que á lo
Inquieto, fué á ver á la iincina y encontn~ T()Zadura~
leJos se empina? Quiero ir allá. El veren el tronco. El corazón del padre se sintió oprimido.
de perpetuo de esta mon Laíia me bas¿Quién ha hecho esto y con qué fin, se preguntó
tí~. . A'} uélla P.S azul; ¡qué bien se debe
Lannefranq ue.
v1 v1r en un monte azull
Tuvo presentimientos dolorosos. ¡Si moría la enciy ella, con melanc6Jica dulzura
nal.. Pasaron dos días, Mauric10 no mejoraba y
desflorando con las palabras los labio~
Lai:nerranque t'ué otra vez al bosque. Encontró una
del ingrato, le decía:
nueva Incisión en el tronco del arbol: se puRo pálido
- Verde t!S la esperanza, nliio inconY recordó el ruido que había oído la noche de la opeforme. La ilusión es azul, como hija
ración.
de es~ bella impostura que llama.
-Alguien me ha visto seguramente, pensó; alguien
mos cielo. Aq'.lí eres dichoso aqní está
que me odia y que quiere la muerte de mi hijo. ¡Mila dulce realidad. ¿Por qué 'perseguir
serable!. ..... Volvió á su casa, se echó al hombro
la pérfida mentira?
su fusil y se ocultó detrás de 1m bordo, á diez pasos
Pero nada, á la mai'iana siguiente el
de la encina. Permaneció toda la noche en aquel sicaballero se encaminó hacia el monte
tio, cuyo silencio solo turbaba el canto monótono de
azul, que estaba !ejes, muy lejos de la
las ranas.
montaña verde en que dejaba á su
~o ob,¡tante la nocbe siguiente, volvió á su espío•
amor llorando su desvío.
:aJe. A poco de estar allí en acecho, con el fusil so.
C~minando, caminando, al fin llegó
re las piernas, oyó un mido entre la maleza. Puso
al pie de la montafia color de cielo.
~tenclón; era un ruido ligero, regular, eran los pasos
1'.ero ¡oh sorpresa! ¡oh decepción! Las
de un hombre. Lannelranque tembló, abrió los ojos
tmtas azules habían desaparecido y
, esmesuradamente y dejo de rellpirar. Sí, alguien
todo era verde, como el monte en donbenia, ya se veía la ne~~a silueta. Era un hombre, un
de dejaba_ á su ~mor con la tristeza de
dombre ~lto, que se dmgló hacia la encina deso-ajasu ausencia. M1ró hacia atrás, suspi.
?ietuvose delan te del arbol y se llevó la ma~o al
rando,
y la sorpresa le arrancó un gr!.
81 0
En
este
cuento
quien
se
extravía
en
el
bosque
no
es
u
como para sa_car nn arma cortante: dos se~ ndos después las hoJas de la encina se movieron · el un poderoso emperador ni un espléndido señor de [º d~ despecho. El monte azul se babia mudado Allá
~ ve1a, allá mismo en donde quedaba su amant~ mut e&amp;conocldo cortaba sin duda la corteza ... Lan;e. much~s ti.erras, ~in~ un hermoso cazador, que á p!e nendo
de dolor.
y pers1guie~do liebres se ha ido c.n pos de una que
rauque se puso en pié,
Y dirigió el caballero su pasos fatigosos hacia aque.
parece hecJ11~ada, porque la ha marrado diez veces 1
-¡A11eslnol gritó.
á saltos y piruetas le lleva á donde Dios sabrá pero lla cumbre, á su vez en vuelta en la gasa celeste de las
que él no se cura de a1•eriguarlo, basta que nodé bue- br~mas, v~stlda de ilusión. Al llegar á la caballa no
na cuenta de aquel dtablillo burlón antíe el cual está salló á abnrle la puerta la ni!Ia amante. Llamóla por
pasando, ~ace dos horas largas, como indigno de terciarse su rica escopeta damasquina.
La noche llega, la lucecita pestañea allá en lo alr.o
de una montaña, y á ésta se dirigen Ja liebre con sus
saltos y el cazador con sus iialvas.
-Alabado sea Dios, dice éste tocando á la puert a
de la caballa.
-Por siempre, le responde de adentro una voz angélica, propiedad adorable de un ángel sin alas que
acude á franquearle la entrada de aquel palacio encantado.
La niña es linda, el joven ardiente; la cena es generosa ! el lecho grato. Sueila el cazador con lns
azul~s OJOS de serrana preciosa, y sue!Ia ésta con su no';Dbre, llamóla por los cien nombres tiernos ue
q
el canno inventa, y ella 00 respondió.
los OJOS negrísimos del gairido huésped.
de~~
!~b¿:_
matado
su
caballero
ingrato
con
el
hastío
La mai'lana es fresca, pero los labios hierven. Tienen sed de besos; y al fin, como cerci de allí se resE l palacito enca11tado estaba en ruinas d 1
tregan en ios picos sus deseos dos amantes palomas
cunde el ejemplo de amor, y restalla el rayo en ¡0 ~ la solitaria puerta brincaba la liebre a u!i1ae ante de
saltos y burlonas volteretas al caballer~ le d~cia~ntre
labios.
-;-Inconstante cazador, sígueme, y te llev~ré ~
La caballa se ilumina con luces de oro las flores
silvestres acuden en esencia á embalsam~r aquel al- qmen sabe engai'iar como tú: ¡al monte azul!
tar de amor, y las avec!llas del bosque, en coros no

EL MONTE AZUL.

Lf\ ENOINf\ DESOf\Jf\Df\.
Cuando enterraron á Melita Lannetranque en el
antiguo cementeric. de Cazordite, cuya tierra tiene
estrías amarillas color de carne, el viudo, Bertrán
Lannefranque, cubierto con el pesado manto de pas•
tor hecho de pai'io obscuro, llamado capa de luto, se
puso á la cabeza del fúnebre cortejo y con él se dirigió á la granja.
Caminaba á su lado el primo Lataste, campesino
taciturno cuya boca no se abría sino para masticar,
beber y rezar. La ceremoniahabíasidolarga;yaeran
las doce y toJos los concurrentes bostezaban de hambre. Al llegar á la casa mortuoria, parientes y veci•

-No sé por qué lloras, Lannefranque; se te ha
muerto tu mujer y es de senti,·se, pero ¡basta yal no
era muy útil en la Granja. Ya hacía mucho tiempo
que su salud se había quebrantado y no podías emplearla sino en el cuidado &lt;le las ovejas y en la preparación de la comida. Una mucbacba de quince ·
años que gane cuarenta sueldos al mes, puede hacer
eso. Lo esencial para tí es que cuides del niño y que
se te logre, porque ese muchacho vale cien mil francos como uno.
-¡Ciento cincuenta mil! rectificó el viudo que no
dejaba de sollozar.
-Es posible. En fin
por él has de ser rico
puesto que es el único
h eredero de su abuelo
materno, del famoso
Caiaubon que ha hecho una fortuna. en el
comercio de caballos.
Está delicadillo el
muchacho; cuídalo. Si
llegara á faltarte todo lo petderfas y tu
primo Lataste se llevaría la herencia en
su calidad de colateral.
-Lo sé, respondió
Lannefranque enjugándose las última:s
gotas de lágrimas con
el dorso de la mano.
Mi Mauricio no tiene
buena salud, en esto
se parece á su madre,
pero para eso hay far'llacéut,icos en Dax, y
1por vida míal Latas•
te no heredará los
ciento cincaenta mil
francos.
Y Lannefranque estre-:hóla manodelque
a~i sabía consolarlo
y se dirigió á la cuna
en que dormía el benos se sentaron en derredor de una gran· mesa, y el reduo de Cazaub6n, y le besó con sus labios torpes de
viudo Lannefr11nque comió pan y queso en medio de campesino.
los suyos. Sirvió muchas veces vino blanco antes de
Bertrán Lannefranque era un labrador de veintiorecitar el De profwnrlis, y los invita fos decl&amp;.raron que cho años, flacucho, pero con unas mandíbulas ferojamás se habían tributado honores ig-u'l.les á una ces de bull:dog. Muchas vecei,, cuando no tenía ni
muerta en todo el territo1 io del municipio.
pan de ma1z para satisfacer el bambre babfa pensaTodos hablaban en voz baja de las viñas lozanas, d? en esa _herencia pingüe. Y sudando' para labrar la
de la siembra de maíz perdida por la falta de lluvias, tierra arc1l_Josa de Cazurdite, esa tierra ingrata en la
y del trigo cuya cosecba iba á ser escasa. Luego se que no podian penetrar las raíces de los árboles pendespidieron del viudo y le dieron el pésame de cos- saba en la vejez tranquila que le esperaba. Pro~etíatumbre.
se comprar los bueyes más robustos de la región el
- Vamos, amigo mío, no te aflijas. Ya sabes que carro más ~ólld? y el arado más ligero; tendría' un
no somos de este mundo ....
coche de seis asientos para ir al mercado y mandaría
-Adios, Lannefranque, y no cargues el juicio. constrl: una casa en cierta colina, con una terraza en
Con eso nada se remedia.
la que ¡ugaría los domingoQ con sus camaradas, con-Valor, Bertrán; se fué tu mujer, pero te queda templando las lejanas márgenes del Adour, las monel niíio.
taíias y el mar.
-No llores, homúre. Melita rogará por tí en el
_Pero par~ ~eallzar esos suenos era necesario que vicielo.
viese _Maunc10, el débil vástago de trece meses, que
Después de oír algunas docenas de fra$es por el es• dorm1a en s_u cuna, mientras se dispersaban por los
tilo, Lannefranque se puso á llorar como un chiqui- campos los mvltados al entierro.
llo. Uno de los de( cort~jo se compadeció de él y paAlgun 1s días después Mauricio SP enfermó del pe1a consolarlo le dlJ0 canfíosamente:
cho. Sanó. pero le dió sarampión, y cuando pasó esta

enfermedad turo otra, y otra, y luego fiebres Intermitentes. Lannefranque iba de botica en botica y dE&gt;
consultorio en consultorio; pero los farmacéuticos
eran tan Impotentes como los doctorei;, y el chicuelo
empeoraba de un modo alarmante. Su rostro se enflaqueció hasta convertirse en un objeto Indeterminado, semejante á un grano de trigo y los oj0s ya no
se le veían.
El alma ruda de Lannefranque se sintió herida,
porque había llegado á quP.rer á su hijo por sí mismo,
y no por la fortuna que representaba. Tuvo remordimientos por su codicia.
-Dios me castiga, peusó.
Y fué á comulgar para obtener de Dios la curación
de Mauricio. Al acabar sus oraciones, le dirigió á la
Virgen esta plegarla: &lt;Santa María, si salvas á mi
hijc te prometo emplear en obras piadosas las rentas de la herencia. Sí, todo lo daré y nada guardaré
para mí. Renuncio á los bueyes y á la casa. V irgen
pura, salva á Mauricio.&gt; Las lág rimas surcaron las
mejillas de Lannefranque cuando pronunció estas
palabras.
Mauri.:io no se aliviaba. Entonces Bertrán fué á

ver al alcalde Dumora, excelente sujeto que conocía
muchos remedios p1ra cunir á los hombres y á lG&amp;
animales.
El alcalde examinó á Mauricio, lo palpó con sus
gruesas y nudosas manos, y dijo:
-Amigo mío. ¿conoces el remedio de la encina?
- -No, seiior Dumora.
-Me extraiía, porque es un remedio muy viejo y
muy usado en t oda la región. Estoy en la creencia de
que lo conoce tu primo Lataste. Se aplica á los niúos
r~quítlcos como el tuyo y casi siempre mejoran. Consiste en esto:_ se va uno con PI enfermo, llega al bos•
9.ue, se desgaJaen el sentido de la longitud uoa encina
¡oven, se separan las dos part,es del tronco hendido y
s~ hace j)asar en~re ellas al niño, dirigiendo al mismo
tiempo una oración á Dios. Hecho esto se juntan las
dos mitades del trono, se las frota con zumo de limón, se atan con un mimbre y desde ese momento el
nii'lo y la encina tienen la misma suerte: si el árbol
vive, el niño vive también; si se c;eca, el niño muere.
Lannefranque escuchaba con la mavor atención.
:-~_racias, señor Duinora, dijo. V,iy á aplicarle á
m1 bJJO el remedio de la encina desgajada. Que Dios
me ayude.

***
Al día siguiente, cuando cerró la noche, Lanne•
franque envolvió á su hijo en una manta de lana, to~ó ~na podadera, unas tijeras y dos mimbres y se
d1rl~1ó al ~osque de Or.the. Las encinas jóvenes abuo•
daban á º:1llas de un riacbuelo que regaba los pra•
dos del primo Lataste. Era el mes de Junio, la atmósfera estaba tibia y las ranas cantaban en la som•
bra. A veces asomaba la luna entre las nubes su ancha
car~sonriente. En los brazos de su padre el nii'io bal·
but1a cosas ;ndtstintas, medlas palabras mal artl·
culadas, frase!; sin sentido, pero conmovedoras como trinos de ave que aprende á cantar.
'
Buscó Lannefranq ue una encina propicia en el bosque de Orthe y eligió una muy nueva, lltna de vitall·
dad, que erecía á.la orilla de un pantano.
Aco~tó _e) chiqulllo sobre la yerba y come07ó á ha•
c~r la mc1s1ón en la f:ncina. La operación rué larga y
difícil, hubo que afilar dos veces m podadera y cuan•
do hendió la encina hasta la altura de un hombrr,
quiso separar los dos gajos. Gran trabajo le costó pa•

t!i

!ª

NICANOR BOLET P.ERAZA,

Y después d
110a qutja prole apuntar sobre él hizo fuego. Se oyó
huyó por entreº1!gada¡ el hombre estaba herido, pero
8
tos de dolor.
árboles del bosque, lanzando gri--iAseslnoJ repitió L
Begu11111ento.
annefranque, y se lanzó en su

�Domingo 20 de ~gosto de_ 1891l,
124

EL MUNDO.

Domini o 20 de Agosto de 1899.

.EL MUNDO.

a

125

LOB O, lBSTf\8 f\LLI?
Es la hora _de la mesa. Susanilla y Pum, al lado el uno del otro-aunque han prometido guar•dar circunspección-se agitan como dos culebras,
Los papás de Susanilla hacen los honores á los
padres de Pum. El hermoso mantel ruso, los va808 grabados; hay flores y fresas, grandes fresas
,que brillan bajo la azúcar cristaliz11da. Pum rie.ga algunas gotas de salsa que inmedi-ttamente
oculta con un migajón de pa:-, pero Susanilla ve
Ja mancha y la seca mostrand0 un aire discreto
de ama de l!asa. Pum, humillado y rojo, toma un
:aorbo de Borgofl.a.
El pobre Pum está inquieto. Un diabólico maleficio pesa sobre su eo11ciencia y su madre le ha

LA GATA FAVORlTA.

creer nada de lo que dice. Pum no osaría afirmar
que miente, pero es casi seguro que ella borda,
arregla las cosas á su antoJo, ¡Y con qué aplomo!
-Sí, dice, en el invierno qu~ viene voy á
comprarme un vestido azul, con volantes, un hermoso vestido de raso azul, como el que se puso
mamá cuando se casó.
-¡Cómo! dice Pum irónicamente; yo creía que
las mujeres se casaban con traje blanco!
-Mamá, responde Susanilla bastante picada,
llevaba un vestido azul el día de su matrimonio;
lo sé perfectamente porque lo ví.
Pum, en tono de burla:
-;,Tú la viste? ¿Ya habías nacido entonces?
- Por supuesto, declara Susanilla, tenía yo
cuatro a:f.\os.
¡Esto es un absurdo, es inverosímil! es menstruoso! Ella no duda de que su madre apoyará
todo lo que está diciendo; y solamente lo ha dicho porque acaba de pasarle por la cabeza, y lo
sostendrA m01·dicus desde el momento en que
Pum levanta los hombros exclamando:
-Apuesto á que no es ciert&lt;,!
-¿Apuestas?
-Sí.
-Pues bien, dice Susanilla, voy A preguntárselo á mamá.
Pum está perplejo; Susanilla parece tan segura de lo que dice! ...... Despué., de todo, no se
l'Sbe; hay cosas tan raras, el mundo está lleno de
misterios . ..... Susanilla ve su vacilación y con
una astucia de apache, se aprovecha para decir:
jurado r?fel'irlo tcdo, eo voz alta, al llegar los
-¿Me crees ahora?
•
postres. Va á ser deshonrado públicamente, cla- .... No, responde Pum, resueltamente. Y te
vado en la picota de la infamia. ¿Por qué artifi- desafío á que se lo preguntes á tu mamá.
cio, todas las grajeas verdes, rosas, lilas, de la
-1,Me desafías?
hermosa c11ja que regalaron á su madre, Re con-Sí, sí, sí.-Y golpea con el tacón tres veces.
virtieron de pronto en bl1:1.ncas? Es que Pum las
Susanilla sa exaspera de que no se le crea bachupó una á una. con gran habilidad, eso sí, pa- jo su palabra, tanto mAs cuanto que ella misma
ra no robarles mAs que el color, y para que todo no estA convencida del todo, ¡oh, no! pero el amor
aquel que no estuviese en antecedentes, juzgase propio ..... .
de buena fe que tan blancas como eran, habían
-Pues bien, sefl.or, venga usted acá.
sido. Pero su madre no cayó en el lazo. Estupe-¡8ef1or! ¡qué injuria, qué reproche hay en esfacta, quiso esclarecer el misterio; y Pum tuvo ta palabra! Pero Pum está vengado.
Apenas Susanilla se arroja á los brazos d~ su
que confesar.
Por eso ahora la vergüenza lo tiene descon- madre para decirle en voz baja la causa de su
certado. Va á saber lo que son los estallidos de querella, la madre roja y casi indignada, se leb risa que abofetea; las indignadas miradas de vanta diciendo:
los abuelitos le abrumarAn; y siente un fuego ro•
-¡Anda, tonta! véte á jugar y déjate de necejo que le sube por el cuello, por el rostr.:&gt;, por to- dades.
do el cuer po; sus ojos se llenan de lAgrimas, poY la pobre Susanilla, toda confusa, se aleja
seído de una inmensa. desesperación. No osa mi- rApidamente, sintiendo las lAgrimas que suben á
rar á su madre por temor de que ésta comience sus ojo...
A contar su pieudía; pero, mentalmente, con un
-Ya lo sabía yo, piensa en silencio Pum: se
.gran fervor, implora; «¡Que no lo cuente, Dios casan con vestido blanco, y los nifl.os no van
mío! ¡Que no lo cuente, Dios mío!»
porque duermen todavía debajo de las c0les .....
Y. . .... no lo dijo, ¡santos ángeles! n~ lo dirá de las coles ó de las rosas .... si no es que vieya ahora, porque acaban de levantarse de Iame- nen en un barquito desde la China ....
Pero, generoso, trata de hacerla olvidar su .
aa . . . . ¡Bendito sea Dios!
Susanilla y Pum, libres ya de la consigna de humillación, y, dulcemente, con alegría, le pro.guardar circunspección, gesticulan, brincan, se pone:
-Susanilla, ¿quiéres jugar al lobo?
van corriendo al jardín, tan aprisa como si tuvieran alas en los pies. Despue~ se encaminan al
Pero Susanilla se eofurrufta, y Pum gasta tobosquecillo. Susaoilla reflexiona que es una sefio- do un cuarto de ho~a en ruegos y persuasiones
ra y que por tal motivo no debe permitir que su que no la convencen.
-En fín, dice Pum, no juguemos.
traje se arrugue, comprendiendo igualmente que
-Sí, sí, dice entonces Susanilla, juguemos.
l e tOCll hacer los honores de la casa.
-¡Ah, por fío! Así sucede siempre. Cuando
- Platiquemos, dice:
Y con uo incomparable aire de dignidad, se uno quiere, ella no quiere: cuando uno no quie"'lienta, como si estuviese en visit1t, á la orilla del re, ella quiere. ¡Esperad un :,oco! Y dice insidio~aneo de madera. Hace uu día bochornoso, lllS samente:
-Tú serás el lobo.
moscas estAn insoport11 bles, un sofocante olor de
-No, dice SusaniUa, tú.
rosas sube en la atmósfera; las hojas del emparrado que se transparentan á la luz de un cielo
-Bueno, yo seré el lobo.
¡Crac! Cayó la inocente en el lazo. Es muy sensombrío y bajo, toman un tinte claro y fresco.
Un caracol se arrastra á lo largo del banco; las cillo esto. No hay sino decir lo contrario. Y Pum
hormigas se pasea11 por todas .,artes, Susanilla y que quiere hacer el lobo, queda contento con su
Pum observan en silencio. Al fin Pum sefastidia, astucia. Susanilla ha caído en el lazo, y dice.
-A lo menos, ¿serás capaz de~ in.spirarme
le gustaría más jugar; y, muy en lo íntimo, juzga
·
que á Susanilla no le sienta bien esa afectada se- miedo?
Pum se engrifa, arruga los ojos, castaftetea los
riedad; pero con todo, esa misma seriedad lo tie•
ne dominado, y es esclavo de ella. Por otra par- dientes, ruje: - ¡aul ¡au!
Susanilla se tapa lo~ ojos con las manos, hoia, Susanilla decídese A hablar. Y cuando babia,
Pum finge poca atención y mucha ir.diferencia; rrorizada de antemano, y exige aún:
-Bueno, pue11 has de tardar mucho en vespero los dientes blancos de Suaanilla, su pequetia boca de frambues&amp;., sus rubios cabellos tren- tirte.
Pum, ordinariamente se viste pronto, y se
.zados, ejercen en él una gran fascinación. Mases
necesario que él no pase por un simple. ¡Susani- arroja sobre su presa de una manera tan violenUa tiene tan maravillosa inventiva! no se puede ta, que un verdadero lobo, decentemente, no t_en-

dría aún el tiempo que se necesita para ponerPe
los pantalones. Pero promete, lo promete todo.
Y se va, se esconde en lo más profundo del jardín, mientras que Susanilla, con el corazón palpitante, escuch'l el ¡au'. ¡aul estridente y prolongado que anuncia que «allí estA.»
Una deliciosa angustia le muerde el corazón,
y con una iosegl.lra voz tararea, teniendo bien
abiertos los ujos y cou el oído atento:
Pasearemos por el bosque
Mientras el lobo no está.
Porque si viene aqui el lobo
Al punto nos come1·á.
Y con todas sus fuerzas dice:
-Lobo ¿estás allí?
Desde muy lejos, tranquilameme-¡oh loo hay
que fiarse demasiado -la voz de Pum rosponde:
-Me estoy poniendo los anteojos.
Pasearemos por el bosque, etc.
-Lobo ¿estás allí?
-Me estoy poniendo los calcetines.
¡Ah! se edtá poniendo los calcetines; todavía
hay tiempo. Y Su&lt;Janilla, atraída, magnetizada,
con terror y embrillguez, se acerca á los negros
matorrales donde Pum finge la escena y tose cavernosamente.
Pasearemos por el bosque, etc.
¡Qué verde, lindo y fresco está todo! El sol ha
reaparecido; hace calor. ¡Qué alegría la de vivir,
y mAs con h idea profunda del peligro, del lobo
que está allí, escondido, invisible, frotando su
r uda piel contra la corteza de los Arboles, afilando sus ufl.as en el suelo y fij&gt;indo en ella sus pupilas de brasa! El lobo, el lobo de los bosques,
de las nieves, que se come á los hombres y devora á los caballos ....
-Lobo ¿estás alli?
La voz de Susanilla tiembla; con acento amenazador, responde el lobu:
-Me estoy abotonando los pantalones.
Salvarse ya sin esperar má.s tiempo, huir á toda prisa: este es el deseo loco que acaba de venirle á Susanilla; pero no, esto no sería del juego; y sobre todo, una gran voluptuosidad la tienta: es preciso beber el terror á pequeilos sorbos.
Pasearemos . . . . en el bosque ....
-Lobo ¿estAs allí?
El lobo be pone el chaleco, toma su sombrero,
se tercia al hombro la carabina, busca la llave....
y . . .. abre la puerta!
Un último y ahogado grito.
- Lobo ¿estás allí?
¡¡Sí!! ruge una voz formidable, y las ramas se
apartan en un estremecimiento brutal; el lobo
salta; Susanilla echa á correr tan de prisa que
sus pies casi se juntan con su cabeza. ¡Qué persecución! ¡Aúl ¡aúl Ella no puiere ver nada, el corazón le palpita horriblemente. Siente ya en su
nuca el resoplido de la fiera .... dos veces ha
sentido el zarpazo de su garra. Esta vez, Susani
lla lanza agudos gritos de terror que ponen en
movimiento á toda la casa; y Pum, espantoso, con
los cabellos erizados, embargado por el miedo
que inspira, perseguido por el peligro invisible

que representa. se pone á gritar mAs fuerte que
ella, con aullidos de fiera sedienta de sangre.
Tumulto de los padres; Susanilla, bail.ada en
lágrimas, solloza angustiada, envolviéqdose con
la falda de su madre.
-¿Qué les pasa? ¿pero qué les pasa? ....
¡Oh! el lobo! y sobre todo el miedo, el exquisito, el horrible, el espantoso miedo!
PAUL Y VICTOR MARGUERITTE,

�Domingo 20 de Agosto de 1899

EL MUNDO.

126

LA PRINCESA
La princesa Mandosiana tenía seiscientos afios;
bacía seis siglos vivía bordada sobre el terciopelo
eon su cara y sus manos de seda pintada; estaba
toda revestida de perlas con una gola tan recargada de adornos que ee aboyaba, y los arabescos
de su túnica tramada de argirosa, eran del oro
mAs puro.
Un manto azul, flordelisado de anémonas esta•
ba abrochado á su pecho por regias pedrerías y
orlaba la fumbría de su traje cabujones de zafir.
Había figurado mucho tiempo en las procesio•
nes y en las fiestas reales. Se la sacaba entonces
izada en el asta de una bandera, y el brillo de
sus joyas alegraba al pueblo y A las grandes damas. Eran los tiempos felices en que bajo el ex •
tremecimiento de los oriflamas dPslumbraotes,
en las calles empavesadas se aclamaba A la pri•
mera Mandosiana. Después se la guardaba ceremoniosamente en el tesoro de la catedral y se la
IDostraba A los extranjeros en cambio de mucho oro.
Era una maravilla esta pri11cesa milagl'Osa. Había nacido del suefio y del trabajo obstinado de
veinte religiosas que durante cincuenta anos habían penado haciendo con las madejas de seda y
plat11 la deliciosa hierá.tica figura.
Sus cabellos eran de seda amarilla; se había
incrustado en el sitio de sus pupilas dos turnali·
n as del más bello azul y tenia una gavilla de Ji.
rios do1l má.s b11!lo terciopelo blanco apoyado sobre su corazón.
Luego pasó la era de las procesiones, se abolieron los tronos, desaparecieron los reyes, avanzaba In civilización y la princesa de perlas y de
seda pintada permaneció confinada en la sombra
y el silencio de la catedral.
Alli pasaba su vida en el claro-obscuro de una
cripta entre un montón de objetos extrafios que
gesticulaban en los ángulos; había viejas esta•
tuas, copones junto con custodias, viejos ornamentos de iglesia, capas aún rígidas y como tejidas de sol y que se extinguían lentamente en la
noche con cálices en los cuales no se oficiaba ya.
Había también un viejo Cristo arrimado en un
rincón y velado de telas de arafia, y nunca se
abría la puerta de la capilla súbitamente; todas
estas viejas cosas dormían allí enterradas, olvidadas, y un'I- gran desesperación hirió en el pe•
cho A la princesa Mandasiana.
Y prestó atención á los consejos del ratón ro•
jo, un insidioso ratoncillo vivo como el relámpa•
go y tenaz é impertinente que hacíaafios la obse•
&lt;liaba. Y ¿por qué obstinarte en permanecer cautiva, acorazada por todas estas perlas y estas
bordaduras que te aprisionan? La tuya no es vida, tú no has vivido nunca ni en el tiempo en que
resplandecías bajo el cielo azul de las fiestas sunt uosas, aclamada por la embriaguez de las multitudes, y ahora, ya ves, te han olvidado, estás
muerta. Si quisieras, con mis dientes agudos desharía uno A uno los punto0 de seda y de cordoncillo de oro que te tienen presa desde hace seiscientos afios, inmóvil en el terciopelo espejeante
que entre nosotros no tiene ya brillo. Esto quizá
te haga da:ilo, sobre todo cuando descosa cerca
de tu corazón, pero com~nzaré por los anchos
contornos, los de las manos y los del rostros
y podrás ya esperezarte y moverte, y verás qué

Dommgo 20 de Agosto de 1899.

CARACOL

MANDOSiANA.

hermoso es vivir y respirar. Bella como eres, con
tu rostro de princesa de cuento y rica con los fa•
bulosos tesoros que adornan tu vestido te harás
vestir por las grandes modistas, se te tomará por
la hija de un banquero y te casarás perlo menos
con un príncipe francés.

Hay vagos murmurios
que gimen y cantan
en tu seno de iris,
caracol de nacar,
Que traen á mi oído
mil cosas extrafl.as
en ritmos y notas
de célicas arpas.
Me cuentan misterios
de mligicas playas;
doradas leyendas
de tierras lejanas;
Secretos de amores
en tiernas baladas·
é historias de Otel~s
y Faustos de escama.
A veces imitan
del viento las arias
que al dios del tridente
glorioso proclaman·
A silfos, sirenas '
y on_dinas que cantan;
suspiros y besos,
el son de las gaitas;
Rumor de sollozos
Y de ayes que exhalan
nereidas que mueren
entre plantas ágamas.
De tu seno de iris,
caracol de nacar
brotan los murm~rios
que gimen y cantan.

granos de trigo y el viejo terciopelo espejeant&amp;
de la bandera se desgarró de arriba abajo.
Así murió la princesa Mandosiana por haber
escuchado los insidiosos consejos de un ratoncillo rojo,
J EAN LoRRAIN,
(,,

El amante incendiario.

Tienen sobre tí caudales de pedrerías. Ven, dé·
jame libertarte y revolucionará el mundo.
¡Si su pieras qué hermoso es ser libre, respirar
voluntariamente el v iento y seguir su sólo capricho! Está.s albardada por esos ópalos y esos zafiros como un caballero en su armadura y jamás
has combatido, Conozco el camino que conduce
á la felicidad. Sal fuera de tu estuche de bordaduras, daremos juntos la vuelta al mundo y te pro•
meto un trono y el amor de un héroe. Y la prin•
cesa Mandosiana consintió; el ratoncillo rojo continuó inmediatamente su obra 11 sesina; sus dientes aserraban, cortaban, limaban en el terciopelo
roído por los mitos: resonaban las perlas al caer
una á una, y en las noches claras como en los be•
llos días, en la cripta alumbrada por un respiradoro el ratoncillo rojo cortaba, roía, trabajaba
siempre.
Cuando atacó la famosa gola de nácares y perlas la princes11 Mandosiana tuvo la impresión
de un frío agudo en el corazón.
Hacía varios días se sentía como temblorosa y
más ligera y singularmente ágil en medio de todos aquellos puntos deshechos, ondulaba en la tela como animada de un soplo, y esperaba, arrobada, que el ratón conduyera su obra.
Al introducirse el diente del roedor en su pecho, la pohre princesa de seda y lentejuelas, desfallecía; la caída blanda de las coposas sedas, de
los galones y de las luminosas tiritaftas, cayó como
una corriente de ceniza sobre las losas de la obs cura capilla; algunos cabujones rodaron como

Tudo el mundo conoce los horrorosos desastre,
ocurridos en el :!astillo de Ruremonde, ocasionados por el má.s espantoso incendio.
Es imposible olvidarlos, porque los periódicos
relataron con mil detalles la horrible catástrofe;
infinidad de personas se vieron sorprendidas por
las llamas al final de un baile campestre; grito1
de dolor, miembros magnllados, y, finalmente,
los techos de las habitaciones que se desploman
sobre las infelices víctimas.
Pero lo que todos ignoran, son las causas que
produjeron este accidente; unos á otros se preguntan cómo pudo el fuego penetrar con tant&amp;
furia en el castillo é invadirlo en un momentv.
Yo he podirio descubrir el secreto, y voy á. referirlo para gloria del amor.
En el fondo de un saloncito muy distante del
gran salón de baile, dos nii1os, doa prometidos,
él de veinte afl.os y ella de diez y seis, felices y
content0s, se hablaban muy bRjito, prodigándose
apasionadas é inocentes caricias, porque se amaban con infinita ternura.
De repente la ni:ila, mientras que su amigo murmuraba á. su oído frases deliciosas, se des prende
del tocado una margarita que había arrancado
pocos momentos antes del fresco tallo, y la pregunta si la quiere su novio.
Tranquilo, satisfecho, seguro de su amor y lleno de fe en la sinceridad de la flor, el joven
amante, veía los peque:ilos y sonrosados dedoa
de su amiga, arrancar una por una la11 blancu
hojas,
Pero ¡ah! que un sudo: frío inunda su frente,
palidece, tiembla y se siente próximo á desfalle•
cer; él acaba de contar con una r á pida mirada
las que todavía quedan, y ve con terror que la
respuesta será negativa,
¿Concebirá la graciosa joven, por una cruel
mentira de la margarita, sospechas sobre la flr•
meza é intensidad del amor que la profesa?
Sin vacilar un solo momento, coge el candelabro que está sobre la chimenea, y mientru
la nifl.a suelta llena de terror aquel resto perfu•
mado que aun 110 ha concluido de deshojar , apll•
ca la llama á las colgaduras de gasa que arden
con rapidez suma, y bien pronto se comunica el
fuego á todo el castillo.
· Desde entonces, cuando sa habla delante del
enamorailo doncel d e las victimas y desastree
que ocasionó el incendio, siente pesar y tristeza,
porque es noble y compasiva su alma, pero ni
la más ligera sombra de remordimientos.
Fué muy lamentable que perecieran tanta
personas, pero hubiera sido verdaderamente cri·
minal dejar que una duda penetrase en el cora•
zón de su amada, haciéndola sufrir todas las tor•
turas de la desconfianza.
C.ATULO MENDES.

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EL MUNDO

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MI GUITARRICO.

FERNANDO MARTCN E SPINOS.A.

Es a1 gu!tarlco duce 6 plaiildero,
asigll.11 yo qu.ero;

tiene cinco cuerdas bien a1Teatiradas
que se rtn 6 lloran con m!: rasguliad as.
CANTO POPULAR .

J UAN B . D ELGADO.

EN PLENA DICHA.
(INEDITA)

Reclinas en mi pecho tu cabeza,
Abandonas tu mano entre las mías
Y siento cómo acallan mi tristeza '
Tus ingénuas y puras alegrías.
Y así permanecemos, comprimidos
En abrazo de castas emoci, nes
Sin oir nada más que los latido~
De nuestros amorosos corazones.
Y suspiro de dicha enajenado
Y las horas transcurren presuro;as,
Y luego, al separarme de tu lado
iM:e quedan_por decirte tantas co;asl
Y en vano, en vano el númen se fatiga
Para ensalzar tu amor y mi embeleso,
No hay canto, no ha y poema en que se diga
T odo lo que se dice con un beso.
De~de que en mi alma tu poder impera,
La vida encantos nuevos atesora•
¡Es un valle de eterna primavera'
Iluminado por eterna aurora!
Si tu supieras .. . . 1 Pero bien lo sabes
Porque amas., .. En un pecho enardecido
Como en arbol frondoso lleno de aves '
Vibra insinuante la canción del nido,
Vivir quiero y morir bajo el encanto
De la leca pasión que me seduce·
Juntos tú y yo, muy j11ntos, perd tanto,
Que nunca entre los dos ni el aire cruce

(De "Canciones Sorianas.")

A guisa de lira de oro
yo tengo mi guitarrico,
con el cual siempre acompafto
cantos del Sur á los indios.
Su caja comba es la fuerte
co~aza de un armadillo,
y tiene cinco clavijas
porque sus cuerdas son cinco.
Su cuello es delgado y corto,
negra su boca de abismo . . . .
boca qua canta ó suspira
con un dolor infinito.
Cuando las copiosas lluvias
anuncian aftos profícuos,
y más tarde los graneros
se ven de _mieses henchidos;
En medio á. la gente agrícola
que festeja á San I sidro,
se eleva el rústico canto
de mi pobre guitarrico.
En las bodas pastoriles
de Galatea y Mirtilo,
lanza sus epitalllmios
y ríe de regocijo.;
Y en los entierros solemnes
de los viejos y los nifl.os,
tras el trueno del petardo
él desgrana su llorído.
Y llega la Noche Buena
con sus brumas y sus fríos,
Y entonces lanza á los aires
sus alegres villancicos.
¡Oh vihu~lita serrana,
q:u,e u.evo siempre conmigo;
h1stér1ca cuyos nervios
pongo en tensión al herirlos!
Pues eres la musa joven
que inspira los cantos míos
arrúllenme tus r asg ueos, '
aduérmanme tus sonidos!
Y que A tu rítmico acorde,
como á un conjuro divino
surjan, abiertas las alas
la¡; canciones de este lib;o!
Agosto, 8 de 1899,

127

Musa blanca del r ostro sedefio
De ojos tristes y dulce mirar1 '
Ven conmigo al país del ensuefl.o
Donde flo ta el ardiente bele:ilo '
Que tristeza inspiró A Chateaubriand.
Ven conmigo, nostálgica hermosa
A ese triste y brumoso país,
Donde esparse su luz misteriosa
La neurótica y púdica diosa
Del ensuefl.o dorado y sutil.

Vivir quiero y morir, así, de prisa,
De un vértigo de amor en el acceso
Viendo como se va en una sonrisa '
Mi alma que hiciste t uya con un beso.
Luego una cruz, dos nombres olvidados
La yedra allí tendiendo su guirnarlda
'
Y abajo nuestros cuerpos abrazados .. '.,
¡Igual que Quasimodo y Esmeralda!
. Confiado vine á tí; me entrego inerme.
Si en tu seno de diáfana blancura
La bestia h umana cautelosa duerme,
No tengas compasión de mi ventura.

En las ondas del lago sonoro,
De azulada y fugaz ilusión,
E n ~n canto que vengas te imploro
A m1 nave de armii1o y de oro
A mi nave de luz y de amor.

Hiéreme Nelly! De mi vida triste
No te importunaré con los lamentos·
Que bien valen las dichas que me diste
Toda una eternidad de sufrimientos.

En el vago horizonte se alcanza
Una estrella tan solo A mirar;
Y mi barca á las ondas se lanza
Tras la estrella de luz y esperanza
'
Mariposa de brillo fugaz.

T arde, muy tarde t e ~ncontré á. mi paso,
Mas no el te1;Dor á la veJez me oprime;
Porque lo mires tu, será mi Ocaso
Como el del sol, espléndido y sublime!
Mérida, 1894.
J AVIER SANT.A MARÍA,

Mientras canto mis tiernas baladas
Coje el remo de blanco marfil·
Boga, boga al pi.is de las had~s
Y sorprende á las dulces amadas
Del poeta oriental haqueín.
Quiero ver los palacios dorados
De ese loco neurótico dios
Que á los genios por él iospirados
Les ensefl.a los cantos sagrados
Y secretos place,·cs de amor.
Q1liero ver sonreír á los tristes
A l?s tristes en :qtedio al placer; '
Quiero ver si de luto me vistes
Y el halago del genio resistes
¡Corazón, corazón de mujer!
Musa blanca del rostro sede:ilo
De ojos tristes y talle g entil,
'
Boga, boga al país del ensuefto
Donde esperan con rostro risue:ilo
Las hermosas que amó Lamartine.
F E RNANDO M ARTIN E SPINOS.A.

PASTEL
Asomada á tu balcón
florecido de macetas
turbas, nifia, el cora;ón
de pintores y poetas.
Y tus labios de coral
y tus bellos ojos pardo~,
cantan dulce madrigal
en el pecho de los bardos.
Ec;, de tu mirada al rayo,
ese balcón un pensil:
crecen lus lirios de mayo
junto á las rosas de abril·
Y cuando acudes á él '
con tu blanco peinador,
¡::ara regar tu verjel
ó para ver á tn amor;
A pesar de tanta rosa
Y tanto lirio en botón
es entonces, nifl.a herr:iosa,
cuando florece el balcón.
RUFINO B LANCO FOMBONA.

�Domingo 20 de Agosto de 189G,
EL MUNDO.

128

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Bajo el sauce</name>
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        <name>Camilo Flammarion</name>
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                    <text>EL MUNDO.

Domlngc 6 .Agosto de 1899

IV

•

CP/ .

~agtnaJ
A.ño VI

Tomo I l

México, Domingo 13 de Agosto de 1899.

Número 7

UN HERMOSO CRUPO DE TOILETTES.

LOS CABALLEROS FUMADORES.
Dice una Revist,a para Damas:
«En el número de Febrero del Good Health replicamos á las razones de un caballero que juzgaba no teníamos razón en expresar nuestra duda de si un fumador podía ser considerado como un caballero. No
hemos abriltado dudas sobre este particular, hace
muchos anos, y nos alegramos de ver que otros mil
se están libertando tanto de la esclavitud de la costumbre, que no vacilan en romper su silencio acerca
de esta cuestión.
«Todo hombre tiene derecho de fumar, si así lo
quiere; mas nadie tiene derecho de hacer que los
otros pa.rtlcipen de esta sucia práctica, quieran ó no
quieran. No pocas veces cae al que esto escribe la
suerte de verse obligado á ocupar un ~oche de alquiler que tres ó cuatro fum~dores han ocupido antes, y
que ban logrado saturar tan completamente de nicotina, condensada en las portezuelas, vidrieras, cojines y en todo el interior del vehículo, que era imposible permanecer en él, aun con las ventanas abiertas,
sin ser atacado de náuseas.
«En los carros urbanos, cuando van llenos de gente,
no es raro encontrarse uno encajado entre dos devotos del tabaco, cuyo aliento, cuerpo y vestido exhalan el olor no de violetas y rosas, sino de un articulo
de vegetación de índole enteramente diversa. En tales circunstancias no puede uno hacer otra cosa que
contener su aliento, respirar poco, desviando la cara,
á la inspiración, tan lejos como es posible de la fuente de infección, reprimir su enojo lo mejor que uno
pueda y escaparse en busca del aire libre tan pronto
como las circunstancias lo permitan.
«Ningún fumador puede ser tan ignorante que olvide que no puede viajar en un vehículo público sin
correr el riesgo de sujetar á alguno á la triste ordalla

de respirar su hálito impuro y venenoso, y de recibir
la atmósfera de tabaco que proviene de sus vestidos

saturados del humo de aquella droga.
«Pero el mundo se mueve un poco. Hombres y mujeres están levantando su voz en todas partes para
protestar contra la dañosa costumbre; y nuestros !ec•
tores pueden estar seguros de que el Good Health,
después de estar empei'iado en la campai'ia contra el
tabaco, el alcohol y todos los otros venenos que tienen esclavizada á la humanidad, por más de un tercio de siglo, continuará haciéndose oír en defensa del
derecho inali~nable de los hombres, las mujeres y los
niños, de respirar el aire puro del cido, no viciado
por el aliento de los devotos del sucio yerbajo.GooD GEALTH.&gt;

NUESTRO GRABADO.
UN HERMOSO GRUPO DE TOILETTE$.

El figurfn que aparece á la derecha del grabado, es
de calle. Está hecho de sarga de seda, con gnndes
aplicaciones de guipure en el cuerpo y en la falda.
La seda es mal va. El cuerpo muy ceñido, con la blusa abierta triangularmente sobre un peto.
El figurín del centro es de pongé muy fino, formando una túnica cerrada graciosamente á la derecha,
por un;:. banda de blonda antigua. El cuerpo, muy
caprichoso y elegante lleva plissés amplios, cortados
por una banda diagon.i.l. Gran aplicación bordada en
el peto, que está hecho en fajas circulares concéntricas.
La tercera figura muestra un elegantísimo sombrero, estilo Directurio, de paja de Francia y aplicación
de rosas. Un gran penacho blanco lo corona, cayendo
graciosamente sobre la falda levantada.

Un pago de 140,000 pesos d.e "LA MUTUA-"
El distinguido y bh::n conocido banquero de estaCapital Sr. D. Martín de Castillo y Cos (de 1a razón
social l. R. Cardei'ia y Compaiiía) estaba aseguradoen LA MUTUA, Compai'iía de Seguros sobre 1a VIda (The Mutual Life Insurance Compacy of New·
York) bajo las siguientes pólizas:
2 pólizas de 25,000 pesos oro ameri•
cano, equivalentesá ............... $100,000
2 pólizas de 20, ooo pesos plata mexicana ............................... 40, 000Total, $140,000según, los certificados de los Sefiores Notarios Fran•
cisco Merino Ortiz, Francisco Diez de Bonilla y .Agustín Pérez de Lara.
LA MUTUA pagó los días 15 y 22 de Junio á loabeneficiarios, á la sei'iora Soledad de Castillo de Lerdo de Tejada, Sei'iores Samuel Hermanos, el Bancode «Londres y México&gt; las sumas arriba expresadas.
EL SR. D. EUGENIO A.BBA.DIE.
«E.itoy sumamente sati~fecho con la «Dentadura
.Automática,&gt; que ustedes me .hicieron, pues ademáttde ser excelente la materia de que está form3da, es
muy hermcsa y se adapta perfectamente, hasta el
punto de que puedo usarla luego, sin molestia deningún géntlro.
Yo creo que si alguno aspira dominar el noble arteque ustedes ejercen, sólo podrá llegar á la altura deustedes, pero elevarse más será imposible. Para ali·
vio de la humanidad doliente, Dios suscita de vez eo
cuando algunos génios. De estos "!eres extraordin&amp;•
ríos son us~des, algunos de los más distinguidos eo
su ramo. - Eugenio A.bbadie.- Porta.I Guerrero núm4,
- Guadalajara.
.A. los Sres. Dres. Spyer. Calle de la Palma núm 3,
lléxico. Inventores de ~a «Dentadura .Automática.&gt;

CRISANTEMAS.
CUADRO DE CúNR\DO KIESEL.

�Domingo 13 de .Agosto _d_e 18!1\,.

EL MUNDO.

88

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

-------------------------------------------

LA SEMANA

Mes de Agosto... Un gran hálito de vida estremece y resquebraja la tierra. Bajo la corjeza afelpada de los campos, se oyen bullir y cantar los misteriosos manantiales de la savia. Poi las maffanas,
las frondas desperezan sus ramajes y los estienden en
el vacío luminoso y azul, como brazos que buscan en
el aire algo invisible de que asirse. Llegan los céli:os
cargados de polen y-manirrotos cétirosl-por todas
partes Jo avientan y derraman. La ~aturaleza que
se siente hermosa, sonríe con una placidez de matrona fecunda. Todo está ,alegre y satisfecho, el amor
labo!'a, labora en su infatigable y divina tarea. Los
pájaro!. dicen ternezas, Si:: buscan los insectos y se
persiguen las mariposas.
Hasta la ciudad llega este soplo vivificante queparece un gran suspiro de cariño.
-Mira cómo soy ';iuena- nos dice la sublime. madre-mira t.ómo hay toda vía en el Oni verso, fuerzas
para crear las cosas bellas.
¿Qué empeño tienes, espíritu adolorido y escéptico,
en entristecerte y en renegar de mi qu~ no te desconozco y que te amo? Me ves triste como tú y como
tú fatigada y doliente, porque me ves á través de tus
lágrimas. Seca tus ojos para contemplarme; soy la
misma. Búsc'lme en cualquier pd,rte y me bailarás, y
llenaré tu pensamiento de ideas nobles. Flores abajo
y arriba estrellas, claridades y perfume;;, despertarán
en tí esperanzas dormidas y harán germinar nuevos
ensueños. Eres torpe y serás infeliz si cruzas por la
vida sin amarme. ¿Qué harían tus anhelos sin mis horizontes? ¿Qué harían tus placeres· sin mis rosas?
¿Qué harían tus ideales sin mis ast10s? Eres el autor
de tu desdicha.
Si como antes lloraras en mi seno, encontrarías la
misericordia infinita de mi seienidad, y hallarías
la firmeza y el aliento que has perdido por querer
existir fuera de mi. Inútiles son tus complicaciones,
vanas y estériles tus ansias. Sólo mi sencillez es eterna y es fuerte y es todopoderosa. Arrepiéntete y ven,
que aún tengo bálsamo para curar tus heridas, soplo
para orear tu llanto, alas q~e prender á tus ideas y
ternuras con que arrullar tus sentimientos.
y mientras tanto, al caer la tarde sobre la vulgar
melancolía de la ciudad fangosa, los hálitos de las
ce!'canas campiñas, murmuran misteriosamen:.e esas
palabras consoladoras, el alma, como una enferma
que ya no espera alivio, piensa en que, mejor que todo eso, es descansar en el fondo de la sombra sin fin
y sm estremecimientos.

***
Un viejo rey, risueño y santo, coronado con la diadema de hierro y oro de la Sabiduría, que sólo testas
como la suya soportan sin cansancios n i abatimientos, cubierto por la púrpura imperial del Arte, y empuñando el cetro de la elocuencia en la diestra robusta, acaba de ver desfilar ante él, la entusiasta procesión de la juventud admirada y agradecida.
Este último triunfo no ha sido como los otros est repitoso y público; ba pasado en la tranquilidad de
su bogar, en silencio, sin rumor de multitudes, ni
ecos de vítores, ni músicas de bossanas. Pero, á pesar de todo, ninguno quizá más bello que éste, por
lo que tiene de alto y noble ver premiada una existencia que por entero se consagró al Bien y á la
Virtud.
Justo Sierra. celebró sus bodas de plat.a, es decir,
veinticinco años de amor sagrado y puro, cinco lustros de apacible y cándido deliquio con la enamura.
da del corazón.
¡Ob, gran poeta, poeta amable y bueno, bajo cuyos
laureles sombreo mis esperanzas, tú que hiciste de la
poesía una religión, de la f:1milia un culto, de la vida
un elevado ejemplo, permite que boy acalle mis alabanzas y enfrene mis rebeldes eutl\siasrnosl
Quiero respetar el delicado pudor con que me hablas de tus ingenuas y sencillas intimidades. El velo que cubre tus sagrados afectos, es para mf, como
un manto de Tanit. No lo tocaré; no he de cometer
esa tentadora profanación. Ya eé lo que oculta; á
través de su fina malla, se ven brillar r.arii'ios inmaculados, modestas y silenciosas virtudes, luceros avergonzados de esplender, flores ruborizadas de perru.
mar, escenas y episodios de gineceo llenos de amorosa ternura, y aquí y allá gotas de lágrimas sobre las
serenas sonrisas, como rocío sobre las flores.
Pero mi mano no es sacrílega, no levantaré el velo
de tus intimidades.
De lejos, entre la juvenil muchedumbre, confunaido entre las admiraciones, me contentaré con ver
cuál se inunda tu cabeza apostólica en una ráfaga de
gratitud y de amor ... .. .

** *

No hace muchos díasret.oriqueabayo en torno de ias
óperas viejas. En estos instantes te juro-¡oh mi lectora imaginaria y lindal-que no recuerdo cómo di-

vagué de la mano de mi fantasía, á través de los
camp~s dtl ensueño. Co,nservo, sin embargo, unaóva:
ga reminiscencia. ¿.Dec1a que no me gu~tan la;; pe
ras viejasl Si? Pues cuenta que es mentira, me desdigo. Claro que no me agrada ya salir dec~sa,_ buscar
un coche de punto ó ir bajo el capelo de v1dn? opa•
coy sutil que forma la lluvia al rededor de m1 paraguas basta el lejano Circo Orrin, sentarme en la butaca 'incómoda que abre sus brazos desenfadadamen·
te, como mujer cansada y soñolienta, y d~sde allí escuchar y ver esas antig-uallas, hundido en una
penumbra que invita al primer sueño. iOb, eso es
fastidioso!
Gústame quedar, como suelo, en mi cuarto
tra·
bajo·, rodeado de mis amigos, y! á cbarla desb1lvanada y saltante, recordar, entre risa y risa, _burla burlando, mitad á ironía y mitad á adm1rac1ón, ~rase~,
moti vos y melodías de Donizzetti y d~ Verd1, _mu•
sie.1 que cantó en nuestro ~orazón_ los himnos pnmavera.les de las ilusiones recién nacidas.
Bellini está más remoto. Es como un vano de ne•
blina que dulce y vagamente se tiende _en las mo~t~ñas semiborradas del pasado. ¡Oh, arias de Belhn1,
nítidas y suaves, temas exquisitos, desar_rollados, con
el sublime candor del genio, como una mnta de sed~,
aires pastoriles empapados de fragancia~, como ra~~lletes acabados de atar· oh, inocentes arias de Belhm,
habéis sido las precurs~ras de nuestra veneración por
los modernos, por los polifónicos, por los c?mpllcados y. casi pudiera decir, decadentes compositores de
esta época!
_
.
Ahora no vamos á un teatro á sonar con las arcaicas inspiraciones de los maestros pagan?s; pero, n_o
obstante nuestros aplausos y nuestra dec1d1da adm1•
ración, á los flamantes maestros italianos, no podemos menos de vol ver, de ve~. en cuando, como se vuelve á un parque abandonado que años atrás conocíamos florecido, á vuestra expresión y encantadora
sencillez. Al oíros, se recuerda aquel candoroso pasaje del Wertber: «Qué contento estoy de tener un corazón capaz de gozar de la inocente y sensible al~gría
del bombre que sirve á su mesa la col que él mismo
ha cultivado, y que no solamente goza del place~ de
comer su col sino también de acordarse en aquel rnstante de los hermosos días que ha pasado en culUvarla, de la bella mañanita en que la plantó, de las
suaves tardes en que la regó, y en que tuvo la sar,isfacción de observar cómo medraba, haciéndose cada
vez mayor ...... &gt;

?e

~

Y mi amigo me contestó:
-Es verdad; Rosa Fuertts es una artista. Fíjate.
No sólo por su voz y po:- su declamación y por su
tlxperiencia y seguridad en la escena, sino también
por algo de su vida de muJer, inquieta y febril, que
va y viene, como el ftJxp1ess de Campoamor, con uu
trajín de fiera encadenada.
Rosa está enferma de la divina neurosis. Como los
gigantes de los cuentos, duerme y sueña c~n los ojos
abiertos. Hoy vuelve á presentarse al público porque
no puede ya vivir sin las arti liciales, pero dPliciosas
agitaciones del teatro. Dentro de esa exi!.tencia fin gida desbórdaose los dolores reales y cantan las alegrías verdaderas. Rosa está hecha para apurar, sorbo
á sorbt&gt;, la copa de deleite de la ficción dentro de la
cual cabe una alma. Fíjate bien; es una artista ...
Y mi amigo tenia razón.

*

**
Dejo de pensar en los teatros y para elevar mi espíritu recorro las páginas de dos libros últimos, que
sobre mi mesa están esperand:, un fallo mío. Uno viene de lejos, de Nueva York, y es de -Cesar Zumeta,
el brioso polemista, y otro es la obra de un maravilloso poeta: José Juan 'fablada,
-Pierde cuidado, lectora imaginaria, te prometo
que muy pronto voy á contarte mis impresiones.
LUIS G. URBINA,

EL EXTERIOR.
Revistas Politicas y Literarias.
] -EL TRASTRUEQ,U il: DE LAS ALIANZAS,
2-ALSACIA-LGNENA,

3-LAS FILIPINAS; COBA.
Nosotros los diplomáticos de la prensa, (cualquiera
es diplomático en la prensa, eso dep~nde de los periódicos de que se dispone, de un barnicil!o de historia contemporánea, de medio barniclllo de historia
romana ó más bien de algunas citas (hay diccic-,narios
ad lwc) y de algunas frases medioevales tomadas de
Castelar si es espaf'iol, de :Michelet si es francés y de
Green ó :Macaulay si es inglés,-ó mejorque todo eso
de una Enciclopedia brit,ánica que es excelente, ó de
un Larrousse que es malo por regla general, y si á
esto se agrega . . .... ),Con que decía yo que los di plo-

máticos de la prensa nos est\\mos dando el gran rega.
lo con la descomposición del mapa. internacional, no.
ya de Europa, sino del mundo.
Del tratado de Francfort esc~ito . con la humUJa.
ción, la mutilac~ón y la desorgamzac1ón de 1!'ranc1a,
fluyó una situamón que aseguraba la hegemoma contt.
nental de .Alemania. Un momento se vió sola la ven.
cedora pero con las frentes dobladas de las nacion~
europe~s en derredor suyo. Francia la doblaba, con
la muerte en el alma, Rusia la doblaba con la sonrisa
en los labios, Austria con la mano en el puño de la.
espada rota, saludo militar, Italia con efushín, nohay favor comparable con el que nos libra de la pesa.
da carga de la gratitud ¿E Inglaterra? ¡oh! Ioglate.
rra no doblaba nada; se descubría galantemente ante,
la Francia vencida como lo hace uno con una seíiora
anciana y marchita y pobre, con quien se han tenido
relaciones íntimas en el período de hermosura y de
riqueza, y al joven imperio alemán le dedicaba todOlsus shake hanás y los grandes y sonoros besos en laa
mejillas, con que las damas i\e por allá suelen salu.
dar á los consuegros y á los yernos; vamos, era el
amigo de casa, algo así como el novio oficial. Huboun momento en que el supremo viejo verde que se
llama el pueblo inglés, frunció el ceíio, y no fué cuan.
do Bismark insultó p;ácidamente desde la tribuna
del Reichstag á Gladstone en particular y al gablnételiberal en general, sino cuando se adivinó primero y se
supo luego que hab!a una alianz3: entre los t res imperios: Rusia, Austr1a y Alemama; ¡ob! con Rusia,.
¡que horror! ¿cw el elefante? Tembló de ira la ~
llena.
Alianza de razón, impuesta al Austria maniatada,.
por el afecto del Tsar hacia su tío el gran viejo Guillermo. Cuando las cosas empezaron á enfriarse porla i nterposición de Rusia entre el tremendo sable ale,.
mán y la cabeza todavía magullada y desnuda y febril
de Francia que había vuelto á ponerse en pie y trataba de recoger el fusil tirado en Metz y Sedan á lQI.
piés del vencedor, el Canciller de fierro frunció á 81)
vez el ceño; con el ceño fruncido asistió á la guerra
ruso-turca y con el ceño fruncido arrancó á losrusoa.
la presa de San Estéfano en el Congreso de Berlín y
rompió con el viejo Gortscbakoff una amistad anti•
gua y firme como una complicidad; la primera
Dreµbund imperial no fué renovada. Bu~có;;e entonces á un amigo pequel'ío, pero capaz de distraer y estorbar á la Francia del desquite, y que por pequello,
fuese forzosamente fiel, y naturalmente se encontró á Italia: la nueva Tríplice fué concertada en
83, si no recuerdo mal, y fueron los notarios Bismarck,
Crispí y Andrassy ó Taafe.
Alemania triunfaba indefinidamentP., su prosperidad económica comenzaba á ascender, á ascender, y
el mundo recibía los productos de su industria y de
su fecuodidiid; se inundaba de alemanes y artefactos.
alemanes. La Alemania económica es una inmens,.
figura de bronce que se destaca en el crepúsculo vespertino de nuestro siglo; con ella, prendido á sus bom•
bros, ba subido su manto negro: el socialismo. Francia entretanto se volvía sabiamente una potencia colonial asiática y africana y Alemania aplaudía y la vieja Inglaterra se le adelantaba en todas partes y la.
idea de la revancha entraba resueltamente en el período puramente verbal y por fin (no haré la historia de
esta transformación conocidisima) frente á la Dre?1•
bund smgió la alianza franco-rusa. 1Cosa singular! De
entonces data el decrecimiento completo del sentl•
miento del desquite en Francia: «de eso, decía Gam•
bettl\, no debemos hablar jamás: en eso debemos pen•
sar siempre.&gt; Al día siguiente de la visita de M,
Faure á Petersburgo parecía que el desquite ~ había logrado ya; un sentimiento de seguridad 1_nvadió los ánimos, hubo su enardecimiento, los nacwnalistas de Derouléde mostraron el puño á la cara de
fierro de la Germanía imperial y no hubo más, ni
podía haber más: Rusia decía: si Alemania ataca Y"'
te defiendo, si tú atacas yo no te acompaño. Alemania se encogía de hombros y ante el pul'ío cerrado de
Derouléde decía bajo las dos puntas del bigote alzada&amp;
en áno-ulo
recto sobre el labio imperial: yo no ataco,
0
¿para qué be de atacar? «Efectivamente, pensaba el
burgués de Francia, que es todavía el que ma_ndaallf
(para eso hizo la bevolución)efectivamente, srnoatacamos nosotros, ellos no nos han de atacar; y como
no hemos de atacar sin los rusos, contentémonos COD
llevar coronas á la estatua de Estrasburgo, plaza de
la Concordia, y veamos si estas empresa&lt;; coloniales
en que nos metió ese maldito Julio Ferry resultan
buenos negocios. Y por lo demás hay que seguir dejando á los estudiantes, á los papeleros y á esos m~
chachos de cincuenta años que se apellidan los n~cwnalistos que se desgañiten y libren batallas ép1C81
contra los agentes de policía, nosotros vamos al negocio, á l' americain.e dónc. &gt;
M. Paul Leroy Beau1ieu, un pontífice de la Economía política para el uso de las personas sensatas, 9ue
ha demostrado que toda la civilización ba converJldO
en un solo fin: el mejora.miento de la clase obrera.
sin pensar que ha soliviantado al mismo tiempo sus in•
quietudes, sus aspiraciones y sus apetitos un mi~ll
de veces más allá de los medios que ha encontr 0
para satisfacer sus necesid11,des, M. Leroy Beaullell
ha sido el apóstol de la política colonial, y el primero.
el supremo éxito ha sido Tunez-el gran economlstai:

Domingo 13 de Agosto de 1899.

loba probado por A+B. Y como tiene razón, resulta que se ha despertado una especie de remordimiento en los corazones (hablo de la masa capaz de refle:rtonar) bacía el gran ultrajado, y ante la oph:ión el
inicuo fallo moral pronunciado contra Ferry ba sido
revl113do y nulificado, y el acusado resulta lo qne todos cuantos ne-, estábamos cegados por pasiones absurdas veíamos dentro y fuera de Francia: un insig-oe
servidor de su patria. Esto se ba comprendido bien
al día siguiente de Fasboda, después que Francia,
ante el veto altanero de Inglaterra, sintió que la reina del oceáno podía obstruirle de golpe todos los itinerarios coloniales. Entonces ya pudo hablarse sin
ser lapidado de una entente posible con Alemania y
aun de una posible acción común contra Inglaterra. Eso era precisamente lo que á Ferry se había
reprochado, por ello se le había declarado un traidor
hoy se le considera un clarividente.
1'

***

Una revista francesa de primer orden publicó ha-

ce poco un articulo que plaote¡¡,.:,a el problema de 1.s
aliam.as. En suma, dice, Francia debe mantener su
alianza con Rusia, pero la unión cada vez más estrecha entre Inglaterra y los Estados Unidos obligan á
buscar un tercer auxiliar; hay que escoger uno de
dos, ó Inglaterra ó Alemania. Francia está en tal
posición hoy que ambas admitirían una propuesta de
alianza.
En mi parecer de diplomático de la prensa y con
la vaga esperanza de que M. Delcassé lea estas crónicas de EL MUNDO ILUSTRADO que le han de interesar por todo extremo, la alianza con Inglaterra equivaldría al abandono de Rusia y á la guerra con Alemania; antes de un año de hecho el 1,rato, Francia
se batiría en la brecha de los Vosgos y las riberas
del Vfstula y del Niemen permanecerían silenciosa~.
Pero la alianza con Alemania es imposible ..... ¡Alsacla- Lorena! He aquí lo que va á simplificar la
cuestión. Los franceses más exajeradamente patriotas, más chautin.•, convienen en que hay que dejará los
habitantes del Reichland dueños de su suerte; que
ellos decidan si quieren volver á ser franceses ó i,Jemanes; son en su mayoría alemanes de raza, pero de
espíritu son franceses y un plebiscito devolvería á
Franela las poblaciones perdidas; esto es lo que dicen y afirman.
Pues bien, es.to que era cierto hace diez al'!os, apenas lo es hoy y dentro de veinte no lo será en absoluto. La semejanza de lengua y de costumbres ha acercado forzosamente á conquistados y conquistadores,
la dificultad de vivir bien en Francia para los alsacianos emigrados ha crecido eu proporción que
han Ido mejorando las condiciones de la vida en Al,
sacia, por consiguiente el sacrificio que el emigrante
hace, ba subido de punto todos los días y sin compensación, porque en Francia comienza á ser visto de
reojo abara que han dado los nacionalistas en la flor de
11embrar el odio contra los judíos y los protestantes
¡absurda é inverosímil rpaccióol .Ahora bien, los alsacianos en su mayoría son ó protestantes ó judíos.
De_más de esto la prosperidad de las provincias conquistadas, del país de imperio que los alemanes di&lt;ien, es inmensa: la anexión las h:i. enriquecido. Estrasburgo, Mulbouse, son ya poblaciones industriales
de primer orden en Europa y van bada arriba ince&amp;.1ntemente. Este es el becl ,o brutd,J; en suma, el interés de los alsacianos es evidente ya, permanecer
unidos á Alemania; se comprende que el deseo de volverá la antigua patria es ya casi platónico. Y como
coincide con el amortiguamiento del espíritu de revancha en la antigua patria, resulta que en veinte
allos el problema alsaciano se habrá resuelto solo.

***

Las tentativas del Emperador Guillermo para
acercarse á Francia ban puesto á Inglaterra con la
barba sobre el hombro y de unno disimulado mal humor á los rusos; porqu¿ efectivamente en .I!'rancia no
han sido mal acogidas y si muy cortésmente comentadas. Y como el día que se familiarice el pueblo
francés, menos el grupo Déroulede y de los caballeros

del clavel blanco, -:on la necesidad de acoplará Francia con Alemania, lc1. alianza,rusa, hecha sólo para dar
garrote al wagóa aleman el día que quiera pasar la
frontera del Oeste, casi no tendría objeto. ....
De aquí ha venido la necesidad del viaJe de M. Delcassé á Petersburgo; era preciso dar un poco de miel
al oso blanco. Concertar una acción contra Inglaterra, haciendo á un lado al imperio Austro-búng-aro
que está a punto de descomponerse ; obligando á Italia, á pesar de sus simpatías hacia Inglaterra; con:dando á Turquía, tutoreada hoy de A1emanla y gornada por un hombre si11 sangre y de sangre, pero
rrecedor de los ingleses, sería un plan grandioso;
1glca estaría baJo la mano de Francia, Holanda bai1ª de Alemania, Dinamarca bajo las del Kaiser y
e Tsar, y Suecia y Noruega serían movidas por esteba. Inglaterra segura de sus costas entablaría la luc en las colonias y el principio del siglo XX vería
renovarse el bloqueo continental que fué el gigantes~1~sueno de Napoleón, el que Jo subió al trono de
lo ente Y lo precipitó á la roca que le ató al ple
g1aterra en medio del Oceano.

~1:&gt;
1º

89

EL MUNDO.
Mientras esta situación llega, (que difícilmente llegará_, mas que en las conjeturas de nosotros los diplo~át1cos de la prensa que arrimamos y traemos las naClones y las retiram 'JS al margen del mapa con la
punta de la pluma.) !oque es claro es que ha llegado
una descomposición de las alianzas, c•e~t le ren.versemen.t des. Allia'llces como dijeron los di;,lomáticos del
pasado siglo en vísperas de la guerra de Siete años que
t~nto influjo tuvo sobre la suerte de Europa y América, como que de ella vino la independencia de los Estados Unidos, la final desorganización del régimen absolutista en Francia, de donde la Revolución y todo
lo que á estos dos grandes bechos siguió.
Bueno es esto, dirán mis pacíficos lectores, este
cronista afirma que el Siglo XX se abrirá con una
guerra magna que abrasará el Mar del Norte y .el
Mar Amarillo á la vez! No, yo ne creo en la guerra;
resulta anti-económica, por más que M. Brunetiére
afirma que es moral; supongo además que ebe será el
caso e1;1 que la C01tede Arbitramento creada por la conferencia de la Haya, podrá y deberá funcionar. ¿Cuándo si nó?

BELLAS Y FEAS.
lQuiénes son más virtuosas y felices?

Si el Destino se encarara con la mujer y le pregun.
tara como Mefistófeles á Fausto ¿qué apetecesl' ¿quieres los privilegios, los derechos y prerrogativas políticas del hombre? ;,quieres su potencia iotelec..ual y
su energía moral? ¿el poder que lo hace árbitro de
pueblos y conductor de razas? ¿sus millones de financiero? ¿su genio y su gloria de artista ó de capitán?
la mujer como el escéptico doctor alemán, despreciaría el oro, el poder, el genio, la gloria y pediría,
ni siquiera la juventud, sino tan sólo la belleza.
La belleza, diría al Destino, es cetro y es,aureola,
es poderío y es gloria, e,, riqueza y ventura. Quien es
bella, es reina; quien es bella, es rica; quien es bella
subyuga como lo~ poderosos, conquista como los capitanei;, embelesa y deleita como los artistas y son
tales su poder y su grandeza, que la hermosura eleva á la mujer sobre la humanidad y la transforma casi en diosa.
***
Error y error prufundo. La belleza es gloria, pero
Y entonces se repartirán los europeos el Asia, el
A frica y la Oceanía .... al mundo convertido en un efímera; es poderío, pero transit,orio; es grandeza,
pastel por Alláb, como los escogidos del Paraíso de pero aparente; y bien aquilatada, pesada y medida,
M_a~~ma. Pero los americanos tendrán su parte: la&amp; más hace á la mujer desgraciada que feliz, débil que
F1hp1m1s y las 8andwich. Las Filipinas¿ quién sabel' fuerte, olvidada que adorada.
La misión suprema de la mujer s0bre la tierra, es
dicen los pesimistas en los Estados Unidos. Para probar que no somos egoístas, á pesar de que la guerra la familia Ser 1nadre, ser esposa, es su destino. Haen F ilipinas e:stá enriqueciendo á Yucatán porque cer brotar de su ser, como el rosal, tieruos y sonrosaha suprimido en los mercados la única fibra capaz de dos botones que después serán flores opulentas y más
competir con el henequén, á pesar de eso, desearía- tarde granos ftlcundos, tal es su misión, y sin que
mos que concluyese. Sti re¡Jrocha á Mr. McKinley una ella Jo bien ta ni lo confiese, 1,i quiere ser bella, es que
gran falta de previsión y de información suficiente quiere darse la segurirtad de llegar á ser esposa y
al decidir que los Estados Nnidos se quedarían con madre.
Y bien, en este caso, como en tantos otros, el meel Archipiélago; no veo qué otra cosa podía bacer
después de la turna de Manila. Pero dPjemos esto á dio á que la mujer aspira para realizar mejor su desun lado. Lo h ecbo, becllo está. Y es inútil disi mular tino, suele rfSUltarle contraproducente, y hay mujeque la situación actual fué inesperada para los impe- res que en fuerza de belleza, no llegan á ser ni marialista,;· americanos y que habrían meditado mucho dres ni esposas.
Consignemos desde luego los hechos y i;entemos
embarcarse en· ella, á baber podido conocerla. El corto distrito conquistaqo babta ahora, charco á char- que el oúmew de las feas que se casan, excede incomco y pantano á pantano, se les ba metido dentro á los parablemente, en proporción, al núme10 de las hermosoldados de Lawton y McArtbur en forma de mias- 1,as que logr?.n encontrar marido. Claro es que no hamas, de fiebres y de desesperación. Todos creíamos blamos en cifras a.bsolutas; es evidente que siendo
que á fuerza de dinero y aprovechando los odios con- considerablemente mayor que el número de mujeres
tra los tagalos de un buen grupo de los habitantes desprovistas de belleza, el número de ellas que llega
mismos de Luzon, se armarían milicias indígenas al tálamo tiene que ser superior al de las hermosas.
para combatirá los de Aguinaldo; uada se ha hecho; No; hablamo:s de_proporción, de tanto por ciento, y
sr,stenemos que si de cada cien feas se casan ochenta
no ba sido posible, sin duda.
Lo malo es que el honor está comprometido y que de cada cien hermosas apenas se casan veinte. Nos~
una retirada acabaría con el prestigio militar ad- necesita un cómputo estadístico á este respecto. Toquirido en la guerra con Espal'!a. Si el partido demó- dos hemos becno la misma observación y á todos nos
crata subiese al poder con una plataforma anti-im- consta, si bien no en números definldos, que la,¡ reas
perialista, tampoco podría abandonar la soberanía en son más casables que las bellas.
Filipinas, Lo que se haría entonces ¿ por qué no lo
Un refrán y una poética exclamaci5n Jo corrobointentan los republicanos ahora? sería esto: el go- ran. El vulgo dice:
bierno civil y administrativo á los tagalos, el dola fortuna de la fea
minio militar á los yankees. ¿Por que no hacen de
la bonita la desea,
Filipinas un Canadá insular los que aconsejaban oonminatoriamente esa misma política á 11:spaña? Por- y un poeta bien conocido hizo exclamar á una bella:
que no es lo mismo torear r¡ue ver los toros dtisde la
¡ay, infeliz de la que nace hermosa!
barrera, dice un proloquio hispano-mejicano. En fin,
si para hacer eso se aguarda la paciticación comple~Por qué esta anomalía? ¿Cómo es que la belleza
ta, veremos, esperaremos el invierno; lo mismo de- triunfante siempre en el mundo, diríc1lmente asalt~
cíamos de España en las Antillas hace dos ó tres y conquista un hogar1 ¿Cómo es que las Juno, las
af'ios.
Diana, las Venus, á cuyos pies arrastramos nuestros
Lo malo, según nuestro modo de ver las cosas, en homenajes, en cuyos ojos aspiramosá mirarnos. cuyo
esta inminente bancarrota militar de los Kstados aliento anhelamos beber, no ent,an de nue1,t ro brazo,
Unidos en .B'ilipinas, es que allí está, á nuestro en- uoronadas de azahares y envueltas en el blanco velo
tender, la clave de la futura situación de Cuba. Y basta la cámara nupcial?
esto sí nos preocupa hondamente y nos atail.e inneNada hay de anómalo ni de extravagante en este
gablemente. Fracaso en Filipinas, anexión segura hecbo. La belleza embriaga á la mujer, la impregna
de Cuba; tuen éxito definitivo allá, independencia de altivez y de orgullo, la transforma de sumisa en
posible acá. Y este si es nuestro desideratum ar- dominadora, de humilde en altiva, de ebclava en emdiente y reflexivo; que siga siendo solitaria la estrelia. peratriz. La mujer hermosa se -:ree con derel ho á
¡Ay! lo dudamos; tememos, lo hemcs dicho mucho exigir todé&gt;s los homenajes, á imponer todas las huantes de la guerra con España, haciéoc!onos eco de la millaciones, á reclamar todas las abdi r·acionPs. El
opinión de muchos, tememos que no sea. Sería una marido de ia mujer hermosa sabe que no podrá Rer
barra negra fija en nuestro canal de salida al mundo amo en casa, jefe en su hogar, guía y conduc tor de
europeo, con el cual necesitamos y deseamos estar en su familia. Que la paz doméstica b:.1bráde ccstarle el
fnt,imo contacto, una Cuba negro·-sajona. Esperamos sacrific:o de todos i;us derechos y la enagenación de
con desaliento que á la av:dez norte- americana se todas sus prerrogativas.
sobreponga cierto apego religioso á la justicia, que
La mujer hermosa es cara y exigente. Casarse ccn
es propio de la raza entroncada con los "padres pere- una belfa es un acto de lujo; só:o pueden pagárselo
grinos." No nos atrevemos á hablar del interés .... los millonarios. No es posible, decía Victor Hugu, neporque nuestro&amp; argumentos serían débiles. ¿Pero no gar el atavío á quien nos da Ja belleza. La mujer herhay más que el interés? Mejor dicbo, ¿no bay más mosa p:de sedas, joyas, flores, tapices, mobiliaiio y
intereses que los que pueden reducirse á finanzai' En- decorado en que encuadrar su belleza. Difícilmente
tonces ¿por qué al otro día de haber derogado el go- se resigna al modesto percal familiar y á la florecilla
bierno inglés los impuestos contra que se habían coa- entreabierta prendida de los cabellos. Quiere en su
ligado las colonias, y con la conciencia de su debili- calidad de reina, diademas, trono, cortei;anos.
dad-comparada con el. formidable poder militar de
De aquí un seguudo inconveniente. La mujer herInglaterra, se insurgieron los Estiados Unidos? Los mosa nu sólo es cara sino que es también peligiosa.
Franklin, los Washington, los Jefferson, los Richard Nos casamos ;,ara tener una mujer cuyo único penH. Lee, tuvieron delante de los ojos al declarar la samiento seamos nosotros, que nos ame exclusivaindependencia un dallar ó un ideal de libertad y de mente, que sólo de nosotros re(liba agasajos, á cuyo
derecho?
oído sólo hablen nuestros labios, y Ja mujer hermosa
vivti rodeada de la admiración de todos, envuelta en
el deseo de muchos, mareada por el amor de algunos.
De ahí para el marido una perpetua desazón, un estado de vaga inquietud y de indefinida angustia, que
no por no ser siempre justificado, deja de ser dolora-

�Domingo 13 de Agosto de 1899
EL MUNDO.

Domingo 13 de Agosto de 1899.

90

EL TSARVITCR JOUGE1 MUERTO RECIENTEMENTE.
EL NUEVO TSARVJTCR MIGUEL ALEXANDROWITCR.

so. De ahí que, admiradas, galanteadas y lisonjeadas,
las mujeres hermosas ac.Jaben por casa1se sólo con su
propia belleza.
.
No asilas feas. Lejos de exigir culto y veneración
prodigan dulzura y afabilidad.. Sienten que les es necesarla una dosis inmensa de virtud, de mansedumbre de docilidad y de benevolencia, para hacerse
am~r y preferir, y en general, derraman por donde
quiera bondad y ternura.
Sabedoras de que no les basta llegai- y ver para
vencer se proveen de todos los atr'lcti vos morales Y
se prócuran todas las seducciones intelectuales para
suplir la falta de encantos físicos. La hP,rmosa s~ cree
con derecho á ser ignorante y tonta, ~a fea se siente
obligada á ser inteligente é instruida; la hermosa
acepta nuestros homenajes como un deb~r nuestro,
la fea los recibe como un favor. Aquella, siempre dengosa y altanera, acaba por hacérsenos insoportabl_e;
ésta siempre afable y benévola, acaba por conqmstars~ toda nuestra simpatía.
y luego, la fea se conforma fácilmente co_n la posición mode2ta, con el aislamiento d~l munao, Cl'n la
reclusión en el hogar. No vienen á distraerla de sus
altos deberes de esposa y de madre, ni el inci~nso de
la adulación ni el aplauso de los extrai'los, y v1 ve contenta, resignada y feliz, al lado del esposo y cerca
de la cuna ce sus hijos.
.
La naturaleza, que parece inexorable _Y ~esp1~dada con las feas, ha sido en el fondo muencord1osa
con ellas no les ha dado el talle esbelto, el contorno
delicioso: la carne marmórea, la pupila de fuego, el
perfil griego, ni los labios de púrpura; pero en cam·
bio, les ha otorgado, á falta de 1~ del ?uerpo, la belleza del alma, la virtud, la intellgenc1a, la ternura
y la consagración irrevocable á su esposo y á sus
hijos.
DR. MANUEL FLORES.

EL EXPLORADOR

Snrn:s EN

El G:an t uque Jorge y el nuevo heredero
de la. o~rona. de Rusia..
La muerte del Gran Duque Jorge, acaecida en
Abas-Touman el 10 de Julio último, hace ascender
á la categoría de príncipe her~dero al _Gran Duque
Miguel Alexandrovitch, herman~ de Nicolás II_y el
cuarto de los cinco hijos de A.leJandro lIL Miguel
Alexandrovitch fué proclamado mayor de edad en
Mayo último y promovido al grado de ayudante de
campo del Tsar.
El nuevo tsarvitch terminó el afio pasado sus estudios en la Escuela de Artillería de Peter~burgo, Y CO·
mo Re diQe de ~odos los príncipes, dió pruebas de su
aptitud científica. ·
Al salir de la escuela se le nombró comandante de
la 2 ~ Brigada de Artillería é inspector de los trabajos de fortificación en las provincias del Noroeste.
Es de carácter raflexivo y de espíritu observado~;
ha viajado mucho por Rusia, aplicándose al estud10
de las condiciones económicas y de las costumbres del
vasto imperio, cuya corona está destinado á llevar.
ElMensaje:ro Oficial de San Petersburgo publi_có el
ukase imperial, proclamando al Gran D~_que M1gu~l
heredero del soberano, si no nace un hJJO del matrimonio del Emperador Nicolás II.

En Ja parte anterior y superior hay un ligero cafl6n
Maxim, dispuesto de tal manera que puede disparar.
se en cualquiera dirección y sea cual fuere la velool•
dad con que camine el vehículo, sobre el cual caben
mil proyectiles.
Mr. t:,imms ha inventado también otro motor con
dos caiiones montados en sendas torres giratorias 7
con una poderosa lámpara eléctrica de proyección.
El 1:explorador&gt; exhibido en Richmond dió adml.
rables resultados en las diversas pruebas á que se le
sometió, operando el mismo inventor en terrenos lla.
nos y quebrados.
Según los periódicos ingleses, se cree que el inven•
to de Mr. Simms será muy especialmente aplicable ,
la exploración en las campañas e,oloniales.

LA DANZA DEL OSO.

La más re:ióndita entre las raíces de mi corazón ea
una profunda raíz de simpatfa. por Maese Bru-no, el
buen catador de colmenas.
Siempre sentí vivir en mi esta raicilla, en la parte
inferior del corazón, más bien a la izquierda que á la
derecha., mucho antes de comprender cómo de ella
arrancaban ::.:iis sentimienentos poéticos y mis ideal
evolucionistas.
EL EXPLORA.DOR SlMMS.
::;e comprende que habiéndome dejado llevar tan•
tos años de esta inclinación, me sea imposible olr t,o.
.En la exposición de Rich~oad, luglate~ra, se pre- davla que danza un oso por la ciudad sin correr al
sentó recientemente un veh1culo automóvil ametra. punto á mezclarme en medio de la calle con los ma•
chos lilósofosy poetas que no estiman tal espectáculo
llador inventad..) por Mr. Frederick Simms.
Este vehículo, llamado carro-el! p_lorador, tiene una indio-no de abandonar por él casa, familia .... en aa•
fuerza motriz de un caballo y medio, con la que pue- ma, Jas aten .:iones todas de la vida.
Esto es natural; no lo es tanto que mi destino, pade moverse en caso necesario á razón de diez y ocho
ra alimentar mi simpatía y llevarme-por ella á una
millas por hora.
iluminación interior de que hablaré en seguida, haya
puesto en mis manos de cuando en cuando alguna
libros de poetas en los que la bondadoso y potent,
figura del gran plantígrado se mostraba á mis oJ«a
con su mag;:iética y triste mirada.
l\iostróseme primero en la amplitud épica y serena
de Goethe, el oso verdadero, el simplicísimoBlaunbarlado cruelmente por Reineke el Zorro, cuando destrozadas las orejas, el hocico y las uñas de sus garras 81
la henctid•tra de un tronco de árbol, acosado por vl•
llanos con pa1os, ciego por el dolor, corre alocado,
arroja al río y todos se arrojan á pescarle.
Más tarde, enrra!\cado coa delicia en la selva m6gic1 de los cantos de Reine, hallé entre los abetol
Atta Troll, el oso romántico, y á F,·ariz Mulme, su
nerable esposa. Atta Troll me fascinó y me pertur
juntamente. En nada se parece á Blaun; es una
tia sobrenatural, una idea de poeta hecha oso; b
en él algo de humano. Atta 1'roll habla en verso,
que prueba que no es del todo un ser racional, ao
que pudiera llegar á serlo; en suma, este animal
ti ~o inspiróme una vaga sospecha de relación post
entre el hombre y el oso.
En los días mejores de mi juventud hice ~mi
con uno de los más exquisitos y delicados art1staS
Francia, con Meri mée, y él me presentó el oso mis
co (Lochis), el oso de pasiones supraosunas, que a
blciona confundirse con la especie humana.
sorprende en la espe11ura de su sel va á una cond
cazadora, á escape la arrebata, y, menos bestia 4
Atta Troll, se guarda de hablarla en verso; la herm
señora torna después á su castillo: no lleva un
aral'i.azo, pero ha per,óido la razón, y da á lul
ser ambiguo, hermoso é inteligente, de lnstlD

.EL MOMENTO DE LANZAR UN PROYECTIL.

,sanguinarios, pero de la sangre
más juvenil, más pura, más dulce. Se casa, y la noche de bodas, en un ac~so de furor, destroza á mordiscos la carne de su
fresca esposa.
La emperatriz Eugenia y sus
damas no entendieron este relato enigmátir.o cuando l\ierimée
se lo leía; por mi parte me pareció siempre injusto con los osos;
pero la idea de afinidad entre las
dos especie!'. labraba ocultamente en mi ánimo. Pocos años hace
que me dí á estudiar los orígenes
-0e las especies animales inferiores, y me convencí de que todas
proceden poco á poco de un común origen y q uc el hombre mismo, el último en aparecer, es carne de su carne; persuadfme de
nuestro parentesco con todas
~!las, y ballé en el corazón humano vestigio:s de toda la bestialidad existente en la tierra,
~n las aguas y en el aire. A un
no babia pensado en estudiar las
afinidades morales del oso con el
l1ombre, cuando conocí las obras
i!e Ibsen. l bsen, en sus originales dramas, es autor que me
agrada, aunque no lo admiro;
pero la obra suya preferida por
mi es una novela en que revela
~l arte pedagógico de los domadores de osos, el métodasorprendente de enseñar la danza á Mae.
..se B,-uno. Se coge (dice Ibsen en
-su inspirada poesía) una caldera
grande, se coloca boca abajo cubriendo un granfuego; en seguido se bacf- subir al oso sobre ella
y se Je encadena tan corto que
de ningún modo pueda bajar: al
mlEmo tiempo se toca en •P.l or.ganillo una pieza cualquiera;
-cuando la pieza se concluye se
repi te una y oLra vez, mientras
la caldera se calienta; el c,so, in-quieto, levanta una pata, la baj a, levanta otra, después la ter-

91

EL MUNDO.

MEXICO

MODERNO.

ÜAS.-\ DEL Stt. IGNACIO ÜAPETILLO.-ÜALLE DE ROSALES.

f

ÜAÚ DEL

Sn.

GENEJL\L DON PEDRO R1:--co:- ÜALLAHDO. - CALLE DE LA P.ENITENCIAR~.A.

cera y al fin la cuarta; la caldera quema, el oso brin•
ca y baila, y el organillo sigue tocando; cuando se
hace bajar al oso de la caldera, su educación ha terminado y el organillo calla; durante toda su vida no
oirá tocar una sola vez aquella pieza sin ponerse á
bailar inmediatamente; seria inútil explicarle que
tiene las patas sobre las piedras de la calleó sobre la
hierba, ó acaso sobre la nieve; mientras oiga aquella
música el oso bailará siempre.
Esta poesía iluminó mi alma con maravillosa luz·
vi la prueba inefable de una afinidad oculta entre ei
oso y el hombre, y descubrí el secreto de la conducta
de otro modo incomprensible, de muchas personas(
sucede, en efecto, á mucha gente y de la más distinguida, que se turba y se agita al so11ido de ciertas
palabras indiferentes, sin que pueda comprender la
razón. Si admitimos que existe en la humanidad una
m·ezcla de oso, nos explicaremos que el recuerdo de
algún disgusto, de ;::.lgún odio, de algún dolor relacionado C8D esa palabra, el recuerdo, en fin, de alguna cald~ra candente, !PS obliga á bailar.
En una ocasión daba yo una conferencia en NápoJes sobre el origen del hombre, y sólo al oír nombrar
á Darwin y al mono, algunos osos á quienes seguramente había atemorizado el nombre del darwinismo
materiotlista, comenzaron á bailar en la sala. Repetí
en Milán la misma conferencia, y sólo al oírme hablar de la Biblia y la Iglesia, otros osos, que tenían
la memoria llena de tiranías antig-uas. de autos de
fe y excomuniones, bailaron también furiosamente.
Los o~os que bailan al nombre de la ciencia como los
osos que bailan al nombre de la religión, son los más
comunes y se hallan á cada paso; es locura pretender
aq aietarlos y peo irles que escuchen y razonen: se
acuerdan de su caldera, y bailan.
Exh;te otra gran cantidad de osos que no pueden
oír ciertos nombres sin ponerse á bailar, por el recuerdo de alguna antigua quemadura; conocí á un
literato que habiéndose asustado en su juventud de
no sé cual metáfora estrambótica de Victor IIugo
no quiso volverá leer ni una línea más del gran poe~
ta, y si oía su nol1'.lbre, bailaba. Otros muchos padecieron en los bancos del colegio con Horacio y Ovidio, y basta hablarles de estudios clásicos para que empieCPD á bailar. Pa:a terminar: á cuantos observen
el espíritu humano les aconsejo que enciendan su luz
en este fueg-o ofrecido por Ibsen, y con ella recorran
el mundo. No va:iilo en afirmar que la mayor parte
de las opiniones y de los sentimientos humanos tienen más fundamento en la caldera que en la razón·
injusto será el que culpe al hombre: la culpa es de J~
bestia.
ÁNTONIO FOGAZZARO.

��94

Domingo 1 :l de. Agosto de 1899.·

EL MUNDO.

Dommgo 13 de Agosto de 1899.

NOVEDADES CIENTIFICAS.
Los cuerpos opacos! He aquí una gran mentira de
la ciencia. Aunque bien mirado, el culpable de la
mentira 'lO es la. ciencia augusta, sino el hombre su
sacerdote, el cual, como todos los sacer iotes de todos
los dioses, atribuye·á éstos sus propios errores y sus
incurables debilidades.
En efecW, la ciencia. es la obra colectiva del hombre á través de los tiempos y de las generaciones. (Jn
principio científü.:o es el resumen de muchas observaciones y de repetidos experimentos.
El oriaen de mucb.os de los artículos de fé de la
ciencia, fué una observación absolutamente casual y
por ende empirica; la observación se 1epitió por otros
muchos hombres, se hicieron experimentos, se provocó el fenómeno para cumpronar bien las causas. y por
fin, como fruto de todo ese trabajo, se dedujo y estableció una ley que pasa á la posteridad con el cará'.:ter de verdad absoluta é indiscutible.
Pér0 en el origen de la. mayor parte de los teoremas aceptado,¡ como axiomas cientíticos, hay un vicio innato que los hombres debia.mos tener siempre
prei-ente; algo que viene á ser como el famoso peca.do nriginal de las leyes del saber.
VeaU1os por qué. Si los medios de percepción de
que dispone el hombre fuesen perrectos. es claro que
las observaciones y juicios becb.os con aquéllos serían

DisJ)Osltlvo para ver sin lotoirrafiar!os, objetos al través de cuerpos
opacos mediante la luz ,iegra. La placa eu que se proyecta la llave,
es de sulfuro de zinc.

indiscutibles. 8i el hombre pudiese ver, oír y tocar,
todo lo que es visible, sonoro y palpable y tal como
es en sí, sus apreciaciones serian verdaderas; pero
nuestros órganos de -percepción tienen lamentables
debilidades: la mengua.da fuerza de que están rlotados, apenas les permite darse cuenta de una serie de
hechos muy reducida en la inconmensurable escala
de los fenómenos naturales.
Por eso una de las más hermosas conquistas del
saber humano, es la parodia en acción de la enorme
frase del filósofo heleno: «Sólo sé que no sé nada.&gt;
Ahora ya sabe el hombre que no sabia nada y que
sus :1entidos aplicados á la observación de la Natura. leza tan sólo le servian para engañarlo miserable•
me~te. Y porque sabe esta verdad tan interesante,
refuerza su ojo con el telescopio, y con el microscopio,
y con el espectrof-copio para suplir sus deficiencias
ópt,icas; con la ~otografía y _la electrh:id~d para remediar las incapacidades químicas de la retma.
Esto por lo que toca únicamente al capítulo de la
vista la cual siempre se nos había impuesto como el
órgano que más complet,a noción nos daba de las cosas. De los demás órganos perceptivos, ya nadie tiene fe en ellos; hace tiempo están convictos de mendacidad Incorregible.
y de aquí las innumerables sorpresas de la nueva
ciencia, permítaseme la frase, porque, en efec~o, nueva es la ciencia desde sus fundamentos á medida que
van siendo rectificados los errores de percepción que
hasta ba,~,poco tiempo la informaban, sucediéndoles
los descubrimientc.s más cercanos á la verdad que los
nuevos elementos de observación realizan.
Por ejemplo, apenas hay muchacho de escuela que
ignore la clásica di visión de los cuerpos en opacos,
translúcidos y transparentes; cualquier catedrático
de física puede hacer una brillante demostración
de este canon científico basta ayer inviolado. Pues
bien, ese catediático ensella un error y demuestra
una mentira, sencillamente porque no bay cuerpos opacos ni translúcidos; todos son transparentes,
así, cnmosuena.
El Profesor Roetgen dió el grito de alarma y despertó las sospechas del mundo científico desde que
evidenció la transparencia de varios cuerpos tenid,JR
por modelos de op:1cidad y que sin embargo se dejan
atravesar buena y fácilmente por los rayos X.
y el fenómeno fué muy humano: cualquiera cree
en la honorabilidad de una persona, y le prodiga
consideraciones y le presta su fe; pero brota ~-a sospecha y adiós honorabilidad.

95

EL MUNDO

ORBALEJA.
-NOVEL.A.-

I

ntspositivo empleado para hacer fotograUas con la luo negra al través de cuerpos opacos. La lámpara de petroleo estl't_ encerrada en
una caja je cartón negro; el objeto que se va li foto:raf•ar, estl't contenido.dentro de una caj_a de mad_era, piedra 6 ebomta; la Mmara
fotográfica es como todas, teniendo únicamente una placa de sulfuro de zmc en vez de vidrio despuhdo. Para fiJar la Imagen obien!da
se pone esta placa en contacto con otra común de bromuro de plata, la que se trata por 103 procedimientos usua les.
- -""

Por eso es malo vivir de prestado, y esto le pasó al
principio susodicho de la opacidad de los cuerpos; vivía eng-añáudonos y usurpando un n speto que no se
merecía, basta que hu·bo quien le alzara la careta.
Ahora, según pueden ver nuestros lectores en los
grabados adjuntos, una humilde lámpara de petróleo
es capaz de atravesar cuerpos tan aparentementL opacos como una 1lave de acero.
El Dr. Le Bon. sabio físico francés, púsose á estudiar Ju que de pronto llamó la luz rtegra, pero que en
realidad no es sino el mismo y único fenómeno conocido con el nombre de luz; mucb.osexperimentos posteriores lo han demostrado así.
Mediante la fotografía y oper~nc'lo con placas de
especial sensibilidad, el Dr. Le Bon ba po'iido comprobar 110!1 hechos, á saber: que Jo~ cuerpos ti~nen la
propiedad de absorber y conservar una cantidad de
la luz que reflejaron, á la que llamó luz residual. De
aquí parece deducirse otra interesante conclm,ión y
es, que la luz constiLUye un cuerpo distinto y determinado, y no es solamente un fenómeno t,ransitorio
que se produce en los cuerpos, ó un estado de ésto-,
como se ha creído. Esto no es1 á demostrado tofavía.
El segundo hecho es que todos los cuerp(!S _son
transnarentes y se dejan atravesar por cualquiera
fuent~ luminosa, necesltándrn;e tan sólo de la reunión
de ciertas circunstancias ó de la sensibilidad superior
de la placa fotográfica para ad vertido.

*

*
Decididamente el sabiv* &lt;:vunomista
Mal1 hus vló Vi•
siones cuando lanzó su terronfica predicción anunciando que iban á sobrar hombres sobre la tierra.
Nada de eso sucede basta ahora, por el contrario,
faltan bomhrrs, y si no, que Jo digan esos sutiles é
ingeniosos inventores de apara.tus como los que representan nuestros grabarlos.
El principio funda.mental de esos aparatos, es la
substitución del mecanismo animado que se llama
hombre, por un mecanismo merte que desempefle
ciertas funciones del borobr~.
Teniendo en cuenta que los anglo-sajones, primeros inventore" de estos mecanismo~, nada hacen por
simple diversión, sino que todos sus a,·tos tienen pvr

primer causa el utilitarismo, lo (miro que se puede
creer es que para suplir la falta de hombres han discurrido los mecanismos que con más honradez que un
hombre, se encargan de vender desde cigarros y periód icos basta alimentos y timbres postales.
Existen cocinero,;, cantineros, papeleros, limpiabotas, floristas y músicos, tocios automátiros, pero no
ambulantes por desgracia.. ()uando alguien quiere
comprar un periódico, ad ornarse el ojal con una flor,
belwrse un bock de cerveza. oír un desdichado trozo
de música ó enviar un recado por el correo urbano,
s&lt;&gt; va adonde está uno de estos sup~-e-hombres y le
echa por la boca, ó su equivalente, una moneda, y
queda servido.
Pero ¿es siempre moneda lo qué recibe el hombre
automático? He aquí el busilis. Según dicen los Industriosos europeos dueños de estos aparatos, aun los
de la rígida y exacta Inglaterra, al hacer la colecta ó
sea al t omarles las cuentas á estos vendedores de metal y madera, resulta que se dejaron engaliar como
unos chinos por los compradores poco escrupulosos.
Como el pobre aparato no tiene nociones sobre las
monedas de curso lega.l vigente, ni sobre las falsilica•
cinnes, resulta que ~ólo se atiene al peso de lo que recibe para entregar la mercancía.
Y por una moneda de buen peso y calidad, acepta
nueve botones, discos de plomo, troz·&gt;s de metal y
basta municiones pequeñas, y mil basuras pesadas
que constituyen una pesada broma para el negociante.
Cierto que para el comprador serio, honrado y que
va de prisa, es una gran ventaja tratar con un dependiente que no habla, ni se demora en servir; pero por
un parroquiano de estos, ¡cuántos ha.y que se acerca n
al a.narato con la deliberada iotención de pegarle uo
timol
1&lt;..n México por ejemplo, figurémonos un aparato
automático expendedor de .... café, puesto á lamadrugada en cualquiera esquina y abandonado á ~u
propia vigilancia. Es seg-uro que cuando el dUt•iio
fuera á recoger el produ,;to de la venta, no solo no lo
bailaría, sino que encontraría el aparato destruido.
R~sueltamente, faltan hombres.

Nota Importante.

Era una llanura gris y escueta, sin árboles, sin
!inf11s, barrida siempre por vientos furiosos pero
que en el estío se cubría con un manto de oro,
,cuándo el sol de Junio maduraba los trigales.
Unas cuantas casas, pobres caballas, se alza.
ban en aquel desierto. Este humilde caserío se
llamaba Orbaleja, y eran llanura y casas propie•
dad del seilor Vulfrán, un caballero muy rico á
,quien allí nadie conocía, y que sólo se acordaba
del pobre sembrado una vez al ailo, después de
la siega, cuan.lo Pascual el viejo mayordomo,
-rendía cuentas de la cosecha en extensa carta y
pedía órdenes para la venta del gra.no.
Dominando los rú ,ticos techos y algo aoartado
de la plebeya chusma como un gran seilor, er•
.gnfase un antiguo caserón de dos pisüs; era la casa principal. Sobre su fachada se veía labrado un
escudo de armas y en su cú,pide, como una ensena, una cruz de piedra abría sus brazos al cie•
lo y al desierto; los muros ennegrecidos, las puertas herrumbrosas y los patios cubiertos de yerba,
.atestiguaban un largo abandon0.
Una fría tarde de invierno un coche pequefio
tirado p.:r un caballo se detuvo frente A la soli·taria casa, y los maravillados vecinos de Orbaleja vieron descender del vehículo A un caballero
y A una joven.

Te!éfono automfltlco. Funciona dutame cl•rto ti•mpo Introduciendo una
m , 11Lda en la llberturacorrespondlell!e.

en esclavo del niiio voluntarioso y mimado. A
fuerza de ver á su padre erigido en soil.ar absoluto de cuanto le rodeaba, llegó á persul\dirse de
que llanura.,casas y labriegos le pertenecían; y
como para él la tierra no se extendía más allá de
la lejana cadena de montanas que cerraba el va•
lle, ni reconocía bajo el cielo otra autoridad que
la complaciente y suavísima de su padre, convir•
tióse en tirano de aquel pequello feudo. Habíase
criado en la holganza; de nilio echado á la sombra del úoico arbol que crecía frente á la casa
paterna, de joven requebrando á las moz11s, dil?'•
Dándose de vez en cuando empuilar el arado tras
la perezosa yunta que abría el surco ó bien regresando de la siega en las tibias noches de Ju·
lío á la luz de las primeras estrellas, tendido so-

bre el carro rebosante de espigas que se balance.aba al compá~ de los tristes cantos de los se•
gadores. Jamlis Pascual le exigió el menor trabajo; aprendió á leer y algo á éscribir por flU propio impulso, y pasábase A veces los días como un
fakir sentado sobre el suelo, absorto y mudo.
Cuando Julilin vió llegará aquel joven de barba negra, alto, esbelto, alegre, vestido como un
príncipe y Aaquella dama de 0jos azules, blanca,
gallarda, triunral, sintió un aplanamiento, unl\
conmoción inexplicables. ¿C,mque él no era el
amo? ¿El seilor, el duefl.o, era aque! caballero á
quien su padre, Pascual, llamaba respetuosamente don Jorge? ;,Conque la llanura, los trigales,
todo era del intruso, del usurpador que no contento aún, poseía aquella hermosa mujer blanca
como la leche, rubia como las espigas maduras,

de ojos azules y profllndos como el cielo y labios

Pascual, sombrero en mano, recibió á los via- pa, más despejada y mfls limpia de Orbaleja pa•
jeros y, sonriendo amablemente, abrió de golpe ra compai'\ía de esta sefl.ora.
la puerta de entrada.
II
La pareja penetró á la casa enlazada del brazo, ri~ndo con esa risa argentina y ruid.o sa de
Pascual era un viejo de sesenta ailos, de bigote
los vemte ailos, y precedidos de Pascual subieron cano y espeso, recortado militarmente, alto, fuerla espaciosa escalera ,·omo colegiales escapados. te y seco. Hacía treinta anos que vivía en aquel
-No me n egarás, decía el caballero dirigién- retiro encargado por el seilor Vulfrán de l,1 ad•
dose A su compailera y seilalando la silenciosa ministración de la finca que producía poco en
m?rada y el campo mustio y escueto que se do- verdad, pero lo bastante para que el mayordomo
minaba desde el alto corredor, que esto es un ver• viera de afio en ailo alzarse y crecer una relu•
~ader? retiro, un nido de invierno, Fin bosques, ciente montafia de duros, allá en el fondo místeBJD páJaros, sin fuentes, pero á miles de millares
rioso de un arcón antiguo. Habü sido soldado y
de leguas, del mundo habitado. Estamos en Mar- ostentaba una honrosa cicatriz en el carrillo iz•
te, en el supuesto de~e Marte sea un pobre pá· quierdo, -acuerdo del sable de un dragón fran"l'amo.
cés. Era viudo y tenía un hijo, un mozo de veinLa joven alborozada recorría la casa en pos de tiseis anos, raquítico y pálido.
Pascual. ~esistianse y gemían puertas y venta·
Julián se llamaba el mozo; pobre muchacho ennas a~ abrirse, y el solinundaba los aposentos des- fermo á quien Pa.cual adoraba. Era Julián alto,
coloridos y húmedos y los antiguos muebles des- moreno, delgado como una cafl.a, ojos negros, la•
lustrados Y cubiertos de polvo.
bios gruesos sin asomo de barba, el cabello cresLa casa era extensa, severa y fría como un po y abundante y 1a nariz 11bultada y sensual.
·convento, sucedíanse las habitaciones en seriein- Había nacido en aquel desierto que era su impe•
te rmmable;
·
decoraban sus paredes retratos de an- rio; allí mandaba despóticamente, y hasta la vu•
talio Y lienzos borrosos representando escenas luntad de hierro d~l seilor Pascual, cejaba y
·campestres y martirios de santos, las alfombras doblábase ante la suya, convirtiéndose el vie;o
0

Concluida la edidón de
Los TRES itosQUETERos, preparamos la publicación d~
varias obras, superiores, s1
cabe, á la publicada.
En el próximo número dareinos á conocer 'todas las
reforrnas que desde luego
Yamos á introducir en este
~emanario.

estaban destruidas, y sólo resistían en aquel combate con el tiempo y el abandono los enormes
armarios de roble_y los sitiales de brazos tallados.
-No esper aba, decía el viejo Pascual, ld. veni•
da del seiior. y como el amo hace mil anos aue
no nos visita, no es extrano que la casa esté
abandonada.
. -Mi padre, contestó el caballero, h11ciendo un
signo _de inteligencia á su compsilera que sonrió
r?bo~izándose, ignora mi venida, y es ir.útil que
tu, m1 buen Pd.scual. le des 11 viso. Venimos de incógnito á vivir con ustedes, á labrar la tierra, á
cazar, A pescar; Martll, esta dama, ordefl.ará. las
vacas y cultivará el huerto, yo ..... .
-Me permito decir, interrumpió Pascual. que
aquí no tenemos caza, ni ríos, ni huer~o, ni vacas ....
- ¡No importa! exclamó el caballero riendo, nos
pasaremos los días contemplando la llanura que
también tiene sus encantos; veremos ponerse el
sol allatras de aquellas lejanisimas cumbres, y por
las noches nos dará música el viento. En suma,
seremos poco exigentes. Por ahora sólo nece~ita•
mos aquí mucha luz y mucho aire para que estas viejas paredes pierdan ese color de tumbl.
Haré venir un buen cocinero, tenemos por fortuna una estación de ferrocarril pr óxima, y tú Pascual, te encorgarás de traernos la moza más gua•

rojos eomola sangre de las vifl.as? ¿Por qué aquella h~mbra no era suya? ¿Por qué él ¡miserable!
no podía hundir sus labios en aquellas carnes albean tes? Y Julián i;,intió impulsos de rebelarse,
de insu:tar al poseedor feliz de aquel tesoro. Vió•
se humillado como el caballo salvaje que siente
por vez primera el látigo del domador.
Con la frente inclinada y el ceilo contraído
escuchó A su padre que refería, no muy satisfe:
cho, A los mozos de labranza, que aquel joven
era el amo, el verdadero amo, el hijo del seil.or
Vulfrán; que el tal joven habfa llegado como llovido del cielo, aeompallado de la hermosa dama
que parecía ser su .. •. amiga; que le había prohi•
bido dar aviso de su lleg11da al padre, y que él,
Pascual, barruntab'.l en todo aquello cierto em•
brollo de fuga, de misterios ydt&gt; enredo an¡oroso.
J .iliAn bien sabía esto; había viste, un brazo
desnudo, blanco y pulido correr discretamente
las cortinas de la alcoba .... y había sorprendido
miradas y besos furtivos, como sólo se mira, como sólo se besa el fruto prohibido!

III
La primera noche que Jorge y Marta paJaron
en el viejo caserón de Orbaleja, sintieron una alegría loca, casi infantil. Por fin estaban solos libres como marido y mujer! Allí vivirían siem~re
juntos y felices olvidados de todos .... ¡Qué hermosa era la vida! ¡qué pintoresco el valle! ¡qué
alegre la casa, y qué buenos el mayordomo y su
hijo!
Y Jorge oprimía sobre su pecho A Marta y la
cubría de besos. No era su esposa pero ¡qué importaba! la conoció inocente, la amó y la unió á &amp;U
desti.oo. El era rico, brillante, instruido; había tenido amores, aventuras y duelos; ella era una pobre
muchacha hermosa y casta, conoció á Jorge y se
entregó sin vacilaciones, le amó desde el primer
mom~nto, sintióse faecin,ada, vencida por aquella mirada noble, amorosa y leal; no le pidió que
1~ hiciera su esposa, sino que la amase mucho y
siempre.
Sólo hacía cua·ro meses que se conocían. Al

�Domingo 13 de Agosto de 1899

EL MUNDO.

tl6

principio viéronle sólo de noche, después Jorge
olvidó un poco los nPgocios de su casa, el club,
los caballos y los amig-cs, y pasábase _1 as horas
al l11do de s'.! amada. Por fin fuéronle rnsopo.. t,.bles los momentos sin verla; entonees se acordó de
que el st:llor Vulfrán po11eía allá, en apartadísima
comarca unas; fanegas de tierra de labor, Y en
ellas un¡ casa vetusta herencia de su abuelo. Allí
se irían como una pareja de
palomas en busca de la soledad; estarían siempre j~ntos,
-pasearían del brazo b~Jo los
r.tyos del sol y no temerían miradas extra:llas.
Marta 11c.:gió el proyecto /
con entu.siasmo; le parecía una
rehabilitación. Ella, que en 1
medio de su dicha no podía )
olvidar que aquel hombre no
era su marido, que la vi,-itaba
furtivame..:.te, que en público
aparentaba no conocerla, vivir
á su lado, merecer el respeto
delas sencillasg-entesdel campo .... ¡qué felicidad!
Jorge improvisó un viaje.
El se:llor Vulfrán • sonrió con
indulgencia, y sólo dijo á su
hijo al despedirle frente á la gran mesa de su
despacho: Lleva, hijo mío, fondos sobr1tdos. dame no1ici1ts tuyas, diviértete mucho y fastídiate
pronto; tienes ya treinta a:llos, aprovecha el
tiempo.
Y así Iué como Jorge y Marta llegaron de improviso, causando el asombro de los orbalejanos.

Desde el b11.lcón Marta le siguió con los ojos empanados por laa
.
h t perderse el eoche entre el blanco polvo de la carre.
ll'IKnmS~s, .óas ªtonces que los sollozos la ahogaban; parecióle que
t ern mtl en
d
.
. . "bl
e ent:m1gos mv1si ea;
¡¡J.¡• ·quf' d a b a sola , abandonaba • á merced
quiso gritar, llamarle y exclamó:
-¡Jorge!
,d
-SP:llmita Marta, pronunció una voz A su espa. a.
_ Marta se vol,ió sorprendida.
.
Julián, de pie, inclinado con la humildad de un can, estaba allL

VI

\

IV
La antigua casa de Orbaleja habíase remozado
al cabo de ocho días. Jaulas con canarios y tiestos con flores a legraban los rostros marchitos de
damas, caballeros y mártires allí colgados en
marcos enn6gr ecidos; los muebles relucientes y
limpios ostentaban al sol sus mustios tapices; la
cama monumental albeaba bajo sus vaporosas
colgaduras, y en los corrales, desembarazados de
yerba, mugía una hermosa vaca y alborotaba una
tropa de gallinas precedida triunfalmente por un
soberbio gallo de encendida cresta,

Jl,
;
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L. .,-

7:r-:,,,.,..,.,.

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- ~ - · -~

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'.h.

¡Y el autor de tales maravillas era, én partf', el
hura:llo Julil\n! Lo&lt;J deseos de Marta eran adivinados por él, y eabalgando en el caballf'jo de su
padre, sacudiendo su pereza ingénita, sacó, no
sabíase de dónde, jaulas y t:estos floridos. Había
llegado á ser el inseparable de Jorge y Marta.
Adusto y frío para el primero, soportaba en cam·
bio las exigencias y caprichos de la joven.
Sólo que Marta recibía siempre con frialdad
los servicios y atenciones de J ulián; inspirábale
aversión su figura desmafl.ada y torpe, parecíale
necio y cobarde; ridiculizaba su gesto doloroso
de enfermo y burlábase de su completa ignorancia.
Jorge intentó suavizar aquellas asperezas, compadecido del pobre mozo por quien sentía esa
simpatía bondadosa de las almas felices; pero
Julián, que aceptaba las impertinencias agre~iv11.s de la hembra, rechazaba en silencio, herido
vivamente, la piedad del hombre.

V
Habían transcurrido dos meses desde la llegada de Jorge y el joven comenzaba á notar con
inquietud, que Marta, m 'Dos alegre que los primeros días, tenía momentos de pasajero mal humor. Una noche resolvióse á interrogarla.
-Vamos, querida, confiesa que comienza á
fastidi11.rte un poco nuestra Orbalfja.
:uarta sob~esaltóse.
-Te enga:llas, replicó con viveza, mi único temor es que tú no soportes este género de vida,
que nuestra felicidad tenga fin ....
-No, tontica, contigo viviría yo en el último

rincón del mundo. No te ocultRré que algo m~
inquieta el natur al cuidado de mi padre por m1
ausencia; pero, si tú lo apruebas, todo se puede
conciliar. Te pido sólo ocho días y volv ... ré para
no separarme de tí. Mira, tengo grandes proyectos sob•e Orbaleja, que neceüto consul_tar co~ el
senor Vnlfrán. Deseo convertir esta finca miserable,improductiva casi, en una gran explotación
agrícola. He estudiado el caso. Entonc~s ya t~ndrá un ohjeto aceptable mi permanencia aqu1 A
tu lado. Traeré ingenieros, un administrador inteligente en lugar de ese solapado de Pascual,
haré construir una hermosa casa moderna, un
verdadero chalet, y la vida, el movimiento, la lucha sucederán á esta inaeción estúpida. Verás
có~o al contacto de una varilla mágica, tramformo este desierto árido y triste, rdugio de las divinidades campesin1ts, en cultivada campifi.a cubierta de árboles frutales, cruzada por rieles.
Verás cómo empano ese azul sereno del cielo con
el h•1mo de las fábricas y cómo despierto el eco
dormido lle estas soled~des con el silbido de las
locomoto:-as, No; ¡no te rías! fl gran m11go que
efectuará este milagro, ayudado se eotiende por
el dinero del se:llor Vulfrán, será un río que corre no lejos de aquí, á unos cincuenta kilómetros,
y que yo haré venir, obediente como un esclavo,
á desposarse con las tierras vírgenes de Orbalej11.
Marta escuchó con interé1 los nroyectos de
Jorge.
-El único punto negro para mí, replicó, es esa
ausencia de ocho días. ¿Qué quieres que haJra
yo aquí" sola cor_, ese estúpido de Julián? Por lo
demás, ~omprendo que es necesaria tu partida
para ese. proyecto. Me resigno, pues; pero, ¡por
Dios! sólo ocho días te concedo.
Al día siguiente Jorge hacía enganchar el p(quP:ilo coche, y después de besar ardientemente
á Marta, que se abraz1.1ba llorondo á su cuello,
partió rumbo á la estación próxima del ferrocarril.

Sólo Pascual detestaba á Marta; llamAbala con malicia la seflo1·a. Y ernqueásuper&amp;picacia de palurdo no se ocnltabll. que J11lián, su hijo, eft:1ba enamorado de la joveo,
y que ésta sólo ter.fa pl\ra ~l p~br~ mozl),
desprecio y burlas. Al prmc1p10 mtentó,
contrariar á Julián cuitndo é,te recorrfa i
caballo los lugares veci11011 en busca de un.
pájaro y de un raw.o de f:ores. per o bieit
prÚnto comprE-ndió que su empe:llo era lr,(l.
til· el nilio mimado se rev, Jaba con toda
la 'energía de su voluntad jamás contraria•
da. Pc.cü le importaba que su i.:010 le pagafil en desdenes, bastábale que aceptase la
üfrenda, que ac1niciase con sus dedos puli•
dos como tl mar fil la cabecita de oro del
canario ó acercase á sus labios el man0jo de ela•
veles llevados por él amorosamente sobre su CO·
razón.
Julián se levant1tba en la~ noches calenturiento, y llegaba recatándose, sintiendo que el corazón Je goloea ba el pecbo frente al b1.Jcón de l&amp;
alcoba de Marta. Allí. con los 0jos fijos, con lat
manos cruzad11s como ante un altar, indiferente
á todo, abstrllído, pasa ha las horas nocturnas en
éxtasis, inmóvil, sonando con aquel cielo lejano,
con aqufllla aparición que surgill en las tinieblat
de su vida de enfermo como una aurora . .Recor,
daba entonces aquellos suefios sobre el carro hl'D•
chido de espigas en los tibios creoúsculvs de J u•
lio, y pare"-íale que desde entonces conocía á aquella mujPr; la ha_l&gt;ía vi!,to flotar blanca, indecisA,
vRporosa, coronada de estrellas, desnuda y t.ú•
l:.il .... le sonreía y tendíale los brazos. . . . Sentíase transformado. Ya Iio era el pobre JuliAn
desma:llado y torpe, sino el príncipe azul rubio y
hermoso, lleno de ingenio, valiente y amado . ..•
y la diosa bajaba de la nube y besaba sus la bios,
mientrlls él, á la luz de las constelaciones, entreclaridades arcRnas, le dirigía los m~drigales méatiernos como plegarias blancas. Otras veces sen•
tíase invadido por un miedo loco, inaudito, como
si r1,fllgas dP. hielo cruzaran su espalda, se im11•
ginaba que Jorge, el amo, sospethuía su amor,
su deseo, que iba A sorprenderle allí midiendocon los ojos la altura de las rejas como un ladrón. Y no, él no se sentía capaz de arrostrar la
mirada :racunda de Jorge, h11bí1 011cido sierro
y caería inerme bajo el gol pe implacable del ca•
ballero. Era cobarde; sentí11 las punzadas ardieo•
tes del deseo, de un deseo salvaje, imperioso,
mortal, pero á la vez tem'-.llaban sus carnes bajola mano ruda y fuerte alzada para el castigo.
Raquítico y débil, tímido como una mujer re•
chazaba en su mente con indignación los mimo,
de su padre; casi inspirábale odio el viejo sol~a•
do de manos encallecidas y testa plebeya. Decia•
be que él, Pascual, tenía la culpa de su pequeft_ez,
de su fealdad y de su cobardía; había nac1~0oruga, sólo que antes de la llegada de Jorge, slll
pumo de comparación, vivió enganado piadosa•
mente por las lisonjas paternas.
.
Y aquel temperamento sensusl y enfermizo,
vibraba conmovido al choque formidable de loaanhelos incipientes y voraces, martillando en sa.
debilidad v en su miseria.
Cuando ·Julián regresaba á su cuarto en la obS·
curidad, procurando no despertar á su padre, Y
se echaba sobre el lecho, febril y extenuado, sen•
tía la sensacion voluptuosa de quien esc11 pll d&amp;
un gran riesgo, le parecía qull había acudido ~
uoa peligrosa cita de amor y que Marta qued11b&amp;llorando en poder de su tirato, llorando pGr él,
Y esperaba con ansia tl nuev,) día para verla,
para oír su voz, para sufrir sus burlas, no tan
amargas, no tan dolorosas para el iufeliz mCJZ?,
como el gesto compasivo de Jorge, el soberbIOmacho atlético y hermoso.

VII
Una tarde Marta hallábase sola , sentada A la.
vera del camino, esperando descubrir el coch•
de J orge. La alta cerca q ue bordeaba la carre-

Domt_ngo 13 de Agosto de 1899.
tera la ocultaba de un grupo de trabajadores, en
cuyo centro el c11pataz, Pascual, refería algo que,
al parecer, divertía grandemente á sus oyentes,
v Mllrta escuchó . .Alusiones picantes y ag-udezas
torpes sal picaban su nombre entre risas brutales
de palurdos.
De improviso apareció Julián . Estaba trémulo,
tPmblábanle los labios y.le fulgur11 ban los negros
ojos.
-¡Padre! gritó, cállese por su vida, que si no
fuera usted quien es .. . .
Y aquel raquítico erguíase colérico, casi hermoso, chispean.te la miradá y crispados los pu11.os.

P11scual se alarmó, crey6 por un momento que
A lanzársele,
- ¡Bien ! será como tú dices. Pero serénate; puede hacer te mal esto. En verdad, la sefl.ora . ...
digo, Mar ta, es muy buena. Era una broma
tot.lo .. .
Marta se levantó y alejóse, temiendo ser descubierta. Sentía impulsos de llorar, de marcharse
muy lejos. Debpué, de todo, aq11ella gente tenía
r11zón . . . . ¡Quién era ellal ¡la querida del amo!
¡una mujer sin nombre, una .. . se:llora de esas ...
'=omo decía Pascual! ¿Por qué había abandonado
su humilde lecho de virgen. blanco y burdo? ¡Ya
no volverían las alegres mailanas en que se lanzaba por la angosta escalera d ~1 tercer piso entre
las aclamaciones de los habitantes de aquella casa de vecindad que la adoraban, pRra lleg11r sl
taller ruidoso siempre! ¡Con qué afán era esperado el d oming), la fiesta, con su sol radioso! ¡Pobres vestidos de percal, ahora desdenados por la
sed-t crujiente! Nadie la llamRba entonces la seflora; era Marta, la virgen, la hermosa, la mimad11 ....
Y la infeliz estalló en sollozos amargos .... D3
pronto se acgrdó de Julián y sintióse invadida
por gratitud pro!und_a , tierna casi . . ..
Y después de todo, ¿no habría sido mrjor. más
honrado, más noble, ser la esposa de aquel muchacho pobre y humíld~ que la idolatraba, y no
la querida de un libertino rico y apuesto? J ulián,
aquel resignado que e'.la flajelaba sin misericordia con sus burlas, la adoraría, la respetaría, sentiríase orgulloso de llevarla sobre sus hombros
como un esclavo y ella no bajaría la frente enrojecida.

rn hijo i ba

VIII
Al d ía siguiente regresó Jorge.
Cuando Marta corría á su encuentro, dispuesta
A estrecharle en su3 brazos, Jorge, que bajaba
del CLche, la detuvo con una mirada.
No venía solo, acompañábale un joven rubio,
simpático, de pequena t1statura, de ojos claros y
vivos y fino bigote retorcido. Vestía polainas
de cuero inglé3, sombrero de paJa de anchas alas,
pantalón obscuro ce:llido á la piurna y camis11 floja de seda.

r•

- T-i_presento, dijo Jorge dirigiéndose á M1trt11, ;\ m1 11n1iguo amigo y condiscípulo el ingeniero León Ricoy.
M1.1 rta se inclinó turbada sin acertar á. responder casi. Sintió la mirada de Ricoy clavarse en

EL MUNDO.

97

ella con impertinente fijeza, examinarla, abarcar- veas el prodigio. Un dique en el río y un caníll
la, medí.la, adivinarla con ese golpe de vista rá- que provea de riego estos campos es todo lo que
pido y seguro de los inteligentes. Creyó por un necesito.
momento, que la iba á. palpar como se acaricia el
-Hablando en serio-dijo el ingeniero - te dicuello fino y nervioso de un CAballo de r1tza, y ré que apruebo tus proyectos, pero desde distinto
una oleada de sangre le invadió el rostro. Sintió- punto de vista. Construye diques en buena hora,
se enrojecer, temblar; buscó en su auxilio los emprende en cultivos nuevos y emplea útiles
OJOS de Jorge . . .. y vió á éste sonriendo, satis- modernos, maa no pienses por tu vida en redifecho, aprobando, orgulloso de la admiración mir cautivos, sino sólo en tu provech0; en repletorpe que provocaba su querida .... Pero detrás, tar tu c11j-t sin cuidarte de la regeneración del laapartado del grupo, otro hombre, pálido de furor briego. ¡El labriPgo! ¡valiente animal! Para tal
impotente, azotaba co, la mirada al impertinente; empresa se necesitarían santos y conquist11dores;
temblábanle los descoloridos labios y oprimíase un milagro ó el exterminio. ¿I..o dudas? Pues melas manos prontas á alzarse. Era JuliAn.
parece que el muy honorable mayordomo y su
¡Oh! d él estuviera en lu~ar de Jorge, ¡cómo sa- hijo. siendo dos ejemplitres preciosos. Pascu11l,
bría c1tstigar 11y_uel ultraje! Ahora comprendía un viejo rapaz, que ha hecho su agosto abusan con toda cla, idad su: odioso puesto de amiga del do de la confianza del selior Vulfrán y que sería
se:llor. Era la cosa que mostraba su duelio á la feliz, te lo juro, si ma:llana pudiera asistir á tu
curiosidad pública. que se examina y analiza en- entierro. ¡Te digo que me inspiran más descontre picantes comentarios al aire libre, entre risas fianza los ojillos grises de ese hombre, agazapay equívocos.
dos b11jo el matorral hirsuto de las Ct'j'ls, que un
Marta huyó casi, Eintiendo que algo se desplo- f.isil asei:t&gt;1 do en una encrucijada... . .. . . 1 ¿Y
maba en ruinas allá en el fondo de su pecho .... su hijo? ¡V11ya una alhaja! perezoso, hirócrita y
¡Y lll imagen de Julián embellecida volvió á cobarde, no tiene siquiera las cualidades de su
surgir noble y triunfante!. ...
raza: el v11lor, I,1 fuerza y la sobriedad. He ob-¡Hol11! -exclamó el ingeniero cuando Marta servado que cuando tú le dirijes la pidabra, se
desapareció.-¿En qué mares se pescan estas encrje y amilana como un p~rro á quien se amaperlas?
ga con un látigc; mAs que un ed.:rm.:&gt; es un loco
algo extra:llo, un despecbado, ¡qué sé yo! áquien
receta, ía ducbas de agua fria y siete horas diaIX
rias de trabajo rudo b11jo el sol. En es11 cabeza
Pasaron varios días, Jorge seguía entusfasma- mal codormaña no pueden 11lbergarse pensado con su idea de empresa agrícola. Había en- ruientoa sanos. Estoy s ...guro.
- Eres implacable-co11testó Jorge.-En un
contrado en Ricoy un auxiliar inteligente y acti•
vo; antiguo camarada de co!Pgio, aprovechado pobre vie.io que se ha batido en sus mccedades
ingeniero y buen amigo, no vaciló en aceptar las valientemente por su patria, y que por su ignoproposiciones de Jorge.
rancia y falta de morid abusa después un poco
de su empleo, y en un pobre muchacho et f&lt;lrm::-,
León Ricoy era un espíritu cultivado, observa
dor y profundo; pero demasiado vehemente. Ha- te empeñas en descubrir un par de monstruos
bíanle bast1:1d0 tres eemanas de permauencia en abominables. ¡Querido León; eres el de siemprt!
Orbaleja, para medir y aquilatar con su rudeza Recuerdo tus odios de escuela. Pero basta: hablemos de trazos y niveles.
in¡z énita, á sus principales moradores.
Jorge era el de siempre, leal, confiado, g-eneroso, un pocJ pagado de sí mismo á fuerza de
X
oír el coro de lisonjas en su torno alzado (su paLa verdad, era que Jorge que al principio sólo
dre era millonario y él hijo único). Marta, una
hermosísima much cha, algo avergorzada de su buscó un pretexto en su idea para vivir al lado
posición, con rafagas de arr epentimiento, impre- de Marta, había acabado por apasionarse de tosiona ble y dul ..1e. En cuanto á Pascual y su. hijo, das veras de la empresa, á lo que contribu) ó no
eran para Ricoy dos seres completamente antipá- poco el se:llor Vulfrán, qúe dP. esta manera contrarrestaba, abriendo un nuevo ~ampo á la actiticos.
Un día, durante ll\ comida, Jorge habló de su vidad de su hijo, aquella pasión que comenzaba
á inquietArle. Le daba en Orbaleja ur,a riv11l á
empresa con bastante calor.
-Es un crimen, decía, permitir que las men- Marta, rivlil que vencería. Además, el seilor Vulguadlls corrientes de nuestros ríos se pierdan, frán conocía bien á Jorge; sabía que en medio de
mientras la tierra improductiva abrásese .,.or fal- su frivoliaad era inteligente, calculador y tenaz
y que el dinero en sus manos no correría it.f1 uc'.
ta de riego. ¡Y así nos lamentamos del atraso, de tuosamente.
la pobreza y de la debilidad füica de nuestro
En quhn encontró el proyecto un enemigo depueblo rural, que se conforma con espiar desde
cidido,
ciego y tenaz fué en Pascual. Comprenla puerta de ca:ilRs de su 11lbergue f1 paso de
dió
el
viPjo
mayordomo que los tiempos felices
lit nube que refresca el mustio sembr1tdol Pues
en
que
la
veuta
del trigo pagaba al arcón de robien: y o traeré el agua
ble com,iderable tributo, habían pasado, y agopor canales, eea agua
que hoy se desperdicia taba todo su ingenio en probar que los arados de
y que es un tesoro que acero montados sobre ruedas, los mot ores de vanadie aprovecha. Des- por, las balas de algodón y otras patrailas que
pués haré venir má- traía en la cabeza el seilor Jorge, no valían Jo que
quinas y herramientas un s1:1co de trigo sembrado por un par de buPyes.
Svbre el ing.,t.iero muy especialmer. t e fu lminamodernas de agrlcul ban
10s rayos de su cólt,ra, 11quel ca bailen te que
tura y nuestros labriela pretensión de resol ver todo por númc1 os
gos sentados cómoda- tenía
y signos.
mente bajo quitasoles,
Un suceso vino á dar al traste con h escaea
guiando la pareja de
cordura
de Pliscu1:1l y á acrecentar sus odios.
caballos, no volverán
Cierta
m1.1nana en que el vifjo capataz prediá hollar la tierra calcaba
en
grupo
de trab, jadores contra las teorías
cin11da empuliando la
maLcera del tomo ara- descabelladas del amo, que acab11rian por 11rruido primitivo. Enton- nar á todos, presentós.e de improviso el i11!{euieces tendremos c11mpe- ro y dirigiéndu~e á P¿¡scual:
-Usted obrama1,senor mío, dijo, provocando
sinos fuertes, bien nuel
descontento y la desconfianza entre esta g ente.
tridos, inteligentes y
Yo
bien Eé que usted trabaja por su propia cuenlimpios, y el periódico
ta,
pue~to
que le será más d,ficil tr11g11r sacos de
y el cepillo de dientes
harán su aparición mi- algodón que de trigo; pero, amigo mío, h11 y que
lagrosa en la caba:lla! tener paciencia, al fin se agota la ub1 e. 01 eo que
ahora mf'jor ha1 fa usted explicando en 6U cAtedra
- ¡Bravo!-exclamó q?-e el nuevo prayecto significa prJsp ridad y
Ricoy-Ya me figuro bienestar para todos: trabajo moderado y bien
tu campo modelo sur- retribuido, casas higiénicas, venti11.1das y 11legres
cado por discos de ace- en vez de esos cubiles de paja que más parecen
ro y veo tus colonos, refugio de fieras que moradas de hombres civilipulcros y pe1 fumados, con las manos blancas y zadoe; escuelas para los bijos, y médico y botica
tersas, d iscutiendo en cultas y bi'3n parladas ra- Y hasta un capellán para que en la hora rnpr ema
zones sobre malvaceas y gramíneas.
suban libres de c ..dpa las almas de Orbaleja. En-Búrlate si quieres, repuso Jorge jovial, mas sene usted que la fuerza ciega, inconsciente, anino descodio áe CO'ltemplar tu pa~mo cuando mal, no alcanza nur.ca lo que logra el esfuerzo
0

)

�EL MUNDO.

98
racional y metódico; que no basta escarbar el seno de la madre tierra como los topos, y que esas
máquinas, ruedas y palancas hijas de esos números y signos de que usted abomina, ahorran fati gas y sudores sin cuenta y multiplican la producción del suelo.
El in¡reniero alej.5se dej,rndo APascual humillado v colérico. En su cerebro rudo de antiguo
soldado, bullían confui;as i deas de venganza. El
mayordomo, acostumbrado A ser oído allí como
un oráculo, sentíase herido en su amor propio, y
veía descubierta su rapacidad. Todo lo perdía,
fortuna y respetabilidad.
XI
Jorge dedicaba menos tiP.mpo á Marta, absorto en cálculos y trazos. Salía con frecuencia á
caballo acompafiando á Ri,:o y, y hasta hizo nuevos viajes A la ciuctad para conferenciar con su
padre.
Sin embargo Marta no parecía contrariada por
aquel desvío. Escuchaba con indiferencia las discusiones subre malvaceas, arenas y arcillas y
aceptabaellugar secundario á que había descendido.
Ya no tenía para Ju\iAn palabras duras ni burlas sangritntas; tratAbale, al parecer, con cierta
deferencia amistosa que no pasó inadvertida
para Jorge.
-Veo, le dijo éste un día, que el pobre JnliAn
h11. alcanzado misericordia. ¡Eree muy buena!
También Joliánhabía sufrido una metamorfosis.
Su pasión por Marta parecía extinguida; veíala A
todas horas, mas los arre batos, las tristezas, los
duelos de los primerod días había"l desaparE&gt;cido.
El mozo enfermo y neurótico entraba en una
nueva faz de existencia: la alegría .irradiaba en
sus ojos; sentíase ágil y fuerte, sediento de vida:
estaba curado. Ya no sufría aquelios arrebatos
contra Jorge, aceptaba :.u papel de servidor y
abdicaba su soberanía en manos del sefior legf.
timo. Sólo que ahora parecü esquivar la presencia de J orge, y cuando é.ste pronunciaba su nombre palid~cía y temblaba.
Pascual no acertaba A explicarse aquel cambio
inesperado, mas su pasmo subiódepunto, cuando
un día, al regresar del campo con su hijo, vió no
lejos, á Marta y áRicoy que del brazo se paseabau
solos engúlfados al parecer en sabrosisíma plática, á juzgar por la animación de los dos y las risas
alegres de la joven.
El viejo mostró á su hijo con un ademán la pareja, mas JuliAn ¡caso inaudito! conrormóse con
murmurar entre dientes:
-¡Bah!
Esto fué un rayo para Pascual; todo lo adivinaba: Jul:An despechado, herido al fin por las
burlas y desdenes de la joven, cedía el campo,
y el ingeniero, mAs hábil que su hijo, saltaba el
ageno cercado y á furto del duefio hincaba el
diente en aquella dulce y sabrosa poma. Estoera
bien claro. ¡Ah! ¡no podían fallar sus previsiones!
Mas ahora ya tenía su vengan za: su hijo humillado y vencido por aquella sefiora y veucido por
un mufl.eco de manos blancas y bigote rubio, tendría su desquite. Sobre los culpables velarían dos
0jos fijos y tenaces, y A su tiempo, en el instante
critico, é,, el mayordomo, el criado, el último, se
encargaría de alzar el telón para el drama.
XII
Los nuevos trabajos proseguían con acti vi•
dad, abríanse brechas y se limpiaba el terreno.
Jorge multiplicaba sus viajes, ya en busca de
obreros y herramientas, ya para informar á su
padre de los progresos de la empresa.
Durante estas ausencias Marta no parecía impaciente ni contrariada. Pascual ohservaba A la
j.:iven con una perseveranciq de gato; pesaba sus
sonrisas, acechaba sus pasos y espiaba sus miradas. Iba á la casa, en donde Ric0y residía también, con el objeto aparente de recibir órdenes
del ingeniero, mas en verdad A caza de algún indicio que confirmara sus sospechas.
Una tarde, vecina ya la noche, Pascual fué,
como siempre, en busca de Ricoy, mas halló cerrado el despacho del ingeniero. Jorge estaba
ausente y al mayordomo asaltóle la idea de pre•
sentarse de súbito en las ha hitaciones de Marta.
H allábanse en tinieblas; y a. próximo á la puerta
que daba entrada A la alcoba oyó risas y voc~s
contenidas; iba Pascual A penetrar en la estancia
resueltamente, cuando Marta, que sin du da ha•
bía oído sus pasos, sali0 presurosa á su encuen-

tro. El mayordomo, á pesar de la obscuridad que
reinaba, notó la turbación d e Marta.
- Sen.ora, dijo sin deseen cartarse, he venido
en busca del seilor Ricoy, mas no esté. en su des•
pacho y. . . . se me ocurrió .. . .
-.Aun no habré. regresado, repusu Marta, casi
trémula.
-En ese caso me retiro.
Y Pascual se marchó.
¡Ah! por fín tenía la certidumbre de aquella
intrigal Aun sin haber sorprendido aquel cuchicheo en la obscuridad del dormitorio, bastt ba el
azoramiento de la joven para delatarla. Tenía la
plena seguridad de que Ricoy se hallaba allí,
oculto tal vez tras las colgaduras del lecho, cuando él llegó ..... ¡Olll si el seflor Jorge apareciera de improviso una noche, sin que Badie se advirtiera de su llegada cr(yéndole en la ciudad,
es seguro que se verían cosas muy buenas!
Y el viejo reia á solas figurándose la sorpresa
de su amo y el espanto de los culpahles, mientras se dirigía á su casa satisfecho de ~u descubrimiento.
Entre tanto R icoy, ageno á las sospechas de
Pascual, regresaba tranquilamente del campo,
en donde aquel día un reconocimiento de nivel
habi8le detenido mAs tiempo del ordinario.
Marchaba á pie, solo, con la cabeza descubierta,
asp:ran do el perfume con que los campos saludan la noche, viendo surgir las estrellas como
chispas de oro, sobre el azul profundo y oyendo
el canto pausado de los grillos que callaban al
sentir el ruido de sus pasos.
XIII
Pasaron varios días.
Una mafiana en que Jorge, ya. de regreso, se
encontraba sentado en su deepacbo revisando
plan0s y apuntes, vió aparecer al mayordomo
que con cierto aire confuso le dijo:
-Seflor, deseo hablará solas con usted, ahora . .. ... si es posible, de un asunto tan reserva•
do, que he dudado mucho antes de resolverme á
este paso.
Jorge con mAs curiosidad que alarma, miró á
Pascual que permanecía de pie, indeciso y como
pesaroso.
-¿Qué pasa, pues? dijo. Suelta ese grave fardo
que te abroma .
- Es el caflo que estoy cierto de incurrir en el
enojo de mi am0 .... ,. Pero sien~c que mi seflor, el hijo de VultrAn, siga siendo el juguete de
sus amigos .. . .. .
-Habla claro, interrumpió Jorge con rudeza,
que entrevió de súbito la revelación que iba á
oír.
-¡Pues biPnl dijo Pascual, la seflorita Marta y
el cabdlero Ricoy se entienden .. . .
Jorge se puso densam:&gt;nte pAlido, mas, contra
lo que esperaba Pascual, mantúvose sereno.
-Es conveniente que sepas, dijo, que tus pa•
labras pueden traer serias consecuencias. Marta
no es mi esposa pero vive A mi lado, bajo mi techo, la amo, y por ella me he resignado á sepultar•
me en este destierro. En cuanto á León le conozco desde niño: pertenece á familia honorable, es
un completo caballero incapaz de faltar A la hospitalidad, al honor; incapaz, repito, de traicionarme. Recuerdo varios rasgos suyos que env:dio. Es un carácter. Si has juzgado de ligero,
guiado por apariencias ó por ex ceso de celo, reconoce tu error y te absolveré, mas si persistes ... . .. y te engallas, sabré castigarte.
-¡Tengo pruebas! ex clamó Pascual, y el seilor puede convencerse también fácilmente de
que sus . . . ... amigos saben aprovechar sus ausencias.
-Eso, en buen romance, quiere decir que
mientras yo me encuentro en la ciudad con mi
padre, Marta recibe á León .... ¿Eso dices?
-Casi estoy seguro, reapondió Pascual.
Jorge vaciló un momento, sintió que una ola
de fuego le cegaba, mas en breve se repuso y
prosiguió tranquilo casi.
-Pues no basta esa semiseguridad. Voy á
anunciar mi partida para esta tarde, y, por más
que me repugne el medio, vol veré A media noche y penetraré de improviso en esta casa. Quiero darte esta satisfacción .. .. .. á tí, que yo no
la necesito.
Pascual se inmutó.
,
- Deseo equivocarme, dijo, aun cuando sufra
el castigo.
- Tú me a compailarás. Recomiéndote el se•
creto.

Domingo 13 de Agost_o d~ 1899.
El mayordomo salió.
Entonces Jorge levantóse, echó llave A la puerta y se dejó caer sobre el sillón. JamAs ha bia
sospechado d~ Marta; la creía fiel y amant~. .Mas
ahora venían á su memoria multitud de peque•
tlos detalles á los que antes no dió importancia.
En ef¿cto. Marta no se apenaba ya por sus ausencias, le besaba friameote, con el pensamiento
muy distante, con la mirada vaga, vuelta hacia
adentr o, desligada de la suya .... . . ¡Ah! ¡no le
amaba ya!
Jorge que mieotras estuvo seguro de la posesión absoluta, exclusiva de su amada, llegó c11si
á olvidarla, ahora que se 1'~ iba, que sospechaba
de ella, sentía que su amor resucitaba, triunfan.
te, avasallador, incontrastable. ¡Sí, la amaba, la
adoraba, era suya, sólo suya, la disputaría con
su sangre! Recordaba sus noches ardientes de pasión, febriles, embriagadoras. La imagen de Marta aparecfasele núbil, desnuda, los labios sensuales y amorosos, los cabellos "áureos triunfill meote llevados sobre la gallarda cabeza, las carnes
blancas, tibias ..... .
¡Y otro hombre había bebido en a1uella á••fo.
ral otros ojos habían contemplado aquellas alburas! ¡otros labios habían desflorado aquellas gr11nael. . . .
¡No! ¡mentira! Si eso era imposible, mon truoso .. . . .. ¡Calumnia! ¡Calumnia!
Y Jorge arrojando al suelo, colérico, planos y
trazos de la futura Orbaleja, acariciados dur,.nte
tantos días, salió del aposento procurando reco•
brar la calma y se dirigió en busca de Mqrta.
La joven sentada en una chaisse-long~, contemplaba desde su balcón un punto fij" ,
Jorge cojióle la cabeza y la besó como en )os
primeros di1ts de su amor.
-Sabe, la dijo, que esta tarde me marcho; voy
á ver A mi padre.
Si en aquel momento Marta hubiera hecho el
menor esfuerzo para detenerle, Jorge habría renunciado A aquel.l a emboscada que repugnaba
á sucarActer leal; pero Marta se limitó á preguntar:
-¡.Volverás pronto?
Y Jorge creyó sorprender en la joven un estremecimiento de deseo, mientras sus ojos volvíanse á clavar en el árbol que sombreaba la
puert9, de Pascual.
Jorge siguió la línea de squel1a mirada. Bajo
el árbol, de pie, estaba un hombre.
Era Julián.
XIV
Cuando Pascual salió del despacho de J )rg•,
sintióse contrariado. Tal vez acabab'\ de cometer una torpe.:a; tenía mil indicios para sospechar de Marta y Ricoy, más ninguna prueba cla•
ra y precisa. Conjeturaba que viviendo los dos
amantes bajo el mismo techo, era natural que
aprovecharan las ausencias de Jorge para verse.
¿Mas si esto no sucedh aquella noche? ¿Si su
odio, su obsesión le habían hecho ver lo que en
realidad no existía? ¿Si todo al fío no pasaba
de un coqueteo inocente?
Pascual acabó por arrepentirse de veras de su
imprudente paso. No tenia más remedio que ape•
lar A la generosidad de Jorge que vería acaso en
su denuncia, como él mismo lo había dicbv, un
exceso de celo bien disculpable en un antig110 servidor.
Er ganchó el coéhe á la hora indicada y aguar•
dó A su amo.
Pocos momento11 después bajó Jorge acompa•
!lado de Leon.
- Con que te marchas, le dijo éste.
-Es preciso, pero regresaré muy pronto.
Jorge subió al coche y ordenó:
-¡Vamos!
.Al partir alzó los ojos al balcón. Esperaba aún
encontrar aquella cabeza ru"bia de otros días, in•
clinada, buscando su adiós.
Marta no estaba.
Entonces J orge, con el corazón o~·rimido re•
cordó la tarde en que por vez primera hablan
llegado A Orbaleja. ¡Con qué infantil alborozo
descubrieron en la llanura gris y escueta el blanco caserío!
¡Allí iban A vivir solos y felices ! ¡Qué frllail
es la dicha! Gozaba imaginando, mientras el co·
che rodab a por la polvosa carretera, que 1\farta
había muer to. Veíala muy blanca, muy pálida l.
la triste luz de los cirios e-e tarde brumosa, so·
bre alto l.:cho, con los ojos blandamente cerra·

uomtngo 13 de Agosto de 1899.

,dos, Ju manos en cruz y esparcidos los oros de
1 aa rubios cabellos ..... .
El sol iba ocultándose. En la llanura desierta
.apareció una manch11. con fosa de árboles queparecían suspendidos_ en Pl aire A 111. luz del crepús-eulo. Era la estación del ferrocarril; una simple parada de trenes.
Cuando los viajero11 lleg11.ron era de noche.
Las luces de sefia'les proyectaban sus rayos de
colores sobre las cintas de acero de la vía
-que ae prolongaban internándose en las tinieblas. El edificio de la estación alzaba su o bscura mole iluminada á trechos por la luz que se es-capaba por sus ventanas abiertas.
En las negruraP. del horizonte apareció un ojo
de fnego que crecia con asombrosa rapidez: era
un tren que se a cercaba.. Prolongado silbido que
devolvió el eco, turbó el silencio, y el monstruo
Jadeante surgió con su denso penacho de humo
como revueltas crines de dragón, salpicando de
brillante lluvfa de chispas el negro manto de la
noche,
Jorge descendió del vehículo. En aquel mo•
mento el tren llegaba, moderando su marcha. E!
Joven sintió impulsos de arrojarse bajo sus ruedas.
Jor~e penetró en la sala de espera y sentóse.
Había calculado que necesitaba. dejar trascurri:una hora antes de emprender el regreso A OrbaleJa.
¡Que larga ib'l á ser aquella espera! En pocas
horas; qué profnndu trastorno en su vida! Sufría
ia sensación de una caída inesperada, de un cho-que próximo y formidable, como si desprendido
de!ª barquilla de un globo y lanzado al vacío,
-divuara allá, en lo hondo de profunda cima la
roca erizada de aristas en que iría f .italmen~e A
-estrellarse.
Jor~e intentó sobreponerse A su dolor.
¡Cómo! él, educado en una grao capital, cono1'e~or de la inconstancia femenina, él que había
recibo y prodigado desengafl.os amorosos con esa
lige~eza fácil y de buen tono, amable y frívola, de
ilos Jóvenes calaveras y ricos, desesperábase como
un estudiante por la traición prevista de una muchacha vulgar! ¡Esto era ridículo! De tales aventuras, bien lo sabía él, era la infidelidad el desenJace obligado siempre. Se ha,bía dejado engafiar
por el candor de paloma de Marta. Era como todas: el recién llegado sería siempre el juguete
nu~v.o, p~eferido, de cascabeles de oro y colores
-de ma; mientras el antiguo, deslustrado sin brillo
tin misterios, como un Pierrot caduco,' se echa'.
ba al desván de los suetios, al olvido gastado y
~M~
,
Quíso entonces persuadirse á que lo que así le
atormentaba era el despecho por el ultraje recibido, no de la mujer, sino del camarada, del ami•

.go ..... .

Pero si esto era imposible! Cono~ía á León desde nifio; su r_ectitud, su honradez, su hidalguía
eran proverbiales; para un Ricoy la hospitalidad
era sagrado, como entre los antiguos patriarcas,
Y la amistad un culto ..... .
¡Pero entonces las afirmaciones terminantes de
Pucual, el desvío manifiesto de Marta su des-amor, ¿qué significaban?
'

EL MUNDO.

99

¿Qué tenebrosa verdad se revolvía en aquel
fondo negro, que en vano sondeaban sus ojos?

taciones del piso alto, Pascual se detuvo. Para
él sería mejor esperar el resultado á distancia, y
fué á sentarse en un ángulo del extenso patio so. .Éi -t~~~
bre un banco ele piedra.
cobrar su calma_. La noche tornábase pavorosa;
Jorge á medida que subía la escal~ra. recobranubes_ enor~es iban cubriendo el cielo y el relám- ba su aplomo; sereoóse casi. Después de todo se
pago 10term1tente incendiab11. el espacio.
había alarmado sin motivo. 11rras1rado por los re. Jorge trémulo, como si la tormenta próxima celos de un viejo idiota. ¡Qué locura!
vibrara en sus nervios, no esperó más. Volvió al
Cuando llegó al corredor; calJado y tranquilr,
coche y dijo á Pascual:
le pareció que ~odo babia sido un sue:llo. Estaba.
-¡Regresemos!
en su casa: Marta dormiría y su amigo, según su
XV
costumbre de velar largas horas, corregiría sus
cálculos sobre el plano de Orbaleja.
Habían llegado, La obscu-idAd era completa.
La noche ~eguía negra y tormentosa.
Jorge notó que su acom¡,11tian te, al abandoEl
olor de la tierra. humedecida prr las primena~ el coche, se echaba sobre el hombro su antiguo
ras gotas de lluvia llegaba en emanaciones penefn~ll de soldado que bttbfa traído oculto bajo el
trantes en 1tts ráfagas del viento. A la luz de los
asiento del pescante.
relAmp11gos surgian en la sombra los perfiles re-Será inutil, dijo.
motos de las montalias, mientras el trueno sordo
- ¡Quién lo sabe) repuso Pascual.
y constante retumbaba á lo lejos.
Cuaudo estuvieron frente á la. puerta principal
De súoito, por una de esas reaccio!les inexplide la casa, el mayordomo detuvo con u 11 i-.demAn
cables,
Jorge sintióse de nuevo acometido por
A Jorge que iba á llllmar.
la duda, y corriendo casi llegó á las habit11ciones de Marta.
.Ahora tenía la seguridad de su infortunio. Empujó una ouerta con violencia, cruzó la pieza,
Que servia de tocador Ala joven y penetró en el
dormitorio ..... .
Un grito de espanto resonó en la estancia.
-¡Es Jorge!
Jorge quedó inmóvil: era tras el vértigo de la
caída el anonadamiento del choque.
. Tuvo 1&gt;1. visión coofusr. y rl\pida en la obscurid11d de la alcoba, de un hombre que se lanzaba
d~l lecho, que se erguía, vacilaba y por fin derribAndole C!l.qi a l apartarle, ganaba la salid11..
Lll sorpresa del desastre paralizó por un mom&lt; nto sus energías.
Después precipitóse al alcance de aquel hombre; llegó al corredor, mas era tarde, el fugitivo
hab[&gt;1. desaparecido.
En aquel momento fulminó una detonación de
arma de fuego.
Jorge bajó la escalera á saltos y alcanzó en el
patio á Pascual que empufiaba aún su fusil.
-¡En dónde está! gritó.
-¡No lo sél exclamó Pascual agitado. Entreví
apenas al hombre que corría tratando de alcanzar la salida del postigo y disparé al bulto en la
obscuridad ... . .. ¡Creo que no acerté!
--¡Qué pasal-exclamó una voz, mientras la
luz de una lámpara suspendida en alto alcmbraba de improviso el negro fondo del patio.
Los dos hombres alzaron la cabeza sor- rendi~~
'
En lo alto de la escalera el ingeniero León Ricoy, de pie, con el asombro pintado en la fttz,
-Se alarmarían con nuestra llegada, dijo.-Las acabAba de aparecer.
Pascual como herido por una revelación súbitapias del corral son baj11s, puedo salvarlas y
ta, espantosa, abrió los ojos desmesurados, se
abrir el postigo pequefio que cierra por dentro.
Doblaron entonces el Angulo del edificio y avan- llevó las manos A la cabeza y tambaleándose como un loco, lanzóse en la dirección que había.
zaron un largo trecho palpando el maro.
De pr onto se detuvieron soq.. rendidos. El pos- llevado el fugitivo.
. Despué_s un grito formidable, sollozo, rugido,
tigo estaba abierto.
-Ha sido un descuido, dijo Pascual, una casua- imprecación, que salía de las sombras resonó en
la noche trágica.
'
lidad que nos ayuda.
-¡He matado á mi hijo!
-Entremos, repaso Jorge impaciente.
Al pié de la escalera que conducía á las babiURELA.

-h~bí¡ p~¿~d~; ·.;. ¡~ ·¡s~~~ió~ ~~¡;ió A-r~:
0

�Domingo 13 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

100

Dom1ngc 13 Agosto de 1899

portal de la casa Hermelingue, dela11te de una man-

LOS DIAi DE .ADVERSIDAD.

Todas las mal'ianas del afio, á las ocho en punto, en
una casa nueva y casi deshabitada de cierto barrio
de Paris, se ofan gritos, llamadas y estrepitosas risas
en el hueco de la escalera.
-Papá, no olvides la música que te he encargado.
-Papá, el estambre para bordar.....
-Papá, traenos rosquillas ....
Y la voz del padre llamando desde abajo:
- Zazá, bájame la cartera ..... .

- V aya, bueno; siempre
la estás olvidando...... .
Y era de ver el estrépito
con que subían y bajaban,
con las sel'iales del suel'io
en la cara y los cabellos en
desorden, unas cuantas nii'ias cuya algazara no cesaba hasta el momento en
que, inclinadassobre la barandilla, despedían ruidosamente á un anciano, limpio y bitm cuidado, cuya
silueta veían dE"saparecer
al final de la escalera.
E l Sr. Joyeusesemarchaba á su oficina. Entonces
todas aquellasml'ias subían
rápidamente basta el cuarto piso, y después de cerrar de golpe la puerta de
la habitación, se asomaban á 'Jna ventana para mirar
otra vez á su padre. El buen hombre se volvía de
cuando en cuando para verlas de nuevo, les enviaba
besos con la mano y las nlflas hacían lo mismo, hasta
que por fin la ventanasecerraba, y todo en aquella vivienda recuperaba su estado normal, con excepción de
los carteles y anuncios de las tiendas vecinas, á los
que el viento hacía dan~ar de un lado para otro, co~o
si ellos quisieran también tomar parte en la alegria
y la algazara de aquella casa.
Un momento después el Sr. Maianne, fotógrafo,
que ocupaba el quinto piso, bajaba para colocar en el
portal su muestrario, compuesto, como siempre, d~l
retrato del vecino del cuarto piso, rodeado de sus hijas, forD1ando diversos grupos; y después de estas escenas que se repiten diariamente, la calma se restablecí~ de repente hasta la noche, pareciendo que todo
aquel movimiento y aquella vida habían quedado encerrados bajo los cristales del muestrario, que contenía, sonrientes é im:~óviles, los retratos del padre
y de las hijas.
Desde la calle de San Fernando, hasta la casa de
banca He1•11.elinque é hijo, en donde estaba empleado,
el Sr. Joyeuse tenía por lo menos que andar durante
tres cuartos de h'.lra. Marchaba con la cabeza muy
erguida, como si temiera arrugar el hermoso lazo de
la corbata, hecho por sus hijas; y como la mayor de
ellas, siempre previsora y prudente, le_ levantab~ en
el momento de salir el cuello de la levita para evitar
que se constipara, aun con una temperatura de estufa, el Sr. Joyeuse no lo bajaba hasta llegar á su oficina.
Viudo hacía unos cuantos ai'ios, este buen hombre
no vivía más que para sus hijas, que eran su único
pensamiento, y se sentía feliz vién_dose r~deado por
aquellas cabecitas rubias que se agitaban s10 cesar en
su derredor como los ángeles en un cuadro de la
Asunción. Todos sus deseos; todos sus proyectos, se
relacionaban siempre con las hermosas nil'ias.
Como sucede siempre en las familias que han gozado de cierto bienestar pecuniario, Aliua, que era la
mayor, había sido educada en uno de los colegios de
París. Elisa estuvo también dos al'ios con su hermana, pero las dos má!I pequelias, nacidas demasiado
tarde y cuando los apuros entraron en la.casa, fueron
enviadas á uno de los colegios del barrio, en el
que poco aprendieron, teniendo, por lo tanto, que
completar á domicilio su educación. Y no era
cosa fácil en verdad, pues la más joven se reía de to-

do, rebosando salud y alegría; parPcía una alondra,
siempre en moviuiiento y huyendo á todas h?ias del
pupitre y de los libros, mientras que 1~ se:ñonta Enriqueta imbuida no se sabe cómo en ideas de grandeza, n~ gustaba mucho de estudiar. Est~ nili_a
de quince aflos, dotada de grandes facultades imaginativas, arreglaba su vida de antemano y declaraba
formalmente que se casaría con un joven aristócrat.a,
y que tendría tres hijos, un varon para conservar el
título, y dos amas pata vestir siempre ig~ales ... • • •
Si 1 eso es, decía la mamila, las vestirás iguales; pero mientras tanto, veamos si sabes lo que son participios:
La mamita era Aa11a.
-La !Jamábamos as1 cuando era pequeñita, decía
el Sr.Joyeuse, porque con su gorrita enca:ñonada y su
autoridad de hermana mayor, era tan razonable Y se
parecía tanto á su abuela, que se quedó con aquel
nomtre.
El buen viejo daba esta explicación con un tono
tal, que parecía la cosa más natural del ~undo que
ese nombre se diese á tan encantadora Juventud.
Y todos en la casa discurrían de igual modo que el
Sr. Joyeuse, pues hast.a la anciana criada llamaba
mamita á la joven, sin que ésta jamás se sintiese
molestada por ello, toda vez que la influencia de nombre tan venerable, añ-¡día á la ternura que la prodigaban, una deferencia alhagadora, dar:do al mismo
tiempo á su autoridad ideal cierto seductor realce.
Y de seguro que no se aburría. Su vida era una
continua ocup&lt;tción, que com~nzaba con el alba y
concluía hasta la noche; tenia qne alentar y sostener
á su padre, instruirá sus hermanas, ocuparse en todos los cuidados materiales de aquella casa, en la
que faltaba la madre, siendo infatigable siempre,
pero sin aparentar cansancio, cosa muy en armonía,
por cierto, con el egoísmo humano, que de este modo
se libra de todo reconocimiento y que, come contrario á todo sacrificio, apenas se deja vencer por la abnegación y el heroísmo.
.
No era la hija valerosa que trabaja para ahmentar
á sus padres, y que, corriendo desde por la mañana
hasta la noche dando lecciones, olvida en la a~itación
de su vida todos los sinsabores del hogar doméstico,
no; Alina comprendió que debía obrar de diferente
modo; cual abeja sedentaria, se aplicó á cuidar únicamente de su colmena, sin ocuparse para nada del
aire y de las flores. Llenaba mil funciones á un tiempo; modista, costurera, maestra de música, ~stltutriz y tenedora de libros, pues el sefior J oyeuse, rncapaz
de dirigir su casa, la dejaba la libre disposición de
los recursos.

'

Entre sus discípulas, la que más ocLipación le daba
era su hermana Elisa, que habiendo sido reprobada
tres veces en los exámenes de historia, se preparaba
de nuevo, •Y llena de desconfianza y de miedo, no
abandonaba el libro ni aun para comer. Pero no siendo ya una pequeñuela, sino antes bien, una joven muy
linda en verdad, no poseía la memoria mecánica de
la niñez, en la que las fechas y los acontecimientos se
graban para toda la vida. Entre mil preocupaciones,
la lección aprendida se olvidaba en un minuto, á pesar de la aparente aplicación de la alumna, que con

do ~einte veces por delante de una puerta sin entrar.
~ _s1 entraba era aguijoneado por el recuerdo de sus
-Siempre me sucede lo mismo, se dijo sonriendo h1¡as. Eeto sólo era suficiente para darle ánimo, hapasándose la mano por la frente, cubierta de su- ciéndole correr de un extremo á otro de Paris y lle1
der.
gar hasta Aubervilliers, á una gran fábrica donde le
Sentíase de buen humor por tan gratísimos pensa- hicieron ir tres días seguidos para no conseguir
mientos y por el suave ca~or que se advertía en las nada.
diversas piezas de las oficmas entarimadas, enreja¡Oh! Las largas carreras con las lluvias y las heladas y en las que se podían contar las monedas de das, las puertas que se cierran, el principal que ha
oro'sin que molestasen la vista, gracias á la escasa salido ó que está ocupado, las esperanzas perdidas, el
luz que babia en ellas por estar en piso bajo. El se- fastidio que se sufre aguardando en una antesala,
flor Joyeuse saludó alegremente á los demás emplea- les humillaciones reservadas para todo aquel que busdos se puso su saco de trabajo y su gorro de ter- ca tra.:,ajo, como si fuera una vergüenza carecer de
ciopelo negro. De repente SP. dejó oír un silbido, y el él, son cosas, en verdad, desesperantes, y el Sr. Jocajero, aplicando su oí?~ al tubo ~cústico oyó la voz yeuse experimentó todos estos sufrimientos, así cogruesa y pastosa del v1eJo Hermehngue, del mismísi- · mo el fenómeno de ver como las buenas voluntades
mo, del verdadero Hermelingue (el hijo estaba siem- se cansan y descorazonan ante la persistencia de la
pre ausente), que preguntaba por el sel'ior Joyeuse. mala suerte. Y estas an~ustias del hombre que bus¡Cómo! ¿Continuaba so:ñando? El buen h0mbre, en ca ocupación, se duplicaron para aquel pobre padre,
extremo conmovido, subió la escalerilla interior que cuya imaginación no tenía un instante de reposo.
comunicaba con el despacho del banquero, pieza esDurante todo un mes se pareció á una de esas figutrecha, muy alta de techo y amueblada cun enormes ras de movimiento que causan la alegría de los niños;
amones de cuero proporcionados á la espantosa gor- hablaba solo y gesticulaba andando por las calles,
dura &lt;!el jefe de la casa.
tropeziindo con -los transeuntes sin verlos siquiera;
Estaba allí, sentado delante de su pupitre, al que algunos se reían, pero otrGs se sentían llenos de piesu enorme vientre le impedía aproximarse; obeso, dad hacia aquel pobre anciano, poseído, sin duda, de
respirando con trabajo y tan amarillo que su faz re- una idea fija que le cegaba hasta el punto de no sadonda, con narlr. de ave de rapiña, parecía la de un ber- por dónde se andaba. Lo peor del caso era, que
buho gordo y enfermo á un tiempo, ó la de un mer- después de esas largas y crueles horas de fatiga,
cader moro, enmohecido por la humedad del patio en cuando el desdichado h ombre volvía á su casa, era
que tiene su hedionda mercancía. Debajo de sus pár- preciso que representara el papel de un empleado que
pados, que levantó con trabajo, su mirada brilló un regresa de su trabajo, que contara los acontecimienInstante cuando el cajero entró: le hizo señas para tos del día, las cosas que había oído á sus compañeque se acercase, y lenta y fríamente, con palabras ros de oficina; en fin, esas mil nimiedades que entreentrecortadas por la falta de aliento, en vez de «Sr. tenían la velada.
Joyeuse, ¿cuántas hijas tenéis?&gt; dijo:
En todas las casas y familias sencillas hay siem-Joyeuse, os habéis permitido censurar nuestras pre un nombre que se pronucia más á menudo que
1Utlmas operaciones en Túnez. Es !nútil que os los demás, que se invoca en los momentos aciagos,
disculpéis. Vuestras palabras han sido repetidas tex- que se me2.cla con todos los deseos, que alimenta totualmente, y como no me place ser censurado por mis das las esperanzas y hasta va unido á los juegos de
empleados, os advie1 to que desde fines de este mes los niños, quienes también se penetran de su impordejáis de formar parte de mi casa.
tancia; un nombre que representa el papel de segunUna oleada de sangre subió á la cara del desgra- da providencia, ó más bien dP. un Dios las que diridado cajero, que se fué, volvió y revolvió sin saber lo ge todo en la casa. Ese nombre es el del principal,
que hacía, pues su cerebro se llenaba de tumultuo- del director de una fábrica, del propietario, del mi808 pensamientos.
nistro, del hombre cualquiera que sea que úiene en
¡Sus hijas!
su mano poderosa la existencia y la felicidad del
¿Qué iba á ser de ellas?
hogar.
En la familia Joyeuse era Hermelingue, siempre
¡Las colocaciones son ta11 raras en esta época del
Hermelingue, el nombre que se pronunciaba veinte
afio!
La miseria se le representó en seguida, y se veces al día en la conversación de las nii'ias, quienes
veía ya desgraciado, cayendo á los piés de Her- le asociaban el! todos sus proyectos y hasta á los más
mellngue, suplicándole, amenazándole y hasta co- minuciosos detalles de sui, femeninas ambiciones. 1:Si
giéndole por la garganta en un acceso de dese1,pe- Hermelingue quisiera ...... Todo depende de Herración y de ira. Todas estas impresiones ;.asaron por melingue. &gt;
Nada era más encantador que la familiaridad que
su cara como el viento que riza las aguas de un lago,
dejando en él muchos abismos movibles, pero el po- usaban nuestras muchachas hablando de aquel ricabre viejo se quedó mudo, de pie en el mismo sitio, y chón á quien jamás habían vi1&gt;to.
PregunLaban por él ...... Si su padre l~ había hacuando oyó que su principal le decía que podía retiblado, si tenía buén humor. . . . . . ¡Y pensar que torarse, bajó tambaleándose á trabajar en su caja.
Por la noche, al volverá su casa, el sefior Joyeuse dos, por humildes y agobiados que nos veamos por
nada dijo á sus hijas. No se atrevió. La idea de el destino, tenemos en inferior esfP.ra á otros pobres
entristecer la radiante alegría que reinaba en su ho- seres más humildes y más agobiados aún, para los
gar, ver llenarse de lágrimas los lindos ojos de sus cuales somos grandes, somos dioses, y para quienes
queridas niñas le p:i.reció insufrible, y además su ca- aparecemos indiferentes, desdefio~os y crueles! ..... .
Pueden figurarse nuestros lectores el suplicio que
rácter tímido y débil le empujaba ádecirse: «Esperemos hasta maliana.&gt; Esperó, pues, para hablar, pri- sufría el buen señor Joyeuse, obligado á inventar
mero á que acabase el mes de Noviembre, halagán- episodios y anécdotas sob,e el miserable que le había
dose con la vana esperanza de que Hermelingue mu- despedido con tanta ferocidad después de diez afias
daría de parecer, como si no con0ciera la voluntad de leales servicios; sin embargo, representaba su
firme y tenaz de aquel ser, especie de molusco; y lue- pequeña comedia con tanta naturalidad, que engago, cuando cobró su sueldo y vió que otro cajero se ñaba á todos. Sus hijas no notaron más que una cosa,
sentó delante del alto pupitre que babfa ocupado tan- y es que, cuando vol vía á S'G casa por la noche, coto tiempo, palpó la realidad y se resignó, esperando mía siempre con gran apetito. ¡Era natural; desde
encontrar pronto otro empleo que le permitiera no que perdió su colocación el pobre hombre no almorzaba por la mañana!
tener que confesar su desgracia.
Los dfas pasaban, y el selior Joyeuse no encontraTodas laJ! mafianas fingía irse á la oficina, se dejaba arreglar como siemp1e, partía. llevando su gran ba nada, como no fuera una colocación en la Ca-ia Tecartera de piel debaj(l del brazo, conteniendo lo:, nu- rritorial, que rehusó porque, estando muy al corrienmerosos encargos ,que le hac:ían sus hijas, pero que . te de las operaciones de banca en general, y en partiolvidaba á propósito en su mayor parte, no porque cular de la mencionada Caja, prefería morirse de
le fal~se tiempo, pues pasábase todas las horas de hambre á entrar en una casa falaz, de la que tal vez
traba¡o recorriendo Paris, sino á causa del problemá- tuviera que examinar como perito los libros ante los
tico fin_ de mes. No dejaba de andar en busca de una Tribunales.
colocac1ón, y si bien le daban excelentes recomendaContinuó, pues, corr!endo; pero lleno de desalienciones, ese terrible mes de Diciembre tan frío, de to, no buscaba ya nada. Como para que sus hijas no
días tan cortos, lleno de preo1.mpaciones y de gastos, se enterasen de su desgracia t enía precisión de pai.ar
es el peor para colocarse, porque los empleados, y el día fuera de su casa, se paraba delante de los escatambién los jefes de oficinas, procuran concluir el parates ó se apoyaba en el pre~il de los puentes miano con t~anquilidad, dejando para Enero los cam- rando correr e l agua ó descargar las barcas en los
~08 Y meJoras que piensan introducir. Por todas par- muelles. Estaba ya clasificado en el número de desoe~ donde el señor Joyeuse se presentaba, adver- cupados que se encuentran en primera fila cuando sutfa cierta f rialdad desde el momento en que roanífes- cede algún percance en la calle, que se resguardan
taba el objeto de su visita.
.
de los chubascos debajo de los portales, que se acer-¡Hombrel ¿No estáis ya en casa de Hermelingue? can para calentarse á cualquier lumbre que ven huCó
¿ mo es eso?
mear en la vía pública ó se dejan caer en uno de los
El pobre anciano expl:caba la cosa lo mejor que boulevares al sentirse fatigados. 1Qué pesada se le
podía. Un capricho de su principal, de ese feroz ban- iba haciendo ya la vida! ....
ludelrto á quien todo París conocía; pero notaba mucha
Algunos días, no muchos, cuando el Sr. Joyeuse
n erencla y hasta cierta desconfianza en esta res- estaba por demás cansado ó el tiempo era demasiado
Puesta uniforme:
malo, esperaba en la es:¡uina á que sus niñas cerra..,T -Volved por aquí después de las fiestas de Afio sen la ventana, y volviendo á su casa arrimado á la
.1.,uevo.
pared, subía la escalera muy aprisa, pasaba, deteu!totímido por carácter, hubiera llegado hasta el niendo el aliento, por delante de la puerta de su
P
de no presentarse ya en ninguna parte, pasan- cuarto y se refugiaba en casa del fotógrafo Andrés

para, en la que se leía «Caja&gt; en letrus doradas.

Lf\ Ff\MILlf\ JOYBUSB.
los ojos fijos en el texto, Jc,s. rubios ri~os rozando laa.
páginas y su linda boca moviéndose srn cesar, repetía: «Luis, llamado el Testarudo, 1314- 1316.-Fellpe v, el Largo, 1316- 1:!21 .... 1322.. . . ¡Ah! mamita, estoy perdida. J~más lo sabré.&gt;
,
Entonces la mamita se acercaba, la ayudaba á fiJarsu espíritu y á conservar en su memoria algunas de
estas fechas de la Edad Media, dándole al mismo.
tiempo alientos y valor.
, .
.
y en los intervalos de aquellos mult1ples trabaJos.
y de una vigilancia general y constante, hallabasiempre tiempo para ejecutar muy lindas labores, sacando
de alguna canastilla un bonito encaje de crochet, ó
aJc-ún bordado en cafiamazo, pues aunque estuviese
hablando, nun;a se veían ociosas sus infatigables manos.
Mientras tanto, el padre de nuestras niilas iba i .
su oficina constantemente; pero influido por el cariño de sus preciosas hijitas, más que en las ocup~lo•
nes de caja, pensaba en ellas y formaba de contmuo.
miles de proyectos, relacionados todos con la futura.
prosperidad de sus adorados ángeles.
Su imaginación, siempre activa, le hacía divagar muchas veces, ddndo á su fisonomía una expresión calenturienta que hacía contraste con su correcta apariencia de empleado.
¡Y cómo caminaba su fantasía y crecían sus ilusiones!
Una mafiana, Labiendo dejado su casa á la hora y
en las circunstancias de costumbre, empezó, después.
de volver la esquina de la calle de San Fernando, á.
forjar una de sus frecuentes novelas íntimas. Seacercaba el fin del afio, y tal vez la vista de algún
puesto de esos que se improvisan en la vía pública,
le hizo pensar en el afio nuevo y en los aguinaldOll..
En seguida la palabra gratificaci6n se presentó á sa
espíritu, dando pá?ulo á sus quiméricas ilusiones.
En el mes de Diciembre, los empleados del ban•
quera Hermelingue recibían doble sueldo, y es cosa
sabida que en casa de los empleados, esto sirve debase para mil pre'lcupaciones másó menos ag,adables,
tales como regalos que hay que hacer, muebles qu&amp;
renovar, ó bien guardar alguna cantidad en el fondo.
del cajón para casos imprevistos. ,
El sefior Joyeuse, habiendo perdido una pequelia.
fortuna, no estaba sobrado de dinero, y aun cuando.
la mamita llevaba el timón de la casa con mucha cordura, no habían podido hacer ninguna economía. El
buen nombre se figuró que en el afio presente la gratificación había de ser mayo,·, á causa del aumentode trabajo que ocasionaba un empréstito tunecino,
que constituía un magnífico negocio para sus principales, y tan bueno, que nuestro cajero habíase permitido decir en la oficina que la casa Hermelingue 6híjo, habío. trasquilado demasiado á los turcos .. ..
- Sí; seguramente la gratificación será doble, pensaba el pobre hombre prosiguiendo su c.i.mino.
Y se figuraba ya estar, no obstante faltar todavía
un mes, subiendo con sus compalieros para la visita..
de año nuevo, la escalerilla que conducía al despacho
del banquerq; que éste les anunciaba la buena nueva,
y que luego le detenía á él para hablarle en particular, y no obstante ser habitualmente tan frío, se volvía a!ectuoso, paternal, hasta comunicativo, y l&amp;
preguntaba cuántas hijas tenía.
-Tengo tres .... no, me equivoco; cuatro, sefior
barón. Siempre me confundo. La mayor es tan razonable ....
-Querría también saber su edad.
-Alina tiene veinte años, señor barón. Es la ma•
yor . ... luego viene Elisa, que se prepara para s1J
examen, de dieciocho afias. . . Enriqv.eta cuenta ya
catorce, y Zazá doce.
Ese nombre de Zazá divertía mucho al señor barón, que quería conocer todos los recursos de aquella
interesante familia.
-No tenemos más que mi sueldo, sei'ior barón; no
contamos con otra cos:1.. Tenía algún dinero ahorra•
do; pero la enfermedad de mi muJer y los estudiosd&amp;
las nli'ias . ...
-Lo que ganáis no basta, mi buen Joyeuse ...
Aumento vuestro sueldo en mil pesetas mensuales.
-¡Oh, sefior barón! es demasiado.
Nuestro buen hombre, dijo estas últimas palabras.
en alta voz casi al oído de un guardia, que miró con
desconfianza á aquel hombrecillo que gesticulaba Y
hablaba solo; pero el pobre sofiador ne volvió á la
realidad, sino que continuó edificando sus casiiillo:1 eD
el aire, considerando cómo llegaba á su casa y anun•
ciaba á sus hijitas la feliz nueva, llevándolas después.
al teatro para festejar aquel dichoso día. ¡DloiJ mío,
y qué hermosas eran las selioritas Joyeuse, qué ra·
millete tan lozano formaban en la delantera de su,
pal0ol Luego, al día siguiente, le pedían las dos ma•
yores para casarse con.. . . Imposible le fué averl·
guar con quién, pues en aquel instante se halló en

e•

EL MUNDO.

101

•

Maranne que, estando al corriente de su infortunio,
le acogía con la compasión que todo desdichado siente para sus iguales El l::ir. Joyeuse permanecía muchas horas en el taller de su vecino, hablando en voz
baja, leyendo, ó mirando caer la lluvia encima de los
tejad:,s. Debajo de él oía á veces la risa de sus nifias,
la lección de música que daba la mamita, el tic-tac
del metrónomo, en una palabra, todos aquellos ruidos que le alegraban el corazón.
El cándido Maranne le distraía hablando de sus
esperanzas, pues trabajaba para el teatro y nadie en
la casa nueva dudaba del futuro éxito. La fotografía
prometía escasos beneficios, pues los clientes eran
muy pocos, y los que pasaban por la calle no iban
dispuestos á retratarse; pero el joven Audrés con los
inagotables recursos de su imaginación, explicaba sin
amargura la indiferencia del público, unas veces diciendo que la estación no era favorable, otras que todo el mundo se quejaba del mal estado de los negocios, y concluía siempre con estas consoladoras palabras:
- ¡Ah! Cuando consiga que pongan en escena mi
Revuelta!
Re1JUelta era. el título de una comedia suya, en 'l_Ue
trabajaba hacía seis meses de día y de noche, y que
le había hecho sufrir con paciencia los fríos del invierno, bien rudos por cierto. Allí, en su estrecho
taller, 1,e le aparecían tudas los personajes de su obra
y se creía transportado á la sala de un teatro lleno
de luz y con todo el lujo de las decoraciones; oía el
tum_ulto glorioso de su p_rimera representación, y la
lluvia que azotaba los cnstales, el viento que silbaba, las maderas de las ventanas pegando contra la
pared, se le figuraban los aplausos de los espectadores. Y no era sólo gloria y dinero lo que esperaba de
esa bienaventurada comedia, sino otra cosa rrlás preciosa aún, una coisa de la que no se atrevía á hablar
toda.vía al padre de familia, pero que mamita sabía
y la seliorita Elisa no Ignoraba.
'
Cierto día, durante la ausencia de Andrés, el sefior Joyeuse, estando solo en el taller, O.)'Ó dos golpecit?s dados en el techo del piso cuarto, dos golpes con
un mterval~ muy i!istl_ntos. La intimidad del fotógrafo
con ous vecrnos autorizaba aquellas comunicaciones·
ma~ ¿qué significaba? ¿Cómo responderá aquella es:
pec1e de llamada? Pero el cesante ~epitió los go,pes
al azar, y todo quedó después en silencio.
C_uando el fotógrafo volvió á su casa explicó á su
vec100 aquel hecho de la manera más 1,encilla, diciéndole que algunas v~ces, durante el día, las nii'ias, que
no veían nunca al Joven hasta la noche, se informaban de si tenía trabajo, y aquellos golpes querían decir: «:¿Cómo andan los negocios hoy?&gt; A lo que el
señor Joyeuse había contestado sin saberlo: «No del
todo mal.&gt;
Aun cuando Maranne se puso muy encarnado al
dar semejante explicación, el buen anciano lo -:.reyó
sin la menor duda; pero la idea de esas comunicaciones frecuentes entre las dos casas le diü miedo
en cuanto al secreto de Ru situación, y desde enton.
ces se abstuvo de lo que él llamaba «sus días artísticos.&gt;
De día en día sus angustias crecían pareciendo
ahogarle, porque el momento crítico se acercaba en
que no podría disimular más, pues el fin de mes llegaba juntamente con el fin de año.
Paris iba tomando ya su fisonomía característica
de las últimas semanas de Diciembre única fiesta
nacional que ha conservado hasta aho~a el respeto á
la conmemoración del Año N uevo.
Desde los primeros días de este mes una infinidad
de nii'ios se desbanda por toda la ciudad viéndose por
doquier carros llenos de tambores dor~dos, caballos
de madera y Juguetes de todas clases. En los barrios
industriosos, en todos los pisos de las casas de aquellos antiguos palacios del Marais, tan altos de techo

�_ Domingo l 3_Agosto de 1899

EL MUNDO.

DomlnJ¡'O 13 de Agosto de 1899.
EL MUNDO.
102
y con magestuosas puertas de dos hojas, es mucha. la
gente que se pasa las noches manejando gasas, flores
y lentejuelas; poniendo rótulos sobre bojas de papel

satinado y e@.COgiendo, marcando, embalando aquella
variedad de juguetes á los que París da el sello de su
eleJlancia.

Luego los ef;caparates se adornan; detrl\s de los
grandes cristales se admiran los doraCos adornos de
los libros de aguinaldos amontonados y brillando á
1a. luz del gas, las telas de colores variados y tentadores arregladas con arte por la!-'i llndi-1S jóvenes dependientes de los almacenes, mientras que otras, artísticamente peinadas y coquetamente ataviadas,
llenan saquitos con bombones, que caen dentro como
una lluvia de perlas.
Pero, enfrente de ese comercio burgués, resguardado detrrui de aquellos ricod e8caparates, se instala
la industria im¡,rovisada de esas barracas de tablas,
cuya doble fila da al boulevard el &amp;€pecto de un vasto campo de feria, y allí es donde se desarrolla el
verdadero Interés y la poesía de los ag-ulnaldos.
Por lo regular, el seilor Joyeuse formaba parte de
ese tropel de gente que circula por entre dichos puestos con dinero en los bolstllos y paquetes en las manos. Corría de un lado á otro en companfa de la mamita, buscando los regalos para las demás, y se detenta
delante de aquellos comerciantes de ocasión que se
conmueven en presencia de un comprador y que, no
teniendo costumbre de vender, creP.n realiz~r en unos
cuantos días ganancias extraordinarias. ¡ Y sun de
oír los coloquios y reflexio;.3es que se entablan entre
unos y otros!
Aquelailo ¡ay! nadasucederfa. El pobres~f'lor vagaba melancólicamente por la ciudad llena de regc.cijo,
más triste y descorazonado viendo la actividad que
le rodeaba, tropezando como todos los que impiden
la circulación de las gentes activas, y cun el corazón
lleno de una continua angustil.1., pues bacía algunos
días que en la mesa, mamita bacía alusionP:s significativas á propósito de los aguinaldos. Así es que el
anciano huía cuanto podía de encontrarse á solas con
ella, y la prohibió terminantemente que fuera á buscarle á la oficina. Pero, á pesar de todos sus esfuerzos se acercaba la hora fatal en que el mister~o se
haría Imposible y en que su pesado secreto stría descubierto.
Una noche la familia Joyeuse se hallaba reunida
en la salita, en que babia dos magníficos sillones, muchas labores de crochet, un plano, dos lámparas cár•
cel con sus pantallas verdes y un estante de figuritas
y caprichos de porcelana.
La verdadera famllla se balla entre los humildes.
Por economía no se encendía más que un ruego en
toda la casa y una sola luz, alrededor de la cual todos se agrupaban detrás de su antigua pantalla, que
representaba escenas nocturnas sembradas de puntos
luminosos que fueron otros anos la admiración y la
alegría de todas aquellas muchacbas en su niíiez.
Destacándose dulcemente entre las sombras de la
habitación cuatro cabezas jóvenes, rubias unas y morenas otras, que se tnc11naban sonrientes ó aplicadas
á su labor debajo de la luz, que parecía alimentar
la llama de sus miradas y acrecentar la brillantez
de su juventud debajo de sus tersas trentes; abrigándolas, preservándolas del frío que bacía fuera de
aquel santuario, de los fantasmas, de los engai.los,
de las miserias y de los terrores, de todo lo que hay
de siniestro, en fin, en una noche de invierno part.
siense en el fondo ,de un barrio desierto, ó poco menos.
Así reunida en una plececita en los altos de la casa deshabitada, en una atmósfera templada, én un
interior bien cuidado y confortable, la familia Jo-

...

algo cortado. El recién llegado explicó, sin embargo,
con mucho.claridad, el motivo de su visita. Iba recomendado por el anciano Passajon, amigo del senur
J oye use, para que éste le pusiera al corriente de hl
contabilidad, pues un conocido suyo estaba compro.
metido en un negocio en comandita, que no acertaba
á examinar. El jovenqueril\ servir ásu amigo enterl\11..
dose del empleo de los capitales y de la rectitud d•
las operaciones; pero era abogado, y por lo tanto se
hallaba poco al corriente de las operaciones financie..
ras, y, en consecuenc1a, deseaba preguntar al sellar
Joyem,e ¡;;f no podría, durante algunos meses, dirl~
tres ó cuatro lecciones á la i,emana
-Si, senor, si ...... murmmaba el infeliz, atur..
dido por tan inesperada suerte. Me encargo de pone.
ros perr.ectamente apto en pocos meses para quepodáis llevar dichas cuentas. ¡Adónde tengo que Ir ,
dar la lecclón1
-Aquí, si lo tenéis á bien, respondió el joven,
pues me conviene que nadie se entere de que meoou..
po en este trabajo. Solamente seotirfa mucbo que
cada vez que venga sucediera lo que esta noche, ea
decir, que todo el mundo huya cuando llegue yo.
En efecto, á las primeras frases pronunciadas por
el joven, las cuatrc mucbacbas habfan desaparecido,
charlando en voz baja, dejando vacía y triste la salita,
tan alegre antes.
Siempre muy desconfist.do cuando se trataba de 808
bijas, el buen padre contestó que sus nli'ias ten(an
por costumbre recogerse temprano, y esto rué dicho
con un tono tal, q ne signi flcaba claramente: cOs ruego que hablemos de nuestras lecciones.&gt; Y se trató
entonces de los días y de las horas útiles de la DO•
yeusE. parecía vivir en un nido en la cima de un árbol cbe.
En cuantoá.lascondiciones, el anciano las dejaba,
muy elevado. Se cosfa, se lt'fa y se conversaba. Los la decisión del alumno.
únicos ruidos que se oian eran el chisporroteo de la
El joven fijó una cantidad.
Jei'ia en la chimenea, ó alguna exclamación del paEl senor Juyeuse se puso muy encarnado; aquella
dre, algo retirado del círculo y como perdido en la suma era lo que ganaba en casa del senor Hermesombra ocultando su ansiedad. Se figuraba que, hallándose ya ea la nec~idad absoluta de confesará sus llngue.
-¡Oh! no, exclamó; es demasiado.
bijas su apurada situación, aqueJla noche, ó á más
Pero el joven no le oía ya; buscaba un medio, abría
tardar al día siguiente, la Provldenc!a le enviaría un la boca para hablar y se detenía como si tu viera que
socorro inesperado. Es fácil, se decia, que Herme- decir algo muy ditfcil de pronunciar, y, por fin, de
língue, a.rrepeotido, me mande, como á todos los que pronto, alargándole la mano:
han trabajado en el empréstito tunecino, su gratifi-He aquí, dijo, el primer mes de vuestros hono•
cación de Diciembre. 8erá un elegante lacayo quien
rarios.
la traiga y diga: e De parte del señor barón.&gt; Como
-Pero, caballero ..... .
el Infeliz soflador dijo estas palabras en alta voz, las
Mas el discípulo insistió diciendo que no tenl a el
lindas caras de sus otila,, se volvieron riendo hacia honor de ser conocido, y que, por consiguiente, er,
él, y el desgraciado vol vló de pronto á la realidad.
justo que pagase adelantado. El señor Joyeuse co w1Ohl 1Cu1n pesaroso estaba de no baberlo conlesado prendtó que Passajon había enterado al joven de
antes, pues tenía ahora que destruir de repente la su precaria situación, y dijo á media voz y muy contranquilidad que reinaba á su alredepor, encontrán..
dose sin fuerzas para conservar y para defender la fe- movido:
-¡Gracias, oh, mil gracias!
licidad de su lamillal Y delante del lindo grupo tan
Ya tenía para vi vlr algunos meses, y con tiempo
alegre y seductor, se veía acosado por remordimien- para buscar un nuevo empleo, sus hijitas no carecetos tan punzantes para su alma débil, que su secreto rían de nada y podría comprarles los tandeseadosagul·
. iba á escapársele, cuando un campaniJlazo, nada qui¡Ob Providencial
mérico, hizo estremecer á todos y detuvo el secreto, caldos.
-Pues bien; hasta el miércoles, sei'ior Joyeuse.
pronto á ser divulgado.
-l rasta el miércoles, señor ... •. . .
¿Quién podía llegará tales horas? Vivían tan ais-De Géry. Pablo de Géry.
lados desde la muerte de la madre, que no visitaban
Y ambos se separaron, encantados, deslumbrados,
á nadie. Cuando Andrés Marenne venía á pasar un
uno por la Inesperada aparición de aquel sal'\"f:Ldor,
rato en su compafiia, llamaba familiarmente con la el
el
e~ro
el admira.ble cuadro, que apenas había tnmano, como aquellos para quienes la pu~rtaestái;;iem- t~ensto,porformado
por toda aquella juventud te mepre abierta. On profundo silencio reinó en la salita moa agrupa.da alrededor
mesa cubierta de llmientras que en la puerta del cuarW se oia una ani- bros1 cuadernos, madejas,dey la
que tenía tal aire de pu•
mada convesaclón, y por fin la anch,na criarla hizo
entrar á un joven completamente desconocido, que reza y de honradez 1 que bacfa. desear \'ivlr en aqutl
se detuvo admirado en la puerta, delante del lindo tranquilo hogar.
ALFONSO DA UDET.
cuadro que formaban las uiñas alredE':dor de la mesa,
lo que fué causa de que se presentara con timidez y

;~,"
- -=-.....:...

-.-

-.-·::::~½::'

--·

EN EL PARQUE.

�Domingo 13 de Agosto de 1899.

=

EL MUNDO.

104

Domingo 13 de Agosto de 1899.

Las ejecuciones recientes me traen á. la memo•
ria !a siguiente hii.toria:
.
Aquella noche, 5 de Junio de 1864. á las siete,
el Doctor Edmond Desiré Couty de La Pomm?·
rais, recientement~ trasladado de l_a C.:.nsergen~
á la Roquette, estaba sentado, meudo en la cam1•
sa de fuerza en la celda de los condenados á
muerte.
.
..
ªl
Taciturno, con los OJOS fiJos, se acodaba e~l ~
reFpaldo de su ~illa; una bujía sobre la mesa i U·
ml·oaba la pali'dez de su rostro frío. A dos pasos

.

un guardián, de pie, pegado al muro, lo observa•
ba con los brazos cruzados.
.
Ordinariamente los prisionerose_on obhgados á
un trabajo cotidiano, de cuvo salar10_descuent~ el
administrador desde luego, el precio del ataud,
que no le _sumini~tra: Sólo l?s condenados á.
muerte no tienen mrgun trab··JO.
.
El prisionero esta b ~ i~pasible, no se leia en
su mirada ni esperenza m temvr,
.
Treinta y cuatro ailos, moren~, de med_iana
estatura, las sienes canosas, la mirada ne~v1osa,
semivelada, frente de razonador, 1~ voz f~rme Y
breve, las manos sa.turnianas, la f1sonomia nor1 d e las gentes estrechamente correctas, las
ma
maneras de una distinción estud'iad a¡ asi. era co•
mv aparecía.
(Se recuerda que en las sesiones e.el Sena, no
habiendo podido borrar el d~fensor.-~. _Lacbaud-de la concienci:l de los Jurados, e, ~nple
t fecto producido por los del:&gt;at~s! la~ conclusiones
del Doctor Mardieu y la reqms~toria de ~ - Osallée M. de La Pommerais, co11venc1do de
car de •V
'
f.
'd
haber administrado, con un m _to_rci. o Y con
premeditación, dosis mortales dedlgitalma á u~a
seilora amiga suya-la seilora d~ P~mo, babia
oído pronunciar contra él, en aplicación de los
arts. 301 y 302 dt,l Código Penal, la pena de
muerte).
. •
b
·
Aquella noche, como de Jum_o, ign~ra a aun
la negación del recurso de casación,. as1 c~~o la
repulsa de toda audiencia ~e gracia solicitada
or sus parientes. Apenas si su dtfensor, má.s fe·
iiz había sido escuchado distraídamente por el
E~perador. El venerable abate Cr~ze~, que an•
tes de cada ejecución, agotaba sus suplicas en las
Tullerías había vuelto sin respuesta. Conmutar
la pena de muerte en semejantes casos, ¿n_o era
aomo abolirla? ¿El easo era eje~plar? Habien_d?
sido rechazado e! recurso y debiendo se~ not1fi.
cadodeun momento á otro, el Sr, Hendre1ch acabRba de ser requerido para q11e entregara al condenado el 9 á. las cinco de la mailana.
.
Súbitamente un ruido de culatas de fusil sonó
sobre las baldosas del corredor; la ~erra.dura re•
chinó pesadamente, la puerta se abnó, las bayo-

~-ªº ,

*
**
Velpeau aquel año entraba en
los sesenta. En el apogeo de su renombre, heredero del sillón de Larrey en el Instituto, primer Profe•
sor de clínica de París, y por ous
obras todas de un rigor de de•
ducción tan preciso, una de ~as
lumbreras de la ciencia patológica
alltual, el ameritado práctico s~ im•
ponía ya como una de las emmen•
cias del siglo.
Dspués de un frio. momento de
silencie-.
- Sefl.or, dijo, entre médicos. se
debe evitar inútiles condolencias.
Por otra parte, una afección de la
próstata (dela qu e seguramente debo morir dentro de dos ailos ó dos
y medio) me coloca también con a_l.
gunos meses de plazo entre el DU·
mero de los condenados á muerte.
A los hechos pues, y sin preámbul~s..
. .
-Entonces, según vos, doctor, m1 situaciónJU·
dicial es .... desesperante?
-Eso se cree, respondió sencillamente Velpeau.
-¿Se ha fijado mi hora?
-Lo ignoro, pero como na_da se ha convenido
Púo á vuestro respecto, podéis seguramente contar con algunos días.
La Pommerais pasó sobre su frente fría la
manga de su camisa de fuerza.
_ Sea estaré dispuesto. Lo estaba ya, y lo
' será lo meJor.
.
má.s pronto
-NO habiendo sido rechazado vuestro recura~,
por ahora al menos, repuso Velpeau, la pro~o.sición que os voy á hacer no es má.s q~e co~d1c10 ·
nal. Si tenéis buena suerte, tanto meJor. Si no ....
El gran cirujano se detuvo.
-¿Si no? pregu ntó la Pommerais.
Velpeau, sin responc.er,
sacó de su bolsa un pequefto estuche, lo abrió, sacó
la lanceta, y rasgando la
camisola en el puilo izquierdo apoyó el corte en
el pulso del condenado,
-Seftor de La Pomme•
rais &lt;lijo, vuestro pulso me
rev;la una sangre fría , una
firmeza rara. La diligencia
que cumplo cerca de vos (y
que debe man~enerse secre•
ta ) tiene por º?j~to una especie de ofrecimiento qu~,
aunque dirigido á. un médico de vuestra energía, á un
espíritu templado en las
convicciones positivas de
nuestra ciencia, y desprovisto de todo temor fantá.stico de
muerte, p~dría parecer de una extravagancia y una _decisión criminales. P&amp;o creo que sabemos quiénes
somos y espero que lo toméis e? consi~eración
por extrall.o que os parezca á. primera vista.

!ª

hoque como la simple lesión de las vértebras
c 8 pr~du~e la insensibilidad atéxicq¡ y luego,
separ11ción misma de la cabeza, la cisión de
espina dorsal, la interrupción de las relaciones
orgénicas entre el corazón Y_ el_ eerebro, no bastaría A paraJizqr en lo más mtlmo del ser huml\no toda sensación, aun vaga, ~e dolor? Impoi¡ible, inadmisible, y vos lo sabéis tanto como yo.
-Lo espero al menos más que vos, seftor, respondió La Pommerl\i~. ~ero, n_o es en realidad un
gr11nde y rápido sufrimiento fJSico (apen.1s concebible en el desarrollo sensorial y velozmente
abogado por la invt1sora ascendencia de la muer•
te) no es eso, digo, lo que temo, sino otra cosa.
-Tratad de formularlo, dijo Velpeau.
-Escuchad, murmuró La Pommerais, después
de un silencio; en di-finitiva los óreanos de la
memoria y de la voluntad (si están circunseritos
en el hombre en los mismcs lóbulos que hemos
comprobado en ...... el perro, por ejemplo,) esto!' órganos, digo, son respetados por el paso del
cuebillo.
Hemos rechazado ya demasiado equívocos
precedentes, tan inquietantes como incompren&amp;ibles para que me deje persuadir tan fácilmente
de Ja inconsciencia de un decapitado. Según las
leyendas, ¿cuántas cabezas, in terpelad11s, han
vnello su mirada hacia quien las interpelaba?
¡,memoria de los nervios? ¿movimientos reflejbs?
Vanas pnla bras.
¿Ot acordáis de la c11 beza de aquel marinero
qu6 en la clítica de Brest, nna hora y cuarto
de,pués de la degollación, cortaba en dos. con
un movimiento de mandíbulas-tal vez voluntario-un lápiz colocado entre ellas? Para no escoger més que este ejemplo, entre mil, la cuestión
&amp;Prfa aquí saber si es ó no el yo de este hombre
el que después de la cesl\ción dfl la hematosis
impresionó los músculos de su c11bflz11. exangüe.
-El yo está en el conjunto, dijo Velpeau.
-La médula espinal es la prolongación del cerebelo, respondió La Pommer11is, y siendo 11sí,
¿dónde está el conjunto sensitivo? ¿Quién podrá
revelarlo? Antes de ocho días, ciertamente yo lo
h•bré aprendido . . . . y olvidado.
-De vos d epende tal vez que la humanidad
sepa la verliad sobre el caso, respondió lenta•
mente Velpeau. los ojos sobre los ojos de su in•
terlocutor .... Y hablemos francamente, á. esto
,18 1\ lo qu11 he venido.
• He sido enviado ante vos, por una comisión de
nuestros més eminentes colegas de la Facultad de
P11rís, y mirad mi pase del Emperador. Contiene
podtrts suficientementó extens-:&gt;s para prorrogar
en caso ni:cesario la orden misma de vuestra ejee11eión.
-Explicaos, porque no os comprendo, respondió La Pommerais turbado.
-Sellor de Li Pommerais, en nombre de la
Cieneill 4ue nos es tan cara y que no cuenta ya
entr11 nosotros con mértires magnénimos, vengo,
(en l!i hipó:esis, p1ir1t mí más que dudosa, de que
f11er!l praetic¡¡ ble alguna experiencia convenida
entre nosotroP) á recl,1m11r de todo vuestro ser
la mayor suma de energía y de intrepidez que
Be pneda esperar de la especie humana. Si vuest~o recurso de gracia es rechazado, encontr1uéis,
siendo médico, un asunto interesante en esta su•
prema operación. Vuestro concurso, sería pues
1neatimable en una tentativa de comunicación,
aquí. Ciertamente, por grande que sea nuestra
buena vol.untad, todo parece afirmar de antemano el resultado negativo; pero en f in, con vos,
(siempre en la hipótesis de que esta experiencia
Do sea absurda en principio) ofrece und probabilidad sobre diez mil de derramar una luz milagrosa, por decirlo así, en la Fisiología moderna, La ocasión, pues, debe aprovech, rse desde
l11ego,_ y en el caso de un signo de inteligencia
Victoriosamente cambiado des pué¡ de la ejecución, dejaríais un nombre cuya gloria científica
borraría para siempre el recuerdo de vuestra fal-

q:fa

E,L, SEORETO DEL Of\Df\L,80.
net11s brillaban en la penumbra y el Dire~ter de
la Roquette, el sefl.or Beauques~e_, apareció sobre
el umbral acompailado de un visitante
El sellor de La Pommerais, levantando la ca?~·
za, reconoció á. la primer ojeada, en aquel visi·
tante al cirujano Armand Velpeau. .
.
A una seilal desapareció el guardiá.n Y retirado
á su vez el seil,r Beauquesne. después de una
da resent11ción, los dos colegas queda.ro~ de
mu t p los de pie en frente uno de otro y vién·
pron
nose f1Jamente.
.
·1
.
eña·
La Pommerais, en s1 encio, s
·
ló al Doctor su propia silla Y en se•
guida fué á sentarse en ese cam~s\
tro donde los que llegan á. dormir•
se sondespertados á la vida en ID?·
dio de un sobresalto. Como se._v?1 ª
apenas se aproximo el gran cll_mco
al enfermo para observarlo meJory
poder piaticar en voz baja.

EL MUNDO.

73

- Contad con toda mi atención, seilor, respondió La Pommerais. .
.
l
,
.
. de Jgnorar, repui.o Ve peau, que
-Estéis 1eJOS
•
d la r
de las más interesantes cuesu_ones ~
I•
u_na .
d rna es saber si persiste algun dess10logia mo e .
de r eflexión de sensibilidad
tello de ml emorbirao, del hombre después de la sec,
real en e cere
ción de la cabeza.
d
A esta salida inesperada el condena o se estremeció, pero luego, repor1ándose:
.
-Cuando entrasteis, doctor, respondió, estaba.
·ustamente muy preocupado
este problema,
~oblemente interesante para mi por _otra Pª:te~
-¿Está.is al corriente de los trabaJos escr~tos
sobre estB cuestión, desde los de Soenumermg,
Sire, Sedillot y Bechat, hasta loll modernos?
-Y hasta he asistido á una de vues~ras_ ~átedras de disección de los restos dfl ur: ~Justlc~ado.
-Ah! A los hechos entonce~. ¿Te~é~s ~ociones
exactas, desde el punto de vista qmrurg1co, sobre la guillotina?
La Porumerais, viendo fijamente á Velpet u►
respondió fria.mente:
-No, seftor.
-Yo he estudiado hoy escrupulosamentP. el
aparato, continuó sin inmutarse el ~octor VelpeAu y doy testimcnio de que es un mstrumento
perfecto.
Obrando á la vez el puilal-cuchillo como r.u.fta,
como hoz y como masa, corta en bisel el c uP-11~
del paciente en un tercio de segundo. E l decapi•
tado bajo el choque de este ¡?olpe fulgurante no
puede pues sentir ningún dolor, como no lo ex•
perimenta el soldado cuando en el campo de batalla le arranca un l'razo .la bala de caftón. La
sensación por falta de tiempo es nula y obscura.
Quizá baya dolor: quedan dos llagas v iva~.
¿No es Julia• Fontenelle la que. dando sus moll•
vos, pregunta si esta misma velocida_d n~ tiene
consecuenciBs más dolorosas que la eJecución con
sable ó con hacha?
- Berard bastó para desprestigiar esta ilusión,
respondió Velpeau.
Para mí ten go la convicción basada en cien
experiencias y en mis observaciones particula,
res que la seceión instantán_ea . d~ la cabeza pro•
duce inmediatamente en el mdividuo el desvane•
cimiento anestésico más absoluto.
El solo síncope provocado por la pérdida d&amp;
los cuatro ó ciuco litros de sangre que salen de
los vasos (Y frecuentemente con una proyección
circular de un metro de diámetro) bastaría para.
serenará l os más tímidos á. este respecto.
En cuanto á los sobresaltos inconscientes
de la máquina carnal, súbitamente detenid a en
su procesus no constituyen un indicio de sufri•
miento, como la agitación de una pierna cortada, por ejemplo, cuyos músculos y nervios Eecontraen pero por la que no se sufre. Digo que
aquí la fiebre nervio,;a de la incertidumbre, la
solemnidad de los preparativos fatales y el sobresalto del despertar matinal son lo más efecti•

Pº:

"---- ...

)

vo del pretendido sufrimiento. No pudiendo serla amputación m!ls que imperceptible, el dolorreal no puede ser má.s que imaginario. ¡Bah! un
golpe así sobre la cabeza no solamente no se sier•
te sino que no deja ninguna conciencia de 1 u.

,.

105

cuchillo yo estaré allí, yo, de pie, frente á vos,
contra la máquina. Tan velozmente como sea
posible vuestra cabeza pasará de manos del verdugo A las mías. Y entonces, no pudiendo ser seria y concluyente la experiencia sino en razón de
su misma sencillez, úS gritaré muy distintamen•
te al oído: Seilor Conty de La Pommerais, en recuerdo de nuestro pacto durante la vida, podéis
en este momento bajar tres veces consecutivas el
párpado de vuestro ojo derecho, manteniendo
abierto el izquierdo. Si en este momento, cualesquiera que sean las demás contracciones fdcia- ·
les, podéis por estos tres parpadeos indi~arme que
me habéis oído y con;prendido y probérmelo im_p resionando así por un acto de memoria y de voluntad permanente vuestro músculo parpebral,
vuestro nervio gomático y ,uestra conjuntiva,
domina.ando así todo el horror, todo el impulso
de las otras impresiones de vuestro ser, este he cho será. bastante á iluminará la ciencia y revolucionar nuestras convicciones. Y yo sabré, no lo
dudéis, notificulo de tal modo, que en el por•
venir vuestra memoria no sea la de un criminal
sino la de un héroe.
A estas insólitas palabras, el seftor de La Pommerais pareció presa de una. emoción tan profunda, que, con las pupilas dilatadas y fijas dobre el
cirujano, permaneció durante un minuto silencioso y como petrificado. Despué3, sin decir pala•
bra, se levantó, dió algunos pasos, pensativo, y
luego sacudiendo tristemente la cabeza:
-La horrible violencia del golpe ·me quitará.
teda conciencia. Realizar esto, me parece un hecho fuera de todo querer, de todo esfuerzo humano. dijo. Se sabe, por otra parte, que las pro•
babilidade11 de vitalidad:no son iguales para to•los
los guillotinados. Sin embargo, volved, !'efior,
la mafl.lrna de la ejecución. Os responderé si me
presto ó no á. esta tentativa, á la vez espantosa,
· rebelde é ilusoria, si no cuento con vuestra discreción, no es cierto que dejaréis sangrar mi cabeza tranquilamente en la. bandija da estailo que
la recibirá?
-Hastl\ la vista, pues, seilor de La Pommerais, dijo Velpeaulevantándose también. Rdlexiont1d,
Los dos se saludaron.
Un instante despué.,, el doctor Velpeau abandonaba la celda¡ el guardián entraba y el condenado se tendía, resignado, en su lecho de campo
para dormir ó sollar.

Cuatro días des¡més, á las cinc,., y media de la
mafl.aoa, el seilor Beauquerne, el abate Crozes, el
seilor Claudio y el seilor Potier, escribano de la
corte imperial, entraban en la celda. Despertado
el seftor de La Pommerais con la nuevB de la hora
fatal, se levantó muy pálido, y se vistió rii pida.mente. Despuéil conversó diez minutos con el
ab11te Crozes, cuyas visitas habfa acogido muy
bien (se sabe que el santo sacerdotti estaba dotado de esa unción de vidente que hace dulce la
última hora) y mego, viendo llegar al doctor Vel-

Allá, detrásdelos árboles, se oían los vagos rumores de la multitud, enervada por la vlg11ia Sobre los techos de las tabernas y en las ventana¡¡
se asomaban en compaflía de tristes vestidos negros, algunas cortesanas lívidas, ajadas, cubiertas por sedería&amp; vistosas, teriendo aún en la mano
una botella de champ11gne. En el aire matinb l V.J·
laban las golondrinas.
Sola, llenando el espacio y limitando el cielo,
la guíllotina parecía prolorgar sobre el horizonte la sombra de sus dos brazos levantados, en tre
los que allá, muy !ejes, en el 1;1znl del a!ba, se veía
cintilar la última estrella.
A este aspecto funerario el condenadc se ex•
tremeció, pero luego avaPzó resueltamente. Subió los escalones. Ya el cuchillo triangular brillaba sobre el negro bastidor, velando la estrellB.
Ante la plancha fatal. después dt l crucifijo be-ó
un bucle de sus propios cabellos levantado durante la toilette por el abat~ Crozes que le tocó
con él los labios: Por ella, dijo.
Las siluetas de los cinco personajes se des ta ban
sobre el cadalso: el silencio. en este instante se
hizo tan profundo que el ruido de una rama quebrada á. lo l&lt;jos bajo el peso de un curioso, llt'gó
con el grito y algunas vagas y pérfidas ris!ls, hasta el grupo trá.g-ico. Entonces como sona rn la
hora cuyo úl1imo toque no debía cír el seflor de
La Pommerais vió frente á. él á un extr11ilo experimentadcr que con una mano sobre la p lata·
forma lo veía. Se recogió un segundo y cerró los
ojos.
Bruscamente foneionó la. báscula, se abatió la
argolla, cedió el botón y pa, ó el relámpago del
cuchillo. Un cheque terrible sacudió la pli,t8fJrma; los cabellcs se enea britaron al olur m ·~ gnético de la sangre y el eco del ruido vibraba 11ún
cuando la cabeza ensangrentada de la v ictima
palpitaba ya en las manos impabibles dt1l cirujano
de París, enroj~ciendole los dedos, las mangas
y los vestidos.
Era una cabeza sombría, horriblemente b!aoca,
de ojos abiertos y como distraídos, de cejas torcidas y rictus cri ipad0¡ los dientes castailetea bao ¡
la barba había üdo iuteresada en la extrem i dad
del maxilar inferior.
·
Velpeau se inclinó rápidamente sobre aquella
cabeza, y artieuló en la oreja izquierda la pregunta convenida. Por sereno que fuera este hombre el resultado le hizo temblar con una especie
de terror frío: el pá1-pado del ojo clerecho se ce1·ró;
el ojo izquiei·do abierto, lo miraba.
-En nombre de Dios mismo y de nuestro ¡e~,
dos veces más ese aigno, gritó algo extraviado.
Las pestaftas se separaron como por un e,fuerzo interno, pero el párpado no se levantó ya. El
· rostro de !!egundo en segundo se hacía rígido,
frío, inmóvil. Todo había terminado.

pea111

-He trabajado, dijo. Ved.
Y durante la lectura de la sentencia, mantuvo
cerrado su párpado derecho, mirando fijamente
al cirujano con el ojo izquierdo.
Velpeau se inclinó profundamente, y luego
volviéudose hacia el seftor Hendreich, q1:1e entraba con sus auxiliares, cambió violentamente con
el verdugo un signo de inteligencia.
La toilette fué rápida: se observó que el fenómeno de los eabellos que se emblanqueeen bajo
las tijeras, no se produjo. Una carta de despedida de su mujer leída en voz baja por el sacerdo.
te mt•jó sus ojos con lágrimas, que el abate
enjugó piadosamente con el pedazo levantado del
escote de la camisa. Una vez de pie, y echada la
levita scbre sus espaldas, se aflojaron las cadeta social.
nas en sus pollos. Despué3 rehusó el vaso de
-¡Ahl murmuró La Pommerais lív ifo, pe- 1Jguardiente y la escolta se puso en marcha en el
ro C&gt;n una sonrisa resuelta, 1ahl comienzo á corredor. Al llegar al portal, y encontrando á
eomprend11r. De hecho, los suplicios han revela - su colega:
-Hasta la vista, le dijo muy bajo, y adiós.
do Ya el fenómeno de la digestión, nos dice Mi;helot. Pero .... ¿de qué naturaleza sería vuesLas pesadas hojas de fierro se abrieron y ro~• experiencia? ¿sacudidas galvánicas? ¿incita- daron a nte él.
e~onea del ciliar? ¿inyecciones de sangre arte•
El viento de la maftana entró en la prisión,
riali' Tod~ poco concluyente.
ama necía; la gran plaza se extendía á lo lejos,
-Creo inútil decir que inmediatamente des- franjeada p or un doble cordón de caballería, enPlléa de la ejecución, vuestros restos irá.o á re- frente, á diez pasos, en un semicírculo de genJiosar en paz y que ninguno de nuestros escal• darmes á. caballo, cuyos sables resonaron á su
Pelos os tocará, dijo Velpeau. No. Pero al caer el aparición, surgía el cadalso.

B1 Doctor Velpeau entregó la cabeza muerta á
Hendreich, que abriendo el cesto, la colocó según
costumbre entre las piernas del tronco ya inerte.
El gran cirujano se lavó las manos en uno de
los cubos destinados al lavado, ya comenzado de
la máquina. En torno suyo pasaba la multitud
.
. reconocerlo. Se secó después en'
pensauva,
sm
silencio.
Y luego, con pasos lentos, con la frente meditabunda y grave se dirigió á su carruaje que lo esperaba en el An~ulo de la ¡:,risiór. Al subir vió
e l furgóa judici11.l que se alejaba al tro te hacia Montparnasse.
CONDE VILLIE RS DE L ' ISLE A D&gt;. M.

�momingo 13 de Agosto de 1899.
EL MUNDO.

106

A
Miedo me da el pensar lo que en mí siento,
y por eso en sus males, importuno,
sólo sabe ir á tí mi pensamiento.
Por tus renglones, que besé nno á uno,
ya sé que están en nuestra llumilde casa,
todos muy bien, aunque fJliz ninguno.
Que arrastren, como yo, su dicha escasa
con católica fe, con pecho f.ierte;
que la vida es cruel, mas pronto pasa.
Y sufriendo por Dios, tendrán 1~ suerte
de vivir esa v!da de alegría,
que no muere en el día de la muerte.
¿Quieres saber mi hi,toria, madre mía?
¡Ay! ü el saberla yo me da tormento,
el contártela á tí, ¿qué me darfa?
De un pesar que no espera es mi lamento,
por eso hoy busca tu materno lado,
maniático de tí, mi pensamiento.
Del hijo más que r.ddos desdichado,
abre tu corazón á sus gemidos,
por la vida tan triste que le has dado.

MI

::s

MADRE.

Al fijar tus pupilas en las mías,
como es la voz del alma tu mirada,
¡qué de cosas, callando, me decías!
Ya mi mente en tu e,píritu filtrada,
dejaré deslizarse mi existencia
en tu augusta belleza vinculada.

De tanto ser cc,mo encontré perjuro,
ya dejo hasta el recuerdo, que maldigo,
por tu amor siempre grande y siempre puro.

Año VI-Tomo IC

Desde este día á tu mejor amigo
ya no le importa oscuridad ó gloria,
gusto ó pesar, sufriéndolo contigo.

México, Domingo .zo de Agosto
· de 1899.

Tú sola en mi dolor me das paciencia,
pues siempre con tu imagen me acompaiias,
confidente leal de mi conciencia.
Tú de luz pura el pensamiento baiias,
la infernal lobreguez trocando en cielo,
del hijo, antes feliz, de tus entralias.
Pueda hoy contigo desahogar mi duelo,
pues sabe bien tu natural tristeza
que el placer de llorar es gran consuelo.
Turbios mis ojos, blanca mi cabeza,
perdí con la esperanza la energía,
y ya basta tengo de vivir pereza.
Fué tan larga y terrible mi agonía,
que por tu hermosa senectud te juro
que, á no vivirme tú, me momoriría.

Pensando en goces, para siempre huidos,
mi mano sofocando la agonía,
dtil corazón retiene los latidos.
¡Cuánto recuerdo ahora, m'\dre mía,
aquel dulce mirar con que afrentabas
al sol de otolio al acabar;ie el día!
¡Cuántas dichas entonces me augurabas,
mientras viendo nacer mis sentimientos,
con el alma en los ojoa me mirabas!
L

Y aunque las dichas se volvieron cuentos,
¡cómo, en recuerdo de tan bello3 días,
hoy te besan los piés mis pensamientos!
Del alma, que consagro á tu mem~ria,
presto lo3 males curará la muerte,
desenlace final de toda historia.
Y nntes la edad, más que las penas, fuerte,
me dará poco á poco ese desvío,
que la t•üteza en hábito convierte.

~

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~

-

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~

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1'

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'.,,:::;--,

-~

l

~

- -··

1

Buitre de l11s pasiones, el hastío
con sordo bfán mi corazón devora,
y el pecho se me queja A pesar mío.
Mas así iré viviendo hora tras hora
basta que ponga fin á mi existencia
aquel Dios que es más Dios del ser que llora.
_Y querrá, en su hondad, la Providencia,
mientras llega ese fin, dar á mi mente
la angustia que se abisma en la paciencia.
;,Recuerdas la tersura de mi frente?
¡Oh, qué ¡ay! darías sus arrugas viendo,
de esos que dais las madres solamente!
Mas concluyo esta carta, porque entiend o
que lo mismo que á mí cuando te escribo,
te se caerán l11s lágrimas leyendo.

\

· No llores, madre mía, pues concibo
que es pagar con un ¡ay! con mucho exceso
1a ruin parte de vida que ahora vivo.

~---.~
\

¡Cuánto lloras mi mal! A cuenta de eso,
para estampar en tu anchurosa frente,
además de otros mil, te guardo un beso.

·.

~

Dame tu bendición, que ye impaciente
a darte voy cuanto tu amor desea,
que es la ansia eterna de tenerme enfrente.
Y si Dios no permite que te vea
de mi vida los últimos alientos '
besos serán que te daré en idea.
Desde que hallé insufribles mis tormentes,
cuantas horas los días han tenido,
tuve yo para tí de pensami,mtos.
Adiós, mi santo amor; tú ~iempre has sido
el ángel para mí de las mujeres·
recuer?a sin cesar que no te ol;ido,
Y escnbeme á menudo que me quieres.
R AMÓN DE CAMPOAM0R,

EL

CA:NTO..

Número 8

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>., .

~

..,

[)omtngo 23 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

12
antes, y que estaba oculto entre el tango de la playa,
con los cabellos grises pegados al rostro y cubiertos
de arena y de conchas.
Sintió un estremecimiento en el corazón; pero ya
los lacayos se babia.o llevado los platos haciendo des•
aparecer los restos del enorme pez, y en tanto que
senían otra cnsa, los elegaotei- y trholos invitados
seguían su conversación. Ya el hambre se babia aplacado y esto lo., animaba; bablabancon másabandono, sonreían y sus rrnses eran deliciosas.
El huésped silencioso sintió una tristeza infinita
porque en su Imaginación de sonador surgía la 1epresentación viva y dolorosa de todos 10.-, trabajos y penalidades que son necesarios para crear el bienestar
de los escogidos.
Para que éstos pudiesen llevar un frac delgado en
pleno Diciembre y para que RUS mujeres Luvlesen los
brazos y el cuello dest1Udos, el col,irítero saturaba lahabitacióncon el calor de una mailanade primavera. Pero
de dónde procede el calor:' El condenado del pafs ne•
gro, el obrero subterráneo que vive en el Jnflerno de
las mtnas extrajo el combustible. Qué blanca, qué
fresca es la piel de esa joven que o:,tenta victoriosamente su cuello que emerge del corpiílo de seda.
Quién ba tegtdo esa seda? La araña humana de Lyon,
el obrero siempre inclinado aobre su eterna labor.
Luce la dama elegante dos perlas admirables de opalina transparencia, y casi esféricas. La perla que tragó Cleopatra después de hacerla disol ,er en vinagre,
y que no vaHa menos de diez mil ,;extercios, no era
más pura. ;. Y sabe ladl\ma elegante que allá en Cey•
lán, en los bancos perlíferos de Arlppo los Indios de
la Compailía penetran á doce brazas de profundidad
heroicamente, con un ple en el peAAdo estribo que
los arrastra al fondo, y un cncbillo en la mano lz•
quierda para defenderse de los tiburone:.?
¿Qué relación puede haber entre todas estas elegancias y todos estos retinam ientos y el obrero tenebro•
so que escarva á cincuenta p1és bajo tierra, y el Li?je•
do~ deformado que trabaja ante la máquina, y el sal•
va3e que se arroJa al mar y á veces lo enrojece con su
sangre? ¿Por qué pensará uno en cosas tan tristes y
tan feas? Sin embargo, el soilador está perseguido

por su idea fija. Desmenuza sobre el mantel en pe•
dazo de pan dorado, alimento de capricho, inslgnltl·
cante en una mesa tan lujosa, pero que hace pensar
en la frase candorosa de la gran dama que hablaba
de los miserables hambrientos: csi no tienen pan que
coman pasteles.&gt; Y este pan que procede como el pan
del campesino, como el zoquete del soldado, de la sementera de los campos, ~xlge la labor paciente de
muchos pob~e.'i.
El campesino ara, siemhra y cosecha. Llevó su ara•
do á las tierras bllmedas, recibiendo en la espalda las
frías agujas de la. lluvia otoilal: en la noche, cuando
amagaba la tempei,tad, despertaba temiendo por su
sementera.; temblaba al ver pasiir las pesadas nubes
violetas cargadas de granlzo,'.y salió, seco y negro, del
enorme trabajo 'J de los sudores de la siega.
Y cuando el viejo molinero, deformado por los reumatismos que le trajeron las brnmas del rfo, envió la
harina á Parfs, los ruocetones del mercado, cubiertos
con sus grandes sombreros blancos llevaban los sacos
en sus espaldas auchfsi mas, y la noche anterior los
panaderos trabajaron basta el alba.
Todos estos esfuerzos y todas estas penas se acu•
mulaban en el pedazo de pan que desmenuzan las ma•
nos blancas y paLrlcias. L:i. obsesión se apodera del
incorregible sonador. Del banquete wagnifico sólo ve
los sufrimientos humanos que ha costado, y cuando
el escanciador le i,irve un Vd"º de Chambertln, recuer•
da que ciertos ubreras de las fábricas de vidrio:i se
hacen tísicos soplando las botellas.
Vamos, esto es ridículo. A"( es el mundo. Un economista se reiría de sus escrúpulos; siempre hibr,,
ricos y pobres del mismo IDL)do que habrá siempre
hombres erguidos y jorobados. ¿A.caso va á pc1.rar en
socialista?
Los arortunajos qu~ se slent&lt;1n á la mesa, no tlenen privilegios iojus~os; no son favoritos vulgares
del becerro de oro, ad venedlzos, egoísta&lt;; y groseros.
El gran señor que preside llevc1. b ,m orílicamente uu
nombre unido á todas lai glorias de Franela; el Ge•
neral de bigote gris e.-, un oéroe que dió una ca•ga
con la Intrepidez de )iurat en Rizo o vllle; ese pintor
y ese poeta trabajan con fiielid.1d en pro del arte y

A LulsG. UrblDa.

La sombra da la fé. Su lmágen muda
A nuetitras a•was en su seou embosca,
Cuando el dolor, al engendrar la. duda,
Como una sierpe al corazón se enrosca.
Bajo el dosel de sus flotantes velos
Se evaporan las trágicas angubttas,
Y á ella van á refugiar sus duelos
Las alma~ tristes y las trentes mustias.
Desde que el hombre á la existencia asoma
Siente doquiera palpitar su huella;
La vida en ella sus potencias toma,
Radia un momento y se disipa en ella.
¡Oh, no digáis que de su vientre obscuro
Surge la. envidia y se levanta el odio;
Ni ella da al vicio su vagido impuro
Ni empuja al crimen el puilal de Ilarmodio.
Amad la sombra. l-iu exprei.ión augusta

La saila cruel del sufrimiento aleja;
Ante ella toda tempestad &lt;;e asusta,
Toda inquietud á su contacto ceja.
Ante el poder de su pupila In mema
Arden y alumbran con fulgor de aurora,
Ya la razón cuando Investiga y plensc1.,
O bien el alma cuando impreca y llora.
¡Oh amada sombra, tu sitial bendigo
Hoy que en tus na,•es con mis ansias bullo
Para que des á wl Ideal tu abrigo
Y á mi convulsa inspiración tu arrullo.
Ya que las fuerzas de mi ser cautivas,
Paso el umbral de tus gluriosas puertas
Para encender mis esperanzas vivas
Y sepultar mis ilusioueb mi;ertas.
BENITO F.ENTANES,

Julio de 1899.

rA la manera deJobau de

de la belleza; ese quf1nlco, hijo de sus obras, que em.
pezó de mozo de farmacia y que ahora es una auto.
r!dad del mundo cientltlco, todo lo debe á. su genio,
y por último, esas nobles damas son generosas y buenas y con valor discreto llegan á veces basta el fon.
do de los mayores Infortunios para aliviarlos. ¿Por,.
qué esos seres excepcionales no bao de tener gooea
excepcionales también?
El soñador se dice que ha i,ldn injusto y que lo que
ha pensado no es sine Hofii,ma. bueno á lo sumo para
un club de barrio; pero el banquete llega á su fin 7
mientras que los lacayos llenan por última vez Iaa
cupas de Cl.iampagne, reina el silencio, los convidados sienten la ratiga de lf' digestión. El soflador loa
mira todos estos ro.'&gt;tros que tienen una expresión ele
fatig-a y de hartazgo que lo inquieta. Sin embargo, wt
sentimiento puro, Inexpresable, pero lleno de amargura, protesta en el fondo de su corazón contra eaoa
saciados, y cuando dejan al lin la mesa, repite en VOi
baja obstinadamente:
-Sí, están en su derecho . ... ¡,Pero sahen acaso que
su lujo está amasado ele miserias? .... ¿Piensan algu,.
na vez en esto? .... ¿ Piensan en esto tanto como d&amp;,
ben pensar? ..... .

F.

A ño VI-Tomo 11

México, Domingc- 6 de Ago""'to
=de 1899.

CoPEE.

i

Umbría.

DK ZlR,

FRAGMENTO.
Si odiáis la sombra porque en ella duermen
Los que en la vida la impotencia abate,
Sabed que en ella se elabora el germen
De luz que en todo movimiento late.

1

Dueuyas.J

Reina Venus, soberana

capitana
de deseos y pasiones,
en la tempestad humana
por ti mana
sangre de los corazones.
Una copa me dló el sino
y en ella bebf tu vino
y me embriagué de dolor,
pues me hlw experi mentar
que en el vino del amor
hay la amargura del mar.

Di al olvldoel turbulento
sentimiento,
y bailé un sátiro ladino
que dió á mi labio sediento
n::evo aliento,
nueva copa y nuevo vino.
Y al llegar la primavera,
en mi ruJa sangre fiera
triple llama fué encendida:
yo al flamante amor entrego
la. vendimia de mi vida
bajo pámpanos de fuego.
En la fruta. misteriosa,
ámbar, rosa,
su deseo sacia el labio,
y en viva rosa se posa,
mariposa,
beso ardiente ó \Jeso sabio.
1Bien haya el sátiro griego
que me euseiló el dulce juego!
Ea el reino de mi aurora
no bay ayer, hoy ni mailana ·
uanzo las danzas de ahora '
con la mfü,ica pagana.

(De Florell de humo.)

Con su manto escarlata de emperatr!z gloriosa
se va la tarde, el cielo, toda vía desierto,
muestre. pálidas lilas en un fundo de rosa,
un vago color rosa, un triste rosa muerto.
Es la hora solemne, callacfa, misteriosa,
en que dan su perfume las flores de mi huerto,
cuando cae la sombra como ala pavorosa
melancólicamente sobre el paisaje yerto.
Porque mi alma vibra con la moda carleta
de las t&lt;,rvas tiniebla~; E.'S la hora propicia
de empollar el Ensueilo que entusiasma y alegra,
de abrir á las quimeras el mlrflico broche
para que el Verso tienda las alati en la negra
desolación augusta de la pávida noche!
RAFAEL LOPEZ,

EN UN LlBRO.
Tienes 1fellzl inspiración divina.
Ave que ama los boscajes nuevo:,·
En tu arpa de oro, i,unorosa encl~a
Colgó su nido y empolló i.us huevos'.
Marcha serena; aquel p·eilasco hirsuto
Que t'Stá circuído por duq uier de abrojus;
Aquel manzano de olorusu rroto
Y flores que huyen como insectos rojos;
El rubio sol de claridad bermeja
Que d~ las nub~s entre el bumo vago
Al baJar á su tumulo semeja
Un luminoso y transparentE lago,
Tu retorno verán; ya se derrumba

l'FlNlDA.

Bella á quien la suerte avara
ordenara
martirizarme á ternu1 as,
dló una negra perla rara
Luzbel para
tu diadema de locuras.
RUBEN DARIO,

~I altar de mis suei'ios: triste herido ....
No vayas á. buscarme hasta mi .umba

LA. PRIMERA V ANIDAD.

Tras tanto insomnio . . . . m &gt;! hal:arás dc,r.nidc.
Ay! amar ya no puectv; mi alma enferma
Que fué campl"a embalsamada, luego
Trocóse en soledad ardiente y yerma
Del sol de mis dolores por el ru..go. '
ABEL

C.

SAL.\ZAR,

Cu~DRO DE Ts. CRusT.

Número 6

�76

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

LA SEMANA
Desde hace algún tiempo teníamos ?lvi~ad~ el ~oblo y no obstante nuestras etnológicas rnclmac10~!s d~ pereza, parece que desdeñábamos seguir el
ideal que fué medio siglo atrás, el encanto _de nuestros oetas. Hoy vuelve, de manera repentma, evocado ppor quién sabe cuáles viejos r~cnerdos,.,la dul_ce
palabra que, como ttdo lo desvanecido y leJano, ~1~ne un encanto singular de perfume mu_erto, de _mus1ca remota, d~ ensueño resucit~do. Qm~ro decir que
torna á hablarse de la bohemia .. . • ¡~10!._ mfol Pretender en nuestros tiempos reproducir, s1qmera sea
en cuaresma, el milagro d_e Lázaro! No, no ha de resucitar Ja amada muertec1ta.
.
Colocad si queréis, jóvenes poetas, un ramo de lilas, las primeras_ de la reciente Pr!m~vera, en el sepulcn, imaginar10 de la buena amiga, pero no la llaméis . .Acordaos del compañero ausente:
,Qué madre puede revivir al niíJo
que duerme bajo el musgo de la tierra?
Henry Mi.irger escribió una del~ciosa narr_ación i_~re nada de suave poesía: «La vida bohemia.&gt; Mur:erg cuenta en estilo c:mmovedor las aventuras_ Je
tres muchachos que se lanzaron á la buena de _Dios,
en la agitada vida de París, en busca de glona, de
posición y de dinero.
.
El tipo de e'&lt;tos bohemios, en la época en que el
libro fué escrito, era muy común.
Todos los que en nuestras mocedades hemos _devorado las obras que produjo el ardor romántico en
]'rancia, conservamos estereotipad_a entre los rec.uerdos más frescos, la imagen de un Joven de rostro pálido ojos de prc,funda ternura, alborot~da y abundante melena y largo y ajustado levitón: en una
mano sostiene de la falda un sombrero de copa de
forma extravagante y en la otra lleva u.,n rollo de papeles á manera de cetro. No hay más que evocar memorias de cosas idas, para que aparezca en_ nuestros
sueños ese tipo del bohemio. Es el novehsta, es el
dramaturgo, es el poeta que nos ha le~ado 1~ revolucionaria generación de 1830. Es el mismo Joven de
las confidencias de Lamartine, es el desesperado de
eLa Confesión de un hijo del siglo,&gt; de Musset, es el
Marius de Víctor Hugo.
.
y no cabe duda en que este romántico personaJe quellora en la sublime noche d,e Diciembre y rie en «La.
Vida Bohemia&gt; nos encanta aún y subyug_a nuestra
imagfoación, porque dentro de su fantástica envoltura~ hay mucho de verdadero y humano.
Pero lo cierto es, que en el estado actual de nuestra sociedad, en medio de esta constante mare~ de
progreso y orden, dentro de este circulo en_ real!d~d
que se ensancha cada vez con mayor empuJe, el 10,11.ántico de 1830 es un ente ridículo. Y sin embargo
la manía de la palidez demacrada, de la melena, del
largo levitón, parece que quiere volver aquí, y que
empieza á enamorar á algunos incau~os. Cuántanme
que existen-no he logrado verlos-1óvenes que toman ajenjos tan sólo por imitar al autor de «Rolla,&gt;
que se intoxican con malos alcoholes á falta de buen
hachis y que evocan la sombra de su musa, puestos
en la hierática actitud de los bro.hamanes.
Sin embargo, lo perjudicial, lo nocivo, no está ~n
esas manifestaciones románticas, sino en la creenma
que aún tienen algunos de nuestros jóvtines p~etas,
de que el arte es algo divino que i~funde el cielo á
los seres privilegiados, los cuales brnu pued~n esperará que flote sobre sus cabezas esa llama! ~10 nece~
sidad de estudiar nada, ni de conocer el 1d1oma, m
tan siquiera de haber leído obras que desarrollen sus
facultades.
Urge que nu~tra juventud se convenza dP. que el
artista no es un profeta analfabético, que obedece á
una revelación; es necesario asimismo que se pers•1ada de que tampoco debe ser ui_i holgazán, que entre holgorios y disipaciones, escr1be obras maestras
6 pinta cuadros inmortales. La época actual no se
presta ya á estas comedias vividas.
Emilio Zola, que en uno de su_s iracundos ~r~ebaws acaba de di\orciarse de la Juventud parisiense,
de ~sa juventud simpática, irrev~rente y den:iole~ora, pero ilena de estudi-l y pletór1ca de en_e~g1as m.
telectuales, combate enérgicamente ese. v1c10 de la
bohemiada, que todavía tiene 1:,us adeptos entre nuestros flamantes literatos.
·
El inmortal autor de «La Comedia Ilumana,&gt; escribía acerca del artista, en 18:31:
.
«Obra bajo el imperio de ciertas circunstancias, cuya reunión es un mi&lt;;terio. No se pertenece. Es un
juguete de una fuerza eminentemen_te caprichosa.
Tal día, sin que él Jo sepa, sopla un_vrnnto y todo ~e
relaja. Ni por millones _t~caria 5U pmcel, modelana
un trozo de cen, 6 escnb1ríauna línea ...... Onanoche en medio rie la calle, una mañana al levantarse,
6 e¿ el seno ile una alegre orgía, acierta un carbón
encendido á tocar ese cráneo, esas manos, esa lengua;
de pronto una palabra despierta la11 ideas, que nacen,
crecen fer metan .... tal es el ~rtista; humilde instrumento' de una voluntad despótica, obedece á su amo.

EL MUNDO.
Cuando se le cree libre es esclavo; cuando ~e le ve
agitarse abandonarse á los a~rebatos de !.US ocuras
ó de sus 'placeres carece de voluntad, está muerto.
Perpetua antítesis que se encuentra, así en_lamajestad de su poder, como en la nada de su vida, es
siempre un dios ó siempre un cadáver.&gt;
y Zola responde á esta lucubración brillante con
estos acentos de verdad y de ironía:
«Hoy nos hacen sonreír esas cosa~. Tod~ una época está ahí: la alegre orgía, el carbón encen4ido, la an.
títesis del dios 6 del cadáver, delatan claramente _la
fecha de ese trozo. Se creía entonces que los artistas pintores poetas, novelistas, abrían la ventana á
la \nspiración, la esperaban co_mo una a~ante que
viene ó no viene, según su capricho d~ muJer: El g,:nio no se concebía sin el desorden. ~e trabaJaba al
fragor del trueno, en medio de las ;1amas de ~engala
de un apoteosis, con el ca!Jello erizad? P?r .a. ~ensión cerebral cediendo á un furor de p1ton1sa v1s1tada por un di~s. Estas actitudes líricas no están Y&lt;\ _de
moda, y boy apenas creemos más que en el tr_abaJo;
el porvenir de las personas laboriosas que_ S3 sientan
todas Jas mañanas delante de su mesa, sm otra cosa
que Ja fe en el estudio y su voluntad ~otad ~ue nada había más desastroso para los escntores Jóvenes
que esta teoría de la inspiración que ha?ía_ de un _autor un tabernáculo inconsciente, donde:e. d10s ba_b1taba por accidente de tarde en tarde, y_sm regularid~d.
Entonces ¿á qué el trabajo, la energrn, la contrariedad del esfuerzo1 ¡Cuánto mejor vivi• en la a_legre orgía., e~perando la abrasadora_ del carb~n divmo l Yo
he conocido jovenes del corteJo ~ománt1co llenos de
menosprecio por nuestro trabaJO regular, por ese
arrastre de la inteligencia, por esta faena en que se
doblegan el cuerpo y el pensamiento, y que ll~T?ªn
desdeñosamente faena de albañiles. S_omos epiciers,
es verdad, pero eso precisamente constituye nuestra
fuerza y nuestra gloria.&gt;
Estas últimas p:Llabras del gran nove~ista francés,
son consoladoras, e,timulantes, y const1~uyen el credo de los que en la presente época trabaJan y estudian par11. conseauir lo que en los tiempos de Henr.v
Miirguer se bm~caba en las orgías alegres y con las
ventanas abierras.
·
y ..... . creo, amigos míos, jóvenes bohemios, que
basta y sobra para tardío sermón de temporada.

Domingo 6 de de .Agos~o 18!19. ==

·

El autor de la música. inspiránd_ose también en
compuso una.
f rase de Puccinl en la Bohemia,
una
·
partitura
rica de .instrumentam"6 n Y :¡ue t·iene 108•
piradlsimos pasaJeS.
El buen gusto está de plácemes.

EL SECRETO DEL RATERO.

Paseaba un día en compañía de un amigo; de pronto un movimiento brusco, un empellón, y el alfiler
d¡ su corbata ea manos de un ratero. ~o a~rapamos y
lo \levábamos al gendarme, cuando m1 ~migo se detuto y le dijo: -Te dejo libre si me expllcas _como te
las arreglas para sacar pañuelos, extraer reloJes, birlar
ortamonedas, alfileres y carteras.--¿Palabra de ho~or?-Palabra de honor. _El muchac_h? comenzó en,
torrees uua larga e:xplicac16n q~e qms1~ra reproducir
textualmente, con sus locumone~ prn_toresc~s, sus.
metáforas leperunas, su caló enérgico ~ rnt~nc10nado,
ue me limito á parafrasear para ed1ficac1ón y enY
q
· Ject ores•
señanza
de mis
.
«~o crea usted, señor, que para ratear se neces1tagra~ habilidad, destreza 6 agilidad. Por ahí dicen.
que aprendemos con un muñeco colgado de un mecate y lleno de campanitas y que le ~emos de sacar el
reloj 6 el pañnelo sin menearlo y s10 que suenen las.
campa:ias y qu€. si uó nos dan de palos los maestros.
N O e,; verdad, señor, nosotros no aprendemos con muñec:,s ni con campanas, sino en la calle y con la gente misma.
«Lo importante, lo que es indispensable e~ saber casm· su partidito. Va usted por la calle y empieza á verá los que van pasando y á poco rato ya sabe uno COll
r uien puede rifarse y darse gusto. Unos son mal encaiados, con muchos bigotes y ojos turbios; no s~ meta usted con ellos, porque lo parten . Otros no deJande
manosea,· la cadena del reloj, de tentalear el prendedor, de sacar de cuando en cuando de la bolsa ~e ~*
cho la punta de la mascada, de verse en los vidrios
* *
de los aparadores y acomodarse al disimulo la corbaNos ha llegado el espectáculo noble.
Tal parece que despertamos de un sueño largo Y ta. A estos hay que dejarlos porque _están, muy penalegre, durante el cual hubiésemos estail? escuchan- diente.; de todos sus dijes ...... y ni modo.
«Las señoras arande&amp; se acalambran apretando el
do ruido de ca¡¡cabeles, serenata de mandolinas y pasaportamoneda y ios paquetes que sacan del come~clo;.
calles de bandurrias.
.
La zarzuela del género chico, como se estila ahora se prenden fuerte los :fistoles y esconden el reloJ en
decir, ha dominado el teatro, loba invadido, y se ha el seno. No se puede con ellas. Las ?e~tas no llevan.
más que el libro ce misa y un rosarJG. 10serv1ble; los
adueñado, como una conquistadora, del gusto_. .
Sin embargo, de cuando en cuando nos v1s1ta la cobradores cargan mucho, pero lo cmdan como á_ las.
ópera y reenciende nuestros entusiasmos por el dra- niñas de sus ojos y sólo cuando están contando dmema de alto coLurno y la música de vuelos gigantes- ro se les puede tantear. Pero hay otros, señor, que
deveras dan gusto. Van bobeando, atontados, no se
cos.
b
La compañía que acaba de visitarnos y que a re lijan más que en las niñas que pasan, espían para tola temporada es de las que llaman populares y que, dos los balcones, se paran y se eterniza? en los apa•
desde el punto de vista del arte, prestau un gran ser- radores y se quedan lelos en las fotogra~1as. Ta! pare•
vicio á la cultura hum&lt;\na, en cuanto que democrati- ce que tienen el cuerpo dormido, no srnntei_i tuunes,
zan l&lt;ts obras exquisitas y arrojan en las masas el ni empellones, ni pisotones. Para probar s1 están de
germen fecundísimo del amor á la Belleza.
punto pasa usted Junto á ellos y les Jala los faldones,
Entre los artistas de la nueva ópera, se ha hecho ó los testerea; si se quedan como si tal cos~, entonces esnotable la seííorita Chalia, una soprano dramática pera usted que pase una muchacha bonita, 6 que tra,
que posee, agregadas á sus,raras facJ?-lta~es natura- ben conversación con un amigo, y cuando l_os ve usles, mucho estudio y una gran ,experiencia del palco ted lelos se les atraviesa y les quita usted s10 que loescénico.
sientan, basta la muela del juicio.
La Cllalía se ba presentado, du:ante la seman~,
«Por ahí por San Francisco, con ojos de huevo ti·
tres veces en .dida y la última vez cssecbó más nutn- bio, hay un catrín que está todo el _día haciendo el
dos y espontáneos aplausos.
oso, y á quien le he quitado el reloJ, dos mascadas,
Dentro de muy poco tiempo será entre nosotros un prendedor, un limpia dientes, y un d_ía que le ha•
la preferida en tratáudose del noble espectáculo de blaban por señas, por nadita le seico el amllo del dedo.
la ópera ..... .
Los coyotes dan muy buen resultado; á la hora e~ que
se están tantiando unos á otros con lo de las acciones,
*
* *
ni ven, ni oyen, ni entienden, y los limpiamos que da.
Porque en tratándose de Zarzuela, Esperanza Di- gusto.
marías se llevó, como dice el Padre Isla, de calle
«Los que van por la calle hablando solos, son mulos estrados. Conquistó con el lema de César: llegó y cho muy buenos y los puede su merced desollar vlvo&amp;venció. Su juventud y su talento triunfan desde_ el sin que chisten palabra.
primer instante. No se había dado caso en México
«Cuando vea discutir á dos y gritarse y manotearse,
de un debut más violento y de una victoria más ines- láncese á la desg1·acia, que al .tia no le ban de hacer
perada. La señorita Dimarí_as ha pisado ~a escena caso. Si quiere hacer chuza, improvise con dos ami·
por prime1a vez con la segundad de una art11,ta enve- gos pleito en la calle, y mientras todos están peo•
jecida entre bastido,.es. No riñó batalla con el púb_li- dientes de las trompadas, puede usted hacer s~ ag0&amp;to:
co para arrancarle un aplauso, sino que entró, lo v16,
«A las mujeres hay que trastearlas en el caJón, cuan
le habló, le cantó y el público se rindió, obedien~e y do les están enseñando géneros y listones; s~ les va.
mansamente sin necesidad de hacer esfuerzos m de el santo al cielo, dejan caída la sombrilla, olv1da1!f
recurrir á subterfugios. La Di marías, como la prin- portamoneda en el mostrador, y mientras, se pu 8
cesa de los Cuentes de Hadas, está llena de dones. usted habilitar. También es bueno cuando pasa otrt.
Hay en ella una gran alma de artista.
mujer, y más si es bonita y está bien vestida; por esIrá muy lejos.
tarla barriendo con los ojos y recoJ"tándola, no sabeD
ni con la que pierdP,n y puede usted armclrse. P~
**
*
Los periódicos han hablado lar¡;amente, desha- las beatas lo mejor es la iglesia á la hora de alzar,
.
ciéndose en alabanzas, de la obra de Paso, Dicen- también uno se alza con lo que puede.
«Las tl'ompetos no tienen precio y por eso dicen luete y úbapí, estrenada noche¡¡ ha en el Teatro Argo: «Es como quien desnuda á una torracba. &gt;Las gatf;
beu.
El Curro Varyas, es, en etecto, una zarzuelita de tas son buenas porque siempre están pensando en
tecolote y los payos, como se engentan y se les cae la ~
merito y de carácter netamente español.
Los autores de la letra se inspiraron en una nove- con cualquier cosa, también tienen rnuchct cuenta. P~el
la de Alarcón sobre cuyo argumento bordaron finos por lo que es á un fraiie, á un gachupín, á uno
depósito ó á uno que_preste con logro, no los tcmtell
arabe~os poéticos.

Dommgo 6 de Agosto de 1899
ni con padres descalzos ni los limpia ni con jab&lt;Jn de
Cast illa.&gt;
Mi amigo y yo escuchábamos absortos, sin pestañear, aquellas ingenuas revelaciones.
Sí, á no dudarlo, el secreto del ratero estriba en
conocerá fondo el corazón y el -:arácter humanos; en
diagrwsticar por la fisonomía, por el porte, por el andar, al ser concentrado, abstraído, di vagado, extraño
á cuanto Je rodea; en aprovechar aquellas ocasiones
en que nos olvidamos de nosotros mismos, para hacer
tabla rasa de nue~tros fondos. .Aquel muchacho tenía razón; hay rateros porque hay distraído&lt;; y absor•
tos· porque no falta quien caig-a al pozo por cuntempla~ el astro; porque la atención no puede ser múltiple y porque no tS posible á la vez ocuparse de la mujer que pasa .Y de la cartera., de la conversaciún que
se escucha y del portam,medas.
En cumplimiento del pacto le dimos suelta. c ..ando
el muchacho desap.1reció, babia desaparecido también
mi relox. Quod erat demostrandum.

EL INGENlOSO HIDALGO

. DON QUIJOTE DE LA IIANCHA
POR

Miirrel de Cervantes saavedra.
Ed•ción Seix, ilustraja ricamente con oleogralias
de J. Moreno Carbonero y L. Barran y con un prólogo ,1el Excmo.
Sr. JJ. José ll~ Asensio. Dos tomos. Barce1ona, 1899. (lJ

Una nueva edición del Quijote es siempre un acont ecimiento en el wundo de las letras, por más que
sean ya innumerables las ediciones que van publicadas de la inmortal ol,ra de Cervantes. Con mayor razón lo es, cuando se publica con las excelentes condiciones que enriquecen la que tenemos á la vista y
motiva estas líneas, pues dudamos que jamás la obra
española por excelencia haya sido presentada con maJOr gusto y distinción, á la parque con tal sobriedad
y riqueza, acompañándola tan valiosos documentos
referentes á la obra y á la vida del autor, como los
que la acompañan esta vt:Z.
Semejantes cualidades exigen que no se pase en silencio la aparición de tan hermosa publicacióll, pues
hay q¡ucho que admirar en ella v no poco que apren.
der. Jamás, por mucho que se diga del Quijote, se
habrá dicho lo bastante en consideración á lo que se
merece ese libro sin par, joya de la literatura castellana y admiración de todas las demás literaturas que
se han bourado prestando la vestidura gráfica de su
leng uaje á las descomunales aventuras del ingenioso
hidalgo manchego.
P ero, con el Quijote abierto ante nuestros admirados ojos, ¿de qué hablar que no se haya desmenuzado ya por eminentes críticos y peregrinos ingenios
cer vantistas que han descubierto en él hasta la quinta esencia de un profundo significado? El filólogo
t iene en cada una de sus páginas ancho campo donde
extender sus investigaciones, pues no existe otra obra
que igualarse pueda á ésta en punto á la riqueza y
variectad del lenguaje, constituyendo por sólo este
mérito un verdadero tesoro de la lengua castellana,
un gran monumento de esa lengua que hoy por hoy
babia la mayor parte del continente americano. El
historiador encuentra en ella datos inapreciables para el estudio de la raza entonces dominadora y predominante en Europa y América; el moralista baila
en ella también un verdadero caudal de máximas y
sentencias que no por revestir un carácter sencillo y
popular, dejan de interesarle por lo sensatas y lo profundas. En fin, dad á leer el Quijote á infinidad de
personas ilustradas, 6 sencillamente curiosas, sean de
la condición que fueren, y todas sacarán un determinado provecho de su le.-.:tura, todas encontrarán en
sus páginas un manantial de su ciencia, de su arte 6
de sus aficiones. ¿Qué más necesita una obra literaria
para labrarse la inmortalidad y una fama universalmente pregonada? Tal es lo que consigue el Quijote.
Dejemos aparte este sinnúmero de bellezas, y fijémonos solamente en una, tal vez la que constituye
el alma de la obra, la que inconscientemente tal vez,
impulsó á su autor á escribirla, y á su vez la que
creemos menos estudiada basta ahora, pues siempre
se había tenido en poco el valor sociológico de la obra
de Cer vantes. Nos referimos como ya habrá comprendido el lector, al genio de raza encarnado en el
carácter simbólicamente humano del Caballero de la
triste figura.
Es lo cierto, que por más que por algunos espíritus
(1) Esta edición es elZl!vir!ar,a pura. con inic lale• y frisos policromados al estilo d.e los au,lguos codlces, y la acompañ~n un gran
nt\merode do~umentoslnédito, y de autógrafos MJ propio Cervantes.

EL MUNDO

ligeros se baya negado tal significación al béroe manchego, Don Quijote es la más vi va encarnación del
pueblo castellano; no español como pretf&gt;nden algunos; porque dent,ro de la península, hay pueblos antitéticos al de Castilla, como es el catalán, frío, trabajador y comercial, y el gallego económico, pacífico
y humilde como el que más. Don Quijote e:. esencialmente castellano, quizá tal vez con mezcla de andaluz; en qu,ien puede que haya algo de los demás pi;eblos peninsulares es en Sancho Panza, especialmen·.e
delos del Ebropara arriba;perocomo eso no entra en
nuestro propósito, vamos directamente á Don Quijote
y dej::&gt;mos para otra ocasión al panzudo escudero, antítesis de su amo y señor.
¿Quién no le ha segu·do por las yermas y despobladas llanuras de la Mancha, por las escabrosidades
de Sierra Morena y por las agrestes regiones de Aragón y Cataluña, buscando tuertos que enderezar, viudas
que consolar, justicia que furer y huérfanos que amparar
debajo su jamás desmentida y leal caballerosidad?
Pero !oque él quería realizar, cosa muy digna al fin, lo
quería también conseguir como él, al pueblo castellano, por medio de la fuena, confiándolo todo á un
brazo armado, exponiendo mil veces en designal 'Contienda su noble existencia, dejando abandonados sus
bogares, su hacienda é intereses, pues que nada le importaba que se perdiera lo suyo con ta1 de que se salvara lo ageno, siempre que fuera por obra y gracia
de sus admirables leyes, usos y costumbres que á la
fuerza imponía al mundo. Para él, la sociedad vivía.
sumida en la peor de las esclavitudes, gemía víctima
del error de los que no conocían al Cristo ni á su iglesia, 6 les desconocían habiéndolos conocido, y se figuraba que á su brazo estaba encomendada la tarea de
volverá las gentes al estado de justicia, de esa justicia que el delo había infundido en su cerebro, erigiéndose por propio impulso en batallador apóstol de
su fé. ¿ Quién no ba visto en el Qu;jote al soldado aventurero que alentado por un mal entendido espíritu de
conquista y de religión, muchas veces creyéndose impulsado por el mismo Dios, se anexiona una parte de
Europa, atraviesa el Oceano cuando aún nadie había
osado, se apodera de las regiones de América y Oceanía, las explota más tarde á cambio de lo que él llama beneficios de su civilización, sin que al hacer todo esto le alentara otro espíritu que el que guiara al
famoso hidalgo manchego al proponerse llevar á cabo
sus estupendas aventuras? En Flandes para imponer
la Fé exterminaba á las gentes; en Italia atropellaba
pueblos, y á América y Oceanía las civilizaba. Dominando, explotando, fanatizando 6 destruyendo á sus
raza.~, pacíficas las más de ellas por no decir todas.
J)las como aquellos conquistadores partían de principios equivocados, obraban sin conocimiento de causa y asentaban el edificio de sus obras sobre falsos
cimientos, tantas y tan maravillosas proezas no pudieron menos que re~ultar transitorias, ligeros caetillos de naipes que el aire de la fantasía levanta y
derrumba. Su ideal miraba hacia atrás y no hacia
adelante; y sólo dura lo que progresa.
No es propio de personas de sano criterio creerse
autorizadas para imponer sus particulares leyes á los
demás; máxime cuando se trata de razas diferentes
y con diversos estados de cultura. Hay que partir de
un principio evolutivo, clásico, humano y saber distinguir claramente entre las necesidades de unos y
otros. ¿Qué logró Don Quijote al proponerse arreglar
el mundo tratando de meter á todos en un mismo
molde, acuñándolo todo con un mismo troquel, midiendo todas las tallas con un mismo rasero? Desarreglarlo todo, producir mil disturbios, y estrellarse
en cuantas empresas acometiera.
¿Qué hizo España al tratar de nivelar v colocar
bajo un mismo cetro á tantos Estados europeos como Ueaó á dominar y á los de allende los mares? Encender°en ellos la guerra y provocar la discordia por
todas partes, verter ríos de sangre y de lágrimas y
desangrarse á sí misma, para concluir perdiéndolos ·
con la misma facilidad con que los había adquirido.
Exaaerandc&gt; el cuadro, Cervantes hizo patente el
por qué no se realiza la justicia sobre la tierra á pesar de las buenas intenciones. Si el Quijote no la producía, no era por falta de voluntad, sino por falta de
conocimiento. Su voluntad era grande, grande como
sus empresas y grande como los disturbios que producía por doquiera que se proponía intervenir. Pero su ignorancia era mayor. La buena voluntad de
Castilla fue grande, grande como sus conquistas,
grande como los estragos de que fue causa por donde
quiera que llegaba á ejercer dominio. Mas su falta
de saber la superaba: si como el beroe manchego no
ha realizado la salvación de cuanto se propuso, no
fué por escasez de voluntad sino por ausencia de conocimiento. ¿Quién duda jamás de la sinceridad de
sus buenas intenciones? Escuchad á todos los polítir.os desde las tribunas, absolutamente á todos, desde
~ más rojo al más moderado, y no oiréis más que el
eco de intenciones inmejorables; pero á todos por
igual les falta lo que le faltaba al héroe manchego,
y que fue la causa de su!&gt; inmensos fracasos. Hoy
por boy un sólo pedazo de patria les queda, próxima á desmoronarse el mejor día y aun aspiran á re.generarla y á robustecerla con la misma .:.uena voluntad, de la misma manera que aspirando á reg&amp;wirarlo todo, todo lo perdieron. Nápoles, Sicilia, Cer-

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deña, el Milanesado, el Rosellón, los Pafses Bajos, el
Perú, Chile, México, el Paraguay, el Plata, !as Antillas, las Fll1pinas, etc., etc, en otro tiempo fueron
suyos; mas hoy nada les queda ya ni en los conti nentes, ni en los mares, lo ban perdido todo lucbando
como el paladio manchego por una justicia imaginaria y por una fe ignorante, al grito sacrosanto de
¡Patria!
¡Cómo se parecen ]os últimos momentos de E!&gt;pai!a y los de Don Quijott! .Ambos tuvieron su dfa de
gloria, su apogeo glorioso en sus empresas, España
viéndose sentada en el trono del imperio del mundo,
y Don Quijote glorificado en los salones ducales,
cuando
princesas cuiclaban dél,
doncellas de su rocino.
Pero toda medalla tiene un reverso. Hay en la Yida de cada hombre,-dice Alfonso D,rndet en su Naiab,-una ci.na luminosa, en la cual espera y recibe
todo cuanto le e&amp; dable esperar en punto á prosperidades, á goces, á triunfos. La cima es más 6 ru¡-,nos
elevada, más 6 menos accesible; pero existe de igual
manera para todos, así para los grandes como µara
los pequefio~. No hay sino que á maneradeaquel día
más !argo del aíio, en que el sol parece agotar tcdos
sus resplandores, y cuyo día siguiente parece ya un
primer paso hacia el invierno, ese summum de las
existencias humanas no dur&lt;1. más que un momento,
después del cual no cabe más que descender. Bien
podemos aplicar á la vida de los estados lo que el
gran novelista francés aplica á los hombres. Para tí,
¡ob España castellana! la del universal Imperio, ese
momento de oro fué el siglo XVI, el siglo que pre·cediera al en que vivió el inmortal autor del Qu~j,,te;
señora del mundo cómo te vistes, apenas hoy tu dominio se circunscribe á tí misma. Si dominas, es falsificando caracteres, disolviendo conciencias, proclamando estados de sitio. ¡Sí! ·Te encuentras en la
agonía; mas acuérdate que el héroe aquél, la personificación de tu genio, en sus últimos instantes supo
conocer que había vivido y obrado como un Joco todo
el tiempo en que quiso imponerse por la fllerza;
acuérdate que su vida es tu vida y su historia tu
historia, y que si al mor1r vuelto en su cabal juicio
confesó su er~or, otro tanto te queda que hacer á tí,
si es que no quieres d~smentir la sublime intuición
que guiaba al príncipe de los ingenios al escribir su
inmortal sátira.
POMPEYO GENElt.
París, 1899.

Un ideal místico en el teatro.
Si de Grecia hemos heredado el germen de una cu ltura amplísima, sus0eptible de alcanzar mayor desenvolvimiento, en cuanto se haga aprecio de Ja harmonía que supieron dar los hijos de Palas á lo real y á lo
ideal, el fondo y la forma; del Norte llegan al Mediodía de Europa las manifesliaciones, un poco sombrías,
del espíritu moderno, que as;:iira á reconstruir la metafísica creando la filosofía científica. Esta filosofía
desea fundar un concierto inmutable entre lo eterno
y lo perecedero, concierto que los materialistas han
roto al confundir sus análisis químicos con la grandeza de lo infinito. Creyeron que del fondo de las retortas salen las fuentes de la vida, y la vida es una
guerra misteriosa que se niega á dejarse conocer de
los hombres ..... .
El Renacimiento del siglo XVI, que fué doble, helénico y hebreo, ha tenido una inOuencia decisiva en
Europa, la cual ha de afirmarse más toJavfa según
pasemos del positivismo crítico á las aseveraciones
metafísicas.
El ingenio de Grecia y el de Judea, cuando tom"n
caracteres abstractos, llegan al más allá, que es la
verdadera meta de toda poesía y de todo arte, como
dice Mateo Arnold. El alma helénica con su belleza
plástica, y el espíritu hebreo con su pensamiento subjetivo, se compenetran fumando un ideal único en
el mundc, ideal que aún no ha dado sus frutos.
Reine, griego por el encanto de sus versos, y hebr¿o por la profundidad y «el anhelo, que no puede
expresarse,&gt; de su pensamiento, simboliza en el poema Fehucláben Jfakwy el deseo que existe de unir el
clasicismo y el cristianismo con el 1azo del arte, la
ciencia y la fé.
.Antes de que el tierno trovador cayera en t ierra
herido de muerte, cantó las excelencias de su amor
di vino y al cerrar la naturaleza, clemente, sus OJOS,
su último suspiro moribundo fué el nombre de Jerusalén, pobre querida agostada por eloinfortunio, triste 0uadro de desolación.&gt; Si Grecia es el arte y la libertad, Jerusalén es el resplandor que al.luncia un
nuevo día.
La venida de ese día podrá retardarse, perc, llegará
sin filisteismos y si con el lttcido cortejo de la verdad y
la compasión, que prefiere los vencidos á los vencedores. El amor, en su acepción más desinteresada, se
apodera ya de muchos corazones, y la ley del amor
acabará con el _egoísmo y la hipocresía; las murallas

�Domingo 6 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

7R

mosmulti,1licadotanto los puntos de vista, ~efin~co con t.al_ habilidad
las interpretaciones, investigado con tal pacie~c1a _el Génesis, y, por
consiguiente, la legitimidad de todaslas doctrmas, q?e he1;lJOS llegado
á creer que un espfritu de verdad se esconde en las b1pót_es1s más contradictorias acerca de la naturaleza del hombre y del umverso. Y corno
por otra parte no Lay ninguna hipótesis suprema qu? concierte todas
las demás v se imponga íntegra al entendJm1cnto, rema una anarqufa
de un carácter excepcional enLre los que r~flexi_onan. D~ abí se deriva un escepticismo sin otro análogo en la historia de las ideas, escepticismo del cual es Renan el más extraordinario representante.&gt;
Educados en la aridez del escepticismo y en la tolerancia que nos ha
traído la civilización moderna, nos maravilla el espectáculo de un
creyente que, á pesar de combatir su fe el indiferentis~o reinante,
i;igue admitiendo la acción de lo sobronatural en los negocios d~l mundo, y que á cada audacia de la crítica responde con una afirmac1ó~ ~eológica, las cuales aún tienen el don de fortalecer al caído y de m1t1gar
el dolor del triste.
La oposición que encuentra su entusiasmo religios? le fuerza á 1ecurrir á los procedimientos reaccionarios, y, como es cons1guie;11te, los acentúa con la experiencia que ad'luiere de que es problemático el triunfo
de su ideología. Si le dejaran al creyente sinceso imponer su dogmatismo lo haría como Torquemada, no como Lammenais. Prefiere el hierro á la persuasión; la- fuerza al derecho, y es que la intoleranc~a manda i.in admitir niugún mandato. Colocado frente á esa esfinJe que á
nadie cuenta el secreto de lo porvenir, él lo define en leyes de amor y
castigo, y si con ello no satisface al sabio, puede, en cambio, mostrar
á los afligidos, á los desheredados, á lo~ oprimido~ que constitu) en
las legiones del pauperismo moral, el cammo de la dicha, el P,uacleto
de Abelardo ....
Ya que contra su voluntad ba venido Bjmrnsren al mundo en este siglo, que con la sal de su crítica evita que se corrompan las ideas madres, se translada in mente al pasado, complaciéndose en evocar una sociedad muerta, la cual sólo podemos verla á través de la poes(a melancólica que alienta en cuanto fué y ya no será.
La tradición es su musa, y el culto que la profesa le hizo exclama r
en 1880: e Nunca saldré de Noruega; aquf quiero llorar, cantar y morir.
No me seducen los portentos de la civilización, esos adornos con que
engalanan las cortesanas del saber su miserable esqueleto, y prefiero
meditar en las iglesias á tener que asombrarme viendo los adelantos
contenidos en una Exposición universal.&gt;
Examinada atentamente la fisonomía interior de Bjmrnsmn, y leídas
que son sus obras, se comprende quE' le aten lazos de verdadero afecto
á Noruega. Domina allí á los campesinos con su talento, y una parte
considerable de la clase media piensa como él por haberse adaptado á
s~ medio y estar en comunicación intelectual con ese pueblo tan demó ;rata y tan moralista.
La influencia del medio es innegable en la colectividad y en el individuo, reflejándose además en la obra estética de modo concluyente.
Los fenómenos de simpatía y contagio mentales se manifiestan de
hecho, dando origen al parentesco espiritual que media entre la li teratura y los movimientos sociales, y aparecen desbordados en el teatro, ó bien al agotarse rápidamente las ediciones numerosas de un 11-

DAMAS lllEXICANAS.
'

'

_...

Domingc 6 Agosto de 18.99

EL MUNDO.

bro. La obra artística nunca es a~ena á lds costumbres y los sentimientos del país d:inde se establece.
Habiéndolo reconocido así la crítica, pasa, del estudio psicológko del autor que pone á contribución,
al de toda su raza, porque de no hacerlo de e.:.ta
suerte, fragmentarios y sin método, serían sus trabajos.
La historia de un pueblo, da, en parte, la medida
de los cambios porqu? ba pasado. Su literatura pone
de manifiesto las pas10nes y las ideas que en él tienen
representación, sus _cualidades, sus sentimientos, el
complicado engranaJe de su naturaleza. Y es que, el
escritor, aun desdeñando la realidad, el mundo que
le rodea, acaba copiándola por imponérsele á la voluntad. Su alma siente .:on las almas de sus contemporáneos,. y cuando imap;ina, es ig?al en el fondo á lo
que imaginó la generación de su tiempo. El sabe recoger las ideas 110 contenidas en un Sihtema filosófico
que están dispersas en la colectividad, las viste con
el ropaje brilla.ate del arte, y con su intuición, y su
experiencia penetra E'n los adentros de cuanto con él
vinieron. Hay una solidaridad en las razas, como
hay condiciones climatvlógicas opuestas en las distintas partes de la tierra, y la me1ancolía, la duda y
las sensaciones experimentadas por el hombre culto,
siguiendo una corriente psíquica desconocida, reper.
cuten en millones de ánimos que conservan la identidad de origen. El escritor que sigue la marcha de su
sociedail, lega al historiador, con sus obras, uu cua.
dro vi1&gt;iente que le permite recomponerla sin falsearla.
El rey y el vasallo de una época, el prócer yel lacayo,
la dama y la obrera, son ramas de un mismo tronco
que florecen y enferman en periodos invariables.
AHnidades ó disposiciones ó venidas de lo alto, podrán ser est:is aspiraciones sintético-sociales; pero la
crítica, poco amiga de admitir las causas desconocidas, en algunos de nuestros actos, procura conocerh s, y para. ello se auxilia de la ciencia que acabará
estableciendo las leyes denominadas del medio ambiente.
E. ALONSO Y ORERA,

EL MINISTRO DE COLOMBIA
EN .MEXICO.

ExMo.

Sa.

D. LORENZO MARitOQurn,

ll!ln!stro Plenipotenciario de Colombia en México.

El jueves 12 fué recibido solemnemente por el Sr.
President e de la República, el enviado extraordiuarlo y Ministro Plenipotenciario de Colombia, Exmo.
Sr. D. Lorenz&lt;• Marroquín. Selecta y numeroi,o fué
la concurrencia que presenció la ceremonia, distinguiéndose en ella muchas damas de la alta sociedad
de México.
Desdequeel Sr. Marroquín penetró en el S Ión de Embajadores, despertó espontán('a ,;im patía a laque eran

parte su fisonomía interesante, su bizar:a postura y
la. naturalidad de quien sabe a.traer sin turbarse la
atención pública. El discurso que pronunció c1.l poner
en manos del Sr. Presidente las cartas que lo acreditan como representante de C,1lombia, es fiel testimonio de la culjura y alta inteligencia del Sr. Ministro, así e omo de la simpatía que tiene por nuestro
país, en cuyos triunfos ve «un ej~mplo vivo que no

ha de ser estéril y un esplendor de gloria para la gran
patria americana.&gt;
Al terminar los primeros periodos de la alocusión,
el numeroso auditorio mostró su entusiasmo tributándole al Sr. Marroquln aplusos que se repitieron
más nutrí dos al terminar el discurso.
El Sr. Marroquín tlent una vuz amplia y sonora,
por lo que todos los concurrentes al Salón de Embajadores, oyeron sus frases sin perder una sola palabra. Su entonación y la galanura de sus frases, revelan al urador experto y al tribuno elocuente que es,
cuando la. peroración requiere amplitud y .vuelo.
Fué muy notable en e::I diiscuri.o del l:ir. Prei,idente,
RU marcadlsima. simpatía por la República del ::iur,
hoy con tar,to brillo representada ante nosotros·y con
1a cual siempre ba mantenido Méxieo relaciones cordialfsimas y que se estrecharán más, así lo esperamos,
con la acertada elección que ha becbo el gobierno de
Colombm, env1ánrlonos un Plenipotenciario tan hábil y bien dispuc sto á llenar ampliamente los empeííos de su co11Jetido.
El l:ir. Marroquín pertenece á una de las familias
más il•1stres de Colombia, que desde antes de la independencia figura brillantemente en la sociedad y
en la dirección de los negocios públicos de aquella nación. Uno de sus antepasados es el ramoso fiscal D.
Francisco Antonio Moreno y .Escandón, el culombiaño más ilustre de su época, que murió de Regen~e
de Chile; Don Andrés Marroquín, Diputado al Primer Congreso. y quien el libertador llamó admirable;
Nariííc, el primer apostó! y mártir de la Independencia americana; B,icaurte, el héroe de ::ian Mateo;
Alejandro usorio, Presidente del Congreso de Cúcuta
y Secretario de E~r,r.do de Bolívar y de otros presijentes.
Don L,,ren10 Marroquín es hijo de D. José Manuel
Marroquín, uno de los colombianos á quienes más debe el adelanto intelectual de su patria.. Es director
de la Academia Colombiana de. la. lengua, puesto que
ocupa desde hace mucbos affos; como litólogo y hablista, es uno de los primeros en la América Latín~
y sus obras didácticas han prestado grandes servicios y son harto conocidas en toda ella. Es poeta y
escritor humorístico, que ba deleitado á cuantos conocen sus escritos; d:itado de una fecundidad admi•
rable ha enriq11ecido las letras americana¡, en los últimos años con varias novelas, obras maestras corno
estudios de costumbres y caracteres, y por su rico y
atildado estilo. Hombre profundamente moaesto,
ageno á la ambición, vi vía lejos de: la polftica, pero
su inmensa popularidad, su ri::ctitud, su talento y sus
virtudes, lo arrebataron de la. apartada labor literaria y científica, par'J. llevarlo á la Vicepresidencia de
la Repúbli~a, que aceptó bien á pesar suyo y que desempeffó, ejerciendo el poder ejecutivo durante tres
meses con aplauso y reconocimiento de todos los CO;
lombianos sin distinción de partido. La edad muy

1

SRITA. ESPERANZA DIMARIAS,
Soprano dram1\1Jca del Teatro Principal.

/

Vease "La Semana."

que contienen el advenimiento de los modernos ideales. Quizás estén en 10 cierto los
que anuncian que la fiera de la Edad Media se ba convertido, en nuestros días, en un
hombre sensible y razonable, hasta cierto punto.
Dos direcciones, al parecer antitéticas, toman en el Norte las especulaciones señaladas, desarrollándose ambas con calor en la literatura dramática.
Mientras Ibsen cifra su anhelo subjetivo en investigar las cosas por el pensamiento,
en la libertad individual, en el cumplimiento del deber colectivo y en conseguir la
desaparición del mandato ciego y brutal de las mayorías; Bjrernsceen ama al modo de
los mis~icos con su poco de lujuria hábilmente disimulada, y supone que dentro del
cristianismo habrán de resol verse cuantos problemas preocupan al sociólogo, entristecen al moralista, é irritaná las muchedumbres, condenadas á la pobreza física y á la
atrotia .intelectual basta que la riqueza y el saber estén menos centralizados.
La afirmación de Spencer, según la cual vivimos de ideas muertas, conviene en
l!l.n todo con el modo de ser del dramaturgo noruego.
De nacPf Bjrernsren en el siglo XVII, hubiera llevado su baz de leña á la hoguera
donde se quemaban las carnes de los herejes que, al convertirse en cenizas, abonaron
con ellas los inquisidores el árbol del progreso, el único que se riega con lágrimas y
sangre, dando la paz á los hombres en un porvenir lejano, muy lejano.
Estos casos de atavismo moral abundan más de lo conveniente, y es que á miles
de años de distancia resucitan los caracteres y el medio, haciéndonos creer que existen los avatares de la India. A modo de fuerzas puestas contra la corriente de la nega-::íón sistemática las coloca la naturaleza, y debido á la resistencia que ofrecen encarna el pasado, su contenido es siempre joven en la filosofía moderna, que muchas veces
es ciega y sorda para las cosas del alma. La religión, ba dicho Hegel, puede más bien
existir sin la filosofía que ésta sin la religión.
Vivimos en una época de disolución religiosa. Y lo prueba así el becbo de que todas las doctrinas han sido escarnecidas. Carecemos de un credo que sujete las creencias; y como la inteligencia del hombre no se dirige á ese centro de atracción, nos
perdemos en la incertidumbre y el de¡,aliento, sin crear nada duradero. Demolemos,
poseídos delfurm· de analizar los problemas éticos y teológicoi. que se nos ba entrado
desde el afio 50, y en punto á la edificación abstracta que persei{uimo¡¡, teóricamente
suponemos que habrá de fundarse en la psicología y la cosmología, y pare usted de
contar. ¿Calmará semrjante conjunción el desequilibrio que existe entre la religión y
la ciencia? La pregunta no ha tenido aún contestación y cuenta que l-0s pensadores de
todos los siglos, al igual del loco del Intermezzo, la han demandado inútilmente del
cielo y de la tierra.
Bourget ha sintetizado con verdadero acierto nuestro malestar moral, al decir: e He-

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SRITAS. ANOELA G t'TlEl'.REZ CORTINA y RAFAELA OBREOOX P RIETO.
(De Tamplco.)
Fot. Méndez.-San Luis !'o&amp;os1.

EL EM'rERA.DOR GUILLERMO VISITA EL CRUCERO-ESCUELA FRANCES clFIGENL\ 1&gt; EN EL PUERTO DE BEBGEN,

�EL MTTNDO.

80

...

avanzada del Sr. Presidente que en la actualidad ejerce dignamente el Poder Ejecutivo, hará que dentro
de plazo más ó menos largo vuelva el Sr. Marroquín
á la Primera Magistratura de esa República.
El Sr. :Ministro de C0lombia se colocó desde muy
joven en primera línea entre los literatos colombianos, obteniendo el premio en el concurso abierto por
la Academia Colombiana para celebrar el centenario
de Don Andrés Bello, obteniendo por este y otros muchos méritos, el sillón de miembro correspondiente
de la Real Academia Española. Ha cultivado la poesía, y son de citarse sus composiciones, &lt;el T iple,&gt; &lt;el
Lenguaje&gt; y da Cosecha&gt; y un poema religioso, &lt;En
la gruta de Lourdes,&gt; obra de alto aliento aplaudida en los países espaiíoles.
Ha escrito en prosa sobre viajes, crítica literaria
y artística, y multitud de artículos políticos que
contribuyeron en gran parte á fijar el rumbo de l,,s

destinos de su país. Su estilo, del que tenemos una
gallarda muestra en su discurso, es abundante, delicado y atildadísimo.
Ultimamente ha sido Director de la &lt;Revista :Nacional,&gt; periódico q·1e ha tenido gran aceptación en
Colombia y en el extranjero.
Llevado por sus convicciones polfticas y en defenRa de ellas, empuñó la Pspada, ganando el grado de
Coronel del Ejército de Coloro bia.
El afio pasado fué elegido Senador por el Departamento d.; Cundinilmarca, y ocupó el pues~o de Presi&lt;lente del Senado en la Legis:atura del período actual.
En la car1 era di plcmática ha desempPñado los cargos de Cónsul en Soutbamtpon, primer Secretario de
la Legación de Colombia ante la Santa Sede, puesto

EL

sin embargo todas las características de aquellas hermosas montañas, con su exbuberante vegetación de
pinos, con sus enormes despeiíaderos, sus cascadas
y picos nevados.
Una gtan parte de est,a región, era intransit,able
hasta hace t odav1a pocos aílos, debido á las escabroi-idades y ondulaciones del terreno que no permitían
llegará los más atracl i ,·os puntos de vista si no es á
alpinistas muy expe1imentados. Pero no han falta-

EMPERADOR

DE

AL EMAN IA

ABORDODEL CRUCERO ESCUELA FRANGES "IFIGENIA"

En los momentos en que los periódicos europeos escribían grandes editoriales sobre los trabajus de la
Conferencia de la Haya, vino un hecho inesperado á
abrir nuevos horizontes en el dominio de la diplomacia.
El 8 de Julio, Guillermo II
tuvo á bien visitar el cruceroescuela francés lfigenia, en el
puerto de Bergen. La recep-ción que le hicieron los oficiales de ese buque determinó un cambio de telegramas
entre Guillermo II y M. Loubet, acusándose en ellos una
'Cordialidad afable y amlstoi-a.
Un órgano respetable de
la prensa de Paríli dice: «La
aproximación de los gabinetes de París y de Berlín es deseable en el terreno colonial,
y todo lo que pueda favorecerla debe ser acogido de buena voluntad por lob franceses.
Los telegramas de ayer son
una nueva prueba de las intenciones de Guillermo II.
«En todo caso, no habíamos
uído desde hace treinta anos
·que un emperador alemán se
dirigiese á un grupo de marineros franceses, diciendo de
F rancia: &lt;Yuestra noble Pa•
tria.&gt; Y estas palabras no se
han dicho en secreto: el telégrafo las recibió para hacerlas públicas. No se perderá
una sílaba de ellas en Londres.
Y por su parte no ha faltado en Alemania la expresión
de sentimientos pacíficos. El
Berliner Tageblatt dijo&lt;¿ Quién
habría creído posible esa escena hace algunos años? ¡El
Emperador de Alemania en
un buque francés! ¡Aspirantes de la marina francesa maniobrando ante el rey de Prusia!
«Desde hace veinticinco
aiios no ha babi do un día más
notable, m;ís feliz ni más propicio á la recom,iliación de alemanes y franceses.&gt;

en el que fué parte para la conclusión de un concordato, y encargado de negocios en Berlín.
El Sr. Marroquín ha viajado mucho y ha estudiado
con profunda atención los países que ha recorrido
visitó todas l11s naciones de Europa y estuvo en Asi~
Menor y en Egipto. La narración de sus viajes, y
principalmente del que hizo áGrecia, fueron publicados en el &lt;Repertorio Colombiano,&gt; revista mensual
que tiene desde hace muchos anos justa fama en el
mundo de las letras.
Este es el hombre llamado á representar ante nues.
t ro Gobierllo y en nuestra sociedad, á la República
de Colomba, bPrmana de la mexicana por ei habla, pur
la raza y por las aspiraciones, y protectora en la época de las luchas de la Independencia, d&gt;i uno de
nuestros grandes patriotas, del sabio Dr. Mie!, quien
dedicó en Londres su obra sobre la revolución de
Nueva España, al Congreso de Colombia.

do empresas que, ávidas de obtener beneficios de
ls enorme tropa de paseantes, que se arroja aílo por
aiío sobre aquella r&lt;'gión privilegiada en busca de bellezas naturales, hayan ideado hacer accesibles loa
caminos por medio de instalaciones ani.liciales.
Una de estas es la que muestra nuestro grabado
y consiste en una escalera que se prende en las ro~
vertical~s del Valle de Kaprun y que permite
el ascenso de los viajeros de una manera cómoda y
segura. Además, la misma
empresa hizo allí una rica
· ·~
instalación eléctricaquesubs.'
tituye el claro de la luna en
las noches obscuras.
·
Desde que esasobrasse inauguraron, el número de vlsi•
tautes del Valle de Kaprun
ha aumentado considerablemente y es de aplaudirse que
la iniciativa y el ingenio de
los hombres, puedan arrancar
al celo de la naturaleza la contemplación de bellezas antes
augustamente defendidas.
L. a.. C RITI CA.
[Fragmentos de una carta.)

Rinc,nes pintorescos.
Aun cuando Europa estií.
muy lejos de poseer las bellezas naturales del Continente
Americano, tiene en cambio
lo ventaja de que las que po•
see son constantemente visitadás y admiradas debido á
las numerosas vías de comu•
nicación con que cuenta.
Hoy presentamos á los lectores de este semanario una
vista del Valle Raprun, en los
Alpes austriacos, que es u11
r incón encantador y muy preferido por los touristas para
sus excursiones estivales.
Los Alpes aus1riacos, aunque menos gradiosos que los
suizos y los italianos, poseen

Domingo 6 de Agosto de 1899

EL VALLE ,DE KAPRUN.-ALPES AUS'{RIACOS.

No se deje usted inficionar
de la peste que informa y ca.
racteriza á eso que se llama
c,itica madrileiía: esa costum.
bre de mirar de alta á abajo
los libros criticados, sean &lt;le
quienes fueren, olvidándose
lus seííores críticos imberbes
de que las obras de arte no
se hacen á compás y t iralf•
neas, y sobre todo, de que la
autoridad para fallar ex cothedra y sentar jurisprudencia,
hay que ganarla con los anos
y á fuerza de merecimientos
bien acreditados.
· Dar por bueno ó por malo
un pasaje ó un libro ent ero
perque guste ó no guste á un
crítico de esos, es el colmo de
la petulancia y del absurdo.
O probar lo que se afirma, ó
no aJirmarlo,
Además, á una obra de arte
fresca, y de estilo, no debe
juzgársela con la química del
análises frío y matemático:
por este tamiz de los tiquis
miquis, de los puntos y CO·
mas y de las genealidades del
autor, el Quijote mismo deja•
ría las tres cuartas partes entre las mallas.
No hay que confundir la
sana críLica con la ped~gogía
antipática y pedantesca, que
es la dominante en la «j u veo•
tud ilustrada&gt; que hoy nos
dispensa el honor, á los viejos que escribimos libros, de
111encionarlos desdeñosa.mente y r·on cierto airecillo de superioridad protectora.
De esto¡,¡ pel !gros quisiera
verle á usted alejado, y por
eso me permito señalárselos.
Hay en usted madera de crí•
tico; y sería una compasión
que la peste le invadiera á 108
comienzos del oticto; con lo
cual le declaro que no le ten•
go á la presrnte por apestado,
aunque le vea un tantico arrimado á la pendiente.
JosE M. DE PEr.EDA.

u omtngo 6 de Agosto de 1899.

EL .MUNDO.

81

INVENTOS EXTRAV!GANTES.

1.
1

.Aplicaci6n de la e.'caEl coche baño dt
la á 'USOS múltiples.
duc'ia de la figura
Un invento'. decepcionado pone al frente del opúsMúltiples efectiva7 es otro ejem.
1:ulo que pu?hc,a para dar á conocer un aparato v _
piar curioso. Las
mente, pues el inventilado1, el s1gu1ente epígrafe:
en
i;acudidas qne retor se si rve de la esEn los slglns de lgnorarcla la g~nte solla rtecl
cibe el aparato
cala como mango de
ventore•, y tras de sacarles los ojos 6 marcarlos ~~~• ~•u¿;s á lo• lo-dente, se les encerraba en un calabozo.
ll
erro can,
pala, culata de fusil,
provocan la agitaHoy, cual!do i\ cost.. de grandes trabajos logra el p b 1
ción del agua y su
remos de canoa, apanua eutrev1,ta del banquero, é!ttl aprovech 1
°
re . nventor
rato de durh1, euc..
ascencióa por los
médico ,J11ra decirle al oldn: "Doctor, vea us~l /~e~nhcia
de su
8
"Jllllaelo; creo que esta loco."
= umbre y
Cree
uno
soiíar
cuant11bos.
Como se ve,
SI Ir s tiempos progres,m, el inventor será maniatad 0 1 ñ
Flg.'4.-llañera de báscula.
traute.
e a o endo lee los pormenoel coche está dires de este invento,
vidido en varios
compartimientos.
Lo que este inventor dice melancólicamente en de- expues1'.&lt;&gt;s con toda SPTied id y que parecen una burla.
El mismo Doctor Bois es el autor del Si.~tema amEt inventor se refensa del grem10, puede afirmarse en general
Flr. 9,-Baño de esponja.
se1 va hacerlo roironía de los mil y mil chiflados que se present~ sin bulan~e Y dialitico, aplicado á la hidroterapia, á la aero.
dar en terrenos
las oficinas de ,registro de
n en terapia, al lavado, etr,.
desmveladosal capricho, y además las ruedas del co.
privilegios de invención en
Aunque el mécbe de baños dialíticos y arnbuluntes pueden ser ovatodos los países de la tierra.
todo se aplica inl~dos ó de una forma que di liera de la circular; por
¡Cuánto papel inútil en
distintamente á
eJemplo, una de ellas será más grande que la otra ó
esos expedientes! pero tamlos cuerpos vege.
tendrá ángulos salientes y toda clase de irregularidabién, cuántos elllmentos
des II bien estudiadas! 1
tales y animales
para estudiar las aberravivos ó muertos'.
La figura 8 representa el interior de una pista de
ciones mentales de los Bounos limitaremos á
Flg. 5.-Banerasglratorlas
ducha.• Cada uno de lo~. que se bañen moverá un sisvard y Pecucb'3t chiflados
la aplicación que
'
tema ue pedales y el moviento se utilizará (Dios sapor las quimeras de una
be cómo) para elevar el agua por
se h~ce de él á los seres vi vos.
ciencia mal digerida!
una columna central de dond~
Dice el Doctor Bois que el gran inconveniente de
Un periódico francés hacaerá 11obre los ciclistas.
los baiíos ordinarios consiste en Ja inbla de alg unos in vel.ltos ex.
sensibilidad á que está sujeta la persoPara terminar daremos los di•
travagantes entre los cuana que se baña. Según su sistema la
,
bujos de di versos sistemas de dules no podemos omitir la
C?ndición esencial de un bailo higié?ba amparados con patentes de
hélice sal va- -vidas para
mco es la agitación del agua que pror
lllvenc1ón en l!'rancia.
náufragos cuyo diseiío se
du~e un duch~zo continuo, y esta agive en el grabado número l.
Flg. 10.- SombreroLa figura 9 muestra á una
tamón se gradua en los aparatos que
E l in veutor anuncia que
ducha. .
persona que se baña con cuatro
vamos
á
describir.
ya no habría abogados en
g randes esp'JnJas lleuas de agua y esprimidas simulUna manera muy sencilla de recibir táneamente por mediu de un n~:,orte.
los siniestros marítimos,
una
corriente
continua
de
agua,
sería
siempre que los ;:asajeros
colocarse en un buque con cuartos de
y tripulantes lleven su apabaño. A la hora que se quiera puede
rato y no lo olviden á la hopenetrar el agua por las veritanillas. El
ra del peligro. Pueden sosmovimiento de translación del buque
tenerse en la superficie del
su hélice, etc., producirán eu el cuar~
agua varios días y varias
to de baiío ol:is y remolínoches si se proveen de los
nos.
;;paratas neeesarios para
La figura núm. 2 mues·
Flg. 12 -Ducha &amp;fplrante•
una navegación, como brúFig. 11. - Sombreros-ducha.
impelente,
tra la manera de evitar pe·
jula, cartas marinas, linterligros, atando á la persona
nas, trc,mpeta de alarma,
que se baiía áunglobocan .
velas y .... un kilo de choEn el sombrero, ducha, (figura 10) el agua se almacetivo.
colate y dos ó tres litros
na., en una esponJa oculta dentro del sombrero; al cuEsta
seguridad
es
útil
de agua y cognac. Según el
bnrse con _ést~ la cabeza el líquido la inunda. La fisobre todo en el establee!,
prospecto el aparato puegura
11 md1ca las formas que pueden tener los
miento de bañOl'l imaofoa.
de tener una h élice de fonso.1mbreros duchas, según los gusws de cada indi vid
do
por
el
Doctor.
Lo
co
nstiY la moda del día.
uo
do para descender ó subir
tuye un inmenso buque
voluntariamente á la suNo podemos omiti~ un modo de dar •auchas t
de vapor sumergido á me- Fig. 6. -Ducha de resorte
perficie del agua. Por últipoco ~legan te, ideado pur nuestro dor.tor: el i~di
dias, de manera de que pe·
mo basta los obesos pueden Flg, L-Héllce salva-vidas.
du.o ttene en la. boca dos tubos de hule (figura 12 . el
netre
el
agua
libremente
y
que
lvs
baños
estén
en
lueprovech ar el aparato, ocu .
pnme10 comumca con un recipiente lleno de a),
p~ando un. cogín especial ideado por el inventor para gar cerrado como en los establecimientos de baños la cual se. aspira por él y se laaza luego por el
1~ comodidad de esos seres demasiado exigentes. El de río, CCln la diferencia de que se mueve dentro del á una espiral hueca con muchos orificios que la d
enáufrago se sostiene á horcajadas en el flotador y agua. La Golondrina, tiene ajemás todas las comodi- rraman sobre la cabeza.
hace mo~er una hélice de eje horizontal que dirige
Como se ve, una de las características
-el movimiento de progresión. La hélice inferior sira.e estos l?cos es una preocupación por la
~e para sumergir el aparato ...... si tiece tan feliz
c1enc1a oficial y por Ja pedaatería cientíueseo el náufrago.
fica, absorbente de tal modo, que sustraOtro inventor pidió privilegio &lt;para la aplicación
y_éndolos á las sugestiones del buen sende la fuerza de los
tid? les d!L de la realidad una visión se.
peces de agua dulce
mPJa~te_ á la que rn obtiene con unananteoJo rnvertido. Así, por ejemph, para
y salada y delos otros
animales acuáticos
hec.er .un cañón en vez de adoptar ~¡ procomo fuerza motriz
cedimiento empírico á que se refiere la
f6rmula: &lt;Se toma un agujero y se le rode las barcas destidadas al salvamento de
d~a de b~once;&gt; ellos quisieran hacer una
Fig. 7 -Coche-baño "dialítico y ambulante."
pteza sólida perforándola después.
los náufragos, así como de las canoas y a.ades y distracciones de una estación balnt:aria en
.
.
En vez de buscar los medios llanos
fáciles, rnven~an dificultades, acumulan coro lica~iJ.
esquifes útiles ó de tierra fir~e, restaurante, salón de conciertos, etc.
nes, crean obstáculos para darse h satisfacció¿d
Ff
recreo.&gt; Ese pri vileEn la f1gur~ 4 el baílo es de báscula y el Ue se bag.•9 ,-Globo de rngurldad.
gio otorgado por la
iía la hace osc~lar tirando de una cadena qde está en darse á 1.a mitad del camino, aventurando reso1:i~
nes teón?as pa.ra un problema innecesario.
ec
oficina francesa res- la parte supenor.
pd tlva, es de Junio de 1869. Hay otro más rnclente
.Demasiad~ ilustrativos y típicos son los casos aduEl dibujo de la figura 5
Cldos para que insistamos en ridiculizar~!~ de Marzo de 1894) y que tiene este título: Apli• muestra
dos
baños
instalade la fuerza de las aves al tmnspm te de personas
los. P!'ueban ?ºn evidencia que fuera de
de
dos
en
ambos
extremos
Y mei·cancías.
la i:eahdad el rngenio se extravía y lejos
una báscula giratoria.
na~ntre los i~ventos extravagantes, son de menciode ilustrar el PRpíritu los datos ciPntífiEl
que
busque
una
agitase los de cierto Dr. Bois. Uno de ellos es el de la
cos, por insuficiencia de compraba 'ión lo
ción menos vioofuscan.
. lenta que la
La verda~era, la única fuerza creadora
• del modelo ande grandes rnventos, es el genio aguijoterior, preferin_eado por 1,a necesidad de resolver dificulrá el de la figut.ades pr~n_w,sas y graves. Ejemplo de ello
ra 6 asentada
la prod1g1osa fecundidad inventiva del
sobre dos resorpueble americano, puesta á prueba por la
tes que muefalta de ~razos Y el jornal á alto precio
ven el agua con
que lo obliga á suplir la fuerza humana
sólo el balane m el maquinismo.
ceo del cuerpo.
E:; ~n bec~o comprobado que el inventor
El aparato tiepo.r diletta11ti~r1&lt;0 acaba, si no lo es ya por
ne además una
chiflar,e Y et mejor dia, hay que supli~arle
ducha formada
al Doctor que le tome el pulso y lerecete
Fi¡r. 8.-Pibta para duchas.
por dos tubos
duchas frías (y no en aparatos de su inlaterales en.
venclón) ó nos resignamos á sufrir sus
cor!ados y que terminan Pn la parte su- impertinencias, pues en punto á obst'nación no le ce
penor por una regadera. El movimiento de el lugar á nadie cuando se trata de imponer las ex.
del agua la hace subir (?) por los tubos celenclas de sus inventos.
Fl. 3.-Buqne balnear:o.
•
cayendo después en lluvia finísima.
0

:¡~
~~:¿

'

V

'

�82

EL MUNDO.

Domingo 6 de .Agosto de 1899.

Oomlngo 6 de .Agosto de 1899.

=

EL MUNDO.

sa

llas palabras dichas en latín con sonsonete y lentitud
desesperantes?
Le hicieron ocupar su puesto en la carroza para que
fuesf. delante de nosotros, como correspondía.
Y subimos al coche encortinado.

¡Cuán larga es una noche pasada en compa!Iía de
un cadáver!
Las horas se arrastraron muy lentamente, rodeadas del negro silencio.
.
Sólo cortaba el silencio del luto uno que otro sus-Pues bien, oye; sacia tu tenaz r.uriosidad aún piro periódico de dolor, de simple desahogu, ó .... de
•cuando sea á costa de mi reputación de hombre rastidio, y el cuchicheo de los que fumando charla•cuetdo. )
ban de política, de ruedicina, de comercio.. . para
L Veremos si sabes guardar el secreto.
no rodar al abismo del suefio.
De cuando en cuando, alguien se acercaba al infeliz Juan, y nuevo rucio desinfectante que hacía salCuando Juan murió, no esta vez, la otra, recibí la tar, en la sábana blanca, manchas obscuras, y nueva
•noticia inesperadamente, bruscamente. Me hallaba despabilaJura á los gruesos· cirios que crepitaban
·en una cantina, y me produjo el espasmo que me hu- acompasadamente, como si murmurasen una oración.
Andaban Jautelosamente, sin producir ruido.
biera causado una agresión violenta, á mano armada.
Lo de siempre: rM parecía rMntira. Me entró la trisEra el temor de que se fuera á despertar de su esLas conversaciones eran obligadas á tema triste.
peso sueño.
teza de la muerte.
El aire del campo, ese aire puro, me hizo mucho
Debe ser espantosísimo el que un muerto resucite.
Cie1tamente, era de muerto aquella inmovilidad.
Estaba rígido, sobre las verdes tablas de su pobre ca- Hasta los que habían tomado parte más activa, en el mal.
Me pareció que aspiraba una cantidad enorme de
•ma desnudada. Tenía cruzados los brazos sobre el coro de lamentaciones, de llanto y de sollozos, con
pecho, y un tanto inclinada hacia adelante la cabeza; que acompañaron el estertor de su agonía, hubieran gas ácido carbónico.
¡Cómo me repugnaron aquellos árboles que corrían
-así, con los brazos cruzados y la cabeza inclin~da so- emprendido la fuga aterrorizados, si lo hubieran visto
en sentido contrario, como si vinieran huyendo del
bre el pecho, durante los crepúsculo se paseaba me- moverse.
·dltando por los sombrosos correJores de la escuela.
Al fin llegó la luz del día, levantando ruidos por panteón, y al pasar rápidamente, nos hacían las más
¡Oh, qué hermoso cuadro, si se hubiera incorpora- todas partei;: abrir y cerrar de puertas; toses de ma- estrafalarias genuflexiones; contorsionaban sus trondrugadores, mugidos de ganado;, gritos de vendedo- cos, como lo hacen con sus cuerpos, los cirqueros.
do, para recorrer meditando las ;:,iezas de su casal
¡Qué extrafio!
Con una solución desinfectante le baíiaron el ros- res, rodar de carruajes, llantos de chiquillos.
Sentía la angustiosa sofocación que debe sentir la
·tro,-rostro de pergamino viejo-y el cuerpo esquele¡Cuánta cabellera en desorden, cuántos semblantes
·tudo, que tenía por mortaja, como él 1o pidió, una empalidecidos y manchados por las huellas de un río nube cargada de electricidad, antes de unirse á otra
blanquísima sábana. Ni un signo de protesta; nin- seco ya, de lágrimas amargas, porque amargo es el para que estalle la chispa. Mi cuerpo se convulsionaba,-inleriormente,-con los estremecimientos que he
sabor de toda secreción.
.gún mú&amp;culo de la cara se le contrajo.
El anciano, eterno acompañante de los que por la visto en los hipnotlzac!os.
¡Debía de estar bien muerto!
Los latidos de mi corazón, que parecía a!&gt;ustado,
Siguió espiando por sus párpados entrecerrados y última noche están visibles para los de este mundo,
·dejó, indiferente, que le rodaran las gotas venenosas aquél que hizo rezar tantas oraciones, tenía enrojeci- repercutían dentro di: µii cabeza, como si fuera mi
cráneo la l;&gt;óveda de una gigante catedral en dond6
por los ojos, por las mejillas, por la boca entrMbin- da hasta el escarlata, la esclerótica.
Comenzaron á vaciar la recámara; precisaba•la des- una multitud de herreros golpease fuertemente y li
ta. Era una lluvia de lágrimas que rodaba hasta el
infección, y urgía que la familia no encontrase el compás sobre un yunque descomunal.
·cuello.
Experimentti la impresión de que mi pobre cabeza.
Sus cabellos y su bigote desordenados, parecían mismo aspecto para que nosurrier-1. con los recuerdos.
·entonces más negros que nunca, sobre el amarillo ma- ¡Qué grande empeiío tienen los vi vos en ul vidar pron- era una bomba pletórica de dinamita, á la que len~mente se iba acercando el fuego de una mecha encente del cutis de tísico. Todos Je tenían miedo, asco, y to á los muertos!
¡Ah, si él pudiera haber asistido á las escenas que dida para hacerla estallar. Me faltaba oxígeno para
por precaucióu lo velaban desde la pieza inmediata,
la res¡&gt;i ración.
'
enfrente de su cadáver¡ y todos llevaban esenelas eu se desarrollaban ante su cadáver!
Salí
á la plataforma.
.
Siempre
lo
había
dicho:
«sería
curioso
presenciar
•sus pa!Iuelos.
Me causé lástima, y me inspiré temores por mi &amp;atodo lo que hacen los deudos y conocidos cuando uno
¡Es tan horrible la tisis!
lud. Intenté tranquilizarme ..... .
acaba de morir.&gt;
De pronto subió al cochP. un hombre.
Llegaron los enlutados enterradores, y procedieron
""· ,.....
Vestía
de negro y cubría s~1 cara una gran bucomo muy amaestrados á su tarea de recojedores de
¡\
fanda.
cuerpos
inútiles,
perjudicialc::s,
en
vísperas
de
putre,, ... '.
.A.penas se le veían los ojos, unos ojos negros, muy
facción.
negros, de extraíio y poderoso brillo.
Los deudos se entregaron á los más desesperados y
Me tendió la mano y estrechó la mía, de maner&amp;
ruidosos desbordamientos de óolor.
significativa.
Hubo
gritos
agudísimo&amp;,
llantos
escandalosos
y
1
¡Su voz! No podía dudarlo; la conocía bastante.
frases impresionantes.
-¡Qué curiosas son estas escenas! me diJo.
Ona joven enamorada. de Juan, se abrazó al cadáNo había duda; era Juan.
ver y pretendía no separarse de él, besándole por toLlamé todas mis 1inergias, y creo que estuve sedos lados el rostro duro y frío.
reno.
¡Qué repugnante!
-He presenciado todo lo ocurrido anoche, y deseoso
~
,, ;
Algunas
frases
me
parecieron
demasiado
dolorosas.
de ver las últimas pantomimas de esta gente, con un
'
~
.
¡Por qué te vas, y no me llevas contigo?
esfuerzo supremo de voluntad, be logrado venir has¡Hermosas escenas para un drama espeluznante!
ta aquí. Y con voz de ultratumba, me refirió tod~s
Una sonrisa de Incredulidades y de despre&lt;'io, se las conversaciones que tuvieron frente~ su cadáver.
asomó por los entreabiertos labios del muerto.
S11 voz resonaba como si saliera del fondo del
Muchos lloraban, aun sin ser parientes del que se ataúd.
llevaban los enterradores.
-¡Lástima que no pueda yo pres¿nciar la escena
,¡
Por egoismo unos; por contagio otros.
final de mis funerales. Tendré que regresará tiempo
Al pensar en el padre, en el hermano muertos, ó para que me sepulten.
valetudinarios, enfermos desahuciados.
Y rió, rió con risa macabra.
Por contagio, como se ríe con lus que ríen, y se
¡Oh desdicha! La bufanda se le cayó por el movibosteza, y se come con apetito, con los que bostezan, miento de las mandíbulas
ó comen con apetito frente· á nosotros.
Y-¡est~mos en el origen de la desgracial- un joRecordé á los que alquilaban !,orones para sus muer- ven anémico le vló y lanzó un grito horrible: &lt;¡el
to:;.
muerto!&gt;
Sacaron el ataúd.
Y cayó desmayado.
El pobre Juan se estropeaba el cuerpo contra las
Todos lo atendieron compadeciéndolo por haber siparedes de .,;u última casa tan fría, tan obscura. tan do víctima de una alucinac.ión. ·
lóbrega coi'no ninguna de fas frías, obscuras y lóbreJuan aprovechó la confusión, y descendió violengas que antes había habitado.
tamente.
Después, la misa de requiem.
Le ví, le oí, con gran terror, alejarse de prisa, en
La voz artificiosamente triste, lúgunre del sacerdo- sentido coot1ario del que llevábamos.
Se perdió entre los árboles de la calzada. Pero ¿á
te, resonó en la iglesia espaciosa. fatídicamente.
L¿Le bastarían para la salvación de su alma aque- dónde iba? ¿á quién íbamos á sepultar entonces?

r-

•

PRIMA.VER.AL.

�Domingo 6 de Agosto de 189~

EL MUNDO.

84

¡Qué angustia!
Llegamos; alguien quedó al cuidado
del infeliz joven que tenía fiebre.
¿Ilusión? Eramos entonces dos los ilusi&lt;,nados.
Yo llevé en hombres el féretro.
¡¡Estaba vacfo!I
Un sepulturero confirmó mi sospecha.
Al bajar á la fosa nueva la caja m1..rt1:oria, lo dijo: ¡Qué poco pesa este muertol
La tierra resonaba sobre la tapa del
ntaúd como cuando se golpea una caja
hueca.
Colocaron una cruz rnbre la tumba y
partió el severo c1.rtej J.
E) pobre Juan estaba candenado á
quedar insepulto.
Esperaba hallarlo muerto, tendido en
el ramino.
¡Oh! y si Jo encontraban ¡cuántos iban
á morirse de miedo; horrible muerte!
Nada; Juan no pareció.
Los dolientes se habían salvado de una
impresión superior á las energías de sus
vulgares espíritus, pero Juan ¡el infortunado Juanl ¿qué sería de su cadáver amlmlante?
Cuando ya entrada la noche, la luna
fingió fantasmas por todas partes cou los árboles de
la calzada, resol vi volverá mi casa. Traté de convencerme de que era yo juguete de una pesadilla..
Y seguí muchos días con la duda siniestra, clavada en mi cerebro como un claro monstruoso.
Y varias veces he visto pasará ese hombre rápidalDf&gt;nte, velozmente, junto á mí, en la calle.
El mismc traje neg,o ya deteriorado, la misma
enorme buf'lnda cubriéndole el rostro.
Una noche, lo entreví en el fondo de una cantina
de barrio.
¡Naturalmente no tomaba alcohol!
Tenía 'la vista perdida en el espacio. Ya no brillaban extrafia y poderosamente sus negros ojos. ¡Mirada
idiota! Cuando llegaba á mi casa, ha pasado no muy
Jejos de mí, como siempre, corriendo, como si le urgiese llegará tiempo á alguna parte.

Estoy seguro de haber sentido olor de cuerpo putrefacto.
Y Riempre el temor al ridículo me impidió hablar
á ese hombre, llamar á ese cadáver.
. Agotadas sus energías, seguía caminando p0r
ine'rc;a, como un autómata, sin saber á dónde iba,
ni qué podía hacer? Si hubiera resucitado, si estuviera vi rn, lo más fácil le hubiera sido vol ver á una
vida de trabajo; pero ¡estaba ruuertol ¿ Y qué necesita un mue1to?
Lo único que le hacía falta era una fosa. Pero
acaso él mismo ya no lo sabía, porque ya no pensaba.
¡Y si era un trasunto de éll
Si mi imaginación ccbarde, a,mstadiza, le había
hallado parecido con aquel hombre que era acaso un
limosnero vergonzante!¿ Y por qué corría?

Los mendigos no corren; siempre van,
despacio, abrumados bajo el peso de.su
miseria.
En todo caso yo no podía presentarmeá dennnciarlo ante una auMridad, ni detenerlo para darle sepultura.
Pero ayer, ayer han cesado todas mis.
dudas.
Ese hombre que has visto en la plancha del anfiteatro, que fué destrozado
por un tren, ese cuerpo putrefacto, cuya1:, vísceras no hemos podido ya examinar, cuyos mtestinos estaban vacíos dealimentos, ese ¡e.ra Juan!
Ustedes han creído que es un infeliz
que murió de hambre, y á quien ya muerto, trituró la locomotora. Bien, esa hipótesis robustece mi creencia ó bien, ya
falto en lo absoluto de energías, de facultades mentales, lo ha eorprendido el tren,
ó acaso con el último resto de inteligencia, comprendió su desesperante sltua-.
ción, y se arrojó á la vía, para que lo re.
cogiera muerto y le diesen sepultura.
Debe de haberle repugnado mucho Irá
compartir su lecho con toda clase de gente: á la fosa común.
¿Comprendes ahora mi empeño por hacer la autopsia de e~ nauseabundo c;adáver?
¿Comprendes mi obstinación por que se me entregara?
y yo solo lo he velado, y yo solo he asistido á
sus funerales, pero ahora sí no me cabe duda; está~pul ta do. Esta vez no se escapó.
Ya ese cadáver no se paseará más por las calles.
Ya estoy tranquilo.
¡Y la ridícul~. romántica enamorada de Juan, si al·
gún día quiere hacer ostentación de su dulor de oropel, depositará flores sobre una tumba si11 muerto, sobre una t"osa vacía!
FRANCISCO

ZARATE RUIZ,

Dommgo 6 de Agosto de 1899

EL MUNDO

-~

(La quinta de los Cyclamens, cerca de Ouchy, en
el Leman. Frente á la terraza florida que desciende
hacia las aguas azules del lago, se extiende el delicioso panorama de los Al pes, cuyas al tas cimas están
11ún incrustadas de placas de nteve. Junto á un macizo de verdura, en un punto desde donde se domina
todo el paisaje, se levant.. un pabellón cubierto ~asi
por los rosales. Concluida. la. comida. todos los convidados de la quinta se han reunido allí para tomar el
café. Después van, poco á poco, dispersándose todos,
y sólo quedan en el pabellón Roberto Favrette y Gabriela d 'Azel.)
Favrette, despué.s de un largo silencio.-¡ Qué hermoso es estol
Gabriela.-¿ "El paisaje?
Favrette.-Sí, este paisaje delicioso que caia vez
que vuelvo de mis largas ausencias, encuentro más
twllo y más hermoso.
G&lt;lbritla.-¿Sí? Con esta van quince veces que viene usted. Sé contar mu.v bien.
Favrette.-Ciertamente, ¡quince ar'íosl Y la primera vez, cuando tus padres we invitaron á venir a:¡uí,
eras así, pequefiita ....
Gabriela.-Ya lo creo, como que basta nodriza
J;'avrette.-Y no era yo, por cierto, un Matusalem,
puesto que acaba~a de salir del colegio; pero para tí
era ya lo que nunca querré dejar de ser,-el hermano mayor, casi un papá ...... un segundo papá. Te he
visto ir creciendo poco á poco, be asistido á todas
tus etapas, y te he traido tudas las muffecas que tienes! ...... A propósito ¿i;abes lo que traigo en mi ma-

letaf

Jorge lllanr.ique
Nave de mi fantasía,
tu casco por cristalino
mar resbala,
y al soplo de la poesía,
despliegas tu blanco lino,
como un ala.
¡Nave azul, boga ligera
y condúceme al verjel
de la Historia:
á la mágica ribera
donde florece el laurel
de la gloria!
Allí, de torres feudales
al pie de los ~incelados
miradores,
cintan hazafias triunfales
•y el amor los afamados
trovadores.

Entre todos, allí brilla
el vate Jorge Manrique,
gran guerrero,
luz y espada de Castilla,
que venciera al cuarto Enrique,
con su acero.

que villas y corazones
conquistó,

Manrique, mozo gallardo,
arrogaot,e defensor
de Isabel (1);
paladín como Bayardo,
á su reina y á su honor
siempre fiel,

y Jc;rge, al ver apagado
sol tan hermoso y luciente
de virtud,
besa á su muerto adorado,
v baila con lloro ardiente
·
su ataúd.

espejo es de la bravura,
del asalto en los furores
y en torneos,
y consagra á una hermosura
sus endechas, sus amores
y trofeos.

Y ante el palacio deshecho
de su iusión, su alegría
y esperanza,
el bardo siente en su pecho
la afilada punta tría
de una lanza.

El lauro de Jorge ufana
la ancianidad de su noble
padre amado,
como la yedra engalana
el tronco de un viejo roble
deshojado.

Después, RU estro volador
de tinieblas y congojas
al través,
gime como un ruisefior
que se queja entre las Lojas
de un ciprés.

11) La Reina de castilla.

Muere el héroe don Rodrigo (2),
el que á insignes campeones
humilló;
aquel de buenos abrigo,

Y canta en bella elegía
la inconstancia y los rigores
de la suerte;
¡profunda, excelsa poesía
que ornan las pálidas tro:res
de la muerte!

... . .. ............ . . .............
¡Nave azul, boga ligera
y condúceme al ..-erje:
de la Historia:
á la mágica ribera
donde fulgura el laural
de la gloria!
Allí, en la noche estival,
de la luna al argentado
resplandor,
vibra en arpa de cristal
el canto más inspirado
del dolor.
MANUEL REINA.

Enero 9~.

(2) El padre de Jorge M&amp;nrlque.

.

Sí, de conversar como toda una persona grande, según lo parece ya.
Gabriela.-Y á la que no tomará u., te I en serio,
¿eh?
Fravrette, con incredulidad.-bí, sf; ya me acostumbré. ¿ En qué pasa usterl ahora su tiempo?
Gabriela.-En París trabajaba; ya ~abe usted, las
seíioritas trabajan mucbo en Pa.rf~. No sé si será tanto como en las escuelas de provincia ..... .
Favrette.-Y aquí, ;,qué bace usted?
Gabriela.- ¿Aquí~ 01:11 leo mucho ...... Precisamente en ese pabellón, frente á este paisaje que no
me canso de admirar ...... por más que usted me acusa de no comprender su hermosura ...... Dibujo, lntento copiar los colores de la luz ...... y ...... pienso
en la vida.
}i'avrette.-¡, Piensa mted en la vida? ¡Dios mío!
Pero si nada más los desdichados piensan en esto.
Gn.briela.-0 los que reflexionan. Reflexionando se
comprende que las sat,isfacciones d~l dinero, del orgullo, del placer, de toda esa multitud de cosas que
me rodean, no son la verdadera existencia ... _Yo soy
así .... pero ¡á qué viene esto! pienso en tantas cosas
que no pueden interesará usted., ..
Favrette.-Por el contrario; todo eso me interesa
en gran manera ...... ¿Qué cosas son1 (Insinuante.)
Gabriela. -Suenos.
Favrette.-r.ImposiblPs?
Gabriela.-No lo sé. (De.• pué~ de una pausa.) Me
permite ·usted que á mi vez Je haga una pregunta?...
¡,Cómo entiende nsted el amor?
Favrete, asombrado.-¿El amor? ...... 1Vaya un .

tema!

Gabriela.-¿Qué· puede ser!
.
Gabriela.-Es el tema del matrimonio; un buen
Favrette.-Pues..... ¡la muñeca de este afíu! Ayer, _ tema. . . . . . ¡ Y y o deseo tanto saber lo que usted
tarde no tuve tiempv de sacarla. Pero hoy mismo ,piesal
Favrette.-¿ Yo?
te la daré...... Es encantadora, ¡y muy inteligente!
(Mirando que ella permanece silenciosa). ¿Qué tiem,s,
Gabriela. - ¡Hola! A los treinta y cinco anos se deGabi, no estás contenta?
be ya comprender bien ese problema. ¿Cree usted
Gabriela, fríamente. - 8í, Rf; muchas gracias.
que debe ser eso una asociación, un negocio, ó la
Favrette, levantándose.-Oh! mira, mira, ese rayo unión de dos caracteres. de dos corazones? ..... .
de sol cómo dora la montailal Qué luz tari bella coloFa.vrette.-¡ Diablo! E➔ que ....
ra el horizonte..... Pero, ¡ vamos! qué puede imporGabriela- Se dice que es usted un feroz fSCéptico.
tarte á tí todo esto 1
Escil;.tico, ¿no es esto lo quf quiere decir ser un poGabriela.--¿Por qué le -:ree usted así?
co ligero, divertirse mucb.o y no creer eJJ nada?
Favrette.-¡Oh! porque yo supongo que los t rajes
Favrette. -No creer en algunas cosas. Además, yo
de las famosas mnr\ecas deben de absorbe1te por com- no soy Pscéptico, y despaé11, esta palabra quiere depleto.
cir: hombre que se burla de las quimeras sentimenGabriela, mirá'lldole--Vamos. creo que papá tiene talPs.
razón cuando á todas horas le dice á mamá que es usGabriela.-¿Qué es eso?
ted un muchacho encantador que no conoce la psicoFa.vrette.-Los juguetes de las mujeres y los lalogía.
zos para los hombres! .... Pero á usted la creo uua
Favrette, riendo. ¿Psicología?... ¡Esto es divino! ..... filósofa! ..... .
Me divierte oírte empleando esas palabras....... Pero
Gabríela. - Cree usted que yo no...... Pero en fin,
¿sabes acaso lo que es la Psicología?
vov á Cvntarle una historia.
G:ibriela.-Naturalmente, puesto que la he est,u.
Fa.brette.-;, Una historia verdadera?
diado en la clase de literatura.
Gabrlela.-Tan cierta como que ha. sucedido á una
Favrette, admfrado. Pero ..... .
de mis amigas...... íntimas.
Gabrieia,-Ahl sf; es que á pesar de haberme visEsta amiga se llama Syb1l, y tiene casi mi edad.
to crecer, no sabe usted mi edad ...... ¡ Diez y seis Es moren¡¡ como yo, y muy bonita...... en esto si que
anos, eeflor 1
no nos parecemos.
.ll'avrette. -¿ Es que ha hP,cho usted también un
Favrete.-¡Señorl ¡Oh! conque me tratas con ceremonia! ..... .
curso de coquetería?
Gabriela.-Sí, desde el momento en que mis vestiGabrirla, sin responder.-Sybll, desde que era muy
dos se han alargado, la pequeila Gabi no tiene el de- niña, vió siempre en las vacac1ooes, venir á su carecho de llaa,ar á usted Roberto.
sa á un joven á quien llamaré yo el j&lt;&gt;ren, rubio y
Favrette-cambiando de tono, y muy sorprendido. que á ella le gustaba mucho. Cdda año ju~aba
-Pero, veamos, veamos ...... es c!erto, el vei,tido grandemente con el amigo, hasta que un día se
larvol ...... ¿ Queréis acercaros un poco, Gab ..... . encontró, de pronto, con que ya no podía jugar
má~ con el joven rubio porque...... lo amaba.
Beilorita ...... para qne os vea mejor: ..... .
Gabriela.-¿Pues qué no me había usted visto anFavrette, estupPjacto.-¿Ella lo amaba?
teR? ..... .
Gabriela. -:8f.
Favrette.-;, Y entonces? ......
Favrette.-A fé mía no; crpfa que estaba usted corno _otras veces. ¿Querrá usted hacerme el honor, no
Gabriela.-Entonces ella 1,e puso muy triste pende Jugar, sino de conversar conmigo un poco? ..... . sando que nadie la tomaría. en Strio y mutho menos

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f\UR0RA DE AMOR.

tenía.

DEL "JARDlNDELOSPOE'l'AS."

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el joven rubio que era diez y seis años mayor que ella,
y que todo esto era una. locura que no osaría confe-

sar. No hace mucho tiempo que ella me cont,ó su......
estado de ánimo... esta es la palabra, , no? Decíameque
esto hibía durado más de dos ruese~, y que se sentía
ya sin fuerzas. La frase de usted es la. que me ha hecho recordar la historia de Sybil.
Y asf es como la pobrecita está condenada á no
confesar jamás su amor porque se le diría que es una
quimera sentimeutal.. .... Vamos sefior, lo tomo á
usted por juez.
Favrette, alterado,-Peto, franr.amente, me pone
usted tales cuestiones. . . . . La oigo hablar de cosas
tan extraordinarias..... Es cierto que á la edad de
su.... amiga no se ven las cosas claras.... Pero ¿en
qué conoce que eso es amor?
Gabriela. -Puei;.... porque al llegar una hermosa
maíiana no jugó ya, oioo que se puso á reflexinar,
pensafido siempre en la misma persona, sonando con
no sé qué conquista.... en tin, que ella sentía una
transformacióu, una metamorfosis, como una luz que
penetraba en su alma. Yo... . no soy bastante grande para saber lo que es eso.... (rnaticiosamente) pero
Sybil me lo ha repetido tantas veces que, ya lo ve
usted, á mi vez puedo decirlo con todas sus expresiones.
.li'avrette. -Lo sabe usted de memoria. Pero su
amiga, que me parece una razonadora de primera
fuerza, ¿no ha dicho á usted cómo arreglaría aquello
de la gran diferencia de edades?.... Porque, en fin,
el señor cen esoR diez y siete ai'íos que le lleva.
. Gabriela.- ¡Oh! Dios míol Eso lo arregla ella perfectamente. Al prmcipio no es difícil. ...
Favrette.-¡Ahl
Gabrlela.-Sf, al principw del matrimonio.....
porque ya he dicho a usted que los dos son igualmente gentiles.
Favrette.-Pero ¿después? ...
Gabriela.-Después.... ella cree que este después
vendrá tan tarde.... y, además, depende de la habilidad de la mujer el saber manejar su dicha. Sobre
todo, cree que cuando el amor se atenúa para transf?r~arse en afección, la diferenciad~ edade_s nada
s1gmfica, pues que el del:.ter de la mlljtr es vigilar por
su marido y cuidar de los niños.
Favrette.-¡ Diablul Arregla usted las cosas como
en las novelas que acitban bien.
Gabriela.-¿Encuentra usted que no debe ser como
lo digo!
Favrette.-Lo que encuentro es que habla usted
como una verdadera mujer, y que ;me sorprende extraordinariamente!
Gabriela.-Es cierto; me mira usted con unos
ojos....
FavrettP.-Sí, como el jardinero que habiendo dejado una flor eri botón, la encuentra de pronto completamente abierta ....
Gabriela.-Sí, que le sorprende · á usted; pero que
no le complace....
Favrette, visiblemente impresionado. -Sí. ... sí me
complace.... ¡muchí-Jimol....
Gabriela. -A ~usa de su florescencia espontánea?....
Favrette.-¿A causa de la histo:ia de Sybll?.. ,.
Gabriela, un poco_pálida.-¡Bab!.... ¡una quimeJal .... ¡un juguete:.... (At,já11.dose algunos pasos.)
Vamos á ver el mio.... ¡la muñeca lnt,eligente que
ha traído usted!.... ¿t::labe esa pequeñuela decir
mamá?
F¡ivrette.-No! ... No es ese el juguete que he
traidr.... Es un joi:en ruliio, de cabeza un pooo dura, que comienza á decir.... Gabrielal
MICHJ!:L

PROVINS.

�Domingo 6 de Agosto de 1891.
EL MUNDO.

86

Domrngo O de Agosto de 1899

EL MUNDO

I

LOS ADELANTOS DE NUESTRO PAIS.

DEZIRES, LAYES YCANCIONES.

BALADA CASTELLANA.
Cefilda al cinto la espada,

DEZIR
(á la manera de Joban de Duenyas.)

Ponte el traje azul que má•
conviene á tu rubio encanto.
Luego, :Mía, te pondrás
otro, color de amaranto,

y el que rima con tus ojos
y aquel de reflelos rolo•
que á tu blancor sienta tanto.
En el obscuro cabello
pon las perlas que conquistas¡
en el c:&gt;lumbinu cuello
pon el collar de amatistas,

y ajorcas en los toblllos
de wpacios amarillos
y esmeraldas nunca vistas.
Un camarín te decoro

La capa al vien to , e ¡ sombrero

Con la ancha ala desplegada,
Va por la verde hondonada,

Galopando el caballero.
.
Ya al corcel allento falta,
Ya cruza un ribazo ó salta

En tantástico galope
Por los l!scarpes de un tope,
Que la negra noche es~al ta.
Por el rudo casco herida
La pieC.ra relampaguea;

Suelta el ginete la brida
y se hunde y pierde en seguida
En la extensión, que negrea.

-¡Ah del ginetel ¿quién va?
grita de pronto una voz.

-Quién es?

donde sabrás la lección
que dló á Angélica, Medoro
y á Belklss dló Salomón;
arderá mi sangre loca,
y en el vaso de tu boca
re sorbe1 é el corazón.
Luz de sueno, flor de mito,
tu admirable cuerpo canta.

la gracia de Hermafrodito

BOCETO.

con lo aéreo de Atalanta;

y de tu beldad ambigua
Allí estaba la E'Statua blanca Y pura,
Inmaculada flor de mármol, vi va,

Que radiosa brotó de la locura
De yo no ee qué artista, y que cautiva.
Admirable portento de escultura,
Prodigio del cincel, la diosa altiva
Simboliza la clásica hermosura,
Una Juno de !rente pensativa.
Me puse á contemplar en mi embeloso
Aquella creación que enloquecía,

Aquella boca en que dormí, el beso,
Aquellos ojos de mirada !ría:
Recogido el cabello en grupo espeso,
·Qué pureza de lfneas! ¡qué armonía
be contornos! ¡qué porte! ¡qué aire impreso
De majestad en aquel rostro había!

la evocada musa antigua
su himno de carne levanta.

Del án!ora en que está el viejo
vino anaCfeóntico, bebe;

Febe arruga el entrecejo
y Juno ar~ugarlo debe,
mas la joven Venus ríe

y Eros su filtro desl!e,
en los cálices de Hebe,

LAY
{li. la manera de Joban de Torres.]

¿ Qué pude yo hacer
para merecer
la ofrenda de ardor
de aquella mujer
á quten, como á Ester

maceró el Amo~
Intenso licor,
perfume y colc.r
me hiciera sentir
su boca de flor;
dile el alma ::-or

La carteta del mármol esplendente

Que en mis dedos el hielo di!undía.
A mí llegaba el soplo tibio y blando,
El aliento de amor de las violetas;
y de aquel ~itlo me aparté, pensando,
A merced de encontradas y de inquietas
Impresiones, poder que reconozco
Que en mí se ejerce, ideal que me consume,
¡Ay! en muchas .estatuas que conozco,
Bellas flores de carne sin perfume.

-El mismo, Don Menda, soy.

Por la palabra que un dla.
Empelló vuestra hidalguía,
Cual cum,le á un noble vengo hoy.
y ecbando ple á tierra, alzadas
Sierpes de acero enroscadas

A los bravos combatientes.

CANCION

Sobre la diosa Inmóvil; senti !ría

-¡lra de Dios! 1Don García!

y eran al chocar hirientes

(li. ta manera de Valtterra.)

Ya es un mandoble, ya un quite,
Ya una estocada, ya un sesgo,

Que el ardor loco repite;
y entre estocada y desquite,

Amor tu ventana enflora
y tu amante esta mañana
preludia por tl una diana
en la lira de la Aurora.
Desnuda sale la bella,

La rabia crece, y el rlebgo.
La aurora vió al otro dla
.Al despuntar por la slerrd
Junto á un cadáver en tierra,

y del cabello el te•oro

Rota una espada de guerra.
Mientras sus trinrn; lanzaban

pone una nube de oro
en la desnudez de estrella;
y en la matutina hora
de la clara fuente mana
la salutación pagana

de las náyades á Flora.
En el bailo al beso incita
sobre el cristal de la oada
la sonrisa de Gioconda
en el rostro de Afrodita;
y el cuerpo que la luz dora,
adolescente, se hermana
con las formas de Diana
la celesce cazadora.
y mientras la hermosa juega.
con el sonoro diamante,
más encendido que amante,

el fogoso amante llega
á su divina sefl.ora.
FFIN

Pan, de su flauta desgrana
un canto que, en la manana;

perla á perla, rle y llora.
RlTBEN DARIO,

V. Acosu.

•

UNf\ ORf\N IN D U S T R lf\ .

Don Mendo, uno de lofi dos.

Relucieron las espadas,

tan dulce ellxlr.

Era la hora serena y per!umada
En que el sol tras la sierra apenas arde
y en que flotante, ideal y enamorada,
Náufraga en mar de luzi muere la ~arde.
Aquel rostro Jn..mdó un r~yo muriente,
De claridades trémulas; di ria
Que el mármol se animaba derrepente,
Que lba á hablarme y los brazos me tendía.
Mi mano fue á posarse irreverente

-Pues buena la habr4,
Que en el campo quedará,

Símbolo de la bldalgufa,
Los pájaros en la lronda,
Las H.ores se despertaban,
Rodaba cantando la onda
Y las hojas murmuraban.

La industria nacional, como hija .predilecta de
la paz, toma poderosos vuelos en nuestro país

augurando una época de crecidas riquezas para
loa luchadoras en la contienda hermosa del trabajo.
Todo linaje de publicaciones en México, actualmen te, experimenta ]a necesidad de comunicar
au~ impresiones gratas, de moltiplicarJae en el
cerebro de sus lectores, de afirmarlas en la vo•
Jun ta~ colectiva para determinar la consecuencia
de este movimiento de energías, despertado en el
país, que maravilla, reclutando hombres, redimi,cdo brazos, cosechando productos, levantan•
do f&lt;\bricae y entonando por lin, con voz sonora,
dei,poés de va rios siglos de mutismo, el himno

Estado de Na evo León, refiriéndonos A su cnlta
y progresista capital, para exhibirlo con las ven-

tajas logradas por el trabajo. No sería posible encerrar en el brevísimo espacio rte estas lineas los

adelantos todos de aquella región, y de aqul el
haber elegido una A nna las importantes instalaciones fabriles que posée. Vamos A deecribir, siquiera sea A grandes rasgos, uno de los más nota-

bles de aquellos e,tablecimientos lronterizod: LA
CERVECERÍA CDADHTEKOO.

incomparable de la redención por el trabajo.
El país en general, siente los estrem"'cimientos

de l• lecundación benéfica y activa. Pero por sell, l•da manera, el enérgico impulso se manifiesta
vigoroeo y feliz en algunos Estados de nueetras
costas y aJgunos !rooter}zos. Veracruz con su

V. AcosT.lo

es el estímulo. mnltiplicador de los fecundos esfuerzos iadividuales.
Volvemo11 á ocuparnos en estas columnas del

magnífico valle de Orizaba. constituye nna lisonjera prome•a de preciados frutos para la industria
del porvenir, y Nuevo León con portentosos adelantos, es el heraldo de nuestro progreso, A las
puertas mismas de la República.
En la tarea de resellar Jas instalaciones, como
la mejor razón que &amp;3iste A. nuestro entusiasmo
Por loe avances conquistados, hemos de fijarnos

en •~uellas qne por sn capital, revelador de la
conf1anza que inspira la tranquilidad del país; por
au éxito que acusa Ja inteligencia directora, po-

■eedora de la previsión y duella delos resultados,

por sus productos envidiables que denuncian un
aumento de cousumo emulador de la explotación,

constituyen un hecho que es el progreso realizacon la riqueza creada, y una esperanza que

do

La Cervecería faé fundada el allo de 1892, con
capital netamente nacional enbscripto por las lftlsmas personas que forman hoy la Compallía, y
que son casi todas miembros de una misma familia é hijos de aquella población.

La Mesa Directiva estA formada por loe Sellores Isaac Garza, Presidente; José A lluguerza,

Secretario, y Francisco G. Sada, Gerente Gene,
ral.
El objeto de los Directoree de la Compallía faé
desde UTJ principio competir en calidad con las
cervezt1s extranjeras, y el éxito obtenido ha sido
admirable¡ no solamente reciben á diario testimo-

nio de todos loe inteligentes consumidores de la
República, que reconocen en los productos elaborados por la Cervecería Cuauhtemnc, una calidad mny superior á todas las marcas importadas
de Alemania y Estados Unjdoe, sino que amparados por la bondad de sus productos, que se recomiendan por el solos, han logrado extender el

campo de exportación de una minera prodigiosa,
Un gran número de Agentes Viajeros recorren
toda la República y la mRyor parte de las principales poblaciones de América; recibiéndose cons-

tantemente pedidos importantes de las República, Centro Americanas y aún de Canadá y Estados Unido,.
El crédito de ms productos, impulsado hábilmente por una administración inteligente y em-

prendedora, ha hecho en eortos altos dela «Cuauh,
témoc • uno de los primeros establecimientos de

su género en el Pals. Allo por allo se ha ensanchado la planta y perfeccionado los aparatos y
sistemas de fabricación; pero principalmente de
tres allos A esta parte, ee cuando ha tenido la
Cervecería un desarrollo asombroso.

•••
Tres ferrocarriles han tendido sus rieles dentro

del edilicio mismo de la IAbrica, el del Golfo que
carga los abundantes productos de las regiones
exhúberas de la costa, el Nacional que atraviesa
las grandes extonsiones centrale• del pals, llevando productos de toda snerte y el Internacional que une á Monterrey con la gran arteria del
Ferrocarril Central y lleva directamente los productos de aqnella ciudad privilegiada hasta Guay
mas, desde donde se hace la distribución para
todos nuestros puertos del Pacifico.
El edilicio de la fabrica es suntuoso. El electo
para la vista ee bello, acabado y corresponde
ciertamente á la riqueza que la previsión inteli¡¡ente ha acumulado en el interior para las labores. Un jardín, estilo parque lo¡¡lés, le presta el
bonito aspecto de su cuidada vegetación y agran-

�EL MUNDO.

II

la evaporación del amoniaco, al que ha~en circular los comprensores ó máquinas d? hielo á _tra•
vés de un sistema especial de tuber1a, que tiene
varios kilómetros de extensión.
Después de convertirse por los ~ás modernos
procedimientos de la industria el lup_ulo Y la malta en un líquido aromático y ambarmo, se efec•
túa lo que se llama el cocimiento de la cerveza,
en grandes calderas de me~al _pulimentado que
deslumbran por su brillo y hmp1eza .. De allí pasa
la cerveza, hirviente todavía. al Enfr1adorB~ndeCuenta la fábrica con tres inmeTisos patios, uti- lot, cuyas espir ales de tubería recorre, ?aJando
lizados todos en Ju labor diaria. En el primero, rápidamente su temperatura. E_n segmda, po r
A la entrada, se puede apreciar el _cap~tal nada medio de bombas finísimas especiales se e1e~a el
despreciable invertido en la fabr1cae1ón d_e la Jiquido basta el tercer pbo en que se erectu~ la
cerveza. En ét se bailan colocadas tres máqurnas fermentación. Del depar tamento de fermentación
refrigeradoras de pot?ncia nota ble, ~estinadas á cae la Cerveza al segundo piso, llamado de rela fabricación del h,elo y producción de frío, puso. donde permanece ta~b!én ~argo tiempo,
indispensable, como se s~be, para la e~aboración para volver finalmente al pnmer piso, en que_ se
de Ja cerveza: las máqumas son americanas, de ef•ctúa l• cl,rificación. Esta mar~b_a del liqmdo
construcción inmejorable, griln precio y resisten• tiene un sin fin de detalles y reqms1tos, pues no
eia comprobada y con capacidad en junto de 225 hay cosa más delicada y dificil que la preparatoneladas, aunque no tod~s trabajilu _sie~prr, pues ción de una cerveza perfecta. La fabric,ción de
en invierno sea provecha el extraord10ar10 descen- la cer veza requiere de Sf'is á ocho meses de laso de la temperatura ugional,. sí lo h .-ceo la !Dayur bor diaria, constante, A todas horas del _día Y de
parte del afto, produciendo rnmensas cantidades la noche, y basta el descuido de un mrnuto, de
un segundo, para echar á. perder enormes depó•
de hielo.
No todas se utilizan necesariamente en la ela- sitos, cuyo costo podría hacer la fortuna de vaboración. El lujo de !a lábrica del hielo es un rios hombres.
Antes del envase, pasa la cerveza, ya hech.11.,
derivado de la grandeza de los industriules. ~•
producción de hielo pasa de 40 toneladas al d1a, por filt: os finísimos y que completan las dos opeJlenando en invierno y en verano el consumo de raciones precedentes: el reposo y la clu1f1caMonterrey y el importantísimo de una gran co- ción. Algunos de estos filtros h•n ~ostado $8.000,
marca tributari1'. A las poblaciones peque.ft.as ó su calidad no sólo tiene el crédito de 1" casa
cerc mas se hacen Jos envíos por Express, y A cunstructora, sino la confirmación de los meJo mercados lejanos lo~ embarques se tfectúan en res resultados en la fábrica de Cuauhtémoc, que
carros refrigeradores especiales, constr_o~dos ex - ]os utiliza. sin descanso y sin Que algo.na vez baclusivamente para ] H. Cervecería .. Sd uul•za tam• ilan presentado deficienci•s. Como todas los útibién el hielo en el empaque y conservación de la les y máquinas de la instalación, los filtros resul cerveza en cuft.etes 1 que debe tenerse siempre he- taron de gran cvsto por su excelencia, pero tamlada, y de la cual se hacen grandes remesas A to- bién por ella altamente remuneradores del desem•
das las poblaciones de Nuevo León, y á los Es - bolso de adquisición; puesto que u na de las con
tados de Coahuila, T.11maulipas, D. rango, Zaca - diciones que ha logrado la aceptación inmensa en
el mer cado de la cerveza Cuauhtémoc, es su clatecas Chihuahua 1 San Luis Potosi, etc.
Pe;o la t~rea más importante de laP máquinas rificación irreprochable, quizá s uperior á la de
de hielo es la refriger•ción de la Cerve.. pro- lllB cervezas extranjeras.
Los filtros realizan la clarificación del llqnido
pia ment~ dicha Está ésta constituida por un gran
editicio de tres pisos, cuyas bodegas se guardan con la rapidez posible en este trabajo, lento de
Eiiempre á una temperatura glacial, obtenida por suyo, para acumular en barriles enormes el llquida á través de sus arbustos y sobre el musgo verde
de su suelo lAB proporciones de la construcción
magnífica. Con mucha justicia, los regiomontanos se hallan orgullosos de esta instnlación modelo y jamás permiten al tourista abandone aquellos
Jugares, sin haber coseehado los aplausos de admiración calurosos y repetidos que rec!ama la
contemplación de tantos e,luerzos hábilmente
acumulados.

•••

1'
1

1

1

Domingo 6 de Agosto de 1899.
do depurado de toda impureza que pudiera ba,.
cerle dall.oso á la economía ó desagradable Ala
vista.
E n esta ala del edilicio se encuentra también 1111&amp;
maquinaria. import,ante: los poderosos dioamoe
que inundan los departamentos todos de la UbJ1.
bric11. de lucecitas ineandecentes, ora fij as, o.._
movibles y distribuidas con discreción notorl¡
en los a ngulos, en los patios, prc!odidas al Dllll'O
ó pendientes del techo. El alumbrado es una de
las mejores obras del establecimiento y en las qae
por manera especial se revela el arte y la rique.
za que han presidido á las labores tod&amp;s de la
construcción.

• •*
Merece cuidado especial de los fabrica ntes, el
lúpulo que e, la substancia fermentesci ble y q111
da á la cerveza el sabor amargo tan agradable
como estimulante. Se mantiene en aquella fábrica
en bodegas perfectamente acondicionadas, en lu
que se le preserva, por procedimientos ad hoc, de
las extremosas condiciones climatéricas del lagar. El lúpulo se, limpia, se seca, se aparta en gna.
pos; es, en fLn, obj1to de cuidadosos detall es por
parte de los grandes cerveceros, que pudiéramoa
llamar los cerveceros artistas, ya que perslguea
con afán el ideal de un proyeoto que alcance !odas las posibles perfecciones.
Ni el molino donde se macbac, la Malta ea oor riente y comúu , ni éste dej~ de distinguirse dt
los ordi~ariamente empleados¡ pues p&gt;1.rece que
en esta instalación todo se concibió y r i.:alizó coa
el prurito de notoriedaa que fuera satistactoria i
los ideales de los fabricantes y provechosa á la
calid•d del producto. De mejor material, de mavor potencia, de capacidad notable, cuenta lalll•
biéa la particularidad de llevar, á poca distancia
de la m0lienda y en la esfera de acció n de 1111
dientes, unos electru imanfs peque:fios, pero edr•
gicos, que s nbstraen inllex bl ,mente, ellragmeoto
de clavo, la partícula de fierro, y en general la
i mpureza metálica que tienda á pasar junto COD
el grano y que baria poco llmpido el liquido 6
pertur barla su fermentación regular.
Dicho se está que la materia prima qu e ha da
alimentar á organismo tan a ~abado y v igoroso,
debe la previsió~ haberla a 1m1cenado e a canll-

,

Domingo 6 de Agosto de 1899.
- dad es proporcionadas al enorme gasto de es-1e INbor atorio gigantPsco de la iPdustria. Y sorpren de á la par que la cantidad de grano alm acenada, la limpieza sin mácula de llis bodegas en donde •e orea, dejando lucir limpia y brillante su cl1scara dorada sin oue la aféen mater ias extratl11.s ó cuerpos sucios que harían en seg uid a dificil las operaciones que han de practicarse con el mosto.

•••
Preciso es seflalar rugo saliente de las prodigalidades de la fortuna ó de los aciertos de 111
inquisieión diligente, que en f l terreno elegido
para elevar la fAbrica modelo se encontró como
bRllazgo riquísimo el venero más abundoso de
la localidad, del que se extraen má, de 600 000
galones de agua di1uiamente. Es éste un II bunJ oso río subterráneo, cuyo H.:¡uido se considera
el tesoro mAs preciHdo dP. la Negociación, poes
al mandar se pra.ebao de él para analizarse en los
mb reputados lab JrRtonos de Alemania y Eita
dos Unid os, fué declarado superior pttra la hbricación de cerveza Alos mAsaf lmados veneros
del mundo.
No se necesita tenrr el conocimiento técnico en
la fil bricaeión de cerveza, para darse cuenta del
util íii mo y casi por~entoso contingente que trae á
la ei&lt;boración esta clase y cantidad de agua tan
fi\cilmente accesible A las riecesidades de la confección. Se sabe que la cerveza es el mosto del
grano fermentado en agua con syuda de lúpulo,
y por lo tanto se comprE'lnde sin esfuerzo que el
aga.d, elemento principal de todas las industrias, es
capitll l indispensablemente precioso para la industria ce'"vecera. En la actualidad sólo existen cua•
tro bombas que extraen el agua en la proporción
que antes seftalamos; pero ésta, no obstante ser
notoriamente grande, no basta. á las necesidRdee
de aquella industria próspera. y pronto se instalará n otr as dos bomb•• que ayuden con las primer as á obtener la ltbulosa cantidad de agua
que ofrece el abundante venero.
Los méritos de la construcc•ón, el hallszgo del
manantid, la introducción benéfica de tres de los
pri ucipalrs ft&gt;rrocarriles frcnterizos; se debe á la
feliz conjunción de los elementos primarios de
111 industria: capital respetable, concepción vasta, ingenio de detalle y sostenido esfuerzo. El
Capit•l lo aportó la Sociedad con admirable fé y
es¡;íri tu de empresa, cuando se tenía todavía poca confiiinza en nuestras industrias y muy pocos
aug uraban fdiz éxito al colosal negocio; y la
ejeoución de los planos y pro y ectus la tuvo á su
ctt. rgo el ar quitecto especialista de San Louis Misoo ri, O. J. Wilhelmi, que llamado por los accio nistas fu ndadores á Monterrey, logró con una
o bra mas extender su f 1ma á riuestro país como
constructor de flbricas de cervez!l, dotando á
la frontera con un establecimiento acabado y
digno de su renombre y de nuestro adelanto.

•••
U no de los departamentos que más ostensiblemente muestran el colosal movimiento de la inst.lación, es el de empaque y embotellado. U,anfie par a la demanda del mercado dos clases de
env•se: el de barril y el de botella, y ambos se
verifican con extraordinaria precisión y rapi•
-dez. T uberías de no escaso volúmen comunican
&lt;&gt;on las bodegas que hemos descripto y en las que
la cerveza repoaada, clarificada y filtrada, sólo
11guarda el instante de ser lanzada al Comercio.
L as tuberías se hayan perforadas lateralmente
-en doce sitios equidistantes y A diversos tramos,
en cada uno de los cuales se coloca una boteila,
Y que se bailan provistos de un gobernador auto m ático, por tal manera que colocado el cuello de
la botella en alguno de los pequenos tubos que
penden de las perforaciones, se llena pcr sí sola
•in necesidad de llave, y retirado el casco basta
• Ole hecho para que el gobernador automático
inierior , cierre rApidaruente las válbulas sin que

EL SEfWR GERENTE GENERAL DE LA ÜEHVECERIA, U.ODEADO DR SUS PRJNCIPALES EMPLEADOS.

EL MUNDO.
se escape una sola gota más del líquido que ha
llenado 111. botella. En un orden enteramente semejante pasa lo mismo con el envase de l JS barriles, y es una operación aunque más sencilla
también más vistosa de las que pueden presenci,rse en 11 f~brica y que sorprende agradablemente A los visitantes.
El envase consume diariamente más de ochenta
mil botellas queabsorveel mercado tan luego como
le llegan, destinAndose algo de este producto res petable á la exportación c11da día creciente. Hasta hoy se ha consc.mido de preferencii y en ciertas ocasiones, exclusivamente botella alemana de
la m,·jur acondicionada para el objeto; pero el
impulso de los f•bricantes entregado ya á la expeculación progreEi va, ha proyectado establecer
como anexa á la ntgociación principal, una fábrica de botellas que le proporéione ú liles econó •
micos, A la vez que pueda Mislir con la rapidez
deseada á las exigtneias del consumo. Y oo obstante, como hemos dicho, el embotellado actual
hace un gasto de ochenta mil cascos por día.
Tiene labores preparatorias eata operttción del
embotellado; con tanta rapidez como cuando se
llenan, se someten préviamente á la acción dA
cuatro mAqoiaas lavadoras que af1ctan la forma
apropiada y se cargan con muoiC'iones de díterentes tamafl.os en order:. descendente, pasando
en seguida A recibir el frotamiento de los cepillos que a rman otras cuatro maquinas; y por úl·
timo, á la acción del agua que á torreo tes penetra
y SRle de )os cascos para entregarlos extraordi•
nar iamente .'impíos. La operación se completa.
por el tapado, erc,sqoillado y pestall.a de e1iquetas que también se vt:rifica automáticamente por
medio de aparatos tao sencilJ03 como ingenh,sos
y que con rapidez que asombra, reciben la bote•
lla llena de liquido fermentado, y la entregan á
los almacenes vestida con la etiqueta, adornada
con el casquillo metálico, sujete pcr el alambrado, es decir, con todas las condicionp,s de seguridad para el tráfico y de buen gusto para el mercado.

•••

El articulo destinado á la exportación sufre
antes de la salida de la IAbrica y de ser envaoado, una última operación, úaiea en su objeto.
Consiste en someter el líquido A la temperatura
deun bailo de agua birvi~nte. Por este tratamiento cuidadosamente verificado se logra la muerte
de los mi.Jroorganiimos que pudieran ser perja.diciales á la fermentación y con esto noscivos á la
••lud. Se ve que no hay un de,alle que escape á
la penetración de los intP.ligentes industria 1es, y
que por el contrario los inquieren, 101 l igran, los
adh·ioan y los resuelven por manera que favorecen á su honradez de comerci1nte y al beneficio
del consumidor.
En el departamento opuesto de la fábrica que
recibe los productos abundantes cuy a elaboración hemos pálidamente descripto, esper•n los carros la llamada de los almacenes oara entregarse
al vértiA"o de a'-!uel movimiento febril. Las Cttjas
de empaque llegan del Norte, y no porque nuestros industriales no pudieran lograr artefactos de
sencillez semejante, síoo porque nuestras maderas
no rebi iten, se deshacen, no sirven. Y aq ni una
oportuna rec'&gt;rdación á nuestros agricultores, la
de mejorar las condiciones de sus maderas por
medios tan conocidos como aconqeja los, y prevenir así la competencia victoriosa de las maderas
extranjeras. El número de cajas empleadas para
las seguridades de las exportRciones, no es despreciable, puesto que han de contener capacidad
bastante para que puedan sumar anualmente buen
número de millones de botellas.
Instalación tan vasta como ésta, cuenta con talleres accesorios, pequeft..os necesariamente, si se
miden por las grandes dimensiones de la lábric,
principal; pero eiempre dignos de atención y
aplauso, porque también en ellos el esplrilu previsor ha acumulado los elementos precisos á la
labor fácil y rápida, y allí también, como en las
ricas maquinarias o en las inmensas cubas de fer-

III
mentación, se advierten el orden sin tropiezos, el
aseo que e•plende, la diligencia que admira.
Los principales de estos talleres son los de talabartería, carpintería, herrería, carrocería y pintura, que cuentan un número nada escaso de
obreros habiles, y se ocupan constantemente en
reparaciones de útiles, refacción de piezas, construcción de otras nui.,vas 1 factura de carros y c11jas de empaque y decorado, siempre atendido, de
todos los departamento• del edificio.

T•I es la fábrica de que con justicia se enorgullece la capital regiomontana. Como en épocas
anteriores se ensef\ab~ al toarista el bosque salvaje ó la iglesia e:-- ruinas, hoy se le muestran ltls
fundiciones 1 lo~ telares, las fAbrieas; pero ningu•
na hl\ alcaoz¡¡do el renombre de la Cervecería
Cuauhtémoc. que parece simbolizar, para orgullo
del fronterizo, el triunfo del e,fuerzo hábil y dilig~mte.
Cierto es que los directores de esta próspera
compafl.ía, no se ban dado un minuto de tregua.
Ni el éxito ha sido porte á obligarles al reposo.
Afto por all.o, de,de el de su fundación, &lt;\ sea hace
ocho, se ha ensanchado la planta del edificio para
inaugurar nuevos departnmentos ó ampliar lo-.
anteriores, para insta lar talleres y activar el despacho, para per f,mcionar los aparHtos y sistemas
de fabricación. Hoy tiene uno de los edificios
mAs v.1stos 1 de los mejor apropiados de los
más preciosos en su género; la prod ucción más
abundante, y por ende el consumo ma~ vigo•
.:vso, constituyendo, tal vez eJ primer establecimiento de la República. Pero de tres all.os a.
esta parte es cuando principalmente la Cer vecería ha logrado un desarrollo prodigioso. Para
formarse una idea de la importancia q 1e ha alcanzado, daremos un dato seguro, uno s ulo, pero
elocueante. El nuevo departamento de embotellc1r,
que se inaugurará dentro de un mes, serA el más
grande del Continente Americano; y en todo el
mundo, sólo habrá otro, en Inglaterra, que podra.
igualársele en el número de botellas que lance
diariameote al mercado.
Con respecto a. li f•ma y crédito de sus productos, diremos qua es la q ne exporta mAs cer•
veza embotellada en Amé rica, y que muchas fá bricas de los Estados Unidos han tratado de f•lsificar sus marcas p1:1ra. acr editar sus productos,
tanto allí mismo como en este país, y los de Centro y Sud Amédca.
'

*••
Para la vida Rana de estos organismos se necesita una legislación higiéoica que destierre las
enfermedades viciosas de los obreros y est!mule
sus virtudes, aquellll...!_por las penas y é3tas por
el premio. Y la Cervecería tiene sus leyes. Se imponen multa.a A los obreros faltistas, perezosos ó
descuidades, y con ellas se f ,rma un fond ,, que
sirve para premiar á los atentos, activos y exttctos. En el ano último, y sobre un promedio de
400 obreros de todas clitses, recibieron los premiados una gratilic•ción de $52 por individuo.
Si no se logra extirpar el mal por completo, por
lo menos se miLora, y se estimula al virtuoso
para que luche y venza, redimiéndose al obrero
de un nombre anónimo y de una. calificación colectiva.
Perdónensenos las apreeiacíones entusiastas, si
fueren inmoderadas, y las frase3 cttlurosas, si
trauslueieran apasionamiento; pero el cronista no
puede dispensarse al resellar adelantos tan positivos como los que representa laFábricaCuauh1émocque h~mos descrito, de pag11r su tributo de
entusiasmo en voces clamorosKs, frente al cuadro
del trabajo que hoy presenta el país, cuadro h•r•
moso y admirable en el que ostenta las esperanzas en flor como anuncio de los fruto 3 de oro de
la prosperidad de la Pe.tria.
ALFREDO N. AcosTA.

�EL MUNDO.

Domlngc 6 .Agosto de 1899

IV

•

CP/ .

~agtnaJ
A.ño VI

Tomo I l

México, Domingo 13 de Agosto de 1899.

Número 7

UN HERMOSO CRUPO DE TOILETTES.

LOS CABALLEROS FUMADORES.
Dice una Revist,a para Damas:
«En el número de Febrero del Good Health replicamos á las razones de un caballero que juzgaba no teníamos razón en expresar nuestra duda de si un fumador podía ser considerado como un caballero. No
hemos abriltado dudas sobre este particular, hace
muchos anos, y nos alegramos de ver que otros mil
se están libertando tanto de la esclavitud de la costumbre, que no vacilan en romper su silencio acerca
de esta cuestión.
«Todo hombre tiene derecho de fumar, si así lo
quiere; mas nadie tiene derecho de hacer que los
otros pa.rtlcipen de esta sucia práctica, quieran ó no
quieran. No pocas veces cae al que esto escribe la
suerte de verse obligado á ocupar un ~oche de alquiler que tres ó cuatro fum~dores han ocupido antes, y
que ban logrado saturar tan completamente de nicotina, condensada en las portezuelas, vidrieras, cojines y en todo el interior del vehículo, que era imposible permanecer en él, aun con las ventanas abiertas,
sin ser atacado de náuseas.
«En los carros urbanos, cuando van llenos de gente,
no es raro encontrarse uno encajado entre dos devotos del tabaco, cuyo aliento, cuerpo y vestido exhalan el olor no de violetas y rosas, sino de un articulo
de vegetación de índole enteramente diversa. En tales circunstancias no puede uno hacer otra cosa que
contener su aliento, respirar poco, desviando la cara,
á la inspiración, tan lejos como es posible de la fuente de infección, reprimir su enojo lo mejor que uno
pueda y escaparse en busca del aire libre tan pronto
como las circunstancias lo permitan.
«Ningún fumador puede ser tan ignorante que olvide que no puede viajar en un vehículo público sin
correr el riesgo de sujetar á alguno á la triste ordalla

de respirar su hálito impuro y venenoso, y de recibir
la atmósfera de tabaco que proviene de sus vestidos

saturados del humo de aquella droga.
«Pero el mundo se mueve un poco. Hombres y mujeres están levantando su voz en todas partes para
protestar contra la dañosa costumbre; y nuestros !ec•
tores pueden estar seguros de que el Good Health,
después de estar empei'iado en la campai'ia contra el
tabaco, el alcohol y todos los otros venenos que tienen esclavizada á la humanidad, por más de un tercio de siglo, continuará haciéndose oír en defensa del
derecho inali~nable de los hombres, las mujeres y los
niños, de respirar el aire puro del cido, no viciado
por el aliento de los devotos del sucio yerbajo.GooD GEALTH.&gt;

NUESTRO GRABADO.
UN HERMOSO GRUPO DE TOILETTE$.

El figurfn que aparece á la derecha del grabado, es
de calle. Está hecho de sarga de seda, con gnndes
aplicaciones de guipure en el cuerpo y en la falda.
La seda es mal va. El cuerpo muy ceñido, con la blusa abierta triangularmente sobre un peto.
El figurín del centro es de pongé muy fino, formando una túnica cerrada graciosamente á la derecha,
por un;:. banda de blonda antigua. El cuerpo, muy
caprichoso y elegante lleva plissés amplios, cortados
por una banda diagon.i.l. Gran aplicación bordada en
el peto, que está hecho en fajas circulares concéntricas.
La tercera figura muestra un elegantísimo sombrero, estilo Directurio, de paja de Francia y aplicación
de rosas. Un gran penacho blanco lo corona, cayendo
graciosamente sobre la falda levantada.

Un pago de 140,000 pesos d.e "LA MUTUA-"
El distinguido y bh::n conocido banquero de estaCapital Sr. D. Martín de Castillo y Cos (de 1a razón
social l. R. Cardei'ia y Compaiiía) estaba aseguradoen LA MUTUA, Compai'iía de Seguros sobre 1a VIda (The Mutual Life Insurance Compacy of New·
York) bajo las siguientes pólizas:
2 pólizas de 25,000 pesos oro ameri•
cano, equivalentesá ............... $100,000
2 pólizas de 20, ooo pesos plata mexicana ............................... 40, 000Total, $140,000según, los certificados de los Sefiores Notarios Fran•
cisco Merino Ortiz, Francisco Diez de Bonilla y .Agustín Pérez de Lara.
LA MUTUA pagó los días 15 y 22 de Junio á loabeneficiarios, á la sei'iora Soledad de Castillo de Lerdo de Tejada, Sei'iores Samuel Hermanos, el Bancode «Londres y México&gt; las sumas arriba expresadas.
EL SR. D. EUGENIO A.BBA.DIE.
«E.itoy sumamente sati~fecho con la «Dentadura
.Automática,&gt; que ustedes me .hicieron, pues ademáttde ser excelente la materia de que está form3da, es
muy hermcsa y se adapta perfectamente, hasta el
punto de que puedo usarla luego, sin molestia deningún géntlro.
Yo creo que si alguno aspira dominar el noble arteque ustedes ejercen, sólo podrá llegar á la altura deustedes, pero elevarse más será imposible. Para ali·
vio de la humanidad doliente, Dios suscita de vez eo
cuando algunos génios. De estos "!eres extraordin&amp;•
ríos son us~des, algunos de los más distinguidos eo
su ramo. - Eugenio A.bbadie.- Porta.I Guerrero núm4,
- Guadalajara.
.A. los Sres. Dres. Spyer. Calle de la Palma núm 3,
lléxico. Inventores de ~a «Dentadura .Automática.&gt;

CRISANTEMAS.
CUADRO DE CúNR\DO KIESEL.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 6, Agosto 6</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 2~ de J ullo de 1899

EL MUNDO.

54

LOS HOTEL68 MODERNOS DE MEXIO0.
Año VI

Tomo 11

México, Uoming0 30 de Julio de 1899.

Número 5

GRAND HOTEL DE FRANCE.-ORIZABA.-VISTA INTERIOR.

UN HOTEL MODELO.
Orizaba cuenta ya con un establecimiento para los
turistas, digno de las bellezas pintorescas y del clima delicioso de esa ciudad llamada á ser el punto de
reunión de los que buscan en los viajes desLanso, salud y recreo.
Como se ve en el grabado superior, el hotel fundado por M. Luis Leroy, es un edificio perfectamente
adecuado á su objeto. Amplio patio, corredores es-

paclosos, llenos de plantas exquisitas, distribución
cómoda de las habitaciones, con sus puertas independientes adornadas de vidrios de colores, todo contribuye á dar al bote! el aspecto más simpático.
Las piezas son amplias, los muebles flamantes y de
estilo moderno: tienen alfombras y alumbrado eléctrico y todo lo que puede desear en su alojamiento
una familia habituada al comfort.
Hay además departamento de baños, servido
con las atenciones más exquisitas. El comedor, es de
estilo moderno y bien decorado, y la cocina está bajo

gas-!
l

la dirección inmediata del dueilo del hotel, hábil
trónomo, ventajosamente conocido en su especialidad.
A mayor abundamiento las bodegas y despensa poseen
existencias que permiten al establecimiento satisfacer todas las exigencias de su clientela.
El «Grand Hotel de France&gt; está situado en lugar
céntrico, al paso de las tranvías, tiene luz eléctrica y
una dirección habilísima, pues el i::lr. Leroy y su esposa atienden personalmente á los huéspedes proporcionándoles cuantas comodidades pueden desear.

G-RAZIELLA.
CUADRO DE E t'GENIO BLAAS.

,

GRAND HOTEL DE FRA.NCE.-ORIZAB} .-RECA)IARA DEL PJ{lMER l'IiO,

•

�EL MUNDO.

58

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.
. ---------------------------------------------·
LA SEMANA
Un día la curim,idad abre un arcón mucho tiempo
cerrado. Y dentro de él se encuentran chucherías curiosas, telas amarillentas, objetos raros, flores secas,
paquetes de cartas, monedas antiguas. Esta exhibición despierta entre nosotros no sé qué extiañ&lt;,s sentimientos de apacible melancolía. Se reconstruye el
pasado, se dibuja en la fant,asía un cuadro vivo, se
hace la novela de toda una vida, y dP, sueño en sueil:u, se llega á resucitar una época. Es una sensación
deliciosa, tenue y vaga, semejante á la que experimentamos cuando en la noche, !ll abrir la ventana de
un jardín, vemos á lo lejos brillar un traje de mujer
en un claro ce luna.
Oyendo música antigua nos asalta igual emoción,
es una arca que guarda las melodías pasadas de moda, temas arcaicos y aires envejecidos. Esa música
tiene algo del perfume de lo viejo, un perfume exquisito de rosas muertas. Escuchándola, reví vimos
una época.
Y sin P,1Dbargo, nos fatiga, y más que nos fatiga,
nos aburre la monotonía de estas partituras escritas
para nervios más sano!\. Son pastoriles. Nos parecen
una égloga de Virgilio acom¡:,añada con zampoñas.
No nos conmueven ni nos interesan ya. La sencillez
toca en muchas partes con la tri vialidad y origina el
fastidio. Y el fastidio es padre del bostezo
En general, los argumentos de estas óperas están
hechos para campe!.inos de la Arcadia. Tienen el clasicismo meloso y falso de las tragedias del sig-lo décimo octavo. Vemos aparecer griegos y romanos de pantomima.
La música suele tener bellezas, delicadas melodías,
pasajes inspirados, graciosas combinaciones, pero todo viejo y desteñido como un girón de seda antigua.
En una sala, entre amigos, frente á una taza de té
y una nube de humo, nos deleitarían esas obras, á
fragmentos . Eo un teatro nos desesperan. Hay mucha fiari,ture y mucha filigrana en esa mú,üca, pero lo
que no hay es emoción, arranque, pasión, polifonía,
todo lo que necesita nuestro complicado espfritu moderno.
Esto pensaba yo, escuchando con una atención
complicada de hastío, varias escenas de las de Soffo
de Pacini, represent adas mucho ba en el escenario
del Nacional
A fuer de sincero debo declarar que ya apenas me
seducen esas excursiones artísticas, en las cuales, por
u na sugestión inexplicable, tal parece que el alma
rejuvenecida y alada, toma de nuevo el brío de las
alas nuevas y recién emplumadas. ¡Qué cosas tan raras, tan sutileR, nos van diciendo esas arias iotermi•
nables, esos dúos melifluos, esos conc.:rtantes de sencilla y pueril harmonía! Nos dicen: ¿te acuerdas?
Eramos el aire gárrulo de tu espíritu en primavera. Nosotros fuimos los que despertamos tus pasiones dormidas, nosotros, ks que echamos vaho azul
en los paisajes de tus sueños, los que arrullamos Lus
primeras esperanzas, lo~ q uetej irnos unahamacadedGlces melodías y la clavamos en las estrellas para que se
columpiaran tus amores en la diafanidad de J ,s cie1(,s. Ahora nos desdeilas, nos desconoces, nos recibes
con una sonrisa de burla y i;n gesto rle desprecio; pe•
10 pcr más que bagas partL olvidarnos, ahí están como púas lucientes, en la penumbra rte tu memoria,
los recuerdos de tu vida inquieta y f.iliz, los recuerdos que avivamos á nuestro paso, como sopla el aire
y aviva la llama en el mal apagado rescoldo. Mientras nos oyes con tu apariencia indiferente y aburrida, tu pensamiento teje y desteje la tela de Penélope
de aquella estrofa empolvada:
Esa es mi juventud que dfsfallece,
es mi ilusión que canta;
mi primer desengPilo que aparece
y mi primer amor que se levanta.
¡Operas viejas, fastidiosas melodía~, aires senci.
llos, temas sentimentales, idos en paz; no l,S amau,os
ya; sois nnestra desesperación y nuebtru remordimiento, y nos obligáis á pensar en cosas lejanas y
tristts de las que ya no queremos acordarnos!

***

Ha cesado, por algunas horas, la mon6tona decoración del horizonte, durante los crepúsculos lluviosos.
Las ~oches de Julio han sido grisPs, de esas Pn que,
como dice un poeta, la luna corre detrás ele las cortinas cenicientas, que s~ rasgan de ':,recbo en trecb,)
para filtrar !ª luz de los astros; noches con pocas estrellas, sem1ahog'ldas en la cerrazón húmeda ne los
campos, silenciosas como las quimeras de los soñadores,. noches de las almas buenas en las que el cielo semeJa el dombo de un templo gigantesco elonde los
luceros arden como ~i fueran blandones qu~ alumbraran las criptas azules de los ángeles muertos.
Pero las tardes han sido monótonas y frías, metidas en. agua, con su fJ.ngo obscuro y su llovizna per1,lst,P.nte.
Unas cuantas horas, sin embngo, el m!ércoles al
acabar el día, sobre la placa de plomo del Orie~te,

enr.endiéronse dos arco-iris triunfales, tan radiosos
y vivo~, que la fangosa ciudad pa~eció, de p~onto, como vista á través de un gran prisma de cristal. El
sol, entonces, elesde el ocaso, hizo estupendas mara•
villas de su oro: lo arrojó en placas y florones sobre
los muros, sobre los cristalPs, sobre los charcos, lo
deshiló en redes sutiles y deslumbradoras sobre todos
los objetos, hizo grandes mariposas de los murciélagos, de los paraguas, y pavonadas salamandras de los
carruajeR.
.
.
MElxico fué, por hreves instantes, una feé~JCa c_m:
dael de Cuentos ele Hada~, romo las que se 1magrno
Luis de Ea.viera en sus nebulosos ensueños.

** *

He visto en los periódicos la inaca.bable rliscusión,
refrescada por asuntos teatrales del género chico: para
la época mederna vale ser p,&gt;eta en el alto sentido de
la palabra?
y me he puesto á leer una y cien veces la irónica
página de un libro inmortal:
«Un día, M. Jourdain, ya todo un mamamuchí, y
habiendo aprendiJo la ortografía, llamó á su casa á
los escritores más ilustrados del siglo. Se acomodó
en un sillón, les señalaló con el dedo sillas de tijera,
y les di jo:
- 8eñores: He leído vuestros chascarrillos, me han
divertido y quiero daros trabajo. Se lo he dado últimamente á vuestro colega, á Lullí. A petición mía
h1 introduddo en los conciertos la trompa marina,
instrumE&gt;nto harmon:oso en que nadie se hil,brá fijado
aún y que es de gran efecto. Deseo que sigáis mis
ideas como las ha seguido él, y os encargo un poema
en orosa.
Ya sabéis que todo lo que no es prosa es verso y
que todo lo qne no es verso f'S prosa. Cuando yo digo:
« Nicole, t ra( dme las za patillas v dadme el gorro de
dorn ir.&gt; bago prosa. Tomad es! a fras,; por modelo.
Ese e~tilo es mucuo más agradable que la jerigonza
de renglones sin acabar que llamáis versos. En cuanto al asuntv, seré yo mismo. Pintaréis la bat,a rameada que acabo de ponerme para recibiros y el traJecillo de pana verde que llevo debajo para mis ejercicios durante la mañana. .A.puntaréis que la indiana
cuesta á un luis la vara. Esa descripción bien perjeñada se presta á toques de muy buen viso, y enseñará al público el precio de las cosas. Quiero que habléis también de mis espejos, de mis alfombras y colgaduras. Mis proveedores os darán la nota; no dejéis
de insertarla en vuestra obra. Me gustará volver á
ver allí al natural, con todos ses pelos y señales, el establecimiento de un padre que vendió pafio á los ami gos por servirles, la cocina de mi criada Misle, las habilidades de Bronsq•1iet, el perrillo de mi vecino M.
Dimanche. También podréis explicar mis asuntos
domésticos; uada más interesant~ para el público que
saber cómo se gana un millón. Por eso os pagaré generosamente á medio l uis la vara. dé escrito. Volved
dentro de un mes y enseiladme lo que hayáis sacado
de mis ideas.&gt; 10b, M . Jourdain, eres eterno!

***

La Sociedad Chibuahuense celebró una de sus simpáticas fiei,tas.
Estos famosos bailes ti&lt;&gt;nen el atractivo de prender las alas del tiempo con los cla,,os áureos de la
alegría. Tal vez ningún círculo en México posea como éste en tan alto grado la facultad de inspirar el
contento sano y el placer tranquilo. Hé aquí por qué
todas las mujeres hnmosas y jóven!'s se dan cita allí.
La fiesLa ele la t-;uciedad Chihuabuense no tiene
más que un defecto: que no f'S interminahle, y que la
Aurora se encarga de decir á los in rifados:
-Señores, es hora ya de descansar, dormid un
por.o.

EL EXTERIOR.
Revistas Politicas y Literarias.
1.-LA CONFERENCIAD.E LA PAZ: SU PROXIJIU CLAU·
SURA; SUS ACll.EltDUS DEFCNlTIVOS. LOS 1!:XPLOSI·
VOS, EL DESARME PARCLAL, LA COltTE DE A.KBI·
TRAMENTO.- l N T.ERES DE LAS POTENCIAS MILI•
'.l.'ARMENTE INFERIORES EN ESOS ACUERDOS.
2 -LA. SITUACICN GUBERNAMO:NTAL EN FitANCIA:
VIDA NECESARIAllIENTE PRECARIA DEL JIUNISTERlO; LOS OBSTACULOS CASI INSUPERABLES; LOS SO·
CIALlSTAS Y EL EJERCITOj LOS SOC[ALISTAS Y LA
LIBEKTAD Ail::lOLUTA DE LA PRENSAj REFORMAS
INDISPENSABLES
3 - L 'A}'lfAIRE,

Está á punto de di sol verse la confuencia de la Haya; á pesar del secreto oficial de sus deliberaciones,
casi todo se ba traslucido, y el público sabe ya á qué
ate~er~e en lo que toca á 0oncluslones generales. Los
penódicos del mundo entero han publicado memorias

Domingo 30 d~ Julio d~ 1899.
de los delegados, extractos de sus discursos, etc. Mu,cbo quedará pendiente después de firmada el act,a general y será necesaria otra conferencia que podrái.
partir de ana base mucho más sólida que l~ que h?Y
ba servido para las labores de la conferenc1~: la mrcular del ministro del Tsar, conde Murav1ew querinterpretando la augusta idea ?e su soberano_, form ula ;mros desiderata. En la próxima conferencia las re-sol ur.iones de hoy podrán ser completadas; ojalá que
no corra entre ella y la que va á clausurarse el lapso
de tiempo que entre ia de Bruxelas y la actual.
Sea lo que fuere, el concilio inter?aci~nal de la Hava abrirá una época nueva en la h1stor1a del derecho,
de gentes y resulta, ciertamente, un homenaj~ á la
gran memoria de Rugo de Groot, el haber esco;ido su
tierra natal para reunirlo. Pueden considerarse, á más.
de la sanción de muchas de las minuciosas y eminentemente humanitarias reglas de Ginebra y BruxeJas1 sobre protección á los heridos y reconocimiento,.
de derechos á los que defiC'Dden el te1ritorio sin ser
soldados, como obtenidos en principio estos puntos.
de magno Interés: no se hará uso en la guerra de proyectiles quf:l causando el mismo efecto que los ordinarios (poner á un hombre fuera de combate) hagan
crueles y dolorosas las heridas; co1110 entre estos proyectiles estaban comprendidos las balas de envoltura.
metálica, como las dum--dum, ingleses y americanos.
reservaron su voto: ya sabrán á qué atenerse los negros africanos y los tagalos de Luzón. Resultado incompleto pues. Otro punto: la reducción 6, mejordicbo, el statu qiw de los efectivos de guerra.
Como era este el punto principal de la iniciativa.
de Nicolás II que, eu realidad, no habló de desarme,
sino de suspensión de armamentos, y como grandes y
pequeños, lo mismo ingleses que suizos, estaban dispuestos á enterrar el magno pensamiento, hubo necesidad de bac.irle solemnes funerales. El rlelegado,
ruso Giliniski invitó, no á votar, sino á deliberar isob1e el asunto, el delegado holandés Den Beer Portugael, hizo ciertas reflexiones favorables al designioimperial y le salió al encuentro, era de esperarse, el
coronel Schwarzhuff delegado técnico alemán. «Mi
patria, dijo en resumen al general Beer Portugael,.
no necesita suspender sus armamentos para prosperar y es un hecho indubitable, aunque parezca asombroso, que á compás del aumento de los ejércitos alemanes y de su incesante perfeccionamiento la prosperidad general, el comercio, la industria, el trabaju remunerado, en suma, han ascendido constantemente. ►
Entre paréntesis, este argumento del delegado alemán, muy jugado y manoseado por todos los partidarios de la guerra, es un sofisma ,:hay relación posible
de causa á efecto entl'e el fenómeno militar y el fenómeno económico en Alemania? No sin duda; son
sim¡:,les fenómenc s concomitantes; valía la pena, entonces de investigar si, sin el crecimiento de la producción militar, la producción industrial, dabida á la
ciencia, es decir, á la transformación de los medios
productores, no sería cinco veces mayor de lo que esY no habría permitido á Alemania fundar algunasAlemanias coloniales; único medio que t iene la civilización europea de contrarrestar el avance mercantil de los asiáticos, el peligro amaril!o que, al mediar
el próximo siglo, habrá becbo ictérico al mundo. Y
cuando el orador dice que en su país el bi.,nestar común aumenta y el tipo de vida (standa?·d of life) se eleva día á día, todrs nos figuramos lo que cincuenta
oradores socialibtas compatriotas suyos tendrían que
responderle.
Después de probar que era nulo el argumento tomado del cansancio y de la anemia nacional, el impugnador del pensamiento del Tsar se encaró, muy
cortés, pero muy resueLamente, con el ruso Gilinski.
La cuestión de los armamentos, dijo, no es una cuestión aislada, es 1uuy complexa y está tan íntimamente ligada con otras, como el grado de instrucción, la.
duración de1 servicio, el número de los cuadros, losefectivo~ de las unidades de tropa, la colocación de
los cuerpos, de las plaz~s fuertes, etc., que es imposible detener el mecanismo de esta maquinaria sin exponerla á serlas avería1,; á más de esto las necesidadesde los ejércitos coloniale1,, etc., demuestran que nopodría oponerse á una obra eminentemente nacional
una convención internacional.
Esto dijo, en extracto, Alemania; Francia, por el
órgano de León Burgeois que, intelectualmente, ha.
hecho, en compañía del profesor Martens, el primer
papel quizás en la conferencia, ]!,rancia contestó•:.
«También yo soporto sin mal humor (allegrément) las
r.argas formidables de mi situación militar y el añoentrante mostraremos al mundo que no ha desmayado nuestra actividad, ni ha mermado nuestra situación económica. Pero es indudable, y debe de creerloasí el delegado alemán, que si los recursos con&amp;iderables destinaJos á sostener nuestros servicios militares estuviesen al servicio de la prosperidad de cada.
nación, ésta adquiriría mucha mayor rapidez. Es necesario, agregó M. Bourgeois, que el mundo sepa quesi mi país estuviese llamado á votar sobre este puntovotaría por la alirmativa. Y si es una dolorosa necesidad vernos obligados á renunciar hoy por hoy á un
acuerdo positivo é inmediato sobre esta proposición,.
debemos intentar probará la opinión pública que hemos examinado sinceramente el problema formulado,
ante nosotros. Y no habremos trabajado en vano, si.

Domingo 30 de Julio 1899
al precisar sus términos generales, indicamos el fin
baeia donde deseamos unánimente, así Jo espero ver
dirigirse á todos los pueblos civilizadoe.&gt;
'
De las elocuentes palabras del delegado francés
surgl? la proposic_1ón, por él redactada, que expres~
el de-~deralum, el 1d~al de futuro desarme, diremos
así, de la conferen~1~ de la Haya y que el último
martes nos transm1t1ó el cable.

* **

En realidad, la constitución de un tribunal de arbitramento permanente, aunque sólo condicionalmente obligato_rio, es el resultado más trascendental
de la conferencia; de ello no babi aba la circular del
ministro del Tsar y, sin embargo, puede decirse que
es Jo que La concentrado los esfuerzos de los deleo-ados y la atención~ un poco sorprendirla, del mu;do
clvillzaclo. Ese tribunal se llamará «Oour permanente
d'arbitrage,&gt; porque la palabra corte, indic"' según Ja
opinión de Mr. Pauncefote adm:tida por los delegados, una categoría superior á todo otro cuerpo judicial y, sin duda, podría acaecer que la corte de arbitramento tuviese que decidir entre las opiniones de
!os más altos rep~esentantes del p!)der judicial de dos
naciones eu confl:cto. Esta Corte se someterá á un
código de proce?imientos que ha redactado ya la sección corre~pond1ente de la conferencia, ;;obre un proyecto ruso que contenía veintisds artículos y que
acaso al publicarse estas líneas nos será ya conocido.
Los pueblos de segunda importancia desde el punto
de vista internacional, como nosotr'os, tenemos un
interés magno, supremo, en estos capítulos de la convención de la Haya; los débiles militar, 00 patrióticamente considerados, y entre ellos estamos nosotros,
tenemos que ganarlo todo, en cuanta tentativa de
poner al derecho un reparo contra la fuerza, encuentra la eficaz garantía del mundo civilizado. Nada tendremos que ~e_mer ?ntonces y podremos consagrarnos no sin v1g1lanc1a, pero sí sin perenne recelo á Ja
obra de nuestra reconstitución ~conómica, porque si
nuest~o derecho ha de ser siempre respetado, seremos siempre respetados, porquP. jamás, jamás saldremos del derecho; es nuestro terreno en él hemos
vivido siempre.
'
Y e&amp; una fortund. que quienes hayan tomado parte pr!ncl palísima en cuanto á esta cuestión atañe
sean los delegados americanos, á quienes los mejica:
nos tenían instrucción, no de subalternarse como
malignamente se ha dicho, sino de incorporarse en
cuanto no creyeran incompatible con nuestro interés
nacional. Es una fortuna porque indica que entre
ellos y nosotros la pala.:.ra definitiva tocará siempre
á la j ustlcia.
Así sea; la obra es buena, y los deleo-ados en la
Conferencia pueden tomarse unos días d~ vacaciones
mient ras su comité de redacción prepara el acto. general que todos deben firmar, y revestir, las naciones
representadas en la Haya, de su sello soberano antes
de terminar el año.

,

EL MUNDO.
Y ya sabemos l? 9ue sucedió; el ejército de hoy está
e~fei:mo de poht1ca y de vaga a ..piración al pronunciamiento; es pr~ciso desinfectarlo enérgicamente.
Per~ no destruirlo, y los socialistas á esto tienden,
Y Gal!1fet no lo habrá de consentir, y llegado el caso
fe retirará; W. Rousseau le seguirá, si los exaltados
le_gasen á arrastrar en pos suya á la mayoría desonentada de la Cámara, ó Waldecx-Rousseau pasará p~r las exigencias socialistas y será su prisionero,
Y el Jefe del gabinete será, en realidad Mille,and y
C?mem,ará la más tremenda aventura don que en su
;.ida ~zarosa h:lya tropezado la República: la coos,it~ción_de un gobierno enemigo de las bases legales
é históricas de la actual sociedad francesa.
Afortunadamente no es posible creer en una mayoría capaz de apoyar un ministerio socialista· al
r.abo de?º siglo, éste sería el verdadero aborto de la
Rev?luc1ón francesa, que trató de fundar una democr'.1c1a Y una libertad, no una tiranía, no la más ternble Y_ abominable de las tiranías. Si &amp;obre este
punt~ viene la crisis, ya podrá encontrarse quiénes
substituyan á los ministros actuales dentro de los
elementos de gobierno del partirto republicano liberal; ab?ra no sería lo mismo; ahora, como ha dicho
muy bien M. René Goblet, una crisis ministerial 110
tendría salida y se converti:ía en crisis presidencial
gravísimo peligro para. la Repúblic".
'

***

. Algo hay_, por desgracia, que va á hacer más difícil Y complicada la liquidación !le l'aO'aire después
del fallo de R1innes: el martirio de Dreyfus en Guayana. Los telegramas hablan de un artículo, sensacional por extremo, publicado por L' Aurore, el órgano del ardiente veterano de la palabra de la intrio-a
Y de la ~udacia que es el Dr. Clemeng~u, y que pu~de co~s1derarse como el portavoz en la prensa de la
fam1ha Drey~us. Sería espantoso, ciertamente, lo
que el periódico refiere de las tentativas hechas para
obt.ener la fu~a. de Dreyfus y darle muerte, ó plira
obligarlo á smcJdarse, después de infligirle la insólita tortura moral de sug,erirle la creencia en la infidelidad de su esposa. E~peramos que la versión de
L'.A.urore result~ parcialí&lt;,ima y exagerada, y, si los
h~chos fues_en_c1ertos, _deseamos creer que sólo la simestra oficws1dad de Jefes subalternos en el ejército
hayan podido urdir una trama á tal grado infame·
este, sf que hiere en el centro del corazón el honor d~
un ejéccitJ y de un pueblo; es preciso, pues, depurar
Y depurar: y en eso está la necesidad fatal y la dificultad suprema.

*

* forzosamente habrá que
Mas ha:V: oti:-o ~sunto á *que
llegar el dia s1gmente de la reunión de la.~ cámaras
y en dotlde uos parece que todo el talento de Waldeck-Rousseau, que va á dar ahora su verdadera medida&gt; corre riesgo de fracasar: oos referimos á la cuestión de la Prensa.
Ya lo hemos dicho, es pasmoso el tono á que en la
prens'.1- fra~cesa ha llegado el insulto procaz y la ca***
Cuando el asunto Dreyfus entM de lleno en el lumma aviesa; apenas la prensa norte-americana en
período defervescente, que ha comenzado ya; cuan- época electoral se le acerca. No hay institución no
do, después de la sentencia del consejo de gue- hay personalidad que no quede así desacreditada á
rra de Rennes, el ministerio conservador- llberal- los ojos de la multitud que es el voto: de donde esta
soclalista creado por la necesidad, Je que fué enér- idea, más vale la dominación de un tirano que la de
gico Intérprete M. Waldeck-Rousseau, haya hecho esta oligarquía de civiles, de burgueses, profundafrente á las consecuencias inmediatas del fallo y so- mente corrompida, en donde ni hay una sola virtud
metido á un juicio á los militares que por creerse en ni una sola pasión noble.-Esa burguesía sin embar:
el deb~r de fraguar la prueba, que no existía, de la go ha dado á Francill, más de veinticinco aíl:os de Reculpa?1lidad de Dreyfus, de que tenían convicción pública, de libertad y de progreso ascendente-Y esfortísima, de esas que inspira la antipatía, han rea- ta otra idea: hay que acabar con todo lo existente
lizado u~a de las mayores inlq uidades de que los ana- porque es incurable; el liberalismo es la máscara d¿
les judiciales hacen mención; cuando reunidas en No- los intereses de los propietarios; suprimámoslo todo
viembre las cámaras reanuden sus tareas normales, y veremos des;més C&lt;imo constituimos un -oder perya desg-arradas Jas negruras del horizonte por el faro manente: viva la Social.
rde la Torre ~yffel _que indica el puerto de la ExposiEn suma: i,i toda libertad deja de ser un derecho
ción en el ag1tadís1mo océano de la política republi- desde el momento que se transforma en opresora, la
cana; cuando-y basta de cuandos-cuando todo esto opresión ejercida sobre las clases superiores por el teYotras c_osas su~edan, el gobierno se disolverá y un rror y sobre las clases inferiores por el ene-afio es de
~lni¡,ten o M~lrne-Poncaré-Gallifet ó Poincaré-Ga- tal manera clara y palpable, que no hay gobierno, á
~et-Bourgeo1s, ó algo así, podrá surgir y acaso po- no ser que se sienta con vocación al suicidio, que no
d, .. durar.
luche contra este microbio implacable que ha hecho
Los puntos determinantes de la diso-regación es- del alfabetismo obligatorio, el vehículo de propagandel _Gabinete son tantos, que par~ el obser- da de una espantable epidemia moral. Y, sin embara r que 9wera preverlos no existe más que la di.ffi- go, la prensa \lomo difundidora de luz científica, coculté du clwix. De los mismos actos del gobierno, res- mo sugerido:a de actos morales, como denunciadora de
17cL_o de los generales, vendrá ld. escisión y la discu- abusos granries y pequeños, no tiene comparación, es
una fuerza solo comparable á las grandes fuerzas na8 ón, claro es que el actual jere supremo del ejército
no ha ~e querer desarmarlo privándolo de algunas de turales, á la electricidad, á la luz, al calor; de todas
~118 m~J~res cabezas; tendrá la tendencia de reducir á ellas participa, digámoslo así, en el orden espiritual.
~ minirnum las responsabilidades. M. de Gallifet He aquí lo hondo del problema; mermar esta fuerza,
n ta hoy ha_ cumplido al pie dela letra su programa: en el sentido de neutralizar sus energías para el bien,
e~;°leraré ~1 q_ue_ el _ejército sea in&amp;ultado, ni que el es un crimen; dejarla viva en su obra de mal, es imJ Cit9 _sea md1st;1plmado; y ya hemos visto qué ma- posible.
La solución de todas estas antinomias sociales
: tan firme ha asentado i;obre las eminencias miliem peñadas en infring ir Ja regla; la casi desti- está en la justicia. Que todo derecho encuentre en
r~ n del general de Negrier, sobre todo, ha hecho ella amparo, lo mismo el del individuo que el de la
~ / efecto: este oficial superior era, por sus méritos, sociedad, y el problema se resolverá caso por caso y
de¿~ bravura, por su feliz audacia en las catnpañas el mal será menor, siempre menor. Urg-e, pues, podado a, por su carácter mismo, un ídolo de los sol- ner al derecho en condiciones de realizarse, porque
a! g Y crey~ndose intangible, se-permitió censurar · hoy por hoy, en Francia, en los asuntos de prensa,
perd~d1e_rno; s1 éste se hubiese mostrado débil estaba no lo está. De esta convicción ha nacido el proyecto
satos 0, mas no ha sido así, y todos los hombres sen- de ley que en las próximas sesiones será yotado por
~ a aplaudt n. El ejército francés, en tiempo de el Senado. Ese proyecto tiene por fundamento la repoleón III, est:i.ba enfermo de abusos y corruptela, forma que nosotros hicimos aquí, con excelente acuer-

rdotánea

t/:

t

59

do, en el artícu;o 7 ° de la Constitución. Consiste en
descartar al Jurado del conocimiento de los delitos
de prensa y encargarlos á la justi&lt;¡ia correccional.
Ese efect,i vamentt es el único remedio posible.
La experiencia, único medio de alcanzar una verdad sociológica, ha demostrado que el jurado es de
tal manera impotente para ser imparcial ó neutral
tratándose de asuntos de prensa; está tan inevitablement~ sometido á las sugestiones de la prensa misma; tiene tan necesariamente en cuenta sus temores
si burgués, y sus pasiones, si obrero, que no puede co:
loca~se moralmente en condiciones de ser juez, de ca?ª c!e~ veces, en noventa y cinco. Y sin juez no hay
Just1c1a.
~a absolución si.;temática de cuanto acusado por
deht?S d~ pr~nsa es conducido al jurado, indica que
esta 1_n"lt1tuc1ón se declara incompetente á sí müma
para ¡uzgar de estas infracciones dela ley penal aun
cuando manifiestamente sean obra de malhechores
públicos que asesinan en las columnas de un periódico, porque no pueden hacerlo en el camino en que se
as~ltab:1. antañ0 á los viajeros, porque ahora están
cuidados por la policía.
_Urge, pues, dei.cargar de esta jurisdicción, por él
mismo rechazada, al tribunal p0pular. ¿ y cuál será la garantía de la prensa en el juzgado correccional? No basta que el juez tenga que motivar sus fallos, lo que no puede hacer el jurado, se necesitan su~remas seguridades .para la libertad de opinar, de
censurar y de denunciar el abuso· sin esto no hay
pueblos libres.
'
Esto es perfectamente cierto; y quiere decír que
los franceses, antes de aprolJar su ley, deben hacer un
examen de conciencia y preguntarse: ¿nuestr'.ls jueces son independientes? ¿Lo son~ Su inamovilidad
está realmente garantida? ¿Sus responsabilidades
pueden realmente ser exijidasi' Sí? Pues adelante, y
no haya miedo á la reforma; pásese la prensa delincuente al fuero común. En caso contrario ...... en
caso ~on~rario asegúrese previamente esa independencia; s1 no lo hace la República otros lo harán.

*

* pren1,a va á dividir al
_P~fs ?Sta cuestión de* la
mm1steno francés. Los r.adicales y socialistas en general y todos los per1od1stas en particular chillan
~ás que los gansos del Capitolio cuando se toca á la
l~_bertad sacrosan.ta ~e la difamación y del ult:aje.
81, todos los per10d1stas: vease si no. El presidente
de la Asociación parisiense de la prensa, M. J ean
Dupuy_ ac~ba de ser nombrado ministro; al felicitarlo
la asociación por este honor, sin admitir su renuncia
más que tem_p?ralmen~e, le maniliesta que «espera
que no perm1t1rá restncción ninguna á la libertad de
la Prensa.&gt; Y lo punzante del caso es que el presidente de la asociación que tales votos formula es su
vice-pre~idente M. Paul de Cassagnac. Pues n~ hace
mucho tiempo que este divertido forfanton que ha
llevado á la tribuna y á la preusa. sus modales de li~uero del duque de Guisa. y su f'XUberancia de QuiJote grueso, no hace mucho tiempo que decía: &lt;la libertad ilimitada de la prensa me parece una estupidez; pero la República no tiene derecho á tocarla; está obligada á soportar todas las consecuencias de
eso y que con eso reviente- et qu'elle en créve.&gt; y és
verdad lo que dice este gascón; pero yo me moriría
de pena por largo tiempo, si la ::"lepública hubiese
de reventar en manos de M. Waldeck Rousseau.

*

**
Y ahora que ya va á revisarse
en toda forma y en
toda regla el asunto Dreyfus y mientras todo el mundo ríe de las _afirmaci?nes solemnes de M. Quesney
de Beaurepaue, graCJosamente místificado-no sé si
así suele decirse en español n_i si preferiréis, lectores,
que yo u~e de esta otra locución hecho gU,Oje-he aquí
que, segun el cable, el periódico mas serio de Francia, aflr~a que Rusia denunció la traición del capitán semita. ¿Afirma? Yo os aseguro que no afirma
na.da. Y apuesto ..... .
¡ Uffl ¿Cuándo terminará este fatigante asunto?
Cuándo? Cuándo recobrará todosu buen humor Dios
mío, el pueblo del Champagne? Dicen que este' vino
que parece esprit líquido, cuando se toma desde la so:
pa vuelve tristes los postres; en las postrimerías del
siglo ¿estará decidido el pueblo francés á volverse
triste? ¿ Ya no nos hará el inmenso se1 vicio de extraernos de nosotros mismos y de mostrarnos el aspecto dulcemente cóm~co de la humanidad, separándonos del suplimo constantemente renovado del pensamiento interior, de P,Se suplicio que hace de cualquier hombre un niño soil:ador como ese que Anatole
France retrata divinamente en su flamante Pierre
Nozié:rel Le dejo la palabra, lectores míos, para el bro?M de or_o: «J?e noche veía yo extrail:as figuras, y de
1mprov1s0 m1 alcoba, tan bien cerrada, tibia en que
morían los pos tre:os vislumbres del hogar, ~e abría
anc~amente á la rnvasión del mundo sobrenatural....Leg1ones de diablos cornudos danzaban allí sus rondas; y luego, lentamente, una mujer de mármol neg_ro PftB!-~ª ll?r~ndo .... _. . Y ~ó)o_ con el ti~m_po SUP,8
que_ los d1abl!llo_s danzaban en mi cerebro y que la
muJ~r lenta, tnste y negra ...... era mi propio pensam1ento.&gt;
JUSTO SIERRA,

�Dommgo :JO de Julio ele 1899
60

letargo y se revela de nuevo, cada vez que la emoción ponla, ni que pueda llegar á convertil á esa tribu minos embarga ó cada vez que la pasión uos ofusca.
serable en un pueblo civil izado y poderoso. Hoy se
Ea plena civilización, en plena época actual de sabe que la cau~a principal del atraso de las tribus
escepticisn,o y de alta cultura intelectual, no hay uno centro africanas, es principalmente, el rigor de
denusotros, por ilustrado q ueselesupoagay por escép- su clima tropical, contra el cual se estrellan los
tico que se le crea, que, al tropezar, no vuelvaairado poderosos esfuerzos del mundo europeo por llevar
la vibta contra el obstáculo y no formuie contra él un á aquellas regiones la tUOderna el vilización.
reproche ó una injuria. Arrojamos indignados y venEl Nilo y sus inundaciones explican todo el antigativos, apoi-tro_ráodola, la pluma que no quiere es- guo Egipto y la prosperidad norte-americana tiene
-eribir. No sé, d1ceu á menudo las mujeres, qué tiene como factor fundamental la estructura plana de su
mi wáquina que no quiere coser. A este reloj, oímos territorio y su abundante irrigación. No obstante
decir eo otras ocasiones, no se le da la gana de andar. todo esto, continuamos atribuyendo á los hombres y
Hacei mucho q1.1e no quiere llover. Todas estas formas espec1alment,e á Jo¡, eminentes, la grandeza de alguna
del lenguaje, je las que no nos es posible prescindir, ci viiización, como á otro~, perversos ó imbéciles, la
revelan }a.existencia actual, aunque momentánea, de ruina de antiguos poderíos.
~sa tendencia primitiva que denunciábamos, ó por lo
l:ii el pensador y el tilósofn, á sangre fría y ayudamenos, nuestro modo orlginal de concebir el mecanis- dos de todasu razón, se ofuscan á wenudoy atribuyen
mo y modo de acción de todas las cosas.
á un hombre intiut'Dcias de que ningún hombre es
Si tratándose de los fenómenos del mundo mate- capaz y resultados á los que principalmente concurren
rial, es tan irresistible la tendencia á explicarlos por el medio físico, la índole de la raza y las peripecias
Ja acción de voluntad interna en las cosas ó de volun- á veces inesperadas é imprevistas de su blstoria, cótad extraña que las gobierna, natural es que ella se mo no comprender que las multitudes, y las multiturevele más irresistible y m&gt;is imperiosa tratándose des ofuscadas por la pasión ó extraviadas por la emo-0e aquellos fenómenos en que manifie&amp;tamente lavo- ción, caigan en el mbmo error. En el momento de
luntad del boto bre interviene y es capaz de gobernar. la derrota y bajo la intiuencia del pánico, el soldado,
Así pues, si ba habido una época eu que todos los fe- c·omo todos los hombres, vuelve a l pri:nitivo periodo
nómenos naturales se explicaban porla voluntad de las fetiquista, y la desbanda.da, explicable acaso, y mejor,
cosas mismas ó voluntades divinas, no debe sorpren- por h echos impersonales, por laaccidenLación del teder que todavla en la act,ualidad, los historiadores y r:eoo, por la calidad de las armas y &lt;le las pólvoras,
los tilósofos de la historia,!pretendan explicar la gran- por la lluvia Intempestiva ó por cualquier otro acci~eza y 1"' decadencia de los pueblos, las peripecias dent,e, el ejército en derrota la atribuye á un homde la vida social, el poderío cumo la deCildenvia de bre, á un traidor, y cuando no acusa de Impericia. á
las naciones, por la influencia preponderante ó ex- 1,us Jefes, los acusa de traición.
El pueblo francés de 89 sufría hambre, miseria,
•clusil'a de la inteligencia. ó de la voluntad de determinados hombres.
desoude1., y lejos de explicárselas por sus verdaderas
La filosofía moderna demuestra que la acción vo- &lt;.:ausas y je referirlas á sus positivos orígenes, enconluntaria y deliberada del hombre es, apenas, par- tró mas llano y más sencillo at,rlbuirlas á la nefasta
ite, y acaso no la principal, en la evolución hist,órie&lt;1. de
acción del tfrano.
Naturalmente, este regreso á las épocas del fetlun pueblo ó de una raza; que no hay h ombre de genio que pueda neutralizar la influencia funesta de la quismo y á las explicaciones antropomórticas, tiene
.ari~ez del suelo ó de la inclemencia del clima en La- que ser más acentuado y más frecuente en los pue-

MEXICO MODERNO.
En espiritual artículo publicado en el «Fígaro ~e
París&gt; Gastón Deschamps denuncia la tendencia
irresi~tible v dominadora. del espíritu francés de
atribuir todos sus fracasos, todos sus contratiempos
y todas sus desgraci_as, á la influencia y á la acción
tenebrosa de un traidor.
Para el francés la batalla que se pierde la ba hecho
perder un traidor. _Son traldor~s, los qu_e ha~en fracasar sus maquinaciones financieras, traidores los que
derrccan sus combinaciones dipl•Jmá~lcas, y en. sn
vida militar, c-)mO en su vida económica_ y _política,
la traición y el traidc,r desempeñan el prmc1pal papel
y son los protagonibtas ocultos de todos sus dra-

ma

61

EL MUNDO

EL MUNDO.

.

Ponson du Terrail y Javier de M:ontepm, en sus ~ovelas sensacionales de.homicidios, robos, asaltos é u1:cendios, hacen tigurar siempre c0mo Deus ex ma~ch1naá un traidor más ó menoi; invi,,ible, y la popularidad
de sus escritos y el fanatismo que su literat_ura ba
despertadosiempreen las masas, corroboran la 1cea de
que la explicación decisiva de todo cuanto pasa, ante
el criterio francés, es la acción del traidor. Ya E~ilio Zola había denunciado el mismo hecho; _per~ DI él
ni Deschamps bosquejan siquiera una explicación de
fenómeno tan singular. Si analizamos otros _pueblos
y otras razas, podremos ~erciorarnos de que 01 en Al~mania ni en Ilolanda, DI en Inglaterra, ni en los E:s·
tados Unidos existe esa misma propensión. En dond_c
se grita traición á cada día y á cada paso, ea cada siniestro como en cada catástrofe, es de toda prefer~ncia en Francia, después en España, después en Ital!ª•
y en Có~ceg:i, no sólo s_e .&amp;rita, sino que se practica
sistemát1c&lt;1.meate la tra1c1Jn.
IIojeando la historia militar de Francia, no se comprueba una sola derrota. del ejército francés, eo la que
la desbandada no vaya acompañada del grito. es~ridente de traición! traición! En Waterloo, el eJérmto
de Napoleón el Grande, se desbandó al.grito de traición! Ya antes, en todo el dcloroso ca~ino d~ la retirada de Rusia, oo dejó de resonar el mismo funehre
alarido. Durante la guerra fnnco-prusiaoa, en Wisembourg, como en Sedán, se clamaba traición. La
revolución francesa no fué otra co1;a, en concepto de
los revolucionarios, más que una perpetua y no interrumpida traición del tirano contra el pu~bl~, de
la nobleza emigrada contra Francia y de 1Dd1gnos
acaparadores contra el hambriento estómago francés.
Ultimamente, en Espafia, durante su desastrosa
guerra con los Estados Upidos, jamás dejó de atribuirse á traiciones toda la dolorosa é instantánea
tragedia.
Esta propensión á mirar traidores en todas partes,
explica la frecuencia con que, por todas partes, se cree
encontrar espías.
.
•Cómo explicar y en función de qué datos de la ID·
teÍígencla y del•carácter francés y la~ioc, esta ol,sesi_ón
perpetua y esta té ciega en la traición? Vamos á mtentarlo basadnR Po bechos familiares y en leyes gene!ales del espíritu bu111ano.

blos oaturalmeate impresionables, apasionados, imagioati vos, como los pueblos la Linos. Ya hemos dicho,
en efecto, cómo son precisamente las emociones y
las paswnes, las que arrojando un velo sobre la razón
y entenebreciendo momentáneamente la reflexión,
nos retroLraen á la primera tilosofía fetiquista. 13 L·
jo la influencia de la necesidad que apremia, de la
ira que ciega, del amor que enloquece, del pánico que
paraliza y hace enmudecer, retrocedemos siglos eo la.
historia, remontamos el curso del tiempo y vol v...
mos á ser aprensi VO!', tímidos, irreffoxivos, volubles
é insensatos como nuestros primeros antecesores, y
las multitudes son más susceptibles aún de ese retroceso, y más sensibles á la 1Dfluencia pasional. Las
ideas, como las emociones y los actos de los hombres
en grupo, son, y así Jo han demostrado pensadores
modernos, las ideas, las emociones y la conducta del
uiño, de la histérica ó del salvaje.
Uuaodo vemos, pues, al pueblo francés, al español,
al iLaliano, al latino-americano, adorar con tanto ranatismn á sus héroes, odiar con tan profundo rencor
~- sus verdugos, levantar al sollo á sus favoritos y
arrojarlos luego y á veces con negra ingratitud al
poi vo; cuando los vemos elevar hoy, á la ligera, monumentos que, á la ligera tambléo, derribarán mana.
na, forjar reputaciones que la calumnia manchará
á poco, no nos sorprendemos ni nos indlgc.amos. Es
fenómeno fatal é irremediable de nuestra sensibilidad exqui;ita, de nuestra imaginación volcánica, de
nuestra. pasión ardiente, á las que debemos nue,-tros
errore~, nuestras desgracias, nuestra secular impotencia, pero á las que hemos debido también nues•-ra
glorias de poetas y artistas y el goce de las más ardientes é iuteosas emociones.
Pueblos de nuestra índole Infantil y femenina. de
nuestra sensibilidad exquisita y de nuestra ima!!lm,
ción volcánica, no están ciertamente llamados á ser
los más fuertes de la tierra; pero sí han podido y pueden ser aún, de entre todos, los más felices.

\

ÜASA. DE

M.

EMILE BER'IHIER.-COLONIA. DE SA.N RAFAEL.

Todos los espíritus inferiores, los hombres primitivos, las gentes incultas, la~ mujeres, l&lt;&gt;S niüos, no
tienen á mano más explicaciones de todo cuanto ~os
rodea, que asimilar las cosas á seres bumanos é ID·
terpretar los fenómenos como erectos de la voluntad
de esos seres.
Si llueve, es que la nube ha querido transformarse
en lluvia, el río magestuoso fecunda los campos,. porque es bondadoso y ha querido sembrar la prosperidad
en la campi!'ía. La coLOpaslva palmera tiende sus
umbrosas frondas porque quiere protejernos contra
lus rayos ardientes del sol canicular. El arco-iris
que lrradla en el espacio, es un arco de paz y de es_peranza tendido en el cielo por la voluntad de un D10s.
El rayo atronador y mortlfero que desgarra la nu

CA~A DE

be, es un estallido de ira de alguna potencia celeste.
Una voluntad Idéntica en todoá la volun1 ad humana,
agita el oleaje de los mares y calma la tempesta\l.
Todas las mitologías y todas las religionesyrimltl•
vas explican asl el curso de los astros, movidos por
ángeles; la sucei;ión de las estaciones, determinadas,
ya por Proserpina que sale de los ~rotundos ~ntrosde
la tierra, ya por el viejo Noel ?ub1erto de D1eve que
trae consigo las brumas, los Cierzos y las cortantes
brisa;; del invierno.
Hay, pues, en el espíritu hu~ano, una tendencia
natural é irresistible á personlticar las cosas, á atribuirles inteligencia, pasiones y voluntad como la del
hombre. Y esa tendencia que sólo la cultura reprime y sólo la ci vi!izacióo neutraliza, despierta de su

VENECIA.

M. E. CAB.\SSUT,-ÜOLONIA DE SAN RAFAEL.
)

..

VE:S-ECIA,-PLAZA DE SAN MARCOS.

fT abía salido solo de Milán y llegaba á Venecia con
un camarada. Era un ruso, llamado Staal, estudiante de derecho de San Petersburgo. Por uno de tantos mínimos accidentes de viaje, nos bablamos. Cuando le dije que era americano del sur, tuvo como una
sombra de duda en el fondo celeste de sus ojos de
septentrional, y, respondiéndome que no babía. visto
ninguno hasta aquel momento, me fijaba la mirada
asomb1ado y receloso, como si esperase descubrir u~
carcaj debajo del cuello de mi paletó ó plumas de
papagayo debajo del ala de mi sombrero.
A la vuelta de dos ó tres horas nos conocía:mos
ideas, proyectos y esperanzas. Ambos íbamos á V~necla por la primera vez, y ambos llegábamos con el
dulce desasosiego conque el enamora :lo, largo tiempo
ausente, se aproxima á la hermosa adorada. Venecia
es para muchos hombres una deaquellasamadas ideales, musas de la adolescencia, que junto con los sueiios de la gloria y los amores románticos y el fúlo-ido
enjambre de las ilusiones, vinieron á tentarnos e~ las
horas del estudio, pero dejándonos siempre miel en
el corazón y luz en la mente. De ahí ese grito que
nosotros lanzamos y que se ha escapado á tantos viajeros, chicos y grandes, ilustros y oscuros, al divisar,
después que el treo abandona la tierra firme, los campanarios de Yeoecia, la ciudad de las cien islas,
en la brumosa lontananza del Ardiático: c¡Vececial
1Venecia!&gt;
Cada uua de las ciudades italianas se distingue de
las otras por cierto sello característico, pero Venecia
no sólo difiere de aquéllas, sino que difiere de todc1.s
las del mundo.
Se llega á la ciudad por un puente batido en sus
costados por el mar. Al salir de la estación, no nos
espera ómnibus ni cocbe. Nns espera una fúnebre
góndola, pintada de negro, con su grande espolón de
proa. Al bullicio del andén tumultuoso, y al formado por los !!"ritos q::e lanzan los gondoleros para atraerse algún cliente, sucede, despuE18 que nos separamos
del embarcadero, un silencio casi absoluto. La isóndola se desliza sin rumor por el agua verdosa y rn uerta, que baña l:ts graderías de mármol &lt;le los palacios.
Estos se levantan á cada orilla del Gran Canal, narrando en su lenguaje mudo, al viajero qi.:e pasa, episodios alegres y lúgubres, histerias de la Repúhllca.
Son, en su mayor parte, de los siglos XIII, XI v y
XVI, y en casi todos vive el arte traído de Orlen't e
en las galeras vencedoras. Algunos, medio inchnados,
parece que fueran á derrumbarse ó que doblasen la
frente augusta, reflexionando en grandezas pasadas,
mientras que en las paredes, color de ladrillo vetm¡.
to; y en las ventanas ojivales, flotan los sueños del
tedulno, expatriado en DUt!SHos pa~ses, Y. perse~ui-

�62

Domingo 30 de Julio de 1899.

Domingo 30 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

63

.EL MUNDO.

de los balcones, nidos de espectros, no resplandecen
las eedas, los candelabros de plata bruñida, las grandes luces, el torbellino del baile; ni el loco amórfo de
livianas hermobas escancia el vino de la inspíraclón
en el vaso de oro de los poetas orgiásticos. La góndola va entre las dos hileras de palacios como una lá.gri maque rueda lenta y solitaria entre dos cantos de
una elegía de piedra. El gondolero comienza á hablar, y parece que fuera á romper en sollozos; el remo, llora; y 1Jna onda parte, meciéndcse suavemente,
á gemir en las gradas marmóreas de la orilla sus secretos cristalinos. De otra góndola que se acerca á la
nuestra, coronadada de globos luminosos, vuela á los
aires con los gemidos de un violín y de U'la voz joven
y lánguida, una romanza de Tostí muy conocida.
¡Qüién sabe cuántos la habrán oído de unos labius
fríos, pálidos y crueles! ¡Quién sabe para cuántos no
habrá sido en aquella hora y aquel mismo sitio la
canción de la propia nostalgia, canción de tarde otoi'ial, de nidos vacíos, de amores muertos!
M. DIAZ R0DRIGUEZ.

LA VUELTA DE DREYFUS.

RENNES.-ENTRADA DE DREYFUS A. LA PRISION MILITAR.

LA. VUELTA. DE DREYFUS.-UNA. CHALUPA LL"EVA. A. DREYFUS
do por la visión de largos crepúsculos sangrientos-y noches tibias, llenas de perfumes y . amor, en laderas sembradas de
áloes.
Por un espacio de dos kilómetros,
aproximadamente, fuimos entre dos hileras de alcázares seculares. Se diría una
inmensa flota de navíos de marmol encallada en las lagunas.
El gondolero, queriendo mostrarse complaciente con nosotros, nos señala un palacio, y con el dejo cantarín y quejoso del
dialeJto veneciano, pronuncia el nombre
de una de las familias ilustres que lo habitaron, y refiere una anécdota.
Cerca del puente del Rialto, nuestra
góndola penetra por un pequeño Mnal,
para llegar más presto á la Riva degli
Schiavoni, en la que está situado el hotel
á donde nos dirigimos. Pasamos al píe de
los muros amarillentos de un teatro, á la
sombra de dos iglesias góticas antiqufsimas, y debajo de varios puentes miuúsculos, sencillos arcos de piedra con los
que amenaza estrellarse el espolón de
nuestro esquife, al mismo tiempo que el
gondolero, para advertir al que viene en
sentido opuesto y evitar un choque, pro•
rrumpe en uno de aquellos gritos singulares, que aun cuando son arrancados por
la ira, tienen una resonancia melancólica.
En casa Kirsch desembarcamos, para
después de reposar un poco, salir de nuevo en marcha basta la Plaza de San Marcos.
Lejos, á nuestra izquierda, rematando
el edificio de la Aduana, brilla. un globo
dorado, sobre el que apoya un pie mientras en una mano levanta su veleta, una
pequei'ia estatua de la mudable Fortuna.
En la misma riva, pasamos por una estación de góndolas, donde los propietarios
de éstas nos instan con voces y ademanes
á ir de paseo. En seguida nos detenemos
en el puente de la Paglia, para desde alli
contero plar el de los Suspiros, tendido entre el Palacio Ducal y las prisiones. Ligero, esbelto y grac10so como una joya, es una sonrisa de filigrana en la cara de esfinge del misterio. Allí
sufrieron el martirio de entrevn el día en un momento fugaz los .condenados por un tribunal terrible, á vivir sepultados en un calabozo. Debajo de ese
nuente las aguas cunearon una barca que, muchas vee is entre las luces y los ecos de una fiesta, partía, llevando en su vientre maldito, cuerpos convertidos por
la tortura en una sola llaga y cuya vida no era más
que una queja destinada á extinguirse en el turbio
seno de un canal remoto.
. Continuando nuestro camino, seg'limos entre el
Palacio Ducal y la Laguna, y luego, por la Piazzetta
entre el mismo Palacio Ducal y la librería Vecchia,
hastallegar,al medio de la plaza por cuyo inme11s0 pe-

J.

Una ramiil.itera de cabellos teñidos con el blondo del
Ticiano nos ofrece violetas, las postreras de la estación; los dos Vulca.nos de la Torre dell' Orologio suenan
una hora, golpeando en una campana con sus enormes marLillos l'iclópeos; y, despidiéndose hasta el día
siguiente, pian y revolotean, llenando los ámbitos de
la plaza, centenares de palomas que desde tiempo inmemorial habitan los históricos monumentos de Venecia, como guardando en el pico de marfil y en las
alas azules y l&gt;lancas la inspiración artística anegada
en esa melancolía vaga é inefable que constituye la
mejor atmósfera del arte veneciano.

LA BARCA DEL cSFA.X.&gt;

DREYFUS A.L LLEGAR A BORDO DEL cSFAX.&gt;
rímetro se extienden las Procurazzie sus escuadrones
ge columniis. En este corto tuyecto recorrido se admiran todos los géneros arquitectónicos en una proximidad rayana de la confusión y en su admirable desorden que es afrenta de la simetría vulgar. De la
metopa dórica que humilla dos triglifos oprimidos, de
la arcada ojival que la sombra recama con encajes de
suei'íos, del capitel que amaga desgajarse bajo una
carga de cabezas y follajes, perteneciente á una fauna
y una flora monstruosa; de la cúp.:la bizantina, de
cada piedra, de cada ángulo se desprenden armonías
serenas que forman, enlazándose, como un himno al
arte entonado por el más sublime de los poetas líticos.
En nuestro primer instante de asombro no sabía-

mo&lt;i si dirigir la vista á la Basílica, á las
Procurazzie ó al Palacio Ducal. De nuestra perplejidad vine á sacarnos un cicerone que en francés bastante correcto nos
ofreció sus servicios para visitar el Paiacio en cuyo interior, yendo solos, dtlcía
él, corríamos el riesgo de extraviarnos,
sin hallar salida, en un dédalo imposible.
Como le respondiéramos en italiano, diciéndole que por de pronto nada queríamos visitar, y que en aquel día ni en los.
siguientes necesitábamos de cicenme, nos.
confesó que hacía algún tiempo no ganaba para sostener á su familia y nos exigió humildemente le suministráramos.
medio franco. Casi al mismo tiempo se
lanzó hacia mí una pobre mujer desgreñada, con una luz extrai'ia en los ojos
profundos, la ropahechaañicos, y que con
acento desesperado me gritó: t.engo hambre, señorito, tengo hambre, mient,ras en unode sus brazos descarnados me hacía ver,
bajo los hárapos, un pequei'iuelo, blanco,
pálido, sucio, racimo de filipéndulas caído en el pantano.
Esta escena produjo en mí una impresión imborrable, aunque en condiciones
análogas, la vi repetirse después m otras
ciudades de Italia, ensei'iándome siemproá ver más y mejor en los hondos abismos
de nuestra sociedad moderna. A dos pasos de la infeliz que implora un pedazode pan, yacen en San Marcos incalculables riquezas, ofrendadas á un Dios dejusticia y misericordia.
En el altar mayor de la basílica fulgura la pala d'oro, cuajada de pedrerías, en
tanto que á la puerta llama en vano la.
miseria con el rostro anémico de la fiebre
y del hambre, y próxima á dar sus flores.
siniestras de locura y de crimen.
En la galería que circuye l:l. plaza bay
tiendas y ca.tés, donde se reunen por la
tarde r..asi todos los viajeros que se encuentran en Venecia, á esperar, primero
la hora de la comida y luego la hora de
la música, sentados al rededor de una mesilla ó pa•
rándose á husmear delante de cada tienda, llena de
objetos de la industria veneciana, caprichos de vidrio, grabados que representan edificios ó cuadros
célebres. Como brillante sei'iuelo á la ingenua alon-dra, atrae á muchos, más que la concurrencia y la
música, la fachada de San Marcoil, ·que es la más hermosa facb¡i.da de templo. En aquella hora tiene algo
de fascinante. La última reverberación de la luz en·
vuelve en aúreola de triunfo la gallard"' cuadriga de
bronce&lt;Jue corona la tachada; debajo de la cuadriga, 108mosalcos de oro que eternizan la vida de Marcos despiden un relámpago místico; y, á cada lado de la puer•
ta, haces de luz y sombra, de todos los colores, libr&amp;lll
una batallad~ fantasmas en una selva de columnas

*

*
En las iglesias, bajo las* bóved'\S
góticas, florece un
a.rte misterioso. Una aspiración divina y una palpitación bumi.na se abrazan y confunden en los reta.
bluS cincelados, en las esculturas y en los lienzos.
Cerca de unos santos sumidos en éxtasis de fakir sin
animación y sin alma de Pablo el Varonés, grita el
colorido victorioso en las figuras del Tintoreto, y las
sant as de Sebastián del Piombo, queriendo, llenas de
vida, salirse de lQS cuadros, inspiran, más que rezos
y oraciones, culto sensual á la forma triunfante. Una
Virgen del Ticiano, difundiendo de su&amp; facciones
beatíficas amor y confianza, sube entre una g[{)ria de
esfumados rubios; y en una capilla olorosa á incienso
Y á _humo de cirios, en la claridad trémula y desvanecida de una lámpara moribunda, se alarga la &amp;ilueta de un ángel negro, de autor desconocido, símbolo
del silencio, de la desesperación, de las tinieblas.

s~n, cantan y ensartan perlas. El sol, el viejo lujurioso, colocándose en el modesto retiro, va de puerta
en puerta, besando sabrosas nucas morenas y humildes pies descalzos. Otra vez nos ballam0s en el
puente de un pequeño canal; á la derecha, en un recodo que el canal forma, se alza un palacio berroqueño, s~vero, como de e&amp;tilo fllorentino; á la puerta del
palacio está una góndola amarrada, inmóvil; dPl otro
!~do, los árboles de una huerta, tienden por l:is tapias Y sobre el ·ag-ua un ancho festón de esmeralda;
enrrente, en un balcón vecino qe las nubes, se asoman, e~tre dos macetas, unos ojos y un par de labios
encendidos que nos sonríen picarescamente. . . Para
C?mpletar un _pastel que fuese imagen viva de Venecia, no _falta smo un celaje de rosa en el cielo, y entre el cielo y la tierra v.na bandada de palomas.

*

* *
U~os buye_n _el hálito ponzofloso
de las lagunas y la
música martmzante de los mosquitos. Otros huyen
la tristeza. Palomas blancas, góndolas negras, canales verdes, todo, en la ciudad de los Dux es triste
tristr. con esa tristeza que embriaga, del 'amor y del
vino, tristeza de voluptuosidades peligrosas para lus

Hoy que podemos examinar en todos sus detalles la
inteligente fisonomía del deportado, estigmatizada
con las huellas de un dolor moral inenarrable, nos es
fácil imaginar lo que debe ser el temple de ese hombre, que al volver en sí de una pesadilla horrible. al
verse de nuevo en su patria, pr~o, pero entre los·s uyos, al amparo de la piedad y de la justicia, no enlo~uece ni se .apoca. Apenas si una ligera y brevísima
fiebre acusa en el férreo organismo del capitán la
reacción que pudo haber hecho peligrar su exl:;tencia
y con ella la fe en la integridad de la couciencia mo:
ral de un gran pueblo.
Muerto Dreyfus antes de que la justicia prormncie
su veredicto definitivo, se ahondarán en vez de colmarse lJs abismos que separan á dos fraccione'I de la
socie_d"d francesa; quedaría en pie un p1'oblema que
arroJaría la sombra se su incógnita sobre el campo
de los disturbios contemporáneos.
Afortunadamente para Francia y para la humanidad, ese hombre, mudo y elocuente acusador de los
crímenes que se cometen en nombre del régimen mi.
litar, vive para hacer posible una conclusión cualquiera que sea. De esa conclusión esperan todos los
pueblos, no sólo el francés, la orientación para las
luchas futuras.
.Al llegará bordo del Sfax el Capitán Dreyfus recogió la justicia una ruina viviente, una existe~cia
agotada acaso ya en la tormEmta de las pasiones púplicas: L~ obra de reparación se hará; pero ,¡qué indemnización será ba6tante á reparar el aniquila mien-

to de una juventud vigorosa, de la. dicha de un ho(Tar
del equilibrio mor.;.l de un pueblo?

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~_.;::::;.,~:;::;:;;:;;;;..:.:.;;,=-.;..,;:;~~~~

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0

*** una racha de invierno,
Cuando corta aún los aires
Y comienzan las yemas en las ramas escuetas á ofrecer al bosque aterido, junto con una explosión de
bojas nuevas, rumorea y perfumes suaves como terciopelo, una turba alegre salida de todas las regiones
d_e Europa y compuesta de pareja.o; enamoradas, de
ricos desocupados y artistas perezosos invade, buscando calor y vida, la tierra italiana. La turba alegre llena por algún tiempo con zumbido de abejas
10s museos y templos de Venecia, para continuar luego hacia el sur, siempre bulliciosa y frívola, á mariposear alrededor de otras estatuas y de otros lienzos,
bajo el risueño azul de Florencia ó en la sagrada Roma. Muchos de estos viajeros, movidos sólo por ese
anhelo, que en nuestros días conde por todas partes,
de conocerlo todo, se van sin sospechar siquiera que
al lado de la Venecia legPndaria, bay otra Venecia
casi ignorada, encantadora y pintoresca. Para llegar
á é_sta, es necesaaio vagar á pie por la ciudad, siguiendo las vueltas y revueltas de callejas semejantes á escondrijos, que por Jo estrechai; y cortas, más
parecen pertenecer á una ciudad de tfteres. Pa.ra
DUPstra excursión partimos casi siempre óe la Torre
de!l'Orologio, y llegamos pur la Mercería al puente del
R1alto.
Aquí nos mezclamos con la multitud bullanguera
Mme. Hadamard.
Mme. Dreyrus.
M. Haramard (hermano de .Mme. Dreylt s)
de los mercados, y caminamos un momento entre
M.i11.E D.REYFUS LLEGA. A R:KNN.KS.
montones de legumbres, ne uvas, de albérchigos rojizos y velludos, como mejlllas de frescas montañesas;
Afortunadamente bay en el hombre superior fuenY luego emprendemos el raro paseo en que á cada pa- que han sentido en el cerebro los dolores de la pasión
tes de idealidad que no se agotan, y los sufrimientos
so debemos retroceder delante de un paredón que nos herida, del ideal crucificado.
Casi diariamente, antes ne que acabe el movi- nada son para el que ve en ellos espinosos peidaños
obstruye el camino, ó de un canal que no puede pa•
Barse, por estar en aquel punto desprov\,,to de puente. miento febril en la plaza de San Marcos, empezamos, por los que asciende la humanidad á las alturas del
Después de inverLir algún tiempo en este avanzar y acostados en el fnndo de una góndola, nuestra currt&gt;- pt!rfecci::mamiento moral.
retro..:eder alternativo, sin encontrará nadie como en ría nocLuroa por el Canalazzo desierto. Las venLanas
un yermo, penetramos en u,a calle diminuta. A las de las antiguas casas señoriales miran en las noche:;
puertas de las casas, muchachas del pueblo conver- como órbitas vacías de calayeras gigantescas. Detrá11

�fl4

EL MUNDO.

Domingo 30 de Julio de 1899

...

Dommgo 30 de Julio de 1899

..,

EL MUNDO

65

"

'-

,---EL CANTOR DE KIME.
·caminaba por el sendero que sigue la ribera á lo
largo de las colinas. Su frente amplia y cubierta de

arrugas profundas, estaba ceñida por una venda de
lana roja. Sobre las sienes flotaban sus blancos bu-eles de cabellos, agitados por el viento de la mar, y
su barba parecía hecha de copos de nieve. Su túnica
_y sus pies desnudos, habían tomado el color de los caminos por donde iba errante largo tiempo hacía_ Y
·de su cintura colgaba una tosca lira. Se le llamaba el
..Anciano, ó por otro nombre el Cantor. Los niños á
quienes instruía en la poesía y la mústca, le llama.-0an de otro modo, y los demás conocíanle por el Cie•
.go á ca.usa de que sobre sus pupilas, empañadas por
los aíios, caían los hinchados párpados, enrojecidos
_por el humo de las chimeneas, junto á las que
.acostumbraba sentar.se para entonar sus cantos.
Mas él no vivía en eterna noche, todos aseguraban
•que veía mil cosai, que los demás seres humaqos jamás verían. Tres generaciones bacía que iba sin ce.sar por las ciudades. Y a.hora, después de cantar todo el día en el palacio de un rey de Egea, tornaba. á
-su hogar del que ya veía el techo humeando á lo lejos. Después de haber caminado toda la noche, sin
detenerse, temeroso de ser sorprendido por los ardores del día, acababa de descubrir en la claridad de la
-aurora, á la blanca Kimé, su patria. Siempre seguido de su perro y apoya.do en el nudoso bastón, ava.n-Zaba. con paso lento, recto el cuerpo, alta la cabeza
por un resto de vigor, y esforzándose por contrarrestar la pendiente del ca.mino que descendía á un estrecho valle. El sol lavantándose tras las montañas
del Asia, teñía con una rosada luz las nubecillas li,gera.s y las costas de las islas hundidas en el mar. La
playa reverberaba. Pero las colinas, coronadas de
lentiscos y terebintos que se extendían por el Oriente, retenían aún, entre su sombra, la dulce frescura
-de la noche.
El anciano midió sobre la pendien~e del suelo el ta.mano que darían doce lanzas colocadas una tras otra,
:Y encontró, en seguida, entre dos rocas gemelas, la
entra.da estrecha d0 un bosque sagrado. Allí, á la
-Orilla de una fuente, se levantaba un altar formado
de piedras no talladas. Un laurel la cubría con sus
ramas brillantes. Ante el altar blanqueaban los hue,8()S de la~ víctimas..... En torno de él las ofrendas
estaban suspendidas de los ramos de los olivos, y más
adelante, en la sombra horrible del desfiladero, dos viejos robles se elevaban teniendo adheridas á su tronco un par de cabezas descarnadas de toro. Sabiendo
que este altar estaba consagrado á Pbaebos, el anciano penetró al bosque y, desprendiendo de su cinturón donde estaba suspendida por el asa, una pequeíia.
copa de arcilla., se inclinó sobre la corriente que, tendida. en un lecho de apio y berro, y después de mil
rodeos, iba á regar la pradera. Con aquella. agua fres-

ca, llenó su copa, y como era piadoso, regó algunas de una cabeza de hombre. Y el viejo se lo mostró á
gotas al pie del altar antes de lleva.ria. á sus labios. Melantho:
Adoraba á los Dioses inmortales que no conocían ni
-Mira, mujer,-le dijo-que este gijarro tiene.seel sufrimiento ni la muerte, en tanto que sobre la mejanza con Pakoros, el herrero; á no ser mediante
tierra iban pasando las generaciones miserables de el permiso de los Dioses, sería imposible que una pielos hombres. Entonces se sintió poseído de inmenso dra se le pareciese tanto.
espanto, tuvo miedo á las flechas de los hijos de LeY después que ¡¡,. vieja Melantho vertió a.gua sobre
to. Agobiado por las enfermedades y cargado de sus pies y manos para quitar el polvo que los manaños, ii.waba la luz del día y temía morir. Víoole, chaba, él tomó entre sus brazos la pierna de buey,
pues, un buen pensamiento. Inclinó el tronco flexi- llevóla cerca del bogar y comenzó á partirla. Sabio
ble de un olmo, y acercándoselo, colgó la copa de ar- como era y prudente, no dejaba ni á las mujeres ni
cilla en las más altas ramas del árbol que al erguir- á los niños, la tarea de preparar la comida y á ejemplo
se de nuevo, levantó hacia el cielo la ofrenda del an- de los reyes, cocía él mismo la carne de los animaciano.
les.
La blanca Kimé, ceíiida por sus muros, se levantaSin embargo, era Melantho quien reanimaba el fueba sobre la ribera del mar. Una calzada. montuosa, /:!º del hogar. Soplaba sobre las briznas de leíia haspavimentada de piedras planas, conducíaá la puerta ta que un Dios las envolvía. en llamas. Y por más que
de la ciudad. Esta puerta había sid@ construida. en esta tarea fuese santa, el viejo sufría de que la desépocas remotas, perdidas ya en la memoria, asegu- empeñara. una mujer, agobiada como él, por la fatirándose que era obra de Zeus. En su dintel estaban ga y la ancianidad. Cuando brilló la llama, el anciano
grabados varios signos que nadie sabía explicar, pero arrojó sobre ella las descuartizadas carnes, á las que
que se veían como signos dichosos. No lejos de esta daba vueltas con una fuerza de bronce. De pie respipuert'l, se extendia la plaza pública, donde relucían raba el humo acre que llenaba.la sala, haciéndo'. e debajo los árboles, los bancos de los 11.ncianos. Después rramar lágrimas; pero su espíritu no se irritaba conde atravesar esta plaza, hacia el Jado opuesto del tra éste, estaba acostumbrado y además ese humo
mar, el viejo se detuvo. Allí estaba su casa. Estre- era signo de abundancia. A medida que la dureza de
cha y baja, en nada se pllrecía á la bella mansión ve. las C&lt;\rnes se ablandaba con la fuerza invencible del
cina. en donde un adivino ilustre vivía con sus hijos. fuago, llevaba. á su bo~ pequeños trozos que saboLa entrada casi desaparecía bajo un estercolero que
un puerco esca.rvaba con la: trompa. Era el estercolero mucho más pequeño que los que se veían ante la
morada de los hombres ricos. Pero tras de la casa se
-~
extendía el vergel y los establos que el anciano había
¡t
construido con sus propias manos, hechos de piedras
desiguales. El sol subía por las alturas del blanque......__,,,.~G ~!1
cino cielo; la brisa del mar no se movía. Un fuego
I·
sutil flotaba en el aire, abrasando el pecho de los
•.
.....
bombies y de los animales. El viejo se detuvo un momento para enjugar el sudor de su frente con el dorso de la mano. El perro, con la vista atenta y la lengua colgante, jadeaba.
La vieja Melantho que venía del fondo de la casa,
paróse con la cara al sol, pronunciando palabras de
,,
buen agüero. Se había hecho esperar porque un dios
había puesto en isus pobres piernas un mal espíritu
que las bacía más pesadas que dos odres llenas devi.,'~
~\·.
no. Era una esclava de Ca1.'ie, que un "!'ey había da.do al Cantor cuando ella era joven y él estaba lleno de
fuerza. Y Melantbo habíale dado un gran número de
hijos; pero de elloR no quedaba uno solo en la casa:
los unos se habían muerto, los otros habíanse ido le- reaba. lentamente y en silencio. •y á su lado la vieja
jos para hacer en las ciudades de Acaya el oficio Melantho escanciábale el vino negro en una copd de
de cantor ó de carretero, pues todos estaban dotados arcilla, semejante en todo á la que al Dios ofrede un espíritu ingenioso. Y Melan':iho moraba sola ciera..
en la casa, con Areté, su nuera, y los dos hijos de
Cuando a.pagó el hambre y la sed, preguntó si esAreté.
taba toJo bien en la casa y en el establo. Se informó
Condujo al amo á la gran sala de vigas ahumadas, de la lana tegida en su ausencia, de los quesos que se
en medio de la que se extendía., cubierta de brasas habían hecho, dll las olivas listas para la prensa. Y
rojas y cenizas ardientes, la piedra del hogar. Al de- pensando en los pocos bienes que poseía, dijo: &lt;Los
rredor de la sala se abrían, en dos alas, los estrechos héroes alimentan en sus prados grandes rebaíl.os de
aposentos, y una escalera. de madera conducía. á las bueyes y terneras. Tienen esclavos bellos y robustos,
habitacione.:1 altas de las mujeres. Sobre los pilares las puertas de sus moradas son de mar.fil y bronce, y
que sostenían el techo, estaban las armas de bronce sus mesas están cargadas de cráteras de oro. La fuerque el viejo llevó en su juventud, cuando acompaíiaba za de su corazón asegura. sus riquezas de las que casi
á los reyes á las ciudades á donde fueran pan resca- siempre gozan hasta que su edad declina. Ciertamentar á las bijas de Kymé que los héroes habían te que en mi juventud les igualé yo en valor; pero no
arreba.tado. Una pierna de buey pendía de una. de tenía ni caballos, ni carros, ni servidores, ni siquiera
las vigas. Los ancianos de la ciudad la habían envia- una armadura fuerte para igualarles en los combates
do la víspera al Cantor y él se regocijaba. al verla.
y para ganar con ellos Lrípodes de oro y hermosas muAl fin lanzando un hondo suspiro, sacó de entre su jeres. El que á pié combate y no tiene sino débiles
túnica, con algunos dientes de ajo-restos de su co- armas, jamás podrá matar muchos enemigos, pues
mida rústica-el presente que babia recibido del rey que él mismo teme la muerte. Así combatiendo bajo
de Egea.: una piedra caída del cielo, tanto más pre- los muros de las ciudades, entre el confuso tropel
ciOSd cuanto que era de fierro, pero demasiado peque- de los servidores, no llegué nunca á traer rico boíia para poder formar una punta de lanza. Sacó des- tín.&gt;
pués un guijarro que había encontrado en el camino,
La vieja Mela.ntho respondió:
y que visto de cierto modo presentaba la imagen
-Así como la guerra da á los hombres riquezas,
I

"

r \v-- --&lt;,,;__: -

~.

�66

EL MUNDO.

Despnésapartó patambién se las quita. MI padre Klpbos poseía en
Miliata un palacio é innumerables rebafios. Pero los ra su cena los más
hombres armados se lo llevaron todo. Yo misma caí exquis:tos trozos de
en sus garras como esclava por más que no me mal- la pierna de buey. Y
tratasen, lo que sólo fué debido á mi juventud. Los hac,iéndolos saboreajefes me recibieron en su casa, y nunca me faltó el do junto al bogar,
sustento. Tú has sido mi último amo, y también el rompió con un hacha de bronce los huemenos rico.
sos á fin de extraer
Y esto lo decía sin alegría y sin tristeza.
el tuétano que, en la
El anciano le respondió:
-Melantbo, no puedes quejarte de mí pues que casa, sólo el Cantor
siempre te traté con dulzura. No me reprocho por no era digno de probar.
haber podido ganar grandes riquezas. Hay armeros y Y del resto de las
herreros que son rices. Los que construyen carros, viandas, dividió la
sacan provecho de su trabaJo. Los adivinos reciben parte que corresponvaliosos presentes .... Pero la vida de los cantores es día á las mujeres y
á los nliíos para dos
muy dura.
días.
La vieja Melantbo dijo:
Entonr.es, mirando
-Dura es ta.mbién la vida de muchos hombres.
Y con paso vacilante, salió de la casa en compai'iía que dentro de poco,
de su nuera para ir á buscar leila á la despensa. Era nada quedaría del alila hora en que los ardores del sol agobian á los bom• mento, pensó: Zeus,
bres y á los animales, haciende. callar hasta la voz de ama sólo á los ricos;
á los pobres, no. Inlos pájaros entre el follaje inmóvil.
El se tendió sobre una estera, y contemplando el dudablemente, sin
saberlo yo, he ofenp'I.isaje, quedóse dormido.
Acudieron á su suei'io mil imágenes no más raras dido á algún Dios
y bellas que las que siempre venían á visitarlo. Sus que vi ve oculto en las
suei'ios representaban imágenes de hombres y anima- florestas ó en las monles. Y como en ellos reconocía seres humanos que ha- tañas, ó más bien al
bían vivido sobre la tierra florida, y quE' cuando no hijo de algún inmor.
vieron ya la luz del día se los llevaron á dormir bajo tal; y por eso expío
un fúnebre montón de t ierra, se persuadía de que las mi crimen, viviendo
almas de los muertos flotan en el aire, pero ya sin vi- en la indigencia. Mii
gor, como sombras vanas. Sabía que los muertos veces, sin intención,
errantes en el Hades forman ellos mi&amp;mossu imagen, se cometen acciones
no pudiendo ningún ser mortal concebirla en sus sue- punibles, porque los
ños á menos de ser la imageu de uno de esus Dioses dioses no han revelaque se complacen en engaflar la débil inteligencia hu- do de una manera
mana. Pero no siendo adivino, él µo podía distinguir prellisa lo que es per.
los suei'ios engañosos de los verdaderos. Y cansado
&lt;Je buscar semejanz:1s en las imágenes confusas de la
noche, las miraba pasar con indiferencia bajo sus cerrados párpados.
Al despertar vió, arrodillados ante él en actitud
respetuosa, á los nii'ios de Kimé, á quieues enseiiaba
la poesía y la música con el cariño de un padre. Eatre
ellos estaban los dos hijos de su nuera. Varios eran
ciegos, pue,¡ los que carecían de vista eran destinados al canto por estar imposibilitados para trabajar
en los campos, ó seguir á los héroes en las guerras.
Tenían en la mano las ofrendas con que pagaban
al cantor: frutos, quesos, panales de miel, pieles de
cordero, y esperaban que el maestro aprobase estas
ofrendas para colocarlas en el altar doméstico.
Ha.;iéndose levantado el anciano, tomó su lira que
estaba colgada en un pilar de la sala y dijo con
bondad:
- Hijos, muy justo es que los ricos ofrezcan un
hermoso presente, y que los pobres den uno menos
valioso. Zeus, nuestro padre, ha repartido desigual- mitido y lo que no lo es, y su voluntad está obscura.
Por largo tiempo pensó en esto, y, temiendo la
mente los bienes entre los hombres. Pero él recomvuelta
del hambre, resolvióse á no pasar una noche
peneará al nliío que rinde el debido tributo al Cande ocio en su morada, sino encaminarse esta vez hacia
tor divino.
La vieja MelantLo llevó al altar las ofrendas, las comarcas donde el Hermos corre elltre las rocas,
y el cantor, después de templar su lira, comenzó á y donde se ve á Orneia, Smyrna y la bella Hissia reenseñar un canto á los niños, &amp;entados en tierra á su costadas en la montaña que, como el espolón de un
navío fenicio, se hunde en el mar. Por eso á la hora
derredor.
- -Escuchad, les dijo, el combate dP. Patroclo y de en que las primeras estrellas tiemblan en el pálido
cielo, cii'ióse la correa de su lira y fuese á lo largo de
Sarpedon. Muy bello es este canto.
la ribera hacia la morada de los hombres ricos que se
Y, cant,ando, modulaba los sonidos con fuerza, complacían en escuchar, durante sus largos festines,
aplicando el mismo ritmo y la misma cadencia á to- las proezas de los héroes y la genealogía de los Diodos los versos, y para que su voz no se debilitase, la ses.
.
sostenía, por intervalos regulares, acompai'iando esHabietido caminado toda la noche, según su costos calderones con un largo acorde. Y después de to- tumbre, descubrió, á la claridad rosada de la mañamar el reposo necesario, lanzaba un grito agudo que na, una ciudad que se extendía sobre un alto proge unía á la vibración estridente de las cuerdas.
montorio, y al puato reconoció á la opulenta Hissia,
Después de repetir un número de versos igual á amada de los dioses que, desde lo alto de una rodoce veces el número de los dedos de sus manos, ha- ca, mira brillar las blancas islas desparramadas en el
cía que los nliíos los repitieran cantándolos todos á mar resplandeciente. No lejos de la ciudad, sentóse
la vez, con penetrante voz, tocando, á ejemplo del al borde de una fuente, para reposar y apaciguar el
maestro, sus pequei'ias Jiras, talladas por ellos mis- hambre con cebollas que llevaba en un pliegue de su
mos en el bosque y que no exhalaban sonido alguno. túnica. Apenas acabada su frugal merienda, una joPacientemente el viejo repetía los mismos versos, ven que traía un canasto sobre la cabeza, vino á la
hasta que los pastorcillos podían repetirlos con fide- fuente para lavar su ropa. Miróle la joven con deslidad. Alababa á los niiios atentos, mas á los faltos confianza, pero, reparando en su lira y en s u desgade memoria y pobres de espíritu, los tocaba ligera- rrada túnica, y mirando además que era viejo y
mente con su lira, y ellos íbanse á llorar junto á un estaba agobiado de fatiga, acercóse á él sin miedo,
pilar de la sala.
y llena de ~iedad y veneración~ juntó en sus manos
Dábales hermosos consejos y les decía:
una poca de agua y la vertió después sobre los secos
- - Honrad á los reyes y á los héroes, quE' están muy labios del Cantor.
por encima de los demás hombres. Nombrad á los bé·
El la llamó, entonces, bija de rey, pronosticándole
roes por su nombre y por el de su padre, á fin de que una larga vida y diciéndola:
ese nombre no se pierda nunca. Cuando toméis asien-Hermosa joven, á tu derredor están flotando los
to en las asambleas, colocad vuestra túnica sobre amores, y juzgo dichosísimo al que te tome por mulos muslos, y que toda vuestra persona destile gracia jer. Yo, viejo ya, ensalzo tu belleza, como el pájaro
y pudor.
nocturno que lanza su desagradable grito sobre el te•
Decíales también :
cbo de los esposos. Sey un cantor errante. Hermosa
- No escupáis nunca en los ríos porque los ríos son joven, díme palabras de buen augurio.
sagrados. No hagáis cambio alguno, bien sea por falY la joven respondió:
ta de memoria ó por capricho, á los cantos que os en-Si como dices, y como pareces, eres un taseíio; y cuando un rey os diga: «Bellos son esos can- i'iedor de lira, no es mal destino el que á esta ciudad
tos; ¿quién os los ha ensei'iadoh Je responderéis: «Los te trajo, porque el rico Meges recibe hoy á un huésaprendí del anciano de Kymé y á éste se los enseiió ped que le es que~ido, y, en honor de él, da á. los prini.\l padre á quien Zeu~, sin duda, se los it:spiró.
cipales habitantes de la ciudad un gran festín. Sin

Domingo 30 de Julio de 1899.
duda querrá que i,u huésped escuche á un buen cantor. Ve á buscarle. Desde aquí se ve 1,m casa. No e&amp;
posible llegará ella por el lado del mar, porque está
situada sobre ese alto promontorio que se interna en
las olas, y á donde no van más que los alciones. Pero
si asciendes á la ciudad p01 la esJalera tallada en la.
roca, del otro lado, al encontrarte con grandes viíiedos, reconocerás fácilmente, entre todas, 1a casa de
Meges. Está pintada de blanco y es más espaciosa.
que las demás.
Y el viejo, sosteniéndose sobre sus vacilantes pierna~, subió la escalera, tallada en la roca por los hombres de otros tiempos, y una vez en la meseta, sobre
la que se extendía la ciudad de Hissia, reconoció, sin
trabajo, la casa del rico Meges.
Su vista le fué agradable, porque la sangre de los.
toros recientemente degollados, relucía afuera, y el
olor de los caldos se difundía por todas partes. Traspuso el umbral, penetró en la vasta sala del festín, y
después de tocar con la mano el altar, se aproximó á
Meges que daba órdenes á sus servidores trinchando
las viandas. Los convidados estaban sentados al rededor del hogar regocijados con la esper11nza de una.
comida suculenta. Había entre ellos muchos héroes
y reyes. Pero el huésped en Ci..yo honor dábase el
festín, era un rey de Kblos, quien, para adquirir riquezas, había navegarlo por largo tiempo en el mar.
Se llamaba Oineo. Todos los convidados mirabanle con admiración, porque él, como en otro tiempo el
div1no Ulyses, había escapado en innumerables naufragios, yendo á pernoctar á las islas donde las sirenas lo amaron y de donde se llevó inmensos tesoros.
El contaba sus viajes, sus fatigas, y como estaba dotado de un espíritu sutil, afladíales lo que no había.
sido.
r Reconociendo al anciano como un cantor por la.
lira que llevaba consigo, el rico ~eges le dijo:
-SEcas bien venido. ¿Qué cantos sabes?
El viejo respondió:
- -Sé la «Querella de los Reyes,&gt; que causó tantos •
males á lus Akeos; sé el &lt;Asalto del muro.&gt; Ese canto e·s muy bello. Sé también la canción de «Zeus engaflado,&gt; la «Embajada&gt; y la «Resurrección de los
muertos.&gt; Y estos cantos son hermosos también. Sé
además seis veces sesenta canciones muy bellas.
e De esta manera daba á entender que sabía muchas,
pero ,:¡ue no conocía el nombre de todas.
El rico Meges replicó en tono burlón:
- Los cantores errantes, en la esperanza de una
b'.lena comida y de un valioso presente, siempre dicen que saben muchas canciones; pero al llegar la
prueba se ve que han aprendido unos cuantos verses.
que, en fuerza de repetirlos, fatigan los oidos de lc,s
héroes y de los reyes.
El viejo, después de una larga pausa:
--Meges, dijo, tú eres ilustre por tus riquezas. t:;a-

be que el número de los cantos que conozco, iguala
al de los toros y terneras que tus boyeros apacientan
en la montaña.
Meges, admirado del ingenio del auciano, le respondió con dulzura:
--Pues no poca inteligencia se necesita para retener en la memoria canciones tantas. Pero dime: lo
que sabes de Aquiles y Ulyses ¿es verdad? Porque
se cuentan innumerables mentiras sobre estos héroes ....
Y el cantor respondió:
,
-Lo que yo sé de estos héroes, me lo enseiió mi padre, quien á su vez lo aprendió de las mismas Musas
porque habéis de saber que en ')tro tiempo las musa~
inmortales visitaban á los cantores en las grutas y en
los bosques. Yo no digo una sola mentira en mis
cantos.
Así hablaba, siempre con prudencia. Sin embargo
á los cantos que había ap~end!do desde la infancia:
tenía la costumbre de ai'iad1r versos tomados de otros
cantos ó encontrados en su espíritu. El mismo componía cantos casi enteros, mas nunca decía que fuesen obra suya, temeroso de que les encontraran defectos. Los héroes, de preferencia pedían recitados
antiguos que creían dictados por alg(m dios, y desdefiaban los cantos nuevos. Así, cuando recitaba versos.
suyos, cuidll.dosamente ocultaba su origen. Y como
era tan b~,en poeta y observaba con exactitud las reglas establecidas, sus versos no discrepaban en nada
de los de sus abuelos. Iguales eran en su forma y belleza, y dignos de gloria inmortal.
El rico Megesi á quien no faltaba la inteligencia
adivinó que el viejo era un butn cantor, y dándol~
un lugar honorable en el hogar, le dijo:
- Anciano, cuando hayamos apaciguado el hambr",
nos cantarás lo que ,abes de Aquiles y Ulyses. Esfuérzate por balagar los oídos d? Oineo, mi huésped,
porque es un héroe lleno de sabiduría.
Y Oi_neo, que anduvo errante en el mar por tao
larg-o tiempo, preguntó al cantor si sabía los viajes
de Ulyses. Mas la vuelta de los héroes qne habían
combatido en Troya, estaba aún envuelta en sombras
y nadie sabía lo que U1yses sufriera cuando erraba
por el esteril mar.
El anciano respondió:
-Sé q ue el di vino Ulyses engalió al Cíclope por
medio de un ingenioso ardid. Las mujeres refiér ense
unas á 0tras mil cuentos. Mas la vuelta de los héroes
está oculta para los cantores. Los unos dicen que en-

Domingo 30 de Julio de 1899:

EL MUNDO.

tró de nuevo en posesión de su mujer y de sus bie•
nes; los otros, que rechaz5 á Penélope por haber dado
oídos á sus pretendiem.es, y que él, castigado por los
dioses, fué errante y sin reposo de pueblo en pueblo,
con un mazo á. la espalda.
Olneo replció:
-Yo supe en mls viajes que Ulyses murió asesinado por su hijo.
E ntretanto Meges distribuía á los convidados la
carne de los bueyes, dando á cada cual el trozo que
le convenía. Oineo le elogiaba con entusiasmo.
Meges, le dijoi bien se ve que estás acostumbrado
á dar festines.
Los bueyes de Meges se nutrían de yerbas odoríferas crecidas en las f:1.ldas de las montafias. Su carne
estaba perfumada también, y los héroes no se saciaban de saborearla. Y como Meges á cada instante
llenaba una honda copa que en seguida pasaba á sus
huéspedes, la comida se prolongó basta muy tarde.
No había memoria de un festín semejante.
Próximo estaba el sol á descender hacia el mar,
cuando los boyerC1s que en la montaña guardaban
los ganados de Meges, vinieron á tomar la par te que
les correspondía de carne y vino. Meges los distinguía p:&gt;rque cuidaban sus ganados, no indolentemente como los boyero!\ de la planicie, sino armados de
lanzas de bronce y duras &lt;:orazas á.- fin de poder defen&lt;!er á los bueyes de los ataques delos pueblos de Asia.
Y s~mejábanse á. los héroes y á los reyes porque los
igualaban en valor.
ba bien, se le aprobó en todo Jo que dijo. Una vez
Do&amp; jefes los conducían, Peiros y Thaos, á. quienes restablecida
la calma, Meges dijo al anciano:
el amo había escogido por ser los más bravos é inte~Amigo,
cántanos
la cólera de Aquiles y la asamlil{entes. Y verdaderamente no podrían encontrarse blea de los reyes.
dos hombres más hermosos. Meges los acogía en su
Y el viejo, después de templar su lira, dejó que se
casa como á ilustres guardadores de sus riquezas. y extendieran
por la sala, los acentos vibrantes de su
les daba carne y vino tanto como querían.
voz.
Oineo, admirado, dijo:
aliento poderosu se exhaló de su pecho, y todos
-No lfo vioto en mis viajes hombres que tengan losUn
convidados
se acercaron para escuchar las palaunos brazos y unos muslos más vigorosos y mejor bras ritmadas que
hacían revivir las pasadas edades.
fo rmados que los de estos dos jefes de boyeros.
Y muchos pensaban: «Es admirable que un hombre
Entonces Meges pronunció un frase imprudente: tan
viejo y tan agobiado por los aflos, como una ce- Peiros es más fuerte, pero Thaos le gana en Ja pa que
ya no tiene fruto ni bojas, tenga esa potente
carrera.
voz!. .....
Al oír estas palabras, los dos boyeros miráronse uno
Porque no sabían que la fuerza del vino y la cosá otro con mirada en que se adivinaba la cólera y
tumbre de cantar, prestaban al cantor las fuerzas que
Tbaos dijo á Peiros:
'
sus nervios cansados le rehusaban.
- Preciso es que hayas dado á beber algún brevaUn murmullo de alabanzas se devaba de la asamje al amo, porque sólo un insensato podrá decir que blea
como el soplo de un violento Zéfiro en las flo1 eseres tú mejor que yo en la lucha.
tas.
Mas, de pronto, la querella de los dos boyeros,
Y Pelros, irritado, respondió á Tbaos:
un momento apaciguada, estalló con violencia. Enar-Yo me precio de vencerte en la lu.:ha; en cuan- decidos
por el vino, se desafiaban para la lucha y la
to á la carrera, no te disputo el premio que el amo
te ba otorgado, porque no es de sorprenderse que te- carrera. Sus feroces gritos cubrían la voz dal cantor
que C'n vano alzaba, sobre la asamblea, el ciamor de
niendo tú el corazón de un siervo tengas también los su
boca y de su lira. Los pastores guiados por Peiros
ples.
y Thaos, ebrios también, agitaban las manos, gruPero el sabio Oi:neus, se interpuso entre los dos ñendo corno puercos. Desde bacía largo tiempo que
bo:veros. Contó fábulas ingeniosas donde se veía el estaban
divididos en qos bandos y compc:Lrtían la enepeligro de las riíias en los banquetes. Y como habla- mistad de
sus jefes.

DE "PERLAS NEGRAS."
En las noches de Abril, mansas y bellas,
en tanto que recuerdas ó meditas,
ascienden al azul las margaritas,
Y se truecan en pálidas estrellas.
Cuando el sol en las mares infinitas
del orto desparrama sus centellas,
descienden á los campos las estrellas
Y se truecan en blancas margaritas.
Por eso, cuando llena de rubores
deshojas margaritas de alabastros,
auguran el olvido y los amores;
presienten el futuro: ¡han sido astros!
eomprenden la pasión: rhan sido flores!
AMADO NERVO.

67

-Perro! gritó Thaos.
Y dió á. Peiros una bofetada en el rostro, de donmanó la sangre En abundancia por boca y nariz. Peiros, cegado, empujó á Thaos que cayó hacia atrás
con las _c~stillas rotas. Al punto los boyeros ri vale;
se prec1p1taron unos sobre otros, cambiando injurias
y golpes.
Meges y .los reyes, en vano trataban de separar
aquellas furias. Y hasta al mismo Oineo rechazaron á estos boyeros que un dios había priv.ado de la
razón. Las 0opas de brouce vuelan por todas partes.
Los grandes huesos de los bueyes, las antorchas bu~eantes, las trípodes suben y caen sobre los combatientes .... . . Los cuerpos de los hombres ruedan sobre el hogar apagado, entre el vino de las odres reventadas.
Una obscuridad profunda envuelve la sala, donde
sólo se escuchan imprecaciones á los Dioses y lamen.
tos _de dolor. Los brazos empuíian furiosamente Jos
ard1~ntes leños y los lanzan en las tinieblas. Un tizón rntlamarlo hiere en la frente al cantor que permanece de pie, mudo é inmóvil.
::mntonces, con una voz más grande que todos los
rmd~s del combate, maldice esta casa y á sus hom.
bres 1mpíos. Después, apretando la Jira contra su
pecho, sale de la morada y se encamina hacia e! mar,
á lo largo de~ alto promontorio. A su cólera, sucede
una gran l~s1tud y un profundo disgusto de los hombres y la vida.
El deseo de unirse con l?s Dioses llenó su pecho.
Una sombra dulce, un silencio religioso y la paz de
la noche, envolvían todas las cosa&lt;;. Allá. en el Occidente, por las regiones donde se dice que flotan las
sombras de los ~uertos, la luna divina, suspendida
en E&gt;l Iímp1do cielo, sembraba de argentadas flores la
sonorosa mar. Y el viejo Homero avanzó sobre el
a)to promontorio basta que le bitó bajo los piés la
tierra que lo había sostenido tantos años.
ANATOLE FRANCE,

RONDELES.
Al esplrltu de ella,

I
Una fuga de Bach su melodía
desgranaba en las cuerdas del pfano
y una risueiia claridad nacía
de ignoto oriente en el confín lejano.
¡Y soíiabas amor! ...... tu alma sentía
el beso de los ángeles, y ufano
Bach rimaba su dulce melodía
en las sonora,.-¡ cuerdas del pi:ano.

***

Y vino el desencanto, la noche fría
cubrió con su negrura la selva, el llano;
y mientras tú llorabas, la luz morfa
y Bach doliente y torvo temblar hacia
las vibradoras cuerdas de tu pi:anol
• • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •• • • • • • • • • • • • • • • •• • *

II
¡Fué un delirio! Los cambiantes de la luz estremeida
se quebraban en los rizos de su hermosa y blanca frente
y la luz de su esperanza por el llanto ensombrecida '
en su espíritu ya enfermo se apagaba lentamente.
¡Fué un ensueíiol La mirab" rebosando amor y vida
en las alas de un anhelo, carliíosa sonri:ente
y los nítidos fulgores de la luz est~emecida '
corouaban de reflejos la blancu:a de su frente.
¡]' ué un re;:,uerdo l Yo la miro de alba túnica cefiida
en el fondo de mi alma, luminosa y esp;endente·
¡ Yo te adoro_l-clamo- y ella sollozando entrist~cida
baña en lágrimas de amores la blancura de su frente
que coronan los cambiantes de la luz estremecida.

. .. ..... . .. ...... .. . . ........... . .. ......... . ..
RAFAEL MA.RTINE Z RUBIO.

México, 1807 .

�Dommgo 30 de Julio de 1899

69

EL MUNDO

Domingo 23 de Julio de 1899.
EL MUNDO.

LA
I

LEJOS.

LOS ULTIMOS VERSOS

DE JOSE I[. BUSTILLOS,
¡SOLOt
{Inédita.)

La nube se extiende y baja,
La tempestad se aproxima
Y la soíiolienta cima
Con la niebla se amortaja.
El maizal lánguido oscila,
Y se disuelve en el viento
El melancólico acento
Del mil pero que vigila.
¡Todo en paz! ¡Todo cansado! ... .
•Masqué tristeza tan honda! . . . .
~Poi qué gemirá la onda
y por qué gemirá el prado?
•Quién perturba el sueiío incierto
De esta tarde soberana? .. . .
¡Del Hospital la campana
Que llora tocando á muerto!
Y amarillento y sombrío
,
El sol, se apaga entre tanto;
Y en la alcoba ¡cuánto llanto!
Y en las llanuras ¡qué frío!

Y llueve . ... llueve! Las gotas
Caen con triste chasquido,
Y mueren la flor y el nido
Entre las frondas ignotas.
Con un buril invisible,
En la pizarra del cielo,
Traza el rayo con anhelo
Alguna frase ilegible.

Lejos! .... Ya no me miras ni te miro ... ,
Tal se alejan las hojas en su giro
Llevadas por los vientos inclementes ...
Mas no se apartan los que están ausentes:
Puede la luna unir con sus reflejos
A todos los que se aman desde lej~s.
Yo te amaré por siempre con el m1,;mo
Afán; y tú también en tu lirismo,
Evocarás mi imagen desde aquellas
Regiones. Así se aman las estrellas;
y así las mariposas en su anhelo,
Sueíian subir para llegar al ciele.
¡Feliz quien lo que anhela nunca alcanza!
Ese podrá vivir con su esperanza.

..

.... No oiré tu voz desde esta lejanía
Ni tú tampoco escucharás la mía.
No todos los amores
Tienen, como la mar, dulces rumores:
Hay amores que viven ignorados,
...
Hay amores callados ...
¡Oh! ¡salve! á quien enlaza con ternura
Lo que vive en silencio ó que murmura;
Al que lleva hacia el sol las golondrinas,
Al que junta la yedra con las ruinas!
tOhl tierno amor que en nuestro pecho exi3te
Con toda la dulzura de lo triste!
El me traerá tus gratos juramentos
y llevará hacia tí mis pensamientos!

1osa.

Los que ven, dos á dos, cruzar las aves
Por los abiertos horizontes suaves,
No han visto en su abandono y sus congojas
Al ave entre los árboles sin bojas . ...
Yo estaré así, cual ave entristecida
Que va, sola, cruzando por la vida.
y allá . .. . tu corazón, viudo y sombrío,
Que llora eternamente por el mío,
Vivirá del amor en el santuario
Cual un monje escondido y solitario ....
,,

MARIA E~RIQUETA,

(

Laredo, 1897.

,,

-~\~

~·

A,

' ......

Y el Temor llega pausado
Y la Angustia lo acompaíia . . ... .
¡Allá tras de la montaiía
Quién sabe que habrán pactado!

.. ..... . ...... ..............
......... . .. . ................
.. ... . ......... . .... .........
Calma, corazón desierto,
Tu tempestad silenciosa ... . . .
¡Ay, aun sigue la llorosa
Campana tocando á muerto!
¿Dónde estoy? ...... ven y descansa
Junto á mi, Melancolía ..... .
¡En el cielo, murió el dfat
¡En la tierra, mi esperanza!

l,j,

DESA.LIENTO.

"
El camino antes fácil y espacioso
en áspera vereda se convierte;
parece que :a luz que el día vierte
es reflejo de un cielo tormentoso;
para el ánimo inquieto no hay reposo
cuando sus golpes la enemiga suerte
redobla con furor, cuando la muerte
hiere traidoramente al valeroso.
Sin horizontes, la esperanza duda
y huye ante el temor toda alegría,
pues que la vida, eu la batalla ruda,
su crepúsculo tiene y desconfía ....
y teme al fin que tras la sombra muda
venga la eterna noche.... y nunca el día!
JOSE M . MATHEU,

J'OSE M. BUSTILLOS.

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Castillo de la Serraz, 14 de Mayo de 1857
Ha quince días que las autoridades federales nos
interoan en este viejo rincón perdido. Un mundo entero de republicanos é insubordinados: franceses,
austriacos, venecianos, polacos, rusos. Están acuartelados con oosotros en las antiguas salas donde florederon los seíiores de La Serraz y sus respetables veteranos. No se podría Imaginar tiranía más encantadora Los dos guardianes y los tres inofemilvos gendarme11 se desviven por sus cautivos. Están orgullo,
60S de estas b1avas gentes, y cuando salimos, la población de los alrededores no'! saluda con muchas ceremonias. Porque salimos. .Basta nuestra palabra
para garanti1ar todas las licencias. Un día que no
llegué á la hora de la cena, encontré melancólico al
viejo gu,1,rdián Mermoz.
-Ya estará frío el guiso, sel'lor Durville, y mi mujer que se había excediJo á sí misma preparándolo ..... .
Lo consolé de su pena y me prometí no volverá entrar después de las siete,
El país es una mara.villa. Uo lago fresco, claro, Impresionable á los camblús del cielo como una criatura
viviente; hermosos pastos donde S'leoa todu el día
una esquila de bronce; y en el horizonte cien montafias, verdes, violetas, ni vosas, donde cada aurora y
eada crepúsculo ejecutan una vasta, sutil y divina
-ópera de luz. Además, un tiempo hecho á propósit.o
para hacer la vida amable y los suelios exquisitos y
una hermosa sonrisa de Primavera donde revientan
las primeras florecillas al borde del agua temlJlo-

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Cuanto á mis com paiíeros, son casi todos agradables,
Excepto dos ó tres fanáticos, de ese géoero Eombrío
-que crean ioquietudes de estómago ó de hígado, son
todos hombres alegres, á ratos pendencieros, siempre
-charlatanes, y fastidiosos solamente en sus largas dis-euslones ;,olítlcas.
Eso sí, todos decididos á «extrangular el último
tralle con las entrañas del último rey&gt; en teoría. Especialmente un gigante ruso, de cabe~a de león, melena, ojos brillantes y voz furibunda que canta caneiones terribles. Se les ahorcará, se les guillotinará,
se les empalará, á la .nanera de aquellos guerreros
australianos que durante tres días y tres noches enteros, juran romperse los brazos, roruperselas piernas,
romperse la cabeza, rompers? la espalda, etc. etc. y
acaban sencillamente haciendo las paces. Esperando
la gran carnicería, el buen Rethnikoff devora cotidianamente diez libras de carne, dos docenas de huevos,
un pan de cuatro abras, seis kilos de frutas y legumb'!'es, bebe diez litros de vino y cerveza, se harta de
té, y lleua de gozo y admiración álos dosguadianes, á
los lnofensi vos gendarmes y á las esposas de estos funcionarios, que lapida con propinas. Porque su familia posee cien leguas de bosques, tierras arable11, y
ríos que abunoan en pesca en la pequena Rusia.
27 de Mayo.
Han llegado dos nuevos prisioneros á la Serraz. El
primero, el Doctor Ojettl, un venec;~no afiliado al
earbonarlsmo, y varias veces encerrado en los calabozos de Austria, es un buen viejo al modo de su país;
vivaracho, seco, de ojos ce tinieblas, aspecto simpático,
palabra abundante perfumada de metáforas y superlativos, talento flexible, penetrante, claro, nutrido
á la vez de cienci,1,1 de arte y literaturas antiguas, entusiasta, lleno del sueí'ío de la unidad Italiana y
siempre dispuesto á sacrificar su vida ó su libertad
por sus creeocias. El otro cauti vo-cautlva:-la hija
del Doctor admitida en la Serraz por favor especial,
bajo la condición de vivir con las hijas del guardián
Mermoz.
Francesca Ojetti es por todos puntos fascinadora.
El día y la noche se escapan á la vez de sus bellos
ojos color de amatii,ta Su tinte realiza la perfección
de las más bellas pulpa~ en flor, y parece despedir luz
como las rosas frescas de los Alpes; cada uno de sus
ademanes acusa el cuidado que la naturaleza puso en
perfecionarla. Esta magnífica criatura es silenciosa.
Noseoyemás que rara vez su voz en laque se adunan
la pureza de los metales nobles y la suave eotooaclón
de las aguas corrientes. Es triste coo esa tristeza
en la que no se transparenta nioguna mordldez, sino
más bien armonía de salud y gracia divina y fuert,e.
No evita la presencia ni la conversación de las gentes
pero desanima á la almas frívolas y las deset,n&lt;1ierta
á su pesar. Acompaiía á su padre á tudas partes: á
los patios, á los jardines del castillo, á los prados y á
los bosques. Tiene seguramente por él un amor que
confina con el culto.
Naturalmer::te, toda la banda. de prisioneros permanece en éxtasis ante esta admi:able veneciana.
Retcbnikaff se olvida delante de ella de i;;us cantos
sanguinarios y de sus propósitos destructores. Los jóvenes ponen cara de Romeos y los viejos no pierden
ninguno de sus ademanes. El doctor ha llegado á ser

SILENCIOSA.

por ello el soberano absoluto de la Serraz, peM, acostumbrado á estos halagos de reflejo n1J les da ninguna Importancia. E Ignoro por qué le agrado, por qué
me he hecho su compañero de paseo y por qué son
para mí el mejor apretón de manos del padre y algunas de las muy raras sonrisas de su hija.
Salimos los tres, después de mediodía, cuando el
sol se dora, cuando las sombras de las montaflas, de
las ha.vas y de los ploos se acuestan sobre los pastos.
Ojetti habla mucho. Su alma es un vivero de anécdotas, un depósito ioagotable de recuerdos. Todo esto
hormiguea, cintila, reluce, y bace ver en un instante
mil siluetas de seres, mil acontecimientos, mil aspectos de alma. Ese hombre es el más maravilloso educador. No lanza una frase sin darle la agudeza, el
adorno, el sabor que la hacen penetrar como un arma,
agradar como una obra de arte, ó gustar como una
golosina.
Fraocesca, en sileoclo, escucha. Nunca habla sino
para responder. Nunca siente necesidad de expresar
el goce ó la melancolía, la teroura que se reflejan en
sus hermosos ojos según la anécdota oída, el gracejo
celebr'ldo ó lats armonías de la luz entre las sombras
temblorosas. Su alma me llena de sua·ve inquietud.
Quisiera conocerla, y á pesar de eso encuentro encanto en su mlste,io, y sin duda rechazaría yo á quien
me ofreciera penetrar el i,,ecreto de aquella criatura.
Es ioteligente: sus respuestas son de una exactitud
perfect,a, de una concisión elegante, de un sabor á
la vez tímido y audaz.
Yo no suefio más que con ella. MI corazón se ha hecho Insoportable. El universo es más grande. Me parece oír en mí el rumor de todos los siglos, de todas
las dolorosas y magoíficas generacioues que vivieron
y murieron porque el amor fuese más bello, porque
la historia de la esposa y del esposo fuese tan vasta,
tan bella y tan armoniosa como los abismos estrellados del espacio.
18 de Junio.
Es verdad. Este misterio me encanta de preferencia. Los profundos ojos de amatista se iluminan al
mirarme. Su sonrisa es con!iada, en su bello rostro
de luz mi llegada hace aparecer una cariíiosa bienvenida. Cuando la veo á lo lejos mi corazón se llena
de temor, pero ya cerca me sereno, como si estuviera
al borde de un precipicio sembrado de fresco!! heliotropos. Y Frances~ no hace esfuerzos para disimular su placer. Está ausente de sus ademanes todo
asomo de coquetería. Manda en su belleza como un
rey poderoso en su Imperio. Ignora ó quiere ignorar
toda seducclon buscada, cuanto más que sería Inútil.
Tiene para cooquistar y conservar las almas, su orgullo y la In vencible fuerza de su silencio.
25 de Junio.
.Al principio be saboreado, como un favor divloo,
esa alegría de bienvenida que sonreía en los labios de
l!,rancesca, pero ha ,legado la angustia. La franqueza
misma de la virgen se convierte en mi suplicio. Temo la separación que es lo peor que puede sucederá
los amantes; esa cruel famitiaridad que crea amistades, y aleja, prolongándose, toda esperanza de una
afección más violenta. Aun podría yo resignarme á
ella porque juzgo demasiado b?llo un destino donde
se mezclara el amor de la maravillosa criatura. Pero
lo siento, sé que Francesca no se casará nunca, sino
que permanecerá siendo siempre lacompaí'íera-feliz
y adicta-de su padre.
l. 0 de J ullo.
Hemos ido hoy hasta ·1a aldea de Los Llanos. La
mootaiia está revestida de su gran traje deslumbrante: los bordadores eternos la siembran de vivas flores
de frágiles pedúnculos, de pequelios re!lplandores, de
zarzas ardientes que bailan su momento de gloria en
el flan ..:o áspero de la ro~a, en los minúsculos jardines suspeodidos, hechos del poi vo de las piedras molidas átomo por átomo á través de lus siglos. Las hayas suben cumo un ejército en batalla y los pinos
tiemblan simultáneamente, con el mismo movimiento, al paso de la bris-i. de Estío.
Nos detuvimos al bnrde de un torrente ante los
rebaflos r.:gieotes de lai,; olas. Francesca pasó el puente y se puso á bacer un ligero croquis al esfumioo.
Ojetti, interrumpiéndose en medio de su jardln
de anécdotas, me dijo:
-Estáis pálido y triste, ¿no créeis poder confesaros
ccnmigo?
Lo miré. Estaba sin aliento, sentía inmóviles mis
arterias en el exceso de mi inquietud. Respondí:
- ;.No podéis adivinar?
-No debo adivinar. Vuestra pena no será más dura por haber sido confiada. ¿ No estáis seguro de mi
simpatía?
Eotooces hablé muy bajo. E l me replicó muy tiernamente.
-Estoy de vuestra parte y tengo mucbasei,peranzas. Sin embargo, no quiero hacer pesar mi autorida&lt;!

en el destino de Fraocesca, porque tengo de masiado
dominio sobre ella. ¿Queréis hat&gt;larle?
-Le hablaré.
Estaba lleno de terror. El misterio era más profuodo, los frescos heliotropos parecían haberse marchitado al borde del abismo. En el momento que
avaozaba hacia ella, sentí elevarse en mí la palabra
del Gran Maestro: Abandonad toda esperanza. Y verdaderamente era la puerta riel Infierno á donde liamaba yo cuando llegué al otro extremo riel prado.
A mi llegada, ll'rancesca dejó de dibujar, y levantó su rostro y sus ojos semlabstraídos por el trabajo. Conocí q11e no tenía idea ni presentimiento de
lo que iba á decir, y me turbé más. Notó mi turbación y una sombra inquieta se extendió sobre su.
frente.
Le hablé temblando al prloct pio, después ofreciéndole vehementemente mi vida. A medida que hablaba, palidecía Francesca, y cuando terminé, estaba ante mí con la cabeza inclinada, las manos trémulas, la di vlna boca contraída por una especie de horror. Guardaba silencio. Parecía no querer ni poder
dar ninguna respuesta.
-i,Üt! be ofendido?
Respondió con esfuerzo:
-No me habéis oreodido.
-¿Puedo concebir esperanzas?
-No puedo responderos. Lo ignoro como lgno:o
todo mi porvenir.
Contesté bumllde y d,isanimado:
-¡,Es nada más Ignorancia? ¿No es porque os desagrado?
-Por ahora no siento nada favorable ni desfavorable para vuestra persona . . ... .
-Estáis mortalmente pálida, como si os dominara el horror.
Bajando sus ojos llenos de sombra:
-us engañáis, contestó, no es horror sino temor.
III
12 de Julio.
Cada vez que me presento ante Francesca veo pasar por sus ojos la misma turbación. Sube á sus mejillas y desaparece una rápida palidez; cuando me
tiende la mano la siento fría y trémula. Después se
sereoa. Noto que vuelve su amistad y que mi compañía no le es desagradable, 11.l menos cuando estamos
los tres, cuando el doctor está con nosotros. En nuestros momentos de más intimidad, Francesca se a¡&gt;art11. y mira á lo lejos. E:-1 tan grande su malestat que
estoy impregnado de él como de una atmósfera. Sufro con su sufrimiento. Yo mismo rompo esa mala
iofluencia alejándome, y siento verdadero alivio cuando al fin se acerca Ojetti á nosotros y hace vol ver la
claridad al rostro de su hija.
Mi pena P.S mortal. Roe mis noches, me entrega al
pálido insomnio y á los largos ensueiíos siniestros de
la sombra. El opio solamente puede alejar de mí t'\n•
ta angustia; pero no siento por Francesca ni enojo ni
reocor: mi prueba tiene algo de divioa porque es un
sacrificio que acepto, estoy presto á todas las inmolaciones. Y mi amor crece con mi sufrimiento no por la
contradicción y el iostlnto de lucba que son la base
de estos sentimientos, sino porque mi sufrimiento
es algo como una forma más alta de mi adoración.
He querido también evitarle mi presencia, pero
Ojetti ha hecho esta resolución imposible. Como tiene verdadero afecto por mí, apenas me encierro ó

�Domingo 30 de Julio de 18\lll
70

me aparto me hace volverá su comparua. Una ve;;,
había ido ~olo á la montaña. Divagaba tristemente á
orillas de un bayal, cuando vi venir hacia mi á !rancesca y al Doctor. El buen carbcnaro estaba ~rist~ Y
deshizo su tristeza en expansiones. En la animación
del d"scurso llegó á decir:
-Dile, Francesca que es nuestro ú?ico consuelo
en el destierro, dile que su presencia es nuestro
goce.
Francesca, pálida como el hielo lej'ino, murmuró
con voz quf:'jumbrosa.
-Os lo suplico pur mi padre.
17 de Julio.
Ha llegado un carbonaro Míl~nés. Es vi~o y gentil
como Arlequín, con hermosos o¡os que bailan en _su
rostro á manera de diamantas negros, una sonnsa
que conquis~a todas las voluntades. graciosas anécdotas que ríen en los saraos, y el don de las lenguas
que le permite hablar el francéi- tan agradablement_e
como el italiano. Unido á todo esto, un amor frenético á la Italia. Una lealtad y un alma ent,usiasta, pero alma peligrosa de lc,s Lovelace, llena de ardor presente y de ternura fugitiva. Agrada al Doctor porque conoce á su familia, y hoy por hoy, sumos cuatro
para pasear por los prados cuando las sombras se hacen largas. Lulgine marcha al lado de Francesca;
el Doctor y yo le seguimos á algunos pasns.
En el fondo de mi ser busco ks celos: están ausentes; si nacieran, desaparecería mi amor por la Silenciosa. En el exceso de mi pena me acontece ~esear
que se levanten, y entonces observo á la pare~a encantadora· miro los ademanes elegantes del Milanés,
sus mirad~s que se vuelven con admiración bacia su
compafiera. Pero Luigini me parece tan le¡ano como
el Monte-Rosa, su galantería tan frágil como las aristas arrastradas por la tempestad, y comprendo que
nada; fuera de la ausencia y el tiempo, podrá combatir contra Francesca.
Ayer pensaba en esto, sentado en un tronco derribado cerca de una fuentecita que saltaba de la roca.
Cien'especies de plantas florecían en mi derredor. La
tierra correspondía con llamas de ~lor y con p~rf~mes el fuego del Gran-Astro. Una penumbra miste•
riosa de pureza envolvía todo; la humilde-vida lucha
tan afanosament.e, cada brizna de hier~a, cada hilo
de musgo oculta tal energía, que me siento desfallecer. Era un paria ante una muchedumbre ~legre;
sentía sobre mi la sombra de los malos presagios que
pierden los destinos, y la voz del Milanés y del Doctor, llegaban á mi como una ir?nía:
Mientras me abismaba en mi tristeza, Francesca
escalaba la roca seguida de cerca por Luigini. Se detuvo un momento en el peñasco: el sol la rodeaba de
un resplandor de gloria, se asemejaba a,,i á una -Yirgen de Leonardo que dejó en mí, cuando era mño,
un recuerdo de esos que no se borran nunca. Bajé la
cabeza: cuando ellos desaparecieron, un sollozo in vencible levantó mi pecho, y se llenaron de lágrimas
mis ojos.
Estaba así bacía un minuto, cuando un paso ligero me bizo estremecer. Ví á Francesca en el extremo sur de la correntera. Se acercaba: al ver mis lá~rimas pareció impresionarse, pero luego, con no sé
que dureza que apareció en su boca, ella que no preguntaba nunca, me preg~n.tó_:
·
-¿Estáis celoso de Lu1g1m?.
Al principio la sorpresa me hizo enmudecer, pero
luego con algo de cólera repuse: .
- 1PJuguiera al ciilo que estuviese celoso! asi quedaría curado de mi amor.
Se puso pálida, como el día de mi confesión, con
el mismo temor retratado en las pupilas, y pasó silenciosa, á reuniri;e con su padre que nos llamaba.

EL MUNDO.

Domingo 30 de Juiio_de 1899.

EL MUNDO.

71

Se apoyó sobre un árbol, y balbutió, como hablando consigo misma:
-No debo retenerlo.

V
7 de Agosto.
"NI be ensayado dormir: habría necesitado tomar
io en dosis peligrosa. Me be quedado en el balcón
d~l chalet, mirando la noche y las torres de la Serraz,
· entre las estrellas. La somb:a. el estío y la
d e pie
montaña hacen más bellas las noc h es. M'1s sen t'd
I os
·1·
dos
ban
gustado
basta
agotarla,
la
amarga
sut i IZd
. . .
t
L
t
mezcla del esplendor y el sufrimien o. a muer e se
abatía en mi pecho retumbante.
.
Las cimas confusas, las aguas palpitantes, los pra.
dos, los astros, todo parecía tomar la forma _de una
t,umba. Experimentaba como u~a. contracción del
.
Universo, como una asfixia del In~mto.
Pero nunca me rebelé. Me resignaba á sufnr uno
de esos grandes amores que h_acen al amor más noble
entre los hombres; me parecia que este dolorº? era
solitario ni el!'oísta y silenciosamente ofrecía mi sa.
.
crificio á ot ros seres.
El alba argentina escalaba los hielos; ~a brisa del
lago se elevaba con la aurora; las aves a.m1g~s ve~ían
á reclamar su alimento; un co·hero tomó m~ equ1pa·e
me dirigí á otra ciudad. Pero ante&amp; quise pasar
~~/el Calvario. Detenido cerca de los árboles donde
hablé ayer con Francesca, y próximo ~ desfallec~r,
me apoyé donde ella se había apoyado. Cerré los o¡os
largamente.
.
Un estremecimient.o de ramas me sa~ó de m1 su~f!o, y ví el milagro: Francesca había vem?º· Me miraba con dulzura. Estaba llena de turbación, pero no
de temor. Una las-itud encantadora azulaba sus párpados, y dije:
.
-¿Por qué queréis hacer mi partida más terrible?
Se sonrió; por primera vez vi a¡Jarecer en su rostro
la malicia. Me respondió:
-No pudo vivir lejos de vos.
La vida, la gloria, el poder entraron en mí como la
luz en las tinieblas.
Francesca añadió.
-No be sido culpable. Mi temor era real; más fuerte que mi alma. En vano be querido vencerlo. No
bay tal vez criatura en el mundo á quien el amor sea
más temible.
Tomé suavemente su mano, su pequeña mano que
se sometió tierna, temblorosa y confiada.
- ¿ Y por qué teméis al amor?
Volvió su ma~nífico rostro hacia la se!va:
.
-Porque sabía que me iba á confundir con lacnatura que amaría; porque me debía entregar toda entera, lo mismo que mi esposo; porque, en fin, desde

0

-No será más incurable vuestro mal si esperáis
aún algunas semanas.
-Pero yo no puedo soportar más, me quedan muy
pocas fuerzas, y vos no me dais ninguna esperanza.
Ojetti no es diplomático como la mayor parte de
sus compatriotas.
Guardó silencio, y luego, mientras lo veía tristemente:
-Habría jurado que os amaría, dijo, aún creía haber descubierto en ella una inclinación naciente, pero ..... .
-Sabéis que le inspiro una especie de terror.
-Sí, aunque no me lo explico; sería menester hablarle otra vez.
-Y ¿de qué queréis que le hable?
-Poco importa; de lo mismo. Pero sed elocuente
y obligddla á que os responda.
.
. .
Hemos atravesado el gran calvano srn1estro que
se extiende basta más allá de los llanos. Se asemeja
á un cementerio de titanes: en él, las cruces, las piedras, las enigmáticas piedras alternan con fosas profundas, y los ecos resuenan como antiguos clamores
d1; agonía. A la salida del cal vario bay una calzada
ascendente de sabinos surgidos de las viejas edades.
El Doctor se ha apartado con Luigini suplicándonos
los esperemos; Francesca y yo hemos quedado solos
en aquella catedral viviente. La inmovilidad y el silencio parecfan confundirse con la luz. oía latir mi
corazón y el suyo, y bruscamente le dij.,:
-He llegado al término de mi sufrimiento. Voy á
partir, y be resuelto hablaros por última vez. El suplicio que be sufrido por el so10 becho de vuestra
existencia, es bastante grande para que a.bora soporIV
téis que os ofrezca t,oda. mi vida segura de que no
Soy libre. Las autorid1des me ban absuelto el 26 amaré nunca á otra mujer. Hablo sin esperanza y
de Julio. Si me place, puedo otra vez conspirar con- casi por cumplir un deber-porque tenemos también
tra las potencias amigas hasta volver á caer en el la- deberes para con nosotros mismos,-tales como .b uszo, Jo que no haré porque ya se ha entibia?º mucho car una felicidad que debe hacernos mejores. Sé,
mi ardor, cuanto más que no creo que el tirano sea Francesca, que si hubiera sido más noble, má,; digno,
derrocado por los medios de que disponemos. Más para obtener el goce inmenso de ser vuestro compaimportantes acontecimientos restablecerán el equili- ñero; sé que semejante favor hubiera bastado á da.~brio entre la fuerza y el derecho. Dos ó tres cama- me resignación en las peores pruebas, y bondad para
radas franceses se han aprove;bado de la clemencia mis enemigos. Pero yo no gozaré de esa gracia sufederal, y sólo nuestrc,s amigos venecianos, polacos prema, ni tampoco os guardaré rencor por elle;, Frany milaneses siguen prisioneros. Yo rondo como un cesca. Si fuerais responsable de las ternuras que puealma en pena en torno de la prisióu. Al principio de despertar vuestra persona, sería tanto como hacehan pretendido los guardias ejecutar su consigna y ros responsable de vuestro nacimiento. Solamente os
desterrarme con todos, pero han acabado por permi- pido una mirada de piedad, y que me perdonéis si os
tirme algunas horas de visita, de manera que no me ban ofendido mis palabras.
Permaneció un moment0 siu contestar, bermosa
privo completamente del placer de oír á Retcbnipoff
que jura gui\1:&gt;tinarlos, ahorcarlos y hasta echarlos como una Afrodita del silencio, inclina.da lJ. ca"eza.
hajo sus largos cabellos de sombra; luego, llena de
en agua fuerte.
Mi ,tristeza es cada vez más terrible. Francesca turbación, respondió:
-No me toca á mí, sino á vospedonar. Estoy llecont,inúa encerrada en su misterio, pero ,:.']ué me importa este misterio si no brilla en su fondo la espe- na de remordimientoti, me acuso de vuestra pena,
daría algunos años de mi vida porque esto no hubieranza?
se sucedido. Ne dudéis que, en cualquier circunstan5 de Agosto.
cia. estoy dispuesta á un gran acto de reparación.
Nada ba cambiado. Voy á partir. No creo más
Y me tendió la mano, que yo no me atreví á llevar
que en el tiempo y en la ausencia, únicos médicos á mis labios.
-Adiós, Francesca; marrana, á la salida del sol,
para el alma. Ojetti á quien consternó mi resolución,
habré parLido.
me dijo:

este momento d~jo de ser, no existo. Mi libertad ha
muerto. Ya no soy más que vuestra esclava; desde
abora se hará vuestra voluntad y no la mía.
Y mientras descendíamos la colina, murmuraba yo
muy quedo:
•
-¡Ah!quémaravillosamente dulce es que en labre
ve aventura de nuestra vida, nuesLro mayor anhelo
no sea ni la gloria, ni la riqueza, ni el poder, 81011
una débil criatura, un rayo de luz, un rasgo, un c(lntorno, algunos ademanes, y el ritmo de unos pab•l3o

J. H. RosNY,

EL BANQUETE.
Cuando el maitre d'hotel-¡nh qué abdomen respetable, ceñido por el a.m plio cbaleco de casimir! qué
cara roja con patillas blancas! todo un par de Ingla.wrra, os lo aseguro;-cua.ndu el maitre d'hutel abrió
de par en par la puerta del s:ilón, y dijo cun voz de
bajo cantante, sonora y r.,spetuosa á la vez: «La señora
Condesa está servida,&gt; los invitados pusieron el sombrero en las consc,las, los caballeros de mayor respeto
ofrecieron el brazo á las damas y todos se dirigieron
al comedor, silenciosos, cai,,i abstraídos como en una
procesión. La mesa resplandecía.. Cuántasfiurt&gt;s, cuántas lucesl Ca.da invita.do ocupa su sitio sin diticultad;
no bien leía su nombre en la cartulina lustrosa, uu
lacayo con medias de seda llevaba hasta él una silla
muelle y con la corona condal bordada en el réspaldo.
Só!o babfa quince invitados, ni más ni menos; cinco
damas jóvenes escotadas y dit&gt;z hombres de la aristocracia de la sangre ó del mérito que llevaban esa noche tudas sus condecoraciones en nonor de un diplomático extranjero, que se sentó á la derecha d&lt;:J la
señora de la casa. Las medallas colgaban de Ja.s solapas, y dos ó t~es casacas ostentaban placas de diamantes; en la pechera de un genera!, que llevaba corbata
roja, se irisaba una gran cruz de Comendador. Po~su
parte las damas lucían todos los esplendores de sus
joyeles.
La reunión era exquisita, elegante. Respirábase
una atmósfera de completo bienestar en el comedor
alto y ornamentado en los cuatro muros con grandes
cuadros de naturalezas muertas en los que colgaban
frutos, anima.les de caza y vituallas de t odas clases.
El s~rvicio•se bacía sin ruido; los lacayos parecían
deslizarse en el suave pavimento y el escanciador
daba el nombre de los vinos al oído de los invitados,
en tono de confidencia y como si les revelase un secreto del que pudiese depender acaso ~u vida.
Servida la i.opa, un consomé suave y enérgico que
llenaba el estó:r.agu dH fuerza y juventud, comenzaro1;1 Jas conversaciont'S parcia.les. Sin duda hablaron
primero de banalidadei,; pero cuánf a urbanidad en los
ademanes sobrios, qué benernleccia en las miradas y
en lR:S, son:1sas. _Después del Cbateaux. Yquem se encend10 el mgemo: lus caballeros, viejos ó ya maduros
en su mayor parte, todos notables por el nacimiento
ó el talento, llenos de ex1eriencia y de recuerdos, no
deseaban sino entrar en conversación y la belleza
de_ las mujeres allí reunidas, les Inspiraba el deseo de
brillar excitando riralidades intelectuales. Las frases

brotaban de sus labios y se formaron grupos de dos
y de tres que bablaban entre sí con vivacidad. Un

viajero famoso, de tez bronceada, que acababa de VPlver del fondo de los desiertos, narraba sus aventuras
en la caza del elefante, sin exageraciones y con tanta
tranquilidad como si bablasede una batida de conejos.
U n puco más lejos, la figura delicada. con ca.bellos
blaccos de un ilustre sabio, se inclinaba bacia la condesa que lo escuchaba riendo, esbeh,a y rutiia con sus
ojos brillantes y atentos, y un aderezo de espléndidas
esmeraldas en el pecho de belleza profesional parecida al de la Venus de Médicis.
El suntuoso banquete prometía ser también encantador. El fastidio, huésped frecuente de las
fiestas mundanas, no tf:'nía sitio en aquella mesa. Esos sere felices iban 4 pasar una hura deliciosa y á gozar por todos los poros y por todc,s los sentidos.
Y en aquella misma mesa, en el lugar más humilde,
un hombre, joven aún, el menos disti nguido, el más
obscuro de los que allí había, un imaginativo y un
:soñador, uno de esos divagadores que tienen algo de
poeta y algo de filósofo, permanencía en silencio.
Adm itido en la alta sociedad gracias á su reputación de artista; aristócrata por naturaleza, aunque
nada vanidoso, hijo del pueblo al que no olvidaba, aspiraba con vol u ptosidad esa flor de civilización que
se llama la buena sociedad; sentía más y mejor que
cualquiera, cuán raro y selecto era este medio y todo
lo que forma su encanto: la belleza de las mujeres, el ingenio de los hombres, el lujo de la vajilla
y el vino blanco que humedecía sus labios; lo sentla
y se regocijaba de que hubiese en el mundo un conjunto de cosas tan amables y armoniosas. Parecía sumergido en un b,1ño de optimismo.
Creía bueno que hubie~e, á lo.menos algunas veces
y en ciertos Jugares de este triste mundo, seres casi
felices, con tal que fuesen accesibles á la piedad, caritativos, y torios estos arortunados lo eran probablemente, ¿á quíén podían hacerle mal? Oh bella y consoladora quimera, creer que la vida los hacía inmunes,
que conservaban siempre ó casi siempre la luz dulce
y alegre de la mirada, la sonrisa de la serenidad que
había suprimido basta donde es posible en su existencia, las necesidades deshonrosas y las miserias abyectas.
A esto había llegado el soñador en sus refl~xiones,
cuando el gallardo maitre d 'hotel trajo solemnemen-

te en un gran plato de plata un rodaballo de dimensiones fabulc,sas, uno de esos peces enormes qué sólo
vemos en lus cuadrt,s antiguos que representan la
pesca milatrusa, 6 en las vitrinas de Cheveu ante los
pilluel&lt; s azorados que se aplastan la nariz cóntra el
cristal.
Cuando el soflador vi6 en su plato un pedazo del
monstrm,su rudaballo,el ligero olor marino pro"ocó en
su Pspíritu, indinado á las correspendencias súbitas
el paisaje de costa bretona del pueblo miserable d;
pei,cadores, en donde se detuvo el otoño pasado ha'lta
el equinoccio_presenciando furiosas tempestados. Recordó la homble noche en que no pudieron las barcas
llegará la orilla, aquella nucbe que pasó en el muelle entre los grupos de las mujeres consternadas 4e
pie y recibiendo_los g'llpes de agua que ernpap~°"1
su rostro, y el viento frío y furi oso que casi le arrancaba. la capa de los h ombro~. Qué vida la de estos
pobres des~i~hadosl Cuánt,a s ,viudas babía visto, jóvenes y vrn¡as, que se cubnan para siempre con el
manto negro y que salían al despuntar la aurora á
ganar el pan-sólo el pan I trabajando roded,das de hUS
hijos en las sardinerías, envueltas en el olor nauseabundo del aceite caliente, y ve.ía en sus recuerdos la
iglesia que coronaba el pueblo en la pendiente de la
(JOSta, aquella iglesia pintada de blanco para indicar
á las barcas el paso de los arrecifes.
Re?Ordaba tambi_en las piedras sepulcrales medio escondidas entre la hierba corta del cementerio, en muchas de las cual ..s se veía esta inserí pción sinii,stra:
]JfU(fT'tO en el ma1· . .... . Muerto en el mat . ..... Muerto
en el mar ..... .
El enorme. pez tenía el sabor más Pxquisito y lo
sazonl!ba un Jugo que indicaba los prc,fundos conociniien t(,s del cocinero del Sr. Conde, alu~no sin duda
de la cocina del Café Ingltss. Hemos llegado en nue"tra civilización á ver ducLures en asados y bachiller;s
en salsas. Todos ltJS invitado~ comían dtdicadamente
y con apetito aunque sin hacer manifestaciones en fa.
vor ?el excepcio □ al pla_tillo. pur buen tono y por el
hábito de la a l1menta.crón exquisita.
El soñador casi no comía. Segufa pensando en los
bretones, en los hombres de mar que babían pescado _ese magnífico ejem piar. Recordaba el día que siguió al de la tempestad, la mañana lluvisa y gris, en
que paseándose an~e las.ondas pesa.das color de plomo,
encontró y re??DOCJÓ el cuerpo de aquel viejo marino,
padre de fam1ha, que biibía desaparecido tres dü s

�., .

~

..,

[)omtngo 23 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

12
antes, y que estaba oculto entre el tango de la playa,
con los cabellos grises pegados al rostro y cubiertos
de arena y de conchas.
Sintió un estremecimiento en el corazón; pero ya
los lacayos se babia.o llevado los platos haciendo des•
aparecer los restos del enorme pez, y en tanto que
senían otra cnsa, los elegaotei- y trholos invitados
seguían su conversación. Ya el hambre se babia aplacado y esto lo., animaba; bablabancon másabandono, sonreían y sus rrnses eran deliciosas.
El huésped silencioso sintió una tristeza infinita
porque en su Imaginación de sonador surgía la 1epresentación viva y dolorosa de todos 10.-, trabajos y penalidades que son necesarios para crear el bienestar
de los escogidos.
Para que éstos pudiesen llevar un frac delgado en
pleno Diciembre y para que RUS mujeres Luvlesen los
brazos y el cuello dest1Udos, el col,irítero saturaba lahabitacióncon el calor de una mailanade primavera. Pero
de dónde procede el calor:' El condenado del pafs ne•
gro, el obrero subterráneo que vive en el Jnflerno de
las mtnas extrajo el combustible. Qué blanca, qué
fresca es la piel de esa joven que o:,tenta victoriosamente su cuello que emerge del corpiílo de seda.
Quién ba tegtdo esa seda? La araña humana de Lyon,
el obrero siempre inclinado aobre su eterna labor.
Luce la dama elegante dos perlas admirables de opalina transparencia, y casi esféricas. La perla que tragó Cleopatra después de hacerla disol ,er en vinagre,
y que no vaHa menos de diez mil ,;extercios, no era
más pura. ;. Y sabe ladl\ma elegante que allá en Cey•
lán, en los bancos perlíferos de Arlppo los Indios de
la Compailía penetran á doce brazas de profundidad
heroicamente, con un ple en el peAAdo estribo que
los arrastra al fondo, y un cncbillo en la mano lz•
quierda para defenderse de los tiburone:.?
¿Qué relación puede haber entre todas estas elegancias y todos estos retinam ientos y el obrero tenebro•
so que escarva á cincuenta p1és bajo tierra, y el Li?je•
do~ deformado que trabaja ante la máquina, y el sal•
va3e que se arroJa al mar y á veces lo enrojece con su
sangre? ¿Por qué pensará uno en cosas tan tristes y
tan feas? Sin embargo, el soilador está perseguido

por su idea fija. Desmenuza sobre el mantel en pe•
dazo de pan dorado, alimento de capricho, inslgnltl·
cante en una mesa tan lujosa, pero que hace pensar
en la frase candorosa de la gran dama que hablaba
de los miserables hambrientos: csi no tienen pan que
coman pasteles.&gt; Y este pan que procede como el pan
del campesino, como el zoquete del soldado, de la sementera de los campos, ~xlge la labor paciente de
muchos pob~e.'i.
El campesino ara, siemhra y cosecha. Llevó su ara•
do á las tierras bllmedas, recibiendo en la espalda las
frías agujas de la. lluvia otoilal: en la noche, cuando
amagaba la tempei,tad, despertaba temiendo por su
sementera.; temblaba al ver pasiir las pesadas nubes
violetas cargadas de granlzo,'.y salió, seco y negro, del
enorme trabajo 'J de los sudores de la siega.
Y cuando el viejo molinero, deformado por los reumatismos que le trajeron las brnmas del rfo, envió la
harina á Parfs, los ruocetones del mercado, cubiertos
con sus grandes sombreros blancos llevaban los sacos
en sus espaldas auchfsi mas, y la noche anterior los
panaderos trabajaron basta el alba.
Todos estos esfuerzos y todas estas penas se acu•
mulaban en el pedazo de pan que desmenuzan las ma•
nos blancas y paLrlcias. L:i. obsesión se apodera del
incorregible sonador. Del banquete wagnifico sólo ve
los sufrimientos humanos que ha costado, y cuando
el escanciador le i,irve un Vd"º de Chambertln, recuer•
da que ciertos ubreras de las fábricas de vidrio:i se
hacen tísicos soplando las botellas.
Vamos, esto es ridículo. A"( es el mundo. Un economista se reiría de sus escrúpulos; siempre hibr,,
ricos y pobres del mismo IDL)do que habrá siempre
hombres erguidos y jorobados. ¿A.caso va á pc1.rar en
socialista?
Los arortunajos qu~ se slent&lt;1n á la mesa, no tlenen privilegios iojus~os; no son favoritos vulgares
del becerro de oro, ad venedlzos, egoísta&lt;; y groseros.
El gran señor que preside llevc1. b ,m orílicamente uu
nombre unido á todas lai glorias de Franela; el Ge•
neral de bigote gris e.-, un oéroe que dió una ca•ga
con la Intrepidez de )iurat en Rizo o vllle; ese pintor
y ese poeta trabajan con fiielid.1d en pro del arte y

A LulsG. UrblDa.

La sombra da la fé. Su lmágen muda
A nuetitras a•was en su seou embosca,
Cuando el dolor, al engendrar la. duda,
Como una sierpe al corazón se enrosca.
Bajo el dosel de sus flotantes velos
Se evaporan las trágicas angubttas,
Y á ella van á refugiar sus duelos
Las alma~ tristes y las trentes mustias.
Desde que el hombre á la existencia asoma
Siente doquiera palpitar su huella;
La vida en ella sus potencias toma,
Radia un momento y se disipa en ella.
¡Oh, no digáis que de su vientre obscuro
Surge la. envidia y se levanta el odio;
Ni ella da al vicio su vagido impuro
Ni empuja al crimen el puilal de Ilarmodio.
Amad la sombra. l-iu exprei.ión augusta

La saila cruel del sufrimiento aleja;
Ante ella toda tempestad &lt;;e asusta,
Toda inquietud á su contacto ceja.
Ante el poder de su pupila In mema
Arden y alumbran con fulgor de aurora,
Ya la razón cuando Investiga y plensc1.,
O bien el alma cuando impreca y llora.
¡Oh amada sombra, tu sitial bendigo
Hoy que en tus na,•es con mis ansias bullo
Para que des á wl Ideal tu abrigo
Y á mi convulsa inspiración tu arrullo.
Ya que las fuerzas de mi ser cautivas,
Paso el umbral de tus gluriosas puertas
Para encender mis esperanzas vivas
Y sepultar mis ilusioueb mi;ertas.
BENITO F.ENTANES,

Julio de 1899.

rA la manera deJobau de

de la belleza; ese quf1nlco, hijo de sus obras, que em.
pezó de mozo de farmacia y que ahora es una auto.
r!dad del mundo cientltlco, todo lo debe á. su genio,
y por último, esas nobles damas son generosas y buenas y con valor discreto llegan á veces basta el fon.
do de los mayores Infortunios para aliviarlos. ¿Por,.
qué esos seres excepcionales no bao de tener gooea
excepcionales también?
El soñador se dice que ha i,ldn injusto y que lo que
ha pensado no es sine Hofii,ma. bueno á lo sumo para
un club de barrio; pero el banquete llega á su fin 7
mientras que los lacayos llenan por última vez Iaa
cupas de Cl.iampagne, reina el silencio, los convidados sienten la ratiga de lf' digestión. El soflador loa
mira todos estos ro.'&gt;tros que tienen una expresión ele
fatig-a y de hartazgo que lo inquieta. Sin embargo, wt
sentimiento puro, Inexpresable, pero lleno de amargura, protesta en el fondo de su corazón contra eaoa
saciados, y cuando dejan al lin la mesa, repite en VOi
baja obstinadamente:
-Sí, están en su derecho . ... ¡,Pero sahen acaso que
su lujo está amasado ele miserias? .... ¿Piensan algu,.
na vez en esto? .... ¿ Piensan en esto tanto como d&amp;,
ben pensar? ..... .

F.

A ño VI-Tomo 11

México, Domingc- 6 de Ago""'to
=de 1899.

CoPEE.

i

Umbría.

DK ZlR,

FRAGMENTO.
Si odiáis la sombra porque en ella duermen
Los que en la vida la impotencia abate,
Sabed que en ella se elabora el germen
De luz que en todo movimiento late.

1

Dueuyas.J

Reina Venus, soberana

capitana
de deseos y pasiones,
en la tempestad humana
por ti mana
sangre de los corazones.
Una copa me dló el sino
y en ella bebf tu vino
y me embriagué de dolor,
pues me hlw experi mentar
que en el vino del amor
hay la amargura del mar.

Di al olvldoel turbulento
sentimiento,
y bailé un sátiro ladino
que dió á mi labio sediento
n::evo aliento,
nueva copa y nuevo vino.
Y al llegar la primavera,
en mi ruJa sangre fiera
triple llama fué encendida:
yo al flamante amor entrego
la. vendimia de mi vida
bajo pámpanos de fuego.
En la fruta. misteriosa,
ámbar, rosa,
su deseo sacia el labio,
y en viva rosa se posa,
mariposa,
beso ardiente ó \Jeso sabio.
1Bien haya el sátiro griego
que me euseiló el dulce juego!
Ea el reino de mi aurora
no bay ayer, hoy ni mailana ·
uanzo las danzas de ahora '
con la mfü,ica pagana.

(De Florell de humo.)

Con su manto escarlata de emperatr!z gloriosa
se va la tarde, el cielo, toda vía desierto,
muestre. pálidas lilas en un fundo de rosa,
un vago color rosa, un triste rosa muerto.
Es la hora solemne, callacfa, misteriosa,
en que dan su perfume las flores de mi huerto,
cuando cae la sombra como ala pavorosa
melancólicamente sobre el paisaje yerto.
Porque mi alma vibra con la moda carleta
de las t&lt;,rvas tiniebla~; E.'S la hora propicia
de empollar el Ensueilo que entusiasma y alegra,
de abrir á las quimeras el mlrflico broche
para que el Verso tienda las alati en la negra
desolación augusta de la pávida noche!
RAFAEL LOPEZ,

EN UN LlBRO.
Tienes 1fellzl inspiración divina.
Ave que ama los boscajes nuevo:,·
En tu arpa de oro, i,unorosa encl~a
Colgó su nido y empolló i.us huevos'.
Marcha serena; aquel p·eilasco hirsuto
Que t'Stá circuído por duq uier de abrojus;
Aquel manzano de olorusu rroto
Y flores que huyen como insectos rojos;
El rubio sol de claridad bermeja
Que d~ las nub~s entre el bumo vago
Al baJar á su tumulo semeja
Un luminoso y transparentE lago,
Tu retorno verán; ya se derrumba

l'FlNlDA.

Bella á quien la suerte avara
ordenara
martirizarme á ternu1 as,
dló una negra perla rara
Luzbel para
tu diadema de locuras.
RUBEN DARIO,

~I altar de mis suei'ios: triste herido ....
No vayas á. buscarme hasta mi .umba

LA. PRIMERA V ANIDAD.

Tras tanto insomnio . . . . m &gt;! hal:arás dc,r.nidc.
Ay! amar ya no puectv; mi alma enferma
Que fué campl"a embalsamada, luego
Trocóse en soledad ardiente y yerma
Del sol de mis dolores por el ru..go. '
ABEL

C.

SAL.\ZAR,

Cu~DRO DE Ts. CRusT.

Número 6

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 16 de Julio de 18911

EL MUNDO.

40

Año VI-Tomo II

México, Domingc- 23 de Julio de 1899.

Número 4

.,..,

MEXICANAS.
G-UA.DA.LUPE
[Para el Doctor Manuel Floree, quien me pidió unos versos nacionales\

Con su escolta de rancheros,
diez fornidos gu_errilleros, y en su cuaco retos611
que la rienda mal aplaca,
Guadalupe la cfiinaca va á buscar á Pantaleón.

su rebozo de bolita
y una saya nuevecita y unos bajos de charol;
Con su faz encantadora más hermosa que la aurora
que colora la extensión,
con sus labios de carmines
que parecen colO?ines y su cutis de piñón;

Pantaleón es su marido,
el gaiíán más atrevido con las bestias y en la lid:
faz trigueña, ojos de moro
y unos músculos de toro y unos íirpetus de Cid.

Se dirije al campamento donde reina el movimiento
y hay mit-Ote y hay licor;
porque ayer fué bueno el día,
pues cayó en la serranía un convoy del invasor.

Cuando mozo fué vaquero
y en el monte y el potrero la fatiga le templó
para todos los reveses,
y odia mucho á los francese;; y cien veces lo probó.

Qué maliana tan hermosa! cuánto verde, cuánto rosa
y qué lind!t, en la extensión
rosa y verde, se destaca

Con su silla plateada,
su chaqneta alhamarada, su vistoso cachirul
y su lanza de cañutos,
cabalgando vencos brutos, ¡qué gentil se ve el gandul!

con su escolta, la chinaca que va á verá Pantaleón!
AMADO JifERYO.

1899.

Guadalupe está orgullosa
. .
de su prieto, ser su esposa le parece una 1lus1on,
y al mirar q;:e en la pelea .
.
Pantaleón nu se pandea, grita: ¡viva Pantaleón!
Ella cura á los heridos
con remedios aprendidos en el rancho en que nació,
y los venda en los combates
.
con los rojos paliaeates que la pólvora impregnó.

***
En aquella madrugada todo halaga su mirada,
finge pórfido el nopal
y los órganos parecen candelabros que se mecen
con la brisa matinal.
En los planes y en las pellas, el ganado entre las breñas
rumia y trisca mugidor
azotándose los flancos, y en los h1ímedos barrancos
busca tunas el pastor.
A lo lejos, en lo alto, bajo un cielo de cobalto
que desgarra su capuz,
.
van tiñéndose las brumas, como un piélago de plumas
irisadas por la luz.

Y en las fértiles llanadas, entre milpas retostadas
de calor, pringan el plan
Amapolas, maravillas, zempoalxochitls amarillas
y azucenas de San Juan.

***
Guadalupe va de prisa, de retorno de la misa,
que en las fiestas de guardar
nunca faltan las rancheras
con sus flores y sus ceras á la iglesia del lugar.
Con su gorra galoneada, su camisa pespunteada
su gran paúo para el sol,
'

LOS FUNERALES DEL BENEMERITO C. BENITO JUAREZ,
la mailana del dfa 23 de Julio de 1872,
(DE UNA FOTOGRAFIA DE LA EPOCA)

�EL MUNDO.

Domingo 23 de Julio de 1899.

Domingo 23 de Julto 1899

44

Director: LIC. RAf AEL REYES SPillDOLA.

-----------------------------------------LA SEMANA.
El sol está rabioso á más no poder. Desde muy
temprano enciende las fraguas del oriente y se pone
á majar el hierro encendido del día, sobre el yunque
azul de las montanas. Martillea, con s.: gran martillo
de oro las ascuas luminosas, y á cada golpe, una explosió~ de chispas inunda de brillos deslumbrantes
el horizonte. Conforme pasan las boras1 crece el in-

cendio de los aires hasta que, ya muy entrada la manana, tórnase ígnea la placa dP. es mal te de los cielos.
Los jardines, entonces, alzan en sen.al de protesta
sus árboles amodorrados y secos, y las flores entrecerradas y sonoltentas, atisban por entre la marana de
las frondas, la llegada del viento, como tristes e_namoradas 'lue salen á la ventana, á la hora de Ja cita,
iDquieta.s y desesperadas por la t~rdanza del amante.
Pero el viento suele ser un nov10informal; no acude cuando lo llaman; sabe lo que son las mujeres! y
por eso se deja rogar tanto de las flores. Desds su enhiesto varillaje, se inclinan las rosas aristocrá.tlcamente seguras de que áellas, que son las más lindas y las
más elegantes, va á. ir primero que á ningunas el galán desdenoso.Por entre la hierba1 C.flmo por entre los
barrotes de una reja, se asoman, en actit,ud humilde,
Jas violetas, porque aunque pobres y modestas, saben
bien lo mucho que valen. Las margaritas enarcan sus
estrellas de nieve, impacientes y contrariadasdeque,
quizá porque carecen de fragancia,_ no les baga caso
el Ingrato. Las azucenas están furiosas: ¿cómo; será
cierto que el viento desdefia su limpia y perfumada
blancura?
Entretanto llueve sol, un sol rabioso que parece
mal humorado, y que gusta. de quemar ~étalos, resquebrajar ramas, secar el jugo de las hoJas y beber
en la copa de las campánulas las hects del rocío.
Las siestas de Julio son fatigosas, enervantes, pesadaF. Todo dormita con una pereza voluptuosa, mezclada de cansancio y fastidio.
No no saldréis de vuestro febril sopor, pcbrecillas
mártires del sol y desdetlarl3.b de los céfiros, basta que
las nubes, que también tienen mucha sed, acaben de
llenar su tonel en los lagos del Valle, para apagar la
Ir.gua de los cielos antes de que llegue la noche.
Al me~io día, el viento está muy ~ntretemdo con
las amapolas 1 esas rollizas aldeanas que se ríen de puro coquetas, entre los trigales, y no volverá á los jardines de la ciudad sino después de haber corrido mucho por sembrados y campiilas.
Es verdad que este sol es cruel como un inquii;;,idor;
y que con gran aparato y áurea pompa, recorre el in!inito ordenando autos de te, y martirios terribles
para castigar á las flores. Los pájaros y las mariposas están salvade,s. Ellos tienen alas y pueden volar
en busr.a rle sombra y de frescura.
Vosotras, no¡ que estáis prendidas ~ la rama, y la
rama está afianzada á la tierra, y la tierra no suelta
nunca por voluntad eino por tuerza.
Pero .... ¿no veis cómo se realiza el milagro? Se
oyen risas y cucnicheos. Baja por la escalinata, sal•
tanda y a.tropelláodose, una banda alegre de muchachas bonitas.
Vienen en busca de vosotras, para llevaros primero á. sus labios, luego á sus búcaros, en seguida á su
seno v más tarde á la mano trémula de algún sonador {lúe os guardará, ya secas, como una reliquia, en
la caja de palosanto, entre listones, guantes y .:.ocles
de cabello per!umado.
El amor os libertará del sol y de la lluvia; de caer
tostadas con la arena humeante, 6 de nautragar en
la charca fangosa.
El amor es divino para realizar estos milagros.
Suele hacer con el corazón lo que con vosotras.
¿ Qué, no estáis contentas?

***
Estov seguro de que muy pocos se han fijado en la
noticia~. La curiosidad no tiene ya nada que extraer
de ese suP.lto de gacetilla que pasó inadvertido entre
el relato de un escandalo vulgar y la lista de las parejas que se han presentado ante el juez Brlse~o, para convertir, según la opinión de Byron, su vino en
vinagre.
y sin embargo, si ia curiosidad no fijó en la noticia sus mil ojos inquietos, la piedad de uoOS cuantos
sí despertó en la memoria un melancólico y compasivo recue::-do.
Sonsa, Treftel y Caballero, aca'o'-1.n de solicitar de
los tribunales su libertad preparatoria. Nueve allos
han vivido en el Castillo de San Juan de Ulua, fortaleza azotada atuera. por el mar y adentJO por el dolor
y la desesperación.
Tuvo el crimen cometido por estos hombres rasgos
y perfiles de melodrama, sombras y misterios de cuadro efectista, enredos y tramas de novelas de fo•
lletfn.
¿No lo recuerda usted, cuidadoso memorista, que
ha becho una c:;peclalidad de los anales del Mal, y que

se sabe de coro llS nombres de los presidiarios más
terribles y la.i fechas 11e los crímenes mas espeluznantes? Este Sousa, este Caballero, este Tret:re!, fueron
los héroes, los protagenistas de una vulgar, pero es•
pantosa tragedia. Asaltaron con audacia estupenda
una. joyerfa, asesinaron al anciano joyero, se repar•
tieron los diamantes en la casa de una perdida y se
echaron á vivir por esos mundos1 fastuosamente, con
el producto de su sangrienta fecborla.
El roho se llevó á cabo en la calle más céntrica,
á la hora más concurrida, cuando los ri.x&gt;s vuelven en
carruaje del paseo, y los pobres salen del trabajo á
divertir un poco sus tristeza.-,. La sociedad tembló, la
justicia. investigó, la policfa. espió, y, como á la conclusión de un drama sentimental, fueron negando los
cult&gt;ables á las puertas de la prisión para extinguir
eD ella, después de un Jurado lleno de IDteresantes
incideDte:l, una larga y dolorosa condena. Se les con•
denó al castigo supremo de vivir. El más joven y esforzado, el inteligente, el director de esta cuadrilla.
de bandidos, no pudo resistir la pena tremenda de
existir á solas con sus remordimientos, y forzó la
pUerta de su propia vida para escaparse de la cárcel
de 8i mismo.
El suicidio de Nevraumont resucitó por algunos
dfas á la curiosidad. La leyenda se apoderó del crimen y lo contó, 1.\ su ruanera, al estilo de las aventuras de Rocambóle. Martínez que era un nato, un perverso Instintivo, tras estúpida tentativa de e\•aslón
y ensayos de salvajes venganzas, no se arrancó la
existencia, porque las fieras jamás hincan en su carne la garra enfurecido, sino r¡ue recibió la muerte
de las sagradas manos de la ley.
Quedaron estos tres miserables que ahora, ansiosos
de libertad, piden vol VPr al grupo social de donde sa.
lieron, en demanda de perdón y de olvido. Quizá la
justicia los amprare y los arroje de las sombras de
sus calabozos. Quién sabe si ellos habrán podido arrojar de igual manera del pensamiento la memoria
sombría de su delito. Quién sabe si aun respirando
á grandes sorbos el aira de las plaza y de las calles,
sean, de esos hombr~s que, como dijo el poeta, llevan un monstruo secreto, un mal que alimentan, un
dragón qu€ les roe, una desesperación que vive en su
noche.

*••
La gran manifestación hecha en ia presente serna•
naant.e el sepulcro de BeDito Juá.rez, es significativa
y trascendental, por lo que ba tdo educando á las
masas en la idea liberal é infiltrando en ellas, el supremo culto de los héroes.
En el dieciochodeJulioesyauna necesidad popular,
irá depositar ofrendas y á ..:antar himnos ante la rfgtda y marmórea figura del gran ciudadano, cuya
cabeza sostenida por la Patria, parece abstrafda
aún en la profunda meditación de una idea excelsa:
la de hacer feliz y próspero á un pueblo joven.

***

La llegada de dos nuevas ti ples ha animado la seman!!. teatral. Los cronistas especiales aseguran que
si las recién venidas no son artistas de subido méri•
to, son, en cambio, mujeres muy be11as. En lo cual
todo el público está enteramente conforme. Y á fé
que tiene razón porque, como dice La Bruyére, un~
linda cara es el más bello de los espectáculos.

to, el fiel consejero de nues~ra. conducta, el espejo in•
comparable en que se 1efle¡a y se hace perceptible y
acce8ible el mundo.
De la vista vivimos, con la vista actuamos, por la.
vista gozamos y sufrimos más aún que con toda nuestra sensibilidad; ella es crlter•.o de verdad y garantía
de acierto y por su intermedio Jlegan al eRpíritu como una caricia todas las grandezas y todos los esplendores de la Naturaleza.

***

Pues bien; ese gufa Infalible es pérfido y ese mentor seguro e~ falaz. Creemos en él ciegamente mientras él astutamente nos engaña; la mentira e-ssu ley,
la ilusión su principio y en luerza de !ugaces espejismos y de enganosas apariencias, nos forja un mundo
que ne, existe, una vida real que no palpita, un desfile de seres Que al anális's se desvaDecen como el humo y se disipan como la nube,
He abf el lago: el bruñido espejo de sus •~uas se
tiende en el JlaDo encuadrado en un marco de verdura salpicado d.e flores; el oleaje que la brisa agita
lo surca de saetas de plata; en sus linfas se miran
complacientes las montañas de ametista, las arboledas de esmeralda, las nubes de ar.niilo, y el sol de
luego. En dulce y extátlca contemplación podria encanecerse mirándolo y admirándolo. Y bien, no hay
tal Jago, ni tales aguas, ni tal oleaje riz~do. Lo único
que precisamente no se ve es el agua y Justamente lo
que la vista no permite distinguir es el lago. La retina nos ha jugado una mala partida, nos ha hecho
ver lo invisible y ha dotado de sorprendente belleza
á. un mito y á una ilusión. Mientras más transparente y más tranqmlo, menos visible es¡ creemos ver el
agua y no la vemos en realidad, el lago es fruto de
nuestra razón y de nuestra imaginación y no resultado de una sensación. Un lago es un girón de cielo en
una hoquedad de la Uerra 1 es un árbol cabeza abajo,
una mancuerna de islotes soldados por su basP, es
una estela de soles convertidos en serpientes de ruego, es placas de sombra, es decir, de nada, irregulares y flotantes, es un grupo de caballas por partida
doble. Y el agua? y las l!nlas purísimas? y el oleaje
cadencioso? somOra, quimera, ilusión, nada.
Qué es un espejo? un !ragmento de salón ó de alcoba; un medio sofá y dos medias sillas, un busto de
mujer con peinador y á medio peinar. De la pompa
de jabón, aér~a, flotante, finísimo cristal de ba.carau
trisado, no se ve nada: unos desfigurados mofletes de
nil.io, un ven~ana.1 encorvado y convexo convertido en
vitral por las irisaciones de la pompa, muros hemisféricos, techos como cúpulas, curvos girones de luz;
pero la pompa misma queda Invisible y latente.
La cara.ta de agua cristalina que alarga su cuello
de cisne, coronada de diamc1.nte como una reina, de
contornos elegantes y suavei:, no existe para la vista
que la cont.em9la, sólo logra verse el ramilll te cercano, la vajilla de porcelana que las curvas de la carafa deforman y adulteran , destellos que son tan sólo
la luz de las bugfas coloridas de rosa ó de violeta. Está llena? está vacia? dificil es decirlo y sólo se puede
opinar cuando comparando las imágenes que refleja,
se &lt;..,bservan unas más deformes y extravagao:es que
otras.
Una diadema de diamantes es un amontonamiento
de chispas¡ una espada flamjgera, un abanico de relámpagos. A cada paso y por donde quiera creemos ver
y no vemos, y á cada momento nos extasiamos en la.
contemplación de lo invisible.

***

LAS ILUSIONES DE LA VISTA.
Ver; abarcar en una sola sensación todo un complicado panorama, cielo, lago, bosques, serranías; escudrlilar horizontes y lontananzas; absorber luz y color; sentir impresos en la retina todos los contornos,
todos los relieves; volver los ojos y cambiar de mundo, alzarlos y extasiarse en )a contemplación de los
astros, bajarlos y sondear abismos, cerrarlos y ver
aún esfumados y atenuados el hormiguero humano
el jardín florido, el mar agitado, el aienal rojizo, n~
puede darse facultad más preciosa ni fuente más
abundante de goces, ni manantial má.s fecundo de
ciencia y de acción.
La vista es el sentido por excelencia, el que inspira mayor fé, el que garantiza mayor certidumbre.
Mientras sólo tocamos ó palpamos, mientras sólo
o~mos ó gus~amos, ni el placer nos parece completo,
m el coooc1mlento preciso, ni la acción adecuada.
Una vaga aprensión nos sobrecoge en medio de la
obscur1dad, nuestro paso es incierto y torpe nos causa. miedo el movimiento, el menor rumor s~ hace siniestro, el menor contacto sorprende é import,una.
Entre las sombras nos sentimos como desamparados,
como que falta el guia de nuestros pasos, el mentor
de nuestros actos, el excitante de nuestro peosamien-

Es más aúD¡ 1.mando llegamos á ver realmente, jamás vemos las cosas tales y como realmente son. Si
en presencia de un dado preguntamos á cualq ulera.
qué es lo que está mirando, dirá con absoluta seguri·
dad y un poco de pedantería: Veo un sólido reg11lar,
constituido por seis caras cuadradas y perpendiculares. Y justamente ni ve un sólido, ni lo ve regular,
ni percibe sus seis caras, ni las percibe cuadradas, ni las ve ;¡erpendiculare:s. Lo que ve realmente
es una superficie, con sombras y penumbras, limita•
da por líneas divergentes qu e forman ángulos agudos ú obtusos que limitan caras romboidales, irregularmente inclinadas unas sobre otras. Mentira,
para la vista, el paralelismo de los árboles en una.
calzada; mentira el círculo regular y s)métrico de la
glorieta que la interrumpe; mentira la forma humana. que duerme bajo su blanco sudario en la cumbre
del Ixtacihuatl; mentira la inmensidad infinita del
horizonte de mar, y mentira, como-lo ha dicboel poeta, la bóveda azul de los &amp;ielos. Las formas armon iosas de la estatna griega son tan sólo sombras y penumbras; las figuras inmortales de Vioci y de Rembrandt, manchas; los astros, chispas; los soles, destellos.
Tremenda contradicción! CuaDto los ojos miran,
cuanto la retina graba, cuanto la vista vislumbra, es.
falso, engaiioso, talaz;y no hay sentido, sin embargo,
que más abarque, que más ldnseñe, que penetre más.
á. fondo los misterios de la Naturaleza.
La conci1iación existe y se impone. Las sensaciones consideradas aisladas unas de otr9.s, stn conexiones reciprocas y sin lazo de unión, no son nadan~
sirven para nad~. Un coDtacto, una presión, un so-

.

45

EL MUNDO.

nido no hablan al alma s\Do como iDdlctos y sella.les rra, ó iban fascinadas y locas, saltaDdo de uniforme
ciertas de otros atributos y propiedades de Jas cosas e? uniforme y de color en color, como una danza má•
que los producen. Se oye un gemido y la madre ex- gica. De tiempo eD tiempo se posaban en la negrura
clam~: Es mi hijo que sufre¡ desgrana sus perlas una de un ~ostro de U!l soldado, negrura de ébano, intecarcaJada y decimos: E~ mi amada que rie; 'orilla rrumpida solamente en la boca y en los ojos: en la
UD&amp; luz, es el sol que nace¡ una 80mbra nubla nues- boca por la sangre de los labios¡ y en los ojos por las
tra vista: es la iDvaslón de la nocbe. Cada sensación blancas escleróticas, á. cuyo borde asomiibase á veces
simple encierra un mundo y despierta un universo un alma. salvaje, en la que ardían todas }83 pasiones
de recuerdos; cada mirada dirigida á un objeto ctps. y aullaban todos los fanatismos.
corre un velo tras del cual se deseDvuelve un vasto
Puco anteb de ll~gar el ~mlti\n, vinieron tres ó cuae;;cenario. ~a~ ~ensaciooes son materia primii., tos- tro carr?zas cargadas de princesas y otras mujeres
ca. burda., rnut1I, estorbosa; es el capullo q~e la de la ari8tocracla turca á est,aclonarse á la sombra
rd:lexieln, la memoria, la imaginación, la ibteligen- de unos árboles, ~asi frODteras á. nosotros. Muchos
cia, en fin, deshila y teje, y que la pasión colora pa. eunucos, negros y blanco~, escoltaban esas carrozas.
Al fin, el que todos esperábamos apareció, no á la
ra fonnar rica y vi8tosa tela. Es el metal negruzco
sin brillo y sin pulimento, que el espíritu traDsfor- usanza antigua, sobre no caballo árabe Pnjaezado rima, moldea y cincela en espléndido joyel. Las seDsa- ~mente y conducido por dos palafreneros de trajes
cioDes son la paleta y con sus colores difuso~ y con fu- ,:nntorescos y fastuosos, sino á la usanza nueva que
nada tiene de noble, en un coche tan vulgar co~o los
Sl'S el alma hace el cuadro.
Tan es así, que ,.ma misma sensación se modifica que ruelian por las calles de cualquier metrópoli moal tntinito bajo la influencia de la Imaginación y de derna. Un ademán fríamente rutiDarlo fué su única
la reflexióD. En un girón de nube pueJe ver&amp;e á vo- respuesta al triple ¡burra! estentóreo con que le re•
luntad yt1. un sudario flotante, ya un ánuel volan- cogió el ejércit&lt;,.
J.,'ué una ¡burra! formidable, un viva que r~sonó codo, ya una ninfa perseguida. Una masa d: sombra
puede ser un fantasma, un monstruo, la boca de un ·mo alarido gigantesco, poderoso á conmover montaabismo, Ja entrada de una Jave rna. Asistidas de la nas de granito, aunque no á despertar la emoción
reflexión y del aDállsls las sensaciones son eminentes más ligera, bajo la máscara pálida é impasible del
pedagogos¡ sin el concurso de la inteligencia no son tiranuelo acostumbrado á todos los homenajes.
En tanto que el Soberano decía su plegarla, y un
sino charlatanes de feria.
Los pueblos incultos, los niílos, los igDorantes dan almuédano, presa de arrebato místico agitaba en nn
á _s~s s~nsa~iones proporciones extravagantes y sig- b~lcón de minarete sus vestiduras cá.ddidas y esparn1ttcac1ón rnaceptable. De ahí las mitologias: las c~1. con voz clara y vibrante la palabra de Alá en el
fuentes que son ninfas, las montañas que son dioses, aire seren o, mis ojos iban de los coches llenos de mulos árboles que son tetlques, los ríos que son divini- jeres á la mezquita, óe la mezquita al ejército, y sedades. Para estos et-píritus la noche con su destile de guían saltando de uniforme en uniforme y de color
sombras, está poblada de monstruos, deseresmuer- en color, como en una danza mágica.
Pero llegó un instante en que se fijaron en una de
tos que vagan eq el bosque, de di vinldades siniestras
en acecho. Y los poetas son los soberanos artífices las carrozas cargadas de mujere,s, para no apartarse
que con la materia prima de las sensaciones y la fra- más de ahi. Hablan di visado algo muy bello, la únigua de la imaginación crean mundos, cielos, pa- ca belleza que enaguas y velos no encubrían celo&amp;&amp;·
mente: una maDo desnuda, muy blanca, posada en el
raísos.
Quien sólo ve sin reflexionar en lo que ve, es un regazo de una princesa.
Desde entonces no contemplaron otra coi,a que la
ciego de una especie nueva. Las sensaciones no entrenadas ni disciplinadas por la intellgeDcia y la re- blancura y los movimientos de la mano. Todo lo deflexión son un caos. En ese caos solo la razón y el aná- más desvanecióse para ellos, como se desvanecen á
los ojos del creyente, la multitud arrodillada, el ~ro
lisis pueden pronunciar el fiat.
del altar y las ofrendas motivas, cuando de entre las
manos del sacerdote surge la nieve inmaculada de
la hostia. Mis ojos y mi pensamiento se clavaron con
la dulce ?bstinación de un beso muy largo, en aq~ella
mano pnmorosa, blancura vi va, ja:tmfo de carne y
seda.
Aún después de terminada la ceremouia, cu;ndo
ya el Sultán babia partido y se alejaban los coches
llenos de mujeres y se retiraba el ejército, la imagen
de la mano seguía tenazmente impresa en mis ret1nas
ofuscadas. No logró borrarla ni el fantástico relampagueo de hermosas tintas en medio al cual se movieron los Zuaoos dt la Meca. Mis ojos, alucinados, la
ORIENTAL.
vefan flotar en el polvo que, alzado por el ejército en
marcha, ondulaba en los aires como velo de gasa muy
fina
y transparente .
. \que1la maíiaoa supieron mis ojos que Ja lm y los
Pero la blancura de la mano me babfa hecho pencolor~s embriagan como el vino y los besos porque
sio d_uda, fué embriaguez de luz y de color~s lo qu~ sar en otras blancuras veladas, escondidas en el tonde los serrallos, en el secreto misterioso y tibio
:.ieh1zoaodar, todo un día, sonando con los ojos abler- do
del harem, de suerte que, al cabo de algún tiempo
tú~, p~r lascalles de Constantinopla. Hasta entonces
la visión que llenaba mis ojos no era la de una sol~
mis OJOS conocfan el vértigo fugaz, el éxtasis efímero
blancura, sino la de mil blancuras iguales, no era Ja
la turbación pasajera, no la embriaguez wuday honra'. de
un solo jazmín1 sino la. de todo un vergel plantada, y eso queyahabíancontempladobasta la saciedad do de
jazruines. Vi á lo lejos brillar les palacios que
l~s telas de los grandes coloristas italiaDos, aquellos se alzan
orillRS del Bóstoro y en el Bósforo, corrienhenzos en que el pincel de Bonilaclo escribió la epo. do entre álos
palacios, ví un extrai'io río azul, á cuyas
peya del fuego y de la púrpura.
crecen, como el Joto á orillas del Nilo, nares
Era un viernes, día de parada, díaenqueelSultán orillas
maravillosas. ¡Pobres flores que languidecen implaabaDdona los e~plendores de su palacio, deja su ta- cablemente recluidas en invernaderos grandes y trisbemáculo de mezquino dios de la tierra, y va á pos- tes! ...... Mucbas de ellas pade~n un mal divino y
trarse, humilde como el último, á pedir al ~eilor de terrible: se agitan desesperadas en los temblores del
los señ"ores, al omnipotente Alá por el bien de sus deseo, y se desmayan de amor, suspirando en sus desvasallos y la prosperidad de su imperis.
mayos por alguien que las arranque del jardín en que
Unos cuantos extranjeros curiosos, instaladós por vegetan,
inútiles, perdidas para la voluptuosidad. y
un maestro de ceremonias en un sitio desde el cual tal vez en el seno de su blancura, como en cárcel de
podía verse todo muy cómodamente, esperábamos alabastro, arde la llama azul de una alma buena. Pecon impaciencia la llegada del soberano.
ro el seiior, el amo, harto de placer, ni siquiera se
Et sol_ 'oo.ñaba el paisaje con su oro más puro, y no digna verlas. El espectáculo de sus gracias no exishabía lll UD solo rayo de luz que no cantase la gloria te sino para les ojos del eunuco, ojos que miran en
d_e un color intenso ó acariciara el desmayo de un ma- el vacío, ó infaman lo que miran.
tiz exquisito. A nuestra derecha, en una esplanada
La onda del Bósforo viene, juega, ríe y pasa, re.
veclnc1., la caballería desplegaba su Jujo de uniformes tozando siempre, al aire el vientre desnudo, azul y
vls_t..osos, caballos de bríos y glnetes bizarros; á la iz- diáfaDo, en el que se clavan multitud de flechas de
qmerdade palacio se extendían los infantes, sellara- oro. Mientras tanto, á la orilla, en la monotonía de
dos en dos alas, hasta la puerta misma del palacio los encierros prolongados, en la tristezct. de su8 granpor donde habla de salir el sefior de los turcos; en- des invernaderos suntuosos, esas pobres flores, las
freDte, resplandec1a la mezquita en donde el monar- desdei1adas, las que ignoran las alegrías del amor y
ca iba á decir su plegarla.
no saben sino de congojas y torturas, se con8umen
Muy chica y muy blanca, aislada en el medio de en el ardor de una fiebre inei:tiDgulble, y en el ardor
~n vasto espacio libre, resplandecía la mezquita, seme- de la fiebre se tornan mustias, sin que jamás las re!~Dte ~ un copo de nieve que se riera delsol ó á un ve- fresque el rocío de los besos, sin que jamás las bafie
n ca1do de -una de esas ovejas que trizcao por Ioscam• lluvia de caricias, sintiendo huir, para nunca más
pos azules del cielo en los claros días estivales. En su volver, la propia fragancia, viendo pasar, para nunpequenez y blancura, C'JD sus finos labrados arquitec- ca más voh·er, la propia belleza., como la onda azul y
tónicos, á. pesar de sus cúpulas y minaretes, la mez- profunda que se desliza cantando bajo las rejas de
9uita parecla más que templo, un juuuete delicioso
sus blancas prisiones.
~oya rara, preciosidad martileila salida de las mano;
M. DIAZ RODRIGU.EZ.
e ~envenuto impregnado de arte isla.mita.
Nuestras miradas segufan la hilera inalterable de
1OS fez, altos y rojos, como himnos de orgullo y gue-

LA MU.l:i:RTE
DEL

Benemérito

c. Benito Juárez.

El Sr. Juárez esperimentó los primeros síntomas
d¿su enfermedad-una neurosis crónica de) gran slm•
pático-á las siete de la mafiana del 17; como de costumbre, el 8:-. Balandr~no, Redactor en Jefe del
e Diario Oficial&gt; le leía lo más notable que conteDfan
los periódicos dt, esa maf\ana, y el Sr. Juárez escucbaUa atentamente, haciendo de vez en cuando alguna
observación, cuando repentinamente se le,·antó de su
asiento y dió algunos pasos sin quejari:e, pero lleYándose la maDo al cerebro; Ba.landrano suspendió su lect':lra y le preguntó si se sentia. indispuesto. cEotoy
bien, contestó, puede usted c'Jntinuar.&gt;
Pocos momentos babia.o pasado, sin embargo cuando volvió á levantarse, rogó á Balandrano qu~ espe•
rase, y esta vez extendió su paseo hasta el salón de
Iturbide. Reg, esó de nuevo y pidió ..¡ue le sirviesen
el desayuDo, que tomó muy tranquilamente. No obstantee~calmay esa,trauquiJidad se sentía enfermo, y
~sf lo di¡o después. afladiendo que comerla de dieta.
Efecti~amente, á la una de la tarde, mandó que se
le sirviese una sopa hecha en su propia casa y que
apenas probó.
Algo había en su semblante que denotaba tm sufrimiento, pues el Sr. Latrau-ua lo ohsenó y así se lo
dijo. ~ególo el Sr. Juárez c;n una sonrisa, y coDtinuó la conversación, en que tomaban parte todas lA.s
personas que lo acompañaban á la mesa. Habló allí
de los pensamie1itos que más le preocupaban: la reforma de la Constitución y la cvncluslón del Ferrocarril de Veracruz.
En la tarde, termiDarlos los acuerdos qae fué po~\ble despachar, concurrió al paseo con algunas personas de &amp;u famtlia1 según acostumbraba.
A las ocho de la noche el Sr. Santacilla llevó á su
sellara y á sus hermanas políticas al teatro.
El Presidente se quedó en su casa: estaba de muy
buen humor, y conversó alegremente con los señores
Dubián y Maza. A las diez y cuarto se recogió pero
no pudo dormir; á las once sintió náuseas y encendió
la luz. Pasó todo el resto de la noche bastante mal
pero no permitió que Benito, su hijo, que dormía e~
la misma pieza, despertase á pers')oa alguna.
Al día siguiente por la mafiana experimentó alg(m
malestar y no fué á palacio: sus hijos, sus cul111.dos-,
sus yernos y sus amigos, le preguntaban cómo se sentia, y les contestaba que estaba un poco cansado
porq?e no babfa dormido bien en la noche: les reccmenaaba que no hablaran de su indisposición, y que
sólo dijeran que padecía de un reuma en la pierna.
Estuvo todo el día con intermitencias de dolores
agudes en la región cordial y de ali vio pasajero. Por
la tarde, sentado en su recámara, recibió al Sr. Lafragua y al General Alatorre, con quienei; estuvo hablando un gran rato,-coo el primero de asuntos generales, y con el segundo de la situación del E:,tad.J
de Puebla, pero de vez en cuando se quejaba de cierta opresión de pecho que le impedia respirar con¡¡.
bertad.
A Jas seis de la tarde, el Sr. Santicilia participó al
seilor Presidente que el administrador de la Aduana
de Veracruz babia enviarlo UD telegrama, anunciando
que el paquete americano no saldrfa esedia, como es taba determinado, sino ayer J 9.
-Vaya, me alegro, contestó el Sr. Juárez¡ así llevará al extranjero la noticia de la toma de Monterrey.
.A. las siete de la noche el mal venció su tuerza. de
voluntad y hubo que ponerse en cama.
Desde aquel momento fué empeorando progresivamente.
No obstante, después de un sfncope vió á su lado
de pié cerca de su cama, al 8eilor Ministro de la Gue~
rra, que le contemplaba con solícito cariño.
-¿Cómo estás? ¡Has recibido algún parte telegráfico?
-No, contestó el Sr. Mejfa, no hay novedad. •Cómo te sientes?
c.
-Mejor, gracias. Será cualquier cosa. Anda vete
á tu despacho.
El ministro saltó de alli inquieto y volvió á las
nueve.
Ya el Dr. Al varado, médico de cabecera, había
manifestado á la familia sus terribles temores.
. Está muy grave el Presidente, dijo al Sr. Santa•¡.
ha: desespero de la curación, y creo que no le quedarán tres boras de vida.
Por indicación suya se babfa llamado á los Doctores Lucio y Barreda.
Desde aquel momento fueron aumentando de tDtensidad sus dolores, pero no babfa posibilidad de
calmarlos por medio de pociones internas porque el
Sr. Juárez tenia continuamente vlolenta's náuseas.
Tuvieron, pues, los médicos que recurrirá inyecciones locales de una solución de morfina dirigidas sobre la parte adolorida, esto es, sobre el lado izquierdo del pecho.
A las diez y media, siendo Inminente el peltgro
se mandó llamar á los Señores Ministros Latragua'
Mejia (D. Francisco) y Balcárcel.
'
El Sr. D. Francisco Mejía acudió en el acto; el Sr.

�46

Balcárcel nada supo, porque el portero de su casa no
quiso abrir, ni darle aviso, por temor ó desconfianza;
el Sr. Lafragua llegó un poco más tarde.
Todas las personas allí presentes estaban consternadas.
Poco antes de las once el Presidente llamó á un
criado á quien quería bastante, llamado Camilo,
oriundo de la clierra de Ixtlán, y le dijo que le comprimiera con la mano el Jugar donde s~ntía un iutenso dolor. Obedeció el buen hombre, pero no podía
contener las lágrimas.
Padecía atrozmente el 8r. Juárez, pero no tenía,
al parecer, conciencia de su fin próximo.
Momentos antes de morir, estaba. sentado tranquilamente en su cama: á las once y veinticinco minutos se recostó sobre el lado Izquierdo, descansó su cabeza sobre su mano, no vo lvió á hacer mov:miento
alguno. y á las once y media eu punto, sin agor.ía,
sin padecimiento &lt;i¡H,ento exhaló el último suspiro...
E l Dr. Al varado dijo esta sola palabra.
-Acabó!
S.i.ntacilia no quería creer en semejante des!!'racla,
y esperaba que aquello no fuera más que un síncope.
- Doctor, CrP.e usted que ha muerto?
El Dr. Barreda encendió un fósforo·y lo · acercó á
lo,; ojos del Presidente, para ver si la intensidad de
la luz imprimía. movimiento á las pupilas, pero nada! .... no quedaba ya ninguna esperanza .... Juárez
había muerto.
Poco antes de las doce de la noche. el Sr. Ministro
de la Guerra, D. ,Ignacio Mejía, se dirigió á la casa de
D. Sebastian Lerdo de Tejada; y no queriendo desde
luego darle la fatal noticia para evitar una Impresión
demasiado violenta, le dijo que el Sr. Juárez estaba

Domingo 23 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

!Jomlngo 23 de Julio de 1899.

47

EL MUNDO.

á los Secret arlos de Rela-

EL SR. GENERAL DIAZ

&lt;"i ones y Hacienda. El Sr.
Lerdo de Tejada, President e interino de la RepúbliLA TUMBA DEL BENEMERITO.
ca, ven ia al fin de este inmenso cortejo, acompailado
de los Sres. Mazay Dublán,
Este ailo como los ant ed olientes que representariores se ba celebrado d1g,
1an á la familia del tinado
na y patriótica.mente t1
ciudada noPresidente. Desmemorable 18 de J olio,
pués del encargado del Poconcurriendo el l::ir. · Presid er Ejecutivo, marchaba
dente de la R epública á la
]a columna de tropas en
manifestación de duelo que
e ' orrlen si~uiente: Colehacen ante la tumba del
gio Militar, una batel'ía
Sr. Juárez todas las agru&lt;le campana de la primera
pacione.-. poi! t ica~, ci I iles
brigada de artillería, el priy militares del país.
rner batallón permanente,
La escena denueist ro ¡nael pri mero del Distrito y
bado representa al Sr. Gedos cuerpos de caballería.
n('ra 1Díaz, acom pailado del
().:rraba la marcbauna proSr. Jt.:árt:z, bijo, y seguido
iongada. hilera de carruade los señoreis Ministros,
j
es que ocupaban la longien el momento en que va á
tud de cuat ro calles.
depositar la corona que lleEste extenso cortejo ocuvada por el P, irner Magispaba todo el trayecto comtrado, simboliza la ofreuda
pr&lt;&gt;ndido entr e el Pande Nación agradecida.
t ••ón de San Fernando y la
E-cogimos de preferenPlaza &lt;le la Constitución.
cia esta escena de la maLlegaban los batidores al
nifestación, ,mstituyendo
primer punto, cuando la
otras que pudimos haber
ti la de carruajes sa movía
presentado por algunos gralentamente por las calles
bados de grdn interés hisde Plateros y San Fr1rnclstórico.
ro, habiendo tardadocerca
MANIFESTAt;ION DEL 18 DE JULIO DE 1899.-EL SR. GRAL. DI.AZ A1'TE LA TUJ\IB.\. D!!:L BEN'E:MERrro.
de dos horas en desfilar la
procesión fúnebre. En el
ángulo que forman la igledes funciones oficiales. \ ' enían lueg-o los miembros sia y la fachada del Panteón cte San Fernando, se elede la Uiputación permanente y t orios lus dewás di
v,1ba un elegante catafalco, en el que descansó el férepotados al C-Ongrei,o de la Unión residentes en Méxi- t,ro antes &lt;le ser conducirlo al sepulcro de ia familia
Ayer según lo dispuesto por la nueva administra- co, una comisión de la 8uprema Corte de Justicia, J11árez. Al lado del catafako secolocó la tribuna, que
ción, han tenido lugar los funerales del Sr. J uárez. otra del Tribunal Superi or, y otra, muy numerosa, rué ocupada primeramente p0r el Sr. Lic. D. JoséM.
Inmensa multitud circulaba desde muy t emprano en en representación del Culegio de abngados. Seguían l!.('lesias, orador oficial nombrado por el gobierno.
toda la carrera que debía seguir el fúnebre cortejo. desp·~és, los Secretarlos &lt;lel l&gt;espacbo y oficiales de Acto continuo. subió á ella el Sr. Diputado Silva, en
Las ~lles de Plateros, San Francisco, Sta. Isabel y los ministerios acompailadus de los miembros del uombre de la Diputación permanente.
Después, y por el orden que en seguida señalamos,
Avewda de los Ilombres Ilustres, presentaba.u un Cuerpo Diplomático. El Ministro de F omento iba al
imponente golpe de vista. Todas las casas de las ca- lado del representante del Imperio alemán, Conde hicieron uso de la palabra los Sres. Alrredo Chavero,
lles del tránsito ostentaban cortinas con lazos de cres- Eulemberg, que llevaba el unit'orme de coronel de en representación del Ayuntamiento; D. Francl!,co
J&lt;'. Gordillo, á nombre de los mai.ones mexicanos: D.
pón negro y coronas de siemprevivas. Las banquPtas,
J 11sé María Vigil, por la Prensa Asociada; D. José
los balcones y las azoteas de tono ese largo trayecto
María B,1.randa, por la Sociedad Filarmónica; D. Roestaban o-:upadas por millares de eispectadores. A las
que
Jacinto Morón, pnr la Sociedad Médica " Pedro
nueve y media de la mailana comenzó á organizarse
Escobedo;" D. Victoriano Mireles, pGr el Gran Cirel acompallamiento en el Palacio Nacional y á las
culo de Oúreros; D. José Rosas Moreno, que dijo una
&lt;Hez y cuarto la cabeza de la prr,cesión fúnebre llegama~nífica composición poética; D. Gumersindo Menba á la esquina de la calte de Sta. Isabel. Conforme
clo..a, en representasión de la Sociedad de Geograffa
á lo dispuesto por el bando del Gobierno del Distrito
~· Estadística y los niños Antonio Alvarez y 8alvador
~bría l_a marcha una e:scuadra de batidores; seguian
1\fartínez Zurita, alumnos del Tecpan de Santiago.
rnmed1atamente los niilos de las ei;cuelas munit:ipaConcluidos
los discursos, se verificó h inhumación
les, los de las Lancasterianas y los alumnos de las est-n el sepulcro de la familia del Sr. Juárez presidiencuelas nacionales; precedidos de una gran banrlera
no el acto el Sr. Presidente interino. Al depositar el
blanca en que se leían las siguientes palabras: cGran
cadáver,
se inclinó sobre él la bandera nacional y
drculo de obreros,&gt; marchaban cerca de trescientos
1,e dispararoa veintiun cailonazos. como i;olemne y
1•iudadancs, representantes de los artesanos de la capostrera despedida. El acto concluyó á las dos meno&amp;
pital. Seguían después los alumnos y profei;ores de las
cuarto de la tarde.-«El Siglo XIX&gt;, Miércoles 24 de
-escuelas primarias y superiores, los jueces, los empleaJulio d:i 1872.
dos y jefes de oficina, mezclados con tos innumerables
inv!_tados, en los que notamos muchos extranjeros,
los Jefes del ejército, los generale¡; residentes en la capital y personal del Gobierno del Distrito y los miembros del Ayuntamiento. Inmediatamente después de
EL LUGAR DONDE NACIO EL SR. JUAREZ EN SAN PABLO GUELATAO.
la corporación municipal, venía el carro fúnebre tirado por seis hermosos caballos conducidos por cnatro
lacayos á pie y descubiertos. Lle vaban los cuatro corDamos en estas p~glnas dos vistas dPl Jugaren que
LA SRA. D ORA MARGARITA MAZA
dones del féretro el tesorer,J general de la nación. Sr.
est,aba la. caballa doude nació el gran patriota mexiD O: JUAREZ Y SUS HIJAS. (18 6 5 )
Izaguirre, el director de la ei,cuela de jurisprudencia,
\
.
cano.
St. Velázquez, el Gral. de división. Don Alejandro caballería bávara; el Secretario de la guerra marcha8e11alliba ese sitio h 'stórico, como se ve en el priGarcía, y el Sr. Cbavero, miembro del Ayunta,nlento ba acompailado del Plenipotenciario de Espafla, Sr. mer grabaao, un sencillo monumento de canteria,
de México.
Herreros de Tejada, que vest ía rig-uroso unltorme, ro&lt;leado por una empalizada que á poco se cubrió de
A los lados del cuadro marchaba la guardia de ho- así como los demás miemhros de su Legación; el Sr. enredaderas.
nor del finado ciudadano Pre¡;ideut,e, llevando la ban- Nelson, Ministro de los Estados Unidos de América
La gratitud &lt;leí pueblo oaxaque!Io manifestóse desdera recogida con lazos de crespón. Detrás, seguían y decano del cuerpo diplomático, llevaba á los !arios pués noblemente. t •a~ladan&lt;lo á e~e lugar el pedestal
el Gobernador de Palacio, General Zé rega, rodeado
y la estatua ne Ju \r,·z que formaban el anti~uo mode los ayudantes del Presidente. Después del carro
numeuto erigido al Benemérito en la caplLal de Oafúnebre marchaba el cocbe enlutarlo de la Presi&lt;lenxaca.
&lt;lia y que era el usado por el Sr. Juárez en las granANTE

EL COCHE DE LA PuESIDE:-:CIA t'SJIDO HABITUALMENTE POR EL SR. J U AREZ, SEGUIA AL CARRO
FUNEBltE EN EL CONVOY DEL ENTIERRO,

LOS FUNERALES DE JUAREZ-

PIEZA DEL PALACW NACIONAL, DEL LADO DE LA CALLE DE LA MONEDA,
EN DONDE :uumo EL S R. JUAREZ.

Los

ULTB!OS MOMENTOS DEL SR. JUAREZ,

gravement,e enfermo, y
A las cuatro &amp;e dispuso
que su médico de cabecera,
trasladar el cuerpo á Pal&amp;•
Dr. D. Ignacio Alvarado,
cio: fué llevado por la ser•
había perdido toda espevldumtre, tendido en un
ranza de sal vario.
catre ligero y acompatiado
de los ayudantes del PreEl Sr. Lerdo se afectó
sidente y de varios de 108
profundamente; quiso ir
ami gos que se hallaban
en el acto á ver al Sr. Juárez, y mientras se disponía
presentJs.
para salir, le dijo el Sr.
Después de levantarse el
Mejía:
acta de defunción, prooe•
-No crea usted encondieron los .Cres. Alrnrado,
trarle con vida, le he dejaBarreda y Lucio al emb&amp;l•
do casi agoni7.and'o.
samamiento que quedó
--Será una crisis, cont erminado á las siete de
testó el Sr. Lerdo con aflila noche.
gido acento.
A las diez cumpllm08
--No, seilor, repuso el
con el triste deber de Ir'
general; forzoso me es dedespejirnos por última ves
círselo: ha fallecido ya.
del que todavía antier era
Presidente de la P.epd·
Y ambos se dirigieron
blica.
tristes y silenciosos á la
casa mortuoria, donde paLe contemplamos con
saron el resto de la noche
una emoción que no tratatratando, aunque en vano,
remos de describir, en Sil
de consolar á la atribulada
recámara, encima de su ca•
familia.
ma de bronce, vestido de
A las dos de la mafiana
negro, pálido, pero con la
llegaron el Sr. General D.
fisonomía tranquila, sin
Alejandro García, en unión
contracción alguna y pareLA CAPILLA ARDIENTE EN EL SALON DE EM13AJ ADORES.
de los Sres. Alatorre, Baciendo más bien dormir
(De un grabado que publlcó el perlóJlco Múico y sus ooslunibrta ,1 25 de Julio de 18i 2.]
randa y Nicoli, y dictó descon el plácido y pas 1jero
de luego dis~osiciones resueí'iu de la yida que con
latí vai. á la guarnición de la capital. Poco después se Montiel, D. Manuel Saavedra y algunas otras per- el eterno y profundo de la mur
presentaron los Sres. D. Juan José Ba,z, D. Euge- sonas que acababan de tener noticia del infausto
DE &lt;EL FEDERAL
, '
nio Barreiro, D. Eduardo Arteaga, el Gobernador acontecimiento.
del 20 de Julio de 18i2,

\

\

Il11:::s-n o J u,1m.z, lllJo. (1 8U:i.)

A~TON[O JU.l.llEZ y }l.\z.\ , Ml:J::HTO EN

N.e:w YuRK.

.; O~E JUAREZ y

)1 \ZA , MU EIITO EN NEW YORK.

�EL MUNDO.

48

nomtngo 23 de Julio de 1899

Dommgo 23 de Julio de 1899

EL MUNDO

49

_j
CABAi'!A DON::&gt;E NACI.) EL SR. JUAREZ, EN SaN PABLO GUELATAO.-EL ANTIGUO Y EL NUEVO MONUME);TO.

EL SR. CORONEL MONTENEGRO.
Este digno patriota vivió con Juárez en Nueva OrJeans en la época de las persecuciones &lt;le ;a administración santani1,ta. Los proscrito'! ganab1n el pan
con el producto de un trabajo material ímprobo: Juárez era operario en una fábrica y Montenegro pescaba en el Mississippí. Habiendo enfermado el Sr. Juáraz, su compañero Jo atendió cariñosamente, redoblando sus faenas para ganar el sustento del ilustre
enfermo.

el gobierno en la lejana población fronteriza. No habiendo obtenido todos los retratos, aparecen sólo los
que nos fué dable proporcionarnos.
Publicamos los retratc.s de los Sres. Idueta y HerPresidente de la Renández, cochero y camarista respectivamente del
pública: Lic. D. Benito
eminente Juárez.
J uárez. Ayudantes: TeIdueta estaba. empleado en el palaciJ de Montenientes Coroneles Franrrey cuando llegó el Sr. Juárez á esa. ciudad el año
dsco Noroa y Francisde 1864 y desde entonces estuvoá su servicio como coco Díaz.
chero hastd. la muerte del Presidente. Fué abnegarlo
Secretario de Relacic•
y leal, pudiendo gloriarse de haberle prestado grannes Exteriores y Goberdes servicios cuando peligraba la vida de su amo. Hoy
nación: Lic. Sebastián
el Sr. Idueta es conserje de la Escuela Normal de
Lerdo de Tejada.
Prnresores.
Secretario de JustiCamilo Hernández es muy conocido por figurar su
cia, Fomento y Haciennombre en algunos episodios de la vida del 8r. Juáda: Lic. José María Iglerez. Es indígena oriundo de Ixtla en Oaxaca, y cosi:&gt;s.
mo camarista y hombre de confianza del Sr. PresiSecretario de Guerra.
dente Juárez vivió muchos años en su casa.. En la
y Marina: General Ignarración de la muerte del Benemérito que !!.parece
nacio Mejía.
en este número de nuestro semanario lo vemos auxiJefede la Sección de
liando á su amo y llorando por su muerte.
Justicia y Fomento: Sr.
Es conserje de la Secretaría de Hacienda, uno d'3
Manuel M. Molina; Ofiruyos empleados lo retrató por sorpresa, pues Ilercial,
Sr. Ramón Alcalnández se ha negado mil veces á permitir que tomede. Jefe de la Sección
mos su fotografía. Esto explica la poca precisión
de Hacienda: Sr. Luis.
del retrato que de él damos.
García Ramírez; Oicial,
Sr. Eleazar Loaeza.
Oficial Mayor de la
8R. CAMILO HERNANDEZ. Secretaría de Guerra:
SlfüVJDOI{ DE CONFIANZA DEL Tte. Coronel .Anastasio
SR. JUAREZ.
Aracda; Coronel Maria( De una !ustantAnea.) no Díaz; Coman date
Para explicar los retratos que publicamos en las
siguientes páginas, damos á continuación una nota de
Ramón Cuéllar; Capi•
los funcionarios, empleados y amigos que acompa- tán José García y García; Comandante Mariano Beceban al Sr. Juárez durante su permanencia en Paso rra. Médico cirujano.
Pagaduría del Supremo Gobierno: Pagador Geaedel Norte. Naturalmente no figuran aquí los nombres de todas las personas que allí estuvieron en di- ral, Sr. Adrián Busto; Ayudante, Sr. Francisco Busto.
Artillería y Maestranza: General Fernando Pou·
versas ocasiones, pues seria imposible, y así se redi..ce nuestra lista á los de todos aquellos que e'l- cel; Comandante D. Humeau; Oomandante José Matuvieron de una manera continua mientras residió ría Iturralde; Teniente Francisco Chavfra: Pagador,
Erniliano Bubto.
Escolta: Primer cuerpo permanente
de carabineros á caballo. Guardia de
los Supremos Poderes: Comandante
Carlos Noriega; Capitán, Antonio Herrera; Tenientes Epigmenio Esco'l-iar y
Sabás Rodríg"uez; Alt'érez, Antonio Espinosa; dos Sai'gentos primeros; seis
Sargentos s~gundos; diez cabos; dos
trompetas y veintisiete soldados.
Diversos puestos: Magistrado de la
Suprema Corte, Lic. PedroOrdaz; General Francisco Ortiz de Zárate; Coronel, Anrlrés Bravo; Diputados: Ingenieros, Bias Balcárcel; Lic. Juan de
Dios Burgos: Lic. Manuel Sánchez
Posada, y Sr. PedroContreras Elizalde.
Particulares: Sr. Manuel E. Goytia
y Sr. Manuel M. Mayol.
Servidumbre: Salomé Olivares, camarista del señor Presidente; Valentfn Morales, cochero; Juan Idueta, CO•
SR. JUAN IDUETA, COCill':RO DEL chero, y Juan Morales, Adrián MoraSR. JuAREZ.
les, N. Colunda y Vicente Pérez, mozos.
Aparece ta~bién el r~trato del Sr. Coronel Armendáriz, pu~s aunque no
figura en la lista anterior, prest? ~xcelente~ servicios, y además ilustra,
por ser de cuerpo entero, el conocimient,o del uniforme de su grado en aquella época.

LIC. DON J OSE MARIA IGLESIAS,

Lrc. DON SEBASTIAN LERDO DE TEJA.DA.

GRAL. DON :!:GNAClO :\fEJIA,

Dos servidores del Sr. Juá1:ez.

SR. LUIS GARCIA RAMIREZ.

COMANDANTE Je SE MARIA !TURltALDE.

INGENIERO BLAS BALCARCEL,

El Gobierno de la Rev1blica en Paw del Norta.

EL SR. CORONEL JOSE GUADALUPE MONTENEGRO,

SR. ELEAZo\R LOAEZA.

COMANDANTE RAMON CUELLAR.

SR. MANUEL M. MOLIN ,\.

CAPITAN JOSE GARCIA Y GARCIA

ASPECTO DE LA TUMBA. DEL SR. JtTAREZ EL DI.A 23 DE JULIO DE 1872.
COMANDANTE CARLOS! N'ORIEGA,

TENJJ!NTE CORONEL FRANCISCO
Duz.
1

CORONEL ENRIQUE ARMENDARIZ

�Domingo 23 de J ullo de 1899

EL MUNDO.

50

CURIOSIDADES

CIENTIFICAS.

Los felices sibaritas de este maravilloso fin del siglo de los milagros cieatílicos, disrrutao alegre~ente
del bienestar que es el objeto y la com,ecuenma del

1 -PRIS)IA PARA Vluh.IER \,
2-VIDRIERA PRISMA'!'ICA.

L.A MISllA CON VIDRIERA PRISM.ATICA

flABITACION BAJA CON VIDRIERA COMUN,

HABITACJON SUBTERRANEA CON TECHOS
DE VIDRIOS COMUNES,

LA

ro res0 sin preocupa1se poco ni. mucbo por averip ua~ có~o ni por qué caminos ha logrado la human_i~a hacer la vida tan dulce Y cómoda en un me~IO
ta~ hostil como ingrato para. la delicada complexión
del hombre.
ífi t
Hay sabios que se han abrogado la pac ca area
de referirnos ese cómo Y es i pJr qué, Y por ellos _sabemos que \a principal de las comodid~des de la vida
moderna, la casa, aun cuando fuese la de los poten_tados, est::vo en otros tiempos rr.ur Je¡os de tener 1~
menor de las ventajas que ahor~ tiene la buhardilla
de cualquier bohemio en el sentido figurado de esta
tan de moda.
d . b
Palabreja
Por e·emplo, el c:i.pítulo de las ,·Jdrieras, _eJ_a a
b Jpero mucbo que desear ea aquellas d1vrnas
:~~:,i.¿nes habitadas por los dioses h«_l~nico~, como
únicos huéspedes dignos de tales magmfic1mc1as, admirables todavía abura. que están en ruinas._ La fortuna era que P.! clima del legendario arcb1piélago,
atria del art.e arquitectón:co, e~a Y es muy _du)ce
tero en los cl:mas rigorosos,, ·mientras los ~•dnos
!anos no fueron inventados, a los hombres, rncluso
ios re es y los poderosos, no les quedaba má~ r~curso
a ~etenderse de las inclemencias del rnv1erno,
p~~ el de encerrarse á obscuras en sus sombrías y peiadas mansiones feudales, reemplazando la luz del
día con la rojiza y humeante de los haobones de cera
de los tizones de las chimeneas.
y Por fin, alguien, no digo quién porque aún está

MISMA

CON TECHO DE VIDRIOS PRISlfATICOS.

sesión sólo estaba reservada á los muy poderosos y
aun éstos cuando abandonaban temporalmente sus
múradas 'como el Rey .Felipe August,o de F rancia
para irá. )a Santa Cruzada, mandaban quitar y ¡;uardar cuidadosamente sus vidrieras para no perder tan
preciado tesoro.
La imposibilidi.d de fabricar vidrios planos de gran
tamaño, hizo que con ,·idrius colore~dos pequel'lo;¡,
unidos por alveolos de piorno! se fabncaran esas waravillosas vidrieras de mosarno que son actualmente
preciadas obras de arte que procuran imitar á gran
costo los artífices contemporáneos.
Poco á poco los vidrios planos fueron al_canzando
mayor super ficie, hasta que ahora, cualquier almacén de ropa posee por docenas vidrios que en la .Edad
Media bubieran valido un reino entero con todo y
babitan tes.
Pero aun dejan qué desear esos grandes vicrios pa•
ra llenar su ::&gt;bjetc, de iluminar perfectamente la mo•
derna habitación humana. En erecto, una habitación de piso bajo ó suuterránea en las ~Itas ciudadtlll
de estos tiempos, siempre queda med10 á obscuras
aun '!on toda una pared de vidrio.
Por eso un industrial francés. M. Luxfer, Ideó
una forma de vidrieras prismáticas que toman en
sus facetas toda la luz ambiente y luego la dirigen
hacia adentro de una babitación, dispersá ndol,1
y repartiéndola en todos sentidos de maner a que
de una cueva lóbrega, hacen un camarín del bada de
la luz.
Nues•ros g rabados dan cabal idea de la forrra de
estos prismas aislados y formando una vidriera, as(
como del efecto producido en las habitaciones obscuras ó · mal iluminadas. Tienen además la cualidad
inapreciable de no •permitir paso al fuego á pesar del
incendio más violento. Las piezas dotadas con estas
vidrieras en una casa incendiada en Chicago, permanecieron intactas pues el fuego no penetró á ellas.

LA CARICATURA EN E L E X TRANJB:RO.
. . ---

-··

EL MUNDO.

la fiesta de los techos? ¿No sabéis que el Dios niño va
á venir para hacer su distribución á los ni!los?
Los GORRIONEs.-El Rey niño ..... .
LA CHIMENEA.-Sí .... Ob I si pudierais ver abajo,
en las casas, tudo~ esos za patitos alineados junto á la
tibia ceniza .... Los hay de todas formas, de todos
tamaños, desde los diminutos zapatitos que calzan
los piececillos vacilantes aún, hasta las botas que resuenan fuertemente corr.~teando por teda la casa;
desde los chapines bordados con guzanillo, basta
los zuecos de las largas correrías, hasta esos z9,patos
tau grandes que·, al azar, se calzan los piés desnudos,
como si el pobre no tu viera edad ni derecho á ser
niño ..... .
. Los GORRIONES.- Y ¿á qué hora ha de venir ese
pequeñuelo? ... , ..
LA CHiMENEA.-A media nocbechist! ..... escuchad!
EL RELOJ (con voz grave). -Dan.. . dan .... dan ...
LA CHIMENEA.-Mirad hacia allá cómo se ilumina
el fondo del cielo ....

Obl cómo resplandecían los techos aquella noche!
Q ue síleucio, qué calma, que claridad subrenaturall
Abajo, las calles negras de lodo, el río pesado de
nieve, y las tristes luces del gas que se ahogaban en
~!-deshielo de los arroyos.
Arriba, en los palacios, las torres, las
terrazas y · las cúpulas·que se perdfan de
vista, sobre la aguja
de la Santa Uapilla,
y en esa multitud de
, tecbos pequeños ó
grandes, inclinados
los unos sobre los
' otros, la nieve cintilaba con mágica blancura y reflejos azulados, lo que hacía de
todo esto una segunda ciudad, un París
aéreo suspendido entre la vida del hombre y la 1"antástica luz
de la luna ..... .
A pesar de que aun no era muy tarde, los fuegos
~st aban ya casi apagados, al menos el humo no se extendía sobre los tecbos. Pero las cbimioeas de las
easas fellces donde cada día la leña arde y crepita, se
reconocían por el círculo negro que tenían al rede&lt;lor, y su soplo tibio subía á la fría. atmósfera, como
€1 alien to de la casa dormida. L:ts otras, rígidas,
surgiendo de entre la nieve espesa, guardaban aún
nidos de la última primavera, vacíos como ellas
-de calor y de vida .... Y en esta ciudad alta y, pudiera decirse, paralizada bajo el níveo manto que las
&lt;:a.Bes de París dividían en todos sentidos como inmensas grietas, las sombras de las chimeneas, desiguales, recortadas y negras como los árboles de invierno, entretejfanse en esas avenidas desiertas, por
-donde jamás ba marchado nadie, excepto los gorriones
parisienses, cuyos pasitos nerviosos dejan hondas sefiales en la nieve cristallzada. Precisaruente en estos
momentos se agita una 1Jandaila de est,as bohemias
avecillas, revoloteando al borde de una gotera y sus
g ritos turban el silencio religioso, el,solemne sileneio de la ciudad de los tecLos, cubitrta completamente por un tapiz de regia blancura, como preparada
para el paso de un rey niño.
Los GORRIONES DE PARIS.-Dlablo! qué frío hace!
No bay modo de dormir. De nada sirve erizar las plumas; la escarcha os despierta y no queda más que
temblar ....
UN GORRION, (desde lejos).-Oé, Oé, veuid aquí
vosotr os. He encontrado una vieja chimenea con cobert izo de hierro, donde se ha hecho fuego muy tarde.
Nos calentaremos muy bien abrigándonos contra ella.
T ODA LA BANDADA,-(vola'lldo hacia la chimenea)
H&lt;1lal es verdad.. . . qué bien se siente aquí, qué
ealorcito. ¡Viva la alegría! Piú, piú, cuí, cuí, cuí.. ..
LA CHIMENEA.-¿Queréis callaros, galopines? Solo
vosotros gritáis ep tal momento, cuando todo se recoge
en el silencio. Ved! el mismo
viento ahoga su soplo. Ni las
veletas se muernn.
Los GORRIONES (más bujo),
-¿Qué es lo
Los GORRIONES (con el ingenu() entusiasmo de los piquebay,pues, lluelos parisienses al mira·r los fuegos artificiales Oh!
vieja?
chic .... . .
LA CHIMELA. HC•ltA (continuando).-Dan, .... . Dan .. . ... Las
NE\. -·Cómo! doce de la nocbe! ..... .
¿no sabéis que
t:Sta uocne e.s

II

LA DiOSA DE LA PAZ EN LA fu YA
( De Life, "S"ew York )

LA DlVISION DEL TRAB \ TO.
arrancaré la cola, si tu te encargas de COI"'

.Francia ,t .Rusia.-Yo le

tarle la cabeza.

51

Lf\ FIESTf\ DE, LOS TEOHOS.
I

en litigio el punto entre los historiado7es, discurrió
bac('r vidrios planos pmne, o y, después, imaginó colocarlos en las ventantis de las casas.
Pero un vidno plano de aquellos tiempos_ apenas
alcanzaba unas cuantas pulgadas y. ~n carnb10 valía
tanto dinero y era tao difícil a.dqumrlu, que su po-

LAS VIDRIERAS PRISMATICAS.

Domingo 23 de Julio de 1899.

Apenas acab i de sonar la última campanada cuando, por todas partes. óyese el retintín de mil campanas que suenan á la vez. B~jo los campanarios encapuchona,dos de nieve, repiquetean á la altura de los
tecbos y como para ellos solo, alternan sus vqces, las
confunden, ruezclan sus repiques con los acentos de
las esquilas, se alejan, se acercan, con esas amplitudes
y desfallecimientos del sonido que el viento trae y
que bacen la ilm,ión de un campanario que voltejea
como un faro.
LA.s CAMPANAs.-Bum, bnm .... Helo allí; es él,
es el pequeño rey niño.
EL vrnNTO. -H ú .... hú .... Sonad recio, mis buenas campanas, á. todo vuelo, más fuerte todavía.
El niíio Dios esta aquí, viene conmigo. ¿No sentís
este buen olor de heno verde, de incienso, de cera
pP.rfumada que traig-o en las alas? ..... .
Los REPIQUES.-Din, din, don ... . Din, din, don...
Navidad! Naridadl

r

EL VIENTO.-Vamos! chimeneas! ¿Qué hacéis ahí
con las bocas abiert:i,s? ...... Celebrad al Díos niño
conmigo .... Cantad, tecbo'l, cantad, veletas!
LAS CHIMENEAS.-Ui . . . Ui .... Navidad! Navidad!
LAs VELETAs.-Cra .... era .... Navidad! Navidad!
UNA TEJA (con entusiasmo).-No .... (En su alegria da wnsaltoy cae á la calle).-Patatrás .... Bisgl
Los GORRIONES.-¡Qué tonta!
LA CHIMENEA. - y bfenl
gorrioncillos, vosotros no
decís nada? .... Este es el
momento de cantar.
Los GORRIONEs.-Pfo,
pío, pío. Cuí, cuí, cuí ....
Navidac! :Navidad!
L.4 CHIMENEA.- Subid
á mi espalda, allí veréis
mejor.

�EL MUNDO.

52

D Jmrngo 2:i de Julio de 1899

EL MUNDO

53

IV

Los GORRIONES (sobre,la chimenea).-Gracias, vieja.
Oh! qué bonito, qué bonito! Todas esas luces color
de rosa., verdes, azules, que danzan sobre los techos.. ..
LA CHDrEMEA.. - Y esa procesión de canastos llenas
de ju~uetes, de cintas, de flores, de bombones, todo
el invierno de París que pasa envuelto en dorados y
colores vivos.
Los GORRIONES,-¿ Quiénes son esos hombrecillos
que llevan las canastas~ Son reyes nlfios también?
LA ca1111ENEA.-No, no; son los kobolds.
Los oORRJONES.-¿Qué dices? e.los .. . . qué?
LA cnrnENEA.-Los kobolds, es decir, los espíritus
familiares de cada casa que conducen al niño á. todas
las chimeneas donde nay zapatitos que llenar.
Los GORRIONES.-Y el Dios niffo ¿dónde está,
pues?
LA cmMENEA.-Es el último de todos, ese pequefio rubillo de ojos dulces, de: cabellos que caen con"ertidos en rayos de oro á su derredor, semejantes á.
hriznas de paja, y de mejillas sonrosadas por el ahe
rrío. Mirad I allí viene: sus piés van desflorando la
uieve biD dejar huella ninguna.
Los GORRIONES.-iQué hermoso es! Parece una
in,agen ....
LA CHIMENEA.-Chist! escuchad ..... .

Entonces las lucecitas se repartieron por todos lados como si se hubiera sacudido sobre la r.ieve de los
techos todas las ramas iluminadas de uu árbol de
Navidad. Niogun11, chimenea se olvidó, desde los palacios rodeados de terrazas y árboles blancos, hasta.
esos pobres techos de
miseria que parecen
sostenerse los unos á.
los otros para impedir
que vengan al suelo.
Bien pronto sobre todas las casas de París
se escucha el repiqueteo de los cascabeles, todos esos ruidos
fantásticos y diversos
que se oyen en los bazares de juguetes, los
balidos de los borregos, la.; quejas gangosas de las muñecas, el frú-frú da las seda~ bordadas,
las trompetas, los tambores, las rodajas de los caballos de posta, los fuetazos de los postillones, la r ueda volteadora de los molinos de viento. '.rodo esto se
agi~aba, desaparecía, retozando á lo lare-o de las chimeneas. DondP. no había niños, el reyecito, guiado
por sus kcbolds seguía de largo; pero algunas veces al
acercarse con las manos llenas, la chimenea cuchichaba con su boca negra: "Se ha muerto, es inútil ....
ya no hay zapatitos en la casa .... guarda tus juguetes, reyecito, porque la madre llorarfa si los viera... &gt;

1

.a

III
En este momento una voz grave y joven, perlada
corr.o la risa de un uifio, resuena en esta atmósfera de cristal que en las
alturas funden el frío y
la luz de la luna. El Rey
ni!'io se dt•tiene sobre en
techo, y allí, de pie, rodeado de todos sus canastos, habla así:
EL DIOS Nn-!O.-Buenos días, techos. Buenos
días mis viejos campa\
narius. Está la noche
tan clara que os veo muy
bien á mi derredor, en
este gran París que
amo .... Sí, sí,
París mío, te
amo porque tú
que ríes de todo, no has osado reírte del p~q uefio Rey, porque en él crees,
tú que no crees
en nada .... Por
eso, ya lo ves,
vengo todos los

Domi.ngc 23 de Julio 1899

A

se alza de Dante, nítida, Rin velo,
entre la hirviente humanidad y el cielo,
la figura talar de mármol blanco.
Ni límite, ni espacio, ni horizonte:

la curva de su vuelo
queda á trechos, ó rota 6 invisible
en enormes fragmento:. por el cielo.
Su sino es irá iluminar; no tiene
el li rmameoto mismo
de ¡¡us alas la rígida medida;
para crear la vi cta
Dios le entregó las llaves del abiHmo.

UN GORRION DE PARIS.-Bravol Voy á. engullirme
á. ese pequeiiuelol.. . .
·
TuDOS LOS GORRIONES -Pío, pío ... Cui, cui. ...
¡Viva el nifiol
u N.A. BANDADA DE CIGÜER A.S [pasando por el cielo en
un la1·go triángulo.-Ua . . .. ua .... ¡Viva Navidad!
EL v1ENTO, arrenwlinando la nieve.-Canta tú también á. al Dios niño . ...
LA NIEVE, muy bojo,-Yo no puedo, p:iro incienso. Ved los torbellinos de fino po1villo blanco que
arrojo á sus canastos, y que pongo en los blondos cabellos del reyecito ...... Es que él y yo nos conocemos mucho tiempo hace .... Pensad que lo he visto
nacer, allá, en el pesebre ..... .
EL VIENTO, LAS CAMPANAS, LAS CHIMENEA~, cantando á la vez con todas sus fuerzas. -i Navidad 1 ¡Navidad l

a!los. Jamás he

EL mos NI1\l'o.-No tan fuerte, amigos míos1 no tan

fal!ado. lle venido hasta durante el sitio ¿lo recuerdas? Bien triste estaba todo. Ni fuego, ni luz, las
chimeneas frías .... los obuses que disparaban sobre
mi, destruyendo loe techos, echando abajo las chimeneas . . .... Y, sobre todo, tantos nlfios que faltaban! . . . . Pero este afio traigo muchos juguetes: mis
canastos vieoen llenos ...... Felizmente no descansaré esta noche. Sé que hay muchos zapatlllos que
llenar. Y traigo juguetes maravillosos, todos franceses ... ,

fuerte. Es preciso que no se despierte nuestro pequeliv
mondo de abajo. Es tan dulce la alegría que llega
cuando no se la. ei,pera .... Entre tanto, sefiores kobolds, venid conmigo sobre la pendiente de los lechos;
es tiempo de comenzar á. hacer la distribución. Solo
que este afio he resueito pont:r en práctica un nuevo
pensamiento. Todo lo más hermoso que traemos, como los polichenelas dorados, los saquitos de seda repletos de bomboues, las grandes muñecas llenas de
encajes .... todo esto deseo que cai~a en los más pobres zapatitos, en las chimeneas sin fuego. en las
bohardillas fríaF, y que, por el contrario, á. las casas
dichosas arrojemos sobre el terciopelo de los tapices,
sobre las pieles pesadas, todos esos juguetillos de á.
centavo que huelen á resina y á made1a blanca.
Los GORRI0NES DE PARTS.-Muy bien, muy bienl
He aquí una hermosa idea.
Los KOBOLDs.-Perdón, pequeño soberano. Con este
nuevo sistema, los pobres serán fel1ces; pero los ricos
llorarán. Y vamos! un niño que llora no es ni rico
ni pobre: es un niño que llora; ¡y es tan t•lste ésto!
EL mos NIRO.-Adelante, adelante; yo conozco eso
mejor que vosotros.... Los pobres se maravillarán de
tocar esos juguetes complicados que les parecen tan
tentadores tras del cristal de las vidrieras y cuyo lujo dorado no aumenta nada á. su valor de juguete, á.
su gracia de entretenimiento. Y ya me parece ver á
los niños ricos, contentísimos de tener, siquiera por
una vez, títeres de 6irtón pendientes de ao hilillo,
muliecas de resorte, todas esas tentaciones de á. trece centavos que se venden en los bazares á. donde jamás hao entrado. Adelante! Hay tantas chimeneas
en París, y la noche es tan corta! ....

Es su destino iluminar: emite
luz como el noctíiuco su llama
en el instante efímero en que ama:
su espíritu er{abundo que gravita
bacía un centro abhcóndito y arcano
&amp;ólo por el dolor parece humano.
Ru

Mas el dolor su espíritu caldea
y la perenne irradiación aviva
del nimbo que en su frente centellea
anhelante cte lauws y de palmais,
se lanza trasponiendo cimas y almas,
sobre el corcel domado de la muerte.
Y como arena que el Simún levanta
en el Desierto, elévase en sus huellas

poi vo sutil de ideas y de estr~llas
que esfuman, en la uoche de la historia,
la pálida vía-láctea de la gloria.
¿ Es un Dios por ventura? De sus labios

Largo tiempo, muy largo tiempo anduvieron erran•
do las lucecitas ...... De pronto, un gallo ronco se
oyó cantar en el fondo de la obscuridad, un hilillo de
luz apuntó el ,:.lanco,día en el cielo, y en un instante la
magia de Navidad se desvaneció. La fiesta había c-:)0•
cluido. La de las casas comenzaba. Y un rmdo armonioso y dulce salló por las chimeneas junto con 'el
humo de los fuegos encendidos. Eran los gritos de
alegrí~, las risas locas de los niños que gritaban:
"Navidad! Navidad! ¡viva la Navidad! ...... " mientras que sobre los techos desiertos el sol que se
levantaba, un bello sol de !nvierno, artiticial y rosado, dejaba caer sus primeros rayos que, al reflejarse
en 13: nieve, hacían elefecto de lentejuela y nácar, de
frao¡as de oro caídas de los canastos del reyecito ... .
ALFONSO DAUDET.

brota el Verbo que deja eternamente
impreso augusto signo
en la tenaz quimera de su mente.
En torno de s·.1 frente,
sol de invisibles mundos,
circula, constelando el tirmamento,
el Zodiaco idea.! del pensamieuto.
Nada calma, ni colma, ni sujeta
su aspiración, ni el tiempo ni el espacio
ocultan ,para El lindero ó meta.
¿Quiéµ' es? ¿Decid su nombre?
¡.Su nombre? Es un poeta ....
Un dios caído condenado á hombre?

*
«Nido de árticos cisnes me parece,
en un azul estanque mi Inglaterra,&gt; ·
dijo el cantor que con los siglos crece.
De la roca en que el nido audaz se aferra
junto al frío y :.iniestro umbral del Polo,
írguese basta el zenit el regio bronce
de Shakspeare el Poeta, el Grande, el Solo.
Su asce11sión llega al punto en que es corona
de su iomóvll cabeza el Sol del Arte;
quizá el cielo natal, Je luz escaso,
esrumó su contorno en triste bruma,
no así su frente de astro sin ocaso.
Tiempo y mar, á sus piés, tóroans~ ei;puma.
Shakspeare ¿quién es? El mundo del ensueflo,
de la pasión y de la risa trágica,
en un hombre sumados, lo pequeño
Y lo gigante, en una copa mág ica
forjada en verbo humano, confundidos.
Ese es el Poeta, y es el Alma
su materia, y en ella está esculpida
su obra en que se amasan llanto y sangre,
Y amor y sumbra y luz y muerte y victa..

*

Frente al bronce británico, en el suelo
de Italia, amor del alemán y el franco,

Así en estatua retornó á Florencia
que en él proscribió un día.
ti..do lo que hay de poesía
.
en la imgustia inmortal de la Conciencia.
Pedestal de la estatua del Proscrito
es la ef.pira siniestra del In tierno;
Beatriz, una estrella en su infinito,
y Ru lira -de fierro y de g ranito,
del porvenir de Italia el nido eterno.

*
Del sentimiento eternizado en arte,
sois dos eimas de luz;~ vuestra altura
en cla)'idad los siglos se amontonan,
así como en espléndida blancura
las nieves que las cúspides coronan.
Más allá. de los soplos de la tierra,
que vuestra obra de pasión embruman,
descolláis á. la par; sois dos Iguales,
y en un solo ideal de amor se suman
vuestros dos dolorosos ideales.

*
Shakspeare á tí la admiración y el canto.
Vedlo en el campo-santo,
triste como el crepúsculo y la duda;
en su mano una vieja. calavera
se torna esfinge, y es tu esfinge muda
¡oh! destino. Y el alma desmedida
de aquel hombre pretende sorprenderte,
arrancando el secreto de la vida,
al diálogo de Hamlet con la muerte.
Sbakspeare á. tí la admiración y el canto.
A t1 que con las sienes palpitantes
de emoción, inclinado, grave y triste,
sobre el cráter de todas las pasiones,
con tu frialdad heroica descubriste,
de la noche del mal en el abis•oo,
los JineamiPntos lívidos del odio,
el miedo, blanco y de sudor cubierto,
los 0jos sin mirada del que ha muerto;
el gemido fatídico que inspira
pavor y la siniestra
risada de agonía de los antros;
el relámpago azul de los aceros,
los ayes last1 meros
del que convulso de doler espira ..... .
Y trémulo te alzabas, jadeante
de enclm&amp; del volcán que el mal encierra,
y contabas . ... Aun oye palpitante
tu eterno cuento de áolor la. tierra.
A tí la admiración. Cual tú, sublime
cantor de los amores,
ni las aves cantaron en los bosques,
ni en perfume su ser dieron las flores.
Si tu clara pupila por ternura
sobre humana, inefable, iluminada
veía al cielo, ensueño del Poeta,
del azul de ese cielo y su mirada
se formaban Desdémona y Julieta.
A tí la admiración.
Colón un dfa,
abandonó las playas espaiíolas,
á lo ignorado er:!derezó el navío,
y aparecióse América en las olas.

J eeúa

Co ntr-e r-a a.

Y tú así, britano,
c:m la infalible brújula del genio
surcaste el mar profundo
del corazón humano
y descubriste un mundo.-

C A NT,-. NUEVO .
Los viejos ideales están muertos! ....
Lloremos pur los viejos ideales,
que cayeron radiantes y triunfales
como el sol, en los pálidos desiertos
'
salpicando dt:. luz los arenales.
Los vlPjos ideales redentores
rle seres idos, y pasadas cosas
cayP.ron, mas también cual los maymes
en s.:s tumbas de nieve, hay muchas rosas
y hay lágrimas que caen sobre esas flores. '
Y del mármol, becbo arte, por sus venas
la sangre de sus venas aún circula
y esa sangre á la nueva se encadena:
d~ Venus en el peplo que se llena
y en la flotante curva cuando ondula.
Mas si es verdad que para siempre han muerto
las imágenes son de las palmeras,
'
cuando el ~ol t oca el borde del desierto:
las siluetas se alargan, colosales;
y al augusto país de las quimeras,
aún r:lan sombras los viejos ideales.
MIGtTEL E. PEREYRA.

En el álbum de la ~eñorita Julia Zárate.
¡Sin duda es e! amor tu enamoradcl
Del ensueño de Psiquis escapado,
Cerca de tí revolotea, busca
Tus ojos garzos, en su luz se ofusca
Y, de tos labios en la flor, semeja,
Al punto en que se posa,
Una fúlgida abeja
Sobre el purpúreo cáliz de una rosa!
F.ERNANGRANA.

EL SONETO.
Para Rodolfo Reyes.

Será su forma des_lumbrante y pura,
Al lento golpe del cmcel forjada;
Y como bella y reluciente e11pada
Tendrá la rima fuerza y ht rmosura.
La estrofa es gema luminosa y dura
Difícil de tallar y ser labrada
'
Mas la idea en su mold,: apri11ionada
Como el d_iamante y el metal perdura.
Han deJado en el bronce del soneto
Lope, Ileredia y Petrarca su secreto·
'
Y su fama de egregios pulidores
Atraviesa en los versos soberanos,
Como en les medallones sicilianos
El desfile triunfal de Emperadores.
EFREN REBOLLEDO,

�Domingo 2~ de J ullo de 1899

EL MUNDO.

54

LOS HOTEL68 MODERNOS DE MEXIO0.
Año VI

Tomo 11

México, Uoming0 30 de Julio de 1899.

Número 5

GRAND HOTEL DE FRANCE.-ORIZABA.-VISTA INTERIOR.

UN HOTEL MODELO.
Orizaba cuenta ya con un establecimiento para los
turistas, digno de las bellezas pintorescas y del clima delicioso de esa ciudad llamada á ser el punto de
reunión de los que buscan en los viajes desLanso, salud y recreo.
Como se ve en el grabado superior, el hotel fundado por M. Luis Leroy, es un edificio perfectamente
adecuado á su objeto. Amplio patio, corredores es-

paclosos, llenos de plantas exquisitas, distribución
cómoda de las habitaciones, con sus puertas independientes adornadas de vidrios de colores, todo contribuye á dar al bote! el aspecto más simpático.
Las piezas son amplias, los muebles flamantes y de
estilo moderno: tienen alfombras y alumbrado eléctrico y todo lo que puede desear en su alojamiento
una familia habituada al comfort.
Hay además departamento de baños, servido
con las atenciones más exquisitas. El comedor, es de
estilo moderno y bien decorado, y la cocina está bajo

gas-!
l

la dirección inmediata del dueilo del hotel, hábil
trónomo, ventajosamente conocido en su especialidad.
A mayor abundamiento las bodegas y despensa poseen
existencias que permiten al establecimiento satisfacer todas las exigencias de su clientela.
El «Grand Hotel de France&gt; está situado en lugar
céntrico, al paso de las tranvías, tiene luz eléctrica y
una dirección habilísima, pues el i::lr. Leroy y su esposa atienden personalmente á los huéspedes proporcionándoles cuantas comodidades pueden desear.

G-RAZIELLA.
CUADRO DE E t'GENIO BLAAS.

,

GRAND HOTEL DE FRA.NCE.-ORIZAB} .-RECA)IARA DEL PJ{lMER l'IiO,

•

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>Domingo 9 de Julio 189~
26

EL MUNDO.

Año VI-Tomo ll

Número 3

México, Uoming&lt;' 16 de Julio de 1899.

,I

(lnédita.)

UNA FLORISTA DE GRANADA.
ÜUADRO DE ISIDORO

°hlA m~.

�EL MUNDO.

Domingo 16 de Julio de 189.9.

Domingo 16 de Julio de 1899

31

EL MUNDO.

30
tUSa como ellos la llaman, hábilmente dirigidos, e~tilde esta literatura dominguera, bajo las_ burdas g
'
medio del sufragio obtener preponderancia.
por
.
· l gasas y las flores de trapo de_ mi revü,ta, q~1~ro que Peneran
los parlamentos y cambiar el régimen soCJa p0 •
se deslice una nota de dolor, como en la bu1\Jc10saco- los procedimientos legales. Esta ~ra. l~ consecuen----------------------------rrient,e de uri río de aguas claras y espumantes, boga cia forzosa de la adopc~ón de los pr_mc1pios democrádeshojado y marchito un asfodelo.
ticos que es la irresistible tendencia de los pueblos.
Lo digo con timidez, ansíoso de que algun~s almas plenamente civilizados.
. . d
buenas lo escuchen, y de que en algunos o¡os brote
Quedan pues frente á frente, los part1danos e 1a .
El mes de Julio, metido en agua, con su sol rabio- una láarima ·deque algunos labios se abran para d:r
ro iedad' más ómenos resueltos á sacrificarla en su_
aso ála or;ción y al suspiro. Sal, vergonzante no • ~ajor parte en provecho de los obre:os, para salvar
so de medio día, su lluvia pertinaz y monótona de la
madrugada, su tormenta ruidosa al caer la tarde, Y ~ia fúnebre, despliega un instante t,u crespón de l_uto la otra arte y hacerse perdonar la nq~eza, Y l_os s~sus noches húmedas y sombrías, es, á pesar de todo sobre la blancura de esta página y huye en seguida, cialistaf ¿y el partido liberal? El vie¡o partido. lieso el mes de·los regocijos callejeros y de las fiestas al rincón de la memoria dondP. aguardan los_ recuer- beral doctrinario el de los Frére-Orban, los Rogier,
al ~ire libre· el mes en que 1as viejas fachadas se ata- dos tristes la lleg-ada ce su redentor, el olv1d_o: Ha los Dupont, ha p~sado á la bis~ori3:; represent~nte _de·
vían con ba~deras y cortinajes tricolores, y se ponen muerto Rodulfo Figueroa, otro soiiador, otro ¡oven, la burguesía ilustrada y const1tucion:i,l d_el tipo msu profuso tocado de diamantes eléctricos; el mes en otro poeta.
lés ue gobernó brillantemente en Bélgica durante·
d
Ab 1 muerte querida insaciable, qué enamora a ~ei~tfcinco al'!os, la trasformación ~ocial lo ha p?uesque la ciudad, que á diario presenta su aspe~to conventual, modificado aquí y allá por los. caprichos_Y estás de los gallardos paladines de la Belleza! En ta~ to en poco tiempo en minoría mJmma. ¿Por qué.
elegancias de la moda, toma, de improviso, un_ aire poco tiempo, en unos cuantos días, has levantado .
Precisa tener en cuenta que una part~, aunque l~de satisfacción, de goce, de salud, de atr~ct1 vo Y dos comensales del festín del ideal. ¡Ob, compañeros, menor, de las poblaciones urbanas y )a mme~sa ma
fresco entusiasmo, como si cansada de su vida mo- ya bay muchos sitios vacios!
..
yoría de las poblaciones rurales, so°: ca~óhcas, en,
Rodul!o Figueroa era un ;¡oeta dehc1osamentesen- Bél ica, por causas eminentemente históricas Y. pornástica, se despojara de los hábitosgrises y, para_entregarse á los placeres mundanos, probara á vestuse cillo y tierno, adorador y cantor perpetuo de_ la na- extfemo difíciles de destruir. Los_ liberales pudl~ron,
turaleza, y que rimaba del modo má? suave_, sm afec- mantener su dominación, (encammada á consolidar
de fantasía.
Dos colonias extranjeras en México, hacen es~e tación, casi sin artificio, todas sus impreswnesd ~n la rosperidad material del ~eino! y lo lograron, y á .
milagro tan admirable como cualquiera de los bíbll- poeta provinciano, cuyos versos empapados e. a co!batir la influencia de la iglesia en )ª ensei'!~nza,
frescura dé sus campos, del matiz glor1_oso de su c:·
co&amp;: la Colonia americana y la fr~ncesa.
no tuvieron tiempo de lograrlo) gracias al ré~1men,
El grupo americano que habita en el corazón de la lo hacían entre los atildados y pul!dos versos. e !1ectoral censitario (sólo el que paga~~ determ1_nada.
Capital y que allí ba impuesto sus _costumbres, ce- lo~ poetas de la ciudad, el efecto de .una rol~1za
t"dad podía ser elector). Los catohcos pudieron
lebra el día glorioso, el cuatro de Jubo, con derroche campesina en compañía de pálidas y ans~ocráti~as ~~n8¡, á pe:,,ar de esta restricción, formar mayoría.
de trofeos y de adornos y con burras, vítores Y ex• mujeres. En Figueroa todo era espontaneidad, sm- con los radicales y derrocará Frére-Orban; mas para.
pansiones de marcado gusto .sajón. El yanke~ que es ceridad, naturalidad. Sus asunto~ eran, po~ lo gene- consolidar su triunfo ensancharon ~l ~uerpo electouna máquina de negocios, un tenaz perseguidor ?el ral, regionales; cosas vistas, emoc10nes sentidas.. Sus
al por medio del sufragio sin restncc10nes'. el sufradollar una constante fuerza acaparadora, un mamá- estrofas cantaban aires de la tierruca. La Mari~ba, r io universal. Asf su triunfo era indefi~1do; sería.
tico f~rmidable de la acción, del movimiento, de la la Sandunga, son composiciones llen~s de un ex~tismo ~reciso para ech arlos por tietra descaGohzar á Béllucha, un cruzado de la riqueza, un ferviente sacer- delicado y fragante. El tm·o salva1e es una pmtura
dote del oro, tiene sus goces rudos, grandes, escanda- decorativa, de grandes proporciones, traza~a. con ad- gi;i enemi&lt;TO estaba en su propia vict:iria: una escilosos, un tanto primitivos, frec~en~emen~e faltos de mirable maestría, y en la cual se ve la pr~ms1ón Y se- sión se prod~jo entre los vencedores; sef?rmó _un_gruproporción y de estét,ica., y que mdlcan bien la ten- guridad del dibujo y la exactitud y el vigor del co0 católico disidente, el de la democraCJa cristiana,
dencia y 1:,l carácter de un pueblo que ~bstr~ído en la lorido.
~n guerra con el católico conservador que, con tanta
.
f
labor de hacer útil y cómoda la ex1stenc1a, se ba
Llamaba, desde luego la atención su _manera ra~- inteligencia y vehemencia, dirije M. Charles ~oes~
preocupado poco de aristocratizar y pulir y ennoble- ca su estilo suelto, su verba rica y fácil y la sonor~- y el grupo socialista hijo también del sufra_g10 umd;d serena de su rima. Claro que dentro de esa senci- versal. Por horror al socialis~o en quien. miran una
cer sus alegrías.
El yankee se divierte con el mismo ímpetu con llez conmovedora, hay un trabajo de art,ífice; pero no doctrina esencialmente enemiga de la hbertad, noque trabaja; gasta sus energías enel placer, _segur? de se nota nada de aparatoso, de forzado, de falso. Pa- sin razón, unos liberales pasaron á los conseryadono agotarlas, y va rumbo al placer con la v10lenc~a Y rece que la estrofa mana de la inspiración como la res· otros bao reclamado, para poder poner en ¡ueg&lt;&gt;
la firmeza que emplea en sus asuntos mercantiles. linfa de las fuentes.
.
.
sus' diseminados, pero considerables eleme~tos, la rePara él llegar más pronto €S el problema; pasar el
Rodulfo F igÚeroa dejó su obra d1semmada ~n pe- presentación proporcional, la representac1?n de las..
día de fiesta en el frenesí del contento, derrochando riódicos y revistas. No ba de faltar mano P!adosa minorías, consecuencia forzosa de t~d~ sistema ~e
á manos llenas, cuanto guardaba de "eprimidos de- que ate en un haz esas flores de la poesía q,mencan~, verdadero sufragio universal. Los soe1ahstas se umeseos y de mal contenidas tentaciones. Beber, cantar, rebosante de aroma, acre y silvestre.: .. Rodulfo F1- ron á lrn, poco~ liberales que bao luchado _por la resa,mdir el al ma y el cuerpo con el estremecimiento
ueroa será entonces estimado y admirado como me- presentación proporcional ó, como también se dice,
de un regocijo amplificado hasta la loc.:.ra; eso es lo ~ece. Te lo llevaste-¡ob querida iosaciablel-cuando contra el vot") uninominal (porque para obtener la,
que constituye su ideal y su aspiración. El ya'Tlkee no aful tenía que hablarnos mucho de sus sueños .. • •
representación de la minoría prec1sa que se reunan
sabe sonreír sino reír; no atina á bromear con los alvarias circunscripciones electoral~s y el "?oletín del
fileres del epigrama, sino quegolpeacvnla ru~a m~za
voto no contiene un solo nombre si_no vanos.) Y, en
* **
del sarcasmo, no afina. sus gritos de gozo, anues bien
La competenciq, del género chico, en A.rbeu y en el hooor de la verdad, el jefe del gobierno conser_vador
los amplia, los sostiene por iargo tiempo, atruena con Principal, hace boy por hoy la delicia. de nuestros Beernaerts, eminente estadista, apoyó con sineeroellos el aire y tal parece que su anhelo es que lle- buenos burgueses. El reinado de la zarzuel~ se_ pro- esfuerzo la tentativa, al grado que cuando fracasó su
guen á la cima de las montañas y desbaraten las nu- longa. La tanda ba tomado carta de naturalización en
intento, abandonó el poder.
bes,del borizon;,e.
van der Peerebon que lo sustituy 5 ha extremado•
costumbres.
.
Esta viril y poderosa alegría, en cuyo fondo se nuestras
y a~í pasamos la vida, y, sin pedir más, nos senti- la política couservadora; ha tratado,. sobre_ todo, ?e·
agita la tierna y sencilla candidez d~ la raza, tr~nsinferir mortales heridas á la instrucCJón laJCa. Y sm
forma el cuatro de Julio en una avemda neoymkma, mos felices.
aparecer como enemigo resuelto de la represen~aclón
las calles de Plateros,
de las minorías, sino aceptándola en determmadasDesde la esquina de la Profesa
circunstanci~s, ba presentado un proyecto de ley
que iba á ser indudablemente votado, en __que resultahasta la puerta del Jockey Club.
ba que sólo los colegios electorales católicos se aprovechaban de ella.
.
.
** *
De aquí ha dimanado 1?- ~renética exaltac1ó~ de:
Diez días aespués, el catorce de Julio, los francelos grupos radicales y soe1allstas y de la población
ses se divierten. ¡Ob, leroi s'amuse! Porque el pueblo
que les es adict'.l. en .Bruxelas y los gra°:des centros.
francés es el rey de la alegria. Nadie como él pa_ra
industriales. El rev, empei'!ado en el éxito. d~l prolos sortilegios de la dicha. Taumaturgo de as trisyecto de Van der Peerebon, saldrá desprestigiado de
tezas, hace con ellos los más hábiles juegos de presla contienda. Ya el ministro retiró su ~roy~cto Y
tidigitación, las más inauditas magias, los _encantamientos más deliciosos. Para el francés la vida es un Revistas Politicas y Literarias. puede entreverse el día en :¡ue el par~ido hberal
transformado reocupará el poder, para h?~ar al sodesierto árido de trabajo fatigoso con su oasis de
cialismo su ali11do de hoy, la batalla defimtiva.
sprit y de buen humor. Para los buenos, las penas de
Su pr~grama no puede ser más justo, más sensa!°'
este mundo tienen por premio el cielo; para los traEn mi última revista preguntaba yo ¿en dónde se
bajadores la monótona agitación de la semana, tiene batP.n? Dos días después me respondía el telégrafo: y más moderno: libertad de conciencia¡ i~d~penden?1a
también su recompensa: el descanso d~l domingo, y en los parlamentos belga é italiaro; en la~ calles de y neutralidad confesional del poder c1v1l;_ 1~struc_c1ón
el catorce de Julio en medio del año, es algo así como Bruxelas, en Barcelona. Se trata pues de guerras ín- laica y obligatoria; igual_dad en el serv!c!o militar;:
un terceto del Paraíso, incrustado en el Purgatorio de timas, domésticas, fratricidas, como se decía en representación de las mmorías; repartición de los.
la Divina Comedia. No es otra cosa la. existencia pa- tiempo de Comonfort; en dos palabras, de guerras at cargos públicos en armonía con la fortuna de los conra un francés: comedia di vertida, fácil, chispeante,
tribuyentes; revisióu de las ley~~ que regulan el concon escenas serias, incrustadas de sutiles y picares- lwme.
y para ir aprisa, vamos por partes, á ver si logra- trato de trabajo y la responsabilidad de los patrones
cas ironías y lances m::ilancólicos que muy á tiempo mos no embrollarnos.
en caso de accidentes; reconocimiento legal de_ ~os.
cortan los equívocos, las alusiones y las salidas inessindicatos profesionales, exte;:¡sión de l?s comicios.
a&lt;"rícolas; medidas encaminadas á, destrmr el ~lcoboperadas!
** *
El francés posee en un alto grado de perfección,
li~mo; desarrollo de las instituciones de crédito poEn Bélgica, como en t,odos los países representati- pular de ahorro y de seguros.- -A ser belgas, mucbosel sentido de la jlracia. l'or eso sus alegrías son tan
elegantes, tan artísticas, tan plenas de encanto, tan vos en plena actividad, los viejos partidc,s fundamen- amigbs míos y yo lo suscribiríamos con entusiasmo.
subyugadoras. Todo lo sabe preparar un francés; pe- tales conservador y liberal, tienden á desaparecer ó
han desaparecido ya: este hecho, como tod~s los ~ero nada como una fiesta.
Está hecho para gozar, y goza sin esfuerzo y con la nómenos políticos, tiene una cau~a ec~móm1ca; _la rn***
propia naturalidad con que iluminan las estrellas y dustria, y en Bélgica es extraord~nar1amente mtenEn
España
los
planes
financi~ros
del gobierno properfuman las flores. El francés tiene muchos siglos de siva, ha creado un grupo en formidable y forz~so cre- vocan resistencias armadas en di versos centros, sobre
cimiento: la población obrera. Como las doctrmas coconocer á fondo los secretos de la alegría.
todo en la separatista y proteccionista Ca~alu!ia. E n
Todo él la respira y la va derramando como un vaso lectivistas ó an?.rquistas (aunque en el fondo perfec- los países en que el régimen parlamentar1_0. está faltamente
antitéticas),
puesto
que
una
otorga
todo
el
colmado de miel. El mundo entero para gozar tomEL
seado por la formación de may_orías artificiales y en
el patrón francés y le pide á París á cada momento poder de distribuir la riqueza a~ E~t~do y 1~ otra su- que la nación no se siente genu_mamente ~epresentaprime al Estado), tienen por prmc1pio co1:1mn la s~una copia de su animación y de su entusiasmo.
presión de la propiedad particular y el odio al régi- da, babrá siempre la tendenma á pro~es.ar á mano
*
men existente, los obreros afiliados en uno ó en otro armada, máxime en un pueblo que trn_ne l_a sangre
* *
caliente, el arma en la TlJano, el pronunc!am1ento en
As!, como escondida entre estas rápidas y alegres bando, reciben el nombre común de socialistas Y en la herencia y cuya fracción industrial está completalugar
de
atacar
á
mano
armada
la
organización
bur•
divagaciones, semioculta en .la pompa efímera é inú-

mente ganada por los socialistas, que prometen realizar un sueño de felicidad lierrestre en el acto que
los obreros se cuenten, comprendan que es suya la
fuerza y bagan uso de ella; lo cual es en puridad una
locura absoluta, por lo que tiene mayor influencia sobre el alma actual de las clases obreras, descontenta,
inquieta, febril de anhelos de goce material y cc,lmada hasta d-.isbordarse de rencor y de odio.
Sin embargo lo que hace el ministro de hacienda,
es lo que todo gobierno español se vería obli&lt;Tado
á
0
hacer en vista de la deuda formidable creada por la
guerra: el presupuesto era poco más ó menos de trescientos millones de pesos (en nuestra moneda, se entiende). Pues bien, el aiío entrante el déficit, á pesar
de la supresión de las amortizaciones y de la reducción de las deudas coloniales, el déficit se acercará á
noventa y cuatro millones. Hay que buscarlos y be
ahí el quid. Verdad es q~e los recursos de España resultan superiores á lo que sus mismos estadistas imaginaban; pero á pesar de eso la suma es demasiado
fuerte. El ministro para consolidar la deuda flotante, operación indispensable en toda reorganización, y
esa deuda sube á más de trescieut")s millones de pesos, anuncia un empréstito interior al 5 p g garantido por las rentas aduanales y del tabaco; y para su
déficit proyecta impuestos sobre la renta de los valores mobiliarios, sobre la exportación de minerales,
sobre el tabaco, el azúcar y los alcoholes. Al mismo
tiempo anuncia la iniciación de convenios con los
acreedores extranjeros para obtener reducciones im portantes. Y con un espíritu realmente de progreso
y orden ha puesto en vigor las disposiciones referen•
tes al catastro, para conocer el valor de la propiedad
y du.1 base segura al impuesto.
Es muy probable que las medidas propuestas por el
minis1 ro ú otras semejantes, pero que todas se sumen
en esta frase: aumento de los in,puestos, sean las únicas
posibles en la actual crisis española; si se disminuyen
á compás de ellas los gastos, y si el manejo es honrado
y si el cumplimiento de los compromisos es religioso,
todo eso lo sabemos por experiencia propia, la restauración de España es segura.
Como era de esperarse, los centros industriales,
porque los pro1ectos del ministro no tocan á la agricultura, gravados por los nuevos tributos y amenazados de una baja de salarios, protestan y se remueven;
la situaci.ín es muy dificil para la pobre Espaila en
bancarrota efectiva, herida, humillada, despojada y
mutilada; ¿tendrá serenidad suficinte para entrar sin
vacilaciones en· el período doloroso y silencioso del recogimiento y del trabajo? Está salvada er:tonces,
nosotros lo creemos y lo deseamos. Y sentiríamos
que el partido liberal provocase crisis nuevas; el partido liberal necesita trasformarse, necesita hacerse
bastante amplio para dar cabida á las legítimas aspiraciones de las multitudes socialistas en su prog1ama y á los republicanos de gobierno en sus filas. Dejt! entretanto al distinguido señor Sil vela proseguir
patrióticamente la premiosa liquidación de la catástrofe y espere la mayoría del rey.

Director: LIC. RAl'AEL REYES SPINDOLA.

LA SEMANA.

***

También se 1-Jaten á pescozada limpia y silletazo
franco en el parlamento italiano y decididamente, como decimos en español los franceses ... . .. de pega,
el parlamentarismo no se aclimata entre lo&amp; latinos,
dicen los pesimistas. Como si en las asambleas americanas é inglesas, y en estos últimos aíios, no hubieran lucido sus bíceps y puños de boxeadores los señores diputado¡¡, Babi El parlamentarismo no es cuestión de raza, sino de educación y de práctica. Ni hay
otra forma constitucie,nal posible en la Europa repubiicana ó monárquica, que esa; allí el presidencialismo, que es el sistema de la constitución americana y
el de la nuestra, se convertiría en cesarismo puro y
el cesarismo es un fenómeno de transición, no de vida normal, porque entonces mata.
El general Pelloux, presidente basta hoy del gabinete italiano, es un hombre honrado un poco aburrido. La discusión de sus proyectos de ley sobre seguridad pública, los proovedimenti como en Roma se dice, ha provocado una oposición frenética de la minoría radical y socialista que forma la extrema izquierda del parlamento italiano. Seguros de que la
mayoría acaudillada por Sonnino apoyaría al gobierno y sus proyectos liberLicidas, como se dice en cliché,
los opositores resolvieron hacer obstrucción; y la han
hecho endiabladamente. El diputado Del Balzo, apurando una sesión entera en una disertación sobre las
constituciones de Esparta y Atenas y las opiniones
de San Agustín y Sto. Tomás trae á la memorla de los
hombres de mi tiempo aquellas sesiones del congreso
que vió morirá Juárez ¿hace un siglo? en que ]os
oradores de la coalición Lerdo-Porfirista, como el
dor.Lor Buenrostro, hablaban seis horas sin interrumpirse para impedir el voto de :as facultades extraor-

EL EXTERIOR.

l
'

L ,

dinarias.

.

'•

•

Así hacen los diputados italianos; discursos interminables, votaciones nominales á cada momento; lo
mismo. A esto la mayoría y el gobierno responden,
naturalmente exasperados, comü en el parlamento
Inglés, ni más ni menos, cuando la obstrucción parnelist a, con modificaciones al reglamento de debates.
Y como urgía al gobierno refrendar sus leyes de seguridad que son temporales y cuya vigencia termina

en estos días, todo ba sido precipitado, porque todo
era urgente. De aquí la furia; las euménides corrían de curul en curul soplando coraje en el ánimo
de los diputados y al pie de la tribuna se libró el ho~
mérico combate; golpes mortales, cabezas rotas, in•
sultos delirantes, narices aplastadas, representantes
del pueblo más ó menos privados de sentido .... La
verdad es que todos estaban en este estado. Si el general Pelloux se hubiese en aquellos instantes llevado
la mano á la hirsuta cabeza, de seguro &lt;¡ ue los energú menos de la izquierda habrfan gritado: c:m uerte,
muerte, quiere hacerse rey.&gt; Y la sombra de Tiberio Gracco se habría levantado por allí cerca, clamando: es mucho ruido este, dejadme dormir.
Italia tiene bastante vida para sobreponerse á estas calenturas de la atmósfera estival de Roma; es el
impaludismo socialista, no es la malaria.

siast.as de las multitudes que se aglomeraban en
Longcbamps.
Un buen día para la República, en ¡,uma. Y ua.
buen rato el que deben de hat&gt;u pa,ndo los ,respetables comisarios que conferencian en La Haya, al leer
bace pocos días el telegrama del Emperador Guillermo 1I á M. Loubet, después de su visita al buqueescuela francés. Eso, y la correcta acogida., que la expresiva maoit'estación del joven soberano laa ba.llado
en la prensa francesa, ba hecl:lo ver cu:ín profunda- '
mente van cambiando las cosas; h-1.ce diez afios, un
presidente francés que hubiese dado al ffim perador de
Alemania las gracia,; en los términos que M. Loubet
lo b:i. becno, habría tenido que dimitir al día siguiente. Hoy no; y la causa de la paz ba avauzado
más con esto que con los niemmandums eruditos de
los nuncios reunido-; á la graciosa sombra de la Reina
de Holanda.

***
Como era de preverse, á pesar del dcticoncierto rabioso de la extrema derecha de la cámara de diputa.
dos en Francia, un verdadero extremo, un cabo, una
punta monarquista que con gritos é insolencias, algunas veces del mismo tono y jaez que las proferidas
en Auteuil contra el presidente Loubet por el grupo
de degenerados holgazanes compañeros de Cbristiani;
á pesar del enojo moderado del grupo de los ex-monarquistas recién convertido~, los catecúmenos de la
República; á pesar de la oposición resuelt,a del grupo
de liberales que regentea M. Meline, el ministerio
Waldeck-R,.mseau se ba impuesto. Es híbrido, inconexo y basta inexplicable como gobierno de periodos
normales; muy difícil sería y será poner de acuerdo
á Gallifet y á Millerand sobre un programa de reconstitución parcial del ejército y á W. Rousseau y
á Pierre Baudio sobre un programa de inte1 vención del Estado en los conflictos entre sbreros y patrones; no difícil, imposible; por consiguiente este
gabinete de defensa republicana es de circunstancias,
no tiene, no puede, no debe tener día siguiente. Ese
día siguiente comenzará uno ó dos meses después de
la sentencia del Consejo de Guerra de Rennes que dará fin oficial al asunto Dreyfus. Pero es, en toda. la
eJJtensión de la palabra, el gobierno necesario de boy;
el único que por su composición podía agrupar una
mayoría, heterogénea en el fondo, es claro, pero dominada por un sentimiento común del peligro que
corre la República entre la hostilidad más ó menos
latente de la alta oficialidad del ejército y la desconfianza de las masas electoras.
Esta situación es, con torla evidencia, y á pesar de
las denegac1ones de los republicanos moderados, un
preámbulo de guerra civil; seguramente no hay complot y los caballerl,s de l'oeillet blanc que manifestaron contra el presidente parapetados tras de las deliciosas toilett~ primaverales de las señoronas y señorinas en Auteuil, no bao de ser los feroces pretoiianos
que saquen de los pliegues de una tapicería flamenca
á Monsellor el duque de Orleans, para hacerlo rey de
los franceses. Pero el complot existe en la exasperación y la fatiga de los ánimos; un accidente de esos
que son inesperados, que surgen repentinamente,
puede traer una nueva crisis ministerial, esta vez insoluble, la retirada de Loubet y la entronización de
una dictadura militar. Esto sí es una posibilidad,
sobre cuya probabilidad repentina, nadie se hace ilusiones.
Waldeck-Rousseau, que es un hombre no sólo de
superior inteligencia, sino de frío y resuelto carácter,
· un hombre capaz de llevar un mensaie á García, como
dicen ahora los americanos, el día que, durante este
supremo momento en que todos se alarman y vacilan,
sintiera que sobre un asunto que juzgare de primera
importancia, la mayoría de la Asamblea popular le
escapara, no tendría empacho en disolverla, en uso
de sus atribuciones legales y de acuerdo con el Senad0, y apelaría al país elector. Lo acabamos de 1•er:
con motivo de una furiosa interpelación al ministro
socialista, encaminada á hacerlo saltar de su puesto
en el gobierno, el presidente del consejo intervino,
habló, asumió con su gran palabra la responsabilidad
de los actos de sus colegas, definió sin una sola línea
esfumada ó vaga la solidaridad de los individuos del
gobierno, pidió un vot,o de confianza, obtuvo una mayoría imponente y en el acto clausuró las sesiones de
la Asamblea. Esperamos que no la convoque hasta
que la sentencia del Consejo de Guerra baya sido
pr-0nunciada.
Entretanto, el general De Gallifet, á quien todos
aconsejaban que suspendiese hs fiestas militares del
14 de Julio, y á quien el Consejo Municipal de París
babia pretendido facilitar este camino con un voto
en favor del descanso de los soldados en ese día, se ha
negado cránement, así es él, á este acto de debilidad
y la guarnición de París,~on su nuevo jefe á la cabeza, el flamante gobernador militar Brugere ba ido á
hacer los saludos marciales de costumbre al Presidente de la República, y al ministro que sostuvo con
su ma~nífica prestancia, su reputación de primer ginete de Francia y el prestigio del oficial herido mortalmente en Puebla, del general que substituyó á
Margueritte en las horas supremas de Sedan y del terrible debelador de la Comuna anarquista deParís, lo
que no ha sido parte á privarlo de los aplausos entu-

KL 14 DE JULIO.
Quie11 quiera formarse idea exacta de la riqueza y
magnificencia de París, quien se proponga medir la
amplitud de las vibraciones y de los transport€S del entusiasmo, quien quiera darse el incomparable espectáculo de una inmensa masa humana, a.ni mada de un
sentimient&lt;&gt; noble y grandioso, debe ir á París y asis,
tir á la gran fiesta nacional francesa.
El 14 de Julio es un símbolo, el dela emancipación
y de la redención humanas. A la luz de la filosofía de
la historia la toma de la Bastilla es· un hecho relativamente insigni!icante. Propiamente Lablando, la
Bastill.i. habh. sido tomada mucho antes. Buenos
aiios hacía que el tirano se desentendía de su papel.
Los calabozos estab,m vacíos y las LETTRES DE CACilET
eran ya puramente un mito. .M:arat mismo se ba encargado de demc,strarnos con documentos incontestables que no hubo tal asalto y que la fortaleza fué entregada por sus guardias y no toruada á viva fuerza
por el pueblo. Pt:ro en todo caso, al apoderarse de la
Bastilla, por bien 6 por mal, el pueblo parisiense derribó un símbolo material y viviente, si bien ya inofensivo, de la pasada tiranía. Su triunfo, antes que
material, fué moral; el golpe, precisaruente por -ser
teatral, impresionó el espíritu francés y ese solo episodio creó más revoluciones que toda la lilosofía de
Rousseau y todas las arengas incendiarias de Danton
y de Camilo Desmoulins.
La Francia republicana, hija legítima de la idea
revolucionaria de 89 y de 93, dió pruebas de singular
acierto al elegir entre todas esa fecha para conmemorar el advenimiento de la libertad.
Para celebrar tan fausto suceso, la Fnncia toda y
especialmente París se visten de gala. El pabellón
nacioual ondea en los palacios como en lc,s tugurios.
El gas y la electricidad deslumbran la vista en las fa.
chadas de todos los edificios públicos y privados. Córtanse á porfía todas las flores de las campiñas, despuéblanse los invernaderos de sus maravillosos y ex,
traños ejemplares, codeanse las orquídeas más extrangantes con las más humildes violetas y la riqueza
y el gusto se disputan los honores de aquella decoración sobrehumana. La Plaza de la Concordia ciñe su
gargantilla de luminosas perlas, el Arco· de Triunfo y
el Troca.dero perfilan con la luz en el espacio los lineamientos de su arquitectura, el terrado de las Tullerías se corona con las luces multricoloras de los fuegos artificiales como diadema de zafiros y rubíes,
atruena el estampido del callón los aires, LA voz DE
DJOs se eleva imponente y magestuosa en medio de
aquel oceano de luz, surcan el 8ena multitud de barcas empavesadas y vibran las azules ondas del río con
el eco de las orquestas y de los cantos como en una
fiesta veneciana; resucitan todos los esplendores de
las satrapias orieotal~s y de todas las fantasías de
los principados italianos medievales; sola la estatua
de Strasburgo, velada, enlutada, cubierta de fi'me
bres coronas permanece muda, taciturna y triste es
perando el día de la anhelada emancipación.
Entretanto, allá en medio del campo, en el centro de un panorama incomparable, al aire libre y bajo un sol esplendente, desfilan todas las fuerzas vivas y todas las esperanzas tle la Francia. El ejército
francés regenerado va á ostentar su disciplina, su
porte marcial, sus brillantes atavíos y su formidable
armamento ante el gobierno y ante el pueblo. Los
regimientos más selectos de todas las armas, infantes, dragones, artilleros, de gran gala, rígidos y alti vos bajo el uniforme que los honra, van á demostrar al país que aún vive la Francia y que aún es capaz de hechos heroicos.
La multitud amontonada en las tribunas ó diseminada por valles y collados espera ansiosa aquella
imponente manifestación. A lo lejos, en los linderos
del bosque, á lo largo de las calzadas, en los puentes
que atraviesan el río, todo es brillo de sables, de cascos, de corazas, y flamear de estandartes; las negras
baterías de Bange y de Canet, insectos colosales y

�32

F.T, MUNnO.

Dom_~ go 16 de Julio de 1899.

Domfn¡l'ú 16 de Julio 1899

33

EL MUNDO.

UNA LECTURA MEMORABLE.

,

En mis primeras mocedades, cuando contando más
de doce otullos no completaba diez y seis, tenía una
afición extraordinaria á la lectura de entretenimiento; las novelas eran mi pasión dominante en esos mis
tiernos y felices años. Andaba siempre á caza de
-ellas: su amena lectura me curaba del tediosfsimo Nebri ja y del incomprensible Bouvier. Excuso
o eclros que mi atición á e.-.os libros nada. tenía de estudiosa; su lectura era para mi de mc:ro pasatiempo,
nada sabía en esa época de principios literarios ni en
mi wollera babia uo sólo grano de eso que puede llamarse criterio estético; nunca pasó por mis mientes
la idea de juzgar el libro que t'Staba leyendo, ni siquiera me lijaba en el nombre del autor que con los
partos de su ingenio llenaba el vacío de m1 ocios, y
qoizá mi simplicidad llegaba á tanto que: mi inteligencia en agraz no hubiera podido forruarse una idea
-exact a de lo que es un autor de novelas.
Entretenimiento y más entretenimiento era lo único que yo buscaba. eu mis asiduas lecturas: me bo;.
gaban las narraciones estupendas; me suspendía el
r c:lato de odiosas y bien mauejactas intrigas; me parecían de perlas aquellas relaciones de crímenes aoominables con tanta sangre f1fa concebidos, con tanta
resolución ejecutados, y descubiertos después con
tanta pe rspicacia. Cumu nada me percataba yo entunees de sucesión de siglos, de distinción de épocas
sociales, y del continuo cambio de ideas y de constumbres cuyo coojunto constituye la evolución bumaoa,
-creía candorosamente que aquellos sucesos acaecían
-en realidad, sólo que se representaban en esceoario
más previlegia.do, más rico, y mucho ·mejor decoraque el tranquilo recinto de ml humilde ciudad
Del.tal.
No era posible que por las, pacíflcas calles de la corta ciudad en que 1,rans,;urría mi intaocia, trans11,a,.
.ran misteriosos embozados, las casas de los moradores de aquella villa tranquila nada tenían de muraoas fortalezas, no encontraba por más que lus buscaba ni los rosos, ni los puentes levadizo:s, ni siquiera
la alta y enrejada. ventana por donde e11 las altas huzas de una noche de luoa., asomase, eclipsándola, la
blanquísima. raz de una dama semejante á las heroínas de las novelas que yo lefa; pero estaba persuadi&lt;lo de que pasando la8 wontallas que limital.ian el hori%onte de mi ciudad natal y ca.minando muchas, muco1:simas le~uas, se pudría llegar al país de los prodigios, á la. región de las hermosas quimeras, á la
t,ierra fé rtil ~n estupendas aveot,uras, á una comarca,
en lin, donde pasa.sen como cusa corriente suce8os
aemejanws á aquellos cuya narración me deleitaba
taoto.
.l!:n mí peq.iella ciudad no abundan los libros; habla
agotado cuauto de novelas contt:nla la limitada bi-,
blloteca de mi abuelo, y cuanto del mismo género
tenían wis conoddos y awigos; me había echado á

MEXICO MODERNO.

ºº

,---------------

-

CASA DEL

SR.

IlARTM.1.M.-CALLE DR LAS FUENTES BnoTANTES.

-~----

CASA DE LA VDA. DE D. JosE MARIA DEL Rro.-C.~LLE DE L.\S FOENTJ:S BROTANTES.

�EL MUNDO.
cuestas casi todas Jas de aquel novelador feouo~o, las
de a uel narrador mágico que se llamó AleJandro
Dum4.s babia del padre, que el hijo no salía aúo de
las ma~tlllas literarias, ya ha?ía recorrido de cal10 ~
rabo sus generacio~e'S intermrnables de suce~os aºº
velescos uLos tres mosqueteros' ' "Veinte anos ~spués " ,;El Viscondede Bragelonne, ,, "Las memonru:
de ~n médico" "El collar de la reina, " IIAnge
Pltou " ºLa c'ondesa de Cbarnyt'· 11 El caballero ~e
Casa É.oja/· ó como si dijéramos, había co~ocldo . a
novela bisabuela, la abuela, la. madre, la b1Ja y aun
la nieta, y ya casi no me quedaba ~ue leer.
Ansioso como ca.mi nante extraviado que busca e1
sendero corría en pos de nuevas novelas más escasas
cada ve~ cuando uno de tantos días tropiezo con una
lectura. ~xtraiia, estrambótica, extravagante; en nada
se parecía á lo que yo había leído, y sin embar~o, me
causó hon:lislma impresión: co1;a. extraordinarrn.; en
mis lecturas anteriores sólo encontraba el f_útll placer
de seguir el hilo de la narración, y en el hbro á que
me refiero no sólo hallé sabroslsimo gusto, aunque
de una fndole extraña, sino que me hizo pensar,. me
hizo sentir el Contacto de la realidad, y por la pnmera vez de mi vida adquirí en sus admirables páginas
una idea aproximada de lo que es la vida real.
Todo en ese libro me pareció desudado, tuera de lo
común: su tamaño, su pasta, su papel, sus caracteres
tipográficos sus ilustraciones y lo que representaban,
y sobre tod~ su contenido tan diverso de c_uanto yo
conocia basta entonces y que me causó :ma 1mpresi.ón
ue no pude detinir. Los libros que yo había leído
iran voluminosos, estaban empastados á la holaod~sa;
su papel era blaoquislmo 1 terso y lustroso, Y lo impreso estaba dividido en pequellos párraros; las ilustraciones de esos libros consistían en imperfectos
grabados comparados á los "clichés" de ~uestros pe•
riódicos y lo que esas ilustraciones dibUJaban, eran
duelos ;ntre denodados espadachines, era un bandido,
ó un asesino que como cruenta ave de raplila caía
sobre la degcuidada victima, ó una dama privada de
sentido que era llevada en brazos de un caballero ~e
larga espada colgada,.¡ cinto y de sombrero empl~mado encasquetado á la cabeza.
Nada de esto habla en el llbrtto raro que me encontré : era un pequello volumen, su pasta estaba to•
rrada en fina piel, sus hojas eran de un papel tieso
que t iraba á pergamino, el texto, impreso en dJminutos y correctísimos caracteres, se dividía en largos
períodos, no en cortísimos párrafos.
y las Ilustraciones muy notables, tanto por la llmpteza del dibujo como por lo extraño de las compostciones· en todas sus lámtnas había un escuálldo personaje' caballero en un rocín flaquísimo y un grue6o
rústi~ siempre acompai'Iado de un maosísimo borrl.
co, los personajes. secundarios eran venteros, arrieros,
ú otra gente menuda y las escenas representadas te•
uían más de comedla ó de satneLe que de !ragedta,

hacJendC' reir mejor que temblar. Ya eran granizadas de piedras que llovían sobre el pobre bldalgo, ya
era el labrador n\sttco que desnudo de medio cuerpo
arriba azotaba sin piedad: los árboles de un bosque,
mientras que allí cerca. el armado escuálido estaba. en
cnclillas pasando por las manos las cuentas de su rosario: en otra el avelJona.do hidalgo y su barrigudo
acompanante se destacaban en primera línea en la
situación más extraf'ía, pues con los ojos vendadGE,
montaban un tosqufslmo caballo de palo, mientras
en su derredor 5e veían gentes queconhachas encendida~ ó con fuelles se burlaban Jindamente de aquel
par de simples.
¡
Respecto al contenido de aquel libro m~rav11 oso~
•qué podré decir, sino que á pesar de mis tiernos
~ños y de mi falta de gusto literario, me parecM bellísima y me impresionó proruodame1_1te? ¿! cómo
nó, si aquel libro que un teliz azar tr~J~ á mis manos
era el clogenloso btdalgo Don Qui¡o¡e de la Matcba. &gt; Pasó el tiempo, avancé en mis estudios, ~ude
explicarme la rara impresión de que he hablado. supe que ese libio era considerado como una de las más
esclarecidas producciones del ingenio humano; supe
que las naciones civHlzadas llevan más de dos siglos
y medio de leerle, de aplaudirle, de ad~irarle, de
anotarle de comentarle; supe que había sido traducido á to'das ]as lenguas cultas y que se habían hecho
de él incontables ediciones. Por lo que supe Y por lo
que me ptt.só cuando sin instrucción le leí, colegi que
su priocipal mérito es: regocijar al _i~noraote y al~a•
bio, al adolescente, al adulto y al vie¡o, en hacer d!scurrir al iliterato y en inspirar profundas medttaclO•
nes al erudito y al pensador. Como seduce ~1 sol con
su brillo, tanto al rudo campesino para qmen no es
más que un disco de ruego, l:omo al sabio astrooómo
que ha medido, que ha pesado, que ha_ analizado ese
grandioso centro de nuestro sistema, e1 glorioso 1ibro
de Cervantes lo mismo admira á los que nada saben
ue á los hombres del más profundo i,aber.
q He leído libros calificados unánima_mente de obras
maestras: como la e Divina Comedia,, el e Paraíso
perdido,&gt; cLa Mesic1.da, el cFausto,&gt; Jas tra_gedJasde
Shakespeare y otras obras monumentales, pero al
leerlas mi espíritu tba dispuesto á admira r, pesaba
sobre él la opinión de los hombres, ~o se encontraba
ya virgen de doctrinas !iterarlas y hbre de toda_ au torizada opinión como cuando leí cEI Qul¡ote,&gt; DI sabía ni me importaba saber que era un gran Jtbro.
lte~nocer el mérito extraordinario de aquellas obras
maestras de la llLeratura fué en mi !'ruto tardío d_el
estudio, mtentras que el del Quijote saltó á mis o¡os sm
que lo tmpldlera mt Ignorancia.

PAL,\CTO DEL GOBIERNO EN PRETORIA.

PORFIRIO PARRA.

Domtngo 16 de Julio de 1899

Dommgo 16 de Julio de 1899

EL

~r u:--nn

35

=
=--_
:,:

=EL PRESIDENTE KRUGER YEL GOBIERNO DEL TRANSVAL.
Ya tienen conocimiento nuestros lectores del con.
fltcto existente entre el Gobterno británico y el de la.
República del Transval sobre las lranqutclas que demandan los Ingleses residentes en la 1 eglón mtnera.
de ese pafs. La cuestión en substancia se reduce á
que los Ultlanders pretenden ciertas franqulctas polltlcas con las cuales se harán dueil08 del
país, pues su número, la riqueza con qut:,
cuentan y el carácter emprendedor y ambi•
cioso los hacen con mucho superiores á los
genu inos ciudadanos d,el Traasval.
No obstante lo inrructoso de lasconferencla.R celebradas entre Mr. Krüger, presidente del Transval, y Mr. M.ilne~, representante
del gobierno tnglés, el gobierno de Pretoria hace lo posible por contentar las aspiraclones de las Ultlanders y de una ú otra
manera es seguro que éstos acabarán por
absorberá los Boers tragándose el país cuyo
oro tienen y cuya domtnaclón adquirirán por
buenas ó por malas, apoyados como ..:Stán por
un gobler110 ante el cual toda rei,tstencla,
por .heroica que sea, de foe transvaleses, no
producirá otro resultado que acelerar la
agregación de esa República al vasto Imperio Brttánlco.
Ultlmamenteha surgtdo un tncldente nueve en esta cuestión. Los americanos que por
sangre y simpatías están dispuestos á aliarse coa los togleses [nos re!ertmos á los americanos que residen en la República Sud.
Africana, J recibieron la orden de alistarse
y tomar las armas en defensa del país para
la emergencia de una guerra contra Inglaterra. Naturalmente la altiveza americana
no ha becbo esperar mucho tiempo la res puesta al Gobierno de Mr. Krüger el cual no
podrfa esperar nada favorable de los norteamericanos que tomen las armas si á ello se
les obllgua, pues las volverfan contra el
mismo q tre las pusiera en su mano.
En nuestras ilustraciones se ve la figura
bíblica (de biblia protestante) de Mr. Krliger vestido á la usanza, que no es muy pari•
siense, de los valles sud africanos, habitados por virtuosos pastores tudescos, tradicionalistas y pacíficos sin dejar de ser muy valientes cuando llega la ocaslón,-basta el día
en que 1.10 prospectar britano descubrió prodigiosos bolsones de oro, atrajo la inmigra•
cJón inglesa y norte americana y encendió la
codicia del gran tmperlali&amp;ta Mr. Rhode,,
quien ya quis~era Yer desbaratado hasta el
~om bre do la R epública.

- .

EL CoHANDA.NTE MARCDAND ACLAMADO POR EL PUEBLO EN

La mella de M
archand á su ciudadnatal.
La prensa tnglesa ha hablado también, aunque en
tono de crítica, menudeando observaciones irónicas
sobre la vuelta de Marchand. El Lmdmt News, entre
otros pertódlcos que hablan del asunto, dice
que en los festejos con que Re ha recibido
al explorador, hay más deseos de sacar á plaza las pretensiones !ranceaas á los terrlto•
rlos domtna dos por Fasboda, que admtraclón por el ilustre vtajero. Hay un engallo
en e8ta opinión: muy bien puede ser que el
pt\bllco francés aproveche las demostraciones al héroe del día para lanzar uno que otro
venablo envenenado contra la victoriosa y
odiada Inglaterra; pero tambtén es cierto
que el pueblo de la capital y del mediodía
de Francia ven en Marchand un ídolo, un
glortoso vindicador del maltrecbo ejé1cito
y un nombre que oponer á los que después
del sesgo que ha tomado el asunto Dreyfus
enarbolan en sus pendones de combate los
partidarios del elemento civil y los que no
se resignan á que caiga el país en mano.s de
un césar militar.
No puede negarse que á pesar de sss lmpetuosld ades, el público francés no aprovechó los festejos de la recepción de Marchand
para entregarse á desabogos
¡,ellgroso,, tanto desde el punto de vJsta. de un conflicto Internacional como en lo rela•
tl vo á lasdiffclles y angustiosas luchas interiores.
El Mayor Marcband desembarcó en Tolón el l º de Junio,
y al llegar á París se le recibió oficialmente en el Ministerio de Marina, acompa•
Dándolo el Ministro de ese
departamento y el de las Colonias al Ellseo, en donde M.
Loubet le dtó el parabién por
sus atrevidas cuanto- poco
fructuosas exploraciones. Se
le han colgado al pecbo cuantas medallas puede llevar, y
es seguro que pronto se Je da•
rá algún puesto colonial ó adrninistrativo de importancia.
Las sociedades geográficas no
sólo de Parls, sino de Londres
7 de las otras ciudades europeas Importantes, &amp;e disputarán el honor de recibirlo corno conferencista de moda.
EL COMANDANTE MARCJIAND. {:&gt;E UN R.li,'TRATO PUBLICA.DO EN

-

TIIOJSSEY,

Entretanto, el Mayor Marcband ba quertdo hacer
una visita á Ja ciudad de Tholssey, en la que era,
cuando emprendió su vtaje á las Colontas, bumtldo
amanueose de notarlo. Entró tri un talmente áThots..
sey en coche descubierto, acompaflado por su padre
y por el Alcalde de la ciudad, saludado por la reglamentaria Marsellesa, que t&gt;jecutó la fanfarria
de la que en Otro tiempo formó parte1 y acJa ..
mado por sus patsanos. En el Palacio del Ayuntamiento se le puso otra condecoración, la del
Valor .Militar, en nombre del pueblo y una
medalla que le ofreció laUoión Patrióttca del
Ródan('I.
Al dlrt¡,:trse al lugar en que se ledló un banqueLe de 1,400 cubtertos los estudtantes lyoneReS, pretendieron desprender el tiro de caballos
del landau, llevándolo ellos mtsmoa en peso.
Nada raltó en la fiesta, y como es de rigor, ya
corren por ahí las anécdotas más ó ruenos conmovedoras como el saludo que dlrtgtó el examanuense á su antiguo patrón el uotario,
quien presenciaba con s11 familia la gloriosa
ovación que se le bacía al que anos atrás rectbló má• de una reprimenda por sus descutdos
caligráficos, cuya causa hoy se conoce, pneR el
joven aprendiz de notario se distraía de sus
obligaciones sallando con viajes y aventuras
coloniales.
Tamblén se cuenta otra anécdota, en la que
la generosidad jeJ Mayor Mar.
chand se dlscuttrfa si todos
tuviesen presente que el des-interés no es sincero sino
cuando, como dice el Evangelio, la mano izquierda igner
rala dádiva qt1e bace la mano derecha. Pero sea como
fuere, el hecho es que los
15,008 francos que Je otorgó
como premto la Soctedad de
Ctenctas Morales y Pollticas,
• pasaron por donativo del Ma~
yorMarcband álas cajas dela
Liga Marítima Francesa.
De vuelta á París, el Mayor Marcband ha visto aumen•
tar en vez de disminuir el en•
tusiasmo con que lo aclama•
ban las multitudes. En las
fiestas del 14 se presentó en la
Revl&amp;ta de Longchamp, montando soberbto caballo y seguido de una escolta sudanesa.
Como era de es;,erarse, lasa ludaron con frenéticos aplausos que no cesaban sino hasta
INGLATERRA.)
que se perdla á lo lejos.

�EL MUNDO.

36

771

==

Domingo 16 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

DUQUE

DE LOS A IHlUZZOS

retumba el eco, la montaüa gime
con med_rosa inquietud la re1&gt; sal;aje
escapa sin cesar de risco en risco
se oculta la avecllla entre el ram~je
en su ?ueva el reptil, basta en su aprisco
la oveJa se acobarda, y solamente
el águlla caudal, cuya pupila
sonda la inmensidad, vuela tranquila
sobre las turbias aguas del torrente.

lV

TEITTEETE QUARINI.

ÜAPITAN HUMBERTO ÜAGNI.

DOCTOR ÜAVALLI, DE LA MARINA RE,\L DE ITALIA,

------------------------------------------------------------------------------------------ ·--------------------------------------------La ciencia debe á los cometas el servicio inmenso de la
tentativas que la e.'lpecie humana ha hecho pa- invención del pararrayos, hecha mediante un cometa de
Los cometas de vauel y la meteorología.
ra enseñorearse del espacio, han tenido el mis• papel por el gr,rn Franklin; ahora va á deberles la retorm,r
~- Camilo Flammr.rióo, el poetadelaAstronomía,
dijo alguna vez, hablando de los prooóstlcos sobre fenómenos meteorológicos, que todos los que se blcle•
ran tenían que resultar forzosamente fallido,, ó si se
cumpliesen, sería. debido á la casualidad y en ningún
modo á la ciencia. ¡, Por qué~ Por la sencilla razón de
que ha sido Imposible estudiar los fenómenos atmosféricos de una maner·:1. extenS'4, g~neral y profunda
para descubrir y codi6car las leyes que rigen su
producción y que indudablemente deben existir,
puesto que en la Naturaleza nada sucede caprlcbosamente.
El Rey de la Creación, á pesar de su majestad, está arraigado á la costra terrestre por la doble tiran la
de la pesantez y de la debilidad de sus pulmones. De
manera que el hombre no conoce de las capas atmosféricas sino una porción íntima y precisamente la
más alterada y modificada por su contacto con el
mundo animal á cuya existencia subviene.
De tiempo en t·empo suele lanzarse valiente y os'ldamente el hombre á la conquista del aire y de sus
secretos; pero la má'l gráfica y lastlmo.i,a de las caídas
le recuerda que desde !caro basta la fecha, todas las

I~s~t:':¼t:.S'!'Oe REG!eTR.U&gt;ORES DE LOS C;)METAS.

37

ta en la que Ee d!Rtinguló por su valor y sangre frfa,
y por último, el Dr. CavaJll, médico de primera clase de la Marina Real de Italia.
El Duque dirilr!ó personalmente y CúD sumo cuidado los preparativos.
Tripulan su buque, la «Estrella Polar,&gt; dos marinos italianos de larga experiencia, cuatro guías de
montail.a, diez marineros noruegos que conocen los
mares del Norte, y un esquimal que sabe dirigir los
perros de los trineos. Lleva además veinte perros de
Arkangel.
En cuanto al equipaje se compone de 1:iOO cajas de
encino que contienen vest!dos, víveres é Instrumentos científicos, y dos globos con sus aparatos de gas
, construidos en Parfs.
La «Estrella Polar&gt; levó anclas en Cristlanía. el lunes 12 de Junio. Despu~s de abordar á la tierrc:1. de
Francisco José, el Duque de los Ab:uzzos procederá
por etapas, marcando su ruta con pc,stes que le servirán de indicación para la retirada en caso de fuerza mayor. Calcula que su expedición durará tres
aíios.

UN PRINCIPE REAL EN EL POLO NOR1'E.

s. A. R. el Prfncipl' Lnls di- Saboya, Duque de los
Abruzzos, sobrino del Rey de Italia, é bi;o de Amadt'o ex-Rey de F.spaña, emprende una conquista pacífica, la élt'l Polo Norte.
Tiene 2(i ail.ns el nuevo explorador, e!l CaplMn de
Fragata y ha dado dos veces la ,,uPlta al mundo.
Su aspecto no indica la tuerza física requerida pa•
ra estas aventuras. Aunque si nos atenemos á las
pruebas de resi~tenr.ia y de valor q,1e ha dado, á nadie causará extrañeza q ueqnien intentó y llevó á cabo
la ascensión al Monte de San Elías de Alaska. sea
ca,&gt;!lZ de Invernar entre los hielos polares, y de inscribir su nombre y clavar la bandera italiana en el
punto m:ts avanzado de las reglones árticas.
El nombre dt• suscom pañeros cuyos retratos 11amos
también porque van :í i;er famosos y muy comentndos
dentro de PoCO. i;on &lt;'I ayuilant&lt;' del Príncipe, Capitán
de Corbet,a Humberto Oagni, oticial valiente ~ instruido; el Teniente de navío, Conde Quarlni, cuyos
conocimi&lt;'ntos filológicos de poco le servirán en el
Polo Noru· como no le sirvieron en la guerra de Ore-

Domingo 16 de Julio de 1899.

mo tin y remate: perder las alas cuaudo menos. ele la meteorologla. Bienvenidos sean los cometas-obserY ~'lammarión sabe mucho de ésto, como que
es uno de los aereonautas máR osados que por vatorios.
arrancarle á la atmósrera sus m lsterlosas leyes,
ha expuesto innumerables veces la existencia
en peligrosa.'&gt; ascenclones, sin lograr otra cosa
que el convencimiento de su impotencia lealmente con resada.
En efecto, para llegar á un resultado práctl
cosería preciso que en un mi1,1mo momento ascendieran incontables aereonautas en toda la
superficie del globo, para realizar observaclo•
nes simultáneas del estado de la atmósfera,
muchas veces en medio de las más rudas
tempestades, y ésto, particularmente la ascención en momentos tempestuosos, es perfecta.mente imposible para su majestad el hombre.
Sin embargo, no es tan irónica la majestad
humana, puesto que tan maravillosamente sabe suplirá la debilidad de su carne con la incontrabtable fuerza de su espíritu. No puede
reorganizar en per&amp;ona la hazaña de recorrer
y escudrll'!ar el espacio, pero Inventa aparatos
lnsensibleR á la Inclemencia de las ~Itas reglones atmosféricas, victoriosos de la pesantez y
que con toda fidelidad vienen á contarle lo que
sucede en un mismo momento, y en mil lugares
á la vez, y á millares de metros sobre la superficie de la tierra, y aun cuando reine la más
furlcRa tempestad.
Actualmente la meteorología ha roto las cadenas del em plrlsmo para entrar de lleno en la
experimentación directa, substituyendo las hipótesis con hechos.
Para las observaciones de 3 á 18,000 metros se
mandan los globos SIN AERE0NAUTA, pero provistos de toda clase de instrumentos registrad1Jres automáticos, de maneraqueásu regreso traen
las temperaturas, las presiones, la dirección y
fuerza de los vientos, muestras de aire y vistas
fotográficas de lo que viel"on metro á metro del
espacio recorrido por ellos. el que también viene registrado en una brújula. adecuada.
Para las alturas menores de 3,000 metros, se
mandan cometas ó papalotes, provistos de iguales mP.dlos de observación, cuyos model.:is damos, y á los cuc:1.les se deberá que en tiempo no
lejano ya no se bagan los calendarios con pronósticos del tiempo como los usuales: «tal dla
CoMETAS OBSERV.A.TORIOS.
lloverá .... ó no lloverá.&gt;

I
En soPtaria y eminente roca
de los montes cantábricos, altiva
ras~a el espacio y en las nubes toca
v!eJa torre feudal. La peña viva
de donde arranca el resistente muro
con tan diffcil corte el paso ::ierra,
que no existe castillo más seguro
coronando los riscos &lt;ie la sierra.

II
El pefión que le sufre, en dos partido
por un extremo está, cual si de un tajo
en formidable lid le hubiera hendido
el hacha de un titán, de arriba abajo.
Silvestre helecho y trepadora. hiedra
los bordes cubren de la herida piedra
por cuya enorme cavidad sombría '
SUrge e_spantable y prolonga'.lo grito,
como s1 aquella mole de granito
.se doliese del golpe todavía.
III

Es la voz del torrente fragoro~o
que se despefla de escarpada altura
Y al pasar por la estrecha cortadur~
del cast!llo reudal, muralla y foso, '
se arremolina, se ret.wrse, choca
Y salta, enfurecido y espu.:noso
como el mar por las quiebras de la roca.
&lt;Juando acrecienta su raudal la nieve
que derretida de las cumbres baja
Y los cimientos sólidos conmueve '
del cerro, Y piedras y árboles descuaja
ante aquel es_¡)ectáculo subl!me
'

El castillo, elevándose imponente
como un fantasma en el picacho esc~eto
Y sobre el negro tajo por do corre
revuelto río, el levadizo puente
con cadenas fortísimas sujeto
como un esclavo á la almenad'a torre
todo infunde en los ánimos respeto ,.
Resalta el ancho Y ostentoso escud~
- S?bre la puerta gótica, en la parda
pied ra_ por toscas manos esculpido,
y_de pié en el umbral siniestro y mudo,
vigila el puente y sus contornos guarda
un soldado con aire de bandido.
Aumentan el misterio y Ja pavura
de aquel lugar inexpugnable y rudo
la monótoma voz del centinela
'
que las traiciones de la noche bbscura
siempre temiendo, sin descanso vela·
Y en bandadas los cuervos agoreros '
que, al volver d~ los próximos pina:es,
buscan las hendiduras y agujeros
de aquellos murallones seculares.
V

Era una tarde de Noviembre, helada
como la mano de la muerte; espesa
niebla cumbres y valles envolvía
Y estaba el m1,nte sumergido en ~sa
confusa claridad, tenue y velada
como el vago crepúsculo del día
Ton débil era y apagado el brlll~
de la pálida luz, que compartía
su lm~erlo con la sombra; á suR reflejos
amort11:{uados, en el fondo oscuro
de la sala espaciosa del castillo
se destacaban sin color los vlej~s
y anchos sitiales de tallado roble
que adornaban la estancia, y en el muro
relucían los bélicos arneses
el férreo casco, el colosal m'andoble
?ruílldo escudo y rígida coraza,
'
Junto á la armada testa de las reses
que t:l personal valor cobró en el noble
y arriesgado ejercicio de la caza.
De propincuo lugar. como el ornato
principal del salón, cuelga un tablero
donde inhábil pincel trazó el retrato
del m1gnffico y alto caballero
glorioso tronco de la ilustre c~
y enfrente de él en su sillón de c~ero
con los piés arrlm,ados á la brasa
'
que dejó en el hogar ardido tuero
manchado por ia crápula y el robo'
el Sdiior del castillo, IIernán el Lobo
,como le llama el general espanto, '
:ahogando estaba su conciencia en vino
Y no muy lejos su afligida esposa
·
:hilaba sin hablar, deshecha en llanto
el rublo copo de encamado lino.
'

VI
Mil amargos recuerdos en profuso
tropel cansaban su memoria, en tanto
que entre sus dedos resl)alaba el buso
¡Con qué dolor! pero también ¡con cuánto
enamorado arán clav:i.bc:1. ansloRa
sus húmedas pupilas de bito en bito
en la faz descompuesta y borrascosa'
de aq~el malsín que embruteció el delito!
Y él, rnsenslble á todo, el cuerpo laso,
balbuciendo palabras desacordes
Y una vez Y otras cien vaciando ~l vaso
lleno de aflejo vino hasta los bordes
evn el rostr? encendido, la mirada '
atónita Y vidriosa, el sentimiento
anonadado y la razón turbada,
me1.cla11do &amp;in cesar un juramento
á su insensata y bronca carcajada
ni áun reparaba en la !nfellz aqu~lla
que á su maldad encadenó el destino
p~ra amarle Y llorar, sola en el mundo;
y1c~lma desdichada que atropella.
rnd1terente y fiero en su cammo
como la flor de las alturas bue!!~
el oso montaraz. ¡Con qué iracundo
y bárbaro de.i,dén Hernán la abruma!
Mas ¡ay! hundida en su mortal congoja
sufre en s!lenclo y cual la flor, perfuma'
el pié que torpemente la deshoja.

VII
¡Oh! ¡si supiera odiar! .... Pero no sabe
No sabe, no, su espíritu sereno
·
lo que es rencor, ni en su apacible seno
la ruin pasión de la venganza cabe
En medio del horror que la rodea ·
tan sólo el bien su corazón desea '
y cual la ~ieve que en la excelsa 'cima
conserva 1nmaculada Ja blancura,
cuanto más su conciencia se sublima
más se destaca inalterable y pura. '
1Cuán suave y dellcada es su hermosura!
Como el murmullo de los bosque11, grata
suena su dulce voz: la misma queja
en sus labios de rosa es un halago.
Toda el alma en sus ojos se retrata
que su pupila transparente deja '
escudriñar _el fondo, y como un lago
la luz del cielo en su cristal refleja.
llaz de rayos de sol es su cabello
que al deshacerse en ondas, ilum'ina
los nobles hombros y el desnudo cuello.
¡ay! ¿por qué misterio que no alcanza
a mente á descubrir, tan peregrina
beldad, pone su gloria Y su esperanza
en una bestia indómita y jañina?
Busca el cootras~e el corazón humano
con insaciable sed: Ja tierna Aurora
cede á esta locl!nac!ón que la domina.
En sus noches de !nsomnlo intenta en vano
torcer su voluntad, y gime y llora;
bien conoce que es pérfido, Y tirano,
Y codicioso Ueroán; pero le adora.
Le ado~a, Y sigue con amargo duelo,
cual hoJa seca que arrebata el río
por do la lleva su pasión bastard~.
Mas ¿cómo no, si basta en el mismo cielo
tiene el sér de la tierra más impló
un ángel que, ante Dios, le escuda Y guarda?

flas

�Domingo 16 de Julio de 1899.
Domingo 16 de Julio 1899

'"'

EL MUNDO.
38

Vlll

llora de los recuerdos, que en las trías
nocbes en que el pesar nos enageoa,
con las gratas memorias de otros días
no endulzas, sino agravas nuestras pena¡
tú cuya voz como to visible espada
n~ lle_si:a al corazón, ¿qué la decías?

¿No de~pertaste en su abatida mente
las muertas dicbas de la edad pasada
como uo1:} angustia más de la presente?

•Av si! Que alguna.vez, la infortunada,
~"0~6, sollo1.ando, en la inHnita_
a~solación del alma que la aqueJa,
los bre,·es goces de la ansiada cita
en que geoti.1, apasionado y tierno _
Herná.o, al pié de la imponuna re;a,
rendido le juraba amor eterno.
•Cómo negar el merecido pago
su ruego ardoroso? ¿Cómo, esquivo,
vol Yer el rostro al hisinuante bala.ge,
y cómo resistirá su embeleso,
si eran en él cada mirada un vivo
rayo de luz y cadll. frase un beso'!
Todas las tardes, cuaado ea la alta. sierra
desmayaba del sol la roja lumbre,
solo y á escape ea su corcel de guerra,
al tra"és de la lólrega eRpesura
Hernán ganaba la. riscosa cumbre.
Hin que estorbaran su certero tino,
ni el bitio agreste 1 ni Ja sombra obscura,
seguro rle si propio y del caballo,
~1olaba, cuma raudo torbellino,
sal va.ndo abismos y cruzando bren.as,
entre las cbii.pas que arrancaba el callo
del ágll bruto á las cortantes penas,
pard tanzar:;e, al !in de su camino,
con el trupulso desatado y ciego
con que desborda la corriente brava,
allí donde ella, en contenido fuego,
t!wida y palpitante le esperaba.
¡Qué sceilosl ¡Qué coloquios! ¡Qué arrebatos!
¡Qué éxtasis de pasión! ¡Qué horas aquellas
tan venturosas ¡ay! como fugaces!
¡Wn qué re renovaban, insensatos, .
á la indecisa luz de las estrellas,
sus tiernas riñas y su~ dulces paces!
¡Cuántas veces la luz de la m-1.ñana,
ni aguardad4 por ellos ni sentida,
inundando de pronto la ventana,
puso fin á su lorga despedida!
¿Cómo no compatar la pobre Aurora,
en la nocbe terrible de su vida
y en el tedio mortal que la devora,
el bien sollado á su desdicha cierta?•
Y ¿cómo no llorar, si su espera.nza.,
como paloma á quien el hierro alcanza,
desde el cielo al ablsmCI cayó muerta?

1

IX
Aquel Hernán que despertó en su seno
amor ton infeliz y tan profundo,
estaba allí, como el reptil inmuudo
que se ravuelca en pestilrnte cieno,
abrum·-\d0 de crímenes, be0do,
sin luz en la razón, sin re en el alma,
y tranquilo quizás .... ¡Nol que entre el lodo
jamá.s conserva el corazón su calma.
¿Quién tiene de los réprobos la clave?
¿Engendran las blasremias en su boca
la impiedad ó el esp•nto? ¡Dios lo sabe!
¡N•d• hay estéril en el mundo! Crece
el musgo humilde en la desnuda roca,
entre hielos el liquen aparece;
arraicra el pino en la rasgada grieta
que a°bre la lluvia en el peñón tajado,
sobre las tumbas el ciprés vegeta,
y el miedo en la concieLJcla del malvado.
X
¡Cuán banda, cuá.n fatídica tristeza

inspira aquel salór:! Encenegado
el licencioso Hernán en su torpeza,
y ella entregada á vanos desvaríos,
Juntos están en soledad medrosa,
como dos muertos que en la misma rosa
yacen mudos, inmóviles y fríos.

XI
De pronto, con estrépito la puerta
abri óse, y un pastor recio y m~mbrudo,
de torrn rostro y de expresión incierta,
pentitró en el salón. Rústico sayo
de pieles sin curtir, con tosco nudo
ceiildo i\ la cintura, era su traje.
Paróse en el umbral, miró al soslayo
con la. Inquietud curiosa del salvaje,
y luego, destocando su cabeza,
enmaraílada como bosque e.~peso,
avanzó Dacia Fernán. La triste Aurora.
disitnular no pudo bajo el peso,
de su terror, la femenil flaqueza,

y aturdida quedó, cual queda. el ave
al sentir la mirada abrumadora
del ra¡&gt;az ga,,iJán, en ella tija.
Heroán 1 con gesto reposado y grave,
quiso ponerse en ple¡ pero en mal bora.
Volcó su torpe esruerzo la vasija
de blanco estaiio, que el licor ardiente
encerraba, y C')n cómica sorpresa.
esparcirse le vló como un torrente
de rutilante sangre por la mesa.
-¡Cuerpo de Dios!- refunfuñó impaciente
-el diablo en mi camino se atraviesa.y descargando su toroide pui'io
sobre el t,ablón nudoso:-;Habla, por Cristal
balbuciendo exclamó:-¿Qué pasa, Nuilo!

xn
-¡Escuchadme v sabréis! Por la ca.nada
del puerto de las V!boras he visto
buen golpe descender de gente armada.dijo el zatio, clavando l~ mi rada
.
oblicua. en su señor.-Son mercaderes,
muy precavid&lt;JS van I pero no creo
que den pruebas de aliento ea un _apuro.
Marchan revueltos hombres y mu1eres,
y juzgo, si no miente mi deseo,
la lucba fácil y el botin seguro.
Diez mulas llevan de poder .v brío,
rendidas bajo el peso de los lardos
que en vuestras cuevas bacinar ansío,
y exploran ol te .. reno dos gallardos,
ágiles y rob,ustos montañeses...
-Quisiera-exclamó flernáo-que me dtJeses
cm\nLos los hambres son.-Gente no taltarespoodV&gt;le el past.or.-Mas cuando asalta
el lobo algun redil, ¿cuenta las reses? -Nuno, tienes razón: fuer&amp; cobarde
reparar en el número-repuso
el fiero Hernán con desdeñoso alarde.
Da vil codicia disipó el cooruso
vapor, que sus potencia~ envolvía,
como súbito viento de la tarde
barre las brumas, aclarando el día,
y alzóse con indómita energía,
parecido al león, que se espereza
sacudiendo su crin deF-ordenada,
cuando siente, al t1avés de la maleza!
el resoplido de la presa ansiada.

XIII
Arrasados en lágrimas lrns ojos,
trémula incierta y sin color Aurora
á. los piés de Ferná.o cayó de hinojos,
y con la voz de la mujer que implora
y acaricia á la par, voz que se~eJa,
vibrando de c1.nsiedad y de canño,
del bien amado la sentida queja
y la inocente súplica del niñ o:
-¿Qué Vas á hacer?-le preguntó-¡Insensato!
y él, mirándola. airado y cejijunto,
prorrumpió con estúpido arrebato:
-Hilad, senara, en paz que no es asunto
propio de flacas bembras el que trato.Exhaló la infeliz sordo gemido,
y de sus manos se escapó la rueca
como asustado pájaro del nido.
Volvió otra vez á interponer su ruego;
pero con rrase dominante y seca,
t.an seca como el ái.pero chasquido
del azote que al siervo despe.daza: . .
-¡Bastal-gritóle Hernáo, de rabia ciego,
ó juro á Dios que os pongo un¡i. mordaza.-

XIV
Bajo el torpe rigor de la amenaza,
ella temblando obedeció. Profundo
y lúcrubre silencio, tan sombrío
com~ el que cerca al triste moribundo,
en la estada feudal reinó un instante,
que allí también desamparado y fr!o
espiraba dd angustia un pecho amante.
-Casi es seguro-con feroz sosiego
el rústico siguió-q UI:! aprovechando
la ocasion, despoj emos á maasal va ..
Hernán mlróle con fijeza, y luego
le preguntó i-in respunderle: -¿Cuándo
pasar los vi~te?-¡Al despuntar el alba!Nufio le contestó. Como la fiera
ola del mar, que con murmullo blando
suavemente acaricia la ribera,
hasta que oi;;ada ráfaga de viento
su furia excita y su quietud altera,
Hernán alborotóse de improviso,
y yendo Dacia. el pastor, que sin aliento
le contemplaba atónito y sumiso,
cólerico exclamó:-¿Cómn, menguado,
acudes en tal hora á darme aviso?
Si rtices la verdad, ;,dónde,bas estado?-Tened pierlad de la flaqueza míadijo Nui'io turbado como un reo
delante de su juez, y las palabras
temblaban en los labios del espíe:

-He llegado hasta aquí, dando un rodeo,
por donde acaso las monteses cabras
no estamparon su huella todavía,
y la razón de mt tarda □ za es esa.-¿ Y por qué uo vea ir por el atajo?prt'guntó Heroán.-De mi valor respondoel pastor replicó bajo, muy bajo:
-Mas ¿quién se dttermina á tal empresa1
¡Pasar junto al abismo en cu~o rondo
vos! ... . ¡Im¡&gt;0siblel-Y i.e erizó la e.~pe~
tiel\'a de sus cabellos.-;.Qulén se arrimat
c..:uantos se adelantaron a,1,re,·ido~
d~cen que &amp;aleo de la horrenda sima
maldiciones, sollozos y alaridos. Nuño calló, sus e.r..pantados ojos
giraban en sus órbitas obscuras,.
como acosados tigres entre abroJOS,
cuando audaz cazador los acomete
en su propio cubll.-¡Mucho q,veoturas!
-gritóle Hernán.-De mi p·eseucia véte, 1
v pide á Satanás que los alcance.
Que ~¡ por tí se nos malogra el lance,
bi tu incuria mis brazos encadena
y vuelvo sin botln de la jo_rnada,
óyelo bien, te cuelgo, á mt llegada,
para pasto de buitres, de una almena.-

tnliUlmente auxilio, y sólo escucha
¡8 voz de la borrasca bramadora,
aunque distante de la amiga playa,
lucha. sin esperanza, pero lucba,
y mient ras tiene vida no desmaya,
tal la Inocente y desolada Aurora
pretendió resistir de aquella fiebre
nunca saciada el sanguinario intento.
--¡Ayl-con amar¡;to y penetrante acento,
gi mió, abrazada á su verdugo:-¡Esperal¿No ves, si alguna compasión te inRpira
mi amor , que me asesinan tus desvfos?y el monstruo, rechazándola con ira,
- ¡Cansada está!s!--la contestó-¡Moriosl-

XIX
Soltóse con tal impet,u y coraje,
que Aurora vino á tierra trastornada,
y más que el golpe la dolló el ultraje,
aunque bien ad vlrtl l la desgraciada
que por su rostro pálido corría
la Rang re con las lágrimas mezclada.
De pronto, el sol atravesando el velo
de la niebla sutil que le cubría,
vertió, desde el ocaso, sobre el suelo,
su luz, más bella cuanto más t.ardfa.
Un rayo melancólico y furtivo,
pasai:do por los vidrios de colores,
bailó la faz de Aurora, do su vivo
y t rágico terror estaba impreso,
como st conociendo sus dolores,
aquel rayo bajara pensativo

XV
Despavorido el rústico y absorto
ante el horrible gesto·y la mirada
de aquel malvado, del tntierno aborto,
fuése alejando, basta ganar la puerta,
con vacilante paso y faz miedosa :
y al encontrarla en su camino abierta,
i·á.pido se escurrió, como el impuro
y cobarde reptil por la mui.gosa.
y húmeda grieta de vutusto muro.

EL MUNDO.

por mandato de Dios á darle un beso.
Inmóvil y tendida sobre el duro
pavimento de piedra, cual yacente
estatua de un sepulcro, confundida,
cada vez más siniestro y más oscuro
entrevió el porvenir, y no en la frente,
dentro del corazón sintió la berida.
Abatidos sus músculos y flojos.
postrada la conciencia, entumecida
la voluntad, y en su mortal quebranto,
la. ciara Juz de sus hermosos ojJS
nublada por 1a sangre y por el llanto,
trató de incorporarse, mas no pudo,
y el amor, y la pena y el despecbo
con invisible y apretado nudo
abogaron los sollozos en su pecho.
Desesperada, loca, ea su tnfiolto
y rebelde pesar, una y tres veces
el seno hirióse y cou vibrante grito,
-¡Ay!-dljo ciega de furor:-¡Maldito
corazón, que ni olvidas ni aborrecesl-Iba á seguir; pero el rumor confuso
que levantó en el patio la mesnada.,
término y fin á su~ lamenoos puso.
Heló sus venas de la muerte el frío,
y fijando en el cielo su mirada,
-¡Tea-murmuró, quedando aletargada.compasión de ellos y de mi, Dios mío!

ya con su luz dudosa y fugitiva
doraba el sol los picos de la sierra,
y lentamente por la mustia alfombra
de los oteros y cana.das, iba
subiendo y espesándose la sombra.
-Era ese instante de suprema calma
e.n que se exting-uc de la tarde el ruido
y en sus tristezas se recoge el alma.
Cuando el grave y patético tafildo
de la campana los espacios llena,
y con lengua metálica y sonora
dice al mortal:-suspende tu faena:
Dios te ofrece el descanso hasta la aurora. Cuando !arma y color se desvanecen,
t
bajo el silencio, las tinieblas crecen,
y el campesino á quien el cielo avis•
que interrumpa su rústico trabajo,
á la luz del crepúsculo, indecisa,
guía y conduce por estrecho atajo
su man1,a yunta á. la cercana aldea,
do amtt.nte madre 6 diligente esposa,
solícita prepara y cariilosa
sano alimento en el bogar que humena.
Cuando en pos del reposo apetecido
busca el redil en el seguro prado
la dór,tl res, el labrador cansado
su pobrt casa, el pájaro su nido,
y las pérfidas sombras el mal vado.

XX
GASPAR NUNEZ DE ARCE.

Cuando la bulliciosa comitiva
atravesaba. el puente en són de guerra,

XVI
-Yo amansaré tu conrHción vlllaoaIlernán refunfuñó.-¡Mal tinte auguro!
Y abriendo de repente una ventana,
-¡Ilola!-gritó con estentóreo acento
á la chusma del patio:-Que la trompa
con su bélico sóo los aire:; rompa,
que mi rojo estandarte ondule al vleuto.
No quede mesnadero, ni ,·asa.no
que á mi tormal mandato se. resista,
ó1 ¡vive Dios! que sentirá m1 fallo,
Ya la caza en el término se avista.
¡Son miserables corzos! ¡A caballo!'
¡Todos en marcha! ¡Todos tras la pistalDijo, y oyóse el sordo clamoreo
y el alegre bullicio de las gentes
que se aprestaban al infame ojeo,
y á, poco rE-"tumbaron estridentes,
por valles y montañas, los sonidos
de la trompa marcial. Ya en su escarceo,
los potros al combate apercibidos,
relinchaban fogosos, golpeando
con sus herradus cai:cos la ancha losa,,
y Heruán, que estaba á la ventana, cuando
vió soltar del rastrlllo la cadena,
se dispuso á partir.

Pero su esposa,
sobrecogida de zozobra y pena,
abrazóse rreoética á su ~Gello
como si el miedo la aumentara. el brío,
y casi e,tinto el último destello
de su débil razón:-¿ Dónde, bien mio,
dónde vas?-prorrumpió. -¿ Por qué me dejas
sumida en esta angustia que me acaba'!y reía Ja mísera y lloraba,
y á la vez palpitaban en su boca.
ayes, suspiros, ósculos y quejas.
-¡ No te mancbes en saogrel ¡Te lo pido
por tí, por mí!-clamaba como loca,
y era triste su voz como el gem!do
de un arpa que se rompe. -¡Ay, vida mía!
no te condenes á suplicio eterno,
que á donde tú no estás, está. mi infierno,
y á la gloria sin ti renunciaría. -Escucbábala TI.ernáo como un idiota,
extraño á todo sentlmienoo, mudo
pero sombrío, y reprimiendo el llanto,
ella con frase apresurada y rota
por su amor, por su duelo y por su espanto:
--¡Necia de m!!-afladla--,_por qué dud o
tte tu cariño?-Y con tebríl empeño
más y más estrechaba el dulce nudo
con que opr!mía á su inseaslble duefio.

XVIII
Hernán, repuesto ya de la sorpresa,
y obedeciendo á. sus instintos vtles,
desabrido exclamó :- ¡Callad, señora!
que no bao de bacerme abandonar la empresa
súplicas ni lamentos mujeriles.Como animoso náufrago que implora

UNf\ Ff\REJf\ DE 5Nf\MORf\DOS.

1

Un trompo y una pelota se encontrg,ban reunidos
dentro de una caja de juguetes.
--¿Por qué no bemoF. de casarnos, dijo el trompo
coa languidez, ya que de todos modos da la casualidad que hemos de vivir juntos?
Pero la pelota era orgullosa, esta.ha forrada de riqufst mo tafilete y se tenia. por seiiorita de alto vuelo,
por lo que ni siquiera se tomó la molestia de contestarle.
Al día siguiente al muchacbo, dueno de los juguetes, se le oourrló poner al trompo que era rojo y amarillo una punta. nueva de cobre, de suerte q11e cuando
bailaba era una maravilla ver los destellos que producían sus magoíticos colores.
-Mírame, mírame, le decía á la pelota; ¿ qué te
parezco? Vaya, ¿nos casamos? Creo que hemos nacido el uno para el otro; tú saltas y yo bailo, ¿puede da.rse una pareja más feliz que nosotros?
--¿DP. veras? contestó la pelota con ironía. ¿Ignoras que mis padres futron unas soberbias zapatillas
de tafilete? ¿No sabes que tengo el cuerpo lormado
de corcho de Es pana?
-Está bien, repuso el trompo; pero ten en cuenta que yo soy de caoba y que el autor de mis dias es
el burgom':lestre en persona, quien en sus ratos de
ocio se dedica á labrar toda clase de objetos al torno,
s;. iendo yo, modestia aparte, una de sus obras maestras.
-Es cierto lo que dices? preguntó la pelota ua
tanto menos esquiva.
-Que nunt,;8, más pueda bailar, si falto á la v~rdad? exclamó el trompo.
-Veo que sabes expoaer tus méritos, pero así y
todo tu proyecto es imposible; yo estoy algo comprometida coti una golondrina. Cada vez que me elevo
al aire, asoma su cabecita fuera del nido y me dirige ·
una declaración muy tierna. Hace ya mucho tiempo
que be concebido el secreto propósltv de entregarme
á ella, y en este concepto me considero ligada por un
trrevehlable compromiso. Así pues, ya vez que no
puedo accederá tus pretensiones; estiwo mucbo tus
sentimientos, y aún te prometo que no be de olvidarlos en toda mi vlda.
--Algo es esto, sin dnda. repuso el trompo lleno
de tri~Leza; pero no basta á consolarme.

Tales fueron las últimas palabras q ... e cambiaron
el trompo y la pelota.
Al d!a siguiente, el muchacbo poseedor de los juguetes tomó la pelota y la arrojó al aire. L• pelota
volaba rauda como un pájaro, y se ·remontó tanto,
que el trompo llegó á perderla de vista; pero al poco
rato caía al suelo para ser despedida nuevamente. Al
caer daba un sorprendente bote, ya fu1::!se porque intentara saltar basta el nido de la golondrina, ó efecto sencillamente de la elasticidad y porosidad del corcbo de E•paila.
A las nueve veces de elevarse se quedó por el camino y desapareció. En vano el mucbacbo buscó y
escudriñó por todas partes; no pudo descubriI la menor huella de su pelotst y no tuvo más remedio que
darla ¡,or perdida.
-Bien sé yo por donde anda la picara, suspiraba
el trc.mpo; estará en el nido con la golondrina y ya.se
habrán casc1.do.
Y cuando más pensaba en esto, má,s pesaroso se
ponía. Es que nunca babia sentido por la pelota una
pasión tao grande, como desde que ao podía verla.
Lo que la atormentaba sobre todo, sin darlP. un instante de tregua, era la idea deque i:;e hubiese casado
con otro.
Sto embargo, el trompo cont.tnuó dando vueltas y
hacieodoron- ron, si bien que bailando ó sin bailar, tenia íljJ en su mente el recuerdo de la pelota, que en
su imaginación i:,e presentaba cada vez más bella y
seductora. E:ite estado vino á ser en él lo que ha
dado en llamarse una pasión inveterada.
El trompo babia perdido la juventud y un día le
doraron las rayas y costuras, cambiando de dueño.
Jamás babia sido tao hermoso: daba gusto verle dar
vueltas y trazar espirales, brillante como un astro.
¡Con qué alegria zumbaba! ¡Ah, si la pelota tubiese
padido verle en su nuevo estado!
En tan sabrosas reflexiones, trope~ó con una piedra y fué despedido lejos, desvaneclénrlose y eclipsandose. En vano lo buscaron por todos lados, incluso
por la bodega en la cual hubiera podido deslizarse
p1.,r un tragaluz; no supieron dar con él.
1,Sabéis dónde estaba? En el cajón -de la basura,
cubierto de polvo, mondaduras, desperdicios de col y
otras lamuajlcias repugnantes.

-¡Ay de mí! exclamaba. ¿Qué será de mi her•
maso dorado, en medio de la morralla de la escoria
que me rodea? ,Tendió la mirada á su alrededor y
vió entre unas bojas de ensalada., una bola, que
habría podido tomarse por una manzana podrida, y
era una pelota medio consumida y saturada de Lumedad, por haber pasado algunos afias colgada en un
canalón.
-Loado sea Dios, dijo al ver aquel tronco doudo: por fin encuentro á. un ser de mi misma especie con qui en será posiblP conversar un rato. Talcomo ;.ne ves, amigo trompo, yo tengo el cuerpo de corcbo de España y estoy forrada de tafilete, por cierto
que me cosieron las delicadas manos de una bella senor!ta. Esto es tan cierto que nadie podrá ponerlo
en duda, por poco que se tome fa, molestia de examinarme. Has de saber además que estaba en vísperas
de casarme coa una golondrina, cuando por una rataHdad de la suerte, me arroja.roo á. un canalón, en donde be permanecido colgada durante cinco anos. ¡Mira, ay de mí, cómo me ha puesto la lluvia! ¡Mira qué
hincbada y fea me be vuelto! ¡Figúrate qué suplicio
tan cruel no había de pasar durante ese tiempo y en
tales condiciones una senorita bija de buena familia
como yo! ....
El trompo no respondió una palabra; estaba meditabundo, pensando en su antiguo amor y adivinando
muy bien que aquella pelota era el objeto que babia
Inflamado un tiempo sus deseos juveniles.
En esto se presentó la criada para irá vaciar el cajón de la basura.
·
•-¡Toma! dijo, aquí está el trompo de los oii1os.
Y corrió á traérselo, recobrando el sufrido juguete
su antigua gloria. En cuanto á la pelota rué arrojada á l• calle.
Inútll es decir que el trompo ya no volvió á bablar
nunca má.r; de su antigua pasión. Su repugnancia rué
tan grande, que cuando vió á la pelota inyectada de
agu¿ y lodo, pestllente, destripada y llena de arrugas, aparentó no haberla visto en Eiu vida.
ÜR1S1'1AN ANDERSEN.

�Domingo 16 de Julio de 18911

EL MUNDO.

40

Año VI-Tomo II

México, Domingc- 23 de Julio de 1899.

Número 4

.,..,

MEXICANAS.
G-UA.DA.LUPE
[Para el Doctor Manuel Floree, quien me pidió unos versos nacionales\

Con su escolta de rancheros,
diez fornidos gu_errilleros, y en su cuaco retos611
que la rienda mal aplaca,
Guadalupe la cfiinaca va á buscar á Pantaleón.

su rebozo de bolita
y una saya nuevecita y unos bajos de charol;
Con su faz encantadora más hermosa que la aurora
que colora la extensión,
con sus labios de carmines
que parecen colO?ines y su cutis de piñón;

Pantaleón es su marido,
el gaiíán más atrevido con las bestias y en la lid:
faz trigueña, ojos de moro
y unos músculos de toro y unos íirpetus de Cid.

Se dirije al campamento donde reina el movimiento
y hay mit-Ote y hay licor;
porque ayer fué bueno el día,
pues cayó en la serranía un convoy del invasor.

Cuando mozo fué vaquero
y en el monte y el potrero la fatiga le templó
para todos los reveses,
y odia mucho á los francese;; y cien veces lo probó.

Qué maliana tan hermosa! cuánto verde, cuánto rosa
y qué lind!t, en la extensión
rosa y verde, se destaca

Con su silla plateada,
su chaqneta alhamarada, su vistoso cachirul
y su lanza de cañutos,
cabalgando vencos brutos, ¡qué gentil se ve el gandul!

con su escolta, la chinaca que va á verá Pantaleón!
AMADO JifERYO.

1899.

Guadalupe está orgullosa
. .
de su prieto, ser su esposa le parece una 1lus1on,
y al mirar q;:e en la pelea .
.
Pantaleón nu se pandea, grita: ¡viva Pantaleón!
Ella cura á los heridos
con remedios aprendidos en el rancho en que nació,
y los venda en los combates
.
con los rojos paliaeates que la pólvora impregnó.

***
En aquella madrugada todo halaga su mirada,
finge pórfido el nopal
y los órganos parecen candelabros que se mecen
con la brisa matinal.
En los planes y en las pellas, el ganado entre las breñas
rumia y trisca mugidor
azotándose los flancos, y en los h1ímedos barrancos
busca tunas el pastor.
A lo lejos, en lo alto, bajo un cielo de cobalto
que desgarra su capuz,
.
van tiñéndose las brumas, como un piélago de plumas
irisadas por la luz.

Y en las fértiles llanadas, entre milpas retostadas
de calor, pringan el plan
Amapolas, maravillas, zempoalxochitls amarillas
y azucenas de San Juan.

***
Guadalupe va de prisa, de retorno de la misa,
que en las fiestas de guardar
nunca faltan las rancheras
con sus flores y sus ceras á la iglesia del lugar.
Con su gorra galoneada, su camisa pespunteada
su gran paúo para el sol,
'

LOS FUNERALES DEL BENEMERITO C. BENITO JUAREZ,
la mailana del dfa 23 de Julio de 1872,
(DE UNA FOTOGRAFIA DE LA EPOCA)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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EL

MUNDO.

nomlngc 2 de Julio 1899

HOJAS.

BALADA EN PRCSA DE HENRY IURGER.

A lllI MADRE.

Sopló el viento ... y cayeron en _el río!
Miradlas! van en pos de otras orillas;
Esas bojas oscurl\S son barquillas
Cargadas de rocío.
Los pétalos nevados de las rosas
Fueron alas de blancas mariposas;
Y en las noches de luna, todavía
Por el espacio slecten nostalgía,
Y se esparcen Yolando misteriosas

El primer pecado de llargarita.

Las que escalan el muro carcomido;
Las bojas de ciprés y cinerarias
Son bojas funerarias;
Las ho;as del saúz son el olvido

I

Empuja el Boreas con extrai'io ruid?
Las hojas que se arrastran y se aleJan:
Esas bojas dolientes, van llorando . . ..
Esas hojas se quejan.

Pasa, leda, la brisa

Las tersas y lustrosas
Que despiden reflejos
En las noches amantes y estrel)adas,
Son brullidos espejos
Donde se miran con amor las badas.

Entre los negros tules,
O en las bojas de viejos abedules
Ya jugando indecisa:
Esas hojas alegres tienen risa.

De las bojas nevadas
Hacen albums los genios de las flores;
Escriben sus amores,
Sus dulces esperanzas y sus cultas,
En bojas de gardenias
Y en hojas de platead'.ls margaritas.

Simbolizan los pétalos azules
L':l ilusión-astro que jamás se alcanzaLos rosados, se antojan los ensueiios,
Y los verdes, semejan la esperanza.

Sobre la turbia linfa del pantano,
Grandes bojas se mecen, medio abogadas
Suspiran por la vega, por el llano ....
¡Pobres hojas! ¡bohemias desterradas!
En la verde pradera
Hay mil hojas que duermen blando suelio,
Llenas de opio, cargadas de beleiio:
Las hojas de la suave adormidera.
Cada. hoja lleva en su &lt;0 1 or, bU historia:
Las hojas de laurel encierran gloria;
Hojas abandonadas siempre han sido

..,

tvlexico, Domingc- 9 de Julio de 1899.

II

Una tarde de estfo :Margarita estaba sentada á la.
puerta de su casa hilando el lino doméstico.
Era la hora en que se encienden los astros en el
cielo y sirven de seiial á los amantes, que corren á la.
cita con pierca11 ágiles de veinte arrus y llegan antes de la hora; porque el ~razón adelanta siempre el
reloj.
'
Margarita cantaba su canción haciéndo girar la.
rueca.
Cuando pasó ante ella una de sus vecinas que se
dirigía á la p·róxlma tiesta. Llevaba traje nuevo, y
corría, llamada: por los tamboriles cuyo sonido traía.
el viento.
Pero se detuvo delante de Margarita, para que
viese su nuevo vestido, y su colldr y sus pendientes.
Y le dió la mano para que pudiese ver un anillo
que brillaba en su dedo.
Despu~s se alejó ríendo.
Y Margarita la siguió con la mirada, lo que inquietó á-su ángel bueno.
Y el lino se deslizaba menos rápidamente entre los
dedos de Margarita y la rueca no dejaba escapar su
ruido monótono y el huso cayó de sus manos.

Esas hojas qu:i viven dulcemente
A orillas de la fuente,
Llenas de vida, jugueteando ansios48,
Mirando eternamente
Cuál pasa la corriente
Cantando mil canciones rumorob88 . . ..
· .,,. Esas bojas tan frescas, son dichosas!

Y esas pobres hojillas
Tostadas y amarillas
Que van rodando por sabanas yermas,
Son ¡ay! esas bojillas
Las tristes... las enfetmas... 1
.

Año VI-Tomo ll

Margarita era su nombre y en el Paraíso se la esperaba, porque Dios había dicho: Es uua excelente alma, y como allá abajo, fácil sería que la hiriera-una.
debgracia, la habré de llamar uno de estos días según
lo he pensado.
Era en verdad una moza humilde y dulce y se la.
llamaba comunmente el angel del lugar.
:Matinal como el alba y fresca como ella, todos los
días al despertar, rezaba la oración que su madre le
bahía ensei'iado y en seguida se vestía en su alcoba,
entregándose á las ocupaciones de la vida doméstica.
Pero al fin la necesidad obligóla y 1&gt;ara vivir honestamente, eótró á un obrador.
Y cigarra y abeja, trabajaba al por que cantaba.
Era una vieja canción de glc,ria y de amor que se
bahía mecido sobre muchas cunas y cuyos versos podían acariciar un alma inocente sin turbar su limpidez. _

MARIA. ENRIQUETA.

III

:EL VINO DE LOS AMANTES.
(BAUDELAIRE.)

El espacio está espléndido y sereno!
Sin espuelas, sin látigo, sin treno,
Partamos á caballo sobre el vino
Para un cielo de luz, puro y di vino.
Cual dos ángeles blancos que tortura
Una ardiente, Implacable calentura,
l!Jnt,re el cristal azul de la 1na1Iana
Raudos sigamos la visión lejana!

Y como el ruido que había p:oducido al caer hizo
salir á la jo~en de su ensimismamiento, al levantarlos ojos vió á un joven con el fieltro en la mano. Eo
el chambergo flotaba una pluma temblante como una.
llama. El jo ,en era un caballero magníficamente vestido que le dirigió un respetuoso saludo y con voz.
dulce y galante le preguntó:
¡, El camino de la ciudad?
Margarita se lo enseñó y extendió la mano para
mejoJ" indicarle el rumbo que bahía de seguir.
El extranjero entonces se inclinó y en recompensa
del servicio que acababa de hacerle, quitó de su dedoun anillo de oro en el que estaba t:n~astado un diamante que resplandecía como una estrella y lo colocó en el dedo de Margarita, la cual encontró el diamante más bello que el de su compal'iera.
Y el semblante del Cllballero se iluminó por una.
sonrisa extrai'ia.

MIGNONE
Bohemia ¿qué vendes en tus correrías,
Bajo el rojo fuego de los medios días?
¿Son los dos carbunclos de tus negros ojos,
O las coralinas de tus labios rojos?
¿Son las finas ágatas de tus dedos plenos,
O las gemas rosas de tus breves s;:nos?
¿No vendes tu cuello, brul'iida espinela,
Ni tu gracia impúber de inquieta gacela?

Mecidos sobre el ala, muellemente,
Del veloz torbellino Inteligente,
En un delirio Igual, delirio hermoso,

¿No vendes los besos, no vendes la loca
Cabellera bruna que alberga tu to:ia?

Flotando juntos, de la dicha dueños,
Ilulremos, alma mía, sin reposo
Al azul Paraíso de mis suei'iosl

¿Qué vendes, bohemia, eo tus correrías,
Bajo el rojo cálido de los medios días?

CARLOS ÜRTIZ.

IY
Pero sucedió entonces que un mendigo vestido de
andrajos se detuvo tamblen delante de :Margarita ycon voz lastimera exclamó:
-Una caridad, hermosa sef!orita.
:Margarita quitó el anillo de su dedo y lo díó al
pobre.
El extranjero exhaló un grito de rabia y tendió la.
mano hacia la hermosa nlila.
Pero el pobre--que no era otro que el ángel guardián de Margarita metamor!oseado,-la cubrió con
sus alas.
Y Satanás que iba á tentarla retrocedió ante el espíritu celeste.
Y esa misma tarde, el ángel guardian fué á contar Jo sucedido al buen Dios.
--Se!Ior, bueno sería llamarla.
Y Dios respondió:
- En efecto lo pensaré.
Pero al día siguiente no lo pensó más.

MIGUEL ESCALAD.A.

V

.

f

' ~1·:,·

... . , ................

Y un afio después, :Margarita, al salir dP la iglesia.
encontró un Joven que le ofreció agua bendita.
Y t enía un corazfo de niño y un espíritu secular.
Y se llamaba Fausto.

[Veue la P'g{na 1;.J

LA. LECCION DE MANDOLINA.
POR VILLASANA.

:

1

•

Número

2

�16

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

LA SEMANA

'i.

SobrP mi mesa de trabajo un libro de versos está
abierto, desflorado, con algunas bojas dobladas en
las puntas y algunas pá6 inas con señales en el margen.
Lo he leído con avidez. Acaba de llegar, no hace
aún dos h oras que el cartero lo puso en mis manos, y
ya lo conozco, y ya me sé de memoria la mitad de un
romance, y ya, aunque precipitadamente, me dí_ cuenta de su valor. Para mí vale mucbo, vale una ¡uventud, mi juventud, mis buenos años de versista mcorreuible y de soñador impenitente y terco.
..'.:'...Gracias, amigo cartero; tú que sueles traerme
cartas tristes, tarjetas de luto, papeles lLmos de perfidia anónimos insultantes, me dejas ahora, corr.o una
inesperada recompensa, este libro de forro azul pálido como cielo de mafiana sin sol,-por el que va en
d~orden una bandada de pájaros aliabiertos. MucLas
gracias.
•
•De dónd¡i llegaste, delicado vol u.nen de versos, pequ~ña jaula de golondrinas azules?
Dices que de Madrid; pero es mentira. Vienes de
los tiempos felices en que unos mt1cbalJbos pensaban
que ser poeta valía la pena de vivir y se iban por
los rumbos del ideal c~n lor ojos y el corazón puest.os
eñ alto. Vienes del amor y de la esperanza, y tratc-s
muchos recuerdos, muchas alegrías, muchas aspiraciones, muchos sueños.
;,Cómo te llamas?
Con tus raros caracteres de carmín desleído, me
lo dices: Lejanías. Y no, embustero; viajas de incógnito como los príncipes calaveras. Bah! Te reconozco;
te llamas: Efímeras.
Sí eres el mismo que guardo-hace .... . ¿cuánto
tie~po? ...... ;:n siglo de desengaños y tristezas-en
el estante de los libros amado;;, de las estampas memorables, de los papeles íntimos.
.{Ioy cantas otras ca11ciones, babia!. de otras cosas,
buscas formas nuevas; tus frases tienen quizá mayor
limpieza y esplendor; tus rim~s han adquirido i:iás
elegancia, pero .... . . eres el mismo, no me enga?es,
sonríes con la misma sonrisa escéptica y co:n pasiva;
amas con la misma voluntuosidad pagana, á la siglo
diez y ocho, con un amaneramient_o de buen tono_; te
quejas con el n:.\smo sollozo contemdo, ahogado, ligero, de esos que se estrangulan en la g3:rganta por temor de que nuestra pena estalle en gritos; lloras con
las mismas lágrimas, un poco vergonzantes, de las
que no se atreven á salir de los ojos, á resbalar por
las mejillas, á caer, por miedo de provocar burlascurio::,as,
Eres el mismo, poeta mío, delicado, sutil, lleno de
:fineias, hombre moderno, cortesano exquisito, artista de salón, pulido y correcto, que no ,;ermite á su
Musa la más leve falta, y que sabe expresar sus más
grandes dolores en un idioma i,onoro y dulce que, si
deja adivinar heridas hondas, ne t raspasa _nunca los
limites de una confidencia dicha en voz ba¡a, en un
téte á téte de baile con una amiga discreta.
Las Lejanías-estrofas cinceladas, poesías jugosas
de ideas nuevas--son como las Efímeras, impresiones
rApidas, pasajeras, fugitivas; nube, viento, ola, perfume.
Y caza, como dominador de la forma, está visiblemente adelantado, pero el último libro suyo, psicológicamente hablando, es la prolongación lógica del
primero.
.
.
Su libro tiene unidad. Se percibe en ella el vigor
de un espíritu hecho de una pieza que se ha desarrollado sin perder su carácter, de la misma manera que
un {J.rbol convierte en frutos sus flores, llegada la estación, sin cambiar la forma del ramaje.
Este libro como el otro, es la confesión sincera y
franca de ud hombre que ha sufrido, que ha amado,
que sintió alegrías y penas, dudas y creencias, ilusiones y desengaños, en el torbellino de la vida, en
el que todo se confunde, se mezcla, se entrelaza, metamorfosis del espíritu que pugna por alcanzar un
ideal nuevo tras el ideal desvanecido. Ayer tristeza,
hoy goce, mañana indiferencia; antes sueños, ahora
dtsilusión, después olvido. Y las emociones se suceden y los días pasan, y se unen los recuerdos como
los eslabones de una cadena.
Sí; todo esto es efímero, todo esto es lejanía; la
primera impresión de adolescente, la angélica de los
primeros amores, la epifanía blanca, dibujada con
líneas de luz en la diafanidad del alma; la noche azul
de la cita, el ósculo f urtivo, el juramento santificado,
el adiós bebido en lágrimas sobre las pálidas mejillas
de la virgen; y luego, la pasión juvenil, la. de los besos que arden y las carnes que palpitan, la de las caricias frenéticas, la de los sueños locos encontrados
en el fondo de los vasos; esa que canta y ríe dentro
de la alcoba herméticamente cerrada para ocultarse
á los ojos curiosos y á la icdiscreta claridad de los astros, y, en seguida, el hastío, y m2.s tarde la tristeza,
la bl:isfemia de la desesperación, el desencanto, y el
nuevo amor, la pureza red! vi va, el deseo despierto, la

EL MUNDO.
fé resucitada, la vuelta de Beatriz ó el regreso de
Venus.
De todo ello quedan memorias, huellas de las catást rofes, ruinas de los palacios, ninos de las av~s., .
He aquí por qué el poeta llama Efíme,·as y ÚJama~
á sus estrofas. Las imp1esiones volaron; los recuer·
dos se han ido ó están remotos; pasó la tar.:le brumosa· se fué la melancolía, se partió el amor, se desvane~ió la esperanza, huyó; furtivamente h dicha.
Pasa la niña blonda con su pui'iaclo de rosas en el balda; cruza la querida in tiel y tentadora, blanca como
un lirio y altiva como una reina; allá va la enamnrada, la sensible, la que se arrodillaba llorando para
pedir un poto de cariño; allá van Jo,; desdeñosos y los
ingratos; allá van los ataudes de las ilusiones muertas.
Quedan los versos; se fueron las pasiones. Aquí están las lámparas, aún contienen aceite perfumd.tiO,
pero ya i:e apagó la llama. .
!caza aprisionó sus impres10nes. Ató las alas á sus
recuerdos y escrihió.
Los cantos de Lejanías son lápidas negras y blancas que señalan el camino de una existencia; bay en
ellas fu~rtes emociones del mundo re;i.l y gr~ndes
alientos de alma conmovida. Aquí todo lo produJeron
las cosas vistas y las pasiones sentidas. Bajo la ~pariencia de licción y de aristocrática falsedad _se siente el latido de u11 corazón sincero. Las emociones de
lcl'lza están admirablemente depuradas por el arte.
He abierto be desflorado, he marcado este libro, Y
cada página 'me ha h ecbo una C01Jfiden~ia. Me he
vuelto á encontrar frente á frente con m1 pasado, Y
con mi juventud.
¡Oh poeta del esceptisismo sano y galante, poeta
que estrechas la mano del dolor, con la tuya engu_antada y fina, poeta de la vida moderna, que conviertes en sonrisas, irónicas y punzantf&gt;:S, tus gestos de
angustia, y que jamás dejas salir el llanto de la cárcel de los ojos; yo admiro tus estrofas, pero las a~o
más que las admiro; cantan en voz ba¡a, besan sin
ruido, lloran sin aspavientos . . . . .
,
y sin e mbargo, fueron compañeras de las mias, de
las que aullaron mis penas, anduvieron por esos
mundos, gritando mis regocijos, hicieron con los besos himnos ruidosos, y á todo el que encontraron al
paso, le dijeron: estamos t ristes; ven, llora con nosotras .... .

***
Estaba Emilio Zola in:ilinado sobre su mesa de trabajo; forjaba con un tezóo inaudit~ la _última parte
de su magna trilogía - resumen y smtes_1s_de l~s problemas sociales moderaos-cuando percibió ruido de
espadas y rumor de multitudes que entrab~n por los
balcones de su gabinete. Alzó la cabeza, pusose á escuchar atentamente, se levantó atraíóo por una curiosidad de artista á contemplar el espectáculo, y tras
observar estudi¡¡r y meditar en el acontecimiento
qne lo distrajo, experimentó la sacudida de la indignación, y ante la muchedumbre at.Snita, fulmi~ó el
relámpago de su ira contra un grupo de escogidos,
éuyos uniformes y entorlJbados de~lumbran é hipnotizan á las masas.
El pensador tuvo un arranq~e de a_Póstol. Y?ºº el
ímpetu mismo con que defendió sus ideas estéticas _Y
con que dió cuna á sus Rougon Macquart, emprendió
una cruzada formidable en favor de lo que en el Arte
constituyó siempre su anhelo: la Veidad.
Fustigados por él, dentro de los lí~ites ~e la Poesía, la mentira bipócrit,éi, y el convencionalismo solapado, salían del teatro y de la novela, dejaban á los
comediantes y á los escritores, se desprendían de las
másca.ras y de las plumas, y penetraban !urt~vamente en la realidad, envenenaban la conc;encia de un
pueblo, se enredaban á la_ vida misma _de Zola, en_salzaban y vitoreaban á los mícu'.ls y traidores, ca~tigaban v martirizaban á los inocentes y á los débiles, y
á soplos desesperados hacían oscilar la llama de· la
antorcha, á cuya luz busca su felicidad el género humano: la Justicia.
Entonces, Emilio Zola, enardecido contra sus eternos enemigos, dió su gritó de alarma.

***

Para el eminente novelador el caso Dreyfus fué un
estudio del documento humano. Su pensamiento, habituado á los hondos y stttiles anAlisis, halló las causas generadoras de este suceso en no sé q_ué negra
traición colectiva, que despertó en el escritor una
profunda compasión por la víctima y un odio infinito
por los delincuentes.
La muchedumbre estaba con ellos, porque las muchedumbres son fácilmente . sugestionables, y se enloquecen con iapidez cuando sobre ellas se arrojan
esas palabras esplen1orosas: Patria, Gloria, Libertad,
dentro de las cuales suelen esconderse, como dentro
de una bomba explosiva, tiintos elementos de ruina y
destrucción.
Zolá vió todo eso. 1.Se equivocó? En Versalles, un
grupo de hombres di jo que sí. ¡Qué perfidia! Y_ fué
condenado este Quijote de la Verdad que blandió su
espada herrumbrosa, rompió su lanza hecba con una
rama de laurel y abolló su loriga de cartón por perseguir á fingidos ejércitos y vengar imaginarias ofensa¡¡,

Domingo 9 de Julio de 1899
Los molinos de viento seguían rasgando el aire con
sus aspas enc,rmes; no, no eran los brazos de ese
Briareo que Zolá creyó ver estrangulando el más noble de los ideales bumauos.
Así decía París. cuando, como dice Daudet en su
Nabab, cometió una de las más grandes injusticias
desde que es París.

***

Hoy Zolá, vencedor noble, vuel ve á su bogar silenciosamente después de haber llevado á cabo una obra.
8 ublime de 'caridad y misericord:a. Está satisfecho
de su victoria· no desea más recompensa que las bendiciones de u~a esposa y de unos hijos, el car~í'io de
una familia y la gratitud de un_ bo~?re en qu 1~n ~tá simbolizado el triunfo de la ¡ust1c1a y la solidandad de la especie humana
Como el bravo compañero de Claudio Lantier, después de haber sufrido y llorado mucbo, se limpia los
ojos, sacude con orgullo la cabeza, y exclama:
-Ahora, vamos á trabaJar.
¡Oh excelso espíritu!

LA MUJER FRANCESA
ADrDDÓSito dB Mad. Dreyfns.
Nada más falso que la idea que tenemos en México y en general en el extranjero, de la mujer francesa. Puede en rigor, afirmarse que no la conocemos,
ni en lo idtelectual, ni en lo moral, ni casi en lo físico.
Para nosotros una francesa es una mujer delgaducha desmedrada, nariz remangada, boca fina y burlon~, ojos vivob, expresivos, que~anzanrelámp~gos y
destP.llos, pierna delgada y nerv10sa, seno rudimentario cadera apenas dibujada, andar elegantey garboso' frente alta y retadora, elegancia exquisita, gusto s~premo en el vestir, coquetería en el atavb.
Dentro de este cuerpecito elegante, movible y sutil,suponemos una inteligencia ~hispeante, I:&gt;ero _frívola e."])rít más que talento, ingemo más que ciencia, cole~ión de ret,ruécanos picantes, de anécdotas de doble erecto verba endiablada, rapidez en el ataque,
oportunid~d y vigor en la respuesta, ironía habitual.
Como instrucción: la crónica de la morla, la del sport
y la del mundo; el catálogo de los reyes de Francia
y la lista de los participios. Como biblioteca, todo Zola toJo Daudet, todo Goncourt; la geografía de Juli¿ Verne, la historia de Dumas padre, la psicología
d~ Stendbal 1 la moral de G. Ohnet. En punto, á sentimientos y pasiones le atribuimos fogosidad para.
amar y rapidez para olvidar; tibieza mater';la y ent~siasmo mundano; fidelidad dudosa y frágil; alegria
infantil entrecortada por crisis de lágrimas y nervios; patriotismo decorativo c_apaz de herois~o; gustos refinados y aficiones exquisitas. Tal es la imagen
encantadora y frívola, seductora y frágil, que invo.
luntariameute surge en el espíritu cuando pensamos
en la mujer francesa.
y es que, para nosotros, la francesa es la parisiense
y la parisiense de las novelas, de los dram~s y basta
de los vaudevilles. Conocemos por referencias á FrouF rou á Odette, á Clara de Beaulieu y hemos tratado
perso'nalmente á estrellas de opereta, á histéricas ~el
género grande ó á personaJid9,des de cuerpo de baile
y de cuerpo de coros. Hemos podido conocer y estimar á numerosas francesas que hacen modas y confecciones, que expenden aulce~ ó artícu~os de París
y que dan mejor y más cabal idea del tipo honrado,
laborioso, fuerte, serio y abnegado q~e es general en
Francia y que caracteriza á esa a~mua?le burguesía
caricaturada en M. Jourdan ó v1llpendiada en Mad.
Cardinal; pero que es la verdadera fuerza y la ve:dadera gloria de Francia. Esta francesa que hubiera.
pojido rectificar nuestro falso concP.pto, es en general exclusiva no se mezcla mucho con nosotros, busca relaciones' y esposo entre sus compat,riotas, y ap~nas si se deja entrever, recatada, honesta, correctísima en las soireés del Círculo F rancés y en las Kermesses del 14 de Julio. El resto de su vida lo pasa en
su houar al lado de sus hijos, trabajando y ayudando al ~a~ido, y la más escandalosa ~e las cróni~as no
halla manera de hincar en ella su diente de v1bora.
Los turistas del géner•&gt; chico, los gomosos nuestros que han dado una vuelta por ~l Boulevard de los
Italianos han cont,ribuido á consolidar el error. Como
no tratan sino con mujeresligeras,como en general no
frecuentan sino los bastidores de los teatros, como
sólo cosechan sus observaciones en los bailes públicos
y en las cervecerías á la moda y como todo el que
vuelve de allá no trae otro bagaje que un carnet de
aventuras callejeras, verdaderas ó falsas, y como que-

Domingo 9 de Julio de 1899.

EL .MUNDO.

17

daría deshonrado quien regresera sin media doce- h mártir y de la santa, y si tiene derecho á ser escépmujeres que á la negligé lo reciben, cómo lo perfuman
na de lances donjuanescos, sus supuestas observa- tica de los hombres, está obligada árendir homenaje
ciones y sus descripciones color verde manzana ó ro- á la virtud y á la grandeza de alma de la mujer fran- y cuánta confianza les inspira haciéndolo cómplice
inconsciente de las combinaciones galantes! Las banjo subido acaban por iacr,1star en nuestro espíritu lJ. cesa.
durr!as
y wandolinas son la música del porvenir, pormás falsa y equivocada idea respecto {J. la virtud, al
que vamos de mal en peor.
mforito y al valor positivo social y moral de la mujer
¿ Y ellos? ¿Qué opinan ustedes del varón moreno,
francesa.
corbata lila, chaleco ante, pantalón cuadritos,
rizado,
No; la mujer francei,a no es frívola, ni débil, ni cochoclo
cbarol
para lucir calcetín «serpentina,&gt; pluqueta, ni infiel, ni dilapidadora de fortunas; no es
meando «siempre en sueños&gt; (paso doble), con anillo
madre tibia, ni esposa indiferente, ni bija &lt;lesamorade solitarin brillador adquirido en el Portal de Merda; por el contrario. Para conocerla y estimarla hay
caderes?
Termina él tré molo y exclama Edelmira poque estudiarla, no en las novelas sino en la vida; no
niendo los ojos en el zenit:
en las operetas sino ea la historia; no entre bastido-Pero con qué sentimiento ejecuta este hombre!
res sino en el hogar. Así mirada no puedP inspirar
basta se enchina el cuerpo.
sino respete. y amor, y así estudiada resalta ser supe¡ Y á mí se me traban las quijadas!
rior y con mucbo á su reputación..
¡De patearlos!
Desde luego, tratándose de la mujer del pueblo y
NUESTROS GRABADOS.
de la clase media inferior, lo primero que resalta es
TICK TAClL
la laboriosidad infatigable y lo.s instintos de orden y
economía de la mujer francesa. En este punto la literatura misma está unánime. Pululan en ella los tipos de campesinas, de obreras, de modistillai; y floEL CONSEJO DE GUERRA DE RENNES.
ristas que trabajan doce y catorce h oras por día, que
Entre b guitarra, para mí la reina de los instrusubvienen á las necesidades de la familia y hasta á
los vicios del marido, del padre ó del hermano; que mentos de cuerda, y las bandurrias y mandolinas, hay
En acatamiento á la decisión de la Suprema Corte
lucban y penan, que trabajan y bregan y suelen co- la mi&lt;;ma di ferencia que entre la obertura de Semira- Francesa,elUapitán Dreyfus fué traasportadodc,laisla
mo Desirée Deloúelle encallar ea el suicidio ya por mis y el Duo de los Patos; aquélla es del l{énero mascu- rlel Diablo á bordo del Sfax haciendo tierra en la costa
amor despreciado, ya por miseria inexorable. Casada, lino, digo, del género grande, y ésta del género del Quiberón. de donde se le llevó en tren rápido á la
la francesa reputa que su primer deber es trabajar al chico.
Las mandolinas y bandurrias como son empeñables ciudad de Reunes cuyo Consejo de Guerro que es el
igual del esposo, dividir su tiempo entre la asistendel 10° cuerpo del Ejército Francés juzgará al célebre
cia de la familia y las labores del obrador. Ea el co- se encuentran al alcance de todos los remates, y por acusado.
mercio, ocupa el mostrador ó la caja de su propia eso cuelgan en racimos junto á las barbadas, candiles,
Las medidas del gabinete han tendido á evitar detienda; en el campo, cosecha y vendimia al lado del sill.;s de montar y otros artículos manufacturados que mostraciones favorables ú hostiles, y ya hemos visto •
ma rido; en la ciudad practica un oficio ó profesión extinguen su condena en las galeras de las casas de cómo ·Jas mul titudes que esperaban la llegada de
suplementaria de la del esposo. Es ella laque lleva la préstamos.
Dreyfus, apenas tuvieron t iempo para advertir su
note y no el marido y lejos de ser ella quien despilfaSe pueden dar de cuelga sin rubor alguno, y me- paso por las calles de la ciudad ordmariamente traurra el haber común, es ó suele ser el marido quien lo diante un desembolso relativamente modesto, á no quilas, y que no obstante lo anómalo de las circunsdisipa en la taberna.
ser que el donador quiera preferir el producto extran- tancias actuales, apenas si ha presenciado insignifiAsí ocu¡iada, atareada, siempre previsora del pm- jero, y se declare proteccionista de los instrumentos cantes trastornos.
venir, ni piensa en devaneos ni se ocupa de galante- italianos, alemanes, españoles ó americanos, pues anEl Capitán Drey~us permanece en su prisión, libre
ría; ideati ficada con las uerte del esposo y de los hijos, cha es Castilla para la multiplicación del objeto que completam~nte de 1m por_tunos y aislado de todos, pues
nos
ocupa,
y
entonces
le
cuesta
caro.
es liel y abnegada, vi ve por ellos y para ellos.
apenas hab,a con los miembros de su familia y con
Como las mandolinas y bandurrias son de maderas los ab0~ados Labori y Demange encargados de su deRecójanse al acaso en la prensa cien dramas de adulterio ó de celos; no pertenecerán los protagonistas en finas, admiten monogramas, incrustaciones, pintu- fensa.
diez á e·s a clase obrera, laboriosa y honrada y menos ras al óleo y moiías; llenan todos los geneFales de uu
No obstante, ha llegado basta nosotros más de una
artículo de tocador y hasta decorativo.
aún á esa burguesía abnegada y virtuosa
frase del prisionero y por ellas lJodemos juzgar del
Puede faltar. en una casa (30 pesos adel~ntados, estado de su espíritu que no es el que podría supoEs absurdo suponer que la mujer francesa pudiera
ser frívola, derrochadora, ligera, coqueta, infiel y lo- contrato, por seis meses, fü1dor del comerc10, etc.) nerse; al coatrd.rio, Dreyfus manifiesta una entereza
ca para con su esposo, indiferente con sus hijos y que nna máquina de coser, un irrigador, un mosquitero, pasmosa y la mayor ecuanimidad para juzgar á los
la burguesía fra ncesa y Francia misma fueran como una tina pedilubios, un lugar pata que duerma la co- que fueron factores principalísimos de sus desuracias.
han sido y como son aún tan vigorosas y tan grandes. cinera, pero el instrumento ¡nunea! primero el arte No_ acusa á nadie, explica sus desgracias por ~l odio
al Judío y su condenación por el engafio en que estaCuando la mujer vive ocios!! é ignorante, cuando no que los platos soperos.
logra constituir familia, cuando, como en el Harem,
Junto al Santo Niiío que enseña sus deditos echan- ban sus jueces y la presión que sobre ellos se ejerció.
solo se ocupa de perfumes y joyas, cuando es onerosa do bendiciones bajo el capelo; contra la pared, y el P or otra parte, hace los mayores elouios del Coronel
é improductiva, las ci vizaciones decaen, los pueblos vientre hacia arriba, se morirá el «Pensamiento,&gt; Picquart, quien como es sabido, contribuyó brillantese enervan y descienden como el pueblo musulmán á «La Esperanza,&gt; «La Gemidora,&gt; «El Cefirillo,&gt; «Sus- menLe al esclarecimiento de los hechos y al triunfo
la m~s oprobiosa degradación.
piro&gt;, etc., pues es moda bautizar á la caja acústica de la justicia, poniendo su valor civil frente á las
como
á cualquier cristiano; tienen rosetas trico- preocupaciones y á las intrigas oficiales.
Las mujeres francesas de la clase media acomodada
Dreyfus vive tranquilo, y éSpera con más tranqu ió ilustrada son un modelo de virtudes. A menos que el lores cuando el padre de familia es militar retirado;
comerciante en grande, el rico industrial, el banque- otras, anchos m1,ños ccn flequeríos dorados, pompo- lidad ~ún su nuevo juicio, compartiendo su tiempo
ro afortunado no vayan á buscar mujer á los centros nes, borlas, manojos de retamas artificiales, tul com- metódicamente entre las expansiones de la familia y
brillantes de la galantería ó á los bastidores de los binado con moaré y otros fantásticos adornos que las largas y frecuentes conferencias que celebra con
teatros, y son de preferencia extranjeros y no fran- pintan el carácter de la dueña, quien se pasa gran par- sus abogados. Hace ejercicio en el jardín de la priceses quienes así proceden, resultan sus enlaces afor- te del día con la pierna cruzada plumeando la músi- sión, y aunque lo vigilan de cerca dos soldados, es de
suponerse que esta vigilancia no le cause grandes motunados, sus familias felices, sus existencias envidia- ca idónea: «Adios, Cuca&gt; (danza;) &lt;¿ Diré que sí?»
bles. Y llegados los malos días, las épocas aciagas, (guajira), «Déjame verte&gt; (scbotiscb), «Sollozo ar- lestias, habituado como está, al más completo aislamiento desde que fué deportado á la Isla del Diablo.
la bancarrota y la ruina, la enfermedad ó la deshonra, mónico&gt; (mazurca), «Nadando en leche&gt; (wals) «-En
Mucho han hecho los periodistas para ace~case al
agonía&gt;,
(nocturno.
)
la mujer francesa Se engrandece por la abnegación y
reo, logrando apenas verlo desde la casa frontera, en
el sacrificio; la esposa, aun la del criminal, lucha, suConcluido el estudio de las segundas q~c en un ra- el momento en que salía de su celda para hacer el
fre, batalla para rehabilitar al marido, para recons- to de hambre tararea la cotorra y en todo tiempo ejercicio cuotidiaao.
tituir su fortuna, para conjurar el destino.
silban los chicos "'º el patio, la artista la besa, la volLll, formación del"nuevo Consejo de Guerra es obEn estos momentos Mad. Dreyfus da al mundo tea, y si el revés es plano, sobre el revé&amp; escribe con j~to d~ comentarios y aun de escándalos como el que
y
por
la
boca
introduce
las
lapiz
el
billete
amoroso
ese noble espectáculo. Jamás ba dudado de la inod1 ó el Jefe del 10 ° cuerpo, comentando ciertos actos
cencia de su esposo, sus oídos se han cerrado á las flort:s secas que él le dió: no hay mejor escondite que del Ministerio de la Guerra de quien hay q ue especalumniosas insinuaciones que lo hacían aparecer co- una caja de bandurria.
rar la mayor energía para que se observen esta vez
mo encenegado en el v;cio, arruinado por mujeres de
Porque las mandolinas y bandurrias son un pretex- todas las le1es de la d~scipliua y las que imponen
mala vida. Si ha creído, ba tenido el Leroismo de per- to para reunir gentes que la suerte parece separar: el más e_stncto acata~iento á la corrección judicial.
donar; ha dejado Raagrar sus heridas y preocupádose tocar una ú otra, es tener entrada á las estudiantiLas vistas que publ!c:tmos son de gran interés y
tan sólo de salvar la honra de su esposo. Ha peregri- nas: institucción moderna, netamente socialista, en- completarán el conocimiento que ya tienen nuestros
nado por gabinetes de ministros, oficinas de tribuna- caminada á echar por tierra el antiguo régimen sue- le_ctor~s de los sitios y personajes que figuran en este
les, salones de diplomáticos implorando rehabilita- gril.
histó:1co proceso. En nuestros números subsiguientes
ción y justicia; ha sufrido desaires, menosprecios, aca-¡,Qué hiciera para hablarle? Ni creas que papá ampliaremos nuestra información, publicando en la
so escarnios; promovido una campaña formidable lo deje visitar la casa .... Nadie quiere presentarlo. parte gráfica, los retratos de t odos aquellos llamados
para una mujer débil y al principio sola y aban- Urge que nos tratemos.
á figurar en el nuevo juicio, y las escen!!.s culminan.
donada; ba tenido el heroísmo de ponerse frente á
-En poca agua te abogas, dile, responde la amiga tes que en él se desarrollen.
frente de una opinión no sólo ofuscada si no irritada; consejera, que ponga «Te volví á ven ó «ese soy yo,&gt;
Es singular y digno de anotarse la obstinación de
ha sabido no temblar ante el tumulto callejero, ante y hacemos que lo meta Bastedillo que es tan servi- los que fueron anti- revisionistas y siguen siendo en
el encarnizamiento popular, ante la fuerza y la ce- cial!
el nuevo estado del asunto enemigos de la justicia y
guedad gubernamentales, y al recorrer el tremendo
Ensayo dos veces por semana;sillas juntas: un solo aunque parezca mentira, de los obcecados sólo uno' el
Calvario que ha ele conducirla al Tabor, ha conserva- papel para dos ejecutantes; enseñanza objetiva de có- n:iás_ peligr?s?, Deroulede, ha dado señales de arrep~ndo intacto su recato, inconmovible su virtud, im- mo debe piearse la cuerda; afinación de un la empeña- timicnto diciendo que no habría castigo bastante duperturbables su sereniddd y su modestia.
do en dar el sí; cambio de moiías; epístolas entre los r? para los que desvirtua~on los hechos, ni reparaEjemplo noble y grande: una mujer inerme papeles de música; disgustos caseros; matrimonio ción bastante para la víctima si se declara que el acucontra un pueblo ofuscado y contra un gobierno festinado; tres hijos en menos de cuatro años; desti- sado es inocente. Ojalá que estas palabras del auitapoderoso haciendo triunfar á fuerza de amor ·y de tución de empleo; conato de suicidio; muerte súbit a; dor á ser cierto que las dijo, cambien la orienttción
deber á la Justicia. Es este el verdadero 1iipo de viuda en la miseria, niños al hospicio, calderón, he de las opiniones extraviadas y marquen el principio
la mujer francP.sa; así fueron, en más vasto escena- ahí lo que producen las barmonías. Desde que la del r~s~ablecimiento del equilibrio moral á que aludía
rio, Juana de Arco y Carlota Corday, mártires de cuerda ha entrado á la moda, los profeso~es de piano el Mm1stro Waldeck Rousseau en su discurso ante la
elevados deberes. Cualquiera que sea la suerte que se han dedicado á callistas porque no prospera su ar- Cámara de representantes.
espera á Drey fus, la figura nobilísima de su esposa se te, y sobre todo, en el bello sexo tiene mayor influendestacará ante el mundo, noble, pura y venerada. Y si cia el otro profesor.
la justicia corrobora su terrible fallo, si Dreyfus reQue se llama Don Paco, Don Lolo, Don Meruo, y
sulta definitivamente condenado, F rancia, si puede en momentos de entusiasmo, Paquito, Lolito y Meavergonzarse del traidor, tendrá -que gloriarse de mito; cé.mo lo rodean, qué bendito anda entre las

BANDURRIAS Y MANDOLINAS

�noming-o 9 de JÚlio de 1899.
Domingo 9 de Julio de 1899

EL MUNDO.

18

EL MUNDO,

1!)

EL ASUNTO DREYFUS EN RENNES.

EN LAS CA,ROLIN.AS: ALDEA DE NOLL.JKEN JAP.

tas nuevas adunisiciones alemanas
EN EL MAR DEL S~R.

LAS ISLAS CAROLlNAS.

SALA DEL CONSEJO DE GUERRA EN QUE SERA JUZGADO DREYFUS.

LA PUERTA DE LA PRIS:::ON MII ITAR,

,.

El año proximo pasado trajo
-consigo el definitivo desmembra,miento de la se!Ioria colonial española en ambos continentes y posterio,mente, aunque por modo pa·'Cffi~o, también ha sido arreado el
pabellón de Castilla en sus antiguas
pesesiones del Mar del Sur. El dis-curso de la Corona anunció á las
·Cortes el 2 de Junio último que se
había firmado un convenio con el
Emperador Alemán, por el cual Espai'ia cedía á la vieja Germanía las
.Islas Carolinas, Palau y el resto de
las l\1arianas.
El interés de Alemania sobre ta.
les islas no es nada nuevo, y aún re·cordarán nuestros lectNes la extraordinaria €.Stupefacción que cau·SÓ el hecho de que el 24 de Agosto
·de 1885 el cañonero alemán &lt;litis&gt;
tomara posesión de la isla de Yap,
pertenecientP. á las Carolinas. Por
\lllucho tiempo creyóse en una guerra inminente entre Espa!Ia y Alemania, pero la diplomacia disipó
esas bélicas nubes, c.bteniendo de
,ambas potencias que el caso se so~Etiera á un arbitraje que se depo.s1tó en manos del Papa, quien en 22
de Octubre del mismo afio falló
-en pro de la soberanía de España sobre el Archi.piélago carolino, laudo arbitral que fué aceptade por
-ambas potencias disidentes el 17 de Diciembre si~uiente.
Desde entonc~s intentó Alemania hacerse del ararchipiélago por modo pacífico y financiero, pero el
,amor propio español, entonces muy excitado, desechó
todas las proposiciones de Guillermo I. Su nieto,
&lt;Guillermo JI ha sido más afortunado, y aprorecb.ando las especiales cir~un~tancias porque actualmente
•atraviesa la orgullosa Iberia, ha logrado que le sean
cedidas las islas que mencionamos y que juntamente
con las islas Gilbert (10glesas), la isla Guam (ameri•cana) y las otras que ya antes poseía Alemania, forlD~n la parte de Oceanía conocida con el nombre de
M1cronecia.
Con las nuevas adquisiciones, Alemania posee en
-e~ Mar del Sur una extensión superficial de 253,469
-kilómetros cuadrados, habitadas por 440,000 al-

mas.

Con pocas excepciones, casi todas esas islas se formiron sobre rocas coralinas. aunque hay algunas de
·origen volcánico, tales como Yap, Ruk, Ponape y
Rusaye. Casi todas están cubiertas de exb.uberante
vegetación y ofrecen un aspecto lujurioso con sus
-enormes cocoteros, bananeros y con el clásico árbol
·del pan.
La fauna, en cambio, ,·s bastante escasa, pues no
,hay más que murciélagos, ratas, y una especie parti·&lt;mlar de perros, además de los insectos.
Los pobladores aborígenes de las Carolinas son ro-

FACHADA DEL EDIFICIO DEL CONSEJO DE GUERRA.

LA

PRISION :MILITAR EN DONDE ESTA DREYFWS.

EN LAS CAROLINAS. EDIFIOIO DE JUNTAS Y PIEDRAS-MONEDA EN LA. ISLA. D.E JAP •

bustos y de facciones agradables, su color es amarillo
obscuro. La alimentación vegetal es la dominante,
y el carácter de las gent es es du:ce y sumiso. Viven
dentro de un curioso régimen estre patriarcal y común
y reconocen categorías y jefes.
Presentamos á nuestros lectores dos vistas de las
Carolinas, que dan una idea clara de esas islas :i.ue
acaban dP. entrar bajo el dominio de Alemania.

el dibujo, la brutalidad del toque, la colección extrafla y premosít;ima de tipos que han desaparecido, hacen de Goya el pintor histórico por excelencia, el
evocador genial y magnífico de un siglo y de una
época.
Nos ha dejado en el retrato que reproducimos á la
cabeza de este artículo, con sus rasgos fisonómicos y
la extravagante indumentaria de que lo revistió, uno
de los representantes de la Corte de Carlos rv,-el
artis ~a, el mundano que frecuenta los medios más
elevados y que se jacta de cultivar amistades demaLA TRANSLACION DE LOS RESTOS DE GOYA. siado íntimas con las majas y los toreros.
Goya nació en Aragón á mediados del siglo pasado:
su ti ;¡o moral, su talento y su vida fueron prodigios
Un agente del Ministerio de Fomento de Espai'ia de la época; vivió en Espai'ia. Italia y Francia, conollegó hace poco á Burdeos con el fin de exhumar los ció y entusiasmó con sus obras á Carlos III, á Carlos
restos del gran pintor y transladarlos á la patria.
IV, á María Luisa y á los más altos personajes.
No bien apareció la noticia en los periódicos fra nceSus procedimientos artísticos no tenían por defecses, todos elJos y principalmente las Revistas Ilus- to la banalidad; usaba más de la esponja que del pintradas, dedicaron numerosos articules al grande hom- cel para pintar. Cuando los franceses entraron á Mabre que dormía en el suelo francés y cuya originali- drid, el pueblo silenci0so presenciaba el desfile del
dad artística lo ha hecho acreedor á uno de los re- vencedor. Goya estaba allí y junto á él había una panombres más gloriosos.
red escalada. Saca el pa!Iuelo de la bolsa, forma una
No obstante, desde el alio de 1828 se ignoraba en bola con él, la empapa en e:i fango del arroyo y pinta
Francia y aún en Burdeos que el cementerio de esta un fresco vigoroso en el que los franceses fusilaban á
ciudad conservase tan preciosas reliquias; mas al res- los espalioles.
tituirlas á la patria le dicen adiós conmovidos sus
El fresco fué uno de sus grandes éxitos é inventó
admiradores, es decir, todos los franceses.
procedimientos con los cuales logró efectos ma1aviLa observación profunda, el sentido que supo fijar llosos que se admiran aún en las iglesias de Setodos los rasgos del populacho español, la audacia en villa, Toledo, Zaragoza y Valencia. Los con-

�•
EL MUNDO.

20

'

'

denados, los cadáveres, los monjes son de:un realismo
sorprendente. Hay una inspiración terrible en el San
Antonio que interroga á un cadáver, en su Judas, en
sus Santas Justa y Rutina. Los retratos son siempre
originales, de una originalidad vibrante. Las aguas
fuertes son admirablES, Teófilo Gautier las definía
así: « Una noche profunda con pálidas siluetas y fantasmas extraños iluminados por un brusco rayo de
luz.&gt; Era un artista sin ley, un vagabundo de la calle, amigo del aguador y del tendero, camorrista de
encrucijadas, majo y aficionado á los toros. Su vida
fué una serie de ril'ias y aYenturas de la peor especie;
una noche se _le dejó por muerto en el barrio de Lavapiés.
·
Frecuentaba los palacios y los chirivitiles y pintaba toQO lo que tenía. á la vista, alguaciles, monjes,
contrabandistas, manolas y grandes damas de la Uorte: todo el siglo XVIII español. Fué un humorista
macabro; bay que recurer sus Caprichos y sur,Proverbios, des.file loco de tipos gesticulantes, manolas
enfurecidas, espectros, danzas macabras, escenas de
corridas de toros en las que era pintor y actor, pues
estudió de cerca las cogidas y las estocadas, las suertes de capa y los ágiles movimientos de los banderilleros.
La última palabra de su genio fué la serie de los
desastres de la guerra, ochenta estampas al agua
fuerte conocidas en el mundo entero y que fueron
inspiradas por la invasión francesa. Las escenas son
borribles: incendios, mujeres destripadas, fusilatas,
asesinatos y raptos; todo un museo del terror.
Talento áspero, violento, cruel, brutal y tortuoso
que pasa la vida inclinado ante el. sufrimiento para
AUTORETRATO DE GOYA,
eternizar los dolores y las ansiedades de los oprimidos. En el Garrote, última de la serie que se llama los
Prisioneros se ve un ajusticiado que reza á un lado
del instrumento de ejecución. El mal, la amargura altar antiguo con pilai,tras rematadas por cabezas de
de los desheredados, las contorsiones, las deformida- amores.
Más notable es aún la aventura que llevó á Goya á
des, todo lo horrible lo atrae poniendo en su obra el
morir en país extranjero. En 1814 tenía sesenta y
sello extravagante de su genio.
Hizo muchos ret,ratos de reyes y grandes seííores y ocho años y vivía en Madrid cuando se le solicitó paapenas hay en España familia un poco antigua que ra que hiciese el retrato del General Wellington. Desno tenga en su galería algún retrato de Gaya, El pués de la primera sesión el gran General quiso ver
Museo de Madrid conserva el de Carlos IV,. el de Ma- el esbozo y se quedó anonadado casi ante el revoltijo
pastoso de manchones que tenía la tela. Cogióse la
ría Luisa vestida de Coronel de Guardias y el de h
barba con las manos, miró las manchas, miró al arDuquesa de Alba con traje de maja.
La tumba de Goya en la Cartuja de Burdeos fué tista y se quedó perplejo pensando si aquello era una
poco visitada y las guías de la ciudad no mencionan burla. Tenía_á Gaya por un gran pintor y esperaba
á ese muerto ilustre. "Esa tumba es sin embargo no- efectos maravillosos desde el primer día, sin tener ¡!n
table aunque no sea más que por su aspeeto de cuenta la verba libre y desordenada del artista.

1

Domingc 9 de Julio 189 9
Aventuró una observación: ¿qué contenía aquel revoltijo?
No acababa todavía de formular su pregunta, y ya..
Goya estaba frenético; insultó al general y le dijo:
Zapatero, á tus zapatos. ¿Quién era él para. criticará.
un maestro? Gaya hubiera querido meterle á puiletazossusobservaciones; Wellington la toma con la altivez británica; Gaya gesticula, truena, maltrata al
cliente, y por último, coge una pistola, haciendo huír
al geueral. Sin esto, la bala de Goya hubiera suprimido á Waterloo.
Be le hizo comprender al pintor que, el asunto era..
delicado, y tomó el partido prudente de salir de España, estableciéndose en Burdeos. Ya era viejo y sordo, pero no abandonó el trabajo, y todavía se puede
admirar en Burdeos gran número de sus piedras litotrálicas.
Murió en esta ciudad, en la que hizo amistad muy
int:ma con un español, Martín Goicochea, quien le
dió alojamiento póstumo en su sepulcro. Cuando se
pretendió exhumar los restos del artü,ta, ya el ataúd
estaba hecho poi voy se habían confundido los huesos.
de los dos amigos.
Para saber cuáles eran los de Gaya, fué preciso entregarse á investigaciones muy minuciosas &amp;obre la..
estatura del pintor y de Goicocbea. Goya era un
hércules, un coloso, y se apartaron los huesos de mayores dimensiones, pero faltaba la cabeza. Como Gaya no murió decapitado, la falta de la cabeza no seexplica sino por alguna substracción clandestina, dela que es autor algún frenologista dema8iado entusiasta, que quiso conocer los secretos de aquel genio,
ó algún amigo que quiso conservar tan preciosa..
reliquia. Ello es que al cabo de tan largo destierro,
Goya vuelve, sin cabeza, á la patria en la que
duermen su mujer y sus hijos. Goya fué casado, y
aunque sn mujer no ha de haber vivido muy feliz con
el aventurero que desaparecía semanas enteras, tuvouna compensación, pues le dió su marido no sólo lonecesario para vivir, sino una compaflía numerosa. y
selecta, le dió 20 hijos. No fué padre ni pintor á me...
dias.
lL:-~C, t::::11
Falta ahora saber el monumento tunerario que le
erigirán en España. En Fraucia hay una fiebre de·
glorificaciones póstumab; todos los vivos algo ;nfluyentes quieren llevar á los muertos célebres al Panteón Esperemos que en Espafla sean menos imitativos y honren á su magno artista con originalida&lt;l
y gracia.

Dommg~ ll de Julio de 1s99

EL MUNDO

EL VARADERO NACIONAL EN GUAYMAS,

EL MOTOR,

VISTA EN CONJUNTO DE LA CUNA, TALLER, CASA DEL
MOTOR Y TERRAPLEN NUEVO,

EL VARADERO NACIONAL

Como se sabe, este establecimiento está dedicado á
carena de buques, y al obtenerlo nuest ro Gobierno
realizó _una econowía para
el Erario, pues antes nuestros buques tenían quepagar el precio de su carena, gasto excesivo que
ahora se economiza. .Además, los buques extranjeros que entran en carana
dejan buenas utilidades. '
Durante el tiempo que
lleva nuestro Gobierno de
estar en posesión del varadero, ha introducido o-randes mejoras en él, au"'mentando los talleres y el personal.
_Las vistas que hoy publicamos fueron remi tidas
al Sr. General Berri07ábal
~uien ha ordenado que s;
¡nserten en la Memoria de
la Secretaría de s'u cargo.

.EN GUA.Y.MAS.

Por acuerdo del sellar
Presidente de la República,
se celebró contrato entre el
Sr. General Felipe B. Berriozábal, Secretario de
Guerra y Marina, y D. Joaquín Redo, para que el
Varadero establecido en
G_uaymas pasara á ser propiedad de la Nación.
El contrato fué aprobado y firmado el 23 de Febrero del año de1898.
El Varadero fuévendido
con bu taller auxiliar sus
dependencias y todo; sus
accesorios existentes en el
Puerto de Guaymas.
La compra se hizo en
$106,000, sirviendo de base
para la entraga del v d.radero el inventario formado
por el Sr. Ingeniero Bartola Vergara.
VlST.A

¡i

21

J:?E PAJ'ARO DEL TALLER, MUELLES, CABRIA, NUEVO y TERRAP~EN.

1

l

.,

VISTA SUPERIOR DEL MUELLE DE LA CABRIA

1,

EN EL P A.RQ,UE.
ÜUADRO DE MLLE. MADELEINE ÜARPENTIEB,

VISTA DEL SITIO ~ONDE SE CON'STRUffiA EL DEPOSITO ::&gt;E CARBO:t:,.
.

�Domingo 9 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

3:1

-OUltIOSIDADES CIENTIFICAS.

exacta con las Unid.des métricas y con la división
del tiempo.
t
nomallas y llevar ácomPara subsanar todas es as a ntación del sistema mépleto Y feliz término/ª 1:t~e 1897 se reunió en Patrico decimal, ~n D}c :Cm r clonal para la decimalizarís la Convención .n rna írculo meridiano.
clón del dla Y rerorm! del c Ión se dividió el círculo
Como reaultado de ~ re¡fos ¡{¡últiplos y submúltlen 400 grados, apli~n o denominaciones adoptadas
plos del grado las m:~mdas métricas. Igualmente se
para las demás un a les construcción de un nuevo
abrió un concurso para a
modelo de reloj 6 cr~nó;:'t1{º l!~~;ª~eParís, obtuvo
La reputada cf:od~lo ·de ·contad~r del tiempo deel premio para e
b e de ToP,)ME1.'RO presentó.
cimal1 que con el n?mdj:nto grabado que rep1esenta
el ~i~~:~t:ed~rT~o~ómet;o, ~~~~~~loe~~~:::i~~
en 40 decágrados, en corre P0
•dtano Estos 40
división decimal 1el cí~cul~o~:r~inut~s, subtituidecágrados, que va en ca ª u. • d
·unto á las
rán á lab horas actuales1 equ.1 valb1en ~aena¡ctual solo
í
l
La aguJa oran
,
24 del d a so ar.
d día Los sucesores de los
dará, pues1 una vue1ta ca a
·
u ·a. actual de los
minutos, serán los decígrado•}~ªfe
decígrados
minutos dará una vuelta : 3~Pm~nutos. Por fin, el sepor cada decágra?o ó sea r el milígrado Y la instangundo será substituido po d á
milfgrados por
t 6 aguja de segundos, an ar 100
;;~a decfgrado, 100,000 por decágrado y 400,000 por

Domingo 9 de Julio de 1899.

su sonoridad¡ en cambio siendo
pierde la campana d rebajársele mucho de la talbastante grues~, pue e
asta un tono puede ba~eadura sin per¡ uddl'¡'~~~ Jmpana y solo puede suJarse la nota que

E México donde tan difícil es la poplarlzación 1e
tod nretorma' radical que, aun cuando solo .sea en a
ª
6 moleste á los. comerciantes en
apariencia, afecte
introducir el sistema decimal;
peq·1efio, se logró !:endléndolo á medias y usándolo
Y mu~~~~s !~~o~ uo 10 hayan rechazado aquellos,
del m 1 fln llegará. á arraigarse con firmeza,. cuando
pues a
ue regunten muy sériamente
yaánot ha{!l.=;:!ªba1 d¿México á Veracruz por _lecu n os :i vy,
m rar el azúcar por hlórrocarri~!~
deplorable frecuencia.
metros, 00 debe asombrarnos cuando es un hecho que
ni !!t;rancla, cuna,del ingeulosfstmo invento, se ba
llegado á implantarlo por completo.

AMOR SUPREMO.

do.na!actu~lmente está afinandc:nd~~ea~:s:ra:1ü:
ra repartirlas en los di versos fe fas curiosidades de
rrlo suizo que debe figurar en r
.
la próxima expo~icióa~ampanas se formará un conEntre estas oce
dos do dos mí be·
d' . bemol
cierto de Hiete notas: un la bemo1'
l
dos
la
bemol
octavas
del
primero,
os m
'
O
md 'a.o
ta •as del primero y un fa.
•
os ' o_c , 11
utaclón de los campanarios de
sirven para ejecutar
Es um ,ersa a rep 1
Nuestra Seflora de P~r11 "as 'l~~atas místicas de melanhermosas aunque senc1
cólico encanto.

f~~~:nsdu:a~ºco!

TORNO PARA AFINAR LAS CAlfPANAS.

En erecto, los

YJ:s~:;: t~~!~ ~Ji;\~~

franceses
0
bitantes de Europr, ~s~~i~mpo de dónde resulta, es•
ciedtíH.cos, un&amp; anomalía
decimales,
'A
pecialmentemenols
en os ~-&lt;leculos

que in!~dei~a~~~~f ;~r~f!!p0 , cuya unidades la hora~:dolece fe gra1!~t~dé~~~:~, ~~;;et1~~go~º:~
parada con as un
tódica entre la unidad Y sus
bay ni~gun~ ~~larÍl~~:~na el mes, el ailo, el lustro,
múlétip is: eel
y sus s~b-múltipl1Js; el minutü,
la d ca a Y
'
Estos últimos al menos van
el segundo y el terrro. te 60 veces respecto del indisminuyendo .re~u arm:: la progresión de los múltimediato supenor I pero
en caos· el día es 24 veces
plos el desorden ~s rayano ana ·168 veces y sólo 7
mayor que l~
s:mer~ial es 720 veces mamayor que e . a, e m ar ue el día y 4,2Smayor
yor que la un1da:~s~~ ca~ est¿s ejemplos para demosque
trar lalasemanba.
rnco eren cla de las dlvlsionea usualea del

sff!10·

drl.ªªf ~:s

tiempo. ás 1 círculo meridiano está dividido .en
Ademd
360
gra os,' del vtslón que también carece de relaCión

,.

dí';,odo esto que parece muy difícil Y complicado por
falta de costumbre, es senclllísi-mo y todos ~o
derán cuando los relojeb ahora en uso ay

°°a_~P~f~~

us:~~

rei'.~ti:~~~:i';j:~~~~e~:"f~ Marina Franceaa,
quienes por disposición de~t~~!:~~~' ~~s : : :0

•

?is
~~t:tn~~~:t;a~e!~calcul9:dores clentíHcosi P~~
ahorran mucho tiempo trabaJ0 en suq, opera.e on .
1

Y

Ya verán las lectoras cuan satlstecbas quedará.nial
e comienza un baile y se es
pr_egun¿a~
1~os
decágrados, 48 decfgra~ei,pon ,~· Las once d~ la noche comunes y corrientes,
s~I~~ .ligerísimo error de 8 6 9 segundos. No puede
ser más claro ¿ verdad lectores?

,1,~:ii:1::

CORTE VERTICAL DE UNA CAMPANA.

37

•
••
ecomeudamos á Jos aficionados á la Horlcultura
R eta , el modelo de tiesto querepresentanueatro
enmac

con:

•••
Cuando los periódicos j~cobiaos de
MéxiJo, arden en santa indignación
por las demasias de celo de algún sacrlstá.n que repica las campanas de su
iglesia inmoderadament e, les concedemos plena razón, no tanto por la polftlca sino por la estética del asunto.
En' efecto, de los campanarios de
México desaparecieron ya luengos a~os
hace, las campanassonoras y armon.10samente acordadas entre sí, para deJar
lugar á molestos y ordinarios cencerros.
En Europa, lo mismo en los países
católicos y ,monárquicos, que en los
protestantes y republicanos, aun se
conservan en los campanarios las antiguas campanas, pero la razón es plausible: cada campana es un Instrumento musical perrectameµte afinado y
sada campanario una pequeña orquesta habiendo ciudadea en las que están
ac~rdada.s las campanas de varias iglesias para formar entre todas una orquesta.
.
Es completamente imposible conseguir que una campana dé una nota
precisa y determinada de antemanü,
pues al fundirla cambia de túno, Y
mientras mayor es, la dificultad es
más grande.
En las fundiciones europeas bay eapecialistas que entonan las campanas
en el torno con rara habilidad' Y para esto tienen sus
to
reglas perlectamente científicas.
Para entonar la campana se recorta en e1 rn 0 '
como se ve en el grabado adjunto; pero el lugar donde se debe adelgazar es problemático. El corte en
sección vertical de una campana, muei,tra
pr3r~
en ue di vi den las paredes los afinadores.
on '.l
lo 1Íaman cerebro; la parte comprendida entre e~ ce_1-e•
bro y la mitad de la altura, la llaman vaso superior;/ª
línea media, la ilamacfalseadura; de la lfnea me ta
al arranque de la curva que forma el borde, garganta:
y al reborde extremo, pata.
Cuando se quiere bajar el tono de una camp~na fe
resenta al buril la parte media 6 falseadu:a e a
~m ana. Esta gime perceptiblemente ba¡and~ de
ton!mientras se le va cortando metal. El oído eJercítado del afinador e, el que conoce cuándo debe sus·d be
pender la operaci ln.
Para subir el tono, la pata ó reborde es el que e
'recortarse y la manera de conocer la nota que da es
la misma.
_
Es más fácil bajar el tono de las campanas que su
birlo porque cuando se recorta demasiado la pata,

23

birse med~o cro:~·ue damos son de la Instalación que
M L; f:u: afinador esp,,clalista. tiene en Parla,

\oo

CUADRANTE DEL TROPOMETRO.

EL MUNDO.

gr~~~-te Ja ventí1ación y drenaje de la tierra,
na reserva de agua en e] rondo para ~as conttn
serv~~ de sequedad · tiene una base para fiJar firmen0
6
p~!~!~~~r;,s p~~rtitf~t~~~ cub1:~:~
1
q~~ :n estorbar la ventilación, sirve para becbar poi•
d
ue impidan el paso á las orm 1gas,
~oº!gr\~~~: c~~icoles y demás gente facinerosa que
destruye los afanes de los floricultores.

!=~~• ;:::~~:nf:.

•

1:_

TIESTO MODELO.

Esta maceta modelo tiene otra ventaja muy lm,
por .. ante Por la forma reentrante de la protuberancia ~llfndrica que hay en el londo de ella, la tierra
no está en contacto inmediato con el su~lo, plato,
banco 6 lo que sirva de soporte á la w•ce~j 16 de
Esto es de gran interés, porque la vent ac n
las raíces es perfecta lo mismo que el escurrimlen:
del exceso de agua, pero no de toda, pues una par
queda en reserva detenida en el fondo de la maceta.
Además las lombric,s ó gu~os de tierra se Introducen e~ las macetas comunes por el fondo Y en
éstas no pueden hacerlo gracias á su !orma especial.

-

La humanidad, que á través de las edades ha suen los ojos de aquellos elegidos de la Inconstante nli"ia «nacida con el mal del cielo&gt; según la expresión
frido el encanto del misterjoso Amor, palpita á su so- Fortuna.
lo nornbre sagrado.
de su paf s. El voto de «permanecer seílorita .. que se
En los salones contiguos dasfilaban grupos diplo- sabría.
Siempre divinizó su inmutable esencia, transpaera su secreto, se leía en sus ojos que brillaban
rentada bajo el velo de ]a vida; porque las esperan- máticos, condecorados algunos con un camafeo de con los resplandores de las l'ioletas después de una
zas engailadas 6 no satlsrecbas que dejan en el cora. púrpura. Las extranjeras marcbaban atentas, con el tempestad. Como nlí'ia buena que e:a, se complacía
zón humano las fugitivas ilusioues del amor terres- abanico ea. los labios, del brazo de los cancilleres; al contrario en el aJt.,la.miento dunde se marchit,aba
tre, le hacen preseutfr siempre que nadie puede po- todas las miradas tenían el frío de la piedra. Pa- su radiosa primavera¡ cNca de un \'lejo, cuyas últiseer su real-iaeal sino en la luz creadora de donde recía de buen tono un dejo de fastidio en todas las mas melancolf;is mitigaba. Y rnlu11tarJa1oente se
frente8. En resumee, la Hesta me parecla un baile de acostumbró á vivir así, educando á su I.Jermana meemana.
Por esto muchos amantes-de los predestinados- fantasmas, y me imaginaba que de un momento á nor, consagrándose bnmilde rnente al ca-.Lillo,á los fnhan sabido aquí abajo, desoyendo sus sentidos mor- otra, el invisible manipulador de estas sombras má- geuteR, y á las religie,Sai de 8US cercan fas, desdeñosa de
tales, sacrHlcar los besos, renunciará los abrazos, y, gicas, iba á gritar fantásticamente en los bastidores, otro porvenir.
los ojos perdidos en un lejano éxtasis nt.:pclal, pro. el sacramental: desapareced.
Di.spensadora ya en aquella existencia de obras
Con la indolencia de hastío que fmpnnelaPtiqueta, benditas,
vectar, juntos, la dualidad misrua de su ser en las
hacia. además llt11usnas, trabajos y cánLicos
infsttcas flamas del cielo. A estos corazones elegidos, atravesé aquelJa pieza, y llegué á un salonr:lto casi
desierto,
cuy".&gt;s
concurrentes
veía
apenas.
El
hueco
empapados de té, la Muerte no inspira más que latidos de eHperaoza¡ en ellos una especie de Amor-fénix de un gran balcón abierto invitaba á mi deseo de soha consumido el polvo de sus alas para no renacer ledad: tuí á acodarme en él. Y allí, dejé vagar afuera
más que inmortal: no han aceptado de Ja tierra si- miz:, miradas, sobre todo aquel pedazo del Parfs nocturno, que &amp;el Arco de la Estrella á Nuestra Seno.
no el esfuerzo necesari,, para desprenderse de ella. rase
extendía á mi vista.
Si pues es cierto que semejante amor no puede ser
expreBado más que por Ja prueba, y puesto que su confesión, su análisis ó su ejemplo no podrían ser más
que auxiliares saludables, ¿no debe el que escribe
estas líneas por estar dotado de ese sentimiento su .
¡Ah! la deslumbrante noche. Por todas partes miperlor, no debe una fraternal confidencia á todos los
radas de luces fijas ó movedizas poblaban el espacio.
que llevan en el alma un destierro~
Más allá de los muelles y de los puentes surcados de
Y nG pudiendo, en verdad, apartarla de mi conciencia, he aquí, en toda su sencillez, por qué eslabo- resplandorea, los pesados to!lajea de las Tullerías, en.
nes de clrcunHtancias y fútiles azares mnndanos, tu- frente de la ventana, se estremecían brillando con
verdes claridades, al soplo del viento del Sur. En el
ve esta a ventura sublime.
Gracia.a á la perfecta cortesía del señor Duque de cielo ardían mil fuel(os en el negro azul de la extenMarmler me encontré, aquella hermosanocbe de pri- sión. A bajo tero blaban los astrales reflejos en el agua
mavera del af\o de 1868, en la fiesta dada en el pala- sombrlc:1., y el Sena SP. deslizaba bajo sus arcos con lentitudes de lagum•. Las mariposas de gas, á través
cio de Relaciones Exteriores.
El duque estaba llgado á la casa del Marqués de de las claras hojas de los arbustos parecían flores de
Moustiers, entonces diplomático. Pues bien, la ante- oro. Ea la inmensidad, crecía ó se atenuaba como un
víspera, estando á la mesa de unos de nuestros ami- rumor, la respiración de la. extraila capital, y aquel
gos, había mdnifestado deseos de admirar, una oleaje se mezclaba á aquella iluminación.
Y compases de vals y nutas de vio!Jnes volaban en
vez, la sociedad Imperial, y el Duque deMarmjer· había llevado su urbanidad basta el punto de pasar á la noche.
Al brusco recuerdo del rey en el destierro, vJniemi casa, Calle Real, y conducirme áaque!Jafiesta donron á mi memoria pensamientos de duelo, la triste-de entramos á las diez y media.
Después de las presentacionea de estilo, abandoné za de vivir, y el sentimiento de f'Star, yo también,
como desterrado en esta fiesta. Y cuando ya mi esá mi amable introductor y me orienté.
El aspecto del baile era deslumbrante: los cristales píritu se perdía en este ensueilo, un súbito y deliciode las pesadd8 aranas radiaban sobre las fr~ntes y las so efluvio de 111~ blancas que percibí muy cerca de
sonrisas oficiales¡ los tocados fastu08osdespedían perfu- mí, me hicieron volver hacia la femenina presencia
mes; palpitaba nieve-viva al borde de los corsés, espe- que sin duda ocultaban.
jeaba el satfn de las espaldas, mojado con resplandoA mi derecba, en el alféizar, apoyaba una mures de diamantes.
jer su codo enguantado en las colgaduras de terciodonde la virginidad de su ser, á través del puro InEn el salón principal, donde se bailaban cuadrillas, pelo granate plel(ado sobre la balaustrada.
casacas negras, rematadas por cabezas célebres, dejaEn verdad, su solo aspecto, la impresión que ema- cienso de sus pensamientos, ardía. como un1. lámpara
ban ver, bajo un adorno1 el brilll) de una placa de ra- naba de toda su persona. me turbaron hasta el pun- de oro arde en un santuario .
Pues bien, no habiéndonos vuelto á ver desde las
yos de oro nuevo. Senorltas vestidas de muselina, to de hacerme olvidar todas laR deslumbrantes vlsioceñidas de hermosos cinturones, esperaban sentadas, nea del derredor. ¿Dónde habla yo visto aquel ros- horas de aquellos vagos encuentros en aquel castillo
bretón, he aquí que la encontraba súbitamente en
con la etiqueta en la extremidad de los guantes, el tro? .....
momento de una contradanza. Aquí pasaban agrega¡Ob! ;.cómo podía ser que una fisonomía de encan- París, frente á mí, en aquel balcón nocturno, y que
dc.s de Embajada con el pecbo sembrado de condecora- to tan superior, que respiraba una dignidad decora- me extrafió su aparicJón en aquel sitio.
Sí, era ella, y entonces como antes la dulzura de
clones1 deslumbrantes de pedrerías; allá oficiales ge. zón tan casta, cómo era posible que aquella Beatrjz
de miradas impregnadas solamente de mística espe- los seres que van á hacer ángeles, caracterizaba s·1
ranza-la esperanza era legible en eJla-se encom,ra- pensativa belleza. Dellfa tener de veintitresá veinticuatro ano~. Una palidez extraordinaria, que inunse contundida en aquella mundana fiesta?
En lo más profundo de mi sorpresa, me pareció sú- daba el óvalo exquisito del rostro, se unía, iluminada
bitamentf' reconocerla; sí, en torno de ella, flotaban por dos radiantes ojos azules, á sus negros bandeaux
recuerdos antiguos ya, semejantes á un adiós. Y con- lustroso adornados de lilas blancos que exhalaban su
fusamente, á lo lejos, volvía á ver las noches de un perfume antes de morir.
8u ~vestido, de una distinción misteriosa1 y que por
Otono, pasadas juntas, en otro tiempo, en un viejo
castillo de Bretafia, donde la hermosa viuda de Loe- este mismo motivo le sentaba perfectamente, era de
maria reunía en ciertos aniversarios á algunos ami- seda laminada, de color negro apagado, salpicado de
gos ta.miliares.
finas semtlias de azabache que una clara gasa violeta
Poco á poco volvieron á mis labios las sílabas pali- velaba con su sinuosa banda.
Una frágil guirnalda de lilas blancas, ondulaba sodecidas por la bruma de los afias de un now bre olvidado.
bre su esbelto corpiilo, desde laclnturahasta los hombros y el aliento de su ser avivaba los delica~os per-La seilorita de Aube11eyne, me ai;e.
En el tiempo que recuerdo, Lyslane de Aubelley- fumes de este adorno. Su mano, pendlentesobre su
ne era todavía nilla: yo era apenas un taciturno ado- vestido tenía un abanico blanc0 cerrado, y deuo dellescente, y bajo las seculares calzadas de Locmaria, gado hilo de oro que bacfa de collar, colgaba una
de Yuelta de los paseos, nuestra común burafiez nos pequena cruz de p~rlas.
Y, como antes, sentía que la transparencia de su
había arreglado varias veces: encuentros casuales á
la hora en que se levantaban las estrellas. Y (lo recor. alma era lo único que me seducía en aquella mujer,
daba) la gravedad de nuestras conversaciones tan y que todo pensamhmto pasional, á su vista, me serara en aquella edad, la espiritualidad de sus asuntos ría mil veces menos atrayentes que i.a sencilla y frapreferidos, nos habían revelado á ambos mil afinida- ternal comunión de su tristeza y de su fe.
La contemplé algunos instanteR con una admirades de alma¡ tantas, que hubo rrecuent.Pmente entre
ción ingenua, como asJmbrado de su presencia. en
nosotros largos silencios, extramortales tal vez.
En aquella épuca Lacía ya dos afios que había muer- aquel medio que no era el suyo. Ella pareció comto su madre. El lJarón de Aubelleyne, pasado este prenderlo, y también reconocerme, por una sonrisa
gran duelo babia enviado su dimisión de comandan- nena de clemencia y de candor. En erecto, los seres
te de navío r~tirándose t ristemente con sus dos bi- que se sienten dlgnos de Inspirar la nobleza. de semejas
á su dominio patrimonial, y sólo en muy conta- jante sentimiento, lo aceptan con una delicadeza Innerales, con cor\Jatas de moaré rojo y cruces en aspa
das ocasiones se presentaba en 1a8 tertulias de los finita. Su augusta humildad lo acoge como un simde comendador, cumplimentaban en voz baja á las alrededores.
ple tributo, muy natural, cuyo honor pertenece 4
aristocráticas bellezas de la corte. Se leía el t1iunto
Semejante reclusión no debió afligir en nada á una Dios.

�24
Di un aso para acercarme á e1la.

ble, donde no somos más que apariencias, y del que

- · No )ia, ohidado la st-.florita de Au~lleyne, des-

m~vo!sta:e;~r=~:ae:, :-rr~ ~e:t~~mP.añe1a de aislatento con una especie de lnqu~eta tiJeza.
tró en el castillo de Locmarla?
m -Ciertamente, respondí, al escucharos, reconozco
-En efecto, 00 lo be olvidado, seilor.
_
d 1 ·na de otro tlemp'J. Pero lo que me
Entonces erais una niíla, más sofiadora que tris
te ~ás triste que alegre, cuya sonrisa .ªº 1 era más
~e un relámpauo; y sin embargo, baJO a&amp; pur~s
q
clas a: vuestras miradas de nifto, ¿osana
que bal&gt;fa yo casi arlivlnado á la mujer fu- f:a vi:,~e::, os dan derecho á todos los placeres del
.
ytura, toda llena de melancolía que se me aparece mundo!
·Oh! respondió, con una voz que me pareció ~l
abora1
-~r de una ruente solitaria escondida en una se •
-Aunque enve~eclda, me complace que no me
rum t\l es t:.l goce en el mundo que no se agota,
ncontréis cambiada.
a or sí mismo en su propia saciedad~
e T bién viendoos mezclada en esta fiesta, tengo va, ¿cu
1- :e!tirnl~oto de que estáis ausen~ede ella, Yque que uo se ::~o~r los beneficios de la vida no &lt;¡uee pre ara vos más extranjero que s1 nunca me hu- ;.acasoo:~r sus disgustos? ;.qué son esos placeres que
rer pr
izan sinv mezclados de un esencial rem~ryo
solys p.
bleF.e
vis to. Verdaderamente •·se podría decir que
s~e~:\ y ·qué TOayor felicidad que vivir su ex1s.
ara
• habéis sufr;do la vida?
:cia ~n u~a alma fuerte, pura, invulnerable, y
Y Dejó de parecer dls1 raida, me miró, como P
darse cuenta del alcance que quería dar A mis pa1a- :aberse substraído á. las influencias de. tod: mortal
concupiscencia para no renunciará su ideal.
b"'aS v me respondió:
,
d
1
. -No seño r, al menos como se podna enten ero.
- Es fácil creerbe fuerte rehuyendo la prueba del
'una. desenaanada, y si no be reclamado, si no combate.
f~e~yningó.n go~e de la. vida, comprendo q~e ot;os
-No soy más que una criatura hecha de carne y
~eden encontrarla bella. Estl\ noche, por eJemp o, de d¡bilidades que no hace otra cosa que pecar, ¿pap
dmlrable noche' y aq.:.f ¡cuán suaves ra qué que rer otras luchas que aquellas de las que
~Jsf~,na~ace un moment0, en el salón de baile,. ':í estamos seguros de salir vlctorio..i;:,os?
á dos no.vios : se tenían de la mano, páltJos de rrhc1-

puésGdc tantos ano..;, al pasajero pensat1 vo que encon-

t:~:~~{:s°

Domingo 9 de J ullo de 1899

EL MUNDO.

:~:t~\~trl:;:ri:i1•~lt~dn~::1;1:; r;~~~1~

~!tr:~

Resplandecía como un lirilo ~;~ªfe~~~~!~~
Hadas, que parechto el md~fc~
la de los elegidos,
,
persona, y con uoa voz
me respou~ió: í ? No No podrían tener derecho
-¿DUenr, d~c s . d·el cielo aquellas que pudiemás que una im;o1~~austos de' modo que no arrecie-

~f

"cow~

1

~:~ r~i~t~~\ue las hdec~~ dr: h~~:e~p~d~ l~nC:n!i

de su alma. El po~er e creedwe sólo en el esruer•
esplendor de su para so, y, a des re'oderse de los la•
za soberano que s~ hac~ pa; culJd sobrehumana de
zos rotos, se adqute~ a. ;or qué entonces "acilart
aspirará la Eterna uz:g'ue tan cerca al de haber siEl momento de no ser s1
no se afirma más que en
do, que la vida, en vergad, Cómo llamar así sacrificio
la concepción de su na a. ¿
buen emal abandodno terrteslfitcare/ep~iu:ll!o~~r:u:~r~a inmortapleo pue e san

Domln¡,o 9 de .Juiio rle l ~PP .

EL MUNDO.

Cuando la señorita de Aubelleyne desapareció del
salón, emocionado aún por aquel encuentro y aquella
conversación, quise disipar mi impresión mezclándome á la brillante fluctuación de aquella multitud.
Pero inmediatamente sentí que babia ca(do una
sombra sobre todas las luceh, y que no quedaba en
aquel momento de aquella fiesta más que salas desiertas, donde se deslizab~n como sombras, criados lí•
vidos bajo arañas extinguidas.

2a

lldr~:í la Inspirada sombra ~e _volvió b:~lato~:lóe1
del baile que se entreveía. ªº~·b:: 1:ªbalaustrada Y
purpúreo te rciopelo plegado
lldad sobre la corona.

~~! i::Josfr:re:l~~~~fº~;:6~:uñido,

realzado, que

brill~~!'g' :;;;~~uó· ciertamente son bellas y sed_?C·
, •
e iran bJjo esas arauas
1'
tora~1~!~º;~:sjg!e i!s\~as ~rentes y frescos esos laSin e~bargo, que pase el soplo de una circuns-

~~i:.

A la mafia.na de} día siguiente, salí J;'D'Ucbo antes
de Ja hora :ndlcada. La mañana s11lpicada de oro, era
fría, con ese frío primaveral que hace temblará los
rll88les rejuvenecidos; Abril reía en los aires invitan.
do á vivir aún, y, en los boulevares1 los •árboles, Jos
escaparates es poi vareados de escarcha. como de un
musgo de diamantes, cintilaban en un vapor irisado.
Con el espíritu lleno de una iudefinible esperanza,
torué el primer carruaje que ví.
T res cuar tos de hora despué1:, me encontrnba. en el
at rio de un viejo priorato Nuestra Sen.ora de los
Campos, subi por la gradería de la capilla y entré.
El órgano acompañaba con vuces tan puras que
su ii acentos no parecían ser de la. tierra. Un hemiciclo, de enrejado impenetrable, formaba las paredes
anteriorfs del s~ntuatrlo. Allí cantaban, invisibles,
las conti nuadoras de Teresa de Avila. Cantaban el
oficio de difuntos; un sacerdote reve&amp;tldo de Ja estola negra, decía la misa de muertos. En frt&gt;nte del alta r, se elevaba en medio de ~as espiralefi del incjenso,
una capilla ardiente.
Sin duda se celebraba el servicio de una religiosa
de la comunidad, porque cabria un pafio blanco la
urna colocada sobre las baldosas, y cafa basta el suelo fo rmando pUegues, donde se estrellaba é través de
los vitrales color de ópalo, la luz del sol.

Los mil resplandores de los cirios, de Ha.mas que
parecían lágrima~, iluminaban las otras Jágrimas de
oro del pafio funerario y aquellos fuegos parecían decir muy tristemente á la claridad del día: tú también te extinguirás.
En la nave, la concurrencia de Ja niejor sociedad,
oraba, recogida; el lujo y el aspecto de los vestidos,
el perfume de las pieles y el brillo de los terciopelos
azules y negros daban á estos funerales una especie
de Impresión nupcial.
Busqué con la mirada, entre la multitud á la seííorita de Aubelleyne. No viéndola, a.vaneé, preocupa•
do, por entre la doble fila de sillas hasta el pilar lateral á la Izquierda del ábside.
Acababa de sonar el ofertorio. La reja claustral se
había entreabierto; la abadesa, apoyada sobre una
cruz blanca, se mantenía de pié, en el umbral, con
una deslumbrante cruz de plata sobre el pt·cbo. L38
hermanas de la Observación ordinaria, vestidas de
blanco, rnn velos negros y descalzas, avanzaron y descubrieron la urna, cuyas cuatrü tablas aparecieron vaclas y desnudas.
Antes que me diera cuenta de lo que significaba
aquello, el toque de agonía-esa negación de la
Hora-comenzó á sonar, y el viejo oficiante, volviéndose hacia los fieles, pronunció la pregunta sagrada,
¿no bay una. víctima que se quiera unir al Dios cuyo
sacrlticlo iba á ofrecer?
A estas ".lalabras, se escuchó un extremecimiento
en la concu·rrencla. y todas las miradas se fijaron en
una penitente vestida de blanco y cubierta con un
velo. La ví dejar su lugar y avanzar en medio de un
rumor de tristeza, de lágrimas y de adioses. Sin levantar los ojos se aproximó al earejado, lo .empujó
suavemente, entró en el coro, se despojó de su velo,
se arrodilló tranquilamente en medio de los cirios
que formaban en torno dP. su augusto rostro un círculo rle estrellas, y poniendo su mano virginal sobre
el ataúd, respondió: aquí estoy yo.

Ent1Jnces comprendí. Aquella era la cita sombría
que me había dado esa virgen. Recordé, enmediu
ce un relámpago, el terrible ceremonial de la. toma
de velo en Jas CarmeUtas de la Observancia ese.re•
cha. Los símbolos de aquel ritual se: sucedían seme•
jimtes á llamamientos precipitados de la piedra nepulcral.
Y he aquí que en medio del má.s protundosile'nclo oí
súbitamente levantarse su dulce voz cantando la. fórmula de los ,·otos de su consagración.
¡Ah! no puedo definir aquí el misterioso secreto
que entonces hlzt.. desfallecerá mi alma.
Luego, habiéndola revestido una de sus nueva.i;:,
compaileras, lentamente, del sudario y del velo, y
después descalzada para siempre, recibió de la abadesa las siniestas tijeras bajo las cuales iba á caer la
cabellera de la pálida bienaventurada.
En a.quel momento, M.si-1.na de Aubelleyne se vc1lvió hacia la concurrencia. Y sus ojos, al encontruse
con los mios, se detuvieron mucho tiempo, tanqullos,
fijos, con una solemnidad tan grM·e, que mi alma
acogió la conmoción de su •mira.da como una cita
eterna. prometida por aquella alma de luz.
Cerré los párpados, reteniendo 1.,;na légrima que hu biera sido sacrllega.
Cuando recobré la conciencia de las cosas, la lgle.
sia est.aba deslerLa, declinaba el día, el cortinaje
claustral estaba pasado tras las rejas_. La vlsióu había. desaparecido.
Pero el adiós sublime de aquella sepultada, babía
consumido para siempre et org-ullo carnal de mis pensamientos. Y desde entonceq, idealizada por el recuerdo de aquella Bea.triz, siento •siempre en el fon.
do de mi&amp; pupilas su mística mirada, semejante
sin duda á la que empapada del destierro de aquí
abajo, llenó para siempre del amor nostálgicodel cielo, los ojos de Dant,e Allghieri.
CONDE VILLIBRS DE L'lSLE ADAM.

OJOS TRISTES .

dad· se casarán ¡Ah! ¡Qué goce el de ser madre! y
vi vt'r amada, a~rulla.ndo un tierno niño de sonrisa
como la luz ... •
.
Exhaló un suspiro y la ví cerrar los OJOS.
.
-¡Oh! me hace mal el perfu.ne de estas lilas, dl¡o.
y calló, emocionada.
.
A punto estaba de preguntarle qué vaga tristeza
ocultaba aquella emoción, cuando, como un informe
á. · 3 ro hecho de viento, de ecos sonoros ,Y ~e tlnieb1is el toque de media noche, elevándose sub1tamente
de 'Nuestra-Seilora, cayó pesadamente á través ~el
espacio, y, de iglesia en Iglesia., tocando las ~ieJas
torres con sus alas ciegas, se hundió en el abismo,
vibró, y desapareció después.

11

Aunque la hora ya no sonaba, Ja seflorita d_e Aubelleyne, acodada y atenta, parecía escuchar aun no
sé qué sonidos perdidos en lontananza, y que, pa~a
ella, continuaban sin du~a ague~ toque de _media
noche: porque parecía segmr con ligeros movimientos de cabeza un eco que ya no oía.
-Se diría. que vuestros pensamientos acompaf'ian
hasta lo más lejano de la sombra, esa hora que se va.
-¡Abl murmuró, mezclando los rulgc,res _de sus
ojos al res¡fland•)r de las estrellas, hoy es mi ultimo
tlía. d~ prueba, y est.a hora que huye no es para mí
más que un ruido de cadenas que se rompen, llevando lejos de aquí á mi alma libertada! no solam?~te lejos de esta fiesta, sino tuera de este mundo ,·1s1 -

-Entonces, le pregunté con cari'ñ~so asombro,
. r ué tabéis venido aquí estia noche.
"~n'! inefablesomtsa, hecha de desdén terrestre Y
de éxtasis sagrado, Iluminó la palidez de su semblante.
.
t .
-Debí sufrir en mi docilidad, la antigua cos uro
bre del Carmelo que prescribe á la humilde prometida de la. Crut}arrootar las tentaciones del mundo antes de pronunciar sus vot,os. Estoy aquí por obediencia.

En aquel momento llegaron á nosotros más distintas Jr.s harmoniosas me1odíPs del ba1le¡ se acababa de levantar una tapicería dejando. entre.ver una.
gloria de mujeres sonrientes en el baile, baJo la ~uz.
Viendo á. aquella cuyo austero pensamiento domrnaba así á aquellas visiones le respondí con voz temblorosa por la emoción:
-En verdad, señorita, me siento muy entrlstecl_do
por el rigor de vuestra renuncia. ¿Por qué esta pnsa
de sacrificio? Aunque la vida careciera de goces, no
la hacen grata los que se pueden dispensar? Es_ bello
00 temer los sufrimientos, engañar las ilus1ones,
aceptar las tareas que otros sufr~n por nosotros,
amar, palpitar, sufrir y saber: enve1ecer en fin. Eo:
tonces, nü teniendo ya ningún de~er _:¡ue cumplir, s1
vuestra alma, cansada de los sufr1m1entos bu~anos
aspira al reposo, comprendería vuestra renuncia del
mundo, que me parece ahora, lo confieso, una especie de deserción.

tanela funesta sobre estas antorchas y broscamente
las extinguirá. Todas estas irradiaclone&amp; que se desvanecen en la sombra cesarán, en un momeo~, deencantar nuestros ojos. Ahora, si_no mailana m/smor
un día cercano sin remisión, el "Viento de 1a Noche,
que ya noi:, be~a, perpetuará este desvane~imiento.
Entonces •qu6 impo1tan esas formas pasa.Jeras queno tienen ~ás de real que su ilusión? ¿Para ~,)ue vivir bajo una claridad que se ha de extinguir. Para.
mf vivir asi es lo que seria desertar. Mi primer debe; es seguir }a voz que me llama. Y no quiero en
lo de adelante bañar mis ojos más que en esta h~z in•
terior, con que el humilde Dios sacrificado se digne,
por su gracia, besar mi alma. A él e~ á quien meapresuro á. darme en toda. la Hor de m1 beHeza perecedera. y mi única tristeza es no tener más que sacrificarle.
Penetrando, á pesar mfo, por el fervor de su éxtasis, permanecí silencioso, no queriendo turba~ con
una palabra el secreto infinito de su recoglmtentoF
Poco á poco, sin embargo, su rostro recobró ~u tranquilidad; se volvió casi sonriente hacia el vieJtt almi·
rante de L. M. que se ace rcaba: le tendió la mano Y
se inclinó como para irse.
-;.Partís ya? murmuré ¿no os volveré á ver?
- No, señor, dijo dulcemente.
-¿Ni una última vez?
Pareció reflexionar un segundo y respondió.
-Ona última. vez .... Sea.
-,Cuándo?
- -,Mañana, á mediodía, si vais á la capilla del Carmelo.

La conocí por casualidad una tarde de Otcllo.
De antesala en casa de un notable jurisconsulto,
distraía mi fastidio contemplando las pinturas de au tores ramosos, objeto el que más llamó mi atención,
de los muchos y elegantes que Uena.ban la pieza.
E n el piano de una casa vecina, resonaron las me.
lancóllcas notas de la marcha t,\nebre de Gounod; mil
recuer1os sombríos invadieron mi mente y para disiparlos, escapáronse mis miradas por un balcón abier.
to. A lo lejos se dlstioguía otro, donde trataba de
ocultar la d~nudez de sus toscos hierros 1 una llnda
enredadera de vincapervinca. Preso en humilde jaula de carrizo, un gorrión cantaba alegremente, irguiencfo su cabecita para distinguir mejor por las reo.
dljas de su cautiverio, á las flores azules, que le ha.
blan de cielo y de libertad.
Dentro, adivlnábase una soberbia cabetera obscura, contrastando con la blanca muselina de un traje
de mujer. La insisteLcia de mi vista, la hizo levantar la cabeza del bastidor en que trabajaba y pude
entonces apreciar una de esas fisonomías que, sin ser
precisamente bellas, poseen una simpa tia irresistible
que las graba Indeleblemente en el alma. Despojó
aus sienes de los bucles que las cubrían; cortó una
flor azul y al llevarla con pasión hasta sus labios, sorprendí en sus ojos una mirada de tristeza.
El gorrUo cedó de cantar y yo, con pena, tuve que
pasar al salón.
Transcur rieron algunos meses y felizmente se repitió nü t urno de antesala, en casa del ilustrado legista.

Esa vez no me deti;ve á examinar los interesantes
paisajes ni el poético rostro de Elena, la pobre tísica
que pasa las horas frente á una mata donde un lirio
coa quien ha comparado su existencia, empieza ya
á. marchitarse. Precioso lienzo de la niña pálida, que
mue re, cuando la flor cae, exánime y seca, desprendida de su tallo.
Esa tarde me coloqué muy cerca del balcón abierto, para ver R.quel cuadro animado, en que figuraban
la enredadera verde, el gorrión preso y la joven de
ní veo t raje y cabellera obscura.
Todo est:1.ba como antes. Sólo ella, en vez de coser, contemplaba el cielo con mirada triste.
La hora del crepúsculo, esa hora hecba de lluslo•'
nes y recuerdos, vistió el balcón de luz y claridad.
Una exhalación cruzó el firmamento, ella la siguió
con los ojos hasta verJa desaparecer y creí escuchar
que decia: cEs su alma que viene á la cita de amor.&gt;
Durante mi entrevista con el abogado, tuve lasa•
t lstacctón de 8.:l-ludar á su esposa, y no pudiendo dominar mi cariosidad, pregunté, del modo más correcto que me tué posible, por la bella desconocida.

-Ab ! Clara! ... me dijo, es una muchacha trabajadora y bueaa que vive, resignada y &amp;ola, en espera dP.su
futuro, un oficial de Marina, que vendrá ácasarsecon
ella cuando concluya un largo viaje de exploración, á
que lo ha enviado el gobierno.
Eatonces comprendí todo y pensé mucbo en el balcón lejano. Las flores, azules, como la Inmensidad,
como el mar que él cruzaba¡ el gorrión de plumas
amari11as en eJ pecho, amarillas, como los galones
del uniforme; la vaporosa muselina del vestido, siempre del mismo color, cumpliendo acaso una súplica del
ausel"Jte y ld contemplación extátlca de una estrella,
en donde buscaría miradas de amor, miradas de muy
lejos, tomaron posesión de mi alma, y cuando dirigí
por última vez los ojos á donde Clara continuaba aún

viendo el cielo, recordando su h istoria y la luz r:ñ~Ian
cólica de sus pupilas, recité una y muchas veces, a.que
llos v~rsos de Orbina:
&lt;Oh! tu mirada de pasión quién sabe
Qué misterios oculta! ardiente y viva
Un tinte de dolor pone en tu grave
Cabeza de Minerva pensativa!
Oh! tu mirada de pasión! tu triste
Mirada de mujer que ama. y espera
Y que el Otoílo de la té resiste
Como la última Hor de Primavera .... &gt;
ESCONDIDA.

LEJANIAS.
[ C el

ú l tlm o

l l br-o

d e

Fr-a n clee o

LAS RFJAS.

A .

lcaza.J

PSIQUIS Y AMOR.

Es un poeta el viento, tiene en las rejas
La más extensa gama de las canciones;
La serle indefinida de vibraciones
Que va desde las risas basta las quejas.
Si azota la ventana del alto fuerte,
Como sangrienta mano firme se agarra,
Y cual bordón de bronce trnena la. barra
Con épicas estrofas de gloria y muerte;
Si mece las guirnaldas de enredadera
Que en la rústica reja buscan auxilio
Para escalar el muro, canta un idilio
Impregnado de arom1s de primavera.
Al rozar los dibujos de ferrería
De gótica ventana gala y afiance,
Renueva las historias de algún romance
De las gestas de antigua caballerfa;
La mata de claveles tnquiet,o sopla
Eo la reja aadaluza, la flor bermeja
Con sus labios de grana, toca la reja
Y del beso rurti vo nace la copla.
Llega de las p:-isiones basta el eacierro,
En la veatana estrecha. donde respira
Y toma luz la celda, forma una Jira
y Je p·me por cuerdas barras de hierro.
Yo conozco esas notas, sé que en las rejas
Tiene el vJento la gama de las caacioncs
y recorre la serie de vibraciones
Que va desde las risas hasta las quejas.

Arriba, el sol en lla.maradas rojas
Envuelve el bosque; mas sus vivas llatrlas
Al pasar por los claros de las hojas
Toman el tono de las verdes ramas.
Todo reposa en el paraje umbrío,
Todo respira bienhechor descanso:
La luz, el aire, hasta el revuelto rfo
Se adormece en la curva del remanse-.
Y allá en el tondo, se levanta el grupo
De Psiquis y de Amor, siempre impasible
'
Viviendo con la vida indefinible
Que un arte excelso transmittrle supo.
Y Loy y mafia.na pasarán las horas,
Y sobre el pedestal donde la yedra
E~laza sus guirnaldas trepaduras
Con las hojas de acanto de la piedra,
En un abrazo interminable unidos
Y medio ocultos por ramaje espeso, '
Psiquis y .\.mor en mármol esculo1dos
Eternamente se darán un beso. ·

•

�Domingo 9 de Julio 189~
26

EL MUNDO.

Año VI-Tomo ll

Número 3

México, Uoming&lt;' 16 de Julio de 1899.

,I

(lnédita.)

UNA FLORISTA DE GRANADA.
ÜUADRO DE ISIDORO

°hlA m~.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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• •

,,.

..

Año VI-Tomo ll

México, Doming0

2

•

Número

de Julio de 1899.

BELLAS ARTES.

t31BUOTECA UNlVERSt¡AntA
'' ALFONSO REYES
FONDO Rto.r::&gt;O COVARRUOIAS

ESPERANDO.
D ELANCE.

1

�1

EL MUNDO.

2

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.
:::;::;=======~============-----------------------·

LA SEMANA

l

Cuando ha llovido por la tarde y sobre los cielos
limpios y brillantes, como mármol recién lavado, co•
mienzan á aparecer las estrellas, es una delicia gozar, en cualquier parte-en uoa calle desierta, en un
balcón abierto ante el horizonte, en el Paseo de la
Reforma, en una plazuela de barrio,-de estas blancasnoches de primavera, perfumadas y transparentes
que adormecen el alma, columpiándose en la hat:?aca
que prendieron de los astros,-¡ayl hace tanto tiempo-uuestras ¡::rimeras ilusiones.
Yo no sé por qué en estas hermosas noc~es, más
sofiadas que vividas, me viene á la memona un encantador y sencillo y tierno cuento de Erckmann
Chatrian que posee una misteriosa evocación, como
si las pal~bras que lo componen fuesen cabalísticas y
estuvieran pronunciadas por :ilgún Merlín todopoderoso? No recordáis aquel idilio, de fuerte sabor alsaciano que se llama «Gretchen,? Sí lo recordáis, porque es de esos que una vez leídos no se olvidan ja
más.
Comienza así: «Eran 1as diez de la noche cuando los
bebedores salían de la Cervecería del Cisne. Teodoro
bizo como los otros y 1:1e alejó silencioso. Las ven1:ianas se cerraban á lo lejos y se oía á las buenas comadres gritar en la noche, cerrando sus postigos: ¡Buenas noches, Orchel! ¡Buenas noches, Giedel! ¡Dormid
bien! Después todo quedó en silencio y Teodoro permaneció en la calle s,,mbría. Las estr.,llas brillaban
sobre su cabeza; los árboles se extremecían á su lado
y él permanecía en la calle, contemplando, escuchando y soñando., .. ¡Cuántas cosas fugitivas nos revela la noche!. . . . Escuchad ese vago murmurio, ese
gato que huye, ese pájaro que gorgea débilmente,
tan débilmente que la garduña, siemp1e en acecho,
apenas lo oye.
«A Teodoro le gm,tabi;. la nocbe;,andaba un poco, se
detenía vol via prestando el uido .... Cuando miraba
hacia ei cielo, venían á su memoria las palabras de
Conrado el tejedor:-¡Conserva tu almal ¡Conserva
tu alma J Pero al mirar hacia la tierra, al respirar
los dulces perfumes de la primavera, de los festones
de heno de los árboles de espeso follaje, entonces
pensab~ en Gretchen, en la linda Gretchen, tan fresca con sus labios húmedos y rosado!,, con sus grandes
oj~s azules, tan sonrientes, tan limpios, con su carcajada tan franca. ¡Cuán bella le parecía entonces y
cómo le palpitaba el corazón .... ! Le parecía verla
correr detrás de una mesa y otra, y~verter la cerveza
en los grandes tarros relucientes, levantando el blanco brazo de marfl.1, el talle bien arqueado, las dos
trenzas de blondos cabellos, flot,ando hasta el extremo de su falda color de amapola, y con sus dientes
deslumbradores de un esmalte fino. Gretchen reía
con todo el mundo, excepto cou Teodoro! Apenas le
veía entrar se ponía seria; pero al mismo tiempo i,us
grandes ojos azules tomaban tal expresión de tern1;1·ra que el corazón del pobre muchacho se consumia
de amor. . . . Perdía la respiración y balbutía pa.labras ininteligibles. Teodoro sofiaba en estas cosas.
«Volvía también á ver al viejo Reebstock, el padre
de Gretchen, con su gran peluca gris, con su mi rada
cándida llenade fina beuevolencia... y la tabernibúmeda de bajo techo .... el reloj de ·piedra azulada.... la
lá~para suspendida iluminando los rojos semblantes
delos bebedores, campesinosdesombrerohastalosojos,
con su pequeiio cubilete de est~i'io en las anchas ma1;1os
ásperas y rajadas por el ~raba.jo y el _frío:--cLa vida
está sobre la tierra-se decía-esta vida fresca, esta
vida de amor, de sentimiento, de bienestar ...... el
vino, los bellos frutos, los perfumes .. , . y Gretchen,
to;io eso es la vida terrestre.,-Temblaba d~spués,
pensando en la joven: se la repre~entaba tan. bien,
que hubiera podidp contar cada bilo de su traJe, cada cuenta de su collar, cada inflexión de su sonris1
en los hoyuelos sonrosados. Ningún rasgo se le escapaba. Miraba á las estrellas y veía á Gretchen. Escuchaba el rumor del aire y oía lll voz de Gretchen. Sof!.11.ba en el mundo y Gretcben estaba allí, siempre allí,
respondiendo, á su pensam~ento. 10b amor! amorl
¿quién eres tu? ¿de dónde vieD'es?
«Y Teodoro andaba así, á través de la noche luminosa detrás de la aldea, costeando los breí'!ales, recorriendo las angostas avenidas, abiertas entre palizadas, escapándose hacia e~ valle recientemente segado, contemplando las casas con s~ construcciones
extrafias é irregulares, sus escaleras exteriores, sus
balaustradas mohosas, sus patios bajos, sus grandes
techos sobresalientes, todo circundado de misteriosas penumbras~ ..... .
Engarzo esta bella página, turquesa de luces claras,
en la desbrui'Hda placa de mi ~stilo porque, en estas
nocbas de Junio, mi estado de ánimo, corresponde
por algún obscuro simbolismo, á la escena del cuento
alsaciano.
Yo-y cuántos lo mismo que yo!-como el enamorado campesino, voy y vengo por la ciudad ale-

targada y dormida en la noche, sofiando en que una
vida fresca, una vida de amor. ha caído sobre la tierra.
Sólu que mi Gretchen, la que amo, no q~edó en la
taberna bromeando con todos y llenand') los picheles
de cerveza, risueña y cándida como la moza de
Erckmann y Cha.trian; mi Gretchen acompafia á mis
amigos ]es artistas y los rimadores, ríe con ellos, los
mira amorosa y lánguidamente, y charla, olvidada
de los que por fuerza nos vimos obligados á salir del
Cisne á las doce de la noche, cuando las ventanas se
cerraban á lo lejos y se ola gritar á las comadres en
el silencio de la calle som brfa.
Porque una vez fuera del Ci.~ne, sigo, como·Teodoro,
pen1:1ando en Gretchen, y como á él, á mí me parece
que está en todas partes, y que responde á mi pensamiento en todos los fulgores, en todos los aromas, en
todos los ruidos.
Todavía, aunque me lo crean, estoy perdidamente
enamorado de la Belleza, y en un seno que aletea, blanco y espumoso como un pichón en espasmo, en un faro que brilla como una banderola de luz, en el mármol de una estatua, en,el colorido de un lienzo, y sobre
todo, en las horas de misterio y quietud de estas noches maravillosas, veo á Gretchen, á la divina Gretcheo, de la que la realidad-¡oh, amante cruel!-me
obligó á separarme, y digo como el inocenr,e muchacho:
-La vica está sobre la tierra!

***

Para mí la locura de Cantoya, el romántico enamorado del aire, es una locura noble, tramada de idealidad y de grandeza. Esa original megalomanía de
subir, de volar, de contemplar el mundo á vista de
pájaro, da origen á cómicas y admirables aventuras,
dignas de un poema épico-burlesco, como el inmor1,al del Ariosto. Lleg,ar á lo alto, tocar con los nudillos en el azul del cielo, como en la puerta de lo infinito, esperar á que abra el Gran Misterio, siempre
en vela, y no consiguiéndolo, bajar con sobrrbla luzbélica, á encender la admiración de los hombres, á
narrarles el peligroso viaje por los espacios, los encuentros con las estrellas, los combates con los vientos, las luchas con las caudas de los cometas; es el
suefio, largo tiempo nutrido de esperanza, de este
aereonauta decidido que á falta de ciencia, posee la
ciega seguridad del creyente. Cantoya sube en su
globo primitivo, convencido de que los elementos son
amigos suyos, de que el aire es su fiel camarada, de.
que el horizonte es su palacio, de que son hermanas
suyas las águilas, de que las nubes construirán á su
paso arcos de triunfo.
Es verdaderamente espiritual esta, insania que desprecia la tierra y que cada vez que puede, asciende
porque le gusta abrir las .alas.á sus delirios en plena
inmensidad.
Lo cierto es, que á pesar de las burlas que provoca,
este hombre es simpático; y hasta, si nos ponemos á
pensar un poco, se nos antoja que todos tenemos, muy
escondido, algo de Cantoya, que no nos atrevemos á
sacará luz por temor á los envenenados venablos de
la ironía.
El anhelo de Cantoya es nuestro anhelo, es el eterno anhelo del género humano. Subir, huir de este
planeta, volar en busca de lo desconocido, perderse
en el laberinto de los astros ....
¡Oh lrrealisable sueño de Cantoya, eres nuestra obsesión y nuestra desesperación ! ..... .

*

* * la Dolores de Feliú y
Reaparece en nuestra escena
Codina hecha ópera espafiola. El doliente drama
sirve de libreto á una música que, aunque alta, parece que no se halla á la altura de la letra.
Sin embargo, la acción es tan intensa en la Dolores, los caracteres están tan "líen forjados, la pasión
es tan caudalosa y desbordante, que á pesar de que
en el pentagrama pierden un poco su brío los gritos
de la mujer ofendida, las amenazas del amante cruel
y perverso, y las ternuras del cándido enamorado, el
público se estremece bajo la zarpa de león de un poeta que encuadró en el marce del Arte, un conmovedor fragmento de vida impura y apasionada.
***

Un escritor característicamente americano, nos envía desde Cuba el último de sus libros: Ent1·e brumas.
Es Andrés Clemente,Vázquez uno de los narradores
que más interés despiertan con sus rel.tos, impregnados siempre de una admirable sencillez poética.
Hablan de cosas pasadas, de viejos episodios, de
lejanas memorias, con un acento de abutlo lleno de
melancolía y de dulzura. ¡Alma dichosa que el crepúsculo de la vida, ve florecer como si fuera pleno día, la imaginación juvenil y feclUld&amp;! . .... .

Domingo 2 de Julio de 1899

,-

Revistas =rpliticas .y Literarias..
No en el úl~~o escrito literario de nuestro Castelar, p.orque es~ ~¡tuda es el _breve y expresivo que
escribió para ¡¡114: m que han preparado las Señoras.
de Ja Jdnta Dlmt:! va del Asilo Galán, pero si en uno
de los últimos¡(el $producido por el l mparcial poco&amp;.
días ha, algunqs d4 nuestros lectores habrán advertido este conce! s~gular (no tengo á la mano el periódico para e r ton precisión) el Austria alemana
se está tornan ¡testante.
Esto quizás. pa zca una enormidad á muchos de
quienes conozca.o fidelidad al C':1.tolicismo de la inmensa mayorí~ de os súbditos de los Habsburgosque
abrazaron la R~(\:) a en Austria, en Hungría y, sobre todo y desde n:tucho antes de Lutero, en Bohemia
pero que, sometidos por las armas, fueron luego afor.tiori, aunque ~iínltiva~ente, conver~idos _al c~tolicismo, gracias1i.t celo ngoroso y á la mtehgenc1a de
los jesuitas. Qµlw atribuyan el mencionado concepto al brío antiolerklal que resucitó siempre en el gran
orador cada ve:i que creyó en peligro la supremacía
del Estado lai()o, actitud política que jamás mermó
en nada, por cierto, su profundo sentimiento cristiano.
Como sucede en todo escrito político, destinado á
causar determinada impresión, las ideas y los hechos
toman un resalto exajerado; un orador y un político
haráa siempre de }a historia una materia tr!l.nsformable á ríes"º de alterarla, ó un depósito de donde
pueden extrairs~ maravillosos efectos de color ó la
arcilla propia pata elaborar estatuas y bajo-relieves.
Nadie como Em;io Castelar para servirse de ese material: conocía 1 hlstoria de un modo pasmoso, pero
sólo le interesab como colorido y como drama; para
trazar con ella
dioramas que han asombrado al
mundo la convir~óliteralU1ente en una paleta ..... .
Este buen seño¡· está á punto de di vagarse, dirán
mis cinco lectore (juro que los tengo, porque los he
contado). Siemge estoy á punto de eso. Vamos al
grano. '
l.
¿ Por qué los cit,ólicos de Austria se tornan prútestantest La cabe¡a de Francisco José es (dicho sea
con respeto) la pMra angular de un edilicio heterogéneo compuesto!rincipalmente de tres materiales
disímbolos: el ro érial eslavo distribuido en dos zonas paralelas al . y S. del Valle del Danubio ocupado en toda su egión media por diez millones de
alemanes y seis ••magyares (húngaros) que componen los otros dos ateriales. Estos son quienes mandan y dominan, e os constituyen el duali,-mo; la doble
corona de emper or de Austria y rey de Hungría
que lleva sobres canas Francisco Jm,6, quiere decir: sumisión de os eslavos del N. á los alemanes,
sumisión de los d 8. á los húngaros.
•
En todas part los eslavos protestar. y por todas
partes se registjin anuncios de cambios futuros,
próximos quizás. ~n Hungría el odio al eslavo forma
parte de la. religi cívica, y preciso es recordar, que
los húngaros y lo turcos son hermanos de raza y que
entre esta raza tu nica á que se gloría de perteuecei:,
en verso, Juan Rtepin y los eslavos, el duelo étnico
se inició al •man r de la historia y se agravó hasta
el paroxismo cu do croatas y rusos, ¿sla.vos todos,
aplastaron en 48 I 49 á los l~berales alema°:es y á los
patriotas húngar9S. Pero liberales y patnotas han
alzado la frente ~1e el día siguiente de Sadowa; _la
Hune-ría asesina1 hace cincuenta años por Pask1ewitch ha resucilo triunfant,e y es duefia de sus destinos. Para los e lavos no puede baber autonomía
dentro del dualis o ¡así han pagado los Habsburgo
los servicio1:1 de ~iados de nuestro si¡;lo!
. Con todo los dmbios vienen; un fuerte grupo de
nacionalist~s hú aros á cuya cabeza figura el hijo
mismo del liber dor Kossuth, habla de una cosa
que habría hace oco parecido imposible, de la reconciliación de búng os y eslavos. Esto tras~ormaría la
faz del imperio. a Austria, al contrano, la lucha
entre alemanes eslavos se exacerba más día á día;
en Bohemia, com es sabido, toma las proporciones de
una lucha nacion 1 renace en los grupos universitarios el culto por u'an Huss, el santo. mártir de lapatria tcheque ree plazado por el culto de Juan de
Nepomuc, cuand el emperador !erna~do II y lo_s ~esuitas ahogaran a independencia nap10nél.l y relig10sa de los bohemi en el siglo XVII; y los alemanes.
acostumbrados á obernar en un país en que siempre
han estarlo en ro oría, protestan contra las tem1encias autonómica de los jóvenes tcheq~, ausentándose
de las asambleas de las universidades.
Lo mismo en ustria; allí los alemanes están en
mayoría mas L bién el elemento eslavo tiende á
á compa~ttr con ellos el poder, á. pesar d~ la vivísi•
roa resistencia e se le opone. Los conflictos de este género en el f,alismo austro-húngaro ~ornan forzosamente unca !!ter confesional, se ,uelve~ lucbas.
religiosas. El el ;ro católico, bastante mal dispuesto
para los eslaTos li Bohemia, es aliado natural de los.
eslavos del S. coatra los liberales alemanes. Basta recordar que entf esos eslavos del S. descuella como
un caudillo·y co o un apó11tol el gran obispo Stross~ayer, cuya voz, o qesta á la in.falibilidad del p.ontifi-

*

3

Domingo 2 de Julio de 1899.
ce, abogaron en las sesiones del Concilio Vaticano
los obispos zelotas de Pío IX, entre quienes uno ó algupos mexicanos se distinguieron. Hoy Strossmayer
es uno de los misioneros favoritos de Leon XIIl; le
ha dado la misión de trazar el programa de la reunión futura de los eslavos cismáticos y ()3.tólicos.
Resentidos profundamente los alemanes católicos
por la parcialidad de sus cleros en favor de sus enemigos hereditarios, hin puesto en el cielo sus quejas,
y los exaltadoR, obedeciendo á la direcc!ón de dos furiosos agitadores, Wolf y Scbenerer, La.o anunciado
su conversión al protestantismo. Los corifeos y un
grupo de personas que·no llega á un ll\,illar, han realizado su amenaza ell el N. de Bohemia, sobre todo,
donde algunas pequeñas poblaciones alemanas se han
declarado protestantes en masa. El clero austriaco
hizo al principio po.:o caso de esto; pero boy, profundamente alarmado, multiplica las deprecaciones, los
sermones vehementes, las conminaciones y las cartas
pastorales; Monsefior Gruscha, el cardenal Obispo de
Viena, ha resuelto dirigir la campaña y ha hecho un
llamamiento á la fuerza pública para que impida h
propagación del mal: al brazo secular como se decía
en los tiempos inquisitoriales.
A este extraí'!o movimiento hace alusión el escrito
de Castelar, exagerándolo un poco, porque la verdad
es que lo que se anunciaba como una conversión en
masa, ha resultado poca cosa. á la postre. No es eso
lo grave para el dualismo austro-húngaro, sino que
los eslavos en cuanto la mano de hierro del magyar
se hace sen~ir demasiado, vuelven los ojos al Tsar,
especie de jefe honorario de todos los eslii.vos del
mundo, y los austro-alemanes, cuando temen que su
preponderancia decline, ,suspiran por el Kaiser de
Berlín, centro vivo del pangermanismo.

* **
¿En dónde se baten? En donde ya no se batirán
es en S&lt;tmoa; los ri va!_es Malietoa y Matai,fa han depuesto las armas y la alta comisión arbitradora ha
decidido suprimir la monarquía é instalar en Appia
una suerte de gobierno republicano; esto pa_rece que
será un sedativo para los arde-res belicosos de los samoanos; lo seguro es que las tres potencias, Ing1aterra, .Alemania y los Estados Unidos, meditan cada
una sola cómo birlarár: su parte á las otras dos: Alemania pag-ara el plato.
;
En donde parece que se batirán pronto es en el
Transvaal; los burghers del presidente Krüger se arman hasta los dientes y la mayoría de los uitlanders
se preparan á conquistar sus franquicias con el auxilio de Inglaterra, cuyos callones manda limpiar y
preparar el gobernador del Cabo. En Bloe1nfontaine
no pudieron entenderse, como dijimos en nuestra última revista, el bíblico señor Krüger y el exigente
sefior Miliner: deje usted á los uitlan.ders tomar parte en el gobierno, decía Mr. Miliner, deles usted el
voto á todos, y desde luego, con sólo ciertos ilusorios requisitos de vecindad; es decir, déjelos usted gobernar.-No, respondió el bíblico Mr. Krüger, no;
les daré franquicias pero poco á poco, mediante natu~alizaciones que no produzcan su erecto iumediatamente, sino al cabo de cinco años; además obliguen
ustedes á la Charte:red (la compañía organizada por
Cecil Rbodes) á pag-arme una fuerte indemni7.ación
-por la invasión de Mr. Jamesson, un doctorci!!o en
obstetricia, y además comprométanse ustedes á someter al arbitraje de una potencia cualquier nuevo caso de conflicto entre boers é ingleses.- Imposiblr, no consentimos, replicó M11iner, y concluyó la
r- conferencia.
Ilay en todo esto 1ma cosa risueña (¿Puede decirse así en vez de risible? Creo que no y por eso lo di. go.) El fogoso imperialista Mr. Chamberlain, secretario de las Colonias en el gobierno del Marqués de
Salisbury, en cada uno de sus discursoi,, eompromete
la acción del gobierno inglés; es decir que el Ministerio acuerda poner el pié en una linea y el enfant terrible del unionismo en un discurso del día siguiente
del acuerdo, pone el pié en la raya y, por la propensión natural de todo orador de ir hacia el público,
da un paso más. Por eso han convenido los miuistros
de S. M. B. en no dejarle e1 primer monólogo del acto; sino que Mr. Balfour hombre de un talento infinito y filósofo en sus ratos perdidos, se adelanta á
declarar la verdadera inteución del gobierno; y así
el paso de Mr. Chamberlain es por su cuer:ta y riesgo. Curiosas costumbres parlamentarias.
Lo que sí nos ha conmovido profundamente basta
las lágrimas contenidas, que son el preludio de las
que corren, pero que no pueden correr en esta crónica decentemente, es el discurso pronunciado el lunes
pasado por el propio Mr. Cbamberlain. &lt;¡Los peligros
que corre Inglaterra en esta cuestión de los boers
son para partir el al mal ¡ Los boers se arman; los
boers tienen dinero y soldados; los boers van á creer
que nuestra paciencia es debilidad, y abusarán; verán ustedes cómo abusan de esa debilidad! ¡Oh! no,
es preciso ser fuertes, no; ao queremos la guerra, pero si nuestra dignidad lo exije, nos sacrificaremos y
mostraremos que somos capaces de defender11os ....
Mostraremos los dientes-&lt;¿ Y para qué son esos dientes, abuelita?-Para comerte mejor, hija mía.•
En donde sí se baten á más y mejor es en la isla

SR. JOSl!: M. 8 USTILLOS1
Poeta Mexicano
ten Toluca el 2 0 de .Junio de 1aee.

Ultimo retrato.

Fot. Torres.

de Luzón, tagalos y americano,;. E l goberna&lt;'lor Otis
se ha visto obligado después de una trabajosísima
campal'!a en el centro y sur de la isla, á darla por terminada hasta que pase la mala est,ición, contentándose con limitar la ocupación á una zon1. que al N.
de Manila llega hasta San Fernando y al S. se limita
al distrito de Ca.vite. Algunos puertos dominaoos
por la flota pueden considerarse también en poder
de los americanos. Y es muy poca cosa. Si entretanto los filipinos no se desorganh,an, si continúan ayudando al calor y á la humedad, siendo la pesadilla de
las avanzadas de Lawton y Me Arthur, la nueva campaña, que es, como si dijéramos, una campaña prei,idencial, porque &lt;'le sn buen suceso depende quizás
la reelección de Me Kinley, recomenzará bajo malos
auspicios. Será, en suma, un mal negocio; si llegan
á demestrar esto los filipi nos, habrán ganado la partida.

** *
Los 'últimos periódicos franceses, en cuanto se refiere al asunto Dreyfus, son verdaderamente dignos de
estudio. Todos los enemigos de la revisión clamaron
porque·las salas de la Corte de Casación (civil, criminal y de requetes) conociesen reunidas y resol viesen el
caso. El gobierno de M. Dupuy, sin motivo legal
suficiente, como se ha visto hoy que se han publicado
1011 pormenores de la investigación, sin nada que lo
obligase á despojar de su jurisdicción á lc1, sala del
crimen, pero con una mira polítka que ha resultado
justa, Mnfirió, por medio de una ley que resulta ad
hoc, la rei,ponsabilidad de la decisión al Supremo Tribunal ent,ero. J)ió así plena sati.,facción á las exigencias de la prensa reaccionaria y antisemítica. El solemnísimo farsante que se llama M. Quesnay ,de Baurepaire, que quiso explotar la excitación de las masas
en favor del ejército, para ver lo que pescaba, se declaró satisfecho: sus colegas de lasa.la civil, el mismo
magi!,trado ponente, Ballot-Beaupré cuyo informe es
sin duda la pieza capital de los autos, le habían manifestado su hostilidad á la revisión.
Mas ¡oh! dolor ! M. Ballot-Beaupré ydespuésdeéllos
cincuenta primeros-magistrados de Francia, se declaran unánimemente en favor de la revisión, casan el fallo del eunsejo de guerra de 94 y determinan en una
sentencia concisa y precisa á la vez, que "el acusado
Alfredo Dreyfus comparecerá ante el Consejo de Guerra de Rennes, designado á este fin por deliberación
especial habida en sala del Tribunal, para ser juzgado sobre el punto ·siguiente: ¿ Dreyfus es culpable
de haber, en 189!, provocado maquinaciones ó mantenido relaciones con una potencia extranjera ó con
uno de sus agentes, para comprometerla á cometer
actos de hostilidad contra Francia ó emprender contra ella la guerra ó para procurarle los medios á este
fin encaminados entregándole las notas y documentos
contenidos en el bO'l'dereau1"
Esta declaración era clara para todos los hombres
sensatos; habría sido necesario desesperar de la justicia humana si un tribunal de la competencia y del
prestigio de la Suprema Corte Francesa, hubiese cedido á la influencia de un grupo de obcecados y energúmenos que soliviantan á las multitudiB francesas.

Sin embargo, el fallo causó emoción profunda; la reflejan bien los periódicos. Todos habían ofrecido inclinarse ¿se ban inclinado todos? Los que habían
guar Jado una reserva neutral y respetuosa como el
Jou1"?ial des Debuts, modelo impecable del periodismo
ilustrado, espirit ual y cortés, órgano de la burguesía
irremisiblemente demor:rática, pero relig!osaw~nte
liberal, se bao inclinado siu ret,icencias ante el fallo
de la Corte; de esta parte sana de la población francesa que guarda GOD una gracia de tan buen tono y
con tan exquisita inteligencia de fas necesidades sociales, la gran tradición de las épo,cas parlamentarias,
es una expresión admirable en su limpia sencillez el
manifiesto de la. asociación política, lu Unión liberal.
«Tenemos que combatir dos clases de enemigos, dicen al terminar los autore1:, del manifiesto. Por un
lado el partido radical y socialista que no ha cesado
de ganar terreno desde lr,s comienzos de la legislatura y pür el otro un partido formado con todos los deshechos del pasado y que sueüa con golpes de Estado,
con plebiscitus, con servidumbre, en una palabra, y que
busca por t odas partos á uno á quien conferir la peligrosa misión de imponérnosla. Nosotros, republicanos liberales, no desmentiremos nuestro pasado; vemos con toda claridad y acostumbramos denunciar
sin piedad las faltas del Parlau1ento; no por eso se ha
mermado nuei;tra adhesión á las iru.tituciones republicanas. Si aún están demasiado vi vas las pasiones
para que sea pusible hacer aceptar los consejos de la
moderación y la prudencia, esforcémonos al menos
por evitar males irreparables; y colocados entre dos
partidos que luchan igualmente por ahogar la li':ertad, continuemos defendiéndola con la convic.::ión
profunda de que sólo ella puede abrigar la tolerancia
religiosa, asegurar la plenitud de su independenciaá
Ja justicia, inspirará todos el respeto á los derechos
de cada uno, fortificar las costumbres públicas contra una cobardía que prnpara. el camino de la corrupción, y por la Cúntianza que inspira, hacer volver á
los espíritus y á los corazooes la paz social de que tentmos necesidad tan urgente.,
Eotre los perUdicos antirevisionistas, algunos, los
menos, se someten corno el periódico rle Paul de Cassagnac; otros como la. frenética Libre Parole del frenético Drumont dicen: cS1 todos esos oliciales á quienes
defendiamos, hubiesen tenido el temperamento de los
hombres de antaño, habríamos ganado la batalla,
porque Francia estaba con nosotros. Nada hemos encontrado, nada, nada, nada más que felicitaciones y
apretones de mano.&gt; El autor quería un pronunciamiento, la mayor parte finge n esperar que el Cunsejo
de guerra r econdenará 4 Dreyfus, á pe¡,ar de la confesión misma del condottiere l!:sterhazy.
Lo que ennoblece á la especie humana y consuela
de lo que indudablemente ha sido una obra deespanto.sa inquidad, es la actitud de la sociedad en que si
tamaño crimen pudo cometerse, tamaña reparación
puede esperarse, en que ha bdbido h'.)mbres que todo
lo sacrificaron para obtener justicia, y mujeres c,,mo
Mme. Dreyfus con cuyo corazón acabarán por latir
al unísono los de todas las mujeres buenas de Francia.
¡Oh! cuán bien dijo Rugo:
«Quand tou.t se f uit petit, fermnes, vous restcz grandes.&gt;
Saben los lectores rle mi últi ma revista cuán natural me parecía que Waldeck-Rousseau y el I11arqués
de Gallifet se encargasen de dar solución á la crisis
ministerial; nosotros considerábamos necesaria una
concentración de las fuerzas repnblicanas, mas nunca supusimos que el radio de concentración pasase de
los radicales y alcanzase á los socia.listas, menos que
un liberal de la altura de Wa!deck-Rousseau se aliase á el!os; mas si nos sorprende que lo baya hecho,
nonos plfrece que por ello debe condenársele, y el grupo moderado que encabeza M. Meline hace mal quizá
en negarle su apoyo. Lo que ba hecho el insigne repúblico, con sacrificio de arraigadísimas convicciones,
es una revelación del peligro que corren en Francia
las instituciones republicanas; como cuando se trata
de las defensas supremas, no ba sido posible rechazar ninguna alianza y desde el republicano conservador GalJifet, que guarda incólume un inmenso prestigio en la masa del ejército, basta el socia.ista Millerand que 7ocos días antes de ser ministro proclamaba. en su p.eriódico (La Lanterne) que la justicia no
conocía ni represalias ni venganzas, y que es, como
si dijéraD10s, un socialista de gobierno, todo cuanto
elemento de orde!l podía encontrarse en los grupos
que combaten entre sí, perc á la sombra de la bandera republicana, tienen una representación en el nuevo gabinete que no es una conciliación, sino una
tregua.
El Presidente del Consejo lo dijo muy bien en su
conciso programa, que fué un breve comentario de
la orden del día que produjo la caída del ministerio
Dupuy. Lasdificultadessongravíslmab, parecen Insuperables, eso es lo que demostrará si Waldeck-Rousseau es, como hemos afirmado, ó no, el primer hombre de estado con que la república cuenta.
El programa es muy concreto y esto facilitará al
gabinete mantenerse muy compacto; la decisión
del consejo de guerra que juzgará de nuevo á Drey!us no puede hacerse esperar. La declaración de inculpabilidad es inevitable, tratándose de un grupo de oficiales de honor, sobre los que no pesan las

�EL MUNDO.

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Domingo 2 de Julio 1899
Domingo 2 de Julio de 1899.

sugestiones que puso en obra el ministro de la gue- M. Loubet, y esto podría ser la seilal del conflicto cirra Mercier cuando deliberó el primer consejo. El vil; creemos que Waldeck-Rousseau, queGallifet, qll:e
ejército habrá así pronunciado la última palabra y el Presidente, pueden ponerse á la altura de esta siesta palabra será justicia y caerán como por ensalmo tuación.
todas las prevencione¡, que contra él tiene una parte
Pero si nuestra primera hipótesis se realiza, como
del país republicano, prevenciones hábilmente explo- lo creemos firmemente, el ministerio, tal como está
tadas por los grupos que proclaman la revolución compuesto, perdería su razón de ser y á las tentativas
social.
de convertir al Estado en un organismo absorbente
Si contra la convicción que ba penetrado ya en la de todo capital, que es el programa colectivista, pueconciencia de todos, aun de los que tingen creer en den los liberales desplegar toda i,u resistencia, segula culpabilidad quand mime de Dreyfus, como el gt&gt;- ros del triunfo, asf como esa misma resistencia sería
nual Mercier, si contra el análisis irrefragable becbo hoy dar el triunfo á los enemigos de la República.
Veremos; precisam:mte acaba de presentarse un capor el magistrado lntormante de la Corte de Casación é lmplícita•nente admitido por ésta, si contra la. i;o en que la euergfa del ministro de la gue:ra tiene
terminante confesión de Esterhazy, el Consejo, que ocasión de revelarse en toda su fuerza; un oficial del
sólo puede examinar, como prueba, la única quo sir- ejército se ba permitido Insultar en un periódico al
vió de base legal á la condenación de Dreyfus, el bor- jete del Estado; si él y todos los que como él piensan,
treTeau, declarase culpable al capitán acusado, lacues- parece que son varios, no reciben un castigo rápido,
tlón tomaría repentinamente un carácter de espan- seguro y decisivo, de esos que muestren la mano del
tosa gravedad. Vendría al dfa siguieute el Indulto de jefe de la carga histórica dtJ Sedan, calzada por un

EL MUNDO.

guante de acero, no sabríamos qué :'.)ensar ni á qué
atenernos.
Nadie duda que Francia necesite un gobierno, todas las democracias latinas y, sobre todo, las democracias militares, (lo que parece un contrasentido y
ese es el contrasentido que causa la dificultad fundamental é Insoluble en la existencia de la República),
todos necesitan gobiernos fuertes; es hábito y necesidad de conformación. Pero no necesitan dictadores
perpetuos, porque esos tras de ser la opresión, sou
la guerra, son Waterloo y Sedan. No, por más que
asf lo piense el estentóreo Dérouléde que gritaba ante el tímido jurado que lo absolvió: d'rancia necesi
ta un hombre&gt; dando así á su patria la obscena actitud de una mujer atacada de una de esas vesanias
que Cbarcot trataba en la Salpetrlére. Implo, loco.

__J ~ J

~

-

EL ESCANDA.LO DE AUTEUIL.-LA P0LICIA APltE11ENDE AL CONDE CmtISTI.I.NI.

EL MIEDO A LA MUERTE.

EL ESCANDALO DE AUTEUIL.
EL CONDE CHRISTIA.NI AMENAZA. CON SU EAST0N AL PRESIDEl&lt;T.E DE FRANCIA.

¡

Oportunamente nos transmitió el cable y leímos
con más desagrado que sorpresa la noticia de este lamentable escándalo provocado por uo grupo selecto
de gentile$-homlnes en las fiestas del Steeple-Chase de
Auteuil.

Dice un cronis!a parisiense: &lt;No exajeremos la importancia de esa tonta barrabasada de petimetres que
se lanzaron gloriosamente al asalto de una tribu;1a
ocupada por el invitado de una Sociedad, para ir después á dormir en la vil D.:tenclón. Esto oo ba sido

más que el ensayo de un nuevo sport, cuyos resultados son poco alentadores en razón de su taita
de elegancia. No es fácil comprender lo que ¡&gt;;Jeden ganar esos sefiores entregándose á tales ejercicios, pues lo único que bao becbo es perder, con
algunos bastones y no pocos sombreros, los últimos girones de una fama de buena educación y
de exquisitas maneras que ya muy pocos lee reconocíc1,n.
M. Fernand de Cbrlstlani, el máis audaz y más
torpe, si no el jete de ese grupo de elegantes, tiene treinta y ocbo aITos de edad y es nieto de un general del primer imperio.
Al llegar M. Loubet al bipodromo de Autt:uil el
dfa de los escándalos que tué el 4 de Junio, se le
recibió con aclamaciones de entusiasmo; pero á
, poco se oyeron gritos Insultantes para el Jefe del
Estado.
Uno de los insultadores, el ridículo y universalmente célebre en estos dfas, cuyo retrato figura
en un ángulo superior de nuestro grabado,. el conde Christian!, escaló la tribuna presidencial con el
ímpetu, aunque con menos berofsmo que su abuelo las trincheras enemigas, y se lanzó bastón en
mano sobre el Presidente Loubet.
Afortunadamente el General Brugere previno el
· bastonazo y M. Loubet recibió sólo un débil golpe
t&gt;n la copa del sombrero. La escena produjo un tumulto espantoso.
El agresor fué detenido inmediatamente, y con
más cardenales que él quisiera, fué á. parar en
manos de la policía y llevado bajo severa custodia
á la Detención.
Entretanto, los turiferarios del héroe (Jl:;1 liitlani, libraban una verdadera batalla con la
policía bajo el mando de M. Touny, auxiliado
por el oficial Grlllleres, el cual rué herido gravemente en la cal,eza.
Reducidos á la Impotencia los revoltosos, bien
pronto rueron á bacer compa!Iía al benemérito
Cbrlstianl y á felicitarlo por su brillante proeza.
No es Inútil recorda: á nuestros lectores que la víspera de los hechos que rererimos, es decir, el sábado
3 de Junio, la Corte de Casación pronunció el magui.tico fallo de rerlsión del proceso Dreyfus.

El Instinto más poderoso y dominador
en el hombre y en los aniwa.les en geoe!!'al, es el de conservación. Vivir. á todo
trance, á toda costa, sea corno fuere, en
-cualquier condición; per&lt;&gt; ,·ivir, be abi la
gran aspiración bumana, P4ra ~a lnmen-sa mavorfa de los hombres, la vida no vale p1&gt;r lo-; goces que promete,,por las satisfacciones que procura, por los apetitos que
sacia, por las concupiscencias que harta,
por las ambiciones que colma, sino por
-ella. rulsma, independientemente de sus
,goc&lt;!s, con entera. abstracción de sus dolores.
Aman la vida, la quieren perdurable é
inextinguible, César en el solio y Job en
-el estercolero; desde el peilón desierto de
!:;anta. Elena, entre las ruinas de un poderío casi extravagante y los laureles marchitos de una gloria casi di vlna, y después
de haber vivido él solo mil vidas, Napoleón que nada espera., des':.'a aún vivir, y
frun'ce lnrli!tnado el ~i'io á las acometirlas
-del mal que lo consume y,ha de ,miqufürlv.
Ricos ó pobres, gloriosos ó igncrados,
reyes ó mendig~s, genios ó imbéciles, para
los hombres la vida no es un medio sino
un Un, estima.ble en sf mismo y por sí
mismo, y la imaginación y la fé la prolongan más a1lá de la. muerte, lmpoten.
tell para conservarla real y efectiva. más
de lo quedura.n un soplo ó un suspiro.
La sola Idea de la muerte, biela la sangre en las venas y yergue el ca.bello en la
-cabe:1.a. Soledad, trio y ~ilenclo ... extin-ción del cambiante panorama exterior,
dlsl paclón de los fantasmas del mundo
interno; el músoulo, rígido; el nervio,
Inerte; mudo el labio, 1 ncunmovible el corazón, inactivo el cerebro; sólo de pensarlo
se siente horror y miedo. Y luego, más
allá, un misterio impenetrahle ¿la. nada?
.¿el éxtasis místico? ¿el viaje interminable á través de otros mundos y en la envoltura de otros cuerpos? ;,el fuego eterno? La fé intenta en vano alumbrar ese caos, subsisten siempre dudas, inquietudes, angustias que
llacen, aunque dolorosa, preferible esta vida á otras
vidas, y los dolort'S ciertos á los goces dudosos.
El amor á la vida en si se complica. con el terror
que inspira lo descono.:ido, y la vida se hace doble0

EL POETA RUSO ALEJANDR.:&gt; PUSC11KIN.
mente amable, por lo que ella vale y por lo que puede signilicar lst muerte. Este cúmulo de rertexiunes
acude, sobre todo, al pensamiento en presencia de un
cadáver, severa y muda Interrogación que los cirios
alumbran y no esclarecen, y que la.s flores perfuman
sin mitigar el horror que inspira.

SI tanto asf amamos la vida y tan tr meado problema. encierra su extinción,
qué terribles y dolorosas deben ser la inminencia y la proximidad de la muerte.
Sentir que la sangre se biela poco á poco
en las venas, que la fuerza se extingue,
que la vista se anubla, que la palabra se
estanca en los labios; entrever al rededor
de sí llorosos y doloridos á los seres que se
ama.; pensar en su viudez y su orfandad;
prever para ellos el abandono, lc1, miseria,
el extra vio por falta de consejo, el vicio ó
el crimen por falta de dirección y ejemplo; considerar de antemano el hogar triste y trio, las asechanzas contra ,a inexperiencia, las confabulaciones contra la
debilldarl, el desplome por falta de sostén
y el dolor á dQmlclllo por taita de apoyo
y de defensa; todo esto oprime como una
pesadilla, llena de dolor y de angustia, y
creemos que en el dintel de la muerte nos
atenacearán todas las furias ó nos chuparán todos los vampiros.
De abf ese afán por perder la razón antes
que la vida, por morir hundido en el coma
estúpido, ó caer fulminado por el rayo
sin que la reflexión, el cálculo y la previsión
tengan tiempo de atormentar nuestra
agonía. El agonizante pareet: no tener
m¡is que una de dos actitudes: estallar en
protestas ó prorrumpir en gemidos; renegar como un condenado ó llorar com'.&gt;
una plañidt&gt;ra.
Contra esta previsión hablan los hechos;
la muerte, la inexorable, la implacable, la
f riu segadora, tiene com pasión de sus víctimas y antes de levantar sobre ellas su
atiiada guadaí\a, les inspira resignación,
serenidad y calma: tiene piedad de ell.lll
y las arma de valor ó las Insensibiliza y
embrutece. Nada, en efecto, más rudo
q·1e el contraste entre lo que debía ser y
lo que es en realidad la proximidad de la
muerte. En plen'l vida la temíamos y la
esqulvábam~s, la juzgábamos horrible y
atormentadora; cuando la vemo:1 venir, ó
la llamamos con anbelo ó la acogemos con
calma ó la miramos con indlrerencla.
oi la muerte sobreviene entre sufrimientos agudos y crisis do,orosas, ansiamos su llegada, la llamamos como á una redentora y preterim08
mil veces morir á sufrir. Si se acerca silenciosa y
compasiva, si la vida se extingue sin dolor y sin angustia, la recibimos como una amiga esperada y no
temida. En estas condiciones el agonizante llama á

�EL MUNDO

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Domml!'o 2 de Julio de 1899

Domtnl!'O 2 de Julfo dP. l~!l!l.

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EL MUNDO.

LA NUEVA SINAGOGA EN CHEMNITZ.

¡PER

E:XPOSICION DJ!L,CASJNO NACIONAL,

los suyos, les sonríe, imprime en sus frentes el último beso, desliza en sus oído!&gt; el último consejo, les
sugiere resignación y valor, apenas si un vago tmte
de melancolía cubre su semblante; habla de sí mismo como de un indiferente, encuentra natural y lógico morir. prodiga aliento en vez de solicitar consuelo, juzga llenada su misión, alcanzada la meta; la
vida que le pareció siempre tan estimable y valiosa
le es indiferente, en su último balance le parece fallida; acaba por reconocer que no vale gran cosa y sin
tristeza como sin amargura, sin prot,estas como sin
blasfemias, expira resignado y tranqullo y hasta feliz á veces.
El he'cho, sorprendente en sí mismo, lo es más aún
en los éasos en que la muerte sobreviene cuando una
• enfermedad prolongada y aniquiladora .no ha t,enido
tiempo de extinguir las fuerzas, de embotar las facultades, de provocar esa indifeiencia apática y pro•
--funda características del agotamiento supremo; cuando se impone, como en la pena capital, á un hombre
sano, robusto, á veces en plena jnventud y en pleno
vigor.
El ajusticiado que protesta, se agita, reclama la
viJa como un derecho, se defiende y resiste, á quien
hay que llevar al patíbulo maniatado y á empellones
como al loco furioso á la ducha; el t ondenado á muerte que gime, llora, suplica, reza y clama al cielo son
la excepción y no la regla; tanto son la excepción que
entre nosotros casi no se registran casosde ese género.
Los casos ordinarios son de tres clases: E: fanfarrón que llega. á la muerte con la frente alta, la.mirada
altiva, verboso y decidor, prodigando bravatas y hasta chascarrillos, que rehm,a la venda, que pide man' dar la ejecución. Hemos visto morir así á O'Horan y
á un sargento del antiguo Cuerpo de Tiradores; este
último leyó unas décimas al cuadro de ejecucióp, ven-

Los .M.\ RMOLES

SACO!

Los israelitas de la ciudad de Chemnitz, que
apenas pasan de mil, careciendo rte un sitio
apropiado para sus servicios religiosos, resolviéronse en el aiio de 1897 á construir una sinagoga, para lo cual empezaron por adquirir un amplio terreno en la plaza de San Esteban
No obstante el corto número de adeptos que
forman el grupo judio de Cbemnitz, no hubo
dificultades para reunir los fondos nesarios al
efPcto que se habían propuesto y una vez adquirido el terreno procedieron á abrir un coucnr¡;o
artístico entre todos los arquitectos del Jugar
para que presentaran proyectos apropiados tanto en la parte de comodidades y exigencias pa
ra el servicio, cuanto en el carácter arquitectónico que debería concordar con la índole de la
estética Lebrea.
Presentáronse setenta y ocho artistas y obtuvieron respectivamente, el primer premio el Ingeniero W. Buerger y el segundo los Ingenieros Hoeniger y Sedelmayn. Naturalmente fué
el proyecto del pri::.iero el que se llevó á la práetica. y á su autor Buerger se confió su realización.
La construcción duró sólo quince meses, al
cabo de los cuales fué entregada al servicio tal
cual pueden verla nuestros lectores en el grabado que les ofrecemos.
Forma un hermoso adorno de la ciudad y produce una impresión maJestussa.
Usóse como principal material piedra artificial roja que con el contraste del tejado verde
claro, es de gran efecto, según dicen los periódicos técnicos alemanes.
El nuevo templo judio t!Pne cabida para unas
setecientas veinte personas é importó su construcción 120,000 pP.sos aproximadamente.
Ofrecemos á nuestros lectores este-grabado
por el interés que actualmente despierta todo
lo que ataíie á los judíos, tan traírtos y tan llevados en estos últimos tiemposá causa del asunto Dreyfus.

CUADRO DE R ULL,

éló á sus dos compañeros de patíbulo, rehusó vendarEL CENTENARIO DE ALEJANDRO P'O'SOHXIN
se y mandó la ejecución. El segundo tipo es el inerte, el indiferente, el inconsciente casi; va á la muerte automáticamentr, habla poco ó nada, no hace reEl siete de Junio último (26 de Ma:vo según el ca,.
comendaciones ni encargos, todo le es igual y no ma- lendario ruso) se celebró en Rusia el 100° aniversario
nifiesta ni valor ni cólera, ni miedo ni aolor.
del nacimiento de un poeta que tiene derecho á un
El tercer tipo corresponde. en general al mártir de
lugar preferente en el Parnaso de su patria, pues fué
alguna grande idea ó á la v!cti ma de alguna gran
el iniciador de la nueva poesía rusa que había consercausa. Sereno y tranquilo, sin fanfarronada como sin
vado un carácter exclusivamente doctoral y educaautomatismo, Heno de fé en su ideal y de estoicismo
tivo, siendo Puschkin quien le dió un sello verdadeante su infortunio, se prepara á la muerte sin apararamente artístico.
to ni ostentación, va al p'ltíbulo sin desfallecimil'nto
Nacido en el seno de la más alta sociedad de su
y se le sorprenden en la mirada relámpagos des11pretierra, su educación primera fué más brillante que
ma satisfacción y de legítimo orgullo de morir por lo sólida; pero sus grandes disposiciones poéticas y su
que cree ó es en realfdad la justicia ó el derecho, la afición al estudio, hicieron d.; él una de las primeras
virtud ó el bien· humano. .A.sí murieron Hidalgo, Mo- . figuras intelectµales de Rusia.
relos, Ocampo, .A.rteaga, Salazar. En el Cerro de las
Compuso muchas piezas de alto vuelo; impregnadas
Campanas se vió á Miramón y á Maximiliano morir de un espíritu netamente nacional y zahiriendo sin
con valor sereno y á Mejía conindiferente y apática piedad á todo lo viturable de su tiempo y de sus confrialdad.
tempóráneos. Esto ocasionóle repetidos conflictos, y
Esta comprobación es consoladora; imaginada, la al fin murió en duelo el 10 de Febrero de 1837, cuanmuerte es terrible y parece aterradora; pero vista de do aún se esperaba mucho de su fuerza creadora.
terca y frente á frente no inspira en general, ni
miedo ni horror y se la puede afrontar con indiferencia, cm resignación y hasta con audacia. La vida tiene siquiera eso de bueno, que siendo tan ansiada y
deseada, no es su pérdida tan cruel y dolorosa como el
hombre se imagina. Esta consideración puede contribuir á hacer menos terrible el supremo trance.

MEXICANOS EN

El taller fotoITTáfico de los hermanos Torres.
Presentamos este interior de taller con la
nota de novedad que le presta la presencia de
la mujer desempeñando las tareas del arte fotográfico.
Los señores Torres han sido los primeros que
en nuestro país implantaron tan feliz innovación, con la que ganan no sólo las favorecidas
con esos empleos, sino el público y principalmente las damas.
En efecto, si hay ocupación propia para la
mujer, es la fotografía: tienen aptitudes y habilidad manual extraordinarias, y sobre todo,
pueden servir mejor que un hombre{~ la&amp; damas que se retratan, arreglando ellas mismas
su tocado, dándol?s la posición propia con una
confianza y minuciosidad imposibles en personas de distinto sexo.

LA

NUEVA SINAGOGA 1l.N CHEMNITZ,

Los mármoles mexicanos en París.

p ~nis.

El Sr. D. Cárlos Sellesier, Jefe del grupo XI de la
Comisión Mexicana para la Exposición lfoi versal de
París, ba tomado positivo empeño en ba0er lucir los
objetos de ónix extraídos de las canteras deJ.país.
Secunda con éxito los esfuerzos del Sr. Lellesier. el
8r. A. Donnamette, agente honorario del citado
grupo y autor del proyecto que representa nuestro
grabado. Dicho proyecto fué aprobado hace dos días
por la Secretaría de Fomento. Ampara una colocación artística de numeroso~ objetos y bloques de
ónix de variadoscolores, la cual, á nodudarlo, llamará
poderosamente la atención de los concurrentes al
gran Certamen.
Varios son los expositores mexicanos que presentarán artículos, bloques y placas dE. ónix; pero entre los
principales debemos citar á los seííores D. Enrique
Fenocbio, que remitirá á París dos colosales bloques
de ónix verdoso extraído de las ricas canteras que
posee en el Estado de Oaxaca; á Doña Luz Arenas viuda de Miró, que enviará también riquísimas muestras de sus canteras de Etla, Carmen y Sorpresa, Oax11ca; á D. ,Manuel Oliman, que preparó
cincuenta láminas trasparentes y cincuenta bloques
de los vistosísimos mármoles de Puebla; á D. Amador Cárdenas, propietario de las canterasde Jimulco,
las más ricas y abundantes de mármoles en t odo el
país y sin disputa, las mejor explorades y administradas, y tantos y tantos otros individuos que se dedican á la explotación de las ricas piezas.
Los pedimentos de admisión del Grupo XI fueron
de los primeros que se enviaron á la Delegación de
México en París, habiéndose dedicado en seguida á
la formación del proyecto adjunto con los datos en
aquellos expresados, el agente honorario Donnamette, como se dedicó el agente viajero A. Leduc á la
consecución de los materiales.

'

EL TALLER DE FOTOGRAFL..: DE TORRES HNOS. , CALLE DE LA PROFESA N !JM, 2.

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EL MUNDO.

Dominl!O 2 de Julio de 1899

Domingo 2 de Julio de 1899.

9

EL MUNDO.

(TRA.DICION MEXICANA,)
A mis amigos Luis González Obregón y , acobo M. Barquera.

-cSeííor, oh gran señor, oh señor mío!
soy tuyo ¿qué me mandas?-&gt;
dijo el bardo, y el rey Motecuhzoma,
le contestó con despotismo:-cCanta!&gt; ... ,
.Ah! decid ¿qué se hicieron las canciones
de aquel bardo de .Anáhuac?¿Las tiene acaso alguno de los lagos
en sus palacios de cristal guardadas? .. , •
¡Lagos azules, lagos espumosos,
lagos de ondas de plata,
arrojad esas muertas armooías
y en mi lira hallarán vibrantes alas! ....
......ya he hallado á dónde habemos de Ir, y
todos vosotro• conmigo que es en Oincalco....
y si alll entramns. JamAs moriremos..... .
TEZOZO)!OC.-Orónica Mexicana.

Cap. CIII.

I
Cayó del astro el resplandor purpúreo
sobre las crestas blancas
de los volcanes, resbaló en el hielo,
y fué á besar los nidos y las ramas.
Entreabrió los botones de las rosas
con sus dardos de grana;
y, rod':lndo después sobre los lagos,
ensangrentó las soñolienuas aguas.
Y el viejo Tonatiuh de los mexicas,
el sol de tez dorada,
subió al zenit. 8us rayos chispearon
en los teocalis y ruidosas plazas:
c;Ob diosa de las flores! Coatlantona!

-la multitud cantabaHoy es tu fiesta, diosa de las llores;
la pri,navera de las cumbres baja!
«Venid, corred, llegad, ra~illeteros,
que la diosa os aguarda;
y el teocali de Yopic necesita
que lo adornéis con trémulas guirnaldas.
«Arrancad al arbusto de la chía
sus flores azuladas;
á la amapola de coral sus pétalos,
y al chícharo sus cálices de nácar.
«Venid, corred 1cantadl ramilleteros;
el teocali os aguarda ....
Hoy es tu fiesta, diosa de las flores;
la primavera de las cumbres baja!&gt;
Y mientras tanto el rey Motecuhzoma ....
allá. en su rica estancia,
permaneció en silencio, rodeado
de nobles, de bufones y de esclavas.

El rey estaba triste, el bardo inmóvil,
en silencio la estancia ....
se deslizó un instante, y el poeta,
acer.:;á.ndose al rey, cantó en voz baja:
-«Cerca de Coyoacán, en Atlixucan,
en la tierra sagrada,
está. la alegre gruta de C!calco:
¡La misteriosa: ~ruta del fantasma!
«Cerca de Coyoacán .... Nadie la ha visto;"
pero dicen que el alma .
halla en ella una vida sin anhelos;
una vida feliz que no se acaba!
«Cerca de Coyoacá.n .... ¡Todos lo cuentan! .... ,
De Huemac es morada.
De Huemac, el autor de los placeres,
el que llena de luz todas las al.nas.
,El toldo de la gruta está. tejido
con rosas encarnadas;
y á su entrada se agítan y aletean
papagayos, y mirlos y calandrias.
«Hay en :.u fondo chozas de diamantes
con techo;; de esmeraldas;
·
y hay ídolos de mármol y de uro,
y templos de coral y concha nácar.
«Cerca de Coyoacán .... ¡todos lo cuentan! ....
·
¡Es la gruta encantada! . ...
¡Allí viven cantando, los placeres!
¡Alli está la existencia que no acaba!&gt;Calló el bardo, y el gran Motecuhzoma
·
bajó las regias gradas;
y, sin su corte, triste, pensativo,.
éon lento paso atravesó la estancia ....

............................. ·•• ....
Murió la luz. La noche silenciosa
·
rodó por las montafias:
La sofiolienta Mextli-la áurea lunamojó en el lago su cendal de plata;

y todavía en las alegres calles,

la multitud cantaba:
cHoy es tu fiesta, diosa de las flores!
¡La primavera de las cumbres baja!&gt;
II

TRISTE

CUADRO DE MLLE. ECKERMI\NS,

t

I

AMANECER.

1¡

Hizo un!l. seña el rey: todos salieron
con la faz inclinada;
Y un poeta acercóse al áureo trono,
con traje humilde y descubierta planta:

El r.ey sintió temor.... ,¡temor! .... Oh lira!
no tiemblen tus estrofas,
que no se mancha el nombre de aquel pueblo
de ese cobarde al invocar la sombra!
Y fué cobarde, es cierto, porque un día,

al despertar la aurora,
llamó á. dos de los nl-bles impaciente
y les dijo con voz pausada y ronca:
-«Arrancadles la piel á. diez cautivos
¡que la sangre no 1 mportal
id á buscar la gruta de Cicalco,
y á Huemac noticiad que el rey lo invoca.
«Otrecedle las pieles, y decidle
que el gran Motecuhzoma
quiere habitar con él, quiere entregarse
á la vida feliz que no se agota.&gt;Pasó el tiempo, pasaron muchas .noches
arrastrando sus sombras;
y tornaron por fin los mensajeros
al venir una noche tempestuosa:
-«Cerca de Coyoacá.n está la gruta;
Huemac en ella mora,
y nos dijo, Sefior, ob seííor nuestro,
que tu amistad acepta y ambiciona.
«Que te entregues á. larga penitencia
que pases muchas horas
nutriéndote con yerbas; sin mujeres,
• sin ceílir á tu sien piedras preciosas.

Una tarde acercóse un sacerdote
al rey Motecuhzoma:
y le dljo:-cSeñor, oh señor mío!
han llegado unos hombres á. la costa

«Que busques en la límpida laguna
una isleta, una roca,
y que en ella con ramas de zapote
una tienda y un trono le dispongas.

«Son !::lancos como el cuello de una garza;
su cabellera es blonda;
y parecen espejos sus ropajes,
y parecen palacios sus canoas.&gt;-

«Que él, en Cbapultepec, sobre la selva
de ahuehuetes canosa,
á. tí &amp;e mostrará, para indicarte
que vayas á. esperarlo en tu canoa.&gt;-

Se alejó el sacerdote lentamente.
,
La palidez traidora
cayó en la faz del rey. Vino la noche;
y el suefio huyó de la r eal alcoba ....

Subió entretanto, como un ave inmensa,
la nube tempestuosa;
y un relámpago azul mostró á. los nobles
la alegre faz del rey Motecuhzoma.

�EL MUNDO.

10

Domingo 2 de Julio de 1899

¡Trc.,nó la tempestad! ... Cruzando el llano,
saltando por las lomas,
huyó el coyotl, el de la piel dorada,
el de aguzado hocico y luenga cola.

&lt;La gruta de Cicalco, no es un nido
de placeres eternos.
Allí vive el dolor. Allí está el ho•nbre
que da á la noche sus fantasmas de ébano.

La víbora enredó su cuerpo frío
bajo las negras rocas;
el armadillo se ocultó di&amp;creto
con rapidez en su armadura córnea;

&lt;No hay allí más que flores amarillas;
no hay mirlos, no hay gilgueros.
Hay víboras de dientes venenosos
y tecolotes de plumaje negro.&gt;

las gallinas del agua y las garc?tas
de!&gt;pertaron medrosas;
y las grullas dejaron los maizales,
y silbó el tecolote entre las frondas.

&lt;¿A dónde vas, Sel'ior?&gt;-El sacerdote
guardó largo silencio;
y arrancó de la frente del monarca
las corvas plumas de color sangriento.

¡Qué inmensa tempestad! .... Cada relámpago
parecía en la honda
inmensidad, una sangrienta flecha
que iba á clavarse en la apli1ada sombra!
La lluvia restallaba al estrellarse
sobre ias yerbas rotas,
y con sus tenues dardos daba muerte
á las negras y errantes mariposas! ..... .
¡Qué inmensa tempestad!-Aquella noche
el rey Motecuhzoma
dló á los nobles, en premio, ricos mantos
cubiertos de diamantes y de conchas;
y se alejó después ...... Quitó á sus sienes
la brillante corona;
desdeíió los manjares de su mesa,
y, solitario, se encerró en su alcoba.

III
Ochenta veces desató la aurora
sus cabellos de fuego;
y ochenr.a veces desprendió la tarde,
melancólica y lánguida su velo.

Y entretanto el diamante luminoso
recogió sus reflejos.
Motecuhzoma suspiró vencido,
saltó á la barca, y empul'ió lonemos ..... .

Y aquella luz acarició las ramas
del ahuehuetl inmenso;
extendió su haz brillante sobre el lago,
y penetró del rey al aposento ..... .
-&lt;Allí está Huemac-exclamó el monarcame aguarda, lo comprendo&gt;LJamó á los corcovados y les dijo:
-&lt;Me dispongo á partir; tomad los remos.&gt;Motacuhzoma con la piel de un hombre
vistió su oscuro cuerpo;
clavó á su labio una esmeralda inmensa;
se suspendió las arracadas de ébauo;
largo plumaje, rojo cual la sangre,
enredó á sus cabellos;
tomó el collar de gruesas amatistas
y las pulseras de encarnado cuero.

Y el rey, al terminar su penitencia,
con semblante rlsuel'io
se presentó á los nobles, y afanoso
arregló los asuntos del gobieruo.

-&lt;Allí está Huemac-repitió anhelanteCorcovados, marchémos&gt;y partió la canoa ...... ¡Sollozaron
del triste lago los ocultos genios! ..... .

Alzó, en seguida, la soberbia frente
interrogando al cielo,
y vió que ya la noche desplegaba
sobre el espacio azul su ala de cuervo.

Partió .... llegó .... y allá, bajo la tienda
que los D()b]s tejieron
con húmedo ramaje, un sacerdote
presentóse ante el rey con torvo ceiio.

Clavó después la indagadora vista
eu el confín inmenso ....
Miró á Chapultepec, al mustio bosque
que entrega al aire sus guirnarlas de heno.

--c¿A dónde vas?-le dijo conmovido-

¿A dónde vas? ¿Qué es esto?
¿Acaso el gran monarca del Anáhuac
huye, cobarde, abandonando al pueblo?

Y en ese instante apareció en la sel va
una luz, un lucero,
a.lgo como un diamante luminoso
que fué creciendo, sin cesar creciendo .. .

&lt;¿Qué se dirá de tu ciudad bendita,
de la opulenta México;
de Méx1co, la garza de los lagos,
la que es el corazón del universo?

Comenzó á amanecer. Alegre el alba,
al inundar los cielos,
hizo palidecer con sus fulgores
de los teocalis el eterno fuego.
La aurora desryertó, y al derramarse
sus amorosos besos,
ruborosas abrléronse las flores;
se apagaron, temblando, los luceros.
Los patos, los faisanes y las garzas
levantaron el vuelo,
los mirlos, esponjando sus plumajes,
platicaron de amor sobre los fresnos.
Vino el sol, y al mirarlo, el gran monarca
se ocultó en su aposento ..... .
¡Allí esperó la noche del futuro,
lívido el rostro y contraído el sel'iol

............................ ...... ... .
.................................... ..
¡Ah! jecidme: ¿Bajó del áureo trono?
¿Rompió su fuerte cetro? ..... .
¿Al poner en mi cítara su nombre
se mancharán las alas de mis versos?

•

No ... . Ved! La Tradición viene á mi lado
y me dlce:-Cantemos;
cantemos, que. el cobarde desparece,
bajo los lauros de su heroico pueblolJ OSE M. B!!STILLOS.

6N Lf\ Sf\LPETRIERE.
El gabinete de Charcot, en la Salpetriere, una mañana de consulta, hace diez ó doce años. En las paredes, fotografías de sencillas pinturas italianas y espal'iolas representando santos en oración, mujeresextáticas, convulsionarios, demoniacos, la gran neurosis
religiosa, como se dice en la casa. El profesor, sentado
delante de una mesa, cabellos largos y lacios, frente
abultada, 1.1.blos delgados y altivos, y mirada aguda

brillando en la palidez de su ancha cara. Ir y venir
del interno de blanco delantal y gorra de terciopelo,
ojos pequel'ios, invadidos p◊r la barba cerrada. Al derredor de la sala algunos invitados, la mayor parte

Domingo 2 de Julio de 1899.

médicos, rusos, alemanes, italianos, suecos. Y comienza el desfile de los enfermos.
Una mujer del Vartrae á la consulta á su hija, fea,
gruesa y baja de cuerpo, con las mejillas llenas de rojas cicatrices, En su traje meridional de domingo,
verde y amarillo, el talle se infla y se desborda. La
muchacha parece un jarrón Informe, caído al fuego,
falto de cocimiento, ¿cómo es que eso ha podido llegar á ser madre? &lt;En un acceso de epilepsia .... &gt; dice Charcot. La mujer del Var, débil y llorosa, nos habla de la indisposición de la muchacha, mientras se
dirigen á la otra pieza. El profesor se vuelve al interno.
-¿Hay fuego allí? Examinadla y ved si tiene
manchas en la piel.
El acento, esa deformidad ...... estoy conmovido,
y más aún al ver al nuevo paciente,- una niña de
quince aíl.os, muy aseada, con una toca minúscula,
traje de pafio color castaiio, de rostro candoroso el vivo retrato de su padre, fabrican fe de la calle' de
Oberkamlf, que la acompal'ia.
En_ medio _de ~a sala, tí~idos, con los ojos bajos,
se amman d1rig1éndose muadas fultivas. Se les interroga sobre la enfermedad. ¡Qué desconsuelo! y hay
que responder en voz alta, delante de tantos seiiores, dónde está el mal, cómo es y cómo vino. &lt;A la
muerte de su abuela, sel'ior doctor&gt; dice el padre.
--¿La vió morir?
-No, sel'ior, no la vió.
La voz de Charcot se dulcifica al hablar con la nil'ia: &lt;/Querías mucho á tu abuelita?&gt; Ella responde
que s con un movimientv de la toca, .sin hablar, el
cuello hinchado por los sollozos. El médico alemán
se acerca. Es un especialista que estudir. las enfermedades del tímpano, propias de los histéricos; y aco-

m.odándose sus lentes de oro, y colocando un diapa·
són sobre la frente de la chiquilla, ordena con autoridad: &lt;Dí como yo ... . el dumingo ... . &gt; Nada responde. El sabio triunfa; la enferma no oye .... Yo
creo más bien que no comprende lo que dice el alemán. Larga disertación de éste; el italiano echa también su cuarto á espadas y el ruso murmura una frase. Las dos víctimas esperan, olvidadas é Inquieta!&gt;; y cuando el interno, á quien comunico mis dudas, dice en voz baja á la pequel'ia parisiense: &lt;Repite
después de mí .... domingo . ..... &gt; ella abre sus grandes ojos y repite sin esfuerzo: e Domingo&gt; en tanto
que la .discusión sobre los desórdenes en los órganos
auditivos de los histéricos, continúa.
De pronto el Dr. Charcot se vuelve hacia el pa
dre:
-¿No querría usted dejar aquí á la niña? La cuidaremos mucho ....
Oh! el n-0 que dice ella, aterrorizada, mirando á su
padre, y la ~ierna sonrisa de éste al mirarla: "No temas nada, querida mía. " Parece que adivina lo que
sería su vida en esta casa, sirviendo para las observaciones y experienchs, y tan bien cuidados como lo
están los per:os en casa de Sanfourche, como esta pobre Daret y todos los demás á quienes se va á hacer trabajar delante de nosotros una vez que la consulta haya terminado.
Daret, una muchacha alta, de treinta afíos, cabeza
peque!Ia, cabellos ondulados, pálida, delgada, con los
ojos húmedos como si acabara de llorar. Daret está
en la Salpetriere, como en su casa; lleva una camisola ligera y un pal'iu:ilito al cuello.
-Dormidla .... ordena el profesor.
El interno, de pié detrás de la alta y débil criatura
pone las manos un instante sobre los ojos . . .. Un sus:

piro .... ya está hecho .... duerme al fin, rígida y
recta. Ese triste cuerpo toma todas las posiciones
que se le dan; el brazo que se alarga permanece estirado; al tocarle los músculos mueve uno tras otro todos los dedos de la mano que tiene abierta é inmóvil. Es el manequí del taller, el más dócil y más flexible. &lt;NO cabe engal'io, afirma Charcot, sería preciso
que conociera la anatomía tan bien como nosotros.&gt;
Siniestra, la autómata está de pié, en medio del
.círculo que le formanos con nuestras sillas, dócil á
todo wandato, dando á su rostro la expresión correspondiente al gesto que se le ordenaba. Si son los dedos juntos, sobre la boca, simulando un bese, los labios sonríen, y el rostro se ilumina; si cierra el puño
eon una crispación de amenaza, la frente se pliega, la
nariz se hincha con una cólera frenética .... "Aun
podemos hacer esto" .... y el profesor le alza el puño
para que golpee dando al mismo tiempo una actitud
de caricia á la mano derecha. El rostro entonces
gesticula con una doble significación, furiosa y tierna, es una máscara infantil que rie y llora.
y el alemán sigue con su diapasón, con su specuium auricular, sondeando el oído con una larga aguja.
-No hay que fatigarla, dice el Maestro, id á traer
á Balmann.
Pero el interno vuelve solo y contrariado. Balmann
no quiere venir, furiosa porque se llamó á Daret antes que i ella. Entre estas dos catalépti.ms,-sujetos
predilectosdeexpP.rimentaciónen laSalpetriere,-hay
esa rivalidad profesional que sienten las celebridades-disputas, palabrotas, insultos con tétminos técnicos, una batahola que pone en movimiento el dormitorio.
A falta de Balmann traen á Fifina, cubierta con un
largo manto; cutis rosado, boca gruesa, narlcilla chata y dedos de costurera picoteados por la aguja, Entra resistiéndose, porque es del partido de Balmann
y no quiere trabajar. En vano procura dormlrla el
interno; llora y resiste toda tentativa. cQue no se la
eontraríe,&gt; dice Charcot volviéndose hacia Daret
qué ha descansado ya y está orgullosa porque vuelve á empezar con ella la sesión. Misterio del suel'io
-cataléptico que forma en derredor de la enferma una
.atmósfera de ilusión de suel'io vivido( Se le muestra
una ave imaginaria en las cortinas de la ventana, lo
ven sus ojos cerr~dos con su aspecto propio y ~us m~vimientos ligerísimos; la vaga sonrisa de la hipnot1?;ada murmura: &lt;Qué bonito&gt; ...... Y creyendo que
lo tiene en la mano, lo acaricia cuidadosamente.
Pero el interno con voz terrible dice: &lt;Daret, mira
.ahí en el suelo cerca de tí una ·rata. . . . . . una serpiente ...... &gt;
Al través de sus pesados párpados caídos ve todo
lo que le dicen y comienza entonces á hacer ademanes de horror que jamás han igualado ni Riiehel ni
la Ristori ni Sarah; el clásico sello del miedo humano, siempre idéntico á sí mismo, cruza sus brazos,

11

EL MUNDO.
conmueve su ser entero en un movimiento de espanto
que petrifica la faz pálida, muerta, pues sólo vive en
ella la boca que lanza un largo suspiro.
Por favor, despertadla! Pero no hacen sino desviar
su visión, mostrándole supuestas flores sobre el tapiz
y pidiéndole que baga un ramillete; se arrodilla y
siempre dentro de su atmósfera de cristal que basta á
romper la ord,m del interno ó del profesor, ata delicadamente sus dedos con un hilo imaginario que
rompe entre los dientes. Estamos presenciando esta
pantomima inconsciente ci;ando olmos un estertor y
una tos ronca en el vestíbulo. &lt;Es Fiflna que tiene
un ataque,&gt; y corremos.
La pobre muchacha, tendida sobre el fríoembaldosado, echa espuma por la boca, se tuerce, truza los
brazos y enarca el cuerpo poniéndolo casi en el aire.
&lt;Las enfermeras! que se la lleven y la acuesten... &gt;
Llegan cuatro mozas robustas y sanas, con sus grandes delantales blancos y una de ellas dice con ingenuidad de campesina: cSé 1,ujetar, sel'ior doctor... &gt;
Y 1a sujetan, la comprimen, llevan por lo&lt;i. patios ese haz de nervios enloquecidos, que gime yse revuelve con la cabeza echada hacia atrás: diríase que
es una !nñemonlada en el momento del exorcismo,
como la del viejo cuadro religioso que miro cuando
vuelvo al gabinete de Charcot.
Ya habíamos olvidado á Daret que, dormida todavía, seguía cogiendo flores y formando y atando ramilletes ..... .

le dice mil tonterías al interno, mientras que por una
puerta asoma el rostro largo y terroso_ de una mujer
que nos llama con sonrisa amable, diciéndonos: &lt;Sel'iores, yo pinto, ¿quieren ustedes ver mis obras? ~ro aguarden á que me ponga antes mi sombrero tirolés, porque no pinto sin mi sombrero tirolés.&gt; Des-

•••

aparece un instante y vuelve á poco con un sombre·
ro verde cuya pluma le daba el aspecio de uno de mis
sombreros de Munich. Los internos se sorprenden como yo ante aquella extraíla coincidenci~, y la desdichada que nos muestra dos ó tres horribles garabatos, se enorgullece de nuestra Súrpresa que toma
por admiración. Al partir observo en el muro del patio multitud de sombreros pintados al carbón por la
loca.
La puerta de entrada está abierta de par en par~
el triste rebal'io delirante que nos sigue, grita Y parece animarse con nuestra partida. Una ve1. fuera,
vuelvo el rostro y veo, en el limite del patio que nadie cierra ni vigila, un ancLo rayo de sol, una barra
luminosa que hipnotiza á las locas, alineadas, que
gritan y gesticulan. Una de ellas, la vieja h~rmana
del rey, con un brazo en alto y el otro en_la cmtura,
en ademán de vivandera, clama en voz baJa:
&lt;¡Viva el Emperador!&gt;
Luego patios y más patios, con arbolillos, bancas Y
locas que bullen al aire helado, se agitan, dand~ grandes pasos, lúgubres visiones del desequilibrio humano.
-Ya ven ustedes, yo me voy, nos dice una bu~~a
mujer, apoyada contra la pared, con un saco d~ VJaJ&lt;"
en una mano, y en la otra una servilleta prendida en
un bulto; tiene un aspecto bondadoso de parienta de
provincia, sonríe á todos los que están en torno de
ella diciéndoles adi6s. Y eso todo el día desde hace
diez affos, y quién sabe por cuántos más aún ... •

Como con los internos en la caliente sala de guardia, y mientras saboream,,s el platillo tradicional y
nos sirve el vino una vieja epiléptica, hablamos de
magnetismo, sugestión, locura, y yo les cuento á ~os
jóvenes materialistas un episodio extral'io de mi vida,
la historia de tires sombreros verdes que compr6 en
Munich durante la c-uerra de 1866. Eran unos sombrerillos de fieltro d~ro, color de musgo, con un pájaro en la copa, un pajar!llo de alas abiertas y ojos de
esmalte; se los dí, pues, al volverá París, á tres compal'ieros mío~, buenos chicos á quienes quería mucho:
Charles Bataille, Jean Duboys y Andre Gill. Los tres
han muerto locos, y á los tres he vlsto en épocas distintas delirar C'Jn manías que tenian por objeto mis
sombreros tiroleses.

Escucharon mi anécdota cortésmente, pero dando
á entender con sus sonrisas que la tomaban como una
invención de novelista. Después de tomar el café y
de fumar 1 el jefe de clínica de Charcot me propuso dar
un paseo por el departamento de las locas. En el inmenso patio de atmósfera invernal, clara y fría, se
calientan al sol las pobres loca&lt;; cubiertas con sus abrigos y acurrucadas en los qui?ios de las puertas; tod~s
ellas estaban aisladas, silenc1osas, privadas de la vida de relación: todas clausuradas dentro de su idea
fija, prisión invisible que golpean con sus cabezas á
cada choque exterior. Fuera de esto no ha.y en ellas
signos visibles de malestar en i,u fisonomía tranquila y eu sus movimient,os racionales. Por la ventana
entreabierta de una sala baja, veo una muchacha bonita, con los brazos desnudos y la falda recogida por
delante, que friega vigorosci.mente el suelo: es una
loca.
En el patio siguiente, á donde entramos 11espués, había mayor tumulto. Sobre la banqueta bitumiaosa
que corre á lo largo de las celdillas, están sentadas
dos muchachas, de saya azul, con_ los cabellos alborotados· ambas son bonitas y moy Jóvenes. La una se
ríe á ~arcajadas, se echa hácia atrás y besa en las
mejillas á la idiota triste que está á su lado. Vimos
otra muy alta, de movimie~tos vivos, que caminab_a
con pasos furiosos, y aproximándose .á nosotros le dijo al interno: &lt;¿Qué hago aquí, sel'ior? Usted tal vez
lo sabe, yo no lo sé.&gt; Y nos volvió la espalda, continuando su violenta carrera . ...
Luego ms rodea una multitud curiosa y habl~dora;
una mujer joven, con el vestido corto de pens10nista, y blanquísima cofia de lino, nos cuenta una historia incomprensible, acompal'iada de ademanes mesurados· hay en toda ella un aspecto de felicidad que
da envidia. La hermana de Luis XVI (ella es quien
lo afirma) vieja de nariz y barba en forma '.le ga.ncho,

TRISTE.
Mano experta en las caricias,
labios, urna de delicias,
senos albos, cabezal
para todos los sofíares,
ojos glaucos, verdes mares,
verdes mares de cristal:
Ya sois idas, ya estáis yertas,
manos pálidas y expertas,
largas manos de marfil;
ya estáis yertos, ya sois idos,
ojos glaucos y dormidos,
de narcótico sutil.
Cabecita aurirrizada,
hay un hueco en la almohada
de mi talamo de amor;
cabecita de oro intenso:
que vacío ~:1.n inmenso,
¡tan inmenso! en rededor .. ..
AMADO NER.VO.

�12

EL

MUNDO.

nomlngc 2 de Julio 1899

HOJAS.

BALADA EN PRCSA DE HENRY IURGER.

A lllI MADRE.

Sopló el viento ... y cayeron en _el río!
Miradlas! van en pos de otras orillas;
Esas bojas oscurl\S son barquillas
Cargadas de rocío.
Los pétalos nevados de las rosas
Fueron alas de blancas mariposas;
Y en las noches de luna, todavía
Por el espacio slecten nostalgía,
Y se esparcen Yolando misteriosas

El primer pecado de llargarita.

Las que escalan el muro carcomido;
Las bojas de ciprés y cinerarias
Son bojas funerarias;
Las ho;as del saúz son el olvido

I

Empuja el Boreas con extrai'io ruid?
Las hojas que se arrastran y se aleJan:
Esas bojas dolientes, van llorando . . ..
Esas hojas se quejan.

Pasa, leda, la brisa

Las tersas y lustrosas
Que despiden reflejos
En las noches amantes y estrel)adas,
Son brullidos espejos
Donde se miran con amor las badas.

Entre los negros tules,
O en las bojas de viejos abedules
Ya jugando indecisa:
Esas hojas alegres tienen risa.

De las bojas nevadas
Hacen albums los genios de las flores;
Escriben sus amores,
Sus dulces esperanzas y sus cultas,
En bojas de gardenias
Y en hojas de platead'.ls margaritas.

Simbolizan los pétalos azules
L':l ilusión-astro que jamás se alcanzaLos rosados, se antojan los ensueiios,
Y los verdes, semejan la esperanza.

Sobre la turbia linfa del pantano,
Grandes bojas se mecen, medio abogadas
Suspiran por la vega, por el llano ....
¡Pobres hojas! ¡bohemias desterradas!
En la verde pradera
Hay mil hojas que duermen blando suelio,
Llenas de opio, cargadas de beleiio:
Las hojas de la suave adormidera.
Cada. hoja lleva en su &lt;0 1 or, bU historia:
Las hojas de laurel encierran gloria;
Hojas abandonadas siempre han sido

..,

tvlexico, Domingc- 9 de Julio de 1899.

II

Una tarde de estfo :Margarita estaba sentada á la.
puerta de su casa hilando el lino doméstico.
Era la hora en que se encienden los astros en el
cielo y sirven de seiial á los amantes, que corren á la.
cita con pierca11 ágiles de veinte arrus y llegan antes de la hora; porque el ~razón adelanta siempre el
reloj.
'
Margarita cantaba su canción haciéndo girar la.
rueca.
Cuando pasó ante ella una de sus vecinas que se
dirigía á la p·róxlma tiesta. Llevaba traje nuevo, y
corría, llamada: por los tamboriles cuyo sonido traía.
el viento.
Pero se detuvo delante de Margarita, para que
viese su nuevo vestido, y su colldr y sus pendientes.
Y le dió la mano para que pudiese ver un anillo
que brillaba en su dedo.
Despu~s se alejó ríendo.
Y Margarita la siguió con la mirada, lo que inquietó á-su ángel bueno.
Y el lino se deslizaba menos rápidamente entre los
dedos de Margarita y la rueca no dejaba escapar su
ruido monótono y el huso cayó de sus manos.

Esas hojas qu:i viven dulcemente
A orillas de la fuente,
Llenas de vida, jugueteando ansios48,
Mirando eternamente
Cuál pasa la corriente
Cantando mil canciones rumorob88 . . ..
· .,,. Esas bojas tan frescas, son dichosas!

Y esas pobres hojillas
Tostadas y amarillas
Que van rodando por sabanas yermas,
Son ¡ay! esas bojillas
Las tristes... las enfetmas... 1
.

Año VI-Tomo ll

Margarita era su nombre y en el Paraíso se la esperaba, porque Dios había dicho: Es uua excelente alma, y como allá abajo, fácil sería que la hiriera-una.
debgracia, la habré de llamar uno de estos días según
lo he pensado.
Era en verdad una moza humilde y dulce y se la.
llamaba comunmente el angel del lugar.
:Matinal como el alba y fresca como ella, todos los
días al despertar, rezaba la oración que su madre le
bahía ensei'iado y en seguida se vestía en su alcoba,
entregándose á las ocupaciones de la vida doméstica.
Pero al fin la necesidad obligóla y 1&gt;ara vivir honestamente, eótró á un obrador.
Y cigarra y abeja, trabajaba al por que cantaba.
Era una vieja canción de glc,ria y de amor que se
bahía mecido sobre muchas cunas y cuyos versos podían acariciar un alma inocente sin turbar su limpidez. _

MARIA. ENRIQUETA.

III

:EL VINO DE LOS AMANTES.
(BAUDELAIRE.)

El espacio está espléndido y sereno!
Sin espuelas, sin látigo, sin treno,
Partamos á caballo sobre el vino
Para un cielo de luz, puro y di vino.
Cual dos ángeles blancos que tortura
Una ardiente, Implacable calentura,
l!Jnt,re el cristal azul de la 1na1Iana
Raudos sigamos la visión lejana!

Y como el ruido que había p:oducido al caer hizo
salir á la jo~en de su ensimismamiento, al levantarlos ojos vió á un joven con el fieltro en la mano. Eo
el chambergo flotaba una pluma temblante como una.
llama. El jo ,en era un caballero magníficamente vestido que le dirigió un respetuoso saludo y con voz.
dulce y galante le preguntó:
¡, El camino de la ciudad?
Margarita se lo enseñó y extendió la mano para
mejoJ" indicarle el rumbo que bahía de seguir.
El extranjero entonces se inclinó y en recompensa
del servicio que acababa de hacerle, quitó de su dedoun anillo de oro en el que estaba t:n~astado un diamante que resplandecía como una estrella y lo colocó en el dedo de Margarita, la cual encontró el diamante más bello que el de su compal'iera.
Y el semblante del Cllballero se iluminó por una.
sonrisa extrai'ia.

MIGNONE
Bohemia ¿qué vendes en tus correrías,
Bajo el rojo fuego de los medios días?
¿Son los dos carbunclos de tus negros ojos,
O las coralinas de tus labios rojos?
¿Son las finas ágatas de tus dedos plenos,
O las gemas rosas de tus breves s;:nos?
¿No vendes tu cuello, brul'iida espinela,
Ni tu gracia impúber de inquieta gacela?

Mecidos sobre el ala, muellemente,
Del veloz torbellino Inteligente,
En un delirio Igual, delirio hermoso,

¿No vendes los besos, no vendes la loca
Cabellera bruna que alberga tu to:ia?

Flotando juntos, de la dicha dueños,
Ilulremos, alma mía, sin reposo
Al azul Paraíso de mis suei'iosl

¿Qué vendes, bohemia, eo tus correrías,
Bajo el rojo cálido de los medios días?

CARLOS ÜRTIZ.

IY
Pero sucedió entonces que un mendigo vestido de
andrajos se detuvo tamblen delante de :Margarita ycon voz lastimera exclamó:
-Una caridad, hermosa sef!orita.
:Margarita quitó el anillo de su dedo y lo díó al
pobre.
El extranjero exhaló un grito de rabia y tendió la.
mano hacia la hermosa nlila.
Pero el pobre--que no era otro que el ángel guardián de Margarita metamor!oseado,-la cubrió con
sus alas.
Y Satanás que iba á tentarla retrocedió ante el espíritu celeste.
Y esa misma tarde, el ángel guardian fué á contar Jo sucedido al buen Dios.
--Se!Ior, bueno sería llamarla.
Y Dios respondió:
- En efecto lo pensaré.
Pero al día siguiente no lo pensó más.

MIGUEL ESCALAD.A.

V

.

f

' ~1·:,·

... . , ................

Y un afio después, :Margarita, al salir dP la iglesia.
encontró un Joven que le ofreció agua bendita.
Y t enía un corazfo de niño y un espíritu secular.
Y se llamaba Fausto.

[Veue la P'g{na 1;.J

LA. LECCION DE MANDOLINA.
POR VILLASANA.

:

1

•

Número

2

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>480

EL MUNDO

Domingo 25 de Diciembre de 1~.
FiO. 11.-TRAJE DB OASA PARA DAMA

F II J,lade gros negro con sobre blda do sarga de Bts·
da rls tleruo, forwaodo cuerpo tawblén, acuchilladoten el cuerpo y en la fald•. con bordado de seda.

FI0.12.-UN BO~'lTO TRAJE DE TERTULIA

Todo de crespón de se•ta bordado, con u ,, a mnc~ta.
ile sallo bordada también. una v~ .. 1,11. de blond~ da
BruoeJaij en el pecho y uua grau cintura de raiso Itno.

Tomol

Otro pago de $12,000
DE ' LA MUTUA.''
1

0xpooición

México, Domingo

_,.
9(JacionaL

i: 0

de Enero de 1899.

CD LLao UJileó
/C1
de oue
en La

•

Num. I

tbca,oemia de &amp;an &lt;8azLoo.

EN ZA.CATECAS.

Sr. D- Dona.to de Chaupeau::ouge,
Director General de "La l'tfiífua."
.MRXlCO ,

Muy Señor mio:

1-'igs O, 10 .,- 11.-Trl"S sombreros (tlUwa novedad.
de 1011 P"queñó-1: los otros se alPj 10 de l11s niiieraa y
pasean por la11 eaar.. n ◄ d1111 c1-1lt.-jui,l11s que dividen loe
pradoe, contemplaud() l1-1s mstiz11.das l1ures que gozo•
eas die.,n lll eol t!n el vaivén de sut1 U1ovlmit,uto~, &lt;ta
amo• ,te am(l,• y no llld tocan, úo1camente lao cootemplan con su,i g1•J1ni!.et1 ojo-1 y qut1dan pt!n1111tlYoe,
y allá el por casuaudad d,.scubreu uua vlolet,, miran do para todoa lado,, 111. toma.u deli1.~dJm1eute con sus
manecltas, Y t'&amp;plrau .:on ansia su arom11, cual si quislt:rllII con.servar par .nui.c.ho.tlempo e.n sus pulmoocilloa el delicado pt!rCulllt1 de sus lindas ht!rman11s .
D R SU!.TALTA, •

H eceta s útiles.
Buii11elos ]Jara el chocolate.-Se toma un kilo de harina de flor. y eu i,J ct,11tco ne le hace uu hoJo y se h1

~ d e un va111to
echa un huevo ent6r0 Deepué~ se le ana
rina
de agw1 llger11mente tibia y s ,1, y ee amasa 1~ hª toFin Ct1oar con u11a cuchara de mader1-1; se le anaded r
da el agua tibia que nece!lite la pafta para qu 6 8
muy e,peea y no muy dura: deepué11 de trabajar h&amp;H·
ta endurecerla algo máe que pua loe ~esos huecos,
ee pone un gran caeo con muchl11!mo aceite; con las
m11nos se c, je la mua y se forma una rosquilllta; se
echa t-n el aceite cuando eslá muv caliente, sacándo·
la con la espumadera 11si que eEté b:en dorada
Se aume11tan ó disminuyen las cantidades en proporción con loe buñuelos que quieran hacerse.

•••

Para quita1·se las pecas: hay que lavarse por las no •

Con esta focha me ha sido pagado Pn .el B,nco de
Z1tcatecas por ol Sr . D. A1,to11lo ChAvez Ra.mlrez,
Agente EspP-rlal ~" f'B!I- Compañi11.. Y."º pree,-ucii. del
Sr. Notarin Plibhcn L1.:. D. Tr&gt;1nqu1lino AJ!'Uilar, litcantidad ( ~12,000) doce 11111 pesos, lmportP de
las póllza11 ,¡¡11mno11 dll Otil y f&gt;l~1tsJt l1&amp; una de S10 000
y la otra de 2000 en que e. tuvo asegurado el i,eñor
mi padre

D. JACINTO R. SALA ZAR
Antes de concluir quiero hacer constar que el 1tPñor
ml p~dre recibió e11 vid&amp; dividendos por valor de ...

$ 79.86 ce.: que el cos,o de la.~ dos póltzu e~ 11 años
una y Ja otr11 Pn 611ñoa de vigencia, respect1v,tmente. fué de $6 JUJ 2t c,c1 .. y que á. lo~ 23 dia~ de haber
hecbo la re.:taw"c1ón d., pago se puso á m1e órdenes
el valor de la1&lt; repetid11e pólizas.
Soy de Ubted con 1;1ste moiiv., su atta y S. S.

{)arolloa. Sala.zar.

ches cou 68ta compoo1ctón:
Agua de rona . ......... .lCO gr11mn1.1.
Sulfato de zlnc., ......... ,O
,,
E~te tratamiento local ee cowplcmenta con una fricción por la mañana, compueet.. de
Manteca de cacao.......... 40 gramos
Agua oxigenada. . . ........ JO
Vloruro dt1 calcio .......... 5
,
En seguida se ponen polvos de alwldón.

Nuestros Grabados.
FIG 1.-TRAJ!!: SAST.BE PARA Cll'l'AD,

l!!s do h eviotte grl,- acero y está compuesto de una
falda plena, con adorno de br11ndtburgos y un dor•
mán con el mismo adorno, ligeramente abierto sobre
1m cb11leco de seda. Sombrero turi~tll adornado con
d.ie ala" de palomo.

Si}'ILl.-TR1,JBl Dl!I OASA.

E.e de escocé11 obscuro de lana, con blusa holgada,
oruada de un gran vohmte y abierto sobre un plastrón de cadenllla. En la fa.Ida dol! volarites de ligaros
farolillts
FIG. 3--TRAJlil DE CASA PARA S. ÑORITA.

Ea de eecoc~s .1tria claro, falda v blusa. La falda
tiene un delantero figurado y la blusa varios table, os

y una c11pelloa muy elegantt',
Cullar de eeda A rayas negras.

FlG, 4.-TRA,TE PARA NIÑA DR 9 A. 11 AÑOo.
Es de chevlotte azul obscuro, estilo marinero, con

laida tableada, blusa holgada, con gran cuello orniLdo de cintas de seda
Corbatin de raso muy elegante.
l.

no .5.-AllRlGO lilLXG.A,TE.

Es una Jacquette de cbeviotte muy fino, con untran
cuello de pielformando solapa. :"lhngas de globo. Falda lisa.
FIG, 6-PRAC PARA SE~ORITA,

De cbeviotte también, azul obscuro, con rlbetPs de
piel v grandes adornos de g11Ión de cordoncillo de seda. Fafdón redondo. Falda de amplitud media.
FIG.

DOS AMIGAS.

7.-nos PALRlTOTS ELEGANTES.

FOT. DE LUIS(', 8 ,HfDO\"AL.

A CUAREL A DE POYEUA.

1-'oTOGltAR\DO DE LOS TALLERES DE

El primero de paño ob\curo grie perla, con gran collar y guarda mangas de piel y C:e brandeburgo; el
segundo cbeviotte azul negro, con capelina ornada
de piel.
FJG8. 1 9 y JO.-Dos SO)IBREROS FlELTROS y UNA TOCA.
DE B.A.80 DB' 1.08 MÁS ENCA.NTADORBS BSTfLOS.

FJg. u. Traje de casa t)ara, dama.

Los fieltros Pon ambos redondos con adornos de raso negro, el primero en doe penachos y el segundo de
eeda crema, alternantlo con una pluma rb.ada.

FJg. 12. -lJn bonito trato de tertuUa.

-

EL

)f {J'N DO,

�EL )[C~DO.

2

LA SEM'AN.A.
Entro en la er6nka como un &lt;·onvidado entra en
una ¡•a:,;\ conoci&lt;ht donde e pera encontrar bue1ws amig-os. mujere;, hermosas y paliques rociados de gracejo
y rhampaiia. Porquelacr6nica, para mí. noe;,másque
un pretexto para dhagar. snelta y locamentt&gt; por los
campos del humorismo, de, !izarse por los pasillos bf'cretos ~· las potl.'rnas ei.condirlas ele! suceso. contiar 111
públlr'o. no la existencia común, i,;ino algo de la propia existencia, no zurcir ~acetillas literarias y revistas
de tandas, sino eantar una romanza á lapriman~ra, &lt;J
entonar un hlmrn, al libro nuevo, t\ decir una galanter1o al oírlo de la bella que pasa, &lt;Í JIH11uu sin rumbo
por !al, aYenidas &lt;ll'l ensueño.
L&lt;,s homhrt&gt;s polit.icos tienen i;u programa. Losnonistas,-que ntlen más que los polfticos, porque entretienen más v son inofensivo. ¿no es yerdad, aru1ga
mía?-dl'ben tamhiPn lanzar {L los cuatro Yientm; un
programa lleno de alhago · y pt·omesas. .._\bí rn el mío.
;,Qut1 ofrezeo:' Bus&lt;.'ar la fralil' bordada. ton oro y lentejuelas, la palabra brillaot.e &lt;.'orno una cuenta dE' ,·idrlo, l'l pl'..todn de dalmi\t!l'.a de pi'1rpura. Fingir c.1.
halgatas histc',ricas, torneos de rmnes. jlll'gm, (, llurninaciones de metáforas. en que los vocablos á. cual
m1h. Yistnso" r inquietos se clispoten el triunfo: (,:te.
1·hiquitín como un paje. aqlll11. gran: y rko como un
heraldo: esotro. risueiio y zatiament.c empingorotado
como 1111 aldeano: t.&gt;l de más allá, desdei'ioso como un
príncipe .... tmha ligera rle fantasías, mundos ruti. !antes .I' débiles que suben un momento por el aire
tranquilo, globos il'izados y transparentes, pompas de
Jalxín, en fin, que me entretend.rtl en lanzar soplando
en una rniia arrancada al caramillo de Pan, para divertir ÍI esas niiias traviesas y locas, á esas imaginaciones tornudiza1:, y &lt;'aprichosas que de nada quieren
saber sino d&lt;• las 111il y ,rnn 1wd1c.~ de la Yida, de losencantos r hel'hiC'erías del Cnirerso, de las proeias y
aventuras de la ilushín. La mentira que cuenta mist erlos v t·,íbala:,, es una divina 8cheresada. Ah! Chronos, rey Schariar, ,·tejo sultán de las lndfas, q ltet-speras e01:{ impaciencia el rlesE'nlace de la bistoriadr l~eclreddín, deja ele pasarte la mano constelada de i;ortlJaS
por el neg-ro torbellino de la barhll, aparta de tu pálida boca la nervloi'.\a serpiente de la pipa que ha envuelto tus icleas en una nube de opio, encierra en sn
estuche de earne morena las pupllas febrile ... . Clarea el alha, y 1a luz.--Odalisca curlosa,-se asoma por
la persiana vercle. entra con timidez de enamorada ~·
arrojando su cba.l de seda blanca tramada ?e azules
t·stambres. murmura lentamente: Buenos d1as .....
se levanta del dh•fo de los sueños la dhim~ meut irosa; es hora de rolrer :\ la realidad; no es malo reposar de las fatiga¡¡ del vuelo; mientras los pájaros
despiertan. vosotras ¡oh Insomnes fantasías! dormid un porn . .

***

.\ilo nuevo'. Busco mi asiento, el lugar que me to-

ca en el te:tln v lo hallo entr!) mis compaiiel'Oscle juventud y de esperanza.
Pru;ó el primer brindis. El ,·!no burbujea en el fondo de las copas y lo.-, comensales comienzan á se11t.irse
alegres y comunlcat ivrn,. )Iuy lejos ele ,mi. por &lt;'nt~E'
los manjares y las llore:., tras de los bumros l1encb1dos r lm, ruentc;, maraYillosas de los dukes, entreveo
los ;omblante.· satisfechos ele los altos personajes ele
la relicitlad. de los hanqueros de l;l dicha. de los comendadores ele la rort una, de los condecorados ¡•1,n
&lt;·I toisón de oro del placer. Hablan ellos aca.loradamente. Pero la, teorías de esos sabios de ano nuern,
están ya trasegadas por las multitudes, y. como HL'&gt;
moneda de uso diario, han quedado sin relieves. Xo
&lt;.·onwn&lt;·en á nadie: 110 tienen valor y se guardan en
la memoria como un denario ó un zequi en una cokcl'i1í11 de numismática.
CrPo que nosotros no lanzaremos la queja clásica:
.,.,,. ,1utw f11y111·1~ Pli.~t,11110 •.•.. • al abrir esta caja de
hrnclora que rontiene trE'sclentos .1• tantos dfas. Ya
sabemos de antemano que la se11orita Esperam.a no
acostumbra cumplir sus promesas}' que el caballero
nesengailoes nn amigo entrometido que con su expcricnda de bomhre ele mundo aboga en la cun;L uuesil'os anhelos v Jei,; corta las alas,! mll';,tros sueflos. ;. Y
eM1 qué imp&lt;Írta? El tx,raz1\n sigue. :;in cesar. su labor misteriosa. 'fmbaja, ¡l Yeecs, c•11mo un obrero eansadu: se le conc&gt;&lt;'e la fatiga;~ le echa de ver rl rlbcrusto; pero 11111 cst{1. en el taller ohsc.'uro de mwstro
pcebo, rnnstruyenclo latido {L latlclo. el tálamo dr
nuestra prometida ventura, el jo~·ero de nuestros
imposibles delirios 6 el ata&lt;id de 11ue1:,tras muertas
ilusiones.
~o ern -verdad lo que sinti&lt;\ Ba11clclaire. en el alto
período de su locura nl'gra; el t·orazc~n no puecll' dormir ese sueno ele bruto. ¡.[n 1·ecuerrl11, sin pesaelillas,
sin visiones. Hrine. gal'itado por el amor y por el ha;,tlu e11 plena jnyentud, le dech1 en un bo11doarranq11e
de amargura: ¡acaba pronto, CHrpinlero!
\'nmos, pues, á \iVir, á caminar á marchas for,~1clas, seguros dn encontrarnos á rad:t paso un punto
rle Yista. no conocido, un panorama nuevo. El tiempo
no hnye--qué ra {t huir!- al contr:trio: tienen las lloras una marcha uniforme, 1·nrn11 la &lt;l,• 1111a eolumn,L

m!litar en una parada. Cuando estilmos entretenidos
por el goce, cuando volvemos el m-.tro para darle un
beso á la. mujer amada, cuando nos llama la gloria,
ruando nos atolondra el bullicio de laorgfa, emonces
-es claro!-no sentimos pasar el tiempo. La c·ulpa
no es surn. Mas si estamos en la alcoba, de noche,
rumiando nuestras penas. 6 frente al niilo enr~rmo,
esperando la hora en que ha d(' prepararse la lls.ma,
t• junto al cacl;iver del amigo inseparable, con el pensamiento en vela, triste, luminoso y trémulo &lt;·omo la
llama clt• los blandones. ;quil buenas compaueru son
esas horas :;llenriosas, que pasan sin :welt&gt;ramiento y
da puntlllns para no dl:;tranuos'. .\hora una: ¡cmínto
tarda la otra! dpcimos. Y no: llega acompasadamente, toc.1 la puerta y se sienta en la orilla del lecho á
ei;cuchar nuestra;, conrtclencins v á contar ]ns minutos q ne debe acompañarnos. L&gt;eÑpuh,; .... . . no se detiene; se va callada, como vino.
De e.sas iguales. pero que medidas con el listón rojo, arrancado al corsé de la novia, !iOn tan cortas, y
medidas c·&lt;m la cinta negra de un féretro pareceu tan
largas. tenemos muchas pn el ailo. :--omos ricos. J&gt;errcwhcmos este caudal que nos ofrecen. Ya vendr{m
el olvido 6 la muerte 1í empobrecernos. (fastemos ,á
raudales antes que estos ladronei; nos sorprendan.
~o temi\is que las horas huyan; temed que nos las
arrebalen: eso sí. Las dolorosas no son codiciadas,
pero ¡ah! las alegres, las salpkada con gotas de miel
divina, las de lo::, díai; ímreos v las noches azules. llenan de emidla á. esos band1do de la sombra. Precisa
gastarloi,.
Amigos míos. entremos en el festín del ano. Pas6
el primer brindis. No me obliguéis á darle l¡iblen venida al re&lt;"lén llegado.
C.'barlemos un poco, si os parece, de esta existencia aturdida que, en Enero, cree tropew.r con las doradah puertas de Jauja.

***

A I mh,mo tiempo que en J&gt;arís, con motivo ele la
apertura del nuevo teatro de la ópera cómica, la Ccir1,ui11 de Bizet, ba sido en :Méx1&lt;;0 el comentarlo artístico de la i;emana.
Lol&gt; parJslcn es. enloquecidos de orgullo y de content&lt;&gt;. aplauden. como nowtros, la mÍlsica más apaiona.&lt;fa y sugest irn de las que ha producido el genio
lírico francés.
Aquí nn S&lt;\lo aplaudimos la partitura sino también
la belle1..a de la más linda intérprete que baya pisa.do
el escenario del Sacicmal: Esteranfa Collamarini. Todo el mundo es1 á de acuerdo en que la hermo;;ura meridional de esta artista lm hecho en su C"arrera, por
lo meno.-;, la mitad de los triunfo. . i-e presenta y fascina: he aquí el prodigio. LaPlástica, por esta vez, ,·encc á laEurlthmla. Todal'ía no se t;abc si la Collamarine es e$ 110 buena rantante. Lo que sí aseguran cuantos la reo. es que no recuerdan de otra Clir11101 más
gallarda J rniu; seductora. La Unea perJudica el sonido; la gral'ia vence Íl la YOZ. Por ver nos olvidamos de

oír.
.\ malii~ 8ostegni, una hada rubia, duh'e &lt;'omo una
ca.ricia dr niiio, posee no la bellc1.a. precisamente.
(•orno la Collama.rini. sino un encanto supel'ior: la simpatía. Y su voz. Impregnada de unt'ión. virgen y pura como linfa de la montaiía, ranta con una delkade1.a, pa1 rlruonio exclush·o de los esplritus altos. J11s
. uaws pasajes de la Jfic11tfo .•\malia 8ostegni. en la escena, recuerda la rrase del viejo romántico: tiene la
!ragiliclad aparente de lasco a1:, aladas.
Estas dos lllttjerei;, cuyos retratos publica .b'l .lltrntlf/ en este número, hicieron concebir esper.mzas de
una ex&lt;·t&gt;lcntc temporada. l'ero esas esperanzas c-0mleozan :i fr111:,trarse. La Ailln ha sido nn insulto {t
Verdi. '\unque, ,\ decir Yertlad, estamos ya un poco
acostumbrado:- á e:stos desacatos artísticos.
Lo cuales, á p&lt;·sar de tnclo. son prcferihlr · ,:'L la
inicua monotonía de la tan&lt;fo.

***

)Jme. Roux y '.\Ir. Grossi se presentaron en el '1\•at J'O
Arbeu, anoche á ejet·ut ar sus experimentos sobre
adivinaci&lt;ln del pensamiento.
Esta &lt;·tase ele espectáculos que producen la sensación ncr\'iosa ele lo mara,·illoso comien1K1n 1í ser entre
nosotros de ¡::-ran atractivo. Xrn; llemn de un golpe
al univeri;c, de lo sobrenatural, y nos obligan :i viajar
por el viejo país de ius fukires, et·izado de e1wamamlentos y ruilagros. ;.Todas las expt'ricndas c¡ne &lt;'stos magos ambulantes dd Cakirismo &lt;Jt:ddental. nos
presentan. son cierta.:' Quizá no. Pan'l'C que en l'l
fondo liay &lt;'hn·e. prci;tidlgitadcín .H'!-Waram111.a. ,1iu, .
con!ormt!mohos con sentir por un m11mento el h;Hito
de la realidad en el aire vklad1, del en¡raiío. l'rirq lH',
como dice la hunw,·ado:
Con tal que yo lo 1·rPa
;.qué importa que lod&lt;'rto no lo sr:t:'

..

* *

Don Matias Romero, un homhre qne l'Onsagr&lt;í toda. su vida y tocias sus energlns al ~ublimr altruismo
de la ratria, acaba de morir en Washington. La nación entera está de luLo. CulJramos, micntrus pm;;~
l'I téretro, con un cresp,ín obS&lt;·uro nut&gt;st rus sueílús. ..
Lt 1~ Cf. ¡ · 1m1X,\.

Domingo 1 = de Enero de 1~99

Domingo 1 ° de Enero de 1899.

JDlitica ~ttttral.

EL MU DO.

3

Artista• de Ja Compañía de Qpere. d~l Nacional.

1898-1899En su ansia inextinguible de ak:rn1,ar la suspirada
meta del ideal, ;tm\ntas veces ·e sienta la h\11,nanic)acl
;í. &lt;·ontemplar el cielo abierto á sus miradas. u nwlrn
la vista hacia atrás. para sondear ent1·e las ~mhms
dt&gt;l pa ado lm, etnpas vencidas por su &lt;·on;,t:mt·rn y !ns
senderos re&lt;"orridos por su anhelo!
.
~fas ¡ay! que rn ~ada recodo del t•awrno, ~n las1.arzas que hordan la na, mira con dolor prE'ndldas l'omo
veJl(,n mrzquino las ilusiones que ay~r ruemn su ~ncanto, ve derribnclo;, por el suelo i;u:; 1dolosell' un cha,
v mezclados halla con &lt;'I polvo de las Pen,rpolis y las
ruinas de Las Ilahilonias, los frag-meut.os del Partencín
y las piedras del Coliseo. Iruplacahle el tiempo en su
obra destructora. nada respeta sn segur impia: polv11
es el Ollmpc1 ele llesiodo, cenl1.a deleznahl&lt;' los dios~s
de Homero. sombra \'ana las lncubradones &lt;le los ti·
lcísofos. miseria las creacione,- de los S.'lhios. y hasta,
los altares de loi- ttifotropos ., las bauderas de los revoludonarios. que in1 t&gt;ntaron la reg:enera('i1ín de las
moelérn.u; s&lt;1derlades, ~·acen sepultados &lt;•n rnenudiL
arena. al h'.lpulso de aspiraciones nuevas y al grito
siempre angustiado de nuevos dolores.
La lucha por la ex:lstencin, Iniciada en las rclaclcs
primitirns por el linaje humano. al lado del oso de
las cavernas y dt.'1 dcrvo glgant-e, ba continuado con
encarnizamiento ;,in igual.
No es va el &lt;·ombate Individual del bo111hre contra
el hombre,&lt;llsputándoscla presa palpitante .V la hembra eodic1ada: es la lucha colectivadepuehl11~ &lt;·ontr:i
pueblos y raza contra ra1.as en feroz e~mt ienda busean&lt;lo el predomio del mundo. dlsc•ut1endo la posesi6n de un palmo de terreno. ambicionando Ju prNlominandu. política j ' la preeminencia mercantil en io..¡
grandes rent ros de rnnsumo. Y en meclfo cleestos&lt;·uudros dantescos que representan uua lnctm que no acaba, entre ayes de dolor y rugidos rle rabia.. e~uimos
pre:.endando, mal &lt;JUe pese á l01&gt;sueños de 1~ p&lt;~tas,
á lm, aspiraciones de los film oros. y Alas pred1eac10m•s
de los apóst{)(es. seguimos presenciand1J 1·on dolor, la
perpetua victoria del míls fuerte.
:,_¡ el perrecciomuniento de las espedri; or¡.nínica. ~l'
efectÍla en el \'asto 1eatro del univers1 pnr nwdio df'la sel&lt;'&lt;'dón natural que hace perecerá los débiles y ,t
los enfermizos. incapa(·cs por ende del perfe&lt;Tinua~
miento Incesante, en el desarrollo de las sociedades
el progreso se alca.ou1. por una especie dt&gt; selecciún SQeial en la qut&gt; sucumben los menos aptc•s para la.~ran
obra de la b11manidacl. C'iego al parecer el destino l'n
su,; inex&lt;"rutables desi¡{nlos. no cuenta los inclh·lrluos
destrozados. ni toma raz(ln de las cabezas rer&lt;"enadas:
mira la obra titánica el('! hombre, y lo guía á tran1;,
de senderosohs&lt;·nros, pero que lo han de conrlucir á ht
posesicín de la verdadera luz.
Cuando se &lt;.'ontempla aisladamente y t-n hnrizontt:
limlt ado la tarea emprendid:t por lasagrupa&lt;•ionc" humanas. t·onstituidas á fuerza de lahor y de sangrr en
las modernas nacionalidades, viendo los cl&lt;'sfallet•imientos de nqu1. las caídas de allá. las angustias clr.
todas parles. tentado se mira uno de treer q111• hay 1111
hado Impío &lt;1ue SE' romplace en el elolor lrnrnano. y al
presidir los destinos de los lwmbres, l,jíloson al'epta;,á
sus ojos las ofrendas de lágrimas y s:rngrt'.
Pre&lt;"isr• es &lt;'Onlemplar &lt;'011 mirada mái; alta y aharl"ar en conjunto á la hun1anidad. para comprendt•r sus
destinos, explil-ar i:.us luchas, entender sus clec•nd&lt;'11cias, abarcar sus angust iasy adi\'inar y t&lt;'ner re en su
granrler.a.

• •*

Triste y sombría amaneclc.'• J;i primera aurora de
18!1&gt;-. :-il•gros nubarrones se amontonaban l'll&lt;'l Extremo OrientP. donde SP han dado cita Lo&lt;l1~~ lns aprt ito.
y las l'fllll'llpiscenclas de las potenl'lascul'IJpeas. Sulws
rlc trmpt·stad eniolrlaban en esos días el delo anwricano, 1\ donde ai;cenclían las llamas del irwPndio en la
insnrre&lt;"ci1ín 1·11bana ."i amena1~1ban romper clt• modo
violrnto las amistosas relaciones entre E,;paiia y los
Estado¡, l'niclo~. Y nube de tMmenta tambiPn s&lt;' h•,.1n1ahan de las azule1s aguas del s:_1graclu :-iilo, dnnelt\
la Gran Bretaila había eom·entrarlo formidahlt•ej1'reito, para rcnmqulstar rn ravor del ,Jeclln•, lm, f{-r11les reglones 1lel Sudan, sujetas ÍL la ohedlenda ele l&lt;1s
fan{ttit•t~,; dt'nises.
All•mauia to111ü posrsíún de la bahía de Klan-('hao
&lt;·on Mis territorios adyacentes; Husia ent r.-, orgullrn,a
á P1wrto Arturo, para dominar todo t&gt;I golfo ch• P&lt;'tcbili y rlesde sus fortalezas y los puestos arnnzadc,s ele
Vladirnst0&lt;·k, ser dneíla dl' la '.\fanchuria; lnglatena, desp11(-s fil' rlisputar ;\ Rusia y al .Japon &lt;.&gt;l predominio subn• l'nrea, entra pacírkauwntt' á \\ey Ila!
Wey para terwr en jaque {L su riral asiátka; F'Í·ancia
adelanta wbre Hainaul, se oxllende en el Tonkin r
Yigila más de 1·er&lt;·a el drama que se dei;ennielYe ei,
el fért 11 valle del Yantsé. Cada ruul de los que s1f
rlh,p11tahan un ,rir(,n de l&lt;'rritorioen t'l Cell'i;te lmpt•rio hn lograrln su ohjeto, y la misma ..ilemania que se
hallaba apartada de esa competencia, ba as1•ntarlo ya
su plalll a ,·ktoriosa y nadie poclrii h,Wt'rla rt•t roe •cl~r.
Tie11qx1 ha c¡lt(• el illlJ&gt;l!rio c!1ino éS co11si•lr,r,1·l11

\.

( J'tu.ilC e L&lt;t /Semww. &gt;)

como fácil botin pam los poderosos de la tierra. Constituido por sedimento;¡seculares, clonde aún se ,·en la.s
estratificaciones de las razas prlnuth·as, ese inmenso
b,winamiento de pueblos, esa agregal'i6n de razas,
mal ligadas por la aut-0ridad superior, está aguardando w1 soplo de ciYllización occidental que lo haga resurgir de ·us sepukros de granito. )fa· ;aJ! como todo progreso bumano, éste babrá ele conquistarse por
el dolor y la v iolencla.
Las e-Jases arist.-Ocráticas, con prerrogativas heredltllrias de origen milenario, mal se a, lcnPn ;\ ren11ndar
sus privilegios de que se veran despn ·eídas note Jo,.
avaureR de la cultura. Las mismas ¡•Jases populares
.hundidas en el borror de su igníJrancla. encenegadas
en el r,mgo ele su miseria, eternamente arrodilladas
en la&lt;; somhras &lt;le lasuperstiri6n y apegadas, romo el
molu;co á s11 concha, al antro obscuro de sus tr,tdiciones, t,ardarán mucho en despertar, y, azuzadas por
sus altivos seilorcs que las explotan y envilecen, lucharán de ·•speradas por quedar e1n la somhra. por
prrmanecer en el fango, por vivir en el ant.ro en c¡ue
siempre han vegetado.
Lii dinastla reinante, soUcitachi alternatintmente
por las ombras que vienen. de su pueblo y la luz (¡IIP
procede de las lnrluencias ext r.rnjen\;,. vacila entre el
temor su pcrstlcioso de disgustar 1í lw, . uyos. el mit!do real de que lo· de tuera le abran los ojos á caiiona1.0s. De esas ,·a.dli\cicmes se apron'Chan la potencias occidentales que quieren prerah'&lt;'&lt;'r sobre el imperio, y á virtud de la intluencla hri11ínlca qne :l las
veces triunfa y de la Influencia nu~s;covita que prernleCl' en &lt;K',u;iones. se traman tragedias en el palacio
imperial de Pekín, desposeyendo al soberano y rlejando la snprema autorldad en manos &lt;le la vieja emperatriz viuda. quien pretende con maquian11kas rntrigas eonjurar la i;uerte del imperio.

r

* **
Afüu j ,u·t,, c.,t! Con voz solemne y sin que nadi(\ se

hava lernntado á contradedrlo, Lord 8ulii;bury ha clechirado '(lle China bn ele &lt;'Ontarse entre las nacione,.,
enrrrnms y caducas, y ,í las que debe adminisl rar.,;p
la extremaunción cl!'I rcpartimlenu1. Tarde 6 temprano vendr.i la desintegración en el Cl'leste Imperio, y
las naciones europeas. que están á la Yera ele ·us despojos, entrarán de lleno en sns vastos t erriturios, lngertanclo á sangre y fuego los frutos d&lt;.&gt;I pr11grrsrJ ()('cidental en el viejo y carcomido tronco de la caduca
civill7~1ción a~!Mlca.
La hora sonar;\ ele galvani1.ar l'Se l'ad:í H'r. transrundh•ndo sm·ia nueva en s11 organismo di ')!regado. ,"6ó la competencia en la poset.uín dt• l&lt;1h dt•-..p11jos pue-

l-.RJT.\. E!-TKJ.'.\!\I.\ l'OLL.\)J.\RDif,

de prolongar la inútil 1·lcla de esa sociedad 'J ue se desmorona cuarteada por los siglos, que se hundir.í al
golpe de la piqueta demoledora del progreso.
Kada podrá detener á lw conquistadores en su tarea. Ni el despertar del imperio del Hol Xaciente entorpecerA sus paso~. IJan ,•isto la temible competcnc•i.\ que ;í la producci1~n europea ba becbo la industria del .Japón, recién ent,mclo al conciert&lt;1 de lrn, pueblos cultos: despertarán ¡tl movimiento moderno las
inm'1men1s trlbns de mongoles, tártaros y mandehúes;
procurarán en&lt;'a11zar en pro"echo propio su pockrosa
actiYidad, aunque sientan despu(os el 1, rro,· 11m11dllo,
viendo alzari;e nuevos mhtlrns de angustia en sus centros productores y nuevas formas de protestll en las
a.-;piraciones sodallsrns.
11
¼

*

Mas si los 111ie,t1J.~ 11riP1tlr&lt;l1,x se han disipado y nu
preocupan por ahora á los estadistas, es porque otro
terror ha naddo con perfile casi apocalípticos: es el
tar&lt;n· y(lnk,c-. engendrarlo á la luz d1•l inet.&gt;ndio ele las
naves espanolas en la había de Ca,itP; :11 relampa¡.,rt1&lt;.•o
de los caiiones de ~ampr;on que aniquilan en d~ Lwras la ll&lt;1ta del heroico Cerwra; A la rnz ele I&gt;l'wrr
que rt&gt;chaza las in:.lnuaciones drl almirante alemán l:'n
las aguas de l'l1anila: y ante la actitud de los &lt;·omisiunado ameri&lt;'anos en. la ('on rereneia de París. lJ 11&lt;'
tirmes en sus demandru, y casi implal'ables en sus :.oli&lt;·itudl"s, c·onYierien en pavesas el imperio eoloni11l
que le quedaba á E.5pafla, desechan toda discusic\u
¡¡ol.Jre deudas (·olonlales, redaman la posesi611 de Puerto Rico. obtienen la oher-,1nía de lt'llipina., y clavan
su pahell6n triunfante en la grnn .Antilla. mientras
puede alentar lihr1• é indep&lt;&gt;ndir•nte la Rep(1bllrn dl'
Cuba.
En un supremo t•srnet'7.0. y para desarmar la immrrecitín antillana. el gobierno español 1·oncerlicí la autonomía: maiiana hace un allo que comcnzc", :\ ruo&lt;'ionar el gabinete a,utonómico, en medio del regocijo
c,ticial de la Haba na. A parte de q11e la medirla era
tardfa y arran('ada por la fuerza, nn r1&gt;sc1IYía m¡\s q llt'
el problema politico y dejaba en plr el problema 1.-&lt;·11nómico. Por eso no pn peri\. Los lm,urrl&gt;C"tos cuhanos reeh:IYJLron la libertad á medias t¡ue. e lesotorl(a•
ba entre los horrores de la gm•rra. como recl1azarun
después el armisticio. porque temfan &lt;¡ue no los mndujera ásu anlll'losupremo: la ahsol11ta independencia.
En tanto los clamores del pueblo americano por la
intern'nctón condujeron al Congreso americano á sus
ramosas resoludones del l!t de Abril, y no aceptando
E.-;pana el abandono de C'uha. la guerra se hizo lne,·i table. Débil. empobrecida. agotada por una doble

guerra colonial en la qul' bahía galititclo t~&gt;das su,.
energías, la monarquía espaiiola tuvo qul• sucumbir
y aceptar 1lnlornsamenl.&lt;' la triste &lt;.·oudici(111 del Yencido. a1·eptando de grado (, por fuena la!&gt; dura!&gt; huposiciones dt:1 reneedor.

***
}las si la clerrota impm1e it 1t;spaii11 la mela lahor&lt;lc
reconstruir toda 1111a patria, para restaflar 1,11 sangre
y cic..1! rizar sn;, heridas, y enjUJ!ltr sus hígrimas; si ll•
corresponde t·once11trar todas sus energía-.. para entrar en una nu(•\'ll era de rPl(eneraeión. donde no
quepan ni )a!-, inil'uas amhkiones de J&gt;,m ( 'arlns. el
pretendiente desahuciado. 111 las utopías reg'ionalis1as que tiendan al separatismo. ni los suefios republkanos que ensangrentar!Hn un suelo ian trabajado;
no es menos clltkll In tarea que se ha impuesto el
vencedor. en medio de llk'i esplendores de sus fáeiles
\'lctoria;,.
Debe procurar c¡ne raiga l'll l 'uba el rocío rc'c·uncl11nte de la paz. para q11p {1 su abrigo int·ube la República Cubana. l&gt;ebe h:wer de Puerto Hko 1111 territor~e fedrr-,1! para que sus habitantes honrados, t rahajadores y pacíficos. no e!'hen de menos it su antigua
metrcípoli, y entren de lleno y sin t ropiPws á la virla
r&lt;'puhlicana. Debl.• hfü•er de Filipinas 11n territnrit,
pr,bpero y feliz.: sofocar lmpadencim,. rt&gt;frenar a.-,piracioneb, i;egnr corruptelas, cer¡•e11;1r aiil'Íª" tradkiones y hacer de lol&gt; heterogé11er,s grupos bumanos c¡n&lt;'
habitan el Archlplrlago 1111 ptll'hlo nnidc,. l'ap:t1. ele recibir mh tarcfe el agua lustral de la &lt;·ultura 111od1!rna, digna de la gran Repi'1hlll'a.
¡Qué alta iwrá entonces i,11 misión'. ;Cuál M' lernntará el partido republicano qut• hoy St' halla en PI poder.
conte t:mdo con hechos lrrefutahlcs las eontradkdones de los dem&lt;icratas qne i;e oponen á la expansi1ín
territorial! s,-.ir. así podní sinc-t·111rse ante el puel.Jlo.
ante el mundo 1· ante la hintorlael(•lrnht-roh·11Jaelo11n
punto IHS gloriosas tradklo11(',,, l)Ul' !el, leJrarcm l'Oll\O
sagrad() testamento los "ºashln¡¡-ton y los .J l'ITL•rM,11,
padres insil{nes de la patria americana.

•

Después de la g-uerra hispano-americana, 41w ha colocado á lrn, Estados Unidos en la 1·1111,goria de las gTandes potenl'ias y los lm puesto e11 l'1tndlci1ín de 1'11nd:1r
un imperio colonial con los despojo~ :del imprrio de
Felipe 11, nada preocupa tanto .í las nal'imws europeas C,(JlllO la marcba inYai,ora dl' hr Oran Uretaíla sobre el continente afri&lt;-ano. La espada veneedor:i de
Kitcbener que fulminó en l&gt;ong-(1),1, rdampaguecí en
nerber y redujo:\ ceni1,as, l'nbe las ruina · de Ondur-

�Domingo 1

EL MU'NDO.

4

° de Enero de l

9ll.

· od'1&lt;1" nure1c.,..,,,
°"•S #,tnd·t factorias :\ su paso. deJ·a guarniciones en los
cp1s
. "
•
•
.
•
.
. d·
puntos estraLflgicos y claYa el pabenón f~ctls en las riberas arnnza ,l!,
del Babr-el-Gbazal r sobre lo muros de l&lt;achoda.
. .
.
x O necesitaba más Inglaterra para provocar un ~on!hcto:. y ro~s1derá11dosc en nombre del Jedive dueiia de todo. los terr1lor10s suJeto .,_la obediencia del sultán ae ,J artím, clechiró á :l\larclland ltwasor de su prop10 territorio y reclamó su r etirada. Francia, que no estaba _prepa;ada para el _co~1flicto en
alegó derechos y prerrogaLh•as: al fin tmo que ceder á las
exige~rim, británicas. guardando para 1mt" tarde sus recl~mac1ones Y apelando, por ante el concierto de las nacitmes, de la solución del problema
egipcio.

MEXICO MODERNO.

Domingo 1 ° de, .'Enero de 1899.
,alma á todos lo_s pueblos de la Lierra. par-d despedir
cllguamente al siglo que acaba-:,· s-.ludar al siglo que
&lt;'Olpieza con todas las pompas de In moderna cultura.
:n ele Diciembre ele 1898.

"ªºº

***

y he aquí que en los momentrn,en qne elC'zar, int;pirado en ideales subllm es ele filantropfa y bumanjdad, pre?jca la paz ~ntrc !ns bo~1~rcs ele buena voluntad. v eon,oca un congreso mternaclon.11 para procuiar un g?neral desarme, ·que alivie á lo:- pueblos del g~ave peso ~on que se miran
agoviados, es precisamente cuando se despiertan, aITeJOS rencores, odlc:.s
o!Yidados y ,iejas ambiclonei;, para poner frenl,e a frente p~ebln~ cont1,L
pueblos r razas contra razas en la pt&gt;rpe tua lucha por la existencia.
En vai111 se anuncian visitas cordiales de sol&gt;ernnos para el dla en q~ie se
reuna en Lóndres el congreso de la paz: la Lempestad ruge en las tm1eblas, el cielo se entoldi~ con negros nubarrcines, y á }ª cárd~na _luz del r~lámpago que rasga el cielo. se ,e entre las sombras a los e¡érc1tos en pié
esperando el toque de rebato.

Como contestando (t ese predominio innsor de I nglater.ra. que fiigue su
marcha imperturbable. en su polltica de aislamiento egmst~, se lla?la de
alianzas. se trata de coaliciones v se pronuncia la palabra ltya cm111ue11tol
cmltra la gran pntencia marftinia. :\lfranse cuarteadu_ras l_Jge;~s en el ,sólido edificio que por más de cuatro lu~r?5 ba constltu1do la Triple
za, y como para compensar ese aparLtm~en1o_ posl~le. de~~~ potencias de
la Europa rentral, háblase_dc oua apro:c~mac11~n leal~ ~•~1tl\a ent:_e Al~mania y !&lt;'rancia que. asocmdas al gran nnpeno nio co~1ta, formanan b,1rrera infranqueable á las ambiciones de Jnglaterra.
,\ h ! Qué hermoso
ella para lu causa de la
ri ,·ilizachín occidental, aquel enqueseol1•idaran las renclllas
del pasado! Qné hermoso dfa aquel en que
Yiilramos juntos al germano y nl fraocils,
apartando la ,•ista de
la sombra de 8edan,
y trabajando de consuno en su propio en-

fi,tn-

C,\I:,.\

DEL Su. ~l' SERIO G \YO!\SO.
en la calle dl! la Me.rhtala.

grandecimiento! De1·uelta á Franela. declar-dda neutral. 6 con
r(,gimen autonómico
bajo la sal rnguardia de
las potendas. la Alsacia Lorena dejaría de
ser la man1.ana de la

mílll r los muros ele Jartím. el poder del
)Talldi y la influencit1 de los dervi!;e.~ en las

ni,tas reglones del Sudán, ha sido también
motivo y O(•asi(m de ·que se rompan las ho. tllidanes cnt re las nos grandes potencia., oecidentales de Europa, que comparten el dominio del ,\ frica septent rlonal.
Un esfonado aventurero francés. el ilustre
t·apihín )íarchand. babia t'mprendido desdl'
las costas de Senegambla un ,·taje atrevido,
á través de couuircas inexploradas. para eneonLrar un puerto ne salida en el Nllu superior. Despu¡ls de peripeelas romántic:i,; :v de

discordia entre dos
grandefi pueblos.
Llegará la ocasión y
acaso no esté muy lrjana en que veamos
juntas á Francia y á
A lemanla, de al't1erdo
primero en asnntús cvlonia les contra Tnglat el'l'a que ámenaza ÍL
Ltldoh. y después en srs
relaciones internacionales que interesan á
la pn1. de Europa.

*

* Noe~'isDía llegan\.
tc ya el Canciller de
1lit•rro, que rund6 sobre sangrientos despojos los t' imientos de In
uuev:i í'rermania; no
existe ya el inflexible
Blsmarck. que quiso
U.\~.\ DEL Su. JUAN.\ .•\UZU)tENDI,
modelar el imperio en
eo la calle di! Sadl C:o.rn,,t.
formas medioeniles, y
- - - - - -- - - - - - - - - - - - resttciLar en nuestros
días la ttgnra se&lt;·ular de Rurha Roja. El jove1J lTohenzollero liene
ah!erto su espíritu á todas las corrientes ele 1c~~ modernos ideales. y
acas?qnep~ en su temperamento de rmm,ntico y sol1adur una aproxímac1/,n hacia los que fueron enemigos de su!&gt; padres. H! Austria ol1·idó 8adowa, y Hnsia olvld6 Sebastopol ¿no poclrfa alguna Yez Fmncia olvidiu· Hedán1
·

C.\S,\ DEL SR. ANGEL SA V ,\LZ.\ , EN KL P .\ SEO DE

L.\ R1',"FURMA.

Para conjurar la tormeuta amenazadora no caben m:í.s que las
nueyas alianzas á las que de seguro contribuirá Nicohís 11. apó11t-0l
ele la paz. La Gran Bret.aiia no puede ,~arlar en su politica y por eso
ac~chala ocasión de vencerá !.&lt;"'rancia su rival. na ,•istodesaparecer
baJo la majesLuosas bófedas de Westminster al insigne Gladstone,
al c-great old man&gt; que le hablaba de concililwi6n con palabras de
apóstol, e n nombre de la libertad, y le anunciaba h\ concordia ,. la
paz con acentos de profeta, en nombre del derecho.
•
En A.frica, en el _remoto Oriente, en la Europa monárqutca yen la
mh,mil tierra amencana, solo Inglaterm aislada&lt;~ apoyada en la pret~ndida alia111,a c_on los Estados Unidos y ,Jap&lt;Ín, puede turbar el concierto de las naciones. ~speremo qtte nuevas y fuertes alianzas log r~u manten~ la paz, y a.'lí podrá el mundo que piensa y que trabaja, cuncurr1r al Jlamamlento á. que lo con \'oca Francia enel gran
cerLaml'n de París, Franela, que, olvidando i;us dolencias iut.eJ'lore.s,

.

DOS AMIGAS.
ACUARELA DE POV.E.Os\ ,

I&gt;osdellclnsas mundanas van al baile. v ntl&lt;•nt ras llega l:~ llora de lncruslRrse en el capitomido t·upr, charlan Junto á la chhnenea y se cuentan ...sas mil r·osas
fútiles y e1wantad111·as que torman la habit mLl cunye_rsaci&lt;ín remenina.
Tal eii el asunto escogido por Pm·eda paru crear
una a1·11arela de grandes dimeuslones, que entendernos es el único trabajo cle ese procecllmien1o artístico qtte nos ha llegado en el contingente E&gt;spaiíol para
nuestra XXllJ Expos1ci1ín Nacional dí' Bellas .\.rteb.
.\ntes de cxprebar nuestra opinión i-,ohre t'Ste cml•dro. l'UJa reprotlucchin bastante liel ofnwemos hov á
nurstros lecü&gt;res, creemos oportuno darles :, co110&lt;.·er
los urfgenes de ltt ACl' A llls'LA y sus peeullaridndei,. pam que se f&lt;n'men una idea exacta de lo lJIII' 1&gt;s ese g1&gt;ncro de pintura, adYirLiendo que los asntos que ha1·emos, fundados en práct.il'a y estudio pen,ona les, t&gt;stfü1 1·1msi1-,ri1ados en to1los los escri tos rlP todos l(is
. ;tutores que sobre la ;wuarela han babiado, de los
cuales 'Plle1ípl1ile Gautler es. á nnestrn j11lti11. t'l qm•
1m•jor In eomprendi6 y el que mejor 111 supo j111,g:ar.

Ci

EL MUNDO.

abstracto con motivo de las el),,.~ muiga&gt;1&gt; ne Poveda, dón, levantándose de una manera Imponente sobre el
rué porque, oomo ya dijimos, es uno de los pocos tra- Hena.
bajos de este género, si no el úuico, que lla venido
Las principales constl'Ucriones del lugar destinado
de Espai'ia, lo que nos extraña sobremanera, pues en al Antiyiw Pnríx i;erán: la Puerta de Rái11t )Ilchel,
ese país se ha cult i ,·ado se cul LJ va mucho la acua- las tabernas de los 1&gt;i,colares, diversas casas reslclenrela. habiendo sido Fortuy uno de los más notables cias agrupadas en derredor de una de las alt,1.s t.orres
acuru·elistas que conocemos.
del Lonvre. la Igl&lt;.'sia de ~alnt .Julien de:s )Tenet riers,
Concretá11rlonos á las «Dos mniy1J..,&gt; de Poyeda. di- el Gran Cllatelet,, la Cámara de cuentns del siglo X VI.
remos que es un buen trabajo, dil(no de tlgurar en el Palacio, et&lt;-. etc.
una galería selecta.
El ..J.ntiyu" Puri" restaura una dr las m,\s cul'iosns
.\ dem,ls del buen dibujo, Uene correcLa pen;pecti- lgleslai:; de los tiempos que fueron: 8fli11f Ju/ir-11 dn
va, justo escalonamiento de los planos y la idea, i .,lfwrlriers, construida el siglo XI 11 en la calle dt•
no trascendental, es bastante oportuna y graciosa.
San Martín por los c-tro,adores, cómicos y maestros
Sólo en,•ontramos pobreza de color, la cual, á n(Jt'.'s- en el arte de trovar. dependiente de la l'iencla y arte
tro juicio, no es atribuible al procedimiento, puc;t,la -de. música. que á la saz/In vMan en esta ciudad de
acuarela puede dar tonos mucho má.c; vigulosos m~ Pat(s.&gt;
llenos de jugo.
En el p&lt;írti!lll de la lglesla estabirn las estal uas de
~an Heneste, cómico romano y mártir, patrón de los
sa1Limba.nquis y de San .J 111ián Hospitalario, paLr6n
de la lglesü\ de 8an ,J 111lán del otro lado del Sena.
Hasta la época d&lt;' la Revolución, la Iglesia de :--an
,J ulián fué propienad y centro de los c6mlcos y cantante!&gt;, clespués de los músicos, dlsput¡indosela por
último dos secciones de la corporaci611: la comunidad
de los músicos y la Academia ele ball&lt;'.
En el pórtico se reunían cómkos. trovadores, danzantes, m1ísicos, etc. y los ,u·listas qué tocaban \10Jín, mandolina, nauta r ot ros instrumentos, venían
;i este lugar pam ofrecer sus ser\'lcios en banquetes,
bodas y tiestas de toda clase.
Para dar á la a11t1gua lglcsh\ su aspecto pintoresco,
sin duda se poblará. su pórtico de ¡{entes vestidas como las que pululaban en los siglos pasados, y será ese
lug:u el predilec•to de los atlcionados :~ Pmndones intensas. exquh,itas y extrañas.

y

r

{J

El c:iñón "Mondragón'' en Francia .

.,.

*

**
Ln :u·uarela propiamente
diclrn. /11
1í11ira. ye,wi;m y limpio es la pintura snhrl' p apel tí t'arl&lt;ín precli-ament&lt;l lllan•co. en la rual se c111p.le,1 colorestm111&lt;Jt"•
r1·11fM di111id11s en agua pum.
F.xt raíiará. sin duda el qne fijemos
qur se ha de pintar sobre 1'011do prerisa111t•ntc 1Jlau1·0, ¡w ro ello si.' cxpli1·i1
por dos razones c·apitales que á nuesrro
morlc, de ,·1.•r conslltu'ten los distint iYos fundamcntall!s dt;I pr1x·edi111lento:
1 ": Los color.&gt;s clc· la ncuarela son
siempre t ram;parentes, nunea p;istosos.
por 11hs1·11 ros e¡ tll' si'an. y sólo pueden
, rlcsprC'ndentlcn-;e 1'11 exat:ta tonalidarl
,, bien diáfanos, l'Uando sc- dan sobre
,rn fondo blaucu: :? ~ En la acuarel;1
• dáska no s? emplra j1m1á.• el blanco,
pues el hlam·o que lll'Cesita lo da el
•del papel mismo en &lt;¡ue estiin t&gt;jecuta-

.,,,,.
,'

':

tfas.
rna (lrurll'I /u ('?) en qnc s z p1me hlanc!i no es ext rictamen te más que una
un 11r¡11m1J, )' este prOtl;'Clillli('nt o si permite usar rondo de cualquier
(•olor y admitl' así llllSlllll la SUpt:l'p0sidón pastosa de rnrias rapas de color.
Hay quien denomina c1ru11rel11,, á ciertos trahajos de 11y1wz1i. lo que es 1111 i1h~urdo. y h:ty quien así denomine á ·ler10 gtinero de uh ras hfbridas. mu 1· dt•
'moda en los Tul ndns Unidos. hel'has
•con ,1yuda de lápk,•s de p11:,1el y del
l'Sfumino :.\' rnn el inrwhle&gt; t'OllC1lrS11
del sopletep11lverizador(l,rod1rrd1 oi,·e).
lo que. ií más d e- 1111 absurdo es llel iher;idamente eng-ai111so.
Bástenos eitar. !'11 apoyo rJc, loanterior. la opini&lt;ín rle )L D~lfrlnze. el
. rminm1e pintor y crít i(·o franrrs: c-~I
. alg-t'm pintor tenwmrio osase agreg-111·
{t (Cls t;illlplcs colores de la anmrela
EL A::'111'101'0
. alguna substandn •í instr11111e11to ex- --------traITos. siquieru si•11 demasiada gom;1
para ngnrir.ar las tonal idades - debl' vitrsele &lt;·on el
mismo clespre,·in &lt;·on que se ,·e al hombre qul' hace
trampas en el juego.
E.l nuclmienl n ele la acuarela se dehl' {t los minint urlstas de l:1 edad nwclia quienrs apliearon &lt;.&gt;I prot'e• dimil·ntn. !:!in sombrear, soht·&lt;' dibujos l1eehns iÍ la
pluma. l'aulattnamem e Yino el perf&lt;'&lt;·cionamlemo y
rs muy difkll recontwrr {t los primeros aenarclistas
cretminos. p11eh alguno~ trabajos qur lwn111s rii-.t 11 1•11
~111se&lt;1s europeos, 110 pueden a tri huirse c11n 1•11 t (•ni
1·ert ew !'lino á artistas c1el 1,iglo X \'JI l. 1ale:-- e111no
)torea u, J,mior. l•'rnwmard )' Tauna,v.En I u~la1err~1.
, {t principios dt&gt; esl e siglo. empez1í realmerHP {t t·ultirnrse la n•rdadera ac·nart•ln. cuantlo i;t• fund1í la famosa Sr,¡;jr!!I ,!f' pni11r1 n, in 1ro'1 r Ml1,11r~. pero ha; c¡m•
adYertir que en11·e lassupm·stas acuarelas &lt;il' l'Sa 1ipo-&lt;'il llny mnehns nynuzr,.,.
'!/0111(('/¡P,

***

SI nos hemos detenido en I ral ar ele la ;1&lt;'m1rela en

l'.\tu~ 1,;N LA EXP()SlCION DE 1000. -L.\ TOl,ESlA DI': SAN JrLIAN.

ATRACTIVOS DE LA EXPOSICION DE 1900.
EL ANTIGUO PAB.IS.
En la orilla derecha del Sena, cerca del Puente de
.\ lma. se lenu11ará sobre una inmensa plarnfomia el
. l 11fiytrti 1'11 ,·l.s. 1·011 sui; torres, sn:s casas I curirn;os
,•dífit'irn, rel:ttaurados de una manera exactá para dar.
lrrnte á lrn; Palados de 11-ucrra y :Harina, PI espel'táeulri di• 1111 pasado plntoreseo y l'a rn ¡\ los ton1 empla•
1 ÍY&lt;t1,.

Ln plataf11r111a que sc-rvlr-~ ele pavimento al . l ,1ti'./1111 l'11d,·. ti&lt;•nt&gt; una supertlcie de ti,000 metro:, t'Ua1lrnd11s. l-iu ni1·cl la pundr;\ :í cubierto de lns l'l'etien-

11•s rlt&gt;l rín y esta precauci6n no i;6h1 es útil sino que
ú la ,·ez con1 ribuiril ií la hellei..a de tan interesante
lug:u·. El .l11li!l1111 /'orí.• tendrá ,•istas manl\'111(,sus
háci;t 111 E.x¡w:-kilín, las 1·rilinas de BlilleYue y ) Ieu-

El gmhado di' la pagma nucYe reprPs(•nt a cl can,ín sistema «~I ondragú11&gt;
cuv&lt;1 e!ern hl1 n•nldo estudiándo.~e de$che· hace oeho aíius. teniendo adjunta la
l'aja ele los proyt•ct ile;;de camis.~ de acero ele q111• se hace ui;o en esta clase de
artillería: así ct11n11 el rscoblllún v- rar;1s que siTl'en para sntranspone i:uanrl11 sp hace lfl tracción enu las a.~émilas
1¡ue sirwn t:uubiliu parn cargarle, y
transportarlo á traYés de las montailas
de nuestro país, en cuyo &lt;'aso se de:;.
compone la pieza y s us montajes en
tres t'argas que se repart.en en ut ras
tantas asémilas.
'roda la cnnstruc&lt;'i(ín del caMn, está
he&lt;'ha del mejor a~ro de las forjas tle
:--ail1CI ('harnond, fábrica donde se cunst ruy{1. De la misma manera su montaje. teniendo ~ste como especia.J!dad,
tambitln tle la invencil'tn del ::-;r. )Iondrag&lt;ín. el freno que se ve en la contera, qu¡• llene por ohjeto volver {L hacer entrar en h:ttalla la pie1.u. desput\s
de llaberst' disparado.
El alcance de esla pieza, que es de
mo11ta11a y adrcm1rla á nuc:. tn• J ais
mouU'l.Oba, es de t'incü mil metro.&lt;;, v el
pe:;o del eaüón no pasa ele 110,:en1a klh'&gt;gramos, In que le hace f:kilment e transportable porlo t·aminosy aspereza:; de la sierra.
La carga del cailtín es ele ciento trelnt a y dos gramos de pólrnra sin humo
r el 1~1l&gt;Co efi met{~lico. El ("aliorc riel
cai\11n e· de setenta r cuatro n1ilímetros y la velocidad inicial del proyectil
es de drn;dentos s etenta v cinco melros
por segundo, t lro rápido:
E) Teniente Coronel Sr. Mundragón,
sallo de rsta capital para Europa en
.J unio 12 del8!li. Los cañones que llevan su nombre y son de su lnvencl6n,
fu eron experlinentados en el polígono
de Saint Chamond, (Francia), rlando
un brillante resultado.

''EL DUELO INTERRUMPIDO''
'V.\t&gt;RO DE ,loSE GARNKLO , \ LDA.

, I&lt;Jn ntagníflt'n ¡2'rnb:tdo t.iradoaparte. ofrecemos hoy
a mwstros abonado::; u1111 repruduccl6n del célebre
l'uadro_ de Jns(&gt; Oarnelo .\ Ida. que rnnstltuye- 111111 de
las nieJores notas de nuestra Es_posición Nacional de
lwllai; .\. rtes.
Es una _t'scena 111La11w11tc clram.1.tlca.1t1spirwla por
nuestra ,nda moderna. En un halle estalló la 11!t-m1a.
y _estallo urn Sl~ngrle111amente quo el cm·ut·nt ro qu(ido pnctadc, ul-1m;1 ante, de modo que cu1intlo lrn, _primeros fulgorns &lt;!el sol naciente besaban cou 1111. pálida las marchitas pompas de los salones en donde

�Oomin;;o 1 ° ch Enerl:'l de 1899.

EL MU:NDO.

6

Viaje del Señor Presidente ole la República á Monterrey.

J¡'OTOGlUFL\8 D.0

D• L A.GRAJSC.a:.
.

Domingo 1 ° de Enero de 1899.

EL MUNDO.

El riaie del Sr. Presidente dB la RBDública

I'enetn\ en los tal1eres el Heiíor Presidente v clei&gt;pués de rcc-0rn•r lcs diferentes clepartawent&lt;;s que
c11nstituyen l:l negoci:Ldcín. relieitó á los_!;ei'iun•s (lp.
rente y JJireet or por lc,s iJuenc,s productos elaborados
en u Fábrka, obteniendo U&lt;' Jo más iutcre,,wtt:,
muestras que llevcí t'onsigo.

A ) IOXTERRRY.
VJSlTA. A. LA. l!'ABH..lCA IHC T,A FAMA
y JIOtrnos DE ,lEl,n"i-i )I.\IU \.

'En los )folinos de .J¡,sús "liaría el ilw,lrc vi. it;111tc
v sus acc,m¡;aDanteh, fueron rec1birlm, -¡,ur el ~r. Ingeniero )J;rnnel G. Bhero. wieruhro dela C'asa Y. Hivero :-,ncl'sores, quíN1 ltizo l11s lwnnres de la casn,
mC1Slra11clo 1n u.aquinaria, Lrahajn.. ensPrrs, matt•rias primas, y todo lo 4uc' crnist i t nyr y u,;a la nego&lt;"lación, así c·omo lcis proclut·tos rtah&lt;¡rarlos c¡ue son,
no cabe duela rlo. ele lo wejor 4m· i.e pn,clut'c en 1ml I t-rla de hariuas. puei, rivallz.an Yentn.jo~amente ton
las (•xtranjeras y es i:sta una ele las más pcqueiias induf.trias que 1 iPne establec-idai. la cmprendeclur:1 c·as,t
Ri,ero f:-,ucesores.

La mru1ana del miércoles ~I del pasaclo salicí d ~r.
Pres1dent.e aromp,lfütdo de numerosa 1·oruit i\a,:í ,·isitar la Fábrica de «La }'ama&gt; y los .\Iulinus de .J CbtÍI-,
María.
En la Jo}fütcii'&gt;n del XaC'io11al Mcxkano tuiuarou un
tren espedal, y ,·elnte minutos de:-;p11tls ll&lt;'g:tron al
lugar de parada frente{¡ la fitb1ic-.a.
El traye&lt;·Lo, torno de quinientos metros, halhíhase
cubierto por niilos de ambos sexob, de 1•sc11el:1s o-fkiales, que for1!1ahan Yalla, sostenieuclo ellai- preciosa.,
bandera,-. trl('olores ypresentanclo ellos armas, el conjunto l'ra lwllo y tierno i&gt;speetitc•ulo. La llegacla &lt;le la tr1mltJva, m:ompaiíatla dclossciiore1, I:ng-eniero )humd
Rivero y Twmís )Icndirkhaga, cu represi&gt;ntaclón ele
las lwnomliles rnsas \'. ltivero Sm•s. y Sm':-;.. rlr llermíndez lwrm:mos1 principales actionist as de esta lll'·
gociacic\n, ful1 recibida por los Hres. .Jrn,P Olivirr y
Comonfmt, Hrrente de la fábriea. y Pablo ::&lt;eg-ana.
Director.
En el primer patlo ele\áhase nn artfst ko nreo formado de p;was ele a]g11d1ín. algodií11 s111•l1 o, hui;11 y demás utensilios.

.\l p,1sar al enmNlor. llam,í,poder&lt;isamt&gt;nte hl atrnción de la i:omitiv11 un 1\g11iJa virn. sujel a á un cstuclo &lt;p11• corn1111ta la puNta de l'ntrnca. La reirm de!
las ,n LS Sl' halla ha l'.!itl las alas ableJ tas, y lns piés li¡rados. ¡.u , h,ta tué m(lt i, o de mm·bas agudczns: mas
:1í111 euando se s11pu la coinridnwia. de que mc,weltto¡; antes rlr po~arse en la quinta, la f:ílJricn no ti•nía
un r11Jje to aprnpiadu que poner sobre el e-seudo.

1,

( '.\RIU) AWW&lt;IIIH'O 1&gt;1~ LA FA.BRIC..t DI~ T1,~1100.;

C.\ llllO .\w,;GQRICO

DE &lt;LA REINERA.&gt;

(',\RIIO ALBGOlUCO DE L.\.cFAURll'.\ DR Jor.H1
O \Sl-:OS.\S.&gt;

El M. Preslde111e propusu,que se.pu. iera al ave· un
anillo de oro, en el pil;, con la fedm irahada, dándole

&lt;L.\ l''.Dr.~.&gt; .(Tmr.AD.A nu:..~ rE .\ L 1':lll~'lc-J;¡ DE L.\. ;ilISM.\..)

AltC'O 1,EVAN1'.\.DO I'Oll LO'- O P&amp;fü\RIOS DE cLA F,DL\,&gt;

momentCls antes Sl' t!ft•c·tualia el sarao, .va los contendientes estaban sobre t•I menguado cm11JJ1&gt; 1ld honor.
espada en mano y listos para /mm· ,m nomlm,.
Mas he ahf que en el momenl(I en que los padrinos
habían dado la roz de Zi.-&lt;lo.~! un carruaje, lanzado á el:icape, aparece entre los daros del follaje y l}ega al sitio en que 1:,e dci:;arrollaba e1 drama. Los_ nvales sorprendidos b:ijan las espadas yel cl~elo sr mt~rrumpe.
IJel e.arruaje descienden doi:; muJeres, atavnulai. aún
con los trajes de la tiesta, y una de ellas, la e.5posa
sin eluda, abraza ;i uno de los contendientes el cual calla mirando hoscamente el suelo, mientras su ad\'C;sarlo, respetando el nobilísimo lmp~1lso de a)llor
que es causa de la interrupción, espera dignamente la
decisión de les padrinos.
Es una obra perfe&lt;•tamenLe sentida y ejecutada.
con m:wstría Lant.o en el conjunto como ea los detalles. El dibujo es minucioso sin amaneramiento, el
colorido real y sobrio, la pen;pectiva y el modelado
bnenos.
Tiene nn prqueiío defecto de composición: el extraordlnarlo parecido físioo de ambos contendientes,
el cual hizo que alguien l)auti1,ara. este cuadro con el
ircínico título de c.lJtiela enlre gemelos,&gt;
Hay que advertir que el cuadro que se encuenLra.
en hL .Academia de , an Carlos es el boceto que trazó
t&gt;l autor para. l:L ejecución del miadro detiniti,o que
se halla en Europa. Posteriormente y antes de enviarlo á Méxlco, el mismo Garnelo de Alda, concluyó el boceto, copiándolo del cuadro deflI.lltivo á que
acabamos de referirnos, el cual fué premiado en Madrid con medalla de segunda clase.

C'A1rno ,\LEGOlllCO m,: LA cC1-:uvi,:n,:R1A ('f'ArnTEMQC.&gt;

-- -..-,,_.. ......•
1

-..

AGt'ILA APRl,!JON.!DA EN LO:.
MOLI.NOS D~:
J i,:sus 1\1Ali1A l,;L DI.\ DE - LA
·'VISlTA DEL
~B. PltESIDENTE.

C.A.11RO ALRGORICO DE LA CASA. cSoRl'RKSA Y PRBUVERA.&gt; 1

F.ABR.ICA DE A..BTEFACTOS DE HIER-tO LAllINADO,

Ü.ARRO DE LA C::rnPA511A )! IN".!J.H &lt;ZARA GOZA.&gt;

�;.

Domingo 1

EL MUXDO.

después libertad; opinión que fu~ accgida eon acla10at'.iones.
rna wz terminada la rápl&lt;la YlsH.a á la fü1ca. la
('(ltnitirn presidencial ocupó de nuno sn carro, en
uni6a del ~r. ni 1·ero, pasando por un ingenioso puen1e formado por sacos de harina qne se Ie,·antó cert'a
cll· la , la férrea.
CARROS ALEGORJCOS.

lmpo11e11te y grandiosa fué la procesl&lt;Ín Industrial
que rel'l1rri1~ 11s calles de )Tonterrey la noche del jnt-ves :!:! del pas ido Díclcmbrc. para manifestar al :--r.
Presidente el respeto, la admiradi'tn y el agradcrimiento de las cliversas empresal&gt; de aquella ciudacl.
Formaban In pro&lt;'eslón velntldos carros aleg,~rito~.
tle los ,·uales nparect&gt;n los que pudieron wmarse fotognítil•11mente.
Or¡rmtizúse la procei,;ión, empezando el ,kstile en la
calle del llospllal hacia el ~ur. hasta la l'laz11 de Ilrg-olladn, pasando frente á la casa del Hur.lt'rnador.

aloj:1111ientn del ~r. Presidente, pura seguir despn(,s

por lm, t'alll's ele Hidalgo, Zarago1.a. Hoctor )ficr .v
Hoble, ~- disolverse en la l'laza del Colegio C'ivil.
Totlos los balcones de hL~ c,\llcs del l ráru;i to fueron
ocupadris por infi11idad de espectad&lt;Tes, y alguno.'&gt;
dí' t•stos tu\'ierfln que pagar prel'ios Pleradfsímos por
las toralidarl\'S.
Atlemás del ahnnhrado dt• g:asc Jina y gas acetileno
que l11•1aban los earros. una multitud de indlvidnns
marcharon C{)n antorchas y luces de Beng"ala danrlo Íl
la 1•scena un aspecto fantást lt'o.

°

de Enero de 1899

Domingo 1 e de :Enero de 18911.

EL GR,\X H.lILE EY ET, CA.SI.NO.
Ln facbadlt del i;nnt uoso edificio brlll.ahn con su extraordinaria lluminacMn. Ei,;turn formada éle mult 1l ud de lúmpnra~ inrandecE&gt;ntr., que en artfsli&lt;'a comhlnadc\n rcprrsPntaha capri&lt;-hcsas figura¡; ele! mejor
gusto.
.\ lo largu del w1-;tílmlo, dos hileras de csbrltas cnlumnm, de mím110! negro sobre las que, en rlt•gantes
t i,stm, rle porcr•lana. lncían con rnriado mat.izplantas
y llorc11 exMicas. Complet.aba este armonioso conjunto, 11n:1 ))1h"ed,\ de raso colur de roba, artíst lcamcnte
plegado.
Los mm•oi,; lucían, de Lrecho en t..tel'ho. Plegantesespejos hisPladus cuyo el l-erso cristal encuadraban lujrn,ns mareos.
El aspecto del patio infPrim·. era prorligimm. C':uh1
una rle Ju.-- l'lnco dh·isiones &lt;¡ue formah;111 ri;e patio M'

componía de una !Prit• de elegantes column1\s. plnuidns 111 ,\lec,. en que el color uro viejo que élominaha.
producía t&gt;I &lt;.-freto &lt;le un11 d • rsus snntuc,sos templosd,•
st•verm, naves.
El piso Pstaba n1bierlo dealfornbrasclcrolores. rojo
~- a1.11J. que fnnnahan agradable contraste con lrn,
aclornos de gm,a que unen los capileh!s ne las rolumnns.
l&lt;~I resto rlt'I a&lt;lornrl t·unsist fa en graudt•s wlll·•tcnes. esJk•Jns y lihores. distribuidos 1·n:1 g-nslo ~• ('..11!,1:ados &lt;:on art.c.
A la parte iz,¡uier&lt;la clel rorrJclrir estah,l el sal,ín del

\' RSTl.KULO D~;L Ci\lSTNU.

\"L'-T.\

r

S.\LON t'ONSTIU'IDO ESPECI \L11ENTF: P.\U \ EL

nur.r,:

01t.\N K\L(IN DI•: H.\JU;.

l'ltES!llE:\"("IAL,

Es uno do los &lt;:Pnt ros de sociedad m,ís simpátil'os
y aleg-res. No s6io da las flei,ta.s peri6cllcas que el i·cglamento previe,w, sino que ron pretextos mil , inge-

lahor ~- no las disipan inúLllmcnte, para ganar hirn
el temprano reposo; por la noche nadie piensa smo
en dil'ertlrse, respirar el aire libre y espaciar el es-

niosamente bus::aclo¡.¡ y apn,1·C'chados en conciencia
por los j6n•nes. menudean lmilc y reuniones. e.xi raordlnarios. Y con frecuencia improvis:rn t~r1 nfü111 que
no obstante ·er preparada;, en merlia hora, resultan
magnilkas por el número rle concurrentes y el t&gt;ntusiasmo de todos ellos.
La sociedad de ~fonterrey es de las más alegres y
dispuestas á dh·ertirse. );o la ahC'rroja ese sentimiento levítico y triste que hace de las ciudades ele prnvincia, conventos Jc\hregos desde que suena en las
1glesias el toque de oración. El tlima e.Hielo favorece
la Yida bulliciosa que sale en 1 ropel de las casas y
los talleres para ei;parcin,e en los piu·ques y ala-

píritu.
Los que se qul'dan en casa no busc.tn los rincones
obscurns: abren puertas y 1·e11ta11as, llace11 sonar los
pianos, reciben Yisit as.
Los miembros del Casino dan :\ su cent ro sncial el
carácter q11e piden ]¡11-; condiciones éle clima de la capital neolconesa r como el edll'icio est{1 situado cerca
de la Plaza Principal. Jugar á donde l:Oncurren dos
n•ces por semana las rauülias reglomontanas, han
conseguido que el Casino no sea c-omo lo son casi l,lJdos lo· cstablcclm:ientos de su clru;e, un centro para
hombres, y sólo para hombres, fuera de las noellcs de
reunión. De esta costumbre que tienen las dama~-de
concurrir al Casino, nace la extraordinaria facilidad
con que i,;e imprnvisan (ie tas y tcrtul ias r conciertos.
El elemento extl""&lt;1nje-ro ha hecho una transfusión

medai;.

Durante el día tooo es trabajo. trabajo absorbente

banquete. Lo:s muros rle 1•i;lt's ,~uhiertos di&gt;
espejos. ;1ltPrnaban ron haces rle handeras de
1o&lt;fas lai-; nal'ionei,, formanrlo 11n conjunto
agrarlahle. ('lnco ftK'rn; de rolor y den inrandescrnt.es derramaron ~u luz en estu aposento, que part'1·ía iluminado,¡ yi11,·111i.
[lal)fa nos mesas d1• honor. arreglmlas
para dit!cinuev~ l'uhiertos, formando dc,:;ín¡nilos recto.-;. unidos: lu g-eneral se extt&gt;nliía en lí11ea reeta. Otras mesltas mo1·ihlP:-. s" rol&lt;waron Pll t&gt;I patiu descrito,
no basLando el :-.alón mmerlor paraaloj:ir
al g-ran 111'111wro rle hwiladns que emwurril'ron.

La esealcra t¡llc á amhos lados s!' en('ont raha. dt&gt;jaba c·orrer cnt.re los claros del follaj1•,
cspléndilias rasi.·adi1s. Sallaha Pl agua entr(•
1·aprichosas y hlancas est ,llnct itas y en rompit-ntes &lt;le espuuut tafa en reriplentrs rodeados de fresc{1 hPno y hlanc:as rosas, rel\ejan-

d,, u na espléndida combin;w.icín de

luces.

La plantn alta m1taba rormacfa por un gran
pal in clP hermosísimo aspecto. El rnnjunt&lt;l
en su decorarlo er:\ de estilo Luii. XY. Ilav
una serie de rolm1m:L'i de orden jt\nico, &lt;l°e
llriraclas rnlutas. De ellas arranca un númrro igual rlE' regias arcos. Brmaban en lm;
1·11plteles cenlenares de lámparas Edlsson.
fnrmanclo óvalos. en tanto que los areos ostentaban magn!ficoscortinajes de rm;o amarillo paja, orlarlos de oro y bambalinas verclP nilo y rosn.
En la uni6n de los arcos, rlE'gantC'S eseu(los artJsticamente combinados t·on palmas
1•oi;¡11fas.

El techo fuP rubterto v nhoYedado ron
rresponcs de g:asa, l11elendo entre ésta, ant·hns rr1injas amarillo. azul y rosa; complctalia el sobcrl,io ronj1111¡ o la gran arana. del
t·ent ro, de &lt;!onde pe,tidfan esreras esmalt.aclas. y guirnaldas epyos rolore ltlcfan enlrP
lo» innnmemlfl s focos in~ndescentes.
La alfombra ora rqja y ai.uTStep. Es la
ESCALERA DE UOXOR DEL t'.\~I ~ &gt;.

-

que usa t:I C.'llsinu para los halles, .I' tamhlen
t·n sus s:1lones de rrcepción. Estos, en nú111ern tle trt's, ('l-itaban sr-parados del cuntro;
lns later-.llcs. por t.encilrlos arcos. Su rlel'.Oraclu era de un lujo espléndido. Lns puerlns
tenían t&gt;l('gantes cortinaJes ele lino peluche
rojo y oro Yicjo, i:omhlnudm, con verde y rosa. En el l.11terior ludan magníHcas lunas
Yrllt&gt;t·iana.~. ,;st osos tapices y stml Uli!&gt;O y
rit'o mobiliario. Resaltahan lus sillones. en
gran u(imero. 1·(m su blando acojinado de
l'fljll

EXTERIOtt DEL ( '.\&lt;;INO DE )JoNTEH111i:Y.

~mo es el de las gentes que cuentan sus horas de

muy f:n·orable ni progreso de los lláhitos de socinhili
dad. Gna sociedad cunsmopolita corno la de :'llontt~
rrey. es por naturaleza abierta y liberal con los no
aYecim1dos en la poblacl6n. y cotuo la gran masa ele
negocios de Lodo orden atra,e diarhnuente forastPros
ú aquella ciudad. PI resultado es que todos encantados con la ae&lt;igida carii1osa que rccihcn, traban estrecha relaciones con lo.~ h,1bitantes , forman un elemeuto. más bien dispuesto á darle brillo y moYitnlento á. la Yida de salón.
Las personas distinguidas de )[onterre~, Ylven diaramente en con lacto con el mundo. pues han Yiajado, w utbas ele ellas recibieron su educación en el extranjero y todas procuran pura el lugar de su residencia ese
m ov lmient.o. esa transwma.eirtrr rápi&lt;fa que caracte-

riza .t ros países aYam.ados y cultos. -Xo hacen, pues,
derivar sus costumbres del sólo impuhm de la trudicián. sino que auxiUados por los 1esidentes extranjcrns, las ponen en consonancia eou la ép&lt;lf'a,

ft&gt;lpll.

el Cl'Ol ro del salón se wla un cuadro
con rl 1·etrato del ~eñor Ge!leral Dlaz. al que
formaha warco un gTan pahellón de raso.
Lu~ otros departamentos eran tarnblen muy
1&lt;:11

elegantt•s. La i-;ala, rlestinada pnra la tollett t&gt; de las sciioras. era espl¡,lndida. El grande
y lujoso locaclor S" extendfa ocupando todo
un crn,;tado v alcanzaba al techo. Era de caoha con moldtu·as artísLicamente talladus. El
resto rle la sala cstatm dividido 1&gt;n tres compart.i111ie11t.os, por medio demagnHicrn; espejos vt&gt;11Pclanos.
El sallín- tncador estaba co1111111icado con

,,¡ que sirve de J!Uarclarropa. ~o tenia éste
más que una elegante eslanteria, ele caoba,
luciendo en los cajo11es y puerteclllas, artfalieos I alladns.
A1 ~eilor Presldentt&gt; v su ~Unlstros se les
cli&gt;stinaron dos saloncli.os amueblados con
al{rable HHPridad y exqulslto gusto.
Otro saltí11 más ampllo se desl in(S ,í. los cal1all1.:roi,. par,1 rkseanso. Se veía en éste un
gigantes1'.t) espt'jo que cubl'ía todo el ronde,,
llegmulo llasla el terllo.
1 amhi(tn,

Por (iltimo, mP1wlonaremo:,; el departamento de guardarrripa de~caballeros. Tan
bien arreglado t·nmn los otros apo¡,entos; tan
bien &lt;llspuesto como ello' r tan bien decorarlo l'tmLrihuye á sentar más la fama y repa-tación &lt;le que e011 just ici:i goza el aristocn'l.tico Casino de ~Ionterrey.

EL C.l"S°ON MOXDR.lGO:N EN FRAXCLl. ( Vea.se el texto. )

�EL

10

Domingo l

innmo.

de Enero de 1899.

O

Domingo 1° de Enero de 1899.

NOEL..

Tristezas de año nuevo
UN INESPERADO.
El bullicio urbano llegaba basta mi retiro de con-

'"º !esciente. Cohetes de colores lanzahan su puñado de

,1balorios fugitivos en fa noche; gritos y cantos y exclamaciones en la calle se de1&gt;Lacaban del sordo rum&lt;&gt;r
de los pealone .
.Allá, ,,1drieras ilumjnadas (~ yio,·,w por las bujías de
Jos candiles; allií el triángulo de lucecllla de un 1í rúol
11e J.'cLL•idad nuevamente encendido; en el aire frlo de
la no('be, como roto collar de notas, un fragmento de
rnls triste y como respondiendo al canto ele un gallo
deslumbraclo por la luna; súbito y jubiloso sonar de
pitos, panderos y coros, en un patio populoso.
Y yo enfermo J t,ristc esperando al aílo nuevo, ese
infante salido de las decrépitas manos (le Saturno, como quien espera la llegada del emis:,rio portallor de
malas nuerns.

)lis u migos en sus hogares, al calor de la familia.
mis parientes en lejano terruño. mis ,·ecinos huyendo
del domicilio Yetusto, el mendigo ausrnte de su puerta favorita, ni uno tí quien presentar la l'Opa llena de
vlno }. coronada de asroclelos para co11jurar las desdichas por temer, 1m'ís bien que para inYooar lm, fellcidadei; por venir.
Y miraba al campo de lo. cielos, inmutable y nunca
mou6tuno en la procesh\n de antorcl1a · de los astros
rn negro (·irc·o
. . á lo cielos espléndidos como
nunca, iluminarlos por una luna r&lt;'Splandeciente, bla11&lt;'.t y velada Beatriz. discurriendo por 1111 jardín de
tánclidas awcenas; ¡~ los cielos tranquilos cuya suprema indiferencia contrastabaccm la a~Hac-lóo tcrrestl"e
ele In:- q11e miden la Yicla por a_ilos bajo la mirada de
un poh·l• &lt;lt&gt; Yía !actea que cuenta su infancla por
mlllone,; de siglos.
Y pfü;eme ñ lt•er ,·lcjai: canas y ,l. c·onternplar viejos n•tratos. ~- á exJrnmarYiejas rlores, reliquia.,; todas
de riejo:, amoríos: como quien recoje las hojarast·a de un arhol ecul,tr. para le&lt;•r en cada tallo y en
rada marchita c•m·uhl un epi ·odio de fa última primavera.
Pero hl viña puede medirse por años? ,.:el río de la
vidu puede c•stinrnrse con ll•s kilt'm1etrusdel geógrafo?
;,el hil&lt;, rle la ,·ida se grachía como la cur1·da de un
,.,.¡1o1 ;,la radena de la vida es ele eslabones simHricw,?
Cmín viejo era en aquellos instantPs, en plenajuven111&lt;1 anat,ímica á semejanza del boyero dl• la l&lt;-yenda
;'1 quien los dioses computaban su exislenria m.ís que
por la duraC'ión por la intensidad dt&gt; sns ·cnsacloues,
resultando decrépito al cumplir aper1as los quince
ai1os con un solo amor griego sobre la conciencia.
Y me sentía tanto más wlo cuanto m1\s cansado. y
,olvla mi pensamiento,\ ot,ros soliuu·ios en esa noche
de efusiones, de plegarias, de vaticinios y de ternuras.
Pens-,ha en el vigía, que en lo nlto del mástil esplora la negrura de los mares , ofiando con los placeres de
la orilla: en el galeote que cuenta con Jo dedos el

año menos para reconquista,1· su libertael, ya. inepto
para clistrutarla porqu~ e.ncaneció en el presidio; en el
rraile para quien lo· tlempos son urilim bre sutil que
el soplo de la muerte rompe como tela de amiia Y hL
clep idra mundana muy pequeña para medir la pel'petua bienandanza ó la condtnaciún eter1ia; en el centinela transido de frío, .'i solas con su arma y á. solas
ccm sus remembrtt111..as; en el médico atento á la agc,nía de un incurable: en el loco iusomne que rumia el
ritornelo de su obse!ó;lcín; en el hijo pr6digo que siente vlboras en el alma v llanto en los ojos; en el
viandante que se extravía en la selva ouscura: en el
desterrado que fallece de nostalgia; en el prófugo cuy-a pena mayor es no poder reciLarcomo mel6dicoYerbo. el nomlJre de la madre, del liermano, de la amada,
y p&lt;&gt;nsaba en mí mismo. atenido á loo cuidados mercenarios de una sirviente que tenía nieto:,.
tiobre la mesa había flores, golosinas, copas y rino ...... tres hujías encendidas.. . . . humeaba el
tl1il . . . . y i;obre el phtto la eX&lt;'llbét de mis l nvit ados.
Y yo que babía pensado un brindis! Yo que iba i't
decirles que en esa noche la Fortuna era 1·ortesana t,rn
deseada y tan solicitada que no podfa complacerá todos; que Dios debía reir allá en lo alto de las brazarlas de espenu1zas rle los buenos galeotes ele la tierra;
de los cantos triunfah:s dr esta ci·gástula de dolores
lJUe se llama el mundo¡ de tanta promesas corno se
hacen l'Opa en mano cuando quiz1í, imisible, detr1ís
del orador. taclluma ,. fría, la muerte se sacude el
manto negro que ~alpic6 el champaña.
Iba á decirles que brindáramos siquiera por nna
tregua.
!&gt;e la calle ascendi6 uu lamento largo, eomo el quej ido de un redén naddo.. . . . un grito doloroso y
pat~tico como de alguien que pide auxilio 1í implora
el s&lt;x·orro de una madre .....
}Ie asomé: tiritando (le frío, mirando íi mis ventnnais como un mendigo en espera de limosn.is, un gato
maullaba Inconsolable ..... .
-Entra.amigo mío, y súbito enternecimiento me hizo abrirle, lhunarlo, como si fuese un peregrino e11 busL'a de hospedaje. Entra, no temas, ¡y cuán flaco y
enft&gt;tmo Yic:nes~ Entrn, no tengas recelo, soy un amigo de los gatos. )fe eSC'onder¡; para que pases: eres un
gato de la plebe: cómo te extrafüm las alfombras. y
el pcrfmne de las rosas desbordando de los ,·aso de arcilla; y la luz intensa; y los cortinajes discretos; y el
ambiente tlbio hecho para la amorosa intimidad. ¡ Pobre enfermo, vienes cubierto de fango, y herido, y
agresi,·u como todos los hambrientos!
Sube á la mesa )' toma lo que gustes: qui1.á prefieras la carne ordinaria, ó el gigote plebeyo y no te
¡;eduzcan los pistaches enrneltos en azúcar ürlstalizaela: ese jamcín color de mlrto: esos blondo¡¡ pasteles de
dorada costra; esa ga laotina irónicamente recamada
de arabescos de g-rasa y pompones de seda; esas frutas
briJl:mt.es como barnizada11 con la1.:a; esas g-elaUnas trémulas y diáfana:;: cnme, eres mi amigo de esta noche.
El auJma l. pl'imero. quiso huir)' no lo 1r,mt1uili?..aJ'on mh, caricias. ·e refugió olfateando en el anaquel
de una librería. saltó sobre un yeso, se paseó por el
marco de ltll retrato de familia y por fin atmído por
el /11,111-t de un pastt&gt;l de pollo, con todo el slbarit ismo
de la raza la emprendió contra un alón que &lt;'011 mil
preparativos y entrecerrando los ojos engulló lentamente.
l lesputls eligió lo que ;1 bien i.uvo sin que yo osara
ni mirarlo de frentc.-el gatu e. tan hipereste~iable
que .,irnfr una mirada-conform¡índome t·on seguir sn
cena reflejacl:t en ltll espejo.
~unca me he :;entido tan caritativo. ni he palpa&lt;lo
la roluptuo. lelad moral rlé una buena acción como en
aquellos inst,U1tes.
He ahí que su,-, hermoi;os ojostintilar, como amatistas, que sus miembros se rlesentumcce11: que su cola
contenta asume la curbatura de un cuello de cisne. de
una asa de ánfora, cte una rama de lita, de un cayado
episcopal 1í se balancea á diestra y siniestra l'omo el
dedo velludo de un monstmoso troglodita cliciendo ;no!
Em10rvó la espina comu una giba de camello, hin1·6 las uñas en el mantel, se lami6 la nulz y loco de
comento y denibando copas, se pusú á. jugar «l a~t.~i1w./o rPjiim,do con una nuez rle Castilla.
;.Por qué á la vista de aquél dichoso, jnfel!z hacfa

un cuarto de hora, ante aquel ~-aUejero qne se rne
antojaba. \'estido ele uegro pelaJe, un poeta robre;
por qué al ver so facilidad de olvido, su adnurabll'
adaptación al medio y al momento presentes. una~&gt;ca nada de clarivirlenc~ias me blzo en&lt;·outru en su Jllbllo tantas explicaciones y pareci?os? .
,
Lo llamé y l'ino pos:\nrlose en m1. rodillas, pasanrl~me como m1 pinrel, su cola por la fa1,: soné una caJa
ele música y n!!'uzó el oído: Je acerqué una rosa y huye\ disgustad; :.acudí ios prismas del cm1delabro y
engrif() las garras: le most,ré una bom boner¡¡ de t·oral en forma de cápsula y la bite rodar por el tapíz y
se lnnz!Í tras ellll con la curiosidad remenina de su
raza.
lgual .í la mujer, Idéntico á la Forruna,_deslumhrncfoporlo, brillazones y prefiriendo al plat1ll&lt;1suculento la naderill c111inial'ia.
Yalienle año nuevo ¡¡quel, v alegre, porque me sentía alegre en compañía de Ull irracional tan c6mi~o y
serio á la par que be me antojaba la metempsico,m,de
algun filósofo ó la materialización de un espíritu de
buen llurnor dolido de mi soledad ...... !
C1ímo el volupt.oso salU&gt; al CHjón abierto del bufe.te
y haraj6 las amorosas carlas, cómo retozó ron los listones y se Crot6 las narlC{'S en los bucles de cabello
blondo' y perfumado con ambar g:r_i~, de mi no"i:t;
c6mo destrozó las ílore. set·as y parec10 m teresarle, ma,:;
e¡ ue nada, un pailuelo de baile que arrugó y dejó w,lar
como un harapo.
Y cant,;arlo al fü,, arrellenóse en un cojín muelle ) lo
oí ronronear, y dormitó cerrando desconfiado un . ·o](,
ojo.
.
.
.\ 1 diablo mis mclancolias y mis aranes: aquel s1bari I a era un emblema de la Fortuna, del Aeaso. ele la
mella. ele todas esafi fugitivas que suelen Jla1m11· á la
puerta tiritando de frío y hambri_entas; ele las 14ue
buscan, ií quien espera otra compañrn: de lasqn~ ~osahen ele&amp;irentre el uniso burdo y la trufa patr1l'rn, de
las que0 se rleslumhran con la l&gt;ujerfa brillantl' y 1111ren del aroma ducal de la rosa; ele las que rompen
~artas y huellan paiiuelos de batista.
A.l diablo mis melancolías ;,no es wr1hld gato negro:' .\ lll salud .•\.1 diablo mis tristezas en u_na nol'he . la íiltimadel ,Liio en cuyns dos horaspostmnera~
he apre11dldo más que t'n los meses restante·.
ll e aprendido que la Fortllna escmnoese clur111lente, y que bien puede brindarse {i solas teniendo pot·
anfitrión tí un Irracional.
•
- .\ tu salud, amigo mío, á quien adopto y á c¡uicn
por la ('olor llami\ré «Dumas padr~&gt; y por el slmhól11·n siguiticndo « El . \ca:;11,&gt; neur6t,1co senor () lit' gohierna á los humanos.

11

EL :MU.NDO.

Cada pueblo, cada :raza y cada época tienen sus conmemoraciones especiales, sus fiestas propias, sus regocijos peculiares: Grecia, el Gimnasio y el Teatro;
Roma, el Circo y el l•'estin; la Edad .Media, el Torneo
y la Procesión; Espal1a, la corrida de toros; Francia.
el café y los salones. En el uno, las festilh•idades
son cívicas, en el otro, religiosas, en el otro, sociales;
pero hay una conmemoración, bay una fiesta universal, tradicional. que t.-O&lt;los los hombres celebran, c¡ue
todos los pueblos p:ractican: el ffo del ailo y el nacimiento de su sucesor.
l&lt;'iesta de ilusión y de esperanza . . •ral parece al hombre que con el afio que se Yá, huyen todos los dolores,
se disipan todos los desengaiios; que con él quedan sepultadas todas las miserias y todos los desencanto ; y
tal le parece que coa el año que viene renacer{m todas la. esperanzas, acudirán en tropel todas las dichas,
i;e realizarán todos los ensueños. J.'Milmente se admite que con el año de ayer queda cerrada la Caja de
Pandol".i y qne con el aiio de lloy se derraman!. sobre
nuestrns cabeí'd'ls el C'11erno de la Abundancia. En el
sudario del ailu que muere creemos dejar sepultadas
pal"J siempre todas nuei;tras amarguras, y registramos ávidamente la cuna del ai1o qne nace seguros de
encontrar en ella todo' los dones v todas las satisfacciones de la existen&lt;'ia.
·
Esta ilusión y esta esperanza celebramos con las
más ardientes expansiones, con las ternm·as 1m\ exquisitas. rodeados de todos los seres á qnienes amamu y á quienes asociamos y creemos participantes de
nuestra futura felicidad. La, ida era. ayer aím, un nudo gordiano, apretado, inestricable. en que se enmamñabno los ímluos problemas del ínte1·és, del porvenir, de la ambici6n no satisfecha. ele la ilusión no realizada; todo el año anterior, toda la ,ida fa babi11mos
pasado cnredánclolo por querer desatarlo. a·pretándolo por querer aflojarlo, mezclando~en sus ensortijadas
cocas nuevos hilos que las complican sin en&lt;'ontrar el
de , \ riadna que ha de orientarnos en el laberinto y
conducirnos á la l:l:llidit tranca, á las M&gt;luciom:s honorable,. á los desenlaces trilmfales; y el nudo, como una
madeja de interrogacicme sin respuesta, resiste, se
obstina, y no logramns desatarlú. Pero llega el ailo
nuevo y juzgamos que porqlle un instante del tiempo
1:1e ha d lsi pado. que porque un astro h,L pasado por un
punto ilusorio de una línea in1aginaría, el nudo queda
dese&lt;"ho y ovillado y que ya podremos seguros y tranquilos desenvolver el hilo de la existencia y seguirlo
hasta el cabo sin tropiezos, sin esfuerzos, sin contratiempos como quien navega en mrtr tranquila con el
faw ú la vista.
Por eso los regocijos de año nue\'O son universales
y seculares, como sou uníversales y seculares la ilusión y la esperanza y todos los pueblos los celebran y

conmemoran según su índole y RU t~mperamento, pero sin dejar ninguno de detenerse en ese Instante crítico y entonar un himno de bien venida, nna plegarla propiciatoria ú un hurra entuslastit al afio que
nace.
En los países tropicale . de cielo azul y asu·os cintilantes, de brisas tibias y perfumadas, los fes1ejos
son públicos y exteriores. Y enecia hac~ deslizar por
sus mágicos canales las teorías de sus góndolas, resonantes de m't'1slcas y cantos; en Xá.poles cireulan
por las calle grupos de poderoso cantores, bulliciosos,
alegres, festivos, ebrios de ,inos generosos y de ei.peranzru; locas; en Roma se abren de par en par la~ puertas de los templos, resuenan bnjosus b6Yedas los acordes plenos, prolongados y místicos ele los órganos;
voces di! mujeres y \'OCCS de niños, Yoces de :'ingeles,
entonan cantos escritos en el cielo; en Provenza SI! desenvuelven, en las arenas de los anLiguos circos romanos, las serpentinas ondulacionml de las tarándolas
que, al son del pífano y del tamboril, se anudan, se
desacen, serpean y giran como anillos ele ,1stosa culebra; e11 las plazas públicas se organizan bailes, bajo
los balcones se Improvisan serenatas; lo:, astros chispean como ascuas. las brisas zumban r&lt;&gt;mo insectos,
y la tuna desde el rielo soíll'lé inínica ante tani.a alegría que ba de converUrse despurs en dolor y alumbra, escéptica. tanto entusiasmo que ha de cleseulazarse mañana con gemidos y h\grlmas.
Pero son los países fríos, los pueblos del .Xortc, las
regiones inclementes, de cierzos helados y de brisas
cortantes, los que han dado carácter especial y tipo
peculiar á la conmemoración de ano nuevo. Para ellos
es una fie ta del hogar, de la familia. consagrada Ala
mujer, que es el S&lt;&gt;. t~n. y al nifio, que es el enC'anto
de la vida del hombre.
El cielo está nebuloso y obscuro: no luce t10 astro
en el Hrmamento; la ltmi,, aterlda, se t•nvuclYe como
en armiño. en densos nubarrones que ab. orben su claridad: los copol&gt; de nieve, blancas y pesaclas maripo•
sas, revolotean en el espano; un soplo helado se desprende del polo. y arrasa y f11st iga; los 1'trboles. esqueletos em'Ueltos cu sudarios. tienden !lllS ramas deshojadas como miembr1,,, momificados. .\fuera relmm la
soledttd y el silencio; nadie discurre pur calles ni plazas: todo el muudo st• encierra, busca el animo del
bogru·. el calor hienhel'hor de la familia. La fesli ,;.
dad desarrolla sus pompa:, entre cu:n ro paredes, (~
puerta cerrada. 1-,iu n11ís compaiíía que la familia y los
íntimos; mas no por eso es menos expansint. ni menos
bulliciosa, 11i menos brillante.
En el hogar arele un fuego c-hlspe8nte y amoroso;
el fuego, robado por Prometeo á los Dioses, el domador dt! la NaLuraleza. la alegría y la fuerza del hombre; ea el centro del salón, que pes:1dos cortinajes tapizan y muebles confol'tables y serio deccmm, el ,ir.
bol, como una áscua de oro, resplandeciente oon sus
mil luces. de cuyas ramas penden como frutos madu-

ros, las chucherías afiligranada , los juguetes vistot,0S, los encintados paquetes de apetitosas golosinas.
Luego, la mesa del restin, sunrnosa, con su vajilla de
porcelana antigua, su cristalería, fina como un ene.aje y retiplandecient,e como una joya¡ la hlanqUÍblma.
mantelería; el cubierto de plata cincelada; los pesados candelab1·os que eleY,lll en sus brazos eontorneados las bujías coronadas de luz.
En un momento dado se abren la puertas y la turba
bulliciosa de los ni11os. blancos. rubios. resplandecientes de limpieza, &lt;1e salud y ele Yida, se predpita. gritando y cantando al árbol. EJ jefe ele ln casa. ofkia de
pontifical: ese hombre venerable que ha vivido y sufrido, que ha luchado y triunfado, preside tí. la dh;tribuciún; con paternal ternur.i distribuye á ésta el rono Yigoroso. mofletudo, riramente ataviado en el
que bará sus primeros ensayos de madre y que le presagia 1ma ngorosa fecundidad; á alJuel el casco y h1
coraza, el sable y el caballo de guerra. símbolos ñe su
papel ele luchador en la ,•ida; á Jos pequeñuelos, bouajas y dulces, á la joYencitas chucherías de tocador. :t
la esposa, el hracelet.e ('Uajado de esmeralda· Yercles
como hi esperanza y de diamantes límpidos como la
virtud.
Luegd. en la mesa. ¡\ la hura del banr¡uete, ceremoniosa)" gra,·en1enLe, pa1-te y distribuye el pan &lt;'Orno
para que nadie ohidc qtúén lo trabaja y quién lo lle{L la casa y en el momento de Ja suprema Lransici(m. á la doce ele la noche, se lernnta y pronuncia
el brindis de bien Ye.nida al año nuern. brindis que es
á la vez mm plegarif\ y un himno, ~olemne y sentido,
en el que asncia 1í. tudos los suyo1, en un fen•lente,,•o,.
to de felicidad.
Aquello es á la vez tierno y augusLo, severo y dulce, patético y alegre. Esas gemes ('ou1prenden la virla no como una fiesta sino como una lucha; en los
momenu&gt;s de mayor y m,í.s libre expan:,iún, se 111oderan y refrenan. aleccionan y aconsejan y enrnenlran
el l1ilo de nuestra siempre enredada madeja en la línea recta del deber aceptado y cumplirlo.
Xosot,ros, latinos y tropicales, ks hemos plagiado
el ,írbol y el fest1n de famllia; pero nuesl ra Noel, net'.etiita, para parecen;e al suyo del cielo nebuloso, &lt;le
la blan&lt;"a nieve, de la brisa helada, de los hábitos de
,•ida interior y de los instintos dt&gt; hogar y ue famllht
pr&lt;&gt;pios de aquellos climas y de él(¡ll\!llas raz:is.

''ª

0

SENSf\OIONE,8 DE Vlf\JE.
CA IN.
&lt;Lienzo de Fernando CorDl.on---Museo de Luxe:rnburgo.)
A Carl o&amp; Pert&gt;pa.
Es una t"la trágica. CYocadora, ron loda lapa ,·orosa
miseria de la tribu maldita y toda la bíhlka cólera
del Dios implacable.
.Ante ella SP experimenta una sensaci&lt;\n dura .V angustiosa de real~dad y de_pesadilla. Esos c-uerpos. con
los delirantes OJOS lrnnd1ctos, lai; cabelleras
erizaclas cí ladas. hls bocas amargas y lamentables. loi; torsos quema&lt;los y heridos,
las piernas en la ten1,;ún suprema del 11 ltimo
desesperado e;.fuerzo, viYen! viven!. parece
que se escucha el ritmo jad~ante r cansado
de su fug-a en los arenales mrlcmcu1,es ...
Víven ·l\ son fantasmas que surgen en nosotros c1~· las profundidades. de los lfmites nublados. indeciso:;, perclielos, en que se mueven esos vaguísimos recuerdo~ de 11tr;1 cclacl
que apena empiezan á tourn, forma se desbaratan'.' son nue¡¡tros antepasaclt,,, que abren
silencio. os sus fosas en esas lejanlas el&lt;- la l'Ollciencia y pasan ~omo pidas ba(lll·i~aciones
por nuestro espín tu': \ lai; haluc-111a&lt;"wnes no
son ac;1so re,tlidacles': Hay alguna lth~·a e~
mi ser que r&lt;•slbtiendn el tiempo me liga a
ello.':' alguna g-ota dt' su sangre circula en
mis venas:&gt; alg-uno ele sm; dólore.s grita con mis doloresi' alg1ma ele sus esperam,;t,; canta con mis _esperanr.as:&gt; . . . Entonce no hun muerto! rntonces v¡yen porque yiyoyo -oh Jrn, infefü:es!-en~once~ siglll:'11 su p~ragrinacion secular con n~1 pe_r;grmacwn angust!osa.
con la angustiosa peregr111ac10n de todos, por ~1empre, eternamente, dejando en los zar1¿'lles. baJO _el
inexoral)le destino. f(I, amor, ideal, poesía, con el ritmo jadeantt&gt; y cansarlo rle la fuga en los arenales
lnclt'mentes ..... .

Allá ni la ca1·avana de réprobos, conducida por la
figura fatíd ica de Caío: bomhres. mujeres. niiios, bestias, andra.jos de pieles hirsutas .r gil'ones de carnes
desgarradas, picas de exterminio y hachas de vengan za, huyendo, arrastrada po s uraca nt'S dt' .r eovall

rf

omnip&lt;&gt;tenle y fulgurante! Y ei,ta ca.rarnna de réprobos es toda la civilizacMn: de esla familia infame nacerán guerreros. p&lt;&gt;etas )' 01tírtire.. -Pasa por el espíritu el pl\nico inmenso de las primeras edade de
ba.mbre y de do1Clr, el p:í.nico que soplaba muerte sobre los desierto caldeado hajo los cielos rojos, entre el ruido de las fieras flacas ,. ávidas y la blasfemia de los hombre· ,·ellndos y delincuentes. Leer una
página del formidable libro santo de Israel y contemplar el cuadro de Cormon, es la misma cosa: la

Yoz elel Eterno nwda sus anatemas en las mismas blívedas 11egras del cielo. despeelazadas por los alt'tazos
bravos y lílidos del relámpago; y en los coufines, i;ohre las mordentes pefias y sobre las puntas deltwibre
ele los arenales. galopan los grupos humanos lat igados pl&gt;r el Mstigo, regando en los siglos enloqueddos la sangre y el dolor qne han dado
:'i lu !Jistoria Trofeos de cJayas exterminacloraf;. de &lt;:anos triunfales. de estatmu;de m:írmol rntivo, de laureles de br&lt;mc.e herniC'o.
ele pi'1rpuras s;wgrlcntas como handeras -;
&lt;·nmu 1111 rajes, de cimeras flamantes ('!11110 1-'I
incendio y la gloria, de li ras ro1 as que at\11
vibran sus i:ímbkos proféticos, de lenguas
tru·taflas. que aún gritan sus chíusulas de
justkia, y de corazones arrancados que aún
laten rirtud y esperanza, denamanclo snhn•
la ('Onciencla el agua lustral de las fuentes
siempre Yirns del amor y del perdón!
Yicjo C'ain! des,,enturado padre de las infamia11 humanas! l'onciencia castigada, que
el espei1iíndose de ecL1d en eclad y de eA-piaclón
en expiacic'&gt;n l1a llegado hasta 11osot,ros para
que la arrojemos. con nuera marcadecóleras,
sobre las incertidumbres del porvenir, sin haber encontrado el Dios hueno. pütdoso, exorable. que hubiera lavado su pecarlo con sólo una h'igrimu de mujer.
con s61o un beso de amor!
Oh sangre rle .\ bel. basta cuando callará tu clmnm
de ,,engru1za ! ..... .

París, 189 .

�EL )HJN'DO.

NUESTRA ULTIMA
--------------('111110 11111s y yo bahia1110s r¡,sn&lt;&gt;llo separarnos el
d[a últim11 ele lllcicmtm.&gt; en Yírt ttcl rl·• que lllll&gt;st r11
amr,r se moría de anemia. m•~ par&lt;&gt;ei&lt;Í delil'ado ~- sig11ilicatirn rlesp,•dimos p:rn1 siempre clefiputss ele una
cena, íntima y rmtcrrml como los ríejns tígapPs crlstia11nl-.•í los post res d,• la cual. t ra:; un sorbo cle t·hampaila. enlr11riam,1s en plcnn aiío nucl'o, llrrnncln cacla
uno un t'ardu diyerso de q11inwrasq11c deshojar.
T1u1s hada ra anticipo:,; el" 1·n11descendencia á un
Teniente clt• .i1·tillerrn,. rt·n c11:111w á rnL sahore11ba
ele antemano la ,·0111pt1iosiclad de cles!'sper&lt;&gt;z.1rme &lt;le
amar. 1.1 rlklla de uua pr&lt;íximii y p;,&gt;rfccta apt ít ud para hacer &lt;le 111! capa un sayo y de 111i cora1.,í11 1111 hlot¡ne (, una Csl)nnja s.·gÍln 1·om·i11iern {t mis proyectos.
K n lll\' s~tfa fácil ohidar el I i bin y p •rtumado gahini•t i\ r, de 1111 n•st:1111•;111l dega11te; t.oclo actor11ad11 de
llores, v 1•11 l'ttro l' •11tro. tomo un rirtrai1ti ramillete
dP eristuk•·, pÍ1stns. frutas~- vinos p111icru01ns. 1,e lc-vantaba la mes11H d"st lnadu al i'1lt ímo fcst in.

Domingo..!_:; de Ene.ro de 1 IJ9

EL· OBSTACULO

CENA.

NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D' A...RTHEZ-Ilustraciones de nuestros talleres.

nnei,Lro W,-1í-1/1r por el frín siherlano de I;~ calle, _donde Hím 110 la e,.,pernba el uniforme. rcsolnnws rnm~r

ú d11u los inl'\"itables 1, rw11f1-d.n,! que salc-n ,t cncam1na.rno~ hasta las fronu•nts de los \·iejos t·ariiíos.
- 'Tu era~ mnv interesante,&gt; me dijo In~s t&gt;ntre rlos
snrhns ti(' taN: .,: aumdiendo :í que el pretérito. lmperfC'ct o de que empe1.al&gt;a á hact•r uso, tenla twrto
,.¡,¡,,, ,i .,i11nrt e1mw se ilicP. a llora. lo adopt (, &lt;iesrlc luvgo. replin111do:
-Pnr 111 part t• &lt;&gt;ras adorable.
-Hecuerrlo t1ue babia pC'rpétuame11te en tu rostro
una expresi,ín de fatiga moral. cll' de-. encanto munclauo. 11 ue 1 e fa ro reda clemasiadl!.
_
-F.n t"llanto ;í ti, u1lrnl;as d ,• un modo ext r.11111 )'
c1wantnrtor. lnés. sabias enc.:nder arlmirnblcmente
toda la pirotecnia ele tus ojos. ;, l'ur t1u&lt;'.i ya no miras
así:'
&lt;.,¡ué quieres. las miradas :;e usnn er1mo ti,s Lrajt•s.
Y tÍI, por quC.: ha!&gt; Yulgarizado ese gesto:'
-Por la misma ra1.,í11 . . )[e pa,·ece rc,t•ord:u LamlMn (lllC te \"{'Stías llll'j()r IJUC abura.
-l&lt;~s posible: tú en ,·ambio tenías muy buenl('ustu
parn elegirme trlas.
Sl. por &lt;"ierto q11e te agrad,lban ltis tolores morteeinob, mitigados, ,mate .... Entonces usabas frernen!Pme111 e boleros r tomía~ &lt;·astaíias t·uhiertas, de
la 'i'fll'J'f Eiftrl.
.
J&gt;e rci'.i1s qne sí. Te a!'uerdas culintas castai1as
nos pa rti tnllil t•nn la hoca:,;
- Te diré, no it•o la utllicladrle recordarlo .... fueron muchas.
-:\Iuchas.-repíti6 ella µensaliva, arreglándose
rlis1raidanwnte 1111 riciio que caía como haeecil1o de
oro sobre el pétalo rosado de una de sus orejas,-umchas fueron: y con la incoherencia aparente de las
ideas tL~uciadas. que se l'an enhebrando dentro con
hiliUos de luz, obsen·ó convencida:
-X o.se puede negar que has tenldo siempre h11eu
gusto para las cenas.
-Ré que el Teniente es un sibarita.&gt; utlrmé para
tranq II i Ii1.arl11.
l&gt;e PÍateros y t-an Frandsco nos llegahan el núdo
-Quiéres un poco de crema después de' tu café:'&gt;
sor&lt;lu r munof6nico de algún carruaj&lt;.&gt;, el grl10 tirl- -aiíadí.
tante clel papelern. y un nnnor entrecortado como el
-Yuya. la tomaré .... Iloy hace justamente nn
nm-run de un grun g-ato negro que se duerme ....
año
de aquella excursión rnmánLica ,l Cbapult.epec, ít
El frío se asomaba aleteando á la.s Yidrieras á hacense caruo ñel íntimo calor que reinaba en la e tan- Ja luz ele la luna -.,- con mucho frío; tú cantabas algo
cin ~ fba;e luegu despechado á. gemir s11 1111-lu-lu-úu de la Bohemiu .. .. )le parece que tenias entonces una
,·oz muy bien timbrada; por qué se te ba vuelto (i gutural ÍL lus l-Orres ñe la P~&lt;,fcsa.
.
. &gt;Il primero y único brindis. á rafz de un.t galant1- pera?
-El cio-arro probablemente, bija. . . . . . Por lv
m1 rodada de cltampana y epilogada de café negro,
fu~ el sitrufonte, que Tntls aproM en todas sus parte : que ve á l~s noctm·nos con que poetizabas nuestras
«Brindo por nuestra deliberada separaci&lt;ín: por los ,·elaclita .... eran bello., Yerdad:' Sólo que se han
hesos de ayer que flleron s:ihrosos y por lo besus. el.e ,·ulgarizaclo mucho; me atrevería á afirmar que he
mafüma c¡ue ser.ín t'omo rnos quiera; por la cordi~ ofoo alguno en un t'ilindro.
-~o e· difícil, respcmdM vagament,e Inés, al padad de tmestros futuros encuenlrns qne me permito
esperar tendr{Ul el carácter de fortuitos, y por la bue- recer entretenida en contar los 11orones del tapiz.
Habes que conservo lindos versos Luyo.&lt;;:' Hace tiempo
na I ntellg-encia entre el •renicnte y tú, amiga mfa. &gt;
Como ya no nos quedaba que hacer después de un que no rnrsiticas.
-nace tiempo que no sueño.
oo){/ tan explícito y como. por otra parte. Inés tenía
-Ya es tarde,&gt; exclmn6 de pronto, después de convs m••1wn&gt;ii deseos del mundo de dejar el comfort de

V.ERSION ESPAÑOLA. DE 11.EL HUNDO ILUSTRADO••

·~ ..

Maria :Magdalena, de pié enmedio del salón, di-

rigió una mirada en torno suyo, arregló con mano

sultar el relojito que llernha en la mufie&lt;'a, ornando
una pulsera.
-Es t'ierto, lwmos con\·ersado con regulares intcrYalos.
-Si nos despidiésemos . .
-Xu me part1 cc m:11 .... Quieres darme el ítllimo
beso~
-Por qué no!
Y UC'erc6 negligentemente sus labiosA los míos, juntándolos en 1111 beso sin eco, incoloro. comú el de dos
amigas íntimas que no e quieren.
Algo 1¡ue podría llamarse la sombra de un Yiejo culor y de 11n \'lejo perfume pasó entre nuestros rostros¡
algo que era como la última molécula de una esencia
amiga, que se eyapora; mas rué tan furtl,·o. tan efímeJ·o, tan leve, que apenas nos dimo· cuenta de
e11o.
-Ftlliz afio OllCYO, Inés.
-Ft'liz aiio nuevo, Carlos.
)1e acuerdo a,ín del gesto cordial de- su mano al
trasponer la puerta del restaurant parn diluirse como una. sombra en la sombra exterior.
-Feliz año nuern!
Torné al saloncito y encendí el postrer cigarro de
Diciembre, pensando entre humo y humo:
-Y con quién cenaré yo mañana?
.\~L\DO NER,o.

JUSTO SIERRA.
MARGENES DE LA. HISTORIA
.TIJANA D• ARU.
1

Huspendc la pastora , u balada ....
Oye &lt;le su Lorena en los rumores
la· voz di' sus r·eleRt,es protecton•s;
l--alYa.-&lt;licen-:'t Francia con la espada.
Ti'1rbase. llora. . . y Ya de su fe armada;
despierta al rey y manda á los seiiores . . ..
Ya combate .... n1 triunfa .... Entre lovres
unge al rey. Está' su obra terminada.
¡, Qué. entre esa ¡mmpa, la pastora piensa'.'
¿Qué e5 aquella apmeosil, tmnsitoria:'
No le importa. entrevé la rrt·ompensa:

Hiente él heso de J&lt;'randa ante la hhtoria.
Un beso dado t·on pm;itÍn inmernm
á la ifor de s11 sangre y de su gloría.

n
Entre la l urba marcha h\ heroína
romo v11 en el turhitJll la tlor inerte,
besa la cruz, estática, y u suerte
acepta ¡.;in temblar, con re diYina.
Como la rle la estrella matutina
en los rayos del sol, así es su muerte;
la llama suhe !lasta la virgen fuerte
y la consume á 110 tiempo y 1a ilumina.
El viento esparce sos cenlzas luego,
y en la • 'lllgre del pueblo, nunca en calma,

la reenciende en átomos de fuego:
comulga en esa hostia Francia entero,
y de toda las alma.&lt;;, nace una alma:
la Patria ¡oh .Juana! el Fenix de tu hoguera.

HOJA De; ALBUM.
El nliio llega á la apartada ro1·:l
ahuyenta al ave &lt;"uyo nido arra1w;i,
y estr1lla al punto su purpúrea bo&lt;:a
en adorable rh,a, limpia y franca.

:-;,\ngra en us manos puras el polluelo,
hrizna á brizna destroza el I iblo nido,
y el asesino encantador, al cielo,
\ uel l'e los ojos de contento hencl ido.Y qu(, importa una roca despejada,
un a Ye sin su nido y su carifio'!
vale más la argentfna carcajada,
que Pn resonantes perlas lanza el niño.
Llega 1m día-tal es la humana Wstoriaclt~ duelo y ele pa~i1ín. Entonce, ;.es cierto?
l...a imágen resucita en la memoria
el('] nido roto y del polluelo muerto.

experta las hojas de una hortensia, imprimió una
curvatura gallarda. A las cvpas de malvarosa qo.e
brotaban de un tibo1· chino, y después de algunos momentos ae grata meditación se volvió
hacia el espejo que estaba colocad'.&gt; entre las dos
ventanas y su sonrisa se acentuó entonces.
El espejo reflejaba la imágen de una joven extremadamente graciosa y elegante, una belleza
rubia, de tez mate, ojos brillantes, labios rojos y
dientes que relucían. De este conjunto se derra•
maba la vida exhuberante, en regocijo de existir
en alegría de ser; sus ojos parecían retlejar la
graciosa luz de un día de l!ayoy cintilaban como luciérnagas.
Sonrió pues silenciosamente al mirarse y dirigió á. su im11gen un amistoso saludo,y luego por medio de apropiados
movimientos del busco, hizo chispear las
cascad83 de perlas que guarnecían su
corpilio de seda inglesa de color pálido
con pliegues de. verdadera gracia esté·
tiea.
Estética? Msría Uagdalena lo era en
su tocado más qne ea el adorno de su
s11lón. Su gusto, refinado para la seleceión de formas y colores que podían pouer sns graciu de relieve, lo era menos
para proveerse de los mil y un objetos
que constiyen un interior harmonioso.
Algunos sil:ones antiguos cubiertos de
guardapolvos de punto bordados eran
los únicos objetos interesantei,. Dos meshaa de juego muy nuevas ostentaban en
todas sus doraduras y barnices su confección poco artística; había bronces de formas pesadas; en un Angulo un espantoso
tibor de imtación Japonesa; y en las mesas
y en las consolas y en la chimenea, montones de juguetillos, porcelanas, terracotas minúsculas, conejillos pintados, ratones y figuritas caprichosas de filigranas, todo formando un abundante conjunto de gusto vulgar.
El golpe de vista sin embargo gracias
A las flores y plantas vivas d1seminadas
por todas partes era agradable, y este
salón podía pasar por uno de los más ele•
gantes de )fontpazier, subprefectura industl'ial en donde la gente se cnidaba
poco de los refinamientos del lujo moderno.
Al oir el sonido del ll11madonléctrico,
Maria Magdaler!a alzó los ojos para consultar un reloj de viaje que estaba colo•
cado en una consola.
-Tan pronto! murmuró. Las dos apenas y ya viene una visitll.
•
Estaba todavía poco al corriente delas
costum brea de provincia; había salido de
París algunas semanas antes, inmediata•
mente despues de su Mtrimonio con
Roberto Le Clercq abogado de Montpa•
zier y en el día en que la presentamos á
nuestros lectores inauguraba su primeri. recepción.
De las visitas de boda que hizo, no conservaba
más que el recuerdo contuso de fisonom ias des•
conocidas, de muchos salones sin lujo y sobre todo
del fastidio de haber oído en todas partes las
mismas pregu:ntas á las que se tenía que dar invariablemente lus mismas respuestas. De manera
que no sin cierto espanto esperaba á.las personas
que debían ser su futura sociedad; pero almenos
tenía la vent11ja de que estudiá11dola&amp; allí en su
pr.&gt;pia casa A su satlsfaccíón, podía escojer las
personas agradables haciendo á un la do las más
nulas y las mAs antipá.ticas.
Sin hacerse anunciar entr1 la suegra de María
Miigdalena: ll.Da Eeftora de edad avanzada que andaba con lentitud, que tenia las facciones muy

acentuadas y qne vestía de pesad1t seda nrgra.
Su aspecto era severo y rígido. Se acercó A María
Magdalena, la besó y le dijo.
-Buenos días, Maria .h1agdalena ¿está. ustetl
mejor, querida mía?
' - ¡Mejor! ¿Pues qué he estacto enferma?
-No sufrió usted ttyer una neuralgia?
-Eso fué mu.v leve y ya pasó.
La senara Le Clercq notó que las dos ventanas
estabnn abiertas.
- ¡Que imprudencia! Y usted está. vestida con
ropa delgada.
-Pero si le aseguro á. usted que ya no tengo
nada, dijo María .hlagdalena con tono suplicante

al ver que la vieja implacable cerraba las ventanas A pesar del sol radioso que inll.Ddaba el jardín.
Luego sin bacer el menor caso ni fijarse siquiera en el oisgusto que ctlueaba A su nuera,
vino á sentarse a. su lado con afectado carino.
-Está usted encantadora hoy, vidamía:eltraje le sienta á usted admirablemente. ¿Roberto
está aquí~
-No. Roberto está. en palacio gestionando algun asunto de su profesión. Pero ¿qué es eso?
Con ojos brillantes de curiosidad, María Magdalena contemplaba á la sefl.ora Lé Olercq desatando las cintas de un paquete de forma prolongada•
y lanzó una excl11maci6n de júbilo al ver en una
c11ja incrustada de plata un primoroso abanioo

antiguo, pintado al \•leo sc,bre raso y montado
en varrillas de marfil artísticamente esculpidas.
-Ohl ¿Roberto lué quien pensó en hacerme
este obsequio?
-No, mi chiquitina, fui yo. Sorprendí que deseaba usted este abanico desde que lo vió en la
casa de Fancon y por eso lo mandé comprar.
-¡Querida seilora .... que ouena es usted!
Con alegria de 11ifta, María 1[agda.lena abrió el
abanico y mirándose en un espejo que estabacolocado encima de la Chimenea, tomó la aot:tucl
de una bailadora de minué, recojió su falda con
Ja mano y ejecutó una teverenciagraciosa yprofunda.
-Estoy encantada con mi abanico.
Ma:fl.ana lo estrenaré en el teatro, en la
representi.ción de ,Jlanon Lescaut. Me
gusta mucho .Jlanon.
- Pero usted no irá. al t-,atro, querida
mía, dijolase1lora Le Clercq con el acento de la mas imperiosa mansedumbre...
Imposible!
María .Magdalena clió punto A sus infantiles demostraciones de alegría y preguntó:
-Que no iré .... y por qué?
-Porque sería imprudente salir de
noche padeciendo esas neuralgias.
-Pero si ya estoy buena, si no tengo
nada.
-Sin embargo, eso puede volver. No,
no insista. usted porque me cansaría una.
verdadera. pena. Y o soy responsable de
usted, y ¿qué diría su padre si cayera
usted enrerma?
-No sucederá. eso y mi p:idre se cuJda poco de mis insignificantes crisis nerviosas. Aseguro A usted que nunca me
ha prohibido ninguna cosa. Ya conoce
asted su respeto A las libertades de los
demás r ya sabe usted que él acostumbra decir: "No impongo mi voluntad á
nadie pero en cambio deseo que naclie me
imponga la suya."
-Eso no es má.s que de d:entes para
afuera. Si viera á usted enfermita harfa
lo mismo que yo: le suplicaría que se
privara de un ligero placer para evitar el
peligro de agravarse.
-Yo habría querido asistir A ]a representación de una ópera en Montpazler.
- Ya la verá usted otra vez ....
-¿Cuando? Aquí no hay temporada
teatrttl, sino solamente compidiias que
van de paso.
-Que todo pare aqui, María Magdalena: se lo suplico á usted. Siento haberla
contrariado, pero esto, querida, mía es
nn sacrifici1 muy pequeno y si me tiene
usted algún afecto creo que lo hará. sin
más discusión.
.Maria 1\I11gdalena cerró el abanico con
aire de quien se siente tiranizado, y sin
verlo mAs lo puso sobre la mesa.
-Además, a11adió lo sen.ora Le Clercq,
tomándole la mano y hablándole con mucha dulzura. Tengo que hacer A usted una censura ligera. . . . sil he visto en casa de la sen.ora
Ligniere una cosa que me ba causado cierto asombre.
-En casa de la se:fl.ora Ligciere .... ¿y quién
es esa sefl.ora?
- Una antigua. amiga mía, viuda de un inspector de bosques.
-Ah! si. No la conozco porque no estaba en su
casa cuando fu.imos A verla Roberto y yo.
-Justamente. Y entonces le dejó usted su tarjeta.
-;,i. o es esa la costumbre?
-Pero esa t11rjeta que he visto, dice: María.
?illlgdalena Le Clercq de Boís de Sa11it Miu-cel.
)[aría ?t!ligdalena contestó:

�2
-Bois Saint Marce! es el nombre de mi padre
y me pertenece.
-Pero cuando una se casa, toma el de su ma•
rido A lo que creo.
-Lo be tomado pero nada se opone A que le
agregue yo el mio. En el mismo Montpa.iier y aún
eu dlnastias de comerciantes, tienen ustedes quie•
nes lo hacen asf.
-Sin duda; ea ciertas familias algunos berlllR.·
nos para distinguiase los unos de los otros han
afladido al suyo el nombre de su mujer, pero el
caso no es el mismo.
-No lo será; pero pienso que mis razones valen
tanto como llls suvas.
-P11ede atribo.irse á. vanidad de parte de usted.
-Sí, si por eso se entiende el que esté yo or•
gullosa de mi nomhre.
-Las pretensiones nJbiliarias pueden parecer
ridículas.
-A las gentes de Montp11zirr, interrumpió vivamente Maria 11Agdalen11. ¿Y por qué les babia
de hacer el sncrifieio de m1s ideas? ¿Orgullo no•
hiliRrioi' Pues si, confieso que lo teng-o, pero con
legitimo derecho y eso nopuedeserridiculopues•
to que esté. justificRdo.
La sefiora Le Clercq vió á su bija con algo de
severidad y !Iaría lililgdalena haciendo un esfuerzo recobró su sonrisa graciosa y cesó de de·
tender su causa.
-lle mandado baeer para U!'ted otras tarjetas
dijo con amabilidad la su('grl.l, levantilndose para
salir. Adioe, mi vida, estA asted muy linda, pero
muy linda, ¿sabe usted? Ph:nso que J&lt;'remaux haría de usted un retrato primoroeo. YH hablaremos
de t&gt;SO cuando vayamos jun~as á P ar(s.
La joven se extrtmeció de placer. Tenerunretrato euyo pi11tado por Frem11Ux, que era el ar·
tista prefer,do del mundo elegante, constituía para
ella una dicha inesperada.
Al dirigirse á. la puerta la seilcra Le Clercq
distinguió sobre una consola un joyero de marfil
ornado con una preciosa miniatura.
-¿Qué es esto? preguntó.
L" miniatura representaba un escudo nobilia•
río.
-Nuestras armas. Tres castillos y un dragón
en cuatro cuarteles, sobre campo de gules.
- )[uy bonito, muy bonito dijo la setiora Le
Ch,rcq guardllodose el joyero y dando un paso
para salir.
-:María )tagdalena tendió la mano.
-En el mismo orden de ideas que las tarjetas
de visita, afiadió dulcemente, usted no es la sefio•
rita de Bois de S1lint Marce! sino la seflora de
Roberto Le Clercq, y laa fantasías nobles de esa.
clase serian tomadas por el lado ridículo: conoz•
co mejor que usted el espíritu de ~fontpazier. Se
creería que es un blason f,mtástico. Se nece11ita
ser )1ontmorency, Roban, La Rochefoncault para
permitiese el lujo de mandRI pintar las armas de
la familia: de otro modo se burlan de uno. Adios,
mi vida, adios, primorcito.
Sola ya Maria Magdalena enclavijó dolorosa•
mente sus manos, lanzó una exclamación que ex•
presaba muy a. las claras multitud de eensaciones
desagradables, y empezó rabiosa A recorrer á
grandes pasos el salón.
Esta manera animada de calmar su exaltación
nen íos a, le impidió oír anunciar la visita de un
cabullero con quien se encontró de improviso
frente á. frente. Primero se detuvo muy confusa;
»ero reconociéndolo &lt;'n seguida le tendió la mano
y le sonrió con afa.bilidad.
-Ahl setior Darlot. FelizmentP. es usted ....
Si otro :ne hubiera sorprendido en estas danzas.
-Sí: habría sido sumamentegrave!
Luego se dirigieron juntos A un divAn que es•
taba coronado por los abanicos de dos palmeros.
El recién venido era ur, hombre alto, de tisonomia inteligente y de una real distinción.
René Darlot, que vivía 'ocioso, era un espíritu
cultivado, pose(a rara delicadeza de ideas era
curioso en materia de artes y se fastidiaba en la
vida por una especié de pereza para rehacerse y
luchar contra las tristezas intimas que de él se
habían apoderado.
V i.rlcs afios antes perdió A una hermana más
joven que él y A la cual amaba tiernamtnte, y
esta desgracia le dejó en tal abatimiento y lasitud, que no despertaba slno para asuntos de es•
tética.
Indiferente A todo le demás, hablaba poco, pero sus frases incisiv11e y axioml\ticas no eran ba•
na les: con una palabra sabía caracterizar cosas ypersonas.

Eí, OBSTÁCULO,

"EL MUNDO 1Lt'STRADO11

Pasaba en París los meses del invierno y el estío en Montpazier, en una quinta levantada á la
orilla del río, pintoresca en otro tiempo y ahora
ahogl\da por otras construccio11es que se habían
situado A sns lados.
En París fué donde conoció a. :María Magdale•
na, y algnnas veces pensó en que si no bubier~
renunciado· definitivamente á. formar una familia, sería esta joven Rlegre, graeiosa, refinada y
buena, la única á. quien habría elegido para esposa; pero como á. pesar de que sólo tenia ~u~renta allos, se habia declarado usado, enV('Jec1do y centenario, se quitó esas ideas de la ca beza.
Y en verdad que considerAndose ya viejo y
juzgando que la vida no podrí" traerle má~ Que
tristezas, ¿A qué arroj11r la sombra de tantos infortunios sobre esa manana de Mayo, sobre ese rayo de alboradit que era el alma de María MagdalenA?
Ella le recordaba. un poco í1 la hermana qne
había perdido. Nii\a ligera y móvil de car!Lcter,
tenia ri~as alegres que le revivían el recuerdo
de la otra, lo mismo que sus muec1ts burlonas y
su.; reflexiones excéntricas sobre las p11rsonas
que le eran ar.típáticas. Este parecido se la había
hecho grnta y 11\ 1rat~ba como á una chiquilla
siempre, y no se mordla la lengua para dirigirle
bromas qae la picaban vivamente, pero que ol•
vid1tha en seguida.
Darlot era, por otra parte, de cnnfümza en casa del doctor de Bois de Saint Marce!, el ml\s
am11b:e, el más p11risiense y el más mundano de
todos los médicos para seflorae.
Con una inagotable complacencia el Doctor llevaba á sn hija a. t.&gt;das partes en el gran mundo¡
estaba orgalloso de su belleza y tenía en sus buenos principios entera conrianza, y por eso le dejaba gran libertad de acción sin inquietarse por
lo que podría decir ó hacer. En c11mbio Marí&gt;l
Magdalena que tenia arrebatos de nilio terrible
decía de él.
-Poseo el padre ideal. Le tomo en mi vPstí•
dor al mismo tiempo que m1 abaníco y mi salida
de baile.
Varias veces Darlot usó de la influenci11 vPr•
dadera que tenía en el t&gt;Bpfritu de su amiguit:i.
parll cortllr por lo sano en los amorfos que le parecían peligrosos. y una frase cortante poniendo
de relieve los ddectos é imperrecciones del pre•
tendiente, bastaba para estP. objeto por lo común,
pues ella teníll mucho miedo al ridículo.
Supo coa un sentimiento de tristezii, que María
Magdalena Iba A casarse con Roberto Le Clercq,
y como tenía bastante intimidad con el Doctor,
no se lo ocultó.
- Pero qué tiene usted qué observar? dij'&gt;, la
posición :v la ed11d de Rc,berto son convenientes
para mi hija.
En efecto, la tortuoa era inesperttda pueq Le
Clercq era rlco, en tanto que los Boi:i de Saint
Marce! no tenían nada y su existencia era uno
de esos problemas parisienses que pueden plan•
tearl\e en estos términos: abund11ncia. dll lujo y
falta de dinero.
Bajo este punto de vista Roberto dab11. una
prueba de desinterés casa.ndose con una mujer
sin dote.
Acababa de termín11r sus estudios de Derecho
en París donde conoció A su novia, y era un hombre serio, de aspecto reservado, A quien no se
hubiera creído capaz de no arranque sentimental,
y Darlot quedó admirado de que la gracill ex•
pontlLnea y joven de María Magdalenll, hubiera
podido apoderarse de semej11nte naturaleza.
Darlot para hacer ver la desigualdad de esta
unión, hacía notar al Doctor la ligereza infantil
de su hija, pt&gt;ro éste contestaba:
-E3 verdad, pero se encontrará bajo lit dirección de la eefl.ora Le Olercq, madre de Roberto.
- Sí habitarán en la misma ciudad. . . . . . Ah!
una objeción todavíll. . . . . . . Qué será. de María
Magdalena lejos de París y de la vida á. que eslá.
acostumbrada?
-Ya tomará. nuevas costumbres, y adem:ís,
bien sabe usted que tiene en la pr:vincia una
instalación admirable. La seflora de Clercq posee
uu hotel construido en el siglo XVIII que es una
maravilla, sobre todo para usted A quien tanto
gusta lo bello. Tiene tapices y cortinajes pintarlos por Broucber, y cuadros de R11nsou y muebles y bronces de gran lujo.
Darlot interrumpió con impaciencia:
-Sí pero Marí:.1. Magdalena?
-Pues bien, ella vivirA con su marido en el

primer piso, pues la seJlora de Le Clercq se re•
serva el entresuelo.
-Vs. ú vivir con su suegr11.! exclamó Darlot
consternado.
-No con su suegra, sino en el piso de arriba,
lo cu!ll es muy difereute. No creo se imagine usted que yo soy el comensitl ~el ~olsista q~e !ive
aquí en los bajos de mi bab1tac1ón. Ni s1qmera
lo saludo. Y a. ve usted que se puede vivir blljo el
mismo techo sin estorbarse mutuamente.
-En provincia no sucede lo mismo.
-Por otra parte, la sefiora Le Clercq es una
mujer excelente y de reconocida bondad.
-Así lo be oído decir.
-De consjguiente ahorrarú A mi bija ]os cuidados del bogar, pues la ama mucho,la colm~ de
obsP.quios y hasta creo que va á. ser demasiado
debil con ella.
René Darlot se retorcía el bigote con aíre perplejo y poco convencido, y el Doctor, renunci4ndo A prodigar en vano su elocuencia, terminó diciendo:
-A.demAs era necesario que l\cabara por casarse. Piensa usted que sea agradable tener uno
a. su c1:1rgo el cuidado de una joven de veinte
8.Jlos, lind11 por aftadidura? Yo no soy de la madera con que se hacen los Angeles de la guarda.
lle siento Inútil para eso y me juzgo tel:z al quedar libre ya que todavía no teugo ma.s que, CU.\·
rP.nta y cill'!o ai\os. Eso no eca verdad; tema los
cincuenta largos de talle, pero se conservaba bien
con los cabellos muy negros, los dientes muy
blancos, la apostura elegante y la mirada vi~a, y
hasta podill creer11e mAs joven que muchcs eJemplllres raquíticos de la generación actual.
Darlot abandonó la discusión pero guardó en
su interior un presentimiento de desdichas para
el porvenir de :Maria Magdalena. Como era un
original, partió inmediatamente para Amberes bAjo
el pretexto de ir A estudiar Jas pln-turas de Ru•
bens, y su aus('ncia se prolongó b11sta el día en
que le presentamos á nuestros lectores, y en que
venia A ver A su amiga tan tranquilamente como
si se h11biera despedido de ella lll vfspera.
.Acostumbrada Maria Magdalena a. su modo de
ser, no p11.reció sorprendida al volver A verlo,
pues solfa desaparecer comunmente muchas semt1.nas durante las cuales apenas si se tenían noticias suyas procedentes del teatro ó de algún
museo lej,rno. En esas crisis Dllrlot evitaba el encuentro de sus amigos volviendo la cara. para no
verlos, y Juego reap11.recia sin explicación alguna volviendo á sus antiguas relaeiones y A sus intimidades en el punto mi~ruo en que las había de•
jado.
Sentado al lado de Maria Magdalena la observó con mirada escudriftadora y comprendió que
acababa de experimentar una contrariedad, pero
como snbía que era diplomAtica, rebelde A toda
inquisición y capaz de ocultar muy bien sus sen•
timientos, no le dirigió ninguna pregunta y sus
ojos erraron ni rededor de la pieza.
-EstA bonito el salón .. . . Ah! He aquí loe l-t•
mosos cortinajes de Boucher q 11e &lt;lt:cU'el Doctor.
Bah! estaSFon copiasperobnenas.¿Yestosbajo relieves eu uutder"? Tienen en ef~cto un notable
estilo. Y aquellos awores mor etndos pintlldos en
el cielo raso, no dej m ne ser hermosos. Deveras
que esto es muy Jéci1110 octavo! Los silloues con
guardapolvos bordados sou not1tbles, y usted,
querida sef\ora, resuhH notllble t , mbién, e1,tA u::1•
ted en estilo y pare~e un p ·stf'l de liotialba.
Maria .Magdaltna isontió1 pues le agradaban
mucho ]as galautni11s.
-Me hace gracia oír á. usted llama.r,dome: SeJlora.
-Naturalmente. El matrimonio le ha dado li
usfud una actitud digna y respetable que no per•
mite ya intimidades ni conflancitas. Bueuo ¿y
qué es esto.
Darlot acabiiba de descubrir la profusión de
bibelots esparcida sobre la chimenea y tomó un
mono pintarn1jeado que estab" tocando la guitarra, lo examinó seriamente y exclamó al fin:
-Horroroso. ¿Y es usted la c¡ue ba tenido es •
te gusto?
- Sl, yo, contestó ella despechada. No es de la
aprobación de usted?
Darlot }P.vantó un dedo con adem~n imponen•
te. Es necesario arrojar todo eso que es deshon•
roso para el salón de estilo rocaille donde tiene
usted el honor de figurnr ea este momenw! Los
lindos amorcillos del tecbo acabarían por dej11rse
caer desde allA a,rriba para romper tanta porque•
ría. Ob! cBas Sajonias contrahechas, esas flores

de porcelana, esas filigranas antiestéticas. Uf... !
Maria Magdalena, ruboricese usted.
-Seftor Darlot, clU'ece usted de galanteríal
-Maria Magdalena, carece usted &lt;le sentimiento artístico. Su alma de usti,d esta cerrad11. A las
bellezaa de lt1 forma. He visto ll. usted bostezar
durante lll lectUJ'll del Rey Lem·. Vaya! a.qui ha.y
-un m11goifico abanico.
-i1a lo acaba de regalar ml suegra.
-Tiene para usted exqo.i:1it11.s atenciones. Este
otro juguetillo es encantador, pero no veo por
ayui el joyero que le regalé á usted.
- Mi auegr" lo ha tomado.
-Ah! hacen ustt:des cambio de presentes?
La. sen.ora Le Clercq lo tomó porque mi escudo
de armas estllba pint11do lllli y eso le pareció ri-Oiculo.
-¿Y usted qué dijo de eso?
-Nadt1, no tenia qué decir. Solamente que no
puedo hacer 1) la eef'lora Lo: Clercq el 1mcrif1cio dtl
Jo que yo estimo en m!\s ...... 111. 1,1rueba de qua
no b0mos gente ordinaria y de que remontRndo
muchas generaciones no se encoutrurá. uingún
plt,btlyo en nuestra ascendtiucia.
Dios, mi dama y mí rey! Esto si es bermo•
so ... . usted tiene el deber de enorgullecerse de
su reza y ede es el único sentimiento un poco estético que le conozco. Hay en eJte hecho de po•
seer eacudo de 11rmas pl'opio, ornado de biz11rr11.s
liguras incomprensibles p11ra los uo inicial.los, a l•
go de embriagador A lo que creo. St1 siente uno
wuy por encima de lo vulgar y hasta con cierta
supcrioridud de espíritu, de inteligencia ó de ta,
leuto. Esto del uacimiento, obr11 tlXCln.siva del
azu· es injusto y recae comunmente sobre quie•
,nes menos lo merecen, pero es porque es, y se es•
tima por tantom1\.,envidiable cuanto quenadie lo
puede d11r al Que no Jo tiene.
Ella lo co11templ11ba con ademán de pensativa
jugando con los hilos de poclas de su corpilio. Le
agradaba la m1mera curiosa que te11í" de hablar
y de la que comunmente no se descubría A punto fijo si bromeaba ó hablaba en serio.
- Y en fin, afiadió. Esta usted decidida Ala re•
sistencia sobre ese particular?
•
- Sí, dijo María Magdalena con acento de !irmeza. Por Jo demAs, me será U}UY grato com1-Ia•
cer A la seftora Le Clercq en cualquiera 01ra coi,a
porque es amable y butna conmigo.
- Pero deveras?
- Ohl si. Me manifiesta una solicitud conmovedora. Nada de esos celos ui de esa acrimonia
de las suegras que hace a. los hijos la vida insoporta blc. l!Jsta no perturbará nuestro hogar. Co•
mo si fuera su hija, no piensa más que en complacerme; ha organizado todo aqul y me h11cet&lt;An•
tos regalos que me tiene confusa; ya vera. usted:
joyas antiguas muy curiosas; por ejemplo, esta
sortija.
-Ohl soberbia, dijo Darlot entusiasmado. Una
fotaille antigua de verdadero mérito.
Mientras él admiraba la sortija, ?1Llri.a Magdalena continuaba.
--Gritcias a. su interv mción estoy aprendiendo
.ft moutar á caballo. Ya sabe usterl cuánto he de·
aeado eso toda mi vida! Pero en París no teníamos caballos .... Ya cas1.1da, Roberto se resistía
pero la ser.ora Le Clercq lo ha convencido.
-¿P11oe qué, no bastaba la mflnencia de usted?
-No me habría atrevido A insisti1·. Me c1111é
.hace muy poco tiempo, conozco apentts á Rubel'•
to, es grave, ceiserv11do, y verd11.dtirt1.mente no me
ohabria atrevido. Darlot devolvió la sor1ija y se
puso A contemphtr A Magdalena con aire serio.
Dejó que decttyerala conversación, susojoserra.•
ron distraid11mente en torno suyo y luego se fi•
jaron con atención al descubrí..· en uno de los muros una acuarela:
-Una mnrina. .. .. .. Oh! oh! muy interesante,
admirable colorido. E~ta estA hcc!Ja por u11 artis•
ta de cepa. ¿Qué firma tiene? Lncía H111·tley.
-Una amigll mía, JaeeJ'IOl'ita LucfaHartley ,linda
~orno Jo son las inglesas cuando no estAn adorlladas por una fealdad cómica. Usted no conoce
personalmente á Lucia, pero le be hablado de ella
-con frecuencia. Es una original y ha organizado
una vidn positivamentb intelectual; viaj-t mucho
y vive sola aunque tiene un ejército de hermanos
y hermanas que por su parte se arreglan como mejor les convie11e. Be tiPne cleveras en Inglaterra
una extra.l'tll idell. de loe lazos de la familia.
-Por mi parte admiro Ala r11za inglesa, decla1·ó Darlot que h11bla descolglldo II\ acuarela y la
-examinab11 cerca de la ventiina. Eias gentes tie11en a1gunas virtudes de primer orden que les ha-

rán triunfar sobre las otras razas. Desde luego
un gran respeto á.lalibertad individual, en seguida 111 costumbre de contar consigo misma.a solamente en cualquiera circunstancia de la vida y
eso da temple A los caracteres.
-Lucía tiene tod,1s las cualidades que usted
indica. Mu} celos11. de su libertad de acción DO
invade para nsda la de otros y se basta a. sí mis•
ma puesto que vive sola. Posee una voluntad
tranquila y reflexiv.1 que nada doblrga y por eso
la admiro y me siento una chiquillacomparAndome con ella. Tengo tan poc:t fuerza de voluntad!
seguramente que nuestra amistad es tan tierna
pur el contraste que hay en nuestros caracteres.
Es muy artista: ya ve usted como pinta y yo no
entiendo nada en lo relativo a. lo bello, lo caal
usted me ha reprochado mi! veces. Ella se atreve
á. discutir un1t opinión y combate sin miedo y con
calma, en tanto que yo carezco enteramente de
valor, no sé coutradecir y cedll en todo desde
luego.
-Usted es ur.a j'lven muy bien educada por la
excelente y virtu.:&gt;sa senora Jacob. ¿Eslá todavía
en cas11 de su papá de ustedr'
-No; cuando me casé, pidió retirarse.
-La eetlora J 11co b es una persona distinguida,
cuidadosamente educad,1 y de una notable nuli•
dad dulziirrona y a¡,11cible .... Ella le inculcó A
nsted su finura exquisita, en igualdad de c11r!Íc•
ter, el gusto por b.s vulgaridades que tienen fa,.
ma de escojidas y la ciencia de vestirse y peinarse conforme á los elementos de la fisonomía. Eo
verdad le debe usteJ mucho. Y dígame u~ted ¿le
era grata Miss Harley?
-Oh, n o! La tranqueza de L11cía le parecía
brutal y no aprobaba ni un poco esa vida excén•
trica, viajera y artística lejos de la fctmilia.
-Me es simpa.tica su 1:1miga de usted.
-Es posible que la conozca U!ted. Me escribió
hace dos meses cnando estaba muy reciente mi
cuamiento. Tenía el proyecto de venir A. pasar
11lgún tiempo en Breta-Jia en uM aldea ae pescadores que conoció en ailos pasados, durante una
de sus excur, io 1es y de In que ha conservado vivos recu~rdos. Se llama Trégastel y Lucia quiere
hacer allí un cuadro grande, por lo cual vor á pe·
dir á. Roberto la autorización para invititrla A detenerse aquí algunos días ensu tránsito por Bretaft.a.
René Darlot tomo de una consola un libro que
estaba como olvidado.
-Ahl. .... Mnsset. .... Si leyéramos un poeo?
como en otros tfompos, cuando aun no era usted
la Sellora de Roberto Le CJercq sino la cbiqnilla
1iíaría :Magdalena que baj) la inspección vigilante de la sellora J lloob era iniciada en las .- Medi•
tac iones poéticas» de L11marti11e. LI\ seflora J acob no habrfo consentido una poesía de tanto fondo. Espere usted .... .Nauma. Hágame usted tllvor de oir esto que está. escrito por un joven en
ple1J11 juventud. Lo que más amo en l\111sset es su
sinceridad juvenil. Ah.ora podria.pasu por un escéptico.
María :Magdalena se reclinó graciosamente en
un sillóo, tomó el abanico que le regaló su sue•
gra á fin de hall11r otras distracciones ademh de
la poesía, y Dabolt comenzó la lectura con una
voz harmoniosa.
No hay nada más agradabte que leer versos A
una mujer hermosa.; Darlot hallaba placer en esta labor y prodigaba sus interesantes lecturas en
casa de las más seductoras amigl\B que tenia, sin
inquietarse de que comprendiesen ó no, y bastAndole ver uu ademin agradable ó una linda cara,
que dejaran oir ó entender una muestra de apro•
bacjón lanzada tal vez de casualidt1d. Aunque
comprendiera que sus auditoras leoian con atención di,itraida, sabía muy bien que nada e.compafia mAs dulcemente á u11 ensuefio que el ritmo
de los versos.
María Magdalena pensaba de pronto en sumarido, Aquien era necesaric pedir licencia para in·
vitar A Lucía llarlet.
Roberto le inspiraba un temor tan verdadero
por su aire de corrección, trío y reservado que
aún no se había preguntado Así misma si le amab,i y tampoco se babia exolicado si él á su vez
senú11. por ella. otra cosa que un vivo deseo que
pasaria sin duda, no dt&gt;jllndo las huellas de una
seria afección, Lo que desde Juego parecía era
que Roberto no la consideraba sino como una ni•
ihi consentida.
Robtrto hablaba poco pero era un hombre que
vttlía, que Leoia por sn madrn un cariflo deferente y respetuoso educado en la costumbre de obrar

3

constantemete siguiendo esta voluntad que siempre le habla dirigido.
Ya en varias circunstancias bastante fútiles,
l!atia Magdalena babia visto A su marido cedeibajo la iutluencia de la madre y había guardado
algo como un sentimiento de celos, vago todavía,
pero que Je demoi;traba que sn influencia no podía contrabalancear la de la seflora Le Clercq.
Con todas estas ideas que pasaban en tropel
por su imaginación, ella pensaba en otras cosas
mientras Darlot le leía 111. Nmnó'Una. La cadencia
de los versos arrullaba su sueJlo y en su fuero
interno r~trocedló A la vida alegre, exhuberante,
insustancial, que había llevado antes ele su matrimonio; y con una ligera pena pensó en eus amigas que ya casi la hnbfan olvidado ahora que estllba enterrada en vida en una provincia. Sus
amigas, gente espiritual que vivta en ese medio
ambiente, burlesco y alegre que da el incentivo
de lo improvisto A las ideas mAs vulgares y gastadas.
El medio ambiente de provincia es más grave y reposado y pOi' eso María Magdalena sentía
miedo de lo '{Ue pudiera reservarle el porvenir.
Contempló A Rtmé Darlotque se embebecía leyendo el po~ma de llusset r se sintió venturos/\
de verle ulli porque con eatv estaba menos sola
pues él la ayudaria A aclimatarse y vendría como en otro tiempo y como ahora á leerle verses
y A decirle eosaa agra.dable~.
La puert11. del salón se 1:1 brió y apareció Roberto L~ Clercq precedido por una dama de extremada vivacidad cuyos ojos azules y penetrantes, lanzllron una mirada de aaombro sobre los
dos am•gos inocentemente ocupados en su lectu•
ta. Roberto se mordió los labios que eran un poco delgados, porque encontraba la situación un
ta1t &gt; incorrecta, y dijo con tono seco:
-Maria Magdalena, aquí te traigo á la seftora
de Liguiére que no tuvimos el gnsto de encontrar
en su casa cuando fuimos á. verla.
Las dos mujeres se saludaron, y María Magdalena, benévola, recordando que esa seflora
era Presidenta de varias asociaciou~ de caridad
le habló de esas empresas.
Entre tanto, Roberto estrechó la mano de Darlot sin la menor erosión y la conversación empezó á. arrastrarse languidocicnte al pasar de un
orfanatorio A un asilo de ancianos desvalidos
!11.stidia.ndose Maria Magdalena tanto como poca~
veces le había sncedido.
Luego vinieron otru personas: el seJlor Maignan, Presidente de la Sociedad Histórica un seflor anciano, de cabellos blancos, enco;vado y
nudoso como un tronco de ciruelos. Desde que
lo vió, la seflora de Liguiére se despittió brusca•
mente con ademanes de disgusto, no sin decir A
María Magdalena:
-Mi querida sef'lora: queda usted inscrita con
cincuenta francos para la obra de nuestro hospital de ancianos menest1:orosos, y he contado de
antemano para eso con el excelente corazón de
usted. Vaya usted cuando guste con su seftora
suegra. á visit11r el establecimiento y le interesara.u mucho nuestros viejecitos ¡son tan simpáticos! Espero que sera. uste.l una de sus má.s entusi11stas benefactoras.
María Magdalena un poco contl'ariada de colabcrar sin consulta prévia a. una obra que no Je
interesaba maldita 111. cosa, acompafió A la Presidenta qtie se detuvo junto Auna joven que hacía
ruidosa entrada. seg11lda de su marido que estre•
chaba 111. mano de Roberto, y lo dijo con voz
agudii:
-~U senora de la Palliére! Mandé A la casa de
usted para cobrar la cuota de la Escuela de Desamparados 'f se me ha dado una contestaeión
repulsiva. ¿Hay en eso un error?
-Yo no sé, mi q uerida seftora. Explíquese us•
ted con Gerardo que es quien so entiende en
todo eso.
La senora de Ligniére corre A entenderse con
el senor de la Palliére que s~ queja del sueldo
e:dguo de los funcionarios públicos tratando de
evadir así los impuestos forzosos de la Presiden•
ta, en tanto que su locuaz y vivaracha esposa estrecha la mano de María Magdalena con arranques cariftosos y regocijados, haeléndole mlt cumplimientos y ofertas de simpatia1 de amistad, y
aún de intimidad.
Lll vieja Preshlenta terminó al cabo por despedirde honrando apenas al seftor Maign11n con un
ligero s&gt;1ludo.
- Oh! dijo Gerardo de la Pi!ilh1re. Estoy seguro de que h11.br~ encontrado ya la manera de

•

�5

EL OBSTÁCULO,
11:L JrflJNDO lLU!\TRADO"

11

=

..

inscribir A usted en una de sus listas. No puede
~er á. una alma nacida sin enviarle un sablazo
de dos ó tres lnises para los pobres de la comarca ¡qué sanguijuela!
AJ oír las palabaas sablazo y sanguijuela, Darlot fijó su atención.
- Gerardo, dijo su mujer con una mueca A la
vez risuefl.a y enojada, es usted inconveniente de
un modo implacable y ee va á escandalizar esta
hermosa seftora y el caballero grave y taciturno
que nos vé desde allf con su libro en la mano.
¿Qué es eso que lee usted así?
Darlot sonriendo contestó:
-Estoy leyendo .Namouna.
-No me gusta leer A Cicerón, repuso la setlora de la Palliére, y volviéndose 1\ María Magda•
lena le dijo ¿quién le confeccionó a. usted este
elegante traje de recibir?
Darlot analizó á la joven con atención. Tendría veinte ailos y una de esas figuras despabiladas de obrera parisiense, Aunque Baronesa
de la Palliére, parecía mAs bien venir de los ta•
Ueres de Montmartre y su acento vulgar subrayaba da un modo lamentable una ensortijada cabellera del color del heno, unos ojos verdes con
reflejos metálicos y una tP.Z naturalmente colorida que el blanco de perla hacia parecer trans•
parente.
Darlot después de fijarse en estos detalles se
acercó á Rob~rto.
-¿Le agrada A usted el impresionismo? le pre•
guntó en voz baja. Esta seflora tiene los tonos
mprtecinos de un pastel de foil!.
Roberto pidió políticamente al seflor 1\laignan
noticias respecto á un opúsculo histórico que es
taba escribiendo con relación á quién sabe qué
casucha ruinosa, trabajo que tenía. abaorvido el
importante tiempo del r&gt;residente.
-Empreslldiffcil, seftor, exclamó el buen hombre que hasta entonces había estado vagamente
adormecido, pero que pareció galvanizarse por
un súbito entusiasmo. Los documentos son foc1ertos, escasos, confusos. Se descubre que en 1649,
un tal Jacobo Audibet, nativo de la Harandiére
habitaba allí; luego que en 1604 la propiedad pa•
só á manos de un tal Guillermo Rossel de la Grange ...... pero, entre esas dos fechas, natia! He
buscado, he compulsado, he registrado cuantos
papeles ban podido venir A mi alcance, he hojeado loe archivos de la provincia en Caen, en Alen•
con, en Argentan, y nohe podido encontrar ni la
máe leve huella. Esto es desesperante.
-Pero, dijo René. ¿esas personas tienen alguna importancia histórica?

-Ninguna, replicó con candidez el buen seilor: los La Grange y Harandiére no f11eron ni
notables siquiera; su vida no ofrece interés algu•
no y Ja casa en que habitaron tampoco.
Darlot estupefacto preguntó:
-Y entonces ¿por qué trabaja usted tanto en
asunto tan fútil?
-¿Por qué, sellor? Porque con estos materiales que ll usted Je parecen tan peque-nos, es como se construye Ja historia gP-neral de Francia.
Sin nosotros, s.:ftor, sin nuestros trabajos perseverantes, los historiadores patrios, Michet 1tismo,
nada habría podido hacer. Pues bien: su obra
maestra es mucho mas fa.cil que esta tarea incesante, esta labor obscura, estas inda~aciones tenaces A que nosotros nos dedicamos. lllichelet tenía todos los documentos 1\ la mano y no tuvo
más trl:lbajo que el de cordinarlos con esa belleza de estilo que tienen todos los desocupados: ya
convendrá usted pues que es ml\s fácil escribir
historia en la que hormiguean los hechos, que
opúsculos sobre gentes clesconocidas de las cuales se encuentra apenas nua huella medio borrada.
-De veras .... ! pues ese es un punto de vista
particular. Difícil es en efecto hacer algo con
nada.
-Yo he escrito un volumen de doscientas pAginas en octllvo mayor sobre un documento extremadamente Importante, diré más bien precioso que tuve la suerte de encontrar enun calabc,zo
del castillo de Harimdiere. Es una nota, una simple nota de lavandera cuyo importe mont~ba á
una suma insignificante v que era de la lavandera de Enrique IV que pasó por e:ite país en 1590
en la época en que conquistaba bU reino. Por
esta nota, se:!ior, se puede averiguar que el rey
no tenía para cambiarse mi\s que dos camisas y
que hasta estaban rotas y aguj~re1tdas, puesto
que la lavandera aliade este detalle que en mi
concepto es caracteristico: «y por coser y remendar las camisas que están gastadas basta la trama, 3 sueldos.» Pues escl'ibí, como le digo á usted, un volumen sobreesto, y mis colegas de la
Sociedad Histórica han quedado de acuerdo sobre la importancia demi trabajo y la exactitud
de las conclusiones que de él deduzco. Oh, se:nor!
¡Qué lejos nos lleva en el camino de las hipótesis
esta nota de una lavandera! ¡Qué luzarrojasobre
todo un lado de la vida de nnP.stros padres! «Co•
ser tres camisas que estaban gastadas basta enla
trama .... 1 Y qué sabor tan especial el de esta
manera de decir. ¿No se le figura á usted estar
leyendo A Montaigne?

- Sf, pero con pensamientos Wl poco menos.
profundos.
María Magdalena ya no se fastidiaba: la sefiora de la Palliere con una risa obstinada que quería hacer aparecer rediante y que fütigaba como
una co,~tracción nerviosa, veía sin cesar con l&amp;.
misma ojeada viva A Roberto, á. Rene Darlot, al
Presidente, A los amorcillos del cielo raso y A los.
sillones de tRp1cP.rfa.
El s&amp;ilor Maigoan cayó de nuevo en su sopor y
pronto tocó retirada.
-Oh! dijo la seftora de la Palliere ¿notaron ustedes la rigidez de la sefl.ora Ligniere? La presencia del se:tlor :.\!alguan la puso en fuga y ·ese&gt;
viene de que hay competencia de caridad entre
ellos, pues la bija del sefior Maignan es presidenta de varias obras de las que la setl.ora Liguiere
filé despojada y se hacen una guerra terrible quetiene por campo de batana las bolsas de sus amigos y conocidos. Tan pronto como la una proyecta un baile Abeneficio de los huérfano~, proyecta la otra un concierto á beneficio de los
sordo-mudos y esto es una emulación espantosa.
La risa con que la se:i'1ora de Ja Palliere ensefl.aba todos sus dientes y sus muelas, estalló cristalina, sus ojos chispearnn y relampaguearon, y
fijando al fin las pupilas en el péndulo del relo.if
se puso A seguir sus movimientos.
Entraron otras personas. El seflor y la se:nora
de Lavernede. El, un comerciante grueso, pesado y rico, ella una mujercita delicada, elegante,
refinada en su traje y en sus maneras.
Habiendo querido la sel'lora de la Palliere en
su presencia hablar de modas y confecciones y
habiendo declarado que era cliente de Doucet,.
la se11ora Lavernede después de pasear una ojea•
da lenta por todo el traje de su interlocutora, insinuó que en La Bella Jardinera se hacüm muy
bonitos vestidos á. precios moderados. Llevándose en el corazon la flecha envenenada, la sen.ora.
de la Palliere se despidió y se f11é.
Todas estas peqnefl.as vanidades que se entrechocaban en presencia de María Magdalena !&amp;
consternaban, y en René Darlot producían un
efecto contrario divirtiéndolo maravillosamente,
y haciéndolo prolongar, sin pensarlo, una visita
que A sus ojos era amistosa y no oficial,
En el salón como en una linterna mágica. las.
figuras más interesantes se sucedían, y annqu1t
la mayor p11rte de aquellas gentes le era conocida, no podía gloriarse de que lo fuera sino en le&gt;
super1icial y se sentía muy á gusto es~udiando
de cerea conjunto tan curioso.
EJ desfile con~inuó durante largo tiempo y en

consecuencia todas las notabilidades de la ciudad
pRsaron por aquel examen obstinado; y Roberto,
que teni1t un juicio estrecho sobre! la corrección
y las convenienciits encontl'ó indiscreta la duración de esta visita, pero Darlot ni peus11ba en ir•
se; se sentía .como l'n su casa en la de )1aria Magdalena, á. la que nunca podría tomar en serio y
seguía con i11teré~ en su semhlante agraciado la
impresión que le cansaba cada una de las visitas.
El único personaje á. q11ien se olvidó de estu•
diar foé A Roberto, cuya irritación le pareció
simpleme ute una rigidez incorrecta.
Esa noche Roberto declaró A. ll[aria Magdalena
que Darlot Je des11gradaba, y ésta, cansada ue
haber visto tantas cttNS, de haber CAmbiado tantos cumplimientos y oido tantas banalidades,
no tuvo ni el pensamiento ni el valor de de•
fender la cansa de René, inquietándos~ muy
poco de Jo q11e su m11rido sintiera en cuestión de
simpatías, pues pensaba dej11rle libertad para estinuu' ó no A los 1:1migO"- de el11:1., con tlll de que le
fun11 consentiuo apreciarlos A ~u satisfacción.
El comedor de la seft.ora Le CJercq, construido
y decor1:1do II fines del siglo XYIII, teoill todit la
gracia amable de esa é¡ioca en que el arte decoraúvo, alejAndose de ]11.s exageraciones del estilo
arabesco, se ;nspirata en las linells rect11s dél arte griego y arect11ba u11a sobria eleganci11.
En f,Jrma de hemiciclo, ct,n el teche, muy elevado sostenido por pilastras estriadas; 1:ntrepa.1los de cristal ll.lter1111do con
tapicerias semejando «Las cacerías del Hey de Oudry¡,. cu
bierta. con mader8.II incrusta•
das y antiguas lacas del j11pó11
de la m,1r11villosa cerámica
oriental, ésta sala alegraba 1.,s
ojos prese11tantio un conj11oto
atractivo y disponía mejor A
gozar de una buena comida
que l11s salxs dd estilo Renacimiento, donde la encina antigua, los tonos verdes obscuros y las colgaduras de tercloptlo producen sombras en
pleno medio dia.
La. seilora Le Clercq, con el
deseo de ahorrar 1\ Maria M11gdalena tocio el cuidado de di
rlgir un hogar, se llevaba á
BUS hijos dittríamente A comtil'
en su casa.
Por más que no lo hubiera
-creido d Dor.tor Bois de Saint
~lárcel, la vida de su bija estabit mezclllda A la madre de
Rob"'rto de una manera absolutll, pue'I esta irrisori11 limiblción de un piso al otro no detenía A la
seflora de Le Olercq que amaba dem11.siado á su
nuera para no estarse ocupando A.cada mmneoto
de eullnto le coucarnfa, de modo q ne este afectuoso y excelente sentimiento se convertía en una
red de mil mttllae que envolvía A la joven tan
dulee como fuertemente. No salía sin que su suegra subiera t\ arreglarla. y á llevarla ella misma A
donde quisiera ir, y no recibía á nadie que no viniera la su •gr1l á recibir tllmbién, ni leía un libro
sin que se Je pregumau el tí1ulo, ni recib(a carta
alg11Da sin que se le preguntara el contenido.
María Magdlllena aunque muy apac¡tble era no
obstante eapaz de unll rebelión cuando se col•
mara ltt medida de su sufrimiento: pero educada
-con cuidlldosa rigidez. no dej11ba. nr á s11 suegra
lo enojoso que le era no estar nunca sola.
Una ternura que toma semejante c11mino se ha-ce una carga para la existencia.. María Uagdalena no reflexionaba en eato todavía, porq11e tenía
-veinte anos, estaba recientemente casada y la
-convicción de su j11ventud fortificaba su paciencia y Je inspirll ba el deseo sincero de vivir en paz
con todo el mundo, y tenía ademA.s una gran
!!exibilid11d que lu bacfo plegarse fácil1uente A
las voluntades que domimtban la suya.
Esto lt, impedía darse cuenta exacta de snf11s•
tidio babitu1:1l y pensaba que todo veofa de q11e
exrra:ll.11b1i la vida de P11ris, cu11ndo lo que ext1·a:ll.aba en re1didl'd era la libert11d que siempre le
aeja ba su pitdre.
Veitt poco A su marido.
Hob1:rto con no talento verdadero y un conocimiento profundo de 1n ciencia del derecho, -re•
-cogiendo la herencia de su padre y de su abuelo, qne antes que él, .fueron abogados en Montpazier, trab11jotbK mucho y llevaba una existencia poco runndana pues casi siempre ?Btaba

en Palacio, ó bien en su gabinete escribiendo ó
compulsando documentos, lo que le dejaba pocas oportWlidadei; para ocuparse de su bog11r.
Era una 11t1turl\lez,. grave y reservada, pero
Ma1·ía Mllgdaleua s11.bi!l muy bien que era amada
y que se la consideraba como un rayo de sol y
de alei?ría p11ra. aqut!lla exis encia sombtía. y he•
l,11Ll, Ella posefll este don feliz: ser nlfi•gre; reía
francamente, tenia una verbA malicies'\ y espiri·
tual y frases graciosas que despert&gt;1ban simpAtica afección. A cada unll de sus salid11s, la senora Le CJercq sonreía con 11ire de Indulgencia ó
la repnndía con dulzura, y Roberto no decfa nada sino q110 Vl'ía. A s11 muj'!r con ojos brillantes y
un deseo loco de arrebatarla en sus brazos. La
amaba por joven. por espiritual i;in el más leve
fondo de maldi1d y habrf11 q11ericlo co11test11rle,
darle en réplica salidas jac11rando8/\s que le venían á. lo, labios y cosas lindas que le i&lt;ujer(an
el regocij'l y el amor, pero Je cootenfo siempre
un súbito temor de aparecer desm3n11do, y rubos
que todo la presencia de su madre, pues siem¡,ro
nu tercero aboga esa cliue de expitnsiones.
Roberto guard11ba de consiguiente al l1:1do de
su madre y de su esposa juntas, la corrección á
que la sefiora Le Clcrq le tenía acostumbrddo.

Y como Maria Magdalena negara estar con
preocupación algnna, su suegra afladij:
-¿Ha recibido usted alg11na mala noticia res•
pecto A su papá ?
-Oh! no. Esta carta es de Lucia Hartley.
Eicrita desde Londres la carta, Lucía anun•
cihba á. su 11miga que estaba á. punto de embarcarse para Fraucia; que permanecería en París
algunos dí &gt;ts y se dirigiría Juego ll Tregastel
donde pensaba pasar el estío. Partt esto había alquilado una quinta donde llevaría todos sus utensilios de pintora pues iba a. trabllj11r con forma•
lid ad para la próxima exposición. No llevaría cc.nsigo rults q11.e una criada, p11es se proponía vivir
co11 la mayor modestia y senrlllés prefiriendo 1a
naturttleza salvaje de Bretaña y la soledad que
hay en las aldeas de oescadores al movimiento y
11ctividad de Trouvi!le 6 de Dinard.
Al leer la carta Muitt ?lbgda lenn, reflexionó
que le correspondía invitar A 111 inglesn para detenerse en su casa al pasar p11ra Tr&lt;-g,u1tel¡ pues ba•
cíac1tsi un aflo que no la veíl\ á cau11a e.le un viaje
que la 11.rtista hizo á llvlandn y que duró varios
meses.
Como )faría ~Iagdalena Ir tenia µ1·ofundo y
verdadero carillo y la admil·aba por su firmeza
de carácter, dest·Aba \'ivamente voh·er
a nrla, pero ,,acilalla para decírselo á
su marido. Esta timidez que se reprochaba á sí misma, proYt:nia 1,in dudu alguna
de que tn realidad no estabo en s11 casa sino en 111 de
su suegm.
~farfo M11gd11lena sentía lo
deJicado de :;u 1;ituación sin
querer analiznrlo, pero para
liacer práctica una invitación
de esta clase, no debía ser
ella quien invitara, sino la
seftora Le Clercq.
-Lucí11. lfarLley, la amiguita de Londr1.bi' ¿Qnédecia
de em,jo~oi'
-Nada de enojoso, se
11presuró A contestar Maria
:\lagdalena. con la premura
de las personas medrosas.
Por d contrario, viene A
Francia y si te parece, Bob,
me se, ía grato que pasara.
con nc:-sotros aquí algunos
días.
Se había puesto colorada
como una amapola y miraba
Asn marido con ojos irresis•
tibies: rara vez le tuteaba y
más rara aún le llamaba con ese diminutivo iuglé~, Roberto sonrió y respondió sin cuidarse de
cons11.Itar á su m11dre.
¿Quá hubiera dicho al verlo reír ó valsar con
-Sí, bien mío. Yo quiero todo lo que puede
lforf,i Magdalena como ella solíA h&gt;\cerlo para serte grato. Cootéstale sin tard11r á tu amiga, que
ddr soltura A sus nervios contrliidos? A ella s~ debe eer encantitdora. ya qae se ha hrcho amar
Je perdooab,in esas ligeras incorrecciones porque de mi Maria M11gdalena.
era. todavía muy joven .. .... R ,berto sentía esto
En uno de esos arrebatos de buen humor ~ne
y al pensar en la mirad/\ de asombro que le cli•
rigiría eu madre si lo vier" rej11ve11ecerse Je ese no acertaba á. dominar, Mitría. Magclal~na se le•
vantó1 dló una vuelta corriendo al rededor de la
modo, detenfa sus arranqu.es.
mesa. y se arrojó en brazos de R)berto para be·
Así pues, María ?tfagdalena habíll estado mAs sarle á su placer.
lt gusto con su padre que con su mat'ido . .Muy
L'l Seflora Leclercq encontró incorrecta esta
bien babia podido confiarlo A aquel sus pensa- acción. ¿No se b:1.bía faltado en tfeclo al re~peto
mientos íntimos, pues B&gt;lbio\ que era comprendi, q11e le era debido, tomando siu cousultár;seJe es•
da, y que hallaba siempre una excusa en esll be- ta res&lt;1lueión? No obstante, recurriendo á su mannevolencia exponcAnea que tie• en los egoistas sedumbre ordinaria, procuró sobreponerse A su
quienes amando 11.nte todo su libertRd, no pre- mala impresión.
ttmden atacar ni restringir In libertad 11gena.
:Maria blilgdalen11, entregada por completo á. la
Con Darlot mismo, ~forí11. ~iagdaleDI!. se sentía
alegria,
no observó nada y d 1jo con volubllidad:
mis en confianza; apreciuba en todo su valor
-¡Qué
gustazo me has dado! ¡Si vieras culinto
aquelll\ amistad verd11derl:l, y si reflia con él al•
g111Jas '9eees cnando el le dirigía bromas, esas ri- quiero A Lucfal ya verlts qué original es y cnAn•
ftas eran pasajer11.s y servido mAs bien parn es• to talento tieue. Es mucho más bonita que yo y
basta tengo miedo de que me ames meaos deB•
trecbar eu intimidad de buenos cllmarad1ts.
pnés
de que la nRyas cono.:ido. Ha leido mucho,
Una tarde, A la hora de la comidtt, un criado
trajo á. M,irfa Magdalen11 una carta que ella abrió ha viajado, y habla bien en todas las m ..teritts, no
apresuradamentt:. La leyó desde luego y la guar- 1mperf1cialmente como yo, sino con absoluta perdó inmediatamente siu decir una palabra. Ro- fección. Le diré que baga mi retra.o en los días
berto que refería A su madre las peripecias de que pase aquí.
-Imposible: le hará talta su taller, dijo Rober•
una audiencia en que hllbia sido defensor, no observó el silencio de su mujer, pero la seftora Le to, encantado de la alegria de su espesa.
Clarcq cuya ateneión estaba despierta se &amp;intió
-En Tragaste! lo tendrá. Se dari\ prisa para
muy contrariada porque su nuera g11ardaba pa- in9tArnrlo; no importa cómo, pero lo inst tlara,
ra eí el contenido de la carta. Sin embargo, de• porque los ingleses son m11y prácticos. Aquí tenmasiado buena, resolvió no dej!ll' ver Sil desc0n• go también el proyecto de que lo ponga i.i no
tento y dijo con tono atable.
u enes inconveniente. Le daremo:3 para eso, lt~
-¿Q11.e le pasa á usted, mi vid11 1 que se ha pues- cámara azul del tercer piso que tiene una magto tan seria?
nifica luz.

2

�6

La Setiora Le Clercq, dijo con una voz que ella
creyó dulce.
-Necesito la cAmara azul. lle dispuesto de
el111 p11r11 otros fines.
Este vaso de agua helada, calmó el entusiasmo
de :Maria M11gdalena y le hizo recordar que la
casa pertenetíll A alguien q11e no era. ella misma,
Volvió pues A en asiento, en tanto que Roberto;
sorprendido, pr&lt;'gunt11b&gt;1:
-Qne dispuso usted de la cllmara azul! Y para.
quéi'
-He suplicado A la Sel!.ora de Charmont, que
venica á pa&amp;ar á mí casa todo t&gt;l tiempo que le
sea necesnrlo para salir de la triste situación en
que se baila.
Aqui siguió un 1llencio. . . . Marf11. Magdalena se absorvió en la contemplación de nn salero de plat&amp;, en tanto que Roberto, muy contra•
rindo y no atreviéndose A decirlo, se puso A
comer como ei llevara ocbo d[as de no probar
boeedo.
J,a Seftora Cbarmon que pertenecfe. A la buena
sociedud de lit población, era una infeliz cuyo
marido acababa de morir después de una cort/\
enfermedad, dejando A su viuda absolutamente
sin recursos. Esta desgra.cia provocó de pronto
mucha., simpaúas en f1&amp;vor de la sen.ora Cbarmon
que por motivo de su carácter poco eomunicali•
vo, se ap11garon muy pronto.
La perspectiva de vivir con una persona cuya
situación era en verdad dignl\ de interés, pero
cuvas conversaciones, tristezas y melancolías Je ,
giilmas y justas, no podían sino traer su sombras
al hogar. di~gnsró vivamente {l. Roberto.
Lll Se.11.ora LeClercq, observó la frialdad de su
hijo y lamentó lo que acababa de decir, con tanto
muor motivo cuanto que en realidad la Seffora
Cbarmon aún no b11bia sido invit11da sino que por
el contrario le fué necefario resistfrse á las incliseretns io ■ inuaeiones de esta dama. El deseo
de recordar A sus hijos que ella estaba en su casn
y que para todo se debía. tomar en cuenta su voluntad, la babia llevado demasiado lejos, por lo
cual agregó en un timo conciliador:
-Es muy penosa la crisis porque pasa la se11.ora Cbarmon¡ todos sus mnebl~s van a ser ven·
didos para pagar )as deudas de su esposo y durante trtrnsi,to tan amargo, he creído que era bueno ofrecerle un asilo que no ocuparA por mucho
tiempo y podremos arreglar otro departamento
pllr&amp; la sen.orit&amp; Lucía Hartley.
María Magdalena contrariada por este inciden•
te y por lll actitud de su suegra contestó:
- Lucia se apenarfa muchísimo, sei\ora, si creyera que causaba A usted alguna molestia.: la alojaremos en nuestro departamento en - el cuarto
contiguo á. nuestro toc11dor. Y en cuanto al taller
seglll'amente que se pasará. sin él sin lamentarse
demasia&lt;lo.
La eefl.ora Le Clercq no insistió ml\s y la comi•
da terminó rin otro incidente.
María Magdalena se retiró para escribir A la se11.orita llarltey, Robertó entró A su despacho y la
seftora Le Clercq contrariada y berlda en sus derechos, aunque nada.hubiera dicho, y ofendida por
el silencio de su rujo, siguió A éste hasta. el gabinete de trabajo.
Ahí le dijo:
-¿Parece que desapruebas la invitación que
hice A esa infeliz viuda?
Roberto de ¡ronto no respondió eino se puso á
hoje11r papeles con mano distraída,
-Rtispóndeme, Roberto.
-Pienso, en efecto, dijo él con tono frío y respetuoso, que sería preferible no mezclará nna e:xtran11. en nuestra vida intima.
-Y sin embargo Re.abas de antorizar A María
Magdalena para que invite A su amiga ..... .
-El caso es muy diferente; la sellorita HartJey estarA aquí A lo mAs una ó dos semanas, en
tanto que respecto A la sel1ora Cbarmont, usted
e11be cuando va A entrar pero no cudndo va á.
salir,
-Te suplico que la consideres suficientemente
correcta para que no se convierta en una carga,
contestó la seftora Le Clercq con acritud¡ y a.de·
mlls, en caso dado yo sabría arreglarme de maneru que no seria necesario sulrirla mncbo tiempo.
-Entonces, y como ese caso tiene necesariamonte que presentarse, serla preferible dejar á
esft ar nora en PU C'lsa. en vez de darse la pena. de
reci billa, para darsü Juego la pena de hacerla. salir.
-;,Y por qué piensas que llegue ese extremo?
- Usted mlsmn lo ha dld.1c: la senor11Cbarmon

EL OBSTÁClTL().

"EL lCIJNDO TL'C"STRADO"

eetarA aqui basta que encuentre una colocación
honrosa .... Eso puede ser largo. La idea detra•
bajar para vivir le tiene que eer muy penosa, Y
más aún comparando esa. suerte con las dulzuras
de eu existencia equi. Juzgándola con benevolencia, puedo suponer qne ne eatA dispuesta A
abusar ..... .
-¡.TuzgAndola con benevolencia! Pero la conoces bastante para form11rte de ella una idea
exacta? Yo estoy cierta de qne le encontraré. con
las relaciones de que dispongo, una buena posi•
ción en poco tiempo.
.
-¿En Mnntpazier? Ella no consentiría en vi•
vjr de su tritbajo en la misma localidad en que ha
ocupado otrR -posición.
. .
-Así. puPe, ml hijo me rltie porr¡ue he mv~tado para venir A. mi casa 1\. una persona á qwen
compadezco y estimo!
Roberto irritado y rígido miró fijamente á su
madre y dij":
.
-Usted fué la que exi~ió que le dfora mi op1•
nión. Yo no me he permitido reftirla. Haga usted
lo que le -parPzca.
La sellora Le Olercq salió mAe contrariada que
cuando vino. pves había tr11ido al venir ideas con•
ciliadora&lt;1; pero 11\ actitud enérgicl\ su hijo la
irritaba tanto mAs, cuanto que en el fondo de su
causa era mala porque en verdad que Pra enojoso eso de echarse A cuestas la carga de la seflora.
Ch11.rmon.
Sin embargo 111 seflora Le Clercq resolvió pa.snr sobre todo v llevar á. cabo lo que había dicho.
Entró bAj0 está impresión A sus habitaciones y sufrió por la primera vez un hondo sentimiento de
amargura.
Todo lo que habfa hecho por sus hijos le vino
A la memoria.
Había obrado siempre olvidá.ndose de si misma
y no pensando sino en la dicha de ellos. Había.
dejado á Roberto elegir la mujer que fuer11 de su
agrado, hasta pobre, cuando por su posici~n te·
nÍJ\ derecho á mejores partidos que la hija de un
médico sin clientela. Luego, lejos de hacer sentir
á ~farfa. :'tfagdalena estll generosidad JI\ tratnha
como A hijá suya, 111 colmaba &lt;le obsequios. buscabn todas las ocasiones propicias para proporcionarle placnes; v aún babia exigido que los &lt;los
jovenes vinieran á vivir en su casa donde goza.
ban del lujo del hotel, de sus carrunjes y hast11 de
sus criados, porque en resumen ellos no tenian
para su servicio m1\s que una camarera pne!&lt;to
que diariamente comian en la mesa común. Si, ella
obraba bien y los recién casndos parecía que lo
4.uerian alvíd,,r. Podfa coni:1iderarse como pPcata.
mili uta, eso de que no la hubieran consultado previamente para invitar t'l. "ln. sefiorita d"á Hartlev,
pero eso era el punto de partida, de toda una séríe
de disgustos.
Además, Jn t&gt;ntristecia la inusitad11. actitud de
Roberto y de la misma lfarfa Magdalena que había incurl'ido en la temeridad de pasar sobre toda
consideración y alojar en su casa. t\ la amiguita.
Su casa ...... la senora Le Clecq sonrió y el pen•
eamlento de 111 relicidad que gozab11n sus hijos la
estremeció: ella era su providencia; sin ella estarian reducidos A unaexisteneiamode:1ta no contando mAs que con los productos del trabajo de
Roberto, todavía poco conoc!do paraquepudiera
estimarse como seria su posición. Sin ella, Maria
Magdalena descenderla al rango de una burguesita casi en la miseria., esperando los días lej1mos
en que debiera hacerse célebre su marido. Nada
de carruajes, ni de equitación, ni de eleg11ntes
«tea gwn,• ni de sombreros A la última mod:l, ni
de bibelots. ni de almuerzos exquisitamente ser•
vidos par1t invitar á las amigas. Sentirse tan necesaria, dulcificó el Animo de la senora, y la inclinó á la benevolencia y al perdón. Se puso á
pensar en las cuAlidades agri\da bles de .M aría ~fagdalenn, en su igualdad de humor, en su corree•
ción de maneras y ensu gracia aristocrática., cualidades que en suma, bastaba para que se sintiera orguJJosa de la mujerci~ de su hijo, tan linda y tan.
buena. Solamente que era preciso temar una. resolución firme: la de inculcarle bastante bien el
sentimiento de la gratitud que ambos le debian,
para que no se renovara mas esta veleidad de
rebelión.
Como ~laría Magdalena tenía un caracter dócil
y estaba muy bien educada, comprendería lacil·
mente y todo iría bien. En las primeras ocasiones,
A tiempo. eR cuando tlP nf'ce.;lta firme1:a. . En
cuanto á. Roberto siendo elltij&lt;J, tenia derecho para
considerarse en su casa.. . .... De consiguiente
ellrr solo C'rn la que había estado incorrcctn r por

cansa de ella Roberto hn bia asumido en la lucha 1n.
actirnd que nsuminó. El sabia que la sel!.ora Cb~rmon desagradaba ásu mujer y por t'SO sehabiadisguetatlo al saber que la iban á traer A vivir con
ellos.
Desde qnc In seftora Le Clercq tomó el partido·
de ser buena apesar de la ingratitud de quehabia
sido victima recobró su tra11quilidad de conciencia: la grandeza de su generosidad Je dulcificó el·
el cspirítu y se durmió satisfecha.
Marfa MRgdalena después de haber es1:rito Ala
sel!.orit.a llnrtley, rC&gt;flexionó en que hubiera preferido hallarse en una casa que deveras fuera su
casa para recibir A su amiga, porque es muy penoso invitllr á alguien para el sitio en que un.J •
mismo no es mas que tolerado.
Ocho días más t11rde, Lucia II11rcley estaba ya,
en :Montpnzler y la senora Charmon babia aceptado la hospitalidad que la madre de Roberto le
babia ofrecido, de suerte que el placer que causóá :Maria Magdalena verá su amiga, estaba en•
sombree.ido por la presencia const.ante de Ja da·
ma enlutada A quien Darlot llamaba, «la quejum•
brosa Eligia•
Era mur cierto que 111. seno1·a Charmon tenía
todos los derechos posibles para estar triste, pero
ella bacín g11la de esa.tristeza; se izaba sobre su dolor como sobre un pedestal y In exagernción de sus.
sentimientos s~ convertía en una plaga para lasperson11s obligadas A sufrirla. Era una muj~r al·
ti\ y desmadejada, de cabe'los negros, lac1os !
opl'iruidos contrn sus sienes e~trecbas y de perfil
anguloso como las madonru. de la escuela prernfaeJista. A Lucia liartley le l\gradó de pronto su.
tipo ~ajo el punto de vista artístico, pero la indolencia, la dejadez, la desidia de esta persona le
repu"'naron t.an vivnmente, que no pensó ya más
en c;mpa.rarla con los Botticelli puestos á la moda por una reciente JiterRtura.
-Es in soporta ble, declaró A)[aria lligdalena.
Sus suspu-os en dn sostenido menor, su. voz Janguidcciente, sus ojos siempre mirnndo al techo,
todo esto es detestable. No, no es un Boticelli ...
es un cromo barato!
-¿T de veras le gustan A usted mu~ho los pintores primitivos? preguntó René Darlot que sentado en un ángulo del salón dibujaba en una boja de Whatman mujeres d~snudns con alas de·
:'mgel para adornar una edición de GricéUd11~.
¿De veras le agradan A ustedBotticelli, Cario .Maratti, Signorelli, .Mantegna, y toda esa. cntcrva.
de viejos tallados en bronce que se divirtieron
pintando santos rígidos como estatuas de made•
ra., con colores chillones y dibujo disparatado?¿Le ~usta. A usted ('SO? A mi. no.
-Ni á mi, contestó francamente Lucía. Echemos abajo á. los dioses. No me a.grada ni el mismo Rafael. Vea usted el retrato de Juana de Arngón que estA en el Louvre, esta cabeza enastada.,
en un largo cuello, esa. boquita inverosímil, esos.
ojos demasiado grandes, ese óvalo de cara comohecho con compA.s, todo eso no es ni verdaderoni sincero. s~ siente que no debe parecerse al
original. Y el color amariJlcnto .... Los dibujosde Rafael si, los cuadros, no. Oiga. usted Mog~
quédese usted en esa postura en que está., voy á,
hacerle un retrato al pastel. e.Quiere usted~ Voy
A traer m¡s )Apicet:: y un cartón.
Lucía Rartley salió del salón v entre tanto )!aria Magdalena. &lt;lijo A Darlot:
·
-1,Qué opina usted de Lucía? ¿Verdad que es.
encantadora?
-Es muy inreligente. Es una magnífica muestra de esa raza de inglesas de buena compaftia
que ban recibido una sana educación y píensan,
razonan y obran de nn modo viril, Es muy notable ....
-Y muy linda ¿verdad?
En ese momento Lucía regresó trayendo sus.
lf1p1ces, un cartón y un caballete.
Pronto dejó listos para el trabajo todos esos ol&gt;jetos, y poniendo á su amiga !reute l~ la ventana,
comenzó su obra :\ grandes rasgos cvn una fu·•
meza ~·una seguridad de pulso, que entusiasmaron
á Darlot. Este habi11. dejado suneuareladeclarando que tenía días en que no se sentía suficiente•
mente idealista para pintar mujeres ornadas con
angélicos atributos.
Fué luego al piano, lo abrió, se sentó y se pusoA tocar un aire noruego de Grieg. Luego eantótma barcarola de Lnlo.
-Tiene usted una lindn voz y magnifica es cuela, dijo Lucía.
Durlot tocó algunos ~·orupnses deLohengrin.

-Ah! el duo del ultimo a oto .... ¿lo canta us-Lindísimo; pero muy bien podía usted aguarted? vo también.
dar para terminarlo, que nosotros regresaremos.
-Si quiere usted ..... .
-Oh, no! :Xo ee deja y se Vtlt'lve á tomar una
Lucfn dejó sus lt\pices en un momcmo v se obra de arte como el remiendo de una media, dijo
acercó al piano: mientras ella cantaba el duo con Lucía Hartley sonriendo con exquisita amabiliRené, Robe1·to entró 111 salón sin hacer ruido y dad. Espero, señora, que me hará usted la gracia
sonrió desde lejos A )larfa lfRgdalena.
de dejarme A Mag, la cual está hoy en su día de
El retrato apenas bosquejado iba muy bien¡ to- belleza.
dos estos utensilios de pintura, la linda jo,•en que
• -}fa.ría ltagdalena estt\ inscrita desde hnce
servill de modelo, los dos cantantes y el sol de
muy poco tiempo en la Lista de lAs benefactoras
estío inundando de oro el sl\lón, causaban una
del hospicio, replicó la sei'l.orn Le Clercq con to•
sensacióa de felicidad y de fmima al&lt;'grfit.
no im,inuante como para convencer directamente
Desde el momento que lle¡?ó, Lucí11. IIartley se
A un nitio rebelde. Fué presl'ntada por la sel!.ora
habla conquistndo las simp11.1fos de Roberto. Su de Ligniére y l1asta sería nn desaire ,\ dam!l tan
aspecto de seriedl\d 6 inteUgeneia agradóá quien distinguida, 11parecer manifestando tan poc9 npreera así mismo serio ~ inteligente y además, el cio de una obra.\ la .-¡ucella da, y con razón, gran
cariflo que le tenia á. ~larlalfagrlalena, e-arillo sin importancia.
frase.s pero sincero y hondo, le ru1\ muy satíbfac-No cstú &lt;'n edad ~fagdalena, p:lra ocuparse
torio A Roberto.
-Bien, mnybien, exclamó Mnría !llilgdalena. al de esas cosas! dijo Dal"lot que estaba oyendo to•
terminar el duo. Uientr11s estaba oyendo á uste- do, apeiar de su serenata.
La sen.ora Le Clercq le dirigió una mirada codes me vino un proyecto i\ la cabeza: que invitemos ti. algunos amigos y demos una velada musí• lérica.
cal. Lucia cantarA con Darlo!, tú tocru-As el
violln.
- Ya lo consulLaremos A mamá., dijo Roberto.
Lucía volvió A su caballete.
-Vuelva usted fl la posición en que estaba,
}lag: ya no mAs música. en esta estación que ha.
ee t11nto calor.
----.e e toca y se eanta en toda esración, cu1mdo
esto agrada, respondió María :-.IagdaJ~na que se
sentía capaz de ponerse á bailt1run vals. Pero Roberto, nof'senCA11adetumamá sino aquí dondequerill yo recibir. Yqnenoserfn una soírémundana, sino una reunión sencillita de algunas per:;onas de
tu amistod solamente.
-Como tú quieras. Pero de todos modos aqul
esu\ m11mA.
La stiiora de Le Clcreq, en efecto, llegaba. en
esos momentos.
-ll a blábamos de inYitar á algunas personas
A una velada lírica, dijo Roberto.
La seffora Le CJercq respondió vivamente aunque sonriendo:
-Oh! ni pienses en eso Roberto .. , • es imposible! Yo mibma. he quedado sorprendida, vida
mía (volviéndose o. su nuera) de que haya usted
tocado y cantado como acaba de hacerlo.
- Soy yo quien be cantado, seflora, dijo Lucía
con extremada política y aseguro A usted que
ignoraba que la música le fuera desagraaable.
-Ln eeil.ora Charmont como Silben ustedes, ha
tenido un pesar muy reciente; está de duelo y ha
debido encoutrar muy extra:llo que se le hagn
ruido.
Lucia. Hartley trabajaba tranquilamente y da.ba toques de mano maestra á su pastel. Darlot
Roberto enoJado por la insistencia de su masin duda no había comprendido ó no había acaso dre y por el disgusto de :María Magdalena, dijo:
ni escuchado, porque poniendo Ja sordina al pia•
-¿~evf:ras. cree usted, madre mía, qu~ haya
no cantó á Uledia voz la serenata del 1Jarúe1·0.
urgencia md1spensab]e de fr? .i\larfa Magdalena
- Seria, á lo que creo, inconveniente convidar se quedaria mAs contenta acompanando á la. seaún ,\ los amigos m:ls íntimos mientras eJla esté florita Hartlev.
aqui. Eso le sería muy penoso.
-Pues si ia sel'l.orita Hartley qniere acompaSiguió un silencio. Roberto frunció el entrece• fi.arnos, nos causarA verdadero placer.
Darlot cerró el piano. Lucía contestó con sejo: la. presencia de la sel!.ora Charmon empezaba
á caerle pesada; María Magdalena procur1tba en riedad:
-Oh! no, sef1ora. Esn sesi6n me seria muy pe•
vano cruzar una mirada con su amign y Darlot
seguia con sus gorjeos msulta.ndo el duelo de la nosa, y en elln me serta imposible dejar de lastidiarme, yo que necesitoactividadintelecmal ó cor.
viuda.
-Vine para preguntar i\ usted si estA dispuesta poral. Allí necesitaríll pennimecer inmóvil varias
A acompaflarme A la sesión del Comité del Ilospi• horas, y me temo que mi es¡,iritu estaría tan pocio de ancianos desvalidos, continuó la se:l'lora. co ocupado como mi cuerpo.
-No, no, quédese usted, se apresuró A decir
Le Clercq, sin apercibirae de la frialdad con que
María :\tagdalena, viendo A su suegra que había
fué acogida.
Como ella no tenlll deseo alguno de oir música, q:iedado asombrada por la franqueza de su nmi•
ni de dar . una velada para lucir ít. la señorita g~. '1: puesto que no puede usted cantar, ni tocar,
Hartley qne le era antipatica, no creyó ni por un m pmtar, tome usted libros en mi biblioteca y
momento haber estado impertinente, y encontra- lea.
-Gracins, querida, voy 11 salir v ei el setlor
ba muy natural y sencillo que se privaran los
demlls de aquello que A ella misma no Je agra- Dnrlot quiere acompailarmo quedaré sumamente
complacida.
daba.
:Maria ~Iagdalenn se nlejó, Lucia puso á un lado
l'lfnrla Magdalena acostumbrada ií. dejarse
su
caballetey guardó los 1:lpices de colores y Roimponer ocupaciones que le eran enojosas, quiso
levantarse para obedecer A su suegra; pero su berto lamentando que su madre hubiera maniresdisgusto era tan visible de dejar una compania tado su opinión con tanta rudeza, pero viendo una
agradable para ir A una sesi~n de viejas preten- censura. en h\ actitud d43 Darlot, se Irguió y dijo
en tono seco:
ciosas é hipócritas, que dirigió i\. su amiga una. rA-Tiene 11.'lted razón. Es mejor q11e;\farfa~[agpida mirada de inteligencia.
dalena v11.ya con usted.
-¿Cómo, Mag, dijo esta, va usted lt privarme
Y saliópara ir Atrabajar, contrariado,sintiendo
del modelo ahora que mús lo necesitoi1 Quedaría un disgusto creciente, y la impresión de que en
yo desolada, porque mi pastel va bien.
su casa no todo marchaba como debiera ser.
Y agrcg6 dirigiéndose A la seflora. Le Clercq:
De pronto atribuía. todo esto á la infl11encia de
-r:No le parece 1i usted que \"H bien, stñore¿ RenéDarJot, un desocupnclo, un hombre caprichoso

7

que imponía todas sus ideas fl .Maria Margdalcna,
pues evidentemente todas las razones que su madre d11ba eran excelentes, pero no dejaba de ser
r;en ible que cada vez quo ella exigía algo, la jo•
ven se viese oblig11da A prescindir, hacer elsaeriIlcio de algún plncer ó alguna afición, por tnl de
obrnr siguiendo las ordenes de la sef1ora Le
tlercq.
De todos modos A ella ern A quien Je tocnba
obedecer y lo hacia de buenn voluntad sin rcbe•
llón 11lguna, solamente con un ademf\n detri1:1tez1t
que durabll poco y que basta se esforzaba en disimular.
Hoberto est11bn muy 11gradeeido á su mujer por
esta a!Dh.ble docilid11d de cimlcter,pues comprendía que sin esia fl~xibilidad moral y :;in ~sta rlulzurn, su hogar podía com·ertirse en un centro de
disturbios.
La seflora Le Clercq era buena realmente y
amaba A María Mngdalena, pero de un modo autoritario. T,a amabit con despocismo y le nu!Hlcabn Ja personalidad dulcemente con !ormas mur

politicas pero con obstinación. y exigía que esta
criatura de veinte .dios tuviera losgustos,las ocupaciones y ll\s rctnciones que ella tenia, ain permitirle nada Cuera de tüli.
.
. Roberto se decía todo ~st~ recorriendo su gabmete á pAsos lentos. Sí, felizmente María Magdalena tenia una extremada dulzura de carácter.
Se asomó t\ la ventnnn para ver salir el coche
que llevaba á su madre y á. su mujer v frunció el
entrecejo, pues para que se ngravara su malestar
observó qne la senor11. Charmon iba también en
el carruaje imponiendo su duelo enlll.tico.
?llario. Msgdalentt no se atrevió á levantar los
ojos hacia el gabinete de su marido, pues se senti!l p~olundamentc disgustada, l' él, que la. conoc~a bten, comprendió que estubtt la pobrecilla haciendo esfuerzos sobrenaturales para conservar
un aspecto agradable.
Lucía y René Darlot solos en el salón examinaron el pastel abandonado; luego sus ojos se encontraron, se Yieron unos instantes y como si hubiernn cambiado un conjunto de ideas la seno.
rita Ilertley dijo:
'
-Si: es muy favorable, en efecto, qne M~g
tE:nga un caracter hm dócil. Yo no aguantaría un
mes.
-Cuando una mujer se casa, no se cansa tan
pronto .... . . .
-Pero creo que no se hll casado con su suegra, respondió vivl\mente Lucía. Si yo lur,ra amiga de Roberto Le Clercq, lo pondrJa en guardi.1.

�EL MUNDO ILUSTRADO"

11

8

contra un peligro que no sospecha. Conozco 4
Mag porque hace diez anos que somos amigas;
tiene una dulzura y una paciencia encantadoras
y cede, se dobl~ga., y hasLa se nulifica por tem11r
de cont1·arfar á gentes que abusan. Además, es
muy bien uducad&lt;1.. No se ría usted! Pero hay un
lado de su cará.cter que ni su marido ni su suegra conocen; unaob.stiuación extraordinaria cuando se la ha llevado al límite de su sufrimiento.
Entonces todo termina. La he vi,;ro romper con
amigas que la hubian ofendido en ueterminadas
circunstanch1s, y como la amabll.Il, hicieron todos los esfuerzos y sucrificios 1magillíl.bles para
que se reconciliara con elllls. y tvdo sin resultado. Con la política graciosa que usted le conoce
rechazó toda avencuci&lt;.1., y temo que otro t&gt;lllto
llegue á suceder aquí. Es verdud que va á. ser
complaciente basta lo absurdo, pero alguna vez
se llegará á cansar y entonces ..... .
Da.rl11t iuclinó triistemente la C!lbeza.
.En el comedor ornado de clllros tapices, resplandeciente de ceramica japonesa, los COU\'idados de la setior11, Le Clercq acababan de comer.
~sos convidados eran además de sus hijos, la seílora Charmon y ltt se1iorita llertley.
Otros dos dias li11bíllll corrido acenrullDdo el
malestar moriü que resemia Lucia, e-1a sobre
exi&amp;ación particulur que se siente al verá. alguno
que sufre y acepta µ11siv1.Lmente mil disgustos A.
cada instante reno,•ados.
Lucia pensaba que una leve dosis de firmeza
de parte de !\farfa ;\fagdalena llabria bastado para hacer comprender a la señora Le Clarcq que
abusaba dcsu autoridad, que susolicitull inquieta
nimia, atormentadora, celosa, y basta amante tal
vez, era insoportable.
Durn.nte estos dos días, las dos jóvenes no pudieron estar solas un instante: ante ellas apa1·ecia
siempre la sen.ora Le Clercq con su atecto fatigador, ó la seilora Cbarmon, p;\l.ida y enlutada que
con voz lenta les vertía frases en forma de ax.io-

.

EL OBSTACULO
NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D'ARTHEZ-Ilt.tstraciones de nuestros talleres.
VEBSION .ESPAÑOLA. DE 11.EL MUNDO ILUSTRADO"

_.._,.,_.

Número 2.

lllll.S.

María Magdale11a inspiraba á, su amiga compa.sión. Para un carActer independiente, esta servidumbre debla ser el maror de los suplicios ....
Lucía habría prcft:rido Li; más obscura medianía
de rango y de fortuna, en vez de esta situación
brill!llttt: sostenida por los millones de la seilora
Le Clercq.
No hubfa un minuto de soled,1d, de libertad,
de reposo; siempre en torno de ella, h1 im:o~odidad de una a[ección t0rpe, de una bond11d 111vaaora, de una generosidad imperiosa. }lari~ ~lll~dalcna no iba A una. visita sola, y le era 1mpos1ble tomar resolución alguna, sin d conocimiento
y l.:onsentilllienro de su suegrn.
Aunque Juera un asunto de lnzos y cintas, la
se!lora Le Clercq daba su opinión con tanta ma•
yor autoridad, cuanto que al mismo tiempo obsequi1:1 ba á su nuera con las cintas ó los lazos y pagaba las cuentas dP. l11s modistas á pesar de las
protestas de Marin Magdalena.
·Qné decir en contra de tan amables procederti:? La rueuor señal de rebelión tomaría. tintes
de ingratitud y Marín Mitgdalena no tenía. derecho para sentirse infortunada.
Pero lll seilorita IIarLley no hallaba en su amiga aquella exhuberancia d~ alegría juvenil que
se derramabl\ por todos sus poros cuando era una
nina sin dote y tenía que coser y cortar por si
misma sus vestidos. Ln. villa de entonces era en
verdad un poco bohemia; el Doctor debía tener
sus apuros de dlnero, pero e;;pí~tU superf!cial se
aturdía fácilmente hecho á v1v1r con la vida del
momento, mientras que su bija acostumbrada A
no pensar en el porvenir, estaba tan serena como
él arrebatada por e~e amor A ht libertad y esa
n~cesidad de obrar A su c11pricho que sabia comprender con tau to acierto Lucir. Riwtley.
~lagdalena ahora se ibn tram,formando en una
persona seri.11; sus ojos rient~s tom~ron una e~presión pensl:ltiva, y. en su ~oca, mdo du sonrisa se not11.ba cont1·11cc1ón entrn,tecedor11.
De pronto la Be'ilorita Hartley pensó en aCCJrtar su vi.sita y a1ej1trse de una C¾SII. en que ~o tellÍII. m.As que disg11sto, pero este veneacruento
egoista fracal'ó ante el deseo de ser útil Asu ami•
guita; resolvió no abandonarla en el momen~o de
nna cribis que veia venir, y se pu.;o á, estudiar á,
las gentes ue la casa.
Era inútil el intento de modificar las ideas de
h1 seftora lle Le Clercq: convenci&lt;la esta virja de
sus derrchos, obraba con la voluntad sinc~ra de
ser buena, y amHba á su nuera mal, eso s1, _pero
1 a amaba y no se daba cuenta de que semeJante

9

EL OBSTÁOULO.

afección no era en resúmeu,
mAs que un inm•mso egoismo.
Robet·to á. pesar de su aspecto un tanto rígido, reservado y serio, le era sfmpá.tico á
Lucía que pretendía h.allar eu .
él un cará.cter tirme y leal,
pero sn frialdad habitual alejaba toda tentativa de intimidad, toda intervención en sus 11suntos por más
qne fa.era discreta y limitada. No se atrevh uno
á bablar con un hombre a~í que ocultaha toda e
sus sensaciones y testirieaba su amistad soltlmente por medio de un apretón de manos un poco
acentuado ó sn.s anti!)atfos por un obstinado silencio.
Roberto era un reservado: oía, paseaba sobre
t1us interlocutr,res unn mirada 11cerada, y si hablaba era en términos precisos, exa.ctos y breves,
y siempre lo que decía tt&gt;nia impol'ta11cia y de•
mostrllb!l una hien cu.ltivsda inteligencia. ¿C&lt;,mo
que este h..imbre no se Apercibía de Jo quepasaba en torno suyo? ¿Podría haber incurrido en
el error de tomar A Mari&gt;1. .Magdalena por una
chiquilla sinfundamento? ¿Podría haber visto no
más que el anver~o dtl lit. medalla no viendo en
ella sino su graciosa dulzura y deduciendo de
allí que el pl.'.tcer lle goz¡,¡r de las generosidades
de la suegra bastaría para hacerle soportar todo
en cu11lquiera época?
Y Lucia reflexionaba sobre el verdadero escollo de la educación femenil en los países latinos
que encarcelándolas en un dédalo de exigencias
de convención, las lleva á casarse con un hom•
bre á quie11 no conocen y el cual t\ su vrz tampo·
co sabe de su novia sino que es una joven que
habla inglés, toca el piano, pinta y baila con elegancia. Cuando escoa dos f'xtranos llegan A conocersees dcmnsiado tarde para retroceder, y de
allf es de donde vienen principalmente los matrimonios desgr,1ci11dos.

"ª

La educación s11jona, permite por el contrario
á. los jóvenes estudiarse y conocerse mutuamente¡ llls mujeres de la buena socied d son generalmente mas instruidas, mAs serias, menos frivoli1s que las de otras razas; tienen una personalid11d mlts acentuada; y aunque su exterior es
menos atractivo, el fondo do BU alma v todo su
modo de ser-, tiene má.e solidez y virilidad y compensan con su franqueza Ddorable el engañoso

encanto con que otras mujeres sacen ocultar su
verdadero carácter.
Viniendo á la sellara L1&gt; Clercq, f'S cierto que
no hubiera intentado nulíticllr, por ejemplo a.
la s"1iorita BHTtley, porque la trntativa le h1tbría.
pnrecido imposiblt&gt;; y i;in embargo, ll&lt;'g,.do el
momento de la crisis, tal ve~ fllllrfa M1tgdalena
prrsentara una fuerza de resi.stenci/\ mAs dulce
pero más invencible que la rígid11. voluutad de la
inglesa.
Una agravación de estos forcejers era 111 pres1111cia de la seftora Cbarmon, cuya instrucción
babia sido mAs at~ndida que su educación: babia
~ido no ml'ls que institutriz en su época ml'jor, Y
haciendo como que lo olvidRba, afectaba el mAs
extrafio desdén por las maneras, los usos, las
cdnve•saciones y los trajes de las personas de
}.(ontpazier, ¡esas gentes burguesas que no sabían
lo que era buen gusto ni lo que era 11ristocr11cia.
M11ria )hgdalena encontrab11. á. la se!lorll Cb11rmon sencillamente ridícula y sus pretensiones ínjustificRdas le parecían nada m,ís cómicas; pero
Lucia Hartley, dotada de un espíritu más delicado sobre los principios de la justicia, había concebido verruidero odio hacia esta mujer pretPnciosa que la. 1;1brumAba con relatos de sus v-iajPs
por toda Europa, citando A tonttis y A locas los
nombres m!\s distinguidos y cayendo en inconta•
bles errores.
S ;empre estaba la SPftora Charmrn diciendo á.
voz en cuello que tenla el propósito de trabnj&gt;1r
y no abusar de la ho~pitalldaj que le babíll concPdido tan generosamente la seftora Le Clercq,
(pues A pern,r de sus muecas de superioridad deddefl.orn, fabia adular a. la, gentes que le eran necesarias,) pero ú despecho de esta resolución
pregonad,1 A todas horHI!, p11recia querer Pternizl:lrseen la c,na. l[anifesubaA la seftora LeClercq
una complucencfa y una admiración sin limites,
le servia de secretMia escribiendo fa abundante
correspondencia de cada día, la acompafl.llbii ;\

:sus Yisitas y sabia, en su oportunidad, colocar la saltado de un plan conver,ido entre las dos jóve1raee lisonjera que debería hacer resaltar á los ojos nes y caliticó de pretensión audaz la de querer
del mundo la bondad de su protectora poniéndose sacar de la casa A la se1iora Charmon porqne no
-ella comunmente como ejemplo afortunado de los era del agrado de María .Magdalera.
· efectos de esa bondad.
-Situación anormal. . .. ¿Y en qué? respondió
La senora Le Clercq que la había recibido con la vJuda resignAndose i\ 111. lucha y no creyendo
repugnancia, comenzaba ya. á felicitarse de tener que Lucía se atreviera A llegar á una explicación
á sn )lldo persona que tan bien lll complacía.
concreta.
Lucia con vista de todo esto no tornaba á Jo
Pero ésta, con la tranquilidad que la caracteri•
serio ks proyectos de trabajo de la viuda, y en su zaba.
concepto lo que se necesitaba para variar el esta-En qué? usted misma lo rlice A todas ho·
•do general de loe cosas, era una escaramuza, una ras. , ... y de mi parte no concibo nadt\ mée pecolisión por la qne Roberto se apercibiera deque o oso que la convicción íntima de ser una earga
en su casa, su madre obraba con demasiado des- para algn.ien.
potismo. Se necesimba una crisis para abrirle los
A estas palabras, la sen.ora Charmon tembló,
ojos 4 este marido, y se decidió á. precipitar la la eeilora Le Clercq se puso p,\lida y miró fijaerisis sirviéndose para provocarla de la sen.ora. mente á la inglesa que sostuvo esta mirada con
•Charmon que le devolvía en odio visible sus an- una serenidad candorosa y Roberto pensó:
tipntfos.
-¡Qué responderá, esta viejll?
El día pues á que nos refedmos, en la sobreLa seftora Le Clercq ae atravesó diciendo con
.mesa, la sefioritaHartley le dijo con suma runabi- tono seco.
Jidad:
-Acabo de manifestar A la setlora que estA
-He oído decir 1\ usted, seilora, que tiene vivos muy lejos de Bflr unll carga para nosotros y aun•deseos de encontrar una posición decorosa .... que sus escrúpulos so11 honrosos ...
-Ciertamente ....110 puedo abusar ya má.s de
-Ya lo creo! imterrumpió Lucía. En mi país
la inagotable bondad de lll sefl.ora Le Clei·cq.
hacia el cual Ja sen.ora de Charmon demuestra un 11.
- Usted no abusa nunca., repl,icó ésta.
§.dmirRción que me halaga., he visto mujeres de
-Es usted tan buena que trata de tranquili- c,levadísima cuna con sus mismas ideas, que guszarme sobre este particular pero sé muy bien que tan de bastarse A sí mismas y que aunque tenDO ea posible que la presencia de una persona ex• gan familia rica prefieren como ella dice, trabajar
rtra11a y en las doloiosas eircnnstancias en que yo con todo yque parecería menos penoso aceptar so-estoy, deje de impresionar de un modo penoso si corro de los parientes en vez de recibirlo de los
no A usted que es excelente, a lo menos á sus hi- extra1ios.
jos.
La sellora Cbarmon estaba pAlida .. ... ,)[aria
-Que no Jo son: pensó Lucía.
Magdalena y Roberto un poco cohibidos pero en•
María Magdalena hizo un movimiento casi cantados. Lucia continuó con su más dulce y graimperceptible en seftal de afirmación.
ciosa entonación:
.
·
-En ese caso, continuó Lucía, con la misma
-Sí: esos escrúpulos son muy delicadas y aumen•tranquilidad, espero que será. del" agrado de us- tan mi estimación hacia. la sefl.ora de Cnarmon y
ted la proposieión que voy A hacerle.
para testificarle mis simpatiás escribí sobre
La se1iora Cbarmon frunció el entrecejo y lan- particular á Lady Grey. La situación es bnena, y
.zó a Lucía una mirada venenosa y uoa sonrisa estará usted a.JJí en casa de una gran seflora que
rforzada.
bien nacida y bien educada, oo desprecia á na•
-Una de mis amigas, Lady Grey desea una die.
institutriz francesa para enseftar ll sus dos hi-¡Pobres burgueses del\Iontpazier tan desde.liosa.jas ....
mente descritos por la sefl.ora Charmon! Lucía los
-Obl interrumpió vivamente la sefiora Cbar- vengó con una sola palabra.
mon, no siga usted, seftorita, esa clase de ocupa-Piénselo usted, concluyó la joven inglesa.
•-eiones no me agradan. Yo no podría aceptar.
De mi parte, me siento dichosa porque le puerlo
-Pero ...... dijo Lucía con verdadero asom- ser ütil en estas circunstancias.
bro ¿no ba sido usted institutriz?
-¡Muchas gracia~! dijo lacónicamente la viu-Antes de mi matrimonio .... Creo compren• da esquivando dar una respuesta precisa.
•derá nsted muy bien cuán penoso me seria acep•
María Magdalena tuvo laimprudencia de aven•tar A mi edad un empleo sabalterno después de turar una observación.
1baber tenido tan brillante posición.
-Lady Grey! ¿Es aquella joven que pasa los
-Oh! insinuó Maria Magdalena: le es á. usted inviernos en Londres y posee en Escocia muchas
•tan poco grata la sociedad de Montpazierl
. tierra.e y castillos? Ob! La senora Charmon será.
-En fin. aftadió la viuda, me desagradaría sa- muy feliz allí en medio de la vid11 de lnjo que
tanto le agrada.
•lir de Francia.
'
-Sin embargo, usted me ha manifestado repeMientras Lucía hablaba, la senora Le Clercq
•tidas veces su admiración por Inglatern, replicó se había contenido aunque con pena, pero Ja inLucia llartlcy, y hablaba usted en términos que tervención de su nuera I&amp; exasperó confirmando
deveras me han conmovido. A~í pues deberla ser sus sospechas de una conspiración entre las dos
1muy grato pRra usted regresará. aquel país en amigas. Bajo esa impresión, contestó con acento
-que tiene, según dice, t11u buenas rel11cio11es.
muy duro, mAs duro de lo que ella creía y con
La sei'lora Charmon bajó loe ojos como quien la acritud autoritaria. que se tom~ para correjir
~allando quiere dar punto A una conversación, r\ uo chico inconveniente.
pero Lucia qué no gustaba de dej11r las co~as A
-Ruego á u~ted que dPje obrará. la se1iora
Cbarmon como mrjor le parezca: bastante se ha
medias, continuó:
-Serfa bueno, á lo que erro, extiminar mi pro- hablado ya de eete asU1Jto desagradllble, y la
posición, no sea que más tarde se vea ust~d en 1~ burleta de usted me parece in1empeetiva.
-Roberl)O replicó con tanta rudeza como la de
necesidad de aceptnr otra menos ventnJosa, s1,
,eomo me parece razonable, desta u,u!d salir de su madre.
- María no se h11 burlado de nadie.
la posición anormal en que esti\.
-Pues eSII insistencia por hacer entrar á la seMaría Mugdalena dirigió á su amiga una mira•da de gratitud, Roberto con un aire serio anali- nora Ch,1rmon en un camino que no le es grato,
zaba ]a actitud de h\ seftora Chnrmon, y en cuan- • me parece inconveniente.
-La seflorita llartley no na creído que ofen,to a la seflora ·Le Clercq, una irrit11ción sorda comenzaba A 11poderarse de e1la, encontrando que dería íl ninguno ocupándose en buscar una posición decente pttra una dama, y que ella misma
Lucia insistía demasiado ·s obre el parLicuh1r.
Con la susceptibilidad nerviosa de las gentrs aceptaríR en caso nl'cesario.
--Oh! ciertamente que si, dijo Lncia con mu,que tienen en mucho su autoridad; concibió la
,sospecha de que esta proposición podía ser el re- cha calma enmedio de! hnracAn que había provo-

el

cado: yo no consid~ro un trabajo intelectual como bochornoso, sino que por el contrario me entusiasma. Parece que no se siente usted bien
Mag. ¿Qu1ere usted venir conmigo á tomar el aire?
lfo'rfa Magdalena babia permanecido a.terrada
fl causa de la humi111tción que su.trió al sentirse
tri,tada como una chiquilla rebelde y caprichosa .
Roberto que lo notó se disgustó profundamente,
y Lucía antes de salir se despidió de la sel1ora
Le Clercq y dijo A la senora Cbarmon sonriéndo·
se graciosamente.
-Perdóneme usted! Le.mento mi torpez11 1 pero estaba en la creencia de que ustPd de veras
deseabn salir de apuros y en su lagar de usted
mf'I bubiese sido muy grato hallar esta ocasión.
Roberto 11nnque tenia h cosmmbre de quedarse acompailando A su madre después de la comida, se levantó esta vez y siguió á. las jóvenes dirigiéndose los tres 111 jardín.
El aire estaba tibio, apacible, inmóvil, y en
los Arboles mudos y en los nidos que dormían, no
se escucbaba ni un susurro; las altas siluetas de
los muros recortaban un cielo azul lentejueleado
de estrellas, y abajo, entre las yerbas, 10s grillos
melancólicos entonaban su serenata argentina.
A veces, bajo la sombra de una hoja ó en una
brizna de yerba, el cintilar de uni1 luciérnaga. parecía unaráfágade electricidad .... Robertoeomprimfa con su brazo la manecita de su esposa y
ambos marchaban sin decirse nada folices en esta
soledad, pero contrariada ella todavía por la ercena que acababa de ocurrir. Ll:l se1ioritn ll11rtley los seguía. á poca distancia cantando una
melodía rusa.
Robeno y :Mag fueron íl seo~arse en un banco
al pié de una acaci11. centenaria cuyas copas de
flores claras estrellaban Las tinieblas del follaje,
y se quedaron oyendo la voz deliciosa de Lucia.
-¡Cullnto gozaría yo, dijo María Magdalena,
oyendo ll usted desde aquí! Si :Uera usted al salón, abriera la ventana y cantara y tocara unos
momentos, me sentiría feliz.
-Roberto, que sabur&lt;'aba un ciguro, dijo:
-Oh! si, cante usted, seft.orita.
-¿Pero olvidan ustedes que no debemo satrevernos á. n ..da bullicioso que ataque el duelo
d~ la dama negra?
-No baga usted caso de esas ridiculeces y cante, se lo suplico. Yo mismo me siento con disposiciones musicales, y tan pronto como acabe de
fumar mi cigllrro, nos reuniremos con usted y to•
caremos algo de Beetboven. Mi María no me puede acompalillr, no sabe; se contenta con ser encantadora .... y hace bien.
Lucín Hartley ee a lejó, y entonces Roberto pasó su brRzo al rededor del t11.lle de lila.ría Magdalena y la estrechó tiernamente. Poco acostumbrada a las p11lllbras dulces, y A lvs arrebatos de espansíón, sintió conmoverse su espíritu; todos BUS
enojos, tod11s sus fatigas, ~odas las humillaciones y contr11riedades resen tidas en los últimos
meses le vinieron á. la memoria al mismo tiem•
po, re11gravados con laescenade la comida, yentonces ocultando su rostro en eJ pecho de Roberto se puso A sollozar con extremada violencia.
-No llores, bfon mfo; no podemos exigir A mi
madre que despida A esa mujer. 1\ft madre ea
ama en su casa.
-Ay! Y también en la nuestra, murmuró la
j0Vf'n.
Roberto tal vez no oyó esto último, y continuó
diciendo.
P1ero lo que sí podemos haceres mantenernos
un tl\nto separados mientrns permanezca aquí la
seflora Cbarmon. Ma11ana almorzaremos en nuestro deparramento. ¿Podrá. bastar para este servicio tu camarera.
-Si, dijo María lfogdalellll. vivamente, y yo la
ayudaré por más que no sé gran cosa. Pero seremos tan felices solos con La.cía.
-Convenido, No llores más porque eso me es
muy doloroso. Oye qué bien canta la seflorita
Hartley. Es delicioso oir mú.sica tan buena en

�EL llB'-TÁCULO,

10

una noche como estll, Abrúzame ~lag, abraz&gt;1 A
tu marido que se esté. exponiendo por tí A un
trance probi1.blemente enojoso, y vamos Atocar,
querida mía.
Roberto que no tenía delante las miradas lm•
ponentes de su madre, se olvidó de ser correcto,
y tomando AMaria ?ibgdalena en brazos como A
un niflo, echó A correr A través del jardín.
Sus care11j1tdas produjeron en la casa un rumor inaudito de que se Psombr11ron los ecos; la
sefl.ora Le Cler,:q quehnbía notado con impaciencii1. que aquella inglesa impolítica cantaba é. p 1•
sarde su prohición, vió desde la ventana el escandaloso espectáculo de &amp;u hijo y su nuera re•
tozando como unos colegiales, y oyó esas risas
que insultaban el duelo de la senora Charmon, y
ofendían su dignidad de ama de la casa.
Un instante después sonaron juntos el piano Y
el violin; su violenta irritación 11e acentUó más
todavía y se retiró A fU cuarto. Mucho mt.s tar
de, ya avanzada la noche, nfa aún sobre su c11beza la música, 111.s voces alPgres y la risa, y durmió poco, porque pensamientos am11rgos 111 desvelaron pareciéndole indigna la defección de Roberto, quien, al parecer, había tomado parLido
contra ella.
Como rn dignidad rst1tba t•n jaf'~o, como se
creia hlstimadll en sus jns1os dercelws u la grati·
tud de sus prc-tegidos, y como 110 Hll c&gt;1paz de
tomar vías pacificas en circunsL11ncias seruejan •
tes, se resolvió á salir al encuentro du los sur.esos antes qne vinierun A ell11. y á rt'pdrnit c n IDano enérgica al hijo que, por sgradur A bU mujer,

11

'fl:T, lmNDO 11,0~TRADO"

innato en todas las obreras parisienses, cuyo
gusto exquisito se form11 mirando de c~rca. Y todos los dfos la.a m1\s re!inadas eleganc111s. Esta
criada. cuando estaba. bien ata:~ia~a, podía p_asarporuna ecflorita y podía au.1bu1rsele el mismo
j!'énl'ro de distinción que pose1a la senara d1;1 la
Palliere.
.
Estela se babia dado cuenta dela ant1patínquelnspiraba. á la sellom Le Clercq Y se la devolvía.
con creces, culp.\ndola no sin razón, de Ja_s tristezas v diso-ustos de l\faria Magdalena. A,1 pues.,
entre ~arna"dos mujeres de coudición um desigual babia unll animosid11d secreta.quesetrn.ducill
de p~1·1e de la suegrn en una rigidez c~si insultante,
y de p11ne de la criada en 11;na políl!ca exagerada que desmentía. la expresión trav1tsa de los labios v de los ojos.
Fué pues un verdadero placer par,1 Estela ~sn,
mallRna 111 dirigirse al mercado, poner los medios.
para que en su camino la en~onl.l'ara_ la sell.ura
Le Clercq que volvía de la pr1mtra nusa en _compaflia. de IR viuda. La senara muy Borprend1d1&amp; y
no sabiendo Jo que p1,sAba, le hizo la indicación
de que se detuvlerll y Estela se aproximó.
-A donde v11 ustedi' le dijo como si se tralare,
de una criada suya.
-Al mercado, sellara.
-Al mercado! y para. qué?
- El sellor .y rn e~posa tienen la intención dealmorzar hov en su dep:irr.amento.
El tono con que la sirvienta pronunció estas
palabras era muy correcto y respetuo~?• peroera iruposibu dejRr de observar el_ rego_c1Jo. mterior que sentia diciéndoles y la m1rau11 10qws.dora que dirigió á, l11s viejas. Evidentem~me esta
muchacha comprendía mtty bien que el paso
dado por sus amos era el primer síntoma de una
rebelión y ya esperaba con ansiedad m11I sana el
grito de proLesta de la saegra cuya auturid1:1d sede~co11ocía. La senc,ra Le Clercq hizo un esraerzo supremo y se 11lejó con su amiga sm pronunciar uni1 sola -palabra.
La senora Charmon dejó pasar aljrunos minutos y luego &amp;uspiró con una vo.z doliente y re,
signada:
-No sabré como pagar á u~ted el beneficio de
su hospitalidad, pero considero que y1t ha durado mucho y qu~ seria indiscreto sc-gulrla aceptundo por mAs tit&gt;mpo.
La seftora Le Clercq la vió con ojos airados.
-;.Quién hace á usted suponer semejante cosa?-Ob! seftora: la actitud de sus hijos de usted.
Dillgusto á la nuera de usted y esto es muy natural, porque es joven, Rma la alegria y soy par~
ella un nuncio de tristeza.&lt;&gt;, lllis tocas de viuda,.
mis melwcolías, mi triste situación son notas discordantes en la !ieata de su vida.
Con mucha habilidad la viuda descart8ba A.
Roberto y hacia caer toda la carga sobre Maria,
Magdalena.
-Esta determinación de quedarse en su casll,
me parece una consecuencia de la conversación.
que tuvimos ayer y delos ofrecimientos tau amables
como tenaces y obstinados de la sel'iorita ·
c,taba. A punto tle olvidar á su madre. Sí, ella le
hablarfR claramente, y h11ría resaltar el derecho Hartlev tan calnrosa.mente apoyados por su amiga. En ·verdad que la joven inglesa debe tenerleque tenía p11ra conservar_en su ?asa A la seft~ra
Chllrmon, así como también bar1a ver que Miss mucho carillo para tomar sus asuntos con tal viHariley era una joven mal educada y que liaría vacidad.
- l'. sted cree que la. seftorita. Hartley . . .. ?
M:~gdulena b11bia sido ju :tamente reprendida.
-No me permito creer,peropresumo que llyerestaban de acuerdo para hacerme salir de aquí y
· ·L~- c;ia'cia' tl~')i~gd~Í~~¡ ·h~h~
do sirviendo desde muchos anos antes de suma- que ahora lo estAn todavla.
Era inútil excitar á lasellora Le Clercq A la cótrimonio \' la babia sc"uiclo A pesar de la natural
lera,
pues de por si estaba verdaderamente irrirepugnan.ci11 que ma11ifiest.9n contra la vida de
tada.
E,te acto de rebelión afladido ¡\ las escaraprovincia los criados pariHien&amp;es, preocupada
por todas esas geIJtt'S que sin haber salido nun- muzas que venían sucediéndose desde bacía ticm- ,
ca. de la capital, describon á los provinch1~os_con po, a.iladido á la hostilidad de María M~gd11leua,
FUjPción A una liter11tura netamente pes1m1sta, respecto de la sel\ora Charmon, manifestad¡¡. dt's•
T11lento y 8ltgria de Curtifieaciones para adentro; caratlamente en la escena de la víspera y S!&gt;bro
pero m(ts allá, nnda más que estupidez y hastío. todo la audacia de haber reído, cantado, toca.doEstP.ll\ . verdadera chica parisiense, fina, dies- y valsado toda la noche, tomaba el caré.cter d1:
tra, babi! y coqueta, había s~gLlido A su ama á una insurrección.
Pues que! ¿Esta jovenzuell\ de apariencia rienAlontpazier, lo eual era una prutoba de yerda?er11 adhesión. Su caritl\ audaz, la expresión nva te v dulce era capaz de arrastrar A Roberto A bl'·
de su mir11da, la fig11ra mé.s piqaresca que clásica meJantes declaraciones de guerra? ¿Era v, nluJ,
de su nariz su risa reveladora de dinntes muy que su hijo se retiraba ya dd poder m11lcr11oi'
limpios y sus maneras provocativas, todo este ¡,Iban los dos, ¡ingrntts! A olvidar todo lo t1uo.: li..1conjunto había sido del mayor desagrado para bfa hecho por ellosi'
La fortuna, l!l casa, los criudos, los coches, to•
Ja seflora Le Clercq qne estab11. imbuida en las
do
ese lujo de qnegozaban ¿de quién crai'
11ntiguas idE&gt;11s sobre domesticidad, y le repugnaEs muy malo tener siempre presente la idea. d,el
ban las f11mili11riclades dtt esta muchacha que sin
ser impolitica hrnz11bl\ lL veet&gt;s frnses cómicns bien que se hace, porque se convierte en uua ohque causaban la hilllridRd do l\[ada Magdalena. seción que toma proporciones unormalc:i y uwl, 1
'r11mbiéu le desagr11daba verla lll!lll' los vestidos u.nu por exajerar su propiagenerosidu.:! á tul punrlf'stchallos ¡,or ~u amn que ella sabia rerormitr to qm· pum compeus11rl11 parcctn poca» lOt.!,l a t.e11 el seutido de la última moda. con ,•se tacto negación y toda grutltud.

~{-¡r¡~

¡¡

·;~i-

1

-No: quieren ustedes sencillamente darme una
-Esta cri1tdn, uftadió la viuda con acento dulza- nencia en la casa y era nH•jor que hubiera enre,
rrón, tiene unas maneras desagradables. Estaba dos v conflictos domésticos: la viuda dominaría. lección.
-No nos permitiriRmos tal eosa. Y puesto que
mirando A usted con impertinencia, seguramente mAs.rácllmente por m1&gt;dio de la vanidad herida A
una mujer despechada y 11islada que fl. una madre usted Interpreta mal mis razones para obrar así
para penetrar los pensamientos de usted.
( be dicho mis razones, porque Maria Magdalenll
Todavia erd mll.s grave la ~ituación puesto que viviendo en la feliz intimidad de la fi1.milia.
Al cruzar por el vestíbulo IR sc:ll.orR Le Clercq es extratia A todo esto), debo dar una explicnse le ha.cía conocer tal resolución por medio de
una criRda. En vez de ponerl11 al tanto personal- distinguió A su hijo, y en vez de detenerse como ción: usted tiene derecho de abtigat' en su cas1i
mente y con política, se obraba con tanta incon- de costumbre A 1•.;cibir su snludo, abríó con vive· A li\S personas que quiera, pero si esas pet·•
veniencia que se la expo11ia A la humillación de za 111 puerta del SR)ón v desapareció cerrándola sonas me des11gradan, tengo A mi vez el dtt·
ser un objeto de burla p,1ra esta mujercilla vul- de un golpe con un ruirlo seco, desagradable co- recho, y no puede usted desconocerlo, de reti•
rarme hasta que hayan cambiftdo dA a,ilo.
gar.
mo una reprensión acerb11.
-Lo que yo pens&gt;1bal griLó la sellara LeClercq.
Bi1jo el poder de sn irritación, la sefiora Le
Roberto h bía venido con la intención de aviClercq apresuró el puso, impaci ente por llegar A sar A ~ll madre que ese dfa él y su mujer come- Una inevitable disynntivl\, . una elección que hacer: ó vosotros, ó ella! Y tienen ustedes la presu c11s11 y no sabiendo aún si deberitl encerrarse rían solos "º su dep11rt11mf'nto. Era la vez prime
en un silencio digno ó llamar A ~us hijos ni cum- ra quo lei h11bii. venido el capricho de est.e acto tención de hacerme ceder!
-Madre .... Está usted equivocada.
plimi.-mo del deber.
de libertad, du este egoísta y dulce plncer de es-Bien sabes que no. ¿Crees que no observé
- Lo mejor para mí, siguió diciendo la senara tar en su comedor, Fcrvidos por su cri11da con su
Charmon, como si no se hubiera apercibido del vajilla propin, y babí&gt;t t-n esto un ensayo de inde- ayer é. qué punto de mira íban hs serviciales
estado moral de su protectora, e:; acepLar lns pro- pendencia qu'&gt; diverlíll A los dos r los librnba. de e fertns de la scllorita Ilartley? Ilabía previo
complot entre las dos jóvenes.
po~iciones de la senonta. Ttartley.
la lam~ntahle y tétrica figura de la seftora. CharR(lbc·r•o no rec"gió esta acusación.
EsLe nombre exaltó al último grado la indignn· mon.
-No me es gratu la conducta de esa selloritn,
ción de la oeftora Le Cl,rcq que dijo en tono liRoberto s.:;rprendido de la actitud de !JU m&lt;tdre continu1 la seflora con vehemencia: ha faltado
gero.
- Lo mejor para usted es estarse como se es11\ y sin sospeeh&gt;1r la c11u~a, entrv trlls de ellll al sa- ayer ll la discreción, pues no debí11 permitirse l,L
sin acoplar ofrecimientos que según dijo ayer le lón y 111. encontró 11git11dll quitándose los guante3 libertad de tomar parte en asuntos íntimos que
son &lt;;lesngradables. 111\game usted favor de pen- con movimit&gt;ntns ai.J·&gt;1dos. Al verlo, la senora de no lll conciernen.
- Esll es precisamente otra razón que tengo y
sar eu que soy dueili\ de mi casa. ~o son 111s re- Cbarmou bil.ludó y se entró por l&lt;Ls piezas inte•
por la cual prefiero quedarme en mi casa, dijo
beldías de mi nuera lns que me harán cedn 11in- rlore,.
-1,De!&lt;'IIS hAhl111·m"? rlijo IR Ff'flnra Le Clercq Rl)herto con tono trnnquilo . A usted no le sim•
gu110 de mis derechos el más imilíl.'nnhA hfo ele l"R
patiza. la sellorit11
1
cua es c~ recibir en mi
Hartley y no quiero
ciu;u n quien me de lagaimponer A usted su
n11. Se qued1iril. ustetl á.
presencia. llllsta rue
mi lado todo el tiempo
11trevo i\ considerar
que quiern, ~· aun ni;í le
que A elli1. le seria peconfieso que mé serA penoso sentarse A la menosa su ausencia porque
sa de usted despué~
tengo hacia ust .. d la ruás
de la escena de ayer.
vint simoaria.
-Creo ¡Dios mo
La viuda quedó encanperdone! que mi hijo
tad 11: hizo un rel11.to de
quiere darme leceiolos servicio; que podíi1.
nes de cortesía.
prest111· á su amiga, sobre
-No. Le explico A
todo aumentándole la inusted le11lmente el esfluencia social, pues estado de mi é.nimo, y eso es todo. En mi casa es dontaba A punto d8 fundarse
de la seflorita lfartley recibe hospi t111idad, y me
en l1t localidad una susiento en el deber de ahorrarle, si puedo, todo
curtill I de la Asociación
incid11nte desagradable.
Internacionnl del trabajo
-Me parece, sin embargo, que he comprimido la
femenil, y ella intrigaría
contrariedad que me cansaba, y no me acuer do
A tin de que :n senara
haberle dicho nadl\.
Le Clercq fllese nombra-Usted le dijo mucho reprendiendo á ~faría
da Presidenta.
1illlgdalena de un modo más que rudo.
-Vaya! hijo mío: basta que pareció la verdaEra esta una empresll
dera razón de tu golpe de estado de hoy. Yo
gig1tntesca. Se trataba
creía que una .mujer de Ja edad de Marfil ~{8gdade fundar en todas las
lena, podía aceptar de la m&lt;idre de su marido
ciudades de import11ncia
una observación, una reprimenda si 8Eí quieres
casas de asilo para las
llamarla. Bastantes pruebas de mi afección le be
doncellas jóvenes y podado en todas 1118 formas posibles, parll tener sobres y talleres en que se
bre ella los derechos que podría tener su propia.
les proporcionara traba•
mRdre.
jo, pensamiento tilantró·
Roberto murmuró con disgusto:
pico que debla ser del
-Hablamos dem1111iado de derechos!
agrado de la seftora Le
No había visto A la sefiora Le Clercq en un esClercq. Siendo así, la se1\ora Cbarmont se ofrecía 1\ ir é. Inglaterra, don - corblndo por lo Bl\no é interrumpiendo el afec- t8do semtjante; siempre le había parecido la razón misma, equilibrada, dulce y buena. ¿De ctónde resi&lt;Jía el Comité Central pan e ,tenderse con tuoso saludo de su hijo.
- Sf: quería avisarle que no almorzaremos hoy de Je venía esta ira formidable de hoy? Segura•
la Directora gem::ral, estudiar el funcionamiento
mente de causns íntimas que no podía expl!C8r.
de la 11sociación, sus resultados y sus medios de con usted.
Roberto dijo est11 cosa enC1rme \ranqui111mente ¿Qué pre;:¡cnpación tenía en contra de Maria
acción.
Si Lucia Hartley la hubiera oído exponer elo • sin fijuse "n lo milsmínimoenlaimportaneia que Magdalena? ¿Por qué esta actitud de ofendida
ante la resololución tan natural, que los recién
cuentemente todos sus proyectos, habría com• le daba su madre.
casados habían tomado de gozar un poco de su
Esta replicó con tono agresivo:
prendido desde luego por qué esta mujer rechaza-Hoy solamente,
hcgar?
ba el empleo enojoso y cansado que se le o[recia
Roberto permaneció pensntivo unos instantes
Roberto observó que la seflora P.staoa irritada
y no la hubiera tachado mAs de indolente y nula,
viendo A su madre que iba. y venía por la sala
pues babri11 comprendido que por el contrario te - y se que~ó miréndola con asombro.
-St1pongo que eso no tiene por qué serle á con una fisonomía cerrada. y dura que no le ce.nia el espiriLu más suspicaz y se había trazado
necia. La alusión que ac8baba de hacer A su
un plan para ponerse al abrigo de lll necesidad, usted uesagr11d11 hle, ¿no es así?
-De nin¡1:ú11 modo, amij!'o mio, de ningún mo- afecto por M.arf" M1tría Mag,111.lena y A las pruegozando de todas las consideraciones mundanas.
¿Hi1.y en efPcto un medio de existencia. más fe- do; re.;ponrlló ella con la misma entonación sar- bRs que le había dado, tué ufensiva hBEta para él
cundo, menos ingrato que el oficio de dama eari- cásticn. Y si A tu mujer le 11grada continuar en mismo. Este recuerdo indiscrtto de los benefitllliv111 fun&lt;tadora y conservadora de obras pflls? sus ens,1yoa cuLn11rios, que lo haga en buena cios otorgados resultaba humillante, y despué~
de un corto 11:.lencio, dió la vuelta para salir.
La sellorll Cbarmont conocía mAs de una cele- h(lra.
La sel'wra Le Clercq, por su parte, habiendo
RobPrto tl'nia la particularidad d~ carácter de
bridad. de la. beneficencia que vivía con lujo sin
más arte que explotnr la compBsión de las bue- erguirse cuando ~e tomaba con él una actitud desahog11do el pri mrr arrebato de su indignanas almas, y prt:!~ría esta carrera A la de la ense- que le desagradab,1 1 y contestó con mare11da ción, y dPjado ver hasLa qné grndo se sentfa herida, empezó A calmar3e. S&gt;1.bÍ!l. el imperio que
frialdad.
ftanZ8.
ejercía sobre su hijo, pero sabía también que btl
-Si
A
mi
mujer
le
agrada!
¿Y
pl•r
qué
dice
Si este su primer proyecto frac8Saba, ella sabría
de todos modos hacerse indispensable A esta vie- ustt:d es(\? No es ella quien ha propuesto que nos cará.cter era de acero, de una pieza, le11l y firme.
Una vez que él quedara convencido de que ell11
ja. rica y pi1gada áe si misma, y atraerle tal acu- qued1\ramos en casa, sino yo.
extralimit8ba sus facultades; una vez qui, sosµe-Dever11s .... ! Y se puede saber por qué?
mulación de negocios, de correspondencias, de
cbarA con fundamento que se tr11ta.ba de nulit!-Oh!
dijo
él
más
8ltivo
todavía,
hay
muchos
viajes y deresponsabilldades, que le hiciera falla
car la voluntad de Maria ll!agdalena, todo habría
motivos,
y
le.
irritación
de
usted
me
demuestra
absoluta una colaboradora.
Para alcanzar este fin y hacerlo menos dificil que ya loe ha comprendido. Pero permítame us- termiDado y se retira.ría sin calcular las desv,mde lo que á. primera vista parecfll, era mej r que ted 11nticip1trl" que ni mi esposn ni yo hemos te- tttj'l ~ qu'I le podrían sobrevenir.
L I od!ora Lu Clero,¡ sintió mlrdo de que eso
Roberto y su esposa rueian l'oJl&gt;tiurs 1\ su permR• nido hi iutcucióu d1 de:111grad11rla.

�EL OB!'\T ÁCULO.

12
sucediera porque le am11 ba, y celosa de conservar su ascendiente, comprendió que tanLI\ cólera
era in11sitada y qo.e predisponía a. su bijo en
un sentido temible, porque no tenia seria j11stificación. Así, pues, con una diplomacia femenina,
casi involuntaria, tomó un acento conciliador y
dijo con dulzura:
-Amigo mio, ya comprenderAs, estoy segura,
la tristeza que he sentido al saber por conducto
de una criada impertinente la resolución tomada
por ustedes de alejqrse de mL
-Por una criadu.i' preguntó Roberto.
- Sí: Estela, esa descarada, me lo anunció hace pocos momentos en tales términos, que supuse que ustedes se lo habían mandado así para
darme un disgusto. A mi edad tiene uuo gran
trabajo para renunciar á. sus constumbrcs, y yo
tenia 1n ilusión de conservar á. ustedes siempre
conmigo. Amo á María Magdalena qne es una
ni!\a encantadora, y si no se hubierau interpuesto entre nosotros personas necias, nada de tisto
babria oeunido.
Roberto, cuyo corazón era fá~il de conmoverse y que profesaba A su madre una ternurll profunda, sintió crecer et1t!l ternura al oírla expresar;:;e de esa suerte, y no vió en su anterior arranque mlls que la explosión de dolor de una anciana que creía estar en visper11s de ser abandonada por su:s hijos, y experimentaba el terror del
aislamiento.
Entonces volvió vivamente hacia ella.
-¿Cómo ha podido usted pensar, le dijo, que
faé1•amos capaces de querer ocasionarle una pena?
¿Usted tenia la esperanza t:le conservarnos siempre A su lado? Pues esa es también nuestrl\ espe:
ranza y nuestro deseo. ¿Qué haríamos sin usted?
La amamos demasiucto para abandonarla. Y digo
que la amamos porque María Magdalena no ba
pronunciado nunca una frase que no sea de adhesión y de reconocimiento, y no ha hecbo ni 111.
menor alusión A lo que usted le dijo ayer. Xo
sé á quiénes se refiere usted como autores
de nue3tras desa ve9encias, pues la sei1orita
llartley es bastante inteligente, y por lo mismo
no ha. de pretender enredar a. nuestra familia. En
cuanto {i la se1'1ora Charmon, le aseguro A nsted
que no me agrada porque no 111 creo ni leitl ni
buena, y su aire de tristeza me parece afectado.
Pero si es del agrado de usted, está. bien, es justo que usted no se preocupe por mis antipatías.
Contenta de haber reconquistado toda la influencia que tenín sobre ~l la seilora Le Clercq,
sonrió á su hijo y con esa facilidad de concesiones que se tiene en los momentos en que e:.tá uno
enternecido, lo dijo:
-Puedo probarle el interé3 que tengo en su fa.
,·or sin conservarla en casa. Puesto que no es del
agrado de ustedes, pondré en ejecución un proyecto de que me ac11.ba de hablar: se trata de un
~.-iaje para ciertos informes, un negocio que no
tiene importancia para tí y del cual te hablaré
mas tarde.
-ConmoYido por el eacrificio expontaneo que
Je bacía su madre, Roberto la abrazó sonriendo
y le dijo:
-¿;{os invita usted esta nocbe a. comer?
-Ciertamente ¿y por qué ne á lllmorzar?
-Porque :llaria Magdnle, a se da en estos momentos la mar de trabajos para organizar su famoso almuerzo. Es una cosa divertida verla ir y
venir, dar órdenes, v.gilar las cacerolas y estli.
primor•)sa con su delantal blanco y el aspecto de
mujercita de su casa. Sería para ella una decepción que no se hicier.an los honores á su cc,cina.
-Pues yo, dijo alegremente la sen.ora Le Clercq
quedaría encantada juzgando por mi misma de
los talentos culinerios de tu mujer. Y si se me invitara ....
-Magnífico! Almuerce usted con nosotros y
esto nos pondrá muy uf,rnos. Ser:.\ nuestra primera recepción. Voy á a visnr á Maria Magdalena
que tiene una invitada. ¡Se va á pcner mas contenta!
Si en efecto se puso contenta con la noticia, lo
disimuló bastante, porque acogió con un silencio
absoluto la noticia llevada por Roberto.
Toda atareada recorría el comedor disponiendo una mesa magnifica, cristalería resplandeciente, vajilla con sus iniciales qne ese día deb[a ser
estrenada, argcntel'ia enteramente nneva, salero
JfnenLes y u poya-cubiertos lucientes quecontrastaban con el juego de tenedores, cucharas y cuchillos de forma antigua obsequiados á su hija
por el Doctor Bois de Sain· Marce! que eran de
plala oxidada y que tenia.o esa incomparab!e
belleza que sólo el tiempo sabe dar.

13

."F.L lr!TNOO ll,U!'ITRA00 11

-¿Y cómo se proporcionaron ustedes estas her-·
de
asperon, geranios, margaritas de ancha corola moeas flores que nada deben al arte?
- Yo salí cuando toda vía dormían todos en esblanca, ramJ\s de madreselva y de yerbas exquita
casa. Siempre me levanto muy temprano pue&amp;
tas que tan ricamente ornan con sus racimos y
al amanecer es cullndo mejor se goza de los ensus penachos 111 s zanjas y los vallados.
La sel!.orita Hartley pretendía que la sa_bia na- cantos de ht naturaleza. Salí y me aventuré por
turaleza da quince y raya A todas tas ciencias el primer s~ndero que encontré A mi paso.
--¿Y salió usted sola?
qne se relacionan con la floricultura y que sus
-Sin duda. Pero por el camino me encontré
geranios, mnrgaritas y madreselvas eran supe•
con Darlot que es el excéntrico más agrR.dable y
riores en belleza ú las más famosas orquídeas.
-Son, decía, mt&gt;nos pretenciosas y más gallar• había salido cOino yo A ver eJ despertar de los
das. Las flores de formas extra.nas mti 11.gradan campos. Eso es encantador: las hojas cubiertas de
poco y me despiertan l&gt;1 descoolianza; l11e veo co- rocío las flores entumecidas todavía por el suemo cosa fnlsifíc11d1.1, como cómicas encargadas de no d; la noche y los árboles y las lej!lnias envuelun p11pel superior á sui:; fuerzas, como coquetas tos aún en 1,i bruma ....
Da..Jot me condujo A un sitio encantador, un
que se pint;¡n para parecer henuosas. Vea usted,
rrtiro
bajo las bayas c.-rca de un est11.nqne de
Mag, que curvas tan exquisitas las de estas c11mpánulas y con que grncia cuelgan de su tallo agua azul decorado poi• mastuerzos y prímulas.
flexible y largo, y cómo estas p1 ímulas las enlazan Desde allí se contempla nna extensa pradera hadulcemente en tanto que l1:1s malvnrosas ostentan bitada par vacas mansas que parecen arrancasus tonos pálidos. En un ramo deflores silvestres das á un cuadro de Troyon y mAs adelante exencuentro todo un poema delicado, en tanto que tensos trigales del color del oro. Nos sentamos
esa~ camelias premiadas en las tixposiciones de en una barda y nos pusimos á contemplar ese
jardinerfo y horticultura, son prosaic11s con pro- campo que se desperfzaba preparándose para. la.
·
sa vulgar, tienen la acticud afectada de esos que lab&lt;'r del día.
De pront&lt;', las a'ondrasfueron las primeras que
de pronto enriquecen y se vuel\•eu condes 6 duques sin que tengan los ra~gos esenciiiles de la saliendo del surco, toc11ron la diana; luego las es'piges irguiéndose sacudieron las gotas de agua
nobleza.
que las a.diamantaban, y los ababoles empezaron
A desplegar sus pétalos con extremada coquetería.
- U3ted, seft.or Roberto, que se sonríe, ¿no ha
asistido ¡amAs 11! despertar de un campo de tri•
gos y de ababoles? Pues lo compadezco á. usted,
porque este placer refresca el Animo, como el rocío refresca el eútis. Todas las pequeflas miserias de la vida le parecen a uno entonces lo que
en realiddd son: futilidades indignas de ocupar
la atención! y se comprende que la mejor, mits
pura y mas grande de las dichas es tratar de
identificarse con la naturaleza, amarla, y no ser
sino unrt parte consciente de ese gran todo. Aseguro á. usted, sefior Roberto, que yo siento mncbo carillo hacia las plantas, y que me causa pena arranc11rlas ó corti1Ples sus flores. Sí, esto es
muy cierto y sin emburgo vea usted qué abundante colección traje conmigo. Pero faé el sei'lor Darlot quien las cortó, pues aunque sea sen•
sible como ~-o tiene más energía, y á. pesar de
mis prote3tas, recogió todas esas flores que eran
alií tan felices.
Ilablando con ese acento musical, y un poco
cadencioso de las inglesas, Lucia dió A sus margaritas en el vaso de asperón Rzul una figura artística y compuso su ramo con 111. atención y buen
gusto con que un pintor compone su cuadro, en
tanto que Roberto imeresado en lo que elle. decía, y divertido A la vez, seguía con los ojos el
movimiento de aquellos dedos blancos y ágiles
que doblaban cariiiosamente los tallos y colocaban con cuid11do las corolas á tin de que lucieran más.
Esta intimidad de conversación le 11grababa y
consideraba :l la senoi'ita Hartley muy inteligente y muy superior A las demAe mujP.res que fre•
cuentaban 111. casa de h\ senora Le Clercq. La seMaria Magdalena escuchRba sonriendo á. pesar guridad y la sencillez de esta encantador11. ni!\a,
de sus preocnpaeiones, y dijo:
le eran sumamente simpáticas y le inspiraban un
-Acaba usted, Lucía, de plnnte11r una tesis sentimiento de sincern amistad. Pero al mismo
que sería de todo el agrado de René Darlot que tiempo, pensaba en que si su madre hubiera oido
como usted, es un tanto cuanto original y maruA- tales conversaeiones no las coroprtnderíe. y ta•
tico.
charfo A la se:liorita Hartlev de farsanteó de loca.
-Darlot, aunque parezca extr11flo, dijo Rober-¿Y qué opinión se ha 'formado usted d~I seto, comparte las opiniones de usted res¡,ecto á. il.or Darlot? le preguntó: observo que en muchas
las camelias, y lo diré franMmente, hRsta con materias tiene opiniones muy semejantes A las
cierta rudeza poco cortés. Ya sabe usted qo.e mi de usted.
madre tiene una soberbia colección de cllmelias·
-Me es agradable, pero muy agradable, con. Dnrlot se negó en dfas pas11dos A en-'
pnes bien;
testó ella con ingenua sinceridad. Es un espíritu
trar á. verlas en el invernadero, con tC'do y que deJicado y original y aunque lo conozco muy po•
también hay hermosi,imas dalias.
co, se me fignl'a que debe ser bueno y que no
-Horribles, m~y horribles, gritó Lucia con có debe tener procupaciones vulgares. Pienso que
mica indignaciót!. La aalia no es una flor sino deja correr el tiempo sin preocuparse ~ran cosa.
una bola eriz1tda hecha con tubitos de nojlllata. de la vida material y prActica, y yo lo ,,dmiro
Es rigida sin perfume ni gr1lCla; rlor tonta como porque en estos tiempos ese desprendimiento es
la vanidad ó mrjor dicho, n:&gt; es una flor sino la verdaderamente raro.
obra matstra del mal gusto de los floricultores.
Deben ser muy interesantes loi dii!.logos que
Concedo que los colores son brill11ntes, pero no sostienen ustedes cuando están juntos. E$ta uu1tfene más que el co!or y pare usted de contar. f111n111 por ejemplo, al contemplar la salidll augusEn cuanto A las camelias por bellas que se1:1n, se ta del sol sobre los horizontes campestres, camfignra uno siempre viéndolas, quo son flores de biaria.n u-.tcdes de fUo reflexiones y entusiasmos
pap·eJ y en el acto piensrt uno en que estAn muy llevados 1\ la hipérbole.
apropósito para adornar los cromos de santos
Lucia hizo un signo de negac16n.
que engalanan el cuarto del pot·tero.
(Continuará,)
Uaría Magdalena habín ido á dar un vistazo
por la cocina, Roberto reía escuchando á. la jo•
ven, pintora y le preguntó:

La aei1orita Ilartf.ey arreglaba en un

Vil.SO

-No hemos cambiado diez palabras, dijo. Stin•
tados en la barda permanecimos silenciosos, porque todas_ las palabras tienen un sonido débil y •
falso en ciertos momentos, cuando la. impresión
es natural y no literRria. ¿Cree usted que le vendría al pensam:ento hablar cuando estuviera oyendo la pastoral de Beetoven?
·
Esta maft.ana las alondras, las abejas, las boj'ls
de los Arboles, las espig-,1s de trigo y las conientes, ejecutaren la pastoral para que nosotros la
gozára11:1os y lagozamos con beaút-c.dreligiosa, y
he considerado que el seiior Darlot tiene talento,
por que per..:ianeció absorto y silencioso. Al separarnos me dijo con naturalidad. »Esto es muy
hermoso ¿no es cierto? Pues hay un sitio verde,
aislado v pintoresco al borde de un estanque, y la
voy á. llevar á usted allí: se contemplan espléndidas puertas del sol.
Es un estanque de
aguas verdes invadido
por los iris y los nenúfares, situado á la orilla del
río junto á las ruinas de
un castillo abandonado
que ahora es nido de buhos; baga usted de cuenta: un cuadro de la escuela l'úmAntica ó una bala• ·
da de Victor Hago, y está 1\ ln altura de las notas
nrtisticas de 1830.
-Vaya, vaya. .. y usted de segu10 irá. con
aquél desiquilibrado á
buscar sensaciones raras
y un catarro.
-Vade retro! espíritu
prosaico, replicó riendo
Lucía. Iré .... yalo creo
que iré y debería, para
gozar v erda deram en te de
tan belloespectá.culo, vestirmeá la moda delas damas de aquellos tiempos:
cabellos sueltos en largos bucles, mangas aglobadas, zapatos puntiagudos y un chal de burato
A la espalda, fingniendo
para realzar el traje una
gracia mórbida y langaicleciente, en tanto qne el
sef!or Darlot llevnba cabellera larga aunque fuera postiza, levita con Ril•
cbas vueltas de terciopelo y un cuello que no
le dejara volver lá cara.
Roberto reía alegremente de estas locuras y
Lucía afladió:
·
-)fo ha observado usted cuAnto inflnye el traje sobre las ideas? Si en
un baile ele máscaras se
disfraza usted de arlequín, de Don Quijote ó de
griego de los tiempos he•
róicos, de fijo que no se
sentirá. usted con las mismas inclinaciones que si
va vestido de rey mago ó
de médico de los pobres.
-Lo que pasa es que usted toda se vuelve imaginación.
-No tanto, no tanto.
En esos momentos llegó la seiiora Le Cleroq
trayendo consigo á la se:f!.ora Charmon que no
habría sido correcto dejar sola, y desde luego lll
conversación se hizo penosa.
Maria Magdalena estuvo muy cortés y Roberto
observó esta circunstancia; conocía bien ásu mujer y notó la contrariedad conque obraba, con•
trariedad que también el sentía.
Eiite almnerzo intimo que pudo ser delicioso
entre los tres amigos jóvenes y alegres, se convertía en un trAnsito de monotonía como la de
los días anteriores. En vez de rasgos de ingenio
y placer delicado, iba á haber la eterna conversación sobre las d1versas instituciones benéficas de
fo ciudad, sobre las honorables damas del Comité deCarida.d, ó sobre el último sermón del padre
X, asuntos siempre iguales que se trataban todos
los dfRs en términos invariables.
Lucí11 eHaba mur f.1stidiadu y empezó á pen-

zar en que A pesar de todo lo mejor para ella era
seguir sin r.,érdida de tiempo su vi11je A Tregastel
á !in de comenzar los trabajos preparatorios de
su cuadro.
La señora Le Clercq recordó A Maria ?ifagdalena. que por la tarde los esperaba en sn casa como
de costumbre, y la joven dió políticamente lns
gracias A su suegra. Al hacerlo tenía el aspecto
lastimoso de un perrillo que ha roto sn cadena,
que cree haber reconquistado h1 libertad y A
quien se trae de nuevo al collar y al poste cou pll·
labras ca.rinosas y una cuerda en e l pescuezo.
Con todo y ei!tos inconve11ie11tes, bacla el fin
del almuerzo la conversación después de haber
estado peaada se animó súbitamente. La señora
Le Clecrq afectó quedarse largo tiempo examinando los cubiertos de plata oxidRda en que estaban grabadas las armas de los caballeros de

Bois de Saint Marce!, y María Magdalena preguntaba para su sayo con inquietud si su suegra iba.
á llevarse las cucharas y tenedores como se había llevado en dias anteriores el joyero blasonado, pero no sucedió asi sino qne propuso UD medio menos radical.
-Tengo, dijo, algunRs piezas de mi servicio qne
necesito repnrar con mi pl,1tero de París, y voy
al mismo tiempo á hacer que se lleYen estos cubiertos, vida mia.
-Que se lleven! ¿y para qué?
-Para que les g1·aben el monograma de usted
en lugar de esas armas ·que no son suyas. Es UD
trabajo muy f1\cil que no alterarA el mérito de la
argentería.
Roberto c11si no se fijó en esta indicación, pero
Maria Magdalena resintió una contrariedad tan
viva que cambió de colcr y dijo esforzándose
herólcamente por conservar un acento tnnquilo:
-No, eeft.ora: no se borraran esas armas de que
soy la única heredera, porque me pertenecen y
tengo la debilidad de estimarlas en mucho. Este
es por otra parle un antiguo servicio de cubiert&lt;.'s

que perteneció á mis ahuelos y que me daría gran
pena fuesen desnaturalizados.
-.Aseguró á usted, 'rida. mía, qne esa es una
vanidad ridícula.
-Tiene usteu mucha razón, seiiora y no lo, discuto, yero le ruego me deje con mi vanidad por
ridícu la. Que sea.
Maria Magdalena que estaba positivamente
exasperad:1., bacía esfuerzos supremos por conservarse en los limites de una deferente cortesía. Y
esto, unido al disgusto de no haber poditlo quedarse so!a en su cas!l con su marido y su amiga,
de no haber podido librarse ni por un solo día de
la presencia de su suegr11., em la última gota de
amargura para su corazón en el que la amargura
ya rebosaba.
.Apercibiéndose Roberto de que su esposa tomaba muy á. pechos este asunto, insignific11nte á
sus ojos, dijo:
-Moctilicar esos cnbiertos seria inconecto y
lu1sta ofor.sivo para el
Doctor que Josreg,tló así
:í MarÍ!l ~Iagdaleua. Por
otra parte este blasón es
muy bdlo y comprendo
muy bien que te agrade,
)taria i\fagdalena.
Ella dirigió á. su mari•
do una mirada de reconocimiento.
-Entonces, imterrumpió con arrebato ¿puedo
usar las joyas de mi fa.
milia blasonadas así, y
usar tarjetasdeviFita eo11
el título de mis antepasados agregado á mi nombre?
-Quién lo duda! Esas
cosas tienen tan poca importancia ....
María Magdalena sonriente af!adió volviéndose á su suegt·a:
-Ya lo ve usted, sen.ora? :E spero que me devolverá usted mi joyero.
-Está. bien, repuso
secamente la sef!ora Le
Clercq.
Roberto se Apercibió
entonces de que sin pen•
sarlo había dado un golpe á su madre y que ella
estaba contrariada, por
lo cual 6intió una impresión penosísima y se preguntó á si mismo con angustia si los mAs menudos incideoted de la vida
diaria iban ll provocar
esc11ramuzas de esta clase, y si todas las convere~ciones sencillas ~ n
apariencia, ocultaban lazos en que debería caer
para diagustnr según el
caso á su madre ó á. su
mujer.
Lucía. Ilartley que sintió acentuarse la frialdad
con este inc.idente, dijo:
-Yo comparto con María :Magdalena el gusto
por los b!Rsones. annque no 1&gt;E'a mtis que bajo el
punto de vista artístico. Y cada vez que seme ha
ofrecido pintar para mi uso porcelanas, entrepa:ilos y tapicerías, il tener escndo nobiliario como
usted, querida amiga, de t'ijo que lo hubieru preferido ó cnalquier11 otra cosa. Es un motivo muv
bello para piezas decora!ivas, y observen ustede·s
que así lo han comprendido y practicado los más
notablee oroamentistas.
-Desgraciadamente; replicó la se11ora Le Olecrq
con tono incisivo, se ha abnsado del ornamento de
tal modo que ya lo usa todo el mundo inclusive
los más plebeyos: hasta. en casR. de los más descamisados ganapanes be visto leones heri1ldicos,
escudos y todas esas paparruchas nobiliarias. No
hay fabricante de jabón ó de betún que no ponga escudo3 de arm1ts ensu marca de fábrica, y han
acabado los blllsones por ser nna. necedad de que
quiero curará. Maria Magdalena.

-E~ ca'.!.!.:~.,t:vc e.e n~c:os1 ~-:::::.p:.·~n.c.e s~:~ J.

�11 EL

los que se sirven de eso sin tener derecho, replicó L u"ia Harllev.
-¿Y se sabe ·con certeza quiénes son los que
tienen derecho? replicó la se.nora Le Clercq que
realmente se olvidó de su habitual mans~dumbre. SI se tr11ta no más de lasge11tes cuya .nobleza es muy conocida, muy pura, y de la cual pueden seguil'se las huellas en la historia, está. bien;
pero todas esas pequelleces prete11closas venidas
uo se sabe ue donde, esas familias obscuras de
hidalgü~los pelon~s que se lla.maron Del Soto
porqut, había en su hered1td UlJa cerca de vare•
jooe~. ó Del Estauque en honor de algún charco
corrupto¡ toda esta seminobleza necesitada )' iilti va que no se remonta! centenar y medio de
nfios, no es mAs que plebe locamente avergonzada de su origen! La fitruilia Lé Clercq á la cual
ptrtenezco porque me casé con un primo mío,
tiene uetrAs de ell11 siglos y siglos de honrada
burgesín. Hemos sido consej~rol&gt; en el Pllrlamento úe Normanufa, poBeemos nuestros anales y
nuestros orcb.ivos \IUe aunque no estén blason11•
dos, v11.len tanto CJmo cualesquiera otros ó acaso
mAs. No se encu1mt1·a en ellos ni un acto de deslealtad, ni una villanía, y desde hace má.s de
trescie11 tos afios somos los primeros de la provincia por nuestra honorabilidad, nuestra riqueza y
nuestrns alianzas con lus casas m,\s distingtüdas.
Usted, vida mía, 110 nos trae las primeras armas
que hubiésemos podido tomar, pues hemos tenicto una vizcondesa de Villeresne, u11a bitronesa
de Vatan, una marquesa de Lancieux y A lo qa.e
me imagino esas noblezas valen tanto como lade
usted. :Sin em bargC1, nunca hemos admitido la
adición de un nombre, porque el nuestro.babastado. Ahora, haga usted lo que Je parezca!
Esta vehemente salida po11ia de relieve el 81ma de la seftora Le Olercq. llabia cierta altiva
gl'andeza en su actitud y en su acento, reivindicando sus derechos de plebeya, declarando muy
alto su burguesi11 1 que no se había dignado blasonarse con tl escudo de los Lancieux. En lo que
cLijo h11bí11 mucho de verdad, pero lo dijo con tan
am11rga acrimd, que la consternación fué general eu corno de la mesa. Maria blagd.tlena con
los labios temblorosos y el rostro pálido, hizo un
supremo esfuerzo parll contenerse, y se levantó
diciendo con dulzura:
-Me siento un poco indispuesta, y les suplico
ma permitan retirarme unos instantes.
La selior,\ Le Clercq, apercibiendose de que se
había dejado llevar por la ex!lltación un puco lejos, dijo dulciflcando la voz:
-Caa usted, querida lfagdalena, que no he
tenido ni la más leve intención de ofi:nder A usted, pues be hablt1do en tesis general.
María :Magdalena no respondió, y Lucí" dijo
cuando iba saliendo del comedor:
-Voy á pintar para usted sus armas en dos
jarrones normandos de porcelana, que adornarAn
la mesa de un modo muy decorativo.
Eso era la mejor respuesta á la setiora Le
Clercq que sintió el dudo y lanzó á. Lucía una
mirada de desdén que fué recibida con absoluta
5erenidad. En cui1mo á. Roberto, estaba aterrado.
Esta comida preparada oon tanta alegriit. por
María Magdalena, terminó en las circunstancias
mAs de1agradables.
Roberto dejó la mesa casi inmediatameute, y
fué Lucia la que quedó h11ciendo los honores con
palabra segura y tranquila, metiendo A la se:ll.ora
&lt;Jharmon en juego y divirtiéndose en exasperar
ll. este dama al recordarle las funci.mes humildes
y de dom1c:stie1dad qu~ había ejerci&lt;lo en Inglaterra entre las daiuas de alto rango, &gt;:\migas de
111 misma Lucía.
,Se necesita una diversión.&gt; Este rué el pensamiento que concibieron A. la vez Roberto y Lucía. La situación i;e l1abía puesto tan tirimte en
los últimos dias, que estaba á punto de quedar
se1·iame11te comprometida la paz de e~te bogar,
grar.iits sobre codo ñ la presencia de la seJlora
Oharmon cura introducción en la casa había
provocado la ruptura de hostilidades. De réplica
en réplica, de iucidente enincidente, se babia llegado u un venosi:Jimo est.lldo de cosas, que ya
no ¡;e podin prolongar.
Desde la arenga de la suegrt1 colocando A. los
Le Clercq sobre un pedestal de tres siglos de virtudes y de riquezas, 1as m1meras de María Magdalenli habfan cambiado radicalmente, y tQda su
jovialidad, s-u aJegria infantil, sus encantadores
donaires habían desaparecido viniendo A susti•
tllirlos la más cumplida cortesía. Rabia adoptado la actitud correcta de una persona que está.

MUNDO ILUSTRADO.,

de visita en una caga antes no conocida; sonreía
con exquisita amabilidad, pero por amabilidad,
y hRblaba y contestaba A .su suegra con la entonación con que se dan informes sobre l11 &amp;alud de
querfdos amigos que en realidad son perfectamen•
te indifereutes.
Lacia que estaba en observación, pensaba para sí:
-Estamos en el período que precede á la cri. sis: Mag se refugia A sus principios de buena educación para poder soportar á su suegra, pero no
se pasa impunemente de las expansiones de la YÍ·
da íntima á 111 corrección soeill.l. Roberto habra.
notado este Cllmbio?
La.cía no tenfa con él la confianza suficiente
para iaterrog~rle sobre el particular, y 'l"eía peligrosa e.. ta situación al suponer cou fundamento
que el joven no conocía tanto como ella el cai-Ac
ter de María Magdalena.
Roberto ainnba !\ su mujer; c&gt;so era indiscutible,
pero no tenía casi con ella expansiones por razón
de carácter y l111llnba muy natural, juzgando por
sus propios sentimientos, la reserva de l\laría Magdalena que nunca le hablaba de sí misma, de sus
sentimientos, de sus aficiones. Conocía de ella lo
q ne podían igu,ümente conocer lus extral'los:su vida a plena luz. pero nada de lo interior de su alma
y de su corazón. Adem.As, las circunstancias de
su manera de vivir estaban muy lejos de favore•
cer el establecimiento de tal intimidad, pues la
presencia ine,;table de una tercera persona, era
un obstltculo invencible contra toda aproximación afectuosa.
Roberto, satisfecho del género de sus ternezas y
hallñndose correspondido en una forma semejante, no pensaba en ambicionar más. La creía una
niJla muy sencilla y riente, juzgtmdola por la
i-uperficie jovial de su carácter, pero no sospechaba ni una voluntad, ni una energía, ni un orgullo de mujer bajo aquella apariencia amable,
regocijada, infinitamente seductora, resultado de
una disposición natural, feliz, cultivada por la
mAs discreta educación.
Lucía sabía bien todo esto y era lo que la espantaba, pues había llegado el momento en que
sa. amiguita, lastimada profundamente en los mt\s
caros sentimientos, que ni su suegra .ni su marido
se habían dignado descubrir, se parapetaba en su
cortesía de mujer bien educada para empezar á
ponerse á cubierco de los ataques.
La situación de Roberto, entre dos arecciones
y dos deberes, iba por lo penosa A transformarse
en insostenible, pues no sospechaba que su muJercita faern uu carácter y cuando menos lo esperara, se iba á encontrar con esta sorpresa.
Lucía había descubierto que en el fondo del
corazón de Maria Magdalena había cierto despecho contra su marido, á causadequeéste no había
pensado en amar de ella m.\s que la elegante personalidad física, juzgándola á pl'iori, bajo el
punto de vista intelectual, como una criatura digna
de ser tutoreada.
Roberto que deseaba combatir con el atractivo
de una diversión el enojo de esta situación tirante, consultó á su mnjer sobre la organización
de un baile, pel'o esta proposición no !ué aceptada bajo el pretexto de que estaba muy avanzada
la estación, aunque en realids,d el motivo de la
repulsa tué que l[aria. Magdalena tuvo la previ•
sión de que para este caso, se vería en la 11marga
necesidad de soportnr las generosidades de su
suegra.
Lucía fo.é la que encontró la manera de resol•
ver el problema. Ilacía ya ocho días que estaba
en Montpazier. El tiempo en otras circunstancias
habría corrido gr11to para ella, pues amaba ft María Mngdalena r Roberto le era agradable; lapoblación le gustal)a también con sus tipos cw·iosos
de gente llana y algunos maniáticos que se destacaban del nivel comti.n. Pero como tenía horror
A las simaciones espinosas en que cualquier
movimieut-0 puede determinar una herida, empezó á hablar de su viaje y hacer los preparativos
correspondientes.
En verdad que puesta en la situación de su
amiga, Lucía no habrfa obrado como ella, sino
que provocando una explicación oportuna y franca, hubiera establecido sobre bases sólidas sus
derechos y habria rogado á su esposo la llevara
á. un hogar tan modesto como fuera necesario pero donde fuesen libres y tuvieran el deri;:cllo de
decir: «Estamos en nuestra casa,,.
Magdalena no tenía el descaro suficiente para
obr111· así ni se atreverfa nunca !\ hablar en términos semejantes, pues llegado el caso de produ-

EL OBSTÁOULO.

cirse una escisión seria sin grandes !rases de su
parte y retirándose sin ruido por horror a l11s discusiones.
Para alejar en todo lo posible ese desenla1.1e,
Lucia anunció en definitva su vi11je y ~nplicü á
Roberto y á :Uaría Magdalena, que la faeran !'l.
acompail.~r ,l lo menos por algunos dfas. .
E:.ta proposición fué aceptada con entusrnsmo
y .Maria :\Iagdalena simió la gran alegría de un
colegial en los momentos de acercarse las vaca•
ciones, y Roberto comprendiendo Ja i~e8: de la
seftoríta HartleY, se formó la conv1cc16n de
que una corta aÜsencia arreglad\ todas las dificultades. A.demAs, durante ese viaje, partiriA también la sei1ora Charmon, causa primitiva de las
desavenencias, y á su regre,o ya no la encomrarían en casa de la sen.ora Le Crecq.
La suegra los veía partir, sintíe11do una extrnlia emoción, mezcla de alivio y de despech'), motivada por la intuición de lo que estaba sucedi•ndo. Sin analizar bien sus peusamientoi, ttmia que
Lucía llnrtley aprovechara la libertad que indndablemente le iba A dnr el viaj ~ para inculcar
ideas de independencia en el ánimo de Mttrfo.
Magdalena. influyendo acaso hasta sobre el mismo Roberto.
Tllmb;én podia l1aher algo de celillos maternales ...... 1JU bijo oarth por la primera vez uespués de su casamiento, y se iba A encontrar enteramf'nte A solas cou su mujer que podía en esos
cuantos días adquirir sobre él un lmperlo absoluto. Es cierto que la seliora Le Clercq no analí•
zaba los det11.lles de cada 0110 de estos peDsa•
mienlos, y dejaba, por lo tanto, escaparse su intrincada psicología, pero sutrla, porqa.e est'\ba
convencida de que amaba tiernamente á. su nuera, y de que, en cambio, no había recibido u1As
que pruebi1s de ingratitud, ó á lo menos de rebeldía contra su autoridad.
La sef1ora Le Clercq, se sentía pues realmente
desgraciada.
En &lt;manto á loLjo.venes,. iniciaron-un vi11je encantador, deteniéndose donde les agradaba, explorando antiguos caseríos abandonados, visitando espléndidas c1ttedrales, iglesias esculpidas
en gr11.aHo como si fuera· u.n marfil japonés, ruinas de castillos y de abadías.
En ocasiones recorrieron kilómetros por sen•
deros incómodos, cortados a. pico, c:n bruscos
descensos, para ver montones de piedra sin importancia 11lguna, y en otras, en cambio, descmbricron en lugares desdel'lados por los guías, antiguas ermitas, capillas poéticns que dominaban
con su campanario la masa de casuchas grises
empenachadas de humo.
Permanecieron por cinco dfas en una posada
de aldea; una de esas antiguits posad11.s en !ns
que hay una ensena con este letrero: «Alojamiento p1tra personas y bestias.&gt; Y se quedarou allI
porque, habiendo entrado casualmente A almorzar, se sintieron seducidos por la limpieza y la.
pulcritud, rara en Bretalia, de la hostelera, y su
figura simplitica y atractiva.
Los cobertores perfo.mado3 con Lavanda, las
alfombras espesns y obscur1ts en lo!! aposentos,
papel de tapiz !nvervsimil mostrando pescadores de calla sobre paisajes j •poneses, y en la sala, se,bre un cojín de terciopelo, unll coronll antigua de desposada. Al pié de sus balcones, por
111.s man.anas temprano, ofiln mugir A las vac11s
que iban de los eDtablos á.111. cumpiD.a.
Pasaron allí algunos días en~antadores: la primavera cantab!t en su alml\. como en el cielo azul,
y Roberto y .Maria Magdalena iban á rt!eorrer
los campos tomando el primer sendero que se
ofrecía á su vista, perdiéndose algunas veces, y
no encontrado durante largas horas, alma \fiviente. Para recobrar su camino se orientaban, ya
valiéndose de los molinos de viento que levanta•
ban sus aspas en los claros del bosque, ya buscando las veletas de los Ci\mp1t11arios entre el
sombrío de los poblados ó Yll e11 f!o fij,\ndose en
la situación 4110 respecto de ellos g:iurdl\ban los
perfiles azules de la montatia vecina.
Deliciosos momentos se desliub11n, y entonces
tué cuando por la primera vez Roberto se ·sintió
joven y plenamente feliz no pensando ni en su
profesión, ni en sus compromisos, ni ea su madre, ni en la gravedad con que debe conducirse
en todos los actos de su vida un togado joriscon•
sulto. No se sentía cohibido por Ju ridfottlas exigencias de una sociedad provinciana y era sencillamente hombre, rebosando de juventud y enamorado de su encantadora mujer, A la cu1tl apre-

ciaba mej)r sin testigos y en
este medio ambiente de contento y de dicha.
Maria Uagd11lena nstida
con 1tlgú.n trajecillo ligero estaba primorosa, alargando sus
pasos para poder seguir á su
marido, haciéodoseayutlar para salear los sotos y los vallados que abundaban en aquella comarca agrícola, primo•
rosa llevando consigo enorme
cargamento de flores, yerbas
y rnm1ts para engalanar su habitación; primorosa cuando
cansada del cami110 se sentaba al lado de su esposo, con el
rostro encendido, f ltigada. ja • .
&lt;l.eante, desordenados por el
ait·e sus hermosos cabellos rubios, animada con lit. alegda
de ser amada, sentirse linda y
Jil\cérsclo decir. Y él se lo decfo con elocuencia y sin gastar muchas palabras, sellándole A veces los labios con un
beso á la mitad de una de sus
rrases ingeniosas, ó expresAndole su pasión en cuidadosa
solicitud y en verdaderos terrores cuando 111. veía A lll orilla &lt;le algú, precipicio. En
ocasiones ib.m tomad.&gt;s de la
mano, mudos durante largos
perlodoj miraT1do con enternecimiento á los pájaros que
estaban más adelantados que
ellos, y esta reflexión les producía algo de despecho.
Una ma.f!.ana s.i internaron
por interminables campos de
tri.go, y luego, cruzando una
vereda soro breada por casta.:fl.os llegaron A verse al fin en
pleno campo inculto. Los l't&gt;·
pliegues del terreno les ocultaban el campanario y los molinos qo.e eran su brüjula or-dinaria; y habiéndose cansado
'María Magdalena se sentó,
mientr11s su marido avanzaba
á practicar exploraciones pan,. r1e3cUbrir alguna quinta ó
habl11r con algún campesino
-que los s:icara del apuro.
A poco de haber partido
Roberto, sintió ella la impre~ión de una absoluta soledad.
~ ~ ,..,_ -~ •
) ~ ~ - " ,~ . ~ .• .
Nada ml\s que el rumo:r del
f. •··~ .' --~ ':6~. -&amp;.:. r,+:.:.,..:
..,.,;11viento sobre las doradas espi•
~.•:(~,) ~ F ; . ,..,.., gas ó entre las hojas de los
~~
arboles, formando melancólico concierto al zum-Tefastidiarfa.s muy pronto, le dijo, y en cuanbido de Jas abejas y al agudo chirriar de las ci- to A mf, el campo no me seduce gran cosa.
garr11s. Un súbito enternecimiento hizo subir las
EUa lo vió sorprendida.
lágrimas á sus ojos al considerar que era una mu-¿Qué, no te parece admirable?
jercita dulce y amorosa y que se contentaba con
-Sí, por algunos días y siempre que tenga A
sentir sin filosofiir sobre sus sentimientos.
mí lado A una María. Milgdalena elegante y linda¡
La. calma, la. paz inrinita de estas agrestes sole- pero a. vuelta del tiempo basta tú misma cambiadades, la penetraron de un modo grato y experi- rías convirtiéndote en una basta y amable cam•
mentó el deseo vehemente de vivi1· allí siempre, pesina, pues á lo que creo las modas no tienen
lejos de toda sociedad, sota con su marido Aquien camino lAcil y expedito por estas comarcas.
amaba cada dfa con creciente ternura.; vivir alli
-Las modas .... ¿y tú piensas en eso? pregunPu una pintoresca casita blanca rodeados de sus
tó la. joven con indignación.
hijos y sin recibir 11 ningún extral1o, excepción
-Ya lo creo! Tu eres encantadora hasta con
hecha de Lucía y de Darlot que eran verdadera- el trajo sencillo que tienes puesto, pero que está
mente buenos amigos, eso constituía su gran en• muy bien hecho. ¿Cómo serias vestida por una
suetlo de felicidad. Ya no más casa suntuosa, ni costurera de 11ldeal' ¿Y usarías zuecos? Porque
día de recepción, ni banquetes, ni suegra: la.natu- en invierno estos andurriale3 deben quedar imraleza, lecturas serias, música y Roberto, y no se posibles! ¡No! la soledad es bellll A r11tos 1 en tannecesitaba mAs para ser enteramente reliz.
to que h sociedad tiene ventajas y bellezas ¡,erDur11nte lo menos diez minutos, Jiiaría Magda.- sisten tes.
leca !oé la perfecta heroin1t de una novelll ingle:Uohina y contrariada María Magdalena se casa, teniendo por único deseo el atractivo de la lló. ¡Ou:ln lejos est.aba de elJa Robe::-t1 con todo
vida rústica y las alegrías sanas de la materni- y que tenía las manos entre las suyns y que con
-da d.
gran sorpresa para una pastorcita que pasaba por
Roberto reapareció 1rnliendo del campo de trigo allí a. la sazón, tomó A 11Iar!a Uagdalena en sus
y dlcitndo que acababa de distinguir á lo lejos brazos y se puso A besarla tiernamente.
los techos rojos y !ns chimeneas de uoa quinta.
Pocos momentos después almorzaron en la
En esos momentos vibraba apenas, y apagado quinta ó mt&gt;jor dicho devuraron conferoz apetito
por la distar.cía, el sonido de las campanas de la y riendo de placer, too radas de pan negro cubieraldea.
tas de mantequilla salada.
- ¡Qué pensativa estas Magl
La sala de este. quínta era admirable b!ljo el
Ella le relató su tierna bucólica y él la escuchó punto de vista pintoresco: de las vigas que sostesonriendo.
nían el tejado colgaban racimos de cebollas, ve-

15
lAs, yerbas secas y jamones tef1idos de negro por obra de las
moscaE; encima de la gran
chimenea de piedra había,mny
enfloudo con rosas de trapo
descolorido, un Santo Cristo
con cara de facineroso v una
dolorosa erizada de pÚilales;
un lecho en forma de nicho y
en el ca.al parecí!\ que se debfan ahogar los que allí durmieran; bancos á Jo largo de
las paredes y un montón de
basuras en un rincón donde
escarbaban y picoteaban ga•
lliñas, pollos y cer.dos. todo
esto formaba un conjunto en
que la limpieza brillaba por
su aust&gt;ncia. El patio de la.
quinta estaba tan lleno de estie1 o,l y p11jn podrida, que habna sido neceeario ponerse
zancos para cruzHrlo sin peligro.
Las gentes que estaban viviendo allí casi no comprendi,rn el .francés y se expresaban entre af en ese dfalecto
bretón que paree~ como arrastrar guijarros entre sus silabas
sonoras. .Algunos chiquillos
barrigones, sucios y desgarbados cuy-03 ca.bollos amarillos
y lacios les caían sobre loa
ojos, andaban por allí y se
quedaban con :a boca abierta.
contemplando A los extranjeros.
Toda estirpipiolera andraJOSa, con sus patitas socias
hundidas en zuecos burdos,
era curiosa y r.impática por el
aire de ingenuidad que se les
observiiba bajo la mugre.
Un poco descorazonada de
ese metlio ambiente, María
Magdalena 1tbrevió el almuerzo, y tomó todavía sintiendo
buen apetito el Cllmino de su
posada.
:Mientras que sus amigos recorrían los campos y hacían
amistades con los naturales del
país, LuciaHimley pilltaba en
su estudio. Había descubierto
un rincón de landa salvaje
donde abundaban las rosas v
los juncos que la entusiasmó
para una acuarela A cayo trabajo consagrab1t sus días, juzgando ademAs útil y discreto
dejar á. Roberlo y i\ su mujer
solos y libres para pasear cuanto quisieran, libertad que no habían gozado nunc11.. Era muy
oportuno no interrumpirlos &lt;'n su verdadero villje
de bodas, en el primer cuarto de su luna de miel,
ya que tan poco tiempo iba á durar, pues pronto
tendrían que emprender el viaje de regrns') A
Montpazier,

Ellos 1tgr1tdecfan comprendiendo sns móviles
la reserva de la joven inglesa y se reunían con
ella muy contentos ú las horns de comer. La velada la pasaban enrelerir detalladamente sus impresiones del día realzAndolas con ingeniosas
observaciones, y Lucia que amaba realmente á
Magdalena, pensaba que los dos esposos despué:1
de haber s11bore11.do los encantos de In libertad,
no consentirían que 1,e les volviera á poner bajo
tutela y tendrían vnlor suficiente para sacudir el
yugo de la viejll re~istiéndose con respeto, pero
con firmeza Asutril' autoridad de carácter tan absoluto!
Pronto tendremos noticiits de ella, se dech. la
seftorita llartley, pues lo mismo que yo, la st:i\o,
ra Le Clercq debe lijarse en quelevaácostargran
trabajo recobrar el imperio que ejercía sobre su•
hijos y de seguro que los va á, llamar. Pero ¿con
qué pretexto?
En efecto, correspondiendo á. las previsiones
de Lucía, tr~s días despué, de su instal11ción en
la aldea llegaron las noticias esperadas, y cuando la j•Jven pintora descen.:lia de su aposento cargada con su caj~ de pinturas y su sombrllla, la
hostelera le entregó una carta dirigida a Rober-

�16
to y con el sello de correos de Montpazier. Esta
carta era evidentemente de ltt suegra. -Esta carta no es para mi, dijo.
-Efectivamente, pero la eetlora y su esposo salieron antes de que viniera el cartero y no volverán tal vez á almorzar por lo que pienso que si va
usted á reunirse con ellos puede darles Ja carra.
La seflorita Hartley reflexionó un instante y
luego, guardAndose la curta en el bolsillo tomó el
camino de la landa donde se puso A pintar.
Por la tarde vió re6?resar á sus amigos abrumados de f11tig11, llfaría ~Iagdalena colgada del brazo de su marido trayendo ramos de flores, despeinada. riente y feliz, y al pensar en la carta quu
-para ellos tenía no pudo menos que suspirar. Esto lba á ser como un ch¿tparrón e11 pleno estío; ya
no más risag, abandono y amor. Llegaba el lrio
llamamiento A la realidad.
-Dejémosles siquiera comer tranquilos, se elijo
para su sayo, y no hizo alusión alguna al co•
neo.
La comida fué muy alegre. María Magdalena,
que tenía una linda voz de soprano un poco aga.da, Cllntó á. la hora de los postres como se buce
en las bodas de aldea. Luego tocó su turno á
Lucia y por último á Robeno quien con gran sorpresa para su mujer cantó unas coplas alegres.
Verlo ser joven, reir y perder so. rigidi:z y su
reserva acostumbrada, era parn la joven esposa
un motivo de e.regria sin límites y hasta ser.tía una
especie de orgullo s11.tbfecho.
Tal como era allí, su madl'e lo habría condenll•
do, pues no tenía el aspecto de ser heredero único
del nombre y los millonPs de los Le Clercq, ni 1:l
primer abogado de los Tribunales de:Montpazier,
sino simplemente Bób, el marido de Mag, A la que
amaba y se lo decía á gritos; que salía sin ga.antes, Itlmaba en una pipa ordinaria. y andaba ves•
tido de color con facha de un estudiantil:o en vacaciones.
Las gentes cuyo carl'icter se enea.entra comunmente comprimido, son más e:xlluberantes y expansivas que el resto de los bu.manos cuando se
presenta la ocasión, y esto era lo que le pasaba á
Roberto A. quien el amor de María :\lagdalena le
infandia una gran afición por los goces campestres.
-Es una fatalidad que wdo esto se vaya A terminar tan pronto! pensaba Lucía sin tener el valor necesario para darles la carta.. Ah! ¿por qué
Hoberto tuvo la enojosa idea de escribir á la viej!l y darle su dirección? ¡Qué imprudencia! Pero
después de todo la carta bien podía sufrir un retardo! es tan defectuoso el servicio de correos!
Ya se lRs daría al día siguiente y ~Iagdalena le
r~compensaría con un beso esta buena acción.
jJ dia siguiente Lucía se levantó muy tarde y
no vió a la hora del almuerzo á. sus amigos que,
como de costumbre se fueron a] campo á pRBear.
Despiertos desde que comenzaban los ruidos matutinos de la posada, se ase~ban rápidamente, se
vestían y se lanzaban al camino. Como ese día la
señorita Hartley no almorzó con ellos, se retardó un poco más la entrega de lJ. carta.
Por la tarde se celebró en la aldea una boda
de campesinos; los tres amigos conca.rrieron :Ua.
ceremonia aceptando la invitación que les hizo
la posadera, y tuvieron el ga.sto de verse entre
gentes que se divertían con todo su corazón.
Después de una comida abundante, todos los
jóvenes se pusieron á bailar y los viejos t\ jugar
al dominó y á vaciar tarros de eidra.
La llegada de extraflos causó de pronto una·
impresión de cortedad que por fortuna pasó rápidamente; y la orquesta, formada por unos cuantos músicos ramplones se puso A tocRr aires de
cuadrilla y el baile llegó á la mayor animación
y regocijo.
Había sin embargo en la reunión un joven pasante de notario, que llevaba corbata color de
rosa y zapatos de charol; el cual decia que sabia
valsar y aproximllndosc A las sefloras les conversaba con desdén de las danzas populares.
Se pidió un vals á los múo.icos; Roberto invitó
á Lucía y el joven pasante á :'![arfa .Magdalena y
dejaron atónitos á los campesinos bailando al son
de «Lae ondas azules del Danubio.»
Luego vinieron las cancior.es bretonas, cantos
de bodas con un ritmo t1m plaflidero, que Si, habrían tomado más bie11 por ca11tos de m11erte.
Los tres 11migos pasaron unas cuantas horas
allí que ]es fueron positivamente gr11tas. LuciR,
que llevaba siempre consigo un álbum de mano
tomó alguncs apu.ntes, y Roberto y 'i\1arla )lag-

dalena observaron que en su propia boda se h:'\bían divertido mucllo menos.
Volviendo á. la posada, L1..cía tomó la resolución de entregar Ja carta pues habría sido indiscreto conservala por mayor tiempo y se propuso
cumplir este penoso deber en la primera oportunidad que le pareciera propicia. En esta vmud,
al día siguiente después del almuerzo y cuando
los dos jóvenes se proponían salir para visitar
una iglesia antigua que tenía inscripciones latinas y curiosos detalles arquitectónicos, la sel!.orita Hartley les dijo:
-Antes de partir seria bueno que leyeran una.
carta que vino por el correo.
María M11.gdalena palideció y Roberto frunció
el entr11cejo: en un segundo, la cara de los dos
cambió de expresión y tomó el aspecto de a.na
profunda inquietud.
-La carta es para. usted, }lag.
l\Iaría llfagdalena rompió el sobre y Lneía, si,
gaiendo en la cara de su amiguita las sensaciones que la lectura le producía, pensó:
-Si, se les llama. ¿Pero con quépretexto? l\Iarfa Magdalena, después de un veráaiero t:sfuerzo
recobró su sonrisa, una sonrisa bastante forzada
y presentó la carta á su marido. Luego, dirigiéndose á. Lucía, dijo:
-Nos vamos á. ver obiigados1 querida amig11 1 •
A dejará usted que continue su viaje sola. La se•
ílora Le Clercq me escribe que mí padre va A
llegar á Montpazier el W, es decir, dentro de
dos días y es necesario que 1 su llegada estemos
allí. Por cierto que tal visita es súbita é inespe•
rapa.
-En efecto, contestó Lucía con intención,
cuando hace menos de un mes estuve algrmos
días en París vi a] Doctor de Bois de Saint liarcel y me dijo que tenia el propósito de ir A pasar
loe meses de Junio y Julio A Escocia con uno de
sus amigos, el setl.or Mac Cbaverhonse. ¿Le pidió usted que viniera?

17

EL OBSTÁCULO.

"EL MUI\'DO JT..tJSTRA.DO"

-No: seguramente mi suegra fué la que Jollamó.
Las dos júvenes se miraron con el mismo pensAmiento y un pliegue de disgusto se marcó en la.
frente de :María ~[agdalena.
Roberto que habí11 ltído la carta, veía maquinalmente el sobre con aire contrari11do.
-Ah! dijo, la carta llegó hace tres días!
-Sí contestó Lucía con much11 c&gt;1lma, pero
como ;oy una aturdida, me la entregaron antier
en el momento en que salía. á mis excursiones y
no me volví á acordar de ella hasta hoy.
-Es de sentirse, porque podríamos haber hecho algunos preparativos para recibir 11! Doctor.
-Oh! no tengan ustedes cuidado, interrumpió
Lucía, la t;etl.ora Le Clercq los hará. pur ustedes .
La comida acabó de un modo triste y muy diferente de como había comenzado.
Habiendo salido Roberto i\ anunciar su parti•
da A la posadera y A procurarse un carruAje qa.e
le condujera á la más próxim.i. estación, las dos
jóvenes se quedaron solas por algunos minnto3.
~faría llagdalena pal'ecfaprcocupada: recargada
en el !lntepecho de la ventana abierta, veía sin
verlo el paísAje ya familiar t\ sus ojos, las c11sas
baj1\s de la aldea dominadas por el esbelto campanario de la iglesia, los campos cultivados y el
horizonte azul tras d~ cuyos límites se presentía
la mar.
E\Jidentemente pensaba en la earta que acababa de recibir y analizaba los hechos preguntAndose por qué su padre que debía estar en Escocia se hallaba en cammo para .Montpnzier y por
qué la seftora Le Clt!rcq le había llamado justamente durante la ausencia de los dos esposos, lo
cual era un medio infulible pura abreviar su
viaje.

EL OBSTACULO
NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D'ARTHEZ-llustraciones de nuestros talleres.
VJllRSION 11:SPAliOLA. DE 11.EL HUNDO ILUSTRADO"

Número 3.
Pensamiento peligroso: la mano firme que los
tenia cogidos se estrecbaba convirtiéndose en
.garra, y la voluntad de María Magdalena fortificada. por los días de libertad que había gozado
comenzaba á revel~rsP.. ya DI) bajo el imperio de
esas ligeras con1rariedad.• s que suelen producir
le B contactos de la vida diaria, sino friamente en
toda la plena tra11qu1lidad de su eepfrim y su
razón.

Y sin más explicaciones, e1oprendió el ttrreglo
de los objetos de su uso en la malet I de viaje
que estab!l abierta en medio dtl aposento,
La sefloríta Hartley se retiró al suyo parl\ ha·
cer también sus prepatativos de marcba. y n f!exionnr sobre la situación.
Esta mujer á quien temíala sefl.ora LeClercq. te•
nía una romplexión enérgica~ aventure1 a, y aunqa.e adornada por el enCllnto de la rogs perfecta.

en cuyo fondo brillaba como un espejo el 11gu '\
fresca y azol. El brocal de ¡:,iedr11s grises bordado de musgo, de enredaderas y de plantas p1m\sitas, estaba coronado por un11, gruesa pole!l en
que corría la cuerd11; inclinándose sobre él. se
sentía g lacial humed&gt;1d y se aperciblR en las pro•
fundidades obscur/ls un pedazo de cielo azul quo
pareefa caído en el f,1odo de tma cuev,i.
Lt\ seftorita Harth,y se apoyó enel brocal y dijo:

- Espero, dijo Lucía con el fin de i11tnrumpir
el curso de estas reflexiones, qt16 dentro de algunas semanas podrll usted recomenzar su viaje y
venir á reunirse conmigo en Tregastel: yo me
-voy aUA directamente ahora qu'e y 11. no llevo conmigo buenos amigos que me hagan agradable el
camino mAs 111.rgo.
María. }Iagdttlena sin volverse, sacudió tristemente la cab".lza.
-No dijo, no iré á ver Austed á Tregastel porque lo :011s probable es que no me será permitido
y hasta me figuro que de lo que se trata es de se•
pararnos de usted, porque no se la ama y se teme so. infla.encia.
La set1oritn llarth,y contestó riendo de una
manera forzada:
-lltag, mi qu .. ric111 M11g, no hn~le usted con
tant.a tristeza ni tome el tono elegiaco de la Joven Cautiva de An1iré Cbenier.
Pero esta risa 110 tuvo eco alguno.
Después de un Liirg-o silencio, María Magdalena se volvió hacia t-U 11miga y poniéndole las manos en los hombros le dijo fij1rndo 61l ella una
mirada profund11: ya éstoy ca nsada de la lucha
y quen-ía qu.~ Roberto se impuslera_de todo.

edn~ación, se dej11.ba contrariar poC&gt;I. co3n Pn los
casos gr,i ves por las fórmulus y rutinas sociales.
Como buena ioglesa estaba mur 11,costumbrada a. los !recuentes cambios de residencia, y de
consiguiente en breves mina.tos terminó sus preparativos de vi11je y bajó al salón del primr•r pi•
so donde Roberto estaba con aire pensativo tu
mando un cig11rro.
Desde 111!! se oía á María ,111gdalena que iba y
venía por las habitaciones del piso superior.
Lucfo RArrley se ACtffCó 11 Roberto:
Quisiera yo, le dijo, llablar un momento con
usted, señor Le Clercq.
Admirado Roberto por la entonación grave con
que le fueron dirigidas estas palllbras, la con•
templó con cierta inquiemd.
-Sí: es necesario 4ue le b11.ble yo A u~ted; es
absolutamente necesario, he reflexi.onado mucho
sobre esto y he venido á deducir que sigaardara
silencio por m1\s tiempo, tendría que lamentarse
irr,.media blemente después.
Roberto y 111 joven inglesa se dirigieron con
p-l.S0 lento a.l j&gt;1rdin y se detuvieron en el extremo de uo11, avenida de tilos. AIU, bJjo 111 sombra
de !1ts verdes ramas, se abrla un pc,zo profando

-Lo que voy Ahacer es enteramente incorrecto
pPro ¿no opina usted que en cierta~ circunstan•
cias se deben poner en sega.ndo térmloo lt1s vulgares conveniencias, sobre todo si se trata de una
per$ona á quien se ama y que estA comprometlda'.J
Era necesario que Lucía tuviern un verdadero
valor mortl.l pnra que continuar" hablando A pesar de la tría imp11sibilid&gt;1d de Roberto Le Clercq.
Esta cara impenetrable, de labios un poco delgados, babia tomado tal expresión de i11diferencia
que ante ella hubiera retrocedido cualquiera otra
pe• sona qa.e no fuese Lucia fü!l'tley.
Pero ella tenía la serenidad de la audacia y en
este caso se sentía sostenida por la convicción
de qa.e obraba bien y de que se hacía preciso intent!U' todo esfuerzo A tin de que Maria Magdalena ee salvara. Contaba además con que la cortesía de su .interlocutor le serviría de apoyo, y
presentó su pensamiento en estos termines:
-Cpmo n~ quiero, sefl.l)r, enred-1rme en largos
preámbulos, ll'é derechamenteal asunto. Está usted
segur11 de la amistad que me inspira Maria I\Iagdalena, y este semtimiento es el que mu mueve , hacer lo qa.e bago. Yo la eonozeo mucho, y bajo ciertQS puntos de v ista, mejor aún de lo que usted la

,(Co11fi11uard.)

�18

puede conocer. Es una mujer dulce, tranquila,
11fecmosa que tiene horror al ruido, á las discu•
siones, y por tlll de evitar querelJas, sufrirá. lar~o tiempo y hasta pr1JcurarA siocerament~ sacri·
fic11r sus ~u tos en interés de la tranquilidad
domésticn. Esto es muy bel!v, y much1\s am!g11s
mias no serian capaces de e~luerzo semejante,
pero .... ha y un pero .... cuando ella llegue 1\
convencerse Je que la paciencia no le irve de
n1td11, cuando ve&amp; que su sacrificio volunt1uic, se
califica como justo y niuural, se ejercerá. en su
ánimo una reacción. ¿No ha visto usterJ nu.nca á
Mag en un momento de cólerai' Yo si. ... una sola vtz y me acuerdo muy bien del suceso; me
acuerdo que tuvo la entereza de romper con personas que vlvfan en su i11timldnd de de hacia varios afl.ol! y nada, nada pudo cambiar su determinación de no vol ver i\ verlas mas. Maria ?-Ingdalena tiene una energía y una firmeza de resoluciones que u~ted ni siquina ha sospechlldo, puesto
que apenas la conoctó antes rte su matrimonio.
Roberto, comprendiendo muy billn el sentido
de las palabras de 111 sefl01 ita IJartle:\T, y sabiendo cual era la tiranía A que estaba haciendo alusión, era presa de sensaciones complexas. El taml&gt;ién abrigaba la idea dr que su madre nnliric11b11,
demasiado á :María M'agdalena, él l!lmbién pensaba que con esti.. carta en que los babi,\ llam.1do
re11nudaba la peMda cadena :i. que los tenía sujetos, pero le habln eontrariatlo que la sel"lorita
Hnrtler tnmbióa bublera observado esto, que se
hubiera atrevido i\ hablarle, A decirle lo que estaba dentro de la propia conciencia del mismo Robe no, y ni uún se explicaba bien i\ bien
los móviles que 111 h11bfan t:mpujado a esta
extraña confidencia. Además, y esto era lo
mAs important&lt;: ¿Maria ~Jagdalena tenfa. en
efecto esn ob~Linación y esa enegía con que
l11 sefiorita llunJey parecía querer amenaz11rlo?
Trató do sonrcir con cierta ironía, y dijo
acentuando mucho sus pnlabras:
-En erecto, sefloritá, yo no sospechaba
ni remotomenle que mi mujer tuvierauncll.rileter tan desagradable, pues uo la coñócía
mí1s que colilo amable y encantadora y quiero i.:reer que usted exagera sus defectos.
Lucía ll11rtley le miró seriamente.
-Oh! dijo con mucha cnlma. lle aquí una
cosa que no es digna de usted. No esperaba
que a.rectara usted no comprender lo que le
digo. Usted puede condenar mi atrevimíen•
to de mezclarme en nt:goeios que no me
conciernen, pero me conoce usted lo bastante para saber que si obro así es porque me
creo en el deber de hacerlo.
-Estoy persuadido, sell.orita, de las excelentes intenciones de usted, pero creo que la
ban llevado un poco lejos.
Lucia se volvió y dió un paso para alejarse de Roberto.
-Ya lamentará 06ted algún día, le dijo,
esta altiYez injusti!icada ....
-G-Qué día, en qué circunstancias?
-Cuando María Magdalena, definitivamente
cansada, se separe de usted para. regresarse á la
casa de s11 padre, si su padre la quiere recibir,
día que, se lo advierto A usted, no estA muy lejl\n0.
H.oberto se puso encendido y sintió que le palpHaba violentamente el corazón A la idea de que
tal cosa pudiera llegar Asu.ceder; de &lt;10.e en efecto :Mag, su querid.~ lfag se resolviera A abando·
narlo á causa de 11lgunas querellas fl'itiles.
-En resumen, d'jo con el tono de un hombre
que A pesar suyo ace;:,ta una d!scusi~n. ¿'.\[aria
:l\lagdalena le ha indh:ado á usted algo sobre sus
intenciones?
-Nada, absolut1tmente nada, se apresuró á de•
cil' Lucía. No se imagine usted que sil esposa
puede ser capaz de desahogarse en recriminac:ones. Yo soy la que he visto, he observado y he
deducido :o que usted con todo y que es el interesado no ha podido ó no ha querido ver, observar ni deducir.
-¿Qué ha visto usted? Expliqnese.
-He visto que Maria l\Ingdalena, jovial en
otro tiempo, se ha entristecido notablemente y se
mantiene en unll reserva que no le es natural; he
Yisto, por mi mismll y á cttusa de mil peque.11a3
circunstancias duritnte los pocos días que pa§é en
?i[o11tpazier, que el'a no está en su t:asa ~ino bajo
las órdenes de otra persona, llena Jtl cualldades,
eso si, y me apresuro á reconocerlo, pero estas
euAlitlades no impiden que mi amiga, después de
hab~r sido libre en la casa de su padre, se en-.

F'L OB"'TÁCCl,O,

cuentre ahora, ya casaia, sujeta i una tutela severn y estrecha. Esto es exactamente al contrarie, de lo que les sucede á todas las demás. Siempre una joven desea ser su propia duell.a y ase•
guro A usted, setlor, que si ro me hubíera visto en
la situación en qne se halla ~larfa Magdalena, no
h11brfa tenido la faerza s11ficiente para reprimirme como ella lo ha hecho hasta aquí.
-¿Y qué es, pues, lo que habrill 11sted hecho?
preguntó Roberto, tanto más il'ritado cuanto que
en su fuero interno reconocía que la inglesa estaba diciendo la verdad.
-Habrfo suplic11do A mi marido que me proporcionara un hogar mode:ito, pobre 11i era preci·
so, y si no podía d 1rme más; pero en el ca.al yo fn~ra la ama y ta.viese derecho de dar una ordensm
exponer~e A reprimendas que no se reciben sin
protesta més que cullndo se es una chiquilla. Yo
preterida la más humide choza, hasta sin criados
pero mía, en vez del palacio suntuoso en que tu·
viera nn11 falsa posición.
-Y sí su marido de usted no hacía caso de se•
m1ij1mte reclamación~
-Me daría, A lo que c~eo las razones desune•
gativa.
-Es posible ..... .
-Y pienso asimii;moquesimi m11rldomeamaba,
me trataría no como á niñA. malcriada il. quien se
envía A la es!uela apesnr de sus grit~s,si11oc;mo
á mujer inteligente, y que tendríll á bien explicarme por qué ru.:&gt;tivo se me condenaba á soportar
beneficios pagados á tan alto precio como lo es

-la 1tbdicaeión de toda voluntad y de toda dignidad.
El tono de firmeza tranquila de Lucia, llamó
lti. atención A Roberto que arguyó todavía.
-.Mi madre ama sinceramente á Afaría Magdalena.
-Estoy conyencida de e~o.
.
-.\.sí se lo ha probado en todas ocasiones, teniendo hacia todos los deseos demi mujer la misma indnlgencia que habría tenido una madre.
-Lo sé y eso es lo que hn dado A mi amiga va•
lor para sufrir por más tiempo del que habría sufrido sin esta circunstancia.
-Pero usted exa,:era lasituaeión actual IC\ mis•
mo que :as peqllefl.as ditereneills surgidas entre
mi madre y mi esposa. La se.nora Charmon foé
111. causa de todo esto y ú estas horas ya la seftora
Charmon debe eEtar en Inglnterrra. ó en momentos de partir par11 allá, lo cual es un sacrificio
que mi madre hace A s11. nuera. ¿No convieneu.,,ted en eso.
-Sin duda. Pero puesto que usted tiene buena
voluntad pina discutfrconmigo y puesto que la discusión es muy interesante por tratarse de la dicha
de una persona Ah1 cual amamos loR dos, me creo
en el debe1· de confesar á usted que esas pequei'!.as
diferencias, comou•tedlaseitlifiea, me han pareei·
do demasiado seriits por el estado de Animo de las
· dos mujeres entre 4 uiene3 surgieron. La Sra. Cha.rmc,n nohasiuo m:\s que un pretexto que ha permitido:\ esos dos csu·acteres ver que no vinieron
al mundo p11ra entenderse. La sei'lora. Le Clere':I.
tiene el sentimiento exacto de su valia y el hfl..
bito de la dominación: quiere y con justicia, rei-

nar en su casa incluyendo en su casa A l\Iaría
.Magdalena, y pllra que estu~iera content!\ se n~cesitaria que su nuera se re;;1gnara ó plrgitrse sm
discusión A una obLdiencia muy dnlca t11l vez pero ajenR !1 loe derechos &lt;le qc.e debe g~zál' una. esposn. Xo! La. seno.rn Cbnr1;11on no es naua, y un~
vez quu hll)' a pllrudo surgirán de otra p11rt~ la,.
diticul.ade11. Fíjese ust ·d en este. ll1tmaro1ento
que se les ae&lt;.1b1l de hacer: la se1iora Le Cll!rcq
ba pensado 4.ue tra c~nveuiente invitar al Do~t~r
d 3 Bois 8,linc 1forcel JUsLawtmte durante ul viaJe
de u~tedes y en la úuica oport11nid1\d desde su
casamie11to que hun tenido para estar solos. ¿~o
es esto muy signlricativo?
Lll primera parte de este 1·azonamiento había conmovido ARoberto¡ la conelutiión lo h1stitnó protun•
damente. La diplomacia inva:sorade su madre que
ya había empczndo A sospechar en lo intim,o de lit
conciencia, rué sac11da A plena luz por e\&gt;tll rntrus11
que se atrevía A pregouar en voi alt!l su descubrimiento. Se irguió entonces, y con acc,nto de
u.na cor,és Iriiüdad dijo:
-A,..radezco 1\ usted q.1e haya hecho lo que usted supuso que podría stJrme útil y we propongo
reflexionar a.cerca de sus iudieacionei,, aunque
abrigo la convieeión de que usted ve las cosas de.
un modo exageratlo. m madre y ~laría Magdale•
na me aman lo bastante para abogar si los tienen
sus insignitieantes rencore~. Por otra parte, mi
madre ql1eriendo domir,ar estA en su derecho
porque s11 edñd la autoriza para tratar A l\Iaria
M11gd11lena como á, una nif'la y é~La pienso que
cumplirá con so deber de someterse á ries•
gode perderme, y no se pierde :1 un marido
con la mismi, t.tc11idad coa que se separa
uno tle cuahJuiera lllDiga aunque sea para
no vol ver á verl,1 wAs.
Lucitt Ilartlev saludó con mucha cor•
te ía y emró d su depMtamento. En ln misma tarde p11r1ió para Tregabtd á donde ya
)11 estaba esper11ndo su crrnda quti salio con
antic1 paciúo.
El Doctor de Bois f;aint )farcel era uno de
esos hombres seductores que no se rPsigrnm
nunca l\ abondonar ese papel y que por consiguiente desde que la ja.ventntl se ausenta
111\cen infinitos esfuerzos por ttparent:tr c1ue
aún está. con ellos y recurre~ á tinturas, cosméticos, corsé, pelo y distintos postizos.
El Doctor babh vivido mucho frecuentand.: un mundo peligroso pero muy n]egre. El
número do gentes lL quienel:i llamaba «mi
querido amigo• y cuyas .manos es.trecbaba
era increiblo. Su filosofía era indulgente, y
sucedió varias ,.,eces que entre esos &lt;queridos amigos• hallados en los lugares de diversión, teatros, carreras, casinos y !ondas,
11.l~unoshab!nn terminado mal¡ a.no, frecuen•
ta.dar de ba~tidores generoso y rico fil parecer, rué al fin alojado en la careé! por resolución judicial¡ otro. hombre político, po·
co escrupuloso, sufrió condena por prevaricato,
otros, periodistns sucumbieron en las luchas del
rlwntaye y otros en fin tomaron por salida la lugn ó el suicidio.
Para todc.,s esos desgraciados A quienes un destino severo había sefhllado como victimas entre
centenares de reos de la misma cnJpa, el Doctor
tenia sentimientos de benévola piedad, pues con:..prendfa bien todo lo que puede el nmor al lujo y
á la vida opu.lentn, y conocía. il tondo las angus•
tias y la pobreza espantosa que es necesario ocul•
tar btijo apariencia doradll. para no -rodar al desprecio y al olvido.
Esta alegre sociedad bohemia, mezcla de fi.
nanciero~, bolsistas, polüicos, vividores, genios,
artistas é imbéciles, es 1tmable y acomodaticia;
no exige ele sus miembros sino que tengan bue•
llú figuru, un nombre sonoro, y dinero que

gastar.
El Doctor de Bois Saint Mareel coniaba con
una. motlcsta fortuna qne tuvo buen cu~dado de
no dilnpidnr ni comprometer, y su noblezl\ era
auténtica por mits que no fuera de las mAs encumbradas, Jo ca.al sabia deefr con negligenci11
encantadora que realzaba mucho sus mérltos.
Te, ia una bella presenciii, y sus modales de
agradable suficiencia sol&gt;tenidn por un talento
brl1lante, le daban ese poderío mas grato A las
mujeres, que una grnn hermosura ó un mérltosu¡.&gt;Prior. El ideal d~ mucbns es un homlire espiritunl} fino, de frente despejada, lentes, &lt;lenmdurn blR.nca y bigotes atuzRdos, y ol Doctor corres•
pendil'&gt; 1\ este ideal durnnte muc!!o tiempo con
gran beneplácito suyo y de sus ámigas y conoei

dos, pero no por eso se volvió fátoo y como era
via.~o y elegame, agrR.daba más de '10 rPgolar.
D1ve~sas amantes y amigas lo recom1&gt;ndaron y
protegieron, y aunque su bagiije cieulífico tuera
tan poco voluminrn,o como su fortuna obt11.vo el
n~m_hrami_e11to d~ médico de dos grn1ndej negoc1ae1011es 10dustr1ales 1 y se formó un!\ clientela
de dnmns cu vas neurobis y jaquecn:1 comba con
tacto exquisito, grncias A todo lo cuitl pudo vh-lr
del moú.o que lo era mils gralo: di viniéndose mucho y trabajando poco.
A su bija In quería mucho, es cierto, pero con
la suma de ciu ülo que puede profesar un e"'oista
que ante todo se quiere ú sí mismo. Pero ºcomo
en re11lidad )fari!l Magdalena era cautivadorii,
elegante, linda y ei;piritual, lo 11gradaba. tener
esa bija A la cual biza educar por una senara
maclur11 y mur discreta que la llevabn A los lllU·
se~~! A l11s carreras, á 111 cab,\ de su profesor lle
mus1ca r á la ópera cómica. También la confiaba A vece3 á al~unas damas amigas suy11s cuidando de escogerlas con mucha escrupulosidad, por
que nunque todas las mujeres de rn mundo fueran igua(mente amables y 1:ncRnt11doras, no todas eran igualmente recomendables
El sei'lor de Dois Saintlfarcel, hontbre feliz pn.ra quien la vid~ había sido clemente v dulce
llegó 1\ 111 _edud m11durn cnsl sin dejar de agra~
dar y snphendo sus humos de con-quistador por
el aspecto de un amigo serio, co11fide11te nfeetuo•
so, papel del que sacaba maravilloso partido !iOB·
tenido por su espírítu ligero.
lfabfa conseguido eliminarse de lns combates
juveuilcs sin envejecer; no era uno de esos comparsa,¡ de tragedia, enojosos Theramenes incapaces de 11bonl11r uunea más nito empleo, y aunque
estaba bien conveucido de esto, se retir11ba por
propia voluntttd :\ un segunda t~rmino donde se
le n,a :\ buscl\r para hucerle pateme que toclavin
podinser amado mejor que ou·os muchos, mils jóvenei.:, pero menos inteligentes y ngrables.
.A.si puei1, su situación mundana permenccía
intnetR; tenia siempre invitncioTies de diez castillos diferentes de todos los puntos de Europa y
podía, á su capricho, ir al Norte ó al Sur, A Bretafta ó A Escocia, á las campi.11ns de It111ia ó A las
es1cpas de Ros.is, Tenia. amigos en todas partes.
Es muy común qu~ entren A esta socied~d flls•
tu.osa. y atraciiya, jóve11es pe1·teneéientes A eleYll·
das noblez11s y fortunas extrirnjeras sin sospechar ~l oropel de lo que los rodea, y de estos de
Bois Saint ;\lnreel fué siempre intimo amigo. Entre ellos pudo e~coger para casar fl. su hija con
un título sonoro aunque no tuera suficientemente
auténtico, 6 con algün derrochador de dinero y
de idens fastuoso como un comerciante america.
ro de jnmones ó de petróleo: pero prudente en
esto (como lo había sido en tantas otras cosas con
todo y su ,,pariencia insustancial y líger11) prl'fi·
rió aliarse á 11na familia de buena y rie,--a burga.esia, seria á la vez, inatacable como origen, hono•
ra bilidad y r,.Jaciones.
Las amigas de María Jifagrlalena la compade•
cieron porque iba A enterrarse viva _en una provincill, pero no consiguieron hacel' vacilar su inclinación. llabia que decidirse ó bien á la incertidumbre del porvenir entre las gences que frecuentaba su po.dre, duques contrllhechos y millonarios probleménticos, ó bien 111 porvenir as{'gu,
rado y la consideración públicll afü,nznda en uoa
ciudnd en que la esposa lle Uoberto Le Clercq
flgurarfa en primer lugar.
A esto último fué á lo que se decidió. Y era
necesario que l!Bta familia de provincianos honorables fuese muy ignorante de lo que e3 l1t vid,i
de París, para ir A buscar una alianza en la sociedad fantAstica á que pertenecía el Doctor Bo1s
de Saint Marce!.
Un parisiense no se h11bria atre\·ido á. tanto, pero
Robeno que babia cometido una imprudencia. casAndoseen semejante medio, mvo la h,esperada fortuna de e1&gt;coger A )faria )lagdalima que tenia
fondo serio y gran lcalLad de earAcLer. Segura•
mente que entre todas lns jóvenes do su socieda.d
no había una que la igualara, pues en :,U naturaleza, hecha de honradez tranquiJa y horror A las
aventuras, había mucho de atavismo según pre•
tendía el Doctor.
La Madre de Marfa )Iagdsllena habfa sido una
burguesa por la rnza, las inclinacivnes y la'3 coe-_
tumbres, y d tspués de su muerte fué cuando de
Bois Snirrt Marce! se lanzó en definitiva á una vi•
da q11e sin duda habría des11gradado á su mujer.
El Doctor se casó un poco por amor y mucho
por que su ¡,rometida era hija de un grun prof~-

sor de la ~'acultad de :\Iedicína mu.y instruido,
mny influente y qne podría impulsar !\ su yerno
A posiciones envidia bles.
Desgraciadamente el profesor murió casi inmediatamente después del matrimonio de su bija¡ r Bois de Saint ,cucel que no tenia ni valor ni
voluntad de llegar al éxito por el ea.mino del trAbajo, buscó cn los salones el apoyo que le hacia
falta; y no pudiendo llegar A grande hombre, se
conformó con ser hombre A la moda, y no pudiendo llegar ñ ser autoridad médica, se resignó
á ser un médico de t.efioras.
Cuando su hij1 se fué á provincia, casi no le
hizo !alta porque como su género de vida era po•
co domésLicn, apenas se apercibió do su ausencia. Tenía la costumbre de almorzar en el Joc•
key Club todas la:. matianas.y comer en casa de
algún amigo todas lns noche~. costumbre que con
mayor razón conservó cuando no teniendo yn
que proteger 1\ Maria Magdalena, se Yió más Ji.
bre y gozó con delieill de e ta liberud: además,
ese 11111.trimonio serio le babia eh•vado d los ojos
de ciertas gentes y le h11bfa quitlldo A él mismo
inqllietudes que apesar de. u despreocnpac.ón
natur11I le asaltaron en tiempos i,11sados.
Cuando so hubiera hecbo d1u11asi11do viejo para.
continuar esrn vhla de movimitinto, cuando no
tuviera ya ni diente,, ni cabellos, ni gracia, cuan•
do estuviera abrurn11do por e: reum1ttisrno, la gota
ó la dispepsia , tllill&gt;1ri•1 un buen 11id11 perreetamente preparado en dn11tlc tnmi11Ar su vida tomando
tisnnas ycuida,todc u11a mun,·r,1 co11fortable, ventajas tOdlls qu,•1 o t,, lrnbier,, podido proporcionar
su mediocn~ r,,r1um1 µ .. rson11L
En lugar, ¡.111e , rt • n111t l'"no~a pobreza final,
podría bttstll. l.1 mi1ttrc~ gozar dt!l lujo A que estaba h~ hllU!1do .r tp1~ i;.., ¡,. h ,bfa becho tlUl necesario como el 11.ire r-.:s¡Jir.tl.,lc.

l!I

Con estos pensamientos, hacía gR.la de profesar
á la sell.ora Le Clercq una gran estimación, In ad-

miraba y ponderabll In fonunn que su hijP. babia
logrndo de ser admitida. á vivir con una persona.
tau perfectll bajo todos los puntos de vista en que
se la quisiera considerar. Y cuando la seflora Le
Clercq lti escribió invitándolo A pasar algún tiempo en Uontpazier, l!Ceptó con apresuramiento,
l&gt;Unque esta perspectiva no tuera muy ocasionada
á divertirse y aunque sus prPparativos estuvieran
hechos ya para el viaje A Escocia. Era el Doctor
uoo de esos seres inteligentes que una vez tomado un partido eceptan las contrariedades que sobrevengan con J.l. mejor grncia del mundo, y sabia t11stidiarse cuando erii necesario y sacrificnr
.el placer inmediato A W'a ventaja duradera y positiva.
Llegó 1 Mont¡:&gt;azier dos tlias después del regreso de su hija &amp;in sospechar que su viaje había servido para bileer regresa1 ul nido los dos pajarillos que andaban ruvolando libres y dich.osos y
cuya rebelión se .temía.
La sel"lora Le Clercq acoJió i\ su n11era con la.
sonrisa amable de mejores días y le manifestó
una solicitud sumamente a r.:ctuosa diciéndole que
lament¡•ba haberse visto oullghda ,\ interrumpir
un viaje tan agradable y pro1ue1iéndole en compens11ción para la estación próxima un Yiaje .í.
Italia cuyos gastos ella erogaría y en el que ¡naturalmente! los iba 1\ acompaf111r.
La sci1ora Le Olercq h11 bfa II provechado ll\ corta ausencia de au nuera para hacer eambi11r el
mobiliario y el decor11.do del gilbinete de tocador
de la.joven que se habfa trA11storm11do en non pieza lujosa colgllda de telas de china en las que ha•
bia golondl'inas r.egras bordadas al realce, y en
la mesa. do tocado!' una g11arnición amplia. y rica
d1: plaLa con cili1is (no nobiliarias) de.MaríaMng-

�21
d11len11. OrD11ban el aposento una gran estatua de
P11iquh 1,-n mfrmol de Cari-ar11 y un diván de los
llamados d1ai;11• l011g11, forr11do de rnso y c11pito•
nendo de oro , lod pléi del cual babia una her·
mo,i:lma piel bl1Lnca de eso polar. Este tocador,
en los de1111les y en el co1•junto, p,u-ecía haber
sido comblnitdo conforme :\ lns fttntásticas des•
cripclone de 101 no,elist11~ por entreg~s y se no•
ta h11. pllr tod-is pnrte la ex111{eraclón del lujo.
Uaríll Magd11lena que tení"' tacto flnu aunque
su guno por lo bello no estuviera perfoctamente
desarrollado, se ~intió herid:t en sus principios
ralllmeDla.rlos de estética, y se acordó de que en
otro tiemo hllbia visto un tocador por el estilo de
este en casa de una Amiga dll su p11dre, una baro•
nesa rusa lle coat"umbre~ excéntricas y qne tcnfl\
todos los tainados de una d1vR de teatro de tcrct.-r
orden.
En PI acto se le vino á la im11ginación :a figura
de ,.quelh, hl\rone a ens:\yando t-ftctoa plbticos
y po~rnrns fdinas en ut,a rhai~e l1mg11e de el mis1110 coll)r y co11 botones de oro igualmente, te•
niendo entre lo brnzos mórbidos blancos y desundos u11 P"'rrillo microscópico, en la mano un
patluelo de !llo iwo enc,1je y ea el regazo c11jitas
de dulces mlentr11s que ,obre la alfombra entreabierto y ab1Lodou11do r,¡pos11ba un libro de verso~
erótico .
}:;sll\ visión le bahill quedado fijll en la memo •
ria y la hl .-a lle p11rccer,e .í u ua mujl'r Rsf le de•
,;ag-racló, pues por mu I c11ro~ que hubieran costado los objeto~ 1111( r.-unido . el toc,dor resultaba
todo lo lujoso q,ie se 4ui.1erR, pero més apropó~i10 par11 unu elt'g11nte t!Utn,tt:111da que para uuae••
pos11 dlscrett1.
)[11ri,, )[11g-dalen11 sln1ió verdadera 811tisfacción
111 vol\•er A ver d su p11dre, pues pensaha que él,
diplomAtlco t,Util, podía IIC/150 moditiClll' el t, rado
de cos11s qne 1,, rodellbll y 1ltl~t11 se 1ttrev1ó á contar co11 él p11ril e~te objeto i;111 ref1ex;onar en ,1ue
el Doctor .-r... un atu• ble egoi~tll que ~ólo se oca•
p11ha de su ¡.,ropio bien.
Lit scnor11 Le lrrc·¡ &amp;e 11¡,oderó de él con mil
¡;r11l:ioeu frases y le hizo pic;ar muchos dLis ver•
d11d.-r11me11te crueles presentil nd,,lo A h,s damas pa•
tronas ,Je las di\·ers,1 ocledades v obrc1s de beneíicenci11 que ella pre idía. Y era p,r_,. la viej1t ml1:ouaria uo po ·itivo triunfo p11sear 111 Doctor en
visitas ofici11.lcs, eseolt, da por el E~cado ll11yor
,le las m11s venl'rnbies dam11s de la p3rroqula. lt.
tr;1'1'é3 de 10 - ho piLRle;;, orf,1.1111tarlos y hilos
que esmban A su c liclado.
El lntdiz de .Bois • llint )[,\rcel tuvo que nbistir
(1 la fíe u1s dada en honor suyo: !íe~tRs iufl\ntiles en la que c,cuAlidu:1 r1e11Rcuejos recltnb11n en
eoro &lt;1on u• a des11finación llignll de ,1u,1lquier
tea1ro de funciones por t1111d1t~ y de.rn11 ban en
proce.i~n delante de él.
::,e vió c?JU0 era de rig-or en 111 neccsi.!ad de dar
conijejoa sobre la 111imentaclón de los uin.os en la
primer edad, indicar los medio mejores para la
esterilización de la leche, y sttlalar l,1higiene qne
e debla seguir en l11s epidemiR de tosfcrin11 .• e
le ensel!ab-in, roetléodo clos por los ojos, l,d,,'s
enfermos, éticos, escroC11losob que viví •n de milagro y 1\ los cu11le~ habfo 1¡ue examiuar, pNlpar
y au,culu1r on unos depar1amentos en que apesar
del empeflo que se notaba por con erv11.rlos lim·
pio I rtilnaba un olor nan eabundo lt. medicinas,
leche v .... otras cosas!
Al Doctor le co taba mucho trabajo guardar
una aeütud amable; y cuando se le plldian recetas para esos abortos de la mlscria ó el vicio, que
tenían la sangre descom¡,uesta y el aspecto 1e•
pul&amp;i vo, sentía vivos de gritar:
- 11erpo lle Cristo! arrójenlos al rio, todos, y
11 s1 se economizarAn al ruundo machas mifterias "f
muchos peligros. Esa sí que serla devera una
buena obra en lug. r de obstinarse en salvar vidas
miserables y cri .. r candidatos para el pre ldio y
la prostitución.
Durante estas vlsitu t\ 1119 que su 11egra la obligaba á asi tlr, l!Mria Magdalena seutfa la misma
repulsión qne su padre.
En muchas mujeres, el amor 1\ la infancia en el
sentido lato de la frase no existe ó es sumamente
vago. Tal mujer que adoraría lt. au hijo aún en•
fermo y sufriente, sentirá bncia los nl:11.os agenos
mal sanos ó sucios, una repuJ ión invencible. 1:~n
esta atmósfer1l apestosa, María Magdalena se lle•
vaba frecuentemente A la nariz el palluelo empa•
pado de esencia de violetas y recogía sus ropas,
estrecbAndostl cuanto podía temiendo qne se im•
pregnaran de cuanto por allf abundaba, y deses-

per11da como una gata que habiendo caldo en el
lodo no sabe por donde empezar su asco.
Al salir de una esas se iones el Docu,r, vl'rdadtramente fatigado, tomó el brazo de .u bija y
le dij&lt;&gt;:
-Chica, vamo juntos ,un rato.
L, setlora Le Clercq, ocupllda en d11r órdenes
y tomar notas en compatlla de sns colegas, seha•
bftl quPdado dlstrafd11mente en el orfiln1\torio,
Di:&amp;de que el Doctor e taba en l\Iontpaz1er, era
la primera vez que por una casu111idad los dej11ban liOlos; el Doctor ni remotamente peusó en
provoc"r una confidencia de su hija, pues como
era rica, rodPad. de las princl¡,ales gentes do la
clud11d y ocupando el primer rango entre ellas,
con~ideraba qllfl no podfa dejar dti ser plenamente feliz.
-Tu suegra es una mujer Inmejorable .••...
IarlR )l,.gd11 li:nll no respondió mi\s que con una
mueCJ\ dt! burla.
-Buena, c,,mplsciente, llena de 11tenciones pau contigo. ¿S11bes que be que:iado sorprlludido
al ver lns comodidade:1 que hay en su Cisa? ....
ea decir, en la C11s11 de usledes ..... Lojo un poco
pe ado, pero só ido, genuino, clerlo .. e ve que su
fortun11 no es de e as como he vhlo tanta,, frági•
lt&gt;s como los llougos, que al primer \ent11rrón desapnrecen 1,in d,•jtr ni la hueJIA; que vieuen pronto
y coo la mi m,1 ¡.,ris11 se vitn. Oh! chlquills¡ qué
bi1rn te casé! L:uly llrlgg me hablaba de ti el otro
dla y te compndecfa por haber venido á provincill y ('.n urnto que hacia sus aspavientos ele l,\súma ,1 4ue firmuha pagaré~, lo c:ial e,; prneb11. de
que e es1¡\ hundiendo.
M11ri,\ )lngd;denaescuchaba di,traídamente esa
verbo,ldatl r conJucla A su padre hacia la rivera
del rlo que, sucio y cenagoso &amp;traviesa el barrio
de lo obreros: calles sombrlas formada por
c.,sas 11lt11s, órdida , de v1::nt11nas sin conin11a, de
puertas repugnllntes en 111s c11!lles se amontonabJ\
lll chiquillería harapienta, retozando con gritos
penetrantes.
-&lt;Jué esp11nto~o ropnl icho . murmuró el Doctor. lle aquí el único lado de 11gr dable de esta
ciud11d; !'bte montón de gentes r ,mé,iMs y snci11s.
El palacio de ta. suegr11 está situ-tdo 11dmirablc•
mente; el judío e bellísimo y el iuverondero de
l.iB c11meltll lnmt'jorable. Oh! te c,1&amp;é muy bien ...
perfectamente bien.
Y i;e gozt1b11 en 11u obra de un modo ,an ingé•
nuo, y í!6 mo trab:i. tan contento de haber &amp;ido
11unque Cuer11 en eso, un buen padre, que )!arfa
)lngdalen~ no se atrevin A decir n11da toda.vis. El
Doctor al!adió:
- . ·o me 11rro?plento rle haber venido, é pesnr de
lo 4uti me fastidi,tn la i•1stitucíones de caridsd,
pue esto Y enc¡1nt1tdo obsen•anllo por mis propios
ojos lo Miz que ere,i tú. Ib.t a partir p111•n E co
cía oua11,lo ri-cibl la carta de 11. enora Le Clercq.
Ya iré cu11ndo termine la vblta que hago A )lont·
p11zier. Clt1verho\He ¿te acuerdui' aquel qne te
bacín la corte y que pregonab1 que eras muy lln•
d11, es quien me ha lovitAdo y in11 reaniré con él
dentro de do ,emanas. Cazaremos y pescaremos
A sati r,cclón. Debi11 yo h11b,r hecho el viaje con
Le1111dry, el barón Carlos Leandry que toca el
vlolio y cuya mujer da fíe ·t11s en que se reune el
gran munuo p11rbiense, pero ¿ abes qué pa ó?
¡,ues que lo cogieron h11cieodo trampas Pn el
bacrnrat y le 11rmar n un lío tremendo. 1Pobre
muchacho, tan agredab!e y lleno de cnalldade !
Por apuesto fué e.·pulsado del Jockey y su mujer estA desolada. Es de una bm1lla honorab!e y
todo ti dinero de su dote desapar.. cló. Hnbo se•
parllción lle bienes y de cuerpos, pues aunque un
poco t11rde, pero , e vino A debcubrir que el barón
Carlos Leaudry no era ni Leandry ni Carlos ni
barón sino un antiguo profe or de phrno que ha
rodalloun pocopon•&gt;d&amp;s partf':s1 Viena, MilAn, San
Peter~burgo, y que se l111maba 131lnvit lt. secas,
simple y senc!llamente. Eso si que deveras es espanto.o! Yo te casé mejor; ya lo creo que te casé
mejor! llírt', tú A lo que se exponen 111s jóvene
que ee casan con deaconocldos ...... Bueno, pues
A causa de es desventurada a,·entul'a m veo en
la necesidad de hacer el viaje olo. ¡Pobre de
Leandryl ¿En qué lodazal se va A hundir? Deve•
rss que me d&lt;1. pena. Ab! lle visto ya t1111las cosas . . 1 y tiene uno que acabar por voherse
desconfiado.
·Maria lsgdalena se acordaba de haber ido va•
rías vece é. las recepciones de la casa de Lean•
dry, de haber salido en carruaje A pasear con la
barone11&amp;, de haber visto en el circulo que la fre•
cuentaba1 muchos que tenlan aspecto muy seme•

jante al do Carlos y pensó que muy bien pudo
suceder que el11l hubiera resultado mujer de uno
de esos aventureros Era pues para ell,1 una dicha haber tropezado con Roberto, haberle sgra•
dado y que él la hubiera hPeho s11llr de 11quel m,idio donde siempre e.;t11ba expuesta A promi:cuidades enojosas y lll dlsg11sto de ver figurar en la
Gcu:i:ta de lo, Tribunali:a de hov, el nombre del
amigo de arer, condenado por ést1f4 ó robo y encerrado en 111. cárcel ue Poissy .... Pero ..... ¿no
b bría medios para adquirir algo de libertad,
el derecho de vivir en su casa y obrar por s[
mlemA?
El Doctor y su bijR hablan salido de IR ciudl\d
y aegalan un camino polvoroao, sembrado de Ar
boles en los dos l11dos, CBmlno que recto delante
de ellos su perdis én el horizontJ. A su derecha
ao veían las cimas redondeada , y los m11.ci os de
ua bosqu• cilio de SRbinos y de ha) a, que forma
ban un bello umbrío.
Se dirigieron )Jl•r este lado y M11rfa l\1agdalenl\
11rmá11dose de valor, dijo con la voz un poco Lré•
ruula:
-Al mennij l,l sel'1or11. Leandrv rué feliz dw·ante algunos 11ñ ,s, viviendo la vida Que era de u
agrado.
-Bahl replicó el Doctor. ·na vida engaf\osa,
llenll do placer que r,tti!{a v emp11laga. Yo mi roo,
aquí donde me ves, e,1oy has1i.,do y decidido 1\
recir11rme ..•. dentro de algunos anos y A procu•
rarme otros medio , otros amigos y otro modn de
ser. ¡Vay11! me vendré A vivir 111¡uí. LI\ ciudad no
e antipática y puede uno formarseen ella cierto nú•
mero de relaciones agradables )" seguras .• • 1'~ o
yaes algo. Si vler!IS? )le siento un poco humilllldo
cuando A algnnus de mis 11mig&lt;'b le ocnrre ona
aventura por el e tilo de la de Carlos: p~rrce que
algo me toca de su culpa, mientra que 11q11i nttd
hay que tenwr. EHor ene ntado de que te h11,·I\
form,1do una sociedad de persona roá~ sé• ias
que 111s qne conocigte en Pttri3.
Entonces ~larla 111lgdulen,, vlt-ndo que su padre no d11ba rraws de cr,mprenderla, dijo cor, t'll•
tooacióa re uelw:
-Pue yo me fastidio, me f,1&amp;tidlo extremadalll"ntc!
El doctor la contempló espantado y notó en u
c~ra una 1::xpresfón de obstinada qull ya Je conocía por habérsela vi3to annqne rua veces, en
los casos en que habla tenido 1 él, todo un hombro, que ceder A la ,·oluntad de u hij11.
-¡(;óruol Qae te f,utldlas? B·o es una nilieria.
I&lt;;n muy poco tiempo te acoijtumbr rás ¡\ 1st vida
tranquila y grata de :Montpazier. Por otra parte
no hay mucho qne lamentar la ausenci&gt;\ de l'Mi
en donde ahora no te divertirlas ya. La m11vor
p111·te de tus 11migos hAn partidc,: la Conde~ Cs -..
ka se foé A I◄'lorencia, Lady Brl¡;gs va A regre, ar
,\ Londres bu ·endn de su,i acreedore,, Lidi 1
K11.ur11nina estA en Siria Pn compaflia de la lnc11
Condes,l Adal!fieri y la pobre Bnronesa Leaodr\"
qUt! se ha YDclto fllstiálosf ima, se pasa l,1 vict~
entre Jueces y abogados. No, no; deYeras que 110
te dh•crtlrfns.
-Pero si 110 e :\[on1pazier lo que me fRsti,l"
dijo 111 Joven 11acudiendo su cl¼beclta rubi11.
'
-¿1.,lué es entonces? Supongo que no bt:rt't tu
marido .•.... L11n pronto!
-Xo:es mi UPgra.
Vi! un bastonazo el Doctor dividió por mitad
el mlls cerc~no r más erguido ababol de lo~ que
crecl~n junto A una z11.nj&gt;t.
-Cn~rpo de Cristo! Habría ro debido prever que
dos mu¡eres no pueden vivir juntas en pa2.l Con·
&amp;idera que tu suegrl\ es 111111 dama excelente.
-CA .... 1 es sencillamente insoportable.
-Te colma de obsequios.
-Y me reduce A una tutela 11troz: no estoy n
mi c~sa sino en h. s_ttya, no se me toma en cut'n
ta para ~ada, se me ?Prime y se me reg,1ftll pc,r
todo; mis gu.stos, 1111s sentimientos mis de t&gt;l'S
son criticados, analiz11dos, corregid~&amp;. L11 bond11d
de la seliora Le Clercq me abruma: no quiero Yn
mAs obsequios suyos ni más amabilidades suy·n$
¡quiero ser dnetla de mi misma!
•
.Maria Magjalena díjo todo esto con excrcm11clll
violenc.ia y el Doctor, 11terrad:&gt;, tenla la racha de
un hombre que 11cabt1 de poner el ple en un Jn1.o
r ha sido cogido do und. manera de!lagr11dablt&gt;.
Se abrfa delante de su ojos todo un crdon du
sucesos que ni slquif1ra había so:pechado y Pll'·
guntó maquinalmente:
,
-¿Y Roberto?
,
Roberto está en su gabinete ó en su tribon11•
les: oo es un marido, sino un hombre de negocios.

Yo no he tenido oportunidad de conservarlo A
tnl lado IDA• que una semana, y la sen.ora Le
-Clereq se apresuró A abreviar ese tiempo. Por
otra parte, Roberto es un hijo mny respetuoso
&lt;tUe encuentra como muy natural que yo me somet~ en todo é. su madre. . . . . . pue1 como soy
tan ¡oven)
El Doctor habla. dejado el brazo de sn hija y
peréndose en trente de ella la cuntemplaba an•
ioao.
Se habflln detenido en el bosque en medio de
un sendero tapizado de musgo.
-Veamos, veamos, dijo con tono firme. Tú es•
tlls nerviosa y lo comprendo, pues J vista de ese
~rlmatorio os _de tal naturaleza. qne puede pro•
,_ocar nna crL1 en personas delicadas como tú.
~ o mismo no me _siento mny bien. Tan pronto
como llegues A casita, te tomas diez gotas de éter
~n un vaso de agua azucarada.
-?o es que esté yo eorerma: es que soy desgra1cíRda, replicó Muria M11gdalena, y te ruego,
pM,rc mfo, que no tomes el asunto en broma. La
~eJ1oi:a I,e Clercq, te lo aso1nro, por excelente é
rnmc¡orable ..¡ue te In figures, me oprime de UD
modo nbsoluto. [e ha procurado escenas desagrada bles consecutivas de toda especie, rlnéndome como ~ nna chicuela 11110 en presencia de extran.o . )f1rtt: escribe le A Lucia Hartley q ne vino
11qu1 durante algnnos dit1s; pregúntnle su opinión
y nri\S lo que te dice.
-Lucia llllrtley es unR original, una descllbe•
.z11da.
-Oh! no siempre la has juzgado asi.
1::1 Doctor hizo un gesto de impaciencia.
-Buano! ¿y qué quieres que haga,
amiguita mía? Te bas c.u1ado con un
hombrn inteligente y rico que te ama mil·
cho, y no veo que tenga por qué quej irte. ¿Dices que la suegra te es sumamente desagradable? Es que no h , aabido congeniar con ella. Sé dulce y obe•
diente, pliégate i\ sus exlgenciu; eres
bastante fina y astutll y puedes eoeoatrar el medio de caplarte sus benevolen•
cías y vivir A tu capricho. ¡Qné diablo!
E.s necesario darse una que otra pena
también para ganar la felicidad. ¿Te imaginas acaso que la dicha completa viene
so]a, sin trab11jarla y sin hscer algo para
que llegue? No me has visto A mí, que
soy ante el mundo el modelo de los hom•
bres tolices, lleno de enojos, inquietudes
y contrariedades? Ta su.egra es buena y
te ama mucho; precisamente esta ma!u1.•
na me lo estaba diciendo. ¿Que es uo po•
co autoritar,,1? AgUAntala, ¡.,uesto que su
unic? móvil es hAcerte feliz. Tú no tienes
1nAs tarea que dejar que ruede el mundo
11in preocuparte ni elqu.iera del manejo
de lll eua que tantos disgus1os ocasiona.
-~ra gozas de un hogar lujoso en el cual
iodo marcha admirablemente: criados
mny bien educ1tdos, hermosos caballos, carruajes cr.nfortablea, trajes elegantísimos; tienes senalados dílll de recepoión, y das comidas maravillosas sin tener el tr1tbajo de meterte en or•
.ganizar nada. ¡Y te quejlls todavía! Mitría Magdalena, erea una ingratnl Ta coodncta me re•
-cuerda al gran Vizcu11de deConchalries quien me
-&lt;'&amp;taba diciendo en días pas11dos que ..... .
-Plldre mio, e preciso qne pidas A la seliora
Le Clercq qu.e nos deje vlviJ• en nae,11ra casa A
Roberto y A mí.
El Doct-0r 111. contempló petrUic1tdo.
-¡Yo ..... .! ¿que yo le ...... ? Ah1 no, no: no
-cuentes conmigo para e8"S cosas. Yo no memez•
• -clo en lo que no me concierne.
-Qómol ¿mi dicha ó mi Infortunio no te conciernen? preguntó la joven.
)!;J Doctor, • pesar de au indiferencia ordinaria, se disgustó eon eu Indignación veheml!nte
que e tall1l en los egoist11s cuando defienden au
tranquilidad.
-Tu dicha, tu deagracial lle aquí nnas pala•
bras llltisonllntes sin objeto, exclamó. No me ven•
g.-1a con trdgedlas ni con f11ramallae. Por unas
~u1111tss querel1111 femenile , flitile y sir. traacen•
dencia, te entr ...gaa al despecho y hasta te veo en
camino, si no te vue!Yo al orden, de echar por un
vol11dero el gran porvenir que te be preparado
tan laboriosamente. Pero no creits que te voy A
n~ udar ni uu poco en esa locura. Xo, querida
tnia. Dej11r de 'l'irir en cua de ta suegra? En qué
pienslls? Y con qué 1ubsistiri11n ustedes! Hoberto no e té. en condiciones delndependerae. Cuán•
to gana? Estoy seguro do que no llega A seis mil

francos. Y qué barias tú con esa suma que es in•
ferlor á la que gasta aboraen trajes y diversiones.
Pronto te cansarlas de esa honesta mediocridad
que es la peor de las posiciones sociales. Una
mujer acoatumbrada lt. satisfacer sus caprichos, A
ser s_ervida adulada. cuidada; ti vivir bajo el pié
de cmcuenta mil trancos anuales y que se verfa
reducida al papel de una burguealra nece lt11da ...
¿_Quó? ¿Irías al MerC11do, conteceion11riaa tus vestidos y remendarlas los c11lcetines de tn marido?
V,1ya! Va:val Me he encolerizado y he hecho muy
mal. Debla haberme refdo de tí qui' has Mido en
un acceso de inocenta.da. Ya te vcrfae á pesar
de tu dicha y d I tn ca a en la nece11ldad de venir
antes de dos meses A Implorar 111 gracia de tu
suegra yeso siqueserl11 humillante. Es mejor quedarte como estás que salir de In ca a para tener
lnego la vergltenza de pellir humildemente que se
te reciba tJtra vez.
Carf. ~[agdalenll, durante esta larga fillpica
habla permanec1do con la cabeza inclinada, al
ob ervarla el Doctor notó qne estaba llorando.
-lueno, díjo muy enojado: no faltaba mA, que
esto. Ya abe, que me e· impo ibie ver llorar á
una mnjer y te ruego que te reprimas y con ide,
re qun debías ahorr11rme escenas lle ese género.
Lnugo tomó lll mano de i;u hij11, se In colocó en
el brazo y se pu o á ndar en lllrección á la ciudad.
- . ·ad&amp; de lagrimitRS en la calle. ¿Estamos? Y
en cuanto A la m11rcha que querías bacermo seguir, no hay quti contRr conmigo que no soy ca•

paz de hacerte tan f111co serv:clo. Seria. la última
d las inconveniencias de parte mfa atreverme A
tratar de semejantes asuntos con tu suegra y ya
que no puedes vivir !lin su 1ocorro confórmate y
acepta_ sn p~e,encía. A ti te corresponde ver có•
mo te 10gen1&amp;s para hacer la situación mAs lleva-

dera.
!faría Magdalena, exaltad11, conducida al último extremo, dijo contenléodoae todavía y parAn•
dose frente A su padre.
-EstA bien. liaré cuanto pueda. Pero en el caso de q11e me resu,te deflnillvamente lm¡,osible
entenderme con mi BDegra ¿me recibirlt. usted en
BU CaBa?

De Hois Saint Marce) se mordió los labios
V
•
-¡ aya con esa pregunttt t11n lnconvenientel
Esta chiquilla habla de aepararae de su marido
como de la. co,a mAs natural del mundo ..•.
-l!eapóudame usted, padre mfo.
- . o debo ocuparme de semejante eventualidad.
Maria fagdalena palideció.
-Ya no me queda pues en el mundo un rincón
que pueda llamar mi caaa.. . . .
-lbgdalena, hijita, dijo el Doctor un poco con•
movido, no me repre&amp;untes el quJnto acto del dra•
ma porque aún no le llega su oportunidad. te eatlle fastidiando, chiquilla. Por Cristo! si vo te viera algún dla sin pan ni lecho, de fijo que no te
había de dejar en medio de la calle.
{aria M11gdalena abrazó y besó :, su padre.
-P~ro, agregó ésto otra vez temeroso de com•
pllca_c1ones y abogando su enternecimiento, yono
consiento en prever ni admitir aemejante even-

tualidad. Yo no q11ier&gt; meterme en nada y te
conjuro A no perder de lu propia voluntad nna
slt~aclón brillante por solo un capricho estúpido,
DeJar A tu marido) Roberto no tiene cara de di§.
bil Y seria capaz de no volver ni tl pensar en tí
¿Y quiéres decirme qué barra, en ese caso y
encuentras envidiable lll posición de una. mujereparada de aue,poso? ~•o: bast.., Yll do tonteriaa
de esta especie. Si ese pobre de ·Roberto oyera
bablKr 11af 1 sn mujer ít los tre meses de ca1&amp;.dal

ai

La senor11 Le Clercq desde la llegada del Doctor se manifestaba más dulcemenui amable que
nunca, pues presentía un apoyo en este hombre
encantador y no partld11rio seguro. Maria I fag.
dKlena vela qne su padre se le oscapaba 1 pues éste
para demos rsrle muy claro qne no se prestaba
A sostener su c-1us11 ni aceptaba sus rebeliones,
afectaba un consideración e.·agcrttda hacia la.
suegra Y le prodigaba descripciones y retratos
muy á lo vivo, bamori~ticl)S y traviesos obre la
socied.aci de que estaba rodeado en Parí 1. El asun•
to era inagcu,hle y Vt:rtlader11mente que ai el Doc•
tor hubiera estftdo picado de li1 11r111ln liter11ria,
h11brla encontrado en su, recuerdos materia para
numeros,1s novelas cómicua ó lügubrc11 pero todas
d •I ,:téncro realista.
En 881\S convPrs11cíoncs de la velnd,1 durante
111s cuales do Boi¡¡ de Saint Marce! se divi:r1(,\ e1
desplegar ante su complncietll I a11di1orlo.!odos 10 ,
recursos de una verba rAcil, cnanto tipoi; extra.
nos, curioso,¡, incrdbl es para I,'\ 11el'1ora
Le Clercq y para su hijo, de filabnn como
en una especie de linterna magical
Prlncipe val11coR, m11rqne ·es Italianos, cant11lric s euccus, barone as polacas, prince~as rus11s, bailarinaseapaJiolas
todas las n11cion11lídades, todns las varie'.
dadea del cosmopolitismo, de la intriga,
d~ la cacería en pos del placer y del
dinero, pero todn gentes divertidas, la.
ma)'.or parte de t,ilento, intercs11ntea por
s~ nda plntorescameoie bohemia¡ pu.essl
bien entre aquel concierto de nomb~s rot11mbautes ha bia algunas rel!lidades de fortuna ó do posición, la mayor parte eran
ventureros o tentadores de títulos suplantados, vividoreí! que despu~s de un
perio~o de esplendo'. desaparecían por
escotillón para hund1rse en el cieno.
Roberto que al principio hallaba placer
en estos relat.,, del Doctor, acabó por
preocuparse y oirlos con verdadera con•
trariectad. ¡Pues qué! ... ¿Este era el medio !'ocia! en que babia vi~ldo Maria Magdalena antes de su maLrimonioí' ¿Quécla•
se de amistlldes podrfa haber adquirido
en Remejante sociedad? De seguro que
todas por el ei;tilo de la Condesa Csyskla
nna especie de loca inficc.ionada de espi:
rítismo que garrapateaba rtfculos Insensatos en revistas llamadas El e.coda la t11ml&gt;a y la
lózdtm.fa alld, una es.lava quetomabaA Joaer1o
las mAs asombrosas revelaciones do los 11iediu&gt;na
charlatanes espantándose ella misma de sos ... ropios escritos.
"'
Y Lidia Konranine? Esa era una rll.8 queateotnba llevar los cabellos cortos y traje yaronll y
constitul11 un espéclmeu de esa rau nue,·a brota•
da hace poco: la de la mujer exploradora. Lidia,
que babia visto mncbo, refería con aplomo de m&amp;·
riuero y sin parp.tdear, las particularidades mAs
curiosas de los pueblos salvajes que tenla viaita•
dos en el curso de sus v1aJes¡ babia hecho esmdloede medicina, fumaba cigarrillos, escribía para
las RJvistas Cientifieas ~in retroceder anteningún
detalle de las costumbres y parcela mAI b!en un
eatudiante despreocupado que una mujer jo•
ven.
¿í la coudesa Adalgierl? Una neurótica do otro
gónero que e hallaba en situación curiosa se1
parada de uu marido 111 que nadie conoula y bns•
caba ~lstr.a&lt;::ciones á su hsstio, hoy partiendo
con Kouran1na para 111 explornclón de lll $yria
maftana enJayando uo11 composición mnslcal par~
cnntllrla en funciones de beneficencia..
¿Y Lady Briggs.il Perseguida por todas partes,
como llecía el Doctor, habiendo contrai,lo deudlUI. Y sembrado tantos acrecdorea en todaa lrui
c~p1tale · de Europa, ya no sabia adonde dlri•
g1r sus pa os y ae verill obligada antes de mucho
tiempo por cuestión de seguridad personal A lanzarse por esos paise~ del Oriente en los que Kouranlna y la condesa italiana andaban paseando sa
curiosidad.

�EL OBSTÁCULO.

"EL lfUNl)O rt,tJSTRADO"

En verdad que semejante serie de figuras no
era para tranquiliMr á nadie: 6 Maria Magdalena
no tenía una sola 11miga, lo cual era enteramente
inveroPímil, 6 se babia.ligado con aquellas mujeres
desequilibradas.
Concurrió á las sesiones de espirili&amp;mo y de
fakirismo, acompaff.ó A la condesa A 101 talleres
de arústas bobos que creian pintar almaF, oyó
las confdrencias de Kouranina y fumó con ella
ciganillos de opio.
De fijo que frecuentó é todas esas mujeres excluidas de Ja buen11 sociedad, desviadas del buen
camino, y dt-bla encon1rar muy naturales, acciones qne .\. 'Roberto y A cualquiera otra persona
educada en untt atmósfera. tranquila y familiar,
hubiesen par~cido inverof:imiles y re¡;rensibles.
El Doctor nunca pndo imagir.arae qué golpe
tan rudo habíadado A )a confiada ternura qu1:Roberto sentía por su mujer.
Era cferto que si Maria1tfagdalena atravesó por
ese lodazal no le había quedado ninguna mancha.
visible pues parecía sencilla, buena y encAntadora, pero ¿oc sería esta apariencia el resultado de
M.bitos edoc11tlos exprofeso y uu sentimiento de astucia bien desarrollado?
Por primera vez le vino á. Roberto la idea de
que su mujer no era tal vez una nifta capaz de
preocnparse solamente por las frivolidades del
momento, y se exsjeró con provinciana estrechez
de espíritu las fesldadeR del mundo descrito por
el Doctor y la ir.f1uencia que es~ medio pudo
ejerctir sobre ?t!Aría :Magdalena. No por eso sintió
disminuirse su nmor, oero entró en desccnfianza
pens¡¡ndo que babia sido una imprudencia busc;ir
mujer en un centro al cual babia sido llevado de
casualidad y que no cono oía mAs que por encima.
Desde luego admitía que la joven estaba fuera
de comparación con las desequilibradas 11. quienes babia conocido, pero se diju que era necesario guiarla con mano firme, pues habiendo tenido
una. pdmera educación de esa clase, deberfs casi
desconocer ePos principios aólidos en que se basan
la ,honorabilidad y la rectitud, y por último, que
era una gran follcldad p1:1ra ella, haber caído
bajo la experta dirección de la seff.ora Le Clercq.
Muy bitin se había apercibido Roberto de que
su mujer e.itaba cansada ya de que se ejerciera
• vigilancia sobre todos Stl.8 actos y hasta babia
pensado en que su medre abusaba un pr,co, pero
ahora se declaraba que todo era para bien y que
no tC1leraría que María Magdalena quisiera sacudir
ese yugo que era tan necesario.
En cuanto A Ja eefl.ora Le Clercq, halló en esos
cuentos verdadero plaeer no solamente por Ja
verba animada del narr11dor, sino porque á ella
también las consecuencias de esas revelaciones
se le presentaron con mucha precisión. Si: en )a
actitud de eu hijo preocupado comprendió la la•
bor que se efectuaba en su espíritu y que la influencia qne ella ejercía sobre su nuera se había
robustecido.
Magdalena no quedaba pues con esperanza algw¡a de encontrar apoyo para la defensa de BtlS
derechos, ni en su marido que ya estaba desconfiado,ni en su padre que hablaba muy rrecnentemente de los encantos de la vida de provincia y
de sus deseos de reposar algunos allos, que lainteligentevieja eco jia con entuei&lt;1smo aparen i.e co.mprendiendo bien que la esperanza de ese egoieta
era construir su nido allí donde la viJa le resultaba dulce y fAcll.
La seftora Le Clercq declaraba. que su huésped
era un hombre seductor, lo colmaba de atenciones y abrumaba con elogios de él A Maria Mag•
dalena. En estas circunstancias consideró que el
momento era favorable pa1 a un golpe de estado .
que tenia en proyecto desde dias anteriores: despedir a. Ja impertinente criada deMaria Magdalena, (l. esl$ Estela que la desafiaba con sus sonrisas y su po.litfoa burlona y que se babia gozado
en su desco-.:.cierto el dia en que por la primera.
vez sus hijos habían querido rebelarse contra
ell1t,
La vif'ja no era malvada y se formaba solamente este ideai de dichll: una vida lujosa, hijos
sumisos, un público admirador de su generosidad y ella reinando sobre todo ese pueblo como
un soberano benéfico que reparte A manos llenlts
la fortuna y loe beneficios . .Al querer apc,derarse
de María l\lagdalena no proyectaba oprimirla, sino por el contr11rio la cnlmaria de presentes y la
haría la mujer más envidiada de l&amp; ciudad; y no
Je exigía en cambio más que este peque.no sacri-

ficio muy natural: la abdicación de en voluntad.
Habiendo pedido 6 Maria Magdalena que le enviara A Estela pera el ser"lcio de la mesa, Este·
la entró en funcione11. El criado que anterJormente estaba encargado de eso, enfermó y se retiró 1\
sn caea á curarse. Estela era diestra y tenía el
desparpajo y Ji~ vivacidad de las parisienses de
sangre pu.ra.

La sellora Le Clercq, durante varios diae le estuvo dando sus órdenes de un modo altivo y seco
&amp; propósito para exasper11r A la pobre mucba~ha
acostumbrada. al trato dulce de Maria Magdalena.
Una tarde, antes de la hora de comer, la sellora Le Clercq se puso a. criticar el peinado de Estela, peinado arreglado eón los cabellos rizados,
ondulantes, atravesados por alfileres dorados, y
ac.ibó por intimarle la orden de ponerse para servir Ja mesa una eofin. blanca de algodón mAe propia de una persona. de su condición y de su clase.
-Siempre me be peinado a ..f, y mi se:llora no
me ha hecho observación 11lgana, dijo Estela acentuando las palabra, •mi sellara.~
-Cuando usted estaba en casa del Doctor de
Bois S1:1int Marcel obraría usted en el sentido que
fuera del agrado de mi nuera, pero ahora qa.e esta. usted A mi servicio tiene que obedecerme.
Despué" de haber dichoestaepalabrns con ademé.o altivo, la setl.ora Le Cler!q aalió de su casa
y subió en nn coch~ que la estaba esperando pa•
ra ir A buscar A eu nuera A la casa de la sell.ora,
de La Palliere y llevarle t\ una ceremonia solemne
cuya sola perspectiva era aterradora para María
Magda'ena. Se trataba de una sesión ñe Ji\ Sociedad de Arqueología. de la que era presidente el
honorable se.lior Magnan, quien iba á dar pública
lectura A su memoria sobre la h,vandera de Enrique IV.
En casa de la sefl.ora de La Palliere la sefl.ora
Le Clercq encontró no solamente áMag aino tam•
bién al Doctor de Bois Saint Marcel que era un
gran simpatizador de esta dama y se complacfo.
visitandola y tratAndola con discretatamiliaridad.
.- Ella y su muido son dignos de figurar en mi
i.eccióo de amigos, decía frecuentemente A su bija y de seguro que figur1mln ¡ya lo creo! IIart\n
el mi\s gentil matrimonio bohemio que puede uno
figurarse. pero con una bohemia dorada y reluciente, La seff.ora no desea más que una cosa: vivir en París; y con su ct1.riltl de modistilla embadurnadn de blanco de perlas, sus cabellos ensortijados, su amable coquetería, y sus ojos asesinos
podrá ocupar un lngar distinguido en cierta soeied11d que yo me sé. Es b11stante linda v no tiene nada de tonta, Apesar de BU fanatismo por París y sus maneras vulgarcitas. En cu11.nto á. él, su
jovislidad de hombre gordo le da cierta apariencia de figura de porcelanit para adorno de tocador, que encanta. Felizmente su mnjer es de ini•
ciativa y lo elevará, no dudes que lo elevará, y
tan pronto eomo estén en Paris ella comprendert1.
sin mucho ee•uerzo que au blanco de perlas, sus

afeites y su leo guaje convencional deben ser roodificados· se pondrA una aord1na como se bace con
lae eorn;tas y se volverá irresistible. Tiene ojos
para incendiar un .Areóp~go y _se fjercita t11n ~a- ,
llardaruente in ánima ua, volviendo loco A sumarido y al viejo l[aignen y á Darlot qud la mira
con C'jos de Jobo, que basta 1:s capaz de conquietarmu á mf: ay! ayl que ya me siento herido de
grnvedtul. Tiene unas sonrisitas y unos parpadeos que no porque son estudiados dejan de ser
penersos y llrrebatadores, unido todo esto con
una pillería y una. inexperiencia qneenc11prichan.
Maria Magdalena no vela tanto en la senora de
La Palliere y hi consideraba eolam1:nte como unl\.
provinciana menos fastidiosa que las otras, que
le hablaba mucho, le pregun•aba sin cesar multitud de cosas sobre la vida de Pari$ y hacía sabias combinaciones de telas y cintajos para eeLar
elegante A poco costo; adem¡\s, el menaje de su.
casa resaltn ba sobre Ja b11nalidad de todas las demAs que había visto en la población tan correctos
y desgarbados como monótonos.
Correcto, oh! no: no lo era el hogar de los La
P1:11liere ni monótono ni desgarbado, sino original
bajo cierto punto de vista, desde el vestíbulo en
donde G-ei-ard habfa hecho colocar linternas, pantallas, sombrillas de papel japonés y horribles
dios,is africanos tallados en madera de hierro,
hasta el salón donde se confundían en atropellado amontonami~nto sillones daros como masas
de granito, mesitas pintadas de vivos colores, pA•
jaros disecados, ratones de felpa trepando por
las cort;nae, arafl.as srtifici11les tejiendo eu tela en
el mnrco de lo! espejos, una gt·11n profusión de
flores ailvestres, manojos de cardos en las paredes, yerbas diseminadas aquí y alJll. en tarros
sencillos de terracota. pintados por Ger11rd.
Porque Gerard tenia la monomanía de lll pintura: los muros desaparecían bajo sus ensayos
de paisaje y ft1.br1caba enormes cantidades de vasijRs de adorno, pantallas, jarrones y bibeloteacon los qut. perseguía A aos amigos. Era uno de
esos seres temibles de quienes se dice que «saben un poco de cada cosa» y que seria capaz de
hacer una marmita con la zuela de eu:1 zapat-01.
I.a casa estaba llena con las pruebas de eu ingeniosidad, mutlecoe y figurillas de papel plegado ó de cartón de colores, y habi11 pvr donde
quiera tantas cintas y colgajos que aquello parecía un almacén de baratijas. En el piano cb1llón
que estaba eolocado en un Angll1o de lll sala, Gerard que ayudaba de buena voluntad A sn mnjeren las tareas de la recepción, ejecutaba. tremebundos valses, ó cantaba con ella coplas de za1·•
zuela y canciones traviesas capaces de poner eu
toga á la mayor parte de las damas que les visitaban.
Cuando llegó la seftora Le Clercq, la joven
acompaff.ada de su marido detallaba con una vocecilla penetrante y mucha malicia una serenata
de t11n sabido color, que Marfo Magdalena tenia
impulsos de marcharse. El Doetor gozaba que
era una maravilla.
-Eso es encantador, decía, tiene usted justamente la voz que se necesita para estas coeae:
aciduladll, digámoslo así. Y un talento .. . . .Abl
usted haría furor en un teatro de género .... la
canción es lindísima.
La eeilora Le Clercq frunció loa labios.
- On poco .... avanzada., dijo.
-Má.s bien un poco peligrosa, dijo Milg con
una de esas salidas que tanto hacían reír A 1u
marído.
Clara de la Palliére se ofreció para acompattn
d sus amigas ti la sesión y Gerard qu~ iba siempre en pos de su mujer, fué á buscar una cartera. de bojas blancas para tomar apuntes caricaturescos de los arqueólogos miembros de la. sociedad. Por invitación de Clara, :María Magdalena
la acompatló A su tocador donde iba A ponerse
el sombrero y entre tanto el Doctor quedó en 11'
snla con la se1iora Le Clercq y le hizo observar
los lados chuscos, despechugados y sin orden de
la _c asa en que se encontraban.
Mirando el gabinete de tocador Maria Magdalena se dijo que en semej1mte sitio no bab.-fa ella
introducido á nadie. Cortinas desaseadas, una
panoplia Je pipas enrojecidas por el uso, colocada bajo un espejo manchado como piel de tigre;
sillas fatigadas, tan fatigadas qua para sentarse
en ellas se necesit1111 mil prec11nciones á riesgc&gt;
de una caída; cajones entreabiertos en los cna les
se dietingufan en desorden los mt\s disparatados
objetos como guantes viejos, puntes &lt;le encaje,
cintas descoloridas, cajas de cerillas, paquete~

de polvo de arroz y hasta. una nariz de cartón
que Gerard se babia puesto para. el baile del fil.
timo carnaval. Armarios sin cerrar en los q_ue
los montones de telas y de trajes hechos se revolvían con sombreros de modas pasadas y zapatos nuevecitos que fraternizaban con abanicos
de marfil ó de papel y con ramos y guías de flo•
res ar tiliciales.
Clara la PaUlere enteramente a. su gusto en este desorden, charlaba, reía, C8-!ltaba haciendo
ruido como cuatro, mientras se vestía y sin notar
el asombro de Maria Magdalena. Si el Doctor hu•
hiera visto esta habitación hubiera juzgado A Clara más bohe~a aún de lo que se liabía figurado,
con es,l Af1c1ón al abandono• y esa indi!erenci1i
por el desaseo fntimo, por mas que el salón, el
vestibnlo y el comedor estuvieran resplandecieI?tes.
Se llegó al teatro dC'nde debía celebrars1 la
se&amp;ión: ya en el escenario muchos seftores viejos,
de gran levila mal cortada y botinas de pnfto
negro, estaban sentados A los lados del senor
Mnignan el cual tras de una. mesa y con un vaso
de agua al frente leía por Ja décima vez su memoria sobre la lavandera de Enrique IV.
María. MagdaleDA se alegró de haber llevRdo
consigo A Clara la Palliere que Je impediría fastidinrse, pues gozaba ~n oirla burlarse de todos
aquellos rebuscadores de papeluchos viejos y de
todAs las personas q11e se encontraban allí.
Darlot vino también al teatro y estrechando la
mano al Doctor y d Mag les anunciaba que estaba en moment.os de partir para Bretafl.a.
-Tengo, les dijo, vivos deseos de visitar Tregastel que según dijo la sell.orila Hartley es un
pueblecito encantador.
Maria Magdalena. sonrió viendo con gusto ese
deseo que su amigo Dar)ot tenía de aproximarse
&amp; su amjga Lucia.
Tan luego como se abrió 111. sesión, el sellar
M1,igna11 con voz chillona y entusiasmo cómico
leyó un opúsculo de espantosa duración: al principio reinó un respetuoso silencio, pero pronto
ante el vacfo tremendo de la interminable lectura empezaron las convereadones, primero ll. la
sordina y lnego en murmurio continuado que se
alternaba con idas y venidas de los coocurrentee, 11 brir y cerrar de puertas, sillas empujadas,
personas que ae instalaban y visi as que iban de
un logar A otro. Loe colegas del serior Maignao,
eonolientoP1 le escuchaban poco y no despertaron
11fno A su grito final después de tres cuartos de
hora. de lectura. La ceremonia continuó, pues cada uno de aquellos sellores tenla que leer algún
trabajo erudito, traba.jo sobre ilustres desconocidos de loa cuales no babia nadie que hubiera sospechado la existencia, y cada unolde estos sabios
no despertaba sino para leer eu propia obra, después de lCI cual ae dormía de nuevu 6 se esquivaba sin ruido.
En cuanto al Presidente, después de eus descubrimienios respecto A la ropa interior de Enrique 1V, se h'lbia dejado caer en un sUlon presa
de un profundo abatimiento y casi desaparecía.
bajo la carpeta verde de la mesa: se le hubiera
creído escamoteado por algún artificioso prestidigitador, si las hebillas de plata. de su.s zapatos
no hubieran estado brillando entre los flecos de
la. carpeta y si de tiempo en tiempo no se le hubiera oído decir con voz nasal y sofiolienta:
-Tiene la palabrs. nuestro honorable colega
el seftor X.
Poco á poco se fuá vaciando la sa1a, Darlot
f11é nno de los primeros que salló, pues tenía poca resistencia para el fastidio, y en cuanto á Gerard, después de ha.ber bosquejado algunos croquis caricaturescos se lné a1 casino eon e1 fin de
mostrarlos; y su mujer A poco rato expresó tales
deseos de salir, que el Doctor se vió en la necesidad de ofrecerse á acompaflarla.
Maria Magdalona quiso salir con ell~s, pero sn
suegra le dijo con tono imperioso:
- ¡Quédese usted, vida mía! Por rospeLo al se11.or h.!Jtignan ee preci30 permRnecer hasta. el fin.
-El eellor Maign11n estA dl.ll'Oliendo, observó
la joven.
-~o mucho, se apresur~ A decJr el Doctor qne
prefería ir t,. pasearse no roM con Clara; parece
que eetA duhlliendo pero es con un ojo, como los
oidores de Tribunal.
- Ademá.s, afladió la.seftora Le Clercq, hay el
inconveniente pnra que pueda usted irse, hay el
inconveniente, digo, de que me tiene usted que
acompa.ll.ar Ala visita de nuestrú orfanatario. Deseo que desde ahora .se encargue usted de la Di-

rección general de los talleres, es decir, de la
parte material de loe tr!lbajos de aguja.
-Cómo! exclamó Mllg aterrada.
-Si, vida mia, es 1111a coi;a muy fAeil que al
principio le va A ser enojosR, pero lutgo se acostumbrarA. No es mAs que cortar enaguas, camisas y trajes de uiff.os que dJstribairemos enire les
costureras auxiliares, llf'vando usted la cuenta,
ademAs, d'l todas las entradits y salidas de objetos. Esto va A ser muy interesante para usted. y
yo la ayudaré. Por otra parte, es indiapemablel
En la última sesión general he anunciado que
aceptaba nsted esas funciou&amp;e y todas las sefl.orae socias hicieron eon gusto el nombramiento de
usted. Esto es muy houroso.
Maria :Magdalena, exasperada, replieó:
--Siento, setlora, que no me baya usted consultado préviamente.
-Para qué? Supongo que no se habría usted
atrevido á rebusac, sabiendo que me daria usted
una penn.
-Es que no me siento capaz para desempeftar
un puesto semt&gt;j1mte.
-Ya la pondremos fl. usted al corriente de todo.
-No tengo tiempo suficiente
-Siustednadatiene que hacer! Y ademAs, este
sólamente serA trab,ijo de algunas horas cada semana v no alterará t-n nada. lascostrunores de usted que puede continuar en su vida mundana.
Esto no serA más que una nota seria en esa misma vida. Vamos, vida mia, no tome usted ese
aspecto de desesperación y reflexione en que
liU nombre y su pos'.ción le imponen ciertas
obligaciones. Desde hace mt\s de nn siglo, los Le
C ·cq han sido los benefactores de la poblución
pobre de Montpazier! euaodo morimos. legamos
rentad al hospital; hemos fnndado un asilo y un
orfanatorio; mi suegra, que era al mismo tiemoo
mi tia, como usted sabe, fué patrona y ptesidenta de casi todas las insútuciones de la ciudad; yo
la he sucedido y es fuerza que usted me suceda
A mf para Jo cual debe irse usted ya preparando.
María Magdalena, presa de melancólico abatimiento, escuchaba. En el escenario, un sef'tor calvo y sin barbas leía la monografía detallada de
un casucho antiguo y ruinoso del que no se conocían los propietarios primitivos y el lector se
entregaba sobre este particular A las eonjeturas
mt,.s ingeuiosas.
-Nosotros tenemos nuestras tradJcionee; y usted que esta tan ufana da su familia, debe comprender esto, alladió la seff.ora Le Clercq con voz
afectuosa. Usted es buen&amp; y se sentirA feliz haciéndose útil A los pobres. Es tan hermosa. la eari dadl
-Ouaudola hace uno por su propia inspiración

y ain sentirse obligada a. ello, replicó con amargara la joven.
La sefl.ora Le Cleecq pareció que no había. oído
esra contestación, tomó sus gemelos y conesgró
toda su atención "1 orador en tant() qu" Maria
lligdaleua en todo el tiempo que duró la sesión,
DO entendió ni vió nll.da porque tenia el corazón
colmado por la cólera. Un solo pensamiento le
ocupaba i:l cerebro: ¿hasta dóude iba A llegar 11\
tiranía de que era victima? Esto no era por decirlo asi, m1ts que el principio. Ya se leb11bíaentrediehado toda intimidad con su marido; su líbertad de casada que quiere estar en sn casa; el
derechc, de r"cibir A las amigas de au agrado, y
ahou ee le iba A enredar en las mil mayas de las
ocupaciones filimtróptcas, lote ordinario de las
per&lt;1onae cargadas de afl.oe y de eulpae, que:: sólo
piensan ya llll la salvación de su alma.
Se le iba A imponer la sociedad de una caterva de viejas excelentemente fastidiosas que sólo
hablaban de sus pobres, de su conlesor, de su ama
de Ul\ves ó de sus g11tOi y se la iba ll dar pc,r úni;
ca dMracrcióu la d" asistir A reuniones genera•
les para díscutlr la cantidad de c1Jbertores que se
debinn comprar para el invierno; y cui,ndo aún
tenia veinte anos, te11dria. que pasar loe días cor•
tando, cosiendo y distribn} eodo trajee grosero,;
a gentes suci.. s y misHables.
:Mlll'fa. :Magdalena temblaba. La vida le parecfa
muy obscura sin esperanza de días mejores. Y
Roberto ¿dejarÍII. las cosas en ese estadoi' ProbablementA si. Dtisde que regresaron de 1.1u f'Sca.patoria todo babia vueho A caer bajo el domiofo absoluto de su m .. dre; trnb11jaba mucho, reía poco y
seobservab11. en su. conducta. mucho de reserva. y
de reticencia: era una alma que cerraba sus puertas
A toda comuulcación d,cl exteriur.
La jo ven tuvo una cribis de desesperación que
procuró dibimular bajo mia aparenu~ indUt1 encin,
de suerte que lll suegra pensó que se había resignado fi\cilmente A aceptar su poderio y que er1'
necesario recompen11ar]a por su sumisión regalf1.ndole un p&lt;Yney de montar que deseaba desde
antes de casarse. Aaf se da t los niftos un pedazo
de azúcar para endulzarles el sabor de las medicinas.
La sesión termiuó, y con la misma lasitud aparente Maria Magdalena ee dejó condo.cir al orla-

�24

"EL Jd'UNDO ILUSTRADO"

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natorio donde se encontró con las amigas de su
suegra que ;a felicitaron por las funciones que
iba á llenar; tuvo el honor de inspeccionar las
clases de costura; ee la presentó con la hermana
Directora; se le entregó un gran llavero con lae
llaves de los armarios que guardaban las telas
por preparar; se la introdujo en un gabinete, el
gabinete de ella donde tendría el derecho de sentarse junto A una mesa enorme y recibir á las
gentes que vinieran á pP.dirle socorros y de distribuir el trabajo A los chicos del orfanatorio. Era
una pieza fría como lo son todos los locutorios de
convento, piso pintado y muy resbaladizo; sillas
de paja colocadas en fila junto álaa paredes blanqueadas con cal; 11na Santa Virgen de bulto sobre la chimenea, entre dos ramos de flores artificiales de pésima confección, y cc.rtin11s de tela
blanca de algodón en las puertas de los paaadizos.
Maria Magdalena se dejó conducir con aire indiferente, sonriendo de un modo cortés pero maquinal al ofr cuanto se Je decía y no teniendo mAs
que un deseo pero vi\•o y tenaz: regresar Asu ca•
sa., quedarse sola y ponerse A pensar en lo que
le estaba pasando.
~ Escribir é. Lucía .... 1 Sf, esta idea se le había
aparecido como un rayo de esperanza. . . Y sin
embargo ¿qué podrA b.acer la eellorita Hartley?
Nada en verdad. Sin que Maria Magdalena lo hubiera sospechado, ya la joven ingle11a había. tocado el único recurso pcsible habhmdo á Roberto: pero si era impotente para modificar ese estado
de cosas, podríii al menos enviaron buen consejo
ó siquiera algunas frases alentador11s y de afecto,
De esto er11 de Jo que sobre todo tenía necesidad
la pobre M11g que se sentiil muy ~ola sin tener A
quien confiarle sus luchas y sus tristezas, pues
desconfiaba de Roberto sin saber por qué y el
Doctor era demasiado egoísta para intervrnir.
La se.t\ora Le Clercq y su nuera rf'gresaron en
coche sin que Maria Magdalena pronunciara una
sola palabra; veía vagt1meole enfrente de eUa la
librea azul subido del cochero, y los caoallos que
iban al trote cadencioso irguiendo la cabeza y
levantando mucho los brazos.

25

EL OBSTÁCULO,

Las primaras veces que María Magdalena entró en este coche, muy bien guarnecido y de un
gusto correcto, esperiwentó uo satisfacciones
de amor propio y de vanidad, pues le eran desconocidas estas pequefleces, sino esa plenitud de
bienestar que las naturalezas delicadas saborean
al gozar de loa encantos del lujo. Ahora todo le
era profundamente indiferente; lo mismo el palado ~untuoso qu~ el jnrdin inmenso cuidado y cultivado c,.Huo el parque de un príncipe, rodeado
de altas rejas con sus verduras sombrías recortando el brillo de lae vitrinas de loa invernaderos colocados en el fondo, invt'rnadero de CRmelias, invernadero de foogeres, inverdaderos de
raisios y de pJátanl•B enaros.
Dirjgió sobre e:to una mirad'l de cansancio, y
en tanto que an suegra apenas descendida del
coche corrió precl'dida por el jardinero en jefe,
á ex"mini.1• una cotección de llores recibida en
su ausencia, ella con pas\.&amp; vacil1ntes y iánguidoe, muy diferentes de sn andar ágil y gracioso
de otros dias, entró al ves1ibulo engalanado con
tapicerías flllmencu, subió la esealer11 de gradas
de mármol, v E&lt;in conced~r una mirada A lit serie
de departamentos suntuos11s que iba atravt sando,
entró en sus aposentos del primer piso.
Vaciló unos instantes ante la puerta del gabi
nete de trab11jo de Roberto y sintió el deseo vehemente de acrgerse á él, buscar 6U protección, y
ante esa sola idéa le acarició algo como un ba11.o
de consuelo; pero inmediatamente después la
imagen de ese hombre grave y eevero que t:&amp;taria atrincherac!o det.rás de un montón de volúmenes y de expedientes el cual la contemplaría

con aire interrogativo, la heló quitándole toda
esperanza de apoyo.
Roberto por su profesión y su carácter, tenía.
un espíritu doctrinado y discipilnado, incapaz de
apreciar en su verdadera valfa lo que le estaba
pasando á su mujer. Habría necesitado esta elltrar en detalles menudos que son difíciles de
precisar, porque A la verdad, hechos concretos no
había para presentarlos en un cuerpo de acusa.
ción. Esa persecución incesante de que se la hacía objeto, esa invasión gradual é inexorable,
se componía de minucias apenas perceptibles;
era una intervención sobre todos sus actos, sobre su libertad moral y hasta sobre sus moTimientos.
Pero quiahl organizado todo esto en forma de
requisitoria, la protesta con que terminara contra tan ominosa tiranía, se 11poyaría en nimiedades y nonadas indignas de tomarse á. lo serio,
en tanto que desde Juego, y en hecho'! muy visi•
bles y realzados, se le podía echar en cara la
multiLud de beneficios recibidos, todo ese lujo
pagado A tan altos precios, y los mil obsequios
y mil concesiones amables y graciosas; hasta sacri(lciosl ¿No se había separado de la eeftora
Charmon nada má.s que por complacerle?
Convencida pues de la inutilidad de una tentativa, sealeJó de la puerta sobre cuyo picaporte
babia puesto ya la mano y gnnó rápidamente su
habitaci11n. .Arrojó el ;;ombrero sobre el mueble
mAs cercano y se dejó caer 11brum11dn en un si•
llón. ¡Cuán dista11tes, ay! estaban los tiempos en
que para calm11r sos excitaciones nerviosas lf'I
bastaba con dar unas vueltas por el salón! Cerró los ojos para intentar dormir y escapar así á.
los pensamientos que Ja desolaban.
Había proyectlldo escribir á Lncfo, pero no!
Le babia venido cierta especie de pudor doloroso ante la id ea de descorrer el velo de eus angustias íntimas aunque tuera delante de una amiga.
Habría sido necesario rererirle numerosos detalles, confesarle su impotencia creciente sobre
el espfritu d~ Roberto, recriminar, quejarse, y
l\faria Magdalena era orgullosa y comprendía
que la actitud de una muJer que se queja de eu
marido y aún lo vitupera, no era digna de ella.
Muy bien sabía que refiriendo sus disglll!tos los
hacia más extensos.
Después de un largo espacio pasado en una
somnolencil\ abrumadora oyó la campana que llamaba para comer, y haciendo un esfuerzo supremo acudió A verse en el espejo por un postrer
vestigiJ de su coquetería femenil y bajó al comedor, pues ya sin lugar 9. discusión se comía
diariamente en ca11a de la sefl.ora Le Clercq.
En e1 salón estaban conversando el Doctor de
Bois de Saint Marce), Darlot, Roberto y la séllora Le Clercq, y comentaban con risas y burleta&amp;
la sesión enojosa del día. El Doctor bacía picantes referencias á la seflora de la Palliere eo11 la
cnal babíil pasado horas realmente divertidas.
Darlot invitado t comer vino á saludar A Maria Magdalena y le dijo después de haberla observado con mirada escrutadora:
- EstA usted enferma, Mag?
Roberto y la sefl.01 a Le Clercq ee vol vieron A
verla por un movimiento expont!neo y verdaderamente afectuoso.
-No, contestó la joven esquivando mirarlos
de frente, estoy no má.s algo tatigada.
-¿De la sesión tal vez¡&gt; preguntó Roberto.
-Alás bien puede eer de la visita al orfanatorio, replicó la sefl.ora Le Olercq. Si me hubiera
explicado usted, vida mta, que esta ha usted indispuesta, nos habríamos venido sin tardar.
-Oh! no se ocupen ustedes mé.s de mí¡ se los
suplico, dijo María Magdalena tratando de son•
reir y con un acento que guiso hAcer dulce y grato. Esta visita era necesaria y vale más que de
una vez la.háyamos hecho.
Reoé Darlot contemplaba A su amiguita con
profunda tristeza, pues teniendo como tenia verdadera afección hacia ella, observaba cuán deprimido estaba su ánimo y el cambio de expre•
sión que presentaba au fisonomía. Aquellos ojos,
en otros días resplandecientes, estaban ahora
melancólicos, aquella boca riente estaba contrai•
da por el dolor, y toda esa joven encantadora por
su vivacidad, sos arranques y su petulancia., parecía como encerrad!i en una actitud de restirva
y de mutismo que la colocara no mti.s que á. la
defensiYa,
(Continuará.)

EL OBSTACULO
'
NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D'ARTHEZ-Ilustraciones de nuestros talleres.
VJ!lRSION ESPAÑOLA. DE 11.EL :MUNDO ILUSTRADO"

Número 4.
Magdalena vió que Darlot la examinaba y Je
sonrió. Darlot le dió el brazo para llevarla al
comedor, y le dijo en voz b11ja y con acento confidencial.
-No pierda usted, querida Mag, su encantadora alegría porque parecería como que cambiaba
usted de personalidad. Quisiera que tuviéramos
alguna ri11.a fuerte entre los dos como sucedía en
otro tiempo, para tener el gueto de contentar A
usted y verla reír y regocijarae.
Mngdalena 11acndió con tristeza su cAbecita ru
bia y trató de seguir sonriendo: esta simpatía
fraternal Je era muy dulce, pero á. la vez !1t entristecía. proruadamente con la consideración de
que no era Dllrlot sino otro quien debía observar que estaba sufriendo y compadecerla y consolarla.
-Cuando está. usted así, dijo René suspirando,
me recuerda mucho A mi hermana.
Y era verdad. De improviso la lasitud indirerente de Mag le habfa, traido A la memoria una
expresión semejante que babia observado en su
hermana cuaudo sintiendo que se moría lentamente, de una enfermedad incurable, no había ya
nada que le deYolviera las esperanzas. Oh! E~a
era la mirada de desaEento llena ae reproches
de un ser joven que tiene derecho A la dicha y
siente que todo ha terminado, que ya no Je queda nada, y que sus ilusiones le mintieron.
Igual á su sufrimiento de ahora era el que sintió Darlot cuando al morir aquella nUia a quien
tanto había amado, le sonreía con una sonrisa
como la de Maria Magdalena. Esta sonrisa era
la que le había dejlldo mAs profunda huella después de la desgr11ci&amp; lnolvuiable que le hundió
en el dolor.
María Magdalena le inspiraba uua piedad sincera y angustiosa y dirlgió al Doctor una mirada
melancólica que contrastaba con la gran alegría
de este egoísta que estaba junto á su hija 11in pensar en ella; y contempló A Roberto siempre correcto y altivo y á la sefl.ora Le Olercq muy ala.
nosa. en hacer con toda amabilidad los honores
de la casa. Y viendo cuanto le redeaba, el Doctor
se decía interiormente:
-¿Ko se apercibirAn todas esas gentes que estAn poniendo loa medios mb adecuados para destruir la bella harmonía de esta naturaleza de mujer tan delicadamente exquisita?
La comida empezó en medio de un silencio relativo, y solamente el Doctor de Bois Saint Marce!
lanzaba de vez en cunndo alguna puya sobre las
personas 4 quienes había conocido en la función de
la sociedad de sabios. .Estela servia la mesa con
la agilidad de costumbre, cuando la seflora Le
Clercq haciendo como que de súbito se había fijado
en ella, la dijo con un tono que dejó en suspenso
todos los Animos:
·
-Me parece haber ordenado á usted que se
peinara de otro modo.
Maria Magdalena vió á su criada con admiración. Esta aguardando tal vez de ella un apoyo,
contestó:
-Confío en que se servirá usted p~rdonarme,
pues no tengo cofias de algodón.
-Se Je darAn á usted las que sean necesarias
y ee mandará por ellas á la lencería, pero veo
con disgnstola negligencia de usted, porque prueba una mala. voluntad que no estoy di11puesta á
tolerar.
Muy mortificada y conmovida por haber sido
reprehendida en presencia do testigos, Estela dejó caer una cuchara de plata que produjo un so•
nido prolongado al chocar sobre el mos1ico demár•
mol del pavimento, y como A la sellora Le Clercq
le hacia m11y mala impresión que se maltratara.
su argentería, exclamó con suma acritud:
-Es usted una torpe, un;1, descuidada y una
grosera; hasta aquí se la ha dej_ado ob~ar á su an•
tojo, pero le pre&lt;,e~go que aqu1, en mi Cllsa, no
sufro rebeldías ni insolencias!

-Yo estoy al serviciodelaeefl.oraRoberto,res•
pondió Estela llevada al último extremo.
La seilora Le C!ercq enrojeció de cólera y replicó:
-Salga usted de aquí: ya hablaremos dentro
de un me-mento.
Maria. Magdulena dijo con una entonación tnuy
amable:
-Vaya usted, Estela, se lo suplico, y vuelva á
mi departamento.
ExRsperada por esta intervención de su nuera,
la vieja gritó:
-Puede usted preparar su maleta porque ma11.ana se va. Queda usted despe&lt;lida.
Estela s11Ji6. María Mag11lena se puso pálida y
con una voz cuyo timbre vibró sonoramente en
medio del silencio que se habfa hecho glacial,
dijo:

-Esa criada es mía, está en mi casa y nada
más yo u~ngo derecho de despedirla.
Esta era «1 fin la explosión irresistible de to•
dos los rtincores amontonados en tres meses de
opresión. La se.flora Le Clercq no tuvo el tacto
de comprenderlo aei; su orgullo se reveló y pro•
testó con dominadora alth-ez:
-Usted se olvida .... Usted se olvida del lugar en que está.
l\laria Magdalena arrebatada por una cólera
tan intensa que se le hacía horriblemente dolorosa, ee levantó y habló con la misma voz imponente que babia empleado su suegra. Sabía muy
bien lo que estaba diciendo, ofa eus palabr11s como si otra persona las estuviera pronunciando, y
conservaba ante todo y sobre todo su extremada cortesía de mujer bien educada.
Sin reflex.ionar en las consecuencias de este
incidente, se aproximó A su suegra y pálida,
con los labios temblorosos y la mirada fija le
dijo:
-Debería usted comprender, seilora, que ha
ido demasiado lejos. HastR. aquí me he resignado
á sutrir todo lo que ha sido del agrado de usted
imponerme, pero le ruego que haga ces11r en este
punto sus exigencias.
-¡María Magdalena! exclamó Roberto estupefacto.
El Doctor se levantó para llevarse á su hija.
-Cuando esté usted má.a tranqnilll, replicó la.
sen.ora Le Clercq, espero que retlexlonará y que
vendrá !\ presentarme las exc11su que debe por
esta inconveniencia.
-Estoy muy tranquila ya. Si acaso he empleado alguna ó algunas expresiones incorrectas, no

tengo necesidad du esperar nada para retirarlas
como lo hago desde luego pidiendo por ellas perdón; pero lo que si mantengo e1:1 solamente esto:
que Je suplico á usted cese de obrar respecto A
mí con ese sistema autoritario, al cual ya no quiero, ya no quiero ma!i someterm_,
Después de estti ya no quiero ntds pronu11ciado
con una voz firme, l'lfaría Magdalena calló dejando aterrados :l los testigos de- esta escena. Con
la mano apartó al Doctor que se le aproximaba
y luego, sal11da1..do correctamente, salió con una
calma perf¿cta que nadn tenía de fingida.
Desde ese momento, como si hubiera acabado
de encontrar el único remedio para la crisis qua
venía sufriendo desde tres meses antes, sintió
que le venia una gran tradquilidad y una paz absoluta. Hitbfa acabado de romper con todo, la
suerte estttba echada y ahora se abandonaba ella
á una lndirerencia profunda y agt.ardaba los
acontecimientos con una especie de fatalismo
oriental.
Cuando 11.-gó A su aposen·o, yn en completa
calma, no sentía más que una dolorosa palpitación ,i11usad1t por la violenta escena que acababa
de sacudirla.

L11. comida terminó precip.itttdamt!nte. Bené
Darlot no pudo dejitr de admirar lu actitud verdaderamente inteligente de Ja seftora Le Clercq
en esta difícil situación.
Después de la salida de María. l\fagdalena ni
una palab¡•a de comentario fué pronunciada, y la
vieja puso una cara tan serena como si pareciera
ignorar que acababa de ocurrir una escena viole1,ta; y viendo que el Doctor había vuelto A ocupar su a.eientu, le dijo con interés reanudando la
conversación interrumpida.
- Entonces, ¿usted se figura, sellor, que la sellora La Falliere conseguirá colocar á sn marido
en una de las oficinas públicas de París?
-Pues eso es bastante factible, aefl.ora, contestó el Doctor. 1\le suplico que tomarR empeilo
por ella y como tengo amigos en todos los cír•
culos sociales, le prometí t'ecomendar sus pretensiones.
A pesar de todo lo que lo tenía preocupado,
Dru·lot sonrió. La sen.ora La Palliere mu) a.recta
11 la intriga y deseosa de una' vida más· alegre,
ven[I\ pretendiendo Jesde tiempo atrás empujar
A Gerard á la burocracia de París, pero loi empleos eran muy solicitados, carecía de buenos
apoyos y ahora al fin había encontrado una buena pista.
Dejando á su madre que contestar11 al seftor
de Bois de Saint l\Jarcel, Roherto se había quedado profundamente pensativo y luego sin haber
recobrado su calma habitual y sin explicarse có•
mo, se encontró Jerrepente en una de las avenidas del judfn inglés pasenndo á. pasos precipitados.
Un rayo estallando en un día tr11nquiJo y sereno le hubiera causado menor impresión que ese
arrebato de rebelión brusea de María Magdalena.
La sensación mAs precisa de Boberto, la que las
dominaba todas, era una vehemente indignación
contra su mujer. Haber promovido semejtl.llte colisión por un asunto tan fú til como era despedir
una criada y sobre todo, haber tenido una salida
tan exttgerada y audaz, devertts qne no podía.
perdonarse. Y luego que se atrevió A decir con
tanta firmeza: «no quiero, ya no cedo más» .. ..
Eso sonaba en los oidos de Roberto como el toque de llamada de un clarín guerrero.
Esta chiquilla A quien había creído fútil é insustancial, esta ingrata. que A su madre y A él
debía todas las comodidades de que gozaba, se
ponía en rebelión abierta y se permitía tratar de
igual A igual á la sen.ora Le Clercq, olvidando
h.aata la considerAción que sel e debía como per-

�1

26

l

"EL MUNDO ILUSTRADO"

sona de edad, olvidando que era la madre dts Luego, despidiér,dose se aproximó á la se:il.cra Le
su marido y hasta olvidando que se encontraba Clercq y le pidió permiso parn retirarse.
en presencia de personas extraflasl
A la sell.ora Le Clercq Je era interesante este
¡Bien se comprendía que Darlot no la preocu- original y estaba ansioM por saber lo que pensapaba, sino que pc,r el contrario, contaba con él, ba del incidente, por lo cual be quedó 11ola con él
con su complacencia y su aprob11ción.
bajo pretexto de ir á acompallarlo hasta la reja.
De seguro que lo que que, ia era sacudir el Trataba de procurarse un medio ingenioso para
saludable yugo de la senor11 Le Clercq pa- hacerlo hablar cuando él mismo fué quien en un
ra regresar A la existencia libre que lhvaba arrebato súbito dtsl corazón, le salió al encaentro
antes de su matrimonio y sobre lg cual las con- diciéndole con voz co1:movid1t.
versaciones del Doctor habian arre&gt;jado una luz
-1Vamo&amp;! usted que es t,m buena, tan buena,
verdaderamrnte inquietante.
ame un poco A esa pobre :\fAg!
Pues bien, no. Lo había calcul11do mal: no se-¡Cómo! ¿Pero que se figura usted que no la
ría Roberto quien la dejara lanz11rse en esa vía. amo? replicó ellil. con ~incera admiración.
Era necesario reprimir esta rebelión insolente
-Si; es verdad que usred In ama, pe1·0 no por
de modo que l\Iaría M!igdalena no reincidiera en ella sino por ustdd. Dios mio! Ya sé que casi siecn
ella más. porque si no, era posible que se atrevie- pre es a~í como se ama, pero siendo u11ted como
ra después A todo. Debfa presentar sus disculpas es, bastante gen1-rosa. bien podria conducirse de
A la seflora Le C'lercq y se las presentaría, p11.ra on·o mod 1. Déjel"' usted que conserve su perso ,
lo cual Roberco le habl11ria como 11mo y se baria nalid11d, no la oprim·l. Ei una verd11dera 11ina y
obedecer, no quedllndole A In joven más recurso tiene necesid11d de sentirse libre. Mire u~ted: yo
que someterse; y de este Incidente en que pensó la he encontrado muy dilereme de como la couo
locamente triunfar, saldría enteramente
derrotado. Pero no qul!ritt ir A hablará
su mujer inmediatamente porque se sentía muy exaltado aún y temfo ioi;arrir en
alguna intemperancia de lenguaje que
despué3 le seria tal vez peuosa.
Darlor. se le aproximó:
-.Matlaoa parto, sefior, me voy para
Eret111\a como ya se lo había yo dicho á
usted y como no sé si hoy pueda tt:ner
el gusto de volver A ver A Morí.. digo, ti.
la serior11. de Roberto Li( Clcreq . . ..
Darlot había estado A pUDlC' de de~ir
«~Iarfa Jl[11gd11lena» y Robt!rtO que se
a percibió de este detalle quedó muy contrariado. ¿Qué especie de f&gt;'ruiliaridad
tenia ella con sus amigos que se permitían
Jlamarla por su nombre como A una criaturitn?
-~&lt;, es probable, en efecto, que salga
de su aposento, pues habrA usted obser,
vado qtte cuaba algo ederma.
--Enferma .... ;.Lo cree usted? á mi
~
me p1ueció mll.s bien diEgustada, pero
vl, . .
1
muy segara de eí misma y muy firme
-, ~
A pesar de su exl\speración.
~
.
Roberto, á cada instante más irrit11do,
,-,;,t,.
se acordó entonces con extremada preci- ~~~~¡;~=~~i
sión de las advertencias de la joven inglesn y se le figuró volver á verla. frente ~ .. ·
A frente mirándole con aquella seguridad f Cty firmeza que la hacían tan simpl\tica y
,
revelaban su lealtad. La sefl.orita llartley
f .l.CiQ!t
le babia dicho: ¡Cuidado, mucho cuidado!
Empujada al último extremo, Maria Magdalena se revelará: usted no la conoce!
Y en efecto, lfoberto no la conocía y
nunca la hubiera creído capaz de tanta
decisión y de tanta audacia. cMagdalena
cansada de luchar, volverá á la casa de
su padre si su padre la quiere recibir»
había agregado LÜcfa, pero precisamente si ~Isgdalena se atrevie3e á llevar á ese pun- ci; la he visto cambiada, triste, languideciente y
to la insurrección, el Doctor desaprobaría su con- me ha dado IAstima. ¡Ella que siempre estaba tan
ducta. En ese momento Roberto le vefll marchan - alegre, tan joven, tan admirablemente llena de
do I\I lado de la seilora Le Clercq, hablando con alegría y juventut..11 lmágioese usted un plljaro á
animación, tratando de disculpar sin duda A su quien se le amarra de la patita con un hilo, aunbij~, y prometíendo que la obligarfa á la sumi- que el hilo fuese de oro: no cant11rfa más¿ verdad?
sión.
y se moriría de tristeza.
Darlot siguió la dirección de la mirada de RoLa senora Le Clercq que al pronto pareció haberto, tuvo el mismo pens11miento y sonrió atu- berse conmovido se irguió sintiéndose lastimaoa
zAndose el bigote.
mAs allá de toda ponderación al observar hasta
- 81 la esposa de usted estuviera enferma, su qué punto se del&gt;conocian sus intenciones y sus
padre se apresuraría á ir á cuidarla, pero la co- actos.
noce y sabe que en estos momentos lo mejor es
-He aquí, dijo, comparaciones muy poéLicas
dejarla 5ola consigo misma. Yo que también la
pero
inj11stiiicadn11 en mi concepto, puesto que
conozco, pienso como el Doctor. Naturaleza exMaria
l\Iagdalena goza de toda la libertad deseaquisita y refinada, su igualdad de humor y su
ble.
No
tiene, es verdad, la misma de cuando era
calma pueden durante mucho tiempo impedir que
la
seftorita
Bois Saint M11rcel y podía frecuentar
se deocubra su finneza y casi podlia decirse su
la
sociedad
de gentes vichidas y equívocaR, pero
obstinación.
sobre ese punto me permitirA usted preferir mis
• i el aire glacial de Roberto ni la afectación antiguos hábitos que son los de todos mis antececon que contemplaba A su interlocutor fruncien- sores, pues es indispensable que se conserve la
do el entrecejo de un modo bastante eignifieati• dignidad de nuestro nombre.
vo, detuvieron á Darlot que, semejl.lllte en esto á
Darlot que babia logrado rehac1:rae, dijo con
la setioritaHartley, iba siempre recto á su fin sin su voz más ioclsi va:
dej~rse desviar por nada ni por nadie.
-¡Muy bien!, mi sefiora, muy bien! Me es muy
H.ober,o no le simpatizaba ni un plico; en este interesante tropPzar con personas qu'e tienen firmomento mismo hallaba placer diciéndole verda- meza de carácter, pues teniendo como tengo una
de:1 muy duras sobre su superficialidad, su impre- debilidad deplor1tble, me divierto en estudi11.r cua.l
visión y su manera egcis!a de amar A María Mag- de estas dos cualidades buena ó mala que se lae
daleoa y hablaba con un,, seguridad enteramente juzgue produce más detestables resultados. Pienadecuada parn exasperar al joven jurisconsulto. so, sin emburgo, quo hay casos en los que las

_;,:,-7 ~t.,

gentes inflexibles deben saber ceder un -po~o, así
como los débilt:s, de vez en cuando revestirse de
cierta energía si hay casos graves que sirv~n do
motivo. Esto es lo que acabo de hacer dec1diéndomé á. decir A usted lo que le be d:cho.
Sin esperar respuesta saludó respetuosamente
y se lué con paso rApido franque11ndo en ~reves
instantes la reja. Lu seliora Le Clercq le v1ó ulejarse con profunda estupefncción.
La intervención de Hené Darlot había. producido
en Roberto un tfecto semej~nte al que produjo
en su madre avivando más bhm que calmando la
11gitació11 contra María Magdalen,1 .
Atrnvesó, !'Ues, rltpidamente el jardín, y entró
en el aposento de su mujer. lb!\ con la resoluc;ón
de decirle senc:Jlamente: «Maria ir11gdalena, desapruebo la conducta de usted: usted ha olvidado
lo que debe A mi madre, y deseo que le presente
usted sus excusl\s y que para el porvenir evite
usted escenas de esta clase.» E3lO se1ia bastantl':
111 joYen se verii obligada á obedecer sin réplica,
y sus pujos de chiquilla sediciosa ~erían
desde luego abatidos.
Biijo estas impr'-'siones entró y vió .\)la·
ría M¡¡gdalena que estaba leyendo, sentada cerca de la ventana, y que ni aun levantó loe ojos al oir el ruido que produjo
la puerta cuando se abrió. Sin duda est11.·
ba aterrttda y esto actitud traoqu'lll no
., era. más que un supremo esfuerzo parll.
·• ocultar sus temores. Roberto avanzó hacia ella con ademán severo y como era.
un horubre metódico y un abngado, y tenia la costumbre de consen·ar en la memoria las frases qüe prévi11mente pensabll y maduraba para cada caso, comenzó
con entonación perentoria:
-~Iaría :Magdalena, desapruebo la conducta de usted ..... .
Ella colocó el libro sobre una mesa y
dijo io·errurnpiendo á. su marido.
- Lo siento mucho, muchísimo, pero
ya me lo esperab11.
Y como estas palabr11s fueron dicbas
con voz dara, trnoqnila y reposada, t1
abogado quedó estupefacto.
-¡Que se lo esperaba usted! Y sablen
do que me iba A ser desagradable, obró
usted como cbró?
-¿Q1,eriendo serle A usted desagradable? No, Roberto. No hubo premeditación:
hablé, ;-orque había lle~a.do al agotamiento de mis ftterzas de resistenci1t y eso, si
no hubiera sucedido hoy, tendría que suceder mallana. La verdad es que ya no
estaba muy segura de mi cuando se presentó este incidente y ..... .
-Habla usted con demasiada tranquili•
dad. gritó él perdiendo su flemaacuscumbrada, sorprendido por semejante acti·
md que salia de los limites de toda previsión.
Mag se levantó, se acercó A Roberto y
éste pudo contemplarla a plena. luz. Estaba en
erecto muy serena y una expresión de1·esolución
contenida daba A sus beciones un aspecto nuevo, Roberto tuvo la intuición de que no erit una
nitl.a la que estaba delante de él, sino una mujer
de vol.untad acaso tan fuerte como la suya y comprendió que la lucha iba á ser tormitlable.
M~g_gua!•dó &amp;ilencio unos instantes pues toda
recr1m1nac1ón le parecía inútil, El hecho se había.
realizado; una situación defJnida existía ya y quedó esperando que su marido le comunicara lo que
había resuelto.
Robertó agregó:
-Si: usted. está. muy tranquila después de haber obrado de manera qne me causó una viva
c?ntrar~edad. Usted olvidó e! respeto y las con~1derac1o~es que debe á mi madre, y habló con
rncooceb1ble audacia delante de un extrallo. Al
oír A usted ¿no podria cualquiera imaginarse que
usted es desgraciada aquí? Responda usted, Maria Magda!~r:a, y no se quede, como lo hace, mirándome f1Jamente y sin decir una palabra. Yo
tengo el derecho de saber por qué se ha olvidado
ur.ted de las convenien(lias hasta ese punto.
-No creo haberme olvidado, replicó ella con
mucha calma, y tengo la convicción de que usé
términos ente:-amente correctos, ademAs René
Darlot no C3 para mí un extran.o sino ua aw1go.
Roberto, mu.&gt; irritado se puso Arecorrer el salón a grandes pasos.
-Preguntarme pe,r qué habl6 , . .. .. ! Crtía yo

27

EL OB!&lt;TÁCULO.

que lo sabe usted bien amigo mío, pues es usted
demasiado inteligente
para que pudiera ¡.,.uorar
.
e
que no soy aqu1 ma.s que una chtcuela y que se
me trata coruo si fuera incapaz de pensar y obrar
por mi misma. No hago nada sin pedir licencia;
se me impone e&amp;to, se me prohibe lo otrC' y esta
tiranía aumenta momento A momento y se llega
hasta á despedir una criada que es mill, que yo
misma be traidu aquí y que me sirve desde la infancia.
- Oh! interrumpió Roberto. Esa muchacha es
de unl\ calidrtd deplorable y no me parece m&gt;tl
que sean alejtldas de usted todas las personas á.
4uie0Ps conoció Antes de su matrimonio.
-;.Por qué?
- PuPs porque ha vivido usted, qu1:rida mía, en
un medio que yo callriMrla de ... . impropio y
que el seil.or de Bois Saint Marcel nos ha descrito
de una manera tal que ....
~!arfa Magdal..ma se r.1borizó avergonzada por
est11 inculpación.
-Bien conocía u,ted ese medio. ¿Por qué me
fué á buscar allí? He aquí una rr11seque lamento
amigo mir•. ¿Algo en mi perdona le es á. usted
desagradable, tengo una conducta .... impropia
como usted dice~
Roberto se volvió l\ contemplllrla y ob~ervó
que teni'l un aire de profunda mP..1mcoli11.. E~ta.ba Jiodüima esca rebelde que rtivindicab I derechos de libertad incompatibles acaso cuo su juve11tu&lt;l. ¿Por qué diablos no se contentaba con
ser bPlla y amlida por su belleza arrebatadora?
-Pc1rsonalmente usted es eocantatlorll, djjo él
11proximll.ndose, pero Je asPgaro que l0:1 relatos
hechos por el Doctor, me 11.-1.0 despertado vivas
desconfiaoz11s sobre el carácter de las amigas que
t•!nÍtl ustetl.
- Conoce usted á una de ellas: ¿Le desqgrnda
Lucil\ 11:lrtley?
-D,·jemos en paz ú la sellorita llartley. U$•
ted trata de desviar la cuestión y me pre,enta quej11s infantiles que carecen de todo fandamentú. Aq uf no se 111 tiran iza á usted sino que se
la ama, y mi madre aprovecha cuantRs ocasiones·
se le presentan para demostrárselo á. usted.
•
l\lagdalena reprimió un ge:1to de impacienci1\
al oír hablar de hu generosidades cte fa seflora
Le Clercq, y Roberto faltando un poco al tacto,
lifladió:

-¿Las aficiones de usted A la elegancia y al
1ujo no s1:: ven siempre satisfechas grncias A su
desprendimiento? Debía usted tenerlo presente.
-No es posible que lo oivide, según la frecuencia con que se me recuerda, murmuró )fag despeehad11.
-Decía usted .... ?
-Oh! querido Robarto, dec(a .... .. digo por
fin, que es fatigosísímo y humillante estar oyendo que sin cesar le recuerden A uno la concesi.&gt;n
de obsequios que no ha solicitado.
-Esto, Maria Magdalena, es una. ingratitud.
No se le reprocha á usted nada, y usted corres•
ponde con el despecho y la impacieucia al afecto
de que se le dan pruebas.
María Magdalena se reconcentró un instante
porque el debate tomaba un camino penoso y eso
de discutir sobre delicudos asuntos de geoerosi•
dad v de reconocimiento, la contrariaba en lo
intimo del corazón. Comprendió que su esposo
11pena1 habil de9florado la cuestión, y re•
solviéndose á todo, quiso agotarla de una vez
¡mesto que ya se habfaempezado, y dijo con mueba-zalameria·y dulzura para hacer p8llar sas -p,rli.bras.
-Estoy segura, amigo mío, de que es en erecto por earifl.o por lo que me tiraniza su madre de
usted¡ no retiro e:1ta opinión y le protesto que si
no hubiera tenido en cuenta esemóvil, no habría
tenido el valor de sufrir tan l11rgo tiempo una
&lt;arga tan pesada.
Reconozco que me ha colmado, diré mas, me
ha abrumado á fuerza de regalos, de amabilidades y de atenciones ...... sólo que de mi parte
preferiría que me amara de otro modo, haciéndome menos obsequios y dej!n.iome obrar un poco
según mis gustos. Vamos, Roberto, asted sab_e
mejor que yo que no estamos en nuestra casa SI·
no en la suya; que es por su cuenta lo que comemos y bebemos; que ens criados nos sirven y s~s
carruajes nos pasean. Para usted que es el hlJo
ésta es sin duda una situación natural, pero yo
estoy bajo la impresión de encontrarme_ en _visita,
si torno en el jardin una flor, temu ser 10d1screta.
y no me atrevo A dnr orden alguna A esa servidumbre vestida de ceremoui11. que me ve con un

.

~

¡¡

,rf..
-':'!

"'
&gt;;,

respetuos.; desdén muy comprcnsi"ble para mí.
E,ta, amigo mio, es una sftunción tirantP. D1u·,
es un plncerextremado, en tanto qu~ reeibir, a.pesar de uno mismo, se viene á convertir, A 1~ IRrga,
en un verdadero suplicio. ¡En norubre del cielo:
que la sefl.ora Le Olercq me recoj11. cuitnto me ha
regalado,que no me vuel\"a. á d11r nuncn más, pPro
que me deje siquiera respirará mi gusto. Porque
en fín, Roberto, de lo que ella pretende haberme
dndo lo que vale m:\s y yo_ quiero mAs en el mundo, me lo estAn quitando otra \"CZ poco A poco y
ese ...... eres tú!
.María Magdalena con un movimiento delie11do
deslizó su brazo al rededor del cuello de Roberto y apoyó en el pecho de éste su cabecita linda.
de modo que él al verla. y al sentir tan cerca aquellos ojos grandes y claros, aquella boca fresca y
oliente A fresas y aquella tez reluciente, sintió
que sus resoluciones se debilitaban de una manera deplorable y no tuvo fuerzas para arr11ncarse
de ese dulcis1mo abrazo de su mujer.
-Tú y yo, Roberto, no hemos estado solos
desde nuestn casamiento ni hemos podido amar•
nos más que durante aquella nuestra ese:ipatoria
de ocho días. Ella está siempre entre nos.-,tros y
naturalmente debemos conservarnos cuidadosamente conectos. En la mefa se habla de obras
pías; figúrate que acaba de dRrme un empleo en
el orfanatorio y que f}stoy condenada á coser camisas bastas que me destrozarAo los dedos y me
pondrá:n"'lllunos de 1regatnz.
María Ma~dalena extendió su mano tina y la
pus~ tan cerca de los labios de su marido que
éate no pudo prescindir de besársela. Ella sabía
muy bien la clase de ascendiente que tenía sobre aquel hombre de D'\turaleza enérgica y por
la primera vez empleó las armas de la belleza.,
irresistibles, contra 1, u suegra. Hasta aquí hA bía
sufrido sin quejarse porque tenía horror a las discusiones y á la diplom11cíll femenl11a: ahora se
quejaba, y emprendíll á tod1' costa un comb!lte.
-Y cuando por el\Bualid11.d llegttPmos á estar
solos como ahora unos cuantos instantes, los apro•
vecharé para contnte cómo estuvo la dlecasión
el! el Comité de Senoras Piadosas y á cómo vale
la tela de algodón con que se hacen los colchones
del orf11natorio. ¡Ay. Roberto! qué felices seriamos en el campo, solitos los dos ..... No seriamos ni un poco correctos y nos besaríamos en la
casa y A cielo abierto, bajo los árboles y en todas partes y A cualquiera hora.
Roberto dimdo al olvido loa para él fundados
motivos de su ju,,ta cólera, besó ll Maria lbgda•

,.,.

Jena tal como si \-a estuvieran en su casa del campe, ó A cielo abí~rto bajo los árboles del ctlmi110.
-Aquí, ¡qué diferenci11! af1adió. Tú en·s gr1tvo
y yo soy lúgubre: por nada de este mundo te 11treve1 i11s A reir y yo menos aún. Vamo3 á vclvernos muy formales: tú no pensando 5ino en las_ dP•
mandas y vo sin ocuparme mf\s que de los cincos
del orran11iorio y aeí ya verils qué perl\Oll&gt;ljes somos tan respetables y momificados! Ap~o11~ tienes treinta af\os y yo voy {L cumplir mia veinte
y . . . . ¿te atreverías á creerlo? pues ya somos
octogenarios.
.
Dime, Bob, ¿encuentras que vaya por su camtmo eso de hacernos viejos á nuestr11. ed11d? ¿~o
te dan tentaciones de eer joven, ..l mí si. Ali! no
tener nada, ni lujo, ni fortuna, nttrla mús lo qne
tú g,rnas, y vivir felices juntos! Mira que nos tlebemo3 el uno al otro y en virtud de eso yo te
quiero para mí y sólo para mí. Me parece que e:;;to es muy natural, en tanto qne A los ojos de cualquiera parecerA abominable eso de qua no_ pui.-da
yo tener marido sino á hurtatiillas como &amp;1 ful:lra
un delito. Casi no te conozco y no se 110s drjll.
ninguna intimidad de pensamientos para que podamos conocernos. Unicamente en nqud Yentu•
roso viaje que hicimos juntos be podido entreverte y eso ee todo: después, no he visto m,\s
que un sefiorón \"eslido de negro, muy estirado y
siempre con una eeflora muy severa y muy respeta.ble colocada enLre él y yo. Y tú? ¿mo conoces ocaso, Roberto?
Sus miradas se cruzaron, y esta pregunt~ no
obtuvo respuesta: todo el profundo enigma &lt;le las
almas desconocidas se levantó ante aquellos ojos
tan llenos de resplandores que se abtfan enfrente de él.
-No, tú no has querido, terminó Magdalena
con acento de reproche, no te hin dignado querer conocerme, y sin emba;go, creelo, valgo la
pena de que te tomes ese trabajo.
Roberto la estrechó contra su pecho. Todas estas cosas dichas por la =iujer amada, por esa deliciosa :Mag que tenía sobre él influencia tao grnnde. le conmovieron y como eran justas tuvieron
eco en su conciencia y en su corazón. Su madre
era amorosa f buena eon una terrible bondad invasora y absorvante; y encerrados los dos en esta
estrecha vfa ceremoniosa y grave, no tardnrían

�==

"EL )IU"S'DO rt..USTIUDO"

!l8

en atrofiarseá pesar de suja.,•entud y del amor que
so proresnban.
Pero la siluación no erll túcil de resolverse.
-¿Y qué hacer, M11g? Ya estamos aquí, y mal
ó bien nui:stra vida estA organizada.
-¡Oh, no Boh, no! Cuando aceptamos la exis•
tencitt en común no sabh1mos que
es una cosa
obsolutamtmte imposible.
- ;,Y qué quisie1·a tú qué hiciernmos?
- Diantrt'l E;cnr en nuestra c,sa, tener una
can 11ueatrll com1.1 todo el mundo.
Roberro sacudió la cabeza.
-Suet\os, querida mía, suenos. Sería cruel Rbandonar á mi maure fl su edad, después de todos los
sACrificio. que ha hecbo por nosotros.
-CunodocasaunoA susbijoe, 11migo mío sereeigna A una sepA1·11ción: mi padre me ha dej11.do
salir de París y tu madre oodía muv blendejt1rte
salir de 1,u Msa. Ya sabe qu11 la am1tmos y que
siempre serf11. para nosotros una dicha recibirla
en ca-a.
-EsR frase Jeparecerítt abominable á mi pobre
mamA.
-Pero en fin! cu11ndo ella se cas(1 sufrió la tutel que ahora me impone A mii' habría en el
mismo cnso aceptado la misma sitll8ción?
Siguió un silencio ba10t:mte prolongado. Roberto, sufriendo rou..:bo reflexionttba oprimido entre
la ll!t!cción que tenia por su madre y el amor do
Marí1t Mngd11lena, reconoch..ndo en el fondo del
corllzón que ésta tenill rnzón al querer estar en
su casa, pero retrocediendo con espanto ante la.
perspectiva del d isg .1sto y de la indignación du
la sen.ora Le Clercq,y atemoriudo también como
buen provinciano por los comentarios que h11rían
todos sus amigos y conocidos ...... lllagd1tl,ma
aftadló:
-Esto es penoso para tí, Roberto mío, lo comprendo, pero es inevitable, pues no puede soste•
nerse una situación como la que guarda111os. Por
otrl\ parte, despu¡;s del incidente que acababl\ de
ocurrir &amp;1 imposible volver A nuestra vida babi•
tu11l.
Roberto se pnso sombrío, pero ella valerosamente agregó:
-Si: yo misma to recuerd" este incidente que
lamento en la forma por mAs que me haya yo
mantenido cortés, pero que es fdiz en el fondo
porque resueke la cuestión y nos coloca en una
i;ituación tal que se hace necesario t0miu· un par•
tido en esta uiya.ntlva: ó permanecer aquí, pero
entonces en una posición obsolutamente subal•
terna, ó bien, lo que es mas lógico crearnos un
hogar independiente. Oh!, tan modt!sto como tu
quieras, como tu puedas buenamente. Yo no amo
el lujo ni el bienestar á tal punto que me sienta
capaz de sacri!icarle todo lo demlls y tengo la
convicción de que despué3 de la primera explosión de los sentimientos vl'hementes, tu madre
comprenderá que dcbiamos tomar esta resolución.
Roberto suspiró con angustia. Es verdad que
Maria :.\fagdalena defendla su causa con calor y
encontrab,~ razones excelentes, pero indudablemente fJUE'! á la senora Le Clercq, no le iban A.
faltar argumentos para probar que &amp;taria Magdadalena era una ingrata y l!l un ma! hijo, un hom•
bre débil cuya justa lndingación se había rendido á unos cuantos besos y A. unas cuantius palabritas de miel salidas de una linda beca.
-Pero en que di!icult!\des me has metido,
l\fagl
Puesto que sufrfas debiste decírmelo, en vez
de estallar en r.na escen!l irreparable como lo hiciste. Mi Intervención habría podido allanarlo
todo en tanto que ahora tengo que entablar una
lucha con mi mHdreyaca$O h11&amp;tareliir. Esta.idea
me es horriblemente penosa.
-Reflir! ¿Y cómo puedes imaginarte que tu
mamá.sea tnn poco razonable que se niegue !\admitir una co,a cuya justicia es indiscutible? Cada
uno en su cas:1. y Dios en l1t dp todos: he aquí el
precepto universal y al que se sujetan todas las
personas A quienes conocemos, siendo nosotros
loi, únicos que sostenemos una situación anormal.
- E3a es en efecto la opinión común, pero no
la de mi m:\dre y hny qne lijarse mucbo en un
lado de la cuestión sobre el cual te deslizas lijeramente ·in fijarte en su importancia. Yo no tengo fortuna personal porque mi padre, A conse•
cnencia de especulaciones infortunadas, perdió
todo lo que poseía. y mi mudre no está obllgada
A nada respecto de mi, siendo muy justo que cooEer.e todo lo que le pertenece. De mi parte no

"ªº

quisiera pedirle ni la m -1s mínima renta ó capital caso, al otorgarJi, un generoso perdón, Je dirigiría
un discurso que fijara muy bien su situaclóo y
por nada del mundo.
-Ohl lo comprendo mny bien, interrumpió Ma• que la dejara sin ganaa de intentar nunca mAs
renovar semejante audacia.
rfll 'Magdnlena con viveza.
Un rumor de vocee cot1fusas le hizo levantar
-Bueno .. peroentoncee ¿de qué vamosávivir?
llace ruuy poco tiempo que empecé A trabajar los ojos y distinguió en un balcón del departa•
y mi clientela es demasiado reducida, de modo mento de María lllagdalena á. los dos jóvenes mny
que ¿n realidad no me produce mAs de cuatro 6 ja.ntitos y en una buena inteligencia ájuzgar por
cinco mil francos al l\ft0 1 Jo cual es muy poco para su actitud y la¡¡ miradas que se dirigían. El asom•
nosotros que estamos habituados A una vidll de bro la. par1dizó durante algunos minutos. ¡Cómo!
comodidacil!S y h11br[a que prescindir de coches, ¿Roberto estaba contento con su mujer? ¿llabiendo ido A corregirla y reprender!!\ cambiaba de
servidumbre y lujosos departamentos.
M1tri.i M11g11atena se habfa tomado del brazo de propósitos se volvía de su lado y po.recillaprobar
su marido y así paseaban los dos por el aposento. su inconv~niencia? Una ola. de amargura le in-Ya te he dicho, Bob, que el lujv me preocupa vadió el corazón.
Roberto distinguió á su madre en el momento
poco pues no deseo mh que tu amor y mi tranquilidad. No soy dadtt A fiestas, lo sabes muy bien en que e .traba.
-Mira, Mag, desearía yo que le dieras tus exy seremos muy felices en una modtssta catiita de
ladrillos con un jitrdincillo de rosas y violetas cusas por haber sido dura con elb, ¿no te paque serAn mías, un s,dón en el que recibiré a rece?
Magdalena inclinó la cabeza.
quien mu agrttde y un aposento en que puudo dar
- ¿Pues qué do veras flllté A las conveniencias?
boepitlllidad Alas per:.onas du nuestro cariflo como
-Tus pa,abrns fueron correctas, pero tn actiLucia Hartley por ejemplo. Túnosabes hasta qué
punto me sería satisfactorio tener en casa por tud no. Ya h11s ,·tslo las consecuencias.
Ella comprendió que en este punto debía ceunos clias A Lucía! QJ.erido Il.&gt;b, vamos á ser al
der y lo hizo de buena voluntad y sinceramente
como hacía siempre todo.
-Bueno, Bob, no tendré inconveniente en declarará tu mamá que la amo y la respeto y que
estoy desolada por haberla ofendido.

fin e :po$03 tú y yo y á obr1'r por nuestra propia
cuenta. Llevaré nn libro de gastos con mucha
perfección y nuestra casa, aunque pobre, eerAalegre y de buen gusto. Ya verás ..•. oh! tstar en
nuestra casa ¡qué felicidad!
Se asomaron al balcón qa.e &lt;'Staba abierto y
pensativos contemplaron cómo la noche iba descendiendo sobre el jardín. Roberto reflexionaba
acerca de los lados agradables de una vida inde•
p,indiente, pero sentía al mismo tiempo la pena de
deeagrad1lr á. su madre y le preocupaban loe cuid.1doe y responsabilidades que iba A. tomar sobre
sí. porque desde el día en que se separara del pll·
lacio Le Clercq, sería cuando, casado verdaderamente, sabría lo que es la cuga de una familia.
Esto no dejaba de ser inquietante.

La seftora Le Clercq vió á. su hijo correr al aposento de .María M&lt;1gd11lena, y adivinando su frritación, comprendió qne iba á dirigir á la joven
reproches que estimaba como muy merecidos,
pues aunque en el rondo era muy buena y 11maba A su nuera, le c msaba viva satisfacción que
se la reprendiera por una 111.lr.a de respeto que la
habia dejado profundamente disgustnda.
El Doctor muy contrariado, lleno de mortificación, deseando esquivar su presencia durante la
penosa crli,is, salió cou el objeto de escribirse A
si mismo una carta que le llamara A P..ris por el
trl!n inmediato.
La seiiora Le Clercq regreso.odo por la Rvenida
que conducía al vestíbulo, se decía que Magdalena merecía una buena lección, y que seguramente obligada por Roberto, vendría al día siguiente
A darle una satisfacción cumplida, y que en ese

Roberto durmió poco: el pensamientc de los
debates que se iban a. entablar, lo tuvo sumamente preocupado durante la noche. En ,manto A. b
seliora Le Clercq, la convicción de la ingratitud
de sus hijos la tuvo en un estado de exasperación
febril.
Se acordaba con extremada lucidez de memoria, de todas las bondades y beneficios que les
había prodigado, y esto bacía resaltu la fealdad
de la acción con que ahora l!l. recompensaban sublevllndose contra su autoridad.
Menos 1¡ne nunca dispuesta á la reconciliación,
se preparó en esta noche de insomnio A una acti•
tud de altivez y dignidad herida, poco apropósi,
to para resolver las dificultades existentes.
Mny temprano entró Roberto A su gabinete de
trabajo abrumado por desagradables pensamientos: se aproximaba el momento en que era nece•
sario hablar A su mad1e y tratar de hacerla comprender y admitir los proyectos de Maria Mug•
dalena, convenciéndola, además, de que era justo
dejarla soln después de los innumerables favores
que le debían.
La empresa era dificil y el joven se sentia muy
conmovido ante la idea de afrontar una indigna•
ción, una vehemencia de sentimientos arte los
cuales siempre había cedido con docilidad.
Otras preocupaciones también le torLUraban.
Todas esas visiones de existencia modesta y libre, siendo los dos enteramente duelivs de si
mismos, eran agradables en tanto que permane•
cían en la categoría de eneuelios¡ pero A la hora de llegar al terreno de la prActica, ¡qné difi•
cultaltades de ordeu material tenían que surgirl
¡Cnán angustiosa es la incertidumbre!
No tenitm rentas ni fortuna, ni siquiera la suma necesaria para procurarse los mueble~ necesa•
rios A sn nueva instalación.
Cuando se casaron estaban tan destinados á
vivir enteramente con la seftora Le Clercq, que
so habían instalado en un nido preparado por
olla, y en el cual ninguno de los objetos de que
se servían les pertenecía.
Roberto llevaba apenas un afio de estar ejerciendo au profesión, y duranre este tiempo, 111
mayor parte de lo que babia ganatlo aún no se le
pagaba, pues sicml,lre un abogado cobra á. sus
clientes los honorarios con menos actividad de la
que emplen un comerciante para cobrar sus tacta.rati.
Lo poco que había recogido en dinero lo gastó
desde luego, pues no estaba preparado para ninguna eventualidad que le hiciera pensar en economias.
Así, pues, era necesario, al avisar A la sellora
Le Clercq que se la abandonaba, pedirle dinero
para poder ejecutar esta decisión.
Roberto reco.rrltt su gabinete con sgitacióo,de•
sesperado de la situación en que se ¡¡entfa. colo' cado: y como Mag no estaba a.111 con él¡ su inrteneia muy pasajera disminuía. Roberto se re•
hacia y las ideas que tenia desde la niliez se apo.

deraban de nuevo en au conciencia. Había trabajado tanto en este gabinete bajo )a mirada fría
de los antiguos retratos de sus antepasados presidentes, consejeros y jueces, que ya eataba ~cos~brado A un supersticioso respeto hacia esos
vieJoe pelucones que se amarillabau en &amp;UB cuadros de oro.
Mu~has v~ces al le~antar los ojos fatigado de
estudiar alguo expediente Arido, había encontra•
do aliento nuevo en esas caras altivas y pensadoras que le mostraban el camino que debía recorrer; camino recto trazado por espíritus llenos
de honrAdez, y aunque medianos, penetrados de
su importancia y de la influencia social que tenían.
Eu este gabinete trabqjaron ttntes que él, su
pudre, su abu.,Jo y su bisabuelo. Aquellos libros
de pas~s descoloridas simétricamente alineados
~etrás de las vitrinlls de lll biblioteca¡ aquel anuguo péod11lo de bronce¡ Ja mes1 macist\ los si•
llones rígidos; todo ese interior guve y severo
estaba como impregnado de pensamientos serios,
de aentimi•mtos de bonor11 bilidatl y del respeto
que cada Le Clercq ei,taba en la obligación de
tener hacia su propio nombre.
Esta raza de abogados y m11gistratlos hab{a sido altiva y leal, y en ell1t todo parecía httberse
organizado con arreglo A las pre~crlpcloncs de una
tradición veneruble á fuerzt1. rle ancianid1td. Cada uno de estos togados había tenido uo wjoberedero del nombre y lafortunR; y las hijas, cuitn•
do las habfa, entrab.m al couvento, ó se las ca... a•
ba con algun primo de la rama segunda de ta
familia que también llt!vaba ~1 nombre de Le
Clercq.
La monogrnril\ de estos hombres estabi traza•
da invitrlable desue la eternidad: inf rncia tntu•
quila, juventud estudiosa., casamiento entre los
veinticinco y los trt:int1t ,iflos, UM vida grave y
digna, honores y la consideración de sus couciu
dadanos.
Cada uno de ellos se habfa cRsado con una mujer rica y babia administrado su hacienda coo prudenci11. y tino, por lo cu11 l la fortuna. de la casa era
cuantiosa. El padre de Roberto era el único que
había dilapidado su fortuna impulsado més bien
por una causa política, pues er• muy adicto á lve
Borbones. E~ta burguesíil de tres siglos tenía opiniones realistas muy pronnncladRs, porque las mu•
jer~s qa.e por m11.trirnonio habianentrado en lafa ,
milla eran todas de alcurnia elllviuiisíma digna de
semej,rntes magistrados.
Del ladv de los muidos la rij1dez de priocipio::1 y la corrección de vida habiiln sido iodiscuti ble~ y del llldo de las esposas era tra iiciooal el
ejercicio de obr11s de caridlld.
Roberto fué el primero que en ~sta raza do bie•
rro, ó más bien de mll.dera dora, introdujo una
criatura viva, avispada, alegre, qne no estaba en
relación con las ideas y gustos de sus antepasados. En el pecado llevllba J1t penitencia.
Se iba á dar el c1tso de q_ue un Le Clercq dejara la e1tsa solariega, lrabajara fu"lra de ese gabinete y viviera pobre y nec1sitado en algunl\ casucha de arrli b?&amp;l lejos de la rcconlortirnte mirada
de los retratos de famllla.
A este pensamienlo toda su sangre fría de mn•
gistratura, toda su altivez ar~ctada, el miedo de
caer en desgracia y el orgullo de su nombre hirvieron en él. Partir, dejar todo, romper con elpasa•
do, destruir el culto de las tradiciones t11miliarea,
porque la eeliora Le Clercq había despedido á
una criada de Jlaría Magdalena, 6 mAs bien porque .Maria :'\Iagdalena habituada A la vida bohemio. sin freno ni sujeciones no haoitt sabido apreciar los beneficios de una existencia honorable y
seria era un disparttte de que se tendrían el111 y
él que arrepentir. Oh! ¿por qué había cedido algunas horas antes á. una sugestión que lamenta•
ba ahora sintiendo alg. di! ira contra quien se 111
inspiró'?
Deploraba pues en debilidad y se echaba en
cara que hubiera sido capaz de desert11r de la
causa de sus antecesores dominado por losencan•
tos de una mujer. Pero como ofreció b11blar á su
madre, era necesulo cumplir su prome::1a y bajó
á sus departamentos no sabiendo aún lo que le
iba A. decir y con el estado de Animó de un hombre igualmente empujado en dos opuestos eentl·
dos. B~ verdad que en lo que Je decídlaría :\1agd 1lena babia mucllo de justo ¿pero no seria posi•
ble mejorar ltt s~tuación i;in romper con todos los
lazos que unían t Roberto con su antiguo modo
• de vivir?
La seliora Le Clercq, enferma por la noehe de
insomn:o que acababa de pasar, estaba todavía

EL OBSTÁCULO.

en el lecho, Roberto entró en el aposento y perrnaneció unos instantes silencioso y dcspuéi de
besar A su madre dirigió una ojP-Ada á. esta pie•
za donde había entradorllra vez do:sde que se hizo hombre.
Antiguamente. en su i11fllncia, había habitado
a!H y pudo ver en el aHeiz11r de la ventana una
mesita microséópica conjque Re divirtió enj 1ego.
tranquilos y silenciO!IOS, mientras su madre cosía
ó s11.caba cuentas; vió la silla de terciopelo azul
en que lo ser.taba, muy formalito para contule
cuentos, silla en que hubfo aprehendido las pri•
meras lecciones de lectura; volvió l. ver el pianino relegado A uno de los rincones de la estancia
en que estudió las primeras escalas, y contemoló
con mirad11 melancólica la Alforu bra de flores descoloridas sobre la cual había desplegado tremebundos ejército~ de soldados de plomo ,V espantosos fa.ertes erizados de caftoni:s¡ sobre la chimenea. reconoció su retrato cuid1tdosamente conser•
vado y en el otro extremo un dibujv incipiente
conque habill intentado con mano torpe aún reproducir Ja11 facciones de su padre. Todo esto Je
hablaba elocuentemente de la inf1tncia y le recordaba que la eeflora Le Clercq había sido una
madre muy tiurna, que en vez de entregarlo en
manos mercenarias y de mandarle que juaara en
el cuarto di, los ninos, su dicha mA.s gra,~de ha •
bía '!ido tenerlo eon ella siempre y ocopar.ie de
él en todo tiempo y A toda hor1'.Puededecirsesin
temor que este afecto así crecido y ro mentado era
el qne la volvía uo tanto cuanto celosa y lidncli na ba A traoizar A María Magdalena.
La &amp;P1iora Le Ctercq observó A su hijo con an•
siedad: sabía que venía A habiarle de la escena
de la visper&amp; y q_ue esta conversación iba a si:r
grave, pero no le dijo nada, pues quería mejor

=

29

explorar el estado de ánimo en que se encon•
traba.
.-Estor ~n la Fituación más penosa, dijo él rom•
p1endo él stlencio. •
La senora te contestó dulcemente.
-Es claro! Debe ~llber sido mny desagradable
para ti oir I'. tu muJer hablar en tos términos en
que habló ayer tarde
R_o b~rto no contestó desde luego: y viendo su
vactlac1ór, lt seliora quiso p1 e ;ipitar las cosas y
llegar de una vez A la verdadera discusión.
-Tiene~. que decirme algo deeagr11d~ble, Roberto, le d1Jo; lo comprendo bien. Habla, amigo
mio. María Magdalena está despechada ¿no es
a I? c;Le tiene afecto A su criada y me suplica revo~ue yo la órJen de despeclirl,t? ¿O se conserva
altiva. Y orgullosa de haber tocado los últimos lf.
mitee de ll\ Rudacia?
-¡Si no tuera_ mt\s que eso! contestó Roberto.
Lnego, resolviéndose de Improviso agregó:
-~Itre usted, ma.mA; prefino confesar A usted
!ran~ttmente y sin dlpJomacin alguna que mi muJer tiene el pro~ó.sito de tener una ctlsl: suya, un
~ogar .. que dlr1g1r, su propia cas,l en fin; y esta
idea f11a, en verdad es enteramente comprensible.
Allora está un poco tutoreada aquí. Usted est4
en su c'le&amp; y reina en ella como es justo, pero
liaría ~agdalena tiene cierca independencia de
carActer y le desagrada tener que subordinarse
A otra voluntad.
_-¿Qué edad tiene? Diez y nueve aft.oe no cnmpltdos lohl comprendo que quiera manejarse por
si sola y que se sienta capaz de ser ,una de ca&amp;s1.
Rc,berto_vió A su madre coa enojo y ella to notó en seguida.
-To_da mujer. casad11, cualquiera que sea su
edad, ue11e el lndiec11tible derecho de tener un ho-

�so
gar que sea ·uyo. Desde hace algún tiempo ob•
servo con pena que María l[agdalena se vuelve
reconcentrada, triste, y ciertamente se considera
aunque sin causa ni fundamento, como una victima. Discusiones ligeras, pero demasiado f1 e•
cuentes se bao producido, y esto la verdad es
que me produce una profunda tristeza.
No podrla explicar A usted hasta qué punto me
contrarió oirá mi mujer hablar en los términos
en que lo hizo y ya se lo he m1m'!estado así, por
lo cual vendrá. 11. pre8eotar A usted sus excusas,
pero todos estos penosos incidentes hacen muy
dificil la vida en común. No lo cree usted
así, mamá? .Aun después que haya usted acepta•
do la satisfacción que le dé Araría Magdalena, la
situación • permanecer!\ tirante y ust.ed en to~o
pensará ver ~ verá tal vez muestrll8 de rebeldut.
de su parte. Ya ve usted que se ba revestido de
valor y aún se ha atrevido A ponerse frente A
frente de usted. ¿Quiétt nos asegura que, obliga•
da A sutrir un gér.ero de vida que Je desagrada
no acabaría por olvidar todo el respeto que le de•
be A. nstrdi' Esto no lo toleraría yo jamés, ni las
graves discusiones que tenclrAn que sobrevenir.
La seflora Le Clercq escuchaba a &amp;u hijo en el
mayor i:.ilenclo y se dispuso 1\ reprimir sus pri•
meros movimientos deexaltaeión que no habrian
servido sino pera atirmar A Roberto en su idea
de separarse de ella. En estos momentos criticas,
con el corazón y el pensamiento agitados entre
dos deberes y do,. afecciones opuestas, debla ceder al impulso más leve, y una vez ,melando en
una resolución no salir de ella. Entonces la senora dijo:
-Delilllnera, que están ustedes deseQsos de vivir solos y esto está bien ¿no es asl? Tú has resuelto complacer en ese punto A Maria Magdalena ....
Roberto inclinó la cabezasin responder de pronto, con pena porque le mortificaba la necesidad
de hacer semrjaote indicación :l. su madre, A quien
amaba tiernnmente, y le dijo con entonación melancóliM y aire cohibido:
-lla sido usted tan buena con nosotros y nos
ha probado su a!ecto de tantas y tan repetidas
maneras, que le vamos A p11recer á usted ingru.tos. Yo sufro mucho por lo que pasa v sé que me
va usted A juzgar mal. ¡Responder A las bondades de usted con un proceder de este género .... !
Y esto ¡\ los tres meses solamente de vida común
sin hacer loe ensayos necesarios para dulcificar
un poco nuestras voluntades! Esto está mal hecho 'i todos nuestros amigos lo van A reprobar.
La senora Le Clercq oía á su hijo defender la
causa de ella con los argumentos má.e contunden•
tes y Je vela de un modo enigmA:ico. Mi.,orras él
hablaba, su madre que le conocía bien, traspa•
rentaba bajo su mAscara habitual de frialdad co•
rrecta, resentimiento contra [aria Magdalena que
Jo impulsaba A este extremo y la tristeza real que
experimentaba por habt'r cedido en un momento
de debilidad.
'
Así, pues, lo dejó que enume1 ara toda~ las fealdades de la acción.
-Porque, en fin, continuaba Roberto, usted
nos ha ahorrado hasta los mAs leves enojos de la
vida material y Magdalena que pretende ser ama
de au casi1. no podri\ ni aun dirigir el modesto hogar que yo podría proporcionarle. Es demasiado
joven y está tan poco acostumbrada ll ocaparse
de cosas serias! La vida que llevnba antes de
nuestro matrimonio no creo qu4' haya sido la más
11. propósito para i1,clinarla á ....
Aqul hizo u,a pausa, respiró con es!uerzo y
encogiéndose de hombros como la persona que se
resuelve A nna cosa absurda concluyó:
-Y he aquí como con tecla su aparente dulzura, nos ha rrafdo A una posición tal que ya no po•
demos permanecer aquí.
La se!iora Le Clercq dijo i;on voz alentadora:
-Vamos, Roberto, comunícame tus proyectos.
¿Donde piensas ir? ¿qué proyectan ustedes hacer?
Sorprendido al ver esa resignación, Roberto levantó Ju cebeza y contempló A su madre.
-¡Quél ¿Deveras consiente usted sin una palabra de reproche?
- ¿Para qué? dijo ella esforzándose por sonreír. Bastante desgraciado eres ya para que agre•
gue yo li tus penas la de mis reproches.
Roberto tomó la mano de su madr~ y la besó.
-¡Qué bondadosa es usted madre mfa y cut\nto bien me hacen su, palabras! Estaba yo verdaderamente desolado por el disgusto que creí cansará usted.

"EL :líU?,'DO ll.USTRADO"

-Desolado, pensó ella para sí. Aitnque no sea
cierto A lo menos me lo dice.
Y litego agregó.
-Disgusto .... sin duda; pero el ml\s grande
que pudiera yo tener serla el ver á ustedes _des:
graciados y por causa m.la. En cuanto á m~, llll
propio sufrimiento no me preocupa. Les ~rejos
encontramos muy natural que se nos considere
como hechos para aguar fiestas é interrump1ralegrlas. "o, no me veas con esa cara de reproche.
Amo A tu mujer lo mismo que ayer la amaba Y lo
probaré ayudando A ustedes en todo lo que pue•
da. V amos .... basta de enternecimientos. ¿Qué
vns A hacer? ,. Permanecerás en 1,[ontpazier?
-Sin duda 'contestó Roberto asombrado de la
'
pregunta. ¿Pues
donde quería usted que 1uera.7
Soy abog11Jo aquí ~ aunque rui clientela sea bas•
t1inte modesta tengo un nombre conocido en la
ciudad desde hace t11otos Ali.os que espero tener
aqnJ mejor resultado que en cualquif'ra otra parte.
-Pues me imaginaba yo que Montpazrer no
era del agrado de ~[aria • Iagdalena. Es una po•
bre subprefectura, las gentes estAn muy atrasadas y esta sociedad es muy fástidiosa para una
encantadora mundana acostumbrada é la vid11. de
París. A.qui carecemos de originalidad, de deiica•
deza de brillo. Somos unos sencillos provincia1
nos boorados y fastidiosos. La verdad es que
aquí solament~ los Lll Falliere tienen ta.manos pa•
ra agradar, 11sí con eie agrado quo .... \·amos,
no me sé explicar.
Ob! con qué entonación de finura exquisita Y
de ingenuidad dijo la seil.ora Le ~lercq tod_o esto
acentuado con una sonrisa de 10dulgenma maternal!
-Tu podías haberte formado el propósito de que
te nombraran jaez en alguna otra ciudad, y me
es sumamente satisfaetorio ver quo son otros tus
pensamientos. Permaneciendo en Montpazier est1m\s seguro de que tu majer no se rozarA má~
que con per~onas bonora~les, pues ocupa aq~
una posición que en cualqwera otra.parte le seria
dificil alcanzar y yo abrigar.la. muchos temores
por su inexplil'iencia que podría volverla A amis•
tade~ incouvenientes. Tú no eres de la madera
del se:ftor de Bois Saint Marce! y to disgustaría
ver en tu casa mujeres de la categoría de Lady
Briggs, ó Lady Kan.ranina ó la condesa Adalgieri.
Dejó la setlora reflexionar á su hijo sobre toda
la importancia de esta observación y después
agregó.
-Así pues, permanecerán aquf?
-Si, dijo Roberto con acento desalentado, tra•
taremos de encontrar una casa modesta por 4 ue
yo gano muy poco dinero y ni aún sé cómo voy
¡\ eomponé"melas para el principio. , • ecesitare•
moa desde muebles puesto que no tenemos nada.
-Bueno, ya sabes que para eso contarás conmigo. Pues como íbamos diciendo, tt: instalarás
en una casitll barata, probablement~ de ladrillo,
con su jardincito al frente del ta.man.o de esta sala; tendr1\n ustedes una sola criada que María
Magdalena dirigirá y vigilará y así se proporcio•
narán una modesta dicha y se resignarAn A contentarse con la Yida di-' un encargado de fábrica.
ó empleado e.le consumos con sueldo de trescientos francos mensuales. Eso es muy penoso, hijo
mío, pero acaso tú te acostnmbrarAs, ¿Crees que
á ella le ,mcederA lo mismo?
-Pues haría mal si se quejara de un estado
de cosas que ella ha sido la que lo qn.iso.
La seflora Le Clercq sacudió la cabeza .
-Ah! pobre Roberto, diJo. La lógica no ea virtud de que pueden envanecerse las mujeres. Lo~
sentimientos femeniles son muy ocasionados A
modificarse y te lo prueba que tu esposa había
aceptado con rt'gocijo nuestra existencia Actual
y ahora no tiene más deseo que cambiarla. A.l
princi¡&gt;io se sentirá encantada y estrenará. su casa, sus muebles, su ilhertad, su responsabilidad,
y por el atractivo de lanovedad,acompallarA con
orgull.:&gt; ll la criada par11 ir al mercado y arreglarA l11s cuentas de l11 lavan ·iera y ajustará las del
vendedor de leche y las del de carbón. Pero después? más tarde? Empezar!\ por fijarse en que la
casa es Incómoda, los aposentes reducidos, el
jardín raqultico, la criada torpe y brusca y sabré. lo que es and,1r A pié aún cuando llueva, y
usar trajes mal cortados, sombreros baratos y tener que remendar l11 ropa del marido. Conocerá
en tin, fas grundes y pequenas mi erías de li.s
majeres de los pobrea r eso no tiene n1tda de dlvw-tido ¿sabe,? Y no meaclmiruría Amí que al c.1•
bo de poco tiempo pidiera volvrr aquí, cosa que
yo concederla de muy buena ,·olurtad, pero que

F:L OB"-TÁCULO,

dArla A nuestros amigos y :l. la ciudad entera una
triste idea. del cará.cter de ustedes.
Roberto. muy sombrío, hizo un ademlln enérgico significando qne jamás tomu:la él nna decisión semejaute, y su madre sonrió con su acostumbrada amorosa. lngenuidttd.
..
.
-Oh! no vale la pena jurar nada, d1Jo, part1cularme11te cuando se tiene u.n a mujer tan seductora como la tuya. Vayai por Dios que obtendrA.
de tí todo lo que quiera, y eso es mny natu~al.
Pero descartando tod~s las hipótesis y admit1en•
do que tendría hasta el fin el valor de ~us opiniones, qued11 por Jo menos esto qu~ es 111contestable: vivldan ustedes en la miseria. ¿CuAmo has
ganado esto allo?
- Unos cinco mil franco,.
-Bueno: esas g,rnancias anmentan\n de seguro· pero aún cuando llegaras A dobl11r esa suma,
vi~irfAs en la miseria, en la peor de todas, en 1'!'
de la ropa tetlida y camisas de cuello postizo. ¿1
si tuvieran ustedes hijos como espero y deseo
con toda mi alma, dónde hallarAs los recursos
neceaarioij par11 educarlos y para que María )[agdahma no ae entregue A trabajos demasiado du•
ros de mujer del pueblo que serian desastrosos
para una naturaleza tan delic~d&amp;? .
.
R'lberto hizo un gesto de 1mpac1enc1a y en•
tonct-s su madre, levantando la mano con solemnidad, dijo:
-Si he hablado de todas esas cosas, hijo mío,
es porque conviene que las conozcas á fundo Y
que no te lances A ciegas en una vía en que tú Y
ella pueden sucumbir. ¡llay tantos disgustos para 111. gente pobre, tantos cuidados A cada instante nuevos, y esto en una ciudad donde nuestros
antepaiados ocuparon una posición honrosa Y
br1llaotel Si, si te digo esto, es porque no me resigno, no quiero que mi hijo, que un Le Clercq,
en fin, se vea reducido á extremo semejante; Y
puesto que es necesario que alguien se sacrifique, seré' yo.
Petrificado Roberto se levantó y contempló ll.
su madre. No había comprendido de qué sacrificio se trataba.
-Seré yo la que me lré, dijo la seflora Le
Ciercq con firmeza y dejaré A ustedes el palacio
con toda la intalación y la tortuoa necesaria para sostenerlo y que hagan netedes en el mando
el papel que les corresponde. Para una vieja como yo, basta con una casa modesta y algunos
millares de trancos. Pero ..•. ¿qué te pasa Roberto? ¿qué tienes?
El bueno, el excelente y leal Roberto, presa
de una emoción violenta, estrechaba A su madre
entre sus brazos y la besaba efnsivamente como
en otros tiempos cuando era niflo, y la rigidez de
la profesión y el deber de dar importancia A su
nombre no le habían todavía congelado.
-.MamA, querida mamd .... es nstedmity buena, pero la. verdad es que en este caso me juzga
usted mal. ¿Se atreve usted !\ creer que fuera yo
capaz de aceptar semejante sacrificio?
Esta vez la sellora Le Cler.:q seconmovió también y con sinceridad, realmente con sinceridad.
Alguna vez entr11 la sinceridad á tomar parte
en las ~alamerias femeniles y la frase de la Camila de Muset es proft1Dda y verdadera: "¿Estds
bien seguro de que todo miente en una mujer
cuttndo miente su boca?" :Nol este orrecimiento
de deslumbradora generosidad era nada má.e que
un ardid dipiom(i.tico, y e,ta mujer que quería
conservar consigo A su hijo, lo empleaba como
una arma de cayo resultado no podía dudar.
-Te serti necesario aceptar, afladió la sellorit
acariciando con sus dedos suaves la cabellera
obscura de Roberto. SerA necesario que me obedezcas cuando yo lo exija. Ya sabes curu es mi
tiranía: no quiero ver á mi Roberto en las garras
de la miseria, no quiero que Mag, acustumbrada
á cuidados y mimos y A gastar s:n limitaciones,
se encuenu·e desgr11ciada de repente. ¿Crees que
yo quedaría contenta con mis comodidades y mi
lujo sabiendo que ustcd11s carecían de todo? No!
Por otra parte este es el palacio Le Clercq que
tiene nuestras iniciales esculpidas en las claves
de las puertas y cineeladaa en los ba.andales de
los balcones.El que lleva el nombre de la familia y es su jete natural, debe habitarlo, y ese eres
tú. En esto f11ndo mi orgullo que no considero reprochable: estoy orgullosa de mi razR y quiero
conservai·Je sus tradicione hasta el tin. Un Le
Clercq no decaerA, no saldrá. de esu cas11! Que
una vit'j \, buena cu11ndo mucho pHr11 confeccio•
nirr rol''l dt' orfanatorlos y bospitale,, vaya A11.cab11r su ,·ida lujos de estas paredes, nadll igoitica;

pero mi hijo y sus hijos deben vivir en su casa
solariega.
-Comprenderá. usted, mamA, que eso no es
aceptable, y que pueden volverse contra usted
todos los argomemos que me ha presentado hace
un instante. ¿Podrla ustetl resigaarse A vivir pobremente 11 su edad? Eso mejor lo p11ede bacer
una joven.
-Pero, hijo mio, si no se trata de pobreza; te
suplico tomes en cuenta que yo trato de reservarme una. renta suficiente para que mi vida. sea
confortable y no seré motivo de IAstimas. ¡Organizaré mi existencia bajo otro pié y eso es todo.
Continuaré como siempre ocupándome de unes•
tras fundaciones piadosas, visitaré á mi:1 amigas
y sobre todo A ustedes, qaeridoa hijos mios, y espero que me recibirán con buena voluntad. 1faría .Magclalena tiene un eorazoncito bueno y 110ble y llegará A amarme mucho cuanAo no tenga
la preocupación de que me le quiero imponer.
Roberto con el corazón oprimido, saltánclole
las sie,1es y sintiendo ganas de llorar, dijo con
voz entrecortada y como tratando de abogar su
emoción.
-Mamá, pido perdón por haber pensado aun•
que sea solamente durante un minuto, por haber
pensado separ~rme de usted. Ya no hay que ha•
blar de eso: Magdalc¡¡e pensar!\ lo mismo que yo
cuando conozca la generosirlad de usted y su ternura hacia ella: y si aún conserv11re &amp;Jguna. idea
en contrario, yo me entenderé con ella para que
renuncie.
Después besó A su madre otra vez y salió precipitadamente. Las gentes de carácter enérgico
no gustan de l111cer demasiado visibles sus emociones.
La sellora Le Clercq se dejl\ caer sobre sus al•
mohadas y sudpiraodo como quien se siente aliviado de un gran peso, murmuró:
-¡Pobre Roberto! tiene una naturaleza sencilla, recta y leal .... En cuanto A Maria lagdalena, es una chiquilla A quien hay que darle una
buena lección.

Cuando el Doctor de Bois Saint Marce! en traje de viaje salió de su cuarto llevando en la ma•
no una carta de llamamiento urgente que se babia dirigido A si mi'!mO para enseflar é sus bués•
pe des se encontró con Maria Magdalena que con
marcha lenta y ademAn pensativo salia de los apo•
sentos de la suegra.. El Doctor se imagino que,
A no dudarlo, la joven acababa de dar A. la setlora Le Clercq una cumplida satisfacción y se sin•
tió muy tran')uilizado con esta idea.
Sin embargo, esto no modilicó SUB proyectos de
evasión y siguió convencido de que ya era tiem•
po de ir a. Escocia con su amigo Claverhouse que
debía estar impaciente esperándolo.
Maria Magdalena vió á su padrt; observó que
llevaba traje de viajero y comprendió todo.
-Acabo de recibir una carta, le dijo el Doctor
con apresuramiento y ruborlzil.ndose un poco ante la mirnda de su hija, y es necesario que yo
parta ...... Una cliente enferma. La eefiora de
FernAndez ¿s,1.bee? aquella espa11oia que tiene
tan lindas esmer1tldas. Pues ba sido atacada sü•
bita.mente y parece que el caso es grave ....
María )Iagdalena movió 111. cabeza de un modo
muy significativo y contestó:
-rTo me sorprende la partida de usted.
El sellor de Bois Saint ~[arce! hizo como que
no entendía la alusión y preguntó:
-¿Podré ver t\. la sel'iora Le Clercq?
-No: está en su cama aunque no ha enferma•
do. ¡Que vn (1 enfermar! tiene un vigor, una ener•
gía un empuje que bien puede usted perder la
e~p~ranza de serle nunca útil como médico.
El setlor de Bols Saint M.arcei sorprendido por
el acento de Maria Magdalena, dijo resolviéndose
A mAs no poder á tomar parte en un debate que
le des11gradaba.
.
-Vamos . ..... entremos á tu departamento y
hablaremos: tengo un cuarto de hora aún y te lo
puedo consagrar antes de rogar á tu suegra me
reciba p11ra d11rle mi despedida.
Luego escribió en una tarjeta ~nas cuantas !~neas, tocó el timbre, envió la ti.rJeta á. su destino y aeompnllú á )la.ría. 1,[agd~lcna á_ su departamento particular del primer piso. Mrentras atravesaba corredures y bajaba e caleras, el Doctor,
sdvertido por natural sutilidad de ingeuio aviva-

do p'or vivaz egoísmo, comprendió que por razo
nes que se Je escapaban, :llar(A. Magdalena tenla
una profundn. contrariedad que la exasperaba.
¿Ilabia pensado que el arrebato de la vfspera le
daría la libertad v acababa de convencerse de
que había fracasad°o? En ese caso, su proyecto
deberf11. ser renovar los esfuerzos para comprometerlo, y tal Vf'Z hasta fuera pedirlo definitiva
protección y asilo.
Con estos pensamientos se armó de resolución.
Nada de enternecimientos ui debilidades con los
que vor otra parte iría contra los verd11deros in•
tereses de la reeil\n cnsada. Era necesario volverla al buen camino y no dejar que se perdiera por
un eaprieho irreflexivo.
Al verse en su casa, sola con su padre, .Magdalena comprendió en la actitud que tenía, sus temores de verse enredado en las complicaciones
que estaban ocurriendo y para ratificar ó rectificar estas suposiciones, esperó A que él tomara la
iniciativa, lo caal hizo desde luego, preguntando:
-Veamos, dime, ¿qué es lo que ha pasado después de tu disparate de ayer? Ya sabes, l\lag, que
tengo debilidad por ti y que me ciega el cari!io
y sin embargo, he condenado con toda energía
por encontrarla inconveniente la conducta que
has observado respecto A tu suegra. Un incidente
de esa ciase, es peor que una illlta: una torpeza.
¡Así 3e habrá puesto de disgustado tu marido! Vamos, cuéntame.
María Magdalena sin entrar en los detalles de
su conversación con Roberto, refirió lo que habla
pasado entre ellos y que después de una violenta
irritación, su marido consintió en que se separa•
ran de la senora Le Clercq.
El Doctor hizo grandes ademanes de asombro.
-¡Roberto ha cooseotidol Entonces, esto es ya
un hecho. ¿Se ha llevado A cabo ya la ruptura?
-No: ella paró el golpe, dijo Magdalena fríamente. Oh! tranquillcese usted, pues quedo bajo
so dependencia.
-¿Que me ,ranquilice yo? Pues de ese modo es
seguro. ¿Que queda::i bajo su dependencia? Pues
es lo mejor que te podí11 eucedt!r. ¿Concibes que
una mujer de buen sentido abuse del poder que
tenga sobre el Animo de su marido par1i hacerle
incurrir en semeJantes necedades? En verdad
que yo consideraba A Roberto con mayor discresión y energía. ¿Qué babrla sido de ustedes? ¿Cómo pensaban salir del apuro en que iban A me.
terse? 1Qué locura, setior, qué locur11l tú careces
de espíritu prdctico, hija mf.s, y la ünica fortuna
de ustedes y hasta mfa, es el buen sentido y la inteligencia de que da maestras la seflora Le Clercq.
Vamos al hecho. ¿Cómo se ha p?rtado?
-Con mucha destreza. Sometiéndose y abandonaDdo todo, sacrificá.ndose ,\ nuestra dicha y

exigiendo que nos quedAramos con el pAlacio y la
fortuna, en t,mto que ella, pobre y resignada se
retiraba á cualquier habitación modeFta. ¡Es necesario ser tan simple como ...... él, para no ha•
ber sospechado en tamo desprendimiento de pa•
labra, una verdadera comedia.
-Permíteme, permíteme. dijo el Doctor, yo encuentro que lo que ha hecho es magnifico, sobre
todo por el resultado que no podía ser mejor Y
ftor la aud11cia., entereza y vnlor de que ha dado
pruebas. Habría podido ser cogida por la pala•
bra y estoy persuadido de que en ese caso hubiera cumplido Jo que -prometió.
•-Conoce muy bien A Roberto, replicó Magdalena y sabia muy bien que no corría rie8go alguno. Este. diplomacia me repugna y encuentro
despreciables esos recursos y Al11 persona que los
emplea. Al principio me era cargante: ahora, ya
ni Aún la estlmo.
Todo esto lo dijo )fagdslena con la misma tranquilidad; y el Doctor si se hubiera fijado, habrfa
bailado en su hija un singular estado de Animo,
ml\s peligroso todavía que la mayor exaltación.
-Babi bah! bah! exclamó el Doctor de Bois
Saint l\Iarcel, levantdndose. Reflexiona, hija mia,
reflexiona un poco en que la vida no es una comedia en que el autor hace marchar los personajes A su antojo. Es preciso tow11r en cuenta lavoluntad de 10s demás, respetarla y evitar colislo•
nes desagradables.
-Eso es precisamente lo que pretendo que se
baga respecto A mi, interrumpió Maria Magdalena.
-Tu no eres más que una chiquilla necia,gritó
el Doctor con cólera. Donde hace falta la dulzura afectas altivez y eso es torpe, muy torpe. En
lugar de cultivar los buenos sentimientos de tn
suegra hacia tf, te procuras en ella una enemiga.
Tu escena de ayer h11. agravado la situación, pues
111 seftora Le Clercq si te llega A perdonar lo h;1n\ con tr .. bajo y Roberto te con.servará rencor
por haberlo empujado contra su maare.
- Uo consejo, dijo María Magdalena.
-Doblegarte, hacerte dulce y encantadora como lo eres cuando quíeres. ¡Qué diantres! En :P •

(

�32
rís todo el mundo te ador.ibll. ¿Cómo te las com¡,ones para ser aborrecid1.1. en tu casa?
-¿Y si no puedo doblegarme?
-Se puede cuando es in~vit!lb!e.
-loevitablei'
-Si, contestó él con una firmeza brutal, pues
no veo maner11 de obrar en otro aentido y en caso de un rompimiento deflnittvo no debes contar
con apoyo alguno de mi parte. Te aseguro que
es muy peligrosa lll empresa y seria yo culpable
si te aconsej11ra algo que no faera absoluta sumisión y si te hicier1.1. concebir la más leve e~peranza de ayuda.
Maria Magd-1lena no dió sefl.ales de sorprenderse. Esperllba esta contestación pues sabia hasta dónde el temor de las complicaciones y de los
disgu.os podill conducil' A su padre: hasta e3a
dureza que le negaba, no solo un apoyo materi11l
que le preocup.ibll poco en esos momentes, eino
aun una afectuosa simpatía, un dulce consuelo y
cunsejos menos amargos que esa brusca orden de
doblegarse.
¡Ooulegurse .. ... ! ¿qué otra cosa había 1iecbo
d~sde que se casó? ¿Y á dónde la habfa conducido esto. A una compleLa nulirlcación.
Mllrfa M11gdaltm11 vió el reloj.
·- - -·
-Si quiere usted \'er á la seliora Le Clercq
antes de partir, dijo, ya es tiempo de ir A su
casa.
-Sí. Ya voy. Adios, Mag.
El Ductor abrazó á su llij11. y ella le dejó hacer
inmóvil é indift:rente. EDLonces él la contempló
fij&gt;tmente y le dijo:
-lle aqn1 que porque no quiero ceder A tus
caprichos te me enoj ,., y me dejas partir hasta
sin decirme adios.
La joven observó que su padre estaba ver&lt;la•
deramente herido por esa altivez y entonces lo
besó también.
-Vamos, tontuela, estas son nubes de verano
que pronto pllsarlin dej,mdo paso il tu tranquili&lt;Jad y .\tu dicha. Ya Silbes, Mag, cuánto te quiero
¿Yt:rdad? respóndeme.
-Si, murmuró Mag.
- Pues entonces no te deben parecer sospechosu mis indicaciones y tienes que pensar en que
yo juzgo mejor que tú. por lo cual le conviene
oírme, puesto aparte el respeto filial, yo bien sé,
A fe mía, que la vieja tiene sus ratos de insoportable, pero se hace uno la disimulada, se la deji hablar y se piensa en otra cosa. De repente te
escapas y haces UD viajecito il París, con Roberto, por supuesto que con Roberto, pues alH encontrarás mi puerta abierta para la esposa del sefior
Le Clercq, pero cerrada para una chiquilla fea y
tonta que hacedespropós1tos. Cun que .... adios,
my da1fü1g, como dice Lucia Ifartley y que pase
pronto esta tempestad en un vaso de agua.
Dejó á su hija con la sonrisa en los labios; se
hizo la resoluc:ón de figurarse que el silencio de la joven era una muestra de asentimiento
y supuso que 11us ternezas de padre indulgente
habíim contrabalanceado PI rigor A que estaba
sujet11. De Bois Saint Marce! era deaqutllos egois•
tas exquisito3 que poniendo su pro¡,io Interés ante todo y sobre todo, no pueden soportar que se
les guarde rencor ni por el motivo más ligero.
Quería que todo el mundo le amara y le encontrara encantador.
Cuando se quedó sola María Magdalena, pensó
en la situación inesperada en que se encontraba.
Al ir A suplica1· 11. su suegra que la pcrdon11ra. por
su exaltación pasada, supo que, Roberto habill
carnbi11do lle propósitos; y fué tan profunda su
estupefacción y tan intenso su desengaflo al ver
que su vida debía continuar como siempre, que
no babia tenido tiempo ni de poner en orden su
imaginación..M11quiualmeme rué como quiso refngh1rse al carillo de su padre y no sacó de este
refugio ventuja alguna. ¿Qué debfa hacer? Lo
primero, ir A ver A Roberto y oír lo que le dijera.
Habría querido correr A su gabinete de traba•
jo, pero un sentimiento brwco la detuvo; un sen•
limiento de desprecio hacia el hombre que de es11.
manera faltaba A su palabra y un vivo rencor le
llenó el corazón en tanto que por evolución rápida de la memoria recordaba todo Jo que le prometió algunas horas antes, sus frases de ternura
y la confesión de que ella tenia el preferente Jugar en su corazón. Esto acababa de oírlo en ese
nismo aposento y luego al primer choque se da'\ por vencido sin tener en cuenta para nada
to iae sus promesas.
os 111 bios de Marftt Mngdalena so plegaron

violentamente con expresión de disgusto. Ahl ¿Esta era.la cláse de afeeto que su marido le profe•
saba? Un t~rranque enérgico pero pasajero durante el cual le ofreció todo; pero luego A caer otra
vez en los hábitos correctos de la existencia obU·
gada y artificial ú que se había conformado; el
olvido de todo cuanto había ocurrido entre su mujer y él y despué3 de haberla ex1tltado y divinizado1 á. tratarla o\ra vez como un ser inferior no
creyendo necesario ni aú.n explicarle la.s ruanes
de esle cambio.
¿Convendría irá pedirle esas razones? No: ya
vendría él il darlas si asf lo quería. Más valía dejd.rle toda la vergüenza de venir A explicar lo
iuexpicable.
Entró pues á su tocador Uaría Magdalena, á es•
ta pieza repugnante por el lujo de IDál gusto que
babia amontonado la suegra; y para arreglarse la
cabeza, des1nó sobre sus espaldas su oputenta cabellera. Acaso fuera este un Artificio de coquetería por4ue &amp;imuháneamente se dejaron oír los pasos de Roberto qu I l1egaba. Ella lo dejó entrar sin
separar Jos ojos del eSJJl'jú en el cual vló la cau
11.fligida, casi conf11u de su marido,
- S11lud, Afag ..... .
- -Salud.
-Qué seria e5tAsl ¿Has hablado con mi madre?
dijo lioberto, aborda11do desde luego la di1tcuslón.
-Si.
Magdalena daba estas contestacioneslaeónícas
sin volver lit cara. Roberto afladiú:
-1,Y te refirió lo que ella y yo hablamos?
-No¡ el resultado sólameute. Parece que á pesar de todo nos quedamos en su casa.
-¿Podía yo aceptar de ella el sacriticio de que
se Cuerai" Tú. m11,ma no lo hubit!rits consentid.o: no,
:Mag, te hubiera parecido imposible como A mi
que dejara sn propia casa.
-Nunca le propusimos semejante cosll, respondió la joven, colocAndose artístiCllmente los cabellos y prendiéndolos con itlfileres de oro.
-Naturalmente. Pero ella no se pudo resignar
á que sufriéramos pobrezas y privacloneti. Su
ofrecimiento tan t:x¡&gt;ontt1neo me ha conmovido y
te c)nmJverá. de la misma manera, estoy seguro.
Ante tal generosidad, las pequen.as reocilllls desaparecen y sóto queda la g1·1tlitu.d.
Magdalena guardó silencio por algunos instantes, como no dándose por couvencida de semejante afirmación. Acabó de arregJar¡¡e los cabellos,
rt orgarnzó los peiues y cepillos qui, le habían es•
tado 11irviendo y dijo trian1ente:
-¿Af,í, pues, estA convencido que permaneceremo11 aquí y en la!! mismas condiciones que anteriormente?
llJberto ligeramente confuso, pero afectando
ser~nidad y firmeza, dijo:
-Sí, y por medio de múma.s concesiones podremos ser felices.
-Hasta aquf las concesiones no han sidt&gt; mutuas, sino que yo las lle hecho todas pero no recrimino á nadie por eso y es inútil en consecuencia que frunza usted el entrecejo y se prep11re á
la discusión. ¿No tiene usted u11.dá más que decirme?
-No.
-Entonces sería usted muy am1tble si me permitiefll quedarme sol1t para terminar mi tocado.
-Eso bignifica que me vaya y no me tieoes
a.costumbmdo a tanto rigor, replicó Hoberto, como queriendo tomar t1 broma lll.S cosas y seapróximó A Maria Magdalena para besarla.
Ella entonces lo dejó hacer con indiferencia tan
glacial que retrocedió contrariado y tan confuso,
que queriendo salir del t•·•cador, se dirigió á la
puerta d~ la alcoba.
-Por ltt puerta de la antecámara si me hace
usted favor, dijo Magdalena.
-¿Por qué'i'
-l:'orqne .... mi alcoba no es pasc1.dizo que todo el muDdo pueda estar ci:u.zando A toda hora.
Roberto dirigió Ai;u mujer una mirada amenazadora.
-¿t;ree usted, María Magdalena, que estoy en
condiciones de prestarme A una escena de novela
seatiment1tl? Bien sabe usted que es absurdo lo
que dice y Jo que supone.
-Puede ser. Sin embargo, me figuro que no
harl1 usted intervenir A su madre en el debate. Ya
he visto cómo me ama usted y no necesito más.
Roberto, trastornado por la cólera, quiso contestar, decir 11lguna frase brutal acaso, pero ella
tenia una actiLUd tan resuelta, que se contentó con
hacer un adem{m de desprecio y salió. DetrAs de

33

E L OBSTÁCULO.

"Et, HUNTIO fl,CSTRADO"

él :Maria Magdalena corrió ruidosamente el cerrojo de la puerta.
Al oir este ruido Roberto apretó los ptlftos con
furor v rompiendo con su calma ordinaria empujó la puerta del corredor con un golpe tan violento que se lastimó la mano y entró en su gabinete de tu bajo lleno de ira y de rencor, estupe!11cto al recordar el carácter que babia descubierto
en su mujer y decidido A obrar con toda energía.
para dominArselo. Pronto se iba A ver quién se
cansaba primero de s"mejante situación.
En la estación del ferrocarril el Doctor se encontró con René Darlot que estaba de viaje pa•
ra Bretafla y siguieron juntos algunos minutos
hasta una estación proxima en que cambiaron de
tren.
El Doctor de Bois Saint Marce1 tenfa deseos de
desahogar sus penas en el corazón dealgún amigo. Darlot babf1t asistido la víspera á la escaramuza del palacio Le Clercq y era natural que se
hubiera tratado de informar del desenlace de
los sucesos que er.taba ansioso de conocer.
El Doctor le refirió que Maria Magdalena había
dado á su suegra una scitisfacción y esta por medio de un gracioso ofrecimiento, de despojarse de
su fortuna en favor de la rebelde, consiguió que
mllrido y mujer continuara,; en la casa.
-.Magnifico! all.11dió el Doctor, ya ve usted,
querido amigo, que todo se desenlazó fl pedir de
boca, y esta aventura harA comprenderá l\1ag
que no tiene mAs recurso que eometeree :\ su suegra. Esto es lo mejor que podía suceder.
-No lo considero así, declaró francnmente
Darlot, pnes Mag qued,i redncid11 A una situac:ón
insostenible, y pienso que sa marido se portó muy
m11l no cumpliéndole la promesa que le había hecho de sacarla de allí. Esto va A empequeliecerlo
en la estimación de su esposa, lo cual debla suponer él con su buen criterio¡ y aunque su hija de
usted es muy buenit, estoy convencido de que
cuando deje de estimarle le dejarA de amar; y
cuando ya no lo ame le serAn · insoportables las
inmerecidas penecuciones de la suegra y yo no
encuentro en esa probabilidad justos motivos de
verdadera inquietud.
-Vaya, vaya .... :.1 Es absurdo lo que dice
usted, replicó el Doctor. Parece que encuentra
usted agrado en disgustarme con semejantes predicciones. Después de mis sermones á M11g y de
las exhortaciones que Je hice! Pero y también yo
por qué me ocupo de la opinión de un hombre co•
mo usted que tiene la cualidad de ver todasdas
cosas de un :nodo diferente de como las ven los
demás? Usted pretende conocer á. María Magdalena mejor que yo que soy su padre y la regala
usted con un carll.cter de tremebunda altivez. Est" es archifdlso: yo que vi A todos los personajes
de nuestro asunto digo a usted que ya estarAn en
la.mejor harmonía, que mi hija en ddinitiva se resignará al verse la menos .fuerte, y también le
asegu-o Austed que es lo mejor que puede hacer.
Por Cristo que sus hermosos sentimientos son patéticos, pero una vida holgada,feliz y rica, vale
la pena de que algo se le saerifique. A. est11s horas estoy seguro de que Roberto habrá logrado
someterla por bien ó por mal1 y siempre resulta
venturosa una lllujer que hace todo lo que quiera
su marido ..... ,
Tregastel es un pueblecillo pobre formado de
cabaftas de ladrillos sin cocer que apenas se distinguen del suelo, semejantes A pequeflos montones de tierra, verdaderos agujenis de topo que
se ocultan entre la, yerbas incultas. Aquf y aUA
aparecen entre el cé~ped manchas relucientes tle
UD granito duro y los senderos así p:1vimentados
parecen antiguas vías romanas¡las placas de piedra se muestran desnudas y en alguno~ puntos
surgen sobre los macizos de verdura rocas gigantescas, monstruo-as, enormes, sostenidas en
equilibrio y ostentando en sus numero3as grietas
juncos de flores rojas ó amarillas. Cuando en esas
rocas hay
. algún
. espacio cubierto de tierrl.l, los
Mmpesmos Blembr,rn allí trigo y cebada.
Estas manchas rubias de espigas maduras producen un efecto muy pintoresco por su contraste
con el rojizo de las roca'!. Poco más lejo~, pefiasc?s ~olosales se_h1m desplomado por Algú11 sacudlm1ento plutómco; el suelo hundiéndose en rApido declive y en etie suelo piedras de fvrmas ext.ravngantes apiladas, monstruosas, altas como to
rres y tan prodigiosamente pesadas que se necesitaría uu terremoto para eambhtrlas de sitio y
que .'.&gt;Scilan sin embargo cuando lile toca un ni.lio.
(ContinuardJ.

EL OBSTACULO
NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D'ARTHEZ-Ilustraciones de nuestros talleres.
VElUSION Et;PAÑOLA. DE 11.EL MUNDO ILUSTRADO"

Número 5.

Rosas encendidas y amarillas retamas se defienden tras de esas rocas de los vientos rudos
de 1ll mar y del asalto furioso de las olas.
Los hab(tantes de ese lugarejo son muy pobres;
viven los hombres de la pesca y las mujeres y los
nifl.os van vestidos de andr11jos sórdidos A los
1UTecifes cercanos A eojer cangrejos y langostas.
Una chiquillería súcia y descalza salta entre los
guijarros dela playa y cuando percibe la llegada
de algún extrailo, lo rodea gritt1ndolela únicapa•
labra que conocen del idioma nacional: Buenos
días! y que es su fórmula de mendicidad, Manos
como garras se exlienden ante el viajero, y la
banda obstinada le sigue hasta arrancarle algunas monedas de cobre.
Al dia siguiente de su llegada, Darlot, rodeado
y perseguido así, perdiéndose entre los senderos
escabrosos, bordados de cabailas que sirven de
habitllción común á hombres y á auimales1 trataba en vano de hacerse indicar el lugar en que es•
tuviera la casa de 111. sefl.orlta Hartley.
Darlot se había perdido en un dédalo de cami•
nos y vericuetos, de campos rodeados por cercas
de piedras sin argamasa y marchaba sobre un piso lleno de guijarros agudos. De vez en cuando
Algún establo se atravesaba en su camino ó ha•
llaba el horizonte recortado por alguna mole de
granito que sustentaba el faro ó por la caM blanca del semAloro con su mflstil erguido y cruzado
de cordajes delgados como hilos de alambre que
apenas se distinguían sobre el fondo azul del cielo. Más allA, la mar.
Darlot después de haberse desembarazado de
los mendigos marchó costeando A través de un
campo sembrado de juncos cuyas esplnas le punzaban las piernas, y así mttrcbó la1·go tiempo bajo un sol de fuego por lugares tan vastos y tan
poco accidentados, que el milstil del semAfvro hacia
el cual ae dirigía, parecía conservarse s:empre á.
la misma distancia.
Fatigado ya trepó á una pequefl.a altura que
azotaba la brisa del mar, acre y JJena de perfumes, y jadeante JI\ se sentó A la sombra de una
roca y hasta se olvidó por algunos instantes de
contemplar el grandioso espectá.culu que se presentaba ante sus ojos: todo un pais baftado de sol
y de aire azul. El día estaba tan claro que se
descubría la costa hasta una distancia inmensa
erizada de picos superpuestos, desquiciados bi•
zarros y amenazadores.
Una linea de espuma tra.njeaba las 0111s que
chocaban contra 103 arrecifes que asomaban á

�35

F.L OB"TÁCO!,O.
"EL MUNDO TLllsTRAOO"
¿

corta distancia de la tierra, y A Jo lejos el mnr y
el cielo se coofnndflUl en nna brama vaga y t.ransparente.
Un río se dividía en una red de canales que se
nbrían penoso camino á travé,i de Las rocas hacia
la playa o.mnrilJema. Ros11rios de islas, pedregosas tamblen, se vdan desgunados por el mar, y
lae gtt"'iOtas pasaban en bandt1das lauzando gritos entristecedores.
Del lado de la tierra, entre las choz11s de pescadore·s, se alzaba A lo lejos la. flecha delicada y gallarda de un cam¡,anario de piedra que d11tab&amp;
del siglo XVl. Este ettmpanario y esta capilla
irr11diaudo en la .uz ee nimbaban de oro y vlbrabao como en una aureola.
Pero J¡ejo esta regocijadora y ardiente luz, la
tierra aJllrecia Ar1da y .il hombre dabil lástima
abrigado bajo aquellos techos dt1 paja, entre esos
mures de Jodo, en esas csbaftas mt\s tristes y desaliiladas por el contr1:1ste con el limpio azul de la
mar y la diiJfana claridad del cielo.
Darlot conmovido se estremeció. El que se levantaha antes qne el sol para admir1tr el deapertarde loa campGsde trigo en la rica [·orma11dia.
quería aqui ver deepert1:1rtambién estl\ssole&lt;h,tles
pedregosas dond1:1. los hombres padecen miseria y
b11mbre.
Se puso en pié, olvidAndose de Lucia Ha.rtley¡
v pensando en las doras priVllcione · de la gente
dt1 tan devastada comarca, emprendió de nnevo
su m•rcha hacia la playa e1;tre las rccas que de
vez en cuando extnnlnabli con atención. Una de
ellas que tenia la forma de una embarcación a11ti gua le recordó que en las cueYas del mt1Beo -·h irio hab[a visto otra s~mPjante, groscr«mente esculpida y que como és1.a tenfa 111. proa elevada,
Jo-i cos1ado:s anchos y estaba así miamo bien ta•
llada. Subió A la parte mAa elevada, y alli como
en un nllvlo de gr:mito que estuviera nnegando
tn mar de matorrales, contempló otra vez el eapirnio azul del lado de la mar, gris del lado de la
tierra. y rojizo en el litoral donde abundaban las
rocas.
Derrepente un punto blanco le llamó la aten•
cióD, Bra el quitasol de un pintor instalado A 11Igunos cen~eoares de paso~ ~e su;&gt;nnto d~ observ 11ción. FiJAndo,e más, disungo1ó al arllsta que
ern unu. mujer: seguramente la sellorita Hartley.
De un s11lto se precipitó A la tierra y tomó la
dirección en que ha bid distinguido A su amiga
que lo recibió sin disimular la sorpresa. y la alegrfa que et.perimentaba. Despué¡¡ do los saludos
y frases de bienvenida ella le dijo:
-De dónde viene nstell? ¿Dónde está aloja.do?
-Estoy alojado bastante lejos de aquf, en un
hotel que tiene toda la facha de una posada de
aldea.
-Son encantadoras esas posadas.
did
-Sl, pero la mía estlt inva a por los ingleses
y ya. sabe usted lo lnsoportables que ~on.
-Cuidado! Reflexione usted en qne está. hablando conmigo.
- Usted 00 es inglesa, ti. lo menos en ese sen-

~

tido.
-Riendo de esu, ocurrencia Lucia volvió i\
pintar continuando un estudio, muy avanzado ya..
de un c11bo de la costa erizado de pella.seos. Darlot observó atentamente el boceto.
EstA muy bien, dijo.
-¿Le parece A nsted?
-Muy bien. Por otra parte, este pais ea de una
beUeza entristecedora. Ilace dos horas que ando
errante en el litoral, penetrAndome del aspecto
melancólico de esas rocas, de eso11 matorrales, de
esa tierra gris. No debfa usted pintar esto bajo la
luz de'nn sol ardientP, sino en los momentos de
un11. horrenda tempestad.
Nubes pesadas, cielo sombrfo,gaviotaa espantadas y el viento rompiendo los matorrales y azotando las rocas, eFpléndida decoración p11ra una
escena de Jlacbethl
Darlot se sentó cerca de Lucfa que le escuchaba piuaodo.
Traje conmigo las poesías de Musset para leerle A usted mientras lrabsje, pero no debe ser Mussct el que se le11. aqul sino Shakespeare.
-No me agrada més que en inglés.
-Pues bueno. En ese caso, usled será la lecto·
ra. Yo entiendo al idioma perfectamente y me
parece muy bello pronunciado por una linda boea de mujer. Es un canto, un arrullo, un murmnrio que tiene harmonio ·ísim11s modulaciones. Eso
es, usted me leerá, todo~ los versos de Sbakes•
peare.

-~lagnftlcol ¿Y m.ientr11a leo, uated pintarA los
bocetos para mi cuadro?
--Pues Je !eré Austed los poetas bretones desde Brizeux basta Juan Nibor. Leer en alta voz en un 111.gar tan pi11tore11co como e1&gt;te hermosos versos 1
una mujer A. quien se admira, eeo es la reallzaeión de! mAs bello ideal! Yo me juzgo mAs compltto desde que estoy aqui bintiéndGme pene:re.•
po de esto ro~dio ambieute y puece que median
L11glos e11tre mi vida de eiuuad y el momentc.• presen te. Perm11necerfa yo por 1rna cteruidad contentu y feliz j11nto lt e&amp;tas penas Y al latlo de usLed. [e siento bretón como bi bublera vivido siempre bajo ebte sol y respirauuo A plenos ruhuones
el vl1:1nto de la mar.
Awbcs guardaron silencio.
Solo se etcuch11.ba el ru.:i.or acompasado de las
olas y Jes p.-reci11. que estaban Jt,jos, muy lejos de
todo lugar habitado. ~iogunll ,e1i1 en el m11r,niu•
guua cuota eu las ccrcauia¡;¡ haiita la torre del
lllro estaba oculta por un repliegue del terreno.
BI encanto inef11ble tJe la soledad les peuetrü el
corazón, y Lucía mAs ddlcitda 1&gt;int1ó que se le
bumedecii,11 los ojos.
Dt1rlot lo ob:iervó.
-Sentir juntos! ~o hay nada m:\s verdadero,
exclamó.
• Lucia volvió á. tomar sus pinceles.
-¿Por qué será? dijo ella como hablando consigo mismtt, por qué s1:rA que al placer .. bsolulo,
fit,ico é ioteltctuttl que me pr&lt;.doce la contemplxción de lo bello se mezcla siempre un sulrimien•
to, un sentimiento doloro1;0? ¿SerA ocasio1,ado
acaso por la eertlduUJ bre de que e!iO va A durar
poco y de que pronto vendrin A sustituirlo las
cosas vulgares y le .s de la vid11?
.
Darlot. siguiendo e. cur..o de sus propios pensamie11tos dijo sin res1,ouder t eata pregu11t11:
-¿lla leido u·tc:d lo que 1:scribió Rt:nan rcspecto A las campanas de la ciuda.d de Isi' Las
compara A los rt cut!rdt.ie que subeu del fundo dtl
corazón y que se oyen, oyéndose uno ptins~r.
Aquí, aquí es donde vibrtul esas campan11s le~a.nas esas campaua11 tristes y lentas. Par" mi t1ener{ una voz tenue muy apacible Y dulce, la voz
de mi hermana, que murió rebelltndobe contrtt la
muerte. Si hubiera conocido yo este p11is, la habria tr,iído A él. Aqui todo fin debe ser dulee
porque se siente uuo en intimidad con la natura•
Jeza y hasta parece tAcil y simpAtico volver A su
senn.
Lucía dejó caer sus pinceles. L1t habían con•
movido esas palabras por la extrema sensibilidad,
rara en un hombre de que daban l" prueba, Y
ademas utaban en harmonía con sus propios
pensamientos. También ella crcia escuch11r las
campa.nas del pNB&amp;do tr1tyendo rememb~·anzas
de seres desparecidos y amados en otro uemoo.
-Pues bien. dijo con acento enérgico: mAs vale haber sofrido porque as( se aprende A com •
d 1
prender lo bello. EL arte es triste co~o to o o
verdaderamente grande, y es necei11r10 no perder la firmeza cuando se oyen las campanas de
la ciudad de los muertos. A mi me devuelvi:n
mis energías. Adelante! ¿Dónde? No lo sabemos,
pero ¿qué impGrta? Marchemos co? ~ paEo se~uro y 111 frente levantada. Estos p111saJes granC:10808 me Tiemplan el alma y 1:I corazón, porque en
ellos, cerno dice usted muy bien, no se teme mo•
rir¡ y aquí es donde debería escribirse el gran
poema de la Piedad y de la lluerte.
-La educación inglesa ensena desde la infancía A aue las personas cuenten sólo consigo mi:smas, y eso las bace ruertes, poderosas.
-Cuestión de volunt,1d, dijo ella, volviendo al
acento de la conversación ordiu11rla. , • . ¿f Megdalena? hdbleme usted de ella.
Darlot suspiró mt:l,incólicamente.
-lla. tenido usted un m111 pensamiento ni traer
A mi memoria, pronunciando ese nombre, el re•
cuerdo de lo qne me ha a1orme11tado durante todo mi viaje: Uagd11lena esU\,,mal, muy mal.
-Me c~pantll usted, dijo Lucia, ¿qué ci1 lo que
le pasa?
Darlot refirió los ir.cidentes de los últimos días¡
la reb~lión de MNría Mngtlalena, su breve victo•
ría seguida de la defección de Roberto, Y el t1 ionlo de la suegra.
-No encuentro palabras para expresar hasta.
qué punto es absurdo ese marido, dijo la joven
inglesa, con a.na indignación real. ¿!{ay cordura.
en jugar así á cara ó cruz eon stt dicha Y la de
su mujer? Esta mafl.ana, sf: uua hora más tsrtte,
no ¿y 6e imagina. que elle. lo estimará y lo amarA
largo tiempo, con semejantes procedimientos? ¿y

111 vieja hipócrita? Pero esas gontea son cie~asl
Toman A lhgdalena por une. munec~, y DI ■e
Jmsgiuan de lo qne es capaz. Su mando_ la en·
cuemrn lindll· con eso le ba1-ta Y no se inquieta.
por conocerl:t: ¿Y ese vltjo fA1.uo y egotst11 de
Boi:i Snint Mareeli'
.
.
- Ya puede usted figurárselo. Al pruner gr1t?
de alarma at: pu_so eu toga y lo encontré en canll•
no pttrll Ps.ris.
-¿Qué va á ser de Msgdaleua? murmuró Lucía. E:s necesario que salga de e~ casa durante
algunas semanas, y le voy A e~cr1blr propouiéndu11elo, lo mismo que Asu marido .. Lna ~e,rta ausencia servirA de tregus, pues es 11npoi.1ble per•
ma11 ecer en presencia anos de otros en e~ estado
de eri.. is aguda á que han llegado. ¿Se figura usted de 4.ué manera !Se h11blimlni' que veng" aquí
Mcia bldgda.lena y podrA nflextonar_ ~ su gus•
to y obrar en 1,egulda con toda tranquilidad.
Lucía trató toúttvia de pint~r, pero 110 pudo,
pues aquellas maltts uotiei,111 le obscurecían e1
hvrizonte.
-Vamos, ya no puedo hacer _más! porque me
lla tr11.btornado usted con sus b1St~ritts desag,-~diible9. ¡Pobre Mllgtl11lenlll ¡Una mu¡e:r t~n exqmi,ila! Esas esc11r8.JD11Zas van A c0Lsom1r su 1tle•
g 1fa ~~ su bell.-za. El marido sin lx 1nadre, no &lt;:s
del wdo 1111tlo; yo le hab,üt creído basta lnteh1,?~nte r parece amar A su mujer, según pude ob•
1:1ervll~ · en el corco viaje que bleimos juntos. No
qui.o e11cucbar mis obserVllCiones y rue trató con
1111.iva bUpuriorid11d. ¿Qué pensará aho~11? lÜO·
meozarA a couveoeeho de que su muJer no es
capaz de sowettflle siempre, y ei~gam~nte A_to•
d..,jl Necio! Yo quisiera poder d1:c1rle m.i opinión
completa, sobre el pat·ticular.
.
Lucia colocó sus útiles de pintura en la C8JB,
plegó su caballete, y quiso ct1rg11r eon todo para.
ponerse en camino.
-Deme usted eso, dijo René Darlot, voy A llevarlo.
-¿Se illl8gina usted que yo no tengo fuerzas?
Pues sepa Ubted que todlls las maftanas vengo sola á este mismo 1,itio desde mi easa.
-¿ Está muy ltj,:,s?
..,. ÍJna legua por lo menos. Pronto la va usted
:\ ver: no es bonita pero está edificada en un cir•
co de rocas semej ~ut-i,s A estas.
DMlot, á pesar de la protestas de la se11orita
Ilartley cargó con el caballete y la caja de pinturas y Lucía echó A andar precediéndole por
t:ntr1:1 lofi guijarros de que estaba sembrada 111.
playa. Piect.recillas redondas, grandes y duru
como balas de ca11ón rodaban bajo sus piés; unM
roijadas y lus1rosas parecían de mArmol, y orru
eran azu e;¡ veteadas de blanco; en las pen.!ientes de la colina copas de lavanda de perfume
balsúmie:, snrgú.n entre las piedras; il veces en
la cima de los altosaoosapareclan carneros amari•
lientos y el trémulo qoeJumbroso de sus b1didos
vlbrabtt arrebatado por In brisa de la mar¡ arroyuelos de agua ex.tremfldamente limpida atraveaal;)au !&amp; plara envolviéndola como en una red
de mallas de cristal, y era necesario atravesar
esas con-len.es haciendo maravillas de eqnlllbrio
aobre piedras movibles. El camino era fatigoso
como la a.sceosión de una montana.
Darlot jadeN ba sinti.:ndo los plés despedazados
y los ojos abrasadus pcr el sol. En cuanto a Lu•
cía, esbelta y ligera, con su lraje grls y cubierta la cabeza por un sombrero de paja de Italia
en torno del cual se enrollaba un velo blanco,
iba. tan lista como por la:. avenid11s de césped
de un jardín inglés sin que pareciera que la fa!i•
gllba la longitud del cawiuo.
Llegaron por fin A una quinta ó granja A los la.dos de la cu11l babfa editicadas alg11naa otras habitacione11 dan,lo frente A un camino amplio lle·
nn de polvo, que servían para VÍlljeros durante
la estación balnei.rla, y que contrastaban por los
caprichos fantl\r,ticos dd su arquitectura con el
aspecto miserable de la11 ebozas de los campesinos.
-Hénos aquí, dijo la aellorita Hartley.
-Gracias á Dios! 1&gt;bscrvó Durlot.
-E11rA usted rendido de fatiga, y por bien po•
ca cosa. Entre usted¡ tomaremos el t~, r lnego
le prepararé por mi propia. m11no algunas golosinas deliciosas.
Empujó Ja puerta. de la reja de mfldeta que limitaba un peqnefto jardín, frente il la casa cons•
truida como todas las que alli se levllntan en1rP
las rocns de granito, de suerte que pan·cí11n h11bi
taciones trogloditas pues en algunos lagares, lo,
llaneo&amp; de la eolira pétrea les scrviandc pan d.

Una inmensa roca de forma de p!rAmide se alzaba A espaldas de la quinta, y
Darlot tembló al ver esta mole amen1\zadora que hubiera en sn calda apla.litado
la casa, como una encina cayendo de1,pedazaria una colmena,
-A.qui esu\. mi hogar, dijo Lucía, haciendo entrar il. René, y luego lo conduj &gt;
:\ un gran snlón 11mueblado modesblmeute y que recibía muchll luz por las anchas ventanas abíertas frente A la ma.r.
Aqui serA usted bienvenido íempre qt1e
qalera favorecerme con su visit11.
Las paredes estaban 11dornadas ya con
estudios bocetos, dibujos, croquis y apuntts en arthtlco y pintoresco de,order.
Búcaros de porcelan11. inglesa uontcnfnn
tlorPS ~ilvo11tres, 11dmi:-ables cardos de
verde pálido m«tiz11dos de rojo, de boj&gt;\s
lanceol11das y flores de un color indetini•
blP. Cerca de una. do Vis venta.n&amp;s se vefa.
uro. me 11 para té provifta de los uteni,iJios necesario , tetera de plata, tazas de
china, cuchflrillu de met11l blanco y pt1•
quelloa muntequilleros; en un Angulo, un
¡,inno; en medio del s1dón una gran mesa
cubierta de libros y periódicos, y pen•
diente del techo, una gran hlmplll'a que
terda como velador una sombrilla j apo,
nesa. En todo se notaba un &amp;abor de elegnncia encantadora, pues Lucia habfa lo•
grado en e&amp;t,l banal hostelerfn de vb,je•
ro:i, en poco tiempo y con poco esfuerzo
poner todo de tal manera qui! se notara
un sello de inteligen.e ,,rigin111id11d.
-Yu lo creo, conte&amp;tó D11rlot enc1mta•
do por 111. tranca invitAción de su amig11.
Ye11dré con fr~cuencia. Es usted muv
buena 11cogiéndome con tliDta corJiali·
d11d, Home • ·11·ett home! Hogar, dulce hoj?Arl Es ntcesario ser ingles!\ para traerte en la maleta de Yiaje y colocarte en
la mAs vulgar de las casas de cualquiera
pl11ya desierta! Roblosón era Inglés: de
sPgu:-o que en su i la, tomaba el té A las
cinco en puMo de la tarde! Debe haber
ensenado A Viernes el arte de hacer tostn•las con maotequill1', pero no tan deli·
ciosas ¡imposiblt-! como las que prepara
usted. No habría hombre més feliz que
) o en la más leja.na y desconocida de 11's
ialas, con usted por compaaera y todo es10 que tan d1vinameote se sube usted
proporcionar.
Lucia Hartlel rió haciendo gala de su
t,l1rnca y m11gnifica dentadura y se insta•
tu en companla de su huésped, dando vlsiblesmuestras de ese delicioso bienestar
que todo buen inglé-1 prueba oyendo el
Cllntar de la marmita y resplraodo el per•
lome del té.

t':

• • J.

..

~~~, ~
~

~
~

·
·- ~

En .Montpuier la situación segnfa mal, mucho dijo A :.\Iilgdalena, que estaha tan tranquila como
-Recuerde oste&lt;l que no acepté esas fonciones
mAs mal de lo que se imaginaba Lucía HarUey. si no hubiera cometido falt.1 alguna:
sino que me fueron Impuestas: pero por otr11 parMuria Magdalena babia adoptado u.na actitud tan
-1.Por qué no concurrió usted A la sesión?
te me es indiferente presentar ó no mi dirui.·ión
ineepera.da,que su suegra, deapnés de haber ensa•
-Tenía que hacer algunu visica11.
pues solo una cosa me interesa: abstenerme de asisva.do vanamente todos los recursos de la dulzura,
-Podía asced haberlas dejado para otro día: tir A las sesiones; y A ese respeclo, mi rcrnlución
comenzaba A dejarse llevar de su instinto vulgar su ausencia fué notada. y no dude usted que ha es lnvsriaolP.
nativo y su irritación estallaba en escenas de lama- d,uio lugar á comentarlos.
¿Era en efecto )[aria MagdaleM quién hablaba
Con un 1t1temAn de Indiferencia M11ria l\(agda- asi? La indignación y la aorpres!l. d1•jaron atrrrnyor violencia.
La joven tomó el partido de oponer A todas las lenl\ contestó tranquilamente:
da á la seftora Le Clercq; en cuanto A Robnto
exigencias conque se la abramab11, una invencible
-;\le tienen sin cuidado loa comentarios que escuchaba con el entrec,.jo con·raílo ,e u:, modo
fuerza. de inercia¡ y ahora cuando la senorn Le se h11gsm; y cowo ll\" sesiones no son de mi agra- amen11zador.
Clercq le indicaba por ejemplo que se presente.rn do he resuelto no concurrir mAs á ••llaa.
Pero la joven no demo~tró qne se daba c11enta
en el obrador de que era Directora, no d1:cfa nada
P1\lidd de ira, la s1•1lora Le Clercq dirigió ARo• de la malll impreslón que produc.ia, y afirmabasu
en contra pero se abstenia de obedecer.
berto lit miradil y vió que con cara aduRta comíl\ indepenclencla con acento de exquisita corteEin y
Cierto d{a en que hubo se5ión solemne con mo- sin que pt1reciera que ofa lo que se estaba di- sonriendo graciosamente¡ p~ro en todo esto había
tivo de una asamblea general t\ que concurrieron ciendo.
algo tan ocasionado A exa pHarque lasellor.. Le
muchas dalllJIB piadosas y el Cura de In Pa.rro4nia,
-Conque .... .. ¿hll resuelto usted eh? Pues yo Clercq, perdif'ndo la pacienci11 1 grit(:
le correspondía A )luía :.\iagdaleua ~eer un Infor- me figuro que esa. . . . resolución, no Puede ser
-Lo que yo veo muy claro es que ustect prome sobre el e1m1do que gnardaba la institución. sino un capricho mo¡nentl\oeo, porque no querrt\ cura serme persoPnlmenté des11gradabl~.
La sefl.ora Le Clercq que ccarrtó desde tempra- usted conservar una nctilud que es ofensiva para
~!aria llagdalena abrió los ojl.ls con aire dead•
no el:imvp esperando Yanamente á su nuera, pues todc.s los miembros del Comité.
mi ración.
ésta, sin previo avi~o y sin enviar siquiera sus exNo tengo Intenciones de ofender A mldie y de-Ni lo piense usted, teiiora. Mi ünico desi-o es
cullas no asistió y fuó necesario que la prt'sideuta seo no m:.\s que ahorrarme un intolerabletasúdio. librarme de cargas tnojosas y cuando lo reflexiomisma, temblando de cóh:r-t leyera el doenmento Esa!'! sef1or11s se pt18tlrAn muy bien sin mf.
ne ust,d en e11lma, convendrá conmigo en que ese
-Es que tiene usted un cargo e~ el Comité.
en su lagar.
ea rui derecho. Esas instituciones que A U3tcd le
Tan pronto como volvió i su casa se dirigió ú
- Presenlo mi dimisión.
agradan tanto, A mi no y siento mucho que ofilfls habitaciones de Maria Magdalena, y la criada
-No la presentarA usted ni aún cuando la pre- ciosamente me haya asted hecho nombrar p11ra
E•nela, que estaba allí toda.faapesar dchBber ser- sentnra la transmitiría yoal Const-jo, porque sería el desempet\o de !unciones que no puedo cumplir.
vido de pretexto al primer motlvo de ruptura, le una in pertinencia: no se aceptan fanclonea impor- No crea nsted que si,a di/ícil encontrar entre lu
tantes en colaboración con las damas mAs hono- am.igai de usted 11lguna que tenga aptitutles y mu
dijo que su ama ba'bía rnlido.
A. b hora de la comida, hora qu~ hada. muchos rables df'I la ciudad, para desembarazarse de ellas remolace.
días era melancólica y penosa, lasefloraLe Clercq en seguidn cou cm, j,inte rresCUl'/1.
E : f¡¡rccida la senora L o Clcrcq por esta aafüla

�EL OBS'.I'ÁOULO.

3h

37

EL MUNDO IT,USTRAOO"

11

do eon un desparpajo que dejaba muy atrás a. la se•
que estimaba como una burla sangrienta, iba A vistosas pertenecientes A las familias de ?fíciaiiora
de La PaUiere.
contestarle con violencia cuando Roberto la inte• lillos ó de emph,ados, aves de paso en la Ciudad,
Una violenta cólera se apoderó de Roberto,
un poco excéntricas en materia de buen tono Y
rrumpió diciéndole.
pues le pareció que lo que ella quería era poner-RuErgo A us~d. mamA, que suspendamos esta que condenaban todas sus ideas de austera diglo en ridículo. ¡Introducir á.. su casa gent?s ~e
enojosa conversación, pues en el estatfo de Ani- nidad.
Se abstuvo, pues, de presentarse en loa depar- esa categoría, que siendo arrugas ~e ella 01 aun
mo en que estamos se podía producir un incidense dignaban lijarse en él! Se equivocaba redontamentos
de María Magdalena ese día, y ésta no
te desagradable.
damente Marta Magdalena si creía que iba A traLa comida terminó rApidamente, y siempre con dió muestras de haberse fijado en esa omisión. tarlo como á, un tonto que paga todos los gas~os
Todas
estas
minucias
envenenaban
la
situllla misma corrección ceremoniosa Maria Magdale•
y se convierte en una !ig~ra alta y automá~1ca
na se reliró después de baber:1e d,:ispedido de su ción. La guerra, una. guerra femenil, pérfida Y
que
se distingue en el vac10 de una puerta Jruenmala se babia declarado rranca y decididamente.
suegra.
tras
su mujer se divierte y goza.
María l\Iagdalena tenía preconcebido todo un
Ilijo y madre quedaron solos: Roberto irritado
Que
su padre la hubiera dejado aventurarse en
por la firmeza de su mujer, y por su actitud para plan de combates, pues profundamente irritada
un munao así era deplorable; pero como había
con él, pues ya no lo ruanifesta.ba ni la menor in- por haber sido vencida, obraba en todo precipitimidad. Casi no la veía á sola.~, pues ella se en- tándolo A un rompimiento final; pero conservan- cambiado de amo, era necesario poner punto A
cerraba en eu habitación y h,s úuicas veces que do ella siempre las formas más. corteses y exq ai- esas reuniones y cortar esas amistades que pronto le comunicarían sus Mbítos y maneras, y le
lograba l1bl11rle t:ra en el salón en presencia ~e sitas. Su educación mundana muy superior A la
visitas ó en las comidas que se habitm con vert1• de lll se:tlora Le Clercq, le permitía conservar harían perder el gusto por la vida e~rena y digdurante cada escaramuza la mas sonriente sere· na que él le quería imponer. Y ª?la 1_mpondría...
do en un verdadero suplicio.
Cada uno de loe que asisúan A la mesa sentía nidad, en tanto que la vieja perdía dia1-iament9 vaya si se la impondrial y la obl1garia A que ~een efecto el malestar general, estaba en constan- algo de su estudinda mansedumbre. En cuanto A j11ra de resistírsele abiertamente y A que prescm•
te tensión nerviosa, y el mi\s leve incidente pro- Roberto, muy tiísgu 1tado, se cn!Jaba gfocial y su diera del capricho de vivir como una extraila
rigidez daba claras muestras de altiva desapro- con su marido.
vocaba unll erisis.
Esta situación era demasiado anormal y no po
N'inguno había procurado ni previsto este re- bación.

sultlldo. Roberto, conmovido d1, buena fé por las
Vino como de costumbre al salón, el día en que
generosidades de su madre, encontraba abomina- María Magdalena r ecibía, y vió estll alegre reuble la rebelión definitiva de su mujer. La se1lora nión presidida por la se!iora La Palliere. Varias
Le Clecrq estaba más eontrarü,da 'lún porque su damas vivlls y contentas reían alegremente. Se
nuera, despreciándola hasta oiertc. pnnto, se ba- c1tntaba. Ger1trd ejecutaba al piano un acompa•
bia puesto frente A frente de ella aco.sándola de ftamiento ruidoso, y su mujer cantaba coplas de
hipocresía y protestando contra la derrota sufri- aquellas que detallaba con aquel brío admirado
da, en estos términos: «Sea! Usted quiere conser- por el Doetor de Boie Saint Marcel. Otras canciovarnos consigo apesar nuestro, pues permaneceré nes sucedieron A ésta, y Roberto, grave y severo
bajo este tecb.o, ya que no puedo salir, pero obraré como un agente de la. autoridad, vela y oía sin
como si estuviera sola sin preocuparme de deseos que nadie se ocupara de él. Magdalena parecía.
ó de órdenes cualesquiera que sean y con mucha animada y alegre como no ~ la babia visto jamenos deferencia que si se hubiera cedido á mi má.s.
volunlad.»
En los ángulos, al lado de las m'\cetas de palIncidentes penosos como el que queda referimeras, alegres parejas couveraaban tomando te
do, se renovaron varias veces: después de haberse negadu á concurrir á las sesiones del Comité, y pastelillos.
Roberto apenas conocía á. esas gentes que tan
rehusó acompa.ftar á su suegra A casa delas seftoronas viej11,S cuya conversación le era enojosa, y pronto se habían hecho de confianza en su casa.
ademlls estr9chó un poco su amistad con los L~ Por lo menos nunea había visto allí una reunión
Pa.lliere, concurrió sin su marido Auna gira cam- tan numercsA. y alborotadora. Esto le recordaba
pestre que terminó con un baile, en compa11ía de las narraciones del Doctor, y sintió la impresión
gentes alborotadoras, sociedad qu~ vino A verla de que tenía ante los ojos un salón de la clase de
los que frecuentaba María Magdalena antes de su
también á su casa.
El día de l'ecepción de la joven, su suegra matrimonio. Sin duda por eso se sentía tan aleencontró en el vestíbulo del hotel, mujeres muy gre y feliz, riendo, hablando, cantando, charlan-

día eternizarse. María Magdalena se apresuraba
mucho en el camino de sus anducias, y evidente•
mente que pu-a ello se sentía impulsada por un i
ira rar-ic,sa. Pero esas sobreexcitaciones pronto
decaen, y ceden la victori11, 4 las gentes reposadas que silben esperar el fin de una crbis.
Ya volverA sobre sus pasos, seguía pensando
Roberto, sin necesidad de decirle una palahra de
reconcifü.ción, pero mientras llega ese momento
conviene impedir que se comprometa por sus
arranques de insensato despecho.
Con estos pensamientos resolvió intervenir é
intervino cou toda oportunidad, en loe momentos
sn que Gerard de La Falliere proponía una excursión A las ru~as de cierto castillo de los alrededores.
-Almorzaremos al aire libre, sobre la grama,
decía Gerard, y nos dirigiremos al lug11r en amplios carruajes que pueda contener cada uno mlls
de doce personas.
La proposición fué aceptada con entusiasmo.
-¿Concurrirá usted? pre.guntó A María Magdalena la seiiora de L" Pallit,re.
-Ya se ve que sil
Roberto, A quien no se había invitado, levantó
la voz:

- Eso no es posible. Ya le diré á usted por
-qué, Maria Magdalena.
Esta le vió: observó su frente obscurecida por
•una sombra y comprendió que estaba sordamente irritado: pero en el estado á que habían Jlegado las cosas, no creyó conveniente retroceder.
-Explíquese usted desde luego .... ¿No?Pnes
entonces es un capricho de déspota. ¿Deberé someterme?
-Vs ningún modol se apresuró á. decir la se11ora de La Palliere. ¡Cómo! ¿Quiere usted acaso
convertirse en un tirano? ¡B,.hl no impida usted
.á Mllria Magdalena que se divierta. Vaya usted
coa sus p11pelotes y sus expedientes y déjenos en
paz.
Roberto dirigió A su mujPr tan imperiosa mi•
ruda, que éste guardó silencio, no queriendo prolongar delante de extrail.os Ja discu,iión.
C11ando ya todos se habían ido, Roberto dijo
·de un modo que no daba lugar A réplicas:
-Ya sabe usted que no ir:l.
-1.Y por qté?
-Porque me desagrada. No quiero que se lance usted en esa sociedad inconveniente, v le ruego que diJminuya toda suerte de intimi.dadeo con
los La Falliere y sus amigos que me son muy anpAtieos.
Maria Magdalena no contestó; permaneció en
1'\ié junto A una mesita china que servía de sostén
á un búcaro de crisantem11s, y se entretuvo en
destrozar como al descuido con sus dedos blan·
cos y tinos los pétalos de las flores. Así las miradas de Rob~rto fueron atraídas por sus manos
tersa!! y suaves que tantas veces había besado y
cuyo perfume aún conservaba en los labios. Quin•
ce días hacia que no Ja veía á. solas, nunca le había parecí~o tun bella como en este momento, y
en un arrebato de pasión le dijo con voz temblo•
rosa:
-:Magdalena . . . . l
Ella se puso en~endida como una amapola, le
lanzó una rápida mirad11 1 comprendió lo quepa-sa ba én él, y rápidamente t11mbién le vino la idea
-de que no debía ceder A este enternecim.iento
.p asajero. Avanzó, pues, silenciosa y muda hacia
el piano, se sentó y tocó al descuido lo&amp; primeros
compasef de un vals.
Roberto desolado y lleno de ira, salió cerrando
detrá.s de él la pueria con estrépito. Y mientras
iba con dirección á sus h!ibitaciones, no dejaba
de oír el ritmo obstinado de aquella música enojosa. Entonces pensó con amargnu en que Ma•
ria Magdalena ya no le i:i.maba, pues si lo amara
~ún, no se habría portado de esa m1:1.nera.
Magdalena cesó de tocar. El recuerdo de la
mirada suplicante de su esposo le vino á la memoria y sintió que su pecho se oprimía con una
-dolorosa comoción.
-Pobre .Bobl exclamó, y luego una maliciosa
sonrisa se dibujó en sus labios.
Luego alzó sus ojos para fijarlos en el espejo
que estaba junto al piuno y vió allí reflejada s11
belleza, Tenía los ojos encendidos y unas gotitas transparentes le temblaban en las pestalias.
-Tonta! murmuró con despecho: ya no me
ama; si me amara me preferiría á. en madre.
Por la tarde, en la mesa, la señora Le Clercq
dió la noticia de que baoía recibido, procedente
•de Inglaterra, una carta de la seitora Charmon, y
afi.adió que le acompafiaba varios decumentos
que estaban escritos en inglés lo mismo que una
eartll de la sen.ora. Egerton, Directora de la Obra
-del Trabajo para mujeres. La etñora Le Clercq
habló de esta institución A su hijo largamente, y
éste, A quien de seguro interesaba muy poco el
asunto, apenas le contestaba con monosílabos,
por lo que la conversación casi no fué má.s que
un monólogo lleno de monotonía. Despué, la seflora Le Olercq dijo A su nuera de u11 modo ceremonioso:
-¿Podría yo esperar de usted que me hiciera
-un favor?
-Sin duda, seilora. ¿Y cuá.1?
-Traducirme esos papeles, porque ni Roberto
ni yo sabemos el inglés.
-Con m11cho gusto. Ah! se me olvidaba decir
á ustedes quo yo también recibí una carta. Es de
Lut:ia Ilartley que me invita A pasar unos días
en Tregastel. Le contesté aceptando y pienso
p1mir mafiana.
Roberto no veía en esto nada. inconveniente,
pero la sen.ora Le Clercq pensaba. de distinta manera..
- ¿ Y tomó usted tal resolución . sin _consultar A
nadi1::il E~o es faltar á. las conven1enc1as.

-Nv pensé que fuera necesal'io convocar un
consejo de familia para que se me permitiera ir
A pasar afganos días con ana amiga.
Magdalena y su suegra. no c!lmbi11ban ya más
que !rases de ese género. Quince días llevaban
ya en esta guerra de guerrillas A cada instante
ma.s acerb11 1 porque como sucede inevitablemente, las antipatías se exasperaran por la acumulación de incidentes nacidos de nada y que ninguna.
de las dos combRtientes trataba de evitar. Sin embargo, aún no h lb!an tenido explicación alguna sobre las caus11s de su ant11gonismo.
Cuando Maria Magdalena supo por boca de su
misma suegra que Roberto había cambiado de
ideas y resuelto continuar la vida en común, la
joven no dijo nada , ni una palabra que revelara
el fondo de sn pensamiento, y sulió del aposento
de ll\ seflora Le Clercq, sin contestar, después de
un frío sal11do, Luego, ni la más 1.. ve alusión sobre el asunto y nada ml1s qu~ un cambio ra.dical
en su método de vida: en vez de sumisión y amor,
una independencia absoluta en sus accione:1.
Después de lll comida, l&gt;l setlora Le Clercq re·
cojiólos documentos que quería le tradujera Maria
Magdalena y resolvió aJ tmcomrar6e con este pre•
texto á solas con ella, hablarle y provocar bien
una. explo~ión de cólera ó bit!n un arrt! bato de enternecimiento.
No era posible que la vida continuara asf, por•
que ya semeJante sit1111ción era. pencsa par11. todo:1
y si Marft.t. Magdalena calculó que no pu.diendo
partir en buenll h1:1rmoni 1 ibit á conseguir que la
hicieran irse, estaba en lo real. La antigua tranquilid!ld dtl la existeneia de familia hahía cambiado de tal manera., que cada reunión acababa siempre por convertu·se eu un torneo de réplicas de•
sagradables en el que cada cual se esforzaba por
herir sin pit!dad á, su 11d\•ersllrio.
María Magdalena estaba en su hllbitación revolviendo cajones y preparando mdetas para su
proyectado viaje á Tregastel, cuando entró la sedora Le Olercq.
•Esta nueva. út-mostración de independencia se
hizo muy sensible para JK vieja que venia con intenciones conciliadoras, quería h11blar dulcemente y ver si podía aplacar con buena:i pal1:1bra.s la
rebelión de su nuera. Profunda amugura. surgió
en remplazo de aquellos iseutimiento:i y dijo á
María Magdalena con altivez y r11deza:
-Quisiera estar á, solita con usted.
Oou una seilal, l\Iaría Magdalena bizo salir á
Estela que Ja ayudaba en sus prep11rativos, ade·
lantó un sillón que ofreció á su visila, se sentó
ella también y dijo:
-¿fila para la traducción, no es l\ei? Deme usted:
le leeré desde luego esos documemo:i y despué:1 si
le parece escribiré la. traducción.
.tf.ubía una carca de lasei'loraEgerton, carta muy
amable que enterneció á la se.llora Le Clercq, porque le h1:1blaba con vivo encomio de sus bondades
y le tocaba la cuerda má.s sensible: el orgullo. Evidentemente la seiiora Charmon había pintado A su
amiga con los colores mAs fdvorllbles, pues solo se
trataba en todo el escrito de la generosiditd de la
seflor11 Le Clercq, pre,.identa y benefactora de tantas obr11s de c11r1t1ad.
Con una elocuencia un poco enfática, entremezclada de sentencias bíblicas, la eeiiora Egerton ?elicita ba á su colega por todos los beneficios '-lue
babia hecho y eeguia hacier,do y tr11taba de inte•
resarla eu favor de la A~ociacióo inter,,11cional
para prnporcionar trab11jo A l¡,.s mujeres. B.ijo sus
auspicios esta Asociación ya poderosa y que tenía
en Holand11 1 H.nsia y Alema.nia. 111..mero-1as sucursales, no podría dejitr de prodll'Cir en Francia brillantes rt!Sllltados.
Se tenfa ante todo necesidad de- dmero y lluxiJioe de toda especie, por que á la asistencia para
el tr1tbajo debía reunirse una obra de bendicen•
cia pura, fundando castts de eulud para asílur á 111&lt;1
desgraciadas debilitadas por enfermedades ~ pri
vaciones para que se recobraran antes de emprender de nuevo la lucha por la vida.
El clima de Inglaterra era húmedo y frío y en
Francia era donde convenían esos a&amp;ilos. ¿Estaría
la se11.ora Le Clercq, preguntaba la carta, eu dispo•
sición de aceptar Ja presidencia del Comité Central Francé:1 que formaría ella misma y empezaría
por ocuparse de la propaganda? Tan pronto como
se abriera el primer hospicio se le daría su Direc•
ción, superior y bajo su autoridad se pondrían todas las sucnrsales que se llegaran a. establecer en
las demAs ciudades de lfrancia. Había una
presidenta para Inglaterra, una para Ruaia,
una. para Alemania y Holanda que formaban eJ

Consejo Supremo de la institución, al cual era una
distinción muy seflalada el que se llamara á. otra
persona para integrarlo.
El orgullo de la se11ora Le Clercq quedó suma·
mente halagado con la lectura de esta carta. Toda
esa gerarquia adminütrativa llamándola A una cima desde donde se la ponla á llota.r sobre las miserias del mundo como un ser benéfico que reparte los socorros y tiene el poder de aliviar las penas, exaltó su imaginación.
¿Qué eran esas minúsculas cofradíascaritativl\S
de l\lontpazier, junto á empresa semejante qu~ con•
taba entre su., miembros activos ó protectores A
las más altas personalidades E11r('pea y como
presidenta. honoraria, t. la reina de Ingqaterra?
La senora Le Clercq permaneció penlsativa. por
unos momentos, no por v~cilación para aleptar el
puesto que se la proponía, sino ideando la ma•
nern de dar mayor realce y las funciones respectivas. Una postdata ailadida á loe Estatutos, de
pullo y letra de la senora Egerto11, decía que Su
Magestad, lll Reinll, habla concédido á. las Presieidentas generales extranjeras el derecho det ser
prese,.tndas á la Corte de S11.int James cuando fueran á Londres.
Terminadll la lectura, Magdalena calló y se pusv
a. anali:Gttr la fisonomía de su suegra transfigurada por un desl.1mbr11miento de vttnidad. La sefiora Le Clercq se re11izo muy pronto y vió á Magdalenit, y le dirigió uua sourisa, pues la satisf11cción
reábida apaciguaba un tanto sus iras y rencores
dando paso á la 11costumbrada mansedunmbre.
-Y bien, amiga mía, ¿vá usted comprediendo
al fin el interé; 4ue lleg110 A presentar laR institucionet1 du cariaad? ¿lldemAs de la cicba de hacer el bien, no ve usted que aún viendo !\ los benefactores bajo el punto de vista muudano, puramente mundano, quedan colocados muy por
encima de las personillas descabezadas que son
dd agrado de ustedi'
María M11gdlllen1t no contestó.
-Vamos, ai'ladió la seflora Le Clercq, usted es
inteligeme pura no reconocer un error pasajero.
Si encuentra. usted algo enojosas las ocupaciones
que quiero que acepte, ya ve usted que en cambio lianen sus halagos. Pagllda de m nobleza como lo está usted, apreciará, estoy segura, la honra que producen las distinciones de una reina.
Si quiere usted ser mi coloboradora actualmente, le ofrezco quemesucederAluego en todos mis
puestos y dignidlldes.
Pues bit-n; esta tentadora perspectiva no logró
seducir A Maria Magdalena que tenia otras ideas
sobre la fdicidad.
- Agradezco A usted mucho todo eso, se!iora,
le dijo, pero no me siento con vocación p1tra el
caso. Ha.cer el bien, sí, cuando se me presente
la ocasión, pero no consagrandome á él de un
modo oficial, profesi('nal y cotidiano. ~o: no
ambiciono suceder á. usted en sus cargos y dignidade~.
La seilora Le Clercq, decepcionada, dió se!iales de impaciencia.
-Qjg1tme usted, María Magdalena. Por prime•
ra vez desde hace quince días nos encontramos
solas y podemos hablarnos con franqueza. ¿Qué
significa la actitud que ha tomado ustedi' ¿Adonde piensa. u,ted Uegar con esta afectacíón de
arrog11.ncia tan penosa para todos nosotros?
¿Nuestro modo de vivir no es del agrado de usted? Esto es enojoso pero confesará. usted que
hemos hecho todo lo posible por hacérse'o dulce.
Corno un ni.ilo, se revela usted contra lo inevitable ...... ,in ret1exion1tr en que esto no la condo.cirA má;; qua á. cansar t. su marido. No hablo
de mi, y eso que sin embargo tengo dtJrecho !\
cierta dderencis.
María Magdalena replico de la manera mfls
cortés:
-Puesto que soUcita usted una explicación, se
la daré. Mi contrariedad viene de que se me obliga A permanecer, á pesar mio, en easa ele la madre de mi warido, pues me creo con dt-recbo de
poseer un hogar mio en el que yo sea la única
ama, y juzgo A Roberto digno de reproche, porque no tia tenido valor par11 hacer lo quP, es r,ecesario y justo.
La seilora Le Clercq quiso eontestar, pero Maria Magdalena con un ademlin la detuvo, y continuó:
-En cuanto :l lo que usted llama una afectación de arrogancia es sencillamente una actitud de
protesta. Yo estoy aquí constreJHda y forzadll.
Sea! Usted tendri mi persona, pero nada mAs: ni
sumisión ni nuliticación.

�EL OBSTÁCüLO,

as

"EL MUNDO lLURTRADO

.~Jy.!.~ ~

39

11

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...

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1

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Al oír tan atrevida manifestación, la sellora nuera sobre este particular y al descubrirlos dijo subiendo de tono.
.
Le Clercq se levantó:
-Bien. Usted tiene una manera muy elástica
-Usted olvida muy á menudo con quién hade agradecer la agena estimación! Pero ¿quiere
bl11.l le dijo.
-No Jo creo, SP,fl.ora: mis palabras son eorree- usted decirme cuAles son sus propósitos al adophs. Usted me pidió que dijera la verdad, y se tar un plan de conducta que produce la guerra
emre nosotras dos? 'No se imagine usted que Rola dije:
-Usted tiene una gratitud muy olvidadiza, y berto pueda ceder, pues tiene una firmeza de ca·
en consecuencia todo cuanto puede hacerse para rácter que usted ni siquier11. sospecha y por un
mnnifestarle afecto, no consigue conquistar el de capricho pueril no faltara. a. sus deberes y A su
dignidad. Por otra parte, ¡piénselo usted bien!
usted.
María Magdalena enrojeció de cólera; pero re- Aún cuando cediera ¿no comprende usted que
habría motivos poder~sos para que lo lamentara
plicó con el mismo tono de amable cortesía:
-Seiiora: yo siento hacia usted mucho afecto en seguida y que la ha.ria A ~sted responsable ~e
y mucha. gratitud, pero la amistad de usted es sus tristezas y de sus necesidades? La victoria
demasiado dura para que pueda sufrirse y todRs de usted seria desastrosa. "'o hay que fatigarse
las graciosas concesiones que me ha. hecho usted en luchar. Está usted como en un presidio, y sus
insubordinacioues no sirven más que para pro•
h\S he pagado caras, pero muy caras. Hay mAs:
desde hace algún tiempv se me reprochan con ducir disgusto general.
-Lo siento profunda.mente, seiiora. PerC', ¿me
tan reiterada frecuencia, que ya no puedo más que
permitida usted preguntarle por qué causa se
bmentarme de haberlas recibido.
Esto era ya más de Jo humanamente soporta- obstina en guardarnos en esta casa?
-Pues porque me es grato tenel'ios conmigo;
ble, y la setlora. Le Clercq perdió la paciencia.
porque
los amo á los dos y eso lo sabe usted muy
Nunca había examinado los sentimientos de su

l

bien. Luego, que yo quería proporcionarles todos.
los medios de una vida c~moda y feliz que sin mí
no podrían tener, y ¿si viera ust:id? hasta me figuraba que usted se rt.signaria buenamente á tolerar las .... manías de una pobre vieja que acaso es comunmeote enojosa, pero que ha probadvá ustedes de mil maneras su ternura.
-Es verdad. Pero usted me hará la justicia de
reconocer que he hecho todo lo posible para rP,•
signarme, no á sufrir ma.,,ías que usted no las tie•
ne, sino su voluntad de hierro. Solamente me empecé á rebelar cuando me convencí de que la
bondad de usted para conmigo se cambiaba en
una. dominación que me reduciría A la nada. Bequerido tener algo, aunque fuera poca cosa, de autonomía, recibit á mis amigas, poseerá mi marí•
do yo y sola yo, y usted me ha dado mate en todo, se ha opuesto á todas mis deseos é ínclinacio•
nes y no solo ha hecho eso sino que hasta ha querido imponerme los suyos y sus Mbítos y ocupaciones.
Al mismo tiempo que me separaba usted de la
para. mi grata comparua de Lucia Ilartley, me sentenciaba U6ted á. la de media docena de ancianas
histéricas y enojosas y condenaba ustedlas horas
de mi juventud a consumirse en un cargo del orfa.nat0rio. La cadena era ya muy pesada y me
cansó. Comprendí que era necesario rehacermeporque si no en poco tiempo se me baria lleg!U' á
la categoria de una subalterna sin voluntad ni
iniciativa, ni inteligencia, á quien se colmaría depresentes pero se la obligaría en cambio á obedecer de una manera pasiva y mecllniM. ¿Qué
estoy en un presidio dice usted? No. Yono espe•
ro hacer ceder ñ Roberto p1.rque no es de él de
quien deper.de nue:;tra dicba futura, sino á usted.
He pensado que usted comprenderá. al fin que no
se guarda A las personas á pesur suyo .... y dígamelo u ~ted con franqueza ¿halla usted placer en ha•
berse convencido de que las dos vivimos en perpetuo pié de guerra? Roberto sufre, yo también
y este espectáculo le debe ser á usted penoso.
La sef!.ora Le Clercq repuso secamente:
-No veo en que podría yo intervenir. Cuando
mi hijo me babló de separación, inmediatamente
consentí en todo y má.s aún, ofrecí que sería yo
la que me separara. lireo que no podía llevar
mAs adelante mi abnegación.
-¡Oh! diplom11cia, y no más que diplomacia
dijo Magdalena en tono incisivo.
'
La vieja enrojeció de cólera. y perdiendo todo
dominio sobre sí misma dijo:
- Usted me falta, sen.oral usted no tiene der~cbo de sospechar de mi sinceridad. Cuando ofrecí
este sacrificio estaba resuelta á, cumplirlo; y tan to es así, que se lo renuevo á usted ahorn.
-Decidida. á. cumplir, sí, pero en la seguridad
de que Roberto no aceptará..
1\laría. Magdalenfl dijo esto con su misma voz.
dulce y tranquila, y sin embargo lamentó la crneldad de la frase porque heria precisamente en el
repliegue más oculto de la conciencia de su suegra; vió que la había lastimado muy dolorosa•
meIJte y se sintió apenada y contusa. Lut&gt;go
af!.adió:
-Roberto no aceptará .... ni yo tnmpoco, pues

ilncontraria. soberanamente injusto gozar da un
lujo y de una fortuna que son de usted. Yo no he
pretendido nunca otra cosa que un hogar mcdes•
to, pero mio, donde mi marido y mi persona. me
pertenezcan en absoluto. Esto es tan sencillo! .A.1rededot· de nosotros est11mos viendo que así se
acostumbra y nadie se admirará. de que una joven tenga Ideas de inóependencía .... tlin mode•
radas. Vamos, sellora, rerlexíónelo usted bien,
sea buena, .... como lo es usted siempre, pero
no sólo á su propio gusto sino también al nuestro. Yo daría. todo el luj &gt; del mundo por algo,
aunque fuera muy poco de libertad. Y dígame usted por último ¿después de explicaciortes de esta
clase podríamos permanecer bien usted y yo en
la intimidad diaria que se impone cuando se vive
bajo un mismo techo?
La sellora Le Clercq oyó estas pttlabras con el
corazón cerrado: nada podía conmov~rla después
de la profunda y dolorosa. herida que había recibido: y lijando en María Magdal1.41 una mirada
glacial, le dijo.
-Señora: sostengo lo que acabo de ofrecer.
Tengo el orgullo de mi 11ombre como usteJ tiene
el del suyo y no quiero que en esta ciudl\d sea.
visto un Le Clercq necesitado y decaído de su
rango. Es formal mi prop11 sición de retirarme
del lado de ustedes. A usted le toca consE&gt;gnir de
su marido que ucepte mi proposición.
-No tema usLed n11da, scliora, ni siquiera lo
intentar~.
Con un ademAn de ira la seflora Le Ciercq empujó un sillón que se hallaba á. su pas1 y olvidando toda conveniencia, dijo A media voz y con re•
concentrado furor.
-¡Una muj-,r que mi hijo tomó pobre y miserable y que en vez de considerarse feliz mete la
ziza:lla entre nosotros!
María }fagdalena se acordó á tiempo de que
era de Boie Saint Marce! y de que corría sangre
noble por sus venas. Irguiéndose pues, apareció
imponente á pesar de su cuerpecito gracioso y
delicado y dijo:
-Nuestra conversación ha tomRdo un giro lamentable hasta tal punto, que no queriendo suplicar á usted salga de aqui, soy yo la que me
retiro.
Y la pequefta Ma.g, convertida de repente en
gran setlora, abrumando i\la otra desde la altu•
ra de su nacimiento y de 11u educación, hizo una
ceremoniosa reverencia de corte y salió de su
propio departamento, dejando allí A su suegra. en
un esta.do de irritación y de confusión imposible
ue describirse.
Hacía Y" dos semanas que Maria Magdalena se
hallaba. en Tregastel. Lucia la había acogido con
una buena voluntad tan amistosa, que se encontraba como en su propia casa en aquella casa de
111.driJlos edifiC!lda como nido de golondrinas en
el agujero de una roca. Los primeros días fueron
para ella. de verdadero reposo: un alto delicioso
en el camino de tristezas y disgustos que venía
atra veeaodo desde meses anteriores. :N"ada de
desdenes, ui de entrecE"jos fruncitlos, ni de caras
hosc11s: sólo afectos y simpalias.
Lucía tenill. en el mAs alto grado la serenidad
alegre de las gentes sanas de cuerpo y &lt;le espíritu, y estaba en la. convicción de que por medio de
halagos era necesario devolver la calma A esta
alma transtornada por ucR crisis violenta cuyo
desenlr1ce no i;e vislumbri:1.ba todavía. Magdalena
le refirió los incidentes ocurridos en los últimos
dias desde que se separaron las dos amigas basta que se volvieron á ver, y su partida muy triste cuando la reru.izó.
Roberto no la acompailó A la estación. Un frío
apretón de mano, un adios breve y seco en el
dintel de la puerca de su gabinete de trabajo, y
eso filé todo. Ni un recuerdo par1:daseliorita Hartley, ni una inoicacióu arectuosa para que le es·
cribiera, ni una promesa de ir mlls tarde A reunírsele. Evidentemente la madre le había dado
noticias de la ultima rey~rta y esto había agriado
su resentimiento contra la joven. 5u actitud había sido pues, glacial. ¿Que Magdalena babia
querido aislarse~ Bien, quedaría aislada y mucho
mAs tal vez de Jo que ella había sospechado.
La. verdad es que María Magdalena. sintió una
profunda trioteza. viéndose en la estación bin que
su marido se hubiera dignado acompatla1·la 1 y
tuvo un11 1a11 dolorosa sensación de abandono y
de solt&gt;&lt;.iad, que le fué necesario hacer un e~ra.erzn su1,reroo para oo derramar abundante, lá~• iwa11.

Para que se acentuara más su malestar tuvo el
disgusto, en el momento de instalarse en el tren,
de ver A los esposos L'l Falliere que se dirigían á su proyectada excursión campestre en
unión de numerosos 11migos; todos la rodearon
y le preguntaron por Roberto, dónde estaba y
por qué causa , o había venido á despedir á su
en.:antadora mujercita. Todo esto, aunque pre•
guncado con volubilidad, era una prneba clara de
que su ausencia caus11ba sorpresa y provocaba
comentarios, lo cual hirió duramente A Maria
Magdalena en su orgullo y en su amor.
Cuando ya en marcha el tren se encontró sola
en el wagón lloró como un nill.o, con el corazón
henchido de una tristeza espantosa y sintiendo un
doloroso dt-sgarramiento al alejarse de esta ciudad donde quedaban sus disgustos y en la que
habfa i.ufrido tanto. Maria Magdalena no babia
hecho á s •1 amiga la contideoc;a de todas estas
intimidades, manteniéndose en reserva sobre
aquello que mlls profundamente la lastimó.
Si: ella que algunos rlias antes había querido y
provocado una ruptura absoluta, estsba consternada al ver que Roberto aceptaba de plano la situación. Cre) ó que á la hora de la parlida el
amor sublevá11dose en el corazón de este hombre de hierro le producida un enternecimiento,
pero nada. Se tram,tormó en una estatua y aceptó el papel que se le imponía, sin que esto fuera
cuusa d1-1 que se contrajera un solo músculo de
su cara impasible.
LPjos de su m11ri&lt;lo, la nece,idad de escribirle
atorwentab~ A M11.ría Magdalena porque presentía que aquella. aJ'ección i:ie le escapaba, y como
sucoue siempre, ante 111. idea de perderla se le hacía más nmable y más preciosa.
.A medida que pasaban los días crecía su angustia y aumentaba en BU mente la desesperación de
no saber qué hacía, si pensaba en ell11, si le hacía
f&lt;1lta ó si le b11staba para ser foliz la comparua de
su madre. Lejos estaba la si:f!.orita Hartley de
sospechar la verdadera causa. de las tri3tezas de
su aruiga que suponía ocasionadas solamente por
la situación nnómula en que se hallabi y por el
disgusto que debía causarle el pens11miento de tener que regresará Montpazier. De todos modos,
para hablarle de eso esperaba á. que pasaran los
primeros efectos del desaliento para ayudarle con
su ternura y su~ consejos.
Pasados quince días, Lucía dijo á su amiga:
-Mag, acabo de escribil' A su -,,aposo snplicándo! P- ven~a á rasar algunos dias con nosotros.
Maria M!\gdalena se ruborizó sintiendo que
una ola de dicha le inundaba el alma, Luego,
pensó de improviso en que Roberto no vendría
y en que si se daba el ca.so de que viniera se en·
contraría ella en la necesidad de confiar á la sefl.orita llartley E&gt;l estado de ruptura completa A
que babia. lleglldo, ó de r ..conciliarse parll evitar
sospechas sin haber obtenido resnlt11do alguno
fllvorable á. sus propósioos de independencia. Estas ideas la pusieron melancólica.
-Le escribió usted, pues, sin consultármelo ....!
- Si: hasta aquí, usted me había conffa.do
solamente todos sus ,~ombates con la seliNa Le
C!ercq, combates en efecto serios y transcendent1dts que me pusieron muy al corriente del
papel que ha representado la vieja. y de la actitud asumida por usted, pero hay en el drama un
personaje del cual usted habla muy poco y que
sin embargo es el que importa. mAs: su marido de
usted. ¿Qué dice, qué piensa, qué hace? Su voluntad es la que debe dar uoa solución A la crisis;
es él quien debe amará. usted lo suficiente para
sac11rla avante de estas dificultades y A quien
debe usted amar lo bastante para soportar muchas cosas.
- ¡'llás de las que yíJ. he soportado!
- Y 11. sé, ya sé .... pero me imagino que entre
usted y él debe haber cierta frialdad a causa de
que ni uno ni otro han sabido tomar una actitud
que salvara. las dificultades. El, á mi entender, se
eocontr j entre la espada y la pared no acertando A pronuucinrse en favor de su madre ó de
su esposa, y usted tsl vez no Je conservó la ternura necesaria para hacer subsistir por más tiempo la dulzur,i. de carácter que es el principal encanto de usted.
María :Magdalena, toda confll8a y mortificada,
murmuró:
-¡Qué ideas tao e.· trañns tiene usted! ¿En qné
se apoyan sus pre~uucione..?
-En la actitud de los do,. Usted no me hn di•
cho nada sobre el particular, es verdad, pero su
sileuciJ es más elocutnte que las mAs amplias

confidencias. He visto además que desde que es•
tá. usted aqui no ha enviado una sola carta. á.Montpazier y que tampoco ha recibido us'led cartas de
allá. A propósito de esto, pienso, q=-,::~.!-" amig111
que lulrfa usted bien en escribir A $1l -.rldo apoy1mdo mi invitación que porsí 10Ja &amp;a&amp;JO no p.roduzcit el apetecido r1isnltado, y yo quiero vedo
de todos modos, hablarle, saber lo que ;-iensi.
La situ11c'.ón es muy gr.. ve, Mag, y mientra,s mák
se vaya prolo11ga11du se ira .haciendo mAs dificil.
Cfou veces lforía Magd,llena había tenido este
deseo, pero cierta especie de vergüeuz11, hija del
orguUo Ja había. detenido¡ y ahora, aunque tenia
vivísimos deseo11 de verá .Roberto se dió el lujo
de fingirle la frialdad mAsgrande; en consecueu•
cia le escribió solamente algunas lineas en que le
exp1·esaba de uu modo muy cortés la tonveniencia de que viniera A Tregastel y no desairara. la
in vitac1ón de la sef!.orita Hartley.
Algunos días corr'.eron todavía sin que llegara.
la rebpuesta.

Hacía como una semana que Darlot no se presentaba por la quinta. Uno de aquellos accesos de
mel1mculi11. á. que estaba sujeto, Je había obligado
á buir áe toda sociedad. Partió para excursivnar,
había dicho, pero en realidad su viaj-, no tenia
mas objeto que el de librarse de encontrará las
dos amigas. La dulzura del hogar de la seflorita
llartley 11" babia apoderado de todo suBer dti tal
manera, que en un instante de lucidez el terror lo
habÍII invadido y se creyó en la nrcesidad de ponerse en ruga. ¿Por qué, en efecto, adquirircostumbres de vida futima con una mujer de espiri•
tu elevado y de taleoto encantador para hallar
luego, cuando ella partiera, más amarga y tl'lste
la soledadl
Cuando D11rlot observó que se encontraba muy
A gusto y como en su propia casa en aquel saloncito, junto á aque1la mesa de té, bajo esalámparJ\
que los .babia. iluminado durante dulcísim..s con•
versaciones, se dijo para su conciencia con secreio espanto, que le h1:1.bía caldo la gran desgracia
de enamorar11e de Lucia Harlley, En verdad esta
sell.urita aunque fuera como era efectivamente,
seductora y linda, no sólo por eso era digna de
ser amada eino por Au inteligencia bien cultivada
y su bondad iut.,Jigente, 111 origín&amp;Jidad de sus
ideas, lo imprevisto de suconversacióny ese sello
pers,malí.iwo de voluntad tranquila que la hacía
dilerente de todos los demás.
Lucía presentaba respecto de María Magdalena
un verdadero contraste; ést11.1 graciosa y dulce,
con una alegría infantil como cualidad esencial
del carActer, y necesitando siempre de protección
y de ternnr1.1. previsora que le alejaran toda. suer•
te de contrariedades; en tanto que Lucía, espíritu vigoroso se bastaba. siempre á sí misma, y las
tristezas que abrumaban á Mag, á ella la b11brian
encontrado armada de una. firmeza tranquil11 capaz de Lriunfar de todo.
Reué, casi tan sensible como María Magdalena,
sentía por la joven ingle3a una admiración profenda y uua e3timación real. Tenia miedo de amarla y se repetía por la millonhim11. vez que estaba
gastado, tristo y enfermo del espíritu, y que aún
cuando ella consintiera, su deber de hombre honrado era no casarse, no llevarle un corazón infortunado, una alma desalentada y sin ensueilo~. Pen•
saba además que Lucía era muy feHz en su ac•
tual modo de vivir y que no le con venfa. ligarse
con los lazos de la lamil!a.
Pretextó, pues, una excursión, pero en el camino encontraba sin cesar y por todas partes el recuerdo de la mujer de quien huía . La contemplaba durante todos los minutos de estll ausencia, ya
eu las arenosas playas &amp;embritdas de guijarros,
ya en lus campoa imponentes y melanco.tfoos y sd
la figura bit atenta a. su trabajo, bella y atr11.cti va
bajo el abrigo de la sombrilla, en la diilfana y ardiente claridad de la playa.
La reco:d!lba siempre y con cu11lqu~er motivo,
A la hora del té, la veía con los ojo, del alma en
aquel saloncíto donde la había amlido tanto, trente á la amplín, 'ventana desde donde se contemplaba el mar, y volvía á admirar sus movimieutos
graciosos, aunque enérgicos y se pensu ba 14 ue estaría. junto á la mesita esforzándose por eo,.solar
á María Magdalena., ó bi1m en el jardín, á la som•
bra de alguna pefl.a leyendo á su amiga o bra.3 exquisitas 4ue é;ca escuchaba con atención hundida en sus tristezas profundas y monótonas.
En todas las encrncijadiu del camino, junto á.

�40

todae fas quintas coronad11s por agudas toneci·
!las que se levantaban á los lados del río, D11rlot
creía vislumbrar aquellas dos ligeras sombras femeninas, una inclinada, agobiada, como destroza•
da por el dolor, y la otu erguidll y fuerte protegiP-ndo 111 frágil dulzura de su amiga. Y la obsebión se hizo tan coniinuada y fué tl\l su deseo de
volver al 11gres1e p11Íi apenas di,jqdo, que volvió
súbit!llllente sobre sus pasos y rt'gresó A Tre11;11s•
tel con apresuramiento, lrnsth1do de l1ts banales
mesas redondas de hotel donde sus oidos h11bi,m
eido martiriz11dos por un inglés insoport» ble, pa rodiil de la música delicioM que salía de los labio9 de Lucía Hartley.
C1111ndo René se instaló de nuevo en la po&lt;:ada
dourle se alejaba antes de su p11rtida. A unos cuanf
1
tos k ló~tros de la playa dti Tregast"l, su r~sol11c1on estab11 tomada: intentar una declaración
de 11mor y uunque sin duda ella le repulsaría, insistirá. riPFgo de perdt&gt;r hasta su buena amistad.
Esta pmibilidact le hizo vacilur un poco, pero luego comprendió que semejante temor era injusto
tratándose de una pt-r.;ona inteligente y buena
como lo er11 Lucí&gt;l y que no sería ea paz de alej11.r
de sn lado á un 11migo púrque la amara m:\s de lo
que ella deseaba.
René pensaba en esta'! cosas caminando por la
(Tilla de la mari~ma que sirve de rad&gt;1. á la aldea.
La mar estaba en descenso¡ algunas embarcnciones menores, c11ida.i para un lacto, parecí"n muertas; en Ja punta de un estrecho muelle que se
pl'olongaba á. lo lejos avanzando hasta el mar,
slgunos ctliquillos se entretenfon pescando con
anzuelo.
Darlot, pres a de una impaciE&gt;nci.a febril por llegar al fin lo más pronto que fuera posible, y
vor recibir desde luego la negativa que lo iba _á
,-umir en la desolación, so detuvo de cara hacia
1a brisa que llegabll fresca y húmeda. Se detuvo
A reflt,xionar en l!t manera cómo debería defender su causa y maquinalmente volvió los ojos ha
cia el lejano azul que recortaban, r,ircnndadas
de brumas, las enormes masas color de rosl\, pesadas rocas bajo cuya sombra Lucia acustumbra
ba ponerse A pintar y donde tantas veces había
pas11do con ella horas inolvidables, y en un sú.bitJ 11rr1l0que de valor se volvió hacia el camino
blanqueado por el sol y por el polvo, que conducía á ttquellos sitios.
Era la hora del medio día: un calor so.focante
subítl del sui:1o y vibraba en una asmósfera lumi•
nosa y abrumadora. Por el luuiente azul de los
cielos algunas nubes, semejantes á cintas de gaaa,
permanecían inmóviles como suspendidas de l.l
bóveda cristalina.
A pesar de sus preocupaciones, Darlot obser- picarescas y c'le color m1s que subido en todas
vó que el sendero esclibroso y ardiPnte que atra- las feri1ts de Frl\neia.
vesaba y que JJor lo común se conservabasolitttrio,
René se apoyó en una barda, detrás de la cual
estaba ahora llena de paseadores. Gentes de la se tendí11n los campos llRnos erizad:s de er11s de
comarca, mujeres de cofia blanca, de chales en trigo negro recién cortado. Algunas chozas obsqu, brillaban los colores más chiJ:ames, y de tra- curas apenas levant\das dei suelo se agrupaban
j~s vistosos, aparecian como manchas relucientes en torno del campanario de la iglesill, r á lo:i piés
sobre el fondo blanco y azul del cielo y del mar, de la multitud se revolvía un polvo fino y caliencon las tonalidades de unfreEco dePuvisdeCha- te que subía come una nube. No había ni lit mas
vannes. Hombres de sombreros de anchas alas y peqnei'l.a sombra. El sol fulgurante inundaba tosacos cortos, turistas i11gleses de calzón corto y do, y esta muchedumbre, reunida en grupo commedil\S d 1 lan11 ingle: as db 1rajes azules ó rosa- pacto, jadeaba de calor exhalando olores penedos, de talle anguloso y de piés largos y ágiles, trantes, extraJia mezcll\ de perfumes, polvos de
tod11 ilna multitud abigtiruda que caminu ba tn la arroz y pomadas, y de las acres emanaeinnes de
umma dirrección. ¿Qué seria aqueJloi'
loe establos vecinos de donde se veía.u salir arroDKrlot siguió su camino y apenas había andlldo yuelos- sucios y espesos.
r&gt;or unos cua.ntcs minutos, al llegar A la cima
Darlot fué á sentl\rse en una alta roca que dode un pel'tón entre rocas cuya ascensión le abru- minaba el lugar en que hormigeaba la gente.
mó de fatiga, pudo ver la fiesta que atraía á ese pues acababa de presentir '}Ue no encontrarfa tal
Jugar tantus gentes. Era una romería.
vez A Lucía en so casa. Sin duda habría. preferiLa pequeft.a c!lpilla de la Cll\l'idad escu.lpida en do venir A ver este espectAculo pintoresco: una
gnuoito como una urna egipcia, tomaba bajo el romería en Breta:na, y debía estar allí tomando
cielo ardiente tor:os aureos y rosados, y un imper- acaso apuntes para Slls cuadros. Paseó en to1·no
eeplible polvo de oro la bailaba toda y le daba suyo una mirada atenta y nada descubrió entre
,m la luz esplendores inesperados. Jumo 1\. la ca- la agrupación compacta de romeroil. Entonces se
pilla una multitud hormigueaba confasamente.
absorvió en un ensue1!o vago y dulce hipnotizánLas cofias de 11mplias alas blancas, los chales dose con la. decoración inmensa del p11i-11je lurutilantes, rojos y verdes, los toc11dos de laa tu- minoso. El zumbido incesunte de. 'a multitud s1,ristas contrastando con sus vestidos que también g11ía vibrando en torno suyo, y el chillar de la
result11ban pintorescos, y por encima de la mu- cantadora de jaculatorills, languideciendo ya, se
chedumbre un rumor, un zumbido confuso d~ vo- resolvía en notas agudas y quejnmbrot1as que le
Ct!s que se interpelaban en bretón, en francés, en
adormecían S1111vemente.
inglés; risas, gritos, y en !in, dominando el tuAlguien le empujó, y entonces alzando los ojos
multo, la voz aguda de una mojer que eant'lba con sobresalto, reconocjO á Roberto Le Clercq
jt1culatorias y vendía rosarios benditos. En el te- que estaba de pié en trente de él. Este no quedó
cho de una barraca de cantores ambulantes, un menos sorprendido al ver á Darlot, y al pronto
harmonium gangoso lanzaba acordes lentos q_ue pareció contrariado, pues no roa.a que por pura.
acompaf!aba el canto de t:sta vendedora de cosas casualidad se había aproximado A él y lo babia.
santas, enronquecida de tanto cantar canciones tocado sin conocerlo. Después de un in.stante de

41

EL OBSTÁCULO,

"EL MUNDO rt. Uf!TRADO."

1

EL OBSTACULO
NOVELA ORIGINAL POR Mm.e. DANIELLE D'ARTHEZ-Ilustraciones de nuestros talleres.

\

VEBSION ESPAÑOLA. DE ".EL HUNDO ILUSTRADO"

Número 6.

,,

Roberto se sentó junto á Ren~ sobre la roca ardiente. De las puertas abiertas de la iglesia salia
un rumor de los salmos coreados por las voces
penetrantes de las mujer,is; los fieles se aproximaban más y mAs al portico y un suizo muy
galoneado de oro y con sombrero empenllchado
de plumas blimcas, apal'eció en el dintel. Un remolino se hizo en la multitud.
René ref1exionab11. A pesar de la reserva voluntaria de Roberto, leía en .sus facciones contraídas, en sus movimientos apresurados, en la
expresión melaneólica de sus labios, Inquietud
nerviosa., ve1·dadsra angustia íntima. Evidentemente todo se iba a. resolver por la impresión
del primer momento. ¿Cuál serfa esll impre&amp;ión?
Predispuesto cada nao pur -resentimientos fundados, ella y él iban á abordll.l'se tal vez con
ánimos de combate, y la esperauza de vencer á
su adversario. ¿Los reuniría con má.s ruertes vineuJo::1, ó se prt!parabl ~ apartal'los más y mAs esta próxima entrevista?
t-.D11.rlot examinó con mucha atención á su co~paiiero, y la agitación que observo en él le d1ó
esperanzas, porque aparecía demasiado viva y
prof11nda para ser debida 110 mAs al orgullo herido.
-Muy contenta va A poner3e Maria Magdalena cuando vea á. usted aquf, dijo René.
Robertó le fijó una. profunda m!rada de investigación.

-Oh! no piense usted que ella me haya referido nada, y ademAs, lo mii,mo que usted, en este
momento estoy volviendo de vi11je, pues acabo de
hacer una excursión que duró varios días. Por
cierto que cuando me pu.se en camino, Lucía estaba may triste viéndola enferma en lo físico y
en lo moral.
-¡Enlerma ...... 1 ¿Qut&lt;, está enrerma. MagP
-Sí: una tristeza íntima. Ya casi no la conoz.
co, pues habla poco, no ríe nunca, se queda pPn•
aat.iva. horas enteras, apoyada la cabeza en los
cojines de su sillón,
mirando sin ver, como uoa alucinada.
'fiene tristeza, mu•
cha tristeza esa pobre criatura!
Rooerto se había
conmovido. T ambién tenía tristeza y
tristezn por ella, y
la noticia" de que había estado sufriendo,
Je hirió de la manerÁ
m!s violenta.
¿Pero por qué sufría? ¿por estar ausente de él, ó por la
difícil situación eu
que se hallaba?

.'.

vacilaeiór: se decidió A estrechar la mano de.
H.ené.
-Usted aquí! exclamó éJte manifestando verdadero placer pues conocedor como Lucia, de
la. ruptura habida entre los dos e3poscs, pensó
que alguna reconcili11eión se había verificado.
- Si. .. . .. acabo de llegar.
René se informó con mncba cortesía de la salud de la ef'ftora Le Clercq_, y continuó:
-María l\[llgdalena y 11.1. 11e1iorlta HartlE,y, es•
tá:n en eu casa seguramente?
- Ko lo sé.
El asombro de Darlc,t (ué muv visible. Roberto agregó:
-Como dije A usted, llego en este momento, y como no encontré, á causa de esta tiesta carroaje que me condujr&gt;ra A TrE&gt;g11stel, resolví venirme á pié y me he detenido nlgunos instantes
para ver esto. AdemAs. como Uotted podrá suponp1•lo, es posible que ambas estén entre esta multitud.
- Lits humaremos.
- No: prefiero permanec"r todnfa unos mo•
mentos solo con usted. Esperemos la procesión.
l\o quisiera encontrarme en público con María.
llfagd11lena.
(Continuard.)

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Las campanas de la Iglesia se desataron en un
ruidoso repique que volaba por encima de los
campos espigados y las landas rocallosas, hasta
las islas grises sembradas sobre las olas en Jos
limites del borizoute.
La multitud se dividió en dos alas deja.ndo en
el centro un ancho espacio para que pasara la
procesión, y las puert11s de la iglesia. abiertas de
par en p-'lr, dieron salida á una IDI\Sa comp~cta
de sacerdotes con sobrepellices blancos, acólltos
vestidos de rojo, nif!.as llevando banderas y es-

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�42

EL OBSTÁCULO,

"EL llUNDO ILUSTRADO"

tandartes, una lluvia de coiores encendidos que
se destacaba del conjunto gris de la multitud.
Darlot y roberto se pusieron en pié para ver
mejor este pintoresco des.file. Jovencitas coronadas de cofias de encaje grandes que se plegaban para caer en alas sobre sus hombros, llevaban en unas andas adornadas de flores, una iin!\gen de bulto de la Virgen, cuyos ca1Tillos lustrosos por el barniz, estaban pintados de un oarmin
subidísimo; d1&gt;trás, una cohorte de viudas acompa11aba A la Mater Dolorosa que tenia pe.ndientes
de las pesta1ias y rodando por las mejill.As, gran•
des lágrimas de cr:stal, y en el pecho un racimo
de enormes puflales: á lo lPjos, la mar azul que
las dejó viudas y las condenó A llevar tocas de
duelo, se irisaba bajo el rayo del sol y tomaba
los tonos lucientes del manto de seda que envolvía A la i.mAgen.
LnPgo vanían ancianos de caras brom~eadas
por la intemperie, de cuerpos velludos y manos
encallecidas, vestidos de marineros llevando un
pequel1o navío artísticamente construido¡ uuo de
esos e:cvotos que se ven comnnmente en las iglesias de las costds bretonas. ¿Cuántas torment11s
habían presenciado en plena mar esos vbjos que
ahora camiuaban débiles y encorvados, que en
otros días fueron vigorosos y valientes y ahora
casi vueltos a la infancia, susten(an penosamente
con manos temblorosas aquel barco en
miniatura, y cantaban cou voz cascada
un cántico á. la Virgen!
La procesión se desarrolló lentamente
y Darlot, abrazando con la mlI'ada toda
esta escena y el vasto horizonte de la
landa y del oceAno, se sentla movido de
piedad profunda por todos aquellos que
iban pasando y que llegaban ya al fin de
la vida después de haber 11purado todos
sus dolores ó entraban apenas A ella para comenzar á. sufrir.
-Vea usted qué bello es esto y qué
artístico, dijo Roberto con entusiasmo.
Roberto también estaba conmovido.
La multitud S6 había quedado en silencio respetuoso¡ la cantadora ambulante puso fin A sus jaculalorias¡ millares
de gentes contemplaban aquellas imAgenes santas, y aquellos barcos conducidos solemnemente entre flores y banderas por equellos viejos lobos de mar
que trataban de erguirse en gallarda
apostura, y no podían sino inclinarse
hacia la tierra que parecía llamarlos invitándoles al descanso eterno.
-Allí están, dijo Roberto con voz
breve.
Enfrente de ~i:os, al otro lado del camino que seguía la procesión, Darlot distinguió A Lucia y A Maria Magdalena
abrigadas bajo un ancho quitasol. Mag
tenía un aspecto sumalllente triste, y contemplaba con melancólica indiferencia el
espectáculo que se desarrollaba en torno suyo.
Roberto la examin~ con atención apasionada. La
encontró p!\lida; observó su abatimiento, y una
gran alegria Je hizo latir presuroso el corazón,
sin embargo de que aun conservaba sus dudas
sobre la causa de esta tristeza.
Casi al mismo tiempo alzó los ojos María Magdalena y descubrió A su marido: entonces cambió de color; sus pArpados se agitaron nervioso.mente y oprimió con mano crispada el brazo de
Lucia. Volviese la joven inglesa, siguió la dirección de la mirada de su amiga y distinguió á Roberto y Darlot.
8i este primer encuentro hubiera tenido lugar
en otras circunstancias, las cosas se habrían desenlazado de otro modo, pero Marfa Magdalena
tuvo tiempo para rehacerse, dominar Ja emoción
que le quitaba la facultad de razonar y que en
arrebato invencible l!i habria arrojado á los brazos de Roberto.
Mientras duraba el paso de la procesión que
los separaba, ella pensó:
-Ya está aquí. Esto prueba que me ama todavía lo suficiente. Pero ¿qué va A suceder? ¿Qué
solución traer¡\. proyectada? Una sola era aceptable: la que la jov.,n venía solicitando en vano
desde hacía varios mes88.
La procesión acabó de pasar dando tiempo á.
Roberto y A María Magdalena para dominar sus
sentimientos, de suerte que se acercaron uno al
otro con una tranquilidad ficticia que no dió lug,1 r il Lucía p1mi formarse un juicio sobre el estado d.: tHlS llmwus.

/

-Viene usted por algunos días? preguntó Lucia A Roberto estrechAndole la mano. ¿Dió usted
orden de que llevaran é. mi casa su equipaje?
Roberto ~ontestó dirigiendo A su mujer una
mirada tímida:
-No sé todavía si podré ó no retardarme aquí.
Por de pronto dejé mi maleta en una posada. No
pude encontrar un carruaje en que venir.
-Pero más tarde lo encontraré. usted, replicó
vivameute Lncitl . .Me figuro que no intentará usted alojarse en la posada.
Roberto dirigió A eu mujer una mirada. penetrante, y elli. se ruborizó comprendiendo que se
acercaba sin lugar á retardo alguno, el momento
de una explicación definitiva. Y sintió miedo,
miedo profundo de las consecuencias, al ver que
BU marido se mantenía estrictamente á. la defensiva. A e!la la poní~ en el caso de decidir si quería que Roberto se alojara en la quinta ó si quería resolver una definitiva separación. La iMertidumbre en este caso, se babia becho intolerable
para los dos, y Lucia comprendiéndolo con su

•

/

I

clara inteligencia y exquisito tacto, resolvió des
enmarai!ar tan penosa situación lo más pronto
posible, y dijo:
-La fiesta, el ruido, el movimiento de la multitud, todo esto me fatiga y se mi, hace ya insoportable. V!\monos inmediatamente. ¿Quiéreusted
eell.or Le Clercq? Acepte usted á lo menos mj invitación para comer con nosotros.
-Acompal1e usted A Mag que le enseliará por el
camino los lugares más pintorescos de la localidad, y así tendrAn ustedes tierno') de decirse esas
mil cosas que los casados tienen después de una
ausencia. AdemAs pueden ustedes recobrar sus
llá.bitos de campesinos adquiridos en nuestro v:aje 11.nterior. ¿Se acuerda usted? Yo monopolizo al
sefior Dllrlot pllra qne_me describa sus impresiones y los paisajes pintorescos que haya visto en
su excursión.
En camino pues, l'l!ag . . ... pero está ested muy
pálida. No la lleve usted muy de prisa selior:
cuídela usted, está enfermita desde hace· algunos
días.
La encantadora joven se alejó no sin dirigir á
su amiguita una sonrisa de cari1io y una mirada
alentadora. Mag cuyo corazón palpitaba aceleradamente, quedó sola con sn marido, enteramente sola apesar de la. multitud que los rodeaba.
Roberto observando la intensidad de su emoción, se conmovió también y le dijo:
- ¿Quieres que nos vayamos de aquí donde hace tanto calor?
Mag le sonrió con dulzura. Le había quedado

agradecida porque no le habló de usted como á
una adversaria.
Trataron de abrirse paso entre la apretada muchednmb..e, pero el desfile de la procesión que
volvía sobre sna pasos los detuvo y se vieron en
la necesidad de esperar A que se hubiera alejado.
En seguida tomaron el camino que desciende
hacia la aldea de Tregastel y se encontraron pronto cruzando por senderos rocallosos de arena y
guijarros sueltos, tostados por el sol, entre los que
crecían yerbas raquíticas y jnneos marinos de
flores amarillas. Grupos de gentes del país, mujeres con chales dti matices bArbaros, hombres con
sombreros anchos y adornados de cintas, se les
atravesaban dirigiéndose á la romería. Un alegre
repique de campanc.s llenaba el aire en una gran
extensión.
De pronto, marido y mujer sintieron una profunda turbación al encontrarse solos; pero el paso
frecuentemente de los campesinos los tranquilizó, aplazando aunque fuera por cortos instantes,
la llegada dela crisis final que ambos temían igualmente en la vaga intuición de que de nuevo iblln
á cbocru' sus voluntades.
Maria Magdalena rompió el silencio 111 fin preguntando:
-¿EstA bien tu mamá?
-1::ií: muy bien. En eijtos momentos anda muy
ataread8, porque la seflora Cbarmonacaba de regresar de Inglaterra y mi madre
va A fundar un nuevo hospicio, una casa
de salud en una propiedad que posee á.
la orilla del mar no lejos de Montpazier.
Está muy interesada en esta obra pía.
y va á pasar en aquel punto una temporada largnitahaeta realizar la instalación.
Después ¡,arece que irá alli con much11.
frecuencia. Ya sabes cuanto la apasionan
las instituciones de caridad.
-Es en e[ecio muy generosa, contestó María .Magdalena.
Luego se quedó pensativa y silenciosa
por algunos instantes, comprendiendo lo
qu.: esto quería decir. Era una concesión
que se le bacía, haciéndole entrever que
su suegra estaría ausente con frecuencia
de J.Iontpazier, pero ella era suficientemente avisada para dejar de valorizar desde luego la inutilidad de semejantes promesas. El hecho qn.e quedaba en pié era.
que Ja vieja los tendría bajo su dominio
como antes. Fundaba una institución su;:-lementaria. Eso iniludablemente la tendría ocupada, pero la libertad que en tal
situación dejaría á. su nuera seria irr.isori,1.
Sería necesario estar esperando su.a
ausencias como los escolares esperan lae
Yacaciones; en presencia en la casa haría
imposible toda intimidad entre· los esposos y dur,mtelos viajes yasabria imponer
á Mag la subdirección de todos los orfanatorios, hospitales, hospicios y obras A las cuales estaba aplicada. ¡Y esto era lo que Roberto le
veuía á ofrecer!
1\Iagdalena tuvo nn violento acceso de tristeza
y despecho. Roberto se había imaginado sin dutla.
que todo iba á quedar arrPglado pacHicamente,
que su madre hacia un supremo sacrificio alejándose de hecho de la vida de sus hijos y no reservAndose más que la cláusula orgullosa de que la
casa quedara bajo el nombre y la dirección de
ella.
La seftora Lé Clercq había sabido, explotando
hábilmente suimperio sob::-e el espíritu desu hijo
baeerle ver y admirar no más el lado de abnega:
cienes y bondad que presentaba esta nueva com•
binación, sin dP jarle sospechar que todo el caca·
reado cambio resultaría ilusorio.
:Magdalena bajó los ojos. Lágrimas de dolor y
de vergüenza le arrancaba la idea de encontrarse
presa en una argolla de bie. ro.
,,
-Esa propiedad es muy linda, afiadió Roberto
muy lejos de sospechar el disgusto de en mujer:
ya la verás, es de gran extensión y tiene enormes departamentos que han servido en otros tiempos parit diversos usos y que ahora van á ser transformados en dormitorios y salas de trabajo. Tiene además nn pabelloncito de estilo Luis XIII en
el que va A poner mi madre sn departamento
particular, y todo el edilicio está circundado de
un hermosisimo parque, CUJ as amplias avenidas
van A terminar en la playa. 81:tn Hil11rio es un sitio eocantado1· que está muy próximo á. una pin-

43

- Yo, en el vagón, lloré mucho, mucho.
Entonces g.iardaron silencio, pensando los dos
en lo que mútn11mente se habían hecho sufrir y
-SC, dijo MaríaMagdalena. con el corazón oprisaboreando con dulce melancolí~, esa tregua da
mido al pensar en la indignación que sentiría Rouna hora que el cielo les concedít1,
berto si su mujer rehn.sara lo que él consideraba
Allí estaban lejos de la vida, sin que en , )los
como una inmensa concesión.
ni fuera de ellos existiera nada más que su amor:
Llegaron A un camino ancho sombreado por altodos los obstáculos sociales habían quedado
gunos Arboles entre los cuales se veía aún la
tras de ellos,¡pero cene-cían su existeucia, senlilln
landa rocallosa y A lo lejos el mar . Un cnel yugo de su opresión, comprend.Jim que no po·
rioso Calvario en forma de laberinto y adornado
dfan permanecer por más tiempo suf1 iéndol11; y
de estatuas y de sentencias en dialecto bretón, se
en esta soledad tranquila en que eran du.:11os de
alzaba custodiado por una casa cuadrada coronasu corazón y de su conciencia, se acordaron con
da por una cruz y nna campana: de llls inmediaternura de sus gratísimos paseos á dos en los
ciones salió una turba de chiquillos andrajosos y
campos cuando hicieron BU primer viaje. Entondescalzos pidiendo limosna.
ces los dos eran confiados en su venmra, pero
-¡CuAn seco y Arido es este país, dijo Roberahora las tristezas que habían pasado sobre ellos,
to. La blancura del camino reverberando con el
conmoviendo y aqnila.tando su ternura, la habían
sol, lastima los ojos! ¡Qué tristeza da todo esto!
hecho mAs profanda.
Poco después las c11sas de la alde/\ dejaron ver
De lejos. de muy lPjos les llegaban todavia casus techos obscuros alas orill1ts del camino, y desi imperceptfüles los sonidvs de las camtrás de un muro de piedra en que pros.........,,panas de la romi:ria, y este rnmor poético
peraba el musgo y florecían alhelíes sil"" ' l1\
arrullaba sus eosue1ios ....
vestres se ostentaba una antigua iglesia,
melancólica por esos tonos grises q ne
En trente de la iglesia y limitando el
dan los a11os A la cantería; con su campacementerio, un vasto y sombrío edificio
nario muy alto en que colgaba.o tres es•
gl'is horadado en Jo mAs alto de sus muquilas raquíticas, y delante de la puerta
ros por estrechas ventanas, proyectaba su
un monumento de granito corcomido por
sombra violácea sobre las tumbas y las
el tiempo, rara cúpula de piedra coronllflores.Er.a un convento de monjas.
da por un pabellón que sustentaban piSe abrió 11inruido una puertecilla, y deslastras y en cuyo piso y cornisamento se
lizándose con pasos silenciosos salió una
distinguían apenas informes bajo-relieves
religiosa vestida de bl11nco y se dirigió
representando Angeles y querubines.
hacia la igle~ia.
-¿Será. esto uu bautisterio? dijo RoEste suceso no interrumpió casi la soberto. Entremos.
ledad de los esposos que cominuaron
Penetraron 11 atrio que también servía
junto al vi&lt;'jo muro, con las manos enlade cementerio y en el que florecían la rezadas
sumidos enun éxtasis de amor. Tlll
tama y el jaram11go silvestres luciendo
vez esta forma blanca y discreta no fuesus alegres matices sobre todo aquel conra la de un ser humano .... sino el alwa
junto de gris pAJido y de verde polvode aquel cementerio, de aqueila jgle~ia
riento. Pirámides peqneifas ó cruces de
que se aparecía un inshnte á. sus ojos.
madera marcaban las tumbas; la iglesia
La vieron dPsaparecer tras el pórtico,
tenia ventanas ojivales que descendfan
y Roberto, como si pensara que era necasi hasta el suelo, y en el techo de pizacesario llegar al fin, dijo:
rras obscuras, una escalera de piedra es-Antes de mi salida de llfontpazier
trecha por la cual se a ce»dia al campatuve con mi madre una seria conversanario. No daba miedo trepar por esta esción. Como nosotros, ella piensa que es
calera sin pasamanos, porque el techo toindispensable que cambie esta situación
do parecía. bajo, como si los cimientos de
y esto es muy fácil, querida. l'liag, entre
111. iglesia se hubieran ido hundiendo Jenpersonas que se aman. Yo te confieso que
tamente al peso de loa siglos, y como si
nunca be comprendido el -por qué de iu
en esta tarea encomendada A su decresu.bita rebelión: tú tan encantadora tai.
pitud la aguardara el cementerio plll'a
dulce, te volviste intransigente ;amo
cubrirla por completo, absorviendo sus
quien esté. en disposición de provocar rivitrinas de colores, sus techos y sus camña con el motivo más insignificante. No
panas y sepultándola como á los dem:1s
volvamos A ocv.paroos en hacer mención
fieles ahora muertos y que en otro tiemde Jo que ha ocurrido. Mi madre me ofre•
po oraron bajo su sombra.
c1ó de nuevo dejarnos su casa insistienEl sitio estaba solitario y no llegaba
do vivamente, en fa ver de esta combinaallí ni un rumor de la aldea. Todos Jos
ción que be rechazado.
habitantes habían ido á la romería. Así
es como conviene visitar estos lugares
-lnac~ptnble! dljo :Maria Magdalena.
11pacibles para apreciar todo el encanto
¿Para que pensar en resoluciones extrede su tranquilidad.
mas cuando la manera de arreglarlo toRoberto y María Magdalena dieron una
do es tan sencilla?
vuella al rededor dela iglesia, y hnbo un
- ~ tus ojos, porque te preocupan tus
·0.
momento en que la joven con un extreprop:os deseos; pero debes también tomecimiento de terror se estrechó contra
mar en cuenta para esa clase de cálculos
~~.~~.
su marido.
l~s sent~mientos de los demás, sobre todo
-, I
AJ lado del pórtico de entrada, una tos1 son d1gnos de estimación y respeto. ;\fi
rrecilla baja empotrada en el muro y comadre nos ama.
;
ronada por una media naranja en cuyo
Magdalena quiso protestar, pero Ro•✓.,_,.....g~Y~
remate había una cruz, recibí.a la luz por
berto la detuvo con nn ademan y comiamplias ventanas góticas que dejaban
nuó.
ver el interior. .Allí un montón de osamenttls imaginar. No es para vivir así para lo que nos
-Constantemente nos lo prueba. Acaso nos
humanas en espantosa confusión, dejaba aso- hemos casado. lle suf1·ido de todos modos, soste- ame dt. una maoe~a que puede desagr&gt;1darte y
mar el rictus de algunas calaveras, las cuen- niendo luchas muy penosas entre mi dlgnidad y eso _es una desg:acu, pero no puede exigirse de
cas vacías y ensombrecidas de todas. Ante este mi amor hacia ti. Ohl cruel Mag: yo te he amado nadie _que cambie su naturaleza. N"os lo prneb11
especta.culo, lo~ nervios de María Magdalena vi- mlls, mientras mAs desgraciado me has hecho!
te repito, y eso no es discutible. Y Yll que com~
braron y resintió un pavor insensato y pueril.
Ella colocó su mano suave, tibia y fina sobre p_r~nde que ni tú ni yo podem011 aceptar su sacri-Oh! Bob, esto es espantoso, dijo cerrando los la de Roberto; esta caricia muda acabó de tras- ficio Y Y! q•1e de su parte no se resuelve á vertornarlo y agregó con voz trémula:
ojos.
nos deca1~os de lo qn.e _ella llama nuestro rango,
- No, no te recordaré todo lo que sufrí el día
Viendo la emoc:ón de su mujer, Roberto pen- de tu partida, cuando te separaste de mi lado sin ha descubierto nn medio de conciliarlo todo.
Mar~a Magdalena retiró su mano de la de Rosó que en tales momentos podía hablarse con la la mae pequeiia demostración de cari1io y des•
sinceridad del corazón; y en este cementerio pnés de una escena que fué tan penosa para mi berto y _le pareció que un soplo h&lt;&gt;lado pasaba
tranquilo, ante e3tas tumbas sólo visitadas por madre ... . No, y-0 no podía creer que mi Mag, por encima de ellos y que una nube densa enlas abejas, dijo A Mag cuánto había sufrido des• mi buena y querida M11g, me dejaría así, dando- sombrecía l?s horizontes radiosos de aquella made que la dejó de ver: ¿Ya. no lo amaba puesto me la mano fríamente como una desconocida. fl.ana de est10.
Roberto siguió.
que así se retiraba de él abandonándolo entera- Me quedé oyendo aflsiosamente el ruido del ca-:-Mi madre va á. consagrar la mayor parte de
mente?
rruaje que te conducía, y me quedé junto á Ja sn tiempo A 1~ Cllsa de salud que se ha propuesCon los ojos cerrados l\Iag oía la voz dulce y ventana, levantando las cortinas, figur!\ndome en to J'undar. Pr1mero sus proy ectos se reducían
tierna de su marido. Permanecían frente al osa- mi desesperada locura que teibas á regresar, que dar para_ la obra una quinta que poseemos e~
r io, 11nte la mirada negra de los craneos vacíos. no tendrías valor paµ irte así. ... Y tuvo una. !~on1paz1t!:, ad~nde habría podido c0ncurrir &lt;JiaR oberto cesó de hablar: hubo unos instantes de amarga decepción cooudo comprendí que sf, que riamente Hn deJar de habitar en el palacio Le
silencio y luego dijo:
· así te ha bias ido!
Clercq, pero luPgo ha prderido S.m .Hilario don.
toresca aldea de pescadores. Ya iremos por allá

un día si quieres.

-Bob mío, ya Bab11s que te amo, te amo y he
sido tan desgraciadll como tú! no .... no, mlla
que tú todavfa..
-Es necesario que concluya esta situación: es
absurdo derrocbar, como lo hacemos, nuestra dicha. Es tan corta la juventud, tan corta la Vlda,
tan reducidos los minutos que puede uno consagrar al amorl
Magdalena temblando de miedo 11 causa delas
ideas evocadas en tao espantoso sitio por Roberto, dijo:
-No quiero estar aquí, tengo miedo.
lt"'ueron á sentarse á. alguna distancia de aquel
osario, junto al muro que engalanaban los jaramagos, y despnreció el terror de la Joven ante
las ta.robas llenas de flores que le parecieron
alegres.
-Mag, di.adió Roberto gravemente, no quiero
relatarte todas mis tl'istezas sutridas en las últimas semanas, pues si me amas, ya te las debes

-

~

�EL OBSTÁCULO.

"EL MUNDO TI,URTRADO"

de bav una casa para habiblción, un parque Y
varios edillcioa ady11centes y allí se va A inst11h1r
durantf'I los próximos dos meses; volvtráá Mont•
pazier á p1ts11r el invierno on nuestra compaftla
y desdti qo.e empiece la primavera harA A San
llilario frecuentes viajes.
-¿Y entre tanto nosotros viviremos en Bll ca•
1111? preguntó ?,{Ar(ll Mag&lt;lalena.
.
Roberto sin contestarle se quedó viéndola.
Magd,dena 11gregó:
-A mí me pffece tan inc'&gt;nveniente esta eom•
binn.oión como lo habrá ~ido act-ptar que mi suegra se despoj11ra por nosorros de su palacio y ds
s11 fortuna. ¿Es posible que ella soporte la vl~a en
común conmigo figurAodose ~lle su presencia ~e
es repo.l:1iva y qa.e se neces11a de sus ausencias
en épocAs derermin11das c11ando me canse yo de
sguantarl1\'r' E~to es inadmisible.
Roberto replicó:
-Nosotros no hemos considerado l11scor11s bajo eie ~unto de víst11. bra.t~I. Tú _hu reproch11do
A mi madre que no te deJa suf1c1ente libertad y
ella trllta de demostr&gt;1rte qoe hace cu,\nto está. en
sos manos para que tó. sells reliz.
-El mal consiste en que hace demasiado. Yo
le pedirít m1:111oa, mucho menos, 10Jao_iente ~~~
nos dejara arrtigll\rnos :\ ne.estro antoJo y v1 v1r
solos en nuestra cua por humilde que sea. Necesitamos lujo 1ú y vo pan querernos?
Este llamaruiento 1tl corazón no fuó oisiquiera
escuchado, pués R ,bcrto e., sentí,\ con sum-t contrariedad por lit rutinera com&gt; b.abí&gt;ln sido re1.:l·
bidas sui pr(lposicionc!l.
-Eso se sale de los limites de ll\ cuestión, dijo
con el 1tc1mto de un abog11do que di~cute puntos
de derecho. Me parece qne seria j 11sto no reeha•
zar de plano todas l11s ideu de mi m'\dre no mu
rorque son BU)'as. Ella adem~s, en el M;o de una
separación teme los comentarios de la ciudad.
-Con que no nos quedemo3 en ~fontpazier to·
di, se l\ll1u1a U.cilmente.
Roberto quedó estupeflicto; esta idea le pareció ab3urda ó indigna de que se la pusiera A dii•
cusión con todo y que eri1 el único desenllice posible para la crbis.
-Serfa una locura. En Montp1tzier tenito mi
clientela, ¿qué iría. yo A hact1r en otra par~e?
- y a te procurarías chencela en poco tiempo,
ó 1,i lo prefieres, entra e_n ~a magistratura. Tn ~adre tiene r elaciones snhc1ences para coosegutrte
un nombramiento de juez.
Roberto dló eeft.ales de viva impaciencia.
-¡Cambiar totalmente el objeto de ml vida!
No. Yo tengo mis costnmbre:1, mi ft1milia, mis
amigos, mis tradicionei en Montpazier Y 1JO me
muevo de allí.
-¿Entonces? preguntó Magdalena con desalleotu.
-Entonces, de Jo que se trata-e'$" d~ qae porparte tuya demuestres algo de la generosidad en •
que tanto abunda mi madre, la cu1tl no se pau en
hacer toda suerte de concesiones. Haz pue~ también lllgunas.
-Hacer algunas es h11cerlaR todas! P11rael mal
que nos aquej-l no sirven los recur.;os A medias.
y 0 no me resisto, Robt-rto, y te ruego solo que
rerlexiones en que h situación en Que se me
quiere colocllr es insostenible. Tu madre '! yo
hemos cambiado f1•aees tale•, que nada podría ha•
cerque caveran en olvido. Xo me perdooarA que
vo me he revelado contra eu autoridad y yo re•
cord1tré siempre que ella me ha ecb,,do en cara
que me casé &amp;in dote. &lt;?uantlo s? ha llf'ga~o A a~mej~ntes extremos la vida eomun re.ulta 1mposi•
ble, &lt;.le bes confesarlo, absolutamente lmpo, lble,
aunque esa vida sea cortada pot· ausendas de algun11s semanas.
-Ah! Tu objeto entonces es separarte completamente de mi madre, dijo Roberto pAlido y a pretan io los dientes.
-~•fo, Dios m[ol no, Dljo l1aria }1ag1alena eon
¡ l voz dulce que conservaba aún en las crisis
tis violentas mi fin es nada mas ahorrarnos el
ro bllJ·o de em'prender de nuevo una experiencia
tra
penosa, cuyos m11los resultados se está.a viendo
muv claros desde ahora.
R , berto dió algnnos p:sos alejándose de s~
mnjcr como para ponerse a cubierto de la pos1hilldad de contestarle de una m'\nera brutal. Ella
le comempló con extraordinaria Jocidez y com·
prendió desde luego que entre los dos todo había
terminado: leyó en su pensamiento la convicción
de que María Magdalena era u.na ingrata¡ la idea
de que tenía h •u:1a suegra Injusta é invencible antipatia, y el desaliento y la vergüenza de que no

oídos que II\ despertó de su abatimiento con un
ligero ternblvr; quiso levantarse y le faltaron
fuerz1te. Entonces oyó el órgllno resonar el través
de lm, espesos muros de la iglesia con unaharmonfll v11ga y podero,ll, lent.tt como una plegaria y
-consoladora !l la "°ez. Se acordó de la religiosa
blanc,t que babia atravesado su camino y que
~ra segureme11te la que estaba tocl\ndo. Eotoo•
-ces le vino la visión de una vida apacit&gt;le entre
11quellas cuatro pllredes grises, detrás de 11qa.e;1a
iglesia de aldea. Nada de crisis: una paz divinn, un
'Sneno de alma y de corazón, una mu. ne esperan•
&lt;lo l,1 muerte. La paz! el repl'sol con qué ardiente pllsióo llnmnba esas dos dicbns de las cuales
tenh sed. No pensar m1\s 1 no aruJr más, 110 sufrir mAs ....
Cerró los vjos y lloró si:enciosamente.
El sonido del órg,mo .. ra una suce&amp;ión de acor&lt;le~ que derramnb11 paz y calma en esta ardie111e 1arde de htfo. La igle•i, anqulrfa voz y cantaba un any,,fu11 de re¡,oso r di: 4uietud; íb1111 á.

era trafteientemente amado puesto que la joven
no se Neolvia A ceder.
Y ella lo amaba para h \Cer esto y mucho m'i.s,
hastJ los m(l.s cruentos 11acrifiolos con tal de dar
término A la crisii, pero lo qa.e se le proponía no
f'ra mi\s que noa impía comedla que serviría al
pronto oo m1\s que de pretexto para atraerl'l, y
lnego las cosas irían empeor.llodo en progresión
segara y rorzosa y A vuelta de al11:unae semanas
despuéi de crueles luehas volverían al mismo
punto en qt.e ahora se hallaban.
Roberto volvió junto á su mujer y con acento
breve y soco expresó así su última é inapelable
resoloción.
-Es inútil segnir discutiendo por m~s tiempo;
la c11eetióo se reduce A é~to; l,qnieres venir con•
migo :1 l\fontpllzier? Reflexiona bien antes de contestar, María ?l[agdalena,y piensa bien en qne oo
tendrás por otra vez oportanidad como 1.1 pre•
sente. Ta. tienes una energía de car~cter que no
era de sospecharse en tí y yo también tengo esa.
cualldad. Creo que si me amas debes aceptar lo
q11e te pro~ongo; aceptarlo~ lo menos como un
ensay~ y s1 la vldu en comun se hace realmente
imposible, entonces llegará el caso de que nos separemos de mi madre. Xo voy á. tratar de defend er m1. causa que se reasume en es ta pregnn ta :
¿me amasó no?
-María _Magdalena en su angustia juntó las
manos Y dlJo:
-Si te amo, Roberto, pero es espantoso que
me preguntes ~so. ¿Y po; que me preguntas si te
amo? Lo pot1r1as a~dar.
-EntoncPs, consientes?
-M~ría l\~agdalena se levantó.
.
-'.!'u no tienes el derecho de presentar as1 la
cuesnón colocAndome entre mi ternura y la des•

gracia de los dos. Por otN parte ¿ '\ mí no hay
qa.n tomarme en cuei:.t'\ también? ¿No estás en el
deber de preferirmo? Yo dtibía preguntarte esto
y sin emb,trgo no lo bago, no, no. Ei abomlnl\ble
exigirme lo imposible y deducir que no te amo si
resisto.
RobPrto replicó de un modo conclll}ente.
-Déj1\te de frases y dime claro ¿es e,tll una
repul3a?
Tan dura filé esta réplica, lastimaba tanto la
deliC11deza de la j lveo, que pormanec.:ió mud11.
-Bien. Ya me lo esperab.~. Nuncl\ pensé que
to.viera n~ted por mí otra cosa que un11 afección
ligera de la que nadie puede dispensarse, á. lo menos de los primeros me:;es del matrimonio. No es•
pere usted mAs proposición que 111 que acabo de
hacer. Li situación queda en sus manos. Cuando quiera usted irá l\1ontpazier serA bien recibida. Pero st quiere volver con su padre A vivir
aquel!a vid" bohemia y desordenada con bribo•
nes y avenrurerl\s, b11ga lo que guste. Acaba u,ted de probarme que no me 11ma y que qneria.
solo abusar de mi awor. Es necesario que haya
yo sido btstante necio para d11dar de e.o no instante. Una muj~r que 11.ma A s11 marido no lo suprime de su vida t11n fá.cilmenre como usted.
Roberto se interrumpió temblando de cólerl\ y
esperando una respuesta que no vino.
Aniquilada María M,1gd11lenase retarda las m.11.nos sin pronunciar una pl:lldbra, ni atrcr~r3e á rijar los ojos en su marido.
Entonces, pres!\ de una especie de vértigo, par•
tió A grandes pasonln vol ver i\ ver A su mujer lJ ue
permanecía como pe,rifieada mirando vagam.,n re
el campanario de la igli:sia tras del cual respl \ndecía el cielo azul.
Un sonido lento, profundo y grave vino A su.

&lt;lormir las flores, las tumbas y las piedras gri
ses, en tanto que 111. religio&amp;a, alma de todo esto,
oraba con aquella voz que difundía pensamicn
tos claros como la luz.
Maria Magdalena, logrando ponerse en pié, penetró bajo In bónda sombría y profunda de la
htlefia que teni11 iuteriormeote una humedad de
cueva. Allí, junto al harmonium vió • á la monja
que tocaba. Toda la luz del sol poniente se eon1:entraba en ese punto pasando A través de uua
-venta.na oblicua.
Maria Magdalena desfallecida, presa do un
, értigo, se paró á verla y la monja, presintiendo
A alguien cerca de ellu, se volvió y sorprei.:did"
, ió el espanto y la angusti11 de la joven.
-Eitá usted enrarma, seftorita?
Bajo esta mirada de piedad el cora2ón de 111 •.
1 f \ Magdalena se dilató y sin poder hablar esta·
Jlc'i en lltgrimll.e. Luego se dPjó llevar hastn la sacrlstia donde la monja la. hizo sentarse en una
,1,1lla de paJtt.

-Excúseme usted, deefa, aún sacudida. por extremecimientos nerviosos, Un momento de en•
fermedad ...•
-Tiene usted alguna pena? preguntó la hermana con una voz dulcemente imperiosa, habituada A, inspirar confianza y f\ distribuir con•
sejos.
Esta rspcci~ &lt;le autoridad no desagradó A l\1A.ri11. M11gdalena que se sentía heridll y en un eompll!to aniquilamiento.
-Sí, &lt;.lijo, tengo una gran pena.
L11 berman1t vió su tr11je y notando que no era
de luto. conaideró que 111 d1 egracia no era tan
grave. 1&gt;1agdaleM lo comprendió y dijo:
--Si. lle perdido A alguien á. quien umo; lo he
perdido como si hubieFe muerto.
l,a religiosa se irguió, pero sn cHra tranquila,
sus ojos lAoguidos, rns anugas, bc1 bfan ganndo la
confüu12a de MAría ?tlngdalenn 4ue en breves rrai.es refirió lo qu~ le h11 bí11 p11s11do.
La mo,,ja oyó con ltt i11q.1a&amp;ibili&lt;111d de un ser

45
salido de la vida, lejano A las pasiones y fi las luchas del corazón y que no comprendía mAs
sentimientos que la resignación y la obediencia.
-Esas tristezas, dijo, se las hace usted sola.
Debe usted obedecer A au marido, humiUnree y
domir.ar su orguUo. Yo tengo sesenta anos y
obedezco A mi superiora que es mucho mAs jo•
ven qoe yo.
)hgdalenl\ quedó desconcertl\d11: la hermana
no la había comprendido, pues entre amb11s situaciones existía mucbl\ diforencii1.
Oyó sin embargo dócilmente e11a YOZ lenta y
dulce que le dab11. con ejos banales como A una
nirla indócil, y Cl•mprendió su error de h11berse
dirigido á una mujer que no sabía nadl\ de las
tormentas de la vida. ¿Cómo erll posihle que su1
dolo1·es fueran comprendirtos ni 11precindos en su
verde.dero valor.si no h\bí,rn hallado eco algu.no
en el eorazón de la monj11i'
.
Se oyó el eoni&lt;lo de una campgna. 1 La religio•
sa se levt1ntó y dijo:

�46·

-Llaman para los oficios vespertinos. Es ne- los preparativos, y llegado el iostaote de 11:1. sep·aración le acompaM solamente hasta lii.• puerta
nei;llrio qne me vaya al convento.
Maria Magdalena la siguió A través de la igle- de la casa y le be:1ó; luego mi p.adre Je dió un
llill, la vió incli11arse un mjnuto nnte el altar, y apretón de mano y 11osotras nos asotnamos A lll
Jopg,l, bajo el pórtico, se despidió y le dió llls ventana pHa verlo por mAs Largo tiempo. En
gr11cias sin convicción. La hHmana tocando ape- Francil\ todtt la fi.tmilhl habría ido al barco y hu11ss con las puntas de los dedos la mano que l~ bier11. habido una grtm escena de lágrimas, besos,
tendill Ma-rfa Magdalena y conservándose indife- y desesperación; ptro nosotros nos amamo:1 de
rente y tranquila. concluy ~ con esta frase dicha un modo menos expansivo 11unque més prorondo. A vuelta del tiempo tuvimoi noticia tle que
de un modo expresivo:
-Es neeesario que ofrezca ustbd sus penas al el pobreci llo babia tenido una peHgrosa enferme•
dad' del hígado ocasionada por t:l clima, y nos
buen Dios:
}!arfa Magdalena se alejó m:,s triste que antes; fué muy grl\to saber al mismo tiempo que pasa·
como si a.~bara de peroer, de improviso, un mo- da la crisis alarmante estaba ya en convalescentivo de esper,rnza y de consuelo. .A.hl qué vado cia.
Darlot acordándose de la ternura enfermiza
sintió al oír esRs palitbras banales dictadas por
una caridad oblig11toria que carecla de eompa- que habitt. tenido por su madre y por su berm"nii
siónl ¡Qué lejos estaba de ella eaca mujer que se y de l1t dolorosa 11gonia que sufrió perdiéndolas,
consideraba superior. No le dijo ni nna palabra se sintió b11jo la impresión de que era una e,peconmovedora y tierna, y sin erubargo, decírsela cie de mujercilla neu.r&lt;,tica, al oir la convers11ción
¡habría sido tan fácil!
de la seilorila Hartley.
-Debe usted considerarnos ii. los frnneeses
como seres dotados de una sensibilidad exajeraLucís. Ilartley y DRrlot llegaron en 'breve á la da é iofnntil.
-No enteramente. Lo que pasa es que ustedes
fonda del lado del Oceáno; y de~pués de haber
descendido por un camino empedrado de granito. colocan el asunto pua obst!rvarlo uesde 01ros
lleno de oquedades y sembrado de guijarros suel- p.nntos de vista y en eso eonsiste todo. L/\ edut-os, atravesaron las extensiones en qu~ crecfa.n c1:1cióo de ustedes los predispone á ello como ]a
juncos y matorrales y que fueron e.nacidos por nuestra nos desarrolla más el sentimiento do lit
H.ené la primera vez que vió este país. La casa propia personalidad.
-Podría esa cualidad de ustedes considerarse
hlanca del semHoro resplandecía con una claridad deslumbradora sobre el azul verdoso de la como un refinamiento del egofamo, porque, en suma, yo de otro modo 110 acierto á comprender
mar.
Darlot refirió las sensaciones que experimen- bien esta facilidad para la separación, que viene
to dnrante aquella primera excursión y la impre- á. ser como la desorganización de la familia.
-No lo crea. usted: la familia tal como la comsión inol vida blP. que dejó en t.u ánimo el espectá.prenden ustedes, existe enlnglnterra entre el maculo de esta llanura ardiente y melnncólica.
-Hay sobre todo un peil.ón en !orma de em- rido y la mujer, y entre esto:1 y sus hijos, pero
barcación antigua, dijo Darlot, en el cual estuve esto es mientras llega el día Ecn que estos por su
sentado largo rato y que me sorprendió vivamen- edad y condiciones alcanzan la apútud r.ecesaria
te. Desde allí la distiDguíA usted .... ¿quiere que para rcclamitr su libertad.
-La naturaleza nos ensef'la algo de eso. Tan
, 1 ayamos á verlo?
Acababan de hablar acerca de este peftón pronto como las a.las de los pajarillos esti.\n listas
abrupto y cur ioso, cuRndo distingaiei-on, recor- para funcionar debidamente, los pajarillos las
tando Ju claridad dP,l horizonte, su proa ele-vada aprovechan para irse del nido y no vuelvrn más.
-Y si vuelven se les acoje con regocijo, pero
y su gal1arda y poderoba figura. Avanzaron hassus
padres no sienten la necesidad de consen·arta llegar allí; Darlot clíó la mano á Lucia para
11yudarla. en la. ascención, y luego los dos senta- los á su lado para toda la vida.
-Usted tiene dos hermanas, me dijo?
dos comodamente se pusieron á respirar la hú-Si: Luisa y María. Luisa se casó y esta vimeda y fresca brisa de la mar.
viendo
en Escocia; ya tiene hijos y hace muchos
La. iglesia de la Claridad se les aparecfa muy
visible aún, y el sonido de sus campanas les lle- años que 110 la vemos. Maria. se ocupa de asungaba apellll.S debilitado por la distar,cía. La lan- tos sociales: da conferencias, escribe y bablu. con
da estabn solitaria, pero por el lejano camino mucha erudición y facilidad. Una vez la oí y me
que se divisaba desde el pcilón y que parecía una dejó complacida. Pero no v/\ya usted á imagicinta blanca tendida sobre las rocas rojizaí!, veían narse que es una oradora de m,eeting, desordenap11sar grupos de campesinos que se dirigíán á la da y populachera. No. AH hermana es una Lady
con muy distinguidas relaciones en el gran mnu11ldoa.
Después de unos instantes de silencio, Lucia do, y aunque le agradó darse á los estudios políticos y sociales, lo hace guardando su posición
dijo:
- Estoy moy preocupada y sufro pemando en y su ra11go. Entre ustedes, la mujer bien educada tiene horror á la publicidad y permanece ob;ilo que va á. resultar de todo esto,
René que no pensaba má.s que en armarse de tinadamente alejada de Jas luchas de ese género,
valor para hablarla, se quedó mirAndola con ad- pero en Inglaterra no es lo miamo aunque seamos sobre el particular muy diferentes de las
rui:ración.
-Si: pienso en ?iiaría :Magdalena, porque su americanas. Todo esto consiste sencillamente
estndo no es nada tranquílizador; su marido tie- eu ~a solidez de la educación.
ne un aspecto tan reservado, que casi no se vis-Entonces su mamá de usted conserv!l. aún 1\
• !umbra lo que sienta ó proyecta.
su lado á una de sus hijas.
-.A mí no me simpatiza, dijo Darlot.
-No: Mi madre habita en el Norte, en una pe-Yo reservaría mejor mi opinión porque casi queD-i ciudad del Condado de Dnrham, ea tanto
no le conocemos. Me pareció encantador duran- que .Maria reside en Londres comunmente. A.lli
te el corto viaje que hicimos juntos para venir tiene una enea suya lo mismo que yo que voy á
aqu(, y creo que realmente ama á Maria Magda- visitar á mi madre cada vez que vuelvo á Ingla·
lena.
terra, porque, como lo sabe ust?d, viajo con mu•
-¿Por qué entoJ'lces la deja bajo la autoridad cha frecuencia.
insoportable de la seflo:-a Le Clercq?
Todas estas confidencias desconcertaban exce-~Ie admira que un francés me dirija seme- sivamente á Darlot. Esta familia esparcida por
jante pregunta.
las cinco partes del mundo, estas gentes que en-Por qué?
contraban tan sencillo vivir las unas IPjos de Ji,s
-Por que en ll'rancia tienen ustedes una idea otras le inspiraban una especie de antipatía A él
de la familia llevada mucho ma.s lejos dP. lo que que amaba tanto {. sus amigos y sofría tan honse acostumbra entre nosotros que amamos acaso da pena al separarse de ellos.
mAs que ustedes pero conservamos mayor suma
Lucía. observó que se h11bfo quedado pens11tivo.
de independencia. Cadll cual va por su camino
-Comprendo que mis ideas no conjugan con
~ iu inquieta.ase demasiado por el que sigan su
las de usted, dijo sonriendo.
padre, madre y hermanos ó berm1m11s, Mire usRené se quedó mirándolíl por nlgunos inst11nted. En mi casa, somos ocho hijos: los cjnco va- tes poseído de pensamientos contr11dictorios que
rone,31 terminada apenas su iostrncción, empeza- ya le inclinaban á hablar, y ya A callar.se, hasta
ron á bastarse á si mismos: dos se alistaron en la que por fío tomó bruscamente su resolución y
marina, dos entraron al comercio, y uno fué ll sin la menor !rase prepara to~ia dijo.
establecerse en las colonias inglesas de ]a In-¿~Ie acepta usted por marid ,¡, La amo A usdia. Este último es el más j('ven, y me tocó es- ted y ya debe haberlo comprendido desde hace
rAr en casa Pl día de su partida. Como mamá le tiempo.
(¡u ería mucho, est&amp; ba personalmente ocupada en
L'1cfa á. m v-cz se quedó contemplándolo con

•

EL OBSTÁCULO,

"EL MUNflO 11,t;STRAD0, 11

fijeza, pero tranquila, sin que pareciera haberse
desconcer•a&lt;lo ni de lo ines¡.,t-rado de la demanda ni de Jo-, térruinos en ']Ue fué presentada.
René pcr su partt&gt;, apenas habló, se sintió como
alivilldo de un grnn peso y con la convicción de.
que había obrado bien,
.
Luego anadió bAstante conmovido, pero muy
dut:Oo úe si:
-En tfeeto, Lucía: la amo á usted sinceramen,
te y no podría. dejar de amarla auni.¡ue a~ e~ferfamara. y be pfüiera fea, pol'que amo pnnc11mlmente su iD1eligencia y sus idea!;, y s~ alma, pormas 4Utl también amo tiU talle, SU:! OJOS y BU b )·
ea. U,:llell piensa como vo en muchisimoa asuntos y A Ja verdad tiene usted mil.a tnergía que
yo, lo curtl eu estos momentos me espi,nta. ¿Meestimará usted lo bastante para 11.ceptar mis pretensioneb? Tengo miedo de ser un poco desprcciKdo ¡.,or mis nerviosidades y wi voluntad de eecaso vig-or, pero no puedo comprometerme á
ca.mbbr porque rnentirfo; ese defecto no dt-pen.
de de mi y es superior i\ tos esf111,rzos de mi r11zon. 5's po.,ible también qui:, me encuentre u~tl'd
uewa~11&lt;10 vil'j0: soy ULHl especi~ de ruina quo
aún puede tentrse trab11josamente en pié y no
trato de disimular que Lengo muy pocos au-ac•
tivos como no St'a para 111 sepultura.
L11 sr111 isa de Lucía se ilCentuaba al oír lit mil.•
nerit 01igiunlque t1mfa Darlotdedt!ei,der sucausa, hacicudo resrtlta.r con lealtad los defectos quecreí11 tener.
Darlot siguió:
-Usted es joven y fuerte por la voluntad y porla intelige11cla, y potl!Í!i ser para usted motivo de
sutrimiento dar::ie un m11rido tan desemejaute ...
No me conteste usted desde luego; retlexione llla.y
bien sobre mis proposiciones. Amo1· es lo único
que puedo ofrecer A usted, y un amor como el
m[o lit verdad que no vale gran cosa.
-Las objeciones que estA usted haciendo, no
existen, dijo Lucia. Tt1l como es el carácter deusted lo estimo y usted personalmente me es
agradable. Sólo bay una cosa en que usted no
ba pensado y que comtituye la dificultad real:
mi Jiberra.d, mi modo independiente de vivir. No
me diga u:;ted qut:1 Jo c»nservaré después de cas11da, porque eso es inadmisible. No quiero que
mi marino, fi lkgo alguna vez A tenerlo se someta A mis caprichos, porque no lo estimaría.
-Sin emba.rgo, nuestras voluntades pueden
ponerse de acoerdo para funcionar sin oprimirse.
Creo tener los mismos gustos de usted por los.
viajes y los c.11nliios, lo cual es ya una buena
condición.
Lucía movió la ca.beza.
-No es esa sollimeme, dijo, lo que me preo1.:u_pa: se trata sobre todo de las acciones diarfas,
que yo ejecuto sin cortapisa de ninguna especie
y sin tener que preocuparme de lo que sobreellas c,pine cualquiera otra persona sea quien
fuere.
-Sin embargo, esta independtrnci'l 11bsola.La
tiene ahora una explk,11.:ión 11aturaJ 1 puesto qu&amp;
proviene del td:lt11nie11to t:1n que u,ted se eucuentra. ¿A pesar &lt;le sus firmezas y energías de espíritu, no Je hace á usted falta la 6ens11ción de
una ternura en torno suyo, alguien A quien amar
y que también la ame ;'L nstt:d? porque la afee~
ción que se puede tener por hermunos y hermanas, asi como la que ellos tienen, es solo una prolong11 ción del dulcll carillo de la infancia. Pero e!.
verdadero amcr¡ el que quiero de ustea y le ofrezco, tiene por alimento fanda::..ental la dicha de sacrificar uno sus gustos y sus preferencias, ante
las prdereaci~ y los gustos del Eér amado, No
estar ya solo en el mundo¡ sentir que la vida y
la.. m°:erte propia importllll á algoien, y senta-as1 mismo qne se es necesario para 111 dicha de
otro, todo eso es lo que ~oacentrado en un sentí•
mi~nto real y recíproco hace la ventura, pues
evidentemente ninguna persona discreta como
usted. seri11, ~paz de enagenar su libertad ~n provecho de los caprichos del primP.r individuo decente y honrado que viniese á ofrecerle A usted
su mono.
Lucia permaneció pensativa.
Darlot continuó:
-La cuestión, pue;;, se reduce A saber si puede usted amarme pur.¡ue eso lo al!anarfa todo,
¡Es tan grnto y tan cómodo eso de las mutuascomplac~Dciasl Ac1tbo de deci,rle á usttJd que
t~n~o sus mismos gustos por los ~ambioa y por
v1aJe, Eso es verdad, pero son guslQs nuevecitos
nacidos ah_ora que estoy enamorado de usted►
pues anteriormenw preteria el reposo, y c1al,.

•

qniera partida me era penosa como si se me desarraigara de un punto a1~11ldo .. Tengo el_ alma
melaneólica y ne puedo deJilr mi casa, alPJarme
de un amii,to sin opresiones en el cort1zón y sin
sentir la idea de que scaso es lit última VPZ que
tengo tales sPnsaciones; pero desde el momento
en que estuviera yo al lado de usted sin separarme nnnca, es como si no me separara ele nadie,
pues siendo con usted, ya. sea tp Finlandi/\ ó en
Túnez en Egipto 6 en.el Brasil, estaría yo cerc\l.
de cuanto ama mi corazón. Amor !;Oberano que
tc,do lo borra para exbtir impe1 ioeo y úmco.
-Amor peligroso, dijo ella, realmenle coomovida, pues hace colocar todas Jas espernnzas de
la vida en un ser mortal.
-No despierte usted la posibiHdad de la Eeparación definitiva, exclamó René palideciendo de
angnsti11. Ya he sufrido desgarramientos espantosos! Sin que hay n ln,rar A dudas, lss gentes
que no aman son mucho menos d&lt;·sgraeiadas,
puesto que no se inter~san mAs que por super·
sona, pero también P~ :erdad q:ie no conoce? lo
que es vivir. Su teltc1dad es s1rmpre npgn11v11;

drsconocen las alegrías del amor, de la abnega•
eión, de ser útil A algu!en. Yo, preflero sulrír á
ser insensible como esas rocas ó como esas briz1111.s de yerba. ¡Y después de todo, tampoco está.
bien demostrado que las yerbas y las roca.s carezcan de sensibilidad! Las flores deben amar al
sol puesto que mueren durante su ausencja_ ....
LuciH! Rdlexione usted y no me conteste todavía si tiene al¡nrna vacilación. La verdad es que
, o no put&gt;dO ofrecer á usted más que amor y toda la ddensa que puedo hallar es esta: Amo.
Pero si usted pudiera llellnr A amarme también,
cré1tlo, sería mu.cho más feliz de Jo que es usted
s.boriL . .... El aislamiento no es bueno.
Despué:; de que René aC'lbó de hablar un prolongado silencio reinó entre los dos. T,a brisa del
mar, encalmada, apenas tenía fuerza para inclinar
Jos matorrales y para estremeceun sus tallos Alas
llores recien abiertas y olorosas delosjuncos. Las
c11mpanas dt! l&amp; capilla de la Claridad se habían
callado.
El eol descendía hacia la mar inundando los cielos y las aguas de una ancl11\ fra nj,i. de púrpura.

Nubecillas ligeras de color cobrizo se amontonaban en el occidente, y un rayo vivisimo de luz
danzando sobre la cresta de las olas venia desde
el horizonte y parecia una cinta de oro tendida
sobre la onda szal. Calina inmensa caía deleapacio, subía del mar tranquilo, flo taba en el ambiente y envolvía todas las cosas, y un sentimiento de
quietud y de serenidad llenaba aquellos dos corazones que aC11baban de abrirse el uno para el
otro.
Entonces Darlot y Lucía sintieron algo como
la pérdida de la pesantez y el alejamiento de la
tierra ..... .las gaviotas y las golondrinas: que
volaban muy alto, les llevaron en sus alas la soi1a&lt;1ora imaginación por el espacie, diáfano v oloroso, y la natnraleza toda, á la que tanto amaban,
les penetró serena y augusta; creyeron que ella
les amaba también,que era suconfidente,quepreseneiaba la unión divina de sus almns y que la
aprobaba . . :. Lucía tendió la mano a. su amigo y
él la aprisionó entre las suyas.

�48

11 EL

HUNDO ILUSTRADO"

49

EL OBST,\Ct;LO.

Así permanecieron largo tiempo ain decirse
nada ¡:,orque no ha} palabras con que pueda ex-

EL OBSTACULO

preBllrse lo que sentí1tn. Luego ella tembló ligeramente, porque la brisa empezaba a. refrescar
con ht pue,irn del sol.
-Vamos, dijo René. Tiene usted trio.
DrRceudieron del pt:Mn y Lncfa dijél:
Vendrá usted A visirarme mAs tarde? Leeremos el sw•,10 de una noche de estlo
-No. E:;ta noche no, porque no hay poesía e&lt;icrit11 que valga lo que ahorl\ ten,{o dentro d~ mi
alma.
Cuulquiera otra 1,oesía. es muy inferior y quiero repetinuela con deleite {L solas, porque para la
exp1rnsió11 de mi espíritu necesito unas horas de
solt!d11d Permaneceré en In playa una parcede la
noche y volveré A este mismo sitio p11r1t hablar
con Uli conciencia de la telicitl11d. Adíos!
Se dieron otra. la vez la mano, y luPgo Darlot
pasando su brazo al rededor del ta Ue de Lucia la
aproximó it el y le dió un beso. Despué3 se separaron y ~iguló cada cual por su c11miuo.
Luci&gt;l co 1 p1so lento tomó el desuMsR. No que1fa rrfle:xionar sino cuitndo m:l.'I sollar, dej1lndose
desli,rnr Auna impresión muy dulce: al recuerdo
de la horn df!lieiosa qu~ acab,iha de pasar.
Ei 11ecc3ario saborear bien es'ls rart1s horas
de fdicidad absoluta. La tris~eza y la desgracia
l'St1\n siempre en Acecho de las personas felices y
lc11 dejan poco tiempo de gozar.
Ya cerca de la aldea, en el sendero arenoso
11.biHlo sobre la roca, vió que venía hacia ella u11
hombre que andaba~ pasos precipitRdos. Lucía
lllllió de su ensueflo v reconoció á Roherto Le
CIHC 1 que caminaba muy de prisa con el aspecto
de un hombre que huye.
Roberto se le acercó reconociéndola ll su vez y
le diji) con voz alterada.
- S11Jgo de la casa de usted, pues querfa -.cr A
uted autes d~ partir.
-Antes de partir .... ¡cómo! ¿pnesqué seva usted? B,;o es imposible.
-1'.irto .... Parto desde lueg-o: y si hubiern un
medio de estar ahora mismo en Montpazier Jo .tCl'JJ·
rnria c:1alquier11 que foese, co11tcstó él cu11 u111\
e•peci~ de furor reconcentrado deMpiuudo con
la punta del bastón una copadejd.ram'lgO;bilres •

NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D'ARTHEZ-Ilustraciones de nuestros talleres.
V.ERSION ESPAÑOLA. DE 11.EL :MUNDO ILUSTRADO"

\

..
Número 7.

\

1

\

tr.?i:.

Luda, bruscamente an-ebatarla A su propia
dicha por el dramst que presentíil, dijo l'eco •
br1111tlo su sangre fría y su firmeza de Animo:
No sale tren por las tardes. No puedo ustrd
p1rtir si no es basta mallana. ¿Quiere usted !rncer
,.¡ r,,•·or de decirme lo que pasai'
El n11.tural reservado de Roberto era contrario
A to 11\ confidencia., pues le repugnaban lasintimidndes; de ordinario era inaccer;ible y no dej11ba
quo penetrara nadie en las profundidades de su
Hlma; pero en este momento sufría y su frritación
y su 11m!\rgura erau demasiadoviolentasparaque
i:;o pudiera contener.
Por otra parte, estiru11ba .m mucho l&gt;ls altas
pn:ndas de discreción y talento de la mujer con
4uien hablaba; asi es que no vaciló y le dijo:
-Entre ella y ye todo htt terminado. No mP.
ama, nome ha amado nunca: tengo }aprueba. !Y
p.-nsar en que he sido bastante loco para venir ,1quí
cspnando Que me II\ llevaría! Pero no podía crt!, r
cu r;emejante indiferencia...... M11ril\ M11gd.alec a
t·s i:ect\ y dura. como este pedaz(I de piedra.
Roberto golpeó violentamente con su bastón el
rxtremo de un11 roca m:\s elevada que las otras
e11 lll orillA del camino. Lucia sin tomar nota de
In 11cusación lanzada contra su amiga preguntó:
-¡,Quiero usted decirme lo que ha pasado.Vamos A mi casa.
-No porque ella no tardará en venir y no
quiero ya verla más. Lo que ha pasado, no se lo
¡,uede usted figurar. Rehusa irse conmigo AMontpazier.
Lucía fijó en su interlocutor una mirada inye,,lil{11dor11.
- ¿ Y es bien cierto que ella rehusa irse á .Montp¡¡zit&gt;r á vivir con 1isted?
Uoberto hizo un ademAn de col era.
-Ah! si. ... olvidaba que Udted es conocedora
,11• su querella: ha debido contar á usted tod11s
Jiis inclignns persecuciones que la hacia sufrir mi
11111dre ;,no os asi? Se ha aplicado el interesante
}'h pl'I de víctima .... 1
- Pur~ 110! dijo Lucía con la tranquilidad mAs
,rr.rnde. M 1g es muy reservada bajo su aparente
abandc no, ~- apenas me ha dejado emreYer que
lt ., bía nlgunos puntos de desacuerdo entre ellit y
1.t toeO.orn Le Clerc ¡ , pero yo he adivinlldO el res-

to lo cual no me era muy difícil, habiendo podido como pude observar poi mí misma el estado
de las cosas durante mi permanencia en Montpazier. Creo que hastit le b11blé A usted mismo muy
sP.riamente sobre el particular .....
-Oh! ailadió Lucía viéndolo hacer un gesto de
impaciencia¡ no me crea usted tan importuna que
vaya ahora á. hacerle reproches por no haberme
escuchado entonces, ó para vanaglori11rme de haber previsto desde entonces lo que ahora está sucediendo¡ yo estoy bastante desoloda a. causa de
este suce10 y eso es todo. Vamos, dígame usted
se lo ruego, los detalles de lo que ha ocasionado
este rompimiento.
-Ah' La cau~a de este rompimiento. Pues sencillamente porque yo tuve la poca cordura de c:i·
sarme con una nina cuya educación no era bits
taote sólida ni ba:111da en sanos principios. Ella
quiere exigir todo de los demAs, sin dllrles nada
en cambiv. La cau-a rle nuc:stro rompimient: ....
que no me ama, que no ha visto nuncJL en mí más
que un marido rico y en buena p.::sición . ... Eso
es todo.
-Está ust?d muy encolerizado dijo Lucia lIRrtley con la ex11ctitud de su buen sentido. Cálmese usted y trate de reft!rirme detalladamente todo lo que ha sucedido, pues ac11so lb podré ser
útil. ¿De qué le sirve á usted indign11rso contra
ella, sobreexitándose as! más y m!l.s? Si María
Magdalena, egoísta y desamorada no viera en
usted más que un 1u11rido rico, r si ambiciosa no
pensara más que en la posfoión soci11l 1 volverfaá
!iiontpazier y se sometería al yugc de su suegra
antes que perder aquellas ventajas. Pero no, no
quiere eso, y su rebelión pt ueba su desinterés.
¿No le parece á usted Jo mismo?
-Es Yt'fd11d, contestó él eon acento irónico, ya
estaba yo srguro de an:-emano de que usted le
daría la rc1zóo.
-No le doy la raz-0n á. nadie: ruego A usted

solllmcnte que me refiera cr,n detnllel:I lo que
acaba depas1:1r entre ustedes dos.
H.o berto la dijo, entrecortando su relato con exclamaciones de cólera y revistiendo A Maria Magdalena de los más detestables sentimientos, lo
que hablaron ambos, y la set!.orita Hartley le oyó
sin interrumpirle dando muestrMs de gran calma
y serenidad. La exaltacjón de este hombre tan
reservado de Clrdinario la conmovió, porque era
una prneb&lt;t. de que había sido herido en lo mAs
hondo de su ternura. Amando ccmo amaba á ~fa.ría ?ilagnalena, habría creído sin inconveniente
'.}Uepodfa exigirle en nombre de este amor la sumisión ansiada, y conclwa que no era amado por•
que no se le hucia ese eaeri!icio.
-E~tá. usted muy agitado esta tarde, seft.or. El
negocio es tan grave que en mi conc.:&gt;pto, no debí/\ uited decidir nafa EL la ligero. Deje usted al•
,runas horas de plazo para que reflexionen los
dos, y h.:iga usted mal11tna una nueva prueb11.
- • o! Todo ha termínado. Mi resolución es
irrevocable. Me opuso una indiferencia glllcial
que nada pudo vencer, y no hallé en mi carift.o
expresiones bastant~s para conmoverla. Si la hubiera usted visto inmóvil, sentada frente A mí y
sin mirarme casi! :No, no! Maflana me voy; y lo
único que lameeto es no poderlo hacer en este
mismo instante.
-No admito semejante pricipitacióo, dijo Lucía con firmeza: usted en estos momentos se está.
dejando arrebatar por accesos de furor indignos
de un hombre inteligente, y en vez de emplear la.
voluntad en cbligar al pens~n1iento A formarse .•
ideas tranquilizadoras, se exmta usted m!\s y
más con imprecaciones y acusaciones exageradas.
(Concluird.)

0

Yo la conozco, le tengo mucho cari1lr, y ruego
á usted se convenza de que no soy capaz de amar

á personas que se11n indignas de mi estimación.
Si ella fuera la intrigante menuda y vil que usted supone, ni usted ni yo 111. hubiésemos amado
nunca. Todo lo que ha pasado entre uatedes es,
en efecto, muv sensible, pero ciertamente tiene
todavia solución posible; en tanto que si se obstina usted en partir sin procurarse una nueva entrevista, esto acarreará una desgracia de torio
punto definitiva. Despuéi de una separ»ción. entiéndalo usted bien, seflor Le Clercq, nada absolutam1&gt;nte nada. será. bastante para inclinarla A
que de nuevo vuelva al
•lado de usted.
Que haga lo que
quieral que regrese A la
'Ünica vida á que la llaman su gusto é inclinaciones entre los amigos de
su padre! Esto, esto es
lo que le talta: socieaad
·&lt;:on gente bohemia y
aventurerR. No pueden
bastarle para su trato íntimo gentes honradas y
tranquilas.
Lucía, ligeramente contrariada al verlo tan cerrado contrs. lo que ella
pensaba ser el buen sen·tido, le llevó lejos del
eamioo donde ya. varios
ttanseuntes les ha bian
observ11do !iján iose en
la ex111tación de Roberto.
En la landa cortada por
•el camino había rocas
planas y muPgosas A pro1pósito para servir de
asiento.
-Venga usted acá y
•conversar~mos razonablemente, si en el est&lt;1do
de ánimo de usted es posible tal cosa. ¿QuiHe
-usted volver á. ver á Mit•ria l\lRgdalena?

meter A un despotismo im,oportable que yo misma que tengo tan alta dosis de c11lma, no habría
podido soportar ni un minuto, n: aún por complacer al hombre que mAs hubiese amado en el
mundo.
Siempre y por todo y para todo, l1t ha hecho
mted someterse á la voluntad de hierro de la seflora Le Clercq para Jo cunl uo tenía ur,ted dere•
cho social ni moral. La CRsad11 contrae deberes
p11rl\ con su marido, pero no más para consumarido, los cu11les no son trlln~mi~ibles porque se llegarla al absurdo metiendo terceras personai, en

-Xo.
-¿Entonces v11. usted
partir así, solo, convencido íntimamente de
-que esto concluyó ya pa•
n toda la vida y que A
usted Je importa poco lo
·que sea de ella en el por-venir?
Roberto apretó los puftos, y con una increíble
~xpresión de obstinado permaneció mudo. En'tonces Lucía perdió la paciencii1, pero su indignación fué una indignación sin arrebatos, imponente por su serenidad y por su aplomo, indig·nación de persona sensata que le hizo decir crudamente cosas duras con entonación reposada.
-Si obrara usted así, sería digno de que se le
-considerara Austed como un loco 6ocomo un hombre malvado. Déjeme usted hablar; ya despué3
me contestará.. Soy yo quien va A hablar por:i\laría Magdalena y A hablar francamente. Usted se
-cree muy generoso porque la ha tc,mado sin fortuna, y esa es una idea mezquina porque se con•
trae de un modo egoísta A pensar en usted y no
,en ella que, la verñad, nada debe it usted.
Al casarse usted, cQntrsjo la obligación impresdndible de amarla y protegP-rla, y ha faltado us•
ted á su palabra, porque si h ha am.:ldo ha sido
no mt1s que con egoísmo, tomando de ella lo que
era del agrado de usted pero sin preocuparse de
su carActer, de sus guetos, ni de sus 11"piracionee.
En lugar de protegerla la ha querido usted so•
•.1,

el comercio intimo de la soc crfad conyug11l. A
María Magdalena usted de un modo irracional,
injusto, y basta inicuo, pretende obligarla y
por 1tbdicación A que prescinda para siempre y
de un modo radical y completo, de todas sus preferencias, de toda su voluntad y de toda su dignidad.
¡Y persiste usted hast11 el río y Je trae como
panacea para todos loR mllles preeences y futuros, una irrisoria combinación imposible de ser
aceptada. ¿Pues qué, lo que se le proponía no
ua la misma vida pasada volviendo Acomenzar?
Magdalena no le pide á usted lujo, sino la libertad de vivir tranquila sin uu eterno vigilante
de sus actos mAs íntimos, que todo el día esté interviniendo en todo sin dejarln moverse, ni pensar, ui respjrar sin;: con arreglo á. un progl'ama.
que crece todos los días.
"No me agrada est~, no debe usted hAc&lt;'r lo
otro, obre asted en este ó en aquel Rentido. No
quiero que sea usted joven ni reliz ni riente, sino
que rompa con sus a11os. con el 1tmor de su esposo y con la alegl'Ía de vivir, y se venga conmigo

A una sociedad de viejas histéricas á curar enfermos y á cuidar chiquillos miserables.''
Eso es tunto como preLender que un canario
acepte los hábitos, gustos y preferencias de un
buho.
Sí: Magdalena ha hecho muy bien; ha tenido el
valor de ahogar su ternura y su amor ha.cía usted y de preferir el abandono y un porvenir incierto á la situación humillante que le vino usted
A proponer, y esto me hace estiwarla más. Pero
la fuga de u ~ted, su resolución dó s bitndonarla,
son incalificables. Después de haberla tomado
por capricho, como se
compra una lind11 muñeca no mAs que para gozar el c : mprador, y sin
tener para nada en cuenta m!lsque el propio placer, cuando se descubre
que esa mulleca tiene un
cará.c~er ,. un corazón,
se la deja: ... Que sea de
ella lo que Dios quiera,
que el mundo la acuse
de indignidad, que su
padre la rechace,que lle•
gue ~ ser en lo futuro
noa mujer caída, peco
importa! Usted se erguira en la cumbre de su
intrgridad de l1ombre
digno y no tendri\ ni aún
remordimientos.
Roberto temblaba al
oír cada una d1, estas frases incisivas y dol'lrosas
como latigazvs. Si Lucía bubit.ra sido un hombre lo h11 bría abofeteado. Hundía las unas en
las palmns de las manos
y se mordía los labios
para no responder, y sin
t!mbargo, en medio de
1:,u furor por haber sido
tratado de esa manera,
admir11ba la actitud va.
lerosa de Lucia llartlev.
Había mucho de verdad
en lo que ella le babia
dicho, pero penetrado en
la idea del desamor y la
indiferencili de su mujer,
estaba endurecido.
-Con mucha tranquilidad he soportado las palabras de usted, dijo, y
. mi contl3stacion es esta:
parto. ~lagdalena sin discusión se negó t\ seg-uirme y ella misma es la Que ha decretado nuestra
separación. Está bien. Si quiere venir á mi casa
la acojeré. No debo hacer mAs.
Lucía suspiró y después de unos instantes de
silencio agregó con su misma voz serena y !irme:
-1 No quisiera verme en !a situación de sumamá de usted!
-Mi madre ha demostrado una generosidad
por &lt;'ncima de todo elogio.
-Lo mAs elemental era. consentir en lo qne le
pedía su nuera; y sí no quería verlos á ustedes
pobres ¿había más trabajo que el de regalarles la
quinta y el millón que va A emplear en una institución de beneficencia qne no tiene el deber d~
fundar, como lo tiene de proveer a. lll existencia
de usted? Pero yo no discuto estas cosas sino
que solamE"nte digo que se va á encontrar en un
est11do de conciencia muy embarazoso. Cuando
usted le diga que entre elll\ y M11gdalena ea ella
á. quien usted ha elejido ¿r¡ué irA A responder?
;.Qued11rá conforme con que um,d arroje á su e ➔posa, para permanecer viviendo :!Omo hijo dócil y

�50
sumiso? Tengo curiosidad de saber lo que harA.
Roberto contestó secamente;
-Mi madre, en cualquiera drQunst11ncia, hará.
lo que debe hacer. Ruego á usted, seilorita, qne
no mezcle ¡;u nombre en esta discusió11.
-Su personalidad estll sin embargo tan penetr11da en el rondo y en tudos los detalles de esta
situ&amp;ción, que no se la puede descart11r.
-En ese caso, demos fín á. toda discusión, gritó Roberto e:s:aspnado, converi,ación que en último irnálifis no conduce más que A irritarnos á
Jos dos. J\Ii resolución es irrevr,eable. Si :Maria
Magd1dena quiere volver sin condiciones á mi casa, la recibiré. )[e voy, y ésta será la última tent11tiva que habré hecho cerca de una mujer á
q11ien nunca le he inspirado más que la mfls complern. indif,m•ncia.
, Lucia le vió con verdadera angustil\ alejarse.
, llitbi'l hecho todo lo posible por evitar esta resolución extrem11, pero nada pudo influil sobre
este carácter obstiDMdo en una idea fijt1. y para
el cual todas las rebeliones de Maria M11gdalena
se re11snm!1tn en este pensamiento: no me ama!
¡Pobre Mag! ¿Qué iba á ser de ella? ¿De qué
lnclo se iba á poner en estas circunst11ncias? El
:Doctor, A las p1imei-as palabras, lanzaría gritos
de dt&gt;sesprración, v se rehusaría á recibir A su
bija. L'l simadón era en verdad difícil, pero Lu&lt;lÍl\ reser vó para el siguiente dfa pensar en los lados prActicos de este negocio. Ya Mag debía haber n•gresado á su casa y es seguro que estaría
~n un doloroso decaimiento y desolación encontrándo,e allí sin su amiga.
Lucfa apresuró el paso y llegó prontoll laquinta. Lns ventanas de la sala, abiertas, dejaban
ver la mesa del té ya lista y preparada; la IAm•
para encendida, los cubiertos adornados con flores frescas y servidos sandwichs, galletas, asados, fiawbres y las tres sillas simétricamente colocad11s. ¡Qué agrl!dable veladll habría podido
pasar Lucí11, sin los acontecimientos que estaban
ocurriendo á su pobre amiga!
• Esta comida por lo común tan íntima, !ué aquella tarde triste y melancólica. Maria Magdalena
no quiso tomor mlls que una taza de té, y Lucia,
luchando vigoros:imente, pensaba en lo que sería
necesario decir á su amiga para darla un poco
rle valor. Evidentemente la pobre joven había
]legado 11I fin de sus fuerzas, Jo cual aumentAba
mucho la i ntensidad del sufrimiento: estaba como tmb1 utecid a y sus miradas eran veg11s y ató•
ttitas.
Cnando lit criada, terminado su servicio de
mesa, laa dejó solas, Lucill. le dijo con itcentb
tra1,quilo y afectuoso:
-M11g: no le he preguntado lo que pasó entre
usted y su marido, pero la ausencia del seilor Le
Clercq y la actitud de usted no me dejan lugar A
pensamientos alegres. ¿Han reflido acaso?
María Magdalena se quedó viendo a. su amig,a
con 11demá.n de súplica.
- Xo hablemos de eso esta noche, Lucía. Estoy llecba pedazos.
-AJ eontrario, darli11g es preciso que hablemos de ello desde luego. Ese es asunto demasiado grave y no puede d"jarse para mafl.ana su discu1,ión. All.:.ra. su marido de usted está aquí todavitl y sabemos donde se le puede encontrar,
pero m1:1ilana será tarde porque habrA partido.
• -¿Crre usted entonces que realmente partirá,
que me abandonará?
Era para l\Iarfa Magdalena esto una cosa tan
inverosímil, que ni ~iquiera le babia pasado por
la imaginación. A través del recuerdo candente
de la última entrevista venían otros recuerdos de
bcras de amor que la tranquilizaban, presem{mdole como imposible el hecho de que Roberto se
decidiese a vivir sin ella. Lucia no queriendo
desauimarla contándole lo que babia hablado
cou su marido, Je dijo:
-Debemos dRr por sentado que eso puede muy
bien suceder. Mientras le sea á usted posible ir
personulmente y hablarle y realizar entrevistas
inmediatas, nada es defü:itivo, pero cada hora
,¡ue p1tsa prc,fandiza el foso que ya separa á los
dos. Si su marido de usted se va sin haberla
vuelto A ver, la dePgracia se volverá irreparable.
)[aria. Magdalena se quedó mirando á su amiga
con ansiednd y le dijo:
- En efecto me ha hecho sufrir mucho ahora,
porque me trató con dureza; pero si pretendiera
acercarse otra vez .. . ..
As, no! Roberto tenía demasiado orgullo para
intentar una reconciliaci.:in. En este momento mismo estaba tan desesperado como ella, y como ella
veía terminado el objctode su existenciaqueque-

" , • EL OBS'l'.IOULO.

EL ,ll1JN-DO,U,U$TRADA 11

11

daba ya sin punto de mira y sin la menor esperanza de felicidad, pero se sostenía en suresolu•
cióu por este pensamiento martirizador: puesto
que ella no me ama, nuestra vid¡¡_ juntos seria intolerable.
Ln&lt;'i.t e¡rregó dulcemente.
-Querid11. mfa, es µreciso renuPeiar A la espe•
ranza de que Roberto vuelva. A. solicitar de usted
una nueva entrevh1rn. Tiene un orgullo especial
par,, esa cir,:unstanciil: pero si ve que usted Vil A
él, la acojerA con alPgrfa. Eu cuantoádarunpaso
para procurarlo, no lo rlará.
- Si! dijo M11g con amargura. Tien, más orgullo que amor.
-Acaeo no e~tit bien convencido del amor de
usted.
- U,tedes han ht1blad0, Lucia, han babladr.
-Iocap1tz de mP.11tir, Ludll coutestó:
Es verd11d Magdalena, lo he vi~to y estaba
muy disgustado.
-Yo también.
- Pero su pena viene de que cree que usted no
lo anrn, en tanto que u .. ted no tiene con viccióu semcj~nll'.
M1ted11ler,a i;c quedó pensativa y lue¡ro dijo:
-Todos sus actos, sin f'mhargo prueb11nque~i
me am~. me ama ruuy poc.o ¡mesto que siempre
prefiere á. su m11dre.
- No Je reprocha usted eso: la ternura filial
honra á ouien la sit:nte, interrumpió Lucia estor. za.ndose en abogllr por una cos!l. que ella misma
cooden11bi.
-Por úhimo, si('n-00 capaz deirse 11sí y consentir en una scparnción ¿debe creerse en su amor?
¿en mi caso creeri11 ustedi'
-Yo comprendería muy bienelc1tso, pueseomo
él no se cree amado, esta idea juslitica todos sus
Retos por mh enojosos que eean. Véamos, Mag,
¿usted eetA ~n la ptrbuación dequeRob~rto seca•
só por amor?
-Oh, Dios mio! se me ha echado en cara tantas veces esto que ya 110 lo puedo dudar, exclamó
la joven suspirando.
-Aunque se Jo l1ayan echado á usted en cara,
el llecbo es cie1 to y le de be usted por eso gratitud. Lo que pasa es que acaso usted le demostró
fri11ld1:1d y eso explicll su actitnd prPsente.
llagdalena se ruborizó y contestó con viveza.
-Aseguro A usted, querida Lucí~, que Roberto
y yo habriamos sitlo muy felict&gt;s bin mi suPgra
pues ella ha sido la única causa de todos nuestros
disgustos. Su bondMd, demasi11do ... .i11rperiosa
nos ha oprimido de tal suerte, ha pesado tanto sobre nuestras acciones y basta sobre nuestras palabras, que teníamos siempre la apostura corree·
ta de personas bien educadas que llevan veinte
a:llos de matrimonio y que ya se cansaron unn de
otra, y no el 11specto de uno, recien casados alegres y expansivos. Una opresión semejante es un
verdlldero suplicio.
-Y mAs necesario, amiguira mía, es que no recuerde usted antiguos agravios sino que trate por
el contra, io de d1ulos al olvido Piense ustel y con
mucho detenimiento y ~iacreción en que estA usted en un momento muy grave y detenida en t:l
punto en que se cruzan varios caminos que deci•
dirán de la felicidad ó la desgracia de toda la
vida según el camino que se tome. Pocas borasle
quedan A usted pll.l'a tomar un psrtlao y después
ya será tarde. U:i·ed ama A Roberto,esimposible,
inadmisible que se resigne usted á perderlo, y por
consiguiente la cuestión de amor propio debe colocarse en un término muy secundario. Vea usted
pues, examine bien si puede armarse del valor
que se necesita para someterse A las condiciones
que le propuso su. marido.
-No son de ningun modoaceptables,gritól[aría ~!agdalena levantándose con agitación. Medi•
dijo (t. In cardo ra y A la conciencia de usted. ¿Cree
que pueda yo recomenzar la vida que he llevado
desde que me c11sé, agravada ahora por la circunstancia úe est11r en gnerra ttbierta mi suegra.
y yo? Digeme usted con toda frauqueza: si estuviera usttd en mi caso ¿aceptaríii?
-Pero .. dijo ella vacilando. Yo no te11goelcariLcter de ust-,d lleno de dulzora afable y graciosa, sino que soy brusell y autoritada.
- Repito mi pregunta: ¿aceptaría usted?
-Tal vez .... si amara.
-,No: Csted sabe muy bien que rehusari11; que
nunctt. habria sufrido, ni por un día siquiera el
despotismo hij'.lócrita y meloso de Ja senor11 Le
Chercq, en tanto que yo lo he hecho hasta donde
alcanzan los límites de la posibilidad: y usted sabe asimismo que Roberto exige una cosa. insensata pretendiendo volver ll lleva::-me á casa c.eesa

mujer deFpués de una ruptura tan violentacomo
la qu~ hubo l!ntre nosotros. Con vi~ta de todo_ es•
to, ni acepto ni puedoac pt11rpropos1clón semeJante y me mantengo Po mi negativa.
.
-Piense 11strd }lag, que esta es unasentenc111
de separnción para !t1empre .... !
La hermosa joven hizo un e1,fuerzo sobrehumano
para no romp~r en soJlozos y con~uvo cuanto pudo las lágrimas que, rebeldes al fm, comenz_aron
A correr 3ilencios11111ente, pero no protestó m con
una palabra.
.
-No obre usted b11jo el imperio de un desalientomoment.áneo: piense usted, querida mía, qué triste le va á. ser verse defiuitivamente sepan1da de
un marido Aquien ama, y encontrllrsesola despné~
de haber tenjdo una familia. Piense usted en todo
lo que puede scbreveuir.
y como Mag permanecía muda, la se:liorita Ilarlley 11111:1dió con el calor que le inspirabt1 tan embal'azo:111 situ11eión,
-¿U»ted me preguntA si ceded~?- 'ues blen ¿la
verdiid? fil Usted pasa poi· una crms extrema y
con su ace}Jtación se produciría una tregua. EsLoy st'gura de que su marido, satisfecho cou e:!1\
muestrt1 de docilídaCI y sabiendo ya además que
tie11e nsted un c1:1.rActer, no tolerar!\ mAs qoe su
madre la oprima A usted. Nlla. misma, µienso
que en adel1:111te respetar~ mas los derec~os dcsu
uuera y en Irn, mi co11seJo es que e:,ta m1swa 110che bable ustt:&lt;l. con Roberto. ¿Verdad que berA
lo m1.-jorl' Voy a. ponerme mi abrigo pa~a1rnompa•
:llar á usted. Es absurdo jugar con la d1eh11 C\JtuO
lo hacten ustedes dos: hay que sacriticur el amor
proµio al deber.
Alilría Magdalena contestó con firmeza:
-Gra.ci11s, Lucia! E~ usted muy buena y se
eetA haciendo violencia para.pr~&lt;liearrue un s;stema de conducta. que usted misma no seguida. No
creo que d1:1ba ceder, y no lo haré. Lo wejor es
que no hablemos más de eso.
-¿Y qué vu usted A h11cer?
-Lo pensaré .... Escribiré A mi padre.
Hubo uoa pan;a. Las dos sabfan muy bien que
este recurso tra ilusorio.
-¿Y si no consigue u:1ted nada del Doc•orP
-Haré lo que otras que v"len tanto como yo:
lo que baria u:,ted misma: trabajt1.ré.
-Lucía estuvo á puDLo de preguntarle: ¿y en
qué\l pero no quiso abatir más á su amiga . El valor real de que estabn dando pruebas le era 11gradable y respondía A sus propias íntimas con.,icciones. Y le sorprendió tlinto más cuanto que Magdalena, pequeftitn, mimada. y educada entre dnlzuras, no estaba como ella armadl\ para la lucha
y por consiguiente su csfutrzo morid era mucho
más grande.
Tu10ó entonces tas manecita&lt;J de la joven y
apl'etAudoselas vigorosamente le dijo:
-Bien l\I11g! Amo las namralezas enérgicas.
Despuéj de tudo, es posible que Roberto, admirllndo lo que m1ted vale, acabe por comprender
lo que se la debe. Con r1:1solución, todo irá bien.
No sé lo que contestará el Doctor, pero sé que
soy su amigR de usted y que la ami~taden mí no
es paui.b.ra. vana. Ayuduré A usted e~ to~o, no
llore, &lt;la'l'li11g, voy A prepararle una. 10fuE1ón detila para qu1:1 la tome y se acueste.

La infusión no produjo los efectos calmantes
que dese1:1ba. la sefiorita ffa.rtley, pues Magdalena no pudo coocili!lr el sueflo, sino que por el
cvntrnrio, la conversación que acab11ba de tener
la !labia sacado del embrutecimiento en que permaneció algunas horas, y vió cl!l.ramente su situación. Tomó una boja de papel para escribir A su
padre y JP. refirió cómo después de una última
sumisión había estallado la crisis inevitable y lo
que luego bahía sucedido.
Pero cuando llegó el momento de pedir un amparo, le faltaron palabras y permaneció pensati•
Vil con la. cabeza apoyada en las manos. Entonces se imaginó la ira del Doctor ante esta carta
que iba á interrumpirle en una agradtlble excursión. ¡Con qué indigat1.ción sabrfa lo ocurrid.o!
¡En qué términos Ja maJdeciria! ¡En que tél'minos Je iría ú conte~tarl Ocurriría á toda suerte de
solil:itudes humillantes cerea. de la Sra Le Clercq,
ttntes de resolverse á recojer li. su hija.
l!nría ~tagdalena avergonzacta al sentir quo
era una 1:arga pesada que todos querían arrojar,
se alejó del eecritorio; y abogAndose en esta casa.
silenciosa en que todo dormia. porque ya era tarde, tomó un abrigo J salió al ca.mpo.
El aire era vivo; un fresco perfume salino lle-•

.gaba de la mar; las estrellas irradiaban como
diamantes prendidos en tere.iopelo negro; la noehe no era muy obscura. Maria Magd11lena salió
del jardín y se encaminó a) acaso hacia la landa.
Sus pensamientoR tomaban otro giro: ahora pensaba. en Roberto, en su pasajt-ro enternecimiento
en aquel cementerio solitario y luego en la esce•
na brutal que había seguido.
. Y c•Jn una lucidez de memoria singular Je volv1ó A ver con l;is expresiones de fisonomía que
babia tenido. La imp1·esión fué tan viva, que revivió l1t hora. dolorosa en que todo se había roto
entre los dos. ¡Con qué dur za la rechazó! Con
qué altivez le preseutó el 11ltimat11111 inaceptable)
No, no! ya no la amaba. No que1i11. de 1&gt;1lt1 más
que su graeios11 y liud;t persona y este género de
afección era sumamente pasajero. Ya se acostumbraría pronto á. su. ausencia ....
Una amargura angustiosa hinchó el corazón de
la joven al sospPcbar que no podü inspirar A su
marido sentimient&lt;.s más elevados.
Mi.ría Magd!l.lena trepó sob r·e una roca y allí
se detuvo. En torno suyo todo se hundía e11 uoa
semi obscuridad transparente. Las PStrellas irradiaban incesantes y se veía, cerca de las rocas, el
coufuso amonL011amiento de piedras v matorrales. LII prorundo silencio c&lt;.rtado A trechos por
el mugiJo del viento y de las olas, envolvía el
vasto litoral. Ni un ser humano parecía. vivir por
allí.
Tembló. El horror de la soledad vino á penetrarlll y avanzó del lado por donde murmuraban
las olas. Sus pensamientos se hacían mlls am&gt;1r
gos, y las brutaliclRdes materiales de la vida, la
empezaban á torturar presenti\udo.se A su imaginación.
Su padre la rechazaría, era indudable. Pero si
abrumado p0r sus quej11s la recogía ¿qué existencia iba á ser la suytt? Sabía bien los proyectos del Doctor para el porvenir y éste la tacharía
de una necia que no solamente malograba su
propia vida sino también la de 10s demas. No to
maria pues parte alguna en su i11tortunio, sino
que la consideraría como ingrata, torpe y egoista.
No: valía más trabaja... Pero ¿en qué? Ella había sido hasta entonces inútil, put-s su educación no la tenín preparad11 para la. lucha por la
vida. Le pasaron por la imaginaci~n los recu~rdos de las mujeres que se consumen en una buhllrdilla abrumadas por la costura, y esta última
idea. agregada á sus pesares la volvió á la atonía
en que eSt'lba desde que la dejó Roberto.
Llegó de pronto al borde de la mar. A sus piés,
A algunos metros debajo, Maria Magdalena distinguía por ser la hora de la baja ma.·, las olas que
se al j11b1J.n lamiendo enormes peftascos despedazados, masas de granito qne parecían rnina:1 de
alguna ciudad ei~lópea. Más lt•jos, sobre las olas,
brillaban algunus puntos luminosos: eran las linternas de los pPscadorcs de langostas y c1rngr.,.
jos. Muy en el fondo, limitando el vasto horizonte, la mas11 inquieta del agua, las ol11s le, tas
y regulares que llenaban con un rumor continuo
la inmensa playa. Sobre todo esto resplandecía
la luz vivisima é imermitente del faro.
María Magdalena sulría. Su 1:ertbro, cansado
de dar vueltas A la misma idea, Je dolía ya y hapría querido no pensar más. Vió los puntos luminosos que se iban alejando y oyó la voz distante de los pescadores y permaneció inmóvil contemplando !anoche.
Poco á poco el sufrimiento exaspi&gt;rado por la
soledad la fué enervando basta p:-oducir una crisis f(sica, y ~intió la amargura inmensa de no tener A nadie al lado suyo, ninguna afección protectora. El mismo aislamiento babia en su vida y
en la playa . ...
Y este dolor se hizo tan punzante, tRn atroz,
que de súbito, pre3a de un delirio sin arrebatos Y
resuelta A acabar con todo de un11 vez, María
Magdalena que estaba al borde del precipicio dió
unos pasos más hacia el v1u:io, y cayó rodando
de roca en roca hasta un11 pena enorme donde se
estrelló, dejando al !in de sufrir ....
Roberto no conocía el país, y como había contado con llevarse á Maria Magdalena, dej0 sumaleta en una antigua posada de turistas que se en·
galanabl\ con el pomposo nombre de bote], _á
unos cuantos kilómetros de la casa de la se:norit11, Ilartley. Desde su ventana se distinguía la inmensa rada llena de sargasos y en la que á la
hora de la baja mar, los barquichuelos caídos de
costado semejaban peces muertos.

51
Su cólera, menos violenta, erll sin embargo
mAs profonda. y razonador. Todo lo que había bec.:ho para halllgar A t-U mujer le venia á la memoria; y la iodutgent.. bond1:1d delasefl.oraLe Clercq
bacín resalr11r la ingratitud de María Uagdalena,
prob:rndo que esta 110 tenía m1\s que un indoma.
ble orgullo y que no lo amaba ni un poco puesto
que en vez de venir con él se babia.decidido á la
ete1 na separación.
Con el corazón henchido de amargura, Roberto
pa1-0 largos horas martiri2á11dose al llrraigar más
y más esta abominable convicción: su mujer no
lo habi1:1 aceptado mAs que porque era rico y le
proporcionaba unll buena posición, y- quería abo1 a abusar de la ii1fluencü, que ejercía sobre él par/1 alejarlo de eu madre á fin &lt;le poder ser absoJutameute librP. En caso c!e que _él rehusara, renu11ciaría. A todo y re~resaría con sns amistades
de otro tiempo A seguir una vida alegre y descuiditda. Muy Lien debía eompre11der que Roberto
no Ja d('jaría sin recursos, y si11 duda quería. ir ti.
gozar de la.&lt;1 rentas y Jit libertad que le daba su
breve matrimonio. Algunos meses d1:1 contr11riedad
Je habi1\n 11segnrado los elen.eutos materiales que
ncces'taba oara 11Eegurar su vida bohemia.
Robtrto estiiba preocupado con esas reflexiones, cuando por namral contrapeso le vino esta
sencillísima y c lara: ¿y ei no era así? En lo intimo de su alma comprendía que su madre había
incurrido t-n algunos errores y que en estos momentos mismos debió c.brar de 01ra m11oera retirá r dose d1, su vida y &lt;lejAndolos ser frlices.
Recordaba las abrumadas palabras de Lucí~
Ilartley, pero las ahoga ha á poco pen,ando en la
indiferencia, en Ja hostilidad de su mujn durante
las últimas semanas, y su obstinación y el silencio con qne respondió A sus postrerns ~úplicas en
aquel cementerio en qne se habían sep¿¡rado. Pero
¿babia tal desBmor? ¿No fué con ungnin colorido
ae sentimiento y de verdad como le dijo: "Yo en
el w¡¡gón 1101 é mucho?••
Y creía sentir aún sobre su mano rl dulce calor de la mano de l\fag, haciéndole 11quella caricia
que nmovió en todo su sér el fuego caudentedel
amor.
El pobre de Roberto con los ojos enrrjecidos y
sfotiPndo un nudo en la gargan,a se levantó y se
~ s, mó á la ventan a par!\ respirar á plenos rulmo1,1.-s I l aire lrfo de la noche, y ver 6i así se dulcifi&lt;'a b11 la impresión que sentía de tener las sienes ,,¡.,riruidai, en un circulo de 11:erro. Después

Despues de un11 m1tla comida l'n un Palón muy
bajo de techo y lle110 de ingleses bulliciosos. Ro•
berta entró Asu cuarto y vino ! sentarse junto A
la ventana abierla. LA mar dfscendia, Jas ]anchas peECadoras babfan partido y Roberto fumaba inmóvil innumerablt&gt;s ci~arrilios y eontemplaba con aire absorto el cielo y la mar.
Durante las primeras horus fBtuvo oyendo el
ruido que hacían sus alegres vecinos, el reir, el
chocar de copas y botella!&gt; y el rodar de las bolas en el boliche del jurdín, hasta que todo esto
se fué extinguiendo poco á poco, entraron los pasajeros á sus cuartos, cerraron puertas y ventanas, y la aldea tamhién se entregó al buef!o sin
que quedara ei; toda ella más luz que la del
raro.
Como sabia bien que aunque quisiera no podria dormir, decidió pnsar así la noche dn.ndo
vueltas A sus sombríos peni,amientoa. Después
del primer desaliento se rt'bflcía y juzgaba con
su espíritu habitualmente sneno y rctlexivo. Se
babia necesitado un paroxhmo de pasión para
arrebatarlo al estado violento en que lo vió la
senorita Rartley: h vergUPnza que sintió viéndose rechazado por Maria M11gda.en11, el rencor
que le tenía y además la influencia de su m11du,
habían traído esta cr;sis de la cuitl apenas empezaba á volver.

de todo, era ridículo desesperarse tanto por una
mujer que no lo amaba y que a esas horas de seguro que estaria tranquilamente dormida y arrullada por los ensueflos de su próxima. vida, en
tanto que él agonizaba de dolor!
Ilacia ya mucho tiempo que nadie pii.saba 1&gt;or
el camino pues ya la noche estaba muy avanzada
y algunas constelaciones se hundían en el horizonte. La pleamar empezaba, el mugido de las
olas se hacia mús fuP.rte, y en la radll jas lanchas
caídas, movidas por las ol1:1s, parecían estremecerse.
En medio del silencio distinguió el ruido de pasos precipitados, y luego, saliendo de un recodo
del camino apercibió una forma negra que avanzab11 rápidamente en la sombra. ¿t~uién sería
aquel transeunte retardado? ¿dónde iba? qué &lt;'ausa precipitaba su carrera?
L'oa frase de S11kespeare le vino á la memoria:
«Desgracia ágil, tú cuyos piés son t11n ligeros ¿es
A mi quien traes tu mensaje?» Y esta frnse tomó
una intensidad de vida tan extraordinaria en su
ánimo, que pronunció en voz alta aquellas pala.br11s. El hombre que venía parecía correr como
respondiendo A este llamamiento, y Roberto le
veía ~on ansiedad aproximarse. ¿P11saria de lar •.
go? , egur11mente que sí, pues no tenia porque
detenerse trente Aesta posada silenciosa. Pero en-

�52

11 F.I,

1wxno ILUSTRAD0.11

,25

-Deme usted detalles .... dijo Robtrto JenntAndose trabajosamente. Csted la. vió?
- Si. Paseaba por la costa y distingu[ á algunos metros bajo mis
piés una forma blanca, Drscendí. .. . Dios mfol no olvidaré jamás el
horror que senti Las enormes dificultades con que trepé desde el
abismo con aquella niñ I en los brazos, mi c11rrera.al través de lastandas pedregosas, mi U.,gada y el espanto de Lucía.

• •

I

r

tonces ¿por qué ser.tía Roberto angustiosos é indefinidos presentimientos?
El hombre se detuve frente A la ventana iluminada.
-¿Es usted, seflor Le Clercq?
Roberto reconoció la voz de Darlol:I
-Si; soy yo ....
-Baji, usted. Neceeito bablarle Pronto. Des•
pierte usted al posadero, y que prepare un carruaje ligero en el seto.
-¿Qué hay? preguntó Roberto sintiendo una.
violenta palpitación, porque ahora ya no tenia do.da de que algo grave había rnce&lt;lido. Pero ....
¿qu.é?
-Una desgracia, una gran desgracia, pero baje usted. No se lo puedo decir desde aquí:
Roberto descendió enloquPcido. De fijo que se
trataba de Mag. ¿Qué había hecho? ¿Habría huido? Este fné su primer pensamiento. Corrió el pi·
caporte de la puerta y se reunió A Darlot en el
camino,
-¿Despertó usted al posadero?
fi -No. Quiero antes Sllber qué ha sucedido.
Su voz revelaba tal emoción, queDarlot vaciló
por algunos segundos; pero el tiempo urgía, era
necesario correr A La1.ion a traer un médico, y
René tenía aún en el corazón el horrible dolor de
haber visto á.' su 11miguita ensangrentada, inerte,
como muerta.
-Tuvo usted hoy un di.egusto con Mag ¿no es
cierto? Roberto tembló.
-Pues bien. Mag se arrojó desde las rocas mll.s
altas A la mar y tie ha estrellado en el precipicio.
'Roberto sintió un desvanecimiento y se encon•
tró sin saber como tirado en la escalera de lapo·
sada, Darlot le decía.
-Vamos .... 1 trate usted de recobrar el valor.
Vaya usted fL la casa de la sef1orita.Ilartley mientras yo corro ii Lanion á. traer el médico. Lucia
1a ha hecho la primera curación lo mejor que pudo pero está. enloquecida por el pesar. Tiene mo,
tivo. ¡Cuando pien110 que si la casualidad no me
hubiera llevado por allf, Mag estaría muerta ya!

j

·j
D11rlot temblaba; sus p1l111bras sin orden expre•
saban mejor que un largo discurso la angustia
que babia sentido.
Roberto dijo:
-Pero ¿no ha. muerto? ¿no ba muerto? ¿esté.
herida solamente?
-No Jo si': Tiene los ojos cerrados, la cabeza
con una gran herida, una mano destrozada y un
brazo roto.
Roberto, sin una palabra m4s, le volvió la es·
palda y partió corriendo, ein sombrero, como un
insensato en la direceiún de Tregllstel. El camino
ascendfa cortado A pico; y ahogándose con los la.•
tidos de su. corazón, el infeliz tuvo quP. disminuir
la ,,e!ocidad de su c11rnr11.
Comprendía muy hiPn lo que signlticaba el to•
no dul'O de René. El h1.bia sido Musa de todo: la
trató tnn brutalmemP, que la impulsó i\ este dolo·
roso extremo. Luego ella lo 11maba! Luego ante
el tE'mor de una separ11cf(,n, había preferido IDO·
rir! L' n remordimiento atroz le atenaceab11 el co•
razón. Oh! tontas y mezquinas querellas! ¿Qué
significaban esas pequt'i'!cces de va,ddad, de lote•
rés, de dominio, cuando se trataba de la felicidad
y de la vida de la única mujer 4 quien había amado en el mundo.
Su imltginaciú.n le representaba á ayuella ni:fl.a
encantadora desfigurada por la espantosa caída,
veía la sangre coagulada sobre los cabellos ru•
bios, y desgarrada por las aristas de las rocas
aquella manecita que tan dulcemente se babia pos11.do sobre la saya. Y luPgo se acordaba de ella
cómo la r.onoeió, radiante de juventud y de belle•
za. Se moriría? Se habrfa transformado en una
masa in!orme, destrozada, sangrienta, espanto31!.
l':&gt;u angustia se hizo tan Lremenda que como lli
hubiera podido ser oído se puso a. gritor.
-~Illgdalena .... Magdalena!
Sus gritos resonando en el silencio de la noche
corrieron por hi playa y tornaron devueltos por
t-1 eco. Pareefa. que la landa llamaba también y
decía con lúgubre son:
- ~tagdalena, Magdalena!

En este momento un verso terrible de la Orestlada vino i\ su mente: "Tn camino hablarA bajo tu8
pasos!» Se detuvo espantado de su propia exaltación v sintiéndose al borde de la locura exclamó:
- Y si muere ¿qué haré?
Contempló la mar gris que subía hacia la tierra dorando en anchas olas argentadas por las
vagas clilrid11.des del alba.
-Iré allfl dijo y siguió su camino echando á CO·
rrer otra vez.
Después de una m11rcha penodsima llegó al fin
frenttl A. la casa; quería en un ultimo arrebato vohir, apresu.rarse á ver si est11ba muert~, porque
su más horroroso temor era que se hubiera muerto sin verlo a. su lado y sin oirlo decir que laamaba. -Pero c\l poner 11\ mano en la puerta del jardir. sintíó un desft1llecimicnto, un horror cob11,rde
de verla snfrir, de h11 llar destiguradu aquella Ca.•
rita deliciosa, y perm11neció inmóvil unos instantes, presa de la mayor ,rngu¡;tla.
Brillaba luz en una de llls ventanas y no se oía
ruido alguno. Entonces cansado de ver esta luz
y preg-untllndose si sería de una veladora ó de un
cirio fúnebre, entró.
Subió Ja escalera, empujó una puerta y vió en
el lecho rodeado do coninajes azules una maaa.
envueltl\ en lieazos ... era cuanto quedaba de
Afag .. .. ! Se quedó viendo eso fijamente y marchó de ese lado con posos de autómata sin salu•
dar siquiera á Lucía llartlcy. SE\ inclinó y contempló una cara lividll, loa ojos cerrados, la nariz atilada, los labios descoloridos descubriendo
unos dientes muy blancos, la frente vendada y
otras vendas euvol\"iéndole el hombro, el brazo
y una mano. Lnciú se aproximó. El la dijo:
-Esto ya se acabó .... Esté muerta. ¿Ko ea
c~erto?
--Todavil\ no. E; un sincope. Hace una bora
que está así.
llfá.s de una vez Lucía. había querido i:naldecir á
Robe1'to, causa de estA de:3gracia 1 pero al verlo no
sintió por él mlls que compasión. . El rostro descompuesto, los ca bellos en desorden, jn.deante por
la carrera, lleno de polvo, con las m&gt;lnos ensangrent11.das por las espinas delos matorrRles, tflnfa
el aspecto de un vagabundo. Ya no lutbia aUí un
Roberto Le Clercq doctor en derecho, altivo, serio, pagado de su nombre y su personalidad sino
un h.ombre que sufría y sufría mucho.
Lucia Je estrechó lit mano.
-No hay que desesperar.
Los dos vieron á )lag; pero tenia t11 n pocas apariencias de vida, que esa frase parecía irrisoria.
Entonces volvieron l11 cara, sus ojos se eocontraron, cambiaron en unn mirnda uu mismo pensamiento y Roberto ob ervando que Lucia lloraba
no pudo contenerse )'/\ y lloró también.
La joven se rehizo c11sl al momento.
-~o nos dE-je'D.OS abatir, dijo con su acostumbrada ener~ia. s~ trara de s11lvarh1. Ya llornre•
mos si fracasamos, pero no desde antl's. Ac/\bO
de mandar al Convento á pedir algo para. h .. cer
cesare! desmayo y oigo il mi criada que regresa.
Una religiosa acompt11laba A la criad11. Robi♦rto
la oyó dirigir preguntas con voz lenta y monótO•
na. Luego la mouJa sac.5 unos frascrltos de su
bolsa y- se esp11rció por la pit"Zll un foerte olor de
éter. Lucía humedeció illS sienes de la enfor m11.
La religiosa se inclinó sobro el lecho.
-Y a vuelve en si dijo.
Entonces Rvberto se aproximó apartando A la
religiosa y v1ó que le tern bl11 ban :\ l\fag los lab:os;
Juego la re~pirnción se hizo ml'ls distinta, y cou un
doloroso gemido la joven abrió los 1&gt;jo31 pero1,jos
ioconscienres que pasaron una mirada vaga por
las caras de Roberto y de Lucia.
-Xo nos reconoce, dijo é ,te, y sufre según lo
indica la contracción de sa.s labios.
-Esperemos al médico.
-¿Tardarll. ma.choi'
-(na hora todavía, Jo menos.
La hermana arreglaba y ponla en orden cu11nto
encor.traba ,\ su paso, con movimil'ntos discretos
y silenciosoi.. Lucía se sentó junto !\ la mes11, tomó un libro é intentó leer.
Roberto permaneció cerea ele! lecho conservando en su m11no la mAoo calenturient11. de su niu•
jer que ni le reconocía ni dejaba de quejarse con
qurj s dolorosas. La religiosa sentada del otro
lado del lecho desgranl\ba eon sus dedos pAlidoa
las cuer.tas de un intermin11ble rosario ....
El péndulo con su tic-tac Acompasa.do, medía
los minutos de la hora. ml\s cruel que Roberto hl\•
bia vivido en toda su vida.

-Bueno ¿y qué piensas hacer?
L11 sellara Le Olercq de pié frente A. su hijo le
-dirigía esa. pregunta con vivo interé¡,
llabia venirlo A Treg11&amp;tel sin pérdida de minu•
tos. El sacrificio de Jiforia. ?t[agd11lena In había
trastornado y sen tia u.n horror profando hacia la
taita de principios que permitió A est11 joven atentar contra su propia vida; la comp11si6n verdade•
.raque sintió viéndolil herida, casi moribunda, estaba mezclada de una gran suma de desprecio
y de no poco rencor. La seflora Le Clercq era
{lemasiado inteligente y no podía dejar de comprender que su papel tomabt1. un aspecto odioso
con este golpe de tragedia.
Durante los últimos tres días en que Marfa Mag•
dalena estuvo delirando, e,1 gran peligro, y ~in
conocer A nadie, la vieja. suMa de diversos modos. Era espantoso el bSpectAculo de esta nida
que se moría así; la desesperación silenciosa de
au hijo le partía el corazón y 11 estoa aenlin1ien tos
enterueeedores se unía otro muy amar~o: la re•
probación muda de Lucía llartley a~ravada por
la necesidad que tenía la eeftoraLe Clercq de vi•
vír b1Ljo el mismo techo que esta enPmiga suya.
Nunca se babia arraigado mAs la antipt1.tia entre
estas dos naturalezas semejantes por la energía.
pero separadas por un abismo de sentimientos.
Desde ese día ?tfaria :Magda erra babia recobrado ht conciencia de sí misma y de su situación.
A la fiebre violenta babia sucedido un estado de
debilitlud y de abatimiento excesivoy cualquiera
emoción podía en consecuencia. serle de funestos
resultados. Tuvo un sincope casi mortal cuando
agobi11do por la Inquietud y IIorando como un
-ebiquillo se acercó RoberLo á besarla.
La vista de la sefiora Le CJercq le ero. penosa
y como esta lo comprendió y era demasiado altiva para hacerse aceptar por medio de la ter•
nura b , bló, sutriendo mucho intél'lormente, de
que ya babia resuelto reiresu· A Montpazier. Lu.efa no pronunció una palabra para retenerla; y
aunque desde tiempo atrás babia. deseado la oca.sión de hablar con esta orgullosa y enérgica mu-

jer juzgó inútil cualquiera recriminación y mAs
aún sabiendo como sabia que al cabo Roberto
había tomado una definitiva resolución. Esa U1a•
:ft.ana ella fué quien favoreció una entrevista entre el bija y la madre permaneciendo mientras
estl\ tenia lugar jufltO 1t l.'tfagdalenit que dormía.
Durante los tres días que acababan de correr
a penas habían tenido ocasión de hablarse la seil.ora Le Cler.!q y Roberto. Esta era La primera
vez que se encontraban solos y que el Estado de
)laría .Pr!11gd11 lena les dejaba el A.mmo suficiente•
mente libre para poder hablar de cosas serias.
-¿Qué piensas baceri' repití'5 la sel'lora Le
Clcrcq.
-Lo que me arrepiento de no haber hecho des•
de el momento mismo en que me casé.
-Dejarme!
Este grico de angustia que en otra ocasión habría. penetrado al fondo de las emranas de Ro·
berto, le dejó trío: ya h11bía sufrido bastante acusAndose de est~ culpa durante los últimos días.
Ella, aterrada por la indiferencia de su hijo dijo.
-¿Supongo que no intentarás hacermerespon•
sable de lo que ha sucedido?
-SL ... usted y yo.
-Ohl exclamó Ja seftora con un movimiento de
indignación: tú sabías muy bien que yo la amaba.
-Pero la amab!\ usted m'll. Por u~ted y nada
má.8 que por usted. No consultnba usted mAs que
sus propias inclinaciones r nunca las de ella....
mas no recrimimo porque soy el más culpable.
Yo debí ahorr11rle luchas inútiles y dolorosas siendo como. es mi oblig11ción amarla ante todo.
La senora Le lllereq quedó muda, sintiendo
que dolor intenso Je desgarraba. el corazón. La
actitud fi"ia de Roberto le demostraba que su hijo estaba perdido para ella y qu.e su alejamiento
era má.s del que sobreviene de una simple separación.
-¿Podfo. yo sospecharme que esta criatura tu.viera la cabeza tan exalta.da que se atreviera á
representar un drama como éste?
-Nuestro error fué querer tratarla como á una

mufleca cuando es una mujer y tarde Jo reonocimoa.
Ilubo nn silencio después de estas cuantas fra•
ses que como hojas cortar,tea re&gt;mpian los bilos
con qu.e estabun ligados es~os dos seres.
Roberto, de pié, se quedó mirando el mar que
venía A morir en las rocas de la playa y se acordó de qne allí esmvo A punto de perecer su mujercita. Entonces dijo siu volverse.
-Voy A dejar el ejercicio de la profesión y :l
entrar en la Magistratura.
-¿'Para quér .
-Pll.ra ser enviado lejos de ~fontpazier.
La pobre vieja mordió su pai'iuelo para no gri•
, tar; tanto ssi :a lutbía herido esta respuesta brutal.
- Es inútil hacer eso, dijo, cuando ya pudo hit•
blar. Yo me retiraré complet11mente á 81111 Ilila•
' riú y si así lo quieren me comprometeréáno vol•
ver nanea A,Montpazier. ¿Bastará con eso á tu
esposai'
Roberto no tomó nota de estas p11labras llenas
de amargura y ai'ladió:
-;Usted obrnrá como Je pitrezca, m11ma., pero
de mi p11rte he tom11.do ya mi resolución. He di•
rigido al .c:.lnisierlo mi petición. No quiero arrojar á usted de su Msa y le asPguro que ser!\ us•
ted siempre bien recibida en la mía. He dicho,
en la mla.
-Pues. para que no sufras una vida precaria le
tijAré una renta conveniente.
-Xo hablemos de dinero!
-Oh, Robi&gt;rto ..
Un poco avergonzt1do de su do.reza se la re pro•
cbó en cenciencia. y vió A su madre tan sincera•
mente apesarada, con un dolor tan real y prolllndo que el afecto de otros tiempos Je stJ,bió al cor11zón. Se acordó que e1 a su hijo, que no tenia de•
rec.ho de acusarla y dijo:
~
Perdón, mitmá . .Aceptaremos de u;,ted :O que
usted quiera.
E3te arrll.nqne estuvo á punto de hacer llorar a.
la seftora, pero se contuvo, y ambos quedaron
mudos, mirándose con Ja mirada triste de un su•
premo adios, con la desolación de quien rompe
con un afecto fundamental de su vid11,. Esta hora
decisiva les separaba y ya no volve1·ian nuncl\
més fl hablar de estas cosas, s ... lvo acaso cuando
llegara 111 hora de otra más definiciv!l eeparación.
Como se ve ansiosamente la última mirada de
un ser amado q11e va á morir se vieron los dos; y
Roberto sin una palabra más, tomó la wuno de
su madre se la besó y salió.
En el enarto encon1ró A Lucía cerca del lecho
y A Magdalena despierta. Esta sonrió á. su m,rido que se aproximó cuidadoso.
-Cedo A usted ese lugar que es el suyo, dijo
la inglesa levaotflndose. Puede usted hablarle ll
Mag, decirle que Ja ama, pero no se Jo diga usted
con mucha vehemenci11. pl.lrque esti\ aún muy de•
Jicadita y cualquier coaii. nos 111. podría mat!ll'.
Lucia fué al salón .
-1\lire usted á. donde conduce la bondad, se•
florita Jla.rtley, dijo la sei'iora Le Clercq. Asegu
ro A ustP.d que siempre me guiaron las mejores
intenciones.
0111 ain duda. Pero contentA.odose con ser bue•
na se hubiera usted ahorrado y á los demás mu•
chas tristezas.
-?líe quedo sola!
-'I'iene usted sus pobres.
-!fo basta eso parn el cor:tZÓD..
Lucía compadecida le dijo.
-No crea usted en tal soled .. d. Esta es una crísis violenta que por su miemll fuerza tiene que
pasar pronto. A la vuelta de unos cuantC1s meses,
días tal vez, todas las coSáS V'OlvP-rAn t\ su antiguo curso y cada hora iré. borrando el recuerdo
de lo que acaba ahorll de sucllder. Y tornará. 1lS·
ted A su vida normal; Stl hijo á ser el hombre res•
petuoso que usted educó y María Magdalena, la
encantadora y bella joven, alegria de la casa.
Luego, serA usted una inmejor11 ble a bueUta y la
dicha reinará de nuevo en el Pd!acio Le Clercq.
Después de la escena tragica, todos estos dram11e
domésticos se desenlazan del modo más tranquilo. ¿Nunca se ha ¡,reguntado nated en el teatro lo
que sucederA después del 5.'' acto? El autor nos
deja stempre en la ultima pedpecia conmovedora, porque Slibe que luego sus personajes volvera.n A la prosaica corriente de la vida. Lo excesivo no puede ser durable. Vea usted ee:llora Le
Clercq, el titulo que mejoi: conviene fl mu.chas
dram11s de la vida fotima es este, de Shakespeare: &lt;Mucho ntido para nada."
DAN1ELLE DARTHEZ.

�54

111!:L

ROSARIO.

Mm.DO ILUSTRADO"

ROSARIO.

1

realidad esto no es un cuent~. El hecho
ue vamos A narrar ocurrió en Madrid;
uchos de sus detalles son rigurosamente
ciertos y los personajes exístierdn para la epoca
del suc'eRo, 1887. A la prensa madrilelia no llegó
otra noticia qut1 la que consta en la gacetilla ~ón
que concluye esta narración.
·

AJ. pobre mendigo Je dijeron que su hija iba todos los domingos á. oír la, misa· de once de la iglesia de San José, calle de Alcall1.
Hacia cerca de medio afl.o que habia llegado A
Uadrid, procedente de Sevilla, sin que
en ese tiempo hubiera tenido otrn noticia
de su hija, que la ya dicha. El informante era uno de los revendedores del Teatro de Apolo, cercano á aquella iglesia;
sevillano él, como la chiquilla fag1lda y
como el pobre viejo.
He aquí cómo supo éste la feliz noticia.
J/an11,l, el revendedor de billetes de
teatro, bahía ido aquel día al del Príncipe
Alfonso en solieitud de billetes p1m1 el
estreno de una zarzuela de Chueca, y
al pasar por Recoletos vió al mendigo im·
plorando la caridad pública en la puerta
de San Pucual.
-Don José¡ ¿Qué le pasa A usted?
-Oh, Manuelico, eres tú?
-Por Dios, viejo, qué 1\ menos ha
venido ustedj
-Culpa es de Rosario.
-No lo creo, ella es rica ....
Pues por eso!
-No comprendo ..... .
-VerAsl Yo no tenía en mi desvalimiento otro apo)'o que Rosario. La chiquilla. trabajaba en la tAbrica de cigarros,
y mal q_ue bien la íbam&lt;,s pasando; pero
de la noche á la ma:ll.ana desaparece de
Sevilla, y por la herida que me dió en
el alma, se metió A mi cuerpo la paráli•
sis. Estuve á la muerte1 escapé de elldD0
sé cómo; hoy sólo puedo asegurar que
me queda poca vida dentro del cuerpo,
casi ningun1.1. luz en los ojos, y menos
esperanzas en el alma. Pido dos limosnas: pan para el tuUido cuerpo, y una noticiA de mi Rosario ....... .
-Vive en Madrid, bella y rica, se
apresuró :\ decir Manuel.
Y aquel viejo que acababa de decir
que pedía una noticia acerca de su hija,
quedóse inmóvil, mudo, como tocado pur
un rayo ante la aseveración de Manuel.
Parecía como que no se daba cuenta de
tan grata nueva.
.A poco, con voz ro1,ca y entrecortada,
como llena de desconfianza preguntó al
revendedor:
-lle joras que ese es verdad?
-Por la Virgen de la Paloma!
-Cómo lo sabes?
-La veo bajar de su coche todos los
domingos A las once A la Puerta cie San
José; ella entra á. la iglesia, y y o, después de mirarla y rt:.mirarla tnn reguapa,-porque no he
perdido la costumbre de morirme por su pedazos,
-me entro también ..... .
-La sigues dentro de la iglesia?
-No me entro con Paco y el Tuerto A la taberna y nos tomamos unas cafl.as á su snlú.
-.Manuel, díjole el viejo al revendedor, Dios
te pague la caridad. Vete, ~éjrune pensar y medi-

El viejo se sentó en un banco alli cercano, recostó las muletas á la pared y se dispu'io A aguardar.
-No serA larga la confesión, se dijo, estas seiioras del gran mundo no fo,nen más que un pecado, y como no les da vergüenza confesarlo, se
despachan pronto. El cura al verlas, podría echarles el «ego te absm·1 10.»
Dicho como beche,, en ese momento apareció
los ojos del mendigo el P1tdre Miguel, sonAndose
las narices repletas de rapé con un descomunal
pai\uelo de yerbAs.
-Es ...... el Padre 1liguel?

í

tar.
Jla11111:, como le Uaman sus paisanos, le dió
unas palmaditRS en la espale.la, y le d:jo:
-Adiós, viejo, que haiga :mlú, y un recadito A
la Rosario.

Esa misma tarde llamaba A la puerta de ea•
cristía de San José el mendigo de San Pascual.
-Está. aquí el Padre Miguel?
-No; confiesa en este momento A una gran se:fora, pero sn vendrá, puede usted esperarlo, contestó el monaguillo.

-Si, hijo mio, quieres confesar?
-No, Padre, vengo a. que el seiior Cura me dé
un permiso.
Para qué?
-P11ra pedir limosna A la puerta de la iglesia.
-Libre eres de hacerlo.
-No seiicr Cura, no sabe el safi.or Cura que
los otros 1:Jobres no me dejarían colocarme alli
porque soy uno mAs A pedir? Cada iglesia tiene
sus pobres; y aun con permiso y orden del sef!or
Cur&lt;1., cuesta Dio3 y su avuda que los propietarios permit&gt;ln a] recíénvenido ejercer.
-Y tú no no tienes iglesia donde implorar la
caridad?
-Sí, seftor. y me produce pAra vivir; pero hoy
he sabido que á esta de San José viene todos los
domingos á. oír misa d!3 once, una hija mía que
me abandonó hace muchos meses.
-Basta, dijo el Cura, vt:n pasado ma:liana do•
mintro á e~o de las diez y media 6. la sacristía, y
yo te instalaré.

-Dios se lo pague, seftor, Dios se lo pague!
Con gran espanto de los mendigos que detiempo ha tenían como propiedad suya los pues·
tos que ocupaban en las puertas de Snn José, sepresentó ante ellos el Padre Snn Miguel acompa:ll.udo del pobre paralítico.
-Se11ores, les dijo A modo de arenga, háganleun campo A esre hombre.
Un sordo grlliUdo se escapó de las gargantas
de aquellos pordioseros.
-No hay que alarmarse, dijo con voz severa
el Padre Miguel, este hombre sólo estarA al ladc&gt;
de ustedes uoa hora. y no pedirá limosna sino á.
una sola persona.
-Y si las otras le dan? se aventuró A
preguntar unfl. vieja vendedora de rosarios y estampitas.
-Pues no habrA que rechazar esas.
dádivas, contestó el Padre Miguel, pero
buen cuidado tendrAn ustedes de disputArselas.
- Mucho! gritó la vieja que había inte•
rrumpido antes.
•
-A.deu A:1, continuó el Padr..i Miguel, este hombre viene A cumplir no encargc&gt;
mío. Vamos, dijole al paralítico, colóquese usted aquí á la salida; así verá usted
mejor lo que desea; y situó al paralitico
entre un viejo, propietario de una pierna de palo, tendida casi hasta la mitad
del pasadizo que forman hls dos puertas,
y la vieja vendedora de estampitas y rosarios.
La curiosidnd pudo al tin más en el ánimo de aquellcs pordioseros, que la ojeriza con que veían naturalmente á. todo
recienvenido que iba A aumentar el número de los pedigüenos.
-Es historia? díjole al nuevo mendigo
la referida vieja.
El paraliLico guardó silencio. Acaba•
ban de dar las once, ya tenia allí die~
minutos, y no había llej?ado Rosario. Es•
peró, y esperó mucho. Como que la misa
\,
terllhnó y la igleS1a quedó libre de tielest
-lfanuel me ha engaiiado, se dijo el
pobre viejo, pero me la habrA de pagar.
Y encajAndose en sus muletas se dirigió á la cercana taberna, donde su pais1rno le había dicllo tomaba todos los domingos unas ca:ll.as A la salud de su hija.
Llegó, echó la vista en todas direccio•
nes, escudriftó el último rincón
de la taberna, yno v:.endo en el1a
á Manuel, exclamó:
-¡Mald!ciónl Y se dejó caer
en una de aquellas sillas bajas,
cuadradas, sin respaldo, usadas
en todas las tabernas.
A este tiempo salía el Padre
Míguel á la puerta de 81/. iglesia,
en son de curiosear lo que hubiese descubierto el mendigo.
-Valiente protegido tiene ·el
sefl.or Cura! le disparó A manera
de reconvención la vieja de los.
rosarios y estawpitas; apenas terminó la misa se
faé á. taberna vecina. Si el se:ll.or Cara pudiera
ir á esos logares: negaría á. tiempo de verle bo1-racho debajo de una mesa.
-~o seas maldiciente, repuso el Padre l\Iiguel,
¿qué sabes tú á lo que baya ido ~se hombre it la
taberna?
-Allí no se va sino á beber, contestó en tono
de triunfo la vieja.
-Y A comprarle billetes de teatro á los revendedores que dentro de el111 burlan la vigilancia de
los guardas, se atrevió A. decir el hombre de la
pierna de palo.
Una carcajada general acogió lo dicho por el
infeliz defensor del viejo paralítico.
El Padre Miguel aprovechó ese momento de
hilaridad para .entrar de nuevo en el templo.
Durante la siguiente semana tué objeto de toda
cll\se de comentarios entre los pobres de San José, que el viejo protegido del Padre Miguel deja -

ra de presentarse del lunes al sAbado; pero la
chismograffo. cesó al verle llegar, como un reloj,
á las aiez y media de la mailana del domiogo.
Como si eJ sitio que le fellaló el Cura fllese suyo
desde tiempo inmemorial, se hizo c11mpo él mismo entre el hombre de la piernii de p1tlo y la vieja gruilona.
-B1..en día, hermano, dijo al primero, A tiempo que lanzó una mfrada de rabia y de desprecio
ú la de las estampit11s y rosarios.
Media hora más tarde, al sonar el reloj de la
Puerta del Sol las ouce, se detuvo un coche á la
puerta de S1tn José, y uoa dama. elegantemente
vestida descendió de éJ y entró apresuradamente
al templo.
.Al pobre viejo paralitico apenas Je quedó tiempo para reconocer en 11quell11. dama á su Rosario.
Sil{los le parecieron los veinticinco minutos
que duro la misa. Al fin se abrieron las dos puertas laterales de la cancela. de la puerta interior,
y los fieles comeoz11ron A salir por entre la doble fila de pobres, que en nombre decada unode
sus santos favoritos, en medio de deseos de felicidad para los concurrentes A aquel templo, y
con palabras capaces de ablandar el corazón más
duro, imploraban.una limosma. , ólo una mano no
se extendía en demanda de socorro: la del viejo
paralitico.
Una de las últimas en aquel desfile fué su bija;
cuando pasó por delante del paralitico apenas
sallan á. la vez que ella tres mujeres, dos de las
cuales se dt:ltuvieron A comprar unos escapularios y el número del dia de La Semana Católica
A otra pobre situadn frente aJ puesto que ocupapa el padre de Rosario; de modo que ésta casi
quedó sGla en el trecho Q'lte hay entre la puerta
exterior y la de la cancela.
. -Por la Virgen del Rosario, una Jímosna· dijo
el viejo extendiendo la gorra al pasar por d;laute
de él su bija.
E:;ta oyó sólo las tres últimas palabras: «Rosario, una limosna.•
Volvió~e derrepente hacia el que le imploraba
t:na caridad llamándola por su nombre. Al ver
y reconocer, todo á un tiempo, al pobre viejo, dejó escapar un débil grito; LO medio de su azoramiento tiró el portamonedat1 en la gorra que le
extendía su padre, y en dos saltos salvó los escalones de piedra que dan acceso al templo, ganando en otro la portezuela de su cupé, que la
esperaba f.L la orillll de la acera.
-Al Hipódromo, á escape! ordenó Rosario ú su
cochtiro; y el carruaje partió veloz caUe de ~\Jcala. nbajo hasta llegar A la Cibeles, dende torció
hacia la izquierdtt, ganando el paseo de Rec0Jeto11 y conrundiéudose con los otros ce.ches que rodaban Cllmíno de la Castellana y el Hipódromo.

Todos los pobres vieron la especie de limosna
que aquella dama dió al paralitico; todos oyeron
aquel débil grito lanzado bor ella al tiempo de
d8r la limo.na; todos se fijaron en la turbación de
aquella mujer y en su prisa para huir; pero ninguno de ellos pudo descubrir la mAs pequefl.a alteración en el rostro del menJigo.
Como es de suponer, le abrumaron A preguntas,
y con iróníci1s felicitaciones. El, ni respondió á
aq .1ellas, ni agradeció las enhorabuenas. Guardó se el portamonedas, dirigiéndose seguidamente, como el domingo antel'ior, A la tabern1.1.,
en solicitud de Manuel.
-La tajada de ht'y 6i que sera buena, exclamó
]a viejtl m11.ldiciente, dando á entende1· que la borrachera. del viejo en ese día seria grimde.
-Siempre grufl.endol contestó el Padre ,;\liguel
que había llegado á. tiempo de presenciar la escena desc1·ita,
En l!l taberna encontró el viejo, por su suerte,
al revendedor. •
-Te convido, Manuelico1 le dijo el viejo al
verle.
-Y á Paco y al 7'uerto? contestó el invitado.
-También, pero A condición de que nos dejen
luego solos.
Otra ronda fué servida en las largas calias,pues ya se había brind11do, como de costumbre,
A la Slllud de Rosario. Una vez echado el trago
atr:\s., y besado el fondo exterior de las ca:ll.as, se
despidieron el Tun·to y Paco.
-Oye tú, dijo el primero A .Manuel, si algún
aeflorlto viete d ¡;01· billetes para ma:ll.ana en el

55

«Español,~ acuérdatfl de que es día de moda y
~fonde A servir una copa más, viejo, y despué¡¡
de:que echan un drama de Don José; apriétala la ) o lo convido á otra cos1t mejor.
mano y .po les des las butacas de las primeras fi-~fozol aquí dos copas! gritó el paralítico.
las menos de treintidos reales, ú cuarenta, si
Servidas que fueron, preguntó el viejo á liapuedes; npAliate como puedas.
nuel:
El viejo mendigo y ,.lfmwé el revendedor que-1\Ie convidas? Y t\ qué?
daron solos. FuéronsC1 á. una mesa de rincón, to-Al Español mllftana en la noche.
maron asiento -y pidieron un p1ir de copu.
-Bon:tos tengo yo el cuerpo y el alma para ir ,
-lla visto usted a su hija, viejo? dijo el re- de teatros.
vendedor dando así princibio A la conversación.
-Por el cuerpo no se apure, repuso Manuel,
-Sí, hoy aJ entrar y s11lir de la misa de once; yo Je 1tyudaré 1\ subir y á instalarse en primera
el domingo pasado no corrí con esa suerte. Tam- fila de Para,[¡;o; en cuanto al alma, eso es lo que
poco pude verte A ti.
usted necesit11, distraerse, echarse las pen1ts atrás.
-Yo estaba, contestó Manuel. ultimando una Qué va usted á hacer con ese fardo de fatigas á
corrida de toretes en el puente de Vallecas.
cuel!tas? Le va é estorbar para correr detrá.s de
- Pues, prosiguió el viejo, al entrar mi Rosa- Rosario.
rio apenas tuve tiempo de reconocerla; A la sali-Y cuánto te cuesta ese obsequio?
da, y por llamarle la antención de 11Igún modo,
-A mí? nada! yo soy el jefe de la ..Zar¡11c cnel
le pedí una limosna invocando á la Virgen de su E."11a,iol, y tengo A mi disposición las enrradas
nombre para que é3t11 lo sonara en los oídos y le necesnrias parll mi ejército. Usted será mufluna
chocara y se fij,,ra en. mí. Así tué: volvió la ca- uno de mis sc.ldados, 11u11que no hace flllrn; porbeza, me reconoció, dió un pequell.o grito, me que yn se sabe, que cuando hay estreno de su toarroJó en la gorra su portamonedas. y salió esca- cayo .E:chegaray, maldito Jo que tiene que hacer
pada fJ. cojer un coche. Yo me quedé como quien mi gente. El público se lo trae todo, ,,plausos,
Vf' visiones, no pude ni moverme; el coche partió
ovacione~, y la mar .... Los mismos 1,wrenos, los
volando, y cuando me dí cuenta de todo lo ocu- que revientan las piezas de otros si no est&amp;n co•
rrido. resolví venir á verte.
mo Dios manda, resultarán llllí de sobra.
- Y el portamonedas?
-Bueno, dijo el mendigv, ¿dónde y á. qué hora
-Aquí estA, dijo el viejo sacandolo de la faja nos encontraremos ma:ll.anai'
-A las siete en punto de la 11oche meesperará
y poniéndolo sobre la mesa.
usted
en una de las put!rtas de La I', rlct, que dan
Manuel no se atrevió A tocarlo siquiera.
-Abrale usted, Don José, vé.1mos que pode- A la Plaza de Cervantes, donde está el teatro. ¿Sabe usted dónde es?
mos sacar de él.
-Si, y alJi estaré de fijo.
El viejo abrió el oliente portamonedas de piel
de Rusia con cifras y conteras de oro. Dentro de '
él había unos billetes del Banco de Espall.n, dos
' A las siete menos cuarto de la noche del simonedas de cinco duros, algunas de plata, un re- guiente día, Janes, el vil"jo mend1go de San Pasiratito de Rosnrio he&lt;;ho por Debas, el talón de cual,-porque él no había abandonatlo s«. iglesia
un abono A butaca en !a Comedia, y una docena sino dos horas en dof domingos,-llegó al conode tarjetas de visita con este nombre: Blanca efe cido restaurant La Perla, situado al lado del EsPeñama,·.
pm1ol, y recostándose de la pared, pero siempre
-No es este nombre el suyo, dijo el viejo, ¿có- apoyado en sus muletas, esperó enterarse qué
mo habrA ido A parar A manos de Rosario este puerta le serviría de abl'igo, pues la noche era fría ·
portamonedas? ¿lo habrA encontrado en la calle? en extremo.
-:80 sea más panolis, viejo, repuso Manuel; si
Al princio se figuró que no podría servirse de
fuera como usted piensa y dice, qué papel estaría ninguna de aquellas puertas, pnes todas sea.brian
haciendo ahí el retrato de Rosario? Desengáfte- y se cerraban á cada instante para dar paso á los
se, ese portamonedas es de la, chiquilla, y las tar- par~?quianos del famoso ,·e.~faurant; pero Juego
jetas son de ella; Blanca de Pe,1a11w1· es su ,wm- s_e t1Jó en que la más cercana al teatro 110 era pracbre de gw·rra.
ticable, y á ella se dirigió y en ella se instaló.
A poco, el olor de los guisos comenzó A metér-¿ciué negocio es ese de nombre de yueri·a?
-Se llama asf el nombre que toman las muje- sele por 11.lS narices y A hacerle olvidar Jo que lo
res al dedicarse á la carrera. ¿No se cambian h~~ia llevado_ A aquol sitio; porque lo que al printambién el nombre cuando entran monjas? aun- c1p10 fué un ligero desvanecimiento, se convirtió
luego en apetito feroz, y más después en debilidad
que sea fea comparación.
y en dolor de estómago. Y no podía ser de otra
-Y qué ca1re1·a es esa?
-Pues la ....•..... la que toma una mujer manera; aquel vaho de cocina,-y de la cocina
de La Perla! era para volver Joco al más inapeque deja de ser honrada. ·.
El viejo no se enfadó por aqnel insulto hecho t\ tente.
Ya el viejo se declaraba vencido, ya sentía fJasu hija, porque comprendió en un momento que
queRr
más de lo corriente sus piernas, ya notaba
1111\nuel tenia razón en calificar de ese modo a.
Rosario. GNo se había fugado ella de su cas11 de- cómo sus muletas no Je servían del todo para sosjando al pobre V1ejo enfermo y en la miseria? tener su desmadejado cuerpo, cuando se pre¡¡entó
De dónde proveoían aquel coche, aqueUos bri- Manuel.
-Puntual ea el_ viejo, dijo el revendedor, y eso
llantes, aquel portamonedas lleno de oro y de billetes de Banco, ;aquel terciopelo de su abrigo y merece una convidada.
-Pero ue lo sólido, se apresuró A decir el menaquella seda de su traje?
El viejo sólo tuvo un par de gruesas lAgrusas digo.
-Todo es convidar, repuso Manuel.
para Ja deshonra dfl su hij1\ que er11. su propia
Y echaron á andar en dirección á un Oolmado
deshonra.
-Y qué piensa usted hacer? le preguntó l\1a. próximo.
.Al viejo se le quedaban el olfato y el estómago
nnel.
en la cocina de La Pu-la; sabia que ~lanuel no le
-Irá su cnsn .....
-Dónde, si la tarjeta no tiene dirección? Y es convidaría á comerá lo si:1iol'itu, y se conform&lt;\
esta otra prutba d~ que Ros11rio es la querida de desde luego con lo que le brindara el revededor.
.Además, ya no tenia apetito, sino «necesidad&gt;.
algún se:ll.oritón.
Llegaron al r'olmado y Juan pidió dos tintas
-Pues esperaré al próximo domingo, y en lugnr de pedirle una limosna le echaré la mano en- un !JaneciUo y un chorizo; se vació de un trago
contenido de su cupa, y alargando la otra y losúcima y ya no se me escapará.
lido al pordiosero, le dijo:
-Ypiensa usted, don José, que Rosario vuelva
-Enjuáguese la boca con la mitad, viejo, y deje
á la miM de once después de lu tragedi1.1. de hoy? el resto para asentar.
-¡Es verdud! ...... pero qué h11go?
El padre de Rosario no lo hizo Rsf; tenía prisa
-Confíe en mi, yo bUEcaré la pista de su hija,
por llegar; se echó al coleto su tinta, y dando un
levantaré la cacería y usted hará lo demás.
bocado al pan y otro al chorizo, dijo A Manuel:
-En Lí confío Manuel.
-Andando! De aquí al teatro tengo con esta
-Trato hecho, pero dígame, viejo, qué piensa
mascada, una vez instalado acabaré con el 80 •
usted hacer con ese portnmonedns?
brante.
-Onardarle; de él no me pertenece sino el reY echaron A 1ondar hacia el teatro. Manuel, como
trato de Rosario.
«persona de la casa» no encontro ningún tropieManuel al formnlar su última pregunta fué con zo en todo el trnyecto, desde la puerta de entrala esperanza o.e que el viejo dividiE1r1t con él el da hasta la primera fila de la galería. A cada porcontenido del portamonedas. Visto que ese golpe tero y á cada empleado saludaba con frase distinle había salido falso, se contentó por el momento ta, pero todas muy expresivas, de confianza y de
con menos y esclnmó:
· carillo.

el

�fil;

-Ya estamos, dijo Manuel al llegaralsitiodonde tenia dispuesto 11comodar al mendlgo;siéntese
aquí, mi viejo, coloque sus muletas debajo delos
asientos, y á esperar! vuelvo en seguida.
-¿ Y si alguien ocupa los puestos a. mi lado?
Yo qllieru est«r en tu comp&gt;1nfajl
-Descuide usted, eso queda á. c111·go del aco•
modador.
.Al salir dijo Manue: unas cuantas palabras A
dicho empleado, de fijo en cumplimiento1Uoofrecido al viejo paralitico.
Este no pudo darse cuenta al principio del logar
donde se hallaba, pues las luces ae gas estaban
á esa hora ámenos de medio quem11dor. Notando
el mendigo que por mAs que contraía sus ya cansaaas pupilas apenas acertaba distinguir curvas
obscuras sobre un fondo claro, y arcadas á todos
1idos, se decidio á matar el tiempo comiéndose
los restos del panecillo y del chorizo, brindados
por Manuel.
Media hora después comenzó á llegar la conCUíTencia y el gas ~lumbró mejor la preciosa sala. Entonces el mendigo vióque aquelhts areadas
eran l11s tres filad de palcos; r las curvas obscuras, los bordes tlel roJo terciopelo de las bútacas
forradus en gris perla.. Poco á. poco aquel fondo
claro lué cubriéndose de manchas bnsta parecer
nn jardin animado. Los vivos colores de los trajes y sombreros femeniles dab1rn ese a~pecto al
teittro. Los palcos parecían can11stillas de !lores.
El contras1e lo formab,tn el n!'gro de los f'racs y
el bhnco irreprucba ble de las brillantes camisas.
Los abanicos en su ioce!;aute batir semejaban Jas
mariposas de aquel jardín.
Pocos minutos antes de levantarse la tela sintió
el viejo paralitico otro desvanecimiento, si no
igual al que le produjo el vaho de lacocioa de J,a
Perla, ~i de idénticos resultados. Al pobre viejo
lo asfixiaba el calor de las luces de gas, que su•
bia c.argad'1 con los penfltraotes perfllmes que se
desprendlan de palcos y butacas.
Volviendo A un la.do y otro la cabeza y echándose un poco de aire con la gorra, podía apenas
pasar; la impaciencia le bacía faltar t11rnbié11 la
respiriición; y por último, el ro.ido del cercano
cuchiclleo, las ris11s de 11.quí y de allA, el constante
entrar en los palcos, el trajín de los acomodadores y la animada conversación, acompall.ado todo
por el célebre sexteto, le iban embargando los
sentidos, junto con la pesada atmósftlra, alinfeliz
padre de Rosario. A.penas veía; de los sonidoa no
percibía con claridad ninguno; el olfato y aún el
gnsto los tenía sa.tu.rados de lilas, gardenias, violetas, roslls y claveles¡ tan solo 1~ quedaba un
sentido, el del tacto, y á. duras penas le bastaban
las manos para echarse aire con la gorra y para
aplllltalarse contra el ,·arandaje, de modo de no
ser aplastado por los que se le echaban encima
por rletrás.
De repente se hizo el silencio. En medio de aquel
bullicio se oyó sonar en el vestíbulo y en "el s,i,loncillo" el timbre que anuncia el próximo momento de levantarse el telón.
La fllita de ruido hizo tal efecto en el viejo, qu~
casi volvió en sí.
-¿Qué pasad.? se preguntab11, volviendo la
cabt:l!a á todos lados. Las luces de gas fueron un
tanto rebajadas en la sala para darmayorbrillantez á 'a escena. Al principio el mendigo se atemorizó con aquel agachamiento repentino de la

"EL MUNTlO fl,U!.TRADO"

luz, pero al con-erse la tela y distinguir el foco luminoso del escenario. aceptó la semioscuridad y
el silencio, sin dnrsc cuenta ni explicarse aquella
conformidad suya.
Comenzó el drama, y con él los signnsde11probación por parte del público, los aph1usos luego
y al final d&lt;?l primer acto la primera ovación al
autor de Lorura ó 1,a11tidad.
Apenas comenzado el segundo acto, y en medio d!'l religioso silencio eu que se oyen siempre
las terrorificas escenas que sólo Ecbegaray escri,
be, entró á la sala del t!atro una dHma elegantA•
mente vestida. A algunos molestó tan intempestiva entrada; A otros !ué indiferente, por cuanto
no les estorbaba seguir el curso de la represen•
tación, pero á todos llamó la at,,nción de una ú
otra manera. Ili\sta lo;; de las galerías I legaron á
not11r la aparición en la sala de lit retardad .. y
elegante dam11; y uno de los que más se fijó en
ella Cué el mendigo, porqu~ aquella. mujer era
Rosario.
Desde aquel momi,nto terminó p11ra el pobre
viejo la representación del drama. Todo se le iba
en meditar planes p11ra encontrarse aquella noche con su bija, sin que ésta pudiera escapársele.
de nuevo. Al lm parece que halló un medio de
lograr su objeto, por cuanto 111 concluirse el acto
segundo se levantó, diciendo á Manuel:
-Acompáll.ame, yo me voy, yo no entiendo
esto.
Manuel se vió precisado A ayudar A bajar al
paralitico. Una vez en In calle, díjole el mendigo:
-1\Ii bij-t está en eJ teatro, esta noche 'a he de
dar caz11¡ encontremos su coche, ra que lo conocemos¡ lo demás corr1, de mi cuenta.
Poco trabajo coscó ballar el cupé de Rosario.
-¿Qué piensa usted hacer, viejo?
-Pues entrarme en el coche y aguardar dentro á. que ella venga; dale tu conversación al cochero, mientras yo me entro aJ cupé.
A tuerza de mil trabajos pudo hacerlo; no porque el cochero no parecía muy dispuesto al 11oli'JU8 con el revendedor, 11ino porque la parálisis
no permitía al viejo despacharse pronto.
Terminó al cabo la represerna1.1ión, y comenzó
el desfile. El viejo, dentro del cocbe, sentía dos
ruidos, el de los a.plaa.sos en el teatro, porque la
concurrencia se despedía batiendo aún palmas al
autor, y el de su corazón, que latiafuertey apresuradamente. A poco comenzó la animación afuera: el acliós de la. gente satisfecha y alegre Uenó
la. calle junto con loe gritos de los muchachos
vendedores de periódicos y el vocear de los lacayos, y de otros que por g«narse un par de perros chicos ayutlab.m á aquellos á llamar á los
cocheros:
-¡Pepéeee!-¡El 4271-¡La Corl'espondencia!iBli!-¡Paco!-¡201!- ...... aquello era una algarabia!
Al lío sintió el viejo rodar el cupé donde se había instalado, y paso á paso, &amp;iguiendo su turno
en la cola formada, veía cómo se acercllba A la
puerta del teatro. Diez minuto:, mAs tarde se detuvo el cupé, y vió acercarse el mendigo á su hija, quien abriendo la portezuela dijo al cochero:
-¡A ea.sal
No bien había pronunciado tan corta frase,
cuando lanzó un grito de horríble angustia.
-¡Socorro! ¡al ladrón! 1que me asesinan!
Rosario no había entrado del todo en sa. coche,

FONDO
RICARDO COVARRUBJAS

pero como el viejo la bahía asido fuertemente del
traje, tampoco podía salirse del copé. En esa
angu~tiosa &amp;ituación la hallaron cuantos acudieron
á prestarle auxilio al oír sus gritos de socorro.
Rosario luchaba por desasirse de los brazos del
viejo, quien, con fuerza inusitada en él,lasujetaba.
fuertemente. Una pareja de la guardia se abrió
paso, y colocilndose aJ lado de las dos vent&gt;1nillas se dieron A inquil'ir la verdad del hecho.
-Este hombre me quiere matar, dijo Rosario.
-¡Es mi hija! gritó el paralítico.
-¡Mentira! repuso la inbmt-, libradme de él ..
Lapa reja del orden había logrado abrir la por•
tezuela que babia quedado líbrti, y sajetando uno
de los guardias al virjo y asiendo el otro A Rosario, logra:-oa también arrancarla de los brazos
del pobre padre; pero aún tuvo éste foerzas para soltarse de las nervudas y fuertes manos del
guardia, y enarbolando una de las muletas la
descargó sobre la cabeza de Rosorio ~\ tiempo
que era sacada del cupé, perdida la razón.
-¡Asesiool gritó uno de los curiosos.
El viejo fué fuertemente atado, porque no cesaba de debatirse y de descargar A todos lados
gdpes de muleta en medio de los gritos de:¡[nfamel ¡Ramera! ¡.E:sa es mi bija! ¡Maldita seal
El viej&lt;' filé llevado A Ja p,•f!t•enc'itm, donde se
Je registró escrupulosamente, encontrAndosele en
la faj,i, el portamonedas de Rosllrio, tal como ésta
se lo babia echado en la gorra 111 saJir dr misa.
-¡Asesinu y ladrón! exclamó el guardia y_ue
hizo el registro, mostrando á so superior el abierto portamoned11e lleno de dinero, y aun con el
retrato de Rosario.
-¡Es mi bija! ¡Es mi hija! ¡Esa es Rosario! repetía el viejo ya con apagada voz.
-¡J'us no dice que es su hij11, y la roba! exclamó el guardia gallego.
Alguien opioó allí que el pobre viejo era un
Joco. No pareció desc11bellada la idea y se lo
transladó A la Casa de Socorro más cercana, Allí
Iué reconocido en •principio,&gt; y como el infeliz
sólo exclamaba: ¡Es mi h(ia! ¡Es Rosario.' el médico declaró que, "por lo menos era un maniaco.
A Ja mallan/\ siguiente lué enviado á Carabanchel, al manicomio que t1n dicho pueblo, vecino
de Madrid, regentea el Dr. Esquerdo, y la prensa
madrileiia publicó la noticia así:
"L'n pobre loco, harapiento y paraHtico (hay
que fijuse en estos detalles) penetró anochtl en
el cupé de u11a entretenida, á quien se conoce en
ciertos círeu'os con el nombre de Blanca de Pe:iiam11r, y esperó allí la salid11. de ~ata que babia
ido al Espafiol al estreno del drama del insigne
autor de El 01·,m Galeoto. Aunque ~ólo puede
proba.rsele al infeliz que es un ladrón, por cuanto
se le enconn·ó en la faja el port •mr neda de la
entretenida, lleno de dinero, no p11rece que fuera
é1te sólo el móvil que lo indujera á. esperarla dentro del coche, pnesá los gritos de ella, acusándolo de asesino, el viejo le dió en mitad de la cabeza tan tremendo golpe con una de sus muletas
que le c11.usó una herida de pronóstico reservado.
El viejo, que protestaba y continua asegurando
ser el padre de su victima, ha sldo enviado A Carabanchel, do1,de el doctor ~squerdo se encargarA de hacerle variar de procedimiento en el
reconocimiento de sug hijos."

...... ' ................................... .
CARl,OS B.

FIOUEREDO.

'

'

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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        <name>Acuarela de Poveda</name>
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                    <text>Domtng;o

EL MUNDO

460

18 de

Die lembre de 1898

Por maltratos á mujeres.
Habla u·n periódico humorístico:
En Inglaterra existti una ley en donde están con•
· ·11lg'nádos los castigos que recibirá todo aquel que mal_trate á su esposa, por .-jemplo:
-Por 't irarle los platos á la cara, decirle improperios Y estrellarle un vaso en la cabeza, có.lez chelines•
-Por una bofetada en pleno rostro y un garrotazo
en las costilh1s, cquioce chelines ,
-Por magullarle un ojo, poniéndoselo como un to•
tt1atA y romperle la boca, cuna libra esterlina.,
-Por una paliza eu toda forma, cuna libra ester •
Por afianzarle los cabellos y arrastrarla como un
gato por la cola, cdos libras esterlinas.,
Por una patada, es d11cir, por una co11 que le rompe
algo, cdos libras esterlinas. ,
Por matarla á garrotazos, •diez libras esterlinas.•

,

NUESTROS GRABADOS.
FIG, 1.-TRAJl!l DE CASA,

I

De sar~a azul pálido formado de una falda plena y
Y una Jaquctte orlada de piel, en un frente de muy
buen gusto.

i~H.mrrmtu !h\ .!...:.\ =.1JI:1'J~I'.¡JJ!J;\
.;\l. rn~m;it riU:smr;1 rr DI u arru1Ju~1

FIG. 2 . -TRAJE DE CALLE.

De Sf!,rga de s~da muy fina, azul obscuro con un
entredod de terciopelo malva, ornada toda de bandas
de raso y guias.
3. -TRAJE DE

NUMERO ~6

VIAJE DEL SR. PRESIDENTE DE LA REPUBLICA A MONTERREY

Una.,

FIG,

•

MEXICO, DTCll4 MBRE 25 Dlll 1898

TOMO II

CALLE:,

De lana yerde plata, formada de un j:tq11ecito y de
una falda Justa orlada de cintas de seda. Eu el cuer•
po un entredós de draperia con guias de terciopelo.
FiG.

4, -TRAJE DFl VISITA,

De satin amarillo plata, tallado en forma de bata
con grandes solapas ornadas de blonda y abiertas so·
brti una camisola de batista plissé.

FJg. 8-Traje de estacl6o, taotasia.
•··············································································································-

"'
*'*

¡Cuándo establecerán el divorcio absolutameoteldecia un marido.
-Entonces, -exclama lamujer,-me casaría de nue•
vo, y tú me echarla!\ de meno".
-No: quien me echarla de menos serla tu nuevo es•
poso.

FIGS. 5, 6 Y 7.
Damos con estos números dos modelos de toilettes
para niños, de última novedad y un sombrero de alta
novedad de fieltro, elegantemente caído á la izquierda y ornado á la dereclla de plumas, en coqueta combinación, encubriendo el peiuado.

FIG. 8.-TRAJJII Dlll ESTACIÓN, FANTASÍA.

Ea de paño malva, en forma de bata, formando dos
grandes volantes y fijado por dos i&gt;omnes fantasía á
la izquierda. Mangas drapeadas á grandes dibujos.
Solapas doublé de raso.
FIG 9,-TRAJJII DE PAÑO PARA CALLE.

Flg. 10. - Toilette elegante,

••*

Una joven agrasiada salti de un almacén de música
con una partitt1ra bajo el b~azo.
Se le acerca un pollJ y li, pregunta cortesmente,
-¿Canta u.sted, &amp;eñorita?
.
-Si. señor,-responde ella después ile un momento
de vacilación -¿Por qué es ¡,, pregunta?
-Porque tendrla mucho gusto en acompañarla.

1J110

.

de los a.reo11 trinnhdc·s á la entrada de la ciudad.
'

Es de paño azul turquesa, todo adornado de ban•
das paralelas de terciopelo. Cuerpo muy justo con solapas drapeadas de guipure. Plastrón de terciopelo
negro.
FIG. 10,-TOILETTE l!ILEGANTE.

Es una caorichosa combinación de paño ama, illo y
terciopelo. En el cuerpo blusa forma un corselete de
muy buen gusto y en la falda figura una sobre falda
fantasía.
/
FIG. 11,-TRAJlll DE TERTULIA. ,

Es una gran toilette alternada toda de blonda de
Br1;1selas y ~erciopelo parma á grandes bandas po!I•
terrores, de1ando un delantero muy angosto. Yockes
de blon~a, escote redondo orlado de cadeneta de 11 eda lo mismo que la falda.

.'

- - -- -- - - - - - - I' - - - - - -

OTRO PAGff.DE $8,316.50 DE ''LA MUTUA"
EN GUADALAJARA, JALISCO,
Timbres por valor de 8.3:.! cs. debidameute cancelados.
R&gt;1cibi de «The Mutual Life In1mrance Company of
New York• la suma de (88,316.liO) ocho mil tres•
cleotosdleclsels pesos, clncu,entac..nta.vos
plata mtlx1cana, ae,i: $5,000 suma asPgurada .Y :¡¡;3 a16',
50 cs., por devolución de los premios 11xi1ibidos, ea pag? total de cuauto~ derechos se derivan de la póliza
uumero 429133, baJo la cual y á mi favor estuve asegurado m1 fmado esposo

D. ALEJANDRO AGRAZ
Y. pa_ra la debida constancia en mi carácter de beneficiana, extiendo el presente recibo en la misma póliza
que se devuelve á la Compañia para su cancelación
en Guadalaj11r'l, Ji\ll~co ~.26 tlfl Noviembre de 1898.
Fm:iado.-Refuglo P. Vda. de A.graz. -Rúbrica.

FJg. 9. - Traje de paño para calle.

Un timbre de 50 cs. debidamente cancelado.
' Gi\b~rto. Gómez, ~~tario Supernumerario de esta
mumc1pahdad,. cert1f1co: que ta Sra R efugio Palomera de Agraz, firmó ante mi el ante·
rior recibo y le fué entregada la
cantidad que en él se expresa. Doy
fé. Guadalajara, Noviembre veiutiseis de mil ochocientos noventa y
ocho.
Firmado.-Gilberto G6mez. Rúbrica.
Flg. 11-'l'rale de tertulia.

Visita del Sr. Pr~hlente á. la Penitenciaría del Eiltado la mañana. del mart••~ 20- •lel nclnn.1
(F&lt;,to¡;rafws de D . Lagran:;e).

1

�l!;L MUNDO

4 62

LASEMANA
Cuando las generaciones que sucedan á los actuales pobladores de este nuestro pedazo de tierra libre americana, revisen el inventario de
nuestros mtdios materiales de comfort, la lista
un poco larga de aplicaciones científicas hoy en
uso, como al telégrafo, el teléfono, el alumbrado
eléctrico, y se enteren de que en los últimos
ailos del siglo XIX dominaban en las clases pensadoras de la sociedad mexicana los mismos
principios civiliz11dores y de alta moralidad que
form11n en el centro de las naciones europeas, el
crPdo filoeófico de un Spencer y de un Stuart
Mili, creerán que un insigne anacronismo de los
bistorió¡rrafos ha puesto por fecha la de Diciembre de 1898 y dió por teatro un lugar poco distanle de México, á lus salvajes acontecimientos
que el último domingo ensangrentaron la Plaza
de toros de San Bartolo Naucalpam.
Son de tal manen extrailos á las costumbres
y á las ideas de un pueblo en vías de civiliz11ción
los escandalosos 11lborotos y los crímenes perpetrados esa tarde, que con razón corre gil ían nuestros nietos la fecha, haciendo retroceder una centuria su lugar indicado en el tiempo, pues apenas
si cabe en la barbarie colonial con su aparato de
corte paralizada en el dogmatismo y la. rutina y
su pueblo ignorante, embrutecido por perenne
ayuno de ensefiauzas, sin procedimientos de trabajo ampliamente productivo ni relaciones con
los que podían ofrecerle elementos de lt:cha contra el error y el secreto para extraer los frutos de
la naturaleza.
Una multitud hambriente de goces sanguinarios sale semanariamente de nuestra capital para
olvidar la vida del bufete ó del taller y en lugar
apartado, emplea dos ó treS- horas, presenciando
con deleite de caníbal hambriento la agonía de los
animal, s más útiles y el peligro que corren esos
infelictis juglares que, excitados por los insultos
de la plebe, se burlan de la muerte cada cinco minutos.
Rugidos de fiera son los del toro que embiste
los del matador que no acierta á dar la estocada
final, y los del público, ebrio, loco de rabia y espantosamente cruel con el hombre qu~ lo divierte y con el animal que le sirve y le da alimento.
Un día la res no llena de condiciones para la
lidia: la empresa ha engailado al público y éste
protesta en la forma que da expresión á las iras
del niilo y del salvaje. El que no discierne un medio racional de reacción contra la causa de sus
desencantes, se ofllsca y destruye: el niilo rompe el juguete y el populacho, sin ponderación
moral. se amotina. Arranca furioso las tablas
nes de la plaza, hiere á los toreros, golpea á los
gendarmes que intentan imponer el orden y cuando ya ha olvidado todo respeto, se creería que
nada teme: suena una detonación, la sangre corre,
ruedan los heridos por el suelo y el pánico sucede
á los ímpetus del primer arrebato.
En los pueblos indígenas vecinos el «topil» con
su mosquete de chispa, es una supervivencia
detiempos lejanos como el arma que lleva al
hombro: no es «el centinela de la ley,» según
la frase moderna; es el. representante de la temida autoridad del cacique, cuyas órdenes no son
pri3ceptos legales sino amenazas y que se impone comouna coacción mecánica al indio que halla
la noción del deber, no en la conc:encia, sino en
el proyectil de una boca-n arta..
..
El «topil» desconoce los medios concihadores
y no sabe aplacar un tumulto sino á balazos; ante el pueblo que se i;'1subordina no es ca~a~ de
un razonamiento, m de un acto de habihdad:
disparar inconscientemente es su único procedimiento. Puesto que tiene un arma, cuando no es
obedecido mata; cree que esa es su consigna.

,.,,,

Los que en nombre de la belleza a1·tistica defienden las corridas de toros, protestan contra
el viejo tópico de la inmoralidad de ese eepectáculo.
Esos Osear Wilde repiten que el arte no es moral ni inmoral; es hermoso ó fe_o y es todo.
.
El arte? Sí, así lo llaman. Oigamos lo que dicen:
«El conjunto de espectadores, el panora1;'1a ale•
gre de trajes multicolores, el elegante ~mforme
de los toreros, el entusiasmo de la ~ultitud, los
acordes de la música, dan á las corridas e~ a~pecto determinante y principal de un esparc11mento

Domingo 25 de Dicltimbre de

1~

campo i su actividad y, 11uiadas por un sentimiento aventurero. con sus pertiles caballerescos y sus
reflejos cristianos, intentaron buscar nuevos súbditos á la Cruz evtre los habitantes del mundo qneacababa de descubrir el genio de Colón.
Y allá van, empujadas por la ambición de muchos y el e: píritu a venturero de la época, las frágiles carabelas euderez11.ndo su proa hacia las costas.
americanas. Lo3 Diego Velázquez. Hernán Cortés,
Alvarez uel Cabral, Núilez de Balboa y Pizarro
extienden los dominios de la corona espailola portodo el territorio conocido de la joven América.
Vasco de Gl:lma, predecesor del ilustre genovés~
había enconti-ado el camino de las Indias, doblando el Cabo de las Tormentas. Allá se lanzan Elcano y Magal!anes, y al mediar el siglo XVI pudo
exclamar d adusto Felipe II: «El Sol no se pone
en mis dominios!»
Portugal, Sicilia, la Italia Superior, los Países.
Bajos, el Franco Condado, las Baleares, formaban
el patrimonio de Esvaila en el continente europeo.
A pesar de la línea trazada en nombre de Dios
por Alejandro VI, sometido el Portugal á la corona de Cilst1lla, sus dominios en América se extendían desde las playas del Seno Mexicano y lascostas de la Florida, hasta las tierras fértiles de
los indomables araucanos. Las costas orientales.
de Aftica, los archipiélagos meridionales de Asia,
las numerosas isl:,s pobladas por tribus malayas,
las colonias múltiples de la India, fundadas por
lil actividact y el genio lusitanos, todo lo que había pertenecido á .Portugal, iba después cay~ndoá pedNzo~, del poder del adusto soberan:&gt;, que
dejaba como monumento de su grandeza, el mo/IW
nasterio del Escorial, en cuyos claustros somLas últimas enseilanzas del siglo son no para bríos y galerías solitarias, parece vagar todavía.
un pueblo sólo, son para una raza, para un siste- la sombra de aquel Rey que, según la expresión
ma. Tanto tenemos que apreciarlas y compren- del poeta, fué
Aguila que. vivió como un gusano,
der su honda significación, los de acá como los
:Mo11a1·ca que mi¿rió como un mendigo!
de allá: por eso á todos los que hablan lengua castellana se dirige el novel académico Fernández
Flores en su discurso inaugural.
***
Pocas veces había escuchado el mundo casteCuando se contempla este poderoso imperio
llano palabras tan sinceras y tan impregnadas en
colonial, en el pináculo de la grandeza guerrera
la realidad histórica. No es un académico según
el viejo concepto, es decir un hombre de biblio- espailola, cuesta trabajo creer cómo han bastadosólo tres siglos p11ra desmoronar ese grandíosotecas, un monomaniaco de palabras, el que ha
edificio, que parecía construido sobre fandamen•
hablado en la Espailola; es un hombre, un obsertos inamovibles de granito.
vador que vive-en su tiempo, que conoce su caEs preciso estudiar el genio castellano encar•
sa, su país, su siglo, que como periodista y á fuernado en los prohombres que han dirigido el goza de contar sucesos y estudiarlos para contarlos
bien y exactamente, no se preocupa sino de la bierno de la metropoli, es necesario analizar el
exactitud y ama por eso la verdad, con un amor espír_itu m~dioeval, refractario á todos los progrede profesional, al que no ponen trabas ni el con- ª?ª! mflexible _á todas las evoluciones que ha prevencionalismo cortesano, ni la meticulosidad del sidido los destmos de Espaila, lo mismo bajo la
dinastía de lasAustrfos, bajo el reinado delosBorhablista, ni los intereses de partido.
bones,
que bajo el imperio de las ideas modernas
Ha dicho y es preciso repetir, aprender de me•
y
aún
en
~edio de las ~.ismas revoluciones qu;
moría, meditar eso que él dice: "¡Hay que cree1·!
~an
sacudido
el suelo hispano en los tiempos úl¡Pero creer es amar y no se ama dos veces lo
timos.
mismo!
Nunca pensaron los reyes de Castilla constiLos ideales del siglc XVI r.o podrán reilir batallas y ganarlas en el siglo XX! Procuremos de- tuir en los pueblos conquistados organizaciones
sembarazarnos de los dos verdaderos obstáculos políticas_ que se ~s_imilaran á la metrvpoli; guiatradicionales que nos cierran el camino: la Igno- dos por ideas rehgiosae, alucinados por el espírancia, mujer beoda, que se despereza tendida al ritu guerrero, ebrios _de su grandeza y orgullosos
sol, y el Orgullo, magnate harap!ento, sentado de su suprema autoridad, por todas partes levanjunto á ella en caído pedestal y que se cree gran- t~ban cong_regaciones de súbditos, nunca agrupaciones de ciudadanos. Engreídos los hijos del país
de porque se mide por au sombra!"
conquistador
con las ideas caballerescas, desdeDICK.
fiaron sfompre toda actividad que no fuera la militar, despreciaron como indigno de su grandeza todo ejercicio que no fuera el de las armas, y
la Corona, el clero la nobleza las ciencia~ las
artes vivieron siempre con l~s productos d~ las
RESUMEN.-UN POCO DE HISTORIA.-CvNSTITU· colonias. Ríos de oro y plata corrían del Nuevo
CIÓN DE LA NACIONALIDAD ESPAÑOLA.-LAS CON- al Viejo Mundo, sirviendo de puente las naves esQUISTAS Y LOS DESOUBRIMIENTOS.-EL IMPERIO p~ilolas; pero como Espaila nunca quiso ser naCOLONIAL DE FELIPE Il.-«EL SOL NO SE PONE c~ón productora, nunca quiso buscar en sus coloEL MIS DOMINIOS. »-INTEGRACIÓN POR LA FUER- mas mercados á su producción,ni pretendió ligarse
ZA Y DESINTEGRACIÓN POR LA NECESIDAD. con _ot:o sistema de comercio que no fuera el exTRISTE É INUTIL EXPERIENOIA.- LA GUERRA DE clusiv1_smo en f~vor ~e la metrópoli, el centro deCUBA.-LA GUERRA HISPANO··AMERiOANA.-EL aquel rnmenso impenú colonial, sólo er.i. el conTRATADO DE PARÍS.-POltVENIR DE LOS TERRI- ducto para que aquellas riquezas se derramaran
TORIOS CEDIDOS Ó ABANDONADOS POR ESPAÑA. por Europa, y sólo qu~daran salpicaduras de oro
PUERTO Rrco, CUBA Y FILIPINAS. - EL ÁGUILA DE y pedreria en los pórticos de sus inmensas cateWASHINGTON.-CONOLUSIÓN.
drales ó en los claustros de sus innúmeros conDespués de ocho siglos de lucha en la tremenda ventos.
epopeya de la reconquista, cu11ndo las huestes de
Para m~ntener sometido el dilatado imperio,
Isabel la Católica clavaron el estandarte de la nunca pudieron los reyes de Espaila envainar la
~ruz sobre los minaretes I?uslímicos de la impe• espada ~i cecrar el templo de la guerra. Difícil
nal Granada, quedó constituida una y fuerte la era acud1~ á ~ofocar las insurrecciones que estanación espailola. Las fuerzas vivas del país que llaron áraizmismade las conquistas; vanos los ess~habíane°:1pleado en recobrar palmo á pal~o las fuerzos del Du9-ue _de Alva que Quiso ahogar en
tierras dommadas por los abencerrajes, buscaron sangre llAs aspiraciones de los Países Bajos. Se

gracioso, con esa gracia á la que Spencer llama
disimulo de la fuerza» . ...
Esparcimientos graciosos los ahullidos de la
plebe, las palabrotas de los charros, las riilas entre pelados y gachupines: ¿no es esto colmar la
medida?
Disimulo de la fuerza el golpe del craneo del
picador en las tablas de la valla, la ancha herida
dol caballo y su muerte con las entrailas destro·
zadas, las banderillas de fuego, los espasmos agónicos de la res ..... .
Es muy vieja, centenaria, la declamación contra las cor1 idas de toros; la llaman cursi los que
niegan que ese espectáculo es cruel, sangriento
y estúpido. Muy traídos y llevados han sido los
mismo¡; 11rgumentos contra el toreo; pero no es
la culpa de los que predican sobre un mismo tema desde hace siglos, sino del estado social que
hace mc~sario repetir mil veces el mismo sermón.
No eS lo chocante que aun haya quien insista
en censurar, sino qué aún baya quien aplauda;
quien llame maestros y artisti1s á esos tonsurados de coleta, producto del vicio, de la degradación, de la ignorancia, de la miseria y
de la holgazanería; que aún se diga de un toro:
«ese apenas serviría para el arado,» como si la
última aplicación de un animal fuera para un fin
útil, la más despreciable, y la primera, ese esparcimiento gracioso que más que por la sangre,
que por la brutalidad material de la lidia, es inmoral por el salvajismo que nivela á los espectadores haciendo de un pueblo una chusma desordenada y soez.

_________________
,

~tJlitita Oirnrral.

Domingo 25 de Diciembre de 1~8

EL MUNDO

desgran~ primero_ Holanda_, se seg'"ega Portugal empollar en ese caliente nido el aguilucho de la
con sus ricas colomas;trabaJosamentesemantienen República Cubana.
los dominios de Italia bajo la tutela nominal de
En Filipinas ha~ más labor. Allí hay agrupalos Borbones; piérdese toda esperanza de reco• ciones de distinto género, allí hay tradiciones sebrar el trono de Carlos V, que tenía un piésot&gt;re culares de dominios teocráticos, juntamente con
Alemania y otro sobre lite columnas de Hércu- las explosiones sangrientas de pueblos semi-bárles, y el mismo territorio espaftol mira con pena baros; allí hay ciudades organizadas en cierto
clavado el pabellón inglés sobre el peMn de Gi- modo á la europea, y '\duares levantados como
braltar.
en las épocas del hombre primitivo; allí hay manifestaciones de la moderna cultura y erupciones
*
**
bárbaras del período paleolítico; hay moros, taCUando los puritanos de P .msylvania y de Vir- galos, malayos, negros, mestizos y espailoles;
gi»ia dan el grito de independencia y pretenden hay un montón de aspiraciones informes, rugiconstitur una nul va nacionalidad, soberana y li· dos de ambiciones sin nombre, Javas candentes
bre de la tutela británica, allá acude Espaila en de pasiones no domadas, y con virtudes y
favor de los rebeldes; cierra sus oídos el Sobera- vicios en abierta pugna, con cualidades y defecno á las sabias sugestiones del Conde deAranda. tos que corresponden á las distintas entidades
Y cuando los pueblos latino-americanos quieren étnicas lJ.Ue pueblan el vasto archipiél11go, mu•
imitará los anglo-sajones del Norte, no hay quien che tendrán que hacer los americanos antes de
hable en tierra espailola de conceder la indepen• · constituir en aquellos dominíos una colonia, un tecía á las nacionalidades que se bosquejan en la rritorio, un protectorado digno de la civilización
libre tierra americana: los Calleja y los Morillo, republicana.
esgrimen su espada sangrienia, levantan patíbuProbablemente primero se dedicarán á sugetar
los en Chihuahua y en Ecatepec, entran á fuego y pacificar las islas de Luzón y Mindanao, á cony sangre en Ayacucho, y sólo cuando cae venci- venct&gt;r á los jefes y caudillos dela última revueldo el ejército castellano en Junin y Carabobo, ta, de su inhabilidad para gobernarse por sí mis•
ó domeilado en Iguala, rn resigna á perder sus mos; se derramarán por el país misioneros laicos
dilatados dominios. Se resigna, decimos, porque y seglares, como apóstoles de la Buena Nueva; y
la independencia de la América Latina fué con• si el comercio, la industria, las artes, la riqueza
quistada á fuego y sangre, nunca concedida. La y c:l bienestar no bastaran á la pacificación, ahí
desautorización de los tratados de Córdoba, que quedan los Dewey y los Ottis para convencer á
firmó el Virrey O'Donojú, la desgraciada ex- los rebeldes con el supremo argumento: lafuerpedición de Barradas para la reconquista de Mé- za de las armas.
xico, y la tardanza en reconocer los gobiernos
X. X. X.
constituidos desde Anahuac hasta el Plata, nos
Diciembre 23 de 1898.
indican de una manera evidente cuán dificil fué
esa resignación;

*

**
TaIJtos florones arrancados, tantas enseilanzas
de la historia fueron vanas: la insurrección de
Cuba.. no fué atendida., las aspiraciones á la independencia no fueron es~ucbadas. Después del grito de Yara, que ocasionó la guerra de diez ailos,
vino la proclamación de Baire, que no pudiendo
ser sofocada por Martínez Campos que firmó las
promesas del Zanjón, ni por Weyler que quiso
contestar á la guerra con la guerra, ha dado oca.eión á la pérdida completa de aquel imperio coloniwl que hizo exclamar A Felipe II: «El sol no se .
pone en mis dominios.»
Ya se ha firmado el tratado de paz en París.
Para que quede sancionado el aniqui:amiento de
ese imperio colonial, sólo falta la ratificación del
Senado americano y la aquiescencia de las Cortes
espailolas. Háblase de seria oposición, por parte
de ciertos senadores, á la expansión territorial y
á. lo que se ha dado en llamar el imperialismo militar. Débil será ante las compactas mayorías de
que dispone McKinley después de las últimas
elecciones; débil será también ante el deslumbramiento que ejerce sobre un pueblo joven el
esplendor de sus recientes conquistas.

EL PERIODISMO

SEOUN UN PER.IOD/STA AC,WEMICO.
(De un discurso pronunciado en ia Academia Espaliola.1

El periodista no e¡¡ más bueno ni mis malo que su
tiempo, ni que sus conciudadanos; por más que se
diga, él no ha hecho e1 siglo, es el siglo quien le ha he•
cho á él. Lo que hay es que la letra de imprenta grita
más que una. garganta y hace más sangre que un puñal; que el periodista mete la reticencia injuriosa, la
frase obscena, el comentario irreligioso en máquinas
de 50.000 ejemplares por hora; y la injuria, y la frase,
y el comentario procrean infiuitament-.,; y son turbión,
nube, plaga. El periodista es una figura en cien mil
espejos, un cuerpo con cien mil sombras; una persona
que se desdobla en cien mil. Sus tendenciall en lite•
ratura, en arte, respecto de los hombrea y de las co•
sas, vuelan muy altas sobre el mundo intelectual de
la Inmensa mayoría de eue lectores, aqul, dunde el saber leer ee ya una aristocracia. Y, estas tendencias,
si de algo pecan, es de ser sobrado espirituales; en·
ttondiendo por esto únicemeute ser muy modernas.
El periodista es hombre nuevo, buscador de noveda•
des, cree en la novedad; y, en cada cuartilla nos hace
una. revelación y en cada temporada descubre un genio. El autor, el libro, el cuadro, el cárnico, la primadonna del dia, eso es lo bueno para él: como ellos no
exist•eron otros, nunca jamás. Susarticu1os,eus cuentos, sus crónicas, sus criticas, no son el alimento que
corresponde al vientre de las multitudes y el que ellas
desean y piden; y puede decirse de los periódicoH
que sirven platos más delicados que el paladar! . . .. . .
Bien lo Silbéis vosotros; pues en los números de gala
***
que imprime su noble vanidad, figuráis no pocas vePero si el tratado de París, como es de presu- ces, y esparcís por toda España joyas y flora"! Las
mirse, no sufre ninguna alteración en el Senado, tendencias del redac,or literario al uso, son ª"anzadigrande y delicada es la tarea que tiene que cum- simas: ya no es burgués, sino anarquista. Tanto es
plir el gobierno de Washington. Puerto Rico no &amp;Pi, que yo soy un periodista viejo, no sólo por mis
años, sino por mis ideas ...... D.ntro de la literatura
• ofrecerá, probablemente, ningunas dificultades; periodística soy un solitario. Ni me asombra Zola, ni
se organizará en territorio como las islasHawaii, me conturba Ibeen, ni me ciegan los fulgores de otras
·
y mal que vese á las naciones comerciales, se es- últimas constelaciones.
-Ni, cuando escribo, me pierdo en consideraciones
tablecerán las tarifas proteccionistas de McKinretóricas sobre la moral en el arte ni sobre el arte por
ley, reformadas por Dingley.
si mismo; temas favoritos de los críticos modernos•..
Después de la promesa solemne del Presidente Literariamente, para mi la novedad es el pasado: mi
de los Estados Unidos en su último mensaje, hay moral es no tenerla; lo que á mi me gusta me pareque esperar h constitución de Cuba independien- ce siempre moral.-Y, respecto de los moldes nue•
....... .
te. Pero antes de que se establezca el gobierno vos¡Loe
moldes nuevos se suelen comprar en el Ra~tro,
cubano ¡cuántos obstáculos que vencer, cuántas y los asuntas fin de siglo son oro antiguo que se pladificult~des que allanar! Por atavismo y por he- tea! Dafnis y Cloe andan por ahi, en las ediciones de
rencia, por condiciones de raza y de clima, el pue- tres francos cincuenta con zapatos de ju¡?ar al tennis
el uno, y con sombrero Niniche, la otra. Ofella ha to•
blo de Cuba es inquieto y descontentadizo: ¿ha- mado ya más chocolates en el retiro que deshojó flo•
bremos de presenciar en esos campos que ha ta• res en su jardin de Dinamarca; y Hamlet reaparece
lado la guerra las escenas sangrientas de las dis• en todas las naciones civilizadas, á fines de invierno,
cordias interiores, patrimonio común de los pue- con una regularidad digna de un recaudador de contribuciones. Esto es en la alta novela; lectura de dablos latino-americanos? ¿No aparecerán la gan- mas que cortan las hojas con el impertinente y de ingrena del caudillaje, la polilla del cacica~go, las telectuales de club. que las rasgan alzando el pié y
manifestaciones morbosas de los pueblos Jóvenes metiendo la bota; pues si considero la de folletín ó pu•
pular, prefiero á la epopeya del agente de policía y al
que no saben hacer us_o de su lib~rtad? ¡Q~ién millonario
hecho Dios. aquellos otros delirios que se
sabe! Pero mientras existan esos smtomas, mien- llaman por ejemplo Los Mosqueteros, donde la gente
tras todos los que han rendido culto en la mani- se riza los bigotes con la espada y puntúa las misivas
gua á la Estrella Solitaria, no entren de lleno por á pistoletazos, pero que son libros de sinceridad; disparates vividos, como ahora se dice; y en loe cuales
el sendero de la paz y del trabajo, y apliquen to- hay-ambieBt&amp;de-ju\tellÍJld,
virilidad épica; impetu dti
das las energías de que dieron muestra durante vida. ¡Más me agrada soñar con caballeros de la Ta•
la guerra, á la gran obra de constituir una patria, bla Redonda, que roncar con golfos ó ratasl Para mi,
allí quedarán las guarnici_ones america~as, allí en literatura sólo hily que hacer dos cosas, hacer bien
quedará el águila de Washmgton, á ver si puede lo que está uial hecho y hacer mejor lo que está he-

463
cho bien. Como vela, mi espiritu no es el espíritu del
periodismo corriente. Mas aunque fuesen indiscutibles est11s afirmaciones miB.B no le debedan ser dichas
al público, que vive de ilusiones y de espe1anzas y
que necesita diariamente refrescar su cerebro y su
corazón. Habría f:!.Ue cerrar las librerías, habria que
fundar asilos para los novelistas y poetas. Los nuevos
moldes. las nuevas escuelas, cumplen, después de todo. una misión, continúan la vida material de sus in•
ventoros y prosélitos y la vía láetea del pensamiento.
-"A estas pildoras las llamo patrióticas. decía el farmacéutico, para su más fácil despacho II Y á ciertas
obras selasrotulanaturalistas, para que pueda creerlas apoteosis de la civilización el buen burgués. No
es.esto decir que nada quedará delos millones de libros
arrojados por las prensas y elogiados por los periódicos. Tal vez quede alguna ob,a. Alguna que nosotros
habremos leh.!o sin enterarnos de ella!
Algo que quede! Este es el BU'lño. el ideal, la gloria
del literato, y, por desgracia, 111 desconsuelo del periodista Los libros van á las bibliotecas, los periódicos á las tiendas de ultramarinos. Transfórmanse en
cucuruchos l~e más Ingeniosas improvisaciones del
redactor de hojas públicas, y luego van al montón de
la calle, al cesto del trapero y al cementerio de los ha•
rapos: todo apenas en veinticuatro horas Bien mirado novelistas, dramáticos, poetas. . . . . . corren igual
suerte. Nada perdura: todo pasa. Han aido agotados
mare~ de tinta en dibujer iipos, en describir costumbres, en personificar ideas, en crear perfeccionados
mundos ...... y la tinta que aún permanece húmeda
sobre el papel cabrá en un mediano tintero! De nuestro gran teatro no ha quedado, tal vez. para el espectador exigente, y no literato, más que una obra de
acentuación y espiritu modern,,s: El Alcalde de Zalaniea. Otras vemos repre11entadas, de otros hidalgos
de la Poesia; pero no lndiPcutidas, y el publico las ve
y oye con atención tan inquieta, que no resiste ni al
airH de 1011 abanicos.
El Alcalde de Zalamea fué un aleteo del genio de
Calderón, en el cual salvó de un arrane.ue tres siglos
del porvenir. Yo he visto representar este drama, hace muchos años, en función inaugural de temporada,
de tal modo, que no hay estrella de mayor fulgor en
el cielo de mte recuerdos. Yo he visto un Pedro Crespo, que se llamaba Valero; un Don Lope de Figueroa,
nombrado JuliAn Rom&lt;1a. y una Isabel dicha por excelente decir, La Teodora. Y los demá::i actores eran
de este fuste-en la r11lación gerárquica de sus papelf's-eran Mariano Fernández, gracioso noble cuando él quería, y la Rijosa y Zamora y MJrales. ¡Brillen
aqui sus nombren, por esto sólo, como cu actores
eximios! Y en la novela, ¿cuáles tenemos que hayan
impuesto á todos los siglos y á todos los gustos? 1La
del manco ilustre! Y las obras que quedan no sólo aon
escasas sino que sus autores no pudieron anticicipar•
se, para ellos mismos, el goce de la inmortalidad deseada. Acaso Calderón, en su Alcalde. pensó no más
que en protestar contra las demas!as de aquellos tercios del Rey católico de los cuales decia :Melo: «Que
eran azote de los lugar Je violentando las leyes del
agasaJo; que hasta osaban desmentir la miEma cortesía de la naturaleza y fulminaban ferozmente contra
la honra del que los sustentaba y s11rvia,; y no pudo
imaginar que alzaba un himno profético: un canto á
la dignidaa del hombre, al respeto d~ la mujer, á la
personalidad humanal Y acaso Cervantes, en las aveRturas de su heroe de lanza en astillero, enjuto de ro1tro, gran mad!ugador y amigo de la caza, quiso escribir únicamente algunas páginas de entretenimiento y agotar los caudales de la risa. ¡La voluntad,
h"lmbra ea, pero no es fecunda.si nosedesposaconese
misterioso ser que se llama el acierto! La Nat.iraleza
produce en lo obscuro. ¿Es que quiere producir, ni
sabe qué produce el Jiamante?- «La inspiración ea el
trabajo, ha dicho no sé quién, ......¡Trabajemos, pues,
todos; trabajemos siempre! ¡.Abramos surcos y arrojemos semillas l. ..... A lo mejor sobre las espigas del
centeno descuella, luminosa, extrañísima flor!
Ni concluye aqui 111, · tristeza del periodista, ni ésta
es la única despedida que debe de dar á cuanto él
crea y confecciona. Porque al fin, el poeta, el litera.•
to, el sabio, e! ignorante, al escriben ó imprimen, lo
que escriban ó impriman será suyo y representará
para ellos, no sólo reputación, &amp;ino dinero. No asi
.el trabajo del periodista: es de todos. El lo da. otros
lo utilizan, lo reproducen-y, tal vez I,, firman y lo
venden -No le amparan todavía las leyes.-En les
Congresos de la prensa 11e ha tratado de este asunto
y se ha propuesto algo. La propiedad intelectual ha
sido desconocida primero y ha parecido luego discutible. Las letras, ee dijo, son una religión y los literatos sus sacerdotes. Todavía se cree por al~uno que
no se debiera cobrar ni los poemas DI las misas. ¡Afirmación gallarda y diabólica. gran receta contra los
poeti&amp;s y los curas! No falta boh'lmio de café que se
arroje y diga, levantando su copa de coñac: «¡Noeotros somos astro(y nuestra luz debe esparcirse como
la del sol! ¡Nuestra· profesión, por ser tan gloriosa,
nos impone sacrificios; como se los imfone ar militar
la disciplina y la Iglesia al clérigo y a fraile; que no
pueden amar con amor de hombres• (Miserable escritor el q,ue va contando las perras grandeé!, ó las pesetas, ó los duros que le valdrán las lineas de su prosa!
Que no podais decir. de un poeta:-¡Es el mejor ....
pm·que es el más caro! ¡El genio preferirá siempre ser
Cervantes á ser Rostcbildl" Bien dicho está; pero me•
jor serla fundir con Rostchild y Cervantes una sola figura. Esto desea lajuPticla dela!glo:y,á la verelad,que
los versos d11 Victor Rugo no sonaban menos blen en
losoidos de loe franceses, porque cada una de sus letras reprl.'sentase un luis y cada estrofa un billete de
Banco. Dos de las pocas obras que han resistido á la
critica y revivido en las generaciones, Gil Blas v Ma•
non Lescaut, fueron escritas por encargo del librno.
Y Walier Scott y Lamartlne han encontrado inspira•
clones, no ya!en la esperanza-de una fortuna, sino ar.te
los paquetes de pagaré. de sus despilfarros. El h11mbre es aconsejadora del.trabajo y mi.dre fecunda por

�464

Domingo 25 de Diciembre de 18!18.

ff,L MtTNllO

VIAJE DEL SR. PRESIDENTE DE LA REPUBLICA A MONTERREY
(F ,tografíos de D . L agrange.-Monterrey.)

Domtngo 25 de Diciembre de 1898

465

EL MUNDO

·!¡
1
1

•··

Monterrf&gt;y. -La Penitenciaria del Estado.

LO.;¡ ARCO~ TRIUNFA.LE!!iJ

Plaza del 5 ,le Hayo

Calle del Comercio.

()alle de lVm,hington.

En la Alameda qua lleva el nombre de nuestro Pretroe rE&gt;presentantes en MontArrPy, A•l como á h de
nuestro colaborador i.,ti,tico, podemo~ publicar en sidento, habla do11 11rco11 de f'Xq1,1,1to gueto y un mo1,umento de pleura P.D cu_vo ci,ntro un.. e.tatua de la
este número.
~l lun.es 19 á las tres de 1&amp; tarde llegó el Sr Presi- Gloria ostenta el r ..tratO dl'l Sr Gl'nl'nl Diaz.
El tra.vecto de la estacióu 11: la CR11a df'l Gooernadnr,
dente á Monterrey, deteníendose Pr -trt-1n e11peciar en
que hizo el viaje, ea la Edtación d ·1 E~rMcarril del fué una continua ovación par• el Sr. Prei!ldAntP.; &lt;le
-Golfo. Otro tren especial habla 11alido para encontrar todos los balco11PM y 11zotea~ llovían fl r reR A su paso,
al ilustre viajero, conduciendo al Sr Gobernador d" y PI put1blo lo ada,nH ba con ,,!vo l'nt.i1Pi8~mo.
Ya ttn ~u alojamit&gt;1,to. ■ alió a. los balcnneP dP la ca•
Nuevo León, á )011·sre~. Generel~s d11 uivisión Gl'rÓ·
nimo Tcevldo y Francisco Naranjo, al Sr Liceuciltdo, ea cou 111.11 di, t 1ugu idas pn1!011a8que lo acompañaban
-General Don Lázaro Garza Avala, al Gllneral Don
Pomposo del Campillo, al Sr Oi&gt;n Antonio V. HPr
nández, Gerente del Banco de Nu..vo León; al Sr.
Don Francisco ArmP.ndariz y M A. Monnom Gerente
del Ferrocarrfl del Golfo, quienes fueron á recibir al
Sr. Presidente á los limites del Ei1t-tdo.
El Secretario del Gobierno,los miembros del Poder
Judicial y de la Ll'gislatura, 10s empleadod foderalea,
la comisión de obdequio r un g1mtto inmenso, llenaban la. Estación, cuaudo se anunció lall!lgada del tren
pr11sidencial
Dado el punto de atención, la batería hizo una ell.l·
-va de veintiún cañonazo,¡, las campanas de la ciudad
se echaron á vuelo y todos los espectadores vi&amp;orl'aron al Sr. Presidente de la República. Ocupados los
coches por la comi&amp;iva, atravel!Ó édt&amp; la ciudad hasta llegar al alojami,mto deritin 1do a, Sr. General Diaz
en la casa particular del Gobernador del Estado.
La ciudad se babia engalanado de una manera vis·
-toeisima: no habia casa por humilde y ap1utada que
iuese en donde no lucieran los adorno¡¡ que indicaban
el júbilo cen que los bab'.tantes de Mont ..rrey redbieron la visita del Prim.ir ~.1.gistrado de la Nación.
En todas las callea que recorrió la comitiva había
~reos triunfales: en la Calzada de la Unión, á la entrada de la ciudad, dos de 6Ptilo azteca, el primero de
ellos con esta inscripción: «Menterrey da la bienvemda al insigne Presidente de 111 R8pública; en todos los
demás, las inscripciones glorift ,·abim los ht'chos memorables de la bi:itoria militar y polítictt. del Sr. General lJiaz.

.,,

,~

,:

nistración de Corrl'os, Palacio Municipal, Eecuela de
J urieprudl'ncia. Pal11cio dl'l GobiPr110 Pn construcción la Penitenciaria y I') HoPpital González.
uel .. dificio de la Penitenda1la damos una vista ge ·
neral :v otra en el momento en que concluyó la visita
el 8r. Prl'sidl'ntt1 v se d:ri¡zió al co• he.
ERIA Fitu,ula cPrca de la bermoslsima Alaml'da Porfirio Dlaz. En 1'1 frl'nte f'Ftán los juz¡zados de lo Civil
y d11 lo C.·imin11I y l'n el pteoPUpl'rior las ealas del Supi,ri&lt;ir Tribunal de Jmticla dl'I Estado.
Lu prisión ti11nl' 2::s6 celdillas rl'partidas l'n siete
grnpos cnnvergemes l'lltre los cuales hay patios con
local amplio para los tallne~ de carpintería, cordelería, zapatl'riR y dl'más l'D que trab11jan los presos.
Admini,tración. cunpo de guardia, bados, cocinas,
Ptc; todo l'Ptá arrP¡zl11do convenlE&gt;ntemente. La coni.•
trncrlón de este ebtablecimiento penitenciario coetó
$223 000.

***
P"r la prl'mura del tiPmpo no publicamos hoy una
vista dt&lt;l b11nqu .. te con qu11 se obsequió al Sr. General Diaz "' miFmo dia 20 en que hizo la visita a los
edificios públicoP.
Sólo nos fné posible obtent1r para este número las
fotogrsfíae que rl'pre,entan el lugar de ese banque•
te, con las mt'BR s y" diPpuestas y el arreglo difinitlvo
momentos antes de que loe invitados ocuparan las
Illl'RIIS,
Ya hPmOR descrito el Teatro Juárez en otra ocaPión dl'd1cando un núml'ro de nue,tro semanario á la
inRuguración de 1'1\f' edificio.
Por la II pariencia di, la Rala convertida t.n comedor
podrán apreciar nu,.st, os lPctores las buenas condiciones qne rl'une el local para un festín como el que
a llí S I' dió " " honn r di'! Sr. Prebidente val mismo tiempo advnti rán .-1 bncn g u- to, la sencillez y armonia
del sdurno y la di~poo1ción en que ee colocaron las
meeae.

,.

l'tlon1nnenCo t&gt;ri¡:-idn al Sr. Presidente
.... la Alanwda,

A reo de Ja Paz

("JI

la Pinza D.-gollado.

para preseuc1ar t1l liesf1le a e UU;&lt; prOCt'blÓ u inmensa
que for maron 1rna descubierta de caballeria, la banda de Estado Mayor, los alumnos del Colegio dl'l Estado, de las 13scuelae dA Juri sprud'e ncia, Muni&lt;&gt;i pales y partlcu lares, miembros de la Academia de P rofeso rt'S alumno'\ de la Escuel11. de la Asunción, ohreroe de diversas agrupaciOJlPII mutualistas. más de mil
socios del drculo polltico Unión y Progreso l'mpll'adoe federales y del Estado, agrupaciones masómcae,
comisionados &lt;le laR c0lonias t'XtranjPras. etc.
En la casa del Gobernador del Estad&lt;', adorn ad a
con sobriedad y gueto, el Sedor Gen,,ral lJlaz v algunas de la.a personas que lo ac&lt;impadaban, veian pasar
la procesión.

A reo_dd trabajo en la Plaza Degollado

----------------- ------------esto;.más sus hijos PHl'lfm sn ra1nftfcos ... El Quijote
no hubiera p••r&lt;li&lt;io niull\ a110qu~ c ..rvantes. our1 Pegún Narei•&lt;• Snr11 'TIOcen,ba hubieeA c1mado Desde
que Alfonso Karr for ,11u,ó su célt1hre frase: «La pro•
pied~d intl'l .. ,1·1nl 0 • nna propi11rlad,• las le,rae han
qmmdo Per burguesa., y lo hRn sirio.
E'! el plagio, .... .,¡ litl'rato. d111ito vergonzoso: en el
periodi~ta. excusabll'; 11qul'l 11labora. é~te t1scrib e al
minuto. Y es dP. itctvertir que •·l plagio no da vid11,
mata; po·quA en laR 1..tr11s hay que eoldn el oro con
el oro y servir el vino adejo en copa de Venecia. ¡N
0

han visto D eedé:n.'nas con percRI, ni la m 1zJ1. de
Hércules puede serv1rl,.s de caballo á loe chiq ,1illo~
¡Ei inÚLil robar la diadem, de Sh •k.i~pet1r e si no ~~
t1en1111u frente, q11e de &amp;u frent1-1 sale el r-,spla.ndor y
no de b. ~orona! D.i todos modos, bu11no f 1 ,rae •~tigar por irreverentf'ls á los que a•alten y de~nnden
al Genio. 1r~uie,t\ robe su capuehón al D lntó q•te Jo
lleve en el Abanico!
lsID~o_FmaNA.i¡omz;FLoams
PA

EL SR. PRESIDENTE DE LA REPUBLlC!
EN MONTERREY.
Breve tendrá,que ser E&gt;eta revista porqu11 ya el pú
bhco .eonoce en todos PU~ prrmenorAs 1... r~•ación de
las f1e~tas con que recibió IR et.pita! neoleoneea l
su _dlstmguido huésped, y á nosotros Póto nos toca
dl'Jil.r aqul conslg-nado uu r• cnerdo de Plla11 v e:z:pll•
car los grabados que gracias á la actividad de nuea•

Esquina s. E. df&gt; la Alameda
Porfirio Diaz.

***

El martP B20 vMtó el Rr. Presidente los edificios
públicos de Monterrey: Palacio del Gobierno, Admi-

Esquina N . E. de la Alameda
Porfirio Diaz.

�466

EL MUNDO.

Domingo 25 de Dfefembre de 1898 _

EL TE&amp;TRO .JU-'.REZ &amp;NTES DEL B.lNCllJETE OFRECIDO &amp;L SR. PRESIDENTE DEL&amp; REPUBLICA

Domingo 25 de Diciembre ie 1898,

EL MUNDO.

''UN DUELO'-'

co, está muy bi&lt;&gt;n pintado y es de una
diafanidad pasmosa.
El dibujo nada deja que desear, y ei.,
fiel el colorido, porque su aparente
uniformidad en lo verde, se explica si
observamos que representa un tramo
cerrado del bosque.
La única nota disonante que en&lt;ion•
tramos en el cuadro-por inútil y por
impropia-es el leoncillo ó algo pare•
cido que avanza hacia el estanque, por
una vereda do! bosque.
No se sabe á punto fijo si quiso ser
estátua ó natural, aunque suponemos
que lo primero, porqu..: lJO se usan los
leones sueltos en los parques; pero de
~odos_ modos está mal hecho y peor
1magmado.
Hasta hoy el cuadro ha gustado bas•
tante, por lo que no será remoto que
sea uno de loP primeros que se vendan!

DAMAS DISTINGUIDAS· r

POR EOHENA,

¿Recordais aquellos delicados versos
de H.ubén Oario, de ese prlncipe mago
de esta América nuestral
El ollmpico cisne de nieve
con el ágata rosa del pico
lustra el ala eucaristica y breve,
que abre al sol como un casto abanico.

"Vista tomada desde el escenario.

El ~i&amp;ne con su inmaculada albura y
c&lt;'n su silueta donairosa y elt,gante,
ea P"ra nosotros eimbolo de pureza y
de prosapia, y antójasenos inseparable
decoración de los viejos parques rea•
les en donde los corteiunos de la Pom•
padour desgranaban al viento los te•
soros de su flordelisada galantería. Y
parécenos que el cisne, cuando con
inimitable majestad cruza las aguas
del estanque, es· un resto viviente de
squellas épocas fr11ncamente sensuale11 éinconscientemente art!sticas, que
viven en nuestro cerebro encuadra•
das en un marco maravilloso de perfu•
mes y de colores, de sedas y de borda•
dos.
Es el cisne un ave elegimtemente
armónica, de voluptuosos gestos y
atrayente ingenuidad, y ya el Padre
Jove dióle gran supremacía sobre las
de su especie cuando encarnó en ella
para gustar loe hibleos ósculos de
Leda.
Por eso llamóle Darlo un ave olimpi•
ca,y en verdad que es esa expresión
el cond.ensamiento de la albura y deta
majestad, de la lilbura inmaculada é
inmaculable y de la majestad ingénita
y sostenida.
Mal! ellas no bastan para tener á ra•
ya las pasiones, y en el cuadro de
EcheBa vemos al ave ollmpica sucumbiendo á los impulsos de la materia.
Dos cisnes -jóvenes y hermosos como
se estila en novela-se disputan el amor
de -una doncella de su raza, y emprenden, á la vista de la hermosa, una descomunal batalla á picotazos, que resolverá sin duda alguna la cuestión
pendiente La hembra les mira impasi•
ble, suavemente arrullada por el val•
vén que sobre el agua imprimen los
impetuosos movimientos de aus adoradores,
La idea, aunque sencillisima, está
bien estudiada y es propia par11 un cuadrito de género.
Ella sirvió de pretexto á Echena para demostrarnos su tratRmiento de las
aguas que es marifico, sin igualar
no obstante al de Enrique Berra.
'El trozo claro,-extremo izquierdo
bajo del cuadro,-que refleja un trozo
de cielo visto entre el follaje selváti-

•~e

''UN ENCUENTRO FELIZ"
POR R. TUSQ.UETS .

/

.

DE O

A~/:

l,

~A,
t::,.,,&lt;-J

"'

.#'

,

(Fot. Tabe1·. San Fancisco California.

Se creería que Tusquets, al elegir
las obras que envió á México, se propu•
so demostrarnos que dominaba todos
los géneros, El Mundo Ilustrado ya ha
dado á conocer á sus lectores dos cua•
dros del eminente pintor, los cuales
pertenecen á géneros muy distintos.
••Contrariada" es un cuadro de detalle cuya maravillosa ejecución hemos
elogiado ya
"Argelina" es na gran cuadro de
efecto, de sobrio pero inte::so poder
sugestivo.
El que hoy reproducimos, Unencuentro feliz, tiene algo de ambos:
Esunidilio,un idilio coEmopolfta, es
decir, humano. A orillas de una fuente,
encuéntraseunmozoconsumoza y ambos entablan un diálogo amoroso, uno
de esos diálogos que en todos los idiomas se empiezan con una sonrisa, sA
tamizan por un sí y se concluyen con
un beso. La muchacha ha ido á reco•
gerf:gft en rústicos cánta1 os que con•
·eer a l!UJ fados, y el mozo, virilmen•
je, 4-i o 'i abrevar á sus bestias. Es•
tas son, al menos, las causas ostensi~les de su aeudimient, á la :fuente;
¿pero en realidad, no serian otras las
que motivaron ese encuentro f eliz't
La expresión de las figuras nos ase•
guran que el, y que ese mozo y esa
mo-za 1m111ren el 7JTI'-Ctmro secreto de
proporcionarse á voluntad esos encuentros felices.

EXPOSICION(ENNACIONAL
DE BELLAS ARTES1
LA ACADEMIA. ;DE SAN_CARLOS)

"lJN Dt:ELO"

Vista tomada de la puerta.

cuadro de J. Eche na , en la Academia de San Cárlos,

Fot.ografia de Luls G. Sandoval.

�1!:LMUNDO

468

Cuadro de R. Tusquets, en le. Ace.demle. de San CArlos.

,. No puede ser mil.e armrmioso el cuadro que dió Tnsquets á 1i1ste sentidlslmo idilio campeRtre La barda
blanca y carcomida, ribeteada de azulejos; las inq uietas enredaderas que trepan con tenaz deear:-ollo; el
emparrado del fondo: las beitiae mlsmae. -impaRibles
y seguros confidente~, -todo converge atlnadamente
ii producir una agradable emoción estética
El tratamiento de iae bardas es ¡¡obrlo y fiel, así co•
mo el del follaje. Bes-tiae-y f+gurae- viven cen vida inten,a y el fondo que se extiende más allá del emparrado tiene bonitos efectos de claro-obscuro.
No obstante que es éste u11. buen cuadro, lo ju7.1gamoR inferior á los otros de Tuequets de que ya hemos
hablado.

"MAÑA ENCONTRADA."
POR B. GALOFRE.

E~ este un cuadro que 1l primera vista.llama la atención é invita á un estudio prolijo.
l)esde luego extraña que un cuadro al óleo tenga vidrio y extrañ, asimismo la extraordinaria minucia del
dibujo y la exactitud de los mái insignificantes detalles. Muchas opiniones hemos oldo y ninguna de ellas
concuerda con otra. Unos dicen que es un mal intento de procedimiento á la Meis¡¡onnier; otros sostienen
q te es un trabajo de miope, más digno de un artlfice
clllnesco que de un creador m1,derno; hav quien supone en el cuadro un trabajo sucio y a¡¡egura que en

"lJX EXClJENTRO FELIZ"

él se encuentran detalles muy ag-enoR /i la pintura 111
óleo y que en él Rfl echó mano de rflcursos que son
del exclusivo dominio clAl artA industrial y que jamás
dl'ben P.mplearse en el arte estético .
No•otros hflmos visto l."l cuadro con detenimlflnto é
impau.ialiclad y creemos que ee un espécimen de un
procedimiento absolutamente nuevo A nueetrv juicio, es un intento de rPforma muy lograd/!, que cier•
tawente llrralg-a en MtMl½l!Onnier, pero-41ue ti-ene- un
tratamiento mis detallado, menos heterogéneo y más
firme.
Q•1Ada por ver 11i la innov11ción AII bella y confel!&amp;•
mos que este punto es mny discutible. Existe hoy día
un inmotivado desprecio hitcia loe detallista.R, que tiene por origen el am11neramiento de la mayor parte de
ello~ Allora bien ¿llay amaneramiento en el cuadro de
Galofre? No, nosotros no lo encontrarnos y vamos más
lejos aún: este cuadro nos \rae muy vivas reminiscencias del inmortal Fortuny.
ietúdiese atentaml'nte el tratamiento y se verá que
por detallado y minucioso que eM, nada hay allf de
convencional ó de relamido. Algunas faltas de proporciones y de dibujo que encontramos, son de una
índole muy distinta.
El asunto es ptntoreRco y Astá bien tratado. Loe andaluces son gante de á caballo como los hungaro3 y
y como nosotros, y en la vida que IJevan hay mucho
color y mucho mrivim!ento.
El cuadro de Galofre representa una escena dfl una
feria de caballos. Se le ha encontrado una maña 111
corcel postulado, y en vano intentan loe vPndedores
borrar la mala impresión por cuantos medios están á
su alcance.

Domlniro 25 de Diciembre de 11:198,

Vomln¡ro 25 de Diciembre de 1898.

469

Fotografle.de Luis G. Sandoval.

Hay algunas figura.e pRrfactamente 11entidae y PB·
tudiadae, y en general, f'l cuadro prod~ce buena !~presión y gnn deleite, cuando se le mira sin preJUl·
cioe ni exclusivismos.
El hecho de que tenga vida, se Pxplica, según creemos. si se atiende á que hay hacinamentos de color
tan finos y delicados que cualquier roce podría destrnlrloe, perdiéndose asi el efecto buscado.
Es digno de e.s.tudiaree este p~ocedimiento de Galofre y sin duda alguna encontrará muchos imitadores. Desgraciadamente es muy probable que éstos se
lancen sin la meditación necesaria ó exajerando las
peculiaridades del maestro, lo que daría por resultado deformarlo y alterarlo, como ha sucedido en lite•
ratnra con todas las innovaciones y rasgos ::aracte•
ristlcos de loa maestros.

ALBUM ART.ISTICO.

NOOHB BUBNf\ EN EL Mf\R

El que prep11ra el aventajado fotógrafo Don
Luis C. Sandoval, contendrá los mejores cuadros de la Exposición Nacionai de Bellas Artes.
También venderá fotografias sueltas el Sr. Sanp.oval, en su establecimiento (5 de Mayo y Alcai•
cería nº 6.) Fotog-rafía N11cional.

VES Lameneek,
era Cápitán de
P.l Á1'CO··Íl'ÍS un
magnírico pailehot de modelo
Rmericano, tino
de la proa, bien
asentado en el
agua. lijero de
arboladura y sóJido en todas sus partes, que estaba tripulado por
-veinte vigorosos marineros bretones y caminaba
con una velocid1td de veinte millas por hora.
Hecho sn cargamento y em barc11dos sus pasajeros entre los cuales figuraba un Reverendo padre que acRbaba de pasar cinco alios en Oceanía,
-el .frco--Iris ha bfa zarpado de Valparaiso á
principios de Noviembre, es decir en medio de la
estación de verano para los pahes del Sur, hxbía
doblado el Cabo de llornosy subía al Norte pera
alcanzar Bnenos Aires que era uno de sus puertos de escala.
El. Capitán Lamenek esperabll que su vi11je
proseguiría con toda felicidad hasta Franci,11
-cuando á la altura de las Islas Felkl11nd se produjo A hordo un acontecimiento que causa siempre la más profunda emoción cuando ocurre en
plena mar, un fallecimiento.
Entre los pasajea&lt;'s de segunda emb11rcados en
Valparaiso, se contaban una joven y su hijo de
diez A doce meses que se inscribieron en la lista
con los nombres de María viuda de Nollet y su
hijo Enrique.
Ella tenía apen!\s veinticinco anos, era rubia,
&lt;le fisonotnill agradable y dulce, pero un poco
salYah y &lt;tunque sus compalieros de viaje y los
mer:neros estuvieron llenos de atenciones hacia
-ella y aunque el Capitán al hacer diariamente su

'
Cuadro ~e B. Galofre, en la Academia de San Cárlos.

ELMHNDO

Fotografia de Luis G. Sandoval.

•

•

visita de proa le decía alguna frase am11ble y le
preguntaba por el bebé, ella se confiab1 poco y
respondía con reserva á todas las prPguntas acaso por timidez ó acaso porque no tenía más que
cosas tristes para referir.
Se sabía que efa normanda y que su marido
empleado en una gran explotación ar""entí rera de
los Andes murió seis meses ante; del nacimiento del nillo, desgracia que inclino á la viuda
al deseo de volver á Francia al seno dd su famiiia. En cuanto á Enrique, era su mamón fresco y
sonrosado con enormes ojos azules como su madre y que sonreía ya á los hombres de la tripulación siempre que le acariciaban, lo cual sucedía por lo menos veinte veces en cada hora.
Una tude, la pobre mujer que aunque un poco
pálida no p1trecía estar quebrantada de la salud
fué _ataca~l l:l por_ unas horribles sofocaciones
murió de 1mprov1s0 tal vez á causa de una aojina
de pecho ó de la ruptura de una aneurisma. El
Capitán levirntó según las regla~ de na ve""ación
acta del fallecimiento, selló los equipajes ....é hizo
constar que no había hallado 11ingún d11to que lo
iluminar/\ sobre el verdadero eqtado civil de la
dirunta. En vano buscó su acta de casamiento, un
pasaporte, un documento cualquiera; no encontró más que un apunte en que se decía que el
chico fué bautizado en Valparaiso pero no se
mencionaban los nombres de la familia de lamadre; ademAs algunas cartas dirigidas de Francia
á l\lr. N'ollet, pero que no daban ningún indicio
que pudiera ayud11r al descubrimiento be los p,1.
rientes del huerfanito.
No quedaba mas que una esperanz11. Como
María Nollet había avisado su vuelt11 á Francia,
probab:emente al llegará San Nazario encontrarían en el Correo carta para ella.
Llenadas las primeras formalidades, el Capitán
ñíspuso las exequias eomo son todas 111s de abordo, iguales para pobres y ricos cuando la tierra
e,tá muy lejos.
E l carpintero hizo un ataúd, acostó en él á la
pasajera y por la tarde, al obscurecer, el CapitAn

y

dió orden de qu~ dos hombres trajeran al por,talón de estribor la caj l, á la CUlll para qne no sobrf'nadase se le h&gt;1.bía amirrado una bala de
caMn.
El sacerdote recitó en alta voz el oficio de di•
funtos y luego el Capitán dijo laeónicemente!
-Bulto á la mRrl
Todavía el mi,ionero rezó algunas oraciones y
mientras, el ataú1sehnndióen las olas con unrumor sordo. E11 ese momento los testigos de esta
escena no purlieron ahogar un grito de terror al
que respondió desde la proa el llorar de un niJio ...... El huerfanito acababa de despertar y
huscaba en vano el sonrosado pezón que sus labiecitos ya no tocarlan jamás.

***
Al día si~uiente, las cosas de abordo recobraron su curso ordinario, el tiempo mejoró y El
Ai·co-.Jris si~uió pua Buenos Aires. En cuanto
al nillo, q11edó bRjv los c1idados de una pasajera
de segunda que expontáneamente se efreció para
llenar esa tarea. No carecería de n11da: la cabra
q_ue estab&lt;1 alojada en el establo de proa, tenía
siempre l1t~ te~as llenas y además todos los marineros le hablan como 11doptado, y en cuanto llegaba la noche, le tomabRn dulcemente en sus manos ene tllecidas. le hacían sonreír, y le arrullaban con cantos bretones.
Así corrieron ocho días. Se arribó á Buenos
Aires sin permanecer anclados más que el tiempo necesario pllra recojer mercancías y puajeros, y luego saliendo del estero del Plata se dirigió 111. pr;)a al hemisferio oriental.
'
Entre los nuevl•S pasajeros venían dos franceses: el ~efi.or y la sellora de Lussay que
volv~an A Fr;rnci! d~spués de una larga permanenc111. en la Repub!Ica Argentina. El marido. Jaco~o de Lussay, ingeniero hmoso, tenía unos
t~e1?ta ~ dos alic-s,_ y era de aspecto agradable y
d1st10guido; su muJer, Raimunda, no había llegado A los veinticinco y era notablemente bella con

�l!:LMUNDO
que d.e bía hacer escala
en Buenos Aires, y anuo~
ciándose á los condes el
viaje.
En este estado las co•
sas un día atacó elcroup
al niño y se lo llevó des•
pués de breves horas de
sufrimiento.
Ya puede imaginarse
cuál sería el dolor de los
infortunados ps.dres que
aún permanecían inc, n•
solables cuando se les
anunció que El Arco-Iris
estaba en puerto.
Para qué ir ahora? No
es á nosotros sino á él
á quien se aguardaba
allá, se dijeron ambos
entre spllozos, pero Lus•
say recobró el valor y
convenciendo á su mu•
jer, realizó el embarque.

su tez meridional, sus grandes ojos obscuros co·
ronados por largas pesta:lias y su opulenta cabe•
llera de ébano.
Lo que sorprendía desdo luego y denunciaba
el modo de ser de 11mbos esposos, era su ternura.
recíproca, su comunidad de ideas y su deseo evidente d¿, no vivir á bordo sino el uno para el
otro y evitar cualesquiera relaciones que pudie· ·
ran interrumpir esta intimidad.
"!)espués de la comida, en Yt'Z de permanec_er
en el salón ó ir a.l pm,nte con los demás pasaJeros, se refugiaban en la toldilla de popa, Y allí
con las manos entrelazadas se aislaban del resto
del mundo, soliaban y permanecían mudt&gt;s eomo
si temieran comunicarse sus pensamientos.
Un día, sucumbiendo al terror que la poseía,
la joven dijo á su marido:
-Por qué volvemos allá si Dios nos 'luitó el
ángel de perdón 'lue me había dado? No creeti
que de nuevo se me arroje y se me maldiga?
-Raimunda mía, desecha esos horribles temores, pues nada de eso es posible. La desgracia
misma que nos ha herido, abrirá de par en par
para nosotros la puerta que nos había estado
prohibida. Aleja tus temores y confía en el porvenir.
Referiremos el drama de familia que motivaba
estas palabras.
Hijo de un coronel sin bienes de fortuna y . de
una mujer noble y orgullosa, Jacobo había sido
destinado por padre y madre á. dorar sus blasones por medio de un matrimonio rico al_ cual podía aspirar por su talento y sus pergaminos; pe·
ro el día en que la condesa de Lussay anunció á
su hijo que iba A casarlo con una millonaria, éste
declaró que ern prometido de la sefl.orita Raimunda Bernier, plebeya y sin fortuna pero á la
que amaba tiernamente.
El conde y la condesa trataron inútilmente de
luchar contra las inclinaciones de su hijo y en
consecuencia la ruptura fué completa y brutal.
Desvanecidas sus últimas esperanzas de esplen•
dor y de lujo, la orgullosa dama arrojó de su ca•
ea y maldijo á Jacobo y á su P,Sposa.
Repetidas gestiones hizo luego para v.:lver á
ver a sus padres, pero ellos se mantuvieron in•
flexibles y entonces lo9 recién casados resolvie•
ron partirá buscar fortuna en América. Instalados ya en Buenos Aires, intentó de nuevo Jaco b?
una reconciliación ,in que durante un afio recibiera respuesta alguna á sus cartas.
.
Un día le dirigió su padre algunas líneas en las
que aparecía algo de la anterior ternura, pero la
sefl.ora Lussay permaueció ínflexible en su ren·
cor hasta que un acontecimiento abrió las puerpuertas del perdón. Rainmnda tuvo un hijo, y ~l
advenimiento al mundo de un Lussay, no podia
. dej!lr de impresionar el -ánimo de la condesa.
El conde escribió:
«Si tu madre cuya salud me tiene inquieto, no te
~scribe ahora, pienso que es por un último combate entre su orgullo y su corazón. Me parece que
¡¡i derrepente te aparecieses con tu mujer ytuhijo, les tendería los trazos á los tres. No resistiría
A una sonrisa de su nietecito.»
No se necesitaba más para resolverá los esposos á regresar áFrancia, y cuatro meses después,
arreglados todos sus negocios, se fijó el día de la
partida tomándose pasaje á bordo de El A1·co-I1·is

,

*
* * por vien•
Jl'avorecido
to v mar bonancibles,
El· Arco-Iris remontaba
hacia el Ecuador, y el capitán aseguraba que no había hecho nunca viaje dad que llenan de harmonía.e en la noche del 24más rápido, en tanto que los pasajeros que ha· de Diciembre los hogares bretones, el Capitán
bían doblado el Cabo de Hornos se acordaban dijo:
-Ahora, á la mesa!
de sus olas tremendas y hallaban dulce y grata
la mar que atravesaban. Si el chico, adoptado
por los marineros no hubiera estado allí para
***
recordar á. la infeliz quo descansaba en el
La sefl.ora Lussay que no quiso separarse defondo del mar, ninguno haría memoria de aquel
su dulce Jesus sino hasta dejarlo dormido, ocuepisodio.
Los esposos Lussay seguian apartados pensan• pó el sitio de honor frente al Comandante y prondo en la acojida que les harían en París y sin in- to cundió por todas partes la alegría.
Solo la mujer del Ingeniero permanecía silenteresarse por nada de lo que los rodeaba, excep•
ción hecha del huérfanito al cual Raimunda aca• ciosa enmedio del bullicio genei:al, y cuando aD
ricia ba frecuentemente, y los días corrían así fin pudo retinarse al lado de su marido, le dijo
cuando r..na tarde el contramaestre se presentó al con voz entrecortada y arrojándose en sus brazos:
Capitán y le dijo:
-Ahora, cuando tenía en mis rodillas al Nifl.o
-Mi Comandante: maflana es 24 de Diciembre Dios, soflé por un instante en que nuestro hijitoy nosotros quisieramos festejar la Navidad.
nos había sido devuelto. El pobrecillo estásinpa•
-Excelente idea ¿pero cómo/
dre y nosotros.... .sin hijo. Este huerfanito po-El padre dirá la misa. Improvisará el carpin• día ser deveras nuestro Salvador.
nero un pesebre y un portal; nuestro buérfanito
-Abl Raimunda: el cielo te inspira. Adopté-será. el nillo Jesus y tal vez la seilora de Lussay
moslo.
accederá á ser la Virgen.
Estrechó á Raimunda contra su corazón y en.
- Bien pensado, Prepáralo todo, Oilic.
los labios de ambos pasó fugitiva sonrisa de feli-Luego se acercó á Raimunda:
-Mi tripulación, sefi.ora, quiere festejar roa• cidad.
Al día siguiente el se:lior Lusa.y pidió una. enfl.ana la Navidad; cuentan con todos los persona• trevista al Capitán y le comunicó su idea de adop-jes menos la Virgen y naturalmente han pensado
tar al huerfanito.
en usted. ¿Consiente? Eso la distraerá un poco.
-Mi esposa, le dijo, lamenta aún á nuestro pri-•
Raimunda interrogó á su esposo con la mi- mogénitc que acabamos de perder en Buenos .
rada.
Aires y que teniendo la misma edad de Enrique·
-¿Por qué no? dijo el Ingeniero.
se parecía mucho á él.
Al día siguiente, por la noche, El A1·co-I1·is pre•
¿Quiere usted confiarnos al huerfanito?
sentaba un pintoreco golpe de vista.
-Sería lo mejor, contestó ·e1 marino; pero coA popa del palo mayor se había instalado el mo entre los papeles de la difunta no encontré·
portal y en él, medio desnudo, Enrique dormía nada que me ponga sobre la huella de sus parlen•
teniendo á su derecha á Raimunda, admirable- tes, si por una carta que se le haya dirigido á
mente bella con su traje azul. A la derecha el car- San Nazario averiguo que tiene abuelos, ó tíos ó ,
pintero muy bien vestido, representaba á San lo que sea, me veré en la necesidad de informar•
José y algunos animales les de la muerte de lll se:liora Nollet y de la predel establo complet ,ban sencia de su hijo aquí.
el cuadro.
-Es verdad, no babia penaado en eso. ¿Y qué
Pasajeros y marinos hacer?
oyeron con devoción la
-Esperar. Cuando lleguemos á San Nazario,,
misa de Navidad y ter- tomaremos una resolución.
minada esa ceremonia el
sacerdote se dirijió al
***
portal donde se arrodilló
A
partir
de
ese
día,
Raimunda
se hizo una ma• ·
en momentos en que Endre
para
Enrique,
sin
quitárselo
sin
embargo A,
rique despertando sonreía y fijó en él sus ojos la excelente mujer que le había venido prodigan-·
do sus cuidados y El Arco-Iris proseguía su rutl..
asombrados.
Al mismo tiempo subió hasta que el 5 de Enero por la noche el vigía,
de la mar un nimbo de anunció los faros de la embarca.dura del Loire y
fuegos fatuos que se en- al dia siguiente se echaba el ancla en San Naza-•
roscaron en el extremo rio.
de todos los mástiles, y
envolvieron el portal en
***
luz azul.
Raimunda y Jacobo se instalaron en el hotel1
Los pasajeros lanzaron con el huerfanito que el Capitán les había permiun grito de sorpresa en tido llevarse provisionalmente, y durante una gran
que había algo de espan- parte del día su ansiedad fué extremada, pero
to, y los marinos aplau- por la tarde llegó á traúquilizarlos el mismo Cadieron esa iluminación. pitán.
No había en el correo carta alguna ni nadie se,
Cantadas por la tripu•
]ación las coplas deNavi- presentaba á. reclamar al nifio.

•

Se necesitaba sin embargo esperar aún algunos días antes de tomar una resolución.
El Capitán empezó por informar á las autori•
dades competentes del fallecimiento habido á bor•
do y luego el Juez de Paz de San Nazario, tutor
legal del hu~rfanito recibió información de los
deseos del sefi.or de Lussay y su esposa, quedando en comunicación con ellos para obrar ulteriormente conforme A la ley.
Convenido todo esto, Jacobo se despidió del
Capitán da El Arco·Iris, y anunció por telégrafo
á su padre, que acababa de desembarcar en San
Nazario con su mujer y su hijo y que al día siguiente tomarían el tren de la mafl.ana para ir á
París.
Algunas horas más tarde vino la respuesta:
«Tu madre está enferma, pero los espera con
no menos impaciencia que yo. Tu antiguo &lt;lepar•
tamento está listo para recibirte. Mil besos para
todos.&gt;
Llorando de alegría la joven releyó este mensaje y al dfa siguiente tomó con su marido y el
nifi.o un compartimento reoervado del tren.
Enrique no iba tan sencillamente vestido como
á bordo, pues su guardarropa había sido enriquecido con multitud de ,:-rendas de gusto y lujo
y se pasaba la gran vida en brazos de Raimunda
que le cuidaba con afán y como temerosa de que
también se le escapara de las manos.
En París, un terror loco se apoderó de ella de
nuevo cuando desembarcó en la estación de Monparnasse, ante el temor de que la Condesa deLussay descubriera la verdad.
Mil imaginaciones la conturbaban sobre laaco•
gida que le harían, altiva, piadosa ó indiferente,
pero el ingeniero la tranquilizó lo mejor que pu•
do y diez minutos después estaban á las puertas
del palacio Lussay. El Conde, que desde una ventana estaba en impaciente acecho, vino á la escalera y los recibió con los brazos abiertos.
En seguida se apoderó del &lt;!"hiquitín cuyos mag•
níficos ojos estaban muy abiertos por el asom•
bro, y lo besó con efusión, diciendo:
-¡Cuánto se te parece Jacobo, y qué bien hiciste en venir! Vamos: tu madre nos espera.
La joven tembló otra vez y tomó al niilo en
sus brazos como para que le r,irviera de escudo,
y los cuatro penetraren al apo~ento de la condesa, que estaba reclinada en un ancho sillón. Cier•
tamente que se le notaban las huellas de la edad
y las enfermedades, pero conservaba aún una

altiva expresión de nobleza y superioridad en su
fisonomía impenetrable.
-Aquí están ya los tres, dijo el Ccronel presentando á los que volvían del destierro.
-Madre! gritó Jacobo arrodillándose á sus
piés.
La condesa sin pronunciar una palabra tomó
la cabeza de Jacobo entre sus manos enflaquecí•
das y se p-y.so á examinar á Raimunda que se
aproximaba ]fmtamente, pálida, sin atreverse á.
sostener las miradas escrutadoras de esta madre
á quien tres a:lios antes le había arrebatado á su
hijo; y parándose á poca distancia se puso á temblar sin fuerzas ya para sostenerse en pié.
Entonces su marido se levantó y le dijo:
-Valor, Raimunda, mi madre te espera, ven
con nuestro hijo:
-Nuestro hijo .... oh! no, ne. Yo 1 o me atrevería jamás ....
Y cayó de rodillas murmurando:
-Perdón, perdón!
-¡Y de qué? preguntó inquieta la condesa.
Y como la joven callaba, afl.adió secamente dirigiéndose á su hijo.

NUESTRAS ARTISTAS.

ANGELA SALAZAR.
[De Guad&amp;lajara.]

Ei una ni:lia, pero cómo interpreta
ya, con qué precisión. y suma de co·
nocimientos y A la vez con qué calor
y vida á los músicos que ama, á los
Cbopin y Thomé, á los Mozart y Bee•
thoven, á los poetas y á los maestros,
á los ruiseiiores y á las águilas!
En las mazurcas, en los nocturnos,
tocando aquel delicioso preludio del
compositor polaco en el que parece que
al compás de una llovizna incesante y
menuda, se quejan todaslati amarguras
de una existencia sombría y melancólica, es su alma de virgen, capullo
de lirio, destello pálido de aureola, la
que vibra en los trémolos y gime en
las cadencias.
Sacerdotisa apasionada de lo sublime, prefiere entre todos sus grandes
amigos, y ese destello caracteriza su
índole musical, al rey augusto que no
dejó herederos: á Beethoven.
Cuando en las teclas de su piano,
que son sus aras, oficia ante él, sus
ojos obscuros reflejan las llamaradas
de aquel sol que no ha muerto.
Perla oculta. que sólo en su hogar
brilla, flor modesta que se enconde y
reserva para sus íntimos sus mejoresaromas, Angela, sencilla y buena, vive
apartada de ruindades y pequeileces;
sin saber lo que es envidia, sin conocer los celos, sola y feliz en su santua ·
rio, en que la adoran, que embellece y
perfuma.
Los que la escuchan le dicen: «Gra-

•

471

EL MUNDO.

Domingo 25 de Diciembre !le 1898.

Domingo 25 de Diciembre de 1898,

-Habla entonces tú.
Raimunda le dirigió una mirada suplicante.
-Si: tieneusted razón.No debemos mentir. Es•
te nillo no et1 nuestro.
-¡Que no es de ustedes! Y se han atr evido! ...
-No condene usted sin oír.
Y Jacobo se acercó otra vez á su madre y le
refirió con acento de profundo pesar cómo per•
dieron á su hijo inopinadamente pocos días an•
tes de embarcarse para Europa, cómo se preguntaron ambos ya en el barco si tenían derecho de
volver solos; cómo no habían podido resistir al
dei!eo de volverá la patria en donde aguardaban el perdón de su plldres; cómo en la mar conocieron al huerfanito que en la fiesta de Nnvi•
dad se les había presentado bajo la forma del
Salvador, y cómo, en fín, se habían resuelto á
hacer su adopción.
Pronfundamente conmovido, el conde había to•
mado de la mano á su nuera que llevaba á Enrique entre sus brazos y la acercaba á la sefi.ora
de Lussay q\}e los veía venir sin repulsarlos.
En ese momento se puso á sonreír y tendió
sus bracitos hacia e¡¡a sefl.ora cuyos grandes ojos
estaban fijos en él y empezó á decir con su más
dulce voz, como un pajarillo que pía en el
nido.
-Mamá, mamá!
Entonces, después de una imperceptible vaei
!ación, último suspiro de su orgullo vencido· y
como s: cesando de ser madre se trasformara de
improviso en abuela, apartó á su hiju, tendió los
brazos á la que por tanto tiempo había colmado
de maldiciones, al nifl.o aquel que como el recién
nacido de Betlem lavaba todas las faltaa del pa·
sado.
Quince días más tarde por medio de una acta
de adopción legal, el estado civil del hijo de Ma·
ría Nollet quedó fijado para siempre, y pronto la
salud de la condesa empezó á restablecerse bajo
los afectuosos cuidados de su nuera.
En cuanto al conde que se había dedicado por
entero á la adoración del bebé, tenía ya el proyec·
to de hacerlo soldado y le repetía saltándolo so·
bre sus rodillas.
-Tú vas á ser otro Coronel Conde de Lussayl
El cielo había derramado sus bendiciones sobre aquella familia, como resultado de la piado•
ea inspiración que tuvo Raimunda en la noche
de Navidad.
RENÉ DE PONT JEST,

cías,» los que hemos contemplado sus
ojos fulgurantes de inspiración, podemos dccirl~tambiéo «Gracias,» tú nos
elevas al ideal, en tus pupilas hemos
podido ver de cerca un astro: «el de
tu genio.»

ENTERRO SU COBAZON.

I

1

Murió en una triste tarde
la hija de Juan Simón,
y era el buen J u11n en el pueblo,
el único enterrador.
El mismo á su pobre hija.
al cementerio llevó;
él mismo le abrió una ZRnja
murmurando una oración.
· Y, llorando como un niño,
del cementerio salió,
con la espuerta en una mano
y en el hombro el azadón.
Al verle le preguntaban:
¡,De dónde vienes, Simón?
Y él, enjugando los ojod,
contestaba á media voz:
-Soy enterrador, y vengo
de enterrar mi corazón
JOSÉ

M.

BARTRlNA.

�472

EL MUNDO.

NAPOLEON.

LOS ENGANCHADOS.
Allá en oculta región sombría

Simoun, torrente, cráter, sobre el corcel galopa
~u corcl'll blanco! ¿á dónde, por fin le llevarál' '
Ve su imperial ejército la rebosant~ copa
del triunfo ¿eternamente su mano esculpirá? ... .

El valle 1'11 bosque, la serranía,

En. medio de la noche la fatigada tropa
tendida en!ª llanura como un rebaño está:
es un contr1sctor monstruo que á la. aterrada Europa
del uno al otro extremo 11menazando va.
Yen tanto que en las tiendas que esmaltan la llanura
ó á la merced del viento que agita la espesura,
'
durmiendo están las águilas del imperial blasón,

Et fértil @urco de la heredad,
Y como litinzo que ciñl'I al mont11
La franja iumenPa d,.l horizonte
Que hace mas vasta la soledad.
Allá en aquPllas selvas calladas,
Mientras las aves enamoradas
Cantan sus himnos á. la quit!tUd,
Vibran. los látigos homicidas
Y ruge airada ae¡rando vidas
Con sus horrores la esclavitud.
En esos campos y en ese suelo
Se 11lzan plegarias que van al cielo
&lt;Jomo una queja, como un clamor .. ,,
Son las plegarias de los proscritos
Que á Dios elevan lob hondos gritos
De sus miterias y su dolor.

la fu~rte die~tra oculta bajo el obacuro paño
del redrngote; rnmóvil, inalterable huraño
como insaciable cuervo está NapoÍeón.
'
AURELI0 G. CARRASCO,

Alll los hijo¡¡ de la indigencia
Van imprlidos por la violeHcia
Y sin quti alcancen á descubrir
~ue alimE»ntados con un meudrugo
Y ante la férula del verdugo
Tienen por fuerza que sucumbir.

,

Cuando cansados y adoloridos
Pobtran sus ,merpos desfal1ecidos
En esa lucha ciega y tPnaz,
Ante su imagen atribulada
~ Ruge colérka y de@piadada
'.:}.J: La voz de mando del capataz.
Cesa el trab~jo. Tristes y mudoR
Van con los miembros casi desnudos
A hallar alivw sobre un jerg-ón
Y_tras de angustias desespnan'tes
T10mbla en sus labios ag-onizant ;s
La ultima queja desu aflicción ......... .
. . . . . . . . ... . . . . .. . . . . . . . . ... . .. . . . . .. . .. . .
¡Seres nacidos en la indigencia
Que por los mart-s de la exietencia
Vais implorando la caridad,
Marchad tranquiloF, que et sufrimiento
Halla en las naves ael sentimiento
Las bendiciones de la piedad!
1Ne¡rroe espiritus homicidas!
¡Almas soberbias, encallecidas
Por el aliento de la ambición,
.r:n vuestras arcas resplandeciente~;
En vuestros nombres y en vuestras frentes
Llevais un nublo de maldición!
Diciembre 15 de 1898.
BENITO FENT.&amp;NES.

,_lijAYO DE LUZ.
Dicen que cnando el sol ya morihundv
Ya á ocuftarse por fin tras la montaña;
Cuando la negra noche se aprvxima
Con su triste cortejo de fantasmas
Su rayo fulgurante se desprende '
De la luz moribunda que s11 apaga '
Que baja con efluvios temblorosos'
Iluminando con aus luces pálidas
El follaje ondulante de las frondas
Y las nubes que flotan desgarradas;
Que á su contacto tibio se iluminan
Con claridades trémulas y va¡ad.
Y dicen que á su beso se estrecen
En su broche las flores perfumadas.
Y. ~uando tus pupilas soñadoras
F,Jae en mi con expresión extraña
Brota de ellas un ravo luminoso '
Que llegande hasta 'el fondo de mi alma
Hace que se despierten mis ensueñod
Mitiga mis congojas y mis ansias,
'
Y á su luz se disipan mis tristezas
¡Y palpitan de amo1 mis esperanu~I
FRANCISCO M. DE ÜLAGUIBJ;;l,.

Domlnl!'O 25 de Diciembre de 1898.

Domingo 25 de Diciembre de 1898

473

EL MUNDO

.PLEGARIA
¡.Qnieres romper conmigo? No es bastante
haberme destrozado el corazón:
preciso es del desdén con el diamante
quebrantarme el cristal de 111 ilusión!
¡.Por qué lo quiebras? es locura acaso
Poñar con tu perfume y con tu luz,
pero no me hagas apnrar el paso
~i ves que siempre llegaré á la cruz ..... .
Si ves que en medio de mi Stnda se halla
Pn acecho el Dolor con sn puñal,
¡.por qué te gozas en romper la valla
y en deja!' libre mi camino al Mal?
Ah! Ya que asilo piensas, di que es poco
mi vuelo para ti: ¡tan alta estás!. .....
dime que soy un necio, un fatuo. un loco:
si más quieres decirme, dime másl
Págame mi cariño con cariño,
ó devuélveme el alma que te di;
pero nunca me en¡:('añes como á un niño.
porque hace tiempo que el candor perdi! ....
Per.=óname si ac11so mi alma rnda
ha turbado tn sueño virginal. .....
No exi~te amor con fe: quien ama duda,
durla cual yo de conseguir su idesl.
¡Y tras tanto sufrir, sufrir en vano,
y tenerse por fuerza que reir,
asi como las olas del oceano
que parece que ríen al morir.........
Debo reir, cual reiría Otelo,
al hallar en las penas de mi amor,
no á desdicha mayor. mavor consuelo.
sino á mayor pesar, desdén mayor! .........
Si quieres tu que m~ arrodille y ltore,
ante ti la rodilla dobla:-é
vergüenza es que entre lágrimas te implore
mas si quieres que llore, lloraré!.........
'
No debes ser un pálido lucero,
Fino un ardiente y vivido arrebol:
yo quiero lumbre y flama, yo no quiero
brlllo de nieve, sino luz de sol.. .......
JOSÉ 8. CHOCAN&lt;'•
DIAHA.NTES

Murió _sin una lágrima en los ojos,
Y era J• ve_n, muy b_eila y muy ijensible,
Y cuando iba á espirar, sus ¡,. bios rejos
Murmuraron: "¡Me mata un lmpodiblel"
El llanto que faltó en esa agonia
Quedó tras sus pupilas, sin embacgo,
Y los gUFanoe de la tamba fria
No lo bebieron. ¡Era tan amrgo!
Más tarde, y al abrir la sep.ultura
Que d1&lt;l ángel guardó el pesar postrero,
Dt1l cráneo yerto entre la cuenca oecnra
U.a diamante encontró el sepultur~10.

Y desde entonces pienso entristecido
Al contemplar las jJ,vaR más preciaaas:
-1Cullntos de eoos d.amantes habrlan sido
Lágrimas congeladas!
J. RIVAS FRADE,

EY LA FIESTA DEL NA.CIMIENTO DE CRISTJ.
Hoy rompe Dios los orbes ce'.eFtiales,
) al de la tierra tan btmfgno arriba,
\Jlle des~rma la diestra v11ng~tiv1t
]'1.ra abrazar con ella á los mortales;
Y pues gime con paz en los umbrales
Un tiempo odiosos la esperanza viva
l &gt;el ofensor, ya próspero apnciba
Al Dios infame júbi,oR triunfales.
¡Oh feliz culpa! que si por inmensa
Nt en los ilt1noij cupieras del olvido,
Ni en méritos de humana recowpensa,
L" justicia y la paz. que tu h&amp;R unido
Libran hoy el remedio d" la oftlnsa '
En el amor del príncipe oftlodido.
AKGE:-i30LA,

DIVERSIONES DE DIAS DE ASUETO.
Cu.rnRo DE ·coNRAD BECR)l.\:,. :-,;.

�Domtniro 25 de Dielembrfl de 1898.

1!:L MUNDO

474

Domingo 25 de Diciembre de 18\!8

EL MUNDO

UEXICJO MODERNO.-EL CJENTRO MER(JA.NTIL.

MEXICO

MODERNO.

El interior del edificio está sub-dividido en lotee
cuya unidad de medida son 5 metroA de frente por
~ de fondo. U no de estos lotee vale $50 en el primer
piso, 40 en el segundo r, 30 en el tercero.
Naturalmente estos ultimos e~tán siendo loe más solicitados, puesto que el elevador hace indiferente la
altura y en cambio tienen más luz que los inferiores
y se disfruta en_ ell~s de un ~elli-imo panorama, del
cual dá una páhda idea la vista que publicamos.
l!;s fácil remover las divisiones entre dos lotes de
manerl:' que ei alguien necesitare dos ó más lote~ en
extensión, pero formando un solo cuarto ó bien subdividido en varias piezae, puede obtenerlo. De este
modo hem~s visto grandes departamentos compuestos de vimos lotes unidades y lotes solos divididos
por elegan~ee tabiques de m,i.dera en dos y basta en
cuatro gabmetes _pequeños, á gusto del inquilino,

LA REORGANIZ1CION DE ESPÁÑ!

•**

Fachada del edUlcJ((constrnido por el Sr. D. José de Teresa en la esquina de la Plaza de Armas y calle de Tlapaleros.
-·······················································································.... ··············•···•·······•···········•·•··································•·····•··········•····················································•······· .....

Sin embargo de faltar t Jdavia ligeros detRllee de cío del propietario, cuando se vean obligados á cam·
biar de casa.
ornameotac1ón en el interior de algunos departamen
toe, pueden considerarse como terminadas las obras
de construcción de este gran edificio.
Comfort y economla en materia de habitación por
Podemos llamarle grande y notable aunque no sea
más sino porquf'I, substituyendo á toda una calle de cualquier parte de la ciudad y con mayor ruón en el
vetustas y as'métricas casas, p&lt;'11ueñas y pesadas co- centro, eran dos ideas incompatibles para el inquilino
mo lo fueron la mayoria de las c,bras inspiradas en la y seguirán siénoolo en bastante tiempo, miemras no
que Hepan imitar al del "Cenestrechez de miras de la época colonial, y á aquellos abunden los propittarios
11
legendarios portales claudicantes, cuyas raquitlcas tro MercantH.
Mucliae veces nos hemos ocupado teóricamente en
arcadas dabau abrigo por el día á los pequeños comeuioe de la miseria y po;· la noche á tenebrosas y demostrar que en México, una de las más ingentes
non sanctas aventuras, ~ió nacimiento á una hermmia necesidades es la de conbtrulr habitaciones que, ofreavenida, amplia y alej('rada por un buei;i número d_e ciendo las comodidH des que los adelantos de la época
edificios comerciales, de pocas pretens10nes artistl· pueden proporcionar al inquilmo, sean á la vez de un
cae, pero muy bonitos dentro de la sencillez del estilo precio razonable.
E,tamos seguros de que más de un propit1tario se
propio del objeto para que fueron constr.uidas.
.
De una manera completa se transformo tin poquísi- ha sonreído desdeñosamente ante nuestra demanda,
uzgándolll utópica é impracticable.
mo tiempo y debido á la natural emulaoió•.1 de los propietarios, la fisonomía •le toda una avenida. antes sucia y desc:iidaday hoy bastante mejor q:ie 111 cacareada de Plateros, con perdón sea dicno de los señores
propietarios.
No son, sin embargo,estoe merecimientos del nuevo
edificio, los que nos mueven µriocip11lmente á descri•
birlo en -particular, sino el hecho de inaugurarse con
él un útil género de construcciones, de las cuales e~ta
es el primer modelo, pues basta qhora nos hablan sido
desconocidas, y la lección provechosieima que para
propietarios é inquilinos se desprende de este ensayo y
que nos proponemos poner en relieve, consecuentes
con el interé~ que nos inspira todo progreso positivo
que se traduzca en ventajas para el público.
Si apenas hace tres años se le hubiese dicho á un
comerciante, profesional ú otro cualquiera bombrG
de n~gocios, que podía ofrecérsele en el centro de la
ciudad y en el corazón mismo del movimiento mercantil un hermeso almacén ó despacho, ventilado, lleno
u~ luz, con alumbrado eléctrico especial pata las noches magníficamente ast&gt;glirado contra los cacos mediante inviolables puertas de acero y un ;:1ervicio propio de vigilantes. con elevador gratuito, con fuerza
motriz si la necesitare, todo esto en un edificio sólido de bella fachada y ornamentación int..rior no meno~ lujosa y elegante y á precios inferiores á los que
se pagaban y pagan actualmente por obscuros y húmedos almacenes, donde se pudren las mercancías ó
las destruyen las ratas en breve tiempo, ó por incómodos y mal acondicionados despachos, lejos del cen•
tro de loe negocios. es seguro que ese comerciante
ú hombre de profesión se habría reído y habría tenido por charlatán al que tal oferta le hiciera.
En efecto, todos los que tienen que arrendar un local para ha.hitación ó negoc,io, han admitido.como.cosa indiscutible y se han resignado á que, para vivir
en el centro, es preciso pagar caro, estar incómodos y
no exigir otros lujos que los que ellos mismos quieDetalles del patio central.
ran y puedan proporc:onarse a su costa y en benefi-

•*•

. ...

················································-

Pues bien, el Sr. D. José de Teresa, cuya iniciativa en materia de negocios es laudable, ha venido á
darnos la razón y el ejemplo de cómo, mediante la
aplicación en una de sus formas del prineipio económico de la división del trabajo, puedan proporcionarse habitaciones para negocio, cómodas, lujf"&gt;sas, céntricas y baratas!
La descripción ilustrada del "Centro Mercantil" va,
á eviden~iarlo.
·
Las vistas de conjunto y detalles que damos de la
fachada de ese gran ed:ficio, nos ahorran toda descripción de las bellezas ornamentales que hacen de él
uno de los más notables de México.
El piso bajo está destinado á grandes almacenes de
comercio, cuya ventilación,se¡uridad y buenaubicación se reconocen á la simple vista.
Tenemos entendido que la mayor parte de esos almacenes, aún no ocupada, debe servir para instalar
la negociación de ropa y confecciones de que ya nos
hemos ocup11do prolijamente en nuestras ediciones
diarias y que llevará ti nombre del edificio.
En la parte interior del pi~o bajo está instalada la
planta eléctrica propia del edificio, bajo la dirección
del mecánico y entendido electricista ingléi, Mr. Theo
Montgomery.
Esta instalación es de seria importancia. Consta d&amp;
do&amp; motores con el dinamo acoplado en el mismo eje
del volante, que es la última perfección conocida en
el género y á la cual se de be que la luz producida por
las corrientes de esos dinamos, no tenga intermitencias ni titilaciones .

Cada motor tiene su caldera especial, con una fuerza efectiva de ocbenti. caballos, yen caso de descompostura de uno de ellos, fmicionará el otro. Actualmente eólo trabaja el motor de seis á d:ezdela noche,
y como el elevador es movido con ener¡ia eléctrica y
hay quienes pudieran necesitar alumbrado en la casa durante el día, se instaló con un costo de quince
mil pesos, una excelente baterla de acumuladoros
que dan luz y fuerza durante el tiempo que no trabaja el motor de vapor. Las personas que por la naturaleza de su negocio necesiten fuerza motriz en sus
departamentos, pueden tomarla en la casa á un precio minimo.
El elevador, del cual damos dos ilustraci,.nes es
de muy suave movimiento y_~e gran precisión, pudiendo usarlo todos los inqmhnos y visitantes, grátls
y desde las 7 á. m. hasta la 11/ 1 p . m.; luego desde las
3 ~asta )as 9½ p. m. Ha.v.un empleado especial con
luJosa hbroa para manejarlo.
La eecalera rodea el eleyador en toda su altura y
está construida en las meJores condicio,•es de pendiente y altura de loe escalones, de mimera que no t-1!moleeto subirla cuando falta el elevador.

El patio central que dá acceso á todos loe departament?B e@ de verdadera belleza con su gran techo
de cristales labrados, sus pisos de mosaicos y sus tres
cuerpos de ga,eria•, régiamente decoradas con estucos y jarrones de bronce de mucho gusto, dominando
en la decor_ación dos ton os, el café y el oro de las molduras y relteves . Nuestras ilustraciones dan una idea.
Damos también ilustraciones de los Jotes ya decorados y o~upad?s po_r las-üf!cinae del propietario y por
un profes10nal mqmlino. Estos lotes tienen vistas á
la calle, as! como el gran e.p~cio, aún no subdividido. que damos también.
De los departame:::tos que no ven á la calle, puede
veree toda una ala, y se advertirá que su iluminación
no es inferior á la dti los primeros.
Entr~ otras comodidadee, Cl;'da piso tiene un grande y luJoso departamento de modores todo cubierto
de mármol, con elegantes tocadores y un mozo con
la librea del edificio, encargado del co11star.te aseo.
Damos un grabado que representa esta oficina. cuy_o cui~ado es de tan poco in~f'lrée ·para los proplt·tarios, siendo aei qu.e lá salubridad de una casa tiene
tanto que sentir de tales de$cuidos.
Una gran parte de las oficinas está ya ocupada, y es halagador ver el movimiento de hombree de
negoeios, clientes, mensajeros y mozos que sin cesár
van y vienen por las lujosas galerías del patio central, buscando á los negociantes y profesionr.les que
acudieron los primeros á aprovecharsi, de las ventajas de este palacio del trabajo, donde tan poco cuesta
tener habitación sana, hermosa, cómoda y barata.
Damos un grabado que representa la sala de jun•
tas de la futura Sociedad Anónima "El Centro Mf'lrcantil," La decoración es severa:, lujosisima. destacándose en el fondo el retrato del Señor General
Diaz, quizá como una alegoría de que á su sabia
ge~tión d1,be el pais la buena fortuna de ver realizados estos adelantos.
Nos consideraremoa largamente recompen@adoe, si
esta descripción logra emulará loe propietarios que
pueden imitar al Sr. de Teresa y pronto vemos echar
los cimientos de otros edificios construidos según la idea que presidió á la del "Centro Mercantil,"

Por creerlo de interés tomRmos lo siguiente de un
manlfiesto de la Cámara Agrícola del alto Aragón.
A causa de la latitud de nuestro territorio, desviado del paso ordi'lario de las lluvias, por su altitud y
estructura orográfica y su apartamiento del centro
del contiuente europeo, que es al propio tiempo centro de la historia moderna., ha debido España, más que
Hingún otro pais, hacer una politica preponderantemente económica; politica agraria y politice. mercantil· de aprovecnamiento de todas las aguas fluviales y
de lluvia, de factorías comerciales en todos los lugares de producción y de consumo del planeta, de aperturas de vías de comunicación numerosas y baratas,
de modestia v de circunspección -en su convivencia
con los demás países . La educación del pueblo, el
cultivo de la ciencia, la libertad politica, las relaciones exteriores, el mantenimiento de laindependtncia,
el orden interior. la expansión de la raza por 1Juevos
territorios, venían en segundo término y requerían
como necesaria condición aquella base económica.
La cabeza y el brazo depPr.den de 111 oficina del estó·
mago. Dime lo que un pueblo come, y te diré el papel
que desempeña en la historia. Spencer ha probaJ.o
que el porvenir será del pueblo que mejor
nutra.
Ahora bien: l!:spaña no produce fa cantidad de substancia alimenticia que necesita para el!tar bien 111imentada: todas las noches, más de la mitad d-, los españoles se acuPstan con hambre . Por eso ha sido tan
lento el cr"cimiento de su población: por eso su vida
media es la más corta de Eur.Jpa. Y de alli por qué el
pensamiento entero de la nación y de sus gobernantes debiera haberse concentrado t'n eso: en la despensa nacional, en PI modo de proveerla, de buscar víveres, como Inglaterra, por toda la redondez del planeta.
l&gt;e hoy en adelante ese debe ser el primer cuidado
y la principal preocupación de los hombree de gobierno; lo que se ha llamado con cierta relativa exac•
titud "politica hidráulica"
Quédanle á la agricultura española dos min11s por
explotar, que valen por algunos miles de millones:
una el agua d'I nieve y lluvia que cae en el territorio,
la cual hay que retener en él, defendiéPdola contra
el plano illcltnado por los embalses y las sangrías, y
contra la evaporación por la labor de desfonde; las sales vegetalizables del subsuelo, álas cuales el bueyy
la mula, con el numilde arado transmitido de caldeos
y egipcios no han podido alcanzar, y que es precise
sacar ahora á la superficie y convertir eh pan, mediante las laborea profundas.
Regar la tierra e11 elevarla casi á la condición de
valore:: del Estado, porque así como t&gt;stos maduran
sus cupones trimeetratmente, aquella rinde todos los
años tres cosech11e. Deffondar la que no puede ser
regada equivale á menudo á renovar su virginidad,
y en todo caso á hacerla más resistente contra la sequia, disminuyendo en una proporción considerable
el c,,eficiente de pérdida de las cosechas de granos,
ensanchando el área de los forrajes de secano, doblando la producción de vino por hectárea y dotando
asi á est11 caldo de aptitudes económica@ para la lu-

ª"

Elevador y su t-mpleado.
psra que, al menos en parte, des.tparezcan esos tugurios que la necesidad obliga á habitar con mengaa
de la salud, de loe intereses y de nuestra reputación
de progreso v civilización.
El Sr. de Teresa ha ga11tado bi.~tanre máede un millón de pesos en este edificio; y mucho dinero en recone•rmr, hermoseando, las numerosas propiedades
que tiene.
El Sr. D. José de Teresa merece bien de la ciudad
de México.
X. P.

I

Detalle del centro de la fachada en la calle
de Tla11aleros.

Entrada principal interior.

�476

Domingo 25 de Diciembre de 18\!8

Domln,ro 25 de Diclt1mbre de 1898.

EL MUNDO

417

EL MUNDO

IIEXICO .l'tlODERNO.-EL CENTRO MERCANTIL.

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Tipo de despacho.

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Sala de juntas del Centro .l'tlercautll.

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Escritorio del Sr. de Tcrei;m.

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Dci;;J)acho particular del Sr. de TerNot.

CajH- del Sr. de 'Fcresa.

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~.,, p.P.
p,Oa&gt;l&gt;O
_,;, m

SONETOS.
(Del libro_Dolor, Ideal, Esperan:a).

_J

I.
Si entre el mundo que palpa y el que sueña
Doquier la enorme discordancia toca,
Si el ambiente le asfixia y le sofoca
De su morada, lóbrega y pequt1ña;
Ah! si su voz, que Jo inefable enseña
Y mue,tas razas del sepulcro evoca,
Muere en la turba indiferente y loca
Cu~I pasajera ráfaga en la peñ i;
Fuerza es que el vate, huyendo de la plebe
Por inviolados sitios errabundo,
Del alma á. noble soledad se eleve:
Que en esa altura. en éxtasis profundo,
Brisas de Edén anticipadas bebe
Y escucha los rum'&gt;res de otro mundo!

II.
Cuaudo en mita&lt;t de su triunf,.nte vuelo
El r/\jo ~ol las cumbres ilumina.
Hac"n loR rayos que su f,.z fulmina
Los tristes ojos 11partar del cielo;
Mas, cuando tiñe de la tarde el velo.
Misteriosa la luIJ?bre vespertina,
La 1111rada, perdiéndose domina
Orbes má:1 vastos que soñó el auh..,lo
Mientr11s la dicha sus fulgoreN lar,za
La m,·nte, hundida en terrenal bajt"za '
NA da divino á. penetrar alcanza:
Crl'pÚdculo del alma es la trist&lt;'z:1.,
A cuya luz la timida esperanza
La playa ve do el infiuito empieza.
,w

:
III

Ay! para el alma en qu .. la fe no anida
Auge! guardian del p1-1nsamiento hu ua.;o
~; el d1Jlor inde~cifrable arcano.
'
Laberit,to sin lumbre y sin salida,
La ment11 por la duda ob,:cureclda
Ea hoscas noches escudrifi 1 en vano
Por qué rug" el dolor, vasto Océano
En a~ estrechis lindes de la vida. '
No asi el _c~"Y ente, que á su cruz ~e :,braza,
Y en la aíllx1ón acrlsolari;e espera
Como el metal en la rugiente hornaz~,
Pen~ando, cual el mártir en la hogu~ra
Que el dolor s.i.elda y para 11iemp~e enlliz'a
Lo que rompió la iniquida.I primera.
JOSÉ JOAQUÍN CASAS.

�,!!;L MUNDO

478

Domln,ro 25 dti Diciembre de 1898.

Do~go 25 de Diciembre de 1898

LECTURA FARA LAS DAMAS

FLORES Y BEBES

PAGINAS DE LA MODA

Una espléudida mañana de primavera en que todo
p_arecia _sonreir, y &lt;JUe la luz _dt1l _sol alegraba el espi·
ritu hac1endole olvidar las m1ser1as de la vida, encontrábanse en nn parque donde la g ente gozosa de la
magnificencia de aquel bello espectáculo, paseaba
riente bajo lasfrondaij delos árboles que se mecían al
soplo de una _nueva brisa que arrastraba el perfume
de mil florec1llas campestres. De la abstracción en
que me tenia sumida la lectura de uno de mis favoritos vino á sacarme el parloteo de una bandada de lindos bebés que en su dulce balbutir trataban de nn
asunto en verdad grave para ellos, ¡de un entierro!
Cené el libro olionte aún á imprentay púeeme á escuchar la conversación de los pequeños hombrecillol',
-Si, decia uno de ellos, de mofletuda !az y grana es
ojos azules que la brisa cubría por momentos con las
rubias guedejas de su angelical cabeza,murióanocbe
y hay que enterrarlo ahora.ahí lo tiene la niñera, pero an_tes de traerlo hay que hacer la sepultura.
¿Co_mo es la BPpultura? preguntó un pequeñln que
mordisqueaba un pastal gravemente.
-Un hoyo grande y feo donde se echa á los muertos contestó un diminuto
marino que portaba el visto~o unifoi:me de los ingleses. '
-Bueno, ¿pero ahl se queda par~ ~\empre? dijo otro pálido y enfermizo con
queda vocesilla que apenas se percib10 entre la algazara que formaban los lindos bebésl
-No,hom°!Jre, se apresuró á contes~arle el primero que hablara, si es un entierro de mentiras, v:amos. no más por Jugar; vamos á hacer el agujer1, debajo de
aqu~llas flores roJas y despué~ le traeremos con música pero yo como soy el
due110 le cargo,
'
Nadie objetó una palabra. y todos correteando se dirigieron hacia un rosal
donde un~s 1?ellas flores ostentab~n. toda.su lozanla y hermosura cual si quhsieran contr1b u1r con ella á la magmftcenc1a de la mañana Desde el asiento que
ccupaba podla verlos, afanosos, con sus pequeñas manecillaR esca1 bando en la
ª!~na que cubrla la calle que divi.'la _los prados; nadie hablaba y toda su atencion est~ba reconcen_trr.da en el trabaJo q?e emprendían; cuando vieron que la
fosa tema la profundidad qu~ desearan, ntJO el que había dirigido los trabajos.
-Ahora si. va~~e á trai,rle pero 3:ntes cort3:remos flores .V' ramas para actor•
narle Y asi lo hiCieron: las margaritas, los girasoles y las bojas de violeta'llenaron sus manog regordetas, y emprendiendo una carrera tan veloz como se
lo permitian sus débiles y gruesas piernas, pronto llegaron á donde descuidadas y parlachinas estaban las niñeras formando coro y hablando temendo por
tema principal de su insulsa conversación, los defectos de sus am~@; y á un .. de
ellas de rostro de ídolo se dir1gió el que habla anunci!ldo la muerte y promovido el entierro, le pidió _algo, y aq~ell~, de una bolea de mano sacó un objeto
envuelt? en ~n papel aJado. La ch1q~1.lleria rodeó al pequtño bebé, que lleno
de pars1moma y magestad desenvolv10 aquello y presentó á los ojos de sus ca•
maradas al travie~o maese Polic~inela; pero, en: ¡qué estado se encontraba el
buen mac.se! las roJas y largas narices caracter!Et1cas hablan desaparecido, as!
como también parte de la saliente barba, la ropilla encontrábase en estado
lamentable y los legendarios cascabeles habían dt1sapacido; triste era en verdad
el estado de\ buen maese que ~n la Navidad y la víspera de ReyeJ hace rew nar sus platillos sobre la barriga, arrullando á los bebés sus amiguitos.
La bandada de lindos enterradores organizó la procesión; á la cabeza, y lle·
vando en la rubia suya al desventurado maese, caminabaRichito, as! lo ol nom·
brar, en averiada caja de cartón y entre multitud de flores de que antPs hablan
h~cho acopio; segulanle sus compañeros formando el má,1 hermoEo acomp, ñamiento, con ramos que llevaban á la. altura de sus bellas cabecitas, los u1100;

....

.(

Fig. 1,-Traje sastre para ciudad.

Fig. 2.-Traje de casa.

LA MUJER.
La mujer, el ser más interesante de los de la cr1&gt;ación; es débil y fuerte á la vez, constante y caprichosa, valerosa y sensible, amante y adorada. Por esto
el Creador la asoció á los destinos de otra arrogante
criatura que se cree el rey del universo, y no es más
que el hombre. Por su debilidad y por todas los atributos de su esencia se diferencia extraordinariamente del que se cree su señor y está orgullosa de ser su
esclavo.
El hombre, inquieto en placer, ambicioso d_el bien
que persi,rue, !atigaiio 1&gt;n su carrera, se agita más
penoso cada dla y vive fuera de su vida.
La mujer. más constante. más afectiva, más mode•
rada de sus deseos y más amante con el corazón que
con 1011 sentidos, con@idéraee sólo destinada al hom·
bre, enorgullésese de C(lmplacerle y limita su upiraeión y su gloria A. pos~1&gt;rlo. .
.
La mujer, que ha udo obJeto de estudio de mu-

choe siglos para los hombres pensadores_, no es ni: serA verdadPramentEI conocida por los h!JOS del siglo
XIX. 1.Qué mano sE'&gt;rÁ tan temerararia que intente
decir lo que es la mujPr? '!'PI vez ninguna. Se puede
comprender lo que PR una ei,posR, una madre, una
hermi,.na y una amantP: pno jamás se comprenderá
quiza lo que es la m11j Pr. Un amigo, un amante, u_n
herm~no un espos(l, 1111 hijn y un padre, podrá decir
lo que vJle y es pi,timahll' PPte titulo respectivo a!•
canzado po:· la mujn. pno todos ePos titulos reunidos no bastan ni con,· ienen las más veces para conocer y explicar este Eér.
El amante sólo 111 ve al través dPI prisma de la imaginación y de la pR~ión df' l amor. El e_sposo, ya la amt1
ó la d1&gt;teste la ve ~1PmprP. ante PUS OJOS y en su corazón tal cual' éstos se la pintan, no como ella es. El
padre es ciego en verá su hija; el hijo ama, respeta
y venera á su madre; el amigo es indulgente con la
amiga.
Es del destino del hombre g-ozar y sufrir por la ~ujer mas no el de poder juz_i?a.rla; porque ésta es un
sér' multiforme. verdadera Proteo que cambia ~e forma á nuestros ojos según las pasiones que hacia ella
nos animan.
La mujer, sér incomprensible, se parece á la flor de

otros, largas ramas de jazmín formando verde arco
sobre el extraño féretro, y todos entonaban una triste melodía de música incomprensible, una música que
sólo ellos podrian escribir y Pjecutar, una melodía
tan llena de sentimiento como la qutl el célebre Gounod escribió á sus pt1queños allligob cuando "El entierro de un muñeco "
Con paso g,av e y sin cesar en su canto pasearon
por todas las callecitall, hafta que por fin el adorable
grupo llegó al rosal á cuyo pié hablan cavado la fosa
pan. dar sepultura al pobre mat'se. Lo que siguió fué
cómicamente grave; tli rubito bajó la caja, le rodearon en gran contusión todos los pequeños, y entonces
el pálido y enfermizo niño que antes preguntara si
maese habla de quedar asl para
siempre, dljo;
- Puo las cosas de un muerto se
bendicen .
- Si, si, exclamaron todos á una
voz, hay que beudecirle, y empezaron á señalar eobr'- el 111ontón de
flores que cubrlan el fé retro las más
grotescas bendiciones. al tiempo qu0
decian algo sin bentido, simulando
sin duda el latln de los responsos;
de~pul'B colocaron dentro del sgujero e! cuerpo del Polichinela, arroju on sob1 e él todos sus ramos, y
1:charon arena hasta cubrirlos por
completo.
1Pobre maese? ah! quedaba entre
floreR y cubierto por el ramaje de
aquel rosal que se mecía al soplo
de la brisa; los pequeños. entre alegres risa!I y cantando, bailaron sobre la sepultura, y colocaron en ella
una diminuta cruz formada con loe
tallos de una campánula que ahi
cerca se encontraba. Alejáronse
dePpués de mi vlsta: la inevitable
lucha por la existencia llevóP1e bien
¡.ronto de donde habla visto el entiP.rro de maei!P; alguna VPZ, y muy
lejos, he visto también llndos bebés
que me han traldo á la memoria á
aquellos. Y donde quiera que estoy,
gústame en los dlae primaverales,
...o;;:;:. cuando las hC'jas de ,os árboles re•
¼,· clén lavadas por la lluvia se agitan
~ al soplo de una brisa fresca y su}¼ surrante y las renuevos de las plan-~
tas brillan heridos por la magnifica
luz de uu sol esplendente, pasear
por Jo¡¡ parques, y contemplando á
los bebés, olr su charloteo que se
confunde con PI piar de los gorriones que se cuentan no sé qué picarescas historias que IPs hace rPgocijur; y he visto bebés alPgres y bebés
tristPP,los unos rt'b ozantes de salud
corretean por las avenid88 con sus
Traje para niña de 9 á 11 años.
débiles y gruesas piernecillas tras
alguna mariposa que revolotea de
aquí para allá burlándo.se__del.afán
A

Fig. 3.- Traje de casa para señorita.

~----------------------------------------------------------------- ---------- -----------------------------------Lectura:para las Damas.

479

EL MUNDO

--

los campos, al insecto del aire, al sol del firmamento
al mundo de los mundos, á quienes sólo el Creador
puede conocer de una manera perfecta en todos sus
elementos y en todas sus relaciones. Por tal razón, el
que ensaye escribir la historia de la mujer, necesita.
un sentimiento exquisito; porque si trata de describir el fuego que la anima y electriza sus sentimientos; porque si intenta describir lo que está más allá.
de los sentidos y pertenece al sentimiento y la razón;
porque si quiere, en fin, penetrar en un foco invisible de donde se irradian todos sus movimientos visibles para lo cual necesita el fisiólogo de un análisis
delicado, de un reactivo tan sutil é inmaterial como
el elemento sobre f\Ue tiene que operar-por estas razones necesita poner en eRpontáneo movimiento y
ejecución todas las emancipaciones de su alma; y el
sentimiento será la luz que ilumine en SllS investigaciones.
B. M . FLORES.

--------•--------

Fig. G.-A.brlgo elegante.

Flg. 6 . - Frac para seilorita.

FJg. 7.-Dos paletots elegantes.

�480

Domingo 25 de Diciembre de 1~8.

EL MUNDO

FÍO. 11.-TRAJlll DE O.ASA PARA DAMA

Falrlade gros negro con sobre falda d_o sarga de_ s1:1da ris tieruo, formando cuerpo tawb1én, acuch1llado/en el cuerpo y en la falda, con bordado de seda.

•

FJG. 12 .-UN BONITO TRAJE DE TERTULIA

Todo de crespón de ee•la bordado, con uua muctlta
lle eatin bordada también. una v!111lta de blond~ de
. Brudelaa en el pecho y una gran cintura de ra~o fino.

Otro pago de $12,000
DE ''LA MUTUA."

· Tomo I

P
oxpoóición

México, Domingo

0
9""bacionaL de ooe
LLaó

Iº

de Enero de 1899.

/Cf teo
LhZ

Num. I

en La Ctca_oemia de &amp;an &lt;8azLoó.

EN ZACA'l."'ECAS.

Sr- D. Donato de Chaupeau:-ouge,
Director General de "La Mútua."
MEXlCO.

Muy Señor mio:

J&lt;'i,cs 9, 10 y 11.-Trt&gt;s sombreros tUtima novedad.
de 101:1 p"queñ,H: los otros se alPjctn de las niñeras y
pasean por la8 enarl'n ,da¡¡ callPjutl!as que dividtm los
prado@, contempla u do l:ts mBtizadas ftu~es_ que gozosas die,m al sol ,m el vaivén dti SU8 u1ov1m1ento@, «te
amo,• «te amfl,• y no la8 t~can, úmcamente laa _contemplan con su:1 gran&lt;illd OJO~ y queda1;1 ptmsat1vo@,
y allá si por casualidad dt1scubreu uua v1olet~, mirando para todos lado,, l1t toman deliL'-.:.ldntneute con sus
manecitas, v espiran con ansia su aroma, cual si quisit:ran con.aervar por Ul.ll.Ch0-tiempo en sus pulmoncillos el delicado pt!rfuwe de sus liudas hermanas.
D . .R. SULTALTA.

H eceta.s útiles.
Buíi.uelos para el chocolate. - Se toma un kilo de harina de flor. y en el ceuiro 1:1e le hace un hoyo y se le

- d e un va111to
echa un huevo entero Despué~ se le ana
rina
de agua ligeramente tibia y s ,J, y @e amasa l~ hª to~in ce,ar con uua cuchara de madera; se le anaded r
da el agua tibia que necesite la puta para qui
muy e~pesa y no muy dura: deepués de trabajar ª 8 •
ta endurecerla algo más que para los ~esos buecos,
se pone un gran caso con mucblsímo aceite; c~m las
m11nos se c1 je la ma@a y se forma una_ rosqullhta; se
echa l'n el aceite cuando es1á muv ca!Jente, sacándola con la espumadera HSÍ que esté bien dorada.
Se aumentan ó disminuyen las cantidades en proporción con los buñuelos que quieran hacerse.

ª

•*•

Con esta focha me ha sido pagado Pn .e l B'lnco de
Zacatecas, por el Sr. D. A11to!1.io Cbávez Ra~lrez,
Agente Eepe&lt;'ial dtl esa Compama. y ."!1 presn1_c1.. del
Sr. Notario Público Líe. D. Tr~nqmhno ~g-mlar, lacantidad ($12,000) doce n~il pesos, 1mportt&gt; de
las póliza8 unm.-ro8 ¡¡11 Ool y oH,tsJ:l l1:1 una de$ 10 EOO
y la otra de $2000 en que e,;tuvo asegurado el bllnor
mi padre

D. JACINTO R. SALAZAR
Antes de concluir quiero hacer constar que el ~i&gt;ñor
mi p~dre recibió en vida dividendos por valor de..: . .
$879.86 cs.: que el costo de !_as do~ pólizas e~ 11 a~os
una y Ja otra f'll o años de v1genc1a, respectivamente, fué de $6.10! 2l! C8., y que á loR 23 día~ d~ haber
hecho la r11t:1awttc1ón d11 pago se puso á mis ordenes
el valor de las repetidas póliz11s.
Soy de Ubted don este motivo su atta. y S. S.

Carolina Salazar.

Para quitarse las pecas: hay que lavarse por las no ·
che8 cou esta compoe1c1ón:
Agua de rosas .......... .100 gramM.
Sulfato de zinc ........ . .. ,O
11
Eijte tratamiento local se complementa con una fricción por la mañana, compuesta de
Manteca de cacao . . ....... .40 gramos
Agua oxigenada........... lO
11
Vloruro de calcio .......... 5
,
En seguida se ponen polvos de almidón.

Nuestros Grabados.
FIG. 1,-TRAJE SASTRE PARA CIUC'AD.

l!:s do h eviotte gri~ acero y está compuesto de una
falda plena, con adorno de brandtburgos y un dormán con el mismo adorno, ligeramente abierto sobre
1m chaleco de seda. Sowbrero turil:lta adornado con
di&gt;s alas de palomo.

g-

Fio.°2.-TRAJE DE CASA.

E.s de escocéij obscuro de lana, con blusa holgada,
oruada de un gran volante y abierto sobre un plastrón de cadenilla. En la falda dos volantes de ligaros
farolille,s
FIG. 3.-TRAJE DE CASA PARA S~ÑORITA.

Es de escocés ¡?ris claro, falda y blusa . La falda
tiene un delantero figurado y la blusa varios tablei os
y una capelina muy 11legante.
Cvllar de seda á rayas negras.
FIG, 4,-TRAJE PARA NIÑA DR 9 Á 11 AÑOo.
Es de cheviotte azul obscuro, estilo marinero, con
falda tableada, blusa holgada, con gran cuello ornado de cintas de seda
Corbatín de raso muy elegante.

!. FIG.5,-ABRIOO ELRGAKTE.

Es nna jacq:uette de cheviotte muv fino, con un gran
cuello de piel formando solapa. Mangas de globo. Falda lisa.
FIO,

6 -FRAC PARA SEÑORITA.

De cheviotte también, azul obscuro, con ribetPS de
piel v grandes adornos de galón de cordoncillo de seda. Faldón redondo. Falda de amplitud media.

DOS Al\1.IGAS.
FOT. DE
.ACUARELA DE POYEUA.

FIG. 7,-DOS PALRITOTS ELEGANTES.

J&lt;'OTOGRAB,\DO UE LOS TALLERES DE

El primero de paño obicuro gris perla, con gran collar y guarda mangas de piel y de brandeburgo; el
segundo cheviotte azul negro, con capelina ornada
de piel.
FlGS. 8, 9 Y 10. - Dos SOMBRERO!\ FIELTROS v UNA TOCA
DE RASO DII' LOS MÁS ENCANTADORES ESTILOS.

FJg. 11. Traje de casa para dama.

Los fieltros ·Ron ambos redondos con adornos de raso negro, el primero en dos penachos y el segundo de
seda crema, alternanlio con una pluma rfaada.

Fig. 12. -lJn bonito traje de tertulia.

-

EL MUNDO•

LUIS C.

8ANDO\' AL.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Ángela Salazar</name>
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        <name>Centro Mercantil</name>
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        <name>Damas distinguidas</name>
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                    <text>Oom1ngo 11 dt: Diciembre de 1898,

u, MUNDO

444

La figura 5 es de terciopelo obispo, está hecha de
una gran bata ceñida con broche fantasía á la iz•
quierda y eleva cuello y solapa y orlas de chantilla.
Es una toilette de gran lujo para la estación.

•

FIG.6 -BLUSA PARA NIÑA DE 10 Á 14 AÑOS.

De escocés de lana, muy olgada, con bonita cintura de cuero, grandes yockeye y un tablero en el
frente.
FJG, 7,-ABRJGO PAR.A NIÑA DE 6 Á 8 AÑOS.
De escocés de lana iormando un frock con capeli•
na figurada, orna?ª de un volante y de gusanillo de
seda en bandas circulares.

TOHO.Il

NUl[ERO 25

MEXICO, DICH MBRE 18 DE 1898

FIG, 8.-GRUPO DE BLUSAS DE ULTIMA NOVEDAD:

abcde.
Bajo e$tas letras estan comprendidas cinco blusas
muy elegantes y la espalda de la blusa e. Las blusas
más orlgmalee son las de.slgnalee con las letras q, Y; d.
La primera es elegantemente avolantada y lll ultima
tiene un gran peso bordado de alta novedad, coronando un plisse muy elegante. Distlngueee por su
sencillez de muy buen gusto las blusas by e.
FIGS.

9y

EXP0SICION NACIONAL DE BELLAS ARTES.
(EN LA ACADEMIA DE SAN CARLOS.l

10.-ELEGANTES SOMBREROS PARA N:úios.

Son de suma gracia y elegancia. E\ primero es un
gorrito de raso rosa con gran apllcac1ón de pluma Y
elegantes fruncidos Pn el frente, el segundo es de paja de Francia drapeado formando la draperia una se•
!ie de graciosos fruncidos.
FIG. 11.-TRAJE PAHA NIÑO DE 4 Á 5 AÑOS,

Fi,s. 9 y 10.·- :t!legantes sombreros para niños.
amor á nuestros hijos, es fuerza que n~estro carácter
se modifique, que abdiquemos de nuestros l'lrrore3 y
que gravemos en nuestro corazón esta palabra:
¡Economía!
.

De cbeviotte fino, pantaloncito ajaretado, jacquecito marinero, chalPco de seda.

AZÚCAR Á LA CANELA.

Se machacan en un mortAro 250 gumos de azúcar rallado, y 32 grar:nos de
canela pa&amp;ándolos por un tamiz de 86·
da, y se conservan en sitio seco.

AZUCARES AROMATIZADOS.
SOBRE EL TABACO,
AZÚCAR A LA. VAJNILLA,

Se cortan en trocitos dos palos de vainllla y_ se machacan en un mertero dtl mármol; se añaden después
125 gramos de azúC'lr. se machacan nuevamente has•
ta que el azúcar y la vainilla se hayan confunditlo de
tal modo que no se les pueda distinguir. Para impedir qne este azúcar pierda su perfume, se pone en un
frasco provisto de dos tapadPras, una, la primera, llena de agujeritoe, y otra, la segunda, que cierre herméticamente.
AZÚCAR AL CAFÉ

Pónganse fin infusión durante veinte minutos 200
gramos de café en dos vasos de agua hirviendo: pásese por uu lienzo: échese en la infusión cuanto azúcar rallado pueda humedecer dicho café, y luego se
hace secar en la estufa ó el horno, y se tamiza.
AZÚCAR j.L ANÍS.

Háganse secar AD la estufa ó en el fogón 20 gramos
de anís verde; májense en un mortero con 2i&gt;O gramos
de azúcar rallado, luego pásense en un tamiz muy
tupido, y guárdense en sitio seco.

Según el "Washington Star" un »indicato de b11.nquero11 in¡leee11 y americanos, ofrece á loe Estados Unidos hacerse cargo de los gastos de guerra
con España, reembolsabll'le en veinte
anualidaues, en cambio de la concesión
ole! monoµolio de los tabacos y de loe
forrocarrilee en Cuba y las Islas FHi•
pinas.
La ciudad Lemgo, situada en el principado de Lippe-Detmold, Alemania,
ha adquirido una celebridad particular. Alll se fabrican para el mundo en,
tero.. . . de fumadores, las pipas más
perfectas de "espuma de mar."
Y se admira que sea en tierra firme,
lejos del océano, donde se confeccionan esos preciosos hornos, es necesario recordar que la "espuma de mar"
nada tiene que ver con la "gran cubeFig.
ta," que ese vocablo es simplemente
un 11,rnbrenombre11 que hace alusión á la lig.,,reza á la blancura de la materia. a espuma de
mar se compone de una tierra
magnesiana blanca y 'JU6bradi•
za, que se hace hervir en leche,
para amasarla en seguida con
una mezcla de cera y aceite de
linaza.
En los alrededo.es de Lemgo
se encuentrar. admirables tierras
magneEianas, que poseen las virtudes necesarias para la confección de esas pipas maravillosas.

l

11 -Traje para niilo de 4 á :S ailos
FIGS. 12 Y 13,-TR~JlfCITO PARA NIÑA DE 15 Á 16 AÑOS

La número 12 es un tra;ecito escocés, con delantal
figurado, dejando ver un plaetronclto yunoe yockeys
de muy elegantes y con cintura de seda.
La figura 13 es de sarga de seda bordada de gslones, abierta sobre una camisola de escocós de seda
d~ mucho g jsto y ceñida por una cintura de raso.

OTRO PAGO DE $3,000
DE "LA MUTUA"

NUESTROS GRABADOS
FJG. 1. -GRAN TRAJE DE
ESTACIÓN,

Es de paño azul obscuro, bordado en grandes guias al frente
y figurand,, en la falda una gran
ala que cae sobre la izquierda.
El jac&lt;i uet es corto y muy justo;
cuello que recuerda el estilo princesa.
FIGS. 2, 3, 4 y 5.-TRAJES DE
CASA Y DE CALLE.

1 .,

FJgs, 12 y 13.-Trajes para niilas de l:S á 16 ailos.

La figura 2 es una blusa de eatln con hombreras y una gran
aplicación de bordado de cadenes de seda.
La figura 3 es traje estilo sastre, de pi el &lt;ie seda lila pálido
con gran bolero acuchiillado, camisola plfssé de seda negra y
ciuturón del mismo estilo, muy
elegante.
La figura 4 es de sarga, con
yacquet y chaleco fantasía. El
chaleco está completamente cerrado y el jacquet unido por dos
grandes botones fantasla. Camisa de batista muy elegante.

EN EL SALTILLO, COAHUILA.
Reclbi de 11 The Mutual LifA In~uranee Companv of
New York" la suma de ($3,000) Tres mil pesos
plata mexicana, en pag·o total de cu1tntos derechos se dt1r1van ae la póliza número 671,631 bajo la
cual y conjuntamente conmigo estuvo asegurado mi
finado esposo
DON IIJG1JEL ARISPE MAR rINEZ

y para la debida constancia en mi ca::ácter de beneficiarla nombrada en la póliza, extiendo el presente
recibo en la misma póliza que se devuelve á la CompNñia para su cancelación en el Saltlllo, Coahuila á
los 21 dias del mee de Noviembre de 1898.
'
Firmado,-Josefa Carrasco vda. de Arispe.-Rúbrica.

Una limosna para el Santo Templo.
(;uadrn pe r José Benlllure Y Gll

Ruperto González del Moral, Notario Público en
actual ejercicio,
Certifico: que el antPrior recibo ha sido extendido
en mi presencia por la Sra, Josefa Carrasco Vda de
Arispe á quien doy fé conocer siendo la firma d~ dicha ~en:ora la 9u~ ella usa en sus negocios. Saltillo
Noviembre vemt1uno de 1898 Doy fé.
'
Flrmado.-Ruperto González del,Moral.-Rúbric&amp;.
Notario Publico.
Unos timbres por valor de $3 50 cs. debidament&amp;
cancelados .

Fo,. de Luis C. 3andoval.

�Domln1rn 18 de Dleft,mbre dfl 1~.

~L MUNDO

446

LASEMA.NA
Un corresponsal ha hecho públicas las quejas
de algunos pintores á quienes causa extrafleza no
recibir invitación persunal para el certamen de
Bellas Artes.
Muy fuera de lugar esa extraflesa toda vez que
por su carácter mismo, estos concursos no llaman
de puerta en puerta en demanda de telas ó estatuas: la invitación es general, se hace púolica
para que todos la lean y la acepten los que quieran, sin compromiso.
Por incipiente que sea el arte en 11uestro país,
y limitado el número de sus cultivadores, no podrían hacerse oficialmente esas designaciones, en
familh1, que dado que no fueran en extremo laboriosas, parecerían ridículas.
¿Quiént:s son los artistas dignos de presentarse en cor,curso? LI\ comisión organizadora no puede pretender un conocimiento exacto y completo de sus nombres y seiias, y menos aún comprometerse á extender certificado de admisión á
priori antes de saber que el invitado va á pre•
sentar obras dignas del concurso.
Tampoco podría estar segura de no excluir en
su lista de invitación a. algún maestro, y en ese
c&gt;1.so, para que nadie quede fuera, se invit1i á todos, sin dirigirse personalmente A ninguno.
Nada más ridículo que llam11r á un artista y
lui•go rechazar sub obras, y nada más inconve
niente que aceptarlas, no por lo que valgan, sino
porque se le invitó y para que r.o quede desairado.
11/W

Estas exposiciones tienen por objeto la exhibición de obras artísticas y á veces result11 que
quienes se exhiben son . ... sus autores.
Y no se refieren estas líneas á los que, desoyendo sinceras advertencias, pouen á la comisión en aprietos y obligan su conciencia á admitir y al público á ver inconcebibles mamarracbos,
monumentales caricaturas del arte, cuyos perpetradores no tienen ni la excusa delos pocos afios.
Más qµe estos inconscientes, s~ exhibe quien,
como cierto profesor que no mencionare, hace figurar entre sus obras y las de sus discípulos un cuadro .... de medalias.
Qmen la;i ha visto no me dice si son de oro;
pero de plata ó bronce ó de lo que sean, lo cierto es que forman vistosa colección en artístico
cuadro que si honra mucho al que lo presenta,
porque en esos discos brillan sus antecedentes,
no da las mejores garantías de modestia y bUE n
sentido.
Acaso el meritísimo profesor pretende que no
se atribuyan sus obras á algún ignorado principiante; acaso, no muy 11atisfecho de ellas, desea
que todos sepan que en otras ocasiones ha hecho
algo mejor.
De todos modos, lo que ese sefior exhibe allí,
es su persona, cosa que bien mirada no ha de ser
fecunda en emociones estéticas.
Hay artistas en el concurso que hubieran podido enviar veinticinco medallas de oro á la Exposición; si no lo hacen es porque ni se estila, ni es
de buen gusto ser heraldo de lapropiafama.

,.,,,,

La Sociedid Real de Lóndres en la que han tomado asiento tantos investigadores originales,
tantos sabios perseverantes que con sus teorías
y sus descubrimientos ilustran grandes capítulos
dt: la historia ~ientífica, ha emprendido una obra
digna. del genio británico y de una utilidad extraordinaria.
A mediados de este afio celebróse en Lóndres
una Conferencia Internacional convocada por esa
asociación con el fin de formar un catalógo General de Literatura Científica. Compréndese la
importancia del objeto y la indefinida variedad de resultados que habrán de provenir de una
sistemáLica clasificación de todas las obras científicas conocidas.
México envió su represer,tante á la Conferencia
y secundando sus planes, se ha organizado una
Junta Nacional á la que se ha encomendado la
formación del catálogo mexicano de obras científicRs.
No podemos gloriarnos de ocupar sitioeminente en el cultivo de las ciencias; pero no corres•
ponde el ~ilencio formado en derredor de la actividad pensadora á la existencia de una verdatlera
eeterilidatl del intelecto mexicano.

Cuatro ó cinco vehementes ditirambos de retórica vulgar forman la reputación de los que explotan el escándalo literario ó periodístico, y una
existencia ente'ra ocupada en resolver un problema
y completar una investigación, no bastan á conmover el indifereutismo social cuyos muros de hielo
no tRladra con su reputación el hombre de pemamiento.
Por eso creemos que aquí la ciencia no progresa ni en su difusión ni en las especializaciones de
un cultivo carifioso y fructífero, al par que l,1
literntura y las artes, productos que se nos antojan mas 1.aturales y propios de este suelo y de
la raza que lo habita.
El catálogo de L1Leratura CientHica nos dirási
hay razón para juzgarnos como nos juzgamos, ó
si hay motivos ¡,ara cstentar galhtrd0s ejemplos
de útiles conquistas eu el terreno de los conocimicutos c1entíf1cos.
11/W

El vü1je del Sr. Presidente de la República á la
capital d(:j Nuevo León, viene á d11r á la nueva
posición que ocu¡::a l\Ionterrey entre las primeras
ciudades de la República, algo como una conffr.
mación de la justicia con que pretende aquel ewporio fronterizo el reconocimiento de su fama.
l\Ionterrey conquistó búbitamente y como por
sorpresa su inmensa prospHidad, pasaudo en un
día de la modesta línea en que afirmab:i su prog¡-eso á la dominación industrial de inmensa zona
tributaria.
No ha sido obra del azar esa transformación
violenta: concurrieron á ella múltiples factores, y
acaso su sirnación topografica uo es el menos ilnportantt:; pero el carácter de su put:blo, su homogeneh!au étnica, e; adelanto de la instrucción y
hts ideas de ahorro y cooptración y su constancia
eu el trabajo, Jleváronlo á la compren:iión de lus
nuevas condiciones económicas del país, adaptando sus e~fuerzos á la3 exigencias del industrialismo cvnLemporánto.
Por eso, no bien sintió el primer contacto civiliz11dor la Ciudad frontei iz,¡, sus hijos emprendieron la conquista mercantil de amplios territorios,
abriendo vías exrnnsas que la necesidad de la
competencia ha ensanchado y derramando los
productos de una labor industrial extraordinariamente activa en los mercados que supieron
dominar.
Ciert11mente, el elemento extranjero ha cooperedo en vastas proporciones á la re11lización de
esos progresos; pero allí el mexicano no vi ve del
para:,itismo ocioso ni en la condición pr1::ca1 ia
de la inmovilidad: se agita, proyecta, trabaja,
ahorra, busca la asoci«cióu y a.masa en ella las
grandes fuerzas que tal1:1dran la roca, clavan
el riel y montan las poderosos máquinas modernas.
DICK.

¡Jolittm Q&amp;.cn.crttl.
RESUMEN'. -FRANCIA É INGLATERRA. -LAS DECLARACIONES DE UN MINISTRO. -TODAVÍA LA
CUESTIÓN DE Ji' ASHODA.-LA ARRuGANCIA BRITÁ·
NICA. -ALEMANIA Y LA ALIANZA FRANCO·· RU8A.
-FIN DEL ESPLÉNDIDO AISLAMIENTO DE lNGLA·
TERRA. -CONCLUSIÓN,
Impulsado por su propia iniciativa ó inspirado
quizá por in~inuaciones de Londres, el embajador
inglés ha causado profunda sensación en todos
los círculos políticos y diplomáticos de París, con
un tremendo discurso que renueva en todas sm
partes las acusaciones de Chamberlain, las apreciaciones de Ilicks--Beach y la acritud creciente
que Lord Salisbury ha manifestado en cuanto se
refiere a. las relaciones con Francia.
No bastó que el gobierno de París, cediendo á la
prudencia y el buen sentido,renunciara en lo absoluto á las gloriosas conquistas de l\Iarchand,
que por caminos iuexplorados, por selvas espesas y caudalosos ríos iba plantando su pabellón
victorioso en nombre de la República francesa
para buscar un puerto de salida en las aguas del
río sagrado. No bastó que Francia, abogando sus
sentimientos patrióticos, haciendo á un lado sus
arrebatos meridionales, acallando los impulsos de
su pueblo, extasiado ya ante las relaciones legendarias del que llamó héroe de Fasboda, evitara
todo m&lt;'tivo de conflicto, se abstuviera de sostener sus conqubtas que consideraba en buen de-

recho, y cediera en favor· del Jedive tierras que
habían consagrad.:&gt; ld somb~a des~ bandera _Y las
azafias de sus expedicionar10s. Mientras Bnsson
y Delcassé resistían prudentemente á las insinuaciones del gabinete de Saint James( L~rd SaJisbury hacía halagadoras promesas, rnd1cando
que toJo habría de discutirse y se llegaría á satisfactorios y amistosos ac~erdos luego que se hu-biera dado la orden de retirada á Marchand.
Si el objeto prmcipal de la expedición del valieute y osado explorador había sido llegar á las
riberas del Bhar el-Gba.zal, para alcanzar un punto
de! Nilo Superior abrir una vfa de comunicacióu entre el Nig;r francés y el Sondan, y uni-r
por medio de factorías Egipto con el Senegal, el
s11cr1ficio hecbo por }&lt;'rancia al abandona-: l!'ashoda debía tener alguna recompensa. Así lo daban
á entender los diptomáticos iugleses á los representantes dt:l gobierno francés, así couvencieron
á éstos mejor que con las amenazas; así lograron
su objt'tO final mejor que con los movimientos de
sus escuadr11s, la actividad de sus arsenales y el
aparatoso apresto de sus preparativos bélicos.
Así suavizaron en lo posible las asperezlls de la.
derrotli diplomálica, halagaron las susceptibilidades del amor propio francé3 y evitaron las explosiones pati ióticas de un pueblo que no pudo
considerarse dendido.

***
Pero hay algo más, sin duda, tras de esas halagadoras ¡.,rom1::sas, algo que otra vez hemos Rpuntado, que em¡.,uja acaso de una manera inev:table en formidable choque á los dos grandes pueblos occidentales de Europa que más han trabajado por el progreso humano, y han rendido mái.
forvientes cultos en los altares de la civilización.
Sir Edmund Monson acaba de decl11rar, con la
autoridad que le presta su carácter de embajador británico cerca del gobierno de la República.
francesa, que no hay esperanzas de nuevos arreglos amistosos; que el mismo derecho que asistió á
Inglaterra para exigir la retirada de Fashoda.
servirá pi,ra sostener el dominio de Egipto sobre
todo el valle de Bahr-el-Gbázal, y para re.chazar,
por ende, toda pretensión de Francia á obtener .
un puerto en el Nilo Superior. Entra en apreciaciones sobre la política interior de Francia, censura la actitud dela prensa, ataca indirectamente la inestabilidad de los gabinetes, y al insistirsobre la grandezl\ del Reino Unido, aconseja moderación y buen seutido á los que han dado pruebas palpitantes de buen sentido y de moderación,
durante toda esta campafia, tanto más dolorosa.
cuanto qu0 ha Vfnido en un período de agitación
en el interi:.r de la República.
Que Sir Edmund Monsonhay a obrado por su propia cuenta ó aconsejado inmediatamente por el Jefe del gabinete i11glés, el efecto;sobre Francia ha.
sido el mismo. Ya se dejan oír las voces guerre•
l'llS que anuncian el combate; los heraldos de la
opinión hacen sonar las cien trompetas de la.
prensa y proclaman ante el mundo entero los manejos equívocos de la pérfida Albión.
De capital en capital, de gabinete en gabinete,
circulan rumores alarmantes, se habla de combinaciones posibles entre los puPblos, de alianzas
probables, todas tendiendo á mantener firme esta amenaza tremenda: la guerra continental.

Para contrarrestar la altivez británica, que se
cree duefla y sefl.ora de todos los mares y capaz
de desafiar con sus escuadras congregadas la.
combinación de todas las de las gr1.1.11des potencias, amigas ó enemigas, se murcnurll por lo bajo
la inteligencia posible entre Francia y Alemania.
No es que se considere fAcil el olvido de anticruos.
rencores y el perdón de viejas ofensas; no e:que
se juzge la situación capaz de llegar al extremo de conciliar completamente á los vencedores y vencidos de 1870; pero ante el peligro,
todo cabe. Hoy es Francia quien ha tenido que
s?portar_las_exigencias de esa insaciable expanc1ón territorial de Inglaterra; en las mismas condicciones se encuent ra Alemania por sus colonias
africanas. Siempr¿ han creído los poiítícos alemanes que su imperio colonial estaba á merced de
las flotas inglesas, por eso se ha vi,to el deseo
invencible del Emperador de aumentar competentecne?te marina de guerra, á fin de resguardar territorios que han costado no pocos sacrificios, y son legítima esperanza p11.ra el ensanche
creciente de la producción alemana, urgi1a de

!ª

Domtago 18 de Diciembre de 1898

nuevos mercados y centros nuevos
de consumo.
Si es verdad que la iniciativa filantrópica de Nicolás II llevaba ante todo por objeto el humanitario fin de aligerar las cargas que pesan sobrn los
pueblos, en forma de abrumadores presupuestos de guerra y marina, no se
oculta a nadie que tras de. esa nobleza bien puede ocultarse el problema
político de ir acercando lentamente á
Francia y Alemaniit, hasta llegar á la
conciliación que sería el gran desideratum, y no encontraría ningún obs•
táculo, obtenida la neutralidad de Alsacia y Lorena de que también se ha
hablado.
¿Qué sería delReino Unido ante esa
alianza formidable aunque difícil pero
de ningún modo imposiblei' ¿Cómo podría resistirá los ataques de Rusia contra sus posesiones d~ la India, mina cargada que sólo espera una chispa para
entrar er, colosal conflagración?
Arrogante siempre Ingl11terra cuando no encuentra resistencia, bombardea Alejandría, destruyeZanzíbar, degüella cipayos, acuchilla zulú es, diezma matabeles, encadena reyezuelos
11fricanos y marca con sangre y fuego
las huellas de su paso. Raras veces se
encuentra en su historia hazafias notables como las de Kitcbener en Berber y en Omdurmán. Hábil ante todo,
se escurre fácilmente, huye de las contiendas, esquiva los conflictos cuando
no está segura de la victoria. La unión
de Rusia, ~'rancia y Alemania indudablemente la haría retroceder. La
agregación de la gran Germanía á la
liga franco--rusa que ha sido desde su
celebración prendasegurade paz, afirmaría ésta en toda Europa y acaso sólo serviría para eclipsar los esplendores de ese aislamiento británico, de
que tan orgullosos están los ministros
de lareina Victoria.

X.X.X.
Diciembre 16 de 1898.

.LA NOCHE DE NAVIDAD
EN PROVENZA.·
Son interesantes sobremanera las costumbres y las
ceremonias que los provenzales practican en la celebracUn de la gran fiesta de la Navidad de Nuestro
Señor Jesucristo.
Algunos nouve ó villancicos (nouve es también la
traducción de Navidad) de Saboly son el aperitivo de
la gran comida del 25 de Diciembre que se prepara en
el hogar, en unas inmensas ollas ó sartenes á propó·
sito para los numerosos convidados que asistirán á
ella En efecto, , es la costumbre en ese dla, reunir to•
dos los miembros de la miama familia en la casa del
jefe ó abuelo, y no es raro enconti-arse hasta veinticinco y treinta personas al rededor de la gran mesa
de Navida&lt;i. El abuelo la preside y de cada lado secolocan los miembros de la familia por rango de edad.
Tres velas ordinar:as de sebo, dos grandes y una pequeña, ocupan las dos primeras las extremidades de
la m'lsa, la pe,iueña se coloca en el centro. Esta figu·
raes la de la Santa Familia José, Maria y Jesús en
medio de sus padres. La comida empieza por una ensalada muy blanca rociada con ~ceite de olivo en el
cual se han disuelto algunas sardinas con ajos tostados, después una salsa de espinaca; y en fin, el plato
tradicional de bacalao á la provenzal. Vienen en se•
guida los postres que consisten en grandes pasteles
de mantequilla llamados fougasso y en turrones de
almendras Pero antes de tomarlos se observa la gran
ceremonia de la bendición del pan y del vino. El
abuelo toma uu gran pan, lo bendice, lo rompe y lo
distribuye entre loe asistentes; después tomando un
enorme vaso de v:no puro, lo bendice también. bebe éi primero y lo pasa á cada uno d~ los miembros de la familla para que beban á su vez, hiAs·
ta. el niño recien nacido si lo hay. Esa ceremonia es la
de la institución de la. divina Eucaristía, sacramento
por medio del cual Nuestro Señor Jesucristo debla
quedarse ~nido á los fieles cristianos, alimenté.ndo!os
con su carne adorable y su sangre preciosa.
Cuando todos han probado el vino el abuelo se levanta, toma una rama de olivo, emblema de la paz, y
roela con ella y con el vino del mismo vaso unos instrumentos de hierro que retienen las c:,enizas en el hogar v que llevan el nombre de cachofiós. Ei:_tos cachofiós que tienen habitualmente una empunadura
de cobre liso ó esculpido con diversas figuras·no pueden ser sino los dioses Lares de los viejos romanos
protectores de la. casa, del hogar y de la propiedad,
de modo que esta última ceremonia es meramente

Da:rnaa di~tinguida.s.

Tiroliro. liro lou gaú canto
Nom;e! Nouvél
Terminado éste, toda la familiR se dirige
en caravan11 hacia la iglesia dt'l pueblo
pbra asiRtir á la misa de media noche,
después de la cual cada 1.no se retira a su
propia casa.
Tal es la vieja costumbre de Provenza,
en esa gran fiesta de Navidad_

",UNA LIMOSNA

Pf..R! !L ~AlfFO TE]l~t'.:O...r
POR JOSID BENLLIU~E Y GIL.

Y en ~-~a ni~idez que al hielo enoja,
agresiv", vivaz. llameante, roia,
se destaca la veste dfl mona_qó.
Amado Nervo.

La idea religiosa ha dado. en todos los
tiPmpos, abundantes asuntos á las artes
plásticas
Esculpió el paganismo en pentélh•o
mármol las Pfigies de sus dioses y más
tarde el catolicismo-no el cristianismo
-pintó á sus sautos. Hoy tod11vla, el templo inspira á menudo á las modernas manos creadoras, mas de otra 11uerte que en
los tiempos idos.
No ya la impecable forma flsica de la
mitología greco-romana, ni la recortada
expresión mistico-p~icológica del divino
qua.trocento, sino lo que la decoración
religiosa ofrect. de vistoso ó de colorido ó
de tenebroso, es lo que hoy suele animar
á los sacerdotes de !a plástica. Aq11ellopegan:smo y quattrocento es intensamente bello y lo ~erá por s1empre; mas para
cr11arlo en las postrimerías de este siglo
XIX, es preciso confesar que habr[a menester de una buena dosis de artificio.
De aqul que,-aunque pese á los torpes que proclaman el exclusivismo del
desnudo sólo porque éste es bello y no de
otra suerte como el pergar.:iino académico
combate por el exclusivismo del soneto y
de la oda-el desnudo vaya desprendién.
dose cada dia más de los grandes pinceles para ceder el campo á la contemplaSra. Laura Formento de de la Torre.
ción de la vida real y desbordante y de
la realización de bellezas positivas. que
Fot. de Valleto.
-----------------------------------·----------------------- mayor sugestión habrán de ejercer en
el moderno sentimiento pue.to que están
un resto d11J viPjo paganiRmo. lo que no debA sorpren• dentro de su comprPnsión y verificaciónintuitivas, e11
dfl:o si se considera quetodit Franela, ante&amp; Galia, fué decir, dentro de su medio.
colonia romana antes de Jpsucristo y varios siglos
Hoy, el artista toma del templo la sensación artlatidespués y que la Pro venza estaba más cercana ála me- ca ~olamente, ya no hay el 11entimiento religioso; hoy
trópoli. Los convidados acompBñan al abuelo pontifi• pinta el artist!l, ya no predica
ce durante esa CO!'emonia, se ~ientan en seguida á la
Varios cuadros de esta índole podremos contemmesa y despué~ de haber comido los turrones, se le- plar en la próxima Exposición Nacional de BPllasArvantan todos y vienen á colocarse en unos asi ..ntos, tes, y de ella eR el de Benlliure que titula: ",Una lien forma. de semicirculo ante una inmensa hoguP- mosna para el Santo Templo l. ... " y que el pública ha
oa formada con enorm 'IS trozos de leña. que arde con bautizado ya, más lacónicamente, «Limosna •
ruidosos y grandes chisporroteos en la va?ta chimeEl asumo no puede ser más sencillo: un acólito, re•
nea. El abutilo ocupa el cPntro dt:l st:micirculo y los vestido de la púrpura usual, pide limosna. E11 la figuniños se acuestan en el suelo á los pi-és d-elas person-as ra capital y única; las demás sólo le sirven de cuadro,
grandes. El jefe de la familia pone entonces lae ma- incrustadas entre las sombras del templo ..
nos en las rodillas y con tono solemne empieza á reLo primero que se experimenta al encontra1 se frenferir el Advenimiento de Cristo con todas sus diferen- te á frente de la obra de Benlliure, es una sensación
tes circunstancias. Todos loe oios se fijan sobre el de rojo y blanco, como en el soneto de Nervo cuyo
abuelo, los pechos no hiten ya para no turbar la na- último terceto sirve de eplgrafe á estas lineas
rración, y las bocas se abren como para recoger toSólo que no trató el artista de manifestar simpledaq las palabras que s11len de los labios del pontífice. mente el contraste de la albura y de la sangre, sino
Al terminar la narración el abue'o enciende ba- que quiso que blanco y rojo se destacaran, contrasbitu3lmente una pipa de tabaco y sigue refiriendo tando entre al. sobre un fondo Ióbregoysombrio. )Emcueiltecitos á los niños mientra11 que las otras perso- presa audaz, en ve.dad, que Benlliure tuvo el tino de
nas cantan villancicos. humedP.ciendo todos y de cuan. realizar maravillosamente!
do en cuando, la garganta con un buen vaso do vino • Veamos la figura capital, el concentro del cuadr.::
puro.
estudiemos su contorno general y veremos cuán airoNo se duerme en esa noche es la única en que los sa y cuán sentida resultó la representación del moniños tienen licencia de Telar esperando la solemne nago.
mi11a de media noche anunciada pronto por el canto
Es un gamin simpático y bueno, ftU6 mal se halla
de Jo., ¡!'allos que no deja de hacerse oir hacia las on- dentro de la svtana y del roquete y que está pensance y media, y en caeo de un olvido de pa·te de esos do en quién sabe qué atractivos del arroyo mientras
gallinaceos hay siempre quien se encarga de imitarlos. con unciosa voz pide la limosna para el templo. Su
Entonces se entona. al unlaono el villan~ico:
rostro fre~co :r juvenilmente ingenue, desborda vida,
y se comprende que, aunque dedicado al servicio saTwoliro, liro, lou gaú canto:
cro, es ese monaguillo un capullo de hombre que
Nouve! No·¡¿ve!
siente en toda su amplitud el gusto de vivir y que es,
tá dispu11sto á exigir de la vida c1u porción de goce,
'!'iroliro, Uro, el gallo canta: Navidad! Navidad!
esa porción cuya demanda es el sagrado y universal
Se dt1scubre en st-·guid" el altar formado habi- derecho de los hombres.
tualmente de la VfrgP.n Maria, de San José y del Niño
Hasta aqui el estudio psicológico en el cuadro. Nos
Jesús recostado en la paja de un pesebre, en una po- queda ver el tratamiento quP, como en los cuadros ó.e
bre cabaña de Belén y c11lens1&lt;do por el aliento de un Tusquets que ya hemos descrito y reproducido, cona.
buey y de un asno. Encima se ciernen unos ángeles tituye el mayor mérito en la «Limosna&gt; de Benlliure.
que tocan instrumentog de cuerda y el campeíitre pi· El fondo sombrlo de que ya hemos hablado, es un bofano. Junto á la cabaña sr eleva el arbol de Navidad nito estudio de tonalidades bajas y de modelado. Los
que consiste en una rama de olivo, á la cual se han fieles que asisten á los santos oficios, se adivinan
suspendido todas las muPstras de las frutas del pi.le, a.penas en la sombra, pero se adivinan en lit:eamiencor:eervadas para este dia. Se canta delante del pese- tos precisos Vease el viejo que está en primer térbre el villancico:
mino, á la derecha.
El icono mariano del altar lateral, asi como el cirio
Un poutoun, un poidoim
que arde ante él, tienen hermosos efectos de luz, que
Sus li f auto e li pé de l'enfantoun.
se sorprende fácilmente si se mira su ejecución muy
de cerca y, alejándose en tieguida, se contempla el
Un beso, un beso en las mejillae y en los piés del efecto obtenido.
niñito.
Asimismo hay que estudiar los encajes del roqueAl mismo tiempo el ab1111lo dando el ejemplo besa te que á nuestro juicio so11 un tour de force de pintura
las mej,llas y los piéd del Niño Dios y todos loe demás moderna y forman el clou de este cuadro. Mirados de
Jo imitan.
cerca se ve que eután hechos, al parecar, de una esSe repite el villancioo:
pesa mezcla de blanco y bermellón, amasada á espá-

�448

EL HUNDO

Domingo 113 de Diciembre de 1898.

UomlnKO 18 de Diciembre de 1898.

Cuadro de Enrique Serra.

Cuadro de J. Echena.

tula. Y de !Pps, á cuittro metros aproximadamente
se m.iran destacarst1 dt1 su fondo rojo, diáfanos, lige:
ros, 1mpalpllbles
Este cuadro PB uno de los mejores que hPmO!l visto
dela escuela _que el vulgl) llama llfectista ¡Ojalá que la
Escuela Nac1onlll de Bellas Artes lo lldqu1rina pues
es un gran modelo de e~tudio que serviria mucho pa•
ralos que humedecen pincel!

EL CAIRO.
DE J. ECHEXA..

Ac~eo los pintores español11s sean los más idóneas
para mterpretar lu escenas orientales ~
H~y en su sangrt1 muchril de Oriente y la-tendencia
general de sua bellas artes no ha podido perder aún

EL CAIUO.
su dejo moro. qufl ~e manififlet.l\ muy espP-cialmente
t1n su arquitectura y en su mú.ica.
Ello rt-salta a•f míPmo Pn la contPmph,,-iñn dl'J las
Cl)StumbrPs mori~caP, ,. bbtanos mirar •El Cairo• de
F.cht-na para compreoderlo PrP•cl11din1dn dt1 lRS
odalls_cae, dt1 sus mu11ble~ y ntPn~ilios y dP-1 f Pndo dPl
pa1eaJe y_conc"t&gt;tándonos á la tt1rn1z ... ¿no nos pare•
ce e11tar viendo una azotea andaluza?
_Ahí hay mace~as y azulPjos, como en E~paña. y adivma~os á Espanamuy cPrc11, 1,..parllda tan sólo tlpl
Cootmente n~gro por esa lengüéta de agua de Gibraltar....
El.9riente ejerc11 sobre nosotros una poder&lt;'~&amp; s11gP~t10n y muy pocos son los que no ha, ao volado á
él en alas de su im:iglnación .v de su dt&gt;st'o.
Del brazo dPI cel~ll P1errt1 Loti hPml)R e~tado en fil
Oriente varias veces, v n.. mos vivido bU vida litina de
voluptuosidades y de ·perezas.

Ftt. de Luis C. Saodoval.

,.o~ acordllis de Trtuán, la clud-\d blanca, PBa qne
dut&gt;rwt- i11doltrntemPnt11 arropada en Qu atmóoftlra diáfana. calurC11111 v v1braut11?
Nada 811 mu~·""• ui la~ hoja11 ,Je los 4rbo1Ps, ni ICIB
tlllJPs de la~ palma11. ni 111 nariz d11 los dromedarioR.
Todo d11111me 1&lt;1,foc11dn nor IR lgnea atmósfera y poi:la .,mbli11¡?"uPz de ln11 trópicos.
F,n PI cuadro de E1·b .. na encontramos mucho de PFO.
R•prPFt'nta nna tnr11za en 1118 afueras d .. l Uairo,
1ma t..-rraza de hl\rem A la hon &lt;lela 111rdP. Tre11 odali.&lt;!as rnatan el til'mpo en lnf1rnt les divPrtimiPnto~
SPgúu la conc, pcíón orit&gt;ntal de la mujer. ésta no
tit&gt;ne derPcbo A reu1111r. es una co~a animada, un j1t•
gu.. te que distrafl A loR ,a:bado11 señorones en sus
horas de hastío, en sus horas ¡!'rises.
Un h:trP~, eR_ una jaula di' ave11, pflro de avPs taciturnas .v ~1lencio11as. L11 guzla no pu~de acompañar
c1mtos heroicos ni ende&lt;:haa de amor, porque til awor

no pued11 11er consciente en las mujerP11 orientales y
los grandes himnos que levantan oleaje en el a!O::a,
BOi!, co@a muy abstracta para eus frágiles cerebros de
páJaro, enervados con toda la somnolencia que d n
las drogas del Libano. Caanao canta la guzla, canta
fábulas y baladas que se transmiten de generación
en generación y que son casi siPmpre parAbolas de
una sencillez t1ncantadora ó alabanzas en loor del
amo y tsposo.
"Ven,:-canta la odalisca,-ven, podProso señor, y
entre mis brazos, más blancos que la leche, oividarás
las penas ~e tu vida.-Soy tu sierva, sPñor, y mis cabellos enJu~arán tu frente, como enjuga la gacPla
con la blandura de su lengua la gota ae sangre que
enciende el armiño de su piel.•
Las odaliscas que pintó Echena, tienPn todos los
rasgos caracterist1coe de 111 hembra orieatal indolente y muelle, y las actitudes están tomadas don fideli·dad y estudio.
En primer término, dos de ellas jue.,.110 con un tablero, mientras la tercera dl'ja flotar s'it mirada sobre
la ciudad que duerme á lo lejos.
A nueRtro juicio el rostro de esta mujer
·es el mejor ejecutado y el más sentido,
porque su expresión es clara y precisa.
tPiensa acaso la odalisca, al mirar la
· diafanidad del cielo y la ciudad que se
extiflnde ampliamente á sus piés en su
libertad?
'
No, no piensa nada; mira y no ve, vive
inconscientemente, y está en ese sitio por
azar, porque la pereza la ha clavado allí
por algún tiempo.....
Los di,talles dól cuadro son buenos, sin
igualar la exactitud y el procedimiento
11.e Tusqnets ó de Jiménez Aranca. y~! ,:o
lorido dt-1 prime.- término tiene algunos
toques disonantes y tal vez falsos.
Lo que má'I nos agrada. es PI fondo,
lo dli\fano d11 e~a atmósfora tan cbra sa·
·cudida por 9nién sabe qué macabros vi-

La Hadona de las Lagunas Ponttnas.
Las figuras que nos presenta en el cu~drito que
deecribimos, demuestran profundo ee~udio en todos
eue detalles Se ve que antes de reunirla.e, las Pstudió
en diversas actitudes y miembro por miembro, de
suertb que, al trazarla&amp; sobre la t"la d~finitiva, no
hubo vacilaciones ni tropiezos, y cada toque del pin•
ce! fué oerfectamPnte pensadQ y analizado de ante•
mano. Aislada cada una de esas figurae, puede formar por si sola una verdanera obra de arte
El agrupamiento flS armónico y real. y de igual belleza positiva el fondo que da á su acción.
Esos patios andaluces, llenos de luz y de coloree,
constituyen un asunto muy propio para sugestionar
á los pincelistas Pero su mismo derroche plástico da
Jugar no pocas veces á imperdonables vulgaridades
y á groseros efectismos.
Nada de e~to hay en lo de Jiméoez Ar11nda y no
obstante la viveza de sus color1&gt;sy la protus1ón de sus
detalles, ¡cuarda la severa s(lbrledad que es el tono
distinguido de esta clase de pintura, imposible de adquirir para !i1e impotentes medianías.
La expresión de loe jugadores es muy sentida y re-

"ª

UNA RIÑA DE GALLOS
POR JIMÉNEZ ARANDA.

Una rtna de gallo&amp;.

Fot. de Lnls C. Bandoval,

comendamos á nuestros lectores observen ti! admirable e~tudio muscular de loe rostros.
Modelado y per~pecti va Ron p11rfect0s, y no vacilamos en clasificar de mag-nlf1ca, sin restricción alguna
esta obra de Jiménez Aranda, sin darle, no obstante,
la categoria de obra maestra.
Ht&gt;mos hecho una observación: el marco que la encuadra es muy poco apropiado ~ara hacer valer las bellezas de la obra. El ancho dorado absorbe la preci•
sión del dibujo y la escala tan variada de loe matices,
y ahoga, por decirlo así, el verdadero efecto del conjunt?. Si ese cuadro tuviera un marco menos brillante, de maderd sombría, ó mejor de terciopelo obscuro, resaltarla m\.s la labn del llrtista.
Noes cosa sencilla la elección deun marco y en filia
debieran fijarse los pintores más de lo que.suelen ha.•
cerio

LA MADONA
POR ENRIQUE SERRA.

A eett1 regp11cto debemos advt1rtlr que
eee fondo hecho de colorPs tan téuuel! y
'tan Tagos, lrreproduclble en fotografía, por Jo cual apenas ae ve en nuestro
grabado, no obstante que las fotografías
que nos ha. proporcionado el Sr. Luis C.
:sandoval. son de una irreprochable eje•
cución artistica..

Cuadro de Jim&lt;!nez .Aranda,

Fot. de Luis C. Sandoval.

DE LAS LAGUNA8 PONTINAS

·bi-amiento.~ a fuerza de su inmovilidad.

Hé a qui 11n cuadrito de género que pue •
•de reputar@11 como un protritipo de lamoderna ePCUPla seviUana, de esa escuela
que tan bien comprende el dibujo y que
ha [logrado adunar la precisión de éste
con la más opulenta magnificencia de colorido.
Jlménez Aranda e11 sobradamente co•
nocído en clrculos artlsticos, su reputa-eióu e~ internacional ya, y la "Riña de
Gallos" no es sino una creación normal
de su egregio pincel, 11s uno de tantos
cuadros que pinta anualcnPnte, y esto es
lo que vi~ne A probar el inmenso valer
del 11rtl~ta ~evillano.
Jiml\nez Aranda, como todos loe verdaderod trabajlldores del Arte, no pone au
firma 1i no está eatidfP.cho; trabaja siemiJre en compl11t11 tensión de sus fuerzas
-creadoras y acu,1a s;empre en su molde
peuonal y perfecto .

449

EL MUNDO

Don .José Villegas,
Dlstinguldo pintor espaftol.

No anduvo desatinado Enrique Serra
para escojer los asuntos ae SUR úl,imos
cul\dros, pues los alrdedoree dt1 Roma 1111
,,frecen abundantes y altamente sugesti•
vas.
Aprovechando su paso por 111 Academia
de !'inturll q·ue España tiene estableci,ta
('ID Roma, bajo la dirección de D. José ViJl('lg11e.-situada allá en las alturas de San
Pietro in llfontorio -Enrique Serra ha p1udo he, mo~1dimoa paisajes de la campiña
romana, d11 los cuales ha enviado varios
á nuestra XXIII Exposición Nacional de
Bellas Artes Ciertamente, «Lll Ma.dona
de las L11gunas Pontioas• es t,I de menor
1&lt;1iento1 mas no por ello deja de ser un
cuadro muy apreciable, que contleu-,
grandes btillezas.
Esas marismas romanas tienen un carácter muy peculiar que no !!6 encuentra
t:n nmguna otra parie. ImprPgnado su
suelo de aguas estancadas y pmridas, es
mortal su atmósfera y be fiebres que se
conocPn vulgarmente con el nombre de
malaria, cuentan por miles las vlciimas
y11e hacen anualmt1nte. Pero, en cambio,
la vt1geta.clón se desborda por todas par•
tes y predta á. aquellos moniferos campos
un a11pecto encantador.
Lod 11ldeanoe cuidadores de las escasas
&amp;iembras que por all1 existen, han elt1vado
en medio de las lagunas Ponti.aas un icono ae madona azás rú~tico, ante el cual
hac11n sus oraciones.
Salit1nte de las aguas, la madona pontina parece p, otejer aqnellos pantanos y
la lámpara que arde ante ella prueba la
d~voción que le ofrendan los campesinos.
Eea imágen sirvió de pretexto á Don
Enrique Serra para pintar un bonito p11i8aje en el que hizo gala de su compleco
uominio del refle¡o y del elRro-obscuro.
·• ~as aguas que pinta Serrase desprenden de sus paisajes en asombrosa transparencia y el menudo ramaje de eue arboled1ts1 verdeando en todas las tonalidades, constituye uno de los grandes
atr11ctivos de sus obras.
Don Enrique S11rra ha obtenido numerosas medallas de oro y de plata en laa

�450

,r.1,

MUNDO

Domtn,ro 18 de Diciembre de 11191!.

varias Expoelcionee Naeionalee é internacionales en
que se ha presentado, y con ju@ticia ee reputado como u~o de loe más brillantes pintores de la nueva generación eep11ñola .
Aun cuando nuestro grabado da una idea bastante
exacta del cuadro original, uno de sus g1andee méritos queda oculto; nos referimos al colorido que PB
"!JD&amp; de las especialldlldes de Serra y que á nuestro
Juicio es superior en él al dibujo y a la composición.
Estamos seguros de que los cuad,.oe de este autor y
entre~elloe el que hoy reproducimos serán de 1,,s más
aplaudidos en nuestra próx:ma Exposición.

miento se destinaron los
fondos so brames de la Obra
Pia de Santiago y M:onse
rrat, y para el caso de que
éstos fueran insuficientes,
los demás d• índole análoga que administra el MiniR
terio de Estado. del que la
Academia depende.
ConsignAbaee ·n el bPr•
moso preámbulo del cit11do
decrPto que es el pueblo
español, en sus artfl11 como
en literatura, un pu,.blo
profundamente inspirado y
al mismo tiempo nativa•
"lnteresantA al público.
menteorfginal;reconoclase
la expontaneidad como la
t
Todos los que deseen Poberhfas fotografias de los primera de sus cualidadPs
1
cuadros de la Exposición de Bellas Artes. las obten y, virtudes; y considerando
drán en la acrPditada fotografia Nacional (5 de Mayo que lo que más necesitaba
y Alca.icerla nº 6.)
para completarlas eu el es
'
Recordamos á las personas de buen gusto que nues- tudio y el trabajo, juzgátro colaborador artis~ico Sr. Luis C. Sa_ndoval prepara bBee lo más propio para fo .
JI¡
un al bum de gran luJo con una colección de dichae fo. mentar el genio nacional
tografiae.
ofrecer á los arfütae espllñolee un campo de estudio
y un lugRr de recogimien
to y de ensayo en la ciudad
t
que será eternamente la
metrópoli del arte, enRoma.
A la objeción vulgar rte
Publicamos hoy el rEtrato de estP pintor Ilustre, au- que en aquel emporio del
,-1'
. r
tor de dos cu11dros que se presentarán en la Exposi• arte antiguo dPgeneraban
ción N. de Bellas Art.is, y uoo de los cuales reprodu- loe artistas en amanerados
y académicos, oponlanse
cimos en nuestro número anterior.
Nació en Sevilla en 1844, v sus primeros P&amp;tudios l011 ejemplos dti Velázque;;,
hizolos bajo la direccion de Eduardo Cano y José Ro- Ribeu y Goya, que tanto
mero, demostrando bien pronto su talento art1Ptieo al estudiaron v aprendieron
pintar. muy joven aún, su cuadro Col6n en la ·Rabida en la Ciudad Eterna, sin el
que fué comprado por SS AA los Duques de Mont~ menor menotcabo, antes
por el contrario. con noto pensler.
A co.,ta de grandes sacrificios logró su pPr8everan- rio desarrollo de su perso
te voluntad el anhelo de transladarse á Roma ·Y en nal originalidad y su ge•
1867 fué á la Ciudad eterna, donde trabó estrecha nuino carácter español .
A Psto11 antiguos ejemamistad con ErnPsto Fortunv, v fué dlscipulo de
Eduardo Ro~ales. Est_e y Zamacole prote~ieron no . ploP pueden hoy añadirse,
El nuevo teatro de la Opera C6mica en Parfs.
blemente al Joven artista, y por su medi11c1ón vt'ndió por fortuna, los muy reeu prlmaa obra de importancia, El descanso de la ciente11 de:troe artista@ concuadriU11~ á Mr. Stuard.
t11mporánPos que han pasado por la Academia de
Ea 1868 figuraron en la Exposf,.ión de Madrid su~ RomR y son 1011 más excelentes tm laa artes que res- tecto Ale~anñro Herrero dló principio á loe trabaios~
fnáe d1flc1l11s que si d11 una construcción nueva se tralienzos Don Qu_ijote, El herido, Una barricada y El pectivamente cultivan,
tar11: y en Enero de 1881 se inauguró la nueva Aca.
mae.stro de capilla, que rt"veiaron el j?8nio del artista:
dem1&gt;&lt;.
y su laboriosidad en ,1 diflcil arte d1ó tal resultado á
***
Se entra en ella por el lindo patio que es la marl\vi11ue geniales aptitudes. que muy poco deepué- era coEl Edificio de la Academia, es el antiguo convento
nocida, y muy apreciada su firma en Jo~ mercados de de franciscano11 dl_l «San Pietro in _M?ntorlo,• erigido lla de las artes, el famoso templete de Bramante. TieRoma y de Parle y vendla 111 opulento Vanderbilt ~n por los Reyes Catollco• por el nactmiento dol prinCli- ne ést11 tres puertas. á l11e que se sube d ... ede el pavicuadro Un bautizo en Se1;illa, en el precio de 150 000 pe D. Juan; pero abandonado el derecho de España mento por la gradlnata que circula alrededor. Sobre,
francos.
desde la calda de la casa de Austria, habla prescrito la meseta se levantan dii,z y PPiR columnas colocadas
Larga tarea serla la de enumerar aqui li.e abras de en tantos años.de olvido, y estaba á punto de vender- en circulo v de11tacadas del edificio que corona una
V1ll~gae, qu~ desde entonces han mabtenido y au- se el w ,nasteno por el Gobierno italiano cuando el el,egante balaustrada. termin11ndo ~l templete en una.
m~nt11~0 su Justa fama, y _11ue han sido siempro la ad- difunto Cond~ de Coello entabló la recla~ación diplo- cupula con las armas Reales de España esculpidas en
1111raclon de cuantos IRR vieron en las ExpoPicionee de mática en 187.&gt;, y logró con grandisimo c11lo v perse- m~~ll!ol de Paros, leyéndoPe 11u la fimbra eetll lnsRevillA y Madrid, de 1877; de Lid boa. de 1879; de los verancia obtener un11 tranSACCión enfre nana y Es- cr1pc1óo: En !}onor del Principe de los Apóstoles tl:
Sres. Hernández y Bosch. en Madrid en 1881 y 1882· paña, por la cual, mleutras Italia renunciaba á Jo que Rey de Espana: cayéndose de antiqua la cúpula de'es.. '.' la~ de Sevilla de 188a. y ntr11e muchas El autor d~ crela derechos que le daban las leyes del reino, el r.,. te templete, ó solicitud del ilustre ~lfarqués de Villena
El triunfo de la Dogaresa Foscari y dP La muertedtl prPsentBnt11 d11 EPpaña. dePpué11 d11 aPegurar el serví- Tef!(!Vó con su hereditaria piedad la memoria de la pri:'
mitiva obra de_sus abuelos el a1io de 1605 Esta capilla
alta tiene prectoha&amp; estatuas de mármol de San Pedro
-r.~;.;;....-:,;;:;:;-:!'!'.J-;""J-;"""-:
...-. ..-....-_-...;.-_- - - - · - - - - - - Y ~e los cuatro EvangelistaR. Se baja d~spués en escahnata á la otra C!ipllla, adamada con incrustacionps
de mármoles_. en ~a que se lee sobre la verja de hierro
~or11da ePta mscr1pclón: Lo.~ Católicos Rei¡cs de Espa-- .
_.!
na, Don Fer:n,ando y Doii,a Isabel de.,pués' de erigido el
·11
templi?, pu.~ieron este altar dPdicado al martirio dtl
r
Pri~ciµe de los .Apóstoles, año de la redenci6n cristiana,
'
150~ :A,! lado derecho se ve la mPdia columna donde
se refiere que fué 11~otado el Apó~tol, y en el centro
un hoyo donde se dice que fué plantada en sentido
inverso la cruz de Han Pedro. Subiendo una nueva
e_sc~lera de márm?I, se entra en el primer piso del atto mterno dPI antiguo monasterio pero cuyas gfieriae, levantadas un metro, y restaura•he sus columnas, 1;&gt;reeentan uua bella perspectiva.
.Alh están lllseetanciaedevarloe pen11ionados ¡ 8
t~dio_s de los ar9uitectce y músicos, las precioea~
b1tacionee del di_rector y el grandioso estudio del mismo, acaso e\ mPJor de Roma y de seguro el de vistas
mA_e magnificas. De este estudio, que forma Ja arte
baJa de una de las nu_evas torree, se pasa á la gra~diosa sala de las e.x.posic1one~ anuales. cuya luz, erfectamente preparada por gigantescas vPntBnae p8
menta a1tJ.,~icamente dispuesta por las clarab~ ~ / ~
hierr~ y cnstr.1 que se elevan hasta las cumblee dd
edlticto Paralelo á ést11 hay otro estudio igual.
Las dos eec~lerae de la Academia conducen á 1~11t~rree ~e la 11;mma, que son loe otros dos estudio d
pmtor, mmed1ato~ á otra serie de habitaciones
e
bellas do loa p~ns10nados, y cuyos dos talleres de
tura e~ comumcan P,0r la azoteaterraza,de~de la c~ ..1
protegidos por altisima barBnda se disfruta de
'
la más magnifica vista de Roma'
seguro
Descendiendo las gradas qu~ desde esta t
conducen á los ja~diues, Pe va áloe estudios Je e~r::t
tura, que el arqmtPcto Herrero supo colocar
lJn :ferrocarril lllitmtiense
cascadas, árboltis y lagos.
entre•

f'f1:,t
·111~--

D. JOSE VILLEGAS.
0

"

i--¡r- - ~

:!~

!u
il.

maesfro, tiene una de esas reputaciones artl,ticas tan
u_nánimemente otorgada y tan universalmente conocida, que hace por compl.ito ociosa toda ponderación
de su talento.

··*

De un 1eepet11ble periódico español tomamos las siguientes lfneas sobre la Academia Españ ,la de Bellas Artes de Roma, que dirige actualmente el Sr. Villegas .
En 5 de Agosto de 1873, y por la noble Iniciativa del
Sr. Castelar. acrAedor á la gratitud de cuantos aman
el arte, creó el Gobierno de la República la AcRdemia Española de Bellas Artes en Roma, A 11u eoateni-

cio de lo. iglesia y la existencia permanente del mo•
naster10 en la parte que da al tPmplete del Bramante
pudiendo existir alll religiosos ó pa,:erdote,¡ con un'
rect~r _español, se comprometll\ á asegurar la idea por
él iniciada de que España estK bleciPse una Academia
de B_t1ll~s _Artes en el resto del casi arruinado edificio,
medio umco de que este convenio no encontrase impugnadores en el Parlamento itálico.
Acord_a~a P(!r el Gobierno español la construcción
del edificio, aun mediaron años de ,ucha incesante
con dificultades de órdenes distintos: en la esfera di•
plomi\tlca, en el campo religioso y en el terreno material y práctico. En Julio de 11:179, el notable arqui-

LA NUEVA OPERA COMICA
DE PARIS.

El antiguo teatro de la Opera Cómica se incend"ó l
año de 1887. Durante seis años fué ¡
.
i e
en práctica loe di v ereoe proyectos de °:,~~8 ible
po~er
8
del eaificlo que e e presentaron, puPe las d~~ 6~ucción
no estaban de acuerdo y ¡08 diput1tdo
mua s.
que rechazaban loe senadore&amp; ó á la i~ aceptaban el.
Al cabo de ese tiPmpo 86 b 'ó
versa
mee de Junio de 1893, M. Lo~/.Be~~l~~n~ureo Y en el.
, Joven, •pre•-

Domfniro 18 d11 ntc!PmbrA -1.. 1898.
nfo de Roma• y autor de algunas casas
de muy buen gusto, salió victorioso, quedando aceptado su proyecto.
A mediados de 1894 se puso mano li la
obrR, la qu_e adelantó con alguna lentit".ld
por las dificultades de admi11iPtracióo intP~i?r, pero al fin :va tieu11 Paria un nuevo
edü!cio que eegnn loe intPligentes es un
eenJunto d11 • noblez~ serena, rico en dPtalles exquisitos, graves y sonrientes á la
vez•
Nuestro grabado nos diepAnea de descrlhir el nuevo monumento. ó á lo m ..n 08
la fachada qu~ da á la Plaza de B0Yeldi11u.
De una solll OJeada 11e ve elordenam;ento
ge!1eral: t_res !l'randee puertas en 111 piso
baJo y Brr1ba tres altas v11ntanas entre colnmnae y ot::ae Reis más pequt&gt;ñ,ie con M·
rlátideR . Las cariátidt1s son de Allarrl Michel y P11yurt y las c11tatuae de la Jl.fú,ica y la Poesía colocadaA en nichos AD las
alaR laterales son de Puecb y Guilbert.
Más grandes son las fachadas laterales
y de un a11pecto mfts sobrio. Están ocupadas por filas d11 ventanas y en el primPr
pbo corre un halcón con bal11uRtras d.,
t&gt;i~dra y sostenido porméosulas. bien trabaJadae PD el perfil y el dPcorado y cinceladas de una manera impecable·
Dos puertas e:: cada una de ePtas fachadas dan acceRo li un vestlbulo llamado lateral. en el que PA aei11ntan las cuatro escalera~ que dan A todaR_ lae galerfaR y que
comumcan con PI ePpac10•0 vestíbulo cPn•
tral. la cual está adornado de mármoles
mosaic,1~. y pintura11 dPcorativas v tiPn~
un.a !!'rave estatua de Michel , el ºPensamiento. Este vestlbulo está debajo de la
sala.
En ésta todo es armonía y buen gueto:
los relieveR el oro El tono gP.n11ral PB
blanco marfil y rojo el fondo de loe palcos.
.
Loe pflareR de nueve 11rcadae eo11tienPn
la bóvPda elevada á diez v siPte metros
sobre las bancas de la orquesta .
La pintura d11 la cúpula es de Benjamín Constaut·
la Poeela. la Slnfonla, d C11!1to, aparecen en pl,.n~
luz, y vag-amente, los personaJ11s de la ópera cómica
actual y del tiempo antPrior: Manon, Carmen, Mireille, la Dama_ blanca y otras menos diEtintas y por últlno la Gloria e_nvuelta en n:v:os argentinos, ,,apor&lt;&gt;ea Y, d- fo1mae mcierta11, domma todas PPae figurlls
y mira pasar la theorla inacabable de Jae flcciont'B Jlricae_. Lo que sobre tod? Impresiona en Peta obra. al
go difusa, es su cok,rac1ón tan bien contrastada con
la monocronia de la sala.
No~ falta espacio para hablar d11l fovn, de la escalera de h~nor, etc. etc. eR donde hay tantas obras ya
fuertes, pmtorescas ó eombrlas, de pintores, ornamentlstas y escultores de talento, en loe plafones, 801,re
las puPrtas, en todas pllrtee.
El monumento erigido al arte por M Bernfer 68
una obr11 enteramente frai,cesa y moderna aunque
noblemente embellecida por los recuerdos' clásicos
que guarda su graciosa y exquisita arquitectura.

COMO SE DIVIERTEN LOS NIROS
NORT l!.-A MERICA1'1 OS,

U.~ FERROCARRIL LILIPUTIEXSE
El coche clásico tirado por cabras caerá pronto en
el olvido más completo. Lo~ niños tendrftn ~porte má11
en consonancia con los progresos de la época.
Mr. Tbomas E. Me Garigle, de Niágara, ha mandado construir un ferrocarril Jiliputlflnse con obieto de
que funcionara en la Exposición Trans-Mieeieispina,
de Omllha en una via farrea de 300 metros.
Los diez vagones de dos asiento~ nada tienen de
particular. Lo interesante de estfl juguete es la locomotiva, reproducción exacta y fiel y reducción á un
séptimo, de una locomotiva de tren de p.1eajero11 que
corre en el ferrocarril Central de Nueva York. Tiene
ocho ruedas: cuatro grandes • delante y cuatro motrices atrás, con un tendPr montado sobre dos trucke.
L.., vla es de O me .30 de anchura y PI extremo de
la chimenea de la maquina se levanto 0mts. 63 sohre
el nivel de loe rieles, la lonj?itud total de la locomotiva
con su tender es de 2ms. 20.
E l vitor se 'l'I) i uce eo una caldera ignltubular de
0ms . 25 de diámetro y la forman once tubos de Orne . i-5
de diámetro, y de 0ms. tO de longitud. La presión dt'I
vapor es de 9 kilógramos por cpntlmetro cuadrado.
La caldera tiene capacidad para 54 litros de agua y
se alimenta con dos in vectores. Loe ..:ilindros son de
un diámetro de 0me. 5 y los pistones juegan en una
extemión longitudinal de lme. 10.
La Jocomotiva pesa 279 kilógramoe. La dotación es
completa: el maquinista tiene á su alcance, caja de
arena, campana, silbato y un freno de vapor para las
ruedas motrices.
En el tender hay una provisión de 68 litros de
agua.
El pePo total del tren con sus diez vagones y eu11
veinte viajeros, tan diminutos como aquél es de 1800
kilo¡-.
Este juguete ha hecho furor en la Exposición de
Ornaba y acaso ¡,e instale también en la deParis.

451

EL MUNDO.

dlenteP v otro que dló al último Duque de
Laval Mont morency.

**•
La recepción de loA nuevos cabBll11ros
Pe hace con gran pompa ta,ito en Madrid
como en Viena, en sesión del cap1tulo de
la orden. Loe caballflroe llevan la túnica
de terciopt'lo rojo doblada de Feda blanca, t'l maDt0 de rúrpura, loe zapatos rojos
.v C&amp;JlAruzR dP miFmo color, la toca de
Luis XII, eEpPcle de turbante cuya extremidad cae sobre la e11palda. Et collar se
UPll sobre el manto, sujetándose á la espalda .
Tanto el ceremonial rellglo~o como los
trajes. se han suprimido por Esp•ña para
los prlnripee Pxtra11jPro@ y los jPfee de
Estlldo. No Ps eFta la única modificación:
se han Ruprimido también los derechos
de c11ncilleda para loe t'Xtranjeros.

***

. EL GRAN DUQUE VLADIMIRO.
Su Alteza Imperial, MoBseñor el Gran-Duque Vladimlro, generalls1mo dtil Ejército rueo, fué plldrino
d11I !'re1,1d• nte de la República Franctisa cuando este
alto pereonaj11 recibió la condecoración del Toisón
de oro.
El viaje del Gran Duqueá Parb haeido muy comentado por la pr11nsa; pero 111 verdadera significación de
tu vii;lta a M. l◄'aure y loe asuntos qui: cor. él baya
ti·.. ,ado, no p~tiuen ser conocidos, y todo ,o que sobre
el asunto pudiéramos dPcir, serian suposiciones más
ó meuos aventuradas. Oiremos algunas palabras sobre la ceremonia en que tan principalpBpel upresentó el Gra~-Duque como padrino dt:l Prebidente.
Se ha dicho que e, collar entregado á este era el de
Carlos V, y eso no ee PX11cte: el collar que recibió M.
Fauro fué usado por el Mi,,ri@cal Mac Mahon v aute11
por R10s Rosas. Es Boj?uramente de los que•se han
hecho en t:ste siglo para reewplazar los perctldos acabo e~ el que_ ret1wplazó el de ~apoltón I que ni fué
re.tituldo nt reclamado. Tambit'&gt;n ~"' hau p.-rdido uno
que el primer pretendiente transmitió it bUi deseen-

El Señor Montero Rloe, caballero deleg11do, recibió los honores militares en t1l
patio del Eliseo. por un batallón de infantnla con bandera dPPolegada. habiendo
tocado la banda. la Marcha Real de España.
De11put'&gt;e de las presentaciones en el Sil·
ló'l de Embajadores y cuando todes hubieron tomado asiento, el Marqués de Novallas, fungiendo de Secretario de la Orden, leyó el decreto de nombramiento.
fir01ado por Muia Cristina, t'n rPpresen taclón de su hijo Don Alfon110 XIII, Du
que de Borgoña y Jefe y Soberano de la
Orden insigne del Toisón.
DeRpuéa dtt haber recibido M. Faure el
TolFón, con las cerPmonias de estilo y la
proml'sa de contribuir al esplendor de la
Ordt1n, el Marqués de Novallas leyó el act11. que fué firmada por M. Fa11re. el Sr.
Montero Rloe, el Gran Duque Vladimiro,
el Sr . León .v Castillo, M. Uupuy, M. DelcaeFé, t1l Marqués de Nova.llae, el Marqués rle Villalobos y M. CroziPr.
El Presidente firmó un recibo que será
eonetirvade en la Cancilleria de la Orden
en Madrid, hasta su mu11rte. El recibo dice asl:
'
e Declaro haber reClibido dA S.M. Alfonso XIII y de
manos de su Embajador en Parle, un collar de la Orden insigne del Toi~ón de Oro, el cnal collar, según
lo prescrito por los Estatutos de la Orden, me obligo
á dejar mandado en mia disposiciones testamentarias
que se entregue por mis herederos, después de mi
munte, al Canciller de la Orden menc!onada. •
La cnemonia duró á lo más un cuarto de hora. To•
das las personas presentes deFfilRron entonces ante
M. FaurA. dirigiéndole sus felicitaciones.
El Sr Montoro .Rios, caballero de)Pgado, y los secretarios fueron conducidos á la Embajada de España co11 una escolta de dragones. Del mismo modo fué
conducido el Gran DuqueVladimiro~ pero después de
haber conv11rs11do un momento con M. Fame.
En la noche se solemuizó el acontecimiento con una
cena y una gran representación teatral.
El Presidente Faure aprovechó la ocasión para reunir en derredor de los dos tíos del Czar de Rusia á Jo
más selecto de la politlca y de la diplomacia de Parle.

INGLESES Y FRANCESES.
VIEJAS RENCILC,AS,

Dice un periódico parisiense, divagando sobre e
último debate anglo-francés:
No afirmamos de una manera absoluta que sea imposible todo afecto entre dos personas nacidas en riberas distintas de la Mancha. Esto es obra de experiencia individual.
El punto discutible es el sentimiento que abriga el
pueblo inglés por el de Francia. Durante los ciento
veinticinco años que duró nuestra lucha por la supremacia maritlmR y colonial, la hostilidad era menos
vehemente de lo que pudiera creerse á primera vist~: pelear es un medio como otros tantos, para aproximarse y conocerse.
La guerra de antaño engendraba á la larga el respeto y una especie de eimpatla. Sin embargo, la rivalidad se ha envenenado, porque loe intereses ocupan cada día mayor campo que loe sentimientos. Si
los intereses no nos impiden siempre ser justos, casi
siempre cierran la puerta á la generosidad.
La guerra de Crimea creó entre ambas naciones
un sentimiento nuevo cuvos vestigios eran aún visibles en la época del conflicto franco-prusiano. Antes
de que ellta última guerra hubiese terminado, se representaba noche á noche en los jardines de Cremorne. en medio de un entusiasmo freaético, la reconquista de Str11sburgo por los franceses. En la pantomima de Navidlld del circo de Aetley, una linda morena que personificaba á Francia y que salia al son
de la Marsellesa, recibla un diluvio de floreb y por el
contrario, á una jamona rubia que encarnaba á Alemania le gritaba furiosamente el público todos los insultos Imaginables.
Muchos oficiales del ejército Inglés estaban desee• peradoR por no hacer nada en pro de Francia: algunos hicieron 1a campaña como voluntarios, y @e asegura que Lord Kitchener, muy jovená lasazón,eirvió
Conde Francisco Thnn-Ilohenstein.
en las filas de nuestro ejército en aquella época.
Sin embargo, la opinión estaba muy lejos de ser
Presidente del Gabl •ete Austriaco. cuyo dlscunoo en et Relchsrath
pmt••tanrt~ contra la expulsión rt~ austrla&lt;'.os llevarta á cabo en Pruunánime. l!:.l viejo Carlyle escribió una carta al "Tisia. ha producido ,.,,.n se"sacfón en Rerlln. El itl•curso del es ta
mes," en la que el profeta de Chelsea declaraba en
dlota au•orfaco •e ha rcnn,1derado como uua seria a.mena,,a pa,ra
eathfacción por verá Francfa, "frivola y fanfarrona,"
la existencia de la Trlplfce.

�Domingo 18 de DiclembrA d11 1898

452

Domingo 18 de Diciembre de 1898.

EL MUNDO.

MEXICO MODERNO.

derrotad~ por Alemania, "modesta, religiosa j grave.11
LOS predicadores formaron en coro en derredor del
ftló11ofo, por diversas razones.
Como aún no se conocía la verdad por las confesiones cinlcae de Bismarck. nosotros pasábamos por ser
loe agresores; Dios castigaba nuestros pecados: su cólera cala sobre Francia como antaño sobre Sodoma ó
Babilonia. "Gesta Dei per Gerrnanos" asi predicaba
ante la Rein!l el fogoso_ Norman Ma~ Leod y algo de
estos sentimientos h0Pt1lee se deslizo en las pá!?inas
del Diario Intimo de Victoria, la cual olvidó borrar el
pasaje cuando entregó al público sus recueruos.

Lf\ LE,OOION DE LOS NIA08.
-¡,VendrAs pronto, papá?
-Sí, Magdalena.
-Cuando?
-Dentro de una hora. Adiós, vete pronto por
-que si no, Miss Nelly se impacienta.
En efecto, l:l viPja aya aparecía en el dintel del
salón, rígida, contrariada por la espera, y un pliegue como de reprimenda comprimida, contraía su
boca fría de inglesa, poblada de lim~os dientes .
Iba carg11da de rdquetas, pelotas, libros de es•
tampas; todo el bagaje en fin que la chiquilla exijía le llevaran cuando por las maftanas se la conducía al jardín próximo á correr, jugar, tomar el
aire y distraerse de li;. monotonfa de la c11.sa.
Dió un beso más á su padre, sahó, y al momento las habitaciones quedaron en silencio melancólico, el silencio de la viudez! Hacfa d os aftos
.que la muerte había pasado por allí de improvi.so arruinando el amor, la dicha, todas esas cosas

¿En dónde están ahora *""*
lot1 que se afliglan por nuestras derrotas y los que las celebraban?
Han abandonado el campo á una nueva generación
que parece perf.-ctament~ unificada en su opinión y
que _si no odia _á Francia siente por ella una male~olencia desconfiada y sarcástica.
Nuestra alianza se desh.zo como se desbaratan todas. las alianzas en l~s que u1;1a parte da todo y nada
recibe. Nues,ra polit1ca econom1ca se ha oriemado ha•
cia el proteccionismo: hemos buscado en la expansión
colonial. compen~ación y consuelo para 11uestra mala
fortuna. De aqui han surgido veinte problemas que si
no han puesto frente á frente nue~tros soldados y
!os su.vos, han dado ccasiones de lucha á los diplomáti~os de ambas naciones: tales son las cuestiones del
Niger, de M,:kong, de Terranova, de China y sobre
todo la de Egipto.
Al acercanos á. Rusia, es decir á una potencia que
será siempre sospecbosa á los ingleses hemos añadido
A la lista de las quejas que Iuglate~ra creia tener
co_ntra nosotros, lus que hace valer contra nuestra
ahadi..
Entr.i tanto los periódicos ingleses dan cuenta á sus
lecto:-es de los tristes debates que enturbian y corrompen nuestrl!- v~da pública desde hace diez añoP: los
C?meo_tan d1ar1amente de manera de presentar áFran.
ci q baJo un aspscto antipático ó ridículo. Mas la energía. y J~boriosidad del pueblo france3, la abnegación
y la virtud de nuestros hogares burgueses la actividad, creadora de nuestros sabios, todo e110 ~e calla á
los mgleses.
El nombre de Pasteur no seria conocido en la isla
sino por los ePpecialistas, á no haber descubierto el
medio de curar la rabia. DurantA más de diez años
se ha_n burlado de Taine y de su Historia de la litera~
tura rnglesa, como se burlaron de Lessep!! y de su proyecto de canal.
. Nad~ sab~n de ~e1:1an mientras que los franceses
mstru1dos cuan diariamente á Darwin y á Herbet
Spencer.
Un profesor inglés d-ecia recientemente á un , 6 .
dactor_de '';Los DebatAs:" ~arece que vais á establecer umvers1dades en Francia. Le sorprendió extraordinaria~ente _s:i.ber que se trabajaba en esto desde
hacia vemte anos y que el decreto de que babia oído
hablar vagamt1n•I', venia á sancionar legalmente d
hecho consumado.
Por todos estos procedimientos de razonamiento y
de información. por estas ignorancias y estos errores
sumados á verda&lt;ies mal comprendidas, se ha formado una falsa imagt1n de_ Francia, y e~a imagen,flja en
el espirito de la población mediiL de Inglaterra no 86
borrará fácilmente.
'

453

EL MUNDO.

frecuentemente, sino tal vez al carácter seco y
adusto de su ay a, Sa vinien pensaba en esto al verlas salir juntas, y se preguntaba si una aya joven,
bella y riente no convendría mejor p11ra predisponer á la alegria á su pensadora chicuela. Este día,
sobre todo, le había parecído al partir una palo •
mita que parada en la puerta de una iglesia, tuviera sobre sí toda la sombra de la turre.
En cambio Miss Nelly era un guardian de toda
confianza sin peligro de aventuras, citas, intrigas
ó negligencias; y como para el viudo lo principal
era la seguridad d~ su tesoro, estaba contento
así, sin que por eso dej11.ra de i;obrevigi h1rla en
los jllrdines y avenidas adonde llevaba á Magdalena todos los días. SP. les reunía, se aseguraba
de que 11:1 chica no babía caído ni se habfa resfriado, y procuraba aunque sin éxito hacerlajugar con otras criaturas, porque c onservAndose
sola suspiraba y veía de lej,,s las bandades de

Savinien espiaba toda esta gentil transformación, movimiento del instinto eterno, infantil expansión del amor, y viéndola salir engalanada,
temb lorosll, feliz, decía para sí.
- Va como á una cita.
E ntonces pensaba en sí mismo , en sus emociones semejant as cuando iba á ver en otros t.iempos
á la madre de Magdalena que tanto se le parecía, y el viudo se sentía más solo y más adolorido.
.Aún no conocía á ese Teodoro de que su bija
se ocupaba sin cesar como de un hermano. Ella le
tuteaba, le llamaba Teo ¡que nombre tan lindo! y
contaba á la vuelta de sus paseos cuanto había
con verdado con él.
Comunmente, cuando iba Savinien á reunirse
con su biji\, ya Teodoro se había marchado y por
eso no había logrado conocerlo, pero al fin tuvo
esa curiosidad y una vez acudió más temprano.

J
Casa del Sr. A.gustin Hagenbach, en la A.venidaJoá.rez.
Las profecias más extrañas son las del abate S, uffrant, cura bretón que vivió en tiempo de la vueha
de los Borbones.
Hace más de cincuenta años, anunciaba:
Et dia en que la palabra c11.mine tan aprisa &lt;'-"'IDO el
pensamiento; en que los coches caminen sin caballos;
en que las cabezas más sólidas no sepan a donde ir
ni conozcan el camino recto; el día en que los legitimistas sean tan pocos que puedan abrigarse á la sombi:a de una encina, entonces los grandes acont..cim1entos t1starán próximos y se oirán tr..s gritos: "Viva el régimen social," "Viva el Emperador," "Viva el
R~y, 11 gritos que vendrán del Norte.
Será terrible, pero inijtantáneo y todo se salvará,
cuando todo parezca perdido.
El buen cura previó el teléfono y el automóvil; en
cuanto á lo demás hMy que A•perRr.
Otras profeclas no realizadas aún:
~aliándome en Roma el 11ño de 1891 se me dij'l que
Leon XIII rdnar1a veinte añ ,,s p11ro que no 11, galia
111 vigé,iwo segundo aniver.;arlo de su rsinado.

PROF.ECI.A.~

Antaño y ogalio

El mago Papus p11blica en "La Iniciación" algunaa
profecías que.rt1producimos á titulo de curiosidad.
Y para ius¡nr»r confianza á los incrédulos damos á
continuación algunos ejemplos de profecil.s realizadas.
Un prospectus del abate Torntl-, comentador deNastradamu@, advirtió el 1tño de 1860 que la r1wolución
triunfaría en Nápoles, Palermo Venecia y Roma Y
en 18ti2 anunci11.ba que el Pode~ temporal del Pontifi.
cado duraría tanto ~omo el Imperio y que Gariba1di
(Vacua, puerco medio -hombre) y su hijo irian á Chálon y Ma ~on durante lo~ trastornos públicos.

Esta predicción me sorprendió porque el PHpa tenia entonces ochenta. y un años y parecia esta.r muy
débil.
Sin embargo, en Febrero ha cumplido veinte ai'ioa
de reinado; la primera parte de la predicción se ha
realizado.
E,peremos uno~ meses la confirmación de la otra
parte y .... . .luego que nos digan s! lo hizo la cailU&amp;·
lidad.

. . ..--~~----,

.,.

)

1
l1
Casa de la Sra. Vda de Hida1ga. Bucareli y Donato Guerra.

Casa del Sr.Lic. Alfonso Lancu.ster Jones-1" de la Industria.

frágiles y preciosas conque dos corazones se li- nin.os que parloteaban como pajarillos y corrían
por el jardín.
gan.
Ese día el viudo había prometido ir pasRda una
Savinien ahora se sentía incompleto, l'rraba
hora,
porque deseaba quedarse solo consigo mispor las habitaciones como buscándose á sí mismo y no podía comprender la vida en esa sole · mo, con sus recuerdos, pensar en el pasado y
dad mora I y material.No mas la presencia de la ni- llorar ,por su corazón que estaba frío como una
:na de quién se había convertido en padre y ma- losa bajo la cual hay un cadaver.
dre A la vez, le hacía soportar sus amarguras
de viud0.
*** un compafteropara
Magdalena
un
día
encontró
Magdalena tenía seis aftos, y estaba deliciosa
con sus cabellos de un color tal que parecían ra- sus juego:.. Era un chiquillo que como ellll iba
yos de luna, con sus ojos muy grandes y un 11s- diariamente á las mismas horas al jardín. Lo pripecto grave de persona mayor que hacía reír. Es- mero que hizo, fué no retardarse para sahr quita seriedad le venia de sentir3e huérfana? Ne: la tándole así á Miss Nelly un motivo de impacien· muerte no había dejado huellas profundas en su cia y regailos; por el contrario, en cuanto almorz1:1ba se dejaba vestir, abreviaba los adioses y samemoria. Se acordaba apenas de un día en que
hizo mucho sol y pusieron en la casa grandes cor- lía corriendo.
-¡Qué pt"isa llevas, Magdalena!
tinajes negros y abundantísimas flores, sin que
-Si,
papá, porque me espera Teodoro.
se hubiera dado cuenta del por qué de todo
Savinien ya conocía al nuevo pesonaje que haesto.
Como Savinien quería que la nilia se acordara bía entrado en la vida de Magdalena, la cual no
de su madre para que lloraran juntos por ella, le estaba tan pensativa como antes y hasta parehablaba frecuentemente de cómo era, cómo se ves- cía tener más grandes los ojos. Reía, jugaba, saltía, y 1e aseguraba que estaba de viaje, que quería taha influenciada por su amiguito á quien admimucho á su hijita y que ibaá venir un día úotro. ri,.ba hablando de él con exaltación, se iba des.Así hasta él se engafta ba un poco ...... pero en pertando en su espíritu una coqueteríu casi femenil, quería salir siempre con sus traJes dominliL chica no cansaba gran impresión.
.Así pues, si Magdtilena rra de una gravedad gueros, por lo que tenía con Miss Nelly conflicprecoz, no lo debía á esos tristes recuerdos que tos y escenas de lágrhnas, y se veía en todos los
no comprendía con todo y que se le evocaban tan espejos al pasar cerca de ellos.

Desde il'jos di-tinguió á Magdalena y á Teodoro
de pié que hojei\ban un lihro de estampas, en tanto que cerca numerosos nifl.os, corrían, gritaban
y rPtozaban cruzándose pelotas y volantes.
Ttin prorito como vió á su padr e corrió á racibirlo Magdalena llevando al chico de la mano.
Era este un delicioso muchacho morenito, de cabellera tumu.tosa pero descíplinada y de movimientos ágiles. Ojos límpidos que revelaban inteligencia, y boca muy fresc11 y muy riente. Tenía buen gusto Magdalena! Teodoro saludó con
mucha distinción, tendió la mano y se irguió ceremoniosamente.
-¿Siempre juPgan juntos ustedes? pr .&gt;guntó el
padre.
-Si seftor.
-1,Y no juegan con otros nin.os?
-No nos htin sido presentados.
Savinien permaneció reflexivo. E stas palabras
de buen tono le sorprendieron. ¿Estaba hablando
con unos nin.os? Los veía en este momento graves como una pareja de jó venes que habienrlo
vuelto á tomar el libro entr11 h11.n á la regió n de
los ensueilos despreciando el juego que es la forma infautil de la actividad. Luego. sus ojos des,
prendiéndose del libro vagaron sin fijarse en nada,
cayó el libro y ellos siguieron distraídos, silenciosos muy cerca al uno del otro.
Luego un diálogo.
-Es tu padre ese seftor?

�45i

-Si, Teo.
-Lo quieres mucho? ¿por qué?
-Porque es muy bueno, me regala juguetes y
vestidos, me cuenta historias, me despierta besándome por las mailanas y me ama mucho.
Teodoro escuchab,t
pensativo, hundiendo
sus miradas en el lejano
horizonte como para
buscar al extremo de
las largas avenidas de
árboles á alguien que
no vendría jamás.
-¿Y tú padre, Teo,
también es muy bueno?
El chico respondió
muy triste y con voz
que en vano tra~aba de
hacer firme.
-Nolo conozco.Está de viaje, pero va á
regresar

-Como mi madre, dijo Magdalena suspi·
rando.
El viudo oía este diálogo sufriendo mil tortu•
ras, suspendido de aquellos labios que así hablaban de la muerte. La misma mentira dulce les
engaliaba y esta similitud fué acaso causa de su
simpatía. Se vieron diferentes de esos ctros niflos que tienen padre y madre y están entre uno
y otro como una lámpara entre dos espejos, y
ellos entonces se ligaron con esa melancolía que
tiene aquel á quien le falta uno de los dos y que
hace una infancia infirme, una infancia que cojea.
Teodoro y Magdalena, acababan de comprender por que eran más graves y no se juntaban á
la banda de los demás niflos. Un vivo deseo de
ver á esos dos viajeros prometidos les agitaba y
volvieron á tomar el libro maquinalmente, sin fijarse en él y siguiendo cada uno en su idea.
-Yo quisiera tener padre, como tú, dijo de
pronto Teodoro.
-Y yo madre, como tú, contestó Magdalena
acordándose de la madre de Teodoro que venía
por él algunas veces, vestida de claro como las
reinas de los cuentos de hadas, bella como la luna, y amorosa .... . .
El viudo estaba conmovido hasta el fondo del alma, habta el fondo de su dolor, y los dos niiios se
pusieron muy tristes. El instinto tiene una gran
fuerza explicat~va y les hizo comprender ayudándose sin palabras pero con la lucecilla de sus
inteligencias que juntas alumbraban lo suficiente,
el negro misterio de aquella ausencia. En el mismo minuto ambos vieron claro y vieron dos caras
desconocidas de seres que les habían amado; y
conscientes de que esas caras no retornarían jamás de su viaje á la sombra, los niños se abrazaron y ~e pusieron á llorar.
Cuando Savinien, con el corazón torturado
cruelmente, se aproximó á ellos para llevarse á
Magdalena, vió en los ojos de los niiios lágrimas
grandes y silenciosas que sucediéndose sin interrupción, salían, rodaban por sus mejillas frescas y sonrosadas y caían á tierra, corona de perlas tibias quP. el viento llevaba A dos tumbas ignoradas la una de la otra.

~

MUNDO

Era la hora del regreso: Miss Nelly recogió los
juguetes. Magdalena dió un beso A Teodoro y
luego se fué con su aya en tanto que Teodoro se
alejaba con la suya. De tiempo en tio,mpo volvían
las caritas para verse aún, sintiendo como que se
querfan más, después de haber llorado juntos.
En cuanto al viudo, enter1tmente entregado á
rn dolor que la conversación de los nilios había
renovado, se internó en el bosque por las avenidas solitarias por encima de las cuales descendía
la noche vestida de gasas negras y coronada de
diamantes.
***
MagdalePa hablaba sin cesar de Teodoro y este nombre empezó á hacerse familiar_en la triste
casa del bulevar Eeauséjour donde parecía que
el chico habitaba un poco interesándose todos
por él. Magdalena refería constantemente á su
padre lo que Teodoro habfa dicho, los juegos que
prefería, las personas que frecuentabs, sus libros
y su;, costumbres, y así fué como Savinien conoció el sisttma de vida de la casa del chiquitín con
los menores detalles. Era una familia cuyo modo
de ser pasaba como por una linterna mágica por
Magdalena, reflejándola en el·espíritu de su pa•
dre. Era la reproducción
de otro hogar enlutado,
en el que la madrehabía
sobrevivido para educar
al huerfanito. La niña hablaba con frecuencia de
la madre deTeodoro que
la acariciaba, le regalaba dulces y juguetes y
se sentaba á ve ces á verlos corretear bajo los árboles, y hablaba de ello
con exaltación.
El viudo se acordaba
de lo que Magdalena dijo en su conversación
con el niño que él había
sorprendido: " Quisiera
como tú, tener una madre."
Admirando los trajes
de la viuda, Magdalena
decía que eran relucientes y lindos como los de
los cuentos de hadas, lo cual era una prueba para Savinien de que eran claros y de que en consecuencia va no era reciente su viudez. Gracias
á la interm.inable charla de la nifia, aquella desconocida había llegado como Teodoro á formar
parte de la casa y se hablaba siempre de ella, teniéndo~e conocimiento exacw del estado de BU
salud y de todo lo que le concernía.
Un día que el viudo fué má.s temprano al jar·
dín á reunirse con Magdalena, la conoció personalmente. Era muy joven aún, á pesar de que
Teodoro tenia seis años como su amiguita, y lucía tanta gl'acia que parecía más bien una hermana mayor. Estaba conversando con los dos
niilos y tenia en las rcdillas un libro de estampas
que comentaba sin duda con relatos asombrosos,

Domingo 18 de Diciembre de 18118.

Domingo 18 de Diciembre 1e 1898.

porque sus oyentes ni parpadeaban y tenían el
aspecto de estarse repartiendo el tesoro de aquellas historias. ¡Grupo colorido por el sol, cuadro
tranquilo de vida y de juventud!
El viudo se aproximó y dió á la dama las gracias por sus bondades para con Magdalena. Teodoro avanzó y le tendió la mano con ademán seguro y franco, y él lo acarició con tierna gratitud reconociendo que había venido á ser como
un rayo de luz y de alegría en la existencia melancólica de BU hija.
-¡Se quieren tanto! dijo la madre.
y los dos niflos, felices por estar juntos y felices al ver que sus padres lo estaban también, se
tomaran las manos y se besaron con sincero y
encantador regocijo.
El viudo por di5creción no prolongó la entrevista y á los pocos instantes se despidió llevándose á l\fagdalena que, un poco triste, iba al lado
de su padre. No hablaba: parecía reflexionar en
cosas muy serias y brillaba en su carita algo como el reflejo de una dicha interior nueva para.
ella. Derrepente preguntó:
-Dime .... ¿y lÚ también amas á la madre de
Teodoro?

*

**
Una gran contrariedad sobrevino.

Miss Nelly
recibió de Inglaterra una carta en que la llamaban su madre, y Saviuien se disgustó mucho por
eso, pues la nueva aya que vino no le inspiraba.
mucha confianza y tuvo que dedicarse á ejercer
una vigilancia más estrecha yendo con frecuencia á ver si la niila era conducida COillO antes á
lugar conveniente.
Con ese motivo volvió á ver reiteradas veces á
la seflora Chenée y se estableció entre ellos cierta intimidad principalmente causada por la seme•
janza de sus situaciones respectivas. Se refirieron su vida y Savinien supo que la madre de Teodoro quedó viuda á los dos aflos de un matrimonio aceptado óiD voluntad ni amor por instigación de sus padres, y que aquello fué como un
paréntesis de su vida del cual se acordaba como
de un viaje hecho en compailía de alguien que la
entristecía.
¿Y puede ser otra cosa diferente el matrimonioi' La señora Chenée se asombraba como de
una inverosímil aventura del amor que le pinta•
ba Savinieu relatando sus aflos de ventura, de
pasión mutua y su viudez inconsolable. ¡Qué consolador era para él ahora tener á quien hacerle
estas confidencias! Sin Magdalena, á quien se había dedicado exclusivamente, le decía, la vida le
habría ~ido insopcrtable. ¡Pobre nifla, pensativa
ya, pensativa y melancólica como su madre!
Pero felizmente había encontrado á Teodoro
que la había enseriado A jugar, á ser niña, á serfeliz.
Viudo y viuda hablaban constantemente de sus
hijos sin cansarse jamás; sP. referían sus caracteres, sus inclinaciones, sus frases tiernas ó graciosas, y un día Savinien citó la última ocurrencia..
de Magdalena:
- Dime, papá: ¿verdad que yo estoy casada.
con Teodoro?
Los viudos hicieron el exámen psicológico de

esta ternura que era en verdad un amor en pe ·
queila esca!a, y Savinien hizo observar que los
niiios aceptan todo plenamente, y no hay moti·
vo para dejar de creer que puedan enamorarse
de un modo f Prviente.
La seilora Chenee oía un poco pensativa, y contestó:
-Es verdad: suelen observarse esas precocidades, y hay chicuelas que son para sus muñecas
unas madres amorosísimas.
.Ambos contemplaron á s.:ts hijos enterneciéndose y siñtieron como que los ligaba un lazo de
familia, y;,, que según las palabras de Magdalena
se consideraba casada con su amiguito.

***
Un día Savinien tuvo una sorpresa imprevista
que lo alarmó: había salido una hora después de
Magdalena inquieto por el deseo de reunírsele,
pues no tenía gran confianza en la nueva aya, y
al llegar al jardín donde tenían costumbre de de·
tenerse no las encontró. Buscó de árbol en árbol
buscó tras el Kiosko de los conciertos militares,
y buscó más lejos por las avenidas del bosque
sin encontrarlas, ni tampoco á Teodoro que seguramente no había venido.
Mucho se afligió Savinien y hasta se imaginaba que la cara de la muerta se aparecía entre las
fronnas llena de reproches mudos, porque no ha•
bía sabido velar por la niiia consagrándose á ella
exclusivamente como lo había prometido en lci hora solemne de la eterna separación.
En vano la llamó con gritos desesperado3; no
le respondía eco alguno, y bien prcnto fué presa
de un terror pánico, irracional y creciente. La
incertidumbre !P. era intolerable y quería cesar
de sufrirla en seguida: pero ¿cómo? En su desesperación pensó en Teodoro_ que acaso t~vier~ indicios del paradero de la mila; y muy mqmeto,
resolvió ir á tomar informes á la casa de la sefiora de Chenée que estaba cercana.
Rápidamente se encaminó en aquella dirección
y el temor en que se hallaba Je hizo suprimir toda
otra reflexión sobre si sería ó no indiscreta semejante visita que, por otra parte, quedaba excusada con lo grave de la situación.
No bien hubo llamado á la puerta cuando ésta
se abrió, y antes de que manifestara el objeto de
su visita una inmensa alegría le inundó el corazón. La ~oz de Magdalena había llegado hasta él
como una música al tra"&lt;'és del corredor y el sa•
Ión, cuyas puertas y ventanas estaban abiertas
en este día tibio de primavera.
Un momento después 11' seilora Chenée vino á
su encuentro excusándose de haber traído á Magdalena por ser día del cumpleailos de Teodoro.
Ya habían comido juntos y ahora estaban en el
patio entre las rosail recién abiertas que tanto
se les parecían.
El padre y la madre fueron á l!entarse en el

EL MUNDO.
saloncito desde donde podían contemplarlos á su sat:sfacción, en tan•
to que los chicos jugaban descuidados entre los bosquecillos de lilas y
adormideras de aquel microscópico
jardín que parecía hecho apropósito
para ellos.
¡Qué graciosos estaban! se les hubiera creído verdaderamente enamorados, pues hablaban en voz baja
cuchicheando, como temerosos de
que sus oídos percibieran lo que decían sus labios y sus labios dijeran
lo que sentían sus corazones celosos hasta del aire.
Por momentos su ternura se hacía
como más grave; Teodoro tomaba
la mufl.eca que la niiia había vestido de seda tan brillante como las
rosas y el sol, y la colocaba entre
ellos sobre un banco de piedra, juntos daban las manos á la muileca
y con mucha gravedad se paraban
y la llevaban con mil cuidados por
la avenida como para enseilarla á
andar.
La interpelaban, la acari1faban,
la reilían simulando que era su hija
y representaban así el cuadro de la
eterna pasión dando á sus padres,
sin saberlo, una lección de amor.
Contemplándolos la seilora Chenné, se acordaba dé sus conversaciones con Savinien sobre la psicología
de la infancia, y la invadían las Jasi
tudes deliciosas del ensueño. Con los ojos veía á
,os niños, pe.ro con el espíritu contemplaba otra
imagen más cercana y más atractiva. ¿Que la turbaba así? ¿Eran los primeros efluvios de la primavera embriagadl&gt;res y perfumados, trayendo
al alma solitaria la poesía de los nidos?
. ¿Era la melancolía del crepúsculo cayendo co•
roo crespón finísimo sobre el cielo de su alma?
De pronto la viuda pareció arrancarse á sus
reflexiones, y mostrando á los niilos, dijo:
-Parecen deveras dos enamorados.
Luego rñadió:
- Y son felices, pero muy
felices, y no sólo para ellos
hizo Dios en el mundo la
felicidad ..... !
Desde hacía tiempo que
Savinien la interesaba por
su elevaciún de espíritu,
sintiéndose apr-0ximada á
él á causa de la semejanza
de sus situaciones, y aún la
había conmovido aquel do•
lor noble y sincero que ella
podría curar con su piedad,
que constituye lo esencial
del sentimiento femenino.
Todos los pensamientos
de una tarea de I estauración y con.melo acuumla
dos en su alma para Su.vinien y que habían estado
flotando comu en la vaguedad de un ensueilo, tomaron cuerpo ante la lección
de amor de los niños sinceros y vehementes, y el
deseo de amar estalló en
ella como los brotes irre•
sistibles de una primavera
interior.
El viudo quedó sorprendido al adivinar, al comprender lo que estaba pasar.do en el ánimo de su amiga,
y pensó que á él no le era
posible amar viviendo, como vivía, más allá del mundo y de las ilusiones, pero
la prueba no lo agotó: se
acordó instantáneamente de
su promesa á la moribunda de no casarse y vivir
sólo para Magdalena, y exclamó como respondiendo
á sus propias ideas:
-No, no! Ofrecí A la
muerta no casarme. Qué
diría ella?
Y hacienda un supremo

455

esfuerzo sobre sus inclinaciones del memento,
tanto más arrebatadoras cuanto más inespera•
das, se puso en pié como quien está resuelto á
huir de una irresistible tentación, y apresuró la
partida. Los niilos fueron traídos del jardín y
las despedidas se hicieron con rapidez.
Cuando Teodoro se quedó á solas con su madre, al verla pálida y óonmovida se inquietó quedando muy asombrado de que estuviera triste
cuando él era_ tan feliz, y luego se fué poniendo
triste poco á poco, al mismo tiempo que las sombras de la noche, descendiendo del cielo, se extendían comci gasas impalpables por el salón.
El juramt&gt;nto que se hace á los muertos es una
cosa sagradit. porque los muertos nos ven, nos
oyen, nos persiguen y sufren cuando se ven humillados y olvid1tdol.'.
Savinien luchó contra los encantos arrebatadores de la joven viuda que l,:i brindaban· toda
una vida de alegría y calor, y al fin resolvió suprimir los paseos al jardín para quitarse ocasiones de te11titción y de debilidad, y desde el día
siguiente M,igd11lena fué llevada á pasear por el
otro extn-mo de la ciudad.
Pronto se acostumbró la chicuela á su nuevo
itinerario y á lati avenid11s y jardines del otro la•
do de'l Sen11, h11sta que al fin acabó por no cuidarse más de ,i vivía ó no su amiguito.
¿Acaso, pr.. maturamente despierta A la razón,
había comprendido que algo iremediable desligaba los debtino:1 de ella y de Teo, cuando apenas empez11bau á unirse en dulce intimidad?
Savinien no se atrevió nunca á pretender penetrar en ese mistPrio del corazón de su hija. Tal
vez todo consistfa en que había olvidado pronto.
Y entonces pensó en esa vida en miniatura que
nos representan siempre los niños, amando, aborreciendo .ú olvidando sin motivo y en pasajerísi•
mo período &lt;le tiempo. l\fagdal&lt;"na con Teodoro
había presentado de pronto la imágen de una pasión correspoudida, y había dado, sin saberlo,
una ardiente lección de amor, que podía haber
sido contagiosa. Ahora, estaba dando una lección de olvido ...... Olvido rápid&lt;', propio del
corazón femenino, en el cual nada s~ puede escribir, según la expresión del poeta, que no se borre
como si hubiese sido escrito sobre la arena ó sobre el agua. - GEORGES RoDENBA0H

�Domingo 18 de Diciembre de 11198.

~-...
¡ur ;VPsoR&amp;ROl

..

AB ETERNO;
Traf'mos dPsde otros mundos
cual rPCUf'rdo dfl ot:·os dias,
iuefables simpatia1&gt;,
r~s..ntiroientoe profundos.
¿Los oleaies iracundos
chocan Eólo por chocar?
¿Amar es tan Polo amar?
¿Dónde el punto de partida
eHá p11ra nuestra vida:
en la playa ó en el mar?
A do1mir cual pPscadores
en 11lta mar nos echamos,
.v en la playa despertamos
de esta vida de dolores.
Y esas vidas 11nteriores
confunden cunas y fosMs,
dando a@i á las presunciosae
Ciencias de moldee estrechos,
el cómo de t~ntos hechos
y el por qué de tantas ~oP.as!. ...
L11. Natura tal v~z quiere
rehaciendo Jo que df'Ehace,
que el alma de uno 4ue nace
1&gt;ea el alma de otro que muer.i.
Nadie asl romper espere
tal deEtin.:&gt; eslabonado.
¿Quién es el que no ha mirado
singulares coincidencias,
en hendas cl11rividenclae
de futuro11 que han pallado?
Cruzando el recuerdo está
un puente 11obre el abismo.
cuando á vPces me ensimicmo,
cuando el alma ae me va.
Recuerdo el placer qui7á
hoy que las penas me a!ligen
placer de amores que rigen
el rumbo de una pasión
110 sólo Pin conclueión
sino también sin origen!. .....
Pasión que es luces. sonidos,
mieles, aromas y plbtlcas:
todas las fuerzas elásticas
de nuestroff cinco sentido@!
En los sueños desmentidos

'(:, · ··.\
~

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.-.

...

'-::;·'
~/.
,:.•.

Pronto con mi pesar y mi amargura
Que ni consuela el tiempo ni mitiga,
De11cenderé rendido de fatiga
Al fondo d11 ignorada sepultura.
Y tú vendrás radiante de hermosura;
Y al dulce halago dEI tu voz amiga,
Harás que me fevante y que te flga,
Alma inmortal, á la culeste altura.
Y alll do eterna la verdad subsiste,
Tt: diré de mi afán para consuelo
Qn•· viva y muerta mi esperanza fufEte.
Qne te di mucho amor con Joco anhelo,
Y que no te di más, porque no existe
Más amor en la tierra ni el cielo.

~-··•

de mi corazón amantA,
truena un beso u-sonante,
se "nsan&lt; ha, SA alza h11sta Dios,
y nos arr118tra á )ns dos
cowo un círculo dP.l Dante!
¿Amo ó dese(&gt;? Otra vez
tra8 de apurar el licor,
dejaré el vaso de 11mor
vo1c1tdo sobre la hez?
O cual moribundo pez
que toruara á EU eltmento,
i,;·ozaré gozos bin cuento
tm ilusion,-s sin fin?
¿Es de Edén ó es de jardin
el olor que trae el viento?
Ttmgo yo al queda1me á solas
seutiw1entos encontrados:
amor,..&amp; contra pecados,
1~ños flnt1rndo en las olas ..... .
En mis florlls las corolas
y en mie árboles los nit1os
Í:on otros t11ntos oldos
con que P.scucho eternamente,
la pifia de, la serpiente
rnbrl'I IO@ frutos prohibido11l
Caiga ó no caiga en error,
después d11 dufarlo, creo
qu" todo amor es deseo
y todo dPseo amor
Esto que e11 en mi fulgor
y que alumbrándome va,
i-1 primero no será
ptiro el más profundo ijf
de mis deseos de aquí,
di' mis amores de a1lá .... . .
Memoria que es ambición,
recuerdo que es porvenir,
este amor me hace @11ntir
como -:ina resurección.
Si es justo que la Pasión
pidiendo limoPnas ande,
ya que el amor que se expande
i-n mi alma no cabe en ella,
denme otra vida máP bella
sobre otro mundo más grandP!. ...
JOSÉ s. CnocANO,

·------------------------------------------------------------------------------------INEXCELSIS

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TEMPESTAD

PlANO.

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EMILIO FERRARI.

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México, 1898.

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Como invapor ejércit ,, en montones
Las nubes bajan á e.nvolver la ti11rra;
Simula tll viento su clarln de gunra
Y ..1 trueno el galopar de sus bridones.
Ruge a. dictancia el mar en sus brisones,
El horizonte en lobreguez lle cierra,
Y á devastar los campo~, de la 11ierra,
ViPnen bramando 11ludes y aquilones.
El valle há poco floreciente v gayo
Mira á merced del torbellino cit&gt;go
La antigua pompa qu11 heredó de Mayo;
Y un caos es todo á nuestra vidta Jue¡¡-o,
Sobre el que Dios con PI zig-za¡!' del rayo
Trar.a, al pasar, su rubrica de fuego.

JAVIER SANTA MARÍA.

México, 1698.

DANZA

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�EL MUNDO '

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Domtn,ro 18 a, Diciembre de 1898.

Domingo 18 de Diciembre de 1898,

EL MUNDO
OTRA RECETA CONTRA LAS VJIIRRUGAS.

PAGINAS DE LA MODA

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'.. . '·:
RIPIOS SOCIALES

.

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.

.

/-

LOS INTELIGENTES
Por lo regular se califica de intell;ente á
todo aquel que descuella sobre el vuigo por
~us conocimientos, por su educación, por sus
maneras ó por su facilidad de expresarse ó
de insinuarse con los demás que viene á ser
lo mismo; pero como no siempre fos juicios
d-, las agrupaciones sociales son ri~uroaamente exactos ni están del todo librea de
11qulvocaciones, tambtén eon aceptados como
inteligentes pur sang esos seres híbridos que
andan por ahi en una perpetua holganza viviendo á costa del prójimo ó de la prójima á
quienes engañan con un desplante admirable mezclándose Pn todo, dando su voto en
las cuestiones de interés público ó privado,
cuando no 11s ni oportuno ni sensato. ni se
loa pide nadie y c. usando más daños que la
floiera en los surcos abierto&amp; por la constancia, la honradez y el trabajo
Asi como no se concibe un paisaje de las
regiones polares i!in algún cachalote envarado en el hielo ó sin focas tomando el sol semestral sobre un témpano flotante, así tampoco se concibe un cuadro de la moderna civilización sin que en él figuren esos anfibios
que si no contribuyen á embellecerlo, por
lo menos ayudan á producir efecto en los corazones sencilloR ó pusilánimes, COl"lO l" Quimera, como el Pulpo, como la bestia del Jebodán ó como el caballo del Apoca'.ipsis.
Inteligwte es el mancebo audaz que se duce á una joven tan pura como inexperta y
que luego la abandona enmedio del arroyo
con el amargo fruto de sus condescendencias.
I nteligente es el que lisonjea á la viuda ignorante presuntuosa y rica, explotando en
su favor tan estupendas cualidades.
Inteligente ea PI que pide prestado un du•
ro al amigo recién llegado de provincia. mucho antes de sacudirse el polvo de la deheBH., y después y a no le devuelve ni los bueno• d!Re.
Inteligente es el que se suscribe á un pe·
riódieo y que después de recibirlo y leerlo
de gorrit., devuelve la susbcripción haciéndose de las nuevas y negando haberlo pedido.
Inteligente es la cachuquera infame que á
la vuelta de una esquina acecha á la niña indefenPa y sencilla para cambiarle &amp;u oro por
pe.~os f'alsos empujándola al lodazal.
Inteligente es el rapaz pretencioso y tonto
que antes de aprenderá leer correctamente
ó á trabajar en algún oficio, pierde lo mejor
de su tiempo haciendo versos cuando no cosas peores.
Inteligente es el abogado ramplón que cuan•
do no lt, ajusta el cacumen para mantenerse, se dedica á buscar empleos, á embaucar
tontos y á patrocinar negocio11 turbios, ya
que loa negocios claros nunca están á su al•
canee.
Inteligente eP el orador que sin lástima de
su personilla y con más acopio de pretensiones que de conocimientos, asalta la tribuna
que poco á poco, y como por via de encantamiento. se va virtiende en picota ante los
asnmbrado11 espectadores.
· Inteligente ea el médico que para que no
se agote tan Jll onto la mina del cliente rico,
le ministra substancias más propias paraalarg11r la PnfPrmedad que para curarla.
Inteligente es el yerbero ó fármaco sin conciencia que substituye unas drogas con otras
con gravP pPrjuicio de la humanidad dolien•
te. Estos i11teli_qe11tes son peor"&amp; que el vómito y causan más eHragol! que el cólera mor•
bus .
Pero .... son tantos loe inteligentes la11readoa, encomiados y haFta venerado11 por el pópulo, gracias al
111aravilloso modo que tienen de ingtmlarse, que sería tarea muy larga pa@arlea revista en una estrecha
,•.n1umna de periódico; pt'ro está demostrado por una
clulorosa experiencill, que asi como no siempre es dev, to el que se da golpea de pecho cuando rPza; ni
honrado el que administra intereses agenos; ni cumplido el albaceR, tutoró curador de menores ó huérfanos; ni hombre recto el que no bebe ni fuma; pero
t-n cambio presta dinero al tanto por ciento; ni deve•
ra~ pobre PI que pide limosna; ni deverae rico el que
ma frac, latiguillo y sombrero de copa¡ ni deveras caritativo ó magnánimo el que regala ciuamelos á la
rl,,ocellita ú ofrece sus desintert1sados servicios á la
vinda desamparada y de no malos bigotes; ni devera11 cielo, ni deveras azul, ese cielo azul que todo,
vPmos como dijoArgensola, resulta quelostales intelir¡e11tes que han dado margen con sus bellaquerlaa al
presente articulo tan verfdico como mal pergueñado,

Echeae en una cantidad cualquiera de agua destilada hirviendo, bicromato
de potasa basta saturación, ea decir hasta que no pueda disolverse mAs. ~e deja
enfriar la disolución, con lo cual se precipita parte de la sal, y el liquido que
queda ea el medicamento propuesto, que se emplea en frlo, bañando ligeramente con él las verri..gas, una vez al dia.
·
¡Ah! Este medicamento tiene la ventaja de que sirve para las ,personas y para
loa animales.
MESA RlliVUl!ILTA,

Llega una recién casada de visitar á una amiga de
colegio, casada t11mbién de poco tlempo y le dice á su
marido:
Ay, Pepe, ¡¡f vieras que matrimonio más felz! Ella manda en jefe.

..

**
se ha

Una infel:z
casado con la
hija de un relnjero, pero el matimo•
nio no e.a dichoso
t:lmarido, harto de sufrir, escribeá
1 .
su suegro lasiguien/¡j
te carta:
JJ1: ·
"Le envio á usted
1-&lt;,'~rjj/
mi reloj y mi mujer
~r~ti&lt;~
para que los compon~ ;&gt;
gR. Uuo y otra ade'
lantan demasiado."

!'
/

I

Flg. 3.-Traje de calle.
Fig. 4.-Traje de Tlslta.
PLUMA.S DE G&amp;..RZA.8

ADOR'i'OS DE LAS MUJERES

Flg. 1.-Traje de casa.
no son tan diablos comú parecen y aaf nos libre Dios
de elloe.

NOTAS UTILES
Cuando un objeto cualquiera está sujeto con torni•
lloa, ocurre muchas vece11 que ésto~. con el transcurso del tiempo, se e11mohecen, imposibilitando el des•
tornillarloa.
Sin embargo, nada DJás fácil que lograr esto.
Basta aplicar á la cabeza del tornillo por algunos
momentos, loa suficientes para que se caldee bien, un
hierro enrojecido, é inmediatamente dar una vuelta
fuerte con e, destornillador El calor. al clJJatar el tornillo, ha roto la capa de orfo que en éste se habla formado.

Flg. 2.-Traje de calle.
CONTRA LAS VERRUGAS.

Todo el mundo está. Pxpue•to á tener verrugas pe•
ro no todos saben que hay un medio muy sencilld pa•
ra hacer que deeaparl.'zcan: como que no consiste
en más que en aplicar encima de ella~, dos veces al
dia, un papel de estraza untado de jabón negro, conservándolo todo el tiempo que se" posible. Luego.
rascando las verrugas, irán desápareciendo poc:i á
poco.
Dl~en, y no lo dudo, que este procedimiento sirvetambién para los callos; pero no he te11ido ocasión decompro~arlo. De todas maneras, como el remedio ea.
inofens1vo, se puede ensayar.

Los fracasos relativamente numerosos, en las tentativas de cria de avt&gt;~truces en Argelia. surgieron á
un colono francés de Túnez. la idea de compensarlos con la cría
y domesticación de las ~arzas.
Sabido es cuánto se busca para el adorno de loa sombreros
de las mujeres, la8 plumas dorsales d11 e~ta hermosa variedad d11
aves acuáticas Se venden en Paria de 300 á 600 franco~ los 600
gri.mos, aPgúo su calidad. La pluma nPgra se busca y se aprecia ml\.s por iU bellPza y por su rareza. Loa precios antes indica•
dos, ya muy elevit.dos de por si, tienden aún á. subir, á consecuencia de la diminución de la Psl,recie, perseguida conatantementt",
unto en las J!'Uaridaa de América á orlllas del Orinoco, como eu
Asia en loa pantanos del Tookin. En Hanoi algunos comerciantes hacen su principal negocio ctn pluma de garza que exportan á Paria. El cnnbumo industrial absorb11 todo lo que PII mRnda,
Loa puertoa de Venezuela enviaron en lb95 cerca de 600 kilos d°'
pluma de adorno; 'f si se admite que cada ave proauce de 3 á 5
gramos, ee ve 1, u11 la cifra de aves sacrificadas en una docena de
b ñoP, t1a fabuloPa Si nn a" provee á su conservación, la eapPcle
desaparecerá en el siglo venidero, como desapareció ya en EuFig. li.-Frock para nifta.
Flg. 6. - Traje para nlilo de 6'.ailos.
ropa.
Flg.
7.-Gran
sombrero Imperial.
Veámoa en qué condiciones se ha emprendido en Túnez la
cria de garzas y los resultados obtenidos.
La prnpiedad dedicada á e@tR cria, está cerca de Túnez. Se instaló Rllf una
PARA EXTI:--GUIR INCENDICS.
gran pdjarera, conteniendo estanque y árboles: cuya construcción no ha costado
1oenoa d" 14 OLO francos 8·1probó primero con unas treinta garz11a ~al va jea cogl•
das por los indtgPnae. La rPprnducción ha ~ido tan fácll, que Pn la artualidad
¿Quiéren ustedea proporcionarse un liquido de 1011 llamadcs matafuego
la pajarera contiene cerca de 400 garzas El criador declara que el rendimienesos que, guardados en botellas, basta arrojar uua de éstas á las llamu de u
to anual de una garza ea de cerca de 35 francos, producto de dos desplumPa,
cendio en sus comienzos. para extinguirlo?
en Julio y á principios de Octubre, cerca de 6 gramos de pluma, á f&gt; francos el
Pues la composición es la siguiente:
gramo, y los productos de 1,na incubación. La reproducción es singular; pero
debe subordinarse 'ln general, al espacio necesario, para la existencia de las
Agua ... . ........................ . . . 72 211 parteP.
aves muy pendencieras, aunque rncialea.
,,
Cloruro de calcio ................ . . lti,/!28
,,
Cloruro de ma¡¡:nesio ............. . 4,500
Cloruro de sodio ..... .... ........ . t.3()j
"
Bromuro de potasio ........... ... . 2179
Cloruro de bario .................. . 0,265

"

Una niñera de muy poca estatura busca casa.
-No me conviene usted-le dice u11a señora-es de~~ado baja.
- ¡Pues ,Pjor! Asi cuando se me caen los niñoe, se h1.,oen muy poco daño.

Total. . . . . . . . . . 99 989 partes,
La inalgnlf!cante fracción que bita para las 100 partes se compone de jndicios de
cloruro de hierro y aluminio.

�Domtng;o

EL MUNDO

460

18 de

Die lembre de 1898

Por maltratos á mujeres.
Habla u·n periódico humorístico:
En Inglaterra existti una ley en donde están con•
· ·11lg'nádos los castigos que recibirá todo aquel que mal_trate á su esposa, por .-jemplo:
-Por 't irarle los platos á la cara, decirle improperios Y estrellarle un vaso en la cabeza, có.lez chelines•
-Por una bofetada en pleno rostro y un garrotazo
en las costilh1s, cquioce chelines ,
-Por magullarle un ojo, poniéndoselo como un to•
tt1atA y romperle la boca, cuna libra esterlina.,
-Por una paliza eu toda forma, cuna libra ester •
Por afianzarle los cabellos y arrastrarla como un
gato por la cola, cdos libras esterlinas.,
Por una patada, es d11cir, por una co11 que le rompe
algo, cdos libras esterlinas. ,
Por matarla á garrotazos, •diez libras esterlinas.•

,

NUESTROS GRABADOS.
FIG, 1.-TRAJl!l DE CASA,

I

De sar~a azul pálido formado de una falda plena y
Y una Jaquctte orlada de piel, en un frente de muy
buen gusto.

i~H.mrrmtu !h\ .!...:.\ =.1JI:1'J~I'.¡JJ!J;\
.;\l. rn~m;it riU:smr;1 rr DI u arru1Ju~1

FIG. 2 . -TRAJE DE CALLE.

De Sf!,rga de s~da muy fina, azul obscuro con un
entredod de terciopelo malva, ornada toda de bandas
de raso y guias.
3. -TRAJE DE

NUMERO ~6

VIAJE DEL SR. PRESIDENTE DE LA REPUBLICA A MONTERREY

Una.,

FIG,

•

MEXICO, DTCll4 MBRE 25 Dlll 1898

TOMO II

CALLE:,

De lana yerde plata, formada de un j:tq11ecito y de
una falda Justa orlada de cintas de seda. Eu el cuer•
po un entredós de draperia con guias de terciopelo.
FiG.

4, -TRAJE DFl VISITA,

De satin amarillo plata, tallado en forma de bata
con grandes solapas ornadas de blonda y abiertas so·
brti una camisola de batista plissé.

FJg. 8-Traje de estacl6o, taotasia.
•··············································································································-

"'
*'*

¡Cuándo establecerán el divorcio absolutameoteldecia un marido.
-Entonces, -exclama lamujer,-me casaría de nue•
vo, y tú me echarla!\ de meno".
-No: quien me echarla de menos serla tu nuevo es•
poso.

FIGS. 5, 6 Y 7.
Damos con estos números dos modelos de toilettes
para niños, de última novedad y un sombrero de alta
novedad de fieltro, elegantemente caído á la izquierda y ornado á la dereclla de plumas, en coqueta combinación, encubriendo el peiuado.

FIG. 8.-TRAJJII Dlll ESTACIÓN, FANTASÍA.

Ea de paño malva, en forma de bata, formando dos
grandes volantes y fijado por dos i&gt;omnes fantasía á
la izquierda. Mangas drapeadas á grandes dibujos.
Solapas doublé de raso.
FIG 9,-TRAJJII DE PAÑO PARA CALLE.

Flg. 10. - Toilette elegante,

••*

Una joven agrasiada salti de un almacén de música
con una partitt1ra bajo el b~azo.
Se le acerca un pollJ y li, pregunta cortesmente,
-¿Canta u.sted, &amp;eñorita?
.
-Si. señor,-responde ella después ile un momento
de vacilación -¿Por qué es ¡,, pregunta?
-Porque tendrla mucho gusto en acompañarla.

1J110

.

de los a.reo11 trinnhdc·s á la entrada de la ciudad.
'

Es de paño azul turquesa, todo adornado de ban•
das paralelas de terciopelo. Cuerpo muy justo con solapas drapeadas de guipure. Plastrón de terciopelo
negro.
FIG. 10,-TOILETTE l!ILEGANTE.

Es una caorichosa combinación de paño ama, illo y
terciopelo. En el cuerpo blusa forma un corselete de
muy buen gusto y en la falda figura una sobre falda
fantasía.
/
FIG. 11,-TRAJlll DE TERTULIA. ,

Es una gran toilette alternada toda de blonda de
Br1;1selas y ~erciopelo parma á grandes bandas po!I•
terrores, de1ando un delantero muy angosto. Yockes
de blon~a, escote redondo orlado de cadeneta de 11 eda lo mismo que la falda.

.'

- - -- -- - - - - - - I' - - - - - -

OTRO PAGff.DE $8,316.50 DE ''LA MUTUA"
EN GUADALAJARA, JALISCO,
Timbres por valor de 8.3:.! cs. debidameute cancelados.
R&gt;1cibi de «The Mutual Life In1mrance Company of
New York• la suma de (88,316.liO) ocho mil tres•
cleotosdleclsels pesos, clncu,entac..nta.vos
plata mtlx1cana, ae,i: $5,000 suma asPgurada .Y :¡¡;3 a16',
50 cs., por devolución de los premios 11xi1ibidos, ea pag? total de cuauto~ derechos se derivan de la póliza
uumero 429133, baJo la cual y á mi favor estuve asegurado m1 fmado esposo

D. ALEJANDRO AGRAZ
Y. pa_ra la debida constancia en mi carácter de beneficiana, extiendo el presente recibo en la misma póliza
que se devuelve á la Compañia para su cancelación
en Guadalaj11r'l, Ji\ll~co ~.26 tlfl Noviembre de 1898.
Fm:iado.-Refuglo P. Vda. de A.graz. -Rúbrica.

FJg. 9. - Traje de paño para calle.

Un timbre de 50 cs. debidamente cancelado.
' Gi\b~rto. Gómez, ~~tario Supernumerario de esta
mumc1pahdad,. cert1f1co: que ta Sra R efugio Palomera de Agraz, firmó ante mi el ante·
rior recibo y le fué entregada la
cantidad que en él se expresa. Doy
fé. Guadalajara, Noviembre veiutiseis de mil ochocientos noventa y
ocho.
Firmado.-Gilberto G6mez. Rúbrica.
Flg. 11-'l'rale de tertulia.

Visita del Sr. Pr~hlente á. la Penitenciaría del Eiltado la mañana. del mart••~ 20- •lel nclnn.1
(F&lt;,to¡;rafws de D . Lagran:;e).

1

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Damas distinguidas</name>
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                    <text>~AS

01GEsr1VAS

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NlJ'.MlllBO 24'

ANnsEPr1cASh1

~·s~

J
g

MEXICO, DICIEMBRE 11 DE 1898

EXPOSICION NACIONAL DE BELLAS ARTES.

activa de los fermentos digestivos y los an•
tisépticos más poderosos combinados en un!l forma nueva y asociados con otras sustancias medicinales.
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ARGELINA .
&lt;CUADRO DE R. TCS(,¡1'1n'S,

FÓT. DEL, O, SANDOVAL,

�Domingo 11 de Die iembre de 1898

EL MUNDO

400

LA.SEMANA.
La especial predilección &lt;:on que el Senor Presidente de la República observa los avances y promueve el progreso del Colegio Militar, da á la
fiesta anual de la distribución de premios entre
:os alumnos de ese establecimiento modelo, una
significación tan grande que la Nación entera se
ha acostumbrado á ver en la so1E•mnid11defectuat uada el último domingo en el Castillo de Cbapultepec, uno de los acontecimientos públicos máij
interesantes p.ira el país.
La presencia del Senor Presidente en la fiesta
escolar del Colegio y las palabras que dirige a
los futuros soldados de la Patria, son 1J.lgo más
que una simple formalidad, pues cada ailo aprovecha la ocasión nuestro Primer Magistrado para
desarrollar sus ideas sobre problemas tan íntimamente enlazados con el bienestar y el prrgreso de
la Nación, cowo son la educación militar, la disciplina del ejército y el código moral a que deben sujetar su conducta los hombres de espada.
La pacificación definitiva no puede ser una rea·
lidad sino á condición da transformar en elemen •
tos útiles las ambiciones militares y el prestigio
de los eoldados de fortuna; para esto ha sido necesario educar á loR hombres de armas en el aea•
J;amiento á la autoridad legal, el respeto á los derechos de sus conciuuadanos, y sobre todo en el
amor A lss principios de la libertad.
Y esta educación es el resultado de sugestiones
diversas la del libro, que habla al espíritu, y sobre to do'la de la palabra y el ejemplo del jefe y de 1
maestro.
Cuando ese jde es el jefe supremo y ese maessro babia en nombre de la Patria y la representa,
cuando sus en~eilanzas son máximas derivadas
dfl la justicia y de la ley, y van robustecidas por
el asentimiento del pueblo y éste las aplaude y
las encomia, grávanse para siempre en el corazón
y en él se afianzan como indestructible sedimento.

"""

Coméntase con diversas interpretaciones la abstención de los artistas mexicanos, que no han querido concurrir con sus obras á la Exposición Nacional que en breve abrirá sus galerías en la Academia dé San Carlos.
No puede ser motivo de esa conducta extrafla el
temor de ver en propio suelo desdeñadas sus producciones por las que envían los pintores europeos, pues éstes presentan sus obras, fuera ~e
concurso, según los términos de la convocatoria
oficial.
¿Será, entonces, que aun seguros del fal;o
favorable de los jurados, temen las comparacienes del públict; y no quieren someter su nombre artístico á un juicio enérgicamente sancionad o por la demanda que hayan de tener las obras
y el precio á que se vendan?
Hay acaso más orgullo que buen sentido en esa
ilesdeñosa negativa que parece una protesta colélica contra el llamamiento hecho al extranjero
y la cordial aceptación de los pintores de Ul·
ira mar.
Entre ellos figuran firmas de todas las categJ
rías, desde el «premio de Roma» hasta el pri'.1ci
piante de fama regional. Todos, tanto el art1_st~
de alta significación y valía como el modesto m1·
ciado, buscan compradores para sus obras en un
nuevo campo y entre un público al que se presentan en solicitud del fallo que asigne á cada
cu11l su lugar de honor en la escala del mérito.
Hay algo, mucho de leyenda, en el supuesto snobismo que encomia lo extranjero sólo por serlo
y condena escépticamente lo nacional á injusta y
sistemática exclusión. No por ser ei-pafiol un artista mediano y compatriota nuestro un ingenio
poderoso ha de sufrir éste, juicio depresivo.
Al contrario; si aquí el medio no impulsa á los
privil~giados y la falta de condiciones fa_vo_rables
no permite la formación de un grupo artist1co nu•
meroso, las personalidades que s:ibresalen son_por
eso mismo más altamente apreciadas en su aislamiento olímpico.
.
Pecan de inconsecuentes los que al queJarse del
público desd"én, son_ á_ su vez desdeftosos, y cuando la ocasión propieia los llama .se re~raen en
el torreón de su feudal orgullo. Si es cierto que
la generalidad no comprende el artc_y hay_ muchos que se preguntan si hay en México qmen Jo

cultive con acierto, toca á los que tienen títulos
exhibirlos, demostrando su maestría.
Dejar el campo á los extranjeros y negarse á
la lucha ·es dar la razón al escepticismo flagelado cruelmente por los mismos que hacen imposible toda esperanza.

-

Una empresa teatral neoyorkina promovió la organ:z.acion de una «Compañía Juvenil de Ope~a»
que bajo sus auspieros hará bien pronto una gira
pur las ciudades de la República del Norte.
Si este ensayo no fracasa, será el principio de
una série de estímulos con que favorecerán directamente nuestros vecinos, el desarrollo del
arte lírico mexicano.
Todas esas aptitudes dispersas y sin empleo,
esos cantantes de taler.to y sin coutrata ni medios de obtenerla, y tantos otros que sólo pen·
sarían en seguir una carrera lírica Ei no fuera el
mayor de los lirismos hacer del canto una profe•
sión cuando ésta n:&gt; tiene ubjeto de normal explotación, seguirán, ciertamente, sus inclinaciones y las educHrán con ahinco el día que hallen
remuneración suficiente y continua, y no como
hoy sucede, aplausos ocasionales aunque ruidosos.
No cabe negar las disposiciones de nuestros
compatriotas para la escena lírica, ni el gran entusiasmo de los norteamericanos, la pasión conque
reciben toda manifestación artística. En sus teatros h&gt;ln de,filado Sarab y la Duse, la Patti y
Restké: todas las glorias de Europa pasan el mar
para recibir los homenajes y llevarse el oro de
los petrolero~ yankees.
No hav celebrid11d en el viejo Continente que
no se avenga á inclinar su orgullo ante la curiosidad de esos imp1'esionistas insaciables, deseosos de sentir todas las emociones, abiertos á todas las ideas y apreciadores de todos los ta•
lentos.
En sus museos hav oh.ras de todos los maestros, vestigios de las viejdS civilizaciones; y para
ello han desvalijado los países históricos; en sus
cátedras ha vibrado la pal11bra de los grandes
inves1ío-adores, de los especialistas, de los filósofos y j;fes de escuela que representan el movimiento intelectual del siglo. Sus publicaciones,
extrafta mescolanza de escándalo, enciclopedismo y política no ha callado un solo nombre cé·
lebre, una idea ni una frase que venga de los
próceres del pensamienle: generales, poetas, estadistas, hablan para ellos de una guerra, de un libro
ó de un tratado dejando caer sobre la opinión pública la apreciacion original y precisa de los hechos del día.
Ante ese público munificente y artístico irán
en breve nuestros noveles artistas á fortificar su
talento en la censura y el constante ejercicio,
amaestrándose para formar la especialidad por
la que claman aquí los que desean el florecimiento de una escuela nacional de canto.

"""

Los periódicos de algunos Estados fronterizos
dan la voz de alarma seil.alando graves peligros
para la salubridad pública en la ilimitada y libre inmigración de chinos.
No podría detenerse México, paralizando su
acción en consideraciones de sentimentalismo político, ante la invasión de esos leprosos asiáticos
que diariamente llegan á nuestros puertos y pasan las fronteras del territorio nacional.
A grandes males, grandes remedios. Los Estados Unidos no han renegad/) de su liberalismo
por imponer severas taxativas al ingreso de chinos á su país, y nosotros, aun cuando la Constitución no consig-nara un solo precepto que directa ó indirectamente legitimctra un movimiento defensivo de tau necesaria aplicación, no nos resignaríamos á someter la propia existencia á la letra
de un principio político.No es el caso, pues el constituyente previó la influencia perniciosa de los
extranjeros y los expulsa del territorio mexicano.
P1:1ra nuestro paüi, escasamente poblado, la inmigración significa la futura composición étnica
y el tipo moral de la Nación, y por eso quisiéramos que en la extensión abierta al inmigrante,
vinieran á establecerse razas prolíficas y la boriosas, pensadoras y libres.
DICK.

-------·-------

t}olitita ®eneral.
RESUMEN.-Er, MENSAJE DE M c KrNLEY ANTE EL.
Ct&gt;NGRESO DE LOS ESTADOS UNIDOS.-LOQ.UE DE:
Él, SE E,-,PERAB .\. - LA POLÍTICA DE EXPANSIÓN
•J'~:IIRITORIAu MAL DEFINlDA.-PAUIENOIA.-LA
JNDEPESl&gt;EKCCA DE CUBA.-J&lt;'ORMA'L PROMESAEL POKVENIR DE LA GRAN ANTILLA.-LA8
CAt'SAS DE LA GUERRA Y LA LIBERTAD.-ABSUR·
DOS l.KOOXCEBU!LES DE LA JUSTICIA URUGUAYA.
U:-J MONSTRUO ABSUELTO.-ANATHElllA SIT!-LA,
UNIÓN CENTRO A~lERICANA.-lLUSIONES QUE SE .
DESVANECE:-J. -L11S SUE\ÑOS Y LAS REALIDADES.
-LAS A!"PIRACIONES DE· LOS PUEBLOS Y SUS INTERESES NATURALES. -UNA ENSEÑANZA,-CONCL USlÓ~.

Con cm\nto interés era esperado en América y
en Europa, y hasta en la remota Oceanía, elmen-SRje del presidente hlr. William McKinley, ai Congreso de los Est11dos Unidos. Todos pensab11n
que en ese documento importante se diera cuen,
ta á la representación Dllcional del pueblo americano, no sólo de los últimos acontecimientos que
han co11movido al mundo, no sólo de los hechos.
consumados por el ejé cito y la marina americana durante la pasada guerra, sino que tambiénseapuntarar:. los puntos principales de la política que ha de adoptar en lo futuro el gobierno,
y cambiará de modo tan notable las tradiciones.
republicanas de los fundadores de la Unión.
Nada, sin embargo, dijo A este respecto el Presidente. En virtud de no haoerse firmado todavía
el tratado de paz que se concierta en las conferencia:, de París, no se dan por arregladas las
grandes adquisiciones territoriales impuestas á.
Espail.a después de la guerra, y en esa virtud el.
mensaje sólo se refiere al nombramiento de comisionados en Cuba y Puerto Rico y al de pleni,
poteuciarios en París. ?rudente en demasía se
muestra el Presidente, no lanzando á la faz del,
pueblo sus proyectos de expansión territorial. No
cuenta en las Cámaras con la mayoría necesaria,
para la adoptación de esa política, basta tero.;
que en un momento dado las susceptibilidades
puritanas de algunos demócratas, los resabios tradicionales de alg-unos republicanos y las exploFiones individualistas de los partidarios del pueblo, se o por g m á la aprobación del tratado deParís.
Nada significaría pllra lo porvenir una oposición franca eu ese sentido; hay elementos suficientes en el gobierno para aplazar la discusión
el tiempo suficiente y conseguir que el nuevo,
Congreso cuyas sesiones se inaugurarán el 4 de
Mal"Zo próximo, apruebe todas las medidas to•
madas, acepte la creación de un imperio colonial'
y tome sobre sí la inmensa responsabilidad de•
llevar la idea republicana á los territorios conquistados, de moderniz11r los pueblos sujetos al domiuio de la Unión, de sembrar las ide11s nuevas
en'países monárquicos por la tradición, como Cuba
y Puerto Rico, ó de construir desde sus cimientos.
toda una organización, como habrá de hacerse
en Filipinas, donde pueblos y razas primitivas, co11,
todos los ímpetus violentos de un estado casi salvaje. se mezclan á razas y pueblos inoculados de·
tradiciones incultas y mal dispuestos por educación y por temperamento á las adaptaciones d&lt;'
la demccracia

***
De cuanto se propone el gobierno americano.
en su marcha ulterior, sólo descubre dos puntos
importantes: la promesa formal de la libertad é
independencia de Cuba y el predominio que ha
de ejercerse sobre el proyectado canal de Nicil·
ragua.
Ni en documentos publicos ni en convereaeicnes privadas jamás el Jefe del Poder Ejecutivo
había hablado de una manera tan categórica &amp;obre el porvenir de la infeliz Antilla. Los arrebatados díscursos de algunos senadores, las brillantes peroraciones de muchos diputados, la esplendida campail.a abierta por la prensa, que había
sembrado la :dea de independencia en todas las
clases de la sociedad, declarándose en favor dn
Cuba,nohabían llegado hasta las altas regiones deh
poder, al extremo de que se manifestara de acuerdo enteramente con las aspiraciones nacionales .
Imposibleseríanegar que se notaba cierta incli,..
nación en favor de un pueblo, que luch?Lba dese;-

EL MUNDO

Domin~o 11 de Diciembre de 1~8

peradamente por su libertad y que buscaba en
los campos de batalla el triunfo de unideal,yaún
parecía resuPlto á hacer de, suelo Antillano un
montón de ruinas humeantes ó el pedestal de su
soliAda independencia; pero jamás se había prom, tido como ahora la cooperación directa é inJUPcli11ta del gobierno americano para la constitución de un gobierno hbre é indtpendiente que
emanara de la voluntad del pueblo cubano.

***
Muy lejos estamos de creer que en estas resoluciones hayan tenido parte las explosiones patr;ótic11s de los jefes cubanus, nacidas más que de
~u amor al suelo cubano de infundadas desconfianzas en los Estados Ur.idos. Muy alto se procl1:1mó y muy claro lo dijo el Congreso americano
en sus famosas resolucione;i del 19 de Abril: que
111 famosa intervención en los asuntos cubanos se
lrncía en nombre de la humanidad y para librar
Al pueblo del espectáculo sangriento de una guerra sin cuartel, donde indefinidamente parmaneccría dudosa la victoria. Con toda precisión dijo
también el Congreso, que ~in reconocer la independencia de la isla, sin conceder á los insurrectos les derechos de beligerancia, declaraba justas las 11~piraciones del pueblo cubano á su líber·
tad, y lícito el que se coustituyera con un gobierno propio.
Consecuente McKinley con esas resoluciones,
hoy promete la ocupación militar de Cuba por el
ejército americano, á medida que vaya siendo
abandon11da por los espaftoles; y cuando cese todo
motivo de alarma, cuando los dueftos legítimos
del suelo entren en pacífica posesión del ejercicio
de sus derechos, cuando nada !amenace turbar el
orden regulBr de un pueblo que entra por los senderos del progreso y el engrandecimiento, entonces el gobierno americano tr11bajará dirl'ctamente en la constitución de la nueva república, y
para que luzca en las puertas del Golfo de Méxi·
co, libre y resplandeciente, la Estrella Solitaria.
No será en breve plazo, de seguro, como anheJ11n los impacientes; todavía ha de pasar algún
tiempo p~ra que el pueblo cubano, agoviado por
una guerra tremenda de más de tres ail.os, enjugue tantas lágrimas derramadas, restañe sus heridas y se prepare dignamente á entrar de lleno á
la vida de las naciones libres.

*
**
Apenas podemos creer que haya habido un tribunal. hito tan completamt&gt;nte de sentido moral,
que se haya atrevido A. absolver á un criminal
odiadú por todos los hombres sanos de espíri1u, y
á dejarlo libre, en nombre de las pasiones poli·
tÍCIIF.

No hace mucho, uno de esos degenerados, pro•
dueto morboso de civilizaciones caducas, germen exótico &lt;le nuestra Ji hre América, hirió de
muerte al presidente dfll Uruguay, seil.or Iriarte
Borda, en una de esas efervescencias políticas
que con tanta facilidad crecen, se desarrollan y
estallan en el sudo movedizo de la América Meridional. P1:1rtidos enemigos, pasiones violentas,
ambiciones aviesas, odios imposibles entre hermanos, habían conmovido á la República Oriental del Urugu&gt;ty. Impotentes los partidos descontentos para dcrribllf al gobierno constituido, y
satisfacer sus locas aspiraciones, encubiertas pom•
posamente con todos los ditirambos altisonantes
d¿ la demagogia al uso de 103 aspirantes al poder,
armaron el brazo de un asesino y quitaron de en
medio á la personalidad del Presidente, que, como
representante genuino de la nación, ut bió ser res•
petado por propios y por extra:ilos.
El cambio político no se hizo esperar; los que
acechaban en la sombra una ocasión propicia para assltar el poder, lo arrtb11taron junto á la tumha abierta del Presidente, caliente todavía el
cadáver ensangrentado del sC'ñor Iríarte Borda.
Después, como si una república latino-ameri•
na en las postrimerías del ~iglo XIX, se agitara
co~ los estremecimientos bárbaros de una tribu
de caníbales; como si en un pueblo que Sil llama
demc.cratico y que cree regirse por instituciones
libres, pudieran influir, los instintos primitivos de una cafrería, un tribunal que juzgR en
nombre del pueblo, que habla en nombre de la
justicia y que funciona en m ,mbre de les eternos
preceptos de la moral, absuelve al regicida y lo
disculpa, por virtud de que, cuando cometió el delito, un viento huracanado de pasiones embraVl'cid11 s soplaba sobre todo el territorio de la república.

Eterno baldón para losque así se ciegan, oprobio
sin igual para los que atentos á las sugestiones
de partido cierran sus oídos á las voces de la
justicia! Día llegará en que ese pueblo urugullyo,
vilipendiado hoy por magistrados i11dignos, recobre sus soberanos derechos y t-jerza justa venganza. ¿Dónde podrá ocultarse el criminal? en
dónde escondHá su vergüenza el nuevo Caín, al
cual le han puP.sto como sambenito una sentencia
absolutoriai' Donde quiera que vaya no faltarán
corazones honrados que lo desprecien ni escasearán manos justicieras que marquen su frente
con el estigma de 111 reprobación universal.

***
Asentada sobre cimientos de movediza arena
la Unión Centro-Americana, al primer soplo de
oposición cayó derribada como castillo de naipes. Débiles eran los lazos que ataban -á las tres
repúblicas pAra constituir los Estados Unidos de
la América Central.
Faltas de cohesión eran sus aspiraciones, y por
la fuerza natural de las cosas se disgregan y se
apartan, porque entre ellas se levanta el fantasma de sus viejos odios, la eterna pesadilla desus
rivalidades no extinguidas.
Formaron su constitución; formularon la base
de su unión según el tratado de Amapala; empu•
jadas por los sueños de sus políticos y alucinadas con las ca11ciones de sus poetas, pefüaron
que esas agregaciones superiores se constituyen
en el papel. Extraño error: para que pueblos disímbolos, unidos sólo por el hilillo de oro de viejas tradiciones, se congreguen para formar una
entidad más fuerte, se necesita, m111 que pese á
nuestros resabios jacobinos, se necesit11 de una mano fuerte oue ate los eleruentos dispersos, una
los intereses divididos y consolide l11s aspiraciones extrañas. Se necesita que la corriente eficaz
de las fuerzas productoras y de la actividad financiera de los pueblos se dirija por un mismo
cauce y se guíe por el común interés.
Antes que la espada de Mollke y los proyectos
meditados de Eismarck triunfaran en Sado-wa y
vencieran en Sedán, para coronar al rey Guillermo primer emper11dor de la moderna Alem11nia
en el palacio de Versalles, y a existía la unión
aduanera de la ~\.lemania del Norte. Poetas y filósofos, políticos y sacerdotes habían predicado
]a buena nueva, habían hecho brotar la idea de
la unidad germánica, que lenta y progresivamente fué desarrollándose; hasta engendrar la fuerza
creadora que unió los dispersos elementos para
constit.i.ir la gran Germanía.
¿Dónde está esa labor fructífera y eficaz que
haya podido preceder á las conferencias de Amapala? ¿Dónde está el grito patriótico que Mngregaba á los súbditos de los reyezuelos italianos
en torno de l1.1s banderas de Garibaldi y Víctor
Manuel? Dónde está el hombre fuerte que establezca la cohesión entre las repúblicas centroamericanas?
X.X.X.
9 de Diciembre de 1898.

XXIII.EXPOSICION NACIONAL
DE B.ELLA.~ ARTES.
11

AUDIENClA11

DEL PAPA LEON XIII AL GENERAL DE LOS JESUITAS
POR DON JOSJ!I VILLEGAS.

Tal como lo tenemos prometido á nue@tros lectoreR,
iniciamos hoy la sección 11special destinada álaXXIII
Exposición Nacional de Bellas Artes.
Advertimos que nuestras humildes criticas de arte,
no dPben verse como lecciones ex cáthedra, ni como
ponti ficaciones de conocedor erudito. E@cribiendo como escribimos para el gran público, profano en acha•
ques de tecnicismo, sólo desae el punto de vista :le
ese público trataremos la obri. de arte, y si alguna vez
opinamos, ounca presumiremos de infalibles
D11 los cuadros españoles que hasta la fecha han llegado para m ex-po11ición. es dificil escojer el mejoró
los mejorPs, porque muchos, la mayor parte de ellos,
son de alto mérito artlstico. Mu no cabe duda de que
la «Audiencia del Papa León XIII al General de los
Jesuitas,• de Don Jos~ Villegas, sea una ve, dadna
jova de arte y merezcaser ampliamente.,onocida.Por
e~o damos principio con ella á nuestra tarea.
~L A.SlJNTO, (1)
Todos los que de cerca eonocen las cos11.s del Vaticaiw, saben muy bien que dentro de la organización
Li] Bibliografia.: Reinhold Schoe!ler.

431

eclesiástica hay dos potencias, di\ hecho cas_i equiva·
lentes al Sumo Pontlfice, cuyos radios de Hccló1! s-0n
ind.-pendientl'B del de Su Santidad Nos referimos al
Cardenal pnf.-cto de la Congre¡!"ación de la Propaganda y al General de la Comphñia de Je.ú~. La inuependencia positiva del primero, q ,1edó comprobada
por ese largo pleito que sostuvo contra t-1 Est11do, por
loP bienes particulareR de la Congrt-gación. en el cual
d P11pa no intervino ni pudo inttrvenir de m1mera
alguna. ~n cuanto a 11&amp; de Is Compañia de Jt!sús. bas·
ta conoctr bU 11ccidentada historht, para comprenderla. El fin principal q,,e na perseguido la orden de Lo~ ola, guiada por uu1&amp; voluntad a bFOluta, ha Fido la
d.-fensa y el acrecimiento d11 loe intert•ses católicoromanol! y de la iLfluencia clerical en los deHinos soeialef, sirviéndose, para logar su objeto, de todos los
mediod del e~plritu y C:e la sabidurla.
Persigue sus miras: cuando es pobibl~, en unión del
Papa..:o y al servicio de ébtl'j cuando es ¡,recisC', tam•
bién contra el Papado; de preferencia, 1tliada con las
fuerzas del EstadC', de las LeyeF, de 11&amp; E,cuela, etc.;
PI es absolutameme indispensab,e, en tenaz combate
contra esas Cue::zas.
De alll, qu11 el pueblo romano diga que hay tres Papas, y leb bautice vulgarmente, en consonan ch con
ti! color de su re,pect1v11 indumenuria: el Papa BlanC&lt;J (el Sumo Pontlfice), el Papa Rojo (el Card ..ual-prefecto de la Propag11noa Fid.-), y el Papa Negro (el
GeneTal de los Je1mitac).
El Estado ilaliano ha tomado posesión de la 1mti¡ma
casa matriz de la Compañia de Jesús, (.-1 Collegiurn
Romanum, fundado en ló8~ por Gregorio XIII¡ y le
ha convertido en escuela laica. Del wismo modo que
les Jesuitas hubieron de abandonar su principHl nidC',
su influencia social ha mermado bastante y hoy no
podemos compararla con la i.ue. no obstante la envidia
de otra.a órdenes re1igiosas y el desafecto de los .Papas Y. las persecusiones de los gobiercos, tt&lt;nfau hace
dos 111glos; más etlos trabajan eu silencio y te11~zmen.
te, sin olvidar nunca aquetlas palabns de su G11neral
Rlcci, que ellos cre&lt;!n proféticas: "Hemos sido arr,,ja•
dos como perros; pero tornaremos como águilas. "
En_tre los Papas Negr_os de nutistro siglo, eu el cual,
graetas á Pio IX espec111lmente, la Compañi&lt;t de Je►ús ha ido de acuerdo con el Vaticanu, los padres
Roothaan y Beckx obtuvieron universaJ nur11uradi1&amp;
y compartieron en Roma con el Papa Blanco la dí!'0Cclón de los negocios eclesiásticos de todo d orbe
Cuando murió el .P. BPckx:, fué electo General el P·.
Anderlédy, un iluizo del cantón de vYall, hombre de
.-dad provecta que sucumbió en Enero de lSJ!. Entonces 1111 procedió á la elección del General que hoy gobierna la poderosa Compañia de Jesús.
Conforme á las tradiciones de la orden la elección
de un Geueral _(praep ositus generalis) debe efectuuse
con el mayor Hlgtlo y sin consentir la influencia de
nadie, ni &lt;1e1 .Papa siquiera, por un capitulo t-lPctor,d
form!ld~ por los superiores provine1ales (praepositi
p1·ovinciales), que en la actualidad son veiutist:1~.
~l vici.rio general (vicarius qenerali,s) es el encar~a~o de convocar el capitulo '-·lector, pero ha~ta ti
ulttm? _momento los electores mismos ignoran el dia
y l'l s1t10 en que se dectuará la elección.
~e aquí el sistema que se sigue para obtener tal
obJeto:
Cada Provincial, cuando menos lo esper11.., é ap1•recérsele un desconocido, quien, previo el cambio de
secr~tas stñales de reconocimiento, le orden1&amp; á nombre del mencionado vicario general, que parta inmt'diatamentt1 hacia determlnadw punto. ~l Provincial
obedece sin discusión y á. renglón seguido sin que
pu-da conf~r.enciar con ~adíe antes de su p~rtida ni
revelar el sit·o de su destmo. Arribando á éste otro
deEcon&lt;lcido le ordeua de nuevo que se dirija é. otro
punto, á menudo con rumbo totalmente opuesto y
asi le sucede varias veces, hasta que llega al lugar
d~fi~iti vo, á donde concurren todos los .radres .Pro .
vmc1ales precisamente la víspera de la elección. Esto _se hace con ?bjeto de engañ~r á los profano~ y de
evitar asi toda rnfluencla extrana que pudiera iuterponerse.
Sucedió, pues, que en 18\12, después de la muerte
del General P. Anderlédy, todo el mundo creyó que
la elección se haría en Roma, ciudad en donde
se enco~tr!ron simultáneamente la mayor parte de
los Provmcrnles de la Orden. Esto extrañó sohremanera, pues se sabia que los Jesuitas querían e, itar
esta vez más que nunca, la influencia del Vatica 1,0 1 y
en el Vaticano residía el Cardenal Mazzella de Ja
Coml?añia de Jesús, q~ien babia declarado te~er su
candidato y que trabaJaria por él por cuantos medios
pudiesE'I. l'ero el público erró, pues la elección se hizo el 2 de Octubre de 18~2 en el convento de Loyola,_cer~a de la. c~udad de Azpeitía en la provincia
espanola de GmpHzcoa, que es la patria de San I"'·
naclo.
&lt;&gt;
Desde_ el prlncipi? de este si_glo, ~ingún general de
los JASmtas habla ~ido de nac10nahdad italJana pues
van Roothaan fué holandés, belga Beckx: y Anderlédy suizo, como ya lo dijimos J!:l Pa¡,a'León XlII
:i,sl _como la cu.ria romllna, hubieran deseado que un
1tahano obtuviera el Generalato; mas, contra su11 es•
f!lerzos, no f~é asi, c¡iendo electo el español Luis Martln. ex _proscnpto de España en 1868, Director de "El
MensaJero del Sa_grado Corazón" de Bilbao, ex Rector del Seminario de Salamanca, ex-Provincial de
Castilla l Vicario General de la Orden, al tiempo de
su elección.
~l P. ~artin, de 46 años de edad, residía en Fiesole,
é mmed1atament11 despnés de tomar posef.ión de au
nueva dignidad. fué á Roma á presentar sus respetos
al Papa León XIII.
E_I ~omento en que el anciano Jpfe del catoliciemo
rec1b1ó por v~z primera al nuevo General de. la Compañia de J esus, que manda más de docl\ mil hombres
los cuales le obeuece9 cieg-Rmente "perinde oc cada'.
v er,"tu_vo ~ue ser d_e intensa emoción para el Papa cuya hab11is1ma polit1ca podía sufrir grandemente si en

�EL MUNDO

Domlniro 11 de Dlcl1&lt;mbre di' 1898,

-~D=º-m=i=n!:'..g=o=U~d=e=D=ic;,;;i,;;;em=br;..;e;..d;;;;;e;..;1;;.;;89;;;.;8;;,·===============~E:;:,:L~M~U'..;N~D::.:0~.~======~====~=========""'""-43~3Las dos figuras del cuadro sintetizan los di,s aspectos, los dos prQ•
ced1mientos que hoy por hoy of, ece la cor'poracion clerical: de un lado, Roma. vencida y débil, moribun·
da c11si, prolon!la'ndo-los parpadeos
de su agonia por medio de paulatinad concesionf's, y consc,lándot1e de
sus grandezas_ idas, entre las fulg~rautes radiaciones da la pompa h·
túrgica; por otro htdo. Loyola, el J esuitismo, el catolicismo genuÍ!lll·
me11 te ibPro que heredó el juatiUn
de Felipe II, tr11bajarior infatigable,
dominador absoluto, sutil y absorb-nte, que fué arrojado "como
perro" P.ero qu1:1 quiere volver "como águila. 11 Y vtirdaderamente, al
ver en el cua,tro de Villl'ga~ 111 mansa figura b1anca del Sumo Pont;fice
v la austera silueta negra dd Geñeral Jesuit~, la sugei,tlón se impone, y se pieLSll en un buitre y en
una paloma ....
El dibufo, como todo Jo del artist11. sevillano, es firme y verdadero.
No pueile ser detallado, porque la
indole del cuadro n,, lo permitirla
sin desmerecimiento del efocto de
coniunto. Pero de todos modos es
vigoroso y correct" en el contorno
y fiel 11n el modelado.
El colorido es perfecto. Nótese que
no hay m'ls de cuatro colorns: blanco, amarillo, rojo y negro: pero en
todas sus tonalidades, en todos sus
matices. Lo que asombra verdaderamente eF. el maravilloso 11decto de
luz" tacto en la diafanidad de la
oblicua raya de sol, como en I u caliente reverberación sobre el ¡,avimento y en su reflexión local sobre
loA bultos.
El precio del cuadro es de diez
mil francos. justo, en verdad, para
su mérito.

el P . Martfn encontrabl\ un enemi•
go y no un auxiliar........ .
Ese es l'l momento escogido por
D. JoFé Vlllegas pllra "l cuadro que
1mvió á nuestra XXIII Exposición
Nacional de B1&gt;llas Artes.y si en es•
te articulo nos hemoa extendido sobre 11lgunos antecedentes y costum •
bree de la Compañia de Jesús, es
para que los espectadores puedan
comprflnder por completo el valor
psicológico de la obra que describí·
mos.

EL CúA.DRO.
El cuadro cuPnta rn centfmetro11
de largo por 60 Ci&gt;ntim1:1tros de alto.
S. S. León XllI, envuelto en las
austeras alburab de su sotana pon•
tificia, calienta sus rigidos miembroe de «pajarit() enfermo• cerca de
una ventana ampliamente rasgada,
por la qu11 penetra un gran rayo de
sol. otoñal y luminoso. Do pié. en•
frente de él se inclina por modo Ji.
gerisimo el P. Luis Martín, cuya
negra c~pa contrasta poderosamente con la blanca indumentaria dt1l
Pontifice y con el áurea clariáad de
la luz solar. Sobre los i;illones-terciopelo carmesi encuadrado enoro
-yacen los periódicos di'! dia, esos
periódicos que el Santo Padre recorre con minuciosa atl'nción, para
buscar en PIios el detalle infimo ó
el acontecimiento 1 uidoso de lapoJitica internHcional. que le permitan
intervenir, arroj,mdo sus granos dtt
incienso á los p1és de los Soberanos
ó entre los plieguPs escarl.,tas del
republicano gorro frigio.
La verdad de la acción ee com •
pletR: mlrt'se la t-xpreij1óu del semblante del Papll, y en él se encontrarán maravilloijamente retratadas, al propio tiempo que la más
suave ben1:1volencia, la más intenH
curiosidad y la duda más torturan•
te. El General Jesuit11, en cambio,
está alli !irme y seguro, muy dueño
de si mismo, sin cl"1dar ni por un
momento el famoso 11 Dignus sit Je•
suita. 11 Su leve inclinación delante
del Pontífice. indica á las claras que
tiene la ab~oluta conciencia de que
va á tntar de potencia4 -pGtencfa,
y el escaso perfil que presenta al
espectador, perfil recortado y vigoroso de ave fuerte, no traiciona ni la
mh ligera emoción ni el más imperceptible sentimiento. Cumple un
deber de cortesi.t, simplemente.

EL PINTOR.

Cuadro de S Viniegra.

•
C u .ADRO DE

G.

GóMEZ

G1L.

De mi tierra.

lJNA JUERGA EN l'tlAL&amp;GA.

Don José Villegas es joven, pues•
to que apenas ha traspasado los cuarenta años, y aún podemos e~perar
m •.cho de su egregio pincel. Oriundo de Sevflla, t-n esa hermosa ciudad andaluza hizo sus primeros estudios de dibujo y pintura, y muy
mozo obtuvo el prPmio de Roma y
fué á esa ciudad, en la cual ha rei,idido por muchos años perfeccio•
nándose en su carrera, habiendo pasado igualmente una temporada en
Paris para conocer la escuela y los
Fvt L C Sandoval. procedimientos franceses .

FoT. DE L. C. 8.ANnovAL.

�43t

Domina-o 11 de Diciembre dfl 1898.

EL MUNDO

Muchos son los cuadros hermosos que ha pintado,
pero su "Audiencia" (quf el publico, sugestionado, ha
bautizado "El Papa Blanco y el Popa Negro," marca una era nueva al pincd tte Villt:gas, que ya ha
obteuido, á nuestro juicio, una complt:,ta y muy personal autarquía.
Sentimos no conocer alguna obra pos·erior que vinit:ra á ratificar ó rectifi&lt;-ar nuestro ase, to .
Actualmente Don José Villegas dirije la Real Academia eepañola en Roma.

lBUENA OPORTUNIDAD!
El Sr. L. C. Sandov11l prepara un lujo~isimo Album
fotográfico editado á todo costo y que tiene por ob •
jeto coleccionar los mPjores cuadros oue se presentarán en la ExpoPición de Bellas Artes.
El mismo sf'ñor vendná magnifica&amp; fotografías
ai11ladas de cada uno de los cuadros, al precio d'3
$150.

ARGELINA.
DER. TUSQUETS.

De alientos muy superiores á «Contrariada,• -es el
otro cuadro de Tusquets que ·hoy reproducimos en
nuestra pr1 mera plana.
Como su titulo lo indica,
no es más que una representación de una hembra
de Argelia.
El orientalisma perezoso
y candente anida en eso11
ojos bravíos, misteriosamente circuidos de sombras
Es argelina y por ende cepa de bandidos En suám•
plio vien ir e continuará
mañana con la desbordante
fecundidad de las hembras
orientales y casi primiti •
vas, su abolengo de corsarios. Corsarios fueron sus
abuelos,corsario es su hombre, y corsarios serán sus
hijos. Porque no obstante
los patronatog de pueblos
cultos, no obstante las cai:.::pañas de la civilización,
todo argelino adora el corso como su mád preciada
gloria nacional.
La «Argelina• de Tusquets es burdamente hermoea, es la hembra de carne blanda y desbor !ante,
nunca oprimida por los adminic1los que tiend, n á
crear una estética convencional.
¿Qué nos dice su rostro?
Lo que dicen todos los rostros orientales: mucho y
nada. Es decir. mucho vago. Los orientales miran y
no ven. Se engolfan ~n inconscientes contemplaciones, toman en su pupila
mecánicamente, PI cuadro
que tienen frente los ojos,
y sueñan en el Nirvana,
en ese Nirvana que es el
fondo de todo sentimiento
oriental. En el cuadro de
Tusquets admiramos todo:
concepción y expresión.
Colorido s om briamente
opulento y fiel, modelado
observado con minucia: tratamiento arti,;tico y detallado.
Tusquets propende á la
pintura de detalle y no pudo
prescindir de esta tendencia en su «Argelina.• no
obstante que en esta vez
se propuso ser amplio y
abstracto. :Prueba dt: ello,
los dijes colgantes bajo del
pecho.
También ratifica el cuadro la asombrosa maestría
cou que el autor trata los·
paños; mirase ésta, muy especialmente, en la tela que
se escapa de la manga.
La «Argelina• es uno de
los cuadros más hermosos
del contin¡;rente español en
nuestra XXII[ Exposición
Nacional de Bellas Artes,
y como lo hemos dicho en
nuestro día.río, es seguro
que pasará á la propiedad
del Sr. de Teresa.

CuADRO

DE

R.

RecomPndamos esas fotografías, que por B:! perfecta Pjecución tienen ¡rr,m valor artlsticv y dan coro•
pleta idea de los cuadros que reproducen.
Lugar de venta dl'I las fotografías: Fotografía Nacional, (calles del 5 de Mayo y Alcaicería nº 6) y l'X·
pl'lnd;o Aspecial que se abrirá enfrente de la Acaden.ia de Bellas Artes.

POR S. VJNIEGRA,

Arrebujada en el mantón de Jar~os rlecosgue muellemente cae sobre su falda, la maJa de la tierra de
Viniegra, se pone en jarra y nos mira con toda la
gracia andaluza.
Es un cuadrito de género bastante sencillo pero
muy sugestivo y-permitáeenos la frase-muy sabroso.
La maja del cuadro no es bonita, pero es genuina
andaluza y eso basta para que nos guste. Por entre
la seda de sus pestañas se escapan dardos de sus
ojos, que ¡vamos! nos hacen exclamar: ¡Olé por Viniegral
Dibujo, colorido y modelado, inmejorables.

11

SALVA\IENTO DE LOS BUQUES VARADOS
POR MEDIO DE LA

REM9CION DEL BANCO D.E ARENA.

EL MUNDO.

435

burgo, y el del acorazado Victorious de la
marma inglesa, varado al N. E de Port
Sa1d.
El Rossia mide 146 metrcs de longitud y
23 d" eslora; desplaza 12 209 toneladas y su
despl"zamiento á la hora del accidente era
de 80 800. Se hundió en un banco de arena
fina y limo con muchos guijarros, y por
efecto del descenso de nivel del rio llegó á
ejercer úna presión de 2,500 toneladas. Era
el mes de Noviembre y el rio fué paralizado
por el hielo cuya capa se espesó tanto en
d.e rredo,· del casco que hubo de renunciarse á romperla.
Habiendo dicho los buzos que la po¡,a y
quoi la quilla, en . casi toda 11u longitud por
la izquierda, estaban libres, ensayóse sin

CONTRARIADA.
Po1&lt; R.

TusQUETS.

De índole diversa que la
obra antnior, es el cuadro
que Tusguets titula "Contrariada."
Es una escena de actuali •
dad consmopolita: una hermosa dama que sin duda B6
preparaba á asistir á un
sarao. recibe una carta que
manifiestamente contratr11rla sus propósitos.
La acción es 3encilla y es•
tá bien tomada y la expresión psicológica es justa 11in
ser muy intt&gt;nsa ni estar
suficientemPnte detallada.
El mérito del cuadro reside en el tecnicismo: es decir, en el tino y perfel'Ción
con que sus dPtalles están
ejecutados. Dibuio y colo•
rido son inmejorables desde este punto de vista. El
tratamierto de los p11ños y
de hs superfies brillantes
es verdaderamente admirable, aunque, para todo
aquel que Juzgue la obra
de arte sobre la base de
una filosofia firme y precisa se manifiesta en este
cuadro de Tusguets una
notabllisimad.. sproporción
entre la idea y la forma.
En suma, es un ht&gt;rmoso
cuadro, pero clasifica ble
sólo como prod-::icto de "arte menor,"que dijo el gran
Taine.
También 11Contrariada11
el casi seguro que será
comprada según 10 hemos
dicho en 11E1 Mundo diario."

Los perfumes artificiales.

CONTRA.RIA.DA..

FoT.

TURQUET!'l.

"DE MI TIERRA."

Las andaluzas son femenlnas desde el nacar de la
peineta basta el chapln de raso; y los andaluces toreros casi por nacimiento. cuchilleros y decidores, son
hombres cabales que saben amará sus hembras.
Y Guillermo Gómez Gil ha sabido sorprender maravillosamente el carácter de esas hembrao y de esos
hombre11 al pintarlo11 en flamPnco divertimento á la~
puerta11 del áurea Málaga. Ha hecho más el ilustrtt
pintor ha tramladado á la tela. con la mayor fidelidad
las ca;aeteristicas ilPl paisaje andaluz, el sabor peculiar de la tierra de Maria Satotbima,creandouna obra
artística gPnuin11mente regional y aco_rde_ con las
t&gt;xigencias del Arte de buena cepa. D1buJo y colo•
riJo son pnfectos, a11i como armónico el agrupamiento de las figuras. \!'erdadera la expresión de los ros
tros y bello l:ll conjunto.
Mucho nos complace saber que Pste cuadro quedará en México, adquirido
por el conocido capitalista
Don José de Teresa.
11

Domingo 11 de Diciembre 1~ 1898.

"UNA. JUERGA. EN MA.LA.GA."
POR GUILLERMO GóllIEZ

Grr..

Antójasenos ese cuadro en pintura, lo qufl los "Cantos de la Vendimia" de Rueda ó de Manut:l Rema son
en bellas letras.
Baja el azul cielo de Anda lucia, cabe los rumorosos
tumbos marinos, bajo la sombra de un emparrado cuajado de uvas y sobre un fondo hermosamente diáfano y vigorosamente contorne11do, las castañuelas dan
al aire sus desgranes de alegria y la maja quiebra su
cadera armo11iosa al son de la guitarra, de ese instrumento gemidor "que tiene cintura:de mujer. 11
La sangre andaluza es fuego, y_ es fuego que calcina las venas y fuego que, arrojado en agudas miradas, contagia y enagena.

üel mi~mo modo que los
colores vegetales van olv1dánd0Fe por los colores
derivados del alquitrán, los
perfumes compuestos tien•
den á substituir diarh1men•
te á las naturales, y cosa
extraña, los derivados del
alquitrán parece que son
los que dan mejores resultados.
Entre los perfumes baratos que están 11.l alcance
de todo el mundo, el alquitrán ha proporcionado: la
heliotropina ó esencia de
heliotropo; la cumarinaque
huele á heno; la lorima, cuyo olor es el miRmo de la
violeta deParma; el turpiDE L. C. RANDOVAL.
nol cuyo pedume se parece al de la lila, el c , etc.
Hay mas aún. Desde ha.
ce algún tiempo, las combinaciQD.es hechas con los
derivados del alquitrán son ya incontables.
El Dr. Symes, Presidente de la Sociedad Real de
Farmacia de Inglaterra, cita entre otros productos el
Wintergreen, esenc:a muy usada en Inglaterra y que
se obtiene destilando una mezcla tte alcohol metílico
y fenol.
··
·• El mismo sabio ospeclalista ha.dado una conferencia notable sobre este asunto que tanto interesa á las
damas del mundo entero.
La qulmica del tocador va complicándose más cada
dla y al paso que siguen los procedimientos del laboratorio, dentro de poco los perfumes de las flores sólo
serán términos de nomenclatura mercantil en las droguerías.

FIG 1.-0P EJRACIONE!I PARA DEl'J'ERMINAR
LA POSICIÓN DEL 11ROl:!SIA."
.

Los bugueti encallados en bancos de escasa profundidad piden operaciones generalmt1nte basadas en el
principio de reparación del casco, tapando todas las
aberturas. Estos trabajod no dejan de tenPr sus difi-cultadee, porgue además de las que presenta la ohs-

-~ - •-.. -· 7

llit'ld-11-'c-\-~:S.....

•· \

ARTISTAS DE LA COMFA:ÑIA DE OPERA,
que ttabajara próxlmamrnte en esta capital.

FIG. 2 -DESTRUCCIÓN DEL BANCO DE ARENA POR MEDIO
DE INYECCIONES DE AGUA,

trucción de las vías de agua, es necesario reforzarlos, para que los
,cascos y puentes soporten la presión considerable que sufren después de agotada el agua.
Los buques simplemente varados, sin averias serias, se ponen á
flote con facilidad, si una parte considerable queda fuera del agua;
pero cuando están profundamente bandidas en la arena ó el fango, es preciso vencer frotamientos enormes. Difícilmente se logra
esto tratándos:e de buques de mediano tonelaje; en cuaoto á los grandes navíos de guerra, preciso es recurrirá procedimientos especiales, porque la tracción de los remolcadores ·es insuficiente casi siem•
pre.
No pudiéndose combatir directamente el frotamiento del fondo de
arena, se le.suprime, ya disgregándolo po_rmedio de c~orros de agua
comprimida, ya empleando drag·as de succión, ó ya vahéndose de ambos sisiemas en combinación.
Hay dos ejemplos interesantes de aplicación de estos método~: el
-caso del crucero Rossia.encallado en el lecho del Neva enSanPeters-

FIG, $.-VISTA DEL 11VICTORIOUS, 11 ACORAZADO INGLÉS,

Blanca Barduccl,

Amella Sostegnl,

Soprano dramática.

Estefania Collamarlnl,

Soprano cómlca.

Mezzo soprano.

éxito levantar el navío moviéndolo lateralmente. ·
La escuela de buzos de Cronstadt se encargó entonces de las operacionel!. é hizo de
ellas un objeto·de práctica. Los buzos se vestían ~ajo una tienda establecida en el hielo,
y baJaban de dos en dos, bien provistos de

lámparas eléctr;cas y de aparatos telefónicos,
permaneciendo media hora en el agua. Se
ideó limpiar el fondo sobre el que descansaba el bu, ue, di vl diendo al efecto el casco en
diez partes marcadas cada una con una raya
blapca. Bajaban los buzos sucesivamente por
los planos verticales de las rayas y transmi-

FIG. 4 . -SALVAMIIINTO DEL 11 VICTORIOUS11 CON AYlJD \ DE l'NA DRAGA ASPIRANTE
Y DE UN CHA.LAND DE INYlllCCIONES D111 AGUA.

�436

!!.o&gt;..

Domingo 11 de Diciembre 1~ 1898.

MUNDO

EL MUNDO.

437

arrollaban una fuerza de
1500 caballos, pero no hizo
1'I buque nib que girar sobre si m;smo
Al dia siguiente la operación ª" r" pi tió en sentido •ontrario, sin resultado
apreciable Sm embargo,
se arrastró 11! buque sobre
la arena ma diRtRncia de
r.ien metros. Al mismo tiem•
po se procedía á descarg-ar
t:I carbón y los proyectiles
para alig,rnrlo y qu flota•
ra al Jleg11r á un fondo de
8 metros
El ingeniero Pn j11fe del
canal de Suez, M. Quellennec. pronuRo al comandante dl'l Victorious abrir un
canal bajo el buque con
a:vuda deuna dragadesucciñ11 á babor v dos botescistc.rnas proviRtos de bombaij para inyectar agu11. en
la arfln'I á f'Rtribor. (Vease la ftgura 4.)
Las operaciones se emprendieron. llevándose á
cabo con algunas peripecias y á las 11 de la noche
dfll día 17 empezó á fütar
el buqufl. Al dla s:guiente,
á laR ocho de la mRñ~na,
llegó á un fondo de 11 metros en dond~ po&lt;ila moverse sin dificultades y por
RUS prop!os mPdi!lR, 'bel 17
de Febrero, al medio dia,

MEXICO MODERNO

Casa d.-1 Sr. Emilio Dondé,
Calle de Donato Guerra.

Casa del Sr. .T uan A.. Arzumendi,

Calle de Sa&lt;II Camot.
·---------------------------

•ian por teléfono la~ o':lservaciones por m1&gt;dio de
Jas cuales se determinó lll posició11, (íig. 1).
Pari. desbaratar 1-l banco de arena de que hemos hablado se colocó junto al buque un chaland
prov;sto de bomba l'Xpeleote, cuyo tubo era de
6l centim-etros..de diámetro. Los buzos colocaban
dicho tubo de mant&gt;ra que s11 ~xtr-t\mi1i11,d se encontrase br.jo la quilla á 7 ú 8 metros bajo la superficie del hielo (fig. 2)
De esta suerte se destruyeron todas las partf's
del banco que tocaban el buqu11 La operación
comenzó el 19 deNoviE&gt;mbre de 1896 y terminó el
15 de Diciembre, con éxito completo. Prolongóse más de lo necesario por los estudios que hicieron los buzol! de la Escuela de Cronstadt y por la
congelación del rio.

'

al 18 á las 7 de la mañana recorrió450 metros con
un hundimiento en la arena de 51} cent1metros.
La operación tuvo un resultado magnifico y
puede afirmarse que sacó al acorazado inglés de
una situación bien critica, porque en los bancos
de arena viscosa, la adherencia á la carena es de
tal manera fuerte, que los buques varados abren
el lecho bajo la influencia de lat1 mareas, hur.diendoRe progresivamente ha¡¡.talo.s to.Jtes.
Este hecho desastroso se ha presentado muchas
vecee, principalmeute en la rada de Bilbao.

La verdadera existencia es la que continúa en
nuestro corazón con el recuerdo delos seres amados.
Renan.
La gloria es el sol de los muertos.
Balzac.
Para el cuerpo lo mismo que para el alma morir
f'S vivir y en este mundo no hay otra realidad
más que la vida,
Micheld.
Nadie sabe precisar el momento en que nuestra vida deja de ser útil y en que el suicidio no
es un mal para los demás.
Valtour.

***

El Victorious es uno de los buques máA rinderosos de la flota inglesa, 11, X &amp;2 metros; 15,150 toneladas y nna andadura de HS nudos,
El 14 de Febrero, en el momento de llegar ante
Port Se1d, el viento y una mar grues1t lo arrojaron hacia el Este: después de haber ensayado
una resistenci" C'&gt;n sus máquinas, arrojó sucesivamente dos anclas cuyas cadenas se rompieron,
y encalló en un fondo de 7 metros y m&lt;'dio, á una
milla de los muelles: se hundió un metro aproximadamente.
Lo p:-imero que se in!entó fué arrastrar el Victorious por medio de dos remolcadores que des-

Casa d.-1 Sr. A,rm1Hn Cazanx,
Calzada de la Reforma.

LA CARICATURA EN EL EXTRANJERO.

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Guillermo II.-¡Cuidado Sultán! No vayas á llam~r·
me compadre delante de la gente, y no te resbalel
porque hay mucha s11ngre en todo tu pais.
~

(Courrier Frani;ais, PariE)

-

EL BARÓMETRO D111 LA GUERRA,

¡¡¡F.ASCHODA!!! ¡¡FArnHODA!I ¡FaPch,,dal

Faschoda.

(Kladderadatsch, Berlin.

La Paz Universal llega con mucha anticipación (un
siglo antes). Por tal motivo las Potencias le ruegan
que vuelva el año 2000, espt..rando que para entonces
ya habrá medios de hacerle todos los honores que merece tan ilustre huésp~d.
(Life, NewYork.)

Al Sudeste de Vivier11, sobre la cresta de una de las
:rocas abruptas que dominan Donzére, habla en otro
"tiempo un castillo tan extrañamente blanco que pare-eta visto desde lejos un cisne. Pero si se fijaba la
.atención en su aspecto amenazador, erizado debastiones, coronado por una atalaya sinit,stra se asemejaba más bien á una ave de rapiña, Hay más. A la luz
dela luna, actualm1mte, la roca donde el castillo estaba edificado, proyecta sobre las aguas murmurado·
ru y tramparentes del rio, P.l perfil de un cuadrúpedo
encabritado.
El que mandó construir aquella fortaleza llflvaba
el nombre di- Hutin des Palus y el apodo de Ferrelouve, porque no salia nunca más que acompañado por
una loba cuy-u ptttas estaban herradas á la manera
con que 2e hierran las de los caballos y los asnos. Y
hasta se murmuraba que esta fiera era el alma misma
de su amo, ó que á lo menos él la habla procreado con
la incomparable abyección de sus sentimientos En
efecto, Hutin no tenia en las entrañas 11ino la fuerza
espantoaa, la fiebre sórdida que vomita abominaciones.
Por haber visto en la encrucijada de ur: camino en
la pendiente oculta de un talud ó en un recodo del
rio su cara turgescente, atortugada, cargada de pústula s. algunas vírgenes hablan q~edado ciegas, otras
]&gt;ardieron 1a razón y muchos ancianos se encerraron
para siompre en sus habitaciones.
Sin embargo, Dios habla consentido en c,ue Ferrelouve se casara con Margarita de Evrest, beldad luminosa con apacibilid11d de estrella lejana, y que nacieran de esta mujer de pupilas de elegida, tres hijas:
Berta con cabellera de faego, Giselda morena y Odetta rubia, niñas bañadas de cielo, color de medio dia,
de t"rde y de aurora.
y FdrrelouvA amaba mucho á sus tres hijas, mucho,
porque asilo había querido DioP.
Una tarde que estiLba co.1 ellas apoyado de codos
-en el antepecho de la ventana que se llamaba venta•

na de los caballeroR, diitlnguió á dos tiros de hRllP.s· de púrpura hast I la ventau a dfl loa caba.\Jeroa. C,1,mita á un joven de piernas d1111nndas. cabeza descubi~r - uaba como envuelto en una ráfag&amp;.de sol,y- cuando se
ta y iustillo azul. que llevaba á la espalda un cesto de dt&gt;tuvo, una estt11la irradiante se extendio tras de él
mimbres y cortaba :v rPcojia. flores silve&amp;tree.
Todos quedaron silenciosos
¡Qué ineensat(l! pensó Hutin .
En seguida Hutin se Inclinó sobre el antepecho de
Y luPgo añadió pua si:
la ventana, contempló al adolescente con ojos ah1-Pero está muy 1.. j:,s todavía.
gres y sonrisa burlesca y le preguntó.
Una e~peranza feroz dilatab• entre tanto su cora-1.Cómo te llamas?
zón: hin,·haba las narices y se relamla los labios.
-Tu crimen, respondió el adolescente.
El adolescente camlo11ba aproximan&lt;io11e poco á po·
Lue~o, 1tghando ante Hutin sn cesto lleno de flores
co. Ya se distinguía su fidonomia d"lica.da y dulce, t1u añadio,
frente deopejaday limpia como d., niño dormido, y ha11-Y he subiiio solo, solo hasta ti.
ta se velan los alamares rojos de su ju~tlllo. Cantaba
Luego soltó el cesto y cayó de e.spaldas con los ojos
loe versos de un aire, entonces antiguo ya, y que @e cerrados y los brazos abiertos. La flecha que había
repite aun en el Lttnguedoc por la época de 'as ven· quedario clavada en la herida, vibró un momento; la
dimías y de la coRecha &lt;le act'&lt;ituua11:
loba vino á lamer la espuma sanguinolenta con que
.Anen adutz tas mans; la fruch e.~ embaumada.
se empapaba la arena, y aunque tendido sobre la auOdetta s•rnrela sacudiendo su C'4beclt&gt;1; Bertha escu- reola luminosa, el joven no se movió ya más.
chaba inmóvil; y cuando el can,or estaba ya á tiro de
-Que lo encadenen, dijo el feroz castellano, y lo
ballesta.
arroj~n en la cueva cerrada que be llamado "el se-Mire usted. padre mio, dijo Glselda, ¡qué bello es! pulcro!"
-Si, contestó Hutin.
Entonces, el arquero amarillo y otros dos hombres
Y de nuevo se relamió los labios, y las ventan:is de de armas ligaron al cortador de flores con lazos de
Rll nariz que erau anchas y profundas, palpitaron de
hierro y le ,lev.llron, con todo y la aureola radiosa que
alegria cruel.
estaba como adherida á su cuerpo. Cumplida esta or-Pue~to que les agrada, dijo, lo voy á hacer subir. den Hutin mandó que se preparara junto á la ventana
Al mismo tiempo apoyó 11us dos pulgarea, sobre un de los caballeros una gran mesa: en seguida se puso
trián,rulo de hierro y apareció en el actu un arquero ájugar á los dados y comió y bebió hasta la hora del
de faz asi4tica melancólica y sumisa, al cubl con un crepúsculo, y asi estuvo, con .,1 hocico de ..u loba sobre
ademán, Ferrelouve Je señaló el justillo azul La loba, las rodilla11 y se durmió cuando grazna.ron los mo•
imponente y grave contemplaba al arqutiro quti tem• chuelos, en la saciedad asquerosa del vino, la sangre
pl11ba su arco.
y la noche.
Eo ese lnstantP. y simultáneamente:
Al mediar de esta noche, un ángel gallardo ves- Gracilll dijo B rtha b•ñada en lágrimas.
belto, negro de los piés á las alas, se apareció á 'Mar-Mis1&lt;ricoratal Gimió Giselda desf111leciendo.
garita de Evrest.
-Perdón! suplicó Odetta mesándose los cabellos
Se conservaba en pié á la puerta de la cámara y
rubloP.
con los hermosísimos ojos muy abiertos; su sombra
Silbó una flecha. El justillo azul se agitó como una inmóvil subla por encima de la cabecera de la cama
bandera y el adoleacente avanzó, avanzó salpicando hasta las vigas del techo; tenia en las manos extendí0

�438
das y abiertas algunos rubfee líquidos que á la luz de
la luna cintilaban ampliamente . ... Y habló .... habló,
sin que sus labio~ se moviesen, parpadeando como si
las palabras después de salir de euo ojos pasaran al
través de las pestañas.
-He aquf el premio dela redención del mundo, que
viene de Jeruealem, dijo:
Margarita se puso á orar arrodillada sobre el col•
chón, dardeando sus pupilas siderales en las que se
reflejaban las manos del ángel, y reproduciendo la
claridad que rutilaban las gemas divinas, mientras un
rayo de la luna eepolvoreaba plata entre sus cabellos
E&gt;sparcidos. Con los brazos en cruz, el corazón palpitante y la firme voz de una predestinada, preguntó:
· Angel de luz sombria. ¿qué quiere de mi, mi Señor?
.l:!,I angel dijo:
-Levántate y slgueme.
La mujer se 'levantó y los dos se pusieron en marcha por los corredores entrecruzados donde de treinta en treinta pasoe, velaban arqueros amarillos; pero
en ese momento los arqueros de nada se a.perclblan,
porque la Voluntad Todo Poderosa quiso que quedasen pas~jeramente sordos y ciegos.
A lo largo ·d e los muros, antorchas coloca.das sobre
anillos de hierre, iluminaban. y de lo alto de las bóvedas goteaba de vez en cuando agua helada. Alimañas
viscosas aleteando se estnllaban contra las antorchas
y obEcuros reptiles serpeaban entre la sombra húmeda.
De pronto, el ángel se detuvo ante una
ancha Josa que acababa de ser soldada
con argamasa, y sobre la cual una flecha
torcida sangraba sobre una aureola luminosa. Sus plumas de tinieblas zumbaron
vivamente agitadas, los rubies de tius mano-. se reflejaron esparciendo un penetrante olor de myrra, y con la boca cerrada y
loe ojos parpadeantes dijo:
-Este es el lugar que aqui llaman el sepulcro.
Tocó la losa con el pié y sonora se levantó, dejando ver o.na fosa que alumbraba roja claridad encima de la cual permanecía como suspendida. Poco distante
de aquella cripta, Margarita de Evrest
esperab2', serena y silenciosa, con la frente inclinada y fijas en el pavimento sus
miradas de estrella lejana.
- Ohé, yohé, aleluya! clamó el ángel negro.
Y el cortador de flores surgió ensangrentado de la cueva y se colocó á la derecha del ángel. Expontaneamente Margarita se acercó á ellos, y de nueTo, en voz
baja, tierna y firme, preguntó:
-¿Qué me ordena mi Salvador?
El ángel contestó:
-Desciende al sepulcro.
Ella hizo un movimiento de retroceder,
pero en el acto, rehaciéndose y con el paso firme de quién penetra en la mansión
del amor eterno, avanzóv se arrojó al fondo del supulcro cuya losa ee cerró en pos
de ella. Entonces las antorchas consumí•
das se extinguieron y los arqueros encendieron otras, en tanto que el ángel de luz
Fombria habiendo posado su die~tra sobre el justillo azul, hizo sonreír al cortador deflores como sonríen los niños cuando al despertar sienten un beso, y le hizo
ver grandes olivos balanctiados por el
aire de la noche.
Pronto al tr11vé11 de los follajes trémulos
reconoció la tibia mansión natal y la cisterna circundada de floreP, y el sobradillo
que daba sombra al chiquero.
Y como ya no tenia m heridas ni cadenas, y como se conocía inclinado á los ensueños, pensó que babia soñado y que estaba volviendo á la realidad.
y he aquí cómo al día siguiente Ferrelouve lanzó en busca de su mujer ochenta hombres de armas y veinte escuderos,
encargándoles que se apoderaran de cuantos extranjeros apart1cieran por los caminos.
Este ejército rodeó la montaña y regia·
tró el bosque punzando con sus picas entre los mato•
rraleP, mientru una nube de pájaros espantados revoloteaba sobre su cabeza. Se desparramaron por los
valles poblados de perros y lle cabras salvajes, y s·e
11venturaron serpenteando hasta el pié de las murallas mi¡¡mas de V~iere.
Ante las puertas .de Donzére relucieron las cotas de
malla de los arqueros asiáticos, y sus ojos amar! llos relampaguearon.
Al caminar, cantaban con la música misma del cortador de flores. una especie de parodia bárbara I1ena
de humos de asesinato y de suciedades y blasfiemas
que l'mpezabi,. así:
Amen adutz t?is mans per de testas coupadas.
Algunos de los escuderos pusieron fue,!!'o á un arrabal de Ciaría..porque un Clarisiense arrojó gritos de
ePpanto viéndolos pasar; y luego sinmotivo incendiaron los cortijos de VolepaPpus y el bosque férico de
Sarrasy.y no regresaron sino hasta por la tarde ébrios
porque a qui y alli pusieron á saco las cuevas y temeroso11 porque no trajeron consigo sino un solo prisionero.
Era este un monje de anchas pupilas claras y de
boca marchita, como gastada á fuerza de plegarias.
Una pequeña custodia violeta oscilaba sobre su sotana blanca á la altura de su corazón; ceñia su cintura
con una cuerda de la que pend!a un rosario de cuentas blancas, y una corona de cabellos Igualmente blancoR circundaba su cráneo ealvo y reluciente en la
parte superior. Parecía al mismo tiempo dulce y descl rñoFO, pre'o cupado hondamente por algún asunto

EL MUNDO
magnifico y lejano que no le dejaba fijar su atención en la fri vohdad de las cosas presentes .
Se le babia amarrado con tal violencia, 4ue uno de
sus brazos quedó fracturado y colgaba inmóvil con
el antebrazo hinchado y amoratado y la mano exangüe señalada con una marca cruciforme .
Al verlo, Ferrelouve se echó á reir á carcajadas diciéndole:
-Tuvo usted, señor, una pésima inspiración cuando
dejó su convento: los caminos no están muy seguros.
¿No es usted de la misma opinión?
El monje no respondió:
-Estoy hablando, di jo Hutin.
El monje se encojió de hombros, y entonces. temblando de cólera, Hutin se arrojó sobre él y le dijo.
-Quiero que ha.bles.
Y le intt-rrogó de nuevo, riéndose nerviosamente.
-¿Cómo te llamas?
Con un movimiento de sus pupilas claras, el religioso le mostró t'l cielo donde por g1upos pálidos las es•
trellas com"lnzaban á expandirse, y Ferrelouve le escupió por cuatro veces en el rostro. Entonces, en los
puntos donde la ofensa hi.bia ca ido, brotó algo bri•
liante como una constelación viviente. En el mismo
instAnte su brazo roto se 11gitó, y de su mano destrozada empezaron á nevar ampos de luz cintilatites y
espesos ......... .
E.l castellano, livido, se volvió á sus arqueros y les
ordenó con voz amenazador.. y ahogada por el es•
i,anto:

-Conducid al sepulcro á este hombre que se llama
el Firmamento, y cerrad sobre él la losa.
Los arqueros obedecieron ....
Y por esto. al,!!'unas horas mb tarde, al mediar la
noche, el ángel de la luz ROmbrfa se inclinó sobre el
lecho de la hija mayor de Hutin, la bañó con la mirada dulcísima de sus ojos, hermosos y le dijo con acento musical:
-Ven conmigo. Acompáñame al sepulcro.
Y Bertha se levantó...... Muda. y con las manos juntas caminó en pos del cel"lste mensajero, asombrada
apenas de los corredores subterráneos, de los vigi111ntf's arquero@, de los reptiles pardos y de las antorchas fuliginosas; y cuando llegaron al borde del sepulcro. de su propio sepulcro, i!e lev. ntó una anchi,.
los11 en la cual esta vez un cordón blanco se arrollaba ._,n derred&lt;&gt;r de cuatro estrellitas relucientes.
-Aleluya, ohé. yohél clamó 1'11 ángel.
La fosa estaba llena de claridad azul, y el monje
blancot E&gt;mergiendo de estll limpidez sobrenatul inclinó su cráneo lustroso, poPó sus labios en la custodia violeta; y haciendo un ademán de regocijo cayó
arrodíllado á la derecha del ángel. y sacudió sus cabellos canos qul'I parecían corona formada por haces
de rayos de sol. Bertha e~taba maravillada al ver su
tra;e claro ornado de galones, su ahogador de corales
del cual pendia un minusculo corazón de plata y el
centelleo loco de su vellocino de oro que añadia encantos á ~u belleza Infantil. Sin embargo, una especie
·de halo pálido, rodeando el óvalo puro de su rostrv le

Domingo 11 de Diciembre de 1898.
daba un aire de tranquilid11d grave y de discreta dulzura. Suspiró levemente y luego con acento suave ymirando con mirada de confianza absoluta, preguntó:
-Angel negro, ¿qué quieres de mi?
..
El ángel, desplegando sus anchas alas,lerespondio::.
-He aqui la veluntad de Dios: precipitate en el
sepulcro.
En el acto la figura clara con manto bordado de Ji.
ríos avanzó, se arrojó, y los cabellos de oro fulguraron . . . . La losa volvió á caer sobre la tumba dejandola clausurada Y.el ángel _de la luz tenebros:i y el !Ilonje blanco se aleJaron taciturLos y con los oJos ba¡os.
Tan Juego como Hutin tuvo noticias de la desaparición de la mayor de sus hijas, lanzó alaridos más.
tremendos que los de su loba, convulso de furorv desesperación. Se dice que los pescadores del Ródano
oyeron sus quejas y que presintiendo por ellas que
su fin estaba próximo, corrieron állevaralascapillas
vecinas rames de flores, velas y ex-votos. Pt:ro él,
llamando á todos sus hombres de armas, á sus escuderos, á sus monteros, á sus heraldos y hasta á sus escanciadores y poniéndose á la cabeza.se precipitó sobre el llano y emprendió la batida en huertue, casníos,
aldeas, quemó los bosques y saqueó las iglesias. Las
aldeas y las iglesias quedaron vacias, los cortijos y
los caminos desiertos, porque al aproximarse Ferrelouve, los campesinos atravesaron el rio y se ebcondieron en caTernas y en sitios ignorados.
Sin embargo. al regresar, los arqueros encontraron.
sentados junto á una era de lechugas á
dos ancianos; el uno tuerto, de barba
enorme,y el otro con la nariz extrañamente corta y aplanada, el uno y el otro tan
flacos que se lee podian contar loe huesos.
y tan débiles que no hablan tenido fuerzas para tragar las hojas de lechug¡¡ que
aún les verdeaban en los labios.
Se les arrastró hasta p, esentarlos á los
piés de Hutin, pero fueron v11nos cuantos esfuerzos se hicieron por arrancarles
una sola palabra, pues hacia mucho tiempo que no hablaban ya. Sin embargo, cuando Ferrelouve siguiendo su costumbre les.
preguntó cómo se llamaban, fijaron tranquilamente y los dos á la vez sus ejos en
el sol. Entonces una ola de sangre empurpuró la faz del castellano; y con los.
cabellos erizados y losdientel! chorreando baba venenosa.
-Arrojad en el sepulcro á esos malandrines que se llaman "la Tierra" gritó á .
e.u.e arquero&amp;.
Y los arqueros penetraron por lo¡; corredores fúnebres, conduciendo delante de.ellos á los ancianos.
Luego, cuando llegó la noche y la luna
e11 crecilmte empezó á platear la montaña, el Señor entreabrió las puertas de la.
cámara en donde las dos hijas más pequeñas de Hutin des Palus, acababan de
dormirse. El ángel de la luz somb!'ia sedeslizó hacia el pequeño Jecho de Giselda la cual estaba con un vestido de co•
lor de rosa boruado de palmas de oro; y
al lecho m~s pequeño aún de Odetta cuyos bracitos desnudos estrechaban una
minúscula figura humana de cera y de
madera, pintarrajeada de azul y carmesí.
Con su soplo celeste lee abrió dulcemente los párpados y les dijo Juego,
- Soy un enviado de Die s. Levantaos
una y otra, y acompañadme á donde Dios
lo quiere. Sin conmoverse, casi sin comprender, las dos niñas saltaron del lecho
y dóciles, delicadas y pequeñitas, se colocaron á ambos lados del ángel llevando
la menor su muñeca de azul y carmesí en
las manos; y como viera el ángel que la
otra llevaba las manos vacías, le arrancó
del traje una de las palmas y se la puso
entre los dedos.
De esta suerte marcharon á lo largo de
las galerías subterráneas, entce las antorchas humeantes de los arquoros inconscientes, hasta el lugar llamado "el sepulcro." Levantada la ancha losa, las niñas
sonrieron, inocentes, al oir la voz resucitadora del ángel que clamaba.
-¡Aleluya, ohé, yohé, Aleluyal
y hasta ies divirtió ver cómo los dos ancianos pene~
traron juntos en las tinieblas y fueron á acurrucarse,
el tuerto á la izq_ierda y el chato á la derecha de.
la cueva.
-Qué esto? preguntó Odetta.
- Un milagro, le contestó Giselda.
En este instante, alzando sus alas negras y ocultando con ellas las lágrimas que asomaban á sus ojos,
el ángel ordenó á las dos niñas que se precipitaranen el 11epulcro.
-He aqui Jo que Dios quiere, les dijo.
Odetta obedeció apretando contra su corazón la;
minúscula figura humana pintarrajeada de azul y
ca:mesi, y Juego obedeció Giselda aj?itando la palma
de oro que le había dado el mensajero sombrío del'
cielo. T1as ellas, la pesada lopa se cerró retumbando, y el ángel desaparec(ó con los ancianos sombrios
y taciturnos .... en seguida la alondra y t.l gallo cantaron .... Un temblr,r vivo sacudió al Ródano soñoliento, y una saludab'.e frescura ~ubió de sus riberas,
al mismo tiempo qu"' de las prad~ras y los huertos,
los bosques y los Jardines, se desprendía un aroma.
suave y embri11gador y un murmurio musical y tierno. A poco el dia, resplandeciente y sereno,nació ....
Era verdaderamente un día legendario, solemne; y
no obstante, tan sencillo, tan harmonioso perfumado,
y !impido, como no es posible ver otro dia mejor.

Domingo 11 de Diciembre de 1898.

EL MUNDO.

En el almenaje del castillo, en las ojivas de las puertas y en
~l tréb~l de las venta nas, ágiles golondrinas y a.legres venceJOB voltigeaban, del!cendían, se posaban, se balanceaban huian
y ar~ullaban con mil gritos regocijados, ruidosos, bell~s y di·
vertidos, como en los tiempos del adorable San F rancisco
G~tos pere~osos de pelaje largo de ébano y de fuego; y de
pupilas cambiantes se enarcaban sobre los puentes levadizos
e~ tanto que lagartijas y salamandras calentándose al sol, dor~
m1taban entre los alhelíes polvorosos y las mentas diseminadas
á lo largo delos revestimientos de ladrillos de fosos y bastiones.
Al Norte, se veian encorvarse como un 1osario de cuentas
enormes y humeantes las Cevenes que hacia Privas. elOuvese
recortaba como una cinta de oro. Al Oeste en lontananza el
A:-deche azul, y al Este. muy cerca entonce~, el Ródano verde,
inmenso, en el cual se destacaban los triángulos claros de las
velas latinas.
Hutin par~do en cuatro piés, rebotaba y daba ahullidos como un lobo Junto á su Jo ba ante la ventana de los caballeros
cuando una camarera corrió hacia el llorosa y aterra.da co~
los cabellos en ~~sorden, esparcidos aqui y allá por s~ cara
de pavor, y arro¡añdose al suelo y golpeándose la cabeza
contra las losas y retorciéndl)se las manos vociferó·
-Piedad, señor, piedad, piedad .... 1
•
Ferrelouve se puso de pié y en un movimiento furioso sacó
la daga de la vaina y preguntó:
-¿Ha sucedido á mis hijas alguna desgracia?
Y con el brazo levantado, esperaba el instante de descargar
la puñalada mortal.
Sus ojos áv~dos col_or de acero se inyectaron de púrpura,
su cuello se hmchó, dió. tres vueltas sobre si mismo, y jadeaba.
Espantoso, echan~o chispas por los dil'lntes, vaciló y cayó abrumado por su propio peso, reb1.1tando su frente en el pavimento
Vino un escudero CO!J una jarra de agua, otro con telas d~
~lgodón, y otros sostemendo unas angarillas de escarlata fran.
Jeada y claveteada de argenterla. Lavaron á su amo lo enju•
garon, lo cargaron y suponiendo lo que babia pasnd~ lo tendieron en un lecho de campaña en medio del salón de honor.
.:qe cada lado ~el lecho fúnebre, quince arqueros jóvenes
h1c1eron la g;:ard1a con plumas negras en el casco y un cirio
de cera blanca en la mano.
Los criados afanosos, cuchicheando, asustados, supersticiosos, subieron á prender nn crespón negro en
las almenas del torreón, velaron
con gasa lúgubre las lámparas berberiMcas y los espejos venecianos, y
detuvieron las ruedas dentadas d·e
los relojes de agua.
Y sin embargo, el terrible castellano no babia muerto aún. Dormía ... !
Repleto de dolor, ahogado de
odio, con su loba acostada á sus piés,
dormla con un sueño semejante al
de la tumba ....
Cuando cayó la noche, el ángel de
la luz sombría le despertó tocándole
en el hombro.
11
Hutin des Palusl Ferrelouve.11
Desatinado despierta, silba llamando á su loba, tiende el br .. zo hacia la espada incrustada de oro y
pedrerías que los escuderos habían
colocado con los acicates de rodajas de plata y una trompeta de cobre
bajo la colcha castaño-clara del lecho.
La lobL. no se movió :, la espada
se transformó en un ramo de zizaña seca.
Livido, desfigurado, al!'azapándose en un extremo torchas y en la obPcuridad que sucedió sólo
de la sala, Hutin se volvió hacia la doble guardia de una mirada de azabache fosforescente.'
arqueros jóvenes y vió cómo se extinguían sus an-

NIHIL, REGIN.A..

En los pálidos azules
de los cobres oxidados,
En los diáfanos cristales
de loe limpidos zafiros,
Y en los trémulos fulgores
de las húmedas mrquesas:
,No hay las luces que en tus ojos, reína mía!

II.
En el oro de las cruces
de santuarios medioevales,
En los blanco@ resplandc•res
que derraman los topacios,
Y del Ambar en los rubios
y fugaces parpadeos:
¡No hay la lumbre que en tus crenchas, reina mial

439
:-Ven conmigo hacia el sepuforo, dijo la voz que salia
mismo punto en que aquella mirada brillab a fulgurante.
-Que yo vaya....
-Al fondo del sepulcro.
Y al mismo tiempo Hutln observó que la terrible mirada
del ángel pasaba como un anillo por su nariz y entraba en su
boca coma u~a mordaza, y se sentía tirado, empujado, arrastrado, retorciéndose á veces con la sensación exacta de latig;azos que le rozaian la J?iel y marchaba con pasos automáticos . la cabeza extremec1da por sacudimientos convulsivos,
los miembros rígidos . .. .
Bajo las bóvedas s_ubterráneas se puso á tiritar de frio, de
ira, d~espanto; sus p1és se deslizaban sobre materias viscosas
hundiéndose en un hervidero extraordinario mudo helado
q~e se adivinaba viviente. No babia á lo largd de las ~uralla~
n1 arqueros de cota de malla y c11sc,&gt; de acero ni antorchas
humeantes . .. Y la singular mirada de azabache luminoso
avanzaba siempre precediendo á F errrelouve.
Derrepente la mirada ceEó de avanz1&lt;r y quedó clavada en
un punto del t .cho de la cueva.
-¿Qué me quieres, llama del infierno? preguntó Hutin temblando..v castañeteandosele los dienteF.
La piedra d~ l.a fosa se extremeció, gimió y se levantó lentam~nte. Inmovrl eutonces, entre la for,ay la piedra el ángel de
la mirada fosforesceute dijo:
'
-He aqui el sepulcro.
Y el sE&gt;pulcro se iluminó.
El ángel de la luz sombría agregó:
-Hutin df'R P11.lus, h? aqui tu sepulcro.
Y cuando Hutin cayo al fondo del sepulcro, distinJ?uió cuatro seres que estab1&lt;n acostados, rlgictos como cadáveres y
estre.chamente abrazados.
Escorpiones y cucarae:has aormigueaban sobre eus faces encantadoras y entre la v1scob1dad de las bab ;sas. sus man(le
de dedos_a guzadospermanecian dulces, harmoDiosos en actitud de b1tnaventuranza.
'
Y. Hutin reco~oció uno por uno á esos sHes: sus labios se
abrieron, sus OJO~ se en~randecleron de horror y por la primera vez de su vida lloro ....
A!rodillado, levantó sus pupilas
lacrimosas terrificadae, llenas de
vergi.il'oza y de miseria hacia la mi"
rada del ángel negro y murmuró: •
-Margarita .... 1
Y respondiéndole la celeste voz:
Si, dijo Margarita, Bertha, Giaelda,
Odetta, todas en rescate de tus crí·
menes.
Y lul'go el ángel, más quedo, inclinándose y rr,ovido á compasión añadió:
'
-Pe ro los que lloran. son perdonados.
Pasó con sus alas al través de las
bóvedas sombrías; y entonces las
murallas almenadas, los machones
y las torres que iba rozando con su
vuelo de tiniebla ardiente, se derrumbaron con estruendo de rayo.
Y en la cima de la montaña, pronto
escueta y desnuda, quedópetriticad~ la loba criada por el alma demomaca de Hutin.
Y por esto es que en las hermosas
noches transparentes, al fulgor de
la luna tranquila y blanca, el viejo
relucía monte. proyecta Pobre el viejo río el perfil de un
cuadrupedo encabritado.
FERNANDO MAZADE.

MORTAJA.

Agriétase la roca y cae el día:
y en la roca agrietada y en la noche,
hay una sed de la pasión tardía,
hay una sombra obscura,
y una quietud deeoladora y fria;
y hay m.ís hielo en mi negra desventura.
En la agrietada roca me reclino;
ella en mi pecho su cabeza inclina,
y en el tálamo helado de la roca,
con mis ojos sangrientos la ilumino,
con sus ojos doliente¡¡ me ilumina,
y sediento de amor beso su boca.
Y la noche se aleja;
y la roca agrietada,
y la roca se torna más helada,
y á una tumba de hielo se as~meja.

III.
En la grana encandecida
de las rojas amapolas,
En la púrpura radiante
con que brillan los rubíes
Y en la sangre viva y pura
de los fúlgidos granates:
¡No hay las tintas que en tus labios, reina mial

***

Ni el zafiro de tus ojos, niel topacio de tus crenchas,
Ni los cálidos rubíes de tus labios de granada,
De tus besos han podido condensar el fuego ardiente,
De tus besos amorosos, reina m!al. .. . ..
RAFAEL MARTINEZ Rmno.
México, 1896.

Y cuando el alha borda lo infinito
y lustra los pic•chos de la sierra: '
ella se pEega á mi, damos un grito;
y apretando sus fauces de granito
para siempre la roca nos encierra.

MIGUEL E. P EREYRA.

CICLOPE.
De la montaña en Jo hondo
Bron.co martillo golpea,
Y el 1gneo hierro chispea
De la montaña en lo hondo.
Y el golpe, lúgubre y hueco
Como al fondo de una tumba '
Retumba,
Extraño, lúgubre y hueco.
Y canta el yunque y se queja,
Y los mazos dan y dan
Y aquel titán~ a es Saián
Ante el que c~ma y se queja:
Y aquellos músculos se hinchan
Y aqu_ellos a~rvios se encojen

Se estiran, vibran, recojen
Las carnes que recias se hinchan.
El rudo huraciln rtsopla ·
Y la fragua ronca, ronca ..... .
Y salta fa nota bronca,
Y el huracán sopla, sopla . .. .. .
Y parece, bajo el cielo,
Que en aquella lucha homérica
Lanzara una faz cólerica
Bocanadas de humo al cielo.

Y canta el yunqu"' y se queja,
Y los mazos dán y dll.o,
Y aquel titán ya e11 Satán
Ante el que canta y se queja .
Panamá, 1896. .
ADt LFO GARCÍA

�440

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EL MUNDO

Domtngo 11 de Die iembre de 1898

DomingG 11 de Diciembre de 1898.

EL MUNDO

PAGINAS DE LA MODA
HOJf\S DE, UN LIBRO.
VIOLETAS.

FLORIDlJM JIA.RE,

(JOMO EL HOMBRE.....

[De llered1a.]

Cuando Octubre los árboles desp0ja,
y envuelve parda niebla lis montaiias,
y gime tristemente en las campaiias,
barrida por el viento, la seroja;
Cuando la alondra tímida se aloja
en la seca espesura de l11s brañas,
y, como hiedra á las enjutas caiias,
se enreda al corazón tenaz congoja;
; Entonces, precursoras del invierno,
al pié de los arbustos sin verdura,
que escasa y fresca som_b ra las ofrecen,
entre sus matas de verdor eterno,
como tristes sonrisas de amargura,
las moradas violetas aparecen.

.
~

[De Ileredia.]

LAS GOLONDRINAS.

J?.~};).

..

.

ro

Es imagen del hombre ese manzano
que mis paternos muros ensombrece:
en la estación primaveral florece
y se recubre de verdor lozano.
Con las fagaces lluvias del verano,
sus ramas abatiendo, el fruto crece,
y del otoi1o al promediar, se ofrece,
aulce v rojo, al alcance de la mano.
Mas 'pasa Octubre y el Invierno arriba,
sus mustias hojas le arrebata el cierzo,
corta la podadera sus enjutos,
Y el hacha resonante le derriba
las gruesas ramas que agotó el esfuerzo
de vestirse de flores y dar frutos .

LA. UUERTE DEL A.GlJILA-

r.

~

La mies dorada en la llanura ondea
como agitada mar que el viento mece,
y en ella un rastro surge y desparece
simulando un bajel que cabecea.
El mar, hasta el ocaso que rojea,
violeta, azul ó rosa se adormece,
ó blanco de corderos aparece,
y como inmenso pl ado verdeguea.
Las gaviotas se agrupan en bandadas
y hacia la rubia mies de ondas doradas
tienden el vuelo, inquietas y gozosas;
Al par que, desde el campo, alado viento
esparc-i sobre el mar su movimiento
densa nube de blancas mar:posas.

~

r.:i

~

+
1

Ifobitan las 11legres golondrinas
ruinosc, soportal cuya techumbre
coronan, gorgeando, á la vislumbre
que dora antes del alba las neblinas.
Se esparcen por llanuras y colinas
que baña el sol con su naciente lumbre,
y al verle trasponer la occídua cumbre,
tornan cantando, á coronar las rulnas.
Mas hoy, sin que hayan vuelto, en los cendales
de las primeras brumas otoflales,
la tarde apaga su postrero lampo ..... .
¡Ji'elices ellas que con presto vuelo,
cuar.do está musiio el campo y gris el cielo,
se marchan á otro cielo y á otro campo!
OBSTINA(JION.

En cuanto abro la puerta á la ternura
en mi doliente espíritu encerrada,
viene la decepción anticipada
y echa dc;ble ccrroJo á ia clausura.
Mas me causa hc;nd'l angustia la premura
con que va consumiéndose, ignorada,
como la flor frngante y delicada
que muere sin ser vista en la e~pesura.
Y aunque en cada ocasión sufro un engafl.o,
con loca terquedad corro al señuelo
donde sólo me aguarda nuevo daiio:
Que si no he de saciar mi eterno anhelo
de una dulce ilusión sin desengaño,
perseguirla sin tregua es un consuelo.
11"'\!)7

LAS FLORES DE LOS MUER'FOS.

Jamás el dueño en su heredad las cuida:
las m&gt;lñanas heladas y brumosas
en que sucumben las postreraa roqas,
dan á las flores de los muertos, vida.
Tristes y humilde, son; las intimida
el ruido de las fiestas bu liciosas,
y floreciendo al borde de las fosas
prestan adorno á los que el mundo olvida.
Nunca en el vino que la sangre inflama
sus41&gt;álidas corolas se deshacen,
ni sobre el seno de genti! dcncella.
Sólo las busca el corazón que ama
la estación melancólica en que nacen,
siempre desierto y lóbrego como ella.

La cumbre en que la nieve siempre dura
el águila real ha traspasado:
va en busca de un ¡izur ilimitado
en que espaciar su vasta envergadura.
Quiere, en más alto cielo, luz más pura
que encienda su mirar nunca turbado,
y atrae su vuelo intrépido el nublado
donde vivo relámpago fulgura.
Mas rompe sus dos alas repentino
rayo; la arrastra raudo torbellino,
y en el fúlgido abismo cae inerte ..... .
¡Oh, quien por Gloria ó Libertad combate,
feliz si, en pleno suei1o, así le a bate,
deslmnbradora y rapida, la muerte!
LOS CONQlJISTA.DORES.
[De Heredia.]

Como halcones que dejan sus nidales,
de su altiva miseria fatigados,
pilotos, c11pitanes y soldados,
parten ébrios de heróicos ideales.
Van A buscar los ricos minerales
de Cipango en las vetas encerrados,
y por placidos vhmto'&gt; empujados
navegan hacia arc1rnos litu11les.
Siempre en espera de épicas 11uroras.,
el fosfórico mar burla su anhelo
con ilu,iones rápid&gt;ts y bellas.
Y reclinados en las t~rdas proras,
miran snrg-ir bajo ignorado cielo,
del fondo de la mar nuevas estrellas.
MI lJL'J.'I.M.O SIJESO.

Tu eres mi único amor, el culto santo
y el ideal consta ute de mi vida;
mas en el fondo de mi ser aaid'l
vago temor á tu dil ino encanto.
Sé que jamá'I consolará mi llanto
el goce de la dicha conseguid11;
y alcanzar tu cariilo me intimida,
llegar á conocerte me da espanto
Temo que al acercarme desparezca
el dulce influjo Que, de lejos, mueve
mi voluntad, como 11bsoluto duef1o:
Temo que mi ilusión se desvanezca,
y que al m1trc~arse mi ilusión. se 11eve
el sueiio de tu amor .... .. ¡Mi último sue:ilo!
18!l7.
FLOR PREMATURA..

. El sol que en ~ielo límpido fulgura,
antes de que fenezca la invern11da
esparce en la campiñ i desolada
hálitos de vernal temperatura.
Remuevese el follaje en la espesura,
verdeguea la mies en la llanada,
y en los huertos, ;a flor anticipada
rompe de su capullo la clausura.
Mas la neblina que las cumbres vela
invade el cielo silenciosamente,
y llovizna sutil la tierra mojll.
Aire recio y glacial las gotas hiela,
y, sin fructificar, la flor naciente,
marchita antes de tiempo, se d.:&gt;shoja,

RO.JO, ORO Y NEGRO.

Tiene mi alegre estancia una ventana
de ¡.,1H en par abierta al occidente,
y se alza no muy lejos, de ella eufrente,
asida á su varal, hiedrn lozana.
Cayendo tras la cúspide lejana,
baña la trepadora el sol poniente,
y el follage de un verde tr11nsparente
se destaca en un cielo de oro y grana.
Pronto el vivo carmín se descolora,
el oro de la tarde se evapora,
y en el incierto tinte del ocaso,
La hiedra, perfilándose, remeda
extrafia foliación de negra seda,
bordada en incoloro y limpio ra~o.

MI .JA.RDIN.

Es mi jardín pequefto y apartado,
mas tiene un'l lozana enredadera
que, apoyándose en rú;tica espaldera,
toca ya con sus ramAs el tejado.
Presta sombra y frescuu á su cercado
de fresnos y de acacias doble hilera,
y florecen rosales en la era
que violeta hiemal ha circundado,
Alegre es mi jardín aunque pequeiio:
de tembladoras manchas purpurinas
le salpican los mirtos y las rosas;
Y cuando surcan su verdor risuefto,
causan ofuscaciones repentinas
las alas de las blancas mariposas.

·'

ARREBOLADA.

Forman sobre los montes un celaje
los divergentes rayos del sol muerto
un abanico en t&gt;I espacio abierto, '
de áureas varill~s y de azul pais11je.
Mas el mat'z de su celeste encaje
se cambia, poco á poco, en tinte incierto,
y, por sombn tenuísima cubierto,
parece pronto á unirse el varil11Jje.
En nn mome11to _imtpreciable, al cabo
se desvanece .... Sobre el cielo flavo
perfila la montRfta obscuro pico,
Y sopla mismo tiempo una ligera
ráf11ga de aire blando, cual si fuera
1a que movió al cerrarse el abanico.

ª!

~osé ªorcía Rodríguez.

FIG. i:-GRAN TRA.JE DE ESTACION

441

�Domingo 1l de Diciembre de 189&amp;,.

ltL MUNDO

442

CIENCIA Y TRABAJO.
El r orvenir humano está cifrado en estas palabras:
ciencia y trabajo.
Ambos regeneran al hombre y lo elevan ála cima Je
su bienestar y pro gres o.
La ciPncia, basada en profundos y sólidos principios deecit'nde á los abi~mos de ht conciencia, ilumiIJándola con esplendores de la verdad.
LR cit'ncia, dPstello de la divi1Jidad, irradia m11geetuosa sflbre la frente del hombre y conduce á los pue!&gt;lo@ todos del Orbe por el he1moso sendero dela civilización.
Para la cirncia. el tiempo e~ la eternidad y el hombre su apóstol. Se difuIJde y propa¡ra por el universo
entero fulminando t'l error y arrai¡¡ anclo el conocimieIJto de las verdades eternas é inmutables como ella
que cr,nstiteyen ~u ideal y su grandeza.
La obra del trabAjo no es menos noble y regeneradora que la de la cit'ncia.
El t· abajo Pnnoblere y f'leva á In bum anidad al ideal
de ~us aspiraciones. Bajo cualquina de sus manifestaciones, deific~ el t'@piritu y Jo colma de bienestar,
sinónimo de civilización.
El hombre despr,jado de su legitimo patrimonio: el
tr~ bajo, dP¡;renerana al nivel de parilsito ~oda!.
Pur mf'dio de la dencia v dPl tr11bajo. los pueblos
conquii,tan los laurt'les del adelanto y del progreso.

443

EL MUNDO

Domingo 11 de Diciembre de 1~ 8

B

El trabaJo v la ciencia constituyen la gran palanca
de las evoluciones humanas, el vebiculr más poderoso del engrandecimiento social.
Los pueblos en cuyo cielo aún no ha ful~ura~o el
Rol esplendoroso de la ciencia y del trabaJo, g1m~n
b•jo el y ugo de la ignorancia que los p~ecipitara sm
duda al nt'gro abismo d~ la desapanc1on Y del olvido.
Por el contrario, loe pueblos á cuyas puertas b~ llamado el dulce redentor de la ciencia y del trabaJ?, se
;erguen grandes y poderosos, cstentando, bencb1dos
de satisfacción y orgullo, ti be1 moso estandarte de la
cultura
•
· b 1·
¡Loor eterno á la ciencia y al traba Jo que HID o izan
para el hombre: verdad, pez y progres!&gt;l
¡Dichosos los pueblos en cuyo seno ~olo ~e eecuc~an
Polemnes y magestuosoe la voz de la ciencia y el rwdo
del taller)

e

LA CARIDAD.

¡Beudita sPa mil veces esta elocuente palabra que
en ~i lleva imp1 eso con indelebles caracte~es todo
cuanto hay de grande y de sub~ime sobre la tl~rra... !
·Bendita be&amp; wil veces la caridad q~e ha enJugado
Lineas lágrimas) ha derramado solic1ta tantos co~suelos por doquiera que aparece, c&lt;.mo el nuncio f~hz
&lt;!e la ventur11, como la aurora deseada de redenc1ó~
para aquellos seres que sufren e? el silencio 1011 horrort's de la desgracia Y los
01,tragos de la miseria ..... ! ¡Cuán grata
eonso1adora es la caridad. cuando e1J medio de los grandes infortunios, llega á
p1:enetrar con su faz risutña y enca~tadora á la humilde morada del desgraciado á
snvirle dt1 consuelo en sus horas de angu~tia, en sus prolongados sufrimiemoe... !
Alll donde tstá postrado en el lecho del
dolor el desd1chaao enfermo, alli donde se
veá unapobreviuda desolada rodeada de
sus pequeñuelos que carecen ~e pan y_ de
abrigo; a,li donde yace e} an~1ano privado dt1 sus movimi.,ntos, o el mfortunado
ciego con su noche eterna de desvcntu• •
ras . alll e~tá la caridad.
¡La caridad! ¿Qui,.· n no se conmueve,
quién no 1,e emociona de ternura al contt·mplar lae. acciones beroi~as que J'.!racti_ca en bien de la humamd&amp;d dollente?
¿Quién no admira extasiado sus prodigiobOI! beneficios impartidos con mayor abnegación? Aun esos miembros corrompiFig 6. - Blulla para niña
dos que por su egoísmo se ai11lan de la so•
de 10 á 14 años.
ciedad; llUn esos parásit_oe indiferentes,
iufm.,nciado:1 por ruiu.-s pasion ..s. se descubre~ Y ponen en pié, cu~ndo escuchan la elocuente palabra CARIDAn, para r~nd1_rla cul~&lt;; Y veneración; subyugados por su mágiM poder. olvidando su md1fereuttsmo, ponen también e~
ejecucióu los saludables precPptos de la ftlantropia 6n fayor d~ los ~esvahdos. ¡La carid11d es el ángel del h11gar del pobre y J11!1)áB deJa de mvadulo con
cariñoso celo, llevando en su pródiga mano su benéfico ó~olo. • • • • .l
Cu11 ndo pJ positivi~mo del dla nos c?n~uce en su verugmosa carrera á un
abismo de desventuras: cuando los sent,m1ento11 l~vantadoe y. nobles parecen
haberse extinguido; cuando el aesborde de 1011 odios Y l~s p~s10nes ha llegado
á su úhimo extremo, y que un cuadro dePgar~ador de m1~er1a Y llant? se presenta á la vi,ta, producido por los males sociales, _una v1rtud puris11I!a como
un ciPlo y hermosa como un ángf'I aparece en IDJdlO de tanta deeolacl?n; conjura la negra tempe~tad que am,•naz11ba, y due~a absoluta, reina maJeetu~sa
del -vasto campo que con heroicidad ha conquistado, derrama en él .sus ~nmensos bi..,ue11, que florecen y fructifican á la so~bra _bendita ~e su m1ster~oso poder: Esa virtud es la CARIDAD: f'S ella que mfat1gable triunfa del_ ego1sID&lt;l enc11m1n~dose por el sendero que le tiene preparado el d~do de D1ol! . . . .
1Bt1ndita sea la caridad. ¡Benditos sean loe pueblos que abrigan Pn bU seno
una :-ociedad culta, que después de llenar con empeño ,deberes impres~indibles, impulsada por su filantropía, cumple c'?n. abnegación con otro, quizá el
más ¡;rrandioso y meritorio; el de socorrer prod1gameute á las clases menestero@aol
La caridad se abre paso; un hermoso ho·
rizont., lleno de risueñas esperan&gt;tas para el
porvenir tiene pvr perspectiva: la cultura
y la civilización la han inscrito en las pá~inas de su,; conquishs desde tiempos muy
remotos. Para que sus saludables práct1•
cas se lleven á efecto y su aquilatada vir·
tud se arraigue en loe corazones, nRC1a importa que se le dé el nombre de Nantropia
de beneficencia ó cualquier otro; b11sta que
s~s fines sean altaml'nte morales para que
su marcha progresista por el sendero del
bien encuentrt1 imitadores abnegados, y
pueda se,:ruirdestru_vendo los falsos cimientos levantados por el egoísmo, entre tanto
que las clas~s desvalidas no cesarán de exclamar llenas de santo regocijo: Bendit",
bendita sea mil vecPS la caridad y la culta
sociedad que la prodiga.

r

D

Fig. 8.-Grupo de blusas itltiwa no-vedad.

JESÚS BERNAL,

MODAS PARISIENSES

FJgs. 2, 3, 4 y 5.-Trajf's de casa y de calle.

Las gr11ndes reuniones no se anunciRn
aún entre loe elegantes y los salones sola- Fig. 7. A.briato para niña
mente suelf'n entreabrir sus puertas para
de 6 á 8 años.
recibir en familia nada más álas intimas
Los teatros comienzan 4 verific11r sus
grandes primeras y aqul y allá vemos la moda del invierno iniciarse lPntr mente.
Los coletos, forma de chal puntiagudo son muy feos y creo inútil que algunas mondaines traten de lanzarlos.
La mayorla de las mujere~ chic,irdieren la ancha capa Tedondeada con un
volante y con forro de gran fantasía.
'
Para ir verdaderamente á la moda esta capa no deberá. cruzar~e por dP!ante y dejará al descubierto ti plastrón del corpiño, la cintura y el delantal dela falda.

Las faldas son c11da vez rob plana11 en su parte alta y se han suprimido los botones de d•trAs.
Se llevan las faldas de muy poco v11elo; pues hoy
la moda se complace en modelar las formas con caprichoso empeño.

EOONOMIAS

MAXIMAS MEXICANAS
"Qui(&gt;n guarda para otro

dla de Dios descontla."

"El que viene atrás que
arree.''

Las ant }riores máximas, la primera significando
uoa mala interpretación dl'.la confianza que ae debe
tener en Dios, puesto que El no autoriza. el deepilfa-

rro, y la segunda encerrando un egoísmo horripilante, son dos máximas qu., de~graci .. d11meute imperan
en el carácter nacional y son causa deque entre nosotros, la economfa sea un enigma.
Esto nos decla ayer un juicioso amigo nuestro y
creemos que tiene razón, pues en toda~ las clases sociales ije advierte la costumbre de dil l.pidar cuanto
se ti.-ne.
El rico ga@ta todas sus rentas y algo má ·: el empleado siempre e@ti\, entre las garra11 riel matatias; el
artesano es capaz de mandar al empeño la h.-rramienta que le sirve para tra baj11.r. con tal de poder obsequiar un vaso di' pulque á m"dia doc,ma de amigos.
Pensar l'n mañitna, en el porvAnir de los hijos, invertir algún peque:ío capital para q ,1e 1011 que n"B
suceden en la vida reco1an abundantes fruto11; eso,
entre no11ot.ros con poca11 ex~epciones, es una barbaridad: «El que venga atrás que arree.•
¡Allá se la~ compougan cvmo puedan!
Tan lamentable modo de ptmsar, precisa que sea

combatido enérgicamente y para esto basta poner an·
te los ojos de nue,tro pu.-blo y cPmo saludable ejemplo, la conducta que siguen á este respecto los pueblos
de otras nacioneR:
El francés. el español y basta el yankee nunca gastan cuanto tien..,n: relacionan 1,us gastos á lo que ganan y forman ~u~ prl'supuestos en loe cuales figuran
como primera partida: tanto para economla, y estas
sumas depositRdas t&gt;n un Banco ó invertidas en negocio ~eguro no son tocadas sino en caso de necesi•
dad extrema, y po· l'l contrario se aprovechan las
opo-tunidades todas de a1.mentar el capital que en
muchas veces tiene por base un franco de ahorro al
mes y que en el transcureo de dos, tres ó cuatro gi,neraciones, hace d11 lus descendientes de un infeliz
jornalero unos capitafütas.
Nos quejamos de la abrnrción y aún con justicia;
pero nada hacemos para impedir que nos consuma
esa borágine.
Por patriotismo, por conveniencia personal, por

�Oom1ngo 11 dt: Diciembre de 1898,

u, MUNDO

444

La figura 5 es de terciopelo obispo, está hecha de
una gran bata ceñida con broche fantasía á la iz•
quierda y eleva cuello y solapa y orlas de chantilla.
Es una toilette de gran lujo para la estación.

•

FIG.6 -BLUSA PARA NIÑA DE 10 Á 14 AÑOS.

De escocés de lana, muy olgada, con bonita cintura de cuero, grandes yockeye y un tablero en el
frente.
FJG, 7,-ABRJGO PAR.A NIÑA DE 6 Á 8 AÑOS.
De escocés de lana iormando un frock con capeli•
na figurada, orna?ª de un volante y de gusanillo de
seda en bandas circulares.

TOHO.Il

NUl[ERO 25

MEXICO, DICH MBRE 18 DE 1898

FIG, 8.-GRUPO DE BLUSAS DE ULTIMA NOVEDAD:

abcde.
Bajo e$tas letras estan comprendidas cinco blusas
muy elegantes y la espalda de la blusa e. Las blusas
más orlgmalee son las de.slgnalee con las letras q, Y; d.
La primera es elegantemente avolantada y lll ultima
tiene un gran peso bordado de alta novedad, coronando un plisse muy elegante. Distlngueee por su
sencillez de muy buen gusto las blusas by e.
FIGS.

9y

EXP0SICION NACIONAL DE BELLAS ARTES.
(EN LA ACADEMIA DE SAN CARLOS.l

10.-ELEGANTES SOMBREROS PARA N:úios.

Son de suma gracia y elegancia. E\ primero es un
gorrito de raso rosa con gran apllcac1ón de pluma Y
elegantes fruncidos Pn el frente, el segundo es de paja de Francia drapeado formando la draperia una se•
!ie de graciosos fruncidos.
FIG. 11.-TRAJE PAHA NIÑO DE 4 Á 5 AÑOS,

Fi,s. 9 y 10.·- :t!legantes sombreros para niños.
amor á nuestros hijos, es fuerza que n~estro carácter
se modifique, que abdiquemos de nuestros l'lrrore3 y
que gravemos en nuestro corazón esta palabra:
¡Economía!
.

De cbeviotte fino, pantaloncito ajaretado, jacquecito marinero, chalPco de seda.

AZÚCAR Á LA CANELA.

Se machacan en un mortAro 250 gumos de azúcar rallado, y 32 grar:nos de
canela pa&amp;ándolos por un tamiz de 86·
da, y se conservan en sitio seco.

AZUCARES AROMATIZADOS.
SOBRE EL TABACO,
AZÚCAR A LA. VAJNILLA,

Se cortan en trocitos dos palos de vainllla y_ se machacan en un mertero dtl mármol; se añaden después
125 gramos de azúC'lr. se machacan nuevamente has•
ta que el azúcar y la vainilla se hayan confunditlo de
tal modo que no se les pueda distinguir. Para impedir qne este azúcar pierda su perfume, se pone en un
frasco provisto de dos tapadPras, una, la primera, llena de agujeritoe, y otra, la segunda, que cierre herméticamente.
AZÚCAR AL CAFÉ

Pónganse fin infusión durante veinte minutos 200
gramos de café en dos vasos de agua hirviendo: pásese por uu lienzo: échese en la infusión cuanto azúcar rallado pueda humedecer dicho café, y luego se
hace secar en la estufa ó el horno, y se tamiza.
AZÚCAR j.L ANÍS.

Háganse secar AD la estufa ó en el fogón 20 gramos
de anís verde; májense en un mortero con 2i&gt;O gramos
de azúcar rallado, luego pásense en un tamiz muy
tupido, y guárdense en sitio seco.

Según el "Washington Star" un »indicato de b11.nquero11 in¡leee11 y americanos, ofrece á loe Estados Unidos hacerse cargo de los gastos de guerra
con España, reembolsabll'le en veinte
anualidaues, en cambio de la concesión
ole! monoµolio de los tabacos y de loe
forrocarrilee en Cuba y las Islas FHi•
pinas.
La ciudad Lemgo, situada en el principado de Lippe-Detmold, Alemania,
ha adquirido una celebridad particular. Alll se fabrican para el mundo en,
tero.. . . de fumadores, las pipas más
perfectas de "espuma de mar."
Y se admira que sea en tierra firme,
lejos del océano, donde se confeccionan esos preciosos hornos, es necesario recordar que la "espuma de mar"
nada tiene que ver con la "gran cubeFig.
ta," que ese vocablo es simplemente
un 11,rnbrenombre11 que hace alusión á la lig.,,reza á la blancura de la materia. a espuma de
mar se compone de una tierra
magnesiana blanca y 'JU6bradi•
za, que se hace hervir en leche,
para amasarla en seguida con
una mezcla de cera y aceite de
linaza.
En los alrededo.es de Lemgo
se encuentrar. admirables tierras
magneEianas, que poseen las virtudes necesarias para la confección de esas pipas maravillosas.

l

11 -Traje para niilo de 4 á :S ailos
FIGS. 12 Y 13,-TR~JlfCITO PARA NIÑA DE 15 Á 16 AÑOS

La número 12 es un tra;ecito escocés, con delantal
figurado, dejando ver un plaetronclto yunoe yockeys
de muy elegantes y con cintura de seda.
La figura 13 es de sarga de seda bordada de gslones, abierta sobre una camisola de escocós de seda
d~ mucho g jsto y ceñida por una cintura de raso.

OTRO PAGO DE $3,000
DE "LA MUTUA"

NUESTROS GRABADOS
FJG. 1. -GRAN TRAJE DE
ESTACIÓN,

Es de paño azul obscuro, bordado en grandes guias al frente
y figurand,, en la falda una gran
ala que cae sobre la izquierda.
El jac&lt;i uet es corto y muy justo;
cuello que recuerda el estilo princesa.
FIGS. 2, 3, 4 y 5.-TRAJES DE
CASA Y DE CALLE.

1 .,

FJgs, 12 y 13.-Trajes para niilas de l:S á 16 ailos.

La figura 2 es una blusa de eatln con hombreras y una gran
aplicación de bordado de cadenes de seda.
La figura 3 es traje estilo sastre, de pi el &lt;ie seda lila pálido
con gran bolero acuchiillado, camisola plfssé de seda negra y
ciuturón del mismo estilo, muy
elegante.
La figura 4 es de sarga, con
yacquet y chaleco fantasía. El
chaleco está completamente cerrado y el jacquet unido por dos
grandes botones fantasla. Camisa de batista muy elegante.

EN EL SALTILLO, COAHUILA.
Reclbi de 11 The Mutual LifA In~uranee Companv of
New York" la suma de ($3,000) Tres mil pesos
plata mexicana, en pag·o total de cu1tntos derechos se dt1r1van ae la póliza número 671,631 bajo la
cual y conjuntamente conmigo estuvo asegurado mi
finado esposo
DON IIJG1JEL ARISPE MAR rINEZ

y para la debida constancia en mi ca::ácter de beneficiarla nombrada en la póliza, extiendo el presente
recibo en la misma póliza que se devuelve á la CompNñia para su cancelación en el Saltlllo, Coahuila á
los 21 dias del mee de Noviembre de 1898.
'
Firmado,-Josefa Carrasco vda. de Arispe.-Rúbrica.

Una limosna para el Santo Templo.
(;uadrn pe r José Benlllure Y Gll

Ruperto González del Moral, Notario Público en
actual ejercicio,
Certifico: que el antPrior recibo ha sido extendido
en mi presencia por la Sra, Josefa Carrasco Vda de
Arispe á quien doy fé conocer siendo la firma d~ dicha ~en:ora la 9u~ ella usa en sus negocios. Saltillo
Noviembre vemt1uno de 1898 Doy fé.
'
Flrmado.-Ruperto González del,Moral.-Rúbric&amp;.
Notario Publico.
Unos timbres por valor de $3 50 cs. debidament&amp;
cancelados .

Fo,. de Luis C. 3andoval.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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          <name>Título Uniforme</name>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo, 1898, Tomo 2, No 24, Diciembre 11</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Argelina</name>
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                    <text>nnmine-o Z7 de Noviembro de 1898.

EL MUNDO.

412

drando lo~ reversos. Nudo de corbata en terciopelo
con la misma blonda.
FIG. 11.-GRAN TOILETTE DE PASEO.
Es de piel de seda azul obscuro muy ceñid&amp;, con un
cuerpo blu11a cerrado caprichosamente á la izquierda
por una aplicación de marta que empalma con •d cuello. Cintura de piel cortada en puntas. Aplicación de
piel en la falda.
FIG. 12. · · J ACQUJ!lTTE DE INVIERNO.
Cortado en triánguloa con solapas doublée de Ra·
tin. Abiertas sobre una camisola de bBtista. U aa
aleta fijada por dos botones fantasla lo cierra en el
talle. Además de terciopelo en panilla en los faldones y en las mangas.

TOMO II

.MEXlCO, DICll!.l\IBRl!j 4 Dlfl 1898

•

NUMBRO 23

OPINION OE UN CAPITALISTA EN MEXICO,
Acerca del Seguro sobre la Vida en

"LA MUTUA" de Nueva York
México, Octubre 3 de 1898.

Sr. D. Dona.to de Cha.peaurouge,

Fig. 11- Gran toilette de paseo.

DIRECTOR GENERAL DE LA COMPAÑIA DE SEGUROS •LA MUTUA.•
l'resente.
Muy Señor mio:
Me nArmito ,i.cuRarlA recibo de los se~11ros por
8300,000.00 Trescientos mil pesos
que a.cabo de tom11r en la Compañía que u,ited repreH::nta en esta República, y obsequiando sus deseod ae
que exponga las razones ~ue he t mido para asegurarme en cantidad tan importante y para preferir t'l
tomarla á «LA MUTUA" á peRar de que mis frecue ,,tel!
viajes á Europa y Eatados Unidos me han dado toda
clal!e de oportunidad para tomar mi sPguro en cual quiera delas grandes Compañias del Muodo1 con gusto le manifiesto que en mi creencia el seguro sobre
la vida toma la forma de una protecciót11 no solo para
mi familia, sino también para mis bienes y negociod
Que tengo entre manos, los que no quedarán sin fondos con que seguir activándolos si les f ..ltade mi personal dirección.
Respecto á haber elegido "LA MUTUA,,, mi personal
conocimiento de sus inmensos recurl!OB, con los cualt1s cuenta para cumplir sus obligaciones, sus métodoa
de organización y los planea atractivos de seguros
que ofrece son tales, que á mi juicio no admite competencia.
En conclueión le manifi!isto que mi intención es aumentar el seguro sobre mi vida en esta Compañía
dentro de poco tiempo, y tendré mucho placer"º tratar con usted este asunto.
Soy de usted 11fmo. 'Y attn. 8. S.
F 1rmado.-C. Eis&lt;&gt;nmann.

Fig 12-Jacquette de i11vit'rno.

MOSLER, BOWEN &amp; COOK,
Cojas de fierro y acero,
Bóvedas y Cerraduras

de las afamadas patentes
JJUEBLES para OFIOI~T.AS,
DESP AOHOS

Y

RESIDENOI.AS

-~~AS

'
AMr1sEPr1cAs

01GEsr1~AS

har~.:.-

IL~º~Rpr. ~-~~~;.d:::E.;~

r

1

g. ""

acttva de los fermentos digestivos y losan•
tisépticos mas poderosos combinados en un!l for•
,ma nueva Y asociados con otras sustancias medlclnalea
Es el mejor remedio para la dispepsia, mala digestión estomacai
é Intestinal, para la diarrea, disenteria, enfermedades del Hfgado, gastraTgias. jaquecas Y en todos lo• casos en que la digestión es torpe y la nutrl•
ción lmptrfecta ó cuando hay Inflamación o infección del Aparato olgellhe O de
los orga.nos anexos.

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CREMA

Ros101 '' AoELINA P1rr1."
Compuesta de austancias tóntcu y ■aludaltle
eTita las arrugas, refresca el ettl■ y conse"a 1
hermosura de la cara hasta la Tejez, comunica,
perfume delicioso y con au uso diario las 8etlora
tienen la seguridad de conservar siempre lu■ •
eanto1 de la ltellesa y la ~e,oura de la jUTeDta
Tanto en Europa come en .lm6rica, :a uan la
dama■ mu ariateeritiea■,
,

DI mn El

w IIO&amp;OERlll TPEIFIIIEllil.

UN ENTIERRO.
Cuadro de Walte1· Hanneniann

�EL MUNDO

414

LASEMANA
La próxima apertura de la XXIII Exposición
Nacional de Bellas Artei., á la que concurre con
sus obras buen número de artistas espaftoles, nos
promete una deliciosa temporada de Navidad.
Quizá en esta. ocasión la sociedad elegante,
atraicta por los reclamos de la prensa, se decida
á abandonar los esparcimientos y divagaciones
que forman su vida, para dar con su entusiasmo
caprichoso, mundano aspecto á esa fiesta de las
artes.
Y no hay motivos para dudar de la confirmación de esa esperanza, que es la de todos los que
sneftan con el advenimiento del día en que al amparo del gusto público los representantes de las
artes plástica.1:1 envíen á nuestras playas los productos exquisitos de su labor creadora,
Las obras del pincel no son hijas sólo del genio, han menE&gt;:ster la munificencia de los prócere ..
que truecan el oro de las arcas opulentas en espléndidos trofeos. No es posible concebir esa silenciosa tramfusión del alma de un Miguel Angel
á los muros y á las cúpulas, en donde leen los si-·
glos el eterno drama, sin la magiit pontifical que
pone al servicio de la civilización, á expensas del
orbe cristiano, el espfritu indómito del prodigioso inspirado.
Hay una cooperación entre el artífice que se entrega á la contemplación absorta de su ensue:f!.o y
el Mesenas que pone en sus. manos el bloque y
la tela, y le dice: «crea.:.
Y no todos los que son de esta suerte colaboradores materiales del artista, han empezado por
sentir la admiración del illiciado en presenda del
objeto de un culto. Cuántas veces sólo es capricho, ostentación ó moda ese aparente entusiasmo
que más tarde y en la liquidación de los resultados positivos es igual á la verdadera, íntima vocación de u n Cosme ó;deun Lorenzo el Magnífio.
Cita mundana de todas las vamdades y de efímeros caprichos son en las grandes metrópolis
modernaF, las «ventas» de arte y los salones; mas
no impide la superficialidad del móvil primitivo
que á la larga, lo que fué hábito social, se convierta en profunda necesidad del espíritu, fijl1ndose en el temperamento de la raza.
La mundana más dominada por d~vaneos galantes, el banquero, el político prof~sional, Legan en los centros de alta cultura, á sentir como
el último dilettanti del B~rrio Latino, la emoción
artística, honda y sincera, bajo el frac de-eeremonia y la sonrisa ~scéptica.
/IW

Las lectoras de «El Mundo&gt; son, como todas
las lectoras de todos los periódicos latinos, amigas, y amigas muy antiguas y muy fieles, del •. utor de esos cuentecitos, peque:f!.os como un pétalo.
lle nombrado á Mendes, el inquieto cincelador de
joyas frágiles que llenan el secretaire de recortes,
leidos con ansia y releídos entre sonrisas y rubores...
La pluma ligera que ha escrito los «Tres cajones» no es la de un adulador mundano de las mu•
sas galantes. Escribe madrigale8, pero sabe también el secreto de los que levantan monumentos
á la literatura de un siglo. No es de los que viven al día, del renombre efímero que nace en los
boudofrs, y esclaviza el ingenio á las exigencias
de la moda voluble.
Con bizarría de conquistador ha llegado hasta
las cumbres del Parnaso para incorporarse en la
fila que desde Eurípides basta Corneille forman
los poetas enamorados de fa trágica Medea.
Sarah encarnó en el Teatro del Renacimiento
de Paris, el 28 del pasado Octubre, ese personaje
de mujer apasionada, vengativa y criminal, que
sacrifica todos los amores por el amor de un
aventurero sin corazón y sin conciencia.
El estreno fué un triunfo. "Será más feliz que
las Jfedeas, sucesoras de la de Eurípides? pregunta un crítico. Esto no preocupa al autor; ha
escrito su obra por puro amor al arte, del mismo
modo que Sarah la presentó al público para ostentar en un cuadro suntuoso y severo la poesía
de su magnifica dicción. El drama de Mendes vale menos por el interés del poema, por el estudio
psicológico de los sentimientos y de los caracteres que por el gran sentido pintoresco y el extraordinario ímpetu de la pasión. Lenguaje suntuoso y brillantísimo sirve de ropaje á la tragedia, cuya versificación es la de todo un maestro
que posee y maneja con habilidad incomparab:e
los secretos del ritmo."

Domingo 4 de Diciembre 1e 1898;_

Mírase al fin realizado el suefi.0 helénico que
quería ver libre á Creta. Por ella fu:ron al combate 1011 hijos de Maratón y Sala1mma, por ella
· perecieron á millares en los desC1lad~ros de Tesalia y fueron denit111 das á cercén la_s cabezas de
los p11triotas en las llanuras de Lanssa; por ella
se comprometió la moderna Grecia en guerra sangrienta de cuyas heridas todavía no se resta-blece.
.
Arrebatada en sus ensue:f!.os meridionales, guiada
por el impulso de sus s1:ntimientos, quho un momento, opuniéndose al concejo de las naciones,
arrojar e1 guante á su antigua seflora de Turqui11,
quis,, sacar á sus h:!rmanos de las sombras de la
esclavitud y envolver en el manto esplendoroso
del panbelenismo á los elementos dispersos de su.
raza, que gemían en las ergastulas &lt;le Abdul Haruid. Vano fué su primer intento: la Europa monárquíca se opuso á aquellos impulsos generosos,
y la sangrienta guerra greco--turca humilló al
rey Jorge y ensenó al pueblo griego con duras
ensefümzas.
Hoy el regocijo debe ser general. Regocíjense
los corazones ht:lénicos, que resuenen eu las ribe•
ras del Pamiso y en las vertientes del Helicón, las
estrofas olvidadas de Byron; que resurja espléndida y maguífica la figura del héroe de Misolongbi que no pudo saludar á la divinaliéladt:, libre
después de la rota de Navarino, par a bendecir á
Creta, libre de sus ataduras por virtuddelamagnaniwidad casi olvidada de las potencias europeas.
Hoy la sagrada iala queda como reconocido
feudo de ltt Sublime Puerta; mañana tal vez se le
concederá la autonomía, y estemos i:,eguros d~ que
más tarde, correspondiendo á los sucrificios pasados, se agregará como un florún esplendoroso
á la corvn·:1. d~ Grecitt. Hay que teuer fo en la evolución de los pueblos.
*
**
Aunque l'\ crónica registra un nuevo caso de
Si
la
retirada
de
Fashoda
fuern apreciada en
duelo 110 aceptado, no podemos sentirnos demacuanto vale por la Gran Bret1&gt;ii.:1, si el gobierno
siado satisfechos en pui.to á decrecimento del esde Salisbury pesara en cuanto significa esa depíritu de combatividad.
forencia
manifestada por la H.epública francesa,
El revólver y el pulla! desempeftan un papel
activo en las reyertas, y sólo aquellos que no esa correccióu con que se ha manejado el gobier,
no de París,á pesar Lle sus dolencias interiores, á.
quieren leer las estad~sticas del crimen, podrán
negar la existencia de un estado de sangrientR pesar de la inestaoilidad de sus gabinetes; si se
considerara fríamente la actitud asumida por
barbarie en las costumbres populares.
Francia
en la enojosa cuc:stión, huyendo de todo
En Italia, país bien caracterizado por alarmanmotivo
de
dificultades, esquivando con exquisita
te criminalidad, acaba de formarse una «Liga
delicadeza toda. ocasión de desavenencias,, induobrera contra el uso del cuchillo.»
El 12 de Septiembre celebró su primera sesión dablemente que debíamos dar por terminado el
en Roma y en ella leyó Nori un infürme cuya incidente, y creer que las buenas relaciones, que
idea capital es una demcstración de la inefica- han unido á los dos pueblos de aquende y allende
cia de los medios reprtsivos en comparación la Mancha, contiuuarían cordiales y armoniosas,
y por ende nada perturbaría su estrecha amiscon los preventivos,
tad.
,
La policía es impotente para destruir el uso
Pero hay algo en el fondo que acaso empuje al
del cuchillo en l11s querellas; todo lo que puede
hacer es detener á los culpables y enviarlos á la Reino Unido á buscar querella á su vecma; hay algo que se ocul~a á las mirada3 superficiales, que
cárcel para que perfeccionen sus habilidades.
E! úni.:o medio consiste en una campana ex- ensombrece ahora y ¡,uede entenebrecer más adepontánea y popular; todas las personas honradas lante, basta el extremo de producir un conflicto,
deben aprovechar cuantas ocasiones tengan áma- las relaciones de esos dos grandes pueblos que
no para desacreditar el juicio salvaje que alaba en el Occidente de Europa representan las ideas
como valeroso al que arriesga la vida y mata á mí.s liberales, la cultura más 1ivanzada y que son,
cada una por su parte, la encarnación de una raeu adversario.
No es posible pensar sin tristeza que aquí don- za histórica y los porta tstandartes de les grande tantos bienes traería un movimiento de opi- des intt:reses de un gran grupo social.
nión en ese sentido, las sociedades obreras mal***
gastan tiempo y fuerzas en labores anodinas.
Cuando se estudia y se examina ese brillante
aislamiento de Inglaterra, cuando se mira s11
Dick
grande expansión por tod&amp;. la redondez de la tierra, y se veu sus naves surcando todas las ondas,
llegando hasta los más remotos climas para buscar, moderna Cartago, nuevos mercados á su producción y centros diversos á su actividad; nótase
Creta.-Fasboda. - Elaislamiento británico.- La triple sin embar~o, que en esa misma extensión que ha
alianza. -La paz hlspano-amerleana.
tomado ellmperio británico. ha debilitado su fuerNada valieron las protestas del Sultán de Tur- za y gastado sus energías, Por más que en el paquia, nada sus ruegos al Czar de todas las Rusias, s~do afto hayan llegado de los m{ls apartados
para que desistiera. del nombramiento del prínci- rincones de la tierra, donde se asientan las múltipe Jorge de Grecia para eomisario de las poten- ples colonias, representantes adictos á la metrócias y gobernador de la isla de C.reta, manumitida poli á rendir pleito homenaje á su Graciosa Made la tutela musulmana. Allá va surcando las olas gestad y á protestar su !nvariable devoción al
azules del mar Egeo, acompaftado de las bendi- gobierno ·central: las ramas desprendidas de ese
toman
ciones de los helenos que miran realizado al fin árbol corpulento
.
. cada día fuerza y vigor ,
encuentran
Jugos
propios
que las alimenten y se
su suefto de oro; allá va rumbo á Candía, donde
recibirá las aclamaciones t-iernas de los cretenses ven marcadas tendencias al self government que
que han luchado dos siglos por conseguir la liber- han aprendido.
Por rico y opulento que sea el comercio que
tad. El primer paso está dado; ya ha dejado la
tierra de Minos el último soldado turco, el último mantiene el Reino Unido con sus numerosas corepresentante de Jog califas que tuvieron siempre lonias, es palpable el decrecimiento. Las corriensuspensa la cimitarra sobre los cuellos humillados tss de ~iqueza buscan nuevos cauces, se apartan
de la hnea que las eonducía á la madre patria y
de los cristianos.

Domingo 4 de Diciembre de 1~8

D'Anunzio, otro ídolo literario, aunque menos
popular y más discutid.; que el autor de .Afedea,
trabaja también para el Teatro.
El gran estilista italiano como el orífice francés, crea ;-0r el gusto de ejercitar su:i raras facultades, y como él tiene presente en sus obras dramáticas el r1:11ultado de los efectos pintorescos y
la personalidad artística de la actriz que ha de
encarnar sus heroínas; Mende3 escribe para lll
Berbnardt, !)' Anunzio para la Duse, á lo menos
para ella fué «El sueño de una maiiana de primavera.»
Hoy es «El sueno de un crepúsculo de oto:f!.o»
el dramll public,.do por D' Anunzio en Milán.
Una altiva dogaresa de fines del pasado siglo,
ama á un joven que la olvida por la irresistible
Pantea, «cuya piel es tan blanca que parece azulada y cuy as µestallas cubren con su sombra dos
estrellas, la una negra y la otra azul.»
. La amante abandonadit comprende y explica
la infitlelidad, porque sabe que su rival «lo tiene
cautivo entre cojinei! de terciopelo, y lo oculta y
lo detiene, unido á su juventud, como la almendra á la carne sabrosa del fruto.»
Pero la dogaresa no puede perdonar el ultraje
y hace morir á Pantea, en la Brenta, una mañana
que pasa con ~u flotilla de góndolas frente al palacio ducal. En la barca de Palttea brota un incendio que susoende los cantos de la fiesta. Todos piensan en ·salvar la vida y huyen, olvidados de la hermosa cautivadora; sólo uno, arrastra
do por la corriente, grita entre las sombns: «Pantea, Pantea.»
La fábula es acaso banal, mas ¿quién no se de•
ja seducir por la gracia de las imágenes y el tono
de misterio que envuelve la sutil creación del
maestroil

-

ll)olitittt o&amp;tntrttl.

1

van por cost,,s extraftas á b.uscar nuevos rumbos.
Las. últimas not'.ls estadísticas publicadas por el
gobierno central, demuestran una disminución I!O·
table en las import~ciones y otra no-menos sensible en las exportaciones. Los encargados de vigilar ese movimiento colosal notan que día á día
les ell m{ls dif,cil enfreuarlo y dirigirle en propio
beneficio, y por todas partes buscan el modo de
conjurar un peligro i11minente, que se hará cada
vez más doloroso para aquellos que cifran toda
su vida y su riqueza en la ve utura de sus 11aves.
Han podido ob,;erv11r también, que Rüsia, Alemania y l&lt;'rancia, trabajan sin ce,ar con opuestos
intereses; que uno después de otro, cada cual de
sus gobit,rnos, han obtenido créditos cuantiosos
para aume11tar y fortalecer sus sendas marinas de
guerra. A muy cerca de dos mil millones de fran
cos se elevan l11s cantidades asignadas últimamente por estas tres potencias, para el fomento
de sus escuadras. Imposible competir en esa vfo,
imposible, aun para los ingleses, llegar en su ambición á so~tener su marina al grado que siempre
han querido, de poder desafiar por sí sola á la
combinación de dos marinas extrañas. Que corran un poco los aflos, y autes de una década, el
Reino Unido no podrá vencer en los mares á las
escuadras aliadas de su rival en Asia, Rusia, de
su escurridiza amiga, Alema1,ia, y de su enemiga.
tradicional, Francia.
***
¿Será verdad que, para prevenir esas contingencias, busCR. Inglaterra por cualquier medio un
conflicto violento con Francia, par11. eliminar de
una vez uno de estos elementos t:nemigos que se
levantan para lo porveuiri' ¿Será creíble que, conjurada la tormenta. en I&lt;'asboda, por ll\ p1 udente
actitud de los franceses, buscará. la vieja Albión
en Africi, en Asia, en cualquier parte, nuevos
moti vos de eonflicto? ¿Será dit ble que, guiada por
esas idea11 ocultas, empujada µor esos sordos rencores, arrastrada por esos odios profundo~, ha de
lanzarse contra Francia en cualquier momento
que lo juzgue oportuno? Quién sabe! En la actua·
lidad puede contar con que sus escuadras son
superiores á las flotas francesas; puede esperar
que los puertos desguarnecidos del Tonkin se
abran á sus naves triunfadoraE; que las costas de
Senegambia sean una fácil prt:sa; que las ricas
posesiones de Argel y de Túnez puedan ser ata·
cadas por l&amp; potente escuadra del Mediterráneo;
basta puede so:f!.ar con el bombardeo de algunos
puertos en tierra francesa, cuando haya encontrado el pretexto que explique la querella. ¿Pero
dónde tiene ejércitos de desembarco? ¿De dónde
toma las fuerz1:1s de ocupación, cuando su reducido ejército está esparcido por todas las comarcas del globoi' ¿Se lanzará acaso á lev,mtar
costosos ejércitos de mercenarios, cuando Francia tiene buques suficientes para defender su:1
costas, tiene guarniciones fuertes para defender
sus colonias? Se lanzará á derramar el oro á raudales en una guerra que, como dice Lero) •Baulieu muy acertadamente, puede ]'rancia prolongará su sabor?
No lo creemos; mas si así fuera, hay gran vitalidad en la República Francesa; tiene en su abono veintiocho aiios de labor constante, pacieute
y eficaz para res:stir cualquier ataque. De s~guro no se lanzaría á la aventura C!lballeresca,
pero estéril de buscar glorills sobre las ond,1s del
Océano de que son due:f!.os ahora los ingleses; pero sabría defender sus costas, sería siempre duefü. de su propio territorio, y, bloqueados todos
sus puertos, las fronteras belga y alemana por el
Norte, la frontera espa:f!.ola por el Sur, proporcionarían las puertas para continuar su comercio, y Hamburgo, Altona, Amberes, Santander y
Barcelona servirían en gran parte al comercio
francés, ¿A quién aprovecharía, pues, el b.oqueo
de los puertos de Francia, en caso de una guerra
con Inglaterra? A todus meuos á ésta; y mientras
tuviera ocupada su poderosa escuadrn, mientras
guardara f ·ja su atención en su principal enemigo, Rusia, bu temida rival, su tradicional competidora, caso de que olvidando sus promes11s de
Tolón y de Cronstadt y sus ligas de Peterbof y de
París, no entrara directamente á la lucha como
aliada, entrarfa como enemiga de la Gran Bretaña á aniquilar su influencia en el Asia.
Pensando en todo eso, creemos, pues, muy difi•
cil, pero no imposible, la temida lucha anglofra ncesa. Y aunque queden todavía motivos enojosos en el Valle del Nilo, aunque se mire flotar
el pabellónfrancésen las rivernsdel Bhar-el-Ghazal, vi~itadas por el comandante Marcband; aun-

EL MUNDO
que ~e considere esta permanencia virtual de la
influencia francesa como un ataque á los intereses británicos, todavía. seguimos creyendo que
está lejano el dia en que cesen 1as buenas relaciones ocultas, pormentida diplom .. cia, que unen
á estos dos pueblo:1.

***

Hace tiempo que viene notándose que los estrechos vínculos que unían á la Triple Alianza, se
relajan poco á poco, se aflojan y dejan á los pueblos que la constituyen cierta libertad de acción,
porque los más dét&gt;iles pugnau por respirar aire
más libre, que no les ha dejado en muchos años
la férrea imposición de Alemania. Aprovech11ndo la ausencia de Guillermo II, que iba como peregrino medioeval á visitar la Tierra S11nta y á
purificar sus labios en las aguas sagradas del
Jordán; mientras el augusto sob•~rano se eutretenía cabe las ruinas de la casa que habitó la Madre de Cristo, y pronunciaba discursos místicos
en la inauguración de una nueva iglesia luterana, hanse entendido coruialmente los gabinetes
de Parü y de Roma y concluido un tratado de
comercio fovorable á ambas naciones, tratado
que por muchos años se había cubierto de venerable polvo en los obscuros rincones de los archivos diplomáticos. Hanse entendido al fin los
pueblos latinos, hermanos por la tradici6n, amigos
por la historia, unidos con vínculos sagrados;
pues no pueden olvidar los italianos que su unidad y su grandeza ha sido fecunuada lo mismo
con la sangre de los hijos del Lacio, que con la
de los héroes que pelearon en Magenta y en Solferino; no pueden olvidar que en los pasados
días se han visto juntas, acariciadas por la victoria, la bandera de los Saboya y el pendón tricolor de Bon11 parte.
*
*
* un alejamiento de
Si este nuevo tratado marca
sus antiguos aliados por parte de Italia, la expulsión de austriacos del territorio prusiano, indica
de una manera más Bignif1cativa, cómo poi·
otro lado también se desmorona la Triple Alianza.
Italia tratando con los enemigos irreconciliables
de los Hohenzoller y Prusia provocando resentimientos en sus aliados del Sur, en tanto que se
yergue orgullosa sobre los reil!OS alemanes á los
cuales consid&lt;Jra y declara feudatarios, marcan
una nueva etapa en esa unión de la Europa central que ha pes¡¡do por tantos aflos en el equ1lihrio europeo.
Ha tiempo que el centro de gravedad de ese
equilibr"io se trasladó Je Berlín á San Petersburgo, y ya es oportuno qut: 1:se cambio se manifie&lt;.:te en las relaciones de los pueblos.
En tanto, aquel odio de otros días, que encendía
al pueblo francés al solo nombre de los que vencieron en Sedán, se calma y apacigua, ó por lo
menos no sufre las recrude5cencias y paroxismos
de otros días. Habiéndose declarado el emperador
Guillermo, con la venia del SultAn de Turquía,
protector de los cristianos al.,maues que residen
en Siria, Francia no ha sentido exaltaciones;
aunque tiene por autorización del Papa la protección general de los cristianos en Onente, ha
declarado por boca de su gobierno que no intervendrá en la de los alemanes, que vivirán de hoy
en más al amparo del manto imperial de su augusto soberano.
He aquí el fruto recogido en esa procesión
costosa del Emperador á través de las arenas de
Siria. U na recepción pomposa, aunque con grandes sacrificios, en el palacio imperial del Sultán;
ur.a visita solemne á la basílica de Santa Sofía;
una entrada semi-triunfal por la puerta de Jaffa
en Jerusalem; un obsequio de Aodul Hamid, y
una manifestación cortés por parte de sus eriemigos traaicionales.

de Felipe II, donde en un tiempo no se ponía el
sol, se desmorona y cae en pedazos en manos del
vencedor.
·
Dolorosa por demás, es la condieión de Espa:f!.a, que después de sus derrotas ve caer una á
una las joy11s de su corona; dolorosa la condición
del pueblo espa:f!.ol, que reir a, l n tan apurado
trance, cómo se pagan viejos extravíos, antiguos
errores, pasadas desidias de sus anteriores gobieruos, No pudo, á. pesar de inmensos sacrificio~, no pudo sofoc11r la ír,surreccion cubana; no
quiso conceder la libertad é independencia que
reclamaban los insurrectos, y agotada, pobre, desprevenida para 1,. lucha, así la encontró la Unión
Americana, cuando el Congreso de W a~hington
decretó la intfrvención neutral. Fué á fa guerra
por honor; las ·dolcrosas jornadas de Cavite y
Santiago de Cuba la dt&gt;jaron sin escuadra, y así
desarmada, pidió la paz. Acaso pensó que sólo
perdería á Cuba; mas ¡ay! el vencedor, como todos los que triunfan, ha querido recoger todo el
fruto de su victoria, y no sólo ha tenido que abandonar la perla de las Antillas. sino que con gran
dolor, mira perderse para siempre todo su rico
imperio colonial.
¡Cuánta lección para los pueblos! cuánta enseñanza para los gobiernos! El progreso no se detiene; en su marcha arrolladora no cuenta á los
individuos, no mfra a las razaf; sigue implacable
su camino en el eterno desarrc llo dela humanidad.
X.X.X.
1° de Diciembre de 1898.

J5d tamp ad

v1e;; ad .

BARBA AZUL.
II

El barón de Rais fué el 1·esultado monstruoso teratológico dirían los naturalistas, de una época 'de la
que antecedió, de la que fué la noche precurs¿ra del
Renacimiento, dt1 la época macábrica, de la era en que
la muerte arrastraba al mundo_ en una ronda pavorosa al compás de su doliente churumbela como dice el
viejo poema de la danza. de la muere.,; que no dice
churumbela. ~ino charambel11 (v. el ,voff de l\Ienendez y Pelayo). Con razón el Rllnacimientoprodujo en
las almas el efecto de una n,1eva vida, de 111. yid" que
volvía, de la resurrección, il resorgimento que los ualianos dicen.
La muerte para los eont~mporáneos de nuestro magnate era un imán colocado en el centro de la creación
y la ·num_,rnidad era et polvo de fierro que be precipitab:i hacia él. La Igltis1a babia sido implacable para
amedrentar_ c~n la muerte al mundo pecador; quitémoste el adJet1vo, porque todo era pecado, la vida mid·
ma ei:a el pecado ~riginal. Sucedió que quienes ae
a_trev1eron á. desafiar la muerte, que 11acida del Iaf1erno en lod dlas de la serpiente del Paraíso pugna·
ba por volverá su escondrijo arra~trando á todas las
almas, q11e quienes se atrev1an un momento á. pontir·
se en contacto coa Satanás por medio Lle! pecado
vetan tan d1ffcil ya la salvación, que sólo pensaba~
en a1_1u~ar el mal, _en extrem11r los goces de la vida, t'O
exprim1t todo ~u Jugo á la vida de los sentidos, hasta
arrojarla como uu limón sin jugo á las fauces del tentador.
L~ que hizo Rais fué espantoso, fué indecible, no
sé si me atreveré á contarlo, vacilo, ha vacilado la historia, el mismo h,tin del estupendo proceso de noble
bretón, apela al circunloquio y á las frases de disfraz: lo tengo á la victa, es horrendo. Ni el mi~mo
idioma ~e loé 1·ep01·ters. que, instintivamente h11cen
~e 1~ reticencia uu in~~rumento de lenguaie más suJ~st1vo q~e la revelac1on dii-ecta, podría decirlo todo
1&lt;10 sonroJar á los hombres Pues bien, el crimen de
Ba, ba-Azul era. el d11 muchos, era el de todos los seuiJUales, era el de todod log curiosos de sen8ación en
aqt1:ella época de sombra moral, era f'I de las pobres
muJeres que ha_cian pacto con el diablo, era el c1imen d~ 1.. s bruJ&gt;tP, el que Mtche!At ha analizado en su
marawlloao y extraño libro La Soniere, pero el crimen desproporcionado casi con el poder d.i un hombre, d coeficiente de maldad de la naturaleza humana ha lle2'ado ahi á su máximum. coufina con los t&gt;leme_ tod del mito. colinda con BPlzebuth Los otroP
Como lo habíamos previsto, en las conferencias cuando ~e emaucipabau d,11 la relfgiór, dl\lJan ti Palt~
de Paris ha prevalecido la voluntad omnímoda en el abismo; el ablsmo dio el sal~u eu t,J a.ro~ dé R~1 0 •
i¡**
del vencedor. Ni argucias, ni retórica1:1 1 ni discu•
Fué alquimista; buscó la piedra filosofal la buscó
siones prolongadas, han valitlo á los comisarios
con ahiuco infinito; la riqueza absolma e; decir la
españoles para hacer desistir á sus colegas ame- sustancia del ¡:¡oder, del verdadero pod~r,delque~on ricanos de las proposiciones formuladas en nom- vierte á la naturaleza y al hombre, en dos perros echa•
bre de esa omnipotente voluntad. Expiró el plazo dos á nuestros piPs: es el oro. ¡Una receta para hacer
perentorio se:f!.alado para la contestacíón de Es- or~l Todod los charlaLanes, todo11 los sabios, tr-dos los
de la edad que precedió al descubrimiento
pana, y Espafi.a, sin protestas, sin condiciones, eonadores
~el método científico, c1eian tener esa receta. Los aletuvo que ceder á cuanto se le exigía.
Jandrinos, padres mlsticos de la ciencia helénica de
Abandónase :a soberanía espaftola en el Archi- la ciencia humana tenían la fórmula de hacer el 'oro·
piélago filipino; cédese la i@la de Puerto Rico, la los bizantinos, sus herederoe, nos las han trasmitroo:
conocemos, eran recetas de dorador. Y junto con
isla de Guam en las Ladronas y las islas Joló; se las
es_e secreto de la piedra filosofal (era en el fondo l'l
concede una estación carbonera en las Carolinas, m1smo) babia que buscar el dti la vida, el d.- prolon•
se abandona la isla de Cuba, y el imperio colonial gar la vida, el de renovar la juventud. Y todo ello

�416

fi:LMUNDO

constitula "Ja grande obra." Cierto, no podla haber
otra mayor.
Para un loco de grandeza como Rais, para quien
qu ! TÍll. con sus d11rroches dt&gt;jar boqu1-11bit,ria dti admiración y env1d1a á la sociedad eu que vivla, y casi
lo habla logrado, era indis¡ ensable encontrar en el
fondo del criool alqulmico la fuente del Pactolo; era
indudabl11 que la eucontrarfa Se rodeó de peritos en
d arte, de clé:igos, de italianos, encendió sus horooq
y esperó, en pero ... . Todon los signos precursores del
fenómeno 11¡,arPcian, ¿cómo serla la Piedra, la Pana•
cea? De todos los colore11, probabtemente; de todod Je s
color.is en que el pri11ma descompone la luz solar; como que es hija del ¡¡ol,el sulmismo; cllacomo el sol, es la
eterna fuerz • y, por ende, la juventud eterna. Un dla,
descubierto el cri11ol cuidado11ameote, entre el azufre
tin fusión, se vió brillar algo. p111 t&gt;cia un huevo de oro
¡era tl oro! ¡iba á ser el oro! Por fln, por fin ...... unos
m,nutos mb. Avh-ar el fuego, avivar el fuego; la llama lanzó Sud d11rdo11 fgoeo11, los muros tsnrojecieron.
La grande obra ib4 á consumarse ...... Gilles estllba
muáo, teñido el rostro de fuego por el refll'jo, dos
vuntos negros como molécul•s del abismo en d cen•
tro de las pupilas redondas y azules de felino .... Ya,
ya, veamo11. v11amos ..... .Los corazones se rompían á
fuerza. de latir.
¡Qué es, qué pasa, quién llama! Oh! fllror, matad al
irupormnol Un cueri::o resuena frente á las puertas
dtll castil o; un viajero y su séquito pidtlu el puente.
i\lUA pase, que hu., a, qué muera! l!;e Mon~l'ñor el DtiJfin
de Francia que pide hospitalidad al Señor &lt;te Rd. ! Cielos, el Delffn; tragadlo infiernos.-Suena de nuevo
el cuerno .. -¿t,iué hacer? Prec•sa recibirlo; apagad
los hornos. suspended la obra, que no Sil vea, que no
se adivine nad,:. - Vistámonoe, armémonos. pr.,parad
l&gt;1s viandas y el hip.ocras; pue,pue,monseñor el Del•
fin á la casa de ijU hÚbdíto ...... Y entró tll príncipe,
viendo inquieto con ilus ojos de zorra en torno suyo,
escudriñándolo todo, retratando en su memoria par&amp;
siempre, con una sola ojtiada, los detalles del mobiliario y los rasgos más latimos de laa fisonomlas. Monseñor Rl Ddfiu iba a llamarse, en el trono de Francia,
Luis XI. •
Cuaudo partió de Tiffanges el prlncipe insumiso
que andaba de acá para allá en husca de cómplices
en su rebe•ión contra Carlós VII. todavfa activo, á
pesar de sus desordenes seniles, Silles que no habla
consentido en a) udar al hijo contra su padre y su
rey, recurrió á nue"OB g_• stos, á nuevas 1,curas, para
rehacer d milagro que efltuviera á punte de verifi•
carse en su crisol maravilloso la formación del bue•
vo filosófico. Y como ya corría la voz de que faoricaba
oro, y tll queda sostenerlo frtinte á los que le facilita•
han recursos en anticipos de rentas ó sobre Mpotecas
de sus bienes, materialmente hacia correr el oro en
su casa, en regalos, en orglas, en vajillas suntuosas
y 10 arrojaba me:;.clado á la plata viva (mercurio) y al
azufre en el fundo de sus crisoles. Y, nada; el mistnio alquímico no torn11ba á real!zaree.
Entonces tint\ a en escena un joYencito, un damisel
italian&lt;&gt;, traído á toda costa de Florencia por los agentes del barón. Prelatl, a~i se llamaba, era en sus veinte ó veintidós año• una eiJna de ciencia, d-, la verdadera ciencia: en el fondo de la alquimia, ahi donde la
sombra se condensaba en -noche, él por medio de fór·
mulas cabalisticas y espeluznantes conjuros, se ponla
en contacto con el autor mismo de la cieucía, cou Sa•
tanás, la btirplente enroscada en el árbol. del Paraiso.
Comenzaron las evocacione~ enloslaboratorlos de los
castillos de Rais, ó en la negrura de las f61Yas que
los rodeaban, á la luz de la,luua, la suprema bruja, la
que cruza el cielo como una barca de oro tripulada
por las almas de los muertos, ó muestra su faz redonda y burlona á la Tierra que bebe en sus miradas la
luz muerta del Sol
Se ap ,raron las fórmulas, se consultaron noche y
dia ,os grimc,arios, se vislumbraron fantasmas, se escucharun rumores misteriosos, @e percibieron en las
complicadas oscuridades de las construcciones gótic88, lineas, perfiles espectrales en el limbo imprllCiso
que separll la alucinación de la visión real, y nada,
nada en suma; la naturaleza entera, violada, profanada, sacudida, machacada en el fondo del alPlirez mágico no dej~ba escuchar una respuesta, una palabra,
una luz. nitda; sonidos casi irrt1altis, que par1&gt;cfan co•
uatos de lamentos y fugaces condf'n~aciones de sombra que parecían esbozos de fantasmas.

•••
De la exasperación pasó Gilles deLaval á la desesperación; la ruina, d naufragio, el hundimiento más
espRntoso de la vanidad más loca estd,a ahf, á la vista, en el horizonte; eRe diablo si venia, ese si desplegaba y tPndía en el horizonte la enorme membrana
de sus alas negras ¿Que hacer? Prelati, el !lacerdote
del mal, le decla: aún no hemo11 andado más que la
mitad del camino: declarémonos súbditos de Sataná@;
firmad el pacto. El señor filuda!, tenla todos los atrevimientos y todas las superoticiones y alguna vez todas las astucias; Gilles firmó con su sangre un compromieo de servir a Satanás; pero reservando su alma
y la duración de su vida ¿qué e11 lo que daba entonces el magnate? En realidad dió su alma y su vida;
ofreció al rey del abismo, en cambio del poder y la riqueza, sacrificios humanoe, y firmó.

¡Sentirse en la mano del diablo y no verlo, no poder
objetivarlo nu 1ca cuando ee le sentla de11trc.!. . .. ..

¡Trazar cfrculos mágicos, dibujar en los muros eignos
y hieroglifos evocadores, empuñar la e¡,pada simbóJi c11, quemar incienso y polvo ae piedra imán, blan·
dir el candtllab.o mistelioso y pronunciar til conJuro:
"Barron, Belial, Satanás v Beelzebuth, e::n nombre de
la Trinidad, en nombre de Maria la Yirglln, que aparezcáis, que nos habléis, que hagáis nuestra volun·
tad, venid, venid-•1ve11i od roluntatem meam et pa•

ciam tibi quidquid voluerit excepta anima mea et diminutione vitue m ea.

b:l &lt;11liblo ¡,or boca de su pontifice Prelatti pidió sRngre. no ¡,. saugrA de los gallos y dll la11 tórtolas que
ha5ta eutonces Gilles le había t1acrificado, sino san·
gre humana y sangre pura, sangn~ de inoctmtes, san•
gre de niños ... ... ¡Cierto dla se prt'sentó el magnate
en el circulo mágico llevando como ofrenda á Satán,
la mano, el corazón, los ojos de un niño!
Una sombra de muerte cayó sobre Tiffang"s, una
sombra espesa que SEi confundió con 111 vapor de sangre que dti ahf y de ;\1achecoul y de N •lltll~, 11e l'xba•
Jaba sin cesar! La wujtlr y la hija de Gilled de Rid~,
huyeron, no sablan lo que pas11ba, no velan más que
las prodigalidad .. s locas de aquel hombre, pero huyeron. Porque Barba Azul uo es matador de sus es·
posas (no tuvo n,ás que una C11.tar!na dll Thonars) es
un watador de niño~, es un 1;eir11dor implac11ble de la
vida humana en f1or, es la Bestia de Exterminación
En un circuito que 11braz.tba parte de Bre::,~ñ-t, de
Anjou y de Poitou, empezó á s11ntirse un malesuir indd1nibll'; el dolor sordo, iuconsolable é iuconsolado,
de algunos bogare,, ha bia saturado de miedo y lá·
grlmad la atmóeftira· ¿Qué pasaba? ¿de dónde venia la
angustia del pueblo? Hablan d11sapar!lcido algunos
niños y sus padres que los hablan bu8cado por caminos y 11ldeas, hablan eEcontrado mi.dres llorosas y
padres aterrados que contaban la miijma histori.l; en
Nantes misma en la capital del ducado bratón, ae ci
taban caeos de desaparición. ¿Quién se loa lleva?
¿Quién roba á los niños y á l. s 11dolescented? Nadie
lo BRb1a . ..... l'aHor~11 ó pastoras, barqueros del rio,
muchachos y muchachas, parl'cian tr11ga&lt;1os por la
tierra. Por las encrncijadas de los parques, en Jugare~ @olítarios, en las calles eombrillB de la ciudad. se
h11bla visto un hombre disfrazado. luego otros, fre .
cu,mtl'mente una mujer de nombre odioso, la Mefraie
también vdada de negro, y entonces era cuando las
desapariciones llenaban dtl espanto y horror á las familias ..... .
Los ingleses piden n ,ños de Francia, decfan algunos, y hay que dá. setos ... ¿Pttro quién se los da?
Pronto no hubo duda: el pobre pueblo tuvo que hacer
su propia policía y atando Indicios y fijáodo,e en que
las desapariciones se hablan verificado precisamente
en la6 cercanias de los castillos y pos'lsiones del señor de Rais y cuando él ó sus hombres paPab8n s;or
ellos, concluyó que el jovlln castellano de T1ffange11
era el autor de 1u¡uellos crimen11s sin re¡.,a1ación ¡ay!
sin reparación posible, porque era rico y poderoso como nadie. El pueblo sabia, y Asto corrió de barrio en
barrio, de aldea en aldea. d .. boca en boca, tll ! ueblo
s11bia que Gilles ePtaba l'&amp;cribiendo un libro de magia
con eimgre de niños y se lo dedicaba al diablo. Y el
diablo debla eetar satlsf..cbo, quizh no pedia tanto;
yo creo que el señor de Rais le daba horror.
¿Qué hacia este hombre? Sus agentes, suR cómpli·
ces. 111 espantosa Mefralt1, se 11cercaban á los uiños
de diez á vl'inte años les hablaban dll las muavilll&amp;s
,te los castillos de Machecoul, de Tiffaoges, y de grado
ó por fuerza loe llevaban á él, los pre.eotaban amord11z~dos al barón en su propia cámara, que era el
cuarto del tormento.
Aqui empil'u el tartamudeo de la historia. Relatemos rápidamente.
Las victimas, hombreó mujer, generalm~nte adolescentes, eran atadas con una cuerda y suspllndidas por
el cuello d&amp; un gancho colocado en el muro; pronto
empezaba la asíixla y la agonía, entonces ...... Antes
de morir el inocente, era rápidamente descolgado. se
le dejaba volverá la vida, se le colmaba de halagos,
no vela más que sonrisas. Cuando ya parecl11 recobrado, uno de los cómplices le amordazaba rápidamente de nuevo y el mariscal d11 Francia, el guerr11ro
de Orleans y de París, se a"rojaba sobre él cuchillo
en mano, lo cosfa á puñaladas, alguna vez le rompia
el cuerpo con una e11taca, le descubría las entrañas,
se detenfa, volvía, era el artista horrendo del asesinato y la crueldad: un Ntrón, un Tamerlan habrlan vuelto la espalda. El señor de Rais espiaba el avance del
dolor y de la agonia, las ú1timas claridades de la vid!i
en los roJtros, la invasión á oleadas rápidlls de la
,wmbra. Y rela, rela y sus cómpllcl's relan también;
lo que da compasión en un animal, en el toro, que ya
destrozado interiormente por el e3toque de uno de
esos repugnantes histriones de la sangre y de la
muerte, se empeña en no caer y 111 través de su11 ojos
vdados parece lanzar una suprema mirada de desprecl9 al matador; todo en fin lo que despierta ó la
piedad ó la repugnancia. ó el asco en la naturaleza
humana, era lo qne aquellos hombr"'B encontraban soberanamente risible y divertido. Raís se sentaba muchas veces eobre el pecho de sus victimas para espiar
hasta el oostrer crispamiento de la agonía
J ll'spués se decapitaba al cadáver y se reunía en
jurado aquel grupo satánico, único probablemente en
la historia del crimen, para decidir si aún era hermoso el rostro después de la muerte .... .. Hemos bajado
salvando detalles impoeibleAdereferir,hasta .-1 último
peldaño de esta espiral del Infierno La esca!R sigue
hacia abajo, pero oculta :va por las aguaa del MarMuerto, ahí donde, rRducidas á c .. nfzas, IAa ciudades
nefandas fueron sepultadas por 1a Ira del Seifor. Todo el fuego que las ab1 asó habrfa sf&lt;to poco para la cámara ensangrentada del barón de Rala.
CnRndo la inesperable tragedia habla t"rminado,
cuando, 111 demonio que aquel verdugo tenia sentado
Pn los riñones y que metia sus mil tentáculos 1&gt;or todos 1011 canales de eu eangre emponzoñada. y que se
asomaba al rostro con los ojos verdes y la boca llena

Domtn,ro 4 de Diclemb!"fl tffl 1R!l8.
de sangre y de baba, se habla hal'tado de aquel eepectácuto 11in igual, entonces el matado:: calarendldo
en su lecho y sus cómplic&lt;'S ee apresuraban a lavar el
pavimento, 1011 mur0t1, 1011 muebles salpicados de 11angre y eu la chimenea 11testada de enormes tueros encendidos, iban quemando a pedazos á aquellos má r,
tires cuy as alm11s airadas, dice el hi11toriador de R ais,
deblan clamar venganza ant11 el Dios d ti la misericordia, Si, de veras; la ju11t1cia á veces no put1dt1 couctibirse sino bajo el aspecto tle la venganzit
Un acto como el que acabamos de describirá medias ¿habrá dej'ldo 1oco de remordimiento y de o&lt;tio
de si mismo al homicida? ;Locol J11más lo 1:stuvo¡j1tmás perdió la conciencia del mal que bacta, ni la iuteligencia neta del alcance de su culpa. Claro que no
era un normal; ciare que el suyo 1'8 un caso de patologia moral d11 teratología. ya lo dijimos. pero no era
ni siquiera t:l loco moral de Lombro~so; se sabia res •
ponshble. tenia m1fldo á la justicil,. esperaba atrapar
al morir la puot11. del cable de l• at rición, que baja 4
la tit&gt;rra por uu escotillón del cielo. 1Y tenla relámpagos de r .. mordimi11utol D" cuando en cuaudo se le
11orprendlll vagando por ha sol11dadea de su; castil los ó dfl sue tiflrras, exh11lando grito3 d11 dolor. ¿Pero
no soñaba e~te hombre, D1011 w ,o'' l:"undó por 63te
tiempo nna fiesta dejicada á los Santo~ Jnocent,.s.
tlmplol H zo celtib, ar cou tona po1upa "n 11u capilla,
llena de inoce.,tee tambit\o, que la cuchilla habt .. ptsrdooado, pero no el pecado, una misa solemnlsima d Hrlicada 111 diablo en BPlcreto Alll donde habl11ba de
Dios, del Altísimo, de S.1.b'fSth ,.¡ ritual. alil decfa. Harron. Blllial, 8atán. el mol vado Y narla. y uadit: Harron. Belial, Beelzebtith no venlan; y Gillt's de Laval
Sil hundla más en el abismo Cuando 11e víó obligado
á vender uno d,, sus ca•tilloR, hizo bajar al fon&lt;to de
un subterráneo á 11us cómpl1cee y de Ahi, dfl un lo ' O
nauseabundo extrajeron 10• hueovs de ochenta . 11criftcados los condujeron en lúgubre procesión por el
Loire hasta llegará&lt; tro castillo en cuyas chimineas
incineraron los desp&lt;&gt;jos de los niños, que no representaban ni lit mitad de los que hab1an Pido martirl•
zados
Y este ultraj~ iaverosfmil, increlble si no estuviera
comprobado por las d .. claracioned conteete11 de los
testigos y por la conft'sión d~l ml¡,mo reo, duró y per•
duró Hubntiempoparaque se formara laleyenda,para
qu11 se esfumar,in
el vapor d11 sangre las llneas d,1
la fi11onomla d .. Rqis. pua que el pu~blo cantara en
suP f1esta11, endecha11 de dolor y dti odio, antes de que
l111gara el Juez .... H11bonecehidadde una imprudencia del barón. de que atRcara en uua iglesia á los que,
en nombre del Duqu11 de BretHñ•, se hablan apodt1ra•
do de uno de sus ca11tillos, rara que unll mano de hle,ro, aunque ron el guante morado del Obispo, cayera
sobre él. ...

"º

*·•

La Iglesia suele desempeñar en las edades feudales un papel divino de justicia; inqui, iJora, per~eguldora de hP-rejes y de bruj-ts suele ser odiosa por ignorantll, por despiad11da; pero cuando se iergue frente al barón feudal y arranca al débil de la mano del
hombre de presa. entonces es augusta .... Lo fué en
e, proceso de Gille111 aglomeró lits pr,1ebaa, lo obligó
11 conf~sar, lo arrodilló ante ella, pidiendo perdón á
Dios y á los hombres .... Y ya maduro para la muer
te, lln vista de sus clamnres penitentes. le levantó la
exMmunión v lo entregó á la ju$ticia del duque.
Gilles de R!iis fué sentenciado a morir en la hoguera. pero era un ,rran señor, pero era un mariscal de
Francia. pero itún durante el proceso, cosa inaudita,
se le habla permitido 11lu'iir la prueba del tormento y
no murió quemado sino que antes fué extraagulado
sobre la hoguera misma,¡Yungrupodegrandeeseñoras bretona11 que uo euu ay! las infeliclls muchachas
de Pléeur, recogieron el cadil.ver sobre la hoguera y
le hicieron funerales cri@tianosl Cuánto habrla goz11do este hombre que era un abc.,so de vanidad, que
l'xclamaba enfáticamente: •oadie ha hecho lo que he
hecho yo,• qu11 se sentla org-ullow con el espanto que
producla. si se hubiera visto objeto de estos honores!
Ohl si hubiese vivido el ttirrible Barba-Azul ,in poco
antPB que Dante. con qué voluptuosidad de indlgoa•
clóa s11blime lo habrla hundido en su infierno, liÚn
desp11 é 1 de las ab~oluciones rte h lgle-ial Rleplsodiu
de Hugolino, el devorador de rne propios hijo3, palidece ca~i al lado del crimen del 11i,ñor de Rioi ➔• ¿Stlrá
posible que no haya habido un infierno para él?
¿Por qué este furor de castlgoi' Porque fué el profanador absoluto del dolor y rle la muerte. No por
matRdor, sino por ......... En 111 fondo de la gran sala
de bóvedas ojivales, alta .v fria. en que se juzgó á
GilleR de Lava!. señor de Rais, habla en un altar un
crucifijo entre dos cirios encendidos Al pie dtii altar,
delante de una mesa tendida de n11gro, estab1m sent11•
doa I0R ju11ces presididos por el Obisi,o de N an1ee,
Juan de Male~troft. Clérigos, nob les, criados del Duque de Bretaña é individuos del pueblo, se aglomera•
ban 11n PI otro 11xtremo de la nave. En el centro, el ¡¡eñor de Rais, horriblemente llvldo, pero con voz alh y
clara hacia pausad,imente confesión de sus aelitos;o cho
ó más años de crimenes sin nombre desfilaban 1tnte
aquel grupo de personas. que ya lo sabian todo por las
declaraciones contestes de los cómplices pero que es•
cuchaban atónitos .... Cuando llegó á loe detalles nefandos del martirio dReus doscientas victimas, el silen•
cío tomó el carácter del estupor, ha11ta los muros parecían más mudne de lo que eran; la luz gris de Ül'tubre
que penetraba por loe vitral11s no parecfa la luz de e~te mundo . . .. ~ntonces los jueces se levantaron A un
tiempo, hic!Arnn callar un minnto al reo coofeeor y
el 11nciano Obi@pQ, con las m• nos trémulas de Pm0·
ción y de horror, cubrió con un velo negro k efigie
de Cristo ....

lJomll:i,&lt;o 4 &lt;1.- Dicrnmbre de 1898.

EL MUNDO

4L7

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Domingo 4 de Diciembre de 1898.

EL MUNDO

418

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41 9

EL MUNDO

Puente colgante t-n el riu de A.tarasquillo, construido por el Sr. Teniente de Ingenieros Rodrigo Garcta.
EL CAHPA.MENTO.-Terrenos de la hacienda de lJocoapa.

EL.SIMULACRO DE GUERRA

¡rarse del orden y hermosa pn•pectiva de Jas tiendas. alineadas en una llanera y muy cerca de la mon•
tañll,

EN

SA.N NICOLA.S PERALTA..
El Colegio Militar emprendió la expedición dP. Pste
año el dla 16 del mes de Noviembre último y bl 27 dd
mismo hizo un simulacro de guerra á inmediaciones
de la Hacienda de Sao Nicolá11 Peralta.
Acompañaron al Colegio en su expedición de práctica dos comoañias de Batallón de Zapadores, un escuadrón del 10º de Caballería y unll sección de Ar•illerria.
El campamento de las fuerza11 expedicionarias aparece en uno de nuestros gubad:&gt;~. Por él puede juz-

Hubo varios ejercicios militares de táctira y tiro J1\
blanco, colocándose á, te á dlstancia11 de 1000- y ¡j{K;
m .. tro,.
Desde que llegaron los alumn ~R al lugar del campamf'nto empezaron á construir las foniflcac'ones pa8aj .. ras y dos puentes requP.riiio, por los planes 11stratégicog objeto :&gt;.e la expedición.
~l Tenieme deiogenierus Jorge Ménd1-1z dirigiS h
construcción de un reducto d11feusivo, sobre uua loma,
aprove~hando con intelig11ncia la condición dd wrre
no. El reducto constaba dfl cinco caras de veioticmco
metros: tres de ellaP, contados sobre la cresta interior,
con relieve de un mf'tro 40 centimetros de ancho y
un metro de profundidad.

El fo o tenia 2 metros 40 centlmetros y p otundidad
variablP.
Las otras dos caras del reducto eran deforma triangular.
Un perfil llamado de Versailles coronaba laobra,Pn
cu.v a organización se aprovecharon los elementos siguitfotes: dos barbetas para una pieza, y dos cañone•
ras; un 11blockbou11e," reducto, una tr11vtlrsa encupltal
y una linea de palancas de 10 metros que protegla la
entrada de la obra; dos abrigos para tiradores en la
trinchera intMior de la gola, con buf'n'IR defensai, 11ccesorias á saber: 36 t.rampaR de Jobo, 480 metros c11adrados de red de alambre, 40 metros lineales de aba,
tid1111; habiéndose empleado para el revestimiimto de
los taludes interiores del parapeto, ceEtooes. fagin11s,
zarzos, adobes y céspedes, y para proteger la cabeza
de los tiradores, aspilleras formadas con sacos de tierra sobrl'I el plano de fuego.
El total-'~ excavaciones que se practicaron fué de
1261 metros cúbicos, siendo el nromedio de hombres
que trabajaron diariamente 110, pertenecientes á las
compañias de Zapadores.
En estas obra11 hici1-1ron su práctica H6 alumnos.
Duró la construcción ocho dias, habiendo formado
el plano general el Tenientt1 Méndf'z.
El Teo,eotfl de la Plana Mavor Facult,dva Rodrigo Garcla, dirigió la constrÜci:ión de un hermoso
puente suspendido sobre el rlo de Atara11q11illo que
corre en una barranca de seis metros de pr.. fundldad.
Se emplearon d;s resiRtentes cables dti cáñamo de
cuatro ceot!metros de diámetro y dos ¡rnodes caballetes para apoyar el tablero ,obre los ca bles.
La construcción fué sencilla y se utilizllron pocas
vigas y tablúnes.

El puente tenia una extensión de 1ó metros de lar,go por 'l .50 rte anchura
Desfiló primero la Iufanteria para l'Xperimentar su
-resist~ucia, calculándose ésta en 5 toneladas por lo
menos.
Después pasaron los dragones y los carros.
Terminóse el puente en seis dlas trabajando en él
algunos zapadores y naciendo sn práctica el cabo Joaquio Maaffs y alumaos Manuel de la Cuesta y Nicolás
Martioez que en la clase de Pu,..ntes Militares y For. ticación Permante, presenent11ron buenos exámenes.
Algunas veces lus sr,rpnmdió la luz dd alba trabajandtl con el Teniente Garcia.
Además se construyó un puPnte de soportes flotantes de 39 metros de largo por 2 metros 62 centimbtrus
de ancho, sobre un ojo de agua. que se halla cerca de
Cocoapa, para el paso de las trt-111 armas y se colocó
una pasadera de barriles de 16 metros de largo por
1.73 de ancho, para el paso de lainfaoterla solamentfl,
La construcción del pr ente, que fué muy delicada,
por haberse calafateado la madtlra, duró ocho dia• y
fué dirigida por el Capitán Francisco Aguilar, haciendo su práctica el alumno Gustavo Acosta.
La pasadera de barriles de que hemos hablado fué
botada y construida en 11 boraa.
El simulacro fué dirigido por el General D11n
-Juan Villej?'as, f ormando su E,tado M11yor ..1 Te
lliente Coronel Bernardo Pa1afox y el Capitáu Fortiuo
Dávila.

Los alumnos hablan abandonado su campamento á
las ocho de la mañana y á las diez comenzó la acción.
Según el plan del combate, se debla atacar el reducto defendido por el enemigo, en movimiento en•
volvente v simultáneo.
El redu"cto se hallaba en una pequeña loma eepar11da
de otra loma de mayor extensión,!\ cuya falda está la Hacienda de Cocoapa, poi un 11mplio camino carretero.
Al Sur de esta segunda loma. ha:,. otraemioencia que
es la dominante, estando separadas ambas por el barranco que sirve de cauce al río de Atarasquilo, .v so •
bre el cual se construyeron los puentes de que antes
bemos habl~do.
l!:l enemigo, representado por unB Sección de Zllpadores, ocupaba el reducto p ovi11to de artillería. Previendo el ataque había hecho cubrir dos puestos a van•
zados con infantería y uno con caballerla, deja:ido
también una guarnición de dragones en la Hacienda
de Cocoapa.
A 500 metios de distancia de loA puestos avanz.• dos
se hallaban en linea de colocación de compañf11, las
tios compañías del C.&gt;legio Militar y las dos de Zapl\dores estando la Artillería y Caballeria en 11us rebpec·
ti vos pu1-1stos.
Comenzaron los movimientos al toque de ataque. La
prim11ra compañia del Colegio avanzó siguiendo la
dirPcción de la vertiente de la pequeña loml\ situada
al Sur del reducto, es decir hacia la izquierda,:v la se
gunda compañia avanzó de frente por el camino ca-

DPsfile después del shnnlaero.

rrt&gt;te1 o, en tanto qne las dos compañlas de Zapado•
res Pe apod-,raban del cerro de Atarasquillo, que co•
mo de mayor elevación ofrecia grandes ventajas. La&amp;
avanzadas del enemigo se retiraron combatiendo.
L'l- caoalleria de loe as11ltantes se dividió en do.a
alas, avanzando por derecha é izquierda 1\ través de
JaR lomas. para ::nirse en el punto opuesto al de su
prim.,ra coloJación, despuéd &lt;le efectua:- el movimiento eovolvent1
La llrtfl leria llev11 ba un 11ostén especial deuoueccióu
de Z·1 padores y otra de R uralea del Estado de México,
avanzó para ¡ranar la loma de Atarasquillo y como !a
pendiente es f 1cil llegó á situarse bien protegida e1n
ser viijta por el reducto. Apareció en la eminencia,
cuando las dos compañia11 de Z'lpadore11, desplegando
en tiradores. avanzaron de nueve psra protegerá 11u
VPZ á los alumno~.
En estos momentos el fuego se generalizó y los
11saltantes fueron trepando á la loma del reducto slu
cesar un sólo m ,mento el fuego. Por fin a~ completó
el envolvimiento y el enemigo, antes de verse eatr ·
chado en circulo más cerrad(), abandonó sus posiciones y emprendió violentamente 'la retirada.
Entonces cariró la caballería para perseguir á los
prófugos. rePpuéa de que una de las secciones desalojó al destacamento que guarnecía la Hacienda de
Cncoapa·
Los alumnos estuviPTon muy diestro&amp; fin todas la1
maniobras, demostrando ijU gran aprovechamiento.

(Fotografias tomadas por los Sres. A. Saldívar y A. l\Iartel.)

11

Hora del rancho á la o:rilla del ojo de agua de Santa Catarina.

�EL M{TN1)f'

420

UN ijETEOROI~TERESANTE
[Colab01acl6n)

Domtngo 4 deDic lembre de 1898

1

Domingo 4 de Diciembre de l¡'S:18

EL MUNDO

halo se fué disipando. y á la 1
habia des11 parecido por completo.
El grabado que acompaña á esta11
liut111s es de fotografia directa
11 btl'uida por el director del ObserV .ttoriu de la Escuela Nor·
wa.l para Profesora!'. Represen·
t11 únicamentA una fracción del
halo porque de otro modo se h11bri11 velado la placa. En este ob ·
servatorio se ha seguido obte·
IJiendo fotogr11fias de nubes,
exh-titmdo clichés verdadera·
meIJte curiosos é interesantes.

El sábado 19 del pasado Noviembreá las 11 l 45 minut•&gt;s de la wi.ñana se observó en esta capital un fonóm,mo meteorológico muy curioso y cuya vnific11.cióa 110 e11 muy frecuente. Ese fenómeno fué un halo
i,l cual comí.te en un circulo colorido QllP r"tl..-a al
Sol por todas parttis á. una distancia de 2:2º á 46"
Nadie desconoce el experimento qu., conb1,;te en
hacer pas11r un haz de rayos solares ll traYéS de un
pri~ma de crist11l ó de ttal gema, lo que trae consigo
la descom¡;osición de la luz bl11nca en los siete color~s del e11pectro: rojo, anaranjado, amarillo, verde,
azul, índigo y violeta, que se veo claramente en PI
UN ENTIERRO
arcu iri~. Pues bien, e~tá. demostrado que estas nubecitas filamentosaR y blancas, suaves y tramp11rent,s 4u" se llaman cirrus, están formadas por cristales
Los arfütas afectos á la «pindc1 nieve. Y no podia ser de otro modo teniendo en tura de géuero,• vense naturalcuPnta que la temper11tura de aquellas regioves es m.,nre nblig11dos á. escoger, code 60° bajo cero, como lo han indicado los in,trumen- mo a,sun o de sus creacionl'S, los
to~ re¡nstrado-es env'ados Últimamente desde Parle a..:ont11cuniento:1 mas concretay B••rlin en "dobos sondas." Resulta, pues, que la m.,nte rtsaltantes de la vida hu•
iuz blanca del Sol al atravesar esos prismas de hielo mana.
Asi, desde el inmortal Fortuny
puede pro,lucir variados meteoros ópticos.
El silbado 19 del mes próximo pasado, el ciPlo de hasta los novlsimos escolares de
México se hallaba cubierto por u,,a capa finísima de las academias alemanas, han pinci-rrus tan fma y tra~pareute que á traYé3 de eH11, po• tado repetidas veces bautismos,
día obaerva::se perfectamente el htirmoso azul dPI ai- matrimonios y sepelios.
re, y esa es precisamente la nube apropiada para la
Es evidente que en esos ac,mtecimientos que marcan, per de•
cirio asi, las t-tapas de la vida humana, es donde más resaltan las
!ltmsaciones y costumbres de una
época.
Es bien s11bido que la pintura
cuenta en Alemania con aventajado11 cultivadores, y muchas es·
cuela A de ese pais se dedican con
especialidad á la •pintura de géi::ero •
El cuadro que hoy ofrecemos
á nuestros lectorPs. se debA á. un
joven pintor de Weimar, ,valter
Hannemann, y repres..,nta _nentierro, como fácilmente se comprende á. primera vista.
Las figura~principales son dos
mujeres-viuda é bija-que es•
tán en el dintel de la puerta por
donde el ataud acaba de salir pa
ra ser conducido al cementerio.
En torno de ellas varias gentes
del pueblo forman UlJ semicirculo, y las miran con profundacon·
verificación del halo. Además, PB preciso que la cria- miseración.
fantasía del espectador vuet,alización del agua se b11ya velificado con lentitud, laLa
al mirar el cuadro y las b.&gt;nd11s
~in que el'viento la haya turbado, pues ~i la cristali- emociones
de su pecho
ración es rápida los cristales no result~l_l trasparen• expontá.ne~ surgen
mente.
tt,R ni regular11s, y el meteoro no se verifica.
Desde luego secomprPndeque
Según M11riotte para q,ue el balo se verifique debe
la escena pasa en una casa hu•
h..1ber unos cristales en po8ición tal que reproduzca ·milde,
en una de esas grandes
,.¡ mfnimum absoluto de desviación de loe rayos, decasas de obreros que abundan
hiAndo encontrarse el Sol a una distancia angular de en
Alemania, La viuda y huér·
2 ,0 io-ual á. ese minimun de dedviación.
fan&amp; ocupan mejor posición que
El "circulo de 22º que se produce al rededor del Sol, los
demás habitantes de la cay c¡U" puede produci~se también al rededor d~ la lusa; eso se vé en su .distinción
IJ&amp;, iiene la zona rnJa por dentro, de~pues sigue la
su traza.
1111aranjada, Juego la 11marilla etc, basta llegar á la y l'n
Y hé aqui, que ante el inmenso
violada. que fo1 ma la zona ext11rior. !:le ve por esto dolor,
esos c-breros olvidan sus
de los. colorrs PB á. la invnsa ~el
de proletarios y comparten
411e Ja ~isposición
arco-ins,
en el cual el r, JO queda por fuera y el v10- odios
muy sinc..,ramente la pena de 1011
lat\o por dentro.
deudos. Tal vez les sL-va de conJ.&lt;:n el halo observado en México el dla citado el ro- suelo
propio. ver que la muer'
jo, el anaranjado, el Bmarillo .Y el verd~ eran clara- te tambiln
hiere á. los que están
mPnte visibl11s; el azul, 111 ind1go v el v10lado forma.han una zona confu11a que se pt&gt;rdia entro el fondo arriba.
F.l colorido del cuadro es de
hrillante del cie!o El fPnómeno fué sin t'mbarg-o muy una
frescu-a maravillosa.
hermoso. Como á las 12 y 30 minutos de la tarde el

otro, en fin, (Y esto era causa de m/\s de una
preocupación entre las muchachas de la aldea,)
que la había visto en el palco de un teatro llamando la atención del público, por lR cantidad y
tamaño de los diamantes con que se adornaba,
tanto como por su hermosura.
A cada ur,a de estas noticias, el bueno del padre Guichard suspil'aba y elevaba los ojos al cielo, suponiendo piadosamente cuál era la causa
de tales psosperidades.

............. . ...... . .................. ...

Cmm del Sr. Jtlannt&gt;I Bnch

Nt

l:a Glorieta Colón.

(Jasa del Sr. Othon Ver,:es en la calle
de los Inválidos.

Un.a prima mensual.
Accediendo á la Policitud de muchos de nueFtro&amp;
favorecedora!!, El Mundo Ilustrado, volverá ó. repHrtir entre los subscr1t.&gt;rt1s desde el mes próximo un"ºlumen mensual como prima, según se babia estado
haciendo anteriormente
En consP.cuencia, sólo daremos un p\i.Pgo de novela
en el cuerpo del periódico, suprimiendo las cuatro p:iginas adicionales que sustituyen la prima en volllmen separado.

La XIII Exposicional Nacional de
Bellas A.rtes.
La próx:ima Exposición de Bell11s Artes ee el tema
obligado que ocupa actualmente la atencióa de nuestra. sociedad.
En consecuencia., El Mundo Ilustrado fiel á su
pro¡Z'rama de registrar con todo esmero los asunto3
del dia, ofrece ásus lectores unasección especi11l, profusamente ilustrada, que se ocupará. dPl espPrado
1ocontecimiento artlstiro y que empezara á publicarse desde el próximo número.
Piezas para las Posadas.
Anunciamos á nuestros lectores la próxima pubii ·
cación en estas columnas de un juego completo de piezas de baile para las posadas.
Todas esas piezas son inéditas y escritas especialmente para los abonados de nuestro semanario á
quienes como en otra ocasión hacemos este obse·
quío,

-¿Qué quieres, muchacho?-prt&gt;~untaba con
-earifi.osa voz el bueno del padre Gmchard, cura
de la pequ,iña p irroquia de «L,i, Fl~che,» á
un rapazuelo de cinco anos, que demasiado pe•
queño para poder tirar de la campanilla, apo•
·r,.eaba con todas sus fuerzas la puerta do la casa
c~n una piedra enorme para sus manecitas.
-Sefior cura, le traigo un recado de la tía Ger•
vais-dijo con aire de misteri?·
.
-¿Y qué quiere latíaGerva1s?-a~ad1ó el buen
•cura acariciando las sonrosadas meJ1llas del pequen.o que impresion~do por la p_resenci~ del seftor cura se había qmtano la boma, deJando al
aire una maraña de rizos m~s dorados que las
mazorcas J.e maíz de los campos que rodeaban el
presbiterio.
-Pues .... me envía ó decirle que Collinette
se ha marchado.
-Bueno-repuso el cura.-Pues ya volverá;
andará de correrías por el bosque.
-No-dijo el rapaz con aire convencido.-¡No
volverá, porque se ha marchado con un sefior!
-¡Ah! Cómo es eso?-dijo alarmado el padre
Gnic.hard.-Vamos á ver .... txplícate claro ...
·Qué seilor es ese?
-·Un eenort-afi.'ldió el chico encogiéndose de
hombros.- Uno del c11stillo de la Vrilliere que
iba en su coche.
-Pero tú lo has visto?
-Sí1 seilor·1 yo estaba con Nícol cogiendo hierba para la ca bra, cuando la vimos pasar_en el coche por el camino de Orleans .... Por cierto que
nos saludó con la mano-afladió el pequen.o con
•cierto aire de satbfacción.
No quiso oír más el cura, y temiendo _alguna
desgracia irremediable para 1:1quella loqu11la de
Collinette, cogió apresuradamente ~u sombrero
y el paraguas y se dirigí~ á ~oda pnsa á casa de
Ja tía Gervais, donde hacia uempo se bailaba Collinete encargada de servir á los parroquianos
los jarros de espumosa sidra, tan apreciada por
los bebedores de aquella lccalidad.
La desgracia era cierta.
Cimsada de sufrir los contínuos rrgan.os de la
tía Gervais, halagada por los requiebros é impulsada por sus instintos de lujo, babia cedido á
las tentadon1s prr,mesas de un huesped del castillo, compailero de armas del hijo del marqués,
haciendo tal vez más fuerza en su corazón de 1!)
ailos los engom11dos bi¡rotes del elegante militar,
que los dicharachos y las rudas maneras de los
mozos de la parroquia.
La tía Gervais se lamentaba amargamente de
la ingratitud de Collinette, á la que había !ecogido al morir sus padres, per_o sus lamentac10nes
tenían un gran fondo de ego1:;mo, pues no era
el menor de los alicientes los ojos de Collinette
para el contingente de mozos que se reunían por
las tardes en la tabe1·1ia de la tía Gervais para
trasegar á sus estómagos enormes jarros de si·dra.
El padre Guichard hizo algunas tent:tivas pa_ra
reclamar á la fugitiva, pero no obtemendo nmgún resultado desistió de ello, encomendándola
devotamente á su Angel bueno.
Poco á poco se fueron olvidando de ella, y pasados algunos afios no faltó quién, al regresar de
París, asegur~se que la había visto una mañana
por el boulevar con un g:i-an sombrero ll~no . de
flores· otro juraba y perJuraba que la hab1a visto
en un' magnifico carruaje un día de carreras, y

En el afio de 188*** surgió un grave conflicto
entre los vecinos de la parroquill de «LaFléche.»
Se acercaba la fiesta de la Asunción, patrona
de la aldea, y las obras de la iglesia se habían
paralizado por f11lta de dinero.
El arzobispo nada µodia dar, ni quería pedil',
pues estaba mal con. el mi11hterio, por las recientes órdenes sobre ltt ensefürnza.
El Consejo municipal Ha radical y se negaba á
toda entrega de dinero, y p11ra colmo de desventuras, el diputado se empeilaba en que la tiesta
se celebrase en la iglesia de la paaoquia vecina
«L'Hardouille,» p11ra vengarse de «La Fléche,»
que le había negado sus votos en las últimas elecciones.
Todo, antes que ~ufrir esta humillación, ·pues
«La J&lt;'Jéche» y «L'H11rdouiile» eran rivales desde
hacía siglos y po&lt;!as eran Ins romerfas en que no
había golpes y descalabraduras de cl:lbezas entre
-los mozos da una y otrl:l ¡.,arroquia.

421

bían dt-spedido sin darle la más pequeña esperanza de obtener los suspirados 15,000 francos.
Atolondrado y sin saber ya qué resorte tocar antes de volverá «La Fléche» con la c11beza b11 jaá
dar cuenta de la ineficacia de sus gestiones, y
donde seguramente sufriría mucho su prestigio
y sería objeto de las burlas y sarc11smos de los
tres ó cuatro librepensadores de la localidad, que
no dejarían escapar tan propicill ocasión para
martirizarle, se dirigi ó como última esperanza á
c11.sa de un antiguo amigo, con el que siempre había seguido amistosa correspondencia, no ob, t mte las diferencias de ideas que los separaban.
Autor dr1tmático muy en boga y avezado á todas las truhanerías de la vida de París, 11cogió al
buen cura con los br11zo• abiertos, le co11vidó á
a lmorzar y oyó pac.ientemPnte el rel11to que éste
le hizo de su infructuoso vL,je y de sus fundados
temore~ de no obtener nada.
-¡rifi querido Guic.hard! le dijo su amigo. En
el asunto que tanto te interesa, sólo veo una manera de que puedas salir airoso: un poco difícil
es, por la condición de la persona á ll:l que debes
ir á ver .... . . pero, qué diantre! todo antes que
«L'Hardouille» triunfe, como tú die.es.
- Y esa persona es,-preguntó el cura.
-La amiga favorita del Ministro de Cultos.
-¡Oh, oh!-exclamó el bueno del cura, poniéndose mAs colorado que una amapola.
-Sí, sí; ya comprendo que te ha de ser algo
duro el tener que recurrirá ella ... . Pero es buena muchacha y en s11 clai;e, de lo mejorcito que
pasea por el bosque de Bolonia. Además, á todas
estas mujeres les gusta hacer ostentación de su
influencia con los imbéciles que por ellas se arruinan, y no hay una que no se jacte de tener sentimientos religiosos .... Decídete, y ¡quién sabe si
-de un tiro matarás dos p:ljuos, volviendo al redil á esa oveja descarriada!
-Cómo se llama?-preguntó el cura.
-SAbelo Dios! Ella se hace llamar la señora
de Va\noble, y por este nombre se la conoce en
l&gt;t vida gal11nte. Dicen que guardaba ovejas en
no ~é qué pueblo, y que su primer amante la hi- 7,

j

A g-randes males grandes remPdios. Tal fué la
símesis del discurso que pronunció ante los notables de la parroquia el padre Guichard, · quedando acordado que saliei;e inmediatamente para París á fin de impetrar personalmente del ministro de Cultos los 15,000 francos que faltaban
para·Ja completa terminación de las obras de la
iglesia.
Once días llevaba ya en París el padre Guichard y con espanto veía que estab:t tan adelantado como el primero.
Nada había podido conseguir.
Había subido escaleras, hecho antesalas, visitado al ministro, al subdirector, al director tal y cual,
y unos con sequedad y otros c.ortesmente le ha-

zo educt.lr cou tvdu esmero ....
La verdad es que cuando se.presentó hace algunos ailos en París, sus magníficos ojos nrgros,
límpidos, rasgado,, brill~ntes comq pocos, y de expresión verdaderamente eüloquecedora, causaron una revolución en el Jockey
Club, en el Sport y en la alta banca, y á los pocos
meses ya tenía un hotel y m11gnificos diamantes.
Por ella se han arrµinado cuatro ó cinco estúpidos, y últimamente, lord .S *'** se suicidó en Mó·
naco abrumado por el spleen y sus desdenes, después de hqberla paseado por Italia y Rusia con
el tren de una princesa real. ... ¡Pero es buena chica! .. ¡Buena chic.a! _. .
·
Mientras así se expresaba su amigo, luchaba
el bueno del cura con mil encontradas ideas. Repugnábale acudirá tal persona; pero el llpremio
del caso, y cierta esperanza s~creta de ganar un
alma para Dios, pues todo sacerdote ti, ne algo
de misionero, abogaban en fa.vor de la proposición, y sobre todo, lo que mAs espoleaba al buen
sacerdote, era el temor de no ver aquel an.o cele•

�•
422

lr.f,MUNDO

Domingo 4 de Diciembre de 1898.

cuando muchacha á los piés de mi cama en «La.
Fléché.»
-Pues eso es fácil-contestó con bondadosa
sonrisa el cura.-Deja aquí todo esto y yo me en- cargo del cambio.
-Hoy no es posible-ailadió la joven lanzando un suspiro-pero más adelante yo us juro que
acudiré á vuestra bondad¡ mientras tanto, dejadme las seftas de vuestro domicilio en París, y per••
donad que os deje, pues voy á ocuparme de vuestro asunto.
A la maftana siguiente, un portero del ministerio entregaba al padre Guichard un sobre en el
cual se encerraba la orden de pago de los 15,000 ·
francos para la terminación de las obras en la
iglesia de «La Fléche.&gt;
Al mismo tiempo dejaban de parte dela seilora
de Valnoble una caja cerrada, con encargo de que
no se abriese hasta llegar á la parroquia citada.
La llegada del cura al pueblo fué un acontecí•
miento, y su fama creció cien codos, con gran
despecho de los librepensadores del lugar, que
no comprendían qué resortes podía haber tocado el cura para conseguir tal éxito.
La estupefacción de los vecinos de «La Flécbe»subió de punto al poder admirar el día dela fíesta una magnífica piel de _armilla que cubría las.
gradas del altar mayor y un p:-ecioso frontal bor•
dado de oro, que hacía juego con la casulla del
oficiante.
Lo que más llamaba la. atención de las coma- ·
dres de la aldea, era un corderito, cuyos ojos los
formaban dos hermosos diamantes en el centro,
de los bordados del altar.
-¡Qué preciosidad, seftor cura-decían entusiasmadas-qué hermosos ojos . . ! ¡Cómo brillan!
Y contestaba el bueno del cura, con sonrisa un
tanto enigmática:
-Efectivamente, son muy hermosos aquellos,
ojos • . .. ¡Cómo brillan!
brarse la fiesta secular de la patrona en su querida iglesia.
-Desde aquí se ve su casa-dijo el amigo que
maliciosamente había llevado al cura á las cercanías del «Arco de la Estrella.»
-¡Ea! Buen ánimo y á la noche ya me contarás el resultado de tn entrevista.
-¡Todo por la «Fleche!»-affadió soc11rronamente, y cruzando la calle, dejó al bl¡.en cura,
plant-ado frente á un hotel de magnífica apariencia, morada espléndida de la buena amiga del
ministro de Cultos.
No fuero11 largas las vacilaciones tlel padre
Guichard; apretando su breviario contra el pecho y confi11ndo en éste y en sus cabellos blancos, atravesó con paso rápido el anchuroso vestíbulo, y subiendo la escalera de mármol, cuajada de macizos de flore~, se hizo anunciará la sefl.ora de Valnoble, Una doncella de aire desenvuelto y remangada nariz le hizo entrar en un
saloncito tapizado de telas japonesas, no sin advertirle que la seffora podría recibirle, pues aún
estaba en el ba1io, lo que no dejó de aumentar las
confusiones del cura. Pocos momentos aespués
volvió á buscarle, y llevándole al tocador de la
seffora, le rogó que esperase un poco, pues la seftora saldría en seguida.
El lujo maravilloso que le rodeaba en muebles
cortinajes y alfombras, los mil cachivaches que
cubTían la mesa del tocador colgado de raso azul
y encajes, y cuyo uso no podía adivinar por más
que los miraba, lo suave y templado de la temperatura, y sobre todo, un perfume fuerte, acre
y verdaderamente sensual, que acortaba la respiración y hacía latir las sienes, que saturaba el
ambiente con ráfagas embriagadoras, aturdía más
y más al pobre cura, que ya
casi si:1 arrepentía de haber
idc cuando alzándose una cortin¡ se precipitó en la estancia una nube de gasas, enea•
jes y lazos de color de rosa,
que envolvía á una mujer her•
mosísima, de amplias :y-esculturales formas, apenas cubiertas por tenues gasas, y cuyos
ojos negros, grandes, rasgados magníficos, se fijaban en
el c~ra con cierto cariñoso respeto.
Al verla, el padre Guichard
dió un pa,so atrás, y alzando
los brazos al cielo exclamó con
el mayor asombro: ¡Tú! ¡Collinette!. . . . . . ¡Ahl ¡Desgraciada! ..

-¡Yo misma, seftor cural-contestó la joven
inclinándose respetuosamente y llevando á sus
labios el extremo de la faja de seda negra que
ceftía el cura.-Pero sentáos-aftadió para rom•
per el hielo de aquella impensada entrevistasentilos 11quí, seftor cur11, y decidme á. qué debo
el honor de vuestra visita• .
Un poco repuesto de la sorpresa que había experimentado, y tranquilizado, en parte, por los
modales respetuosos y deferentes dela joven, empezó el padre Guichard, con voz aún balbuciente,
el relato del asunto que le había llevado á París.
-¡Oh! . ..Si no es más que eso-aftadió Collinet•
te-podeis contar con que es cosa arreglada: aoy
mismo hablaré á Pablo .... perdonad, quiero decir al seffor ministro, y mafiana tendreis la orden
de pago en vuestro poder .... ¡yo os lo prometo!
Podeis creer, sefior cura, que me considero muy
dichosa pudiendo hacer algo en vuestro obsequio
y en obra tan meritoria ...... Más de nna vez suspiro acordándome de las inocentes fiestas de «La
Fléche.»
-Qué, no sois feliz?
-Feliz? No, seilor cura; este mismo lujo que
me rodea me ahoga más de una vez, y aunque
mis caprichos son ley para mis ..... .p1'otectoi·es,
esas mismas atenciones me atacan los nervios.
Mirad-dijo golpeando con su diminuto pié, coquetamente calzado con una chinela de ra&amp;o veis esta soberbia piel de armiño que me sirve de
alfombra .... ? Pues procede de un manto real, el
que usó en su coronación el rey de S ...... y que
lord Stais compró á peso de oro para ofrecérmela
como recuerdo de las fiestas de la coronación á
que asistimos ... Pues bien: de buena gana la cambiaría por la deshilachnda alfomtrita que tenía

MUXAN DE BEAUVILLER

MADRIGALES
I
A. UN AS. VIOLETAS,

Dulces violetas del color del cielo,
Que cultiva la mano delicada
De aquella por quien lloro,
Más desdeñosa cuanto má11 la adoro:
Si por ventura, unidas tiernamente,
Ceñís de Laura la serena frente,
Decidle mis dolores
Y aplacareis ¡oh flores!
De mi cruel adorada los enojos:
Pues ella debe amaros, cuando os dieron,
Su alma el aroma y el color sus ojos!
II
DESDEN.

Corté una blanca flor, de mi ternura
Slmbolo puro, y la ofreci á mi dueño;
Ella, con rudo ceño
Entre su mano, que la nieve imita,
Crüel la toma y aja su blancura ......
Lejos de si la arroja (¡oh ruego vano!)
Cayó la flor marchita,
Pero al caer le perfumó la mano!

III
A UNA. ROSA.,

Pura, fragante, hermosa,
Reina serás del blanco ramillete
De tiernas flores que mi fe le envía!
¡Cuánto envidio tu suerte ¡oh dulce rosar•
Nacer te cupo en venturoso dial
Llega y al seno cándido que adoro,
Donde serás de amor purpúrea enseña
Lleva de ar.oma el virginal tesoro
'
Que la aurora al nacer te dió en exceso:
Que Laura, en cambio, te dará risueña
Miel de sus labios al calor de un beso! '

IV
INVIERNO,

Duermen bajo la escarcha en la pradera.
Del invierno crüel á los rigores,
Soñando con un sol de primavera
Las aves y las flores .....
Asf, del alma en la estación nublada
Acurruca.de, trémulo de frío,
'
Duerme soñando con tu azul mirada
¡Oh Primavera! el pensamiento mio ....
FRRNANGRANA,

Do mh1pc 4 de Diciembre de 1898.

Es el ronquido horrible. el estertor humano de aquel
maldito animal; si, por mi desgracia lo oigo dentro de
mi á todas horas.
¿Lo oye usted? Pero no; usted no puede oírlo. Y ¿no
seria posible por algun medio hacérselo oir á los demás? ......... .
......Y acaso serla inútil, porque los señores curiales se han empeñado en cometer una injusticia.
Pero ya pasó. Volvamos al asunto.
¿Que si me empeño en Bl'guir sosteniendo eso que
ustedes llaman fábula? ya lo creo; es la v11rdad: yo no
he dado muerte á una mujer He extrangulado eso si
-una venganza fosta, exquisita, dulcisima.-á mi gata
morisca; pero yo lo sé bien, no hay en el Código un
articulo para ca11tigar el asesinato de una gata.
Usted no puede pensar como los dem~s, porque no
es vulgar.

EL MUNDO

...

bugia ni la agrietarían por todos lados, con sus mordiscos.
Si deseeperado por el insomnio, encendia luz para
leer, ya no los veria cord_endo junto á las paredes en
busca de sus madriJ?"Ueras, deelizándoRe :,,ápidos, eilen•
cloeos, como si sólo fueran siluetas, aéreos, fantasmagóricos.
Acaso ni sal drbn. J 1icen que les huele á gato.
Soñé cen el silencio.
Pero ¡ayl asi como lo oigo abora,asi lo oi aquella noche; mire usted como se me erizan hasta los pelos de
la barba.
No era el ronquido natural de todos los gatos Era un
ronquido estertoroso, era la quPja acompasada de un
enft:rmo que dormita. Un lamento salpicado de ronquidos. Lo principal l'ra el lamento, y sólo como la harmonía el go, goriteo, el ronquido e.pumajoso de eeosfelinoR domé.tiCOP.
Mas aún;.;.sabe usted? como si en una misa de re·
quie111,, el mismo muerto rezara, y los frailes le hicieran coro con sus voces cavernosas.
Los ratones me pisaron.
Tuve paciencia; la dePperté moviéndola sobre · la
poltrona;-me causa horror aquella poltrona cuando
la recuerdo.
Tendría alguna pesadilla. ¡Pobre!
En efecto. me miró, eomo las personas á quienes se
despierta repentinamente, cuando tienen una pesa•
dilla.
Deeputl-s se desperezó v acurrucose de nuevo.
Cubierte hasta la cabeza, entrecerrando los párpa•
dos, comenzaba á ensombrecérsfme la inteligencia, y
de Dl'evo se l.:vantó en medio del slle.ncio el maldito
quejido.
Pero ¿qué tPndria aquella gata? ¿Padecerla algún
mal ffsico? ¡Qué sufrimiento moral la turbarla el
sueño?
Otra vez, y otra más la despnté; mevefa tristemente y volvla á hu!ldirse, volvia á perderse en aquel para mi insondable oréano de su sueño.
Y siempre, en medio de la silenciosa obscuridad, se
alzaba aquel lamento salpicado de ronquidos, como
se hiergue en medio di'! templo obscurecido por negros pañoe, el catafalco cuajado de flamas amarlllentas, severas. tristes, pavorosas. El silencio era un paraleliplpedo truncado, ¡ayl muy irregular-mente, es•
pantosam.,nte truncado por la voz de aflicción de
aquella enferma; porque de seguro estaba enferma.
Entonces sentí curiosidad: seria útil saber que enfermedad era 1a que provocaba en un gato ese quejl•
do humanizado; un caso patológico curioso.
Y la dejé pasar PD mi pobre cuarto el resto de la noche. á costa de mi tranquilidad.
¡No estaba Pnfermal
¡Me repugnó y la odié!
-¡Llévatela, lej9e de aquí, y regálala, mátala, haz
lo que quieras de ella, pero que no pase aqui la noche; prefiero los r11tones,-aún cuando me devoren
hasta á mi" mismo-le dije á la vieja, y se la llevó en•
vuelta en un saco.
Al lh•gar tranqullo en busca de mi duro lecho-eK
higiénico ¿verdi,d Doctor? el colchón duro-alll estaba, alli instalada en su roltrona favorita.
Oiga.me usted: si todavía está en casa esa poltrona,
que la quemeB; no qni~ro encontrarla ahora que
vuelva,
Se levantó y encorvándose, alargó la mano izquierda
como lo hacen algunos chiquillos para saludar á sus
conocidos.

Mis defensores se empeñan en demostrar que estoy
loco para que no me lleven á. jurado . ¡Vaya una manera de defender! pero usted hará. justicia, usted informará en conciencia, y me entregará. á los jueces; y
el jurado-usted lo verá,-el jurado me absuelve:
¡Si no pueden, si no deben condenarme!
Verá usted:
Aquello era ya una burla: no esperaban la noche
paradesllzarfaeraoie sus diminutas cavernas, cautelosamente, sus cuerpecillos color de sombra; no, á todas
horas, en pleno dia, se les vela trepar por mi mesa, y
por mis estantes, asi~ndose con sus rosadas manos á
los lomos de los libros ó á 11111 molduras del mueble.
Y después, en mi habitación, lliempre tranquila, ese
ruidito que hacfan sus dientes, dientes de roedor, contra las hojas de los pobres libros, rasgaba por todos
lados el silencio.
Y un dla, la sirvienta la llevó. Fué en
la mañana, cuandc- me aseaba para salir.
No corrió á escondersfl temerosa bajo
algún mu..,ble; subió confiadamente á una
vieja poltrona, y se instaló alli como un
amigo que visita á otro.
Atentamente me observaba; y como
vergozanda de que su pelaje parduzco no
estuviese bien limpio, comenzó tambien
su toilette; se pasaba la mano repetidas ve•
ces por la cara y se asomaba á inspec•
clonarse el pecho, Juego, CQmo para consultar, me mfraba, y volvía á su tarea.
No me causó mala impresión. Hasta llegué á acariciarla. Enarcánaose me dió
las gracias.
Y eso, qufl nunca fui amigo de los animales doméatícos.
Siempre he gustado de ver tra~ las rejas
de una jaula, a1 m11gestuoso carnicero rt·
volviéndose inquieto, bramante, furioso,
por no ser libre y no poder hincarme sus
zarpas y suR dientes; las caricias torpes,
empalagosas, del perro que nos retrata en
el traje sus manoR asquerosas, oh . ... siem...._,, .,
pre me han repugnado.
' , ''~-' i
Llegó la noche.
(;.Por qué llegó?)
¡Qué felicidad! Ya los roedores no turbarian mi sueño,traveseandosobre mi cuerpo; no cenarfan con las estalactitas de la

423

La vieja sirvienta me lo dijo: la habfa llevado por
,la-tarde muy lejos, á la casa de una comadre, y al anochecer habla vuelto.
• -Pobrecita, no la eehe ueted. mi' e como vino de
tan lejos; quién sabe si ahora no lo moleste.
Y yo pensé; l'n verdad. quizá e~ta noche esté más
tranquila. Puede haber sido pasajero ese estado de
excitación nerviosa Veremos.
No sé ~i fué que me venció el cansancio. ó realm~nte ella estuvo tranquila en las primeras horas, pero
después comenzó.
Al principio, entre suAños, fue como el ruido que
hace un Insecto que ee nos mete en nna oreja, y fué
creciendo, creciendo.

í

¡Ya! el mismo qut&gt;jfdo, el mismo ronquido estertoroso, el mismo lamento de muerte, y haciéndole coro
los ratones en los libros; algunas veces, me parecía
que con una risita chillona se burlaban de mi.
Calculé en la obscuridad adonde estaba la poltrona
y ¡zas! le arrojé la novela que estaba en mi buró. Lan:
zó un quejido débil: ¡esl' el era de gato!

Y cada vez que el lamento mddito'volvfa
á revolotear como asqueroso murciélágo nor
la alcoba, le asestaba un nuevo golpe· la bujía, la palmatoria, rollos de papeles, en el
paroxismo de la desesperación hasta mi despertador, fueron á rodar sobre ella ó en las
inmediaciones.
Afortunadamente amaneció aquel día más
temprano que otros.
. . . No parecía guardarme rencor,Me miraba con pupilas tiernas, inmensamente tiernas.

y

'

�424 -=-===========~===~~=======2E:!L~MU!![N~D~0:?;·========-=---~~=_:,;0::,:n~m:,:i~n,:;,~~n.;:4;,.;rl~A=n~i=~l=P==m=b=r..e"'1=~--1898
__._
Primera un pinchazo en la nariz, luego
sacarle un ojo: el otro no, para que pud1e·
se verm~ á mi, ásu verdugo; perforarle la
lengua, cortársela y prenderla en sus propias garras; y para burlarme de ell~,. cou
RU propia mimo. srpar11da ya, acanctarle
la carilla para lavársela. Y luego sacarle
el corazón para saber cuAl era la causa
de sus dolores.
¡Ja, ja, jal Ahora si creo que me estoy
volviendo loco
Abl si no hubiera Códigos y jueces, y
pNicias, vería usted cuantos hombres mat• bao á otros asi. con esa crueldad. Yo
no; ¡yo no he matado á esa mujed

¿Se ha fijado usted 11lguna vez como miran A su
amante las mujeres of,mdidas por él mismo, cu11nao
va á llegar la reconciliación? Pues asi.
Alg1ma vPz me parPció que 1&lt;aliRn de su pecho susJ&gt;iros que procuraba ahogar ¿Ese dolor que sofocaba
durante el dla en la plemtud de sus facultades. era
el que por la noche, cuando la fatiga la rendia, hada
explosión?
A menudo me diri¡z-la sus miradas, con aquellos
ojos 11xtrañamente brillanted y atractivos como los de
una tísica.
Llegué ll. pensar ~i estarla aquPlla hembra Pna~orada de algún hom~re, y generalizando con fal~cta,
en su rudimentario mteJecto. como lo hacen los mños
que llaman papá á todo hombre que ven, me confundirla con el objeto de PU amor.
No comió; en su poltrona pasó largas horas arro·
jando por la ventana sul'miradas pardas, y dejándolas irá perdene á lo infinito.
.... Allí la encontré de nuevo la tercera noche.
No iba con exitaciones, nada de estado morboso;
en estado normal.
No bien sepulté la luz de la vela en la obscuridad
de la alcoba, cuando brotó de su pecho el maldito
quejido. Culebreaba por el suelo ó trepaba hasta el
techo por los ángulos diedros de mi aposento como
lo hactan las ratas.
O salia en espirales que se elevaban como el humo,
y a~!, as! era, gaseoso, transparente, pero negro, muy
negro.
Lamentaciones de joven enferma, dolorosos quejidos de mujer moribunda, pero muy humanos, más, so
brehumanos; como la voz de un muerto que reza en
su misa de requiem y le hacen coro los frailes con voces cavernosas.
¿Qué me importaba ya averiguar qué ejercito de
fantaEmas pasaban bailando dauza macabra ante sus
pupilas romboides, cuando corría el tdón de sus párpados?
Sus dolores me hacian sufrir, por egofsmo; yo siempre hf'I sido muy egoiPta. Aunque ¿quien es alt•tJ.idta
en el fondo, -sincerameme?
.¡No cree qs•ed qne puede haber habido desequilibrio fn sus facultades mentales, Doctor?
¡Figúrese usted, qué ridiculo! Con mi traje blanco
dti dormir, pisando sin hacer ruido. y con la mano derecha, cogida por la pitrte posterior del cuello para
que no mti c. usara daño, la endiablada gata, esa endiablada.
¡Aquello fué horroroso!
Ya no era el quejiuo dJ niña enferma, de mujer mo•
ribunda.
Era grito desesperado de mujer furiosa.
Algunos congéneres suyos, atraídos por los gritos•
llegaron
Imbéciles!
Tomaban aquellos lamentos por los ahullidos de la
hembra en celo.
Se Je acercaltan y se les arrojaba encima, llena de
odio, fiera, aterradora, y l::s ht:ría.
¿Pod1a yo acaso durmiri'
Le abrí.
A pesar de que SUR pitos eran de mujer, usted
comprende quti no esfAcilconfundir una gata con una
mujer, digo por el tamaño. No tenia remedio.
Yo 110 t1mdria temores de que viniese como en el
Gato ..Negro á retratarse la figura de la victima en la
pa, ed que estaba á la cabecera d~ la cama. No _me
· arrepentirla como Poe en 1'U persomJe, de haber eJercido esa venganza justa. C,,mo el p11r, tio de Byron
que colgó de, cit-lo de su cama la espada con que dió
muerte á un pariente suyo, colgaria yo la calaverilla
de la gata.
¿Usted ha vibto un cráneo de gato? Son curiosos
¿verdad?.
Y lo h11 hiera hecho, si no me hubieran aprehendido.
¡Qué justicia!
¡Pobre paisl
Si no fuera porque deseaba dormir y porque tenía
miedo de salir con las manos acar1enaladas, la hubie•
ra dado muerte con crueldad, como dicen los timoratos.
¡Cómo me habria deleitado con sus sufrimientos, ya
que ella me habla causado tantos.

Fué obra de st&gt;gundos.
Allí estaba, en la sombra, brillándole
fm,fóricamente los C'j08, chispeándole comn dos faros lt1janoS,í la vió usted?
Fué la última vez tn que me mi~ó con
sus pu¡,ilas ti ero as, inm_ensamentti tu,r~as
y podero~ameute atractivas. como de 0J&lt;,11
dti tiEica.
A mi nadie me quita que sus miradas eran amo•
rosas.
Eso me exasperó má~.
,
La acaricié,y cuando Petaba confiada, rAp1damente
le oprimi el cuello con ambas manos.
l(Muerta!! Parecía que :va antes había matado á ot:-as
por el mismo método ¡qué seguridad!.
.
_
¿Esto? ¡ah! es verdad; una convulsion lah1zo aranar•
me. Yo creo que fué sin intención. Me ha d. haber
agr~decido que la libertitse de la vida
Y arrojé su cadáver á la puerta de mi cuarto.
Oh, si he sabido lo que ibaá pasar, a~tes me lo ~omo
Eso dicen: qne alli á la puerta de m1 alcoba m1de.·able, se encontró el cadáver de una mujer con la11 huellas de la extrangulación.
¿Y no puede haber sid.:i otro PI criminal? ¿No puede ser una de tantas comcidencía3?

El alina es como arroyo cri•talino
que de una cumbre inacce~ibl~ urranca
en busca de los mares del dei;tmo:
corre suave ó febril se dPsbarriinca;
y en vario modo e~ con diverRa suerte
agua que se desborda ó que se ebtauca.
El alma mía. rt&gt;t.-mplada y f11ntA
á golpes de dolor, .tOr~ente h 1 111do
,
que furioao lanzara himnos cte muerte,
v que después por el amor vP_ncidn
se arrastrara á tus pié~ cual 111erp&lt;1 loca,
pronta ya á dar el tentador ~ilb:do.

... f;;;~t~ct-~~-~~¡;~i~~- ~~~·¡·¡~é· ~¡ i~t~~-~~..q;;·~·;:~·;~~:

di, ¿verdad?

FRANCISCO ZARATBI Ru1z.

PAGINAS DE LA MODA

s; te espanta t&gt;I rep_til, la magia invoca

de tu mirada eléctrica; y al p1111to,
arrancando una fuentt&gt; de lll roca,
resucit11ndo á Lizaro difunto,
barAs que del reptil brote uu alarlo
sér celtistial de harmónico co0Ju1Jto,

como el Fausto viejo y acabado
brota del F1msto .. moroso, y como brota
el arrtipencimiento del pecado . . .
La illf ncia que pasó, la edad rPmota,
que siempre destilada cae "¡ pozo
con la monotonia de la guta;
y luego mi ilusión de incauto mozo
41111 se de11vaneció cual hu,uo al viento
dejándome un hastío en cad&lt;1. gozo;
todo ello p11ra mi fué 2 caso 111iento.
pero impulso no fué se_r nunca JJurln
ni amor, ui voluntad, 01 pem11m1tlt to.
Sólo tú, sólo tú rompes el nudo
de mi suerte fatal; haces qun Pn flores
retoñe a f,n mi conu.ou di,.11udo;
y logras. con~olaodo mis dolo!ªª•
que 1111 l'temlce pero no envt-Jezca
con el tiempo el aU1or dtl wis 11mures;
logras que ya j'lmás se desvanezca
m1 e1 ót1ca i!Ubtón: que no concluya,
sino más bien quti con el tiempo crezca......
Pueda qu11 el tiempo "'olador destruya
hombre11 y monumentos y ciudade11.
puede que el alm'a. hasta los cielos huya:

es justo que en mis cánticos se esfumen
siquiera dti tu ima~en los perfilti"
cuando la11 horas dd dolor me abrumen,

***

425

EL MUNDO

AMOR NUEVO.

puede que indePcriptible11 tPmeestades
sacudan t'Ste muudo en su cimiento
y llegue el fiu dd fiu dti 1as edades:
pued11 que se desquicie el firmament9,
mas tú subsistirá~ en d Dios mismo,
hecha amor, volui,tall. y p~nsamitmto.
Hecha amor. Por un mAgico espejismo
te veo coU10 palma en las arenas,
como rayo dti sol en el abismo,
y así en las horas de 111 fci serenas
creo que llegarAs á ser guirnalda
de mi glori1t y consuelo dt, mi11 penas ....
Hecha al par voluntad, sobre tu falda
recostaré mi frente pemadora
ó de 1&gt;scabel te ofreceré rui e~palda,
hast:I. que llegue la esperada hora
de lucha diaria, y me 1::ctimulo 1::ntonces
de tus ojos la. luz que es 11,z dtl 11urora.
Si te molesta el ruido de los b1011ces
ampárame en tu cido y hat1 que gire
la pue.ta del perdón sobre sus gonces ....
H .cha al par pensamiento, PI que se inspire
caate á los Roplos de tu sacro llUIDt'n
y tu bond11d y tu belleza adwire:

Mire usted: yo cre&lt;' que el v1-cino que cieclara que
me vió entrar del brazo de una mujer, es el mismo
asesino, el mismo homicida, que ha querido pe1judlcarme.
A mi cuarto de estudiante nunca ll11vé mujeres; yo
le juro á usted por .... por el alma de la gata, que no
había visto ese cuerpo asqueroso, lleno dtt m11ncbas
y cicatrices, horrible, hasta que Jo vi en la plancha.
Si antes la hubiPra conocido puede ser que si la hubiese matado por fea y por asquerosa. pero no.
¡Ob! rinda usted 1tu informe favorable; que me lleven á jurado. Y se harlL la luz.
El jurado - usted lo vE-rá-el jurado me absuelve.
No soy un homicida; soy u1.o hombre que ha matado
una gata.
O que se aprendaá todos los que han matad,, gatos.

Domingo 4 de Diciembre de t~

puesto que tú. mientras la miel destiles
del amor, lograrás que confundido!!
estén á tus at&gt;riles mi11 abriles ....
Te amo como la cuerda á los sonidos,
cual las sombras al actro te des-:o,
pienso en t1 cu11l las a ve11 tin sus U1dos;
y hasta creyese en Dios si fuera atPo,
al escucharte h ~ blar como te eecucho,
al verte fulgurar c&lt;,mo te veo ....
Cuando lo quieres tú me rindo ó lucho:
y asi oblánnote en fin mi fuerza vana,
poca 68 la frase y lo que bieuto es umcho;
porque al ver en tus c&gt;jos la mañana
alborear de mis dias de conrnelo.
como quien t-chi:. A vuelo uua c~mpana
echo también mi corazón á vudu 1•••.
JOSÉ R. UH :&gt;CANO.

i'ig. l. - Gran capa de lujo.

FJg. 2 . - Traje de tertuUa.

Fig. 3.-Elegante traje de casa.

J_...,A VANl:DAD.
Sin que puPda nono&gt;rse Pn dil'cmión ni por un momento es iodud&amp;ble quo Dios pudo y debió hacer al
hombre más p!'lrfPcto.
Esta imperfección depende probablemente de que
quiso h11c..r la obra tan de plisa, que muchas y muchAs &lt;'0~11s BA 11' qnedMron en el tintero.
Debió á mi juicio empl11ar en vez de 1'eis dias unos
doce ó quince, ó c1111ndo mPnos ocup1tr el séptimo en
vez de echarse boca arriba á contemplar su obra
maestra
Aei al menos ~tquiPTa con eRA dia d~ má.11 1 habríamos
tenido una séptima partf'I de vicios y dPf11ctos menos,
y una séptima más de pPrfoc&lt;:ionPs y virtnd1111.
Pero en fin ya el mnnd" no se ha df'I voh-l'r á hacAr
y tenemoR que t&lt;m~rlo como f'Ftl\: salvo qud se le
ocurra á Dios mandarnos otro diluvio lo que mucho
dudo, porque aeostumbrado á no hacer nada en tantos y tantos 1tiglos. ba de Ancontrar un poco peqado el
pon!'lrse A fabricar un muudo nuevo sólo por el placer
é:11-1 ahogarnos
Sobre todo; lo ouf'I le ha dA rletenPr no es por cierto
el tr11bajo de abrir las catarat&gt;1.s del cielo para con•
vert1rnu~ e·1 rana-a. 9ino una gravl' cuestión que eR•
toy BPguro le ha de haber preo. upado d&lt;&gt;srle que por
mal de sus pecados creó 1111~!1 ptcaro mundo, y Asta
cuestión es la siguio&gt;ntfl: qu11 habil'lnrlo puestn 1111 aten
ción y cuidado P1tpecialmentl'I en lo que él consideraba.
su mPjor obra, hay.moa salido tau imperfectos, y sea•
mos casi ca,i lo que 1.. salió pl'or
Le ha de a~altar la d 1trla de que Rf podría r11Pmplazarnos con otra cosa mejor, es decir: sl podría hacer
bombrt's m1&gt;jrr •R y Re dirá que como más vale una
cosa mala conocida que una buena por conocer.y que
lo ml'jor de los dados es no jugarlos. noR deja asi como somos, aunque esto le cau~e la molePtia de tener
•
que pegarno~ alguno11 tirone, de orej11s ó de mandar•
110s á los dominios tie Plutón cuando hacemos el viaje d11 este mundo al otro y comparecemos á su pre •
sencia.
El homhr11 !'18 frdudablemente un ser lleno de defectos y de debilid,ad 111 qu•i han nacido coi: él y de las
que no ae puede desp1·Pnd!'lr, no ob•tante que la educi.ción modifica e8encialmente en muchos casos estos
defectos y debilidades.
Para 1il que frlamente pienRa y observa el mundo,
1Flg. 4,- TrajecUo para niña d.- 9 á lOailos. para el que se coloca eu la posición de espectador, el

Tig. :,,-Fro&lt;'k para niña de 11 á I;! años.

�Domingo 4,j_e Diciembre de 18911,

l!:L MUNDO

421

, ELMUNDO

Domingo 4 de Diciembre de 1898.

NUESTROS GRABADOS.
FIG, ! .-GRAN CAPA DE LUJO.
Hecha de piel de seda con gran aplicación de armiño y marta,
Gran cuello Valois. La aplicación de piel forma una capelina fantasía de notable gusto.
FJG. 2.-TRAJE DE TERTULIA.

HPcho todo de museliua de seda. pllssé y avolantada con adornos

h~•

,

FtG.

3 -JllLEGANTE TRAJE DE CASA.

De seda malva drape11da toda de crespón oscuro de muy hermoso
efecto, conyockeys elegantes y un gran pliegue cerrando el frente
de la blusa.
FIG. 4.-TRAJECITO PARA NIÑA DE 9 Á 10 AÑOS,

Muy sencillo y elt&gt;gante. figurado con blusita de fruncidos y
falda. ornada de un volante. Las mangas van con ribete de bandas.
FIG, 6.-FROCK PARA NIÑA DE 11 Á 12 AÑOS.
De i:_arga de 11eda. figurando delantal. Plastroncito, yockes y guar,
da panos de satin.
FIG. 6.-TRAJE DE ESTACIÓN.

Es Je e@tilo dragón, todo bordado de galones de cordoncillo de
seda forman brandeburgoR en el dormán, y caprichosos dibujos en
la falda. Háceee en cheviotte azul obscuro.
FIG. 7,-CUBRPO BLUSA ELEGANTE.

D~ escocés de lana con tablero11 sencillos. Mangas de globo con
punos de lino, Cuello de lino con ceñido por corbata de raso,
FIGió.

Fig. 6-Trajede estacl6n.

Fig. S.-A.brigo para niño.

Fig. 7'.-0nerpo blusa elegante.

hombre le ofrece un tema vasto y variado para sus
observaciones, una inagotable fuente para sus estudios morales.
¡Cuántas debilidades, cuántos errores, cuántas
preocupaciones, cuánt9s vicios, cuánto malo y cuánto
bueno que criticar y que aplaudir!
Se va al teatro generalmente para pasar un buen
:-ato y divertirse, pero si uno toma el mundo como te11.tro y se fija en los personajes, los estudia:, sigue con
atención los papeles que cada uno representa, el mundo es una continua comedia ó drama ó tragedia. Muy
generalmente no pasa de ser comedia que nos proporciona agradabili~1mos ratos de solaz á los que no pagamos entero tributo á las debilidades humanas.
Todas estas debilidades son ridículas y ellas serán
el objeto de una serie de artículos, empezando hoy
por una muy general de que adolecemos, y á la que
rinde culto tal vez sin pene arlo el que estas lineaa escribe.
Esta debilidad ridícula es la vanidad .
¡L-i vanidad! ¿hay nada más risible que este defecto?
El hombre vaqo es como el cuervo de la fábula; se ,
enorgullece y pavonea con las plumas de otro que se
fi~ura poseer.
La vanidad tiene por origen varias ~ infinitas cauFig. lL-Delantal bordado.
sas, ó más bien dicho, nace con motivo de un hecho
trivial y común en general, que se abulta y se agranda por el interesado al extremo de darle colosales tipos que nos dan la materia prima para fabricar este
proporciones.
La hermosura en las mujeres, el dlnero, la pcsición articulo.
No examinarPIDOB la vanidad Pn la mujer, porque
politica y social en el hombre, etc., dan origen al na- Riendo
la vanidad una dPbilidad humana y la mujer
cimiento de este'niño mal criado é insoportable, que la debilidad
por excelencia, no queremos echarle en
se llama vanidad.
cara
un
defecto
que nació con ella.
Una mujer bonita, que por su linda caray nada más,
Vamos al hombre, al hombre que por la educación
encuentra á cada esquina quien la gttiñe los ojos, un
hombre que ha tenido la suerte de ganar unos cuantos cientos de miles de pesos; un quidam que bauti•
zando el aguardiente y el vino con ocasión de un revolutis ee encarama, no digo ya á un ministerio. sino
á un simple puesto ~ecundario, son otros tantos

que en general recibe, y por la consiguiente influen•
cía que ésta debiera ejercer sobre él, e@ quien real y
verdaderamente merece que le pongamos en espectacián pública y_ que Je demos algunos tirones de ort&gt;jae.
"La vanidad en éste está en razón inversa de su in"
teligencia; es ta»to más vano cuanto menos favorecido ha sido p.&gt;r la natnra-leza con ese precioso don.
"Generalmente · 1os hombree de talento no conocen.
la vanidad, que es et1pecialmente el patrimonio de lot1•
tontos.
·
11S e desarrolló con el más pequeño motivo y con una.
fecundidad prodigiosa.
"Es como la ma,a yerba de los csmpos: la más ligera lluvia Je hace crecer á mas altura que la buena,
que el labrador ha sembrado y cuitivado con mucho·
trabajo.
"Como la mala yerba no necesita siembra ni cultivo,.
nace por si sola; está pegada al individuo como la os-·
tra á la concha, y nJ nec~sita i;lno el hecho más insignificante para mostrar.se con todo descaro diciendo:
agui estoy JO porque be venido,"
La vecindb d no se toma el trabajo de saber por quéexiste, le basta saber que vive y coneidtrar legitima.
..u existencia. Es un fantaEma que la debilidad de la.
inteligencia crea, y al que da proporciones á su capricho, creyéndolo un ser real y palpable.
La vanidad como defecto humano no reconoce ni
clases ni gerarquia.
Ella es la misma en el mozo de cordel que en el opulento capitalista. Sólo hay en ~lla grado@. que están,
en razón directa de la posición social del individuo~
por lo demás es la misma aama ridicula, es el mismopersonaje con la diferencia del tr11je.
AtreviJa como nadie, no e'lpera a que se le diga
"pase usted adelante" ~ino que se nos cuela de rou·
dón y toma asiento aunque no se le haya ofrecido.
Nace, decia, con cualquier motivo y especialmenti,
cuando el indiv.iduo pasa de una condición á otra ¡,.
modifica su condición por cualquier causa
La fortuna y la política son las dos grandes válvv.las que dan en general esca pe á este va por encerrado
dentro de la máquina humana.
Porque la vantdad no es más que un vapor que se
disipa al contacto del aire.

8, 9

Y 10.-SOMBREROS Y ABRIGOS PARA NIÑOS.

Damos bajo t1etos números un modelo de gorrito y otro de som·
brero para bebés, ambos de suma noveílad y elegancia y un abriguito de cheviotte con capelina y cuello de terciopelo para bebé, dti
muy buen gusto.
FIG. 11.
Delantal bordado para niña, Bt:ñora ó st&gt;ñorita muy exótico y ele•
gante.
FIGS. 12 Y lJ.-DOS BLUSAS ELEGANTES.
La primera es de sarga de seda con una gran draperfa bordada,

·.//~}
- , .. . .
Fig. 13.-'Froje~para nifla de 7' á S ailos.
1

\

formando plastrón y yockt&gt;ys. La. segunda es de
satín con un gran volante
de muselina de e11da cerrándola y cayendo á la
izquierda en varias órdenes de pliseés muy bonitos.

,1

' ¡·,
,,
!
!

FIG 14.-TRAJE DE CASA.

Es de cheviotte gris acero muy acorde.nado. con un
cuerpo blusa bordado de
galones á ambo~ lados y
abierto sobre una camisola de batista. muy elegante.
Fald11 sencilla ornada de
un galón.

'1

'r
\

~

~~~
z~i.b.·;.:...,.,...

FIG. 16.-T!!.AJJil PARA NIÑA

DE

7 A 8 AÑOS.

De lanilla asargada. y figurada, estilo mariuero, he•
cho todo de un frock sobrio, á grandes tableros.

..

.· FIG. 16.,-TRAJE DE CALLE,

FiK 9. - Gorrito piara niño.

Flgs. 12 y 13.-Blusas elegantes.

Fig 10.-Sombrero para niño.

.Fig. 14 -Traje de casa.

Es de paño asargado con
aplicacion de cinta de seda
bordada figurando delantal y casacón. Jacguete figurado; abierto sobre una
camisa de batiet!' pliseé.

~~

Fig. 16. -Traj-;;¡-;

- ... ':-1

;;u--;.

OTRO PAGO DE $2,000.00 DE "LA MUTUA"
EN MEXIUO.
.

Timbres por valo1 de $5.00 cs. debidamente cancelados.

La pr~sente póliza, según escritura núm. 16 de 1 °
del corr1t&gt;nte mes. otorgada ante mf en el oficio público del Notario Lic. ,foeé Felipe Castellot, ha sido
cedida en todas sus partes por el asegurado, Sr. D.
Esteban Barret Castelo, en favor del Sr. D. José Caetellot.
CampPche de Bar~nda. á 3 ¡¡,. Marzo dfl 1898.
Firmado.- Manuel H. Carrillo;-·
Recibi de "The Mutu11l LifP Insnrance Company of
New York" la suma d11 ($5,000.00) cincom.Upe•
sos plata mexicana,"º pago tot&amp;I de cuantos derecbue se derivan de la póliza núm. 752,884 bajo la
cual estuvo ~segurado el fina.do Sr. D.

ESTEBANBARRETCASTELO
y para la debida comtancia en mi carácter de endosa_tarlo d11 _la póliza, extiendo el presente recibo en la
m111ma póhza que se devu11lve á la Compañia para su
cancelación en México. A. 21 de Noviembre de 1898.
Firutado.-José Castellot.-Rúbrica.
Ignacio Costo, Notario Público,
Cert!fico: que el anterior recibo ha sido sus•
crito en mi p':esencia por el Sr. D. José Castellot, hov
dia de la fecha. Mé;xico, Noviembre veintiuno de mil
och?cientoe noventa y ocho. Eum.º-ocho.-vale.
F1rmado.-lgnacio Cosfo, Notario Público.-Rúbrica.

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01GEsr1VAS

TOMO::.Il

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IL nl })r. . rn:.:~;i:.::~:~~
1

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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                <text>El Mundo, 1898, Tomo 2, No 23, Diciembre 4</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 20 de Noviembre de 18981

EL MUNDO

J96

F IG. 3.-TRAJEl SASTREl Ú LTIMA NOVEDAD.
CARAMELO.

Es de paño verde c!Rro, tnmado con bandas de
paño malva. Estas combina·ciones de paños de diversos colores están muy en bogR en la actualidad. La
falda es extremadamente larga y abierta en la parte
inforior. muesta una faldeta figurAda, de paño mAlva
plissé. El cuerpo. estilo sa~tre baja basta la media•
nia de la falda en faldones parej, R, ribeteados de p ...
ño también y se ciñe graciosamente al talle por una
cintura de raso.

EPte 11e obtiene haciendo cocer el azúcar quebrado
hasta que tome tinte rojizo y despida un olor bast..nte
perceptible, sin d1tr tiempo á que se queme y obscurezca dem 1siado. Eu est&lt;I. op11ración, el azúcar co•
mienza por elt&gt;vArse en el ~ero! para dtiscender lue·
go, dejaudo algún residuo en laR paredes del reci·
pient,1. Se consigue que estas particulas no B'I quemen y e~tropeen el caramelo. b11m11deciendo el cazo
por su parte exterior. a~i que s11 baje el azúcar. con
una 11Qponja ó un trapo emp11padoa en agua. N, en
este caso ni en los anteriores salvo el de clarificar y _
el de P.spumar el azúcar, conviene teuer la espuma- ·
dera dentro del jarabe.

F JG. 4.-FALDA

'

FIG. 5. -TRAJIII ORNADO CON EFEOTO DE POLONESA.

.

FIG. 6. -TRAJBI Dlll PAÑO AZUL CON BANDAS
DE Tfü&lt;CIOPELO.

Compónese de una camisola de tul fruncida ligeramente, de un cuerpo bolero elegantisimo ribeteado
de gran galón bordado que se repite en la falda fi.
gurando un del1tntal y de uoa gran falda plegada
atrás en eleg11Dtes pliegues. Las bandas de terciopelo
son circulares y muy anchas.

r

FIG. 7 .-TRAJE DE PASEO.

Es de una encantadora f,rntasia . de paño azul, con
casacón capricho de doR faldones superpuestos, solapa doblada y plastrón de p11ño más obscuro con cuello valois.

Una libra de harina, siete yemas de hueva, media
onza de manteca cruda, azúcar suficiente y el agua
tibia que baste para ablandar la masa.

Fig 10.-Elegante traje para niño.
SALSA DE PEREJIL,

---------------------------------------------·

Un manojo de perejil se muele sin los palitos, Re ba·
ja del metate con agua y se le poue vinagre, aceite,
sal y cebolla cocida.

ENTRETENJ..MIENTO,

Lucha solo con las vicisitudes de la vida.
Abre tu propio camino, no pidas favor á J1adie, y
lo,trarás roil veces más éxito que aquellos que andan
mendigando siempn, la influencia y la ayuda ajena.
Nadie te ayudar11 como tú mismo, porque nadie se
int11resará más por tu bienertar como tú mismo.
El primer paso es el mi\s dificil qatzás: pero- eon-tlnuan&lt;10 uno tras otro e• n persev..raucia, se lleg-a á
la montaña Una vez en ella, mantente firme. Anda
entonces con más cautela. mide tus pa~os, no sea que
un resbalón ó un salto imprudente, de la cima te precipite al pié de la montaña, descalabr11do y maltre•
cho, sin poder quizás emprender de nuevo la subida.
Los hombres que se hacen ricos no son nunca los
que heredaron una fol tuna de sus padres, sino aquellos que en la pobreza, empezaron á buscar el camino
de la riqueza con el trabajo, la economía y la constancia
Loe ho.:ibree que han adquirido gloria, fama y po•
pularidad por aus mereeimientos p~rsonales, no eon
aquellos que andan cambiando á fuerza de oro los
aplausos, elogios y ovaciont&gt;s de una multitud venal,
sino los que con su saber, stl h11roismo y 11us virtudes
him conqu~stado la expol?t~nea estimaci~n eública.
Si trabaJas para adqu1r1r fama, gloria o fortuna,
siempre sin ofensa de Dios, trabaja con ahinco con
tus brazos, tu corazón ó tu cerebro. Di "quiero ser
esto," y lo serás algún dia No permitas que ninguno
dig-a: 11 Este hombre me debe lo que es."
Algunas vece@ los muchos amigos p11rjudican; vale
más no tener ninguno.

Un comerciante á au depAndiente:
-Pero hombré. ¿cuándo dt'jará usted de ser tonto?
Todos los dias me llena ust.. d l'l diario de borrones,
para pasar la lengua por la tinta Beba usted de la
botella y le será menos molebto.

NUESTROS GRABADOS
FIG, 1.-TRAJE PARISIENSE DE lNVIlllRNO,

FIG. 8.-TRAJE SA&lt;&gt;TRBI DE PAÑO ROJO.

.E_•tá f(!rmado de un jacquet muy justo con solapas
v1_eJo estilo, de una falda plena con un gran delantal
tmmgular de mucho erecto, y df' un plastrón ob•curo_ y liso •le alta novedad. La falda tiene tres grand11s
phegues.
FIG. 9.-TRAJl!I Dl!:PAÑO VINO.

La novedad ~e este traje está constituida por las
bandas de terciopelo que lo adornan, figurando rn el
cuerpo un bol"ro de muchR fantasía y en la falda un
delantal. y rodeando después la misma falda. Dos elegantes yockeys y una corbata fanta&amp;la completan el
adorno.

DB-LANTERO Y RSPALJJÁ,
FIG. 10.-ELEGANTE TRAJE PARA NIÑO,

Es este uno de los más elegantes modelos que se
han inventado pau la estación De sarga finisima
moiré está formado por un casacón todo drapeado de
terciopelo con galones de seda crema. Un elegante
yoke lo remata, drapeado á su vez d~ encaje de alen~on y abierto sobre una camisa de piel plissé de cue•
llo alto y ceñido por corbata capricho. La falda va
adorcada de soberbios galones oel mismo estilo oue
los del casacón y lleva acuchillados con grandes drapeados de mucho gusto.

~arinero. {nuy gracioso, estilo gaviero, en cheviotte
Tb1b~t1 marino ó negro, con doble cuello en tela azul
y un Jersey muy elegante.
FIG.

He aqui una linda costume de ville en sarga glacé
con la. falda y el corpiño guarnecidos de trenza mol'.
ré. €1 cuello, los reversos y el chaleco son de paño
crema; la cintura de cinta11 de satin.

11. -SOMBRl!IRO FIIIILTRO.

Ornado de plumas en el ribete de la falda redouda
con una ~ran draperia de raso rosa formando pen11:
cho y mono.

FJG, 2.-TRAJE DE CALLE ,

EL CORSÉ Y EL ALIENTO DE LAS MUJERES,

- -----------------------------------

OTRO PAGO DE 12,000.00 DE "LA MUTUA"
EN ZACATECAS.
Un ~imbre,fe $12.l O cts debidamente cancelado.
Rec1bl d0 The Mutual Lif" TnPuranc11 Comoanv of
New YorJ.t" la s!lma de ($U!,OO0.00) doce mil pe.
sos, plata ';06Xtcana en pago total &lt;1t1 cuantos dt1re
ch?t1 se derivan de las póliz11s núms 311 Otil y 542,83:J
baJo las cnales eatuvo ase¡rurado el finado Sr. Don

.TA.OINTO ROQUE SA.LAZAR
Y par!! la debida co!lstancia en mi carácter dealbacP-a
de \uutestamentaria del th,ado, ~xtiendo el presente
recibo en la misma póliza que Pe devuelve á la Com•
pañia para su cancelación, ..n Zacateca.e á veintiocho
de Octubre de mil ochocientos nov11nta y ocho.

Un autor alemán dice:-Mis largos estudios ginecológicos me llevaron á una observación importante sobre ias funciones del higado, cruelmente torturado
por el corsé, descubrí como causa única del aliento
féttdo de las mujeres. la compresión dada á la cintura, que estanca la bilis 'Y degenera las funciones anexas á la circulación de la sangre,

Firmado.-{Jarolina Salazar.-RúbJiea,
Un t!mbre de $0,50 cte. debidamente cancelado
_El L1.c. Tranquilino l\guil11r, Notario Públic¿ en
eJercicio de sus funciones
Certifica: qu~ la firma qu0 antecede es de puño v Je•
tra del~ señorita. Carolina Salazar. quien la ha pol'B·
to en m1 presenma y dicho ser la misma que acostum·
bra usar en todos sus negocios. En comprobación delo cual, slent? la pre.,ente en la Ciudad de Zacatec11e,
Estado del mismo nombre. á veintiocho de Octubre
de mil ochocientos noventa y ocho Doy fe.
Firmado.

coraz6n de coqueta.

Una señorita bastante coqueta se lamentaba de la
infidP.lidad de los hombres.
-¡Todo ha concluido para mil-decla en un arrande desesperacion-¡Tengo el corazón destrozado!
-Y ni siquiera tienes el recurso-le contestó una
amiga-de reunir los pedazos; porque hace mucho
tiempo que lo has ido repartiendo.

GRAN JACQU ET DE ESTACIÓN.

Es d11 paño malva con una polonesa figu:-ada, de
suma t-lel('ancia. La falda está orlada de cintas de raso paralelas y la polonesa lleva volant~s ligeros.

HOJALDRA OON AZÚCAR.

CONSEJOS SANOS.

MEXICO, 1'it OVIEMBRE 27 DE 1898

Muy pevP.ro es f'ete modelo de paño gris obscuro
con falda de mt1dia exteuPión tramada de bandll6 de
bordado, muy elegantes. El jacquer. es largo completam&lt;&gt;ute cruza.lo y de falda oval. Dos grandes yockeys bordados lo cubren en la parte superh,r.

CREMA AL CARAMELO,

Se pone en un caqo dos puñados de azúcar en poi·
vo; se mueve á un fuego mu 'f suave hasta que se preaente de un color a,narlllo obscuro; s ; vierte entonces
sobre el fundo de un molde Carlota, y se le deja en·
friar
Se echan siete ú ocho huevo~ en una cazuela, añadiéndoles algunas yemas p0 baten y se desli0n en un
litro de leche, se añadtm 300 g·ramos de azúcar y un
poco de cortezas de limón; diez minutos después se'
pasa el liquido por el tamiz, se vierte al molde donde
está el caramelo después de haber engrasado las pa·
redes. Se pone el mold~ en un11. cacerola sobre unas
trébedes pequeñas, se vierte agua caliente al rededor, de modo que llegue á la mitad de la altura del
mold11; se hace hervir 111 11.gua y se retira la cacerola
á un fuPgo muy suave para que el liquido conserve
su m smo calor sin hervir; se cubre la cacerola, se pone coniza caliente sobre la tapadera, y se deja repo•
sar 1a crema durante una hora por lo menos, se le deja enfriar en el agua, y en el momento de servirla, se
invierte sobre un plato. Este entrames se sirve frio
ordinariamente.

y

TOMO Il

Lic. Tranqulllno A.guilar.

'Flg.)11.-Sombrero fllt"ltro.

N. P.-Rúbrica.

EN SECRETO..

•

NUMERO 22

�Dominiro 27 de ~ovlembre 1'! 1898.

EL MUNDO.

LA SEJ.\.IANA
Ya anda por 1&lt;hí. e11loqueciendo á los crédulos
y excitando la curio~idad de los más escépticos y
fríos, un nuevo taumaturgo, autor de maravillas
sin cut-oto.
Un mes apenas hace que ese nombre vivía obscuro y pacíficamente, de un c.ficio vulgar, sin so·
fiar acaso que muy pronto iba á ser su noui bre
el de un 5ér extraordinario.
Pero un día el hambreó la ambición ayud11da
por un bien calculado cnarlata11ismo, lo empuja•
ron á seguir la carrera dudosa y mAs qu1, difícil
lucrativa de la adivinac:ón aplieada á la medicina por medios sobrenaturales ó más bien, ocultos.
Al principio, como sucede siempre en estos casos, Ja clientela del adivi110 se reclutó entre la
población densamente ignorante y pasiva de los
barrios suburbanos; pt'ro Ja fama empezó á correr, llevando narraciones estupendas de paralíticos eanados en u11 dfa., de moribundos vueltos
á la vida cou la simple ingestión de un glóbulo
azucarado, y de comadre á comadre, de Ja vandera á ama de llaves de casa rica, de costureritas á modistas, fué pasando, amplificándose y
ganando credulidad la portentosa historia de los
milagros realizados por el taumaturgo, hasta la
dama elegante y el opu ento capitalist11.
Y hoy el miserable tugurio del médico milagroso l'S una Meca á donde van en numerosa peregrinación todos los que por debilidad de espíritu creen más en la fuerza del conjul'O y de la
magia, de la imposición de manos y de sobrenatural adivinación, que en los recursos técnicos,
pacientes y sencillos de la medicina.
No ha pasado aún la época de los milai:;ros y
aunque no oigamos hablar de brujas que nave•
guen en cribas como las famosas encantadoras de
Escocia á quienes se acusó de haber ido por tan
extralla y diabólica manera á un banquete presidido por el diablo, todavía hay suficiente sumisión en los espíritus para aceptar con más facilidad consejos absurdos que los hechos naturales y
comprobados.
Hay en la naturaleza humana un sedimento de
infantilismo que guarda, como la capa terraquea
restos de formas extinguidas, las propensiones
imaginativas que crearon mitos y leyendas, fantásticas cosmogonías, historias de magos y de hadas y esas mil fábulas de los hechiceros del Norte.

-

La ilusión dominaba á nuestros antepasados y
aún los sabios inclinaron su razón ante el imperio del ocultismo; hoy los ignorantes cometen los
errores de los sabios de ayer.
La ciencia tiene sus dominios donde antes se
abrigaban el misterio y la superstición. Para las
inteligencias cultivadas, «LaNature» despierta á
la curiosidad con elmismodominio queantesejercía la narración pintoresca de los milagros de
A polonio de Tiana.
Las experiencias de Roentgen, el telégrafo sin
hilos, el cromoscopio, son maravillas más asombrosas que los caballos de bronce de Alberto
Magno y las cimitarras endemoniadas que en la
noche devoraban la carne de los muertos.
Si los jueces de la Sansa Inquisición hubieran
vbto revelar uua negativa fotográfica, habrían
quemado al artista.
Los ignorantes creen en la cieucia porque no
se 111. explican, y de buena fe crerían que sus procedimientos son milagros si lois sabios fnesen
charlatanes como los antiguos poseedores de sobrenaturales misterios de la fe.

,.,,,

En Londres, en París, en México, en todas parte~ c.J!ebrar,·n ayer su «thanksgiving day» los
cintlildanos de los Estados Unidos.
llondamente arraigada en la conciencia de
esos creyentes la idea de Dios, tienen un día en
t-1 11flo oficialmente setl!ilado por dP-creto presi&lt;frudal, para rendir al Ser Supremo tributos de
gr&gt;&lt;~itud por los bf'neficios recibidos.
:N'osotros tenemos, es verdad, nueEtro día de
11cdón de graci11s, y no es men,,r la pit'd&gt;td de los
fieles que llellltn las iglesias el 1H de Diciembre
Ji •~ta !11s horas av,mzadas &lt;le la noche; pt-ro bay
u11n díforencia menes aparente que real y profonda entre esas manifestaciones religiosas de
11m uos pneblos.
En .México es un acto esenei }mente católico,
.snte el cual guardan fría actitud los indiferentts.
~n los Estados Unidos, la multiplicación de sec-

tas ha afianzado el sentimiento religioso en la
mayoría, y hace no sólo posible sino natural la
tolerancia; católicos y protestantes de todas las
comuniones evangélicas, judíos, iodos los que
creen en Dios, se unen para tribut1trle el culto
que la conciencia inspira á cada uno. El primer
funcionario de la nació u in capite, solemniaza la
fl'stividad en la que muy pocos son los que se
eximen de tomar p&gt;trte.
Hay acaso más libertad aquí donde toda man~festación piadosa uimana de exponteano movimiento individual; libertad necesaria y justa en
los países antafio dominados por el despotis:::..o
teocrático y unitario que ha creado la incredulidad absoluta, con10 reacción contra las exigencias
de un poder suspicaz é intolerante.
,..,.;

La aboga&lt;l11. mexicana ha hecho su aparición
ruidosa en la barra de los salones de jurados.
Allí donde todo e3 afectísmo oratorio, diti"ambos y pasión; allí donde vive aún entre girones
de los discursos de la convención, el ideal soil.ado
por Juan Jacobo y se repite noche á noche este
mot1ólogo de Juan Valjean á aquella frase de Fantina, la sefiorita abogada encuentra un escenario
adt-cuado y público bien dispuesto á recibir la
simiente del feminismo.
Sin las reiteradas conminaciones del Juez, la
concurrencia que presenció el primer debate público en que toma parte la seil.orita Sandoval, baoría aplaudido ruidosamente desde que empezó su
peroración la defensora.
La novedad de! acontecimiento atrajo al público, y el trrnnfo de la Srita. Sandoval (!03 defensores llaman triunfo al veredicto satisfactorio para el acusadv, como si hubiera un verdadero
combate entre la sociedad y los delincuentes), el
triunfo la hará famosa y pronto será numerosa
su clientela.
Acaso dentro de poco, el hábito de ver á la
abogada en la tribuna, destruya el prestigio á
cuya virtlld aplauden hoy en ella á la mujer y no
á la profesionista. Entonces vendrán las verdaderas luchas, las de prueba rara las fuerzas de la
mujer, que tendrá que igualarlas en capacidad
de impulso y resistencia á las de sus colegas.
¿Hay en el inovimiento feminista algo anti-natural ó es que nuestro juicio violentado por la
costumbre se engalla al asignar á la mujer funciones sociales prop:.as, distintas de las que ha
desempeflado siempre el sexo fuerte?
En buenahora que se redima la mujer desues•
clavitud y que vea horizontes más allá de los oficios serviles y mal retribuidos; pero entre una abogado de tribuna y una médico, las p1·eocupaciones
sociales dirigen la simpatía general hacia la que
cumple mejor la misión humanitaria que ha sido siempre el noble distintivo de la mujer en este
mundo.
Dick,

-------..·-------,outim ~tntral.
RESUMEN.-EN EL EXTREMO 0RIENTE.-REVIVEN
LAS AMBICIONES BRITÁNICAS.-NUEVA ACTITUD
DEL GOBIERNO INGLÉS ANTE LA CORTE DE PEKIN.
-INTERVENCIÓN JCUROPEA EN CHINA,-DECLARA·
CIÓN DE MINORIDAD.-!NGLATERRA Y RUSIA FREN·
TE Á FRENTE.-PREDOMINIO EN DISPUTA,-MoTINES EN COREA.-CONFLICTOS POSIBLES.-NuBES AMENAZADORAS.-LA ALIANZA ANGLO-JA·
PONEliA.-CONSUMMATUM EST.-LAS CONFEREN·
CIAS DE p ARÍS, -LAS DEMANDAS DE LOS ESTADOS
U NIDOS Y LAS CONDESCENDENCIAS DE ESPAÑA. RUMORES DE ABDICACIÓN,-CAMBIO DE DINASTÍA.
-LAS PUERTAS ABIERTAS AL CARLISMO,-MOTI·
VOS PARA RECHAZAR ESTA NOTICIA,-CONCLU·
SIÓN.
Aparte de las complicaciones que pudieran sobrevenir, por la solución.que dé la comisión mixta
internacional de París al asunto deFilipinas,nuevas y más pesadas nubes se amontonan en el 1ejitno Oriente, donde parece que están ahora fijas
fas miradas de todas las naciones. Acaba de comunicarnos el télegrafo la nueva actitud asumida
por el ministro inglés en la corte de Pekín. Como
si el gobierno de Salisbury cobrara nuevos bríos
despué3 de sus recientes triunfos sobre la diplo-,
macia francesa, y quisiera dar al mundo una explicación completa, siquier sea amenazadora, de
sus recientes formidables armamen~0s, Mr. McDonald acaba de presentar una serie de propo3icio-

nes·, que se suje.arán á la deliberación ~e los:ministros extrirnjeros, por las cuales se _quiere llegar á.
una directa é inmediata intervención en los ~suntos interiores del Celeste Imperio. Preténde~e en.
ellas cercenar de una manera franca Y abierta,.
la libertad de un estado soberano, desconocer h
autoridad de la Emperatriz viuda, devolver al
misero Emperadol', desposeído del trono, su influencia en el gobierno y su ~uerza eu el_ poder,
garantizar arnpliitmente las vidas y prop1edadesúe los extranjero::1 é inmiscuirse. hasta en J~s castigos que suden imponer l?s tribunales chm~~ _á
los que desconocen la autondad soberana del HlJodel &lt;Jielo.
Podrán acaso los representantes de las potencias europeas discutir más ó menos la ingerencia
propuesta por el ministro britán~co; babr~ alguien
que quiera defender la soberam~ de Chrna para
darse el gobierno que guste y dictar leyes para
su ré&lt;TÍmen interior de que él solo es respons11ble;.
quizáºJ¡¡s tendencias manifestadas no pasen de un
proyeeto, porque Rusia, con.st~tuida desde hacd
tiempo en firme apoyo y dec~d1do protector d~la
política china, se oponga abiertamente_ á_ esa 10t1,rvención franca, que rompe las tradiciones delos pueblos y reduce al gran in:ip.:rio mo~ol á ~a
triste condición de un pueblo s111 soberama y s111
derechos autonómicos, pero es lo ciertc que esta.
nueva acLitud viene á cambiar en mucho la fase
en que parecía haber entrado el embrvllo oriental.

*
**

No existe ni puede existir, en seint•jantes condiciones, la inteligencia cordial, el modits vivend'(!
q.1e nos habían uuunciado como existente ya ~ntre Rusia y la Gran Bretafla, las dos potenciais
que se disputan á porfía el predominio sobre aquella rt&gt;gión. Desairada un punto en sus pretensiones Inglaterra, aparentó retirarse cumo en derrota, simuló someterse á lo inevitable, é indicó que
abandonaba el c.,mpo á su odiada rival; pero sobreviene inesper adamente el episodio de Fllshodu,
se envanece con los triunfos ue Kitchener, llega á
pronunciarse-y asilo anuncia en algunos diariosla palabra decisiva deprotectotado sobr1:1 Egipto,
para dar forma legal á la dominación ejercida sobre el Jedive y sobresus tierras t'.&gt;das conquistadas y por conquistar; mirase lacorrecta retir1tda de
Francia, para. evitar un rompimiento, como unJ
de sus grandes triunfos modernos; y orgullosa
con esta. serie de acontecimientos que colma.u Sll
ambición y hal11gan su vanidad, vuelve sobre su:;
pasos en el ex.remo Oriente, pretende ejercer denuevo el predominio que por largos allos .ba. ejercí•
do en aquellas apartada3 regiones, abiertas después á todos los apetitos, é intenta en su primerpaso clavar la garra eu d corazón mismo dt:1 Imperio chino.
Si es verdad que la política de Pekín ha estado apoyada, según las jndicaciones intnesa-das de San Petersburgo, pronto se verá. Si es cierto ese espléndido ai::slamiento de Inglateru de
que tanto se ha hablado, los propios con orgullo
y los extrafios con censura, nv .ba de tardar en.
saberse, que la intimación del ministro inglés, sujeta á discusión, es desechada por la mayoría de
los que representan los intereses de Europa en la..
corte de Pekín.
Y si después de este desastre, Lord Salisbury
insistiera en sus amenazas, no sería difícil que en
un conflicto violento encontráramos la 1,xplicación de esa actividad febril que ha agitado los arsenales británicos, de esos movimientos extraor·dinarios á que se ban entregado los navíos ingleses en todos los ma1 es, donde creen dominar como dueil.os y seflores. Veríase también á qué fines obedecía la concentración de fuerzas rusas
en Ja Manchuria, la congregación de buques moscovitas en Puerto Arturo y la actividad desple~
gada también eu los centro:; militares de Petersburg&lt;'.
Quizá sea posible todavía que el cielo se serene, que las nubes negras se disipen y que las tcnde~cias nuevas del gobierno inglés, en cuanto se
refieren -al Celeste Imperio, solo signifiquen una
ostentación de fuerza ante el débil y una demos•
tración ante los funtes, de que no se abandona
ni puede abandont1rse la política internaciona1.
que siempre ha guiado á la vieja Inglaterra.

•

***
Como aflaóiendo rn sombra á esos posibles
conflictos, un motín sangriento acaba de estallar
en las calles de Seoul, capital del reino de Corea.
Sujeto desde hace tiempo á cambios continuos y

Domingo 27 de Noviembre de 1898

EL MUNDO

-á oscilaciones incesantes, ese pequeflo
reino se halla como 11bandonado á :as
ambiciones de los vecinos. Unt1s veces
prevalece la influencia del Mikado, otras
triunfan los agentes moscovitas, y esclavo de ambiciones extrallas, ese pueblo
infeliz, que logró libertarse de la tutelll.
china, rio logra mantener su soberanía
ni encauzarse por los rumbos dti la paz y
la concordia.
Si hemos de atender Rl amparo que
busca el rey de Corea, con motivo del conflicto actual, pidiendo auxilio á los japoneses, habrá de pensarse que eo esta vez
los promotores de la revuelta tienen alguna relación con loe que ya son duefios
de la Manchuria é imponen su voluntad
soberana sobre todo el golfo de Petchilí;
que los rusos, cuar,do vieron que no podían retener en su poder al soberano, bus
can en las revueltas ondas de un motín la
milagrosa pesca que ponga en sus manos
todn el reino. Y volverán las rencillas, y
reaparecerán los rencores, y brotarán las
viejas ambiciones y las no extinguidas
rivalidades que han dividido hace allos á
rusos y japoneses por dominar sobre Seoul;
y si el Mikado no está solo en la a ven tu·
ra, si es un hecho la alianza anglo--japonesa de que otras veces seha hablado, la
revolución, al pitrecer insignificante, qUP.
ha ensangrent1do las calles de la capital
corean11, puede ser, como las proposi•
ciones de McDonald, causa y origen de
nuevos conflictos, motivo y ocasión de
serias complicaciones, que repercutirán
desde aquellas costas apartada¡, hasta el
seno de los gabinetes europeos.

-.Damas Mexicanas.

X.X.X.

{icuazeLaó dv vuyv.
LA CAPILLA SIXTINA.

*

***
Acaso pensando en la magnitud del sacrificio
y teniendo en cuenta el inmenso dol?r que ha d_e
contristar á la augusta seflora que nge los destinos de Espafla en nombre de su amado hijo Alfonso XIII, se ha lanzado á los cuatro vientos de
la publicidad la noticia de que, firmado el tratado de paz definitivo, la reina regente D~fla _María Cristina renunciaría su poder y abd1car1a el
trono en nombre del rey á quien representa, dejando para siempre el país y yendo á ocultar á
á la tierra de sus parientes su tristeza y su
amargura. Pero si se explica, aun ~ua~do no
se admita la posibilidad de esa abdicación, no
cabe creer la noticia que como consecuencia se
daba á un acto de importancia tan tradscendental:
decíase que la renuncia se haría en favor de Don
Carlos de Borbón y hasta llegaba á afl.adirse, que
dominados los trastorBos que necesariamente habría de ocasionar el cambio de dinastía, Don Carlos de Borbón habría de abdicar en favor de su
hijo Don.Jaime.

también sería que pusiera la munarquía
en manos del carlismo odiado, a borrecido, repudiado por todo lo que piensa, por
todo lo que siente. por todo lo que vale
en la asendereada Espaiia.
Noviembre 24 de 1898.

**
reducida

Dolorosamente
á la triste
condición del vencido, sigue Espafla la
vía de am11rgura que le imponen sus vencedores en las conferencias de París.
Desecharon primero los comisionados
americanos la aceptación de toda responsabilidad en la deuda cubana; apresuraron todo lo posible la evacuación de
Puerto Rico, para tomar posesión inmediata de
la rica y floreciente .Antilla, deseosos de recoger
en breve plazo el fruto de sus victorias; apartándose del sentido literal del art.fculo tercero inscrito en el protocolo de la paz, pidieron después
la cesión de todo el Archipiélago filipino, el abando no completo de la soberanía espafiola en aquellos territorios, y por fin amenazaron con romper
las negociaciones y comenzar de nuevo }as hostilidades, si en plazo perentorio no accedían los
comisionados espafloles á todas las demandas.
A ese punto han llegado Jai; negociaciones. A
fines de la presente semana espira el plazo sefla1ado, y todo bace creer que, cediendo a esas exigencias, la comisión que preside el seflor Montero Ríos y que representa los intereses de la monarquía espafiola en las conferencias de París,
tendrá que doblegarse á todo lo pedido y conceder todo lo solicitado, para no ver á Espana enVUP,lta de nuevo en los horrores de la guerra extranjera, para la cual estaría menos preparada y
dispuesta que lo estaba en la pasada primavera,
cuando las resoluciones adoptadas por el Congreso de los Estados Unidos la impulsaron á una lueha desigual.

399

SrUa. Matllde de Olava.rrfa y Landá.znri.
Fot.ograf!a de Vallet.o.

Por más que la noticia haya tomado su origen

P.n Londres. centro financiero del mundo, en donde generalmente están bien informados sobre la
política universal, y en donde· se sigue con cuidado la marcha de todos los pueblos, por los intereses británicos que más ó menos se ligan en
asuntos financieros con las di verSlls naciones;
aunque posteriormente aparezca confirmada la
nota por cablegram1t de Madrid, nos resistimos
á creerla, t1mto en lo que se refiere á la abdicación de lA Reina Regente, como en la consecuencia que se sefl.ala ba, abriendo las puertas de lamonarquía espail.ola á la reacción carlista, que no
tiene ni puede tener simpatías ni adeptos entre
las clases ilustradas y entre los grupos directores
de la nación.

*
**
No podemos creer que la augusta matrona que
ha resistid o firme y serena todas las tormentas que
se han desatado durante la minoridad de su hijo,
que ha desafiado todos los peligros, que casi desde el nacimiento han amenazado á Alfonso XIII;
no podemos pensar que el espíritu varonil de la
noble seflora que ha vencido tantos obstáculos y
ha visto serenarse tantas tormentas, decaiga ahora. Dura ha sido la prueba, larga y prolongada
la crisis, dolorosa por demás la situación actual.
No ea ahora el motín de Villacampasofocado en su
cuna; no se trata de agitaciones republicanas,
faltas de cohesión y exhaustas de tendencias eficaces; no tiene en frente el movimiento carlista
odiado por las clases ilustradas y que sólo eI.t•
cuentra eco en regiones limitadas de Espafla: se
halla delante de la gran liquidación de la derrota; tiene que presenciar el dol9roso trance de ver
destruido el imperio colonial que heredara; tiene que ver cómo caen uno á uno los florones más
ricos que formaron en otros tiempos la corona
de Espail.a. Pero precisamente para estas situaciones graves, dolorosas, es para lo que se buscan los espíritus fuertes y los corazones de gran
temple.
Dona María Cristina sabrá resistir como antes
y cuidar hasta lo último la herencia de su hijo.
Mas si de~graciadamente llegara á vacilar, si en
su alma agobiada de angustia crevera ver impo•
sible la coronación de Alfonso Xfil, imposible

Como dos gigantescos brazos que se abr~n
l'n actitud atrayente, las columnatas de la
plaza de San Pedro imprimen,en el que por
primera vez las mi~a. una se1Jsación inolvid11 ble. Yo creo que Bernini, al trazar los planos ..:e la monument11l conptrucción, presintió
con la maravillosa clarividP.ncia del artista
el griLndiorn efecto que habla de producir
ese á modo de enorme abrazamiento pt'trif1cado que, encerrando en ~u fondo central la
~r11n parroquia del catolicÍ!!mo, parece clamar lncePantPmente: "¡Venid!"
El cuádruple enfilamiento ctrcul11r de
aquellas 372 column1Ls y pilastras de dórica
factura, tan precisamente colocadaij que, vistas desde un punto determinado de la plaza,
aparecen formadas en simple fila, y coronado con 162 iconos. es una portada digna del '
.. gregio pa!Rcio graciosamente cedido por el
Gobierno de Italia al Sumo Obispo Romano,
St ñor de conciencias.
Deilcendemos del carruaje para darnos el
goce de recorrer paso á pa~o 111 cohomPata
antes de penetrar en la mansión pontificia, é
iomediat11mente nos rodea un verdade. o enjambre de ciceroni, ruidosos y gesticulanteP,
que á grito partido nos ofrecen sus Pen-icfos. EntAblase una. verdadera lucha por obtener la preferencia, pues nuestro moreno co,
lor les ha revelado nuestro americano abolengo, .v ellos conocen y estiman altamente
la munificencia de estas tierras. Uno de nues•
tros acompañantes se decide por fin por un
mozuelo, ap11r,mtemente listo y avbado, que
anuncia á grandes voces que, ademád de
conocer al dc'dillo la morada de las papas
ppr haber nacido en 1'1111. b»jo el glorioso pontificado del señor Pio IX(q. e. p. d.) á qui~n la
santa memoria de su padre hRbla l!ervido de
.
carabiniere, él hablaba francés y podfa traba7ar en esta lengua para la mejor comprensión de los
señores americanos.
Y, para probar su dicho, empiez!I. á contarnos con
vertigi::opa rapidez, que el obelisco que se yergue en
el ceutro de la plaza fué traido de Heliópolis por Calfgula para ornamento del antiguo Circo Vatican&lt;' ·
que por orden de Sixto Quinto fué transpostado á J~
plaz11 de Sac Pedro y erigido alli el 10 d11 Septh robre
do 15·6. bajo la dirección de Domenico Fontana: que
durante esta última operación acaeció que el dicho
Fontana no cuidó de calcular la resistencia de los
cordajes, porlo que la empresa hubiera fracasado 4
no ser porque el marinero Brasea, de Bordighera gritó, no obstante que toda exclamación estaba pl'nada
de muerte, "Acqua allefuni" (agua á las cuerdaF): que
tal consejo si¡üyó al arquitecto y al obelisco, en r11compensa de lo cual el Sumo Pontifica habla acordado á
la familia del marinero y á perpetuidad. el privilegio
de proporcionar á la Iglesia de San Pedro todu las
palmas que necesita p11ra el Domingo de R. moa· y
por último. que ya tendria ocasión de ensetl.arnos ;n
cuadro hecho por su mano y que representaba la narrada escena, el cual ponla á nuestra disposición al
módico precio de treceme lire . .... .
Por lo visto, en cuestión de precios el hombre sólo
hablaba italiano.
Tomó alientos, y preguntó:
-Naturellement, ces mes1,'1eurs visiteront man cher
Vatican?
y ·á nuestro asentimiento, manifestóse dispuesto á
gestionar lo necesario ante la guardia palatina.
Mas ello no fué preciso, pues el Doctor z ex--Presid:ente d-, una república centro americana. que babia
deJado el poder por la ingratitud del pueblo según él
y por la desvergüenza de él según el pueblo. mostró
un permiso de visita signado por su Excelencfa Reverendfslma Monseñor Ricci--Paracciani, Mayordomo de
Su Santidad.
Entramos, pues, por el Portone di bronzo, rindiónos
cortesmente d cuerpo de guardia de los Suizos-que .
con sus chillantes uniformes de Arlequín, desdicen en
mucho de la augusta majestad de aquellos sitioe,-y
ascendimos los peldaños que conducen al patio de
San Dámaso, uno de los veinte patios con que cuenta
el Vaticano y en torno de los cuales están agrupadas
la11 l L,000 salas del palacio. Pasamos una visita á Mons11ñor Mayordomo, (quien, rodeado de numerosa empleados, funge de algo aai como administrador de
aduanas, pu~s el Vaticano, como el palacio de Letrán y el castillo de Castel--Gandoifo, goza del privilegio de exterritorialidad garantizado _por una ley de
la Corona de Italia), y pasando por la Scala Repia llegamos á una entrada lateral de la Capilla Sixtma, lugar á donde tuvo á bien conducirnos primeramente
nuestro locuaz cicerone.
La Capilla Sixtina es, sin duda alguna, la más precilld&amp; joya attfbtica del mundo entero, y su recinto
(40 5 metros X U metros) encierra las más altas creaciones de los más eximios pincPles.

�Oomtn¡r!' 27 de Noviembre de 1898

Huerto de Getbs.-manf.

401

EL MllNDO

El Monte de Jo¡;¡ Olivos.

Campamento del séquito del Emperador Guillermo frente á J ~rm1alt'm.

LA LECTURA DEL CUENTO DE HADAS. '
lJna vista general de J eru salem.

E x terior de la tumba de la Virgen Jlarfa.

�402

11.:LMUNDO

l)omln1ro 27 de Noviembre de 1898.

de ejecución las hace des
tacarae fuertemente sobre
La construcción data del
el fondo que se tc,rna asi
siglo XV y es m!Eticamente sobria, de llneamie11toe
en etéreo cuadro y hace
vastos y reg11l11rtls. y si no
resaltar con jó\'r11n maeUrla.
puede igu11lárPela á las cala~ composiciones principllla11 góticas que tan grapales.
tamente remutlven nu~11tra
Las cu11lee e11 uflert1n á.
admiración, no podemos
la Cre11ción del Universo y
tampoco ueg11rla qutl' re11á episodios de la vida de
ponde á las ml\.s extrictae
los primeros hombree b11~
exigenciAS estéticas, cuanta el Diluv!'l,conformeálas
do se contempla la ariuovenionee blblicae, y todas
uiosa e~bdtez de su bóvtlellas d11mueRtran no Eólo
da,ilumiuada por la templauna admirablA armonía en
da claririad que penetra a
la composición y un uso
través de l!U11 doce ventaatlnadielmo y perfecto del
nas laterales. garboeameucolor. sino también vastos
te rasgadas y adornadas de
conocimientos anatómicos,
vitrales multicolores.
revelados con la fidelidad
.\fas lo que asombra en
de un tratamiento genuinala Capillst Sixtina. lo qutl
mente naturalista.
asombra al grado de para•
El cuadro 8° particularlizarnos y ret,mernos en
mPnte,que representa el Di
Pila sin sentir el transcurso
Juvio. es de una verdad
dalas horas, son sus muros,
asombrosa. Mirase en mesus muros en que, h~jo el
dio de las aguas y á ,o le1os
Pnorme amparo de Miguel
p)arca de Noé, c .yos costa•
Angel. los maestros florPn·
dos van chocando con catinos del g-lorios,, sigl,:i XV
dáveres tlotantee, mil'ntr11s
viven en los tieinpoli á las
que algunos hombres, con
poderosas evocaciones de
la desl'spnación de la
sus óivinae obras.
muerte tratan en vauo de
En los frescos later,iles
11sirse de loe remos ..... .
está todst la escuela de FloEn primer té~minu está un
rencia, toda esa escuela rlnavío cargado de ge11tA;
ci. de color y de idea, alta·
en carga exc11Piva y los
mente plástica é inten~achoques repetidos y violenmente psicológica: el Perutos de las olas Je han hechoi!Íno, Sandro BottioPlli, 111
perdPT su velamen. y, priPinturic,•hio Lucas Signo
vado de todo socorro, mirelli, Casimc- Roselli Salviarasele ii.vadido ya por las.
ti, Bartolomeo della Gatta,
11gnas y próximo á zozoArrigo Fiammingo y_ el
brar. es profundamente con
ollmpico Ghirlandajo. Uno
movedor v.-r perecer as! á..
falta, uuo &amp;Olo, l\. quien d
la especie humana eu mearmonioso conjunto de esas
dio del rugiente elemento.
grandes firmas parece reLa cima de una montaña.
c-lamar con insistencia: Fra
rnrge por s?brc: el. agua
Angélico ..... .
con ap11rienc1aR de isla, y
Son escen11s todas, arranen Pila ban11e refu~iado una.
cadas á las pintorescas lemultitud de hombres y d&amp;
yendas del viejo Testo.menmuje1 e11. cuyos gestos exto, y sobre ellas. demasiap, esan de un modo II dmirado altas, ¡ayl para ser visble loe más diversos sentas como se quisiera, ostentimientos del dolor y de la..
tan el fulgor de sus tiar11s
des11Pperstción.
las efigies de unos treinDe M!guel An~el son
ta Papas, pintadas también
igualmente los profetas y
por Bctticelli.
las 11ibilas que ocupan los
La bóveda y el plafond
claros, intermedios de la
son de Miguel Angel Buobóveda. Al juzgarlos, die&amp;
narotti y considéranse co•
Condivi lo siguiente: "To·
mo la obra más completa
dos son verdaderamente
del insigne arti~ta, que Pm•
admirables, tanto por las
pleó en ella más de cuatro
actitudes, cuanto por el oraños.
natovlavariedad de loepa•
Un jovPn pintor mexicaños. Pero el más admirable
no,muerto ya,y que enudiadetodo11es el profPta Jonáe,
ba entonces en la Ciudad
coloc11do en t'l principio d&amp;
Eterna, explícábame estula bóveda; pues, por mo•
s áijticamentelas creaciones
do contrario á la forma de
del gra11 maestro, m!entr11e
Cómo se construyó la Iglesia Alemana d.- J'ernsalem
dicha bóuda, til tor11 o, rt por otro lado el Doctor Z.
preguntaba con tenacidad
!.-Acarreadores de escomhroe.
2·-Alb11ñilee.
3. -Cortadorea y acarreadores ae piedras.
coitado hacia adentdo, ~~~
al cicerone, si podrfa ver el
4.-La terre
5. -Preparando argamasa
6 -Camellos viniendo de las canteras,
efectos de la luz Y 8
sombras encuéntrase en e 1
cuarto de dormir del PaJugar más cercano de los
pa y se contentaba con Ir
á contemplar los carruajes y las cabalterizae cuando Imitando bronce y mármol, el cual conjunto surge de ojos dPI espectador, mientras J11s piernas, qu~. parelos muros y se eleva hacia la bóveda para formar en c .. n estar más cercanas. se encuentran en e• s1t10 máR
supo que su primer deseo no era realizable
Dljome mi ilustrado compatriota, que él considera- ella loe nueve campos en que está dividida Esparci- )Pjano, cosa aeombro,a qu11 demuestra la habilidad
ba esas pinturas de Miguel Angel superiores en alien- das por todas partee y pintadas por m,,do que aparez- de aquel grande artista en la práctica de la perspecto y perfección á todas las de Rafael. no obstante que can salientes. mirase gran número de figuras. con co- tiva"
En el paño del fondo, sobre el altar, está el gran fresl'stas gozan de prlmacla en la opinión genere!, y re- lores naturales uuae y bronclneae otras, cuya fineza
co de Buonarolatóme las peri·
tti, su obra magpectas y los dina concluido en
versos periodos
lMI bajo el Ponpor que pasó la
tificado de Pa•
idea de Miguel
bloIII
Angel antes de
Está pintado sorealizarse y que
bre una superff.
mi amable guia
cíe de 20Xl0m!l·
habla estudiado
troeyrepreeenta
en Aecanio Conel Julcio Final.
divi, discípulo de
DesgraciadaBuonarotti, que
mente el sitio
ebcribió la vida
que ocupa caredA su maestro en
ce de la luz eufi1553, con la aprociPntP, Jo qne ubación de é11te en
nido áloe desper
todas sus partes,
fectoe del tiemEn un principio
po, }tace dificil el
sólo quiso pint11r
estudio minucio •
4 loe doce apósso de tan co.loeal
toles, pero comobra del genio
prendió que la
humano. En torobra resultaría
no del Salvador,
demasiado exi
sentado eob:·eun
gua para la o¡,u·
trono de nubes,
Jencia ar 1 ultectribunal supretural de la capimo de loe homlla, y entonces
bres, loe bienaideó una á una
venturados a~-las compoeicio·
cienden á la glonee que hoy exisria llevados por
ten é imaginó
ángeles qne sosreunirlas por metienen titánicas
dio de un conjunluchas contraloe
to pictórico de
demonios, Los
columna,, pilaLugar del bautizo de Crlsto en el .Joi-dá.n.
pecadores, en
res y cornisas,
••

..
i

Domtngó 27 de Noviembre de 1898.

EL MUNDO

403

Mas ahora ocurre preguntar: ¿cómo y por qué, y
según qué ley se formau estos cidoutls, cuya boca
mas ancha se dibuja en la foto e11fora y fiuge una
mancha en el disco luminoso?
Para esto tenemos que explicar cuáles son loe principales movimientos del sol, mattllia ettudi• da con
gr1m empeño por los llbtrónomos y cuya dtl11cr1pción
minucio11a put'de verse, por,. j ..mplu, tlll las obr11s del
P . Secchl y del a,trónomo Fa) t'.
En el sol hay que coueidnar tre~ clases de movimiento. prescindiendo de su movimiento gentlr11I de
trulación
En p, imer lu!(ar, el sol gira sobre su eje como una
inmt1n•a peonza; pero no gira com• girana u11 cuerpo
sólido. de una v~z y de una pit'za;) todo él por igual,
es decir, con las mismas velocid11des angulares.
Las zonas del • cuad,,r van ml\.11 apr111a que hie restante~: en dar una vuelta tardau uno11 Vt-iot1cinco diae.
Las 1onaR polares v11n mijs de1:1p11cio: complttan su ciclo en treinta dlas poco más ó menos.
En esta d, culación sucede
algo p11recidu a lo 4ue vemos
en las coriieutes ae nuestros
rioe. En el ce11tro del rio la
velocidad e~ la máxima, haci, 1»11 orillas disminuye.
Pue11 d sül µartlce como si
fuera un rio circular de fut'go
y dtl luz. Por el ecuador va el
hilo dela corriente; los do11 po)011 son como las orillas abre•
ciadas
l:'n,cisamente estos movi•
miento11se puedtln seguir dt&lt;s·
de li&amp; tierr11 sigulenrto el wovimieutu de las manchas
Y tlbte f.,nómeno se ex¡,lica;
J hay una razón para ebta 11.cel1:rae1ón de la11 regiones,,, cuatoriale11, para ese nt, aso en
1118 zonas prc,ximae á los polos.
La exphcac1ón la d11n 10s astrónomus por t'I s .. gundo de
los gr1mdt11 movimientos del
sol, qutl es uno de los tres á
que 11u,es nos ref~rlamo11
T .. dala m11sa solar e111a atrave!!ada, constantementt', por
loe grandes agurice:ros -si la
p11labra vale- porque, en rigor, no llueve agua, llueve
materia hecha fuego.
Son como dos lluvi11.s, generales y permanentes: una de la
superficie hacia el centb Jiu.
vía que baja del mismo ~odo
que la nuestra. Otra, del centro á la superficie, es como
una lluvia que sube: ó si se
OSCAR HERZ,
quiere es una inmensa evapor~ción y a nuestra evaporac1ó11 equivale. La materia de
EL SOL Y SUS MANCHAS
la suptlrficie, aquellas nube13
blancas de que antes hablábaSiempre tuvo el sol manchas
moe y q 11e forman Ja fcto--ee•
quegiran,queee tran~forman,
fer!!-, en suma, toda Ja capa exque á veces se di viden, y que
terior..al contacto ó bajo la inal fin desaparecen.
fluencia delfrio del espacio, se
Fenómeno es este de las
eLfria y se condensa y aumenmanchas solares perfectameuta de densidad, y por ser más
te explicado por loe astróuopesada hacia el centro del 80¡
mo@,
se precipita á través de la
Según se dice, y por muchos
abrasada atmóaf-era, constitumétodoe parece comprobado,
yendo la lluvia de que antes
el sol ea un inmenso globo de
h3:blábamoe: la que cae. Lo
materia gaseosa, ó, s1 la pamismo exactamente euctde
Jabra vale, ultra gaseosa, en
con laenube11de aguaennuee•
cuvo interior la temperatura
tro globo.
puniera medirse por millones
P~ro cuando toda estamatede grados.
ria llega al fondo del 80¡ en
En el seno del POI todas las
que domina la altieima te~pecomblnacionee quim1cae están
r11tura, que al principio de 82 _
deshechas: acaso muchos cunte articulo mediamos por mipos que cone'deramoe como
lloaes de grados, todos loe
cuerpos simples estén descompuestos qulmicos 88 descompuestos ea elementos más
hacen: la materia condensada
sinplee todavía La afinidad
se dilata y haciéndose cada
quimica se halla en suspenso,
vez más y más ligera, vuelve
ó al menos. no se hacen sená subir atravesando Ja masa
tir sus efectos, porque las en- '
s~lar; e~ la lluvia que sube ó
trañas del astro de fuego son
Pl se quiere, es la evaporación
regiones de una disociación
de las reglones centrales del
total.
La llegada de Lord Kitchener á Dover.
a@tro, que también tiene su
cambio,
la superficie
s o • . - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - ------mare¡¡.
evaporación como nuestros
larEn
por
estar rodeada
del eepacío, está sujeta á la influencia tl.e temperaturas bajlsi- lo que son las manchas solares. No son, en ve::-dad,
Ahora bien, esta d0ble lluvia que constantemente
mas: tan bajas, que acaso vayan acercándose al ce::o otra cosa que verdadtlroe desgarrones de la foto-es- atraviera la masa solar es la que entorpece su moviabsoluto dtl la termo-dinámica.
fera, que dejan al de&amp;cubierto las entrañas relativa- miento de rotación, como @e demue.tra por consideraDe donde resulta, que en la superficie solar hay un mente nPgrae del sol.
cionee de mecánica que no son de eete momento· auntrabajo constante de condensación por la influencia
Bajo citlrto punto de vista. nuestra tierra vale más que en cierto modo ~e comprende que as! deb~ ser
del frlo, y la afi id11 d quiu:ica recobra su imperio y que el astro del dia: cuando se desgarran nuestros porque es como si á una masa que gira 88 Ja atraviee~
se reunen los átomos y se reunen las moléculas como nublados, vemos el azulado firmamento Cuando ae por una serie de agujas. Y CJID0 por otra parte el ensi quisieran reconcentrarse en gotas y basta en polvo desgarran las nubes del sol vemos negruras.
torpecimiento es mayor hacia ¡08 polos que hacia el
impalpable. De esta suerte se forman multitud dA nu_¡Quizá esto tenga su filosofía y no de las más pe~i- ecuador, de abi que en éste la rotación sea más rábes blanquísimas que unas á otras se apelotonan en mistas!
pida que en aquellos.
formas redondeadas y constituyen la envolvente soPor eso en el sol hay siempre manchas. aunque paEsta circulación de la materia solar. este condenlar que desde la tierra descubrimos.
sajeras: la foto-esfera se de~garra, la foto-esfer11 se s11rse de nubes blancas en la superficie y dar luz y
A este conjunto dfl nubes blancas y brillantes es á. ch,rra, y siempre anda en perpetua agitación.
dar calor á_ los eapacios planetarios y Juego caer al
Jo que llamamod la foto esfe1·a, es decir, la esfera de
_]:'ero estos desgarros de la foto-e~fera no son super- centro y dilatarse y recoger calor para subir y conla luz.
f1C1ales: la rotura penetra hasta el mterior de la masa vertirl? en luz, es un mecanismo admirable, que hay es lo cierto, que sin ella el sol no seria para noso• solar; son enormes huec,,e; son abismos espantosos, ce del mmeneo astro una estupenda máquina produc•
tros Jo que es, sino una mancha muy grana e de for- son como embudos, cuya punta se huude en las en- tora dti calor y de luz, con su caldera en el centro y
ma redondeada Yernos al sol por s11 foto-ePfera.
trañas del astro de fue~o; son en rigor, vndaderoe su conctensador et: la superficie; pero esta circulación
Porque eatá probado experimentalmAnte. que un ciclones de aquella abra~ada atmósfera Y asf, por Jog agota también las energlas solares, hasta que llegue
gas, por alta que sea en temperatura, alumbra muy bordes del embudo, por loe flaucoe del abi@mo, se Vil para nuestro astro el momento del frio, de la muerte
poco: prueba de ello es la llama del hidróJ!'eno. .!:'ero en cierto mJdo g,,tear hacia dPntro, en hilos prolon- y de Ja sombra eterna.
que se espolvoree, por ejemplo, con pol\"O de cal, y al gadoe, las nubecillas blancas de la foto-esfera. Y hasDe todas mantras vemos en el sol una circulación
punto adquiere luz vivieima. La vibración de los cor- ta el extremo más estrecho del embudo se ve en for- análoga á Ju. que existe sobre Ja tierr.t para el agua
púsculos sólidos es la que engendra la luz. Ellos son ma dti un pequeño circulo negro.
de loe océanos. También se evapora, también sube
cambio, no pueden pasar de los antros d11l suplicio. Alli
e11ta el Infierno dantescamente interpretado. con la buca de Aqueronte y con el juez Mino11. A propósito de
é,te, cuéntase una antlcdota curiosa: El maestro de
ceremonias de Pablo Ifl, Cardenal Blaggio di Cesena, criticó duramente la composición dtl Miguel Ang81, t11cbándola de inmoral á causa rte sus desnudeces y pretendí) qu11 el sumo PontlficA ordenara la
suspensión de la pintura; más Pablo III que estimaba altamt&gt;nt6 el talt:nto de Buonarottl y que era un
PSpiritu sup..rior y amaba el Arte lejos de accederá
1011 de~eos de Biagg10, ordenó al pintor que continuo.
se su cuadro sin preocuparstl por nh,guna critica yPi
guiando sólo l11@inspiracionea d, PU propio genio. Miguel Ang..l, que supo las maquicionea d11J Cardenal,
decia1ó venguee y al efecto tr11ns'adó aus facciouPs
al lienzo dAndole el p11pel de Minos y l'nvolvienrl.o
castamente ,u cuerpo en una vibora enrmc11da. Reconoció11e Ctlsena y se quejó al Pap11. el cual q1 i ,o
ver la obra y exclamó deepu6s ingeniosamente:
-Cardenal, mis oraciones
pueden si,Jvar á un pecAdordel
J)Urgator,o munodtllinfinno.
En 111 Iofiernooe ha. pueste Miguel Angel.y t'D l&gt;I quedaréis.
Y hasta la fecha está alll
Biaggio di Ce11ena.
De~gratiad.amPnte el Papa
siguiente, Pablo IV, era de loe
puntos del Cesena y habló de
mandar de1-truir el cuadro, lo
quA se evitó gracias á Da11;.,¡
de Yolterra que cubrió eB parte las desnudec.:e del cuadro,
con todo dulor de su corazón.
Asi se aplacó Pablo IV...... ..
El cicerone y el Dr. z. regresan y nos 11visan q~e es ya
tarde hemos papado cuatro ho1 as en la Sixtina, y ¡pensábamos ver todo el Vaticauo en
una mañ1ñal
Sahm1,s nuudamente conmo•
vidoe ante lo que puf'de el \r•
te en manos de un elegido La
plaza de San Ptldro t'Stá po•
blada rle gente que sale de
misa Todos vamos 11u,!lencio,
aletargados por el éxtasis que
acaba de pasi r por norntros.
De pronto, habla el e)( Presidente:
-"Si vieran, l'n la caballer'•
za del Papa vi un caballo igualito al que yo montaba en las
revistas. y que tuve que dejar por allá cuando me vine ..
¡Cómo me ha conmovido ese
recuerdo!"

por decirlo a~i. los instrument~~ musicales de la gran
sinfonía luminosa Dti ellos parten las ondas de tlter
que vienen á herir nuestra retina, y que en nosotros
de1-pitlrtan esa sensación á que damo11 tll nombre de
luz.
Por (mcima de la foto-esfera, como si dijéramos d11l
nublado blanco y luminosa, b~y otra capa de hidrógeno. á que se da el nombre dtl cromo esfera, es dti·
cir, esfera del color, porque ~n efecto es ro11ada, pero
sólo s11 hace visible en circunstancias especiales, por
ejPmplo f'll loe ecllpe.-s.
RPP1tmie11do: eu el sol hay que comiderar tres partt-s: el interior masa relativamente sombrla. á t , mperatura inmensa.:, en que domina la disociación ml\.R
absoluta dt1 todos loe demtlntoe; la capa 11nvolvtlute
de nubtls condensada~ blancRs y luminosas, que es la
que vemos y á que se llama foto esfera; y por último,
otra capa de hid1 ógeno gener11Jm,.ut" invi,ible, y que
se dP~igna con PI uombre rle cromo esfera.
Y con lo dicho tenemos bastante para ct mprender

r

,

�404

Domingo 27 de Noviembre da 1898.

EL MUNDO

MEXICO MODERNO.

Vistas de la Tierra Santa.
Demasiado conociJas Fon y de gra•
tos recuerdos para todos los nombres Y
lugarei:i que repre11enta1;1 estas vi~t~s
que publicamos con motivo del v11tJe
del Emperador . .
.
E~ta considerac10n nos dispensa d~
dar descripciones que serian redundante"·
Los grabados por si solos dicen más
al seutimiento que cuanto pudléramoa
escribir nosotros.

La nueva iglesia de Alemania.
El Emperador de Alemania ha encontrado en Palestina hondas huellas de la
actividad alemana que desdti hace tantos siglos busca uu campo para sus
empMl!as, y safüfac~ión á sus aohe1011 rl'ligiosos en la Tierra Santa.
Carloma¡?no. di-bidament~ auto:izado por el Kalifa, construyo una igl~~ia y un hospital tin J t!TUtalem. El ed1f·cio quedó reducido á una n11na en
..,¡ tran ..curso dti los años y el terreno
fué comprado por mercaderes italian()s
de Amalfi, los cualt's _el año de lOJi!
con~truyeron dos hospitales para ¡,eregrinod - el d11 S .. nta Maria para muj&lt;-1rcs, y para hombres el de San Juan.
Este último e1&lt;tableciml1&gt;nto fué la
Cuna de la Orden de Caballeros de San
Juan. E..ta comunidad se htze cargo
del hospital, constru.t"ó un palacio para
P] Gran Maestre y habitaciones para
los otros miembros de la ordl'n. Los
monjes benedictinos edificaron laJglesi1t de Santa Maria.
En 1187, cuanao Saladino tomó Jerusa•em estableció su residencia en la
del Gr,in Maestre dti los ()aballeros de
Ran Juan y más tartie cedió toda la
propiedad á la mezquita de Ornar.
0

Casa de la pr:&gt;pledau de los Sres Terrazas.
Paseo de la Reforma.--[Legaclón de Bélgica.]

405

EL MUNDO

Deapués de Sa'adlno se hizo un hospital en el lugar
de J~ antigua igl11sia y construyose una mezqu~n.a _en
la parte noroeete del terreno. Todos estos edü1e1os
se rlett&gt;rioraron, permaneciendo en ruinas ha~ta ~869_.
En ese afio el Príncipe de la Coron11 de Prusia visito
Jerusalem y el Sultán le dió .en propiedad la parte
oriental e,n que estaban las ruin_as de que _hablamos.
Arqueológicamente es la porción de mérito menor,
ero t'n ella E1staba la gran Iglesia.
.
p Guillermo I acordó que se con.struyera en e~Muristan (el lugar de la antigua igles1a,?echa_ hoPpltal por
los sucesores. de Saladino) una Iglesia del Redentor"
Rubo difícultades extraordina.rlas para echar los
cimientos de la Ubrica Deecu.br1óse que la antigu_a
iglesia descansaba en c,tras romas, pues sólo un p1•
lar p•rtla de la roca.
. .
Añ~ y medio dP. trabajos y u_n gasto ad1c1on~l de
$150 ooó sobre los $250 000 que importaba el pn~er
prefuesto fueron necesarios para las obras -~a~1zas
dE'I mampostería quti soportan el peso dt&gt;l ed1_f1c10.
Nuestro grabado muestra los métodos onent!lles
empleadns para remover los escombros y constrmr la
iglesia del Salvador.

.. -~ i~·
,.·

~-·

¡ft§;#.'t(tl?

);;jf,._:t&gt;

La receDción al General Kitchener en Inglaterra.
Mncho antes de que el bote Calais, con el Sird.. r á
bordo estuviera á. la vista, el muelle di: Dover habla
eido invadido enteram.,nte por la multitud que acudía
ansiosa por dar la bienvenida al vencedor de los dervi~es, y vengador de Gor~on.
.
En cuan ro el j?enerai K1tchener saltó á t1.,rra, el Je•
fe militar dPI puerto, General William Buttler, r el
Mayor. Sir ,Villiam Crun.d~ll, ambos d~ gran umforme se adelantaron á , ec1birle, en medio de los aplausos'atronaJoresy 101&gt; hurras de todos los espectadores.
Dt!sde que Lord Kitchener pisó t&gt;l _suelo de su patria. 1&lt;u viaje ha sido una marcha tr11;1nfal. En DovP.r
los Highla11ders le form,iron guardia de honor. El
Mayor de Dover le ofreció U? bauq•tt&gt;te, y de ~lli fué
llevado en triunfo á la estación dP.I ferrocarnl. Una
compañia dP. grarrnderos habla formado valla desde
t"l Hotel de Lord Warden hasta la estación; pero lejos dti esforzarse en contener á la multitud. los soldados mismos aclamaban al General y se
acercaban á él para estrecbarle ]amano, Eo Londres fué recibido por los
príncipeJ Cristián Victory Francisco y
Adolfo d11 TP.ck; Lord Whol3Pley, el
GPneral Maurice, Sir George White y
muchos otros miembros de la nobleza
fueron á recibirlo y se disputaron el
honor de ser los primeros en felicitarle
por su triunfo.
Un grupo dA policlas Je escoltó hasta
las antesalas reales, donde.estuvo algunos momentos recil:iiendo innumerables muestras de afecto, y desaués
conferenció con el Príncipe de Gales.
Vi,itó á Lord Salisbury y por último,
fué á pasar un dla á Balmoral, donde
recibió cumplimientos y felicitaciones
de la Reina.

...

--.;:::··,..

,,,

-~....,..

,·

0

también por el frio de la atmósfera se _condensa en
nubes también cae en forma de lluvia, y otra vez
sube ~l seno de los mares, encendiendo, de paso, no
nueva luz, pero M la vida vegetal y la vida anim~l.
El tercer movimiento de la masa solllr es prt1c1samente el que explica las manchas solares, porque es
el de los grandes ciclones, que tienen dU boca ancha
en la foto-eefera, y que vistos como nosotros los vemos por el interior, fingen un espacio obscuro.
También los astrónomos explican con facilidad suma
y con grandes probabilidades de acierto la formación
de estos ciclones
y es que cada parte del todo aparece tan enlazado á
todas las partes del_ mismo todo en es•e admir~bl.e mecanismo, quelas particularidades de~ª?ª movimiento se
explican por i&gt;tros de los tres movimientos que hemos
enumerado, que era.n: el movimiento desigual de ro
tación de toda la masa solai:alrededor de su f"je, la do. ble lluvia de fuego, la que cae y la que sub.,, y por
último, los grandes ciclones cuyas grandes bases son
-las manchas taladros oscuros en la aglomeración ae
nubecillas blancas de la foto-esfera.
En efecto: la doble lluvia entorpece el movimiento
de rotación, que resulta mas rápido en el ecuador que
en las regiones polares.
Pero ~sta desigualdad en las velocidades del rfo
circular de fuego determina a su vez la formación de
los ciclones, ni más ni menos que en nuestros ríos la
Casa del Sr. Melber en la Reforma.
masa liquida comprendida entre dos filetes que tienen
[Construida por el Sr. Ingeruero Alberto Be,t, estilo Relna Aoa.J
desigual velocidad gira en forma de torbellino
Cuando un niño coje entre sus dedos la parte superior de una peonza, y con uno d11 ellos la empuja ha.
. .
cia adelante y coh el otro la empuja hacla atrae. la peonza gira. Pue~ as1m1s~o
en el sol cuando una zona gira con más veloc,dad qut: otra, 1~ parte mtermed1a
pu!"de girar también, y asi se forman torbellinos, trombas y ciclones S!_)lares..
De donde resulta que las manchas del sol no son fenómen~s extranos, misteriosos, inexplicables, sino bien al contrario, fenómenos senc1llisimos, naturales,
que dependen en último análisis de la dinámica solar.
. .
Al menos ta'. es la opinión de la mayor parte de los astrónomos, opm1ón bosquejada imperfectamente en el presente articulo.
JOSÉ ECHEGARAY.

México Moderno.
Aparecen hoy en estas columnas tres
ed1ficioR de los que f11rman el gracioso
y artfFtico "México Model'no."
Al iniciar esta sección hubiéramos
querido dar amplios pormenorP.s acerca de las casas que en ella figuran;
maR habiendo encontrado la natural y
delicada reserva de los primeros propietarios á quie11es nos dirigimos, los
cu:i.les nos manifestaron su deseo de
no dar pubicidad á los detalles relacionados con interese~ pRrticulares, hubimos de limitarnos á to,nar vistas fotogrAficaR del exterior de esas casas.

NUESTROS GRABADOS.

La lectura del Cuento de Hadas.
¿Cómo entretener á la. gente menuda para que por un rato siquiera se esté
quieta y deje dormir la siesta á papa?
La hermana mayor sabe cual es el remedio infalible y busca un libro y se da
á leer en voz alta uno de esos cu1mtos de hadas que tan gratamente absorben la
atención infantil, uno de esos cuentos en que hayogros que ~e comen á. los
niños, y gatos que hablan y calzan botas, y lobos que se c~nv1erten en abuelitp~~~-~~·da hace estremecerse los tiernos corazones con tanta e~ocíó!1 como
las periódicas aparicioBes de alguna b~ena hada que, ~on la mara vil.losa rnfluencia de su varita mágica, forma palacios en )os desiertos y convierte en ratones á los leones.
.
.
¡Mirad como escuchan los niños tales milagros! Mientras tanto, papá re•
posa por un instante del rudo trabajo, y cobra fuerzas para empezar de nuevo.

Domingo 27 de Noviembre de 1898,

Casa dtl Sr. D. Juan Dublán, Calle de la Penitenciaria.

L,08 Of\UTIV08 D6 Hf\Nf\MBOUOOU.
I
Boubou y Coumba eran dos nifios cautivos de
~ierto anciano. No obsrnnte su condición eran
&lt;iesconocidas para ellos lits miserias de la escla
--vitud y vivían completamente dichosos.
No se preocupaban por suorígrn;jamáshabían
inquirido quiénes eran sus padres, ni aún suponían haberlos tenido alguna vez.
Vivían bajv un mismo techo, se alimentaban
-en la misma calabaza, dormían juntos en un jergón y crecían, jugaban y trabaj ·t ban fraternalmente unidos por expontáneo afecto infantil.
En la soledad campestre de su vida, todo era
tranquilo: t1rn desconocidos eran para ellos los
grandes goces como las penas hond11s.
La aldehuela donde vivían llamábase Hanambougou. Era un simple caserío esccindido en una
.garganta de las montañas que dominan el valle
de Bakay.
El amo de los chi'luíllos, anciano apBcible y
amante de la soledad, los trataba con dulzura, dejando pasar inadvertidas sus faltas y les hM bl:.t•
ba frecuentemente de Allah, cuyo reino invisible
flota sobre la tierra, mas allá de l11s nubes, y envía algunos reflejos de ::,U esplendor sobre las rutas de los hombres. Los dos ninos amaban á su
sef!.or como si fuese un padre para ellos.
AlaFsanne (er::i el uombre del arci11no) pasaba
los días absorto en un éxtasis, copiaba los vení-culos del Corán en pergaminos, que pintaba él
mismo con imágenes, y se paseaba por la monta•
i'l.a solitaria. Pucas veces bajaba á lit llanura: lo
que sabía de los hombres h11cíale evitar todo contacto con ellos. Sin 1&gt;mbargo, no er11 un hombre
hosco y su rostro reflejaba graves pensamientos
iluminados por perenne sonrisa.
Su habitación era rúotica y humilde. Entre un
seto vivo de juncos tenía su cabafta de techo có11ico y por únicos muebles, un lecho de bambú y
una piel de carnero. Habí11 allí cerca otra cabai'l.a más humilde para los niños; un gi anero en el
que guardaba las cosechas; una estacada para
atar las cabras durante la noche y un rectángulo
arenoso rodeado de árboles, reservado para la
oración.
Boubou yCoumba jamás habfan salido de las
quiebras de la montafla. A quien les hubiese pre•
guntado desde cuándo estaban allí cautivos, le
habrían dicho: "Toda la vida."
Habían oído hablar de llanuras interminables
-cubiertas de villas populosas. Según Alassanne

Rllí era donde vivían los malvados y los miserables.
La gargant1:1 de 111, monta:il.a descendía hacia el
río en una pendiente de rocas: un 11rroyo bajaba, s11ltando aquellos escalones, bajo el bosque
de árboles gigantescos cuyos follajes c,cultaban
las lejanías de la llanura. El lecho del arroyo se•
mejaba una inmensa escalera abierta entre el túnel a~cendente formado de árboles y rocas.
:9etrás de Hanambougou se abre un valle rodeado de bosques. En ese valle t&gt;staban las tierras de Al11ssane, cultivadas por los eschvos, y
cuyos productos con la leche de Jas cabras, daban alimento á los tres.
Las estaciones del ailo imponían siempre los
mismos trabajos. La tierra del Sudán produce expontáneamente sus cosechas.
En la épo0a de la siPmbra, los dos cautivos quemaban las cañas, esparcían por el suelo las cenizas. desarraigabar, J.as yerbas nocivas, rompían
la tierra y enterraban la simiente. En las horas
cálidas se refagiaban á la sombra de una choza
y comían.
-Cuando t&gt;eas grande, me abandonarás titl
vez, decía Boubou á su compañera.
Nunca había pensado Coumba en esto y al oír
la frase de Boubou, se Pntristeció.
-1,Y ·p or qué había de abandonarte?
-No lo sé, replic.5 Boubou.
Amaban su desierto y no pensaban que hubiese un mundo fuera de él.
-¿Y á dónde iría yo? preguntó Coumba.
A dónde? Boubou no podía contestar y con
ademán vacilante:
- Allá, lt&gt;jos, á los países lejanos.
Coumba lloraba.
-Servir á otros amos, oh! no; Alassanne dice
que son malvados.
Y sus cuerpecitos, extendidos perezosamente
en un lecho de yerbas, se acercaroú estrechándose. Coumba, cuyo instinto de mujer ya des•
pertaba, dijo á su amigo:
-No, tú sí que te irás.
Boubou se defendía.
-Yo jamás me iré; jamás, repetía, y le brillaban los ojos.
Al caer la tarde, cuando la sombra de las montañas s~ extendía. regresaban á la aldea, con una
carga de leña en la cabeza y recogiendo al paso
las cabras.
Ocupábanse luego en preparar la comida. Mo-

lían el mafz en los morteros, encendían una hoguera en el patio y colocaban la marmita sobre
el fuego, asentándola entre dos. piedras.
Luego se reunían para orar er. la rústica mezquita. De pié detras del anciano, imitaban sus
ademanes, levantaban con él los brazos al cielo;
repetían sus palabras árabes, se golpeaban el
pecho, prosternábanse con la frente en el suelo
y clamaban:
-Allahl Allah!
A veces, á la luz de la luna, Boubou tocaba un
tamboril y Coumba bailaba.
Llt&gt;gaba la época de las lluvias. El arroyo con,
vertíase en torrente, saltaba los peldall.os de li.
roca y eus mugidos llenab1.rn el valle.
Los árboles refrescaban el tono mortecino de
su follaje y las f:1ldas de la montaña se cubrían
de césped tierno y jugoso. Los maizales crecían
y al evaporarse las brumas rojizas, el cielo se hacía mas profundo.
Los dos ni:il.os llevaban á p11star las cabras: cogí..n la provición anual de hoJas de baobab para
sazonar la pasta de mijo·y hacían cuerdas con filamentos de corte?as de árbol. Coumba, á la sombrn de las rocas, hilaba.
Y las altas yerbas crecían ocultando el fondo
de las gar:{&gt;1ntas, ·escalaban las alturas, ahogab.tn los frágiles arbustos y entre los árboles del
bosque formaban espesísima malla, impenetrable.
Despuéa, l11s sávias efímeras se iban secando,
el sol doraba las malezassazonando lofgranosen
la panoja amarillenta. Entrnces Boubou y Coumba pasaban el día en los campo9 ahuyentando
los pájaros de la sementera c·1aj~da de frutos.
Desde el amanecer hasta la tarde no hac~m
más que gritar, batir las palmas de las manos, y
tocar trompas parn espantar A las aves que revoloteaban sobre sus cabezas. En distintos lugares había espantajos que ellos movían con cuerdas desde su mirador elevado sobre troncos y
puesto al abrigo de los rayos solares.
Los varios espectáculos de la soledad mecían
la imaginación de los niños en suefl.os dulcísimos. Al amacecer, se evaporaba el rocío nocturno y las nieblas arrastrándose por la~ sinuosidades del valle semejaban un lago de plata tendido
entre aquellas montailas. Era la h ora nacarada.
El sol subía, subía hasta el z enit; cintilaban las
rocas y las malezas parecían zarzas encendidas.
Entre las y erbas tostadas las cigarras lanzaba n
gritos roncos y las aves buscaban abrig_o. -La na-

�406

EL MUNDO

Domin,ro 27 de Noviembre de 1898.

II

turaleza resplandecía. con tonos de oro fundido.
Pero luego el aire se ha.cía mAs transparente, las
cosas acentuaban sus contor11os y las cimas trazaban sus líneas sobre el cielo menos pálidc. Era
la hora azul. El sol declinaba, atravesando con
sus rayos oblicuos la, cresta umbrosa de los montes; en las barrancas profundas obscurecía ....
Era el momento de tono violeta que anuncia las
tinieblas.
Cierta mañana que Boubou y Coumba dormita.
ban en sus miradores, tres ginetes aparecieron en
el recodo del sendero. Detuviéronse de pronto y
uno de ellos se alzó sobre los estribos para explorar el valle con la mirada. Casi en el mismo
momento partieron al galope en direcciones divergentes. Boubou y Coumba, asustados, corrieron hacia el pueblecillo, á donde sólo llegó Bonbou. Coumba había caído en poder de los ginetes ..... .
Alassane convoca á los vecinos armados de fusiles, mt1s ya era tarde. Los extranjeros habían
escapado.
El anciano requirió su cayado ysu piel decarnero y bajó A los pueblos de la llanura que se extienden al otro lado de la montail.a. A poco regresó triste y resignado. Los merodeadores habían puesto á salvo ·su presa en Bammakou.
Boubou inconsolable pasaba los días muerto de
tedio y las noches, llorando.
-Cuando sea grande, dijo al anciano, iré á
traer A Coumba.
La seguridad con que hablaba hizo sonreír á
Alassane. Púsole la mano en la cabeza y mirAndolo, vió eu los ojos de Boubou una llama, que
hizo pensar mucho al anciano.
-Allah todo lo puede, Cuando seas hombre
ya veremos lo que sucede, le dijo.
A medida que las fuerzas deBonbou cobraban
vigor, la sementera. iba ensanchando sus límites.
Ya las mieses no cabían en el granero y con el
consentimiento del amo el excedente iba á venderse en la llanura. Boubou atesoraba.
De cosecha en cosech1\ Boubou se hizo hombre.
Un día dijo á su amo:
-Seil.or, no crees que ha llegado el momento?
-Ponte en camino, le contestó el anciano; toma este oro y que Allah te guíe. Te doy la libertad•
Y puso en las manos de Boubou todo el oro que
haoía reunido. El esclavo se arrodilló y le besó
los piés.
-Señor, ya eres muy viejo; ¿quién te servirá
durante mi ausencia?

Alassane, conmovido, lo
obligó á ponerse en pié:
-Hijo mío, Allah proveerá A mis necesidades. Sólo
una cosa tengo que pedirte.
Y su voz temblaba.
-Yo tuve hijos, un varón y una mujer; ahora estoy solo en el mundo. Trae
á Coumba; los dos viviréis
en mi casa y el viejo Alassane será vuestro padre.
Cogió un amuleto que llevaba consigo, lo colgó al
cuello del joven y le dió su
fusil.
-Ahora véte; el tiempo
es precioso.
Boubou abrazó al viejo y
dijo:
-Espér1rnos. Los dos volveremO:i, siempre fieles a tí.

Por un sendero de la monta:!l.a, que conducía á.
países desconocidos, Boubou se fu~ co~ el curazón lleno de esperanzas y el alma llumrnada porsu ensueil.o. A cada vuelta del camino dirigía loSojos hacia atrás y veía siempre la silueta blanca
del anciano que de pié, con ambas manos apoyadas en su báculo, de espaldas á u~ árbol, le seguía con los ojos hasta que se perdió entre la espesura.
Pero á poco se fueron o,mltando las cabailas
de Han11mbougou y se encontró el joven en la so•·
ledad de una boscosa altiplanicie. A cada paso,
oprimía con la mano Al cin!urón de cuero que
contenía el rescate de la cautiva.
En la opuesta vertiente, aparecieron á su vista.
campos extensos, velados de azul pálido, entre
colinas indistintas. Allí corrían las ondas del Níger y Coumba lloraba acaso, desesperando de,
ver á su compail.ero.
y fué dejando atrás horizontes iguales, preguntando en cada pueblo por el camino de Bammakou.
Llegó al fin á las alturas del Soknafi. El corazón Je palpitó cuando al salir de un bosquecillovió una inmensa llanura que se perdía á lo lejos,
entre las brumas.
Las sinuosidades de un río brillaban en eifondo del valle. Junto al río vi~ Boubou una ciudad.
magnifica cuyos tejados no eran de paja como
los de su cabafl.a. Entre el vasto recinto formado.
por altísimas murallas, había terrazas, minaretes
y en ciertos lugares hormigueaba la multitud. Sesintió fascinado.
-Bammakou, Bammakou .
Levantó los brazos al cielo y pronunció devoti1,mente el nombre de Allah.
Empezó á baj.1.r por una cuesta cuyas rocas.
minaba con furia un torrente, llegó á la llanura
y franqueó la puerta de la villa.
La opulenta ciudad de los mercaderes moros.
lo deslumbró. Vagó largo rato preguntando á los
transeuntes si conocían á Coumba. Había muchas.

.l!:L MUNDO

Domingo 27 de Noviembre de 1898.
mujeres de ese nombre, pero no reconoció á ninguna de ellas.
Desesperaba ya de verla, cuando al día siguiente, bajo el pórtico sombrío de la mezquita
de Ornar, encontró al paso á una hermosa joven
de andar violento. Su traje era de telas bordactas
de Segou y en los brazos y tobillos llevaba argollas de oro. La gracia y la belleza de la joven
impr~sionaron A Boubou, la expresión de este
rostro evocaba en él una semejanza vaga con la
~oumba de sus suenos, la sig,üó de lejos y pudo
ver que entraba A una casa suntuosa.
-¿Quién es esa mujer? preguntó Boubou tímidamente al esclavo que guardaba la puerta.
-Es la mujer de mi amo, contestó éste.
Boubou insistió:
-Y tu amo?
El cautivo le miró de reojo.
-Amet Fall, el mercader más rico de la ciudad.
Y a:iladió:
-Su mujer se llama Coumba.
Boubou desf111Jecía:
-¡Se llama Coumbal
-Sí, dijo el esclavo; ahora, largo de aquí!
Boubou, estupefacto, se retiró.
Sacó del cinturón un anillo de oro y compró
una vestidura hermosísima. Al atardecer, llamó
á la puerta de Amet Fall y preguntó al esclavo:
-¿Vive aquí Coumba, la esposa de Amet Tall?

-Aquí vive.
-Soy mensajero de un gran jefe de Segou y
traigo una misión para tu seil.ora.
Se le introdujo á un cuarto bajo en el que había cautivos recostados sobre los tapices. Unajoven de senos desnudos, con un collar de ámbar
en el cuello, condujo á Boubou por un corredor
oculto entre los muros hasta la estancia de la
seil.ora.
Coumba, recostada en un diván, con la cabeza
apoyada sobre el codo, llena de curiosidad vió
entrar A Boubou. Dos mujeres abanicaban A
Coumba.
Boubou se detuvo; tanto lujo lo p1tralizaba. L!l
fisonomía de Coumba traicionó una emoción intensa que inútilmente pretendió ocultar. Se incorporó súbitamente y entonces Boubou, cobrando valor, abrió los brazos.
-¡Coumba, gritó.
Iba á lanzarse sobre ella, pero Coumba contuvo su impulso y despidió á sus sirvientes. Cuando quedaron solos se puso en pié.
-Cómo! Boubou, eres tú?
-Sí, yo soy, dijo Boubou; vengo de Hanambongon, y la estrechó entre sus brazos.
-Coumba, Coumba, decía.
La joven tan conmovida como él, le acariciaba el rostro con sus lindas manos.
Mas su efusión fué corta. Amet Fa.U, prevenido

sin duda por las mujeres de la servidumbre, acudió, sa:iludo y amenazador.
Coumba al verlo, rechazó brutalmente á Boubou. El miedo la dominó y con voz débil pretendió excusarse, diciendo:
-Ha puesto la mano sobre mí.
Amet desenvainó el puil.al, y la brillante lámina resplandeció en su mano crispada,
Coumba á los piés de su esposo lo detuvo.
- Oh! esto no, suplicaba; pido gracia para él.
Boubou, inmóvil no comprendía nada.
Amet fijó sobre su mujer los ojos, lleno de sorpresa.
-Esto no, repetía ella con vehemencia.
El moro envainó su pufial y llamó á dos cautivos que apoderándose de Boubou lo llevaron
fuera.

III
Al día siguiente los habitantes de Bammakon.
veían en las callejuelas de la ciudad á un hombre devorado por la fiebre, que pedía agua. Tenía una mano cortada, los piés encadenados á
una barra de hierro y en el cuello una campana
pendiente de un collar.
La virtud de la esposa de Amet Fall estaba á
cubierto de toda sospecha.

o. TARDIF.

SUAVIDAD.
(DE GYP)

I

HO dias llevaba en Vichy, siguiendo á pié
untillas, por prescripción facultativa, el régimea severlsimo de recojerme á las diez,
evantari:µe á las ocho, alimentarme de zanahorias, espinacu y ciruelas cocidas, sin permitirme,
ni por asomo, echar una ojeada a las lindas criaturas
9._ue topárame al paso, de dla como de noche. "Si
Vichy no os cura- nablame dicho el doctor-estais
perdido y nada os sani&amp;ra."
I&gt;ecidime á desayunar solo en cualquier parte; y,
en lo to..:ante á la comida la hacia siempre en la mesa
redonda del hotel. Era esta tranquila y compuesta
de medianias: veteranos que relataban sus pasadas
climpat!.as, de modo que harían odiar la gloria a los
más belicOlles, algunas familias tan numerosas _eruno
respetables; una literata, cuya sola vlstame crispaba;
un excelente cura, perfecto caballero, tolerante y
hombre de mundo; una característica del teatro de
Moulios y una anciana llCOmpañada de su nieta. La
señorita Genoveva (sé su nombre por haberla oldo
llamar así A su buela) era la única persona linda de
la reunión: gentil, espiritual y blonda; de grandes y
rasgados ojos azules, aterciopelados y acariciadores;
una boquita pensadora y una tez de camella; en suma, la más deliciosa criatura que pudiese uno aoñar.
Una belleza apacible, con tendencias á lo etéreo; pero, sin tmbargo palpitante.
La miraba á la hora de comer, como el único objeto ª1!1'1·adable sobre que posar mi vista, y esto sin
ningun inconveniente para mi tratamiento. Las po,
Bitas, aún siendo lindas, no me hacfn fdiz; las admiro como preciados juguetes intangibles, por lo fráiiles; las respeto, más que las amo; para mi un baile mfantil me sirve de espanto.jo; las jóvenes bien educadas me abruman, lae ignorantes me impacientan; corolario: son pequeños seres incompletos á los ojos de
un barbaro como yo, que, prescindiendo de sus encantos, se extremecen de ante mano al decir: "Cuando pienso que á los cuarenta años, . cuando ya esté yo hllstiado y embr~tecldo, mi familia se decidirá
acaso á hacerme tomar estado con u11a chica lozana y
fuerte, respirando por todos los poros samd y vida;
ávida dA sabe:· y de recitar lo que sabe. ¿Qué será
de mi? Nada bueno de sPguro 11
Lo dicho anteriormente es con el fin de probar que
si yo miraba con insistencia á la sPñorita GPnoveva,
colocada ca@i enfrente de mi, ni ella corda riesgo en
lo absoluto, ni yo bmpoco .
A medida que los ba:iistas que hablan llegado antes iban tomando EOleta (ya hablan conclui_do su tratamiento, mmiserablt!sl!l) corrían los cubiertos hacia
un lado de la mesa. Mi vecino de la izquierda era
siempre el buen abate Silvano; empero el de mi derecha cambiaba casi a cadll comida.. Habfame tocado
sucesivamente tener á mi lado á un profesc,r de mineralogía que me hablaba sin cesar, sin cuidarse siquiera de que yo, sin escuch•rle, continuaba mi conversación con m1 vecino el abate; ora dos coroneles,
uno de dragonee y otro de linea, ambos gotosos, lo
que prueba que, ante la enfermedad, todas las armas
san iguales; ó ya un adolrscente de doce años, que,
haciendo proyectiles con migas de pan apuntaba al
interior de mi vaso y solla una vez más que ot~a dar

en ~l blanco.. Todo esto me tenia @in cuidado. No habla ido á Vichy para divertirme· de otro modo me
habri~ ido muy lej~s; temfa, al cÓntrario, encon'trar
en mi ~amino alg_u n llntiguo compañero, capaz de
descarrllarme volviéndome á mi antigua vida.
En fm, una tarde, al llegar á hacer por la vida vi
en ~! lugar que ocupaba el amable joven mancebo de
bot!ca(el delos proyectiles) á la literata, objeto de mi
ant1patlal Era una dama que frisaba en los treinta y
cinco afioe-. no _mal parecida, sin embargo; pero cargante, mona, ridículamente ataviada y soporífera has•
~a la par~d de enfrente. Intenciones tuve de retroced~~ é_ irme á. comer .a.fuera: pero teml romper el
e9uihbr10 de mi curac10n; por otra parte, el abate
Silvan_o me contempl11ba con su bondadosa sonriba
de~at1sfacción. Pensé que íbamos á echar juntos un
pahque sal-roso, haciéndo punto omiso de mi "mosca
negra" y me senté resuelto, volviéndole ligeramente

la espalda, sin afectación, con el fin de no presentarle más que el flanco.
Fué lo suficiente. Aprovechándose de que no me
era posible vigilar sus movimientos. me dió un feroz
codazo. seguido de un:
-¡Oh! dispense usted, cab.illero.
A lo cual y.o contesté con este lugar común:
-De nada, señora.
¡Ay! ~l hielo estaba.roto. Mi vecina se puso i relatarme, como una tarabilla, que el tratamieoto la hacia temblar como una azogada y que por esto me
babia golpeado el brazo. Insistió en saber si no me
habl~ "hecho daño." ¡~ra el colmo_! Yo la respondí á
reganadientes, pero siempre con fmura. Se necesita
tener muchos hígados para tolerar en un establecí•

miento balneario, á una literata que os fastidia y á la
~ual no os po~éis quit_ar de encima; pero unll de dos:
o es uno pollnco ó deJa de serlo. Me dijb que en un
tris estuvo el que fui,ra á Luchón en vez de venir á
Vichy. Respondila que habla hecho muy mal en no
poner este proyecto en ejecución, siendo los Pirineos
más agradables que Vichy.
-Son mu_y hermosos ¿no es verdad?-dijome ella.
-¡Se,berb1osl-fué mi respuesta seca.
Traté e!1. seguida de reanudar mi interrumpida
conve~~ac10n con el abate. ¡Que si quieres! Ella no
me deJo meter baza.
-Caballero,-insi8tió elia-os ruego que me con~eis alguna de v~estras excursiones por las montanas. ¡Serla tan fohz en otros! ....... ..
-Pero señora .... en verdad ... .
-¿Habeis hecho una excursión cualquiera? Al pico
dPl Mediodía ¿no tlB esto?
-Sin duda; pero ......
-Confiadme vuestras impresiones; serén deliciosas .. .. cuando uno forma parte de un circulo de esplritus escojidos ......
-Esplri.t us escojidos es mucho decir, señora; se suelen en~~ntrar también imbéciles como aqui. ... lo que
se exp.1ca por la aglomeración .........
--¡Ah! ¿sois numeroso.,?
-¡Oh! con exceso ....
-¡Di?~ mio! y yo que deseaba consultaros sobre la
probab111dad que tendría de ser bi11n acojida, al presentarme . . . ... .
-¡Cómo' ¿queréis presentaros al Jockey?-exclamé
estupefacto.
-¡Al Jockey! ¿Quién habla del Jockey?
-Me parece que' vc,s.
-¡Yol yo os hablo de El Figaro.
- Y ¿cómo diabl~s quereis que yo sepa sus lnterioridadesi'
-;.No sois_uno de los redactores de I!.,l Figaro.t
-Pero, ~enora, no he "scrito una sola lln"'a en él ec
toda mi vida. Ademll.s, me cauban horror los literato~ ....... .
Creia haber puesto punto final al interrogato-io·
pero, ¡quiá! ella no dejó de charlar un segundo, resul'.
tando de ahi que cuando me levanté de la me
sa, tenia un principio de jaqueca Tan luego comoel comedor estuvo vacío, hablé al muchacho que nos
s~rvia y le declaré categóricamente sin más explicae1ones, que ~e~eaba que me cambiase de sitio. Me
conte_stó mahmosamente: "Sé lo que quiere el señor;
cambiaremos toda la 111esa, con el objeto de que no se
note nada"
En efecto, al dia siguiente, á la hora del almueri,o
vi que el camarista babia cumplido su palabra. Tod~
la mesa había sido variada. Yo estaba colocaao del
lado opuesto al abate; édte. entre la literata y uno de
los milit~res que habitaban en el hotel. Senti á mi
buen vecmo, tan bondadoso y tan parPjo, que encont~aba todo bueno y bien, char,ando cullndo yo estaba
dispuesto á ello, callll.ndose cuando no le dirijla lapa19:bra. Al tomar asiento, vi que me habla tocado á simestra mano un caballero recién desembarcado y
que quedaban á mi diestra dos sitios aún no ocupad,&gt;s.

�Domingo 27 de Noviembre de 1~
Tenia. inmediatamente á mi lado, una pequeña eer- ó, hablando más propiamrnte, mi agua tibia, cuando
vllleta doblada con esmero; el otro cubierto ostenta- el abate Silvano, acercá.ndoseme, volreaba á mi alreba, enrollado en el cuello de la botella del vh.10, un dedor, como si tuviese algo que decirme.
-¿Qué mosca le pica á. mi caro abatel' Os encuentro
anilln marcado con PI número Jel cuarto, Fuéla señorita Genoveva la que, desorientada, así como su abue- muy diferente de como eoleis estar ....
-Caballero: tengo algo que pediros; pero temo mola, vino á sentarse á mi derecha: estas damas hablanl'e dirijido á ene Pitios de costumbre, loe que encon- •lestaros.
,-Pedid, señor abate: estoy seguro do que no me
traron ocupaaoe. Por supuesto, que no dejó de haber
refrlnfuños, lamento y recriminación,con motivo del molestaréis.
El honrado abate reflexionó.
cambio de lugares.
-Me parecéis un buen muchacho, muy bien educaAl apercihir que yo era su vecino, le. ~eñorita Genoveva se ruborizó y pareció vi!'iblemente iatimidada. do . .Vos no sereis capaz de cometer uua acción que
Por lo demás, ni una sola palabra atravesamos en el perJudique A otro ....... .
-~o, ciertamente
curso del almu~rzo; empl'lro á la hora de los poetreR,
volviéndose á mi y anegándome con loe efluvios de . -Muy bien. Entonces cesad de comprometer A esa
sus grandes ojos. con una vocesita baja, trémula y Joven ..... .
-¿A cuál joven? ¡Yo comprometo A una joyenl
avergozada, me dijo:
·
-Caballero, 1.tendria ue~ed la bondad de pasarme ¿Yo?
-¡Eh! vos lo eabei~ bien.
las c;ruelae cocidas?
-Pero, BPñor abate, no conozco á ninguna joven A
Me apreauré. accediendo A sus deseos, A pasar la lnman,a fuente, ya casi v11c·a,que tenia enfrente de mi, quien pueda yo comprometer ..... .
-En la mP11a .. . . vuestra pequeña vecina .... sabeis
notando, con satisiacción, que mi pequeña vecina se.
guía estrictameute el tratamiento, pues se sirvió una bien de quién hablo.
-Jamás la he dicho, por ahi te pudras, seño1 abacantidad de ciruelas, ante las cuales hubiera yo retrocPdido. Transcurril'lron a~I ocho dlas: regularmente, te..... . . .
-Es cierto. Ella es la que se inclina hRcia vos, con
al fin de cada comida. la señorita Genoveva. que decididamente tenla aires román ti :oR, me pedía indefeé- un aire tan tieruo. tan suplicaut11 á veces que Juetiblemente, en voz baja. las ciruelas ,..ocidae. qu" yo go .... por una seña...... un pistón bajo la mesa ¿Quién
mA hacia el honor de p.1oporclonarla. Hablando en pu- 11abe? Y todo el mundo nota eso.. . .
-E?, verdad. señor abate, que estoy estupefacto.
ridad de verdad Allano me las pedia con senc11lez.
Era un11 de es11s jói•enee tlmirlas, «"ducadas en el te- ¡.Sabeis lo qu" me dice mi vecina cuando se inclina con
mor, á las cuales se inculca una res~rva exag-erada. tau to amor á ipit Pues bien: muy baJatito me pide que
8e las r ecomiAnda que no rlan, que hablen quedito, le pase las ciruelas cocidas .........
á fin de no la llamara tención y gem•ralmente. se ob,- ¡Vamos! Y ¿por qué no las pide en voz alta?
tiene el ft&gt;cto cont, ario; pero los padres han cumpli- · -1Toma! Porque es una joven pudibunda ¡Ah! ¿sa•
cudis. la cabeza co11 aire de duda? 0d probaré que yo
do con su deber
Una mañana, después del almuerzo. tomaba mi café, .no miento nunca.

EN UN ALBUM.
A Matilde Ol11varrta y Landázurl.

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1

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~~
-~

-

~

i,·~

'

~1ejos rorrianticisrrios.
SUB-TERRA,
Cuando yo muera que cubran
con mis cantares el féretro;
que pongan por almohada
mis coronas y mis versos;
quiero llevarme conmigo
a la sombra y al mi!lterio
t0do lo que en estA mundo
brotó de mi pensamiento.
Que me lleven mis amigos,
sin lágrimas y en silencio
al rincón más solitario
del sombrio cementerio;
que miren que cave honda
la fo~a el sepulturero,
dondo no sea posible
que lleguA A turbarme un eco.
Que alli me dejen, que olviden
mi paso por este ~uelo,
ó que si se acuerdan digan:
sufrió mucho, pero ha muerto.
Y yo, dormiré entre tanto
soñando, si acaso l'Utño,
con mis desdichas postreras,
con mis amores primeros,
con las tardes dPI Otoño
y las noches del Invierno
en que, llegando á mi puerta
la Musa, toc'lba quedo,
se iluminaban de pronto
las sombras de mi aposento,
crujla mi ne~ra lámpara,
lanzaba queJas el cierzo,
yo deshojaba tranquilo
laR flores de mis recuerdos,
y Ella, tomando mi frente
que sellaba con un beso,
las blancas alas a brla
para remontarme al ciP!o.
Y como están cercado
con m•s cantares el féretro,
tal vez, bese mis coronas,
quizá recite mis versos;
v si entoncAs toma forma
io qu11 quedó en Pi cerebro
cual dedpu~s de los festines
en la copa quedai. lue11:o
las rojas luces del vino,
si aun se agita el pensamióntu,
yo os juro quA algunos años
después del triste Ruceso,
han de brotar de mi tumba,
hechos flores, cantos nuevos.

, .AmanPce Df'I sueño despierta.
is se abre de Orrente la puerta
Y la Aurora. va pronto é. salir .
ne la mar, que tranquila reposa,
Surca la onda de oro y de rosa
Blanca, nave que viene hacia aquí.
Del 9riente florido y riPueño,
Del leJano pais dd ensut-ño
Donde es roja del mirto la flor,
De 1dli viene la nave ligerR,
Por ti viene ;gentil primaver1i'I
Por ti viene en su nave el amor!

Alejéme con paso~ pricfpitados, contrariado, enviando al diablo A todas las jóvenes de la tierra; seguido
del bondadoso abRte que me per~egula diciendo:
-¿Vele cómo os he diflguetado ....... ?
La comida pasó sin incidente notable. La señvrita
Genoveva, más intereEante que nunca; con traj'I de
batista azul celePt&lt;1, crispaba mis nervios lo que noes
decible Ella estaba ahí, callada y correcta; movía, al
par que ci;mill y bebía sólidamente, sus manitas blancas y cucas. Este cnnjunto de discreción me abrumaba: ganas me pasaron de sacudirla y yo pensaba:
-¡Si tú supieras la sorpresa QUe te re~ervo ahora ..... . 1
LoR postrPs Jlegaron Esperaba con lmpacienciaq,ie
la señorita Genoveva me pidiese las ciruelas: temí por
un momento que, precisamente, por esta v1 z, no las
deseara. Felizmente se decidió.
-Caballero,-me dijo en voz muy baja, inclinándose
á mi, loe ojos húmedos y con una sonrisa estereotipa•
da en los labios-caballero, 1.tPndria usted la bondad
de pasarme las ciruelas CO(:[das?
Todas las mirad11s tornáronsl'I hacia nosotros.
Respondí con un11 voz estentórea que tizo estremecer los vlddos:
-¡Vamos, sl'ñorita, valor! Pedidme frllncamente las
ciruelas cocidas. ¡Ningún mal hay en querer ciruelas,
en Vichy sobre todo!
Y tomando la fuente s., la pasé La pobre chica se puso roja como una cereza y me miró cvndternada, l reo
que me tomó por demente.
El abate Silvano me envió, desde su sitio, un sio-no
aprobativo.
"
Y yo juré, para lo futuro, no alojarme sino en un hotel chic.

409

EL MUNDO

PAGINAS DE LA MODA
~~·:0~ :'.·.··_,

..&gt;f4':)~'%,
·,-::-:.

P. FRANCH.

Misteriosa y callada, Margarit11
Cruza el sendero, con gentil donaire
Y aspira los perfumes y medita
'
l!:n el amor de Fausto, dando al aire
Sobre el cuello de lirio, el gran tesoro
De sus cabellos ,·ubios, ola de orol
Con su faz de Pierrot, reir parece
T&gt;ePde lo alto la luna,· en la r .. tama
Se queja el ruiseñor mientr11-s se mece
En un balance lánguido la rama,
Y e~bre el muro en la l!enumbra quieta
Mef1sto surge como roJa grieta!
MANUEL LARRAÑAGA PORTUGAL,

•
¡A LAM VJÑAS!
CA'NCION

¡Corr~m~s á las viñas, que ya entona
111 vendimia su c~ntico Eonoro
¡Baco desciende al mundo y e~ corona
con racimos de oro! '
Sepultemos angustias y dolores
Pn el fondo del va so cristalino
¡LlPgó el tiempo en que rnrgen log amores
de la e!'puma del vino!
Como enjambre de abejas zumbadoras
ya suenan en las viñas y 18garPs
'
las guitarras; la. risas bullidoras
requiebros y cantares.
'
Ya rueda el mo~to, en ola perfumada
con las notas de fiesta y alegria
'
de la flauta EÜave y rPgalada
que Anacreón tafila.
Besemos, bajo el pAmpano brillante
y !11~ uvas en luce.a d11 top11cio,
el pié de pis.ta y tuni,.11 radiante
de la mu11a de Horacio.

.Amanece. La Aurora despierta.
Ya traspone de Oriente la puerta
Y se pierde Pn el amplio zafir,
Cual se pierde entre el oro y I rosa
De la mar que tranquila reposa,
Blanca nave que viuo hacia aqui,
.Al Oriente florido y ri~ueño,
Al lejano pais del ensueño
Donde es roja- del mirto la flor,
Se dirige la nave lige1 a ....
Por ti vino ¡gentil Primavera!
Y te lleva en su nave el amor!. . . ...
F~RNANGRANA,

DEL LIBRO ''PURPURA"
El jardín está solo, voz alguna
Turba la soled11.d! En i&lt;L enramada
Teje arabescos pálidos la luna,
La luna con 1:1u faz enharinada
De insolente Pierrot. la luna llena
Que hace polvo de plata de la arena,

Y Pn la c9rrPta, cli\Fira la cuna
quP meciera A Melpómene v Talia
rt:citemos, al nyo de la luna
dramática poesía. _ '
En dPliciosa viña floreciente
pla~tada por t:1i padre bendecido
mi mfancia, pajarillo ufall?'eute '
tuvo risu~ño nido.
'
Desde entonces, mis oios de poeta
ve~ en las ~iñas nobles co.·azoneP;
labios de mieles rostros sin careta
y dicha sin traiciones.
¡Corr~mos á las viña11, que ya entona
la vendimia sn cantico !'ouoro!
¡BacG descien_de al mundo, y se corona
con racimos de oro!
MANUEL REINA,

Fig. 1.-Toilette de visitas para señorita.

MODAS PARISIENSES.

N ota.s útiles.

Eij muy de notar que ahora la moda se aleja cada
°"Pz más de todas las formas que presentan un ángulo.
Torlo es hoy redondeado, las chaquetas, las faldas,
lo~ adornos, las bocamangas y el descote.
Ya se han abandonado los cordones de seda que se
llevaban mucho este verano á guiHa de cadena para
el reloj; hoy vuelven é. usarse, como es natur!-ll. las
cadpnas de oro y, en todo carn, con turquesas u óp11lo~. El guante blanco sigue siendo muy de buen tono: según parece no des11parecerá.
DI cese que volverán é. usarse los baetonPe. pero no
creo que la moda triunfe, porque no añadirían nada
á la elegancia de la mujer.
Aún no han aparecido las modas de invierno y ePo
que han vuelto ya A Paritl las elegantes del gran
1Dnndo.
.
Si!?uen llevándose aún los traJes claros, y, cuando
el fre~co se deja sentir algo, endosan nuestras ele;:rantes una chaquetita roja, de pañete no muy fu Arte.

La moda está por las curRciones con las agu11s. Está uno gotoPO, paralitico, débil del pecho ó enfermo
dt'll estómago, pronto, el médico lo manda -A la estación de aguas, donde naturalmente, fil colee:a correspondient" lo recibA y lo desuAlla según la fól'mula.
Antes, cuando aún no curaba el a'1'ua, ~e recurría
á las virtudes de las pla::tas, dA los simples; v se hacían curaciones con las uvas: Plinio y Galeno hablaban de ellas.
La curación de las uv:tij a oesar de lo que pueden
decir nue~tros doctores de 11hora, no se han emprendido sin éxito; se h11ce de una manera maravillosa,
espPcialmente en los casos de anemia, disp~pPia, calambres del estómago, inapetanc1 a. sfeecionee gastrointr stinales, constipación (estreñimit-nto) y algunas
enfermfdades de la piPI.
En Montreux, -en Suiza, eJl Méran, en Pl Tiro!, en los
viñedos de las orillas del Rhin: 11n Saint Goar, en
Gr1:1utnach. en Dnrkheim, en Bavil'lra, etc , existen
establecimientos especiales, muy concurridos en la
época de la vendimia.

CURACIÓN CON LA UVA

_________.._______

Se hacen curaciones con las uvas des ie que lamadurez del fruto lo permite; la duración del tratamiento es de tres á seis semanas. La cantidad d0 u vas que
cada individuo consume, varia de uno á cuatro kilógramog al dla. tom&gt;tdas en cuatro comidas en el intervalo de l11s cua(es se hace un ejercicio' moderado
p~seando Se comienza por comer medio ktlo ó un
kilo para aumentar progresivamente la cantidad por
dia. No se c~men ni l11s peliculas ni las pepitas.
El tratamiento por las uvas obra como RUbstancia
alimA!ltlcia; como me~icamento temperante, exitante,
l~xat1vo; por los Alcahs, que disminuyendo su plastie1dad de la Faogre la hacen más fluida por los diversos elementos minerales, sulfatos, cloruros fosfatos
que reemplazan á las a'1'uas minerales.
'
'
L_as uva~ sA recogen frescas y se lavan.
Si se qu1erl'I tener un efecto purgante de la~ uvas,
se preferiran lsts blancas, poco azucaradas, acuosas
y no muy maduras.
Si, por el contrario, BA quiere 1 econbtituir una sangre empobrecida, conviene recurrir á las uvas negras, que contienen sales de fierro, tónicas y exitantes.
-

�EL MUNDO

410

Dom.Ingo 27'de Noviembre de 1898

Domlni!'o 27 de Novit1mt re de 1~ .

411

EL MUNDO

.,

Fig. 2 •.Jaeqnette &lt;Jasandra. Delantero y espalda.

Fig. 3-Boa farnesio.

más bien que de cobre estañado, y
deberá tener dos asas para poderdarle vueltas á voluntad. La tapadera deberá sobresalir como en el
cae'&gt; anterior, en toda su circunferencia de 5 á 6 centimetros.
Nóte11e que nunca se h11brán de
poner varias piezas en una cacerola, porque en este caso no se cocerían bien; cada pie.za se habrá de
colocar sola y en el centro de la cacerola. Cuando antes de la cocción,
completa de una pieza de pastelería, la parte superior tome color,
se la debe cubrir en todo ó parte,
con una hoja de papel engrasado,
porque este papel modera el calor ..
Estos ruedoP de papPl se preparan
con antelación y sirven varias veces.

COCCIÓN DE PASTELERÍA. SIN HORNO.

A falta de horno nos podremos servir de una cacerola. procediendo del
J110do siguiente. Se toma una cacerola que no esté en uso, de hierro ó
de cobre est\ñado; bastante grande, para que 1mtre sus paredes y las
piezas que se ha:van de colocar, quede un hueco de 2 á 7 centimetro11. Si
no se colocan las piezas sobre una
plancha ó en moldee, se debe:-á poner en la cacerola un sustentáculo
dt1 alambre capaz de sostener las
piezas. •stesuetentá.culo deja entre
el fondo de la cacerola y los paste•
lee un intervalo de quince á veinte
mili metros. Se colocan encima cinco
ó seis hojas de papel flngraeado y
eohre ella la preparación.
La cacerola se instala sobre unas
trébedes de siete cPntimetroe en
medio de la ceniza caliente de un
hogar, ó.e modo que se deje un espacio de dr&gt;e ii tres centimetroe entre
la ceniza ó rescoldo y la cacerola.
E~ta se cubre con uua tapadera querebase de los bordes de aquella como unos ochos centimetros al rededor. En la circunferencia de la cubierta se pone una coronade carbón
ó ascuas que no estando inmediatamente encima de la cacerola. la ex«
pone menos á quemarse y exparce
un calor más suave y más uniforme
sobre loe pastelea. !:!i la ceniza está.
demasiado caliente, se le retira un
poco de las trébedes, y se aproxima
cuando se juzga oportuno; es con•
veniente tener eieinpr~ dispuestos
carbonee encendidos, para reemplazar al rededor de la tapadera loe
que se hayan apagado y consumido,
porque es esencial que el calor sea
siempre igual. Se debe inspeccionar
constantemente la cacerola con el
mayor cuidado, pues la menor distracción bastará para que se queme
el pastel; la costumbre acaba de ponernos en disposición de obtener tan
buenos resultados con este procedimiento como con un horno. Para
lograr una cochura uniforme, se calentará primeramente y de un modo
ligero la tapadera y la cacerola antt111 de emplearlas y des puée se cambiará de postura de vez en cuando
la cacerola á fin de que por todas
partes adquiera el grado de calor
apetecido.
Cuando se carezca de fuego de estufa, podrán reemplazarlo perfectamente un escalfador ó una hornilla,
cuidando eiempr~ de que el fondo
de la cacerola se encuentre á 7 centlmetroe por encima. de los carbo •
nes. Este procedimiento es más cómodo y_ exije menas atención, pero
hace falta contar con una segunda
hornilla, para tener dispuestos en el
momento ne~Aeario más carbones
encendidos.
Si se utiliza un \19Calfador, nos podemos servir de una cacerola sin
mango, parecida á un molde de compota. Conviene que sei. de palastro

I

Fig.4 -.Jacquette tantasfa. Delantero y espalda

COCCIÓN SIN HORNO
DE EMPANADA\l DRI CARNE Y DE
PESCADO,

Se procede como queda indicado;.
solamente al principio delacocciün,
la cacflrola no Pstará puesta sobrelaP t1ébedes, Bino en medio de cenizas calientes que deben envolverla
hasta los bordes. Se guarnece la ta•
padera con una corona de carbón
1irdlendo1 de modo que cociendo la.
pasta por todos sus lados á la ve;;,
el contorno corre menos riesgo de
hundirse. Tan pronto como la pasta
haya tomado consistencia, ó sea aJt
cabo dA cinco minutos. se colocan
las tréberle¡¡ sobre las cenizas, en
t&gt;l ho:vo formado por la cacerola,
después de haber puesto en él nuevas cenizas calientes, y se continúa com., hemos dicho.

Según un célebre estadista, diez y nueve son los
mandamientos que deben observarse para alcanzar
con toda 1eguridad una larga vida.
El autor de estas nuevas tablas de la ley- higiénica
As el Rr. James Sewyer, Doctor en Medicma en Birmingham. Inglaterra.
He aquí los diez y nueve mandamientos, todos ácil~s de obeervar.
1° Dormir ocho horas.
2º Dormir sobre el cMtadoderecho.
3º Tener la ventana del cuarto de dormir abierta,
durante 1.. noche.
4º Tener un tapete en la puerta del cuarto.
5º No tener la cama contra la pared .
6º No tomar baño frío de esponja en la mañana, sino un baño de cuerpo entero á su temperatura.
7º Ejercicios antes del almuerzo.
8º Comer poca carne y cuidar que esté bien cocida.
~º (Para los adultos) no vever leche.

Fi¡. :i-Toilettes de paseo.

5. -TOILETTE DE PASEO,

1"-Modelo en paño griij, con incrustaciones de terciopelo malva bord11do La falda está hecha de tres
volantes y de llna túnica. El cuerpo blusa, bordado
también está formado de una espalda de una sola pieza y de un delaPtero cerrado en medio. Sobre el pecho nudo bordado hecho de dos 'J)untnP.
2ª-Cuello sastre en paño gris fierro, con doble pliegue recortado en dientes. PcqueñoF botones grises
deteniendo loR diente11. Gran collar curado por nn
nudo Luis XVI en terciopelo negro.

SECRETOS DE LARGA VIDA

F IG . 6.-GRAN CAPA DE PIEL .

Imitación de armiño imperi11l con motas. Cuello
avolantado . Cerrada completamente¡ cortada Agrandes pliegues.
F IG. 7,-SOMBRERO RUBENS.

FJg. 9-.Jacqnette de estación
10º Comer grasa en abundancia para mantener laR
celdillas que destruyen los gérmenes de las e11fern.ll
dadAs.
11º Evitar las intoxicaciones, destructoras de todu
esaR ce-ldíllas.
12º Ejercicio diario al aire.
.
13º No permitir que animales predilectos vivan en
los cuartos que se ocupan. Están propensos á llevar
con11igo g érmenes enfermizos.
14º Vivir en el campo,si es posible.
15° Cuidar de loR tres grandes males ó sea de la
bebida, de la humedad y de la corriente de aire.
16° Cambiar de ocupación.
17º Procurarse frecuentes pero cortas vacaciones.
18º Poner limite á la ambición .
19º Dominar el carácter.

Cuando las moras han llegado á
su completa madurez, se les reeoje~
se·les pone en una cuba, se les machaca y deja fermentar.
Lueji!'o que se acaba la fermenta•
ción, el liquido se aclara y adquiereun sabor v un olor parecido á. los
del vrno. En ese momento se extr.. eel licor, el bagazo se lleva ála prensa y el liquldo que escurre semezcla
con el primero.
Con 200 kllos de moras se pueden
fabricar 1001itros de un licor vinoso,
parecido al vino rojo. Si se destilan
esos cien litros de vine, se obtienen,
unos quince de aguardiente de regular calidad.
Como esta fabricación no exige
ningún cnnocimiento especial y está
al alcance de todas las fortunas,
merece estudiarse y practica rse.

\l

FIG,

piel y el huepn, Se ha calculado que una sola mosca
destruye as! 300 ó 400 aceitunas
El coccus alae, es otro ins• cto parásito del olivo.ataca las ramas y lBR hoja 11. Lavando las partes atacadas
con agua de caló rociándolas con petróleo se destru·
yen estos parásitos.

VINO DE MORAS.

·1

Fig. 7-Sombrero Rubens

FJg. 6-Gran capa de piel

Es de fieltro con gran draperia 11lissé bajo la falda
y orlada de blonda en la misma. Faldalevantada,con
un gran broche del que par!e un hermoPo penacho
blanco que alterna con otro negro de avestruz.
Gnn nudo de terciopelo á la izquierda de la copa.
FIG. 8. - CUELLO LOBENGRIN.
Gran cuello en zebelina abierto sobre un plastrón
y detenido en la talla por dos colas de zebeliua.
FIG. 9. - J ACQ UETT Bl DE ESTACI ÓN~ DBlC,ANTERO
De corte militar: muy sencillo y muy 11evero, con
solapas vueltas en toda la extensión y fijadas por
ocho botones fantasía; cuello vuelto, con orla de motitas de 11eda que ae repite en los guarda puños.
FIG. 10,-CUELLO CYRANO.

Es en chantilla y se compone de un cuello Médices
y de dos reversos reunidos por un pliegue doble en
terciopelo mirto. Cascada ne blonda blanca encua-

NUESTROS GRABADOS.
FIG . !.-TOILETTE DE VISITA PARA SEÑORITA .

Es en Jiiel de seda gris incrustada de bordados en
terciopelo gris. guarnición en zibelina. El bolero es
en piel de seda unida. Está drapeado y cerrado de
lado sobr., una Pepecie de reverso aconchado en terciopelo negro. Manga fruncida. Sombrero tricornio
en fieltro neg ro .
F IG . 2,-JA QUETTE CASANDRA,

Es de cheviotte muy fino, con una gran aplicación
bordad11 . Solapas avolantad11s con igual aplicación y
gran cuello ornado de zibelina.

PARÁSITOS DBlL OLlVO,

F IG. 3 . - BOA FARNESIO.

El enemigo del olivo más temiblees una pequeña mosca llamada téc•
nicamente "Dacus o!ae." La hembra
tiene un aguijón parecido al de la
avis,p a, c11n la cual pica las aceituíias v deposita un huevo en la herida i;u~ hace en ella; del huevo nace
un gusanito (1arva) que devora todo el _fruflo, no dejando má s que la..

Se compone de un pequeño boa de pluma negra y
de una gran aplicación de muselina plissée orlada de
pluma, descendier:do en cascada hasta la parte baja
del talle.
FIG . 4.-J AQUETTE FANTASÍA,

Flg. 8-Coello Lohe ngrln

Elegante Jacquette !lastre en paño neutro con bordados estilo renacimiento. El cuello está hecho de
seis piezas y bordado interiormente.

Fig-.10- 0nello CyraRo

�nnmine-o Z7 de Noviembro de 1898.

EL MUNDO.

412

drando lo~ reversos. Nudo de corbata en terciopelo
con la misma blonda.
FIG. 11.-GRAN TOILETTE DE PASEO.
Es de piel de seda azul obscuro muy ceñid&amp;, con un
cuerpo blu11a cerrado caprichosamente á la izquierda
por una aplicación de marta que empalma con •d cuello. Cintura de piel cortada en puntas. Aplicación de
piel en la falda.
FIG. 12. · · J ACQUJ!lTTE DE INVIERNO.
Cortado en triánguloa con solapas doublée de Ra·
tin. Abiertas sobre una camisola de bBtista. U aa
aleta fijada por dos botones fantasla lo cierra en el
talle. Además de terciopelo en panilla en los faldones y en las mangas.

TOMO II

.MEXlCO, DICll!.l\IBRl!j 4 Dlfl 1898

•

NUMBRO 23

OPINION OE UN CAPITALISTA EN MEXICO,
Acerca del Seguro sobre la Vida en

"LA MUTUA" de Nueva York
México, Octubre 3 de 1898.

Sr. D. Dona.to de Cha.peaurouge,

Fig. 11- Gran toilette de paseo.

DIRECTOR GENERAL DE LA COMPAÑIA DE SEGUROS •LA MUTUA.•
l'resente.
Muy Señor mio:
Me nArmito ,i.cuRarlA recibo de los se~11ros por
8300,000.00 Trescientos mil pesos
que a.cabo de tom11r en la Compañía que u,ited repreH::nta en esta República, y obsequiando sus deseod ae
que exponga las razones ~ue he t mido para asegurarme en cantidad tan importante y para preferir t'l
tomarla á «LA MUTUA" á peRar de que mis frecue ,,tel!
viajes á Europa y Eatados Unidos me han dado toda
clal!e de oportunidad para tomar mi sPguro en cual quiera delas grandes Compañias del Muodo1 con gusto le manifiesto que en mi creencia el seguro sobre
la vida toma la forma de una protecciót11 no solo para
mi familia, sino también para mis bienes y negociod
Que tengo entre manos, los que no quedarán sin fondos con que seguir activándolos si les f ..ltade mi personal dirección.
Respecto á haber elegido "LA MUTUA,,, mi personal
conocimiento de sus inmensos recurl!OB, con los cualt1s cuenta para cumplir sus obligaciones, sus métodoa
de organización y los planea atractivos de seguros
que ofrece son tales, que á mi juicio no admite competencia.
En conclueión le manifi!isto que mi intención es aumentar el seguro sobre mi vida en esta Compañía
dentro de poco tiempo, y tendré mucho placer"º tratar con usted este asunto.
Soy de usted 11fmo. 'Y attn. 8. S.
F 1rmado.-C. Eis&lt;&gt;nmann.

Fig 12-Jacquette de i11vit'rno.

MOSLER, BOWEN &amp; COOK,
Cojas de fierro y acero,
Bóvedas y Cerraduras

de las afamadas patentes
JJUEBLES para OFIOI~T.AS,
DESP AOHOS

Y

RESIDENOI.AS

-~~AS

'
AMr1sEPr1cAs

01GEsr1~AS

har~.:.-

IL~º~Rpr. ~-~~~;.d:::E.;~

r

1

g. ""

acttva de los fermentos digestivos y losan•
tisépticos mas poderosos combinados en un!l for•
,ma nueva Y asociados con otras sustancias medlclnalea
Es el mejor remedio para la dispepsia, mala digestión estomacai
é Intestinal, para la diarrea, disenteria, enfermedades del Hfgado, gastraTgias. jaquecas Y en todos lo• casos en que la digestión es torpe y la nutrl•
ción lmptrfecta ó cuando hay Inflamación o infección del Aparato olgellhe O de
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CREMA

Ros101 '' AoELINA P1rr1."
Compuesta de austancias tóntcu y ■aludaltle
eTita las arrugas, refresca el ettl■ y conse"a 1
hermosura de la cara hasta la Tejez, comunica,
perfume delicioso y con au uso diario las 8etlora
tienen la seguridad de conservar siempre lu■ •
eanto1 de la ltellesa y la ~e,oura de la jUTeDta
Tanto en Europa come en .lm6rica, :a uan la
dama■ mu ariateeritiea■,
,

DI mn El

w IIO&amp;OERlll TPEIFIIIEllil.

UN ENTIERRO.
Cuadro de Walte1· Hanneniann

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1898, Tomo 2, No 22, Noviembre 27</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Los cautivos de Hanambougou</name>
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        <name>Nueva Iglesia Alemania</name>
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        <name>Tierra santa</name>
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                    <text>EL MUNDO

380

Domtngo 13 de Noviembre de 1898

j&gt;

Flg. 10.-Toqueta Fantasfa.

Fig. 11.-Sombrero Tourlsta.

Flg. 12.- T oca Mariposa.

TOMO 11

•

NUMERO 21

.MEXICO,~ OVIEMBRE 20 DE 1898

•

Illmo. Seftor Dr. Don Pedro Loza y Pardavé, Arzobispo de Guadalajara.
t

Fig. 13. Capa elegante.

Fig.14 -&lt;Jasac6n paradawa

Fig. 1~.-Cnpa para señorita.

el dfa 1~ del actual.

(Fot. de Luperclo.--Guadale.jara.}

�289

EL MUNDO

LASEMANA
La Iglesia Mexicana lamenta la muerte de uno
de los miembros más ilustres del clero, el lllmo.
Sr. Dr. Dn. Pedro Loza y Pardavé. Arzobispo de
Guadah1jar11, decano de los prelados de la República.
La sociedad jalisciense ha sentido hondo pesar
P.º~ la desapari~ión del octogenario prócer que
ngió más de trernta a:lios aquella Archidiócesi
presidiendo su energía y prudencia el movimien'.
tu de conoordia que armoniza 111. conciencia católica con el imperio definitivo de las iostituéiones liberales del país. Et Sr. Loza facilitó t-n su
gobierno eclesiástico el cumplimiento de las leyes del registro civil prescribiendo al clero la
obli'{ación de auxiliar á las autoridades en la legalización de los matrimonios é in:cripciones de
11acimiento.
Había sido el Sr. Loza un favorito del Arzobispo de la Garza; como él, suf,ió destierro y
confinamiento por su 11ctitud anti liberal en las
épocas de discordia política; pero cuando desapareció como partido de combate la agrupación
cltrical, comprendió el deber de someter su conducta de prelado católico á 11.1. ley imperante y fué
desde ese día un pastor de almlis.
Aceptó las exigencias del minis~erio sacerdotal en estos tiempos de Jibt-rtad v de conflictos confesionales: vió que la Iglesia, de la que
fué un príncipe, debíil apercibirse á la defensa
de su ~rimacía por medios mornles, ya ']\.l.e como
culto ltbre no contaba con el apoyo secular, yparll ganar las conciencias, emprendió el prelado
de Jalisco una obra de grande aliento: procuró
la instrucción d.-1 clero, organizó la propaganda
de la fé, moralizó con el ejemplo dt su vida pura y con su enseilanza y dió á las ceremonias el
esplendor antiguo, destruyendo los residuos mundanos que !1abía enalgu~sritos y el culto p11gano y fan&amp;.tico que rend1án los católicos á San
Jl'xpedito.
El mejor elogio que de él pudiera hacerse sería decir que fué su vida digna del gran Pontificado que dejará ála historia los nombres dcLeou
XIII, Lavigerie, Corrigan y Gibbons.

,..,

El Ministerio de Estado de Washington reclama la entrega del culpable, pues en los Estados
Unidos pretenden que la víctima del delito era
de nacionalidad nortel\mericana, aunque su nombrP. sea espafiol y mexicanos sus ascendientds.
Si esto es exacto no habrá más que 11cceder á
l1t demand11, ~• como en el caso no se discute el
derecho de México para retenerlo si se prob11ra
11\ nacionalidad mexicana del que fué víctima del
delito, el honor de nuestra diplomacia y las leye~ nacionoles no sufrirán menornabo.
Pero no lo creen así los Bayard0s del disloque
intelectual para quienes el pretexto mAs fútil es
ley que obliga á vomitar injurias contra el extr1111jero y mo1 i vo para escaramuus b~I icas que
i.fJrtun11damente no tienen consecuendas.

,..,

Ih h&gt;tbido huelga d~ algunos empleados de
tráfico, en el Ferrocllrríl del Valle.
Si en tocias partes difícil es que h11ya huelga
sin 11gitación más ó menos anárquica, 11quí no
se concebiría un hecho ele e,tos sin escandalifo.

Este diminutivo es del vocabulario nacional y
expresa con admirable precisión la naturalAza
impulsiva y pueril de nuestro pueblo y las proporciones raquític1.1s de esos arranques que en
otros países son graves amenazas al ordeu.
llay algo profundamente serio en l&gt;1. afirmación del operario en huelga: si el movimiento se
extiende, su actitud entra en juego para determinar importantes alter11ciones económicas.
En México la huelga es toda vfa. una de tantas
ocasiones para el motín anodino cuyas manift&gt;staciones m:1s graves son el si1bido soiz y la pedradli: una patrulla de gendarmes y media docena
de destituciones restablecen la tranquilidad y encard'lan la empresa amenazada.

,..,
El proceso iniciado contra el Doctor Abrego por
los trit&gt;unRles ~igue sus trámites y al mi~mu tiempo se le II bre 'Jtro juicio más severo ante la opinión pública.
La prensa honrada y seria ha dechrado contra los intereses puramente: personales del presunto reo que la sociedad no necesita pruebas legales para condenar á un hom hre culpa ble: sólo
respeta, ~ólo diacierne el mérito de la honorabilidAd al que no tiene manchas en su vida.
Y así debe ser. Si nada más hubiera la sanción
de las penas judiciales parn condenar el crimen
y la inmoralidad, túdos los malhechores que por
azaró po"ici~n privilegi11da escapan de las red.s
del Código, tendrían derecho á ocuper un puesto
al lado de los hombres intachables.
En buena hora que el acusador público se atenga A las constancias del proceso; la opinión prescinde de ello3 y basa su faJo en un criterio más
amplio: exige pruebas positivas de inculpabilidad.

Domln,ro 20 de Novlembro de 1898
vilizó con sus misioneros, explotó con sus comunidlides religiosas; no se resuelve á abandonar
aquellas fértiles tierras donde se agrupan pueblos y razas diferentes y donde ha ejercido dominio por más de tres siglos. Perdido su imperio colonial en este lado del Atlántico, aunque
algunos aconsejan é indican que no se halla en
la actualidad en Ju condiciones necesarias para
mantener su dominio á tan remota distancia de
la metrópoli; no quiere dejar caer los últimosflor0nes de su imperial corona, y pretende á toda
costa mantener allí su soberanía ó cuando menos
0btener la compensación indispensable por la
cesión que se le exije, ya que de ella no habló el
protocolo de Washington.
Y las discu~iones continúan, siguen sin descanso l11s interpretaciones del artículo tercero del famoso protocolo que se rt:fiere á Filipinas. Se busca el alcance. la significación que puedan tener
cada una de llls palabras de ese artículo, y frente
á las sesudas exposiciones de los representantes
esp~fi Jles, se alza Mr. Day en actitud severa, ein
dar la má,i míoimt sena: de transigir en cuanto
se refiere á los primeros deseos manifestados, ni
cejar un punto en cu mto se relaciona á su resolución final. Podrá discutirse la cantidad que se
dé como compensación; pero queda siempre invariable la solicitud primitiva de que Espa:lia ha
de abandonar por completo su soberanía secular
sobre todo el archipiélago.
En tal estado la cuestión, nada hay que la haga avanzar en el camino de su resolución. En vano se oye A lo lejos el rumor de negrns tormentas que amenazan deacargar sobre la Europa entera, con motivo de la cuestión filipina, que se
une, se entrelaza y se confunde con el gran problema del extremo Oriente; en vano alegan los
periódicos que de este asunto hablan, la circunstancia de que la aparición de los Estados Unidos
como un nuevo elemento en el problema, lejos de
/\clarar la situ11ción, la embrolla y agrega nuevos
obstáculos que en un momento dado, pueden oca•
sionar conflictos entre las grandes potencias en
él interesadas.
No hay necesidad de recordar que la indiferencia de Europa en el principio de la guerl'll ante las desdichas de Espa:lia, se encuentra en rI
mismo estado y nada hay que la impulse á tomar
11lgo más que resoluciones platónicas en favor del
~encido; no se descubre todavía nada que pueda
impulsar á las potencias á cercenar al vencedol'
el fruto de sus victorias. Cuando el imperio del
Mikado quiso cobrar de los hijos del cielo todo
lo que su ambición deseaba después de sus ruidoso_s triunfo~, Rusia apoyada por Francia y Alemllma marcóle un hasta aquí á sus desapoderados deseos; intervinieron aparentemente f'n fa.
vor del Ce'este Imperio, para después cobrar con
cr_eces su oficiosa intervención. La ocupación dP.
K1a~ Chao por los alemanes, el predominio de
Rusia sobre toda la M11nchuria, teniendo por base
el formidable é, ine~pugnable Puerto Arturo, y
el adelanto de Ji rancia en sus esferas de influencia sobre territorio chino, pueden relacion11rse
muy bien con aquello que parecía intervención
grlltuita y filantrópicas medidas para detemr Ja
espada tremenda de Yamagata sobre las huestes
despavoridas de China.

Como signo de los tiempos er. que vivimos de
conflicto de creencias, ruptura de la antigua ~uidlld teocrática y tolerancia social y respeto mut~o de las diversas confesiones religiosas, hemos
vi,to 111 ~mperador Guillermo, que pretende -,er
el Papa e_v~ngélico de Alemania, E freceF- al Papa
del Catolicismo, la casa de la Virgen en Jerusalem. Noble y generosa dádiva que León XIII
aceptó agradecido para los fieles del Imperio
Germánico.
Mas el regocijo que los católicos de Alemania
sienten al verse due:lios de ese lugar santo, pronto se trocará eh dolorosa decepción cuando sepan
lo que todos sabemos ya en Méxfoo, que la casa
Dlck
de la Virgen pertenece en exclusiva propiedad á
la Nación mexicana y que ni el Sultán pudo hacer con ella un obsequio al Emperador ni éste
ofrecerla 111 Papa cor. destino al culto de sus súbditos c,itólico-romanos.
Un aficionado á la paleontología histórica ha RESUMEN.-LAS CONFERENCIAS DE LA PAZ EN
Si ahora se notara algún movimiento entre las
descubierto que nuestro ex-preteuso soberano el
PARIS, - INFLEXIBILIDAD DE LOS AMERICANOS
potenci~s contin~ut11les para impedir que EstnArchiduque, adquirió para México la casa en 'reY RESISTENCIA DE LOS ESPAXOLES.-LA INTER·
dos Umdos recoJa hasta lo último la cosecha de
ferencia, por conducto de D. Leonardo .Márquez
VENCIÓN DE LAS POTENCIAS.-VANAS ESPERANsus triunfos, ¿no es natural creer que habrían de
quiec llevó á Siria instrucciones y poder bastan'.
ZAS. -LA CONDICIÓN DEL YE!o:CIDO.-LA EYA•
cobr~r tarde ó temprano el corretaje de su interte para hacer el contrato rei,pectivo.
CUACIÓN DE Ji,ASHODA.-JNGLATERRA .AGRESIVA.
ven_c1ón? De ot~o ~odo, saltarían luego los odios
Desgri1ciadamente no hay quien haya vi3to las
-APLAZAMIENTO DEL CONFi.,ICT0,-OBSOURlDAantiguos y las nvalidades nuevas se enc"'ndería
escrituras y losrepórters nada dicen sobre el desDES DE LA POLÍTICA.-FRANCIA Y ALEMANIA,el ~onflicto y acaso se formaran dos bandos en
empefio de la misión Márquez, respecto á la cual
¿HABR,Í. UN OAi\lBIOi'- CONCLUSIÓN,
u?iversal conflagración. Por eso otra vez hem 1s
difícilmentehandequedarhuellas en los archivos.
dic_ho que Europa permanect-rá en 'a actitud hieY es lástima que todo esto resulte falso y que
Después de mes y medio de conft&gt;rencias y dis- ráuca q_ue ha_ adoptado desde un principio ante
D. Leonardo guarde silencio.
.
cu:iiones, después de un11 serie no interrumpida el confücto hispano americano, y al fío Espatla
Magnífica sería la ocasión para una cruzada ... de not1.1s y memoranda, aún no lleganá un com- h_a_brA de ceder, á menos de ver renovarse las hosde remitidos.
pleto acuerdo los individuos de lll comisión mix- ~Jhd~des co_n el extranjero, en tanto que en su
ta internacion»l de París, y está toda vía lejos el mtenor se sienten las palpitaciones dokrosas de
día en que se firme el tratado de paz definitivo, un~ guerra civil, se escuchan las protestas de rt!~os aficionados ~ la_ alarma patriótica, á pro- apoyado en el proto~olo de W 11shington, para ha- b~hón de las provincias que pretende!! vida propó:nto de todo )'.' prmcipalmente de los yankees, cer cesar ese estado h.Démalo que hoy exüte enpia ante la ~olorosa situación porque atraviesa
encuemran motivos para entonar discursos con- tre la monarquía española y la Unión americana. la
metrópoh.
tra la conquista pacifica. y el buen een.tido, co- Otra vez vuelve á anunci~rse el peligi,o que hay
'l'ris-t~
es- ~onfeearlo, pero cuandu la condición
mentando el nuevo caso Cutting que se discute de que se interrumpan las negociaciones y de
de vencida !~pone á Espa:lia la unión más esireen los tribunales de Sonora.
que se retiren los comisarios espa:lioles, imposiUn norteamericano mató en territorio extran- bilitados de hacer prevalecer su voluntad ante la cha de sus h1Jos, cuando las heridas de ayer exijero á un compatriota nuestro y al ser aprehen- inflexible determinación de los americanos para g?n el esfuerzo _ma~comunado de todos para acudir A la reorgamzación del pllís, se escuchan Jas
dido en suelo mexicano, se le formó causa, de retener en poder suyo, el archipiélago filipino.
v~ces
de Barcelona y Ar~gón, de Navarra y de
a~uerdo con los preceptos de la legislación paRP.sístese todavía. Espatia á abandonar aquel Vizcaya, ~~e hablan de iutereses region11lts e n
tria.
territorio que conquistó con sus explorador~s, ci- contraposición con los intereses más sagr ,dos de

ll)olitica ®tntral.

-

Oomtngo 20 de Noviembre de 1R98
la nacionalidad. Se pronuncia de nuavo la pala
bra carlista y se escuchan á lo lejos los rugidos
de la fiera y se adivina con terror el resplandor
siniestro de 111 guerra civil.
Tengamos fe en que la vitalidad del pueblo espafiol, capaz de los más grandes sacrificios y de
supremos esfuerzos, Jo~e conjurar la tormenta
que se cierne sobre su hermoso cielo.

***
Ya es un hecho que Francia, no queriendo
comprometerd"' en una guerra extranjera con
la Gran Bretafüt, abandonó las conquistas de
'Marchand, hizo a un laelo sus aspiraciones sobre
el Nilo Superior, dejó sus pretensiones sobre
Bahr-el Gaza! y se retiró de Fnshoda, dejando
para ocasióu más propicia ht solución de la cuestión egipcia. E,, un hecho también que, e11greída
Inglaterrll con su ruidosa victoria sobre los dervi~es, primtro, enorgullecida cou las glorias de
Kitchener, á quien ensalsa como A uno de los primeros capitanes del siglo, yufanada después cQn
su triunfo d1plowáticu 1 digno de not1.1rse más,
después de la i.er1e de descalabros que ha sufrido desde que agotó la politica del espléndido
ai~lamiento, ha lleg-ado hasta olvid..r las queparecían promesas cuando se trataba la cuestión
de Fashoda eutre losgabinetes de Londres y
P11ris.
Sin existir ya el motivo de la disputa, habiendo desaparecido la causa del coJJfllcto, no se han
suspend1dr. tsin emblirgo los bélicos 11prest ,s. Ha
seguido sin dcscauso bl movimiento y la actividad extraordiuarios en los arsenales y factorías;
y desafiando al porvenir, declara por boca de
Mr. Ch:Lmberlain, el más punzante de los ministros cte la corona, que 1.11 retirarse de Fashoda,
Francia h,1 abandonado cuautos derechos creía
tener sobre el va.l.:l del Nilo, y no debP esper1.1r compensacióu alguna, ni por cuznta de las
conqu stas de Marchand, ni á virtud de su proceder correcto en la secuela de las negociac10nes. A eSbS declaraciones un tanto agresivlls del
Ministro Chamuerlain, agrégase el recuerdo que
hace de deudas antiguas y rencores viejos, júntase 111 alus'.ón á quince ailos de pequetlos alfilerazos inferidos por Francia contra Ja sober11,nía
del Imperio colonial inglés. Y cuando á estas mauifestaciones cbauvinistlls del Ministro de labColonias se asocian las declaracionets del mismo
género de los Rosevery y Hicks Beach, se comprenderá el estado general ele los ánimos en la
República Francesa.
Un periódico que recibe inspiraciones directas
de la Secretaria de Relaciones en el Gabinete francés, dice que esa 11ctitud puede inftu1r de tal modo en la política fra11cesa, que hagacarubiarderumbo la dirección dela política internacional de Europa, y establezca de otro modo el equilibrio inestablt:l en que se sostienen las poteucias. Ya otra
vez y con este mismo moti\-O, un periódicoquese
decía bien i11spir1.1do, apunt1.1 ba la posibilidad en
que se encontraba Francia de dirigir,se álnglaterra para saldar sus viejas cuentas con Alemania,
ó de acercarse á Alemania para stisfl.lcer sus dificultades con Inglaterra.
Por más extraordinario que parezca éste último
supuesto, todo es posible. Difíeilisimo es penetra:·
eutre las somt&gt;ras que envuelven los secretos ele
los Gabinetes. ¿Quién puede asegurarnos que la
aliarza franc:&gt;--rusa no orillará a1guna vez á la
República frances11, por estos nuevos rumbos?
Y sin embargo, el mismo juego que Stl presenta
delante de Francia, la misma disyuntiva que se ofrece á la nación que se ha enardecido á la sola idea
de la revancha, preséntase también ante el Imperio germl\co; por mucho tiempo se la ha visto vacilar entre 1.. s contemporizaciones con Rusia y los
halagos á Inglaterra; entre una entente con San
Petersburgo y una aproximación hacia Londres.
No ha mucho tiempo, el Transv11al er11 el fantasma que se alzaba entre la reina Victoria y suaugusto nieto; ahora se habla de un conveniosecreto para arraucar á Portugal la bahía de Delagoa
que se cede á la Gran Breta:lia, compens~ndose
Alemania con cierta extensión de sus dominios en
e1Afric'1 oriental. Ayer era la oposición de Berlín
á los deseos del Czar para el arreglo de la cuestión balcánica,y después viene su acuerdo en el
extremo Oriente, y la adquiesencia de Rusia á
que Alemania adquiera territorios en el Golfo de
Petchilí.
¿X o son estos hechos contradictorios, suficientes á apoyar nuestras presunciones? ¿No hablan
por sí mismo con reveladora elocuencia d e los
cambios continuos de las faces inagotabl68 por-

383

EL MUNDO
que atraviesan las grandes naciones siempre siguiendo su rumbo de engrandecimiento sin importarles nada los compromisos de ayer y las promesas de maf!ana?
Entre tanto, hay que esperar la marcha de los
acontecimientos para poder definir, cun certi·
dumbre, cuáles son los nuevos rumbos de esa incomprensible política europea.

X.X.X.
17 de Noviembre de 1898.

El Illmo. sr. Arzobispo de Gnadalzjara.
El 18 de Enero de 1815, y en jurisdicción de laparroquia de S1m Pablo. &lt;le la ciudad de México,nació el
Sr D. Pedro Loza y Pard,w é.
Sus edtudios dti Facultad J.fe11or los hizo en el Seminario de la ciudad, hh b1eudo 11u. tentado lucidos actos
públicod, que realmente fueron verdad1:1ros torneossot&gt;re Filosof1a, Literatura, Cienci11s l!:xact&amp;l!, Flsica, Materias de Uerecho y de l:iagrala1'eologia;enresumen:
brillantibima fué su carre, "• y llamó la atención de sus
maestros desde el curRo de 1,. ti nidad, que hizo bajo lll
dirección oe1 Sr. Cura Garza, 11abio y experto Profosor
de aquel Sem•nario
Eu 1!l dtl Marzo de 18':S8, recibió las sagradas órde-•
nea d1:11 P ..esbiterado, rtlvietiendo acto tan severo toda
la solemne ritulilidad prescripta por la Igltsia Católica.
l!:n ~2 de Agosto de 1852, fué consagrado ObiEpo de
Sonora y de ::Sinalca, c1:1leb1 ándose Ja solPmnidi.u, con
toda ¡,ompa en 111éxico, de donde pasó á Vuli1.1cán á
hacer~e ci.1 go de su Diócesis.
l!:n Jumo lle H:61:i. fué precc,nlzado Arzohi•po de
Gnad,11l1jar~. á doude llegó en Ft1brero de 1869 (miércoles de cemza). por la tardP, eo medio de la11 acllimaciuue11 rua., Mi,ceras y expontaneas, de los habit11ntes
de esa ciudad
S,ñal;,do el dla de la torna de pose•ión. y Pstando ya
alh d lllmo. S ñor Diez úti S0111,uo, Ot&gt;i~po de León,
11,te !'1 elado con Ju eolewuidaded aco..tumbradac
impuso el 1-'ulio al Sr. Loza.
'
La ded1cac1011 qut, el Sr Loza tuvo en 11u importante IUiu1sttlrio, bU11 r ..petida11 vic,ita11 á los curatos, la
frecu~.ute t xpeóicióu de cartas pastorales para l&amp;. instrucc1on de 11us d1ocesano11, su cooperación par.. el
culto de mucbod teIUplos de la ciudad v para la cons·
trucción citi var1011 que se han levirntado dent:o y fue
ra de ella; sus desvtllos porque el clero estuviese siempre 11obre el estudio y por Último, su prudeuc1a para
diri;;lr lo~ negocios, su modebtla, rn trato llfable y
demas virtudt'S privada11, Jt, granj~aron un cadño Eincero y la consideración mas profuuda de todas las
clases sociales y aúu de las auttridades del orden civil que siempre v1erun en el prelado sumioióu á las
:eye11 y dispociciooes vig1:1utes.
Comentadas favorablemente fueron las imtrucciones que el prelado hizo á todos los curas dtl la ArchidióCtlFis, prtlviniéndoles que ayud11ran á las autoridades en la práctica dtil Regi,;tro Civi!, no autoriz1mdo n!ugún acto, como maHimonios ó bautizos, hasta
que se hubiera cumplido aquel requi,ito.
Dictó buenas di11posicioues para qu1:1 se fundasen
escudas primarias en todas las fiJigri:sias de su 11rchidiócesi11.
Fundó en 1879 el magnifico plantel para enseñanza
superior con el nomorn de «Liceo Católico• sostt'mdo
cou donativos pa1 ticularea, dotándole de maguificos
catedrático,¡.
Fundó también la AeadPmla Pontificia en subEtitución del antiguo C,au,tro de Uoctore11, y esa Acade
mía fué muy respetada.
l!:_n el Cabildo de Gu~dalajara las canongias no se
obtienen por gracia.
Alli, cuando hay una canongla vac nte, los aspi·
rantt!B, que han de ser Doctores, bien en cAnones ó
en teología., se sujetan á oposición rigurosa.
Las cuatro canongias de oposición sou las de Magi~tral, Peuitenciario, Doctoral v Lectora).
Los actos sou públlcos y se efactúan en la Catedral
con asistl'ncia dt,l Cuerpo de Doctores de la Academia Pontificia.
El Sr. LozA, siempre que lo permitlan sus Pnfermedadcs, pre.idla el certamen, haciendo jubtlcia con
i,u voto.
Además de l11s canongias de oposición y las dignidae1e~ dti aqutll cabildo que son cinco. Dean. Arcediano, Chantrt1, Maestrescuela y Tesorero hav cuatro
prebt,1,d11s que el Sr. Loza. de acuerdo con los capitulares, proveyó eu 11u tit-mpo cou i,cJesiásticos muy
amentadoa por ,m11 virtudes y por su saber, aquilatlindo los servicios que ll1.1bian pre11tado en el cumplimiento de su misión.
Por e.;tO es que el clero de Guadalajara ha llegado á
tener gn n ::espetabilidad.
Al Sr Loza se debe el e,;tablecimlento de la filosofia Tomlstica.
En cuestiones del culto fué muy enérgico y justificado.
Pnhlbió en forma terminante la veneración de San
Expedito, que creta nociva y- reprimió otros males,
con mano enérgic •.
A la sombra del Sr. Loza se formaron varios hombres notables del clero, entre ellos el actu'll Arzobispo de Monterrey, D. Francisco Melitón Vargas que
fué Obi~po de Pueb1a y los Obispos actuales de Querétaro, de Colima y de Tepic.
Hace poco tiempo, cuando sus males se acentuaron
en sumo grado, obtuvo permiso para celebrar la misa en su oratorio particular y sentado. Esto último sólo puede hacerlo el Papa.

El Sr Loza celebró eu jubileo sacerdotal el 19 de
Mayo de 1888.
Era el decano de los prelados mexicanos.
Las últimlis palabras que pronunció el señor Loza
fueron: "Dios mio, te doy las gracias por todos tus ben1&gt;ficios" y luego. dirlglendose al Padre Romo, 11u fa•
miliar, que se hallaba cerca, Je ordenó le cambiase
de postura para ver Fi así se sentla menos mal.
Inmediatamente, después que aceció la defunción,
se reunió el cabildo, que en casos como e~te, obra como si aún estuviero vivo el pastor, pues no se reputa
la S ,de vacante hasta que et cuerpo ha sido enterrado. Dióse cuenta del funesto acontecimiento al Visitador apó~tolico, á los Obispos sufragáneos, A algunos
ausentes y A per;¡onas prominentes ,1e la ciudad.
Los seminaristas, cubierto• con manto y beca (arrastrando ésta en señal de duelo) empezaron ,1, hacer guardia al pié del ca&lt;iáver.
Desáe las diez y treinta minutos de la noche empe
zaron á darse en todas las iglesias de la ciudad 1as
campanadas llamadas de vacante y continuando cada cuarto de hora durante el dla 16
El tiem¡,o que t'l Sr . Loza duró al frente de los negocic,s eclesiásticos de Archidiócesis fué de treinta
años, pues fué tran11ladado de la Diócesis de 8onora
en principios de 1868
E ➔ el prt-lado que por más tiempo ha SPrvidn la silla jalisciense, Pxcediendo aún al benemérito Obispo
Cabatias, que sólo duró veintiocho años.

La Iglesia del Santo Sepulcro
EN JERUe.A.LEM

El año de 7 la ciudad Santa fué tomada y destruida por Tito; pero los judioslareconstruyeron en parte
v vivieron en ella. con los crietianos hasta el afio de
l3t
Habiéndose insurreccionado dos veces contra el
Imperio los Judios, Adriano los expulsó y arrasó de
,,uevo su capital. Tres años después fu{I reconetruida J eruealem y bautizada con el nombre de Aelia Capitolin11; los Jugares santos se consagraron al culto
del paganismo Júpiter fué adorado en el Sepulcro de
Jesucri•to, y Venm1 ec el Calvitrio.
En 1127, EleU1,, madre del Emperador Constantino,
visitó Jerul!alem, emprelldió excavaciones de investigación. y según las tr.dic'ones encontró la Cruz en
que murió Jesucristo.
A ella se debe la c,,nstrucción de la Iglesia del Santo Sepulcro bajo la que se abrigan el lugJr de pasión
y la cripta en que fué enterrado el cuerp·o del Salvador.
El Santo sepulcro no se pal'ece actualmente al edificio primitivo; de éste sólo quedan los muros inferlore11 del áb,ide: 11n el centro eRtá la gruta donde según
la tradición fué enterr&gt;1do Jesús. El primer templo,
que comprendía un hemiciclo con pórtico y una basllica, fué completamente dPPtruido por Cosroes II, reJ
de los persas, el Hño de 614.
Poco tiempo después, Modesto, superier del convento de Teodosia emprendió la. reparación de este
edificio, ay:.;.dado por el Patriarca de Alejandría, convirtiéndose entonces el hemiciclo de Conetautino en
una especie de rotonda. !Jurante los siglos XI y XII
se emprendieron obr~s considerables en el santuario
de la cri.tiandad: los cruzados le añadinon un Abside y una nave y repararon la capllla con~trnida en
et siglo VII, bajo la cual se halla la cisterna en don•
de EJeua descubrió el madero de 111 Santa Cruz.
La r&lt;Jto11da es la parte mas importante de l11s construccionP.R bechlls durantA el sil('IO XI y que se atribuyen á Maria, madre de Hakem: cubrla e~a rotonda
uu cono truncado, de cedro, µor cuya abertura superior penetraban el 1aire y la luz.
E, aire de Caumont desr•ribe as! la Ig-lePia del Santo
Sepulcro en su viaje de Ultrarnar del año 1418; "Es
muy grande y bella y está con~truida de una Ulllnera
extraña; tiene un he1 moso y alto camp11nario de piedra, pero no hay n; una sola campana porqae los sarracenos no lo permiten" ...... c.sLe camp11nario fué
obra de los cruzados y todavía existen los cuerpos
inferiores
Con relación al suP.lo de la colina, el interior forma
realmente una 11specie de cripta, en medio de la cual
está la roca que contenta el sepulcro de Cristo. Se
ha excavado alrededor dejando el bloque de piedra
como un testigo, dice V o Jet le-Duc, De este modo ee
puede circular en la grutol vennada.
Durante la edad media, se construyeron algunos
edificloR religiosos segun el modelo del Sa11to Sepulcro: la Iglesia de San Be,nig-no de D1jon, de 1011 primeros años de1 siglo XI. la Neuvy Saint Sepulcre, fundada en 045 en las pncec,iones &lt;le un señor que babia
h.icho una pereg~ioación á la ti11rra Santa. E11ta Iglesia fué muy veuerada, y en 12¡')7 el Cardenal de Chateauroux envió al capitulo dti Neuvy un fragmento
de la tumba de Jesucristo y algunas gotas de 11u .angre: se colocaron estas reliquias en la rotonda construida á imitación de la de Jerusalem .. . .. .
Hay otras muchas imitaci11nes por el estilo que aún
permanecen en pié: el edículo de la sala capitular t1Al
claustro de Constanza y capillas de los te.mplarioi
como las de flfotz y Laon.
Et respeto por el Santo Sepulcro y por los demás
lugares consagrados en los misterios cristianos es
general en todlls las confesiones y si los occidentales
han emprendido en todo tiempo perl'grin•ciooes religiosad y guerras seculares contra los sarracenos pa ,
ra restaurar la tumba de Jesucristo, es de observarse como fenómeuo curio110 la actitud de los musulmanes.
No han destruido el santuario y aún en las épocas
en que vejaban á los cristianoa peregririos, su fero-

�EL MUNDO

Domingo 00 de Noviembre d" 1 ~

Domin,ro 20 de Noviembre de t89R

ddad no llegó hasta profanar aquel lugar de universal venAración.
"Sin los turcos. dice un autor católico, este sepulcro
que se han disputado loe griegos y los católicos y las
'innumArables ramificaciones de la idea cristiana, hubiera sido ya cit&gt;n veces un objeto de lucha entre esas
eumuniones rencorosas y rivales; hubiera ido puando exclusivamente ne una ¡otra y sin duda habda

EL MUNDO
P] único pueblo tolerante. Prel!'úntense de buena fe
los cristianos qué hubieran hecho si los azares de la
¡;?UPtra hubieran hecho caer bajo su &lt;1omlnlo la Meca:
¿d• jarlan á los turcos acudir de toda~ partes á venerar f'n paz los monumentos conservados del islamismoi'......

•*•

En su estado actual, la iglesia de! santo sepulcro,

38.)

mundo. Alli se elAva el edículo del Santo Sepulcro, reconstruido A principios del siglo por un arqui~ecto
europeo. Mide ij metros de longitud por 5 y medio de
altura y desaparecP b~jo los ex voto. lámparas,•va@os
é imágenes qu11 cubren su arquitectura. ~ntre los J)~·
Ja:-eR d11l cluuito s11 ahr1m profundas cap11las, ' df'st1•
nadas á los divereos misteri~s de la pasión de Cristo;

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JERlTSA.LEl'tl.-La Iglesfa del Santo Sepulcro, Rotonda Central

1&gt;ido inaccesible á los enemigos de la comunión triun•
tante"
•'La supuesta intolerancia brutal de que acusan .á
los turco11, no se manifiesta má11 que con la toler11nc1a
y el rePp.,to á todo lo que Vt'nera,n los otroR _hombres
"Siem¡&gt;re que el musulmán vé la 1~ea . de Dios 011 el
penslimieuto de sus ~ermanoe, se mchna re@pet~oso:
-cree que la idea santifica la forma y es, en realidad,

con PU mole bizantina y su decorado griego, gótico y
arábigo y hasta con las dePgarraduras que marcan
las hu~llas del tiempo y de la barbarie, no causa la
impresión de u11a idea mal f'Xpresada, de un gran recu11rdo profanado:alcontrario todos encuentran en el
exterior la que esperaban ver.
Al fin del vestíbulo está la ancha cúpula, cuyo cen•
tro dicen las tradiciones locales, ·que es el centro del

todas encie.ran teatimonios de las escenas de la Reden ción.
El monumento principal está dividido en dos santuarios: en t'l primero Re halla la piedra sobre la cual
estaban sentadcs los ángrlee cuando dijeron á h,s pill.d11sa~ mujeres que busc11ban á Jesucristo. 11 Ya no está
aqui. ha re~ucitado; el s,gundo santuario encierra ..¡
sepulcro, cubierto de una especie de SHcófago de

�Domingo 20 de Noviembre

-

"11

1~ 1R

EL MUNDO

Domingo 20 de Noviembre de 1898.

•

'

386

La atención d111011 puPblo11 llevada asl a J«&gt;rnPalem,
ha despertado t•l &lt;'bt,1111110 de m1weroto11 foLóg,·afu11 ·
que se han dl'dicado a L0Ular vistas novlslmas de los
8antos Lugares y hoy podemoR • frecer á nuestr, s
lectores las últimas que se han hecho.
Una de ell11s r .. presenta el puHto de Jaffa visto
desde el m11r Jaffa es el puerto de J ·rus»lem y en él
desembarcan la m11yor ¡;¡arte de lo¡¡ turistas que vi11itan año por •ño y a mill'lires la ciudad tle Sion.
Entrase á Jnu11alem por la putlrta de Jaffa, llamada aei por desembocar al camino que A esta población conduce Dicha pu,•rta forma parte de los viejos
muros de Jerusal.. m. hoy casi derruido~, que nueb·
tros lectores podra.n ver en el correspolldiente gra•
bado.
La otra fotografía r1&gt;presenta la Torre de David,
de viejo abolengo bíblico.
Si estas ruinas acusan altamente, abandono y deei-

día, hállase grata compensación en d cuidado y lujo
que las diversas confesiones cristianas han desplegado en otros lugares que evocan muy directamente la
vida de Cristo, sobre todo, en la iglesia del Santo Se•
pulcro .
Esta, en lo exterior, no presenta un aepecto gran•
dioso ni es obra genuina de ninguno de eso~ cláeicos
estilos arquitecturales que arrancan admiración y
respeto. Ee mas bie:: un compuesto de numerosas capillas de diHintos tamaños &lt;¡ue están de tal suerte
agrupadas que no es posible distinguir ni apreciar la
construcción principal, y apenas se advierte el portal
de la fachada y la cúpula que lo corona.
No se nota que está sobre una roe~, por la extraordinaria abundancia de las construcciones más heterogéneas que la rodean, y sólo si se quiere llegar hasta el lugar en que fué encontrada la cru:i;, se comprende, por el cansancio que se experimenta, que sin

387
advertirlo, se ha ascendido á. una regular altura. El
Gólgota está cubierto por dos capillas baj~s, de la
que una encierra el agujero de la roca. en que se dice
estuvo clavada. la cruz, y que hoy l'~tá PXornado de
nobles metales. La otrl\ capilla señala el jugar e~ que
Jesucristo fuéenclav.. do enla cruz. En embae capillas,
como en casi todas las dependendenc•as dt1l Santo
Sepulcro, el oro y la plata se ostentan con inaudita
munl ficencia .
Estas dependencias se encuentran en poder de loe
diver.-os cleros cristianos y estén escrupulosamente
repartidaR y garantizadaR por un destacamento de
soldados turcos que cuida de que los respectivos derecho11 sean respetados.
CercR del Santo Sepulcro se encuentra el catholikon,
la fastuosa eatedral griega. el! la cual, según una
leyenda muy antigua, debe encontrarse el centro del
mundo.

f\S05NSION f\l, IXTf\OIHUf\TL.
t1l
....

(FOTOCRAFIAS DE ORDOÑEZ Y BOESE.)

&lt;

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~

Entre nosotro~ es poco cultivado el alpinismo y des•
con.icemos qui:i;á fa pasión que en .1!.Uropa tienen Jo.;
amateurs pcr ese ~port que día á día cobra mayor ví-

p.

gnr.

(l)

U na excursión á las grandes montañas de nuestro
pai11 es caai un suceso y las pocas de que tenemos no•

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pre.sentaba difi.cil por lo penosa
y, sin embargo faé llevada á ca-

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El Ixtacihuatl visto desde Amecameca.

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tlcia las han realizado Axcnrsionistas extranjt¡ros.
Los dias l.º y l:ldel corri ..nte fueron d~d•C"ados por los
señores D Ezequiel Ordóñ11z y D. E Bo;e pua emprender una ascensión al Ixtacihu~•• La tarea se:

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Ixtacihuatl.-" La Panza."

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Los Sres. Ord6ñez y Boe1,1e en el Umite de las nieves
perpetuas.

bo con todo éxito.
Desde que Mr. White House,
Attaché de la legación inglesa en
México, y un al11mán ascendieron, hace ocho años hasta el crá·
ter del hermoso volcán, no ha·
bíase registrado una nueva y forma\ ascensión como la que practicaron los ,c1&lt;&gt;ñoree Ordóñez y
Bose. Ocho horas emplearon estos caballeros para llegar á la
altura de cinco mil doscientos
och«&gt;nta metros que tiene el Ixtlacihuatl, y hora y cuarto solamente 1.1ara efectuar el descenso.
El camino escogido fue la super•
ficie ondulada comprendida entre "La Panza" y un picacho in•
mediato á "Los Pies" del Ixtacihuatl ó sea 1a partA superior del
ventisquero que llaman Ayolo•
cotl.
Siguió «&gt;l ascenso; desp-:!és de
recorrer 600 metros en fuerte pendiente, 1011 excursionistas atravesaron ti Canchal que está al
S ,,r del citado ventisquero. Las
precauciones para salvar ll&gt;s numerosas grietas cubiertas de nieve se multiplican: los planos in•
clinados de la montaña se presentan füos y también cubiertos
de nieve haciendo más penoso el
as&lt;.'enso; se forman escahmes entre el hido y se ~igue en cumbraodo. A cierta altura se percibe
un olor desagradablequepersis•
te h11staarribar al port,zuelo que
nne "La Panza" á 11Lo1LPié.s" de
la hermosa nevada á Mole. Desde aquí pueden admirarPe las
bellezas de los Valles de México
y Puebla. aquél al Oeste y - al
OriPnte el segundo, cuyo hori-i
zoute e•tá limitado por un cerco
de montañas entre las que--se
destaca la nevada cúspide del Pico de Orizaba; r or el lado deMé· '
xico la Yista se detiene en la cordillera de montañas y allá á lo lejos la serraPia de Las Cruces y el

Ixtacihuatl.-"La Cabeza" y Ventisquero
de A.yolotepito.
Nevado de Toluca.¡Precioeo é imponente espectáJulo
de )a Naturale:i;a!
· Sólo llna voluntad firme y el deliberado propósito
de no retreceder pueden salvar loa obstaculos mat~rlales de qne está sembrada la peligrosa ruta que '.le•
va ·a la cumbre.
"La Pllnza" del lxtacihuatl es la parte culminante
de la montaña y se componA de tres cimas poco salientes que se elevan algunos metros e9br11 una superficie casi plana y cubierta de nieve. Los~eólogos
señorea Ordóñez v Bose contemplaron defde ahl el
panorama de los Valles y cordilleras que se perdían
en el espacio que dominaban; habian 1ogrado llegar

�•

&amp;:8

1!.:L MUNDO

Domingo 20 &lt;te NovlAmhr11 de t'IAA.

---"==========================~~;;,;;;;,;;~============-==========~===========--

M6XIOO MOD6RNO.
FOT03RAFIAS DIRECTAS PARA •FL MUNDO.•

Ixtacihuatl.- Venth1q11ero de "Ayolocotl"
6 ..Porfirio Dfaz"

4 la meta á donde pocos, uno solo quizá
han arribado.
El descenso fné más rápido, como queda indicado;
los excur~ioui111a11 blljarou algunas rampas sentados
sobre la I ieve, 11irviéudose dt1 l•·s grui,sos ba~tone11 á
guiña dt1 timón; vislturon además. loR v, otiRquers de
las moLtañas y estudiaron la~ fald11s occiáttntales.
Nuestros grabados dan una id ..a drl vl'ntisqu11ro
de Ayolocotl ó Porfirio Diaz de "La P&gt;tnza" dl'I Pico
rle medio diadela miPma "Pauza," de la "Cab,.za .V de el
Ventisquero de n.yolotepito. LOri trajes que usaron los
exploradores son de lana gruesa y mttliias scbre el
pantalón: "'º llis ropas interiores se aplicaron otros
ab1igo11 también de l•na.
11in novl'dad

Muchos hom~res ha habido para guienes ~l. caballo
llegó á ser un 1ostruMento sin voluntad nt 10-tioto
def que se sirvieron para hacer lo que b11eoameut~
lee vt1nla á las mient~s. Fácil es comprender cuil.11ta
constancia y cuáot11. nngre fria dt1bieroo emple11r
para obtener un dominio tan completo bobre el bruto.
U no dt1 los hombres que más se dedicaron al ~ulti vo
de la equitación en sus más audaces maoifostacion,.s,
ha eirlo el general de cab-t!leria dd ejército alemán,
von Rl)senb11rg. ex-coronel del célebre regimil'nto ae
húsares de Z.-1iten, y que hoy vive "n Ratltenow, reti•
rado del servicio á causa de su avaodlsima edad.

Uasa del Sr. Ingeniero Don Alberto Best, en la P calle de Viena.

• Ioici11mos hoy la publicación de una serie dA vlstlls
tomadas por nuestros fotógr .. fl's y qni, senirán para dar á. conocer un aspecto iott1resante de los progresos materialt1s realizados últimamtinte en esta capital.
C_ontrastando con.el caracter sevno y triste de las
antiguas construcc1onet1, las de los ba.rrioij nuevos
preseota.n toda l&gt;t. v&gt;1riedad y el cosmopolitismo de
las ciudades modernas.
. . E~ta variedad de las nuevae fincas nos se, virá prec1s!lmente para dar. á esta sección uu interés que
umdo á su 1mportaoc1a como dato instructivo, hace
más grata la tarea de presentar á nuestros lectores 111
colección del "Mt3xico ModAroo."
La Casa del Sr. Salcido fué edificada l'n un año Pijcaso, ut:Jizáodose en ella los mejores materiales de

coostruc!lóo y ornato. Los techos son de acero imitando estuco y las puertas y ventanas dd roble i,m-erlcauo dt1lic&gt;tdameute tallado por operarios del pala.
L'l casa del st:ñ &gt;r Iogeuiero Don Alberto Best fué
provecti&amp;da por t1I mi~m &gt; si,ñor que es como se sabe
uuo 1ti. 1011 arq u,tectot1 má, competentes y de uu gueto
exquuno. Tvda11 las obrlis del señor Beet le hao valido grandes y muy j lBtos elogios,
La casa á q utt se rAfitreo estas lineas es de estilo
fraocé~, la dbtribución de los departamentos correspondt1 á la8 exigeocia8 dt1! gusto y del moderno comfort Y su de\!on,d,&gt;t10 á la vt:z que sobrio elegaotisiruo. Et extnior t1e11e detalles de ornamentación de
una_befl&lt;lza dt11icatlídima que realzan el magnifico
COOJUnto.

Casa del Sr. Don Rafael Salcldo, en la Glorieta ele Cuauh temo(\

---------------- -------------..

.P~NSAMIENTOiiw.
Un rPporter: bicicleta de carne y hueso que corre
el record de la información.
Delaforest.
• El juego concilia e1 instinto de pereza y la co
dicia.
Doumic.
Hay siempre algo de historia en la leyenda y mucho de leyenda en la historia.
lValtour.
r

d 8il'mprn deh~moR tenPr en \!U~nta la opinión de los
emás, sobre toao cuando es uec1a.
Delpit
h E~clavos dPl 11mueño, mlramoR l'onR.aut .. m1-mte el
q~~~:~te, e~perando que llegue algo quti uo ~abt1mos
Todo es historia, aun las novelas.

de Yogile.
Jorje Sand.

EL MUNDO.

mandado á los mugiks A
podar los árboles. Cuando llegó la hora de la comida, deliberaron.
-¿Cón::.o vivir ahora?
se decían. Nos va á agotar hasta lo último. Ya
estamos cansados, y no
ha:v reposo ni de noche
ni de día para nosotros ni
para nuestras mujeres; y
cuando no queda satisfecho. allá v.a el látigo. Simeón murió á latigazos,
Amissin en el tormento. ¿Qué esperamos nosotros? Esta tarde va á venir y se dará gusto en
nuestras espaldas como
de costumbre. Con que lo
derribemos del ca bailo y
le demos un buen hachazo es suficiente. Luego lo
enterraremos como á un
perro, y el agua correrá
por encima .... sólo que
cuid11do, mucbo cuidado
y nada de defecciones.
Así hablaba Wassili Minaevqueera el más encarnizado de todos contra el gerente, porque se
le azotaba todas las semanas y le habían quitado
Re os ha dicho siempr,: • OJo por
oJo y diente por diente," y yo os di·, á su mujer para llevar a de cocinera A la ci1sa. de
go: "Suirld sin oponer resistencia.',
su amo.
S&lt;nJfa/BJ,
Los mugiks estuvieron hablando, hasta que queEn aquellos tiempos, hRbía seff.ores de diversos
dó cortada la plática por la llegada del gerente.
sectimientos; unos 1enían presente que algún día·
babían de morir y que existe Dios y que no ha- Apareció á ca bailo y riiió á lo~ obreros porque no
bían de hacer m11l á los demás hombres, pero otros podaban los árboles como á él le agradaba. Luego, entre el montón de ramas cortadas, descubrió
eran despiadRdos é inhumanos. íDios sea con un tilo peque:llo.
ellos misericordioso! Pero lo que habí¡¡ de peor
-Yo no he mandado que se corten los tilos,
entre loe peores, era los que primeramente
dijo.
¿Quién ha hecho ésto? Confiesen, ó hago
fueron siervos, y que salidos del lodo, se llegaazotar A todo el mundo.
ban á convertir en amos por una circunstancia
Inmediatamente ee puso á buscar la hilera de
-cualquiera. Esos eran sobre todo los que hacían
tilos
en quefilltab!L el cortado, y mientras lo hacia
dura la vida de los pobres .....
le denunciaron á Sidov. El gerente le dió de la·
tigazos en la cara hasta baff.arlo en SRngre. Otro
*
* gerenteá quien lla- tanto hizo cJn Wassili bajo el pretexto de que su
En un seff.orío, había*cierto
maban Mikhai:1 Simenovitch. Los campesinos tra- montón no era bastante grande, y se fué.
En la noche los campesíno3 se reunieron otra
bajaban en las tierras, que eran fértiles y extensas: corrientes de agua, praderas, selvas ... . ha- vez y Wassili habló de nuevo.
-Bueno; pues ustedes no son hombres sino go
bría habido bastante para todos, para el seff.or y
para los mugiks; pero el propietario puso un ge- rriones. Ya íbamos á despacharlo, y llegado el
rente, encargado ó capataz, esc0gido entre los do- momento, ni quien se moviera despuéi de tanta
charla. Es como cuando los gorriones conspiran
mésticos de otra de sus propiedadts.
Desde que llegó este sujeto, acaparó toda la au- contra el gavilán, llenan con sus cantos el aire y
toridad y pesó con todo su peso sobre las espal- al venir él escoge al gorrión que le gusta y se lo
das de los pobres mugiks. Tenía familia: su mu- lleva. E,e hombre, e3 hombre de C11.rne como tojer y dos hijas á las cuales había ca11ado, y dos ustedes, y cuando no se quiere recul11r no se
atesorai:',a ya mucho dinero. Habría podido vivir, recula. En el momento en que dió los latig11zos á.
y vivir sin pecar, pero er,1 insaciable y estaba en- Sidow, debimos habernos aproximado y acabarlo
de una vez. Pero Uitedes .... nada de cobard1a,
durecido en el mal.
Comenzó por aumentar en más de lo razonable nada d~ defección .... y cuando llegó todos balas tareas de los mugiks. Hizo construir hornos jaron la cabeza.
para la fabricación de tejas y ladrillos y vendía
Las conjuraciones se renovaron más y más caen provecho suyo los productos; Pntonces los mu- da día y los mugiks juraron deshacerse del ge,giks fueron á Moscow á quejarse á su scff.or, pe- rente. Este ordenó que no se suspendieran las ll\ro nada lograron. El seff.or los despidió y dejó al bores durante las fiestas de la Pascua. y semt&gt;j •r nte
otro que siguiera obrando á su antojo. Este supo disposición aca b6 de exaltar el ánimo ae los cam •
que los mugiks habían acudido á presentar su pesinos que se juntaron el ~omingo de Pasión y
·
queja, quiso naturalmente veng11rse, y la vida de tornaron á deliberar.
- Puesto -que hasta de Dios se ha olvidado, lo
aquellos pobres campe6inos se hizo más dura to·
davía. Entre ellos no f11ltaban hermanos falsos mejor es matarle, decían, y pecaremos si no le
que denunci11ron á sus c11maradas, y 11sí empeza- matamos.
Pedro M:ikhev vino también. Este Pedro Mikhev
ron (cosa nunca vista!) Ahacerse ma ! unos á otros.
El pueblo entró en anarquía y esto aumentó la ra- era un hombre tímido que no gustaba ae entrar
en las discusiones: sin embargo, dijo:
bia del amo.
-Es un gran pecado, hermanos míos, el que
Mientras más corría el tiempo más se agravaba la situación, y se concluyó por considera1· al ustedes meditan. Perder unv su alm11 es cosa muy
gerente como á una bestia feroz. Cuando pasaba grave y es mucho más facil dej11r que otro por
por la aldea escapaban de él como de un Jobo, ó propia voluntad pierda la suya. ¿Que obramal?El
se ocultlibao en cualquier parte para huir de su mal en definitiva será. para él! Es mPjor soporvista. J¡:l gerente crecía en odios al hacerse car• tarlo, hermanos míos.
W assili se indiguó al oí:· estas pala br11R.
go del terror que inspiraba, y se propmo a brumar
-Siempre éste repite las mismas cosas, dijo.
á. la gente á fuerza de látigo y de trabajo.
Que es pecado matar á un hombre! Bueno, eso es
Los mugiks sufrían ....
Llega á nacer la necesidad de que tales mons• cierto, tratándose de un hombre ¿pero de un petruos sean suprimidos .... los mugiks empezaron rro como el gerente? Dios mismo lo quiere. Hay
á. hablar de hacer desaparecer al amo; se reunían que matar á los perros rab~osos si se tiene comen cualquier rincónapartudo de la. selva, y el mas pasión y amor por los demás hombres. Pecado
más gtande sería dejarle que siga viviendo. Y nosatrevido decía:
-Será posible que suframos por más tiempo al otros, si uos toca s-:ir castigados aquí ó en la otra
opresor? No e.3 pecadv matará un hombre seme- vida por esa muerte, siquier11 h11bremoslibertado
á los demás y nos quedarán n·conocidos. Tú no
jante.
Uu día, hubo reunión en l&gt;l espesura del bos- dices más que tonterías Mikhc". Pues que ¿no es
que, antes de la Semana Santa; el gerente había pecado más grande todavía q_ue matarlo, el de

EL CIRIO.

lJNA. HA.ZA.XA ECUESTRE.

Las haz11ñas Pcuestres del general von Rosenberg,
entusiasmaron eu sumo gradv á muclt'&gt;s oficiales ale•
mant1A y se re~olvió fllnáar una alta escuela de equitación, dedicada exclu~ivament~ al estudio y cultivo
de loa más aud11ces ejercicíoR ecuestres
Hace dos años y A imitación de la alttmana, fundóse
una escuela si,mejante en el ejército italiano, que ha
dado magniticos resultario,1 y en la cual se efectúa
constantemente toda. clase &lt;te ejercicios ecuestrt1e de
loe que exigen más audacia y 1t1ás temeridad, tales
como carreras con graod11t1 ob&lt;táculos. carreras en terrenos pantanosos, t-n toda estación dt1! año, sobre la
ni Ave, atravesando rlos, etc, 11tc.
Uoa lti&amp;zaña v11rdaderamente eorprendAote, es la
que reprPsenta nuePtr-&gt; grs hado. tomada de una fo.
tografla iostantánPa, y que RA t&gt;fPctúa Po la mencionada escuela italiana de Tor di Quinto por al:unoe
jóvenes oficialPS.
Consiste el t&gt;jercicio en dese, ndn, ó rl'sbalar mejor
dicho, á Jo largo de una alta roca ó paredcasiperpendicul~r sobre el s11elo.
Necesitase para efectuarla adPmás de v11lor, sangre
fria r_ dominio completo, una vista muy preclea y una
11ens1bilidad exquisita para p&lt;'der guardar el equi•
librio.
Hay que advertir que elitallano no es pueblo ecues•
tre, por lo que tal hazaña es mucho mh me.itoria.
En México mismo, no obstante nuestra merecida
f.ma de ginetee, no creemos que haya quit&gt;n t&gt;jecute
el ejerciclo que presentamos en nuestro grabado .

Domingo 20. de ~oviembro de 1898.

359

trabajar durante la fiesta de Jesucristo? Tú mism0, te atreverías á. ir á trabajar?
-¿Ypor quéno?Sisememanda, voy.Noespa ra
mi para quitm trabajo, y Dios sabrá muy bien de
quién eselpecado, y ánosotrossólonos toca obrar
bien. Yo no soy quien digo esto, hermanos mios,
es el mismo D:os. Si él hubiera creído q ue se de·
be comb11tir el mal por el mal, lo habría proclamado en sus Evangelios. l'lfatar tt un hombre es
ensangrentar uno su alm'l. Si creen ustedes que
mata11do á un hombre malo suprimen de la tierra
el mal, se equivocan; lo que hqrán es c11rgar su
conciencia con un mal mAs grande. Soportemos
la desgraciR y será vencida.

***

Después de eRto, los mugiks no tomnron resolució11 11lguna, pues sus opiniones qued&gt;1ron divi•
didas. Unos pensab11n corno Wassili yloi otros se
fueron del lado de Pedro para tener pncit&gt;nda en
vez de pecar.
El domingo de PaRc~a se di&gt;jó á los campesinos guardar la fiesta, pero por la tarde vino el estaros to (avisador) y les dijo:
-Mikh11il ~imenovitch ordenn que maff.ana
concurra al trabajo todo el mun&lt;1r.
El estarosto recorrió toda la aldea repitiendo
la orden, seff.11lando para la labor á unos, las tierras coloc11da, en las riberas del rfo, y á otros, las
que limitaba el gran camine,,
Los mugiks lloraron, pero no se atrevieron á.
desobedecer.
Al día siguiente salieron con sus arados y se
pusieron á trabajar, y cu11ndo la c11mp11na maycr
de la iglesia repicó llam11ndo A misa y todos lot1
cristianos concurrieron, los mugiks estaban trabajando.
Mikhail Simeuovitch, el gerente, se levantó b11stante tarde y dió una vuelta por sus tierr1&amp;s. Su
mujer y su hija la viuda, se vistieron, y un criado
las llevó á misa en un carruaje pequeJ:10. Cuando
volvieron se preparó el samovar; y habiendo regresado también .Mikhail Simenovitch se pu,ieron
todos á tomar el té. De~pués del té, Mikhail cucetdió su pipa y mandó llamar al estarosto.
- Y bien: ¿instalaste en el trabJjO á los mug k ,?
-Sí
-Todos concurrieron?
- Todos. Los llevé yo mismo.
-Y .. . . habrán trabaj&amp;do? Anda á verlos y diles que yo iré después de comer: que hagan ta•
rea completa, y muy bien hecha; y que si encuentro algo malo, no tomaré en c.ueuta la fiesta. y
castigaré.
- Está bien,
El estarosto iba á retirarse, cuando Mikh;,il lo
llamó: (¡uería aff.adir algo, pero sentía ciert•J 1:mbarazo y no sabía cómo empezar.
-He aquí de qué i;e trata, dijo al fin. Oye hien
lo que esos bribones digan de mi, y me lo vi .. ncs
á contar todo. Conozco bien á. esa canalla: 110
querían t1·abajar, 1,ino quedarse a~os ados fiu h11cer nada. Comer y asistir á In fiesta, eso e6 lo 4ue
les gusta y no pien11an en el trabajo. Oye pues
cua11~0 se charle, que tengo necesidad de babcrlo. y al volver no me ocultei nada.
El estarosto montó inmediatamente á cab11lo
y partió al campo á ver á. los mugiks. La mujer
del gerente que oyó' la -conver;111c1óu, se aproxi•
mó para hacer á éste una súplic11.
Era una mujer dulcP, y de buen corazón, y cuando podía, calmaba á su marido y defendfa á los
mugiks.
-Querido Michenka, le dijo. Por este gran día,
por la fiesta de Pa~cu&gt;1s 1 por el santo amor de
Nuestro Selior Jesucristo, no peques ni hagu pecar á los mugiks, obligándolos á trabajar.
-Bien se conoce que hace ya tiempo que el látigo no b11il l sobre tus espald11s 1 por Jo atrnvida
que estás. Estos no son asuntos tuyos.
- Michenka, amigo mío. ¿Si vieras? lle tenido
un sueño, un mal sueno, rt fcrente á tí. Oyeme,
por Dios! no hagas tr11 bajar á los mugiks.
-Ya te dije que me parece que te sobra sangre y el látigo podía sacarte una poca. Cuidado!
Cuidado!
Disgustado Simenovitch arrojó el fuego de su
pipa en la boca de su mujer, la despidió y mando servir :a comid&amp;.
Le trajeron muchos platillos muy bien guisados, comió con gula, bebió sin fren o, y luego llamó á la cocinera y la hizo cantar.
El estarosto regresó y dió su informe.
-Y bien ¿trabajan? ¿bán concluído su tarea?
-Están á la mitad.

�Domingo 20 de Nl)viembre de 1898

F.T, MUNDO

1

¡

El gerente dejó de reir y quedó pensativo.
Durante algunos minutos siguió así; luego dPs-pidió á la cocinera y al estarosto, pasó tras del
cancel, sP. arrojó en su lecho y se puso á llorar y
á gemir á gritos como una mujer.
Su esposa se acercó á consolarlo y él entonces.
le dijo solament~:
-Me ha vencido .... me ha vencido ....
-Ah! decía ella, déjalos en paz, otras cosas
pe.ores has hecho y no te ha entrado este miedo.
¿Por qué temes ahora?
-Soy perdido . . .. me venció, Aléjate puesto•
que todavía no te he acogotado: esto no te con·
cierne!
Y se quedó solo en su lecho.
Al día siguiente se levantó como siempre, pero va no era el mismo Mik'lil Simenovitch.
Se habría e.icho que algo presentía; comen •
zó á languidecer y no salía casi.
Su reinado no duró ya mucho tiempo. Un dí l
vino el seilor y se le informó que el gerente e;taba enfermo, pero como en días posteriores hu •
bo de averiguar que la tal enfermedad no era.
otra cosa que una perpetua borrachera, lo destituyó.
Entonces Mikhail Simenovitch se entregó á la
ociosidad, se fa,tidió más aún, se volvió súcio,
dilapidó toda su fortuna y cayó tan ab11jo, que
se robaba las enaguas de su mujer para cambiarlas por aguardiente en la taberna.
Los mugiks mismos le compadecían, y algunas
veces le daban qué beber.
Al cabo de un afio murió, ahogado por ell
aguardiente.
LEON TOLSTOI.

-Pero especifica.
-Es malo.
-¿Por qué? Armate de valor: habla!
-Dicen que estallarás por el vientre y que con
tus intestinos se ahorcarán los condenados.
-Ya veremos cuales intestinos ven más pronto la luz del sol. ¿Quién ha dicho eso? ¿Tichka?
-Todos. Todos dicen denuestos y amenazas.
-Y Pedro Mikhelev ¿también amenaza y grufl.e? ..... .
-No: "&gt;edro Mikehelev no hace eso.
-¿Y qué háce?
-Es el único que no dice nada, Es extralio á
todas las confabulaciones de sus compa:ileros. •Le
ví, y me causó una gran sorpresa verlo.
-Por qué?
-Tcdo11 los mugik11 estAn asombrados.
-Pero ¿qué bace?
- U na cosa de todo punto extraordinaria. Cuando mele aproximé, trabajaba en un surco oblicuo
cerca de Turkina y le oí cantar con una voz dulce y deliciosa. En el crucero del arado, ardía
algo.
-¿Y qué era?
- Una cosa que resplandecía suavemente: ya
muy cerca, observé que era un cirio de cinco
kopecks, afirmado en el arado. El cirio arde y
el viento no lo apaga. Pedro estaba con camisa
muy limpia arando y cantando salmos. Da vuelta,
remueve el arado, va, viene y el cirio ni disminuye de tama:ilo, ni de resplandor, ni se apaga.
-;,Y qué dijo?
-Nada. Pues que nos deseaba á tí y A mí felices pascuas, y siguió cantando.
-Conversaste cqn él?
-No. Pero los mugiks se nos acercaron y dijeron burlandose:
-Por más que rece y cante el pobre Mikbev,
su trabajo en la Semana Santa no le será perdonado.
-Y qué contestó?
- Una sola cosa: «Gloria á Dios en las alturas

Lf\ Of\MPf\Nf\ DE, f\Lf\RMf\.
Míster Gualterio Flick era lo que se llama un hombre independiente. Lo que por alguna razón estaba
prohibido hacer, eso hacia sobre todas las prohibiciones del mundo; apenas vela en los jardines el con•
sabido anuncio: "ae prohibe cortar flores" .... y ya
tenia una de ellas en el ojal, costara lo que coi1tara; en
los teatros, jamás pudieron impedirle que fumara E&gt;n
plena sala, pues alegaba que, debido a la probición,
alli era el único ~itio en que sentla deseos de fumar.
Además, Mr. Flick era muy nervioso, y por cualquiera cosa ya estaba fuera de sus casillas.

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Pues bien, una tranquila noche de verano, Mr Flick
subió á un carro Pullman del exprese del Norte y se
inFtaló en un departamento especial.
Iba pensando en cosas del todo indiferentes, cuando sus mirafias fueron á fijarse por desgracia en una
brillante agarradera de metal, sobre la que habia un
anuncio que con gruesos caracteres decia poco más 6
menos:
CAMPANA DE ALARMA,
SE PROHIBE BAJO PENAS SEVERAS, LLAMAR
SIN CAUSA JUSTIF.CADA.

f

Mr. Flick leyó y releyó atentamente el peligroso
aviso, y luego se puso á meditar. visiblemente arrane, do á FU anterior indifereueia dichosa. Por fin, se
d!ó á monologar en voz alta con evidente exciti.ción.

~~~fl
..,'.~_::_:::!
1

1

!¡ i

LOTOS
Es tu niñez la que bañada en llanto
Dt- ~i se aleja para siempre. En tanto
La J~vent.ud, la m!lga cariñosa·,
A qlllen siguen al1geros lo~ sueños,
La edad en que abre su botón la roda
Ha lle¡?'ado á. tu puerta
'
Y al mundo del amor tu alma despierta.
D., bellas flores cub1 en tu sendero
Hadas benignas, y en tu casta frente
Donde aun til beso maternal palpita '
Asoma sonriente
'
De la be!leza el esplendor primero.
Di, ¿qué mayor ventura
Tu alma, nacida para amar, anhela?
Ama, el amor nuestro existir consuela
El nos levanta á la celeste altura
'
Y nos acerca á Dios! Coje la rosa
CC?n las perlas del alba humedecida:
Mirl!- (\Ue es ¡ay! esa ilusión hermosa
La umca flor de nuestra inútil vida ... _
FERNANGRANA.

3,1

EL MUNDO

Domlngc 20 d. NoviembrP &lt;tP 1~

y paz en la tierra A loB' hombres de buena voluntad.• Luego volvió á su arado, hizo andar A SU:.
caballo y se p11so de nuevo á cantar. El cirio seguía atdiendo y no se apaga todavía.

1

-;,Bien trazada?
-Nadll va mal. Tienen miedo.
-La tierra no está muy resistente?
-Se espolvorea como los granos de la adormidera.
El gerente guardó silencio unos minutos.
-¿Y qué se dice de mí? ¿se me insulta?
El estarosto callaba, Mikbail insistió.
-Dí, habla sin temor. No son tus palabras sino
las suyas las que vas á pronunciar. Si dices la verdad te recompensaré; si me ocultas algo te rajaré
l?-_ piel á latigazos ó te cortaré la lengua con unas
t1~eras. Hé, Katucha, sírvele un vaso de aguarc11ente para darle valor.
La cocinera, que era una moza gallarda y linda, sinió el aguardiente y elestarosto bebiópensando para sí.
-Bueno:. puesto que quiere la verdad, se la
diré:
Luego empezó.
-Se murmur11, Mikhail Simenovitch, se murmura.
-Y sobre qué? Habla.
- Se dice que no crees en Dios.
El gerente se echó á reír.
-¿Y quién dice eso?
-Todos. Y se añade que comercias con el diablo.
El gerente rió más aún.
· -Bueno. Pero veme dando detalles. ¿Qué dice
Wassili?
El estarosto no era afecto á hablar mal de sus
camaradas, pero estaba desde tiempo atras encontrado con Wassili.
-Ese grita más que los otros.
-Pero qué dice? Repítelo.
-1\fe dá miedo. Dice que morirás impenitente.
-Ah! bravo! ¿y qué espera qué no me mata
para que se realice su predicción? Ya le arreglaré
sus cuentas sin que nada me quede á deber. Y
Tichka, el muy perro, también habla así ¿no es
cierto?
- -Todos.

•

.o

1

1

l
'

!
1

- Esll es la agarradera que sirve para hacer sonar
la campana de alarma, y en todos los departamentos
hay oti:a igual: yo las he visto. y hasta he dormido tranquilamente cerca de ellas. Bueno ya está!
Y volviendo df'edeñosamente la espalda, µú·
scse A ,nreglar sus bultos, colocó la petaquilla
d11 mano en la red, cambió su sombreroporuna
gorra de viaje, su americana por un batir.,
i acomodóse
Pn el acoji!!
nado asiento, siempre
de Pspaldas é. la agarra•
dera, se abrigó los piéR
con un plaid y deFplegó
fü periódico para llamar
al Pueño; pero todo en
vano: le fué imposible
encontrar interesantes
!11@ nuevas polfticas, ha·
116 la bolea muerta y el
folle ti n detestable.
En cambio, la malhadada agarradera parecía llamarle suavemente:
-Pst! Pstl

Entonces Mr. Flick arrojó el periódico y se volvió
para contemplar cara á cara la agarradera y, sobre
todo, el anuncio.
-Pno, con mil diablos,
¿qué tiene de extraordina•
ria esta a¡?'arradera? Un
trozo de cobre niquelado
que por medio de una cuer·
a.a hace sonar una campana junto á la máquina
para que en case&gt; de peli
gro, se haga funcionar, el
maquinista asustado cierre los frenos, invierta t:l
vapor, el conyoy se d11tenga, el conductor salte á tie•
rra y vuele á viRitar to•
dos los compartimientoP,
de~pierte á los viajero,¡
muertos de susto y .... nada más!. ...
Y los ojos di' M •. F,ick se
clavaban con ira. en el asa
de metal. La muy socarrona pared=t brillar mAs vi•
vamPnte bnida por los ra:vos de la lámpara; la luz
hacia r11saltar con una Ji.
nea brillantlsima vfascinadora la curva ~legante.
propia para hund•r~A en
i,lla la mano entera y favorecer el esfuerzo dese.perado del que llam..1r,. cC\n angu"tia.
lJe,esperado Mr. Flick corrió la cortinillll que v11la
la luz para dormir; pero en la semi-obscuridad la mal·
&lt;lita agarradE'ra fué lo único que siguió brill11udo SO·
la, parecida á un comet·•, como si se hubiese desprendido de su sitio y fuesA á ponerse al alcaoC'e ele h.
mano .... Antelll inutilidad de la tentativa, Mr. Flick
furioso se abalanzó A cubrir la m\l('ica asa con el P"·
riódico, pero al hacerlo. s~s dedos se adherlan á ella
y sentlan contracciones extrañas, como para asirse y
t:rar de algo ...
-Dios saLtn, gritó Mr. Flick con sngu•tia, será
preciso que tire yo d11 é.~to para tranquilizarme?
El infortunado Mr. Flich comenzaba Á. sentir¡¡e atac11.do dfl vértigo. eomprendla quo, estR ba poseido por
la endemoniada agarradera y que al fin iba á llegar
el momi:nto en quti, sin poderlo remediar, tendlia que
colgarse y tirar de ellll á do11 manos, con todas sus
fuerzas, desebperadamente. Fin más motivo que aqufl
anuncio tonto. aquella prohibición estúpida que evidentemente podía ser violada.
Y para intimidarse, púsose á leer varias veces en
voz bien alta el malhadado aviso
Pero á la cuarta ó quinta declamación, el efecto fué
contraproducente pues Mr, Fllch, como respondiendo
á una provocación, gritó:
-Y bien, ¿qué me importa un arresto 6 una multa?
¡No pueoo ma,;!
Y trémulo, desatentado y febril, apoderóse de la
agar1 aiera, pero no IIE&gt;gó A llamar, detenido súbitamente por uIJa imagen horrible.
Pensó que la dPtención inesperada de un expr11so
en una linea recorrida sin cesar por otros trenes rá
pidos, es casi siempre la causa de una colibión. y por
su imaginación pasó en forma de suelto gacetillero
el funesto resuliado de su imprudencia: cuarenta
muertos, cien ó do8cientos heridos, das locomotoras
eumadu. una docena de coches convPrtidos en mP.r·
melada. muchos miles á~ pesos perdidod, veinte fa.
milias desamparadas .... ¡Qué horror!
Los cabellos deMr. Flick
se erizaron.
-¡No.jamás'.-grltó enér•
gicameL te - Pronto, algo
que me distraiga .... Y corriE&gt;ndo á la puerta del dep11rtamento vecino. llamó,
primero con suavidad, luego mb fuertemente.
- Señor. señor, ¿Qué tiene usted de nuevo, eh?
Pero sólo un enérgico ju•
ramento fué lo que obtu·
vo por respueeta en és•e y
en otros departamento8,
donde dormian pa1ajeroa
que, molestados, lo envill
ban al diablo con toda11 las
más eficaces fo1mas rle la
dE&gt;11l'orte·fa.
No pudiendo ballar quien
le diese conversación, vol•
vióse á su camarote y alli
se entrE&gt;gó á cantar á voz
en cuello airPs zarzuelescos v sentiment11fümos de
ópera; después bailó y en seguida hizo gimnasill, re•
sultando que cuando menos lo pen11aba su mano fué á
enganchars11 con la-agarradera y á duras penas pudo 80ltarla sin Jlamar.
Decididamente 6 llamo 6 mito del co&lt;'; e al suelo
· para librarme de E'Rta maldita tentación. Y re11uelto á
lo Sf'gundo, dirigióse á la puerta, cuando un hombre
desconocido apareció en ella.
-Qué felicidad. re.nsó Mr. Flick; un la&lt;lrón que me
a11alt• y ya está justificada la detención. Y se abalanzó con frenes! á la agarradera: iba por fin á descansar; pero no pudo realizarlo: el hombre negro cogióle
por la falda del Raco y tranquilizándolo con franca
sonri~a, pidióle finamente su billete .
-¡Qué desengaño: es u:::. hombre honrado, murmu-

ró el infeliz Mr. Flick. El conductor en persona: ni
modo de llamar
Volvió á quedar solo frente A frente de la infernal
a~arradera; pero Jll no trató de olvidarla, al contra1io, parose frente á ella. la tocó con ambas manos jugueteando y acariciándola como al gato favorito, é
iutrodujo sus dedos en la asa para ver ~1 cabfan á gus•
to. D~ pronto 11u paraguas cayó de la red en una
bruscatrrpidación del convoy; inclix:óse á recogerlo y
l'in deterse más, lo colgó de la. agarradera enganchándolo por e! puño.
Esperó ansioso unos momentos, aplicando el oido;
pero el tren no se detuvo; era qu11 el paraguas pesaba muy poco :v la camp11na no babia sonado.
Entonces colgó también su maltta y Juego su petaca de mano .....
-¡Gran Dios! Un rechinamiento, un silbido, y tras
muchos vaivenes y r11soplidos. el tri:n comienza á detenerse y por fin se para. Mr. Flick palideció y se volvió violentam,,nte al oír que abrían su puerta.
-¡Torreón, cinco minutoel grilóle en las narices el
empl11ado
-¡Oh, dijo Mr. Flick, una estación, el trl'n se paró
naturalmentti y la campana no sonó. 1.'.¿né haceri'
El 1ren cont-inuó su marcha y Mr. F,id;: volvió á su
tarea de aca1 iciar la agarradera.
De pronto se dió una palmada en la frente, babia
encontrado su idea salvadora: simple y sencillamente 11horcarse, coleándose de la agarradera; ni modo
de castigarlo. Todo hombre es dueño de tener disguFtos, desE&gt;ngaños, quiebraF y decidirse á cortar por
lu eano, haciendo el gran ,i11je en trP.n expreso.
-Dticididamente, me cuelgo de é,to; Ja e, mpana
suena, el tren se dt:tíene, acuden á descolgarme, y, si
estoy vivo. ni quien se atreva á perseguirme en semejantes circuntancias. ¡Pobre hombre, dirán todos,
cuA.nto sufrirá!
Y dicho y hecho, Mr. Fiirk hace un lazo con lascorreas de su maleta y pa~ándoselo al rededor del cuello, se sube á 111 banqueta más próxima, ene-ancha la
corrAa á la fatal agarradera y sintiéndose dichoso por
dar fin á la estúpida obse¡.,ión que lo ha ato1mentado
tantas horas, se suspende furiosamente con ánimo de
ahorcarse deveras con tal de llamar.
Rae, rae, crac ...... .
-Es el ruido del freno que ya funciona. se dice Mr.
Flick, con la cara ámoratada y los ojos queriendo ~a, lirseles de la, 61 bitas
Pero el ruido continúa.
indefinidamente; uno. dos,
tres minutos, las or,,jas de
Mr Flick ya están ennegre·
cHndose y el tren no sedti·
tiene.
Mr. Flick procura ver al
través del vdo que cubre
ya. su vista, si la portezue1'l se abre, pero nada ve
Hace brus·!OB movimientos
para E&gt;jercer más violt&gt;1nto
esfuerzo eobre lll Hgarradera, mas el ruido sigue y
el tren corre siempre ve·
lozm1mte.
-¡Ah, canall11 agarrade•
ra, tú no funcionas estás
inservible! p-ruñe medio so
focado Mr. Flick echándose 11mbas manos al cuello.
- Y por esta alhaja iba
yo á ahorcarme; bueno, espérate, que te voy á justar
las cuentu 11g-arraderita
de loa mil diablos!
Y entóncet1, atuvPgando
sn bastón por el ojo, comenzó á tirar, torcer y palanquear ála tentadora con
todas sus fuerza~, con rabia, desesperadamente, has•
ta que concluyó por arranc!lrla, torcida y al-ollada.
Entonces la contempló con sonrisa de triunfo, dirigióle una mirada de reto y preñada de desdén al aviso. y gt~ardándose la destrozada agarradera en la
bolea pusotle á lPer el antes dP.Fpreciado pE&gt;riód1co,
advirtiendo ebta vf'z que en la Bolsa habla febril animación, que la politica Fegufa una marcha profunda•
mente grave y que el folletin era d11lici0Po. arrullador, tanto, que á los pocos minutos. Mr. Flick se hallaba immerjido en dulce y reparador 11ueño no que~án~ole de ~u obsesión otra cosa que la desdeñosa é
irómca sonnea 1.¡ue vagaba por sus labios.

j

JUAN RAMEAU.

�..

Domlngo 20 de Noviembre de 1898.

EL MUNDO

EL RITMO DEL TREN.
Decidido, las montañas
el re~uPJto tren perfora,
al redoble acompas11do
clA PU marcha mon~fóaica,
Obseúón de las retinaP;
el tPlégrafo hecho combas,
cual pentág1ama col;;-ante
en los aires se desdobla,
y á los pájaros sostienen
los alambrea. come, notas,
y componen himno ala~o
al progreso y á la gloria.
De los tunelea sombrios
en las fauces caveraosas,
su trajín centuplicando
el fur10so tren se arroja,
y promueve mil estruendos
que retumbRn en las bóvedas,
cientopié:1 de raudas ruedas
que se siguen como loc11R.
Uual tremenda hacha cilindrica
la c1ddera audoroea,
part~ el vi ..nto en doR mitades
y valit:nte lo destroza:
y por él el tren Re lanza,
con la crla rizada en ondas
y erizada de centellas
que ruti11in en la sombra.
Sin pal par tajos ni riscoR,
ni aputar vetos ni frondas,
rasga, hltinde, y d .. si misma
huye en marcha voladora
Palpitando al ritmo bronco
de sus venas poderosas,
y crujiendo de sus músculos

la bronclnea urdimbre tosca,
delirante por los campos
las dist1mcias cruza y borra,
y sus alas circulares
van y van vertiginosas.
Ya á una curva prolongada,
tiocillsimo se amolda.
y el salvaje grito e~cupe
cual rPJincho de victoria;
ya en los frenos detenido
se deecuelga por las rocas
corno horrlsona culebra
de pupila audaz y roja.
Siempre el bronco golpeteo
de sus fmpetus redobla
y hH ce burla de las alas.
de la;; flechas y las hond11s.
Explosión de viva lumbre
su b:.ndera tornasola,
y la llen11 de áureas chispas
,·omo luz de su corona.
E:1 que llega al largo puente
que colgando se prolonga
sobre el rlo dilatado
rli, corriente caudalosa.
Ya Ei bando lo estremece.
~-a sacud" sus argollas,
ya volao(lo se columpia
en la trama de su comba
Crujen hinros y engranajPs,
retumbando el puente flota
¡v el prodigio pitsa1 y ciega
con su luz y con su gloria!

SINFONIA DE AMOR
Dame el arpa. mujer: si quieres versos
palpitantes y tersos,
puros y criRtalinos, dame el arpa ....
El formidable león que horror pregona
cuando halagR á la leoaa
guarda y recoje la filuda zarpa!
El que de un eólo golpe ha rot'.'I un yugo
estropeando al verdugo,
rinde ante ti sus eeplendentes galas;
y tt, iavita á subir 1Vamos al cielo!
que ei no t'S para el vut'lo,
Jpara qué tienen nuestros hombros alas?
Jugarás con los astros y las nubes,
si hasta el emplreo subes,
v nltanllo lle asombros en asombros,
quizá el arpa de verrns soberanos
se caerá, de mi-1 manos;
pero nuaca las alas, de mis hombros
Y bajaremos ha~ta el bosque luego,
y delirante~• ci.. go
rruzaré el boc1que como un león herido ....
haré que el bosque á nuestro paso se abra
ce n golpe11 de palabra,
y nos reciba como al ave el nido!
Saldremos de los boeques á lps mares¡
y al sún de mis cantares,
ron ruda proa y con hinchada vela,
ra,garemos el pliP¡¡-o de la br1.1ma1
mirando ambos la espuma
t·on que cusj:1 su látigo la estela ....
La iilit de espumosas explo11iones,
mezclará en SUB c11ncioa~s
con gritos de titán, gorjeos de ave ....... .
l!:olo bOplar:'.l. Neptuuo mismo
surgirá del abismo
A. servir de piloto en nuestra nave!
L \azate eobre frágil carabP-la,
desplt1gada la vela;
y Fonlieaudo m! eepiritu profundo,
tu anhelo alcanzarás. Avlinza, avanza¡
tl'D fé, ten eEperanza:
¡r,h Colóu de mi Aruor, toma este mundo!. .. .
El cielo, el bosque el mar el mundo todo.. .
Pero si el mundo es lodo,
, "Ómo puPde atraerte con su halago?
Hay m1ncllas en mis ~otaij azulinas,
l'n las rosas t&gt;spmas
,. lÍFperas piedras en el ter110 lago!
Ea la eminente CÚEpide y erguida,
cnmo i;i de la vida
fnPras hermoso y celestial emblema,
11 pa~cciste sobre e! c;-ampo yerto
v el zarzal se hizo huerto
~· la estrofa lilial se hizo poema.
No !'8 más r&gt;1diante el sol cuando se asoma
hacia la verde loma

SALVADOR RUEDA.

.... Y la cierro; y en el sobre
donde la guardo, sonriendo,
e11crlbo est11s dulces frases:
"En su pala, á mi dueño."
Y después, enternecida,
la miro, Je doy un beso,
la pongo en mi alma un instante ...
IY ~e !a doy al cartero!
-¡Llevadla. le digo al punto,
llevadla con todo empeño,
y cuidad que en los caminos
no os la 11rrebaten los vientos;
si está serena la tarde
veloz cruzad los senderos,
no os detengais en 1.as ventas
para pedir vino añe¡o,
outt pueden correr Jas horas
charlando con el ventero;
¡ved mi congoja, mi angustia!
¡11eguid de prisa os lo ruego!
p,.sad sin teu.or los vados,
subid las cuestas ligero,
no dt&gt;sr&gt;1nseis á la orilla
de lus claros arroyuelos;
y si al cruzar por el bosque
, e s ,rprende el aguacero.
entonce@ .... bajo los árboles
esperaos un momento,
cuidad que el agua no llegue
hasta ese sobre pequeño,
que basta una so a gota
para borrar el letrero ..... .
v dePpués, por las veredas
del bosque seguid de nuevo,
Fin dP-~cansar un minuto,
Fin volverá deteneros.
Y cu, cdo baje la noche
con su solemne silencio,
no temais al aseeino
que se oculta tras los setos;
proseguid vuestra jornada.
entre la sombra id sin miedo
sabt&gt;d que bay un ángel santo
q1.1e ac&lt;'mpaña á los v1aieros!
¡,Eecu&lt;'hais? Pues bien, llevadla,
i"11 .. vadla con todo empeño!
"¿Adiób" declsi' .... nó, de priea

por detrás de la cú,pide elevada:
surgiste; y se hizo entre mi noche umbria
el gén e•is del dla
al hágase la luz de tu mirada!
Yo como Atlas, cargando mis escombros,
llevo sobre los hombros
las ruinas de Herculano y de Pompeya:
tengo el Vesubio en mi alma. Y mi:1 amores
te dan astros, no flores:
en lugar de un idilio, una epopeya!
Yo te quiero cantar como se canta
todo lo que levanta:
para ti el són ue mi eucrespado verao.
tú eres el capitolio de mi gloria,
la cumbre de mi historia
y el corazon ideal dti mi uaiverao!
Soy áspero, y tan áspero ¡oh zagala!
que con un golpe de ala
te habré herido quizás .... Pero perdona;
la que al vate perdona y da consuelo
Se hace reina del cielo,
aunque aqui sea reina sin corona!
Ah! no te extrañen mis canciones rudas:
en las hachas filudas
vibra el canto de muerte y de trabajo ....
El hierro es el trabajo y es la muerte;
que por extraña suerte
también se da la vida con un tajo.
JoSE S. CHOCA.NO.

T.lERR~: Y C.lELO

Cuando quizás con ánimo atrevido
tu orgullo mis caricias deodeñaba;
cuando 'lUizás tu orgullo se bur!abll
. dd ese amante en su amor empedernido;
cuando en tu alma el desdén formó su nido,
y con tus puertas tu altivez me daba,
amabas sin saberlo al que te amaba,
porque el amor no muere sin olvido.
El futuro es imagen del pasado:
todo dentro de un circulo se encierra
y todo vuelve al primitivo eatado.
Variando asi con aparente calma,
si lo que ha sido tierra se hace tierra.
lo que eetuvo en el alma vuelve al alma!
J. s. c.

id y volved .... "hasta luego11 l1Oh. mi carta! vuel.a err1111te
por ignorados des1ertoP¡
allá va......... cruzando montes
y sendas y vericueto~ ....... .
AIIA. van, por los cammos,
erranteR mía pensamiento~ ......
vu11lan hacia extrañas tierra~.
hacia otros climas .... ¡muy léjosl. ..
v mieatras ellos se van,
yo pensativa me quedo ..... .
;.se habrá llevado mi carta
la corriente de un rlach11elo?
olvidllda 11obre el césped
la habrll. dt&gt;jado el cartP-ro?
1Ohl quién sabe . .• alll en las ventas
acaso a hayan abierto,
acaso en ePtos int1tantes
la es,én mirando y leyendo.
y acaso también la rompa u
y la arrojen hacia el suelo! ..... .
¡Ah! tal vez el remolino
.. ntre PI polvo la h11ya envuelto ....
ó tal vez. ya dividida,
1011 ped11cillos peqt1t&gt;fios.
como alas rotas, revuelen,
t&gt;Sparcidos por el viento! .... .
Y .... quién sabe! acaso.... ac11so ....
rendido va, sin alientoP,
al cruz11r entre las breñas
h11ya•caldo el cartero ..... .
y acaPo ..... de sed y hamore
1t 111 mismo se haJa muerto ..... .
¡,Oh! cuántas dudas funest11e
ee albergan en ml cerebro!
cuántos tPmorPB me asaltan
rlespué• que mi carta entrego!
Tras ella se va mi mente
cuando de viFta la pierdo;
y pit'nPo "º t-lla en el ,Ha,
y por la noche .... la euPñn,
errante .........por Jc,s camit1ua,
eatre los bosques espesos,
por carreteras torcidas ..... .
por sendas y vericuetos!. ..

PAGINAS DE LA MODA

MARÍA EN&amp;IQUETA'

MARINA.
DPclina PI POI Sobre el mar
Ilimitado , Pounro
B ja-diluvio dP nro La tinta crepmcular.
l\telancóliro &lt;'&amp;IHar.
Yago, tremulante coro
A•ciende .... ¡ El almo t&lt;&gt;eoro
De estrella~ va á titilar!
Y dPl confin indPciso
Ea la fa¡a lumino~a
Que un grito al asombro arranca;
Llena de rélico he&lt;'hlzo
t:"mo una ala ml,terinsa
Palpita uaa vtla blanca!
E&lt;.TEBAN FLORES.

EN VIAJE
Estoy triste, ml alondra, y no Yienesl
Ya te fuiste, mi bien ya"º mi,1 sienes
tus besos no encienden su nimbo de amor ....
Qué punzante ee la anl!'u~tta del alma!
Qué eiaiestra en su lóbrPga calma
la noche que en ella difuude el dolor!

....

Cómo caen. difuntas l&amp;.R hrjas
del árb, l ensut&gt;ñol
Cómo huyen, tPmblando de frlo.
cual viudae palomis, los dulces anbe·os!
Y ya la esperaaza,
como un astro magalflco y bello,
no luce en la vida Pu mágica glo: ia;
y Eólo el recuPrdo
arroja en la marcha su lumbre de c' r ios
de cirios de muertos!
'
Y la marcha es llrdua.
El viaje es inmenso;
el aira que sopla
es un rudo cierzo .
La ruta está llena de trá¡ricoR ci,rdos.
La noche es eterna, y es nocl1e de duelo!

*

*
Y enlutado,* solo,
vacilante, enfermo,
por entre los cardos
bajo el rudo cierzo '
en la et~rna noche, camina', cRmina
mi espiritu errante, luctuoFO viajero!. ...
Porqu-e ya te fuiste, mi divina alondra!
Porque :y a no eiento tu sagrado beso!
DARÍO HERRERA,

Flg. l. Traje parisiense de Invierno.

393

�EL MUNDO

Domingo 20 de Noviembre de U\98.

Domlngo 20 de Noviembre de 1898.

EL MUNDO

395

Tiene once años; la color tostado, el pelo negro,
muy neg-ro, tan negro como el porvenir que la espera, y sus ojos dormidos llenos de melancólica ternura, parece que denuncian (el dolor prematuro de
un alma, la eterna noche de un espiritujoven, ¡ay¡
muy joven y ya marchito por los embates de laortandad y la miseria.
Porque ella no tiene una madre que la consuele,
que la acaricie, que la bese; duerme donde le coja la
noche: ya en este soportal, ya en la escalinata de algún templo, en cualquier parte. Y en estas noches in·
vernales ¡qué frio no tendrán los huérfanos! .. . .
Su boca no es boca: es un clavt1l ardiente abierto al
primer albor de un dia de Mayo. Es una boca ped1gürña de besos, pero de besos purísimos como su dueña· perla del cielo en el fango de la tierra, lágrima
brilladora en vaso roto.

en dicha ciudad blondas de mucho nrecio. Por otrB
))&amp;rte. Mme Carolina Popp, en sus Recits et Lege:ndes
des Flandes, recoja una añeja trHdició:n loc11l referente al origen de esta deli~ada industria. He aquí la
ll'yenda, tal como la recitan aú I l~s encajeras de alli,
á lit ca.ida de la tarde, en el malecon del Rosario, manejando diestramente loe palillos.
.
Vivía en un tiem¡rn en la ciudaddeBruJail u_n_adoncellita joven y Tllbia. UamadR Serena. Su famtha era
pob~e¡ su ma,dre, anciana y achacosa; sus hermanas,
muy niñas aun; de suerte que una y o~ras vivían de
lo que la mayor ganaba, siendo preciso á_ éstl!-, para
atenderá las ne&lt;'esidades de la casa, trabaJB! em de~can~o, á fi'l de hilar cada semana dit'Z m11dl'Jae de 1! ·
no. s~r.-na amaba y era amada: Amoldo, su prome~tdo, que trabajaba de escultor en calid11d de aprendiz,
iba á c11sarse con ella en llegando á m11estro¡ mas
viendo crt&gt;cer d11 día en dia las angustias de loe suyos, la joven hizo heroicamenti, el eiguiet1te voto:
"Virgen Santa,-dijo una mañana;-~adm~ con que
pueda atenderá las necesidades de m1 familia, Y yo
ren,rncio áloe ¡roct&gt;s de la vida, borrando las aspe•
ranzas de mi cotazón 11
.l!:1 domingo siguiente, Seren~ se fué eo~ sus he~manitae al campo. :::;entada en la hierba, meditaba tristemente cuando una multitud de estos hilos ténues que
se con'ocen con 11! nombre de "hilos ,➔ e la Virgen" por
escaparse-dicen-de la rue~a de la Santa Madre de
Diog fueron á caer sobre su delautal blanco, entrelazándo11e de sunte que formaban un dibujo magnlfic~.
Al verlo Se"ena, comprendió que sus votos habian bi•

MODAS PARISIENSES.

Las modas de invierno se inician y no por ser de
aparición tardla dejan de ser más bonitas. Y es que
Parls l!abe unir ,..l arte. l buen gusto y al confort.
Las largas pelerinas de paño unido hRn pasado á la
historia y suelen prestm&amp;aree tlrnidamentt1, pero sólo
para ir en carruaje; pues para la calle, es mucho mas
preferida la cb.aqut,&amp;&amp; cerrada: no muy ceñida y adornada con gruesos cordones o con anchas cintas dealpa.ca.
Como forma y como corte, no hay nada que destrone á. la llamada hechura de @astre.
Las faldaa no han cambiado apenas, se llevan largas y del mhmo paño que !'a chaqueta.
ltn los sombreros cada vez menos adornos; son de
fieltro y en su mayoría sólo llevan como garnitura nn
pequeño turbante de peluche, unas plumas y dos alfi.
!eres de gruesas perlas, imitación ó verdad.
También se llevarán mucho las graciosas boinas de
terciopelo que tanta boga tuvieron el invierno paaado.
El peinado de la Oleo de Merode, es decir, con anchas bandas de cabellos que cubren las 01 ajas, ha cedido su puesto á otro más sencillo y elegante: flequi•
llo ondulado ligeramente ecnado hacia atrás, moao
debajo del sombrero y nuca libre de cabetlos.
Eso es todo por h()y.

•*•

Cuando "el cielo se deshace en rayos de oro" y el
sol empieza á ocultar su túnica de fuego; cuando las
nubes multicolores dibujan con pinceladas de consumado artífice todo lo qui, pueda soñar la más deslumbradora fantasía; en esa hora
"de la c.::nciencia y del pensar profundo,"
tan admirada por las alma.; supremas. Consuelo, la
niña melancólica, dirlgeee camino de los parques. En
ellos, discurriendo por loe pequeños jardines, aulla
canciones tristes, tanto como sus tristezas, y en ellos
también la ineultan loe audaces de siempre, loe que
nada respetan, ni siquiera la411,terrauora a1versidad.

FJg. 2.-Tra¡e de calle.
•..................................................................................•.............................•

LECTURAS PAR.A. LAS DA.MAS

Fig. 4.-Falda y granjacquet de estaci6n.

LA LEYENDA DE LA BLONDA
Asi como siete ciudades de Grecia se disputaron la
gloria de haber visto nacer á Homero, son varias las
poblaciones flamencas que reclaman el honor de haber inventado la blonda. Ninguna de ellas apoya su
pretensión en titulos incontestables, mas todo induce
á creer que Brujas fué la primera que cultivó arte tan
delicado y bello Un tratado Que se celebró con Inglaterra en 1390. citado por La Revista Británica, atestigua que desde ¡,rincipioe del siglo XIV se fabricaban

enamorada de las lontananzas, un tipo fino y esquisito auroleado por todas las musas.
Consuelo es la poesía 011 el ar.royo. Pobrecillal Su
tez, hoy tan pulida, se llenará de manchas y sus ojitos negros, de negrurR incitante, por donde asoman
infinitas tristezas, no tendrán más que lágrimas ....
lágrimas que abrasen!

CONSUELO
Su presencia evoca el recuerdo de la sublime concepción germánica. Si; Mignon, la pobre Mignon surge en nuestro pensamiento entonando la divina romanza: ;.conoces tú el paie dondt'. el naranjo florece?
11
¿Connais tu le pays oú fleurit l' orangeri'"

Espalda de la figura número l.

Fig, 3.-Tra¡e_sastrc última novedad.

Fig. 7.-Traje de paseo.

do oídos, y llevóse á casa la maravillosa labor. Una
vez alli, con un hilo de extrema finura, que sus propias manos blanquearon é hilaron, se impuso la tarea
de imitar aquello.
Ardua fué la tentativa al principio. Como los hilos,
al practicarse los debidos movimientos. :ie enmarañara uno con otro, Arnoldo, que lo vió, ató al extremo
de cada uno un pedacito de madera: asi es como.:se
inventaron los palillos.
Después, con objeto de que la labor se mantuviese
firme, la joven la afianzó con alfileres en una almohadilla de lana, y de alli vino el nudillo. Una semana después se concluyó la pr'mera blonda, _y bien
pronto todas las damas de Brujas quisieron ostentar
la nueva labor en sus tocados: ya jamás faltó el pan
en casa de Serena Fiel está al voto sagrado que hiciera, cuando Arnoldo, una vez maestro en su arte,
fué á tomarla por esposa, negóse á. ir al altar. Pero
una historia tan bella no podía concluir de un modo
tan triste. Un año pasó la joven y piadosa obrera,
firme siempre en su voto, hasta que la Virgen,apareciéndosele, la desligó del mismo. Arnoldo y Serena
se casaron, fueron dichceos y tuvieron numerosa sucesión. Todos sus vástagos fneron niñas, y todas estas niñas trabajaron d~ encajeras. Por esto en la ciudad de los canales, los cienes y !RR campanas, aún se
ve en la puerta de t das las moradas unR joven rubia
que maneja activa con sus dedos ágiles los palillos y
entrelaza los hilos dt1 lino blanco en frágiles, poéticos
y maravillosos calados.

ZERJllP.

Fig. 6.-Trajede paño azul con bandas
,de terciopelo.

Fig. 9. -Traje de paño vino.

*

Recetas útiles.

* sftúaee
*
Al comenzar los teatros,
en una delas puerhls del Louvre. En ella invoca la piedad, pide limosna
que obtiene pocas veces De los más alcanza la indiferencia ó el desprecio. En ocasiones

EL LIMÓN EN LA MEDICINA DOMÉSTICA,

En muchas familias suele emplearse con éxito ellimón para carar por ejemplo las neuralgias, aplicando
sencillam nte á la parte dolorida un trozo de limón
recién cortado y frotándole con él.
En el mar muchos marineros usan el jugo para prevenir y curar el escorbuto.
La persona que se sienta at11cada por la bilis, deberá tomar un poco de jugo de limón en. un vaso de
agua v sin azúcar al acostarse y levantarse.
Sabido PS cuavto se usa el limón para atemperar y
apagar la sed en las fiebres, y usándolo también alguuoe _para destruir las berrugas.
Segun un libro alemán publicado no hace mucho
tiempo, el limón prolonga la vida, tomándolo diariamente, pero no eon exceso.
La verdad es que hay pocas substancias domésticas que más beneficios puedan producir que el limón,
ya tomándolo iateriormente, _ya para usos exteriores
en las diferentes formas que hemos Íll.dicado.

"la ciega humanidad que va de prisa
la pisa sin querer . ... pero la pisa!"

Fig l'i. - Traje ornado con efecto
de polonesa.

Consuelo es una lástima! Cuántas quisieran su es,
cultura de belleza impecable. Vale más que muchas...
-Pero verdad-le dije un día-que ya tú no eres
buenR?
-Y por qué no he de serlo?
Buena y en la call8? ......... No te creo. Cuando seanda como tú andas oor ahí, huérfana y sola rodando
por todas partes y á tortas horas, todos~ pierd~, todo,
la inocenci.-i inclnsi ve. Y esas floree, quién te d1ó esas
flores?
-Mi dinero.
-¿Y para eso quifltes la limosna?
-Algunas veces, las flores cuestan poco:
-De manera que te gustan mucho.
-Ya lo creo! Y á quién nó? Yo naci entre ellas, en
el campo, donde las hay muy lindas y eilves~res. Aquí
no las he visto. ¡Ahl Si yo fuera rica, qué Jardín no
tendría! Me gustan tanto!
Al decir esto, levantaba la frente é iluminábanse
sus ojos con claridades de crepúsculo. Parecía entonces la doliente estrofa de un insigne poeta, una aim'I.

Fig. S. - Traje• sastre de paño rolo.

�Domingo 20 de Noviembre de 18981

EL MUNDO

J96

F IG. 3.-TRAJEl SASTREl Ú LTIMA NOVEDAD.
CARAMELO.

Es de paño verde c!Rro, tnmado con bandas de
paño malva. Estas combina·ciones de paños de diversos colores están muy en bogR en la actualidad. La
falda es extremadamente larga y abierta en la parte
inforior. muesta una faldeta figurAda, de paño mAlva
plissé. El cuerpo. estilo sa~tre baja basta la media•
nia de la falda en faldones parej, R, ribeteados de p ...
ño también y se ciñe graciosamente al talle por una
cintura de raso.

EPte 11e obtiene haciendo cocer el azúcar quebrado
hasta que tome tinte rojizo y despida un olor bast..nte
perceptible, sin d1tr tiempo á que se queme y obscurezca dem 1siado. Eu est&lt;I. op11ración, el azúcar co•
mienza por elt&gt;vArse en el ~ero! para dtiscender lue·
go, dejaudo algún residuo en laR paredes del reci·
pient,1. Se consigue que estas particulas no B'I quemen y e~tropeen el caramelo. b11m11deciendo el cazo
por su parte exterior. a~i que s11 baje el azúcar. con
una 11Qponja ó un trapo emp11padoa en agua. N, en
este caso ni en los anteriores salvo el de clarificar y _
el de P.spumar el azúcar, conviene teuer la espuma- ·
dera dentro del jarabe.

F JG. 4.-FALDA

'

FIG. 5. -TRAJIII ORNADO CON EFEOTO DE POLONESA.

.

FIG. 6. -TRAJBI Dlll PAÑO AZUL CON BANDAS
DE Tfü&lt;CIOPELO.

Compónese de una camisola de tul fruncida ligeramente, de un cuerpo bolero elegantisimo ribeteado
de gran galón bordado que se repite en la falda fi.
gurando un del1tntal y de uoa gran falda plegada
atrás en eleg11Dtes pliegues. Las bandas de terciopelo
son circulares y muy anchas.

r

FIG. 7 .-TRAJE DE PASEO.

Es de una encantadora f,rntasia . de paño azul, con
casacón capricho de doR faldones superpuestos, solapa doblada y plastrón de p11ño más obscuro con cuello valois.

Una libra de harina, siete yemas de hueva, media
onza de manteca cruda, azúcar suficiente y el agua
tibia que baste para ablandar la masa.

Fig 10.-Elegante traje para niño.
SALSA DE PEREJIL,

---------------------------------------------·

Un manojo de perejil se muele sin los palitos, Re ba·
ja del metate con agua y se le poue vinagre, aceite,
sal y cebolla cocida.

ENTRETENJ..MIENTO,

Lucha solo con las vicisitudes de la vida.
Abre tu propio camino, no pidas favor á J1adie, y
lo,trarás roil veces más éxito que aquellos que andan
mendigando siempn, la influencia y la ayuda ajena.
Nadie te ayudar11 como tú mismo, porque nadie se
int11resará más por tu bienertar como tú mismo.
El primer paso es el mi\s dificil qatzás: pero- eon-tlnuan&lt;10 uno tras otro e• n persev..raucia, se lleg-a á
la montaña Una vez en ella, mantente firme. Anda
entonces con más cautela. mide tus pa~os, no sea que
un resbalón ó un salto imprudente, de la cima te precipite al pié de la montaña, descalabr11do y maltre•
cho, sin poder quizás emprender de nuevo la subida.
Los hombres que se hacen ricos no son nunca los
que heredaron una fol tuna de sus padres, sino aquellos que en la pobreza, empezaron á buscar el camino
de la riqueza con el trabajo, la economía y la constancia
Loe ho.:ibree que han adquirido gloria, fama y po•
pularidad por aus mereeimientos p~rsonales, no eon
aquellos que andan cambiando á fuerza de oro los
aplausos, elogios y ovaciont&gt;s de una multitud venal,
sino los que con su saber, stl h11roismo y 11us virtudes
him conqu~stado la expol?t~nea estimaci~n eública.
Si trabaJas para adqu1r1r fama, gloria o fortuna,
siempre sin ofensa de Dios, trabaja con ahinco con
tus brazos, tu corazón ó tu cerebro. Di "quiero ser
esto," y lo serás algún dia No permitas que ninguno
dig-a: 11 Este hombre me debe lo que es."
Algunas vece@ los muchos amigos p11rjudican; vale
más no tener ninguno.

Un comerciante á au depAndiente:
-Pero hombré. ¿cuándo dt'jará usted de ser tonto?
Todos los dias me llena ust.. d l'l diario de borrones,
para pasar la lengua por la tinta Beba usted de la
botella y le será menos molebto.

NUESTROS GRABADOS
FIG, 1.-TRAJE PARISIENSE DE lNVIlllRNO,

FIG. 8.-TRAJE SA&lt;&gt;TRBI DE PAÑO ROJO.

.E_•tá f(!rmado de un jacquet muy justo con solapas
v1_eJo estilo, de una falda plena con un gran delantal
tmmgular de mucho erecto, y df' un plastrón ob•curo_ y liso •le alta novedad. La falda tiene tres grand11s
phegues.
FIG. 9.-TRAJl!I Dl!:PAÑO VINO.

La novedad ~e este traje está constituida por las
bandas de terciopelo que lo adornan, figurando rn el
cuerpo un bol"ro de muchR fantasía y en la falda un
delantal. y rodeando después la misma falda. Dos elegantes yockeys y una corbata fanta&amp;la completan el
adorno.

DB-LANTERO Y RSPALJJÁ,
FIG. 10.-ELEGANTE TRAJE PARA NIÑO,

Es este uno de los más elegantes modelos que se
han inventado pau la estación De sarga finisima
moiré está formado por un casacón todo drapeado de
terciopelo con galones de seda crema. Un elegante
yoke lo remata, drapeado á su vez d~ encaje de alen~on y abierto sobre una camisa de piel plissé de cue•
llo alto y ceñido por corbata capricho. La falda va
adorcada de soberbios galones oel mismo estilo oue
los del casacón y lleva acuchillados con grandes drapeados de mucho gusto.

~arinero. {nuy gracioso, estilo gaviero, en cheviotte
Tb1b~t1 marino ó negro, con doble cuello en tela azul
y un Jersey muy elegante.
FIG.

He aqui una linda costume de ville en sarga glacé
con la. falda y el corpiño guarnecidos de trenza mol'.
ré. €1 cuello, los reversos y el chaleco son de paño
crema; la cintura de cinta11 de satin.

11. -SOMBRl!IRO FIIIILTRO.

Ornado de plumas en el ribete de la falda redouda
con una ~ran draperia de raso rosa formando pen11:
cho y mono.

FJG, 2.-TRAJE DE CALLE ,

EL CORSÉ Y EL ALIENTO DE LAS MUJERES,

- -----------------------------------

OTRO PAGO DE 12,000.00 DE "LA MUTUA"
EN ZACATECAS.
Un ~imbre,fe $12.l O cts debidamente cancelado.
Rec1bl d0 The Mutual Lif" TnPuranc11 Comoanv of
New YorJ.t" la s!lma de ($U!,OO0.00) doce mil pe.
sos, plata ';06Xtcana en pago total &lt;1t1 cuantos dt1re
ch?t1 se derivan de las póliz11s núms 311 Otil y 542,83:J
baJo las cnales eatuvo ase¡rurado el finado Sr. Don

.TA.OINTO ROQUE SA.LAZAR
Y par!! la debida co!lstancia en mi carácter dealbacP-a
de \uutestamentaria del th,ado, ~xtiendo el presente
recibo en la misma póliza que Pe devuelve á la Com•
pañia para su cancelación, ..n Zacateca.e á veintiocho
de Octubre de mil ochocientos nov11nta y ocho.

Un autor alemán dice:-Mis largos estudios ginecológicos me llevaron á una observación importante sobre ias funciones del higado, cruelmente torturado
por el corsé, descubrí como causa única del aliento
féttdo de las mujeres. la compresión dada á la cintura, que estanca la bilis 'Y degenera las funciones anexas á la circulación de la sangre,

Firmado.-{Jarolina Salazar.-RúbJiea,
Un t!mbre de $0,50 cte. debidamente cancelado
_El L1.c. Tranquilino l\guil11r, Notario Públic¿ en
eJercicio de sus funciones
Certifica: qu~ la firma qu0 antecede es de puño v Je•
tra del~ señorita. Carolina Salazar. quien la ha pol'B·
to en m1 presenma y dicho ser la misma que acostum·
bra usar en todos sus negocios. En comprobación delo cual, slent? la pre.,ente en la Ciudad de Zacatec11e,
Estado del mismo nombre. á veintiocho de Octubre
de mil ochocientos noventa y ocho Doy fe.
Firmado.

coraz6n de coqueta.

Una señorita bastante coqueta se lamentaba de la
infidP.lidad de los hombres.
-¡Todo ha concluido para mil-decla en un arrande desesperacion-¡Tengo el corazón destrozado!
-Y ni siquiera tienes el recurso-le contestó una
amiga-de reunir los pedazos; porque hace mucho
tiempo que lo has ido repartiendo.

GRAN JACQU ET DE ESTACIÓN.

Es d11 paño malva con una polonesa figu:-ada, de
suma t-lel('ancia. La falda está orlada de cintas de raso paralelas y la polonesa lleva volant~s ligeros.

HOJALDRA OON AZÚCAR.

CONSEJOS SANOS.

MEXICO, 1'it OVIEMBRE 27 DE 1898

Muy pevP.ro es f'ete modelo de paño gris obscuro
con falda de mt1dia exteuPión tramada de bandll6 de
bordado, muy elegantes. El jacquer. es largo completam&lt;&gt;ute cruza.lo y de falda oval. Dos grandes yockeys bordados lo cubren en la parte superh,r.

CREMA AL CARAMELO,

Se pone en un caqo dos puñados de azúcar en poi·
vo; se mueve á un fuego mu 'f suave hasta que se preaente de un color a,narlllo obscuro; s ; vierte entonces
sobre el fundo de un molde Carlota, y se le deja en·
friar
Se echan siete ú ocho huevo~ en una cazuela, añadiéndoles algunas yemas p0 baten y se desli0n en un
litro de leche, se añadtm 300 g·ramos de azúcar y un
poco de cortezas de limón; diez minutos después se'
pasa el liquido por el tamiz, se vierte al molde donde
está el caramelo después de haber engrasado las pa·
redes. Se pone el mold~ en un11. cacerola sobre unas
trébedes pequeñas, se vierte agua caliente al rededor, de modo que llegue á la mitad de la altura del
mold11; se hace hervir 111 11.gua y se retira la cacerola
á un fuPgo muy suave para que el liquido conserve
su m smo calor sin hervir; se cubre la cacerola, se pone coniza caliente sobre la tapadera, y se deja repo•
sar 1a crema durante una hora por lo menos, se le deja enfriar en el agua, y en el momento de servirla, se
invierte sobre un plato. Este entrames se sirve frio
ordinariamente.

y

TOMO Il

Lic. Tranqulllno A.guilar.

'Flg.)11.-Sombrero fllt"ltro.

N. P.-Rúbrica.

EN SECRETO..

•

NUMERO 22

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>El Cirio</name>
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        <name>El limón</name>
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        <name>Ixtacihuatl</name>
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        <name>La campana de alarma</name>
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        <name>La leyenda de la blonda</name>
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        <name>Pedro Loza y Pardavé</name>
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                    <text>nomtngo 6 de Noviembre ·de 1898.

EL MUNTlO

OPINION DE UN CAPITALISTA EN MEIICO
AOEROA DEL SEGURO SOBRE LA VIDA

En "LA MUTUA" de Nueva York.
México, Obtub1·e 3 de 1898.

•

Sr. D. Donato de Chapeaurouge,
Dired.or General de la Compañfa de Seguros; "LA MUTUA'
Presente.
Muy Sr. mio:
Me permito 11cusarle recibo de los Rt&gt;guros por ....
($300,000.00) trescientos mil pesos que acabo
ae tomar en la Vompañla que Va. repres..uta en esta.
República, y obsequia1;1do 11us deseos deque expong!llas razones que he temdo para asegurarwe en cantl·
dad tan importante y para preferir el tomarla á "La
Mutua" á pesar de que mis frecuentes vi•jes á Euro·
pa y Estados Unidos, me han dado toda cla ..e deopor·
tunidad para tomar mi seguro en cualquiera d~ _las
grandes Compañías del mu11do, congubtolemamftesto que en mi creencia. el seguro sobre la vida toma l.\
forma de una protección, no B)IO para mi familia, sino
también para mis bienes y negocios que tengo entre
roanos, los que no quedarán ~in fondo11 conque seguir
activándolos si les faltase mi perdona! dirección.
Respecto á haber elegido "La Mutua," mi personal
couommiento de sus inwenso11 recursos, con loR cuales cuenta para cumplir sus obligaciones, sus méttdos
de organización y los plane~ atrat:tivos de seguros
que ofrece son tales, que á mi juicio uo ad111iten competencia.
En conclusión, le manifiesto que mi iutención es
aumentar el seguro sobre mi vida en e~ta Compañia
dentro de poco tiempo, y tendré mucho placer entratar con Vd. este asunto.
lSoy de Vd. afmo --y atto. S.~Firmado.-{). Eisennaun.

NUMERO 20

MEXICO, ~OVIEMBRE 13 DE 1898

TOMOil

EXAMENU.

Fig. 12. - Corbata
ítltima n()vedad

Figs 13 y 14.-Trajes de estacl6n.
FIG. 4-GUARNIC.JÓN PARA CUELLO.

•

Es una elegantisima gnarnición de guipure tt&gt;rminada en punta11, orladas de volantes Ji.
geros de muselina de seda, y ceñido el cuello por una leve cinta de satin.
FIG, 5-GRAN PALETOT DE I~VJERNO, DELANTERO Y ESPALDA,

Es de casimir asargado, con una elegante esclavina redonda, muy ajustado y dos gran·
des filas de botones fantasía.
Sobre cuello de terciopelo muy sencillo.
FJG, 6-VOLA1'TE tLTUIA NOVEDAD,

EP un volante muv hermoso de escosés con entrerlo~t&gt;S de ci1110 acordonada de seda para remate de
faldas de cie1 ta severidad y elegancia.

no. 7-PALRTOT

PARA LA ESTACIÓN,

De ¡;año obi~po, ligeramente diagonal, hecho de
dos empiPzamientos: el superior que forma un casa&lt;'Ón 11ju~tado. dejando dos elegantes faldetas, y el in·
fnior que P~tá con~tituido por una falda rlgida y justa. Dos hileras de botones fantasía ornan y cierran
el casacón.
FIG. 8-ABRIGO PARA CASA.

Estilo dragón muy justo con cuello vuelto y adorno
de alhamarns y t!Sti-ellas.
FJG. 9-TOCA JUANA.

Sombrero levantado delante, de fi!)ltro castor muy
claro, ~uarnecido de ~os draperias torsaladas de ter
ciopelo un poco más pálido aún, una de ellas se enreda á. la iz~uierda al rededor de la fuda; la otra á la
derecha desapareciendo en la parte posterior, delante las dos se cruzan sosteniendo una larga pluma.
FIG, 10-FICBÚ ELEGANTE,

ER un fichú volante de muselina de seda, ornado
de blondi1 blanca de Bélgica y rematado en el talle
por un bonito l11zo de ¡¡atln. ~;1 fichú se abre sobre un
gran plastrón de cadeneta, de muy buen gusto
FIG U-TOILETTE DE DAMA PARA LA ESTACIÓN.

Es una elegantísima t ,iJette de seda acero asarg .~da con grandes aplicacioneP. dP. bordado á ban•las pa,
ralelas con Pntredol!es rle seda negra. Cuerpo ablusado con un hermoso fichú dti blouda de AlenQon vieja.

&amp;1 asunto ae la lemporaaa.-Después ael e~amen..

FIG. 12-CORBATA ÚLTIMA NOVEDAD.

Flg. 10,-Fichft elegante.

D11mos con este número uno de los más elegantes
modelos de corbatas para trajes estilo sastre de las
que están hc,y más en boga.

APUNTES DEL NATIJRAL

Fig 11.-Tollette de dama. para la ~stacl6n.

I

�- LA.SEMANA.
La aprehensión del Dr. Abrego es el escándalo del día, y de muchos días, porque este asunto pondrá. frente al criterio social no A un BCU·
sad, , sino un delito, mil delitos, tenebrosos y hasta hoy posibles é impunes por la audacia de sus
autores y la incapacidad de re6istcncia de las víctimas.
El reo á quien se forma causa no es un hombre,
es un tipo social. Todos Jo hemos visto en íntima
relación con los débiles y los ignorantes, abusando de su fu~rza y de su saber para dar satisfac•
ción A los apetitos de una animalidad exigente y
de una codici11 de judío.
De sobra se ha estudiado en Europa este tipo de
criminal--científico, para quien la ciencia es un
arma de conquista: domina por ella como el asesino por el puflal y el ladrón por la acechanza y
la ganzúa.
Este intelectual pone de relieve el error pueril
de los que creen en el valor de la ciencia como
factor moral. La frase del Nigromante reveló,
antes que las conclusiones de la psicología fueran del dominio común, el contraste entre la noción abstracta que ni moraliza ni corrompe y la
enseilanza qne forma los caracteres sujetá.ndolos
al imperio del deber.
·
¿Qué es, en suma, la posesión de las verdades
científic"s para esos seres sin probidad, sino una
de tantas formas que afecta 11' delincuencia ins•
tintiva para revelarse y danar?
Un sabio es un amante desinteresado de la
ciencia. un curioso, que investiga el misterio
por el placer de descubrir verdades, como el poeta busca nuevas formBs de belleza, sin pP,nsar en
los resultados definitivos de un verso ó de una
solución en la marcha de la humanidad.
El obrero--científico procede siempre por un
deseo egois•a, bajo y animal, y cuando su espíritu encuentra la fórmula que ilumina un problem'l
ó indica un procedimiento, es nula en él la emoción intelectual; sólo percibe los resultados personales, inmediatos, que habrá.n de proporcionarle
un título académico, una explotac~ón, un medio
de obtener ventajas.
Entre estos se reclutan ~os crimin11les cientificoa, los que amparados por una situación privilegiada vulneran audazmente las prohibiciones de
la ley penal, como si en el dominio de su técnica
no tuvieran aplicación los principios morales.
Ciertamente asombra esa audacia: un asesino
de los de puftal huye ó se entrega; un ladrón borra
las huellas de su crimen; pero astes dPlincuentes
de laboratorio entregan á la sociedad un cadá.ver
y se cruzan de brazos, diciendo con desdén: «es•
toy tranquilo: cuando sea oportuno defenderé mi
conduct" y discutiré el punto científicamente.»
Causa pena ver convertido en torneo de argotistaa el tribunal; pero cuando un hombre, un acusado, se presenta ante los jueces manch11do por
el crimen y sin los rubores del convicto, y hace del
banquillo una cá.tedra y de sus entuertos un tema
profesional, la conciencia pública tiene derecho A
imponer los rigores de la antigua vindicta.
,,.,,;

Dos sacerdotes locos han dado tema á las gacetillas de la semana.
Uno de ellos fué huesped de San Hipólito y tan
medroso lo dejar,n tres años de reclusión en el
manicomio que no daba punto de reposo á sus
alarmas y para defenderse del que pretendiera
arrastrlo de nuevo al hospital llevaba siempre
oculto un revólver.
El agente de las comisiones de seguridad que
pretendió aprehender al infeliz demente, fué
agredido por él de una manera aúbita y violenta.
Y ese buen ministro del Seflor es un clásico
que ha pasado la juventud recitando versos lati•
nos y cláusulas ciceronianas; es un hábil casuista que conoce todas ias citas de los Santos Padres y docu:!lenta con ellas sus sermones sabios
y sutiles.
Tal vez tenía la enfermedad del escrúpulo, la
que hace zozobrar el espíritu en un mar de dudas.
El confesonario es para esos hombres rudísima
prueba: ¿qué in-folio puede encerrar todas las soluciones para los casos de conciencia pavorosos
que llegan diariamente A la rejilla en demanda
de consejo?
La confesión de un penitente desquició 111. razón del pobre clérigo, y desde entonces se. vida
es uua brega contra las sombras fantasmagóri-

Domingo 13 de Noviembre de 1898.

i!:LMUNDO

866

cas de la locura más cruel, la de las persecuciones.
El otro sacerdote Joco es menos interesante, 11un·
que su _delirio sea el de las ~randeza~. .
.
No tiene l!l locura apostólica de Nazar1~. mes
imputable á. la meditacion absorbente. Tipo vu)·
gar de enajenado se cree Rey del Nuevo Con_unente; habla de minas riquísimas de
Y di~mantes v tiene. un odio y una preocupación: odia
á los anarquistllS rPgicidas y se cree amerl8~ado
de muerte por lvs itlllianos colegas de Casen~,

º:º

La fantasía anglo-sajona anticipll descripciones de la lluvia de estrellas errantes que surcarán el cielo las noches del 13 y 27 de este mes.
Cada treinta v tres anos, dicen los llStrónomo~,
visitan la órbita de nuestro planeta dos escuadrones de fulgur11ntes meteoritns, re~tos d_e sen•
dos cuerpos cósmicos disgr, g11do&amp; por algun choque tremendo y silencioso, de esos que en bs
pr0fundid'\des del espaci&lt;;&gt; suspen_den por un momento la serenidad de la harmom&gt;l ctlleste.
Los fragmentos luminosos &amp;iguen su m11rcha
obedientes A la ley de gravitación que trazó la
órbita de los cuerpos que formaron, y ahí vien&lt;'n
como en los aflos de 33 y 66 á divertir y A aterrorizar A los humanos el breve e~pacio de unas
hor11s.
Vt-remos en la parte central del cielo unll sombrilla luminosa que extenderá su media naranja
sobre la tierra, dejando caer una que otrll ch~spa
que al precipitarse eutre las ondas 11tmosrénc11s
del planeta, rodará. deslumbr,rnte, _hiriéndolo c_o•
roo un formidable caflonazo que d1sparar11. algun
enemigo q·1e nos da caza en el inmenso oceá.no
&amp;id eral.
Y mientras como en anos anteriores las gentes
sencillas acudan al exorcismo y A la oración para conjurar las fatídicas viiijeras, los observat~rios provistos de los mejores aparatos fotográficos aprisionarán en las µlacas sensibles el aspecto de esta f'.esta astronómica, cuyo programa han
preparado con exceso de pormenores los cronistas de la cienci:l.
Dick

definitivos para form11r un juicio cabal en el resultado de las eleccio11es.
.
Pero si hPmos de atender á lo que anunc1~ la,
prensa republicima, si tenemos e~ cuenta el triunfo adquirido en la gran metrópoh dun:ie más segura parecía la candidatura de los demócr11tas,.
hay que pen~11r que la 56~ Lrgiblatura federaL
tendrá. unll mayoría repubhc11n1;1.
Esta actitud del pueblo 11mericano e~ ~os últimos comicios ~ignific11rA el apo~ decidido A la
política de McKinley, la aprobación solemne de
sus actos tr11nscendentales en el presente _ano, la.
sanción pública de la marcha general seguida por
el Gobierno, muy principalme11_te en cuanto serelsciona con la política internacional, con 1-t solución del problema antillano, con la conducta seguida en la guerra contra E;paft~, Y_ h11sta co!l
las instrucciones dadas A los comisario,¡ 11mencanos, encarg11dos de concertar el tratado de paz.
con la nación vencida.

.º

La UniónAmerican11, quo· en sus últimos tiemp.:s tiende á la expan~~óu ter~itoriid, qu? 11grega
primero las islas Hawan, adquiere por ces1ú11 Puerto Rico y las otras pequel'.lai Autillas que&lt; ataban
bajo el dominio espatiol, que toma un pum~ reapoyo en las II bruptas roc11s del gr~po de l1ts islas
de los Ladrones y pretende por fin que Espafla
renuncie á su soberanía sobre Filipinas para tomar el extenso archipiél11go bajo su pr-0tección,
constituyendo ó no, una república tagala; e11tr11rA,
definitivamente por nuevos rumoos, se enderezará por vías nuevas, y olvidando l!s ~radicivne~ delos ilustres fundadores de la repubhca, y haciendo lt un lado la herencia moral que le lt&gt;garan
los Washington y los J efferson, se asentará. entre las potencias de primer orde!l ~ue sueftan
constantemente con nuevos territorios, que se
preooupan sin ce11ar del engrandecimiento, y lle•
gan hasta la obsesión que se ha dado en llamarla manía del kilómetro cuadrado.
Fuerte ya y poderosa, después de haber acumulado en labor infatigable y en constante trab11jo grandes elementos de todo género, duefta y
orgullosa de una fuerza r,uperior, llega un momentv en que se desl'orda; son frágileij barreras
A esa expansión los preceptos de sus antepasados, son inútiles válvulas á esa txplosión 11111tradicionts gloriosllB de sus fundadores: llyer era
RESUMEN.-UNA SEMANA DF. GRANDES ACONTE- el Hinvaii, hoy es Puerto Rico, y maflana será. tal
CI.MIENTOS.-LAS ELECCIONES AMERICANAS Y EL vez el archipiélago filipino.
DISCURSO DE LORD SALISBURY.-LAS TRADICIO·
NES DE WASHINGTON Y LA POLÍTICA DE EXPAN·
***
SIÓN.-:MoKINLEY y LOS REPUBLICANOS.- Los
Afortunadamente las nuevas tierras adquiridas
TERRITvRIOS ADQUIRIDOs.-HAWAII, PUERTO Rr- y las qut. están p11ra caer bajo su jurisdicción
co Y FILÍPINAS.-LAS DEOLARAClONES DE LORD abren ancho campo A todas sus actividades, exSALISBURY.-ACTIT{'D AGRESIVA ANTE EUROPA. tienden dilatadus horizontes á su vista, hacen
-LA CUESTION EGIPCIA.-LA ALIANZA ANGLO· brotar ricos y caudaluRos veneros de producción,.
AMERICANA.- ENTRE BASTIDORES.-N°UEVOS TE· ofrecen amplios y segurqs mercados 111 consumo,
MORES PARA LO PORVENIR.-CONCLUSIÓN.
y requieren, antes de entrar en plena explotación,
Enmedio de la gran agitación que reina entre y de llenar todos los deseos, tiempo suficiente palas naciones europeas, por los diversos aconteci- ra acomodarlos A las necesidades del pueblo amemientos que sin cesar se suceden y á la continua ricano.
excitan los espíritus y exaltan los ánimos con los
Ni un día, ni un afto ba~tarán á organizar los.
temores de próximas catá.strofes y los anuncios pueblos incorporados ála Unión americana. Puerde futuras violencias. hay dos hechos que tienen to Rico, tranquilu, floreciente, c11rgado de frutos
una altísima signíficación, que son por decirlo así y de flores en medio de su régimen colonial, no.
como la clave de actitudes pasadas, y explican por ha. de ofrecer ningunas dificultades. Las islas Hasí mismos muchos de los temores para lo porve- waii, pueblo recientemente abierto á las corriennir. Nos queremos referir á la renovación del Po- tes de la civilización moderna, serán fáciles de order legislativo federal en los Estados Unidos y á ganizllr en territorio federal, fáciles también de·
la elección de los poderes loCllles en muchas de desarraigar las últimas reliquias de la extinta
las entidades federativas de la Unión Americana, monarquia. Con la cooperación de los elementos
y junto con esta agitación electoral, el discurso separ!ltistas, con ayuda del conato de gobiernoque acaba de pronunciar Lord Salisbnry en ocn
provisional constituido por los i11surrectus, con
sión solemne, ante el cuerpo diplomá.tico y los los restos aprovechables del régimen autonómico
ministros de la Corona británica, congregados en espafiol, es posible dar orden y vrganización Ala
suntuoso banquete.
isla de Cuba que tan necesitada. está de reposo y
Estos dos acontecimientos se ligan y se entre- de gobierno firme, para cicatrizar todas sus helazan de manera palpable; hAllanse relaciones ín- ridas, para abrir A las corrientes civilizadoras.
timas entre los resultados de las elecciones ameri- sus fuentes de riqueza cegadas, para ingertar eu
canas, conocidos hasta ahora, y las declaraciones el nuevo régimen elementos de vida y de activihechas por el jefe del Gabinete británico
dad, tras la ruda brega, tras la sangrienta lucha.
que acaba de terminar. Ya entonces podrá resol**
*
Segun las noticias recibidas,
el triunfo electo- verse su suerte y determinarse sus futuros destoral está. hoy a favor de los republicanos, si bien tinos.
es verdad que los demócratas reclaman para sí
Pero el Archipiclago filipino, agregación hetenumerosos puestos adquiridos en las legislaturas rogénea y disímbola de pueblos y de razas, donde·
locales, y 11un discuten la probabilidad de obte- palpitan los gérmenes de un régimen teocrático,
ner mayoría en la Cámara federal, unidos c.on donde está.n todavía vivientes los deFpojos de un,
los populistas. Bien averiguada está. la eleccion régimen colonial irregular; el Archipiélago filipidel candidato republicano, para el importantísimo no, formado por unaagreg-ación irregular de pue•
puesto de gobernador del poderoso Estado de blos, unos en el esta.do primitivo y salvaje, otrosNueva York. No son conocidos todavía los datos semi-bá.rbaros, y otros cultos y civilizados aun,

.

Domingo 18 de Noviembre de 1898.

que con los resabios malsanos de sus viejas tradiciones; alli donde hay intereses tan· 1.,puestos,
preocupaciones tan arritigadas, pasiones tlln vio•
lentas, rliZIIS tan di&amp;imbolas, ge11tes t!ln distintas,
costumbres tau heterc gé11e11b, todo eho regado en
un iI,me11so territoirio, desparramNdu en los millares de isltts, de islott-s y de roc11s 11bruptas que
forman tollo el grupo; el Archipi~l,.go filipino uecesita de grandes 1:isfuerzos, de trabajos hercúleos,
para dárbele orden. pa:-11 constitom,ele un gobier•
no, para incorp1.,ra1 lo Ala gr11n República awericana. Ardua es 111 tarea y erizada cte d1ficulL11dts;
magna la emprei,a que tiene que acome•er el
gobi ~rno de .McKinley, ~í, venciendo los obstáculos
que oponen los comi:111nos espall.oles en las conferencias de P111 ís, logra por fiu, con mdemnización ó sm ella, hacer que Espafla renuncie A to•
dos sus der1:chos de soberanía sobre el arcbipiélago
magallAnico, eu favor de los Est11dos Uuiúos.

***

Dar fuerza A estas labores, aliento á estas tendencias, s,-11ción á esta política, iw¡.,ulso á estas
pretensiont-s, todo eso significa el muuro del partido republicano en los coruicios elector11le., de
la presente semana.
Y si tiene todv este alcance en cuanto se refiere á la política interior del gobierno de Wa~lnugton, no cre•·mos aventuraúo decir que ac11so se11.
ruayor en cu11nto be refiere A sus rt-laciones internacionales. ¿Qué &amp;iguifican d nó, las dec111raéiones de S,dü,bury á iaiz dd prentendido triunfo de los republicanos tn los cowiciosi' ¿De qué
puede ser t I símbolo ese carro alegórico 4ue pa•
seó ayer pl r las calles céntricas de Londrts, representaoc..lu á la r11za anglo-sajonai' ¿A qué fin
el estrecho a brazo de Colombia y Britania en ese
carro, el bOldac..lo amencauo con el ¡.,abellón inglés y el &amp;oldado inglés cou el pabellón americano?
El jete del gobierno inglés declara de una manera categórica su adb.:sión A la iniciativl;I del
Czar, sus buenos deseos por cooperar en el orden
de lo posible á que se realice el filantrópico pensamiento, la humanitaria idea del autócrata moscovita; pero hace sus reservas, perfectamente explica bles eu los labios de un diplomático inglés,
y declara tamoién que la Gran Bretana no puede
suspender sus armamentos, ni dejar ctesmautelados sus puertos, ni &amp;onar en desguarnecer · sus
fortalezas, sin abdicar de su soberbia, sin ver derribada su grandeza y renunciar, acaso para
siemore, á su gran imperio colonial.
En esa virtud, sigue el movimiento en los arsenales, la actividad en las maestranzas, el trabajo en los astilleros, la vigilancia eu el Almirantazgo·1 y como no hay quien pueda, por su propia
vo.uu tad y por su solo esfuerzo, co1,jurar las nubes de torment., y las amenazas de gutrra que
se ciernen sobre lll Europa continental, dice Lord
Salisbury que no es de extrafiarse que su paí:1
esté en guaroia y disponiéndvse para cualquiera
eventualidad. No quiere que un 11contecimiento imprevisto lo sc.rprenda dt&gt;sprevenido, porque seria inmensa su rosponsabihdad.

*
* *

Noblemente alaba al gabinete francés, por su
prudencia y buen criterio manifestados en el reciente conflicto. No esc11tima los términos más
laudatorios para el ministe1 io de la República
Francesa, que ha sabido con prudencia y buen
sentido evit11r un choque que A muchos ¡.,11recía
inevitable. ¿Y cómo economizar sus fra~es de e~comio al enemigo que se ha plegado a sus ex1genci11s y ha quitado de enmedio todo motivo de
discusión, orden11ndo la relir.11da del comi,ndante
Marchandi' ¿Cómo no derrawar las flores de ll\
oratoria después de un triunfo diplomáticoi' No
será. u1:a solución la. que se ha encontr11do al probleml\ egipcio con la terminación del couflicto
de F11shoda; pero el apl1;1zam~ento solo de es!\
cuestión, aunque sea ec términos amenazan~es,
es ya un motivo de satid11cción para el gobie1no británico.
.
Vendrán acaso nuev11s reclamacionc s después;
'pedirá. Francia sola ó apoyada en Rusil', su aliada la evacuación de Egipto ó rn colocación bajo ~n protectorado internacional, y habrá. otra
vez resistencias por parte de Inglaterra, y á menos de una coalición europea contra el poder
britá.nico, los que bombardearon Al~jandría, los
que han sujetado á su tutela al Jedive, los ve_n•
cedores deOndurmAn, los que capturaron Jartun
los que aniquilaron el poder del Ma_hdi, los que
abatieron las banderas de los dervises, los que
están en posesión ahora de toda la cuenca del

EL MUNDO

Nilo, desde Damieta hasta Fashoda, quedarAn
allí donde han levantado sus tiend11ij, donde han
extendido sus dominios, donde han phntado su
estandarte.
Y seguirán avanzando parll obtPner el predominio sr,bre el Contine11te NPgro; obtendrán por
contrato oblig-ado la babia de Deli1goa, 11rrllncada de gr11do ó por fuerz11 á Portugal: seguirán
avanzando al Norte y al Sur, al Oneute y al Occidente, h11sta unir los br11zos de «·sa cruz que se
extiende desde la dese mbocadura del sagrado
Nilo bastll la colonia del 011 bo; y desde las costas enc1mt11das del OcPáno Indico hasta las bocas del Níger y Sierra Leo1111., sin importarles que
de e,e modo, ap ,rten y limiten las po,;esiones
extranas.

***

H11y además un punto, 4ue es el que queríamos
seflalar desde un principio, en que coinciden la
política american11 y la in~les11, en que se confunden por su importancia, Jos do3 grandes llcontecimieutos de la s1:ruana: el discurso de S111isbury
y J¡¡s elecci0nes ..n ;o:; Estados Unido:.. Nos referimos al pasaje en que el jefe del gabinete inglés, declau que la adqubición dP, Filipi11as por
los Estlldos Unido,, si es aM~o un motivo para
perturbar )R. paz, indud!I bltmeute ha de ceder en
bien de la Gran Bret11ña. Es que, como lo indicara poco ba el ministro Cb.imberl:Jin, cada día
avanza más la idea de una alianza anglo-amerina; y por esta vez puede afrrm11r,e, que sanciovada en los comicios la política de MrKi11Jey, se
presumen ya los preliminllres de esll a11siada alianza. . Y la unión de los pueblos anglo s11jones, que
tienen y se 11tribuyen una gran mis1ó11 en la tierra, será un hecho consumlldo, como se indicaba
en el carro alegórico que corrió anoche las calles
de Londre':! entre los aplausos de la multitud y
el entusiasmo frenético de un pueblo, que muy
rara vez ab11ndona su fría seneridad y se entrega á arrebatos febriles.
La unión anglo- americana inici11rá una nueva era, hará como la presentación internacional
de los Estados Unidos en el concitrto de las potencias. y marcará. una nueva etapa en la marchll triunfal de esos pueblos, trnbajadores infatigables, que se derraman por toda la redondez de la
tierra.
Como contestaudo A esta posible alianza, va se
anuncian protestas contra la ·actitud de los Estados Unidos, se habla de algo más que de interveuciones platónicas por parte de algunos gobiernos europeos, y se indican como posibles cier•
tas gestiones diplomá.ticas tn favor de Espat1a y
para poner coto á las que apellidan exigencias
de los americanos. Y aunque así fuera, McKinley no retrocederá. en la ruta que sigue; si
cuenta con el voto de sus conciudadanos en los
últimas comicios, no cejará en la marcha emprendida, aur,que se interpong:tn las gestiones diplomáticas de los monarcas europeos.

X.X.X.
10 de Noviembre de 1898.

Los estudiantes de .Alemania. ·
La vida estndí11ntll pasa por la más 11.g-radable en
todas putes del mundo, y dlcese con sobrada razón
qu6 las prc:,ocupaclones del examen están hartamen•
te compens11das con la falta absoluta de preocup11cionPs de otrll lndole.
La savia juvenil que hierve en las vevas cnn lrresiEtibl~s imp.-tuosidarles; el porvenir que Pe abre por
dt1lante dt1 nosotros y que aunque incierto y azaroso,
pláce:ios verle sit•mpre color de ros11: el coutlnuo roce con c~r11cteres lgualmt&gt;ute juvenilPs y entusiastas,
son t&gt;lementos más que suficit·ntes para asPgurarnos
un buen girón de felicid11d, de esa folicida&lt;1 pérfida
y v.-leidusa. que nunca se 11ntreg-a por complt&gt;to v que
guarda tsiempre una gota de hiel en el fondo de su
copa, que dicen dr1,bord1rnte de se-:uh.r FH!erno.
Y ee curioso obst-rvar las coHumbres y la vida in•
tim11 de eso!'&lt; haces de juventud, de esas yemas que al
estallar mañHna, formarán fl núcleo dlrigPnt11 Je sus
pueblos, la diput~ción iutelectual qnP h1&amp;brá derepreseutar ante el tribunal augusto dt&gt;I Ti ..mpo. el estado
meutal de toda uua comarca en uu pt:riodo preciso de
la hidtoria humaua
La vida eHtudiantil varia en cada pueblo. en consonancia con carattt-res y 1radidonee y no creemos
que en todo el orbe haya una más original que lab
que lit van los g11rmanos que cursan aulas
¡Cuán lejos iie ell11 la gaiantnia ruidosa del Barrio
Latino y lus rudos atlt:tfijmos de O:xfordl Aqni no hay
ni mujeres ni pelnt11E, ni polltica ni eocild1smo religio110. El e,tudiante ah mán tiene orgullo fn no ocuparse slno 11n asuntos Pstudiantlles, que est~n ·dentro
de la tradicionacadémica, como ellos dicPn. Lo demás
lo abandonan olimpicamf-'ot1111n m11uos d6 IOP füisteos'
nombre con que designan á los que no son de ocupa:
ción inteltctual y á ·quienea profesan más desdén que
los más ner,·iosos artistas á monsieur Prudhamme.

Desde h1Pgo, enAlPmanla la relación ele los jóvenPS
que estudian e~ mucho menor que en cu~ l11uiera otra
p11rte, put:s 11111 sólo es rep~tad_o e.,tudiante el que
cursa 11.lguna facultad univerHtn1a. µ,1.1 a lo cual ~-a
le ha sido prl'ciso abaolver todos los e-tudioR pi l'pa•
ratorlos y ten6r en la bolba un titulo dt1 bachilln; Y
p«,r otra parte las condicione11 de tlu pr11~rt1•0 mliUd·
tria! demandan m1,c·h~s brazos y muth&gt;d acti-vid•d~~,
de suerte que un muv rt1d1tcido 1,tim .. ru de jñv.,1, .. r1
83 el que lucha por eidoctoi-adu para abrazar profe,iunt'S lioaalt&gt;@.
Para conocer bien la vida académica dt1 AIPm•nia,
PB preciRO observar de 011rca alguua dt&lt; l•s v11•jos ciudades universitariaR. de lae mári J?'6,.,1111ad y tr111iiciut1Rlistas. Bonn por t'j •mplo. ó mejor H~idf-'lberg
Heidelb6rg tiene todas l1&amp;s aparituciad de uua, il'a
medioPval: sus techns de teja 11caualada, ,obreslllien·
t68 en las fachadas haPta tocarse casi en el c11ntro de
la calle; sus tabernas subterráneas: sus campauarios
semi gódcos; sus fuente ! ornadas de groseras t'Pculturas de piedra todo evoca vivamt&gt;nte las vil'jllS épo·
c11s, y antójase ver dedilar por aqu11llas call, j 111 un
tropPI de lansquenetes ó un escuadrón de dr11gone11
de Wallenstein.
En epa villa. los estudiantes Pon reveR y señores regocijo de taberneros y azote de filisteos Al1i ellnR go•
zan de muy especiales privi:eg1u11, caoi &lt;1e fuerm1,
puesto que por ejemplo la policla urbana no puede
mortificarlos para nada, por exlPtir uu cuerpo de
guardianes particulares con el nombre 11e "polici&gt;t.
académica" asi como también un tribunal A pt&gt;dd
para juzgar de los delitos correccioualed cc,meudu11
por estuoiant6ll,
En Heidelberg, ¡cosa rara! caPi no hay gu11r1,ic-ión
militar. tal vez para evitar conflictos e11tre eetndiautes y oficiales, y Pxtráñase el viajero a1,te la t sca,ez
d" uniformes ambulantes, cuya profusión Ps el 1·a,go
m4s caracrnristico de las otras ciudades aJ .. maoa11.
En cambio hierve materialmente la multic&lt;&gt;lor policrc.mla de las cachuchas académicas, y , o se pu11de
dar un paso sin topar con numnosas p11rvarlas d., estudiantes que cruzan las acerhS, entre u1uch&lt;111 ri.,as
y muchas ·oromas
La cachucha estudiantil PS I bligatoria para lnR PS•
tudiantes que siguen la tradición, por4ue "" .,¡ cli.tintivo de la agrupación académica á qu6 11e pertt'nPce.
Estas agrupaciones const'tuyen la particul~ridad
fundamental de las universidades alem11nas, pue.i eu
ninguna parte acostumbran los ei;tudidntesá unir~et'u
Poc1edades perfectamente organizadas y diEcip,inadas que no tengan absolutamente ningún fin poli neo.
¿Cuál es pues d objeto de tales agrupaciont:s ac.. démicas de la vieja Germ,rnia?
Tienen dos: bebe1· mucha cerveza, y batirse mu_i¡ á menudo¡ pllrO beber y batirse ordenadamet1te, coufurme
á reglas y ceremoniales de muy estrictaobservauP.ia y
bajo la dirección de individuo11 de superior g, r ,rqul&gt;t.
en el escalafón académico, tal cual lo inandan los do:1
códigos aprobados p11ra todas las univer11idad.. s 11l6·
manas, y que son: el "Código de la Es_¡,adi..11 y d 1·Códi¡z-o dAI P1chel."
•
En Heidelberg hay más de veint11 ag-rnpacionea de
este género, de las cua!Ps hay alguna~ de muy larg..
e:xidtencia ya como la "Saxo Boruss1a" qut- se func11ó
á principios del siglo paeac!o. CKda una de el11u1 tieue
sus colorell especialPs, pero todas obedecl'D á. los mili•
mos códigos ya citados. Los colores se ostentan en la
cachucha y en un listón de cinco centimftros de ancho
que s11 lleva cruzado sabre el pecbo, de izquierda á
clerecha. Cada agrupación tiene P11 prP11icleucl11 y dos
clases de mit1mbros activos: los "Bursche" (eomp&gt; ñe•
roP) que ya tienen má11 de dos an.011 de pertenecer á.
la Sociedad, y los "Fuechse" (zorros) que son lo: principiantes
CHda compañero tiene un zorro especi11lmente destinaoo á 11u cuidado, y el cnal ti6ne q U6 obedece1 le en
todo y por todo Los Fuechseuun una cola de zorro e'n
torno de la ca,:hucha, como Efütintivo e@pecial de su
carácter académico.
El "Código del Pichel" tiene que ob11ervarse dPsde
el momento en que se encuentran tres estudianies
junios. y su pri-scripción fundamental prohioe que se
beba menos de un litro por cabeza eu una sentada.
Ad11más, fija la manera de empuñar el pichel de llevarlo á los labios y de tragar el liquido, y e@tabl.-ce
los castigos que 86 impondrá. á los que en tales manipulaciones se equivoquen, los cuales castigos consisten en hacerles beber determinada cantidad suplementaria d1&gt;l llquido de Gambrlno. Hay además cenmonias
especiales como la salamandra que cQnsiste en golpear uniformemente los picheles 50bre la mfüa v beber luego el li1tuido, obedeciendo las órdl'nes de in ando. En los inte1medios, se cantan canciones de lamalicia de la signient.., &lt;,ue malamente traduzco:
Entiérremne en ttn t07let
grande como Heidelberga.
para que de.Ypt,és de muerto
siga bebiendo cerveza........ .
En cuanto á los duelo11, no Re parecPn en nada áloe
que solemos ver en p11ised latiuod; el duelo 11cadem.ico consi11te en cortarse el roijtro con unos sables ligerls,mos llamados Rapier, estando perfectamente pro•
tl'gido ..1 resto del cu11rpo y llevando ante, josctegrueso ~lambre
En 238 encuentros que tuvimo¡¡ ocasión de presenciar. no hubo unu solo de consecuencias serlas: una
herida en la mejilla, alguuas i,uuta&lt;ias, una ci.::atriz
para toda la vida ......y basta,
Hay que hacer dos advertencias que son las que
más bacP.n pene11r sobre el extraño gusto de los tudescos: l ª el duelll ac11démico no es originado por enemistades, sino por voluntad de ambo11 contrincantes,
que se honran con ello mútuamente; 2ª es altamente
honroso para ellos tener cicatrices en la cara.
Como se ve es bien rara la vida de los estudiantes
alemanes, y muy distinta de la de otros palees . Sólo
en un punto hay analogla: en que casi no se estudia 1
ÜSCAR JlERZ .

�Domingo 13 de Noviembre de 1898

Domingo 13 de Noviembre de 1898

EL MUNDO

368

EL MUNDO

869

BAILE INFANTIL EN EL COLEGIO DE LAS SEÑORITAS _SALGADO.-:.oAXACA.

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Niño José Castellanos.
BAILE IN.FA NTIL

l:N EL COLEGIO DE LAS SRITAS. SALGADO

Niña Ana H Castellanos.

Estado actual de la Casa de Cuna

tPs, haciéndose la clasificación de los niños en expósitos, amparados y pensionistas.

REFORMAS MATERIALES Y ADMINISTRATIVAS,

E::-te departamen'°, dependencia directa de la Cuna, es de novlsima creación, pues cuenta loR diar, que
van transcurridos del mes. En él son examinadas las
mujeres que proponen sus servicios como nodrizas á
efecto de proporcionárselas los certificados respectivoR para s~r admitidas en las casas particulares.
El local de la insp~cción se halla situado en la plant11 baja á la izquierda inmediatamente á la puerta de
entrada que da á la calle de la Merced; consta de dos
satones, uno para el despacho del Doctor encargado
de la inspección, Sr. Miguel M Márquez, y el otro dedicado á los aparatos con que se trabaja. El mobiliario de ambos salones es nuevo y de aspecto sencillo
á la ;,ez que elegante: las paredes y techos son enteramente nuevos y están convenientemente tapizados.
En el muro principal se halla colocado un retrato de
grandes dimensiones del act::al Secretario de Gobernación,

INSPECCIÓN Dlt NODRIZAS,

EN OAXA.CA.

El Colegio de las señoritas Salgado es uno de esos
-establecimientos benéficos á la sociedad, pues las
-educandas que á él concurren forman despué3 lo selecto de ell11, toda vez que la educación y la enseñan-za corresponden á las más serias exigencias de la
moderna cultura y de la moralid11d.
Cuatro generaciones educadas en ese Colegio atestiguan los nobles afanes de la corporación directiva
:y docente de ese Colegio.
Una nota característica del establecimiento que nos
ocupa hace acreedoras á las señoritas Salgado á la
gratitud de la sociedad oaxaqueña. Nos referimos al
desinterés con que las mencionadaR profesoras cumplen su misión nobilisima: largos años hace que viven entregadas á la enseñanza y jamás han lucrado
-con su profesión.
Limita.n su ambición á cubrir los gastos del cole.gio, á sostenerlo en un pie de progreso y á retirar
modestlsimas utilídatles, -únicamente las que reclaman sus necesidades personales.
Este ejemplo de excepcional hidalguía merece los
aplausos de todos los que se preocupan por el progre•
-so y el bien social.
Ultimamente se Pfectuó en este plantel un baile de
fantasia en el que tomuon parte los niños lle la buena sociedad oaxaqueña.
Damos en estas páginas retratos de e@os niños así
-como un grupo, que nos envió nuestro corresponsal.

Ntno T,uls Fernández.
Nlfta Luz ERperon.
Nmo Federico Zo~rllla Barrunula.:

Nlfta Trápa~a ll'lgueroa.

NlftO Jed,rltO Hernánde~.
Nlfta Jlnrla Esperón.

Nll\o Guillermo Cast,na.. os.
Nlfl.a Ksp,ranza Bergts
~ifto Roberto Maqueo Zerturhe

Niño'José Trápaga Figueroa.

Fecunda en mejoras de todll especie ha sido la época presente de la Casa de Niños Expósitos de la capital. En cenaonancia con los adelantos modernos y
las necesidades crecientes del periodo evolutivo por
que atravesamos, ese Edtablecimiento de Beneficencia ha sido objeto de las reformas que pasamos á reseñar.
Pocos dlas hace q11e la Dirección de la Casa de
Cuna distribuyó el Reglamento provisional que c;letermina las obligaciones de todos sus empleados y el
objeto principal que persigue la institución. Anteriormeme no existla ese reglamento,del todo indispensable para normar los actos económicos y administrati vos, y la Secretaria de Gobernación acaba de otorgar su sanción para que sea puesto en vigor.
La declaración fundamental del Reglamento hace
saber al público que el Asilo queda abierto á todos
los niños que llegan al mundo sin derechos á un
puesto en la sociedad y á aquello, que por ac•
cidentales circunstancias no tienen bajo el techo pa•
terno lo:1 necesarios elementos ni las prolijas atenciones indispensables á su vida. En esa virtud queda abierta La Cuna, para los huérfanos de padre y madre que no tengan deudo ó persona que desee recogerlos, los que no puedan ser sostenidos y
educados por sus padres y los que, mediante pensión
mensual, sean presentados por sus padres ó parien-

LOS DORM~TORIOS.

Son tres !os reformados últimamente: el de nifios y
niñas de uno á cinco años de edad, que cuenta con
vein1itrés camitas de fierro, uniformes en su aspecto
y dotados de nuevos y ric'ls abrigos. Entre catre y
catre hav colgada una tableta barnizada que sostiene los articulos necesario&lt;! para el aseo de loe ,asilados. Las paredes están pintadas al oleo, de color
azul; en la principal hay una inscripción que dice:
"Puesto por la dirección bajo el amparo de la virtuosa Señora Doña Carmen Romero Rubio de Diaz."

Colegio "Divina Providencia."-Dirigido por las Sritas. Salgado en Oaxaca.

..

"

'•

�Domingo 13 de Noviembre de 1898.

ltL MUNDO

370
A continuación se ve el
dormitorio de llls niñas mád
grandecitas del Asilo: contiene ,·eintinueve ea.mas de
fierro, toda11 cubiertas de
géneros blancos que semejan un lampo de nieve; t-n•
treeama y cama hay un buró cerca de la cabecera y
un bonito bastidor en los
piés. Las paredes estAn
tRmbién pintadas al oleo,
color verde cl.. ro, y en la
del frente Fe lee la inscrip•
ción dedicatoria á. la señoril doña Luz Acosta dt- Gonzálflz Cosio.
El salóu rosa es el de los
niños distini?"uidos ó pensionistaP, llijos, por lo general, de mqtrimonios acomodadoP. Existen doce camitas de fierro pintadat1 de
blanco y su dotación de
abrigos es d., lo mAs fino
y elegante El aPpl'cto dtt
eFte salón 11cabado úlr.imamente e~ bellfaimo. En el
muro de la d"recha. pinta. do t.l oleo como los demás,
puede leerse la inFcrlpción
que deuica fil hermoso local á la vennanlla mimoria dfl la SP.ñ ora Doña An·
gela Lamadrid dama zsca•
tecana que legó al e.table•
cimiento una fuerte snma
de dinero, que e.i preci•amente con la que se han
hecho las repMicionPB y
mejoras que venimos re,e ñando.

Domingo 13 de Novlembro de 1898.

371

EL MUNDO.

EL F0)1D0 DOTAL.

ProJ ecta el Sr. Doctor
D. Manut&gt;l Dominguez, Di•
r Pctor de la Casa de Cuna,
establPcPr un cepo en el
iuterio1 del A~ilo para recaudar dinero que se aplicará al fondo dotal de Expósitos
Cuenta el autor dfll proVflCtO con la bueaa disposición de las clases acomodada&amp; para reunir algunas
cantidadPs en benetlcio
de los de~heredados. El cepo podrá abrir11e solamenw por el Dirt&gt;ctor y la Rectora de la Caija, de común
acuPrdo.
El Sr. Doctor Dominguez
nos decia: SI las parejas de
recit\n capados acostumbraran dt"positar el dia de sus
expon11alPs ó el de su matrimonio un modePto óbolo
en el cepo proyectadú, al
fin de cad&gt;1. año encontrarlan los huérfanos un capital que asegu~·ara su porvenir más tarde, cuando
dejaran el P.stablecimi1mto;
y digo más tarde, porque
mientras permanecen los
niños en el Asilo, el GobiP.rno atiende á sus necepirb des.11
1Oialá que nuePtras damas
ricas acoj1m con bondad y
empeño la idt&gt;aemltida por
t&gt;l señor virector de la.
Cunal

OTRAS OBRAS 1'.ATERIALES.

Los corredores de los piROO superiores é inferiores
están pintados al temple.
En el descanso de la escalera, cu_yo piso es de table.tas de mármol bianco y gris,
se destaca una pintura de
mérito representando á
una matrona. la Ciudad de
México, cubriendo ecn su
manto la cuna en que duerme un niño y tendiendo su
diestra á un pequeñ&lt;&gt; Jeaarrapado que e8tá en actitud de implorar abri¡ro,
protección y alimento En
"! fondo dAl cuadro se tlB·
fuman el PopocatPpetl y el
Ixtacihuatl levantand◊ sus
nevadas cimas sobre el
hermoso Vallo, dd México.
La Sala de Mú~ica ha sido objeto de varl,H mejoras; piano, mesas y banque•
tas son nuevas y de made•
ra barnizada.
En el patio principal se
construirá más tarde un
Estatua de Lore111.aua y grupo de niños en la Casa de
hermoso jardln y en su centro se levantará la estatua.
"n bronce, del Sr. Arzobispo LorPnzana, fundador de quido y permaneció una mañana entera enReñando á
la Ecónoma de 111 casa la manera dtl hacer foncionar
la Casa de Niños Expósitos en 1766
El loca! que ocupa la Escuela de Niños ha tido ob- el aparato y mezclar la !!.'che con un cocimiento de
jeto de meJoras tanto en su decorado como en la do · cebada pPrla filtrada y agua de cal, alimento que se
da á los niños débiles y A otros que no tienen norlritación de útiles y libros.
A moción de la Sra. D.ª Luz González Cosio de Ló- zas. Las graduacion1•s de las trt&gt;s subotancias se hapez se introdujo últimamente otra importante mi,jora: cen con e~mero y cuidado y según la edad y e~tado
la de un aparato esterili11ador de Ji. leche que se da dA las criaturas
Las observaciones hechaP hastaaho, 11 con la qu),. tituaho1a á los niños que anteriormente vivian con sua
nodrizas en el campo. La propia señora en persona ción del alimento nlltural por el artificial, ha d~du bue·
compró la estufa y accesorios par.. e~terilizar el li- nos resultados.

Casa de Cuna.-Sal6n de Escuela.

EL ASUNTO

(;asa de Cuna. Sal6n de disUncUm.

DE LA TEMPORADA

aparición de los anuncios y de la próxima venta fijada
p,ir,. PI rróximo marteM y cuyo objeto era sathf• cer los
30,000 francos de dHñ" ij y perjuicios qu,1 la Corte de
Aptilación ordenó quu se pagara
los perito11 del
proceso Estnh11zy
Del sábado al martes todos los dl'Focnpados de Paris pasaron por la c1&lt;lle de Bru~elae para ve,· la ca~a
dfl treP piP08 y doa puntas cocheras marcadas 21
y 22 his. En e~ta ú!Lima, correFpondiente á 1,. habitación dP Zo!11, que comprAnde el piso bajo y el princi•
pal, babia un p pP) tin brado......... .
La libta de los objett s del anuncio delata un colrccionador qu,; ha rettnicto pacienteme1,ttt mil preciosidll·
dtls. Sin embargo, no se siente la misma impresión al visitar la ca~a di' Zola.
Lo que ha falt11do al dueño
de tantos tapiceP y ornamentos de igletia, objetos chinos,

EL REMATE
En r.uestra primera plana presentamoi, á nuestros
lectores un cuadrito de género, que sin duda alguna.
evocará. en ellos muy agradabl.-s recordaciones de la.
época juvenil.
El examen, el temido exa•
men, ha pasado; recojióse
ya ei fruto de un año de
desvelos, y el terrible jurado-esa trinidad de ogros
- está. para pronunciar su.
fallo.
¡.Cuál será éste? . . . ,
La ansiedad desespera y
con razón el estudiante vi•
ve un siglo en los pocos
minutos yue lo separan de
conocer el resultado. Si este es desfavorable, hay en
perspectiva 11mé,1 de los
Cnua.
di,guetos y de las recriminaciones dt-1 hogar, todo
un año de rPr&gt;Ptición, todo un año robado á la brevedad de uue~tra vida. Si favorable, 1 hi están las vaca•
clones. las yocundas vacaciones con su opulenta cauda de libertad y rte inefabie vaganci1t ......
;No temas. joven Pstudiante, los jurados son piadosos porqut! fueron jóvenes!

&lt;!asa de Cuna.-El Patio.

DE LO.S MUEBLES DE ZOLA.

a

Un sábado de la prim"lra quincena de Octubre aparecieron en Paria tres ó cuatrocitlntos avisos, repartí·
dos convenientem"lnte, en los cualf's 8"' anunciaba el
remate de los mut:bleR &lt;1e la casa núm. 21 biA de 111 ca•
lle de Bruselas, domicilio del autor di, Nana y de
Acuso.
Todos loe periódicos de la mañana hablaban de la

bibelots y curiosidades de todos loR estilos no es
ciert. mentAel dinno y el gu.co, ~iuo la padt:ntta.
Cuando Zola salió d,i&gt;f•m tivan.ente d11 la 1Dt&lt;diocridad y sus hbros le prod:1jero11 u11a renta de mi llonario,~" ocupó en reunir los matP1ial.. s dt: su lujo como
acostum bra á reunir los ".'ateria!Ps dP- una uovt,la,
Con un ardor sin Pjemplo, frecun:tó la CaFa de rematPR y lúS almacenes d,; curiosidadeF; lt&gt;ia •liariamente
11
El Monitor de las Venta." y cuando viajaba corría
tras de lo~ comerciantes de curiosidades.
Compraba sin descanso, jamas ngateaba; queria
dos co~as: safüfac r sus deseos y no pnder ttempo
en compras. Tuvo el ctpricho de sentarse en una silla
de la edad media_y la encontró: soñó con un s11rcófago
de miirmul par&gt;&lt; hacer dfl él una jardinera de flord
artificiales y dió con el objeto desl'ado.
~
Las piezas de la caFa di.' Zola produ cen una impreFión de exce•o en la ornamentacióM. Haf una SHla de
billar en la que serla empresa dificil ma1wjar el taco
sin echar al suelo los bustos y bibelots. Todo lo que

...

,t

Velando al niño .....

-

~-- ___
- _........,
- ----~.--:

Tomando la leche del esterilizador.

�372

Domtn,ro 13 de Noviembre de 1898

EL MUNDO

Domingo 13 de Novlembrfl de 1898

EL MUNDO

373

FATAL CADENA~
-

El dfa aquel en qu11 RJsa-huérfana de un preceptor, muerto, como todo11 los del gremio, en miserables
condiciones -anunció á. sus compañeras de trabajo la
intención de marcharse para siempre del taller en que
,se hallaba, laasedláron todas á mil preguntas sobre su
nuevo género de vida. y aún la encarg·ada del taller
acercóse a ella para decirle:
-He sabido que se va usted y quisiera saber si lo
·h ace disgust,.da con el trato que recib6 ó por alguna
-otra causa agena al trabajo . . ..
-No, señora: aseguro á. usted que no 88 mal tr11 to
ni mucho menos lo que me hace abandonarla, y siempre conservaré á. usted en buena estima por la con
ducta que ha sabido sPguir para conmigo.
-Dabo advertirle, afü1dió la Madame, que tengo fa-cuitadas para aplicar los sueldos que me parezca. conveniente, y que me hallo dispuesta á. aumentar el de
,usted si es que sua necesidades la obligan á buscar

Rosa habla sido hija de un matrimonio constituido
por un paupérrimo profebor y una dama de relevantes cua1idades, y la educacióu recibida en sus primarod años hasta la pubertad, y además, su inteligencia
d.:sp1erta y clara, la hablan hecho culminar desde Iuego al encontrarse poco tiempo después en el núcleo
á que concurriera para entablar la fatigosa lucha
diaria.
Muertos caPi al mismo tiempo ¡08 padres de Rosa,
_,,.,.. -

¡ 11

l

"

,,.

._ ~

vióse estaprecisada. á. trab1tJ11.r para
el 11ostenimiento
suyo Y de su anciana tia, ciega é
inutil. é ingresó,
mediante recomendacio nea, al

-·

El remate en la eai.a de Zola.-'32,000 francos por una mesa"
hay en esta sala fué embargado, con la excepción de
un retrato d~ Zola por Manet cor.siderado como recuerdo de familia.
Los b.istos no tuvieron la misma inmunidad: uno
de ellos que data de 66 está aprisionado 1&gt;or una corona en cuyas cintas se l11e: 11 A Emilio Zola, paladín
del derecho y la justicia II Hay otras muchas coronas
por el estilo; una inscripción dice: "Al gran comba•
tiente, defensor de la libertrd y la justicia, los Húngaros que lo admiran y simpat:zan con él;" otra; "Al
sub time Zola, gloria y veneración del mundo civilizado II y por último, ,m una guirni.lda, colocada en un
Cdballete dorado: "Homenaje á Zola, de cincuenta y
seis institutrices del Haya.11
También fueron inventariados los muebles del salón del comedor, de la escalera, de las piezas acceso:da~ y del vestibulo: sólo, respP.taron _los _agentes de la
ley el gabinete de traba¡o y el dorm1tor10.

El Rimulacro de venta se efectuó en el zaguán. Como Zola no tiene coches, había colocado en ese lug-ar
estatuas de mármol mutiladas, !larcófagos procedenfes de la Villa Borirhese, una virgen d11 madera, un
bajo relieve italiano que representa la Cena, una máscara antigua y piedras sepulcrales.

***

A las 11 de la mañ,ma llegaron algunas damas iug-lesas, los terraceros huelguistas. 'os reportera de La
Libre Parole y de L'Intran~igeant y algunos comer
ciantes de la casa de Ventas que iban por curicsidad
pues va sabian lo que habla de suceder.
A lii una y media se abrió lit puerta para que entraran cuarenta personas que se reunieron á quinientas
que ya estaban e~pi:rando. Para contener el empuje
de la gente, se habla colocado una mesa tras de la

SA.LON DE LA. OA.SA. DE ZOLA..

cual estaban los rematadores, los conserjes del tribunal, los amigos de Zola y los enviados de lo~ periódicos neutrales. ·Detrb de la puerta vidriera, un grupo
de mujert&gt;s rodeaba á la Sra. de Zola, nerviosa y agitada.
Ya se sabe lo que ocurrió. Al pedir 120 francoR por
la mesa misma que tenía delante EII comisario rematador, alguien que e~taba junto á Mllese Va.vid, ofreció 32 000 francos. "Se han ofrecido 32 000 fra!lcos,
quién da más?« -"Deseo ver la mesa," dijo un concurrente habitual áloe remates.- 11Seenseñarála mesa, 11
replicó David. -Y dos mozos levantar,&gt;n PI mueble estilo Luis XIII, vulg-ar. cuy.. valor es de 60 francos; el
co•nisario repetla: 113·' 000 francos ¿No hay quiAn dé
más? .... 32 000 francos, una vez. do" veces .... ¿l'.l,o hay
quiAn dé más? Adjudicada por 32 000 francos al Sr .. .
11
Fasquell11, editor. 11
La comedia que pedía la ley quedó representada,

otra casa en que ganar más que aquí. Me es usted
·útil y deseo por esta razón que no nos abandone.
-Mucho agradezco á la so:ñor" la ooinión que de
:mi tiene formada, pero he tomado ya mi resolución y
estoy pronta Allevarla á cabo en todo lo que me sea
posible.
-¿Usted es huérfana.?
-De padre y madre.
-¿Tiene usted otros parientes?
- Sólo una anciaua tia que comparte conmigo mi.serias y trabajos.
-Le han propuesto á usted alguna ocupación en
,que notablemente disfrute de mayores comodidades?
-No, señora: me propongo no emprender en adelante trabajos análogos á los que hasta hoy he desempeñado.
-Entonces .... no me explico la manera de qué
pensará usted vivir; ámenos que vaya á casarse.
-Efectivamente. Muy pronto, si Dice lo quiere, iré
.á vivir con el hombre que va á ser mi esposo, y al finalizar esta semana dejaré de hacer comp11ñia á usotedes para prepararme á mi nueva vida. He aqui la
razón, que, á no dudar, encontrará. usted aceptable.
A primera vista, Rosa no mostraba en su aspect'J exterior, cualidad al~una que la distinguiese Je la generalidad de las obreras de almacén, cuando al obs·CUrecer ó en las primerashorasde lamañanarecorria
en un grupo de dos ó tres compañeras las calles de la
-ciudad. Alta. de cabellos y pupilas intensamente ne•
gros y más ó menos 'bonita. poseta sin embargo, como
principal atract.ivo, un cuerpo hermosamente delinea•do cuyas elegantes curvas mostrábanse magnificas
.á pesar del humilde vestido poco propicio pariA hacer
resaltar tales magnificencias
Observada detenidamente, Rosa, á pesar de sus
,grandes ojos negros y de su su cuerpo harmónico. resultaba poco simpática para la generalidad, tal vez á.
-causa del pliegue de sus labios, que le daba un vago
aspecto de irritante soberbia y de impertinente im- '
perio. Su risa tenia en si un cierto tinte enfático y
iburlesco á semejanza de la de aquellos individuos á
quienes una alabanza necia é inmoderada saca de
,quicio; no obstante, disfrutaba entre sus compañeras
-d.e una gran dosis de •ionsideración y cariño, debida ·
.á. sus actos de caridad practicados entre algunas de
.la¡¡ obreras más pobres, á su celo en el trabajo quejamás abandonaba durante el dia, y, -sobre todo, á. su
actitud y manera de aparecer, que la encumbraban
Todeándola de una aureola de superioridad moral re-conocida desde luego por los individuos vulgares
,que la trataban.

t111lerdelquemáRtardi,habfa desalir con la esperanza de una unión próxima á realizarse.
Poco después de aquella converllación sostenida
por la joven y la directora, Pl pintor Julio Orla, trabajando una mañana en el atelier, recibía la siguiente
carta escrita por Rosa.
«-¿QuiéreR hacerme feliz. como lo repites hace tan«to tiempo? Pues bien, ha lle~ado la ocasión de bepa«rarnos para aiempre y de vo,verá ser como antes, dos
«extraños. No te exijo na&lt;la más, ni aún el olvido ab«soluto, porque sé que serla una ofensa demandar tal
«cosa. de ti, ya que durante mucho tiempo has aeegu«rádome que sor tu único amor después del Arte,
«Tampoco creo que llegues á supcner el enfriamien •
«to de mi cariño: te quiero hoy lo J11ismo que ayer, y
«d_uran~e tod~ mi vida me acor~aré de ti porque has
•stdo tu el pnmer hombre á quien yo he amado, in«clusive mi padre Sin embargo, hay otro hombre que
«tiene mayor óerecbo á mi ti,rnura, y este hombre es
«mi hijo, es nuestro p"queño hijo que empieza á bal«butir "papá" sin tenerlo.
•Aparte de este acto, no creo que tengas otro algµ«no que reprocharme: he sido fiel á ti durante tres
«largos años en que mi amor de joven me ha fortale«ci_d_o pa~a esperar, inútilmente. por desgracia, la le«g1t1mac1ón de nuestras relaciones; y hubiera tal vez
«esperadc más, si no existiese hoy otra honra que de•
«manda mi cambio de conducta. en adelante. He sido
«tuya y seguiré siéndolo, si no de hecho y material«mente, si por el connubio de nuestros espíritus efec«tuado ha tiempo é indisoluble á pesar mio; y á cam«bio de mi cariño y fidelidad de este tiempo pasado
«recla,oo de tí "1 no volver á buscarme ni hacerm~
«recordar de manera alguna esa ex istencia anterior,
«que amo, pero á la cual no debo ya volver los ojos.
«Tiempo es, pues, de decirte tod·&gt; lo que ha de su«ceder, sin ambajes ni reticencias, ya que gustastan«to de la ver dad desnu&lt;ia: Vive cerca del almacén en
«que trabajo, un hombre de cuarenta años, más ó me«nos, propietario de un pequeño comercio y que se
«llama don Ernesto Berna!. Hombre de sana&lt;i costum«bres y de sencillo carácter, trabajador y bonachón
«poco ó nada instruido, si no es en cuanto á los valo:
«res en el mercado, y dedicado con gran ahinco á sus
«negocios,
en todo y por todo, lo que se llama un
«burgué~; posee algu!los miles de capital, que no
«aventura sin previas vacilaciones, es soltero, solo y
«goza de una salud incomparable. He aqui á gran«des rasgos el hombre que ae conceptuaría feliz en
«exceso, si yo accediera á. ser su esposa, y que no es«pera más que mi asentimiento para acercarse ante el

"ª

•

«altar de la Ley y darr.os honra á mi hijo y á ml-por«que nos acepta á ambos.«Para hacerle admitirá mi Gastón, he forjado una
«historia, inveroslmil para cualquiera otro, menos pa«ra él, que me ama ciegamente y cree ..n rr,i sin un
«átomo de duda. Por esta hi~t ,ria, el niño aparece co«mo hijo de una dama de alta posición, cuyo nombre
«permanece en el misterio, la cual dama hace llegar
«á mi oder, el dinero necesario para el sostenimien«to de pequeño. Esta burda trama. que á cualquiera
«otro autorizarla para pretender de mi licencias y
,desmanes, ha aumentado sólamente en el señor Ber«nal el amor q•1e me consagra; pues diee que muy
«grande y caritri.tivo debe ser mi corazón, cuando por
•prac!icar una buena obra he desafiado á la maledi•
«cencia.
«Así puPs, muy pronto, si los acontecimientos no lo
«impiden, Ga~tón se llamará Gaetón Berna!,
«y yo de«jaré de ser la. amiga de un artista
«para transformarme en honrada y respetable señora.
«Comprendo que este paso dado por mi
«poará afectarte: pero estoy resuelta á ello y
«su falta de realización no dependerá. de mi.
«Mañana iré á verte por última vez, nos des«pediremos como dos buenos 11.ermanos, uno
«de los cuaies va. á emprender un largo via«je,del que, acaso. no habrá de volver, y es«pero que muy pronto hallarás el consuelo
• de e.te abandono, entregándote por com«pleto á la realización de tus euaueños de
«Arte.•

f

A la salida del taller, una vez finalizadas
las labores del dia, Rosa, contrariando la costumbre establecitia, encaminose sola á su
hogar, pretextando a ute sus compañeras cierta ocupación urgente que la obligaba iJ marcharse sola. A poco andar, experimentó la
impresión de alguien que deliberadamente
la siguiese; volvió la cabez&gt;l y sus miradas
encontráronse con las tímidas v cariñosas
del comerciante, que avanzaba en su seguimiento
-1Ahl ¡.Es usted? No le había visto.-Prorrurupió Rosa deteniendo el paso:- ¿Lleva
usted el mismo rumbo?
-Si, y si usted lo permite la acompañaré
hasta su casa; pues no es otro mi deseo .....
-Muchas gracias ...... Estoy segura de
que no encontrarla en mi camino mejor
acompañante que usted, y acepto gustosa
su ofrecimiento. Vamos 11ndadno,
·
-¿Esto es que se propone usted tratarme
con mayor indulgencia en adelante? 1.Acaso
tendría yo la felicidad de ver que mis palabra. han llegado á conmoverlai'
-¡Chstl No hablemos de eso Acepto la compañia de
usted-clavando e!l él sus profundos ojos-A condición de no tratar esos aeunto,i, Tiempo hay de
sobra.
-Es que hace much,, tiempo, desde que la conocí,
no puedo pensar en cosa diferente: ¿Des~a usted tal
vez prolongar indefinidamente Pete tormento? ¿No
está usted stigura todavía del cariño que le tengo?
-Pues ....
-¡Oh, sil Tengo esperanzas de que usted ha de darme crédito; ~I corazón me di.::e que no puedo soñar
en balde tanta felicidad ... ,
-¡Ja1 jal jal Pero .... el qu.. yo ha.ya dicho que hoy
~o se debla tratar tales asuntos no ~igllifica que manana ....

•

�374

-¿De veras?
-Cou st&gt;guridad.
- 1Graciad, mil gracias! No sabe usted que feliz me
hace con SUR palabras
-Esta e~pna será b1méfica para usted; pues le
p~rmitirá rdlexionar aún sobre lo que va á de•
cirme.
-Nada tengo que agreg-Rr: usted conoce ya perfec•
tamente lll honradez de mis intenciones y la sinceridad de mi cariño. y no falta má• que una. palabra suya para que lllis esp~r11nzas ~e rt&gt;alicen
-Allá veremos. Ahora, dPjeme nPted porque nos
hallamos cerca de la casa. Haata mañana.
-Sl, hasta mañana.
El señor Bernal detúvose t&gt;n la acera, cerca de la
esquina, viendo alPjarse graciosamente á la joven;
una vez que la perdió de vi,ta, giró sobre sus talones
y encaunnose sm apre1mramit&gt;nto, láetidas las manos
en los bolsillos de la americana hacia las calles céntricas de la ciudad, llenas á esa hora de innumerables
transeuntes.
Marchaba lentamente como aquel que necesita meditar sobre algo que le preocupa. y sm labios á. vect&gt;s
entrl'abrianst1 balbuceando frases incoherentes; llegó
bajo el mechero de su restaurant y entró á éate, sentándose antt1 una de las mesillas de mármol.
Cuando el mozo le hubo servido, el s~ñor Berna) ex•
trajo de su faltriquera una carta escrita en papel común, por sus cuatro carillas, col) 11na !etra torpe y
desigual; ley ola atentamente y , uedó•e en seguida
con lt&gt;S miradas fijas en un punto invisible.
-He aquí-meditaba-toda la grHVE'ldad que consigo puede traer un acto irreflexivo Si alguien me hubiese asegurado hHce dos ~ños t&gt;@te resultado, de se¡?'Uro que me habría echado á reir. Tal parece que la
desgracia se ha acordado de mi y viene ahora á reclamarme 1,u parte . . ... .
_Me amenaza ...... Y es muy capaz de hacer lo que
dice ...... Una vez resuelta, no la detendría nada ... .
_¡En _fin! No ha,v que dejarse abatir; no todo está perdido: iré á verla hHSt&gt;t donde se halle; le daré el dinero que quiera y má~ aún para acallar sus pretensiones y á condición de no volver á. importuna1 me ni á.
acordarse de mi t'n toaa su vida. Si, si .ae negara yo
asi, rotundamente, cap11z seria de venir á buscarme
y provocar el gran escándalo. ¡Yno! 1E~o nunca! Hoy
que veo la dicha casi al alcance de mis manos ..... .
¡Dios no permita que esa mujer conozca mis planes!•..
A la mañana siguiente, des pues de una larga noche
d~ !nsomnio: Rosa preparose á. salir con el objeto de
visitar á J uho antes de las horas de t, abajo. Las reflexione11 a@emPjábanse eri amar¡?'ura á las del comer•
ciante, y remordimientos y zozobras ha8ta cierto punto análogos maceraban su voluntad hasta el grado de
producirla aqut&gt;lla vie-ilia de la uoche anterior.
-¡.Qué f'Ít:Cto habrá producido e11 él mi carta? ¿Acep•
tará filosóficam1&lt;11te el caso, ó se dt&gt;jará arrebatar por
la exaltacióu? ¿O se vengará tal vez descubriendo mi
secretn?
El atelier dPl artista, á la llPg11da de Rosa, hallábase
cerraoo. Tocó, mA11 no obtuvo reApuesta; quiso enton•
ces supuuer que Julio, no teniendo qul' esperarla co•

EL MUNDO
mo de costumbr&lt;&gt;, habrla permanecido en ellechoy sentose
á aguardarle en eJ di.ut.-1 de la
puerta de entrada. EPperó
'
Inútilmente durante una hora,
llamó repetidas vecP11. v al cabo, desalentada. bajó la escalera, oprimido el corazón por
aquel inesperado suceso.
Durante los dlas subsecuen•
tes, el P~tudio del pintor p~rmaneció cerrado para t&lt;lla,
mientras tanto, el comercian •
te activaba los preparativos
de su enlace con Rosa; lamodist~, PI sastre y el tapicero \
visitaban de continuo al se•
ñor B~rnal y un dla, l&gt;ste des
pué~ de muchas conversaciones con su prometida, presE'ln·
tóle un paQuPte de esquelas
en que ~e ar:unciaba el futu•
ro m11trimouio
-V.-ng-o udemás-ia dijopara invitarte á conocer tu nueva ca~a y para
que tú i..l mismo tiempo, me dig&lt;1.s si es de tu
gu11to. Traigo un coche que nos conduci, á á ella
dePde luego, Ai no tiene" inconveniente.
Y 11e fue1on los &lt;los, la una muy cerca del otro,
amableme11tt1 unidos y di6cutiendo acaloradamente acPrcade los menores detallt&gt;s de la nueva ea8a. El coche en que iban, rodaba á lo largo
de las callt-s, t'Dtró á la avenida pri11cipal, reco rriéndola hasta su t&gt;xtremo, siguió por un cos•
tado del rarque, concurrido en aquel momento
por cien grupos de paseantes, de esos que i, ban ·
donan temprano el lecho en busca de 11ire saludable. cruzó ante la estátua ecuestre que atrae
ha tiempo las miradas de propios y 1cxtr11ños,
por lll b lleza de su t&gt;jecución. torció por la iz·
quierda y al cabo de un cuarto de hora se detuvo ante una casa de 11legri,ap;;,riencia,construida cercadtil foso que sep11raba el campo dela calzada.
Una vez en el intnior, Rosa, agitada por una maní·
fiesta alegria, iba de 11qui oara alll, arrastanao caEi
por la mano á su promttido, abtiendo y cerrando
puertas y ventanas, y él se dejaba llt1var. h11cer y sacudir, pleno de rE'lgocijo al advertir las manifestaciones de aprobación de su compañera.
-Esta, -decía Rosa asomada á la ventana desde la
cual se distinguía la arboleda de la gran calzadaserá la elegida por mi para pasar las ta::.-des mientras
tú llegas; desde aqui-añadia pasando á otra piezapodrll vertP 1legar cuando te anuncie el timbre de la
tranvía, y por la mañana, esta puerta ~erá por la que
yo salga con el delantal rep)Pto á distribuir el grano
entre los animalitos del corral, que hau de acudiI pre•
suroeo~ A mi 'Jamada.
¡Qué hi,rmosa existencia voy á pasar aquí! Sembraré en el jardln muchas flores muchas roPas sobre todo; en el corredor cantarán siempre dos ó tres pajari·

Domingo 13 de Novlembro de 1898.

DomlnJ?O 13 de Noviembre de 1898.

s

.\

i

llos bulliciosos é lncansab)eij, y todos los dias, d&lt;&gt;p.
pués de haber prendido en el ojal de tu solapa la flor
m4s fresca y reciE'lntemente abierta E'lllo,, serán los que
endulcE'ln mi kiPteza de ver cómo el tren te llt1va á la
ciudad. ¡Ob! cuán aMio~amE'lnt"' ePpera mi co~azón el
¡?'ran dial ¡Cuán feliz y satisfecha voy á vivir á tu
lad&lt;,J
- ¿Y no tE1ndrás miedo á los ladrones?
-· ;.Crees tú?
-Pudiera ser. Esta inseguridad, estA aislamiento
es lo único que mtt repugna de la casa. Si yo estuvie
se siempre á tu lado. el caso m~ parecería risible; pero t'3 amo de tal manera y t&gt;res tan adorable.mente
hermosa. que temo y con razón el que álguien te arrebate envidioso de mi lado.
-11-lah, pusilánime!
-¡Fea!

***

Llt&gt;gó el diA del t&gt;nlace y t&gt;fectuose sin que Rosa hubi1:1ra logrado vE'lr á Julio Esto desazonábala un tan•
t1J y la embargaba en profundas cavilaciones que no
lograba desterrar ni la presencia del señor Be:rnal.
Repetiast1 constantl'ment1:1 las mismas preguntas sin
encentrar una respuesta Pafüfactoria: ¿Qué conducta habrá resuelto 11doptar? ¿Cuál 11erá su actitud una
vez que sepa que estoy casada? ¿Me olvidará? ¿Vendrá á buscarme?
Cierto dia en que Rosa babia ido á compras á la
ciudad, al recorr_er. s.e,ún.costumbremujeril, los-eseaparate11, detú.vose de pronto abrumada pvr un espectáculo espantosamente desolador. Sobre un caballete, en uno de los aparadores de una casa de Arte.
ostentábase el cuadro :le una hermosa mujer semidesnuda, en graciosa actitud artística. El parecido
con la mujer del comerciante exacto: el pelo, Intensamente negro, descendía ondulante sobre las ebúrneas
espaldas, y en los ojos parecía haber concentrado el
artista toda su atención y toda la pujanza de su nu•
men extraordin11riol Aquel cuadro era conocido por
Rosa desde mucho tiempo atrás; habla sido hecho ¡.orJulio en la primera llpoca de relaciones con la huérfana; copiado linea á lin1:1a, retocado cuidadosamente
una y cien veces, entre caricia y caricia, dur11nte las
primeras horas de 111 mañana, que dejaba libres á la
joven el trabajo del Almacén.
Ante E'll aparador un grupo de amateurs comentaba
el trabajo expue~to al público.
-JEhta si 11s pintura y no la del imrécil ese del otro
día.
-¡Claro! Pero esto debe ser algún extranjero: el
país no produce todavía cosas sl'mejantes.
-¡Calle usted! :U11ted siempre con ~u impertinente
admiración por todo io que no es nacional.
-Además de que una belleza tal ea inverosímil. ...
-Pues señores: casi puedo asegurará ustedes que
eso eso es producto del pais. ¡Sí estoy por decir que
esa cara la conozco!
-¡Hombre, hombre' ..... .
Ro~a no quiso detenerse un momento más. Alejose
violentamente, volviendo las espaldas al grupo, dió
vu~Ita por la esquina próxima y media hora des¡més,
dl'Jábase caer desalentada en el canapé de su habitación.
Sus pensamientos se atropellaban y revolvian como
las innumerables olas de un mar irritado; volvía á ver
como años atrás, sus primeros meFes de relaciones
con el artista, cuandó el amor revolaba sobre ambos
con l s alas dE'I una esperanza riente; su paulatino des·
pertar del espiritu á las sensaciones del arte, provo•
cado por las api.sionadas frases del pintor, quehabian
hecho al fin un adepto más en el núcleo de los seres
artistlcos;_tornaba á ver~e oprimida por los brazos d~
de él, cubierta á besos candentes la boca entreabierta
por la emoción, abandonada á los transportes de
la n11tur11leza con la deleitosa fruición de los placeres
apenas gustados Más t,rde, d sentimicn:o matcrnnl

levantándose de improviso en su alma hasta superar
á todos, inclusive 1:1! de la conservación propia y provocando en ella el remordimi1:1nto de la falta cometida,
inclinándola á sacrificar todo placer y estabi.idad por
el afán de un nombre qut1 dar al hiio espúreo. Y al
pensar en esto, surgia la vulgar figura del comerciante al cual se hallaba unida; recordaba sus frases
torpes y trabajosas de individuo burdo y anartista, su
palabra melosa hecha para li11onjear sirvientes, y s11
aso".!lbroso candor q11e le arrojaba. confiado en brazoR del acaso, ~in prncauciones ni estC1dios previos.
Sin embargo, habla logrado su de,ignio: su hijo iba
á llevar en adelante un apellido. Pero á costa de qué
sacrificio~! Sólo un de~arrolt0 de voluntad como aquel,
efectuado por ella y dificil dt1 repetir, hubiera podido
ofrecer semejant1is resultados.
No obstante, la volunta&lt;1 declinaba. Aquella sola
prest11,cia dtl! cuadro pintado por Julio mucho tiempo atrás y bien conocido por ella, era suficiente para
transportarla al pasado y hac1:1r hundirse en una niebla de desaliento todos sus designios; Btl veía nueva•
mente pot1eida por él, de mant:ra i11apelable, como
las briznas de paja que caen al arroyo, se detienen
un momento, y vu1ilvt1n á. ser arrebatadas por la co•
rriente que la,; ha hecho suyas Re11acia en su sér el
mismo amor de t tros dlas, con $US agitaciones y sus
Vl'hemencias. con su colorido peculiar impreso por el
iSpiritu superior del arti~ta, cou su,; ins•a11tes de mística contewplacióu y su11 arrebatos pabionaltis, y la
figura del buen ijeñor Bei:nal resurgla en la mente
flon repugnante aspecto de vulgaridad.
En esta lucha reclamaba también su partE'I la coquet1iria. Aquella frase Además de que una belleza tal
es inverosimil. escuchada momentos antes, haciala in•
clinarse máM hacia el pintor, con per,juicio del esposo.
Es decir, que se babia etJtregado á un hombre que no
sabría aprl'ciar la artfstica hermosura de su cut1rpo,
porque no era caoaz dt1 semejante idea, mi,:mtras 1¡ue
el otro, el que la habla idealizado. el que admi:-a t,a en
ella. po8eido de profundos éxtasis, la maravilla de su
conjunto, no volvería jamás.........
Rosa creyó necesaria más qut1 nunca una entrevista con el pintor; experimentliba la exigencia dt1 ver•
le y hablarle, para conocer su estado de ánimo; ¡ah,
sil para saber á punto fijo la causa qu11 le babia impulsado a mostrar ante d público, aqudla pintura intima, si asi puede decirse; y una vez la una frente al
otro, le rogarla, se arra~traria á s,.s p1és si era preci•
so para hacer que rttirase el cuad,o.
EmbRrgada por esta idea, Rosa abandonó el canapé, y dirigiéndose al escritorio, escribió.
"Me es de tal modo necesario el verte, que no vaci1110 ni en usar de este medio, por t l de lograr mis fi.
"ne$; y si no voy á buscarte, es porque estoy segura
"de que mis pasos serian infructuosos, y tú, como
"otras veces, me cerrarías tu puerta.
"No eé que fibra tocar en ti para ver coronados mis
"deseos ¿Recurriré á tu amor? ¡_A tu caballerosidadi'
"Vivo en la casa cuyas señas van en la tarjeta que te
"envio; mañana por la tarde, yo daré una ocupación
"cualquiera, lejos de casa, á los dos úRicos sirv!entes
"que me hacen compañia. y m~ encontraré en comple"ta libertad para recibirte. Ven sólo un momento, un
"instante, segur&lt;&gt; de que podrá., alejarte cuando lo
"desees"
Agonizaba la tarde del siguiente día á. aquel en
que Rosa escribió á Julio; sobre el ocaso desplegába•
se maravillosamente la clámide del astro oculto por
los montes lejanos semejantes á un gran mauscleo
bañado por una lluvia de brillante polvo de oro; arri•
ba, en el verde desvanecido que for-maba el intenso
fulgor del Poniente al esfumarse en la bóveda azul,
la estrella de la tarde cintilaba, primero con vaguedad, después y poco á poco más hrillante, c-omo una
lágrima que cayese sobre la falda de una doncella
pt&lt;nsativa.
En derredor, sobre el campo, las arboledas distantes ensombrecianse paulatiuameute confundiéndose
luego con el muro formado por las montañas; aqui y
allá los álamos, besados apenas por el viento, voltea•
ban sus hojas blanquecinas semejando fugaces parpadeos; callaban los péjaro~ refu¡!'iados ha poco ,.ntre
las frondas, y, descendiendo del Oriente, la calma y

37fi

EL MUNDO.
el silencio iban poco á .poco adueñándose de• conju1,to.
En el interior de la habitació,1 de Rosa y en el mti·
dio de ella., hallábasi,la ex·
modista ante el pintor, que
l¡i. contemplaba inalterable,
cruzados los brazos sobrti
el pecho, fijas las miradas
en los ojod de ella cuyos
p ltrpados parecían haber
perdido de pronto su movilidad.
-Y bien -prorrumpió el
artista después de un largo mutismo- heme aquí
obsequiando tus deseos.
Alzó la joven, por un su•
pr1imo esfuerzo los ojos hacia él, y tornó á bajarlos
murmurando casi imper•
ceptiblement1&gt;:
-Ayer... fai á la ciudad..
-¿Y.?
- i......nopude permane
cer por mucho tie:mpo; mi
alma se ha visto profundamente atribulada ....
-Continúa.
-Pienso que ha caldo sobre mi, algo como la pesadumbre dti uua maldición.
- ¡ Bah! Tranq uiliza~e: no
será la mía.
-¿Pero es que? ..... .
-¿.Qué?
-.Que no me aborrece&amp;?
• -¿1 o? No ....
-¡Ah! Entonces será que o!vidas mi falta ... .
-¿~lvidanai' No, es muy dificil
-i!;sto bignifica-animándose po:- grado¡¡-que tú
me amas aún. puesto que tu memoria 11e resi~te á borrar nC1estro p~sa.do; que si caigo á tus plés 1,rrepentid , hallaré J.ma mano que me ayude á levantar, que
si las lágrimas me ahogan y corren calcinando mis
mejillas, encontraré todavía quien puo::da enjugar·
las ......
-Si. Ese .... es tu marido.
-¿Cómo? Es &lt;1ecir aue ... .
-(&lt;lue según las leyes todas, el adulterio es un climen.
-Pues bien-exc18mó con desgarrador acl'nto la
mujer dd comerci1rnte-,\'O Pertl um, mujer criminal;
aceptaré la m11ldición de mi mai ido, el desprecio de
todos; más tú ¿arr0Ja1 ás también sobre mi la humilla
ción?
-¿Y no la has arrojado ya antes sobre mi? ¿No ha~
hecho triunfar una vez más al burgués? ¿Acaso te f¡.
guraste al¡,;ún dla, que un paso semtjante iba á hallar más ó mt&gt;nos tarde la disculpa?
- La disculpa. no; pero ....
-¿Qué más necesitas~ Alcanzaste por fin lo que
tanto deseabas y no tienes razón dt&lt; qut&gt;jarte; nea :va
al cab., una h ,nrada y respetable señora ... . ¡Jal .Jal
¡Jal Honrada y respPtablel ¡Pobres burgueses, opu·
lentos de oro y mendicantes de sentido l. ...
-1EscúchamP, ten prPsentf l. ...
-No, no. Es inútil. eé todo lo que vas$ decirme y
te ahorro el t1 abajo de hacerlo. Eres feliz .... Sigu11
del mismo modo.
El pintor dirig' ósA á la puPrta, la abrió, cerrándola
después tril.s..de si, llegó hasta la verja de la entrada,

y si~uió por la carretera, alt&gt;;ándose en dirección de
la ctudad.
Sobre el azul del cielo, la m,c~e h: bia t&gt;Xt ndido
su sombra como un manto flordefüado.
Cuando i&gt;l st&gt;ñor Berna! ugre~ó á casa, una vfz fi.
nalizaJas las labores dt&gt;I día, salió un criado á recibirle, con la consternación pü,tada 1-n el st&gt;mblante.
-¿Y la s~ñora?-intfrrogó pres&lt;:intiendo la proximidad de uu infortunio.
-No entre usted, st ñor, le h,1. sucedido una desgracia.
Entró á pesar de todo. En la a!cobR, sobre el canapé hallábase inanimada Rosa, ma1,ch11das las ropas
por la sangre de un ancha herida abierta l'n el pecho.
La muerte babia pasado sobrt: t&gt;lla crispándole las
manos, contray~ndo su boca y l!bandouátJdola al fin
en la dolorosa actitud del perpetuo descanso.
El viudo babia caido de rcdillas ahte la muerta, como un árbol derribado por el huracán, pronunciando
frases inconexas y entrecortado el aliento por ·los so•
llozo11
11
• • • • Y todo habla suc, dido por su culpa; si él hubiese
temido, como debla, la veng~nza y el aislamiento .. Si
por lo menos hubiese procurado para el a la corr:pañia de 1,eres adictos y cuidadosos .... Pero alli ,claro!
en la soledad, sin opo1tunos auxilios .... una mujer
sola durante todo el dia, expuekta á. loe ataques del
primer fascineroso" ....
Sobre la cuna animada al lecho, el niño •iePpertó
de pronto. dl'jando oir un leve vagido. Incorporost1
el viudo dirigiéndose á la cuna, tomóle en brazos,
mec·éndole car,ño&amp;amentecomoun tierno padre arru·
llaria al vástago tnfermo, y acercándose al canapé,
sus labios pronunciaron caPi en secreto, algo como
las frases de una oración pó~tuma.
Todos los domingos por la maña·na7ef'coiñe'rciant~
don Ernesto Bt,rnal acompañado de su hijo Gastón,
postrábat1e durante largas horas ante el sepulcro de
su eepoea, tn gie11mente muerta por su culpa.
~

A URELIO GOl\ZÁLEZ

CARRASCO.

�376

Domingo 13 de Noviembre de 1898

EL MUNDO

lJomfngc 13 de Noviembre. de 1898.

377

ELMUND_O

TARDE DE OTO~O.

PAGINAS DE LA MODA

La luz se vá: la sombra vespertina
Sobre el verde confin vagante rueda;
Y el boyero levanta en la arboleda
Las noias de su música divina.
Muje triste la res; la purpurina
Flor de los ceiboa en letargo queda;
Y agitando aua réoiged de seda
.l!a Iuchezón se ciernti en la colina.
Flotan sobre las cumbres los rumores
En que mezclan sus rezos fatigados
Rloe, verduras, árboles y flores.
Y pasan, en las sombras embozados,
Loa espectros de todos mis amores
.Por toda~ mis angustias escoltados!
CARLOS RoxLO.
Montevideo: 1898

IDILIO ETERNO.

LA FRAGUA.
(RICHEPIN)
En la fragua que fulgura,
Tarareando machacas
Mí corazón en el yunque,
Con un martillo de plata.

~i(jjoó zomanticiómoó.
INTIMA.
Qué cansancio! .. . ...Ni gozo ui padezco;
entre el hoy y el mañ·ma,
siempre un mismo horizonte eu un.- misma
senda sin fin y árida.
Yo camino al azar; @in rumbo fijo
muevo la déhil planta,
apoyado en las musas invisibles
que me gufan caBadas.
Yo vivo en un crepúsculo 11iniestro,
de claridades vagas,
pues ni la noche se desata en sombras
ni el día se adelanta.
¿Lo presente? .... Ni dudas, ni deseos
ni temores, ni ansias;
· '
siempre un mismo horizonte en una misma
senda sin fin y árida.
¿Lo porvenir? .... Quién sabe! El abandono
las tinieblas, la nad11;
'
parece que la mano del destino
de impulsarme se cansa.
¿Lo pasado? . . .. No puedo hacer el viaje
si mi abatida alma
'
· no puede volver á lo pasarlo
porque le faltan alas.
Yo sólo sé que tuve de la vida
la~ corrie;ites en calma,
que vino la tormenta, subió el cieno
y ennegreció las aguas.
Yo sólo sé que tuve sueños de oro
entre visiones blancas,
y que senti las tristes alegrías
de los seres qne aman.
Sé que todo ha pasado; ti! dulce instante
como la hora amarga;
que no me empapo en el horror sublime
de las escenas trágicas;
que no se acerca una mujer hermosa
para decirme: ¡cantal
que ya no me parece la existencia
ni leve. ni pesada;
que si en el libro de la vida leo,
·
Gloria, Amor, Esperanza,
me digo como Hamlet el sombrío
¡Bah! palabras, palabras ..... .
que veo sin placeres, sin dolores,
ni sonrisas. ni lágrimas,
siempre un mismo horizonte en una misma
senda.sin fin y áritla ..... .
Lurs G. UnBINA,

¿Quieres dél para el verdugo
Forjar la tajante-e~pada?
Haz que la lámina templen
üon mis lágrimas por agua.
¿Quieres dél para tu pecho
Una joya delíci.da?
Busca tin el. centro: tu imagen
Purpurina alli se halla.
¿Quieres de él sacar clavoe?
Pues toma, por si los labras,
De modelos tus caprichos
O mis sospechas airadas.
¿Quieres combarlo en esfera?
Pues á tu seno lo adapta........ .
Mis en tu afán asesino
Lo golpeas para nada.
Sólo quieres distraerte,
Y pegas, forjas, remachas,
Por ver cómo lo cercenas
Y en el yunque se desgasta.
Y ríes como una loca
Cuando el fuego que se escapa
Del rojo bloque vencido
Bajo el martillo que salta,
Deslumbrador estallando
Siembra de estrellas la fragua
Y sus chispazos de sangre
Se extinguen en su garganta.

Ruge el mar y se encrespa y se agiganta;
L .. luna. ave de luz, prei,arli el vuelo,
Y en el momento que la faz levanta,
Da un beso al mar y se rtimonta al cielo.
Y aquel monstruo indomable que respira
Temptiatadea y sube y baja y crece,
Al sentir aquel ósculo, su11p1ra ..... .
Y en su cárcel de rocaa ......... ee extremece!
Hace siglos de siglos que de lejos
Titimnlan de amor tin noches estivales;
Ella le da sus limpidos reflejos,
El ofrece aua perlas y corales(
Con orgullo se expresan sus amores
Estos viejos amanttis afligidos:
JWa le dice: "¡te amo: 11 en sus fulgores,
Y él responde: "¡te adoro!" en au11 rugidos.
Ella lo aduerme con su lumbre pura,
Y el mar la arrulla con su eterno grito,
Y le cuenta au 11fán y su amargura
Con una voz quti truena tin lo mfinitol
Ella pálida y triste lo oye y sube
Por el espacio en que su luz desploma,
Y velanuo la faz tras de la nube,
Le oculta el duelo que á su frente asoma.
Comprende que su amor es imposible
Que el mar la copia en su convu1110 atino,
Y He contempla en el cristal movible
Del monstruo azul en que retumba el trueno.
Y al descender trae de la sierra fria,
Le grita el mar: "¡en tu fulgor me 11b1·asol
No del!ciendas tan pronto, estre!ta m1111
¡Estrella dti mi amor .... detén el .11aso!. .....
Un instante!. ... mitiga mi amargura
Ya que en tu lumbre sideral me bana11;
1o tti alejes! ... .¿No na tu ima¡:-en pura
Brillar eu el azul de mis ent; -.nas?"
Y ella exclama en su loco desvarío:
"Por doquiera la muene me circunda!
Detenerme no puede, monstruo mio!
Compadece á tu pobre woribund11!. ...
~tli último beso de pasión te envio:
Mi casto brillo á tu semblante junto!. ...
Y en las hondas tinieblas dd vacío
Hecha cadávtir se desploma al punto!
Deapuée el mar, de un polo al otro polo
Al encrespar sus olas plañideras,
'
Inmenso, triste, desvaudo y solo,
Cubre con aua sollozos las riberas(
Y al contemplar los luminosos rastros
De la alba luna en el obscuro velo,
Tiemblan de amor loa soñolientos astros
En la profunda soledad del cielo.
Todo calla! .. el mar duerme y no importuna
Con sus griton salvajes de reprocne,
Y ;,ueña que se besa con la luna
En el tálame 1iegro de la noche!

•

•

•

JULIO FLORRS.
Colombia: 1897

BALBINO DÁVALOS
México, 27 de Julio, 1898.

SILENCIO.

LA CAPILLA.
Sola y abandonada la capilla,
destrozados presenta sus altares,
cual los raudos bajeles, que los mares
empujan iracundos á la orilla .... . •
Alli para rezar, no se arro&lt;lilla
la gente de los próximos lugares,
qutidán.iose el domingo en bUB hogares
con la mano apoyada en la mejilla.
Al pié del preguntón confesonario
hallé una larga epístola amorosa
con esta firma nada máa:-Rosario.
¡Y en aquella capilla silenciosa
pensé que del rincón más solitario
hace su Edén una mujer hermosaL .......
B BYRNE.
1898-Inédita.-

. Tú sabes que tu ideal ea prematuro:
tu sabea que no es tiempo todavía
de que darrame el suspirado día
l:!z de justicia sobre el antro ob11curo.
. Si ~l p~rvenir es sordo á tu conjuro,
~1 ea mut1l tu afán en la porfia.
calla y contempla con mirada fria
las penumbras inquietas del futuro .........
Canta al sol, cuando el sol bese la cumbre·
pero hoy aomido en ti, sella tu boca:
•
IY qué ruede á tus piés Ja muchedumbre!
Más va)e ser, guardando el pensamiento,
mudo y firme á 111 vez como la roca
que hablador y voluble como el vie~tol
Lima: de 1898.

JOSÉ S. CHOCANO.

Flg. 1.-C'upn de la estación,

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�378

Domingo 13 de _N~vlembre de 11:198.

EL.MUNDO
4.0 Quiero que comprenda mi futuro que la generalidad de las mujeres mas apreciamos ser amadas ..n
la pobreza que olvidad1111 en la opulencia; que r.o bas
tan l..s blondas, encaJes, oro y diamantes, para lltnar
nuestro corazon. En tal virtud, no admitiré que mi
marido h ..lle más encanto entre sus amigos que á mi
lado, salvo que sea tan tonta quti no put!da hactrle
agradable la velada en casa.
5 ° Tendrá razón t&gt;n exigir que él sea mi primn
amor;yomecontentarécon que yo sea el último 11m(Jr
de mi marido.
6 ° J'lio 10 quiero ni tacaño, ni pródigo, ni viejo, m
demasiado jvven; ni enfermo porque uo quiero ser
hermana de caridad; ni egoista, desevgañadr, del
muudo, misántropo, ni sencillo hasta la e'otulticia, ni
tan sabio que me olvide por am!lr á la ciencia ó a lut1
&amp; bul1 a dos infc,Jios.
-~
!,\~&gt;
í O No ganarñ mi mano. aun..c4"-t~
q\Jti v11lga muy poco, quiPn tn
l .,.,.. •
i-sLilo romántico me llamaré dio~{)~ i_
sa. flor, querubín. ensut'ño Asf
CL mo no comprendo qu~ 11lgun&lt;' ¡-~- ,.
.
se prPnde de mi porqm (¡" ,
v)
cantomfdianamtnte,nc
JJ
. /~
comprt&gt;nde· ia que, poi
, '~
1
il/ &gt;·
el hecho de ser bué1
pintor, litt&gt;rato de fama
.
me tmbarcara llevando
~\~
por gula á un piloto qnt·
Í\1
no entiende cómo st
7
mant&gt;ja la nave.
f1'J
1
.:::-,

,m~·~

Domin¡ro 13 de Novl ..mbre de 189h.

•

.Sljj

NOTA.-Soy hija úni •
ca, de padres ni pobre~
ni ricos No tengo parientes inmediatos. He "'l!"rPcibido una mediama
educación, no me desmayo. no padezco de los
Fig. 6-Jacquette nuevo estilo.
nervios: no tengo 1uiedo
á los ratonts, ni soy al
11
Socialmente11 es la co•npa:ína inseparable dPl hnm
ta ni baja, más bien more•
na que blanca; cuento veinte bre, 1~ ca~sa printipal de su felicidad ó su debdich.t,
o e! verdugo de sus hij"B
años, no leo novelas, yo coso el 11abrigo
Magnét;camente11 f'S una brújula que sirve de gula
mis vestidos, lavo cuando hav
en su pnPgrinación por el mundo
necesidad, eé barrer la casa al .~otnbr~
Botámcam11ntt11 f'S una hermo11lsima planta qui,
y remendar ropa; tengo pocas
la vtz flores y ePpinas, frutos d11lces y
amigas y ningún amigo. No produce á~ando
aroma de vino ó jugo venE'nOE0.
me da vergüenza confesar ao;11argos,
11
11s un lindlsimo b1pedo pt1 o feque pienso en el matrimonio, rozZo?lóg1csmentt
é
mdomHble.
'
porque no comprendo que no
"Teológicamente" es un misterio incompren~ihle
busque los medios legftímos ante
el cual hay que doblegarse sin razonar. cerranquien bupque un buen fin.
Tiene sufici.~te el señor re- do y prestando fé á lo que nos dice, porqu11 de lo contr~.rio ~e. incurre en su indigoación.
dactor.
, Esp1_r1tualmente 11 es PI ángel ó demonio del hogar
EVA SINADAN,
d~~ést1c!), el con~ uelo ála de&amp;esperación rlel alma.
. Materialmente 1 es el sér más precioso de la creación, sin el cual no se puede vivir en el mun,lo.

v·

Fig. 3.-Toilette sastre

FJg. 4-Toilette novedad

ELLAS Y NOSOTROS
CÓMO QUIBlRBl USTED

Á

SU FUTURO?

Interroga~a una sef,crita norte- amerfcanl' Pn un
concurso 11b1er!o sobre este tema por un periódico de
los Estados Umdos, contestó:
-~ov;en soy. padree tengo; si he pensaoo alguna
vez ~ ~1 he de pensar l'n el matrimonio. he aqui las
cond1~1ones q~e yo &amp;:rigiria para entregar á un homb,ce m1 porvemr que hov correPponde á mid padres
1 ° Que sea buen hijo. 'Pocas veces podrá ser bue~
eepdoeo el que llenó de amargura el corazón de s~s
pa rPR
2.º l\:fás lo deseo con oficio que con muchn dinero
pre~tnria un 11rtesan_o honrado á un hombre de le~
::•áunsuhace!)dado digno a un capitalista que ame
cap1ta1 que á sus hijos.
0
3. Abom!-110 del I!)iemo modo la e11clavitud absoluta Y la cons1dera~a mdPpendencia. Se que mi espoP0
~~:~~i~z:iá/ mi paé~res, y asi como h11 de amarlo
y conetantP. oraz .!!:'.. me amará con un amor puro

6

\

ESTUDIOS FIS0N0MICOS.
-·- -

Un sabio germánico, ha escrito un libro en tres tomos y lo ha dado á la e11tampa con el siguiente titulo:
Lff- boca y la barba femeninas.-Arte de conocer el
caracter de nuestras hermanas y de nuei¡tras ei,posas
según las referidas partes del rostro.
'
Para ese vis je no necesitamos alforjas.
Po~, de contado, ~obra 1 · de.la barba. Ya se sabe
que por l_a boca muere el pez," y lo mismo ocurre
con h1s muJeres.
En fin, para los que de&amp;een aplicar el novísimo arte.
A sus eeposas .... futuras,
y á sus hermanae......politicas,
ahl van tres casos in11Prtos
en la mencionada obrita.

Barba red07!da, fina, con oyutlo-Retrato de suposeedora: d'éb1l d~ ca.ricter, ."~lcionada al placer y á
las golosinas. Amiga tie la mus1ca y del baile. Muj .. r
poco casera. ~uen coraz~n; servicial para B11s amigo11. P"ro caprichosa y fac1lmP1nte descontentadiza
Barba menudit11, muy movible y un poco saliente ~ará&lt;:ter ~nérgico, pero tornadizo Prtidomlnio dti la
1magmac1ón sobre la sensibilidad. Deseo de aparentar Afición á las vanidades del mundo, que no la satisfa~en. Mezcla de sentimentalismo y de sentido
práctico Caprichos, celos. Hará desgraciados á cuantos l!l ~odean; pero satisfará las miras de un marido
aml11c10~0. por su coquetería y por 11µ arte de figurar
en un salón.
·
Bpca pequeñi!,a, de labios li,qeramente carnosos, el superior algo saliente -Pudor t'IXagerado, corazón indiferente, sombrio, Moderación en los sentimientos.
Na~uraleza tranquila y reflexiva. Orgullo, ambición
disimulada, egolsmo, etc., etc.
. Entre los fnnul!lerabl"s ejemplares que presenta el
libro de referencia, no hay uno eólo en que las buenas cualidad.ea no anden mezcladas con insoportables defectos.
No ~e puede, ~orlo tanto, acusar al rsutor de haber
mendigado las simpatlas del bello sexo.

"' Fi h...,
Fj g. u.- ci u

y mantilla muy elegantes.

i'IG, 8.- JACQUETTE DUQUESA.
mala ó viceversa. La vaca cocida es un alimento muy l)OC0 nutritivo y desagradable.
Jaequette ajustado, en paño oliva bordado de chinDebe también no olvidartie que el caldo no chilla. El bordado está hecho de entre-lazo11 en satln
es alimento tan nutritivo y reparador como ge- nt&gt;gro , recubriendo en partes la prenda. Manga con
neralmente se cree: está prob11do que contiene
muy pocos principios alimenticios y que en una yockey muy elegante,
FIG, 9,-JACQUETTE MYLORD,
taza de café con lecbe existen mucho más que
en una de caldo, No hay tampoco ventaja e1t
Se ha:ie en paño azul bordado de bandas en piel de
coct-r la carnfl en agua para tener seguido dos seda negra y cerrada por tres brandeburgos también
alimentos, caldo y vaca codda, pues esta lilti· en piel de seda atados por motivos en pasamaneria,
ma queda como ePtropsjo si el primero es bu11FIGS. 10, 11 Y 12.
no y v iceversa. Más todavfa con cuatro libras
Damos ba jo eptos números tns hermosos modelos
de carne. por ejem11lo, sólo queda después de la
ebulllción una lipra de vaca cocida; mientra~ para un 11ombrero y dos tocas dtt alta novedad, muy
que la misma cantidad de carnt!, Pi se asa pro• en boga. El sombrtiro es fieltro con una . parte de la
porcionarA dos y mt'diH libras de asado con to• falda levantada y prendida por una escarapela y las
tocas, la "mariposa" sobre todo, de una encanta.dora
dn1&lt; los principios nutritivo11.
El quimico Darce.t inventó pntillas para ha- fantasía.
cer c11ldo. las cuales preparaba con huesos soFIG.13.- CAPA ELEGANTE
los. trat1 ba á éstos con el ácido hidroclórico, con
Está hPChR en seda diagonal, á gran bordado de ca•
objeto d . separar lRs materias terrosas y con la dPna y fórmase de dos grandes ... mpiezamiPntns, el
gelatina que de los huesos obtenfa hacia las pas • inferior que es una ePptcie dP muceta rlg1da y else•
tillas, añadiendo antes al liquido un poco de car gundo de la cap!!, propiamente dicha. reoonda. ribene y legumbres Se l!a probado esperimental- teada de piel y con una elegante capeliuita y un cuemt&gt;nte que las tales raPtillas no contenían nin- llo de piel también.
¡.:-ún principio alimenticio
FIG, 14-CAS.ACÓN PARA DAMA,
El ectracto de oarne. preparado por el mé todo de Li~big se ha probado también que es
Estilo sastre, d~cheviot fino, diagocal. con falda
poco nutritivo pues no contiene crt-atina que redonda v ,olapa fantasía, bordado de cinta de seda.
PR el principio especíNl de la masa muscular. Man¡ras ligeramente abullonadas con guardas muy
Tampoco son muy nutritivos el té de vaca ("be• stincillas y eh•gantes.
citea") tan usado Pn Ingl~terra y los Estados
FIG, 15.-CAPA PARA ~EÑ0RITA,
Unidos, ni el tx,racto de carne común: para el
té de vaca se extrae de ésta todo el Jugo, me.
De terciopelo bo~dado, con dos grandPs t&gt;mpieza•
diante un poco de agua á fuego lento y cubier- mientos superpuestos, á cada lado y cuello redondo
ta 1a carne; pa1a el PXtracto la vaca en pedaci• muy mull:do.
tos 11e coloca en un frasco á fin de extraer el jugo por PI vapor de agua.
La vMtiRd Ps que el caldo.e s un alimento poco
fuerte y agrad11 ble que convieu• á los estómagos delic11dos, eEpecislmente á los enfermos y
Fig. 8-Jacqnette Dnqnsa.
convalesci•ntes. Los caldos de pollo y ternera
son ligeros. mucho menos nutritivos que el de
NOTAS OTILES
va&lt;'a :v se Ui'BD cvn ve, tija en los casos de enfermedades inflamatorias; los dPI tortuga y ra•
nas son por el contraiio. fortificantes y conEL CALDO.
vienPn en las enfermedades crónicas como Ja.
tisis; los- de yerba se usan como laxantes. De to•
dos modos, el caldo común es indispensable á
'i:c cintos palees la cuestión del caldo es sumamen• los enfermos y c¡mvalescientei,, satisface "º
te gra Vil bajo el punto de vista social, pues el consu· ellos á muchas condiciones. sobre todo, desde
mo de ese liquido con~tituye el alimento principal de que los médicos·han renunciado á las dietas rilas clases pobres. En Francia por ejemplo, no sólo es gurosas
preocupación constante en las familias de obreros el ·
Al indicar el modo mf'jor de hacPT buen calmodo mlls económico de preparar «le pot aufeu" ó de do no queremos por cierto condenar las sopas
saber oóude se vende el de buena calidad, sino que dfl uso en las familias, preparadas menos cienhasta los gobernantes han tenido empeño fin propor- tlficamPnte, pero que tienen buen aspecto v sacionar buen caldo á los pobres. Enrique IV y Napo- bo,. Sabido es, por otra parte, que esas sopas
l~óa III que como todos los déapotas 11chaban de vez nn con11tituyen el único alim•mto de las clases
en cuando de socialistas, tomaron medidas para quo acomodadas.
l.,s necP.&amp;itados recibiesen sopas bien pr,..paradas. Enrique IV solla decir que sólo se consi&lt;1er11rfa feliz el
dia qufl en cada casa francesa ae hici ..se caldo congaRECETAS UTILES
llina \"la poule au pot 11) Napoleón III organizó esta•
bleclmientos especiales de caldo y apoyó eflcazmen!e
IR creación de las tiendas llamadas «Bouillons,• fun•
SI se c~e tinta en un mueble de caoba ú otra
dadas por t&gt;l carnicero Duval, en donde por ínfimo madera fina, la mancha •ti quita con una.. cuan·
precio, se tomaba ese liquido en lujosos salones y ser- tas !?Ota11 lle espíritu de nitro disueltas en una
vido por jóvenes amables y bonitas. 11 Utlll'I dulce·"
cucharada de agua. Con nn trapo mojado de
A pesar de todas estas medidas aún abundan en e~ta
agua se toca la mancha de tinta y se frota
P '4rid los bodegones donde se vende á los obreros una · con otro trapo mojado en agua 11ola. Las mesas
l'specie de agua sucia preparada con huesos y toda de caoba se deben limpiar todoe los dlas con
clase de yerbdS En esos establecimienws, para que · un trapo de franela mojado en agua tibia y jael c4:do parezca fuerte, se hacen "ojos" echando bu- bón. Despu~s con otro tra o atado á un palo
ch.tls de aceite sobre la superficie del liquido á fin de se lt&gt;s unta con cera derr~tida y cuando se ha•
Fig. 9-Jacqnette Mylord.
q11fl éste parezca gruoso y nutritivo.
lla endurecido 11e frota bien la superficie con
Es un error, sin embargo creer que para obtener un trapo seco. De esta roanerl\ la1:1 mesas estaOPINION DE lJN CA.PITA.LISTA.
buen caldo basta emplear carne de primera calidad, rán siempre tan brillante~ como un espejo.
EN ME.X CO,
pues si bien algunas veces la mala carn11 es causa de
que el liquido sea desagradable, sucedfl á menudo
que el mal gusto y el aspecto repugnante del ,!guido
De Nueva York.
se deben á la inhabilidad del preparador. Sólo asi 11e
comprende que en muchos hoteles y "restaurants"
NUESTROS GRABA.DOS.
buenos se sirva al público sopa con caldo poco apetiMéxico, Octubre 3 de 1898.
to-o, mientras que en los hospi~ales de Paria toman los
SR.
D.
DONA'l'O
DE
CHAPEAtTitOtTGE,
eufermos un buen "consomé" preparado artística·
FIGS. 1 Y 2.-CAPA DE ESTACIÓN Y JACQUETTE
mente con muy poca carne.
Director
General
de
la
Compafl.ia de Seguros
ELEGANTE.
Para obtener buen caldo eon carne de vaca ó de
"L!
MUTUA."
Es
un!l
capa
d~
paño
de
seda
acordonado,
redon4
,
11
ca baile, {ésta última es tan J;,uena como la primera) eP
PRESENT'lll,
pr .. ci.o que el agua esté fil proporción con la canti· de longitud me~ia, con ePpigas bordadas y guias finas
(?uello
de
piel,
redondo.
MUY SEÑOR MÍO:
dad de carne: asi, para u;oa libra de carne se necesita
El Jacq~ette E'S de cheviot gris acno, parejo, adorque sólo haya dos litros de liquido. Nunca debe caMe permitn acusarle rPcibo de 'los RPguros por
J,.ntarse 11111gua antes que la cune. sino sumergirse nado d~ crntas, con cuello de piel también y solapas ($300,000.00) trescientos mil pesos que acade
lo
m1sm&lt;,.
éstR 11n agua fria, la cual se c1uienta á fuego lento, y
t,u d.- tvll!llf tiu la Vomp11ñt~ que ust~d representa en
,.,tmplaz"ndo la que se consume e.in ig11al canUdad
esta Republlca, y obsequiando sus deseo11 de que exFIG. 3 -TOILETTlil SASTRE.
d"' 11gua tibia. Si el liquido hitirve es indispensable
ponga l!lB razon~s que he tenido para ast gurarme
di~miuuir· el fuego, pues la carne se cocerla entonce·s
_De cheviot gris ace· o, formada de jacquette mu
en cantidad t11n imJJortavte y para preferir t-1 tomary no proporcionada en la ebullición la osmHzoma y &amp;Justado y solapas doublée de piel de seda clara qu!
(a á "LA MUTUA" R pesar dti que mis frecue1 , tPB via'
J" ¡relat'na. sin las cuales Pl caldo no es bueno Sólo se abren sobre un chiffón.
Jes á Europa y Estados Unidos me han dado toda clacUl\ndo 111 liquido comienza á hervir se debe quitar la
FIG. 4 -TOILETTE NOVEDAD.
se de oportuLidad para tomar mi s ..guro en cualquie""puma que se forma y se concentrR sobre la superDe mucha fanta.sia formado de un cuerpo blusa con ra d~ ~as grandes Uompañlas del Mundo, cou gusto le
ficifl y nada más entonces es cuando se pone sal al
mamhesto que en mi creencia el 11 .. guro eobr" la vicRldo. pues antes producida ~obre la carue t I mismo plastrón Y yockeys, y falda lisa á grandes pliegues. da t?ma l_a forma ?ª una protección, no sólo para mi
FIG, 5.-FICIIÚ Y MANTILLA MUY ELEGANTES.
ff ....r•to \Jll6 la ebullición prematura.
familia, amo también para mi11 bient&gt;s y negocios que
El sabio químico Liebig, que no desdeñó ocuparse
pe muselina de sfda en volantes capr1chosGe, la tengo entre manos, los que no qu..darán sin fondos
011 cuebtiones de cocina, imaginó un medio de prepaprimera y la Pegunda del mbmo estilo cayendo en vo- C?n q~e seguir activándolos si !11~ faltase m1 ..er onal
1·ar un t'xcelente caldo. Consiste é,te en no emplear lantes ondulados sobre la cabeza.
dirPCCiÓn.
.
r
~
bino filete de carne, de@provisto de tendones y apoRespe1:to á haber elegido "LA MUTUA," mi personal
FIG, 6.-JACQUETTB NUEVO ESTILO,
u ·m rósis, y reducido á picadillo muy fino E11te se poconocimiento de sus inmensos recur8os con ¡ 08 cuali" t'll1 agua fria y se coce lentamente habta la ebulli. Esta jacquette, en paño negro está incrustada de les cuenta pa_ra c~mplir sus (Jb,igaclon~s, Eus métoc1ó1; entonees ª" quita la espumR y 11e sala, no sólo ricos bordados en satin y pasamanería; se distlngu 6 dos de orgamzac1ón y lo~ planee atractl vos dti segucou .al común (cloruro de sodio) Pino también eon por un alto volanta en forma,
ros que ofrec~ son tales, que á mi juicio no admicloruro de potasio, que Liebig ha encontrado en ab un- FIG. 7-TRAJES PAR~ NIÑAS DBl 12 l 14 AÑOS y DE 6 j_ 8, ten competencia.
uaL cia en las masu musculares del hombre
En concusión le manifiesto que mi intención es auEl primero se compone de una jaquette sastre en
E.te proceder de Liebig present_a el inconveniente
mentar
el seguro sobre mi vida t&gt;n esta Compañia
cheviot
de
buena
calidad.
guarnecida
de
galonee
mide que 1'11 picadillo de carne no puede utilizarse desdentro de J)'0C.) tiempo, y tend. é muclto placer entra1-&gt;ue1:1 ce mo alimento, pues ~ueda reducido al estado litares con forro de polonesa
t
ar cun usted este .uunto.
El segundo es un gran abrigo en tartán escocés
ue esp 0 rto. Téngase sin embargo en cuenta, que aún
Soy de Ud. afmo. y atto. S. S,
haciendo PI caldo con poetas de vaca para que el ll- con una pelerlna ornada de un volante en forma
Y
l1111du ;;ea bueno, la .:une ha de quedar muy seca y botones fantasía.
Firmado.- C. Eisenmann.

Acerca del se[llro sobre la Vida en "LA MUTUA"

iQué es la mujer!
"GeográficamentP" considerada, es una catarata
que como la del Niágua•. n9a asusta y nos atrae ai
contemplarla.
11
Astronómlcamente11 es un astro encantador, rodt"ado como Saturno. de un anillo de oro que g1r11 en
una órbita muy limitada.
11
Ffsicamente" es un término metálico qu11 se dilata
al calor del orgullo ó vanidad
11
Politicamente11 es el Poder Legislativo que se imp~ne al Eiecutivo, y el partido constante de oposi•
c1ón.

EL MUNDO

Flg 7 -Trajes para niffas de 12 á 14 ail
yde64~
os

�EL MUNDO

380

Domtngo 13 de Noviembre de 1898

j&gt;

Flg. 10.-Toqueta Fantasfa.

Fig. 11.-Sombrero Tourlsta.

Flg. 12.- T oca Mariposa.

TOMO 11

•

NUMERO 21

.MEXICO,~ OVIEMBRE 20 DE 1898

•

Illmo. Seftor Dr. Don Pedro Loza y Pardavé, Arzobispo de Guadalajara.
t

Fig. 13. Capa elegante.

Fig.14 -&lt;Jasac6n paradawa

Fig. 1~.-Cnpa para señorita.

el dfa 1~ del actual.

(Fot. de Luperclo.--Guadale.jara.}

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Baile infantil</name>
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                    <text>Domingo 30 de Octubre de 1898.

.1!:LMUNDO

3i8
ser empujados por los palpos de loe de atrás, hasta los
Jl!áS ancia?,OS, que cuent,.n ya ocho días de i.xlstenci11., todos iban dando ....1uestras del mayor regocijo á
celebrar d sacro~anto vinculo de los dos desposados
en un templo tan gracioPo como digno de la pareja
era ur.aconchita"de una {isa muerta en una tempestad'
pero caai al término del camino tropiezan con los arre'.
batados movimientos de la agonizante mosca ... ¡y chicos y grande~! y machos y hem])ra~ huyen desolados
unos á gtrnrecerseen un grano de arena, y otros y en•
tre ellos Jo¡¡ novios á escondene entre las radiculas
de la pontederia; pero ¡oll dolor! la novia, impresionada por tantos y tau ine•perados acontecimientos, brincaba torpt&gt;mente y al buijcar la salvación en la enraizada, quedó pre¡,a ~llJtre los cinco ramúnculos de u1.1a
ramita color de esmeralda; á poco estos bracitos se
abrieron de nuevo, y exánime rodó la despoFada hasta el fondo de la arena ...... ¡llabia sido estrangulada
por nna llidral
ARNIJLF'O.

NUESTROS GR.i.BA.DOS.
FIG. 1.-GRAN CAPA DE ESTAC'IÓN.
Oe terciopelo. redonda. con cuello reina corriente
doubleé de piel y triple orla de volantes de piel de un
enc1i.ntador ePtilo. li:~ta capa flS dP la casa francesa
de Révlllon y llama la atención en Par is.
.
FIG. 2.-SOMBRERO ~IAHDFN,
Ee de fieltro, completamente redondo, con la falda
levantada hacia la izquierda Una draperia de raso
negro: enredada g,acio11amente á la copa y uu penacho de pluma constituye todo el adorno.
FIG, 3 · SOMB~ERII FANTASÍA
Una gran draperia de tul alternado con ros11s y fo.
llajes en caprichosa forma. constituye el adorno de
este sombrero, cuyas dos alas se levantan graciosamente á igual altura.
FIG 4 -TOQIJETA PARA DAMA.
Es de tul, alternada con un gran penacllo "ilusión"

y una serie de fruncidos que forman el cuerpo de la
toca, abriéndola por completo.
FIG. 5 -JACQUET BOLERO.
Es de paño de damas asargado, redondo y abierto
sobre el cuerpo blusa, con doble solapa y orlado de
cinta blanca de seda. Manga ligeremente arullonada.
FJG 6 -TOIL'RTTBI DE CASA PARA DAMA,
De una elegante originalidad; cuerpo blusa abierto
en picos sobre un plastrón plissé bordado. Mangas á
gran bordado y falda. alternada de mucho primor.
FJGS 7 y 8 -TRAJES PARA .NIÑAS DE 9 Á 11 AÑOS.
Damos bajo estos dos números dos trajes para niñas, de mucho gueto y elegancia, forma el primero
de estilo sastre un jacquet de forma. recta, abierto
sobre una camisola de punto de seda á rayas. Solapa
ancha figurando una especie de yoke ornado, afi como la falda de ancha. cinta angulada de muy bonito
efecto
FlGS 9. 10, 11 12 y 13.-TRAJES PARA NIÑOS,
Damos una c.impleta. colección de ~rajecitos para
niños de forma nueva y elegante, llamando especialmente la atención sobre el modelo marinero figura
9, d trajeclto de sarga pliesé figura 10, con yakecito
muy elegante y el paletot figura 12 de muclla fantasía con un gran tablero y yockeye ligeros.
FJG 14 -TOILETTE ELFlGANTE.
Gran falda moireé á guias, muy vistosa. Cuerpo
blusa de muse ina con un gran :voke y un plastrón
circular de mucho efecto. Un gran lazo de tul orna
el lado izquierdo .
FIG. 15,-BLUSA FANTASÍA,
De sarga de seda bordada, con solapas doubleé
de tafetas y grandes guias de seda bordadas en gran
relieve á dnecba é izquierda.
FIG. 16.-TOILETTE DE GUIPURE
Para tertulia ó calle, mostrando al frente una ligera esclavina, qu11 atrás se revuelve en una gran aplicación triangular de dibujo exótico. Basquiña hecha
también de una draperia bordada en extraño estilo.
Un gnn lazo de seda acordonada ciñe el talle y cae
hacia atrás en grandes bandas unidas en un moño
gracioso.

EL PAGO DEL SEGURO DEL GE:NER!L

CARLOS DIEZ GUTIERREZ,
Ex-Gobernador del Esta.do de Sa.n Luis Potosí.
Timbres por valor de ::¡;12.16 cs. debidamente cancelados.
Recibi de 11The Mutual Life Insurance Company of
New York" la suma de (812.147') doce mil cien•

TOMOll

to cuarenta. y siete pesos, plata mexicana.,
as!: $10,000 00 suma asegurada y$~ 147 20 por premios

•

NUMBBO 19

MEXICO, ?iiiOVIKMBRE 6 DE 1898

devueltos, en pago total de cuantos derechos se derivan de la póliza número !:00,772 bajo la cual y á mi
favor estuvo asegurado mi finado eoposo, Señor General Don
OA.RLOS DIEZ GUTIERREZ,
y para la debida constancia en mi carácter de beneficiaria nombrada eu la pól,za, extiendo el presente re•
cibo en la misma 1,óliza que se devuelve á la Compa•
ñla para su cancefación en s..n Luis Potosi, á once de
Octubre de mil ochocientos noventa y ocho.
Firmado: 'Mercedes B. de Diez Gntiérrez.

Un timbre de $050 cs. debidamente cancelado.
Antonio de P. Nit:to, Escribano Publico.
Certifico: que la firma que antecede es de el puño
y letra de la Sra. Doña Mercedes B de Diez Gutié·
rrez, quien la ha pu11sto en mi presencia. v dicho ser
la ,aisma que ac•,stumbra en 10dos sus n"egocios. En
comprobación de lo cual siento la presente en San
Luis Potosi á once de Octubre de mil ocllocientos no•
venta y ocllo.
·
Firmado: Antonio de P. Nieto.-Rúbrica.
El General Don Carlos Diez Gutiérrez tuvo la previsión de tomar en "La Mut11a,11 Compañia de Seguros
sobre la vida, deNueva York, una póliza deDIEZMIL
PESOS con devoluci.'m de premios. De manera, como
consta en la presente, su familia fué beneficiada con
esta suma y recibió también los premios que babia
depositado el Genera Diez Gutiérrez en la Compañia

•.

-!I

.It

:

-

1
¡11¡

!\

·•"~·:·-, .

EL SR. GENERAL DIAZ EN EL FESTIVAL DE CARIDAD.
(lostantáoea tomad" para El At,mdo.)

Flg. 1:i-Bl~-:a fantasta. Flg, 16.-Toilette de guJpu.re.

�Domingo 6 de Noviembre de 1898.

11:LMUNDO

350

LASEMANA.
No hace muchcs aftos, un grupo juvenil, movido de patriótico entusiasm1.,, fué en romería al
Monte de las Cruces y al pié del monumento que
recuerda la victoria memorable de los independientes sobre las fuerzas del cruel Trujillo,-un
monumento que harmoniza su austera sencillez
con la grandiosidad del bosque sagrado,-dejó la
ofrenda de un pi11doso recuerdo.
Patética conmemoración! Los jóvenes, los adclescentes más bien, llevaban todavía potente en
el espíritu esa clásica arrC'gancia de los selecto.;
y dcl?s idealistas para quienes la vida es epope•
ya y sólo conocen el tipo humano á través de las
severas cláusulas de Tito Livic.
Para ellos, aquel lugar sagrado, era santuario
misterioso, accesible sólo á los creyentes, á los
que se purifican en el agua lustral de las grandes
ideas humanitarias;-creían que la Patria aparecía allí en su radiante glorificación y poresofueron á oficiar en donde todo culto es grandioso,
en la soledad arrullada por el eterno murmullo
de las frondas.
Mas he aquí que una turba de seres aherrojados aún por la ignorancia y el instinto, manchan
el sitio consagrado por la Patria al heroísmo con
la sangre de brutal asesinato.
El aniversario de la batalla de las Cruces, fué
A su vez una batalla en la que pelearon odios
mezquinos incitados por la embriaguez,-ese velo que hace más obscura la noche en que vive el
bajo pueblo indígena, la existencia miserable
de una raza sin esperanzas de redención por el
progreso.

,,.,,

Vedla si nó el día de muertos en las práctic11s
de su culto á los antepasados. No comprende los
ritos del catolicismo, religión de la que es el indio adepto nominal como es nominalmente beneficiario de los derechos que le otorgan la cultura
de la época y nu&lt;Jstras instituciones.
En esos cerebros primitivos no cabe la concepción de la vida supraterrestre que constituye la
esencia de las religiones superiores,-un cielo y
un infoirno; goces y pertas inmateriales, distintas
de las que experimentall los vivob en la tierra.
Los difuntos comen, beben, se embriagan y riften como lo hacían en vida, y sus deudos no encuentran medio mejor de celebrar el día consagrado álos desaparecidos que servirles el banquete copioso y el licor que era su delicia, proporcionarles la baraja y aún armas para reftir.
La clase popular lleva á las necrópolis con sus
barracas y su completa instalación de fondas y
tabernas, el humor bullanguero, alegre, desordenado, y los excesos orgiáticos de una verbena.
Repugnante vecindad la de eeos festejadores
que profanan la muerte para los espíritus delicados que visitan la tumba de sus muertos, regándolas de flores simbólicas y de lágrims.s.

,,,.,,

. A medida'que avanzanlos siglos pertenecemos
más á los que fueron, y en todos nuestrr s actqs
sentimos la ligadura que nos sujeta á su misterioso dominio.
El porvenir se elabora secretamente, preparando inesperadas maravillas bajo el influjo del pasado.
Ascendientee, héroes, sabios y poetas ¡qué inme-nso rumor de voces elocuentes habla en nosotros y nos impele á seguir un ide8l, á resolver
un problema, a completar una. obra interrumpida por la muerte!
La solidaridad entre los muertos y los que viven es perenne, y mayor la a~ción de aquellos
en los acontecimientos, así en los vulgares é insignificantes como en los que transcienden á toda
una épcctt. Jesús conforta con su ejemplo á millones de mártires; Platón ilumina el intelecto de
la humanidad y Shakespearepuebla de tipos eternos la fantasía.
,.,;

El día de muertos, con ilU sol pálido y triste y
su bruma fría, toca nuestro corazón dormido,
despertirndo en él lo que fué. Y ese calor de afectos que sentimos un tiempo vivaz, y á todas ho•
ras presente, en este mismo hogar que abriga á
los que quedan, junto á la cuna vacía y el sillón
abandonado, nos hace pensar en la frialdad del
sepulcrv.

Becquer lo dice en la dulce ternura de sus
verses,
¡Qué tristes y solos
se quedan los muertos!
Gracias á que los sauces agitan sus ramas Y
los pájaros anidan y cantan en las copas, las
tumbas no están del todo abandonadas por la
vid11.
Nuestro amor no queda satisfecho con las cinerarias- que. llevamos al campcs:1.nto, ni con la
memoria de los muertos querido~: sentimos como
un remordimiento de vivir, de ser felices, al
agruparnos en torno de la mesa pa~a beber el v~no que tiembla fln las copas y la mirada que bn•
lla en los ojos amados.
No 1011 olvidttmos, no podemos olvidar á nuestr0s muertos.
¡Qué tristes estarán en la soledad de su tumba!

"""

Las noticias que llegan de Monterrey,-más
tranquilizadoras cada día,-indican cuán fácilmente prevalecen inmotivadas alarmas en el pueblo.
La multitud dominada por una preocupación
procede en todos sus actos de una manera ilógica, se ciega y se enfurece, se entusiasma y se
amedrenta por causas fútiles y á veces imaginarias.
Que cu11lquiera levante la voz y le diga cuando
padece hambre: «los comerciantes tienen víveres
y no quieren venderlos,» se arrojará furiosa y
saqueará almacenes y dará muerte á los supuestos enemigos del pueblo, sin examinar previamente si el acusador dice ó no h verdad.
Un quídam dice á ese mismo pueblo amenaza•
do por una epidemia: 11 los ruédicos envenenan á
los enfermos, 11 y la frase correrá de boca en bo·
ca; algunos pretenderán haber visto á los doc.ores en coPciliábulo para preparar el crimen; otros
de buena fe creerán que presenciaron una misteriosa maniobra del médico, tras de la cual el
enferuio murió súbitamente, y hasta habrá quien
atestigüe revelaciones de alguno de lvs inculpados.
En vano se demostrará la imposibilidad moral de eses hechGS imaginarios: todos los medios
racionales de persuación serán ineficaces. La
creencia 1.1bsurda n~ se desvanece con demostraciones¡ para destruirla es preciso apelar á los
mismos medios que lo engendraron.
Los historiadore!$ hablan de estos casos típicos
de demencia colectiva, momentánea ó duradera,
que produce toda agitación social. Un transeunte encuentra una multitud amotinada en las calles
de París, y alguien lo señala con el dedo diciendo: "ese es un traidor;" la furia popular se apodera del desdichado y lo abofetea y lo arrastra para colgarlo de una linterna: la víctima
tiembla, implora piedad, y cuando todo está perdido para él, grita otro amotinado 11 es un cobarde y no puede ser tirano del pueblo." La decoración cambia y el furor se convierte en hilaridad;
los mismos que iban á matarlo se ríen de él; pero
en ese momento el que iba á ser ajusticiado se
encara á la plebe y le habla de sus apiniones, de
eu vida consagrad'\ á la causa pública, y todos,
sin excepción, aplauden y lo llevan en triunfo
como á un heroe.
Así es el pueblo cuando nada refrena sus impulsos. Ya veremos cómo al desaparecer el pánico, los médicos á quienes una multitud estulta
deelaró criminales, serán objeto de veneración
por su meritísima conducta humanitaria.

,,,.,,
En el coliseo de Vitrgara celebró el Club Dramátic'O una velada, como acostumbra hacerlo periódicamente, y e$ta vez ofreció un doble atractivo, pues además de poner en escena una obra
de autor mexicano, la nueva creación dramática
se desarrolla en los brumosos tiempos que precedieron á 111 conquista ibera, en plena época de
civilización autóctona.
La obra, qpe idealiza á Netzahualcoyotl, el
poeta rey, fué bien recibida, tanto por su originalidad, cuanto por la discreción con que está
tratado el tema.
Aunque 11\ época á que se refiere es bastante
pintorerna, h11y que dudar no obstante, que alguna vez tengamos una Salambo azteca.

DICK.

¡Jolitica Qitntral.
RESUMEN.-La retLr:1da de Marehand y el eonfl.leto
rranc,-brltántco -Preparativos bMleos. -Temores
de una gra'.l eonnagracl611. - Ou los de pueblos Yeom ·
petene:as de razas. -Eslavos y sajones. -En Orlente
y en Occldent~ -Las eooferenelas de Parls.-Rumores contr11dletorlos. - La posesión de Fl'.lplnas. -La
ley del más fuerte Vre vlctlsl-Conelusl6n.
No ha bastado la salida del comandante Ma:chand rumbo AParís, álaque se da la sigr..ificación
de una retirada, para serenar el horizonte político
donde se ciernen obscuros nubarrones de guerra.
El conflicto anglo-francés permanece todavia en
pie, y prueba de ello son lvs muvimientos_y actividad que se obsP-rvan en los arsenales y astilleros de
la Gran Bretafta, la evolución de sus escuadras
en el Atlántico, en el Pacífico, en los mares de
China y oo el Mediterráneo. Por todas partes se
nota febril ansiedad y se siguen con interés los
cambios más insignificantes efectuados en las ·escuadras inglesas que resguardan todoslosmares.
Prepáranse en Davenport las unidades más poderosas de la marina inglesa, para concentrarse
en Gibraltar y vigilar desde allí Argelia y Túnez;
reciben órdenes de conce_ntrarse en Jamaica y
eu las Barbadas, los dispersos elementos que
constituyen la escuadra del Atlántico; en Victoria se reunen cruceros y caftone1 os, para dirigirse á Tahití y amenazar las islas de la. Sociedad.
Si todos estos preparativos indican un movimiento hostílcontralas di vasas colonilis francesas, que
en un momento dado pudieran ser atacadas, sábese que en Wey-Hay-Wey, Che-Foo y HongKong, se hallan listos para zarpar los buques
británicos con calderas encendidas y bien pro,
vistos de municione 1, en tanto que en Puerto Arturo, la escuadra rusa se prepara también á movimientos desconocidos.

***
¿Qué viento de muerte agita los espíritus? ¿Qué
soplo fatídico cruza por los horizontes europeos,
exaltando los ánimos, despertando viejas rivalidades, sembrando odios y agitando inextint'ls ambiciones? ¿Qué sombra de muerte cae sobre los
gabinetes, ofusca A los soberanos de la tierra y
estremece A los pueblos que parecen prepararse
á una lucha gigantesca? Como contestando á la
iniciativa del emperador Nicolás II, que apenas
hace dos meses predicaba la paz y la concordia
á las naciones de la tierra, como contestando con
fermentaciones de venganza y explosiones de
aborrecimientos mutuos, así se hallan los encargados de dirigir á los pueblos por el camino del
bien, lejos, muy lejos de la concordia que recomendaba el autócrata moscovita.
No es la posesión de un palmo de terreno en
el valle del Nilo Superior; no es el dominio sobre
un grupo de tribus nómadas del Sudan, lo que
ha podido ocasionar la exaltación en estos momentos y los grandes preparativos bélicos entre
Francia é Inglaterra; después de las continuadas
notas diplomáticas, despuás de la publicación
del «Libro Azul» por l¡¡, Gran Bretaña y del« Li•
bro Amarillo» por Francia, después de la retira.da real ó -fingida de Marchand y del aplazamiento de la cuestión egipcia para mejor oportunidad,
hay que pensar que alguna otra circunstancia, de
la que todavía no nos dan cuenta los cablegramas, ha venido á agriar los ánimos y á excitar las
voluntades, para que, cuando todos esperaban
una solución decorosa para las dos potencias que
se disputan con mejor ó peor derecho el repartimiento de los despojos de los vencidos dervises,
se encuentren, más que antes, á purito de un rompimiento.

***

No hace muchos días que el ministro alemán en
Pekín propuso á los embajadores extranjeros se
tomara posesión. en nombre de las potencias europeas, del ferrocarril de Tien-Tzin para que en un
momento dado pudieran ttcudir las fuerzas de sus
nacionales á defender las embajadas y los inte·
reses respectivos, caso de cualquier motín ó levantamiento contra los cristianos.
Rumórase ahora, que, aprovechando Rusia la excit~ción producida por la cuestión egipcia y la exaltación del espíritu británico contra Francia, trata
de~ar un paso más en territorio chino, pasando por
encima de los intereses británicos adelantando
siempre en su influencia desmedid~ y dando ur:
nuevo golpe á Inglaterra en el extremo Orient• ,

Domlngo 6 de Novfombre de 1898,

Verdadero 6 falso, este rumor sí explica satiofactoriamente á qué obedecen el movimiento y la
actividad inusitaaos que se cbservan en las escuadras y en los puertos de Inglaterra y sus colonias; sí se comprende de ese modo, por qué al
conflicto anglo--francé3 pueda substituirse el siempre amenazante conflicto anglo-ruso, aplazado
por un momento pero no resuelto, después de la
determinación muy vaga de las esferas de influencia ,respectivas sobre China, acordadas últimamente entre los gabinetes de Londres y San
Petersburgo.

***
Si deFgraciadamente el siglo que acaba ha de
tener las postrimerías sangrientas y ha de terminar con una conflagracil'.in universal, comparable
á la que presenció en llU nacimiento durante las
guerras del Consulado y el Imperio, ·turible será el choque entre las potencias europeas, formidable será la catástrofe que cambie el mapa de
Europa, disputAndose su dominio las razas eslava
y anglo--sajona.
·
Son de tal importancia, tienen transcendencia
tanta los nuevos problemas internacionales y las
disputas nuevas entre los p.oderosos de la tierra;
tienen tanto interés los futuros conflictos y las
rivltlidades nacidas entre los grandes pueblos, ansiando siempre nuevas tierras, buseando nuevos
mercados y requiriendo nuevas fuentes de riqueza por todas partes, que se empequeftecen ante
su consideración las viejas rivalidades, los antiguos odios que armaron á Alemania y la constituyeron en un imperio milit11r, é hicieron de la
República Francesa el pueblo siempre preparado
y con ~l arma al brazo, para volat en pos de la
revancha. ¿Qué significan los odios de dos naciones frente á los odios de dos razas? ¿Qué son la
com!:5etencia de dos países frente á la competencia de dos grupos humanos, uno de los cuales representa en su territorio la séptima parte ae la
tierra, y el otro tiene esparcidos sus súbditos y
sus factorías en toda la redondez del mundo?
El desquite que ha anhelado Francia hace cerca de treinta alios pudo ocasionar una guerra
más ó menos limitada. Para conservar la paz,
Alemania hizo la formidable triple alianza.
Después de largos trabajos y diversos tanteos,
Francia logró constituir su alianza con Rusia, para poder desafiar á su enemigo. Frente á frente
los pueblos aliados, se han contemplado de hito
en hito, sin atreverse ninguno á desenvainar la
espada, por no atraer sobre sí la tremenda responsabilidad de una guerra europea. Pero el eslavismo ha avanzado lenta y seguramente en su
camino de expansión¡ sin que nadie lo haya podido detener, ha ensanchado sus dominios, avanzando scbre el Mar Negro y sobre el Caspio, y
por fin, ha tropezado en sus inmensos territorios
de Asia con las posesiones británicas, en sus territorios europeos con el baluarte de Alemania y
de Austria, que aún tienen en su poder pueblos
eslavos.
La lucha no es de ahora, la competencia es secular. Si en el momento no estalla el confEcto, se
aplazará para más tarde; pero el desafío está lanzado entre eslavos y sajones: los dos se disputan
la posesión del predominio en Oriente y Oecidente.
¿Cuáles serán los pueblos que gravitarán en rededor de esos centros, y de qué modo se formarán las alianzas cuando estalle la contienda armada? Imposible definirlo, porque son muchos y diversos los intereses que tienen que dirimirse.
Tal vez para entonces tome parte y se siente entre
las potencias de primer órden, hasta la Unión
Americana qi:.e, después de la guerra con E;;paña,
ha inscrito su nombre en el catálogo de las potencias marítimas.
*

**

Vana fué la resistencia que opusieron los comisionados espaftoles en las conferencias de París, á las exigencias americanas, en cuanto se refería al asunto de las Antillas. Por boca de sus
representantes había declarado el gobierno de
Washington que no reconocería ni tomaría á au
cargo la deuda de Cuba, sino en aquella parte
que se ligara directamente con las ciudades antillanas, y á lo que parece han tenido que ceder
los enviados de su Católica Magestad. Pero al
anuncio de que los Estados Unidos pretenden para sí la soberanía completa sobre todo el archi•
piél¡¡go filipino, han circulado las versiones más
contradictorias.

351

EL MUNDO

Aseguran algunos, que este solo anuncio servirá para que terminen de modo inesperado todas
las negociaciones de paz; q ne en con:1ecuencia, se
renovarán las hostilidades, y una poderosa escuadra americana zarpará desde luego rumbo á
las costas espaiiolas. Dicen otros, que el presidente del consejo de ministros en el gobierno de
Españ.a luchará cuanto put:da, por medio de los
enviados en París, por alcanzar compensaciones
pecuniarias y el reconociinmto de lrt deudl\ de
Filipinas, en !a imposibilidad de oponerse á las
pretensiones americanas. Hay quienes anuncian
la retirada inmediata del Sr. Montero Ríos y sus
colegas; mientras que predicen otros la sumisión
completa de los comisionados españoles a cuanto pretenden los vencedores.

***

Difíc.il sería para Espafta, en las actuales c'.r-

cunstancias, querer oponerse por la violencia A
las condiciones impu'3stas por el vencedor. Podrá
haber disención Robre los artículos del Protocolo
que sirven de base Al traLado de P&gt;\Z definitivo;.
podrán encenderse discusiones más ó menos luminosas y esgrimirse todas las armas retóricas
recogida;; en el arsenal de la dialéctica por los diplomáticos españoles; pero enfrent1 de esos juegos artificiosos de la palabra, está. la inflexible
línea recta á que se han sujetado !fr. D11y y sus
colegas, s~gun las instrucciones recibidas del presidente McKinley. No cejaron ni un punto en la
cuestión de la deuda cuoana, y si es verdad que han
pedido la posesión de las Filipinas, probablemente tampoco cejarán y se manifestarán dispuestos,
antes que á ceder, á comenzar de nuevo las hos•
talidades, que tendrían por campo de acción, ya
no las aguas de Cuba 11 i el territorio de la gran
Antilla que está á medlas en su poder, sino tal
vez los puertos y las plazas muítimas españolas,
á donde probablemente se dirigirían las escuadras
de Sampson y de Schley, con la seguridad de n.o
encontrar la resistencia de una escuadra enemiga.
¿De qué podrían servir en este caso las protestas del gL&gt;bierno e;;paftol por R.nte la!f potencias
europeas? Europa que contempló indiferente cómo
se desarrollaba el drama. hispano--americano, sin
dar seftales de intervención, más allá de las ma•
nifestaciones de platónica simpatía hechas por algunos órganos de la opinión, quedaría otra vez impávida ante la renovación del conflicto. Harto
tiene que ucuparse en sus asuntos pr,:ipios y en
sus dificultades interiores, harto tiene en que pensar para curarse de las desventuras del débil.
Triste es pensarlo, pero hoy como ayer, el
vencido tiene que sujetarse á la ley impuesta por
el vencedor.

X.X.X.
Noviembre 3 de 1898.

de
ROMA.
¡Qué mal hizo el municipio romauo al m1111cbr destruir las ruinas de los baños deD'oclecianol Perola razón que tuvo f:J.é poderoshima en estos tiempos mo•
dernos: el emper.ador d-e Altlilla"Aia hacia en 1888 su
primera visita á su regio aliado Humberto, y el municipio de la capital d..l reino temió enge11drar en el
augusto hué~ped una impresión desagradable, si lo
primero quo se ofrecla A su vista era una mole de piedra negruzca v ca, comida que proyectaba su sombra
secular sobre ia frescura cie los muros de la estación
y muy cerca d'll monumento que conmemora el fracaso del modernfl Lacio en sus empresas conquistadoras.

No sé cómo habrá quedado la plaza después de escombrada, ni quiero saberlo; pláceme conservar la
impresión imperecedera que recibí al entrar a Roma y que guardo fresca a pesar de que entonces nri
eaplritu sólo presentla las emociones de la beHeza.
Hace v11rias h...-11s qu11 el ferrocarril, ese monstruo
de hierro con entraiias de hie1·ro. ha venidJ atl'aveean•
do campiñas sagradu. Sus r~ils están clavado~ en
tierra santa que, al ser removida para el levantamiento de las terraplenea, entregó á sus verilugos mil tesoros de arte y mil secretos histórico@. Desde que entramos al valle del Tiber, el eaplritu se siente espo•
leado por las recordaciones de los gloriosos tiempos
idos y · todo el· paisaje exhala una queja tristJsima,
una 'queja que parte de las _entrañas de sus ondulaciones volcé.nicas y vibra en el ram1tje de sus oliva•
res y azota las ventanilla.s del tren con el empuje de
las rimas latinas. El río serpEllltea eu armóni1as curvas cortando con la aridez de su légamo pedregoso
-i~stimonio dtt aquellas aeoladoras inundacionesla matizada verdura de los campos, A trechos mués•

trase la !il•r eta dentada del monte de San Orestes.
del antiguo Soractt,s, lnmtlnso bloque calt:á, eo que
sirvió d-, plldestal á. un templo de Apolo, y que cantó
Horaclo.
Vides ut alta stet nive candidum Soracte,

y que cantó Virgilio:
Summi deum sancti custos Soractis .A.pollo!

El conductor, menos clásico, anuncia la estación ~e
Borghetto, con parada y fouda Hay sin embargo u~a
penFadón deliciosa: beber el mismo vino de las 1nismas uvas ....
A la derecha, un castillo en ruinas. de pieara rojiza y torres tr~angula.res, mitad t1;1mplo y mit11d forta•
leza, con un campanario y un puente levadizo. A la
izquierda, sobre lll Tiber el ancho Ponte Fdice, cc,nstruido por Augusto y restaurado por S1x10 Quinto, y
cien veces cruzado por las legiones de lus Césares,
-por aquellas legiones acerada11 y bravla@ de esos
Ceda res apolineos,-y por las caravanas de los Papas,
-por esa&amp; purpuradas y muelles caravanas de aque•
llos Papas apocallpticos.
Sigue el ferroc11rril, y á lo lejos, entre el ob~curo
verdor de los proffcuos montes de olivos, blanquean
las casucas de un lugarejo abondonado, no mu_y did•
tant" d-,1 claro que sobre los mismos montils forma el
emplazamiento de Civitta-Caijtellana. Es Rignano, al
pié d"'l .Soractea; .alJi .nacieron dos tipos esencialmente romanoR, dos completas encarnaciones de sus épo•
cae: Julio C.isar el estoico y Lucrecia Borgia la ramilra.
El terreno Pe occidenta más y más, y los oliveros,
cargados de frutos, acarician la cóncava techumbre
de los vagones
E6t11mos en la Sabina, terra oleum ferens, que dió
mujeres á los romanos, mujere8 que rueron tomadas
por la futtrza con viriles energias y en cuyos flancos
si' labró el advenimiento de la futura raza vencedora.
Muy cerca de los rieles, á ambos lados, yacen fragmentos de piedra puerilmente labrados; el suelo está.
surcado de extraños cimiento8, la yerba se escapa de
las grietas de una vieja muralla, invade los cantos en•
mohecidos y brota flo;·es nuevas sobre las ruinas ¿Qué
iecuerdo vaga por alfü ...... Alli fué Curae, la patria
de Numa Pompilio ..... .
Sigue el Tiber murmurando su eterna canción, é.
la derecha del camino.
1.Jh! los murmullos de los rios! Los ríos, esas venas
pletóricas de la madre Tierra, cc,nservan en sus pulimentados cauces la crónica de los pueblos, y es un
h"cbo que sus aguas, eternamente 11uev11s, la cantan
al claro de la luua ó al beso dorado del sol. Los rios,
como los hombres, brotan de quién s11be 4ué ignotos
orígenes, pero desiguales; los rios, mád que 1011 hom•
bree, tienen el cuño de la raza, y corr-,n, corren, corren no importa á donde, llevando en los reflejos de
sus ltofas un girón de a1olengo que nunca podrá.a
manchar las profan-as abluciones que se dectúan en
sus orillas, aún cuando ellas pretendan precipitar en
sus aguas las incoloras fusiones de la moderna geo¡crafia politica. El Rhin siempre ha sido y será por
siempre teutón, como húngaro al Danubio y romano
el Tlber. Los rios murmuran sirmprn canciones propias y la canción del Tiber-10h, Vlrgilio, Horncio,
Cice-.ón, Liviol-tiene todala harmónica redondez de
la lengua madre, y en sus a~uas ,•liluido floh el opulento plumón del alma latina, con su doble aju11te
magnifico de liras y de epopeyas.
De pronto el carril torna forzadamente y se desou~
bren monumentos que arrancan el espiritu de lus viejos recuerdos de la Roma pagana, para engo1farlo en
plena Roma pontificia primero, y para recordule á
la Roma flamante y unitaria despu~s. En ef¡,cto, esa
villa que á guisa de perdurable centinela, parece columbrar la escarpada !J. nura desde lo alto de su
asiento, para resguardar los cascados patrimonios del
sumo obippo romano, fué la de los Orsini, señores pa·
tricios de muy hi•tórica alcurnia, y pl'lrtenece hoy á
los prlncipes de Piombino, no menos hrill11nte11 próceres de la corte vaticana. Asiéntase la 'Villa en pertenencias de Monte Rotendo, vieja heredad de una r.11
za extinguida, y napoleónicamente convertida, más
tardt&gt;, en envidiable ducado para los br'. vos .Ponill•
tow~ki. Ali!, hace seis lustros,elfrigio Garibaldi arrebató á las tropas francesas y pontificias un flerón pa•
ra la corona de Italia ....
Muy poco nos falta para llegar á. Roma, y vamos siguiendo la dire&lt;wión de la antig-ua tía Salara que
se extl-,ode á orillas del camino por donde va avanzando la humeante locomotora. A lo lejos, la villa Albaní (oh, sacro colegio!).
Todo nos re.,-ela que estamos ya a la puerta de una
metrópoli moderna: las multicolores banderolas ferroviarias que siembran sus tenos vivos sobre la alternada monotonia del verde (o ivos) y del gris (piedrae); las estaozuel~s rú8ticas rodeadaij d1;1 tropeles
lactiferoe; a qui y acullá, f.l.bricas de co sé qué, arrojando por sus alt~s chimeneas penachos de humo y
justificando, prosaicas y feas, el apasionado exclusivismo ruekiniano ....
Lubgo, se atraviPsa el rio Anio, afluente del Tiber
exhausto casi en épocas d~ sequia, y desenvuelve
con magestuosa lentitud su rinta de plata por Pnmedio de su lecho pedregoso ¡Oh, los leches pedregodos
d.6 la campaña dt1 Romal
A la izquierda las montañaa de la Sabi11a se rPfunden en los montes Albanos, sombreando el horizonte
con su 11lta y larga fila de árboles seculares,
El treo avanza. avanza, y repentinamente resuena.
un estrrdent'e silbido ....
Un nuevo recodo que se tuerce, un trozo de paisaje que se descubre, y luego, á la derecha, un inmenso hacinamiento de construcci0nes, como piocelazos
de sepia, coronado por un mara víhose enjambre de
torres y cúpula■. Una- de éstas, muy ancha y muy her•
mosa, sobresale por todo el cuadro y da e11. los ojos

�Domingo 6 de Noviembre de 1898

EL MtTNDO

352
con el júbilo y l1t confianza de un viejo conocido,;::my
cnnocido, á quien sin embugo no lletnos v1eto jamás.
¡El! Roma, con la cúpul4 de San Ptidro, nimbada de
oro por los últimos espl ndores del sol ponienttll
Et carril traza un vasto circuito en torno de la ciudad, como para hacer más deRellble el pronto arribe,.
El ring' se E111trecha paulatinamente, pa•amos muy
c'3rca &lt;1e la Pnrta Maggior6, rasawos e! de~portillad"
templo de Miu6rva Médica y entr1tmoJ:1 eu la estación . , .
0

***
¡,Nn PR cierto que el ánimo debe hallarse envi1elto
en deliciosa unción al Rllntirse en la vit'j I mt'trópoli
del pa¡.¡-1tni~mo, en la Ciudad Eterna, en Roma?
Iuc,,ndcieutemente t'spérase ver la es111sclón inundadit por bh,ncas parvadas dti togado11 cives y de
triu11fales legiouarios, á.vidos df-l .-s.,uch11r la• nuAvas
traidas del pais de los GaloJ:11 qui ipsa lingua Cettre

apellantur, ó bien de 11lbirrojas procesiones cardena·
licias ilumiaadas por los fulgores del oro y de las
gemas.
Pues bien 111 imprePión que Pe recibe l'S desol~dora; horriblemente at1eoladora El eFpectáculodes1e~pre. la igualdad ante el progrArn; las aduaneros uu1formadoJ:1 las máquinas t&gt;volucionando con .. normPs
pujo11 . ... los mi~mos pujos que he nido en NewYork
y e11 Parh1, en BArli11 y en Vhicago Yo bien Pé que
Psos pujoA eon 10P pujns de lit civilización, pero :por
Jov~I al llegará RoLila redonarou muy ingrat11.mente
en mis oído11.
El rlPMerado aumPnta cnando d.J cnnvoy Al' VA dAR·
cender á un gr&gt;1.nd d11 rubicundr,¡ nii11ters y niistres
envut11to~ "" amarillos carr1kij y calzlldos de piel &lt;le
coc&lt;'drílo Son ,vank•e~, que de.sde ultramar tiene1;1 alquilado algúu palacio histórico donde morarán mientras hagan 111111 adquisicio11l's de arti1tic works "n 111.11
gaL:.ri1t11 particul1tr1111, 11.,vándose la11 tel311 watJstras á

EL ORf\N FESTIVf\L,

!Jomin_go 6 de Noviembre de 1898.

¡ruisa de pavesas de gruesas cl~io_s pa~cuales, I:i,brados con primor para burlar la v1¡r1lanc1a del gobierno
ltaliitno que prohibe la e~portac!ón de cuadros y. eec·ultur,,s célllbre~. ¡También la Ciudad Eterna va s1eudo invadida por los yauktles, oh maeinro Sierra, por
esos Atilas aurífero~!
Ahora bien. al salir- de la 1111tacióµ y de~pnés dA
mirar el r:i.quirico y banal mausoleo quti recuerda laR
hecatombet&lt; Ítaliana;¡ en Abisinia. 1111ré en frtinte el
gigante muro de la11 terma~ de Dincleciano que ~oy
y11 no l'xi,ten y q11e halagabaogratame~te al viaJero
ávido d6 tlt'mpod idos. cou 11u colosal ~1Jueta. negra
que en dl'cr.-ciente dPnt.,dura, recorta ha el ePfumado ;mbient"' de 1a viPj, R()ma. al desl'mbarc~r á la
hora dA la tarde moribunda. tAh. nnncio podré p1&gt;rdo11ar tal dAstrucción al Senatu.~ Populusqup, Rornanu-~ quP fnncionó el 11ño fo8'i rlA h era woderna y
MMDCXVI de la fundación de Roma!
JUAN

SÁNCHEZ

AZCONA,

DE, Of\RIDf\D·
Expendio de dulces de la Sra. Linch de Camacho.

en la Alameda de México el día 30 de Octubre.

;.atención la esbelta Torre Eiffel1 copia reducida y

Conoci,lo@ como Ron ya del público todos In~ detalles del Bazn dti Caridad, rllprorl.ucimos ~nlo In má.s
intt\r.-eantes para d ..j.r consignado en nueHro 8"manatio un recuerdo de la brillante fiP~ta prep11rada por
el "Circulo de amigos dd Sr. Gt1n11ral D1az" en ob11equio á nuestro prim:,r Magistrado.
Mer-ece 11plau•o11 e;a agrupación por el tino con
qu11 dispuso la gran fiesta y el ,,;r Va.ll1&gt;to por el gusto arttatico de que dió pruebis tan palmariao.

gforiPtA v •e &lt;iirig-e al Norte, cond11cia al sencillo pabtllóu del "F&lt;!rrocariil," jut'go muy semt'jante al de
rui .. ta
Formaban el pequeñc pabellón elegantisimos paneaux &lt;le ~alón con p;nturas qu11 representaban t'SCenal! acuáticaR; f ~~to11e11 de vtirde follaje unian los 11xtr11mo11 d.-, t&gt;,to11 cuadros que sostenían l'll su parte su¡,eiiur el told" en forma de cono, pintado en su e:x.tt1•

***

La glorieta-central dd la Alameda quedó enteramentt' tra11formada en vaet t t'Xpo11ición donde pudo
ap:eciarsl'.l, en co1,junto y t'n dt'talltt. 111 importante
contingente que llevuon al fes.tivitl las ml'jorns familias de la sociedad mexicana.
La fuente príocipil de uuedtro prime· parque Ori·
tentaba adornod b.,1Ji~imos; en su ct111tro se debtacaba
gigantesco búcaro formado de camedores y palmas
que levantaban un soberbio penacho hal!ta toc11.r d
cit·lo raso que cubria el amplio salón dond11 fuero11 colocados los dunativos de las clas11s 11c,,modadas Stimbro1.dud eutre la supeifici11 liquida de la fueuttl ~e deA
tacabiln gallardos y henn ,sos los dif.,rent~s juegos
hidráulicJa, c.&amp;da uno rl.e .,,1011 rodeado dtt camedored y
otra8 plautas exóticas, que 11ervian dem treo A lascorrienttis de agua qne 11ubian á regular altura para
caer Juego sobre prnciosos ramillet.is de flores n ,!uralfls.
Las p:i.redes de la gran fuente P~taban 11dorn11das
en su interior _v exterio• por paneaux de heno frdt-co y
delicadas plantas entre las cual"" sobresallao las buga.mbilias azaleaH. margaritinas, malva rosas, geranios y palmas de la fortia. Trescientas sillas rodtiaban
la ful'nte.
·
Al r11dedor de la glorieta y en galeria de m!lrlera
reve,t1da de JitlnZoR de colorea r:,jo, ro11o1. v ven.le uilo, velau.ie los nunuroso:1 objetod qut1 f.Jrm 1b.rn el
Bazar.
La pequeña calzada que se desprende de 111 gran

353

~T,MUNDO

Guar.lia de honor.-B.m1beros de ciudad.
rior, á rayas gualda y blanco, y oro y blanco por dentro.
•i:n los tapetes verdes, en vez de números, figuraban 1011 nomhres de )aR principales capitales europea.: R lma. Bru.rel:1R ~hdri.i, Lóodres, Berna, Vieua y San Petersburgo

mmy. parecida á la original.

L~s sei,oras de Chavero, E,thPr Torne! rle Marte!
Beatriz Hijar dt' Cha vero y Landero &lt;le Algara y Japeñotit11s Sar.&amp;, Magdal.-na y Victoria Chavno, Car
m.-n Itur bide, Auita CuevaF, Consolación Garcla y
Lui,a LlamPdo, fueron 1as t'ncargad11s de rorrer la
rut1da. di' la fortu111t 1 siempre h1,l!til á las lindas apostadoras y ricos ci. bailaros.

La torre tiene uno:1 doce metros de altura v en sus
-cuatro costados1 en sus aristas1 en su pequei'ía. cúpu'la, por todas p~rtes habla sartas de botellas quefor•
·maban un gracioso aspecto.
Para aquellas personas que no tuvieron ocasión de
-conocer la instalación, dirtimos que se emplearon caltorcemil bote1las. La base dd la torre descansaba so•

Pabell6n de los Gobellnos.

Cuatro tiendas fueron levantada 1 al rededor de la
fuente, todas adornadas uniformemente: en el fondo
de un triángulo formado con barriles y á los costados, trofeos de banderas y escudoa nacionales, y grandes macetones de porcelana cubiertos dt1 mudgo Los
mostradores eran unos ecusssons de tela verde nilo y
rosa y en sus extremidades unas palmas de la India
y paneaux dti musgo y floree De las cuatro tiendas
partian anchas tiras de lienzo verde claro que se

Fueron encargadas del despacho de cerveza, la
Sra. Duque de Estrada y SritaA. Angela y Paz Rosete,
Luz y Lupe Villar y Dolores Cárdenas.
El pabellón de dulces de la "lmperiRl" era amplio,
en s u fondo percibianse dos gobelinos, priCJc.roP!simos que representRban escenas de la époea di,
Luis XV: estos encantos del arte fueron colocados á
uno y otro lados de un gran espejo de finisim&lt;1 luna
veneciana e·1cuadrada en marco dorado de singular

El Pab ..llón de la Banca, situado al princ1p10
de la calzada 1,1.-rid1una1 qu~ pa1ted6 la glorittapriucipo.l fi~u1ó entre l011 má, bello11 y mejor adornados.
8u obj, to-la v.-nta de ficha~ se distinu valor-Jo hacia sn uno de los mas cencurndos.
El Pitbellón na pt1qu• ño, un verdadAro &lt;'entro de
finanzas, preciosa chucheria qne con-titulan delicados y f1ni.imos obj tOJ:! d" artd tie J.,gftima procedencia a~iática.
El rl'ducido recinto guardaba hermosas filigranfs
orit'ntalti~: biombos i11rrones colosal~s, graudes abanicos de papel. farol.illos de todos tamaños y colorel:!1
uoa pdmH••sa luna bil!elada·con marco de hambú y
mimbre clar11 que hacia jut'go con 111 rt1veetim~nto de ·
la arroazón dt1l mootrt1.rl.or, 1oda construida d.- mimbr"'
v cañas dti bambú. Eu el fondo de 1-l microscópica
tiend11. aparecla e' dragón alado dtil J 1¡:óa, de anchad
fauces y relucieLtes llPcama•.
Compl- b ban el sin¡:, ular arlorno, grandes y ricos
macetones de China con pequeños arbustod &lt;le la mism• proced~ncia.
R.iciblan y caJDbiAb rn las mrinP&lt;laR. entrPgando en
FU lugar las ffrh'll! d,,rada11. 1118 \lt'ñora11 DolorPs Barrón dA Rincóu G1llardn, Carolina Cuevas de Esc.. ndón y Sara Diaz M mi~g·a de Rinron Gallardo y las
s11ñoritas Maria Rincon G&lt;Allar.to, Maria Portilla, Luisa Alcázar .v Paz G Calderón.

Ma!!'nifica in~talación fué la que hizo la Co'Tlpañíl\
Cc,rvecera de Toluca. De cerca y de lt'jos lli.wi.ba la

La exposlcl6u de labores manuales en la Glorieta Central.

l

,.

~.,,.·

e •

· -·

't&lt;

~ ---- .

lbre un tonel de proporciones descomunales, redeado
-de otras botellas más grandes.
La fuente que corresponde a la glorletll. respectiva,
fué transformada también; el grupo de ninfas des•
-cansaba sobre vasto bu.caro de flores y plantas exóticas; al rededor habia diseminadas tres mil botellas
de diferentes tamaños, sembreadas de bouquets de ro"8as y paneaux de musgo.

untan en el centro de la glorieta, á una altura regu-

lar, formando el toldo del pabellón.
Rematando la cúpula de la Torre Eiffel, flameaba
una bandera blanca con esta inscripción: "Festival
de Caridad II Dirigieron los trabajos el Sr. Ingeniero
Enrique Cárdenas y su hermano Teófilo. No bRjaron
de tres mil pesos los gastos hechoe para levantar la
torre y los cuatro expen•lios descritos.

tallado; hacia afuera y casi en los extremos del salón.
se levantaban dos araucarias; macet~JlAS con ralma
de la India y tibores cori plantas l'xóth a,. En e interior de la tiend~ habla v ..rios ramos J11 rosas. El techo y cnbierta del mo&amp;trador eran de cretona de dibujos japoneses: 11quel e~taba sostenido por eebeltaa
columnas forradas de género rojo y f..@tón.
Al frente del despacho estuvieren las Sras. Guada-

...-..--~~~~~
C,lLLES CENTRICAS DE LA. A.LA.MEDA..

Taller de Fotografia de los Sres. Valleto y grupo de seiloritas
que lo atendieron.

Pabell6u de Sao Angel.

�354

EL MUNDO

El aspecto del salón era sencillo y de,
buen gusto; fuera de él se colocaron varias mesitas, confidentes y sillas austriacas que constantemtnte estuvieron ocupadas por 1011 numeroEos clientes.
A un lado de este puesto se levantaba
el vulador de pedales, aparato poco conocido aunque 11fecta la forma de un volantln y es movido por los mi.moa que toman asiento en las carretill11s que sostiene el grueso pié derecho del centro. Jóvenes y niños estuvieron psse11ndo constantemente y dt&gt;jaron buenos rendimientos á la Empresa.

!upe Terreros d_e Algara, Cuevas de Mier,
Cuevas de .l:'o_rttlla y Ana Schultz de A· rillaga y señoritas Anita Rubio Obregón,
Pepita Algara, Carmen Rincón Gallardo
Leonor de Mi~r, Lolita Rubio Obregón;
Guadalupe M1er. Paz Vortina Elt,11ita
Mier y Luz Cortina,
'

***

tA un lado del puesto de "La Im~erial"
estaba simado el .Pabellón Azteca. l,.l frente del ~ermoso salón se destacaba el Ca
lendario Azteca, soberbia imitación del
que se e11cue11tra en el Museo Nacional
A los 111dos de ese monumento h.1bia
plantas de nuebtra rica flora como cactus
magut-yes y plátanos; en los t&gt;Xtremo~
fueron colocaaas dos grandes deidades
aztec&amp;P, las cuales dtscan.: aban sobre
piedras de la misma procedencia.

Domingo 6 de Noviembre de 1898.

*

**

Gran fuente.-Glorieta de la A.lameda.

Entre grietas de cavernas y encuadrado
por orquide11s cactus,
trepadoras y bugambilias, se alzaba el gran
receptáculo de cristal
que encaraba varios
peces de colores En su
tapa habla colocados
numerosos rBmos de flo
res naturales. El techo
del acuario consistía en
una sencilla enramada
de heno.
LasseñorasMariaLuisaRomero Rubio de Teresa, Adela Fernández

La Tombola era un elt&gt;gRnte 11alón con
todas la11 apariencias de un almRcén de·
chuchnlas y preciosos juguetes. El teclio,
y paredes e&amp;taban cubiertos de géneros
rojos; ha bia numeroso11 esc11pars tes llenos de objetos.
E•tuvieron al frente del pabellón las llf'ñorae Maria
L de Landa y Javier&amp; B. de Landa y señoritas Maria
v Lup11 de Landa, Lupe y Jostfina de Landa y Buch,
Maria Teresa y Lolita Parada y Maria 1!.lena Echeverria.
·

*

**

Los dulces y pasteleP se vendlan en una gruta veteada de nieve, Un globo pintado de azul y blanco selevantaba en lo alto.
.::: ;
En este puesto que como tenemos dicho era artístico vendía pastelee y dulces la apreciable señora Laura Fot mento de de la Torre, acompañada de las señoritas Emilia y Laura Fischer.

*

**

Con justicia fümó la atención de todas las personas
que concurrieron á la ,\l&amp;mf'ld&amp; el tlegante. correctoy artístico puesto del Sr. D. Hipólito Uhambon quieo

DGmtngo 6 de Noviembre de 1898

laurel Y sobre el techo del puesto, se otsentaban tres enormes mariposáe multlco•
lores.
El fondo. del pueFto na un gran p aneaux fo1mado con rebozos de seda hechos
en la fábnca del Sr. Chambon
Es~e puesto ~staba a _cargo ~e la Sra. Victorino de Chambon. Mi.ría Chambon y
de Pmedo y Sntae. Trimdad Olvers. Marta Clsneros ClE&gt;ofas Olver.
Este puesto se vló muy co1;1currido porque ,a Sra. Maria Cbsmbon de Pinedo
~stu~o constantemente trabaJ11ndo en el ttlar que con dicho (, bjeto se colocó en el
mte!"1or.
Con justicia d!be mencionarse comoorlginal el puesto de li!cheria.
E~a un pequeno, J er'.' • gradable pue~to, se encontraba formado rusticsmente,
habiéndose tmpleddo en su e11nstrucc1ón tronco@ de árbolts recién cortados y el
fondo del pJebto cc,mo el mostrador, estaban piLtados al temple figurando madera.
En este puesto. expe1;t_dia queso, lech .. nat11 mantequilla y cuajada la Sra JJes·
ternes y su graciosa h1Ja.
'
'
·

'ºª

*

J
puestoR muy simpátic~s fueron otu;ados por las alumnas del Hoepicio,
En uno se coloc_aro~ loe teJ1dos, las medias, calcetines.v otros objet..,s, y en el c,tro
s~ velan la~ ~aqumartHS en que la11 al~mnas trabajaban incesantt'mt&gt;nte en presencia del J?Ubhco. que ávido y compl!lcido, presenciaban dichos trabBjos. Estos er11n
flores, caJas de cartón, b_?neteria, tmtoreria, encuadernación fotografía rayado
bordados, deshilad ,s, tf'J1dos, Ptc.
'
'
'
. ~l pasar el _Seño.1 P~tsidente de Is República por uno de los puestos df'll Hosp1c10, presenció mmucioaa~ente los traba1os qne en él se ejecutaban, manüestánaoee enteramente complac!do de ellos, por Jo eual felicitó á la~ alumnas, quienes
agrsdecieron,_ceimo era debido ias frnses del St&gt;ñor General Diez
El Sr. D. Luis Ortiz Y ~rtiz, Director del Hosph io obsequió á uombrede sus educandos al Señor Gral, D1az con un ramo de flores que acababan de confeccionar.

*

En ~l puesto de cigarros del Buen Ton~,.~ trabajaron durante la fiesta algunas
máquinas movidas por fuerza eléctrica.
En este puePto, que era •umamente ele¡?'ante, vf'ndlan cigarros l:i.s st&gt;ñoras Guadal~'!ª C de Rebollar, Concf'pción V de Maci&gt;&lt;l.o, JuHna C de Sáncht&gt;z y et&gt;ñoritas
Cee1ha Rebol •ar, Elena y Rosa Val, Manuela Rose:1zweiz Elena y Juana Sánchez
y Elena Ochoa.
'
·

*

. Pequeño. simpático, artístico y de un gu*sto que nada dt&gt;jó que desear por su sencillez, era el putsto donde se t&gt;xpendian dulces.
Estar a formado de plantas exóticas tropicales en la~ que se der,tacaban las palmeraP, trepadoras, etc.
Al frente Llel puesto se colocaron dos grandes jardineraa con plantas del mejor
gustu.

Lote de la Compail fa Cervecera.
~¡ mostrador estaba cubierto por lienzos pintados
al oleo, representando algunas e11cenas de los indlgenas.
Las señoras Campero de Pasquel, Cervantes de Rivas y 1..ervantes de Campero y las sPñoritas Guadalupe y Ana Echeverria y Luz Pasquel atendlanaquel
expendio de dulces finos.
'

de ;'rlurphy. Concepción
Landa de Lascurain y
Carmen Vastelló de La·
claud y señoritas Luz
Diaz. !.Jonchita Lascuraio, Lolita de Teresa,
Lollta Lascurain y Gertrudis Castelló, fueron
las respetables damas
encargadas de expen•
der flores.

lJna glorieta,

El salón de la fotografia era uno de los más hermo- como en otras fiestas, demostró PU afecto á todo losos de cuantos visitaron las familia~. El aspecto era que s.ignifica pro_greso y fllantropia.
El pu~sto del Sr. Ch.tmbon estaba formado de tres
sencillo: fachada principal de un edificio moderno y
en 1:11 interior una verdadera galerla fotográfica, con arcos dtt madera en los que en gracio@o conjunto se,
ventanlllas en el techo, ·sillones giratorios, cámara, velan plantas finisimas, dominando la gardenia la bu·
'
salón de revelar y todos los demás accesorios corres• gambilia y la margarita
En artlsticos enf,.ces so v1:1fan gulas de encmo ypondientes á. un taller en toda forma.
Era de nrse la habilidad de las hermosas discipu•
las de D&amp;IZ'uerrf'I vara desempeñar el dificil trabajo.
La Srita. Maria Teresa Limantour dirigia admirablemente las labores del taller, siempre lleno de clientPs;
ayudábanle las 8ras Susana Elguero de García Pi·
mentel, DolorPa F. d11 Rlvas, Francisca G. de Algara y
Sritas. Maria Rivaa Fontecha, Rafael&amp; Garcia Pim11ntel, Eltsa Rola, Ani,. Maria Algara, Lolita Garcia PimP.ntel, Lolita Sola, Josefina Miner y Paz Ca!!lpos.
Los productos de estf'I puesto ascendieron á quinientos cuarenta y dos pesos, 11uma que pone de manifiesto el gran movimiento habids en el Salón. Hacemos notar que los gastos de instalación y cuantos
se hicieron en el taller funon erogados por los señores Valleto hermanos, en beneficio de los pobres.
El Pabellón de San Angel formaba un hermosisimo
conjunto de plantas d11licadas y muchas de ellas exóticas; la rica flora del Valle ostentaba alli sus más be•
llos productos; habla araucarias, begonüts, hule, tuberosas, alocasias, yonedulos, piñanonas. camelias,
g!is;nias, lirios del Japón. cañas, palmas de la India
y del desierto, aralias del Japón, oligonias, nisperos
y otra inmensa variedad de plantas delicadas de to•
dos los climas.
Las señor&amp;I! Laura 8. de Marisc-al y Catalina Altamirano de Casa11ús y señoritas Laura y Carmen Mariscal, Maria Si-irra, Mar~arit., Quintanilla, Concha.
Sierra, Ana Quintanilla, Teresa del Villar y Angela
Querajszu, estaban al frente de esto magnilico puesto de plantas y flores.

Torre Ei:ffel.-CompafUa Cervecera
deToluca.

REST A.lJRA.NT.
A las diez y media de la mBñana, llegó el Primer Magistrado de la República.
Lo acomp11ñaban sn di~tioguida esposa y las i,eñoras Amada Diaz de ,te Ja Torrf'I, Sofía Romero Rubio de Elizsgs y Luisa R~igosa de Diaz.
HiciPron la recepción dos comisiones. la primera de dama11. presi&lt;iida por
Doña Maria Cañ11s de Limaotour. á quien acomp~ñ11ban las señoras Formento
de de la Torre y Lincb de Csma&lt;'ho. y la otra comisión compuesta de los s~ñores Guillermo Vallfto, Sebast!An Camacho. Guillermo de Landa y Escandón. Ltc.
Alfredo Cha vero, Lic. Rafael RAhollar, Román S de Ls~curain. Apolinar Castillo. Lic. Emilio Pimeotel. Cárlo11 Rivas y Líes Ireneo y Arturo Paz.
PPnet~ó á la Alameda el Señqr Presidente por el costado Sur, c&amp;llf'I del Pa•
bellón Morisco Pn dende formaban una doble y vistosa valla los bomb11ros de
la ciudad. luciendo sus brillantes uniformes de gala, que coneht,m en oantalón
rojo, chaquetln azul obscuro con botone~ argentados y reverbersntes cascos.
La llegada del Señor Presidente, que indica el prPludio tle la gran fi.,sta, la
anunciaron con sus toques de atención los clarines del t&gt;jército,:, las bandas militares con los acordes de nueHro Himno Nacional.
El Sr. Gral. D;az e11 unión de loP caballeros va dtadoP á quienf'B se unieron
poco11 momentos después el Seflor Mini.tro de Comunicaciones y el General Pedro Rincón Gallardo, recorrió los puestos, uao por uno
E!)- la Banca adquiri_ó un _buen númPro de monedas de latón, troqueladas es•
pecialmente para la fiesta, maugurimdo desde luego la11 tran~acciones.
Se det1;1vo en la glorieta central admirando la 1 iquisima colección de labores artist1cos, donadas por el bello sexo, en bit&gt;n ·de la clase menesterosa. Visitó
los pabellones en el siguiente orden: Gran acuario donde anquirió un precioso
ramo queª" prendió en el ojal de la lP.vlta, Tombola, Dulces. el osbellón de los
Gobelinos, Cnveza, Ruleta de Monte Cario, Pn donde apostó á MBdrid y fué fa.
vorecido por la suerte; Industria lechera, gruta de "El Globo II é Industria Sericfcola
'
En este p~ bellón se detuvo largo rato observando el movimiento de los tela•
res, y ~os brillantes trabajoP de seda que se ejecutaban en aquellos ml'lmentos:
. Elogió al Sr. Chambón por dar una muestra palpable de su loiciativa, refiriéndose á los progresos que está. alcanzando la Sericultura mnic11na
Visitó á continuación los pabellones del Hospicio de Pobres, el BPguodo puesto de flores, el departamento de "El Duen Tono," donde compró algunas cajas
de pu~os y cigarrillos, la Perfumería, y por último el salón de Fotografía.
Cedi.,ndo á la galant1:1 invitación de las señoritas ocuoó el sillón en tanto que
alocaba !a cámara Lola Sola, auxiliada de Maria Teresa Limantour que
cubría el ohjttivo.
'

***

Pabell6n árabe de Perfnmerfa.
F.n el fondo del puesto se destacaba una preciosa escultura de Venus.
En este puesto, que sin disputa fué uno de los que alcanzó mayor éxito, se encontraban las Sras. Elisa Lynch de Camacho.
Fausta Juanes de Guerra, Paz Raro d« Palomo, Teresa Fernández de Robalo,
Carlota Hay de Rübke, v señoritas Angela O'Gorm11n, Maria González Quintanilla, Ana y Maria Ro balo, Maria y J osefma Hay, Angela Zamora, Eugenia Escalante
y Victoria Corona.
.
Al presentarse en este puesto la Sra. Carmen Romero Rubio de Diaz, fué obsequiada por la Sra. Lynch de Camacho con un precioso juguete de ¡,lata y cristal
conteniendo dulces.

En cada uno. de los puestos que visitó la Señora Romero Rubio de Diaz hizo
calurosos elogios de la ele¡i? aocia y arte que se ostentaba; y después de felicitar
á todas las damas por el plausible éxito del festival, hizo consumo de los 11rticulos á la venta.
El paseo de la Señora Romero Rubio de Dlaz á través de la suntuosa fiesta
fué una ~e las muchas. mao.ifestaciones de gran estimación que rinde la socie~
dad mexicana á la distmguida y virtuosa dama.
La distinguida dama llt-gó al departamento en que las asiladae del Hospicio
de Pobre1:1 h11cian sus labores manuales.
Son tle tal manera nota.bles los trabajos que en el departamento que citamos
8!3 efectuaron, que la señora Romero Rubio de Diaz hubo de detenerse ali! un
tiempo mayor que el que habla ~mpleado en las demás instalaciones.

,.**

Muy atractivo era el puesto rústic~_de hcores en~¡ que sobre la madera se veía
en consorcio agradable la bugamb1lta y la gardema.
En este puesto se encontraban las Sra. Clarck y la Srita. Carlota Pliffs y Sritas.
Clayton.

,.**

Pasteles, s11.ndwichs, cerveza y refrescos fuer.:&gt;n los
articulos que se encargaron de expender en el Pabellón levantado por los vecinos de Tacubaya, las Señoras Guillis de la Vega, Carrasco de Garza y González y señoritas Julia de la Vega, Amella Rodriguez
Miramón, Maria Gonzá.lez Carrasco, Trinidad Soriano, Maria Rodrlguez Miramón y Mirh Solano.

355

EL MUNDO

•** ostentaba una gran ornamentación floEl puesto de &amp;oda era elegante y vistoso,
ral, dominando el color rosa; fondo de dos gobelinos, ricos tapices, un gr1m espejo, labores chinas y dos frondosas araucarias.
Haclan las ventas las señoras Guadalupe Cuevas de Mier, Juana C. de·Portilla,
Paz Rincón de Barron, Josefa F. de Algara, Guadalupe Terreros de AlgarR, señoritas Ana y Dolores Rubio Obregón, Carmen Rincón Gallardo, Guadalupe M1er, niñas Elena Portilla, Elena Mier y Luz Cortina.
***

Kiosco rústico delaA.laweda.

Maj!'nifica la instalación de la casa Labadie Sucs. Todo revelaba estudio, gusto
y esplendidez.
La media luna de los mahometanoayuna ornamentación con sus tibores, flores
exóticas y telas orienta.lee, daban carácter, y carácter acentuado, al h1gar ocupado por este puesto.
Las damas que lo atendieron, eran las señoras Angela González Buch de Ttuarte., Ana Algara de Cuevas, Cristina G. Certina de Alvarez Rul1 Concepción Torne!
de Suína~a y señoritas Maria Algara, Amalia Diaz, Encarnación Collado, Maria y
Matilde Ituarte, Maria Garamendi y Concepción Suiuaga,
A la entrada de la Alameda, al lado izquie1·do, se improvisó un restaurant y
cantina, adornados con gusto y servidos con prontitud, donde estuvieron infini•
dad de familias durante el gran festival.

Pabel16n A.zteca - Venta de dulces.

�EL MUNDO

Domingo 6 de Noviembre de 1898_

Domina-o 6 de Noviembre de lR!!A

EL MUNDO

MEDIOEVAL
Yo la vf por la blanca luna envuelta......
b gótica ventana le servia
-de tosco marco á su estatura esbelta,
y la flotante cabellPra su1,lta
-en torno de sus hombros descendla.
Triunfal vibró la música IPJana;
-clamaron al cruzarse los aceros;
y sonriendo miró la castellana
·e l reñir de dos nobles caballeros,
Uno cayó por fin; el otro herido
~siéndose al caer á una corniea
.alzó la vista, la miró rendido;
:y cuando ella le vió también caldo ......
lanzó á los aires su vibrante risa.
MIGUEL

Orquesta U:plca "Carmelita."
A las once de la mañana se efectuó el primer conci"rto.
Un aplauso cariñoso saludó á las jóvenes que veatlan vaporosos trajes de gasa blanca, semejando una
parvada de palomas estacionadas en un risueño
jardln.
Tocaron con verdadera maestría. la Obertura de
Thomas. 11Raymond11 y la doliel'lte "Serenata de Schubl'Tt" y la danza "El Amor y la Vida."
Una tempestad de aplausos premió la bella labor
de las ejecutantP~.
Hubo un pequeño intermedio.
Apareció la señorita Maria Rosales y
rPcitó un monólogo del señor Eduardo
Nori ..gR. Maria Rosales artista de corazón, Triunfó y arrebató el aplauso.
No tuvo menosatracttvos el segundo
concierto que comenzó á las doce y
media.
La balada de la ópera "Il Guarany"
puede considerarse como de prueba
para las buenas a:.-tistas, fué cantada
por la señorita Esperanza Dimariaa,
que es una esperanza del arte.
Reune á su propia aspiración y á su ·
hermosura, una buena escuela de canuna voz cautivadora de soprano.
a señorita Dimarlas es discil)ula de
la hábil profesora Concepción Ruiz,
que la presenta con c,rgullo en las aua.iencias extraordinarias.
La orquesta tipicil. "Carmelita"volvió á deleitar, tocando la conocida masurka del gran alemán W aldteufel,
"Bellas;" el Ave Maria de 11 Otello,11 los
•*•
"Aires Nacionales" y el danzó.u 11El
En el costado Oriente de la Alameda,
Charro."
se levantó un pequeño teatro. El foro,
Terminada la simpática fiesta se hibastante amplio, tenia nuevemetros de
zo balance general de los producioa
altura.
obtenidos. La Banca, hasta la una de
La arcada, pintada al temple, ostenla iarde, recaudó cerca de cinco mil
taban alegorills musicalei! y cuatro copesoe; el Monte Cario, donde se estalumnatas de orden toscano.
bleció el juego de ferrocarril produjo
.I!;! remate lo formaba un soberbio
más de quini1:ntos pesos; la cervecetímpano con una gran lira en el cenrla arrojó cerca de quinientos pesos,
tro, cruzada por una palma.
debiéndose observar que sus producLa decoración del fondo representaIndustrla serlcfeola.-IDp6llto Ohambon y esposa.
tos ne fueron mayores, debido al tiemba una alameda con los tonos del crepo frio que hi;.o toda la mañana y las
púsculo matutino
rachas de viento que causaron molestias á lo\l concuVioloncellos.-Rita Pl'rez de León, Agustina Pala- rrentes
El improvisado !'alón, cubierto por una extensa lodurante la ta~de.
cios Castro y Virginia Moreno.
na contenta 400 sillas.
Contrabajo -Paz Varela
La presentación de la orquesta típica «Carmelita.•
Salterios. -Julia Irigoyen y Maria Piza.
era un poderoso atractivo, p:!es sabido es cuántos
Arpas. Guadalupe VllllPjo y Adela Garcia Flores
triunfos ha llegado á conquistar desde su presentaGuitarras.-ArtAmisa Ellzoudo y Severiaua Moreno.
ción, y cuáles los progresos que está realizando con
Todas las fotografías fueron tomadas direetaHuiros.-Niñas Anita Thompson y Sara Pérez de
aplausos de los inteligentes.
mente para EL MUNDO.
El conjunto de esta celebrada orquesta es notable, Leon.

A las señoritas del Hospicio fueles ~umamento grata la distinción con que las honró la Señora Romt&gt;ro
Rubio de Dlaz y el público que presenciaba tal distinción, vió toda la altura de ella y la estimó en su
valor justisimo
La distinguida dama en m dio de aquellos seres
débiles, pero felizmente defendidos de lat1 crueldades
de la vida por la poderosa mano de una caridad noble, era un ,madro digno de la prosapia moral de la
dama y de la altura de miras de la fiesta en que se
hallaba.
La Señora Romero Rubio de Dfaz
recibió algunot1 regalos de las señoras
y señoritas encargadas de los departamentos, y entre esos regalos está uno
dela instalación de tejidos de seda. que
la dama elogió con frases muy satisfactorias.
Al visitar la Señora Romero Rubio
de Diaz el Pabellón de Sericultura, le
fué obsequiado por la Señora Vil:tori•
ne de Chambon, un magnifico rebozo
de seda, blanco y oro á listas, con un
rapacejo que era una verdadera fili·
grana.
Est~ ba guardada tan primorosa prenda, dentro de una caja encojinada de
seda roja en su interior y con forros de
terciopAlo blanco con broche de oro
Se lefa esta inscripción. "Carmen R.
R. de Diaz.
El rebozo. admirablemente tejido,llamó la atención de todos los que lo vieron.
0

como notable en su dirección encomendada al profe ·
sor Don Apolonio Arias.
Forman este simpático grupo musical una plé'l"ade
dA hermosas señoritas·
•
He aqui @us nombres:
Mandolinas.-Beatriz Arenal, Ignacia Marchena,
Lucrecla Arenal, Guadalnoe Lombardo. RPbeca Purón, Josefina y Mercede., Hinostrosa,Luisa Thompson
y Clotilde Ruiz.
Violines. - Emilia Dalhaupe J1olores Guerrero, Enriqueta Arenal, Guadalupe Varela y Luz Flores.

E. PEREYRA.

357

DE "ACUARELAS"
Inmóvil. y de pié sobre cubierta,
Colón, la testa erguida
y la mirada alerta,
explora el m11r, que cubre ya la b-mma,
y del que. como Venus de 111 ""puma,
ha de surg:r la tierra promPtida.
Va á fenecer la luz. la noche avanza,
y el sol, como en un lecho soberano
se mu etra en el confin del oceano, ·
en una esr:endorosa 101,tananza.
SobrA e dorado azul dPl firmamento,
u_na nube de nácar y amatistas
f1ngfl un barco que. en ::-11udo movimiento,
se Pncamina, empuj•do por el viento,
al pals de unas playas nunca vistaR ... .. .
Colón medita, contPmplando á solai
la caida del ad que, al fin, se apaga
al hundirse en el seno de las olas
de 1~ 1;IJ1&lt;r, c_omo un ·barco qne naufraga.
Sub1to, tnste murmuró: «,Tres diasl. .....
«¿Al cabo de éllos-como al "ºI ;;.hora•sorberá el mar las esperanza" miaq
•y al viejo mundo volverA la rrora?'
«¿Acaso por.¡ue está la fé perdida,
•v muerta ·111 esperanza en los que guio
«tampoco yo, Dios mio,
'
•he de tocar la tierra prometida?• ..... .
Y pro~iguió: «¿No flS D•os quien tra~ la ignJta
«tler a mi barco impele? ¿lucho en vano
contra el furor de mi fortuna adversa.?• ..... .
Y cayó de sus ojo• uoa ~ota
de llaoto, que sorbió del oceano
Ja onda azul, murmuradora v tPrsa!
•
Luego a~regó temblando:'«¿Y ~i no PXiRte
esa hermosa región más q11e ..n mi ment.,?• .... . .
¡mas con enojo sacudió la frE&gt;nt11
para arrojar el pensamiento triste)
Y exclamó entonces: «Si m'ntió la ciencia,
«~erá Id fé mi salvación! ¡Dios mi!;,mo,
•qu1: me ha hecho soñar tm su 11xist~ncia
•la hará surgir del foudo del abismo!!•
0

estallar, en v lvfsimos coloree
las olas qu~ emrenachan las ~spumas .
Velado aun e occidente se halla
por la gran di~persión de las reblinas,
que huven de las luces ambarinas
de la aurora triunfal.
De pron to estalla
el cañón ...... ¡Oh vPntura
11in igual! ¡es la Sfña cor. venida!
¡Allá BA ve una cJDtá de verdura1
¡El umbral de ~a t_lerra prometida)....... ..
Y ante el pa1sa1t:i que limita y cierra
al fin, el horizontA de las olas·
'
de laR tres carabt'las española's
surgió este grito delirante: "¡,Tierra!!"

.. c~i~~ :;;;·¡;¡~;·¡~..i;~~·i~ ¡·;;~;;t~c1~:-...·····....

ya no mira. el ocMso, con anhelo:
¡hunde, como arrobado. la mirada
en la infi nita epplendidez del cielo!
¡El suprPmo placer RU faz desnuda!
¡lhnto de gratitud nubla sus ojos
y le inunda corriendo las mejilla's!
¡Y á sus plantas. la duda
ha caldo de hinojos,
y le abraza, llor11ndo, las rodillas!
JOSÉ BECERRA,

VIEJOS ROMANTICISMOS
EVOCACJONES

li•Y. un, papel entre mis versos, mudo
cowµnce dt1l recut"rdo que me asalta:
lo abro tt:imblando. á la mAmorla ayudo
y en t&gt;l silencio de mi t-c,gar desnudo '
me pougo á meditar sobre tu falta.

II

tol

~ ,·

..~.'

-·
-&lt;-~\~

Mi eFpfrltu cansado emprende el viaje
y libre dtil afAn qu11 lo consume.
'
vuela al pasado ptara .~er su trajP,
besar F~ f,.ld11 d11 cruJ1ente encaje
y embriagarse, otra vez, con su perfume.

Desplegadas las velas,
y huyendo los peligros al tanteo;
allá van, con ligero balanceo,
sobre el dormido mar las carabelas.
Dejan las naves hervorosos rattros,
los vientos rumorosos cuchicheau,
y en las diáfanas olas cabrillean
las miradas trementes de lo11 aEtros.
Colón de pf11 sobre cubierta, alzada
la fari:, que baña resplandor escaso
hunde serenamente la mirada
'
en la infinita sombra del ocaso.
Media la noche. Quedos y süaves
se oyen los ecos de la mar, que agita
sus olas, mansamente;
¡Y reina en t1Lnto, á bordo de las naves
ansiedad infinita.
Y un silencio supremo ......... !
¡De repente
cae de hinojos Colónl. ... ¡temblando nombra
á su Dios! ..... ,lY eeñalll con la ml!no
una luz que, en un punto no lejano
agujeró la sombra) .•.....
"¿ta Sl}eño? ~ice, y luego: ¡Nó! ¡Menguada
11
fé da m1 corazonl. ... ¡Duda traidora
"vete lejos de mil ¡Reconcentrada '
"tengo toda mi alma en la mirada)
"¡Nunca he visto mejor que como ahora!"
Y ante la luz qub su vtmtura labra
tras de un éxtasis mudo, ,
'
terminó temblorosa l!i palabra:
"Luz!. . . . tierral ...... salvaciónl .... ¡yo te saludo!

El labio tiembla entonces y te nombra
y vuelvo á vermti en la risueña 11etanciá:
las cortinas de tul, la roja alfombra,
y derramando entre 1&amp; grata sombra,
mi regalo de flores su fragancia.
El piano abierto: en el atril ali;:-una
romanza que cantaste en la mañama·
el tibio ambiente que á la luz se adu'na,
y el tembloroso rayo de la luna
prt&gt;ndido en el cri~tal de la ventan&amp;.
¿Qu,é _viento de harmonlas celestiales,
d., ml}~icas y besos, suena en tornol'
De _1m lámpara. en grupos desiguales,
asc~en~e el humo •in blancas espirales
y d1buJa en la sombra tu contorno ....
.... Alli, e~tás: sueño mio; no te 11scondaa
que ya mis 1lus1ones vuelan francas;
del pecho surgen e:i lumlneas oiuJas
tal como surgen de las verdes frondas
ebrias de miel las mariposas blancas.

III

No te escondas, que ya mis ale"'rias
1101..1 flores que abren el cerrado broche·
derr~ma luz ~obre las sombras mlas '
v déJame decir como Tobias:
Hay un angel ea medio de mi noche!

J Je á~bar el oriente se colora,
bullen las aguas con rumor 11onoro
y tiemblan los destellos de la auro~a
sobre las linfas de color de oro.
Y á través de Jas brumas
se ven, del orto 11zul á los albores, .

LUIS

,.~-·--;,~

Exposici6n de donati'l'OS de las damas mexicanas.

- ::..-~~t';ti· '

G. U&amp;BEN.A.

�Domtngo 6 de Noviembre de 1898

l!:L Ml'NDO

858

JJomingo 6 de Noviembre de 1898.

existir, de dormir, en fin, uu suefl.o sin ideas, sin
recuerdos, un suefio en el que Ely y Pedro serían
para él como si no hubiesen existido!
¿Cuánto tiempo permaneció así, con el rostro
contra la tierra, presa de este dolor total, irremediable, que acaba por apaciguarnos el alma á
fuerza de agotarla? Un ruido de voces que oyó
detrás de la cer.:a que lo separaba del jardín, lo
despertó bruscamente de este éxtasis de dolor
en que había caído. Unos hombres caminaban
sin luz, midiendo sus pasos, abogando sus pala-

EL FINAL DE "UN IDILIO TRAGICO"
Hacia una de esas noches de primavera provenzal, en que la naturaleza entera es una embriaguez de voluptuosidad. Por encima de las
cercas del jardín llegaban hasta Pedro los aromas
de las flores. Una brisa suave removía los obscuros follajes de los árboles, lo bastante para dar al
paisaje una especie de vida extAtica y sofwlienta, y el firmamento palpitaba de estrellas. Un
delgado cuarto de luna rasgaba las tinieblas, sin
tener fuerza para iluminarlas, y un inmenso misterio flotaba en el silencioso cuadro. ¡Qué noche
para encaminarse hacia su amada, con todos los

•

éxtasis en el cor~zón, con todos los besos en los
labios, y en las venas con todas las fiebres de la
felic~dad presentida. Pedro, sin embarg.:;, á
medida que se aproximaba al lugar de la cita, experimentaba una inexplicable tristeza. Al realizar este acto, se juzgaba tan culpable que se sentía agobiado. Y lo realizaba, no obstante. Iba.
El filtro que babia penetrado en sus venas con
las palabras de la carta, seguía dominando su voluntad vencida. Iba, pero el contraste Pntre esta
exc_ursión clandestina y vergonzosa hacia una
muJer á la que despreciaba, se parecía tan poco
á sus entradas de otras veces en esta misma villa
Pº! es~e mismo camin_o, férvidas como una pere:
grmación!. . . . ¿Y Ohverio? ¡Dios mio! Si Oliverio lo viese a~ora, este OlivPrio á quien traicionaba tan ·cruelmente!. .. . Tlll era la tensión de
todo su sér, sacudido por el do ble e~tremecimiento de los rPmordimientos y del amor, que los más
leves rumores lo sobre.saltaban. En torno suyo,
las formas de las cosas tomaban aspectos amet;1azador~s ) fantásticos. Su co1·azón palpitaba,
sus_ nervios se estremecían, tenía miedo. Le pareció que unos pasos le seguían y se detuvo á escuchar. En cierto momento, cuimdo se preparaba
á_ franquear las tapias del jardín de Ely, la sensa•
ció~ de que lo seguían fué tan fuerte, que retrocedió, explorando el camino, los matorralts, los
montones de piedras, evitando, como un ladrón,
la gran estela luminosa que proyectaba un foco
de luz eléctrica colocado en un montante de la
verja. Sus pesquisas no le pusieron e11 descubierto nada sospechoso. Pero la emoción había sido
t~~ violenta, que_ temió deElizarse por el mismo
sitio, muy accesible, demaRiado al descubierto.
Se puso á correr, como si realmente fuese per:;eguido, a~ re~edor del. pequeilo lago que prolongaba el Jardm de la villa hacia arriba. Un muro
bastante elevado cerraba todo un pedazo. Lo.escaló, ayudándose con las ramas de una encina
que crecía al pié. Por un instante oculto en el
vestimrnto de ladrillos en que ter:Oinaba la· paretj., escuchó de nuevo. No oyó sinv el ruido de
la brisa, el murmullo del follaje cercano, el am-

plio silencio de la noche, 'Y lejos, muy lejos, los
ladridos de un perro, en alguna casa aislada: Se
dijo: «He soi'iado,» y se dejó deslizar, sosteniéndose con las manos: luego, caer. La altura era de
más de tres metros. Tuvo la suerte de que la tierra, floja en este lugar, amortiguase su caída, y
se dirigió hacia la casa. Algunos minutos más
tarde, se encontraba á la puerta del invernadero,
que empujaba suavemente, y la mano de Ely se
apoderaba de la suya . . .. ¡Qué grande era su
emoción! ¿Pero cuál habría sido si hubiera sat&gt;i•
do que su pánico no ¡_lo había engaliado, que
realmente unos pasos habían seguido los suyos,
desde que · abandonó el
hotel, y que el testigo cuya presencia había sentido en la sombra, tan
próximo á él, hasta el
momento que comenzó á
correr no era otro que
Oliverioi'
La casa se alzaba, impenetrable, saenci os a,
con el misterio de su masa, negra á trechos, blanca á otros, en donde reflejaba la luz eléctrica.
E~ mismo amplio silencio
de la noche que Pedro
había escuehacto desde
lo alto del muro, interrumpido por lejanos ladridos, continuaba en•
volviendo la campilill, y
los árboles seguían extremeciéndose, las flores
exhalando sus perfumes
y las estrellas pidpitando; y Oliverio permanecía inmóvil. á orillas del
jardín, en f.l lugar en que
se había ocultado parano
ser visto por su amigo.
Su dolor, en aquel mo.
. .
mento, no era de los que
impulsan al movim1ento.-Desde que advirtió el
rostro de Pedro, á la hora de la comida, en la
mesa, aquel rostro trastornado, aquellos ojos
brillantes, aquella boca
palpitante, todo le había
revelado que ocurría algo nuevo. Estaba cansado de tantas luchas, cansado de tropezar siempre, en su corazón ó en
el de su amigo, con tantas miserills!. . . . Y además, ;,qué preguntarle,
después de su convers!l.•
ción de la víspera? ¿Había callado?. . ¿Con qué
objeto lastimarse todavía el uno al otro? .. Más
tarde, ante la agitación
creciente de Hautefeuille,se despertó su desc.:mfianza. Se dijo: «Ella lo
ha escrito, dándole una
cita» ....... Ah no! En la
situación en quo se encontrab1u1 uno frente al
otro, recibir una carta
de Ely, leerla ynohabliir
de ella. era de parte de
Pedro un crimen de amistad que jamás cometería. Oliverio se había esforzado en demostrarse
la locura de esta sospecha. Luego, la ostensible fiebre de su ·amigo se
apcderó de él. Sintió,
en su apretón de manos,
cuando en la noche se
separaron, quelatraición
estaba cerca, cierta, ya
realizada. ¿Por qué no
le dijo nada en ~se mi-

nuto supremo? Las grandes decepciones del cor21zón tienen estos dtisprendimientos. Ante cier~
tos golpes inesperados, no se lucha, no se queja,
uno. Si Pedro había en realidad concebido y
aceptado la idea de faltar al juramento que ambos habían hecho ¿qué reproche dirigirle, y con
qué objeto? 1,con qué objeto? .... Y apoyado en,
la ventana abierta, haciendo un llamamiento á
su dignidad de hombre, para no ir á llamar á la,
puerta de su amigo, Oliverio murmuró todavía
por niucho tiempo. «Es imposible,» hasta el segundo en que creyó ver la silueta de Pedro atravesando el jardín del hotel. Esta vez no se dominó. Le fué preciso bajar, preguntar al portero.
Este le informó, en efecto, que Pedro acababadesalir. Algunos instantes después, se lanzaba, él
también, en. dirección de la villa Helmhotz. Había distinguido á su amigo. Lo siguió, lo vió volverse, escuchar, empren·der de nuevo el camino .... Cuando Pedro estuvo á punto de penetraren el jardín, Oliverio no pudo contener nn paso,
hacia 11delante: fué el mom1mto en que Pedro Jo.
oyó. Oliverio se refugió en la sombra: el otro paaó á su lado, casi lo había rozado, y se lanzó corriendo, sin duda hacia alguna otra entrada queconocía. Oliverio dejó de seguirlo.
Se sentó sobre el talud, y allí abandonoseáuna
de,;esperación en la que se resumían, en la quese agrupaban todas las tristezas experimentadas.
durante aquellas dos semanas. No ignoraba qr.een este mismo minuto, en esta casa silenciosa,
cerea de él, Ely y Pedro se ancontraban juntos.
Sabía que se perdon1u'fan, que se amarían, y esta.
idea le causaba un dolor tan agudo, que lo dejaba para\izado en el mismo sitio. Un amor apasion11do por esta muju, el sentimiento de que su,
amigo, ese amigo tan querido, había pasado porencima de él para ir hacia ella, el mortal estremecimiento de los celos y la amargura cte la traición; tantas inexplicables emociones lo hacíalh
vacilar. Acabó, por tenderse, á lo largo, sobre
la tierra fría, sobre esta tierra que nos cubrirá á,
todos algún día y cuyo peso, al sepultarnos, sepult.irá también las insufribles rebeldías del corazón. Y yacía allí, con los brazós extendidos, el
rostro en la yerba, como un cadáver, deseoso demorir, de irse, de no amar más á esta mujer, de
no volver á ver más á su amigo, de no sentirse-

f

/

-~--

.::.__.______/

.!
1

· ELMUNDO

das! Oliverio la miraba con ojos fijos, con un ardor extratio. ¡Cómo hubiera qu'e rido traspasar
las paredes, y penetrar en espíritu; aparecerse á
aquel por quien arriesgaba su vida!. . .... ¡Ay!
habría conservado el valor de su martirio si hubiese ;ealmente visto la habitación de Ely, tal
como·se encontraba en este momento y á la luz
velada de un globo rosado la cabeza de ella junto á la de Pedro, y el hermoso brazo desnudo de
la joven ciiléndose al cuello del joven y dicién•
dole:

-Sino hubieses venido, creo que habría muerbras. Llegaron tan cerca de Oliverio que éste los
to esta noche, de dolor, dP. 21mor ...... Pero sahabría tocado si se hubiese puesto en pié.
li, -Por allí es por donde ha entrado y salido las bía que vendrías, sabía que me ptrdonarias ....
otras noches, monsefior, decía una de estas voces, Cuando toqué tu mano, sin verte, todos mis dolosusurrante, casi imperceptible; por allí saldrá; res se desvanecieron .... Y sin embargo, qué dura era tu voz, al principio. ¡Qué crueles palabras
estamos ciertos de que no se nos escapará ....
-¿Y está usted también cierto de que ninguno has podido pronunciar! ¡Cuánto me has hecho sude sus hombres sospecha la verdad? respondió frir! . ... Pero ya todo se olvidó! Dime que ya todo se olvidó, puesto que me tienes en tus brazos,
otra voz, ésta apenas disfrazada.
-Ninguno, monseilor; todos creerán que tiran puesto que sabes que te amo, y que tú no has dejado de amarme .... Dime que me quieres ....
sobre un ladrón.
-Seflor de Laubach, exclamó una tercera voz, Vuélveme á decir que me quieres, como allá en
el jardinero acaba de decirme q 110 la puerta del aquel barco, cuando oíamos suspirar al Océano!
¿Te acuerdas?
invernadero está abierta ....
Y sus ojos buscaban los de su amante para en-Voy á ver, respondi6' la primera voz. en tanto que la voz imperiosa lanzabo un Verfluchter contrar lo que tanto había expresado en su carta
Esel! Este juramento manifestaba cuánto descon- esta claridad de la dicha
tentaban al organizador de esta emboscada estos absoluta, que ya no bridetalles de vigilancia .... ¿Una emboscada? .... llllba en ellos. En el fon¿Dirigida contra quién? .... Sabiendo todo lo que do había una idea fija de
sabía, Oliverio no tuvo un minuto de duda: el ar- tristeza y de remordíchiduque estaba enterado de que un hombre se . miento. Iba muy pronto
encontraba con su mujer, y preparaba su ven- á cambiarse en una idea
ganza. Deseaba una venganza anónima, como lo de espanto. En los moatestiguaba la pregunta que había hecho á su mentos en que, más tierayudante, y luego el movimiento de cólera con- na, más carii'iosa, mAs imtra el «maldito bruto» que había aludido á la pregnada de amor, la
puerta del in ve1 nadero. Era necesario que el boca de Ely oprimía los
amante fuese matado como un malhechor vulgar, párpados del joven, para
«para salvar el honor de Ely,» pensó Oliverio, arrojar de allí la melanque se enderezaba ahora, y con la cabeza incli- colía, e1talló una detona- ·
nada, oía las voces que se alejaban. El archidu- ción en el jardín, luego
que y su ayudante acababan, sin duda, de hacer dos, tres, tiro tras de tiro,
y u11 grito .desgarró el
rodear el jardín: Pedro estaba perdido.
1Pedro, perdido!. . . . Oliverio se levantó del aire. . . . Después, nada.
todo. La posibilidad de salvar á este amigo al Un silencio terrible haque tanto había querido, acababa de represen- bía sucedido. Los dos
társele. Si él penetrase en en el jardín, sin ser vis- amantes se miraron. Una
to, si se deslizara hasta la puerta de este inver- · misma idea venía á atranadero de la que uno de los acechadores había vesar sus cerazones.
-Ocúltate, dijo Ely,
hablado y por donde debería indudablemente
salir aquel á quien se quería matar! .... Si em- voy á saber ...... Y toprendiera después la fuga, precipitadamente, de mando la lámpara se dimodo que hiciera· creer que salía de la villa! . .. .. rigió hacia la ventana, la
La idea de esta sustitución y de este sacrificio abrió, y con voz fuerte:
se apoderó con una fuerza irresistible de este ¿Quién está ahí? ¿Qué
desgraciado, que tanto acababa de desear la sucede, gritó.
-Tranquílizate, amimuerte. Arrastrándose en la sombra, franqueó á
su vez el mismo lugar casi por donde el otro ha- ga mía, contestó una voz,
bía pasado, y comenzó á caminar en linea recta, la del archiduque, cuya
hacia la vílla ... .. . Esta se alzaba, siempre silen- horrible ironía la hizo
ciosa, siempre adormecida, sin que un hilo de luz estremecer: fué un ladrón
surgiera de los intersticios de las ventanas cerra- que quiso introducirse

35J

en la villa .. .. Debe tener dos ó tres balas en el
cuerpo. Lo estamos buscando, pero no te preocupes. No volverá más. Laubach ha tirado casi á
boca de jarro ....
Ely cerró la ventana. Cuando entró á la pieza,
vió á Pedro muy pálido, con las manos temblorosas.
-No te irás, le dijo. El jardín está lleno de
gente.
-Es necesario que me vaya, replicó él. EsOliverio sobre quien han descargado ....
-;,Sobre él? exclamó ella. ¿Estás loco?
-Sobre él, replicó Pedro con singular energ-Í&gt;I; sobre él, á quien han confundido conmigo.
Me ha visto. Me siguió. El era aquel· cuyos p,1,sos oí ....
-No, no quiero que te vayas, prorrumpió Ely,
y se puso delante de la puerta. No, te lo ruego;
espera. No era él, no era tal vez él. ... Te van
á matar. Te lo suplico, amor mio, no salgas, no
te vayas .... -El la apartó casi brutalmente, repitiendo: ¡Déjame! ¡déjame! sin una mirada, sin
una palabra de despedida. Ya estaba en la parte
baja de la esllalera, en el invernadero, en el jirdín, y Ely no había tenido fuerzas para moverse.
Permanecía apoyada en la pared, contra la que
él la bibía arrojado, con la cabeza inclinada, escuchan do, con una ar.gustia que rayaba en la locura ... . Pero ninguna nueva detonación volvióse á oír. Pedro no encontró ni al príncipe 1ii á su
gente, ocupados en buscar las huellas del primer
fugitivo.
-Ah! gimió Ely. está en sálvo .... con tal que
el otro también lo est.é! .. ..
Como se ve, el terror de Pedro se habí l apoderado de ella. Sí, el desconocido sobre quien
habían tirado, podía muy bien ser Oliverio. En
el acento del príncipe, no cabía engaño. ·No se
trataba de un .adrón. Su marido había sabido
que recibía á un amante, y tendió un 1azo. ¿Pero quien tomó el puesto de Pedro? Por vez primera, después de muchos ailos, esta mujer de un
espíritu tan libre, tan penetrado de fatalismo y
de nihilismo, tuvo un movimiento hacia un auxilio de lo Alto. El terror de lo que entreveía si
en realidad ella y Pedro habían causado el asesinato de aquel hombre de quien ella había aido
la amante y él el único amigo,-la trastornó de
tal modo q~e cayó sobre las rodillas, y oró porque este castigo les fuese apartado á los tres .. Oración vana, tan vana como la loca carrel'a de
su cómplice, que se precipitaba á lo largo del camino, deteniéndose por momentos para gritar:
¡Oliveriol Nadie respondía á este nombr.i. Por
último llegó !il hotel. Iba á saber si no había sido
juguete de un horrible sueflo. ¡Cómo se quedó
cuando el portero contestó á su interrogación:

•

�260

•

Domln~o 6 de Noviembre de 1898.

EL MUNDO

-El sefior del Prat?
Salió pocu después de
usted.
-¿Y no preguntósiyo
habfa s~lido?
- Si seflor. Y no sé cómo no lo oncontró usted,
porque tomó exactamente la misma dirección . ..
Así, ninguno de aus
presentimientcs lo había
engatlado. Era Oliverio
quien lo había seguido,
era Oliverio quien fué
sorprendido en el jardía.
¿Estaba muerto? ¿Est11ba
herido? ¿En dónde estaba? Toda la noche,
Hautcfeuillo erró de uno
á otro f-Xtremo del camino, registrando los fusos,
las cercas, las piedras,
palpando los árboles, el
suelo, regresando al hotel y saliendo de nuevo.
Fn la maflana, cuando,
literalmente como un loco, volvfa de estas inútiles pesquisas, er,contr~,
en unll encrucijad.a, dirigiéndose hqcia Cannes,
por otro camino, á dos j fl.rdineros que conducían
una carreta, y en esta ca•
rreta yacía la forma de
un cuerpo humano. Se
acercó y reconoció á su
am~o. Dos balas habían
atravesad:&gt; el pecho de
Oliverio. En su rostro,
impregnado de arena, se
leía una infinita tristeza.
A juzgar por el sitio en
que lo encontraron los
jardineros, había caminado una media hora después de su herida.
Luego le faltaron las fu~rzas, y se desvaneció, debiendo morir, sin volver al conocimiento,

Domingo 6 de Novil'm'tre dfl 1~
Aquellos A quienes amamos y nos amaron, aquellos con quienes fuimos
tiernos, compasivos, buenos, aquellos con quienes
hemos cometido faltas
que no fueron expiRdas,
aquellos que partieron
· sin que sepamos si nos
perdonaron. ¿se han separado por siempre de
nosotros? O bien ¿vuelven á vivir á nuei;tro lado, con una vida qne se
escapR á nuestros torpes
sentidos, con esta vid~
confusa, misteriosa y temible que la pied1:1d antigua 11tribuía A los Afanes? ¿Hay muertos indulgentes y protectores en
torno de nuestra debilidad? muertos irritados y
vengadores que no nos
permiten ser dichosos
11unert más? Entre este
mundo .Y el otro, no
podemrs comprender si
existe un lazo, ni admitir una definitiva ruptura. Que esta presencia de
los muertos, invisible al
rededor de nuestrd vida
terrestre, sea un suefl.o
ó una realidad, lo cierto es que jamás! después
de esta noche horrible,
Ely ha podido ver á Pedro, ni escribirle. Cuando ha querido tomar la
p'uma para aproximarse
á él, siempre algo se le
ha impedido; y este algo
ha detenido siempre á
Pedro, cuando ha desea•
do darle una seflal, solamente de su existencia.
Hay entre los dos vivos un muerto, que nunca,
nunca desaparecerá. -PAUL BouRGET.

PAGINAS DE LA MODA
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de una hemorragia provocada por la herida y
por la marcha.
¿Adónde van los muertos, nuestros muertos?

361

EL MlTh'I&gt;O

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1, - ~

POR QUB OOMETI r\QUBL ORIMEN.
Como el estlo estaba ya muy avanzado, mi amigo
Kariete, que era un neurótico muy Impresionable y
muy rico, decidió hacer un viaje á Italia y llevarme
consigo. ¡Un vi11je á Italia! Eso habla sido mi Idea fi•
ja, el ensueño de todas mis hora11, el c.bjeto de mi vi•
da. Acepté con entusiasmo su invitación y fui á hacer
mis preparativos de marcha: vender algunos objetos
para sacar d~I empt'ñ0 ouoe más necesarios, eso era
lo principal Digo, sin contar la enojosa tarea de despedirme de ldidora. mi amable compañera de hogar,
en otro tiempo no lejano t&gt;ella como un ángel ahora
triste y melancólica como una azucena marchita.
Después de com 1rar por encargo de Karlste, nuestros trajee de camino y todos los obj ·toe necesarios
para un viaje de cuatro meses, me armé de resolución y me presenté ante I11idora. Cada dla se agotaba más; era como una buiia que arde, y arde y eti tiene que consumir sin remedio. Sus opulentos cabellos
rubios Iban tomando esos tonos terrosos y esa aspereza del pelo de loe ani,oales enfermos, sus labios secos y morados tenían una perpetua contracción de
dolor y solamente sus ojos, sus magnificos y asombrosos ojos negros coro&amp;adoe de peijtañae de oro, brillaban con el brillo que tienen la11 estrellas en la madrugada.
Me conmovl al verla, pero mi emoción duró poco y
no pudo vencer el disgusto. el piadoso y compasivo
disgusto que Pentla yo eu presencia de esta enferma
de amor que se Iba extinguiendo lentamente. Muy alto hablaba en mi conciencia la convicción de que yo
era la medicina que necesitaba aquella inft&gt;liz para
durar algunos años más ó acdeo para volver á la salud y la alegria, pno no me resignaba á venir á pasar cou ella muchas horas todos los días, hacerle versos ccmo antes, jugar con sus cabellos y adormecerla
cerrándole los ojos con mis besos.
No: imposible! Mi vida, mi aliento, mi placer, estaban en la redacdón. punto de cita dti mis más espirituales amigos, en el Casino, en loe bastidores del teatro en loe restaurants donae se cena, siempre bien
ac¿mpañado, á las altas horas de la noche ..... .
Tan pronto como entré á su cuarto, enarto de enferma, impre~nado de un fuerte olor á drogas de botica me dirigió una mirada tal, que me llegó á lo profundo y me reproché IR crueldad de mi conducta para con esta pobre criatura á quien seduje y arranqué

r

del hogar honrado de en~ padree y á quien t:11ta ba de
liban •onar 11hora del modo má~ cob,11de Ptro la naturaleza humana es tal, que en mPdlo de mis nmordimientoe flotaba la ola d~ un sentimiento de orgullo
que me hacia creerme una especie de Tenorio irresistible.
-¿Es cierto que te vas? me preguntó Ieidora con
voz humilde y quejumbrosa
Y notando mi vacilación p.i.ra responaerl~, agregó:
-Me lo dijo tu amigo Karhte.
- Yo temi que ella Je hubiera h11 blado de sus penRS
que me interesaba ocultará todo el mundo y le repliqué duramente.
-Apuesto á que le dijo usted mil calumnias contra mi.
-Calumnias ...... Qné malo ere¡,J ¿Por qué me hablas
con tanta dureza? No le dije nada á tu amigo. El fué
quien me contó que partlan Ustedes ;.es vndad eso?
Comprendi que me PBtaba hablando einctiramente
y mi com¡¡aeión renació
-Si, Isldora; es cierto, le contesté.
-Ahl Dios mio! exclamó. No lo quería yo creer ..
¿y qué va á st:r de mi sin vertt:?
No pudo contener por más tiempo sus lágrimas que
babia estado trabajo~amente comprimiendo tin sus
párpados, y me dijo sollozando, con sollozos que me
desgarraban el alma.
.-Bueno, yo no ~enia en Pi mundo más que á ti, y
tu te vas y me deJa8 para que me muera itqul sola.
Me hablas dejado de amar...... ahora ya ni lástima me
tienes.
Intenté consolarla, le tome sus manecitas flacas en
q~e res11ltaban las venas.como cuerdas azult:s y le
diJe.
-No desesperes, Ieldora. Es verdad que voy ápartlr pero no más que por algunos dlas. El pobre &lt;le
Kanste á quien debemos t11ntos favores ha tt:nido
el capricho de ir, y quiere que yo lé acom,l!añe. Pero
volveremos pronto.
-Eso dices, eso dices, pero yo, bien sabe Dios que
no te veré más, porque en cuanto salgas por esa puertll se me acaba de romper el corazón y me muero.
¿Vieras cómo siento el corazón? Como una cosa muy
grande que ya no me cabe en el pecbn y no me deja
reapirar. Como está lleno de mis lágrimas, cuando

reviente me envenenará y ya no te veré más, ya no
ttl VPré .••.

- Te juro que volverPm~s pronto.
-Eeo me dic~e, pero Kariste está loco Una vez en
Roma ó en Florencia se le olvidará que existe Parb
cnmo se le olvida todo y se q::.edaran ustedes alli.
Isidor11 se me HCercó tendió su brazo delgado como
una cuerda y pálido. con palldPz tr ~neparente y lo
anudó á 1,1i cuello. Su boci,. me besó con besos que
lastimaban, como esos que las madres dan áloe niños
que se les mueren; su aliento cálido, aliento de enferma. me hacia la impre11ión de una llamarada y sus
ojos se fijaron en mi como ávidos y sedientos.
-Déjame verte verte. vnte bien, por la última
vez, me dijo y luego se desplomó desvanecida.
Yo :ir,roveché el momento para hu!r. Ya era tiempo,
poco faltaba, apenas una hora para la salida del
tren.
Pocos minutos despues que yo, llegó Kariete á su
c11ea muy alegre.
-Adivina qué hice hoy, me dijo.
Y sin esperar respuesta continuó:
-Pues ful al jardín dti aclimatación y vi unos pavos
rPalee, magnif1coe, diantre, ma¡cnificoe, y me vino la
idea de un gran cuadro decorativo: pavos reales eu
un campo de pensamientos, pavos agrupados entre
matas de pensamientos, pavos pisando peneamien tu
¿sabes?
Y nada de elnt ·sis, alli dentro ni cielo ni atmóefera:
lo~ pavos dibujados pluma por pluma y los pene&amp;•
mrentoe flor por flor. Mañana empiezl) á trabajar.
-¿Pero no nos vamos á Italia en el tren que va i
salir dPntro de quince minu:os?
-A Italia ... .á Italia! ¿Y que vamos hacer alli? En
Parl~ hay pavos muy hermosos para modelo, anda á
comprarme dos, cuesten lo que costaren.
Corrí á. mi cua faidora euaba en el mismo sitió del
p&amp;vimento donde cayó momentos ant~e de mi salida.
La toqué. Estaba muerta.
ÜCTAVIO MIRBBAU.

1
'

FJg. l. -M:ante-au para salida en la tarde.

EPISODIO DE LA VIDA FEMENIL.

I

,

Se habla levantado á las cinco, era de noche RÚn;
,apenas si habla descansado seis horas. Pero ¡qué ha~erl Aquellos tres pequeñuelos destrozaban un monle de ropa ..... .
La culpa sin embargo, no era de ellos, se comprende loe trapos duran poco, y á cada. momento había
qu~ remendarlos. :ea.ciencia! y la pobre mujer, á la dé
bil luz de una lamparilla, eegula cosiendo apresurada,
agitando unas manos descarnadas sobre aquellos po•
bree tra}loe con m".lvimientos febriles.
En un solo lecho, arrimada á un rincón de la miserable pieza, dormían encogidos los pequeñuelos, en
aquellas e~trañae y graclosRe poelcio:iee que suelen
tomar loe niños cuando yacen en elcom,leto abando-no del sueño.
De pronto, un ruido en un principio, como si surgiera de la tierra. luego Rmnentando ha11ta llegar á ser
un fuerte silbido, largo, in11lete.nt_e, hizo temblar loe
vidrio1; de la ventana y loe dos umcoe vasos que esta•
ban sobre el apRrador d~ pino.
Dios mio! exclamó la mujer parándose de un salto y
-arrojando el trabajo sobre la mesa.
-Dios mlol El pito! Hijos mios, arriba, el pito, no
to habéfe oido? Levantaos, arriba.

Y sin esperar más, emprAndló á vestir las tres criaturas, con la precipit~ción, con el ansia propias de
quien llega á la eetació 1 y ve que el tren esta por po,
neree en marcha.
Pronto. ligero . ...
Loe niños, sorprendidos en el euPiio de l!'quella manera, puetérons~ á chillu: pero la m~dre s10 hace~lea
caso continullba á vPstirloe, confundiendo las medias,
loe zapatos y lanzando un ge:.}ido tilda vez que tenia
que pArder un minuto de tiempo parR _buscar alguna
prnnda calda &lt;iebajo de una 8ill&amp; ó baJo.la cama.
Por fin loe tres rai,11ce11 qnl'd&amp;r!ln ves,1do~: pPr~ los
pobrPeltos aún no hablan concluido d" ti&gt;ner 1meno y
de chillar, muy al contrario. ahora tenlan hambre.
La mujer corrió ai apar1tdor sacó una taza repleta
de sopa, y los p..,qneñuelos e~ le colocaro1;1 en torno
La sopa estaba fria-era ~l mee de Jul:o;-pero los
niños la devoraban igualmente
La madre para hacer m{s pronto loe embocad~ á
grandes cucharadas v por turno, p!'ro como ocurna á
veces que alguno no ·fuera lo suficiente eollctto á vaciar la boca, así la cuchar, nas11ba Inexorable y en•
traba en la boca del vecino. La lección ePc&amp;rm1mtaba
al iiesp1tcioeo comilón, que para no quedar otra vez
rezagado. engullla las cucharadas de sopa abi como
estaba, sin perder tiempo pua maecarla.
Concluida la'opP.ración, loe chiquitines parecieron
quedar satisfechos.

Entonces, siempre de furia, la mujer agarró del brazo el segundo y llevándose por dela!l'~ el mayor,
mientras levantabl\ en los brazos al ultrmo,-!1~ pequeñuelo &lt;i.e trc,e años-cerró la puerta de un t1ron, Y
bajó la escalera á saltos
Abajo en la calle donde eehba el estable.cimiento,
una porción de mujereJ corrian para no de¡arse sorprender afuera por el eefundo silbido, que Indicaba
á un tiempo la entrada a taller f la clausura.
DPspué11 del sonido del pito, se sabe, habla que pagar la multa.
y no pasabR mañana que _no hubiera alguua ~e estas retardatarlae de un minuto; porque un mmuto
después ya no se entraba por el portón.
.
Todas corrían, galopaban, algunllS en estado !ntereeaute luego se separaban un momento, páhdas,
desfallecidas, á recobrar aliento, para emorendtir nuevamente IR carrera hasta llegar al establecimiento á
cuya puerta se paraban como ante un lugar de salv~ción, la cara se les ilumhiaba entonces con una .sonrisa de sRtisfacctón. mientras el corazón y _la crr~tura
80 les agitab~ dentro del cuerpo como si quisieran
saltar afuera.
.
Nuestra mujer, á fuerza de gritos, emp~llonee y tironee, hab!R coneegnido llegar con sus hlJoe hasta la
puerta del Asilo de Infantes que estaba cerca d_el establecimiento, v hllbla allf deJado al má~ pequeno de
loe niños, abandonando loe otros dos sobre h1. acera,

�862

Domingo 6 de Noviembre de 1893.

EL MUNDO

después de haberles dicho en voz b11ja algunas palabras de recomendación. En ese inEtanie, desde lo alto del techo de la fábrica se desprendió el segundo
silbido, breve, seco, casi en ~on de broma. La mujer
atravesó la calle de una corrida, y llegó al portón don~e otras acababan de llegar: pero el por~ero, un eici·
llano ex sargento, las acugió con una guiñada de desprecio.
-Pero si recien acababa de sonar el pito, clamaba
un11.
-Atrás, querida, retírese, hermosa ... . decia el ex•
sargento con un tono melifluo insultante, agarrado
del orazo á una que babia conseguido pasar el dintel.
-Yo estoy en el oratorio-protestaba la obreradéjeme pasar.
·

Fig. 4.-Guarnici6n para cuello.

l

Domingo 6 de Noviembre de 1898.

363

EL MUNDO

más que usted, con eso conservará usted su propio,
re@peto.
No deje usted de leer algo fuera de los artículos.
sobre las modas y gacetillas sobre tertuli-11s, porque
en el mundo eueli, haber otras cosas tan importantes.
á lo menos, como esas grandes cosas.
Esté usted persuadida de que aún cuando su marido no tenga corazón, siempre tendrá estómago, y no
olvide, por tanto, prep11rarle con alguna frecuencia.
lllguna vienda bien easonada para ablandar el yugo,
d ..J matrimonio.
·
No le mortifique us!ed muy seguid9 por dinero-,
sino ajuste u . ted los gastos á lo posible.
En fin respete usted la parentela de su marido, especialmente á su madre, como que por se~ ella la sue-

CONSEJOS A LA.S :MUJERES CASlllAS.
Sea usted -siempre con su marido tan cortés y tan
benéLola como cuando él no era más que su novio.
Entonces usted se alzaba para mirarlo; no le mire
ahora de arriba á abajo. Ttmga usted pr11eente que

Flg. 2.-0uerpo bordado.
Fig. 7.- Paletot para la estación.
Pero él ya la habla echado fuera. Aprovechando la
confusión otra obrera t&gt;D cinta y de fisonomia dolien·
te, había tratado de escabullirsfl hacia el patio, pero
el portero que tenia la manija del cancel gritó:
-Ojo al vientre¡ y lo cerró de un empellón
La infeliz dió un salto gwtesco, gruesa como estaba, apenas si logró evitar el golpe.
El portón estaba cerrado! Las mujeres se miraron
unas á otras, una de ellas tendió el brazo con el puño
cerrado echando una maldición.
-TreiI:.ta céntimos de multa! Un minuto de atraso,
un tercio de jornal perdido!
Pasaron una á una por la puerta pequeña, cabisbajae, pálidas, silencio~as, después de haber hecho asen·
iar su nombre en una libreta.

gra de usted, ha dFj¡1do de Fer madre de él, madr&amp;
que lo amaba ya, cuando usted ni aún lo conocia.

PARA USO DOMESTICO.
Muchas veces se de11ea hacn una sola taza de caf&amp;
para tomar en las comid11e. Para loe que están acostumbrados á hacer el café solo en mayores cantidades, la operación es bastante dificil. Un buen cocinero recomie11da el plan siguiente: Echese en una taza
un poco de clara de huevo y llénese la taza de agua
fria. Revuélvase bien, échese todo en la cafetera, há-

FJg :i.- Gran paletotn de in'l'lerno, delatero
y espalda.

Fig 9.-TOOA. .TIJA.NA..

con quien e~tá usted casada es con un hombre, y esté, por tanto. prPparada para las imperfecciones.
Deje usted una que otra vez que su marido sea el
~lti!Do que hable, eso lo complacerá á él y no le perJudicará á usted en nada. Deje también que él sepa

Fig. 8.-A.brlgo para casa.

Flg. 3.-Blusa elegante.

gase hervir un pi.r de minutos y añádasele un poco
más de agua caliente.

El siciliano con las manos en los bolsillos y la pipa
en la boca, sonreía a todas ellas mientras pasaban. y
Alas más jóvenes les murmuraba en voz baja algún
requiebro
- Cochino!-contestó una y pasó.
Mientr11e tanto abajo en la calle, sumida aún en la
semi-oscuridad del crepúsculo, alfrio de Julio, dos ni•
ños, lloriqueando y teniéndose de la mano, se encaminaban leniamente á la escuela, dos horas antes de
su apertura.

Para destruir los insectos que se crian en las camas
ó en los agujeros de las paredes disuélvase en agua
polvos de peretro, conocidos también cou el nombre
de polvo11 persas, bmándose con esta solución las
part-es infestadas.

NOTAS HIGIENICAS '

•••
•
Las nueces, las avell1i.nae, almendras y otras frutas
de esa especie, son, á causa Je las subsbtaucias grasas que contienen, muy nutritivas, pero cuando e&amp;
toman hay que masticarlas bien porque de lo contrario hay _peligro de una indigestión. Las personas de
estómago delicado no deben tomarlas nunca. Cuando
más _daño llacen es cuando se toman después de la
com1da.

••;,.
Flg, 6.- Volante ttltJro&lt;\ no"'edad.
•

Cuando se hierven cerezas frescas, grosellas y demás!r.i~as delicadas para conservarlas, es convenieuie anadir al &amp;,ll'ua unpequeñoterrónde alumbre pues
se ha visto que asi no ea deshacen tanto.
·

Para que la luz artificial no perjudique á la avista,
es necesario que sea bastante mtensa para permitir,
sin esfuerzo alguno distinguir claramente los objetos. Los rayos luminosos de cualquier fuente que provengau están siempre acom¡.,añadoe de rayos colorí•
feros de intensidad variable según la ciase de alumbrado, como hemos dicho anteriormente. Si los rayos
luminosos no producen mal efecto eu el aparato vi·
eual, loe rayos del calor si, pues producen un estado
congestivo del globo ocular, qufl, frecuentemente repetido y_ mantenido durante un tiempo un poco largo, produce transtornos coneiderables.
Asi es que, euando se está obligad~ á usa: la luz
artificial para algún trabajo que neceéite el eJercicio
del órgano ac la visión, babia de P.rocurarse que con
la mayor intensidad de la luz posible, para evitar los
eFfuerzos, se tenga la menor cantidad de calor qu11
se pueda.
Por este motivo se debe preferir un.a luz intensa,
que pueda colocarse lejos de los ojoe,para que á ellos
no lleguen los rayos oolorlferos con intensidad capaz
para perjudicarlos: ot_ra manera de evitar esto, ~e.hacer que el foco Jummoso proyecte sus ravos umcamente sobre el objeto que se qu1ere alumbrar y que
loe ojos no lo reciban del foco de luz. A este fin, tienden las pantallas, reflectores etc., tan usados en todas partes.
·
.
La luz debe ser fija. Toda intermitencia, las oscrl&amp;•
clones de la flama de las velas, bujlae, en las lámparas mal dispuestas, fatigan mucho la vista, requieren
esfuerzos en el ojo, alternativai! de dilatación y contracción de las pupilas, inconvenientes que son muy
perjudiciales.

Es preferible tener varias luces colocadas conve•
nientemente que una sola. En este último caso debe
preferirse que la luz esté al lado izquierdo. sobre todo para el que escribe; pues asi alumbra perfectamente sin que la sombra proyectada por la mano, impida
ver bien y sujete al ojo á esfuerzos.

raso se dflbe envolver en papel azul y def pués e 1
otro más fuerte, de cualquier clase.
Un oculista de gran fama dice que loP velos con motRs que tan de moda están ahora, son el peor enemigo
que pueden tener loe ojos.

La luz blanca, la que más se asemeja á la luz solar,
es la mejor. Casi todos loe sistPmae de alumbrado dan
una luz amarillenta, excepto la luz de arco que produce luz blanca ligeramente azuloea.
De los cuerpos cuya cembuetlón se utiliza para alumbrado, Pl aceite y la estearina son los que dan una luz
más blanca.
El color de la luz solar resulta de la fusión de rayos
luminosos de los siete colores del espectro.

Para tapar las ~endljas más ó menos grandes que
se hacen en los pisos, ~61:1ese una gran cantidad de
periódicos y papeles VIeJoe, se hacen ped11zoe pequenos y se echan á cocer en una caldera, 11ñadiendo al
agua unos puñados de harina para formar un engrudo espeso, con el cual se rellenan las rendijas en las
tablas cuando está caliente.

**•

NUESTROS GRABADOS.
FIG. 1-MANTEAU PARA SAL'DA EN LA CALLB,

Las plantas que se tienen de adorno en la sala ú
otras habitacion~s,-requieren que se les quite con la
mayor frecuencia posible el polvo que lee cae en las
hojas. Para esto conviene pasarles todos loe días un
trapo mojado por ambos lados de la hoja. Esto es necesario para que no se les obPtruyan loe poros por
donde respiran como nosonos lo hacemos por la boca
y por las narices.

•*•

Para conservar cintas, listones, pañuelos y otros artículos de seda, se recomienda guardarlos envueltos
en papel ordinario como el que se usa en las tiendas
par11 hacf'r paquetee. El papel blllnco tiene cloruro de
cal y esta substancia descolora la seda. La ropa de

Está hecho de uu cuerpo de collet amplio, en tul
blanco, sembrado de pajitas de diamantes fruncido en
la parte baja por medio de un empiezamiento que cubre todos los hombros formando una. bonita esclavina. Ese empiezamiento se recubre de must-lina blanca, enteramente fruncida simulando un capuchón. El
cuerpo de collet está incrustado de chantilly negra.
FIG, 2-CUJIIRPO l30RD.ADO,

De casimir de damas, muy justo y muy sencillo con
adorno de guias de cordoncillo de seda.
FIG. 3 -l3LUSA lilLlllGANTlll,

De sarga de seda negra, con un gran plissé á ambos ladoP, ceñida por un cinturón fantasil1; entre ambos plissés una banda fijada por botones fantasía.

�nomtngo 6 de Noviembre ·de 1898.

EL MUNTlO

OPINION DE UN CAPITALISTA EN MEIICO
AOEROA DEL SEGURO SOBRE LA VIDA

En "LA MUTUA" de Nueva York.
México, Obtub1·e 3 de 1898.

•

Sr. D. Donato de Chapeaurouge,
Dired.or General de la Compañfa de Seguros; "LA MUTUA'
Presente.
Muy Sr. mio:
Me permito 11cusarle recibo de los Rt&gt;guros por ....
($300,000.00) trescientos mil pesos que acabo
ae tomar en la Vompañla que Va. repres..uta en esta.
República, y obsequia1;1do 11us deseos deque expong!llas razones que he temdo para asegurarwe en cantl·
dad tan importante y para preferir el tomarla á "La
Mutua" á pesar de que mis frecuentes vi•jes á Euro·
pa y Estados Unidos, me han dado toda cla ..e deopor·
tunidad para tomar mi seguro en cualquiera d~ _las
grandes Compañías del mu11do, congubtolemamftesto que en mi creencia. el seguro sobre la vida toma l.\
forma de una protección, no B)IO para mi familia, sino
también para mis bienes y negocios que tengo entre
roanos, los que no quedarán ~in fondo11 conque seguir
activándolos si les faltase mi perdona! dirección.
Respecto á haber elegido "La Mutua," mi personal
couommiento de sus inwenso11 recursos, con loR cuales cuenta para cumplir sus obligaciones, sus méttdos
de organización y los plane~ atrat:tivos de seguros
que ofrece son tales, que á mi juicio uo ad111iten competencia.
En conclusión, le manifiesto que mi iutención es
aumentar el seguro sobre mi vida en e~ta Compañia
dentro de poco tiempo, y tendré mucho placer entratar con Vd. este asunto.
lSoy de Vd. afmo --y atto. S.~Firmado.-{). Eisennaun.

NUMERO 20

MEXICO, ~OVIEMBRE 13 DE 1898

TOMOil

EXAMENU.

Fig. 12. - Corbata
ítltima n()vedad

Figs 13 y 14.-Trajes de estacl6n.
FIG. 4-GUARNIC.JÓN PARA CUELLO.

•

Es una elegantisima gnarnición de guipure tt&gt;rminada en punta11, orladas de volantes Ji.
geros de muselina de seda, y ceñido el cuello por una leve cinta de satin.
FIG, 5-GRAN PALETOT DE I~VJERNO, DELANTERO Y ESPALDA,

Es de casimir asargado, con una elegante esclavina redonda, muy ajustado y dos gran·
des filas de botones fantasía.
Sobre cuello de terciopelo muy sencillo.
FJG, 6-VOLA1'TE tLTUIA NOVEDAD,

EP un volante muv hermoso de escosés con entrerlo~t&gt;S de ci1110 acordonada de seda para remate de
faldas de cie1 ta severidad y elegancia.

no. 7-PALRTOT

PARA LA ESTACIÓN,

De ¡;año obi~po, ligeramente diagonal, hecho de
dos empiPzamientos: el superior que forma un casa&lt;'Ón 11ju~tado. dejando dos elegantes faldetas, y el in·
fnior que P~tá con~tituido por una falda rlgida y justa. Dos hileras de botones fantasía ornan y cierran
el casacón.
FIG. 8-ABRIGO PARA CASA.

Estilo dragón muy justo con cuello vuelto y adorno
de alhamarns y t!Sti-ellas.
FJG. 9-TOCA JUANA.

Sombrero levantado delante, de fi!)ltro castor muy
claro, ~uarnecido de ~os draperias torsaladas de ter
ciopelo un poco más pálido aún, una de ellas se enreda á. la iz~uierda al rededor de la fuda; la otra á la
derecha desapareciendo en la parte posterior, delante las dos se cruzan sosteniendo una larga pluma.
FIG, 10-FICBÚ ELEGANTE,

ER un fichú volante de muselina de seda, ornado
de blondi1 blanca de Bélgica y rematado en el talle
por un bonito l11zo de ¡¡atln. ~;1 fichú se abre sobre un
gran plastrón de cadeneta, de muy buen gusto
FIG U-TOILETTE DE DAMA PARA LA ESTACIÓN.

Es una elegantísima t ,iJette de seda acero asarg .~da con grandes aplicacioneP. dP. bordado á ban•las pa,
ralelas con Pntredol!es rle seda negra. Cuerpo ablusado con un hermoso fichú dti blouda de AlenQon vieja.

&amp;1 asunto ae la lemporaaa.-Después ael e~amen..

FIG. 12-CORBATA ÚLTIMA NOVEDAD.

Flg. 10,-Fichft elegante.

D11mos con este número uno de los más elegantes
modelos de corbatas para trajes estilo sastre de las
que están hc,y más en boga.

APUNTES DEL NATIJRAL

Fig 11.-Tollette de dama. para la ~stacl6n.

I

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Alameda de México</name>
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        <name>El final de un idilio trágico</name>
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        <name>Por que cometí aquel crimen</name>
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                    <text>EL MUNDO

332

I,,!S MUJERES EN L! UNION
El bello sexo, ó mejor dicho el
eér débil, porque no faltan en él feas
y víejas, eetá apod.,ráodose sensiblemente de los puestos qu., aor,es
desempeñaban los represeotamea
del sexo fuerte y barbudo en los.l!:stados Unidos.
No es oportuno llamarla atención
al hecho verídico de que en los telégrafos. en los correus, en la con•
tabilid11d d11 muchas ca8ae de comer•
cío y de hotllleir, las eeñoras y ~•ñoritas han demostrado St'r más útiles
que los hombres. Se &amp;st'gura que
son más puntuales. mb limpias en
sus labores quelo,1 hombres y que.....
no beben.
Al paso que andan laR Rn('iertad~s
feministas no pod11mo- tard11r,m V&lt;ir
á nuestro G&lt;&gt;bierno extender ni,m•
bramientos oficiales á favor dt1 muchas señoritas Los primeros terre
nos que invadi rán será11 los de la
correepondencia y lus de la tel11i?"rafla, )oij tPléfonos son poca co~a para
ellas, pero como aprPndizaje han
dado re,1ult~dos magulficvs.
Es tanto mils de temerse por Algunos jóvenee que s-, consideran wuy
útiles, el poderío qu•· van tnin~ndo
sus compañeras en t'dad pero no t'n
defectos que se acaba dt1 palpar la
realidad hace unos días en una fun
ción pública donde no se represPn•
taba comedia alguna, sino se cumplia con un deb11r voluutariaweute
aceptado
Si en las tiendas y en otros establecimientos tuvieramos tan esmerado y amH ble servicio como el que
hubo en todos los puestos de la k.-rme.se, los dueños de esas casas importadoras meuudeadoras se barian ricos en menofl de tres 11ños.
p.,ro trat,nnos de verdaderas profesiones. La Señora Harrlet Hmson RJbinsou nos dice que existen eo
los estados Unidos, en la actualidad 16::! co1egio, superiores. exclusiv11mente abiertos á las señoritas. La
señora Maria M1chel fué la primera mujer que ocupó
un puesto como profesora; "nsPñó astronomta y matemáticas en Vassar el año 1866 Muchas mujeres se admiten hoy día como miembros de la Facultad, no sólo
en colegios reservaddos á su sexo, sino deo de concurren ambos
A la par que Re multiplican lm1 hospitales para mujeres se multiplican también los calt&gt;gios módicos.
Existen siete sm contar numerosas e,cuehs de medicina para hombres, abiertas 111 sexo femenino.
Las mujeres médicas son casi tortas de la ePcuela
homeopática. Hasta última fecha las escuelas de medicina regulares ú oficiales no han permitido que las
mujeres sigan sus cursos. Pero que resulten mujeres
,regulares ó irregulares, lo natural t:B que el éxito de
las mujeres practicantes no puede ya ponerse en du•
da y sus colegas del sexo masculino no se atreven ya
á juzgarlas desfavoublemente.
El censo de los Estados Unidos en 1890, da el número de las mujeres médicas eo todos los paisos y s urna
4555

· En cuanto á la literatura, es iucreible cuántas mujeres escriben. Unas bien, otras mal, pero la mayorla
merece elogios 0l&gt;roelia Waters, del Bo.,ton Evening Trn.mcript, fué la primera mujer period\eta de
Boston. Hoy las muj1 r 1~ editan y publican periódicos
y hasta revl,tas, en tudas partes de los Estados Uni·
dos, y las columnas consagradas á la colaboración de
las mu¡eres son el complemento aco~tumbrado de la
publicidad de un gran número dti periódicos de importancia.
Harece, dice la señora Robinson, que las mujeres
han entrado r~atmente eo lo que Thomas Carlyle llllma el "Cuarto Estado," y han tomado resueltamente
pose&amp;ión de él con la profesión literaria, los viajes á
las regioues inexploradas del pensamiento, a~i como
otras en las regiones desconocidas, con el fin de satisfacer e1 apetito insaciablt, de 1011 lectores.

NUESTROS GRABADOS

~- ---··

F-!G, 1.-M0DEC,0 PARBLEl~i!lil Dlil R~CElPC[Óll.

Ei de crepé azul d~ china Cl)n una gran lona bordada eo la parte inferior del f•ente de l!L fald,i, y tres
cintai p!l.ralel:i.s de galoocillo seda orn,ndo la bata y
el c,1erpo. Un eleg,rnte boa de tul blanco de grao
f,mtasia com9leta el adorno.
FIG, 2. -TRAJID DBI CALLBI.

Es de· pañl) beige ó diag,rnal, con 1'11 ml)rielo especial dl'I un fichú de muselina de seda orlarto de volantes de tul, que sirven también de adorno á. la falda.
FIG. 3,-TRAJE SA"TREl PARA OTOÑO

Es de paño de inviernn, formando un smoking muy
justo, un falso chalPCO de cuello fanta.Ria, redondo y
falda plena, adornado todo en varias formas, de galón de seda.
FIG. 4,-TRAJID DE CASA,

De sargR de seda con un yoke alternado de cintas
de raso y un gran plastrón bordado de elegantisiino
modelo.

Figs. 9, 10 y 11.-Tres modelos de calle.

Después de tres años I!ose pierde todo lo paiado.
Guanajuato Septiembre 13 de 1898.

FIG. 5.-TRAJE DE CASA.

De escocés muy fino con una gran e@toca bordada
de galoncillo de seda y una draperia de Saffetas, medio oculta por uo gran yoque bordado de galoncillo
también jockt&gt;ys sencil,os de muy butin gusto.
FIGS. 6 y 7 -TRAJE DE DAMA DE HONOR DE UNA NOVIA.

FIG. 8 -TRAJJII DE VIAJID
Estilo sastre, de una encantadora originalidad. Casaca fantasía orlada de guia de seda y abierta sobre
camisa de muselin11. azul pfllido, yockeys de una 11legantisima forma, figurando el cuello,.
FIGS. 9, 10 y 11,-TRES ELEGANTES MODELOS DE CALLE,
Et pr!mflro de seda- azul con una gran draperla de
guipure, el segundo de popelina de seda con volantes entredoses de satln y pl11strón plissé de lo mismo,
mostrando un cuerpo coselete de muy buen /irllsto, el
tercero estilo sastre, de casa con fantasia, abierto sobre uoa camisa da muselina y ornada de grau corbata avolimtada de blonda vieja de Alen~ón.
FIG. 12-CUERPO ELEGANTE, DJIILANT.BIRO Y JUPALDA
.

,.

El ceoPo de los
Estados U oídos en
1890 nos da á. conocer el número
de mujeres auto·
ras entregadas á
labores literarias
ó cieotlficas, Sen
2,725; do éstaR, el
periodismo posee
868 Las mujeres
artistas que se dedican á la enseñanza de las artes,
suman 40,845!!

Damos bajo estos números dos modelos de tr,jes
de los que a hor.1 son de más actualidad y gusto para
tos matrimonios: Uno de desposada de último modelo, de satín ligeramente crema y cauda dr11peada y
otro de sarga de seda azul acero con cuerpo drHpeado de muse1ina de seda y una gran falda ornada de
un de:vanf d., volantes y galoncillo de ser.la.

.

NUMERO 18

r

TRAJE DBI NOVIA

Fig. 12.-Elc¡rante cn.-rpo. Delantero
y espalda.

•

MEXICO, OCTUBRE 80 DE 1898

TOMOil

Ea de muselina blanca con un yoke de entredos y
votante carrujado y un plastrón diagonal plisbé.

Sr. D. J. Adrián Palomo, Directo: General de la._
·'MEXICANA."
Compañia Anónima Nacional de Seguro■ ■obra la Vida.

MÉXICO

SEÑOR MÍ'l:
Teniendo en mi poder la póliza Ea\dada núm. 47 de
que era poseedor t0i finad" PRp,,so ..,¡ Sr. D Leobardo Mendoza, 11e prPISPntó en ésta elAgenti, de la Co_mpañla Sr. D Juan N Campos y manifestándole mi tg•
norancia para h.tcer la re:lamadón correspondiente
como hered ira lt&gt;gltima, dicho Sr. Campos, con toda
actividad é inteligencia procedió al arreglo de los
documentos necesarios, 11vitá11dom., to•la clase de
mole.tías.
Hoy, con autorización del Notario Público Sr. D.
Igllllcio R H"rnáodez y por conducto del estimable
Sr. D. Francisco de P. Castatleda, Banqul'lro de la Compañia, htt , Plr1 bido á mi completa satisfacción, la cantidad de $117 45 (c'ento diez v oiete pesos cuarenta y
cinco ceutavos,) importe tot¡¡l de la citada Póliza 11al•
dada.
Si lo juzgr. usted conveniente, dé publicidad á la
presente, pue., creo será de alguna utilidad para los
asegurados en esa honorable Compañia, ver confir•
mado que en el desgraciad&lt;&gt; caso de no poder soste•
ner sus Pólizas más de tres años como Ii, sucedió á
mi querido esposo, ya á esa fecha pueden obtener
una saldada y lograr aunque sea un pequeño ahorro
en bien de sus familias.
Doy á usted las debidas gracias por la violencia
con que ordenó el pago referido, yme ofrezco su muy
atenta y afectisima S. S.
Firmada.-Rafaela Pedraza V. de Mendoza.
MUY

&amp;l $r. Presiaente ae la Nepública ?:la señora su esposa.

(Fot. de Va11eto, tom.ada últlm.ament.e.)

�LASEMANA
Promete un éxito feliz á la fiesta de caridad
el 1ino de l11s comisiones organizadoras y el gran
empefto qu~ han puesto las damas de nuestra so•
ciedad, co11tribuye11do gei erosamente con sus donativos, to:los de valor artbtico inestimable, ricos algunos y no pocos, una verdadera maravill11.
Exhibidos estos úl1imos días en los aparadores de Plateros, y admirados de todo el mundo,
tienen ya esos objetos sus codidosos que desean
conservarlos como recuerdo del Bazar y muestra
de las múltiples y sorprendentes habilidades de
la mujer mexicana.
Mas no sólo hay que ver en ellos la obra del
talento; entra por mucho el corazón en los primores ofrecidos por las damas en esta fies1a.
Hay una nota exquisita por el sentimiento que
entrafta el acto de dos niftas, huérfanas y pobrea
que llevaron su contingente ingenuo y de valor
pecuniario casi nulo, pero estimativamente elevadísimo. Una muileca feísima y barata, vestida
con tela de un vestido de la madre muerta, fué
el donativo de esas niftas, de una precocidad de
sentimientos tiernos que consuela de tantas maldades y de tantos vicios que erizan 111 existencia.
Algún curioso ó algún devoto de las virtudes
infantiles, pagaría premio de oro por la mutleca
que tiene en sapobre aspecto, todo lo que hay de
puro en el alma infantil,- la piedad por los desgraciados y el amor, iba á decir, el culto del
amor filial.

,..,,

Y ya que por uno de sus aspectos la fiesta del
Bazar de Caridad evoca mise1 ias que tenemos á
la vista, muy cerca de nosotros, hablaré también
de las que pueden sufrir los pueblos remotos.
Un sabio, que ha enriquecido la cien~ia humana con not:lbles descubrimientos en el orden de
las ciencias físicas, toma la teoría de 111althus en
un aspecto especial y predice la progresiva carestía del trigo hasta el extremo de que antes de
treinta afios se producirá una crisis total de har~na en las t~honas. Según ese sabio, la pobla·
ción consumidora de pan crece rápidamente, y la
producción de' trigo permanece en un mismo nivel d~sde 1871. De aquí el resultado q~e nos
anuncia.
La profesía no es muy inquietante para los que
ven á uno y otro lado de nuestras vías férreas
iljmitados campos incultos cuyo seno jamás rom:
pió el arado. Aún hay espacio en el mundo para
muchas sementeras.

,..,,

Don Juitn Tenorio anuncia su anual aparición
en los teatroa de México, para solaz de chicuelos
y ejercicio de esforzados declamadores.
. Nada pinta mejor nuestro apego á los hábitos
mveterados como esta singularísim11 y curiosa
solemnización del día de muertos por medio de
un ~r~ma que ~l gusto popular coloca aparte, in•
clas1fJcado, asignándole un lugar más bien conmemorativo que literario en sus aficiones.
El público que escucha los líricos coloquios de
Don Ju_an y Dotla Inés y el monólogo en el cementerio, no va al teatro, con el espíritu de amatteur que hace de este lechuguino un tandófilo
de aquella sentimental, una cliente de Hidalgo
de los que apl~uden «Los parecidos» ó «Mag•
da» unos curiosos, más rnteligentes y críticos
que entusiastas.
En día de muertos todos vamos al teatro y á
todos nos divierte por igual el actor de tercer
orden, y todos nos despojamos de prevenciones
para regalar nuestros oídos coc la música peregrina del verso espai'iol.
Algunos hay, y no son pocos, que no toman en
serio. ni la pieza ni á los artistas; pero van al teatro y encuentran tan natural la presencia anua}
de Tenorio en las tablas, como los actos ordina•
ríos é indispensables en la vida.

f

y

/IW

La tesis social de los sombreros en los teatros
se discute aún en las ciudades europeas.
'
Antes de que en las nuestras hubiéramos podido adoptar alguna solución definitiva y radical
apareció en Franela una dama que repitió el pro:
digio genial del huevo de Colón.
Los bandos contrarias se agitaban con un apa•
sionamiento que impedía la lucidez de espíritu suficiente para discernir la posibilidad de una tran-

Domtngc 60 de Octubre de t&gt;i!"tii

Domtna-(l 30 de Octubre de 1898

EL MUNDO

334

sacción honrosa y la Clllma para adoptarla una
vez formulada con claridad.
Mas, afortunadamente, no faltó quien pudiera
aisiarse de la contienda y estudiar el problema
con todaserenidad,resolviéndolo con gran acierto.
Como sucede siempre en esta clase de reyertas, el quid nu estriba en imponer á una bandería la voluntad de lit contraria, sino en llevarl11s
á. un terreno neutral. En el caso, ese terreno
se ha encontrado y quedan abiertas las negociaciones para la paz definitiva.
Todos quedarán satisfechos, porque si bien las
sefioras podrán usar sombrero ¡,ara ir al teatro,
se ha ideado un sombrero especial que sin estorbará los demás espectadores, satibfaga el c11pricho de las que no pasan por llevar la cabez¡J. sin
plumas y cintas.
La capota de teatro es, por lo que dicen los periódicos, un modelo de elegancia dentro de las
más exiguas proporciones.

La aparición de la fiebre amarilla en Monterrey ha causado alarma profunda en una gran re•
gión de la frontera, no obstante los fríos prematuros y el empefio con que se procura calmar los
ánimos intranquilos.
Prep11rábase, alegre y entusiasta, la grau ciudad industrial á rec}bir la visita del señor Presidf'nte de la República y á ofrecerle sinceros
testimonios de adhesión, cuando dió el telégrafo
la notic:a fatal, 1rnunciando al mismo tiempo la
fuga de muchas f.tmilias temerosas del contagio.
Difícil es en casos como este medir la import11.11cia de la calamidad por el pánico de la!! multitudes; pero la alarma por sí sola constituye un
mal. todll. vez que desconcierta la actividad económica y perturba las relaciones mercantiles.
/IW

La muerte de la señorita María Barrera despierta una curiosidad que tal vez no quede satisf~cha con el dictamen pericial ordenado por el
juez de la causa.
El inculpado es un hombre de mérito, hábil y
co°:ocedor en cuestiones médico legales. No será
fácil abrumarlo con un dictamen pericial, por
conc!uyente que sea, y antes que rendirse agotará mil recursos de ciencia é ingenio para defender su causa, aclarándola si es buena y sí es mala, apuntalándola con sofismas.
Los delitos de astucia y principalmente los
que se consuman por medios técnicos desconocidos de la generalidad, facilitan al culpable las
eva1:1ivas, y al per~itirle una actitud, mAs bien
de sabio discutido que de reo justiciable, hace11
de él casi un árbitro de la opinión pública, impotente para orientarse, si no es en cuestiones morales.
/IW

La perspicacia de la policía descubrió y detuvo en Paso d~l. Norte al agente de un gran sindicato de f11.lsif1cadores, que habían proyectado
desparramar en la R~pública billetes de los bancos del Norte y pesos del cufl.o norte--americano
fabricados por esa gran asociación.
'
. SJnad_o _hubie~a sido el robo y muy cuantiosc,
s1 la_ po~cia n_o rnterviene con tanta oportunidad
y ef1cac1a, deJando tranquilos á. los Bancos y al
Tesoro de los Estados Unidos, á cambio de una
desazón para los anti--yankees afectos á. grandes
sucesos y fuertes emociones por cuenta de otro.

-

«El amor por principios» es una de las últimas
novedades literarias exhibidas en los escaparates
dc.l 5 de Mayo y 8an }francisco.
El h~roe, -un Don Juan moderno, que busca el
am01· sin amor en la depravación más descarada,
~ostenta a_l d~s~ud_o un espíritu si~temático que
t.ene por eJercicio mtelP.ctual pervertir á todas
!as mujeres que seduce. Después de aventuras
menarrables por turbias, termina la novela con
noviazgo y casamiento, como las narraciones por
entregas.
Un escritor que estudia esa obra inspirado en
crite_rio ;ndependiente y sano, teme que el extranJero Juzgue á la sociedad francesa por esas
novelas.
Temor justo y patriótico en estos momentos en
que asistimos á_ lás escenas de anarquía moral
de un pueblo agitado por violenta crisis.

DIOK.

*"'*

10olitirn ®.en.eral.

A pesar de que fueron tan pocos los votos que
falt11ron al ministerio para obtener esP- voto de
confianza, el prehidente Faure ha admitido la renuncia, esperando que los ministros dimisionarios permautzcan en sus puestos mientras se
coni;tituye un nuevo gabinete.
¿Dónde se tomarán los elementos necesarios
para refrenar esa C1imara ab,oluti&amp;ta, que en un
momeuto dado derriba gobier11os, pulveriza ministerios y hace caer los ídolos de un dfa? Bris•
son era presidente de la Cámara cuando ocurrió la crisis que derribó al gabinete Melline; fué
el designado parl\ presidir el gabinete, porque
en él se tenían fundadas esperanzas de que ha bia
de llP-var en su programa las aspiraciones de
una mayoría tornadiza y sujeta á vaivenes incontables. Ya otra vez hemos referido de qué
manera ha sabido salvar los escollos, vencer los
obstáculos, co11jurar las crisis provocadas en estos tiempos de turbulencia; y á pesar de tod11s
estas circunstancias que lo recomendaban á la
consideración de sus conciudadanos y al respeto
de las Cámaras, ha caí.lo falto de la coufianza
que inspiraba antes, y se retira tranquilo. con la
conciencia serena, después de haber cumplido
con su deber.

RESUMEN - La agttaclon polftlca en Francla.-Exalta-clón de los bandos p·•r el proceso Dreyfus.-Apertu •
ra de las Uámarm,. Defr.cclón del General Cha:?olne.
- Calda del gabinete de Fr.incla.-Temores d11 reac •

clón, "lrmcza ue la Kepúbllca.-EI resp!andor de
la Justlcla. . La previa censura en Espana. - Crisis.
parcial en el mlnls,erlo, - Temores para lo porvenir..
-La nueva vida de la monarquia.-Conclus:ón. ·

La exaltación en Francia había llegado á su
colmo. t&lt;.:l pueblo de P11rís hervía en fermentaciones de todo género; era esperado con ansia el ·
momento en que las Cámaras se abrieran, y todos
temí m que la tempestad habría de desatarse en el
recimo de la reprt!sentación nacional. La cuPstión
del Sudan ~gitaba los espíritus, una racha de tormenta azot11ba la atmósfera política y se advertían bélicos rumores y gritos de combatP-, por·
disputará la vieja Inglaterra ese girón de tierra .
egipcia, donde enarboló la baudera de la República, como atrevido explorador, el comandante
Marchand. A E:sa excitación por la cuestión de·
Fashoda unía~e la proximidad del día en que la
Corte de CssRción celebrara su sesión primera,.
para decidir bi el famoso pt oceso Dreyfus que ha
llegado á dividir á .os franceses en dos bandos,
debía reponerse y por tanto verse otra vez en
consejo de guerra.
Capitaneados pc,r el célebre agitador Paul Deroulede, los ciudad11nos de la Ligl\ Patriótica iban
por calles y plazas, por bulevares y avenidas, por·
casinos y clubs, predicando el odio al semitismo,
denunciando i\ los partidarios de Dretfus como
traidores á la patria, enemigos del ejército y Ct·
paces de amenazar la seguridad de la Repú-·
blica.
·
Los amigos del destPrrado de la Isla del Diablo,
apoyados en su deFecho y soste.D.idD.s en sus aspiraciones por fa. actitud resuelta y desidida que ha•
bía tomado el gobierno que presidia M. Brisson,
dabanporinnegableel triunfo y predecían la seguridad y firmeza en que se hallabaelgabinete, porhaber sujetado tod&lt;,s sus procedimientos á las.
pres~ripciones de la ley, por intentar, en la órbi•
ta de sus facultades y dentro de los términos legales, la enmienda del error que pudiera haber en.
el famoso proceso.

*

**

l
L

*

**
abrieron en

Y las cámaras se
medio de esta
efervescencia sin igual. Las voces de los primPros.
oradores se perdieron entre los gritos de la mul.
titud que llenaba las galerías y vociferaba á las.
puertas del palacio d-, Borbon. Un incidente sencillo fué suficiente para desprender la avalancha.
que había de arrastrar en su caída al ministeriode Brisson. Alguien preguntó por qué no se perseguia-á los que en la prensa y á la continua ata-•
caban la institución militar y á,las altas personalidades del ejército francés. Habló el ministro de
la guerra, el Gral. Uhanoine, y en vez de sosta•
ner con entereza la actitud asuruida por el gobierno de que formaba parte. en vez de recoger
y afrontar las responsabilidades que le tocan según la solidaridad del gobierno constituido, habla de sus ideas personales, de su~ propias convicciones, pretendP- envolverse en una aureol11 de
popularidad, hace laapología deCavaiO'nac y Zur-·
linden, sus predecesores en el depart~mento de
Estado que es á su cargo, y por encima de todas
las fórmulas constitucionales, presenta su dimisión, cual si la Cá.mara de Diputados se hubiera
transformado en Convención nitcional.
~abía llenado ~u objeto: aplausos y manfüstac10nes de regocijo se dejan escuchar en las filas de 1~ extrema izquierda y en el centro. Se
oyen gritos y se escuchan aclamaciones tumultuosas en el sagrado recinto de las leyes, y á duras penas se restablece la calma.
. Otro diputado ~r~tende sostener el predomimo del po~er civil s?bre el ejército. Es apoyado por Bnsson, y unidos los radicales y sociali_stas, aprueban 1~ moción; oero cuando el presidente del conseJo se levanta á pedir un voto deconfianza á que tería derecho, p~r Ja mesura1 el
reposo y la serenidad con que ha sabido dirigir·
la nave del Estado en medio de las ondas tempestuosas que la han azotado en los últimos días
e? medio d~ ~os vientos de to1·menta y en el pe:
r10do de cnF_:s por que acaba de atravesar, h
~ámara le mega ese voto {)Or una exigua mayona, y queda planteada la crisis ministerial completa.

El pueblo sigue agitado en las calles de P¡).rís;
la ola antisemític11 crece y se agiganta; pierde
importancia en la consideración de las multitu•
des la cues1ion de F11 shoda que ayer las exaltaba; se desvanece en la bruma el ruido de sus aspiraciones tumultuosas, y se siente por todas
partes la palpitación de una grim crisis.
¿Será acaso qur la rt•acción monárquica conthúa secretai:nente sus trabajos de zapa? ¿Será
que los enemigos de la República prosiguen en
la sombra sus labores reaccionarias? ¿Ha brá.n logrado las exaltaciones que prudujera el asunto
Dreyfus abrir un abismo entre los oandos revisionista y antirrevisionista, de tal manera que en
su exaltado patriotismo no er.cuentren algunos
otra solución que .la vuelta de la monarquía?
Quién sabe! pero es lo cierto que en estos momentos atraviesa la República Francesa por uno
de los períodos mAs peligrosc s que la han conmovido en las edades presentes.
Amenazada en el exterior de una guerra que
pudiera ser de terribles consecuencia6¡ sacudida
en el interior por aspiraciones opuestas y encontradas; divididos los buenos hijos de Francia por
el asunto Dreyfus, al que en realidad se le ha pro•
c_urado dar mucha mayor importancia que la que
tiene; separados los amantes de la gran patria
francesa en dos grupos, por la conc.e pción de la
idea de justicia en cuanto se refiere al infeliz excapitán tfue lleva cuat,o aftos de estar marcado
con el nefando estigma de traidor, necesita de
todo el esfuerzo, de toda la abnegación de los
verdaderos patriotas, para poder conjurar la tempestad que se desata.

***
Como han llegado muy adelante los procedimientos del gohiHno en el camino de la revisión
del proceso, es difícil que el nuevo ministerio retroceda en la ruta ya emprendida. Muy pronto la
Corte de Casación que ha ce determinar la validez ó invalidez de todos los procedimiantos, dará
su inapelable f,1Jlo; y cualquiera que sea el grupo
o el partido que se halle en el poder, radicale'!,
socialistas, republicanos ó mode!'ados, tendrán
que acatar ese fallo, á menos ue ech!lr por tie•
rra todo el edificio constitucional. Si la República sale avante en este conflicto, como nosotros
lo esperamos, porque tenemos Ié en la democracia francesa. porque creemos que no son eternas
las obnubilaciones se ciales, ni perpetuos los deslumbramiPntos, ni infinitas l11s obcecaciones; bi
sale triur.fante en estll vez la R1&gt;pública, habráse
asentado sobre bases inconmovib1es, y se presentará ante el mundo, no ya coronad-1. con rayos de
grandeza, sino con los inmortales resplanores da
la justicia.
Que se desaten l11s b11ndas de los antisemitas,
que ruja el motín y estalle la tormenta social: la
República, firme sobre sus bases de granito, barrerá. con la fuerza armada todos los elementos
de la revuelta, serenará el cielo, para tremolar
después el pendón tricolor sobre todos 103 franceses unidos y !uertes, en una sola aspiración: el
amor de la patria y el imperio de la justicia.

r

335

EL MUNDO

***

EL BAZAR DE CARIDAD

Pocos días antes de que se rindiera la asediada plaza de Santiago de Cuba, que no podía recibir auxilios de la Hab ana ni apoyo alguno por
parte de la destruida escuadra de Cervera, el gobierno espaftol estableció la previa censµra para
todos los periódicos, y se encargó de cumplir este acuerdo la autoridad militar de ctda población.
Siempre protestando por est11s tr11bas, pero vigilados constantemente por el gobierno, seguían
los pniódicos d_e la capital y de las provinci11s,
cumpliendo con esta determinación que no se derogó ni en el corto tiempo que duraron 'a biertas
las Cortes. A pesar de todas estas dificu ltades que
á cadll paso procuraban crear los órganos de las
min rfas, no había ocurrido ningún incidente notable.
En el momento menos espHado, un periódico
de oposición da á luz un ar1ículo que no había
pasado por el lápiz rojo del censor militlll'. El generlll Cbinchilla, Capitán General de Castilla la
Nueva y Ex:tremadura, S1;t'lpende el periódico y
pone preso á su director, á pes11r de su Cllrácter
de diputado á Cort&lt;'s: y be aquí como 111 cabo de
tres meS&lt;!S y por un incidente inesperado, la suspenbión de El Nacional y la prisión del ,eftor Figueroa, hlln venido á precipitar una crisis ministeri ll en K1paft&gt;1, anunciada desde hace mucho
tiempo, pronosticada principalmente por la Unión
Conservadora que preside el seilor Silvela, an ·
sioso de recoger la herencia de Sagasta.
El minis1r0 de Instrucción Pública, una de las
figuras más salientes en el partido liberal, el sefior Gamazo, que á muchos ruegos aceptó una
cartera f'n el gabinete de Sagasta 1 ha presentado
su dimisión; el general Chinchilla se ha retirado
de su puesto, antes de verse sacrificado por el
SP:ilor Gamazo; el General Correa, Ministro de la
Guerra, se aleja también del ministerio, y como
el incidente no ha sidc más que la Musa ocasio•
nal para poner en evidencia la fragilidad uel terreno en que se asienta el gabinete liberal, témese una crisis minis!erial completa, que en los momentos actuales, podría tener muy grav~s trascendencias.
L"S comisionados espailoles, que representan á
la Corona en las conferencias de París, encuentran c11da vez mayores dificult1:tdes en el desempeflo de sus funciones, porque á cada paso también tropiezan con las ex·gencias de los comisionados americanos, inflexibles en sus aspira•
ciones y que no retroceden ni se apartan una
línea de las instrucciones recibidas de Washington. Se ha llegado hasta anunciar la suspensión
de las conferencias, y sila esci3ión se acentuara, si
llegara á faltar al sefior Sagasta la confianza de
la Reina Regente, y si la crisis parcial del ministerio se generalizara, probable se"ía que el sucesor de Sagasta llegara basta cambiar las ins•
trucciones dadas á los comisionados de París, y
por la tanto interrumpir.las negociaciones de paz.

Hemos hablado en otra ocasión y la prenAa diaria
ha rPpetido la infm mación con cuantos detallas se ha
tPnido á mano, respecto dAl gran festival d11 caridad
que, para conm11morar el dla onomástico del Sr. Gral.
D. Porfirio Dl11z. l'I circulo da suA amigo&amp; ha dispuesto en este año comrJ pHrte de las fiestas qu11 se c11le•
bran en su honor LH que hoy se verifica en la Al11mArla eA digno complem ..ntv de las e'fectuadas el 14
y 15 dd próximo pasa•lo Septiembre.

***
Y mientras se suceden estos sacudimientos ministeriales, se percibe claramente un rumor de
descontento en toda la península. Ya no son la
agitación carlista ni el movimiento republicano
los que amenazan perturbar la paz; son los gremios industriales, los grupos de trabajadores, las
asociaciones mercantiles, todos los elementcs productores del país, que se i,ienten agobiadob,
los que hasta ahora manifiestar. de una manera
pacífica su inconformidad con la marcha general
de la política; y oprimidos ya por los tributos,
buscan de divers1,s modos una solución á. sus
angusti,,s.
El país que ha visto con resignación estcíca los
desastres de la guerra, que hasta ahora no ha formulado ninguna protesta por la pérdida de las
Antillas, en cuanto ~ignifica una desmembración
del territorio, acaso sienta la herida que dej11. en
los centros económicos la falta de mercados de
consumo á que se había acostumbrado la producción nacional con el régimen de los cuatro
sígl"s coloniales.
Tiempo es ya de que Espa:lla comience á restafiar su sangre derramada, á cicatrizar 1ms heridas y trabajar con toda la abnegación de sus
hijos en reconstruir todo el edificio que ha sacudido la pasada crisis, y reconcentrar todas sus energías, llamar en 11u socorro todas sus fuerzas vi vas,
para entrar de lleno en un periodo de regeneración.
·

X.X.X.
27 de Octubre de 11898.

JU NTA D'RRCTIVA DE SJi:ÑORAB.

La componen las distinguidas damas cnyos nombres d&gt;t.t..Os á continuación: Maria C. rle Liman tour,
Luz A. de Gonzáles Costo, Guarlalupe C. de &amp;~bollar,
Sofia O. de L mda. Guadalupe R de Cha vero. t:lisa
L. de U11m11cho, CHtalina C de Edcandón. Guadlllupe
E de Escandón, AngPla GonzálPZ dl'I Ituarte, Maria
L. dt&gt;1 Landa, Guad,.lupe C. de MiPr, Chtra M. d11 Mo•
rán, Refugio T de Rincón Gallardo y Luisa R R. de
Teresa.
COMISIONlilS.

De invitación General: Joeé W. de Landa y E3candón, Apolinar C11stillo y Gregorio Alda8oro.
Dti ornato y -distribución de puestos: Guillermo Valleto, Lic. Rosendo Pineda y Lic. Adalbnto A. Es•
tev11.
De recepción de objetos: doctor Eduardo Liceaga,
Francisco D. Barroso .V Juan rle Pérez G;ílv,.z.
De colocación de objeto.,: Ricardo Diener, Denio
Ollivier, José Sígnord. Eugenio Sivy. Florencio Cas111ñares. Luis Labadi11, Rector Labadie Agustln
Honnorat y Julián Jauffred
'
De rifa de objetos y dlRtribución: Francisco D. BarroAo Ramón Alcázar y Manuel Algara
De Banca: Sebast1án Camacho, José 'Landno, Romáu S de Lascurain, Franelsco Suinaga y Antonio
Riva y Echeverrla.
De concierto: L:c Alfredo Chavero, Lic. Arturo Pu
y José Rivaa.
De policia: Carlos Quaglla, Antonio Tovar y Tomás
Morán
La Comisión organizadora la forman D. Guillermo
de Landa y Escan&lt;ión, como Pre11ldente de ella, y los
Sres Alfredo Chavno y Guillermo Barron, VicepreEidentes
La Comisión de Programa la intPgran los Sre11. Gui·
llermo Vall~to, Telesfvro Garcia, Fra:1ci&amp;co D. BarroilO, Carlos Quaglia, José W. dA Landa y Edcandón,
Lic. Luis Labastida. Lic Ernesto Chavero, Lic Miguel
Sagaceta, Lic. Adalberto A Esteva, Apolinar Caotlllo
y L1c Arturo Paz.
El f11stival dl'I c11ridad comienza á las 10 A. ltl, y
terminará á la 1 P. E.
Los objetos que bondadosamente han cPdido las
damas d11 México para que su producto se destine á
obra de caridad serán rifados en la forma y condiciones que establezca la Comis,ón encargada de ella.
Quedó prohibido el uso de serpentinas y confetti
durante tll curso del festival.
El producto de la venta de objetos del Bazar será
distribuido Integro á !ns Asilos y EitR blecimientos de
Beneficenria. en la forma que acuerde la Juntll Directiva de Señoras, pues el "Circulo de Amigo~" expen¡¡ará todos los gastos que origine el festival.

Edad de las cata.ra.ta.s del Niága.ra..
Todo el mundo conoce las catáratas del NiAgara
esa inmensa casrada cuya incomparable bell, za 1t~rae
continuamente parvadas de turistas ávidos a11 gozar
de tan grandioso espectáculo y de solazarse b11jo el
gigantesco y diáfano capelo que forma el agua al precipitarse desde las altfsimas rocas.
Las catáratas del Niágara han inspirado á muchos
artiijtas. .v los Upices y los pinceles han reproducido
infinidad de veces esa maravilla de la naturaleza.
Mas no son tan sólo el arti~tico y el grandioso los únicos puntos de vista de11de los cuales se debe considerar todo primor de la madre tierra, sino tambléu el
punto de vista científico es tomado en consideración
y las investigaciones de esta índole, aplicH das á las bellezas del planeta, han revel11do muclias veces curioslAimos secretos de iapreciable importancia para el
perfeccionamiento de las ciencias naturales
Los eabios bánse ocupado siempre de tales estudios y últimament" uno de ellos, el profesor de geologia Spencer, dió en Brooklyn un11 confflrencia sobra la edad de l11s catarat!lS del Niá~ara, con gran
acopio de datos y de cAlculos que demuestra el extraor&lt;linario inte1 éd y la completa dedicación que el
ilustre profeso, consa1rró á su trabajo
El problema ha Vt'nido ocupando á mucbo3 grandes
cerebros desrle hace más de un siglo, y á él han de .
dicado mucho tiem¡.,o centenares de geólogos El primArO fué 11n• lngiéR, el Dr Fllier y fijó L edad del
Niágara f alls en 55 000 años Lyell, en 18 10, pretendía
qua dichas cat&amp;rlltlls se form11ron. tllles como laR conocemos, dc -dA hac~ 44 000 añf)@ \Voodward eu 1.a 6
reducía esta cifra aún á 12,000 años, y más r.-ciente'.
menta un sabio francés Gilbert, fijó, después de import1rntes y lsrgoij trabajos efectuados sobre el terreno. en setenta stglos la edad del NiAgara.
Baeándos11 sobre un principio nuev'J mucho más
preciso, á saber, el retrocesopr&lt;&gt;gresivo ó recesión del
suelo bajo el esfuerzo del agua. y después de haber
estudiado las diferentes fast'S de la formación del
rlo miRmo, lo que basta hoy no se habla hecho. el pro•
fesor Spencer ha llegado á lll conclusión de gue existe desde hace más de 32 000 años. pero qua las catarat11s no se formaron sino h1tsta diez siglos más tarde.
El sabio geólogo mencionado 11stima que las cataratas cuy a altura actual es de 128 metros, fuertemen.
te encauzadas entre rocas muy duras y resistentes
durarán todavla por cincuenta ó sesenta siglos en el'
mismo estado en que hoy las contemplamos.

�•
Domingo·ao de Octubre de 1898

Domi.ngo

EL MUNDO

3.:6

~

de C'::t1!bre dA 1RAA

EL MUNDO

---

r-

-----------

1

1

El Palacio del Emperador y el Lago Lotns.-PEKIN.

LA CRISIS EN EL CELESTE IMPERIO

f

✓.:;

Antes de los últimos sucesoB del Sudan y del re&lt;:rudecimiento de la agitación dreyfuEista, Pekín fué
el centro de la curiosidad europea
Tel&lt;'grama tras telegrama veni.a de la capital del
&lt;Jeleste Imperio anunciando ó bieu que el Emperador
habla muerto, ó que estabaconva esciente, ó que nunca se había sentido mejor.
·
Por último.se ha dicho con insistencia que el Emperador tiene no sé que enfe~medad orgánica y que
la Emperatriz viuda ejerce .,in opoeicióu el poder i!imitado que le permite la docilidad del sobe:ano.
Loa disturbios promovidos contra los extranjeros
han sido castigados duramente. pr(lcurando darle á
la represión de esos atentados un carácter de sensible escarmiente para los que aún soñaran con nuevas agresiones á los residentes europeos.
Todo esto y las leyrnda·s contradictorias y algunas
de ellas inverosimlies, que corrieron por la prensa,
desfigurando los hechoB reales de la última rAvolución palatina,-todo esto, decimos, indica la dificultad de conocer exactemente los sucesos diarios de un
país envuelto por una corte de intrigantes en una
niebla de la que sólo vemos surgir chispazos provo
cados por los manejos de los ministros europeos. ¿Qué
hay en el fondo de este caos"/

Por tercera vez toma la dirección de los negocios
de Estado del Imperio la Emperatriz viuda, tia del
soberano nominal, Los periódicos ingleses que consideran á Li-Hnng-Chang como un tnemigo de los intereses británicos, presentan á este Astil dista como
un conservador y creen eiue su intención en la coda
pública, seria preFagio de una era de e~taciona
miw1to, durante la cual t.&gt;da reforma es ab~olutamente imposible.
Por el contrario. el rival de Li-Hun~•Chang, KaogYou Mer, es para Jo¡¡ ingleses el tipo del hombre de
P~tado progresista y liberal, un Gladstone, en una
palabn..
Tanta importancia Je han atribuido á PStR. rivalidad Pntre Li Hung-Chang y Kang-You-Mer que el
D aili J,l,fai l llegó á pedir la moviiizarión de una flota
para impedir la vuelta de: primero al pode,·.

EL EMPERADOR Y LA EMPERATRIZ DE ALEMANIA
f.N LAS MANIOBRAS.

coynntura de esta histórica expedición para publicar
sus retratos de'mil maneras. diforentes.
El gmpo de nuestro grabado representa á los soberanos imperiales en el campo de las maniobras de
Westfalia.
Recordarán nuestros lectores el interé~ que dP~pertó en el ejército alemán el encueLtro de los do~ cuerpos militares que con un efectivo de 100 000 nombres, hicieron marchas y contra-m~rchas, movimientos e~tratégicos y bivaquearon, simuiando todas las
condiciones de una campaña.
La presencia del Emperador dió á las fuerzas un
gran entusiasmo que contribuyó de una manera evidente á los magníficos rAsultadoi! de las maniobras,
en los que aqu"11a formidable máquina de guerra puso de manifiesto la PXcelente or~anización y la11 demás cualidades del ejército alemán.
Aunque en un sentido rigurosamP.nte cronológico
parezca extemporánea la publicación de este grabado, no lo creemos asi; pues como llevamo; dicho, hoy
es la imperial pareja objeto de universal curiosidad.
y no hemos querido que falte en nuestra colección el
retrato ecuestre de la Emperatriz haoiAndo tlado en
edición anterior 111 que representa á Guillermo TI en
su traje de moderno peregrino á los Santos Lugares.

Guillermo TI y su esposa son las figuras del dia
Los periódicos del mundo entero hablan de ellos y de
su peregrinación á la Tierra Santa, aprovechando la

✓

....,,,..f'-r•

~ ~~

),.::.::====:::=;;;;;;;;::~·

Q\~.f'/ ---~ ~

r ~v ~\~~

ry~~)f
[·

Maña Lozano de Landa.
Clara Mariscal de Morán.
Maria Luisa R. R. de Teresa

Guadalupe R. de Cha.vero.
Refugio Terreros de Rincón
Gallardo.
·

Ellsa Lynch de Ca.macho.
.Ma.r1a Callas de Ltmantour.

Sofla 0sio de Landa.

Luz Acosta de Oon~lez Clos1o.
Guadalupe E. de Escandón.

Guad \\upe r.ordero de Rebollu.
Angela. G. Buch de Ituartt,.
Ca.tal!La Cuevas de Escan&lt;lón.

El Templo del Cielo.

Ruinas del Palacio de Verano del!ltrnido por los aliados
en la guerra de 1860,

�Domingo 30 de Octubre de 1898.

EL MUNDO

338

nnmln1ro 30 de Octubre de 189/l,

'll~}tt

\

,

fll!lWa

h;!

ªª"ª· ªº

C'RISTOBAL COL ON
I NMORTALIZADO P 1) R EL flfllSCUBRD!IEN·
TO IJEL NUE VO MUNDO
CUANDO C Ai.V I E l&gt;TA BA BAJO LA
DOJl!ÍNACIÓN G ENOVEISA.
M URIÓ EN VALLADOLJD EL 20 DE
MAYO DE

1506.

¿Qu é habrán 11icho de Asto Genova,
Noni, Savona, 1''1uale, Oue!!Jia, Bo¡,rliH~co, · Albiwlla y lat1 otru cunas de
CtJló11?

NOTAS
Las epidf'mias me ralP11, . co~o las
ot,ab t'pidemias, duran algun tiempo
y c1,ando hau asolado un ¡,als, pas&amp;n á
t,ll'0,

.

Thiei·s.

* *en un hombre sus
pueblo encarna

El
e~veranZad, sus pabiOll68 y SUB BUt'ñOs.

Masc,d.

Za mujer aaúlfera-

La enseñal!Za superior de las mni eres en Inglaterra.

No se gobierna ***
con afectos.

L uis XVIII.
"Qui est sine peccato........."

Pº"'ª

Jesús.

***
Las enfermedRdl.'s que

matan á un
pueblo no 1,011 aquellas de las que se
queja, sino l11s que tanto lo halagan
4ue uo quiere curarse de ell.. s.

Este g-rupo escultórico es obra del
artista Sr. Rodolfo Bernardelli, autor
de la estatu&gt;1 dP. D. Pedro de Braganza. erig-lda l'n Rio de Janeiro.
L11. obra que publicamoR, cuyo mérito fué recouocido en el certamen inter•
nacional di, Chicago, es un. de las
mejorAR del Sr Bernardelli.
La fotografia de donde tomamos
nuestro gra bRdo. fué galantPm11nte obsequiBdaA la Redacción dé ••El Mundo"
por el inteli¡rente literato Sr. D. JoRé
de la Vega Serrano, qui"n inspirAndose en la crPación artística de Bnnar•
delli, !'Scribió el soneto que en seguida
reproducimos gustosos:

Berthelot.
*

*
Un amor que ha* expP.rimentado
, et'S c1.mo un rostr , 1ifeado por la vi•
ruela.

1011

•**puede hacerse tc,De un vieio amor
do, ha.ta un uuevo amor; mas nunca
una aru1st1&lt;d.
Bourget.

•*• 1 -Es todo Jo que
Sa honrado y deb
se nece.ita para ser in6trumento de
lob bribones.

Valtour.

..**
PariP, la ciudad ael

SONETO.
A FE:LIX BltRNARDllLLI

LA MUJER ADULTERA
"Qui est sine peccato.................."J es,ís.

P.lacer, es ante
todo la ciudad del trabaJo.

•

Gondeau.

Jesús. el de la ·voz llena de encant~,
el de palabra dulce y atrevida,
el que á dar vino al hombre nueva vida
y á consolar con su evaníelio santo,
se detuvo al oír qul'jas y llanto
de una mujer, del puehlo perseguida,
que echándose á sus piés, arrepentida,
se escondió entre los pliegue~ de su manto.
El Hombre-DioR, entouces, magestuoso,
con airado semblante y ge•to duro
que á la compacta. multitu.d arredra,
Pxtendiendo su brRZO milagroso
dijo al pueblo: "Quien se h(ll.le limpio y p uro,

ése que arroje la primera piedra

Octubre 12 de 1898.
JOSÉ DE LA VEGA SERRANO,

--------.---------

Casi todas iaR mujeres ingleRas que han estudiado
en las Univerddades de aque paiR, han ol-itenidoem,
pleos en la enseñanza pública. En los E~tados Uni·
dos no pas 9 lo mismo, pues la mayoria de las mujeres
que han cursado en los colegios de enseñanza supe•
rior son bibliotecarias, taquigrafas, periodiRtas, mé·
dicás, ayudantes de hospital. actrices, astrónomos ó
agentes de seguros ó de cambio ..
Las estadísticas de las que tomamos estoR apuntes,
no se refieren naturalmente, sino á las mujeres que
estudian para lucrar con su carrerll intelectual: las
que porneceqidad ó por amor á la vida indepPndien·
te buscan empleo á. su activiad en labores que les
producen lo necesario 'flara sostenerse y sostener á
sus padres y á sus hermanos.
Pero hay indudablemente "tras muchas qufl cur an
los estudios superiores, en parte por seguir la moda y
en parte. por dar á su espiritu una elevada cultura,
que brille en la sociedad, á la par que su belleza y su
eJpg·ancía
Para este grupo, la educación es un adorno. Buscan en l'lla ¡,. suprema distinción que constituye los
acornplishrnents obligados de una young lady de alta
sociedad, tales como sports. múdica, idiowas. En
esos casos, la ensl'ñ•t:za superior es una de las cosas
superfluas, que son para otrR s tnujeres las más nece•
sarias; sin embargo, i? qufl hov es superfluo,. puede
litigar mañana á considerarse como un precioso recurso con el cual sea fácil conservar una posición
que J~~ adveraidades hubieran desbarjl,tado para.
si•~mpre.

¿Cuál es la patria de Colón?

*.*

El movimiento q•te impul$a A111.q_mnjereR ~ segui_r
la enseñann eup.,rior data d•l primer terc1~ del. ~1glo. Como siempre que se trata de una mod1f1~ac1on

Aqui nació en 1441

tidos á los exámenes más elevados de
la Universidad, que sirven para r eci•
bir grados y honores; pero á dlfn°ncia de los hombres que pueden !111v11r
agregado á su nombre la" ll'tras B A
(Bachiller en ArteP) las muieres sólo
reciben un certific.. do que no !As con•
fiere ni&lt;11!'ÚD titulo. Por mii e sfunzo
que han hecho no se leR permite llevar
)11. toga universititria ni las insignias
de los g1·ados.
¿Por qué existe esta anomalía? SA
comprende t nto mAnos cuan.o que en
la Univerdidad de Lon&lt;lres ha~e vein ·
te años que no se e,tablece diferencia
11ntre les candidatos de ·amhos sexos
~n un pllfs en que las muieres no capad•s ó viudas que llenan ciertas C"!'·
dicionf'~. pueden Per electoras y aun
elegibles para inte¡?rRr los consPj1Js lo•
cales de administración de las t111cue•
las, es muy curioso que las rorpora •
cinnes dP. las Univer.idadf's dP Cam •
bridge v Oxford, opongan, sin otra rá·
zón que la rutina. tradicional. un ohR·
táculo t&gt;1n grande á la. marcha del fd.
minismo.

·
tes - á este t!Íulo; á
cbfn par~ los 1a':t/1~anGi rton ~ l Colegio y
poco se ranF
r importancia deter•
al.desarrollarse.y t~!Ñ, wuham Coll~ge cu·
mrnó la f~!1dac1ón f1.. á Miss U1ou¡¡h una de
va direcc1on se con º
• . .. d
dP. la nut'va enH•nauza.
ias m1c1a o~d~dde Ntwnbam fue tau gra1 de
q~: ~r~JtT;uo est11 blt•c1m1eni~ eFtt
1
\
en tres: Old Hall, füdw ck y oug
d . de
.
o de las pensioo1,tas uo PXCtl e
' .
n31mer u edad varia mucho: se necesita una
•
\1 ..,.
1~0 y s a especial para ingr11Par linte, de. l~s
X(
d1spPm
d 30
den v1v1r
18 años: las que ¡.,asa_n ~
en Cam ·
1
f era como las que nent
d
1.
\V
b~fdge. Gozan de ~rna gran liber1ad/ueÍ.1 ¡~
¡
las horas de estudio_. p~es 11u~rra: sc~De~e~6 cierra á las 6 en 1Uv1erno) .
á las 11
uedPD entrar !11s pf'nsio~1stas
.
1. no
~
recibido alguna invitación ~e la cm·
dlad. Cada una de' llas til'D6 cuar.to mdl'pf'D•
diente, pudiendo decorarlo segun su gusto
perPonal.
· se repar•
El tiempo consagrado" 1 t ra b FJO
3
odo: dti 9 á 12 y mPd,a: de la, y
~e~?aes¡~:i: 6 y dt&gt; _la~ 8 á las.10 Sin t mbar
go no es obligatorw Pl estudio en todo es/~
tie~po pues aparte de las .hor~s di e con! e:
'
renc1a o c
pemionist11s pued~n
bacerloquemás ,me- Alumna de primer año.
Colegio de N orth Hall.
ran.
11 1 b ••
DePpués de la comida se abren 1os !! u s
profunda de las costumbres y s~b"E; t?de los cuales alguL0I! ~on muy 6BJ?ec1ale¡; y
do de las preocupaciones. al pr~nc1p10
tiPnPn noca~ aPo• iad~s. coro_? por eJemplo, la
apenas pudo comprenderse la 1mpo~Brvwning Socúty, cuyo o_bJeto es co~PlJta~.
que babia de tomar el mov1•
las obrab del
Brownmg Otros c_lubs
En las condícion11s de la vida moderna P.S 1t vecPs tancia
miento.
son más concurrirlos: la Sociedad Musi~al Y
forZ'lPO parll la mujerproporcion. rsP rPcursos d&lt;1 sub·
11
El
año
de
lfl48
Re
fundó
Queens
Cola /:Jociedad de Debates en la que se d1scusistl'ncia y aún 1011 que n ..cesit&gt;t. Pi hogar en ando el
la primera institución d~ alt_a
t1-1n c,1 11.•tionPR literarias. de arte y moral.
trabRjo del hombre n_o produce I_o bR.Rtant11. Entonces llege"
enseñanza
para
muj11res.
F,l
ano
Sl·
El Polilical Club es una verda~era asamblel\
la mujer se ve sometida á tralJa7os forzados.
guiente
se
abrió
"Redford
College"
y
arlsmt1ntaria, en la 4ue domma Yª. el elePero esta carga pued,· aligerarse, á medida que no paRaron las cosas de alli. ha~Ja
tl'nto liberal. ya PI consf'rvad.:&gt;r. Recibe las
cultive su inteligencia y ejercit, sus habilidades roa• 1867
EPta
6R
la
fP.cha
de
la
formac1on
noticfas del d a, directsmPn.t~: ,v las conoce
nuales.
North of England G_ouncil aso.ciaanti'&amp; de que ~algan los per1od1.cos. Las seLos trabsjos mf\R penoRos son los menos remunera.• del
ón que tenia. por obJeto orgamzar
Piones no pon de lo más tranqm!o: pues las
dos Es una verdad incoutrovertible que laM tareas ci
cursos superiores para las mujeres en
·óvenes ladies no tien_en que en".'1drnrles naen las que et sér humanohaceintervenirsuinteligen- todas
las grandes ciudarlPs. Bajo la in~a de su pasión poliuca á los m1embrns más
cla y una afición apasionada. se estiman yª" remune• fluencia
áe esta sociedu d la Universifog-osos de la Cámara de los Com~ne~ . .
ran más ampliamente que los trabajos qne sólo de• dad de Cambridge
admitió á las mujeUna vez por seman'\ las pens10mstas se,
m11ndan penosos esfuerzos musculares y el sudor co- res á rP.cibir P.! titulo
de PStndios s 1pereunen para bai•
pioso del siervo.
higher local examinations
Jar, v aunque no
No cesaremos, pues, de. ~ncarecer_á las m~jerP~ )a riores
En 1868 se abrió un colegio en Hithav·hombres en la
importancia de .ta educ~mon y d~ ~a.mstrucc1on ut1l,
nunión ee diviH·
es decir cientiflca, háb1L1entedmg1das, pues son los
ten grandemente.
medios po&lt;lerosoR con cuyo auxilio consf'guirán abrir•
A las diez de la
se un camino fácil á travéa de los obstáculos que denoche se apagan
tienen á tantos hombres incapaces de llegar á la meta de sus aspiraciones.
las luces. pero no
duerme el colegio.
Alumna de segundo afio.
Ei! la hora de las
r eu nion es inti·
maP: hasta las once se visitan unas A otras, platican, toman
té. tocan y cantan. Si quieren prolon14arhla
tertulia dPspués d11 las once. pueden acerlo, con la condición de no turbar el sutño
dP. las que duermen.
.
Tal es la vida ordinaria. VHl~da por los
matches de tennis entre dos coll'g1os, las con_·
ferencias, los meetings. los conciertos los ba1
¡ 68 d11 fantasía improvisados, los Kettledrums
presididos por las profesoras y á 1".ª que P.e
invita á las estudiantes de los colegios vecinos.
.
El domiogo cada pens'.onista hace s11s e1ercicios piadosas c, mo lo cree conv_eniente, Y
aún puede a~tsenerse de ellos. La hbertad religiosa es tal. que muchos acusa1;1~ Newnbam
Colleg-e de Rer un foco de agnost1c1~mo y ba,ta de incredulidad.
El cnrso completo de los "'Studios dura tres
Colegio de CJlough Hall.
años. Desde 11S!ll las estudiantes son admi· Alumna que ha recibido diploma.

UOLEGIO DE CJLOUGH H,t,LL.-Refectorio para las grandes reuniones

..,
1

Siete ciudades se disputaban la gloria de hkb er vis•
to nacerá Homero. Más son las que prP.tendeu ser cuna de Cristóbal Colón, cuyo descendiente el Duque d_t1
Veragua ha tomado tanta parte en reclamar las cem·
zas del descubridor de América á los vencedores de
Santiago.
Génova 1 Pradello Finale, Oneglia, Norvi, Savona,
Albissola, Bogliasc¿, Cogoleto y di~z. lugarts más,
pretendeó cada uno tener tltulos suf1cient1::s en.apoyo
de su opinión.
Los corsos, por su parte creen que ~olón ~d su compatriota y le asignan como cuna Calvt, ~ama de Napoleón I. Esta opinión pa"ece haber temdo mur ~ot~bles adhsrentes, pues el Pre&gt;idente de la Repub l1ca
Fraacesa, M Grevy, firmó el 6 de Agosto de 1882 el
siguiente decreto:
\rtlculo 1 ° Se aprueba la ereccit'&gt;n de una estatua
de Cristóbal Colón en la Plaza de Cal vi (Córcega), por
medio de subscrición pública.
Articulo 2.º El Ministro del Interior queda:·á encar•
gado de la ejecucióu de este decreto.
No hnbo fondos para la estatua ó bien los habitan·
tes de Cal vi creyeron que I arasatisfa,3er su amor propio local, bastaba una placa conmemorativa. El hecho
es que no se erigió la estatua, celebrAnaoRe en cambio, grandes f:estas en Calvi el año de 1886.
En el curso de esas fiestas se colocó en la calle de
Colombo y en el muro de la casa que se su ponla haber
sido la del navegante, una placa que decla as!:

El Emperador y la Emperatriz de A..lemauia, en el campo de las maniobras.

�Domln¡ro 30 de Octubrf'I df'I 1898.
Domingo 30 de Octubre de 1898,

EL MUNDO

340

DEL

LAS COMISIONES DE LA PAZ HISPANO-AMERICANA
L ..s Comisiones de la paz hispano americi.na se
componen de diez rnln11b1 os. ~e. presidente de la
eap11ñola el Sr. 1Viomero Rlos, uno de los ministros reform11dorea de 1868. Duraute la Adminiotrac1óo de
Amadeo desempt-ñó la cartera de Justicia. Tomó parte activa en la reforma de lo., Códig11s españoles Pe·
nal y de Prccedimieotos. Tiene setenta Pños y es actualmente Presidente del Senado Español. Los otros
comisionados españoles son: Aba\'zuza, hombre de se·
senta años, e1ucado en Inglatf'rra y grHu conocedor
de la leugua int('lesa: ha sido Ministro de España en
Francia y Ministro de las Colonias en una de las Administraciones de Sagasta; Garnica. Magistrado de la
Corte de Ca,iación y Diputado por Santander; Villaurrutia, antiguo Consejero de la Embajada de E-paña
en Paris y actualmente Minist,ro en Btus~las; el General Cerero, del arma de artHleria, director de la defensa de laa corta,i de España.. El Sr. Ojeda. Mini8iro
de España en Tá11ger. es el Secretario de la Comisión
Española
La de los Estados Unidos tiene por Presidente á Mr.
Cu~bmann Kellog Day, smi¡¡:o intimo y br11zo dti Mr.
McKioley; últimamente era Ministro dd Of'pHrtamento de Estado. Lo actmpai,an: Mr. Whit~lt w Reld. f'X•
Embajador f'n París, uirector pr&lt;,piet11rio de la Tribu·
na de Nueva York, escritor de mflrito y orador fogoso; Mr. Da.vis, Presidente df'I la Com!Fíón de Relsciones :J::xteri ores del Senado; Mr. Frye, Senador por Mai-

341

EL MUNDO

digno de su alta representadón internaoional! sino
que les prop~rcíona t1das. l~s comodidades po_nbles.
.J&lt;.:ntre otras tienen los com1s10nados un esplén~1do buffet en la gran galería donde celebran sus ses10nes.

ne. PX alcalde de Lewiston y ex-Presidente pro tw1,pore del Seuado; Mr. Gray, S&lt;&gt;nador por De1..waer Y
aotigno Srcretario de Estad{).
.
Lo~ comibionados americanos tienen por Secretariu á Mr Jobo Moo,e, autor da una obra de Derecho
íuternacional, y los asesoran el Coma~daote B!·ad·
ford, Consejoro ni. val y el General Merritt, const'Jero
militar.
Las comisiones tienen á m disposición los de~arta•
meo toa de la planta baja del Mioi!Wrio de Relac10nes
Elderiores del Gobierno francéo; á saber, t:I gran s.a•
Jóo, la g'llería de recepciones y el comedor. El Mln~stro francés se reservó únicamente el salón de EmbaJa•
dores.
t
Perfecta ha sido la galanterla fraoc_e~a en es.a oca
sión, pues no sólo ha dado á los com1s1ones un local

En el Cuadrante.
•

J. de GARNIGA

/

~~
*

-Céntra) R. GERE!lO

DIURNAL

Sombra y humedad. Bajo las tarimas podridas
1uga de escarabajos y roer de ratones.
En las viejas banc11s de labrado pino,doblados
cortinajes de terciopelo marchito con goterones
·d e cera.
En torno libreros negros con apretad os infolios encuadernados en gamuza.
Luchan en la triste oficina, la bocanada de humo de incienso qi..e viene de la
iglesia con el olor del agua jabonosa que
se entra del patiecillo donde una lavan .
dera flagela entre risas y canciones sus
húmedos trapos.
Y ante un bufete color de ataúd, colmado de expedie1,tes amarillos y de polvosos registros y roídos periódicos, tintero de cohre, cazoleta con municiones
y mar mllja; candelero herrumbroso con
11n cabo de cirio y carpeta de cuero ....
Caladas las gafas verdes; el cráneo su-cio sembrado de rojizos pelos; el ojo la-criméantc; varicosa la nariz; razo,rado el
b elfo; to~iendo y arrojando humo de cigarro por la boca desdent11da; con mano
huesosa, ademán lento, arqueadas las cejas, chirriante la pluma de ave, el notario de la Parroquia llsientll con escritura de
Torío las actas de bautismo, matrimonio
y defunción.
Enmudece P.l órgano en el templo, Jan.za u n quejido de gig¡mte moribundo el
poderoso oficloide; rueda la campanilla
del mon11go por la escalinata del presbiterio; suenan las muletas de la últimit
beata, y al desvestirse el Cura en la sacr istía, alterna su voz senil con la alga.zar a de los monaguillos, y el reloj de
pesas tintinea su música de campanillas.

El olor de la cera quemada se mezcla al de las
resinas y á la emanación cadavérica de las flores
p odridas en. los turbios vasos.
Y el notario tosiendo, carraspeando, busca en
las fojas del infolio salpicadas de arenilla, no·m-

bres y fechas; el gato arafta 1:1us ,pantuflas y él se
deja.
La página de ese libro con sus razones de la
misma extensión, equidist,mtes, uniformes, se me
antoja los lotes simétricos y numerados de un
cementerio: en esa fosa un nino, en la siguiente
un matrimonio, en la vecina un padre de fa·
milia.
Esos tres episodios supremos: el nacer, el amar,
el morir .... registrados con formulario inexpresivo en volúmenes polvoso1, recios, taladrados
por la polilla, sellados por la araila.
El inefable ensueilo de mis anhelos en veinte
líneas; la desgarradora tragedia de mi madre, en
veinte líneas; la ·alegría del nif!o limpio del pecado original, envuelto en pailales, llevado 111 templo en brazos del amor, en veinte líneas.
No es verdad,que la tumba nos iguale y valgamos en muriendo, el mismo puñado de polvo, el prócer y el escribiente
de Juzgado; queda la vanidad póstuma de las lápidas y maus0Jeos, y hay
quienes fenecen garantizando el más
allá con una póliza de seguros de ultratumba: bulas, indu:gencias, absoluciones, misas, sufragios y responsos.
Iguales todos somos en ese libro fo.
rrado de becerro duro y tosco para
que resista las injurias del tiempo,
copioso inventario de vidas y de muertes numeradas, sin orden de catP.gorías:
arriba un finado ilustre, abajo un infante que será un asesino.

MroRós.

W. Z. de YJLLAIJRRUTIA.

E,L,,
A la luz de una bujía, inclinados sobre el lecho
amplio, conteniendo el aliento, contemplan todos
á un diminuto envoltorio de paftales del que surge como un capullo amoratado la cabeza de uu
r ecién nacido.
Comentarios: la matrona de lentes (cuatro diopt rios negativos,) le augura una salud ejemplar; la
abuela le encuentra pa-rec:do con su difunto esposo; los chicos observan que las ma:necitas hechas ovillo, ~in tacto, esbozando actitudes de

Whltelaw Reld.

Gray.

Moore, Secretarlo.

Day, Presidente
de la comisión americana.

Frye.

Davls.

F RIMOOENITO.

aral'lazo y quites pugilísticos son más pequeilas que :as del rorro de porcelana; y el padre se
impacienta y se entristece porque lo llama, lo
acaricia, le mueve el labio y no comprende en
sus ojos de opacidad azulosa ni una sola mirada
de ternura ¡no Jo conoce todavía!
Quiere tomarro en b razos y teme lastimarlo; le
prohiben que lo toque; le predicen que quien comienza con tales extremos será un padre consentidor y eso es fatal para la familia.
-Otro rato, un
ratito así nada más,
dejen que lo mire,
el último b.iso ....
Y lo aspira como
al perfume de una
rosa; el olor lacteo
del muñe'co lo encanta y sus v isajes lo arroban: parece diglutir manjares imaginarios;
frunce la frente; di1 ata 1as narices
liliputienses y bosteza con el más có•
mico, risible y minúsculo de los bostezos.
Cufíaaa! t o d o s
gritan 1 o mismo,
cual los gatitos tiernos y el padre se
desespera de mirarlo así, fajado, horizontal,como un fardo en una cuenca
de preciosos paila:les.

Van á baf!arlo y los hombres estorban para esa operación y ademas lo marean con el cigarro: fuera!
El papá se refugia en el estudio y con la cabeza entre ambas manos piensa en ese ser feo aún
- á él le parece encanti.dor-en ese ser como
provisional, sin mirada, sin olfato, sin voz, movido apenas por el mandato del instinto y sometido inconscientemente á las leyes de algunos pocos animales.
Lee á Edmundo de Amicis, lee la Higiene de
la Infancia, y cerciorado de que todas las puertas están cerradas, súbitamente se desnuda al
pensar que cuando lo tocó estaba caliente ¡si le
dará meningitis!
Cuando propone que le pongan el termómetro
y llamen al médico, se ríe la comadrona en sus
barbas y Je asegura que el genio más genio pero
padre prirnerizo; sabe menos de muchachos que
una chicuela de ctilegio.
Y el primerizo evocA los escaparates de las jugueterías ¡qué espadas! ¡qué tambores! ¡qué cajas de soldados! ¡qué velocípedos! Pero si apenas
tiene ciento veinte horas justus de ver la luz y la
luz artüicial, porque nació á las tres y cuarenta
minutos dos segundos del día 4 de Mayo, miércoles!
-Pero es él•quien tose? El croup suele ....
¡Y ese aprensivo que así se mortificaba es
médico cirujano y especialista colosal y de fama hasta eu ropea en las enfermedades de los
niiios!
MIORÓS.

�342

Siempre había ella soñado con ser la mujer de un
poeta!. ..... Pero el destino i~placable. ~n. vez de a
existencia romántica y febnl que ambicionaba, le
conc.. dió una dicha tranquila casándola con un ricQ
de A uteuil, que vi vla d~ sus rentas, de carac~e~ dulce
y pacifico, aunque vtPJO par~ ella, y cuya_ umca pa·
sion. absolutamente inofensiva y t, anqmla, era la
horticultura.
El buen hombre pasaha el tiempo con la podadera
en la mano. cuidando y limpiando una magnifica colección de rosales, calentando el invernadero ó regando las cestas, y por vida mi a. los lectores convendrán,
en que to •o ello no era 111imento
bastante para un corazoncito hambriento de algo ideal. No obstante,
durante ditz años su vida fué recta
y uniforme c mo las calles finamente enarenadas del jardln de su marido, y asi Ja continuaba á pases
contado~, eP.cuchando con fastidio
resignado, el seco y estridente ruido de lae tijPras siempre en movimiento, ó la lluvia iufinita y monótona que c11la de los pequeños agujeroR de l11s rt&gt;gaderai- ~obre las
frondosas plantas. Aqu.-1 furibundo
hortic&lt;1ltor, tenla par a con su mujer el mismo cuidado meticuloso que
con sus flore~. Media el frio y el calor Pn su salón lleno de ramillett&gt;s:
tPmia para elrn tanto las he ladas de
Noviembre como los solPs de Marzc&gt;,
y como á esas plantas que se mettn
y se saci..n en época determinada, la
hacia vivir metódicamente con los
ojos fijos en el barómetro y en las
var aciones de la luna.
Asi pe1 maneció mucho tiempo Pntre las cuatro paredes del jardin
conyugal, inocente com"u~a c\emat,de; pero con fuertes aspiraciones
hacia otros jardines, menos regulares, menos tr1rnquilos. en los que las
rama11 de los , osalee creciesen todas
4 un tiempo, en los que las hierbas
fuesen más co, pulentas que los árbo1.-s y esiuvit'sen cargadas de fantásticas y desconocidas fh,res, Ubres y
bajo más ardiente sol. Esos jardines 110 se encuentran más que en
los libros de los poetas, así es que
ella leía muchos versos á excusas
del jardinero. que en achaques de
poesía no estaba al tanto más que
de los dlsticos de1 a manaqu1::
Quand il pleut á la Saint Médar&lt;i,
L pleut quaraote jours plus tard.
Sin elección, con la mayc.r avidez,
la desdichada devonba ios más malos poemas, con tal que en ello~ encontrase consonantes á "amor" y
"pasión," luego cerraba el libro, pasaba horas enteras en soñar y suspirar, exclamando al fin· "he aqui el
marido que yo necesitaba,"
Todo esto habrf., quedado por
1 iempre reducido á vagas a11piraciones. si en el room• nto terrible de los
treinta años, que es la ed11d decisiva para la hermosura del dla. ne hubiese encontrado en 11u camino al
irresistible Amaury.
A maury es un poeta de salón, uno
de tantos exhaltados con frac negro
v guantee ¡rrls perla, que entre las
iiiez y l»s doce de la noche van á
las teit ulias á referir sus éxtasis de
amor, @us desesperaciones, sus embriaguAces, melancólicamente apoyados en las chimeneas ó en ~lgún
otro mueble, mientras que las mujeres en traje de baile formadas en
circulo escuchan ocultándose tras
de sus abani,·os.
El tal poeta puede pasar por el ideal del género.
Cabeza de remendón fatal, hunJidos los ojos, el color
pajizo. se p, ina á la rusa y se alisa el cq bello con pomada húngara. Es uno de los desesperados de la vida
como los amito la11 damas, siempre vestidos á la ú ltima
moda, un lhico congelado. en el que solo 11e adivina
el de@órdt&gt;n de la inspiración, por el nudil flojo de su
corbata puesta con negligencia. Indispensable es
presenciar su éxito. cuando con estridPnte voz, rPcita l,na parte de su poema. El Credo del Amor sobre
todo aquella parte q 11e termina con este admir-ble
verso:

Domtngo 30 de Octubre de 1898

EL MUNDO

quedó vencida, Fólo que coiho en el fondo de aquella
existencia elegiaca, habla a1gún fondo de hoaradez Y
orgullo, no qul,;o cometer un'l falta mt&gt;zquina Ad~m11s, el poeta declaraba en su Oredo que no comprend,a
más que uua ti~pecie de aaulterio, el que marc~a con
111. cabeza alta, d~eafiando á la ley y á la soCJ~dad.
Tomando pue, ¡:,or guia el Credo del Amor, la Joven
tlSpu~a BA evadió bruscamente aet jardt11 dti AutPu!l,
y attarrojó E'n brazos dfl su poeta• •"No put&gt;do, 111 d1Jo .
vhir cou ese hombre, Lévame contigo. 11 -En casos t!tl·
Illt'jalitPs, t'I ma-ido se llama siempre, ".:se hombre"
ha11ta caando es un iardiuero.

Jas continuas alertas. tod_as esas cosas que alimentaban ~u pasión, desaparecieron y ella c_omenzó á comprender, oirando más cla!º• y á c&amp;d!)-, mstante en J~
inH•lación Je su pequena babitac1on, eu e@os mil
pormenores caseros de la vida di!)-ria que se dabamásá conocer el hombre con quien vrvl~Lo poc~ qutt. habla en ~l de sent1m1entos ge~erosos,
hnoicos o delicados Jo d1luia en sus ver, os, sm g~ardar na.da para su consumo personal. Era !°ezq~mo,
eg-oista. y sobre todo lo ql}e el amor no _pe dona. leproso Además se habla rasurado el bigote y aquel
di~fra z le sentaba muy mal. Qut\ difereucia. c~and_o
entre dos candelabros le oyo recitar su Credo y tenla el bigote rizado
y sedoso En el encierro forzitdo que
~i
por ella se había impuesto dió rien!
da suelta á todaH sus manlas, de la.
que Ja ma:vor era creerse siempre
eufe1 mu. En fuerza de fingirse tlsi •
1
co, el que tal hace lle!?'&amp; á eren que
Jo está realmente. El poeta Amaury
tomaba mil medicinas, se envolvla.
1
en papel Fallard y siempre teuia. lle.j
na la chiminea de botellas y d -' poli
vos. Durante algún tiempo su compañera. tomó á lo serio su papt'l de
He1mana de la Caridad; la abnegación daba al menos una excusa á su
falta, un objeto á su vida. Pero
pronto se cansó y á rn pes r en la
pieza sofoc..nte en que el poeta se
envolvía en franelas, pensaba en el
jardincito perfumado, y el buen jardinero visto de frjos entre sus plantas y sus Cl'etos Je parecla bu ..no,
sencillo y desinteres11do, tanto ce mo
era el otro exigente, egoísta y ....
Al cabo de un mes amaba á su
marido, le amaba realmente_. no cou
el afecto de la costumbre, sino converdadero cariño. Apasionada y
arrepentida le escribió un dla una
larga carta de la que no recibió r~spuesta quizá el iardinerocreyóque
no e~t~ba aún bastante castigada.
Pero de nuevo envió carta trlls de
carta, suplicó, se humilló para volver á su lado, ·asegurando que me•
jo!' querla la muerte, que continuar
viviendo con aquel hombre. Había.
llegado al amante su turno paraqu"
se le llamase, ese hombre. siendo lo
raro que se ocultase de él rara t&gt;s·
cribir, poi que aún creia al poeta
enomorado y temía su exaltación.
"Jamás me dejará partir." añadía.
Cuando á fuerza de súplicaP logró obtener su perdón y que el jardinero consintiera en recibirla, creemos habn dicho que el ma.ri~o era.
todo un filósofo su vuelta al tt&gt;cho
conyugal tuvo todas las peripecias
misteriosas y dramáticas de una fu¡ra: hizo que el buen jardinero la robase. Tal fué su
último goce de culpablf'. Una noche que el poeta &lt;:anPado de la vida á duo, fué á. recitar ante el mundo su
Credo d,l Amor, ella saltó á un fiacre, en el qu11 la PB•
p,ra.ba su viejo eppose en la extremidad de la calle,
y asi fué crmo volvió al jardincito de Anteuil, cura•
da para Piempre de su deseo de ser mujer de un poeta ...... Verdad es, que aquel poeta ...... v ..lia muy
poca cosa ..... .
A. DAUDET,

Dnmtne-r SO dr OctubrA tle ll&lt;!b-,

EL MUNDO

0

.
l

Amau.-y tuvo un
momento dl'I ePtupor.
,.Cómo diablos podi!l
imaginarse, que una
mujer de treinta añ(ls
podfa tomar por lo
~erio un po ..ma amorosol' No obstante,
contra mala fortuna,
b11en corazón. y como
en el bien abrig11do
jardincito deAnteuil,
la dama aquella se
habla con e e rv ad o
he1mosa v fresca se
la llevó sin murmurar. Los primeros días
fueron encantadores,
y como se temi n
!Bs persecusiones del
marido. fué preciso
ocultarRA bajo nombrt&gt;~ suoueRtos, cambiar de trajes, habitar 10s barrios inveroslmiles y no tilmar más
qut&gt; los ferrocarr-les de •:in tura En la noche sallan furtivamentA ó haclan paPeos sentimentales A lo
largo de la~ for tificacionfls. ¡Oh poder de lo núvelesco! Mientr.is ma,vor era el miedo de ella, aumentaban
las prt&gt;ca.uciones, tra, aparentes cortinas y persiana9
corridas y le r,arPcía que aumentaba la talla del poeta. En la no,·.he abrlan el ventanil!o de su habitación,
y contempl~ndo las 68trellas ,ue parecla subían de
los fanales d 1 cercano camino de fierro. ella le hacia
decir. ,V repetir muchas veces lll famosa parte del poema que terminaba. con el no menoc famoso verso:

Y yo creo en el amor, como creo en Dios.

Y yo creo en el amor, como c:.-eo en Dios.

Advertid, que mu ho sospecho que tal farsante se
cuida tan poco de Dios como de cualquiera otra cosa;
pero las mujeres no ven tan claro. Fácilmente se dejan atrapbr por esa materia viscosa, y puede 11111&gt;gu
rarse que cada vez que Aroaury recita su Credo del
Amor, hay en el salón piquitos rosados, pronto8 á de vorar sus versos tiernos, ese facil anzuelo dt&gt;l st&gt;ntt·
rniento. No hay que pensar, ni menos que dudarlo,
tiene el ~oeta tan lindos bigotes, y cree en el amorcomo cree en Dios ......
La mujer del jardinero no resistió: en tres aesione11

-,Qué bueno, qué bue1.1ol
Desgraciadamente aquPl!o no duró mucho El marido los dfjó tranquilos ¿Qu(&gt; · queréis? Este hombre
era filósofo Luego que su mujer Jo abandonó, cerró
la verde puerta •le su oasis. y con toda calma se dedicó
4 cuidar sus roPales. pPnsando con placer que como
Rus raíces penetraban hondamente eu la tierra. no podrlan marcharse
Ya tranquilizados los amantes volvieron á París y
repentin~mtinte pareció á la 11eñora, que su poeta babia cambiaao. La fuga, el temor de ser 11orp• endidos,

A HEREDIA
Primera página del libro "Lápidas."

Tu gloria llena todos loe confines
con la luz de su roja llamarada;
tu libro es una crátera sagrada
digna sólo de olimpicos festines.
Son tus versos heraldos paladines
quP trotan á bandera desplegada,
formando ari::tocrática mesnada
y al heróico sonar de los clarines.
Oh altisimo poeta, quién pudiera
porseguh el albor d0 tu cimera,
ostentar tu blasón como amuleto
y aprisionar con impecable mano,
todo el lustre del ritmo castellano
en la malla ideal de tu soneto!
AMADO NERVO.

. No hay candlldos, guardas, ni cerradurae que m eJor guarden una. doncella, que brs del recato propio.

-Cervantes.

La mujer PR un ser de cabello largo y entendimiento corto.-Schopenhauer,
La mujer hermosa agrada á. los ojos; la mu;er buena.
agrada al corazón: la primera es un dije, la segu11d·,._
es un tesoro.-Napoleón l.

E~ FAMIT,IA-LEYENDO EL PERIODICO ILUSTRADO.

ENVIDIA
CONFIDENCIAS DE UNA SOLTERON4.
Para mi, cuya vida transcurre triste y monótona,
Mientras tanto la pobre Luisa envPjecia .... Cuando
será e~te dia uno de 1011 má, agltadoP; 110 he tenido, pien~o en f'sto~ treinta 11ños de mi vida, me pareren
siu embargo, más que una visita: la de una antigua una intermiaable avenida de árboles torios Jo misamiga, que vuelve á esta tierra, después de treinta mo ......¡Qué hice en eRtos treinta años, Dios d0 mi
años de residencia en París; treinta años de dicha, de vida! y ¿como pude soportar sin morirme de hastlo,
felicidad inmPnsa. para ser victima después en la más los innumerables dias pasado~ en la misma monotohorrorosa catá~trofe y encontrarse sola. inconsolable. nla? Pues bien mentiría si dijt&gt;se que he sufrido en
He aqui la historia •ie Germana Eyron; merece ser mi soledad, y dePpués de pasar los treinta, la crisis
conocida.
de las solteras, pasó la fiebre, y me &lt;lesperté un dia.
Fuimos compañeras de colegio; h;cimos la primera rePignada con mi suerte, hasta riéndome de ella.
comunión el mismo dia: nos examinamos junti,s muFeliz y contAnta, en fl 1, de mi libertad, arreglé mi
chas veces, y siempre unid11s nos presentaron en el vida para no aburrirme; he aprendido lenguas que no
mundo.
habl11ré con nadie, he formado proyer.tos dó viaje que
Este último acontecimiento consistía en asistir una tampoco conseguí realizar, y por fin, haciendo un
vez por semana á las modestas reuniones mu&amp;icalt&gt;s poco dtt bien á mi prójimo, g-ané la amistad de alguque daban alternativ&amp;ménte algunos funcionarios pú- nas personas.
blicos.
¡Qué existencia! ¿Pero no vale más que la. de GerMi aparición fué más brillante que la de Germana; mana. hoy?
puesto que han transcurrido treinta años puedo deToda su felicidad, que parecla interminable, se vicir sin orgullo, que yo era la más bonita de las doF; la no abajo en do11 años
Iüás bonita y la mAs rica, puesto que tenla ~ote ~e
Una apoplt&gt;gia se llevó si su marido Su hijo, que
veinte mil duros, y Germana tan sólo ocho ó diez mil ya era oficial, murió en la última expedición coloYo moren"• ella rubia con un a carita de gato, bin nial.
más atractivos que los pocos 11ños.
Le quedaba á Germana una bija viuda, madre de
Pero los hombres ven J:1s cosas á su manera, y aunque me llamaban "la hermosa Luisa," hacian la corte una hermosa criatura: la madre y el niño murieron
de" difteria hace quince dlas ....
á Germana, y no sentla.n hacia á mi más que una. ad•
Sola, con los pocos recur11os que el Est•do concede
miració11 platónica ...... mspiraba reEpeto, en una pa4 las viudas de sus empleados, aqui está de vuelta
labra.
¡Cuántas vP.ces llegaron á mis oido~ estas palabras: como un ángel herido de muerte .. Hoy trausladaron
"Luisa necebita por su belleza un Prlncipe que se ca- aqul los restos de sus seres queridos donde podrá ir
se con ella y la lleve á un Palacio encantado ......... " al menos, á rezar sobre su tumba ......Y esta será.
Quizás tuvieran razón .... .... Desgraciadamf'nte los su virla en ad.-lante: deshacerse en lágrimas entre
Principt&gt;s se olvidarern de mi, pues nunca hicieron los s11uces d,,J cemt&gt;nted .., ha&amp;ta unirse, como ella desea, con los ausentes.
ningúu viaje por aquella provincia.
¡Cuántas veces en mis años de soledad, al recibir
_¡;;¡ resultado fué 4ue me quedé para vestir imágeº"ª• mientras que Germa?ª•. agas~Jada por todo el carta de Germana en que h11bla de su marido, de sus
mundo, se casaba á los ve1nt1tres anos con unmspec- hijos, tuve accesos de melancolla dolorosa, revolviéndome contra mi destrnol
tor de Aduanas.
Hénos ahora ella y yo en el mismo abandono, en la
A las pocas 1,emana9 se iba á París, habiendo conseguido que dieran á su marido un cargo en la ad- miswa humillación; no tenemos más que nuestra mutull amistad .... Y verdadt:ramente, ¿110 es mejor mi
ministración central.
suerte que la de esta infeliz, herida cuatro veces en
Germana llevó la suerte á su matrimonio y fué aún lo que más querla?
más festejada que lo babia 11ido de _s_oltera.
·Yo ahora desafio á la p ~ovidencia á que me envie
Adoró á sn marido y á sus dos hqos-;una. mna Y una pena qui, me haga derramar esas 1Agrimas.
un niño c&lt;Jmo en los cuentos de hadas! - y fué realmente U:n modelo dtt casadas. ¡E3 tan fácil ser virtuo............... .... ...... ........ .. .... ........ .......
sa cuando se posee la&amp; feiictdad!

¡Cómo se miente una á sf misma! Escribo esto y las
lágrimas me vienen á los Pjos. Y lloro pensando que
Germana me hablaba haci, un rato de su casa, de Ru
matrimonio. de BU hijo y del otro prt&gt;cio~o bebé que
tendía en su agonla los brazo11 hacia ella .... Si, ha
sufrido; no es ahora más que un mar de dolored, pero ha amado, ha sido esposa y madre .... Y ahora si
qne tengo celos y envidia de ~us tumbas, que son su- .
:vas, y @obre las cuales tiene el de::echo de llorar, de
llorar mucho.
MARCEL PREVOST,

DE "PERLAS NEGRAS."
Cuando el sol vibra su rayo
de oro vivo, de oro intenso,
de la tarde en el dt&gt;smayo;
cuando el sol vibra su rayo,
¡pienso!
Pienso en ti, la D seada
que mi amor buscando va
con nostálgica mirada;
pienso en ti, la Deseada,
y pregunto: ¿no vend1'&lt;íJ
CuKndo 6btoy febricitante
en los brazos del Ensueño
que me lleva muy di8tante;
cuando estoy febricitante,
f8Ueñol ·
Sueño en ho111bros fraternales
donde al fin repo~aráu
mis cansados ideales;
sueño en hombros fraternales
y pregunto: ¿no vendrán.e
Cu11ndo estoy enfe1mo y tri.;te
y es Inútil mi recbmo
porque al fin tú no veniste;
cuando estoy eufermo y triste,
¡amol
Amo el beso de la Muerte,
que mañana ·entumirá
mi avidez por conocerte;
amo el beso de la Muerte
y me digo: ¡si vendrá/
.AlíADO XERYO,

�Domingo 30 de Octubre de 1898.

Oombigo 30 de Octubre de 1898

345

.EL MUNDO

PAGINAS DE LA MODA

CARl\IEN.
Para "El Mundo Ilustrado."

Eres donaire y ¡doria! PasaR y rie"
Tibia estl'la dPjando. que huelP. á .fl~res .. . .
¡Oh, que labios los tuyos! Son albtehes
RojoR como la sangre de los zegries
Que fueron tus gloriosos antecesores ....
Eres codicia y fu1&gt;go .... Vi-r tu be!mosura ....
Qué corazón no ~iente y ama y palpita?
¡Oh, qu~ ojos los ~uyos? La noche obscura
Nunca pudo ataviarse con la negrura
Hermosa de tus ojos de naznrita 1
Pasas1 v las palomas en el alP.ro
De los r 11'jos tl'jA dos de tu Sevilla
Curruquean amantes; y en el ligero
Aire que !!lueves, notas hay de b"lero
y P.fluvios aromosos de Manzanilla!
Y ries y es tu risa provocadora
PromE&gt;sa de deleites y de torturas;
Y et alma que al huirte loca te adora
Quisiera ahora besar~"· matarte ahor~,
Cual con tant1ts, qu~r1da!! aunque perJuras!. ...
Suenen las castañuelas! Fuera congoja!
¡Paso á la veleidosa! 1Viva el donaire!
Y si un celoso, al paso te hunde la hoja
De su navaja, finj11 tu sangre roja
Una flor, en tu manto que agita el aire!
E. MAQUEO CASTELLANOS,

LA MUERTE DEL AGUILA.
(DE liEREDIA)

Cuando traspasa el águila
la nieve eterna. oscila
en busca de más aire
para su vasto vuelo,
y de un sol más cercano:
en un mb puro cielo,
para caldear el br!llo
de su feroz pupila.
Y parte; en un torrente
de fuego va tranquila
y sube más, más alto,
mirar quiere en su anhelo
como el relámpago abre
de la borrasca el velo.....
un rayo de repente
sus dos alas mutila.
Da un grito más la tromba
su rotación le imprime,
ella la luz apura
con un ardor sublime
y cae en el abismo
que eu el zafir flamea.
Feliz será quic,n Gloria
ó LiberGad se at:eve
á amar si en pleno orgullo
de fuerza ó de fé en la idea,
halla. una muerte de águila,
muy fúlgida y muy breve.
JUSTO SIERRA,

Guille::mo II de Hohenzollern.
¿Qué quiere? á dónde va.? qué busca ahora
el paladín de la tudesca razal
¿Lleva de Barba- Roja la coraza
ó de Moltke la espada vencedora?
Al rojo Oriente la cortante prora
vuelve de su bajel; la fuerte maza
del antiguo teutón blande, y embraza
de Lohengrin la egida protectora.
Y allá se va, sublime visionario,
á consa¡!'rar su centro y su diadema
junto á las tristes rocas del Calvario.
Y sobre los siriacvs arenales
á meditar callado en el problema
de sus grandes delirios imperiales.
CONSTANCIO PEÑA lDIÁQUEZ,

Octubre de 1898.

DE "AZAHARES."
XXVI
Vamos, niña! Bueno está
que te quejes de mis quejas:
devuélvanme tus abeJss
la miel que mi amor lf'S da;
mayor que el tuyo es mi duelo:
secar tus llantos anhelo
siempre que mi amor implores.........
¿Pero qué tiene qu~ llores,
6i llor., también el cielo?
¿Lloras? Tu dolor es santo:
porque el humano ddor
en los bauti~mos de amor
se cristianiza con llanto.
Si te inclinas . 1 quebranto,
mayor cariño me inflama.
que solamente la que ama
puede pensativa y grave
tP.ner, al pe~o del ave,
la inclinación de la ramal
Llora, llora en tus dolores!
caiga cual baut:smo santo
el rocio de tu llanto
P.n mis agostadas flores .........
Deja que en amor da amores
· y en éxtasis de pasión,
la .copa de mi aflicción
con tus lá¡rimaP se llene ..... .
¡Forma de lágrima tiene , ,
hasta el mismo corazón!
Secar quisiera en mi anhelo,
por lograr tu imagen pura,
el llanto de tu amargura
con el blblico pañut1lo ......
Tus lágrimas como un velo
P.n que la luz se adivina,
fingen con magia divina
un sol entre vagos tules:
abre tus ojos azules
como un ctelo sin neblina!
Sonrie, ángel del ensueño!
tú no dP.bes padecer:
los hombres dti la mujer
no pueden cargar el 1eño.. . .. .
Perdón, perdó1J si en mi empefio
turbé la paz de tus lares:
La causa de tus pesares
fué causa de mis locuras;
tu lla11to es en perlas puras
y mi llanto ha sido á mares!

j: -~·,..;;.. .

(.

•

XVI
Te vas y Die dejas:
bien saben tuP rejas
los tristes adioses de mi hondo pesar.
Mas luego que surques los mar11s profundos,
Colón de la dicha, descubre ottos mundos,
al golpe del v.iento y al flujo del mar.
Si sientes que grave
y augusta la nave
palpita 1&gt;n los tumbos, con rudo fragor,
recuerda que acaso la ola maldita
sacude mi pecho que cruje y palpiia ....
la nave es un pecho y el pecho un amor.
Sentada en la popa
mirando la tropa
de estrellas en torno de inmenso arrebol,
recuérdame y piensa que nube inflamada
te vibra en su seno quizás la mirada
dt&gt;l último toque de mi últ'mo sol. ·
No yaya~. Espera
que mi amplia bRndera
desdoble sus plit gues en lucha por ti:
verás que cobarde se rinde el Destino,
y no haces el largo doliente camino,
por más que las olas te griten que sil
Te vas y me dejas ....
yo siempre á tus rejas
vendré con mi nube buscando arrebol.
Oiré tus acentos; diré mis canciones;
veré tu faz blanca que ocultan crespones
formando un contraste de noche con sol. '
JOSE

S.

CHOCANO.

'·

•.1-• '•¡

FIGlJR.l . l. - GRAN CAP A DE ESTACION.

�346

Domingo 30 de Octubre de 1898.

Domingo 30 de Octubre de 189i

EL MUNDO

de su ser mismo y sin duda en su tentaculage 1e cuentan y se trasmhen el peligro inmi1.iente que corre todo el vecindario; porque
se sigue charp·ean do el Bgua. con sus eFpantosos rui,ddos, permanecen todos ocultos, dettmienuo fuertemente por dentro con sus frágiles garras su quebradiza. puerta. Cesa Pl
peligro, vuelve el agua á su nat~ral tran
quilidad y entoncPS ¡qué es v11r como á. la
tentaculada, de fuera, del primero t!D cabe•
za (que es el que está en la !'XtrPmidad de
la radícula) van abriendo todos á una sus
puntas, asomando primero la runta de 1;1n
t ..ntácuiu, luPgo todo, después todos, por ultimo. ealen todos los inquilinos muy contentos, á través de su tra1.1sparente ~orada, y
van de paseo hasta donde les permite la lo~~i•ud de su cuerpecito adherido á. la. radi cela y aqui de las felicitaciones por habene
Palv'ado de la tempestad en el fondoinmenEo
de su oceano; loe requiebros. los galanteos,
las burl11s, y algunas veces, las mas, cuando
acontecen n•tas borrascas, que es con mucha frecu~ncia, no falta algún rotife1·0 que
huyendo de la fuerte marea que se Fiente al
chocar Jaa olas contra las paredes del acuario, corre despavorido t-n impetuoso torbellino á nful!iarse en lo más et'pebo d_e
las ralct&gt;s en donde es prontamentfl apnsionado por los tentaculos de algún briozoario de la comunidi,d, y de aqui otr? motivo para nuevos plact-mPs, nuevas risas y
algunas veces amargas diPputas; pues olvidando lut&gt;go hasta los matrimonios en proyPcto, suegros y nueras, suegras y yernos se
arrancan de entre sus garras (y algunas ve-

l

Flg. 2.-Sombrero Mahdem.

Fig. 3 - Sombrero fantasía.

Fig. 4-Toqueta para dama.

Una joya para las damas.

Fi¡rúreRfl el !Actor cuántas
victimas Pxigirála confección
de una de esas pellizas. sin
i¡rnal por m ligereza, su hermoRura y su fabuloso precio.
con que Pe abrigan las más
hermosas br11sileñas.
¿Cómo se cazan estos pl'queños monos, estas encantadoras criaturas, tan pequeñas.
t11n a.giles, que parecen al jugu11tear en el follaje pájaros
de fuego?
Por mPdio de una estratagema que demuPstra la inocencia v la casi estupidez del mono-león.
La golosina es su placer fa.
vorito
El indfgPna que lo conoce
demasiado bien, hace un agujero perfectamAnte geométri ·
co en el tronco de un árbol, y
coloca en e! interior un saquito de arroz. grano á que tie1,e gran afición el referido
cuadrumano, éste espia la operación dEIPde lo 11lto de un árbol y ¡¡altando de rama en rama. llega al agujero, introduce la mano 13n el saco, toma un
puñado de arroz, y se encuentra prisionero como ei lamadP.ra lo hubiera encadenado.
Para retirar la mano bastaría c in que la abriese, dejan•
do en el saco su presa, en cuyo caso quPdaria libre; pero
esta simpfüima idea no se le
ocurrEI jamás, y como no quiere soltar el arroz queda prisionero de su propia gula.
La madre del mono león lleva á su hijo Pn los brazos como una car1ñosa nodriza, le
am11manta con extrema solicitud, balanceando su pequeña
cabeza de leona y lanzando
un murmullo cadencioso parecido al qne Pe hace con la.
cuna 111 dormir el niño
Esta madre desafla la muerte por salvará su hijo, y él sólo la. deja. cu9ndo la ve ~in v1 •
da: á vecPs se deja prendElr sin
resistencia abrazando el ca•
davAr de la madre.
Tal es el mono-león.

EL MONO-LEÓN

El jardln de aclimat1lCión de
Paria acaba de recibir del
Brasil seia ejemP.lares dPI mono-león, maravilla zoológica
muy poco conocida en Europa.
La na•uraleza tiene en.tre
sus fantasias belfüimas, alguna encantadora ironia; asl.
al crear al más pequefio, al
más inofensivo de los titis le
ha hecho imagen del más terrible y fuerte de los carniceros: el león,
El mono-león es la miniatura graciosa y coquetona del
rey de las selvas.
TiPne su misma expresión
soñolienta y altanera, JI\ misma crin espesa y selvática. la
misma cola nudosa y flexible;
la misma magestad, la misma
impasible y soberana mirada,
la boca rasgada y dispuesta á
la carnicería! .... Es el león de
Liliput.
Diferencia notable: esl\ crin
de un hermoso color dorado
apenas servirla para forrar la
mameleta de una muñeca.
Esa cola que bate sus hijares menos extensos que la
mano de un niño no asustaría
á una abeja; sus mandíbulas
no podrian abarcar y romper
una almendra, y en su boca no
cabe apenas un fresón dejardln.
D 1lce, familiar, inteligente,
lleno de gracig, y vivasidad,
animal favorito de las elegantes criollas, el mono-león sigue á su dueña por todas partes, la acaricia, juega con ella,
con una cinta, con un rayo
desoló con una hoja que arrebata el viento. Cuar:do fatigado se duerme en el cesto de
la costura, una mano pendiente y la otra recogida sobre la
crin, cree verse un león enano dormido.
De tedas las pieles preciosas que puede ambicionar la
elegancia no hay ninguna tan
fina ni tan preciosa como la
del mono -león.
Tiene incomparabl11 brillo,
un pelo de sin igual finura. y
unas tintas luminosas tan intensas que, estando á la sombra, parece iluDJinada por el
sol. pero es tan pequeña, tan
cuca, que serian necesarias
cuatro ó cincc piele1, para fo.
rrar la gorra de un niño.

Dios hizo A la mujer y descansó.-.Mahoma

***

La locura de un hombr11 vale más qn11 la cordura de la
mujer.-Salomón .

Fig ~ - - Jacquct Bolero.

Fig. 6. Toilette de casa para dama.

La mujer es el defecto mllq
h111lo de la naturaleza-,llil-

tr,n,

~LMUNDO

Figs. 7 y s.-Trajes para niñoi;i de 9 á 11 año!il.

Amor en microsconio.
lJNA. NOVIA.
Desde esta mañana he estado con el
incesante deseo de rscribir .... ¿sobre
qué? no lo sé; pero mi ocio lo he querido entretener escribiendo algo para
darle publicidad; por ejemplo, algo sobre el amor. que es mi lado flaco: pero .... ¡si es ya tan trillado este asunto!. ... pero los pt&gt;rsonajes que siempre
y en todas partes he visto, para inmortalizar el amor, son tomados del mundo
humano, ó al menos, son aquellos que,
haciendo sufrir contracciones y expaFtsiones al aparato laríngeo al expeler
el aire de los pulmones, pronuncian sonidos articulados, y este amor, aunque
siempre nuevo, es ya viejo argumer.to
para soñar en pintarlo.
No, mis tipos son microscópicos habita;:¡ted de un mundo acuático. Cuatro
paredes de cristR! d11 roca de media
vara en cut.idro y un fondo de zinc, limitan el anchuroso espacio donde moran m;s rudimentarios protagonistas;
teniendo por pan nuestro de cada dia,
todos ó c11si todos, las ya rllquiticas
ralees de una moribunda yerba flotante, la pontederia.
Todos son mis amigos: pues á tanto
verme ó sentirme á trav~s de su mundo cristalino, ya no me huyen los unos
ni se contraen los otros; y los máe grandes, juntando dos, no llt&gt;gan á consti
tuir el grueso de una cabeza de alfiler
y sin embargo, viven; y sin em~argo
gozan; y sin embargo sufren; y sm embargo ile aman.
Las coquetas vorticelas, que unidas
por un pié común mas delgado que la
hebra mb fina de un capullo de gusano de seda se lanzan al e.;pacio, se
contraen. se entrelazan; tienen sus ri·
ñas de 11mor; porque si una pareja se
confunde juntando íntimamente sus
frágiles y transparentes carapachos
criRtahnos, una t11rcera vorticela celosa
viene á arr11meter con impl'tU á las
amantes perj11ras, extendiendo fuertemente su delesnable pedúnculo, hasta
separar1as y cons .. guir que las infieles
no tlviden sus sagrados deberes.
Los briosoarios raros en acuarios de
naturalistas, para mi son comunes,
pues también entran en el número de
mis más fntimos amigos. Cuando introduzco mi mano con precaución y hago
jugar mis dPdos á cierta distancia de
su casa habitación (una radicela. que
está por desprenderse de la raíz común) permanecen impasibles, ó más
b:Pn, quiPren también entrar en juerga. porque toda la colonia me busca,
me sigue con sus microscópicos tentáculos; pero si por algún accidente, al •
gún hnmano inhumano, bruscamente
h!i.ce vibrar su t,ansparentc elemento,
huvPn los pobrPcitos deRpavoritlos á
refugiarse en el fondo má.d recóndito

347
ces con pedacitos de estas) el codiciado
botín
Una vez, esta mañana, una araña zancona
que vive en el ángulo formado por la pared
y un cristlli d~ la ventan~, prec1_samente
arriba del acuano, y hambnf1.1ta sm duda,
pues su tela no con tenia p&lt;,r h_uell11is de. sus
festines paPados más que el trhte despo¡ode
un t'SbPlto zancudo, logró cautinr con esa
mafia propia cte las que t, jen de lo fo,o. una
mosca d11 PRas que en mi Pscuela llamaba.moa catrinas. por ~u color muy nPgro y relucltIJte· ptro ;oh suertt'! por más que con
sus dt-lgadas patas tl'jfa y a11udaba la tran~parl'nte red que de bia tenPr segura á ~u prisionera, é,ta., en las sup1 emi,&amp; angu~llas de
la dePPPperaclón, logra desprenderse de la
moscófaga y ya se crda en liber~ad _absoluta, pens1111&lt;10 quizá en la_ experiencia , para
otra vez cuando en un pn mer aleteo se quedó pren,;ido en el último filamento . Moverse
ella. en la propiedad de la araña_, sentirlo éi!ta y precipitarse sobre la catrina fué todo
uno; pero el peFo de las dos fué -suficiente
para que la araña se quPdara con un palmo
de n:irices, pendiente de una pata y la mosca pudiera ncaparse de las férreas redes de
s11 persegu;dora.
No fué esto todo, porque al desprPnderse
de una mut&gt;rte segm a traía aún enredada
entre las patas y al11s, la tt'la que no le dt&gt;ja.fia volar l'n libertad y en un desesperado y
vio-oroso aleteo vino á. caer......... al acuario!
Ei"agua empil'za á infiltrarse en la teiarafia ·
y ved co!lJo alborota la mosca en su ruidosa
presencia al irse sumergiendo en el agua, á
los tranquilos moradores de nuest:-o mundo en miniatura
Y ese dla, digo, hace unos cuantos momentos se celebraba entre la menuda arena
del fondo d11 nuestro uuivElr,o una de las más
simpáti-~as bnd11s que jamás se hayan viPto.
Eran unos cítlopes, que pororden de edades,
dtsde los nent'11 que para brincartenian que

�Domingo 30 de Octubre de 1898.

.1!:LMUNDO

3i8
ser empujados por los palpos de loe de atrás, hasta los
Jl!áS ancia?,OS, que cuent,.n ya ocho días de i.xlstenci11., todos iban dando ....1uestras del mayor regocijo á
celebrar d sacro~anto vinculo de los dos desposados
en un templo tan gracioPo como digno de la pareja
era ur.aconchita"de una {isa muerta en una tempestad'
pero caai al término del camino tropiezan con los arre'.
batados movimientos de la agonizante mosca ... ¡y chicos y grande~! y machos y hem])ra~ huyen desolados
unos á gtrnrecerseen un grano de arena, y otros y en•
tre ellos Jo¡¡ novios á escondene entre las radiculas
de la pontederia; pero ¡oll dolor! la novia, impresionada por tantos y tau ine•perados acontecimientos, brincaba torpt&gt;mente y al buijcar la salvación en la enraizada, quedó pre¡,a ~llJtre los cinco ramúnculos de u1.1a
ramita color de esmeralda; á poco estos bracitos se
abrieron de nuevo, y exánime rodó la despoFada hasta el fondo de la arena ...... ¡llabia sido estrangulada
por nna llidral
ARNIJLF'O.

NUESTROS GR.i.BA.DOS.
FIG. 1.-GRAN CAPA DE ESTAC'IÓN.
Oe terciopelo. redonda. con cuello reina corriente
doubleé de piel y triple orla de volantes de piel de un
enc1i.ntador ePtilo. li:~ta capa flS dP la casa francesa
de Révlllon y llama la atención en Par is.
.
FIG. 2.-SOMBRERO ~IAHDFN,
Ee de fieltro, completamente redondo, con la falda
levantada hacia la izquierda Una draperia de raso
negro: enredada g,acio11amente á la copa y uu penacho de pluma constituye todo el adorno.
FIG, 3 · SOMB~ERII FANTASÍA
Una gran draperia de tul alternado con ros11s y fo.
llajes en caprichosa forma. constituye el adorno de
este sombrero, cuyas dos alas se levantan graciosamente á igual altura.
FIG 4 -TOQIJETA PARA DAMA.
Es de tul, alternada con un gran penacllo "ilusión"

y una serie de fruncidos que forman el cuerpo de la
toca, abriéndola por completo.
FIG. 5 -JACQUET BOLERO.
Es de paño de damas asargado, redondo y abierto
sobre el cuerpo blusa, con doble solapa y orlado de
cinta blanca de seda. Manga ligeremente arullonada.
FJG 6 -TOIL'RTTBI DE CASA PARA DAMA,
De una elegante originalidad; cuerpo blusa abierto
en picos sobre un plastrón plissé bordado. Mangas á
gran bordado y falda. alternada de mucho primor.
FJGS 7 y 8 -TRAJES PARA .NIÑAS DE 9 Á 11 AÑOS.
Damos bajo estos dos números dos trajes para niñas, de mucho gueto y elegancia, forma el primero
de estilo sastre un jacquet de forma. recta, abierto
sobre una camisola de punto de seda á rayas. Solapa
ancha figurando una especie de yoke ornado, afi como la falda de ancha. cinta angulada de muy bonito
efecto
FlGS 9. 10, 11 12 y 13.-TRAJES PARA NIÑOS,
Damos una c.impleta. colección de ~rajecitos para
niños de forma nueva y elegante, llamando especialmente la atención sobre el modelo marinero figura
9, d trajeclto de sarga pliesé figura 10, con yakecito
muy elegante y el paletot figura 12 de muclla fantasía con un gran tablero y yockeye ligeros.
FJG 14 -TOILETTE ELFlGANTE.
Gran falda moireé á guias, muy vistosa. Cuerpo
blusa de muse ina con un gran :voke y un plastrón
circular de mucho efecto. Un gran lazo de tul orna
el lado izquierdo .
FIG. 15,-BLUSA FANTASÍA,
De sarga de seda bordada, con solapas doubleé
de tafetas y grandes guias de seda bordadas en gran
relieve á dnecba é izquierda.
FIG. 16.-TOILETTE DE GUIPURE
Para tertulia ó calle, mostrando al frente una ligera esclavina, qu11 atrás se revuelve en una gran aplicación triangular de dibujo exótico. Basquiña hecha
también de una draperia bordada en extraño estilo.
Un gnn lazo de seda acordonada ciñe el talle y cae
hacia atrás en grandes bandas unidas en un moño
gracioso.

EL PAGO DEL SEGURO DEL GE:NER!L

CARLOS DIEZ GUTIERREZ,
Ex-Gobernador del Esta.do de Sa.n Luis Potosí.
Timbres por valor de ::¡;12.16 cs. debidamente cancelados.
Recibi de 11The Mutual Life Insurance Company of
New York" la suma de (812.147') doce mil cien•

TOMOll

to cuarenta. y siete pesos, plata mexicana.,
as!: $10,000 00 suma asegurada y$~ 147 20 por premios

•

NUMBBO 19

MEXICO, ?iiiOVIKMBRE 6 DE 1898

devueltos, en pago total de cuantos derechos se derivan de la póliza número !:00,772 bajo la cual y á mi
favor estuvo asegurado mi finado eoposo, Señor General Don
OA.RLOS DIEZ GUTIERREZ,
y para la debida constancia en mi carácter de beneficiaria nombrada eu la pól,za, extiendo el presente re•
cibo en la misma 1,óliza que se devuelve á la Compa•
ñla para su cancefación en s..n Luis Potosi, á once de
Octubre de mil ochocientos noventa y ocho.
Firmado: 'Mercedes B. de Diez Gntiérrez.

Un timbre de $050 cs. debidamente cancelado.
Antonio de P. Nit:to, Escribano Publico.
Certifico: que la firma que antecede es de el puño
y letra de la Sra. Doña Mercedes B de Diez Gutié·
rrez, quien la ha pu11sto en mi presencia. v dicho ser
la ,aisma que ac•,stumbra en 10dos sus n"egocios. En
comprobación de lo cual siento la presente en San
Luis Potosi á once de Octubre de mil ocllocientos no•
venta y ocllo.
·
Firmado: Antonio de P. Nieto.-Rúbrica.
El General Don Carlos Diez Gutiérrez tuvo la previsión de tomar en "La Mut11a,11 Compañia de Seguros
sobre la vida, deNueva York, una póliza deDIEZMIL
PESOS con devoluci.'m de premios. De manera, como
consta en la presente, su familia fué beneficiada con
esta suma y recibió también los premios que babia
depositado el Genera Diez Gutiérrez en la Compañia

•.

-!I

.It

:

-

1
¡11¡

!\

·•"~·:·-, .

EL SR. GENERAL DIAZ EN EL FESTIVAL DE CARIDAD.
(lostantáoea tomad" para El At,mdo.)

Flg. 1:i-Bl~-:a fantasta. Flg, 16.-Toilette de guJpu.re.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>Domtn,ro

EL MUNDO

316

lo sobre la cabeza del paciente: volverlos á llevar
al tórax, apretar y tirar así sucesiv11ment~. El movimiento completo debe ser practicado de 15 á 18 veces
por minuto. Al mismo tiempo, 1&gt;l ayudante que •ostiene la lengua deberá ejercer sobre ella tracciones alternativas, correspondientes á los movimientos impre11oe á loe brazos. (Efte procedimieIJ to indicado por Mr.
La borde, ha dado excelentes resultados) Se o:ve el
aire que entra eilbanJo y la reepir11ción se restablece
poco á poco si se han tcm..do todas las precauciones
necesal'ias.

16

de Octubre de 1898

FIG. 6-TRAJE DE SEÑORITA PARA GARDEN PARTY

Es de gasa blanca y azul con un gra!l plissé en la
falda, limitado por un bordado azul pálido y blanco.
El cuerpo 011 todo phssé con un gran yoke bordado, y
graciosas espaldetas.
FIGS 7, 8 y 9
Dos elegantes c11misas y un deshabillé Damos bajo estos uúmeros tres graciosos modelos oe casa de
última novedad. La camisa Maria Teresa, es de noche en nansouk blanco; el deshabillé hácese en batisti ó en surah , la camiea segunaa que también 11s
de noche en pe~cal blanco, guarnl'cido de bertha orlado de u'na veneciana y un eutredós.

. ...._,,...._.

CRNSERVA DE DURAZNO.

TOMO II

:MEXICO, OCTUBRE 2~ ~E 1898

•

NUMBBO l'f

FJG. 10-EOM"!IRERO RODA.

Todo hecho de raso y plumas La falda ó calota PB•
tá formada con el raso, y de él surgiendo las aos alas
y un pen11cbo, de muy buen guRto. El raso forma á
la izquierda un moño muy hermoso.

Se pone al fuego un cazo con a¡rna á la que se le
añade una cucharada de ceniza; luego que esté hirvit&gt;ndo se ponen en 1&gt;lla los duraznos y cuando se les
empiece á levantar el pelll•jito se sacan uno á otro, se
restrt&gt;gan con una servilleta hasta que queden bien
mondados, y se echan después en agua tibia. En se·
guida se hace un al mi bar cllmficado y dt&gt; medio punto en el cual se echan los duraznos para que hiervan
por e~pacio de media hora; pa8ada é,ta, se apartan
del fuego, y se guardan en un trasto de barro
Esta operación se repite por cinco días consecutivos para que la fruta quede bien conservada; el último día, despu~s que hay~n hervido. rn le añade azúcar al almibar, se pua éHe por una servilleta húm11da, se vuelve A ponrr al fut&gt;go hafta que t&gt;sté de pun•
to, y en seguida se vierte ~obre los duraznos.

Otro DB[O

FIG. 2-TRAJE PARI&gt;JENSE DE OTOÑO,

FIG. 3-TRAJE DE PAÑO.

Es de paño de otoño. 111111rgado. con una caPaca fantasia de hermosisima factura, con solapas capricho•
sas, abierto sobre una camisa de batista pliseé.

dB

"LA MUTUA"

RPcibi de 11Tbe M11tu·ll Life I11~nrance Compan;v,
of New York" 111 •nma de ($14,287) catorce mil
doscientos ochenta y siete pesos plata muícima asi:
$10000 suma asegurada, y
$04 28"7 por devolución de
premios, en p&amp;go total d11 &lt;'uan~os dnethos s~ deri•
van de la póliza núm "760 832 bs¡o III cu~l y á m1 fav,,1·
estuvo asegurada mi fi11ada espo~a Dona

ISA.BEL HERRERA DE V ..l..Z(t,UEZ.

FIG. 1-TRAJE PARA TÉ.

Es de Sarga de lana y seda gris' perla, con un iacquet militar de hermosa factura, cruzado de alt&gt;til,as
fijadas con botones fantasla, las cuales ornan también
las mangas.

$14)287.00

En Guadalajara, (Jalisco)

NU EST.R OS G .RABADOS
Está hecho de piel de seda rosa vieja brocateado
en azul con figuras de guias. forma una gran casaca
orlNda de volant"s sobre una toilette d11 tul de sPda
pfüsé orlado también de volantes graciosos Cuello
Valois.

dB

INTERIOR DE LA CATEDRAL DE MORELIA.

Fig 10.-Sombrero Roda.
4 -TRAJlll FANTASÍA.
Es también de paño, con ca~acón, formando en el
cuerpo como un doble cors,·lt&gt;te y en la falda como
una doble museta, ambos ahlntos sobre un gran plissé de gasa m11y ceñido. Gran corbata papillón de
muselina de seda.
PIG 5 -TOILETTE OBSCURA CON BANDAS.
Es de paño de otoño gris acero con jacquPte figurada, que asi como la fqJda estl\. orlada de bandas
bordadas de hilo de seda, en dibujos sobrios pero
muy elegantes.
FIG.

y para la df'lblda constancill en mi carácttir de beneficiario ne mbrado en la póliza, extiendo "l prest&gt;nte
recibo en la misma póliza que ~e devuelve á la Compañia para su cancelación en Gua~alajara, (Jalisco,)
á veintidos de Agosto de mil ochocientos noventa y
ocho.
Firmado.-Miguel Vázqnez.
Un"B timbres por valor ae $14 30 ctd u1;.b1damente
cancelados.

r

Un timbre de$ 050 cte. debidamente cancelado
Salvador ~spaoa, Notario Supernumerario de e~ta
Municipalidad, Certifico que el sntnior recibo fué
suscrito en mi presencia por el Sr. D Miguel Vázquez, á quien doy fe conocer asi como de q11erecibió
de la Sucursal del Banco de Londres en Peta ciudad
la cantidad que Pe expresa en el mismo Do_v fé.
Guadalajara, Agosto veintidos de mil ochocientos
noventa y ocho.

Firmado.-Sah--ador Es¡,aña.

ALMACENES
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~LA REFORMA DEL COMERCIO~
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11

(Fotografia de la Escuela Porfirio Diaz, di' M01·1•/ifl, Jara "Et Jlundo .)

�I'

EL MUNDO

318

LA SEMANA. La consagración de la Catedral de l\forelia que
ha dado oca~ión á una temporada de fiestas religiosas y populares en la 11ntigua V!llado!i~, atrae
la atención de la inmensa mayona catohca del
país y un gran concurso de fieles.
Morelia es una vieja ciudad dP. abolengo en
nuestra historia, Nació en el siglo XVI, en plena época de la rfervescencia polític11 y social que sacudió
las incipientes nacionalidades del antiguo continente, arrastradas en contrarios movimientos de
adelanto ó retroceso, por la Reforma luterana y
por el gran Emperador, por las intrigas de los
Guise y por la difusión de la cultura helénica.
El escudo rlc armas concedido por Carlos V á
la nueva ciudad, vino á engastarse en la heráldica c0lonial para presidir esa larga vida inerte de la
época,-la. vid11 de las ciudades esp,iilolas de América. Hidalgo vino á dará Valladvlid el atractivo
legendario. Entre los muros de su colegio encuentra el patriotismo simientes de libertad, recogidas y fructificadas por el espíritu de Morelos, y
la iniciación de dos beroes en un martirologio de
ideas continuado despuéi! con el sacrificio por la
humanidad.
Los siglos del virreinato no fueron de activ~dad ni aún p11ra las empresas de la fe. Hoy que
la Iglesia Mexicana, camina á su albedrío, sin el
·amparo de la mano secular, la piedad popular
edifica y c'lnsagra en un día templos suntuosos
-obras que pedían siglos para su consun~~ción
en aquellos tiempos. La Catedral de Moreha comenzó su fábrica en 1640 y hasta 1744 quedó
concluida, acumulando bajo sus bóvedas riquezas
de ornamentación, aun hoy maravillosas, cu:stodias vasos y paramentob, órgános y obras de
cinc~lado que hacen de aquélla basílica un joyel
de tesoros artísticos.
El Sr. Arzobispo Arciga ideó las reformas cuya consagración celebra con grandes solemnidades el clero de México y con regocijos y fiestas el pueblo de la capital michoacana.
/IW

Las peregrinaciones religiosas están de moda
y se hacen también á la moda del día. En Pullman vienen á México los devotos de la Guadalup1tna y en Pullman van los fieles que concurren
A las solemnidades de Morelia, presididas por Monee:nor Averardi. ·
Todo cambia, y· si el nuevo cruzado protestante, Guillermo II, en su viaje á los Santos ;Lugares,
visita al enemigo de Cristo, responsable de tres•
cientas mil vidas de cristianos sacrificados al fanatismo mahometano,- á su vez, otros peregrino3 menos dispuestos acaso que el César alemán
A ~irar con ojos benévolos á Abdul-Hamid, pretenden ¡oh piedad de las chusmas de Pedro el
Ermitailo! abrir en Jerusalem un bazar que exhibirá productos y artefactos mexicanos.
.
El mercantilismo invade las rutas del desierto,
holladas por los mártires y los paladines de la fe.

,..

1

1

La gloria póstuma tiene á veces detestables
contra partidas, que consuelan á los ignotos de
su no ser en el cielv de la inmortalidad.
La muerte que absuelve de las grandes faltas
humanas y da esplendores sin mancha á un renombre de sabio, de beroe ó de poet11,, hace en
cambio más chocante la popularidad bufa que
nimba con discos de oropel la frente de un elegido.
. .. _.
p .
Dos de nuestros más ex1m1os 11ncos, neto y
Acuila, pasan noche á noche el suplicio de una
resurrección irrespetuosa en las tablas de cierto
teatro que para decorar los cuadros de una zarzuela, les decreta apoteosis de relumbrón con cabriolas de bailarinas y mús1ea alegre.
Quietos están en su tumba, serenos en su gloria, para que exhumen su recuerdo que trasciende a ideales purísimos, y no está bien esa exhumación irreverente.
Ya ha empezado por ahí el estribillo de las moralejas habituales á propósito del siniestro percance 11caecido al Ecijano en la plaza de toros de
Guaclah1j,m1.
La ¡.,iedad ante un infortunio 1-em&amp;jante, borra
de nul'Stros cuadros sociales la fi~ura del torero
insolente, re!Hdor y vagabundo que castiga con
su impertinencia 111 tranquilidad de la vía públi·
ca moderna, pavimcutada de aéfalto. No, de~imos

ahora, el torero es uno de tantos infelices inmo•
ladas por la ignorancia y la complicidad del me·
dio soc ial propicio á irrefrenables barbaries que
n0 han menester sino mucho atraso industrial,
mucho analfabetismo y mucha miseria para hacer
posible el tipo del gladiador en nuestros días.
Ni los pueblos vigorosamente condu&lt;?idos por
hábitos seculares de trabajo, dejan de ser justiciables por este enloquecimiento de la multitud ante
los prodigios de la animalidad victoriosa;pero es
el lote que nos ha tocado á los hijos de Espafta,
el menos euvidiable,-presenciar en las arenas
ensangre ntadas carnicerías que justificamos en
nombre de la gracia pintoresca.

,..

Mientras en Europa se quejan aún las gentes
de una canícula extremosa, sin igual en los ailos
anteriores, el viento que desnuda aquí los árboles de su follaje, nos hace presentir fríos invernales á los que no nos tiene habituados nuestro
clima.
Y '!Sto que no preocuparía tanto en otras épocas, sirve hoy á los seil0res sabios para traer y
llevar observaciones y estudios comparativos sobre la influencia probable de las manchas solares en los cambios atmosféricos de la tierra.
El astro central ha tenido en este afio de gracia, máculas como nunca se le habfan echado de
ver tantas ni tan considerables. Y aquí encaja
como de molde la hipótesis d_e Flammarion.
Para este gran astrónomo y sonador, las mancb11s solares son manirestaciones eruptivas de
una agitación interior intensísima y por lo mismo la irradiación de calórico es mayor cuando
esas manchas aparecen.
Por comprabada que pretendan la teoría su
autor y partidarios, nada tiene que ver con nuestro próximo invierno, cuyas causas locales han
prometido demanda de alcohol y acaso excep•
cionales tareas á la justicia del orden criminal.

,..,

El suicidio del joven teniente Delbouis rompe
la banalidad de este género de acontecimientos,
por frecuentes ya poco ó nada comentados, y CU·
yas causas ocultas caben de ordinario en algunas formas típicas de extravío, locura, amor, celos, etc.
El pundonor y especialmente el honor corporativo de la clase á qua pertenece un hombre,
hacen atribuir al suicida que con propia mano
se castiga por haber ofendido su dignidad y la
de un grupo, cierta frialdad en la determinación,
que es la mejor exculpante de la falta, pues indica un supremo respeto á la moralidad vulnerada en momentos de perturbación.
El joven militar que se ha suicidado llegó ebrio
la noche del miércoles á un teatro de zarzuela.
En su estad.o de excitación lo olvidó todo y arrojó al escenario su kepis, á los piés de una tiple
que bailaba la «Serpentina.»
El loco arrebato del oficiai fué público é imposible hubiera sido disimular. La ordenanza, severa, iba á cojerlo con sus tenazas, á discutir su
conducta, á condenarlo sin remedio.
El pundonor, hondamente lastimado, fué más
inflexible aún que la ordenanza y como heróica
reparación entregó al ejército un cadáver.
/IW

Nos ha vhütado una viajera original. La Sra.
Schumann recorrerá el mundo sin mas recursos
que una voluntad enérgica, una suma considerable de extravagancias, una navaja de afeitar y
unas tijeras.
Los diarios de los Estados Unidos rnn únicos
en el mundo para descubrir anomalías y alentar
aventuras extrafalarfas. No les basta lo raro ó lo
monstruoso eventual Para regalo de mentes divagadas: crean el acontecimiento pa1·a narrarlo
después. El periodismo contemporáneo no es un
espectador, que registra sucesos, es un prestidigitador. Es el déspota de la imaginación popular.
Es el que declaró á este Fígaro con faldas que
nos visita la p1·imer peluquem del mundo, dándole medios para que vaya á to:ias partes, hable
con todos los personajes célebres y llene una sección reporteril sui generis, cuya primera nota estará destinada á nuestro país:
DICK.

Domingo 23 de Octubre de 1898.

¡lolitica Q&amp;ttttrttl.
RESUMEN. - Eferv•scencta en !rancla por el proceso Dreyflls, - Kevlslontstas Y antl • rev:stonlstas.Amlgos y enemigos de las Instituciones -La cuestlóo
de Justicia convertida en cuestión polittca - La gran
hutilga ue Parts. -.Kntereza y serenidad del ministerio Brlsson. Consplraclon monárqulca.- Bo!!aparte
ó Orleans. • Otra vez salvada la República -La cuestión de Fachoda,-Las asplract:•nes de Francia y las.
reclamaciones de Inglaterra. - El comandantetMarchand y el General Kttchener -Oonsplraclón anar-

quista contra til empe:-ador Oulllermo.-Los enemigos del orden social - Concluslon.

Creciendo sin cesar en el pueblo francés la
excitación producida por el asunto Dreyfus, divídense ahora los franceses en dos bandos limitados casi pe1 ft!cta mente: de un lado están los revisionistas con los antisemitas á la cabeza, losmilitares de alta graduación y los que se postran en contemplaciór. de las tradiciones católicas de Francia; del otro están los radicales, los
que pretenden que por encima del gobierno civil
no se constituya ningún otro poder, aunque pre•
tenda envolverse con el manto de la gloria y los
resplandores históricos del ejército francés.
Una vez decidido por el gabinete Brisson
que es preciso proceder á la. revisión del proceso, sin que esto prejuzgue de ninguna manera la.
persistencia de la culpabilidad de Dreyfus ó la
posibilidad de su absolución en un nuevú juicio,
los ánimos se exa.tan, las masas se agitan, la
prensa siembra el escándalo por todas partes, y
en meclio de esta balumba de opiniones opuestasque 'chocan, de acusaciones múltiples, de responsabilidades mutuas que se lanzan, la suerte del
infeliz desterrado en la Isla del Diablo queda
colocada como en segunao término, y sólo se
sienten las fermentaciones de la opinión públiea
dividida en opuestos bandos y lanzada á terribles colisiones
Pocos recuerdan ya el triste fin del teniente
coronel Henry que en la soledad de su prisión
puso fin á sus días, tal vez para evitarse la vergüenza de apareéer ante el tribunal militar, convencido de falsario, por más que haya habido
quienes aseguren que tan tremenda determinación le fué sugerida por sus jefes gerárquicos.
Se han olvidado también del teniente coronel Picquart que en los calabozos de la prisión
militar de Cherche Midí, sufre las persecucione~
del general Zurlinden, gobernador militar de París, á pesar de órdenes expresas de todo el ministerio.
La misma figura dantesca del infeliz ex-Capitán, que en su horrible prisión ve pasar las tediosas horas de su destierro cu noches sin aurora y
días sin luz, se esfuma y se desvanece en las lejanías del horizonte, perdiendo así sus contornos.
vivos, y dejando de ser para st.s conciudadanosemblema de la justicia popular, ó símbolo de eterna execración.

*

**
Desatadas las pasiones políticas, agitada de
ese modo la cuestión, se sienten crujir ambicio•
nes desconocidas, se percibe el choque de intereses opuestos, y mal que pese á todos los que tenemos fe en la República, se ve que en el fondo
de esta agitación hay algo que trabaja en contra
de las instituciones establecidas, en la hermosa
nación que lleva el estandarte de lo que pudiera
llamarse la civilización latina.
·
Se han mezclado de tal manera en este asunto
los sentimientos patrióticos, los fanatismos guerreros, la adoración y el culto por la tradición
militar de Francia, se han mezclado de tal modo
con aspiraciones pcrsonalistas, y se han cubierto
unos con el manto de la justicia inexorable, declarando intangible la determinación del tribunal
que juzgó á Dreyfus, y pidiendo otros en nombre
de esa misma justicia en forma de clemencia la
revisión del proceso, por irregularidades er: su
secuela, por hechos supervinientes después de la
sentencia, que se ha formado una atmósfera1 en•
medio de la cual es difícil encontrar el bilo misterioso de Ariadna que guíe á través de tan intrincado laberinto.
Un periódico inglés declara formalmente que
el mayor conde de Esterhazy, en una entrevista tenida para más seguridad ante testigos, ha
echado sobre sí gran parte de la culpa que pesa
sobre Deyfus, se ha llamado autor de la famo1 a
minuta ó /Jorderean, dc,cumento de convicción en
contra del capitán acusado de traidor. Poco des-

Domlnlt'O 23 de Octubre- d" 1898.

EL MUNDO

pués recíbe~se en P11rís ruensajes de Esterhazy,

tachando de falsas y calumniosas las imput!lciones del periódico de Londres.
Los mismos periódicos alemanes, alguno de
ellos con cara cter oficioso, b11n hablado de lu
r elaciones existentes entre el mayor Esterhazy y
el agregado militar de la embajada alemana.
Los más activos del partido anti -revisionis ta d~claran haber sumistrado fondos al militar adusado por el Observer; y en me dio de tan opuestas
y contrarias declaraciones, imposible es decidir
si la nueva acusación está fundada en la verdad
ó es un ardid-solamente para la rehabilitación de
Dreyfus.

*

**
bastante á mantener

Como si no fuera
la tensión de los espíritm ya caldeados al rojo por la
agitación revisionista y anti-revisionista, estalla
en París una huelga de obreros, que, aislada en
un principio, crece y se agita como impetuoso
torrente amenazandll comunicarse á diversos
gremios, susp&amp;nder el tráfico en los ferrocarriles,
detener la construcción en todas las obras del
Estado, principalmente en las que se disponen
par~ elgra~ certamen de 1900, y propagarse, como mcend10 entre los bosques, á las principales
ciudades industriales y manufactureras de Francia.
La huelga que en su '!Omienzo tenía carácter
pacífico, se entrega á violencias, arrastra por la
fuerza á los obreros, multiplica sus adeptos por
medios coercitivos, amenaza seriamente la tranquilid~d pública de la gran metrópoli, y hay que
recurrIT á más de las fuerz11s de policía, á la fuer'
za militar. Acuden de los departamentos vecinos
millares de soldados á reforzar la guarnición de
París, y en medio de la agitación tremenda de
los espíritus, he aquí que quedan frente á frente
el pueblo y el ejército. Es inminente el riesgo de
un formidable choque. Corren entre las filas de
los buelgistas agitádores que aconsejan inqensateces, en tanto que circulan eotre los soldados
algunos folletvs incendiarios.
¿Qué habría sido de la ciudad, si hubiera faltado en tan tremendos instantes la serenidad en
las esferas gubernameutales? ¿Qué explosión más
tremenda habríamos presenciado, si el reposo, la
tranqu~idad y la correcta actitud del gobierno,
no hubieran logrado aplacar poco/\ poco la agitación obrera, calmar los ánimos, dirimir las contiendas y obsequiar en el órden legal las aspira-· ·
ciones populares? Afortunadamente para la estabilidad de la República, Brisson encontró en sus .
compafieros de gabinete las supremas energías
que se necesitaban para conjurar la crisis, y logró evitarse el choque temido entre el pueblo y
el ejército, que acaso hubiera sido el toque de
arrebato para una gran revolución.

á la ciudad de Fasbo da, en llls riberas del sag rado Nilo. Encuentra á la pobl11ción de¡:g uarnecida, y aunque no tiene fuerzas suficientes para
resistir ni á los dervises que pueden volver ni á
las tropas anglú•egipcfas que se adelantan¡ marchas forzadas, para t omar posesión del territorio
conquistado después de la batalla de Ondurmán,
el valeroso coma ndante fráncés, el 11trevido Marcband enarbola la bandera de la Republica y
permanece en pié y serenCI, esperando los acontecimientos y declarando haber asentado la planta en tierra conquistada, en nombre de su nación.
El gabinete ing1és pide á todo trance la retiradit
de ~illrcband, ó por lo menos la desautorización
ele sus actos, para no verse obligado á rechazarlo por medio de la fuerza.
Cámbianse notas reposadas y que no salen del
tono severo de la diplomacia entre Londres y
París, y la cuestión se sugeta á discusión entr e
los gabinetes. ¿Pero qué es lo que se discute?-clama la prensa inglesa.--Mientras permanezca Marchand entre los muros de Fashoda, no cabe discusión posible, y cuando se retire, nada habrá
sujeto á discusión. Defenderemos nuestro derecho
por la fuerza de las armas,-grita la prensa francesa:-'.'rfarcband ha entrado á terrenos inexplorados. Fashoda no estaba en poder de las tropas
anglo-egipcias cuando nuestro explorador tomó
posesión de ella en nombre de la República. Si
hay que abandonar la plaza y el territorio conquistado para evitar un rompimiento, preciso es
que encontremos una compensación por parte de
Inglaterra; que- se limite por medio de tratados
1~ esfera de acción de las respectivas poten~
cias.
Y en tales circunstancias, se espera con ansi;1
la llegada del informe oficial del audaz explorador, para saber hasta dónde son fundadas las aspiraciones de los franceses, que en su arrebato
patriótico, han aconsejado ya al Ayuntamiento de
París dé el nombre de la ciudad sudanesa á una de
las calles de la gran metrópoli.
Ta1;Dbién en esta ocasión el gobierno radical
que rige ahora los destinos de Francia ha dado
altas pruebas de moderación y de mesura, no dejandose guiar ni de las explosiones patrióticas
de la prens_a nacional, ni alterándose tampoco pvr
las exaltaciones de los periódicos inglests.
0

Sr. Don CJlandlo Molina,
Artista. Director de laE obras de la Cat.edral de Morella.

tes de estallar, salvando así una vez más las instituciones republicanas.
Es curioso hacer observar que_sólo en tiempo
en que gobiernan los partidos extremos ocurren
estos incidentes en París. La agftación del Gral.
Boulanger, ligada con la reacción orleanista lo
mismo que la conspiración recientemente de~cubierta, han acaecido cuando un gabinete radical
se hallaba en el poder.

.,

*

**

319

No bien se serenaban los horizontes y comen•
zaba la calma á aquietar la exaltación de las maCJatedral de Morelia.
sas populares, cuando de entre las filas de la
prensa á quien se acusa de estar vendida al sinPodrá haher en la presente crisis labores sedicato Judío, fundado para la rehabilitación de
Dreyfus, brota la noticia de que existe un gr,m cretas de los imperialistas ó de los partidarios
complot para derribar al gobierno y acaso tam• del Príncipe de Orleans; es posible que los amanbién para minar y socavar las instituciones repu- tes de la reacción monárquica, pretendan aproblicanas. Dícese que en la conspiración estaban vechar la ·agitación actual que ha Masionado en
comprometidas altas personalidades del ejército; el pueblo fraccés el asunt0 Dreyfus, para restause llega á aventurar que el mismo Gral. Zurlin• rar el trono de Francia; pero una vez descuden, ex-ministro de la guerra y gobernador mi- bierta la intriga, una vez que el gol pe ha resultalitar de París, era el seilalado jefe del movimien- do en falso, la República sale triunfante de en
to, uniéµdosele el que fué jefe del Estado Ma- medio de esta contra-revolución abortada, y hay
yor del ejército, Gral. Boisdef!re, obligado á di- que dar de corazón la enhorabuena al ministerio
mitir su alto empleo después del suicidio del co- Brisson y al presidente Faure, por la entereza
ronelHenry, y el GraJ. Pellieux que tan activa par- que han desplegado en el momento actual, porte ha tomado como acusador en el famoso proce• que sir, dar crédito á amenaza1:1, sin intimidarse
por nada, han seguido las inspiraciones de su
so Dreyfus.
conciencia
en nombre de la justicia.
Otra vez el ·gobierno de París ha dado prue*
bas palpitantes de su alta serenidad, al proceder
* *
Y como si estas convulsiones interiores no fuefríamente para sofocar la llamada conspira ción.
Aunque ha oído pronunciar con insistencia los ran bastantes á sacudir el espíritu público de
nombres de los príncipes Bona.parte, aunque ba Francia, tan fácil de ser arrebatado por tradición
Silbido la llegada del príncipe de Orleans á Bruse- y por a~avismo, la cuestión de :B' ashoda se recrulas, tal vez después de haber tocado la frontera dece, prnvr,ca nuevas ex11ltaciones y, según el to•
francesa, no ha perdido ni un momento la calma no que adopta la prensa británica y francesa,
necesaria en momentos tan críticos, ni siquiera está á punto de provocar un rompimiento.
Un grupo de exploradores extenuados por la
ha procedido á estas horas contra los generales
acusados de infidencia; y si bien eg cierto que se fatiga, debilitados por largas excursiones á traha anunciado su destitución, basta estos momen- vés de selvas vírgenes, de torrentes impetuosos,
tos no ba habido acuerdo decidido en este punto y de pantano1 traidores y de ,rib11s salvajes, llega
acaso Ei la conspiración b11 existido, le ha basta do desde el Senegal basta las tierras del Sudán
tener en sus manos los hilos de la tenebrosa tra- egipcio, que acaba de conquistar para el Khedive
ma, para ahogarla en su cuna, para sofocarla an- la espada ven cedora del gral. Kitchener. Llega

***
Bien pensaban los soberanos europeos en comenzar á la brevedad posible una cruzada contra los
anarquistas, batiéndolos en brecha en todos sus
antros, persiguiéndolos en sus obscuras cavernas
y destenándolos de todos los centros civilizados.
~penas salió rumbo á Palestina el emperador
Gmllermo, cu1mdo, por oficiosidades dignas de
alabanza del cór.sul italiano en Alejandría se
descubrió una conspiración anarquista, enc~mi•
nada á _asesinar de modo execrable al emperad?r Guillermo II durante suviaje por Egipto. Sabiendv que el monarca teutón, antes de dirigirse
á los Santos Lugares, pensaba atravesar la tierra
de los Faraones, llena de recuerdos históricos que
tan elocuentemente habían de hablar ásus aficiones románticas y medioevales, preparábanse los
aborrecidos hijos de Ravachol y de CaserioSanto,
á atacarlo con bombas explosivas en una plaza
de Alejandría ó en una calle estrecha del Citiro.
Sabedores de que el itinerario imperial se había
cambiado, disponianse ya á trasladar sus instrumentos de muerte á las costas del lsiaMenor
ó á l~s llmur~s de Siria, para atacar al emperador si era posible al pié de las murallas de J ericó ó en las calles sagradas de J erusalem.
Af:lrtunstdamente para la gran Germania la
t~nebrosa conspiración ha abortado, y sus prinmpales a_ct?res se bailan presos, aunque algunos
de los crimmales mandados por la vía de Suez á
~al:s~ina, no han caído todaví11. en poder de la
Just1e1a. Pero han de caer: sus filiaciones y retratos han sido enviados á todos los consulados
extr~~j~ros de Egipto "'! de Turquía Asiática, y
es _d1f1CJl que pu~dan librarse de las activas pesqmsas emprendidas por la policía internacional.
Este atentado, que para gloria de la civilizac~ón, no ha podido llevarse á cabo, sólo servirá para que se redoblen los esfuerzos contra
el anarquismo, y para que la gran cruzada con•
tra ~os enemigos dela sociedad que ha convccado
Itaha, se lleve á puro y debido efecto. La civilización así lo exige, la justicta lo teclama.
_
X.X.X.
Octubre 20 de 1898,

�320

Domtngo 23 de Octubre de 1898

.!L MUNDO

...

......
'

·.
A•

~ i

quimistas, brujos y evocadores. Fué una entrada
triunfal en la historia la de este nieto de Brumor de
La1al un paladln lt-gendario, y de Bertr11n Duguesdin, el salvador dt1 lit Francia d_11l siglo XIVº; una rn•
trada triunfal: en l.Rs batalld v1b1 ó com~ el r11g:1do
de un león en los primeros al'doree el grito de Rais, y
entre el polvo y .-1 humo de los primerus comb11tea de
arm11s de fupgo, tnmoló muy alto, al par ~e los más
altos pendones, el suyo, dtcorado con el funebre escudo de rn casA: oro cruzado de sable.
Era una ~poca at:iag11, aqu.-lla, la más nocturna, la
más lúO'uhre de la int11rmmablt1"guerra declt&lt;n años."
No ha bia Francia; Francia, el patrimonio lentam1iute
crecido de los reyes capeto¿, id .. ntificad11. con é~to&amp;,
e@taba d1ddida, disuelta, no e-.:istla: un rer d6 Fran•
cía habla ~ido proclam11do s1Jbrt1 la tumba dt-1 po
bre dement_, Carlos VI, en S11n 1Jioni11io, y este rey era
un Lancaster, r •y a,., Francia y d" fogl~terra. Utro
rey. no reíuaba fino en unas cuantae. crndades del
valle dt-1 Loir·1 y del mediudia; t&gt;l rt&gt;y del Bourgea, le
llamaban los lngles6d. Estt1 lntortunado t&gt;&amp;taba á punto de ser arrojado del ttlrruíio conservado por la 11111vajf'I energia &lt;1t1 jPfes de ba11dat1, como Dunois, LH Hlre, XautraillPe y Ricbemont, PP!lsab! refugiarse 11n
Cast1lla; acaso lu bab'rla becho H los mgles1111 Sil hu
biesen apoderado de Orleaus. Lo que no estaba en
podt1r de los ingleses estaba en el del rencoro110 du
qu11 de Borgoña y de otrus b11rones fendal ..s má.i rti•
) es en ~Ud d1Jmiu1os que en Bourges-Carlos VH Años
terribles, ewpapados en s11ngre1 en la sangre dt1l put1•
blo de los campos, victima de todoR, qui, deyoraba
su pan de miseria como sus pitdreti, los Jacques
de mediados d11I siglo lamentable que habla a&lt;:!l.b,.,.do,
sin llevarse consigu ni el luto :il la desesper11cmn.
Eran 1011 itños en que, según los;cronistas, 10s lo boa
rabioEos de hambre, invadum las ciud11des. Noche de
agonía larga, sin fin; la muerte no llegaba Litigó la.
resurrección, 111 \·ida; resurrecl'.ión y vida en la ltl, e,1
la in11piración popular encarnada tu una pobre mu•
cha.cha que creia en la Patria y creia en Dios. Llt'gÓ
Juana d' Are.

'

..

~

.i •

BARBA AZUL
I.

; NI el Ogro del Purgarcillo ni el Lobo de la Caperucita encarnada, n1 tll Xtabay: ni la Porontoroch vestida de palo, qu"' ile comían á ,os niños que no qu~rlan
acosta~se temprano, en loe cuentos 1de mi nana, que,
sin saber o, mtl refc:ria probablementeviejoe mttoe moyas trai,formados, IDA causaron, de chicuelo, el horror
que Barba•A~ul, el.opulent9 señor, más ogro que to•
dos los ogros y-más lobo que todos loe iobos Cierto,
la narración de Perrault es admirable, es un climax de
miedo y terror sa!liamente dispuesto: la v,uaedad 11in
cesar relnovada del señ')r de la barba-azul, moti ,o de
horror eLtre las muchachas, no poi lo viudo, se entiende, 1,iuo por el color de la ba, ba. cosa que no he
podido explicarme; sus riquezas, vajillas, teias, mue,
bles, castillos, prados, etc ¡ la codiciosa doncella que
consiente en c&amp;i1ar~e con el monstruo; la ausencia d11l
cspoeo, la llav~ had_a que queda en poder de la indiscreta castellana queª" apresura á abrir el retrete mis•
terioeo al pié dt1 la torre; el espt1luznante desc..ibrimiento de los cadáveres de las esposas degolladas:
la sangre coagulada 11n el piso; la l1ave calda de las
trémulas manos de la joven; la mancha hnborrahle; la
vuelta de B11rba-Azul; la desobedienma denunciada
por la llave fatal; 111, sentencia de muerte¡ el plazo concedlao para orar; lot l1amamlentos reiterados del feroz esposo armado de su cuchillo aterrador; y Ana,
la hermana Ana, expiando en lo alto de la torre la lle·
gada de los hermanos libertadore8: y los hermanos
que tardaban y la agonla infmitit del g.rito: Aua, hermana mia ¿qué veer Y la angusth, mortal dti la rea:·
puesta: Sólo veo el sol que polvorea y el campo que
verdeguea. Al fin, al fin. la mujer arrodillada ante el
verdugo, el relampago del cuc_hillo sobre la desgrll·
ñada 011,beza, y en ese supremo instante, los golpes á la
1,uerta-¡oh! esos golpes cómo suenan en el corazón!
:--Y los v,mgadores que entra~. el verduge que mue;
re...... Perfdcto es el cuentec11lo y honda e imborra•
ble la impresión en el ánimo de los niños. Y si los niños supieran quiénes erau he verdadera■ vic!imae de •
Barba Azul! Yo se los voy é. decir.
Ya. bombreclto de diez y siete años, leyendo á Mi•
cbelet, me encontr_é con una ~orrenda figura reabada en el fondo r0J&lt;l del crepu11culo fe:idal: Gill~s de
Retz mariscal de Francia, noble bretón deencumbradish~o abolengo, cometió cl"lmenee tim abominables,
en loe tiempos negros iluminados por el nimbo de
martirio de Santa Juana D'Arc, que su renombre dura
aún en lu comaro11s bretonas, en tionde se le llama,
confondíéndolo con un foragtdú inglés de aquellas
~pocas. Blue ba,b, Barba-Azul: una bestia de exterminación .die.e resumiendo. el historiador.
8e quedó en ml el horror y la curiosidad, una gran
curiosidad, se justapueo al primer eentlmiento. La
opereta francesa me gustó mucho. porque me hizo
reir mucho y la risa tie una especie de absolución psicológica de cualquier profanación. Mas aquel empei,o de loe d!vPrtidores, juglara¡; iba yo á decir, de la
sociedad del 2 ° imperio napoleónico en transformar
en gee.to caricaturesco el crispamiento traglco de la
máscara de la historia, no m.e hizo olvidar á BarbaAzul.
[*) La serie de retratos que con el titulo supra'!Crlto me propomro
exponer ante los Jeciores del Jlundo ll11ttrado, han n!lcldo de mis
apuntes de profesor. t!u caricter Httrarfo no permite el aparat.o
erudito de cltas y notas. paro todo cuanto en ellos se afirma e,~ rl·
gurosamente comprobado.

~I fin CRYÓ un libro pnberbi11m11ntP.docnmentado en
mtd manos Si, Barba-Azul er11, Gilles de Bilis; por lo
mPnos, torios los elementos de la leyenda anteriores
itl Siglo XV se cristalizaron en el recuerdo pavoroso
del St'ñor bretón. Algunos cr11t'ln que Ba.-ba-Az.ul era
una transformación del din11 Iredr11, que según el RigV~da, tenla una barba cerúle11, y qne este mito tranem1~_ró, e 11 forma de cuento. dt1 la Iodia•á la Bretaña
céltica Otros creen qn"' 111 el11.ve del drama exl11te e11
la Jpy1&gt;ndl\ de Santa Triflna la hij11. del Conde de
VannPs, dada en m&amp;Crimonlo á un rev bretón del siglo VI matador dA 8U8 mujerP.8, y qúe mató á Trifina,
rPsuc1tada, despuéo de degollada por el Klorioso San
Gildas.
'
Por este camino Re puede andar mucho; ee puede
demostrar que la llave de la s.-ñ,na B11rba -Azul es
una metamorfosis de la manzana de Eva y que loe retretes _misteriosos que figuran t'ln cien .t radiciones y
con!!eJae populares, son origen del que guardaba las
muJeres d11golladaa del terrible marido. Y la curiosidad de la mujer, veintevPces mPnor qut'I la de loe hombree ¿no es el elemento primordial de fábulas incontableij?
Pt'fo he aqui dos antigualla9 que nus acercan al
hombre 'lue sirvió de iuuln á estt1 polvo de hierro de
las leyendas trAgicae de Bretaña, el país de la~ calvas
rocas de granito, del c'elo gri!l v del mar bravio, bajo
el que yace la ciudad de Is. cuyas-campanas oyen sonar los bretones en el fondo de sus enneños.
·
En una endecha de las doncellas de Pléeur, 11n anclan&lt;• Obispo trashumante pregunta á las niñas bretonas el motivo de su llanto; lloramos á la bella Giwe•
nols, responden ellas. tA.vl a.vi ayl El terrible BarbaAzulla ha matado como á todaij MUS mujelres.-Ba.rbaAzul vi~e poi:_ aqui? repregunta P.! aterrado anci~no,
pues huid. ninas, huid; el lobo r.tpaz eemenoe terrible
.q~e t'l bar~n, el oso es má~ dulce que el maldito baron de Rats -Pasa el tlempo y la!l niñas de Pléenr
canta:1 en sua romerlas: el rulaeñor hace resonar con
sus tiernos act&gt;ntos el boscaj •; pinzones y oropéndolas
-renu!'van sus melifluas cantilenas y la naturaleza entera está vestida de fiesta: Gllles de Laral no exist.;;
Barba azul ha muerto
¿Barba Azul? Porque tenia ei,ta muca terrible el
barón de Rais. Clerta ocasió'l, y esta ei la otra antigualla, llegaron do11 jóvenes enam 1radoe al castillo
del mon~truo; al lleg.ar la noche, los slcario811epultan
en un calabozo al joven y Rais lleva por la fuerza á
,su cayt11a á Blanca la bella enamorada, y quiere obli•
gar a capell!n á casarlos. El sacerdote vacila Blan•
ca se resiste fu~~osament~: te doy joya.e y traj~s, dice
el.barón_ á la m11a. No. Jamás. grita é•ta.-Te doy
mis cast11los y_mis p11.rque¡¡ -!\lo, jamás; solloza Blanca.-Te doy mt cuerpo y mi alma dice fuera de si
Oilles.-Acepto, dice Blanca que ~ra el diablo; y te
marco ~es~e hoy-Tocando la barba roja del barón
la convtrtlo e11 azul obscuro y añadió: dt1sde hoy no
te llamarás Gilles de Lar1al, sino Barba-Azul.
Era linajudo como un duque de Bretaña; las casas
tle-M&amp;&amp;tmol'eney, d&amp; Machecoul, de Laral ñ&amp; Craon,
ee hablan unido á Rata· (que andando el tiempo se
convirtió en Retz) y de toda esta savia feudal habla
·nacido Glllee; crec;ó en libertad. dueño de si ml~mo,
bajo la tutela apenas perceptible del anciano Ju•n
de Craon, su abuel'?; era herm\)@O, de gallarda estatura, de porte genttl desde la aurora de la juveratud,
Era tan nob1e como el duque bretón, a1tzerano suyo·
pero era más rico; era riquieimo; no babia fortuna e~
Fr!'-ncia comparable con la suya, cuando llegó á loe
vemte años y se presentó en escena simple barón
simple señor. no dignándose ber ni duque ni princl:
pe, con un séquito esplendoroso de cr.balleroe escuderos, pajea y criados. y otro séquito de canónigos,
socb.antres y coros de llU capilla mirifica ., otro sé•
quito &lt;&gt;culto, trémulo, pero preferido a t¿dos, de al•

•*•

'

Su voz parecla 111. voz del arcángel de la resurreecióu, er11 un surgite mortui¡ caballeros v pueblos ~e
levantaron reaiv1vos y biguieron á la Í'ucelle; I• si•
guió 111 rt1y al combate, al triu11fo,álaco_n11agracióuen
Reims; luego la abandonó, luego la olvidó; ..ola fué á
111, p11sión y al martirio cowo Cr~sto. En 111, irr~diación
de aquella milagrosa epopeya (J&amp;mtd, se ha dicho, la
hi.tori• ha collttl11do mái de cerca al milagro,) caraco•
ltiaba ti0bre un corcel vestido dt1 h•erro y dt1 iumensas gualdrapas recamadu de oro, un mancebo de
veinticinco bñoa. Nombrado · por el rey, deaeo11o_de
distinguir en él á la alta nobltiza bretona, guardián
espec111,I de la mar&amp;villosa é inexperta pastorcllla, lti·
lit-a de Rals. renombrac;o ya porsu valor y su crueldad
en 1011 combates cuyos sitios quedaban 1argo tiempo
marcados por las horcas de que colgab411, entre
· una nube perenne de buitres, los cuerpo11 de los prl•
s10ner&lt;&gt;s,
En la armadura de aquel hombre, todo acero y oro,
lo mismo en el timbre dti la bruñida Cólada, que en la.e
esct1nas brillantes del calzado ferreo á la paulaine. se
reflej!l.ba en l'Ojo,laluzclaraypuradelagloru1deJuana. l!.n Reí ~s, el llevl&gt; con su escolta rti¡r1a la santaampolla, que guardaba el crisma dtl unción de los re•
yes tranct1~es, á la catedral en que reeib1ó el ~&amp;lltÓJ
de Mariscal de Francia, tlespués del• cer,monta m~a
conmovedora que habla dedpleg&amp;do su pompa st&gt;mlbárbara eu la 11dva de columnas y esculturas del templo gótico y bajo las eternas penumbras dtt las bóvedas oj1 vas iridadas por los deijtellos dti ped~erill de loa
vitrales.
Luego vienen las ma,as ;ornadas para la herolna;
Gilles no la abandona, la acompaña en l11s hora_s tra•
gicas de los fosos de Paris y luego se retlriin Juntos
y el señor del Rais no vuelve á aparecer en Ji, gue•
rra...... ¿Qué bad&amp; rondando por las cercan1a11 de
Rvut1n tin los dlas del bUplicio de Juana? ¿Qutiria sal
variar O era su eterna, su insaciable curlostdad1 l• que
lo llevab L al!!, donde Dío11 y el diablo deblan Qtl dta•
putaut1 aqu11lla presa singular? l,tui"n s be. pero in•
quieta la vrest1ncia de este milano ceroa,blemprecer•
ca d6 la pa.loma 'lorenesa. En su esplrim lleno de su•
pertlclont1ll satánicas, aquella mucbacba extraordina.r1a, dt1be de haber hecho la lmprt111ióu dtiun pr~blema.
¿li:ra una enviada de Dios ó tt1nla pacto con el diablo?
,La seguía, la ,ob~ervaba por e110 qu1záa, esperaba
sorprt1ndtiria llamando á los santos, su11 protectores,
querla tener la prueba de que 1011 st1rt1s ultra-terrea•
Hea nos oyen y se nact1n v1oibl11s, atraldo11 de la som•
bra de la tumua como las mariposas por la luz, por el
pre,t1glo de los conjuroo mágicos
Sin embargo, la fascinae1óu ejercida por Juana an•
bre t1l f&amp;11tuo110 barón es Indudable; cuando despuéa
del suplicio de Rouen, una joven impo,stora., recore
una parte de .l!'r11,neia llamándose Juana D'Arc salvaua de la muerte, Giltes Vllela en su auxilio y le confl•
parte de sus trupas.

Oomingo 23 de Octubre de 1898.

321

EL MUNDO

l)ieles de marta y gris. Esta clerecía y loa nilío11 del maravilloso .del paisaje formado de estanques, de ríos, como en el famoso Misterio de Orleans, reprt&gt;sentado
coro y los órganos, lo acompañ11b11n en sus expedi- bosques y suaves y 11zuloso11 horizontes, T 1ffauges, el á t"Xpeusas, problamt1nte, de nuet1"0 hombrA y en el
ciones; no se cansaba de oir música ni se saciaba de · castillo favorito de Gilles de lL11ie, guardd ba dentro que f1gur11ba casi .. n primer término junto á la egrecautos infantiles; una ocasión que oyó en una iglesia de su@ muros de granito, tr:das las maravill11 s del 11r- gia safv11dora de Fnmcia.
Para que en esas épocas de Afición desm11,iurada á.
dtt Poitiers, la voz de un niño, á. quien llamaban elrui · te ojivo, todas li.s riqueza11 del mobiliario y dtt la de-señor le contrató para su cap:lla, mediante la cesión cor11cióu de las postrímerias dó los titimpo11 góticos. esta clase de diver,iiouee, costo~isimas muchas de
formal de una de sus tierras. Inútil es poncierar el Los salones de rectspción cubit1rtos del arma11 esplén· ellas, en eota época en qut1 Francia se erizaba de taesplendor de los paramentos sacerdotales; el oro pro- didas de España, de Florencia, d..J Oriente: loe muros blados en todas la11 plaza11, atrios, y corrah·s llamase
digado en casullas, custodias, cAlices, candelabros, cubiertos de telas de t.ro, que hoy, apenas e&amp;tarian la att·nsióu el furor del barón por esta clas.- de plaatriles. vinajeras, escandalizaba á los que llegaban al alcance de los a.rchimi'lonario.; salas de banquetes certis ¿cómo serian ellost En donde quiera que lle•
-á verlos. ¡Cuánta piedad la de este siniestro dilettantel rodeadas de c1:edencias cuájadc.1s de v11j rl1,.,1 (en el gaba oe t1ijt11blecia -,l t11 ohido, se t11ndian Ja., decora
.Era eso, un dilettante, como Nerón y 11n el sentido qu"' · cuento de Perrault se consP.rva mt1tUOri1t dti ellas) y cioutlS, se apreijtaban los j 11glares y loe act1ire1:&lt; (tohoy damos á las palabra~, un maniaco de sensaciones en donde corría para todo vi~1taute, para tollo foras· do eso iba en la esco,ta d-, Rai,J ) se ord1,11aba al
tero el vino viejo y t1l hipocrái á torrentes, en uua pueblo que dt'jara. ,u tr.;bajo para asistirá la repre•
extra.ordinarias; un degenerado.
trnutacióu. Y 111lá iba la multitud, atropellándose, grl•
Lefa, leía á Suetonio; mala siembra, pésima en un · especie de perenne orgla. Los órganod de todos pre
campo abonado por los instintos apenas reprimidos cios denunciaban en todas parte, la rudomanla del tanrto. palmoteando. aullaurto de júbilo; de1,pués del
de la vanidad, de la impureza, de la impureza absolu- joyen castellano; la.11 pinturas dti las bovt1cla11 1 til lujo · Misterio ó de la Farsa.-! t111plé11d1do st&gt;ñor ob-equiaba al put&gt;lico con bauquetell oplparos de lo~ que frai•
bárbaro y ostentoso de los· rt'tr..tes, el ,,ro y la pedrti
ta, de la que lleva aparejada el deseo tnsaciable de
sangre y .,¡ delirio homicida; los Tiberios, Caligulas ria de los ornamentos de su capilla la'I incornpa.rdbles le~, art.-sauos y comactrei!, sali .. n "hitos y bo racbos.
¿M ,s cómo h11cla e•ttl bombr6 para ceb11r •in taza
y N~rones aparecen en ese libro como divinidades dtil bestias de sus c•Jadr.,s entre las cualt'S reiuaba Cascrimen y del mal, como hombres capaces de aprove• senoix, su caballo favorito, hacian honda iwpreijión el no de sus prodigalidadt&gt;s? Lo gastó todo, lo ven·
dió y lo empeñó tor., á frng,neutos, á retai(/11 desmti·
-ch!l.r su omnipotencia ps.ra convertir todas las ener- en cuantos los velan.
Y no las ocultitba el vanidoso barón: t1n todos sus nuzó su g1gauter,ca f-.&gt;rtuua.) la di~persó t'U manos
.gias del mnndo postrado allte ellos á. un solo fin: pro·
porcionarles una sensación capaz dt1 extraer y ago- eastiilos, en su ca,a de Nautes, babia la mi,ma. pro• d.- burgu .. 11es y señort'ij ~µe atrapaban ávidos los destar t1n sus naturalezas infinitamt1me sensualt:s, toda fusión de e;plen_dor, la misma gala de d •ri·oche y de poj•Jt! de e1:1ta magnifica ave de prPsa feudal.
Sufami1ia pi &lt;iió al rey laioteriiicdón del pró ,ligo; peprodigalidad. Cu,mdo 111 man11cal d" Francia hacia
su anima.lid&lt;ld en un instante de tieleitt1 y horror.
La vt1rdad es que el barón de Rüs ttlnia la pasión un viaje, los hostelerod de las ciuda·l1111 y pu.,b!oij que ro eI duquti de Brt1t!iña. q11t1 se eoriquecia con las mi•
g • 1as dt1l banquete d11I magua te su v11sallo, lo ~ostuvo.
,de los libro11; los 11uyos er•n exq1.usitos de forma y ra- visitaba haclan su agosto. Existe11 memori11les de
ros de fondo; en aquellos tiempos eu que la exigua tallados de una vi11ita suya á O•leans: todos las hos• Y R ..is no paró di} gastar. Era un loco, entonces. ¿Creia
-bibliott ca del rey üarlos V, era en Francia objeto de terlas fueron ocupadas por su servidumbre por sus ac..110 que no habla. d11 sec11.rse aquel pactolc, que sue
11,dmirac1ón, y de pasmo, uu siglo después, en ioda la carrozas y equipaje&amp;: en tudas ellas 1;1111 t scuderos y riqut'Z 1tBn ot11ndrian fírü Prt-cit1amente; estaba á pun-crie.tiandad, la de Matiab Corvino, que hoy apenas for· pajt1s, sus cortesanos y lacayos, derrnmaron el oro á to, cuaudo aBl regaba su citudal y delap.idaba. alborozado ,u fortuna estaba. A ¡,unto de rehacerla ins·
.maria un lote de la Biblioteca Nacional de t'aris ó de manos llenas.
Mas no solo _por eso eran dlas de holgorio los de la tantt11eamentt1 y de ,.IJ.o~ar en ella á todow lol! potenla del Mll11eo Británico, Jalibrerla del beñür bretón era
-de primer orden: riquisimas las ho;as dt1 pergamino presencia de Gilles en uua población importante: si• tadus del mu11do. Grlles de Rais iba á fabrie11r oro;
en que él mismo nimiaba las mayúdculai.' rutilantes y no porque tenia, como otro deg11nerado d-, nut1stros all! estabá formándostl en el fondo de su crisol ae altersas y bruñidas las pieles de !ds pastas que se com- dias, pero dulce y bl11ndo éste, el infortuuado Luis qu1mi.t11, como el huevo de oro del mito Indico, la
placla en esmaltar con primor. Porque es,e hombre de Ba"iera, la pasión, el delirio de las reprt"Stlntacio- Piedra filosofal. 1Obl si, iba á encontrarla, la habla
encoutrado ya., tt-n¡a por co!oborador al único señor
-tenia todas las curiosidades; él si habria. querido po- nes teatral~s, era la época allut1lla1 en que loe mt.,üi
.seer la Ha.ve-hada del cuento d , Perrault para abrir rios se emaacip11ban de las represent11ciou.-s y pdn· frudal má1:1 orgulloso y mát! ambicioso que la Tierra,
&lt;todos l.os misterios y penetrar en todos loe ~ecretos; tomimas que sólo se vtlian en .Jas Tg1~sia11 y salra el al Di11blo.
-era u¡¡ Fausto que habria dado miedo á Mef1stófoles. drama liturgico á la c11lt11 á revivir g-roijera y pinto
rescam11nte, en medio del brutal entu.iasmo de laij invi:A5tv
genuaa y feroc11R mult tud,,s, los epi-udios de la Pa•**
Alta roca sombría y siniestra en medio del cuadro sión de Cdsto ó de ,a Pasión de Juana la Donc"1lla,

---1

J ~

0

. Pero no era la empresa.de salvar la Patria, lo que
absorbía el ánimo de Pete feroz halcón feudal. Ya lo
hemos dicho, era riqulsimo; las rentu de sus castillo•,
parques y granjas pueden valorizarse en una canti•
dad equivalente á se!scientoa mil peaoa anuales de
n'uP&amp;tra moneda actual mexicana. Amante desenfre·
nado del lujo artlstico (se comprendP) tu movlliario
vaHa. en la misma moneda, cerca de un mll,ón Loa
prioclpes envidiaban la casa militar de aqu11l barón,
compuesta de doscientos caballeros, escuderos y pejes
ric.am6llte vestidos, pagados y manttinidoa opípara•
mente. El duque de Bret11,ña le env1dlaba 11u capilla. de•
dlcada á los santos inocentes (aqui uu estremecimiento
de horror de la hisrnria) y dotada como una catedral ó
una colegiata; aus canónigos (solicitó del Papa. que fue·
ran mitrados como los de Lyon) recibían e~eldoa c9pio·
sos y vestian luengaa túnicas de escarlata forradas de

EL EMPERADOR G1JILEEBMO II DE A.LEMA.NIA.. -TRAJE DE CA.MINO (t1JE VESTIBA.. &amp;.-Y PA.LESTI.NA. .

..

�Domingo 23 de Octubre de 1898.

EL MUNDO

EL KAISER GUILLERMO II
1,a, bU

EXPEDICION A. PALESTINA..
Como ya saben nut&gt;stros lPctores, el Emperador y la
Emperatriz de AlemHIJJa s~Jieron de Berilo, sPguidos
de _numero-o acomp11nam1t&gt;nto, par11 emprPnder un
viaJe á Oriente en que é.tá iucluida una visita á loa
Santos Lugares.
Los impt&gt;riales vi11j,.ros Paldrlan de la cApital de su
reino el d_il4 doce de Octuhr1:1 ú tim_o para embarcarse
en Venec11l c1,n rumbo á Constannnopla primt-ra tlS·
tactón de su itinerario Alll pl'1manecerlan cinco dlas
como huéi!pedes del Grau Turco y en seguida prose,ruirian pua A~ia ,\h1nor y visitando someramente
Halfa, Cesarea, Jaffa y LH trún .,fectuando su entrada e~ JerusAle~ el dfa vt'inti_nueve de Octubre para
asistir á la ded1cac1ó11 d .. la 1glePia alem&gt;1na d.,l Redentor que es el objl'to ó m"jor dicho el pr.-texto del
viaje. De_ ahi pa\ti!la la com,tjva á Egipto en cu,·as
metrópohs del Cairo y de AleJandria se efectuarían

rumbosas fiestas en honor de la imperial pareja ger•
mana, fiestas agradablemente interrumpidas con excursion~s á las pirámides de G1zeh, á la pirámide es111louada de Saggarah, á las obras del Nilo y á la primera cascada del mismo rio, durando sólo este último
paseo doce dias de navegación en yate.
Eijte os el itinerario primitivo que elaboró la opult&gt;nta imaginación de Guillermo II en su gabinete de
Berlln y que fué dado á conoctr al público por !a
prensa alemana. Posteriormente el Emperador le hizo
notables modificaciones, pero sin prescindir de su visita á Jtlrusalem. En la sección cablegráfica de nues
tros diarios podrán nuestros lectore11 St'guir la fantás·
tiea excursión del Kaieer aunqu.. sea por modo ideal.
Es curioso observar el viaj.- á Palestina d11 un Emperador de Alemania en este fin del aiglo XIX, comparándolo con las cruzadtis que guiaron sus abuelos
en otros ti11mpos Federico Barbaroja dejó las obscuru selvas de Germanl• para plantar la bandera de la
l,i:uz en la ar,.na misma que bt&gt;bió la sangre de Jesucristo. Segul,.le un acompañal'liento regio de c11balleros de la más alta estirpe y la sangre alemana r~gó
generosamente la tierra santa por eatlncla; mas suJeta

DomJngo 23 de Octubre de 1898

al sacrlle"'o cautiverio de la Medía Luna. _A Guillar-•

LAS RlVALWAOES FRANCO-INGLESAS

mo II le a~ompañan lgualw~ . u, los mas ~r!lla~tes ca-•
balleros de su reino y el obJeto de su Vl&amp;Je. tteno de,
común con las cruzadas el honrar la memo~1a del Redentor con la dedicación de un templo cristiano evangélico á dos pasos de la iglesia católica del Santo Sepnlcro. Pero no hay cuid~do: hoy no se derramará
sangre y la pavorosa noticia del complot anarquista.
fraguado en contra del Emoerador de ~lemania nopasará de mala intención gracias á los cuidados de la.
policia. Espnémoslo asi. . .
.
Reproducimoi! hoy la uhlma fotogrAffa del K~1sercon el uniforme que ueará en Tierra Santa. Gmllermo II que se entiende hasta t'D achaques de sastrería,
ideó el traje y dirigió su hechura en todas sue detalles, desde la elección de la tela apropl~da á los calores asiáticos, ha&amp;ta el color del correaJe que endosarán las bestias de la ciiravana.
La entrada de Ge illermo II á _Je~usalem, c~~alleroen brioso bridón y seguido de cmtllante_ com1t1va será sin duda más !lparatosa, pero menos tierna , mu~homenos que la que efectuó hace diez Y ocho siglos.
otro m~narca que se llamó Jesús Na~areno!. ...

OMDURMAN

EN EL ALTO NILO.
Una págl"• de historia contemporánea.

323

ll!LMUNDO

v

KAGMAW

PUNTO Dil VISTA FRANCES.

Sabid I es que á ritlz del renacimiento egipcio promovido por Mt-hi,mi-t-Ali con el concurso de funcionarios y Pabios fr-ncePPR. Egipto comenzó la conquista del Suda u. Después de Juchar largoP años contra los mercadt&gt;res de PSclavos del Alto Nilo RPouf
Pacha, Gobernado del Sué.an tramés, Je; dividió en
tres provincfas el ~ño de 1883, Occidental capital El
Fachn; Crntral cayital Khartoum y Oriental capital
Massouah.

&lt;'

¡~
1::,

e:

LOS DISTURBIOS EN LA ISLA DE CRETA.

Los ,ia.blegr11 mas a11unci1tn 1,. ejPcución de algunos
musulmaneb convictllri d ➔ 11Se,l11ato,1 pPrpl'trados en
Candía .v de 16s que fuero11 vh-tim"s súbditos de la
Reina Victoria. El ord n Mfl ha re,1tablecido "'º la isla
gracias á 1,. intervendón dfl lo2"laterra, apovada por
Fra~cia, Italia y Ru~ia, poteuciu que se unieron á
los mgleses para obtener la te, minación de uu estado de cosas tan escandalofo como criminal.

tia.nos. As! fué. en efecto,comenzando el desarme :,
lll entrega de fusiles á los ingleses desde la útt!ma
semana de Septiembre.
Esta vez, los esfuerzos combinados de las grandes
potencias mencionadas obtuvieron el más completo y
humilde acatamie11to del Sultán á las con•liciones que
le fueron Impuestas Es de notarse el alejamiento
de Alemania y Austria. en estal!I nPgociaclones, y
su pApel de 1&gt;spectadores en la cuestión qua tanto
ha dado que decir y tanto indignó al mundo occidental.

e-¡

importancia, porque reeue~da una de las eecenas mássignificaiivas de la barbarie turca. Sabido es qua decidieron los Almirantes extranjeros desembarcar á..
veintt1 ingleStlB del Hazard para que hicierbn guar,dia en la. Aduana, situada en el muelle Además acor•
aóse·que lRS autoridades cristiaua11 se instalaran en,
la oficina del colector de la Aduaua.
El resultado de estas medidas fué el disturbio-que conocen ya nuestros lectores en todos SUR porme,nores por los datos publicados en la prensa ?iaria.
T11mbién aparece en esta página la calle prmclpati

CJ

IJAR- NUBA

OM·OEL GAL

•
,50

Croqrus de la región que se disputan Franela é Inglaterra.

t;a,pJCán J. B. Marcband,
Jefe de la expedición francesa sobre Fashoda.

La iusurrección msdhista, que los ingleses dPjaron
prop1o~ar adrede para justificar au ocupación del
Bajo l!:gipto, hizo perder al Khedive sus provincias
euda11e,a11.
El 28 de Enero de 1885, Khartoum, defendida wtrépidameute hasta t&gt;monces por Gordon, cayó en manos d ..! Mauhi, quien la destruyó inmediatamente es•
tableciendo su capital en Oadurman.
De,d11 entonces el Sudan egipcio quedó eutrf'gado
á la ~narqula, á los ingleses hicieron pesar duramen•
te su~ ugo s1,bre Egipto á fin de proteger eete desgraciado país d11 las amenazas de los dervishes.
Asi transcurrieron diez años sin que se transparen•
taran los manejos tenebrosos del "lntelligence Depar-

El Puerto de Candfa.
Candia. - Puerta donde estalló el motin

¡;;

• Cediendo á las dewan.d11s llel Almirante Noel
autoridades turcas demolieren los edificios con!iguos
al campamento de los iuglese&amp;. Los insurgentes hablan
acampadv cerca de Candla, listos para atacar á los
iurcos¿ pero se_ det~vieron. confiando en que la Gran
Brets.na tomar,a. baJo au eficaz protección á los cris-

•••
La ciudad de Candia quedó reducida á una completa desolación Nuestros grabados representan algunos de los lugares de la ciudad.
La Aduana donde debb. percibirse el diezmo (contribución) el dia que estallo la revuelta, no carece de

de Candia dpspués del fnPgo y la puerta donde fueron muertos l'I teniente Haldam y otros ing,eses.
Una vez más se ha prestntado la cuestión de la intervención en los a~untos interiores de Turqufa y en,
los de Creta. viéndo~e en esta ocasión con toda evidencia cuflnto mas eficaz es la intervención inmediata y aislada de una sola potencia que la de todas ó,
aljr•rn11s de Pilas simultáneamente.
El Almirante Noel obró cen energla y r11¡&gt;idez, al
mismo tiempo que el Ministro de la reina e11 Constantinopla llevaba de frente el asunto de la repnación i.
les ultrajes sufridos por Icglaterra.
Posteriormente intervinieron las otras tres potencias mencionadas. como para dar á e• tendn al sultán que no era valedero ninguno de sus b11bitualesrecureos: la mentira descarnada y los pérfidos subterfugios de su política cruel.

tement", dirigido de una manera notable por el coronel Wingate.
.
Bruscamente, el 14 de Marzo de 1896, se telegrafió
de Londres al Cairo !a orden de emprender una expedición contra los derviehts, teniendo á Dongola como objetivo. El comandante en jefe, General Kitchener hizo retroceder á los desvishes y estableció su
cuartel general en Berber. Durante el invierno de
aquel año preparó la siguiente expedición cuyo objetivo debia ser Kartoum.

*"'*

Sin embargo, les ingleses no dejaban de h:quietarse sobre los acontecimientos que podían ocurrir en
f'l Alto Nilo. S11bian que babia partido una miPión
france~adelCongo con destino á B11br e1 Ghaz11l. pero
ignoraban eu organización y su de~tino reAl. EntonCf'B hideron correr el rumor de un desastre de la
mis!ón Marchand para que los fr..nceses abandonasen su reserva.
En parte lograron su objeto, y conociendo las verdaderas Intenciones de la expedición Marchand decidieron una ofensiva violenta
El 4 de Septiembre el ejército del General Kltchener se adueñó de Khartoum despuós de un violento

combate, y los pabellones inglés y egipcio ondearon
sobre 1011 muros triunfalmente.

--------•-------LA CATEDRAL DE .MORELIA

Calleprlnclpal de Candfa después de lofl disCurbiofil.

Esta notable basilica, cuyas torres tienen 62 metros.
de altura, fué construida en un largo periodo de tiem•
po.- -mAs de cien años,-y como es natural faltábaleal~o de armonía, ciertos detalles eran imperfectos. ,
El Sr. Arzobispo Arciga fué el iniciador de las obras,
la@ que se pusieron b8jo la dir, cción del inteligente
artista Don Claudio Molina. Lo primero que se hizofué substituir el antiguo pavimento con uno de mo•
saico veneciano cuyo efecto es preciosisimo.
El decorado de las naves y ile la cúpula PS otra de
las mejoras y según las descripciones publicadas en
la prensa. que ya hllbran visto nuestros lectorf'S es deuna magnificencia y de un gu~to artístico notables.
El coro fué removido de la nave central en donde·
impedia la vista. de la parte principal del Lemplo.
Tiene éste entre lo más notable la sillerla del coro,
estilo Pigl!' XVI; los órganos cuyo valor no bi1ja de
$100,000; el trono del altar mayor. de plata maciza, regalo del Obispo Ortega y Montéñez; el sagrado, cl11
plata y oro, cincelado primorosamente; una custodi*
~stimada en más de $150.000, etc, etc.

*

**
Pareció que ya no se opondría
ningún obptáculo á
los lnglese11 e1.1 su marcha El plan grandioPo de Cecil Rhodes, el conquistador df'I Africa austral, fué
para eilos de una realidad completa.
Tratába11e de unir Egipto á la colonia del Cabo, á
través del Africa central. Bastaba para ello h11cer remontar el Nilo á sus cañonnos, para asegurar su in·
corporación con Mac Donald y Cavendish que ocupa•
ban Ouganda y hablan ealido victoriosos en Mruli.
Con esto, su hábil polftica les hubiera permitido, á
cambio de ventajas especiales, franque11r el Estado
independiente del Con¡ro y el estandarte britAnico
habr!a flotado triunfalme1,te desde el Norte al Sur
dt'I Africa en toda su inmema extensión.
Sólo una eombra tenia ~~te cuadro: la expedición
Marchand. No bastaba que 11e hiciese correr el rumor
de su fracaso; necesario era que el hecho se confirmase. Ahora bien, lejos de haber muerto, el capitán Marchand y sus compañeros de armas, los capitanes Baraties, Ge,maio. Mangin, L¡¡rgeun. el teni, nte To11qne, el alférez Dye y el Doctor Emily hablan llegado
á Fashoda.

•

Fasbodn. ocupada por la expedlcl6n Marchand.

�EL MUNDO

324

Oomiugo :23 de Octubre de 189l!

Domingo 23 de Octubre de 1898.

EL MUNDO

PEKIN Y SUS CERCANIAS.

·-•
Puente ••Lomo de Camello."
Parte exterior de la muralla.
EL EMPERADOR DE CHINA Y SU MENTOR
comprendida en la _esfera _d111 acci?n ingl_111sa. rE'I•
La. travesla. de los franceses al mando de Marchand 111stá
couocié11&lt;lolo
asi
Al111mama,
Jt,i.ha
y
el
~,;ta&lt;t_o
1
1b~e
d~l
será uno de los más noteblt1s t&gt;jr1mplns dt1 lo que pue- Uongo. El gobierno d0 Lord _R 1Pt1bery. man_1f_.,._sto PU·
China es el pals de los certámenes á propósito do
de la. energla. iorlividual. R.imnnt~udo Fucesivamen.te blicameute cuando se or_(amzabll. la exp_ed1c1ou Mar- to 10.
el Oubanghi el M'Bumou y t&gt;I Bokau. penetró por ulHemos oído hablar tanto de Emperadores y Empe•
timo Marciland á fineK de 1· 97. en la cuenca del Nllo cha.ad que cualquiera invasión emprt1ud1da sobre el
rat1ices dP China, ya enve111&gt;nados, ya
y ocupó el fut1rte Hossioger, cerca. de
dPpuePtOP d111l poder; ora victimaq de unas
cou.ipira.cioneR ó conPpiradores á su Vt'Z;
Tamboura en el Saueh.
Comenzó P.ntonct&gt;s á bajar p&lt;'r t&gt;Fte rio,
-tanto ht&gt;mos oid0 hablar de esto que
afluente delBabr el Ghaza.l, fundandopues
1·r111emos pertiuente la publicación de l11s
tos militarP.s en Kodjioli y t&gt;n 1,. confluen·
liuPa8 y del retrato y vistas chinas que
cia. del W ,mu. al que dió el nombre de
form" n ~Fta página.
fuerte Desab::, asegurando asl su linea dfl
;.Cómo 11..-ga á rn alta digni~ad una Emcomunicación. Pasó por MePchra en Rek
pi&lt;ratriz de China? Ya lo lltmos dicho, el
y á poco acampó á orillas del lago No.
certámen t'S el procedimiento universal,
Por su parte Llotard, comisionado dtil gcempleanrio en CLina para prover todo
bierno francés en el Alto Aubanghi, funpuesto vacante. H11.ce justament111 diez
dó los establecimiento,;, de R~ b ..t y Dem
años hubo nn gran ~oncurso de jóven, s
Ziber. mandados por el capitán Valdenai·
casad..-ras con más ó meaos titulos para
. re, y luego el de Ganda bajo las órdenes
pretender la dignidad suprema. E1 primedel teniente Cha¡,uiP, uniéndose aKI los
ro de todos os requisitos es pertenecer
esfuerzoR de esta expedición con la del
á cif'rta clase social elevada y ser ademas
Capitán Ma.rchand.
de la raza domiuante.
Los franceses ocupan la provincia de
Las primer 1s prueb,is dieron por re•
Barh-el·Gh11zal y sus ePtablecimit&gt;nto@ cerPultado que qnedara.n sólo treinta.y un con•
ca del Nilo obstruvt&gt;n el camino de los in·
currente,; acepta1as; selas condujo en cagleses. Estos protestau contra la ocuparros cerraaoij á !'alacio, en el qui! eutraron
ción de territorios que pretende lCgipto,
antes de que saliera el sol. Sirvióseles un
banquete para rt&gt;parar sus fuerzas, dt1·
EL PUNTO Dlll VISTA INGLÉS
bilitados por la nocturna caminata DesSir Herhert Kitchener ha dado feliz terpués dt&gt;l desayuno fueron llevadab á la
mino á. la campaña del Sudan, aseguranpresPncia rle la augusta y temible Mado losintereKes anglo-egipcios.
jestad. la Emperatriz viuda. la cual pa,6
Parece en E'.ft'ctu que todas las dlficu\en revista á las doncellas, examinándolas
tades han desaparecido y que este resulpor grupos de cinco
ta.do satisfactorio se obtuvo con un mini·
Uada una de las aspirantes al trono llemum de esfuerzoa. Como el gran Carnot,
vaba una tableta en la que estaban et1•
Sir Herbert Kitchener es "un organizador
critos su nombre, su edad y prosapia;
de la victoria," aunque, á decir verdad, su
después de iuterrog-arl&amp;s la. Emperatriz
mayor mérito consil!te "'n que prevee con
viuda. mezclando á sus preguntas una
igual perspicacia las pt\rdidas que se proque otra ob,ervación matt1rnal, S M. forpone infhgir al enemigo y las que evita
maba su opinión. Si esta era. deijfavora•
para los suyos. Basta pensar en la morble. la tablita de la donc 1la rechazada se
talidad terrible requerida por la conquisponía en mano6 de uno de los oficiales
ta francesa en Madagascar para que se
encargándole que entrt&gt;gare á la rnteiecomprenda la plena exensión de respon•
sada un rollo de st&gt;da. Lue¡;ro se la condusabilidades de los inglt1ses eu la presente
c1a á su carro quedando fuera de concampaña.
curso.
Tócale ahora á la diplomacia tomar 1011
hilos de la empresa manejada con tanto
tino por el soldado La presencia del maEl interés de estos***
datos consiste en la
yor Marchand y de las fuerzas francesas
luz quti derraman sobre las relaciones
er: Fashoda, creó una situación que reque ligan á la Emperatriz viuda con el
quiere mucha y muy firme decisión por
Emperador Aquella. es de hecho, 8uperinparte de Lord Salisbury si se quiere evit~ndente del harem, posición fuerte que
tar un conflicto internacional demasiado
conserv&lt;l á tilda costa, toda vez que le da
serio.
ua medio excelt1nte para regular los acSt&gt;gún t&gt;l chauvinisme (patrioterismo)
toR del Emperador.
#rancés, la emprt1sa del valiente Mavor
lilJANG HSlJ, Emperador de China.
Las mujer.,s de la corte e~tán sujetas á
March~nd tuvo por mira. ó µrovocar á Intodos sus •:aprlchos: su sonrisa las llena
~laterra á discutir la cuestión t&gt;gipcia,
u obtenPr una. garantia ma•erial de la evacuación del valle del Nilo por una potencia extranjera: serla co'!l• de placer y su enojo las anonada, porque no sólo se
Riderada como "acto de desafecto ó enemistad hacia manifierita cou palabras sino que acude á veces á me•
valle del Nilo.
·
dios brutaJeg para mautener su autoridad.
Fashoda. pertenece al Egiptv, Está declarado que Inglaterra."

Algún ático e!!tudiante, 11lumno de Anatomía
,práctica ó de Patologfo. interna de lo~ del Hospital General, bautizó á aquel viejo setentón, dt!
ancha esp ld1t, cuerpo de Hércules de circo y
-entrecana melena de Nazareno, con el nombre
-del mitológico gigante; y e11tre la estudiantil ca•
terva de medicina, ti !ceo aquel no era conocido
IJli llamado de otra manera, uo sin razón, pues A

0

Tumbas de la dlnastfaMing.

Entrada á un edifl&lt;'io público.

11emt&gt;janza del enemigo de Ulises, é:1te, A su gi•
:gantesca. estatura sumaba la ausencia completa
de un ojo, saltado de un lanzazo por un húsar
aUBLTlltco, allá. en los tiempos de la guerra de intervdnción y en la bat1tlla, asalto, escaramusa. ó
albazo que ustedes quieran; peleando nuestro
,hombre, eso si, siempre en las filas del ejército
,liberal.
«Polifemo&gt; era popular en el Hospital, tanto
.por su monomanía como por sus costumbres y
11us buenos servicios. Desequilibrado pacífico, lo
mismo ayudaba A los entel'meros en su servicio
que repartía el rancho li. los locos y cargaba de
buena voluntad las camillas con los muertosrum•
bo al Panteon; pero tenia sus dias de 11bstracciún,
de nostalgia profundo\, de fúnebre ensimismamiento, y en ellos ni por rueg0s ó amenazas consentía
en hacer el aseo del cuarto del «practicante adjunto,&gt; ni en cti,rgar las lámparas de petróleo, ó
cambiar de sitio por súplica del boticario, el pe•
sado almirez en el que tocaban á zaf11rrancbo de
huelga los estudiantes en los días de fiesta; entonces se concreta bu A pasear sin descanso A la sombra de los fresnos tlel jardín y en formular á los
convalecientes que allí acndían en busca de oxígeno, su eterna pregunta, aquella pregunta sencilla y terrible, cliwe acaso de un problema que
devora la pobre humanidad. Y era raro aquel loec con sus dej0s de filántropo, filántropo en medio de la miseria, y su-; barnices de erudición y
de saber en mitad de tres docenas de locos analf&amp;béticos. Si á un cofrade, por ejemplo, le veía
próximo á la desnudez, él se privaba de su levitón
graciento y desforrado, herencia de algún alcohólico muerto en el Hospital y adquirida por des-

pojo sobre lti pl1tncha, para cubrir aquella desnudez y evitar aquel frío: y si en alguna ocasión, á
la demanda de algún enfermo, respondii\ la impertinencia de algún enfermero, él mediiiha en
la contienda con tono de rdórico y puntos de
mondista.
Pobre Polífemol En 11que1 ojo único, inmensamente abierto, sereno, sin parpadeos, brillaba una
mirada con reflejos que parecían decir: compasión, caridad, ternura ..... .
El vivia, allá, hace lue, g &gt;B años, en su rancbejo oculto como nido de águila entre las rocas de
la montaña, ageno de desdichas y de dolores,
idolatrando en un hijo, un mocetón fuerte y simpático, según contaba, y en un nieto cuyo 11dvenimiento estaba anunciado, cuanrio á las playas
del golto llegó el cuerpo expedicionario francés
y la imperiosa necesidad de la derensa nacional,
se llevó de aquel hogar tranquilo al hijo, para
convertirlo en víctima de la. patl'ia y héroe de la
guerra. Mas no p11ró allí: á poco se necesitaron
más soldados, más gente, mucbos mh hombres
para defender el territorio y arroj!l.r al invasor; y
cuando el derrotado pelotón de patriotRs pasó por
las puertas del bohio pregonando el peligro de la
madre patria y requiriendo el auxilio de la
sangre de sus hijos para ella, el hombreno vaciló;
echó una mirada al interior del jirnal en donde
quedabán una mujer, madre joven y hermosa y
un niño, angel ñe inocencia, terció al hombro el
fusil y respondió: «!Vamos!»
Dos ó tres encuentros con el enemigo; el padre
sirviecdo en la mísma compafl.ía que el hijo, por
rara casualidad; el viejo, soldado ras'J; el joven,
un cabo gallardo •Y bravo; y a~ tercpr encuentro,
un zuavo, un maldito zuavo de rojo pantalón bombacho y bla.nca polaina, qu1en encarándose el
arma, apunta al cabo en una Lrir.chera, hace fuego y le rompe el corazón .... y .m viejo, un soldado raso, que mordiendo co érico el cartucho
del fusil, apunta al zuavo y 1,: sepulta una bala
en pleno cráneo,
- Psché ...... Despufl~ maté muchos gabrzchos y muchos reaccion· rios, no por vengar á
mi hijo sino por cumplir con mi Patria; pero
me batía con miedo porque me acurdaba mu
cho de mi nietecito. 8i me mataban qué sería de
él sin padre ni abuelo? Quiso la suerte que un
austriaco me dejara sin un ojo, y entcnces pude
pedir mi retiro y regrtsar á mi montaiia con un
centenar de suzas amarradas en el cinto y arran-

cadas en buena lucha á un forrajeador de la caballería enemiga; onzas que cuidé mucho porque
las destinaba ¿no sabe usted para que? Pues para que mi nieto fuera Licenciado ...... Lice,iciado como Don Benito Juárez y como mi General
Gonzálcz Ortega.·.· ... ¡Si hasta llegué A pensar
que sería corno ellos Presidente de la República,
General, que sé yo!
Cuando volví á mi rancho me encontré con que
mi nieto era un rollizo muchacho que andaba ya
y tocaba el t~mbor en un pedazo de vasija de fierro ...... Me llamaba papá y era el retrato vivo
de ini hijo.
Me vine al pueblo para que se educara y fué
á la escuela y aprendió á leer y en un lfl de Sep•
tiembre dijo unos versos y en la repartición de
premios de la escuela, el Jefe Político le colgó
al pecho una medalla, y le regaló un duro nuevecito ... . y ....
¿Sabe usted donde se van las almas?
¿Sabe ueted por donde se sale el alma de los
que mueren?
Yo no lo pregunto porque no creo en el alma ...
Sí creo •. pero quiero saber por donde se va el
alma, si tenemos alma cuando morimos porque....
¡si lo he sabido no se me muere mi nieto!
Aquel, mi hijo, cl\yó de cara al sol, ú plomo,
rígitlo y sin quejarse; el balazo le partió el corazón y por allí acnso se escapó el alma en un borbotón de sangre cAlida! Pero este ...... Porque
ha de saber usted que mi nieto se enfermó; que
yo corrí como un loco en busca del viejo médico
de mi batallóu, amigos de campal1a, y que mi
amigo, el mét.lico, Jlegó y vió y pulsó y me dijo:- «No tiene remedio .... no tiene remedio ...•
E&lt;J una alma que se val&gt;
Y ha de saber usted que yo no me conformé
con lo que aquél cruel, mi amigo, me dijo. ¡Cómo había de conformarme con que se muriera el
cariño de mi alma, mi alegría de la vida, mi esperanza de la vejez? ¿Había acaso economizado
mi sangre en los campos de batalla, egoista con
mi Patria, para otra cosa más que para que mi
nieto viviera? •... ¡y se me iba A morir! .... ¡Se
iba aquella alma? Pues bien: yo la detendría.
Cuando le vi agonizante cerré las puertas de
la alcoba; cerre los cristales de la ventana, cerré
basta los resquicios de la madera, y cerré 11queJla boquita con mis besos, muy bien cerrad!\,
muy bien cerrat.la .... á. ver si podía irse aqut!lla.

�326

Domingo 23 dfl Octubrtt de 18,qS

EL MUNDO

Domingo 23 de Octubre de 18,qS:

balando dos lagrimas, cuando levi sobre la plancha me parecía
sorprend1 r en la si11gular mirada
de aquella pupila clan.da, insistente y tenaz al infinito, al azul,
al firmamento, yen el rictus mortal de aquellos labios que parecían sonreír dulcemente, que
aquel bcmbre había penetrado
por fm el problema de su pregunta, y satisfecho, sabían ya como se van las almas de los que
mueren!

almita blanca....... nó·, no saldría ...... es1aba presa!
Y se fué .... ¿por dónde? ¿có•
mo?
Por eso, por ef:o me pregunto
cómo se va.u las almas de los que
se mueren. ¿En una mirll da, en
un suspiro? Y por eso dicen que
estoy loco, y yo me res:gno á
creerlo_ porque al fin y al cabo,
fuera del Hospital nadl\ tengo
y á nadie quiero y nada haría.....
Aquí estoy bien."

*

ESTEBAN

**

l\fAQ.UEO ÜASTELLANOS-

Üxaca, Agosto 18 de 1898:

¡Pobre Polifemo! l\lurió, y ·pu•
de verlo en la plan ch;,; y así como cuando oí su naJ rncióo, de
su ojo único, y de la 61 bi1a hueca del otro, pude sorprc1.der res-

C~Ol\'IOS VULGARES

Lcf\ MUOHf\OHITf\-. DEL BOULBVf\RD
Todo es pasar por la. esquipn de Mercaderes y
Plateros: allí la conoceréis.
Anda siempre confundida entre el bullicio de
la gente, voceando el periódico de la mariana y
jugueteando con el enjambre de granujas, sus
compafteros de comercio, que revplotean por aquel
extremo del boulevard.
Y no pasa inadvertid11 en medio de la multitud.
.Atraen sus ojos obsc~ros hermos11meme grandes; atrae el correcto óvalo de su 10stro de tez
pálida á la que el sol á fuerza de imprimir sus
ósculos de fuego, ha dejado un tenue ensombre•
cimiento; atrae su boca de fa bios grue~•.&gt;S con inflexiones de coqueterías abigarradas: atrae su
cuerpecito flacucho que no permite nad.t :\ la be-

lnmPdilltamente me hirió el rPcuerdo de las alcobas tibias, donde entre pieles y mullidos cojineq, duermen los niftos ricos.
Recordé á esas madres e11ntas que velan junto
á la cuna, el suefto sonrosado de la aurora de la
vida.
:Y aquella infeliz no tenía nada de eso! ..... .
¿Por qué ..... (,Qué había hecho aquél sér que
estaba en el momento de la vida en que se es an•
gel, para que fuera y!l. azotado por los negros
vientos del infortunw? .....
Recordé que en el mar de 111s mu1titudes navegan á veces existencias brotada,, de 10 ar.Animo;
existencias sin luz; peregrinaciones trerneudas
que principian en el torno de una inclusa ~ aca
ban en la fosa común de un C"6@enterio!. .. .
¡Oh! y los días de Psas existencias! .... .
Esos días, densamente nubllldos, hacen que
se deshojen las flores del alma y de cada una de
las hojas que caen. ruedan prendidos los hinatos
sentimientos con que Dios ilumina el tenebrario
-de lo futuro.

\

La muchachita del boulevard ...... ¿de dónde
brotó?
Tal v1.z en el rincón infecto de una casa debarrio que le sirve de hogar, te11g11 á los autores de
sus días. Tal vez un pobre ciego.: .... una infe·
liz paralítica ...... quizá un beodo .... una nauseabunda ramera .... ¿Y por qué no uno de tantos con quienes se codea y á quienes ofrece su
mercancía en el extremo del boulevard.2
·

lleza plástic'l., pero que se mueve, se mueve con
flexibilidades de viborita, escurriéndose por entre los tra11seuntes, escapando con burlona gracia
de una mano que intenta acariciarla ó yéndose á
prender al brazo de alguno de sus conocidos á
quienes manda con imperio que le den centa~os
ó le consuman la mercancía.
La conocí una noche.
Ya era tarde y el boulevard estaba casi solo.
Salió á mi encuentro y me tomó una mano sin decirme palabra. Así caminamos un buen trecho.
Sus piés descalzos daban sobre el terso pavimento de la acera produciendo un ruidito sordo y
acompasado.
Al fin me dijo con voz fina y en tono familiar:
-¿Qué,. hace frío? Yo tengo mucho.
Infeliz! Si estábamos en pleno invierno .... ¿Cómo no había de tener frío?

Ella pudiera ser el capullo de una flor de cieno,
creada para adornar el carnavalesco tocado de
esa harpía de falsa hermosura que se arrastra. protegida por las sombras de la noche, á lo largo ae
las avenidas desiertas ó danza en l11s salas olientes á ajenjo, al compás de los acordes de un piano que más bien gime que cant11.
Pudiera ser el 1tpoyo del claudicante ciego.
Entonces-idolatrable flor marchitada por la inclemencia del inforLunio,-sería radiosa, lumínica, regaría claridad de apoteosis en las hor11s dtl
aquel ser abrumado por el peso de la sombra.
. Pudiera ser la redención de alguna •pobre víc•
tima del vicio; entonces-inmarcesible flor sub•
subyugadora-];;. descarnada mano de la desgracia ·no podría ahogarla en la inmunda charca de
la prostitución¡ sería nube, estrella, átomo del
azul infinito, y en su vuelo llevaría, libre del humano desprecio, á aquel ser que había pasado
por la existencia con la frente dobleg!lda, arrastrando la vista en asqueroso cieno.
Pudiera ser.... una vengadora de los crime•
nes que ha cometido el oro, entonces -rayo de
sublime indignación-haría que ante ella se doblegaran las frentes de nitidez apócrifa, ensena-

ria á las multitudes que á ve&lt;!PS e!'I lodo lo que
parece espuma .... y la estulticia perdería su,
gesto de risa y la sociedad rugma como leona
acosada.

. \r~~~~.-;~d¿ ~s·p~;a·; p~~-l~·¿~qlri·~¡ a.'e'M~~~~:
deres y Plateros; allí conoceréis á la muchachita.
del boulevai·d.
L. FntAs FERNÁNDEZ,

ANIVERSARIO
Un año hace hoy ¿te acuerdas? me decías
"Te amo; la vida para amarte es corta.,
Tu amor al paralsQ me transporta
En que cifré las esperanzas mias 11
¿Cómo creer ¡ingrata' que mentlas
Si estH.ba el alma con su amor absorta.?
¡Me hiciste dePgraclado ... ! ¿1ue te importa.
Que viva yo sufriendo mientras rfas?
Hoy lll dicha te cubre con su manto,
Y en su gentil regazo te da abrigo ....
Si mañana en las ,rarrae del quebranto
Un destino arrojérate enem'go,
Yo con amor enjugaré tu llanto
Y tu desgracia partirás conmigo.
JUAN VALLE..

terior de su americana, para cerciorarse de que esta•
ba alli la carta consahida.
Llegó, y encerrado en su cuarto, tembloroso de dedo!! y con el corazón Detido en un puño, abrió la carEra una noche de ·seJ&gt;tlcmbre, que se pRsaba de ta que, á vueltas de algunas ternezas de cajón, termifreaca y ray11 ba en fria. Julio, sentado en un banco n-aba de este modo: "No hagas en el teatro nada que
del jardln solitario, con las manos en los bolsillos del me disguste: va sabes cuáuto te quiero y lo que sufro
gabancito, p()CO menos que tiritando, esperaba á que con ciertas cosas ...... Acuérd1tte de que tu cariño es
el reloí dt1 la vecina iglesia diera las ocho: hora de~de la única fellcidád de tu Clara •
Y es,as frases, sin duda satidas del corazón, aca~ahacia tiem¡io fijada para rondar las ventHnas de su
novia, saludar! .. al puar ó, si babia oportunidad para ron de exasperarle. "Que me quiere" ...... -se decla,
ello, decirla algunas palabri!las preliminares de la somiendo con irónica amargura - Engañifas, para
que no pueda pedirla cuentas d" lo que ha hecho ni
conversación de más noche.
Aquel amor era el único verdadero y arr11igado de lo que hará esta n')che ..... Me juzga tan sandio
que hasta entonces sintiera: habla ido creclenao man• que con cuatro lindezas me dejaré como una seda" ..
samente en su corazón hasta dar al traate con todos -"Pero ven acá ...... - le dt'cla. otra voz en el fondo
sus pesimismos de hom·
bre incrédulo y desengañado. Y á él se entregaba con el entusia~mo
y la vehemencia de su
extremoso carácter.
Tenla Julio exagera•
disimo puntillo y más
que sus puntas y ribe·
tes ele celoso. Y no era
precisamente que juzgase á su nov•a c1tpaz
de burlarle: lejos de e lo,
la tenia en la LOejor opi ·
nión, confirmada por el
juicio de todos cuantos
la conoclan y por la pro·
pia observación en l11s
horas serenas; sino que
á veces se efectuaba en
el fondo de su ser como
un desdoblamiento des u
personalidad que produela dos enies comple•
tamente distintos: el uno
serio, confiado pacifico.
el otro tarambanR, Incrédulo, alborotador y
pendenciero .... Y cuan•
do éste se encr~paba,
de nada servia la sana
dialéctica del cuerdo
que gHstaba t.n balde
sus buenas maneras y
mejores palabras: el en•
te loco no cedia, toma•
ba por cobtirde vacilación la cordura del otro,
se envalentonaba con
ella y le hurgaba, le
hurgaba hRsta que el
bueno repelia la agre•
sión, y, yéndose á las
manos, se zarandeaban
un buen rato, sudorosos
y jadeantes. Mas nunc"
conclui,m aquellas contiendas por el triunfo
definitivo del uno sobre
el ott o rival: las terminaba el cansancio. y enton•
ces los dos combatíentes, gruñendo y mirándose fosco, se largaban,
C.ida cual vor su lado.
A ·veces pirecla quo
ll! atmósfera es tira pro·
-:i'._ a, que el ¡iobn, Ju•
lio, ~según 10 bien dis•
puesto qne Je encontra
ba cualquier quisicosa.
se tragaba en el aire el
prollfico germen de los
celos.
E•a una de estas la
ocasión il" mi cuento.
Despertó Julio aquel dla
sucPptible, descrnfiRdo,
nen·io110. Re acordaba
sin qué ni para qué de
ciertas cosillas que ha-·
bien pasado tintre él y su novia, hacia ya mucho tiem- del cerebro con tono reposaJo y tranquilo-'\\_Qué es
po: las veia en su imaginación como si en aquel lo que ha hecho? ¿Sabes, aca110, Jo oue 11.ará? ¿1.;uándo
momento estuviesen acaeciendo, y aunq·1e dA todas ha preteudido burlarse de ti l'mbu1,terol1" . .....Y á
ellas se le habían dado explicRcionPs sin número, todas ePtae pr, guntas. daba PI ente loco contestaciosentla molesto prurito de recordarlas, d•• revolver los n ..a rá.pidae, tf'IPgréficas. revivit1udo ciertos sucesos,
empolva~os trebejos que guardaba su mPmorla, y ti- recordando cierta11 p11labras. Nad11, que los doa morll·
rar de ellos, alzándolo11 en alto, parll verlos por todos dores del c11rebro di, Julio, estaban á pique de tirarse
IRdos á la luz zenital. Era el e .te loco que apuraba los trastos á la cabeza.
la psclenciR á su constante enemigo, el cuerdo, para
Mas no habla tiempo que perder: cambió Julio las
darse el.gusto de una agarrada.
bota11 qufl llevab11 por otras de espejeante chRrol, tro•
Asi estaba Julio, ruando la prlmeu de las ocho có la americana de todos los dfas por el levitón docampanadlls que e11peraba le hizo estremecerse y le, minguero, se puso tirillas y puños limpios: pasóse el
vantuse de un salto.
cepillo á lo largo de las pPmf'r»P; eepolvoreó el somPromo llf'gó á la casa de sn novia que según cos- brero; co¡:rió el ga bancetfl, y dió con su malhumurada
tumbre, le esperaba á la reja. Iba á hablarla, mb ella persona "º el vl'stfbulú del teatro
se le adelantó, diciéndole con voz queda y precipitaEPtP, aunque milagro de comodidad en una capital
da, á la vez que le alargaba una carta:
de provincia de cuarto ó quinto orden. no era unR
-¡Esta noehe al teatro!
obra artística, ni mucho menos -Aqu ..na noche tenia
Lo que Julio sintió al oir esas palabns. no Ps para • 1aPpecto dePairado de siempre (salvo los cuos en que
descrito. Primero, degaliento, tristf'Za. cólerR; deapué~, la fiePtll era gratis ó 11e represPnt11ban comedlas de
algo que le pesaba en el alma y que le hacia ,ndar á gran aparato): unas cuantas fHmilias deEpPrdlgada~
testerazos con mil ideas de muerte. 11,Qué alegría ha- en palco11 y J&gt;lateas, y al¡rnnos gomoPos apiñados en
bla sorprendido en aquellas p11labra~I...... 1Qué bifm 101, asittntos de patio contiguos al escenario,
se conocia que más le agradaba exhibirse, ver v ser
Julio tomó una butRca colocada de modo que podía
vista, que tener la basta aht. sobrosa conversación de verá AU novia con entera comodidad A su lado se
todas las nocbesl ...... Ya no le quería.... Le traiciona• Pentó á poco rato un larguirucho y espetRdo indiviba vilmente ... Le dejaba por otro ...."Habladurías duo á quien no conocfa. Y al ente loco, que gozaba
del ente loco. que habhm acabado por hacer que el riñendo, Pe le mPtló en la cabeza que Clara, al mirar
euerdo fruncina el entrecejo y le mirase con ira.
á eu novio, miraba también al desconocido sujeto, y
En tanto. Julio camlnaba á grandes zancadas haría cada vez le fue parPciendo su disparatada ocurrencia
•u casa, echando mano á cada momento al bolsillo in• la cosa más Indudable.

TURBONADA.

327

EL MUNDO

Ji;Dtr-e tanto, Julio sentl; sl'cil.. y amarga la bocR,
p•l,1&gt;itante~l corazón, Ju.os los rulrn.1br&lt;i~; y repimti·
nos impuleos de gritar increpándola, allt, ddaLte
de todos, de hacer no sabia que etcandalosas buba•
riciades, le alborotaban los nervios.
El e11te cuerdo colitenfa las int&lt;:mperancise de su
rival, sujetándole con fueu:a. Pero llt·gó t-1 saint:te,
invariable fin y remate de nuestras funcionl's te11trales, y comenzó todo el n.ul'.ldo á nirse..... " ¡Dio8
santo! Toda aquella gente tenla la de~facha~tz de estar
alegre cuando él se conPumfa de a1,~ustia11. . . . . . . .,,...
Aquellas risas eEt1uendoeas que estallaban á c&lt;iro, ·
er11n como cntnas perdigo1,adas que Je acribiJJ,a.
bao el corazón El, entre aqut-lla e:xplo~ión de bPbalicona a·e~rla, arrugaba el 1cntreceJo, se mordía Jo¡¡
labio~con furia y se sen tia morir Y tst11s a.ngustias houible~ snbferun de punte, &lt;:ua n do vió que ella
también se refa. Entonces el que al ente cuerdo,
incapaz de contenerle
be le escapaba el loco
de entre las manos .....
Afo1 tunadamente enes e
momento tenLinó la pieza ..... Julio salió.
.
No pudo, aunque lo
intentó resueltamente.
tomar el camino de su
casa. y df'jar la ventila•
ción desu11 agravioij has•
ta el d!Rsi~uiente. Fuerza irresisuble le emouja ba hacia la casa de· su
novia, á pesar de que d
ente cue, do con su inalterabl" eentldo común
le prevenla la inutilidad
de su tentativa: Clara
aunque lo de11ease, no
habl11ria con él á aquellas horas.
Y allá se fue, sin embargo, y rondó largo
tiempo inútilmen•e. Entonces toda a q u e 11 a
amargu::-a que le anda•
ba por 11entro, engrc•
Pada por violenta cóhi•
ra, desbordose en crlR•
pamiAntos de puños, en
duros vocablos y en "1·
gunas lágrima11, pocas
y amargu, de esaP que
brotan Rin contracciones
de rostro.
Al cabo, hizo un enér•
gico llamamiento á su
volunt1td, á una fuerza
que él llevaba oculta en
1,, más hondo de su ser:
111la no siempr11 respon•
dla á ~11s conjuros, mas
si la daba por rt&gt;spondoFabf1LSobrepo11er~e á los
más fieros arrntos dPI
ente loco. A-1 sucedió
entonces, y J t1.io se largó á su casa.
Ya acostado y envuel•
tll en las mantR&gt;1 la ca•
beza, amontonaba acusacionf's. rnpo1oía pre·
guntu, formulaba res•
puestas y cunado ya
percibia el úlci,oo detalle de su plan dA c.&gt;n•
ducta, la imagin~ ción se
Je iba al techo del teatro,
IJPno de grietas y clesconchRduras; á la lámpara humeantP. que ál•
guien empinándose Pn
una butaca.apalól'Ó denn
soplido; á la~ alegoriRs
.
del tf'l.ón: á la cara risueña de éste ó aquél espectador; al libro útj.imam'eute leido; á los diversos asuntos pendientes ...... Mereed á violentos esfuerzos tornaba el descarriado di11cureúásu punto de partida¡ más se escapaba de nuevo,
y asf una vez y otra, hasta que el sueño. IIPgando ~in
ruido, desvanedó las cavllacio)'.les y Plató la zozohra.
Cuando despertó al dla siguien~e, experimentaba
una sensación de dejadez absoluta. Los dos combatientt:s, el cuerdo y el loco, echados en tierra, fatigados y contusos, se miraron sin recelo. Pf'guros de que
uno y otro estaban inútiles para mucho tiPmpo
El que primero volvió al uso de su discuno fue el
cuerdo, y echó en ca,.a al loco, aunque ~in ofenderle
ni picarle el amor prof,iO. sus intemperanrias y desvarios, mas éste. que era tal vez, quien mPyor gasto de
fuerza. habla berho, postrado y abatido, ni siquiera
escuchaba. . . . Y aquel cerebro delirante y aquel
cuerpo desmadejado fueron entrando en c&amp;ja,~erenán•
dose como el cielo y el már después de una. borraPca.
Sólo el corazón de Julio, como devBFtaclo campo de
batalla, conservaba los rastros dfl la trPmenda refriega. lt;staba magullad'b y dolorido y annque bien
se le alcanzaba que todo ello no babia sido quizás,
sino un punto del ente loco, no pOI' e,o dejaba de
sentir el dolor de 1us he~tda.s, y t, nía t l pobre in•
mensa necesidad de palabras de carii,o y juramentos
que como blandos apósitos, restañaran su sanj!'rfl.
.Entonces el ente cuerdo y el e:ote loco Plntieron qu11
la conciencia les remordla, y, camblánilose una m:•
rada melancólica, tuvleron)jlltima d.- él.

f. GARCÍA RODRÍGUEZ
• 1. '

·1
,1.,

-~~

�Domingo 23 dA Octubre de lff!R.

!.L MUNDO

Domtngo 23 de Octubre de l!S9b

3;¿9 ,

EL' MUNDO

PAGINAS DE.· . LA MODA
'

\

La canción de una madre.
A LA SRA D:lÑA JmSEFHiA PIDR'!!JYRA DE

Y que. del hondo espacio triunfadores,
Bañan su cuPllo en mares &lt;IA colores
Al deegRrrar la a.urora el infinilo.

GARCÍA,

En la nllcbe, en los hondos 1.gujeros
D11 eu p• ñón. rlondA l. s brisa11 suaves
Se refu&lt;rilln, él sueña co~a11 gravPs:
Ya que eleva Pn el aire á los corderos,
Ya, que agarra en las nubes las aves.

Pata. "El Mundo."

Ha muerto el sol ...... anochece,
Están las ramllB temblando,
Y loR nid.o s oscilando ..... .
E11 el viento quien los mece.
Sopla, l'Opla ¡oh maneo viento!
Ven á columpiar los nidos;
Canta, canta, soñoliento,
A 1011 pájaros dormidos;
Be&amp;a las plumas sedosas
De 1111 aves perezosas,
Y ramas y nidos mece,
Qae ha muerto el sol. ... y anochece.
Desmayado por el sueño
Otro pájaro pequeño,
Más blanco, más, que el armiño,
Duerme, sonriendo, en su cuna:
Ese pájaro es mi niño
Y es quien lo besa la luna.
1&lt;;1tin sus lljos cerrados
Por las pestalias velados.........
Baja, baja 10h blando sueño!
Duerme, duerme á mi pequeño!
¡Flor de espuma, flor de armiño!
¡Oh mi niño!
Si sabe cantar el vh,nto
Para dormirá 1111 aves,
Yo también canciones suaves
Cantaré con dulce acento,
Sé tantas baladas bellas
Como ha,r en el cielo estrellas;
Sé melodiosos canares
A millares ..... .
¡Oh vleniol y los dos velando
Con amor junto á las cunaa
Pasar veremos, cantando,
Noches blancas. noches brunas,
Rojoe 110101, tristes lunas.
Llenos de nieve y escueto11
Pronto e1tarin loa abetos;
Mecerin los vientos frios
-Cunaa, entonces, de hielo
Que rodal'ÁD hacia el 11u'1)lo.........Maa nada importa que fuera
El árbol se agoste y muera,
Se cubra de escaroha el llano
Y ae congele el pantano,
Si adentro, en au cuna hundido,
Está mi túño dormido ..... .
¡Oh pequeño! no te importe
Que roJa en el llano el Norte;
Aunque el lobo en la espesura
Aullando esté con pavura
Acoaado por el lrlo,
Y el perro á lo lejos ladre ..... .
Nada temas amor mio:
Junto i ti vela tu madre.
¡Baja, baja ¡oh blando sueño!
Duerme, duerme á mi pequeño!
¡Flor de e11puma1 flor de armiño!
. ¡Oh mi niño!. .••.•

(FRAGMENTO.)

En una roca de ia ~inra nmbria
Vive un condor y a viPjo' y de@plumado,
Que conttimpla la bóveda vllcia
Con tan honda y tPnaz m1-lancolfa,
Cual si estuviese 11111 petrificado.
Ya no puedA V&lt;!lar y cuando empieza
La blanea nubA á coronar la altura
· Envidioso la mira. y co.! tristeza '
Inclina taciturno la CRbPza
Sobre su roca inconmovible y Jura.
Sirve de escarnio á los demás candores
Que anidan an en las cumbres de granito,

Ove, neurótica enlutada,
oye: la orquesta desmRya
preludia un v11ls en el ,alón;
de luz la estancia está inundada,
de luz también el corazón.

a

Mas se mira )AR alas rompungido
Y no baila en ellas nt 11iqniAra rastros
De aquel tiempo en qut&gt; hubiera basta podido
Colgar su ElnormP y 11ilencioflo nido
De las rubias peetHñllB de los astros.

¡Ronda fantástica Iniciemos!
el vals es vértigo: ¡valsemosl
¡que viva el vértigo, mujPrl
es un maelstromm: encontraremos
en su vorágine el placer.

JULIO FLORBIS.

EL ARTE..
(TBÉOPHILE GAUTIER.)

SI; la obra As más radiante
si el pulimento es terso:
diamante,
mármol, etmalte, verso.
No baya presión intrusa;
mas para andar derecho,
¡,,h Musa!
lleva coturno estrecho.
Al diablo el ritmo so~o
que como floja calza,
pié ocioso
se pone ó se descalza)
Rechaza, estatüuio,
la arcilla trabsjada
de di1t.rlo
con mente divagada,

Doma al rebelde p1-ros,
vence al carrara durolos raros
dueños del perfil puro;
arranca á Siracusa
el bronce que altanero
acusa
el rasgo bermoRo y fiero;

f

MARÍA ENR!QUJITA.

EL CONDOR VIEJO.

ALL"EGBO VJVACl!l

•

persigue en cornalina,
eon delicado apego,
la fina
faz del Apolo griego.
Pintor, huye acuarelas,
, y fija loa colores
que anhelu,
eual e"maltadores.
Hay sirenas caud1tdae,
mostruos de los blasones,
pintadas
en raras contorsiones;
en su nimbo trilobo
.á la Virgen y su Hijo,
el globo
del pié de la cruz fiJo.
Todo pasa.-Robueto
el arte siempre vive,
el bueto
al pueblo sobrevive.
Y la medalla austera
que un lilbrador ha bailado,
entera
de uu cé3ar ignorado.
Loe dioses mismos mueren,
,pero los versos, gonces
adquieren
más fuertes que los bronces.
Cincela, esculpA, lima;
que tu flo~ante. ensueño
imprima
su poderoso empeño.
BAI,VINO DÁVALOS,

Valsar, girar, ¡qué lindo es eao!
valsar, girar, perder el seso..
hacia el abhmo resbalar,
en la pendiente, darse un beso,
morir después ...... valsar, girar . ...
Paolo, tu culpa ramancesca
viene á mi ••spirltu; Francesca,
unida siempre á Paolo vas ........ .
¡Iinpúlsanos fonambulesca
ronda! ¡más vi vol ¡mucho más!. ...
Valsar, gira:-. ¡qué lindo es esol
v1tlsar, girar, perder el seso,
hacia el abismo resbalar,
en la pendiente darte un beso,
morir después: valsar, girar•.••••
AM&amp;DO

NmR.vo.

CA.LENJ&gt;ULA..

Vuestros ojos no han visto otri1 criatura
Más ideal, conjunto má,r divino;
Tiene el port., soberbio y la blanc,tra
De una estátua de mármol florentino.
Mira, y en su mirada ae ve el cteln,
Hllt&gt;lR, y su voz sem.. ja una romanza;
Al andar, el Amor, como en un Vt'lo.
La envuelve: tiene el ritmo de la danza.
Su bocll e~ una boca que provoca,
Late en ella la fras.. apasionada,
Y ha dejado en los labios de eea boca
Su púrpura op"Q.ienta la granada.
Iluminan su pálido semblante
Misteriosos perfiles de madona;
8lls cabellos, en grupo deslumbrante
Recogidos, como una real corona
O Al casco de un guerrero, f'n su alba frente
Ciñen Para ella son tod111 mis rimas.
La música del ver110, el soplo ardientA
Del númen sacro, Gloria, que tú animas.
*
Oh, deliCRda flor de invierno! El viAnto
ne Otoño soplará sobre ti un dia ........ .
Yo no sé qné fatal presentimiento,
Al verla, oprime y llena el alma mia.
En tanto tu beldad florece, impera,
Perfuma y rle, canta é ilumit.a.
1Presto tt1 dlrA ¡adiós la Primavera
Y llegará el Invierno que extermina!
VICENTE AcosTA.

·

FIG.1- HODELO PARISIENSE DE RECEPCION.

.,

�..
Domiugo 23 de Octubre de 189i

Domingo 23 de Octubre de 1898

EL MUNDO

830

Chismes y enredos de Sociedad.
La lengua nunca está quieta, siempre busca algo
que hablar aunque lo que iiiga sea para echar portie•
rra la reputacién de una ó más persoD'ls,
Esto sucede principalmente con aquellos individuos
que brindan una amistad falsa, una sinceridad que es·
tán muy lejos de St'ntir, y como no profesan lealtad y
franq::ieza 8iempre están cubiertos con el velo degradante de la hipocreda y el miserable manto de la vi•
leza.
¡Es increíble! ¿Quién será capaz de creer que en las
principales ca' as de familia es donde se le dá mayor
circnlación á la cbisrnografia? nadie ¿verdad¡&gt; pUt·s
sabedlo: en ese lugar es donde acostumbran denigrar
y enterrar en el fango de la deshonra, la conduc·a de
muchas per8onas que, en esos circulos, son objeto del
más detestable de los vicil,s: de la difamación y la ca •
lumnia.
He aquí por que hay quo mostrarse indiferente con
esos que o•recen una amistad que bajo todo punto de
vista es falsa, digo falsa, porque después, al separarse de esos hombres, viles por naturaleza, van á otro
lugar cualquiera á murmurar y ponerle mil defectos
á aquel que no hacia una hora le ofrecian una an.istad sincera
Si por una rRreza no son ellos quientis lo tiran al
fango del desprestigio, es en esas casas de familia
donde tanto el marido, c&lt;1mo la mujer y los hijos, no
están máá que indagando el modo de vivir de este ó
de aquél, pr!'guntando al vecino cosas que no le importa y queriendo saber lo que hará lo que come, có·
mo vive y cu~ nto gana, para alimentar sus pasiones
con chismes y enredos. ¡(J;ué poca educación, q,:é fal
ta les hace estudiar algo á Carreñol

.11',L

3° Comer de postre mucha fruta madura, lo más re•
cién cogida posible.
4° No desayunarse con café ni té puro, sino con cacao ó una ligera infusión de té.
5° Dará los niños al levantarse una taza de caldo
de harina de avena bien cocida y mezclada con h,cbe,
cocida también, pues la leche sin cocer es dificil de
dip:e1 ir y d . asimilarst-1 con el alimento.
6º Reducirá lo estrictamente n ecesario toda bebi·
da alcehóllca, y mPjorar más aún, suprimirla
por completo si E'S posible.
7° Desnudarse por completo al acogtarse,
quitándose cuantns prendas se han llevado
puestas durante el dia, volverlas al revés y sa•
cudirlas y colga:-las.
8° Quitarse 111 ll·van tarse li. ropa con que se
ha d01 mido, volviéndola también al revés, y
colgándola cerca de una ventana abierta.
9° Lavarse todos Ice días, si no es posible
bafiarse ccn agua fría ó templada, frotándose
con un cc&gt;pillo ó epponja y iabón ordinario.
10º ?\o df'j11 r de abrir la ventana del
cuarto de do1 mir.
Asi como el pan moreno ba sido reci•
bido con favor incrdb:e, la supresión de
las bebidas alcohóiicas y carnt1 de puerco em·uentran viva resistencia, porque
contruia hábitos arraigados desde muy
antiguo é intereses que sal•
drlan perjudicad!is con la re•
forma.

bleza de su alma y la,e fibras más sensibles de su co•
razón.
Cuando una persona hace presente á otra, por me•
dio de una conducta digna de todo elogio, su reco•
nocimiento por loe favores que·de ella haya recibido
esa persona debe sentirse contenta. tranquila. y ea'.
tisfecha como el que después de haber contraido una
fuerte deuda en numerario, log1 a al fin, traR de continuados trabajos y prolongadas fat~ga!l, saldarla satisfactoriamentes aunque entendemos que loe favores
i.amás llegan á. pag11rse.
Felices loe que sa.:t&gt;en y comprendE'n lo que signi,ca la palabra gratitud frase elocuente y significativa para las personas nobles: ella es suficiente para
condensi.r en su lacónica expr~sión todo un sentimental poema de re-conocimiento, de amor y de ternura.
La gratitud tiene el poder de arrancar abundantes
y cristalinas lágri nas, aún de los corazones más empedernidos, y convertirlas en estimadas, valio·sa.e y
delicadas perlas.
Dichosas las alma.d que eftán pE'rfum11das con el
agradable aroma de la gratitud, ellas son ac,eedoras
al respeto social y á. nuestra más distinguida consi•
der11ción. ¡Benditas mil veces sean!

sus casas sino que se mantienen averiguando la vl_da.
de todo aquel que pasa esas ..... _.. esas son mád dignas de compasión que de ~tisprec10
La mujer porque es mu¡er y los ltombrf's ¿por qu~?.
porque son hombree, si que lll Pon; pero hombr~ssm
del' cadtiza y sin honor 4)"' vendt1n s~~ conclt·n •· ias al
que 1.. compra el fruto vJ! _de SUij ¡:¡o-tones el que por
pasar de intetigen~e le arr_o~ 1 á RUij 01d,)K el t?r' "ute de
mentiras, calum111as y v1hpt-nd 1 os degr1td~1,do asi á.
per&amp;0na11 bonr~das.q:ne vi VI'~ de su trabttJO y no del
10, 11.
miserable y_ ba¡o of1c10 de rh1Rmn110~
.
La calumnia es el arma que esgrime la gente que
.!!:Ros adnladorf'~, envidiosos_ clf'l b1E'n a¡eno: son loe
no tiene decoro ni dignid11d, es d instrumento que reptilés odioso~, los gu~,.n~s mdecl'\ntE'e que rol'~ el
usan varias personas. para obtenE'r por este m_ed10, corazón dt un h11mbre i:ie ideas nobles y pensam1en•
una venganza ruin y miserable, fruto de sus pasiones to1&lt; elevados.
¡Fuera con esos cuervos que de"P' dizan la honra
desmoralizadas y corrompidas.
.
¡Triste es decido, pero aqul es donde impera, don- del Q'Hl vive con bone1&lt;tidad¡ fw•ra cou es"s adn!Rdode tiPne su11 vastos dominios, ese orador que corrom- res del potentado, funa ~ n e,.a pl~~a vil que liP~honra la sociedad en que vive y denigra con su J.,ngua
pe á las sociedades!
Esos ind:viduos escudriñadorf'S de secretos. forma- la condurta del artePano tuna con f'llos a11tes que
dores de chismes y mu~muradores de ofic~~• no deben iufiltre en otros el veneno d&lt;\ RU lengu~ puuz••ñosat
RAFAEL.HlllREDIA REYES.
ser admitidos en la sociedad por estar nntdos _con la
,.
dignidad v delicadPza, pero es todo lo contrario. son
los que obtienPn como premio de su vipedna leng~a,
una somisa ó un miserable mendrugo que le arroJan
aque,los que se alimentan de enredos y sinvergüen·
zadas para poder saciar el más impuro ~e lo, ~eseoP:
el apetito más degradante. para deshaloJar algun ren·
cor ó pasión. digna de esa·s 11lm.as ruines q~e se valeu
La gratitud es una cualidad ó por mf'jor deci:, una.
del agudo puñal de la calumma para herir el pecho virtud que comiste en hac11rnos no olvid~r Jª';'JáS
de un hombte, quti causa la envidia del que carece de los beneficios qne de otra persona ha vamos rec1~1do.
honrar!Pz y d;gnidsd
.
El hombM digno. el hombr« honrad?, el que tiene
Esas familiaP ó mujflres que siempre tienen puesta presentes siempre las deudas de ~ratltud que ha:va.
la máscara del hipócrita e~as queuunca.AlzanlafreL- contraído con una ó varias per~uoas, da á conocer ·
te por temor de que se les conozca su falta, ~!'as que de6d11 luego. con este sencillo A la par que pfgnificasiernprP ocultan la verd, d y propagan J11 mPntlra esas tivo proceder, lo dl'licado de sus sentimientos, la noque violan el lecho nupci11l, esas que nunca están en

Esas ó esos ave1iguadores por afición, de cosas que
no le importan, son real y verdaderamente una plaga
socia una caterv, de vampiros que destrozan la co~ducta'de algunos jóvenes, valiéndo~e de la calu".!!Dla
vil, digna de encontrar lugar y abrigo en la boca de
esos seres degradados y maléficos, qqe acos~umbran
arrojar por tierra la reputación de mucho~ 11m acordarse que 11El detractor oculto, es semeJante ~ una
serpi,ente que muerde traidoramente. ( EcleB'l,astés

_______ _________
LA GRATITUD.

Recetas útiles.
CONTRA EL VENENO DE LAS SERPIENTES

~e aqui la receta que M. Victor Kr1 menasqer prescr~b': cont~a la mordedura delas serpientes. La t:i:a.nscribtmos sm comentarios.
"Se cuecen de tres á seis huevos hasta que estén

ECONOMIA..

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Fig. 7.-Truje de novia.

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después se les envuelve en papel. conser':'ándolas en sitio seco, porque en un lugar humtdo
se enmohecerán.
En E@paña se forman colgajos Pn cada dos
granadas que se atan á las puntas de uh mecate formando _c ontrapeso. eo,bre• cañas gruesas
puesta.11 en posición horizontal y sUFptnd1das
del techo de las clmaras AIII pasan el otoño, el
invierno y parte de la primavera sin que sufran
nin¡?:ún detrimento:
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lJ!t' ,- 1

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'

1

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&lt;

·,-

1

..

:
1 •.

Es muy fácil, apquirir dinero,
pero es muy dificil saberlo cnneervar. Si todosloejóvene,conservara.n el sobrante de ~1111
ganancia.a en vez de gastarlo
torpemente, en pocos años tPn·
drlan la suficiente cantidad de
din!'ro para emprender un DR·
J gocio cualquiera por su propia
.cuenta.
Pero no sucede asi: observatl
al joven que disfruta de m11gni•
ficosalariol Cuánlastimn~amente expende su dinero! Siempre
escaso,-mucho más si ti~ne
una familia á quien sostener.mientras que en realidad de•
biera tener su depósito en el
banco y poder en poco tiempo
sacar ventajas de una buena oportunidad y entrar
en algún buen negocio.
¡Jóvenes, no desechéis las oportunidades que se os
presentan!
La.única adulación disculpable es la que se prodi•
ga á. las mujeres virtuosas.
Jamás envidies á hombre alguno las riquezas; envidia su virtud,

Valor alimenticio del café.

Fig. 6.-Traje de calle.
duros. se separan las yemas y despuéR de haberlas
cortado en redondeles, se les aplica sobre la herida
hasta que los huevos de amarillos se pongan negros.
Se cambian los redondeles á medida que vayan enne¡rreciendo y se c(lntinúa e11e tratamiento basta que fa
llama del huevo no pierda su color natural.
Conseguido esto, ~ 1 enfermo podra estar seguro de
que todo el veneno ha sido aspirado por las yemas;
sintiéndose al mismo tiempo ya tranquilizado por el
completo restablecimiento de la vista. La hinchazón
como también la fiebre, ha br!l.n desaparecido.
No hay mordedura de serpiente-por venenosa que
ésta sea-que resista á este tramiento tan simple. El
paciente puede llegar. á encontrarse en est~do. casi
mortal, perder el sentido y encontrarse ca.si ciego,
según la especie de serpiente que lo baya mordido
safvará siempre; bastarán tres noras para poner de
pié al enfermo.
RKCOLECCION Y CONSERVACIÓN DE LAS GRANADAS.

Fig 2 Traje de calle.

331

MUNDO

Fig. 3.-Traje sastre para el otoí..o.

Fig. 4-Trnje de easa.

I~ig. ::i-Otro traje de ca,,sa.

Las granadas recolectadas temprano se arrugan y
desmerecen en el mercado: Jo mejor es dejarlas ma ·
durar complf'tame11te en el árbol; pero en esto puede
hk her, l lnconvPniE'nte d ~ que se abrHn. á lo que son
muvpropenQas Para oub~~nareMe accidf'_ntees necesario cubrirlas con sus ho¡as ó por cualqmer ntro medio, al aproximarse á su complt-ta madurez Una v!'z
recogidas, se les expone al sol durante dos dlae, y

Al decir de un distin1?uido bigieni~ta. el Dr Homs PHellada,
f'l café conti en~: 1, sales útiles
para la nutrición; 2, principios
aromáticosqueinfluyen con ventaja sobre la digestión; 3. una im•
portantisima cantidad de substancias grasas, principio de los
alimentos respiratorios: 4. mate•
rias azoadas, principio por excelencia de los alimentos repara•
dores.
Una infubión de 100 gramos de
café á una libra de agua, repre•
senta veinte gramos de substancias nutrlti vas.
Está demostrado que quien se
alimenta con escasez, puede go•
zar de buena salud y trabajar,
más si se aumenta su ración dt1
diario con una ración de café.
La infusión decaféapacigua el ham·
bre y sostiene y aumenta. las fuerzas
cuando esta bebida no perturba con
sus efPct,,e el temperamento, ó no está
contraindicada para. lasal11d,
Un litro de café con lc&gt;che representa seis veces más de substancia sólida
y tres veceP más d111 materias azoa.das
que el caldo dtil puchero.

DECALOGO E:IGIENICO
Los perlódicns higienist~s de Lon•
dree no cesan de predicar al µúblico
que siga sus saludables preceptos: Pa•
.ra disminuir "en una mitad," dicen, la
mortalidad: baFtarla. con observar el
eip:uiente decálogo higiénico:
1° Limitar el consumo de la carne,
proscribiendo por completo la de puerco
2º Substituir el pan blanco de harina
por el de harina de trigo molido conla
cá~cara. Este precepto ha tenido tal
acE'ptación, que al paso quf' va auruentRndo el tlPearrollo de IR vt•nta del pan
de esta claPe "e p1:ede dar por deste•
rrada la costumb,e de comer pan
blanco.

.1-'Ig. s.-Trnje de 1·inje•.

�EL MUNDO

332

I,,!S MUJERES EN L! UNION
El bello sexo, ó mejor dicho el
eér débil, porque no faltan en él feas
y víejas, eetá apod.,ráodose sensiblemente de los puestos qu., aor,es
desempeñaban los represeotamea
del sexo fuerte y barbudo en los.l!:stados Unidos.
No es oportuno llamarla atención
al hecho verídico de que en los telégrafos. en los correus, en la con•
tabilid11d d11 muchas ca8ae de comer•
cío y de hotllleir, las eeñoras y ~•ñoritas han demostrado St'r más útiles
que los hombres. Se &amp;st'gura que
son más puntuales. mb limpias en
sus labores quelo,1 hombres y que.....
no beben.
Al paso que andan laR Rn('iertad~s
feministas no pod11mo- tard11r,m V&lt;ir
á nuestro G&lt;&gt;bierno extender ni,m•
bramientos oficiales á favor dt1 muchas señoritas Los primeros terre
nos que invadi rán será11 los de la
correepondencia y lus de la tel11i?"rafla, )oij tPléfonos son poca co~a para
ellas, pero como aprPndizaje han
dado re,1ult~dos magulficvs.
Es tanto mils de temerse por Algunos jóvenee que s-, consideran wuy
útiles, el poderío qu•· van tnin~ndo
sus compañeras en t'dad pero no t'n
defectos que se acaba dt1 palpar la
realidad hace unos días en una fun
ción pública donde no se represPn•
taba comedia alguna, sino se cumplia con un deb11r voluutariaweute
aceptado
Si en las tiendas y en otros establecimientos tuvieramos tan esmerado y amH ble servicio como el que
hubo en todos los puestos de la k.-rme.se, los dueños de esas casas importadoras meuudeadoras se barian ricos en menofl de tres 11ños.
p.,ro trat,nnos de verdaderas profesiones. La Señora Harrlet Hmson RJbinsou nos dice que existen eo
los estados Unidos, en la actualidad 16::! co1egio, superiores. exclusiv11mente abiertos á las señoritas. La
señora Maria M1chel fué la primera mujer que ocupó
un puesto como profesora; "nsPñó astronomta y matemáticas en Vassar el año 1866 Muchas mujeres se admiten hoy día como miembros de la Facultad, no sólo
en colegios reservaddos á su sexo, sino deo de concurren ambos
A la par que Re multiplican lm1 hospitales para mujeres se multiplican también los calt&gt;gios módicos.
Existen siete sm contar numerosas e,cuehs de medicina para hombres, abiertas 111 sexo femenino.
Las mujeres médicas son casi tortas de la ePcuela
homeopática. Hasta última fecha las escuelas de medicina regulares ú oficiales no han permitido que las
mujeres sigan sus cursos. Pero que resulten mujeres
,regulares ó irregulares, lo natural t:B que el éxito de
las mujeres practicantes no puede ya ponerse en du•
da y sus colegas del sexo masculino no se atreven ya
á juzgarlas desfavoublemente.
El censo de los Estados Unidos en 1890, da el número de las mujeres médicas eo todos los paisos y s urna
4555

· En cuanto á la literatura, es iucreible cuántas mujeres escriben. Unas bien, otras mal, pero la mayorla
merece elogios 0l&gt;roelia Waters, del Bo.,ton Evening Trn.mcript, fué la primera mujer period\eta de
Boston. Hoy las muj1 r 1~ editan y publican periódicos
y hasta revl,tas, en tudas partes de los Estados Uni·
dos, y las columnas consagradas á la colaboración de
las mu¡eres son el complemento aco~tumbrado de la
publicidad de un gran número dti periódicos de importancia.
Harece, dice la señora Robinson, que las mujeres
han entrado r~atmente eo lo que Thomas Carlyle llllma el "Cuarto Estado," y han tomado resueltamente
pose&amp;ión de él con la profesión literaria, los viajes á
las regioues inexploradas del pensamiento, a~i como
otras en las regiones desconocidas, con el fin de satisfacer e1 apetito insaciablt, de 1011 lectores.

NUESTROS GRABADOS

~- ---··

F-!G, 1.-M0DEC,0 PARBLEl~i!lil Dlil R~CElPC[Óll.

Ei de crepé azul d~ china Cl)n una gran lona bordada eo la parte inferior del f•ente de l!L fald,i, y tres
cintai p!l.ralel:i.s de galoocillo seda orn,ndo la bata y
el c,1erpo. Un eleg,rnte boa de tul blanco de grao
f,mtasia com9leta el adorno.
FIG, 2. -TRAJID DBI CALLBI.

Es de· pañl) beige ó diag,rnal, con 1'11 ml)rielo especial dl'I un fichú de muselina de seda orlarto de volantes de tul, que sirven también de adorno á. la falda.
FIG. 3,-TRAJE SA"TREl PARA OTOÑO

Es de paño de inviernn, formando un smoking muy
justo, un falso chalPCO de cuello fanta.Ria, redondo y
falda plena, adornado todo en varias formas, de galón de seda.
FIG. 4,-TRAJID DE CASA,

De sargR de seda con un yoke alternado de cintas
de raso y un gran plastrón bordado de elegantisiino
modelo.

Figs. 9, 10 y 11.-Tres modelos de calle.

Después de tres años I!ose pierde todo lo paiado.
Guanajuato Septiembre 13 de 1898.

FIG. 5.-TRAJE DE CASA.

De escocés muy fino con una gran e@toca bordada
de galoncillo de seda y una draperia de Saffetas, medio oculta por uo gran yoque bordado de galoncillo
también jockt&gt;ys sencil,os de muy butin gusto.
FIGS. 6 y 7 -TRAJE DE DAMA DE HONOR DE UNA NOVIA.

FIG. 8 -TRAJJII DE VIAJID
Estilo sastre, de una encantadora originalidad. Casaca fantasía orlada de guia de seda y abierta sobre
camisa de muselin11. azul pfllido, yockeys de una 11legantisima forma, figurando el cuello,.
FIGS. 9, 10 y 11,-TRES ELEGANTES MODELOS DE CALLE,
Et pr!mflro de seda- azul con una gran draperla de
guipure, el segundo de popelina de seda con volantes entredoses de satln y pl11strón plissé de lo mismo,
mostrando un cuerpo coselete de muy buen /irllsto, el
tercero estilo sastre, de casa con fantasia, abierto sobre uoa camisa da muselina y ornada de grau corbata avolimtada de blonda vieja de Alen~ón.
FIG. 12-CUERPO ELEGANTE, DJIILANT.BIRO Y JUPALDA
.

,.

El ceoPo de los
Estados U oídos en
1890 nos da á. conocer el número
de mujeres auto·
ras entregadas á
labores literarias
ó cieotlficas, Sen
2,725; do éstaR, el
periodismo posee
868 Las mujeres
artistas que se dedican á la enseñanza de las artes,
suman 40,845!!

Damos bajo estos números dos modelos de tr,jes
de los que a hor.1 son de más actualidad y gusto para
tos matrimonios: Uno de desposada de último modelo, de satín ligeramente crema y cauda dr11peada y
otro de sarga de seda azul acero con cuerpo drHpeado de muse1ina de seda y una gran falda ornada de
un de:vanf d., volantes y galoncillo de ser.la.

.

NUMERO 18

r

TRAJE DBI NOVIA

Fig. 12.-Elc¡rante cn.-rpo. Delantero
y espalda.

•

MEXICO, OCTUBRE 80 DE 1898

TOMOil

Ea de muselina blanca con un yoke de entredos y
votante carrujado y un plastrón diagonal plisbé.

Sr. D. J. Adrián Palomo, Directo: General de la._
·'MEXICANA."
Compañia Anónima Nacional de Seguro■ ■obra la Vida.

MÉXICO

SEÑOR MÍ'l:
Teniendo en mi poder la póliza Ea\dada núm. 47 de
que era poseedor t0i finad" PRp,,so ..,¡ Sr. D Leobardo Mendoza, 11e prPISPntó en ésta elAgenti, de la Co_mpañla Sr. D Juan N Campos y manifestándole mi tg•
norancia para h.tcer la re:lamadón correspondiente
como hered ira lt&gt;gltima, dicho Sr. Campos, con toda
actividad é inteligencia procedió al arreglo de los
documentos necesarios, 11vitá11dom., to•la clase de
mole.tías.
Hoy, con autorización del Notario Público Sr. D.
Igllllcio R H"rnáodez y por conducto del estimable
Sr. D. Francisco de P. Castatleda, Banqul'lro de la Compañia, htt , Plr1 bido á mi completa satisfacción, la cantidad de $117 45 (c'ento diez v oiete pesos cuarenta y
cinco ceutavos,) importe tot¡¡l de la citada Póliza 11al•
dada.
Si lo juzgr. usted conveniente, dé publicidad á la
presente, pue., creo será de alguna utilidad para los
asegurados en esa honorable Compañia, ver confir•
mado que en el desgraciad&lt;&gt; caso de no poder soste•
ner sus Pólizas más de tres años como Ii, sucedió á
mi querido esposo, ya á esa fecha pueden obtener
una saldada y lograr aunque sea un pequeño ahorro
en bien de sus familias.
Doy á usted las debidas gracias por la violencia
con que ordenó el pago referido, yme ofrezco su muy
atenta y afectisima S. S.
Firmada.-Rafaela Pedraza V. de Mendoza.
MUY

&amp;l $r. Presiaente ae la Nepública ?:la señora su esposa.

(Fot. de Va11eto, tom.ada últlm.ament.e.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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